<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<itemContainer xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items?output=omeka-xml&amp;page=25&amp;sort_field=added" accessDate="2026-05-19T16:12:28-05:00">
  <miscellaneousContainer>
    <pagination>
      <pageNumber>25</pageNumber>
      <perPage>20</perPage>
      <totalResults>16155</totalResults>
    </pagination>
  </miscellaneousContainer>
  <item itemId="1761" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="639">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1761/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._480._Marzo._0002011645.ocr.pdf</src>
        <authentication>537a8c4c73e8ee975789136a89094708</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73932">
                    <text>1

1
• .. ,_

í

,trt~tC.tOQ
· tí~t1~a

.!
,:
s

11

Aflo X

BARCELONA 9 DE MARZO DE 1891· ~ - - - - - - -

1-

l-

l-

o

1-

n

e

(-

1-

)·

,,

a
a

..

l-

á

)-

1-

....

io
le
n
y
r-

lS

o.

4

!o

o

,,la

1,

o

la

-a

),

!,

o
o

~le

,,

1,

a
e

l-

~,lll

GUERRERO MORIBUNDO, obra del escultor Jorge Zala

n

11,

Grupo alegórico del monumento erigido en Arad á la memoria de los trece mártires de la Libertad

NúM. 480

�LA

146
SUMARIO

Text o. -

s..

forge Zafa v el 1110111,mento de Arad, por T.
- El
/i/,ro de Mr. Guya11, por José Echegaray. - SECCIÓN AME·
RICANA: La tamalera. Tipo li111e11o, por Eva Canel, - Gre·
goria ( Episodio ejemplar), por Matías Méndez Vellido. El arle espa11ol, por A. García Llans6. - Nuestros grabados.
-El anillo de Amasis. Novela original ele lord Lytton, ilustrada por A. Besnard. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Química recreativa. El l1idrógeno, por F. Fai&lt;lcau. - Libros enviados á

esta Redacci6n por autores 6 editores.
Grabados. - Guerrero moribundo, obra del escultor Jorge

Zala. Grupo aleg6rico del monumento erigido en Arad á la
memoria de los trece mártires de la Libertad. - Retrato del
escultor Jorge Zala, autor del monumento de Arad. - Vista
gmeral del monummto de Arad. - La estat1ta de Hungría;
El despertar de la Libertad; La Luclta; La Abnegación, cua-

tro grabados que representan tres estatuas y un grupo aleg6rico del monumento &lt;le Arad. - Ma,-/a y Magdalena, grupo
escult6rico de Jorge Zala, autor del monumento de Arad. El banquete, cuadro de James Linton. -La co11ftsió11, dibujo
de Huberto Herkomer. - La lanclta perdida, cuadro de Souza-Pinto (Sal6n del Campo de Marte, París, 1890). - Figura I . Aparato para obtener hidr6geno por medio de la des·
composici6n del agua durante la operati6n. - Fig. 2 , El mismo al terminar la operaci6n. - Fig. 3. Conductibilidad del
hidr6geno. - Fig. 4. Fabricaci6n de los balones de colodión.
-Est1tdio del pintor Geza Peske. (Las referencias á este grabado pueden consultarse en el artículo que lleva por título
Estudios de algunos célebres pintores, inserto en el número
anterior.)
JORGE ZALA Y EL MONUMENTO DE ARAD
Hungría es pobre en monumentos notables, y los
pocos que allí existen álzanse, no en la capital, sino
en las apartadas ciudades de las proviucias: tal sucede con el del general Bem, uno de los héroes del
grandioso período de 18481 que se levanta en Maros·
Vasarhely; tal con el erigido y ha poco inaugurado
e'l Arad en honor de los trece mártires de la independencia.
Este último, que es sin duda la mejor obta de la
escultura mom~mental húngara, fué modelado en un
principio por Adolfo Huszar, á cuya muerte confióse
la dirección y ejecución del monumento á Jorge Zala, con amplias facultades para, sin salirse de las líneas principales del primitivo proyecto, realizar á su
gusto el trabajo que se le encomendaba. Zala, con su
privilegiado talento, supo fundir en su propio pensamiento el pensamiento de su antecesor, transformándolo, embelleciéndolo, dándole más grandiosidad é
imprimiéndole carácter más adecuado á la idea que
conmemoraba; de modo que el monumento, tal co-

Retrato del escultor Jorge Zala, autor del monumento de Arad
mo hoy se admira, puede con razón ser considerado
como creación genuinamente suya.
He aquí ahora la descripción del monumento.
Sobre un amplio zócalo, en cuyos lados y en sendos medallones se ven los bustos en relieve de los
trece generales á quienes está dedicado el monumento, descansa una escalinata de la que surge un
elevado pedestal coronado por la estatua colosal de
Hungría.
Cuatro grupos alegóricos rodean la escalin~ta; el

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

480

primero representa el despertar de la libertad; el se- la Sociedad húngara de artes plásticas, y otros cautigundo la luc/¡a; el tercero .la abnegación, y el cuarto van todavía á los que concurren á su magnífico esun guerrero morzbzmdo; y en todos ellos se adivina tudio.
Al propio tiempo que el monumento dedicado á
el genio del autor y el sello de su marcada persolos
mártires de Arad, terminaba en su taller el ilustre
nalidad.
Lo propio acontece con la estatua de Hungría, artista otro, si no tan grandioso, no menos bello: el
Huszar la había ya m~delado en yeso; pero Zala, com- que ha dé erigirse en una de las principales plazas
prendiendo que la obra de su antecesor no guardaba de Buda en honor de Honved. Esta obra, como tola conveniente armonía con los grupos pur él cince- das las de Zala, interesa por su noble sencillez: en
lados y que presentaba demasiados puntos de seme- un zócalo que representa una brecha en un baluarte
janza con todas las obras análogas, como la Bavaria, de la fortaleza, álzase la figura de Honved apoyando
el Austria, etc., por medio de las cuales suele con- un pie en el cañón y tremolando en su mano izquiervencionalmente representarse á las naciones, la mo- da la bandera de la guerra: el joven héroe, como lo
deló de nuevo y consiguió realizar una obra por to- indica el pañuelo que lleva atado en la frente, está
dos conceptos notable, La Hungría de Zala expre- herido; pero en sus ojos brilla, á pesar del dolor, un
sa por modo admirable el carácter húngaro, que es rayo de alegría porque puede clavar en los muros de
lo que principalmente quiso el escultor imprimirle, la conquistada fortaleza el signo de la victoria, la
reflejado en la expresión resignada de su rostro, en la nobleza
de su actitud y en el sello nacional que llevan todos los objetos ó joyas que constituyen los
accesorios de la figura: así la espada en que se ·apoya, el casco
que ciñe su cabeza y la corona
que en él ostenta son reproducción respectivamente de la espada que en Hungría es considerada como la del primer rey,
del casco que usaban los guerreros de la famosa hueste negra
del rey Matías y de la corona
que llevó en sus sienes santa
Margarita, hermana del rey Bela IV.
Como obra plástica, el monumento reune todas las condiciones que en una obra de tal
naturaleza se exigen: expresa
con perfecta claridad el pensamiento en que está inspirado;
los hermosos contornos atestiguan el respeto del autor hacia
las eternas leyes del arte, y las
grandes dimensiones en nada
debilitan el sentimiento que la
nación quiso manifestar al erigirlo. Y no sólo como composición; sino que también desde el
punto de vista de la ejecución
artística, el monumento que
nos ocupa merece ser considerado como obra maestra; pudiendo sin vacilar afirmarse que
es el primer monumento húngaro en que el artista ha logrado por completo armonizar la
realidad viva con lo colosal de
las proporciones.
Digamos algo acerca de su
VISTA GEXERAL DEL M0~UMENT0 0E ARAD, obra de Jorge Zala
autor.
Jorge Zala pertenece á la nueva generación de artistas húngaros. Comenzó sus es- bandera nacional. Encima del joven Honved vuela
tudios en Buda-Pest, en medio de las mayores priva- un genio que ostenta una corona en su mano.
ciones; y gracias al apoyo de algunos parientes suyos
Esta es la última obra de Zala, á la que es de esricos, consiguió una pensión del Estado, marchando perar seguirá una larga serie de brillantes creaciones.
entonces á Viena y más tarde, en 1880, á Munich, en
En el joven artista húngaro se aunan todas las
donde dirigido por el ilustre profesor Syrius Eberle condiciones necesarias para que sus trabajos se peralcanzó completo desarrollo su preclaro talento. Su petúen al través de los tiempos. Una fantasía ardienprimera obra, titulada Fél a baba (La niña se espan- te, un sentimiento profundo, una claridad excepciota), que mereció los más entusiastas elogios de la pren- na! en la concepción, un exquisito sentido de las
sa de la capital bávara, fué considerada corno un por- formas, una sencillez extraordinaria en la ejecución,
tento de originalidad y de precisión en el modelado. son las cualidades más salientes de su envidiable geDe sus manos salió luego el grupo María y Mag- nio artístico.
dalena (que uno de nuestros grabados reproduce),
Y por encima de todas éstas tiene una ambición
que representa á la Madre de Dios en actitud de le- noble que le guía en todos sus trabajos yque sirvienvantar y consolar á Magdalena postrada de hinojos do de poderoso acicate ' á sus talentos le conduce á
á sus pies. Ambas figuras son un prodigio de sentí- pasos agigantados al templo de la gloria, término de
miento: el semblante de la Virgen refleja una admi- las más levantadas aspiraciones y merecido premio
rabie mezcla de bondad y de compasión, y en el de de los que á la admiración y difusión de la belleza
la pecadora se lee la expresión del dolor infinito y se consagran.
del sacrificio de todos los goces humanos. En las líComo hemos dicho al principio, en Hungría esca•
neas de la composición hay gracia y esbeltez que en sean los monumentos· que perpetúen el recuerdo de
nada perjudican al carácter monumental de la obra ilustres hombres ó la memoria de grandes hechos.
plástica.
·
El héroe de la guerra de la Independencia Francisco
Después de María y Magdatena, su primer traba- Rakoczy II se ha visto hasta ahora privado, quizás
jo grandioso fué la estatua arrodillada del palatino por causas políticas, del homenaje que ansía tributar]osé, que ejecutó por encargo del archiduque José le el pueblo húngaro. Lo propio acontece con, Mapara la capilla de Alcsuth. El propio archiduque le tías Corvinus, el que fué de hecho rey de Hungría;
encargó el busto de la archiduquesa María Dorotea, pero respecto de éste la pobreza de los proyectos
que Zala modeló imprimiendo en el retrato el sello hasta ahora presentados disculpan la falta.
de nobleza que tanto realzaba las hermosas facciones
Quizás el monumento de Zala, revelando un genio
de la hija del duque de Wurternberg.
.
digno de tamañas empresas, abra el camino de la
Posteriormente ha modelado una porción de re- reparación de tales omisiones ó injusticias.
tratos á cual más interesantes, de los que unos fueron 1
la admiración de los que visitaron la Exposición de ·
T, S.

N úMERO 4 80

LA I LUSTRACIÓN

A RTISTICA

EL LIBRO DE MR. GUYAU
Entre los libros que recientemente
se han publicado sobre cuestiones de
Estética, es uno de los más notables
el que ha visto la luz pública en la
Bibliofheque de Philosophie, con el título de Les problemes de l' Esthétique
contemporaine, debido al insigne escritor y pensador originalísimo Mr. Guyau, autor de otras obras notables, como La moral de Epicuro y La morat
inglesa.
Ya en el prefacio indica el objeto
de su notable estudio. La ciencia, dice, tiende en nuestros días á invadir
todo el dominio intelectual. El ser
humano .había vivido hasta aquí de
tres grandes elementos: la religión, la
moral, el arte. Pero el espíritu científico, ensoberbecido con sus triunfos,
no se contenta con imperar en su terreno propio, sino que cediendo á la
ley fatal de la conquista aspira á dominar territorios ajenos y á todas partes llega y en todas partes impone vasallaje ó reclama tributo. Destruyó las
bases de diversas religiones, agrega
Mr. Guyau; ataca hoy los principios
más generalmente admitidos de la
Moral, y no muestra señales de respetar la esfera celeste del arte, último
refugio del sentimentalismo.
Y sin embargo, estas invasiones de
la ciencia son inevitables, y si la Moral ha de fundarse sobre bases científicas y si el arte ha de tener una Estética, ¿qué otro remedio hay sino que
la ciencia llegue al arte y á la Moral?
La cuestión está en ver de qué manera llega.
Mr. Guyau divide su obra en tres
libros, qu~ tratan sucesivamente del
princip~o del arte y de la poesía, de s,u
porvenir y del porvenir del verso, abordando en estas tres secciones multitud de problemas, como, por ejemplo,
la teoría general de la belleza la emoción estética, el arte y la bell~za ante
la estadística y la fisiología, el arte y
de~oc~acia, el arte y la industria, la
1rnagmac1ón 1 el espíritu científico la
evolución de los sentimientos el rit:no
' romántica del verso,' los me-'
la teona
tros nuevos y el pensamiento y la versificación.
Basta recorrer esta lista incompleta
de las materias contenidas en la obra
del insigne escritor francés para que
por decirlo así, se abra el 'apetito d~
los aficionados á esta clase de estudios. En unos el simple enunciado de
los problemas será motivo de grandes
esperanzas; en otros sólo los títulos
que hemos copiado á capricho omitiendo otros muchos, serán ca~sa de
escándalo; pero á unos y á otros daría
que pensar el libro de Mr. Guyau si
lo leyesen.
Se trata de un escritor independiente, de un espíritu elevado, de un observador profundo: podrá á veces equivocarse, P1;I? no se equivocará como
~l vulgo. dictendo vulgaridades, ni se contentará con
ir por el surco que abrieran en este campo sin límites
de 1?~ proble°:1as estéticos los que le precedieron en
la d1f1cil y peligrosa labor.
. A ~esar del carácter positivista que ·como ahora se
dice• informa
tod
'
.
.
. o e1 1·1bro, Mr. Guyau
manifiesta
te ndencias poéticas, sentimentales y hasta metafísicas' y ~u esf1l0 es elegante Y coloreado aunque firme
y conciso.
· con tristeza, en que los grand Pasó. e1 fiempo, dice
es artist~s creían, como en artículo de fe en el carácterá seno y pro"'
.1 d ¡
' ellos va!'
!lunao
e arte; en que para
1ª
s¡ e~a más verdadero y más importante que la
rea 1 ª¡ _misma; en que para los místicos de la belleza
. de culto· en que
B art stica, el ar te era una especie
•e~th ~wen al escuchar interiormente sus ad:riirables
s1111omas creía según él mismo
•
.
confiesa, que D10s
1 stab '
~~
hablando al oído; y sin duda, á los ojos de
1~uel ªAngel,
los frescos, de que iba cubriendo su
gemo portentoso la Capilla Sixtina eran una nueva
consagración á su modo tan august; como la del sacerdote.

!ª

f1

1

MóNuMEÑT0 bE ARAD. -í.A

itsfATUA DF.

HUXGRfA

y 1?~s adelante, al empezar el libro que trata del
/&gt;mwpzo det arte Y de la poesia, deja Mr. Guyau hablar á su corazó_n de este modo: ·- .
!
~bse_rvaba, ~ice, días ha á un mno Jugando en una
habitac1ó_n, casi cerrada: un r_ay~ de sol pasaba por
un re~quicio de la venta?a, d1bu1an.do á t_r_'.1vés d~l
espacw una banda lu~mosa. Cornó el mno hacia
el blanco fantasma, qmso _cogerlo entre sus m~nos, y
entr~ s~s man.os se deshizo una y otra vez, sm ·que
coriguiera asirlo.
,
·
ª.columna de lu~, segun parece, sólo estaba en
sut~Jos, no ~n la reah?ad.
humanidad, p~os1gue Mr. Guyau, ha hecho en
el tra?scurso del _tiempo muchos descubriqiientos
análogos, Y ha. sufndo muchos desengaños parecidos.
y aquí empiez~ nuestro autor á e~po~er la teoría
de la belleza, segun ~a ~scuela ~oluczonzsta. Para tal
escuela, la belleza obult~a n.o existe. Lo bello se re~~ce á una clase especi_alísi.ma de placer; Y el placer
es más que la conc:iencia que en determinados
~asos tenemos del desarrol)o de nues~ra vida. Un obJeto provoca en nosotros cierta especie de expansión

1 47

vital; nuestra fuerza ne~viosa recibe un
incremento, como diría un matemático;
sentimos esta mayor vida, y al sentirla
gozamos; y á este gozo ó placer le llamamos emoci6n estética, y al objeto
que la produjo le aplicamos el nombre de ob_jeto bello. Suprimid, continúa
diciendo el estético-evolucionista, los
seres vivos del universo y suprimís la
belleza, ni más ni menos que arrancando los ojos desaparecen la luz y los
colores. Y concluyen los adeptos de la
escuela, de este modo: Toda la poesía
de la naturaleza está en el cerebro humano.
La crítica de Kant, el empirismo
inglés, el sensualismo francés, Schiller
con su teoría del juego, Hebert Spencer y la mayor parte de los estéticos
contemporáneos, la escuela de Schopenhauer, Grant Allen en su estética
fisiológica y otros muchos que fuera
largo citar, forman una falange cerrada y poderosa, que avanza sin escn'ípulos ni respetos contra toda estéticarnetafisica; y de este modo pretenden
barrer, como el huracán barre las nubes, todos los celajes y todos los resplandores que en el cielo del arte dejó
Platón con sus divinos arquetipos de
belleza.
La escuela evolucionista necesita
buscar abuelos y antepasados para el
arte; pero sabido es que no alardea
nunca de la gloriosa tradición de la
familia: no es como el viejo aristócrata que ansía encontrar timbres para
sus blasones en la complicadísima Heráldica de las cruzadas: con mucho
menos se contenta el positivista. Hebert Spencer, por ejemplo, busca los
oríge,~es del arfe en los juegos y retozos
de los animales. Los animales inferiores, dice él, no juegan: ¡desdichados,
no tienen arte! Pero aquellos que están algo más arriba en la escala zoológica, aquellos cuyo organismo es más
perfecto, y que gracias á una abundante nutrici611 tienen un exceso de
actividad nerviosa, experimentan la
necesidad instintiva de descargar sus
nervios, y juegan,- 6 de otro modo, son
artistas en embrión. Todo órgano,
prosigue Spencer, que ha estado mucho tiempo en reposo, es como una
pila cargada de electricidad á muy alta
tensión: pide en cada momento su
descarga eléctrica. Así -y aquí empieza el célebre positivista una larga serie
de creaciones estéticas elementales y
de artistas incipientes, - así, dice él,
las ratas roen aun aquellos objetos de
que no han de alimentarse, para ocupar la actividad de su sistema dentario: siempre habíamos creído, en efecto, al observar ciertas aficiones, que
por ahí, debieron empezar muchos de
los que al arte se dedican. Así, continúa, los gatos, en la vida tranquila á
que ~es hemos reducido, experimentan
el deseo, como reminiscencia de su
pasado, de ejercitar las uñas y los
dientes, ya que·no en una ·p,esa viva,
en sillas, colgaduras y alfombras: juegan á la caza y al desgarramiento, fingen un drama
de aquellos á que sus antepasados tenían tanta afición; es, por decirlo asf, el drama hú(frico de la raza
felina. Así, las jirafas, acostumbradijs •en los altos
bosques á coger hojas y ramas, se ~n.tJ;~tienen, aun
sin s~nti¡ hambre, en pasar la lengu¡i por el techo y
mordisquear la parte superior de las puertas: verdadera comedia de costumbres. Todo órgano, en suma,
encuentra placer en ejercitarse aun sin provecho mat~rial: es el juego, es la acción inútil, es la manifestac1ón de un sobrante de vida, es para los defensores
de est_a tesis el arte ~dimen/ario de los seres vivos.
El Juego en los ammales consiste en simular actos, que ordinariamente son útiles para su existencia
ó para el desarrollo de la especie, y que por esto misroo, es decir, porque son habituales, ofrecen. un vertedero fácil y canales abiertos y expeditos al exceso
de fuerza nerviossa.
~ingir la lucha por la vida, cuando ya no es necesana para la vida es eljueuo en los animales se ún
Spencer, como el 'drama fi~ge las luchas mor~lesgde
la existencia y de la sociedad. En resumen, termina

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

cuelas, el sentimiento de lo bello es más desinteresado que el sentimiento de lo bueno y de lo justo. Así,
Spencer, Darwin y todos los evolucionistas dan como
base y origen primero de los sentimientos morales
la necesidad y el interés; y en cambio despojan al sentimiento estético de toda idea utilitaria. Lo bello,
dicen, tiene esta inferioridad y esta superioridad sobre el bien; es de todó punto inútz'l, y por consiguien·
te de todo punto desinteresado: no es el grito del deseo, había dicho Schiller, el que se hace oir en el
canto melodioso del pájaro. - De que esto lo dijo Schille, no tengo duda: de que esto sea lo que quisieran
decir los pájaros, no tengo seguridad absoluta. Observación exclusivamente mía.
Aquellos alardes metafísicos
de Kant, metafísicos á pesar suyo; aquel placer sin concepto en
que fundarse; aquella armonía
entre la variedad de la sensación,
por la imaginación recogida, y
la facultad de pensar, por las categorías unificada, ha venido á
parar andando el tiempo á la
fórmula seca y brutal, pero clara
y precisa, de la escuela positivista: el juego, el remedo inútil de
algo que fué útil, el derroche de
energías sobrantes.
Mr. Guyau, aun reconociendo que en esta teoría hay algo
de verdad, y aun completándola
y dándole sentido más amplio,
porque, según dice, si el arte no
sirve para la vida de una manera
directa é inmediata, contribuye
á su pleno desarrollo, como si
fuese una gimnasia del sistema
nervioso y del espíritu; aun así
y todo, la combate presentando
contra ella poderosos argumentos. Realmente la teoría de Guyau es ·más amplia que la del
filósofo inglés.
Bien quisiéramos, pero no tenemos espacio suficiente para
analizar esta parte del libro que
nos ocupa, y nos limitaremos,
pues, á copiar los siguientes párrafos en que se resume su pensamiento.
«La belleza, lejos de excluir
la utilidad, presupone la idea de
una voluntad, acomodando espontáneamente los medios á los
fines y tratando de gastar el
mínimo de fuerza para conseguirlos.
»La belleza, lejos de excluir el
deseo, se idehtifica en el fondo
con esta misma idea.
»Por último, la belleza y el bien
forman una sola unidad, visible
en nuestros sentimientos y que
se deja presentir aun en los movimientos y en las sensaciones,
es decir, en su grado inferior.
»En suma, la belleza en vez
de presentarse como algo exterior al ser, á modo de planta paMONV~IF.NTO DE ARAD. -EL DESPERTAR DE 1.A LIBERTAD
rásita, es como la expansión del
ser mismo y como la verdadera
flor de la vida.»
ventaja positiva y precisa, y por tanto ha de ser inTales son, condensadas en pocas palabras, las opidependiente de todas aquellas necesidades que ex· niones de Mr. Guyau.
perimentan para su desarrollo 6 conservación las funJosÉ ECHEGARAY
ciones vitales.
El placer estético no nos suministra nuevas fuerzas: ni depende del bien, ni depende de lo útil, ni se
SECCIÓN AMERICANA
relaciona con la verdad, según esto. Así, el placer que
nos proporcionan los sonidos y los colores, una sinfoLA TAMALERA
nía musical, una de esas orquestas del espacio que
'l'IPO LDfEÑO
todas las tardes despiden al sol poniente, y aun el placer de los aromas sutiles, nacen, según el ilustre jefe
A horcajadas en su manso caballo, sobre unas aguade los positivistas, de un simple ejercicio, ó dicho de deras grandísimas, con las greñas caídas, el sombreotra manera, de un simple juego del órgano de la rillo redondo, de castor ó de paja, adornando su cavista, del órgano del oído ó del órgano del olfato, beza, el mantón cruzado sobre el hombro izquierdo,
sin ningún provecho visible: hay en este placer algo los brazos desnudos, el cutis amulatado que pregona
de contemplativo y ocioso, sin ventaja material: es su raza africana, ó trigueño muy tostado que denota
un goce de puro lujo. Todas las armonías del iris ó su ascendencia incásica, esta es la vendedora de tatodas las melodías de Mozart no pueden ni saciar males, siempre sonriente, pregonando á chillidos su
nuestra hambre, ni abrigarnos del frío, ni prestarnos mercancía y alborotando las calles que recorre al pamullida almohada. Lo cual no es otra cosa que la so filosófico de su cabalgadura.
interpretación del pensamiento de Kant en su CrítiPero antes de hablar de la vendedora, digamos alca del juicio, hecha con arreglo á su especial criterio go de lo que vende. El tamal es una especie de empor las modernas escuelas positivistas. Según el gran panada. Hácese machacando el maíz cuando está
filósofo y según los anti-filósofos de estas últimas es- lechoso hasta que se convierte en pasta suave y agra-

Mr. Guyau, el arte, según Spencer, es un juego refinado que tiene su origen en el instinto de la lucha
contra la naturaleza ó contra los hombres, y viene á
ser en nuestra moderna sociedad una especie de
derivativo de todas las energías sobrantes; un empleo,
que á nadie causa daño, de las fuerzas inútiles; en
una palabra, una especie de válvula de seguridad.
Terminada esta exegesis evolucionista del arte,
Mr. Guyau expone el análisis del placer estético según la misma escuela.
Lo que caracteriza el placer estético, en la opinión
de Spencer, es su inutilidad; es decir, que para ser
placer estético no ha de proporcionarnos ninguna

NúMERO

480

dable, de la cual forman unas empanaditas largas que
rellenan con cabeza de cerdo bien sazonada y cocida
y pedacitos de aji (guindillas) para que el tamal sea
picantito, como conviene á este bocado esencialmente criollo. Una vez hecha la empanada se envuelve
cuidadosamente en hojas secas de plátano, se ata con
los filamentos secos también de la misma planta y
se ponen á cocer al vapor. Cuando están en punto,
cárgalos la vendedora en sus aguaderas, tapando éstas con infinidad de mantones viejos, trapos, franelas y cuanto pueda contribuir á conservar calientes
los tamales, y comienza su matutina peregrinación,
siguiendo cada tamalera el propio intinerario todas
las mañanas.
Da principio la venta á las ocho y acaba á las diez
ó diez y media; pues siendo el tamal exclusivamente
para el almuerzo y la hora de éste de diez á once, ya
se sabe que ha de llegar para entregarlos calentitos
en las casas de los señores parroquianos. La gente
del pueblo los consume en cualquier momento, y todas las horas son buenas; pero las familias distinguidas que son aficionadas á los plátanos del país, se los
hacen servir en el almuerzo solamente.
Acabada su venta retírase la mulata ó chinita tamalera á su casa, que suelé estar al otro lado del Rimac, en un barrio llamado Debajo del puente por ser
preciso cruzar uno de piedra antiquísimo que une la
bella población con su importante suburbio.
En Malambo, calle ancha y hermosa, famosísima
por la clase de gentes que habitan en ella, es donde
generalmente vive la tamalera; en aquella calle que
pocas damas limeñas conocen, pero que seguramente
no hay aristócrata 111ataperro (calavera) que no visite
para correr unajuerguecita.
La tamalera Manonga (Manuela) era la más hermosa zambita del gremio y la envidia de zambos y
mulatos; aunque, la verdad sea dicha, difiere en tan
poco el color del uno y del otro, que apenas los encuentra distintos el que no tiene mucha costumbre
de diferenciarlos.
Decíase que gustaba Manonga de que la testejasen 11i11os (caballeros), cosa que á los hombres de su
color sabía á clticharrón de sebo, por aquello de que
era mucho cuento que siempre los señores habían de
babosear primero las tajadas de carne que luego les
arrojaban exprimidas, sin jugo y hechas pura piltrafa.
Vivía sola Manonga en una casita baja, de apariencia pobre, aunque no sucia, como son por regla general las de otras mujeres de su raza y clase. Contábansele por docenas los enamorados, y no faltaba quien
dijese que guardaba en un cofre buenos soles (duros)
de plata y hasta algún sol de oro (moneda 9el valor
de 20 duros), por más que éstos iban desapareciendo
en el Perú, sin que se supiera en qué faltriqueras estaban escondidos.
Jaleos y jaranas había todas las noches en casa de
Ma11onga, adonde acudían las za111bitas y chinas
de la vecindad para bailar y cajear con alma y cuerpo. Pocas veces solían estar semejantes reuniones
huérfanas de muchachos alegres y ricos que gustaban de revolver con sus blancas manos el pelo (pasa)
de las negras malambinas.
Dejaba cada cual en casa de Manonga cuanto en
los bolsillos llevaba, con el rumbo y desprendimiento
peculiar al peruano, y rabiaban todos contrá la tamalera que de modo tal sabía esquilmarlos sin comprometer en lo más mínimo la doncellez que decía guardaba bien guardada.
No eran tan escrupulosas sus compañeras, y ya
sabía ella enjaretar parejas con maña, gracias á las
botijas de púco (aguardiente de uva) que se despachaban por cuenta de los jaraneros y en las cuales
quedaba á Manonga muchísima ganancia. También
se solían improvisar cenas de platos picantes, y cuando esto sucedía había niilos que no desdeñaban descansar en la revuelta cama de la za111ba.
No dejaba Manonga su comercio por nada del
mundo: así que los tamales se hacían siempre, y á
venderlos salía como de costumbre, aunque dejase
encomendada su casa á una vecina por quedar en.
ella algún jaranero rezagado durmiendo los efectos
del pisco, del baile y de los picantes.
El niilo Carlos, un limeño buen mow , más aficionado á Manonga que á una mujercita se:icilla y candorosa que le había cabido en suerte, era el más
furiosamente enamorado de la tamalera: también es
verdad que si alguno hubiera de vencer los escrúpulos que ella demostraba, nadie lo lograse con más
ventajas que Carlos, porque de tal manera sabía jaranear y asimilarse á la sociedad de Malambo, que
era el ojo derecho de las mujeres de color y el diablo encarnado de padres, maridos y amantes.
Mucho tiempo llevaba rondando á Manonga Y
contentándose con las amigas de ésta; pero una noche que el baile y la zambra estaban en su apogeo,
entró el ni1io Carlos entre cejijunto y mal humorado,

NúMERO

480

LA

1 49

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Ya te comprendo; ¿es capataz de ladrones?
- Sí, ni1io.
- Y ¿cómo es que no ha intentado nunca robarnos, sabiendo que traemos plata los
que venimos á ver á Ma. nonga?
- ¡Ay, niño! ¡Pues no ve que
para sacarles la plata basta ella!
El no quiere meterse con los
marchantes (parroquianos) de
una mujer; pero es tan celoso,
que si supiera que miraba ella
con interés á un blanco, la mataba, y Manonga le obedece
porque le tiene miedo. No se
meta en nada, 11i11ito Carlos;
deje de perseguir á esa, porque
puede el diablo hacer de las
suyas. Mire por ay, que no le
faltarán doncellitas sin compromiso tan saladas como Manonga y con menos años, porque ya tiene veinticinco aunque no lo parezca, y mis hijas
tier¡en quince una y dieciséis
otra; ¿ve qué cosa?, pues guardan su honestidad, niiio, porquepa tener á su vera
gentes como el zambo
Casimiro, vale más estar sola.
La tamalerd cortó
MON UMENTO DE ARAD. - LA LUCHA
la conversación, sentándose junto al nifio
sentándose sin saludar á nadie ni mirar apenas á la Carlos y orreciéndole una copa de pisco.
concurrencia.
- Venga, dijo el buen mozo: bebamos por
- ¿Qué le ha pasao, mi amito?, dijo una negra vie- el amor qui:! te tengo y por el balazo que
ja, especie de Celestina de dos pimpollos de azaba- pienso pegar esta noche á tu zambo.
che que bailaban en aquel momento una chilena (cue- ¡Ay, Jesús! Niño, ¿quién le ha dicho?...
ca), provocando entusiasmos en la concurrencia.
Soy hrmraa.
-¿Quién había de decirme? ¿No sabes
- Nada; que vengo dispuesto á que Manonga no
se burle más de mí.
que estoy loco por ti hace mucho tiempo?
- No sea tonto, nifio. Cuando Manonga no se co- Esta noche me quedo aquí; aguardo á Casime al ni,10 de amores, es porque no puede; pero ha miro, y ó se marcha prometiendo no ~erte
de saber el nú1o que yo me tengo sabí() que tiene más ó le meto una bala en la cabeza; s1 no,
muchísimas penas por no poder corresponder á sus mañana mismo haré que lo prendan, porque
finezas.
ya sé el oficio que tiene.
- 1Ay ni1io de mi alma, no haga tal cosa!
- ¿Pues quién se lo prrva?
Casimiro es muy malo, y pues que lo sabe
- ¡Gua! ¿Qué, no lo sabe el niño?
- ¿Quién me lo ha dicho?
todo, le diré que yo le tengo mu~hísimo
- ¿No sabe que el zambo Casimiro es su hombre miedo: sería capaz de matar al mño, que
dende hace mucho tiempo y que la tiene asustaa?
bien lo conozco.
- Yo no sabía nada de eso. ¿Y dónde está ese
- ¿Pero tú lo quieres?
zambo?
- A quien yo quiero más que á mi vida
. - Pues, ... ahora, ... por ay, ... recogiendo lo que se es al niiio, que parece que me ha dao clzamico, porque tengo mala voluntad á ese
pierda, con otros amigos ... El es el jefe.
maldito zambo después de haberlo querido; y muchas noches
me pega cuando viene, porque presume
que me muero por
otro, y esto es muy
verdad, como lo es
que no puedo_ni mirarlo, porque cuanto
más lo miro más veo
al ni11o aquí dentrito
de mi pecho.
- Pues no lo mirarás más:
tomemos una copa por nuestro
querer clw/ita, y anda, baila
una chilena, que te la voy á
cantar ahora mismo,
Y Carlos se puso de pie, arrogante y hermoso, con el semblante iluminado por el amor
y los deseos. •
- ¿Y no quiere el niño bailarla conmigo?
- No, salada, que quiero ver
cómo requiebras tu cuerpo de
azúcar: baila con otro, pero
baila para mí, ¿sabes?
- ¡Qué hermoso -eres, niño!
Manonga, escogió pareja y
salió en medio de la sala cimbreando las incitantes caderas,
dislocando el pecho y retorciendo los brazos largos, desmadejados, llenos de promesas
MARÍA Y MAGDALE::-IA, grupo escultórico de Jorge Zala,
incitantes, y dirigió una miraautor del monumento de Arad, erigido á la memoria de los trece mártires
da, en la cual fulgureaba la pade la Libertad
sión más ardiente, al niño Car-

los, que lleno de satisfacción se disponía á cantar la
cueca.
- ¡Alza, chinita, que ya te has perdio!, dijo el compañero que había elegido Manonga.
- Alguien me habrá de encontrar; no te apures,
c/1pfo.
- ¡Ya lo creo; el ni?io Carlos!; pero cuida no encontréis los dos con Casimiro .
- ¡Valiente bozal!
Comenzó el músico á rascar una cueca en un violín roto cuyos sonidos hubieran puesto carne de gallina á un aficionado, y se dispuso el aristócrata á cajear palmoteando y á cantar á media voz.
Salió ésta dulce y apasionada de su garganta en
tesitura de barítono; pero voz seductora, como emitida por un órgano puro, sano y potentísimo:
Tengo yo una ta111a!era
que por Malambo va;
los tamales que vende,
¿quién se los comprará?
¡,/yayay!, que mi tamalerila
que por Malambo va.
;..Jyayay!, que tan dulce y bonita,
¿quién no la comprará?

La voz del ni11o Carlos con sus candencias criollas
y seductoras arrastraba á la zamba Manonga, que si
bailaba con otro se requebraba para él, mirándole con
¡.,asión y arrullándolo con el vuelo de su pollera (falda) llevada y traída con limeño donaire.

MONUME:-iTO DE ARA D. - LA ABNEGACIÓN

No duró mucho el baile aquella noche: la tamatera quería gozar de los amores del ni11o, que habiendo
descubierto su secreto la quería lo bastante para cuadrarse delante del capitán de ladrones disputándole
la mujer amada.
Una vez solos, asaltóle á la zamba la idea de que
su terrible amante pudiese llegar aquella noche temprano, aunque no era de las dedicadas á visitarla, porque previamente no le había enviado recado alguno
como tenía por costumbre Entregóse, pues, con alma
y vida á los amores del ni?io, cerrando la puerta con
grandes refuerzos, aunque olvidándose que dejando
abierta la que daba á un patinillo era facilísimo entrar bajando de la azotea, á la cual se podía muy bien
subir por una casa vecina.
A las dos de la madrugada oyéronse en Malambo
tres tiros de revólver, de los cuales el vecindario no
hizo caso por estar acostumbrados á percibir semejantes ruidos á horas intempestivas.
Quién supuso que la policía perseguía ladrones,
quién que los cacos hacían de las suyas.
Amaneció el siguiente día y volvieron con el alba
la animación y el bullicio á Malambo.
La puerta de Manonga estaba cerrada y no se veía
en ella como de costumbre el caballejo paciente aguardando la carga para emprender su cotidiana tarea.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

48o

Después nos besó á todas en la frente y salió apomera que lo observaba, de cogerlo todo ello y arroyándose en su muleta.
jarlo descuidadamente en un rincón.
Mucho nos complacían estas pláticas llenas de unUn día que el huerto del colegio estaba nevado y
de los desnudos árboles pendían largos estambres de ción y dulzura del señor capellán, y sin darme cuenta
hielo, semejantes á los.adornos de cristal de la lám- de ello sentía acudir á mis ojos las lágrimas y opripara de la Virgen, entró Gregaria en la clase, airada y mírseme el corazón. Es más, estoy por decir que despresurosa, todo lo que permitían sus piernas imposi- de aquel día todas procurábamos ser más buenas, y
bles. Venía con el cabello descompuesto y pegado á así en la clase co.mo en nuestro particular comportala cara; al atravesar la clase dejó tras de sí un largo miento dentro y fuera del colegio, se notó que las
reguero de agua, que no parecía otra cosa sino que palabras del señor cura no habían caído en saco
se había caído en la tinaja. No pudimos contener la roto.
Con esto y otras ocupaciones avanzaron los días,
risa y armóse entre todas gran alboroto, que no costó poco trabajo á la profesora apaciguar, tratando y llegó el momento con tanta ansia esperado de la
juntamente de inquirir lo que había sucedido. En- primera Comunión. Desde una semana antes no se
tonces Gregoria, al ser interrogada seriamente por hablaba de otra cosa entre las compañeras. Todo esaquélla, se echó á llorar con tan gran congoja que no taba preparado y aguardábamos con impaciencia el
momento de lucir los preciosos trajes construidos
podía articular palabra.
En resolución, que al fin pudo averiguarse que para la augusta ceremonia.
De poco ó nada habían servido las indicaciones
tratando Gregoria de beber agua se encontró con
Mercedes, la morenita y cejijunta hija de un señor de la profesora, que nos recomendara eficazmente la
magistrado, y pidiéndole á ésta el jarro grande de mayor sencillez en nuestros respectivos atavíos; antes
azofar que habíamos de coger con las dos manos, al contrario, los trajes de las más ricas y elegantes
Mercedes no quiso dárselo, y sin recordar acaso el habían circulado de casa en casa, sirviendo de momucho frío que hacía, se lo vertió á Gregoria sobre delo á las demás. Mis padres se habían ocupado seriamente del mío, y especialmente mi mamá estuvo
la cabeza.
Todo esto lo encontramos nosotras muy natural; presente cuidando de todo mientras la modista que
no así la maestra, que castigó á Mercedes, é hizo su- iba á casa lo cortaba y cosía. Por último, ¿á qué debir á -la cocina á Gregoria para secarle la ropa. Des- cir más?, el día de la última prueba dejé de ir al copués nos reprendió á todas nuestta falta de caridad legio para poder estar presente á la conclusión del
con una compañera, y concluyó diciendo: «Si en un vestido. ¡Qué bien estaba con él! Más que de coledía como el de hoy hubieran hecho con vosotras Jo giala le hallaba parecido con el que había visto en los
que ha hecho Mercedes con Gregoria) ¿qué pensa- figurines de las jovenes que van á casarse.
ríais de la joven que os exponía á -una grave enferEl día antes arreglamos las parejas y nos pusimos
medad, faltando por añadidura á todas las leyes di- de acuerdo las que íbamos á ir reunidas. Tuvimos
para esto presente la estatura de unas y otras para
vinas y humanas?»
No dejaron de causarnos impresión las palabras que hiciese más bonito, formando delante las más
severas de la madre, dichas con ademán solemne y chiquitas, que iban sólo á confesar, y detrás las maEVA CANEL
con los ojos arrasados de lágrimas, que hubieran teni- yores, que habían de recibir además al Divino Jesús
do verdadera razón con otra que no fuera Gregoria, la Sacramentado. Yo formaba también con éstas, porcual, en nuestro sentir, merecía lo sucedido y mu- que aun cuando no tenía más que once años, ya haGREGORIA
bía comulgado otras dos veces acompañada de mi
cho más.
A
poco
llegó
el
profesor
de
matemáticas
y
no
se
mamá.
( EPISODIO EJEMPLAR)
habló palabra del asunto.
A las seis era la cita en el colegio; casi todas fuimos puntuales, y er~ de ver las minvias que nos diriA mi buena sobrina GcÍdor GomtÍle: lliénde:;
II
gíamos unas á otras conforme íbamos ocupando nuesEra Gregoria baja de estatura, de pobre comtros respectivos puestos.
plexión, pálida, ojerosa, escasa de cabello y la frente
Pasaron los días cortos que apenas permitían haNunca había visto espectáculo más rico que el que
abultada é irregular. Su.andar era torpe y lento, efec- cer nada, y una mañana, estando todas en las venta- presentaba aquel vistoso grupo de niñas, que cierta·
to de sus piernecitas tan finas y dificultosas que, á nas ·aprovechando la ausencia momentánea de la di- tamente no bajarían de cuarenta, tan lujosamente
pesar de sus pocos años, procuraba ocultarlas, usan- rectora, vimos con alegría que de unos almendros ataviadas. ¡Qué blancura la de aquellos trajes, que
do la falda del traje larga y enjuta.
que cercaban el huerto próximos á la tapia erizada bajaban en caprichosos pliegues hasta más de media
La presencia de esta desgraciada criatura produjo de vidrios, se destacaban unas cuantas flores blancas pierna en las mayores y algo menos en las :nás peen todas nosotras un movimiento instintivo de re- como la nieve. Llamamos la atención de las más dis- queñitas; en cuanto al calzado nada quiero 'decir, sino
pulsión, que después fué en aumento al escuchar su traídas sobre aquel risueño augurio de mejores días, que todas aquellas botitas de raso ó tafilete blanco
voz . desafinada y áspera. Tampoco en la profesora cuando dos golondrinas, casi al alcance de nuestras se ponían por primera vez: en fin, ¿qué más?, las de mi
debió ser aquella primera vista muy lisonjera, cuan- manos, comenzaron á picar desaforadas. «No hay compañera, que era hija de una marquesa y no hado la mandó sentar inmediatamente, dirigiendo su duda, dijo una de las mayores, pronto hará calor. Y bía conocido á su padre, que murió en la guerra, temira~a á los sitios que ocupaban Angela y María, vosotras, añadió dirigiéndose á las pequeñas, decid nían los tacones dorados.
las mñas más hermosas entre todas, con expresión en vuestra casa que os vayan preparando los trajes,
Yanos disponíamos á marchar; todo estaba preparasevera y triste á la vez. Después continuó explicando que la primera Comunión está cerca.»
do; y formadas las parejas aguardábamos de pie, colosu lección de Historia, hablando como de pasada de
Tiempo hacía, en efecto, que el señor capellán que cadas en larga fila, la orden de ponernos en marcha.
una cierta reina, buena y compasiva con los niños en- nos decía la misa y nos hablaba de Dios venía ins- La superiora cogió su libro y su rosario, y después de
fermos y desvalidos.
truyéndonos en los fundamentos de la religión, di- hacernos algunas prevenciones sobre la devoción y
No borró este mal efecto el trato diario con Gre- ciéndonos cosas muy bonitas y tan tristes, á veces, compostura que debíamos emplear aquella mañana,
goria; antes al contrario, en sus relaciones con todas que nos hacían llorar.
mandó abrir las dos hojas de la puerta y'nos pasó la
las compañeras parecía hacer gala de una reserva
Dedicaba más rato que de ordinario á las explica- última revista, mirándonos una á una. De repente y
impropia de sus años y de una gra_vedad extemporá- ciones y hacía dar lección doble á las mayores. Cier- como salida de debajo de tierra apareció Gregoria,
nea, que acabó por mantenerla sola y olvidada entre to día, terminada la lección, nos dijo:
azorada y confusa, en el dintel:
todas las demás.
«Queridas hijas: ya conocéis los misterios inefables
- Dispense V., dijo á la maestra, poniéndose coGregoria trabajaba ~odo el día con la cabeza baja; de que en breve habéis de participar; grabad en vues- lorada como un tomate. La casa está lejos y no he
al preguntarle su lección, como la profesora la colo- tros corazones los santos gérmenes de caridad y amor podido llegar antes.
có desde el primer día cerca de la mesa, dábala en de Dios que he procurado inculcaros; y sobre todo te- Dios te guarde, contestó la profesora con dulzuvoz tan ~aja que apenas entendíamos Jo que decía. ned siempre en cuenta, cuando alguna tribulación os ra. ¿Has estado enferma? He notado tu falta duranEn los ratos de asueto seguía análoga conducta: sola amenace, que el J?ivino Jesús murió por nosotros, te la última semana.
en un rincón dormitaba ó fingía descansar con la vis- dando hasta la última gota de su sangre por redimir
Gregoria nada contestó; bajó los brazos y miró huta en el suelo, parando poco ó nada su atención en nuestras almas del pecado y guiar nuestros pasos con mildemente el traje de comunión que llevaba puesto.
nuestros bulliciosos juegos.
su ejemplo en esta vida entre los innumerables peliLa verdad es que nadie había contado con aqueUn día, en uno muy bonito en que tomábamos gros que nos cercan, al término de la cual nos espe- llo; Gregoria era la más feílla de todas y juntamente
parte_todas las niñas, grandes y pequeñas, cayó al ra con los brazos abiertos, para aplacar la sed inex- la más pobre; su ausencia de la pasada semana no
suelo una de las más chiquitas, dándose un fuerte tinguible de amor que de continuo nos devora y que había sido notada por ninguna; así es que formadas
golpe en la frente, que la hizo arrojar mucha sangre. sólo entonces sobre su divino costado se saciará has- las parejas y no faltando ni sobrando ninguna, era
Todas acudimos presurosas en su auxilio, y cogién- ta la hartura.
un verdadero conflicto lo que habíamos de hacer con
dola en brazos procuramos ocultarla de la vista de la
»Cuando el fantasma de la culpa os acose y amena- Gregorita. Esto debió ocurrirse á todas, porque ins·
profesora, entonces ausente; y ¡cuál no sería nuestro ce envolveros, traed á la memoria el recuerdo de tintivamente cogimos la mano de nuestra compañera
disgusto al observar que, atravesando el cenador y aquel semblante tan hermoso que habéis visto cada y comparamos su traje con el de Gregoria, que no
pasando cerca de Gregoria, ésta disimulaba la risa día, ya triste y congojoso en el Huerto de las Olivas podía ser más pobre: luego no llevaba botitas, sino
con un libro, con que procuraba ocultar su cara en- ya iluminado y radiante al romper los lazos de J~ unos zapatos blancos, bastos y de muy fea hechura;
diablada! Desde aquel momento, una vez conocida muerte y elevarse á los cielos, y figuráoslo momentos las medias de hilo grueso y hechas á aguja, y en
tanta perfidia, aumentó cada vez más, no la indiferen- antes de su crucifixión, marchito, sudoroso ensan- cuanto á la toca era verdaderamente un pingo según
cia ó el desprecio que antes nos inspirara, sino el grentado, dirigiendo hacia vosotras, con expr~sión de lo antigua y usada; el ramo de azahar lo había sustiodio más encarnizado, que no perdonaba ocasión de ~ngu_stia y pesar infinitos, su mirada tristísima que tuído con un manojo de rosas, que con gran frecuen·
manifestarse, ya escupiendo todas al pasar cerca de ilumma los mundos. De vosotras, queridas hijas, de- cia llevaba á la cara para ocultar su azoramiento.
aquella malvada niña, ya separándonos de ella al en- pende calmar s_us acerbos . dol?res; no seáis ingraLa situación, en efecto, había llegado á ser violencontrarla al paso, hasta el punto que al dejar su som- tas, y la compasión que os msp1ran la desgracia la ta; Gregoria enfrente de la gran fila que formábamos
brerillo y su remendado abrigo en las perchas colo- injusticia y el sufrimiento ejercitadla en favor de v~es- todas dirigía miradas tímidas y suplicantes de uno á
cadas para ese objeto, tenía gran cuidado, la pri- tro Padre.})
otro extremo. La superiora también parecía confusa,

NúMERO

480

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

No tardó en tormarse un corrillo de comadres negras, zambas y mulatas, que comentaban el caso.
_ - Habrá salido 1~1u trempanito, decía la negra vieja
que la noche anterior descubriera al nz'ño Carlos el
compromiso de Manonga.
Pero esto era desusado en la tamalera.
Pasó la mañana, y como no volviese á la hora que
tenía por costumbre, más y más creyeron las curiosas
vecinas que á la tamalera le pasaba algo.
- Ya caigo yo en lo que puede ser: se quedó
anoche con el ni11o Carlos, y por miedo á Casimiro
ha escapado con él. ¡Buena suerte de zamba/
- ¡Vaya, que es buena! ¿Quién se lo había de contará ella? ¡Un ní17o tan rico!
- ¡Y tan buen mozo!, suspiró una vestal renegrida
á quien su madre no dejaba perderse así 110 más.
Tan grande ansiedad no podía contenerse en límites de prudencia: alguien soltó la idea de que los tiros pudieran tener relación con la casa cerrada, y se
llamó á la policía, que echó abajo la puerta, precipitándose dentro la multitud sin que la fuerza armada
pudiera contenerla.
La oleada que izándose y estrujándose tomó la
casa de Manonga por asalto, retrocedió chillando espantada: en el dormitorio de la tamalera yacían el
cadáver de ésta y el del niño Carlos, muy cerca uno
del otro y envueltos en sudario de sangre.
Aquella mañana los. parroquianos de Manonga
echaron muy de menos sus sabrosos tamales, y una
esposa amante y resignada lloraba en silencio sobre
la cuna de un ángel la des.aparición del hombre
amado.
Todavía hay quien recuerda en Lima los tamales
de Mano11ga, y á un veterano criollo he oído decir
que con la zamba de Malambo se había perdido la
cría de las buenas tamaleras.-

EL BANQUETE, cuadro de

James D. Linton

~~~

de buen grado á entrar en el colegio, y así se acordó guerrero, que aliándose á la te religiosa, logró crear
en definitiva, cuando llegase el momento de su monarquías, vigorizadas por la fe y el patriotismo,
que al recoger las tradiciones del reino godo, modiviaje.
ficaron y transformaron paulatinamente todas las
manifestaciones polítieas, sociales y artísticas.
MATIAS M ÉNDEZ VELLIDO
Los árabes por su parte, al venir á España, traje( Co11ti11t1ará)
ron consigo la tradición de la filosofía griega y de las
ideas platónicas y aristotélicas, sobre las cuales se
desarrolló su cultura filosófica, y el ideal artístico de
EL ARTE ESPA:&amp;OL
Oriente, traducido en sus afiligranadas construccioSi violento contraste ofrece la variedad de nuestras nes, sencillas en sus muros, pero cuajadas de riqueprovincias, todo inspira en ellas arte, grandeza y poe- zas; sus armas ostentosas, su~ telas y tapices inestisía. El espíritu más prosaico elévase en alas del eh- mables, exornados con complicadas labores y dibutusiasmo al ver armónicamente enlazadas las diversas jos, sacando de la geometría inmenso caudal de comcuanto maravillosas galas de la naturaleza, con la va- binaciones. La misteriosa quietud de sus estancias,
riedad de la producción, los recuerdos gloriosos uni- los estrechos aljamíes, su inclinación á los perfumes,
dos á los monumentos augustos de pasados tiempos, sus cantos populares, expresión gráfica de sentimienlas sencillas costumbres de los habitantes de deter- tos guerreros 6 eróticos, trasunto fiel de la vida real,
minadas comarcas con su indomable arrojo en la revela todo la índole epicúrea y artística de aquel
guerra, los melancólicos zortzicos del país vasco con pueblo, que durante el período de su dominación
los plañideros ó voluptuosos ritmos de la región me- buscó su · engrandecimiento, á la par que la forma
ridional, los restos venerandos de la antigua pujanza más práctica y bella de satisfacer sus necesidades y
artística é industrial con las gallardas manifestacio- caprichos.
Unida la creencia al concepto patrio, la religión á
nes de las creaciones modernas. Artistas y artífices,
romanceros y trovadores, poetas y filósofos, ascetas y la nacionalidad, formóse de nuevo el pueblo cristianoveladores, moralistas y satíricos, son, hoy como no, y la heterogénea población de España recogió
ayer, la genuina expresión de nuestro modo de ser, de la dominación goda los últimos fulgores de su
de pensar y de sentir, asumiendo todos la represen- cultura, y obligado á combatir por su patria y por su
tación de la sociedad española en los diversos perío- fe, aportó al templo, síntesis de sus ideales, sus esdos de nuestra historia, como los monumentos reve- fuerzos creadores y las muestras de su progreso, ma·
lan las creencias y costumbres nácionales, las artes nifestando en la fábrica cristiana la fecundi.dad del
nuestra cultura y la industria nuestra grandeza y po- simbolismo que brota de su pasmosa idealidad. En
sus muros y portadas esculpió las páginas de histoderío.
Formada España por la reunión de diversos Esta- ria ó de moral; en los capiteles de las columnas que
III
dos, en los que dejaron impresas indelebles huellas las sustentan las majestuosas arcadas, sátiras mordaces
. Así las cosas, sobrevino una gran novedad en mi razas que por su fuerza expansiva cumplieron su des- de flaquezas ó vicios, sus esperanzas ó sus aspiraciovida, hasta entonces tan apacible y feliz. Mi padre, tino colonizador ó de conquista, ofrece un laborioso nes, y en las vidrieras, frisos, sillas de coro y claves
que ejercía la abogacía con mucho éxito, fué encar- proceso histórico para llegar á la constitución de l;i. de bóveda dejó impreso todo cuanto habla al sentigado de un negocio de gran interés por un antiguo unidad nacional. Pueblos hermanos, fecundados por miento y á la imaginación, conduciendo al espíritu
amigo suyo. L1 importancia del encargo y el tenerse la misma savia, aparecei;i separados, cual si el conjun- cuanto signifique bondad y grandeza.
Los hechos demuestran incontestablemente cuán
que seguir el pleito fuera de la ciudad en que vivía- to de la península no obligara ya á la conjunción;
, mos y en provincia muy distante de la nuestra, le persiguiendo, al procurar cada uno de ellos su inde- provechosa fué para el arte patrio la recíproca inpreocupó algunos días, decidiendo, por último, acom- pendencia, en el glorioso período de la Reconquista, fluencia que ejercieron entre sí los árabes y cristiapañarse de mi ma~á, y en cuanto á mí, colocarme el ideal de la unificación. Compréndese, pues, que nos, á pesar de sus continuos combates y algaradas
de interna en el colegio el tiempo que durara su au- este conjunto de nacionalidades segregadas de la y de su respectiva y antitética situación. Ya al cosencia, que serían tres ó cuatro meses á lo sumo, madre común, significa una disgregación de fuerzas, mienzo de la invasión muslímica continuaron los
según sus cálculos. Mucho sentía aquel contratiempo una variedad de creaciones, una diversidad de pro- mozarabes, á juzgar por la descripción de varios hisque me separaba de mis padres, aunque toda nove- ducción, propias y significativas de las aspiraciones toriadores, las tradiciones artísticas del reino visigodad en aquella época de mi vida me atraía y agrada- de cada región, precisas, porque sin la reunión de do, y sus arguitectos y artífices prosiguieron traba,ba en el fondo. Luego que muchas de mis mejores actividades no hubiera sido posible la existencia de jando con sujeción á los antiguos moldes y concepamigas se hallaban de internas en el colegio, y así aquellos Estados que debían funcionar normalmente tos, conforme lo atestiguan las obras que han llegado
podría acompañarme de ellas más tiempo. Estas re- i impulsos de su producción regulada por el poder hasta nosotros, salvadas milagrosamente, á través de
las conmociones de los siglos. Artífices cristianos
flexi?nes que me hacía mi papá y la protesta de que gubernamental.
Purificadas las ideas y las costumbres por la des- contribuyeron por su parte á levantar mezquitas y pa~e tiempo en tiempo había de venir á verme, para
inspeccionar juntamente los demás negocios de que gracia, renació, al iniciarse la Reconquista en las as- lacios, cuyos restos aun hoy sorprenden y maravillan,
también estaba encargado, me acabaron de decidir perezas de Asturias, Navarra y Cataluña, el espíritu debiéndose la construcción de algunas basílicas, cas-

«Vamos á ver, dijo pasado un momento que á todas
nos pareció un siglo, ¿quién de ustedes, señoritas,
acompaña á Gregoria? La que quede suelta vendrá
conmigo y luego pasará el rosario en el rezo de la
tarde.» Ninguna contestó, y yo que tenía enfrente á
Gregoria tuve miedo de la palidez que cubrió su semblante; dejó caer las rosas que tenía en la mano, y
su barba temblaba como si estuviese tiritando de
frío. Todas las niñas renegaban en su interior de
aquella desagradable escena, pero ninguna daba un
paso adelante; yo también me hacía la distraída mirando mi libro de oraciones, pasando y repasando
las estampas como si nunca las hubiese visto; tenía
oprimido el corazón, sentía afluir mi sangre á la cabeza y un buen pensamiento me aguijaba hacia adelante: miraba con los ojos arrasados en lágrimas un
retrato del Salvador que tenía como registro en mi
libro; aquella hermosura sobrehumana atraía mis miradas; el corazón encendido en vivas llamas que mostraba el Divino Jesús parecía mover é impulsar el
mío hacia Gregoria; la dulce é inefable armonía de
aquel semblante, pobre trasunto de la belleza de
&lt;:. Dios, pareció engrandecer y acentuar sus líneas mirándome airado: recordé las palabras del capellán,
sufrí en un momento todas las amarguras que había
devorado Gregoria desde que entró de compañera
en el colegio, y avergonzándome de mí misma, las
lágrimas nublaron mi semblante, y rápida como el
pensamiento retiré bruscamente á mi pareja y me
lancé en los brazos de Gregoria, á quien estreché
fuertemente contra mi pecho, obligándola á levantarse del suelo, sobre el cual había caído de rodillas.

�LA CONFESIÓN, dibujo de Huberto Herkomer

�1 54

LA l LUSTRACIÓN

NúMERO 480

AKTISTICA

tillos y señoriales moradas á la habilidad é inteligen- vir de preciado adorno, bajo diversas formas, en los los tiempos medios; tapicería, bronces de arte, funditemplos, en las cámaras de los reyes y en los pala- ción artística, cincelado, batido y repujado, y por últicia de alarifes andaluces.
mo la pintura y la escultura, puesto que á la ya nuA medida que los nacientes Estados fueron ensan- cios de los magnate~.
merosa pléyade de pintores y escultores catalanes, se
Cuanto
á
la
talla
de
madera
y
marfil
basta
examichando sus límites, obligando á replegarse á los invasores, creció.la influencia de la cultura árabe sobre nar los muebles y las sillerías de coro para compren- agrega la de los artistas de las demás provincias que
los cristianos; de manera que así como en el período der su desarrollo y perfección. La cerámica, que em- acuden al calor de este que pudiéramos llamar cende tiempo que media del sigio vm al x1 se desenvol- pezó por ser una imitación de la arábiga, logró igua- tro del arte.
Con tan valiosos elementos mucho puede lograrse.
vió y acrecentó la influencia de los árabes, empezó á larse con aquélla, siguiéndose sus tradiciones, tanto
De
ahí que abriguemos la esperanza de que en día
crecer del x1 al xm la importancia de la sociedad en los dorados y metálicos reflejos como en los esno
lejano
podamos ver enlazado el glorioso pasado
maltes
sobre
el
barro,
en
las
fábricas
de
Granada,
cristiana, que recogió la tradición artística de sus
enemigos para amoldarla á su esencia y constitución. Calatayud, Valencia, Mallorca, Málaga y Manises, de nuestras artes é industrias con los nuevos concepAsí vemos que llega un período en que se acuñan ~sí como las de Talavera y Sevilla sucumbieron des- tos de las creaciones modernas.
monedas con leyendas arábigas y latinas y se redac- pués á la influencia italiana y las de Aliara y el Buen
A. GARCÍA LLANSÓ
tan instrumentos públicos en ambos idiomas; que Retiro ajustáronse en la forma y ornamentación á
muchos vocablos árabes forman parte del romance los modelos franceses.
NUESTROS GRABADOS
Almería, Barcelona, Valencia, Toledo, Cebreros,
vulgar, y que las joyas, armas y tejidos de carácter
oriental sirven de atavío á los castellanos y aragone- Cadalso, San Martín de Valdeiglesias y La Granja
El banquete, cuadro de Jaime D. Linton. - De
ses, cual si fuese el gusto dominante, á cuya influen- distinguiéronse desde el siglo xm al xvm por sus no- Linton
puede decirse que nació para ser pintor; en lo que de
tables
vidrios,
algunos
de
cuyos
ejemplares
pasan
cia debieran doblegarse.
su vida elcanza su memoria, recuerda que las primeras aficioLos extranjeros, especialmente franceses, que vi- por productos venecianos en 'los museos y coleccio· nes que sintió en su niñez fueron para la pintura. Linton ~ los
veintitrés años expuso su primera obra, 4ue fué para él el primenieron á la conquista de la imperial Toledo, fueron nes particulares.
ro de una serie no interrumpida de éxitos,
En
tejidos
y
sedas,
de
los
que
se
conservan
tan
las primeras influencias extrañas á los dos elementos
Cuenta en la actualidad cuarenta y un años y en Inglaterra
peninsulares que cedieron ante la ~nérgica protesta raras como valiosas obras en brocados, ricomases, sir- se le reputa como uno de los primeros pintores de acuarelas,
del ascetismo, que por medio de uno de su's más gos, glizos, etc., basta recordar las fábricas que exis- debiéndose á él la existencia y el florecimiento del Real Instigrandes apóstoles predicó el amor y el dominio del tieron en Toledo, Sevilla, Valencia, Murcia, Grana- tuto de acuarelistas. Como pintor al óleo no es menos celebrado, y el Instituto de pintores al óleo le elevó en 1884 al honroespíritu sobre la materia y la fuerza. Pasó también la da y Talavera, y respecto de los bordados de seda y so
cargo de su presidente.
autoridad moral de la Religión y de la Iglesia, como oro atestiguan su mérito los ornamentos y vestiduras
De lo que vale en este último concepto puede juzgarse por
gigantesca ola, dejando huellas indelebles, y genera- antiguas de nuestros templos. Los encajes y blondas El ba11quete, que reproducimos, y en el cual no hay ur. deta!le
lizáronse las artes, que no fueron ya patrimonio ex- atín hoy gozan.de gran fama en el extranjero y se ce- de composición ni de ejecución que no acuse el alma y el pmcel de un verdadero artista; por él se ve cuán cuidadosamente
clusivo de árabes y judíos; formáronse gremios, co- lebran las admirables labores de las enca¡eras catala- estudia
Linton el efecto del conjunto, dando vida y realidad á
fradías y ferias en las ciudades principales, iniciándo- nas, y las fábricas de tapices de Madrid, el Pardo, Es- cada una de las figuras y distribuyéndolas y agrupándolas con
se el movimiento industrial y comercial para aumen- corial y Barcelona procuran todavía sostener el buen exquisito gusto, y con cuánto cariño lr~ta las minuciosidades_al
parecer más insignificantes, comprendiendo q_ue en el arte ~1cto de bienestar y riqueza. Llega por fin la época en nombre de esta industria.
A fines del siglo xv y comienzos del xv1 figuraba tórico, como en todas las bellas artes, cualqm~r elemento bien
que los caballeros hacen alarde de su valor y gentileentendido es factor más ó menos importante de la armonia, tan
za en justas y torneos; el canto de los trovadores España á la cabeza del movimiento artístico é indus- necesaria en las obras estéticas,
resuena en los castillos, convertidos en lugares de trial de Europa. Toledo, Sevilla, Segovia, Medina
placer; márcase una división entre la poesía popular del Campo, Valencia, Barcelona y otras populosas La confesión dibujo de Huberto Herkomer.
- El autor de este d'ibujo, el ilustre profesor de Oxford, dice á
y la erudita, y sustituye á la pobreza y austeridad de ciudades eran los Manchester, los Sedán y los Lieja propósito
del mismo que ~opió la escena en él_ repres~~tada en
los primitivos tiempos la ostentación en las ropas, de aquella época. Segovia, que producía los mejores una ele las Cartujas que vmtó durante su reciente v1aJe á Itapaños del mundo, empleaba en su fabricación más lia. Casi resulta innecesaria esta mar.ifestación; con sólo con•
armas, arneses y preseas.
Tras el siglo xv, en el que á modo de crisol se de 40.000 obreros: Sevilla, tenía en actividad 16.000 templar su obra comprende aun el menos ~visado en ~at~rias
que tanta verdad como la conseg111?a en tal_ d1buJ? no
refunden todas las manifestaciones peninsulares, vie- telares de seda; Toledo ocupaba en sus industrias artísticas
se obtiene apelando á recuerdos que nunca llenen la 10tens1dad
de
armas,
tejidos
de
seda
y
lana,
curtidos,
joyería,
ne la reforma política y social realizada por los Reyes
de lo presente, ni á modelos de oficio, que si ele un modo más
Católicos, que concentra todas las ideas de ciencia, platería y guantes cerca de 50.000 operarios, y tanto ó menos convencional llegan á adaptarse á la postura y al tra•
arte y progreso; de manera que cuando aparece el Medina del Campo en la fabricación de medias como je de los personajes que se les quiere hacer representar, s_on. inRenacimiento, tiene ya el arte español historia y per- Valencia con sus famosas sederías y Córdoba con capaces de identificarse con su modo de ser y con lossentnmenque pueden anin,arles en un momento dado.
sonalidad. vida y pujanza. Las raíces del árbol patrio, sus no menos celebrados curtidos sostenían algunos tosExamínense
como se quiera los dos monjes que en La ronrepletas de savia, envían al trono torrentes de vitali- millares de obreros y constituían otros tantos centros fesión figuran, anaHcense los más insignificantes detalles de
sus expresivos rostros, estíadien_se e~~upulosamente sus acdad; prodúcense hermosos frutos, y comienzan para de la producción nacional.
Cual si al eclipsarse para España el sol de su an- titudes, siéntase hondamente la 1mpres1ón que de la esce~a se
algunas artes, como la pintura, sus gloriosos anales
y &lt;ligase luego si hay manera de lograr un con1unto
tigua grandeza trocáranse en noches los claros días desprende
modernos.
tan acabado como el que el dibujo nos ofrece, sin tener á la
Ya hemos dicho que durante la Edad media con- del espíritu nacional, paralizándose el movimiento vista lo que el lápiz va produciendo en el papel._ . . .
Cierto que para llegar al re~ul~ado á que _el d1buJ~nte mglés
céntranse en el templo las manifestaciones más im- creador que tantas bellezas produjo, as{ desaparecieportantes del arte. Allí, en aqúellas construcciones ron con el poderío las manifectaciones industriales y ha llegado, se requiere un sent1m1ento ~rtísuco de _primera fuerza y son precisos conocimientos técmcos excepcionales; pero
levantadas por la fe y el patriotismo, deben buscarse artísticas, conservándose de ellas, durank' un largo uno y otro se aunan de tal suc:rte en Iluberto Herkomer, que
esas riquezas artísticas, cuya maravillosa ejecución es período de tiempo, el gratísimo recuerdo de su pasa- de larga fecha su nombre,_ c0~? pocos. popular en Inglaterra,
aun hoy causa de asombro. No sin respeto pueden do esplendor. Apagóse en los talleres el ruido pro- es universalmente y con JUSt1c1a admuado en el mundo del
admirarse los trabajos en hierro, bronce y metales ducido por los escoplos y martillos, telares y batanes; arle.
preciosos, los esmaltes, las tallas en marfil, madera y extinguióse el fuego de las fraguas; quedaron desierLa lancha perdida, cuadro de Sbuza Pinto,
piedras preciosas, los bordados y encajes, los mosai- tas las lonjas ó centros de contratació!1, y sólo el p:rabado por Baude ,Salón del Campo de Marte, de
cos, los vidrios, las pinturas y miniaturas y cuantos fragor de las armas y el tañido de las campanas Paris 1890). - Los dramas del mar han servido de asunto á
n úmero de cuadros, y á la verdad que pocos temas se prestesoros fueron acumulados por aquellos hábiles é in- anunciando las fúnebres ceremonias del Santo Ofi- gran
tan mejor que éste á los pintores para hacer gala de su tateligentes artistas.
cio percibíanse en las silenciosas ciudades españo- lento, ora traducido en escenas grandiosas en que el hombre
En las construcciones civiles, en las moradas seño- las, antes alegres y bulliciosas. Las sucesivas expul- lucha en vano desde fráJ?il nave contra los elementos embraveriales, hacen gala también los artistas y artífices de siones de judíos y moriscos, las conmociones políti- cidos, ora manifestado en notas de sentimiento coando suposu ingenio y fantasía, utilizando la variedad de .ele- cas, las guerras y las contiendas civiles ahogaron en niendo acaecida la catástrofe se complace el artista en presen•
las amarguras que de ella son consecuen_cia.
.
mentos de que disponen. Cúbrense los muros de re- distintas ocasiones los laudables intentos de los que tarnos
De este último modo lo ha tratarlo Souza Pmto; nadie que
lieves, y los azulejos sirven de motivo de decoración, trataron de reivindicar para el arte patrio su antiguo viera la tranquila superficie del mar que en el fondo de su obra
en_tanto que los anchos sillones de vaqueta, hs ar- renombre y continuar la senda tan brillantemente se distingue, adivinara que sus rizadas olas ha poco se encrespa•
qu1llas, cuadros, tapices, armas y otros artísticos ob- trazada por aquellos con cuyas obras nos envanece- ban y sepultaban en sus abismos al infeliz marino que las sur•
buscando el sustento. para su familia; pero nadie que se
jetos, constituyen el mueblaje y decoración de espa- mos. Estos que pudiéramos llamar débiles ensayos, caba
fije en las dos interesantes figuras que en pr(mer !érmino apa·
ciosos salones, presididos por la monumental y es- aislados y sin norte fijo, mas siempre con el lauda- recen, vacilará un momento en afirmar la ex1stenc1a del dran,a
culturada chimenea de mármol.
ble empeño de reconquistar la perdida independen- que arrebató la vida de un ser qu~rido. Aquel llanto de la
Los _esmaltes, joyería y platería alcanzaron gran cia. iniciaron, á pesar:de su incierta] marcha, la evo- hija en que se desbordan los más 11ernos ~fecl?S; aquella acpa~iva, aquel rostro poco menos _que. ma_mmado, aquella
perfección. De ello son testimonio las cruces custo- lución cuyas brillantes manifestaciones podemos hoy titud
m:rada fija en el horizonte con que la_ mfehz vrncla parece sondi~s, r~licarios,, cálices, platos, jarrones, arma; y otros apreciar, que han de conducirnos á la postre á alcan- dear la inmensidad del Océano cual s1 esperara todavía Yer lle·
mil ~bJetos, as1 como las admirables obras de filigra- zar para España el lugar que le corresponde entre las !!ªr, como en días venturosos, al esposo amado,_no dej~n eluda
na e¡ecutadas en botones, herretes y joyas por los naciones cultas. Cierto es que es joven, - pues apenas alguna en el ánimo del espectador; la desgracia es c1ert~, la
se ha perdido, d mar ha inmolado una nueva vkt_1ma.
célebres plateros de plata y los que acreditaron su cuenta veinte años; - pero aun así, muéstrase ya po- lancha
El cuadro ele Souza Pinto, sublime por su misma sencil)e~,
maestría en los Libros de Pasantía de los plateros de tente y vigoroso, dando muestras de esa virilidad rebosa sentimiento; pero ésta, con ser tan valiosa, no es la um·
ca cualidad que en el lienzo se admira; la pintura e~tá tan maBarcelona, ~onse~vados en la Diputación provincial. iniciadora de las grandes creacior¡es.
El foco revolucionario, si tal puede llamarse, resi- gistralmente ejecutada, que desde _este punto ele v1st~ la. obra
Dan testtmomo de las obras de hierro las rejas,
chatones, llamadores, candelabros, verjas, etc, cons- de en Barcelona. Aquí se ha iniciado el renacimien- cautiva tanto á los ojos, como baJO el otro concepto mcl1cado
habla con elocuencia al corazón,·
truidas por los maestros de Toledo Salamanca Al- to industrial y artístico de España, y aquí, gracias á
calá de Henares, Barcelona, Sevilla' Gerona G;ana- la iniciativa particular, se ha constituído un centro
A. CREMA SIMON, co!d-crcam especial de un
da, Tarragona, Segovia, etc., que 'dejaron ~n ellas productor que nos exime del vasallaje que durante
;;ecto seguro contra los barros y l:J.s irrilario11es de la P!ei,
pruebas de su buen gusto en el diseño y de maestría largo tiempo hemos rendido á otros países más afor- es indispensable
á todas las señoras celosas de conscrrnr el bnllo
en la ejecución.
tunados. Comenzóse por reemplazar la clásica sime- de su belleza y la frescura de la juventud. Se halla este producto
No menos importancia reviste la ·fabricación de tría por la ponderación, la aplicación de la variedad sin rival en casa de todos los perfumistas~ en casa del inv~n·
armas y el repujado, nielado y grabado, ya siguiendo en vez de la uniformidad, estudiándose los tonos y tor /. S l !,ION, rue de Proveuce, 36, Pans; pero es preciso
el estilo oriental, ya ajústándose á las tradiciones pa- los matices para producir de sus gradaciones, los desconfiar, de las falsificaciones y exigir la firma.
trias ó imitando las obras de los célebres artífices cuadros corpóreos, las creaciones industriales que
milaneses.
determinan la aplicación del sello artístico á todo,
JABON REAL
JABON
Los guadamaciles de Córdoba, Málaga, Ciudad desde lo más nimio á lo más importante. De ahí que DE T HRIDA CE 29,;:d;;1:~¡;;;~Pms VELO UTI NE
Real, Valladolid, Lérida y Barcelona lograron gran exista platería y mueblaje artístico en todas sus for- 1"omond1doa »or 1utoriddoa mlill, pua J&amp; Ri¡iov 41 ll Piel 1 8111111 (el Collf
estima y merecido renombre hasta el extremo de ser- mas y aplicaciones; vidriería de color á la usanza de

L

11111

¡v:roLET¡·

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1 55

EL ANILLO DE AMASIS
NOVELA ORIGINAL DE LORD LYTTON, ILUSTRADA POR A BESNARD

milia legitimista, siempre había conservad_~ con sus cañones con que habíamos saludado al R!zeinstein
padres relaciones que aseguraban á su h1¡0 buena después de salir de Maguncia,, y n~s acercába~os al
acogida en el arrabal San Germán, y esta circuns- sitio donde nuestro vapor deb1a tributar seme¡antes
tancia, unida á las ventajas que yo esperaba obtener honores á su madrina mística. Mis compañeros de
del progreso de la ciencia ,médica, me decidió á co- viaje discutían sobre las numerosas leyendas que cirmenzar mis estudios en Francia. Al llegar á este país, culan respecto á esa hechicera.
Una joven alemana, muy sentimental, y que haen 1834 fuí testigo de los acontecimientos que aquí
blaba
con 1m marcado acento berlinés, parecía emvoy á referir. Todos los detalles de aquella escena se
peñada
en defender á la bella mágica, á la cual se
conservaron siempre grabados en mi memoria.
Había tomado yo pasaje á bordo del vapor La Lo- tildaba de antropófaga; el entusiasmo de aquella
relei, que prestaba servicio desde Maguncia á Colo- exaltada señorita parecía únicamente inspirado por
nia; era una hermosa mañana de primavera, y ap~nas la presencia de un joven subteniente que se había
hube perdido de vista las tres torres de la antigua sentado junto á ella en el mismo banco.
El oficial, no obstante, dijo con frialdad que no
catedral, encendí un cigarro y sentéme en un banco,
no lejos de un hombre que ocupaba la misma posi- veía nada extraño en la detestable costumbre que tenía La Lorelei de terminar sus conciertos ahogando
ción enfrente junto á una mesita.
á
En el momento de salir de Maguncia había oído su auditorio,
- Todo aquel, añadió, que sea capaz de coqtemlas notas de un piano, tocado sin duda por alguno
que debía hallarse junto á las ventanas abiertas de plar sin emoción y sin compadecerse la agonía de
una casa situada cerca de la orilla; el instrumento una persona que, se ahoga, es en el fondo de su alma
estaba desafinado, y el ejecutante (tal vez un niño) mil veces más criminal que el asesino impulsado al
hacía inútiles esfuerzos para producir las notas exac- crimen por un acceso de pasión.
Un ruido estrepitoso interrumpió aquí las convertas de un antiguo aire alemán que yo sabía de mesaciones;
la mesita que estaba frente á mí había ~ido
moria.
Cuando
el
alma
se
inclina
á
la
meditación,
I
sin que nuestro espíritu tenga un asunto especial derribada y acababa de caer á los pies del subtemenpara reflexionar, la más insignificante impresión ex- te; todos volvimos la cabeza. El hombre solitario haLOS PRIMEROS ACORDES
terior basta á menudo para que se determine la di- bía abandonado sin duda su sitio antes de suceder
El desgraciado cuya extraña historia voy á referir rección que ha de seguir una larga serie de pensa- esto, sin que yo notara hasta entonces su ausencia;
aquí, me exigió en su última hora la promesa de no mientos y de ideas. Yo estaba precisamente en esa pero al mirar á mi alrededor para ver cuál era la cat~revelar hasta después de su muerte el terrible secre- disposición vaga y meditabunda; en aquel instante sa del ruido, observé que aquél se paseaba con lentime acordaba de mi pequeña ciudad natal, que sin tud en la extremidad del puente.
to de su vida.
Aquel hombre vestía de negro, pero su ropa se
Llegado es el momento en que, sin temor de he- duda no volvería á ver en mucho tiempo, y evocaba
rir ninguna susceptibilidad de familia, puedo al fin la visión de uno de sus raros edificios públicos, don- ajustaba tan bien á su persona, que se hubiera creído
dar -cumplimiento á mi promesa; pero hay en esa de había pasado algunas de las horas- más felices de obra de la naturaleza; todo su conjunto era tan senhistoria ciertos incidentes con que estoy relacionado mi vida. Este edificio servía, según las circunstan- cillo, y por decirlo así, tan discreto, que á pesar de
haberlo visto ya todos, ninguno de nosotros lo había
de una manera tan íntima y :por una serie de acon- cias, para dar conciertos ó cantar óperas.
Yo soy músico, aunque muy mediano; pero no hay notado.
tecimientos tan extraordinarios, que no podría dar
Mas entonces, al observarle por primera vez con
principio al relato sin hacer mención de algunas par- arte que me impresione y entusiasme tanto como la
música, y por eso no había faltado nunca voluntaria- atención, me aqmiró la gracia y dignidad de sus moticularidades de mi vida.
Comencé muy joven á ejercer la profesión de mé- mente á las funciones que allí se daban, teniendo dales, y no podría decir si me pareció grande ó pedico, á pesar de las objeciones de mis padres, cuya siempre buen cuidado de ocupar mi sitio antes de queño, rubio ó moreno, feo ó hermoso; pues hay
personas cuya apariencia no deja en nuestro espíritu
familia pertenecía á esa clase de la sociedad que des- que comenzara la orquesta.
Aquel aire de Alemania, que una mano torpe mu- más que una impresión indefinida de armonía y de
precia toda carrera, excepto la del servicio del Estado. Mi pad(e era francés, mi madre alemana, y yo tilaba en un piano desafinado, evocó en mi mente calma, que la percepción de un solo rasgo particular
hijo único. Apenas cumplía tres años cuando el autor recuerdos y toda clase de ideas fantásticas, que muy bastaría á desvanecer. Esas personas nos recuerdan
de mis días murió, y solamente pude conocerle por á menudo habían cruzado antes por mi espíritu al oir paisajes en los que la suave uniformidad del crepúsculo ha borrado todos los detalles positivos y vul-,
una pequeña miniatura que le representaba como á los músicos templar sus instrumentos.
La corriente de estas ideas me condujo muy pron- gares. El hombre que yo observaba de lejos era una
oficial de caballería, muy joven aún.
. En 1806 hallábase con su regimiento de guarni- to al reino de los sueños; parecíame no estar ya en de esas personas. Tenía el aspecto, difícil de descrición en Turingia; allí trabó conocimiento con la fa. el puente del vapor, sino en la antigua sala de con- bir, de un ser de raza pura; la expresión de su rostro
no atraía ni desagradaba; pero revelábase en ella que
milia de mi madre, enamoróse de ésta y pidió su ciertos, y me figuré que contemplaba la orquesta
Vacía al principio la sala, obscura y muda, ilumi- aquel individuo no era susceptible de una intimidad
mano. Ya se comprenderá que semejante proposición por parte de un extranjero y de un enemigo, fué nábase poco á poco, se llenaba de músicos que con cualquiera.
Necesité un esfuerzo de memoria para convencerrehusada políticamente; pero mi padre no podía re- extraños ademanes ocupaban su asiento, cogían sus
me
de que le había visto sentado largo tiempo en
instrumentos
y
los
templaban,'
y
entonces
prodújose
signarse á esta negativa, y después de haber acompañado al emperador á Erfurt, en 1808, presentóse un caos de sonidos discordantes, los cuales, sin em- medio de aquel pequeño grupo de habladores, ninde nuevo á la familia de mi madre para renovar su bargo, no carecían de dulzura. Úe repente, entre guno de los cuales le había dirigido una sola palabra.
Parecíame, no obstante, que había una relación
demanda, Esta vez, la constancia de su afecto allanó aquel ruido vago y confuso, resonó una nota de oboe,
todos los escrúpulos, y el matrimonio se celebró de tan enérgica y profunda expreapresuradamente. Mi madre fué á establecerse en sión, que perturbó mi alma de un
Francia con su esposo, y yo nací en Saint Cloud en modo extraño, pareciéndome que
1809. Tres años después, mi padre fué llamado de anunciaba la aproximación de al1;uevo á las armas; al separarse de mi madre prome- gún acontecimiento sobrenatural.
De aquella crisis nerviosa ocasiohóle que aquella campaña sería la última, y su promesa se cumplió cruelmente, pues pereció en las mi- nada por los lejanos sonidos de un
mal piano, distrajéronme las voces
nas de la Beresina.
Mi madre volvió á reunirse con su familia, lleván- de algunos viajeros que, sin echardome consigo, y una vez en Alemania ya no saUó lo de ver yo, habíanse colocado
del país, donde la única ocupación de su vida se re- entre mí y e\ hombre solitario, sendujo á educarme. Entregada á su dolor, no quiso ja- tado siempre junto á su mesita. La
más volver á casarse, y su hondo ·pesar y su semblan- charla de aquella gente me llamó
te_. velado siempre por una expresión de profunda al fin la atención, porque se repetristeza, hicieron que cada día fuese más querida tía de continuo una misma palapara mí la memoria de mi padre, á quien jamás de- bra, y sin saber yo por qué ni cóbía conocer. Los crueles relatos que inspiraba á mi mo, en aquel momento el estado
madre el horror de aquella desastrosa retirada, en la normal de mi espíritu prestaba á
qu~ su esposo perdió la vida, amargaron mi infancia, esa palabra un alcance misterioso.
Y ~m duda á todas estas dolorosas impresiones debí Resonaba en· mi oído precisamente como la nota íntima entre las impresiones de éstos y las mías resla mclinación que me impulsó más tarde á elegir una aguda del oboe en mi orquesta imaginaria, y parecía pecto de aquel desconocido, 'pues apenas se hubo
c~rrera, cuyo objeto era aliviar y socorrer á la huma- renovar en mí el presentimiento de. un suceso lúgu- separado de nosotros, todos comenzamos· á hablar de
bre. No podría, sin embargo, explicar esa sensación, él cual si hubiera sido desde el principio de la connidad doliente.
Aunque mi padre hubiera servido á las órdenes de pues la palabra que la produjo no era sipo el nom- versación 'el único objeto en que pensábamos. Instintivamente dímosle el sobrenombre de Caballero
la República, no por' eso dejaba d,e tener relaciones bre muy conocido y hasta trivial de Lorelet.
·
De nuevo habían sido cargados los dos pequeños enlutado.
con los monárquicos. Segundón de una antigua fa1

\

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Está perdido!, exclamamos nosotros.
No; la cabecita de la criatura reapareció segunda
vez, destacándose como un punto negro sobre el agua
espumosa; mas apenas acabamos de verla, un grito
que partió de la obra muerta atrajo mis miradas en
otra dirección, y distinguí en el agua la silueta de
un vigoroso nadador que se dirigía hacia el punto
negro.
Lenta y metódicamente el hombre avanzaba, maniob~ando como si nadase por recreo; sus movimientos no indicaban ni afán ni esfuerzo alguno, ni tampoco temor ante el peligro inminente que amenazaba
al niño. Había algo exasperante en aquella extremada indiferencia, y el instinto, que hace comprender
á cada individuo de una multitud lo que los otros
piensan, hízome comprender que en aquel momento
el nadador era para todos los espectadores objeto de
una impaciencia indignada más bien que de admiración. Comprendíamos que el nadador no hacía uso
de la mitad de sus fuerzas.
El hombre llegó por último á pocas brazadas del
niño, y hubiera bastado un enérgico esfuerzo para
salvarle ... Pero el nadador no le hizo, y perdióse la
última esperanza. Con sólo alargar sus brazos robustos hubiera podido aquél coger el faldón de la pequeña blusa, que había desaparecido otra ve¡, La
criatura no remontaba á la superficie, y la multitud
profirió un grito de angustia y de reproche.
Mas el nadador no pudo oirlo porque también
acababa de desaparecer debajo del agua; mis miradas se fijaron en el punto donde le habíamos visto
sumergirse, y tan impresionados estábamos que pude
oir la respiración oprimida de todos los presentes.
Un momento después, al doloroso silencio siguiéronse aplausos y gritos de alegría. Lejos del sitio
donde le perdimos de vista, el nadador reapareció de
repente; pero esta vez con el niño en sus brazos.
«¡Salvado al fin! ¡Loado sea Dios!»
bra Manu1
Tal fué el grito que todos profirieron.
¿Se arrojaría él mismo al agua en detrimento de
El hombre volvió hacia el vapor más perezosala dignidad de su actitud para salvar á su prójimo?
mente aún que cuando se alejaba; seguía la corrienNo pude contestará ninguna de estas preguntas te, dejándose llevar por el movimiento del agua, é
porque me parecía imposible que el Caballero enlu- impeliendo ante sí, como cosa inerte, á la criatura
tado eligiese una sola de estas alternativas sin'perder que acababa de salvar, en la que sólo una ligera consu calma imperturbable. ¿No sería esta cal¡na apa- vulsión revelaba un resto de vida. El nadador, sin
rente una máscara que caería cuando la ocasión lo embargo, no parecía hacer el menor aprecio del niño
exigiera? El alma no necesita disfraz, pero si alguna que acababa de salvar de la muerte ni del in terés de
vez le reviste, debe adaptarse con tal perfección que que era objeto, y con imperturbable calma llegó al
no se vea nunca en la necesidad de abandonarle.
vapor.
Una sola fisonomía de entre todas no revelaba
«Np, me dije; á menos que su apariencia no sea
engañosa, ese hombre debe mantenerse frío á la vis- ninguna de las agitaciones que acabábamos de expeta de una catástrofe que produciría en cualquier otro rimentar; sola una mirada escapaba á mi penetración,
mirada fría y enigmática que nada me permitía adiespectador las más profundas sensaciones »
Pero aunque esta deducción de mi espíritu me pa- vinar. Y cuando quise sondearla me estremecí, pues
reciese lógica, no podía ni quería, por no sé qué sen- figuróseme oír de nuevo la nota aguda del oboe, que
timiento inexplicable, fijarme en ella, y experimenté parecía venir de un mundo interior aunque lejano.
como un alivio cuando la descarga de los dos pequePor eso experimenté casi un sentimiento de terror
cuando al levantar la cabeza vi una mujer joven, sola
ños cañones distrajo mi atención.
y sentada sobre la escotilla, dominando la multitud,
La Lorelei no tardó en contestar al saludo.
Un momento después resonó la campana de Saint- como la hechicera en su roca fatal. Su belleza era
Goar.
extraña; era la hermosura fría, y sin embargo conmoNuestro vapor moderó su marcha, y muy pronto vedora, que las leyendas han atribuído á la terrible
acercóse un bote.
L orelei. La mujer oprimía alrededor de su pecho un
Los únicos pasajeros eran una mujer y un niño: chal de seda que marcaba el gracioso contorno de
la primera parecía pertenecer á la clase media; el se- sus hombros.
gundo, echado sobre las rodillas de su madre, dorAl observarla, imaginé vagamente que debía haber
mido sin duda, podía tener de cinco á seis años.
estado en aquel sitio hacía largo tiempo, y que sin
Oí al capitán gritar, y en el momento en que el duda no la habría visto á no mediar un incidente
maquinista daba contravapor, observé que el bote se (como ya había sucedido con el Caballero enlutado)
agitaba sobre las olas artificiales producidas por aque- que llevó mi curiosidad 'más allá de. la trivial esfera
lla maniobra.
en que no debían producirse dos apariciones de
En el mismo instante resonó en mis oídos un agudo aquella naturaleza.
grito.
Se acababa de botar una barca para recoger al naEra la voz de la mujer que acababa de ver en el dador, cuyos movimientos habíamos seguido con inbote.
terés tan palpitante; cuando estuvo cerca colocó en
- ¡Jesús, María!, exclamó. ¡Mi hijo, mi hijo!
ella al niño, negándose á saltar á su vez, y mientras
Todos los pasajeros se precipitaron hacia la parte que en el puente la multitud se agolpaba alrededor
del puente donde yo estaba cerca de la escalerilla.
de la pobre madre para felicitarla cordialmente, el
Entonces vi que la pequeña embarcación zozobra- salvador de su hijo subió al vapor sin que nadie le
ba, y que dos marineros trataban de salvar al bar- viera. Nadie se ocupó ya de él, y ni siquiera me fijé
quero, el cual había perdido el equilibrio al tratar de yo tampoco en su regreso, pues hallábame fascinado
coger la cuerda.
at1n por los ojos de La Lorelei.
Otro había saltado desde la escalerilla y conseguiDe repente observé que el Caballero enlutado esdo salvar á la mujer en el momento en que iba á ser taba delante de ella; pero ¡qué cambio en el aspecto
arrastrada bajo la rueda del vapor. Un instante des- d e aquel hombre! Por primera vez me fijé en la bepués hallábase ya s.egura á bordo.
lleza de sus facciones y en el noble aspecto de su
Pero ¿y el niño?. .. ¿Dónde estaba?
persona. Parecía poseído de profunda emoción; huEl último movimiento de las ruedas había dado biérase dicho que todo su ser estaba sometido á la
impulso á nuestro vapor, y á larga distancia de éste influencia de una agonía moral, en la que se adivinaveíase flotar sobre las olas un sombrerito de paja, ba una pasión inmensa, una súplica angustiosa.
cuyas cintas azules ondulaban á merced del viento.
Fría y muda como la muerte, la hermosa Lorelei
Hubo urt instante de silencio profundo, efecto de contemplaba al Caballero enlutado.
un espanto angustioso, y después oyóse un sordo ruEl hombre se inclinó hacia ella, y con voz cortada
mor. El niño acababa de aparecer en la superficie por la emoción, murmuró estas palabras:
del agua, y después de agitar sus manecitas hundióse
- ¿Aún me dirás que nunca?
&amp;oo~
J - Sí. ¡Jamás!. ..
- ¿Qué diablos tiene esta mesa?, dijo uno de mis
compañeros de viaje al camarero que se acercaba
para levantarla. Nadie la ha tocado.
- No hablemos del diablo, repuso otro, pues le
haríamos volver.
Y nos señaló con el dedo el hombre solitario.
- ¡Cómo!, exclamaron los del grupo á la vez. ¿El
Caballero enlutado sería? ... ¡Es imposible!
- ¿Imposible? ¡Oh, no! Ahora mismo, cuando el
señor teniente nos hablaba de La Lorelei os juro que
le he visto levantarse de su asiento como un autómata movido por un resorte y derribar la mesa.
Nada podía ser más sencillo y natural que esta explicación, y por lo tanto yo fuí el único á quien no
convenció del todo. Un movimiento tan brusco y
torpe como el que se atribuía al misterioso viajero no
cuadraba con la idea que me había formado del Caballero enlutado, sin contar que esto reducía á la nada
toda mi teoría intuitiva. Sin embargo, nadie escuchó
mis argumentos, y como la opinión general se declaraba contra la mía, renuncié á una discusión que comenzaba á parecerme odiosa é irritante.
Entretanto, nos acercábamos á la roca de La Lorelet~ y yo me dirigí hacia la parte avanzada del puente para disfrutar mejor de la vista de aquel lugar fa.
moso. Al pasar por delante de la chimenea del vapor
vi otra vez al misterioso extranje(o; estaba con los
brazos cruzados mirando el ~gua, que parecía hervir
alrededor de la rueda, y cuya violencia ofrecía singular contraste con la impasibilidad del hombre que
la contemplaba.
Entonces recordé las palabras del subteniente, y
preguntéme cómo se conduciría aquel hombre si alguno se ahogara á su presencia.
'
¿Pediría socorro?
¿Excitaría á los demás á salvar á la víctima, haciende sonar en los oídos de ellos una bolsa llena de oro,
como el conde en la balada de Burger, Vom vem-

480

Era 1a nota aguda del oboe.
El Caballero enlutado no replicó, pero noté en su
rostro una palidez lívida. Muy pronto, sin embargo,
sus facciones recobraron su expresión habitual, ó
más bien dicho, su falta de expresión, y desapareció
por la escalera en dirección á la cámara, silencioso
é inadvertido.
Poco después me llamaron para prestar mi auxilio
al pequeño náufrago y fuí á verle al punto.
Era la primera vez que ejercía como doctor en
medicina; pero bastóme un buen examen para asegurarme de que un simple cordial le volvería todas
sus fuerzas, y disponíame á extender la rec¡;ta cuando un anciano ayuda de cámara se presentó ante la
madre, y saludándola con profundo respeto, suplicóla de parte del señor conde de Roseneck y de su señora que tuviera á bien trasladarse con su hijo á la
cámara que ocupaban, donde se habían preparado
todas las comodidades necesarias para el niño.
Los viajeros en camino de hierro no son más que
nómadas aislados, pero los que van á bordo de un
vapor constituyen una comunidad, en la cual se forma una especie de opinión pública por medio de la
libre discusión. Nuestra comunidad del Lorelei se
había impresionado mucho por el acontecimiento
del día, y todos se preguntaban:
«¿Quién puede ser el Caballero enlutado1»
Interrogado el mayordomo sobre este punto, nos
contestó que aquel misterioso extranjero era el conde de Roseneck, poseedor de un inmenso mayorazgo
en la Silesia prusiana; pero no sabía más.
La dama que tanto nos había llamado la atención
era, por lo tanto, esposa del conde.
¡Una simple condesa silesiana! ¡He aquí el hecho
trivial que mi imaginación sobrexcitada había rodeado de tantos misterios! Otros, no obstante, habían
observado la indiferencia de la condesa ante la noble
conducta de su esposo, «un hombre, decíamos nosotros, del cual se hubiera enorgullecido cualquiera
mujer.»
La joven berlinesa que tan calurosamente había
defendido la causa de La Lorelei legendaria, fué la
que más se indignó por la falta de corazón que nos
extrañaba en la imagen viviente de la cruel hechicera.
Sin embargo, el subteniente opinó que la acción
del conde no merecía los elogios tributados, y esforzóse mucho para probarlo así.
- Cualquiera que haya estudiado, como yo, dijo,
en la Schwimschule de Potsdam los verdaderos principios de la natación, os dirá que solamente la casualidad ha salvado esa criatura, á pesar de los esfuerzos torpes del conde.
- ¡Cómo!, exclamó la berlinesa, ¿le parece á usted
que el conde ha sido torpe?
- Mucho.
- ¿Pues qué debía hacer para salvar mejor á la
criatura?
- Es difícil de explicar, repuso el subteniente;
pero lo hubiera demostrado salvando yo mismo á la
criatura si no me lo hubiese prohibido el uniforme.
Un comerciante de Hamburgo que escuchaba con
impaciencia aquella conversación, no pudo menos
de observar que la pobre madre debía tal vez la vida
de su hijo á los apreciables sentimientos qut¡ tan
bien habían preservado de una mojadura al uniforme
del subteniente.
- Bien sabido es, añadió, que el peligro más de
temer en toda tentativa para salvar á los náufragos
proviene de los esfuerzos que éstos hacen para escapar de la muerte por sí mismos. El conde hubiera
podido fácilmente alcanzará la criatura antes de hundirse; pero comprendió que sería mejor esperará que
sus fuerzas se agotasen del todo, y la cogió bajo la
superficie en el momento preciso en que su pasividad facilitaba su salvación.
El subteniente no se dignó continuar la discusión
y alejóse de aquel sitio, haciendo resonar sus espuelas y su sable y murmurando desdeñosamente: ¡Bz:r-

ger PhiHsterl
Entonces otro pasajero que no había tomado parte
aún en la conversación, nos dijo que en H eligoland
el conde de Roseneck era conocido en todas partes
como hábil é ,intrépido nadador. •
- Hace algunos años, continuó este pasajero, durante mi permanencia en aquella isla por cuestión de
salud, oí los más maravillosos relatos sobre sus hazañas. Entre otras cosas de que aún me acuerdo, refiriéronme que cierta noche de tempestad una barca
pescadora con cinco marineros naufragaba á la vista
del puerto. El mar estaba tan alborotado, que ninguno entre los más intrépidos (y había varios que
eran parientes próximos de aquellos infelices) osaba
aventurarse para prestarles auxilio. La multitud contemplaba en la playa, poseída de angustia y desesperación, aquella espantosa desgracia, cuando de pron-

NúMERO

480

to un hombre, un extranjero, penetrando
entre los espectadores, cogió un cable
que no se había podido utilizar, y ató en
la punta una cuerda
muy corta que llevaba en el bolsillo. Después sin pronunciar
palabra, sumergióse
en las rompientes.
Que pudiera lleg~r
al sitio del naufrag10
sin perecer, consideróse como milagro,
mayor aún de lo que
pudiera serlo salvar
la tripulación poco
después. Y ahora, caballeros y señoras,
añadió el narrador,
debo advertir que la
persona á quien ustedes dan el siniestro
nombre de Caballero
enlutado es familiarmente conocida de
los pobres pescadores de Heligoland bajo el calificativo más
simpático de Terra-

nova.
- ¡Ah!, exclamó la
rubia berlinesa, ¡qué
n ovelesco es eso,
Dios mío! Rogaré á
la señora condesa de
Terranova que me
dispense por la opinión que de ella formé.. Puesto que su
esposo es tan buen
nadador, sin duda no
tenía motivo para inquietarse, ni por ella
ni por su marido.
- Muy bien puede
ser eso verdad, dijo
un hombre de majestuoso porte que nos
pareció un consejero
privado, pues he visto que llevaba en el
ojal del pardesús una
punta de cinta amarilla; pero yo sé por
buen conducto que
la condesa tiene la
cabeza ...
Y sin t~rminar la
frase aplicóse un dedo á la frente con expresivo ademán.
- ¡Loca! ¿Está usted seguro? ¿Cómo
ha podido saberlo?,
preguntaron todos á
la vez.
- Por una pura casualidad, contestó el
consejero. El hecho
es bien conocido en
Silesia, y me lo refirieron el año pasado en Breslau. ¡Pobre 1tH1jet! A fu{
me parece que el conde ha hecho mal en no sotrteterla á un tratamiento médico, enviándola á Dobling,
por ejemplo, pues allí se hacen curas maravillosas.
De todos modos, dicen que el conde es el mejor de
los maridos, y tan celoso en los cuidados que exige
la s_alud de su infeliz esposa, que no puede soportar
la idea de una separación, aunque sólo fuese por
un día.
Este último detalle hizo cambiar de nuevo mis
ideas.
-:- C:aballero, dije al que hablaba, dispense V. la
curiosidad de un estudiante en medicina; pero he
tenido ocasión hai::e poco de ver á esa señora, y
aunq~e observé en su fisonomía y sobre todo en
sus ?JOS una expresión singular, confieso que no la
hubiera atribuído á locura.
- ¡Oh!, repuso el consejero, yo no creo tampoco
que sea locura tal como V. puede entenderla, caballero, Y por lo mismo me he guardado b ien de pro·
nunciar esa palabra hace un momento. Yo supongo
que es una especie de melancolía inofensiva, sin

L A ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1 57

La marcha del
consejero puso término á esta discusión, é imitando su
ejemplo la mayor
parte de los viajeros
comenzaron á ocuparse de sus equipajes. El incidente ocurrido en Saint-Goar
había retardado de
tal modo la marcha
de nuestro va por,
que el sol se había
puesto casi cuando
pasamos lentamente
bajo las sombrías
murallas de la vieja
ciudad de Colonia.
El pequeño grupo
se dispersó, pues, y
yo me dirigí hacia la
proa, entregado á
una profunda meditación.
La noche estaba
tranquila, y todo parecía dormir; las ruedas del vapor giraban lentamente, y
nos deslizábamos sin
ruido por la sombra
de la antigua ciudad.
En el horizonte, por
la parte de Occidente, divisábanse todavía fulgores de un
tinte anaranjado; y
sobre ellos se elevaba la torre maciza de
la catedral, destacándose sombría en el
creptísculo del cielo.
E n la cúspide de
aquella torre, semejante á un hechicero
.que mira desde la altura de su torreón, vi
la enorme grúa, primer. objeto entonces
que se ofrecía á la
vista de cuantos viajeros entraban en Colonia Su brazo gigantesco se extendía
hacia el Drachenfels,
cuyas canteras habían servido para levantar, piedra por
piedra, la sombría
construcción en que
reposaba; y allí en
un aislamiento entre
el cielo y la tierra, semejante á una enorme ave de rapiña, la
inmensa máquina
parecía contemplar
con tristeza la roca
devastada.
Y al fijar mi vista
en aquella solitaria
El «Caballero enlutado»
imagen, parecíame
que decía tal vez á la
alticlriadones nl. arrebatos; pero el ahlquilamiento antiguA tbCA: «¡Irreparable es el pasado, que te ha
es totál; según se me ha dicho. A ello se debe que reducido á una ruina, convirtiéndome á mí en una
esa infeliz sea iticá¡:laí de ítltefesatse pot la menor soledad; reconciliémonos!»
cosa, ni de perlsaf erl nada, y hasta ni siquiera se da
cuenta de lo que ve. Es una especie de estupidez.
II
- Pero, repuse yo, en el esposo de esa señora,
APARICIONES
según hemos observado todos, no se manifiesta ninDurante el resto de mi viaje á París no me ocuguno de tales síntomas, y sin embargo, he creído
notar en sus ojos también una expresión especial- rrió ningún incidente, ni tampoco durante los tres
mente extraña, aunque algo diferente. Tal vez de- primeros años de mi permanencia en la gran capital.
bería yo decir que hay falta de expresión.
Consagré este tiempo completamente á los estudios
- Es posible, contestó el consejero. Yo creo que de mi profesión, y pasaba los días en los hospitales,
son primos.
examinando lo que el lenguaje poco sentimental de
- ¿No ha oído V. hablar nunca de alguna causa la medicina llamaba «casos interesantes.» Durante
que pudiera determinar esa afección mental?
la noche estudiaba y tomaba notas sobre ellos en mi
- Jamás; tal vez sea hereditaria. El conde tiene tranquilo alojamiento del muelle de San Miguel.
fama de hombre muy instruído, gran sabio, casi mé- A los tres años me consideré apto para practicar la
dico y de profundos conocimientos en la fisiología medicina en mi país; pero no podía resolverme á mary la química. Tal vez haya hecho del caso de su es- char sin trabar conocimiento con esa exquisita socieposa un estudio especial y esté convencido de que dad parisiense que desde el tiempo del gran rey pasa
es incurable. Pero dispénsenme Vds., necesito mi en Europa por árbitra del buen gusto.
saco de viaje y es tiempo de ir á buscarlo.
( Co11ti1111ará)

�15

LA

ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

N úMERO 480

pa_ra dar salida al agua acidulada si el desprendi- buen conductor, pues aumenta la sección del alam?11ento fuese demasiado rápido, y otro por el cual se bre _de _platino, del que, por decirlo asf, forma parte,
QUIMICA RECREATIVA. - EL HIDRÓGENO
introduce un pequeño tubo de cristal encorvado en Y d1smmuye la resistencia al paso de la corriente
Una tempestad en un vaso. - Tomemos un vaso or- ángulo rect~, en cuyo ~extremo se fija un tubito de ~léctrica. Retirado el vaso, el platino vuelve á enrodinario y echemos en él algunas recortaduras de cinc caucho destinado á conducir el gas á la cubeta de Jecerse.
y ácido clorhídrico, de modo que unas y otro apenas agua en donde éste es recogido.
Con una lámina de cinc de 4 centímetros de an- . Las mezclas explosivas y los balones de colodifm . cubran el fondo de aquél: inmediatamente se producho por 10 ?~ largo que arrollamos en espiral forma- S1 se ponen e~ presencia el hidrógeno y el oxigeno
ce un desprendimiento tumultuoso de garemos un c1lmdro, cuyo diámetro sea menor que la en las proporc10nes que forman el agua (2 volúmeses. Aproximemos, s_in pérdida de momenabert~ra del frasco para que pueda penetrar en éste, nes del pnmero y I del segundo) y se aproxima á esta
to, un fósforo encendido á la boca del vaso,
y lo _fiJaremos en ~I tubo de embudo, bien sea por ro- mezcla una llama, se produce una fuerte detonación
y el gas arderá con una serie de explosiones
zamiento duro, bien ,a tándolo con un fuerte alambre y el v~so se rompe, á menudo no sin riesgo para el
exentas de peligro. Si tratamos de extinguir
de cobre, de manera que el extremo de aq.uél no que- expenmentador.
este incendio arrojando agua, no lo lograrede obstruído.
Para precaver todo peligro en el e~perimento
Hecho esto, se llena con agua el frasco hasta la mi- puede encerrarse la mezcla en un balón de colodión
tad ,d~ su alt~r~, y se le añaden algunos centímetros que se atravesará con un hierro candente, á cuy~
de acido sulfunco, tapando en seguida el frasco con contacto aquélla estallará con estrépito parecido al
el tapón de corcho. El agua aci- de un cañonazo, pero los fragmentos no serán pelidulada ataca el cinc (fig. 1) y el grosos porque consistirán en pedazos de algodón
desprendimiento se efectúa.
que se dispersarán por el aire.
Cuando ya no se necesita el
El colodión es una disolución de algodón nítrico
gas, se levanta el tubo de embu- en una mezcl_a de alcoh~I y de éter: el usado para
do de manera que el cilindro de nue_st.ro expenmento contiene un 4 por 100 de aceicinc quede fuera del agua (figu- te _ncmo para que se seque más pronto, debiendo
ra 2) y el desprendimiento ga- a~1tarse much? la mixtura á fin de que se mezcle
seoso cesa en el acto.
bien: este Hrimdo, ya preparado así, se vende con el
De esta suerte puede dispo- nombre de colodión ricinado.
nerse de un aparato de confecTómese un pequeño balón de cristal viértase en
ción fácil y siempre dispuesto él un poco de colodión, hágasele dar vueltas entre los
á funcionar. Cuando no se haga dedos de modo que el lfquido se distribuya uniforservir durante un rato de una ó memente por su superficie, incluso el cuello, y déjedos horas, es preciso tirar el sele secar durante tres ó cuatro horas boca abajo en
agua acidulada y lavar muy bien un sustentáculo, como lo indica la fig. 4, con lo que
el cinc para quitar el sulfato de el balón queda interiormente cubierto de una delgacinc que sobre su superficie se da capa de colodión que es preciso extraer sin romha formado.
perla. Para ello se coge esta capa por los hilos de ceFig. l. Aparato para obtener hidrógeno por medio de la descomposición del agua
Por
este
procedimiento
podelulosa
que penden alrededor del cuello, y separando
durante la operación. -Fig. 2. El mismo al terminar la operación
~os verificar los muchos expenmentos á que el hidrógeno se
presta, tales como la lámpara
mos, sobre todo en los primeros momentos· antes al
contr~rio, la llama se avivará; sin embargo, diuy pron- filosófi?1, la armóni_ca química, la difusión, etc.
La hgereza del hidrógeno ha sido utilizada para la
to remará de nuevo la calma. El gas que ha ardido
construcción
de los aerostatos, aunque en muchos
es el hidrógeno, uno de los elementos del agua.
casos_ e~ para éstos preferido el gas del alumbrado,
Nuestro aparato. - El hidrógeno se prepara siem- que s1 bien e_s más denso y tiene por ende menos
asce~s10nal, posee en cambio la ventaja de no
pre descomponiendo el agua por medio de un metal: fuerZll;
n_eces1tar ningún aparato espeen la industria se emplea el hierro; en los laborato- cial, pues con sólo dar vuelta á
rios el cinc.
una llave está hecho todo el traPara la preparación de los gases es muy cómodo bajo. Esto no obstante, en i8¡8
poner un aparato que permita obtenerlos á voluntad: el gran globo cautivo Giffard se
esos aparatos, _mal llamados continuos, más merecen
hinchaba con hidrógeno prepael nombre de intermitentes. Los dispositivos al efecrado, en el mismo recinto reserto empleados son en gran número, en su mayoría vado á los visitantes con hierro
'
muy prácticos, y exigen un material considerable y . .
v1eJo y ácido sulfúrico diluido.
un montaje muy esmerado.
En la actualidad el hidrógeno
He aquí una disposición sencilla que puede apli- desempeña un gran papel en la

NúMERO

LA

480

SECCIÓN CIENTÍFICA

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
E SPAJl!OLES

Fig. 3. Conductibilidad d~l hidrógeno

carse también á la preparación de otros gases. Tómese un frasco de medio litro de cabida y de ancho
cuello, que se cerrará con un buen tapón de corcho
provisto de dos agujeros, uno para dar paso á un tub~
de embudo que hace las veces de tubo de seguridad

INSURRECTOS, RECUERDOS DE LA GUERRA

.~.LOS

QUE TENGAN

Camps, con aquella imparcialidad que prestan al juicio el perfecto conocimiento de los hechos y el amor á la verdad y con
aquel estilo sobrio y lleno de vida que tan bien sienta á_ lo~ que
á las armas se han dedicado, y que empleado en descn pc1ones
exactas y animadas reproduce en rasgos vigorosos los recuerdos
indelebles é interesa á los lectores como la presencia de la realidad misma.
L a obra del Sr. Camps, desde el punto de vista histórico, es
cual pocas completa: en ella está narrada la guerra de Cuba en
sus menores detalles, desde los hechos de armas más sangrien·
tos hasta las más ligeras escaramuzas, y en medio de la descripción de los sucesos desfilan ante los oios del lector las per·

TOS

Dr. ANDREU de Barcelona.
Son tan rápidos Y seguros los erectos de estas pastillas, que casi
siempre desaparece la tos por completo al terminar la primera caja.

sonalidades más importantes que por ambas partes se distin•
guieron en aquella lucha.
En cuanto al criterio en que está inspirada, habla por no~otros el mismo autor, quien en el prólogo del libro dice: , ... y si
aplaudo á los que defendieron mi causa, también es cierro que
mi lenguaje no ofenderá á los hombres que expusieron noble·
mente sus vidas y sus fortunas por una aspiración que la historia oportunamente juzgará. , Y como lo ofrece lo cumple en
todas las páginas del libro, no perdonando los defectos en el
hermano ni escatimando al adversario los legítimos méritos.
L6s deseos que al autor animan están condensados en estas
líneas que encabezan el libro: &lt;Si mis recuerdos contienen

PARA TENERLA'BOGA

ACREDITADOS

ya sea catarral 6 de constipado, seca, nerviosa, ronca, fatigosa, etc., etc.,
bronquial 6 pulmonar, por fuerte y crónica que sea, bailarán el alivio
inmediato tomando la PASTA PECTORAL IIFALIBLE del

8a Da' h 8 r m O8a,' fuerte
y no padecer dolores de muelas, usen el ELIXIR GUTLER
6 MENTHOLINA que prepara el Dr. ANDREU de Barcelona.

Su olor y sabor son tan exquisitos y agradables, que además de un
poderoso remedio, es articulo de recreo é higiene, porque deja la
.---r---------... boca fresca y perfumada por mucho tiempo.
Los que tengan también ASMA 6 SOFOCACIÓN
LA ■ENTHOLINA en polvo aumenta la blancura
P DANSE .
usen los cigarrillos balsámicos y los papeles azoados
&amp;N L.u
•
'f belleza de los dientes.
del mismo autor, que la calman instantáneamente
·
tico dormir durante la nooJie.
Farmacias
Véase el curioso opllsoulo qu, se da gratis: _
~~~~~~~~

ENFERMEDADES

GARGANTA

J'arabe Laroze

VOZ y BOCA

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

1

Desde hace mas de 40 años, el 1 arahe Laroze se prescribe con éxito J)01'
todos los médicos para la curacion de _las gutrltl.a, gastraljiu, dolorea
'1 retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
18 digestion 1 para regularizar todas las funciones del estómago 1 de
loa intestinos.

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

•

PASTILLAS DE DETHAN

PATERSON
• BISJIIJTBO J JIAGNISIA

8-mmdaw oontra I01 llal• de la Garganta,
Zst.tnoton• ele la Vos, ID1lamaoton• de la
Booa. Efeotoa pemtotoeoe del lln-omto, lritaoton J1M produoe el Tabaoo, y l!)ICialmenlt
i loe San PJ\EDICADORES .a.BOGADOS,
PROFESORES

JA.RA.BE

a1Bro:muro de Potasio :

~ eonlra

Ju .A.teoolon• del Elt6·
mago, Falta de ApeUto, Dlge•Uon• !aborto.u, Aoediu, V6mlto■, Eruotoa, y CóllOOtl;
Nplarlsan lu Fullolon• del Ea&amp;ómago y
de loe ~tinos.
E.dl/r • ti rotwlo a
de I, FAYAIO.
&amp;dh. DETIIA.N, FarmaoeuUoo • P.&amp;RJa

y ~ORES ~ra facililar ra

amotOD de la ~oa.-Pucao: 12 Ba.u.u.
llllltr M ,i rot.i. 11 ~N"4
AA. J&gt;ETIUM, F ~ t l o o en P.IJUS

'""ª

j..,.,_..~-

DE CORTEZAS DE IIAR111JlS lllRGAS
Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, histéria, migr11ña, baile de S•·Vito, insomnios, ooaTlllaionea y tos de los ni.nos durante Ja denticion; en una palabra, todu

1u afecciones nerviosas.

Jibriea, lspediciones: J.-P. LAROZE

!, ,ne des Lions-St-Paal, 1 Pull. ·•

- Deposito en todu laa prtnclp&amp;Jea Boticas y Drogueriu

•

aerostación militar, puesto que
los globos á este servicio destinado deben ser hinchados casi
siempre en el campo, lejos de
·
toda fábrica de gas. Un carro transporta todo lo necesario para la preparación del hidrógeno.
Durante 1~ campaña del Sudán, los ingleses se
servían también de los globos que hinchaban con hidrógeno fuertemente comprimido en tubos de hierro
muy resistentes expedidos desde Londres.
~l hidrógeno_es buen conductordet calor yde la electruúiad. - El aue y el gas, cuando son muy secos
son malos conductores del calor y de la electricidad.
De esta regla se exceptúa el hidrógeno, y ésta es una
de las muchas razones que le aproximan á los metal~s, á_pesar de su estado gaseoso á la temperatura ordmana.
·
Dos elem_entos Bunsen_y un pequeño aparato que
nosotros mismos constrmremos nos permitirán demostrar esta propiedad de una manera fácil y
clara.
Fíjense verticalmente en una tabla de madera dos
alambres de latón de 3 milímetros de diámetro por
10 centímetros de altura, colocados á una distancia
de IS mil_ímetros uno de otro y unidos en su extremo superior por un alam~re finísimo de platino (figura 3), Y únans~ los_ dos hilos procedentes de la pila á
los extremos mfenores de los alambres, debidament~ des?x~dados por me~io de ?n lavado de ácido azótl~o d1lmdo ó de una ligera limadura. Abierta la co•
mente, el alambre de platino se pone incandescente
pu~s á c~usa de su pequeña sección ofrece much~
res1stenc1a al paso de la electricidad· si entonces se
cubre todo el aparato con un vai¡o ó bocal lleno de hidrógen?, este gas se inflama_en la aber'tura de aquél,
p~oduc1end~ una pequeña explosión, y aunque la comente con~1núa, el alambre de platino pierde su incandescencia; lo cual prueba que el hidrógeno es

¡¡

por el coron~l retirado D. Francisco de Camps y
Fe//,,. -Testigo presencial de la mayor parte de los sucesos
ocurridos durante esta guerra, y conocedor de los que no presenciara personalmente por datos auténticos y noticias lide•
dignas de sus compañeros de carrera, que como él derramaron
su sangre por la patria en aquella campaña, relátanos el señor
nE C UBA,

1 59

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VINO

Dli

CHASSAING

3I•DI0:18ffl0

Preeorlto desde 25 añoa
contra IIS AFFECCIONES de las Ylas OlgesUns

• Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,
Catarro•,llaJ de garganta, Bronquitis, Resfriado■ , Romadizo■,
de los Reumati■mo■, Dolores,
Lumbagos, etc., SO años del mejor
éxlto atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

PARIS,6, A,enuevtotor/1,6,PAR/8

1

I' D t'ODUL&amp;a ni•OIPilH •~OU..

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

D1pdstto ,n toda, ta, Farmacta1
•

Ci. tO cénti mos de peseta la

entrega de

PARIS, 81, Rue de Selna.

te

pé.ginas

Se ea..-ltn prospectos A~uien 101 aoliare
cllrigibdose Alos Sres. Montaner y Sún6o, editor&lt;1

GRANO DE LINO TARINF~iffIM~s

JARABE Y PASTA

ESTREAIMIENTOS, CÓLICOS.

-La caja: lfr. 30.

de H. AUBERGIER

con %..6.0':Vo.u.IVK (Jugo leoboeo de Lechuga)
fig. 4. Fabricación de los balones de colodión

c?n el dedo

la parte superior de aquélla é introduciendo el dedo entre el cuello y la laminilla separada
se vierte agua gota á gota entre uno y otra. Estas gotas hacen pronto presión sobre la pared del balón
se introducen entre ella y la capa de celulosa y cae~
al fondo levantando la capa. Cuando el balón está
lleno de agua, fácilmente se quita el balón de colodió~, en el cual se insufla aire para ver si tiene algtín
aguJero.
_Para hincharlo con la mezcla explosiva se llena
pnmero_ con ésta una vejiga de cerdo, montada en
una espita, que luego se pone en comunicación con
el balón y se oprime á fin de que se vacíe en éste por
completo.
Cuando el balón está lleno colócasele en una mesa
ó en el suelo y se le atraviesa con un hierro canden·
te, produciéndose en el acto una detonación formi·
dable que no deja en e_l lugar del siniestro más que
algunos filamentos, úmcos restos del experimento
verificado.
(De La Scie11cc ll/11stn•1)

***

F.

FAIDEAU

Aprobados por la Academia de Medfoi.lJ• de Parl• é 1Daer1ada.en la Colecc.t6n
O~Jofal de F6rmala• Legal•• por d1oreto mln.iaterial de 1 O de Mar•o de 1854,

,

e Una completa tnnoculdad, una ertcacla perfectamente comprobada en el Catarro
ep,atmico, las BronquU.1. Catarro,, Reuma,, To1, a,ma é ,mtacúm de la garganta, han
grangeado al JARA.BE y PASTA do AUBERGIEB una Inmensa rama. »
(B:i:lra,10 út Formulario MUieo ul S-• Bovdar'41 oaudr41iu ü l• Ji'aevllall u Me4idu ~ •ilM),
VenLa por mayor: COIIIIA.R T e-, ta, Calle de St-clauue, PARlS
_

DEPÓSITO EN LAS PIIINCIPALES BOTICAS

En el tratamfento de fas Enfermedades del Pecho, recomiendan to,
Médicos especialmente el empleo del

JARABE yde la PASTA d&amp;
PIERRE LAMOUROUX
Para evitar las falsificaciones,
debera exigir el Publico la
Firma y Señas del Inventor:

PIERRE LAMOUROUX, Farmc0
415, .Rue Vauvilliera, PARIS

o II el reparador de la 11an11r
crobioida por excelencia.
• ioa proto-lodaro fe llm4eF.

""°"" u"'"""'"'

Gill

"4dol..,
dod
(ONl411IU,

ll"lmtaa,
(04"14 ,u IOI H o,pilaltt),

_ __'-. -:"_~,.,_..._,J\:II..A,-----------~-------ac;Illers, PARIS. Depclslto e~ todas las Jarmaela

CARNE HIERRO
y QUINAV
llllido a los 'r6Dioo■ maa repandorw:

ll Alimento maa_~

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS tol, nnccmos KtJTUTIVOI D8 U CLU\RB
11111:1111• 1. •11111&amp;1 Dtel afloll de a11o conUnllldo , 111 drmaclonee 4e
toéiu III em1DeDolU Di64Ir.u preablD que ea&amp;a uoctldon de la CJuae. el au.... 1,
..,._ oonaUtuye ll repan4or mu enemco que 18 CODOCe 1111'&amp; cmv: 11 Clordlfi1 la
:.ifN'lll'4, 111 J l , u t ~ dolof'OIIII, el l-,obrceMIMl11 1 la ÁUfflltfOtt 41 ,- SMÍr,,
el illn(tfnlf, 111 .4.fl«WMI lffl"O(WMIII 1 ~ f e / 1 1 , etc. 11 ................ dé
.&amp;Nlli -. en erec&amp;o, el mdco 11!1!.~..':':'.!:-que ~ ~ . , b1&amp;leco loi ofllllo■,
~ ooordma 1 &amp;umem&amp; .........,_.,.,.....,.._ 111 •..._ 6 IDtwlde a la 1111119
eáipollredda J del0olor141 : el f"10r, la Coloradott J 11 ...,,_. .U.,.

eaan.

,1or.-,1r,alw, euua de 1, l'Dll,Fll'lllltAltico, tOl,rae Riclle1iel. a.c..artdBOCD
a VDD• a TODAS w PIJ1'QIPü.118 IIOTla.t.8
•

EXIJASE "i:T; 1 IROUD

.

Enfermedad8Sdel PBcllo

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUK
Antes, Farmacéutico

tas, Calle Vauvtllten, Parle.

El Jarabe de Pierre Lamouroux es
el Pectoral por excelenciá
como edulcorante de las tisanas, á
las cuales comunica su gtuto agradable y sus propiedades calmantes.
(Gaceta de los Hospitalet)

Dep6alto General: 45, talle Tmilllen, 45,PWS
Se rende en todas /a, buena, farmao/11,

�LA

160

N úMERO

ILUSTRACI ÓN ARTISTICA

480

/ag'ller, cuarta edición, aumentad a
con todos los últimos procedimientos. La mejor recomendaci6n que po·
demos hacer de esta
utilisima obra es el
hecho de haberse
agotado en pocos
años tres numerosas
ediciones. La que
aho ra anunciamos
está ilustrada con 35
grabados, y en ella
se .trata con toda extensión de la composici6n y fabrica•
ci6n t.le los jabones
blandos, en frio, de
tocador, de huesos,
veteados, b 1a n c os,
de aceite de orujo,
de color, diáfanos,
t.le glicerina, de coco, caseros y otras
muchas clases que la
falta de espacio nos
impide citar, y que
hacen sea esta obra
la más completa en
su clase. Su precio
es 4 pesetas en Madrid y 5 en provincias, remitida franca de porte y certificad a , haciendo el
pedido á la libreria
de Hijos de D. J.
Cuesta, Carretas, 9,
Madrid.

algo que pueda con•
tribuir á la un i6n
de todos los cuba•
nos y de éstos con
los peninsulares, se
verán colmadas mis
aspiraciones.&gt;
La obra está edi•
tada por la casa A.
Alvarez y Compañia
(Muralla, núm. 401,
de la Habana.

•

**
TABLA S GRÁFI·
C AS TAQUIMÉTRI·
CAS, por .D. Ricardo

Codomfo y Stán'co,
ingeniero de 111011/es.
- Consta este libro
de siete tablas, litografiadas á dos tintas, para reducir al
horizonte distancias
medidas con estadía
y calcular las coor•
denadas rectangula·
res de puntos deter·
minados con instru·
mentos de gradua·
ci6n centesimal 6
sexagesimal: en la
r. • figuran los loga•
ritmos de los núme·
ros; en la 2 ª los ele
1as !!neas trigonométricas; la 3.• da
la lon~tud de las lineas trigonométricas
naturales, y por la
4.• se deduce directamente el valor de
•••
las coordenadas recZARAGOZA AR·
tan gu 1ar es de un
TÍSTI C A, MONU ·
punto; las 5.•, 6.• y
MENTAL ¡:; l!ISTÓ·
7.• son análogas resRICA, por A. y P.
pectivamente á las
ESTl'OIO DEL PINTOR C:F.ZA PESKF.. (Véase el artículo inserto en el nt'1m. 4¡9.)
Gascón de Color. 2. • , 3.• y 4.•, sin más
Notable es bajo to•
diferencia que estar
dos conceptos el
construidas aqué11as para la graduaci6n sexagesimal y éstas para la cemesimal. en provincias. Los pedidos deben dirigirse á 1¡¡ librer!a Guten• cuaderno 9 de esta importante obra, que hemos recibido. Con
él, además de ocho páginas de interesante texto profusamenAcompañan á estas tablas, indispensables para la mayor berg, ca11e del Principe, 141 Madrid.
te. ilustrado con bonitos grabados intercalados, se reparte á los
rapidez de la deducción de los datos, 32 págin:is de kxto
señores suscriptores seis magnificas fototipins.
que explican el modo de utilizarlas y contienen numerosas fór·
•••
Suscribcse en la librería de D. Arturo Sim6n, Rambla de
mulas.
FARRICACIÓS nE JARO~ES. mi TOO AS CLA~ES, por D . .F. Ba, Canaletas, 51 y en las principales de las rlemás provincias.
Véndese esta obra al precio de 6150 pesetas· en Madrid y 7

Lns OB.S3.8 extranjeras que desean anun oia.rse en LÁ ILUSTRACIÓN ART1STIOA dlrfja.nse pa.re. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rtin,
núm. 61, Paría.- Las c~as espo.ñol"-5 pueden hs.oerlo en la. librería. de D. Arturo Simón, Rambla. de Cana.latas, núm. 5 , Barcelona.

•

CARNE y QUINA

·v1Nb1WROü·o·~;~iU1NA
T

CON TODOS LOS l'Jl!Nctl'IOS

Cl.Ul!IE y 01111u I

IAoEL CiJ

--

LAIT ANTÉPHÉLIQUi:

mmunvos SOLUBLES DB LA CARNE

son los elementos que entran en la comooslcton de este potente

l'epe.r~dor de las tuerzas vitales, de este for1ifle1111&amp;e ,.., eaeefe 11ela. De un gusto suma.mente a¡radable, es soberano contra la Áfltmta. y el ÁPOl:amtento, en las Calentura,
y conualecenCtaS1 contra las Dtarreas y las A(tCCÚYIIU del Hstomaoo y los tntutlno,.
c ua.ndo se tm a de despenar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,oc,das por los calores, no se conoce nada superior al l'i11• de Quilla de Arouca.
,Pqr ma.vor. en Paris, en casa de J. FERRt, Fanniceolico, 10!, rue Ricbelieu, &amp;t.esor daARoUD
S&amp; V&amp;NOB BN TODAS LAS PlUNCll'ALBS J30TIC.U.

'

EXIJASE elJ!ºt~ ARDUO
1

LECHE ANTEFÉLI
~URA

OMEZCLADA CON

AGUA, Dll"A

P ECAS,'LENTEJAS 1 TEZ ASOLEADA
SillPOLLIDCIS, TEZ BARROSA
~
A RRUGAS PRECOCES
~;,,, Oq
E FFLORESCE11ClAS
._e"- ~
"'&lt;, e~ e
R O.JECES
\O 'f ~ e
011
't4&gt;
•erva el cntls \\tll\) ~ ·

.&lt;,;¡~~------..

y,•

if.\llDES del E8To41.
t-+-'~ --r- r,iqo

Pepsina Boudault

.

! probada por la füDEII! DE IEDICIU

DE PARIS

ua

DISPEPSIAS
0.&amp;.STRlTIS - OASTRALOIAS
DIOEl¡TION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
Y OTl.ot 0&amp;101.Dll'III OS 1.4 OIOIIT101t

DAIO LA FORIIA. DE

ELIXIR• · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · dePEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
'

PillS, Pharmacie COLLAS, 8, 1'119 Dauphioe
f

t'tl

la, prl•c{P4I,,

(OF'fMCÍ&lt;ll,

Querido enfermo. -Fiase Vd. 4 mi /arfa experiencia,

y haga u&amp;o de nuestro&amp; ORANOS de SALUD, puea ellos
le curarán de su const,paclon, le darán apetito y le

-

no ti_tubean en porgarse, cuando l o
nec~sitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
J(!S demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
Ybebidas fortificantes, cual el vino, el calé,
ehl té. Cada cual escoge, para porgarse, la
ora y la comida iue mas le convienen,
se17un sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el efecto dela
buena alimentacion empleada,uno
se decide lllcilmente II volver
•·11 empezar cuantas veces
sea necesario.

derolrerán el sueño y la alegria. - As, rirlrá Vd.
muoho1 años, d1Sfrut1ndo siempre de una buena salud.

PATE EPILATOIRE DUSSER

Participando de las propiedades del Iodo
del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las Eacrofulas, la
Tiah y la De bilidad de t empe rame nto,
as! como en todos los casos(Pálldoa colorea,
Amenorre a, • •&gt;, en los cuales e,s necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
Pl'OVOCdr 6 regulurlzar su CUfSQ perlóc!iCO,

t

PILDORASt~DEHAUT

Mtdallu en laa E1rio1lclone1 lnternactooalt1 de

mts
- LYOR
- VIENA - PHIUDELPBU - PARIS
l8C7
llm
1&amp;;3
1876
lli8
11 · ••Ltl CO?'t IL ■ , TO&amp; t .11TO &amp;!f

Lu

Perí66u qu couteea tu

PREMIODEL INSTITUTO AL O' CORVlSART, EH 18&amp;6

~m,.?Jh

Farmacenuco, en ParlS,

~ R u e Bonaparte, 40
El loduro de hierro Impuro 6 alterado
• • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas Píldoras d e Dlancard ,
exigir nuestro sello de plata r eactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantt a de la Uni ón de
los Fí llrlcantes para la represión de la fals!•
ficac!ón.

N8

SK HA. LLA.N EN TODAS LAS FARMACfAS

destruye b:l!ta lu RAICE9 el YELL9 del rostro de las damu (Barba, Btrote, etc.), 111
Dlagun pehgro para el culll. SO Años de B:a:tto, ymlllares de te1tfmoni01,ar1nt11an ta efteada
de esta preparadon. (Se vende en o•J••• para la barba, J en 1/2 oaJu para el blcota licero),1'1ta
101 bruos, empl~eae el PlLJ f'OBlil. DU&amp;BEK, l , rue J .. J •. J\ouaeeau, Paria-

Qucd&amp;11 reservados los derechos de propiedad a ~ y l1tc1 ª' 'ª

hir.

DI

Mmrn,,.,.,,

Y S11111/I•

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46403">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46405">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46406">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46407">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46408">
              <text>480</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46409">
              <text> Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46410">
              <text>9</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46426">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46404">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 480, Marzo 9</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46411">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46412">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46413">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46414">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46415">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46416">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46417">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46418">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46419">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46420">
                <text>1891-03-09</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46421">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46422">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46423">
                <text>2011645</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46424">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46425">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46427">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46428">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46429">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7010">
        <name>Arte español</name>
      </tag>
      <tag tagId="7346">
        <name>El hidrógeno</name>
      </tag>
      <tag tagId="7344">
        <name>El libro de Mr. Guyau</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7342">
        <name>Jorge Zala</name>
      </tag>
      <tag tagId="7345">
        <name>Lord Lytton</name>
      </tag>
      <tag tagId="7343">
        <name>Monumento de Arad</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1762" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="640">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1762/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._481._Marzo._0002011652.ocr.pdf</src>
        <authentication>f4d73c6b40f72f8f7c3b243788b06004</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73933">
                    <text>edi-

tda
íltien-

~.trta C10t)_

!CO•

po-

ista
s el
irse
cos

,sas

11tf~t1ea

¡ue
nos

1

35

ella
ex-

&gt;m•
icanes
de

i0S 1

os,
1jo,

A~o X

BARCELONA 16 DE MARZO DE 1891

~ - - --

---

l0S1
CO·

tras
e la
nos
que
bra
en
icio

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

¡fo.

OBRAS

rinanjfi.
el
:ria

J.

' 9,

,R·

U·

:6P.

toel
:on
enlos

de

n,

...

)_

,do
:an
la

to,

BI,

rlo
ria
ira

CO,

rls,

~o
~

.do

te.
de

•d,

1a,

~ta
de

Si•

,'

DE

M EISSONIER

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

Texto. -1',furmumciones europeas, por Emilio Castelar. - La
comedia de Ecltegaray «Un crítico incipiente,&gt; por doña
Emilia Pardo B:izán. - Meissonier, por X. - Gregoria ( Episodio ejemplar) (continuación), por Matias Méndez Vellido.
-Nuestros grabados. -Et anillo de Amasis (continuación).
Novela original de lord Lytton, ilustrada por A. l3esnard.
- SECCIÓN CIENTÍFICA: Qufmica recreativa, por F. fai deau. - La lámpara eléctrica delfo!óg, ajo.

Grabados. -El grabador al agua fuerte, copia de un cuadro de Meissonier. - fuan Luis Emes/o Meisso11ier, ilustre
pintor francés, fallecido en 31 de enero de 1891. -El.filóso·
fo, cuadro de Meissonier. - Polichi11ela, cuadro de Meissonier. - fugadores de bolos, cuadro de Meissonier. - Et vento•
rrillo, cuadro de Meissonicr. - Una lectura eJt casa de Diderot, cuadro de Meissonier. - La casa de JlfeissOflier m el boulevard Males/1erbes. - Remerdo al general 11orte-a111erica110
Guillermo Tecmme/1 S'1erman (de una fotografía) El general Shcrman y su Estado mayor en las trincheras levantadas
delante de Atalanta. - La disputa, cuadro de Meissonier. «1814,&gt; cuadro de Meissonier. - ¡ A vuestra salud!, dibujo
de Wodzinski. - El agua. Análisis de un agua potable. - La
lámpara eléctrica para el desarrollo de los clisés fotográfi ·
cos. - Estudio de la Sra. ffetmione de Prmscheu. (Para las
referencias correspondientes á este grabado, consúltese el articulo que con el titulo de Estudios de alg1111os cllebres pintores se publicó en el núm. 479.)

emperatriz madre de Alemania una idea desacertadísima, la idea de presentarse á los parisienses en
París. A tal acto los espectros de tanto muerto pene•
tran como almas en pena dentro del es1Aritu público
y los recuerdos de tantas calamidades ascienden á la
memoria nacional. Varios exaltados, movidos por
esta neurosis colectiva, corren á renovar ofrendas er:i
los altares, que todavía tienen por ejemplo Metz y
Estrasburgo en la ciudad que fué su capital, y ponen
coronas en el busto de un artista como Regnault
muerto por la patria Estas manifestaciones promueven agitación procelosísima, y á su influjo los pintores á una se retraen, decidiendo no concurrir á
Berlín.
II

El poeta Deroulede, poco sesudo en verdad, y diversas gentes de su particular secta ó partido, todas
ellas exaltadísimas, excitaron los ánimos por su parte; mas la emperatriz Victoria y la princesa Margarita no contribuyeron poco á esta sobrexcitación.
Prescindamos del viaje. Pero ya que arremetieran
irreflexivas con la temeridad increíble de realizarlo,
debieron circuirlo de la reserva mayor posible. Pero
no: subieron á las torres, bajaron á los tugurios tristemente, sin adivinar en su inconsciencia los peligros que hacían correr á dos grandes pueblos. Lo
peor de todo fué irá Saint-Cloud y á Versalles. ¿Os
acordáis de lo que fuera un día Saint-Cloud y de lo
MURMURACIONES EUROPEAS
que hoy es? Lugar delicioso aquel, si hay delicia
POR DON E~IILIO CASTELAR
cumplida cuando el sol no luce como nuestro sol, ni
ostenta el cielo azul los esmaltes y reverberaciones
Viaje á !':iris de la emperatriz Victoria. - Su influencia en las de nuestro claro cielo. Cabiendo la hermosura donBellas Artes. -Los pintores franceses. - El paso de la emde falta la luz, bien puede asegurarse que son aqueperatriz y de la princesa Margarita por Saint-Cloud. - Descripción y recuerdos de este sitio. - Las visitas de ambas prin- llos sitios hermosísimos. En el horizonte brumoso,
cesas á Vcrsalles. -Descripción y recuerdos de este palacio. entre la indecisión de los cambiantes vapores, el' in- Un libro póstumo sobre las tierras egipcias. - Una solem- menso París, sobre el cual campean las semibizantine audición del poema de Parsifal en Madrid. - La última nas torres de Nuestra Señora, las agujas góticas de la
Santa Capilla, las rotondas romanas del Panteón y
oomedi1t de nuestro Echtgaray. -Conclusión.
los Inválidos, los torreones feudales de la ConserjeI
ría, las grecas italianas del Louvre, las alturas de
Montmartre, henchidas de esparcidos caseríos y co·
La última quincena de febrero y los primeros días ronadas por molinos de viento; al pie, cerca de la
de marzo caracterízanse por un hecho tan extraordi- posesión regia, el Sena, que forma como verde menario como el viaje de la emperatriz Victoria y su dia luna, y el bosque obscuro de Boulogne, cuyos enhija la princesa Margarita desde Berlín á París. No cinares y carrascales, un tanto achaparrados, compocorresponde á estas crónicas, meramente literarias y nen como espesa é intrincada selva; por la izquierda,
artísticas, juzgar tales hechos en su relación muy na- los montecillos sembrados de quintas y de aldeas,
tura! con la política, sino en su relación menos natu- ocultas entre huertos, verjeles y prados, eternamenral con las artes y con las letras. Un hecho, trascen- te verdes y eternamente húmedos; por la derecha,
dente, y mucho, á la suerte de los Estados, empieza las arboledas interminables y espesas, de las que surpor conmover á las artistas. Y aquí entra la inter· gen los campanarios blanquecinos y las famosas povención lógica nuestra en el juicio que tal hecho me- blaciones de Sevres y de Meudón, ambas asentadas
rece. Nuestra Europa necesita para vivir de relacio- en sus graciosas colinas que los viñedos y los mannes pacíficas entre sus pueblos. Lo que unos produ- zanares cubren, y ambas sombreadas por viciosísimo
cen han de consumirlo por fuerza otros. Las ideas follaje; aquí, allá, en torno de la pesadísima pero coque unos encuentran, por necesidad han de servirá losa! quinta, jardines en los cuales álzanse á cada
todos. Hay un cielo que se llama el espíritu público paso estatuas que parecen grupos de cortesanos por
y un éter que se llama el ideal moderno en este mun- lo artificiosas, fuentes que parecen esclavas por lo
do europeo, los cuales deberán por fuerza dilatarse á sometidas á combinaciones materiales, y alamedas
una sobre todas las frentes y mover todos los ánimos. que parecen pelucas por lo recompuestas, indicando
Pues cuando no podéis retener los pensamientos y cómo el absolutismo de Luis XIV, transmitido á sus
los productos humanos tras cada frontera y lfmite, descendientes en tradiciones que formaban un gusto
no podéis fundar sociedades, tan efusivas, en el odio ya histórico y componían una estética ya admitida,
y en el combate. Las dos naciones que más en Eu- ese absolutismo, no contento con vejar la humana
ropa se querían y se buscaban intelectualmente, fue- libertad, oprimía bajo su férreo cetro á la misma Naron, á no dudarlo, Alemania y Francia. Existía en turaleza. En tal sitio fué donde la reina María Antoésta una legión de publicistas y escritores consagra- nieta y el orador de la revolución Mirabeau se vieda con vi.va fe á revelar Alemania; existía en Alema- ron y se hablaron, allá por el alto Kiosco, que
nia otra legión de publicistas y &lt;:scritores consagrada ocupa hoy triste solitario, quien presta sucio antambién á revelar Francia. Estalla la guerra y se mo- teojo de larga vista para ver la ciudad de París radifica todo esto. Los golpes dados al suelo nacional &lt;liante de vida y las devastaciones de la guerra franresuenan en el espíritu nacional también. Y los es- co-prusiana en~angrentadas por el combate y ennecritores, que representan á la pat_ria desmembrada y grecidas por el incendio. La reina llevaba sobre sus
á las generaciones sobre cuyo nombre ha caído el sienes la luz mortecina del mundo que se iha, herhorror y tristeza de tal desmembración, jamás po- moseado sin duda en ella, última personificación de
drán perdonárselo á Germanía, jamás. El tiempo, sin su grandeza, que debía semejarse en hora tan ~olemembargo, tiene una tan grande virtud intríseca en sí ne á dulce sirena, de las que, según cuenta Plutarco,
mismo, que hasta los más vivos dolores embota. Y retenían con sus cánticos por las ondas del Tirreno
por su obra iban limándose algo las puntas opuestas y del Egeo la vida moribunda en los cuerpos casi
por uno á otro y entendiéndose tan feroces enemigos. yertos de los dioses caídos allá_por el postrer ereLas almas de Francia solían pasar á Germanía y las púsculo de la mitología y del paganismo. Mirabeau,
almas de Germanía por su parte á Francia, como en herido ya de muerte por el trabajo y por el placer;
las costas acostumbran á volar las aves marinas en granizado el rostro de viruelas; ancho de espalda
el aire terrestre y las aves terrestres en el marino como esos alcides que sostienen, á guisa de pilastras,
aire. Los publicistas, los médicos, los sabios habían los colosales monumentos; nervudo de brazos como
cruzado ya desde una parte á otra; y los artistas, más cumplía á quien derribaba las instituciones seculares
obedientes al corazón y á sus sugestiones, habían co- con sólo accionar airado y amenazador en la tribuna;
menzado también á cruzar. Uno muy célebre por la de pecho que hervía y resollaba como una fragua;
fidelidad con que sabe trasladará los lienzos las oes ~ de mirada fulminante, cual la tempestad; de ideas
gracias francesas, Bataille, púsose resueltamente á en que á la sazón se abrasaban los pueblos, asemejáiniciar un comienzo de cordial aproximación, prome- base, con las heridas alcanzadas en tantos asedios
tiendo llevar sus cuadros al próximo certamen de y las tristezas contraídas en tantos ciclópeos trabaBerlín. El paso no sentó mal, ni en Francia; y mu- jos, á uno de esos Titanes entre los cuales se hachos ya se apercibían á seguirlo, cuando tiene la J llaba Prometeo, que había blandido en sus manos

NúMERO 481
las llamas del Etna y aglomerado bajo sus pies montañas sobre montañas para derribar del cielo á los
dioses y apoderarse de su fuego creador y de su envidiada omnipotencia. El recuerdo trágico de tal escena histórica, el verjel continuo por allí extendido,
las verdes aguas del río serenísimo, los deliciosos
sitios de un encanto muy dulce, hacen de aquel antiguo paraje, tanto tiempo habitado por los reyes y
los emperadores de Francial un verdadero idilio vivo,
en el cual acostumbran á holgar y recrearse los parisienses. ¿Qué hicieron los alemanes allí? Talar los
jardines, destruir las. casas, incendiar los palacios.
No puede la guerra de otro modo hacerse; lo conozco yo muy bien. Pero ya que á tal fatalidad estamos
los humanos en la triste contingencia nuestra sujetos, que no la enconen y no la recrudezcan los mismos necesitados de olvidarla y encubrirla. Mas no
pararon aquí las imprudencias imperiales; hija y madre, la emperatriz Victoria y la infanta Margarita, se
fueron también á Versalles. ¿Recordáis lo que significa Versalles en la historia de Francia y en las relaciones entre Francia y Alemania?

III
Versalles ha tenido en lo pasado, y conservará en
lo porvenir, el carácter de la ciudad predilecta del
absolutismo. Los reyes de derecho divino sentían repugnancia invencible á vivir en medio del pueblo.
Francisco I se iba á Fontainebleau; Carlos V se encerraba en Yuste; Felipe II se construía para sí el
Escorial; Luis XIV debla construirse Versalles. Allí,
en la soledad, los reyes sólo descubrían sus propias
personas y los remedos de sus personas, los innumerables cortesanos. Imaginaos á Luis XIV en aquella
su gloria. El territorio puede llamarse inmenso; cabría una provincia y lo ocupa un hombre. En mucho menos espacio se levanta Ginebra, que ha producido la religión de los puritanos, la cual ha educado en la libertad y en el derecho al Nuevo Mundo.
La decoración es verdaderamente ostentosa. U na
serie de bosques interminables rodea el santuario,
otra serie de alamedas larguísimas le abre paso y
presta sombra á sus caminos;las viviendas de la aristocracia se amontonan por todas partes como reduc~ión y abreviatura de los castillos dominados por la
monarquía, semejándose á filas de jaulas donde se
guardaran los monstruos del feudalismo domesticado
por los sucesores de Luis XI; los edificios necesarios
á la servidumbre del ,monarca no tienen número; el
gran palacio ha costado 3 ooo millones de reales,
según el valor de la moneda en la época d~ su edificación; las terrazas se pierden de vista, los estanques
parei::en ríos, las estatuas de bronce y de mármol no
tienen número; la riqueza y la ostentación despiertan el recuerdo de los antiguos reyes asiáticos en
Níoive ó en Babilonia. Pues en este sitio que recordaba glorias tan excelsas y días tan extraordinarios
de los anales franceses, á la vista del sitiado París,
los príncipes y reyes de Alemania entraron á resucitar en la persona del conquistador, prusiano y pro·
testante, la vieja sombra del Imperio alemán. ¿Comprendéis ahora cómo y por qué ha París adolecido de
tan profunda neurosis? ¿Comprendéis ahora cómo y
por qué se han retraído los pintores franceses de la
próxima festividad artística en Berlín? El punto del
palacio donde más el rey Luis XIV se refleja es la
espaciosa galería de cristales. Desde sus balcones
veis la inmensa terraza y la galería interminable; los
jardines sometidos á la misma severa etiqueta que la
corte; los estanques perdiéndose de vista y ci.rcuídos
de solemnes grupos, todos de una escultura decadente; los diez y siete arcos que dan sobre la gigantesca
decoración de los bosques y las florestas; las veinticuatro pilastras terminadas por zócalos y chapiteles
dorados; los aparatoslsimos trofeos de bronce que
tienen la regularidad y el corte de las pelut:as gigantescas; las bóvedas ornadas por figuras alegóricas, de
un gusto detestable, que sostienen guirnaldas de una
riqueza increíble; los angelotes de estuco sobre las
cornisas de mármol, gruesos y linfáticos, sin expre•
sión y sin vida; los cuadros de etiqueta, solemnes en
verdad, pero fríos y mentidos como las ceremonias
cortesanas; el monarca rodeado de todas las divinidades del Olimpo, que parecen sus tributarias, como
Neptuno ofreciéndole naves, Minerva cascos, Apol?
fortaleza; espléndido lujo, bastante á justificar lo d1·
cho por San Simón en palabras verdaderas y felices:
«que se hubiera hecho adorar como un Dios, á no
tener tanto miedo al diablo.» Pues bien: allí, en tal
galería, museo de tantas glorias, templo de tantos recuerdos, centro de innumerables grandezas, proclamaron los alemanes el Imperio como una fortaleza
contra Francia. Y allí ha ido la emperatriz, recreán·
&lt;lose con la evocación de hechos que desagradan Y
humillan al vencido. Tras todo esto no extrañaréis el

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

retraimiento de los pinto·
res franceses en la próxima
Exposición de Berlín.
IV
Ya que hoy nos han
obligado sucesos independientes de nuestra voluntad á describir mucho, pa·
ra presentar los escenarios
de la Historia contemporánea, describiremos paisaje .
tan opuesto á Versalles
como Egipto. Muévenos á
ello lo mucho que han embargado el interés europeo
una discusión parlamentaria y un libro reciente. La
discusión, empeñada en el
Parlamento de Londres,
hase referido á la evacuación del Egipto por la tropa inglesa, como á su vez
la reciente publicación versa sobre las emociones que
despierta Egipto en los
franceses. Han propuesto
el abandono de las orillas
del Nilo aquellos que las
ocuparon, los partidarios
de Gladstone; y han publicado el libro los herederos
y sucesores de un escritor
malogrado hace poco, el
ingeniosísimo Charmes.
Por una ley de la historia
suelen las irrupciones verificarse de Oriente á Poniente, de Norte á Mediodía. Y por una ley de la
vida, los pasajeros que
abandonan regiones húme•
das como Inglaterra, ó boreales como Rusia, corren
al Mediodía. Mucho po·
drán decir de esto Nápoles
y Pisa en Italia, Cannes y
las islas Hyeres en Francia,
Sevilla y Málaga en la península nuestra. Pues bien:
los emigrados corren hoy
hacia Egipto. Rusos, ingleses, alemanes, paséanse á
una por las orillas del Nilo como por las orillas del
Guadalquivir ó por la babia de Cádiz. El precioso
libro de Charmes así lo
certifica. Y tienen raz6n.
Los árabes han pintado en
sus geografías descriptivas,
por medio de imágenes
tan hermosas como exactas, aquella tierra, primero
mar de agua dulce cuando
la cubren sus inundaciones
periódicas; después tapiz
multicolor de flores olientes cuando á las inundaciones suceden florescencias
y_fructificación; por último, estepa polvorosa y cenic~enta tras ~osechas y recolecciones. Cielos espléndidos de Oriente, realzados por iris con facetas tan
lustrosas como brillantísima pedrería; suaves aires,
do_nde los aro11;as exhalados ele cálices y corolas embriagan el sentido y las refracciones de una luz indec\ble lo tiñen todo _con colores entre anaranjados y
v~oláceo~: árb~les siempre verdes, pues ni las palmas
m los olivos pierden su follaje; flores de un rojo cual
~l del granado y de un aroma cual el del jazmín· páJaros del trópico,, pintados de tal suerte, que ll;van
en su ~ola una paleta, y pájaros del Nilo vestidos con
plumaJes de plata y rosa, de carmín y oro; por las alturas ~e la atmósfera el polen llevado en alas de suaves bnsas y p~r la~ profundas aguas el sacro loto flotando e~ la cr~stalma superficie; frutas sápidas y terrones bien olientes: be aquí todo cuanto produce
a9-uel Egipto, donde se renueva la grande abundancia ?el edén, como si no hubieran ni hombre ni tierra
~ufndo el dolor, consecuencia del pecado. No extranemas que si la naturaleza ofrece todos estos encant~s, c_onvidando á vivir en sus brazos y á respirar el
aire hbr_e y á recoger en la retir1a deslumbrada una
l~z tan intensa, el ~ogar de los pobres generalmente
diste i:oco de la pnmera cabaña y sirva como refuoio
al sueno y al breve recogimiento de los pocos días

JUAN LUIS ERNESTO ~EISSONIER, ilustre pint&lt;;&gt;r francés
Fallecido en 31 de enero de r891

inclementes que puede haber en aquellas bienhadad~s regiones de tal y tanta vida. Por el Nilo se desli·
zan las barcas, bien de negro ébano, bien de común
papiro, semejantes en sus formas gallardas á las acuáticas aves, propias de tales hermosas riberas. Bajo el
t~ldo de las palmas, por montículos y repliegues cubiertos de alhucemas y salvias, entre los terebintos y
los plátanos, juegan los niños, mientras las mujeres,
envueltas en sus túnicas rayadas de colores, desnuda
la cabeza y desnudos los pies, las pulseras en el puño y el tobillo, los zarcillos á los lados del rostro cogen agua vertida por los cangilones de la nori; en
acequias sombreadas de higuerales y moreras. Vasijas
de barro brillante guardan todo lo necesario á extinguir la sed en aquellos climas y aquellos parajes tan
ca1urosos, y las piedras cubiertas de ramajes ofrecen
las frutas á la nutrición sencilla de razas tan sobrias.
Y los varones de la familia, mientras unos pescan y
otros emplean sus fuerzas en el diario trabajo, los más
compon~n labo~es á mano, ó examinan ó distribuyen
los frutos recogidos en las continuas cosechas. Tal
vida pasaban las razas que allí vivían en sus relaciones con la naturaleza.
V

Hablemos nuevamente de Wagner y Echegar·ay.
Cuantos lean estas crónicas, donde recojo lo que

pasa de más bulto en artes
y ciencias y letras, extrañaránse con seguridad mucho
de la frecuencia con que
sobrevienen un o y otro
nombre á la consideración
pública. Pues para ello sobran motivos. Echegaray
llena los teatros de verso
en Madrid y Wagner llena
los teatros de canto en
Europa. El primero intentó una revolución en la
dramática y el segundo intentó una revolución en la
música. Propendiendo todo á la realidad y al realismo en España, Echegaray
evocó una poesía idealista
sobre las tablas españolas;
y propendiendo todo al
clasicismo y á lo clásico en
Alemania, Wagner intentó
la ópera verdaderamente
romántica sobre las tablas
alemanas. Echegaray vaciló mucho tiempo en su
verdadera vocación propia,
ingeniero, matemático, publicista, orador antes de
poeta; Wagner vaciló mucho tiempo antes de fijar
la naturaleza de su música,
imitador de Mozart y de
Weber como de Meyerbeer
y Rossini antes que topara
con su propio íntimo carácter genial. Pero sean
aquello que los dos quieran, el teatro italiano llama con el nombre de Wagner al público, y lo llama
nuestro nacional teatro
con el nombre de Echegaray, encontrándolo ambos
á dos en crecido número.
¡Cufo admirable los trozos
del Parsifal cantados por
una grande masa coral,
acompañada de numerosa
y nutrida orquesta! Las cadencias aquellas remedan
lo que hay de armónico
entre lo ideal y lo real, así
como la correspondencia
de los tipos y arquetipos
del cielo con las realidades
vivas del mundo. Paréceme aquel concierto de voces la exhalación de una
plegaria que sale del alma
como de las estrellas el
éter ó como de las flores
el aroma y entra en el cielo repitiendo todavía los
ecos de la tierra. Como las
lágrimas y los mares amargos en la evaporación se
dulcifican, las notas, que
al salir de la tierra, parecen doloridas y llorosas, en
cuanto suben, se tornan celestiales y bienaventuradas, como el alma.despedida y evaporada en el circo sangriento y en la matanza feroz de los restos de
un mártir. Un poco de monotonía encuentro en la
obra; el afán por lo sencillo sólo alcanza muchas
veces lo informe; hay algo de obscuro por doquier;
mas cuando acierta raya en lo sublime con una felicidad portentosa. Echegaray, que ha compuesto dra
mas románticos, muy análogos á las obras de Wagner por la originalidad y la estructura, se ha ido en
Un crítico incipiente por los campos de la Comedia,
y nos, ~a dado con su gracia sana, con su ingenio
salad1s1mo, con sus observaciones profundas con
su copia de vivas escenas reales, un aspecto ;uevo
de las múltiples calidades y aptitudes suyas. Aquello ~s un coloquio, pero un coloquio en que lo platónico se une con grande fortuna y acierto á lo aristofanesco. Las ideas más verdaderas y sólidas parecei:i gaseos~s y aéreas por sostenerlas alas de abeja,
quterb decir, una ironía zumbona y útil. De todas
suertes, cualesquiera que sean los defectos suyos y
las preferencias nuestras, ante dos espíritus creadores
com? Wagner y Echegaray precisa bajar con reverencia la frente, admirándolos sin reserva.

�LA

EL FILÓSOFO,

cuadro de Meissonier

LA COMEDIA DE ECHEGARAY
((UN CRITICO INCIPIENTE))
POR DOÑA EMILIA PARDO DAZÁN

Para l9s que profesamos amistad verdadera al esclarecido autor de El Gran Galeoto, la noche del
penúltimo día de febrero fué de fiesta. Veíamos á un
público menos·encrespado que en otros estrenos de
otras obras del mismo dramaturgo, y en cambio más
identificado con la que se representaba, muy dispuesto á entenderlo y subrayarlo todo; benévolo, desarmado, rendido por la noble fuerza de un goce intelectual. ¿No es cierto que este espectáculo de la fiera
domesticada tiene su hermosura propia?
Tanto es bello, cuanto inesperado y sorprendente,
al menos para los que no estamos familiarizados con
el misterioso juego de los resortes escénicos, que resiste á los cálculos más hábiles y chasquea á los
autores más duchos. Juzgando por el título de la
obra (que parece el de un artículo de revista ó se-

manario) y por el desarrollo de las
primeras escenas, yo llegué á temerme un fracaso, m0tivado por la dificultad de que la concurrencia se
compusiese toda de literatos y críticos, únicos capaces, á mi juicio, de
entrar francamente en el propósito
del autor y seguirle paso á paso sin
extrañeza ni aburrimiento. Solemos
leer en los estudios consagrados á
nuestro Teatro antiguo que el público de ciertas obras de Calderón, y
señaladamente de los Autos sacramentales, necesitó encontrarse muy
versado en teología para llevar, no
en paciencia, sino con gusto, aquellos palabreos y coloquios entre la
Fe, el Diablo, Adán y Eva, la serpiente, etc.; y yo creía que, para saborear la exposición de las ideas críticas de Echegaray y divertirse con
tres largos actos de sátira literaria,
convenía también un auditorio muy
entendido, empapado hasta los tuétanos en lo que aquí se produce de libros, revistas y periódicos. Tenía,
pues, la nueva obra de Echegaray un
interés doble, un lado experimental,
y el experimento dió brillante resultado. El público se divirtió, hasta se
rió á carcajadas, en el estreno de Un
critico incipiente. Aunque la explosión más nutrida de risa no se debiese á un chiste literario, sino á una
alusión política, el síntoma de que
muchos centenares de espectadores
puedan celebrar oportunamente las
sales de un estudio literario restivo, se
me figura en extremo favorable para
nuestro estado sanitario intelectual.
Hace tiempo que observo que la crítica va siendo
para el público alimento tan favorito y tan sabroso
como la literatura antes llamada recreativa. Si carecen de jugo las críticas, el público no les mete el
diente; si son pura erudición ó puro tecnicismo, quedan entre pocos; pero si viven, se releen al igual de la
mejor novela. Conozco algún artículo reciente y substancioso, que se asimilaron con devoción, no sólo
los aficionados, sino innumerables profanos. Al teatro no había llegado aún esta evolución del gusto;
llegó con la comedia de Echegaray.
La tentativa no es nueva, ni nuevo en los más populares dramaturgos el deseo de razonarse ante los
espectadores, de explicar sus teorías, exponer sus
agravios, excusar sus yerros, formular su código y
descubrir algo de la lucha interna que acompaña á
toda labor creadora. De Lope de Vega viene el primer ejemplo, aunque no llevado á la escena, en cierto opúsculo poético eternamente memorable. El gran
enemigo del romanticismo español, el 'secuaz de Mo-

TUGADORES DE BOLOS,

NúMERO 481

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

cuadro de Meíssonier

liére y su vencedor en presentar en las tablas la crítica literaria, el Terencio hispano, Leandro Fernández
de Moratín, alcanzó de un solo golpe la perfección
del género, creando la página inmortal de El Cafl.
Siguió sus huellas, protestando contra el neo-romanticismo, Ventura de la Vega, que hizo una hábil imitación de El Café, una defensa del clasicismo, no escasa de gracia y corrección, aunque á bastante distancia de su admirable modelo. Ni estos precedentes,
ni alguno más que pudiera citarse, quitan á la comedia de Echegaray su valía, su frescura (lo que más
falta nos hm:e para reavivar el desmayo de nuestra
escena), ni disminuyen el valor sintomático del agrado entusiasta con que oyó el público la nueva producción. La sátira literaria es un género que no prevalece sino en épocas cultas; indica vigor en el pen-

'
. ..

•

~~

•

i.

:

1n, Vf;NTORRILLO cuadro
1

de Meissonier

S\,VU'J.,;flU
POLICHINELA,

cuadro de Meissonier

samiento y puede preceder á transformaciones y regeneraciones; es radicalmente imposible que resista
en los albores de una literatura, como sería imposible la sátira social en una sociedad generalmente grosera, que no poseyese la cantidad de refinamiento suficiente para que
una part~ de ella corrija y ,censure á la
otra parte.
Acaso también contribuyese al éxito de
la obra de Echegaray el contraste (más
aparente que hondo) entre ella y las restantes del mismo fecundo é insigne autor.
Del género dramático Echegaray tiene formada la muchedumbre cierta idea, cuyo
esquema podríamos trazar cruzando un
puñal y una pistola, y colocando á un lado
y otro del trofeo, como los tenantes de los
escudos heráldicos, á un hijo hurtado y
una dama violentada ó culpable. Siempre
que Echegaray sorprenda á sus rutinarios
censores revistiéndose de otra forma, buscando la nota dulce, tranquila, rehuyendo
violentas explosiones de sentimientos,guar•
dando compostura y moderación, quemando incienso á la santa Risa, único bien
de la pobre humanidad, su esfuerzo será
premiado con la simpatía y la aprobación
del agr¡¡.qecido público.
Los que no nos entregamos tan pronto
somos los que tenemos contraído el hábi·
to, acaso ingrato, de considerar una obra
literaria por todas sus fases antes de de·
clarar rotundamente que es la maestra, la
primera de cuantas salieron de manos del
.autor, como declararon bastantes diarios
de la corte á las pocas horas de haberse
,estrenado Un crítico incipiente. Quizá nos
mostramos ahora recalcitrantes porque an·
tes éramos justos y no desconfiábamos del

UNA LECTURA EN CASA DE DIDEROT,

cuadro de Meissonier

�LA

166
talento de Echegaray hastá el punto de creer que no
diese tela para una comedia hermosa, no vulgar. L:1
ductilidad de un ingenio tan rico, tan cuantioso, no
nos coge de nuevas: al sentarnos en el palco del teatro
Español el día 2 7 del pasado, no llevábamos el glacial
presentimiento de desconfianza traducible en estas ó
parecidas frases: «En buena se ha metido el autor.»
No era atolladero; y si lo fuese, de él saldría Echagaray tan lucidamente como supo salir. Pero tampoco fué milagr0sa primavera, que diese vida á las flores más lozanas. Mi obligación estricta es escribir lo
que juzgo verdad, y juzgo verdad que Un crítico incipiente, comedia, no puede eclipsar ni siqµiera igualar (atendida la diferencia de géneros) al Gran galeoto, O locura ó santidad, dramas del mismo autor.
Para escribir una sátira literaria, destinada á la escena, que se acerque á la · perfección suma, se necesita ser un Moratín; uq ingenio atildado, recortado,
prudente, mesurado por naturaleza, y al par intencionado como un toro. Echagaray es todo lo contrario. Impetuoso y exuberante, no guía al asunto, sino
que el asunto le arrastra, le precipita ó le encumbra

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

da acto el procedimiento efectista del autor, y extremando por necesidad, para no perderlo, su carácter
simbólico, empiezan por alegoría y acaban, si nos
descuidamos, por caricatura. La esposa del dramaturgo, la que encarna el sentido práctico, el Sancho femenino de la comedia, con sus dejos de aquella salada Mariquita que sentía no llorar perlas á fin de
que su hermano no tuviese que escribir disparates,
es quien menos pierde con la amplificación de un
asunto que no presta, ¿verdad, discreto Inarco?, sino
para dos actos muy cortos; y así y todo pierde, se
hace cansada, como aquellos viejos de Troya que se
empeñaban en inspirar cautela á la fogosa juventud.
A la chiquilla Luisa no la agracia tampoco el pasarse tres actos mortales repitiendo en varios tonos
que se quiere casar, que le corre mucha prisa, que á
la Vicaría, que marido. Si la obra tuviese sus proporciones naturales, y apareciest reducida á sus justos límites, no caería el telón del primer acto dejándonos en la incertidumbre, ó persuadidos de que el
asunto es el drama de Pepe, cuando luego resulta
que es el de su padre y la crítica sangrienta que de

LA CASA DE MEISSONIER EN EL BOULEVARD MALESHERBES

dominándole siempre. En el drama en el conflicto
de las pasiones, dejar la rienda á la lnspiración puede obrar maravillas. El juicio literario es puramente
reflexivo, y ha menester, al expresarse en el teatro
asociar ideas complejas, conocimientos múltiples, b/
sarse en una cultura variada, indigesta en su desnudez, y para que el público la digiera, concentrarle en
una sola gota de esencia crítica. Esto hizo Moratín y
p0r eso_ dice con justicia Menéndez y Pelayo: «En' la
Comedia Nueva derramó toda su cáustica vena contra los devastadores del teatro, produciendo la más
asombrosa sátira literaria que en ninguna lengua conozc?, y que quizá no tenga otro defecto que haber
quendo el autor, para hacer más directa y eficaz la
lección ~e buen gusto que se_proponía dar, presen- tarse baJo la máscara del único personaje realmente
antipático de tan regocijada obra.»
El principal error de Echagaray, que Moratín no
habría cometido, porque era maestro en el arte del
castor, de cercenar lo superfluo y peligroso, es haber
dado á la obra la extensión de tres actos. Con un
asunto puramente reflexivo é intelectual no se puede
sostener tanto tiempo á la misma altura la comedia
sin ir repitiendo y por consiguiente desvirtuand~
efectos. En el primer acto, y hasta la mitad del segundo, es un recurso francamente cómico que el dramat?rgo don Antonio varíe de opinión respecto al
novio de su hija, el joven crítico y autorcillo Enrique, según este muchacho juzga en los periódicos
las obras del futuro suegro. A la larga, no obstante,
se va gasta~do este resorte, y lo que al pronto parece observación aguda sobre la incurable vanidad li·
terari~, se convierte en demostración de que el pro·
tagomsta del drama adolece de inveterada tontería.
Sí: en el último acto D. Antonio á fuerza de reinci~ir en su. vanidosa simplicidad,' está á dos dedos
d~ converti:se, de figura, en figurón de sainete. Asimismo las siluetas de los dos críticos el idealista y
el nat~ralista, s.il~etas trazadas á br~chazos, pero
con evidente fehc1dlld, van descubriendo más á ca•

él h~~e su propio hijo, y la inverosimilitud de que la
familia toda de D .. Antonio y los periodistas y críticos_ que le rodean ignoren que él es el autor del discutido drama, resultaría, en menor espacio, más veladada, menos chocante.
.
Hay qu~ reconocer á D. José Echegaray (entre
tantos méritos c~mo le adornan) uno muy especial,
que en esta ocasión entrañaba arduas dificultades. A
cuantos escribimos mal ó bien, se nos ha pasado alguna vez por las mentes el capricho de retratar, á
nuestro modo, en novela ó drama, la vida literaria de
nuestra época, la vida que todos vivimos. Y hemos
retrocedido, por mí hablo, ante el exceso de información,' la abundancia de datos y pormenores, que
prest~na á la proye~tada ?bra carácter chismográfico,
en cierto modo hbelíst1co, lo más aborrecible que
p~ede haber para quien tenga noción de decoro.
Siendo las_ personali~ades literarias tan contadas y
tan conocidas, hay nesgo de incurrir en indiscrecio:
nes y faltas de delicadeza, ó de que la malicia vaya
más aUá que n_uestra intención, y recargue lo que el
autor apena_s. insinúa. Echegaray, persona de excel~ntes cond1c10nes de carácter (muy distintas por
c1er~o de las de Moratín), ha sabido, con suma discreción,_ sortear el escollo. Los espectadores, siempre
engolosma~os por el aliciente de la clave, no acertaban á descifrar la de la comedia nueva. Sólo á uno
de los personajes creyó la gente que podía atribuirle
un nom?re ... y acaso tué suposición gratuita, pues
no he 01do que la confirmasen los mejor enterados.
Allí no vimos hiel, ni alusiones desolladoras ni retratos, ni veneno: dígase en honor de la san~ complexión moral del ilustre dramaturgo.
n?1:1brado tantas veces, á propósito de Un crítzco mczpzente, la obra maestra de Moratín hijo que
no he de omitir una observación. Moratín at¡caba
nuestro Teatro antiguo en nombre del clasicismo y
las unidades aristotélicas, que eran entonces la doctrina nueva. Echegaray no defiende, en su comedia
escuela literaria alguna, ni impugna las que pudiera~

.II:

NúMERO 481

NúMERO 48I

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ser antitéticas á su dogma propio. Sólo dirige sus
tiros contra la crítica, sin distinción de escuelas; pues
tan mal librado sale de sus manos Peláez, el relamido clasicón, como Barroso, el tosco abogado del calor de humanidad y del deseo tirando del músculo.
Verdad que por unos y otros ha sido vapulado, negado, contundido, reprendido, aconsejado, contenido
y moralizado el autor de En et seno de la muerte.
Pero á él no le duelen esas heridas hasta enconársele: á él le sobra calma, toda la que falta á sus personajes, que son de lo más vehemente, súpito y arrebatado que en dramas puede verse. Siga, pues (no es
consejo, jpobre de mí!, es súplica de aficionado, de
admirador, de diletante}; siga haciendo comedias literarias, que tal cual es la primera, nos ha dado un
rato delicioso, nos ha refrigerado y nos ha probado
una vez más que en Echegaray existe veta, veta,
veta, ... veta de plata ria ti va y maleable.

municar á sus cuadros toda la verdad que
tanto cautiva en ellos: en cierta ocasión
un eminente crítico, amigo suyo, lo encontró montado en Ün caballete que hacía las veces de caballo, sobre una silla
que le había prestado el hijo del príncipe
Jerónimo, vestido con el uniforme de
granadero de la guardia imperial y el cabote gris y copiando su imagen, que en
un espejo frontero y un tanto inclinado
se reflejaba. Viendo la extrañeza que todo
ello producía en su visitante, le dijo: «Mi
modelo es incapaz de proporcionarme un
Napoleón: en cambio yo tengo los misinos
muslos del emperador.))

había est:ido en Solferino, y yo que lo sabfo, hícele
narrar la parte que había tomado en la batalla yacabé por proponerle un puesto entre los personajes del
lienzo. Aceptó con mil amores, y hecho el retrato
habló de él á algunos camaradas que vinieron á verlo y se brindaron á servirme de modelos. Uno de
ellos conocía al mariscal Magnan, el cual me trajo
á Fleury, quien á su vez me presentó á Lebreuf.
»Este me instó para que mostrara mi trabajo al
emperador, y á este efecto hízome invitar para que
fuera á Fontainebleau. Napoleón III recibióme con
afabilidad, y después de haber examinado atentamente la pintura, en la que sólo un personaje faltaba, me
preguntó quién había de ser ese personaje en mi- sentir. - Vos, señor, le contesté. - ¿Hareís, pues, mi re-

I

MEISSONIER
Juan Luis Ernesto Meissonier nació en Lyón en
1815: su padre fué comisionista de ultramarinos y su madre había aprendido á pintar
porcelanas y miniaturas con la célebre Mme.
Jacottot: de ella heredó el hijo el germen de
sus aptitudes artísticas, el temperamento nervioso que se traducía en lágrimas al oir música de un gran maestro y la extremada sensibilidad en punto á la crítica.
Niño todavía, fué Meissonier llevado á París: un parte del colegio en donde hizo sus
primeros estudios señalaba en el alumno
«una tendencia demasiado acentuada á dibujar en sus cuadernos en vez de escuchar las
explicaciones de sus profesores.»
El oficio de su padre no le satisfacía; la
droguería no era su ideal. El hallazgo de las
cajas de colores de que se sirviera rn difunta
m:idre y la amistad de Luis Steinheil le impulsaron por la senda del arte. Después de
estudiar algún tiempo al lado de J ulián Potier, antiguo gran premio de Roma, entró en
casa de León Cogniet y aunque sólo permaneció cuatro meses en el taller de éste, esa
corta temporadajnfluyó poderosamente en su
porvenir artístico. En efecto, el maestro preparaba el techo para el Louvre La expedición
de Egipto, y para ello recibía en un cercado
agregado á su estudio á soldados vestidos con
el uniforme de los republicanos, dragones y
hasta artilleros con sus caballos; allí adquirió
Meissonier. poco amante de copiar las figuras
de yeso ó el modelo desnudo, ese éspfritu de
observación personal que constituye la nota
característica de toda su obra. Por consejo
de su amigo, el dibujante Trimolet, estudió en el
Louvre los grandes maestros que le atraían por la
verdad de las actitudes, de los trajes y de la disposición escénica y por la exactitud local de los tonos;
pero los estudió sin copiar sus pinturas, porqu~ la idea
de la copia repugnaba á su temperamento independiente.
En vista de que la escasa pensión que le pasaba su
padre (15 pesetas al mes) no le permit_ía tomar lecciones de Pablo Delaroche, que le exigía por ellas
20 pesetas mensuales, resolvióse Meissonier á pin_t~r
abanicos y estampas religiosas, siendo á poco solicitado para colaborar en la ilustraci~n ~e. una hermosa
cuanto rara edición de Pablo y Vzrgmza y para proporcionar varios tipos á los Franceses pintados por sí
mismos é ilustrando una edición en dos tomos, hoy
difícil ~i no imposible de encontrar, de La caída de
un ángel, de Lamartine.
También se dedicó á grabar al agua fuerte, pero
de estos grabados sólo se imprimió El fu,~ador, del
que se hizo una tirada muy corta, cuyos eJemplares
alcanzan hoy precios fabulosos .
.
.
Como pintor dióse á conocer M~issomer por vez
primera en el Salón de 18341 exponiendo un cuadr?
Menestrales -flamencos y una acuarela que fué ad~Ul·
rida en 100 pesetas por la Sociedad de los Amigos
de las Artes, de París.
En 1836 ve admitidos !_os cuadros Jugadores de
ajedrez ¡y 1El pequetio mensajero, que el Jurado del
año anterior había rechazado; en 1838 expone un
Religioso consolando á un enfermo, que adquirió por
500 pesetas el duque de Orleáns; e~ 183_9 el Doclor
inglés mereció de Julio Jan in los cahficat1vo~ de &lt;~encantadora miniatura al óleo, una de las mas dehcadas y espirituales que se han producido» En 1840
aparecen un San Pablo, un Isaías y un Lector, Y
Meissonier 'obtiene una medalla de tercera clase;
en 1841 co~quista la de segunda clase con suParti·
da de ajedrez; en 1842 un Fumador y un .Afuchacho
tocando el vio/once/lo aumentan su fama, que queda

RECUERDO AL GE'.'&gt;ERAL NORTE-AMERICANO GUILLER~IO TfCUMSEH SIIERMAN, falleciuo en Nueva York el 4 febrero
El genero.! Shermo.n y su estado mayor en las trincheras levantadas delante de Atalanta. (De una fotografía del tiempo de la guerra.)

defini~ivamente sentada en 1843 con dos Retratos y
un Pmtor en uu taller. Dos años después el público
se deleitaba ante un Cuerpo de guardia, un Joven
contemplando unos dibujos y una Partida de piqué.
En el Parque de Saint-Cloud, que siguió á éstos, el
paisaje era de Francais y de Meissonier las figuras
con trajes del tiempo de Luis XV.
Desde entonces queda tan fijamente determinado
el modo de pintar del maestro, que no se hace ya necesario seguirle paso á paso en las etapas de su carrera artística.
Las arrugas de los vestidos tienen en los retratos
ó en los personajes de Meissonier una importancia
que, lejos de ser exagerada, no hace sino traducir
abiertamente las costumbres de fortuna, trabajo y
carácter del modelo y del tipo. A propósito de esto,
merece consignarse la siguiente anécdota que refiere
M. Steinheil:
.
«Cuando Meissonier se casó, tenía ya formada una
parte de su biblioteca de trabajo, es decir, una colee·
c~ó.n incomparable de calzones cortos de ratina, medias de colores, zapatos con hebillas, largos chalecos,
chupas con bolsillos, sombreros de fieltro, pelucas,
bastones de junco y joyas de hombre y de mujer:
sólo le faltaba ropa blanca. En vano hacía cortar á
su ;nujer camisas, chorreras y puños: nada de esto le
satisfacía, pues cuando estudiaba un grabado de Gravelot ó un agua fuerte de Chodoviecki, observaba
que la ropa no formaba los mismos pliegues que la
que ponía á su modelo, lo cual le tenía fuera de sí.
Un día llegó á su casa con aire de triunfo: había ido
á _la Biblioteca Real y habiendo pedido la Enciclopedia'. leyó en el artículo Ropa blanca que la tela ó la
batista se cortaba al bies en vez de cortarla al hilo
como hacen las modernas costureras, siendo esta la
causa de la mayor flexibilidad de aquellos pliegos que
tan á mal traer le traían.))
Meissonier apelaba á todos los recursos para co-

De pintor de conciencia llevada á la exageración
le acredita, entre otros, el hecho siguiente: estaba copiando á su modelo en traje de húsar y llevaba dos
horas sólo en estudiar y reproducir el mosquetón suspendido en bandolera á la espalda de aquél. El trabajo, á juicio de persona competentísima que lo vió,
resultaba acabado, y sin embargo Meissonier, impaciente, desesperado, «¡No es esto, decía, torpe de mí!
¡Soy un ignorante en pintura! Sólo Gerome sabe pintar de primera intención; en cuanto á mí, nunca
aprenderé mi oficio;» y esto diciendo, tomó un cuchillo y borró todo lo hecho, á pesar de que al día siguiente había de entregar el cuadro, con gran instancia solicitado.
La guerra de Italia fué causa de que el pintor de
género se transformara en pintor militar. Los recuerdos que vivían en su memoria desde su paso, allá
en sus mocedades, por el estudio de Cogniet, se despertaron con intensidad apenas rotas las hostilidades
con Austria. Meissioner se hizo agregar al estado
mayor, sigµió todas las operaciones de aquella campaña haciendo croquis y tomando apuntes y asistió
á la batalla de Solferino,
El mismo Napoleón III le sirvió de modelo para
el cuadro que lleva por título el nombre de esta batalla; y he aquí en qué términos refería el pintor tan
notable suceso:
«A la verdad este era un punto que me tenía vivamente preocupado. Sabido mi pasión por la exactitud, que me hizo volver á Solferino para rehacer,
en presencia del natural, el paisaje de la batalla, harto se comprenderá cuánta importancia tenía para mí
que el emperador fuera mi modelo siquiera cinco
minutos. Para conseguirlo trabajé con empeño y
habilidad, viendo coronados por el éxito mis esfuerzos. Al efecto comencé por bosquejar el cuadro, y
luego invité á un oficial amigo mío á que como militar me diera su parecer sobre mi obra. Este oficial

trato?, repuso; ¿y cómo os las compondréis para ello?
- Pintándolo con ayuda de mi memoria y de algunos
documentos populares. - Pero todo esto no valdrá lo
que una sesión conmigo, replicó el emperador. ¿No
os parece así, M. Meissonier? - ¡Quién lo duda, se·
ñor! Pero ... - Pues bien: nada más fácil. Montemos
á caballo y vayamos á dar un paseo: por el camino
hablaremos y podréis estudiarme á vuestro gusto.
»Encantado de la ocasión que se me presentaba,
inmediatamente combiné el más mefistofélico plan.
Mi antiguo amigo Jadin tenía precisamente su taller
en Fontainebleau: hacia allá procuré que nos encamináramos, y cuando llegamos á la puerta del estudio
me atreví á proponer al emperador que hiciéramos
una visita al artista. Napoleon III aceptó sonriendo
la propuesta, y hétenos en el taller del bueno de Jadin, que lo que menos esperaba era vernos entrar á
S. M. y á mí y que vestido con el traje de trabajo
fumaba indolentemente su pipa. El emperador, á
quien la aventura divertía en extremo, no quiso que
J adin se molestara, y encendiendo un cigarro sentóse
á horcajadas en una silla y se puso á charlar alegremente con el pintor mientras yo, haciéndome con el
primer lápiz que á mano me vino, dibujaba lleno de
entusiasmo el modelo por quien tanto había suspirado. La improvisada sesión duró media hora larga
y sirvióme, no sólo para el Solferino, sino también
para el otro lienzo que existe asimismo en el Luxemburgo»
La campaña de 1870 á 1871 produjo en Meissonier impresión profunda, y como en la de Italia, quiso entonces seguir las operaciones del ejército francés, creyendo asistir á victorias que la triste realidad
trocó en desastres. Estuvo en Metz antes del sitio;
pero á instancias de los oficiales, que no quisieron
que se malograra con una muerte obscura. aquella
gloria de la patria, abandonó la plaza la víspera de
la batalla de Borny, dirigiéndose á París. Durante

�LA DISPUTA,

cuadro de Meissonier

¡A VUESTRA SALUD!, dibujo de J. de Wodzinski
1814, cuadro de Meissonier

�170

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ese penoso vtaJe, que hizo solo y á caballo, fué varias veces detenido por los alemanes, que le tomaban
por espía, y encarcelado en Etain; siendo á poco
puesto en libertad, gracias á la notoriedad de su fama. Tres días después llegaba á Poissy, en donde
organizó una guardia nacional; pero:al tener noticia
del desastre de Sedán y al saber que el enemigo se
apercibía á poner cerco á París, corrió á encerrarse
en la capital, obteniendo del gobierno un grado elevado en el estado mayor de la guardia nacional.
Terminada la guerra, volvió á empuñar sus pinceles y á reanudar su vida artística; habiendo producido
desde entonces, entre otras obras admirables, las preciosas joyas conocidas con los títulos de ((I 807»
«1806» y «1814,» episodios de las guerras de Napo·
león, que fueron respectivamente expue~tas en el salón de 187 4, en la Exposición Universal de 1889 y
en el salón del Campo de Marte de 1890, iniciad0 y
organizado por Meissonie~ en competencia con el
salón oficial de los Campos Elíseos.
Aunque no hemos de analizar las cualidades que
adornaron al gran pintor, pues sobradas veces han
sido proclamadas, no queremos terminar este artículo sin consignar cuáles fueron las más valientes que
en su modo de ser como artista reconoció universalmente la crítica; á saber: exactitud en las expresiones, fisonomías, gestos y actitudes; el dibujo intachable y el color homogéneo; la claridad del enunciado y la sorprendente comprensión de las épocas;
la absoluta verdad de las personas y de las cosas; la
voluntad tenaz, imperiosa y triunfante, y la perfección suma de los toques de su pincelada.
De estas cualidades permiten formarse idea los
grabados que publicamos y que reproducen las más
importantes de sus obras.
En punto á recompensas, Meissonier obtuvo las
que puede apetecer un artista bajo todos conceptos;
incluso la gran cruz de la Legión de Honor. que se
le concedió después de la última' Exposición Universal de París y que antes que á el no se había otorgado á artista alguno. Sus cuadros alcanzaron precios
fabulosos, á pesar de su reducido tamaño, habiéndose hace poco pagado por el «1814» la suma de
850.000 francos.
La influencia artística de Meissonier fué grande;
su autoridad indiscutible. Puede decirse que aun después de muerto ha influído en los destinos del arte
francés, y quién sabe si en los de la política de su patria: la carta publicada por su viuda á propósito de la
participación de los artistas franceses en la próxima
Exposición de Berlín, y la posterior negativa de éstos
de concurrir á ella, así permiten afirmarlo. La idea
de que Meissonier no hubiera consentido en que sus
cuadros figurasen en un certamen organizado por
los sitiadores de París, ha sido, por decirlo así, el
golpe de gracia que ha matado las esperanzas de los
que desean una reconciliación, siquiera en el terreno artístico, entre los dos grandes pueblos que mantienen en perpetua amenaza á la paz europea.
X.

GREGORIA
(EPISODIO EJEMPLAR)

( Co11tin11ación)

Mi ingreso de interna en el colegio nos preocupó
en gran manera, aparte del sentimiento natural de
ver llorar á mi mamá, que no parecía sino que nos
despedíamos para toda la vida. Nunca lo olvidaré;
la tarde antes de su marcha me condujeron mis padres al establecimiento, hablaron algún rato con la
directora, y de allí á poco me hicieron entrar en el
salón de visitas en que se hallaban y por cuyos alrededores andaba yo atisbando. Mi padre procuraba
hacerse el distraído mirando los trabajos -premiados
de pluma y labores del último examen, que encerrados en pulidos marcos colgaban de la pared. Yo, sin
embargo, noté que estaba violento por un movimiento especial de dedos que le había visto hacer en algunas ocasiones cuando se sentía contrariado, cual
si tocase el piano en el aire. En cuanto á mi madre
lloraba á más no poder; su semblante muy pálido y
abatido causábame grande tristeza, y acabé por unir
mis lágrimas y sollozos con los suyos. «Vamos, dijo
mi padre, procurando separar á mi mamá de mi lado,
no hay motivo para tanto; ya sabes que todo esto te
perjudica.» La directora también intentaba consolarla
señalándole algunas de mis planas que formaban parte de la colección premiada. Vino, por último, á poner fin á esta triste escena la llegada de otros señores que aprovechaban la hora de asueto para visitar
á algunas compañeras. Mi mamá saludó ligeramente,
y dándome un beso se dirigió á la puerta sin volver
la cabeza y con cierta precipitación; mi padre_la si-

guió, no sin cogerme antes la cabeza con ambas manos y con gran fuerza, besándome con ruido en las
mejillas. Yo quedé muy triste en medio de la sala
sin atreverme á dar un paso, hasta que volviendo la
directora, que había salido con mis padres, me mandó pasar al gran jardín, donde se encontraban la mayor parte de las compañeras, lo mismo las pensionistas que las externas, á quienes dejaban en el colegio,
por su propia voluntad, durante la hora de recreo de
la tarde. Muchas de ellas tenían á sus familias ó criados largo rato esperando, no qiJeriendo separarse del
jardín donde tan bien lo pasábamos. Verdad es que
allí se jugaba tan á gusto y con tanta libertad, que el
rato de asueto parecía siempre corto, y veíamos aparecer las estrellas y sonar el toque de oraciones cuando el juego más nos entretenía.
La presencia de mis amigas queridas disipó mi
tristeza, y el aspecto animado de aquel hermoso j.trdín llamó mi atención por diversos modos. La gran
fuente del centro elevaba á gran altura su grueso surtidor, que caía, convertido en espuma, en la taza de
mármol, de la cual, por cuatro hermosos caños, se
precipitaban produciendo alegre ruido abundantes
chorros de agua que desbordaba por todos lados,
humedeciendo la glorieta y mojando á las chicas
más atrevidas, que se empeñaban en mantener á flote pequeños barcos de papel, que una vez abandonados á aquel hervidero desaparecían en el remolino,
para luego aparecer de nuevo mojados y deshechos.
Otras compañeras jugaban al volante en el largo
paseo que dividía el jardín en dos mitades; las demás
allá hacían largas guirnaldas moradas y pajizas con
finos espartos y abundantes dondiegos, que recogidos en la falda de antemano, iban alargando aquella
sarta ordenada y bien oliente. Dos de mis más queridas amigas, Agueda y Sofía, hablaban separadas
por un arbusto, cuyas ramas apartaba la primera dejando un espacio por donde asomaba su linda cara.
«No os acerquéis,» dijo otra que nos salió al pase; y
luego añadió con cierto misterio y bajando la ,voz:
«Están jugando á novios.»
En otro rincón, algunas colegialas habían reunido
sus meriendas y las distribuían en partes iguales por
mano de la de más edad, que hacía de mamá, y á
quien todas llamaban así á vuelta de grandes risas.
En medio de aquel animado cuadro, encontrábame
indecisa luchando entre mi disgusto y el deseo de
acompañar á mis amigas. Solicitada por algunas me
dejé con~ucir de la mano, y aunque no tomé parte
activa en sus recreos presencié sus juegos y así acabé
de pasar la tarde.
El toque de la campana nos reunió á todas en la
sala de estudio donde debíamos permanecer hasta
las nueve Larga se me hizo esta primera noche; con
la vista fija sobre los libros volvía las hojas maquinalmente sin comprender lo que decían; echaba de
menos la velada en mi casa al lado de mis padres,
donde mientras estudiaba las lecciones me entretenía grandemente con cualquier motivo, haciendo el
rato más llevadero. Luego, que varias noches acudían visitas acompañadas de algunas niñas,.con las
cuales, previa la venia de sus padres, jugaba en otras
habitaciones. No era, pues, extraño que encontrase
serio y por demás severo todo lo que me rodeaba:
aquellas cabezas inclinadas sobre las respectivas. carpetas; aquellas caras de uniforme gravedad; el rozar
de la pluma sobre el papel, el tic-tac acompasado de
gran reloj puesto á la derecha de la mesa, el imponente son de las campanas al sonar el toque de ánimas; todo esto me hizo pasar aquella primera noche
de colegio muy triste, teniendo necesidad de enjugar
las lágrimas que á cada instante corrían por mis mejillas
Sonaron las nueve, y á una señal de la profesora
leyó Gregaria la jaculatoria de costumbre, ·pidiéndole á Dios aprovechase el estudio que habíamos hecho.
Llamó desde luego mi atención el tono con que Gregaria leyó aquella hermosa oración, notando por
primera vez que Gregoria lefa muy correctament.e.

NúMERO

481

escritura; cambiaba las plumas de los lapiceros y recogía las agujas del suelo, dejándolo todo muy bien
colocado y ordenado en su respectivo sitio. En suma
~esde el último invierno, Gregaria había entrado d~
interna en el colegio, más corno una sirvieJ1te distinguida que como otra cosa, aunque concurría con
nosotras á las clases y comía en la mesa general en
las. horas de refectorio. La directora la quería mucho,
Y siempre q~e hallaba ocasión, sin nombrar para nada á Gregona, nos encargaba, mirándola muy disimuladamente, que fuésemos cariñosas y deferentes
co~ la~ personas que se encontrasen en posición inf~nor a la nuestra. «El orgullo, nos decía c9n frecuenc~a, es en los privilegiados la mayor de las desgracias, porque oculta siempre una gran necedad; en los
pobres, por el contrario, la dignidad exagerada dentro de. su escacez es digna de todo respeto. No establezcáis. en ~u~stras afecciones otras diferencias que
las que mshnhvamente os lleven á depositar vuestra
confianza en la persona que juzguéis digna de ella.
El .corazón .rara vez se engaña en estas cosas, y la
sabia providencia comparte equitativamente sus
dones.»
MATIAS M ÉNDEZ VELLIDO

( Co11ti1111artÍ)

NUESTROS GRABADOS
El general norte-americano Guillermo Tecumseh Sherman. - El 14 de febrero último falleció en

Nueva York ei que en la República de los Estados Unidos fué
hace algunos años comandante en jefe del ejército y compartió
con los generalts Gra.nt y Sheridan la gloria de ser uno de los
más afortudados caudillos de la guerra de Secesión. Guillermo
Tecumseh Sherman nació en Lancáster (Ohío) en 8 de febrero
de 18~0; educado en ':es_t Point, alcanzó el grado de teniente
de a~tilleria en 1~_40, s1rv1endo en seguida en las guerras de la
Flonda de MéJICO. En 1853 se retiró del ejército y entró á
desempenar un e~pleo civil, pero seis años más tarde aceptó
el cargo ele superintendente de la Academia Militar de Luisiana, que ~:mitió en 1861 cuando estalló la guerra civil y Luisian~ se unió .á la Confederación. Diósele el mando del 13. regimiento de mfanterfa en los Estados del Norte, y después de la
batall~ de Bull's R~n fué nombrado brigadier-general de vol~ntanos, toma~do mmediatamente parte en la serie de operaciones que terminó con la toma de Vicksburg y en las batallas
que se libraron en los Estados del Oeste. Én 186• obtuvo el
grado de brig~dier-geceral del ejército regular, y p~cos meses
después sucechó al general Grant en el mando de la división
del Tennessee. A los seis meses sucedió también á Grant en el
mando de la d!visi6n del Mississipi y emprendió con éxito brillante una .sene de operaciones en Georgia ( distinguiéndose
muy e~pecialmente en la toma de Atalanta, á consecuencia de
1~ cual ascendió á mayor general), en Tennessee y en las Carolinas. Después de la rendición de Atalanta &lt;lió comienzo :l. su
famosa marcha hacia el mar, movimiento que quizás contribuy6 más que cualquier batalla á poner de manifiesto 1~ debilidad
de los Estarlos del Sur. En diciembre de 1864 llegó á Savannah, Y en 1865 á Charleston, después de una ligera esca'ramuza, logrando el dia 26 de abril del propio año la rendición del
ge.neral Johnston, con lo que la guerra quedó virtualmente terminada.
En 1866, el general Sherman fué nombrado teniente general
al mando de !11 divisi?n del Mississipi, y cuando el general
Grant fué elegido Presidente de los Estados Unidos, sucedióle
nuevamente
~n el puesto de general del ejército, que abandonó
0
en I. de noviembre de 1884, en cual fecha pidió el retiro reemplazándole el general Sheridan.
·
Sherman no quiso mezclarse absolutamente en poHtica y
cuando Grant acabó su segundo período de presidencia negóse
resuelta mente á ocupar el primer puesto del gobierno de la
República, que indudablemente habrfo alcanzado con sólo haber consentido en que lo eligieran.
Desde que se retiró del ejército, Sherman vivió tránquila•
mente consagrado á su familia, apartado por completo de los
públicos n_egocios y haciendo frecuentes viajes á Europa.
Su entierro fué un verdadero acontecimiento en Nueva
York; no otra cosa merecía el que después de haber proporcionado días de gloria á su patria no ambicionó más que el respe•
to y el cariño de sus conciudadanos.

r

¡A vuestra salud!, dibujo de J. de Wodzinski.

:- Por bien pagados pueden ciar.e los que han ofrecido á esa
Imela mucba~ha la copa de champagne que lleva á sus labios y
~pura en actitud graciosa hábilmente reproducida por el dibuJante: no una copa del espumoso vino, sino un tonel del néctar de los dioses, si á man9 lo tuviéramos, daríamos porque á
~ue~t.ra s,alud bebiera ese dechado de belleza y encantos, y aun
1magrnanamos superior al obsequio el premio de tal modo y
por tales labios otorgado.
i Bien haya el artista que trazó tan hermosa figura! Al que de
tan seductoras formas sabe revestir el sentimiento estético, al
IV
que ha logrado producir una obra que de una manera ·tan grata recrea los ojos y alegra el corazón, sendero cubierto de rosas
?ebe par~cerle el camino de la vida, que para muchos sólo abroDesde la época de la primera comunión había pa- JOS
y espinas ofrece.

sado año y medio. y la situación de Gregaria entre
nosotras poco había variado en todo este tiempo. No
se la juzgaba tan mal como al principio, pero nadie
se cuidaba de ella, y más que apreciada era tolerada
y aun compadecida, sin despertar por esto simpatías.
Ella procuraba no molestarnos. y en cuanto á mí me
servía en todo aquello qlle estaba en su mano. Luego después sus ocupaciones en el colegio, distintas
de las nuestras, establecían y ahondaban el alejamiento en que la teníamos, sin cuidarnos para nada del
santo de su nombre. Madrugaba más que las colegialas, cuidaba por encargo de la directora de asear
las mil muestras y dibujos de las clases de pintura y

I:tOTEGER la epidermis contra las influencias perni•
P c1osas
ele la atmósfera, devolver ó conservar juventud, frescura y aterciopelado, tales son las ventajas de la CRE)IA SIMó:sr,
cold-cream. ;speci~I, tónico, cal111a11te y deliciosamente períuma•
do; su acc1on sena y benéfica es tan rdpida y tan evidente que
nadie la ha ensayado sin 1econocer su superioridad En casa
del inventor, rue de Provence, 36, I'arís, y en cnsJ de los farmacéuticos y perfumistas. Evitar las sustituciones.

JABON REAL

IVJ:OLET¡·

DE T H R IDAC E

JABON

29,i•d:1~~¡;;:~Paris VELO UTI NE

lecamead&amp;.tlll por autorida4es m!dir'- pm la Bi¡¡ioir 41 la PW 1 Bollua te! Colet

NúMERO

LA

481

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

171

EL ANILLO DE AMASIS
NOVELA ORIGINAL DE LORD LYTTON , IL USTR ADA POR A llESNARD

Aquel período no fué el menos instructivo de mi
educación profesional; y con frecuencia había visto á
los más ilustres prácticos que parecían niños hostigados por moscardones, cuando debían combatir contra
ese verdugo infinitamente pequeño, pero tan tenaz,
que las hermosas damas llaman ((sus nervios.))
En Francia, si el médico es considerado y admitido por la clase media como amigo de la casa, la alta
sociedad no le tolera sino en la alcoba, cuando el
temor á la muerte suprime por algunos días barreras
que la convalecencia se apresurará á levantar de nuevo; y sin embargo, las prescripciones para los males
inherentes á la vida del gran mundo no pueden tener buen éxito si las condiciones sociales que las engendran son completamente desconocidas. Yo deseaba profundizar estas condiciones, y sabía muy
bien que no era posible conocerlas en la sala de un
hospital, donde el estudiante debe endurecerse y ser
insensible para no perder ninguno de los movimientos del profesor que liga la arteria femoral del número 73, y después pasa apresuradamente al núm. 87,
sin detenerse ante el lecho donde se ha cubierto ya
con el sudario el núm. 78.
Con este objeto dejé mi habitación del muelle de
San Miguel para ocupar otra muy lujosa de la calle
de la Paz, y por primera vez fuí á visitar á los parientes de mi padre. Borré de mis tarjetas el título de
doctor en medicina, adquirido con tanto trabajo, y
sustituile por aquel que debía tan sólo á un accidente de nacimiento. Aquellas visitas me proporcionaron muy pronto una infinidad de invitaciDnes en el
mundo elegante; compré un caballo inglés de pura
sangre, y entretuve rnis horas más agradables paseando por el bosque de Bolonia. No era este sitio
entonces el bosque banal de hoy, consagrado á las
vanidades de la moda y del demi-monde, sino el antiguo bosque de hace muchos años, cuyas espesuras
silenciosas constituían el encanto de los que gustaban de la soledad. A este lugar prefería yo ir siempre por la tarde, y estab:i. entonces bastante desierto,
sobre todo durante los últimos meses del verano,
pues en aquella época la estación parisiense terminaba mucho antes que ahora. Solté la brida sobre el
cuello del caballo, y mientras el animal avanzaba á
la ventura, entreguéme á dulces meditaciones, recorriendo aquellos frescos y verdosos retiros, tan inmediatos á París, y sin embargo tan lejanos del mundo:
Suresnes, Monte-Calvario y las espesuras de oxiacanto, en medio de las cuales brillaban las aguas
cristalinas y silenciosas de la balsa de Auteuil. Allí
había ido una tarde paseando poco á poco desde el
pueblo vecino, donde había dejado mi caballo, y llegué á la balsa precisamente á tiempo para ver reflejarse, á través de la espesura, los últimos fulgores de
la puesta del sol de octubre. Un sauce llorón surgía
del bosquecillo .é inclinábase sobre el agua, y sobre
él elevábanse dos ó tres álamos de Italia. La brisa
de la tarde les llevaba tal vez noticias de su país. Me
senté en el tronco de un árbol qi:e los leñadores
abandonaran sobre la hierba, y como se hallaba en
la extremidad de un claro, mi vista abarcaba hasta
el horizonte. Algún tiempo después de ponerse el sol
una faja luminosa persistió aún en el Occidente, y
en el cielo divisábanse algunas grandes nubes de color agrisado, cuyos bordes inferiores parecían tener
franjas de oro; más arriba los tintes purpúreos se
prolongaban en considerable extensión, y el agua
dormía invisible bajo las sombras acumuladas del
bosque, donde comenzaban á reinar las tinieblas.
«He aquí, pensé yo, el verdadero santuario de la
soledad.»
'
En aquel instante, y en medio del silencio más
profundo, oí una voz gritar: «¡Caín, Caín!»
, En lo repentino de aquella voz y en su tono había
a la vez algo que me hizo estremecer; miré al punto
á mi alrededor, mas no pude ver ningún ser humano.
Las avecillas permanecían mudas en sus nidos; la
voz parecía salir del sitio donde vi el sauce inclinarse sobre la balsa; mas en aquel momento estaba tan
sombrío, que no pude distinguir el árbol ni objeto
alguno.

Mientras había creído estar completamente solo, lantaban cerniéndose sobre el camino cual si me
aquel aislamiento me pareció encantador; mas en- amenaza;en; comprendí que atraían la te~pesta~, y
tonces, la idea de encontrarme en aquella _soledad que ésta se acercaba rápidamente.. Con la ~mpres1ón
con una persona invisible y desconocida inspirábame del hombre perseguido por un peligro terrible, galouna especie de horror sobrenatural. Estoy seguro que pé á través de aquellas nubes de polvo, pero muy
no fué el temor de un robo ni de un asesinato lo que pronto estuvieron frente á mí; entonces sentíme dome hizo retroceder ante la idea de registrar la espe- minado por una sensación extraña, y figuréme que
sura de donde partió el sonido que me hizo estreme- emprendía una carrera desespe~ada para alcanzar ~1cer; pero cualquiera que fuese la causa del pavor que gún premio fantástico, y que s1 no alcanzaba la v1c•
toria estaría perdido para siempre.
experimenté, privóme de todo movimiento.
De improviso en la sombría copa de lo que yo toEl silencio era casi intolerable, cuando le interrumpió de nuevo la misma voz que salía del mismo maba por un árbol del cami~o vi un~ pálida. apari;
ción; estaba sentada, y sus OJOS parec1an seguirme a
sitio.
«¡Sí!, gritó la voz (yo podía oír claramente todas mí y á los espectros, lanzados en aquella carrera frelas palabras que pronunciaba), si estás resuelto á ani- nética. U na mirada me bastó para reconocer en aquel
quilarme, ¿por qué persigues sin tregua al que no te- fantasma á la mujer que bacía años vi sentada _en )a
me la muerte? ¿No te he buscado por todas partes? misma actitud sobre el puente de La Lorelez. Sm
¿No he descubierto mil y mil veces este pecho que duda se le había caído el chal, y sus hombros desnuencierra un corazón atormentado sin cesar? .. . ¡Hie- dos blancos y brillantes, parecían de frío mármol;
re! Moriré sin proferir una queja; pero por el amor su Í1rga cabellera ondeaba á m~rced del ~ien~o. La
de Dios, no me persigas más mostrándome esos de- aparecida entonaba con voz débil un cántico mdefidos suplicantes, pues bien sabes que no puedo co- nible canto de triunfo y de dolor á la vez. En aquel
gerlos. La maldita amatista me atravesó con su rayo mom~nto mi caballo se atemorizó; solté la brida y el
estribo, y cogíme al cuello del cuadrúpedo. Un insdiabólico ... ¡Me abrasa ... , me abrasa! ... »
La voz dejó de hablar, y de pronto vi salir á un tante después todo á mi alrededor se transformó cohombre de las tinieblas; franqueó rápidamente el mo en un sueño.
El bosque había desaparecido; en su lugar veíase
claro, y desapareció de nuevo en las profundidad!;!S de
los bosques contiguos. Durante un momento, al atra- una costa de aspect9 lúgubre, negra, escarp~da, convesar el espacio libre, entreví su rostro, que estaba tra la cual iban á estrellarse las embravecidas olas
vuelto hacia mí, y á la dudosa claridad del crepúscu- del mar. Yo no me cogía ya del cuello de mi cabalo parecióme de una blancura sobrenatural... Era el llo, sino de los restos de un buque destrozado por la
tempestad, mientras que á mi alrededor nadaban
semblante del Caballero enlutado,
A duras penas me·recobré del asombro producido desesperadamente multitud de blancos fantasmas
por aquella aparición. La luz no llegaba hasta mí que habían naufragado como yo Poseídos de ardiensino por algunos claros, y las sombras que el bosque tes deseos, de eqvidia, de amor y de cólera, luchiproyectaba eran tan densas á un lado y otro, que bamos en medio de las alborotadas y espumosas
apenas se podía distinguir á aquel hombre. Yo no le olas; pero el desencadenamiento de nuestras pasiohabía visto antes más que una vez, hacía cuatro nes era más violento aún que el de nuestra naturaleaños, y sin embargo, reconocí aquella figura en el za. A lo lejos, y á mucha altura, dominando aquella
momento de herir mi vista: verdad es que no era fá- hedionda escena, La Lorelei lo veía todo, sentada en
cil que la olvidara quien una sola vez siquiera la hu- su trono de piedra. Impasible y blanca, cantaba
siempre su extraña melopea. De vez en cuando fijábiese visto.
En ninguna parte encontré nunca al conde de Ro- base su mirada en la multitud de siniestros nadadoseneck durante mi perman,encia en París, y ni siquie- res; si uno de ellos se acercaba, contemplábale con
ra oí hablar de él. ¿Habría vivido en co~pleta reclu- ojos fríos é indiferentes, y entonces el náufrago, presa
sión ó acababa de llegar? De todos modos, ¿qué po- de un espasmo supremo, desaparecía en el torbellino
día hacer á semejante hora en aquel sitio solitario? de las olas sin proferir un grito. Después llegó mi
Cierto que yo también estaba, atraído por mi incli- turno, La Lorelei y se fijó en mí; pero en vez de atenación al reposo y las bellezas de aquella soledad rrarme con su mirada, esta pareció filtrar en mi cocampestre, á la que tan fácil me era trasladarme; pero razón un sentimiento de piedad y una ternura inaquella dolorosa reprensión de que yo había sido finita.
oyente involuntario, no fué proferida seguramente
«¡Oh, misteriosa desamparada!, exclamé, no me
por uno que va en busca de lo pintoresco. ¿Y á quién quejo de tu aislamiento, porque he adivinado s_u sese dirigía y por qué? ... Entonces recordé los rumo- creto; pero compadézcome de ti. Ya sé que esos desres que circulaban á bordo de La Lorelei sobre el graciados son víctimas de sus propias pasiones, y que
estado mental de la esposa del conde. ¿Sería posible no eres tú quien los hace morir. Te comprendo, y
que también éste fuera presa de alguna terrible alu- mi corazón te responde; tú eres la voz de nuestra
cinación? ... Fatigado al fin de aquellas conjeturas alma, la aspiración hacia lo ideal, sin cesar combatique no me permitían deducir nada en concreto, y no- do por las realidades de la vida, que comunican á tu
tando que el aire comenzaba á ser húmedo y frío, canto los asuntos dolorosos de un deseo siempre
me levanté para volver al pueblo. Entretanto, la no- abrasador y nunca satisfecho »
che había cerrado del todo; no era una noche cálida,
Sus hermosos ojos se dulcificaron, y vi brillar en
y sin embargo la atmósfera, muy pesada, parecía ha- ellos una lágrima; inclinóse hacia mí, me alargó su
berse cargado de electricidad. Monté á caballo para blanca mano ... , presenté la mía, y cogL.. ¿qué?
volver á mi casa algo apresuradamente porque ya era
No lo supe hasta algunos días después cúando cotarde y amenazaba la tempestad. Sin embargo, gran- mencé á reponerme de los efectos de mi caída del
de era mi preocupación, porque pensaba en los acon- caballo.
tecimientos de La Lore/ei, pues la curiosidad que en
Un cochero que volvía de Auteuil con su vehículo
mí excitaran en otro tiempo se reavivaba de pronto desocupado me encontró desvanecido en el camino,
con más fuerza que nunca por lo que acababa de oir. sin duda por haber chocado yo contra un árbol, pues
Comenzaba á soplar un viento muy penetrante, que tenía fuertes contusiones en la frente. Con el pie enlevantaba ante mí en el camino blancas columnas ganchado probablemente en el estribo, debía presude polvo, las cuales, arremolinándose una tras otra, mirse que el caballo me arrastró á varios metros de
parecíanme fantasmas. Yo las veía claramente, por- distancia, porque mis manos estaban laceradas y el
que era una de aquellas noches en que el cielo pare- pardesú destrozado. Por fortuna llevaba tarjetas en
ce más sombrío que la tierra, y el suelo proyectaba el bolsillo, y el cochero pudo saber así las señas de
como un resplandor opaco de color gris que no pro- mi casa.
venía de la luna ni de las estrellas. A lo largo del
Al desnudarme mi criado, encontró en mi mano
camino que mi caballo recorría á rienda suelta, ob- crispada un papel en parte roto, escrito con unos caservé esas formas blancas que pasaban rápidamente racteres que le fué imposible leer, y creyendo que
y agolpábanse hasta que parecían girar dentro de mi serían notas de interés científico le guardó.
cabeza; tan pronto corrían junto á mí como se adeApenas entrado en la convalecencia apresuróse á

�LA

172

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NÚMERO 481
NúMERO 481

entregármelo: la escritura era alemana; pero el papel
estaba tan roto y estrujado, que ya iba á tirarle con
la impaciencia del hombre enfermo, cuando mis ojos
se fijaron en estas palabras: «¡Mano fatal, completa
tu obra!»
Esto bastó para que concentrase toda mi atención,
y con grandes dificultapes conseguí recomponer las
frases siguientes, quedando algunas incompletas porque ciertas partes del papel habían desaparecido:
«¡Mano fatal, completa tu obra! ¡He aquí mi cuello; yo le ofrezco á tu mano vengadora!. .. ¡Y ... tú,
que para mí eras más que un hermano! ... ¿Qué espíritu diabólico te impulsó á pedir la muerte? ¿No había dado yo toda la dicha de mi corazón y la salvación de mi alma en gaje de ese anillo maldito? ...
» ... ¡Sí!; después, semejante á un romano á la voz
del augur, me lancé en medio de mortíferos combates, suplicando á los dioses que me concedieran la
muerte y me devolviesen á mi madre, la tierra ...
¡Todo fué en vano! ... ¡Inútilmente arrostraba el peligro en los picos del Cáucaso, bajo la tienda del beduíno y á traves de las furiosas tempestades del Báltico; siempre y en todas partes encontré la horrible
intervención de la mano! ... ¡Siempre y en todas partes tu formidable protección, inevitable mano de espectro!»
Aquí terminaba este rragmento, acerca de cuyo
autor no podía abrigar yo la menor duda ... ¿Qué misterioso agente había puesto-este papel entre mis manos? ... ¿La Casualidad? ... ¿No sería más bien el Destino? El Caballero enlutado debía haber seguido el
mismo camino que yo para volver desde Auteuil á
París, y tal vez no se hallaba lejos en el momento de
mi caída. El papel era evidentemente la hoja desprendida de un diario íntimo, y no tenía fecha. ¿La
habría escrito recientemente ó algunos años antes?
El triste momento de que formaba parte debía en
todo caso estar en su poder la noche en que yo le vi
cerca de la balsa de Auteuil. ¿Le habría dejado caer
sin saberlo, estrujándole y arrojándolo lejos de sí en
un paroxismo de disgusto, sin suponer que la obscuridad de la noche y el bosque solitario pudiesen revelar jamás el secreto que particularmente se les confiaba? Este pedazo de papel era lo que yo había
creído coger en el estado de vertiginosa angustia en
que me hallaba; y el papel, impulsado sin duda por
el viento, espantó á mi caballo al flotar delante
de él.
De este modo todo se explicaba: mi caída tuv0
por resultado una fuerte conmoción cerebral, y la visión que me acosó no fué sino consecuencia de ella.
En todo caso, aquel fragmento de diario que tan singularmente llegó á mi poder, revelaba las impresiones de un hombre sometido, según todas las apariencias, á las alucinaciones permanentes ó periódicas de
un carácter muy distinto del de aquella que me sobrecogió, no siendo posible atribuirlas ninguna causa
física análoga. Despertando en mí el más vivo interés, imprimieron una nueva dirección á mis estudios,
y desde entonces- consagré una solicitud particular
al examen de los fenómenos mentales, que ofrecen á
las investigaciones del fisiólogo el dominio oculto de
la psicología.
Por el mismo tiempo, poco más ó menos, concebí
el proyecto de escribir un tratado sobre las sensaciones subjetivas. La nota siguiente, redactada en aquella época, resume con bastante exactitud mis ideas
sobre aquella cuestión, y la transcribo aquí, no porque yo quiera atribuirle un valor cualquiera, sino
porque tiene una íntima relación con el drama que
me propongo referir.
APARICIONES Y ESPECTROS

«¿Qué se entiende por• apariciones y espectros?
¿Son ilusiones de la imaginación? Sí, seguramente, por
lo menos para nosotros, que no hemós conocido la
experiencia personal del espectro;... mas al visionario
que ve fantasmas, tan sólo podríais demostrarle una
cosa, y es que no veis lo que él ve. Para él la prueba
de la aparición es su aparición misma. Al Cogito ergo
sum del filósofo, añade-Agit ergo est; mas por lo pronto dejo á un lado todos esos fenómenos espectrales
que tienen por origen causas puramente físicas, como,
por ejemplo, «el perro negro del cardenal Crescentino,» etc ... Ocupémonos ahora tan sólo de las afecciones del espíritu, fijándonos, si queréis, en un criminal. La pasión que se ha posesionado del cerebro
de aquel hombre se convierte en sujatum. Supongamos que el asesinato sea necesario para realizar su
designio; la ocasión le pone el puñal en la mano, y
la víctima cae bajo sus golpes. El culpable despierta
entonces de su largo sueño de asesino con un cuchillo ensangrentado en la mano; antes del crimen le
ha impulsado, por decirlo así, la obsesión de sus visiones criminales, y después del delito estas mismas

reproducirán de continuo á sus ojos la escena sangrienta en que hizo las veces de verdugo; mas yo no
conozco ningún caso de un hombre que haya sido
perseguido siempre y periódicamente por espectros
que no tuvieran su origen en alguna acción conocida
ú oculta de su vida real.»
Esta nota sirvió de asunto para una obra publicada por mí mucho más tarde, que dió uno de los resultados más imprevistos, sin el cual no se habría escrito nunca este relato.

III
LA CASA DE LA CALLE DE HELDER

Desde aquel acontecimiento todas mis tentativas
para obtener alguna noticia exacta respecto al conde
de Roseneck no dieron resultado. Después de tornar
algunos informes en la embajada de Alemania y en
los principales hoteles, deduje que habría salido de
París, y pensé tanto menos en continuar mis investigaciones, cuanto que yo también debía marchar
pronto.
Cierta noche algunos jóvenes con quienes había
comido quisieron que les acompañase á una célebre
casa de juego, situada en la calle de Helder, y que
en aquella época era el punto de reunión de los parisienses viciosos. Al seguir á mis amigos cedí á un
impulso de pura curiosidad, pues nunca me cautivó
mucho el juego, y hasta creo que es la única pasión
que no tiene nada de elevado. Ninguna cosa de las
que entonces vi fué propia para hacerme cambiar de
parecer, y ya iba á retirarme con cierta impresión de
disgusto, cuando de pronto me detuve al oir algunas
palabras pronunciadas por uno de los jugadores que
rodeaban el tapete verde. «Es extraño, decía, quince
veces ha puesto ese caballero al encarnado y otras
tantas ha salido.»
Me deslicé, no sin trabajo, hasta la primera fila
para ver al jugador que con tan buena suerte apuntaba, excitando la envidia y la admiración de todos
los allí presentes: un montón de oro y varios fajos de
billetes de banco, colocados ante el individuo, indicáronme al punto quién era aquel favorito de la ciega fortuna.
Durante un momento permanecí inmóvil y estupefacto al reconocer en aquel personaje al conde de
Roseneck.
Y en el mismo instante su presencia me recordó,
de una manera casi trágica, todos los detalles de la
escena ocurrida á bordo de La Lorelei, pues noté en
su fisonomía esa misma calma, esa impasibilidad que
en otro tiempo contrastaban tan singularmente con
la agitación de las olas que á su alrededor mugían.
Otro banquero acababa de tomar los naipes; nadie
es tan supersticioso como los jugadores, y así es que
cuando se vió al conde dejar su puesta en el tapete
sin cambiar la elección del color, la gran mayoría de
los puntos puso su dinero al encarnado.
Entonces presencié una cosa extraña, increíble.
En el mismo instante en que el banquero abría la
boca para decir: «¡Está hecho el juego, no va más!,»
vi con toda claridad que el montón de oro y billetes
se alejaba automáticamente del conde, crueaba la
mesa y deteníase en el negro.
Todo cuanto yo pude observar en aquel movimiento de la p1:1esta fué una especie de centelleo muy
vivo, semejante á los visos producidos por una piedra preciosa, y que pasó como un relámpago sobre
la mesa. No podía explicarme el testimonio contradictorio de mis ojos; por un lado tenía la certidumbre material de que la puesta había cambiado de sitio, y por el otro estaba dispuesto á jurar que el conde, cuyos ademanes observaba yo con profunda atención, se había mantenido con los brazos cruzados
desde el instante en que le vi, sentado, inmóvil y sin
tomar al parecer el menor interés en el juego.
Sea lo que fuere, el extraño jugador había subyugado la suerte por la décimasexta vez, haciendo
saltar la banca; y lo que me pareció más asombroso
aún, es que ni los banqueros, cuya vista ejercitada
sabe estar en todas partes, ni los jugadores desgraciados' hicieron ninguna protesta sobre la validez de
aquella última jugada. ¿Era yo solo, pues, quien había observado aquel fantástico incidente? ...
De improviso prodújose cierta agitación entre los
concurrentes: los banqueros se levantaron presurosos, como poseídos de espanto; todo el mundo estaba de pie, y todas las miradas se fijaban en el gran
señor siciliano. Su rostro, pálido y sin color, parecía
contraído por las convulsiones íntimas de un terror
profundo; sus ojos se habían abierto desmesuradamente, y sus labios presentaban un color azul lívido.
Quiso levantarse, pero vaciló y cayó pesadamente
sobre la alfombra, donde permaneció inmóvil como

si estuviese muerto. Se le transportó á la habitación
contigua, á la cual le seguí en mi calidad de médico;
por fortuna llevaba mi estuche, y desnudando el brazo del conde practiquéle una sangría. Todos los concurrentes me habían seguido, pero yo les rogué que
se retirasen, pues no necesitaba ayuda, y permanecí
solo con el paciente.
Aunque pálidas aún, las mejillas recobraban poco
á poco su color natural, y la expresión de terror pintada en sus facciones había desaparecido ya, notándose ahora en todo su ser una especie de soltura que
le comunicaba la calma de un niño dormido. En
aquel instante podía leer en su semblante como en
un libro abierto, y adiviné, bajo sus nobleS' facciones,
ya marchitas, un pesar inmenso; pero cuanto más las
estudiaba, más respeto y compasión me inspiraba
aquel hombre. Todas las líneas de su rostro eran dolorosos y vivos testimonios de crueles padecimientos;
pero no se revelaba en ellas nada vil, bajo ni vulgar.
Un suspiro y un ligero estremecimiento de todos
los miembros advirtiéronme al fin que el conde recobraba todos sus sentidos, y entonces me separé de
él; pero un instante después tendió hacia mí su brazo libre, é hízome seña para que me acercara. Obedecí al punto, cogióme la mano, y fijó en mí una
mirada penetrante. Satisfecho sin duda del resultado
de su examen, sonrió con singular dulzura, y me
dijo:
- Creo, caballero, que esta no es la primera vez
que nos encontramos, y tengo el presentimiento de
que no será la última. No emplearé ciertas frases triviales y de buena política para dar á V. las gracias:
pero hágame el favor de acompañarme á mi casa, y
allí, si lo juzga necesario, podrá seguir dispensándome sus visitas. Ahora ya puedo andar sin dificultad.
Estreché su mano á mi vez, é inclinándome silen•
ciosamente fuí á pedir un coche. En la habitación
inmediata encontré al gerente de la casa de juego,
quien me detuvo con una pregunta,
- Dispense V., doctor, una sola palabra. ¿Y el dinero? ...
Por la puerta entornada el conde oyó esta pregunta; entró y dirigióse al gerente.
- Mucho siento, dijo, las molestias que acabo de
ocasionar involuntariamente. Este caballero ...
Interrumpióse para mirarme, y añadió:
- Dispense V., aún no sé cómo se llama.
Díjele mi nombte, saludóme y prosiguió:
- El señor de V... tendrá la bondad de ir á casa
de V. para disponer de la mitad de mis ganancias de
la manera que yo indique; ruégole que distribuya el
resto entre el personal de la casa en compensación
de la molestia que ha sufrido por mí.
El coche esperaba en la puerta, subí con el conde,
y durante todo el trayecto no pronunciamos una sola
palabra. Roseneck ocupaba en el arrabal de San
Germán una espaciosa habitación que, á pesar de
algunas objetos artísticos, parecía haber sido alquilada con todos los muebles. En el criado que nos
abrió reconocí al anciano servidor á quien había
visto ya á bordo de La Lorelei; díjele que su amo
acababa de sufrir una ligera crisis, y le dí algunas instrucciones para la noche. El viejo movió la
cabeza con expresión melancólica y oíle murmurar:
«¡Todavía, ... todavía!. .. ¡Señor, tened compasión de
nosotros!»
'
El desfallecimiento del conde era visible. Al separarme de él recomendéle el reposo, y me contestó
con una sonrisa llena de amarga ironía.
A la mañana siguiente fuí exacto á la cita que me
había dado. Introdujéronme en un gran salón, cuyas
ventanas daban al patio, y observé que en el aspecto
sombrío y severo de aquella estancia nada indicaba
la presen_cia ó la mano de una mujer. Por lo demás,
tuve tiempo de mirarlo todo á mi alrededor, pues el
conde no entró hasta al cabo de un rato. Cuando se
presentó no vi ya en toda su persona el menor vestigio de las excitaciones y fatigas de la víspera.
- Tiene V. á la vista, mi querido doctor, dijo,
una prueba viviente y lisonjera de su talento, y débole una noche tranquila y un sueño reparador; mas
por lo pronto hágame el favor de tomar asiento, y
sepa que me ha prestado un doble servicio. Asuntos
de la mayor urgencia, que se r~sentirían muy gravemente si los retardase, me obligan á marchar hoy, y
gracias á la solicitud de V. no tengo ya motivo alguno para temer los efectos de un viaje bastante largo.
Según le decía ayer, darle gracias por esto sería trivial; pero permítame, y con esto será mayor mi agradecimiento, dirigirle una súplica. Me avergüenza mucho el dinero que V. me vió ganar la noche última,
y sin embargo debo confesarle que no tomé el menor interés en aquel juego tan apasionado para los
demás concurrentes. Yo no soy jugador, y solamente
la curiosidad me condujo á la calle de Helder. Quise
ante todo pagar mi entrada con una humilde puesta,

'

'

LA

1 73

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

una estatua mutilada
por el tiempo. Nos
saludamos con cierta
confusión.
- Doctor, dijo al
fin, no vaya V. á figurarse que he buscado
esta entrevista para
volver á quedar en
falta con V.,como en
otra ocasión hice.
Cuando la casualidad
de un viaje le condujo á encontrarme por
primera vez, hace algunos años, la insistencia de su mirada
me produjo una impresión desagradable;
después, en dos circunstancias, V. fué
testigo involuntario é
imprevisto de escenas
en que pudo verme
entregado á extrañas
y profundas emociones, y entonces comprendí que no era solamente la casualidad
la que formaba así un
lazo entre personas
tan separadas por las
relaciones ordinarias
de la vida. Cuando
nos encontramos en
los salones de la calle
de Helder, conocía ya
¡demasiado tarde, ay
de mí!, su presencia
cerca de la balsa de
Auteuil en la noche
que yo creía hallarme
completamente solo.
Más tarde, en diversas épocas de mi vida, me sentí invenci. blemente atraído haciaV.; pero hasta aquí
me he resistido á dar
un paso, cuyo mal
éxito podía aniquilar
mi última esperanza,
y por lo tanto si me
ve V. esta noche en
su casa es porque la
fuerza que me impele
ha sido más poderosa
que mi voluntad. · Estas palabras, pro-·
nunciadas sin la menor apariencia de
emoción, turbáronme
profundamente; presentí que la solución
de aquel secreto que
con tanta ansiedad
deseaba descubrir se
iba á revelar de una
manera espontánea;
pero, cosa singular,
esta perspectiva, lejos
Algunos días desde complacerme, inspués de haber cumE:us ojos parecían seguirme á mí y á los espectros (Véase la pág. 171.)
pirábame una especie
plido las últimas órde repugnancia y de
denes del conde, salí
Cierta
noche
al
volver,
ya
tarde,
de
una
conrerenterror:
Uníase
á
la
vehemencia
de
mi deseo por codefinitivamente de París para regresar á Berlín, proponiéndome fijar aquí mi residencia permanente; cia celebrada con uno de mis colegas, mi criado me nocer el secreto, la mortificación de la duda y el
mas al cabo de dos años obtuve el título de catedrá• anunció que un desconocido esperaba en mi gabine- temor inexplicable que produce un mal presentitico de medicina en la Universidad de Breslau, Yrn~ te. ~ra ya más de media noche; peto el médico debe miento.
Para que el conde se hubiese decidido á dar seestablecí en esta capital. Mi ¡padre qu~so vivir en mi estar á todas horas dispuesto á servir á sus clientes.
Al entrar vi un anciano de elevada estatura y ya tnejante paso, era en realidad preciso que los torcompañía, y murió después de ver reali~adas sus más
queridas ilusiones al casarme con una Joven que ella encorvado; pero como en la habitación había P?Cª mentos de su alma hubiesen llegado á ser insoporhacía largo tiempo deseaba tomase por esposa. Esta luz no le reconocí hasta que habló. ¡Aquella ruma tables.
Esta idea me infundió vagas inquietudes sobre la
unión doblaba mi renta la cual había aumentado ya er; el conde de Roseneck, en otro tiempo tan gallardo
tan
vigoroso
y
tan
imponente!...
naturaleza
de las confidencias que se proponía hapor el continuo ejercici~ de mi profesión, de mod_o
En rigor conservaba un aspecto de dignidad me- cerme; era probable que se apelara á mí para emitir
que pude entonces consagrar mucho tiempo á mis
investigaciones favoritas, y dí mi prim:r paso en el lancólica, la del vencido; ·pero el abatimiento parecía un juicio que podía tener graves consecuencias _somundo literario y científico de Alemama ~?n un fo- haber surcado más las líneas de su boca; tenía en el bre la suerte de aquel infeliz, y faltábame resolución
lleto titulado: Teoría de las Apariciones, Vtstones, Es- rostro muchas arrugas, y su capello, aunque abun- para asumir irreflexivamente tan pesada responsabidante, era completamente blanco.
lidad.
pectros, etc.
Algunos hombres conservan el aspecto de la juEn su consecuencia, guardé silencio, pareciénEn aquel opúsculo había intercalado, desarrollándolas, algunas de las observaciones hechas durante ventud hasta el extremo límite de la edad madura; dome poco digno disimular mis preocupaciones con
mi permanencia en París; pero ¡ay de mí!, así_ como pero á menudo se da entonces el caso_ de ~ue el algunas palabras. triviales, que por otra parte no haotros muchos este folleto murió al nacer. Sm em- tiempo, como para vengarse de una res1stenc1a tan bían de sentar bien en tales momentos.
'
.
.
bargo, el creciente interés que mis trabaJOS m~ ms- larga á sus ataques, les hace caer de pronto en una
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
piraban hízome olvidar muy pronto el mal éxtto de decrepitud desproporcionada con el número de sus
años. Tal había sucedido con el conde, que parecía
(Continuará)
mi publicación.

y si dejé todo mi dinero en el tapete verde fué con el único
objeto de perderlo.
Ya sabe V. el resto de
la aventura.
Al pronunciar estas últimas palabras,
noté en sus labios un
temblor nervioso.
- Cuando V. me
dijo su nombre, continuó recordé haber' pronunciar
.
lo oído
por amigos de su famili a materna, con
quienes he tenido fugaces relaciones, y conozco, por lo tanto,
el noble objeto á que
ha consagrado su
existencia. Hágame
usted, pues, el favor
de aplicar la mitad de
mis ganancias de la
noche última al alivio
de miserias que mi
ligera ofrenda no podría socorrer sin la
bondadosa intervención de V., y en adelante ...
Yo iba á contestar,
pero contúvome con
un ademán, y prosiguió:
-En adelante,
cuando conozca usted un infortunio digno de interés, considéreme como su ban ·
quero; yo se lo suplico. Dos palabras de
usted, dirigidas á
Larnstein, cerca de
Breslau, informándome sobre aquellos á
quienes desea aliviar,
le permitirán hacer
por lo menos una persona feliz. Adiós; pre•siento que nos volveremos á ver, mas ignoro la causa, la época
y el punto de nuestra
futura entrevista.
Estas palabras me
parecieron una manera cortés de terminar
la visita; prometíle,
pues, satisfacer sus
deseos y retiréme.
De este modo la
solución de aquel
enigma, que durante
tanto tiempo me había preocupado, seguía siendo un misterio.

¡

�LA

1 74

SECCIÓN CIENTÍFICA
QUIMICA RECREATIVA

El agua es el resultado de la combustión del hidrógeno en el oxígeno, de suerte que es un protóxid o de hidrógeno, y se solidifica á una temperatura
que se ha tomado como cero en la mayor parte de

las escalas termométricas, pudiendo en tal
estado presentarse bajo la . forma de cristales.
¿Quién no admira las dentelladas líneas
y las extrañas figuras que aparecen dibujadas en los vidrios de las ventanas y balcones después de una noche fría de invierno?
Estas elegantes arborescencias están formadas por pequeños cristales prismáticos de
seis facetas ó de forma de estrellas de seis puntas
difíciles de distinguir á simple vista. También la escarcha se posa á menudo sobre las amarillentas hojas que el otoño ha arrancado, en forma de partículas estrelladas, cuya agrupación caprichosa ofrece
notable elegancia.
Si recogemos sobre un pedazo de cartón negro un
copo de nieve, veremos que éste no reviste una forma cualquiera, sino que está constituido por una porción de pequeños cristales, de los que también está
fo rmado el hielo, á pesar de su aspecto homogéneo.
Fácil es evidenciar este hecho cortando de un bloque
de hielo una laminilla muy delgada, en cuya imagen
proy.ectada sobre una pantalla blanca se advierten
gigantescos cristales estrellados de seis puntas
El lzielo e¡ plástico. - La presión rebaja el punto de
fusión del hielo. Esta ley, comprobada por los físicos
por medio de experimentos muy precisos, ha permitido á Tyndal explicar el movimiento de los ventisqueros y explica asimismo un curioso experimento
sumamente curioso debido á J. Thomson y que demuestra que el alambre con que los lonj istas cortan
la manteca no sirve para cortar el hielo.
E n efecto, tómese un pedazo de éste, colóquesele
entre dos sillas de modo que su parte central quede
en el aire y póngase atravesado en su parte superior
un alambre con piedras ó pesos en cada uno de sus
extremos: el alambre penetra en el hielo y muy pronto lo atraviesa de parte á parte, cayendo él y los pesos al suelo sin que el hielo se haya roto, y quedando
solamente indicado por un juego de luz particular el
camino por aquél recorrido.
Bajo la influencia de la presión, el hielo se ha derretido en los puntos que han estado en contacto
con el alambre; pero como esa fusión necesita calor
para realizarse, prodúcese un descenso de temperatura que congela encima del alambre el agua de la
fusión resultante en cuanto vuelve á estar bajo la
presión atmosférica, y poco á poco el hielo atraviesa
toda la masa derritiéndose el hielo debajo de él y
volviendo á congelarse encima.

ILUSTRACION ARTÍSTICA

formación flote sobre la superficie del agua, evitando
así la congelación total de los ríos y de los mares.
En el estado líquido, su mucho calor específico es
causa de la lentitud con que se calienta bajo la influencia del calor solar, á pesar de absorber la mayor
parte de éste; asimismo cede muy difícilmente el calor que ha recibido, merced á lo cual son los mares
un maravilloso regulador de la temperatura.
Otra propiedad muy notable del agua es su máximo de densidad, que se produce aproximadamente á
á la temperatura de 4 grados bajo cero: á esta temperatura una masa de agua ocupa el volumen mínimo; resultando de aquí que, estando helada la superficie de un río, el fondo del agua, á menos de que
sobrevengan fríos muy intensos, se mantiene siempre

EL AGUA. -

Análisis de un agua potable

:í una temperatura de unos 4 grados, insuficiente pa-

ra producir la congelación de la misma, circunstancia en extremo beneficiosa para los peces.
Esta propiedad permite darse fácilmente cuenta
de por qué no puede construirse un termómetro de
agua, aun suponiendo muy bajo su punto de solidificación.
Un termómetro es un cuerpo que por las variaciones de su volumen da las correspondientes variaciones de temperatura, y para que sea útil es preciso que
á un volumen dado del cuerpo termométrico corresponda siempre una temperatura dada. Pues bien: el
agua no satisface esta condición: en un termómetro
de agua, este líquido ocuparía á 9 grados, por ejemplo, cierto nivel que será más bajo á 7, 6, 5, y 4 grados; pero si la temperatura sigue descendiendo, el
agua, ámenos de 4 grados, aumenta de volumen; de
suerte que á 3 su nivel será sensiblemente el mismo
que á 5, á 2 se acercará al de 6, á I llegará al de 7, y
á o, antes de la congelación, se aproximará al nivel
de 8 grados. Resultaría, pues, incertidumbre para
todas las temperaturas comprendidas entre o y 9
grados, de modo que el tal termómetro, si bien aceptable para durante el rigor del verano, sería de todo
punto inútil en invierno.
Modo de saber si un agua es ó 110 potable: - Para
los usos índustriales y domésticos, tales como alimentación de generadores de vapor, jabonado, etc., la
mejor agua es la destilada; pero no sucede lo mismo
· en lo que atañe á la alimentación del hombre. El
agua, en efecto, debe ser un alimento. Si abrimos el
Anuario de las aguas de Francia, encontraremos en
él las siguientes líneas: «Un agua puede ser considerada buena y potable cuando es fresca, limpia,
inodora; cuando apenas tiene sabor no siendo desagradable, ni insípida, ni salada, ni dulce; cuando
contiene suficiente aire en disolución; cuando disuelve el jabón sin formar grumos, y cuando cuece bien
las legumbres.&gt;&gt;
¿Cómo saber si una agua es potable?
Si contiene exceso de cal adviértese esto fácilPor qué no puede construirse un termómetro de agua. mente; las legumbres se cuecen mal en ella porque
- El agua, desde el punto de vista de sus propieda- la cal coagula uno de sus principios, la legúmina, y
des físicas, presenta una porción de felices anomalías forma una costra que impide la cocción en el interior
que no parecen sino determinadas para el bienestar de aquéllas: además, disuelve mal el jabón, que fordel hombre.
ma en ella grumos, á consecuencia de la formación
En primer lugar, su considerable calor latente de de un jabón de cal insoluble. Cuando un agua ejerce
fusión permite que la nieve se derrita lentamente, con esta acción sobre el jabón, debe ser rechazada para
lo que se evita, al llegar la primavera, la excesiva todos los usos domésticos, para la alimentación en
frecuencia de las inundaciones.
primer término.
E n invierno, la transición del agua al estado de
La cal puede existir en el estado de sulfato ó de
hielo desprende calor suficiente para impedir un des- carbonato. Se conoce que un agua contiene exceso
censo demasiado rápido de temperatura; en la pri- de carbonato de cal en que se enturbia por la ebumavera, por el contrario, el hielo para derretirse ab- llición á consecuencia del desprendimiento del ácido
sorbe calor, lo que evita un aumento brusco en el carbónico, único que hacía soluble el carbonato. Por
calor del aire.
medio de una reacción colorada es fácil ver si hay
La escasa conductibilidad del agua sólida para el ca- exceso de bicarbonato.
lor nos evita todavía otros desastres; así, por ejemplo,
T ómese un poco de palo campeche, añádansele
la nieve que cubre los campos preserva con frecuen- algunos centímetros cúbicos de alcohol y decántese
cia la cosecha contra la helada. Esta misma propiedad, ·y se obtendrá un licor amarillo: si se añade á éste
unida á la ligereza del hielo, hace que éste desde su agua destilada ó de lluvia, el color amarillo persiste;

N úMERO 481
si el agua es potable, es decir, no contiene demasiado carbonato de cal, el licor tomará un tinte rosado
y finalmente si el agua tiene exceso de carbonato, el
color de aquél se volverá morado, como puede comprobarse echando en el licor de campeche agua de
Vichy, de Vals ó de Saint Galmier.
La cal'puede también estar en el agua en forma
de sulfato, y en tal caso el agua se denomina selenitosa. Reconócense los sulfatos echando en el agua
que se quiere probar algunas gotas de una solución
límpida de cloruro de bario: si hay sulfatos, se obtendrá un precipitado blanco y pesado, de sulfato de
barita, que se acumula rápidamente en el fondo; si
el agua sólo contiene indicios de aquéllos, tomará
simplemente un tinte turbio. Con las aguas de Sedlitz
y de Epsom, muy ricas ·en sulfatos, el precipitado
sería en extremo abundante.
También existen en las aguas algunos cloruros en
pequeña cantidad: para probar su presencia basta
verter en el agua unas gotas de una solución de nitrato de plata, con lo que aquélla se enturbiará ligeramente. Si hay exceso de cloruros se formará un
precipitado blanco cuajado de cloruro de plata. Este precipitado resulta mucho más abundante si se
hace el experimento con agua de Balaruc ó de Bourbon-1' Archambault y sobre todo con agua de mar.
Terminaremos este punto de las reacciones -indicando otras dos. La cal, cualquiera que sea su estado (carbonato, suffato ó cloruro), se reconoce por
medio de una disolución de oxalato de amoníaco,
con lo cual se forma un precipitado blanco de oxalato de cal, tanto más espeso cuanta mayor cantidad de
cal contiene el agua. Este precipitado es sumamente caprichoso y no siempre se produce en seguida,
por cual razón del hecho de que no se forme inmediatamente no debe deducirse que el agua está exenta
de cal, puesto que aquél aparece apenas se agita vivamente el agua del vaso con una espátula.
Por último, puede haber en el agua materias orgánicas y en este caso hay que abstenerse en absoluto de ella. Para conocer la presencia de tales materias se emplea un reactivo muy sensible, el permanganato de potasa, de un hermoso color morado.
Después de cuidadosamente diluído este reactivo
en agua destilada, se le adiciona una gota de ácido
sulfúrico y se le hace hervir con el agua que se quiere probar (véase el grabado): si desaparece el color
morado, es señal de que el agua contiene materias
orgánicas; si aquel color persiste, el agua es buena.
También puede calentarse el agua que se ha de
analizar con cloruro de oro: si el tinte amarillo se
vuelve rojo por transparencia y morado por refle~ión,
á consecuencia de un poco de oro pulverulento, el
agua es mala.
La práctica de estas pruepas, inútil en aquellas
ciudades en donde las aguas distribuídas á la población han sido cien veces analizadas, puede prestar
grandes servicios en el campo cuando hay que beber

NúMERO

481

1

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

peratura posible, en presencia de agua, se obtiene
un líquido que contiene dos veces más de oxígeno
que ésta: el bióxido de oxígeno ó agua oxigenada,
cuyas propiedades o~idantes_ le dan cada d~a mayor
importancia industnal, haciéndola necesaria, entre
otras cosas, para el blanqueo de la ~eda de las plumas de avestruz y para la restauración de cuadros
antiguos. Por la acción del ácido ~ulfhídrico que
distintas causas (alumbrado, calefacc1ón) desprenden
en las habitaciones, el carbonato de plomo ó alba-

J"arabe

yalde se transforma en sulfuro de pl?mo negro. y las
pinturas se ennegrecen: el agua oxigenada ?x1da el
sulfuro negro que se ha formado y lo conVIerte en
sulfato de plomo blanco.
.
Con el nombre poético de agua de las rubias, el
agua oxigenada más ó menos diluída sirve, de algunos años á esta parte, para otra clase de restauraciones.
F. FAIDEAU

(De La Science l//uslree)

LA LÁMPARA ELÉCTRICA DEL FOTÓGRAFO

Los aficionados á la fotografía saben cuánta importancia tiene el alumbrado de su laboratorio du·
rante el desarrollo de los clisés. Los aparatos de
cristal encarnado iluminados por una lámpara de petróleo dejan á menudo mucho que desear: el _humo
y las oscilaciones de las misma~ son un gr~ve inconveniente cuando se tiene el chsé sumergido en el
baño de desarrollo. M. Radignet, el hábil construc-

ENFERMEDADES

GARGANTA
y

Laroze

VOZ

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Desde hace mas de ,o años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastrltia, gastraljias, dol~~ee
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.
JARA.BE

BOCA

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

1t-

. PASTILLAS DE DETHAN

PATERSON
• BISIIUTBO IIAGNISIA

•&amp;I•

11.ecomendadu oonlra l01
de la Garganta,
ExtlnolonN 4e la Vos, lDfiamaotonN el• la
Booa. Eteotoe penuoloeoe elel Keroario, Irl•
taolou que procluoe el Tabaoo, J 1peeialmeole
i loo Sñn PREDICADORES, ilOGADOS.
PI\OFESORES y C&amp;NTOREB para facili\ar la
emiOloll ele la 'l'OS,-PllCIO : 12 I\J.u.11.

J
Recomendados eon\ra lu .l.teoolon. . del Eat6·
mago Falta de Apetito, Dlge■Uou. . labo•
no.u Aoeclw, Vómito■, Eruotoe, y Cólloo■;
regularls&amp;D lu FunoioDN dtl E■tól».8110 ~
da lo■ IJl,&amp;esUuos.
,
t !E,#flr • ti r11Mo I fl'III ~• I. FA YA lfO.
.I.IÍh. DETII.I.N, Fumaoen\loo • P.&amp;Bla'

Jl(IJ1g(r m " rotvlo • firma

a1Broniuro de Potasio

.l.dh. DETB.I.B, Farmaoeutloo en P.I.JIJ8

DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARSAS

ESTREÑXl'\1.1:XENTO

Es ,.1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades ~el coruon,

que

la epilepsia, histéria, migro.ña, halle de -~•-Vito, in.aoinnios, ooll•
T11.lsiones y tos de los nilios durante la denüc1on; en una palabra, toclaa
las afecciones nerviosas.

Fábrit.a, Espedicionea : J.-P. LAROZE
• Deposito en todas

75

.

.t

!, rne des Lions-Sl-Panl, 1 Pll'II.

I•• principales Boticas y Droguel'iu

1 00

11 Afecciu11e•
au consecuencia ·
\

CURACION

.

":

",t,i~

\\JU

VEBD!DilO d\\
el \4'1~1\.\% \\'Go\)1

t~~~

• Soberano remedio para rápida cÚra•
cion de las Afecciones del pecho,
, Catarros,Kal de garganta, Bronquitis, Reafrlado1, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

f.\.

1

\~~ 0\)\,,\ Oe 8ulfo
\,• 5
1trad1b/e 1 que

O1

seadm/nistra faoflmente

O El truco contiene una• 30 Dl&gt;•I•
PA Rl S, 6, A•"""' Victoria.y FarmaC\41,

I

GRANO DE LINO TARIN
Farmacéutico, place des Petits-Péres, 9, PARIS
P E,EPAR~CION

E:cijarse las

cajas de hoja delata
para combatir
•·
, ·
Una cucharada
con dxilo
por la manana
ESTRENIIIIIENTOS +
•
y otra por la tarde
COLICOS
~
_..l en la cuarta parte
I RRITACIONES
"-,r,; ••
de un vaeo
ENFERMEDADES En todat de agua 6 de leche
ESPECIAL

•• •

DEL HIGADO
lat
Y DE LA VEJ IGA farmadat

JARAB E v PASTA

C JA I 30
LA A : fR.

. de H. AUBERGIER

de 2000

(r,

coa· %.AO'rVCA!.l'aK (Jugo lechoso de Lechuga)

.Ap, oba dos por la A cademia de Medicina de Parf• _é insertado• en la Colección
Oficial de F órmula • Legale• por decreto m innterial de 1 O de Mar.ca de 1854.

u ,1 ;,epa rador d• la • ang
crobicida por exc elen cia.
w1 pro!o-lodllNI hllerro d6F . Gille
d4dol ffl ra&gt;dn ,u"' J)Mrua qu/mica,
ciad co,ul4ntll.
(Gac,14 d• fo, Bo1pltol&lt;1),
llera, PARIS. D1pósi!o en todu lu h rmael&amp;

e Una completa Jnnoculdad, una eficacia perfectamente comprobada en el Cataf'f'o
ept(temtco, las Bronqum&amp;. cataf'f'o&amp;, .Reumw, To1, a.rma é fmtacwn de la garganta, han
graogeado al J ARA'BE y PASTA do .AUBERGIER una inmensa fama.» .
..
(E:tracto del Formulario MUico ul S" Bo'"Aardal eat,(tr4tieo • 11 Fuvllad 4, M,4,ciH (t&amp;o edici611J.
v enta por mayor : coMAR T e•, u , cane de St-Claucle, PARI.S
,

DEPÓSITO EN LAS P~INCIPALES BOTICAS

CARNE HIERRO y QUINA

El Alimento maa Co:!wte llJlido a los 'l'óniooa mu reparadores.

En el tratamíento de fas Enferme- ,
dades del Pecho, recomiendan loa
Médicos espécialmente el empleo del

JARABE y de fa PASTA de
PIERRE LAMOUROUX
' Para evitar fas falsificaciones,
debera exig ir el Publico fa
Firma y Señas del Inventor:
Lámpara eléctrica para el desarrollo de los clisés fotognlficos

aguas de pozo: de éstas, unas pueden ser excelentes
y otras muy nocivas á consecuencia de la calidad de
los terrenos vecinos ó de las filtraciones que llevan á
ellas materias orgánicas.
El agua oxigenada. - Descomponiendo el bióxido
de bario por el ácido clorhídrico, á la más baja tem-

PIERRE LAMOUROUX, Farmc0
45, Rue Vauvilliers, PARIB

VINO FERRUGINOSO AROUD
e.,"
.,a:t,:=,:T:;~
=
==da
u

T CO!f 'TODOS LOS amCIPlOS tronlTIVOS l&gt;B
CAI\NB
C,.&amp;IID IIH:11110 '1. .lllll&amp;I Dles aflOI de atto CODUnaado 1118 &amp;1lrmaclO!lel de
tocJaa 1u ehi1u8DCIM Di6c1lcu preublD que
uoeiadon de la Cluae, el Mlern 111
oonaUtuye el r-epar&amp;4or maa enemoo que ae oonoce para co.rar : la Clof'dní, la
4olOrOI/JI, el ,l,npobrect9"tnto '1 lá J. ltef'tlefMI ,s, llJ Safl9r~
el
IICT'O/WOIIU 1 ucor&amp;utfe41, ele. &amp;l Tia•
dé
81 en' erecto e1 único que reune todo lo que en&amp;ona 1 tolialeoe loi Ol'PIIOI,
' ooordslla'1 aumenta oona14enl&gt;lemen&amp;e lU ftlenai 6 ID!w&gt;4e a la IIDll'f
y deliCOlortda : el Yl(Jor, la Colonlcfoft 11&amp; l'Mrgúl f/UM,

••fl'qlaa..

&amp;.re••

.._.,,or

,CVJ

•

III Paria

en cua de J. FBW, ranweutico, tOt, ne Richeliea. Saceaar a. AJLOUD.

im vmms SM TODAS L4S PIU1'CIP.U.U IIOTIQ.t.J

EXIJASE 11:= 1 ARDUO

•

E(lfermedadeSdalPecho

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX
Antu, Farmacéutico

•s, Calle Vauvtmera, Parla.

El Jarabe de Pierre Lamouroux es
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de las tisanas, á
las cuales comunica su gusto agradable y sus propiedades calmantes.
(Gaceta de los Hospltalea)

Dep6slto Genéral: 45, Calle Ymilllcr,, 45, PWS
Se rende en toda, laa buenaa farmaolu.

�LA

176

ILusTRACIÓN

ARTÍSTtcA

d e 1 desarrollo,
tor de aparatos
El reflector lleva
eléctricos ha inpara las operaventado uno inciones fotográfigeniosísimo pacas una lente
ra salvar tales dimovible de crisficultades: contal encarnado 6
siste en una pede cualquier
queña lámpara
otro color, que
de incandescenpuede suprimircia que brilla
se c uando se
dentro de un
quiere utilizar la
cristal rojo y que
lámpara para el
proporciona a 1
alumbrado ordifotógrafo la luz
nario.
conveniente pa·
Para servirse
ra sus operaciodel aparato, basnes. El aparato
ta bajar el trián(véase el grabagulo metálico
do) se compone
colocado en su
de un bocal que
parte superior,
contiene tres
con 1o que los
elementos al bicines se sumercromato, reunigen en el liquido
dos en tensión,
y se produce insque alimentan
tantáneamente
el foco de una
la luz: ésta se
lámpara incanextingue en el
descente de cinacto levantando
co volts. Estos
aquél. La intentres elementos
sidad del alumvacíos son los
brado puede reque se ven á la
gularse bajando
izquierda del
gradualmente el
grabado al lado
triángulo, pero
del conjunto del
hay que tener
sistema y puecuidado en no
den fácilmente
exagerar la inlimpiarse y llecandescencia de
narse de líquido.
la lámpara porLos cines que
ESTUDIO DE LA SRA. IIE RMION&amp; DE PREUSCHEN (Véase el artículo del n6m. 479.)
que podría romsirven á la pila
perse el filamenestán montados
de tal suerte que es muy fácil sustituirlos por otros
El reflector que encierra la lámpara eléctrica pue- to; esta precaución es más necesaria cuando el líquicuando están gastados: un sustentáculo central per- de m~verse alrededor del aparato y además gira so- do no ha servido todavía. M. Radignet ha bautizado
mite sumergirlos en el líquido para hacer funcionar la \ bre un eje que permite dirigirlo hacia abajo é ilumi- este aparato con el nombre de electrojotbjoro.
pila y retirarlos una vez terminada la operación.
minar de esta suerte la vasija que contiene el baflo
(De La Nalure)

Las oa.sa.s extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA dirija.nea para. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rtin,
núm. 61, París.-Las casas espa.ñolae pueden hacerlo en la. librería. de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, núm. 5, Barcelona.

CARNE y QUINA

ll Alimento mu reparador, llllido al '1'6Dico mu enm¡ico.

IADEL c11 .-

-

VINO· ARDUO CON QUINA

.L&amp;IT ANTÉPBtLIQUE

T CON TODOS LOS DINClPIOS mrramvos SOLtlBLBS DB L4 CABNE
c,.1a.n 1 911111.11 son los elementos que entran en la comooSidon de este J&gt;Otente
ftlpar~dor de las tuerzas niales, de este roniGeaase por eaeele■ela. De un gusto sumamente a¡rad.able, es soberano conua la ..tnemta y el Á1XJCQmtmto, en las Calentunu
1 Conval«enctas1 contra las Dta"ea, y las ..tf«cflma d.el Bltomaqo y los fntut,no,.
cu1ndo se &amp;tata de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
enriquecer la sangro, ent.ónar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,ocadlá por los calores, no se conoce nada superior al 't'hae de Qu_iaa de &amp;reutl.
.Por ma11or. en Parii!,,:D casa de J. FEW, Farmaceutlco, 10!, rue Richelieu. Saceaor deABOUD
9

VBNDB &amp;M TODAS LAS PIUNCIP.U.XS BoTIQ4&amp;

LECjHE ANTEFÉLI
,uRA

(1

MIUCLAOA CON AOUA, 0111,A

C&amp;S, LE!(T&amp;J.&amp;.S, TEZ .&amp;.SOLE4I&gt;.I.
S.lJ\POLLIDCis, TEZ 8.1.RROS.I.
.I.RRUG.1.S PRECOCES
.EFl'LORESCDClt.S
ROIECES

en-a el oO.Us \\

'

EXIJASE el ~ºa'r~ 1 ARDUO
· tilf.t9ADESdeIE8To,ti

\'+-'&lt;

--¾i--

r,fqo

as.
Rue
'livlenne

SIROPDoctr
dm fORGEJBBUIES.
Toux,
IIISOIINIES,
Crlles laneues

Pepsina Boudault

Lu

Aprobada por la füDEIU DE IEDlCl!U

PerUlu q11 Cfnom Ju

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

PILDORAS~~DEHAUT

M1dallu •• lu B1po,tclonu lnternaclonalu d•

mis
- LTOII
- mu - PIIILADELPIIU - P.lRlS
1867
187¡
l8l3
1876
tr.s
eo:. .,,oa
ti CKPLI&amp;.

lt.

,

t11TO 11' LAa

DISPEPSIAS
0\STRITIS - OASTRALOIA8
DIQ~STION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I OT&amp;OI DlllOl.l&gt;llUI DI LA DIOIITlOS

BAIO LA FORIIA. DE

ELIXI! , , de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PABIS, Pharmacie COLLAB18, rae DauphiDe
V "" '"' P'"'"cfnalt, farm1cia1.

DE PARIS

•

no ti_tubean en pDl'garse, cuando lo
nece11tan. No temen el asco ni el cau¡ancio, porque, contra lo que sucede con
~s demas purgantes, este no obra bien
smo cuando se toma con buenos alimentos

Querido enfermo. -F/ese Vd. Ami lart• experiencia,
y hll• UIO de nuestros aRANOSde SALUD, Pl.lel el/os
le curar4n de ,u conaltpac/on, le darán apetito y le
derolrer4n e/ sueño y la alegria. - As, mirá Vd.
muchos años, d11frut1ndo 11empre de una buena salud.

Y bebidas fortificantes, cual el vino, el c,ttf,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comldir gtte mas le convienen,
se17un sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga oca.stona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alímentacioaempleada,uno
se decide f4cilmente d volver
"'4 empe1ar cuantas veces
sea necesario,

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Ptldoras se emplean
e!!_pcclalmen te contra las llacrof'lllu, la
Tüh y la Debilidad de temperamento,
asl como en todos los casos(Páudoa colore•,
AD1enorrea, ••&gt;
, en los cuales es necesarlo
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, oya para
provoc.1r O regularizar su curso periódico.

~f'A~f)s Fmnareuuco, en Parls,
~Rue

Bonapa,te, 40

El loduro de hierro Impuro Oalterado
• • es un medicamento Infiel eIrritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad. de
las verdaderas Pftdora.. de lllatward,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde Y el Sello de garantla de la Unl6n do
loa Fabrloantea para larepres!On d.e la falsificación.

NB

SE R.lLLAN EN TODAS LAS ll'A.RMA.CIAS

~~~Je
h~ta lu RAIC1!8 el Yl!LLO del rv1tro de las •amu (Barba,
0

PITE
EPILATOIRE
U
SS
D
ER
-----------------------------

Blroie, etc.), 111

pehrro pan el cull.l. 110 Año■ de :á:dto,ymlllare. de tealillonlo1rarntlw lutud1
1'-.•=paracl
f, {Se "Dde en eaJ11, pua la barba, y en 1/2 a■J11 para el bl¡ott Uren)~
emp1..seel i'll.,J f'U81J;~ D'O'SBER, t , rueJ ••J ,-Rouuoau, parts,
01

,

Quedan reservado, loa derechos de propiedad artl1tica y litcnna

l.Mt.

DI fdOlfT.I..NII Y S1.1tó■

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46430">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46432">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46433">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46434">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46435">
              <text>481</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46436">
              <text> Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46437">
              <text>16</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46453">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46431">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 481, Marzo 16</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46438">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46439">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46440">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46441">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46442">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46443">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46444">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46445">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46446">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46447">
                <text>1891-03-16</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46448">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46449">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46450">
                <text>2011652</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46451">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46452">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46454">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46455">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46456">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7347">
        <name>Comedia de Echegaray</name>
      </tag>
      <tag tagId="7306">
        <name>Emilio Castelar</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7349">
        <name>Lámpara eléctrica</name>
      </tag>
      <tag tagId="7345">
        <name>Lord Lytton</name>
      </tag>
      <tag tagId="7348">
        <name>Química recreativa</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1763" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="641">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1763/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._482._Marzo._0002011659.ocr.pdf</src>
        <authentication>7337f80ef3592c083210433f15c6eb00</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73934">
                    <text>· ~trt~Ct@t)

11tí~t1ea
ARO X

BARCELONA 23 DE MARZO DE 1891

~ , - -- - - --

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA
SUMARIO
Texto. - festis en ferusalln, por Emilio Castelar. -Semana
Santa, por F. Moreno Godino. ,. Cregoria ( Episodio ejemplar) (continuación), po,r Matías Méndez Vellido. (En el número próximo se insertará la conclusión de este art!culo.)Ntmtros grabados. -El anillo de Amasis (continuación). Novela original de lord Lytton, ilustrada por A. Bernard, traducción de E. L. Verneuill. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Qu{mica
recreativa. El carbono. Fabricación doméstica del carbón. El
gas de agua. Filtración de las ag-tias, por F. 'Faideau. -Aplicación de la fuerza centrifuga á los análisis qu{micos industriales. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó
editores: Seis tipos aéreos. Brroe ensayo de onzitologla Jasional ameno y !mmoristico, por D. Juan Rivas Ortiz. - Za,-a·
goza arl{stica 111onu111e11tal é histórica, por A. y P. Gascón
de Gotor.

Graba.dos. - Las Santas Mujeres itmto al sepulcro cuadro
de Arpad Feszty (Exposición Artlstica Internacional de Mu-

nicb, r890Í.-Elol, Elof... , escultura de D. T omás Cardona. ( El grabado que representa esta excelente obra de arte
es el primer trabajo del joven y aventajado escultor tortosino que publica LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA,)- (¡Crttcif/·
cale!,&gt; cuadro de Carlos Verla!. -Santa :Maria Magdale·
na, cuadro de Guido Reoi, existente en la galería del principe de Licht!\llstein, en Viena. - En el templo, cuadro de Ernesto Zimmermann (ExJ?OSición Internacional de Munich,
1890). - cCkristus consolator,&gt; cuadro de E. Zimmermann. Hteyendo de la invasión de los hunos, cuadro de A. Delug. Tres grabados correspondientes á la Sección científica y que
representan los aparatos siguientes: Fig. r. Filtración del
agua - Fig. 2, Filtro-fuente para comedor. - Fig. 3. Filtroembudo para mesa. -Estwiio del pintor Carlos Guillenno
Diejenbach. (Para las referencias pertenecientes á este grabado, consúltese el articulo que con el ti!'Jlo de Estudios de
algunos célebres pintores se publicó en el núm. 479, correspondiente al día 2 del presente mes.)

•••

JESÚS EN JERUSALÉN
POR DON EMILIO CASTELAR

Lo querréis 6 no; pero el hijo del Hombre jamás
dejará de ser nuestro ejemplo sobre la tierra y nuestro ideal en la vida. Los tiempos que pasan, lejos de
disminuir, como preten'den algunos incrédulos, esa
indecible figura, la enaltecen y agrandan, acrecentán·
&lt;lose con los desarrollos de nuestro espíritu el fervor
que sugiere. Hanla formado las evaporaciones de
nuestras lágrimas, los latidos de nuestros dolores, los
relampagueos de nuestras tempestades, los misterios
de nuestra muerte, al mismo tiempo que las esperanzas en otro mundo superior á este valle de lágrimas;
con lo que, divina y al mismo tiempo humana, en sí
resume y compendia el universo material y moral,
el cielo y la tierra. Un escritor ilustre, perteneciente
á semítica raza, y por lo mismo incapacitado radical-

LAS SANTAS ~UJERES JUNTO AL SEPULCRO, cuadro de Arpad Feszty
(Exposición Internacional de Munich, 1890)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA .

NúMERO

482

mente de comprender la Trinidad, el Verbo, el Hijo civil. Los muros que la rodean, los varios y diversos tido por David á su pueblo. En las aras,··en los altade Dios, las ideas heleno-cristianas que componen circuitos que la componen, los pórticos innumerables res aquellos, amenazados por la palabra de Cristo,
como el fondo mismo de nuestra religión, se revuel- del extremo Norte, prestan á la ciudad un aspecto veía el sacerdote judío sobrepuestos y consagrados
ve contra la divinid_ad tradicional de Cristo y la pone hierático aumentado por ,el santuario, cuyas agujas por una tradición oral incesante, no sólo el sacro alal nivel de las apoteosis y divinizaciones decretadas de oro semejan corona 6 diadema·pérsica, como'las tar de Salomón y de David, relativamente modernos,
por los antiguos senadores á los romanos césares. que llevaban los colosos babilonios y egipcios, pues- aquellos otros en que Abraham quiso inmolar á su
¡Insensato! El patriciado siervo adoraba en los césa- ta sobre la frente de Jerusalén. Cerca del santuario, hijo Isaac, en que Noé ofreció su primer holocausto
res poder, fuerza, riqueza, fortuna, triunfos, glorias, más aparte del templo, domina todos aquellos patios al retirarse las aguas del diluvio, en que Abe! presenmientra¡; adoram◊-s en Cristo los cristianos el dolor, como una especie de gigante que los vigilara y cela- tó sus cándidas ofrendas, en que Adán inició tras el
el sacrificio, el martirio, el hol0causto, su pasión y se, un cubo enorme, colosal, compuesto de ciclópeos pecado su reconciliación religiosa con el mismo Dios
su muerte. Por eso, mientras los sensuales dioses de pedruscos, el G.ual cubo se llama la torre Antonia. que acababa justamente de castigarlo y herirlo. El
la Naturaleza desaparecen sumergidos en los' oleajes Murallas tras de murallas, fosos tras de fosos, alme- templo representaba para el judío su historia entera,
que traen las renovaciones del ser y de la vida; mien- nas por todas partes y sesenta torres parecen como sus héroes y sus mártires, sus patriarcas 'Y sus profetras los césares huyen á la irrupción bárbara que una guarnición distribuída para celar aquel templo, tas, el Dios revelado á Moisés en las zarzas del Oreb
subvierte, como un terremoto profundísimo, el suelo sospechoso, no solamente de suscitar sublevaciones y el Mesías prometido por Esdras y por Daniel en
europeo; mientras allá, en el Oriente, se petrifican políticas continuas, de suscitar también intensas tem- los cautiverios y en los destierros. A todo había oculos pontificados de la cas,ta y las liturgias del pan- pestades religiosas. Las puertas.áseméjanse mucho á 'rrido la previsión de los constructores, despertada
teísmo, á pesar de los timbres varios con que brilla- las puertas de nuestras ciudades feudales, por lo pro- por las tradiciones litúrgicas. No se podían contar
ban y de las fuerzas materiales que tenían, el Dios de fundas y por lo rematadas en fortines, desde los que sus atrios, no se podían abrazar sus columnas; de celos débiles, de los desheredados, de los tristes, de los pueden sus defensores en lo alto aplastar á cualquie- dro incrustados y esculpidos sus techos, de mármol
humildes, puesto en la Cruz, coronado de abrojos, ra que las golpee ó asedie. El Calvario, si hemos de blanco sus pilares, de piedras multicolores y clarísicon sus labios cárdenos, con sus miembros rígidos, creer á los eruditos en geografía palestina, encontrá- mas ágatas sus pavimentos, de bronce sus puertas,
en el estertor postrero de una horrible agonía, incli- base por aquel entonces en.t re la primera y la segun- de riquezas indecibles sus tesoros; una legión sus sanada su cabeza divina sobre aquel pécho herido, abre da muralla circunvaladoras de Jerusalén, espacio ris- crificadores, su altar una fortaleza; innumerables las
los brazos en las cumbres del universo, para que allí coso, donde ahora se veía un huerto de frutales en fuentes y.más innumerables todavía las víctimas; en
busquen su ideal todos los que creen, su consuelo que hallaban los habitantes recreo, ahora una caver- lo alto·el santuario dorado por dentro y fuera; una
todos los que lloran, su remedio todos los que pa'de- na de tierra gredosa en que hallaban sepultura los parra de oro en los alféizares, un velo babilónico en
cen y su esperanza todos los que mueren. No pue- muertos. Muchos arqueólogos eminentes concuerdan los. enverjados; la mesa de las proposiciones á un exde medirse cuánto fortalece, ¡cuánto!, el dolor, y cómo en señalar la entrada, conocida con el nombre de tremo, á otro el candelabro de los siete brazos, entre
vivifica la muerte. No puede compararse, no, el saber puerta de los Rebaños, como el sitio por donde pasó ambos el ara de los inciensos; por doquier los vacientífico de Aristóteles y la elocuencia sublime del Jesús para ir al jardín del Olivete, sabido escenario rios sacerdotes con sus túnicas de largas mangas, con
di vino Platón en mérito con la . sencilla y á veces de su prendimiento: Un valle profundo separaba la sus cinturones bordados, con sus turbantes multico·
tosca palabra de Sócrates. Y éste supera en la tradi- ciudad en que se veía el templo, de la ciudad que lores, algunos con sus tiaras semipersas, ofreciendo
ción á los otros dos. ¿Por qué tal superioridad? Por- se denominó inferior ó baja. La gran plaza de Xis- aquí las abluciones, allá los perfumes, más lejos las
que Aristóteles ha sabido escribir, Platón ha sabido tos, la mayor de Jerusalén, se dilataba en ese valle. lecturas; en otro sitio los holocaustos y en todas parhablar la ciencia; pero Sócrates, más humilde por su No hay en.la Jerusalén de aquel entonces dentro del tes el rito legado por cien generaciones y trascenpensamiento, menos industriado en los problemas muro jardines porque temen sus habitantes el hedor dente á tqdos los tiempos. Así el pueblo creía su
altísimos, ha sabido por la ciencia morir. Así Cristo, del estiércol, y no hay hornos porque temen sus ha- templo tan perdurable como su Dios. En vano le
porque ha sido el Hombre de la pasión y de la muer- bitantes á la sofocáción del humo. Las calles eran contaban las leyendas y tradiciones antiguas que un
te habrá de ser toda la vida el Dios de la esperanza estrechísimas y no se veían en ellas más medios de día el · construído por Salomón y preparado por Day de la inmortalidad. Por eso domina más .'desde. transportes que asnos y camellos, por desconocidos vid se derrumbó en aquel mismo sitio. No quería
Si6n donde muere, que desde Belén donde nace y los carruajes y raras las literas. Los templos eran in- pensarlo; antes bien aguardaba con viva fe y con seque desde Tiberiades donde predica. Y tened en numerables. Como el judaísmo á la sazón se dilatara gura esperanza el Mesías y el mesianismo. Aquel sa·
cuenta lo sublime de todo cuanto Jesús hace y dice mucho y hubiera en el mundo innumerables asocia- cerdocio, nacido con la tierra misma, preservado por
allá sobre la tierra de sus padres. En Galilea el mar ciones judías, cada escuela, 6 alejandrina, 6 sirenaica, Dios de las aguas del diluvio, en su ministerio de
de Tiberiades, donde verifica la pesca milagrosa; en 6 cilicia, se disputaba la satisfacQ.6n de tener allí una conservar la vieja idea tradicional no debía tener inGalilea el Tabor, que le sirve de peana para subir al representación. Lo más admirable y lo más rico de terrupción alguna. Los siglos se mellaban contra las
cielo; entre Galilea y Samaria el encuentro con la J erusa!én, por aquel entonces, era la mansión de su piedras del templo, mas no se resentía, no, sobre
samaritana, junto al brocal del pozo, en que apagaran rey Herodes. Graderías enormes la sustentaban como sus cimientos, tan sólidos como la columna sustenta·
eternamente las ideas su sed anhelosa de lo infinito; al rey el trono, jardines floridísimos la ceñían de dora de la tierra. Y sin embargo, Cristo dijo que se
bajo los techos de Galilea las bodas de Canaán, y bien olientes guirnaldas, estanques muy claros ali- desplomaría todo él, arruinándose y desapareciendo
sobre una montaña de Galilea el sermón sublime mentaban en sus patios y en sus florestas numerosas hasta sus fragmentos y sus rafees. No hacía un siglo
que ha promulgado en palabras divinas la eterna re- cisnes, ·et marfil y el oro y la púrpura se prodigaban que Pompeyo lo profanara y no debía transcurrir un
ligión del espíritu para toda la humanidad. Y sin allí como en los alcázares de Tiro; la pared que lo siglo antes de que la profecía del Salvador se cum·
embargo, Cristo no ha triunfado en Gaiilea; Cristo cercaba tenía trece metros de altura, la materia que pliera.
Mas para el materialismo judío, amenazar al Temha triunfado en Jerusalén. Fuera del portal donde lo componia era de mármoles y jaspes y ágatas, alnaciera, que obtiene del agradecimiento humaao un fombras asiáticas tapizaban el suelo y piedras precio- plo era tanto como amenar á Dios. Hoy mismo los
culto parecido á las escenas del Cedronials, el Cristo sas resplandecían en las incrustaciones del techo. israelitas, que han pasado en sus padres por veinte
de nuestras adoraciones será el Cristo de la cena Tal y tan extraordinario lujo Herodes ostentaba en siglos de humillaciones y acerbidades, empapan
pascual, el Cristo de la oración en el Huerto, el Cris· aquella sociedad generalmente considerada como todos ellos con sus lágrimas los pedruscos enormes
to de la calle de Amargura, el Cristo á quien olvida- centro de la maceración y de la penitencia. Dadas y las ciclópeas moles restantes del templo de Salora Pedro y vendiera Judas, el Cristo acusado por los las prescripeiones bíblicas respecto del agua y su em- món. Así es que los acusadores, concitados contra
reyes y maldecido por los sacerdotes, el Cristo de las pleo, el judío necesitaba mucha para sus abluciones, el Salvador, echábanle tres cosas en cara y le hadan
reo de tres capitalísimos crímenes: primero, anunciar
tres caídas, el Cristo de la crucifixión en lo alto de y así había innumerables albercas.
la
ruina del templo; segundo, presentarse cromo hijo
En
esta
ciudad
sólo
hacia
su
parte
oriental
hallasu Calvario, el Cristo de las siete palabras, el Cristo
de la sed horrible, de las llagas en manos y costado, ba el ánimo de sus habitantes algún recreo. El mon- del Señor y Mesías; tercero, creerse por descendiende la hiel en los labios y los abrojos en las sienes, el te de las Olivas, riscoso como todos aquellos alrede- te de Salomón y David rey del pueblo judío. El
Cristo de las agonías, el Cristo de la pasión y de la dores, ofrecía con sus ramajes alguna sombra y algún Sanedrín se unió á este movimiento de indignación
muerte. Como el poema de nuestra redención pasó solaz entre tantas breñas. El sitio de Getsemaní, popular. Los escribas, los fariseos, los ancianos conpor Judea, la tierra del Templo, y por Jerusalén, la como su nombre indica, era lo que nosotros llama- gregáronse para entender en el caso y condenar al
ciudad Santa, evoquemos en esta semana de reco- mos en lengua meridional una grande almazara, 6 sea culpado. Hacía de fiscal toda la población judaica y
gimiento la imagen de todos estos lugares, tal como un molino de aceite al aire libre. Allí sucedió el pren- hacía de juez todo el judaico sacerdocio. Las condise hallaban entonces, y evoquemos al par las cau- dimiento de Jesús, motivado por sus predicaciones. ciones del Sanedrín en la edad aquella de Cristo
sas ocasionales y determinantes de la muerte del Y entre tales predicaciones, la que más indignaba resultan especialísimas y muy dignas de maduro esSalvador, ignoradísimas de los má~, puesto que las contra Jesús á los judíos eran sus amenazas al tem- tudio. Como el Senado en Roma, este cuerpo sacerprimeras causas todos las sabemos: su intercesión plo. La tienda, el arca, el tabernáculo, el querub, el dotal, jurídico y legislador, tenía muchas facultades
por nosotros, y su sacrificio en aras de la redend6n sacrificio, la sangre de los cabritos y de los toros, en confusión é indeterminaciones increíbles. Acor·
universal. Veamos, pues, la Judea, la Jerusalén del aquello que formaba la vieja liturgia israelita, se con- des con la tradicional política de su eterna ciudad,
Cristo y las pasiones que se arremolinaron en torno tenía y encerraba en el templo levantado siglos atrás los romanos dejaban en una especie de federación
por Salomón y reconstruido en la edad misma del gigantesca gobernarse los pueblos á su guisa, con tal
de su figura santísima.
Las cordilleras dentadas, que llts albas del día y Evangelio por Herodes. Las colecciones del Talmud que les reconociesen suprema soberanía eminente y
los albores d~ la tarde coloraban allá en Tiberiades y las historias de J osefo nos hablan á una con admi- les pagasen el debido tributo. Así el Sanedt.ín judío
y Nazareth, hánse desvanecido aquí, sustituídas por ración idéntica de aquel extraordinario lugar. El his- gozaba de sus facultades políticas, de sus facaltades
torreones que lame un torrente cuasi de cenizas lla- toriador, que había viajado mucho, decláralo el más religiosas, de todo su poder, 'incluso el jurídico, en
mado el Cedrón, y que coronan las lanzas extranje- bello sitio esclarecido jamás por los resplandores del aquello que no se opusiese á la dominación romana
ras. Apriétanse los hogares unos á otros, levanta.dos día. Desde lo alto del jardín de las Olivas descubría- y al romano imperio. Esta grande asamblea litúrgica
en grande número sobre las colinas y parecidos en selo en su conjunto. Y aquel sitio escogió Jesús para podía, pues, perseguir y castigar á los criminales.
su forma de cubos blancos á cisternas desta&lt;4das en profetizar su ruina. Celebrando mucho el templo los Mas como en aquellos días, sobrexcitada la ira jucielo azul obscuro. Dos edificios gigantescos domi- discípulos, como solían todos los judíos, Jesús dijo: daica por la dominación extranjera, hubiese á cada
nan la ciudad; uno, que representa su ·fariseísmo es- «No quedará de tanta mole piedra sobre piedra.» paso revueltas no castigadas por el poder oficial, in·
trecho y riguroso, el templo de su dios Jehovah; Todo lo construído por Herodes cayó en cumpli- capacitado completamente de indisponerse con sus
otro, que representa la monarquía pagapa, el palacio miento de la divina palabra, y si quedan algunas correligionarios y compatriotas, el pretor ocurría d~
de su monarca Herodes. La suma de numerosos y cortinas ruinosas donde se hallan empotradas piedras suyo á las necesidades públicas, persiguiendo y castigrandes edificios que forma la Sinagoga, palacio, qne pareeen moles, ante las que todavía lloran los gando los desórdenes, aunque resultaran sus promo·
fortaleza, tabernáculo, santuario, compone como una hijos de Israel, estas ¡&gt;iedras enormes cual monta- vedores fieles al dogma bíblico y pertenecientes al
ciudad litúrgica junto á la cual desaparece la ciudad ñas pertenecían al viejo templo de Salomón, prome- pueblo judío. He aquí explicado el proceso de Jesús.

NúMERO

482

Los jueces y ancianos reuniéronse por
la noche, tras la sacra cena, y decretaron el apresamiento. Jesús, profundamente humano en toda su vida, lloró,
vaciló antes de resolverse al supremo
sacrificio; pero una vez resuelto, lo
abrazó y lo consumó sin vacilaciones
hasta el fin. Inútilmente los discípulos
y apóstoles dormían mientras los concitaba él á que vigilasen; inútilmente
Judas lo vendió por un puñado de
monedas; inútilmente lo negó Pedro;
inútilmente los fariseos rasgaron sus
vestiduras al oirle y le insultaron y escupieron tantos sayones como desataran para perseguirlo y prenderlo; penetrado Jesús de que su obra redentora se completaba y s~ perfecionaba
con aquel sacrificio suyo, lo aceptó
en conformidad con su divino ministerio, muriendo sereno y tranquilo
por todos nosotros. Está, pues, funda·
da la eterna religión del espíritu.
Notad todo lo que pasa cuando el
Redentor aparece. Los profetas callan,
los oráculos se pierden, los dioses huyen, la filosofía reemplaza á la religión; ábrense las puertas de Oriente;
los romanos con el instrumento de la
guerra universal pacifican el mundo·
la idea de Dios sale de Jerusalén com~
abandonando su patrio nido; la idea
humana se transforma en Alejandro y
se compenetra y confunde con la idea
divi~a en el sincretismo neoplatónico;
las cIUdades magas, hechiceras, como
Babilonia y Persípolis, arrojan de sí
los dioses, los disipan como una nube
de incienso en sus orgías; Grecia esculpe el cuerpo del hombre como preparando la naturaleza humana á una
apoteosis; Virgilio llama á las palorrlas
del Valle, á los arroyos, á las fuentes
á los floridos arbustos, á las colina~
cubiertas de lirios para que presencien
la renovación de la naturaleza, la primavera del espíritu; y allá, en un rincón de la Judea, misterioso niño sin
más escudo que el blanco cend~l de
su cuna, sin más arma que la invisible palabra escapada de sus labios,
congrega en torno de sí á los pastores,
á_ los esclavos, á la plebe tenida por
VII, á todo lo que era mofa, escarnio
del mundo; exalta su conciencia les
revela su_ ~spíritu, les declara ig~ales
á los patricios por su origen, superiores por su dolor y sus desgracias, y
muere en la cruz, en el igneminioso
patíbulo por donde había corrido eternamente la sangre maldecida de los es·
clavos; y al venir los que van verdaderame te á b . 1
paso en el mundo, los que con su martill n 1 a ~1r e
estad0 ,, il"
•
o pu venzan
, ,am ia, propiedad leyes todo 1
••
~uere~iba la levadura de ~odo 1~ nuevo o VIew para
ignominiosa es la salvación de Roro ' aque a cruz
aquella cruz ha muerto la esclavitud a,á porque ben
~a sentdido el ho11:bre. despertarse en 's~ se~~ sl~~a~~
a voz e su conciencia que le ha
y .desconocida libertad. He ahí poreve!ado su eter~a
diendo de considerar el cn·sti·a ~ qu ' aun prescm'd
·
nismo como yo lo
ins1 erf ~empre, ~orno una religión venida del cieytordeve la a por Dios, el Cristianismo es la armonía
de
as as grandes
· ·
fundamento I
oposi~10nes históricas y el eterno
moderna. ¿N/e:~;~~~~s~ de toda la civiliz~ci6n
1 encono de los partidos,
el em eñ0 d •
con laptea dee 1~1;rta ~s~~ela en presentar á Cristo
daza en la otra· á nq~1S1ción en una mano y la morpara bend . , Cnsto, que sólo abrió sus labios
"6
ecrr, que sólo tuvo corazón para amar que
mun para vencer 1
'
hacernos libres·
a muerte, que fué esclavo para
concie .
, los gérmenes arrojados en algunas
_ocias por esa filosofía mezquina que dominó á
F rancia en el s· 1
hijos del si lo ig o x~m, filosofía de que nosotros,
distante g xrxb, siglo d~ armonía, nos hallamos
.d s, pero so re todo, los grandes crímenes cometi os en nomb re de 1a re1·1g1ón
.
para envilecer á
1
osépdueblos, han borrado en muchas almas infelices
na I as'. no para ser pie
· d ras de los abismos·
.
ser soles,
d e 1os cielos· han b
d0 d , 1
. ' .
la fe
'. .
orra , ec1a, a noción cnstiana,
te so~~e esa div.ma creen_c½t; pero meditad un instandel
tan_sagrada rehgi6n y veréis cómo es el sol
ped -~~nsariento y de la historia; y si sois poetas
te i e ª ectos Y os dará una lira como la del Dan'.
~ un_ amor: tan puro, tan casto, tan divino como el
q e simboliza Beatrice cuando sentada en una estre-

f

LA

1 79

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

iLOf1 ELof.,, 1 escultura

de D. Tomás Cardona

lla á ~a puert~ d:1 Paraíso, abre al poeta la mansión
del cielo; Y s1 _sois filósofos, abismaos en sus profundos dogm~s, que han abierto al pensamiento humano los honzont~s de lo infinito; y si sois, como yo,
amantes de la libertad y del progreso, si deseáis que
todas
t dicc10nes
· ·
·
. . las con/ª
sociales
se resuelvan en
ivmas armoniaJ, que el ?erecho se encarne en todos
os hombres, que el último eslabón de la cadena
arrastrada tantos siglos por la humanidad se rompa,
que cese la guerra del hombre contra el hombre, y
se acaben todas 1as mJus
· · fici.as,
· Y empiece
·
·
el remado
d
santo
e
1
a
le
d
·
·
1
d
b
·
áC.
Y mna en e mun o, a razaos también
. n~to, que_ su divina palabra derramó en las conciencias
• . la idea de libertad Y en 1os corazones el
sentimiento de la fratern"dad
humana, Y·sus d"lVlnas
·
i
man.~s, tr~spasadas un píamente por el clavo de la
serVI um re, han roto la coyunda que pesaba sobre
nuestros padres·
"-- P1e beyos d e
.
, pues si nosot ros, ,us
ayer, los c~udadanos de hoy; nosotros que tenemos
po~ progenitores á los antiguos parias, á los esclavos
Y siervos_de la gleba, vivimos socialmente y respiramos en libertad y somos hombres, lo debemos á la
doble redención religiosa y social del Cristianismo.

f

SEM~NA SANT-A

I
.

.

.

El Niño_ anuncia?º por los profetas y por las sibilas, P?r 9men los cielos se harían resplandecientes y
ca~bi.ana )a. haz de la tierra. y los vallados se matizan~n de lmos y se teñiría de colores el vellón de las
oveJas Y se aplacaría el veneno de la serpiente y la

esperanza penetraría en el corazón del
mundo, nació en Belén entre la persecución del procónsul de Judea y la
adoración de reyes y pastores.
El Niño maravilloso, después de
confundir á los doctores y arrojar á los
mercaderes del templo, enunciando su
misión, que era fijar la ciencia y anatematizar el egoísmo, se ocultó como
una estrella tras una nube preñada de
fecundante riego. Nadie vi6 sus juegos
infantiles ni los albores de su juventud, nadie le encontró tejiendo danzas, ni formando ramos en la Pascua
de los ázimos, ni acechando á las doncellas que iban á llenar sus ánforas á
la fuente. Vivió esperando el instante
de su misión, como el río en su naci. miento espera el crecimiento de sus
aguas. Debió ser viril para imponerse
y para sufrir de lleno los dolores del
espíritu y de la carne, que completáran su sacrificio y que hubieran labrado menos en la inconsciencia de niño.
Vino de su Reino eterno abdicando
su soberanía, y al encarnarse se sometió á todos los sufrimientos, pruebas, tentaciones y desalientos de la
carne. Por eso, cuando arrastrado por
Luzbel á la cima del monte de Armenia, desde donde se descubría el universo, se le mostró el ángel malo todo
entero, sufrió la mayor tentación de
la humanidad: el orgullo. Vi6 los mares y los continentes: aquéllos brillantes_ y tendidos, y éstos pululando en
obJetos asombrosos. Vi6 á los monarcas de la tierra cubiertos unos con la
púrpura de Tiro y otros con las nevadas pieles de Moscovia, recibiendo las
adoraciones de millares de pueblos ó
elevados sobre el pavés al son de bélicas trompas. El deslumbrante panorama de los mundos con su variedad
infinita cruzó an~e los ojos del Cristo,
que pudo sondar iµejor que nadie sus
ocultas é inefables bellezas, puesto
que habíalas creado.
·
«Si me adoras, todo .eso será tuyo,»
le dijo el ángel rebelde.
Y viendo que el Cristo continuaba
silencioso, prosiguió diciendo:
' «En medio de esos inmensos países
elevaré el trono de tu gloria. Los reyes
vendrán desde las regiones en donde
sopla cada viento para rendirte homenaje; sus caballos y sus camellos cargados de riquezas para ti, estre~ecerán la tierra. Si quieres exterminarlos
yo te daré el broquel de fuego y la
espada victoriosa. Habla. ¿Quieres
adorarme?» Así concluía Luzbel.
El Cristo pálido con la nube del pecado quería
alzar los oj~s al cielo y no podía separarl~s de la
tierra. Fascinado como el ave por la mirada magnética de la serpiente hinchado de emoción su pecho1
' por todo su ser como un raudal
el orgullo serpenteaba
entre peñascos movidos de un terremoto. Hubiera
podido desvanecer aquella visión tentadora y decir
al eterno réprobo: «¿A qué me ofreces lo que es
mío? 1·Vuelve maldito al fuego inextinguible'» Pero
' Dios ' hubiera deJ·ado de ser hombre
·
entonces, siendo
'
y el misterio de la Pasión no habría llegado á su'
complemento No· quería luchar como hombre y
· · '
· del orgullo' y
luchó sobreponiéndose
á la tentación
·
'
cerrando los OJOS despeñ6se de la montaña para como el alud hacerse más grande en la caída ¡Oh! Esta
prueba fué más terrible que la del Monte de las Olivas; pues el temor á la muerte no es tan doloroso como
el temor al pecado.
·

I

II
Vedle: recorre los campos, no como las mentidas
deidades, para lúbricas empresas; no como Brahma
en_ ost~nt~sas encarnaciones, sino humilde, casto, sobno, medio desnudo. Predica la Buena-Nueva, no
como Buda y Confucio en aparatosos estrados, 6
como Sócrates perfumado por sus discípulos, sino
expuesto á los huracanes de Judea y al ardiente sol
d~ Palestina. Se hiere los pies en los abrojos del camm_o para aeercars_e al esclavo que rompe la gleba y
decirle: «Tú eres igual á tu señor. Sufre y trabaja,
para ser consolado.» Traspone los umbrales del poderoso yara advertirle: «Obra bien con los pobres y
ten cmdado, porque es más difícil que un rico se

�180

salve, que el que penetre un camello por el ojo de
una aguja.)) Acoge en su seno á la adúltera que van á
lapidar, diciendo: «El que se sienta sin culpa, que
arroje la primera piedra.» Se deja enjugar los pies

•

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

482

por Magdalena arrepentida, para probar que la hu- ignorantes, que en la sucesión del tiempo asombramildad es la piscina que lava todos los pecados. Por rán á los Efesios, á los Corintios y á todos los pueeso entre las gentes que le siguen en tropel pendien- blos de la tierra.
«Maestro, le dicen sus discípulos, ¿dónde nos retes de su labio, él escoge doce de los más humildes é

velarás el verbo de tu doctrina?» Y el Cristo contesIII
muertos; y en resolución, hace tales cosas, que pareta señalando á la eminencia del Gólgota, que se
ce superior á los hijos de los hombres.»
descubre entre las neblinas de la tarde: «Allí.»
«¿Quién es ese hombre que se titula Rey de los
Y el Senado, admirado, está á punto de darle caPorque no ha querido perder la presciencia de judíos?,» pregunta el Senado romano al procónsul bida entre los dioses del Panteón.
Dios, para sufrir más como hombre. Los que con- de Judea.
Pero entonces no se colmarían las Escrituras. No,
mueven el mundo con su doctrina 6 con sus armas,
Y el procónsul responde:
Jesús debe morir para ser Cristo y crucificado. Debe
no saben el porvenir que les aguarda; si triunfantes,
«Es un hombre de maravillosa virtud y hermosura padecer en espíritu y carne como padece la humani•
creen que su triunfo durará siempre; si vencidos, es- llamado Jesús Nazareno.
dad; debe vencerse á sí mismo, que es la mayor vic·
peran levantarse otra vez; pero el Cristo, el Hombre•¡ »Es grave, de vida ejemplar y de aspecto majes- toria; debe pedir á su padre, que es como pedirse á
Dios, lee en lo futuro para que sea su Pasión antes tuoso. Predica una doctrina purísima que embelesa sí propio, que aparte de él el cáliz de amargura.
que su sacrificio.
á las gentes. Cura á los enfermos y resucita á los . Por eso Prudhome, el libre pensador, dice: «Que

SANTA MARÍA ~AGDALENA, cuadro de Guido Reni existente en la galería del príncipe de Lichtenstein, en Viena

��«CHRISTUS CONSOLATOR,, cuadro de E. Zimmermann
HUYENDO DE LA INVASIÓN DE LOS HUNOS, cuadro de A. Delug

�186

L A I LUSTRACIÓN ARTISTICA

de cuyas ventanas salían grandes llamas ó volcanes
de tupido humo. Llamaba poderosamente mi atención ver á ratos los hombres del casco pasar encorbados sobre el tejado, teniendo á sus pies aquella inmensa hoguera. En otras ventanas hombres de aspecto denodado descolgaban con gruesas cuerdas
muebles y enseres del colegio. Se percibía á ratos la
corneta entre aquel bullicio; las campanas de la ciudad sonaban á lo lejos. Una bomba colocada en el
centro del patio df'spedía á gran altura agua cogida de la fuente: yo pensaba en los hermosos peces á
quien la tarde antes habíamos estado echando migas
de pan. De tiempo en tiempo se oía galopar de caballos y ruidos ensordecedores de carruajes, llegando
al poco rato, donde estábamos recogidas las niñas,
las familias de algunas que habitaban en la ciudad.
Las madres les salían al encuentro anticipándose á
sus preguntas y señalando al lugar que ocupábamos;
después lágrimas, caricias, inmensas efusiones del
filial afecto hallando el tesoro que se juzgó perdido.
En medio de todo esto, no pude menos de notar
entre aquella escena de desolación el aspecto de la
directora trémula y desencajada cuando á breves intervalos se acercaba al grupo numeroso &lt;¡ue formábamos las niñas y las personas que· iban llegando.
Nos miraba una á una, tocaba nuestras cabezas, nos
miraca á la cara, y luego volvía á sus continuas idas
y venidas. El fuego seguía amenazador; cada una de
las ventanas de la nave alta que nos servía de dormitorio vomitaba revueltas llamas. La armadura del
tejado comenzaba á hundirse á trechos, sucediendo
al ruido de las maderas y las tejas, cuya fila uniforme veíamos disminuir, por el pronto humo denso y
trechos de obscuridad, que á los pocos instantes
convertíanse en inmensa hoguera de rojizos y entrelazados fuegos.
Había en ~l colegio desde hacía mucho tiempo,
según afirmaban las colegialas de más edad, una pobre anciana decrépita y casi ciega. Sus antiguos servicios cerca de las madres habían amparado su vejez.
Veíamosla de tarde en tarde aprovechar los tibios ~ayos del sol de invierno, sentada en una silla baja de
enea, reforzada en el asiento por un remiendo de
paño cosido con hilo de cáñamo. Nunca la dejaba
de la mano al buscar con tardos pasos los rincones
más apartados del jardín ó del patio, aprovechando
la luz solar. Noté alguna vez que distraída ó dormitando quedaba envuelta en la penumbra de los árboles; entonces alzaba la cabeza mirando al cielo, y
con los ojos dulcemente cerrados cogía su silla y
avanzaba pausadamente, hasta estar bañada por el
sol; así lo andaba todo. Siempre traía entre manos
labor de medias, y de continuo movía los labios besando la señal de la cruz en sus dedos huesosos y
arrugados. Casi nunca llegábamos á ella porque nada teníamos que decirla; si alguna vez al pasar á su
lado la preguntábamos cómo estaba, no solía contestar ni interrumpir el movimiento de sus labios; extendía sus manos hacia la que la interrogaba y cogiéndola de las manos se las besaba respetuosamente. Todas la queríamos, en suma, y nada más. ¡Era
tan anciana y estaba siempre tan triste y recogida!
Gregoria era la encargada de la asistencia de esta
buena mujer, que se llamaba Francisca, cuando efec•
to de sus penosas dolencias se veía obligada á guardar cama. Algunas noches en horas avanzadas recordaba entre sueños haber visto subir á Gregoria
por una estrecha escalera de madera, que desde uno
de los ángulos de la sala dormitorio daba entrada á
los desvanes de la casa, en los cuales en dos pequeñas habitaciones con vista al patio, por ventanas de
medio punto, dormían Francisca la ciega y Gregoria.
MATIAS MÉNDEZ VELLIDO

( Co11cluirá)

NUESTROS GRABADOS
Las santas mu.ieres junto al sepulcro, cuadro de Arpad Feszty. (Exposición Internacional de
Munich. 1890. )-Las que pose!das de inextinguible fe habían
seguido al Señor á Galilea y presenciado, llenas de dolor acer·
bo, su ascensión al Calvario, no quisieron dejar de venerarle
después de muerto, y fueron á depositar ungüentos y aromas
sobre el sepulcro en que José de Arimatea había encerrado el
cadáver de Jesús.
Este episodio de la Pasi6n ha servido de tema á Arpad
Feszty para un cuadro que, si bien no se ajusta á la narración
blblica, según la cual las Santas Mujeres hallaron re,ruelta la
losa que cubrla la tumba y no encontraron en ésta el cuerpo
del Salvador, impresiona por el sentimiento á impulsos del
cual el artista trazó cuatro figuras interesantísimas y un paisa•
je triste, apenas alegrado por unas blancas florecillas é ilumina•
do por los primeros resplandores de la mañana, tristaza en perfecta armonía con la escena representada.
Todo nos parece hermoso en este lienzo, pero indudable·
mente quiso el pintor, y lo consiguió, que la atención se fijara
en la Magdalena que, apoyada la frente en la losa sepulctal Y'

LA I L UST RACI ÓN A RT ÍSTICA

medio oculto el rostro entre la ondulaba cabellera, deja adivinar por lo poco que de éste se ve y por la actitud de la figura
la desesperación de que su alma es presa, los sollozos que su
corazón exhala y las lágrimas en que se arrasan sus ojos.

que no permite confundirlos con los de otros pietores: son tipos
de mujerei hermosas de lánguida expresión y extática mirada
llenas de sentimiento y encarnadas en formas cuya purez~
y amplitud de líneas recuerdan las que produjo la escultura
clásica.
•
La Sattta lffarla Magdalena que reproducimos es una de las
más bellas y celebradas creaciones del afamado pintor, y aun•
Eloí, Eloí..., escultura de D. Tomás Cardona. que el grabado no puede dar idea de la finura del colorido que
- La ciudad de Tortosa puede con razón envanecerse de ser á los lienzos de Guido Reni caracteriza, es suficiente para propatria de numerosos cuanto célebres artistas: Casanovas, Que- bar la incomparable gracia con que éste concebía y la corree•
rol, Marqués, Alcoverro, Ferrer y algunos más, hijos son de la ci6n irreprochable con que dibujaba.
antigua Dertosa y en aquella espléndida campiña que el Ebro
baña sintieron todos ellos las primeras inspiraciones artislicas
••
que aada come la oontemplación de una natu,aleza hermosa
logra despertar.
En el templo, cuadro de E. Zimmermann.
A la lista que dejamos apuntada podemos añadir el nombre (Exposición InteFnacional de Munich 1890 ) - Privilegio de los
de Cardona, que hoy por vez primera honra las columnas de LA buenos artistas es, no sólo hallar hermosos temas en los gran•
I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA. La obra que de él reproducimos y des hechos, sino también C&lt;lmunicar interés á sucesos pocon1e•
en la que se advierte tanta valentía en la composición como nos que insignificantes en los que no paramos mientes á pesar
vigor en el modelado, es una combinación felicísi111a del realis• de presenciarlos á diario, ó quizás por la misma frecuencia con
moque tan bien se aviene con la escultura y del idealismo que quelos vemos Tal ha hecho Zimmermann con la escena que
nunca sienta mal en las bellas artes y que cabe calificar de con- reproduce. ¿Quién no habrá visto cien veces en el templo un
dición primordial en asuntos como el que ha tratado nuestro grupo análogo al que en su lienzo nos presenta? Y sin empaisano; estas dos tendencias á primera vista antitéticas, apa• bargo, ¡cuán pocos habrán sentido solicitada por él, no ya su
recen en aquélla en tan justas proporciones reunidas y en tan atención, sino ni siquiera su curiosidad! Pero el pintor ha desarmónico conjunto enlazadas, que ni la sublime expresión del cubierto en él bellezas por la generalidad inadvertidas, y con la
rostro borra de la mente la idea del Hombre, ni la admirable fuerza de su genio y los recursos que su arte le presta ha sanaturalidad del cuerpo es bastante para debilitar en el corazón bido hacer admirar la copia de aquello mismo que visto del
la creencia en el Dios. Lo divino y lo humano, la doble natu• natural era mirado con indiferencia.
raleza de Cristo, sin la cual no se comprendería la magnitud . Cuando un artista consigue este resultado, cuando para caude la obra de la redención, revélanse clara y elocuentemente llvar y hacer se'nlir no necesita apelar á efecto.; de éxito seguen la escultura de Cardona que, además, refleja los sentimien· ro, ya por la importancia del asunto, ya por lo atrevido de la
tos del Crucificado al exclamar puesto en el divino leño y á composición, bien puede decirse que ha alcanzado un verdadepunto de dar el postrer suspiro: Elol, Elol, lamma saóactkani, ro triunfo, y as! lo estimaron el público y la critica respecto
¡Dies mio, Dios mio! ¿por qué me has abandonado?
del autor de En d templo durante la última Exposición Artls·
Tomás Cardona es muy joven; ha recibido en Madrid lec• tica Internacional de Munich .
ciones de Suñol, obtuvo un premio en Valencia por un busto
del marqués ele Campo y reside actualmente en su ciudad na•
••
tal. Dotado de poderosos alientos, desea acometer grandes cm•
Christus consolator, cuadro de E . Zimmerpresas y llegar á ser algo.
No pretendemos actuar de profetas, pero nos parece que m~n11:, - La pintura religiosa, que en tiempos fué el manantial
por el camino que sigue ha de ver colmados sus deseos, que casi úmco en donde bebieron sus inspiraciones los más eximios
por donde él, y aun con menos fortuna algunos, empezaron artistas, ha ido poco á poco perdiendo la hegemonía que, por
los que en el mundo del arte han dado cima á empresas mag· decirlo así, ejercía en el mundo del arte, hasta el punto de que
hoy, sea por sobra de materialismo en los tiempos que corremos,
nas y llegado á ser mucho.
sea por falta en los pintores del sentimiento de la fe que tan
prodigiosas creaciones hiciera brotar de los pinceles de Dona•
•
••
tel10, Fra Angelico, Reni, Rafael, Murillo y tantos otros, se
¡Cruciifoalel, cuadro de Carlos Verlat.-No hay halla, por punto general, reducida á la condkión de una de las
para qué narrar la escena representada en el cuadro que repro• ramas menos atendidas del arte pictórico.
&lt;lucimos. ¿Quién no la conoce?
Hay, sin embargo, todavía grandes artistas que en ella soLos presuntuosos escribas, los hipócritas fariseos, los prín- bresalen: díganlo si no los Muncakzy, Kaulbach, Defregger,
cipes de los sacerdotes, todos cuantos en las puras doctri• Max, Bouguereau, Delug, Keller, Liska, Verlat, y en España
nas de Cristo velan la inminente ruina de su poderlo, el terri- los que cubrieron de inestimables joyas los muros de San Franble anatema de sus vicios, el dique infranqueable á sus concu• cisco el Grande.
El pintor alemán Zimmermann ~rtenece á esta clase y no
piscencias, la destrucción lógica de las antiguas leyes en que
sus egolsmos y sus hipocreslas se amparaban, no podlan mos· es de los que menos se han distinguido en el género religioso.
trarse clementes con el que tal revolución en los órdenes SO· Su Ckn'stus co1tS{)/alor que figu ró en la Exposición Internaciocial y religioso propagaba, predicando unas idea¡ de amor y nal de Munich de 1888 y en la de Berlln de 1889, merecióuná•
de igualdad que al asentar los cimientos del reino de la jus· nimes elogios. Su composición es en extremo simpática: sin re•
ticia daba en tierra con el frágil edificio de su autoridad y de producir ningún episodio determinado de la vida de Jesús, nos
sus privilegios
muestra como fuente de todo consuelo al Salvador, cuya sola
Y el pueblo ignorante, ¡pobre pueblo!, ¿qué habla de ha· presencia mitiga el dolor de los afligidos y convierte su abati·
cer cuando aquellos á quienes estaba acostumbrado á conside• miento en res~nación y esperanza, mágicos amuletos que con·
rar y á obedecer como á los más sabios, á los más ilustres y á los fortan al débil y desamparado y le ayudan á llevar la pesada
más poderosos, pedían á voces la muerte del que vino al mundo cruz en el calvario de la vida, al término del cual halla el po·
para redimirle de la servidumbre en ~ue vivía y á quien con bre la recompensa de la eterna bienaventuranza.
·
palmas y aclamaciones recibiera unos d1as antes, ¿qué habla de
•
hacer - decimos - más que gritar como los otros y por ellos ins•
tigado: ¡ Cruciffcale, aruciflcale!, mientras exigia á Pilato la li•
bertad de Barrabás?
Huyendo de la. invasión de los hunos, cuaEn el número 412 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, al ha• dro de Alois Delug. - Quizás peca este cuadro de cierta
blar del pintor Verlat, dijimos algo acerca del viaje que hizo á vaguedad que impide á primera vista determinar concretamen•
Palestina y á Egipto para poder pintar con más exactitud y tamente el asunto que quiso tratar el pintor, y quizás también
mejor conocimiento de causa los pasajes más salientes de la aparecen en él reminiscencias demasiado claras de otras obras
vida de J esÚi; á la colecci6n fruto de aquella excursión artls- del mismo artista; pero á pesar de estos que nos parece excesi•
tica pertenece el cuadro que nos ocupa. Cuanto én alabanza vo rigorismo llamar defectos, la obra de Delug es digna del
de éste dijéramos serla poco: la idea en que está inspirado no afamado pincel que tantas maravillas ha preducido en la pin•
puede ser más grande, como ejemplo que es de los crlmenes y tura religiosa y en la histórica. Admirablemente concebidas y
de las injusticias á que puede conducir el fanatismo guiado por ejecutadas las figuras, hábil y artlsticamente dispuestos los
las pasiones egoístas; el contraste entre el ladrón y asesino lle- grupos, con maestría tratado el lugar de la e,cena, llena de in•
vado en triunfo y el Justo, el Dios, escarnecido, insultado y terés dramático la situación, reune el cuadro todas IM condi•
condenado á muerte por la iracunda multitud, es tan vigoroso ciones que en punto á expresión, naturalidad y corrección puecomo elocuente; y en punto á ejecución, dificil habría de ser de apetecer el más exigente, y de fijo no habrá quien al con•
hallar expresión más adecuada á las malas pasiones y perver• templarlo no experimente la emoción profunda que el autor
sos instintos que de tan diversos modos se reflejan en los sem· se propuso hacer sentir en presencia de este episodio de la te•
hiantes, ni mayor energía en la presentación de actitudes, cuya rrible invasión de los bárbaros acaudillados por aquel que se
ferocidad no son bastantes á desarmar la resignación y la bon- denominaba á si mismo azote de Dios y que se vana~loriaba de
dad divinas que tan magistralmente imprimió el artista en el que donde pisaba su caballo no volvía á crecer la hierba.
El miedo, el cansancio, el desfallecimiento, el terror, la in·
dulce semblante en la actitud tranquila y en la persona toda
diipiación que se pintan en los rostros de los distintos perso·
del Salvador.
La figura de Pilato revela el verdadero carácter del pretor naJeS del cuadro de Delug no surgen por medios convencionaromano, que convencido de la inocencia de Cristo, no tuvo les, sino que so» humanos, verdaderos, arrancados'de la realidad
energía para evitar el deicidio, y contribuye al mejor efecto del misma, y acusan el genio de un artista potente, sentimiento
cuadro, que es sin disputa uno de los mejores producidos por el de un alma apasionada y el pincel de un maestro en el arte de
pincel del ilustre director de la Academia de Bellas Artes de las formas y de los colores.
Amberes.

EL ANILLO DE AMASIS

••

NOVELA ORIGINAL DE LO RD LYTTON, IL USTRAD A POR A. BESNARD

•

•

••

;¡

.

.

••

Santa María Magdalena, cuadro de Guido
Reni, existente en la Galerfa de Lichtenstein, de Viena. - La
escuela pictórica boloñesa de los siglos XVI y XVI! cuenta con
una serie de nombres por la fama justamente celebrados, entre
los cuales puede citarse los Carracci, Domenichino, Albani,
Guerrini y Guido Reni. Este último fué, sin duda alguna, el
más sobresaliente &lt;le todos ellos, y esta superioridad atrájole
envidias y persecuciones, á las que alcanzó á sustraerse, ora
merced á la protección del papa Paulo V, de quien era pintor
favorito, ora apelando á la fuga y l;&gt;uscando ~efugio en Bolonia
y en Nápoles, en donde sus excepcionales méritos no tardaron
en crearle nuevos enemigos.
Sus obras, inspiradas casi todas en asuntos religiosos, Clcupan
los primeros puestos en los más importantes museos, y asl las
vemos figurar como valiosísimas joyas en los de Madrid, del
Louvre, la Haya, Londre~, Florencia, Vaticano, Venecia, Nápoles y otros muchos, amén de los varios templos que tienen
en ellas sus más preciados adornos.
~ Sus bustos-femeniles--llevan impreso un sello característico

GRANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
DE PARÍS
Véase el anuncio en la sección correspondiente
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy

LA EVIDENCIA, -

Cuando se ha visto una sola vez
la acción maravillosa de la CREMA SIMÓN en las grietas,
úlceras, barros y saóaflones, se comprende que no hay cold·
cream más eficaz para la conservación de la piel. Los POLVOS
DE ARROZ y el JABÓN SIMÓN completan estos felices efectos.
Evitar las falsificaciones extrattjeras, exigiendo la firmaSllffON,
nu de Provence, 36, Pprls. Depósito, en todas partes.

IVJ:OLETI
T H R IDAC E 29_;,d';;1w¡:~,w VELO UTI NE

JABON REAL

JABON

DE
~11du11 " ~&amp;Utorid&amp;46S m!dJ.- p&amp;r&amp; I&amp; lli¡itJ." 41 l&amp; Plll 1 lellU&amp; tal Colar

(CONTINUACIÓN)

El conde parecía leer en mi alma, porque después las más de mano de mujer, cuadernos de notas to- tein bajo la vigilancia de su padre, resultando que
de vacilar un poco continuó, cual si no hubiera espe- madas por el mismo conde y algunas p~gi_na~ e!egi- los principales compañeros de su infancia fueron
das al parecer cuidadosamente en un d1ano mt1mo, personas de edad mucho más avanzada. Su carácter
rado de mí contestación alguna:
_ Innumerables circunstancias, nada importantes y con ayuda de estos diversos documentos compuse era naturalmente reflexivo, y la educación que recien sí se han combinado sin cesar para conducirme la segunda parte de mi relato. ~orno algunos _n? ne- bía en la familia desarrollaba más esta disposición,
á est~ sitio insensiblemente. Rara vez ha transcurrido cesitan comentarios me he limitado á transcnbirlos, nada común á tan tierna edad. Pocos años después
un año sin que por alguna casualidad cualquiera no y sin duda es ocios~ añadir que los suceso~ referidos de la llegada de Julieta nació otro hermano, y esto
se haya citado su nombre en mi presencia, allí don- en los capítulos siguientes son muy antenores á !os produjo más animación en el antiguo castillo; pero
de no podía esperarlo, y siempre de modo que esa hechos de que acabo de dar cuenta como testigo desde un • principio las relaciones de Conrado con
los dos pequeños tomaron un carácter casi paternal,
casualidad fuera muy significativa. La circunstancia ocular.
tanto que Félix y Julieta consideraron al muchacho
que me ha decidido al fin seria siempre inexplicable
como un ser superior, pues además de estar dotado
IV
si no la considerásemos como una intervención de
de mu~ha penetración, distingulase por su excesiva
ese misterioso director de escena que nos obliga á
sensibilidad.
Muy poco expresivo, al parecer, desperSETHOS
Y
AMASIS
todos, actores inconscientes, á desempeñar el papel
tábase
su
entusiasmo
siempre que oía hablar de alseñalado á cada cual en la gran tragedia de la vida
Los siglos, con sus series de acontecimientos, ha- gún deber cumplido con nobleza, y siempre cariñoso
humana.
Su voz tembló al decir esto, pero repuso al mo- bían pasado sobre el castillo de Larnstein sin dete- con los dos niños, que veían en él un guía, un conriorarle apenas. Situado en medio de una curva cu- sejero y un amigo, Conrado no podía soportar la
mento:
- Mi librero me envía periódicamente todas las bierta de bosque que el río Weidnitz trazaba, consti- idea de que su educación se confiase á personas exobras nuevas que se publican. Cierto día el paquete tuía un cuadrilátero, en cuyo centro veíase un patio trañas. Al fin se creyó formalmente capaz de ser su
que recibí de él estaba envuelto en una prueba de donde el musgo crecía libremente, y sus altas torre- profesor, y esta confianza en sí mismo halagó tan
imprenta, la cual contenía una frase que al punto lla- cillas dominaban una sólida construcción de piedra dulcemente las fibras del orgullo paterno, que no le
mó mi atención; esta frase, permítame repetirlo, la de color gris. Delante de la fachada Sud del castillo costó mucho obtener del anciano conde de Roseneck
~é de memoria, y V. no la desconoce, puesto que es extendíase un espacioso terrado, y una escalera del el consentimiento tan deseado. En cualquiera otra
quien la escribió. «La visión, dice V., no es sino el mismo material conducía á un jardín á la italiana circunstancia, semejante posición ocupada en la faresultado de la acción; toda visión permanente ó pe- con avenidas muy largas y rectas, flanqueadas de li- milia por un individuo tan joven hubiera parecido
riódica supone una acción anterior; una serie de pen- moneros. En el centro de este jardín hallábase un peligrosa y singular; pero en este caso considerábase
samientos criminales sin resultado de ninguna espe- estanque lleno de agua negruzca, en la cual dormían como consecuencia natural de la precocidad de inte•
cie en la acción, no puede producir ningún espectro viejos peces rojos, y más allá se veía una senda cu- ligencia y del carácter grave de Conrado, de modo
permanente ó periódico, ó por lo menos yo no co- bierta de césped y bosques llenos de gamos y de que á nadie le habría ocurrido acusar al padre de
débil ni al hijo de presuntuoso. Sin embargo, en
nozco ningún caso semejante »Tal vez, añadió el corzos.
Desde una fecha que al decir del cronista de la aquella existencia en que todo parecía tan bien re•
conde, habrá V. penetrado lo bastante en mi existencia para adivinar la impresión que esas palabras familia no debía ser posterior al reinado de Enrique guiado, tan tranquilo y tan armonioso, no turbada
debieron producir en mi ánimo Si hubiese aparecido el Pajarero, el castillo de Larnstein y sus dependen- por ninguna lucha, inquietud ni pasión, la voluntad
en la pared un oráculo, escrito con caracteres de cias se habían transmitido en línea recta á Alberto, no tenía un campo de acción en que pudiera desfuego, no me habría afectado tan profundamente. conde Roseneck, hombre excelente, pero de carácter arrollarse, y no teniendo nada que combatir ni que
vencer, tampoco necesitaba hacer uso de sus armas.
Envié á buscar al punto la obra á que correspondía muy débil.
El conde contrajo matrimonio por inclinación, y
Así transcurrió el tiempo hasta el día en que la
aquella prueba de imprenta; abríla impacientemente
para ver el título y el nombre del autor, y hallé que aunque tardó en hacerlo, su vida conyugal fué. feliz. carrera militar, escogida por Félix, obligóle á ir á
era el de V. Desde entonces no he dejado ni un ins- Su hijo mayor, Conrado, tenía ya ocho años cuando una escuela especial. La marcha de su hermano dejó
nació su hermano Félix, y dos años más tarde sobre- un gran vacío en la existencia de Conrado, quien á
tante su folleto.
El conde se detuvo, mas yo no sabía qué contes- vino una hija, á la cual se &lt;lió el nombre de María; su vez experimentó el deseo de completar su propia
tar; miróme un instante en silencio, y después, ha- mas era de constitución débil, y murió á los tres educación, viajando para estudiar las costumbres y
la vida de las otras naciones. Al efecto comenzó por
ciendo un visible esfuerzo, cruzó la habitación: al años.
El pesar que los padres experimentaron no había Inglaterra.
entrar había dejado su capote de viaje en un sillón
Familiarizado desde muy joven con la gestión de
junto á la puerta, cogióle y sacó un voluminoso ma- disminuído en nada, cuando la joven esposa de un
personaje conocido por sus prodigalidades, el prín- los grandes dominios territoriales, este país despertó
nuscrito.
- Usted escribió, díjome con lentitud, solamente cipe C., murió al dar nacimiento á una niña. La fa- en el conde una curiosidad particular; pero no era
por lo que ha visto; pero puedo asegurarle que hay milia de la princesa habitaba en Bohemia un castillo Inglaterra el sitio más á propósito para que en Concrímenes en que la acción no interviene para nada pr6ximo al del conde de Rosenech, y aunque la con- rado se produjeran las emociones que engendran las
y que existen espectros cuya realidad daría al traste desa contaba algunos años más, entre las dos muje- pasiones del alma; la sociedad inglesa es poco expancon toda la filosofía de V ... Sírvase tomar estos pa- res mediaba, hacía largo tiempo, la amistad más ín- siva, y el carácter tranquilo de Conrado cuadraba
quetes ... Se ha dicho que el conocimiento del mal tima y cariñosa. La princesa, ya moribunda, solicitó bien con las costumbres de un mundo en que toda
podría servir á la causa del bien: este manuscrito de su esposo el último favor, suplicándole que con- manifestación exterior parece una infracción del buen
será tal vez útil en sus manos ... Solamente le pido fiara su hija á su amiga Clara de Roseneck. A pesar gusto. En aquella primera experiencia, nada reveló,
un favor, y es que no busque guía á través de este de su afición á los placeres, el príncipe había amado pues, al joven viajero que existían pasiones por él
laberinto. Peregrino desesperado, en todas partes apasio!)adamente á su esposa, y al verla morir, su no conocidas todavía. Aunque hábil jinete y cazador
dejé la huella de mis pasos, y ésta le indicará el ca- dolor fué sincero y profundo. Por otra parte, estaba de mérito, no fueron las grandes batidas contra el
tanto más dispuesto á respetar sus últimas volunta- ciervo y el jabalí las que le retuvieron en Inglaterra;
mino que debe seguir.
Al pronunciar estas palabras, dirigióse rápidamen- des, cuanto que se juzgaba incapaz de educar por sí Londres le agradó más á causa de las colecciones
te ~acia la puerta como para evitar una contestación; mismo á su hija. La pequeña Julieta, pues, se halla- únicas en que se puede leer la historia del mundo, y
mas en el momento de salir detúvose, y volviéndose ba en la cuna todavía cuando se la condujo al casti- que se hallan dentro de las paredes del Museo britállo de Larnstein, donde fué confiada á los solícitos nico. La sección egipcia le fascinaba particularmenbruscamente, añadió:
- Quisiera que me escribiese después de haber cuidados de aquella que en lo sucesivo debía hacer- te, y extasiábase ante los monumentos gigantescos
le las veces de madre. En c.uanto al príncipe, olvidó de aquel pasado enigmático que legó sus misterios á
leído con atención lo que acabo de confiarle ...
muy pronto la doble pérdida que acababa de sufrir, los libros de Moisés, á las leyendas de Herodoto y á
Mi curiosidad fué más fuerte.
entregándose
en Viena á una vida de libertinaje, de la filosofía de Pitágoras. Muy pronto experimentó el
·- ¡Una pregunta, exclamé, una sola! ¿Y la conmodo que á los pocos años sus enormes ;rentas no más ardiente deseo de ver el Egipto por sus propios
desa?
El f:Onde de Roseneck se irguió con majestuoso bastaron para cubrir el interés de las hipotecas que ojos, y después de una breve permanencia en París,
gravaban todos sus bienes. Después de un arreglo embarcóse en Marsella y llegó al Cairo, perezoso
ademán y señaló el cielo.
ruinoso, pero necesario, con todos sus acreedores, centinela que guarda los palacios encantados del
- ¡Allá arriba, dijo, á la derecha de su esposo!
Antes de que me repusiera de mi impresión había alistóse en el ejército imperial, y se hizo matar en la Oriente. Una vez allí, obtuvo un firmán de Constandesaparecido, ... pero dejándome en las manos el se- batallá de Aspen á la cabeza de su regimiento. El tinopla, contrató un guía experto, alquiló y equipó
conde de Roseneck, como tutor de Julieta, salvó una de esas embarcaciones destinadas á la navegacreto de su vida .. .
todo cuanto pudo de los restos de aquella fortuna ción por el Nilo, y tomando su Herodoto y su Es.
. . .. .
Aq11í termina la parte de mi relato, en la que la de príncipe, y la huérfana, no conociendo otro ho- trabón, remontó el río hasta Tebas, donde al fin
naturaleza misma de los incidentes me han obligado gar, creció en Larnstein entre los dos hijos del con- echó pie á tierra. En este punto comenzó á recorrer
á ocupar al lector de mi personalidad En adelante, de. El carácter de la niña era singularmente amable aquel país de monstruosas ruinas, plantando su
no hablaré de mí sino en raras ocasiones, y m·e feli- y cariñoso, y la confianza, que constituía su rasgo tienda tan pronto en medio de los restos gigantescos
principal, acrecía diariamente en sus afectuosas rela- de Luksor como á la vista del pueblo de Karnac; y
cito de ello.
El paquete que el conde de Roseneck me confió ciones con la familia adoptiva.
prosiguió sus investigaciones y su exploración á lo
La educación de Conrado se completó en Larns- largo del gran desierto que se prolonga desde ambos
contenía muchas cartas de diversas escrituras, pero

. .

. . .

�188
lados del Nilo entre los montes de Arabia y la cordillera Líbica.
Hacía ya algunos días que el.conde diera principio á sus excavaciones en la inmediación de un templo de Ammón: una tarde, alejándose de su escolta
y deseoso de soledad, fué á sentarse en la gigantesca meseta, de cerca de dos mil pies de longitud,
que se eleva sobre el desierto á la altura de más de
cuatrocientas varas. Sobre aquel inmenso pedestal
habíase erigido el templo de Ammón-Chnufis, el divino príncipe primitivo.
Una avenida formada por seiscientas esfinges de
talla colosal, y de una legua de extensión poco más
ó menos, conduce á las puertas del sagrado recinto,
cuyas salas interiores son tan vastas, que en cada
una cabría muy bien una catedral; treinta columnas,
de las que sólo se conservan las ruinas, sostenían en
otro tiempo los techos artísticamente pintados y esculpidos. No lejos de allí extiéndese el famoso lago
artificial que tanto admiró á Herodoto. A la vista de
este lago, cuyas aguas silenciosas vieron deslizarse
hace siglos las barcas fúnebres que llevaban los despojos humanos desde la morada de los vivos á la de
los muertos, Conrado se ocupaba en examinar con
profunda atención una momia á la que había poco
antes arrancado su envoltura de viso.
La momia se hallaba en un estado de perfecta
conservación, y las inscripciones del sarcófago de
donde la retirara por la mañana revelaban que el
cuerpo era el de un príncipe egipcio muerto en la
flor de su edad. Las facciones del difunto, aunque
resecas ya y arrugadas, conservaban todavía vestigios de la delicada belleza del adoles.cente. El cuerpo de aquel joven príncipe á decir verdad, había
precedido en tres mil años al del hombre que le examinaba en aquel momento; pero si hubiesen sido
contemporáneos, seguramente el egipcio habría resultado ser el más joven de los dos.
El papiro que acompañaba á la momia difería por
ciertos detalles del tipo acostumbrado de esos pasaportes para la eternidad que la casta sacerdotal del
antiguo Egipto expedía para los muertos. Los jeroglíficos inscritos en todos los monumentos análogos
representan, con alguna variedad, la historia de las
emigraciones del alma después de la muerte, desde
el momento que abandona el cuerpo hasta aquel en
que, acompañada de sus genios protectores, se presenta ante la temida balanza del juicio supremo. Un
platillo de esta balanza mística contiene el vaso de
iniquidad, que se supone lleno de las faltas de la
vida, á punto de ser juzgadas; mientras que en el
otro hay una pluma. que representa las buenas acciones. Colocados entre dos esfinges, símbolos de la sabiduría, Ea y Annubis presiden el juicio del alma
que se encarga de anotar Thoth, fácil de reconocer
por su cabeza de Ibis y su cuerpo con la forma humana del dios. Colocado en la RUnta de una varilla
divinatoria, Harpócrates, no el dios del silencio como lo suponían los griegos, sino Harpachruti, el divino misterio de la luz original, presente á toda revelación y á toda resurrección, aplica un dedo á sus
labios; y colocado en el umbral del mundo inferior,
Osiris espera el momento de pronunciar la sentencia
irrevocable que determinará el período de purificación del alma y la naturaleza de sus nuevas pruebas.
Sin embargo. en el papiro que Conrado se esforzaba en descifrar, esta representación convencional del
juicio del alma estaba precedida de largas series de
de imágenes cuyo objeto era al parecer indicar los
incidentes importantes de la vida terrestre del muerto.
En la primera serie un hombre de elevada estatura, ya entrado en años, estaba tepresentado de pie entre las figuras de dos adolescentes; la del centro tenía las insignias reales, y en la mano derecha una
varilla con la cual señalaba el trono. En ciertos jeroglíficos que se veían sobre las tres figuras, Conrado
reconoció nombres propios que había visto grabados
en caracteres cursivos en monumentos examinados
antes, y evidentemente eran los de personas representadas en los grupos inferiores La figura central
era el Thuoris de Monethón, designado en otras partes bajo el nombre de Ramesces, último soberano
de la décimanovena dinastía. Los nombres inscritos
sobre las dos figuras más pequeñas, á cada lado de
Thuoris, eran Sethos y Amasis, nombres que Conrado no consiguió identificar con ningún personaje conocido de la historia de Egipto.
Debajo veíase una segunda serie de imágenes representando á Amasis ocupado en inscribir diversos
caracteres en un papiro, y levantando en la mano izquierda la misma sortija que en el compartimiento
anterior el rey tenía en la mano derecha; Sethos volvía aquí la espalda al trono y parecía alejarse.
El tercer cuadro representaba un río, sin duda el
Nilo, y en sus aguas dos embarcaciones, en una de
las cuales iba Sethos y en 1&lt;1, otra Aq¡asis. l;q ~l iilti-

LA

NúMERO 482

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

mo compartimiento Sethos aparecía solo, de pie en
la proa de su embarcación y con los brazos cruzados;
la otra, que había zozobrado, estaba con la quilla al
sol, medio sumergida en las líneas onduladas que
figuraban el río, viéndose á poca distancia un brazo
y una mano que surgían de las ondas y que sin
duda eran de Amasis. En el índice de su diestra brillaba la sortija que se hacía figurar con tanta persistencia en los tres cuadros anteriores.
Seguía después la serie habitual q.e imágenes que
representaban las emigraciones del alma de Amasis,
que partía del corazón del muerto bajo la forma de
un ave que llevaba en el pico la llave sagrada de los
misterios religiosos. Al llegar así ante el trono de los
juicios supremos, Annubis, el dios de la cabeza de
chacal, colocaba junto á la pluma simbólica, en el
platillo de las buenas acciones, el anillo que tanta
importancia tenía en toda esta historia pintada, y el
platillo parecía descender entonces, como para indicar que se había pronunciado una decisión favorable.
·
La momia en que se descubrió este papiro tenía
en el índice de la mano derecha un anillo de oro con
una piedra engarzada, del color de la amatista, pero
de un brillo extraordinario, y veíanse en ella caracteres grabados, que el joven no pudo descifrar, pero
idénticos á los que se hallaban en las diferentes pinturas de que hablamos antes. Así se hacía evidente
que el anillo de la momia era el mismo que en esas
representaciones de un drama sepultado bajo el peso
de tantos siglos, parecía representar tan fatídico
papel.
Conrado se absorbió de tal modo en el examen
de su misterioso hallazgo, que no pudo observar la
presencia silenciosa de un extranjero. testigo, desde
hacía algunos instantes, de su expoliación. El sol estaba ya muy bajo en el horizonte, y á sus fulgores la
sombra del extranjero se proyectó al fin en el papiro
que el conde tenía en la mano. Sorprendido dejó de
mirar la página obscurecida de repente, y su sorpresa se convirtió en inquietud al fijar su mirada en la
figura que producía aquella sombra.
De pie, detrás de él, con los brazos cruzados, hallábase un hombre de elevada estatura, de aspecto
majestuoso, con ese ropaje blanco y flotante usado
por los hijos del desierto.
El rostro de aquel individuo y lo que se veía de
su cuerpo bajo la ropa tenían el color de una estatua
de bron_ce, y su aventajada talla destacábase con
toda claridad sobre el siniestro fulgor del sol ponien
te, pareciendo la personificación animada de todo
cuanto es solemne y estable en el gran silencio del
desierto.
Reconociendo en aquel visitante inesperado á uno
de esos nómadas peligrosos cuya repentina presen•
cia no presagia nada bueno al viajero europeo, Conrado cogió instintivamente la carabina de dos cañones que tenía junto á sí; mas el árabe contestó á este
ademán con una mirada de silencioso desprecio, recordando así al señor silesiano que hubiera podido
atentar premeditadamente contra su vida ~on toda
seguridad de darle muerte antes que le fuera posible
ni siquiera sospechar su intención.
Humillado al reflexionar esto, el joven dejó la carabina sin pronunciar palabra, y entonces el hombre
cuya mirada le había desarmado, fué el primero en
romper el silencio.
- ¡Extranjero!, le dijo en esa ,engua franca que es
el idioma corriente en el Sur, guárdate bien de penetrar en los secretos de la tumba, pues no es bueno
para los vivos hablar con los muertos.
- Podría ser así, replicó el conde, si la tumba fuese menos discreta de lo que es, pues rehusa contestar á mi pregunta, aunque.'Jo no le pido revelaciones
del otro mundo. Lo que yo busco es la explicación
de las cosas cuyo carácter humano atestiguan sus
propios archivos.
- ¡Insensato!, exclamó el árabe. ¿En qué te puede
aprovechar el conocimi~nto de esas cosas? ¿Puedes
tú saber si la naturaleza de una fuerza cualquiera es
buena ó mala cuando no obra y está sometida á la
inercia?
Conrado señal6 el papiro.
- Lo que yo busco, dijo, es la historia de la vida
humana, y la actividad de ésta no puede sobrevivir
á un sueño de tres mil años.
- Tú dices eso, repuso el árabe; pero ¡mira!
Al pronunciar estas palabras inclinóse y recogi6
sobre el viso una espiga que Conrado, en su afán
por examinar la momia, no había visto aún, y de la
cual hizo caer un grano en la palma de su mano
bronceada.
- Este grano de trigo, continuó, recogido hoy en
la tumba y arrojado mañana en el surco del arado,
dará el fruto de una brizna de hierba cortada por la
hoz que segó la cosecha de los Faraones, antes que

ellos y su gloria fuesen recogidos en los graneros del
tiempo. ¿Quién te asegura, pues, qué los siglos á que
este grano de trigo sobrevivió pueden aniquilar la
simiente del alma?
- ¡Extraña pregunta!, murmuró Conrado hablando consigo mismo más bien que con su interlocutor.
Yo entiendo, añadió, que solamente en los organismos inferiores puede la vitalidad sobrevivir largo
tiempo á la inacción. ¿El grano de trigo? ... Tal vez
sí..., y acaso también algunos de esos seres microscópicos y rudimentarios apenas salidos de la materia inorgánica; ... pero ¿el hombre? ... ¡No!
El conde se acercó á la momia y examinó sus facciones silenciosamente; después, cogiendo la mano
del muerto, retiró el anillo de su dedo rígido y examinó los caracteres en él grabados.
- ¡Sí!, murmuró, inflexible es la inevitable mano
y jamás reposa. ¡Contempla la escritura de Seb
Kronos!
- ¡Ah!, exclamó Conrado, me es imposible leerla.
- No lo sientas, repuso el árabe, pues más valdría
para ti conservarte siempre en esa ignorancia. Sin
embargo, puesto que has preguntado al oráculo, añadió en voz baja y con expresión de terror mientras
tenía. la vista fija en el anillo, escucha las palabras
de aquel que aniquila y no puede ser aniquilado:
«Yo soy lo que será y lo que es; yo soy aquel á
quien se espera siempre, y que sin embargo está
siempre allí. Yo soy el único que hace lo que quiere
y quiere lo que hace, y el único también que conoce
el porqué. De mi mano brotan el bien y el mal, la
vida y la muerte; yo soy la luz y las tinieblas. ¡Hijo
del hombre, abstente de los deseos del corazón y no
luches con la mano de Seb Kronos!»
- ¿Es ese verdaderamente el sentido del amuleto?,
preguntó Conrado.
- Son las palabras del amuleto, contestó el árabe,
poniendo el anillo en el dedo del conde. En cuanto
á su sentido, añadió, fijando en la momia una mirada persistente, más valdría para ti no haberla descubierto nunca. Aquel que fué el primero en penetrar
el secreto yace ahora á tus pies. ¡Esa es la primera
víctima del oráculo!
Y cogiendo el papiro de manos del conde, señaló
la primera serie de imágenes
- Aquí ves, continuó, á Thuoris y sus dos hijos,
Sethos, el primogénito, y Amasis. el más joven. Desconociendo la prerrogativa del derecho de nacimiento, el soberano transferirá el reino al que pruebe su
sabiduría explicando el enigma del anillo, y á decir
verdad, el monarca cometió una imprudencia al trastornar asf el orden de la naturaleza. Amasis comprendía muy bien la escritura de los dioses, y como
sabía explicar sus obscuras sentencias, leyó er enigma del anillo y dió la interpretación al rey. Las palabras grabadas á la piedra eran las de Seb Kronos,
cuya mano es inevitable, puesto que es la de aquel
que será y que es. De este modo Sethos perdió el
cetro y obtúvolo su hermano Amasis, quien ocupó
el trono paterno á la muerte de Thuoris. Sethos no
trató de luchar contra la mano de Seb Kronos; inclinóse ante el poder de su hermano, mostrándose
muy reverente ante las palabras del oráculo, y no las
olvidó más tarde, cuando Amasis hallándose en medio de las aguas tendió hacia él una mano suplicante, en la cual pudo ver la sortija en que estab'an grabadas. Esta vez Sethos no trató tampoco de luchar
contra la mano de Seb Kronos, y el rey Amasis pe·
reció á la vista de su hermano, desapareciendo bajo
las olas.
- ¿Y qué fué de Sethos?, preguntó Conrado.
- ¿No has dicho antes, repuso el árabe, que no
pedías á la tumba los secretos del otro mundo?
Conrado, algo confuso por el tono de esta contesción, apartó su vista de la figura del árabe, y fijóla
en el anillo que le había puesto en el dedo. El sol
acababa de ponerse detrás de las lejanas cumbres de
las montañas de Libia, y en el cielo sereno y velado
de aquellas soledades la luna llena parecía tener suspendido su gran disco de plata. El pálido fulgor hirió la amatista mística, que semejante á un ojo infernal lanzó en todos sentidos brillantes rayos ... Y.
cuando Conrado levantó al fin la cabeza, el árabe había desaparecido. La marcha d_e aquel extraño visitante había sido tan silenciosa como su llegada, y ·
Conrado no vió ya de él más que su elevada silueta,
deslizándose en la obscuridad como un fantasma á
través de las ruinas colosales del templo de Ammón.

v
LA LLEGADA DE LOS DIOSES

Inútilmente se buscó al árabe; ningún individuo
de la comitiva del conde le había visto llegar ni
marcharse, y de las pesquisas practicadas en los pueblos inmediatos resultó que desde hacía algunas se-

NúMERO 482

LA ILUSTRACIÓN ARTÍST~CA

rado disfrutar de la
manas no se había
presencia
de J ulieta,
visto ninguna tri bu
sin
que
nada
fuese á
de nómadas. La nuturbar una felicidad
merosa y bien arma·
que se acentuaba toda escolta de Conrados los días.
do tenía ya cierta reCuando al cabo de
putación que mantuuna
larga ausencia
vo á respetuosa disnos
vemos
de nuevo
tancia á todos los mereunidos
con
aquerodeadores del dellos
á
quienes
se
ama,
sierto.
experimentamos un
Aquella inesperasentimiento extraño,
da entrevista había
pero que no carece
impresionado mucho
de encanto. A causa
al conde, quien, busdel alejamiento, de
caba en sus recuerla duración de la
dos las menores cirausencia y de habercunstancias de ella, y
se borrado los recuando más la estucuerdos,
las cosas
diaba en sus detalles,
más familiares del
más misteriosa y perhogar doméstico son
turbadora le parecía
ya para nosotros en
toda la escena. Los
parte extrañas; al vermonumentos y los dilas
nos causan una
funtos eran testigos
dulce sorpresa; pero
que no podían conesta sensación protestarle, y la naturaduce
delicias ineomleza misma parecía
parables cuando nace
aliarse con las cirde la presencia de un
cunstancias para reser de quien nos sehusarle la prueba que
paramos cuando era
deseaba. Cuando volniña
y á la cual envió á la mañana sicontramos ya converguiente al sitio dontida en hermosa donde el extranjero le
cella.
El fantasma de
había interpelado, la
la niña que acariciáfina arena que cubría
bamos en otro tiemlas ruinas del templo
po reaparece aún en
no conservaba ningula mujer desconocida
na huella de pie huque se presenta ante
mano, y no obstante,
nuestros ojos.
los recuerdos del conConrado de Rosede de Roseneck soneck debía pasar por
bre los sucesos de la
todas estas sensaciotarde anterior estanes al llegar á Larnsban vivos en su metein. Al marchar, Jumoria. Hubiera polieta era una niña endido describir el mecantadora, y á su renor rasgo de las facgreso veía una joven
ciones del árabe y
en la flor de su gratodas las particularicia y de su hermosudades de su traje; pero ningún hecho exra y tan afectuosa y
terior venía á corroconfiada como lo fué
borar impresiones
, antes. Para ella Contan vívidas; en una
rado era siempre el
palabra, no tenía ninser más perfecto, el
guna prueba material
tipo más acabado que
de la realidad de los.
se pudiera soñar, y
hechos, como no fuepor esta constancia
ra su conocimiento
de sentimientos mede la historia del parecía más el cariño
piro y la explicación
·de
Conrado. A pesar
¡ Extranjero!, guárdate bien de penetrar en los secretos de la tumba.
de los caracteres grade esto, existía una
bados en el anillo.
diferencia entre sus
También conservaba éste, mas no podía recordar el caso de que no pudiera obtener licencia. Félix relaciones actuales y las de otro tiempo1 y para el
por nada que le hubiese retirado del dedo_ de la mo- contestó por una carta, cuyas primeras líneas trans- joven viajero la diferencia era inmensa tanto que
mia. Sin embargo, por otra parte, las p1~turas de cribo aquí:
produjo en él un cambio de que no s~ daba, bien
aquel papiro eran tan inusitadas y por lo °'.1sm? tan
cuenta y cuya naturaleza exacta no trató de com•
&lt;(Privada y confidencial.)
notables y escribían tan claramente la h1stona de
prender. Este cambio se manifestaba bajo la forma
»¡No vengas, hermano; guárdame el secreto, pero de una timidez casi religiosa; al acercarse Julieta palos dos ,hermanos, que al fin se preguntó si toda
aquella aventura no sería, después de todo, el resul- no vengas! Preparo una sorpresa á nuestros queridos recíale que todo su ser se tranquilizaba y santificaba
padres, y con este objeto me examinaré seis meses en ciert? modo; era un sentimiento análogo al que
tado de una sugestión inconsciente.
De este modo, andando el tiempo, los recuerdos antes del término fijado. Mi impaciente deseo de se expenmenta al entrar e!l'una iglesia, y comprende Conrado sobre aquel incidente rodearon toda_ la volver á estar contigo parece activar la lentitud de día que no le era posible dar á la joven el nombre
escena de una especie de claro-obscuro; el espf~tu mi espíritu; pero ya comprenderás que si vinieses de hermana. Si hablaba con ella su voz era más dulnebuloso del joven alemán rechazaba tal ó cual m- ahora concluiría de una vez con las raíces cúbicas y ce y más grave; en presencia de tercero rara vez le
verosimilitud para adoptar otra cualquiera, y al fi_n, cuadradas que deben constituir mi alimento cotidia- dirigía la palabra, pero todo cuanto decía era para
dudando de la realidad del jefe árabe, hallábase dis- no, y en historia militar tal vez escandalizara á mis ella. En cuanto á Julieta, no manifestaba del mismo
puesto á sostener que por medio de un talismán su profesores afirmándoles que la batalla de Preston- modo los sentimientos que pudiese experimentar
alma se había puesto en comunicación durante un Pans fué perdida por Federico el Grande. De esto respecto á su a~igo de la infancia; pero no se daba
tendrías tú la culpa, porque la visita me trastornaría cuenta de cambio alguno en la naturaleza de estos
momento con la del príncipe egipcio Sethos.
Hallándose próxima la inundación del Nilo, que el cerebro. En su consecuencia, no vengas, y sé dis- sentimientos. Conrado personificaba á sus ojos todo
para los indígenas es la estación más importante del creto y silencioso como las sepulturas de Tebas. Y cuafito es bueno y noble, y admiraba en él cualidaaño, el conde de Roseneck se vió obligado á dirigir- á propósito, ¿dónde está Tebas? ¿No es una ciudad des que rara vez descubría en los demás hombres.
se rápidamente al punto de partida de la expedición. de Pomerania, de quinientas almas, mil quinientas Todas las condiciones en la vida de aquellos dos seEn el Cairo confió el resultado de sus excavaciones casas, una capilla protestante, ocho sinagogas y dos res tendían, pues, á producir una completa unión·
á_ varios agentes dignos de confianza, y sin perder el fábricas de porcelanas?... ¿No? Pues entonces, el ésta hubiera podido ser resultado de la simpatía qu~
tiempo en observar cómo se efectuaba el embarque diablo se lleve á los geógrafos, que me han enseñado á Julieta inspiraba el joven; mas para que aquél se
para Europa, emprendió la marcha hacia Alemania. esas falsas nociones ... »
produjese habría sido preciso que Conrado pudiera
. Cuando entró en Larnstein, al cabo de una ausensorprender y utilizar ese instante misterioso en que
Conrado guardó el secreto, pero escribía continua- la mujer se da cuenta, por decirlo así, del sexo á que
cia de cinco años, el único individuo que faltaba en
el círculo de la familia era Félix, quien no había mente á Félix, estimulándole en su resolución de pertenece,
. completado aún el curso de sus estudios en la es- examinarse antes de Pascua y dando á su hermano
TRADUCIDO POR E. L. V ERNEUILL
cuela militar, Conrado le escribió para anunciarle su los consejos que le parecieron útiles.
Entretanto la ausencia de Félix permitía á Conregreso, manifestando su intención de ir á verle, en
( Continuard)

��"

NúMERO 482

LA I LUSTRACIÓN ARTISttCA

do con seis ;dibujos
del autor fotograbados por Thomas,
ha sido editado en
Albuñol, en cuya
librerla de D. Juan
L6pez Garcla y en
las principales de
Esp añ a se vende al precio de 3
pesetas.

LIBROS ENVIADOS ,
Á ESTA REDACCIÓN

por autoru 6editores
SETS TIPOS AÉ·
REOS. BREVE ENSAYO DE ORNITO·
LO GÍA PASIONAL,
AMENO Y HUMO·
RÍ STJ CO, por don
/uan Rivas Ortiz.
- El estudio que
en este libro se hace
de las pasiones, costumbres, tendencias y carácter de
algunas a ve s presen tan do al gorri6n
como granuja del
mundo a éreo, al
águila comoslmbolo de la tiranla, al
ruiseñor como r epresentant e del
amor más apasionado, á la golondrina con,o emblema de la constancia y de la modestia, al cuervo como
compendio de todos I os perversos
in s tintos, y á la
perdiz como ejemplo de amor á la
familia y al hogar;
las comparaciones,
de tal estudio derivadas, entre el
mundo de las aves
y el de los hombres,
y las consideraciones oportunas que
todo ello sugiere al
autor, prestan á esta obra interés, originalidad y amenidad grandes.
El liLro, ilustra-

..

•*
ZARAGOZA AR·
TÍ-6T ICA, MONUMENTAL É HJSTÓ•
RICA, por A . y P.
Gascón de Gotor, Interesantes como
todos 1os de esta
notable publicaci6n
son los cuadernos
10. 0 y 11.°, últimamente r ecibidos.
Contienen, además
de 8 páginas cada
uno de excelente
texto, cuatro fototipias representando
el Sepulcro de don
J uan de Arag6n,
varias armas ibéricas de hierro y bronce de la colecci6n
de D. Pablo Gil,
un tibor de búcaro
(trafdo á España
después de la conquista del Perú)
propiedad de la baconfa de Hervés y
las ruinas de I ex
convento d e San
Lázaro.
Suscríbese en las
principales librerlas y en Barcelona
en la &lt;le D. Arturo
Sim6n, Rambla de
Canaletas, 5.

EStUDIO DEL PINTOR CARLOS GU ILLERMO DIEFENBACH. (Véase el articulo del núm . 479.)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA: dirÍjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Chaumartín,
núm. 16, París. - Las casas española.a pueden h_a cerlo en la. librería de D. Arturo Simón, Rambla. de C~naletas, núm. 5, Barcelona

_
I USIER
P.ATE EPILATOIR E

deslro,e hasta lu RAICES,tl YELL9 del ':stro da fu damas (Barba, Bl,ote, elt.), cll
lllnguo pell¡ro para el culiJ. SO 4.ños de E:dto,ymillaru de te11lmOll!otprutlwl la eflu
' de esta p~pmck&gt;li. (Se .ende en oaJat, pan. la barba, J eo 1/2 taJat pan. el hlrota lirero). ~ •
l01 bruos, empl~ el ,11,1 J'UHH. DUSSER, t, rueJ..J.-Rou111eau, Parl8,

e

Lu

J'arabe Laroze

P,nna..,conoce1lu

PILDORAS~~DEHlUT

DE CORTEZAS ~E NARANJAS AMARGAS

DIE l'ARIB

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan, No temen el asco ni el cau1a11cto, porque, contra lo que ,ucede con
los demu purgS1Jus, este no obra bien
sillo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el catl,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9'U8 mas le convienen,
seg-un IDB ocupac1011e1, Como el causa.a
c10 que la purga ocasiona quega compll,tamenteanuladoporel efecto dela

Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gaatraljiaa, dolores
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del esíómago y de
los intestinos.

JARA.BE

a1Brom.uro de Potasio

bllena alimentacion empleada, uno
re decide fdcilment.e 4 vólver
4 empe.ar cuantas veces

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es P.1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilei'sia, histéria, ~graña, baile de -~•-Vito, insomnios, convulsiones y toa de los nillos durante la dentic1on; en una palabra, todu

sea necesario.

las alecciones nerviosas,

Fábrica, Espediciones: .J.-P. LAROZE

!, ruedes Lions-St-Paul, l París.

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriu

CARNE y QUINA

El Alimento mu reparador, unido al TóDico mas enei¡ico.

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las E1crofu1u, la
Tiats y la Debilidad de temperamento,
as! cotno en todos los casos(Pálldoa colt¡re1,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 regularizar su curso perlóc!lco.

. ~l"A/?J}s

VINO ARDUO CON QUINA-·

y CON TODOS tos PJlfflCIPIOS NtJTlllTtVOS SOLUBLES DB u CARNE
4'.la.'ll!l y Ollllt&amp;I son los elementos que entran en la com'l)()slc!on de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este for&amp;illcaa&amp;e por e■celeaeia, De un gusto .su-

mamente agradable, es soberano contra la .Anemta y el A11ocamtento, en las Calentura,
Cuando ae traia de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el orgánismo y precaver la anemia y las epidemias proToOld&amp;i por los calores, no se conoce nada superior al l'tno de guia• de Aroud,
RtW ffkSfOf'• en Pari~ en casa de J. FERRt, Farmacculico, 1oi, ruo Ricbelieu, Sucesor deAROUD.
7 Cot11/alecencta11 contra las Dtarre~ y las .Afeccwna del Hstomaqo y los tntesttnos.

Farmaooullco, en Par!S,

~Rue Bonaparte, .fO
El 1oduro de hierro Impuro 6 alterado

NB

, , es un medicamento Infiel é lrrJtan te.
como prueba d,e pureza y de autenticidad de
las verdaderas PU-doras de 1na,ncard,
exigir nuestro sello de pi ata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
,ierde y el Sello de garantla de la Un ión de
loa F'abrlcantea para la represión ti.e la falsi•
tlcaclón.
•SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de gargant~, Bronquitis, Resfriados , Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros
médicos
de ~aris. _
____,;;.

Depósito en todas tas Farmacta's·

tsB VBNDB BN TODAS LAS PRINClPALES BOTICAS,

EXIJASE ei~ºt':' ARO UD
1

.
, Faub. Saint-D
IGAR

•

an casi INSTANTÁNEAMENTE los Acce

.

DE:J\ MA. Y TODAS LAS SUFOCACIONES,

"'to

PARIS

da,

,..,.i,e

1111 Fil

TIA

UFRlMIENT
JASE EL
'IINADELABAR

-=:"'ª'~~-• ""~;_~:iiir.ir.::r.,r.:.,~r:1
~
~&amp;:.L::11~.1.=.t¡.JJll.&amp;I~

Quedan reservados los derechos &lt;le propiedad artística y lite, ..,,.,,

htr, DB l\lONTI\N1'R V SI\IÓN

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46457">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46459">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46460">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46461">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46462">
              <text>482</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46463">
              <text> Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46464">
              <text>23</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46480">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46458">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 482, Marzo 23</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46465">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46466">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46467">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46468">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46469">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46470">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46471">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46472">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46473">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46474">
                <text>1891-03-23</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46475">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46476">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46477">
                <text>2011659</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46478">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46479">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46481">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46482">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46483">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7353">
        <name>Análisis químicos industriales</name>
      </tag>
      <tag tagId="7350">
        <name>Anillo de Amasis</name>
      </tag>
      <tag tagId="7351">
        <name>El carbono</name>
      </tag>
      <tag tagId="7352">
        <name>El gas de agua</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="1329">
        <name>Jerusalén</name>
      </tag>
      <tag tagId="433">
        <name>Semana santa</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1764" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="642">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1764/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._483._Marzo._0002011665.ocr.pdf</src>
        <authentication>a410a565f5cfe1633fd7b61c268a0f4b</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73935">
                    <text>=
jos

~trtélC-10-f )

'fa•

as,
en
1ya
1an
en
de

Ftí~t1ea

:n -

,3

IR·

ru1·6P.

mo
Sta

A:Ro X

BARCELONA 30 DE MARZO DE 1891

_,.,_ _ _ _ _ __

ión

lOS

oa-

l s,

iás

ADVERTENOIA.-Oon el próximo número repartiremos á nuestros suscript ores el correspondiente t omo de la Bibliot eca Universal,
Será éste cLOS MISTERIOS DEL MAR,» iluatrado con protusión de grabados.

.da
ate

&gt;ti-

1do
Ion

In,

!ri-

m-

ión

~ilJ

lfO

ña

&gt;n·

rí1)

)a•

¡

y

ex
an

las

·e·

,na
1ro
de

-

ESTATUA DE JUAN SEBASTIÁN ELOANO, obra de Ricardo Bellver
Existente en el Ministerio de Ultramar, en Madrid

�LA I LUSTRACION ARTÍSTICA

1 94

NúMERO

'

483
NúMERO

eje de la composición se le encuentra siempre su genioso, formado por una serie de cupulitas unas junraíz. Para llenar un espac,io c~alquiera, au~que s~a to á otras y escalonadas de un modo regular, produ.
Texto. - La ornammtación y las artes maho;mt41ias, por J· 'irregular, emplea:J). siempre-los. adornos más Apropia- ciendo unas puntas que se denominan estalactitas, de
R. Mélida. - Ricardo Bel/ver y Ramón, por M. M. A. - dos al mismo, cuidando qe dividirlo en comparti- 'donde ha tomado el-nombre de estalactito este sisteSECCIÓN AMERICANA: E/isa Bravo. Leymda cM/ena, por nlientos iguales y distribuyendo los detalles sin dejar ·ma de decoración. Como todas las celdillas 6 cupuliEva Canel. - Los Parlamentos de E11ropa. Sui:za, por X. tas están diversamente coloreadas, el efecto es de lo
Gregoria (Episodio ejemplar), por M. M. Vellido. -Nues- nunca de volver al tallo madre. Era un procedimienmás fantástico y ·áereo La cúpula del Salón de las
to
análogo
al
que
sigue
la
Naturaleza
con
la
hoja
vetros grabados. -El Anillo de Amasis (continuación). Novela
original de lord Lytton, ilustrada por A. Besnard. - SECCIÓN gétal, pues siendo menester distribuir la savia que dos hermanas en la Alhambra es un buen modelo del
CIENTIFICA: Qulmica recreativa, El ácido carbónico. por F. parte del tronco á las extremidades, el tronco debe género. Por la analogía que guarda con este sistema
Faideau.
Grabados. - Estatua de f11a1i Seóastián E/cano, existente evidentemente dividir el follaje en partes sobre poco ornamental deben citarse los perfiles de los arcos
en el ministerio de Ultramar, en Madrid.-Ricardo Bellver, más 6 menos iguales. Observaban los árabes en sus lobulados; lóbulos determinados por las tracerías que
celebrado escultor español. - Momimento sepulcral del car- composiciones ornamentales el principio de la irra- llenan las enjutas. Los ajimeces 6 ventanas divididas
denal la Lastra y Cuesta, existente en la catedral de Sevilla. diación, partiendo'del tallo madre, principio seguido por un parteluz y los frisos altos con ventanas cala-Angel de la capilla sep~lcral que en el cementerio de San
en la Naturaleza, como lo demuestra la mano huma- das, son otros tantos motivos ornamentales del meIsidro de Madrid poiiee la Excma. Sra. marquesa de la Gándara. - David teniendo en la mano la cabeza del gigante Go- na. Por último, otro principio característico es la con- jor efecto. En castellano hay términos especiales
para &lt;;lesignar las combinaciones decorativas del arliat. - San Andrls, estatua colosal. - Et ángel caldo, estatua tinuidad de las líneas y de las curvas tangentes.
existente en el Parque ele Madrid. -Dos estudios, dibujos al .
Al hablar del arte árabe hay que diferenciar dos te árabe: los trazados geométricos arriba descrilápiz. Los grabados dichos, excepto el segundo, representan clases de monumentos: los que existen en Africa, es- tos llevan el nombre de lacerías, conjunto de !a.
otras tantas obras de Ricardo Bellver. - El palacio federal
de Bema. - San Bartoloml, estatua colosal, obra de R. Bell• pecialmente en el Cairo, y los monumentos árabes zos; la labor de hojas se llama a/aunque, y el adorno
ver - Asunción y coronación de la Virgen, alto relieve, obra españoles. Entre los de una y otra nacionalidad hay de hojas y lacerías se denomina ajaraca; recibe el
de R. Bellver. - Recuerdo del baile artístico celebrado en el diferencias de estilo, aunque no de tal importancia nombre de alicatado la combinación de mosaico forSalón de la Lonja en. la noche del 8 de febrero último, dibu- que sea mepester tratar de \mos y otros separada- mada con los azulejos de piezas; y por último, la lajo de D. Nicanor Vázquez. - Fig. 1. Petrificación obtenida
en la fuente de Saint-Allyre. El huevo giratorio. - Fig. 2 . mente. Sin disputa los monumentos españoles son bor de mosaico de vidrio sobre fondo dorado, propia
El humo de un cigarro sobre una capa de ácido carbónico. más delicados y ofrecen una ornamentación más fina del estilo árabe-bizantino, se denominó fosaifesa.
El mtierro de Sa11ta Inls, bajo relieve cie Ricardo Bellver. que los monumentos del Cairo, de los cuales el más
Azulejos los hay de dos clases, unos cuadrados
importante es la mezquita de Tooloon, construída conteniendo un trozo de laceria 6 ajaracados, cuya
en el año 87 5, es decir, 2 50 años después del esta- unión forma una composición ornamental, y otros
blecimiento del mahometismo. Los ornatos de esta en que cada miembro ornamental es una pieza
LA ORNAMENTACIÓN
aparte, de modo que al colocarlos se construye el
mezquita corresponden á un estilo primitivo.
EN LAS AR'rES MAHOMETANAS
Los tipos de combinaciones y de formas apare- trazado por el mismo procedimiento que se hace el
cen en su total desenvolvimiento en la Alhambra de mosaico.
A semejanza del adorno egipcio, en el árabe hay un
Es creencia muy general que del arte bizantino Granada. Lo mismo que á la mezquita del Cairo
se derivaron dos corrientes, una hacia el Occidente, ocurre á la de Córdoba con respecto á la Alhambra. elemento que no se halla en ningún otro. Nos referique originó el arte ruso é influyó en el arte del Norte Owen Jones resume las diferencias de los estilos ára· mos al empleo de la escritura como motivo ornameny en el latino, que imperaba en el Mediodía, y otra bes de Africa y de España, diciendo que las cons- tal. Los árabes hicieron una interpretación de los cahacia el Oriente mismo, que formó el arte árabe, del trucciones africanas tienen por carácter distintivo la racteres de su escritura que se combina admirablemencual se derivaron más tarde el persa y el turco Los grandeza, y los españoles el refinamiento y la ele- te con la composición decorativa; hay dos clases de
caracteres: ºcúficos, que son los más antiguos y más
orígenes orientales del arte árabe no están compro· gancia.
bados del todo; pero no pretendemos esclarecerlo,
La decoración árabe es igual al interior que al exte- ornamentales por ser muy geométricos, y africanos,
rior; está repartida y dispuesta del mismo modo; sólo que decoran menos por ser más cursivos.
pues no importa para el caso presente.
Los árabes mudéjares, 6 sea los que después de
que al exterior es más escasa, pues no cubre por enI
tero los lienzos de muro. Toda la ornamentación las conquistas vivían bajo el amparo de los reyes
árabe es de relieve y está hecha con yeso 6 estuco cristianos españoles, produjeron un arte especia~ que
ARTE ÁRABE
cuando no tallada en piedra, y por punto general aunque conserva todos los elementos de su origen
aparece pintada de varios y vivos colores combina- arábigo, se ve influído por los estilos cristianos. El
Es un hecho que los árabes aprovecharon elemen- dos con oro; entre estos colores predominan el rojo sistema decorativo mudéjar nada nuevo ofrece en
tos de las construcciones bizantinas en las suyas du- y el azul, sirviendo de fondos, pues el oro, al contra- cuanto á la estructura de las las lacerías, ajaracas, etrante los primeros tiempos de su cultura y que tam- rio que en el arte bizantino, donde se empleaba para céter,1.; es un árabe menos puro y en el cual la flora
bién copiaron algunos detalles de aquéllas. Por ra- los fondos, se emplea generalmente para los ador- tiene á veces más importancia que la lacería. Aquezón de su origen, por su condición de innovadores nos. También hay ejemplares de decoración árabe llos principios armónicos de la construcción ornaen la civilización y de enemigos del cristianismo, puramente pintada, pues así puede considerarse la mental de lo árabe están un tanto destruídos por la
aquella gente de viva y fantaseadora imaginación de azulejos, de los cuales se conservan en Espafia invasión de elementos extraños. A veces la combinacreó un arte completamente nuevo, con que embelle- tan preciosas muestras. El motivo más importante y ción de estilos es talque campean en unas partes el áracer brillante y fastuosamente el interior de sus mez- general de la ornamentación árabe es la llamada Es- be y en otras el cristiano, como sucede en monumenquitas y de sus palacios, sin olvidar la prescripción trella de Salomón, que aparece variada hasta lo in- tos del siglo xv: por ejemplo, el palacio de los Mendodel Alcorán, que les prohibía la representación de finito y enriquecida con motivos secundarios. Se zas en Guadalajara y la Aljafería de Zaragoza. El gusto
toda suerte de imágenes de seres animados. Seduci- manifiesta desde la combinación más sencilla for- ojival se acomodó muy bien al gusto árabe en la ordos por la riqueza decorativa de los monumentos mada por dos triángulos equiláteros 6 dos cuadrados, namentación de techumbres artesonadas y en los
bizantinos, que encontraron en su carrera conquis- hasta la de diez, doce y dieciséis radios; de manera frisos decorados con arquerías; obras que revelan la
tadora, hubieron, sin embargo, de tomar de éstos la que el polígono generador de cualquier trazado or- habilidad y buen gusto de los artistas mudéjares que
pompa y la riqueza ornamental, el procedimiento y namental puede ser el triángulo 6 el pentágono, el en aquel tiempo estaban de moda, por decirlo así;
el sistema decorativo; tan en armonía con su sentir cuadrilátero, el exágono 6 el octágono: Las líneas 6 pues los preferían y buscaban los reyes cristianos,
estético hallaban aquel arte; dándose de esta suerte fajas que constituyen estos polígonos 6 estrellas re- sobre todo para los trabajos de carpintería, como las
en el árabe un caso análogo al que se dió en el arte gulares forman, en solución de continuidad, otros po- puertas cubiertas de preciosas lacerías que se conlatino, del cual se sirvieron los primeros cristianos, lígonos, que.resultan simétricos y equidistantes de la servan en numerosos monumentos españoles, singuque á pesar del horror que á éstos causaba el paga- estrella, con cuya repetición se llenaba fácilmente y larmente en las catedrales. Pero las obras mudéjares
nismo, tomaron del arte romano los primeros é indis- de un modo armónico y regular una superficie cual- más características son las de ladrillo, entre las cuapensables elementos.
quiera. A veces estas combinaciones están hechas les sobresalen las torres, tales como la Nueva de ZaLa citada prohibición del Alcorán explica por qué por medio de líneas curvas en vez de rectas, y enton- ragoza, que es un precioso modelo del género, cuyo
el arte árabe es exclusivamente ornamental y por ces el círculo lobulado hace veces de polígono. Ade- adorno está construído por medio de alicatados de
consecuencia esencialmente decorativo. El ornato más no hay que perder de vista que el Alcorán al ladrillo formando combinaciones geométricas muy
campea y domina en absoluto; cual si se hubiera prohibir la representación de los seres animados, se sencillas de rombos, cuadrados, triángulos, arquerías
vuelto á los orígenes del Arte se volvió al trazado refiere al hombre y á los animales, pero no al reino lobuladas 6 de herradura, etc. Los azulejos mudéjageométrico. Sin duda el mismo propósito innovador vegetal, y por eso la ornamentación árabe tiene su res, algunos con figuras de animales y otros con
llevó á los primeros artistas mahometanos á formar flora especial, aunque esta suerte de ornamentación adornos de lacerías y ajaracas, abundan mucho en
con los elementos primarios de la ornamentación es secundaria respecto de los trazados geométricos España, habiendo en Toledo curiosísimos ejem- las simples líneas - un sistema nuevo. Este sistema que forman el motivo principal; sólo en los trazados plares.
constituye un verdadero canon artístico cual no ha de curvas tiene la flora mayor importancia, deterLos productos de las industrias árabes y mudéjaexistido en ningún pueblo: es un completo sistema minando las hojas curvas, que relacionadas con las res que se conservan acreditan, no sólo la perfección
filosófico, caracterizado por la combinación matemá- fajas puramente decorativas completan el motivo. técnica de aquellos artífices, sino también el buen
tica; parte de un tipo 6 fórmula dado y de él lógica- Tanto en las hojas como en los tallos decorativos se gusto y primor decorativo. En la cerámica, en las
mente se deriva un trazado regular y armónico, de tal encuentra con mucha frecuencia la voluta; pero tra- telas, en las adargas, en las filigranas de la joyería Y
modo, que existe relación perfecta entre todas las for- tada de un modo sencillo y severo diverso de la vo- en las armas, hay preciosos motivos, apareciendo en
mas secundarias y la forma principal La ornamen- luta griega. La piña aparece con suma frecuencia los platos de loza leones y escudos heráldicos in~ertación árabe, á diferencia de las de los demás pue- mezclada con el adorno en los trazados curvilíneos pretados con mucho carácter oriental.
blos, es hija del cálculo y excluye toda inspiración en que determinan un espacio cerrado por un arco caQueda indicada la presencia de las imágenes de
la Naturaleza, si bien ésta le suministró elementos nopial y luego descienden. tendiendo á concluir en animales en la ornamentación mudéjar, en la cual
vegetales. Dice Owen Jones con referencia á los punta por la parte inferiorj también suele aparecer nada tiene de extraño después de lo indicado acerca
árabes españoles que se sujetaban á la ley de decorar una espede de palmeta rehundida como en forma del modo cómo se formó ese estilo; pero es de adverla constn,cción sin destruir nunca la decoración, y aña- de concha.
tir que aunque, por excepción en varios monumen~os
de que no solamente la ornamentación de la arquitecPiñas se denominan igualmente por su forma ge- y productos industriales árabes, aparecen también
tura árabe española nació naturalmente de la construc- neral las almenas escalonadas cuyo perfil presenta figuras de animales, como en la fuente de los leones
ción, sino que la idea de ésta está sostenida en cada una serie de ángulos agudos y cuyo paramento está de la Alhambra y en algunas cajas de marfil y otros
detalle por la ornamentación de la superficie. Añade decorado con preciosas combinaciones geométricas. objetos, en cuya ornamentación aparecen antílopes,
más adelante que todas las líneas parten de un tallo En las pechinas de las cúpulas y en los arcos mismos perros, etc., tales monumentos no son mudéjares,
madre, y á cualquier adorno por alejado que esté del emplearon un modo de ornamentación sumámente in- sino productos de la influencia persa en el arte árabe.

LA

483

SUMARIO

II
ARTE PERSA

Un sistema de ornamentación fundamentado en
base tan sólida y positiva, tan perf~cto y severo co~o
es el árabe, no pudó menos de eJercer poderosa mfluencia en las artes de otros pueblos, no sólo en Occidente, donde queda indicada respecto de España,

D. RICARDO BELLVER, celebrado escultor español

195

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

como una tentativa de modelar acentuando las par·
tes correspondientes á las sombras y á lo_s claros_. ~n
algunos productos industriales, .cuyo estilo participa
más de la influencia india, los efectos de &lt;:Idro-obscuro en las flores están francamente producidos Yacentuados como imitación de la Naturaleza. Aque: modo
árabe de ornamentar dibujando el arco canop1al ap~rece también aquí, produciendo variedad de combi·
naciones, como la cartela dibujada por un óva~? 6
por dos arcos de óvalo que se cr~zan forma~do OJiva,
ó bien por líneas onduladas, 6 bien produciendo un
círculo que por un lado se resuelve en una p~nta
aguda. Por lo demás, las combinaciones_ geométricas
de frisos y mosaicos de piso son sencillas, afectan
forma de ajedrezados, estando el efecto, más que ~n
los dibujos, que nada ofrecen de nuevo, en lo vanado y bien combinado de los colores. En las ce~efas
suele verse cierta reminiscencia del meandro gnego.
El arte persa es más decorativo que_ mon~mental
y más pictórico que plástico. Los me1ores eJempl~res que de él se conocen no son monumento~ arqmtectónicos, sino productos industriales, espec1:11men·
te tapices, miniaturas de manuscritos y trabaJOS damasquinados correspondientes á los siglos xv1 y xvu,
época en que Europa hacía mucho consumo de tan
artísticas obras.
Las iluminaciones de manuscritos ofrecen primorosas orlas con adornos de muy buen gusto.
Los tapices tienen el poderoso encanto de la bella combinación de colores.
Así como el arte árabe contribuyó en España á la
formación del estilo mudéjar, el persa produjo en Lindos (isla de Rodas), por el siglo x1v, un estilo que se
manifiesta en productos cerámicos decorados con
figuras y ornamentación vegetal de bellos colores, de
los cuales posee una preciosa colección el Museo de
Cluny en París.

simplemente relevados, e~ el estil? turco están esculpidos. Otra particularidad consiste en el abuso
excesivo de la curva.
, .
Es el turco, además, un arte más vulgar, mas industrial, y por consiguiente de mal gusto; abusa del
oro y por esto en los trazados de cuerpos lobulados
y fl~renzados se produce confusión en los ~domos.
Los mejores modelos de la ornamentación turca
deben buscarse en Constantinopla, especialmente en
la mezquita de Solimán l.
J OSÉ RAIIIÓN M ÉLIDA

RICARDO BELLVER Y RAMÓN

Hay familias privilegiadas en las cuales la ley de
herencia produce los más fecundos resultados, permitiendo aplicar á cada nuevo retoño del lo~no
tronco y en el sentido más favorable tan conocido
refrán castellano: De tal palo tal ashlla. Así acontece con la fami!ia de Bellver; la tradición artística
perpetúase en ella de generación en generación, y si
lauros alcanzaron el abuelo, allá por los últimos años
del pasado siglo, y el padre á principios y m~diados
del presente, no menos glona _ha conseguido en
nuestros días el continuador de dinastía tan preclara.
Nació D. Ricardo Bellver y Ramón en Madrid
en 23 de febrero de 1845, y no fué para él poca suerte tener en su padre, el famoso escultor é ilustre académico, cariñoso y experto director que fome~tand?
sus aficiones y encaminando hábilmen~e sus disposiciones para el arte, le allanara el cammo que á éste
conduce en la edad aquella que para la generalidad
de los artistas significa inclinaciones combatidas, deseos contrariados, ilusiones agostadas en flor; en una
palabra, lucha .éntre la vocación irreflexiva del niño
y la voluntad maduramente formada de los padres,
entre el corazón que siente y el cerebro que calcula,
III
entre la poesía que eleva y el sentido práctico que á
la tierra encadena.
ARTE TURCO
Adquiridos así los primeros conocimientos y conOtra derivación del arte árabe, de peor gusto y tando con base tan sólida para ulteriores estudios,
menor importancia que la anterior, es el arte turco. ingresó el Sr. Bellver en la Academia de San FerSus monumentos, que se conservan en Constantino- nando de la que fué alumno distinguidisimo, sobrepla, están construídos á la manera bizantina_ y deco- saliendo entre otras en las asignaturas de anatomía
rados conforme el gusto árabe, aunque modificado y pictórica, dibujo del antiguo, copia del natural y p~desvirtuado. Owen Jones cree que los turcos no cul- ños, y obteniendo casi todos los pre~ios y ~l apre:io
tivaban las artes, sino que se valían de artistas de y consideración de sus profesores. Diez y siete anos
otras naciones; explicándose así el estilo mixto de contaba apenas cuando presentó en la Exposición de
algunas mezquitas y edificios públicos. &lt;En un mis- Bellas Artes una estatua de Tucapel, inspirada en la
mo edificio, añade, se encuentran adornos derivados descripción que de este caudillo araucano hace Erde los adornos árabes y de los adornos floronados cilla en su inmortal poema; en esta obra reveláronse
persas, junto á detalles bastardeados del estilo roma- las excepcionales dotes del joven escultor, y por la
no y del estilo del Renacimiento.» Esta mezda indu- corrección de su dibujo, por el carácter clásico en
ce á creer que esos edificios hayan sido construidos ella impreso y por el sentimiento que la animaba meen su mayor parte por artistas de religión diferente. reció laudatorios conceptos de la crítica y calurosos

:1

sino con más facilidad en Oriente, toda vez que allí
había nacido y tomado la fisonomía especialísima que
hemos procurado delinear.
Efectuada en el siglo vn de nuestra era la conquista de Persia por los árabes, se adoptó en este país el
arte de los conquistadores; mas como allí existía la
tradición del arte indio, efectuóse una mezcla de los
dos estilos, mezcla que constituyó el arte persa. Hay
que tener en cuenta por otra parte que el genio de
los persas se acomodaba menos que el de los árabes
á un gusto artístico tan austero y grave como el que
aquéllos cultivaban; gente más incliriada á lo muelle
y gracioso, y más libre, hubo de producir un arte menos grandioso, aunque de elementos más variados.
Los monumentos persas que se conocen son menos
perfectos que los árabes del Cairo y de España, y
tanto en las líneas generales de la construcción como
en el sistema de ornamentación son menos severos.
Pero la diferencia capital entre las artes árabe y persa consiste en el constante prurito de imitar la Naturaleza en la reproducción de las figuras humanas y
de animales, y en la interpretación ornamental de
motivos tomados del reino vegetal.
Esta particularidad del arte persa, contraria á las
prescripciones del Alcorán ya indicadas, se explica teniendo en cuenta que los persas eran cismáticos. De
aquí también el que atribuyeran á las flores un lenguaje simbólico, y por consiguiente que concediesen
mucha importancia á su representación.
Dados todos estos antecedentes, se comprenderá
que en el arte persa no aparezca como fundamental el
sistema decorativo de los árabes, el sistema geométrico, trazado por cálculo, conforme á un tipo fijo y desarrollado matemáticamente; los persas sólo tomaron
de la ornamentación árabe la parte exterior y aparente. Con tendencia marcada á la curva, después de
dividir el espacio que iban á decorar en fajas y rectángulos llenaban todos estos campos con roleos y
combinaciones de hojarascas, poniendo flores interpretadas de un modo decorativo, pero conservando
mucho del natural 6, por excepción, copiándolas. El
color tiene extraordinaria importancia en la ornamenMONUMENTO SEPULCRAL DEL CARDENAL LA LASTRA y CUESTA, existente en la catedral de Sevilla,
tación persa. Emplearon con preferencia los colores
obra de Ricardo Bellver
vivos y claros, siendo frecuentísimo en fondos y otras
veces en ornatos el oro, que presta mucho realce á
los colores. Como pasa en todos los estilos orientales,
La manera de tratar el follaje en la ornamenta- · elogios de los inteligentes. A los tres años unos y
todo el ornato carece de sombras j pero en las flores ción turca es más convencional que en la árabe; '¡ otros se reproducían con creces en presencia de un
hay cierta oposición de tonos en los pétalos, cierta además es menos pictórica que la árabe y que la per- bajo relieve que figuraba en la Exposición de 1865 y
combinación de colores degradados, que viene á ser sa, por cuanto los ornatos que en estos estilos están , en el que se advertía marcado sabor helénico, así

�LA
por el asunto como por la manera de estar ejecutado.
Alentado por tales éxitos y buscando terreno más
abonado á su inspiración y á sus tendencias, hizo su
primer ensayo en la escultura religiosa, y modeló el
grupo de la Piedad, representada por la Santísima
Virgen teniendo el cadáver de su hijo en su regazo,
que obtuvo mención honorífica en la Exposición de
18671 y en el que se manifestó ser el artista de genio

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

encomiásticos conceptos por todo el orbe. El gobierno español, previo·informe de la Academia de Bellas
Artes de San Fern:\ndo, concedió al Sr. Bellver recursos extraordinarios para reproducir en mármol la
admirada estatua, la Exposición Nacional de Madrid
la premió con medalla de oro, y en la Universal de
París de 1878 alcanzó asimismo honrosa recompensa. En suma, El ángel caído ha sido una de esas
obras que hacen sensación y que bastan por sí solas
para consolidar la gloria de un artista.
Con esto terminó el plazo de su pensión, pero no
el de su permanencia en Roma, en donde continuó
viviendo hasta el año 1882. Durante este intervalo
ejecutó el magnífico sepulcro de mármol dedicado al
Excmo. Sr. cardenal de la Lastra y Cuesta, que
existe en la Catedral de Sevilla, la estatua también
en mármol del célebre navegante Juan Sebastián E/cano con destino al Ministerio de Ultramar, y un ángel colosal de bronce para la capilla sepulcral que en
el cementerio de San Isidro de Madrid posee la
Excma. Sra. Marquesa de la Gándara, obras todas á
cual más bella y dignas de la fama de Bellver.
A poco de regresar á España, en la fecha indicada, el deán de la catedral de Sevilla D. Francisco
Bermúdez de Cañas, cumpliendo los deseos de su antecesor D. Cristóbal Ruiz Canelas, y disponiendo
del legado que expresamente hiciera para ello un
sevillano ilustre, D. Mariano Desmaisieres, encargóle del adorno de la puerta principal de la Basílica,
cuya terminación habían hasta entonces impedido
vicisitudes sin cuento. En el año 1885 quedaba colocado en el frontón de la puerta el hermoso alto relieve representando la Asunción y Coronación de la

Virgen.

Angel de la capilla sepulcral que en el cementerio de San Isidro de Madrid posee la Excma. Sra. marquesa de la Gándara, obra de Ricardo Bellver.

á quien tantos y tan grandes triunfos tenía el porvenir reservados.
El concurso abierto en 1874 para las plazas de pensionados en Roma proporcionóle ocasión de lucimiento, y el jurado por unanimidad le concedió una
de aquéllas, poseído de admiración por la estatua
de David teniendo en la mano la cabeza del gigante
Goliat, que fué la obra por él presentada y ql!e es
tenida por una de las mejores de su cincel salidas,
con ser muchas y muy buenas las que el Sr. Bellver lleva modeladas.
Ya en Roma, pudo el genio de nuestro biografiado
tender las alas por más vastos espacios y abarcar
con su mirada más anchos horizontes: la ciudad
eterna con los monumentos ·que en ella han ido dejando todas las edades, con las obras de arte ali{
acumuladas por los maestros de todas las escuelas,
con los recuerdos glorjosos que en su recinto depositara la historia de tantos reyes, pueblos y religiones, hubo de ejercer benéfica influencia en el alma
del artista, prestando mayores alientos á su inspiración aquella variedad infinita de valiosísimas joyas,
y comunicando mayor seguridad á su mano el concienzudo y constante estuclio de los acabados modelos que por doquier á sti vista se ofrecían.
Frutos de su residencia en la capital de Italia fueron, entre otros, los trabajos que desde allí envió
para cumplir con las prescripciones reglamentarias
del pe~siona_do; á _saber: un busto del Gran Capitán,
un baJO relieve titulado El entierro de Santa Inés y
la estatua conocida con el nombre de E/ángel caído.
El primero mereció ser colocado ei;i el Ministerio de
Estado, y el segundo, obra inspirada en el más puro
sentimiento cristiano, obtuvo un premio extraordinario, amén del aplauso unánime de los inteligentes.
El tercero exige párrafo aparte.
La exposición en Roma de El angel caído fué un
verdadero acontecimiento; el nombre de su autor
figuró desde aquel instante en el libro de oro de los
escultores modernos y la fama lo repitió en los más

Las obras que desde entonces ha producido el señor Bellver son tantas y de tal valía,que sólo teniendo en cuenta la facilidad con que áste concibe y la
laboriosidad que es proverbial en él, puede concebirse tan rara fecundidad en un artista. Citaremos
entre las principales tres efigies en madera de San
Pedro, Santo Tomás de Aquino y San Alfonso María de Ligorio, ejecutadas por encargo del Ilmo.
Sr. Opispo de Cádiz Don Vicente Calvo; las estatuas
colosales de San Andrés y de San Bartolomé, que
son la admiración de cuantos visitan el magnífico
templo de San Francisco el Grande de Madrid; un
monumento sepulcral dedicado á Moratín, Donoso
Cortés y Goya para el cementerio de San Isidro de
Madrid; un crucifijo en madera; un monumento sepulcral en mármol para contener los restos del cardenal Siliceo, colocado en el Colegio de Doncellas
de Toledo; una imagen en madera de tamaño natural de Santa Teresa de J esús para la iglesia parroquial de Chamberí, y veinte estatuas destinadas á la
portada de la catedral de Sevilla, entre las cuales
figuran los Apóstoles y los Evangelistas.
El Sr. Bellver es académico de número de la Real
de San Fernando y profesor auxiliar de la' Escuela
de Artes y Oficios de Madrid; ha obtenido innumerables recompensas en muchas Exposiciones y ha
sido jurado en varias celebradas en Madrid, no siendo el menos glorioso de sus títulos el de director interino de pensionados en Roma, que desempeñó por
algún tiempo apenas terminado el plazo de su pensión.
Tal es á grandes rasgos trazada la biografía de- don
Ricardo Bellver.
Pocas palábras más hemos de añadir para comple·
~ar este trabajo, del cual se desprende ya lo que el
ilustre escultor español significa en la historia del
arte plástico contemporáneo.
Modernista en sus procedimientos, en ninguna de
sus obras deja de atender con especial interés á los
elementos indispensables en la escultura: la belleza
material y el sentimiento. Como los antiguos clásic?s, cuida con exquisita minuciosidad de la perfección de las formas; como los incomparables artistas
del Renacimiento, imprime en sus creaciones aquella
grandiosidad que caracteriza á las maravillas que nos
legara la Edad media, y como los más eximi&lt;!ls maestros modernos infunde en sus estatuas la expresión
y el movimiento que informan las nuevas tendencias
del arte escultórico, y que acercando cuanto cabe la
materia inanimada á la realidad viviente han permitido á la escultura abordar temas que sólo á la pintura parecían reservados.
Cultiva con igual fortuna todos los géneros, y las
obras que de él reproducimos en el presente número
son la mejor prueba de nuestro aserto. En el desnudo las estatuas de David y del Angel caído, en la escultura histórica la de Alonso E/cano, en la monumental el Sepulcro del cardenal Lastra y el Angel de
la capilla sepulcral de la marquesa de la Gándara, y
en la religiosa las estatuas de San Andrés y San Bartolom¿ y los relieves de la Asunción y Coronación de
la Virgen y del Entierro de Santa Inés ofrecen be-

NúMERO

483

llezas sin cuento que justifican la fama por su autor
alcanzada.
El Sr. Bellver pertenece á la llamada escuela ecléctica: conocedor profundo de las teorías artístiéas nacidas del clasicismo, del misticismo, del romanticismo y del realismo, y dominando todos los recursos
que para darles forma emplearon las distintas escuelas, toma de unos y otros lo que para cada obra especial necesita y haciendo abstracción de los demás
impulsos que pudieran solicitarle, endereza su inspiración y mueve su mano sólo á la consecución del
fin que en aquel momento dado se propone. Así tienen sus trabajos el carácter, la unidad y la ai:monía
que tanto se admiran en ellos.
Amante de la verdad, dentro de las necesidades
especiales del arte, no subordina la idea á la forma,
sino que sujeta la materia á su propio pensamiento;
la naturalidad es para él un verdadero culto; á ella
lo sacrifica todo, y nunca _la codicia de un aplauso le
ha hecho caer en la tentación de procurárselo apelando á convencionalismos ó á falsos efectos.
Pero de todas las cualidatles que en él se juntan,
la que constituye el carácter de su modo de ser artístico es el sentimiento: Bellver no sólo se impone
del asunto y de los personajes que en él intervienen,
sino que se idenfica, por decirlo así, con ellos, con
ellos siente, y antes de buscarlos en el mundo exterior, destácanse por este esfuerzo psicológico en su
mente los rostros, las actitudes, la disposición de sus
figuras; así es que cuando acude al modelo para la
parte puramente material, tiene ya acumulados en
su imaginación todos los elementos que han de dar
á la escultura expresión y vida.
Bellver consigue con esto impresionar como pocos
á cuantos contemplan sus obras: siguiendo el precepto de Horacio, hace sentir á los demás sintiendo él
primero. Así proceden los verdaderos artistas; así alcanzan imperecedera gloria.
,
La conseguida por D. Ricardo Bellver es de las
más legítimas, y LA ILUSTRACIÓN ARTJSTICA, al de-

David teniendo en la mano la cabeza del gigante Goliat,
estatua de Ricardo Bellver

dicar en sus páginas un título de admiración al escultor ilustre, cumple gustosa con los deberes que
su historia le impone contribuyendo en la medida de
sus fuerzas á la exaltación del arte patrio contemporáneo, del que nuestro biogTlfiado es uno de los
más insignes representantes.

M. M. A.

NúMERO

483

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1 97

plándola con ansiedad y ternura infinita: era Luca- venciendo las dificultades del idioma. A los seis meyán que la idolatraba, Lucayán que había creído per- ses de vivir en tal situación entendía Julea el castederla y que la. había hecho transportar al interior de llano y Elisa podía suplicar la libertad á Lucayár.
ELISA BRAVO
Araucania, algunas leguas de las fronteras chilenas, en su salvaje, pero dulcísima lengua.
creyendo que la proximidad del mar y el paraje de
LEYENDA CHILENA
Las mujeres completamente relegadas al olvido
tan tristes recuerdos pudieran serle fatales al volver del cacique repartieron su odio entre Elisa y Julca.
Refiere la tradición esta leyenda con detalles de á la vida.
Lucayán tuvo que salir precipitadamente para soverosimilitud espeluznante: yo no haré sino dar forAsí lo habían aconsejado á Lucayán los doclores focar una insurrección que amenazaba destrozarlo, y
ma á lo que impresionadísima escuché á persona que que fueran consultados, y dicho se está que se ha- dispuso que la corte se trasladase al interior de un
se decía muy enterada.
bían buscado cuantos eran estimados por su ciencia bosque, llevando á Elisa con los cuidados y mimos
Cualquiera á quien preguntéis en Chile quién y sabiduría.
que debía tener la idolatrada favorita de señor tan
fué Elisa Bravo, os responderá que una mujer tan
Cuando la fiebre cedió en la infeliz prisionera y poderoso.
pudo su razón volver á atrás para reconsti- ¡Adiós!, la dijo al partir, si muero en la batalla,
tuir los angustiosos momentos del pasado, dejo dispuesto que te lleven á la frontera y que te
no tuvo límites la desesperación de Elisa; dejen entre los tuyos; no quiero que mis vasallos te
ora lloraba implorando de Lucayán su liber- torturen y tomen por fuerza lo que yo estimo en más
tad, ora se tornaba furiosa y pedía una muer- que la vida: tu amor. Si muero, ¿te acordarás de m~ inte súbita que de tales tormentos la librase.
grata de los ojos azules? Y si no muero, ¿pagarás con
El cacique lloraba con ella, imploraba una sonrisa el valor con que pensando en ti me haya
también algo que á Elisa repugnaba, pues batido?
harto comprendía la poética y amorosa míElisa no contestó, pero dirigió á Lucayán una mimica del indio, y los dos pasaban horas en- rada de agradecimiento. De la muerte de aquel homteras, amando el uno, odiando el otro, pero bre dependía su libertad y su dicha; casi encontraba
suplicando ambos.
criminal la hermosa chilena desear que los enemiHacía Lucayán que los mejores poetas gos venciesen á Lucayán.
araucanos cantasen alabanzas rimadas á la
Sin el temor que las mujeres tenían al cacique,
joven, y que los más diestros músicos la ento- Elisa no hubiera vivido muchos días después de la
nasen cánticos, arrancando lágrimas á los marcha de éste; pero sabían que la venganza del
instrumentos para ablandar
el corazón de la virgen, sorda á sus lamentos.
Lucayán amaba de tal
suerte á la mujer hermosa,
que por crimen hubiera tenido forzar aquella voluntad,
que era sagrada para el valiente araucano, fiero en la
guerra, dulce en la paz, cruel
con los enemigos, enamorado con sus mujeres y fanático con los dioses de sus
mayores.
,Pasaban los días y los meses; Elisa, que había sentido
la imperiosa necesidad de
alimentarse, accedió á vivir,
después de grandes luchas,
para morir sin atentar á su
vida, pues que la era imposible moverse sin que las esclavas puestas á su servicio
avisasen de sus movuruentos al señor y dueño de
todos.
Con una saña horrible,
con odio profundísimo miraban las mujeres de Lucayán á la rival extranjera que
de modo tal había absorbido
el corazón y la mente del
cacique; ¡y cuánto no goi.aban aquellas naturalezas sals.1:-; ANDRÉS, estatua colosal existente en la iglesia de San Francisco
vajes contemplando la desel Grande (Madrid), obra de Ricardo Bellver
esperación del se,1or y los
desprecios de la blanca!
Entre las esclavas de Elihermosa como desgraciada, tan in{eliz como mártir sa había una, Julca, india que podía
del destino.
contar diez y seis años, de peregrina
.~ra E lisa una joven perteneciente á linajuda fa. hermosura y que había sido antes de
miha. Casó de veinte años con hombre que la edad aparecer la diosa blanca manjar el
le doblaba, y salió inmediatamente para Europa en más codiciado de Lucayán y su bouno de aquellos buques de vela que tardaban cinco cado más exquisito.
.
meses en llegar á España cuando por suerte no peLas mujeres del cacique procuraredan al doblar el Cabo de Hornos.
ban exasperar el amor ptopio de JulEl barco que á Elisa Bravo y á su marido trans- ca, inculcando en su alma infernales
portaba á la península, fué juguete de un temporal venganzas, pero Julca mostrábase exque lo hizo pedazos en las costas araucanas.
tremadamente cariñosa con Elisa, y
Los ~alvajes recogieron á los náufragos que la pla- ella era la que con más esmero y soya pudieron ganar después de mil fatigas, y los pre- licitud la servía. ¡Con cuánto placer
sen~aron al cacique Lucayán, para que en su alta lavaba Julca las turgentes carnes de
sabiduría dispusiese lo que se le antojase conve- la hermosa, con qué suavidad la peiniente.
naba, cómo envolvía su cuerpo con
Elisa Bravo era de los milagrosamente salvados; las más ricas telas y con qué afanosa
verla Lucayán y prendarse de ella, cosa fué de un ins- soli~itud atendía á todo aquello que
tante. La declaró su amor sin más preámbulos, y al pudiera serle grato!
ver que la hermosa blanca daba señales de aberreY era que J ulca resultaba otra víccerlo, ordenó que todos los extranjeros fuesen sacri- tima de la barbarie. Julca era india:
ficados á los dioses, im~lora~~o su protección para sangre· real corría por sus venas y
EL ÁNGEL CAÍDO, estatua existente en el Parque de Madrid,
logr~r el amor de la muJer d1vma.
fuera necesario entregarla á la brutaob· a dl' R:car&lt;lo Belll·cr
EJecutada que fué la sentencia, llevaron á Elisa lidad de un hombre de su clase
~donde yacían ,to~ cadáveres de_sus comp~ñeros;_ su , arrancá~dola del amor de un guerre:
olor no tuvo hmites;creyó mom y cayó sm sentido ro, á qmen con pasión ardiente recordaba
•e
d · d' h b'
'd
presa de un sí
' ·
N
d El'
b
El' f
·
namora o m 10 u 1era si o terrible, y por otra
á
.
ncope grav1S1mo. o pu o isa sa er . isa ué poco á poco sobrellevando aquella situa- parte Julca velaba, velaba siempre por el bienestar
c~ nto tiemp~ durara el estado ?normal de su orga- ción desesperada, gracias á los consuelos de Julca; y la tranquilidad de la diosa rubia.
n~smo; sólo v1ó al volver á la VIda que sentado al ambas jóvenes llegaron á quererse fraternalmente y
Habían transcurrido dos años: Elisa vivía en la
pie de su lecho de pieles había un hombre contero- con grandes esfuerzos de Ja voluntad iban asimism'0
molicie de favorita mimada. Lucayán la contemplaSECCIÓN AMERICANA

l

�LA
ba.arrobado, Lucayán moría de amores sin atreverse á tocar el ídolo para no mancharlo.
Si pretendía embriagarse con distracciones
que antes le habían parecido sublimes, volvía
loco y desesperado, implorando el perdón de la
mujer que con su recuerdo se interponía entre
el cacique y los placeres.
Elisa hablaba bastante bien el ara1,1cano: lo
encontraba poético, dulcísimo, cadencioso y
arr?~ador; Lucayán en cambio sabía prodigarle
canc1as en castellano, gracias á la previsión de
J ulca que á toda costa pretendía unir aquellos
corazones.
Un día en que la ex favorita hablaba á su
señor de las bellezas de la blanca, y le decantaba sus formas celestiales, sus hechizos á ella
sola revelados, sintió Lucayáp una especie de
fiebre, de arrebato que le obligó á postrarse delante de J ulca.
- ¡Oh, tú, criatura celestial!, le ?ijo.. Tú la
que yo he olvidado por una muJer mgrata
que no me quiere y me hace sufrir mil torturas
tú eres la buena, tú eres la diosa, tú eres la qu;
yo debo amar eternamente.
- No, Lucayán. Elisa te amará; ya no le eres
repulsivo, ya no te odia; desea volver entre los
suyos, y sin embargo, no pedía tu muerte cuando fuiste á la goerra.
·
·
- No; no te sacrifiques Julca: tú que me
amas, pretendes darme la dicha con esperanzas:
vano empeño; ya no la quiero; á ti, mujer adorable, á ti ama mi corazón, á ti desean estrechar mis brazos.
Y Lucayán corrió á buscará Julca, que temblando se había replegado hacia la pared.
- ¡Qué! ¿Aca90 me rechazas? ¿Tienes celos?
No los tengas, paloma: aquello ha pasado; sólo
tú vives aquí, tú ...
Julea sintió sobre sí la mano de Lucayán y
lanzó un grito.
- ¡Cómo! ¿Te asusto? Te causo también horror como á la blanca, que gime y suspira
acaso por otro hombre que la espera ... ¡Ah,
Julca! ¿Amarías tú á otro? ¿Tiemblas? ¡Desgraciada de ti si me has mentido un amor que no
sentías!
- Lucayán, tu pasión por Elisa te trastorna.
- No, ahora no es ella, es á ti á quien amo.
- ¡Te equivocas; es á ella!
-Te digo que es á ti. ¡Infame! Vas á morir
porque quieres á otro y me has engañado.
- ¡Elisa! ¡Elisa!, gritó Julca pudiendo desasirse de las férreas manos del indio y corriendo
á refugiarse en la estancia de la bella chilena.
¡Sálvame! ¡Quiere matarme!, dijo arrojándose á
los pies de Elisa, que tendida en magníficas pieles se incorporó para proteger á Ju lea.
- ¡Matarte! ¿Por qué?
- Porque quiere que le ame y no puedo: ya sabes
qu: adoro á otro; le he visto ayer, ha corrido mil
peligros para llegar aquí, y le he prometido morir antes que volver á ser de Lucayán.
No había terminado Julea, cuando el cacique entró un tanto repuesto, pero dando señales de la terrible lucha que agitaba su organismo.
Elisa le dirigió indefinible mirada. ¡Oh humano
corazón! ¡Cuántos repliegues ocultas que no penetra
el fisiólogo más entendido!
Lucayán aparecía á los ojos de Elisa Bravo no
como e) indio inculto y salvaje que todo lo atropella
por saciar sus deseos bestiales, sino como el hombre
civilizado, esclavo de una pasión avasalladora luchando con sentimientos elevados, adorando si~ esperanzas y respetando al ídolo como á los dioses sagrados de su culto.
Pero en aquellos momentos críticos· y especialísimos, oyendo á Julea decir que el amo y señor reclamaba las caricias que le debía su esclava favorita sintió Elisa un dolor agudo en el corazón, y jamás hombre alguno le pareciera tan bello como Lucayán,
exaltado y luchando con los impulsos de su fiereza.
, - Lucayán, dijo Elisa con acento que jamás hab1a encontrado en su voz al hablar con el indio perdónala, ¿qué te ha hecho?
'
- ¡Que ama á otro!
- Y á ti que te importa: no dices que me amas á
mí sola.
- i_A _ti! ¡O?! ¡Sí, á ti!; pero tú eres el espíritu malo
de m1 vida; tu no me querrás nunca.
- Te engañas; te querré con una condición.
- ¿Cuál? ¡Habla! ¡Pero habla pronto, pronto; no
ves que me muero, mujer hechicera, habla!
- Qu_e seas mi esposo, pero sólo mío, ¿entiendes?
Que deJes á tus mujeres en libertad y consientas á
Julea casarse con el que ama.
- ¿Y nada más? ¿Con tan poco te conformas? ,¡Sí,

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NUMERO

483

dos de la civilización, les acanc1an, les miman, y luego los envían de nuevo entre los suyos para que puedan hablarles de lo que han
visto: todo esto se pierde en aquel mundo, ignoto para el hombre civilizado.
El araucano no quiere ni admite ninguna
clase de cultura; es enemigo del blanco, y se
acabó; batallarán siempre y batallarán unas y
otras generaciones.
Si los blancos tratan bien á los prisioneros indios y los restituyen á sus dominios, no hacen
otro tanto los indios con los blancos; prisionero
que cae en sus garras ya puede contarse con los
muertos, á no ser que necesiten intérprete y sostengan uno para dedicarlo á los trabajos de protocolos diplomáticos, cosa curiosísima en alto
grado.
Recuerdo un mensaje escrito por un lenguaraz ó intérprete de los indios patagones al presidente de la República Argentina don Nicolás
Avellaneda, en el cual después de hacer mil
mentidas protl!Stas de cariño, amistad y obediencia, le pedían una porción de zurrones de
hierba mate, muchísimas botellas de ron y coñac, telas, aguardiente, tabaco y un sin fin de
baratijas.
Igualmente hacen de vez en cuando los araucanos con los gobiernos de Chile, aunque á
decir verdad, ni son los araucanos tan falsos ni
tan pedigüeños como los patagones.
He dicho que habían transcurrido veinte
años y que ya Chile era país independiente. En
uno de los frecuentes encuentros de tropas chilenas con salvajes araucanos, tomaron éstos algunos prisioneros que fueron llevados á presencia del cacique.
Era éste el esposo de Elisa Bravo, y júzguese
de la sorpresa agradable que los prisioneros recibirían oyendo al cacique chapurrar no muy
mal el castellano.
Los prisioneros, que ya se contaban fuera del
mundo de los vivos, vieron un rayQ de sol iluminando su existencia; pero su sorpresa llegó
al colmo cuando el cacique les presentó á su
esposa, mujer de belleza bastante ajada, pero
revelando todavía las hermosuras de su ju-

Estudio para la p0rtada de la catedral de Sevilla,
dibujo al lápiz de Ricardo Bellver

mujer adorada! ¡Eso, más, mucho más: conquistará
los blancos para que tú seas su reina!... ¡Oh!¡No, no
me pidas eso; tendría miedo de perderte; los mataría
á todos por celos!
Pasaron veinte años, nadie recordaba ya en Chile
el desgraciado fin que podía haber cabido al buque
que con rumbo á España zarpara sin que fuese posible adquirir sobre su suerte la menor noticia.
Los padres de Elisa habían muerto creyendo firmemente que perecieran sus hijos en un naufragio;
pero ¿dónde?, ¿cómo? Esto fllé lo que no pudieron
averiguar jamás.
Chile era ya independiente y vióse obligado, como

ventud.
, Ella fué la que contó á los prisioneros su
desgracia y los detalles de su triste destino.
Les dijo quién era, les refirió cuanto le había
ocurrido, y preguntó con vivo interés por su
querida patria. ¡Cuál no sería su sorpresa aJ saber que Caile era una nación independiente!
- Vendremos á rescatará V., dijeron los prisioneros. V. nos salva la vida, por V. obtenemos la libertad, pues todo Chile se levantará en
armas para sacarla á V. de su cautiverio.
- ¡Oh, no, por Dios! Suplico á Vds. que no intenten nada; sería inútil; tengo ~inco hijos de Lucayán y . .. ya amo á mi marido.
- ¿Pero esos niños?
- Son indios; son araucanos como su padre y como él serán salvajes; poco he podido hacer para evitarlo y menos podré en adelante; como no h~n de
salir jamás de la Araucania, estoy bien segura, les
dejo seguir sus impulsos.
- ¡Pero señora!
- Es inútil: cuenten Vds. mi desgracia, pero digan
que la maternidad me ha dado resignación.
Lucayán es también el mejor de los maridos.

,Estudio para el b~jo relieve «El entierro de Santa Inés,)) dibujo al lápiz de Ricardo Bellver

el coloniaje se había visto, á mantener u~ ejército en
Los prisioneros fueron restituidos y todo Chile se
pie de guerra en la provincia de Araucó.
impresionó con la historia de Elisa Bravo.
Las fronteras araucanas han costado á Chile muEl tiempo hará legendario este nombre, pero ha
chos hombres, y no pocos veteranos tienen el cuerpo pocos años se contaba la historia con peios y señales.
cosido de cicatrices que recuerdan otras tantas heríSi yo he, á pesar mío, equivocado algún detalle, en
das de lanza ó flecha; lanza sobre todo.
el hecho estoy bien segura de haber conservado la
Algunos prisioneros suelen hacer los chilenos á verdad tal y conforme allá me la contaron.
los araucanos: cuando esto sucede, condúeenlos á [
Santiago, los obsequian, les hacen tocar los resultaEvA CANEL

NúMERO

LA

483

199

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LOS PARLAMENTOS DE E UROPA. - EL PALACIO FEDERAL DE BERNA

LOS PARLAMENTOS DE EUROPA

IX
SUIZA

La confederación suiza está formada por los pueblos unidos de los veintidós cantones de Suiza; á saber: Appenzell (las dos Rodas), Argovia, Basilea
(ciudad y campiña), Berna, Friburgo, Saint-Gal!, Ginebra, Glaris, Grisones, Lucerna, Neuchatel, Schaffhause, Schwyz, Solcura, Tessino, Turgovia, Unterwalden (alto y bajo), Urí, Valais, Vaud, Zug y Zurich.
En 1291 solamente tres cantones formaban parte
de la liga federal; después se constituyó, en r 353, la
confederación de los ocho cantones; más tarde, en
1513, agregáronse otros cinco, y por último, después
del acta de mediación impuesta á Suiza por Bonaparte el 19 de febrero de 1803, seis nuevos cantones
ingres~ron en la liga. Cuando Napoleón hubo caído,
sustituyóse dicha acta con el pacto federal, extendiéndose á otros tres cantones, cuyo número ascendió entonces á un total de veintidós.
Al pacto federal siguióse la Constitución del 12 de
septiembre de 1848, cuyas bases se tomaron del sistema federativo de los Estados de la Unión de la
América del Norte, y que rigió durante unos quince
años sin que se pensase en revisarla. En 1869 la
a5amblea federativa comenzó á discutir un proyecto
concebido bajo un espíritu muy centralizador; los
debates continuaron durante el curso de las sesiones
de 1871 y 1872, y concluyeron el 5 de mayo de este
último año, votándose una nueva Constitución que
:.ometida á los ciudadanos suizos y de los cantones
para que la aprobasen, fué rechazada el 29 de mayo
por la mayoría de unos y otros.
Las cámaras, juzgando absolutamente necesaria
una revisión, entablaron otra vez los debates en 1873
Y 187 4; el 31 de marzo de este año se votó una. nueva Constitución por la asamblea general, y sometióse
el 29 de mayo siguiente á la aprobación popular. Se
aceptó por 340.199 votos contra 198.013.
Esta Constitución no ha tenido desde entonces
otra modificación que la relativa al artículo 65: abolía éste la pena de muerte; mas á consecuencia de
los numerosos crímenes cometidos en el Oeste de
Suiza, la opinión pública se declaró contra aquella
disposición constitucional, que fué derogada por el
voto popular en 18 de mayo de 1879.

dos cámaras: el consejo nacional, cuyos individuos
se eligen por sufragio en toda la confederación, y el
consejo de los Estados, compuesto de representantes de los cantones, ya,sea por mediación del parlamento cantonal 6 bien directamente por los electores cant~males.
El pueblo suizo tiene también derecho de iniciativa, directamente y bajo ciertas condiciones, en materia constitucional, y por vía de correspondencia
con la asamblea federal, interviniendo las autoridades cantonales cm todos los asuntos. Necesariamente
debe aprobar cualquier cambio que se haga en. la
Constitución. Por último, tiene derecho, pero sólo
con determinadas condiciones, para exigir el re¡erendum sobre las leyes y decretos que tengan carácter de
interés general y se voten por la asamblea, en cual
caso se deben someter á su aprobación.
El poder ejecutivo pertenece al consejo federal
elegido por la asamblea federal; uno de los individuos de aquél, especialmente elegido por esta última, tiene el título de presidente de la confederación.
Un tribunal federal, cuyos individuos se eligen
por la asamblea, esta encargado de resolver los asuntos en ciertos casos particulares previstos por la
Constitución.

El consejo de los Estados se compone de 44 representantes de los cantones; cada uno de éstos
nombra do; sea cual fuere el número de habitantes, y
en los que están divididos cada semicantón elige un
diputado.
Los que componen el consejo de los Estados reciben indemnización de los cantones que representan.
El consejo comprueba los derechos de sus individuos
y nombra en su seno, por mayoría absoluta, presidente, vicepresidente y dos escrutadores.
El consejo nacional es elegido por el pueblo, bajo
la base de un diputado por cada 20.000 habitantes.
Las circunscripciones electorales se fijan por la ley
federal; cada cantón se dmde en uno ó varios colegios, pero cada cantón ó semicantón nombra un diputado por lo menos, sea cual fuere el número de
sus habitantes, El consejo nacional c4enta hoy día
147 diputados, que se eligen por tres años. La renovación íntegra verificase el primer domingo de octubre del pel:íodo trienal. El presidente del consejo nacional debe cambiarse después de cada legislatura
ordinaria.
Los diputados por el consejo nacional reciben una
indemnización «de presencia,» de 20 pesetas diarias,
y además se les abonan los gastos de viaje(20 cén1
El poder legislativo lo comparten la asafI!blea fe- timos de peseta por kilómetro).
Las dos cámaras )egislan sobre ·1as leyes·de toda
deral y el pueblo; la primera, que tiene el derecho
de iniciativa en todos los asuntos, se compone de especie que emanan de la soberanía ,federal, sin to-

car en el dominio reservado á los cantones. Cada uno
de éstos tiene sus leyes particulares, su Constitución, etc.
A ellas corresponde elegir el poder ejecutivo y el
poder judieial para los tribunales de la confederación,
mas no para los cantonales. También ratifican las
alianzas y los tratados que se hacen con el extranjero; resuelven sobre el derecho de guerra, y determinan sobre las consecuencias que de ésta resultan.
Están encargadas de velar por la garantía de las
constituciones cantonales, y ejercen la más celosa
vigilancia sobre los cantones para que se respeten las
leyes federales.
Votan el presupuesto federal.
Resuelven sobre las apelaciones de los ciudadanos contra las sentencias cantonales, los conflictos
de competencia y el derecho de gracia y de amnistía.
Las dos cámaras ejercen, no sólo el poder legislativo, sino también el constituyente, puesto que pueden proceder á revisar la Constitución federal bajo
reserva del voto popular.
Cada cámara delibera por separado, excepto cuando se trata de las elecciones del consejo y del tribunal federales, de las apelaciones de gracia y de los
conflictos de competencia. Entonces constituyen la
Asamblea federal. Hasta 1874 las dos eámaras ejercían el poder legislativo en absoluto; pero la . nueva
Constitución introdujo el referendum.
Treinta mil ciudadanos pueden exigir que una ley
sea sometida á la votación popular. La Constitución
fija en noventa días, á contar desde aquel en que se
publica la ley ó el decreto, el plazo durante el cual
se puede pedir el referendum. Si son los eiudadanos
los que le reclaman, deben firmar las listas de su
puño y letra, y el derecho de votación de los fir.
mantes debe ser atestiguado por la autoridad comunal del punto donde ejercen sus derechos políticos.
Si se alcanza el número de treinta mil firmantes, ó si
ocho cantones lo reclaman, la votación popular se verifica por lo menos cuatro semanas después de la
publicación de la ley.

El consejo federal, compuesto de siete individuos,
se nombra para tres años después de cada renovación del consejo nacional, no pudiéndose elegir más
de un individuo en el mismo cantón. Sus miembros
son reelegibles, y se les prohibe desempeñar otras
funciones ó ejerce¡; una profesión cualquiera.
El presidente de la confederación es elegido en el
seno del consejo federal; la asamblea le nombra por
un año, y no es inmediatamente reelegible. I gual en
categoría á sus colegas, no tiene más que el encargo
de presidirlos y repartir el trabajo entre los diferen
tes departamentos.

�...
(1)

p
....
....(1)

IIl

o

'ti

...(O
....o
~

(1)

'ti
(O

,.o
"'

o

-·¡;

.....ai
(1)

rn

(1)

'ti

....111

...

'ti
(1)

.µ
(O

o

....(O
(1)

'ti
(O
.µ

...

(1)

::1
p.

.....(O

~

(1)

'ti
l:l

'O
.µ

l:l

o

• e!::

....

(1)

'ti
(1)

p

Ql

;!:l
(1)

...

o

.µ
.....

til

z·
íi.l

ó

\

~
....

I&gt;

-4
~

J':c1

A

z
'O
....
o
zo-4
~
o

o
~

z
'O
....

o

zp
rn

&lt;ll

SAN BARTOLOMÉ, estatua colosal existente en la iglesia de San Francisco el Grande (Madrid),
obra de Ricardo Bellver

�•
203

LA lLusTRACIÓN

202

ARTISTICA

NúMERO

483

El presidente percibe un sueldo de 13 500 pesetas y los demás individuos 12.000.
Hay siete departamentos: el de Política, cuyo jefe
era en 1890 M. Numa Droz, de Neuchatel; Interior,
cuyo jefe es M. Schenk; Justicia y Policía, con M. Ruchonnet; Guerra, con M. Hammeer, de Solcura; Industria y Agricultura, M. Deucher; Correos y Caminos de hierro, .M. Welti, presidente de la confederación. Los consejeros se distribuyen los departamentos ministeriales.
En cuanto al tribunal federal, se compone de nueve individuos nombrados para seis años por la asamblea, que también designa presidente y vicepresidente. Es una especie de tribunal de casación. Cada individuo disfruta de un sueldo de 10.000 pesetas; el
presidente percibe 11.000.
La asamblea general elige también, pero sólo por
tres años, un canciller federal, que desempeña el
cargo de secretario de la asamblea y del consejo federales.
Como en Suiza se admiten tres lenguas oficiales,
el francés, el alemán y el italiano, los informes leídos
en las cámaras van escritos en los dos primeros idiomas por dos ponentes pertenecientes á la suiza francesa y alemana. No hay ninguno italiano, pues los
ocho diputados del Tessino hablan todos alemán ó
francés.

da. Supe entonces una cosa que me llenó de espanEn la larga noche que siguió á aquel día, el más
to. La anciana Francisca no parecía; nadie había triste de mi vida, no quisimos descansar en las salas
pensado en ella entre tanto cuidado, y era evidente que habían improvisado para dormitorio. Ni una sola
que á estas horas habría perecido envuelta en llamas. abandonó el templo. Algunas, vencidas por la fatiga,
La noticia cundió con la rapidez del rayo, y todas las dormían con la cabeza apoyada en los grandes canmiradas se clavaron con ansiedad tremenda en la delabros que sostenían las luces; otras rezaban precidirección que señalaba la mano crispada de la di- pitadamente y poseídas de cierto estado febril. La
rectora. El terror estaba pintado en los semblantes, y verdad es que todas recordábamos en aquellos mola funesta nueva que en brevísimo espacio nadie igno- mentos con horror nuestro acerado desdén con aque ·
raba, fué motivo de todas las conversaciones. Se die- lla desgraciada, y un secreto sentimiento muy semeron órdenes para lograr salvar á aquella infeliz; algu- jante á la pena que proporciona un mal irreparable
no intentó pasará la nave incendiada, aprovechando del cual nos consideramos causa, nos argiiía s~creta·
el claro abierto en el tejado para aislar el fuego; otros mente la conciencia. ¡Qué diferencia entre Gregaria
apoyaron una escala en la pared, y trataron de su- y las demás! T odas, una vez en salvo, en nada pen·
bir á dos de las ventanas que no estaban invadidas samos, y en tanto Gregaria, á quien también habíapor las llamas y tras las cuales se veía parte de la mos visto cerca de nosotras, ilesa y segura, pensó en
sala iluminada con vivlsima luz. Nada consiguieron; la pobre anciana, ciega y desfallecida, y sin comuni·
al llegar á cierta altura se vieron obligados á cejar en car á nadie sus designios, corrió presurosa á salvarla
su noble empeño, abrasados por aquel inmenso foco, pasando entre torbellinos de fuego, que ni aun los
cuyo calor asfixiante llegaba hasta nosotras.
hombres se atrevieron á arrostrar. ¡Qué egoístas y
, Perdida toda esperanza, viendo avanzar rápida· desnaturalizadas vi entonces á todas mis amigas!
&lt;lamente las llamas ql.le casi tocaban ya la ventana ¡Qué miserabl~ me juzgué yo misma comparada en
de la habitación en que dormía Francisca, la desola- aquel momento con aquella cuyo último sueño nos
ción llegó á su colmo, y no hubo una entre todas tocaba velar!
nosotras que dejase de llorai á la pobre ciega, á quien
La incierta luz de la aurora empezó á hacer palinos figurábamos envuelta en aquella horrible vorági- decer más y más las luces de la iglesia, sacándome
ne. Por un movimiento instintivo, y siguiendo el de las tristes consideraciones que aquel terrible lance
ejemplo de la madre directora, caímos todas de ro- me .sugiriera.
dillas, y con las manos elevadas al cielo entonamos
A las pocas horas las bóvedas de la iglesia eran inEl consejo nacional se nombra por sufragio, sien- el hermoso himno ¡ Perdón, oh .Dios mio/ Empezaba suficientes á contener la inmensa muchedumbre que
do elector todo ciudadano suizo que.haya cumplido á amanecer, y nuestro! ojos vislumbraban en las li- entraba precipitadamente con el pesar y el interés
veinte años.
geras tintas de la alborada el término de aquella si- pintado en el semblante.
Las elecciones son directas, y verifícanse en los niestra noche de perdurable memoria. Las campanas
Los bancos centrales, colocados en triple y unifor49 colegios ó distritos federales por escrutinio de lis- tocaban las Ave-Marias, y nuestro cántico más fer- me hilera, se vieron ocupados por personas de aspecta ó individual, según el número de los diputados voroso, más creyente, resonaba imponente y grandio- to respetable, entre las cuales estaban los padres y
que se hayan de etegir. La votación es secreta y se so entre los medrosos ruidos del incendio. Hubo un encargados de todas las niñas, mis compañer:is. El
efectúa por escrito. Se necesita la mayoría absoluta momento que detenida la faena, acaso por el ince· mismo señor de barba blanca á quien la noche antes
de los electores votantes para ser elegido; las pape- sante trabajo de muchas horas, permitió que movi- vi dar órdenes y atender á todas partes en los mo·
letas en blanco no se cuentan.
dos aquellos hombres de idéntico pensamiento des- mentos de mayor peligro, ocupaba la presidencia,
Son elegibles todos los ciudadanos suizos laicos cubrieran respetuosamente sus cabezas, adoptando teniendo al lado al señor capellán y á otros sacerque tengan derecho de sufragio.
la imponente actitud del hombre cuando reza.
dotes. En cuanto á nosotras, rodeábamos el cadá·
En cuanto al consejo de los Estados, los 44 dipuEn aquel instante un grito de angustia se escapó ver de Gregoria, siguiendo en nuestros libros á los
tados que le componen son nombrados por los can- de todos los labios. Dos figuras humanas aparecieron oficiantes.
tones, siendo del todo independiente para cada uno en una de las ventanas respetadas por el fuego; lleNunca conmovieron tanto mi alma como en aquede ellos el sistema de elección, la duración del cargo vaban el cuerpo cubierto con largos sudarios rojizos, llos momentos los solemnes acordes del órgano que
y el sueldo. Los unos eligen sus representantes por y una de ellas con acento sobrehumano pidió socorro acompañaba la voz sonora de los que cantaban las
medio de su parlamento cantonal; en otros, los dipu- con voz aguda y penetrante. Extendía los brazos bajo lecciones; aquellas notas parecían seguir en _ín~mo
~dos los elige directamente el pueblo, bien por ma- aquel fantástico manto, y con ademán expresivo nos consorcio los salmos que iba leyendo en m1 libro;
nos levantadas (en los landsgemeindens 6 asambleas mostraba á su compañera, á quien sujetaba y opri- suplicaban con plañideros lamentos al Dios de las
populares), 6 ya por escrutinio. La duración del car- mía contra su pecho. «Caridad para la pobre ciega, Misericordias, y se ensanchaban atronando el espago varía de uno á tres años.
añadía con ternura infinita. Un momento más y será cio, al pintar las grandezas del Dios Omnipotente y
En el consejo nacional los radicales están en ma- tarde.» Entonces las escalas todavía colocadas con- Justo, reparando en aquel gran día las injusticias de.
yoría; hay algunos _conservadores, protestantes y cató- tra el muro, se vieron invadidas de hombres aguerri- esta vida.
licos y dos 6 tres socialistas. En suma, todos los dipu- dos, que á vuelta de dolorosas contracciones por el
MATIAS M ÉNDEZ VELLIDO
tados son republicanos; pero mientras que en el con- insoportable calor que abrasaba sus cuerpos, llega·
sejo de los Estados la mayoría conservadora es de 4 ron hasta la ventana donde aún permanecían aque·
NUESTROS GRABADOS
á 5 votos, la de los radicales asciende en el consejo llas infelices envueltas en aquel nimbo encendido,
nacional á unos 50.
que ya hacía humear sus vestiduras. La que había
Recuerdo del baile artístico celebrado en el
pedido socorro empujaba violentamente á su compa- Salón de la Lonja. en la noche del 8 de febrero
dibujo de D. Nicanor Vázquez, según foto~rafias de
ñera, ayudándola á caer en los brazos que se exten- último,
D. Emilio Fernández, Napoleón. - La extensa resena que de
Las dos cámaras suizas reúnense en Berna en dían para salvarla. Ya era tiempo; apenas comenzó esta por todos conceptos notable fiesta publicamos en el núgrandes edificios sin carácter. Parecería que los ar- el trabajoso descenso por la escala, se oyó un grito mero 186 de El Salón de la Afoda, nos releva de entrar en dequitectos se han dicho que ante la incomparable na- en que parecían condensarse todos los dolores cau- talles, asi acerca del local en que se celebró, como de los ricos
turaleza que rodea la capital de la Confederación sados por aquel espantoso martirio, y la figura miste- y apropiados trajes de las personas que en ella tomaron parte.
Algunos de éstos, tomados de fotograflas hechas por D. Em\·
era inútil adornar vestíbulos y pintar hemiciclos. E~ riosa, que cual fatídico espectro de aquella escena de lío Fernández, Napoleón, pueden apreciarse perf~ctamente en
rigor tienen razón: no hay estatuas ni frescos cuya espanto aún permanecía de pie en aquel candente el dibujo que reproducimos y justifican los elogios que á ralz
vista pueda competir con aquella.fungfrau, y los di- fondo, se vió envuelta en las llamas, que hicieron por del baile se tributaron á los que los vestían.
El aspecto del magnifico ::ialón de la Lonja, ad~rna~o con
putados suizos no tienen más que asomarse á la ven- fin presa en sus vestiduras. Solo un momento pudietanta propiedad como riqueza, bajo la dirección del_ rnteh~ente
tana para contemplar inmortales bellezas y compren- ron contemplar este horripilante cuadro los que tuvie- artista Sr. Pasc6, aparece también en toda su mag~nficenc1a en
der fácilmente cuán insanas son las luchas políticas ron ánimo en aquellos instantes, ó esa curiosidad fe- la composición del Sr. Vázqucz, que además permite formarse
y vacíos todos los discursos.
bril que con poderosa atracción nos mantuvo á algu- exacto concepto del conjunto animado y vistoso de aquel baile
nas en letal paroxismo, hasta que desapareció en aquel que tan gratos recuerdos dejó en cuantos á él asistieron.
X
Si el aplauso unáDime de los inteligentes es suficiente recominmenso torbellino la pobre Gregoria, cuyo nombre, pensa
á los esfuerzos hechos en pro de una idea levantada, por
aún no pronunciado, estaba en nuestros labios.
bien premiados puede considerar los suyos el Círculo Artístico,
GREGORIA
organizador de la fiesta de que nos ocupamos, pues unánimes
fueron los que mereció el baile del 8 de febrero.
IV
(EPISODIO EJEMPLAR)
· ( Co11c/11sión)

El incendio seguía su marcha invasora. La parte
de edificio incendiada estaba aislada por uno de los
ángulos, merced á un ancho corte que habían abier·
to á nuestra vista en la armadura; en cuanto al otro,
todos los esfuerzos eran inútiles, y la misma fuerza
de las llamas dificultaba en gran manera los trabajos
de zapa. La capilla del colegio ocupaba el centro del
ala del edificio que empezaba á arder con gran viole?cia; era d~ piedra, y constituía cuerpo aparte en la
rmsma línea que los dos que cerraban el patio, formando un perfecto cuadrado. Los dos claros que aislaban la iglesia del colegio eran pequeñas labores de
jardín cerradas por labrada verja de hierro, concluída en punta, semejante á afiladas lar¡zas.
En una de las vueltas que dió la directora cerca
del lugar que yo ocupaba, fué interrogada por un
caballero que no pudo menos de extrañar el temblor
y atonía de que en aquella ocasión se hallaba poseí-

El cadáver de Gregoria quedó horriblemente carbonizado. Una masa informe indicaba confusamente
que aquello, pocas horas antes, había servido de envoltura carnal al alma grande de la pobre niña.
Pocas horas después de terminado el siniestro se
hallaba fa capilla del colegio convertida en cámara
ardiente. Ninguna de nosotras quiso abandonar el
colegio sin presenciar los funerales de la heroica mártir, que habrían de celebrarse al día siguiente.
Bajo la nave central del templo y en el punto me·
dio del crucero, se alzaba modesto túmulo cubierto
de blancos cendales, que caían en abundantes pliegues hasta el suelo. Colocado sobre aquél se hallaba
Gregaria, cuyo cuerpo apenas se adivinaba bajo la
tupida gasa que lo envolvía. Grandes cirios iluminaban el féretro, quedando el resto de la iglesia en
medrosa y vacilante media luz. Las madres rezaban
de rodillas, así corno mis compañeras, que de tiempo
entraban y saJían llorosas y congojadas.

GRANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
DE PARÍS
Véase el anuncio en la sección correspondiente

DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino ~e Chassaing
N CONSE.TO POR DIA. - La estación preU
sente causa verdaderos desastres en las epidermis sensibles: la piel se
se
y se
continuamente.

agrieta, enrojece
arruga
Para evitar estos disgustos hay que emplear para el rostro y las
manos la CRF..MA SIMÓN, cold•cream tónico y calmante, cuyos
efectos son maravillosos. Ensayarla una vez, es adoptarla. Se
halla este producto me de Provena, 36, París, y en todas
partes; pero es preciso guardarse de las falsificaciones bajo 110111•
óres extranjeros.

JABON REAL

IV J: OLETf

JABON

DETH RI DAC E 2s,i•n~1~'::)m1IVELOUTI NE
llcWl4uq Jtr autori•atea ■üir par&amp; la BJ¡llll" •• la Piel J l1llua CII Cellr

NúMERO

LA

483

I LUSTRACIÓN ARTISTICA

EL ANILLO DE AMASIS
ON, ILUSTRAD A POR A, BESN ARD
NOVELA ORIGINAL DE LORB LYTT

(CONTINUACIÓN )

brillaban aun en el aire obscurecido.. Es~s. letras cotábase por la constante compañía y eficaz ayuda de menzaron á hablar ~e una manera mtehgible, y sus
Desde entonces habríale sido fácil dirigir los senalabras eran las mismas que las del árabe.
1 ~ h
timientos de la joven por una vía en que estaban J ulieta.
U na tarde (era el 2 I de marzo, y doy a e~ a p «i Hijo del hombre, abstente de los deseos de ~u
dispuestos á entrar á la primera indicación que le reexacta por razones que después se comprend~ran) corazón y no luches con la mano de Seb Kronos.~
velase claramente la diferencia entre el amor y la
Aqu;lla prolongada serie de imágenes y _de som:
amistad. Sin embargo, los dos dejaron escapar el los dos jovenes se hallaban muy ocupados:_ él,;i~sar
do los pliegues de un papiro en la extremida. e a dos debió ser el sueño y el despertar de un mstante.
minuto psicológico: Julieta por ignoran~ia,_ Conraaletía egipcia, y ella, al lado opuesto, exam~nando J ulieta le interrumpió, diciendo con un tono en que
do porque no se daba cuenta de sus sent~mientos y
~arias pequeñas alhajas antiguas que era prectSo cla- la ale ria se mezclaba con un poco de mal hum_or.
también porque su carácter no era exp~nsivo.
.
- ¡iues bien!; tú, el más solemne de los sabi?s y
La pasión engendra pasión, ~ su acción_ es rá~ida, sificar.
.
d
to ·qué
_ ¡Oh, Conrado!, exclamó Ju1ieta e pron , t
el
más
sabio de los mágicos, cuando hayas ter~m\
directa, precisamente porque es mvolunta~1a; va si~mI
anillo tan singular, y que precios~ es....
.
do el examen de mi talismán, tendrás la bonda ta
pre derecha al objeto, con brutalidad y sm ~ons~de. ¿Cómo?, replicó Conrado, sm levantar la vista vez de darme una interpretación ant~s de que te hayas
raciones en las naturalezas incultas, mas por mstmto
del manuscrito. ¿Has encontrado al fin al~u~a cosa convertido en estatua, como tus am1g~s Harus Yn!;~
y sin vacilar en los caracteres enérgicos. En cierto
que pueda agradarte entre esas raras cunosidades? nubis y sus parientes de pa~as de aranas y de
sentido, Conrado carecía de pasión, no P?rque tume alegro!
.
bres imposibles de pronunciar.
viese un carácter frío, pues muy al contrario, en ex- ¡Cuánto
- Gracias, repuso Julia; acepto este amllo de t_u
A enas dichas estas palabras, resonaron_ en el patremo sensible á las impresiones exteriores, produparte corno un precioso regal? para ~ecordar tu fehz
cíanle éstas las mayores alegrías 6 los ~ás profundos llegada· mas sospecho, añadió (sus ideas respecto á tio del castillo con toda claridad los somdos ~e 1~
bocina de un postillón: sin duda las notas, al pnni1pesares, sino porque todas sus sensac_10nes eran palas antigüedades egipcias no pasaban de una confusa pio lejanas y después más próximas, de aqu;ll~r
sivas, y no se desbordaban en expresio_nes espontáreminiscencia sobre la flauta encantada), ~ue lo h~s cina eran las que habían prestado sus ecos an l·
neas ni se aliviaban tampoco por la acción. Conrado
mandado hacer expresamente para mí a un ,diª: cos á las letras de fuego de la visión de ~onrado.
absdrbía en sí el mundo exterior, transformándole
mantista de Serastro. ¡Mira qué bien se ajusta a mi Un alegre postillón alemán, tocando la bocma en el
después en visiones ideales, y hasta para ob,tener U?
,
· camino de Larnstein, cuando galopaba alegremente,
objeto ardientemente deseado no se le ~abna ocurn- dedo!
- Confiesa, dijo, que parece hecha para mi, y mi
do jamás franquear la frontera que exista· ~ntre ~l mano para ella, de tal modo que no cederé la pose- había desempeñado sin saberlo en el cerebro de o~~
hombre, como en un escenario, el papel solemne e
sueño y la realidad. Había pensado que su eX1Stenc1a
sión de esta joya sino con la vida.
terrible y divino Seb Kronos.
•
se deslizaría tranquilamente con Julieta, y ~esde :5te
Así diciendo, extendió su delicada m~no con la
Una silla de posta acababa de e~trar en el patio,
momento no podía ya imaginar que su sueno. deJara
coquetería de una joven.
donde se detuvo precisamente debaJO de la vent~na
de cumplirse. Desde el momento e? que la idea se alegre
_ Entonces, dijo Conrado, deberás ~ederl~ algún junto á la cual se hallaban J ulieta y Conrado; Y!111enproducía en su espíritu, quedaba fiJa en él, y ya no día al feliz mortal á quien confí~s tu ~~1stencia, quese preocupaba de la realización, porque creía en ella rida Julieta. ¡Ojalá ~ea un guardián vigilante de esos tras hadan conjeturas, pregustándose qué VlSl~nte
inesperado llegaba al castillo, oyeron pasos con usos
implícitamente.
.
donativos!
y murmullo de voces en el- corredo~. ~a puerta se
En tales condiciones de carácter, la vida de Con- dos- preciosos
¡Así sea!, contestó Julieta riendo. Entonces ser·
rado se deslizaba en Larnsteirt tranquila como arr~- virá de anillo nupcial, y estoy segura de que me da· abrió con violencia, y en la galería egipcia entró un
yuelo de mansa corriente, sin que ningún aconteci- rá buena suerte. Debe ser ~n talis1:1án ó un amu~et~, oficial precipitadamente, vestido de uniforme, con el
miento notable viniera á turbar la monotonía de su y esos extraños caracteres tienen ,srn du?a una ~igni- rostro enrojecido y haciendo resonar sus ~spuelas y
su sable: era Félix, á quien se&amp;uían el anciano conexistencia.
.
. .
ficación importante. ¿Qué podran decir? ... ~u que de la condesa y toda la serVtdumbre de la casa.
Hacia la misma época ocurnó un incidente ~?e comprendes todas las cosas, tal vez puedas satisfacer
Pr~firió un grito de alegría y lanzóse en los brazos
produjo mucha agitación en el círculo de la fa~tlta,
curiosidad...
1 í
y que después tuvo para Conrado consecuencias de miAsí
Conrado.
d
hablando, Julieta había cruzado la ga er a, y de Era
el primer encuentro de los dos hermanos estrágica importancia: me refi~ro á la ~l~~ada, largo hallábase de pie junto á Con~ado, de manera que
tiempo diferida, de su colección de anttguedades del sus cabezas casi se tocaban, mientras á t_ravés. de 1~ de el regreso de aquél á Larnstein. Después de las
primeras efusiones, Conrado, separándos~ un poco
Egipto.
.b. ventana, los últimos fulgores del sol poniente ilum1·
Habíanse hecho grandes preparativos para reci ~ naban el rostro de la joven. El perfume de su ~~&lt;lo- de los demás, preguntó á Félix en voz .baJa:
- ¿Y tu examen?
de una manera conveniente aquellas venerables reh- so cabello había reemplazado al olor ácre del paJaro,
Félix dejó escapar una carcajada.
quias, y para esto se trastornó la mitad d_e 1~ casa. encerrado ya en su caja de cristal, Y. á Conrad? le
- ¡Mi exam~n!, exclamó, vol~énd~se á los prese_n•
Un ala del castillo se arregló para que ~ime~a ~e pareció que de cada pliegue del vestido de Juheta
museo adornándola trabajosamente al estilo egipcto emanaban efluvios eléctricos. Entonces, á pesar _de tes; á fe mía, creo haberle sufndo_ bten, ~ es~oy dispara q~e su aspecto correspondie~a con ~l de l_as ma• su reserva acostumbrada, experimentó el más vivo puesto á jurar que si los siete sabios de Grecia, y tú
ravillas que debía contener. BaJO la drrecció~ de deseo de estrecharla contra su corazó~, sella_ndo los además de ellos hubierais estado presentes en aqueConrado, el albañil del pue_blo se ocup? largo ti~m- labios de la joven con los _suyos; y ~uizá~ el impulso lla ocasión fav~rable, os habríais muerto de n~;
po en la construcción de ptlones ~ capiteles destma• hubiera sido irresistible si en el mismo ~nstante no ero es preciso que lo sepas todo. J~más la entra a
dos á comunicar un as¡,ecto particularmente sepul- hubiese herido su vista el anillo ~ue bnllaba e~ el ~n el puente de los asnos fué tan fácil para_ los cascral á las antiguas chimeneas ~óticas, bas~a que pre- dedo de J ulieta. Esto ba~tó ~ara que toda sensación cos de uno de esos cuadrúpedos. Ya lo ves,_era cosa
sentasen al fin un conjunto funebre t~n 1rnp?nente de calor y de vida se extinguiese al punto_e~ Conra- resuelta de antemano en el consejo ~e los d10s~s qu~
como si las cenizas que contuvieran hubieran sid_o las do, convirtiéndose en un indefinible sentimiento de yo seria con la mayor diligen~ia pos1bl_e, a~end1do
del mismo Osiris. Varios obreros de toda especie ha- horror: el anillo era el de Seb Kronos! que _había temperamento prusiano, oficial d7l ~J~rcito de
bían permanecido en el castillo durante meses ~ote- visto por primera vez en el dedo de AmastS, el difunto Majestad. El gran Napoleón ha insistido para que
ros, y cuando se anunció la llegada de l?s. ~10ses
así fuese.
·
d
príncipe de Tebas.
- ¡Napoleón!, exclamó Conrado. ¿Qué quieres etodo estaba preparado para hacer á. sus dtvtnzdades
Entonces no se dió ya cuenta de lo que pasa~a á
una recepción digna de su_ impo~tan~_ia.
esto?
'bl
su alrededor; parecíale que se ahogaba, como si _se cir -con
¡Qué quiero decir, ignorantón! ¿Es posi e que
Sin embargo transcurrió algun tiempo antes de le hubiese aparecido un espectro, y todos los obJe•
· que no .habían
ninguno de vosotros, aunque QS halléis en este ret~o
que aquellos habitantes
de Larnstem
tos que había alll fueron par_a él otros t~ntos recuerviajado pudieran familiarizarse con las momias¡ las dos. Velase otra vez en medio de las rm?as del t~m- de la superficie terrestre, no haya oído hablar e
magníficas esfinges, de facciones graves Y de miem- lo de Ammón; pero antes de que pudi~se realizar aquel de quien todo el mundo se ocup~? N ~estro re~
bros lisos inspiraban tímido respeto; pero e_stas plá- ~sta aparición repentina, había desaparec~do, y hallá- ha llamado á su pueblo: ya no hay u~1versidades. m
cidas divinidades adquirieron muy pronto cierta po- base de nuevo solo en las orillas del Nilo; oía las liceos ni colegios militares, ni funciones guberna·
pularidad entre la gente del señorío, por más que ~o aguas agitarse á sus pies, y parecíale ver extenderse ment~les. Estudiantes, colegiales, clérigos, cadete\y
tuviera los conocimientos necesarios para apreciar hacia él con desesperado ademán el brazo y la ma~o todo hombre, en fin, capaz de lleva~ las armas, de e
su categoría ·Y dignidad. Considerábanlas como ex- de Amasis. Al mismo tiempo divisaba á Sethos, in- ser ahora soldado. y debo advertirte _que tú serás
travagantes muñecos y sus sencillas tocas sacer&lt;lota- móvil en la proa de su barco; pero su figura era._ la mi compañero, pues traigo tu nombramient? fir?1a~o
'
les sus rostros tranquilos,
con su expresi'6n de asorn· del jefe árabe, y las mirada~ de éste hallába~s~ fiJas y sellado en mi maleta. En su consecuencia, anad1ó
br~ casi infantil así como su costumbre poco razo- en él, mientras que sus labios murmuraban. «1Y tú dirigiéndose á la condesa, aprovéc~ate de nosot:~!
'
cuanto puedas hoy y mañana, quenda mamá, p
nable de sostenerse
con una sola P1·erna, hallándose
b
también, hermano!»
la otra levantada á un ángulo de 3° grados so re e1
En el dedo que tenía la amatista c~eyó .ve! el he prometido á Lutzow que d_e ~quí á tres días n~s
incorporaremos á nuestro regimiento Conrado y y .
suelo, contribuyeron á modificar en ~u f~vo\la
de Amasis, y los rayos de luz de la piedra, ~iolá·
pugnancia instintiva con que el espíritu mcu to e ceos y amenazadores, fijábanse en él con tena.ciclad,
los teutones estuvo primeramente dispuesto á con- retorciéndose y enlazándose entre _sí como serp1ent~s. · Perdid~ e~ 1~ c~rri~nt~ d~ l~s ¡co~te~imi:nto~ P~
siderar aquellas castas, pe~soni'fic~c1'6n del pensa- Al fin tomaron la forma de letras mme~sas, y al_ rms- blicos que siguieron á la escena á que Féhx asistt
miento especulativo del antiguo Egipto.
C
d rno tiempo oyéronse en lontananza sonidos débiles y el 17 de marzo de i8r3, la existencia de los dos herA principios del año 1813 fué cuando onra 0 plañideros, que corno almas perversas penetraron en manos pasó inadvertida, hasta que se fir°:-6 el tratacomenzó á organizar su museo. E sta tarea era muy el cuerpo inflamado de las letras lúgubres, las cuales do de París. Después volvieron á Larnstem sanos Y
·
taba acrecende su gusto, y el placer que expenmen
·

s:

t

....

6

�LA
salvos, y más estrechamente unidos que antes, pues
la experiencia común de la vida de los campamentos
había aumentado y fortificado su amistad fraternal.
Los fragmentos de cartas y de diarios íntimos que
transcribo en el capítulo siguiente fueron elegidos
con muchísimo cuidado en el fajo de papeles secretos que entre mis manos dejó el desgraciado héroe
de este relato, y constituyen la crónica contemporánea de su triste historia.

VI

..

DRAMATIS

PERSONIE

JULIETA Á TER'ESA

«.Larnstein, 14j1mio, 1814.

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

de C estaba en parte marchita? Yo he visto que las
miraba con mucha atención.
»En cuanto á Félix, tunante mal criado, ni siquiera se dignó darme simplemente las giacias por mis
atenciones, y esto me parece muy mal hecho. Me
trata como á un compañero; pero no importa, yo le
pagaré en la misma moneda uno de estos días. Estoy
resuelta á amar á Conrado más que á él¡ pero lo peor
es que le creo muy capaz de no fijarse en ello. Por
otra parte, no estoy muy segura de poder hacerlo si
lo intentase, pues á los dos amo de todo corazón, y
en tal amor no puede haber más ni menos. Tan querido es para mí el uno como el otro, y á Dios gracias, ambos están á mi lado. Si uno de estos seres
queridos hubiese'desaparecido para siempre, yo habría preferido morir.»
EXTRACTO DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK

483

»Es imposible profesarle rencor formalmente por
sus fechorías. Con razón considera á Conrado como
un segundo padre, porque éste, sin tener estudios
especiales, inició durante la campaña á su hermano
en todos los detalles de la ciencia y de la práctica
militares, y mientras hubo guerra fué á la vez su guía,
su maestro y su camarada. ¡Qué talento tan superior!
Seguramente es el hombre más perfecto y cumplido
que jamás conocí ni conoceré. Su fuerza de aplicación, su dominio sobre sí mismo y la firmeza de su
carácter son únicos.
»A pesar de cuanto dejo expuesto, no parece feliz. Sus altas cualidades no impiden que esté atormentado al parecer por el vago 6 impaciente deseo
de alguna cosa que no tiene. Cuando se trata de disfrutar de la vida, es más pobre que Félix, que con
poca cosa ó nada cree ser rico como Creso y disemina en todas partes su felicidad con el aire de un joven millonario. Lo cierto es que Conrado se concentra cada día más en sí mismo y parece no interesarse en nada fuera de sus estudios. Apenas me habla,
y comenzaría á creer que le soy indiferente si mil ligeras atenciones no me probaran su constante solicitud.
»Sin embargo, demuestra tal tranquilidad en todo
cuanto hace en mi obsequio!. ..
»Félix, por el contrario, no se ocupa casi nunca
de mí, pero en cambio reclama siempre mi auxilio para una cosa ú otra; ayer me tuvo toda la mañana ocupada en arreglar su cinto de caza, y fuí tan
torpe, que me clavé las tijeras en una mano, hiriéndome horriblemente. Antes de que Félix lo notara,
Conrado estaba junto á mí; palideció al ver la sangre, y dirigiendo una mirada de reprensión á Félix,
salió de la sala para buscar tafetán de Inglaterra. ·
No obstante, cuando Félix vió lo que ocurría, levantóse 'con ligereza diciendo: «¡No es nada, no es
nada!» Después cogióme el dedo, le oprimió entre
sus labios para chupar la sangie, de tal modo que
me hizo gritar, y antes de que yo pudiera contenerle, se apoderó de las tijeras, cortó un gran pedazo
de mi pañuelo de batista, cual si hubiese sido un
simple trapo, y vendó la herida con tal fuerza, que
la sangie dejó de correr al punto. Me causó verdadero pesar ver á Conrado cuando, al volver á los pocos
momentos, comprendió que ya no le quedaba nada
que hacer.
»Félix, con su proceder rápido aun cuando algo
rudo, habla atendido á todo, como suele suceder
siempre.
»En tal ocasión, veo á mamá mover la cabeza y
mirar furtivamente á Conrado, que se sienta con la
mayor tranquilidad junto á nosotros, concentrado
sí mismo.»

»¡Ah! ¡Qué día, querida Teresa! Conrado y Félix
«.¡Qué pocos son los que osan abordar de frente
han regresado, ambos con buena salud, y siempre los problemas de verdadera importancia relativos á
los mismos que en aquel tiempo feliz, que parece la vida humana! Yo mismo, que he franqueado ya
haber vuelto con ellos; mas ... Permíteme ante todo los límites de la edad madura, tropiezo ante el más
sencillo, y los libros que leí, los pensamientos absorentrar en detalles.
»Me hallaba yo en el sitio mismo en que ahora te bentes que fatigan sin tregua mi espíritu no me sirescribo, en nuestra antigua sala de estudio; tú la co- ven de nada. Perdido en el intrincado laberinto de
noces bien, y ya te acordarás de la ventana que da inexplicables emociones, cada una de las cuales llega
vista al jardín y de las espalderas que hay debajo. á ser para mí sucesivamente una duda desgarradora,
Me había sentado junto á esa ventana en compañía vacilo, espantado y sin resolución, dispuesto á préde nuestra querida mamá, que se entretenía en su guntar á un niño el camino que debo seguir ... »
costurero. Sus últimas cartas llegadas de Estrasburgo nos hacían esperar el regreso de Félix y Conrado,
J ULIETA Á TERESA
pero no inmediatamente, pues aún no habían reciI
bido su licencia. Pues bien: de repente oigo un rui&lt;Larnstein, 20 de junio 1814.
doso crujido en las espalderas, y antes que tuviera
&gt;Ya se han desvanecido las primeras emociones¡
tiempo de volver la cabeza para ver qué ocurría, un
impertinente joven, apoyándose en la saliente de la de nuevo nos hemos acostumbrado unos á otros, y
ventana, saltó á la habitación, arrancóme de la silla nuestra existencia sigue su curso ordinario.
y con su brazo derecho me levantó tan ligeramente
»Los sentimientos á que aludías en tu última carcomo si hubiese sido una pluma. Después me con- ta son iguales á los descritos por ti al hablarme de
dujo á través de la sala, y sin más ni más, lo mismo tu esposo y de tu hijo; tú me decías cómo los amahizo con nuestra madre, abrazándonos á las dos has- bas, á cada cual de una manera diferente. Jamás he
ta que nos faltó el aliento. Mi querida mamá, real- participado de la opinión, muy acreditada en ciertas
mente muda de alegría, limitábase á estrechar con- personas, de que es imposible encender una llama
tra su seno el rostro radiante y curtido de su hijo, sin apagar otra, ó que es peligroso encender dos á la
pasando una mano cariñosa sobre su ensortijado ca- vez. ¿Por qué un afecto ha de excluir otro, si cada
uno es natural y está puesto en quien es digno de
bello.
»Apenas repuestas del delicioso aturdimiento oca- él? Sería en verdad horrible tener envidia de su prosionado por la inesperada presencia y la loca impe- pia sangre, y nunca me persuadirás, querida Teresa,
tuosidad de Félix (inútil parece decir que era él, de que haya circunstancias en que esta pasión ó la
pues ningún otro se habría atrevido á saltar así por de los celos sean naturales ó hasta posibles entre
la ventana), Conrado entró por la puerta, dando la un padre y un hijo ó entre hermanos.
mano á nuestro padre. Parecía dominado, como lo
» He prometido referirte cómo se pasan mis días,
estaba yo también, por la emoción producida en y ahora cumpliré mi palabra. Después de almorzar,
aquel feliz momento; apenas le era posible hablar, papá suele salir en compañia de Conrado para visisu mano estaba fría, observé que temblaba mucho tar los molinos, la granja y el ganado y formar juicio
cuando le abracé. Félix saltaba por todas partes sobre el estado de las cosechas. A veces recorren el
como un loco, y cuando nos hubo abrazado á todos bosque á caballo á fin de inspeccionar los oquedapor la vigésima vez, cogió del brazo á su hermano y les, para que Conrado vea de qué modo se han cumobligóle á bailar con él, profiriendo gritos de alegría, plido sus instrucciones y ejecutado sus proyectos.
estrechándole y cantando como si se encontrasen Es curioso observar á nuestro padre en tales ocasiopor primera vez después de una larga ausencia.
nes, porque se ·muestra tan vivaz y ejecutivo como
»El loco quedó rendido al fin, y ahora duerme un colegial, preguntándose si lo ha hecho todo bien
profundamente en el sillón de mamá; creo que los é impaciente por obtener la aprobación de Conrado.
cañones franceses no serían bastante á despertarle, lo Cuando vuelven, puedo conocer al primer golpe de
que me hace presumir que nos dejará á todos en paz vista si está satisfecho, aunque no sea más que por
por algún tiempo.
su manera de frotarse las manos y de sonreír..
»Conrado permaneció largo rato con nosotros, y
»En cuanto á Félix, no oímos nada de él hasta
fué preciso obligarle á que se retirara á descansar un muy entrada la noche, pues ha hecho voto de no
poco. Los pobres muchachos habían estado en ca- volver á casa nunca sin traer un ciervo 6 algún enormino nueve días, sin detenerse ni siquiera por la no- me trofeo de caza, y generalmente se pone en camiche. Han llegado en una mísera carreta de campesi- no al rayar el día, antes que nos hayamos levantado.
nos, porque aún no se han restablecido las comuni- Nuestro padre no está nada contento de las depreda:caciones postales.
ciones cinegéticas de Félix, sobre todo en la presen»¡Pobre hermano querido!
te estación del año.
»Mientras te escribo, Félix ronca junto_á mí, de
»El otro día Félix cumplió su promesa como siemtal modo, que me destroza el tímpano, y veo á Con- pre, pero pasando fuera toda la noche. ¡Qué inquierado vagar por el jardín, cuando yo creía que estaba tud nos causó su ausencia! Al día siguiente vímosle
dormido hacía largo tiempo; le columbro desde la llegar en un carro, durmiendo á pierna suelta entre
ventana; está cerca de mi plantío, y mira las dos pla- un jabalí y un ciervo. Antes de que la madre tuvietabandas arregladas por mí antes de que él partiese. se tiempo de reñirle por la inquietud que habla ocaCreo haberte dicho ya que he levantado dos cercas sionado á todos, precipitóse en sus brazos y refirióde boj, una de ellas en figura de C y la otra de F; nos seguidamente sus aventuras; de modo que á ninesta última, más fresca y vigorosa, más espesa y ver- guno le fué posible decir una palabra; y al mostrar
de que la otra, ha seguido creciendo así. Lo siento su botín obtuvo por completo el perdón. No teníamucho, pero esto no implica ninguna falta de cuida- mos nada de caza, y esperábamos muy pronto varios
do por mi parte. Yo no puedo remediarlo, pues hay visitantes.
una parte de la tierra en que el boj se marchitó ape»Por lo que llevo dicho, querida Teresa, no debes
nas lo planté.
imaginar que Félix carece de educación, ni que es
»¡Qué extraño carácter el de Conrado! ¡Siempre egoístá ó bien que solamente le agradan los perros, los
meditabundo y tranquilo, y sin embargo, nada se le caballos, el tiro al blanco ó la caza. Basta que Conraescapa. También observo que á menudo atribuye do le diga una palabra para que deje tranquilamente
más valor á las menores bagatelas que á las cosas su carabina en un rincón, sentándose luego con la
de verdadera importancia, y me he persuadido de gravedad de un juez; entonces conviértese al punto
ello más de una vez. ¿Creerás que apenas entrado en en el hombre más sociable y sobre todo más risuemi habitación notó ya que la cerca de boj en figura ño y cortés que puede haber en el mundo.

-- ;. -- -. . ~ ---··::Jj~:
-

1

. :. . . .

en

EXTRACTOS DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK
((20

de julio 1814.

»La idea que el hombre llama Dios no existe sino
en su pensamiento. Aunque el hombre vuele á las
extremidades más remotas de la tierra en alas de la
aurora, no encontrará en ella cosa alguna que á ella
no haya traído consigo. No somos la obra maestra
de un ser supremo que nos formó á su imagen, sino
que nosotros le hemos concebido y formado á la
nuestra; no nos asemejamos á él-, sino que él se asemeja á nosotros ...

.

'

...

»La atracción y la repulsión son los do~ polos de
todo movimiento, siempre los mismos, inmutables
siempre, sea cual fuere el nombre que se les dé. No
nos corresponde á nosotros unir ó desunir; existen
fuerzas formidables que agregan y separan, y estas
fuerzas obedecen á las inexorables leyes de la creación.
»En la materia inorgánica, su acción es física;
espiritual en la naturaleza humana, y de aquí el conflicto que desgarra nuestros corazones. Somos los
campos de batalla de fuerzas que no dominamos:
ejércitos cuyos jefes nos son desconocidos; tropas
que no podemos impulsar hacia adelante, ni contener tampoco, acampan en nuestro cerebro y en nuestra carne¡ la guerra se hace entre ellos, no con nosotros; somos espectadores de nosotros mismos, no
dueños. Y cualquiera que fuere el resultado del conflicto, hemos de sufrir las consecuencias, porque somos el campo de la acción. Ese conflicto llega hasta
las avanzadas más remotas del pensamiento, y alcanza al punto más céntrico de nuestras sensaciones.
Pasa sobre nosotros sin habernos pertenecido, y nos
deja solamente los estragos del pasado y la angustia
del presente.»
TRADUCIDO POR

( Continuard)

E. L.

VERNEU ILL

Recuerdo del baile artístico celebrado en el Salón de la Lonja en la noche del 8 de febrero último
Dibujo de D. Nicanor Vázquez, según fotografias de D. Emilio fern~ndez Napoleón

�•
LA

206
SECCIÓN CIENTÍFICA
QUIMICA RECREATIVA. - EL ÁCIDO CARBÓNICO

El carbón mal encendido produce el óxido de carbono, veneno muy violento y peligroso porque no
despide olor alguno que lo denuncie. Si la combustión es completa prodúcese el ácido carbónico, menos
tóxico que aquél, que causa cierta picazón en la na-

EL ÁCIDO CARBÓNICO

Fig. 1. -

r. Petrificación obtenida en la fuente de Saint-Allyre.
2.

El huevo giratorio

riz y en la boca y que si de cuando en cuando ocasiona algún accidente, en cambio á él debemos el
agradable sabor del agua de Seltz y la espuma del
champagne y de la cerveza.

Nuestro aparato. - La preparación de este gas es
muy sencilla. Pónganse en un frasco unos pedazos
de greda y un ácido, el vinagre por ejemplo, y tápese con un corcho atravesado por un tubo que llevará el gas desprendido á la vasija de agua. También
se prepara . mojando una mezcla de bicarbonato sódico y ácido tartárico en polvo y en cantidades
iguales: así se prepara el agua de Seltz artificial,
E, agua de ,al. - El ácido carbónico tiene dos
reactivos: da un color rojo vinoso á la tintura de tornasol y rosa á las tinturas de malva y de lombarda,
y enturbia el agua de cal. Si se pone en un vaso un
poco de ésta, que se obtiene filtrando blanco de cal
hecho con agua de lluvia ó destilada, y se le echa
agua de Seltz ó de Vichy ó se hace pasar por ella por
medio de uh tubo aire espirado por los pulmones ó
ácido carbónico del obtenido con nuestro aparato, el
líquido se enturbia: el ácido carbónico al unirse con
la cal da un precipitado de carbonato de cal insoluble. Aumentando la cantidad de agua de Seltz ó prolongando el paso de la corriente de ácido carbónico,
el agua recobra su limpidez, pues la nueva cantidad
de ácido se ha combinado con el carbonato de cal,
produciendo el bicarbonato de cal soluble. Si entonces se calienta el agua, el bicarbonato se descompone, el exceso de gas carbónieo desaparece y con la
reaparición del carbonato insoluble el agua se enturbia de nuevo. Si en vez de hacer hervir el agua se
echa gota á gota desde una gran altura en otro vaso,
pierde en este trayer.:to una parte de su ácido carbónico que mantenía en disolución al bicarbonato y
llega turbia al término de so descenso.
Las fuentes petrijicantes. - Estas reacciones explican lo que ocurre con las fuentes petrificantes. De
éstas la más famosa es la de Saint-Allyre, situada en
uno de los arrabales de Clermont-Ferrand. E l agua
que de ella mana cae en capas muy delgadas por una
serie de cascadas en donde hay colocados objetos de
alambre, de paja, de tierra, etc., en los que se deposita el carbonato de cal que se desprende del agua
al perder ésta, al contacto del aire, una parte de su
ácido carbónico. La fig. 1 representa uno de estos
objetos, fabricado con tierra ordinaria y cubierto de
una hermosa capa de carbonato de cal. Por este procedimiento se petrifican pipas, jarros, flores, nidos
de pájaros, etc.
La gruta del perro. - Cerca de Pouzzoles ábrese en
el flanco de una montaña un estrecho corredor que
se hunde en la tierra á medida que se aleja de su
abertura. El suelo volcánico deja escapar constantemente ácido carbónico que por su densidad se acumula en el fondo de la gruta: un hombre ó un animal alto no sienten en ésta molestia alguna, pero un
perro no puede respirar allí y cae en seguida desvanecido, muriendo á poco si no se le saca pronto. Los
guías hacen siempre este experimento cuando acompañan á algún viajero á este sitio.
En Royat, cerca de Clermont, existe una gruta semejante á la de Pouzzoles.

I LUST RACIÓN ARTISTICA

N úMERO

483

N úMERO

E t huevo giratorio. - Vacíese un huevo practicando en él dos agujeritos y aspirando_por uno de ~llos,
é introdúzcase por el que ha servido para vaciarlo
una mezcla de ácido tartárico y bicarbonato sódico,
en pesos iguales hasta llenar la mitad del huevo: tápense con cera los agujeros,póngase el huevo en una
vasija con agua, señálese la línea de flotación y practíquense, debajo de ésta y simétricamente á ambos
lados del eje, dos agujeritos. Si se coloca el huevo
así preparado en la vasija, penetra en él un poco de
agua, se desprende el ácido carbónico, y en virtud
de un conocido principio físico, quedando suprimida
la presión en µn punto de la pared, la reacción se
efectúa y el huevo se mueve en el líquido (fig. 2): si
se tapa uno de los agujeros, el huevo gira sobre sí
mismo, primero lenta y después rápidamente, durando la rotación unos diez minutos.

grande; pero en cuanto el líquido es escanciado, las
burbujas gaseosas se desprenden de él en abundancia, puesto que ya no sufren otra presión que la atmosférica.
Esto nos recuerda el famoso experimento del grano de uva en el champagne. En una copa llena de
este vino ó de gaseosa ó de agua de Seltz se echa
una pasa ó un grano de uva seco ó simplemente miga de pan, que cae al fondo y se convierte pronto en
centro de un desprendimiento de burbujas gaseosas
que se adhieren á él, forman con él cuerpo y oisminuyen su densidad: cuando estos flotadores son en
número bastante levantan el grano de uva, que sube
á la superficie; pero al contacto del aire, las burbujas
que lo levantaron revientan y el grano vuelve al fondo del vaso, en donde se reproduce el fenómeno, que
puede durar hasta diez minutos, aunqu~ cada: vez las
ascensiones son menos frecuentes porque á medida
Los lagares. - A poco de caído en el lagar el zumo que éstas se van sucediendo se hace más lento el
de la uva, prodúcese la fermentación que ha de con- desprendimiento gaseoso.
vertirlo en vino. El mecanismo de esta transformación de jugo sacarino en jugo alcohólico es conociLas enseñanzas del sifón. - En la industria, el agua
do: bajo la acción de un fermento especial idéntico de Seltz fabricada en grande escala por medio de
á la levadura de cerveza, que se desarrolla espontá- carbonato de cal y de ácido sulfúrico, pasa al consuneamente en la tina al contacto del aire, la glucosa mo en sifones.
ó azúcar de uva se descompone en alcohol, que perUna válvula sujeta por un resorte en espiral impimanece en el líquido, y en ácido carbónico, que se de que el líquido salga, ámenos que se levante aquéacumula en el lagar desalojando de él el aire res- lla apretando con la mano una palanca, en cual caso
el líquido mana con fuerza, merced á la diferencia
pirable.
Varios son los procedimientos que se han imagi- de presión ·entre la superficie del líquido interior y
nado para hacer desaparecer este gas que tantas víc- el aire ambiente.
timas ha producido. · De todos ellos el mejor, por
Las paredes de estos sifones son de cristal muy
desgracia poco generalizado, es el del sifón que se grueso, pues han de sufrir una presión considerable:
hace funcionar como para los líquidos. Suele para en invierno es preciso no tenerlos cerca del fuego, porello emplearse un sifón de aire cuyo brazo corto va que la presión aumentaría con el calor y sería fácil
articulado de manera que su abertura se mantenga que el sifón estallara.
un poco más arriba de la superficie del líquido: el
El sifón puede, pues, servir para la demostración
brazo largo lleva en su parte superior una tapadera de ciertas leyes físicas: así. cuando hace algún tiempo
por la que se introduce un pistón provisto de una que se ha abierto un sifón de agua de Seltz, y está á
cadena que cuelga por la extremidad inferior y tiran- punto de establecer~e el equilibrio de tensión entre
do de la cual el pistón sigue, el vacío queda hecho, el gas desprendido y el gas disuelto, se ve cómo del
el sifón funciona y el ácido carbónico fluye por la fondo del aparato se elevan uno, dos ó tres regueros
abertura inferior del tubo. Esta operación se prolon- verticales de burbujas que presentan un ejemplo muy
ga mientras dura la fermentación del mosto.
claro de la ley de ascensión de estas burbujas;es decir, una representación inversa de la ley de los espaEl humo flota sobre el gas carbónico. - Con ayuda cios en las caídas de los cuerpos. Las burbujas se
del aparato productor antes descrito, introduzcamos desprenden de su punto de elección con verdadero
gas carbónico en un gran bocal, aunque sin llenarlo isocronismo, y como los intervalos varían de una á
por completo; si sobre la superficie ~e este gas espi- otra línea, ofrécese con este experimento á nuestros
ramos el humo de un cigarro, éste formará ondula- ojos una representación verdadera de la máquina de
ciones y flotará, por decirlo así, sobre aquélla, osci- Attwood.
Jando su nivel como el de un líquido si se agita el
Además, el aumento aparente de tamaño del tubo
bocal que lo contiene. Al cabo de un momento se inmergido en el sifón da lugar á la observación.de
presencia un fenómeno curioso; el humo se difunde otro fenómeno óptico, puesto que presenta un ejemen el gas formando líneas ondulada~
muy visibles sobre un fondo negro y
terminadas en una especie de seta, que
lentamente descienden al fondo del
bocal.

El ga.s carbónico en una balanza. - La
mucha densidad de este gas puede probarse por varios experimentos, entre
ellos vaciando sobre una bujía, que se
apaga como si se le echara agua, un
vaso lleno de ácido carbónico.
También se prueba por medio de
la balanza de precisión: colocando en
un platillo un cucurucho de papel muy
abierto y equilibrándolo en el otro
con arena, perdigones, etc., si se echa
en aquél el ácido carbónico contenido
en un frasco, la balanza cae de su lado
y el contrapeso no basta á mantener el equilibrio
(figura 2 ).

Agua de Seltz, gaseosa, ckampagne. - El ácido carbónico es soluble en el agua á la temperatura ordinaria y al aire libre: el agua lo disuelve en cantidad
igual á su volumen, pero á fuertes presiones la cantidad que entra en disolución es mucho mayor. Esta
solubilidad puede demostrarse por medio de un experimento infantil: llénese de ácido carbónico un
vaso ligero, échese en éste un poco de agua y tápese
la abertura con la palma de la mano; si entonces s·e
agita fuertemente el vaso, el gas se disuelve en el
agua, se hace el vacío en el vaso y la mano es atraída con fuerza hacia el interior. De este modo puede
EL ÁCIDO CARBÓNICO
aguantarse el vaso durante largo rato, y si manteFig. 2 . El humo de un cigarro sobre una capa
niéndolo en esta posición boca abajo se le introduce
de ácido carbónico
en un plato sopero y se separa la mano, el agua del
plato sube rápidamente por el vaso y lo llena en
parte. Cuando la presión es considerable, como su- plo patente de refrac~ión por las superficies encorvacede en los sifones de agua de Seltz, en las botellas das, como lo son las paredes del frasco.
de cerveza, de gaseosa 6 de champagne, la cantidad
F. FAIDEAU
de ácido carbónico en tales líquidos disuelta es muy
(De La Science Illustree)

483

LA

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

QUE TENGAN

PARA TENERLA BOCA

ACREDITADOS

a sea ?atarral ó de constipado, seca, ner~iosa, ronca, fatigosa, etc., etc.,
ronqu1al 6 pulmonar, por fuerte y crónica que sea hallarán el alivio
·nmediato tomando la PASTA PECTORAL INFALIBLE del
r . ANDREU de Barcel ona.
. Son tan rápidos y seguros los efectos de estas pastillas, que casi
1empre desaparece la tos por completo al terminar la primera caja.
1

207

sana, hermosa, fuerte

•
•

y no padecer dolores de muelas, usen el ELIXI R GUTLE
• ó MENTHOLINA que prepara el Dr. ANDREU de Barcelona,
Su olor y sabor son tan exquisitos y agradables, que además de u
•
poderoso remedio, es artículo de recreo é higiene, porque deja 1
Los que tengan también ASMA ó SOFOCACIÓN r---~--'--- - boca fresca y perfumada por mucho tiempo.
usen l_os cigarrillos balsámicos y los papeles azoados
P DAN S E
LA MENTHOLINA en polvo aumenta la blancura
EN LAs •
y belleza de los dientes.
del mismo autor, que la calman instantáneamente
.
permiten al asmático do ·

!

.

:::.'.:~~+::'~&lt;-:'~-

CARNE HIERRO y QUINA

PAR:rs

11 Alimento m u ! ~ ua.ido a los 'róDico1 111&amp;1 reparadores.

GARGANTA
VOZ y BOCA

VINO
FERRUGINOSO ARDUO
tJaa.....,

PASTILLAS DE DETHAN

T C01' TODOS LOS PIUlCCIPIO~ NUTJlITIVOS DB U CARNE
rm• y_ •llDAt Diez años de extto continuado y l&amp;S &amp;11rmac1one1 de
laa emineneiU médfcu Preub&amp;D que est.a uocl&amp;Cion de l&amp; Clarae, el Hierre y la
..._ conaUtuye el reparador maa enemco que ae conoce para curar : la Clordni 1&amp;

el Raqum1mo, las J . f ~ ucrotwo,a, 1 acor&amp;ut(Ciu, etc. El 'l'iae ll'erncta•n dé
.&amp;Na41 ea, en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los orpnos

ReoomeDdadu contra los Kal• de la Garganta,
Entnoton• de la Vos, Innamao1o- el.e la
Booa. Efeotoe perulol0908 del K eroario, Irl•
taolon 9"19 produce el Tabaco, y apecialmenle
i loa Snrt PREDICADORES, .A.BOGADOS,
PROFESOBES y CANTORES ~ra faeílltar la
e.mio1on de la vos.-PallGIO : 12 RliI.11.
Ba;íglr en u rotulo a tirma

D VDD.I BM TOD.l.S L.l3 PIUNOIP.LIJIS BOTlO.U

Adh. DETIIAH, Farmaoeutfoo en PARIS

..ifltlllla, las J l m , t ~ dolorolal, el .Hmpo"bredmúnto y lá J.ltet'act&lt;Jff a, la Sanqre

G R ANDES ALMACENES

1'8iUl~1 coorden.a 1 aumenta considerablemente 1aa tuerzu o ln!unde a !&amp; ll&amp;Dil'O
empobn,cic1a y descolorid.a : el YIQor, la Cowt'IICWIJ y la 81fef'Q111 "''"'·
J&gt;or11a,ror,uParil, encasa de 1. FBW,Farmaunlico, tO!,rue Ricbelieu, Sucesorae .lROUD

DEL

Printemps
,

NOVEDADES

EXIJASE .i:o:: AROUD

EnfermedadeSdelPecho

GRANó°bE LINO-JARIN F8f&amp;t~c~~s
ESTREfl IMIENTOS, CÓLICOS. - La caj a: lfr.

--++-

.

Jarabe Pectoral

Remitese gratis yfrauco PI LAMOUROUX

e!Catá!ogogeneralllustradoencer¡Ando

todas las modas de la ESTACION de
VERANO A quien lo pida A

L!!!l

I

JE

&amp;,

e

muestras
deRem.!dtenselguaJ.mente/rancolas
to as las telas que componen nuestros
Inmensos surtidos, pero especl!lquese las
clases y precios.
Todos 1os Informes necesarios d. la buena
eJecucl6n de los pedidos estan indicados
en el catálogo.
Todo pedido, á contar desde 5J Ptas, es
expedido franco de porte y de derechos
de aduana á todas las localidades de España
servidas por rerrocarru, mediante un re•
cargo de 22 J' sobre el Importe de la factura.
Las expediciones son hecha$ lll&gt;res de
todos gastos hasta la población hábltada
por el cuente y contra reembOlso es decir
á pagar contr a recibo de la m~r can cía?
los cuentes no llenen pués que molestarse
en lo más minJmo para recibir nuestras
remesas todas las rormaJldades de aduana
hal&gt;lendo sido cumplidas por nuestras
casas de reexvedlclón.

Casas de Reexpedición:

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

.

Ante,, Farmac6ut,co

~:, Calle VauvUJters, Parta.
El Jarabe de Pierre Lamouroux es
el Pectoral por excelencia
como edulco1·a11te de las tisan~ á
¡
·
'
as cuales comu~1ca su gusto ag,.adable y sus propiedades calmantes.

PATERSON
• - - ~-~181lUTB0 J IUGMISI.\
.
- -COlllra lu .a.s-tonee dll Eat6,
mago, Falur. ele Apetito, Dlgeallon• labo~• .&amp;.oecUu, V6m1toe, Eraoto., y C6U-:
Ngnlarlan lu Fanolon• del Eat6-go -,
caJ.oe IDMlt.lnoe.
1
Erltlrt11 tlrofulo a frt111 dt l . ,AYA/tO,
&amp;Alh. DETIIAN, Farmaoeattoo 11D PABJ9

(Gaceta de los Hospitales)

Dep6sito Cenera!: 45, Calle Tmillim, 45, PWS

Querido enfermo. -Flese Vd. 4 mi /arta experlenci1,
1 hafa uao de nue,tros GRANOS de SALUO, puea e//01
le curarán de ,u con1t1paclon, le darán apetito 1 lt
derolrer4n el sueño 1 la aletría. - As/ r1rirá Vd.
muchos años, disfrutando llempre dt una buena &amp;alud.

Se rende en todas las buena, farmacias.

e.$' OE

16,
Rue
'iivlenn,

SIROP fORGEJBBOJIES,
d1
lltcl'

, 0111,
II SIIIIIJES,
Crllu !1mu11

ESTREÑ:I~:IENTO
ti Afeccione•
~
que aon 1u coo1ecuencia
~~i

i,,
\1

CURACION

mnilim"a
u~
t~})\t1~\\l.~oU'-\G~e
Bu,to
atradab/e 1 que
del

l~

Madrid: Ptaza det Anget {2
lrún
I Port-Bou
Hendaye
I Ce rbe ra

so.

ENFERMEDADES

DE

MM 'JULE A
sJ

•

1

~,

T

oi-\. O

\-•

1udmlnlstra facllmente

El Irasco contiene unas lO Db1la
PARIS, 6, A ffft1U Victoria, y Farmacicu.

.1

t-+-'

~,-¡,oADESdeIESro,i
-u~flo

Pepsina Boudault
Aprobada por la ACADEIIIA DE !EDICIN!

PREMIODEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
Medallaa en las Expoliclonu Internacionales de

p11ra 6 mcieb.da eo1 11u, dislp1
AS , LENTEJAS, TEZ ASOL
ARPULLIDOS, T EZ BARROS
ARRUGAS P RECOCES
EFL ORESCENCIAS
ROJECES

PARIS - LYO!/ - VIENA - PBILADELPHIA - PARIS
IB67

l!ln

l8i3

1876

• • lllPLl l CON' EL lfATOI. t x1to

ª"

¡ g;g

L.18,

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
t -OTaoa DtaoanBNEI DI

L,A,

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PAlUS, Pharmacio COLLAS, 8, rue Dauphine
1/

m la, pri•cípale, farmacia,,

JARABE Yv PASTA

•e,g,dalla

'

DIOIITIOl'l

BAJO LA FORIIA DE

.

' SOCIEDAD
· de Fomento

LA SAGRADA
BIBLIA
ILUSTRADA
EDICIÓN

• tO céntimos de p e seta. la.
entrega. de i6 p é.g inas
Se cn-,lan prospcctoa i ~llicn los aoliatc
4!rlgiéndosc i los Sres. MoDta■tr y Simón, cclitoret

de H. AUBERGIER

d1jr11.
PBEIIIO
4• 2 000

coa LA.0'1'U0.6lUVK (Jag1 ltoboao de Lechuga)

rr.

.Aprobado• por la Academia de .Kedteú2a de Paz-is é inaerfadoa en Ja Colección

0/1cial de .Fó.rmulaa Legales por decreto miniaferial de 1 O de Ma.rr:o de 1854,

e Una completa 1nnocu1dad, una•-iincac1a perfectamente comprobada en el catarro
epl/Jémlco, las Bronquttts, Cat/JN'os, .Reuma,, Tos, asma é 1mtac1on de la garganta, han
grangeado al JARABE y PASTA. de .l.'OBERGIER una Inmensa fama »
(E:i:tracto dtl Formulario MUico del 8! Bo~Aardat calttSrdllco de la Facultad 1k Medicina (16- edici6n),
1

v enta por mayor : co11u.1t Y

e•, ss. Calle de St-Ulaude, PARIS

DEPÓSITO EN LAS PIIINCIPALES BOTICAS

PATE E,I_LATOIRE DUSSER

• destruye basta las RAICltS el VRLLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.). sin
nillgun peligro para el cutil. 50 Años de :Íllllto,ymillms de tesllmoniosgmn1i,.1n la efimia
de est.1 preparacioo. (Se vende en oaJae, ~ara la barba, y en 1/2 oaJu para el bigote ligero). Para
lea bruos, empléese el l!JLl JlflB.1/J, DUSISER, 1, r u«, J .•J.-Rousseau, Parit1-

�LA

208

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL ENTIERRO DE SANTA INÉS,

bajo relieve de Ricardo Bellver

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRA&lt;JIÓN ARTfSTICA &lt;liríja.nse para infol'mes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rtin,
núm. Gl, París.-Las casas espaiiolai, pueden hacerlo en la librería de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, núm. 5, Barcelona.

Jarabe Laroze

Lu

Peraow qu conocen Ju

PILDORASt1DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

.

Desde hace mas de ,o años, el larabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolor11■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la tµges~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestmos.

DE PARIB

no ti_tubean en purgarse, cuando Jo
nec~sitan. No temen el asco ni el cau;aac,o, porque, contra lo que sucede con
!)S demas purgBJltes, este no obra bien
SUJO c_uaado se toma con buenos alimentos
Y beb1daslort.ilicantes, cual el vino, el cal6,
~ t6. Cada cual_ escoge, para purgarse, la
ora Y la comida gue mas le convienen
segun sus ocupaciones. Como el causan'
c10 que la purga ocasiona queda complctamenteanuladopor el efecto deIJ
buena alimentacion empleada uno
se decide lllcilmenta a volvér
4 empellar cuantas veces
sea necesario,

JA.R.A.BE

a1Bron1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es P.1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,

la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niños durante la dent.icion; en una palabra, todas

las afecciones nerviosas,

!, ruedes Lions-S1-Paol, aParis.

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

Deposito en todas l&amp;s principales Boticas y Drogueriaa

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento mas Co~te Wlido a los 'l'ónicoa maa reparadores.
Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las Jl•oroto.Iu, la
TÍ•is y la Debilidad de temperamento,
as! como en todos los casos(Páltdoa colorea,
Amenorrea, • • &gt;
, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla '
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar o regularizar su curso periódico.

4"m/n,,?JJ5

rarmar.euuco, en Par!S,

~Rue Bonaparte, 40

El 1oduro de hierro impuro 6 alterado
N
• B• es un medicamento Infiel é 1i'rltan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de

las verdaderas Ptldoras de lllanea,•,t,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nu.:slra firma puesta al pié de una e tiqueta
~erde y el Sello de garantla de la Unión de
los Fabrlcantea para la represión delafalsltlcaclón....

VINO FERRUGINOSO AROUD
T COK TODOS LOS PBIMCJPIOS KUTalTIVOS DB U

ClARNE

.JI~ ..... 1 •IJDAI Diez añoe de e:rtto continuado y las atlrmac!onee de

..,...., las eminenclU medfcas preub&amp;D que esta asoclaclon de la Clarae, el Biern y la
--•- conaUluye el reparador mu enenrtoo que ae conoce para curar : la Clordní ¡1
.lfltmfll, las Jlen,t~ dolorolal, el lmJ)Obf'ectmtento J lá .Alttr/ZCWII de 14 sangre
el Raqultumo, las J . f ~ ucroruw,a., Y e,cor~t~, etc. &amp; Wlae Pel'l'llst■•.. cié
Anu41 ea, en erec&amp;o, el único que reuDe loc1o lo que entona y fortalece loa orpnos
regulariza coordenl y aumenta coo.slderal&gt;lemen&amp;e l as tuerzaa ó lníu.nde a la Slll.it'O
empobrecfoa y descolorida : el Y(Qor, la Color~ y la 8'lltrfJÍ4 tn"1l,
Por ,navor,.-a Paria, en cua de 1. FEW,Farm&amp;Uutico, tllt, rue Richelien, Sucesor de AROUD
SS VDDB Bl'I TODAS L4S PllINQIP4LBS DOT!Q.U

EXIJASE

:=

11

1

Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriado•, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso del'ivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

'

ARDUO

, SE HALLAN BN TODAS LAS FARMACIAS

Quedan reservados los derechos de propiedad artisti~ y literaria
'

l MP, DE MONTANER Y SIMÓN

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46484">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46486">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46487">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46488">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46489">
              <text>483</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46490">
              <text> Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46491">
              <text>30</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46507">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46485">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 483, Marzo 30</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46492">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46493">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46494">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46495">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46496">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46497">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46498">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46499">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46500">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46501">
                <text>1891-03-30</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46502">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46503">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46504">
                <text>2011665</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46505">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46506">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46508">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46509">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46510">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7359">
        <name>Ácido carbónico</name>
      </tag>
      <tag tagId="7356">
        <name>Arte Árabe</name>
      </tag>
      <tag tagId="7355">
        <name>Artes Mahometanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="7358">
        <name>El anillo de Amasis</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7357">
        <name>Leyenda chilena</name>
      </tag>
      <tag tagId="7345">
        <name>Lord Lytton</name>
      </tag>
      <tag tagId="7354">
        <name>Ornamentación</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1765" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="643">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1765/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._484._Abril._0002011641.ocr.pdf</src>
        <authentication>faef2553d1aa2c3c42e51d8b8c89f4ce</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73936">
                    <text>••

•

aitrtélC-100
1 /~\ Ftí~t1ea
AfW X

- - - - - - - - - -~

BARCELONA 6 DE ABRIL DE 1891

Con el presente número 484 se reparte el tomo de la Biblioteca Universal LOS MISTERIOS DEL MAR, profusamente ilustrado
El suscriptor á cuyas manos no llegase deberá reclamarlo al respectivo corresponsal ó repartidor

· KAEMMERER

SUMARIO
Texto. - Kaemmerer, celebrado pintor francés, por Jorge Cain.
- fttan Dttro, por Ricardo Revenga. - Sevilla. Procesiones
v toros, por M. Martlnez Barrionuevo. - Lord Lytton, por el
Vizconde R. Dus Pon tavice de Heussey. - Nttestros graba·
dos. -El anillo de Amasis (continuación), Novela original
de lord Lytton, ilustrada por A. Besnard. - SECCIÓN CIEN·
TfFICA: Ferrocarril de estribos escalonados. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó editores.-Advertencias.

Grabados. - Los puritanos en Nueva Inglaterra, cuadro de
Mr. G. H. Boughton, existente en la Royal A cademy, de
Londres.-Nueve dibujos de Kaemmerer. -El principe ferónimo Na'/Joleón, fallecido en Roma el dla 18 de marzo (tl.
timo. -La 1l/tima obra de Aristóteles, fragmento del papiro
Seroll.-SS. l,fl',f, el rey D. Alfonso XIIIy la reina regen·
te Dona Maria Cristina (De una fotografia).-S11cesos de
Chile, Excmo. Sr. D. José Manuel de Balmaceda. Barcos
que forman la escuadra de los sublevados. ¡Composición y
dibujo de D. Nicanor Vázquez, segÚn fotografías remitidas
por D. José Mariscal, gerente de la foyaLiteraria, de San- ·
tiago de Chile). -La decapitación del apóstol San Pablo, ce·
lebra~o cuadro de Enrique Simonet.-Lord L;•tton, autor
de la mteresante novela El anillo de Amasis. - Nuevo siste111a de locomoción e,~ las gra'!lÍes ciudadts. Fig. 1: Aspecto
general del ferro~ml de e;~nbos escalonados.-~1g. 2. petalle del ferrocaml de estnbos escalonados,-Mzss E/11011,
la mujer barbuda.

.

.•.

CELEBRADO PINTOR FRANCÉS

Hace poco tiempo, cuando se quería tener el
gusto de ir á estrechar la mano del amigo Kaemmerer, el procedimiento necesario para esto no era de
los más sencillos; juzgábase indispensable proveerse
de un fuerte bastón, ejercitar los bíceps, y haciendo
el molinete, dar estas señas al cochero furioso: «Boulevard de Veaugirard, 126.» En cuanto á mí, no iba
nunca á la casa sin recordar un precioso dibuJ· o de
Cham: el asunto se refería á la Exposición de 1878,
y un cochero mostraba con orgullo á un industrial
estupefacto el extravagat)te despojo que adornaba el
d
b JI
E d ,
1 · ¡
cuarto _trasero e su C~ .ª o: « so, eci~, es a pie
del último que me solicitó para conducule á la Exposición.» ¿Qué hubiera dicho y hecho aquel apredable automedonte si le hubiesen enviado á la casa
de Kaemmerer?
.

.

Efec~vamente, es~ba más _allá de los Inváhdo_s,
muy leJOS, en el confm de la tierra, en aquel barno
bendito de los bailes al compás de la gaita y de las
tabernas; allí, en medio de la gente de bronce, hab'tab ¡ · t d
d 1 1
· d 1 o·uec1 . a e pm or e to as as e eganc1as e
tono.

¡Y era una alhaja aquel gran taller, situado en
medio de jardines llenos de árboles y de avecillas y
también de soles! - entiendo por esto las flores así
llamadas, queridas de los loros y de los jefes de estación, que tienen todos, por lo regular, sus colecciones de ellas. En cuanto á los loros, aves crueles,
como todos sabemos, engordan con el corazón mismo de esa desgraciada planta.
Kaemmerer, pues, vivía aislado, inundado de sol,
tranquilo y feliz, sin chismes ni cuentos con sus vecinos; pero cierto día, día nefasto, al volver nuestro
amigo de una de esas fugas familiares que le conducían á derecha é izquierda, observó que una graciosa
pared de ladrillo y piedra se elevaba majestuosa ~
tres metros de su taller; no podía vacilar y el pobre
Kammerer cambió de domicilio. Ahora habita en la
calle de Veaugirard, mas espero que se le verá muy
pronto en otra parte, pues nada puede haber tan
triste como aquel pequeño local. Esas pobres Maravillosas de traje corto, con sus faldas de gasa transparente y sus finas medias de seda, parecen transidas
de frfo bajo aquella luz pálida, casi lúgubre.
Por fortuna, el buen artis~a posee otro domicilio
en Lagny, donde ha relegado los bártulos y el perro
á que tanto apego tenía, el perro Petit, llamado Mimí,

.ria

LOS PURITANOS EN NUEVA INGLATERRA, cuadro de Mr. G. H. Boughton, existente en la cRoyal Academy,&gt; de Londres

�210

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

producto chiho y comestible, animal extrafio, con un
mechón de pelos que corona su cabeza puntiaguda,
ó como hubiera dicho Jg11olus, la peluca de un
clown. En invierno, ese interesante can, que se puede haber visto en El retrato de la marquesa, verda-

Dibujo de Kaemmerer

dera joya expuesta últimamente por Kaemmerer; en
invierno, repito, el pobre Petit parece, con su paletó
de franela, una perdiz cubierta de manteca y á punto
de ser puesta al asador. Kaemmerer afirma que es
muy inteligente y que comprende todas las lenguas.
En Lagny se halla tambien el taller, no el de pintuta, que para Kaemmerer es solamente secundario,
sino el verdadero, el único, aquel donde trabaja con

Dibujo de Kaemmerer

asiduidad, el taller de carpintero. All{ es donde
nuestro amigo, artista pintor, hace con preferencia
todo cuanto no concierne á su profesión: tablajero,
carpintero y jardinero, la sierra, el cepillo y la garlopa no tienen secretos para él; y ahora habla de com-

prar un torno junto al cual tal vez le veamos recortando con mano ligera redondeles para sus amigos.
El taller donde pinta, cuando no puede hacer otra
cosa, está ahora lleno de estudios y de cuadros preparados, pero Kaemmerer se halla poseído de una
nueva pasión; el infeliz es alpinista, y por esto entiéndase bien que Kaemmerer forma parte de esos grupos errantes de hombres que nos asombran y que de
vez en cuando se divisan confusamente, con ayuda
del telescopio, cuando trepan á fuerza de fatigas por
una escabrosa montaña. ¡Si al menos el buen artista
pudiese dar por excusa que desea rebajar el vientre! ... Pero el amigo Kaemmerer es más liso y llano
que los versos de M. X ... de la Academia francesa.
Ese hombre es incomprensible, ó acaso no sea yo
digno de comprender su noble locura, yo que, en
cuestión de hielos, no admito más que los helados
de Tortoni.
Víctima de sus pasiones, Kaemmerer hace cuadros
en que solamente se ven montañas: un gran lienzo
en vías de ejecución representa «al ascensionista
Ramond en Tuqueroye,» asunto palpitante si los
hay. Siempre afable, el artista ha
insistido en referirme los pormenores de las tres ascensiones de
aquel digno sabio, lo cual me instruyó sin divertirme. Ali( se pueden ver otros estudios del mismo
género, pero no hablo de ellos,
porque muy pronto los dí al olvido al fijar mi atención en una
cosa adorable, La linda carnicera.
¡Oh qué hermoso lienzo! En él
se adivina la mano de mi amigo
Kaemmerer, con su gracioso y
chispeante dibujo, su fino y delicado color y su composición tan
bien hallada ... ¡Qué poco pensé
yo, mientras admiraba aquella
hermosa joven, en el difunto Ramond, ((ascensionista del monte
Perdido.»
La historia de Kaemmerer es
de las más sencillas, como lo es
también su existencia: nacido en
La Haya, recibió su educación
artística en París; Gerome fué su
maestro, y fácil es reconocer en
las obras de Kaemmerer esa lim- •
pieza en el dibujo, esa seguridad
de ejecución que distinguen á los
discípulos del maestro dibujante.
El hombre es mucho menos
conocido que sus obras, tan populares y tan reproducidas: en todos los escaparates de los vendedores de cuadros ó de grabados
es casi seguro encontrar «Kaemmerers,» y casi siempre está á la
vista la colección completa, que
llama la atención del aficionado
y le detiene. ¿Quién no posee ó
no conoce Dz salida de la iglesia,
El trineo, Una boda en tiempo del
Directorio, Los patines, La ascensión del primer globo, El charlatán y otras? Pero toda medalla
tiene su reverso y Kaemmerer es
víctima de los copistas: cromolitografías, acuarelas, litofanías; todos los procedimientos de fabri- .
cación són buenos .para saquearle, Ultimamente MS
fué dado contemplar El bautismo en tiempo del lJirecto,:10: aquella gracima Salida de la iglesia, de tan
admuable tono y tan delicado colorido, se ha transformado en manos del copista en una cosa extravagante. Bajo pretexto de simplificar su trabajo, el miserable borró todos los fondos, suprimiendo cabezas,
brazos y manos, y por último, para coronar· la obra
sustituyó la antigua alfombra rameada tan bien colo'.
cada por el pintor en las gradas mismas de la iglesia,
con una espantosa escalera verde botella, guarnecida
de filetes rojos. ¡En el Bulevar de los Italianos fué
donde se perpetró esta infamia!
La obra de Kaemmerer es esencialmente personal. Discípulo de Gerome, nos recuerda á su maestro por la corrección del dibujo y el encanto de la
composición; y en cuanto al colorido, ese holandés
p~rece ser émulo de los maestros españoles. Se ha
dicho muy acertadamente que su ejecución recuerda mucho la de Fortuny. El mismo cuidado en la
forma bajo la graciosa mezcla de colores brillantes
i&amp;uales refinam_ientos en la viveza de los tonos y un~
pintura expresiva que conserva toda su frescura. Al
pensar en estas notables cualidades, fácil es comprender la celebridad de que goza Kaemmerer entre

LA ILUSTRACIÓN
los coleccionistas. No hay buenas galerías sin alguna
de sus obras; sus lienzos se venden casi antes de ser
comenzados y con harta frecuencia van muy lejos.
Nuestro amigo lo ve ahora por una triste experiencia. ¿Qué tendrá, que podrá tener en 1889? Nada, ó
casi nada. Vendidos á muy alto precio, la mayor
parte de los lienzos de Kaemmerer se hallan en
América; y los derechos que el artista deberla pagar
al fisco de aquel país para que se devolvieran los
cuadros á sus propietarios serían tales, que Kaemmerer no tiene medios para permitirse este lujo. ¿No
es extraño y abusivo ver á los americanos imponer
tales derechos á nuestras producciones artísticas,
siendo as! que anualmente llegan á Francia por docenas y hasta por centenares los yankées que se dedican al arte? Entre nosotros, pueblo bonachón, todo
está abierto gratuitamente para los extranjeros, escuelas, museos, bibliotecas y colecciones; en todas partes
son señores y dueños; mientras que en su país, mal
recibidos, envidiados, siempre en lucha con mil molestias y vejaciones, no!iotros debemos pagarlo todo
y pagar para todo. La mano en el bolsillo para visitar

produce casi todos los años algún importante trabajo de Kaemmerer, y todas esas composiciones llegan
á ser muy pronto populares de una manera bastante original. Los diversos vendedores de marcos que
se escalonan en París eligen casi siempre los Kaem-

Dibujo de Kaemmem

merer y los Detaille del número de Navidad para
vender su mercancía; así ven nuestros ojos con frecuencia cqmposiciones como las tituladas .Despu¿s de
la lluvia, Los patines y La cita, de Kaemmerer, ó
alguno de los asuntos militares de Detaille, admirables también. Por la calidad del pescado se puede
tomar la salsa, como suele decirse, y el marco que
encuadra esas bonitas cosas se aprecia gracias á los
dos maestros.
En' 1888 expuso la Romanza, seductora figura con
traje del Imperio, acompañándose ella misma con el
arpa, y ya volveremos á ver ese precioso cuadro
en 1889, pues Kaemmerer se ha reservado el derecho de exponerlo. En este mómento, el taller contiene varios lienzos en vías de ejecución: en primer lugar, una serie de asuntos montañeses, á los cuales
nos hemos referido ya, y después Una zurzidora.
¡Qué hermosa joven! ¡Con qué buena voluntad se
rasgaría cualquiera sus medias de seda para tener el
gusto de que esa beldad las remendase! Citemos, por
último, La litlda carnicera. ¡Oh! ¡Sí, la muy linda carnicera, á cuya vista nos explicamos que algunos
quieran ir ellos mismos á la compra! Todo esto es
exquisito por el buen gusto y la disposición. Nadie
sabe arreglar un cuadro tan bien como Kaemmerer.

Dibujo de Kaemmcrer

un museo, para entrar en una iglesia y para hacer
levantar la cortina que cubre un cuadro. ¡Qué conforme estoy con la proposición de imponer el pago á
nuestra vez á esa gente cuando quiera ver nuestras
maravillas! Pongamos torniquetes en todas partes,
como ellos lo hacen, y si se quejan nadie les compadecerá, Nosotros pagaríamos también, y sin regatear;
pero la· cosa es demasiado sencilla, demasiado práctica y útil para que pueda tener buen resultado en
Francia, y á fe que lo deploramos de todo corazón.
Volvamos ahora á nuestro amigo Kaemmerer.
Desde hace algunos años, "todo su trabajo es para la
casa Goupil. El París I llustré ha reproducido, con
poco éxito, sus doce meses, doce adorables figuras
de mujeres, todas á cual más linda y seductora; y
por cierto que no era cosa fácil hallar doce asuntos
diferentes, doce posturas desemejantes, El año se eternizaba para Kaemmerer, y á fin de elegir en el número, debió hacer diez y nueve meses.
Y sin embargo, ¿quién mejor que él sabe idear
una linda figura de mujer? Todos sus lienzos encan·
tan; E , retrato de la marquesa y El charlatán son
maravillas de bu'!n gusto. ¿Y qué diremos de esos
trabajos múltiples que hizo para muchas publicaciones ilustradas? m Figaro Illustré, entre otros, re•

~..

•·

. ~ - &lt;" _.

.

;//

1/

·P.,...,,,.

.,

;~✓%-~r

~//'
,· .,.,·

,·

-~--

¿

)

1

1/,/
.{...
t

í
r ·'

•

'

(.,~

Dihujo de Kaemmerer

2II

ARTISTICA

Hace tres años presentó su Ascensión det globo en el
Luxemburgo en tiempo del Directorio: el aerostato se
eleva en los aires, y la multitud, con su traje de domingo y muy apiñada, aplaude á los aeronautas; las
mujeres agitan sus pañuelos, los hombres arrojan al
aire sus sombreros, se aplaude ruidosamente, y los
pilletes gritan: es un conjunto indescriptible, lleno
de vida y movimiento. Pero ¿cómo debía arreglarse
para evitar que el público sólo viera espaldas? Un
petimetre ve hundirse bajo sus pies la silla en que
se ha subido, y cae en tierra, arrastrando consigo un
vendedor de limonada que lleva una bandeja con helados y sorbetes. Todos se vuelven, como es de suponer, y de este modo el espectador puede ver las caras.
Hombre excelente, sencillo y bueno, Kaemmerer
tiene tantos amigos como conocidos; y justo es añadir que no se prodiga. Su facilidad para el trabajo es
maravillosa, y nada tan curioso como verle pintar.
Bajo sus dedos brota de improviso todo un mundo
chispeante por su colorido. Por lo demás, y teniendo
en cuenta que Kaemmerer es perezoso, basta contar
sus obras, ya considerables en número, para deducir
juiciosamente que si pinta bien también pinta pronto.
Sin embargo, cuando se trata de hacer un favor ó de
complacer, Kaemmerer no escatima el trabajo ni el
tiempo.
A no mediar esta circunstancia, se ha de revolver
medio mundo para inducirle á pintar. Yo salvé de
una destrucción inminente una deliciosa cabeza de
mujer, pintada á la acuarela, que el maestro holgazán
había arrollado ya para encender su cigarro, simple•
mente por .no tomarse la molestia de ir á buscar un
fósforo; y á fe que no será la gordura lo que dificulte
sus movimientos.
Asombraré á todo el mundo al anunciar que
Kaemmerer no tiene más que tres medallas, y esto
desde 1874, cuando sus obras eran tan apreciadas.
Lo digo sin encargarme de dar la explicación de este
hecho, pues yo mismo no lo comprendo. Esperamos
que Kaemmerer recibirá muy pronto la recompensa
merecida hace tanto tiempo y que no habrá de oir
en lo sucesivo palabras tan severas como las que le
dirigió un amigo suyo á quien ofrecía la mano: «No
sé si debo dársela, díjole, pues con su talento no ha
obtenido más que una medalla, y por lo tanto supongo que sobre V, pesa alguna condena, que le privará
de sus derechos á las recompensas que Francia le
debe.»
P. S. Este estudio fué escrito en marzo de 1889.
Kaemmerer recibió más tarde, después del brillante
éxito que alcanzó en la Exposición Universal, la i;ruz
de la Legión de Honor, y á fe que jamás recompensa
alguna fué más merecida y aplaudida con tanto entusiasmo.

hace, ¿es bueno? ¿Lo es quien ni aun lo que le sobra
da á quien se lo pide? Quien no falta á la ley, y ha~ta
cumple estrictamente los preceptos de ese código
llamado código del honor; no es avaro, sino muy al
contrario, dilapidador y fastuoso, presta en la mesa
de juego miles de pesetas y no incurre jamás en ninguna incorreción, es un perfecto caballero, no 10
niego; pero si sólo sabe ser perfecto caballero, le
falta algo para ser un hombre bueno, y eso algo se
llama: bondad de corazón.
Juan Duro era un perfecto caballero, pero carecía
de ese algo.
El nombre de Juan Duro llegó á figurar en la Guía
oficial ó Guía de forasteros, como antes se llamaba, engalanado con el título de marqués de la Piedad. Nació plebeyo y murió aristócrata. Sus padres fueron
comerciantes en géneros de punto, él comerció en dinero. En una obscura tiendecilla de la calle de Postas se estableció allá por los años de 1820 ó 1823
Felipe Duro, padre del protagonista de este cuento,
que bien pudiera ser historia.
En Vinebre, pueblecillo de la provincia de Tarragona, vió la luz Felipe Duro; sus padres eran unos pobrísimos labradores que cuando el año era bueno daban
á sus hijos pan de maíz y cuando era malo permiso

,.

JORGE CAIN

JUAN DURO
Duro era de apellido, y duro de corazón. Pocos
hombres habrá habido, hay ni habrá que sintieran menos los dolores ajenos, y de los suyos no hablo, pues jamás para él hubo dolores.
¿Era muy malo Juan Duro?, preguntará alguno. En apuro grave me colocaría quien tal
pregunta me hiciera. Jamás cometió acción
• villana, ni mató, ni robó, ni calumnió. Por él
los jueces, escribanos y alguaciles hubieran
pasado la más descansada vida. En justicia
debe decirse, por lo tanto, que fué un ciudadano honrado. ¿Entonces, era bueno Juan
Duro? También es
dificililla la respuesta. ¿Cómo responder
negativamente después de haber asegurado que era un
honrado ciudadano?
Y sin embargo, puedo contestar y contesto que no era bueno. ¿Acaso consiste
la bondad en colocarse en situación
tal que la ley no nos
alcance? ¿Puede llamarse bueno á quien
no ríe cuando los
suyos ríen, y no llora
cuando lloran los suyos? ¿Puede ser bueno quien vea llorar á
su madre y no sienta húmedos los ojos?
Quien pudiendo hacer el bien no lo

,Dibujo de Kaemmerer

para que mendigaran mendrugos de pan de trigo.
Cuando contaba Felipe catorce años hacía ya cuatro
que conocía las duras labores del campo. Para el trabajo no era un hombre, sino una máquina, que ni se
cansa ni se queja. Manejaba Felipe el azadón con
gran vigor, mas lo miraba con repugnancia. Mientras destripaba terrones y mientras sus hermanos
y compañeros de trabajo canturreaban monótonas
canciones para distraer la imaginación y ahuyentar el hastío, Felipe guardaba silencio, y allá en su
pensamiento formaba proyectos que luego tiabía de
realizar con esa constancia y paciencia propias del
carácter catalán cuando de enriquecerse se trata.
No había nacido para manejar el arado. Sus manos
estaban pidiendo una vara de medir. Comprendiéndolo as!, cierto día pidió permiso á sus padres para
marcharse de criado de un comerciante ambulante,
que dos ó tres veces al año solfa ir á Vinebre á vender percales y paños á las personas graves, cintas á
las mozas y corbatas de colores rabiosos á los elegantes señoritos.
Obtuvo el deseado permiso; lloraron al despedirle
sus padres y hermanos, no se quedó él corto en gemir y moquear un largo rato; mas al fin vióse ya fuera
del pueblo, llevando en la espalda una pesada caja,
en la que iban los géneros de comercio de su principal, como hizo le llamara el nuevo comerciante.
Gran dolor sentía Felipe por separarse de sus padres, mas se consolaba pensando en que comenzaban
á realizarse sus amadísimos proyectos, y veíase ya

�..

212

LA

LA

ÍLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dueño de una hermosa tienda, situada en lo mejor poco soy adulador, te anuncio que harás carrera. Yo de comprar y vender y atesorar la diferencia entre el
debí haberla hecho; pero yo no soy catalán, soy an- precio que se compró y el en que se vendió.
de la Rambla de Barcelona.
Cuando ya su fortuna estaba hecha miraron á su
Pocos meses habían transcurrido desde que había daluz, y si he sabido y sé ganar dinero, mucho mejor
sé gastarlo. Y es inútil pensar en que cambie; cada alrededor y se encontraron solos. Entonces y sólo
uno es como nace: unos para ahorrar y hacerse ricos, entonces cayeron en la cuenta de·que su unión no
y otros que si ricos nacen, pobres mueren, y no te era una razón social, sino un matrimonio, y con fe
pidieron al cielo un hijo, y el cielo, pródigo y comdigo nada si nacen pobres.
Las profecías del principal de Felipe se realizaron. placiente con ellos, les envió lo que pedían, un hijo;
En Barcelona se separó de Pepe el andaluz, como y como ya no pidieron más, y sin duda Felipe y Balllamaban al que primero le inició en los secretos del bina debían tener buenas aldabas en el cielo, Juan no
arte de comp¡-ar y vender, y entró de dependiente en tuvo hermanos.
Emoción -dolorosa fué la primera que &lt;;ausó Juan;
una tienda de paños, situada en la Boquería.
Durante algunos años barrió la tienda, fregoteó creyeron sus padres que nació muerto porque no llocristales, y tantos sabañones tuvo en manos y orejas, raba. Azotóle el comadrón, como es costumbre. para
que éstas se le quedaron por los bordes con unos producir el llanto, y el niño dió una especie de gruñidibujos tan bien recortaditos, que parecían una pre- dito, como diciendo: - ¡Eh, caballeros, cuidado con
ciosa puntilla, lo cual es una prueba patente de pegar! ¡Vaya una manera de recibirle á uno!
El gruñidito tranquilizó á los papás, y mucho más
constancia en el servicio. Por los recortes que en las
orejas tenía hubiera podido averiguarse el capitalito ver que el chico chupaba á las pocas horas con verque nuestro buen Felipe poseía, cuando buscando mayor espacio para sus hazafias salió de la tienda de paños y comenzó á recorrer España en clase de
comisionista ó viajante de comercio. El
primer mordisco que los sabañones habían dado le valió dos docenas y media
de duros, los otros los cobró mucho
más caros, y sumadas todas las cantidades, más el interés que habían producido, vinieron á constituir la respetable cantidad de cuatrocientos duros.
Tres años de viajante duplicaron el
capital en dinero de Felipe y le crearon, en buenas relaciones comerciales,
un nuevo capital en crédito, que le
permitió comenzar á pensar en estable1
cerse; el sueño de toda su vida.
¡
Estudió el mercado de Madrid, vió
que allí podía hacerse gran negocio en
el ramo de géneros de punto, alquiló
un local en la calle de Postas, gastó
unos doscientos duros en la instalación,
Dibujo de Kaemmerer
y con el resto de su dinero y el crédito
que varias fábricas le concedieron haabrazado su nueva profesión, cuando con gran alegría cinó en los escaparates y estanterías de
suya oyó cierta noche que su principal le decía mien- su tiendica cientos de medias, mitones,
tras comían en una tabernucha de Tarragona:
camisetas, étc., que compraba á tanto
- Felipe, ¿tienes ganas de ir á Barcelona?
y vendía á tanto y medio, y volviendo
- ¡Ah! Sí, señor. Usted me ha dicho que es tan á emplear el medio ganado en género
bona...
y repitiendo la operación, á los dos
- Si la bolsa sona.
años de establecido, la firma de Felipe
- ¡Eh! Y aunque no sone será bona para un cata- Duro valía en el mercado más de siete
lán como yo, que quiero trabajar para que sone.
ú ocho mil duros.
- ¡Bien dicho! Sabes que te has pulido mucho en
La hora del amor le llegó entonces.
los cinco meses que viajas...
Quien como él comenzaba á ser comer- Buen maestro tengo.
ciante respetable no podía permanecer
- ¡Hola! También adulador.
soltero. Pero ¿dónde diablos podía Fe- No, señor; que un catalán.jamás adula. Yo digo lipe ballar mujer que le conviniera?
la verdad: V. es muy bueno conmigo, por eso le Dando vueltas y más vueltas á esta
idea, cierta noche salió un recuerdo de
los desvanes de su memoria. Allá en
un pueblo de Asturias había él conocido á una garrida moza, hija de comerciantes también en géneros de punto,
á la cual había requerido de amores, y
si mal no recordaba, la moza no echó
en saco roto las lindezas que él supo decirle. La cosa no había pasado á mayoDibujo de Kaemmerer
res, pero podía haber pasado. - ¿Y por
qué lo que entonces no hice, porque
locura hubiera sido, no he de hacerlo ahora, que ya &lt;ladera avidez ' una muñequita de tela empapada en
es prueba de cordura y hasta artículo de primera ne- ¡dulcísimo jarabe.
cesidad?- Pensada y madurada que fué esta idea,
Creció Juan, y sus padres no tuvieron queja de su
comenzó á practicarla. Escribió al pueblecillo de conducta: hacía cuanto se le ordenaba, y algunas diaAsturias, averiguó que la moza se conservaba con bluras que á él se le ocurrían, pero diabluras que no
~alma, y fué á buscarla y v?lvió con ella al poco causaban disgustos. Una pena, sin embargo, y pena
ti_empo, después de haber recibido la bendición nup- agudísima, sentía su madre; el niño era, como ella
cial.
decía, descastadísimo; ni nunca solicitó un beso, ni
Modelo de matrimonios fueron Balbina, que éste jamás recibió cariñosamente los que se le daban.
era el nombre de la muchacha, y Felipe. Durante
Algo muy curioso y extraño había en el carácter
~uchos años de unió~ sólo hubo entre ellos algunos ó mejor en la naturaleza de Juan. Ni siendo niño, ni
hgeros altercados, y siempre por el mismo motivo, y ya más crecido, jamás una lágrima asomó á sus ojos.
f~é éste que Balbina acusaba á Felipe de desprenNiño, pedía á gritos, mas con los ojos secos, cuanto
d1do y _hasta solía llamarle dilapidador. Con esto se le antojaba; y hombre ya, ni el dolor ni el sentiqueda pmtado el carácter de la asturiana y explicado miento supieron arrancarle una lágrima.
q:1e los señores d~ Duro llegaran á ser poseedores de
Llegó Juan á los veinticinco años; Felipe, su padre,
ciento cuarenta mil duros, que los calcetines y medias pasaba ya de los sesenta, y la tranquilidad y el desles habían dado y que no se guardaban en ninguna canso que hacía algunos años se procuraba le hiciemedia vieja, sino que se habían convertido en buenas ran engordar de un modo considerable.
casas en Madrid, en seguros créditos y un pico muy
Una mañana apareció muerto en su cama; una
respetable en onzas contantes y sonantes.
apoplejía le había matado sin que ni él quizá se enDibujo de Kaemn1erer
Durante los primeros años de su matrimonio no terara de la visita de la muerte.
se. acord~ron los afortuna~os c_~merci~ntes de que
El primero que se enteró de la desgracia fué Juan.
sirvo; _que si no, ya hace tiempo que me hubiera des- ~ios p~d1a darle? ~no ó vanos h1Jos, y m lo desearon
Entró en el cuarto de su padre, vióle muerto, y sin
pedido de usted.
1~i al cielo 1~ p1d1eron, pues para ello faltábales el emocionarse pasó á verá su madre, y con acento tran- Bien, hombre, bien: así me gusta, Y yo, que tam- t1empo; tan distraídos y ocupados estaban en la tarea quilo y reposado dijo:

ltusTRACióN

EL PRÍNCIPE JERÓNIMO NAPOLEÓN,

- Madre, ha ocurrido una desgracia. El padre ...
- ¿Qué pasa?, gritó Balbina.
- No se alarme V., una cosa que había de pasar.
-¿Está malo? Voy, voy...
- Es inútil, no está malo, ya no necesita cuidados
de nadie.
- ¿Qué dices? ¿No se ha muerto, verdad? No, no
es posible; tú no lloras y es tu padre.
- Era. Ahora descanse V., que yo lo arreglaré
todo.
Y sin añadir una palabra más, dejó á su madre que
por ella y por él lloraba.
Tpnscurrido el año de luto, Juan se hizo cargo

A.1&lt;.Tis-rtcA

fallecido en Roma el día 17 de marzo último

de su herencia, y sin consultar el parecer de su
madre decidió cesar en el comercio de géneros de
punto.
- Es preciso quitar la tienda, dijo.
Quiso su madre oponerse diciendo:
- Si me sacas de aquí apresurarás -mi muerte.
- Puede V. hacer lo que guste: continúe el comercio sola, yo por mi parte ceso. ·
- ¿Y me dejas sola?, replicó la madre.
- Porque V. quiere, véngase á vivir conmigo. Ya
tengo casa conveniente para mis proyectos.
· - ¡Salir de aquí, donde tú has nacido y donde murió tu padre! ...

- Haga V. lo que le plazca.
Balbina siguió á su ,hijo, pero al poco tiempo de
salir de su tienda murió.
- Ya era muy vieja, dijo su hijo; la hizo un entierro suntuoso, pagó un magnífico panteón que ni
siquiera vió, y éste fué todo el tributo que rindió á la
memoria de su madre.
Los desdichados.que tanto oro supieron amontonar
para su hijo no hicieron derramar llanto.
Juan al salir de la tienda realizó los proyectos de
que había hablado á su madre.
Puso una casa de banca, se dedicó á grandes empresas industriales y financieras, y los tres ó cuatro

�LA

214

millones que sus padres le dejaron se convirtieron
pronto en treinta ó cuarenta.
El Excmo. Sr. D. Juan de Duro llegó á ser el rey
de la Bolsa y de la Banca.
Segun opinión general, era un hombre honradísimo
y un perfecto caballero.
No hubo calamidad pública que no fuera remediada por él con algunos miles de pesetas.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Las columnas de los diarios solían dar cuenta con
gran frecuencia de rasgos generosos del acaudalado
banquero Sr. Duro.
Ocurrieron terribles inundaciones en ciertas provincias de España, y e1 filántropo banquero dió diez
mil duros para socorros á los pobres que habían quedado en la mayor miseria por efecto de la inunda, ción.

El Gobierno quiso premiar aquel acto de sublime
caridad, y le concedió el título de marqués de la
Piedad.
En el mismo día en que se comunicó á Juan este
acuerdo del Gobierno, fué á visitarle un primo suyo
que había ido á Madrid desde Vinebre para referirle
que sus parientes estaban tan pobres como los de las
provincias inundadas, y no le recibió.

2 15

!LUSTRACIÓN ARTISTlCA

chas generaciones ponía capullos
grada sobre la misma frente de la
multitud; entre aquel concertante
odoríficos de rosas en el trono de
monstruoso y bullanguero; entre
la Virgen, cree ver los cirios que la
aquel trueno prolongado de voces,
alumbraban y hasta se le finge oir
de gritos, de risas, de aullidos de
las saetas y las plegarias de las mucólera; entre aquel vistoso conjeres devotas.
cierto de trajes de seda y oro y plaEl andaluz no recuerda nunca
sin inquietudes vagas aquellas vesta de las cuadrillas, y en el brillo
del estoque del matador, y en los
timentas negras ó de color que le
encajes de la mantilla de la andaasustaron de niño; hay algo para
el niño de lúgubre y de tétrico en
luza, esos encajes como ondas de
un sombrío mar, lleno de tremenla figura del Nazareno. Los enordas negruras y dulces voluptuosi·
mes agujeros de los ojos en el tradades á la vez, esos encajes por
po de la careta, estremecen como
la boca de un abismo que nos atedonde asoma el rayo potente de
unos ojos magníficos, de unos ojos
rra y nos arrastra á su borde. Cuanque amenazan tempestades horrendo el espíritu impresionable se va
identificando con la solemnidad de
das y locos idilios de los amores de
la fiesta religiosa, y de tanto sentir
los cielos; en todo eso, poético y
espidtual, gigante y avasallador,
su lado hermoso se pierden en
enérgico y puro, atrevido y loco,
nuestro cerebro las notas chocarreras que vibran á su alrededor, y
deslumbrador y magnífico, en todo
sólo nos fijarnos ya en la bella y
eso y en la tierra que lo está sus·
tentando y en el cielo que lo cobija
grandiosa fastuosidad de aquel inmenso aparato religioso, entonces
y en el sol que lo alumbra y en el
quedamos poseídos de impresión
hálito que lo hace vivir y respirar;
hondísima. No hay espíritu por
en todo eso parece que flota algo
despreocupado que sea que no se
del perfume extraño y simbólico
halle cogido un instante en esa
de las procesiones que acaban de
red misteriosa del sentimiento con
pasar, recuérdase con un agrado
las ideas de otros días dichosos
indescriptible el incienso de las
de la in(ancia. Serán otras las floiglesias, el chisporrear de los cires que el ambiente perfuman, serios, la unción de los penitentes y
rán otros los penitentes que cami·
un no sé qué de misticismo nos
nan con grave lentitud, pero el
llena el alma, al mismo tiempo que
cielo de Sevilla es el mismo, y
retumba en los espacios el tremenaquellas hermosas imágenes de las
do bramido de la res que cae súbiandas son las mismas: con igual
tamente herida por el certero esfijeza melancólica mira hoy el Cristoque.
to crucificado á la multitud que le
l\lI. MARTINEZ BARRION UEVO
reverencia cuando pasa; con igual
terrible amargura las dolorosas y
santas pupilas de la Reina de los
LO RD LYTTON
Cielos fíjanse en el pecho traspasado del excelso hijo: la vernos coLord Lytton, actual embajador
mo entonces; ... pero ¡ay! ¡cuán disde Su Majesttd Británica cerca del
tintas son nuestras ideas al verla
Gobierno francés, nació en Lonpasar, de cuando la veíamos desde
dres el 8 de noviembre de 1831.
los hombros de nuestros padres,
Su padre fué el admirable novelista
confundidos entre la multitud!
Bulw&amp;r-Lytton, verdadero hombre
Hoy es cuando se duele uno de
de genio, que no contento con ser
aquellos en can tos perdidos, de
el primero de su época, quiso figuaquellas dulces ilusiones de la nirar también entre los grandes homñez, que murieron sin que poda·
bres de Estado y los más notables
mos explicarnos cómo murieron ni
oradores de que se enorgullece Inpor qué causa. Entonces contemglaterra. La reina, que ciñó hace
plábamos al sayón y al penitente
SS, MbJ, El, REY DON ALFONSO XIII Y LA REINA REGENTE DO:-ÍA•~IAR(A CRISTINA
algunos años la frente del hijo con
con respeto supersticioso, y los
(De una fotografía de Fernando Debas, de Madrid. )
la corona condal, había otorgado
ojos ávidos fijábanse con curiosucesivamente al padre el título de
sidad en aquellos rostros de las
·
imágenes que nos parecían curtidos y feos, y así eran en el horizonte una silueta comusa, que surge y que baronet y el de Par del Reino; pero la nobleza de
las impresiones de nuestro corazón; hoy las vemos se borra para surgir de nuevo? ¿Habéis creído encon- lo~ Bulwer_ y de los L~ttort_ tiene su tron;o en los
pasar entristecidos, porque nos recuerdan el ayer; trar una semejanza misteriosa con el eco de su voz ongenes mismos de la historia de aquel pa1s, y la orhoy las vemos pasar con la amargura en el corazón, en la última nota de la campana del templo, donde gullosa divisa que tan bien caracteriza á sus últimos
aquella misma amargura de la Santa Virgen por el oisteis misa con ella? ... Eso era lo que yo sentí, aun- descendientes, Hot virtutis opus, ostentábala ya con
hijo muerto; sólo que la nuestra es la amargura mun- que parezca extraño y extravagante; eso era lo que gloria, bajo el reinado de Enrique IV, sir Robert de
dana del escepticismo que nos corroe, y la 'amargu- yo sentí en mi corazón, recordando las cofradías, al· Lytton y Lytton, que casó con la encantadora hija del
sherif Hotoft.
ra de la Virgen es la del eterno dolor por el hijo á gunas horas después.
Y luego, junto á esas impresiones, enfrente, ro·
Después de terminar sus estudios, lord Lytton,
quien ha despedazado un pueblo cruel. ¿Comprendéis las diferentes amarguras de la Santa Madre y deándola~, otras que las atropellan, que las envuel- que había heredado en gran parte la brillante imanuestras? Viendo pasar las cofradías, no observaréis ven, que las hacen levantar de pronto para hundirlas ginación, la elocuencia natural y el profundo sentiá un hombre que no esté conmovido. ¿Es por amor y con más precipitación. ¿En qué ciudad, en qué pue- miento poético de su padre, dióse á conocer en el
por respeto? ¿Es por veneración á lo que ve? ¡Ah! Yo blo, en qué villa española hay Semana Santa sin to· mundo literario, bajo el seudónimo de Owen Meme figuro que dentro de su alma, en su conturbado ros, función religiosa sin que esté teñida de sangre redith, por la publicación de un tomo de poesías tiespíritu que nada cree y que nada siente, reza una de fiera? Ese mundo es gigante, ya lo sé, es mons- tulado Clitemnestra y otros poemas; pero su obra más
honda plegaria fúnebre, henchida de dolores por_ las truoso; pero es bello, es fantástico; levanta el espíri- importante, aquella en que parece haber encontrado
grandes hermosuras muertas de su pasado de mño. tu aunque parece brutal, le posesiona de valentías y todo el ardimiento, todas las aspiraciones de su juEntonces solamente podemos comprender la eterna grandilocuencias, le entusiasma, le ll~va al frenesí; y ventud, fué El vagabundo. La aparición de estas
raíz que la inconmensurable hecatombe del Gólgota es que la ardiente sangre española, la sangre noble, poesías, notables por la pureza de forma y la admidejó á: través de los siglos, sacando de la triste com- la hidalga, la pura, la quijotesca, necesita de esas rabie expresión, anunció á Inglaterra que contaba
paración nuestra pequeñez, nuestra corta vida, nues- grandes ebulliciones, de esas terribles sacudidas, con un gran poeta más. No le privó esto de seguir la
tra inutilidad, lo mísero, en fin, del polvq que nos de esos contrastes de sol y tinieblas, para equili- carrera diplomática, y es maravilloso ver cómo Lytton
brarse, para vivir y fortalecerse. ¡Ay del español que pudo atacar de frente estas dos quimeras, tan difesustenta.
Yo no sé qué sentimientos eran los de mi co_razón no sea cristiano! ¡Ay del español que no goce de rentes y tan difíciles de conciliar, la Poesía y la Podespués que hube visto aquellas grandes mamfesta- ver embadurnada de sangre la arena del circo! ¡Los lítica.
De La Haya pasó á Constantinopla como agregado
ciones de fausto religioso: tenía en mi pecho así co- toros! Entre todo aquel esplendor y aquel bullimo un perfume de misticismo y amor pur~ de _la cio de la plaza; entre aquel rugido de placer inmen- á la embajada y de allí á Viena; durante un viaje que
gloria. ¿Habéis amado alguna vez á una muJer cris- so de la muchedumbre, que precede al rugido de la en aquel entonces hizo por los Pirineos, escribió el
tiana, pura, hermosa, con las seducciones además de fiera al sentir el puyazo; entre aquel tono vigoro- exquisito y apasionado poema titulado Ludia, que
una educación brillante? ¿Habéis concebido por ella sísimo y ardiente del sol que caldea los semblantes llegó á ser popular en Inglaterra. T anta actividad
una pasión digna de quien la ha inspirado? ¿La ha- hasta parecer que se congestionan; de los millares de merecía recompensa, y el joven agregado ascendió á
béis visto partir, sin esperanza de volver á verla? cabezas que se ven en las gradas, del rojo y el amarillo secretario, distinguiéndose en los diez años siguien¿Habéis recorrido después los lugares en que ~tros de los mantones, del gris y obscuro de los sombre- tes por varios trabajos diplomáticos en Copenbague,
días dichosos la visteis? ¿Se os ha llenado el alma de ros, de los abanicos que forman todos en todas las Atenas y Lisboa, donde con feccionó ~\ famoso traun éxtasis bendito, amargo y dulce á la vez, creyen- manos, sostenidos en la misma actitud, un toldo in- tado entre Inglaterra y Portugal. Era primer sedo oir el ruidillo suave de su falda? ¿Se os figuró ver menso de menudos retazos de colores que rodea la cretario de la embajada de Inglaterra en Francia en

•

~~

LA ÚLTIMA OBRA DE ARISTÓTELES, fragmento de un rollo de papiro, existente en el Museo Británico

A los treinta y tantos años contrajo Juan matrimonio con la hija de los duques de Siar. Ni él amaba
á su mujer, ni se enteró siquiera de que era amado
por ella.
No fué afortunado en su matrionio: cinco hijos
tuvo y ninguno llegó á cumplir los doce años; murieron todos y murió su madre, y aun para Juan Duro
fué el llanto dón desconocido.
Aún vivía la esposa del acaudalado banquero,
cuando éste dió celebridad en Madrid á cierta mu-·
chacha preciosísima, cuyo origen nadie conocía, pero
que causó muchas envidias por sus brillantes, sus
lujosos trenes y el suntuoso hotel que por algunos
años habitó.
Aquella muchacha era llamada por todo Madrid

una enfermedad que los médicos no supieron clasifkar.
.
Juanito se moría como se apaga una luz. No le
dolía nada, sólo algunos días padecía una ligerísima
fiebre.
Poco á poco se extinguía y consumía la vida de
aquel niño.
Cuantos remedios empleaban eran ineficaces. Llegó á tal extremo la debilidad del pobrecito, que ya no
podía abandonar la cama.
El abuelo veíale todos los días dos ó tres veces, pero
cada visita no duraba más allá de un cuarto de hora.
Una mañana entró el marqués á verle.
Los médicos le habían dicho que el niño moriría
en breve.
la Remedios de Duro.
- ¿Qué tienes, hijo mío?, preguntó el abuelo al
Cierto verano, la Remedios deslumbró con su lujo nieto. ¿Qué te duele?
á toda la sociedad que acude á San Sebastián y Bia- Nada, abuelito, contestó el niño con voz tan
rritz.
débil que casi no se oía.
Después desapareció, y ya nada volvió á saber
- ¿No te duele nada, hijo mío? Pues ¿por qué no
de ella.
estás alegre, por qué no ríes, por qué no corres y salMuchos años después del fallecimiento de la Ex- tas COJ:IlO los demás niños? ¿Quieres juguetes? ¿Qué
celentísima marquesa de la Piedad, se supo que el quieres? Pide y todo te lo daré.
marqués había reconocido como hijo suyo á un niño
- No quiero juguetes, no quiero nada, déjame.
que tenía un gran parecido con la Remedios.
Guardó el niño silencio durante muchas horas.
Pepito Duro, que así fué llamado el hijo del marSu respiraciqn se dibilitaba cada vez más.
qués, fué instalado en su palacio con un lujo verdaTomóle el médico por última vez el pulso, y dijo
deramente regio: le señaló habitaciones aparte y puso al marqués, que con los ojos le preguntaba:
á su servicio numerosos criados y varios coches. Dos
- Se muere, ya no le quedan más que algunos miayas espléndidamente retribuídas cuidaban de él; sus nutos de vida.
caprichos, hasta los más extravagantes, eran leyes; un
- Pero ¿de qué se muere, doctor?, dijo el marqués.
médico vivía con él y cuidaba constantemente de la
- No lo sé, y diclio esto salió de la habitación,
preciosa salud del heredero del marqués de la Pie- dejando solos en ella al enfermo y á su abuelo.
dad.
Transcurrieron algunos minutos más.
El niño fué el tirano de aquel palacio.
Reinaba un profundo silencio, en el cual se oía el
Sus caprichos tuvo muchas veces que satisfacerlos silbidito de la respiración de Juanito.
aquel á quien todos creían su padre, pero á quien el
De pronto encorporóse el niño en su camita, miró á
niño llamaba abuelito, y que en efecto abuelo era y su abuelo, que tenía grave y frío el rostro y secos los
no padre.
ojos, y dijo con una vocecita de ángel:
Juan Duro se había separado de la R emedios cuan- Abuelito, ¿sabes por qué me muero? Porque nado supo que iba á ser madre.
_
die me quiere, nadie, ni tú, que eres mi abuelito.
. Por espacio de veinte años no había vuelto á acor- ¿Que no te quiero? ¡Con toda el alma!, contestó
darse de ella.
el abuelo,
Un día recibió una carta en la que Remedios le
- ¡Con toda el alma!, repitió el niño con cierto
participaba que había tenido una hija, y que esa hija tono de tristeza irónica. Con toda el alma, y ves que
había muerto al verse abandonada por un amante; me muero y eres mi abuelito y ¡no lloras!
pero antes de morir había dado á luz un niño, que era
Dijo esto y apoyó su cabecita en la almohada.
su nieto y nieto también del marqués. Este niño era 1 - ¡Hijo, hijo mío!, gritó Juan Duro. ¡Sí, te quiePepito Duro.
ro con el alma y lloro, lloro, lo que nunca hice, mira!...
Cinco años tenía el niño cuando se vió atacado de
Era verdad, dos lágrimas brotaban de los ojos de

Juan, las primeras de su vida; pe~o aquellas lágrimas
no llegó á verlas el nieto de la Remedios de Duro.
RICARDO R EVENGA

SEVILLA
jPROCES IONES Y TOROS!

Las procesiones de Sevilla dejan en el corazón
una huella indeleble: algo inmenso y majestuoso se
nos figura que flota sobre nuestro ser, embargándole
y saturándole de yo no sé qué hálitos serenos; las
procesiones de Sevilla conmueven al andaluz y al
sevillano sobre todo: es lo que le halaga y lo que le
llena á la par de vanidades pecaminosas y de fe bendita. Late el corazón de entusiasmo, el pensamiento
centellea; esos aparatos religiosos revelan el carácter
de la Andalucía antigua, lo mismo que el caráct~r de
la de ahorn. Parado en una esquina ó puesto en un
balcón, olvida uno los empellones, los ::\pretamientos
y hasta los puñetazos que recibe de algún impaciente que desea ponérsenos delante; olvida eso y todo
lo que pueda haber en el mundo, si no tiene relación
con lo que allí v.e, lo que allí palpita, lo real y lo misterioso, lo plástico y lo intangible al mismo tiempo
de la belleza y la majestad de las procesiones.
No tiene uno alma ni corazón ni cerebro, nada
más que para lo que ataca tan directamente á sus
sentidos; las risas y las lágrimas vienen en conjunto
á retorcernos y emocionarnos; la risa, por el dicho
agudo ó la salida de tono de cualquiera de los concurrentes; las lágrimas, por la fe que ve uno en los
demás, llevándonos á la creencia de que no es el
mundo tan perverso como los modernos sabios del
corazón afirman, ni estamos tan metidos en la porquedad de la gran ciencia del naturalismo como tres
ó cuatro aseg~ran.
Las cofradías sevillanas tienen su lado grotesco,
no hay quien lo dude: mejor que mejor, porque esa
grosería sirve de equilibrio en· este c~so, para que
sea el jarrón de agua helada que en la coronilla nos
echen: con su lado grotesco y todo, las procesiones
de Sevilla mueven de emoción y de respeto, uncifican y hacen llo.rar. Nuestros padres, nuestros abuelos, los padres y los abuelos de nuestros abuelos,.han
ido como nosotros á ver las cofradías: las imágene~
de hoy son aquéllas: un Santo ó una Virgen de los
que vemos pasar nos recuerdan el cristiano sentimiento de otros días, y el ánimo se conmueve, se va á
otros mundos, figúrasele ver la mano que hace mu-

I

�...

~·

.,~

--.._

...__ ~ -

~".)~,¡

=

-✓--

-----L___

~1.,J~.

\\\

.. . . . . __, Oli.o.o.:..~.

\~

\,~

~-

------===- =--

- -~~-·~
- - - ~-~=---=
~
~ - ~~
- ----=-~
~
e
~
~
:
~
~~~--~
-- ~
--

--"'

8~dh=-e

)

- -.=---.1~
~==-,___
- - - ~~="

- -

~

_--n,--__.,.~

•

'~_;:

-

~---

1

~~'\'\~i-a.Dl0.-

,,- / 1

"'

'11;1(~~~~::a...,,,,,~~k\ li

. . . . . ,_____ -,

!

_,.l

l

.---~-=- -- ~ ---...._- -~

L-i

-

- .;--""'."'-~-._;.,.-~~
-~=------- ~
- --~
- . ---~- ~ _:,_--ce
~
--. ~ ~ - - = - - . ..__~
~-- -- ~. - , ~
--:::-- - ~ -- ~ -~~
~:=-,.,~-~

~~

-

--:-=~ - ·~--

---

--

-~~~~~~~::~~~-~;

----=-:__

~ ~

-~

•........_~-- "111

~

•

~

e~.n.co..Guco .
'

_..ji ;.(CUU\0.\),0.
r-(

..-3-v.=c~-

¡----.....__
Ar &lt;:::::

,,-----,.._....~

71(1

'\

.

~

_..--_,._\

_

)

....-- ---.~

L.,-----~.
_,-'

_--~----:..~::_-

~ - .:..-

--==----

~.~

-~ -=:-~

-:::_:--,. ~~ 4G. ~

--;.a.._.-:::--:::-..~--r=-:-·

----=- -

- ----·

~ ~ - - -

- _:::____:__ :;:::_ _

- - ~ -- - ~"=:e-~~-.::::-_ -~~-~

~--==:::::-:-----,·
--~

~.....J

----.::::::__-=- ~ - -:

~

:=_.-_.- • ; - ~ ~ ;

-

· - ~ -.

:::::-&gt;~ -

;:-=

~

--·

~-~--

-~---=-::_~-~~•-e·=~- - ~

-~--

-

-~ ~ -

~~--

- -

-~~

-. - -

- -•

-

--

~

.e

....

;--::-:.=-

SUCESOS DE CHILE.- El presidente de la república de Chile, E xcmo. S r. D. José Manuel Balmaceda. - Barcos que forman la escuadra de los sublevados. (Composic i6n y diuujo de D. Nicanor \'ázquez, según fotograflas remitid:is
por D. José Mariscal, gerente de tLa Joya Literaria,) de Santiago de Chile.)

LA DECAPITACIÓN DEL APÓSTOL SAN PABLO, cuadro celebrado de Enrique Sim.onet

,

Ji

�LA

218

187 3, cuando heredó el título y la fortuna territorial próximo parentesco con el emperador, siendo nombrado prlnde su padre; y desde aquella época. su afabilidad, cipe francés, senador, consejero de Estado, gran cruz de la Lede Honor y general de división.
su sencillez, su amena conversación y su sincero gión
Durante la guerra de Crimea mandó una divisi6n de infanteamor al arte aseguráronle la gran popularidad de ria de reserva en las batallas de Alma y de Inkermann; en 1857
emprendió una larga excursión por los mares del Norte, y en
que goza entre los franceses.
En enero de 18761 M. Disraeli le confirió el cargo 1859 se cas6 con la princesa Clotilde Maria Teresa de $aboya,
hija de Victor Manuel.
de virrey de las Indias. Siete semanas después diriEn tiempo del segundo imperio tuvo en el Palais Royal una
gíase á Egipto, y á poco prestó juramento como go- verdadera corte, adonde acudfan los más ilustres personajes ele
aquella época, Renan, Sainte-Beuve, Augier, Al&gt;out, de cuya
bernador general del Indostán.
El 1. de enero de 1877, lord Lytton presidió, eR compañia gustaba en extremo el prlncipe, y con los cuales podepartir sin hacer mal papel, gracias á su claro talento y á
la ,;asta llanura que se extiende alrededor de Delhi, dfa
la inteligente afición que profesaba á las letras y á las artes.
la espléndida ceremonia en que la reina de Inglate- Estas reuniones, en las cuales reinaba un esplritu anticlerical
rra fué solemnemente proclamada emperatriz de las y democrático, llegaron á preocupar al mismo emperador, que
Indias, y poco después recibió la gran cruz de la Or- no sin recelo veia el movimiento de ideas á que daba, por deas!, sanci6n oficial el patronato del _prlncipe J er6nimo
den del Baño, como recompensa de los numerosos cirlo
Al estallar la guerra de 1870, el príncipe, que se hallaba
servicios prestados entonces. La energía de lord Lyt- viajando por Noruega, regresó precipitadamente á Francia lleton estuvo siempre á la altura de las circunstancias, no de ansiedad por la marcha de los acontecimientos que prey por eso un autor inglés contemporáneo pudo es- vela habla de su fatal para su patria.
A la calda de Napoleón, el prlncipe Jerónimo se ocupó accribir: «Cuando más tarde se conozcan bien sus es- tivamente
en polhica, siendo nombrado en 1871 consejero gecritos, sus informes y documentos oficiales; cuando neral en Córcega. Expulsado en 1872, obtuvo permiso para
se aprecie la extensión y variedad de los asuntos que volverá Francia después del 24 de marzo de 1873. La tendenha tratado y cuán elevadas eran sus miras y cuánto cia democrática que daba á su propaganda le enajenó muy
pronto las simpatlas de los amigos del prlncipe imperial, sienel valor y la perseverancia de que ha dado pruebas, do
de notar que el prlncipe Jerónimo nada hada para evitar
entonces se sabrá verdaderamente quién era ese vi- una ruptura con éste. En las elecciones legislativas de 1876
rrey de quien muchos han murmurado, y se le hará presentó en Ayaccio su candidatura contra la de M. Rouher, y
aun cuando fué derrotado por la oposición que le hicieron en
la justicia que merece.»
del prlncipe imperial los jefes oficiales del partido im· Cuando lord Beaconsfield se retiró á la vida pri- nombre
perialista, la anulación de la elección de su contrincante le per•
vada, en abril de 1880, puso en manos de la reina la mitió tomar asiento en la Cámara, tomando entonces parte muy
dimisión de su amigo lord Lytton, quien obtuvo en activa en los debates de la ley sobre colación de grados, durante
cambio el título de conde de Lytton y vizconde de los cuales tlijo, entre otras cosas: &lt;Sembrad jesuitas y recogeréis sediciosos.&gt;
Knebworth.
Votó con la mayorfa republicana contra el ministerio del 16
Su regreso á Inglaterra fué para él ocasión de em- rle mayo, siendo uno de los famosos 363; pero habiéndose preprender una nueva campaña literaria: en 1883 pu- sentado candidato en las elecciones siguientes, resultó derrota·
blicó los dos primeros volúmenes de una notable do por el barón Haussmann.
Entonces se consagró á la dirección de su partido: la inopibiografía de su padre y un largo poema titulado nada
y desastrosa muerte del príncipe imperial convirtió al
Glenaveril ó las Metamorfosis, del que se hizo últi- prlncipe Jerónimo, dentro de los principios estrictos de herenmamente en Francia una traducción que no podía cia, en jefe dinástico de la familia imperial; pero la inmensa
dar idea del encanto sutil y profundo que se des- mayorfa de los bonapartistas, no pudiendo perdonarle su opoá Napoleón III y su proceder de César popular y volprende del original; y por último, en su más recien- sición
teriano, le impusieron por jefe á su propio hijo Vlctor, que era,
te obra poética, Despuh del Paraíso, el escritor pa- por otra parte, el sucesor designado' por el prlncipe imperial
rece llegará la mayor altura de su genio.
en su testamento.
Desde entonces rompióse toda relación entre el padre y el
En 1.º de noviembre de 1887, lord Lytton fué
estallando una verdadera guerra de familia, origen de senombrado embajador y ministro plenipotenciario cer- hijo,
rias disensiones en el seno del partido. El destierro común no
ca del Gobierno de la República francesa.
habla logrado reconciliarles.
Desde aquel día, el Hotel del arrabal de Saint Durante el último carnaval de Roma, la comparsa organizaHonoré ha sido la casa más fastuosa y más cordial- da por el prlncipe Jerónimo con varios principes y nobles damente hospitalaria de todo París; los que tienen nom- mas de la aristocracia romana llamó la atención pública. Algunas semanas después enfermó de la influenza, y cuando pare·
bre conocido, y sobre todo los que luchan aún para cía
convaleciente de esta enfermedad recrudeciéronse en él dos
alcanzarle en las letras, en las artes y en las ciencias, antiguas dolencias, la nefritis y la diabetes, que á poco se
son siempre muy bien acogidos, con la mayor gene- complicaron con una pulmonía, de la que sucumbió en la norosidad, por el dueño de la casa. Entre sus más bri- che del 17 de marzo, después de haber recibido los cons~elos
de la religión que le prodigaron el cardenal M ermillod y el
llantes triunfos literarios figura en primera línea. el abate
Puyo], amigos suyos á quienes tenia en grande estima, y
que le ha proporcionado la preciosa é interesante de haberse reconciliado en sus últimos momentos con su hijo
novela El Anillo de Amasis, que actualmente publi- el prlncipe Vlctor.
camos.
La. última ob:i:a. de Aristóteles, fragmento de
VIZCONDE R. Du PoNTAVICE DE HEussEv un rollo de pe.piro existente en el Museo Británico. - ·En el salón de manuscritos del Museo Británico
0

NUESTROS GRABADOS
El primer invierno de los puritanos en Nueva Inglaterra, cuadro de Mr. G. H. Boughton.

,

- &lt;Había entrado el invierno, crudo y tiguroso, y la tala de
árboles, lo mismo que la fabricación de sus rústicas viviendas,
se efectuaron en medio de continuos aguaceros y nevadas. Manifestáronse inmediatamente los gérmenes de mortal dolencia,
pues, con las privaciones, la exposición á la intemperie y la
necesidad de vadear agua medio helada desde la embarcación
á la playa, los hombres fuertes y robustos se volvieron débiles
como niños, y el delicado cuerpo de las mujeres cedla bajo la
doble presión de la ansiedad mental y el abatimiento flsico.
Durante este invierno (1621) fueron agotándose gradualmente
las fuerzas de los colonos y hubieron de labrarse siete veces
más sepulturas para los muertos que moradas para los vivos.&gt;
A51 se expresa J. A. Spencer en su Historia de los Estados
U nidos refiriéndose al primer invierno que pasaron en Nueva
Inglaterra los puritanos, que huyendo de las persecuciones de
J acobo I y de los defensores de la iglesia anglicana, fueron en
busca de un suelo virgen en donde poderse entregar con libertad entera á la práctica de sus creencias y culto religiosos.
El pintor inglés Mr. G H. Boughton, inspirándose sin duda
e_n esa descripción, ha sabido interpretarla á maravilla en un
li~nzo en que todo respira tristeza, desde el paisaje cubierto de
meve por entre la que asoman algunos pocos desnudos y raquhicos arbustos, hasta los escasos personajes que en él fiJ?U·
r~n y en cuyos rostros relléjase la melancol!a profunda producida por el destierro á tan desiertas é inhospitalarias playas y
por el recuerdo de la madre patria para siempre perdida.

El príncipe Jerónimo Napoleón fallecido el 17de
marzo último. - El prlncipe Jerónimo Napoleón, hijo de Jer6nimo, hermano de Napoleón I, ex rey de Weslfalia, y de la
princesa Federica de Wurtemberg, naci6 en Trieste en 1822;
educóse en Suiza y via,i6 por Alemania. Inglaterra y Espaí'la,
y aunque Francia estaba cerrada para él y para su familia, en
1845 la visit6 con el nombre de conde de Montfort merced á
una autorizaci6n especial ele Guizot. Dos aí'los después el gohierno de Luis Felipe autorizaba al destronado monarca y á su
familia para volver á Francia. A raíz de la revoluci6n de febrero de 1848 el príncipe Napole6n se adhiri6 abiertnmente al
nuevo régimen, y ncentu6 aún más ~u adhesi6o á la República
en su manifiesto á los electore~ de C6rcega, que le eli~ieron representante en la asamblea constituyente. En 1849 fué ministro plenipotenciario en Madrid, y en 18$2, después del golpe
de Estado, fué investido de todas las dignidades anejas á su

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

puede verse actualmente una larga• tira de amarillento y antiqulsimo papel, escrito en griego en caracteres curiosos y elegantes, que ha conservado por espacio de mil ochocientos años una
obra de Aristóteles y que ha sido descubierto en, nuestros
tiempos
La escritura dala probablemente del primer siglo de la era
cristiana, quizás del tiempo mismo en que San Pablo escribla
su eplstola á los romanos, y en el blanco del margen vense
todavfa las cuentas de un intendente de alguna finca rústica,
que aparecen consignadas con la fecha del último año del reinado de Vespasiano, es decir, el año 79, dato precioso para
precisar la remota edad del documento.
Escondido, no se sabe cuándo, en una catacumba y ali! recientemente encontrado, este manuscrito que contiene el texto
de una Constituci6n ateniense escrita por Aristóteles, arrojará,
sea ó no de pullo y letra del filósofo, mucha luz sobre la historia de Atenas.
La edici6n que del mismo se está publicando bajo los auspicios del administrador del Museo Británico suscilará sin duda
alguna animadas discusicnes acerca de su autenticidad como
obra de Aristóteles; de lo que no puede dudarse es de su remota antigiiedad, pues para convencerse de ella basta examinar
el rollo de papiro en que el documento está escrito y de un
fragmento del cual reproduce una copia nuestro grabado.

sobre el estado de la marina y del ejército. Desde 1865, en que
regresó á Chile, hasta 1868 vivió consagrado á las tareas agricolas, dándose á conocer en la vida polltica activa con algunos discursos patri6ticos pronunciados en el Club de la Reforma. En
1870 fué elegido diputado por el departamento de Carelmapu,
conservando esta representación hasta 1885. Su labor parlamentaria fué muy activa en 1873, 1874 y 1875, siéndole ofrecida á
fines de este último año la cartera de Hacienda, que no quiso
aceptar. En 1878, después de haber tomado mucha parte en
el movimiento polltico de aquel año y del anterior, fué enviado al Plata como Ministro plenipotenciario para arreglar la
cuesti6n de limites pendiente desde hada largos años, habiendo terminado su misión al año siguiente. En 1881 el presidente Santa Maria le nombró Ministro de Relaciones Exteriores,
y á los siete meses Ministro del Interior, cargo que desempeñó hasta 1885. En 15 de junio de 1886 fué elevado á la magistratura suprema ue la república, puesto desde el cual ha contribuido al fomento de los intereses morales y materiales de su
nación.
Por causas que no hemos de analizar estalló en 7 de enero
último una insurrección contra el presidente Balmaceda, insurrección apoyada principalmente por la escuadra, cuyos buques reproduce nuestro grabado.
Las contradictorias noticias que del teatro de la guerra se
reciben no ~rmiten prever cuál será el término de la lucha.
Es de esperar, sin embargo, que pronto se restablecerá la paz
en aquella floreciente república, y que á la agitación de hoy
sucederá en breve la tranquilidad que tanta prosperidad ha
dado á la naci6n chilena.

EL AN!LLO DE AMASIS
NOVELA ORIGINAL DE LORD LVTTON, ILUSTRADA POR A, BESNARD

(CONTIN UACIÓN)

el complemento necesario de la de ellos: Nosotros
tres no formamos más que uno; dos, sm el otro,
seríarri'os un cuerpo mutilado, y á decir verdad, creo
que ninguno de los tres podría_ existir solo.
. .
»Para Félix y para mí la d1cba es ~na cond1c1ón
natural más bien que la consecuencia de nuestra
conducta, y obramos más por tendencia que.po~ intención. El carácter de Conrado es el que md1ca á
los nuestros la medida y el método; es el principal
resorte del reloj familiar; él es quien regula los movimientos de todo el círculo; y si alguno de nosotros
pudiera existir solo, tal vez fuera él, porque s~ carácter es el más independiente y completo. ConhenE:
en sí, y hasta un grado qu: ja~ás obser~é en ningún
otro, la justicia, el buen cnteno, la sagacidad, el orden la armonía y el sentimiento del deber. ¡Ay de
mí, ~uán difícil es para Félix la práctica de estas dos
últimas virtudes! Si el deber opone una barrera á
sus aficiones de cada diez veces nueve se conducirá como ud héroe; mas por desgracia, en la décima,
algún vivo impulso le priva de su juicio, y todos sus
esfuerzos anteriores quedan reducidos á la nada.
Entonces, tal es su expresión desesperada, tan si~gularmente triste, implora su perdón con tal humildad y parece tan arrepentido, que á la verdad sería
inhuman0 conservarle rencor alguno.»

La. decapitación del apóstol San Pablo, cuadro de Enrique Simonet. - El apóstol San Pablo es
una de las personalidades históricas más salientes en los anales
del Cristianismo.
Después de haberse distinguido como fariseo por su fanatismo cuando la lapidación de San Esteban y por las crueles persecuciones que hizo sufrir á los cristianos, una visión que tuvo
en elcamino de Damasco convirtióle de tal suerte que el verdugo y perseguidor Saulo, que as! se llamaba, fué desde entonces el celoso y enérgico Pablo, propagador de las doctrinas de
Cristo, siendo de los que más conversiones lograron consuelocuente palabra y sus persuasivos escritos.
Llamado á Roma por Ner6n, después de algunos años de
cárcel y viendo lo inquebrantable de su fe, el e111perador condenóle á muerte, que sufrió el año 66, el mismo dia en que pereda crucificado el apóstol San Pedro. Por su calidad de ciudadano romano, San Pablo fué decapitado, muerte en aquel
entonces menos afrentosa que la que sufrlan los demás mártires cristianos. La tradición cuenta que en el momento de la
ejecuci6n ocurrió. un verdadero milagro: la cabeza del Santo,
separada del tronco, quedó al caer al suelo envuelta ~n un nimbo de gloriosa lui, y aquellos ojos del gran convertidor, cuya
mirada no olvidaban nunca los que una vez se fijaran en ella,
se clavaron con expresión de terrible censura sobre los senadores romanos que presenciaban el acto.
En e5ta escena ha inspirado Simonet su hermoso cuadro,
composici6n grandiosa y dificil, as! por el gran número de figuras que entran en ella como por la diversidad de sentimientos
que hubo de expresar el artista, de terror en unos, de indiferencia en otros, de piedad en los menos, de admiración en casi
todos, y que acusa un pintor de gran empuje y de vigorosa potencia artística que sabe escoger bien los asuntos para sus tendencias elevadas y tratarlos con toda la maestría que se necesita
para conseguir la impresión que en el ánimo causa La decapitació11 del apóstol San Pablo
.

Miss Elliott, mujer con barba.. - En el Pa,wpticum
de BerUn se enseña actualmente una joven que ostenta el insólito adorno de una magnl6ca barba cerrada. Llámase Miss
Elliot, pero se la conoce también con el apodo de Lady Esaú,
y nació en América.
Miss Elliot es de aspecto elegante y tiene una arrogante fi.
gura: sus manos, brazos y cuello son completamente blancos y
su hermosa cabellera, de color castaño, es abundantlsima y tan
larga que le llega basta los talones; pero el adorno más curioso
de esta beldad es, como hemos dicho, la barba cerrada que alcanza hasta el pecho y que muchos hombres podrfan envidiarle.
Lady Esaú cuenta actualmente veinticinco años: á los cuatro empezaron á manifestarse en el rostro de la nií'la los,primeros indicios de bigote.
Probablemente se trata de un caso ele hermafroditismo parecido al que describió Debierre en 1886 en los Archives de l'a,zthropologie cri111i11ale et des sciences pl11alts. Maria Magdalena
Lefor\, que es el caso por este autor descrito y cuyo sexo fom~nino quedó confirmado por la autopsia, tenla también barba
cerrada que le llegaba hasta el ombligo.
El número de mujeres que lucen sus barbas en los barracones de las grandes ciudanes y de las ferias es considerable, pero
lo que distingue á Miss Elliot de todos los demás fen6menos
de su género es que su aspecto, sin ser bello por supuesto, no
presenta, como puede verse por nuestro grabarlo, el carácter
repulsivo que todas las demás ofrecen, antes bien se hace relativamente ~impático, lo que le ha valido el calificativo de la
hermosa barbuda.

EXTRACTOS DEL DIARIO DF. CONRADO DE ROSENECK

:... ·«De t~d¿s l~s ~~terios,· es. el más misterioso; de
todos los enigmas, el más inexplicable. Ante su
vehemencia sin freno no hay pre,isión posible; todo
juicio se trastorna, todo cálculo s~ destruye. _En su
presencia, cualq~iera otra presencia que~a eclipsada,
y su poder paraliza todos los demás. Sm embar_go,
es en sí demasiado sutil para que se le posea é unpotente para poseer.
»¡Agradecimiento, aprecio, amistad, confianza, admiración! Podemos remontarnos hasta vuestros orígenes y poneros en movimiento por un esfuerzo de
la voluntad; pero las palancas del amor ~stán profundamente ocultas, lejos de toda fuerza visual, fuera
del alcance de la mano que se alarga para descubrirlas. Y no obstante, tan sólo su posesión hace
apetecible la vida.
• »i~Í s~! ·Allí donde la razón se llama sinrazón y
el buen sentido locura, donde todo es fatalidad, frenesí, ¿por qué he de tener escrúpulos en aliar la pasión con la superstición y la debilidad con la debilidad? Quiero jugar sobre esa sortija extraviada todo
cuanto mi existencia puede perder ó adquirir l¡.Ún.
Si la encuentro (y es preciso), ¡sea ella el primer eslabón de la indisoluble cadena que debe enlazarla/
¡Sí, aunque esa cadena se debiese forjar en el infierno!
»¡Ya no puedo más! .. &gt;&gt;

VII
LA SORTlJA

Lord Lytton, autor de la interesante novela &lt;El anillo de Amasis&gt;

SS. MM. el rey Don Alfonso XIII y la r eina
r egente Doña Maria. Cristina.. (De fotografia de Fer- Grandes almacenes del Printemps, de París
nando Debas, en Madrid.) - Este es el último retrato que se
Véase el anuncio en la secci6n correspondiente
ha hecho del monarca español y de su augusta madre: el grupo que forman las dos figuras resulta en extremo simpático é
interesante, porque interés y simpatía despiertan siempre un
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy
niño que no pudo conocer el cariño de su padre y á quien está
confiada la noble cuanto dificil misión de regirlos destinos del
U ANDO un producto poseeun:1 gran notoriedad, sucepueblo espaí'lol, y una madre amantl~ima y modelo de virtudes
de á menudo que mercaderes al por 111mor poco escrupulosos
que sabe educar á su hijo para los altos fines que un día ha de
realizar y conservarle el trono que de sus mayores heredara y proponen ó basta sustituyen á lo que se les pide una imitaci6n
el cariño del pueblo, que es la base más sólida de todos los po· que deja más beneficio. Esto es lo que ocurre diariamente con
la CREMA SIMÓN, conocida desde hace 30 años para los cuidaderes de la tierra.
dos de la piel. Es necesario, pues, que las personas que desean
El presidente de la Reoública. oe Ohile, Ex- con empeño esta marca exijan la verdadel'a CREMA SIMÓN de
celentísimo Sr. D. José Manuel Ba.lmaceda.- la rne de Proveure, 36, Parls. Venta: farmacias, pcrfumcrfas,
Ba.rcos que forman la escuadra de los suble- bazares, mercerías, etc.
va.dos. (Composición y dibujo de D. Nicanor Vázquez, seJ?ttn fotografias remitidas por don José Mariscal, rle Santia~o de
JABON REAL
JABON
Chile.) - El actual presidente de la república chilena nació en
Único Inventor
Santiago en 1838; en 1864 fué á Lima en calidad de secretario DETHRIDACE 29,B'desllaliens,Paris VELOUTINE
particular de don Manuel Montt, encargado de la representación t.iGO~dido, por autorld~dci midie;s para ta Bi~ieno di ll fid 1 O:!le:i fel Color
de Chile en el Congreso Americano, y alll escribió una memoria

e

IV:IOLETI

219

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

JULIE'l'A Á TERESA

(Sinfeclza.)

»¡Sin embargo, el hombre se cree grande, porque
en él se verifica alguna cosa que lo es! Un cuadrante
solar que medía la marcha del tiempo hora por hor~,
imagináblse ser el Tiempo, soñando que el movimiento de su pequeña sombra llevaba en sí la gran
promesa de la Eternidad ... Pero una ligera nube pasó
por el sol, y el cuadrante, despertando de su sueño
del tiempo y de la eternidad, cayó otra vez e~ la
nada. Y así como ese cuadrante no puede dominar
al sol, tampoco le e! posible al hombre somet~r 1~
voluntad de la naturaleza. No es sino el dedo indicador; si osa creerse más, luego viene el deseng~ño...
»No p¿de~o·s ~rd~na~ á.ni~gu.na ·fu~rz; q~e ~sté
en nosotros, ó en otra parte, «que sea de un mo~o ó
de otro, que venga aquí ó vaya allá.» El más ard1en-

te esfuerzo de un alma movida por el más imperioso
deseo, no conseguirá hacer brotar de otra la chispa
«¡Adiós, novio desconocido!
que ilumina, calienta y abrasa: ¡el Amor!
»La superstición, querida Teresa, viene en auxilio
¡Máquina ó caos! Tales son las condiciones de de tus consejos; mi suerte está fijada ya, y seguiré
nuestro ser. ¿Somos nosotros libres en nuestra elec- soltera, porque he perdido mi anillo de desposada.
ción?»
»Jugábamos al volante en el patio nuevo cerca de
la calle de árboles, y temía tanto perder la sortija
que Conrado me dió, ó dejarla caer, que la retiré
I ULIETA Á TERESA
del dedo y guardéla en la punta del pañuelo, colo«21 iulio 1814.
cando éste sobre el pedestal de la grnn esfinge que
Conrado había puesto en la extremidad de la avenida.
»No creas necesario gritarme «¡alerta!» querida Te)) Después hicimos una excursión por el río en nuesresa, si hablo demasiado de ellos en mis cartas; ha- tro büte, y regresamos al castillo á través del bosque,
cerlo del uno y no del otro, tal vez fuera peligroso; iluminado por la luna. Había olvidado completameny juntos, nada pueden contra mi felicidad. Vivo en te la sortija; pero más tarde, ya de noche, cuand9
paz porque sé conservarme en mi lugar, y mi vida es estábamos reunidos todos en el salón, observé que

�220

11

1,

no la tenía en el dedo, y subí presurosa á buscar el
pañuelo en que la guardé. Encontré el pañuelo en
mi mesa tocador, donde le había dejado cuando iba
á ponerme el chal, pero la sortija no, y el nudo estaba deshecho; sacudí el pañuelo cuidadosamente,
y de él salió una pequeña mariposa revoloteando; el
pobre insecto parecía estar poseído de espanto, y
acabó por precipitarse sobre la bujía; de modo que
la llama quemó sus bonitas alas aterciopeladas. Estoy
convencida de que esa mariposa es mi futuro desconocido; la sortija mágica que desapareció de mi
pañuelo y no se ha encontrado después, debió transformarse en ese diminuto enamorado, que bajo la
forma de una mariposa ha tenido un fin tan prematuro. Como quiera que sea, prefiero creerme viuda
de ese lindo insecto, que no aceptar ninguna de las
prosaicas conjeturas del resto de la familia, la cual
se empeña en buscar la sqrtija en todos los sitios donde tu descuidada amiga dejó la huella de su paso.
»¡Descuidada! ¡Ay de mí! Bien merezco este calificativo, y ahora me dirijo severas imprecaciones, no
por el extravío de la sortija, lo cual es una desgracia
y no una falta, sino porque me permití chancearme
sobre su pérdida. El hecho es que me causaba enojo
y pesar ver á todo el mundo ocu12_ado en buscar la
alhaja. Y sin pensar más que en lo ridículo de aquella situación de que yo era causa, exclamé: «Os ruego que no os molestéis tanto por ese anillo, pues
sería inútil buscarle. ¿Ignoráis que tiene un encanto,
y qu~ está destinado á unir mi mano con la del
hombre que me lo presente algún día? Podéis estar
seguros de que no lo hallará sino la persona predestinada, á la cual debo pertenecer toda mi vida, porque
así lo ha decretado la suerte.» Apenas pronuncié
estas necias palabras, observé con vivo pesar la expresión que animó el rostro de Conrado; nada dijo,
pero reconocí que le había resentido mucho ver que
me consolaba tan fácilmente de haber perdido el regalo que me hizo, acompañándole con las más afectuosas expresiones de solicitud fraternal sobre mi
porvenir.
»Este porvenir se ha fijado ya, completamente á
mi satisfacción. Moriré soltera, porque la sortija fatal se ha desvanecido.»
EXTRACTOS DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK,

«¡Perdida, perdida para siempre, y todo ha sido
en vano!
»¿Con qué fin, como no sea por ironía y burla,
habrá recibido el hombre los dones fatales de la inteligencia y del entendimiento? ¿De qué le sirven la
imaginación sin límites, el corazón ardiente, las ideas
inflexibles, viajeros en lo infinito, ni la sutileza de
los sentidos, cuando con todas estas fuerzas reunidas
no puede dirigtr la menor de esas casualidades vulgares y ciegas que juegan con el destino del hombre?
En la plenitud de sus perfecciones, este milagro de
la naturaleza se halla á merced del menor incidente.
»¡Irrisión, irrisión!
&gt;&gt;En la hora helada en que el sol saliente me iluminó con sus pálidos rayos, mostrándome así el trabajo de largas y sombrías noches, la vista y el olor
de esa tierra removida á mis pies prodújome una
impresión de disgusto, y temblé al pensar en lo que
de mí había hecho aquella sola noche: ¡era el espectro de mí mismo, inclinado sobre la tumba de mi
esperanza perdida!
»¡Sí, en adelante, sin nombre, sin consagración,
fin de todo, excepto de mis locos pensamientos, esos
llorones malditos, para los cuales no hay compasión,
me visitarán vergonzosamente en secreto! ¡Yo seré
el sepulcro viviente de todo cuanto era mi vida,
pues toda mi existencia se cifraba en esa esperanza,
muerta para siempre, muerta hasta para todo cuanto
se oculta más allá de la tumba, sea .lo que fuere!
»¡Ayer, hoy, esta mañana, hace una hora (y me
parece que han transcurrido siglos desde entonces),
la esperanza vivía aún! Pero cuando él. .. ¡Dioses, oh
dioses!. .. ¿Por qué ha de estar él en cada vuelta de
ese laberinto de miseria que me enloquece? ... ¡Sí, él,
otra vez él, y siempre él!.. . ¡Y eso que no ha movido
una mano ni adelantado un piel ... ¡Oh justo cielo! ...
Cuando el mal genio de esa mujer y el mío dejaron
caer en la mano de Félix, en esa mano perezosa y
sin fuerza, el anillo que me había arrebatado, entonces la visión de la muerte hirió mi vista y resolví ...
»¡Muerto! ... ¡La esperanza y la fe murieron ya, y
este inmenso . mundo no es más que un vasto osario! ... ¿De qué sirve en lo futuro el trabajo y la
lucha?
.))¡En todas partes noche y tinieblas, lo mismo
dentro . que fuera! ... ¡La noche eterna, aquí y más
allá, así en .mis ojos como en mi alma! ...
»¡Y en.medio de esa obscuridad, un solo resplandor, el brillo siniestro de la amatista maldita! .. . ¡Vie-

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

ne y se va, pasa, gira en torno mío, me rodea con un
círculo de fuego, y ellos le siguen, cual torbellinos
agitados, á quienes guía su horrible fulgor! ... ¡Veo
sus rostros burlones á través de la obscuridad, y parece que con sus uñas me desgarran el corazón! ...
»¡Ah, Félix, Félix! ¿Por qué has de ser tú, entre
todos los que habitan esta maldita y mísera tierra? ...
¡Tú solo, y siempre tú!»
JULIETA Á TERESA

( Sin fec!ia.)
~¡Ah querida Teresa, dulce amiga mía, más querida que una hermana! ¿Cómo referirte cuanto ha
pasado?
»Todo me parece tan extraño y maravilloso y mi
dicha es tan indeciblemente grande, que no sé cómo
empezar. Sin embargo, no tiembla mi mano al escribirte estas líneas, ni mi corazón late más apresuradamente que otras veces. Mi alma está como iluminada por una luz interior, mis pensamientos son
tranquilos y esta calma y serenidad son para mí la
prueba irrecusable de lo real de mi dicha.
»¡Sí, ahora creo más que nunca en la influencia
mágica de mi sortija! ... Pero vas á juzgar por ti misma, puesto que es preciso referírtelo todo. Has de
tener, no obstante, un poco de paciencia, porque la
historia será larga.
»Para comenzar por el principio, te diré que al
día siguiente de perder el anillo nos despertaron el
toque de la bocina y el ladrido de los perros, que
estaban en el patio cuadrado. Nuestros vecinos, deseosos de correr un ciervo, nos sorprendían á tan
temprana hora. Mamá estuvo muy pronto en pie y
nos vestimos apresuradamente para recibir las visitas; pero Félix y Conrado se adelantaron á nosotros,
y al baj~r encontramos á todos reunidos en la sala
de las armaduras, donde se había encendido un gran
fuego porque la mañana era fría.
»Félix estaba completamente absorto en los preparativos de la cacería. Su picador le presentaba en
aquel momento su bocina y su cuchillo de caza; al
volverse para tomar estos objetos, vióme de pie junto
á la chimenea y ofrecióme la mano. Uno de los visitantes al observar esto exclamó: «¡Mirad todos, ved
cómo se reproduce á lo vivo ese cuadro!» Y al mismo tiempo señalaba uno muy antiguo, suspendido
sobre la chimenea, que representaba una cacería.
Fijamos al punto la vista en él y nos chocó la semejanza que Félix y yo ofrecíamos en el asunto. Ya recordarás que en ese cuadro se figura un cazador de
tamaño natural, recibiendo su cinturón y su bocina
de manos de una dama, con toda esa exquisita galantería que era característica en nuestros antepasados.
Con algunas ligeras modificaciones en mi traje, hubiera podido pasar por la castellana, y Félix parecía
realmente el cazador, excepto en lo de la galantería
exquisita (¿necesito decírtelo?)
- »¡Vamos, dijo alguno, completad ·el cuadro;
Félix, dobla la rodilla y déjate armar!
- »¡Oh!, exclamé, si Félix se arrodilla ante mí se
levantará con una rodilla blanca y la otra negra.
»En efecto, una corriente de aire, penetrando por
la puerta entornada, había barrido del hogar parte
de la ceniza, esparciéndola entre Félix y yo.
- »Es demasiado elegante para hacer tal cosa,
añadí, mostrando la ceniza.
- »En efecto, contestó Félix; pero querida prima,
la elegancia y la galantería se pueden conciliar, como
vas á verlo.
Y cogiendo su pañuelo, colocóle en el suelo delante de mí y después dobló precipitadamente la rodilla sobre aquel cojinete improvisado; mas apenas
lo hubo hecho, dejó escapar un ligero grito, cual si
alguna cosa le hubiese hecho daño, y como vacilara
al levantarse y estuviese á punto de perder el equilibrio, agarróse á la mesa que tenía á su lado. En un
l.nstante, esta última, con las botellas, los vasos y los
platos que contenía, cayeron en tierra produciendo
ruidoso estrépito; mientras que Félix, habiendo caído
también, infirióse una profunda herida en la mano
con los restos de un vaso. Conrado se apresuró á levantarle; parecía estar aturdido con su caída y tenía
la ropa cubierta de sangre; su hermano examinó las
cortaduras; retiró los pedazos de cristal y vendó la
mano herida con su pañuelo; pero la inflamación y
el dolor la inutilizaron por el pronto.
»Muy á pesar suyo, Félix se vió obligado á ceder
á nuestras súplicas y á quedarse en casa, dejando á
Conrado la dirección de la cacería.
»Por último, marcharon todos y volvió á reinar la
tranquilidad en la casa. Más desfallecido de lo que
él quería confesar, á causa del dolor y de la pérdida
de sangre, Félix se había dormido en el sofá, pero su

LA ILUSTRACIÓN
sueño era inquieto y febril y apoyaba la cabeza en
mi hombro.
»No podía moverme sin despertarle, y por lo tanto
permanecí sentada é inmóvil. Mientras que mamá
preparaba vendajes para la mano herida, hablábamos
en voz baja, y preguntóme por qué se había removido
por la mañana la tierra y el césped que la cubría alrededor de la esfinge grande. Yo no sabía nada, pero
supuse que podría haber alguna relación entre este
hecho y la pérdida de mi sortija, que precisamente
dejé en aquel sitio.
- »Tal vez mi prometido, dije yo sonriendo, habrá
socavado la tierra esta noche pasada. .
.,
»Al pronunciar yo estas palabras, Félix se despertó.
- »¿Prometido? ... ¿Quién es prometido?, preguntó
con el tono brusco y seco del hombre que es presa
de la fiebre.
- »Nadie, contesté.
»Mamá salió de la habitación para buscar algún
bálsamo, y entonces referí á Félix aquella necia historia, mezclando con ella todas las locuras imaginables: dfjele cómo Conrado me había dado la sortija,
su destino y de qué modo éste no se debía realizar
nunca.
»Félix me miraba entretanto con aire distraído y
al parecer turbado.
- »¡Prometida!, murmuró cual si hablara consigo
mismo. ¿Es posible que algún día llegues á ser novia,
Julieta? ... ¿Y de quién, de quién? ...
»Traté de sonreir, mas no pude. Félix seguía mirándome de una manera extraña, cual si me viese por
primera vez en su vida.
- »Y si tú fueras prometida, dijo después de una
pausa, ¿dejarías entonces de ser m~ hermana, Julieta?
- »¡No, no! Siempre seré tu hermana, mi querido
y buen Félix.
»Al decir esto puse mi mano en la suya, pero no
la tomó, y limitóse á mover la cabeza tristemente,
murmurando:
- »¡Entonces todo habría concluído entre nosotros!
»Después quedó sumido en profunda meditación,
y la expresión de su rostro era tan grave, que. yo
también comencé á estar seria y me entristecí tanto,
que le rogué que no me hablara más de aquel modo,
porque me causaba pena. De improviso levantóse,
me miró fijamente, con la misma expresión extraña
de antes.
- »¿De qué se trataba?, exclamó. ¡Ah! Ya me
acuerdo. ¿No decías ayer, Julieta, que te unirías con
el hombre que encontrase la sorija encantada?
- »¡Pues bien: sí, eso he dicho! ...
»Aquí me faltó la voz; no podía continuar¡pero tenía intención de añadir que no daba importancia á
mis palabras. .
»Félix se tranquilizó al parecer y quedó pensativo;
pero noté algo de lúgubre en su fisonomía, y su silencio era para mí sumamente penoso. Para cambiar el
giro de nuestros pensamientos, preguntéle cuál había sido la causa de de su caída, y cómo pudo tropezar teniendo una rodilla en tierra.
- »A propósito, repuso, despertando al fin de su
meditación y frotándose la rodilla; ahora recuerdo
que alguna cosa dura me hizo daño aquí; sin duda
había un clavo en el suelo; sentí cómo penttraba en
mis carnes, y el escozor que esto me produjo persiste aún.
- »Tu herida, repliqué muy satisfecha de haber
hallado otro asunto de conversación, nos ha hecho
olvidar la primera causa. Ven conmigo y buscaremos
juntos; y cuando hayamos encontrado el objeto fatal,
le arrojaremos, sea lo que fuere, al pozo más profundo de la casa.
»Así diciendo, cogí su mano izquierda, y dejóse
conducir por mí á la sala de armas, donde todo estaba aún lo mismo que lo dejamos. Los criados, que
tenían ocupación en otra parte, no habían arreglado
la habitación; las cenizas estaban todavía diseminadas, y el pañuelo en el mismo sitio, delante de la
chimenea. Mientras que Félix se inclinaba para recogerle, yo miré entre los restos de vasos rotos para
ver si había caído algo en el sitio donde se arrodilló.
- »¡No busques!, gritó Félix, sosteniendo el pañuelo entre el índice y el pulgar; ya tengo el objeto,
y observo que es alguna cosa dura.
»Le ayudé á desatar un nudo del pañuelo, é imagínate cuál sería mi sorpresa cuando le vi sacar de
allí.. . ¡la sortija! En el momento no dije nada, pues
enmudecí de asombro.
»Los dos nos miramos en silencio, y solamente
Dios sabía lo que pasaba en nuestros corazones en
aquel instante.» ,
. . . .
. . . .. .. '
La página siguiente de esta carta falta; sin duda
se había perdido ó fué rasgada. El resto, que reproduzco, comienza en la mitad de una frase.

. .

ARTÍSTICA

221

..... ((con los brazos enlazados, como si hubiera sido el exterior: á medida que los •jinetes pasaban, ilumi- capó al galope; quiso seguirle algún tiempo, guiá~siempre así.
nados por el resplandor de sus antorchas, sus gran- dose por el rumor de los cascos, pero así se extravió
»Comenzamos entonces á preguntarnos cómo se- des sombras huían galopando sobre la alta pared más. Al cabo de dos•horas, creyendo oir un murmuría que la sortija se hallaba en el pañuelo; habíamos blanca del patio cuadrado; el rumor producido por llo de agua corriente, avanzó en aq~el!a dirección, y
vuelto á la calle de árboles y estábamos al pie de la los cascos de los caballos y los gritos confusos de los hallóse al fin en las orillas del Weidnitz. Entonces
esfinge. Félix recoraó que él también había puesto hombres alejóse muy pronto; mas aún pude distin- supo por vez primera en dónde estaba, y reconoció
su pañuelo sobre el pedestal, é indudablemente tomó guir largo tiempo el brillo vacilante de las hachas á que había errado el camino; siguió el curso de la
después el mío por el suyo.
lo largo del bosque. Aparecían y desaparecían entre corriente mas érale preciso detenerse á cada paso á
))El sol comenzaba á descender y lo avanzado de los árboles, asemejándose á estrellas errantes; poco causa de las espesuras del ramaje, y cansado de tantos
la hora nos advertía el próximo regreso de los caza- á poco separáronse y se dispersaron en diversas d!- esfuerzos, resolvió pasar la noche en el bo~que, cuandores. Papá, muy contento, quiso anunciar nuestra recciones y después las perdí de vista en la obscun- do tropezó con un objeto oculto en el canaveral de
la orilla del río. Era una barca vacía, dejada allí proboda á la hora de comer; pero mamá se opuso con dad. ¡Qué noche tan terrible, querida Teresa!
una firmeza y una decisión de que apenas la hubiera
» Los cazadores llegaron uno tras otro, sin traer bablemente por los guardabosques; la pusó á flote,
creído capaz, y dijo que no sería conveniente tomar ninguna buena noticia. ¡Esto era un martirio! Lo no sin dificultad, y vió que se sostenía bien.
)) Después cortó la rama de un pino, la más Jarga
una determinación antes de consultar con el que iba único que pudimos saber fué que Conrado no había
á ser algún día el jefe de la familia.
ido al lugar indicado por él y temimos que hubiera y derecha que pudo en~ontrar, y trató de _utilizarla
» Había algo de inusitado en el tono con que mi sido víctima de algún accidente antes de llegar á para dirigir la embarcación; pero las aguas iban tan
crecidas, que no le sirvió de nada. Entonces e~hóse
madre acentuó sus palabras, y confieso que no pensé aquel sitio.
en Conrado sin cierta confusión. Por primera vez en
&gt;)Por momentos apoderábase de mí un sueño in- en la barca y dejóla seguir á merced de la. comente;
la vida me intimidó la idea de eHcontrar!e.
vencible, acompañado de vértigos, que no me pro- estaba transido de frío, y muy pronto perdió el cono»Atravesábamos en aquel momento el lindero del porcionaba ningún reposo, produciéndome en cam- cimiento. El roce de la quilla con el fondo muy bajo
bosque para volver á casa, cuando me pareció oir en bio horribles pesadillas. Creía ver el cuerpo de Con- de la pequeña bahía le despertó al fin.
- »¡Oh, Conrado!, exclamó mi padre, si tú supieras
un tallar débiles gemidos.
rado cubierto de sangre echado sobre el césped bajo
- »¡Escucha!, dije á Félix. También él creyó oir una encina hueca, y percibía de nuevo la misma débil en qué ansiedad nos has tenido ... ¿Por qué no tuviste
un leve rumor entre los matorrales, y buscó, mas sin queja que antes había oído en el tallar. El sonido me confianza en el instinto de tu caballo? Seguramente
encontrar nada. Sin embargo, este.ha segura de que despertó y levantéme poseída del mayor sobresalto; te hubiera llevado al castillo sano y salvo, porque
no era una ilusión mía, y no sé cómo en aquel mo- era nuestra madre la que se quejaba; aún permane- estos animales vuelven á su cuadra por lejos que se
mento recordé las objeciones de mi madre cuando cía en el sillón en que yo la coloqué, y cogidas las encuentren de ella. ¡Sólo Dios sabe qué noche nos
se opuso al anuncio oficial de mi enlace. Evidente- rodillas con las manos, balanceábase de un lado á has hecho pasar!
mente fueron dictadas por alguna duda sobre el otro.
»Conrado no contestó, y limitóse á inclinar la ca))Nuestra ansiedad aumentaba ahora con la ausen- beza como si estuviese cansado de llevarla. Aquel
efecto que en Conrado produciría aquella noticia
inesperada, y esta idea bastó para que me asaltaran cia de Félix, que organizó una nueva batida; y .cuan- hombre tan fuerte, tan aguerrido contra el dolor físivagos temores. Se los confié á Félix, y no hizo más do se iban ya los que formaban parte de ella, mi co, parecía quebrantado por la obra de una sola
que reirse, declarando que á nadie complacería tanto padre me cogió de la mano sin decir palabra y con- noche.
- »¡Vamos!, dije yo, no debemos reprenderle. Pala noticia como á su querido y viejo Conrado. Des- dújome al parque. Empezaban á despuntar los pripués continuó la conversación sobre el mismo asun- meros albores de la mañana, cuando nos encamina- dre, par~ce que el pobre está enfermo y rendid~ de
to, mostrándose tan sinceramente convencido y ale- mos á la pequeña colina que está en el extremo de cansancio.
aquél. Ninguno de los dos pronunció una sola palabra
- &lt;¡¡Es cierto, hija mía, es cierto!, contestó mi pagre, que acabé por participar de su confianza.
»Una vez en el castillo, nos separamos algunos en todo este tiempo. Desde aquella elevación veíase dre. Corre tú al castillo primero y prepara á tu madre.
instantes á fin de hacer los preparativos para recibir toda la llanura, atravesada por la corriente tortuosa
»De este modo llegué antes que ellos. ¡Oh, cómo
á nuestros huéspedes. Apenas había terminado mi del Weidnitz. En la cumbre de la colina hay un me alegro de poder am,mciarte esta noticia! No he
tocador, los cazadores llegaron; toda la casa estaba banco de madera; en él fué á sentarse mi padre y querido cerrar la carta, amiga mía, sin darte cuenta
en movimiento; todos los criados corrían de una ocultó su rostro entre las manos. Yo le atraje hacia del feliz regreso de Conrado; pero mis ojos comienhabitación á otra, y á lo largo del corredor oíase de mí y apoyé su cabeza en mi seno, mientras perma- zan á cerrarse ya, y estoy muy fatigada.
continuo el ruido de puertas que se abrían y ce- necía sentada, fijando una mirada estúpida en la ne»¡Loado sea Dios! ¡Conrado está en salvo! Regobulosa perspectiva que se extendía bajo nosotros. No cíjate con nosotros, amiga mía. ¡Buenas noches! ...
rraban.
»Bajé al salón lo más pronto posible: mi padre y podía pensar; había perdido toda noción de las coVIII
Félix entraban por puertas distintas, muy agitados sas, y mi vista se obscurecía por las lágrimas que llenaban
mis
ojos.
los dos al parecer; Conrado no había vuelto con los
UN DRAMA NO REPRESENTADO
»El curso del río trazaba una línea blanquizca á SEIS PÁGINAS DEL DIARIO DE CONRADO D¡;: ROSENECK
otros, y al preguntar á la servidumbre, contestó que
través de la llanura, y semejante á un punto negro,
nada sabían de él.
Primera página. - «Cuando de un latigazo lancé
»Por último, volvieron otros cazadores y anuncia- destacándose en ella, una pequeña barca era arra_sron que Conrado quiso separarse de ellos, una vez trada por la corriente. La bruma, elevándose apenas mi caballo por su camino, me dije: «¡Sea, yo te permuerto el ciervo, diciéndoles que tenía algo que sobre el suelo, cubría todo el paisaje con sus vapores tenezco, oh Muerte! ... ¡Allá va tu mensajero para
hacer en los alrededores y que ya le encontrarían en y comunicábale el aspecto de un mar lívido. A me- anunciar con sus relinchos la buena noticia en la
el castillo cuando ellos volviesen. Mi padre recordó dida que contemplaba el punto negro, parecíame puerta por donde ya no he de volverá pasar! ¡No
entonces algunas palabras de su hijo sobre la conve- que llevaba un ataúd en el que se hallaba tendido temáis ya, jóvenes enamorados! Ya no volverá á semniencia de inspeccionar en aquella ocasión los traba- el cuerpo de Conrado; el rostro tenía la blancura brar el espanto en vuestras almas, pero si no queréis
jos de los agrimensores, comenzados al otro lado del del mármol y no estaba desfigurado por ninguna verle otra vez al pasear cogidos del brazo por las
bosque y cuyos planos se debían entregar al día si- cicatriz, mientras que las facciones parecían más plá- sombrías soledades que os eran caras en otro tiemguiente. «Conrado piensa verdaderamente en todo,» cidas y austeras que nunca. De improviso el cuerpo po, no os acerquéis á la encina hueca, pues allí dondijimos nosotros; y tranquilos sobre este punto, nos comenzó á moverse; incorporóse y quedó sentado en de el césped está ennegrecido por la inútil sangre
fuimos á cenar. Muy pronto no se oyó más que el el ataúd; le vi tender hacia mí una mano suplicante que corre y se filtra entre las hojas por ella impregchoque de los vasos; los cazadores devoraban la car- y quise lanzarme hacia él, pero no pude, pues cada nadas, la vista de su figura, apareciéndose de improne de su ciervo con la voracidad de ogros; pero entre vez que trataba de levantarme, una mano invisible viso, podría perturbar un poco vuestros inocentes
tanto, yo no podía menos de observar las miradas de me sujetaba. De repente la ilusión se desvaneció; el corazones. ¿Quién ha retenido mi mano levantada?
ansiedad que mi madre dirigía hacia la puerta y la mar y el ataúd habían desaparecido, y vi que la co- ¿Sería tu poderosa impotencia, ó tu cobard,ía? ...
ventana. En aquel momento la obscuridad era c~m- rriente arrastraba la barca á una bahía formada por ¡No!. .. ¿Por qué retrocedería ante la muerte el hombre que prefiere á una vida de tormento el golpe vivo
pleta fuera del castillo, y noté que la preocupación el río.
- »¡Padre, exclamé, mira, mira!
y rápido que le asegura un reposo completo? ¿Sería
de mamá era cada vez mayor. Ciertamente, yo tam»No pude decir más. Los dos mirábamos, y vimos el deber filial? ... ¡Nada de blasfemias!. .. En aquel
bién comenzaba á experimentar cierta inquietud, pero
á
un
hombre salir de la barca y saltar á tierra. ¡Era momento no pensaba en mi padre ni en mi madre ...
esforzábame para disimularlo. El ayuda de cámara
¡No! ... Alguna cosa más mortal que el brillo del
de mi padre entró de pronto y murmuró algunas p~- Conrado! ·
»¿Cómo bajamos de la colina? .No lo sé; solamente acero homicida me deslumbró de repente; un sinieslabras á su oído; mi padre hizo un brusco movimiento como para levantarse, y como mi mad~e insis- recuerdo que pocos momentos después habíamos tro resplandor, brotando de las sombrías profundidatiese en saber de lo que se trataba, contestó a la pre- llegado á la orilla del río y estrechábamos á Conrado des del río, rasgó las tinieblas más profundas aún
gunta enviando á buscar al lacayo de Conrado. El en nuestros brazos. Mi padre no hallaba más que de mi corazón ... ¡Sí! ... ¡Era en realidad el fantasma
hombre entró espantado al parecer y confuso, Y una frase para expresar su dolor pasado y su alegría fulgurante de aquel terrible oráculo! Una radiación
dijo que el c~ballo de Conrado había vuelto solo á presente, y murmuraba á cada instante: «¡Conrado, de amatista se extendió sobre las furiosas ondas que
la cuadra, con la brida rota y cubierto de espuma. hijo mío!&gt;) Conrado nos dejó hablar sin responder: rodaban á mis pies; transformólas en señales y símLlegué á tiempo para recibir en los brazos á mi ma- su rostro tenía la palidez de un espectro y parecía bolos; un encanto mágico rodeó todo mi ser; yo midre, que se adelantaba hacia mí vacilando y se des- inerte; sus dientes castañeteaban de continuo; un raba y escuchaba. Aquella luz misteriosa hablábame
mayó al fin. Todos los hombres, ensillando apresu- estremecimiento recorría sus miembros; sus ojos nos un lenguaje criminal y de las tumultuosas aguas eleradamente sus caballos, partieron tan rápidamente miraban sin vernos al parecer, y su expresión era vábanse voces que cantaban:
como les fué posible para buscar á Conrado, Yen su muy triste. Con la mayor dificultad conseguimos al
¡ Para nosotros el anillo; para ti la joven castellana!
apresuramiento Félix se olvidó hasta de coger 'el fin que hablara de él: nos dijo que se había separado ¡Oh, hermano, la hora se acerca! ¡ Hermano, la copa está llena!
de
los
cazadores
la
víspera
por
la
tarde,
apenas
muer'
sombrero.
))No sentí ningún estremecimiento, ni el temor
»En un instante la casa quedó vacía y silen~iosa; to el ciervo, porque estaba ansioso de ver á Félix,
cuyo
accidente
le
inquietaba.
Quiso
tornar
un
atajo
me
invadió al escuchar aquellas voces horribles,
no se percibía sonido alguno, como no f~era, ~ mterva~os, las quejas ae mi madre y el paso mqmeto de para llegar antes al castillo, y se perdió en el bosque; porque me eran familiares ... ¡Ah! ¡Cuántas veces las
m1 padre, que paseaba de un lado á otro del ~ome- en los campos reinaba todavía una claridad crepus- he oído! En aquel momento hacíanme una promesa
dor. Cada jinete había llevado una hacha de viento, cular, pero allí todo estaba obscuro y las sendas de- que yo no osaba interpretar; pero tenía fe en ellas ...
siertas. Para orientarse mejor en el tallar, apeóse del
porque la noche era excepcionalmente obscura.
))Yo estaba junto á la gran ventana y había ~po• caballo y le ató á un árbol.
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUI LL
))Mientras trataba de reconocer aquellos sitios, el
yado la frente en un cristal en un estado de ámmo
'
.
cuadrúpedo,
espantado
por
un
ruido
cualquiera,
es(
Co11ti11uará)
que no intentaré describir. La escena era exttana,en

�LA I LUSTRACIÓN

222

ARTISTICA

cular y los vagones son movidos por un cable sin
fin que pa~a por de~ajo_dei ellos y que r~cibe el impulso de un motor fijo: la velooid.ad es de 4'5 metros
FERROCARRIL DE ESTRIBOS ESCALONADOS
por segundo ósea 16'2 kilómetros por hora. Junto á
Entre los tnás importantes problemas de la vida esta vía propiamente dicha de 60 á 70 centímetros
civilizada moderna, es indudablemente uno de los 'l de ancho hay otras dos que facilitan el acceso á la
principales el relativo á los medios de locomoción primera y en cada una de ellas está asentada una
SECCIÓN CIENTÍFICA

NUEVO SISTE MA DE LOCOMOCIÓN EN LAS GRANDE S CI U DADE S

Fig. r. Aspecto general del ferrocarril de estribos escalonados

y transporte indispensables para satisfacer las necesidades cada día crecientes del tráfico personal en
las grandes ciudades. Que los ómnibus, los tranvías
y aun los fep-ocarriles urbanos no llenan en este
punto de un modo completo las exigencias del público, demuéstralo el hecho de que todos estos sistemas de locomoción no han podido desterrar los
tradicionales coches de punto con su aparato desproporcionado al peso que han de sostener y con sus
tarifas más desproporcionadas todavía.
Omnibus y tranvías son demasiado lentos en muchos casos, y en cuanto á los ferrocarriles sólo tienen
una aplicación muy limitada en el interior de las
ciudades por las incomodidades que suelen ir anejas
á su construcción y explotación. Además ésos tres
medios de locomoción ofrecen el inconveniente de
que el que ha de servirse de ellos tiene que emplear
más ó menos tiempo en llegará los puntos de parada,
esperando el paso de algún vehículo: otra de las desventajas es la di! los frecuentes altos que han de hacerse durante el trayecto para que suba ó baje algún
pasajero.
Los ferrocarriles funiculares introducidos en América sólo en determinadas circunstancias, muy raras
en Europa, responden á las esperanzas que en ellos
se cifraron, y lo propio puede decirse de los ferrocarriles eléctricos.
A la solución del problema de aunar la baratura y
la rapidez con la ventaja de estar siempre el vehículo
á la disposisión del público tiende un sistema de
locomoción cuyos principios fundamentales vamos
á exponer.
El principio en que se basa esta innovación consiste en establecer un sistema por el cual los trenes
no necesiten detenerse, sino que con el impulso de
una sola vez recibido recorran toda la línea, pudiendo
subirse á ellos en cualquier punto del trayecto. El
proyecto singular á que nos referimos y cuyo objeto
es facilitar el tráfico en las grandes ciudades es de
invención alemana y está llamando actualmente la
atención en muchos países. Dos arquitectos, los hermanos Enrique y Guillermo Rettig, de los cuales el
primero es consejero real de construcciones en Munster (Westfalia), habiéndose antes distinguido como
arquitecto de la guarnición de Metz, y el segundo es
arquitecto municipal de Dresde y muy conocido por
el primer premio que ganó con su proyecto de monumento al emperador, han concebido y desarrollado
el plan de un ferrocarril que puede adaptarse á todas las calles por donde circulan los tranvías y demás sistemas ordinarios y aun á muchas actualmente
cerradas para éstos, que funciona con movimiento
uniforme y constante y al cual puede subirse en
cualquier punto. Cada línea del ferrocarril es cir-

plataforma 6 estribo sin fin, puesto que se extiende
en toda la longitud del trayecto: ambas se mueven
constantemente, gracias á sus respectivos cables, con
una velocidad de 3 metros por segundo la central y
de 1'5 la situada más hacia el exterior: esta última
velocidad es la de un peatón. La fig. 2 representa la
sección transversal de la tres plataformas móviles y
facilita la comprensión del mecanismo. A la plataforma exterior, que se alza á unos 10 centímetros
sobre el nivel del camino de peatones que junto á
ella se extiende, puede subir fácilmente cualquiera
que por éste circule; con igual facilidad puede pasarse de esta plataforma á la central, que se eleva
también unos 10 centímetros sobre ella, y de lacentral al vag6n propiamente dicho situado en igual altura. El que siguiendo su paso ordinario sube á una

LA I LUSTRACIÓN
de modo que cada viajero tiene su asiento. Para fa.
cilitar el ascenso 6 descenso, las plataformas, de un
metro de. ancho, van provistas de unas barandillas.
Cada vía debe formar, como hemos dicho, un anillo cerrado, de modo que dé la vuelta por una sola
calle ó alrededor de una ó varias manzanas de casas.
En este sistema no puede haber naturalmente cruces; pero este inconveniente se salva haciendo que varias líneas ó anillos estén en contacto en determinados puntos, de suerte que
bajando de una pueda tomarse otra fácilmente.
La ausencia de locomotoras bace que la vía
no haya de ser de una resistencia extremada,
con lo que resulta mucho más barata en construcción, y como el cable motor permite las
mayores curvas, puede darse á la vía la forma
de la calle donde haya de.emplazarse sin necesidad de expropiaciones.
Todas estas circunstancias permiten dotar
á poco coste á una cuidad de una red completa de ferrocarriles de este sistema, pudiendo colocarse los motores que impulsan los
cables en los puntos de contacto de varias
líneas.
El pago del precio del pasaje puede hacerse por medio de aparatos automáticos que
abran la entrada del vagón cuando se eche en
ellos la moneda correspondiente, ó por medio de conductores que recogieran los billetes que se vendan en distintos despachos, lo
cual no exigiría un personal muy numeroso.
La seguridad en estos trenes es absoluta, resultando innecesarias todas las señales ó agujas para los cambios de vía. Además la circunstancia de no llevar locomotoras evita á
las casas próximas á la Hnea las molestias del
humo, del ruido y de la trepidación.
Por lo que toca á los servicios que pueae
prestar este sistema de locomoción, los cálculos comparativos demuestran que á pesar de
su velocidad moderada puede atender á necesidades del tráfico más rápidamente que los ómnibus
y tranvías y aún que los mismos ferrocarriles de cortos trayectos; que la fuerza motora necesaria para
un movimiento de 2 400 personas por hora es menor que el de una locomotora, y que con un movimiento de 12.000 personas por hora (movimiento
que no es raro en algunos trayectos del ferrocarril
urbano de Londres, por ejemplo) la proporción entre la fuerza indispensable en este sistema y la del
ferrocarril de vapor es de uno á cuatro.
Las muchas ventajas de este sistema que acabamos de describir hacen desear y permiten esperar
que pronto se le someterá á estudio y examen verdaderamente prácticos. En Inglaterra y en América
se está haciendo gran propaganda para llamar la
atención y el interés públicos sobre este invento, que
por lo mismo que presupone un tráfico muy considerable sólo puede aplica~e en las grandes ciudades.
La comparación entre el coste de una línea de este
sistema y de los otros ferrocarriles es ventajosísima
para el primero, hasta el punto de resultar la mitad
más barata que la del más barato de éstos, sin contar
con el ahorro que supone en los gastos de.explotación.

QUE TENGAN

223

ARTÍSTICA

PARATENERLA BOCA

ACREDITADOS

a sea ?atarral 6 de constipado, seca, ner~iosa, l'onca, fatigosa, etc., etc.,
ronqmal 6 pulmonar, por fuerte y crónica que sea hallarán el alivio •
·nmediato tomando la PASTA PECTORAL INFALIBLE del • y no padecer dolores de muelas, usen el ELI X I R G UTLER
r . ANDREU de Barcelona.
! ó MENTHOLINA que prepara el Dr. ANDREU de Barcelona •
. Son tan rápidos y seguros los erectos de estas pastillas, que casi 1•
Su olor y sabor son tan exquisitos y agradables, que además de un
1empre desaparece la tos por completo al ter minal' la primera caja.
poderoso remedio, es articulo de recreo é higiene, porque deja la
r----r----'-- - - - . boca fresca y perfumada por mucho tiempo.
Los que tengan también ASMA ó SOFOCACION
usen los cigarrillos balsámicos y los papeles azoados
P OA NS E
LA MENTHOLINA en polvo aumenta la blancura
del mismo autor, que la calman instantáneamente
EN LAS
y belleza de los dientes.
permiten al asmático do ·
•
·
·

sana, hermosa, fuerte

~?~f.!:~+.."'.'~

CARNE
HIERRO
y QUINA
!~
wiido a lot '1'6D.LCOa mu reparadora.

11 Allmento m.u

GARGANTA
y

VINO FERRUGINOSO ARDUO

VOZ

PASTILLAS nE DETHlN

T COK TODOS LOS nncamo~ 1'lJTUTIVO8 DB U CARNE
Cl&amp;m, mF.ILII• y •IJD&amp;I Dtes afloe de extto continuado y III a11rmaclonl!I de
todu lu emtnenciaa mtldicaa preub&amp;n que esL&amp; U!)Clldon de 1&amp; ()arae, el Bien. y la
--1- oonaULuye el 1'8J)&amp;l14or mu en1:1'111co que ee conoce para curar : la Clbrdsú, la
.lltdlllCO, lu J l l f l l t ~ dol4rolM, el .6m~mlfflto y lá A.lteradQft ae la Sangre,
el Raqutt""9o, WII Á { ~ e,cro('Wolal '1 eicor/nltfau, etc. El . , •• Pe1'1'11ctDHa de
ea, en efecto, el único que reune lodo lo que entona y fortalece loa organoa
regul~1 coordena y aumenta considerablemente lu tueriu ó Infunde a la ~
empobn,cida y descolorida : el Y(Qor, la Coloradofl 1 la 8urgur. Oft414.

B,c,o..idadaa OOIV&amp; loe Jlal• de la Garganta,
llKUnolon• u la Vos, lDtlamaolon• ele la
:ao., Eteotoa pffllioi- 4el Keroario, Iri•
taolon CJIUI prod- el Tallaoo, J apecial111t11le
i lol Sil'I ~ICü&gt;OllES ilOG&amp;DOB,
PBOFEBOI\ES 7 c::&amp;lCTOiis par• facililar la
-1oioD 4• la ~o..-P11aro : 12 RuLU.
B/111Qf,r "' 11 rotulo 11 /lrmll

Al'e••

DE L

.Por . ..ror, u Paril, en casa de J. FERRÉ, f armar.eulico, 10!, nie Ricbelltu, Sacesor 4e .lROUD,
P

Printemps
, NovEoA?Es

Renutese gratis
yfranco
1

EXIJASE •~ar: AROUD
1

EnfermedadeSde1Pec110·

Jarabe Pectoral

PARIS
Rem!tenselgualmentefrancolasmuestras
de todas las telas Que componen. nuestros
Inmensos surtidos, pero especl!IQuese las
clases y precios.
Todos 10s tn!ormes necesarios t\ Ia buena
ejecución de 10s pedidos estan Indicados
en el Catálogo.
To&lt;lo pedido, á contar desde 511 Ptas, es
expedido franco de porte y de derecho■
de aduana á todas las 1ocalldades de España

servidas por ferrocarril, me&lt;llante un recargo de22 %sobre el Importe de Ia factura.
Las expediciones son necha~ libres de
todos gastos hasta la población habitada
Por el cuente y contra reembolso es decir
á pagar contra r ecibo de la m~r can cia !
! Ol; Cllentes no tienen l)UéS QUe molestarse
en 10 más m!nlmo para recibir nuestras
remesas todas las formalidades de aduana
habiendo sido cumplidas por nuestras
casas de reexpedición.

Casas de Reexpedición:
Madrid: Ptaza del Angel, /:2

,

lrún
Hendaye

I
I

DE

I

4lS, Calle Vauriuten :Parl1,

MM, JULES JALUZQT &amp;. CIE

Adh. DETIIAK, Farma-uoo en P.llllB

VDD&amp; .&amp;N TOO.ci u.,:¡ PIUNCIP~ IIOTl&lt;a.s

f~~~~riif::~~ ~!t~~~:~i~&amp;~~~ p L~M.!~,~oux

VERANO, {l. quien lo ptda {l.

BOCA

E! Jarabe de Pierre La~o11row: es
el Pectoral por excelencia
d l
t· d l i·
·
como e u coran ~ e as isanas' a
la1 cuales comunica su gusto agradable y ,us propiedades calmantes.
II d I H 1181
ace e
osp es)

(G

°'

GRANÓ,DELINOTARIN

Fe:Jt?tc~~s

ESTREFl IMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: l fr. SO.

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
P.&amp;STILW 'J POLVOS
PATERSON
• IIIIIUTIO J MAQIUSIA

1nm • • -.1ra lu .IJNelow Ul lllt6•
--.O, hlw, . . •,.Uto , DtgwltoD• laho"-8, .uediu.-Y6ml-. llnulloe, 7 C6"-;

,.,,,,Dll'l'llll,rua-uoo
.. .,,.,,,.. ,,.... ,. ,.,.,,,
..
•

~1:'..~Ullllll6mqoy
\

Querido enfermo.-Flese Vd.• mi /arta experiencia,

1 hata u10 de nuestro• GRANOS de SALUD, puu ello,
le ourar•n de , u con1l1p1clon 1 le dar§.n apetito 1 lt

P&amp;IU8

derolrer,n e/ sueño 1 la alelrta. - Ast r,rir4 Vd.
111uoho1 años, dtafrutando 11empre de un■ buena salud.

Depbito Cuera!: 45, Calle Vmilllera, 45, PWS
Se rende en toda, /a, buena, farmaofa,,

H,
Rue
ffr/enn,

VINO

DE

SIROP1tt1••• fORGEJºDIES
1111nm, '
TCIII

Crllu l 1mu11

CHASSAING

BI· DIGllllTIVO

Prescrito desde 25 años

Contra las AFFECCIONES de las Vlas Digestivas

CLOROSIS, -

ANÉMJA. -- LINFATISMO

El Proto-I(!duro de :Elierr_o es el r epazador d, la sangr e,
el l or tiilcante y !' zwcr obicida por ex cel en cia.
11Jarabe ylu Gra,Jeas ron proto-lodurods lleno deF. Gille,

Port-Bou
Cerbere

(De la /ll11strirte Zeiltmff)

tt0 podri411 ·~ d&lt;,mti,iado r&lt;COffltttdadoJ ffi """"
,,. lnalterabthdad 11 &lt;i&lt; "'iolubilitúJd c:ot\llattlu,

·

(Ú"' J)Vr,,a

qu,m,.,. "'
'

(Oac,ta dt lo, Ho1p!tale,).

llEPóSITO GENERAL : 46, Rue Vauvllllers, PARIS. Depbsito en todls las farmacias.

LA DENSIDAD DE LA POBLACIÓN Y LA LLUVIA

Fig. 2. Detalle del ferrocarril de estribos
escalonados

de las plataformas adquiere la misma velocidad que
tiene la superficie en que camina, y lo propio sucede
en los descensos.
El principal reparo que á este sistema de locomóción se opone, es que diariamente se observa en los
tranvías que muchas personas no pueden subir ni bajar del vehículo mientras éste va andando, por lenta
que sea su marcha: el ensayo hecho en pequeña escala en Munster de este nuevo sistema ha demostrado que lá subida y la bajada no ofrecen dificultad
alguna para las señoras ni para las personas de edad
avanzada.
Como se ve por la fig. 1, en donde se representa
una calle con una instalación del sistema Rettig,
este ferrocarril ha de ser aéreo, sostenido por pilastras, ó subterráneo, por lo cual se hacen necesarias
las escaleras para llegar hasta él. Los coches pueden
ir en fila no interrumpida, ó formando trenes, ó sueltos á determinadas distancias uno de otro; tienen
2'5 metros de largo y el ancho de un solo asiento,

A juzgar por lo que dice el Bra.dslreet, los resulta·
dos del último censo han demostrado que la distribución de la población de los Estados Unidos está relacionada con la abundancia ó escasez de lluvias.
La mayor parte de la población está distribuida
en las regiones en donde la altura anual de la lluvia
varía entre 30 y 40 pulgadas, regiones que comprenden las tres cuartas partes de la población de 1os Estados Unidos. La densidad de la población disminu:
ye rápidamente desde el momento en que la altura
anual de las lluvias se aparta de aquellas cifras.
La mayor densidad se encuentra en aquellos territorios en donde la altura de la lluvia llega anualmente á 40 ó 50 pulgadas; alcanzando entonces 49
habitantes por milla cuadrada: en las regiones en
donde la lluvia varía entre 30 y 40 pulgadas por año,
la densidad media es de 43'1 habitantes por milla, y
en las áridas comarcas del Este, en donde la lluvia
que anualmente cae es inferior á 20 pulgadas y que
constituyen los dos quintos del territorio de los Estados Unidos, apenas contienen las tres centésimas
partes de la población total. La población se desarrolla
con mayor rapidez donde la lluvia oscila entre 20 y
30 pulgadas; la densidad ha aumentado allí desde
1'6 á 8'1. La densidad mayor está, pues, allí donde
reinan una temperatura y una lluvia medias.

it1

--iE-- ,

,

Pepsina Boudaull
. Aprobada por la m.utm DE IEDICIU

Pff;MIODEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EH 1856
ed&amp;llaa • n 111 Etpoolclonu lnternaclon1,le1 de

-

. - . ..

- -

_,...

.

~

...

.
,

-

-

- -

-

- -

,

- - - . . - ..

0-.

GOTA
Y REUMATISMOS
.00 por LICOR laa PILDORAS
La

-Meo-

~,,
-

p

- . . . . .

.

t\f.lDADESde1EBTo4i
LAIT !~"Ttl'BiLIQUII -

Dracl

LECHE ANTEFÉL
pm 6 11eu.lala coa a,u, fül,a

el

del :e,,

y

Por l ayor : F. COMAR, 28, ru Salnt-Claade, PARIS

8 , LENTEJAS, TEZ ABOLE
ARPULLIDOB, TEZ BARROS

11 ledu

ARRUGAS PREOOCES

v:U.1e

1 :LICOa,e emplea en e/ e,tado atudo ¡ lu PD.DOJLAB,en e/ e,tado ordn/

U

~

lu h mdu J l!tguriu.-lllllllt gr1U1 u ltUett a,liea~n1

EFLORESC&amp;NClAS
ROJECES

~S • LYOR • VIE!IA - PBIUDELPBU • PARIS
18n

18')3

II IKPLIA. CON IL

1876

• .t:roa

18i8

f:XITO 1 1' f.'8

DISPEPSIAS
OASTRITIS - 0ASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;OI DIIOtDll'fll DI U , DI0IITJOS

BAlO LA FORlfA DE

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · dePEPSINA BOUDAULT
POLVOS, dePEPSINA BOUDAULT
P.lBIS, Pharmacie COLLAS, 8, rae Dauphine
1f " '

la,

PM•ctoolt, fa,,.,..clo, ,

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

• iO o6ntu:no• de pe•eta la
entrega de 1.8 p lig ina•
~

Se ea,lan prespecto1 l ~IIICII In aollcite
4lrlgl~clooc l los Sra. Koataaer y Simon, t clitor•

·:.~J;;
~: ;~r, JARABE

.

..

.

..

.

Y~ PASTA

de H. AUBERQIER

0

r..
CH ~0.1.1.lVK (llll IIOblll Ñ Leollaga)
di 6tUt,
AprobadH por la A.oad1.m1a de •edtobla de Para 4m..nadaen Za C olección
Ot1.o1al de .F6rmalae Legal• por deorefo mtatnerJal de 1 O de Marso da 18154,

• • i ooo

e

Una completa tnuocutd.ld, uu1teticac1a perfecwnente comprobada en el

ªª'ª"º

,i,flltmtco, las aron11.1dlú. Cllltm'o1, .Jnmal, To,, cuma 6 fmtacwn d e la garganta han
grangeado al J•R•BE y P4BT• de •UBEBGIEl\ una Inmensa rama ,.
'
(Bctr"'to ul Fol'fflulario MUic# d,I S" Boud■~4at 111Udrdtioo 4, la Ft101"tad k Mtditina (!Go 1dici611).
Venta por mayo~ : COIIUl\ T e-, n, Calle de St,:Claude, PARIS

.

DEPOSITO Elf LAS PRINCIPALES BOTICAS

PATE EPILATOIRE Du••ER

.

-

...

~

,destruye hasta las IIAICIES el ~ILLO del roslro de las damas (Barba, Bigote, etc.), sin
lliAguo peligro para el CIIIIJ, SO Año1 de Ílxtto,ymlllms de tuUmooio1garautizao la eficacia
de esta preparacioa, (Se nade eu oaJaa, fll! .la barb&amp;.,.:.1 en 1/2 oaJaa pan el bigote licero). Para
lo■ brues, empléese el I!lLJ. t' O B lll. D "O'Sa Z R , i , ruo J ,.J,•Rouaaeau , P aria.

�I!

LA

224

ÍLUSTRACIÓN ARTisftCA
bién un conocimiento perfecto de las costumbres y del lenguaje
de la jla111e11q11erla madrileña, mereciendo citarse en este gé·
nero los bellisimos romances El vado, Parola y Cosas de ellos.
· El libro, del que van publicadas dos ediciones, forma un elegante tomo de más de cien páginas y se vende al precio de
una peseta en las librerias de San Martín y Fernando Fe, en
Madrid.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
JUANELA, novela por D. M. Mart{11ez Barriom1evo. - Un
asunto interesante, una acción sencilla que se desarrolla naturalmente, unos personajes bien concebidos y perfectamente
retratados cuyos caracteres se sostienen lógica y consecuentemente, un diálogo chispeante unas veces, lleno de sentimiento
otras y siempre animado y verdadero; descripciones brillantes
y exactas, episodios cómicos que hacen asomar la sonrisa á los
labios, situaciones dramáticas que traen las lágrimas á los ojos,
y un lenguaje llano, culto, castizo; he aquí los elementos que
constituyen la última novela del fecundo y conocido escritor
Sr. Mart!nez Barrionuevo. La novela es de costumbres populares andaluzas, que aparecen pintadas de mano maestra, y se
aparta del género hoy en boga, pues nada hay en su fondo
ni en la forma que pueda ofender á los lectores más delicados.
Es un libro, en suma, de los que una vez empezados no se
sueltan hasta dar con el final, y una vez acabados dejan grata
impresión en el ánimo, pues acaba bien, en la acepción vulgar
de la frase, Jo que para muchos no deja de ser una cualidad
muy recomendable.
Véndese en las principales librerías al precio de 3 ,pesetas,
debiendo dirigirse los pedidos al editor D. Inocente López,
Rambla del Centro, 20.

•••

l

*

\

BOCETOS LITERARIOS, por Dofla Francisca Sánckez de Pirre·
tas. - Dos condiciones se advierten en los trabajos contenidos
en este libro que, no siendo muy frecuentes en la mujer, asegúran el título de notable escritora á la que por suerte de la
naturaleza y fuerza del estudio las posee: el espíritu de observación y el dominio de nuestro hermoso idioma. Gracias al
primero, los asuntos tratados en los a1tkulos que forman' la colección de los Bocetos literarios, y algunos de los cuales han
sido publicados en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, aparecen en
las páginas del libro con la misma vida y el mismo relieve que
en la realidad tuvieron, los personajes son humanos y verda·
de ros, y las consíderaciones que de la desc1i pción de aquéllos ó
del estudio de éstos se derivan son lógicas y ajustadas por completo al buen sentido y al modo de ser de la existencia práctica; y merced al segundo, las ideas encárnanse en frases y conceptos rigurosamente apropiados á ellas, y á la verdad del fondo corresponde de este modo la precisión de la forma.
En Bocetos literarios hay temas para todos los gustos, desde
el naturalista de buena ley al sentimental con puntas y ribetes
de romántico. Los únicos qúe no encontrarán en ellos satisfacción á sus aficiones son los devotos al realismo de cierto género: la Sra. Sánchcz de Pirretas profesa el principio, asi al menos se desprende de sus escritos, de que !oque escribe una madre
ha de ser de tal indole que su lectura no conturbe la pureza de
sentimientos de sus hijas.
Véndese el libro al precio de 2 pesetas en Barcelona en la

\
'1

**

ZARAGOZA ARTÍSTICA, MONUMENTAL É HISTÓRICA, por
A. 11 P. Gascón de Gotor. -Con los cuadernos 12, 13 y 14 de
este publicación que cada dia despierta mayor interés y adquiere mayor importancia, se han repartido seis preciosas fototipias
que representan unos azulejos del castillo de D:Teobaldo (hoy
convento del Santo Sepulcro), reproducción de los que poseen
los Sres. Gascón de Goror, un ejemplar de cerámjca ibérica de
la.notable colección de D. Pablo Gil y Gil, el facistol del papa
Luna (siglo xv), existente en la catedral de la Seo, varias va•
sijas ibéricas de la citada colección de D. Pablo Gil y Gil I la
iglesia de Santa Marfa Magdalena y un bellísimo triplico góti•
co que se conserva en la parroquieta de La Seo.
Cada cuaderno contiene además ocho páginas de interesante
texto, que abunda en datos notables y curiosos sobre la historia
artistica y monumental de la ciudad de Zaragoza.
El precio de cada cuaderno es de una peseta. Se suscribe en
Zaragoza en las principales librerias y en casa de lo, autores,
Soberania Nacional, 6 y 8, 2. º, y en Barcelona en la libreria
de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5.

•
••

1

ADVERTENCIAS

MISS ELLIOTT, la mujer barbuda
librería de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5, y en
casa de la autora, Fo1tuny, 19, 3.°, I.ª, y en Madrid en la
Administración de E t Eilrcüo Espallot, Libertad, 23, bajos.

•*•
PUNTOS SUSPENSIVOS. VERSOS SERIOS y FESTIVOS. Por do,i
/osl Borrás y Bayonls. - Es esta una colección de poesias que
se lee con gusto por la variedad de temas que en ellas se trata,
alegres unos, tristes otros y escritos todos en versos fáciles y
correctos, Aunque la nota dominante en la mayor parte de las
composiciones es la cómica, hay algunas, como Dos tumbas,
¡Soldado! y otras, impregnadas de sentimiento, que acusan
el alma de un verdadero poeta. Varias de ellas denotan tam-

Siendo en gran número los trabajos literarios que recibimos
para LA lLUSTRACiÓN ARTÍSTICA y en la imposibilidad de
contestar á todos los que con ellos nos favorecen, debemos
advertir que s6lo éontestaremos á los autores de los artlculos
que aceptemos para insertarlos en este periódico.
No se devuelven los originales.

•
••
Suplicamos á nuestros corresponsales y suscriptores, especialmente los de América, nos remitan cuantas fotograflas de
monumentos, obras artisticas, etc., consideren propias para ser
publicadas en LA ILUSTRACIÓN, acompañándolas de los datos
explicativos necesarios. En caso de que sean admitidas, tendremos el gusto de consignar, al confirmarlas en las columnas de
nuestra publicación, el nombre de la persona que nos haya honrado con el envío de las mismas.
Asimismo agradeceremos la remisión de todas las noticias
que tengan verdadero interés artístico ó literario.

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA iLUSTRACIÓN ART1STIC.A:dirfjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Chauma.rtín,
.
núm. 16, París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la. librería. den: Arturo _S imón, Rambla de Canaletas, núm. 5, Barcelona.

Lu
Penna .., eonece1 lu

Jarabe Laroze

PILDORAS~~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
Billo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el catá,
el tá. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
se,un aus ocupac1one1. Como el causan
c10 que la purga oca,ions qued~ completamenleanuladoporel efecto de Is
buena alimentacion empleada,uno
,e decide flicilmente d volver
d empeHr cuantas veces
sea necesario.

Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastriti,s,.gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldos, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

JARABE '

a1i3ro:muro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS'AIARGAS

Es !!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, D;tlgraña, baile ele -~•-Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los nilios durante la dentic1on; en una palabra, todu
las a1ecciones•nerviosas.

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

!, rne des Lions-Sl-P~ul, l París.

Deposito en todas la.s principales Boticas y Drogneriaa

CARNE y QUINA

I

Bl Allmento mu reparador, uni\io al Tónico mas ener¡ico.
Participando de las propied.ades del Iodo
y del Blerro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las E1crofulas, la
Tisis y la Debilidad de temperamento,
asi como en todos los casos(Pá.Udot colore,,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 y;¡. para
provocar 6 regularizar su curso periódico,

· A'/~amam, miam.
tJ'/'ÚJJ71,;
Rus Bonaparte, 40
e: El ioduro de hierro Impuro Oalterado

NB

, , es un medicamento In.fiel é Irritan te.
Co-Iilo prueba de pureza y de autenticidad de
las verd4(feraa PUdoras de Dlancard,
exlgir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unl6n de
los Fabricantes para la represión de lafalslficaclón.

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS l'BfflOtPIOS ffllTlllTIVOS SOLUBLBS DB LA CARNE

011111.u son los elementos que entran en la comDOSlcton de este potente
~ador de las fuer2aa vit.ales, de este for&amp;iClcaa&amp;e por Hce(eacia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la .Anemta y el .Af)Ocamtento, en las Calentura,
y Con1Jalecenct1U1 contra las Diarreas y las .4.feccwnu del JJstomaqo y los tntesttnos.
cuando se traia de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuer2as,
enriquecer la.sangre, entonar el organismo y p~ver la anemla_y las epidemias pro,ooad&amp;á por Jos calores, no se conoce nada superior al l'iao de vu,aa de A.roud.
IM mavor. en Paria, en casa de J. FERRÉ, Farmaccutico, 1~, rue Ricbe!ieu, Sucesor daÁllOUD•
..,.
SB VENDB BN TODAS LAS PRINCIPALBS BoTIQAS.
· 4'.IL'ffl y

Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de garganta,Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., so·años tlel mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

-

1EXIJASE •1~º&amp;1: 7 ARDUO

J SB HA~LAN EN TODAS LAS FARMACIAS

Quedan reservados los derechos de propiedad art!stica y literaria

lMP, Di MONTANIUt Y_SUlÓ~

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46511">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46513">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46514">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46515">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46516">
              <text>484</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46517">
              <text> Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46518">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46534">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46512">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 484, Abril 6</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46519">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46520">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46521">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46522">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46523">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46524">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46525">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46526">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46527">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46528">
                <text>1891-04-06</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46529">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46530">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46531">
                <text>2011641</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46532">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46533">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46535">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46536">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46537">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7362">
        <name>Densidad de la población y la lluvia</name>
      </tag>
      <tag tagId="7358">
        <name>El anillo de Amasis</name>
      </tag>
      <tag tagId="317">
        <name>Ferrocarril</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7360">
        <name>Kaemmerer</name>
      </tag>
      <tag tagId="7361">
        <name>Lord Lytto</name>
      </tag>
      <tag tagId="7345">
        <name>Lord Lytton</name>
      </tag>
      <tag tagId="7064">
        <name>Sevilla</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1766" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="644">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1766/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._485._Abril._0002011648.ocr.pdf</src>
        <authentication>6867df96f66c5f938fe01c237cf3c078</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73937">
                    <text>~Í11élC10t)

11tí~t1e21
AROX

- - - - - - -~

BARCELONA 13 DE ABRIL DE 1891

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

BESO MATERNAL, cuadro de V. Gamba, grabado por Mancastroppa

�LA
SUMARIO

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

485

No participa Mr. Guyau de estas desconsoladoras y la caricatura en Alemania, en Austria y en Suiza,» ·

Texto. -El arte y la indwtriamodema, por José Echegaray. opiniones, ni hace coro en verdad á estos augurios y «Las costumbres y la caricatura en Francia,» son

- Bismarck en caricatura, por Claudio Phillips. - La idea tristísimos.
muestras recomendables, dignas de su autor. Si monde la muerte, por Rafael M. • Liern. - El palacio de los reyes
Dice
él
y
repito
yo,
que
el
arte
no
muere,
aunque
sieur
Carteret realiza su programa estenografiando
de Aragón m Vi/afranca del Panadés, por C. V. de V. - Un
intérprete alemán de los dramas de E cliegaray, por Juan F as· como todas las cosas de este mundo obedezca á la con el pincel las costumbres y acontecimientos, protenrath. - El reino de Saba y el oro de SalomJn. - Nuestros ley de la evolución y constantemente se transforme.
grabados. -El anillo de Amasis (continuación) . Novela orí•
El tiempo todo lo poetiza, todo lo poetiza el esginal de lord Lytton, ilustrada por A. Besnard. - SECCIÓN

Transporte por mar de reses vacunas. La 111edi·
ción eléctrica industrial. - Libros enviados á esta Redacción.
Grabados. - Beso maternal, cuadro de V. Gamba, grabado
CIENT!l"JCA:

por Mancastroppa. -Nueve grabados que representan otras
tantas caricaturas de .Bismarck, con los epigrafes siguientes:

Estudiando los candidatos; En et Parlamemo ae la A /tmania
del Norte; Los tres cabellos det canciller; A pesar del frio, soy
siempre el pastorde estos reba1ios. Muerte, prosigue tu camino;
El aya midadosa; El piloto despe,iido; ¡Bum hombre, e,ta
vez encomrarás las espinas!; En Friedr1sc!m,/1e; ¡Adiós, liijos
mios/ - Una calle dé Ginebra, dibujo de D. José t\1, Marqués. - Vi/afranca del Pa11adés. Antigua casa palacio de los
reyes de Aragó11. Torre de Id estación meteorologica e,¡ dicl,a
casa palacio. - ¡ A la salud del ú11/ó11!, cuadro de Eduardo Gelli, grabado por Mancastroppa. - Llegada á Dunkerque, el
18 de enero de 1891, del buque ingles l:Jellendm. - Figs. 1
y 2. Indicadores de corriente de "1. Elihu Thomson y
M, Bergmann. -Estudio del pintor L1,is Bratm.

EL ARTE Y LA INDUSTRIA MODERNA

.,
1

El arte y la industria moderna presentan, según
dice Mr. Guyau en su o~ra, al entender de algunos
escritores, una antinomia profunda é insoluble.
A medida que la industria crece, se desarrolla y
se perfecciona, llegando á las regiones de lo prodigioso, el arte mengua, se atrofia y se anula, desvaneciéndose lentamente en las regiones de la nada después de pasar por lo insubstancial, lo mezquino, lo
grotesco, lo absurdo y lo ridículo. Ascensión gigantesca: caída lastimosa é irremediable.
Esto matará á aquello, que dijo Víctor Hugo: el
arte que muere ámanos de la industria, que dicen
los J eremias de la Estética.
Las estatuas de mármol, las filigranas de oro y
plata del Renacimiento, los cuadros de los grandes
maestros, las agujas góticas, los arabescos orientales,
la piedra, el metal noble, el lienzo, el mosaico, todo
lo que es arte, inspiración y genio, cede á la pesadumbre brutal de las masas férreas y queda convertido en añicos, polvo y an~rajos. La Metalurgia
arroja por las negras bocas de sus pozos montañas
de carbón y montañas de metal, que las fábricas convierten en invencible ejército de modernísimos monstruos, y al empuje de la invasión el espíritu poético
y artístico huye espantado, llevándose en la ignominiosa fuga el torso de una Venus, la cabeza de un
Apolo, una copa de Benvenuto Cellini, un cuadro de
Rafael, ·1as dovelas de una ojiva y trozos de mosaico
bizantino, para guarecerse con los restos de la vencida civilización en algún museo arqueológico, como
se guarecen los esqueletos en las tumbas.
¡Qué más, hasta las máquinas antiguas, que aún
conservaban cierta poesía, caen deshechas como viejos armatostes inútiles, ante la maquinaria moderna
robusta y sabia, pero antiartística y fea! Así lo dice
ó en términos parecidos Sully Prudhomme.
Un molino de viento en lo alto de una colina tiene algo de bello: sus blancas aspas giran al soplo del
viento; en cierto modo lo simbolizan; puede decirse
que son la móvil cristalización de sus ráfagas: ver á
lo lejos cómo da vueltas la cruzada línea de sus cuatro alas, destacándose sobre el azulado horizonte, es
como ver un ave cruzando por la atmósfera, es ver
al viento mismo enojado sobre el agudo cono del
molino. Lo sencillo, lo expresivo, lo directo pudiéramos decir del símbolo, despierta en el espí_ritu la
idea de la cosa simbolizada: el aire vagaroso por el
inmenso espacio.
El barco que con todas sus velas hinchadas va
cortando las olas semeja un ave marina volando á
ras de la azul y rizada superficie; y el movimiento,
el blanco velamen, los altos masteleros tienen, según
los clásicos del arte, una elegancia y una poesía á que
no llega el negro vapor sin cordelaje ni velas casi,
con su casco enorme y su negra columna de humo.
Un arco que brazo poderoso de membrudo flechero tiende para lanzar la flecha, es un arma artística: los mismos dioses la usaban; y no se sabe ~n
cambio que ninguna deidad del Olimpo pagano se
echase á la cara el fusil aguja, el chassepot 6 el rifle
americano de 40 disparos. ¡Bien andarían con el revólver al cinto Júpiter en sus aventuras, Mercurio
en sus excursiones ó Marte en sus camorras!
No hay más: si á ciertos autores se les cree, á medida que el mundo avanza, que la industria progresa,
que la metalurgia se afana, que la maquinaria de
paz y de guerra se perfecciona, que la ciencia triunfa
y que la industria crece, el arte huye espantado ó se
metamorfosea en prosa maciza y pesada sin conservar ni un soplo de la vieja y tradicional inspiración.

pacio: tiempo y espacio son los dos grandes artistas.
La distancia por sí sola envuelve en neblinas de sublime tristeza ó de grandeza sublime todas las cosas:
lo que es bello, como lo que es vulgar, mezquino y
aun ridículo.
Apenas hay vega ni campo que, mirado á lo largo
y en escorzo conveniente, no adquiera belleza: apenas
hay época histórica que no tenga sus encantos. El
caso es mirar de lejos ó mirar de alto á una buena
luz. Hasta una venta de la Mancha puede ser poética, y no hay zafia pastora ó sucio pastor que, al venir por la senda de la montaña, no merezca una égloga de Virgilio.
¡Ay, si muchas de las cosas pasadas fueran presentes, y qué irresistibles y qué grotescas nos parecerían!
La belleza unas veces transparenta la unidad; otras
veces rompe en armonías, que son esfuerzos para conseguir la unidad suprema; también, y no en pocas ocasiones, hace ostensible lafuerza. Sí, la fuerza es el
gran elemento estético; quizá porque la fuerza todo
lo domina, todo lo absorbe, doma la variedad, signo
de anulación y muerte, y recoge en sí con energía
poderosa cuanto le rodea.
A la unidad se llega por la astucia, que es la gracia; y se llega por una especie de pacto y de alianza,
que es la armonía; y se llega aun por la violencia, que
es la fuerza . .
La lucha, cuando la lucha es vigorosa, triunfe ó
no triunfe el luchador, es elemento estético y elemento dra mático; y la lucha supone la fuerza. ~astores con caramillos no batallan, descansan soñolientos entre borregos que la imaginación supone blancos:
el clásico, buscando la perfección, forma armonías
que mide á hexámetros, ó cuaja en mármol, ó desgrana en capiteles; el romántico comienza el combate á
veces con disparatados esfuerzos, pero con esfuerzos
al fin.
Y en el arte todo cabe: la perfección graciosa, la
perfección severa, la perfección ansiada.
Espontánea la primera. Conseguida pacíficamente
la seguuda. Conquistada en el c~mbate. la otra:
Y así, para venir á nuestro obJeto, lamdustna moderna tiene su característica y nuestras modernas máquinas su manera de ser; manera de ser que les e_s
propia y exclusiva. El siglo del vapor, de la electricidad, del hierro y del acero, es el siglo d~ la fuerza.
Si por acaso se llega á conseguir algo grac10so ó perfecto, tanto mejor; pero lo que importa_ es que cada
uno exprese lo que es: lo mismo los siglos que _los
individuos. La locomotora es la juerza; la máquina
de vapor es la fuerza; el transatlántico. es l~faerza
también: no busquéis en el león la gracia, m en el
águila el volar de la golondrina, ni en lo~ cuerpos
musculosos de Miguel Angel las frescas, rosadas y
espléndidas carnes de Rubens. Tendría que ve~ que
en la lección de anatomía de Rambrandt tendiesen
sobre la mesa, en vez del cadáver lívido, un angelote
con guirnaldas de flores.
Hay una estética para la energía y ,a fuerza, como
para la belleza tranquila.
.
La industria moderna representa las fuerzas inteligentes y las fuerzas naturales; en estos dos elementos fundará su belleza, y el siglo x1x tendrá su arte,
como lo han tenido otros siglos que valían muchísimo menos.
Jost EcHEGARAV

ESTUDIANDO LOS CANDIDATOS. -

Kladderadatsck, 1881

BISMARCK EN CARICATURA
La última obra de M. Grand Carteret ofrece una
nueva prueba de que prosigue, ayudado de su industria, bien secundada por su entusiasmo, la importante tarea que se ha propuesto llevar á cabo,
cual es, según vemos, producir una «Historia por la
imagen.» Dos importantes ·obras, «Las costumbres

En el Parlamento de la Alemania del .Norte. - 1'iga1·0,
5 de marzo de 1876

&lt;lucirá al fin una especie de codificación de la caricatura, á la cual podrá dar muy bien el título de «Comedia humana por la imagen.)) M. Grand Carteret
ha tomado su empresa muy por lo serio, y su última
producción, así como las anteriores, tendrá gran
valor para el estudio de los futuros artistas de nuestro siglo. Sin embargo, ese modo de tratar el asunto,
el tono desapasionado y el estilo que se adopta para
expresar por imágenes la opinión de la Europa moderna y de América, no tiene, como puede comprenderse, nada de extremadamente formal. Nuestro autor ha dividido su colección de pinturas referentes á
Bismarck en secciones separadas, haciendo ver el
tratamiento que da primero al prusiano J unker, después al gran Canciller, y por último al coloso postrado ante Alemania, Austria, Francia, Italia, Inglaterra y basta Suiza, Bélgica, Holanda, América, Rusia,
Polonia y España. Semejante obra, á pesar de su imparcialidad y del cuidado con que se procura no referirse á las enemistades nacionales, y sin tener en

Buen tiempo

Variable

T empestad

LOS TRES CABELLOS DEL CANCILLER

cuenta otras circunstancias secundarias de sin igual
dificultad, no habría podido publicarse, por supuesto
durante el reinado del Canciller de Hierro, y aun
ahora nos parece demasiado pronto para da!ila á luz.
Tal vez sea lo más cómico en esa curiosa y satírica
representación de la comedia humana la dedicatoria
del autor, verdadero sarcasmo que no podemos menos de dar á conocer, aunque sin asegurar si ha de
tomarse también como una caricatura de las dedicatorias ó si es en realidad formal. Hela aquí:
«A mi madre, cuyo corazón es de oro, dedico
este libro sobre el Canciller de. Hierro.»
Y ahora, permítasenos censurar al autor por no
habernos presentado uno solo de los muchos retratos de su héroe. Su imagen se ha figurado innumerables veces en esa «inversión ediat» que, según se
ha dicho con mucha verdad, es la esencia de la caricatura; pero ninguna de las grandes series en qu_e,
bajo un tosco exterior se ha representado tan hábilmente por el maestro bávaro la verdadera personalidad, ha llegado aún á nuestras manos.
Es imposible no convenir con el autor en que el
Canciller ha sido bien tratado en el conjunto, como
hombre que desempeñó hasta el fin el papel de constructor de mapas y desorganizador d e la moderna
Europa, sin exceptuar al mismo Napoleón l. Exc_epto
tal vez en su primer tiempo, cuando sus compatriotas
no formaban muy elevada opinión de su carácter político, siempre se apareció al enemigo caricaturista
en el mismo instante de la derrota como una figura
gigantesca, ora fuese para el bien, ora para el mal.
Tal vez se le presente como un ogro, un monstruo,
una figura satánica que cubre el mundo de sombras
con su maléfica influencia; pero ni aun el más mordaz verá en su persona un hombre pequeño, des-

N úMERO

.

485

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

227

preciable ó ridículo. Y debe advertirse que siempre
se verá en Bismarck la figura política, y rara vez el
individuo particular atacado por sus compatriotas ó
por los extranjeros. Más feliz en esto, como en todas
las cosas, que Napoleón I y que el infeliz Napoleón III,
ha podido escapar en parte del Aretino y del Pasquino de su tiempo, y se ha librado de la calumnia
por la pluma, la lengua ó el pincel.
Y ahora pasemos á considerar las caricaturas para
las cuales ha servido de asunto la prominente personalidad del primer ministro prusiano en estos últimos treinta años, poco más ó menos. Si las de origen
alemán, y las que no lo son, parecen, tomadas en su
conjunto, menos virulentamente personales, más bien
tratadas y más literarias que las conocidas en las
anteriores generaciones, ¡cuánto les falta en cambio
el carácter incisivo y la verdadera expresión! Esto
sucede principalmente con las caricaturas francesas,
aunque están firmadas por tan reputados artistas
como Gill, Cbam, Draner, Alberto Millet, Villette
Pelotell, Félix Regamey y otros muchos, aventaján'.
dolas merecidamente las que se produjeron durante
el período clásico del arte, desde 1830 á r850. ¿Dónde encontramos el terrorífico vigor dramático, la
fuerza de generalización que un Daumier infunde en
su famoso «Lafayette derrotado,» cuando satiriza las
«lágrimas de cocodrilo» del Ciudadano Rey á la
muer~e de héroe revolucionario veterano?
Después del primer período de la extremada im-

y lo penetrante; pero debemos hacer mención
de una caricatura muy genuina y cómica que
representa la E ntrevista entre Bismarck y el
Czar con el título En Friederischrulze (véase
el grabado); y de una escena de marcado carácter, publicada por el .Kz'kert"ki, en la que el
Canciller mide un corpulento Angel de Paz
para el servicio militar, inscribiéndole como
«bueno para la caballería. » El Kladderadatsclt
publicó una sátira muy buena sobre el oficialismo, titulada: Una velada en casa de Bismartk, y también una caricatura sumamente
cómica, refiriéndose al escaso cabello de Bismarck, que lleva por título L os tres cabellos det
Canciller (véase el grabado).
Ya hemos indicado cuánta es la moderación de los modernos caricaturistas franceses
cuando se ocupan del archienemigo, y no sabemos por qué el poco sensible conquistador
merece ser tratado más respetuosamente por
el pincel de los vencidos que por el de sus
adversarios políticos. El tipo del ogro se publicó en dos importantes dibujos debidos á
Charo; uno de ellos lleva por título: Una treta
graciosa, y el otro / Buen hombre, esta vez encontrarás las espinas/ (véase el grabado). Este
trabajo se dió á luz en el Charivari de julio
de 1870.
Entre 187 2 y r 88 5 los caricaturistas franceses se ocuparon poco de Bismarck; pero en cambio los de
Italia no han sido nada respetuosos en estos últimos años
al tratar del canciller imperial.
EL AYA CUIDADOSA: Señoritas-, cuiden de su decoro;
Esto se debe sin duda al hecho
de que los tres principales penada de distraerse ni de mirar á los lados, si es que puede ser
riódicos satíricos, El Papagallo, El Ttschieto y El Pasquino
se publican en Turín, donde las simLA IDEA DE LA MUERTE
patías se inclinaron siempre más en
favor de los franceses que del condes({Seiior D .. E nrique Marsino.
cendiente protector prusiano.
»Hace diecisiete años me comprometí con tupaYa que hablamos de los caricaturistas de Italia, haremos también dre á algo que estoy dispuesto á cumplir si á ello no
mención de los de Suiza, cuyos tra- se opone tu voluntad.
» Ha llegado el momento de que cumpla lo ofrecibajos ven la luz pública principalmente en El Nebelspalter y El Postheiri. do; estoy pronto á ello; mas para hacerlo, necesito
En sus sátiras son más exagerados tener contigo una larga conferencia.
»Usan do ó tal vez abusando de las prerrogativas
que sus vecinos, y tocan los asuntos
desde un punto de vista más perso- que da la edad é invocando los derechos que sobre
nal, según puede verse por la mues- ti cree tener quien se llama hermano mayor de ti;
tra, que se publicó en octubre de 1889 padre, te ruego vengas á verme.
» En esta casa serás recibido como lo hubieras
(véase el grabado que lleva por titulo
sido en la tuya.
El aya cuidadosa).
M. Grand Carteret es poco justo
» Seguro estoy de que pronto tendrá el gusto de
con los caricaturistas ingleses al cen- verte
surarles por su mesura cuando satiri))ANSELMO l ZTURRI})
zan al príncipe, que según él parece
debida á un excesivo respeto; pero
nuestro artista tributa, sin embargo,
varios elogios á la dignidad y fuerza
de penetración del estilo inglés, refiA pesar del frío, soy siempre el pastor de estos rebaños. Muerte, prosigue tu
riéndose en particular al veterano
camino. - Dibujo de A. Villette
Juan Tenniel, que se distingue por la
sátira política de su pincel. Dos car-·
popularidad de Bismarck, más natural es encontrar tones de este úJtimo, pues apenas se pueden llamar
en el Fígaro Ilustrado, el .Kikeriki, el Hum&lt;&gt;ristische caricaturas, Bismarck y Francia ante la fusticia
Blaetter de Viena y el Pzmsch de Munich, que no en (Punsch 18 febrero 1871) y E l piloto despedülo, 20
el .Kladderadatsch de Berlín, la franqueza de la plu- marzo 1890 (véase el grabado), merecen especial
ma ó del pincel cuando tratan del gran Canciller. En mención y se recomiendan desde el punto de vista
las páginas de El Fígaro austriaco, particularmente, artístico y político. Otras caricaturas, como la que re~állase toda una galería de escenas humorísticas que presenta á Bismarck junto á los cañones, debida á
Ilustran la carrera política de nuestro héroe, todas M. A. Willette, Adiós, hijos míos, publicada en el
ellas ejecutadas con tal minuciosidad en los detalles y S trekoza de marzo de 1890, y Estudiando los canditan perfecta ejecución, que nos recuerdan la antigua datos, se distinguen también por su vis cómica.
escuela de gra bado de Alberto Durero. Vemos al
No seguiremos al artista que nos ocupa en su rápríncipe en 1863, como Bismarck-Schonhausen, sos- pido, pero suficiente sumario de lo que ha hecho la
teniendo contra el Parlamento prusiano el absolutis- caricatura rusa, polaca, española, holandesa y portumo del rey; y más tarde, agitando el sombrero, como guesa al tratar el asunto de su obra, pues deberíaGesler, para que le adorasen como á un ídolo los te- mos extendernos en demasía. Solamente añadiré que
merosos diputados. Después en marzo de 1870 re- también los americanos han querido satirizar con el
preséntasele descargando latigazos en las espaldas pincel, pero no se distinguen en este trabajo por su
de los representantes de Prusia (véase el grabado); chispa ni por la intención, y seguramente no sobreY luego tomando parte en las difíciles marchas y con- saldrán nunca en la caricatura. El siguiente volumen
tra~archas de su famoso K ulturkampfe contra el im- cuya publicación anuncia M. Grand Carteret llevará
perium in imperio que se trataba de mantener en Ro- el título algo doctrinario de «Lección de historia: las
ma. Entre los mejores de esos asuntos figura en pri- caricaturas de los Napoleones.» Este es un asunto
mer término el que tiene por título A la se,ial de las que promete mucho más; pero al mismo tiempo tro11,'es ~ictorias, aunque no puede negarse que es poco
pezará el autor con mayores dificultades para tratarhsonJ_ero para Inglaterra, y el que lleva por epígrafe le, y mucho temo que se vea obligado á suprimir lo
Volviendo á szt casa en abril de 1890, en el que se ha más vital para la obra, despojándola así de una parte
repres~ntado al Canciller como un primitivo gigante de su interés, pero de todos modos veremos con gusteutónico, que se dirige á su vivienda muy cansado, to el nuevo trabajo.
aunque bastante vigoroso aún.
C LAUDIO P HILLIPS
La sátira figurada de los otros periódicos citados,
no nos llama la atención en su conjunto po_r lo vivaz
EL PILOTO DESPEDIDO. -

DibujodeTenniel. Ptmsclt, marzo,1890

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

•

NúMERO

485

pagne, burdeos y cognac le obligaron á_ desis- Aquel fértil suelo de la hermosa Valencia le había
tir de su deseo de averiguar la solución de permitido, con la ayuda del arte de la jardinería,
aquel enigma, y como no tenía quien le saca- cultivar en el jardín que rodeaba la casa las más
ra de la duda, el mismo interés que Edipo exóticas plantas. Abunda por aquellos sitios el agua,
tuvo en descifrar el enigma que le propusier.a y con ella había construído un magnífico estanque,
la esfinge de Tebas, arrojó la carta rsobre su saltos de agua, cascadas y arroyuelos, que en verano
mesa de despacho y precipitadamente se des- mantenían fresca la atmósfera y que con su dulce
nudó y se metió entre las sabanas de su lecho, murmullo halagaban el oído. Millares de pájaros ha1
y sobre la mesa quedó la esfinge de papel sin bían anidado en los árboles. En inmensas pajareras
criábanse
un
gran
'número
de
pájaros
americanos y
que la pregunta que suscitara recibiera más
lindos
ruiseñores
y
elegantísimos
canarios.
respuesta que los ronquidos sonoros que lanSi el exterior de la casa hacía pensar en el paraíso,
zaba el entonces feliz Edipo de guardarropía.
Aprovechando el sueño de Enrique, y pues- el interior recordaba las descripciones d é' los palacios
to que el lector ha de trabar conocimiento con orientales; todo allí era artístico y suntuoso con un
él, recordando el refrán que dice que la oca- marcadísimo sello de arte griego, ese arte que respisión la pintan calva, bueno será agarrarse al ra vida. Nada había sombrío ni pesado. Luz, mucha
último pelo que en su calvicie nos presenta y luz, cflores claros, estatuas sonrientes, y el rumor de
retratar de cuerpo entero al que .tranquila y las aguas, los cantos de los pájaros y aquel cielo
siempre azul hacían que allí se pensara en vivir y
descuidadamente duerme.
Enrique poseía una buena 10rtuna; era abo- nada más que en vivir.
Cuando Enrique llegó á divisar desde el camino
gado; no ejercía, pero sabía gastarse su dinero
mejor que si lo hubiera ganado; era en lo mo- la casa de D. Anselmo, que le señaló el conductor
ral un espíritu fuerte, como dicen los france- de su coche, se quedó asombrado al no ver más que
ses, y como me permito yo decir aun cuando unas altas tapias, y pensó que aquello parecía una
alguien me acuse de emplear galicismos; reía- cárcel ó un cementerio; pero aún fué mayor su asomse de todo, la risa en sus labios asomaba á to- bro cuando puso el pie en el jardín y admiró tanta
das horas, para él no había en el mundo más hermosura.
Un criado le condujo á una biblioteca como para
que el lado cómico; reíase de las grandezas de
los unos, de las debilidades de
los otros y de las mezquindades
¡ Buen hombre, esta vez encontrarás las espinas! - Dibujo de Cham,
de los más.
Ckarivari, julio de 1870
Huérfano de madre cuando
aún era muy niño, había recibido
Llegó esta extraña carta á manos de Enrique Mar- una educación exclusivamente masculisino cierta noche en que volvía á su casa después d~ na, por decirlo así. Educado por su pahaber pasado algunas horas muy alegremente al lado dre, había adquirido gran desarrollo la
de unos cuantos amigos de buen humor, de unas inteligencia á expensas del sentimiento.
muchachas que le regocijaron más que los amigos Como él decía, por haberlo oído á un
y después de beber un buen número de copas de amigo suyo: en su corazón se habían
chateau, laffitte, champagne, moet, chandon y joé- desarrollado mucho los aurículos, que
key brandy, que conv~ieron el buen humor que son masculinos, á costa de las ventrícule transmitieran la alegría de los amigos y regocijo las, que son femeninos. Había tenido
de las amigas en un cosquilleo de felicidad embria- muchos amoríos, pero todos ellos los hagadora que encendía sus ojos, hacía temblar su cuer- bía tomado como cosa de risa, pues para
po, trababa su lengua y le convertía en el ser más él, el amor no era un sentimiento, sino
feliz de los mortales que nacimos en este valle de un motivo de chacota. Como no amaba
lágrimas perpetuas para unos y de perpetuas carcaja- á mujer ninguna, no creía que ninguna
le amara y nunca pensó en el daño que
das para otros.
Enrique Marsino tenía noticia de las estrec;has re- pudiera hacer.
En el fondo era Enrique bueno, abierlaciones de amistad que entre Anselmo Izturri y su
ta
su alma á todas las generosidades, de
padre existieron, pero no podía adivinar qué clase
par en par su bolsillo para socorrer nede compromiso hubiera mediado entre ellos.
Durante un momento estuvo mirando la carta por cesidades y aun para alimentar vicios de
todos sus lados, como si en las hojas en blanco hu- amigos pobres, pero derrochadores, y bebiera de aparecer escrito lo que él deseaba saber; névolo para perdonar pecadillos ajenos.
pero por más vueltas que dió al papel, quedó su cu- Era, en fin, un hombre que había sido
riosidad sin satisfacer, pues en blanco continuaron feliz toda su vida, y en el egoísmo que
las hojas que lo estaban y en blanco quedóse él, causa la felicidad no comprendía ciertos
porque el silencio del papel no fué sustituido por dolores.
En su parte física era más completo
ninguna idea propia que hiciera oficio de adivina, que
de todo tenía su imaginación menos de maga ó zahorí. que en la moral. No diré si sus ojos eran
Su voluntad por un lado y los efectos del cham- negros 6 azules, alta ó baja su estatura,
rubia ó negra su barba, porque
esto no hace al caso; bastará
con decir que ninguna mujer
casadera le miraba con desagra¡ADIÓS, HIJOS MÍOSI -Strekoza, marzo de 1890
do, ni con agrado le miraba
ningún hombre casado cuando
Enrique fijaba sus ojos en la mujer de aquél. sí la ha deseado el autor de este cuento. Era aqueAl siguiente día de recibir la carta antes lla habitación completamente circular, con una rotranscrita se levantó nuestro hombre, la leyó tonda de cristales por donde se filtraba una luz que
una y otra vez y tomó la resolución de partir se graduaba con unos transparentes pintados con
aquella misma tarde, acudiendo al llama- suaves colores y representando escenas de la mitología. Allf se veía á la ninfa Egeria en su bosquecillo
miento del antiguo amigo de su padre.
Dispuso y mandó disponer á su criado de Ancona dictando á Numalas leyes que éste diera
todo lo necesario para el viaj€., y á las ocho después á los romanos, á Icaro remontándose por
de la noche salió con dirección á Játiva, los cielos con sus alas sujetas con cera, á Venus nadonde debía parar y tomar un coche que le ciendo de entre las espumas del mar, una copia de
condujera al Salido, nombre de la finca de la Dánae del Ticiano y otras muchas que no semenD . Anselmo Izturri, finca situada á una le- cionan en gracia á la brevedad.
En el centro de la biblioteca y sobre un alto pe•
gua y media del pueblo de la Ollería.
En un vallecillo entre unas altas monta- destal veíase una estatua de Minerva; dando la vuelñas había mandado construir D. Anselmo ta á la habitación, una estaqtería de ébano admira'Una hermosa casa con honores de palacio, blemente tallada, y entre los diversos cuerpos de
rodeada de un jardín y de una tapia muy ella airosas columnas de plata sosteniendo bustos de
alta que ocultaba la vista del edificio á los hombres célebres. Atriles para leer en todas las posescasos transeuntes. Grandes y copudos ár- turas, mullidos sillones, anchos divanes con almoboles circundaban la casa que parecía y es- hadones de diversas formas y tamaños, cuadros firtaba alejada de todo comercio con el resto mados por insignes pintores antiguos y modernos,
búcaros, ánforas y tíbores con flores y plantas que
&lt;lel mundo.
La habitación más próxima distaba de alegraban la vista.
Esperó breves momentos Enrique, y salió D. AnSalido más de media legua; D. Anselmo se
:tiabía creado en aquellos desiertos un ver- selmo, quien le abrazó cariñosamente y le dijo:
- Estaba seguro de que vendrías; gracias sin emdadero paraíso. Reunió allí todas las maravillas del arte, las comodidades de la indus- bargo. Estarás cansado del viaje, daré orden de que
tria moderna y las bellezas de la naturaleza. te sirvan lo que quieras y de que te conduzcan á tus
En Friedrischruhe

UNA OALLE DE GINEBRA, dibujo de D. José M. Marqués

�230

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

485
NúMERO

Una tarde llamó Elena á Enrique á la biblioteca
habitaciones. Nos veremos mañana á la hora de al- y horrible desgracia. Mi mujer, mi Elena, había muery le dijo:
to al dar á luz á mi segunda hija Amalia.
morzar. Hasta mañana.
»Mi pobre hermano Miguel me dijo poco antes de
- Conozco que muy pronto voy á separarme de
Dijo esto D. Anselmo y salió de la bibloteca sin
dar tiempo á que Enrique le dirigiera pregunta algu- morir: «Sabes por qué no somos felices, por qué es nuestra Amalia, y vengo á pedir tu ayuda para enga.
na, con lo cual aún se excitó más su curiosidad, cosa tan temprana nuestra muerte? Porque sabemos que ñarla. Le diré que otro Enrique me espera ~uy lejos,
hemos de morir. Aquel á quien la ley condena á que voy á buscarle y que tardaré mucho tiempo en
natural, pues todo aquello era bastante extraño.
Entró un criado, que se puso á su disposición; con- muerte y sabe el día fijo en que ha de abandonar el volver. Amalia no ha conocido en el mundo más per.
dujéronle al comedor, donde el mismo criado le sir- mundo, va muerto al cadalso. Por algo inexplicable, sonas que á mi padre, á ti y á mí. Quizá la duela muvió la cena. Después le condujo á sus habitaciones, por algo extraño los individuos de nuestra familia, cho separarse de mí. Consuélala tú.
Amalia escuchó la noticia de la separación con
que eran tan suntuosas como todo lo que había vis- excepto tú, tenemos horror á la muerte, y el horror
que por ella sentimos nos mata. Si hubiéramos vivi- muy relativa tranquilidad.
to en aquella casa que le pareció encantada.
- ¡Qué importa una separación por larga que sea,
Al siguiente día se levantó Enrique muy tempra- do engañados, si hubiésemos creído en la inmortalino, dió un largo paseo por el vastísimo jardín, subió dad, felices hubiéramos sido, y felices nos hubiera si hemos de volverá vernos! Vé, hermana mía, vé
en busca de tu Enrique: si no'fueras te dormirías codespués á la biblioteca, y para entretener el tiempo sorprendido la muerte.»
»Estas palabras de mi hermano me preocuparon mo aquellos pájaros, y yo no quiero que sufras como
que faltaba hasta la ·hora del almuerzo y distraer_ así
debieron sufrir aquellos pobrecitos.
su curiosidad, que iba en aumento, se puso á hoJear durante algunos días.
» El sentimiento extraño que él dijo existía en nuesElena se separó de su hermana y algunos días deslibros, revistas é Ilustraciones.
Grande fué su extrañeza al ver que casi ninguna tra familia, vi que también á mí me dominaba; yo no pués se durmió con aquel temido sueño.
A las dos de la tarde de un caluroso día de Agosde las obras que hojeó estaba completa; en unas fal· era feliz, porque sabía que tarde 6 temprano vendría
taban páginas y capítulos enteros, en otras estaban por mí la muerte. Entonces decidí que mis hijas fue- to murió Elena,
Amalia se hallaba en el jardín con Enrique.
borradas algunas líneas; algunos grabados de otras ran felices; mas para una de ellas era ya tarde. Mi
El cielo, hasta entonces claro, comenzó á cubrirse
habían desaparecido, si estaban intercalados en el hija Elena tenía ya idea de lo que es la muerte. Tetexto, por medio de una mano de pintura azul, y si nía ya trece años. Su hermana Amaliaaún no conta- de negras nubes; á lo lejos se oyó el tableteo de un
ocupaban toda una hoja, había sido ésta arran- ba más que unos cuantos meses. Elena comprendió trueno; los cielos se abrían y se cubrían de cintas de
mi idea y se ha sacrificado por la felicidad de su fuego.
cada.
Amalia sintió miedo á la tempestad, un miedo
¿Qué bibliófilo era aquel que así se entretenía en hermana, que ha sido educada por ella y por mí y
mutilar los libros y á qué obedecía aquella mutila· que no tiene idea alguna de la muerte, y es tan feliz incomprensible en ella, que no podía temerá la muerte; más que miedo era una melancolía, una tristeza
ción? Por más que pensó y buscó Enrique, no pudo como ningún mortal lo ha sido sobre la tierra.»
»Esta es la historia de mi familia, dijo D. Anselmo; indefinible, que no lograban disipar las tiernas y amohallar la explicación de aquel singular capricho.
Creyó si obedecería á razones de una exagerada oye ahora lo que de ti pedimos Elena y yo. Tengo ya rosas frases de Enrique.
La lluvia les hizo huir del jardín. Enrique dejó á
moralidad, pero no tardó en convencerse de que no setenta y cinco años y muy pocos más puedo vivir...
- Yo, interrumpió Elena con gran tristeza, adivino Amalia en sus habitaciones y fué á enterarse del esera aquella la causa de las bárbaras mutilaciones; en
algunas obras clásicas vió que habían sido respetadas que no sobreviviré á mi padre. ¿Quién cuidará de tado de Elena, que ya había muerto.
Pasó al pabellón de D. Anselmo; y allí, ante el te·
frases y conceptos que hoy se consideran atrevidos nuestra pobre Amalia? ¿Quién la mantendrá en el
error que tan f..:liz la hace? Si de pronto llegara á rrible dolor del hombre viejo, se olvidó por un insy malsonantes.
Pensó en si un espíritu religioso habría borrado tener idea de la muerte, á la muerte iría como herida tante de Amalia.
La tempestad seguía creciendo. Amalia sola en
ideas heterodoxas; pero también encontró que en al· por el rayo. ¡Y yo no quiero que muera mi Amalia,
sus habitaciones llegó á sentir un verdadero terror.
gunas obras, entre ellas las de Voltaire, habían sido mi Amalia del alma!
Dijo esto Elena con gran vehemencia y escapán- Huyó de su cuarto y comenzó á recorrer la casa gri•
respetadas ideas muy poco ortodoxas. Enrique llegó
tando:
á sentirse molesto ante tantas charadas cuya solu- dose de sus ojos lágrimas en abundancia.
- Yo ofrecí á tu padre, continuó D. Anselmo, dar- ¡Enrique! ¡Enrique!
ción no encontraba.
te á mi hija Amalia en matrimonio, y te la ofrezco; es
El cuarto en que había muerto Elena estaba abier·
Por fin llegó la hora del almuerzo.
Entró en el comedor y ya estaban en él D. Ansel- más: te ruego que la ames como la amamos nosotros; tOj á él llegó Amalia y vió el cadáver de su herma·
mo y una mujer hermosísima, que le saludó muy ca· mas ya sabes en qué estriba su felicidad y la nuestra. na. Quedóse muda y helada de espanto; la llamó una
¿La harás feliz? ¿Nos harás felices á nosotros? Amala, y otra vez; la besó; quiso abrir sus ojos, que quedariñosamente.
- Enrique,dijo D. Anselmo levantándose del asien- y no la saques de su errorj deja que llegue la hora de ron entreabiertos y dejando ver las muertas pupilas.
- ¡Mi hermana ya no me mira, no me quiere!, ex·
to que junto á la mesa ocupaba; esta es mi hija Elena; su muerte sin que la sienta venir.
Enrique, aturdido y sin saber á lo que se compro- clamó llorando la pobre niña. No la han dejado ir en 1
considérala y quiérela como á una hermana, y ten
busca de su Enrique y se ha dormido para siempre.
por cierto que ese cariño será pagado con creces. La metía, ofreció cuanto le pidieron.
Elena entonces cogió sus manos y se las besó mienfelicidad de mi Elena y la mía está en tus manos.
Entraron en aquel momento D. Anselmo y Enri•
El sacrificio que ella y yo esperamos de ti no re- tras que D. Anselmo le estrechaba entre sus brazos. que; separaron á Amalia de aquel lugar, y sólo Enri- ,
Aquella misma tarde conoció Enrique á Amalia. que pudo consolarla.
dundará directamente en beneficio nuestro, y sin em·
Si le sorprendió su belleza, le maravilló su edubargo, si nos lo negases ...
Algunos meses después se cas~ron Amalia y En- 1
- Me atrevo á profetizar, interrumpió Elena, que cación.
rique.
no nos lo negará: es tan grande la recompensa, que
La primera parte de su promesa no le fué difícil
Amalia era feliz, pero con mucha frecuencia quecumplirla; amó á Amalia con el alma entera, con to- dábase triste y pensativa.
el sacrificio ha de parecerle insignificante.
Enrique se encontró en una situación dificilísima: dos sus sentidos, y le pareció que eran poco dos ojos
- ¡Pobre Elena mía! Ya no volverá nunca, nunca¡
no se le ocurría contestación ninguna, ni era fácil en para admirarla y dos oídos para escuchar su voz dul- no despertará de aquel sueño: también yo como ella
verdad que se le ocuriera; para salir del apuro acudió císima y acariciadora.
me dormiría para siempre si me separaran de mi En•
Amalia también le amó, pero con un amor loco y rique.
á una de esas frases hechas por la cortesía social.
Durante un momento imaginó si todos aquellos mis- ciego, con un amor que para. ella ~abía de ser inUn día despertóse en ella clara la idea de la muerte.
terios serían un prólogo inútil para venir á parar en mortal.
Tubo Enrique precisión de alejarse de ella por
un proyecto de matrimonio entre Elena y él, matriMuy difícil fué para Enrique sostener á Amalia unos días, y Amalia sintió celos.
monio que su padre concertara con D. Anselmo; en su error. Tan arraigada está en el hombre la idea
- En el mundo hay otras mujeres, dijo á su padre;
mas al oir las frases que Elena pronunciaba se con- de la muerte, que con dificultad reprimía juramentos si mi Enrique ama á otra, yo haría lo que mi hermana
venció de que no podía ser aquella la solución de de amor en que esta idea figuraba.
Elena.
'
Amalia, que había recibido cierta educación li·
tan complicado logogrifo.
-Tú, hija mía. ¡Morirte tú también!
- Estará excitada tu curiosidad, dijo D. Anselmo teraria, creía que aún vivía Cervantes y Colón y
- ¡A eso se llama morirse! Pues bien: sí, me mo·
al terminar el almuerzo, y hora es ya de que se satis- Rómuloj pero no conocía ni aun el nombre de los riría.
faga. Escúchame con atención y no te extrañe si to- grandes capitanes que dieron por la guerra celebriVolvió Enrique y calmó los celos de Amalia.
mo la historia desde muy lejos y si en ella intercalo dad á sus nombres, pues á la idea de la guerra había
- ¿Sabes, le dijo ésta, que ya sé que dormirse para
consideraciones que tal vez te parezcan enojosas:
de acompañar la idea de la muerte.
siempre es morirse?
«Al año de casarse mis padres vine yo al mundo;
Un día Enrique habló de Napoleón delante de
- ¡Morirse!, dijo Enrique. ¿Y no tienes miedo á
ocho años pasaron sin que mis padres tuvieran más Amalia.
morirte?
hijos, y después, cosa rara, en el término de diez años
- ¡Napoleón! ¿Quién, fué Napoleón?, le preguntó
- No; si á veces lo deseo, cuando estoy en tus
tuve once hermanos. El cariño fraternal que Piladei. Amalia.
brazos y conozco que me amas. ¡Qué placer dormir·
sintió por Orestes y éste por aquél no fué mayor que
- Un grande hombre, contestó Enrique.
se y tener mis labios sobre los tuyos y estarse siem·
el que yo sentí por mis hermanos.
- ¿Qué hizo? ¿Escribió algLín Quijote?, ¿alguna pre, siempre así! Lo que no comprendo es vivir siem·
» Llegó á los quince años el que me seguía en edad obra maestra? ¿Pintó cuadros como :Murillo?
pre, si no tuviera tu amor.
y se murió. U nos á los siete, otros á los nueve y el
- No, dijo Enrique.
RAFAEL M.a LIERN
que más á los dieciocho años, todos siguieron el
- ¡Ah! Entonces ya comprendo. Fué bueno, muy
camino de la muerte, En todos ellos tuve ocasión de bueno, como los santos, ¿no es eso?
observar que durante los pocos años que vivían no
- Sí, sí; eso fué.
fueron felices, y no lo fueron porque sabían que
Otro día hallábase Amalia en el jardín, adonde iba EL PALACIO DE LOS REYES DE ARAGÓN
habían de morirse. El frío espectáculo de la muerte Enrique á buscarla todas las tardes. Aquella tarde la
EN VILAFRANCA DEL PANADÉS
le tenían siempre presente, y no g~zaron de la vida encontró pensativa.
por el temor á perderla. Para ahuyentar de su imagi- Dime, Enrique mío; preguntó la niña. ¿Quieres
Destruída hace pocos años la magnífica casa q~e
nación aquel temor, inspiré á mis últimos hermanos explicarme por qué un canario que estaba en la paja- en la Vall del Castell había poseído la ilustre fam1ha
la idea de otra vida más allá de la tumba; les hize rera de mi cuarto ha aparecido esta mañana inmóvil de Rocafort, sólo quedan como edificios importantes
creer ciegamente en la inmortalidad del alma; pero y frío? Le dí de comer y no comió, le puse en pie y de la época de esplendor de Vilafranca la bellísima
¡ay!, no por eso maté en ellos el deseo 6, por mejor no se sostuvo, y ya no canta ni salta Mi hermana capilla que perteneció un día á los caballeros de la
decir, el instante de vivir ni el temor á la muerte que me dijo esta mañana, como otras veces que ocurrió orden de San Juan, peregrino monumento del perío·
presentían; ansiaban la vida del cuerpo y no les con- lo mismo con otros pájaros, que duermen, y que para do de transición del románico al ojival, y el antiguo
solaba la vida eterna del espíritu. El tíltimo de mis despertar de ese sueño es preciso carp.biar de lugar, palacio de los Reyes de Aragón, propiedad ho~ del
hermanos murió cuando yo ya me había casado, ha- y yo he observado que el que así se lo llevan ya no Sr. D. José Baltá y Rodríguez de Cela, nieto y d1rec·
bían nacido mis dos hijas y había sufrido una nueva vuelve.
to sucesor de D. José Baltá y Ferrer, que hace pocos

485

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VI LAFRANCA DEL PANADÍ!S, - ANTIGUA CASA PALACIO DE LOS REYES DE ARAGÓN

231

que lo son de las glorias de
Vilafranca, su ilustrado poseedor resolvió restaurarlo sin pararse en dificultades, y lo ha
llevado á cabo con un desprendimiento y entusiasmo que le
honran. Dirigióse para ello al
reputado arquitecto de Barcelona D. Augusto Font y Carreras, conocedor como pocos de
la historia del arte ojival, lo
mismo en sus aplicaciones á la
vida religiosa que á la civil, el
cual, después de haber estudiado detenidamente lo que del
primitivo edificio quedaba en
pie, pudo comprender cuanto
del mismo había desaparecido.
Lo presentía, lo adivinaba, y
los hechos se iban encargando
de demostrar todo lo que tenían de fundados sus presentimientos y cuán acertado anduvo al trazar los planos para
la restauración, por cuyo medio, respetándose escrupulosamente lo esencial, en lo accidental haya resultado mejorada y acomodada á las necesidades de los tiempos modernos la obra debida á los primeros soberanos de la casa de
Aragón.
Mejor que cuanto pudiéramos decir para dar una idea
del edificio es la fotografía, reprodución del mismo, que insertamos en este número, que
representa la fachada principal
después de la restauración.
Contemplándola puede comprenderse que se ha procedido
concienzudamente por parte
del artista; mas no es posibie
apreciar como no sea viéndolo
el c?njunto de bellezas que se
encierran en el elegante vestí.
~~lo, en sus ajimeces y esbeltas puertecillas de ~erv1c10, en la amplia y espaciosa
esc~lera cuyo pret1l adornan calados rosetones del
meJor gus.to, en la bella galería que se cobija en toda
su extensión y desarrollo y ~n el lindísimo patio central, q~e al par que c?mumca grandeza y majestad
al ~OnJun_to y proporciona abundante luz á las habit~c10nes mt~nores, revela la disposición é importan.
cm de las mismas por medio de las aberturas de &lt;lis-

años la adquirió de los condes de Solterra, á uno de vas n~cesidades que traen consigo los cambios que se
cuyos predecesores, Francisco cie Palacio, la donó el expenmentan en el modo de ser de la sociedad.
rey Jaime I, con otras casas que en la misma villa
Ocupado en otros siglos por familias de la primera
poseía, el día 9 de agosto de 1236.
nobleza catalana, cuando éstas, siguiendo las vicisiNo hay para qué decir que semejante donación, tud~s de los tiempos, abandonaron los lugares donde
con los honores, exenciones, franquicias y prerrogati- radicaban sus fincas para trasladarse á las ciudades
vas que la acompañaron, y se contienen en el docu- más importantes, vióse abandonado al cuidado de
mento de que se ha hecho mérito, fueron recompen- manos mercenarias al principio, para ~er convertido
sa á los servicios prestados al soberano por el ilustre más tarde en viviendas de
prócer, y tanto es así, que el rey no le puso otra con- alquiler, que solicitadas pridición y servidm:nbre que la de tener á su disposi- mero por familias de la clase
ción, para cuando pasaran por dicha villa él ó sus media, sólo lo fué al cabo por
sucesores y quisieran alojar y hospedarse en dicho pa- otras de procedencia más hulacio, doscientos cubiertos y catorce vasos (anáps), milde. Fonda 6 parador de setodo de madera, y además cuatro camas provistas de gundo 6 tercer orden era al
todos sus menesteres.
adquirirla el abuelo del dueño
La donación otorgada por Jaime, por la gracia de actual, Júzguese, pues, de las
Dios rey de Aragón, conde de Barcelona, etc , fué profanaciones de que en el
confirmada en 24 de mayo dé 1503 por el rey don transcurso de seis siglos y meFernando (el Católico), en virtud de petición que le dio habrá sido objeto la regia
hiciera D. Francisco de Babau, sucesor de la casa de morada que tuvieron en ViPalacio, una de las familias más distinguidas y de lafranca los soberanos I de la
mayor representación entre las que en aquellos siglos, casa de Aragón. De su noble
y aun en tiempos á los nuestros más cercanos, han empleo apenas si quedaban
ejercido verdadera influencia en Vilafranca y en el más señales que las almenadas
Panadés. Compruébanlo los términos contenidos en torres que flanquean su frenlas letras reales expedidas en la fecha mencionada, te, y el escudo de las .barras
que juzgamos oportuno transcribir, fielmente tradu- que campeaba en las dovelas
cidas del catalán: «Y vos, querido y estimado nuestro, de su amplia portada, cuyo
»Francisco de Babau , caballero de Vilafranca, por arco en plena cimbra había
»cuanto nos habéis manifestado y acreditado ser el le- sido destruído para dar ingre»gítimo sucesor de Fracisco de Palacio, y que como tal so á uno de los coches, que,
))teníais en pacífica posesión todo aquel pa!acio y sus antes de existir la vía férrea,
»casas cor.tiguasque, como privilegio e~pec1al, nuest~o prestaba servicio para los via»antecesor el rey Jaime donó á Francis~o de Palac1~ jero~ entre dicha villa y la ca»y sus antecesores, ... aprobamos y ratificamos, y si pital del principado. Sin exa»menester fuera de nuevo concedemos á vos Y á gerar puede decirse que era
»vuestros sucesores con los mismos privilegios Ycon- sólo sombra de lo que fué,
»diciones, la expre~ada donación, imponiendo pena amenazando convertirse pró»de tres mil florines de oro á cualquiera que á ella se ximamente en informe montón
»oponga, aun cuando fuera nuestra hija_ muy amada de ruinas el día en que mal
tratado por los siglos y por
»la ilustrísima Juana, princesa de Astur_ias.». .
Fácilmente puede comprenderse que ed1fic10 de los hombres se rindiera á su
tanta antigüedad como revelan los documentos feha- propia pesadumbre.
Afortunadamente para los
cientes que dejamos apuntados, había de haber . pa•
decido modificaciones de no poca monta, debidas amantes de las artes en gen~VILAFRA:-ICA DEL PANADÉS, - '~'ORRE DE LA ESTACIÓN METEOROLÓGICA
unas á las injurias del tiempo, hijas otras de las nue- ral, y particularmente para los
EN LA CASA DE LOS REYES DE ARAGÓN

�¡A LA SALUD DEL BUFÓN!,

CUADRO DE E DUARDO GELLI, GRABADO POR MANCASTROPPA

�LA

234
tintas dimensiones y riqueza en los detalles, practicadas en las paredes que apean sobre los atrevidos arcos de dicho patio.
¡Qué armónico conjunto el resultante de to?ª~ y
cada una de las diferentes partes y de los más ms1gnificantes accidentes de las mismas, para el espectador que colocado en la parte superior de la escalera
contempla el patio, teniendo á su frente las robustas
paredes de la iglesia' parroquial ~e Sant~ María, que
la mano del tiempo ha ennegrecido y sirven .de fondo al restaurado palacio, cuyas líneas supenores se
dibujan sobre el intense azul del firmamento!
Sobre él y contemplando el edificio d:sde la plaza
del Olí1 destácase sirviendo de remate a la torre de
'
la izquierda, un kiosco
ó templete ~uyas I'meas, á pesar del servicio á que se halla desmnado, ha hecho el
arquitecto cuanto en su mano ha estado para que no
chocaran con el estilo del palacio. Los aparatos que
funcionan en los ángulos del mismo adverti~ían al
menos entendido que se trata de un observatono meteorológico. Y es que el Sr. Baltá y Rodríguez de Cela, que no porque sienta con entusiasmo las cosas de
otros siglos deja de vivir en el presente, llevado de
su afición á los estudios astronómicos y meteorológicos, ha querido que Vilafranca tuviera al par J en
una sola pieza un edificio monumental ~e lo~ ~1glos
medios y un observatorio que por s_u d1spos1c~ón Y
por los magníficos aparatos de que dispone es digno,
no de una población subalterna, sino de una capital
de primer orden.

C. V.

DE

V.

UN INTÉRPRETE ALEMÁN
DE LOS DRAMAS DE ECHEGARA V

Mientras la España de d os hemisferios continúa
llorando la pérdida del gran Rafael Calvo, el actor
soñado por Echegaray para prestar vida á sus creaciones románticas y atrevidas, y mientras la musa catalana viste luto por el insigne León Fontova, cuyo
acento parece que vibra aún en el Teatro Romea de
Barcelona, como se desprenden los últimos aromas
de una flor que yace marchita, en Alemania y en Austria despierta los ecos de la gloria una pléya?e de eminentes trágicos y cómicos. Viena tiene ovaciones atronadoras para la ilustre coloñesa la actriz Carlota Wolter, condesa de Sulivan, la incomparable Safo y Medea de Grillparzer, así como antes aplaudía con frenesí á una sabia hija de Munich, la cómica Federica
Gossmann condesa de Prokesch-Osten, de que hubiera dicho Cervantes que de la discreción lleva el
trofeo, y anyorando á su Mitterwurzer, el desertor del
Burgtl1eater, se precia la Ciudad imp~rial ~e los
Lewinsky Sonnenthal, Hartmann, Baume1ster, Krastl
y Robert 'que demuestran que el Burgtheater de Viena es el mejor teatro del mundo germano.
Luis Barnay, que dirige en Berlín el teatro de su
apellido, brilla entre los trágicos, mientras que el anciano Federico Haase debe sus laureles á su fuerza
cómica, y las numerosas condecoraciones con que le
han agraciado los príncipes de Alemania le habrán
consolado de la desilusión que le proporcionaba el
emperador Guillermo I diciéndole en audiencia particular: «Yo no doy ninguna cruz á un actor.» Pero
el verdadero comediante, aunque el francés Coquelin,
el que fué íntimo amigo de Gambetta, diga lo contrario, no cambiaría sus laureles por todas las condecoraciones del mundo.
El afamado Ernesto Possart, cuya voz es un fenómeno como la del famoso recitante Alejandro Strakosch, es ora un excelente Federico el Grande, ora
un inmejorable Ricardo III, ora un perfecto Manfredo (no el de E chegaray en El seno de la muerte, sino en el drama de lord Byron ).
El arrebol de la gloria ha halagado también á un
joven vienés que soñaba mirar su nombre tan alto
como el mismo sol, ó lo que equivale á esto, tan alto
como Luis Dawison, el que fué el gozo de las gentes
y á quien la fama esculpió en su templo. Este vienés,
que sabe herir las fibras del sentimiento, se llama

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tará entre los más brillantes que ha obtenido, y ha
obtenido muchos.
El campeón del arte de Echegaray está en la flor
de su edad, habiendo nacido en la ciudad más alegre y más encantadora del Danubio, en el mes de
mayo de 1852. Se parece, pues, al Ricardo joven del
acto I, que n~ mira la vida sino por el prisma de la
alegría. Pero el artista lo puede todo: sabe también
convertirse en el mártir de su vida licenciosa, en el
Ricardo viejo, imprimiendo á ese tipo un sello artístico de maravillosa verdad. Cada vez que veo á Wiene desempeñando el papel de Ricardo ó el del protagonista del drama Ó locura ó santidad, que el trágico austriaco ha arreglado para la escena alemana,
exclamo con el poeta valenciano José F. Sanmartín
y Aguirre:
Aún el talento profundo
en la patria de Romea,
hace que el teatro sea
el más glorioso del mundo.

Los padres de Wiene quisieron hacer de él un ingeniero; pero en vez de Sagasta habían de ver en él
Echegaray y Talía un aventajado discípulo. La musa
de Schiller habló al niño con encanto singular en el
drama Maria Stuart, siendo para él la voz de sirena
que le impulsaba á consagrarse a\ teatro.
La historia de los que se meten á faranduleros es
una Odisea, y asimismo la del joven Carlos, demostrándole que en la senda de la gloria suelen brotar
espinas: había días en que gemía sin un pedazo de
pan para llevar á la boca, y encontrándose cerca del
puente de Fernando en Viena, pensaba si debiese
buscar el fin de su miseria en las ondas. El bueno
de Antonio Ascher, que fué á la sazón director del
Teatro de Carlos en Viena, vió lleno de compasión
á su compañero de pmfesión, y descubrió en el novel actor condiciones tan raras, que le contrató para
su teatro.
Breslau, Viena, Stutgart y Dresde son las escaleras en que subió Carlos á una altura envidiable. En
Dresde está enterrado Dawison, pero allí vive Carlos Wiene dando gallarda muestra de su talento artístico y vertiendo bellas flores en la tumba del inolvidable trágico. Ya ha juntado dineros el pobre mu·
chacho de antes, aunque no descubría el secreto del
doctor Enrique Schliemann de hacerse de un pobrecito un Creso. Vive rodeado de su familia y rico
en laureles, siendo un Rícardo joven y honrado. Le
quieren y admiran los habitantes de la hermosa ciudad del Elba, como los de las famosas ciudades del
Danubio, del Peynitz y del Inn. ¡Ojalá que le quisiesen también los españoles!
JUAN FASTENRATH

EL REINO DE SABA Y EL ORO DE SALOMON

NUESTROS GRABADOS

En los asuntos modernos á la maternidad referentes, reúnense los más simpáticos elementos del sentimiento humano. Una
madre joven, elegante, cuyas líneas se animan por la inflnendel afecto más universal más dulce hacia su hija, y una niña
en la edad en que la humana criatura más puntos de semejanza ofrece con los ángeles, de rizada cabellera y sonrosadas mejillas y en cuya frente brillan los destellos de la inocencia: he
aquí los personajes de la belllsima composición de Gamba.
Para condensar en un acto el amor maternal, el celebrado pintor italiano ha escogido el momento en que la madre y la hija,
juntando los labios y entornando los ojos para gozar más intensamente de tan pura voluptuosidad, confunden en uno solo los
dos besos salidos del fondo de sus almas y por la misma pasión
creados.
Gamba, que en todas sus obras h&amp; demostrado excepcionales aptitudes para los temas elegantes y graciosos, y cuyo pincel sabe siempre encontrar los tonos más delicados para sus
finas composiciones, ha pintado en su Beso maternal un grupo
sentidísimo y lleno de encantos, que revela un corazón abierto
á todas las nobles afecciones que brotan al calor del cariño de
la familia y que fecundan las lágrirnas, ora de alegría, ora de
tristeza, en que este santo amor se manifiesta.

Suiza: su proximidad á Francia y las muchas relaciones que con
esta nación mantiene dan le más bien un aspecto francés, por lo
que al idioma y á buena parte de las costumbres se refiere. Esto
no obstante, la incomparable naturaleza helvética manifiéstase en
ella con todos sus encantos imposibles de imaginar para quien no
los ha contemplado; el lago Lemán es buena prueba de lo que
decimos, y él solo bastaría para incluir á la ciudad en donde
ejerció Calvino su dominio espiritual entre las más pintorescas
poblaciones europeas.
Mas no es únicamente en las afueras donde tales bellezas se
ostentan; también las tiene Ginebra en su interior, y si algunas pueden escapar á la curiosidad del turista, no faltan :mistas que _¡¡epan apreciarlas y admirarlas cual se merecen
Una de las calles de la ciudad que atraviesa en tocia su longitud el Ródano hubo de llamar con justicia la atención de
Marqués, quien empuñando el lápiz y abriendo el álbum, que
no abandona nunca en sus viajes y que trae siempre lleno de
preciosos apuntes, trazó el dibujo que hoy reproducimos, y en
alabanza del cual nada hemos de dec;ir nosotros que tantas veces hemos hablado con merecido elogio de su autor, sobre todo
de sus estudios suizos, demostración elocuente todos ellos de
cuán bien siente y ejecuta nuestro distinguido colaborador y
del buen gusto que le caracteriza en punto á elección de temas
para sus obras.

•••
¡A la salud del bufón!, cuadro de Eduardo Ge-

LA

CREMA SI:MON, cold-cream especial de un

de su belleza y la frescura de la juventud. Se halla este producto
sin rival en casa de todos los perfumistas y en casa del inven•
tor /. SIMON, ruede Provence, 36, París; pero es preciso
desconfiar, de las falsificaciones y exigir la firma.

JABON REAL
DE T H R 10 ACE

IVIOLETI
29i•d::1::1i:~·;~;aris

JABON

V EL OUT IN E

Recomendados por autoridades medicas para la Hlgi,ue de la Pi,1 ¡ Balleia del Colnr

2

35

(CONTINUACIÓN)

Una calle de Ginebra.dibujo de José M. Marqués. Ginebra es, sin duda alguna, la ciudad menos suiza de

DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Chassaing

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NOVELA ORIGINAL DE LORD LYTTON, IL US TRADA POR A, BESNARD

*

lli, grabado por Mancastroppa. - Esos infelices seres
deformes y raquíticos que hoy inspiran lástima y para los cuales la caridad y la filantropla han creado en algunas partes benéficas instituciones sirvieron en otros tiempos de entretenimiento á los señores, que no perdonaban medio alguno, por
contrario que fuese á la ley moral, para proporcionarse alegres
distracciones en sus tristes y aisladas mansiones señoriales.
Y no fueron solamente los nobles los que tal aberración fo.
mentaban, también los reyes tenían á gala poder ostentar en sus
espléndidas cortes bufones contrahechos cuyas gracias rayanas
casi siempre en desvergiienzas más de una vez hicieron desarrugar
el ceño al monarca y provocaron las carcajadas de los cortesanos
á costa de la dignidad y aun de la honra de alguno de sus compañeros.
Su vena satirica tenía ancho y libre campo en los palacios
de los magnates: todo les estaba permitido á los bufones; podían ser insolentes, agresivos, desvergonzados, con una sola
condición, la de hacer reir. La desfachatez, la irreverencia misma hacia aquellos que de otros labios sólo adulaciones admitían,
se perdonaban en gracia al ingenio,
Los que de tan triste privilegio disfrutaban, triste sí, porque
únicamente á sus deformidades lo debían, vestían ricamente,
eran con magnificencia alojados y comían los manjares más suculentos que alternaban con los vinos más exquisitos. Fuera de
la corte no les faltaban tampoco amigos y admiradores, con los
cuales corrían aventuras y francachelas, en las que los chistes
del bufón eran celebrados con risotadas ruidosas, á las que no
ponían freno la formalidad y los respetos propios de la etiqueta
cortesana.
El cuadro de Gelli representa á uno de estos desdichados
bufones contrahechos en el momento en que llega á la taberna,
en donde le esperan capitanes aventureros, que le acogen con
entusiasmo y uno de los cuales copa en mano se adelanta á recibirle brindando á su salud.
En aquella figura rica y grotes_camente v~stida! ~ª. sabido
concentrar el artista todas las cualidades del tipo h1stonco que
ha tomado como protagonista de su lienzo, condición que también se advierte en los militares, personajes bien estudiados y
con destreza reproducidos. El fraile mendicante que SE; ha re•
cogido en la taberna, donde le regalan con aquella candad que
en aquellos tiempos se acostumbraba, forma un contraste perfectamente entendido, que hace resaltar más el lado brillante
del festejado y majestuoso bufón.

485

EL ANILLO DE AMASIS

."

Beso maternal, cuadro de V. Gamba, grabadecto seguro contra los barros y las irritaciones de la piel,
do por Mancastroppa. - La expresión del amor mater- es indispensable á todas las señoras celosas de conservar el brillo
nal es uno de los temas favoritos de los artistas modernos;
puede decirse que no hay pintor ni escultor contemporán;o que,
siquiera una vez, no le haya tomado por asunto de algun cuadro ó de alguna escultura. Se comprende: pocos afectos existen que, en sus diversas manifestaciones, mejor se preste~ á la
i11spiración artística; hay en él tantas bellezas, tan variados
matices, hermosos todos, que no es extraño que en nuestra
época, poco entusiasta de otros ideales que un día estuvieron
en gran predicamento, el arte se haya apoderado de éste, revistiéndole de formas seductoras.

NúMERO

485

Los recientes conflictos entre ingleses y portugueses en Africa, dan un interés de actualidad á la hipótesis de que el Lin·
terland de Mashonaland no es sino el famoso reino de Ofir,
cuyos barcos, al decir de las narraciones blblicas, envió la reina de Saba á Salomón con el suntuoso presente de 420 talen•
tos de oro, unos 8o millones de pesetas. El nombre de Sofala,
puerto colocado al fondo de la bahía enfrente de Madagascar,
puede ser una desnaturalización del de Ofir por la adición del
prefijo S; además, la abundancia de oro en manos de los indígenas es cosa probada. Pero lo que más ha llamado la atención
de los viajeros ha sido la existencia, en muchos puntos del interior, de ruinas como no las hay en ningún otro punto del continente ne¡:ro, y que no es, al parecer, posible procedan de
construcciones levantadas por la raza autóctona,
Los exploradores Carlos Mauch, G. A. Farini, G. C. Dawnay se han asombrado ante esas inesperadas apariciones ~e
vestigios de vastos recintos construidos con bloques de gramto
con reg11laridad tallados y cimentados á veces, que, como cier•
tas arruinadas torres ó como algunos restos de diques, no pueden ser atribuidos á los primeros explotadores de oro portugueses de hace cuatro siglos. Parece evidente, sin embargo, á
juzgar por el aspecto de obras defensivas que ofrecen y que
Mr. J. M. Stuart compara con las ruinas aztecas de México,
que sus constructores debieron pertenecer á una raza conquistadora extranjera, obligada á mantener su dominación por la
fuerza. ¿Se trata de alguna de las grandes potencias comerciales del antiguo mundo, como los babilonios, heb_reos, fenicios y
egipcios? No se puede contestar á esto categ6ncamente; pero
al decir de Mr. O. Neil, ex cónsul de Inglaterra en Mozambi- Grandes almacenes del Printemps, de París
que, todo parece justificar la hipótesis de que allí estuvo el anVéase el anuncio en la sección correspondiente
tiguo reino de Ofir.

Carlos Wiene.
España ha de quererle corno al que lucha en los
teatros de Alemania por el honor de D. José Echegaray y que supo alcanzar aplausos sin cuento honrando al actor alemán y al genio español. Tengo el
gusto de presentar á los lectores _á Carlos Wiene ~n
el papel de Ricardo, el protagomsta del drama Vida
aleo-re y muerte triste, que en Nuremberg y en Innsº gracias al arte con que una senora
- austnaca,
.
bruck,
residente en Colonia, vertió al alemán aquella concepción del dramaturgo castellano, y °:1erced al genio del que como actor vela en Alemama por el lustre del teatro' español, ha merecido un éxito que con-

NúMERO

I

»¿Qué haces aquí? ¿Qué haces?... ¿Por qué te reJ ULIETA Á TERESA
prisión aborrecida y sofocante, que cada día es más
tardas en los senderos de la vida humana? ¿Por qué
estrecha é intolerable y está más cerrada!
andar así disfrazado entre la gente honrada?... El
«Me considero feliz al decirte que nuestra ansie»¿Y si yo pudiese?... ¿Qué sucedería? ... En el momal está en ti, porque encierras algo de sacrílego en dad respecto á Conrado se ha desvanecido ya. Su mento mismo de mi primera evasión y de hallarme
tu pecho. ¡Huye! Llevas un disfraz y te han marcado vigorosa constitución ha resistido victoriosamente á en una atmósfera ~;rdadera y real,_ la confianza y el
con un sello. Mientras sea tiempo aún, apártate de la fiebre que nos alarmó en un principio.
afecto se, convert1~1an. en desprecio y execración y
todo lugar habitado, lejos de los hombres y más
»El necio temor que me infundía tener que anun- exclamanan: «¡Atras, impostor desenmascarado hilejos aún. ¡Huye de ti mismo, condenado, huye!. ..
ciarle mi matrimonio era de todo punto injustifica- pócrita y embustero!))
'
Segunda página. - »¡Mujer! ¡Cisma eterno en el do; y cuando después de restablecido, nuestro padre
»Ciertamente no existe bajo el sol despotismo más
alma del hombre! ¿Por qué le despojas de su fuerza, le dió cuenta en mi presencia y la de Félix de las cruel que el del aprecio falto de simpatía.»
pue'Sto que este robo te debilita? ¿Por qué le privas promesas que nos habíamos hecho, mi corazón latió
de su voluntad, puesto que tú pierdes tu energía? con tal fuerza y me asusté tanto, que no osé arrosJULIETA Á TERESA
¿Quién te dió y con qué fin, sino para tu propia pér- trar su mirada, aunque comprendía que la suya esdida, la fuerza irresponsable y sin límites que ejerces taba fija en mí. Pero Conrado se contentó con
«No se ha fijado aún día para nuestro matrimonio
sobre nosotros?
decir: «¿Cómo habéis podido suponer, hijos míos, y los amores de Conrado parecen progresar con mu)) Un año tras otro, día por día, hora por hora, me que esto pudiera ser cosa nueva para mí? Yo sabía cha lentitud. Habla vagamente de ir á Breslau á fin
he absorbido en el estudio de esa alma deliciosa. He hace largo tiempo, y mucho antes de que pudierais de mes y supongo que mi enlace se verificará á su
vivido en el silencio y la calma, reteniendo el aliento pensarlo, que os pertenecíais uno á otro. Mi más regreso. Seré muy feliz si antes de salir de Larnstein
para seguir en sus menores fases el desarrollo de esa caro deseo se ha realizado ya, y tan sólo esperaba veo á nuestro querido Conrado contraer la unión
rica naturaleza. ¡Con qué ternura he vigilado el cre- este instante para deciros que yo también tengo he- apeteeida por él hace tanto tiempo. Mi vida es aquí
cimiento de tantos gérmenes deliciosos! Yo conocía cha mi elección; de modo que en Larnstein habrá tan completamente feliz, que la idea de un cambio,
los cuidados que cada uno de ellos reclamaba; hu- dos bodas en lugar de una.»
por dulce que pueda ser, me hace temblar. No creo
biera podido decir qué flor prometían ... ¿Y ahora? ...
»No puedo expresarte, querida Teresa, el asombro que mi amor ó el de Félix disminuyan, pues parece
»¡Una brisa de estío. un soplo pasajero, un tibio que nos produjo esta noticia, y te aseguro que me que hemos nacido el uno para el otro; pero cuando
efluvio, tal vez una vuelta de vals, una canción, ó so- alivió del gran peso que tenía en el corazón ... ¿Lo miro á mi alrededor y considero cuán grande es la
lamente la ligera influencia de un roce accidental confesaré? No estoy tan satisfecha como debería, y parte de dolor que á cada cual se nos ha señalado
han decidido de su suerte y de la mía, dando la llave la elección de Conrado me disgustó, pues destruye en la vida, pregúntome con una especie de terror
de ese paraíso á un húsar! ... ¡Ah! La desgracia no el ideal que de él había concebido. ¡Me parecía santo ante esa felicidad sin nubes, si es posible que
viene por los caminos bien guardados; pero ¿qué im- siempre tan desinteresado! ... ¿Con&lt;les el intermina- una dicha tan grande como la mía dure siempre ...
porta? ¡Viene! ...
ble pleito sostenido por causa de la propiedad de
»Pero he aquí á Félix; le he prometido dar con él
Tercera página. - »¡La muerte, el fin, la nada! ... Weisemberg en Als? El dueño actual no tiene hijos, un paseo por el molino á eso de las cuatro, y aunque
Esto es cuanto veo al término de toda carrerra. Tú y su sobrina es heredera de sus bienes: esta circuns- ha venido media hora antes, no puedo hacerle espehas sufrido ayer para sufrir también hoy. ¿Y de qué tancia dificultaba todo arreglo; pero se hicieron en rar, porque soy una esclava á ·todas horas del día.
vienes á quejarte ahora? ¡Querías vivir; pues ya has secreto proposiciones para terminar la diferencia por Adiós, pues, por el pronto, mi querida Teresa,
vivido! ¿Quién te prometió más? ... No, no es verdad, una alianza entre las dos familias. Parece que el ob»Tu tierna y.querida amiga
yo no he querido vivir nunca y jamás dije á nadie: jeto de la última excursión de Conrado á Breslau fué
))JULIETA i&gt;
«Abrerne las puertas de la vida.» Y si yo no he pe- visitar á la heredera, y dijo que su presencia confirdido esta existencia, ¿quién puede obligarme á con- mó la impresión favorable producida en él por todo EXTRACTO DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK
servarla? ... Sea. ¡Pero si la muerte no fuera nada!. .. cuanto había oído decir antes sobre su carácter y
¡Y si la vida y de consiguiente el dolor no tuvieran educación, por lo cual acababa de tomar su partido.
«¿Quién es ese verdugo tenaz é insaciable? ...
fin!
Sin embargo, nada se ha fijado aún y de consiguiente
»¿Un deseo? .. .
Cuarta pág-ina. - » ..... ¡Ah! ¡Cuán profundamente te ruego que por de pronto consideres esta carta co»No, no es un deseo. Al fin he reconocido su verpenetran en mi corazón las raíces del pasado! ... Es mo confidencial. ¿No es casi increible? No puedo dadera naturaleza; es menos y más que un deseo. ¡Es
inútil que yo, extraño sepulturero, intente desente- acostumbrarme á esta idea. Según el conocimiento una envida ardiente!
rrar todos esos muertos queridos que florecen en el que tengo del carácter de Conrado, comprendo que
»Aún tiene la fascinaci6n de la mentira y el terror
jardín del recuerdo; á _c ada golpe de azadón la sangre el matrimonio sea para él asunto de la más detenida de la verdad; no promete ni afirma, pero reclámalo
brota y siento que todo ese pasado vive y palpita .. . deliberación, pues obra muy poco por impulso.
todo con insistencia, con la avidez feroz y salvaje de
Mi infancia me sonríe á través de SU$ lágrimas y su» Pero cuando le oigo hablar de la joven heredera una fiera. En vez de dominarse, excitase por la vista
plícarne exclamando: «¿Qué mal te hemos hecho, de Weisernberg, cuyo corazón, segura estoy de ello, de lo que es inaccesible. Lo que está prohibido le
amigo?»
late más apresuradamente tan sólo al oir el rumor aguijonea hasta el frenesí y lo busca con avidez. Va»¡No, no puedo! Sonreídme como en otro tiempo, de sus pasos, me aflige pensar que para el hombre cía por sí misma, precipítase en el vacío; lo que arna
dulces estrellas inocentes de mis jóvenes años; yo con quien se une la pobre niña no vale apenas más es la investigación por la investigación, la persecuno sé si me habéis hecho mal, dulces ojos brillantes, que un antiguo pleito.»
ción sin objeto, la carrera sin meta determinada.
pero sí que no os apagaré nunca!
»¡Demonio roedor, sal de estas venas que has enQuinta página. - »En la vida todo se comienza de
venenado
y en las cuales te ocultas como en una
nuevo; vuelve tú, pues, pobre alma mía, á comenzar EXTRACTO DEL DIARIO DE CONRADO DE ROSENECK emboscada! Harto conozco tu nombre infernal. No
tu tarea, puesto que has despertado ya; mas no te
eres el amor, sino la lujuria. ¿Debo ceder á tan vil
detengas para contemplar las ruinas del pasado, por«¡Desgraciado el ser humano, hombreó mujer, á tentador, yo, mártir de una fe tan pura? ... ¡Jamás! ...
que se ha perdido y no puedes reconstruirle. Y sobre quien se considere corno un ser superior! Los talen»Bajo un disfraz podrías engañar un instante la
todo, no edifiques más. La felicidad es un ave del tos ordinarios son tan incapaces de experimentar una credulidad de un espíritu enfermo; pero no á mí. ¡Te
cielo; sale del seno de Dios, y no gusta de la mora- simpatía inteligente por los que les aventajan, que desafío! .. . ¡Por más que hagas penetrar en mis carda de los hombres. Va y viene, remonta el vuelo y su admiraci6n, aunque no sea envidiosa ni recalci- nes vivas tu virus de perro hidrófobo, no arrancarás
detiénese mientras·que tú apuras la vida en buscarla. trante, con.viértese en terrible tiranía.
una concesión á la pureza inflexible de mi alma; pero
Duerme más bien, sí, duerme descuidada, incons)) En cada carácter formado por la mano de la natu- osa usurpar aun la figura de la esperanza, ó profanar,
ciente, inerte; tal vez entonces el ave celestial des- raleza hay cosas anómalas, defectos de simetría, des- al pronunciarle, el nombre de prometida, y te daré
plegará sus brillantes alas sobre tu frente llena de igualdades en número incalculable; pero en los carac- muerte, aunque debiera sucumbir del mismo golpe!»
sueños. Retén el aliento, no hables, no le des la bien- teres que nos atribuimos mutuamente se exige una
venida, porque apenas hayas dicho «¡ya la teng0!» conformidad invariable en los tipos según los cuales
JOAQUÍN F URCHTEGOIT SCU UMANN,
habrá huido para no volver jamás.
los concibió nuestro espíritu; cada uno de ellos debe
Á LA BARONESA TERESA LUTZOW DE MEYENDORFF
Sexta página ... - »¡Al fin! Un resplandor divino ser una máscara rígida, sin elasticidad, que una vez
que baja de las celestes cumbres, se difunde en mi puesta no se debe quitar jamás. Supongamos que uri
«Ilustre señora:
alma, la fortifica y la invade, y á su luz fulgurante hombre tiene cierta reputación de fuerza 6 de sabidu»Tomo la pluma humildemente como mi deber
veo la imagen más sublime que el hombra pueda ría superior: sus más caros amigos, sus parientes más y mi profundo respeto lo exigen, para dar cuenta á
contemplar en esta tierra.
próximos no le perdonarán nunca un momento de su señ~ría de la irreparable desgracia que á Dios
»¡El Deber!
debilidad ó desfallecimiento moral; le han impuesto p~ugo imponer á la noble familia del conde mi alto
- y muy querido
. amo,
'
&gt;&gt;¡Yo te saludo, brillante arcángel, que aplastas arbitrariamente un carácter de su propia creación y senor
baju tu pie victorioso la hedionda serpiente! Tu voz llámanle su ideal de aquel hombre mismo, insistien»Por eso, ilustre señora y en cumplimiento de las
nos llega del otro mundo: los que la escuchan ha- do para que adopte esa forma ideal, se mueva y res- órdenes expresas que he recibido, me atrevo á diripire como ella.
llan en ella el consuelo y el reposo.
girle estas trist~s líneas, porque el señor conde espe»¿Cuál es mi deber.:?
»Pero ¿y si no puede hacerlo? .. . ¡Pues entonces, ra que la apreciada presencia de vuestra señoría ali»¡Comenzar de nuevo el sacrificio, el sufrimiento que deje de vivir, de respirar y de ser! ... ¡Oh! ¡Si se viará la inmensa aflicci6n de la señorita J ulieta.
silencioso.»
pudiera escapar por una vez, ó para siempre, de esa
»Confío que dispensará á su humilde servidor si

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

con este triste relato, que el deber me impone, ocasiono un pesar profundo á vuestra señoría.
»Ayer, 14 hujus, scilicet, día de la Elevación del
Santo Sacramento, á las ocho de la mañana, que era
muy nebulosa, los dos señores jóvenes, mis nobles
amos, quisieron ir al río para cazar patos. Cuando
saltaron á la barca, soplaba un ligero viento del Sur
en dirección de la corriente, y por lo tanto pusieron
una vela pequeña, lo necesario para gobernar la lancha. Su intención era atravesar el río Weidnitz en el
punto en que comienza la gran curva, más allá del
molino antiguo, que está á tres cuartos de legua
(salvo rectificación, pero lo más aproximadamente
posible), frente al gran pantano bien conocido de
vuestra señoría.
»Con los señores iba el hijo del guarda, joven de
buen carácter y muy honrado, como vuestra señoría
no lo ignora, y dejaron á la perra córrer tras ellos por
la orilla. Mi joven señor Félix estaba muy alegre en
la mañana en que ocurrió el triste acontecimiento,
mucho más que de costumbre, según lo observó el
hijo del guarda, quien ha declarado también que,
mientras el señor Conrado estaba en el timón, el
conde Félix se había colocado de pie en cada lado
de la barca, haciéndola balancear, con gran contento
suyo, tan pronto á un lado como á otro, cual si fuese
una cuna.
»El señor Conrado le suplicaba: muy formalmente
que permaneciera quieto, diciéndole que el agua era
muy profunda en aquella parte del río, y que si por
desgracia llegaba á caer no podría nadar, á causa de
sus pesadas botas de caza. A pesar de todo, el joven
señor estaba tan extraordinariamente alegre, que no
hacía caso de cuanto se le decía, limitándose á contestar «que sus pesadas botas impermeables le parecían tan ligeras como un par de escarpines.»
»En aquel momento, ilustre señora, un corzo, según me han informado con toda exactitud, salió de
la espesura inmediata al río, y la perra, que es animal
de buena casta, aunque un poco salvaje, pero que se
conducirá mejor cuando esté amaestrada, comenzó á
correr en seguimiento del corzo y no quiso volver
cuando se la llamó.
»Entonces mis jóvenes señores, dejando saltará
tierra al hijo del guarda, diéronle orden de buscar
la perra é irá reunirse con ellos otra vez un poco
más allá, frente al pantano.
» El muchacho me refirió que, mientras corría
tras la perra, pudo oir algún tiempo aún las carcajadas de mi ilustre amo el joven conde; pero transcurrió una hora antes de que pudiese volver, después
de haber castigado al animal como merecía. Entonces se dirigió al sitio indicado; mas al llegar, vió con
gran sorpresa que la barca estaba mucho más allá
del punto que se le señaló y que flotaba vacía, sin
que se hallase, ni cerca ni lejos, ninguno de los dos
jóvenes señores. El muchacho pensó al pronto que
sus señorías habrían ganado el pantano y que la
barca, mal amarrada, se había desatado. En su consecuencia esperó bastante tiempo inmóvil, para no espantar á los patos; pero al fin, como no oyese nada
y temiera algún accidente enojoso, disparó algunos
tiros. Ni esta señal ni sus llamamientos y voces obtuvieron contestación alguna. Entonces, al mirar á
su alrededor, muy perplejo, llamóle la atención algo
suspendido en la rama de un sauce, por la parte del
pantano grande; y cuando el muchacho llegó cerca
del árbol para averiguar lo que era, reconoció el sombrero de su señor, el conde Félix. En el mismo instante. la perra aulló tristemente.
»Ilustre señora, entre la gente de nuestro país y
sobre todo tratándose de cazadores, esto se considera
como un mal presagio, y en la presente y dolorosa
ocasión era verdaderamente malo.
»Entonces, sin poder contener sus lágrimas, el muchacho corrió al castillo, donde su presencia 'produjo
gran trastorno.
»Añadiré que el que escribe estas líneas, su muy
humilde servidor, se hallaba casualmente en el castillo, y que seguido de algunos compañeros, corrió al
sitio en que había ocurrido la escena fatal. Allí pusimos á flote una barquilla para explorar el fondo con
largas pértigas, pero la corriente era rápida y siento
decir que nuestros esfuerzos fueron infructuosos. En
aquel momento, las orillas estaban ya llenas de gente
y hubo varios hombres que se arrojaron al agua, sin
que ninguno pensara en su propia vida: tanto es el
amor que todos profesan á la noble familia del señor
conde.
»Al fin, algunos de los que estaban en el agua comenzaron á proferir gritos y á llamar á los que íbamos en la barquilla, y al llegar al sitio fatal, presenciamos un triste espectáculo: el cuerpo de mi señor
el conde Conrado llevado en brazos de aquéllos,
porque había perdido el conocimiento; tenía la ropa
empapada y el rostro tan cubierto de cieno y de

agua, que daba lástima verle. Observé que las manos
estaban estrechamente unidas detrás de la cabeza.
»En tal estado condujímosle al castillo, donde,
por la gracia de Dios, el doctor se encontraba allí,
porque mi ilustre señora, la noble madre del señor
conde, padecía de un lumbago agudo. Por medio de
algunas fricciones, el calor y otros remedios, se le
pudo volverá la vida, pues ya estaba moribundo;
pero no se ha descubierto rastro ni vestigio del joven
conde Félix, á quien siempre lloraremos.
» El infeliz hermano del difunto, el señor conde
Conrado, tiene el ánimo tan perturbado y afligido,
que aún no se han podido precisar los detalles exactos de ese triste acontecimiento. Vuestra señoría sabe
muy bien ya que el señor conde amaba tiernamente
á su hermano, y ahora hállase agobiado por el profundo pesar que le causa tan dolorosa pérdida, tanto
que parece estar fuera de sí: digo esto con el debido
respeto que vuestra señoría merece.
»Parece, sin embargo, demasiado cierto que nuestro joven señor Félix cayó al agua mientras que hacía oscilar la barca, según ya he dicho, y su infeliz
hermano debió hacer desesperados esfuerzos para
salvarle, pues no sólo tenía las ropas cubiertas de hierbas y arena, que se adhirieron sin duda mientras se
hallaba en el fondo del río buscando al difunto. Las
botas se habían estrechado de tal modo, que fué preciso cortarlas para quitár\elas.
»Al terminar estas tristes líneas, permítame su señoría añadir que, á no ser por las órdenes expresas
del señor conde, no me habría atrevido á tomar la
pluma.
» También tengo el honor de manifestar á su señoría que he dado orden de preparar varios tiros de
caballos en todo el camino, á fin de que su señoría
pueda llegar al castillo con toda la celeridad posible.
»Con el más profundo respeto y como es de mi
deber, en cuanto estas tristes circunstancias me autorizan, tengo el honor, ilustre señora, de ofrecerme
como su más humilde y obediente servidor,

»Joaquín Furchlegott Schumann
&gt;Intendente del señor conde de Roseneck&gt;

IX
LA MANO DE SEi! KRONOS

Los papeles que me había confiado el conde de
Roseneck arrojan poca luz sobre los años que transcurrieron entre los acontecimientos referidos en el
capítulo anterior y los que aún debo relatar.
T0das las cartas escritas por Julieta á su 'amiga,
la señora de Meyendorff, durante el primer período
de su viudez virginal, fueron retiradas de la correspondencia antes de entregármela, y no he tenido ninguna indicación sobre lo que pasó en Larnstein seguidamente después de la muerte del conde Félix,
como no sea un extraño librito de memorias, lleno
en gran parte de reflexiones religiosas, pero que también contiene algunas ra.ras notas trazadas con mano
débil, sin duda por la madre, y casi de todo punto
ilegibles.
El pesar que el conde y la condesa experimentaron por la muerte de Félix debió aumentar su ansiedad respecto al estado de salud del primogénito, único que sobrevivía de todos sus hijos.
Insensible á la presencia de los que le rodeaban,
Conrado vagaba por todas partes como un espectro
que no puede hallar reposo en ninguna. Pasaba días
enteros en el lugar mismo donde se le encontró después de la desesperación de Félix, observando el río
con extraviado mirar; y llegada la noche, el rumor de
sus pesados pasos no se detenía nunca ante aquellas
puertas que ninguna mano abría ya. A las altas
horas de la noche oíasele pasear en su habitación,
siempre cerrada con llave; y sus padres, poseídos del
dolor más profundo, no trataban de perturbar aquella soledad. Al pasar por delante de su estancia percibían algunas palabras y á veces gemidos.
De repente, no obstante, notóse en él un gran
cambio: por más que siguiera mostrándose taciturno, entregóse de nuevo con toda regularidad á sus
quehaceres anteriores. Al rayar el día, montaba á
caballo y ocupábase activamente hasta la noche en
sus propiedades. Acompañado del inspector, visitábalo todo, ponía orden donde era necesario y adoptaba para el porvenir medidas que parecían indicar
la intención de ausentarse por largo tiempo. En el
transcurso de una sola semana fué tres veces á Breslau; á la siguiente visitó también esta ciudad, pero
esta vez no volvió. Tres días después, el cochero que
le había conducido regresó con una carta para el anciano conde, carta en la cual Conrado se despedía
de su familia en términos que indicaban la vehemen-

NúMERO

485

cia de su pesar y en la que menudeaban las rPconvenciones incoherentes contra sí mismo por la muerte de su hermano. Decía que desde entonces la existencia era para él una carga apenas tolerable; que no
podía esperar tranquilidad ni alivio mientras permaneciese en los lugares que á cada momento le recordaban la causa de su aflicción, y que por lo tanto
había resuelto marchar á San Petersburgo á fin de
alistarse en el ejército ruso, que se hallaba entonces
en el Cáucaso. Suplicaba á su padre, á su madre y
á J ulieta que perdonasen su memoria en el caso de
que no volvieran á verle.
A la familia no le sorprendió mucho esta resolución ni los términos en que se anunciaba. Comprendía que Conrado no tenía motivo alguno para dirigirse reprensiones; pero la desgracia que acababan
de sufrir era tan imprevista y tan estrechos los lazos
de unión de los dos hermanos, que se podía admitir
que solamente el hecho de haber sido único é impotente espectador de aquella catástrofe acrecentaba
más aún la angustia producida por el recuerdo.
Conrado estuvo cerca de tres años ausente de
Larnstein; sus cartas eran raras y cortas; pero en la
primavera de 18171 su padre recició al fin una muy
larga en que anunciaba su regreso. Cuando la familia penetró en la habitación del anciano conde, halláronle muerto en su sillón con la carta en la mano:
había fallecido sin sufrimiento á consecuencia de un
ataque de apoplejía, y sus ojos estaban suavemente
cerrados, cual si se recreara en la esperanza de la
la vuelta de su hijo.
Conrado, pues, entró como dueño y señor en
Larnstein, donde aún reina.b a el duelo. El paso firme que entonces reson6 en el antiguo salón del castillo era el de un hombre acostumbrado, por la fatigosa vida de los campamentos bárbaros, á sufrir y á
mandar; su elevada estatura comunicábale un aspecto
más digno, que parecía realzar su persona, y por su
vigorosa contextura asemejábase á una estatua de
bronce en que un escultor hubiese encarnado la figura de un semidiós soñado por él. Además observóse
en Conrado como carácter distintivo esa bondad
propia de los hombres que supieron dominar violentas pasiones; que han adquirido por lo mismo confianza en su fuerza, la cual llega á ser su prerrogativa,
y que imponen su autoridad á los demás. Es el atributo de aquellos á quienes toca en suerte una precedencia indiscutible en la gran ceremonia de la vida.
No obstante, el cambio más imprevisto en Conrado era su afán de hablar á menudo y con franqueza
de todo cuanto era más doloroso en los recuerdos de
Julieta y de su madre. Lejos de eludir este asunto,
procuraba que se fijase en él la atención, y hacíale ·
de una manera tan delicada y discreta, que las dos
damas se acostumbraron irresistiblemente á conversar sin reparo de todo cuanto se refería á la muerte
de Félix. Así, poco á poco, bajo la influencia eficaz
de Conrado, estos recuerdos dolorosos se confundieron armoniosamente en el gran cuadro de las cosas
pasadas; conservaban el sello de la melancolía, pero
dejaron de ser tan tristes. Conrado desplegó la más
consumada habilidad en la composición sugestiva de
esta pintura mental, suavizando poco á poco todos
los rasgos algo duros del fondo, dando á veces un
retoque méis vivo en los primeros planos y esforzán✓
dese para disimular cuidadosamente la parte de iniciativa que en esto había tomado.
Los pensamientos de Julieta se habían fijado durante dos años en estos tristes recuerdos, en el continuado silencio de un aislamiento riguroso; pero
comenzaba á comprender el encanto de que se privara tan largo tiempo, es decir, la comunidad de
ideas y el consuelo que proporcionaba interesarse en
las mismas cosas. Conrado se valió de todo su arte
para que considerase el cambio que en ella se operaba como resultado espontáneo de su propia voluntad, y en esta obra de consuelo apelaba á los esfuerzos más infatigables y á la más continua paciencia.
Poco más de un año después de su regreso á
Larnstein, la anciana condesa fué á reunirse con
su esposo y se la enterró junto á éste en el panteón
de la familia. Como J ulieta y Conrado se hallasen
junto á la tumba de su madre común, la muerte, que
reunía de nuevo á los ancianos padres, parecía indicar á los dos jóvenes que solamente su unión les
prese~varía de una soledad insoportable, y J ulieta no
encontró nada que oponer cuando Conrado abogó en
favor de este enlace, no con la pasión de un enamorado, sino con el sentimiento patético de un amigo
fiel á toda prueba. Hizo esta súplica con la abnegación completa del que sacrifica todo deseo personal,
como hombre que renunciaba á toda dicha, cualquiera que fuese, desde el momento en que él no
tenía derecho para esperarla, ni ella podía concederla. Por otra parte, hubiérase dicho que, demostrando la mayor delicadeza, miraba como suyas to-

LA
das las consideraciones de interés exclusivamente
personal que hubieran podido impulsará Julieta á
no rehusar la proposición. Así llegó aquélla inocentemente á considerar como noble deber y santo sacrificio una medida ante la cual hubiera retrocedido
con invencible repugnancia en el caso de basarse en
razones de un orden diferente. En vez de decir:
«Eres huérfana,&gt;&gt;
decía: «Soy huérfano.» Hubiera podido evocar las relaciones que entre
ellos crearon recuerdos comunes del pasado y un mismo
sentimiento por la
pérdida de los que
ya no existían, como
si estas relaciones
hubiesen llegado á
ser por costumbre
necesarias para su
vida; pero no hacía
alusión sino considerándolas cual origen de fuerza vivificante para él mismo.
No obstante, en
el alma de Conrado
no había tanta tranquilidad como pudiera creerse, á j uzgar por el aspecto
exter ior. Hallaremos una indicación
de su estado en el
fragmento siguiente
de una carta de Julieta, escrita unos
meses antes de la
muerte de la anciana condesa y antes
ta m bién de sus
desposorios con el
conde.

este juego; mas por vez primera, parecióme haber
adivinado desde un principio el plan de bataila de
mi adversario y había arreglado mi juego de tal manera que, cuando comprendió el ataque contesté con
una contra jugada que le sorprendió. Durante un momento, hubiérase dicho que había perdido completamente la paciencia y al verle tan excitado, agucé el

ULIETA Á TERESA

(Extracto)

237

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

rado levantó la mano del tablero, y entonces creí por
un instante que la manga de aquél la habría desviado de su sitio; mas como había otras piezas que en
tal caso habrían caído, aún me es imposible explicarme cómo atravesó la mitad del tablero sin que yo lo
notara. De todos modos, no tuve tiempo para profundizar el misterio, pues al volverme hacia Conrado
observé que su rostro estaba lívido, sus
labios cárdenos, y
que su mirada, espantosamente fija,
tenía una expresión
de terror indecible.
Como para aumentar el horror de esta
repentina metamorfosis, mamá., que soñaba durmiendo,
murmuró: «¡Sí, Félix, ya lo sé, ya lo
sé!»
»Quise ayudar á
Conrado, que se levantaba de la silla,
pero rechazóme con
la mano y salió vacilante de la habitación, tocando las
paredes cual si estuviera ciego.
»Por fortuna, mi
madre dormía cuando ocurrió todo esto
y yo no le dije ni
una palabra. Más
tarde preguntéle en
qué soñaba al repetir las palabras que
murmuró; pero me
dijo que lo había
olvidado todo y que
ni siquiera se acordaba de haber soñado.
»No hemos vuelto
á jugar al ajedrez
desde aquella noche, yme parece que
habrá sido la última
partida, pues no me
siento con valor para otra, por lo menos siendo mi competidor Conrado.»

«Comienzo á temer que las fatigas
de su última campaña han producido
.
. .
una gran alteración
En otra carta, esen la salud de Concrita poco más ó
rado, hasta un punmenos hacia la misto que su aspecto
ma época, J ulieta se
habitual y su gran ·
expresa así:
fuerza muscular no
«Temo, querida
permiten reconocer.
Teresa, que ConraH ay momentos en
do trate de ocultarque su rostro parece
me la causa verdaper der completadera de sus mistemente toda la sanriosos acces_os y que
gre; sus ojos están
éstos tengan alguna
á veces fijos y virelación con los tedriosos y sus facciorribles recuerdos
nes se contraen codel 14 de septiemmo por un espasmo
bre.
terrible. Semejantes
»Lo comprendo
ataques, según dice,
muy bien y mi anson efectos ulteriosiedad no es menos
res de una fiebre
angustiosa.
violenta ocasionada
»Por primera vez
por una herida que
en su vida, Conrado
estuvo á punto de
El señor Conrado le suplicaba muy formalmente que se estuviera quieto... {Pág. 236)
parece luchar con
serle fatal. Cree tamla Providencia y se
bién que los remedios vulgares usados por !os cirujanos militares rusos ingettlo ~liante me Íué ~0~1.ble pára_ ~ó~harrestar sus ve obligado á someterse al efecto de una voluntad
han atacado su constitución de una manera más gra- jugadas tal1 audaz y hab1lmente dmg1das. Empeñá- impenetrable que ninguno de los métodos intelectuave que la fiebre misma.
base de tal modo en perseguir mi reina, que le faltó les con que está familiarizado puede permitirle pene» Estos accesos, a un que penosos, no parecen of:ecer sti pt~dertoia habitual1 dejando así en descubierto su trar. ¡Ah, querida amiga! ¡Sin la fe en el amor de Dios,
peligro; pero jamás olvidaré la noche en que v1 por r~y. Sm erribatgo, al fin le oí excl_amat: «¡Ahora, Ju- qué espantosas serían las pruebas de su poder! Sé
primera vez una de esas crisis.
lleta, ya no te escapas!» Al decrr esto, hizo con su que está en la naturaleza del carácter de Conrado
»Conrado y yo jugábamos al ajedrez, y mamá dor- caballo una sabia jugada, precisamente cuando yo considerarse como responsable del mal éxito de sus
mitaba en su sillón cerca del fuego; era noche de pensaba darle jaque mate. Me enojó esto de tal ma- esfuerzos para salvar al hombre amado que he perdimucho viento, por lo cual oíamos de continuo rechi- nera, que estuve á punto de hacer rodar las piezas; do, pues su conciencia es de las más susceptibles y
nar las puertas en las habitaciones vacías del piso pero de improviso y como por encanto, el aspecto de él mismo se juzga muy severamente; pero no es relisuperior, y en toda la casa resonaban extraños rumo- 1~ partida pareció cambiar c?mpletamente: una sola gioso, ó por lo menos, no en el sentido que nosotros
res y como gemidos, mientras las hojas secas, arre- pieza había efectuado este milagro. Un~ torre que yo damos á esta palabra. Su carácter elevado en todas
molinadas por el cierzo de otoño, chocaban contra creía haber guardado como r_eserva, bien protegida las cosas, no tiene la sencillez confiada y la sumisión
los cristales, produciendo incesante mur~ullo. Con- en un ~n~ulo del campo ener~ugo, hallábase entonces de un niño.
rado inútil me parece decirlo es gran Jugador de en pos1c1ón más avanzada, Jaqueando el rey de mi
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
ajed;ez y en cambio yo no entiendo gran cosa en competidor. Yo no observé esta torre hasta que Con•
(Continuará)

.

l

. .

.

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

SECCIÓN CIENTÍFICA

LA MEDICIÓN ELÉCTRICA INDUSTRIAL
11' D!l:ADO RES DE CORRl~:NTF.

Mientras en el viejo continente y á consecuencia de
la escasez de ganado la carne es un artículo de lujo
Fuera de la telegrafía, y eR particular de la subque no está, como debiera, al alcance de todas las marina, que no existiría sin la medida y el cálculo,
bocas, en los países del nuevo mundo poco pobla- apenas hace una docena de años que la medición
dos, como la República Argentina, los vastos espa- eléctrica ha sido introducida en la industria eléctrica,

Llegada á Dunkerque, el 18 de enero de 189r, del buque inglés B ellendm conduciendo 90 bueyes procedentes
de la República Argentina

cios ocupados ofrecen inmenso campo á la ganadería,
excediendo allí en mucho la producción al consumo.
Por esta razón, desde hace mucho tiempo se trata de
abrir en Europa un mercado á los ganaderos de estos países y de otros que en análogas circunstancias
se encuentran.
¿Pero cómo salvar los inconvenientes de una larga
travesía por mar? Prescindiendo de los sistemas ensayados para el transporte de la carne en conserva,
que no siempre llega fresca y nunca con todos sus
principios nutritivos, y del extracto de carne, de empleo muy limitado, hay otro que consiste en importar las carnes despedazadas y conservadas en hielo,
y que hoy constituye una industria muy próspera hasta el punto de que en 1888 sólo en el puerto de Dunkerque entraron 36.014 kilogramos de carneros helados; en 1889, 120. 130, y en 1890, 332.500. Pero las
carnes así conservadas no gustan á todos, por lo que
se pensó en traer vivas las reses.
A este fin, en 1889 un catalán, D. Antonio Voltor
y Climent, hizo una prueba bajo los auspicios de la
Sociedad rural argentina, enviando desde Buenos
Aires á Barcelona diez novillos que fueron alimentados durante el viaje con una pasta de harina y un
poco de forraje adicionados con una preparación
contra el mareo, y de los cuales llegaron felizmente
ocho, cinco de ellos con aumento de peso.
En vista de este éxito, Inglaterra comenzó á utilizar este sistema de transporte, y el cónsul de la República Argentina en Dunkerque ha inducido á la
Sociedad argentina exportadora de ganados á seguir
este ejemplo, de modo que desde septiembre de
1890 á enero de 1891 llegaron á dicho puerto 397
bueyes y 3. 118 carneros vivos.
.
La instalación á bordo está claramente indicada
en nuestro grabado; hay que consignar, empero, que
sólo el vapor inglés Bellenden se ha aventurado á hacerla sobre el puente, y á pesar del frío excepcional
que hacía cuando los bueyes llegaron á Francia, las
pérdidas fueron muy pocas.
El éxito es, pues, completo: en los tres últimos vapores llegados á Dunkerque, de 19'7 bueyes importados, sólo murieron 17, es decir, menos del 9 por
100. Los ingleses hacen ya este comercio en grande escala, importando bueyes de Nueva York. La República Argentina habrá por fin encontrado un medio de utilizar sus inmensos rebaños, y las clases pobres de Europa podrán proporcionarse carne fresca
y buena á poco precio, que bien lo necesitan en estos tiempos en que la crisis económica coincide con
el alza de los artículos de mayor ó más necesario
consumo.

contribuyendo en gran parte al desarrollo de ésta. A
los delicados y cortos aparatos del principio han sucedido instrumentos sencillos, fuertes, de lectura directa y baratos, cuyo empleo se impone aun en las
instalaciones más pequeñas.
En las obras de electricidad publicadas hace sólo
quince años, casi invariablemente se encuentran
en ellas medidas las intensidades de corriente por.
grados de desviación del galvanómetro usado por
el . experimentador, sin otra indicación que permita
tener una idea, siquiera aproximada, de lo que podía
ser esta intensidad relacionada con unidades cuyo
conocimiento estaba entonces reservado á unos pocos
privilegiados.
Un primer progreso, debido á sir Guillermo Thomson, consistió en sustituir el campo magnético variable con el incomparablemente más constante y más
intenso producido por un imán permanente. Por d,esgracia, hasta el presente los imanes permanentes se
debilitan más 6 menos con el tiempo y los aparatos
en que se emplean necesitan rectificaciones periódicas para compensar su tendencia á avanzar, nacida de
la debilitación del imán.
Este inconveniente se ha salvado equilibrando la
acción electromagnética variable con la intensidad

NúMERO

485

NúMERO

permanente, reemplazado por la gravedad como acción antagónica.
Dos de los principales instrumentos basados en
este principio son el de Mr. Elihu Thomson y el de
M. Bergmann. El primero (fig. 1), empleado principalmente en América, se funda en el sencillo principio de que un pedazo de hierro dulce colocado en
un campo magnétic0 no homogéneo tiende por sí
mismo á situarse en la parte donde el campo es más
intenso, si no está sometido á una fuerza antagónica
que á este cambio de lugar se oponga. Sabido es,
además, que el &lt;;ampo magnético producido por un
carrete anular atravesado por una corriente coristante
es más intenso en los bordes que en el centro del
carrete, en donde está su valor mínimo.
Esto sentado, imaginemos dos carretes de eje horizontal atravesados por la corriente que haya de medirse y montados como indica la fig. r. El borde de
cada uno está ceñido por una tira de hierro dulce en
forma de U: estas dos tiras de hierro diametralmente
opuestas están montadas en un eje común excéntrico
con relación al de los carretes. Cuando no circula la
corriente, las dos piezas en U están bastante apartadas del borde de los carretes, manteniéndose en equilibrio por la acción de un contrapeso: si la corriente
circula por los carretes, aquéllas son atraídas á la periferia interior de éstos, á los que ciñen y tienden á
hacer girar alrededor del eje común, y toman una
posición de equilibrio dado por una corriente dada,
cuando el par electromagnético ejercido por los carretes sobre las armaduras de hierro dulce equilibra
el par ejercido por la gravedad sobre el contrapeso
fijado en el eje de los carretes. Un aparato así construido tomará siempre la misma posición y dará siempre la misma indicación cuando lo atraviese una corriente de igual intensidad. En el círculo dividido se
ve que los cambios de sitio para una variación de
corriente dada varían mucho con la potencia de la
corriente que haya de medirse, lo que permite dar el
máximo de sensibilidad en las proximidades de las
intensidades que interesa conocer con exactitud.
El indicador Bergmann (fig. 2) es un aparato análogo en principio al anterior y se emplea en las distribuciones del sistema Edisson en América: la armadura está sustituída en él por una delgada barrita de
hierro dulce en forma de arco de círculo, que tiene
por centro un punto de un eje horizontal, ácuyo alrededor gira. La corriente que ha de medirse atraviesa
un solenoide, cuya directriz es también un arco de
círculo con el mismo centro que la barrita: en su posición normal ésta está fuera del solenoide y la aguja
indicadora marca cero. Cuando una corriente cruza
por el aparato, el núcleo tiende á penetrar en el sole-·
noide, región en donde el campo magnético es más
intenso, correspondiendo cada posición de equilibrio
á una intensidad dada que indica la aguja en una división graduada colocada en la parte inferior.
El inconveniente más grave de estos aparatos es
que no siguen las variaciones de corriente en el momento mismo en que se producen y que oscilan algún
tiempo alrededor de su posición de equilibrio antes

485

2 39

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LOS

QUE TENGAN

TOS

sana, hermosa, fuerte

ya sea catarral ó de constipado, seca, nerviosa, ronca, fatigosa, etc., etc.,
bronquial ó pulmonar, por fuerte y crónica que sea, hallarán el alivio
inmediato tomando la PASTA PECTORAL INFALIBLE del
Dr. ANDREU de Barcelona.
Son tan rápidos y seguros los efectos de estas pastillas, que casi
siempre desaparece la tos por completo al terminar la primera caja.

. Los que tengan también ASMA 6 SOFOCACIÓN
usen los cigarrillos balsámicos y los papeles azoados
del mis_mo autor, qu~ la calm_an instantáneamente

TENER LA

ACREDITADOS

!

y no padecer dolores de muelas, usen el ELIXIR GUTLE
ó MENTHOLINA que prepara el Dr. ANDREU de Barcelona.
Su olor y sabor son tan exquisitos y agradables, que además de u
poderoso remedio, es articulo de recreo é higiene, porque deja 1
boca fresca y perfumada por mucho tiempo .

r----.--~-S-E---.
P OA N

LA MENTHOLINA en polvo aumenta la blancura
y belleza de los ~ientes.
.

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILUB J POLVOS
El Jat'abe de Pierre Lamo11roux es
el Pectoral por excelencia
como edulcotante de las tisanas, á
la, cuak, comunica su gusto agra•
dable y n•s ptopiedadea calmantes.

PATERSON
• IIIIIUTBO 1 M.llllflSl.l

1111

_,ra lu

.IJMoioDN 411

l/ilt6,

~ .A.oedlaa, T6mltoe, Sru&amp;oa, 'T ~
ng,a1arlaD 1u hzaoloua ul El\6mago.,
Joe IMwll.Doe.

«,

(Gaceta de los Hospllalea)

f:1oe

maeo, l"alw •• ApeUw, Dla..UODW lüoln,tr • ti rtt•lt • ,,.. d• , .

~uerldo enfermo. -Flese Vd. Ami /arfa uper/enc/a,
'1 hata u10 de nuutro1 GRANOS de SALUD, pu81 e//OI
/e curarfn de 1u con1t1p1c/on, le darfn apetito 1 lt
dtro/rerAn e/ 1ueño 1 la alegria. - At1 ,irirA Vd.
muoho1 año1, d11frutando 11empre de una buena 1alud.

,Aroo.

&amp;C. DZ'l'IUM, Fanuoeutloo 1111 PAJlD

Dep61ilo Ctaeral: .45, talle Tmilllera, 45, PWS
Se rende en toda, /u buena, farmao/a,,

as,
Rue SIROP «• fOR"EJIBIIIE~TDUI,
rlvlenn•
Dttt•
a
~!~

cr:~•.

11

EBTREÑJ:1\1.1:J:ENTO

11 Afeedonu
CUBACION

.... IOII 811 OOIIHOHllcla

mninmi «e1

~",i,~

\1' l\¡\)

1 oU~
\\)'1\\~~
soU'-'ª o,
l~ 1 , \-•
~

~ \ \\\

CLORÓSIS. -

&amp;u,to

oE.\. O

,tradab/e 1 que

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Profo-Iodu.i-o da Hierro u ti repaz,ador de la •aD1Jre,
el torfillcanfe y el microbicida por excelencia.
11Jarabe1 lu Grajea■ coa proto-!odll!O fe Mrm teF. Gllle,

,udmlnlatra fao/lmente

El traaco conUtne w,u 20 D611a
PAlUS, 6, A.,.,.,uViclOri4,y F""""""-

no po&lt;lna" 11r &lt;Um&lt;Jn4do "'OOfflffldodol ffl ,...,6,, d4 "' ,l'WrtJG q,,lmlca, d4
inall,,...btlido" 11 cú ,u , olul&gt;illdad con,ta,ilc1,
(Oac,ta d1 1o1 Bo,JJitale,).

11,

DBPdelTO GENII\AL: 46, Rue Vauvtlllers, PARIS. Dtpósito en todu lu J&amp;IC&amp;l!U.

~,o

.

ilf.i9ADESdeIE8T04t

\t\i

--n-

.

..

.
~

.

.

..

.

-

,

.

GOTA
Y REUMATISMOS
' por el LICOR
y
PILDORAS del
::c...av:llle:

Pepsina Boudault

,,,. 1 mnd•la ... •P•, flllpa
AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
ARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

Aprobada por la füD&amp;IIA DE IEDICl!IA

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EH 1856
Medallu en Ju Expotlclont1 lolernaelonalo■ de

eOfaC(0D

1&amp;s

X&gt;•

DWCOJhe emplea en e/ e,tado afudo¡ laa PILDOJL&amp;S,en e/ eatado ordn/oo.

Por layar: F, COMAR, 28, ne Saint-Claade, PA.RIS ,.-;.

~

,

Tpl.&amp; u t.4u lu hmdu J l!tperi11.-lllllelt cnlil a ltl.kla a,iicalltt.~ ~ ~ - : : ,
~~ICESTESTAfllMA1

½¾,~-~

P.lBJS • LYOH • VIENA • PHILADELPHU - PARIS
1867

~

18i3

1876

1&amp; UPLl.l CON IL MATO&amp; tllTO

1178

n U.

SOCIEDAD

DISPEPSIAS
CASTRITIS - OASTRALOtAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
y OTaOt DBIOIUIINII Da Li l&gt;IOIITIOW

DUO LA FORMA DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · , de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PWS, Pharmacie COLLAS, 8, rue Daapblne
Fig. 1. Indicador de corriente de M. Elihu Thomson

Fig. 2 . Indicador de corriente de M. Bergmann

de la corriente por una fuerza constante: la gravedad. de detenerse en ella, pero este inconveniente está
En la mayoría de los galvanómetros industriales, compensado en la práctica por la permanencia de sus
6, hablando con más exactitud, en la mayoría de los indicaciones.
indicadores de corriente hoy usados, desaparece el imán
(De La Nature)

r ,.,, la, J&gt;f'Í"clrta~I fal'ffl•c'41,

JARABE

•• Fomento
e,N1dall1

' ,,,,,o.

LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA
6,

iO céntimo • de peseta la
entrega de 1.6 páginas

Se Cll'flill pro1pect01 A1lllen lo, lOliáte
ilrigibidose i 101 Sra. lioatuer y Si.m6a, ciitora

v~PASTA

de H. AUBERQIER

Pl\lllllO
• • 2000 ti'.

OOI ~ (J1p IIOIIUI di Ltoblll)

.Aprobado• por la A.oademla de Jiled1ol.Da de Pa,ú 4 wenadoe en la oleooi6n
Ol1oJal de .F6rmalae LegalN por deQreCo IDblt.lerial de 1 O de Ma,•o de 1864,
e

una completa lnllocllldad, una' -elicael&amp; perfectamente comprobada en el Catarro

ª"""

eJ1(6mifco, las BrOftqum,. catarro,, Rnma,, ro,,
é ,mtadOft de la rarganta, han
(!&amp;ngeado al JAIU.'BE y PASTA de AUBERGIEI\ tlJla Inmensa fama, •
(Bstraclo ,1,1 Fo11111ulario MUico dtl S" Bouolar,ar Hlltlrcllico ü la Faoul14d u Jledicin1 (fft 1dici6n),
Venta por mayor : COJIIAR T e-, ts, ca.ue de St:-Claude, PARIS
DEPÓSITO EN LAS PIUNCIP.lLE9 BOTICAS

• destruye huta lu IIAIOIES el VaLLO del rostro de las damu (Barba, Bt«ote, ete.l. slo
lllll(IID pd!rro p&amp;ra el cotil. SO Año■ do :á:itlto,ymlllrm de le1Umonlo11garantiia_n la eficacia
de e.sta prepamion, (Se ,ende en oaju, gm la barba, y en 1/2 oa)u para el blgole hcero). Para
101 bra111, emplwe el ¡&gt;lLJ t' o 11.E, DV&amp;SJ!JR, i , rue J ,.J ,-Rou■eeau, Paria-

PITE EPIUTOIRE DUSSER
,

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

485

nndisimas consideraciones sobre la producción agrícola, el
trabajo industrial,
las obras públicas y
en suma sobre cuanto constituye la riqueza de los estados,
señalando las de fi •
ciencias en unos puntos, l os errores en
otros y los remedios
que , para suplir
aquéllas y enmendar
éstos, le sugiere un
espíritu que bien po·
demos calificar de
genial y de eminentemente práctico.
Y no es solamente
lo que toca á los intereres materiales lo
que atrae la atención y motiva el estudio del Sr. Camacho: los intereses
morales hanle inspirado también belHsimos párrafos como
el último de su libro
consagradoal pueblo
de los Estados Unidos,quediceasi: «El
carácter americano
necesita equilibrio
entre las ideas individualista y na ci onal, fuertemente
desarrolladas, y la
idea de colectividad
de la especie que á
las veces a parece
obscurecida antre las
nieblas. El egoísmo
es pequeño; sólo es
grande y durable lo
que abarca la humanidad entera. De las
479)
riquezas materiales
sólo suele quedar el
testimonio de las
ruinas; de la grandeta moral de un pueblo sobreviene una fulguración luminosa á través de los siglos, que sirve &lt;le fanal á
las generaciones sin cuento. El pueblo americano tiene que
fundar sus títulos al respeto de la historia, no sólo en la acumulación de los millones, sino en la acumulación de los actos de desprendimiento, abnegación y justicia en favor de la humanidad.

L!Bl\OS l NVIADOS
Á E STA REDACCIÓN

por utores 6 tdit1res
NOTAS DE VIAJE
(COLOMBIA Y ESTA·
DO S UNIDO S DE
AMÉRICA), por don

Salvador Camacho
Rotdiin, de Bogotá,
- Tras algunas consideraciones acerca
del motivo que le impulsa á escribir sus
Notas de viaje y de
la insuficiencia de las
fuentes de información á que acudió
para realizar tal propósito, dice el Sr. Camacho en el prólogo
de su libro: cCon tan
escasos elementos, ¿á
qué fin escribir estos
recuerdos? se preguntará, y la respuesta, á la verdad, no
deja de ser embarazosa. Mi objeto es,
sin embargo, abrir el
camino á otros que
con mejores medios
de instrucción quieran atreverse á seguir mi ejemplo presentando á nuestros
conciudadanos, desde el punto de vista
de nuestras ideas na•
cionales, en trabajos
mejor elaborados, el
espectáculo de pueblos d istintos del
nuestro.&gt;
Después de leida
la obra, fácil es com•
ESTU DIO DEL PINTOR LUIS BRAUN (Véase el artículo_en el número
prender que sólo un
exces:&gt; de modestia
pudo dictar tales palabras. Si el espacio de que disponemos lo consintiera, con s6lo describe lugares y hechos dándoles todo el relieve que la plumn
reproducir el indice de las materias en ella tratadas, se de- consiente, no se limita 6. ser narrador fiel y naturalista de lo
mostrarfa que las Notas de viaje son algo más que meras im- que en sus viajes pudo herir su vista ó su imaginación, sino que,
presiones de un turista consignadas á la buena de Dios y amon- observador profundo, estudia concieniudamente los pueblos y
tonadas sin plan meditado y sin deducción de enseñanza alguna. los palses recorridos, y al interés puramente pintoresco del re•
En efecto; el Sr. Camacho, que en llano y castizo lenguaje lato préstale importancia no pequeña, menudeando en éste ati-

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61. París.-La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y C.•, Diputación, 358, Barcelona

Jarabe Laroze

Lu

Pel'SO!lu qu conocen fu

PILDORAS~~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

,

Desde hace ~as de 40 años, el ~arabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curac1on de las gastritis, gastraljias dolorfl■
Y re~ortitones de estómago, estreñimientos rebeldes, pari facilitar
la ~ges~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los mt.estmos.
JARA.BE

a1Bro:muro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es ~l re~edio. mas_ eficaz par~ com~tir las enfeJ'!lled~des del corazon,
la ep1lepS1a, histéna, migrana, baile de S••V1to, insomnios, convulsiones y tos de los nillos durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones: J.-P. LAROZE

DE PARIS

no ti_tubean en purgarse, cuando lo
nec~51tan. No temen el asco ni el cauJªn~io, porque, contra lo que sucede con
~s emas purgantes, este no obra bien
BlDO c_
uando se toma con buenos alimentos
Ybebidastort.ificantes, cual el vino, el cafiJ,
el té. Cada cual escoge para purgarse la
hora Y la comida iue 'mas Je convienén
seuun sus ocupaciones. Como el causSD'
cio que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada uno
se decide lllcilmente á voivér
11 empeurcuantas veces
sea Decesario.

!, me des Lions-SI-Paol, aParia.

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriaa

Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afecciones del pecho,

Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriado■ , Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicoS' de París.

Quedan reservados los derechos de propie&lt;lad artistica y literaria
lMl', DB MONTANKR Y SIMÓN

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46538">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46540">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46541">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46542">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46543">
              <text>485</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46544">
              <text> Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46545">
              <text>13</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46561">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46539">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 485, Abril 13</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46546">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46547">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46548">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46549">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46550">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46551">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46552">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46553">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46554">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46555">
                <text>1891-04-13</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46556">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46557">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46558">
                <text>2011648</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46559">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46560">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46562">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46563">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46564">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="707">
        <name>Arte</name>
      </tag>
      <tag tagId="7358">
        <name>El anillo de Amasis</name>
      </tag>
      <tag tagId="7365">
        <name>El Palacio de los Reyes de Aragón</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7363">
        <name>Industria moderna</name>
      </tag>
      <tag tagId="7345">
        <name>Lord Lytton</name>
      </tag>
      <tag tagId="7366">
        <name>Medición eléctrica industrial</name>
      </tag>
      <tag tagId="7364">
        <name>Muerte</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1767" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="645">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1767/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._486._Abril._0002011655.ocr.pdf</src>
        <authentication>04a9593e1c8e3c225d1774423cf4fa3c</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73938">
                    <text>1siderala procola, el
strial,
&gt;licas y
e cuan: la ristados,
s delios pun&gt;res en
medios
suplir
nendar
ere un
ien po:ar de
minen:ico.
1mente
los inialeslo
atenL el esCama:reses
inspibellí: como
~ libro
pueblo
s Unisí: «El
ricano
librio
; indiacio1ente
y la
ividad
que á
arecc
.tre las
·oísmo
Slo es
ble lo
lmmaDe las
:riales
dar el
~ las

ia

~tft&amp;C10t)

Ftí~t1ea
ARO X

BARCELONA

20

DE ABRIL DE 1891

~,- -- - - - - -

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

ful-

ana! á
e que
cumule des1idad.

;in

)D

!D

os

lt!,

la

fa

DON JAIME EL CONQUISTADOR, busto en barro cocido de Rafael Atché
(Exposición de Bellas Artes de Barcelona)

. ,

�'I
LA

'l

11

NúMERO

486

del adorno árabe. Lo mismo en las obras de decora- mas y de colores se refiere quizá á reglas misterioción arquitectónica que en los productos industriales sas, á una especie de ritual perpetuado á través de
Texto. -La ornamentacióti m las artes del extremo Oriente y sean de la índole que quieran la forma general está las edades.
de la América precolombia11a. l . Arte indio. II. Arte c/iino. tratada cuidadosamente. La ausencia de todo adorno
III. Arte japonls. IV. Las artes en la América ptecolombia, superfluo, la división y subdivisión de las líneas geIII
na, por José Ramón Mélida. - El 1111dico m los desafíos, por
nerales,
se
encuentra
en
lo
indio
como
en
lo
árabe,
Federico Montaldo. -Los pantalones, por F. Moreno Go&lt;liARTE JAPONÉS
no. - SECCIÓN AMERICANA: Leoncio Prado ( Perfiles perua· sin más diferencia que la expresión individual de los
nos), por Eva Canel. - N11estros grabados. - El a,iil/o de estilos. El estilo árabe-persa se manifiesta más gracioAmasis (conclusión). Novela original de lord Lytton, ilus- so y menos convencional que el árabe español, sin
El arte japonés tiene su origen en el chino, con el
trada por A. Besnard, traducción de Enrique de Verneuill.
que guarda semejanza. Sin embargo, le caracteriza
-SECCIÓN CIENTÍFICA: Buque divisible en los partes. - [j,, duda porque la influencia persa fué más direcfa que
n11evo ó11q11e eléctrico. - Una observación sobre un cuadro de la árabe. Entre los caracteres de la ornamentación un individualismo, una originalidad, un buen gusto,
Rafael.-Un hallazgo curioso.
índica señala Racinet la continuidad y la plenitud que que le hace infinitamente superior al arte chino. El
campean en la superficie decorada y se manifiestan chino es un artífice que ejecuta el arte como un ofiGr!!-bados.-Don faime el Conq1,istador, busto en barrocoen
una profusión de motivos semejantes, ligados por cio y por rutina; el japonés es un genio que produce
odo de Rafael Atché (Exposición de Bellas Artes de Barcel~na). -tl:liilrfana!, cuadro de Ricardo Brugada (Exposi- el tono del fondo, algunas veces claro, pero vivo; pues el arte con la originalidad y el esfuerzo propios del
ción Parés.)-Futuros lobos 111an·11os, cuadro de D. José Fe· el fondo es el principal agente que contribuye al efecto que ante todo huye de la imitación. Además, el gran
rrer y Pallejá. - /oven argelina, cuadro de D. Ramón Tus- del conjunto. Todo el atractivo de los motivos orna- secreto en que estriba el mérito principal del arte jaquets (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). mentales indo-persas consiste en la viveza y acertada ponés es que, á pesar de haberle informado las traf:a estatua de Marat, del escultor Baffier, recientemente retirada del parque de Montsouris, París. - Plática de coma- combinación de los col01es, sin producir efectos chi- diciones chinas, supo desde luego estudiar directadre~, _cuadro de F. du Puigaudeau, grabado por Baude (Ex- llones ni conjuntos abigarrados; lo cual unido á la mente la Natura:leza é interpretarla de un modo oripos1c1ón del Campo de Marte, París). -Entre flores, cuadro manera ya indicada de distribuir y ligar los motivos ginal, elegante, grandioso y decorativo. Ninguno de
de E. Tondouze, grabado por Baude (Salón de París). - Fi·
los convencionalismos que se observan en el arte
g~ra I. Lanzamiento del buque americano divisible en dos ornamentales, da á la decoración una riqueza y un rejaponés
contradice á la Naturaleza Pero conviene
poso
que
producen
en
el
ánimo
del
espectador
una
mitades en los astilleros de Buffalo. - Fig. 2. Travesía del
decir, antes de pasar adelante, que en los productos
buque, después de desmontado, por el lago O'ntario. - Estu- sensación agradable.
d~o del pintor Edmtmdo Harburger. (Véase el artículo EstuLos motivos usuales consisten en trazados curvi- japoneses el simple ornato tiene escasa importancia,
dios de algunos clleóres pintores, publicado en el núm 479.1
líneos semejantes á los del arte persa y en flores que al paso que la tienen muy grande las figuras. Las
aunque tratadas de una manera convencional se acer- porcelanas, los bronces, las telas y demás productos
can bastante á la imitación de la Naturaleza. Además, japoneses son muy decorativos por el efecto de conLA ORN AMENTAClON
la tentativa de copiar el claro-obscuro se manifiesta junto, pero hay en ello~ pocos ornatos propiamente
por medio de la degradación de tonos en telas y pin- dichos. Ningún motivo nuevo fuera de los indicados
EN LAS ARTES DEL EXTREMO-ORIENTE Y DE LA
turas y también en los damasquinados. Uno de los en el arte chino se encuentra en el japonés; pero
AMÉRICA PRECOLOMBIANA
motivos ornamentales más característico y más fre- en éste están ejecutados con mejor gusto, y los colocuente en las telas labradas es la palma interpretada res, siendo vivísimos y ofreciéndose en las combinaLa India, la China y el Jap6n forman una serie á modo de hoja puntiaguda, que cuando aparece sin ciones más originales, nunca resultan abigarrados ni
aparte en el proceso histórico de las artes. Las analo- tallo tiene forma de piña.
chillones. La fantasía japonesa es infinitamente sugías de los monumentos y de los productos indusperior á la china; lo cual unido á la superioridad del
triales de esos tres pueblos lo declaran con harta
dibujo y al buen gusto y habilidad para componer,
II
claridad al propio tiempo que las tradiciones históda felicísimos resultados. Los seres quiméricos, antes
ricas.
indicados como elementos de exornación, son en lo
ARTE CHINO
Recientes descubrimientos parecen indicar, por
japonés mucho más bellos, originales y decorativos
oka parte, que en la América precolombiana se dejó
Los monumentos más antiguos del arte chino con- que en lo chino.
~~ntir una influencia búdica y los monumentos me- sisten en unos vasos de bronce que se conservan en
Una particularidad singularísima se observa en el
Jicanos y del Yucatán ofrecen semejanzas decorativas el Museo imperial de Pekín y que corresponden á arte japonés: el decorador huye de la simetría; de
y ornamentales con los de la India y la China.
las dinastías segunda y tercera, cuya antigüedad se tal manera, que para decorar un plato ó una superfieleva á los siglos xvm á xm antes de J.C. Los ador- cie cualquiera reparte caprichosamente, y como al
I
nos de estos vasos de tan remota antigüedad, reve- azar, motivos desemejantes, tales como una cartela
lan un arte que ha pasado del período rudimentario y un círculo superpuesto y en otro lado un abanico
ARTE INDIO
ó de infancia, pues presenta ya los caracteres que se y un dragón. A veces emplean la escritura mezclada
han perpetuado en el arte. Durante el período de si- con los ornatos, aunque no como lo hicieron los egipE~ e~ ~rte indio hay que distinguir dos períodos: glos en que se ha desarrollado el proceso de aquella cios y los árabes, es decir, que no la emplean como
el pnm~ttvo, que parece acut6ctono, y otro en que civilización se observan algunas influencias de la In- elemento decorativo. En lo japonés resulta casual el
se mamfiesta una influencia árabe persa. Indicos dia y del Japón.
efecto decorativo, por razón de la forma misma de los
pueden ll~marse, con toda propiedad, los monumenEl arte chino es sumamente fantástico y variado, caracteres. La interpretación de las flores, del m·ar y
tos del pnmer período; indo-persas deben llamarse y no parece que haya habido en él otra tendencia de las nubes suele ser fantástica y originalísima, pues
los del segundo.
que la reproducción incesante de los mismos tipos estos elementos suelen estar tratados á modo de orLos monumentos de estilo índico fueron construí- tradicionales. El sistema decorativo chino adolece natos ondulados que recuerdan las ondas griegas.
dos en los primeros siglos de la Era cristiana. Mu- de falta de orden y de plan; pero está tratado con
En suma, el adorno japonés no obedece á reglas
chos de ellos están cavados y tallados en las rocas· fantasía; la variedad de colores es muy rica y la vive- fijas, sino al instinto decorador y á la fecunda origiotros están construídos; y todos ellos revelan que su~ za de tonos presta poderoso encanto á las composi- nalidad de aquellos singulares artistas.
autores poseían grande instinto decorativo. Su orna- ciones decorativas. Carece de grandiosidad á pesar
mentacién se manifiesta en fajas de menuda labor ó del modo fantástico como están tratados los motivos
IV
~e figuras decorativas, de hombres y de animales que ornamentales. Es menester no olvidar que los chinos
s1r~en de telamones, produciendo un conjunto rico ignoran las leyes de la perspectiva y que desconoLAS ARTES EN LA AMÉRICA PRECOLOMBIANA
afiligranado y profuso de detalles, que da idea de cen el modo de emplear las sombras y el claro-obsla afición de los indios á la exornación.
Dejando á un lado la trascedental cuestión del
curo.
Los rasgos característicos de las construcciones InLa índole especial de la arquitectura china, poco origen de los antiguos pueblos, cuya civilización se
dicas pueden apreciarse, no sólo en los monumentos monumental, ha sido causa de que la ornamentación reconoce en las ruinas de palacios, templos y sepulsino en la importante obra del arquitecto indio Ra~ se manifieste con mayor importancia en los produc- turas de Méjico, Yucatán, Perú, etc., creemos oporRaz, obra técnica que contiene las reglas para la tos industriales, debiendo estudiarse por consiguien- tuno decir que la ornamentación americana no debe
construcción de edificios. El sistema decorativo con- te en las porcelanas, lacas, telas y pinturas.
incluirse, como quiere Racinet, entre las artes primisiste, para las fachadas, portadas de templos cavados
Desde luego, él chino decorador tiene más ins- tivas ó rudimentarias, pues los constructores de los
en roca,. cúpulas, etc., en frisos historiados y moldu- tinto de la combinación de colores que de la distri- monumentos á que acabamos de referirnos no estaras corridas superpuestas. Ram Raz indica en su bución de intervalos y ponderación de masas.
ban en el estado de atraso en que hoy se hallan los
obra las diferentes proporciones (\Ue debían darse á
Los ornatos chinos consisten en sencillas combi- indios en Nueva Guinea, Nueva Zelanda, etc. No
cada moldura, porque según él el mérito de un mo- naciones geométricas formando cuadrados, exágonos, sólo los monumentos, sino los productos industriales,
numento dependía de la perfección con que se efec- ajedrezados, circunvoluciones, etc. Entre esta serie especialmente cerámicos, muchos de ellos recogidos
tuasen las transiciones de unas molduras á otras. de ornatos llama desde luego la atención la presen- en las lzuacas ó sepulturas peruanas, demuestran que
También eKpone las reglas que debían observarse cia del meandro ó greca, tal como la vemos empleada los ornatos americanos responden á un sistema deco·
para la construcción y para conseguir la diminución en la ornamentación clásica. Otro elemento impor- rativo de que sólo podía ser dueño un pueblo tan adede las columnas en el sentido de su altura.
tante son las flores, interpretadas de un modo con- lantado en la cultura y en las artes como lo estuvo
~l. adorno debió tener cierto carácter tradicional y vencional aunque participan algo de la tendencia na- la Asiria en la antigüedad y hoy lo está la China.
rehg1oso, pues Ram Raz cita libros sagrados en que turalista indicada á propósito de los estilos índico é
La decoración arquitectónica consiste principalse encontraban muchos preceptos referentes al modo indo-persa. También emplean como elemento deco- mente en trazados geométricos esculpidos en relieve
de adornar los diversos miembros arquitectónicos con rativo cierto número de figuras consagradas, que tie- ó en hueco, repartidos en frisos ·y recuadros que culo~os ypedrerías, elementos que parecen ser los tipos nen por lo común una expresión simbólica. La imagi- bren por completo los grandes entablamentos de
pnnc1pales de la decoración de molduras.
nación china se acomodó muy bien á representar estos aquellas construcciones, acusando el recuerdo de la
En algún monumento, como la estatua represen- dragones, monstruos, etc., como el perro de Fó ó construcción de madera ó ensamblado. Los dinteles
tando á Surga ó el Sol que conserva la Asiatic Soéie- Buda, que es una especie de león con agudos dien- de las puertas afectan forma de trapecio, cuyo lado
ty y que corresponde á una época comprendida entre tes y afiladas uñas, el caballo sagrado, el Ji'ong-Hoang, mayor está arriba; pero este trapecio está formado
los siglos
v y IX de la Era Cristiana. , se ven adornos pájaro singular y quimérico, y el ciervo blanco, la por una serie de frisos superpuestos sobre los cuales
.
preciosamente ejecutados que revelan una influen- grulla, el pato mandarín y otras figuras. Racinet en- campea a:gún mascarón.
cia griega.
tiende que la inmutabilidad de procedimiento y fideLa ornamentación americana, como la china y la
El segundo estilo indio, ó sea el que tiene por ca- lidad de copia en las figuras puede ser efecto de japonesa, es geométrica, El meandro ó greca y la cerácter distintivo la influencia á.rabe-oersa, ofrece un un instinto esencialmente imitativo y· tradicional del losía ó enrejado en diagonal son los elementos prinsistema ornamental en el que se observan todas las pueblo chino, y que la fidelidad en la observación cipales. Tanto en !ns entablamentos y aun zócalos
leyes de la distribución de la forma, expuestas al hablar de los mismos procedimientos y el empleo de for- exteriores como en los paramentos interiores de los
SUMARIO

1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N úMERO

486

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

que la componen, está sujeta á las leyes
edificios, campean los meandros, desarrode la herencia, y no hay que llegar con
llándose en fajas ó series horizontales, por
Ibsen al infierno de Los aparecidos, ni con
lo común superpuestos, con ligeras varianDaudet al purgatorio de El obstáculo, pates de unas series á otras. Cual si fueran
ra tropezar con manifestaciones de ella á
una amalgama de los dos ornatos griegos
cada paso que damos en el camino de la
el meandro y la onda, los meandros amevida. El duelo aparece como enfermedad
ricanos forman la solución de continuidad
social, epidémica y contagiosa en la Edad
por medio de una linea escalonada. Esta
media; período de transición en las creenforma de meandro no se encuentra exaccias religiosas, en la organización de la fa.
ta en la China ni en el Japón, pero sí muy
milia, en el reparto de la propiedad, eran
aproximada. Los bronces chinos llamaestos tres problemas otros tantos fecundos bronces rituales de remota antigüedad
dos semilleros de conflictos, que estallallevan el meandro entre sus adornos espeban sin que pudiera refrenarlos la interciales y caracteríscos. En el gran palacio
vención de una autoridad, que brillaba
de Mitla, el meandro se presenta como
por su ausencia, ni el imperio de una opielemento dominante y casi único, en frinión pública, que tampoco existía; el valor
sos superpuestos al exterior y al interior
personal, la fuerza, eran los árbitros únidel monumento, dando á los lienzos de
cos,
cuyas decisiones se imponían y eran
muro el aspecto de grandes tapicerías
acatadas
con profundo respeto por las
extendidas. Razón tiene el historiador del
masas.
arte Lubke, cuando al hablar de la ornaEl duelo servía entonces, no ya sólo
mentación de los monumentos americapara
dirimir diferencias personales y parnos dice que los adornos derivados de
ticulares,
sino que un caballero andante
los tejidos son siempre los más ricos, los
cita y emplaza á todos los nacidos para
mejor encontrados y mejor interpretados,
hacerles confesar á puros botes de lanza
como los meandros, los ziszás, las postas
cualquier
tontería, que si Fulanita era más
y aun las líneas onduladas; y añade que
guapa ó Menganito más valiente; y ante
tan diversos motivos de ornamentación,
ese reto, en lugar de presentarse un corre•
especialmente los meandros, son comugidor con dos cuadrilleros que metieran
nes á toda la humanidad, se aliaron desde
en la cárcel por embriaguez al andante almuy temprano á las obras de arquitectura
borotador, siempre salía otro tal sostey no tardaron en plegarse á las necesidaniendo, desde detrás de una visera enordes de la gran construcción; pero que en
me y también á lanzada limpia, que Zuun principio no fué así, pues la decoratanita era más guapa y Perengano más vación no acompaña á la construcción, sino
liente.
que la cubre como en los monumentos
Claro está que, para salir de dudas, mede la civilización mejicana, cuyos mujor
que todas las lizas y arremetidas y tesros están tratados como cuadros de tapi ·
tarazos, hubiera sido mostrar un retrato
cería.
de la interesada, tamaño como un grano
Los ornatos policromos de los vasos
de trigo, cual el que de Dulcinea pedían á
mejicanos y peruanos ofrecen también el
don Quijote los mercaderes toledanos;
meandro y algunas combinaciones geomépero esta misma claridad perjudica mutricas trazados, bien con colores rojo y
chas veces al éxito de las cosas, y la ver·
pardo sobre el color amarillo del barro,
dad del caso es que sólo á un comerbien con punzón sobre el barro negro.
¡HUÉRFANA!, cuadro de D. Ricardo Brugada (Exposición Parés)
ciante, gente pr4ctica, como se ve, y algo
Estos vasos recuerdan, los polícromos á
socarrona, que dice Cervantes, se le oculos vasos fenicios y griegos del período
rría eso, que parece tan natural, de pedir
oriental y los negros á los etruscos.
un retrato para certificar del fzsico de un ausente; los
La ornamentación americana unas veces es muy
EL MÉDICO EN LOS DESAFÍOS
demás humanos se iban al campo acto seguido, y en
sencilla y severa y otras es fantástica, exuberante y caprichosa; tal se ve, por ejemplo, en algunos ídolos de
Empiezo declarando que no soy partidario del due- un periquete quedaba demostrado quién tenía raz6n:
carácter monumental y decorativo, cargados de ador- lo, como medio de poner la razón en su punto y de el que pegaba más y más fuerte.
Batíanse los señores unos con otros y los escudenos, que por su aglomeración guardan semejanza con dar á cada uno en este mundo lo que le corresponda
los adornos chinos. Las cabezas de grifo, los masca- en justicia; si yo no viviera entre hombres, y si yo ros que llevaba cada u~o; batíanse entre sí los testirones coronados de plumas y los rostros interpreta- mismo no lo fuera, sujeto como el primero á todo li- gos ó padrinos respectivos, y de cada du~lo surgían
os de un modo hierático abundan bastante en las naje de incongruencia&amp; y extravagancias, iría más le- mil que ayudaban á las gentes á pasar la vida alegreobras de la plástica américana.
jos aún y me declararía decidido enemigo del duelo. mente gozando del honesto espectáculo, contemplando los' resplandores de verdades sostenidas siempre
Pero no puede ser.
La humanidad, como cada uno de los individuos á punta de lanza, en el puro sentido de la frase. Pasó
J OSÉ RAMÓN M ÉLIDA

FUTUROS LOBOS MARINOS,

cuadro de D . José Ferrer y Pallejá

�,,
LA lLUSfRActó!; ÁRTÍstlCA

NúMERO

el período álgido de la fiebre, modificáronse los usos
Es necesario, inexcusable, que el médico desiny costumbres y con ellos las leyes; pero la suerte ya fecte las hojas de las armas blancas que vayan á esestaba echada, y el duelo, aclimatado en la sociedad, grimir los adversarios; esta precaución no da ni quihfzose endémico por la ley de herencia que evoca- ta nada al curso y duración del combate ni á sus remos antes, á la que nadie, desgraciadamente, se sus- sultados inmediatos, que son los que se cuentan y los
trae: podrá la nación civilizada castigar el duelo en que valen; el médico, que no consentirla que se movarios artlculos de sus códigos escritos, y considerar
jaran las puntas de las armas en una disolución de
como cómplices de un delito á los testigos; pero la curare, ú otra como esa venenosa, sabe que natural•
opinión pública no indulta de la nota infamante de
mente llevan gérmenes que envenenan las heridas
cobardla á quien rechaza un duelo, ni regatea el des- que hacen, las complican y de un simple rasguño
precio á quien niega su concurso para ordenar y pre- pueden originar un foco infeccioso peligrosísimo: el
senciar el acto; ni la razón ha logrado imponerse, con médico es el llamado á evitar eso, y debe evitarlo, ó
beneplácito de todos, á la suerte y la destreza en estos

no autorizarlo con su presencia y retirarse, si los pa·
juicios en que se ventilan cuestiones de honor; ni los drinos pusieran algún obstáculo al cumplimiento de
legisladores se han atrevido á suprimir en sus mamo-

ese deber suyo de conciencia. El general Boulanger

tretos esos artículos, que han de permanecer incum- no existiría probablemente á estas horas si en su
plidos, sustituyéndolos por otros que establezcan y

486

cuando, y nunca antes, puede hacer entrega de él á

otro compañero; y
6.• El médico, en esta como en todas las manifestaciones públicas de su ministerio, que no llamaré
sagrado, pero si muy respetable, y _más, si cabe, en
esta, debe mostrarse reservado y discreto, huyendo
de cuanto pueda ponerle en ridículo, porque esto
suele ser la primera consecuencia de los alardes y
exhibiciones que algunos prodigan, ó pueda perjudicar al cliente, ó alarmar á su familia más de lo que
ya suele estarlo.
Con esto termino, creyendo haber cump!ido con la
obligación que todos tenemos de auxiliarnos los unos
á los otros y de facilitarnos la tarea, ya que por circunstancias especiales de mi vida he buscado sin encontrar y sé lo fastidioso que es eso: aquí ya hay al-

EXPOSICION GENERAL DE BELLAS, ARTES DE BARCELONA

duelo con el señor Floquet hubieran olvidado los
regulen los tribunales de hollor, t1nicos que, tal vez, médicos tan sencilla precaución, ó los padrinos se go; ahora, qai aures habet, audiat, como dicen las Sagradas Escrituras.
evitarían el duelo. Hoy por hoy, y por mañana, éste
hubieran opuesto á que la tomaran. Por ahí hemos
se impone, y es preciso conformarse con su perma- visto en pocos meses á dos caballeros, uno de los
FEDER ICO M ONTALDO

,1

1

,/

1
1

nencia en las costumbres sin decir de esta agua no
beberé, por mucho que el beberla nos repugne.
Habiendo aceptado quien esto escribe el compromiso de redactar el articulo Esgrfma para un Dimo11ario enticlopédico hispano-americano, en el que colaboran escritores distinguidísimos, - el ya popular de
los Sres. Montaner y Simón, de Barcelona, - hubo de
consultar una extensa bibliografía referente al asunto,
pues no quiso fiar á su memoria infiel ni á su experiencia escasa un trabajo que habla de andar en tantas manos figurando entre otros muy notables; ese
trabajo, ah( está publicado y no he de hablar más de
él; pero tenla que citarle para dar mayor fundamento y más fuerza á la expresión, que he de apuntar
aquí, de la sorpresa que me produjo no hallar en
ninguno de los libros que hojeé ú ojeé entonces,
consagrados todos al duelo, á los desafíos, al honor,
á la espada, el sable, el florete y la pistola; no hallar,
repito, en ninguno un artículo dedicado al papel
que el médico ha de desempeñar y cómo en los
duelos, si es que alguno se verifica actualmente, que
yo no lo sé, burlando los paternales y previsores astículos que á prohibirlo encamina nuestro completísimo código penal.
En todos aquellos se habla de los adversarios y de
los testigos, dándoles sanos consejos y dictándoles sá,
bias reglas de conducta; pero no comprenden entre
los testigos más que á los padrinos, olvidando, ó
poco menos, á otro que es importantísimo, indispensable, si el duelo concertado va á ser algo más que
una jira campestre; que está en el campo del honor
impuesto por un mandato de la moral universal, de
la filantropla, de. la caridad cristiana, de algo as(
muy grande; que de espectador se convierte en actor
cua ndo llega el caso, no para dar palmadas precursoras del fuego ó voces que hagan cruzarse los ace-

ros, sino para aminorar las tristes consecuencias de
la lucha, para detener la asfixia en el que es víctima

de una hemorragia incoercible, para evitar la muerte
en quien sufrió una lesión inevitable, para practicar
primeras curas racionales y enérgicas y tomar precauciones que evitén en lo posible las cicatrices viciosas
y en general todas las complicaciones de las heridas.
Este testigo es el médico.
No es, pues, su papel en el duelo tan insignificante que pueda pasar inadvertido ó prescindirse de él;
el duelo, en sus efectos sociales, termina tan pronto
como uno de los adversarios se inutiliza para continuar defendiéndose ó queda en situación de fuerza ó
agilidad muy desventajosa respecto al otro, y esta inferioridad sólo el médico puede calificarla, pues sabido es que los duelos á muerte, aquellos en los cuales
uno de los adversarios ha de quedar muerto en el te-

rreno, no se pactall ya; ocurren, por desgracia, algu·
nas veces, pero de manera imprevista: los adversa•
rios van al campo á vindicar sus agravios como caballeros y ante caballeros, no á matarse como gladiadores ante la plebe romana. Todo aquel que haya
presenciado duelos, aun -en el caso de que ambos adversarios le fueran indiferentes, habrá notado cuán
desagradable es la impresión que causa en todos los
presentes ver herido á uno de aquéllos; el agresor
baja el arma y rompe hacia atrás, si el combate es á
sable ó espada; el herido vacila, y hay un momento
en el que todos los circunstantes, amigos y no ami-

gos, se precipitan en su auxilio sin poderse contener
hasta que el doctor se hace cargo de él, y entonces
todos se retiran y se lo dejan á él solo. Si el combate es á pistola, estas emociones se multiplican, porque el duelo á pistola es siempre más imponente que
cualquier otro.
Pero no se limita con lo dicho la intervención del
médico en el acto del duelo. Antes de verificarse ha
de tomar ciertas precauciones con las armas blancas
y después tiene especiallsimos deberes que cumplir,
Vamos por partes,

cuales cuenta con la confianza, ó con los votos por

Méd ico de In Armada

lo menos, de 16 413 madrileños y el otro con la confianza y el aprecio justlsimos de muchos portorrique-

ños, que si las tremendas cicatrices que enseñaban
les hubieran sido causadas en duelo, circunstancia
que ignoramos, constituirían un mérito para los respectivos adversarios, dos buenos golpes de cabeza;
pero hablarían muy bajito en favor de los médicos
que curaron las heridas sobre el terreno.
Otro de los deberes que ha de cumplir el médico
que asiste llamado á un duelo, consiste en no separarse ni un momento de su cliente herido, hasta dejar·
lo convenientemente instalado en sitio á propósito,
tanto porque esa es su obligación siempre, cuanto
para poder certificar ante la autoridad, si esta interviniera, como sea justo y le dicte su conciencia de
perito y caballero; un particular sólo puede decirle á
un ju~z, por ejemplo, que ali( hay un herido; un médico puede añadir que la herida se produjo casualment,, con lo cual no faltará á la verdad en la mayo•
ria de los casos, se le cree y se simplifica el procedimiento incoado sin molestará nadie más con decla-

Taciones y otros excesos.

De todo lo expuesto se desprenden las siguientes
reglas, que formulamos con la mayor sencillez posible, sin tener la pretensión de acertar, pero con el
deseo de iniciar algo práctico en asunto que nos parece muy importante y muy descuidado, á pesar de
que en él' va envuelta muchas veces la vida de un
hombre. Nadie nace enseñado, y esto es lo que yo he
aprendido:
1.ª
El médico que tenga que asistir como tal á
un duelo, y creemos que ninguno puede excusarse
si se le solicita, debe enterarse bien de las condiciones en que se haya concertado éste (armas, sitio,
hora, etc.), conferenciando con los padrinos y lo
menos que pueda con el ó los adversarios; éstos no
le dirán nada interesante ni recibirán una gran ,atisfacción hablando con quien les recuerda un peligro
próximo.
,
2.• Debe llevar consigo, si no ha podido llevarlo
de antemano al teatro del encuentro, lo cual siempre
es mejor: un frasco con una disolución fenicada ó de
sublimado, un paquete de algodón en rama desinfectado, tres ó cuatro agujas enhebradas con hilo de
plata ó cerdas, metidas en el frasquito del catgut, dos
carteras de t:ura antiséptica, suizas ó alemanas, que
abultan poco, son muy prácticas y se venden en
todas partes, y tres ó cuatro instrumentos, pocos:
pinzas de ligar y de anillos, estilete, tijeras y un bisturí. Un par de vendas fuertes, varias tiras de agluti·nante y unos cuantos papeles de ergotina no estarán
de sobra algunas veces.
3.• Elegidas y medidas las armas, procederáádesinfectar cuidadosamente el tercio inferior de sus hojas con la disolución y el algodón citados ante,, manifestando á los padrinos lo que hace y entregándoselas en seguida, retirándose inmediatamente á la mayor distancia compatible con una pronta intervención en caso de necesidad.
4.ª Tan pronto como esto ocurra y se lo adviertan los padrinos, pues él por si no debe intervenir,
el herido le pertenece, y el dictamen que él dé acerca de la continuación, suspensión ó terminación del
duelo, es el que prevalece y debe seguirse; debiendo
recordarse aquí que, cualesquiera que sean las condiciones pactadas al concertar el duelo los padrinos,
el honor de los adversarios queda á salvo y satisfe.

cho, aunque no su coraje mucha~ veces, siempre que
el duelo termina por dictamen facultativo dado en
forma, ó sea delante de los te,tigos de ambas partes

y terminantemente.

5.• El médico que asistió al duelo es responsable de su cliente, ante los padrinos que pregunten y
ante las autoridades que investiguen, hasta que se
firma n y entregan las actas correspondientes, que es

LOS PANTALONES

I
¡Pobre vizconde de la Sorpresa: su título era una
predestinación! En su ciudad natal se cree que ha
muerto de la vida de Madrid. ¡Tan guapo, tan joven,
tan elegante! ¿Qué habla de suceder? Que todo el
mundo se le disputaba en la corte, que le han abrumado y desvencijado á fuerza de obsequios, banquetes y cacerlas. ¡Pues y en el ramo de mujeres! Las
madrileñas, que son tan sensibles á todas las distinciones, no le dejaban vivir. Dos señoritas de alta alcurnia, victimas de las infidelidades del vizconde, se
han perdido por él para el mundo, puesto que una
se ha encerrado en un convento y la otra ha tomado
el contenido de una caja de fósforos de Cascante, olvidada años ha en la papelera de su tío. De las clases de casadas y viudas no digo ;,ada, sino que son
respetables, pero irresistibles, pues á los atractivos
naturales del sexo reunen la fuerza de la experiencia,
cYa se ve, dicen los paisanos del vizconde, ¿cómo
resistirá tantas causas maléficas, con el aditamento
de las cuestas, del polvo y de los bruscos cambios de
temperatura de Madrid? ¿A qué diablos fué allá nuestro malogrado vizconde? ¿No era aquí querido y admirado?&gt;
¡Oh! ¡Vaya si lo era! Llevaba el cetro de la moda
en su ciudad natal, todos los elegantes le imitaban.
Su sombrerero, su sastre, su zapatero: todos los proveedores le solicitaban porque sablan que el vizconde no seguía las modas, sino que las inventaba: le
hubieran provisto de balde, y á ser tramposo (que
no lo era) aquel supremo dandy, habrla conseguido
resolver, no el primer problema que es el de
Vestir sin pagar al sastre,
y que el sastre no lo sepa;

porque éste no le resolverá nadie, pero sí el segundo,
que consiste en que el sastre se olvide de pa~ar la
cuenta al parroquiano.
Pues como iba diciendo, y por ejemplo, el vizconde usaba somqreros altos y de alas extensas, y no
hay para qué decir que sus imitadores se cubrían la
cabeza del mismo modo, tranquilos y contentos de no
faltar á las prescripciones de la moda. Pero sucedla
que el vizconde de la Sorpresa era aficionado á justificar su titulo, y habiendo andado todo el dla con
sombrero grande, por la noche se presentaba en las
butacas del teatro con un sombrero semejante á un
chito. ¡Adiós mi dinero!, es decir, el de los elegantes
que habían estrenado hada poco aquella prenda capital: quedábanse confusos y avergonzados: ¿cómo
era posible vivir con aquellos sombrerotes, faltando
á la última palabra de la moda personificada en el
vizconde? Durante la representación y entreactos permanecían descubiertos, y algunos volvían descubiertos á su casa, aun cuando hiciese un frío de cuatro
grados bajo cero; y á la mañana siguiente no se daban

mano los sombrereros para confeccionar sombreros
de chito.
Tal era la influencia del vizconde.
Verdad es que éste, que no era enteramente tonto,
habla tomado su papel por lo serio, estudiando profundamente los trajes de todos los países desde la
antigüedad más remota. A fuerza de investigaciones
había conseguido comprender la causa de que los
griegos y los romanos fuesen casi desnudos, siendo
así que los asirios, por ejemplo, en un clima achicharrador, iban envueltos en luengas ropas talares. De
los españoles no digo nada: el vizconde sabía el origen de las bragas, zaragüelles, barretinas, bombachos,

JOVEN ARGELINA, cuadro de D. Ramón Tuequete

�LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

486

boinas, etc., etc.: cosas que algunas se despegan del
daban ali( las personas provectas, y especialmente
clima, trabajos y costumbres de los países en que se
der por frases y dicharachos sueltos que en aquel coindividuos de varias academias, de esos que de cada
usan. ¡Lástima que el vizconde no haya divulgado
tarro había varios adversarios de Lagartijo. ¡Cómo!
guardacantón reconstruyen un monumento celta ó
sus estudios en materia tan importante!
¿Lagartijo era discutible? Pero en fin, esto no preromano, ó encuentran un códice precioso hasta en
ocupó al vizconde: él no alardeaba de ser inteligente
los archivos de Paracuellos de Xiloca; y una noche,
en tauromaquia. El primer toro fué pareado y muerII
con motivo de una cogida de un diestro, uno de dito á la cordobesa, y comenzó el arrastre, que duró
chos individuos pronunció un fogoso discurso antiAcaso el lector habráse sorprendido de este título
mucho, puesto que habla en el redondel seis caballos
taurino, al que, después de hablar de tradición estúde vizconde de la Sorpresa, que es ni más ni menos
muertos. Hubo en las barreras y tendido el movipida, barbarie, decadencia de agricultura, exaltación
que otros muchos, como verbigracia: duque de la
miento consiguiente. Los espectadores aprovecharon
de pasiones feroces y otros consabidos temas, puso
Conquista, marqués de la Fidelidad ó conde. del fin con el siguiente párrafo:
aquel
largo intermedio para hacer comentarios y fi·
Asalto. Un tatarabuelo del elegante vizconde había
lará las sensibles damas y damiselas de las gradas y
&lt;Pero ya se ve. ¿Qué ha de suceder al pueblo,
sido comerciante en pieles y vendía desde la de zopalcos. Porque la fiesta nacional proporciona variarra azul hasta la de conejo casero, pasando, por SU· cuando las clases cultas y elevadas le dan el ejem- das emociones. La primera es antes de la corrida,
plo, inclusos los monarcas y miembros de la familia
puesto, por la de marta cebellina. Sólo pensaba en
cuando las futuras espectadoras suben las escaleras
real? Sólo la actual regente es una excepción. En
su tráfico, que le iba enriqueciendo cada dfa más; pevol~das del primer piso, y eso que las picaruelas esvida del difunto rey, que era espa,iol 11eto, le acom- tán escamadas ...
ro estalló la guerra de sucesión, y como es sabido que
pañaba á los toros contra su voluntad; pero ahora
Pero vuelvo al vizconde.
los españoles tenemos que declararnos partidarios de
rehusa cuanto puede su asistencia á la dichosa fiesta
alguien, bien sea Felipe de Borbón ó el Archiduque,
Todo lo observaba, pero mucho más á sus congénacional. Salva esta excepción, observen ustedes la
ó Cánovas ó Sagasta, ó Lagartijo ó Frascuelo, el paneres los elegantes de la barrera. Casi todos estaban
plaza en una tarde de corrida, y la encontrarán llecífico peletero susodicho se declaró por Felipe V en
en pie, de espaldas al redondel, incluso el duque
una comarca en que casi todo el mundo era adverso na de lo más selecto de la sociedad. Ali(, hasta las de A ... , que era el más próximo al vizconde, De re:i la dinastla francesa. En una ocasión supo por ca- mujeres delicadas y nerviosas que se asustan de un pente aquél puso un pie en el asiento que tenía desualidad que los imperiales habían inventado una in- moscardón y se desmayan al ver correr cuatro gotas lante, que estaba desocupado; el vizconde miró y
de sangre de un alfilerazo, se hacen feroces y pregeniosa combinación para sorprender y aniquilar al
quedóse patidifuso; si, patidifuso, esté ó no esté esta
sencian imperturbables la derramada por hombres y
cuerpo de ejército que mandaba el general francés
palabra en el Diccionario; y fué tal su asombro, que
animales en el redondel. La flor de la juventud arisduque de Vendome, y el decidido comerciante, atraal hacer un movimiento se dió un golpe en uno de
tocrática, que debiera ocuparse en cosas más elevavesando con mil riesgos el campo enemigo, pudo
los hierros que sostienen la maroma de la contrabadas, acude presurosa á sancionar la hecatombe, y rrera.
llegar al del duque y advertirle del peligro. ¿Qué
para saborearía más de cerca se abona á barrera
meno, podía hacer el rey de. España, ya consolidado
del ,, quizá dese.ando que salte un estoque para conen su trono, sino ennoblecer á aquel leal partidario?
V
vertirse en parte actora del sangriento drama. ¿Qué
No sólo le ennobleció con el título de vizconde de ha de suceder?, etc., etc.&gt;
¿Pero qué vió?
la Sorpresa, que á mi juicio debió ser de contraEl vizconde de la Sorpresa oyó este discurso corno
sorpresa, puesto que la sorpresa no llegó á efectuarUna cosa inesperada: para él más que si hubiera
se, sino que también le endonó cien mil ducados quien oye llover estando en la cama, pero se fijó en visto á la esfinge de Tebas hablándole en vascuence;
el último período. ¿Conque era chic abonarse á bapara que llevara dignamente su título, y además le
una cosa que como quien dice llovía sobre mojado.
rrera del 1? Pues él se abonaría. ¡Mejor que mejor!
otorgó campo de sinoples para su flamante escudo
Fig,írense ustedes un naturalista que descubre un
As( vería más de cerca los telones de Lagartijo.
de nobleza, en alusión á la verde campiña teatro de
segundo ejemplar del Tara11ta11/aleo antediluviano, y
Y salvando infinitas dificultades á fuerza de dinela guerra.
,
podrán formarse idea de la estupefacción del vizro, se abonó.
conde...
Ocioso será decir que los sucesores del primer
¡Pero dale! ¿Qué vió?
vizconde de la Sorpresa, y aun este mismo, no pensarory ya en zorras azules ni encarnadas, y sí sólo en
IV
Pues vió que el duque de A... tenía el pantalón
remangado.
darse el tono que su nuevo rango requerfa. Afortunadam~nte todos fueron juiciosos de generación en ge¿Qué pensar de aquello? ¿Qué deducir? ¿Qué suUna tarde florida de mayo (como reza la canción) posición
formar?
neración y conservaron su fortuna, y sólo al vizconde
el vizconde pase.aba por Recoletos, haciendo obserque traemos entre manos cupo la mala sombra de
El
vizconde
alzó los ojos al cielo, no para pedirle
vaciones elegantes. Aspiraba á la perfección absoluta,
descarrilarse del buen camino. Y no se descarriló
una inspiración, sino para ver si llovía ó amenazaba
y no se escapaba á su mirada sagaz é inteligente ni
por falta sino por sobra de juicio y sensibilidad. El
lluvia; pero ¡ca!, el cielo seguía azul y despejado, y el
el más mínimo detalle. Sabía que un jinete que pavizconde había estado tres ó cuatro veces en Madrid,
sol achicharraba á los de los tendidos fronteros.
saba abrigaba al caballo para hacer más airosa la
pero por poco tiempo, Por más que digan sus paisaEl atortolado vizconde se separó un poco de su
postura d,e las piernas. Comprendía que uno que
nos, en la corte bacía menos papel que yo, que no
barrera
y pasó revista de inspección de pantalones á
guiaba llevaba ladeada la cabeza como si le tirase la pléyade
de jóvenes elegantes:
hago ninguno {aunque si le emborrono); as( es que
un flemón, obedeciendo al non plus ultra inglés; todo
el elegante joven volvióse pronto á sus lares á ser el
¡Todos
remangados,
todos, absolutamente todos!
se lo explicaba, y decfase satisfecho que pocas, muy
gallito y niño mimado de todos. Si la primavera pa- pocas cosas faltábanle que comprender.
¡Cielo santo! ¿Qué era aquello? No podfa admitirsada fué á Madrid, tuvo motivos razonables para este
El vizconde, que paseaba á pie, vió venir á un jo- se la suposición, como en el joven de Recoletos; de
viaje fatal. No se dejó embaucar por el pomposo
que viniesen de una cuadra y se hubieran descuidaven que llamó poderosamente su atención. ¡Gran
programa de las fiestas de mayo, sino que obedeció á
do.
No, aquel remangamiento general parecía una
Dios! Era un figurfn, pero un figurín sin el empaque
m_ás serias razones. Su padre había sido amigo de un
idea madurada y preconcebida. Pero ¿á qué obetieso de los figurines: por el contrario, ¡qué soltura, decfa?
actual ministro de la corona, y contando con el apoqué elegancia, qué porte tan distinguido; una marayo de éste y con el entusiasmo que el corte de sus
El vizconde torturaba su imaginación, ni el toreo
leví'sds produoía en sus paisanos, el vizconde conci- villa! El vizconde, que era un lince en estas cosas, de cordebés de Lagartijo consegufa distraerle. Regislejos no pudo fijarse en un detalle; mas cuando vió
bió la ambición de ser diputado á cortes; pues si
traba los desvanes de su erudición indumentaria, por
más de cerca al admirable dandy, este detalle .le sorcomo vizconde á secas no figuraba, vizconde y dipuver si hallaba analogía entre los pueblos antiguos y
prendió mucho: no habla polvo, porque el paseo estado ya sería otra cosa.
modernos que han usado ó usan pantalones. Los
taba regado, ni humedad porque el riego se había
«Si sale diputado, decían sus paisanos, y como es
kalmucos suelen remangarse el pantalón, pero es
secado, y sin embargo aquel elegante modelo llevaba
natural apoya al gobierno, ya hay gobierno para
para andar por un terreno espinoso, húmedo y queel pantalón, un pantalón obscuro, extraordinariamenrato.&gt;
te remangado, «¿Porqué serla aquello?,» pensó el viz- brado. Los mejicanos y paraguayos también se le le·
El vizconde tuvo además otra razón poderosa para
vantan, y mucho, pero es porque á veces les sirve
ir á Madrid. Era aficionado á toros y estaba desean- conde, investigador de suyo; (¿á qué causa obedece de bolsa para guardar las bolas de las cuerdas de enaquel remangamiento que destruía la pureza de la lí- lazar animales salvajes.
do ver el paso atrás de Lagartijo.
nea elegante?» ·
Los... Nada, nada, no hay explicación posible.
Después de revolver su imaginación, el vizconde
III
Terminada la corrida, el vizconde, apoyado de esse lo explicó de la siguiente manera: aquel joven tan
comme i'/ faut no podía menos de sei: un sportment paldas en su barrera, vió desfilar todos los pantaloYa en Madrid y mientras esperaba las elecciones,
nes del tendido. Todo el mundo los llevaba en su
se resignó á ser espectador y no primer actor en la de primera; venia de alguna cuadra de examinar qui- estado natural, sólo el grupo elegante y aristocrático
comedia de la elegancia cortesana. El incienso de sus zá algún caballo: para entrar hablase remangado el continuó con ellos levantados, El vizconde siguió al
pantalón, y al salir había olvidado el bajársele; sí, no
paisanos no se le habla subido á la cabeza, y com- podía
duque de A .. esperando que se los bajara al salir de
ser otra cosa .. ,
prendía que en Madrid estaba el sfnodo del buen
la plaza; pero nada, vióle subir á su tílburi sin noDesde que el vizconde se abonó á los toros no se vedad.
tono. ¡Cómo llevaba el frac el conde de La C.! ¡Con
había verificado ninguna corrida por causa de temAquello era inaudito.
qué difícil facilidad cala á caballo el marqués de B.!
poral,
y los aficionados maldecfan los dos chaparro¡Qué modo de guiar el del duque de A., que metla
Durante
la fiesla, y más especialmente á la salida,
un tiro de cuatro caballos por el ojo de una aguja! nes inoportunos, motivos de dos suspensiones de su el vizconde estuvo tentado de preguntar á alguno de
Y ¡cómo vestfan todos sin al parecer ocuparse de anhelada fiesta. Por fin amaneció un domingo como aquellos jóvenes la causa del remangamiento; pero
sólo los hay en Madricd, de cielo azul intenso, de sol
ello!
resplandeciente,
de airecito fresco sin humedad. Yo no trataba á ninguno, y hubiera sido una impertinenApenas llegado á la corte trató el vizconde de abocia. Contúvose, pues, y esperó á tomar informes en
narse á los toros. No quiso hacerlo á palco, en pri- creo que aquella tarde todo el mundo fué á los toros, la tertulia de la duquesa de Vientoverde. Mas ¿qué
incluso el académico que tanto tronaba contra ellog
mer lugar porque todos los de sombra estaban aboinformes habían de darle respecto á elegancias aqueen casa de la duquesa de Vientoverde.
nados y porque además para un joven soltero era deEl vizconde llegó á la plaza empezada ya la corri- llos sabios apolillados, que alguno de ellos llevaba
masiado pretencioso: una delantera de grada conveda. Lo primero que hizo después de ver un quite de levita con faldón de cañones como en los tiempos
nía más á su clase y posición.
Lagartijo
fué fijarse en sus cómplices de barrera. Sí, de Calomarde? A las tímidas preguntas del vizconde
Pero un coloquio que oyó en casa de la duquesa
unos se encogían de hombros, no sabiendo qué conde Vientoverde, á la que le presentó su amigo el mi- era cierto, allf estaba lo más relumbrante de la ju- testar; otros le preguntaban á su vez: «¡Remangados
nistro, hizo que modificara sus intenciones en lo re- ventud dorada. Tenla por vecino al duque de A .. , los pantalones en tiempo seco! ¿Está usted seguro de
ferente á abono. La reunión de la susodicha duque- supuesto que sólo le separaba de él un señor colora- haberlo visto?» Y los más le miraban con curiosidad,
do y rechoncho. Al otm lado del duque se prolonga- quizá diciéndose para si:
sa era algo chapada á la antigua, y en general se
componfa de gente tan cotorrona como ella. Abun- ba la fila de jóvenes elegantes y blasonados. La pri«¡A que este provinciano se ha chiflado en Mamera sorpresa del vizconde de la ídem, fué compren- drid!»

NúMERO

LA

486

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

2

47

La estatua de Marat, obra del escultor Baffier, recientemente retirada del parque de Montsouris (París)

VI
Aquel mes de mayo, con motivo de las fiestas de
San Isidro y del Ayuntamiento, h_ubo un_ aluvión de

corridas de toros, y el vizconde, viendo siempre pantalones remangados, se cebaba más y más en su obsesión. Una tarde, un periodista á quien habla tratado en su ciudad natal y que ocupaba un asiento de
primera fila de tendido, hablaba, durante un arrastre,
con el duque de A.. , El vizconde sintió un rayo de
esperanza que iluminaba los obs~u'.os hmbos de su
imaginación, y al otro arrastre p1d1ó al hombre de
letras que le presentara al duque.
«El seilor duque de A... »
cEI señor vizconde de la Sórpresa.»
La presentación estaba hecha: .
.
. .
Sin embargo, el vizconde repnm1ó s~ 1mpac1en_cia:
varias veces asomó á sus labios una mterrogac1ón;
pero el aspecto frío, aunque. cortés, del duque, le
contenía. Por último, á la comda s1gu1ente no pudo
más, buscó ocasión oportuna y preguntó al duque:
- Señor duque, ¿por qué se remanga usted los pantalones?
El duque le miró atentamente. Lu_ego volviéndose hacia sus cómplices de remangam1ento1 contestó
con acento indefinible y misterioso:
- No puedo responder á su pregunta: es un secreto.
¡Un secreto! Sí, un secreto debía ser aquel crimen
de lesa elegancia. Porque el vizconde no podla persuadirse de que un pantalón remangado fuese más
elegante que cayendo naturalmente sobre el pie. ¡Un
secreto! Acaso aquellos jóvenes pertenecían á alg~ na
sociedad secreta; pero bien podía~ haber elegi~o
otro signo pira reconocerse: no, al vizconde le dec1a
el corazón que el misterio consistía en otra cosa. A
la corrida siguiente, notó que la pléyade de los pantalones le miraba sonriendo y cuchicheando. Estuvo
á punto de desafiarles á todos, mas se contuvo.
Pero á la loca de la casa no la contiene nadie. El
vizconde se sumergió en una caviladón perpetua. El,
el sagaz investigador de la elegancia, t'.opezaba con
una abstracción indefinible. Nunca babia sacrificado
á ciegas en el altar de la moda, y por tanto J!más
quiso remangarse el pantalón. «No, se decfa á SI propio, mientras desconozca la causa rechazo el efecto;
¡no, y mil veces no!»

Una mañana, estando todavía acostado, p~so en luminosos entrando en el templo de la inmortalidad.
Leonci~ Prado fué hijo natural de_ D. Mariano _Ignacio, general que subió por vez pnm~ra á la silla
presidencial por medio de una revolución hecha al
ge'neral Pezet, á la sazón de la~ diferencias surgidas
entre España y el Pacífico el ano 1866..
El pueblo peruano creyó ver_ tolerancia en el gobierno Pezet, y levantó al caudillo popul~r elevándolo á la presidencia con todos los entusiasmos que
inspira un general joven y apuesto que encarna los
ideales de las masas.
Le conocí algunos años más tarde; era por segunda vez presidente, y lo era constitucional, corno Dios
manda. Le he juzgado siempre bueno y honrado, porque los errores ó las desgracias no pueden jamás tenerse por deshonra. En su patria nadie le ~uiere
mal: no ha hecho daños, y cuando más, dicen sm encono que ha tenido poca fortuna en los comi_enzos de
quienes menos debe importar el conservarlos; pe!o la guerra con Chile.
mi sorpresa no ha sido tan funesta como la del vizNapoleón llegó á Santa Elena por el camino que
conde de la ídem.
conduce á la gloria.
Ya se ve; ¡como no soy vizconde!
¡Qué gran ejemplo! Y sin embargo, era Napoleón.
Educado Leoncio lejos de la fastuosa morada de
F. MORENO GODINO
su padre morada embellecida por la presencia de una
esposa j~ven, hermosa y elegantfsima, creóse una naturaleza indómita, más dada á la guerra que á la paz,
SECCIÓN AMERICANA
impetuosa para precipitarse en la defensa de lo que
él llamaba derechos de la humanidad y del hombre
libre.
LEONCIO PRADO
El general cuando oía contar una proeza de su hi(PERFILES l'ERUANOS)
jo, «es un loco» decfa.
Nadie que le.a el apellido de este valiente, dejará.
Vino á Europa; regresó al Nuevo Mundo y en tode recordar cómo alguien, con más ligereza que bue- das partes dejó memoria de su paso; per~ no una
na intención, pretendió echar sob:e la frente del no- memoria triste y deshonrosa; por el contrario, era el
ble americano la mancha de un cnmen horrendo.
Tenorio enamorado de lo que, bien ó mal tenido, teRecuérdese el proceso de aquel famoso Prado, nla por grande y por sagrado.
asesino de Maria Aeguetan, y á la mente del lector
Su fama de valiente extendfase ya del uno al otro
vendrá sin gran esfuerzo aquella noticia que veloz- mundo.
mente rodó por los periódicos de Europa afirman~o
El primer grito de insurrección cubana soliviantó
que el anónimo criminal era nada menos q~e un htJO su espíritu guerrero. Conocidos son sus actos de tedel general Mariano Ignacio Prado, ex presidente de meridad, que yo no debo juzgar en uno ni en otro
la República Peruana.
sentido: estáme vedado ese terreno, y por nada del
Cúpome entonces la suerte de desmentirlo con la mundo consentiré en meter ,mis yuntas en heredad
energfa con que las calumnias deben ser atajadas, y ajena.
hoy después de dos años, torno de nuevo la pluma
Dejemos, pues, á Leoncio Prado en sus correrlas de
pan: presentará la faz de aquellos que tal dijeron_ la muchacho; dejémosle también persiguiendo los ideafigura gloriosa del calumniado, envuelta entre cela¡es les de un mozo aguerrido, cuyas viriles energías fueconmoción al hotel en que se hospedaba, gritando:
«¡Pantalones, pantalones!&gt; Acudió el camarero de
su cuarto, y luego otros y después el dueño del hotel
y varios huéspedes, por~ue el vizconde se revolvía
en la cama delirando. Vmo un médico y declaró que
aquél tenía ataque cerebral á consecuencia de insolación.
SI insolación de pantalones.
v'yo que he tratado al vizconde en Madrid, y que
hace poco he estado en su ciudad natal, me be convencido de la falibilidad de los juicios humanos. Sus
paisanos siguen creyendo que ha muerto de la vida
de la corte: abrumado de obsequios, orgías y aventuras
amorosas. No be querido tratar de desengañarles. ¿Para qué? Lo único positivo en la vida son las il~siones.
Confieso que también á mí me ha sorprendido mucho el remangamiento de pantalones en personas á

�"'d

l:'4

I&gt;
t-3

/

H

o

I&gt;

ti
lt.!

o
o

~

ti

~

l:t.1
fil

o

~

{I)

p.
'1

o

,,,

p.
&lt;P

?:!
p.
~

"'d

-

~

~

~
p.
C1&gt;

{I)
~

~

,,1

~

{I)

p.

o

¡¡

'C

o'1
tD

{I)

~

p.
~

-¡;a
X
'tl

o

1i1

"'ñ·
o:
::s
p.

g_

.,()
8

'tl

o

p.

"~
~

F
&gt;ti

~

!"

ENTRE FLORES, cuadro de E. Tondouze, grabado por Baude. (Salón de París.)

�LA

' r

11

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

486
NúMERO

ron creadas para la lucha del hombre con el hombre,
- Voy á pedirle á usted una gracia: que me per- nota del sentimiento aparece más débil por la fnclole misma
del asunto; pero en cambio destácase con más fuerza el artista,
y no para las degradantes batallas que libra la huma- mita mandar la fuerza.
hábil imitador de la naturaleza, que ha sabido tratar con aciernidad con las pasiones.
- Concedido.
to el mar con su dilatado horizonte y su lisa superficie cortada
Tomémosle en los instantes que lleno de vida, de
Había pedido una taza de café, que encontraba por pequeñas barcas, y la arenosa playa cuya monotonfa rompen con sus graciosas figuras los dos pilluelos de playa que
entusiasmo patriótico, de sed de gloria, se refugia en exquisito.
la sierra del Perú, desconociendo al gobierno que
- Hacía mucho tiempo, dijo, que no tomaba café andando el tiempo llegarán á ser dos lobos de mar, si la afición no se tuerce y el hilo de la vida no se quiebra.
había pactado treguas con los enemigos y protestan- tan rico.
do de los tratados de paz.
Los chilenos le miraban asombrados de valor tan
•••
Levantáronse por entonces montoneras, lo que aquí sereno. ¿Quién no tiembla en los últimos instantes
Joven argelina, cuadro de D. Ramón Tusllamaríamos guerrillas á lo Mina, y después de hos- de su vida?
quets. (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
tilizar á los chilenos, haciéndoles proseguir una cam- Al concluir de saborear esta taza de café, aña- 1891). - Por los cuadros que del Sr. Tusquets hemos reprodupaña penosísima, hízose necesario el último de los dió, que midan los puntos, y al dar yo un golpe con cido en distintos números de esta ILUSTRACIÓN puede juzgarse
de cuán merecido es el universal renombre que ha sabido consangrientos encuentros que en aquella funesta guerra la cucharilla en el pocillo (tacita) que disparen.
quistarse el afa.mado pintor catalán. Cultivador con éxito siemhubo.
- Así se hará, contestó el oficial.
pre igual de todos los géneros, domina por completo los recurLos vencedores cantaron himnos de gloria á los
Con la tranquilidad del justo y del héroe sorbió el sos y procedimientos artísticos á cada uno de ellos propio; y
,vencidos; es cuanto decirse puede en honor de los líquido sin que el pulso le temblase, sin que ni la asf, sus paisajes respiran poesía; sus Rores ostentan en toda
que perecieron.
mirada ni el semblante revelasen emoción alguna. su brillaetez la vida y los colores; sus cuadros de historia y de
tienen aquéllos toda la amplitud y grandiosidad que en
Leoncio Prado era coronel.
Apuró hasta el residuo de aquel cáliz que para otro género
obras de tal fndole se exige y revelan éstos tesoros de sentimien•
Para el que no sepa lo que es una guerra de 111011- hombre que Prado no fuese hubiera tenido el amar- to, y en todas sus figuras resplandecen esos deste11os de vida que
toneros diré dos palabras que aclaren algo el sentido guísimo dejo del dolor y las repulsivas hieles del es- s6lo el genio sabe infundir en la materia inanin,ada.
La /oven argelina que hoy publicamos es prueba elocuente
del adjetivo.
panto; y con entereza, con la mirada setena, el pulso
La 111011/onera se compone de un pelotón de tropas fü:me y la fisonomía iluminada por gloriosos reflejos, de que no pecan de exagerados nuestros elogios. Mfrese ese rostro hermoso de marcadas facciones, ese busto de combas perirregulares, sin uniforme, sin dinero, con armas de dió el golpe con la cucharilla en la taza; golpe que fectas
sobre el cual cae en sedosos rizos una espesa y negra ca•
todos los sistemas y de todos los calibres, que vive debió sonar !tígubre en los oídos de los cuatro solda- be11era, ese cuerpo esbelto envuelto en ricas telas de brillantes
como puede, pasando privaciones, hambre, sed, y ex- dos, que instantáneamente y con aterradora precisión colores y adornado con ricas joyas, el conjunto, en fin, de esa
puesta á los rigores de la intemperie. Los 111011to11eros abrieron á Leoncio Prado las puertas de la inmorta- figura interesante, y dfgase si quien tal ha hecho no tiene muy
merecido el eminente puesto que en el mundo del arte ocupa.
son nuestros patriotas de la Independencia; mezcla lidad.
de militares y agricultores, de indios y mulatos, de
Aquí tenéis, lectores, el hombre al cual impruden•••
cholos y blancos, de aristócratas y descamisados, pe- temente acusó Europa de haber asesinado á una des•
La estatua de Marat, obra de Baffier, recienro siempre un grupo de valientes, exaltados por el graciada para robarla el fruto de su d6shonra.
temente retirada del parque de Montsouris, Papatriotismo ó por una idea que suponen redentora
Cuando esto se dijo en París, el alma de Leoncio rís. - En el Salón de Parfs del año 18831 el escultor Baffier
para el pueblo. El 111011/onero trepa los Andes, se gua- Prado debió rugir como fiera enjaulada en el etéreo expuso el modelo en yeso de esta escultura, obteniendo por
e11a una medalla de tercera clase; en el de 1885 reapareció esrece tras los grandes picachos, y cuando no tiene ar- recinto que le sir"e de cárcel eterna.
ta obra, fundida ya en bronce, adquiriéndola entonces por
mas ó de ellas no puede hacer uso, espía el paso del
¡Que Dios perdone á los calumniadores!
5.000 pesetas el Ayuntamiento de aquella capital, que la hizo
enemigo para despeñar las enormes galgas que bajan
colocar en el parque de Montsouris.
imponentes sembrando el espanto entre los perseEvA CANEL
En el mes de febrero último, el senador M. Fresneau, á
p_rop6sito de una interpelación sobre la administración muniguidores y haciéndoles las más veces infinitos desc1pal, llamó la atención del gobierno sobre la existencia de un
trozos.
monumento que consagraba la memoria del terrible revoluEl montonero, que saquea pueblos y roba caballos
cionario, poniendo al antiguo proveedor de la guillotina al ni•
NUESTROS GRABADOS
y echa mano de cuanto encuentra para continuar la
ve! de los hombres que se han distinguido por sus virtudes ó
por sus hechos gloriosos. A consecuencia de esta observación,
campaña y atraer proselitos á la causa que defiende,
Don Jaime el Conquistador, busto en barroco- y teniendo además en cuenta que ningún decreto había aprova dejando tras de· sí recibo de cuanto indebidamen- cido de D. Rafael Atché. De fotografía directa de los
bado la erección del monumento, la estatua ha sido retirada y
te toma para que en su día sean satisfechas á los per- Sres. J oaristj y Mariezcurrena. ( Exposición general de Be11as trasladada á los almacenes de la Villa.
Artes de Barcelona ae 1891.) - Rafael Atché es uno de los arjudicados las cantidades y las bestias robadas.
La obra de Baffier produce cierta impresión de tristeza; en
que descue11an entre la ya numerosa pléyade de esculto- ella Marat está representado escribiendo, sentado en su bañe•
Las tropas que Prado y otros jefes del ejército acau- tistas
to~es. Joven. y en un breve período de tiempo ha logrado tan ra, apenas indicada por el artista; desnudos el busto y los pies,
dillaban estaban calificadas de montoneras.
sena lados triunfos y dado tan gallardas muestras de sus aptitu•
el resto del cuerpo en miserable manta y atado á la
Los enemigos no daban, pues, cuartel á los prisio- des y geRialiclad, que su nombre figura dignamente confundi• cubierto
cabeza el célebre pañuelo que nunca abandonaba, ni siquiera
do
con
el
de
los
artistas
que
honran
á
España
y
á
Cataluña.
neros; los peruanos jugaban la vida sin remisión:
para asistir á las sesiones de la Convención. Su rostro pensati•
De herruosa fantasía, sorprenden sus obras por el se11o espe• vo lleva impresa la huella de grandes tormentos; las arrugas
vencer ó morir; he allí el dilema.
cial que en e11as im~rime, po~ un ~lgo. de be11o y grande que
Por algo dijo un distinguido periodista chileno, mi acusa su alma de artista y su 1magmación de poeta. Cultiva el que lo surcan acusan las vigilias, las privaciones, un cerebro
~n continua y vertiginosa actividad y el carácter envidioso é
antiguo amigo Raimundo Valenzuela, que el Perú arte con entusiasmo, y como siente y se identifica con sus crea- irascible
que la historia atribuye al amigo del pueblo.
había tenido en la batalla de Huamachuco «heroís- ciones, modela con soltura, con valentía, con la grandiosidad
del verdadero arte, del que lo es por excelencia y á todos su•
mos probados y glorias que deben esculpirse en el pera, produciendo obras tan admirables y tan geniales como
••
bronce)&gt;
El mal ladrón, que tanto sorprendió en una de las últimas ExPlática. de comadres, cuadro de F. du PuiL'l suerte de las armas peruanas no había dejado posiciones de Bellas Artes, por más t¡ue el elemento académi- gaudeau,
grabado por Baude (Salón de Paris). de ser fatal, y la célebre batalla fué un nuevo desastre co, sujeto á los antiguos moldes, no se detuviera á analizar Este cuadro, de asunto ser.ci11o, pero no por esto menos intere•
material para el Perú ya exánime. Cien nombres que cual merecía la significación de aquel profundo estudio del sante desde el punto de vista artístico, llamó con justicia la
dolor fisico y moral, de las tortaras de la materia y de la ira.
aquella jornada hizo gloriosos pasaron del campo de El mal ladrón es la genuina representación del arte moderno atención de los visitantes de la última Exposición del Campo
de Marte celebrada en París. En este lienzo, lleno de carácter
batalla al campo de la historia escritos con sangre en y la obra de Atché en que mejor representarlo se ha11a su in'. el pintor ha sabido sacar gran partido de una escena por de'.
genio
y
varonil
esfuerzo.
las páginas épicas de este siglo.
más vulgar realzándola con una ejecución original en extremo.
El precioso busto de D. Jaime I de Arag6n, el monarca le• La acertada colocación de ese grupo de comadres escuchando
Entre los hijos de los incas batidos y destrozados
gendario, representado en el ocaso de su villa, agobiado por el
había sonado el «sálvese quien pueda» de la derrota. peso de los años y de sus glorias, pero no abatido su batallador la narración de los sucesos del din, que la más ágil ó más entrometida ha ido recogiendo por la aldea en su cotidiana excur•
El jefe chileno coronel Gorostiaga prometió á sus esp!ritu, es otra obra notable de este distinguido artista en la sión, para luego vaciar en agradable tertulia el saco de noti•
soldados abonarles cincuenta centavos por cada rifle que se admira su franco y clásico modelado, y una de la; obras cias aqul y allt sorprendidas; las fisonomías y las actitudes dt
y dos pesos por cada cañón encontrado en el campo que más han de 11amar la atención de los inteligentes en el la reporter y de sus oyentes; el conjunto de detalles tan felizCertamen. La estatua de Cristóbal Colón, que corona el mo- mente combinados y el mismo color de la pintura toda, somenemigo.
numen~o que Barcelona levantó al il~stre navegan(e, pregona brío en el fondo y con algunos bien entendidos toques ~e luz
«En esta rebusca de hormiga, dice Valenzuela, se otro tnunfo de Atché, puesto que fut: ganado en publico con- viva,
producen la impresión de los mejores cuadros de los ancurso.
encontró á Prado.»
tiguos maestros holandeses ó Aamencos, cuyas ~ualida&lt;les más
Había recibido Leoncio una bala en una pierna y
salientes ha sabido, no s6io estudiar concienzudamente, sino en
•
cierto modo apropiarse el joven y ya célebre pintor francés
la tenía destrozada.
••
M. Puigaudeau.
Le condujeron al cuartel general de Huamachuco
¡Huérfana!, cu~dro de D. Ricardo Brugada.y fueron dadas inmediatamente las órdenes para fu- Ricardo Brugada es Joven, y está, por ende, en los comienzos
•••
de la carrera del arte. Pero no por ser corta deja de ser brillansilarlo.
te su historia art!stica, y algunos de sus cuadros adornan más
Entre :flores, cuadro de E. Tondouze, grabaDía y medio estuvo en capilla.
de un aristocrático salón de esta capital y de la corte.
do p~r Baude (Salón de Parls). - A pesar de ser tantas y
Ni por un instante decayó su buen humor; y conHa sido djsclpulo de nuestra Academia de Bellas Artes y tan. variadas las f?rmas con que los poetas han descrito y los
versaba con los oficiales que le custodiaban como si ha recibido además, con gran aprovechamiento, lecciones del artistas reprodue1do las bellezas de la primavera T ondouze ha
de compatriotas suyos se tratase. ¡Oh! Yo estoy segu- celebrado pintor y consumado maestro D. Antonio Caba. En sabido. dar novedad á tan explotado asunto ofreciendo á nuesAcademia ha obtenido todas las distinciones honoríficas en tras mirad:15 una original pintura tan sentida y tan simpática,
ra: entre aquellos militares había muchos que en otro la
las clases de dibujo, pintura, composición, anatomía, estética que á la VISta de Entre flores se confirma la creencia de que
tiempo sintieran admiración por el hijo del general é historia de las Bellas Artes.
para el verdadero artista no hay temas gastados y de que lo
Prado y que hubieran querido conservar su generosa
¡Huérfana! es un resultado halagüeño y satisfactorio de realmente bello admite variedad infinita de manifestaciones
"estos estudios tan á conciencia hechos. Adviértese en el cuadro ~~as igualmente propias para impresionar gratamente nuestr¿
existtncia.
el talento del artista que compone con sobriedad, pinta con ammo.
Pero las órdenes militares son inexorables.
soltura y corrección y siente profundamente el asunto que al
El coronel Prado pidió con energía que se le fusi- lienzo traslada,
lase en la plaza de Huamachuco con los honores de
Cualidad~s son éstas que permiten esperar para nuestro dis- ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy
su grado; pero el jefe chileno negó esta petición que tinguido paisano un porvenir hermoso, tanto más, cuanto que
J::tOTEGER la epidermis contr~ las influencias pernihubiera sido tanto como reconocer beligerancia en Brugada, convencido de que sólo merced al constante estudio y á la aplicación asidua acaban bien los que bien empieciosas ~e la atmósfera, devolver ó conservar juventud, fres•
los que se tenían por 111011/oneros.
zan, ajusta estrictamente su conducta á esta regla, que es la cura y aterciopelado, tales son las ventajas de la CREMA SIMÓN
Entonces se conformó con que lo fusilasen en la más segura para alcanzar honra y provecho.
eo/d-eream. espe~l, tónieo, calmante y deliciosamente perfuma'.
do; _su acción sena y be~éfica es tan rápida y tan evidente que
cama para evitarse las molestias que le producían
•
nadi_e la ha ensayado sm reconocer su superioridad. En casa
sus heridas: le fué concedido.
••
del mv~ntor, rue de Provence, 36, Parls, y en casa de los far•
Llegados los últimos momentos de su azarosa exisFuturos lobos marinos, cuadro de D. José macéuticos y perfumistas. Evitar las sustituciones.
tencia y elevado su espíritu á las más serenas regio- Ferrar y Pallejá. - En el número 477 de LA I LUSTRA·
nes del patriotismo exaltado, preguntó sonriendo al C!ÓN ~~TÍSTICA, y co~ motiv_o de su cuadro El toque de oraJABON REAL
JABON
oficial que mandaba los tiradores á qué hora pensaba c1611, ch¡1mos algo del Joven pmtor catalán cuyo es el lienzo·
que hoy reproduci_mos. Aungue de un género distinto de aquél,
oE
E
despacharlo para el otro mundo.
denota éste las mismas cuahdades que entonces elogiamos e11
- Dentro de pocos minutos, le contestó.
el señor Ferrer y Pallejá y aun quizás en algo le aventaja: la !CGOmend&amp;dos por autoridldes médicas para la Higiene de la Piel y Belle11 del Color

P

IVJ:OLET
I
r HRIoAeE29.i•d':1~:ü;;;~;aru vELour IN

LA

486

I LUST RACI ÓN ARTÍSTICA

EL ANILLO DE AMASIS
NOVELA ORIGINAL DE LORD LYTTON, ILUSTRADA POR A. BESNARD

(CONCLUSIÓN)

En medio de los más sangrientos combates había
melancólico el silencio de aquel día de otoño. La escena que acabábamos de admirar hízome fijar la aten- visto aquella mano de espectro desviar la carabina
ción en Conrado, porque era el autor de todo aque- levantada al nivel de su cabeza; y en los bosques de
llo. Avanzaba lentamente al paso de su montura, un Larnstein, cuando ninguna cosa indicaba la muerte
poco delante de nosotros, y yo miraba su silueta aris- infalible de que no habría podido escapar sin aquella
tocrática. En la confluencia del antiguo camino de he- misteriosa intervención, habíale ésta advertido, desde
rradura con el nuevo hay un poste indicador; desde un simple poste, que debía retroceder. En la partida
lejos veíamos su largo brazo tendido hacia nosotros, de ajedrez, en fin, á la que su extraña superstición
cual si nos intimase á retroceder, ó por lo menos así había dado una significación simbólica, en el instanlo imaginé más tarde. Conrado se hallaba frente á te mismo en que se jactaba de que J ulieta no podría
dicho poste, é iba á franquear el recodo del camino, escapársele, el espectro contrarrestó su juego, indicuando de pronto profirió un agudo grito y le vi al- cándole así que podía burlar sus planes.
¿Llevaría á cabo su amenaza la horrible visión?
zar los brazos, poniéndose una mano sobre los ojos.
»Vaciló en su silla y echóse hacia atrás, como si una ¿No se presentaría á nadie más que á él, ó se manibala le hubiera atravesado el corazón; un momento festaría igualmente á otros en una época más lejadespués hallábase tendido en tierra, insensible al pa- na? .. . Tales eran las dudas que de continuo le asalrecer. Saltamos del coche para correr en su auxilio, y taban, y vivía ansioso, febril, fluctuando entre las más
en el mismo instante el lacayo que nos seguía nos al- locas esperanzas y los más exagerados terrorer. Había hecho laboriosamente para sí mismo toda una
canzó y apeóse del caballo.
»Nos inclinábamos sobre Conrado para examinar- serie de leyes interiores, y en este sistema, las relaciole, cuando un ruido espantoso, resonando cerca de nes entre la causa y el efecto eran tan íntimas, que
nosotras, nos estremeció: á unos cien metros del si- no dejaban lugar alguno para la inacción en la cade·
.... '
Antes de dar por terminada esta parte de mi re- tio en que nos hallábamos, un enorme fragmento de na de las consecuencias. Según este sistema, solalato, reproduciré un último extracto de la correspon- roca, rodeado de una nube de blanco polvo, se había mente la acción tenía eficacia, y sin ella, la causaiiderrumbado rodando hasta el camino y cerraba el pa- dad no podía producirse. La cosa no ejecutada no
dencia de J ulieta.
so á que debíamos llegar muy pronto. Las yeguas se existía, y ningún efecto se podía atribuir á lo que no
asustaron y huyeron precipitadamente hacia el casti- tenía de por sí existencia alguna.
JULIETA Á TERESA
He aquí por qué la inscripción del anillo egipcio
llo; pero como el coche volcara, los cuadrúpedos no
«Conrado ha sido causa de que recibiéramos un pudieron correr y el cochero los detuvo sin dificultad. había fascinado tan poderosamente su imaginación:
»Durante todo este tiempo, solamente nos ocupá- parecíale que la tesis inventada por él había surgido
gran susto; esta vez mi madre estaba con no~otros,
aunque por fortuna no vió sino un accidente en lo bamos de Conrado; pronto volvió en sí, y excepto de la tumba fortalecida por la autoridad de veinte
que ha ocurrido; pero mis pensamientos iban más yo nadie pudo sospechar la verdadera causa de su siglos; y según este mismo principio había examinalejos y me espanté mucho. Este suceso, no obstante, caída; habiendo presenciado ya más de una de aque- do tan prudentemente toda manifestación interior de
nos ha preservado de una muerte espantosa y veo en llas crisis, no podía dudar sobre la naturaleza de la su voluntad, pesando con tanto cuidado cada una de
sus acciones.
él la mano de la Providencia, que á menudo se sirve que entonces observaba.
Resumía toda su responsabilidad moral en esta
&gt;&gt;Conrado, á Dios gracias, no estaba herido, y todo
del mal para el triunfo del bien.
ecuación: la suma de responsabilidad es igual á la
»Como la tarde era hermosa y templada, Conrado se redujo al susto.
»Antes que el lacayo volviera con otro coche, pu- suma de acción. En todo tiempo y en todas las cosas
nos invitó á ir en el coche pequeño al molino antiguo, situado cerca del sitio que llaman Roca del Gi- dimos explicarnos las causas de aquel desprendi- había mostrado una constancia inflexible en la esmiento de la roca: el muro que hay á la derecha, á tricta observancia de su propia ley, sin hacer á ella
gante.
»Nos acompañaba á caballo, manteniéndose tan lo largo del camino nuevo, es de reciente construc- la menor oposición ni eludir sus preceptos y sin repronto junto á nosotras como adelantándose en di- ción; los trabajadores no le habían dado el punto de troceder nunca ante el deber que le dictaba. Largo
rección al lugar donde nos había prometido una apoyo suficiente y habíase hundido, arrastrando en tiempo había buscado la paz bajo la égida de esta ley
su caída una porción de la misma roca, precisamente protectora, y ahora se aferraba con toda la energía de
agradable sorpresa.
»Debo advertirte que Conrado, con una habilidad en el momento en que, á no ser por el accidente de la desesperación á la seguridad que de ella obtenía.
y un gusto extraordinarios, ha sabido hallar medio de Conrado, íbamos á pasar todos por allí. Para nos- Gracias á este sistema, observado con una convicción
incluir los sitios más hermosos de Larnstein en el otros era una muerte segura, y acabábamos de evitar- inquebrantable y la más continua tenacidad, no se
había debilitado nunca ni reconocido la necesidad de
recinto mismo del parque. Los antiguos caminos de la casi milagrosamente.»
un auxilio extraño. Nada pudo conducirle jamás á
herradura, tan secos y áridos, se han suprimido ó
Inútil es añadir nada á los anteriores extractos, humillarse á sus propios ojos; no le era posible hacertransformado completamente y ahora serpentean á
través de los tallares, prolongándose á veces entre pues bastan para demostrar hasta qué punto el esta- lo, ni lo osaba tampoco; su sistema no le dejaba medio
alguno para levantarse después de una caída; no adespesas masas de follaje, ó formando en las pendien- do de aquel infeliz había llegado á ser doloroso.
Por más que luchase con toda la energía posible, mitía la debilidad, y de consiguiente no dejaba lugar
tes largas avenidas cubiertas de verdor, al cabo de
las cuales se ven de improviso deliciosas perspec- hallábase bajo el dominio de una fuerza cuya accián alguno de perdón.
inexorable era invisible para todos aquellos que le
A cada lado de la línea trazada tan claramente por
tivas.
»Después de seguir todas estas vueltas y revueltas rodeaban, y en la cual rehusaba creer. En vano se su estrecha ley todo era caos; un poco más allá
en el espacio de cerca de una legua, llegamos inopi- esforzaba para convencerse él mismo de que aquellas de su pulgada de tierra firme hallábase el abismo;
nadamente á un punto desde donde se veía el moli- apariciones no eran reales: ¡la mano estaba siempre toda mediación se hacía imposible allí donde no
existía intermediario. El Cristo misericordioso estaba
no antiguo, completamente nuevo para mi, sin obser- allí!
La amatista espectral, en aquella mano que no reemplazado en la cima de esta severa religión por
var que los árboles, á cada lado del camino, habían
sido reemplazados por una alta terraza cubierta de pertenecía ya al mundo de los vivos, seguía apare- una necesidad execrable, y no era aquella mano la de
césped y como suspendida sobre el barranco. Era un ciéndosele y lanzando sobre él sus corrosivos rayos; un Dios compasivo, sino la mano implacable de Seb
espectáculo tan imprevisto como encantador: ála de- mas esto no era continuo; muy por el contrario, cuan- Kronos.
recha elevábase bruscamente la Roca del Gigante, do se había preparado para ver el anillo fatal, cuando
árida y desnuda; una inmensa nube parecía haber deseaba que apareciese, toda la fuerza de su imaginaX
fijado en la cima su blanca masa, y la gran mole que ción no bastaba para atraerlo. Con frecuencia lo hase destacaba en plena luz parecía comunicar, por un bía intentado, porque se figuraba que si le era posiSILBERBLICK
efecto de óptica, más altura al cielo mismo, que te· ble conseguir su objeto, el encanto quedaría roto, y
nía entonces un color azul íntimo. Una sombra vio- así estaba seguro de que el espectro evocado por la
lácea parecía cubrir como con un velo transparente fuerza de su voluntad se alejaría en virtud del mismo . El día fija~o ~ara el casamiento de Conrado y Jula mitad del barranco que se veía á nuestros pies, poder.
heta amaneció sm nubes: la ceremonia debía celeFrustrada su tentativa, esperó durante algún tiem- brarse en la capilla del castillo, sin más testigos que
mientras el sol doraba las pendientes opuestas.
Muy abajo, en las profundidades del valle, veía- po que al menos podría acostumbrarse al fantasma que algunos amigos de la familia.
mos el molino antiguo, que parecía sepultado entre no podía evocar ni rechazar, y que así le sería dado . Hacía largo tiempo que Conrado esperaba este
las rocas húmedas del río; el rumor del agua que triunfar de sus terrores ... Trabajó mucho para fami- instante, presintiendo que sería decisivo en su vida,
caía y el ligero rechinar de la rueda del molino era liarizarse con esta idea, pero todo fué tiempo perdi- y muc~a~ señales precursoras ~abíanle anunciado ya
lo tínico que interrumpía el silencio en aquellos lu- do. A pesar de hallarse en el pleno goce de una sa- la aranc1ón del espectro. Arraigada en s.u ánimo la
lud robusta y orgulloso de su fuerza intelectual, cuan- certidumbre de que se presentaría, habíase esforzado
gares.
Y sobre este cuadro un pequeño arco iris aparecía do imaginaba que la última aparición no era sino el para. prepararse á este choque terrible, que no era imvago recuerdo de un sueño en parte olvidado, de previsto, aunque no podía cal.cular el momento exacá intervalos.
Yo me había recostado en el coche, distraída en improviso, por las vías más desconocidas y con una to en que se proauciría.
vagos pensamientos, y para mí tenía algo de dulce y significación creciente, presentábase á sus ojos.
Pero no pidió al cielo ni al infierno el valor nece-

»No me permito juzgarle en este punto, y no por
ello le reverencio ni le aprecio menos. A decir verdad no es irreligioso, pues no solamente se distin·
gue' por su rectitud, sino también por su generosidad exenta de egoísmo, hasta un punto que me
arr;nca lágrimas cuando pienso en sus bondades
para mí y para aquel que hemos perdido. Mi padre,
cuya fe era tan firme y tan pura.como el cristal ~e
roca decía siempre: «No hay motivo alguno para inquietarse sobre la indiferencia de Conrado respecto
á los dogmas de la Iglesia; en vez de censurar su falta
de convicciones religiosas, deberíamos agradecerle
que haya sustituído las creencias q~e su concie~cia
no le permite profesar con una fidelidad tan estncta
á todos los deberes que su noble y severo carácter le
imponen. Dejadle en paz, pues nada temo del porvenir. Día llegará seguramente en que el amor, ese soberano que á todos domina, penetrará en el corazón
de mi hijo; entonces la venda caerá de sus ojos y sus
manos se unirán involuntariamente para elevar una
oración, sin necesidad de ningún impulso exterior.»

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

sario para aquella lucha suprema, y cuando al fin se
creyó dueño de sí mismo, fué á buscará su prometida.
T odos cuantos han visitado las minas de plata de
Freiburgo ó del Hartz han podido observar el admirable y fugitivo fenómeno que sobreviene cuando se
practica la operación de fundir el material y que los
mineros llaman Sifberb/ick.
Cuando el metal recalentado llega al estado líquido
y se pone en contacto con el aire, emite una iridescencia momentánea de vivos colores que brillan en
rápido movimiento, debiéndose el fenómeno á la al eación impura que bajo una nube blanquizca combínase de repente con una porción del oxígeno de la atmósfera. Mientras esto dura, la masa fundida es arrastrada en un movimiento de rotación y produce los
tintes más brillantes; pero aqu él cesa de repente, y la
superficie metálica, perdiendo su lustre, queda del todo opaca. Entonces sobreviene otro cambio, y es que
la opacidad de esta superficie queda límpida y tersa
como la plata; bajo la influencia de un calor interno,
todas las partículas de materia extraña se han disipado, pero dejando en el fondo del crisol la huella de su
paso, es decir, una manchita negra á la cual se da el
nombre de Sifberb/ick.
La sonrisa que animaba el rostro de Conrado cuando estuvo con su prometida cerca del altar recordaba
también al S1Jberblük.

'

1

:i

,,

rosos y corpulentos, te doy nueve minutos para encontrarlos, y adviérteles que han de venir provistos
de muchas cuerdas, las más fuertes que encuentren,
¡Despacha!
El ayuda de cámara estaba acostumbrado á obedecer prontamente y sin réplica las órdenes de su señor;
y si Conrado le hubiera dicho que fuese á buscar cuatro verdugos y cuatro cuerdas para ahorcarse, habría
procurado complacerle de la mejor manera posible.
En menos de diez minutos estuvo de vuelta con lo
que se le pedía,
El conde, de pie junto al lecho, mandó á su criado cerrar la puerta con llave, como así se hizo. El
lecho de aquél era un mueble antiguo, adornado de

ricas esculturas y espeso cortinaje; Conrado oprimía
con su brazo derecho uno de los macizos pilares que
sostenían el pabellón, y su rostro estaba lívido.
- ¡Atadme pronto, exclamó, aquí... las manos y los
pies! ¡Daos prisa!

NúMERO

486
NúMERC

LA

486

JLUSTRACION ARTISTICA

de mi esposo, y parecióme la de un serafín, tan se-

rena, y sin embargo tan expresiva, de un sentimiento profundo que revelaba las luchas y padecimientos
del pasado y una calma triunfante en el presente. En
aquel momento pensé, pero con una fuerza de convicción tal, que me sería imposible darte idea de ella,
que Conrado no formaba más que uno con Félix, y
que los tres, poseedores de aquel mismo anillo ex-

traviado, estábamos reunidos en cierto modo.
Teresa sonrió al oir á J ulieta hablar de sus alucinaciones, y dijo que no necesitaba un anillo fantástico para estar segura de que J ulieta había obrado dignamente y de que aquel matrimonio sería un triple
lazo entre e1 muerto y los vivos.
•
Apenas acababa de hablar, cuando el ayuda de
cámara del conde entró en la habitación: no había
hecho desaparecer del todo de sus ropas y de su aspecto las señales de la reciente lucha, y así es que,
alarmadas las dos amigas al verle, exclamaron á la

Estas palabras fueron pronunciadas con voz ronca, vez:

pues tenía los labios casi cerrados y parecía respirar
- ¡En nombre del cielo! ¿Qué ha ocurrido?
con dificultad.
Está tranquilo 1 contestó el criado, y ahora
Los criados le miraban mudos de asombro; ya no duerme.
abría los labios, respiraba por la nariz; pero sus ojos,
El hombre añadió, suprimiendo con prudencia
de mirada feroz en aquel momento, hablaban con
todo
detalle, que su señor acababa de sufrir un viouna expresión mezclada de súplicas y amenazas.
lento
ataque de fiebre; que había enviado á buscar
Los hombres vacilaron aún; entonces el lecho cruSus pensamientos no estaban en el santuario.; esjió
de
una
manera
extraña,
y de repente una de las al médico más cercano, y que suplicaba á la condesa
peraba al espectro, y armábase para un combate
grandes columnas, arrancada con violencia de su -zó- que no se acercara sin permiso del doctor, porque
sobrenatural; adivinaba que iba á presentarse; por
experimentaría una emoción que en tal momento
calo, cayó contra un espejo grande, haciéndole añi- podía
serla fatal.
primera vez sentíase capaz de empeñar la lucha, y
un momento después, el pabellón caía también
desafiaba silenciosamente al mundo entero de los es- cos;
Mucho
le costó á Teresa persuadir á J ulieta de
con espantoso estrépito.
píritus á desvanecer la sonrisa de sus labios. Sus senque
debía
acceder á esta súplica, y al fin cedió por
Ya se había roto d dique.
tidos, siempre alerta, exploraban en todas direcciones
dicha suya, porque detrás de aquellas puertas que se
Solamente después de una prolongada y furiosa lupara observar los movimientos del fantasma enemigo,
le prohibía franquear reinaba el horror. Allí estaban
pues tenía confianza en su fuerza para resistir al ata- cha consiguieron al 6n los cuatro atletas sujetar al los vestigios de la última lucha de Conrado y de su
loco; entonces les fué posible atarlo con las cuerdas
que, con tal de que estuviese advertido á tiempo de
irremediable derrota; la batalla había sido prolongaque llevaban, y echáronle en el lecho en desorden,
su aproximación; en tal caso el espectro sería batido sin aliento y desfallecido.
da y heroicamente sostenida, pero por lo mismo la
antes de que pudiese entrar en liza. Entretanto la
derrota fué más tremenda. El hombre que estaba
Las habitaciones del conde ocupaban el ala menos
ceremonia nupcial se efectuaba con solemne pompa;
allí
inerte, completamente quebrantado, había domafrecuentada del cuadrilátero. El criado sabía que á
era llegado el momento de la bendición, y el sacerdodo
por
la fuerza todas sus lil&gt;ertades, había aniquitravés de las dobles puertas que acababa de cerrar
te intimaba á los futuros esposos á unir las manos.
lado los antagonismos, dominando los impulsos de
con llave no podía llegar ningún sonido á las otras
Reuniendo todas sus fuerzas y alineándolas en orpartes de la casa. Su infeliz señor debía haber conta- su naturaleza. Había vencido, porque había reinado,
den de batalla, Conrado sondeó una vez más con sus
imponiendo su voluntad á todas las partes de su ser;
do con ello en sus últimos momentos de lucidez; pero
ojos todos los ángulos y rincones de la capilla; esta
pero su triunfo mismo fué la causa de su caíd,. De
inspección, aunque rápida, fué minuciosa y completa, antes de que se retiraran sus cuatro subordinados, repente, todas las fuerzas tan largo tiempo dominaexigióles el secreto más absoluto sobre los hechos
y el resultado tranquilizador. Sin embargo, allí donde
das habfanse rebelado de una vez, anonadando al
que acababan de presenciar. Después fué á buscar á
se podía ocultar una sombra ó deslizarse furtivamen- la condesa.
usurpador; el campo de batalla estaba cubierto de
te el más débil rayo de luz, detrás de cada columna
ruinas; muebles destrozados, porcelanas rotas, espeJulieta se había· retirado también de la sala del
y á lo largo de cada pared, su vista espiaba de conjos
hechos pedazos, fragmentos de cristal y restos
tinuo; su mirada quería penetar en cada grieta, son- banquete con su amiga Teresa, y el ayuda de cámara de tapices arrancados estaban esparcidos en la estanencontró á las dos damas sentadas en el canapé, en
dear en la más pequeña abertura, explorar el más leve
cia en revuelta confusión, y las ricas y blandas alel gabinete de su señora, hablando en voz baja.
resplandor, siguiendo los átomos de polvo que se mofombras presentaban aún vestigios del choque de dos
-A la verdad, querida amiga. decía Julieta, largo
vían en un rayo de sol .. , ¡El campo estaba libre!...
tiempo me he preguntado si era justo y conveniente fuerzas brutales. En medio de aquel desorden, con
Conrado alargó atrevidamente la mano para enlaobrar como lo he hecho, y me consuela pensar que los ojos secos y brillantes como los del hombre atazarla con la de J ulieta en una eterna unión ... ¡ El escado de locura, con los labios sanguinolentos y'sólipectro estaba allí!. .. ¡El espectro había cumplido su á Félix debo no haber rechazado la demanda de un damente atado, hallábase tendido de es~aldas el capalabra!. .. ¡Sí, crispándose sobre la mano de Julieta, hermano que tanto le quería y que con tanta since- balleresco jefe, el último vástago viviente de la antiridad llora su muerte. Yo acostumbraba á decirte
vió la de su hermano, la de Félix! ...
gua casa de Roseneck; y alrededor de él, pálidos y
&lt;que los tres no eramos más que uno,&gt; y ahora lo reEl desgraciado trató de desprender los dedos del
sudorosos, con las mejillas magulladas y sus robusmuerto de los de la desposada; mas no pudo ... ¡La pito y lo creo así Cuando Conrado se presentó á mí tas articulaciones enrojecidas de sangre, veíase á los
amatista se lo impedía!. .. Y en el profundo silencio esta mañana, con las facciones animadas de una san- cuatro vencedores, á los rudos lacayos á quienes se
ta serenidad, dí gracias á Dios porque me permitía
de su alma angustiada, á través de todos los recuerhabía ido á buscar á la cuadra y á la granja.
consagrar
al consuelo de su existencia el tiempo que
dos de su a: ribulada existencia, pareció le oir muy
Teresa había interpretado rápidamente la mirada
aún me resta vivir; mas en el momento de hallarnos
pronto voces que se elevaban, resonando con el esoblicua del ayuda de cámara, y apenas pudo sepatrépito del trueno; voces fatal es y amenazadoras que en el altar, he comprendido que me separaba de todo rarse sin temor de J ulieta, halló un pretexto para
repetían: (No luches, no, contra la mano de Seb Kro- cuanto me había rodeado hasta entonces, y debo con- reunirse con él en la antecámara, desde donde' debía
fesar que en ese instante mis pensamientos se fijaban
nos.!)
conducirla á la habitación de Conrado. Convencida
todos en Félix. De nuevo parecíame oir las inolvidaSu voluntad se rebeló contra la decisión del orácude
que era responsable de todo cuanto entonces se
bles palabras que me dijo el día en que reconocimos
lo, y haciendo el último desesperado esfuerzo, quiso
hiciera, dió orden de retirar los muebles rotos y rereunir sus fuerzas físicas é intelectuales, pero estaban por primera vez que habíamos nacido el uno para el parar el desorden de la habitación; después dispuso
otro; de nuevo me figuré que su brazo me enlazaba,
paralizadas y no respondieron á su llamamiento.
que se pusieran espesos cortinajes en Jas ventanas,
y escuché atenta, como el día en que apoyaba la caEl sacerdote levantó la mano para dar la bendique se arreglase el lecho y se cubriera con una colción nupcial, y los labios de Conrado pronunciaron beza sobre su hombro, su voz simpática que me de- cha al infeliz conde, atado, mudo y casi privado de
m11uinalmente el juramento exigido; pero hablaban cía: «¡No, Julieta, nada puede separarnos ahora, ni conocimiento.
aun la muerte!» Dime, tú que conoces tan bien mi
por otro, y este otro era un muerto.
Mientras se hacían estos preparativos, bajó á la
corazón y mi vida, si crees que he procedido mal.
La ceremonia había terminado, y á los ojos de
sala del banquete y excusó la ausencia del conde,
todo el mundo, que no puede ver más allá de las De todos modos. yo no me arrepiento de nada; por- pretextando una ligera indisposición de su esposa.
apariencias, Conrado y Julieta eran esposos. Había que me parece, Teresa, que en este instante el cielo Esto produjo el efecto apetecido, pues cada cual
cumplido valerosamente la palabra que á sí _mismo me ha concedido una revelación que me llena de se apresuró á despedirse, y cuando el último coche
se dió, no retrocediendo un paso; pero sabía muy agradecimiento y me tranquiliza. Cuando el buen sa- desapareció fuera de la verja, Teresa fué á reunirse
bien que no estaba concluído todo. La sangre hervía cerdote bendijo nuestra unión, mis sentimientos eran con su amiga.
en su cráneo, y aunque era dueño de sí mismo, pre- singularmente distintos, pero todos felices. Al to-Tus penas, querida Julieta, dijo, comienzan muy
veía Ja inminente aproximación de alguna espantosa car Conrado mi mano, la suya estaba tan fría como pronto; el pesar llega más ó menos pronto, pero llecatástrofe. Gracias á una triste experiencia, hasta po- la de un cadáver, y á pesar de ello, su contacto me ga, y debemos soportarle con resignación.
día calcular el número exacto de los momentos lúci- hizo experjmentar una sensación que no había sentiY sin dejar tiempo para que su amiga contestase,
do hace años, desde la época en que Félix y yo acosdos de que aún le era dado disponer.
comenzó
á prepararla para lo que debía hacer.
Acompañó á su joven esposa á la sala del ban- tumbrábamos á pasear por los bosques cogidos de la
Entretanto
llegó el doctor, ¡¡ después de interroquete, y recibió tranquilo y sereno las felicitaciones mano. Agobiada por el peso de estos recuerdos, in- gar á los testigos sobre el acceso de Conrado, conde los convidados reunidos allí. Después de cumplir cliné la cabeza, y mi vista se fijó en la fría mano que versó largo tiempo con Teresa, examinó después con
estaba en la mía. No te rías ahora de mí, Teresa, al
este deber de urbanidad, retiróse tranquilamente.
la mayor atención al paciente, declaró al fin que las
Entonces, haciendo una señal á su ayuda de cá- decirte que creí ver ... , me es imposible expresarte la fuerzas del conde estaban tan agotadas, que por lo
mara p1ra que le siguiera, Conrado volvió á sus ha- viveza y la verdad de esta impresión ... , que creí ver pronto no debían temerse ninguna nueva crisis. Tambitaciones, que estaban en la extremidad de la casa, en esa mano mi anillo perdido, aquel que dí á Félix bién quiso pasar la primera noche á la cabecera del
- Vete al instante, dijo á su criado, y trae de las y que Conrado me regaló antes. Cerré los ojos, y en- lecho, y no permitió á nadie acercarse al conde, que
cuadras y del jardín cuatro hombres de los más vigo- tonces me pareció aún que el difunto estaba junto á seguía siempre en un estado de completa insensibimí y tenía mi mano en la suya, Después miré la cara
lidad. Desató las ligaduras, cortó los espesos bucles

á los o'os de personas recelosas ó desconfiadas. Deseade su cabello negro y aplicó compresas de hielo
ba c~n toda sinceridad ocultarlos; mas aquellos para
la frente. á qu1'en durante semanas enteras se proh't· quienes quería guardar el secreto,
esforzándose
por
- t nqu1los
de la meJull.eta,
conseguirlo dejábanse enganar ra
'
bió acercarse á su esposo, t~asladóse á una de _las . r buena f~· consideraban como una cosa muy ~a-

Félix apoyándose desigualmente con un pie, h~ébía
'
• ¡
de la barca pom nhecho girar con violencia a proa
e a uélla inclidola contra la corriente, de -~ºt~rqu rJió el 'equilinándose de lado, se sumergió,
IX pe
brio, vaciló, resbalóse un pie, cayó al agua Y desapa-

habitaciones inmediatas, .Y dispuso que se sushtu- {~ral su fingÍda calma, y le creían tan pronta, tan irnfi ·
caída
lf 'tamente que Conrado se exasperaba por su pro- reció.
Muy pronto volvió á la supencte, pero su
p. c1 .
'

yesen las puertas con tapices.
.
.
Lo días y las noches transcurrieron sm que se
rod~jese ninguna mejora en el estado de_! ~?nde y
fin descanso para J ulieta en sus largas v1g1has, durante las cuales permanecí"¡ atenta d~~áJe1:~~e~:~:
sa cortina, única cosa que a separa
fi ti
.
Siempre junto á ella, dirigía á veces hunad ur val mirada á la habitación_del con_de, es_cuc an o cºn admayor atención. MeJOr h~b~e_ra sido p:rb' onra ~ ~
ara ella que en estas vtgthas no se u tese mos ra
~o tan celosa y atenta, ni escuchado tampoco los sonidos que salían de aquella estancia fonde ¡~

et~~

rohibido entrar; pues entre. ellos, a gunos . e~

la sangre en las venas de Juheta, matando ~ara s1et•
pre la piedad en su corazón. No eran m s que í as
palabras entrecortadas d~ un loco, p~ro_ócoten :~
una confesión mvoluntana, y esta con es1. n e re e
16 una verdad tan aterradora como la apanc1ón de la
cabeza de Medusa, que convertía lo~ hombres en estatuas. También J~li~ta se conv1rt1ó e~ t\";;~:•r1;
aunque yo no la v1 smo una vez, no po r o
jamás.
No obstante, cierta mañana Conrado, algo repues:
to por la primera noche_ de reposo de que hast~:c~tonces había podido disfrutar, recobró el col
miento, pudo darse cuenta de los _objetos que e ro:
deaban, y juzgánd?se fehz al verse hbre de todo pa~e
cimiento físico, fiJÓ en su espos~, c¡ue le observa a,
una mirada de profun~o agradec1m1ento.
u'er· era
Pero la figura _q~e- v1ó no era la de una m J '
la del ángel del JUICIO.
á F é- ¿Por qué no alargaste la mano para sa1var
lix?, preguntó la condesa.
.
1
Estas palabras fueron pron_u?ct~das entamen!¿
como un murmullo casi mmtehg1ble; mas á _Co~rat
le parecieron terriblemente claras y p~ec1sas. ~
lo sabía todoL . Cuando oyó estas pala ra~! Co~aspecto de Juheta, tampoco él ignoró ya na .
de
prendió que el secreto se había -escapado al fin
unos labios que ya no eran duenos de sí m1s_mos, y
que la voz que le acusaba era la de su propia conciencia. ¡Su crimen se alzaba delante de él!...

'6

había comunicado impulso á la barca, qu_e se h;lla~~
p1;tn~nf~día escapar ni un instante por la palabra, entonces algunos metros más allá; Féhx_ se mgt
1 .ª / 6 la acción del fuego devorador de aque- hacia ella con todas sus fuerzas, pero la bnsa comen1fa:~;u:tia oculta; d~bía repnmirse corno en el pé~: zaba á soplar, y la embarcación, cuyas ~elas estaban
sado pero esta reserva era entonces natural para ' desplegadas aún, avanzaba con tanta rap1de~ como el
.e~tras que ahora esforzábase en la imitación de nadador y con más velocidad que la comente. De
:lmismo como un actor imita un modelo, y de este aquel barco no se alargó una mano protectora m un remodo todo su ser se transformó en una máscara, mo para ayudarle; el peso de su vestido e~papado en
odia arrancar aunque le sofocaba. Todas las agua yde sus macizas botas aumentaba mas ác~da emq_ue no p c·as
condiciones de su vida habíanse puje que daba, y sus fuerzas disminuían. Deb1htado,
~t~fJ;~:~a ~iriiir su carácter por vías de que la ju- sofocado ya, gritaba: «¡Basta, C~nrado, por Dios, ya
n d uiere eneralmente apartarse. Aun siendo basta! ¡Ya es suficiente el casbgo; las fuerzas me
ve_ tu su; afecci;nes tenían un carácter paternal; la abandonan· me hundo '&gt; En aquel momento, Conran~~~~mbre de juzgarse superior y con más autoridad do no oía ' apenas á Félix, ni le veí~ tampoco; una
~abíale sido casi impuesta por la sumisión espontá- imagen que hacía largo tiempo dorm1t~ba en el ~ta'.
de a uellos ue le rodeaban, y as( adqumó _u~a do de recuerdo, aparecióse de improviso á sus OJOS,
nea fi ; fatal e~ la infalibilidad de su propio JUICIO, formas vagas que durante más de una hora y ~á~ de
coi:s"zués ocurrió la aventura del anillo de Amasis, un día de desgracia habían cruzado su mente, s1gmenque le~ondujo gradualmente á ser sup~rsticioso, úl- do el curso de sus pensamientos, llega~an ahora de
tima áncora de salvación del hombre sm fe. Rodea- pronto desde el mundo interior al extenor, y no ~ran
d de peligros de los cuales le advertía á cada mo· tan sólo visibles, sino muy marcada_s. Con_oc1alas
o t u pasión creciente y persuadido de que de- bien; no eran pensamientos nue~os, smo ~migas de
: ~ :r: dar una prueba de su debilidad, trató_ en antigua fecha, viajeros que volv1_a~ . de leJoS Y qu~
t d s las circunstancias de aniquilar la tentación, hacía largo tiempo se habían dom1C1hado en un espta~u~ando la iniciativa de la voluntad, lo cual equiva- ritu, animando su soledad. Eran contemporáneo~ de
lía á renunciar al privilegio más elevado de un ~erra- los crímenes de aquellos siglos pasados, cuya concien·cional al ejercicio de esa facultad en que reside el cia no podía hallar reposo en. la tumba; habíalos exhulibre ¡lbedrío, y convertía en confusa amalgama pro- mado de las negras profundidades de épocas olvidahabilidades aventuradas y locas, mundo natural de das, cubiertos del polvo de los reyes _de Tebas, y los
temores y esperanzas en el que las almas se pierden incrustó después en los repliegues s1lenc10sos d~ su
ó se salvan por sus propios actos.
.
alma para convertirlos en ídolos de su tnste rehg1ó?·
Estaba resuelto á soportar sin murmuración todo
Esas visiones estaban ahora ante él, y su presencia
cuanto udiera imponerle la fatalidad que goberna- se interponía con tal fuerza entre su vista y todos los
b
cgnfuso porvenir pero también había decidido objetos que se hallaban realmente á su alrededor,
n~ ~~chazar un don pr~cioso si el capricho de aqué- que no veía ninguna otra cosa, m aun al mismo ~é·
lla ponía casualmente en su mano abierta el ser cuya Iix. Para él todo eran fantasmas: Sethos, el príncipe
osesión codiciaba ardientemente.
;.
sin reino, y Amasis, el usurpador, que se h~ndfa en
p En tal estado de ánimo, dominábale un espmtu las olas. Frío como el espectro de su prop10 pensa
mali no cuando su hermano le propuso ir á cazar miento permanecía de pie, con los brazos cruzados,
to~ al río el día fatal del 14 de septiembre: fué con en la ~opa de la embarcación que corría á merced
;:pugnancia, acosado por trist~s presentimientos; y del viento, contemplando, sin verle, al hermano que

XI
DEMONOCRACIA

¿Qué crimen era este?
.
No era el acto irreflexivo de un hombre dommado

por la pasión . ni siquiera se podía considerar como
un acto, pue; el conde no había sido nunca e~clavo
de la pasión, pero llegó á serlo d_e su pensamiento,
y éste fué para él un soberano pehgroso.
En la tarde del día en que Julia contrajo esponsales con Félix, cuando los dos volvían _al caS t tllo por
el lindero del bosque, aquélla perc1b1ó como un_ lamento en el tallar y Félix había oído también ruido
entre la espesur;, era Conrado, que poseído de una
inexplicable inquietud, había dejado escapar un suspiro y trataba de volver al castillo sin que se le
viera.
. ..
ó
¡s
Manteniéndose mv1S1ble, pudo observar c. mo 0
dos enamorados paseaban juntos; oyó á Juhet~
nifestar á Félix el temor que Conrado le msptra a
respecto á sus desposorios, Ycomprendió muy pronto
que estaba irremediablemente perdida para él. Acostumbrado desde hada mucho tiempo á preparar_ su
e9píritu para el combate mortal con el enemigo impetuoso que entonces le acometía, apeló á su orgullo
y á su fuerza de voluntad para ocultar á todos los
ojos las amargas angustias de aquell~ lu_cha; y des.
¡o con s1gmó demas1agraciadamente para él mismo,
do bien. A este fin anunció su proyecto de enlace
con la heredera de Weisemberg, Y durante un momento tomó la idea por lo serio.
.
«Un año más de lucha, se decía, y habré domm;do esta loca pasión que tiene su origen en el error e
toda mi vidá » Pero los felices poseedores del paraíso de que había sido desterrado jugaron imp rud eón. · d e q ue su .corazd n
temente con la violenta co d1cm
era presa· burláronse de ella como de un_ amma_1 o-

mt

mado ó ~e mostraron indiíerentes, pa:ec1endo t~n¡o.
. E n su morta¡ angustia , veíase alS arar su' ex1stenc1a.
do en medio de los que no la sospechaban, y entre
los que le eran más queridos, ninguno observaba I_o
que padecía. No había agradecimiento para el Te~!~

que sufría por causa de ellos, m ternura m p
para su dolor ignorado.
.
El conde hubiera arrostrado valerosamente .. ~ sm
duda vencido mayores dificultades aún pa'.a d1s1muá'
· d e cada instante
lar sus padecimientos
Ysacn'ficios

como si todas las cosas se conJurasen contra él, Fé- iba á perecer.
.
Entonces 1 en los ojos y en el rostro de Féhx malix estaba aquella mañana de un _hu_mor muy provocativo. Animado de una petulancia rn_solente y agre- nifestóse un a especie de terror indecible, mas no era
siva el hermano menor hacía prec1samen~e todo el temor á la muerte; era que leía en los ojos y en el
cua~to la premeditación más maliciosa hubiese po- semblante de su hermano; y con una voz que ~odia
dido concebir para exasperar el humor somb~ío del considerarse como el último suspiro de su amistad
fraternal, exclamó: «¡Conrado, Conrado 1&gt;
primogénito.
.
.
.
A cada instante 1mpac1eotado por la expresión
No obtuvo contestación: el barco avanza_ba co_n
taciturna de su her:nano, preguntábale si pen_saba en rapidez, conservándose siempre 1~ mism~ distancia
Ja heredera de Weisemberg, su noVIa elegida con entre los dos hermanos, que se m1raban fiJamente; Y
tanta prudencia; y después, montando como á pba- al fin escapáronse estas palabras de los labios del
llo en el pasamano de I_a emb~rc~c1ón y bal~nceán- nadador sumergido:
. .
.
«·En el nombre de Dios muy m1sencord10so, salva
dola con absurda teliiendad, anad1ó: «¡Qué divertido
1
· ID:t.)
'I
será observar la cólera de los representantes de la ley tu alma
inmortal, y tiende la mano hac1a
cuando compres á la futura condesa una diadema de
Estas fueron las últimas palabras de Féhx de Robrillantes con el dinero salvado de sus garras! A_pe- seneck, que se hundió al pronunciarlas. La mano~ el
sar de todo, amigo mío, no será nunca tan preciosa brazo suplicantes con que había reclamado el aux1ho
que se le rehusó quedaron un instante v1s1bles en la
como esto.»
.
.
Al pronunciar estas palabras, hizo bnllar la ama- superficie del agua, cuando todo lo demás había destista á los rayos del pálido sol de la mañana.
.
aparecido.
.
.
. .

-¡No, continuó, aunque acumula~as todos los d1~-

Involuntariamente, Conrado hizo un mov1m1ento

mantes de la tierra, no llegarías á igualar el precio para coger aquella mano; mas en el instante en que
alargaba el brazo, la amatista que ostentaba e~ el
de esta piedrecita!
.
. ,
En el corazón de Conrado, una voz rntenor mur• dedo brilló á los rayos del sol. Repentina y rápida
muraba: c¡Guárdate, guárdate!» Pero Félix _se mos- fué, como el rayo que consume, hier~ y desvanécese
traba á cada momento más alegre y agresivo, y su en el espacio de un segundo, la sene de ideas que
hermano más lúgubre y grave.
.
despertó en su cerebro aquella chispa fatal; una voz
En presencia del hijo del guarda_ había a_dvertido interior le gritó: c¡ No luches contra la mano de Seb
á Félix que cometía ~na im~rudenc1a, y vanas veces Kronos!&gt; Entonces retrocedió, y pudo ver que la
Je rogó que permaneciese qmeto; pero después el mu- mano de Félix había desaparecido.
chacho saltó á tierra, y los dos hermanos quedaron
Apareció una vez más y después otra y otra, no
solos : Félix, indiferente y agitando alegre las alas de como antes, sino rígida ya por la agonía de 1~ muerte,
su felicidad; y el primogénito, concentrado en sus y con un ademán inconsciente que no suphcaba ya,
amargas reflexiones y haciendo esfuerzos para sofocar pero que parecía amenazar. Al fin se sumergió del
en su pecho los gemidos de un corazón lacerado.
todo, y ya no volvió más á la superficie. .
,.
- Decididamente, dijo Félix, estás de un humor
Conrado contemplaba con ojos atónitos ~¡ s1t10
insoportable esta mañana; mas si no puedo alegrarte, donde había desaparecido, sin saber cuánto ttempo
por lo menos haré que tengas miedo. iAllá vaL. , . hacía· mas al fin el ladrido leJ'ano de un perro en la
'
y comenzó á balancear el barco con más v10lenc1a orilla ' le distrajo 'de su contemplación.
Entonces esaún. Conrado permanecía sentado tranguila~ente_ sin tremecióse, poseído de horror, cual si despertara de
contestar; pero hallábase poseído de una mdec1ble un sueño espantoso, y mirando en torno suyo, v16
agitación· los murmullos que habían llegado á ser que estaba solo, solo con la implacable re~lidad; y
familiare; para él parecían le un horrible estribillo del dominado por todas las angusbas del remord1m1ento,
agua, sacudida por el movimiento del buque; y las precipitóse de cabeza en el río.
.
voces cantaban:
J ulieta sabía ahora todo esto, lo sabía por pnmera
vez después de haberse unido para siempre con el
asesino de su antiguo prometido, pues como tal conc¡Va volvemos, la sortija es nuestra!
Dinos, hermo.no, ¿quién será el esposo?&gt;
sideraba á su esposo. Esta revelación no la mató,

�2

54

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

p~r~ fué un golpe mortal para su corazón y su juicio.
V1nó, mas ~o para consolar á Conrado, sino para
vengar á Félix; el amor puede sobrevivir al aprecio
pero Julieta no había amado nunca á Conrado:
profesaba un verdadero culto, y él acababa de cometer un sa~rilegio contra sí mismo. No hay merced
para los impostores que han sido adorados como
ideales, ni perdón para los falsos dioses que profanan
sus tabernáculos.

1:

POST SCRIPTUM

¡l
1
'I

;~I

:¡

1

NúMERO

de Buffalo para completar su armamento, terminado
el cual se cortó una de las líneas de remaches á lo
largo de la cuaderna maestra, siguiendo la línea quebrada formada por las junturas de las planchas de
carena (fig. 1 ), y cerrando luego cada una de las dos
mitades del barco por un tabique vertical estanco,
fueron éstas lanzadas al agua por un plano inclinado
perfectamente engrasado.
En la travesía del lago Ontario (fig. 2) y del canal
Welland la mitad de popa, que es la que contiene las
máquinas, navegó al impulso de éstas, y la de proa,

486

NúMERO

LA

486

2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

55

UN NUEVO BUQUE ELÉCTRICO

De los astilleros que en Chiswick, en el Támesis,
posee la casa Woodhouse y Rawsou, acaba de salir
un nuevo buque eléctrico, construído por encargo del
gobierno inglés, que se propone utilizarle para el
transporte de tropas entre los puertos de Chatham y
Sheerness. El Electric, que así se llama el barco, tiene 48 pies de eslora y 9 de manga; los acumuladores
colocados debajo de las banquetas de la cubierta
sirven de lastre, y su carga proporciona fuerza sufi-

Había pasado una parte de la noche leyendo los
papeles del conde de Roseneck, y fluctuaba entre el
horror y la compasión.
¿Podía yo decir al miserable que la expiación superaba al crimen?
«¡No, pensé, no baya piedad para el hombre desapiad~do, ni merced para aquel que no ha sido misencord10so! ¡El ángel del juicio no es un escribano;
n~ es más que guardián de los registros que nosotros
IIllSmos le llenamos, y la mano que firma las sentencias en ese libro eterno es la del hombre!»
,Meditan~o.así, dirigíme hacia la .ventana y descor~1 las cor~m1llas; el astro del día iluminaba ya el
cielo, y de improviso recordé este versículo de la Bi?l!a: « Hizo salir el sol, así para el justo como para el
~nJusto.» - «La noche, me dije, inspira sentimientos
mhumanos; voy á ver á ese hombre, de quien el reposo_ ha huido hace largo tiempo, y tal vez podré proporc1onársele.»
Dí orden de enganchar el coche y me puse en
marcha.
Cuando llegué á casa del conde de Roseneck, la
d~bilidad de éste era tan extremada, que juzgué inútil toda intervención médica; y sólo llegué á tiempo
para ofrecer el auxilio doloroso y compasivo que durante tanto tiempo había sido necesario para el espíritu fatigado de aquel hombre.
Fig. 1, Lanzamiento del buque americano divisible en dos mitades, en los astilleros de Buffalo
Me senté á la cabecera de su lecho, buscando en
mi corazón palabras de consuelo; su mano izquierda
r7posa_ba ~n la mía, y noté que las pulsaciones de la previamente lastrada; mé remolcada como lo indica
~d~ dISmm~ían progresivamente. Al fin dejé de per- el grabado, llegando ambas, después de un viaje de ciente para una travesía de 10 horas á razón de 8 nu~1b1r los latidos, y le creí difunto; pero de repente once días, felizmente á Montreal, en donde se prac- dos por hora, llevando el buque 48 soldados con tomc?rporóse por un supremo esfuerzo; sus ojos se ticó una operación inversa á la que se había ejecuta- do su equipo. El electro-motor no produce el menor
ruido y el barco se desliza por el agua sin sacudidas.
abrieron desmesuradamente y miraron al cielo con
do en Buffalo: unidos nuevamente los dos trozos del
una expresión de fervorosa súplica; al mismo tiempo buque, y remachadas unas sobre otras las planchas Los acumuladores se cargan poniéndose en comunicación con una dinamo emplazada en Chatham.
levantó el brazo derecho en el aire; su mano, agitáncorrespondientes, el barco fué lanzado por el , proceEn Inglaterra se cree con fundamento que en bredose en el vacío, pugnaba aparentemente por coger dimiento ordinario y descendió el San Lorenzo para
ve los vapores que hacen el servicio del interior de
alguna cosa, y con voz sonora, profunda, casi sobre- dirigirse á Nueva York.
natural, el paciente exclamó:
los puertos, especialmente los que se dedican al transAunque el resultado de esta prueba parezca favo«¡En nombre del Señor misericordioso, herma- rable, puede temerse que las operaciones de desmon- porte de pasajeros y mercancías desde tierra á los
grandes vapores transatlánticos, serán reemplazados
no, salva mi alma inmortal! ¡Tiende tu mano hacia
tar y montar el buque no siempre se verifiquen con por buques eléctric'os.
la mía!»
la precisión necesaria, sobre todo si las embarcacioLa casa Woodhouse y Rawsou ha recibido tantos
Y entonces observé que aquel rostro, invadido ya nes han sufrido alguna~ averías en la travesía de las
encargos, que se ha visto obligada á construir un sepor _las sombras de la muerte, se dilataba por una
s?nnsa; sus facciones se iluminaron con una expresión de agradecimiento y de inefable alegría; y después el paciente apoyó de nuevo la cabeza sobre la
almohada, dejando escapar un suspiro muy prolongado .. ,
¡Era el último aliento del conde de Roseneckl

EnfermedadeSdetPecho

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX
Antes, Farmacdutico

9:5, calle Vauvmters, Parls,

E! lal'abe de Pierre Lamouroux _es
el Pectoral por exc~lenc1~
como edulcorante de .las tisanas, a
las cuales comunica su gusto agradable y s-us propiedades calmantes.

GARGANTA

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHAN

Reeomendada1 conlra 101 Malea de la Garganta,

PATERSON

Exttnolcnea de la Voz, Inllameclonea de la
Boca, Eleotoa pernlclo- del Merc~o, Irl•
taolon que produce el Ta baco, J speeiwneote
á los Siirs PREDICADORES, ABOGADOS,
Pl!,OFESORES y CANTORES para factht&amp;r la
emJclQn de la voz...:PuCto : 12 Rui.11.

con BISMUTBO 1 MAGNESIA
Reeomendados coolra las Ateoolones del E8'6·

mago Falta de Apetito, Digestiones labo·
rt0888 Aoedias Vómitos, Etuctos, y Cólicos;
regularizan ~ Funciones del Estómago Y
de loa Inteatlno11.
Erltlrtn e/rotulo a frma de J. FAYARD•
.ldh. DE'TBAN,Fannaoeutioo en P&amp;IU8

11a,tg,r en ei rotulo a ttrma

adh. DETBAN, FarmaoeutlGO en P.&amp;RIS

(Gaceta de los Hospitales)

Dephito General: 45, Calie Ymillicrs, 45, PMIIS
Se vende en todas las buena, farmacias.

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

á. 1.0 cént imos de peseta la
entrega de 1.6 páginas

APJ:OL

VINO

"ne los ore. JORET &amp; HOMOLLE

CHASSAING

DE

BI·DIG:BSTrVO

El APIOL cura los dolores, retrasos, supresiones tJe las Epooa11, asl como las pdrdidas,

Preaorito desde ~IS años

Pero con frecuencia es falsificado. El API oL
vúrdadero. único eficaz, es el da los Inventores, los D"' JORET y HO:MOLLE.

Contra las AFFECCIONES da las Vlas Digestivas
PA RIS, 6, Avenue Victoria, 8, PA RIS

MEDALLASExp" Univ1ª LONORES1862 • PA R/S 1889

'l' lllf !l'OD.U Lil P'&amp;l:SOIPUlU IP.l.'&amp;IUOUI

Far1• BRUIIT, 150, ruedeRlvoll, PARJS

. ...

•

-

.
....

,.

- . .
...

~

,

...

-

. - - - -

-

-

•

-

-

,

"i

- . -

-

-

- - -

,

-

-

- . - -

- ,

"'

GOTA
Y REUMATISMOS
• por el LICOR
PILDORAS del~• :i::...,a,vll.1
y las

TRADUCCIÓN DE ENRIQUE DE VERNEUILL
-o!+lo-

SECCIÓN CIENTÍFICA

Querido enfermo. -Fiase Vd.• mi lart• experiencia,
hafa uao de nuestro, 6RANOSde SALUO,pu~ e//ot

J•
As/ ,mrA V •

/t ourarAn de ,u con1t1p1olon, le dar4n apet~o Y

Por layor: F. COMAR, 28, ru Salnt-Claude, PARIS

r

11 todu las far1ad111 Drognrl11,-lmilest gratll u folltlo expiiu ·

devolrerAn el eueño 1 la alefrla. 1muohot años, disfrutando 11empre de una buena salud.

tAIT AnÉPRÉLIQUB -

LECHE ANTEFÉL
pan 6 meiellll eoa apa, 4lsipa

BUQUE DIVISIBLE EN DOS PARTES

En octubre de 1890 se lanzó al agua en los astilleros de Saginaw (lago Micbigán) un ingenioso buque
que á la vez responde á las necesidades de la navegación en alta mar y á.las de la navegación por los
c~nales que ponen en comunicación los lagos interiores de los Estados Unidos con el río San Lorenzo.
El fin que persiguen los armadores MM. Wheeler y
Compañía, de West Bay City (Michigán), es evitar
l~s trasbordos de las mercancías que transitan en las
pma_zas que frecuentan los canales citados: éstos,
destmados á salvar la difereneia de nivel de 180
metros que existe entre la región de los lagos y
MontreaJ, comprenden 43 esclusas que sólo se pres. tan á la navegación de buques de poca eslora. En su
consecue~cia se han propuesto aquéllos construir
embarcaciones de mucho tonelaje susceptibles de ser
divididas en dos partes para atravesar las esclusas y
ser luego nuevamente jumadas á su llegada á Montreal.
. ~l Mackinnaw, que ha realizado con éxito este
VIaJe, es un buque todo de acero, de 3.578 toneladas
en bruto, con 87 metros de eslora, 12'25 de manga
Y 8'80 de puntal. Sus máquinas de triple expansión
Y sus calderas de aeero ondulado están timbradas á
I I kilogramos. Después de lanzado sm desmontar en
las caletas de Sa~inaw fué conducido á los astilleros

1y

'

oracJOD D:LICO&amp;ae emplea en el eatado agudo¡ 111 PILDO&amp;AS,en el utado orón/

CAS,LENTEJAS,TEZASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

lCCC&amp;&lt;•
CLORÓSIS. -

Fig,

2.

Travesfa del buque, después de desmontado, por el lago Ontario

esclusas y del San Lorenzo, 6 se han resentido á consecuencia de algunos golpes de mar. De todos modos, muy crecidos han de ser los gastos de trasbordo
y muy grandes las pérdidas de tiempo experimentadas por los pequeños barcos de transporte para que
sean superiores á los que requieren las operaciones
descritas.
Esto no obstante, la tentativa de MM. Wbeeler y
Compañía no deja de ser interesante y creemos que
merece ser conocida.
(De La Nature)

LINFATISMO

padrian ,er demasiado recomendados en ra:On. de su pure:a quinuca. de
:: inalterabilidad V de su solubilidad co,u/i~~=:á de los llolpitale&amp;}.

'
gundo astillero y está en vías de montar otro: además de los pedidos del gobierno inglés, tiene varios
del de México y acaudalados particulares como
Rotscbild y otros se preparan á sustituir por buques
eléctricos sus actuales vapores de recreo.
Los industriales ingleses por su parte, conociendo
las ventajas de estos nuevos barcos se han apresurado á utilizarlos, y la conocida fábrica de jabones
de Pears posee ya dos de ellos y tiene encargado
otro que será el mayor de cuantos lleva construfdos
la casa citada, puesto que medirá 50 pies de eslora.

ANÉMIA. -

El Proto-Ioduro de Hierro es el reparador de la s~ngre,
el Lortfflcante y el microbicida por excelenc1~.
11Jarabey las Grajeas con proto-ioduro de kierro deF• f?dle,
DEPÓSITO GENERAL: 45,

~- -- -

Rue Vauvillíers, PARIS. Otposito e~ todas las Jarmatias.

-- -

--

.

CARNE, HIERRO y QUINA

El Alimento mas fortificallte unido a los 'tónicos maa reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD
T COK TODOS

tos PB.INCfflOS NUTJllTJVOS DB u

CARNE

«J&amp;an, auzaao y_ f11111'A.I Diez años de ento continuado y las aflrma,C1oncs de

P'

JARABE ANJJf!q§ífIJz~9e!tal81lN.Ia• ~

Er;~~É ~~~~Trecomendaú~
desde ;u principio, por 1OS profesores
d G
etc • na reclllido la consagracton del tiempo: en el

L ..
Th ·
aennec,
e nar ,

nt
,

ó
ADERO CONFITE PE&amp;THAL con base
año 1829 obtuvo·e1prlv1leglo de tnvencl n. ~E~~
á. las personas dellcact'as cemo
O
de goma y cte abab01es, conviene sobre
e
modo alguno á su eficacia
mUjeres
y
niños.
su
gusto
excelente
nJ11oFPLfJJA.i&amp;~E~
1 PECIIO y de 1Os IIITIISTIIIOS. _..,j
1... contra los RESFRIADOS y todas tas
....
uersa

·•

J~

todas las em1nencu1s médícas preuban QUe esta asocJaclon de la CJarne, el u,erro y la
Oaiaa constituye el reparador mas entlrgico que se conoce para curar : la Cloró&amp;ú, la
ltlém'4 las Jlemt~ dolorosa,, el Jlm1&gt;01&gt;i'e~mlfflto y la .4.lt~acton de la S&lt;more,
el JlaQ.Úttúmc ldS .4.feccwnu e.cro{Ulosa.s Y e&amp;corbutlcas, etc. El Wioo Ferrut;ioo■o &lt;le
A.roud es en' erecto el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regulariza' coor&lt;lena•y aumenta considerablemente las fuerzas

ó fnfundti a

la sao¡re

em'J)Obrecida y descolorida : ~ vtoor, la cowacwn_ y la Br~g"!' ot~al.
Rort11oyor en Paril en casa d&amp;J. PERRÉ, Farmaceu_\ieo, tot, rue Rtchehen, Sucesor de ARODD,

•

8B VKIIDB .BN TOD.&amp;.S IaS PalN&lt;llPA.LBS BOTl&lt;WI

EXIJASE •40:: 1 ARDUO

�L A I LUSTRACIÓN A RTÍSTICA

NúMERO

la Academia de
ciencias de Parls,
ha examinado en la
Escuela de Bellas
Artes de la ca pital
francesa una copia
del referido cuadro
de Rafael y opina
comoMM. Rolden
y Newton.
Es de notar que
cuando el lienzo fué
pintado hacia poco
que habla caldo una
lluvia de meteoritos
• en Crema, á corta
distancia de Milán,
y que Rafael, aun
sin haber presenciado el fenómeno, pudo conocerlo
en s~s menores detalles, por descripciones como la de
Amoretti que ha
llegado hasta nosotros, siendo por esta razón muy natural que en el momento en que terminaba la terrible
guerra con los franceses el fenómeno
meteórico fuese inclu!docon el arco iris
entre los testimonios de la intercesión divina.

UNA OBSER.VACION
sobre un
CUADRO DE RAFAEL

1,

486

En una noticia
publicada recientemente en el A111erican / oiernal o;
sciences, Mr. II. A.
Newton da cuenta
ele la opinión de
Mr. IIolden, director del observatorio
de Lick,ápropósito
de una pintura de
Rafaelconocida con
el nombredeAfadona di Foligno y
conservada en Roma en la Pinacoteca
&lt;lel Vaticano. El
lienzo representa á
la Virgen de pie en
el cielo, y tÍ sus plantas se extiende un
paisaje que comprende la villa de
Foligno y sus alrededores. Entre el
cielo y la tierra se
ven algunas nubes,
un arco iris y una
gran lágrima de fuego animada evidentemente de un movimiento de precipitación hacia el
suelo.
¿Qué significaUN HALLAZGO
ción t:ene esta láCURIOSO
grima de fuego?Muchos eruditos han
Lo es en efecto
pretendido que era
el que acaba de haun rayo; pero lo
cerse en los sótanos
cierto es que no tiedel edificio del T rine en manera algubunal civilde Francna el aspectoji1/g11fort e n el Mein:
ra11te con que los
consiste en un saco
ESTUl))O DEL PINTJR EDMUI\D0 IIARBURGER. (Véase el articulo e11 el núm . 479.)
pintores han reprede correo ó mala
sentado en todos
postal que data del
tiempos y de un
.
año 1584yqueconMr. llolden y, tomfodola de él, Mr. Newton emiten una t1ene 475 cartas, convenientemente selladas,intactas todas, de
modo siempre uniforme la imagen del rayo ó del relámpago.
Otros han creido que la tal lágrima era una bomba con su opinión muy diferente de las anteriores: según ellos lo que procedencia italiana y con destino á los Palses Bajos.
trayectoria ó fuego griego y que con ella se quiso aludir á las Rafael quiso representar fué un bólido con varios meteoros deTodos estos documentos han sido depositados en el Museo
sangrientas guerras de aquella época, pero la completa ausen- jando tras de si un rastro.
de Berlln y algunos historiadores han obtenido autorización
M. Daubrée, qu&lt;" ha dado cuenta de la noticia americana á para examinarlos.
cia de humo hace inverosímil tal suposición.

Las casas extranjeras qu e deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Ca lvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona.

1

!

1

1

¡

I

GRANO DE LINO TARIN
Farmacéutico, place des Petits-Péres, 9, PARIS
P REPARACION
ESPECIAL

para combatir

•

con trilo
E$TRENIIIENTOS

Er/jar,e 1a.t

caja, de hoja de lata

•

Una cucharada
por la manana

,

y otra por la tarde

COL ICOS
'
'r# en la cuarta parte
IRR ITACIONES
~ .. •
de un vaso
EN FERMEDADES En toda, deagua 6 de leche
DEL HIGADO
/as
Y DE LA VEJ IGA /armadas
U CAJA : 1 30

n.

f¡f'º

--ii-

Jarabe Laroze

Pepsina Boudault

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

DIE ~ARia

no tltllbe1.n en pul'(larre, cua.ndo lo
necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que ,ucede con
l'?s demas purgazJtes, este no obra bien
smo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortilica.ntes, cual el vino, el cafá,
el té. Cada cual escoge, para purgarte, la
hora y l a comida gue mas le convienen,
sevun sus ocupac1one1. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado porel efecto de la

Desde hace mas de 40 años, el larahe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolorea
J retortljone■ de estómago, estreñimientos rebelde■, para facilitar
la ~ges~on J para regularizar todas las funciones del estómago y de
los mt.estwos.

JARA.BE

a1ijro:muro de Potasio

bue.a, alimentacion empleada,uno
,e decide !licilmente 4 volver
li empe.ar cuantas veces
, ea .aecesario.

Es f!l remedio mas eficaz para combatir las enrermedades del coruon,
la epilepsia, histér ia, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, coa-.ulsiones y tos de los niilos durante la dent.icion; en una palabra, todaa
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

Clltlellu

PILDDRAS~~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

· ·' -~-~\\ADESdeIE8To,tt
\ ...,~

Lu
Ptl'1ftll ...

!, roe des Lions-S1-Panl, i Paril.

Deposito en todas las principales Boticas y Droguerlaa

J.probada por la !C!DEI I&amp; DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
Mtd&amp;llu en lat E1po1lcione11, Internacionales de

P!BIS • LYOH - VIENA - PHJUDtLPBIJ. - PARIS
l&amp;,7

18;~

llr.3

11 I IIPUi. CON ,.,.

U!i6

•noa

·18711

i:IITO I .N' LAa

DISPEPSIAS
O ASTRITIS - OASTRALOIAS
DICESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I OT&amp;0I 1&gt;1101.Dlftll DI U . DIOIITIOW

BASO LA F,ORIIA DE

CARNE y QUINA

El Alimento mu reparador, unido al Tónico mas ener¡ico.

Soberano remedio para rápida cura-

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PRINCIPIOS NtmllTIVOS SOLUBLBS DB U CARNE
CJ.la.'HJ y 011111.11 son los elementos que entran en la composlcton de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este for&amp;iacan&amp;e por eaeele neia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la J.mmfa y el .Apocamtento, en las Calentura,
.,- ConoalecencúU contra las Diarreas y las J.feccwne, del B1tomago y los tnte&amp;ttfl()I.

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO , , de PEPSINA BOUDAULT
POLY03- de PEPSINA BOUDAULT

cuando se traía de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo Y precaver la anemia y las epidemias provocadu por los calores, no se conoce nada supeflor al l'iae de Qui■• de Aroutl.
R()'J' ma,110,. en París, en casa de J. FERRt:, Farmaccutico, 1~ , rua Richelieu, SucesordeAROUD.

PJ.!13, Pbarmacie COLLAS, 8, rae Daupbiue

SS VBNDK KN TODAS LAS PIIINCIPALES BoTl&lt;WI.

Wffl la, prlnclna~, fa,.,,..cla1,

cion de las Afecciones del p e cho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolor es,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

:EXIJASE-'1~ºt1: 1- ARDUO

PITE EPILATOIRE DUSSER

destruye hutl lu RAICES el VELLO del N&gt;Slro de lu damu (Barba, Blro~. ele.), 111
nlngun peligro para el colla. 50 AiiH de É1:lto, ymiilart1 de te1Umoniotgaraoliwl la efteacla
de esta preparacion, (Se ,ende en oaJae, i,w:a la barba, J en 1/2 oaJu para el bigote llgero). Para
loa bram, empléese el l'JLI. f' f&gt;llJJ;, DVS8ER, t , rue J .•J .-Rouaaeau, Parta.

Quedan re~~os derechos Je rropie1la&lt;l artf,1ira y
b1r. 011 MoNrANU Y SI\IÓN

li1c1ar1a

e

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46565">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46567">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46568">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46569">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46570">
              <text>486</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46571">
              <text> Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46572">
              <text>20</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46588">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46566">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 486, Abril 20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46573">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46574">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46575">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46576">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46577">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46578">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46579">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46580">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46581">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46582">
                <text>1891-04-20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46583">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46584">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46585">
                <text>2011655</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46586">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46587">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46589">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46590">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46591">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7368">
        <name>Arte de América Precolombina</name>
      </tag>
      <tag tagId="7367">
        <name>Artes del extremo Oriente</name>
      </tag>
      <tag tagId="7369">
        <name>Buque divisible en dos partes</name>
      </tag>
      <tag tagId="7370">
        <name>Buque eléctrico</name>
      </tag>
      <tag tagId="7358">
        <name>El anillo de Amasis</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7361">
        <name>Lord Lytto</name>
      </tag>
      <tag tagId="7354">
        <name>Ornamentación</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1768" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="646">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1768/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._487._Abril._0002011662.ocr.pdf</src>
        <authentication>9c3fa1d9a17d07e7bdf0094afaff37f1</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73939">
                    <text>=
de

r!s,

1 la

las
tal
pía
lro
ina

!

len

¡ue
fué
,co
1na

tos
rta
in,

~Í-11élC10f)
-Ftí~ttett

.un

~n1e-

rlo

leip-

A&amp;o X

BARCELONA 27 DE ABRIL DE 1891

..--- - - - - ~

de

ha

)S·

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRIT ORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

estu-

10·

!r-

&gt;le
.n-

no

nris
O·

:e•

o

¡VALIENTE BREVAJE!; cuadro de D. Antonio Fabrés (Sal6n Parés)

�LA
SUMARIO

•

11
1·
1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

lienzos inmortales todo cuanto de perdurable y por
ende característico habla en los personajes ó en los
modelos de sus cuadros. No conozco sitio ninguno
donde las gentes más se oculten que en las fiestas y
en las reuniones del gran mundo, Lugar pésimo éste
para conocerlas y observarlas. No puede, no, en tal
espacio y en tal sazón mostrarse la virtud, mucho
menos divertida y sobria que los vicios. El claustro
propende á la hipocresía; el placer y la diversión al
escándalo, En ciertos ambientes aparece la virtud
ridícula. El gomoso tiene á gala mentir que le ha fa.
vorecido una perfecta casada que ni siquiera lo ha

de Bonaparte y de los Barbones y de Luis Felipe, su
historia personal está en las encrucijadas de todos
Texto, -Afur11111racio11es mropeas, por Emilio Castelar. los caminos, y en el fondo de todas las inundaciones,
Narraciones. Virtudes, por Juan B. Enseñat. -Estudios de
y en los estragos de todos los terrenos, y en las paalgunos cl/ebrcs pintores (conclusi6n), por X. -Nuestros gra•
vesas de todos los incendios, y en el cruor de todas
hados, - El man'do de Jacobita. Novela original de Andrés
las cicatrices, y en el alma de todas \as creaciones, y
Theuriet, ilustrada pdr L. Marold, traducci6n de Enrique
en el abismo de todos los sepulcros, y en el fondo
L. de Verneuill. - SECCIÓN CJENTIFICA: Conciertos lt/efó.
de todo cuanto sucediera poco después de la gran
nitos á gran dista,uia. -El at1111m!ador elle/rico Alfas. revolución francesa y poco antes de la revolución
Libros enviados á esta•Redacción por autores 6 editores. del 48; es decir, en el Sinaf de nuestra religión políTorre colosal en el monte Pila/os (Sm'za).
tica, en el Génesis de nuestra edad contemporánea,
en el seno de todas nuestras creadoras y múltiples
mirado. Una gran señora, incapaz de mostrar en el
Grabados.- ¡ Valitttte brevajel, cuadro de D. Antonio Fa- hogar la castfsima garganta, se desnuda sin escrúpu- metamorfosis. El ha personificado, como ningún otro
repdblico, el maquiavelismo, expirante ya en este
brés (Salón Parés). -En la pradera, cuadro de A. Monte·
lo de medio cuerpo arriba en el baile. Se come, se nuestro tiempo de franqueza y de verdad liberal; él
meuo. - Gran Canaria . Valle de San Roque m el ca111i110 de
bebe, se murmura, se disparata mucho allí, para que ba sido como la última reproducción de Enrique VIII,
Tafira. - Ca/Jeza de estudio, cu4dro de A. Seifert. - Ca111i110
aparezca la naturaleza humana en toda su verdad, Y de Luis XI, de Fernando V, de Alejandro VI, de
de lafumte, cuadro al pastel de I-Iéctor De Marfa, grabado
no pintemos el cuervo más negro que las alas. Una César Borgia, de los estadistas que creían la Razón
por Mancastroppa. -A~llatió,i, cuadro de Tihamer "fargi•
ligereza, un coqueteo, una grande algazara no se de Estado una diosa, digna de recibir en sus aras,
tay. -El ensayo de"" minul, cuadro de G. Pagliei. -Figucompadecen mucho, á pesar de su escándalo y de su
ra I. Concierto telefónico en Nueva York. -Fig, 2. Audi· estruendo, con la perversidad, quizás callada é hipó- como en sublime holocausto, la virtud y el honor,
ción del concierto en Newton. - El acumulador eléctrico crita, que piden los crímenes y necesitan los crimi- Cuando Felipe I el Hermoso volvía de un viaje desAtlas. - Estudio del pintor Jorge Pappenlz (Véase el artícu- nales, Observad cómo siendo la gran sociedad esco- de los estados hereditarios suyos á los estados hereditarios de su mujer, como dirigiéndose á su suegro,
lo que se inserta en la pág. 262).
gida, se compone de pocos hasta en Madrid mismo, Fernando V, le contase que Luis X II en París misen que hay grande anchura de manga para recibir y mo se le quejara de haberle tres veces consecutivas
tratar; y componiéndose de pocos, aquellos que se re- engañado el rey Católico, replicó éste: &lt;Miente coMURMURACIONES EUROPEAS
pelen, suelen topar unos con otros muchos; y al repe- mo un bellaco; lo menos lo be engañado treinta.»
lerse
de veras y encontrarse con frecuencia, sienten te- Pues asf era Talleyrand, el representante dentro del
POR DON "Ei\llLIO CASTELAR
rribles afectos conocidos con el nombre de odio á bor- periodo revolucionario de la vieja teoría maquiavéliPequeñeces del mundo y de las letras. - Escándalos sociales. do, muy experimentado entre los pasajerGs de largas ca, verbo de la centuria décimaquinta, hecha hom- Las Memorias de Talleyrand, - Sus metamorfosis inexpli · travesías, quienes concluyen por querer echarse mucables. -Desencaolo que Ja.s Memorias han traido á los cu• tuamente al agua, Así debe decirse de cuanto refie- bre á un tiempo en varios reyes, grandes y consumariosos. - Imposibilidad absoluta de que pudieran interesar ren unos y otros de sus enemigos mutuos, lo mismo dos, pero dobles y embusteros, Talleyrand asistió á
los Estados Generales y oyó la voz de Mirabeau, á
teniendo su autor motivos tantos para callarse, - La memo•
ria de Talleyrand no se ha restaurado, pero sí el salón de en la sociedad política que en la sociedad aristocrá- cuyos estampidos bambolearon los tronos y surgieArtaxerxes. - Milagros arqueológicos. - Ruinas caldeas, asi- tica, lo que decía Montesquieu de un abate francés, ron los pueblos; ascendió revestido con sus opalanrias, persas. - La pantomima de Nerón en el hipódromo de en otro tiempo muy su amigo, con el cual se habla
Parls, - Recuerdos históricos, - Muerte de Barnum. -Con- enojado: &lt;Lo que diga el abate de mí, asf como lo das episcopales á la tribuna de aquella grande asamclusión.
blea del 89, donde, mientras los nobles inmolaban
que yo diga del abate, no lo creáis, pues hemos reñi- los feudos de sus progenitores, él inmolaba los biedo.&gt; En política el fanatismo llega por desvarío y nes del clero; dijo misa en el Campo de Marte por
I
desatino basta creer una virtud la calumnia, lanzada clérigo juramentado, para unir en matrimonio, más
Por espacio de un mes el público madrileño, muy sobre vuestro enemigo, que se os aparece á través de ó menos sacrílego, el nuevo derecho popular con la
propenso á perder su tiempo en rumores chismosos las arraigadas convicciones como un enemigo de la vieja Iglesia Católica; dirigió y aconsejó al Directoy consejas vulgares, ha corrido tras las P,qu,11,ces del patria. Por tal razón hay que tener grande altura de rio, después de haber escapado con certero instinto
padre Coloma, como tras un fenómeno jamás visto, ánimo y de juicio para juzgar, tanto en vida como en al terror, asiéndose á una especie de simulada plenicon curiosidad rayana en triste universal neurosis, en muerte, á vuestros émulos de profesión ó de clase. Y potencia en Londres; fué de los primeros en dobleesa exaltación insanfsima de los colectivos nervios no hay que recoger esas pequeñeces, engrandeciéndo- garse ante Napoleón el Grande y de los primeros en
sociales. Extraordinarias coincidencias han contribui- las con los reflejos del arte. Odia el delito y compade- abandonarlo también, así que vió eclipsada su estredo á este interés público mucho más que la bondad ce al delincuente. Como confesor puede un sacerdote lla en el año 14 y en el año 15; lo mismo aconsejó á
intrínseca del artefacto y del artífice. Tras una polé- castigar al vicioso; como predicador sólo puede cas- un Barras que á un Sieyes, lo mismo á un Sieyes que
mica, muy semejante á disputa, empeñada entre dos tigar el vicio, Y digo igual de los escritores. No todo á un Barbón, lo mismo á un Barbón que á un Orescritores, cual mi amiga eximia Emilia Pardo Ba- cuanto hacen los personajes históricos es propio de leans; chambelán, privado, favorito, ministro, plenitán y el aplaudido Pereda, respecto del acierto y com- la historia, Y lo mismo pasa con los personajes dra- potenciario, embajador, alma de todos sucesivamenpetencia respectivos en describir la entidad más ó matizados ó novelados, En el arte no debe haber, no, te, que no podían prescindir de sus servicios ni cuanmenos real que llamamos gran mundo, apareció esta personas individuales; en el arte debe haber siempre do más recientes y más vivas estaban sus traiciones,
novela, y al aparecer se la presenta por mero espíritu personificaciones eternas. Obras como Pequuleces, Cierto que las prodigó á todo el mundo, á la Iglesia
polémico cual perfecta fotografía del disputado y cé- deprimen y no exaltan, Obras que deprimen, marran y á la revolución y al imperio y á la legitimidad y al
lebre objetivo, Añadid á esto un pique de malicia, en su ministerio y en su finalidad, El árbol sirve orleanismo1 servidos y deservidos alternativamente,
que columbra con más ó menos razón personajes vi- para transformar en la bomba de sus rafees el mine- según que les sonreía ó no la fortuna, en quien siemvos en los personajes presentados por el escritor mo- ral en vegeta}, en algo más vívido y orgánico, Pues pre hallaba derecho y razón.
nástico, y explicaréis por qué se armó una de cuen- el arte debe servir para transformar la realidad en
tos, que acabaron suministrando su comidilla natu- ideal. Un arte que sólo sirviera para deprimirnos
III
ral á las murmuraciones y á los murmuradores des- equivaldría en el fondo á una religión que sólo sirocupados, los cuales ya pudieron hablar de otra cosa viera para desmoralizarnos, La religión es moral y
Con una historia d11 tamaños contrastes, nada tan
belleza el arte. Pasemos á otro asunto,
que del clima y del tiempo en Madrid. Pero no hay
lógico y natural como una espera impaciente de las
tamaño conocimiento de la sociedad aristocrática, ni
confidencias, arregladas á su gusto por el llÍISmo TaII
tales carneros, en la obra devorada por los que aquf
lleyrand en los ratos de ocio, y publicables tan sólo
aprenden á leer para no coger nunca un libro, como
medio siglo tras su muerte por expresas disposicioOtro escándalo se apercibía en Europa con las nes testamentarias suyas, Así nunca de libro alguno
si aprendiesen á montar sin caballo y á nadar sin
agua. Lo que hay es un intento monástico y frailuno, Memorias de Talleyrand; pero ha marrado, E ste hom- se habló más antes de su publicación y menos desque trasciende á cien leguas, de pintar el mundo bre, que parece haber vivido, no en dos siglos, dos pués de publicado. Los que aguardaban escandalopeor de lo que siempre ha sido en sí mismo á fin de siglos, tenía cien caras y conciencias diversas que mi- sas revelaciones debían olvidarse de que Talleyrand
que aparezca mejor el claustro, Y á este objeto se raban á todos los horizontes. Republicano, imperia- hubiera desmentido su complexión y carácter, propohan coleccionado en apelmazadas é incorrectas pági- lista, borbónico, en estas metamorfosis apenas con- niéndose indisponerse con todos en su muerte tras
nas todas cuantas calumnias aquí suelen soltar todos, cebibles habla presenciado tantas escenas históricas, haber vivido de todos en su larga y tormentosa exisunor contra otros, en las horas Oe..ma1 humor, sin de- y conocido tantos personajes diversos, y atravesado tencia. Un literato como Bulwer y un juzgador cocir aquello mismo que piensan en sus antojos de ra- por catástrofes sociales tan parecidas á las catástro- mo St. Beuve destinaron li bros enteros á presagiar
bia ó envidia, ni pensar aquello mismo que dicen. fes geológicas, y salido del incendio de tantas gue- de qué suerte se presentarla el ministro de todos á
Estos libros de social escándalo embargan el ánimo rras, y andado por las grietas volcánicas de tales re- contar la relación de sus variaciones ante todos. Pero
un minuto, como el proceso de la Higinia ó de la voluciones, y erguídose sobre los amontonamientos quien habla mudado tal número de relucientes casaClaudia, para desaparecer bien pronto en olvidos tan de tal número de ruinas, y salvádose con tal fortuna cas, y recibido por estos cambios tanto número de
hondos y tapados como las cloacas. Ha dado en lla- en los naufragios, y recibido tantas veces los fusti- relucientes millones, obispo apóstata, clérigo casado,
marse moderno al arte que pinta los individuos y no gueos del rayo, que todos aguardaban unas revela- político sorprendido en burdeles, cortesano de todos,
los tipos. Con su pan se lo coman aquellos que tal ciones en las cuales quedaran como al desnudo sus multiforme, amigo de todos los vencedores y enemihacen ó creen, Como la ciencia es lo universal pen- contemporáneos, los principales fundadores de la go de todos los derrotados en la hora misma del
sado, es el arte lo universal sentido. Si la ciencia os moderna sociedad, expuestos á innumerables yerros cambio de sus posiciones y fortun·a s, debla tirar, más
da un montón de particulares hechos, y no las leyes y aun crímenes, en las trombas vertiginosas de unas que á traer las culpas de los demás en mientes, á
generales, y no el sistema, ¿para qué la ciencia? Y si tempestades casi cósmicas, cuyas ráfagas arrastran la cohonestar y cubrir las propias con el atenuante de
el arte os da lo particular, lo individual, el acciden- voluntad individual y cuyos centelleos eclipsan la la mala ocasión y de las difíciles circunstancias, El
te, la circunstancia, lo pasajero, y no lo típico, ¿para humana conciencia. Obispo, revolucionario, danto- sobrio y penetrante St. Beuve lo supo, cuando hace
qué las artes? Por tal nueva estética, el pintor indus- nista, termidoriano, napoleónico, chambelán de los muchos años dijo cuál difícil cosa escribir· historia
trial que lleva una máquina de fotografiar al minuto tribunos y de los reyes, copartícipe capital en todas como la historia de Talleyrand, y cuán imposible su
y os sorprende y sobrecoge cuando las muelas ó las las obras dirlomáticas realizadas durante su larga esclarecimiento por las memorias y autonografía del
existencia, obras en cuyos fundamentos se alzara. to- héroe, quien, actor consumadísimo, se afanaría por
tripas os duelen, debe aparecer más retratista que
Velázquez ó Moro, quienes, en la intuición soberana do el derecho internacional europeo; confidente de re- colorar su vida más que por referirla. Sin embargo,
yes tan originales como Luis XVIII y de césares tan
propia de sus inspiradfsimas almas, han trasladado á
decidle tal verdad á un público ansioso de profundas
il6minados como Alejandro I; consejero de Barras y
emociones y empeñado en que los escritos póstumos

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

2

59

del romancesco

con sus tigres pa-

ministro había de
granjeárselas. Y

recidos á canes

]a creencia de que

falderos bajo el
brazo, las legiones
de graníticos gigantes por tal modo allí gallardean
que parecen reunidos para irse á

se hablan las Me-

sostener de nuevo

morias cambiado,

en sus espaldas el

como esto no podía ser, pensando

racionalmente, vino el desengaño Y
con el desengaño

sustituyéndolas
por otras muy recompuestas y recalentadas. El Fígaro, diario á ve-

imperio inmenso
cuyos jefes animaron las arenas del
desierto y contaron los ástros del
cielo. Mas entre

ces donosísimo,
echólo á broma Y

tantos curiosos

supuso haber extraído de aquellas
páginas enorme

ejemplares, lo que

suma de sentencias, á cual más
extravagante, provocando con tal

ce con verdad, es

más aviva el interés y más lo mereaquella r.olección
de arqueros del
rey Nabucodonosor, hechos de tie-

publicación cala-

veresca una répli-

rra cocida y vivos

ca del grave duque de Broglie,
depositario de las

en su coloración
de hoy, realzada
por los siglos, cual

Memorias, muy

no lo estuvieron

ocasionada por el

al salir de los mol-

senil candor en
ella patente á burlas y chacotas. Así,

repitámoslo, escri-

EN LA

des enormísimos
donde
los vaciaran tantos
y tan

PRADERA, cuadro de A. M:ontemezzo

.

tas las Memorias con mesura y refinendo hechos No creo haya en parte alguna los fragmentos y ejemmuy sabidos, que todos leyéramos cien veces, aun- piares de las artes asirias coleccionados en las mar~que aguardadas cincuenta ó más años, no sustenta- villosas galerías del riquísimo Louvre. Aquellos tirán el interés general cmcuenta días,
gres tallados en rojo pórfido, aquellas esfinges avizoras que representan el género humano desciñéndose
IV
de las especies inferiores, los bueyes coronados de
Más fácil ha sido restablecer en París el salón de tiaras persas que sustentan sobre sus ciclópeas freoArtaxerxes que restablecer la historia de Talleyrand. tes de mármol aras enormes cual montes, los colosos

hábiles alfareros
caldeos, Yo recuerdo que, hallándome un día en casa
de mi eminente amigo Charcot, me convidó el ilustre director de las galerías á ver los arqueólogos an:
tes de que los viera el público. ¡Cuál no sería mi
asombro cuando me hallé con que los inventores de
tantas maravillas, ·los que hablan excavado el desierto y extraído los relucientes ejemplares, eran un matrimonio compuesto de dos seres por todo extremo

.

G MO N

GRAN CANARIA. -

VALU:

DE

SAN

ROQUE

E.N f.L CAM INO

DE TAl'IRA

A

l&gt;.

�1

260

t

,141 1
1 ..

sabios, pero también por todo extremo débiles! ¡Oh!
La mujer, sobre todo,'bajita, menuda, tierna, delicada, se había ido por los desiertos caldeados como el
hierro cereza, por las marismas traidoras que guar.dan tras cada junco una serpiente ponzoñosa, entre
moles de ladrillos en que abren sus madrigueras el
'tigre y el león, ' bajo un cielo espléndido que llueve
.gotas á gotas venenosIde fiebre, sobre una tierra que
parece vasto cementerio de pueblos petrificados en
'enormes osarios que ,parecen geológicos, los cuales
por doquier diluyen la tristeza y la muerte. Verda. deramente la diferencia viva entre la debilidad manifiesta de aquellos inventores y lo enorme y lo colosal de su invención, me dejó tan maravillado como
la vista de los sátrapas y de los cortesanos con sus
sandalias rojas, sus t9gas amarillas, _sus armaduras
verdes, sus petos relucientes, sus barbas rizadísimas,
, ~µ~ cabellefag_'en'. bucles, sus cascos persas en la frente, sus collares de pedrería en el cuello, sus escudos
áureos al brazo,. sus ~razaletes al puño, los carcaxes
llenos dé fl.échas' agudísimas á la espalda y en las
manos el dertero'. arccj, cual -nos los describen á una
en sus Apocalipsis y'en sus Lamentaciones los viejos
profetas bíblicos~ que han dado su más alta y más
bella religión, la religíón de Moisés, completada por
Cristo, á la doliente humanidad. Pues bien: estos incansables arqueólogos empeñados en resucitar el imperio caldeo, el imperio asirio, el imperio persa, nos
acaban otra vez de deslumbrar con reciente maravilla, la reconstrucción del salón de Artaxerxes. Aquellos palacios de los déspl'.&gt;tas persas parecían, como
las habitaciones de los déspotas egipcios y asirios,
ciudades completísimas. Las ruinas de Persépolis, habitadas hoy por el kurdo y por el turcomán, quienes
abren cavernas en sus dispersados fragmentos, componen cordilleras de grises mármoles, cortadas en espacioso anfiteatro á guisa de cuenca ú hoya natural.
Sobrepuestas las moles unas á otras creeríais que las
habían subido á lo alto ciegas fuerzas de la naturaleza y no el trabajo y la industria, pues semejan verdaderos montes caídos en masas enormísimas unos sobre otros. Po, sus rampas hay espacio para que suban en filas extensas legiones de jinetes. Sus intercolumnios, algunos erguidos todavía, parecen pertenecientes, por su grosor y por su enormidad, á otro
planeta, y os impresionan como· los montes de la
blanca luna vistos por los lentes del escudriñador telescopio. Alternan las columnas cilíndricas en las pilastras cuadradas como en los edificios asirios, y sobre sus estrías, en el superior friso, álzanse cabezas
dobles dé animales fantásticos, muy contrapuestas y
11nicamente pegadas ó reunidas por las sendas nucas,
Aquellos peristilos inacabables, aquellas terrazas apercibidas á recibir jardines aéreos y colgantes, aquellos
coros de gigantescas esfinges puestas en procesión á
uno y otro lado, aquellos frescos representativos de
combates con alimañas simbólicas, aquellas amplias
cámaras dispuestas para las asambleas y para los festines, el secular litúrgico loto que sella todas las partes del edificio, los sacerdotes alados llevando candeleros de fuego sacro en sus ungidas cabezas, las miniaturas, las incrustaciones, los engarces de ágatas
en pedrerías, los pebeteros y sillas de oro, las riquezas múltiples y varias daban á tales palacios asiáticos
todo ese lujo del Oriente que ha pasado á proverbio
en las lenguas y que representa hoy, en el concepto
nuestro, uno de los caracteres más sobresalientes y
más propios del Asia. Pues una sala de los palacios
habitados por Artaxerxes en Susa y Persépolis muy
pronto habrá, de ver.se reproducida con todas sus
particularidades históricas por mano del matrimonio
arqueólogo en las estancias de museo tan enorme
como el museo reunido por Francia en su Louvre.
V

Conforme la cultura general va creciendo, la historia va más y más interesando. Así, no solamente resucita en los institutos artísticos, resucita en los espectáculos populares. Mientras dos arqueólogos. de
París evocan Artaxerxes en el museo, evoca un empresario Nerón en el circo. Idea feliz la de presentarlo en vísperas del trance último suyo, cuando aletea la muerte, como un murciélago en los crepúsculos vespertinos, sobre su triste coronada frente. Suetonio, que suele adolecer de ordinario y vulgarísimo
en sus relaciones, narra con viveza y sentimiento el
paso al sepulcro de tan desatinado joven, que acertó
en desear inmortalidad y gloria, mas erró en creer
que la voluntad consigue todo cuanto desea y en
imaginarse dueño de la divina omnipotencia porque
fuera misero emperador. Siempre que leo tales páginas me figuro estar viendo á Nerón romper la mesa
de su triclinio y estrellar las más bellas copas de su
aparador al noticiarle un esclavo la insurrección de
Galba¡ incierto entre arrastrarse de rodillas á los pies

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de sus enemigos ó mover con su elocuencia contra
tales rebeldes á todo el pueblo; suspirando por convertirse de súbito en mero artista, sin más patrimonio que su cítara de oro ni más ornamento que su
corona de laurel; abandonado á media noche de sus
huestes, de su guardia pretoriana, de sus confidentes, de sus cortesanos, sin encontrar ni aun el veneno de Locusta para morir muerte pronta y tranquila;
perdido por las calles de Roma en requerimiento y
busca de las casas de sus amigos que le cierran las
puertas, pues quienes acompañan en las orgías no
suelen acompañar en las desgracias; fugitivo en la
obscuridad, con túnica corta, manto rasgado, pañizuelo al rostro, el estómago vacío, las fauces muy secas, los oídos abiertos á las maldiciones que le traen
los soplos de la noche; deteniéndose primero en laguillo infecto para beber, ¡él que había bebido el
zumo de Falerno y Chío en copas de riquísimas esmeraldas!, hasta llegar á casa de un esclavo y tenderse como un perro sarnoso en maltrecho jergón de
sucia paja, sin osar al indispensable suicidio; cuando
le anuncian, entre los espasmos y estremecimientos
de una cuasi epilepsia como entre los gritos de una
cuasi locura, la muerte que le decretaba el infame
Senado así que lo· veía vencido, muerte consistente
en serrarle con pausa el cuello y abrirle á varazos las
carnes; lo cual decídele á probar con sobrehumano
esfuerzo el puñal suspenso á su cinto, que aproxima
trémulo á su piel para retirarlo con precipitación,
pues nunca se diera el cuitadísimo muerte, de no
penetrar en sus oídos el estruendo armado por los
verdugos, que corrían á cumplir la venganza del Senado, burlada por un vértigo, en que al fin pudo con
violencia traspasarse con su propia mano y arma la
garganta, pronunciando en la expiración última palabras griegas y lamentaciones elegíacas por privar al
mundo de tal artista que ve, á la última luz de sus
ojos, los esbirros apareciéndose siniestros á la puerta
y lanzándose hambrientos sobre su cuerpo inerte
para cogerlo y arrojarlo, como presa husmeada por
el odio, á los implacables patricios, quienes, vivo y
omi;iipotente, le adoraron de hinojos como' á un Dios,
y ahora lo insultaban como á una ramera, vencido y
muerto. La pantomima de París no ha podido presentar esta parte del asunto con sumo espacio por
parecerle más propio de la tragedia y del teatro. Pero
ha presentado la ciudad Eterna tal como la vió en
aquella sazón el romano que la tenía por palacio propio, cuando pórticos amplios, adornados con estatuas
de mármoles y bronces, eran sus paseos; bosques
donde crecían las plantas de todos los climas y volaban las más vistosas aves, eran sus jardines¡ baños
cubiertos de mosaicos, ricos en toda clase de jaspes,
encerrando grandísimas bibliotecas, eran sus salones;
anfiteatros inmensos abiertos en las rocas, más duraderos que los tiempos, con capacidad para contener
todo un pueblo¡ circos llenos de monolitos del Oriente, de obeliscos, de colosos; naumaquias, alimentadas
por las aguas de copiosos ríos, pudiendo recibir escuadras, y artificialmente ahondadas en la cima de
un monte cualquiera; templos en que se reunían las
más hermosas jóvenes á ofrecer sacrificios; danzas y
conciertos eran sus fiestas, en que combatían sobre
arenas de oro y minio los brutos y los gladiadores,
mientras caían cascadas de aguas olorosas y sonaban
conciertos de sensuales músicas, difundiendo hasta
en los seres inanimados la fiehre del placer. Dicen
que los espectáculos del incendio de Roma y de la
entrada de Galba victorioso tras la muerte de Nerón
jamás han tenido igual en escenario ninguno. En
cambio no ha podido representarse una fiesta circense de mentirijillas porque los tigres y los leones se
comían á los pantomimos de veras. Lástima grande
que haya coincidido con tal espectáculo maravilloso
la muerte del famosísimo inventor de los reclamos y
de las contratas para tal clase de industrias, la muerte ·de Barnum, fenecido en estos días, después de
haber llevado por el mundo jirafas, cebras, leopardos, tigres, serpientes boas y de cascabel, monstruos
marinos, la nodriza de Wáshington y la garganta de
Jenny Lind. Todos morimos.

NúMERO

487

- Luego, abuelita, contestó Virtudes, disimulando
un ligero movimiento de impaciencia.
La voz de la abuelita adquirió un tono regañón.
- ¡Hija mía, eso es empeñarse en enfermar! Santo
y bueno que trabajes, pero las cosas requieren su
punto y medida. Lo que tú haces es matarte.
- No pases cuidado, abuelita.
Siguió la discusión, pero no fué larga, pues pronto
la anciana salió victoriosa de su nieta, con ayuda de
la noche, que se les vino encima.
A pesar de su anhelosa actividad la joven tuvo
que deja, los pinceles y cerrar su caja de pinturas.
Encendió un quinqué é hizo correr h·asta la mesa el
sillón de la abuelita, para quien siguió reinando la
obscuridad.
Hacía ya algunos años que la pobre señora estaba
ciega.

***
Abuela y nieta vivían en una pequeña habitación
de la calle del Conde-Duque, en Madrid. Su mayor
lujo consistía en el aseo que reinaba en sus personas
y en su modesto ajuar. Su presupuesto de gastos no
podía exceder al de los ingresos, por demás exiguos,
que les proporcionaba el trabajo de Virtudes.
Esta había recibido una brillante educación, cual
convenía á una señorita llama'da á ser única heredera
de un millonario. Pero los millones de su pafüe desaparecieron en desgraciadas operaciones de bolsa,
que tuvieron por saldo la muerte prematura del bolsista y la miseria y el dolor por toda herencia.
Virtudes, á quien nunca se le había .ocurrido que
su talento y habilidad pudieran algún día servirle
para vivir, soportó con animosa resignación sus reveses de fortuna, y echó manos á la obra con sorprendente energía.
Mucha necesitó, en efecto, para soportar las humillaciones y disgustos de toda clase con que tropezó al principio.
¡Cuántas veces, después de infructuosas diligencias
para.encontrar trabajo, regresaba á su . casa con los
ojos lloroi;os y el corazón oprimido! ¡Qué de noches
de instlmnio pasadas en espantosas angustias, de
esas que desconocen los ricos y atormentan á los pobres que buscan en vano los medies de subvenir á
crecientes necesidades de cada día!
La ceguera de la anciana no le permitía ver el desencajado rostro de su nieta, la cual, á fin de tranquilizarla, adoptaba un tono jovial para asegurarle que
le iba todo á las mil maravillas.
Para ir á buscar y devolver su labor, Vi_rtudes tenía que cruzar todo Madrid. Los industriales que le
encargaban trabajo vivían en la carrera de San Jerónimo y en las calles de Carretas, de la Montera y del
Príncipe.
Virtudes andaba aprisa, vestida siempre de negro,
sin levantar los ojos, que velaba el tul de la mantilla,
puesta1 sin querer con la gracia ingénita de las hijas
de Madrid. Pero su lindo rostro, moreno pálido, y su
aire distinguido, llamaban la atención de los transeuntes,,muchos de los cuales la requebraban al encontrarse 'con ella. Algunos se volvían para seguirla
ó mirarla pasar.:A menudo ella se desviaba de la acera y tomaba el arroyo•por evitar encuentros enojosos
con paseantes y horteras, apostados delante de las
tiendas. Más de una expresión indecorosa hería sus
castos oídos. Entonces apretaba el paso, sentía llamaradas en el rostro, se le oprimía el corazón y se
agolpaban á sus ojos furtivas lágrimas de indignación
y de angustia. La pobre pensaba que en aquella ciudad tan populosa, no tenía á nadie para protegerla y
hacer respetar la candorosa virtud que conservaba
incólume á los veinte años.

..,

***
Virtudes-no reparó en que durante algunos días la
fué siguiendo ·un joven alto y rubio, que la acompañaba hasta la puerta de su casa, pero sin hacerse notar y manteniéndose á una distancia respetuosa.

***
NARRACIONES
VJRTUDES

Pegada á los cristales de la ventana, .cuyas corti•
nillas, recogidas á un lado, dejaban pasar los rojizos
reflejos del sol poniente, Virtudes reproducía en el
raso crema de un abanico de lujo un ramo de soberbias rosas, puestas en remojo en un jarrita de cristal.
Dábase prisa con febril temor de que la noche alcanzase á interrumpir su trabajo.
- ¿Todavía no acabas?, preguntó una voz temblorosa y débil.
'

El conde de Albor era un tipo original. Poseedor
de una gran fortuna, de un nombre ilustre, de una
gran figura simpática y de una salud -perfecta, se tenía por desgraciado. Escéptico, sin ilusiones, no creía
en nada, ni siquiera en el amor ni en la virtud. Para
él, toda buena acción tenía por móvil el egoísmo.
Sin embargo, empezaba á hacérsele pesada la vic:Ja
de soltero, y deseaba casarse, pero con la condici~n
expresa de encontrar una mujer que le amase por
sus cualidades-personales y no por su título y su fortuna. Hacía ya algunos años que buscaba inútilmen'te y desconfiaba de encontrar el ideal deseado.

OABEZA DE ESTUDIO, cuadro de A. Seifert

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
LA !LUSTRACIÓN ARTISTICA

Una mañana, al salir de su casa, Virtudes se encontró en la escalera con un joven que cerraba la
puerta de la habitación inmediata, El desconocido
bajó detrás de la joven, se le adelantó en el último
tramo, quitóse respetuosamente el sombrero y se
alejó.
Aquel mismo día, la portera de la casa; que había
subido á entregar una .carta á una vecina del último
piso, entró á ver á doña Juana, la abuela de Virtudes, y empezó á hablarle con grandes elogios de su
nuevo inquilino, D. José Alvarez, joven muy simpá•
tico y distinguido, empleado en una gran casa de

comercio.
Aunque abuela y nieta viviesen muy retiradas, entabláronse ciertas relaciones de cortesía entre los vecinos.
Un domingo por la noche el empleado, que había
estado ausente todo el día, trajo del campo un magnífico ramo de flores que ofreció á Virtudes.
A veces, cuando las ausencias de la muchacha debían prolongarse mucho, Alvarez pasaba á hacer
compañía á la anciana, y la distraía con su amena
conversación é interesantes lecturas.
Poco á poco el complaciente joven se conquistó
un puesto en la intimidad de las vecinas. Doña J uana se deshacía en elogios de él, y Virtudes no acer·
taba á explicarse el vivfsimo interés que á sf propia
le inspiraba.
.
De pronto, en un momento de expansión, Alvarez dijo á Virtudes con voz alterada por emoción in-

tensa:
- Hace tiempo que mis ojos han debido expresarle que la amo. Sf; la amo con toda mi alma. Virtudes, ¿quiere usted ser mi esposa?
Y como ella ruborizada se callase, él añadió:
- No puedo ofrecerle un porvenir brillante. Todo
cuanto poseo se reduce á unos diez mil reales de
economías para instalarnos y mi sueldo de cuarenta
duros mensuales para vivir. Soy huérfano y, por tanto, no tengo herencia alguna en perspectiva. Será
preciso que llevemos una existencia de trabajo y de
ahorro, cuando no de privaciones. ¿Acepta usted?
- Acepto, contestó Virtudes con sencillez, tendiéndole la mano.
Fijóse el matrimonio para dentro de tres meses,
de concierto con la abuela, cuyos apagados ojos vertieron lágrimas de alegría.
- Mi idolatrada nieta no se queda ya sola en el
mundo, decía con profunda satisfacción; ya tiene
quien la ame y la proteja, quien la consuele cuando
no me tenga á mf.
La joven se sentía también satisfecha y animada.
El porvenir, al fin, se le presentaba risueño.
Pero una gran decepción vino á turbar tanta alegría. Un fabricante de abanicos para quien Virtudes
trabajaba hacía cuatro años, el que más la ocupaba
y mejor la retribuía, le declaró de pronto que cesaba
de emplearla. Lo~ negocios estaban paralizados y se
veía en la necesidad de suprimir el personal exterior.
Virtudes regresó á su casa con el abatimiento y la
desesperación en el alma. Su novio procuró tranquilizarla, diciéndole que no faltarían fabricantes
dispuestos á encargarle trabajo,
- ¡Ah!, repuso ella sacudiendo tristemente la cabeza. Tú no sabes cuán amargo es llamar de puerta
en puerta para sufrir impertinencias y humillaciones.
Y aún el dinero que una gana tan penosamente se
lo echan á la cara como una limosna. Y hay que soportarlo todo sin una observación ni una queja.
- Vamos, añadió Alvarez con inusitada desenvoltura; no hay para desesperarse.
Pero ella se preguntaba amargamente cómo iba á
poder vestirse y alhajarse para la boda, fallándole
sus principales recursos.
Alvarez siguió manifestando que aquel contratiempo carecía de importancia, hasta. que Virtudes, mortificada por su indiferencia, exclamó con cierto
enojo:
- ¡No parece sino que mi bienestar te importa
poco!
- Más que el mío.
- Pues cualquiera diría que tienes diez mil duros
de renta.
El empleado palideció; dirigió luego una larga mirada á Virtudes y se retiró sin proferir una palabra.
Al día siguiente, la joven supo con asombro que
Alvarez había cambiado de domicilio sin dejar las
señas de su nueva casa y sin la menor explicación
con su novia.

- Si no ha muerto ó no está loco volverá, pensaba ella.
Pero en vano trataba de explicarse aquella hufda
inesperada, y se devanaba los sesos para adivinar en
qué había podido ofenderle ó disgustarle.
Pasaron meses y Alvarez no volvió.
Virtudes continuó su vida laboriosa. Nada cambió
en su modesto hogar, sino que la abuela fué debilitandosc y la nieta se puso de día en día más pálida
y triste. La infeliz muchacha adoraba al fugitivo y
no podía consolarse de su abandono.
Un día encontró en la calle á una amiga de la infancia, que había vuelto hacía poco tiempo de un
largo viaje á la América del Norte.
Ernestina, que as( se llamaba su antigua compa•
ñera de colegio, iba ricamente vestida y acompañada de una aya inglesa.
- ¡Virtudes!, exclamó echando una mirada de conmiseración á su modesto traje. ¿Qué es de ti? ¿Y tu
padre?
- Le he perdido y con él mi fortuna. Mi disposición para la pintura que tanto admirabas, es ahora
mi único medio de subsistencia.
Y explicó en pocas palabras las vicisitudes de su
penosa vida.
-¡Cuánto te compadezco!, dijo Ernestina. Ven á
verme y hablaremos.
Y añadió bajando la voz.
- Me caso pronto ... Me pintarás el abanico de
novia.

•••
Tres días después, Virtudes se presentó en casa
de su amiga, que vivía con sus padres en un hoteli·
to de la Castellana.
Fué muy bien recibida.
Las dos jóvenes se sentaron en un confidente de
una salita de confianza, contigua á un invernadero
cuyas plantas y flores recreaban la vista y perfumaban el ambiente.
Ernestina era una rubia graciosa, aturdida y vo•
luble, que formaba un vivo contraste con el tipo moreno de la formal Virtudes.
- Sí, amiga mía, decía con su habitual locualidad;
pienso ser pronto condesa, porque mi novio es conde. Aún no ha pedido oficialmente mi mano á papá,
pero no tardará en hacerlo, porque está loco por mí.
Eso sí, es un tipo original. Se ha propuesto casarse
con una mujer absolutamente desinteresada, que no
dé ningún valor ni tenga apego alguno al dinero.
Como si esto fuera fácil hoy día, en que el vestir
cuesta un sentido y no se puede vivir en sociedad
sin gastar un dineral.
,
Ernestina hizo una pausa para respirar. Luego
continuó, mientras se arreglaba los volantes de encaje que adornaban su peinador de raso azul:
- Afortunadamente, papá conoce á un amigo del
conde, que nos quiere mucho, y ha jurado arreglar
la boda. Carlos de Albor se ha hecho presentar como
pobre, á pesar de sus quince mil d~ros de renta.
Papá me puso en el secreto y yo obro en consecuencia. Si nos oyeses, te asombrarías de verme transformada en la antítesis de lo que soy. Tú que conoces
mi aturdimiento y mis gustos, te reirías de la sencillez de mi porte y la modestia de mis proyectos.
- ¿Amas á tu futuro?
- ¡Claro que sí; es un buen mozo! Pero aunque
así no fuese, ¿te parece moco de pavo el título de
condesa y la vida que podré llevar? Tendremos coche, caballos, hotel en Recoletos, chalet en San Sebastián, palco en el Real... Daremos fiestas deslumbradoras, que reseñarán los periódicos, y la joven
condesa de Albor será uno de los principales oráculos de la moda.
Aquellos devaneos recordaban á Virtudes sus en •
sueños de ventura, sus recientes proyectos, que con
ser tan sencillos y naturales se habían desvanecido
como humo.
- Y tú ¿cuándo te casas?, preguntó Ernestina.
Virtudes contestó gravemente:
- ¡Yo no me casaré nunca!
- ¡Ah! Apuesto á que has tenido algún amor desgraciado.
- En efecto. Amé, sigo amando y ama ré hasta el
último instante de mi vida á un hombre que he perdido sin duda para siempre.
- ¡Hola! El caso es interesante. ¿Y se puede saber
quién es el protagonista? ...
- Un simple empleado sin nombre, sin fortuna y

- Lo ignoro. Desapareció de pronto sin que jamás haya vuelto á dar señales de vida.
- Habrá muerto quizá.
- ¡Quién sabe! Y aunque viva, ya no se acordará
de mf.
- Pues no comprendo que sigas amándole.
- ¡Le seré fiel hasta la muerte!
Sin darse cuenta Virtudes había ido alzando la
voz, y lanzó estas últimas palabras como una invocación á la felicidad perdida.
- Señorita, vino á decir una doncella, el señor
conde de Albor ha estado aquí.
-¿Cµándo?
- Hace un instante.
-¿Y se ha vuelto sin verme?
- Permaneció un cuarto de hora en el invernadero, y al verla á usté con la señora, se retiró.
-¿Me habrá oído?, murmuró Emestina.

•
••
Aquella misma noche llamaron á la puerta de doña Juana.
Virtudes fué á abrir y dió un grito:
- ¡ Alvarez!
·
-Sí, soy yo, tu futuro esposo, que te sigueamando y viene á recordarte tu promesa ...
- Pero, ¿y tu desaparición y tu largo silencio? ...
- Perdóname. Dudé de ti; te creí codiciosa y disimulada. Pensé que sabías la verdad ...
- No entiendo ...
· - Una palabra y lo comprenderás todo. Aceptaste por esposo al empleado José Alvarez. ¿Quieres ser
condesa de Albor?
La muchacha quedó muda de sorpresa.
Una mano trémula buscó las manos de ambos jóvenes y las juntó en un mismo apretón, mientras
que la voz temblorosa y débil que conocemos desde
el principio de esta historia murmuraba entre so·
llozos:
- Mi Virtudes no está sola ... ¡Ya puedo morir!
J UAN

B.

ENSEÑAT

ESTUDIOS
DE ALGUNOS CÉLEBRES PINTORES (1)

(Conclusión)
JORGE PAPPERITZ

Aquí tenemos verdaderamente el centro _d e la belleza y del buen gusto; todo aquí respira magnificencia.
Tres grandes arcos sostenidos á cada lado por
pilares planos, dividen el estudio en dos compartimientos, uno con aspecto de palacio y el otro pequeño y gracioso. A la izquierda de este último hay
una especie de pabelloncito, al que se llega por una
elegante escalerilla: en el estudio del pintor inglés
Watts se ve otro semejante.
Podríamos decir que el pincel de Papperitz toca
todos los asuntos, desde el interior de la casa hasta
el paisaje, desde los retratos modernos hasta los antiguos, desde las pinturas de género has,ta las histó-

ricas.
Para abarcar semejante diversidad de asuntos se
necesita gran aliento y mucha libertad de imagina•
ción.
Los que visitan el estudio de Papperitz no experimentan ninguna influencia determinada; las nuevas
ideas se despiertan sea cual fuere el cuadro en que
se fije la mirada; lo vulgar y lo trivial quedan siem·
pre detrás de la puerta. Pocos bosquejos se encuen·
tran allí; todo revela el arte perfeccionado, y fuera
inútil buscar monadas en el magnífico estudio de
Papperitz. Por poco que los adornos no fueran de
colosales proeorciones, correrían el riesgo de pasar
inadvertidos en la inmensidad de aquella sala.
Como pintor de retratos, Papperitz alcanza un alto grado de perfección; y por la fiel semejanza que
obtiene en los de mujeres, debe ser superior á Lenbach. Tiene estudiados los caracteres del rostro femenino, y como aquél, sabe hacer hablar á los ojos, reproduciendo los tintes delicados de las mejillas y el
carm ín de los labios.
Las pinturas de Papperitz que representan mujeres
y niños nos revelan el más cariñoso estudio, y }'ª estén las figuras desnudas, 6 bien ostenten los ricos y
sedosos pliegues del Renacimiento, siempre se obsersin porvenir.
va la misma perfecta producción de sus caracteres
- ¿Entonces? ...
•
peculiares.
- Pero era el dueño de mi corazón, y para mí
Rara vez intenta ese artista hacer retratos de hom•
Durante algunas semanas Virtudes abrigó la espevalía más que todos los nobles y millonarios del bres; la humanidad femenina es su dominio, y en ella
ranza de ver llegar de un momento á otro á su fu. mundo.
turo.
- ¿Qué ha sido de él?
(I) Véase el número 479,

••

un eco responde á su propio refinamiento artístico.
Como hués ped agasajado en Villa Wahnfried, en
Bayreuth, residencia de
Ricardo Wagner, Papperitz inmortalizó en un
gran lienzo la pléyade de
músicos que habitaba al!f,
y esta obra ha contribuído más que ninguna otra
de sus pinturas á popularizar su nombre.
La escena representa la
sala de música de Villa
Wahnfried, en el momento en que Liszt tocó por
primera vez la nueva ópede Wagner, Parsifat. El
compositor era la figura
del centro, y alrededor de
él agrupábase su familia y
el ilustre círculo de los
amigos del gran maestro,
constituyendo así una pintura histórica del mayor
interés.
El hecho de ser Wag•
ner tan conocedor de la
naturaleza y del arte, influyó sin duda en el talento del joven pintor, madurando sus facultades.
ROOOI.FO WIMMER

Wimmer es un artista
distinguido en la moderna
escuela de los retratistas,
cuyos adeptos parecen in·
sistir en la importancia de
los detalles realistas y de
.,1
1
los fondos. La antigua escuela, á la cual pertenece
Lenbach, corrsagra su
energía más bien á expresar en el lienzo los sentimientos del alma de aquel
á quien se ha de representar, evitando los detalles
que no son de absoluta
necesidad para el retrato.
Ambas escuelas, sin embargo, tienden á mantenerse fieles á la naturaleza; y corno consecuencia
natural, la moderna exige
un considerable trabajo
fatigoso de los que la
adoptan, pero al mismo
tiempo el resultado de sus
trabajos es más popular
entre el público. La época que atravesamos ¡ay!
exige que fijemos la aten•
ción en las apariencias, y
así en la pintura como en
otras profesiones se hace
preciso marchar con el
tiempo. El arte no sufre
degradación alguna por
ello; conviértese solamente en un medio adicional
por el que los futuros historiadores verán el espíritu del día desde su verdadero punto de vista.
Hemos hablado ya del
&lt;reposo clásico&gt; que respira el estudio del Lenbach, y
de la elegancia y del buen
CAMINO DE LA
guito que caracterizan al
de Papperitz. Este último
y Wimmer son los hermanos gemelos del arte, y la
descripción del estudio de uno de ellos es aplicable
al otro; en sus obras también se asemeJan mucho,
tanto que no causaría ninguna extrañeza enco~tra_r
en un ángulo del gran retrato del Emperador Gmller•
me en traje de almirante, obra de W1mmer, la firma
de Papperitz. Este artista habría retratado segura·
mente al joven emperador de una manera análoga.
La escuela moderna de los retratistas ha temdo
sus maestros en \Vimmer y en Papperit~: _sus pinturas nos recuerdan los tiempos en q.!,le v1v1mos, cuya
constante exigencia es: «Enseñadnos algo nuevo Y
explotadlo con originalidad.&gt;

embarcación no está en
su lugar en el estud10,
porque es muy to~c~ Y_ no
armoniza con el pav1m1ento lustroso de la sa_la;
mas no perdamos las •~u·
sienes, porque su dueno
es Raupp, y sabemos muy
bien que se cuida poco
de los objetos que le rodean. Este artista se asemeja al hombre tan profundamente absor_to en
sus propios pensamientos,
que no oye nada _de la
historia que su amigo le
refiere. En él se produce
e¡ hecho fisiológico de
que es posible comp:en•
der sin bac~r cas~, mu~r
sin recibir impresión, oir
sin recoger palabra al·
gu na.
La imaginación de Carlos Raupp y su admirable
memoria se concentran
de tal modo en su lago
y en las escenas de la
montaña, que apen~s se
da cuenta de los ob¡etos
que tiene alrede~or y
que tan mal se avienen
con sus pinturas: toda_s
éstas son puramente onginales del artista. En me•
dio del lujoso estudio, con
sus tapices y estatuas y
plantas tropicales, Ra~pp
oye el grito del montanés;
las voces infantiles de los
niños que juegan á las
barcas; el lejano fragor de
la tempestad que se aproxima, y que pronto es~allará con sordo estrépito
en las cimas de las montañas; el sordo mugido del
mat borrascoso, 6 la campana que anuncia al moribundo la llegada de los
auxilios de la religión;
pero cuando despierta de
su meditación, agrádale á
Carlos Raupp verse en su
cómoda vivienda.
Muy diferente impresión nos produce el esto•
dio de
WALTER FlRLE

Aquí podemos re~ordar
al punto la vida cotidiana
de esa inmensa mayoría
de nuestros semejantes
que cohstituye la clase
obrera: aquí respiramos la
atmósfera del trab~jo dia•
rio y las alegrías se mezcla~ con las tristezas. El
esofritu del pueblo parece
reinar en esta habitación,
que es un taller primero y
un estudio después.
Uno de los compatriotas de Firle ha referido
un ligero incidente q~e. le
ocurrió durante la vlSlta
que hi zo á la Exposición
del jubileo del Arte en
Munich y que muestra el
FUENTE, cuadro al pastel de lléctor De Maria1 grabado por Mancastroppa
efecto que produjo la
notable obra de este pinPero ¿qué rumor es ese? ¿Qué notas esas que se tor en las diferentes clases de Alemania.
.
- En una de las galerías, dice, vi una mulhtud d_e
oyen? ¡Bah! Es el ruido que producen los remos, ~
el cántico de un marinero. ¿Dónde estamos? ¡Ah. visitantes detenidos ante un lienzo de gr~ndes di·
mensiones y pronto me absorbí en el estud10 de los
En el estudio de
efectos qu~ producía en los que miraban . Como yo
CARLOS RAUPP
no había examinado la pintura, comencé á pen_sar
en la opinión qu~ yo formada. acerca de su mé1:to,
Esos sonidos, sin embargo, no llegan hasta el es- según las indicaciones que hicieran aquellos críticos
tudio del pintor del lago y de las montañas bávaras, de afición. El grupo más considerable_ componfase
aunque se encuentre alguna cosa que se relac1~na de varias muchachas, y de una pare¡a mayor de
con eso, como lo indica el bote, tantas veces agita- edad guiada al parecer, por un joven .
do por la tormenta, que ahora reposa en u_na elegan- El pint~r ha demostrado energía en_ el modo ·
te banqueta de pies torneados y sedoso asiento, Esta de tratar este asunto, decía uno de los críticos; pero

��266

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
NúMERO

la escena habría ganado mucho en efecto dramático
si la habitación hubiera sido más pobre y el sentimiento de la madre más violento.
A esto contestaron los demás sucesivamente:
- ¡Ah! Sí, es cierto.
- Mas á pesar de todo, es magnífico.
- Y muy conmovedor.
- Casi me hace llorar.
- ¡Qué absurdo! ¡Llorar por una pintura!
Por regla general, las personas bien vestidas solam~nte fijaban en el cuadro· una impasible y rápida
mirada, 6 no se detenían más que para leer el título
en ~¡ catálogo; pero un grupo de trabajadores mal
vestidos detúvose silencioso y absorto ante la pintura. Al fin uno murmuró algunas palabras al oído de
su compañero, con lágrimas en los ojos.
-:- Comprendo muy bien, dijo, lo que esa pobre
mu3er que está junto al ataúd siente. Esa pintura es
la mejor de la Exposición. ,
Después hojearon el catálogo para ver cuál era el
título y el nombre del artista, y vieron que decía: En
la casa del duelo,por Waller Fir,e.
:E:ste artista estudia la vida diaria de hombres y
muJeres, y nos la.representa naturalmente y sin afectación. En sus pmtur.as no hay nada 'de la violencia
del sentimiento, y solamente las fisonomías nos revelan lo que hay en el interior. La humanidad, en
su mayor parte, rara vez hace ademanes extremados
p~ra expresar un gran dolor ó alegría, y este conocim~en~o es la clave de las pinturas de Firle, tomadas
pnncipal!11ente de escenas de la vida del campesino
6. del artista. En. su estudio no hay nada complexo
n~ ab_sorb~nte, ~i tampoco hay grandeza. Ninguna
fnvohdad mgemosa en la disposición artística le distraerá la atención de su trabajo.
La cigüeña que vuela hacia el techo puede· considerarse c?mo el símbolo de las elevadas aspiracion_es del pmtor. A no ser por un altar primitivo, que
sirve de modelo para el gran lienzo que está en el
c~ballet~, sólo encontraríamos allí bosquejos, c~tud1os y pmturas.

J,

1 .'

1
1

1

i

,,_¡
l~

de ejecutar en una habitación atestada de adornos y
objetos raros; pero á Eduardo Unger le agradan estas cosas, y por eso ha formado dos estudios uno
de lujo, y el otro destinado á taller, donde el ácido
que algunas veces se derrama no ocasione mucho
deterioro. Por el aspecto de la pequeña habitación
donde el grabador trabaja, diríase que está provista
de una manera bien calculada para contentar á las
~ás de las personas que quieran ver un buen estudio. La botella del ácido y otros objetos análogos
es~n sin duda ocultos á la derecha, y en la mesa reflé¡ase la Ju~, que ilumina al artista. El estudio y el
taller constituyen una habitación magnífica y muy
agradable, para que Unger pueda ejecutar más á
gusto esos grabados que todo el mundo admira.
X

NUESTROS GRABADOS

¡Valiente brevajel, cuadro de Don Antonio
Fabré~ (Salón ~arés): -Aun á riesgo de que se nos moteje

de sempiternos tunferanos, no podemos menos de afirmar una
vez más en presencia de este cuadro que Fabrés es uno de
nuestros pri_mer~s pintores contemporáneos y de los pocos, muy
poc?s,. que 1mpnmen el sello del genio alli donde tantos otros
se hm1tan á dar muestras más ó menos notables de talento.
Cada ?bra nueva suya es una prueba más de Jo bien que concibe Y e;ecuta: el asunto más sencillo, más trivial, adquiere al
pasar por ~u fantasfa v3:lor é ~nterés inestimables, y los colores
que sus pmceles combman tienen tal riqueza de luz y se nos
ofre_cen tan abundantes y variados, que en ellos encuentran su
e9u1vale~te exacto todos los tintes, todos los matices por difíciles, dehcados é imperceptibles que sean.
,
_La figura de i Valiente brevajel está arrancada de la realidad
misma; nada hay en ella que no sea digno de la justa fama de
nuestro _pai_sa~o; la actitud, la expresión, las telas del vestido,
las más 1nsigmficantes pequeñeces del traje, los más nimios detalles. del rostro, todo acusa la experta mano que tantas joyas
artfshcas y en tan diversos géneros ha sabido producir.
Y no somos nosotros solos los que ta· decimos: antes que
nosotros lo dijeron unánimes cuantos vieron el lienzo en el Sal~n Parés, y sin duda confirmarán plenamente estas apreciac1on:s todos nuestros lectores á poco que se fijen en la reproducción que del mismo publicamos. Aquel bebedor dice de
FERNANDO WAGNER
un modo ~dmirable lo que el pintor se propuso; en su rostro s: advierten las huellas de la mala impresión que la cata
Hace unos veinte años, cuando Wagner · estaba d~l. vmo le ha causado, y la mirada que entre colérico y burlón
todavía en el torbellino de la vida estudiantil con dmg~ á la botell~ es la condenación más dura del brevaje que
su imaginación llena de mil proyectos, habitab~ en por v1~0 se le qmso hacer tragar, y que si como tal pudo pasar
á sus o;_os, halló fiscal severo y enlendido en su paladar delicael magnífico castillo de Tutzing, en el Starberger do y eXJgente.

See, un hombre de notable cultura, llamado Eduardo Hallberger, quien empleaba á varios artistas para
ª?ornar ~u ~agnífica residencia. De lejos y de cerca
h1zo vemr pintores, arquitectos y jardineros, y entre
ellos llegó Fernando Wagner, que prometía mucho,
aunque ~asta entonces no había hecho gran cosa.
Nmgun encargo particular en el adorno de aquella reside~cia se confió á Wagner, y por lo tanto no
tuvo ocas_ión de distinguirse; mas no le faltaba voluntad 111 tampoco talento. Mientras estaba en el
castillo conoció á un joven literato, y entre los dos
concertaron los más atrevidos planes, siendo uno de
ello~ emprender un viaje á Italia con objeto de confecc10nar una descripción ilustrada del país y del
pueblo; pero el espíritu inquieto de Wagner carecía
de. perseverancia para realizar el plan, y al fin se red uJo to_do á palabras. Los presuntos colaboradotes
renunciaron á la empresa, y cuando volvieron á encontrarse al cabo de algunos años el literato supo
que el pintor había llegado á ser fa~oso: el talento
Y. el trabajo hab~anle per~itido alcanzar una posic~ón entre ~os primeros artistas. El amigo que había
si_do d_e su JU'ventud se encontró con un pintor de
histor!a en vez del artista cómico que se revelara en
otro tiempo en figuras extrañas y chistosas escenas
tomadas de la vida de los bohemios en Munich.
¡Q~é paso había dado desde la comedia hasta lahistona formal! Pero á Wagner le han complacido siempre tales contra~tes, sin duda á causa de su tempe. ra~en~o. Conocido como pintor de historia, esto no
le impide darnos ~e vez en cuando una pintura de
género 6 un estud10 de la vida. Sus lienzos se distinguen por la minuciosidad de los detalles los colores
armoni~sos y la bien ideada composición. Wagner
no es, s1~ em?argo, un pin'tor de grandes y notables
h~chos históricos; µrefiere las procesiones, las parodias Y agradables escenas de la mitología.
. Al contemplarle en su estudio se comprenden las
dificu_ltades con que tropiezan los pintores de grandes lienzos. El artista no está muy seguro en la escalera por donde sube y baja cuando quiere juzgar
de su compQsición.
Pasemos, por último, al estudio del distinguido
grabador
EDUARDO UNGER

Esta profesión lleva necesariamente consigo un trabajo considerable de tal naturaleza, que apenas se pue-

.

"•

En la pradera, cuadro de A. Montemezzo.Que el _paisaje está bien sentido compréndelo cualquiera con
sólo mirar el cuadro; que la ejecución nada deja que desear
salta á la vista cuando se advierte la naturalidad que en todo él
campe~ Y, las condiciones de aireyde Juz que tanto relieve dan
á los d1stmtos elementos que lo constituyen. La misma sencille~ del asunto nos releva de extendernos en mayores consideraciones: la obra de Montemezzo produce en el ánimo una impresión grat!sima y despierta el deseo de disfrutar los encantos
de aquella pradera, y esta es la demostración más clara de Jo
que la pintura vale, así en el fondo como en la forma.

.•

"

~ran Canaria. Valle de San Roque en el camino de Taftra. - Cuanto se diga acerca de las naturales
bell~zas de las islas Canarias es poco al lado de lo que alH la
reahda~ ofrece. I:a ~egetación. variada y exuberante que en
ellas existe, la be~1gmdad del clima, los accidentes que por su
e~tructu_ra _geológica presenta el terreno, la abundancia de poéllcos pa1sa;es, ~o~ otros tantos atractivos de esas islas que el
tale~to, b bonos1dad y los sentimientos hospi,1alarios de sus
ha b1tantes han convertido en deliciosa estación~e invierno cada día más frecuentada, especialmente por los ingleses.
, La vista que reproducimos representa uno de los puntos más
pmtorescos de la Gran Canaria, el valle de San Roque, por
donde pasa entre palmeras, naranjos, guayabos, cafetales y otros
árboles de la hermosa flora tropical el camino que conduce al
lin~o p~eblo de Tafira y á La Caldera ele Vandama, volcán
extmgmdo que se alza al Sudoeste y á seis millas de la ciudad
de Las Palmas.

•
••

LA

487

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

~a Cabeza de estudio del reputado pintor alemán Alfredo
Se1fert reune todas estas cualidades tan dificiles de juntar y
merece, por esta razón, ser calificada de obra maestra en ~se
género que muchos cultivan, pero en el que pocos lllcanzan la
perfección deseada.

* **
Camino de la fuente, cuadro al pastel de Héctor D~ María. - En las principales Exposiciones celebradas
en Itaha, tales como las de Venecia, Bolonia y Palermo han
llamado poderosamente la atención las obras de Hécto~ De
Maria, que en poco tiempo ha logrado colocarse á envidiable
a_ltura entre los artistas italianos. Este joven pintor siciliano
siente com? pocos el color y la armonía de las tintas más vagas;
en, sus mar mas admirase esa profusión de luz y de brillantes refle;os que el sol meridional presta al firmamentó y arranca á
las azulada~ aguas del mar, y sus paisajes, cuadros de género y
figuras ca~llvan por el gusto en la elección de los asuntos y por
la corrección y verdad con_que en ellos están trazados los lugare~ más bellos, las escenas más sentidas y los tipos femeninos
mas hermosos.
Entre estos. últimos podemos colocar el de la joven palermitana_ de Ca1mno de la fuente, figura perfectamente concebida y
con _irreprochable corrección trazada, que por la belleza de sus
facciones Y lo noble de su continente nos da una idea exacta de
la mujer italiana tan justamente enaltecida por cuantos ban
visitado la poética isla.

*
" *
A~usación, cuadro. de Tiha~~r Margitay. -

Marg1tay, que tanta popularidad ba adqumdo con sus preciosos
cuadros de género, algunos de los cuales conocen nuestros lecto~es_por haber sido publ:cados en esta ILUSTRACIÓN, pinta en su
ulllma obra una e~cena emi~e.ntemente dramática, cuyo argumento creemos ocioso descnb1T, porque al menos lince se le
a_lcanza cuál puede ser la historia que á la situación por el arhst3: re_prese.ntada conduce y sin el menor esfuerzo se explica
la s1~m6cac1ón que en tal episodio tiene cada uno de los persona¡es.
Mayor espacio del que disponemos necesitaríamos si hubiésemos ~e _analizar una po~ una las figuras que entran en la
comPos1c1ón_; pero con dec1T que todas aparecen magistralmente
s1;nt1das Y e¡ecutadas, que cada una expresa por modo maravilloso el afecto que en tan critico momento Je domina, que
todas están en carácter y que su distribución y colocación es
~n natural como artlstica, creemos haber consignado lo que á
nmguno de nuestros lectores se les ocultará en presencia de
este cuadro.
Todas nos parecen igualmente bellas é interesantes, pero indudablemente ba de atraer con preferencia la atención de cuan!~~ el cuadro contemplen el gr~po forma?º por la madre y la
h!Jª que tan bruscamente han mterrump1do la ceremonia religiosa. Hay en la joven seducida y abandonada una expresión
de dolor_y de vergüenza. que á las claras indica que no ba ido
alll movida por su propia voluntad, sino arrastrada por sumadre: En ésta se revel~ todo el _apasionamiento, toda la indignac1~n de la que se siente henda en sus más caras afecciones;
su h1;a pod~á perdonar al desleal, que á tanto llega el amor en
algunas mu;e~es; pero ella _no fe perdona, y sin reparar en que
cou su acusación mata las il~s1ones de una joven inocente, gó~se en su venganza y en la idea de obscurecer para siempre el
cielo que tan sereno soñara el infame seductor que ha llevado
á su antes. tranquilo hogar el deshonor y el desconsuelo.
A_c1!saczon ha al~anzado un primer premio en la últim'a Expos1c1ón de la Umón Artística húngara y hasta hace poco ha
estado expuesto en la Continental Gallery de Londres desde
donde ba sido enviado á Nueva York.
'
No ca_be duda alguna de que Margitay conquistará también
e~ ~l nuevo mun~o los laureles que en tan gran número en el
v1e;o ha conseguido con sus pinturas de costumbres modernas
e~ las cual~s _el ~~alismo más acabado lleva un sello de elegan'.
c1a y de d1stmc1ón que las coloca muy por encima de la inmensa mayoria de los lienzos en la escuela naturalista inspirados.

•
••
El ensayo d~ un minué, cuadro de G. Paglieri.
- La época 1e Luis XIV y de ~uis XV _de Francia sé presta
como pocas a ese género de pmtura aristocrático y elegante
9ue á tanta altura supo elevar á principios del pasado siglo el
ilustre Watteau y que aun hoy cultivan de cuando en cuando
algunos de los más notables artistas modernos. Las costumbre~ ga(antes, los vistosos trajes, el lujo en el decorado de las
bab1t~c1ones son otros tantos elementos que acertadamente
c?mbi_nados. pueden dar como resultante cuadros de composición simpática y de colores brillantes en que la fantasfa y la
habilidad de los pintores se m11estren en todo su esplendor.
En este concepto, El ensayo de un minul es un dechado de
bell~zas: graciosamente concebido y con sus puntas y ribetes
de picaresco, como lo grueba el grupo de los tres caballercs
del centrn, ofrécenos desde el punto de vista de la ejecución
asi en el conjunh;&gt; como en sus detalles, tanto en las figura~
como en
veshdos y adornos, una labor primorosa, y acma
un conoc1!111e~to exacto y profundo de aquella sociedad que
con sus fnvohdades, más que con sus delitos atrajo sobre si la
catástrofe que tantas lágrimas habla de cost;r á los que antes
de ella s6lo en divertirse se hablan ocupado.

Jo~

Cabeza de estudio, cuadro de A. Seifert. - Cuantos menos elementos entran en la composición de una obra de
arte, cuanto menos argumento, por decirlo asi tiene un cuadro, tanto m~yor cuidado ha de poner en él el ~rtista á fin de
que 1~ falta de interés - no nos referimos al interés ~rtistico, DOLOR DE ESTÓMAGO. V.ino de Chassaing
q_ue bie~ sabemos puede~ tenerlo los trabajos más sencillos,
smo al mterés en el senlldo de atención curiosa, - quede compensada por los primares de ejecución. En obras de la índole
EVIDENCIA. - Cuando se ha visto una sola vez
la acción maravillosa de la CREMA SIMÓN en l:isgn'elas,
ele la de Seifert requiérese ante todo un gusto especial en la
elección de modelo, ya real, ya imaginado; ,m busto femenino ti/ceras, barros y saba11011es, se comprende que no hay co!dque figura como elemento único en una pintura, no puede ser cream más eficaz para la conservación de la piel. Los POL vos
el de una mujer vulgar, sino el de una mujer eminentemente DE_ ARROZ y ~l JA~ÓN SIMÓN completan estos felices efectos.
bella; necesitase además que con esta belleza excepcional corra Evitar las fals1ficac1onesextra1y·eras, exigiendo la firmaSJJ,fON,
p:uejas ~a ~xpresión, 9ue la m_ejo_ra e~ tercio y q~into, y preci- me de Provmce, 36, Parls. Depósito, en todas partes.
sa, por ultimo, que m en el chbu.10 m en la d1stnbución de luz
haya el n;enor tilde; pues los _defectos que en obra de otro géJABON REAL
JABON
nero purheran pasar madvertHlo,, resaltan con vigor extrema•
.¡ttico /nvtt1to,do alli donde nada hay que distrayendo la atención del que
DE T HA I DAC E 29,14deslta!in1,p1111 VELO UTI NE
los contempla ayude á disimularlos ó á compensarlos cuando
WatlUW Jtr llltoriiatoa a6tir p&amp;rl la Bifi•fl' b I&amp; Pltl 1 ltllu, hl Colar
menos.

LA

IV:IOLETI

Rogerio Noirel, á la par que examinaba sus legajos, dirigía :í. veces una penetrante mirada á Jacobita...

EL MARIDO DE JACOBITA
NOVELA ORIGINAL DE ANDRÉS THEURIET, ILUSTRADA POR L. MAROLD

I
«No me inspira Rogerio cuidado alguno, repetía
con frecuencia el viejo Filiberto de Noirel, pues ya
sabrá salirse de todas las dificultades de la vida; pero
creo difícil casará nuestra Jacobita ... Sin embargo,
quisiera verla unida con el hombre de su elección
antes de irme al otro mundo.»
No se cumplió este deseo, porque la muerte sorprendió al señor de Noirel á los sesenta y cinco años
en su castillo de Val-Dormant, donde quedó Rosa
Jacobita de Noirel, su hija menor, en vías de vestir
imágenes.
Cuando ocurrió este suceso, la joven contaba
veinticuatro primaveras: el anciano Naire! la había tenido siendo ya casi viejo y cuando el primogénito Rogerio llegaba ya á su mayor edad. La señora
de Noirel había fallecido á consecuencia del parto,
muy laborioso por lo tardío, decían unos, y avergonzada, añadían malas lenguas, por haber esperado
tanto tiempo para dar el ser á una criatura tan feílla.
El nacimiento de Jacobita, pues, no fué acogido
precisamente con sonrisas; pero como la criatura se
parecía al viejo Filiberto, éste acabó por c0brarle cariño, y á pesar del desagrado con que fué recibida,
creció como un espárrago silvestre, aumentando su
· robustez, ya que no su belleza. Era una moza rolliza:
extremidades sólidas, color moreno, huesos muy desarrollados, voz áspera y nada femenina. Dotada de
una vitalidad exuberante, gastábala en correrías por
el bosque, en trepar á,los árboles ó en ruidosos juegos con los chicos de la aldea. Estas viriles aficiones extrañaban un poco al señor de N oirel, quien no
juzgándose capaz de dirigir la educación de aquella
rústica niña, apresuróse á enviarla á un convento _de
Dijón apenas tuvo doce años, esperando que, gracias

á la influencia del medio en que iba á encontrarse,
llegaría á tener un poco de esa reserva y encanto que
constituye los caracteres distintivos del bello sexo.
Jacobita, en efecto, volvió más juiciosa, pero no conocedora de los usos y costumbres del mundo, ni
tampoco embellecida. No era coqueta; vestía de cualquier modo, y por bien cortados que estuviesen los
trajes, apenas se los ponía la pobre muchacha parecía un fardo. Cuando su padre, deseoso de establecerla, se apresuraba á presentarla en cualquiera fiesta
de vecinos, la vanidad de la joven había de sufrir mucho al comprender que hacía generalmente un papel
ridí~ulo y sabiendo que se la invitaba tan sólo por
consideración. Por más que tuviera cien mil pesetas
de dote, los pretendientes formales no parecían muy
ansiosos de llamar á la puerta de Val-Dormant, y Filiberto de N oirel comenzaba á perder toda esperanza,
cuando un ataque de gota puso fin á sus días.
Terminados los funerales, y después de retirarse los parientes y amigos, Jacobita se quedó sola
en el .castillo con su hermano mayor, Rogerio ·de
Noir~l, que había pedido licencia por algunos días
para poner en orden los asuntos de la s:icesión.
Esto equivalía casi á un aislamiento, pues Rogerio,
hombre muy práctico y meticuloso como un viejo
procurador, pasaba la mayor parte del día haciendo
cuentas y comprobando papelotes en compañía del
notario de la localidad; de modo que Jacobita se veía
abandonada á sí misma y á sus pensamientos, sumamente tristes.
El castillo de Val-Dormant no tenía nada que fuese á propósito para desvanecer las ideas melancólicas: era un gran edificio -cuadrado, con tejados cubiertos de musgo, muros de co!or gris y flanqueado
en la fachada principal por dos torrecillas en forma
de apagaluces. Situado en medio de un parque, don-

de las encinas se mezclaban con los árboles verdes,
dominaba el valle, estrecho y cubierto de bosques,
desde cuya extremidad divisábanse las primeras casas de Champlain. Más arriba de este pueblo continuaba el bosque y enfrente de Val-Dormant veíanse apuntar entre las hayas los agudos piñones de la
Roserelle, habitada por la señora de Chatelliers, respetable viuda á quien una parálisis tenía enclavada en
su sillón y con la que los Noirel mantenían de tarde
en tarde relaciones de vecindad. Por todas partes se
veían verdes horizontes, y abajo, á través de una línea
de pradera, un arroyuelo que se deslizaba entre una
doble fila de alisos iba á desaguar en el Aubette. Un
camino vecinal, flanqueado de verdura, atravesaba el
arroyo, sobre el cual había un puente; ascendía hacia
el castillo por suaves rampas, prolongábase por el
muro del parque y se perdía de vista en desnudas
mesetas. Este camino era muy solitario, y apenas
circulaban por él más que los peatones, portadores
de partes ó mensajes; ningún rumor interrumpía allí
el silencio, como no fuese por la mañana el canto de
los gallos, el tic-tac del molino durante el día, y á la
caída de la tarde lejanos ladridos de los perros de
las granjas diseminadas en la meseta.
Jacobita, apoyados los brazos en el antepecho de
una ventana, pensaba en el difunto, que la había
dejado sola en el mundo y que dormía el sueño eterno bajo los pinabetes del cementerio. También reflexionaba sobre su juventud, ya madura, condenada
prbblablemente á marchitarse en aquel castillo desierto. Sabía muy bien que no debía contar mucho
con su hermano, pues éste habitaba en París, compartiendo el tiempo entre sus funciones de director
en el ministerio de Estado y los placeres que ofrece
la capital á un célibe bien recibido en la alta sociedad. Por su parte, Rogerio de Noirel, á la par que

�LA

j

examinaba sus legajos, dirigía á veces una penetrante
mirada de' observador hacia Jacobita, y preguntábase, no sin enojo, qué haría de aquella hermana menor. Era tan egoísta y apreciaba tanto su libertad,
que de ningún modo hubiera consentido en llamarla
á su casa de la calle de Varennes, y por otra parte
le parecía poco propia para acomodarse á las exigen·
cías de la vida parisiense. Sin embargo, causábale es·
crúpulos dejar en el aislamiento y expuesta á los aza•
res de la vida campestre á una joven de veinticuatro años, en la cual adivinaba mucha vitalidad
turbulenta, sangre ardiente y viva imaginaci6n. «La
soledad, se decía, es mala consejera; el aburrimiento
podría impulsará Jacobita á enamoricarse del primer tunante que se presentara, y no me agradaría
ser cuñado de un palurdo. No; lo mejor sería buscarle en nuestra sociedad un marido presentable ...
S6lo que ... con su figura y aspecto, la pobre muchacha no es nada seductora .. » Y así pensando, dirigía
nuevamente hacia su hermana una furtiva mirada de
hombre ducho en la materia.
A la verdad, Jacobita no tenía buen gusto ni gra•
cía: su vestido de lana negra, cortado por una modis-

Jacobita en el valle de Champlain

ta del pueblo, formaba arrugas en la espalda y cubría
el busto como un saco; el corsé, que debía ser seme•
jante al de las campesinas, ensanchábale el talle y
le aplanaba el seno, y el color negro del traje sombreaba más aún aquel curtido rostro de espesas cejas,
mandíbulas en extremo prominentes y boca demasiado grande. Sin embargo, á pesar de tales defectos,
la robusta muchacha, criada al aire libre, distinguíase por una frescura que alegraba los ojos, y no sé
qué _de simpático que corregía la irregularidad de sus
facciones. La piel, aunque curtida por el aire y el sol,
era fina y suave como la seda· si tenía la boca demasiado rasgada, en cambio sus labios rojos y carnosos
expresaban la franqueza y la bondad, y cuando
se entreabrían para sonreír. dejaban ver una dentadura muy blanc~. En cuanto á los ojos, grandes y
castaños. tenían la limpidez del agua de un manantial transparente y profundo, y revelaban un alma
tierna, inteligente, deseosa de amar y de ser amada.
La perspicacia de Rogerio de Noirel ley6 sin duda
todo esto en las mudas y elocuentes miradas que su
hermana fijaba en él á veces, y que parecían un llamamiento y una stl.plica, pues al fin se conmovi6, y
cediendo á uno de e~os impul~o~ de sensibilidad que

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

en ciertas ocasiones experimentan los corazones
egoístas como un remordimiento, resolvi6 hacer un
generoso esfuerzo para arrancar á la huérfana de las
tristezas de la soledad. He aquí por qué, después de
haber procedido ante notario á la repartici6n de la
herencia, despidi6se de su hermana, y díjole al abrazarla:
«¡Buen ánimo, Jacobita; no te aburras en ValDormant, pues voy á ponerme en campaña para. buscarte marido, y muy pronto recibirás noticias mías!... »
La señorita de Noirel esperó un año antera estas
preciosas noticias: en su rústica candidez, crey6 por
lo pronto que apenas llegase Rogerio á París, lo más
urgente para él sería cumplir su promesa, y que antes
de pasar un mes aparecería en el horizonte el apetecido esposo. Todas las mañanas, al despertar, abría
la ventana para fijar la vista más allá de las espesuras del parque, en el camino blanco que cortaba la
colina é iba á perderse en lontananza en medio de
los álamos de Champlain. Espiaba la llegada del peat6n con ansiedad; pero el hombre de la blusa azul y
cuello rojo pasaba generalmente con indiferencia por
delante de Val-Dormant, y Jacobita, de nuevo engañada, veíale alejarse en dirección á la cumbre del
cerro. Algunas veces franqueaba la verja penetrando
en la avenida de pinabetes; entonces la joven sentía
latir su corazón, bajaba palpitante á la cocina á fin
de que se sirviera al mensajero una botella de vino,
y después, cuando más esperaba recibir noticias ~e
París y alargaba hacia el saco de la correspondencia
sus manos impacientes, veía que la esperada carta
no era más que un prospecto 6 un billete insigni~cante. Entonces la señorita de Noirel volvía á subir
confusa á su aposento, reprendiéndose por su excesiva precipitación. No se desanimaba, sin embargo,
y seguía vigilando el camino, pero entregada á continuas reflexiones. Imaginábase que el marido soñado
se le aparecería tal vez de improviso, como un héroe
de novela, y que el mejor día, una mañana 6 una
tarde, oiría resonar los cascabeles de los caballos de
un coche que conduciría al castillo á su hermano
acompañado de un pretendiente, con el cual se proponía darle una sorpresa; pero las mañanas y las tardes pasaban sin que por el camino se viera otra cosa
que e;trros y carretones y nunca el vehículo deseado.
Al fin, cansada de esperar y perdida la paciencia,
adopt6 su género de vida ordinario, recorría los bosques, ocupábase en los trabajos de la siega y de la
recolecci6n, cogía fruta. trataba con sus colonos y
no se cuidaba ya de su tocador. Generalmente, cuando ya no se espera nada, el destino se complace
en realizar los sueños relegados al olvido. El otoño
había inundado de brumas el estrecho valle de Cham•
plain; después . lleg6 diciembre con sus nieves, que
cubrieron de una espesa capa caminos, eriales y bosques, y Jacobita estaba ya segura de que su hermano
la había olvidado por completo, cuando recibi6 un
parte urgente, concebido en estos términos:
«Querida hermana: Si la memoria no me es infiel,
tú mantienes relaciones amistosas con una señora
llamada Santenoge, de Dij6n, que se cas6 con un tal
Longeaux. De aquí á un mes habrá un baile-en casa
del prefecto de Costa de Oro, y me propongo ir con
uno de mis amigos, que desea conocerte. Tu luto
ha terminado, y nada se opone á que te distraigas un
poco. Escribe en el acto, pues, á tu amiga, y ruégale
que tenga á bien patrocinarte en el baile del prefec.
to, para el cual recibirás oportunamente una invitaci6n., Allí te presentaré á mi amigo, que piensa en
casarse, pero que, naturalmente, quiere verte antes
en un terreno neutral Ponte en camino lo más pronto posible, engalánate, y consulta á tu amiga, que
debe tener en esto más experiencia que tú. En fin, hermoséate, porque de ello depende tu futura felicidad.
Apenas estés en Dij6n, escribe dos líneas Recibe un
abrazo, y hasta muy pronto. - R ogerio.»
Jacobita, roja como una amapola, guardó bruscamente en su bolsillo el parte fraternal, y sin perder
un instante escribi6 á la señora de Longeaux: era una
amiga de convento, con la cual se había relacionado
íntimamente y que acababa de contraer matrimonio
con un consejero de la corte. La contestaci6n no se
hi1.0 esperar; la joven señora de Longeaux manifestaba á su querida Jacobita que con el mayor gusto le
dispensaría hospitalidad para conducirla al baile del
prefecto.
Después de amontonar rápidamente sus vestidos
en el fondo del cofre, la señorita de Noirel march6 á
Dij6n, poseída de una fiebre fácil de comprender.
He aquí ahora lo que había ocurrido en París: Rogerio de Noirel tenía muy presente su promesa, pero
no se le ocultaban las dificultades que ofrecía el cumplimiento de la misma. Su hermano no era ni muy
rico ni joven de gran atractivo, y no había que pen-

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sar en proponerla á un homb.re de cuantiosa renta y
de buena posici6n en el mundo sin exponerse á sufrir un descalabro sensible. Rogerio, como persona
experta, quería para su hermana un partido conveniente y honroso, un hombre que no fuera muy joven
ni tampoco de edad demasiado avanzada; en fin, uno
de esos que son galantes y poco afortunados, que
tienen ya nombre conocido, aspecto agrad¡tble, y que
verían en aquella unión una ventaja positiva. Después
de haber buscado largo tiempo este mirlo blanco,
Rogerio tuvo la satisfacci6n de encontrarle.
En su ministerio había un agregado, el señor de
Gurgis, con quien Rogerio mantenía relaciones de
compañerismo mundano; era un célibe ae cuarenta
á cuarenta y cinco años, alto, elegante y de buen aspecto. Aunque calvo en la parte superior de la cabeza, conservaba detrás y en los lados bastante cabello
castaño naturalmente rizado; el bigote bien poblado
y la perilla comunicábanle cierto aspecto militar; los
ojos, de color azul gris, algo salientes, eran de mirada fría; y la tez, algo marchita, presentaba ya ligeras
arrugas, que se marcaban sobre todo en el ángulo
de los párpados. Era hombre muy callejero y muy
conocido en la sociedad, donde había tenido más de
una aventura galante; pero decíase que le agradaban
más los naipes que las mujeres, y su patrimonio estaba ya bastante mermado. En el tiempo en que comienza esta historia, Gurgis, cansado de placeres pa•
risienses y acosado por sus acreedores, proponíase
poner fin á esta situaci6n é intrigaba para obtener un
consulado.
Rogerio de Noirel, conocedor del caso, pens6 que
tal vez habría medio de explotar en beneficio de su
hermana este deseo de hacer carrera. Gurgis, según
le pareci6, estaba en la situaci6n del hombre bastante ambicioso para aceptar un matrimonio de conveniencia si éste podía asegurarle el destino que codiciaba; y por otra parte, con sus restos de belleza, su
nombre y sus modales, el futuro c6nsul sería un partido muy aceptable para Jacobita, que no tenía derecho á mostrarse escrupulosa y e&gt;..-igente en la elección.
Una noche que salieron juntos del Ministerio, Noirel enlaz6 su brazo con el de Gurgis y pregunt6le sin
ambages ni rodeos.
- ¿Quiere usted casarse, amigo mío?
- ¿Eh?, repuso Gurgis confuso. ¿A qué viene la pregunta? Ya sabe usted que soy un célibe endurecido ... ¿Por qué me suelta usted ese petardo á quemarropa?
- Porque conozco sus intenciones, replic6 Roge.
río, mirando á su amigo de reojo. Usted desea un
consulado, y tengo motivos para creer que un 1t1atrimonio allanaría todas las dificultades del nombramiento.
- ¡Noirel!, exclam6 su compañero, deteniéndose
de pronto y mirándole con cierta ansiedad. ¿De qué
se trata?... Explíquese más claramente.
- Amigo mío, voy á jugará cartas vistas ... Antes
de transcurrir un mes habrá un consulado disponible
en uno de los principales puertos del Levante ... Es
buen destino, y yo tengo medios para conseguir que
se le nombre á usted, si quiere casarse con una señorita que yo conozco.
- ¡Hum!, murmur6 Gurgis con recelo. La pjldora
debe ser amarga, cuando la cubre usted de azúcar.. .
Apuesto á que esa señorita es vieja, fea, 6... tal vez
algo peor.
- ¿Por quién me toma usted?, replic6 Rogerio resentido. No, la joven á que me refiero tiene veinticuatro años, es de excelente familia, ni fea ni hermosa, y llevará de dote cien mil pesetas en metálico
sin contar un castillo situado en Borgoña.
- ¡Bueno, una provinciana!... Amigo mío, ya conoce usted mis aficiones... Me causa horror el campo
y jamás pude vivir veinticuatro horas fuera de París.
- ¿C6mo se arreglará usted, pues, cuando se baile
en su consulado?... ¡Vamos, Gurgis, nada de niñerías!... La señorita en cuesti6n, por otra parte, no
desea más que salir de su provincia, y le seguirá
adonde quiera ... ¿Quiere usted ser c6nsul? De esto
depende todo.
- ¡Claro es que quiero! ... Yo no soy bastante rico
para vivir en París.
.
- Pues bien: consienta usted en casarse, y antes
de un mes recibirá el nombramiento firmado por el
ministro.
Gurgis comenzaba á reflexionar; la ocasi6n era ten·
tadora.
- ¡Diantre, exclam6, yo me había prometido permanecer soltero!... ¿Y me jura usted, Noirel, que no
se oculta alguna serpiente bajo las rosas del contrato
de casamiento?... ¿Es esa persona de todo punto aceptable?
- Esa persona es mi hermana.
- ¡Ah! ... Eso es distinto, balbuce6 Gurgis algo

rara escondida en su concha, una violeta oculta bajo
tales condiciones, no podría menos de martirio; su sangre hervía, resentíanse_ sus nervios, la hierbal ¡Hum!... Mucho lo dudo »
En
.
O
f
con us ...
T
· d sentía escozor en los brazos Yen las piernaS, Yape•
Rogerio había terminado la lectura de su último
enorgullecerme entrar en . ~u. far_m 1d~;... ~ero sien ?
1 sm 1scut1r 1as ~ua11• nas osaba respirar, por temor de que se malograse la
t ·monio un paso d1flc1,
diario.
.
.
D'
e1 man
..
h
d á
dades de la señorita no qu1S1era acer na a ciegas, operaci6n. Por último, después de las pruebas Y de
- Noirel, pregunt61e Gurg1s, ¿reside, pues, en 1innumerables
fatigas
lleg6
el
gran
día.
Todo
había
tanto en su interés como en el_ mío ... No tengo emj6n su señora hermana?
.
.
eño en casarme con una muier hermosa, pero de- ido bien· los industriales fueron exactos, y á eso de
_ No· ha ido á visitará una amiga... Mi hermana
las
cinc¿
la
señorita
de
Noirel
fué
á
sentarse
al
tocapseana
, que su aspecto fuese agradable, puesto que
'
tiene costumbres
muy sencillas, y
deberé tenerla á
desde su salida
la vista sin ce•
del colegio ha
sar... En su con·
estado siempre
secuencia, antes
en nuestras tiede comprometerrras del Val-Dor•
me quisiera Pº:
mant.
der juzgar de vi«¡Una campe·
su si nos convesina,
estaba segunimos.
ro de ello! ... dijo
- Perfecta·
para sí el agremente ... y ya hagado.&gt;
bía pensado en
La conversaello... El prefecto
ci6n no pas6 de
de Costa de Oro,
aquí: Gurgis no
amigo mío, debe
tuvo ya curiosidar de aquí á un
dad por saber si
mes un baile,
la señorita era ru·
al que asistirá
bia 6 morena, alta
mi hermana ...
6 baja. PersuaAcompáñeme us·
dido de que la
ted á Dij6n, Y le
aventura iba á
presentaré; allí
terminar ridícula
hablará con Jaco·
mente, poco le
bita y sabremos
importaba el code una vez á qué
lor del cabello ó
atenernos,
- ¡Diantre!...
de los ojos de la
señorita de Noi¡Ciento sesenta
=
rel. En su conseleguas de ida. Y
vuelta para asiscuencia, encen•
esa
tir al baile de un
di6 un segundo
==1
~
prefecto es cosa
cigarro, mientras
muy 'dura!, objeRogerio sacaba
/
un libro de su
t6 Gurgis, para
quien la provin•
maletín, recogi6
cia era siempre
uno de los diaun país salvaje é
rios que su amiinaccesible.
go había dejado
-Me parece
caer y ley61e dis·
que la mano de
traidamente, aco•
mi hermana y un
modándose en
buen consulado
un ángulo delcovalen la pena de
che. Poco á poco
hacer un viaje,
la lectura y el mo·-=-=,;--e,,- -""'-=-'~e?--~
replicó oirel
vimiento del tren
--=
~
--==con sequedad.
produjéronle una
Bien mirado no
semi-somnolenes más que un
cia de la que no
paseo... El pri•
despert6 hasta
mer tren de la
que oy6 á su
¿Quiere usted casarse, amigo mio?. ,.
mañana nos decompañero exjará en Dij6n á
clamar:
las seis; comere•
.
¡Ya
estamos
cerca
de
Dij6n,
amigo
Gurgis!
mos en la Campana; á las diez estaremos en casa del dor; el peluquero arreg16 su cabellera rebelde, y la
En efecto; el tren, después de haber franqueado
doncella
oprimi6
su
corsé.
Todos
esto_s
preparativos
prefecto, y á las once volveremos á ~mar el expreso,
ya el túnel de Blaisy se deslizaba entre dos alto_;
que llegará á París antes de rayar el día... Ya ve us· la privaron del apetito y apenas com16, pero desde muros pedregosos, perforados acá y allá, que permi.
ted que el sacrificio no es grande, y á fe mía no me las ocho estuvo ya preparada para el ataq~e.
Entretanto el señor de Noirel y su amigo Gurg1s tían ver bajo el cielo crepuscular extensas praderas
explico sus vacilaciones.
y árboles. Muy pronto divisáronse líneas de casas
- Amigo mío, ya no vacilo, y me fío de usted .. corrían en el expreso que los !_levaba á Dij?n. Apenas que flaqueaban el camino real, y sobre una ag~upa•
Ya puede preparar el terreno, y llegado el día, estaré instalados en el vag6n, Rogeno se absorb16 en la lec- ci6n de tejados, la esbelta flecha de San Ben_1gn~,
tura de sus diarios y Gurgis comenz6 á _fumar. El
á sus 6rdenes...
'b'
que se destacaba orgullosa á gran altu~a cual si qm•
Después de esta conversaci6n, Jacobita reci I6 1a tiempo era desapacible, una menuda lluvia azotaba siera confundirse con las nubes. El rmdo del tren se
carta de su hermano; lleg6 á Dijón diez días antes los vidrios de las portezuelas, y vista á través de aque• hizo más sonoro, y un prolongado silbido atraves?
del baile, y no perdi6 el tiempo, porque de?ía aten- lla humedad la campiña pareció más desagrad~ble el aire brumoso. El expreso acababa de llegar á D1der á todo. La inminencia de aquella entrevista, que y absurda á los ojos de aquel ~ijo de la gran capital, j6n. Después de habérseles servido en el hotel de la
tal vez iba á cambiar su existencia, trastornábala por á quien se privaba de su~ que:1das ~ostumbres para Campana una abundar.te comida que consol6 al~o
completo; pasaba una parte de la noche pensando hacerle contraer un matnmomo hacia el cual no sen- á Gurgis, haciéndole recobrar su aplomo, los _dos viaen ella, y los días recorriendo los almacenes de mo- tía mucha inclinaci6n. Lanzando ligeras bocanadas jeros se vistieron de etiqueta, y al. dar las diez, uno
das, sin omitir nada para «embellecerse,» segú? la de azulado humo hacia el techo del coche, y con la de los ujieres del prefecto pronunc16 en voz alta sus
recomendaci6n de su hermano. Después de la pnme· cabeza inclinada hacia atrás, Gurgis se había entre- dos nombres á la puerta del gran sa16n.
ra inspecci6n y de comparar los trajes á la moda con gado á sus reflexiones.
Jacobita, sentada en un ángulo junto á la señora
«¿Qué va á ser de mf? Ese diablo _de Noirel me ha
su modesto guardarropa, nada de lo que había !_leva•
de Longeaux, espiaba hada ya media hora, esperan•
seducido
con
la
promesa
de
proporcionarme
un
con•
do hasta entonces Je pareci6 digno del pretendiente
sulado en Esmirna 6 en Siria ... y yo he aceptado do á cada momento ver entrar á su hermano. Las
que esperaba.
dos amigas se habían puesto de acuerdo ~ara llevar
SonroJ'ábase al pensar que se había contentado sin reflexionar que tal vez hubiera podido obtener trajes semejantes; m~s la esposa del co~seiero, roza•
mi
nombramiento
conservándome
célibe
...
Para
que
durante tanto tiempo con sus tosc?s vestiºdos Y sus
gante, esbelta y graciosa, parecía una_ Joven con su
corsés de cutí· y los pedidos que hizo á los almace- Rogerio se dé tanta prisa y para que _esa señorita vestido de muselina blanca guarnecido de r?sas Y
haya
llegado
á
los
veinticuatro
añ?~
_
sm
encon~rar
· eron mucho
nes, al zapatero, y á la modista d'1~mmuy_
preciso es que sea de d1f1~1l _colocac1?n· su guirnalda de agavanzos ligeramente ~end1da en
su bolsa, pero no le dolían tales dispend10s.. Aconse· esposo,
Sin
duda
me emeñará alguna provinciana vestida su cabello rubio. Jacobita, por el contrano, con sus
jada por la señora de Longeaux gaSt6 un dineral en como un mono sabio, rígida y con muchas preten- facciones muy pronunciadas y su tez curtida, estaba
ropas guantes1 blondas y perfumería. La C?sturera siones· y cuando la haya visto, no me molestará poco mal en medio de tan vaporosas blancuras; en ~ten•
le pr~meti6 un vestido que produjera sensaci6n, ~ 1ª busca; un pretexto cortés para salir del compromiso, ci6n á su reciente luto, había creído convemente
salva1·e Jacobita que hasta entonces no había podido ariesgándome además á indisponerme con el her- adornarse la cabeza con una corona de violetas, Y
soportar ningún' traje que la mo1esta ra, resignóse
· bcon mano... Mucho temo haberme dejado engañar como este detalle endurecía aún más la expresi6n de su
una paciencia de ángel al suplicio de las prue as. un chiquillo. En fin, me he dejado coger en el lazo, rostro, haciéndola aparecer de más edad.
·
· 6vil delante
Durante aquellas largas sesiones,
mm
d bde y ahora se trata de salir de este atolladero con la
t
un armario de espejo mientras dos coS Ureras ª an mayor habilidad posible ... Después de todo, tal vez
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
vueltas á su alrededo~, poniendo alfileres Y to;a¡do la casualidad me reserva una sorpresa... ¡Una perla
( Co11tinuará)
medidasl la señorita de Noirel sufría un ver ª ero

~,t~

0

�LA

lLUSTRACIÓN ARTIStlCA

LA

SECCIÓN CIENTÍFICA

rrete de inducción especial. Los circuitos secundarios
de estos carretes de inducción están aparejados en
CONCIERTOS TELEFÓNICOS Á GRAN DISTANCIA
tensión entre sí y con la línea.
En tales condiciones, las fuerzas electromotrices
Al decir de The Electrical Engineer, la transmisión
de inducción desarrolladas en cada carrete de inducde conciertos telefónicos á gran distancia constituye
ción se unen algebraicamente á cada instante y proen América una industria explotada por una compaducen en el circuito general una corriente resultante,

en toda su longitud; estos dos últimos sirven para
establecer las comuncaciones con las hojas de plomo intercaladas entre los ladrillos, por mediación de
orejas practicadas en un lado solo de las planchas
de plomo. Estas planchas están sóli?a°:ente aseguradas por medio de tuercas, como _l~ md1ca el gr~bado. El conjunto de las placas positivas y negativas
forma un bloque muy manuable, en el cual aquéllas,
que constituyen la materia activa, pueden obedecer
al aumento de volumen, al foisonnement, seg_ún feliz
expresión del malogrado Emilio Reynier, sin que á
su movimiento se oponga la presencia de paredes
incomprimibles. La composición homog-énea de las
placas asegura un foisomzement reg~lar, co°:pensado
en el sentido vertical por una presión elástica obtenida por la interposición de rodajas de caucho flexible. Los muchos agujeros aseguran, por otra parte,
el fácil atceso del ácido á las placas.
La fabricación de los ladrillos activos y el sistema de montaje son invención de M. Carlos Hering:
el empleo de la presión elástica se debe á MM. Abdank-Abakanowicz y d'Arsonval.
La capacidad específica de los acumuladores A~las es relativamente muy elevada, pues con un régimen de descarga moderado alcanza 20 amperes hora por kilogramo, lo cual se explica teniendo en
cuenta que el conductor ocupa un volumen _muy _pe•
queño con relación al ocupado por la materia activa.
El régimen de descarga varía, según la aplicación que
se proponga y el espesor de los ladrillos, entre 1, :2
y 3 amperes por kilogramo.
.
Por lo que hace al régimen de carga, M. Picón
preconiza, con razón, la carga de potencialc'onstante
Fig. 1. Concierto telefónico en Nueva York
y propone sustituirla á la de intensidad constante
indicada por los fabricantes y empleada por los conñía de telegrafía y telefonía llamada L(lng dzstance
sumidores.
de
intensidad
variable
y
que
representa
fielmente
la
Compa11y.
De los experimentos en apoyo de esta opini_ón
Dos dificultades ofrece el problema de la transmi- onda compuesta producida por las acciones indivi- h!lchos por M. Hospitalier en la Escuela de físrca
duales,
en
el
transmisor
correspondiente,
de
cada
uno
sión á distancia de la piezas musicales: una relativa
y química industriales de París, resulta que con este
á la transmisión y otra á la recepción. En cuanto á de los instrumentos, conservando cada uno de éstos sistema de carga, si bien no se gana nada en punto
en
la
onda
resultante
su
verdadero
valor
relativo.
la primera, para lograr un éxito satisfactorio es inLa fig. 2 representa la audición en Newton, á á producción, cantidad y energía, en cambio se gana
dispensable un transmisor especial para cada instrumás
de :200 kilómetros del punto de partida; allí, á mucho en la rapidez de la carga y se evita la carga
mento ó voz, so pena de obtener á la llegada sonila
llegada
se emplean, no teléfonos magnéticos, sino excesiva y el desarrollo exagerado de gases, tan perdos resultantes cuyas proporciones de intensidad
judicial para la conservación de los acumuladores.
con los sonidos emitidos en el punto de partida apa- el Jamado loud-spea/dng telephone de Edisson, apara- Adoptando el potencial de :2 13 volts por acumulador,
to
que
se
funda
en
las
variaciones
de
roce
producirecerán destruidas. La segunda dificultad, mayor tola experiencia demuestra que en la primera hora de
davía y que seguramente será el principal obstáculo das entre dos cuerpos por el paso de una corriente carga se pone en el acumulador el 50 por 100 de
á la propagación del teatrófono, nace de la necesi- eléctrica y que toma de una fuerza motriz extraña el la carga total, y al cabo de tres horas el 83 por 100.
trabajo mecánico necesario para la vibración de la
dad casi absoluta en todas las transmisiones telefóniAdemás, desde el punto de vista práctico la carcas hasta ahora usadas, de obligar al oyente á apli- membrana, pues la corriente emitida por el punto ga ó potencial constante e~ige una diferencia de pode partida sólo sirve de regulador ó carrete para esa
carse al oído los receptores: esto resulta incómodo, acción
tencial total menor que la carga de potencial consmecánica.
y más tratándose de una diversión, amén de poco
El número de receptores varía según las dimen- tante; así, por ejemplo, para cargar una batería qe 52
siones del local en donde la audición se verifica: em- acumuladores en tensión, número de elementos gepleando seis loud-speaking en tensión provistos de neralmente empleados para alimentar lámparas de
bocinas proporcionadas, se ha conseguido hacer oir el incandescencia de roo volts, bastará una dinamo que
concierto transmitido desde una distancia de :2 50 mi- produzca 120 volts, al paso que ésta debiera -ser de
llas, á más de mil personas á la vez, y aun se han he- 135 al fin de la carga para mantener la intensidad de
cho experimentos á una distancia de 460 millas (7 36 carga constante. La carga ó potencial constante se
kilómetros).
completa en cuatro ó cinco horas, cuando con el ré(De La Nature)
· gimen de carga ó intensidad constante se necesitarían ocho ó doce.

POR AUTORES Ó EDITORES

11, 1'ÓN Á PITÓN, por Sobaquillo. - El ingenioso ar_ticulisDE .
.
to critico perspicaz y escritor ultra-castizo ~on
ta, e~udit~ h2e::ia' ha publicado con e_ste _titulo una cole~c1ón
Man ano e
'mo todos los suyos JUSl!fican la fama hterade trabajoS, que utor de los suculentos Platos del d{a y de las
ria de quegoza eta originales revistas de toros de El Liberal.
Chispeantes cuan
ó
11 c n
ue el libro se titula De pitón a p 1t n, no por ~ o o
Aunq_ó
¡
·
los
enemi.,.os
del
espectáculo
11ac1onal;
la
prevenci n o muen
b

fº

· , ·

Lo s

OUE TENGAN

Audición del concierto en N_e wton

•

higiénico por las enfermedades que pueden contagiarse con tales aparatos puestos á disposición de
cualquiera por una módica retribución. Para que las
audiciones telefónicas produzcan cierto efecto es,
pues, preciso suprimir esa obligación molesta.
Los grabados que publicamos indican la fotma en
que actualmente se efectúan las audiciones musicales á gran distancia. La fig. 1 representa el lugar de
transmisión de un quinteto ejecutado en Nueva York:
cuatro distintos transmisores reciben el sonido de
los cinco instrumentos, pues el cornetín de pistón y
el contrabajo utilizan un mismo transmisor.
Esos transmisores microfónicos están provistos de
grandes pabellones proporcionados á la intensidad
de los sonidos emitidos por cada instrumento, y están
dispuestos en derivación sobre una batería de acumuladores: cada uno de los circuitos constituídos por
el transmisor encierra el circuito primario de un ca-

ZARAGOZA ARTÍSTICA, MONUMENTAL É ll(STÓR!CA,.fOr A .
P. Gascón de Gotor. - Como tocios los antenores, son i~tere{antisimos los cuadernos 15 y 16 de esta obra, que contienen

además del texto cuatro fototipias representando una ca~za
romana el pie del órgano de la catedral de La Seo, un Apo o,
y un fr;gmento de la torre de Santa María Magdalena.

TENER LA
h 8 r m O8 a,' fa
8 rt8
R G UTLE

ACREDITADOS

f~

-S~n

po~~r~~o~

p DAN$ E

Los que tengan también ASMA ó SOFOCACIÓN
usen los cigarrillos balsámicos y lo~ papeles azoados
del mis_mo autor, qu~ la calm_an mstantáneamente

IN

us

LA MENTH0"7INA en polvo aumenta la blancura
.
.

y belleza de los dientes.

•

CLORÓSIS. - ANÉML\, - LINFATISMO
BI Proto-Iod'lll'o u merro e, ,1 repazador 4• lo ea11gre,

el /ortiJJcan.te y ,1 microf&gt;icjda 7,r ezcele11cia.
11 Jarabe ylu GraJea• coa pro!o-lodll!Oie llem teF • Gille,
no J)Odria,. ,,,. "-íado l'fCOfllffldado1 .,. nudn do "' """'"' gu(mlal, do
"' iMllffllbil(dad II do"' •ol" &amp;ilídad COlll(~~14 ,1 lo, Ho1pllol.,),
1

DIPóSITO Gl!IIIIAL: 45, Rue Vauvflllers, PARIS. Depbsit(I en lodu lu J&amp;rmadas.

-&lt;f+lo-

~~!N!i].l!J!~~ l6!!1!!~paradmw.

,on •

(De La ¡.-uture)

■mida

ita aiu, fül,a

S , LENTEJAS, TEZ ASOL
ARPULLmos, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECE S

VINO FERRUGINOSO ARDUO
tJ..~==~~~~~-1:=t~~l~-S,~
=--~~,~,¡,,:,
!r~''
T 00K TOJ&gt;OI LOS PinccmO.. IClJTUTIVOI D■ U ClAUB

=eta

~ e ~ l o 'T ~,rllCloti 41141 84n#r;.1z

- ••
el ~ .

,__,, llt:t'O/W#lll 'T'at:orOtltfcill, etc. 11 't'lae •en.ataeN ....
61 úD1co' que reune lodo lo que entona 'T tortalece loe orpn01,
_ .. . •• ~ • ' T aumeri&amp;&amp; CODISdt!rlblememe lu tuenu 6 ln!wu1e a la 111111'9
'T deloolorld&amp; : el Yt,or, la e ~ 'T la 6 ~ "'"'·
.._
• llril ea cua de J. l'BJlllt,farmacealico, tOI, rae Rit.heliea. Sausara. AROUD,

~-•"•

•

a VDDS
EXIJASE e1::_; 1 lROUD

C URA.CION
4 81

~,o

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las llacroflllu, la
Ti•ts y la Debllldad de temP.erameato,
as! como en todos los casos(PiUdoa colorea,
Amenorrea, ••), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 y¡¡ para
provocar 6 regularizar su curso periódico.

\\

~M,?J)s

Farmacennco, en Parl!,

~Rue

Bonaparte, 40

NB es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
■

El IOduro de hierro 1m1mro 6 alterado

•

las verdaderas P tldoraa de .niancArd,
Bxlgtr nuestro aello de pi at a reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Un i ón de
loa Flllrlcantea para larepresión de lafalsillcactón,
C
.) SK lU\LLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

0
• :.

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

·•1,•~~~-

-« Aprollada por la !UDEIU DE IEDICIBA

ldedallu en lu Expo■lclonu lnlernaclonalu de

p.ms - LYOII - YIENA - PIIIUDELPBU - PARJS
1867

1872

1873

1876

lli8

11 &amp;KPLS&amp;. COff l t . ,TO&amp; t.UTO &amp;lt L .

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;OI 1)11011&gt;11'11 DI U DIGIITIOW

PilfS, Plmm~cie COLLAS, 8, rae Daapb!Dt
11 m la, princlpok, farmacia,,

T

f!~~:f

0

1

lll2~

fr.

1,,•

A,.,.,..

'

.JARA
. BE

Y
0

P AsTA 9!1~=..
UPOSICIONU .

·

de H. AUBERQIER

OH ~ (J111 ,....... UUIIIJ

~.

8u1to
,tradabls 1 que

,a admln/1tra f101/msnts
O El lruoo coaUeae ,mu 20 D611a
PARI8, 6,
ViolOMO, !1 T41'1ft4clol,

30.

"'i=u:8
,, .,.,,,

r la Aoade.m1a de .KecUoúla de Parta 4 .fuenacfN •• la Col-16•
~mal•• Legal•po:r deorefo w,_t-tu.tal de 10 de Mar•o d• 1854,

~~~3:9

ta 111.poculdld, una(liticac1a perfectamen&amp;e comprobada en el CatM"l'O
~to~~1;,.Of!qU,H,,
cat/Jl"f'OI, BevlNI, ~o,, CUt11G 6 WNlaclofa de la rarranta, han

ci' al JüU.BE y PASTA de AlJIIEI\CHEll
Inmensa fama.. . .
..
00 Z
'i~i,
1Fol'llltufflf
JIUlu U S" B01"lar4cl ,.,.tlr4tiu ü 111 Factll1114 ü Medu ,na (S6o 1d1ci611),
(lSa
venta por mayor: COIIUR re-, ts, Calle de St-Claude, PARIS
UD&amp;

DEPÓSIT~ ~ L~S P lll~CIPALE~ ~O~ICU

.

BAIO LA FORllA DE

ELIXIR, , de PEPSINA BOUDAULT
VINO . . de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA IOUDAULT

1

GRA·Nó'IJE-LINO JARIN F~i°Jté~~s ¡

ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: l

Pepsina Boudault

u:,ru,
\\I~

mnfine \-.t"t\\\
\\1c,oU~
\~poU\..1 o.
l¡~~,1. O S

IX TODAS US PlISQIP.U.SS IOTl(WI

. it1lDADE8de1Esro4i
\t\~
--n--

EBTREÑJ:1\4:J:ENTO
11 A.fuctonu
~

.... IOD ID OODHODIDcl&amp;

1-.-_-___. .:_.,__-;.-;.-;.-;.-;.-;.-;.-;.;.;.;.;._----¡- - - - --~===-----

Este acumulador, recientemente presentado por
M. R. V. Picón á la Soci'eté internationale des Electriciens, pertenece á la clase de los pares secundarios
plomo-plomo, pero se diferencia de sus congéneres
por algunos detalles de construcción y sobre todo por
su gran capacidad específica.
Constituyen la materia activa del acumulador Atlas ladrillos rectangulares achaflanados de peróxido
de plomo y de plomo reducido, que ofrecen una solidez análoga á la de la tierra cocida y una densidad
muy pequeña, próxima á cuatro, lo que es un indicio
de su gran porosidad. T odos esos ladrillos están
atravesados por numerosos agujeros perpendiculares
á sus caras mayores, lo cual les da, especialmente á
los positivos, mucha semejanza con los panes de carbón aglomerado.
Estos ladrillos están superpuestos dos á dos, intercalándose entre dos de ellos de la misma naturaleza una delgada plancha de plomo que sirve de
conductor y.de toma de contacto: los de distinta naturaleza están separados por medio de láminas de
celuloide que los aislan entre sí. Aquellas planchas y
estas hojas tienen los mismos agujeros que los ladrillos y con eJlos corresponden; de suerte que hecho el
amontonamiento, los orificios forman otras tantas
largas chimeneas verticales que facilitan la circulaEl acumulador eléctrico Atlas
ción del líquido y de los gases. Dos gruesas planchas
de cristal ó de ebonita terminan la pila fuertemente
He aquí, pues, una porción de indicaciones prácasegurada por medio de cuatro tornillos, de los cuaticas que podrán utilizar las personas que emplean
les dos son de ebonita y sólo sirven para consolidar el acu mu !adores.
sistema, y l~s otros dos de plomo duro y en espiral

LAIT !KTtPRÉLIQtll -

LECHE ANTEFÉL

m

EL ACUMULADOR ELÉCTRICO ATLAS.

2,

Tos

Véndese el tomo, elegant~mente_ editado por D. Fernando
Fe de Madrid, en las principales librerías, y en Barcelo~a ~n
la de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5, al prec10 e
3 pesetas 50 céntimos.

Catarral ó de constipado, seca, nerviosa, ronca, fatigosaán,etcl., el_t~.. ,
8 a, Da,'
6 ·
a sea
f
t
ue sea hallar e a 1v10
ronquial ó pulmodnari po~A~~A yPcÉc~O-AL INFALIBLE del
y no padecer dolores de muelas, ulseDn elAEN~\t1..e Barcelona.
nmediato toman o a
MENTHOLINA que prepara e r.
d
6
ANDREU de Barcelona.
- ,
b
t exquisitos y agradables, que además e u
1.
tan rápidos y seguros los efectos
es~as P1!spt ~1~~r~~~j~~si I
~e:e~fo~º:s !~tículo de recreo é ~igiene, porque deja 1
iempre desaparece la tos por completo a errnmar
r---~-:''":-:-::::--=-i. boca fresca y perfumada por mucho tiempo.

......

Fig.

• no es ma·~que
~
escribir mucholli
Y
tauromaquia
e 1pretexto para
.
bueno sobre diversos asuntos de fina critica; los toros son a
los caracoles, y el autor ya sienta en el prólogo Y c?nfirmt: ::
el articulo Mis memorias Intimas que ~o es prop!amen , •
critor taurino, sino guisandero que más, importancia que a 1os
1 d á la salsa 1. Así le resulta ésta! Pruébenla los que
caraco es a
·
ue deseen aprender algo
quieran pasar un buen rato y aun 1os q_
h
, 1 d do
de lo mutho que el autor sabe, y ~e fiJO se c uparan os e s
saboreando los primores del condimento.
Las ilustraciones profusamente intercaladas en el texto son
como de Angel Pons.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

°

271

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ENFERMEDADES

GARGANTA
ESTOMAGO
VOZ y BOCA
P.UTILW J POLVOS
PATERSON
• IIIIIUTBO IUllflSIA
J

1111
f::IIN ...,,_ lu ~ - - 411 llat6•
. . .o. ra1111 •• ApeUIO, Dlg..Uoa• lüor t -, .AoelUu,"t'6m1toe, IEnaolOe, yC6U-:
~ 1u l'uoloaN 4el lla'6aago ~
4•1oalMNUaoa.
\ E1filr • ti rot,lt • ,,.. d• , .
&amp;A. lm'l'IIAK, FU'IU.onUoo • P.&amp;1119

,nu,. , .

PASTILLAS DE DETHAN

llteo-.ladu OtDlra 111 llalN Ct Jaa.r,ruta,
...,,_oiollNU la VOS, lllnam.aotODNÜ la
. _ , llfeotoa pll'lllo!NN dll K ~, lri&amp;aoioll f11W procl-el Tüaoo, J IDloial-11
i III Sin PllEDlCA.DOIID ilbCiADOI,

PBOFEaOJma y ClüCTOU8 para faeüiler 11
emloioD do la 'fN,-PUGlt: ta a.u.u.
6/'llqfr "' ,i rot111t • ftf'fflll
Adh, Dll'l'IIAK, FUIUNQUOO n P.11111"

�LA

NúMERO

1LUSTRACIÓN ARTisttcA

487

• lf • •

torre se ten ta metros
,más abajo de la cima de la montaña,
en el 111011/e J'ilatos
de modo que agué·
( Sui:a)
!la comenzará pro·
píamente en el Ho·
Los peri6d icos
te/ Bellevue. La susuizos se ocupan en
perficie, as! exterior
el proyecto de una
como interior, esta·
torre colosal que se
rá formada de lámitrata de construir en
nas de acero remala cumbre del monte
chadas entre si, que
Pilatos, uno de los
se extenderán á depuntos más frecuenrecha é izquierda en
tados por los que
lineas espirales havisitan Suiza, sobre
cia-arriba; de suerte
todo desde que se
que el aspecto geinaugur6 el ferroca·
neral de la torre
rril de cremallera.
será el de un entreSabido es que la
lazado gigantesco.
cima de aquella
Entre la pared
ruonlaña está á me•
ext~rior y la interior
nudo envuelta, aun
habrá un espacio
en los dias más desde 5 metros, que se
pejados, por una es·
aprovechará para el
pesa niebla que si
emplazamiento de
bie n es señal de
un ferrocarril de
buen tiempo en la
cremallera construi·
comarca, priva á los
do por el mismo sisturistas de una de ·
tema del que está
las más hermosas
ya en explotaci6n y
perspectivas que en
conduce é los turistanta abundancia
tas á la cumbre del
ofrece la naturaleza
Pilatos. Al lado de
helvética.
la vfa habrá un caMinuciosasinves·
mino de dos metros
tigaciones ban dede anchura para los
mostrado, sin em•
que deseen verificar
bargo, que aquella
la ascensi6n á pie.
niebla apenas se ex•
Este ferrocarril
tiende 30 metros
tendrá una longitud
por encima del pico ,
de 933'3 metros y
del Ese! (2. 193 m.),
llegará al extremo
lo cual h a hecho
superior de la torre
concebir el plan de
después de haber
atravesar aquella
dado siete vueltas y
brumosa capa por
media en e 1 intemedio de una torre.
rior de la misma.
Esta será de doble~
La ejecuci6n de
paredes, construí•
este proyecto colo·
das con planchas de
ESTUDIO DEL PINTOR JORGE PAPPERITZ (Véase el artículo eu la p:l.g. 262)
sal parece que será
acero, y tendrá la
pronto un hecho,
forma de un cono
pues una sociedad
truncado con un
diámetro en la base de 100 metros y de 40 en la cGspide :l. una ella se alto.r:I. una cópula de 20 metr.:is de alto. La altura total de capitalistas ingleses ha tomado por su cuenta la empresa y
se propone realizar todas las obras sin levantar mano hasta tede la torre será de 300 metros,
altura de 28o metros,
Como la meseta que corona el Ese! present:l una superficie ner completamente terminada la torre y todos sus anexos pa·
En la plataforma superior, en donde se establecerá un restnb•
rant, podrá haber c6moclamente cuatrocientas personas y sobre demasi:tdo peque~a, habrá necesidad de ertlplatar la base d~Ja ra fines del año 1895.

TORRt COLOSAL

Las casa.a extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN .A.ttTfST!CA diríjanse pa.ra. informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61. París.-La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y C.•, Diputación, 358, Barcelona

CARNE y QUINA

VINO--íliotlir~;ou1NA

T CON TODOS LOS PJlfflCJPlOS fflJTlUTIVOS SOLUBLBS DB L4 CARNE
elementos que entran en la com"DOslclon de este l)()tente
fel)lJ'ador de las fuerzas vitales, de este for&amp;lfteaae&amp; por ueeleaeia. De un gusto su4'Aa.'WE 1 oml'f&amp;I eon los

mamente agradable, es 110berano contra la J.Mmla y el J.JX&gt;Camtento, en las Calffltura,
y C011oalecencta11 contra las Dtarrea, y las J.fte®MI del B1tomaqo y los 1ntemnos
Cuando se tma de despertar el apeUto, asegurar las digestiones, reparar las ruérzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,ocadla por los calores, no se c;onoce nada superior al l'iae de Qaiaa de .t.road.
.Ptn mavor. en Paria, en r.asa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieo, &amp;ce$or ddROUD
SB VRNDB BN TODAS LA.S PIUNCIPA.LBS BoTICA&amp;

1

Querido enfermo. -Ft,se 'Id. • mi l•rt• up11iencl1,
1 hll• u10 duu11tro1 9RANOSde 8ALUD,pu11 ello•
lt euruin de ,u con,tlp1clon, le d1rb •~tito 1 le
derolrertn ,t ,ueño 1 11 1/etr/1. - As/ rrfirA 'Id.
mucho, año,, dl1frutando 11empre de una buena 1aJuL

EnfermedadeSdstPecho

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX
Antes, Farmao6utico

•s, Calle Vauvtuter■, :Parla,
E! Jarabe de Pierre Lamouroux e,
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de la, túanas, á
la, cuala comunica su gusto agradable y M propiedades calmante,.
(Gaceta de los Hospitales)

Dep611to Cenera!: A5, Calle Tmilllen, 45, PWS
Se rende en toda, 111 buena, farmaol11.

•

.EXIJASf• ~ºt~ ARDUO
1

Jarabe :Laroze DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito pol'
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlas, dolorea
y retortijones de estómago, estreñlmlentos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.
_____• _______
JARAB~

a1BroD1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es l!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S••Vito, insomnios, coa•
vulsiones y tos de los ni.lios durante la denticion; en una palabra, toda.a
las afecciones nerviosas.
Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE
!, rne des Lions-St-Paul, l Paris.

Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros méd_icos de París.

Depósito en todas tas Farmacias

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriu

PATE EPILATOIRE DUSSER

destruye basta lu RAICIS el Vl!LLO del iutni de lu damu (Barba, Blrote, ett.), sin
llingun pehrn, pm el cutll. SO .&amp;ñoa de É:dto, ymillana de te,tlmonloararuliwl la ekacla
de esta preparacion. (Se nnde en 11)11, para la barba, J en 1/2 01)11 para el bl¡ote llgero), Para
loa bru01, emplwe el l!lll t'UMJs:. D'USBER, l, rue J .•J,.J\ouueau, Pana.

Quedan reservados los derechos de propie,lacl artl~tica y literaria
blP, Di ?tlONTANK.l y SLWÓN

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46592">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46594">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46595">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46596">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46597">
              <text>487</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46598">
              <text> Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46599">
              <text>27</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46615">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46593">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 487, Abril 27</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46600">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46601">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46602">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46603">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46604">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46605">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46606">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46607">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46608">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46609">
                <text>1891-04-27</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46610">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46611">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46612">
                <text>2011662</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46613">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46614">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46616">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46617">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46618">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7374">
        <name>Acumulador eléctrico atlas</name>
      </tag>
      <tag tagId="7372">
        <name>Andrés Theuriet</name>
      </tag>
      <tag tagId="7371">
        <name>Célebres pintores</name>
      </tag>
      <tag tagId="7373">
        <name>Conciertos telefónicos</name>
      </tag>
      <tag tagId="7306">
        <name>Emilio Castelar</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1769" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="647">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1769/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._488._Mayo._0002011640.ocr.pdf</src>
        <authentication>43b43c98624b0220b55bafdbb1e2ce3a</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73940">
                    <text>7

,etros
la citaña,
1qué-

~trtélC101J
Ftí~t1ea

pro·
Ro-

a SU·

erior
estaámi-

~ma•

,que
í dela en
ha1erte
ge:orre
llre:sco.
ared
:rior
1cio
e se
ra el
de
de

A~o X

BARCELONA 4 DE MAYO DE 1891

.,._ _ _ __

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

Lru!-

1

_

SÍS·

está
ín y
irisdel
, de
ca-

tros
los
icar
pie•
.rril

tud
; y

mo
,rre
ber
1s y
,te-

de
lo:rá

10,

.ad
.y
te-

ia-

n

,,

UN RABINO, dibujo á la pluma de D. José M. Marqués

'

�2

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

74
SUMARIO

Texto. - La Exposició11 ge1¡¿ral de Bellas Arles. Una exposiciJn retrospectiva. Exposiciones celebradas en Barcelona diiranle el movimiento artístico contemporáneo, por J. Yxart. La Algarada de &lt;Pequeíkces,&gt; por Doña Emilia Pardo Bazán. -Rosa/inda. C11enlo fantástico del siglo xvu, por José
Torres Reina. - SECCIÓN AMERICANA: La vida es mello, por
N. Hawthorne, traducido por Judería¡ Bénder. - Nuestros
grabados. -El maddo de facoóila (continuaci6n) Nevela original de Andrés Thuriet, ilustrada bor L. Marold y traducida por E. L. Verneuill. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Purificación de las ag,ias para la alime11/ación de las poblaciones. La
filtración. Necesidad de la fmrijicación artificial de las aguas.
Deca11/ación. Filtración natural. Filtración artificial. - Libros enviados á esta Redacci6n por autores 6 editores: Corazón y trazo, por D. Pascual Millán. - En las Rióe,as del
Plata, por T. ReS11sco, versi6n española de D. Antonio Sanchez Pérez. - /oven/111, primeras poeslas, per Bonaventura
Bassegoda.

Grabados. - Un rabiM, dibujo á la pluma de D. José M.
Marqués. - Almas. Nuevo Palacio para Exposiciones ( Zappeio11) (De una fotografia). -Almas. La Universidad,obra
del arquitecto dinamarqués Hausen. (De una ·fotografia). La Liselle de &lt;El legatario 1mivtrsal&gt; (comedia de Regnard,
1655-1709), pintura destinada al vestlbulo del teatro del
Ode6n (París), por Gustavo Curtois, grabada por Baude. Puente sobre el BioMo (Chile), el más largo de Amlrica, terminado en 1890. Acto de la pr1¡¿ba oficial. - Puente del Bioólo, visto por debajo. (De fotografías remitidas por_D. I loracio
Parada, de Concepción). - fes,Js y los niflos, cuadro de don
Enrique Serra (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - Fig. 1. Sistema de filtros establecidos en Varsovia,
por M. Lindley. - Fig. 2. Filtraci6n por la arena. - Fig. 3.
Regulador automático de Varsovia. -Estudio del pintor Rodolfo IVim111er. (Para las referencias correspondientes á este
grabado consúltese el artículo publicado en el núm. 487 con
el epígrafe Est11dios de algmzos célebres pintores.)

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

I
Una exposici6n retrospectiva. - Exposiciones celebradas en
Barcelona durante el movimiento artistico contemporáneo

Los sucesos públicos presentan á veces singulares
coincidencias. Por los mismos días en que se iba disponiendo la primera Exposición de Bellas Artes
celebró la Academia una sesión necrológica en ho~
nor de los profesores D. Claudio Lorenzale y don
Pablo Milá y otra exposición retrospectiva de las
obras de aquél. ¡El alfa y la omega! Lorenzale y Milá
fueron iniciadores de nuestro movimiento artístico·
el actual concurso es su última y más brillante fecha~
Haber asistido en la casa Lonja á la académica sesión, solemne, glacial, acompasada, y pasar de allí á
los febriles preparativos del Palacio del Parque, era
como saltar de uno á otro extremo de todo un período
histórico. Convertir los ojos, de las anémicas pinturas
de Lorenzale á los cuadros que apresuradamente se
colocaban en la cimaise en los vastos salones de la
actual Exposición, era salir de una evocación de lo
pasado, pálida y triste, á las esplendideces de lo presente. Y sin embargo, el excepcional contraste tiene su
punto de unión sin solución alguna de continuidad.
Entre aquellos iniciadores, á quienes se debe hoy el
respeto de tales, y los modernos artistas, se extiende
todo el camino transcurrido, toda la historia de nuestras artes en el espacio de cuarenta años. Hubo que
empezar por aquellas místicas imágenes descoloridas ó
las composiciones históricas de novela escotiana, para
llegar por finá las cálidas impresiones y vibrantes notas
del arte contemporáneo; han sido necesarias para ello
las transformaciones radicales de toda una sociedad,
de la ciudad misma, viviente y entera. Como nada se
produce ni espontánea ni aisladamente en la vida,
fuera imprescindible una evocación total de ella, no ya
sólo del progreso artístico, sino de todo en suma:
gustos literarios y cambios políticos, preocupaciones
sociales, mudanzas económicas, influjo decisivo de las
mismas en las costumbres domésticas, si debíamos
comprender y penetrar viva y exactamente cómo y por
dónde lo que parece hoy pobre manifestación, encogida, tímida, de un comienzo vacilante, fué en su
tiempo revolución entusiasta y arrolladora, recibida
con aplauso. No pueden mirarse tales obras sin que
se agolpen á la memoria innumerables recuerdos. Al
volver hacia ellas el rostro, hoy que coincide su exhibición con la Exposición general, asalta el deseo de
apuntar, siquiera como preliminares y en cifra, las
que se celebraron aquí entre uno y otro período.
Aquellos cuadros, expuestos en las salas de la
Lonja nos traen desde luego á la memoria los con·
cursos celebrados por la Asociación de amigos de las
BBllas Artes en las desnudas galerías del convento de

San Juan, de 1847 á 1858. Aquellas fueron las que pueden considerarse las primeras exposiciones del moderno renacimiento artístico en Barcelona. Antes de
esa fecha, apenas hallaríamos sin0 las obras póstumas
de una escuela ya fenecida (pero que conservaba las
tradiciones de un dibujo sólido y paciente, y condiciones propias y geniales en algún maestro, sobre todo en
los retratos)ó los conatos y tentativas juveniles,los atisbos y presentimientos aislados de la misma generación
que alcanzaba ya su puesto en la citada década. Con
respetar y aceptar el relativo valor de tal iniciación, es
triste, sin embargo, ver que tan tarde llegáramos á ella
en España, y que tales fueran los obstáculos, el atraso
é ignorancia que hubieron de combatir aquellos nobles y laboriosos precursores. Cuando en 1850 Francia había recorrido ya totalmente los dos primeros
ciclos artísticos de nuestro siglo, el pseudo-clásico de
David y el romántico de Delacroix; cuando se disponía á la fatal evolución de éste, que llevaba en sus
entrañas y desde un principio el realismo contemporáneo; cuando empezaba á medrar en la mismísima forma de hoy su espléndida pintura de paisaje,
los citados iniciadores nos traían aquí de Italia la
buena nueva del romanticismo restaurador é histórico y de la pintura purista y arcaísta, é intentaban
sacudir el sueño de la bonachona sociedad de nuestros burgueses y de su existencia cominera y prosaica, con las voces de belleza y arte, infundiendo á estas palabras su más alto sentido ideal, como esotérico y misterioso, y señalando á su enseñanza un fin
religioso, social, educador, muy superior desde luego
á la frívola delectación de lo simplemente agradable
á que había descendido el arte aristocrático del siglo
pasado. Hartos antecedentes se conservan del influjo
que tuvieron y de la sorpresa que causaron aquellas
enseñanzas en los alumnos de la Lonja, que iban á
aprender para artesanos y salieron artistas. Hartas notas sueltas y privadas de los contemporáneos, denuncian cuán miserable era la escasísima atención concedida por el público al arte. Acontecimientos coetáneos, como la inauguración de la primera vía férrea, la
invención del daguerrotipo y la primera Exposición
U ni versal de Londres, debieron de infundir á todos
nuevos entusiasmos y transformar la vida anterior de
la ciudad. Pero aun así, nos es casi imposible concebir que deba otorgarse mérito relativo, no á las
tendencias de aquel arte que cabalmente hoy por hoy
y en otra forma vuelven á preocupará algunos, sino á
sus incompletas manifestaciones entre nosotros y al
evidente predominio del elemento intelectual y teórico sobre la ejecución artística.
He dicho que las exposiciones anuales de los Amigos de las artes se inauguraron en 1847. Unos artículos de erítica escribió el Sr. Mañé y Flaquer acerca
de las celebradas en 185 2 y 1853. La franca y enérgica
pintura que traza del estado de las artes en Barcelona,
por aquellas fechas, no puede ser más desconsoladora.
&lt;!Doloroso es confesarlo, pero fuerza es decirlo: el estado de las bellas artes en nuestra capital ei muy triste,
y nos coloca en muy bajo nivel comparativamente á los
pueblos de igual importancia de otras naciones y de
España misma. Los monumentos públicos arquitectónicos y los edificios particulares construidos en
nuestros tiempos, con raras excepciones, son modelos de mal gusto, de extravagancia algunos. La escultura, si existe, anda escondida sin que se le conceda el lugar que le corresponde en los edificios, ni
en los paseos, ni en los jardines, ni en los monumentos conmemorativos... : ha muerto ahogada en los aljibes de los alfareros. Los pintores hacen retratos de
familia en competencia con el daguerrotipo... Sólo
á la idea de la exposición anual debe la pintura el
haber cobrado algún aliento casi momentáneo. La
poesía existe..., pero también está condenada al silencio, y sólo de tarde en tarde da señales de vida
con la timidez del que desconfía de sus propias fuerzas ... El espíritu comercial traspasando sus límites
naturales y la falta de gusto ó educación estética son
las causas locales de nuestra decadencia artística.»
Y en la introducción de su segundo artículo, un año
después, lamenta de nuevo la glacial indiferencia
con que se acoge toda manifestación artística, y particularmente el desamparo en que dejan las corporaciones científicas y literarias aquellas exposiciones
anuales «¿Qué han hecho á favor de las que tienen
lugar todos los años en Barcelona? Y nuestro cuerpo
municipal, que es la corporación más obligada á hacerlo, ¿de qué manera las ha fomentado ó estimulado? Permaneciendo pasiva, indiferente, dejándolas
del todo abandonadas á la protección de los esfuerzos particulares, que por cierto no son muy eficaces
en la segunda capital de España»
Las exposiciones anuales celebradas de 1847 á
1858 parecerán hoy, en realidad, á quien las recuerde, bien modestas, No llegaron nunca á doscientas
las obras presentadas. Figuraron en ellas los pin-

NóMERO

48,

tores de mayor reputación entonces: Arrau, Batlle,
Dalmases, De Bergue, Ferrán, Fluixench, Inglada, Lorenzale, Martí y Alsina, Mirabent, Planella,
Rigalt, Serra, y en los últimos años los escultores
Vallmitjana, con que empezó el renacimiento escultórico, y algunos alumnos de los primeros expositores con que se inauguraba una nueva generación. La
pintura colocada en primera línea, y como en lugar
más visible, era la religiosa, que tomaba por modelo
á los pre-rafaelistas, al Perugino, al beato Angélico,
á Overbeck, y la histórica, que seguía tratando con
predilección los asuntos de la historia catalana en la
Edad media ó escenas de dramas románticos. Alternaba con ambas, sin embargo, el paisaje, al que reprocha ya la crítica ser pintado con harta frecuencia
de memoria quizás por lo compuesto y lindo con sus
misteriosas ruinas de castillos y sus efectos de luz
melancólica y del Norte. A su lado figuraba, con flores, frutas y retratos, la llamada pintura de género, que
trae alguna vez á los artículos la palabra realista, y al
arte á la contemplación de la realidad viviente ó á fogosas composiciones que rompen con su osadía los
primeros cánones y sorprenden por su colorido. Esta
misma aspiración nueva, traída aquí por uno de los
maestros, revolucionaba á la Academia, empezaba á
compartir la atención con el primer movimiento arqueológico y frío; dividía á los alumnos, les a¡.,artaba
lentamente de aquella primera imitación de imitaciones, para atraerles hacia la naturaleza, y les llevaba á
preferir las concreciones artísticas vigorosas y pujantes á las teorías estéticas y los sensatos preceptos, en
los cuales fué más fecunda la enseñanza que en verdaderos modelos.
Esta generación naciente debía ocupar bien pronto el lugar de la anterior en las sucesivas exposiciones, A su vez vió transformarse con nuevos sucesos
la capital, y levantarse precipitadamente para ella un
nuevo escenario con el derribo de las murallas y el
proyecto de ensanche, con la mayor rapidez en las
comunicaciones, con la fundación de los Juegos Florales y del Ateneo Catalán, y con la misma Exposición industrial y artística de 1860, improvisada en

Barcelona para obsequiar á S. M. la Reina dotia Isabel II, manifestación de la fiebre y entusiasmo que
despertaron por la misma fecha los triunfos de
Africa.
En esta Exposición sólo figuró, muy pobremente
representada, la escultura; pero ya en 1866 vemos
celebrarse otra en la Academia de Bellas Artes, donde se reflejan de un modo viviente y explícito todos
los cambios y progresos sobrevenidos en aquellos
años, desde la última del período anterior. Las esculturas y cuadros llegan al número de 350. Al lado
de los nombres de los profesores ya reputados, figuran los de Agrassot, Amell, Armet, Fortuny, Galofre,
Gomez (Simón), Serra y Porson, Tapiró, Urgell,
Vayreda y otros. Junto á los hermanos Vallmitjana,
los primeros escultores, Samsó, Pagés, etc. A los cuadros devotos 6 escenas históricas catalanas, suceden,
al lado de vastas y tempestuosas composiciones, los
paisajes y marinas, apuntes del natural de nuestras
costas y de nuestra tierra, á las que alguno llama
inspiraciones, antes que impresiones. Algunos cuadros arguyen ya la mayor frecuencia de viajes y el
mayor número de pensiones á Roma, de cuya fampiña, de cuyas costumbres modernas y populares tomaron el tema, ó la comunicación con París, de
donde traen alguna vez los asuntos ó la factura de
algún pintor en boga, En otros, la influencia de la
literatura catalana y del mismo teatro recién-fundado, coincidiendo con la moda de la música popular,
se transmite á las composiciones, costumbres de labradores, escenas de la vida rústica y doméstica de
nuestras montañas. Entre ellas van ya los estudios é
imitaciones de la vieja pintura realista española, y
entre las estatuas, las de San I sidoro de Sevilla, Alfonso el Sabio, Averroes, Ramón Lull y Luis Vives
al vestíbulo de la nueva Universidad. Un periódico
( El Telégrafo), resume la crítica de aquella exposición con palabras que harto se han repetido después.
«Obsérvase en los más destreza en el manejo del
pincel, acierto en muchos en copiar la naturaleza,
cualidades de coloristas en otro.s, pero también en
muchas obras se nota algún descuido en el dibujo,
excesiva importancia á los efectos de luz y en la elección de temas escasa afición á los grandes asuntos.»
Un edificio, construido ya en el Ensanche, para
Exposiciones, atestigua el cambio traído por la Revolución de Septiembre, que prepararon largas y fatigosas agitaciones anteriores. En aquel edificio celebra la sociedad de Bellas Artes sus concursos de
1868, 70, 71, 72, 73 y 74. A las secciones comunes de pintura, escultura, planos arquitectónicos se
añade la de copias de los mejores cuadros de escuelas españolas, que prueban cuánto se ha generalizado ya su conocimiento y su estudio. Junto á

ATENAS. - NUEVO PALACIO P~RA EXPOSICIONES (ZAPPEION). - De una fotografía

ATENAS, -

LA

UNIVERSIDAD, obra del arquitecto dinamarqués Ilausen. - De una fotografla

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

488
NúMERO

ellas figuran acuarelas, dibujos á pluma y á lápiz,
grabados, diseños para decoración, litografías, fo.
tografías y vidrieras pintadas, con que se muestra
de un modo más completo la extensión que han tornado las diversas aplicaciones del arte. De la propia manera se nota el desarrollo y progresos de la
escultura con nuevos nombres y más modernas
obras, y aunque sean en su mayoría los mismos los
de los pintores más conocidos, van apareciendo unos
tras otros, con impresiones de Roma ó de París,
muchos de los más jóvenes que hoy vemos figurar
en primera línea y cuyo número hace ya difícil la
cita. Se acentúa, sobre todo, año tras año la irresistible afición á la nota real y al estudio de la verdad,
no ya por encima de las viejas concepciones, que
empiezan á causar la extrañeza de lo anticuado ó
inferior, sino prescindiendo del mismo ingenio ó de
la concepción sentimental que como último rescoldo
del fuego del romanticismo animó á la literatura, incluso la dramática, antes de la Revolución. Podría
decirse, en suma, que los progresos que manifestaron aquellos concursos anuales del 68 al 74 están
en el número siempre creciente de artistas y de obras,
y en los adelantos en el color y en la factura, hacia
la mayor verdad artística, por cuyo camino, particularmente en sorprender los secretos y la vivacidad de
la luz (siguiendo á Fortuny, que por entonces preocupó á todos), cada paso que se da parece infinitamente superior al que le precedió.
Pero por aquellas mismas fechas, reciente el recuerdo de la Exposición Universal de París de 1867, y
establecidas las de Bellas Artes en Madrid, se repiten con extraordinaria frecuencia las de todos géneros en Barcelona y casi se improvisan de año en año.
La década del 70 al 80 podría llamarse de las Exposiciones. Con ellas se celebran y se estimulan las
fiestas públicas y los más notables acontecimientos.
Una breve Memoria, donde constan hasta 1872 los
resultados obtenidos por la Sociedad de Bellas Artes, apunta cómo ha cundido la afición á los objetos de arte entre el público y los I1_1ayores precios
alcanzados en la venta. En 1871 se celebra un concurso agrícola, industrial, artístico, con motivo de la
visita de D. Amadeo; en 1872, otro también agrícola, marítimo y artístico. A las Exposiciones generales
suceden las particulares, como si el número de obras
y artistas y los mismos géneros de caballete trajeran
consigo la multiplicación y disgregación de la colectividad en diversos grupos, y sea ya necesario establecer de un modo cotidiano y permanente la exhibición para los aficionados. Así se repiten ya en establecimientos como el de Monter en 1873 y en
1876; en el de Bassols, por el mismo año; en el de
Parés, en 1874; en la Sociedad económica de Amigos del país y en el Centro de maestros de obras
(1876); en la Universidad, en 1877, uniéndose á las
artísticas modernas las de artes suntuarias antiguas;
en el Ateneo Barcelonés, en 1881 y 1883; en el Museo Martorell, por el Centro de acuarelistas, en 1885,
y en el citado Salón Parés, por fin, ya con exposiciones generales y anuales, ya con la que acaba por
tomar carácter permanente, donde se exhiben las
obras apenas salidas del estudio.
La Exposición Universal de 1888 comunica repentina é inesperadamente mayor impulso á tales
esfuerzos parciales y repetidos. Como á las exhibiciones de obras de artistas barceloneses se asociaron los demás españoles, concurren á la universal los
extranjeros. El escenario, á partir de aquí, adquiere
proporciones mucho más vastas. Los mismos edificio~ improvisados en un momento de fiebre, revelan
el incremento y extensión de la capital y los progresos realizados en el espíritu público, y con su misma
capacidad, no sólo permiten, sino que estimulan los
grandes concursos, que no se limita,n al arte catalán
ni al nacional, sino que nos ponen directamente en
contacto con el de todas las demás naciones.
De aquel esfuerzo de un día, quedaron como despedazados restos de un coloso, con la nave central
del Palacio de la Industria y el de Ciencias, el de
Bellas Artes. De aquella repentina llamarada de iniciativas y proyectos, el calor y la confianza imprescindibles para nuevas empresas. La Exposición actual es la primera que vernos ya realizarse, corno preliminar de un nuevo período de transformaciones
mucho más vastas y radicales que las historiadas hasta aquí. Es una fecha, un punto de arranque. La
inauguración, que acaba de celebrarse, trajo á la imaginación, con la misma perspectiva del local, el recuerdo del concurso del 88. Pero cuando apenas van
transcurridos tres años desde aquella fecha, resalta
á primera vista que los adelantos realizados son notables y no guardan ya proporción alguna con el
tiempo. La progresión - si cabe el símil matemático - no es aritmética, sino geométrica. El aspecto
del gran salón central, destinado á la escultura, con

sus inmensas dimensiones, y ocupado por tal número de obras; el de sus vastas galerías que llenan los
dibujos; la extraordinaria cantidad de cuadros españoles; las primeras noticias acerca de las secciones
extranjeras (Francia, Italia, Austria, Hungría, Ho landa, Bélgica, Alemania, Rusia y Estados Unidos)
- que en este instante no es posible apreciar todavía en su conjunto; - todo permite asegurar desde
ahora que la primera Exposición general ha de superar las pocas esperanzas concebidas y vencer
como tantas veces el inveterado pesimismo de muchos.
Por mi parte, procuraré en los siguientes artículos
señalar en las distintas secciones, con lo más notable y de permanente valor, cuanto sea anuncio y
promesa para el porvenir.

J. YXART
LA ALGARADA DE «PEQUE&amp;ECES»
POR DOÑA EMILIA PARDO BAZÁN

Por caso prodigioso, acaso por primera vez, una
novela española acaba de lograr, no sólo inusitada
venta, sino el privilegio de dar pasto á las lenguas,
asunto á las conversaciones y contingente á la prensa
diaria durante muchos días, y lleva trazas de seguir
dándolo basta que la cuestión del socialismo, el calor y la dispersión veraniega calmen ó apaguen del
todo la hoguera de rencillas y disputas encendida
por un hijo de Loyola.
Desde que Peque,ieces se puso á la venta han granizado y siguen granizando artículos, sueltos, diatribas, agudezas, exclamaciones y dicharachos; los menos hemos sido los que, prescindiendo de indiscreciones y polémicas y renunciando á averiguar si Pequeñeces es, ~n efecto, un nuevo Tizón de la nobleza
española, nos concretamos al punto de vista esencialcialmente literario, aunque por necesidad nos hiciésemos cargo de las tendencias sociales del libro. En
mi Nuevo teatro crítico consideré al padre lo mismo
que consideraría á otro escritor que, reuniendo iguales méritos, no vistiese sotana; y por esta imparcialidad me acusaron algunos críticos - especialmente mi
joven amigo el Sr. Navarro Ledesrna, en tres artículos que vieron la luz en El Correo - de ayudar al padre en su maquiavélico propósito de ir escurriéndose
pian pianino, con las manos metidas en las mangas,
hasta coger butaca de primera fila al lado de nuestros grandes escritores. El Sr. Ledesma sospechaba
que al proceder así, al otorgar al padre lugar eminente entre los noyeJistas contemporáneos, me encontraba yo sugestionada, alucinada, sin advertirlo, «por
el ruido, por el triste prestigio del escándalo, que
aun á los espíritus más severos é imparciales se impone, inspirándoles herejías y desbai:ros.»
Si hubo en mí tal sugestión, debió de ser por modo
profético ó revelación divina, pues mi juic~o literario
respecto á Peque,ieces estaba formado desde la segunda quincena de febrero, época en que no se encontraba en las librerías un ejemplar, y sólo conocíamos la obra las contadas personas á quienes el
autor tuvo la bondad de adelantarla, y los lectores
del Mensajero del corazón de f esz'ts, que se contentaban con susurrar bajito, algo alarmados, que era «cosa
muy notable.» Antes de que empezase la gresca tenía yo corregidas las pruebas de mi estudio sobre
Pequeñeces, y á última hora, por darle más actualidad,
ingerí dos ó tres alusiones al estado de los ánimos y
á la parte extraliteraria de la cuestión, sin modificar
mis apreciaciones literarias en lo más mínimo.
Cumple decir toda la verdad. Lejos de sugestionarme el ruido y el escándalo, si algo pudiese prevenirme en contra del libro sería ese bastardo elemento de éxito, ese ataque fulminante de hiperestesia crítica que le ha entrado á Madrid, ese sacrificio
de los novelistas ya acreditados y veteranos en aras
del nuevo. Nuestra novela merece el favor del público, no ahora, por Peque1ieces, sino antes, por mucho
hermoso ejemplar novelesco que señala en este género un período de esplendor. En las novelas que aquí
se publican suele haber, aparte de las bellezas literarias, contenido, miga, trastienda, y no obstante, ni su
despacho en librería ni muchísimo menos su ruido
en P,eriódicos y conversaciones guarda remota proporción con la importancia de las ideas que pueden
sugerir al lector .inteligente y reflexivo. La del padre
también sugiere, ¡vaya si sugiere!; mas no por eso,
sino merced á su aleación de cbismografía, es el
acontecimiento de la temporada. Pecaríamos de injustos si echásemos toda la culpa al autor y no á la
corte hispana, de la cual puede decirse, como dijo
Tácito de Roma, que es urbs sermonum avida, niltil
reticente y fecundagignendi inimicitias; ó en romance,

incapaz de callarse la boca, amiga de murmuraciones,
enredadora, lenguaraz y refitolera.
A mi parecer, quienes están alucinados por el escándalo son los críticos que miran en el padre al
autor tizonesco y no ven el arnenísimo y delicioso novelista, y le cuentan defectillos y negligencias de sintaxis de que no suele estar libre ningún autor un poco
espontáneo. Bueno y santo (ó malo y pecador, pero
potestativo en el crítico) que se rechacen el criterio
y la moral del padre Coloma; lo vedado es partir de
la apreciación personal de ese criterio para negar al
padre sus méritos literarios. Puede no edificar Peque1ieces; á mí no me edifican poco ni mucho infinidad
de novelas modernas (porque esto de la edificación
sí que es predominantemente subjetivo), y sin ern bargo, me gustan que me chupo los dedos tras ellas.
Para juzgar una obra desde el punto de vista estético, conviene hacer abstracción de si el a!-}tor siente
y piensa como nosotros en materias de religión, moral, política, etc.; porque juzgar es comprender. Así
dice terminantemente Kant en su Crítica del juicio:
que si en un juicio sobre la belleza se mezcla el más
ligero interés, ya es parcial, ya no depende del gusto. Esta mezcla de interés y parcialidad fué el cáncer
de la literatura oficialmente católica, desde que empezó en España la lucha entre el liberalismo y la tradición; todos hemos padecido acusaciones de herejía y latitudinarismo, cuando hacíamos justicia á escritores heterodoxos. No se vuelva ahora del revés
semejante intolerancia, despreciando la novela de un
jesuita por sus tendencias ó propósitos morales, distintos ó contrarios de los del crítico; recuérdese aquel
gracioso dicho de Beranger:
Qu'on puisse aller ... meme a la messe:
ainsi le veut la liberté!

U na prueba de que el elemento extraliterario de Peque,ieces ha perjudicado á su estimación como obra literaria, es la aseveración que estos días rueda mucho,
de que Pequeñeces es una novela mediocre y una sátira admirable. I gnoro en qué límites encerrarán á la
novela los que así opinan, género tan comprensivo
y dúctil, que todo lo abarca y á todo se presta. La
novela puede ser sociológica ( Germinal), eróticopsicológica ( Fanny, Adolfo, Mensonges), penitenciaria ( La casa muerta), antropológico-jurídica ( Crimen
y castigo), ascético-filosófica ( Tltais ), reformista conyugal ( La sonata de Kreutzer), idílico-rural ( La 1m¡re
au diable), y con todas estas direcciones y tendencias, y otras muchas que omito por no cansar, novela interesante y hermosa. Califiquen, pues, la del padre Coloma de buena novela satírica, asimilándola á
varias muy famosas que tienen el mismo carácter,
como, v. gr., La ralea, Gerónimo Paturot y Bouvard
y Pecuclzet, de Gustavo Flaubert.
No podemos negar á la sátira de los vicios sociales derecho de ciudadanía literaria. Es su abolengo
tan rancio como el de cualquiera otro género, ó más,
si Homero compuso un poema satírico; y antiguo
como las letras es el concepto de que la sátira, moralmente lícita cuando generaliza, merece reprobación al particularizar, nombrando personas ó indicándolas con tales pelos y señales que otros puedan
nombrarlas. En Roma los decenviros legislaron castigando con pena de muerte al poeta que en sus versos infamase públicamente á alguno, y Cicerón manifestó iguales sentimientos diciendo que ((nuestra
conducta debe estar sujeta únicamente al dictamen
de los magistrados, ó sea la ley, y en ningún modo
al ingenio de los poetas.&gt; A Nevio, difamador del
patriciado, le hicieron los Metelos pudrirse en un
destierro; en cambio, la sátira general de Quinto
Ennio, Terencio y Plauto no suscitó protesta alguna, ni nadie puso en duda su legitimidad. Tomaba
entonces la sátira forma de poesía ó de farsa escénica, como más tarde la de diálogo lucianesco, y en la
Edad media la de fabliau. El Quijote, la novela más
grande que produjeron los siglos, pasa por satírica; y
sátira profunda, sátira social, es el libro más inspirado en el Quijote que conozco: Las almas muertas,
del ruso Gogol. Hecha la restricción de que no aprobamos nada que tire á zaherir ó poner en la picota
al individuo, reconozcamos que la novela satírica
puede ser excelente, como es la del padre Colorna en
mi concepto.
Volviendo á la sugestión del escándalo, yo veo en
este mismo alboroto que ha movido Peque11eces una
demostración de su valer literario. No alborota quien
quiere, sino quien puede. Menudo día de fiesta para
los inútiles y los necios malévolos, si con recoger
aquí y allí chismografías de salón y anécdotas de la
vida privada y darles forma novelesca consiguiesen,
no sólo vender miles de ejemplares, sino dar que
platicar y escribir á toda España. Claro está que un
escrito denigrativo siempre despierta curiosidades;
pero si le falta literatura, y buena, se podrá cuclzi-

488

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

clzear de él; hablarse, nunca. Pululan vanidosos que
no retroceden ante la calumnia, el insulto y el libelo,
con la esperanza de escandalizar y el desengaño de
que no se escandalice nadie: pásanse el santo día
preguntando dónde prenden, y no hay polizonte que
les baga el favor de atarles codo con codo. Lo repito:
la clave de Pequeñeces, si existe semejante clave, no
lograría lo que logra el arte del novelista, en los capítulos menos tachados de indiscreción ó alusión personal. Quisiera que los negadores literarios del padre
Coloma se fijasen en un dato de suma importancia,
que á lo que voy viendo nadie toma en cuenta, y que
yo tuve muy presente al escribir el estudio sobre Peq1te1ieces. Este dato... ¡friolera!, consiste en que Peque1ieces, la obra debatida, comentada, admirada por infinidad de lectores, no indiferente á nadie, avasalladora, en fin, es... la primer novela, ó como él diría,
el coup d'essai de su autor.
Antes no había escrito el padre sino historietas,
novelitas cortas, sucedidos, cuadros de costumbres,
bagatelillas primorosas ... Estrénase hoy con Peq11e1ieces, y á fe que del estreno ha de que~ar '?emoria
para rato. Vayan los que se revisten de musitada severidad literaria con el padre comparando en su interior este estreno (yo no lo hago expresamente, por
aquello de que las comparaciones son odiosas) con
los estrenos de otros novelistas insignes. Me dirán que el padre no es ningúR niño, y á su edad po. dría haber publicado una docena de novelas largas.
No quita para que ésta sea la primera.
Las deficiencias literarias que algunos censores señalan en el padre no las niego en absoluto, hasta
las concedo; y después de concederlas, repito que su
obra merece los honores de maestra, que corresponden, según el Diccionario, á «las obras hechas con
cierta perfección y artificio y notables en su línea.»
Cierta perfección, no la perfección total, que tengo por
inasequible, pues no la consiguió Cervantes mismo.
Si el padre flojea en las descripciones, en cambio sobresale en el diálogo y la narración; si es seco y descolorido, es rápido y agudo, enfoca y condensa divinamente; si no tiene caudal de palabras, Jo tiene de
sales y de felices ocurrencias, entretejidas hábilmente en la ficción. Quiero resumir, y para ello necesito
formular una pregunta y una respuesta: - Pregunta.
¿Cómo sabremos si una obra de arte es ó no de primer orden entre las de su misma época y género? Respuesta. Cuando las cualidades características del
artista se afirman en ella con tal energía y esplendor
que no dan lugar á que echemos de menos otras cualidades que necesariamente excluyen las primeras,
podernos decir que ese artista ha producido una obra
de primer orden.
Nuestra crítica adolece de olvidar tan sencilla regla, exigiendo de los autores precisamente lo que les
falta y tiene que faltarles si no han de dejar de ser lo
que son. A Ecbegaray, por ejemplo, se le pide que sea
un Bretón de los Herreros, y á Campoamor un fray
Luis. ¿Cuándo aceptaremos de una vez los temperamentos ó complexiones literarias, y seremos, por
egoísmo, eclécticos y omnívoros siempre que nos
presenten manjar fino, alimenticio y sabroso?
En cuanto á la intención moral de Pequeñeces, con
igual lisura digo que encuentro recargado el cuadro,
y que si fuese pintura de mano seglar, yo también
dudaría de la buena fe del autor, ó le supondría gravemente enfermo del hígado. La sociedad está hoy
menos corrompida que nunca, si bien hay en ella el
eterno fermento del mal, que jamás desterrará libro,
sermón ni sátira alguna, así resuciten, para predicar
' y escribir, San Pablo y Aristófanes, fundidos en un
solo novelista misionero. El satírico novelista, que
tal vez no cree en el fondo de su alma que el mundo
sea un presidio suelto, pero lo presenta así con ánimo de fustigar, ya que no de corregir los vicios, está
expuesto á esa nota de pesimismo, nota común, por
curiosa analogía, á Zola, al padre Coloma y á otros
varios novelistas que en nada se parecen, como no
sea en apiñar maldades, dando á entender que _el estado social huele á podrido. Acertadamente oprna el
insigne Rubió en su Historia de la sátira: «¿Te~dré
necesidad de recordaros que cuando Juvenal escribía
sus sátiras contra. las mujeres, las bajezas de los. parásitos, las liviandades de los protegidos de los neos
y el lujo de los b:mquetes, habían perecido ya en_ la
misma Roma mi1Iares de esposas honestas y de viudas y vírgenes recatadas, mártires de la ~astid~d; de
mancebos que preferían la muerte á la mfam1a; de
ricos varones que habían hecho almoneda de sus
bienes para dar su producto á los pobres; de_ personas en fin de todas clases. edades, sexo y cond1c10ne~,
que proclamaban en medio de los más atroces suplicios una religión basada en el amor? ... ¿Por qué no
decirlo? Los escritores satíricos, dotados de OJOS de
lince para descubrir el mal, parece que para ver el
bien los tienen de topo.»

LA LISETTE DE «EL LEGATARIO UNIVERSAL&gt;

(comedia de Regnard, 1655-1709)

Pintura destinada al vestíbulo del teatro &lt;lel Ode6n (París), por Gustavo Courtois, grabada por Baude

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

488

ui, príncipe, aun cuando fuese de los más modestos. tán. En cuanto á los marinos, fueron encerrados en
El Gran Turco prometió riquezas fabulosas y honores lóbregos calabozos de diinde no debían volver á salir
sin cuento á los jefes de la expedición si conseguían en todos los días de su vida. Así halló medio aquella
echar el guante á un príncipe; mas al mismo tiemp~ conciencia acrisolada de conciliar los deberes del
CUENTO FANTÁSTICO DEL SIGLO XVII ( 1)
les juró por todos los versículos del Alcorán que si honor con los preceptos de la más estricta justicia.
se volvían con las manos en los bolsillos los mandaría Como se ve, aquel Gran Turco era un hombre que
I
decapitará tod©s.
estaba en todo.
Borrascas huracanes, naufragios, todo lo arrostró
Erase que se era un Gran Sultán de Turquía que
También estaban en todo los doctores. Habían
estaba enfermo de un mal desconocido. Recetas van la flota otoU:ana durante muchos meses, cometiendo éstos conseguido matar dos pájaros de una pedrada.
y vienen, emplastos aquí y emplastos allá; pero ¡nada!, de paso la mar de atrocidades; pero todo inútilmen- Obtenían, en primer lugar, un aplazamiento preciosíel Gran Turco peor cada día. Apurados andaban los te: no se encontraba un príncipe ni por un ojo de la simo por aquello de: «¿En diez años de plazo que
sabios doctores otomanos ante aquel tenaz y endia- cara. Una tarde en que navegaba la escuadra turca tenernos, el asno, el rey ó yo no moriremps?;» y por
blado padecimiento, sin conseguir, á pesar de su muy próxima á las costas del :eino de Meloria,. el otra parte, habían contribuído á la salud del Estado
trompeteada ciencia, ver más allá de sus narices. serviola de una de las naves gntó desde el casnllo denunciando al soberano un crimen de lesa majes¿Pero cuán á su colmo no llegaría el apuro de los de proa: «¡Barco por la mura de babor!» Se trataba tad. ¡Mire V, que haber realizado aquellos pícaros
doctores cuando aquel paciente sultán les gritó un de una lanchita insignificante, tripulada por dos hom- pilotos el inverosímil hallazgo del príncipe Pipolín!
bres, un joven y un viejo. Los de la escuadra, más ¡Y si al menos lo hubiesen tratado bien!. .. ¡Cómo
día echando espumarajos por la boca:
- ¡Ignorantes! ¡engañabobos! ¡atunes! ( segura- por pasatiempo que por otra cosa, se apoderaron de habían de haber creído los doctores en semejante enmente este pez gozaba ya por aquel tiempo entre los la lancha; y ya se hallaban dispuestos á dejarla en cuentro al recetar su famoso baño!
turcos de la gran celebridad qua hoy disfruta entre libertad, cuando el viejo, por darse pisto sin duda, se
nosotros). ¿Qué ciencia ni qué ocho cuartos es la arrodilló, cruzó las manos en actitud trágica, y con
11
vuestra, que no conseguís ponerme bueno? ... ¡Char- acento declamatorio dijo:
- ¡Ah, caballeros marinos! Haced de mí lo que guslatanes! ¡mamarrachos! ¡cernícalos! ·( según se ve,
Pipolín fué instalado en un delicioso pabellón
ftste pájaro se había hecho ya notable por aquella fe- téis incluso albondiguillas si se os antoja:; pero no oculto en un bosquecillo de los extensos jardines de
cha). ¿A quién curaréis cuando no me curáis á mí? toq~éis á un solo pelo de mi augusto discípulo el palacio, por los que le estaba permitido paseará todas
¿Pero creéis que vais á asistirá mis funerales? ¿Vos- príncipe Pipolín, á quien el rey su padre me ha con- horas y con entera libertad. Nada tan encantado
otros firmar mi papeleta de defunción? ¡Yo os juro fiado para que dé este paseíto y vaya aprendiendo á como aquellos lugares: las brisas del Bósforo, saturaque iréis todos delante de mí á continuar vuestra ta- bogar.
das de sales marinas, se embalsamaban al llegar allí
¿Príncipe dijiste? En menos que se cuenta, estuvo con los aromas de las acacias, los jazmines y el azarea en los infiernos!
.
Temblaban aquellos pobres sabios como las hojas el príncipe PipoHn á bordo de la capitana y fuerte- har; el ruido del agua de las fuentes y el canto de los
de los alcornoques, cuando el soberano puso fin á su mente atado con cadenas, por temor de que en su pájaros formaban armonías incomprensibles y emdesesperación intentase suicidarse arrojándose al mar. briagadoras; reinaba en aquellos verjeles una primaimperial discurso en la siguiente forma:
- Si antes de que limpien mañana mis caballerizas Con objeto de que no pudiesen llegar á tierra noti- vera sin fin, y los ojos podían extasiarse en las más
(así computaba el tiempo aquel Gran Turco), no ha· cias de lo ocurrido y de qpe la desaparición del prín- espléndidas lejanías... ; en fin, que ni un cuento de
béis hallado un remedio seguro contra mi enfermedad, cipe fuese'atribuída á un siniestro marítimo, dieron un hadas. Hay que añadir á todo esto que Pipolín veía
os verá toda Constantinopla pendientes de esas venta- barreno á' la lancha, que se fué á pique, y en ella el satisfechos como por encanto sus menores caprichos:
nas, corno los racimos de uvas de mis despensas. viejo preceptor, que pagó así bien caro el haberse pajaritos volando que se le antojasen, al punto los
¡Conque largo de aquí y mucho ojo!
dado importancia. ¡Digno castigo á su perversidad! tenía.
Salieron los pobres doctores de la cámara imperial Lleno este requisito, que prueba la previsión de aquePero el Gran Turco, á quien todo parecía poco
más muertos que vivos, y fueron á encerrarse pálidos llos honrados marinos, las naves turcas hicieron rum- para renovar la sangre del príncipe, ordenó á su hija
y trémulos en la gran biblioteca de palacio. La~gas bo á Constantinopla.
Rosalinda, hermosísima princesa de diecisiete años,
horas consagraron á consultar textos y pergammos
Ocioso es ponderar la alegría del Gran Turco, así que se consagrase á acompañar á Pipolín. Para dar
orientales; pero ¡ni por esas!: no daban pie con bola. como la perplejidad de sus médicos al regresar la es- una idea, aunque muy imperfecta, de la excepcional
Convencidos al cabo de que la fe puede en muchas cuadra y conocerse el humanitario resultado de la ex- hermosura de Rosalinda, baste decir que todas esas
ocasiones más que toda la ciencia del mundo, toma- pedición. Pero los doctores debieron recibir al mis- grandes bellezas sancionadas por la historia, Elena,
ron el partido de dirigir sus preces al Profeta para mo tiempo (aun cuando se ignora por qué medios de Raquel, Judit, Semíramis, Eloísa... , etc., etc., haque los iluminase en aquel atolladero. Largo rat~ es- transporte) algún otro rayo de luz del Profeta; pues brían parecido caricaturas de almanaques burlescos
tuvieron con la cara vuelta y los brazos extendidos se personaron sin pérdida de momento ante el sobe- al lado de la hija del Gran Turco. La mente del más
hacia la Meca, hasta que allá muy entrada la noche, rano y le dijeron:
fervoroso poeta musulmán no soñó nunca á las hucuando Constantinopla se hallaba envuelta en tinie- Gran Señor, guardaos bien de bañaros por aho- ríes de Mahoma tan hermosas como Rosalinda.
blas, el Profeta se decidió por fin á enviarles su luz. ra en la sangre de ese príncipe. Las tristezas del cau¡Hay príncipes que logran unas gangas! ...
Para decir verdad, fué uno solo el que recibió la ema- tiverio, la nostalgia de la patria y de la familia, ,y
¿Quién coloca juntos impunemente el fuego y
aación luminosa. El elegido rompió bruscamente la sobre todo los malos tratamientos de que ha sido la estopa?... Sucedió lo que no tenía más remedio
monotonía de aquella situación, exclamando con ins- objeto á bordo, han emponzoñado su sangre con el que suceder: aquellos dos seres de temperamento
humor melancólico. El baño en tales circunstancias, apasionado, rebosando de juventud y de . vida, se
pirado acento:
- ¡Nos hemos salvado!
lejos de seros provechoso, podría seros nocivo, hasta enamoraron perdidamente uno de otro. Mucho conSalieron todos como por encanto de su éxtasis mís- el punto de que peligrase la preciosa vida de Vuestra tribuyeron sin duda á fomentar esta pasión la intitico, y clamaron á una voz:
Majestad.
midad del trato, la absoluta libertad de que disfru- ¡Habla..., habla!...
- ¿Luego todo ha sido inútil?, preguntó entre des- taban, lo poético del sitio, y sobre todo, aquellos ceEl iluminado contestó lacónicamente echándose á fallecido y amenazador el Gran Turco, ouyos bríos nadores ocultos á todas las miradas y protegidos por
andar.
iban decayendo visiblemente con la enfermedad.
las sombras de los árboles ... (¡En qué estaría pen-Seguidme.
- De ninguna manera, se apresuraron á contestar sando el Gran Turco!)
- Pero explícate... Dinos cuál es tu plan.
los doctores. Se trata sólo de un aplazamiento, á fin
Pipolín, en un transporte de pasión, se quitó un
- Seguidme y callad. Vuestro papel se reduce á de asegurar la infalibilidad del remedio. Haced que se día un anillo con un diamante como un garbanzo, y
dejarme hablar y prestar asentimiento á cuanto yo empleen con ese joven príncipe los mejores tratamien- lo puso en el dedo de Rosalinda en prueba de su
tos, que se le alimente con los manjares más exqui- amor eterno y con juramento de hacerla su esposa.
diga.
Momentos después se hallaban los doctores en sitos, que se vea solicitado á todas horas por las disA nadie extrañará que Pipolín llegase muy en brepresencia del Gran Turco, que pa~eab~ por su habita- tracciones y halagado por los placeres. Cuando la ve á no acordarse de su libertad, ni de su patria, ni
. ción bramando como un toro. El 1lurrunado tomó la alegría haya vuelto á su corazón y por sus venas cir- aun de la madre que lo parió. Patria ubi bene.
palabra.
cule una sangre nueva, saludable y vigorosa, entonEl Gran Turco, que vigilaba con el interés que es
- Gran Señor, existe un remedio contra vuestro ces, Gran Señor, habrá llegado el momento del baño. consiguiente el estado de ánimo del príncipe, estremal.
¿No se engordan los cerdos para la matanza? Pues lo chaba de tal modo á los médicos, que éstos se vie- ¿Cuál es? ¡Pronto!, rugió el bondadoso sultán.
mismo.
ron al fin precisados á declarar que había sonado el
- Ese remedio es muy difícil, Gran Señor.
El Gran Turco hubo de rendirse ante la fuerza de momento de darse el baño de sangre.
- ¡Para mí no hay nada difícil! .
tan sólidos argumentos. Y he aquí que había sonado
Rosalinda, modelo de ternura filial y que había
- Pues bien: Vuestra Majestad sanará infalible- la hora de entregar á los jefes de la expedición las aprendido de su madre el arte de la magia, descumente, si se baña en la sangre recién vertida de un riquezas que les tenía prometidas bajo su imperial brió tan espantoso secreto.
palabra. Al pensar en esto, una duda terrible surgió
príncipe.
. . . .
- ¡Que degüellen en el acto á cualquier md1V1duo en la conciencia de aquel justo emperador. Verdad
J OSÉ TORRES R E INA
de mi familia!
que los marinos habían cumplido fielmente el man(Continuar/.)
- Sería inútil, Gran Señor.
dato de traer un príncipe fuera como fuera. ¿Pero no
- ¿Cómo inútil?
era también verdad que sus malos tratamientos ha- El príncipe sacrificado ha de ser necesariamente bían contribuido á emponzoñar la sanire del prínciSECCIÓN AMERICANA
extranjero.
pe con el humor melancólico, haciéndose por ello
Al siguiente día una gruesa escuadra con numero- acreedores al más ejemplar de los castigos? ¿Cómo
LA VIDA ES SUEÑO
sas tropas de desembarco zarpaba de las aguas de resolver conflicto tan arduo? ¿Podía el soberano faltar
Constantinopla, con orden de surcar los mares, as~l- á su palabra? Admitir semejante hipótesis, sería no
POR N. HAWTHORNE
tar puertos, incendiar ciudades, abordar embarcacio- tener siquiera dos dedos de sentido común ni entenSólo de un modo parcial é incompleto es como
nes .•. ; en una palabra, de llevará cabo t~do género der una patata de lo que son emperadores. Turquía
de barbaridades y tropelías hasta conseguir atrapar á entera fué testigo de la donación de casi todo el pa- llegarnos á conocer los acontecimientos que tal vez
trimonio imperial, hecha públicamente por el propio más influencia ejercen sobre nuestra vida presente y
( 1) El fondo de este cuento, aunque con impottantes varia- emperador á los jefes de su escuadra. ¡Cuántas lágri- porvenir; y hay una infinidad de cosas, con perdón
ciones, está tomado de la misma fuente que Perrault puso á mas vertieron los corazones sensibles ante aquel acto sea dicho, que pasan casi rozando con nosotros sin
conlribuci6n para sus famosos Cumtos de Ha:fas, esto es, .del de inusitada generosidad! Pero tal como hoy quedó dar resultados inmediatos y palpables que nos perPentamerone 6 Cimlo de li czmte, escrito en d1ale~lo napolitano por Giovan Battista Basilio, quien á su vez se inspir6 para hecha la donación, y al otro día se llevó á cabo la mitan sospechar siquiera su proximidad con el más
su obra en el Cumlo de cuentos de nuestro inmortal Quevedo. confiscación de los mismos bienes por el propio sul- leve rumor, ni la más vaga y tenue sombra, ni el más

NúMERO

488

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

2

79

ROSALINDA

PUENTE SOBRE EL BIOBfO (CHILE), EL MÁS LARGO DE AMÉRICA, TERMINADO EN

1890

ACTO DE LA PRUEBA OFICIAL

De fotografía remitida por D . Horacio Parada, de Concepción

P UENTE SO.BR.E El. BIQBÍü, VlSTO l'OJLDEHAJO

.

De fotografia remitida por D. Iloracio Parada de Concepc16n

fugaz destello. Pero si pudiéramos conocer t0das las vicisitudes de nuestra veleidosa
fornma, pasaríamos la vida
oscilando continuamente en
un mar agitado de zozobras
y esperanzas, de alegrías y
tristezas, sin gozar siquiera
de un día de paz y tranquilidad. Algunas páginas de la
historia de un chico llamado
Juan me servirán para desarrollar esta idea, facilitando
su inteligencia á quien leyere.
No hace al caso que diga cuyos y quienes eran
los padres de nuestro Juán; baste saber que tenía
por entonces veinte años, que había nacido en
New-Hampshire, que sabía lo que se aprende por
lo general en la es~uela, que, además, tenía una
barnizada de estudios mayores, que á la sazón,
esto es, al empezar nuestro relato, iba pedestremente camino de Boston, donde su señor tío, mercader muy acomodado, se proponía iniciarlo en
los arcanos de }a ciencia de hacer dinero, empezando por instalarlo detrás del mostrador á vender libras de arroz. cuartos de especias, queso, velas cerillas y demás artículos indispensables para
la ~da, y que en una tienda de com~tibles tienen su natural asiento.
Cansado y quemado del sol, porque andaba
desde el despuntar del alba, y era el mediodía de
uno de los más calurosos del estío, y excitado además por la frescura y apacible sombra de un cercano bosquecillo, por entre cuyas -verdes enramadas corría un manso y claro arroyo, entróse en él,
por el bosque digo, á tomar algún reposo. Puso en
tierra el morral, dejó caer el bastón, y se tendió
cuan largo era bajo de una copuda encina, no sin
haber antes apagado la sed en el arroyo, que parecía expresamente formado para aquella necesidad.
Poco tardó en quedar profundamente dormido.
¿Soñó algo? Lo ignoro; y aun cuando lo supiera
no lo diría, pues nada tiene que ver con nuestra
historia en la cual sólo he de ocuparme de las co. ser notadas ni sossas que' pasaron á su lado sm
pechadas siquiera por él.
Ahora bie'n: mientras ·arrutla·do por los abejo-

rros y ~l murmullo de la fuente y de las hojas dor- •
mía nuestro héroe' á pierna suelta, otros estaban defpiertos y se consagraban á sus ocupaciones ordinarias, é iban y venían por el camino cercano, á pie, á
caballo, en eoche, cada cual como podía ó más gana
le daba. Unos pasaban por las puertas de su alcoba
sin reparar en él ni en ella; otros la miraban con aire
indiferente y no veían á Juan; otros, al hacer alto en
él, se sonreían, y no pocos, cuyo corazón rebosaba
mala voluntad, hubieran querido hacerle mal de ojo.
Llegó su vez á una viuda vaporosa, joven y romántica, la cual, no viendo pasar nadie en aquel momento
por el camino real, y sí al mozo que dormía, se detuvo unos instantes á contemplarlo, y lo halló muy
de su gusto. Luego vino el presidente de una Sociedad de temperancia, y... ¡cosa más natural!, Juan le
dió terna para un disc.urso que pronunció aquella
misma noche contra la embriagu,ez y sus consecuencias, el eual discurso arrancó estrepitosos; aplausos á
su auditorio. Pero censuras, elogios, desprecios, simpatías, indiferencia, todo era igual para nuestro héroe. es decir, era nada.
Al cabo de media hora de dormir y roncar de la
manera profunda y sonora que dejamos referida en
los párrafos anteriores, un carruaje que pasaba por
la carretera se detuvo casi enfrente del sitio donde
se hallaba Juan. Habíasele roto un muelle al vehículo, y era indispensable y forzoso ponerlo en estado
de proseguir el viaje. La cosa, corno se ve, era de
poco momento, y así no tardaron mucho en tran quilizarse los que dentro venían, y que eran un comerciante ya entrado en años, cuya firma gozaba en la
plaz:&gt;. de Boston de la mayor respetabilidad, y su mujer. Mientras entre un criado y el cochero, provistos
de tenazas y destornilladores, hacían la necesaria
compostura, la señora y su marido buscaron abrigo
contra los rayos del sol á la sombra de los árboles
que cobijaban á Juan. Contenidos ambos por el res•
peto que infunde siempre hasta el más humilde durmiente, procuraron no hacer ruido que lo despertase:
ella, Fecogiendo con cuidado los anchos pliegues de
su falda de seda, y él pisando con la mayor ligereza
posible de sus piernas, entorpecidas por la edad y el
reumatismo.
- ¡Qué bien duerme!, dijo el anciano con envidia.
Un sueño corno ese, sin necesidad de recurrir al opio,
· -vale un imperio, porque supone salud y tranquilidad.

�JESÚS

y

LOS NIROS, CUADRO DE

D.

ENRIQUE SERRA, (EXPOSICIÓN GENERAL DE BELLAS ARTES DE BARCELONA.)

�LA ILUSTRAClON ARTÍSTICA
- Y pocos años, continuó su mujer, dando un suspiro, porque en la vejez aun saludable y tranquila,
no se duerme así.
Cuanto más miraban á Juan, más atraídos se sentían hacia él, que, mientras, dormía profundamente,
cual si estuviera sobre un coich6n de plumas entre
sabanas de holanda, en una alcoba cerrada y confortable. Y como viese la señora que un rayo de sol hería el rostro de Juan, le cerró el paso, cruzando algunas ramillas, cosa que hizo con solicitud verdaderamente maternal.
- No parece sino que la Providencia nos ha traído
aquí para ofrecernos una compensación del cruel desengaño de nuestro sobrino. ¿No le hallas mucho pa•
recido con el pobre Carlos? ¿Quieres que lo despierte?
- ¿Para qué, mujer?, le contestó el ,interpelado. Ni
conocemos su carácter ni sabemos quién es. ni...
- Pero ¿no te dice nada esa fisonomía franca, ese
sueño inocente?
Entretanto, ni el corazón de ·Juan di6 un latido
más, ni de sus labios salió un aliento de menos, ni
en su rostro se reflejó la menor alteración, y sirr embargo, la fortuna estaba á dos pasos de él con todas
las trazas de querer colmarlo de sus dones.
El comerciante acababa de perder á su hijo único,
y no t@nía otro heredero de su inmenso caudal sino
un sobrino segundo, joven de mala conducta, que lo
traía siempre desazonado. No hubiera, pues, sido
nuevo ni extraño que á nuestro Juan le cayese la lotería, porque en casos tales, cosas mayores se han
visto y más extraordinarias que la de despertarse rico
quien se acostó pobre.
- ¿Lo llamo?, repitió la buena señora con voz persuasiva mirando á su marido.
- ¡Ya está listo el carruaje!, gritó el criado desde
el camino.
Y ar:nbos se volvieron de repente medio corridos
de haber pensado una cosa tan ridícula.
Instaláronse, pues, en el vehículo, y ya no se acordaron más del asunto: la única idea que preocupaba
en aquellos "momentos al comerciante era la de privar de su herencia á su extraviado sobrino, y fundar
con ella un magnífico asilo, adonde se recogiesen todos los mercaderes arruinados de la comarca.
Y Juan mientras ni se movió siquiera.
No había transcurrido un cuarto de hora cuando
acertó á pasar por allí cerca una muchacha de hasta
diez y seis años, rubia como un sol, esbelta y ligera,
y risueña como una mañana de abril; la cual muchacha, sintiendo que se le aflojaba una liga, entró por
el bosquecillo, y... cuando ya no tenía remedio el
mal, vi6 á Juan tendido cuan largo era y á dos pasos
de distancia. ¡Qué vergüenza! Demás me parece decir, supuesto el pudor de las mujeres en casos tales,
cómo se pondría de colorada al verse en actitud tan
familiar á presencia de un desconocido. Por fortuna
Juan dormía y nada vi6; pero con todo, la doncella
quiso huir de lugar tan peligroso, é iba á hacerlo cuando advirtió ~ue el joven corría grave riesgo. Es el
caso que un abejorro enorme, de esos que· á veces
suelen causar con sus picaduras grandes males, giraba sobre su cabeza, estrechando el círculo de sus espirales, y con todas las trazas de lanzarse sobre él.
Tan buena como sencilla, Margarita, que ya es fuerza darle nombre, se quitó el pañuelo de los hombros
y atacó al enemigo, desalojándolo del bosque. ¡Qué
cuadro tan encantador! ¡Qué acción tan meritoria!
Hecho esto, Margarita volvió á ponerse colorada, y
no sin cierta emoción miró de nuevo á Juan, por
quien se había batido con un dragón de los aires.
- ¡Qué guapo es!, dijo para sí, dando un suspiro.
Y la joven se alejó con paso tardo.
Ahora bien: el padre de Margarita era una persona muy acomodada, y precisamente por entonces an•
daba buscando un joven de las cualidades de Juan,
para confiarle la administración de una de sus haciendas; y si Juan hubiera trabado conocimiento con
Margarita en aquella ocasión, quién sabe si no habría sido él el administrador de la finca, y luego el
marido de la niña, única y universal heredera de su
su padre. Por segunda vez, como se ha visto, la fortuna, pero una fortuna loca, porque la chica era gua·
písima y muy rica, se había puesto á dos dedos de
Juan, el cual seguía durmiendo como si tal cosa.
Al cabo de un corto espacio 'entraron por el bosque dos hombres de mala catadura, con más traza de
ladrones que de otra cosa. Su objeto era pasar la siesta jugando á las cartas; pero apenas repararon en
Juan fueron de otro parecer, y muy quedito se le
acercaron para examinarlo mejor.
- ¡Mira!, dijo entonces en voz baja el uno al otro,
señalando al morral que le servía de almohada.
El otro hizo un signo de inteligencia, se acercó á
su compañero y le contestó: .
- Apuesto una botella de aguardiente á que ese

chico trae dentro del saeo un calcetín con diez ó
doce duros á lo menos. ¿Vamos por ellos?
- ¿Y si se despierta?
El interpelado, por toda respuesta, entreabrió la
pechera de la camisa y dejó ver el mango de su cuchillo.
Este argumento tranquilizó al escrupuloso, que sin
decir palabra se acercó á Juan, y mientras le registraba la almohada, el del cuchillo lo tenía levantado
sobre su pecho.
Sus caras, contraídas y pálidas de terror, estaban
horribles de ver, y si Juan hubiese abierto en aquel
punto los ojos habría creído sin duda alguna que
eran dos diablos: ni ellos mismos se hubieran reconocido á verse en un espejo. Felizmente Juan siguió
durmiendo, tan reposado y tranquilo como cuando
lo hacía en el regazo de su madre.
- Es menester sacar fuera el morral, dijo por lo
bajo el que registraba.
- Pues sácalo, que si chista yo le haré callar.
No era posible hacer aquella operación sin desper·
tarlo: la vida de Juan estaba pendiente de un cabello.
En aquel momento entró por el bosque un perro,
y al ver á los ladrones lanzó un sordo gruñido.
- Ya no se puede hacer nada, exclamaron, porque
el amo del perro no andará muy lejos.
, - Echemos, pues, un trago y vámonos.
Y el del cuchillo lo escondió en la pechera, sacó
un frasco, bebió y lo pasó á su compañero: hecho
esto se ~lejaron del sitio, riéndose del crimen frustrado. De allí á poco ya no se acordaban de ello; pero
el ángel
de la Memoria los tenía presentes para dar
.
testimonio contra sus almas en la eternidad.
Por su parte, nuestro héroe seguía durmiendo
como antes, sin saber por supuesto que las alas de la
muerte le habían dado sombra durante algunos momentos.
Hemos dicho que dormía corno antes, pero no es
e,xacta la frase; dormía, es cierto, mas no tan tranquilamente; que ya llevaba una hora bien cumplida de
sueño, y ·esto había reparado el cansancio de las de
su viaje á pie y al sol por la carretera: dormía, pero
cambiando á cada rato de postura, murmurando palabras incoherentes, hablando tal vez con las figuras
que veía en su imaginación. El ruido de una diligencia que se acercaba lo despertó por completo, y entonces, enteramente dueño de sus ideas, gritó al maoral si tenía lugar para un viaJ·ero.
Y
- En la rotonda, le contestó, y detuvo el carruaje.
Juan tom6 posesión de su asiento, y sin decir
adiós á la fuente, testigo de tantas y tan diversas vi.. d
. '6 1
.r h l
. d
c1s1tu es, sigui a egre y sat1s1ec o e cammo e
Boston, Ignoraba que un fantasma de fortuna había
reflejado en ella su dorada faz, que un fantasma de
amor había confundido sus suspiros con su murmullo, y que un fantasma de muerte amenazó enrojecerla con su sangre; todo .esto en el corto espacio de
una hora... d e sueño.
La verdad es que ni dormidos ni despiertos nos
es dado advertir la proximidad de esas cosas que pa.
d
. d
1 d .
san casi rozan o con nosotros, sm ar resu ta os m.
t
I
bl
l
med1a os y papa es; pero no o es menos, y esta es
una de las mejores muestras de la Providencia, que
.
. . 'bl é .
d
.
mientras. tantas. cosas mvisi 1 es mespera
. d 1 as'dvienen
1
contmuamente
e a. .Vl a, e la
á obstrmr
.
b
t ed cammo
f d
sea, sm ero argo, capaz o av a e permitirnos prever otras muchas para nuestro bien.
TRADUCIDO POR J UDERIAS BÉNDER

NUESTROS GRABADOS
Un rabino, dibujo á la pluma por D. José M.
Marqués. -Aunque el género que con predilección cultiva
nuestro distinguido colaborador es el paisaje, cuando se decide á dejar el estudio de la naturaleza por el de la figura huma•
na sabe obtener con el lápiz, la pluma 6 el pincel efectos tan
hermosos, como los que han podido admirar nuestros lectores
en el San Francisco, en el retrato del Sr. R!us y Taulet y en
otr@s trabajos de esta indole que en LA ILUSTRACIÓN ARTÍS·
TICA hemos publicado. Un rabino es una nueva demostración
de ello¡ en este dibujo se ve cuán naturalmente ha corrido la
pluma sobre el papel, fija!ldo en ras~os, ora vigorosos y acentuados como los del ropaJe, ora sullles y apenas perceptibles
como los del rostro, un tipo bien concebido, en el cual la vida
y la expresión corresponden á lo correcto de la factura.
Este dibujo es un estudio que hizo Marqués para el cuadro
que figura en nuestra actual Exposición general de Bellas Artes, y en el que los acertados toques de color añaden nuevos
atractivos á las cualidades apuntadas.

NúMERO

488

decer el brillo de las grandezas de ayer: el Acr6polis y el Par•
ten6n, á pesar de los estragos en ellos causados por el tiempo
Y. por la mano del hombre, son aún el asombro de la generación presente, como lo fueron de las pasadas, y los arquitectos
mo~ernos se afanan, cual los de otras edades se afanaron, por
copi_ar. aquellas lineas, tan hermosas en su clásica sencillez, y
por imitar las proporcioues y la armonía que en los monumen·
tos de la Hélade nos encantan.
. As! vemos en _la ciudad ar.t!stica por excelencia de nuestros
llempos, en Mumch, reprod:ic1das unas y otras en las Pinacotecas
Yen la Glyptoteca, que tantos tesoros encierran, y así en la actual Atenas, en _el Pal~cio para Exposiciones que los atenienses
deben á la mumficenc1a de un conciudadano, y en la Universi•
dad, que ha construido un arquite~to dinamarqués, M. Hausen, _resultan en. su conjunto yensus detalles las magnificencia6
del s1gl? d~ Pe_ncles. Uno y otro acusan en su plano general,
en su cl1s~n~uc16n, en la pureza ~e líneas y en suornamentación
un conoc1!1uento. tan prof~ndo y tan concienzudo del antiguo
arte arqu1tect601co helénico, que más que construcciones de
planta parece_n rec_onstrucciones de viejas fábricas llevadas á
cabo por pac1entis1mo arqueólogo á fuerza de investigaciones y
e~tud1os Yde desenterrar fragmento por fragmento y piedra por
p~edra, column~s,. capiteles, frisos, estatuas y pedestales, elevo!•
viéndoles s? pnstma for~a y distribuyénclolos y agrupándolos
conforme a planos ongmales milagrosamente conservados al
través de tantos siglos.
***
La Lisette de «El legatario universal &gt; lienzo
(~st}nado. al vestíbulo del teatro dei Odeón
ans) - P!,ntura !1e G. Courtois, grabado por
B~ude.-Fmura, delicadeza, elegancia, dominio del natural
~~tado
de los
menores
detalles,
tales son
cuali'.
. es deexquisito
~ste cuadro
y las
que más
caracterizan
á su las
autor.
El
tipo de Lisette d~ El legatario imiversal, comedia de Regnarcl
eStrenada er. Pans en 1708, está tan bien concebido que á buen
seguro ~o soñó el ilustre escritor intérprete más perfecto del
person_aJe
de por
su o~ra.
¡Cuántas.cosas
dice aquel rostro
expresivo,
animado
picaresca
sonrisa y embellecido
por unos
ojos
capaces de volv:r el juicio al hombre más sesudo! ¡Cuán nanatural es la acl!tud d~ aquella figura negligentemente recost.~da en la puerta! Y si de la composición pasamos á la ejecución.,
habremos
d: confesar
q~e en de
tangracia
sencillo
asunto
el lápiz
el
pincel
han reahzado
maravillas
y de
colorido
tra-y
zando Hn~s ~e correcci6~ intachable y derramando mati~es y
sombras d1stnbu!das con irreprochable acierto.
"
• •
d El nuevo puente.sobre el Biobío (Chile). Acto
8 • 1a prueba oflcial.-El puente visto por deba¡o. De _fotografías remitidas •por D. Horacio Parada
~ee. lConcepción,-;Sobre
~iob!o,
queciudad
es el de
másConcepción,
important;
os ríos de ChilP., ~ noel leJos
de. la
~istia un puente destmado al servicio de los ferrocarriles del
st~do, que quedó destruido á consecuencia de un descarri•
lamiento_de un tren de mercancías, ocurrido en la noche del
1889· En suStituci6n del puente antiguo, el go~?iemo
de Anl
de construir
mandó
el que se inauguró el año pasado yque
duestros~abados reproducen. Es ir.dudablemente el más largo
e A,mé.nca, pues mide una longitud dei.890 metros, ylas obras
de fabrica en él practicadas son importantísimas.
De los grabados que publicamos, el primero representa el
acto _de la prueba oficial, practicada por el intendente de Concepc16n J:?· José A. Vargas Novoa; el segundo es la vista del
puente mirado por debajo.
*
• •
J esús
los niños
(Ex
· '6yO genera
¡ d ' cuadro de D· Enn·que 8 erra
C
posici
e Bellas Artes de Barcelona i8gi)al=dó el éu~fr 10.~xpuso 1_en su ta!ler de Roma, e:te cuadro
. nos, ; d~~d/;i°P:upai oys~, hRz? fanhahsm1°, como clic:n los italiadI
a ema asta as más humildes gentes
e pueblo, t:&gt;das las clases sociales de la ca ·1 1d I 1. d
filaro
t
él
á
·
pi ªnuestro
e tapaisano
ia esO
h bl ªº e Yun mmes convinieron en que
t ªd atal;3nzado1 un nuevo útulo á la fama que tan bien cimena a enia en e mundo del arte
Vino
.
. el cuadro á Barce1ona, y·1os' compatriotas
de Serra
ansiosos
esperaban
confirmar
con
el
s
• - . que a: que
1
t . h bi 1 .
uyo e JUICIO
los
ex ranJeros ª a e henzo merecido, vieron defraudadas s .
~era!ll.~~• ~u~s el_ c~adro fué inmediatamente instalado e!1
?m1c1 10 e a dJStmguida familia por cuyo encargo habla sido
Aforllmadamente,. con motivo de Ja Exposición de Be~s. rt~s hin qu«;dado satisfechos los legítimos cleseos de los
:;iJ·~ºy: alat pmtu~a, que hoy pueden contemplar á su sabor
1 r e espano1contemporáneo
el ~~~fote~:idq~eeS obraden que una ;e_z _más se ha revelado
d
á
.
erra, e esa compos1c16n tomada de una

~!

ftitº·

J!

I

~;:ªt~f

~~~~~

:{;~:~~e{i~~f
; i~~e~n ~~:: Z1~t:;~:~ts~
de la fantasía a ar a_nc. o campo para las manifestaciones
d
Ydel senttm1ento? /mis y los niilos no es un cua
. ro qu~ se preste al análisis: en su presencia el ánimo se sient~
i?1pres1onado ante _el _conjunto, yla fuerza misma de esta im res16n ~ace que lasd1stmtas partes componentes del todo colser
muy importantes, aparezcan como elemento secundari~
e ~err~ pued~ es~ar satisfecho: á los entusiastas apla~sos del
x raniero se an Juntado ahora los aplausos d
.
menos entusiastas é indudablemente mucho máse carmosos.
su .eatna, no
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante &lt;:).e Vichy

u

N CONSEJO POR DIA. - La estación resent~ causa v~rdaderos desastres en las epidermis sfosibles: la _piel se ~ta, se en,ojece y se arruga continuamente
Para eVJtm- estos disgustos hay que emplear para el rostro y Ja~
manos la CREMA SrnóN, cold-cream tónico y calmante cu os
efectos son maravillosos. Ensayarla una vez es adopta,;l YS
•**
halla este product? rue de Provence, 36, Parls, y en ~~d~
Atenas. Nuevo palacio para Exposiciones 6partes; pero_ es preciso guardarse de las falsificaciones bajo 110111•
(Zappeion). La Universidad, obra del arquitec- res extran;eros.
to dinamarqués Hausen. De fotografías. - El sentimiento artístico que tantas maravillas creara en la antigua GreJABON REAL
JABON
cia no.ha sido todavía vencido, ni es fácil que lo sea, en esa
lucha mcesante que hasta en las esferas del arte empuja hacia DETHAIDACE
VELOUTIN E
la evolución y hacia el progreso. Y es que lo verdaderamente ....uua JII &amp;11áriut11 ■141..-...pm 1&amp; 11(11r (e.)&amp; Plll J IIIJIA--4,I.Cfllr
grande se perpetúa, sin que las grandezas de hoy hagan pali-

¡v.i:.oLETJ.
2,,;;:,=Íuu

NúMERO

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

488

EL MARIDO DE JACOBITA
NOVELA ORIGINAL DE ANDRÉS THURIET, ILUSTRADA POR L. MAROLD

(CONTINUACIÓN)

-----------~-----·'---,------------ --------- -----~

que muy vivaracha, contestábale á todo
alegr~mente. El señor de Noirel puso
térmmo á la conversación, advirtiendo que iban á dar las once· el agregado expresó el sentimiento que esta noti~ia le causaba, y _d~spués de despedirse, los dos pans1enses bajaron al
g~ardarropa á buscar sus pardesús y subieron en un coche que los condujo directamente á la estación del ferrocarril.
E~ señor de Noirel permanecía silencioso, porque no estaba nada contento d~l éxito de su qermana y temía
á cad~ mstante que su compañero le
anunciara que prefería decididamente
permanecer soltero. Por Jo mismo fué
~ás agr_~dable su sorpresa cuando Gurgis le d!Jº, estrechándole la mano:
- Mi querido Noirel, estoy muy contento del buen rato que acabo de pasar, y le agradezco sinceramente que haya pensado en mí respecto á su señora
hermana ... Es sencilla, natural y amable... Si yo no la desagrado mucho me
~onrará aceptándome por esposo..: Ya
t1e~e usted mi palabra, y el enlace se
verificará cuando usted guste.
Aunque esta declaración complacía muc?o á. Rogerio, en su interior
_ sentía_ cierta inquietud, y preguntóse
de nuevo ~1 Gurgis habría tomado una persona
por otra Y, s1. s~ honradez no le obligaba á evitar to~o error, m~1st1endo con más precisión sobre la identidad de la Joven, q~e ~abía seducido· al agregado;
mas el _temo~ de perJudicar á su hermana triunfó de
este ~nmer impulso generoso, inspirando á Noirel
reflexione~ más eg?ístas. «Después de todo, pensó,
yo le hab1a advertido lo bastante; si hay quidpro quo,
n? será por culpa mía; y por otra parte, aun supon~endo que se haya engañado, el error le saldrá á la
vista cuando vaya á visitará mi hermana á Val-Dor~a~t. Entonces, si se arrepiente, le será posible de~1dir?e.&gt;&gt; Este ar~umento, más especioso que leal, le
mduJO _á no pr~c1s~r nada más; y con una reserva del
todo diplo.mát1ca limitóse á decir que se daría por
conte~to si todo se ar!eg~aba ~ gusto de ambas partes.
- Sm embar~o,. anad16, siendo el matrimonio un
asunto muy seno, importa que reflexionemos detenidamente cada cual por nuestra parte antes de comprornetern~s· f~rmalmente. No he tenido tiempo de
mterroga_r ~ mi hermana esta noche, y no conozco
sus sentl~mentos; pero mañana le escribiré, y si su
contestación es favorable, entonces, amigo mío arreglaremos el ª?unto, y nadie se alegrará más q~e yo .
de que tan fe]lzmente termine.
i

·-

..:

.

Y vieron junto á la barrera el coche que la señorita de Noirel había enviado ...

Al ver al amigo de Rogerio, Jacobita sinti6 latir escrúpulo, añadió: sobre todo, que no haya error;
su corazón; y pareci6le imponente el aspecto de mi hermana es la que está sentada más cerca de la
aquel caballero cuyo frac negro realzaba sus formas palmera.
Gurgis apeló nuevamente á su monóculo para mielegantes y cuyo blanco chaleco sentaba muy bien
rar
á las dos damas, á fin de asegurarse de la identien su ancho pecho. Hasta pareci6le que su calvicie
le comunicaba cierta seriedad y distinción, y sola- dad de su futura novia; mas en aquel momento, un
mente la idea de que se lo presentaran la impresionó grupo de convidados le impidió ver la fila de asientos en donde aquélla estaba; íbase á bailar un rigo'profundamente.
- Mire usted, dijo Rogerio á Gurgis, de aquellas dón, y fué preciso esperar á que terminase para atrados señoras que visten de blanco y están sentadas vesar la sala de baile. Cuando pudieron abrirse paso
en un ángulo junto á la palmera, la más joven es mi entre la multitud, resultó que la señorita de Noirel
y su amiga, que acababan de bailar, habían cambiahermana.
do
de sitio; de modo que la de Longeaux hallábase
Gurgis colocóse el monóculo y miró en la dirección
ahora
sentada junto á la palmera.
indicada; á primera vista, la señora de Longeaux,
- Señoras, comenzó á decir Noirel, permítanme
con su vivacidad, su gracioso tocado y su esbeltez,
parecióle la más joven; así es que dignándo~e ape- presentarles á uno de mis buenos amigos, el señor
nas mirar á la dama morena, coronada de violetas, Antonio de Gurgis, agregado del Ministerio de Esfijó toda su atención en la rubia, que le produjo un tado ... Amigo mío, añadió, la señorita de Noirel, mi
hermana, y la señora de Longeaux, su amiga.
.efecto agradable.
.
.
.
Gurgis se inclinó ante las dos jóvenes, pero reser- ¿Qué le parece?, preguntó Rogeno con cierta mvando sus saludos más amables para la de Longeaux,
quietud.
en la que veía decididamente la mujer con quien
- Muy bien; á decir verdad, no deja de tener en- querían casarle. Era tan vivaracha y parecía tan jocanto.
ven, que no le ocurrió ni un momento que pudiera
- Me alegro mucho de que le agra~e, repuso. el estar ya casada; la otra, por el contrario, con sus esseñor de Noirel, aunque algo sorprendido de la in- pesas cejas, su color moreno y su pesada corona, resdulgencia de su compañero ... Voy á saludar~ esas pondía demasiado bien á la idea que se había forseñoras para advertirles nuestra llegada ... Espereme mado de un rodrigón para que no persistiese en su
usted en esta puerta; volveré á buscarle de aquí á error. Por otra parte, la señora de Longeaux, aficiopocos minutos.
nada á coquetear y que se proponía halagar al preAsí diciendo, atravesó entre la multitud de fracs tendiente, habló la primera, preguntando al señor de
negros y fué á saludar á las dos amigas. Despué~ d~l Gurgis qué impresiones podía producir en un paricambio de cumplidos y de apretones de mano, mch- siense un baile de provincia. Entablada la conversan6se hacia su hermana y murmuró:
.
ción, la señorita de Noirel, sumamente impresionada
- El amigo de que te hablé, el señor q-urgis, ~stá no hacía má¡; que abanicarse y sonreir torpemente'
aquí ... Ya te ha visto, y la primera impresión ha sido y aunque Rogerio se esforzaba para hacerla toma;
buena ... ¡Sé amable!
. parte en aquélla, solamente respondía con raros moY se aleJ· 6 de su hermana observando con enoJ0 nosílabos, bajan~o la vista. El señor de Gurgis, por
' esto obscurec1a.
' rnás
que se sonrojaba mucho y que
lo demás, no hacia de ella el menor caso; sus mirasu tez. A los pocos minutos reuni6se co_n G~rgis.
das y cumplidos eran para la señora de Longeaux,
- ¡Venga usted!, le dijo, y como s1 tuviera un

II
No _se hizo esperar largo tiempo la contestación de
Jaco~1ta, l~ c~al .no ocultó á su hermano que el señor
Gurg1s la mhm1daba y le parecía algo I\laduro· pero
que en suma, atendidos sus buenos modales 'su talento y distinción, se ?º~raba mucho con ~l paso
que había dado y le mvitaba á ir á Val-Dormant
donde se complacería en recibirle con Rogerio
'
Al señ?r Gu~gis le agradaba redondear pronto los
asunt?s; 1mpac1ente por recibir cuanto antes su nombramien~o, y enemigo además del campo, agradábale poco ir dos veces á Val-Dormant, una para hacer
la ~orte Y ?tra para casarse. Apenas el señor de
Noirel l~ dió conocimiento de la misiva de su hermana, d1Jo 9-ue co~sideraba aquella respuesta como
una aceptac16n tácita, y suplicó á su futuro cuñado
q~e apresurase las cosas de la manera más convemente para abreviar el tiempo de prueba á que se le
q~ería someter., En cuanto á él, añadió, habíase anticipado ya, tema s_us papeles corrientes y deseaba
que. las amonestaciones se publicaran lo más pronto
posible.
Para desc~rg~r su conciencia, Rogerio hizo alguna
p~udente obJec16n; mas ante las instancias de Gurgis, pensó haber cumplido estrictamente con su de-

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

ber, y escribió á su hermana para manifestarle los
justos deseos de su futuro. Jacobita, puesta así S!ntre
la espada y la pared, pasó por todo, y en su consecuencia se publicaron las primeras amonestaciones,
El novio había remitido ya á la joven un enorme
ramo de rosas y lilas, con una galante epístola, por
haber comprendido su impaciencia, anunciando al
mismo tiempo su próxima llegada. Los envíos de
flores se siguieron de dos en dos días, y después,
una mañana antes de la fecha señalada, Rogerio y
Gurgis emprendieron la marcha hacia Val-Dormant.
Durante el trayecto, los papeles cambiaron aparentemente: Gurgis se mostró muy expansivo; su
suerte se había decidido, el matrimonio le atemorizaba menos, y pensaba con cierto placer que iba á
ser comprendido en la primera promoción. Noirel,
por el contrario, parecía preocupado, y preguntábase
con cierta confusa sensación de malestar qué resultaría de la primera entrevista de los dos novios. Si
Gurgis era víctima de un quid pro quo, como lo temía, y si realmente tomó á la señora de Longeaux
por Jacobita en el baile de Dijón, ¿qué cara pondría al
reconocer su error? El agregado, á decir :verdad, era
bastante filósofo y además ambicioso; mas por filósofo que sea un hombre y por mucho que le hala:
gue la expectativa de un consulado, estas sorpresas
son de aquellas que no se resigna uno fácilmente,
y que nunca se perdon¡m. Gur~s podía enfadarse,

a

¿Pero si no me C!!So... , seré c6nsul?

recriminar", dar escándalo; y en tal hipótesis, ¿cuál sería la situación de la pobre señorita de Noirel? ...
Además del digusto producido por haber fracasado
el matrimonio, la joven tendría la mortificación de
ser objeto de las hablillas del país. Rogerio comenzaba á experimentar un remordimiento, diciéndose
que para ser diplomático había obrado con deplorable ligereza ... «Felizmente, decíase para consolarse,
tengo á Gurgis sujeto por su consulado, y esto me
permitirá humillarle si es demasiado díscolo.»
A la caída de la tarde, apeáronse los dos amigos
en la estación más próxima á Val-Dormant, y vieron
junto á la barrera el coche que la señorita de Noirel
había enviado parn Jo$ viajeros: era una v~n~rnble

NúMERO

488

berlina pintada de verde aceituna y forrada en el do una alegría nerviosa, Santiaguillo es prudente y,
interior de terciopelo amaranto; dos caballos de la- como los gatos, ve de noche.
Al fin el coche salió de las tinieblas; los caballos,
bor constituían el tiro, y en el pescante estaba un
cochero de blusa, cubierta la cabeza con un som- husmeando la cuadra, comenzaron á trotar, y muy
brero viejo. Al ver aquel antiguo vehículo, que data- pronto los viajeros se detuvieron ante una fachada
ba por lo menos del reinado de Luis XVIII y cuyo con gradería desnuda, á cuyo pie veíase una sirvienta
estribo de varios peldaños facilitaban mal la subida, con un farol en la mano.
- ¿Es usted el señor Rogerio?, preguntó la aldeana
Gurgis frunció ligeramente el entrecejo, dejando vagar en sus labios una sonrisa irónica, que Rogerio con el acento lánguido propio del país.
- Sí, Catalinilla, somos nosotros, contestó Noirel,
sorprendió al vuelo.
- No es muy cómodo que digamos, dijo en tono abriendo la portezuela y ayudando á su compañero
de broma; pero amigo mío, estamos en un país de á bajar.
- ¡Gracias á Dios!... Os habéis retardado ufi poco,
costumbres sencillas, donde se rinde culto á las antigüedades y se persiste en conservar las costum- y la señorita comenzaba á inquietarse... Ahora está
bres, aunque sean molestas ... Por otra parte, mi her- en el salón esperando á ustedes.
Gurgis, siguiendo á Rogerio, penetró en un espamana sale tan poco, que nunca ha pensado en renovar sus trenes.
cioso vestíbulo, con pavimento de baldosas blancas
Con ayuda del mozo de la estación, el cochero y negras, iluminado por la débil claridad de una lampudo cargar los cofres y las maletas de los dos amigos parilla colocada sobre una consola. En aquella semien la trasera de la berlina, sujetándolos por medio obscuridad distinguíase á la derecha una escalera de
de cuerdas laboriosamente anudadas; después dió un piedra que conducía al primer piso; las paredes estaban empapadas de humedad, y al entrar allí sentíase
latigazo á lps caballos y el coche partió.
Tocaba á su fin el mes de marzo, estación detes- un vaho glacial que se metía hasta los huesos. La
table en aquel país montañoso y cubierto de bosque; criada abrió la puerta y gritó con su voz más chidurante parte del día, una lluvia glacial había llena- llona:
- ¡Señorita, aquí están los señores!
do de agua los barrancos, inundando el camino, y
El salón, sombrío y de techo alto, no estaba ilulas ruedas del carruaje se hundían pesadamente. Bajo
un cielo nebuloso, de color plomizo, la luz del día minado aún más que por la reverberación de la chique declinaba reflejábase en las menea, donde chisporroteaban algunos leños. Bien
charcas formadas en los surcos de fuera por timidez ó por coquetería, la joven había
las ruedas, y veíase un largo cami- escogido para la primera entrevista aquella luz dudono semejante á una inmensa faja, sa en la que la escasa claridad del crepúsculo y el
extendiéndose entre campos pe- resplandor del fuego comunicaban un carácter de
dregosos que encuadraban á lo misteriosa vaguedad á las cosas y las personas.
- Buenas tardes, señores, dijo la señorita de Noilejos obscuros linderos de bosque.
El vehículo crujía, las ruedas re- rel con mucha cordialidad, vengan ustedes á sentarse.
chinaban y un viento huracanado Sin duda estarán rendidos.
Al oir aquella voz, muy dulce, aunque algo temsilbaba contra las portezuelas, introduciéndose por los intersticios blorosa, el señor de Gurgis se estremeció, y luego,
escudriñando con la mirada la penumbra del salón,
de los vidrios mal unidos.
- ¡Brr!, murmuró Gurgis, ta- vió en un ángulo la confusa silueta de una mujer
pándose con un capote; hace fres- joven que en nada se parecía á su interlocutora del
quito en este país, amigo N oirel. baile de la prefectura.
En el mismo instante Catalinilla entró con la luz;
- Sí, contestó Rogerio á manera de excusa, el clima es un el señor de Noirel se había acercado á su hermana
para abrazarla y atraíala hacia su compañero de
poco áspero.
- El clima ... y el paisaje tam· viaje.
- Mi querido Gurgis, comenzó á decir, no necesito
bién... En fin, ya nos calentarepresentar
á usted á mi hermana .. . Y hasta creo que
mos en el castillo.
En la imaginación de aquel al punto á que han llegado las cosas no hay inconveparisiense, que no había ido nun- niente en dar un abrazo á su futura .. .
Gurgis pudo reconocer perfectamente que aque_lla
ca más allá de Versalles y Fontai·
nebleau, el término &lt;&lt;castillo» su- futura no era en modo alguno la vivaracha rubia del
ponía todo un conjunto lujoso y baile, sino la robusta morena coronada de violetas, á
mundano: verja monumental de la que apenas había mirado. Entonces torció el gesto
hierro, flanqueada por los cómo· y en sus ojos se reveló un repentino asombro; pero
dos pabellones del jardinero y como tenía demasiada educación para manifestar su
del conserje; avenida graciosa- contrariedad, inclinóse, tomó la mano de Jacobita,
mente enarenada, con mecheros depositó en ella un frío beso, é irguióse murmurande gas de trecho en trecho~ pra· do algunas palabras corteses, después de lo cual reidos, estanques en que se reflejaba nó profundo silencio en la sala.
Rogerio había observado la alteración de la fisouna fachada de estilo Luis XIV,
cuyas líneas de ventanas iluminá- nomía del novio;comprendió que era inminente una
banse al cerrar la noche, y laca- explicación, y para evitar que se diera delante de su
'
yos de calzón corto en el peristilo hermana, apresuróse á cortar por lo sano.
- Amiga mía, dijo, Gurgis y yo necesitamos sacuque conducía al gran salón con
sus brillantes chimeneas. Gurgis dir el polvo del viaje y arreglarnos un poco ... Permíhubo de rebajar mucho de todo tenos que te dejemos sola un momento, y di á Cataeste conjunto cuando, al salir de linilla que nos conduzca á nuestras habitaciones.
- Ciertamente, contestó la señorita de Noirel, tiChamplain, Rogerio abriendo una
de las ventanillas del coche mos- rando del cordón de la campanilla; no comeremos
tróle la vaga silueta del castillo antes de las siete, y les quedará bastante tiempo para
destacándose bajo un cielo más cambiar de traje... Catalinilla, añadió, dirigiéndose á
la criada que acababa de entrar, conduce al señor
claro.
Gurgis y á mi hermano á sus aposentos, y cuídate de
- Eso es Val-Dormant, dijo.
- ¿Dónde está?, preguntó Gur- que el fuego de las chimeneas arda bien... ¡Hasta
gis, abriendo los ojos cuanto le luego, señores!
Gurgis se inclinó de nuevo, y al volverse para sefué posible.
- A la derecha, en el bosque... guir á Noirel pasó junto á un velador en el cual pudo
allí donde apuntan aquellas dos ver su último ramo, que se ostentaba en un jarrón
torrecillas en forma de apaga- de cristal azul.
Aquel ramo acrecentó más su irritación latente, y
luces.
- ¡Ah! ... Muy hien ... ya lo veo, balbuceó Gurgis, reprimiendo la cólera franqueó la «¡!Scalera del primer
piso, acompañando á Rogerio hasta su hal)itación.
completamente dPsilusionado:
Peor fué cuando el coche, después de franquear Después, cuando Catalinilla hubo desaparecido, planpenosamente las rampas de la cuesta, pasó entre dos tóse delante de su compañero con los brazos cruzapilares de piedra gris, y se internó, tambaleándose, en dos, los labios oprimidos y la mirada furibunda.
- Oiga, señor Noirel, dijo, dando al fin libre curso
la obscura avenida de los pinabetes. Unas veces las
ruedas pasaban sobre grandes piedras, y otras se hun- á su enojo, ¿se burla usted de mí? ¿Se trata de una
dían en barrizales, de los que saltaban las gotas de broma ó de una apuesta? ¿Es realmente hermana de
cieno, aplastándose contra los vidrios de la ber- usted la persona que acabo de ver?
- ¿Por qué me pregunta usted eso?, replicó Rogelina.
- ¡Diablo, exclamó Gurgis con cierta inquietud, rio sin desconcertarse. ¿No se la presenté la otra nono se ve nada y no extrañaría que el coche volcara che en el baile?
- Usted me presentó dos damas, repuso Gurgis
en algún barranco!
- No tenga usted cuidado, replicó N oirel afectan- descomponiéndose; una bastante bella, y otra de la

NúMERO

488

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

pusieran á su disposición, era muy tarde,
y l&lt;!ls caballos estarían demasiado rendi·
dos para que le fuese dado marchar inmediatamente. En su consecuencia, no
había más remedio que diferir la partida
hasta la mañana siguiente, y por lo tanto
aceptar aquella noche la mesa y la hospitalidad de la señorita de Noirel. En tales condiciones, la necesidad le obligaba
á disimular su mal humor y á bajar á comer en compañía de aquel Rogerio traidor, conduciéndose de manera que no
ofendiese el amor propio de la señora de
la casa.
Mientras se entregaba á estas penosas
reflexiones, Rogerio abría su maleta con
aire indiferente, sacaba ropa blanca y
otro traje, y comenzaba á vestirse. Al desempaquetar sus peines y cepiJ!os volvió la
cabeza para mirar al meditabundo Gurgis.
- Vamos, le dijo, ¿qué decide usted?
- Nada, contestó el agregado, dejando
escapar un suspiro, esperaré el día de
mañana y me aguantaré hasta entonces.
- ¡Corriente!... En tal caso, apresúrese usted á cambiar de traje, porque ya
son las seis y media.
A las siete bajaron al salón, donde ya
esperaba la señorita de Noirel en compañía de un recién venido, el cura de Champlain, eclesiástico de media edad, redon·
do como una manzana y de semblante
rollizo. Al ver aquel cuarto convidado,
Gurgis sintió cierto alivio, pues la pre·
senda del sacerdote impedía que la comida tuviese un carácter demasiado ínti
mo, debiendo mantenerse la conversación en un tono trivialmente ceremonioso, lo cual tranquilizaba más á Gurgis.
Apenas fueron presentados al cura los dos
parisienses, pasaron todos al comedor.
Esta habitación, como el vestíbulo,
tenía el pavimento de baldosas negras y
blancas, con una estera debajo de la me·
sa. En un nicho de estuco, una estufa de
loza azul, encendida á última hora, caldeaba muy rpedianamente la atmósfera
helada; las paredes estaban revestidas
de un papel verde con adornos que
pedirle satisfacción de ese rompimien- figuraban canastillas de flores pintadas en cada
uno de los tableros divididos por columnas igualto injurioso.
- ¡AltQ aquí, caballero!, exclamó mente floridas; un barómetro de madera dorada,
Gurgis exasperado. Como u·s ted gus- puesto sobre una consola entre las dos ventanas
te ... ¡Desde ahora estoy á sus ór- con cortinillas de cretona; un aparador cargado de
vajilla, y en el centro de cada división de la pared
denes!
- Amigo mío, replicó Noirel, usted astas de ciervo alternadas con cabezas de corzo,
se arrebata, y la cólera es mala con- constituían el único y frío decorado de aquella estansejera ... Cuando uno de nosotros ha- cia que produjo en Gurgis el más desagradable efecya recibido una estocada, ¿habrá usted to.' El mantel adamascado deslumbraba por la briganado algo? Reflexione que su nom- llantez que en él sacara la plancha; el servicio de
bramiento no está firmado aún, y que porcelana blanca era sencillo· como el de una mesa
de mí depende que lo firmen. Pre- redonda, y los platos estaban coloea~os sobre calengúntese si no será mejor, en su in- tadores de plaqué, cuyo plateado de1aba ya ver, por
terés propio, no promover un escán- efecto del uso, el color rojizo del cobre. Dos lámpaMi querido Gurgis, no necesito presentar d. V. á mi hermana...
dalo, aceptar una posición muy honro- ras en forma de urna iluminaban lúgubremente aquesa, y casarse con mi hermana, que es lla estancia demasiado grande, y todo este conjunto
una
excelente
joven.
La belleza corporal es poca cosa; tenía un aspecto rústico deplorable que repugnaba al
cual no diré nada por política .. No _se me ocurrió_ ni
al
eabo
de
ocho
días
de matrimonio olvidará usted parisiense. Sentado á la izquierda de la señorita de
un momento dudar de que la más lmda era la senolas facciones irregulares de su ·mujer para no ver más Noirel, que tenía al cura á su derecha, examinábala
rita de Noirel.
á hurtadillas mientras servía á los convidados. Lleva- Permítame usted, no exageremos ... Si uste~ se que sus buenas cualidades .. . Yo le aseguro á usted
ba un vestido de casimir gris con nudos y cintas de
que
las
tiene,
y
verdaderas,
sin
contar
que
es
joven,
ha equivocado, no ha sido por falta de adv~rtenc1a...
color pensamiento, y este traje de medio luto no fa.
fresca
y
sana
como
la
fruta
más
hermosa
...
Vamos,
y hasta recuerdo que para evitar todo qut'd ~ro quo
vorecía seguramente el físico de la joven, cuyos cale precisé el sitio que mi hermana ocupaba Junto á Gurgis, veo que está usted en malas disposiciones
para tomar una determinación tan grave ... Tómese bellos rebeldes al peine que quiso alisarlos se escapauna palmera.
.
- ¡Diantre de palmera!. .. No ha servido más que usted tiempo para reflexionar, y hasta que lo haya ban en rústicos y nada graciosos mechones. A Gurgis
le pareció la dama demasiado corpulenta y con expara embrollarme, y la pru~ba _es que ~urante todo hecho mantengámonos en el statu quo ante bellum ...
ceso varonil, y al ver sus manos coloradas, decíase
Mañana
á
primera
hora,
si
lo
tiene
á
hien,
trataremos
el tiempo hablé con la rubia, sm ca~biar tres palapara sus adentros que jamás podría acostumbrarse á
bras siquiera con la persona que abaJO nos espera.. • el asunto con calma ... Solamente le ruego que por
semejante figura. La señorita de Noirel, adivinando
esta
noche
disimule
su
mal
humor,
á
fin
de
que
mi
Esto solo debiera baber hecho comprender á usted
que la observaban, sentíase turbada y cometía más
hermana
no
se
percate
de
cosa
alguna
durante
la
mi equivocación, y habría sido leal advertirme cuantorpezas que nunca. La comida era abundante; pescomida ...
do vió que yo me engañaba....
cado,
caza, pastel con gelatina, conservas de legumEn
toda
discusión,
como
es
sabido,
el
que
con· - ¿Cómo podía yo suponer semejante cosa?... ¿~o
bres, todo en excesiva abundancia. Los vinos de Borserva
la
calma
tiene
una
ventaja
decidida
sobre
el
le dije á usted que mi hermana era morena?, replicó
otro; y á pesar de su irritación, Gurgis sintió que los goña eran rancios y de primera clase, pero precisaNoirel con aplomo.
.
argumentos
de Noirel penetraban como una ducha mente Gurgis no bebía más que Burdeos, á causa
- ¿Morena?... ¡El diablo me lleve si recuerdo que
fría en su cerebro enardecido: poco á poco recobró de aquejarle un principio de gota; de modo que se
me haya usted dado tal detalle!
la reflexión: habíanle hecho caer en un lazo; esto era mostró insensible al aroma del Chambertin. A pesar
- •Lo siento mucho!... Mas en el punto en qu e
1
positivo, pero debía escapar de él, y en esto comen- de la ruda alegría del cura y de los chistes de Roge.
ta
ma
a
1
d
están las cosas, no veo medio de reme 1ar es
zaban las dificultades prácticas. En su indignación, rio de Noirel, que hacía todos los esfuerzos imaginainteligencia.
bles para animar la conversación, ni una sola sonrisa
- ¿Se chancea usted?... Hay error sobre la perso- Gurgis juraba no permanecer un cuarto de hora más
en Val-Dormant, pero al pensar en los medios de entreabrió los labios del parisiense, y la comida le
na y por lo tanto retiro mi palabra.
d d
'_ No me chanceo, repuso Noirel con seqne ª ; ejecución, érale forzoso reconocer que el castillo es- pareció interminable.
taba á tres leguas de la estación más próxima, y que
usted solicitó la mano de mi hermana; á pesar_d~
á menos de caminar á pie, lo cual le hacía muy poca
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
·
't
·
ó
poco
JUl·
mis consejos, obró con una prec1pi aci n .
gracia, no podía obtener más coche que aquel en que
s
st
1
ciosa; ahora están publicadas las amone ªc o!1e , Y
había venido. Ahora bien: aun suponiendo que lo
(Continuará)
si usted se desdice, no me quedaría más remedw que

�LA
SECCIÓN CIENTÍFICA
PURIFICACIÓN DE LAS AGUAS
PARA LA ALIMENTACIÓN DE LAS POBLACIONES
LA FILTRACIÓN

Necesidad de la purificación artificial de las aguas.
- Las exigencias cada vez mayores de los habitantes de las poblaciones en lo que á las aguas potables
se refier~ y los trabajos de los higienistas demostrando la importancia de la pureza de las mismas y los

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

488

NúMERO

488

LA

Además las -materias muy tenues se depositan muy
lentamente, y con frecuencia la clarificación completa exigiría tanto tiempo y depósitos tales, que el gasto sería inmenso. Este procedimiento es, sin embargo, un poderoso auxiliar de los demás cuyo trabajo
facilita mucho.
Filtración natural. - Cuando un río pasa por un
terreno arenoso, se abren galerías paralelas á la orilla
y á cierta distancia de ésta. Aunque á veces las aguas
llegan á aquéllas bastante puras, este sistema es sólo
practicable en determinadas circunstancias locales y

Fig. t. Sistema de filtros establecidos en Varsovia, por M. Lindley

peligros que ofrecen ciertas aguas contaminadas, aun- ¡ ofrece poca seguridad. Por efecto de la filtración
que en apariencia puras, han despertado gran inte- misma el filtro se obstruye, el caudal disminuye y la
rés hacia el problema de la alimentación de las ciu- limpieza se hace imposible y hay que prolongar indades. Para satisfacer las necesidades de éstas se cesantemente las galerías. Sólo en muy pocos casos
echa mano en primer lugar de los recursos naturales, la corriente del río renueva naturalmente las capas
como manantiales, capas subterráneas; pero tales me- superficiales del filtro. Este sistema es, pues, por lo
dios no bastar! en las poblaciones grandes ó en las general poco recomendable.
que están mal situadas.
Filtración. artificial. - Para el empleo de este proLas costumbres de la población pueden facilitar cedimiento es muy útil la decantación previa, cuyos
en alto grado la solución del problema: Amsterdam, gastos se compensan con la obstrucción menos rápida
por ejemplo, se contenta con
de los filtros y las economías en la limpieza. El agua
47 litros por día y habitante,
~_,..,,,..,.,.,...,
permanece en los depósitos de mampostería (de 2 á
mientras que Marsella nece5 metros de profundidad y de volumen calculado para
sita 450 y Lyón no se consique el agua se estanque en ellos de doce horas áquindera suficientemente atendido
ce días, según los casos) entrando por un extremo y
con 140. En París el volumen
saliendo por otro, y merced á los orificios convenientotal de agua distribuída es de
temente dispuestos circula recta y regularmente por
220. Para las poblaciones de
toda la extensión deaquéllos. Para la filtración propia30.000 habitantes se estima
mente dicha se coloca en los depósitos una capa de
útil un volumen de 1oo á 200 Fig. 2 • Filtraci6n por guijarros gruesos, sobre ésta otra de guijarros má9 pelitros por día y habitante; para
la arena
queños, luego casquijo cada vez más fino y por fin areotras de más importancia se
na gruesa, procurando que el espesor total sea de 0'70
creen necesarios 300, pudiendo naturalmente estos metros á I metro: encima de todo ello se dispone
volúmenes variar con las circunstancias que en cada una capa de arena fina de 0·60 á 1'20 metros de espoblación concurran.
pesor (fig. 2). Cuando el filtro se obstruye se raspa
Algunas ciudades, como París y Francfort en el la capa superior en un espesor de 3 á 5 centímetros
Mein, han apelado á lá doble canalización: una red cada vez hasta que la capa de arena fina queda repara los habitantes alimentada con agua lo más pura &lt;lucida á 0'30 metros: entonces se devuelve á ésta su
posible y otra con agua de río, más ó menos impura, espesor primitivo añadiendo nueva arena y volviendo
para regar las calles y limpiar las cloacas y para di- á colocar la que se había sacado, después de haberla
versos usos ind1,1striales, con lo que el cubo de agua lavado.
pura queda notablemente reducido. Y no falta quien
El espesor de la capa contaminada no pasa de
ha propuesto extender al interior de las casas esa doble canalización reservando el agua potable para la
alimentación y la menos pura para la limpieza, mas
este. sistema presenta graves inconvenientes.
Pero sean cuales fueren los medios empleados para restringí~ el consumo del agua potable, siempre
se presentarán casos en que habrá escasez de agua
naturalmente potable: tal sucede en París y poblaciones vecinas y en Amberes, donde los manantiales
están á enorme distancia y las capas de agua subterránea resultan á menudo contaminadas. La purificación de las aguas de río se impone, pues, en un gran
número de municipalidades.
De los procedimientos hasta ahora empleados nos
ocuparemos en los que han dado lugar á aplicacioFig. 3. Regulador automático de Varsovia
nes importantes y grandiosas, examinando especialmente el inventado hace algunos años por Mr: Anderson, que se utiliza en Amberes desde 1885 y que 0'5 metros,de modo que si se da mayor espesorála
ha sido recientemente ensayado en Boulogne-sur-Mer. capa de arena fina es para que puedan practicarse
Decantación. - La decantación, sistema seguido en más raspaduras sin necesidad de añadir nueva arena.
Marsella, permite eliminar las materias minerales y Las capas inferiores sólo sirven de sustentáculo y
orgánicas en suspensión, pero por sí sola no elimina para facilitar la salida del agua filtrada.
las materias disueltas, que son las más peligrosas.
Los estanques de filtración pueden ser abovedados,

mereciendo citarse en esta clase los filtros de Varso·
via (fig. 1) construídos por M. Lindley, ingeniero
jefe de las obras municipales de Francfort en el
Mein. Los b6vedas suponen gran aumento de gasto,
pero en cambio evitan las interrupciones del servicio
en las heladas de invierno y protegen las aguas contra la elevación excesiva de la temperatura en verano
y contra el desarrollo de organismos animales ó vegetales, que exige limpias más frecuentes.
La experiencia ha demostrado que para obtener
resultados satisfactorios los filtros no han de dar más
de 1 '8 á 3 metros cúbicos, ó sea un término medio
de 2'5, por meti;.o cuadrado y veinticuatro lroras, lo
cual puede lograrse por medio de compuertas que
regulen el paso del agua á' la entrada y á la salida de
los filtros. La presión ejercida por el paso del agua
al través del filtro debe ser tanto mayor cuanto más
tiempo haga que no se ha limpiado aquél. Puede lograrse tambi~n este resultado por medio del regulador automático establecido por M. Lindley en Varsovia (fig. 3). En él a es el conducto que comunica
con la parte inferior de los filtros, b un tubo que va
al depósito del agua filtrada y c otro tubo que puede
deslizarse á lo larg0 del anterior, en el que se ajusta
perfectamente; dd son los flotadores que sostienen
el tubo c, el cual tiene varios agujeros ee. Calculando
las dimensiones de éstos y su posición con relación
al flotador, se logrará que suministren un volumen
dado, cualquiera que sea el nivel del agua en la cá
mara del regulador. Si la cantidad suministrada por
el filtro es menor que la proporcionada por el regulador, el nivel del agua descenderá en la cámara de
éste, aumentando así la presión bajo la cual el filtro
fu_nciona y por consíguiente el volumen por el mismo
suministrado, y viceversa.
. Es bueno, además, en el momento de las l:mpias
dejar que el filtro se enjugue bien, de modo 1;11e el
aire penetre en la copa filtradora, pues el oxlgc::no
ejerce, al parecer, saludable influencia en la purificación destruyendo las materias orgánicas y organizadas. El experimento llevado á cabo por el servicio
municipal de París y descrito por el ingeniero jefe
Mr. Bechmann en el Congreso para la utilización de
las aguas pluviales celebrado en dicha capital en
1889, demostró los buenos efectos de la aereación. En
una caja ·de 2 metros de alto, cuya sección es un cuadrado de 0'20 metros por lado, llena de arena de la
llanura de Gennevilliers, se echa todos los días un litro de agua de cloaca, y en diez años que sin interrupción viene verificándose este experimento la fil.
tración se efectúa sin que haya sido necesario proceder una sola vez á la limpia. La cantidad suministrada corresponde á un volumen de 0'025 metros cúbicos por metro cuadrado y día, en vez de los 2'500
que es la cifra media adoptada en las instalaciones
inglesas y alemanas; pero hay que tener en cuenta
que en éstas la limpia se impone en intervalos de cinco á treinta días, ó sea setecientas veinte á ciento
veinte en diez años para una producción cien veces
mayor que en el experimento citado y con aguas incomparablemente menos impuras. Han pasado, pues,
por el filtro del experimento y en igualdad de superficie de 1'2 vez á 7'2 veces el volumen que pueden
suministrar los otros filtros entre dos limpias, á pesar
del mayor grado de impureza de las aguas.
Véase, por consiguiente, hasta qué punto la aereación facilita la purificación de las aguas. Este sistema
se practica imperfectamente en Londres.
Cuando un filtro ha quedado en seco, es muy conveniente llenarlo por debajo con agua ya filtrada: una
vez cubierta enteramente de agua la arena, se echa
por encima agua no filtrada y se deja que se forme
un primer depósito en la superficie de la arena antes
de hacer funcionar el filtro, sin lo cual la primer agua
que pasa es ligeramente turbia y los depósitos penetran en la arena á mayor profundidad.
Mediante las precauciones que acabamos de indicar, puede llegarse en la mayoría de los casos á desembarazar el agua de río de las materias en suspensión, así como de las materias orgánicas y de los microorganismos en una proporción tal, que resulta
comparable con las mejores aguas de manantiales. •
Las impurezas que más re~isten á la filtración son
las impurezas de origen vegetal; por ejemplo, las materias que comunican un color amarillento al agua
que ha pasado por un terreno turboso. Estas materias son generalmente poco nocivas, pero el color
que dan al agua produce mala impresión.
En resumen; la filtración por la arena convenientemente practicada, es un recurso allí donde hay escasez de aguas naturales puras. Cuando éstas existen,
pero no pueden ser utilizadas sin grandes gastos,
podrá ser preferible la filtración del agua de río.

P.
(Continuará)

LAURIOL

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

_.,..._
-

LAIT !NTéPRliLIQUI -

LECHE ANTEFÉL

,,n •

■eulah '" lfU, fül,a
CAS, LEN'DEJAS, TEZ ABOL

JARABE Y-/ PASTA
de H. AUBERGIER

l 112 ~1~.

sA~':ítrggf:•
=J'o'c~~os
EFLORESCENCIAS

f~f·
"""'ª

ROJECES

1111 ~ (J■p ,. . . . . Ud■IIJ
,, .,.,,.
cUoúua
d■ P-ú • 1U■nad09ea la oleoot6a
AprobadH por la Aoad•~• d • .Mid•~
_.0 _,_,
....erta.l de 10 efe ....._o de 1854.
Ol1ol.a1 de ,6rma1ae Leg.... por •v• •• - •
da
¡ e t-

~¡¡¡,
fi:¡~~~d:,'}:=ri, :¡.t.iu úl S" BDVOlor,ol 111ftlr41(ct ú 14 Faetll14, ü Jí14,c1u (1G- td1ci611J,
venta por mayor: co11.1.R y e-, n. Galle de St.-Claude, PARIS
e

una' encacia ~rtoélamente compraba en e a - , ..
Una compi....
.,.. '"" 111......
c'7arro,
.RnlUI f'OI a,11a 6 (ffltacloft de la ¡ ar¡anta, han
PAiT.a..d~ .a.OBERCIIEll una Inmensa fama. ll . •
•

VINO

IJH64mú:o, lu .BrOfl~

DE

CHASSAING

BI•DIGISTIVO

Preaorito desde 21S años

~BPÓSITO E1C ~S P~INCIPALES BOTICA.S _

Contra las AFFECCI0NES de las Vlas Digestivas
PARIS, 8, Arenue Victoria, 8, PA R/S
TU TODAS Lü PJUlfOJP.lLSI •~alü.OUI

Las

Pe1101111 qae conocen las

PILDORASi~DEHAUT

illi.9ADESdeIE87o"
tt.\i
-.'4qo

OE: PARIS

ParUclpando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra lns z aorofulu, la
Tiats y la DebUldad de tem'-eramento,
as! como en todos los casos(Pál.tdoa colorea,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 Y!I para
provocar 6 regularizar su curso periódico.

. ~/"./1/?J}s Farmar.enttco, en Para,
~ R u e Bonaparte, 40

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, con•ira lo que sucede con
los demas purgan&amp;es, este no obra bien
sino cuando se foma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el café,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anuladoporel efecto de la
buena alimentacion ell}pleada, un
se decide fál:il.mente á ,volver
á'empezar cuantas veces
sea necesario.

Pepsina Bondault
! probada por la !C&amp;DEIU DE IEDrnt!U

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
ldtdt.Jlu on 1&amp;1 Bspoalelonu lntern1clon&amp;lt1 de

PillS - LYOR • TIEII! • PBIUDELPBU • P.lRIS
186'7

187i

l8lll

iaia

1876

U SDLI&amp; CO!'f IL •1T0t hlTO U LA.e

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;Ot DIIOUIJtll DI U DIGIITIOJl

El loduro de hierro 1m1,uro 6 alterado
, , es un medicamento Infiel é irritan te. _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ __
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas Pildoru de Blaiiea.rd,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra ftrm a puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unl6n de
1oa .Fabric1ntea para la represión de lafalslftcaclón.
CLORÓSIS. )SB RALLAN BN TODAS LAS l'illlUCllAS

NB

IIAIO LA PORllA DK

ELIXIR, · de PEPSINA BOIJDAULT
VINO . . de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
ANÉMIA. -

LINFATISMO

PillS, Plwmaoie COLLAS, 1, ne Daapllllt
0

r "' lila prlnt(pal,, fca,.,,..na,,

BI Profo-lodtuo ú Hiuro 11 ,1 re_parador ú 1• a&amp;Dgr■,
ti lonUJcant. , fl mlorobtc1da ,er ezcel,.ncta.
11Jarabe11uGra.jea■ eoa,roto-lo4mtellem ..F.Gllle,
IIO podrlaA "-'°4io f'f-4ado, M f'Ul,i llf tll ,..,... . g,Hm""', IÚ

116 ,,,011,ni&amp;ilUH f

flf III fOlv&amp;il'4tl4 _,~::.:. ti, lol .llo.opllalu},

Dll'ótlT0 Gmmw.: 45, Ru• Vauwtlllers, PA~IS. Depblilo en to4u !U rar■acfu.

AP:IOL
de los o•e• JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/ore,, retraso,, 1upre•
Pero con frecuencia es falsl.flcado.EJ APIOL
verdadero, único eficaz, es el de los Inventores, los Dlt• JORET y HOMOLLE.

,Iones lfe /u Zpooa1, as! como las_p_érd/d11.

CARNE HIERRO y QUINA

ll .A.Um.uto mu f ~ uido a los

'fónico■ mu npandor-.

MEDALLAS Exp., Unir1" LONDRES1862-PA R/81889

Far•• BRU.NT, 150, rae deRlvolf, PARIS

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T OOK TODOS toS nnccma. nnmvoe n u CAIUIB
e••- mme 1- •1JD4.! Dlel afloa de mio COIIUDUldo 1 Ju a1lrmaclonea de
&amp;oau-;;~DenolM 1JM!dicu ~ que ea&amp;&amp; UOCIICIOn de la e..... el BJerN y la
..._ lllt1tuye el repara4ór mu
que ee conoce para curar : la Cklrdlú, la
AINllffjS0fa, JlMltt'IUldOlfG ..,..,, el.OM'ffllfMto 11&amp; J.lt,roelff 41 14 SM11r1,
el -'1"1#0 laa J.flf:t1lJMI IICf'fJ/WOIIII 1 "°"°"tfedl, etc, &amp;l Wlae •ell'l'llst-N de
.an••
81 en' efec&amp;o el Wúco que muie todo lo que en&amp;ona 1 fortalece loa orpnoe,
l'MUllrlla.' ooor11ena'1 aumenta conalderablement.e lu tuerzu 6 lntunde a la MDare

--·--·------

ene,:;

emp0btecldl 7 ci.esoolorldl : el

'"°'• la e ~ 11a _..,,.~ n~.

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

á 10 céntimos de peseta la

entrega de 16 páginas

Poruror •Paria enwadel. FBRRi,farmar.eatieo,tO!,l'IIIIRichelieu, Sawar4e!R0UD.

'

p VJOO&gt;• JIN TODAS L4S RIKaIPALBS ~QA.8

EXIJASE •i:= 1 ARDUO

- -- -

Se envían prospectos i quien los solicite
dirigié-ndose d los Sres. &amp;:ontancr y Sim6n, editores

~,J.-4R41~B~,JJf!q§~fJ1i~.!tl8JJII. ~
El .r.AR.ABE DE BRIANTrecomendallo

desde su principio, por 10s pror~sores

Laenneo Thénard, Guersant, etc.; ha recibido la consagraclon del tiempo• en el

año t829 Óbtuvo el privilegio ae Invención. VERDADERO CONFITE ~E&amp;IPi~~~~onJ~~
de goma 'I d~ allaboles, conviene sobre~toao a las persona
•
,
mUJeree 'I runos. su gusto excelente no perjudica en modo alguno .. su encac1ª,
._ contra 108 RESFRIADOS j todas las IIFLAIUCIONES del PECHO '/ ae los lllTESTIIOS. __.

LOS QUE TEHGAH TOS

LOS RESFRIADOS

y de la cabeza desaparecen
tomeRALES de lá nariz
en mny pocas horas con el
PASTILLAS -~ EC!! por fuerte que RAPÉ NASALINA
del Dr. Andreu Y se ah~iarán ~ uros que casi siemya sea reciente ó crónica,

sea. Sus efectos son tan rápidos { ~ fa primera caja.
pre desaparece la TOS al conc uir
.
utor los Cigarrillos
Para el ASMA prepara el mi~mo ~man al instante.
y Papelee azoados que 0 ca

que prepara el mismo Dr. Andreu.
Su uso es facilisimo y sus efeotos
seguros y rápidos.

PARAtel~erBQQA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores
de muelas usen el ELIXIR y los POLVOS de

MENTHOLINA DENTÍFRICA
que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanquece la
dentadura, fortifica notablemente las encías, evitando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agradable perfuma el aliento.

�NúMERO

LA 1LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LIBROS ENVIADOS
Á

Traducida la obra
por el ilustre Jifera·
to D. Antonio Sán·
chez Pérez, nada
hemos de decir de
c6mo resulta la versión castellana.
Los dos tomos de
que se compone este libro, elegantemente editado por
D. Fernando Fe,
de Madrid, se ven·
den al precio de 7
pesetas en las principales librerfas, y
en Barcelona en la
de D. Arturo Sim6n,
Rambla de Canaletas, 5.

ESTA REDACCIÓN
por autores 6tdilores
CORAZÓN

Y

488

BRA·

zo, por D, Pas-

cual Mil/án. - En
esta novela no se ha
• propuesto su autor,
el reputado literato
D. Pascual Millán,
resolver ningún problema, ni sentar ni
defender tesis alguna; ha querido ímicamente, y lo ha lo•
grado por completo,
deleitar al lector con
unaacci6ninteresante y admirablemente
desarrollada y con
personajes huma·
***
nos, naturales en
su modo de ser y 16·
JOVENTUT , PRI·
gicos en sus actos,
MERAS POESfAS, per
todo ello presentado
Bo11avent11ra Bassecon extraordinario
goda. - El conocido
vigor y escrito en el
poeta catalán,
lenguaje castizo que
tantas veces laues proverbial en el
reado en públicos
autor de la tan jus•
certámenes y aplaulamente celebra•
dido en el teatro, ha
da lconografla calpublicado con eso
deroniana,
titulo una colección
La obra es!á pro·
de poesías ca ta lanas
fusamente ilustrada
llenas de inspiración
por artistas de tanrey sentimiento y ar·
conocido mérito comoniosamente versi·
mo Ferrant, Benlliuficadas,
re (D. Marianoydon
Las ha y de todos
José), Unceta, Talos géneros: en e 1
berner, Maura,
amatorio abundan
Marúnez Abades,
los pensamientos
Menéndez Pida!,
tiernos y delicados;
Espina, Campuzaen el religioso resno, Lhardy Cabreplandece la fe más
ra y otros no menos
acendrada, y en el
distinguidos, Ha si•
patriótico, el amor
ESTUDIO DEL PINTOR RODOLFO WIMMER (Véase el articulo en el número 487)
do editada por don
á Cataluña arranca
Fernando Fe, de
á la lira del poeta
Madrid, y se vende
.
. .
,
brillantes imágenes
al precio de 3 pesetas 5océnhmos en las prmc1pales librerías, y en resante, desarrollado en forma de memorias de un emigrante, y enérgicas notas, expresadas con el vigor á que tan bien se
Barcelona en la de D. Arturo Sim6n, Rambla de Canaletas, 5. es una animad!sima y amena narración de viaje, escrita con presta la lengua catalana.
una viveza de estilo que descubre á la legua el origen de su
En suma, el libro del Sr. Bassegoda proporciona al que lo lee
***
autor. El pafs americano con sus riquezas y con sus miserias un rato de grato deleite, y las poesías que contiene son dignas
EN LAS RIBERAS DEL PLATA, por T. Resasco, versión espa• aparece observado con gran profundidad de juicio, y las cos- del nombre de que goza su autor en nuestra literatura regional.
flola de D. Antonio Sánckee Plrez. - Este libro, de asunto inte• tumbres, tipos y lugares están descritos de mano maestra.
Véndese el libro al precio de una peseta.

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA diríjanse pe.re. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Oa.uma.rtin.
núm. 61. Pa.rís.-La.s casa.e españole.e pueden hacerlo en la oficina. de publicidad de loe Bree. Calvet y C.•, Diputación, 368, Barcelona.

EnfermedadeSdelPecho
Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afeccione■ del pecho,
1
Catarro1,Mal de garganta, Bronquitis, Reafriado1, Romadizos,
de los Reumatl1mo1, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

D1p6slto en todas tas Farmacias

Jarabe Laroze

Jarabe Pectoral

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

DE

P. LAMOUROUX
Antu, Farmaodutico

~s, Calle Vauvtuters, Parl1,

Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito J)Ol'
todos los médicos para la curacion de las 11astritis, gastraljias, dolorf'l■
y r etortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la tµges~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los wtestmos.
JARA.BE

Et Jarabe de Pierre Lamo11roux es

el P ectoral por excelencia
como edulcorante de las tisa11as, á
las cuales com1mica su gusto agradable y sus propiedades calmantes.
(Gaceta de los Hospltales)

Dep6silo General: 45, talle Tanvilliers, 45, PWS
Se rende en toda&amp; la, buena, farmacia,,

a1Brom.uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es P-1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, hist éria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los nilios durante la denticion; en una palabra, todas,
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones: J.-P. LAROZE
Deposito en todas las

prtncipaJe■

!, medes Lions-St-Paul, aParís.
Boticas y Drogueriaa

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento mu ío•te Wlido a los

T6nico■ mu reparadores.

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS PIUNCIPIOS KtlTBlTIVOS DB U OAI\NE
•-~~' m.iaao y_ •IJD.&amp;I Diez años de exlto continuado y las anrmac1onea de
WW111 las eminencias médicaa preul&gt;in que esta UOCJ&amp;Clon do la llarae, el Biern y la
conaUtuye el reparador mas enennco que se conoce para curar : la Clordlú, la
.AMmfd, las .llemtruacfo!IU &lt;Solorolal, el .Jlmpol&gt;reclmÍfflto 11&amp; J. l teracto/l 4e la Sangre,
el Jlaqv,túmo, las J.feccwrta escro(lllola, 1 escorbutkal, etc. El 't'i ae l!'errastaeN do

••i-

ea, en erecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece loa organoa
regulariza coorden&amp; y aumenta considerablemente l as tuerzas 6 tnrunde a la
empobredda y descolorid&amp; : el V"1or, la Coloracwn y la BMrgfd

.&amp;reall

aan¡re
°''"'
·
J&gt;oru¡,or,111 Paria, en casa de 1. FEW, Farmauulieo, tot, rue Richelieu, Sucesor 4e AROUD.
..

a vmm:s J:N TOD.t.S u.s PIUNCIP4.LBS JIOTIO.U

EXIJASE e1,

0
1
::

GARGANTA
y
VOZ

BOCA

.

PASTILLAS DE DETHAN
Recomtndadu eonlra loa Mal• de la Garganta,
Extinoionea de la Vos, lnflamaotonea de la
Booa. Efeotoe pernioi- del lleroario lri·
taoton ,-ae produce el Tallaoo, J 1pecialmenle
' loa Snn PREDICADORES ilOGADOS,
PllOFESORES y CANTORES para facililar la
emioion de la TOS,-PUCDO: 12
11qxq,r m ,i rotulo • firma

Rliu,.

&amp;dh. DETH.&amp;N, Farmaoeuuoo eu P&amp;lUS'

ARDUO

,.ATE EPILATOIR E,DUSSER

d~struye basta fu RAl~ES el Yl!LLO del rostro de tu ctamu (Barba, Blgole, ele.,, di
pehgro para el cnlil, SO Añol de í::iclto, J mlUarea de te1tlmoD.io1garaatlzan la eftea~
1 IIIDgun
de esta preparacion, (Se vende en oaJu, para la ~ba. J en 1/2 01)11 para el blgole lifero). Para
------'-=--...c...--=---=-....c::==-=-.c•o.:. .•. :bra.z.:. =.;o=:,s~
. e=m~pl:::.:iae::.:..:e.:..
I"
=-='l=L=J:.:J:..
-' O
= B=B.
=.:D
=V
=-=S=S
= =E==
R.:.•:...:t:!.,.:.
ru
=e:.:J:.:·...:
•J:.:·:•R
:~o:.:ll!~•=e::•:.:
u!..:
,P
~ ar1&amp;
~=- Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
,

ÜIP, DI MONTANBll. Y SIMÓN

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46619">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46621">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46622">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46623">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46624">
              <text>488</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46625">
              <text> Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46626">
              <text>4</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46642">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46620">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 488, Mayo 4</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46627">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46628">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46629">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46630">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46631">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46632">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46633">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46634">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46635">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46636">
                <text>1891-05-04</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46637">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46638">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46639">
                <text>2011640</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46640">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46641">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46643">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46644">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46645">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7372">
        <name>Andrés Theuriet</name>
      </tag>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="7375">
        <name>Cuento fantástico</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7376">
        <name>Purificación de las aguas</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1770" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="648">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1770/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._489._Mayo._0002011647.ocr.pdf</src>
        <authentication>32a3245f1b5624fdf0b05700a149e82c</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73941">
                    <text>·. .~trtélC101J

Ftí~t1ea
ARO X

- - - - -- ~

BARCELONA u DE MAYO DE 1891

EL TOCADO DE LA FAVORITA, cuadro de José Tapiró

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

489

y yertas, para quienes la tierra es como vasto sepulcro, y la vida, sin libertad, sin pensamiento, sin conciencia, como perdurable asfixia. Esta persuasión de
Texto. - Mur;,mraciones europeas, por Emilio Castelar. - La
que eran todas sus facultades inútiles llegó á infunExposición gmeral de Bellas Arles (continuación), por J .
dir en el poeta una glacial indiferencia entre la liberYxart. -Rosa/inda, cuento fantástico del siglo XVII (contitad y la servidumbre, entre el error y la verdad,
nuación), por José Torres Reina. -Nuestros grabados. -Et
entre la reacción y el progreso. ¿Para qué aspiraría
marido de facobita (continuación), novela original de Andrés
la piedra á la inteligencia? ¿Para qué aspiraría al
Theuriet, ilustrada por L. Marold y traducida por E. L.
Verneuill. - SECCIÓN CIENTÍFICA : Purificación de las agttas
calor de la vida? Poco á poco toda noble aspiración
para la alimentación de las poblaciones (conclusión), El purifué ahogada en aquel corazón, toda idea fué muerficador A11derson, por L. Llauriol. - Un baile cimtlfico.
ta en aquella inteligencia, y el poeta quedó como
la
Naturaleza, que produce la hermosur~ sin tener
Grabados. -El tocado de la favorita, cuadro de José Tapiconciencia de producirla. Cantó, cantó; pero canr6 . - Esludios para el diploma de la sección a11stro-h1fogara
tó en la olímpica indiferencia del arte por el arte.
de la Exposición Universal de Parfs de 1889, por A. Hynais,
Cantó, cantó; pero cantó repitiendo las pasivas
que figura en la actual Exposici6n de Bell:is Artes de Barceimpresiones fugaces de todos los días, como repite
lona, - Luneta del teatro de la Cittdad, de Viena, pintada por
A. Hynais. - Miisicas japonesas, cuadro de Homphrey-Mooun lago los objetos de sus orillas. No fué una idea
II
re, grabado por Baq.de. - ¡Fuera penas!, cuadro de J oaquln
reanimando la naturaleza y la vida, como debe ser
Agrassot. -Segadora aslttriana, pintura al pastel de Cecilio
Pouchkine fué romántico y brilló hace cincuenta la virtud poética; fué una máquina fotográfica repiPlá. - ¿Será mal de amor?, cuadro de Juan Looschen. - Las ó más años, so el imperio de Nicolás I. En los albo- tiendo los hechos que pasaban por los cristales de su
dos hermanas, cuadro de Luis Jiménez, grabado por Baude.
res de su romanticismo no cantó, pues, la naturaleza mente. Nicolás llegó al total cumplimiento de sus
-Fig. I, El purificador Anderson. -Fig. 2, Obras hidráttcomo
la cantabi).n los poetas clásicos: Delille en deseos: el poeta se había suicidado moralmente. En
licas m Amberes. -Fig. 3. Aparato para la inyección de aire.
Fig. 4. a. Depósito de decantación dttra11te m fimcio11a111im- Francia, Meléndez en España; no cantó, como que- su triste suicidio moral maldijo el único elemento
to normal. b. Membrana formada por las impurezas de la: rían sus tiranos, los bosques de abedules y alerces; que le sostuviera contra la tiranía y que le auxilió á
aguas. -Estudio del pi'ntor Carlos Raupp (véase el artícuk, las estepas inmensas como el mar; la nieve virgen, soportar la soledad de su claustro: maldijo la opiplateada por los rayos de la luna llena; las ondas del nión pública. Triste reo resultó así de crimen horrien el número 487).
Báltico, ya celestes en los eternos días del verano, ble contra el género humano, de ingratitud empederya bajo el marmóreo hielo aprisionadas en las eternas nida, maldiciendo á su protector en la desgracia,
noches del invierno; los horizontes del Polo, con sus convertido en su juez tras el perjurio. Para el sentir
MURMURACIONES EUROPEAS
rosadas auroras boreales, de un esplendor indecible de aquella alma desolada, cuando sacudía y atormencuando las repiten y las descomponen los desiertos taba las cuerdas del arpa puesta por Dios en sus maPOR DON EMILIO CASTELAR
y las cordilleras de cristal; no cantó, no, esta natu- nos, el pueblo estúpido, indiferente, capaz de apreUn suicidio imperial. - Una hija del poeta Pouchkine. - Papel raleza que continúa en sus movimientos, en su es- ciar el Apolo del Belvedere al peso del mármol y no
representado por éste en las letras moscovitas. - Sus desgra- plendor, en su hermosura, cuando presencia el cri- por la hermosura de las líneas; el pueblo dormido
cias y suicidio. - La ópera El Mago en Paris. - Una crisis
ministerial por el teatro de la Grande Opera en Francia. - men, y que recoge y guarda en completa indiferen- en el barro de sus campos, con su aliento de muerte
El bautizo por inmersión en Grecia. -; Sus dificultades. - cia la sangre de los mártires y sostiene con su vivi- como la cavidad de los sepulcros, le decía que su
Conclusión.
ficador aire el pecho de los tiranos; cantó el espíritu cántico era sonoro y ruidoso, pero vano y estéril
con sus ideas, el espíritu con sus agitaciones, el es· como el viento; y á un pueblo así debía bastarle por
I
píritu que se hincha de tempestades interiores, y todo regalo, no la poesía, don celeste, sino el calasale airado hasta escalar el cielo en pos de la justi· bozo de los déspotas, el látigo de los pretorianos y
Un drama horrible con desenlace de trágica muer- cia y de la libertad, y que cuando cae, rugiente de el hacha de los verdugos. En efecto, el látigo de los
te ha corrido por todo el mundo y embargado la ge- dolor y desesperación, sobre sí mismo, no reconoce pretorianos había mordido hasta el alma de Pouchneral atención. Cierto Gran Duque moscovita, militar ni en Dios autoridad y poder para robarle su dere- kine. Cuando suscita Naturaleza un poeta, y pone en
de alta graduación en los ejércitos del Czar, su primo, cho. ¡Cantar el espíritu en Rusia! Caro debía pagar- su inteligencia ideas universales, en su corazón huacaba de ser echado por un ukase del seno de las lo. Así lo desterraron. Según unos historiadores, manos sentimientos, alzándole á la esfera luminosa,
compañías imperiales y del seno de la familia Roma- Pouchkine fué azotado antes de ser conducido al donde todos los objetos se esclarecen y se vivifican
• noff. ¿Qué erimen ha perpetrado para un castigo tan destierro. Según otros, fué meramente proscrito al en la luz de la hermosura, y todas las ideas se expreenorme? Pues ha perpetrado el terrible crimen de amar interior y puesto con solicitud en silencioso claustro. san y se encarnan en suaves armonías; lo suscita, le
con verdadera pasión á una joven hermosísima y casar- Allí devoraba su propio ser. El martirio del Titán, da la inspiración, le conffa el arte mágico de las forse con ella, como las leyes divinas y humanas prescri- solitario en la cima del Cáucaso, era su martirio. A mas, le pone en la voz melodiosísimas notas y en la
ben. Mas parece haber otras leyes por los palacios mos- los ímpetus de la escuela romántica, sucedieron los mente la virtud del trabajo creador; le hace sensible
covitas, prohibiendo á sus Infantes, llamémoslos así dolores de Byron. Aquellos dolores punzantes, aque- y á veces hasta desgraciado, para que embell.ezca las
para mejor inteligencia, enamorarse de parejas desti- llas penas desgarradoras; la duda de lo divino y hu- noches de la vida como el satélite embellece las notuídas por su nacimiento del sublime licor conocido mano, derramada sobre las heridas interiores del ches del planeta, y despierte nuevas almas como la
con el nombre de sangre regia. Hijo de Gran Duque y corazón y de la conciencia; la hiel, saliendo á borbo- primavera despierta nuevos·seres, y difunda ideas en
de princesa germánica, el enamorado no atendió á otra tones del hígado, como de ánfora rota; la ironía fina, los senos de la conciencia como difunden aromas,
cosa que á los latidos avasalladores de su corazón el sarcasmo amarguísimo; los tránsitos bruscos desde miel, la luz y el calor en las entrañas de la Naturaleamanteyá los preceptos divinos de su ley religiosa para los éxtasis del ángel en mística oración á los jura- za. Renegar hasta de su inspiración, nada podía serconstituir una familia feliz y tener un hogar honrado, inentos del campesino en brutal embriaguez; todas le tan beneficioso en la corte. Mandóle el déspota,
pues no prohibe Naturaleza ,en sus designios lo que estas indignaciones fustigaban la conciencia muerta no soldados que lo azotaran, cortesanos que le coprohibe la soberbia en sus antojos: el cariño de los no- de un pueblo tristemente esclavo. Su dolor, su incer- rrompieran. Acordóse de que todos los déspotas hables_á las plebeyas y de los plebeyos á las nobles mu- tidumbre, su amargura, eran el dolor y la incerti- bían tenido junto á sí un genio: Filipo, Aristóteles;
tuamente. Así debió entenderlo el padre suyo cuando dumbre y la amargura de su generación, que había Augusto, Virgilio; Carlos V, Garcilaso; Luis XIV,
autorizó el casamiento y bendijo la boda. Pero seco- entrevisto la libertad en el cielo del porvenir, para Moliere, y quiso Nicolás tener su poeta, escogiendo
noce que por los palacios de Alemania se toman to- caer herida bajo el látigo, bajo el knout del preto- á Pouchkine, que había dado flexibilidad maravillodas estas revelaciones de la igualdad humana, con- riano cosaco. Rusia gimió por el poeta; Rusia se sa á la lengua rusa, y que había recibido los caudatradictorias con los privilegios dinásticos, mucho más avergonzó de sí misma en la vergüenza del poeta. les de las ideas del siglo, evaporándolos en holocausá pechos, cuando la madre del novio, una Infanta, Este llegó á crear una personificación de sus propios to al despotismo. Así le nombró su chambelán. Tocomo decimos nosotros, de Baden, ha llevado su in- males, creando un tipo inmortal de su espíritu y del davía quedaba un resto de pudor en el corazón del
dignación hasta la demencia. Muy pagada de su es- espíritu ruso, llegó á crear el tipo de Oneguine. Es poeta, y se resistió á semejante gracia. Pero Nicolás,
tirpe y de su nombre, debía mirar la boda inferior del admirable la fortuna de los poetas para poner en resuelto á deshonrarlo, después de oprimirlo, imptiPríncipe como un descenso en las escalas del orga- personas individuales el carácter de todo un siglo. sole que optara entre el cargo de chambelán ó el
nismo y eomo un ayuntamiento con seres inferiores Nuestro teatro español tiene de tal aptitud poética destierro al Cáucaso. El déspota asiático arrojó Day como una infusión venenosa en las venas de sus maravillosos ejemplos. El Segismundo sublime de niel á los leones, el czar ruso arrojó Pouchkine á los
descendientes; vamos, como una bestialidad. Lo cier- Calderón, nacido para rey y encerrado entre las bes- cortesanos. En semejante situación no le quedaba
to es que, para no sancionar de modo alguno la unión tias; puesto en las entrañas de áspera gruta, sin co- otro recurso al cuitado que morir ó deshonrarse, y
de una familia regia con otra burguesa, y no encon- municación alguna con el género humano; condena- escogió deshonrarse. Fué chambelán. La librea le
trarse con descendientes sin cuatro coronas en sus do á envidiar la libertad del ave que cruza sobre su pesaba como una cadena. Dios lo había hecho uno
cuarteles, se ha suicidado tranquilamente la buena cabeza y del pez que coletea entre sus pies, y del de sus ángeles de elección y el despotismo lo había
señora, como Parcia, hija de Catón y esposa de Bru- b(llto de las selvas, y del arroyo sin espíritu; con convertido en una de sus bestias de carga. Allá, en
to, cuando se perdió ,la República romana. Se nece- menos albedrío que los seres materiales; personifica la soledad de su alma, en el diálogo con su conciensita estar en la mollera y en el corazón de los privile- en verdad aquel pueblo español que, desde la cima cia, cuando recordara que hay un Dios en el cielo y
giados si hay que septir como ellos el orgullo de sus del mundo, caído en miserable servidumbre, perdió una justicia implacable en la tierra; delante de la
privilegios y el desdén á cuantos no pueden osten- bajo sus cadenas hasta el alma. Oneguine también historia, cuyos premios y castigos son eternos como
tarlos y ejercerlos. Nosotros, los que pertenecemos era el tipo, también la personificación, de Rusia y la sucesión y la corriente de los tiempos, el poeta
á las generaciones contemporáneas, por el paren- del espíritu ruso. Agil, y no puede moverse; inteligen- debía retorcerse de dolor, de ira contra sí mismo, de
tesco estrecho con todos los seres, aprendido en te, y no puede pensar; con palabra, y no puede hablar; triste desesperación por no haber preferido á los fanuestros estudios, estimamos mucho más á un caba- sediento, y no puede beber; hambriento, y no puede vores de los tiranos que matan, la transfiguración y la
llo y á un perro que los príncipes á los plebeyos. comer: las facultades intelectuales y las facultades físi- apoteosis del martirio, que deja inextinguible luz en
Heridas en su honor, desacatos á su fe, profanacio- cas son en él completamente inútiles;hasta el amor pa- la memoria humana. Bajo tal pensamiento buscó la
nes del sepulcro de sus mayores, infamias para su rece vedado á quien sólo generará siervos. Oneguine muerte, y la encontró en un duelo.
generación, un atentado á la dinastía imperial, debió es la imagen de las generaciones que nacen y mueren
considerar la cuitadísima Gran Duquesa el matrimo- bajo el despotismo, ociosas para los más altos minisIII
nio de su hijo, cuando sorbió veneno, que llevaba en terios de la vida; inútiles en las esferas de la activiuna sortija, y cayó extinta como al contacto de una dad universal; anhelantes por salir de su esclavitud
Desde un poeta casi antiguo, como todos los poecentella. Imaginaos la impresión del drama en Euro- pero sin acertar con la salida; generaciones abortivas tas románticos, pasemos á un compositor casi de lo

SUMAttIO

NúMERO

LA

489

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

pa. Mas lo que interesa en esto álas gentes literarias,
sobre todo, es la casual circunstancia de que fuese la
novia hija del gran poeta ruso Pouchkine. Con este
motivo todo el mundo habla de literatura moscovita
y de su primer excelso poeta. Y hablando á una de
tales materias, todo el mundo reconoce que un hado
enemigo, como el hado de Antígona, pesa con abrumadora pesadumbre sobre la hija del poeta, cuando
la madre de su marido se suicida por culto á su familia imperial y el padre suyo propio se hace matar en
un duelo por celos de su madre. ¡Dramas de la vida y
de la realidad! Así nosotros también alimentaremos
con algunas noticias la general murmuración europea
y diremos quién era el poeta resucitado en la memoria contemporánea por un escándalo enorme.

,

••

t

J

Estudios para el diploma de la sección austro-húngara de la Exposición Universal de Parls de 1889, que figura en la actual.
Exposición general de Bellas Artes de Barcelona, obra de A. Ilynais

porvenir, como debe llamarse á los músicos wagne- como Fausto y Mejistójeles, ganan con el tiempo co- I tu, por el autor y por el sentido. Este autor es un
ristas. Este compositor se apellida Massenet y ha rriente y con las audiciones repetidas; pero la mayor poeta llamado Richepin, que se ha entretenido en
puesto en música una ópera titulada El Mago. Según parte de las muy alabadas mueren á una en el silen- poner una trampa ó red al pie del Universo y ha
este novísimo gusto que va reinando en las bellas cio y en el olvido. Recuerdo ahora mismo cierto es- cazado así mundos, ideas, esperanzas, teogonías,
artes, concluiremos por pedirles óperas á los ~ate- treno en París de una ópera, compuesta por músico dioses, lanzándolos después en las negaciones etermáticos. En nuestras mocedades íbamos á 01r So- muy famoso, que no quiero nombrar, pues como nas. Y tras tanto y tanto demoler, hase hallado con
námbula ó Luda, y salíamos extáticos, arrobados, y conoce uno á todo el mundo se guarda muy bien de que jamás podría idear un drama ó un poema cantahasta remozadísimos. Hoy cuando escucho el Rey de ofender ni maltratar á nadie. Hallábame yo nada bles, como ahora solemos decir, sin beber las ideas
Lahor ó el Asedio de Zamora, ya de antemano sé que menos que en el palco de la presidencia, destinado generadoras de su obra en altas creencias religiosas.
voy á escuchar algo así como el Binomio de New- en su gobierno por Napoleón á la propia imperial Y para granjeárselas ha vuelto los ojos al dogma del
ton. Una legión de pedantes, que aspiran al fruto persona. Y lo recuerdo, no ufanado por tales obse- alma luz, al dogma de Zoroastro. Cinco mil años andel saber sin la pena del estudio, aplauden tales quios, dirigidos á mi significación, recordando que tes que Cristo apareció este revelador. De raza regia,
oriundo indudablemilagros de contramente del territorio
punto, porque dizque
TEATRO DE LA CIUDAD, DE VIENA
conocido bajo el nomson muy científicos.
bre de Bactriana; la
Mas, en tal ciencia
capital, Bactrias, cuyo
buscáis una melodía
circuito de ruinas ocudel cielo que os conpa hoy el espacio de
mueva, y recogéis una
seis leguas, fué como
lección de piano y vioel centro escogido
lín que os aturden y
para campo de sus emajaquecan. Mientras
presas, teatro de sus
pasa un acto muy bien
hazañas, tornavoz de
puesto en escena; desus predicaciones, fo.
corado y vestido con
mes y semillero de
todos los arreos de la
sus doctrinas. Los deescenografía en uso;
monios 1e acecharon
al resplandor de la
desde los infiernos, y
electricidad; entre gaaun revistieron todas
sas y oropeles, yo talas formas imaginarareo las notas de los
bles al fin de tentarlo
Puritan os en mis
y de perderlo. Pero,
adentros y recuerdo
embebido él en su
mis viejos amores en
idea, como todos los
música: la Penco de
ascetas y solitarios de
rodillas ante Jenaro
Oriente, les opuso la
en el final de Lucrezia
meditación, la peniy la Frezzolini, Desdémona, llorando la
.
d ¡ d' t
d ¡
'6
h'
d I E
. .
tencia, la soledad, el
Lu neta pintada por A. H yna1s, autor e 1p orna e a secc1 n austro- ungara e a xpos1c16n Universal de Paris de 1889
ayuno; y logrÓ, d e rocanción del sauce,
dillas sobre aquellas
acompañada por su
.
arpa celestial, poco antes de que rep_itan las lagunas desde allí se veía, como de ninguna otra parte, la es- montañas, donde resplandecían y fulguraban sublide Venecia los tercetos del Dante, dichos por la voz pléndida sala. Pues bien, aquello no parecía un tea- mes revelaciones, la visita de un espíritu misterioso,
de Tamberlik y acompañados por los crescendos de tro, parecía un dormitorio, pues resonaban más ron- quien le sugirió al oído, amén de nuevos dogmas, la
Rossini. Lo que pasa en mí pasa en muchas gentes. quidos que notas. De igual fuste, poco más ó menos, manera de formularlos y difundirlos. Zoroastro adoLas óperas buenas del repertorio contemporáneo, El Mago. Pero lo notabilísimo en tal ópera es la le- ró el fuego creador, completando así la etérea luz

�LA
de los Vedas, creencias de nuestros padres los arios,
que duran hasta en los blandones encendidos sobre
nuestros altares y en el Verbo de San Juan invocado á diario en los últimos rezos de todas nuestras
Misas. Bien puede asegurarse que los albores de las
primeras ideas relativas al Dios Espíritu, elevado sobre aquel otro Dios Naturaleza propio del panteísmo materialista, están en Zoroastro. Ormuz, el dios
suyo, aparece luz de la luz, espíritu del espíritu. Lumen de lttmt"ne, Deus verus de Deo vero. Podrá tener
este Ormuz por cabello el sol, por ojos las estrellas,
por túnica el cielo, por collar la cadena de todos los
organismos, por sangre la savia universal, que todo
lo vivifiea en su misteriosa circulación: allá, en lo
íntimo de la esencia y ser suyo, aparece como un
verdadero espíritu y anuncia en el tiempo la primera
espiritualidad religiosa en que luego comulgarán por
siglos de siglos tantas generaciones. El poema compuesto por los Vedas y los libros compuestos por
Zoroastro forman las bases del credo verdaderamente ario, como la Biblia de Moisés y el Alcorán de
Mahoma las bases del credo verdaderamente semita. Pero entre semitas y arios está la. raza llamada
turania, de la cual dimanan turcos y húngaros, ~así
todos provenientes de Mongolia. Y esta raza, no pudie¡¡do hacer otra cosa en contra de nuestros padres,
enredó por sus luminosos candelabros telarañas de
magia. Sus sortilegios, y la diosa de estos sortilegios,
una especie de alma del placer universal, han inspirado el poético libreto de Richepin. Como veis, lectores míos, como veis: para oír una ópera del repertorio moderno se necesita un curso.de matemáticas
sublimes y para entender los argumentos otro curso
de filosofía de la Historia. ¿Dónde se halla, pues, el
arte ingenuo, sencillo, encantador, fácil, suave, melodioso, que privaba en mi juventud? Háselo llevado
el cierzo mismo que se llevará de nuestras frentes el
cabello y de nuestros corazones la esperanza.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

salvado más en el dogma nuevo que la comunión.
Desde la transubstanciación, en que nosotros creemos, hasta la simple conmemoración suya, media larga
distancia. El bautismo se impone con el mismo rigor
en la Iglesia griega que en la Iglesia romana. Pero
hay una diferencia: l0s griegos bautizan por inmersión. En sentir suyo, así bautizaba el Bautista, sumergiendo los neófitos desnudos en las aguas del Jordán. Por consecuencia, la heredera del trono griego
no tiene otro remedio que desnudarse como los neófitos del Bautista, en plena iglesia de Atenas, y zambullirse así dentro del agua litúrgica. ¡Cuán egregio
modelo su casta figura podría ofrecer á un artista
deseoso de reproducir Susana en el baño y Eva en el
Paraíso! Pero la costumbre reclama sus derechos. El
pudQlr natural en su sexo, aumentado por una educación austerísima, se ha sublevado en la Princesa y ha
di~ho que prefería cien veces morir vestida en la religión de Lutero á nacer desnuda en la religión de Focio, Con tal motivo, larga disputa entre Corte y Sínodo. En las incidencias de tal disputa, muchos mutuos
rozamientos, generad(i)res de futuros despegos. Mas al
fin se ha roto la soga por la Iglesia, y se ha convenido en que reine por excepción muy singular, en este
caso único, una liturgia católica. La Princesa debe
rechazar otro nuevo solio; ¡no tuviese que bautizarse
por tercera vez, en la cual diera con sinodales más
rigorosos! De todo esto han murmurado las tertulias
europeas en la última quincena; y si lector dijeres ser
comento, como me lo contaron te lo cuento.

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

11
EL SALÓN DE ESCULTURAS

IV
Muy felices deben ser los franceses y muy bien
gobernados estar. Y vengo á decirlo, porque allí nQl
riñen los ministros por las mohinas reinantes en pueblos más pobres, como Italia y España: riñen por el
teatro de la Grande Opera. Los catalanes, que conocen tanto á M. Constans, ya saben como nació en
Tolosa; y además, que han oído á M. Gailhard en
su magnífico teatro, ya saben como es el cantante
paisano del ministro. Pues bien, así como éste ascendió de gobernador á Gobernación, ascendió aquél
de artista contratado á empresario contratante. Por
tolosano le dieron la dirección del Gran Teatro, cargo tan oficial en Francia como aquí la Dirección de
Aduanas. Mas hoy corta y saja en estos asuntos el
ministro de Instrucción y Bellas Artes, M. Bourgeois. Este ya nada tiene que ver con Tolosa; y, por
consecuencia, nada tampoco tiene que ver con el ministro y el cantante tolosanos. Así ha depuesto al último de su dirección, como, si pudiera, depondría
del ministerio al otro, y lo ha reemplazado con personaje tan por todo extremo subalterno como el director de Variedades. Al saber tal cosa Constans,
hase indignado en términos que ha querido presentar
su dimisión, y lmbiérala presentado, vive Dios, de no
mediar M. de Freycinet, cosiendo la herida con el
sedosísimo hilacho rojo de sus hábiles arreglos. Así,
en los paseos asfixiantes á que nos hallamos, por necesidad, sujetos los diputados dentro de nuestro palacio del Congreso, mucho más triste que la cárcel
del Abanico por mucho menos aireado, como yo
celebrara el estado idílico de Francia, donde los
ministros riñen por tan poco, cual un teatro, cierto
compañero de parlamento, muy observador, me respondió lo que sigue: «Aquí riñen por mucho menos
que un teatro, aquí riñen por un Cost'.&gt;&gt; También ha
estado á punto de reñir en Grecia el heredero de la
corona con el Sínodo eclesiástico por un bautizo.
Como se llama en España el inmediato sucesor al
trono príncipe de Asturias, y en Inglaterra príncipe
de Gales, llámase duque de Esparta en Grecia. Pues
bien; este duque se halla casado con una princesa
germánica, y esta princesa germánica, para mejor
adaptarse al pueblo que habrá de regir en una soberanía puramente nominal y honoraria, se ha resuelto
á cambiar de religión y á pasar desde su Iglesia luterana unida, como se llama hoy la Iglesia del reino
prusiano, á la Iglesia ortodoxa griega. Mas para entrar en cualquiera de las Iglesias cristianas, hay precisión de bautizarse. Quedan pocos anabaptistas,
como poquísimos unitarios, que nieguen la virtud
del bautismo y la divinidad de Jesucristo, en las
mismas Iglesias protestantes. Acerca de tal tema, del
bautizo, disputaron mucho Zuinglio y Lutero, aquél
con ideas más apartadas del catolicismo, éste con
ideas al catolicismo próximas. Tal sacramento se ha

Distinta en esto de la Exposición Universal, la presente ha concedido á la escultura, no sólo más espacioso y conveniente sitio, sino el mejor de todo el
palacio. Estatuas monumentales, modelos de las del
paseo de San Juan, adornan el vestíbulo y le prestan
grandiosidad. Ocupan las restantes el salón central,
que, por sus dimensiones y sus vastas galerías, es el
que ofrece también más grandioso aspecto, el propio
de un gran concurso y el más pintoresco y animado,
convertido en salón de conciertos y en lugar de reunión. Tiene, no obstante, como todos los locales de
mucho ámbito, el inconveniente de empequeñecer
las obras y dejar reducidas la may~rfa de las estatuas
en hilera á la dimensión de juguetes ó pisa-papeles,
si se abarca el conjunto desde las altas galerías. Exceptuand(i) el modelo de la Virgen, de Sala, que, á
pesar de su colosal tamaño, resulta, como al aire
libre, proporcionada y regular, las demás estatuas
aparecen á primera vista diminutas y pobremente
adornadas en medio de sus canastillas de flores y en
sus pedestales rodeados de raquíticas plantas. De
modo que la primera impresión es la de que la estatuaria que alli se exhibe no pertenece por cierto á la
monumental y decorativa, sino á la más modesta por
su tamaño, aunque tenga á veces mayor valor artístico que ésta y sea más adecuada al gusto moderno.
Pero si después de esta impresión primera se recorre la sala con más detención, se advierte que no
faltan en ella obras de todos géneros. No son muchas
las monumentales, pero las hay; no sorprende la mayoría por su novedad ni por su mérito extraordinario,
pero algunas son verdaderamente notables, y aisladas
y de modo que pudieran recabar para sí toda su atención, alcanzarían mayor aplauso. Aunque abundan
los bustos insignificantes y se encuentran ocupando
el lugar de objetos artísticos las estatuíllas de industria, lo bonito y lo amanerado, se halla también entre
ello la nota sincera y sentida, que acusa la preocupación de una expresión enérgica y fuerte, y de un sentimiento que mueva directamente al espectador. La
escultura moderna, de la cual se ha dicho que no
puede limitarse ya á la corrección formal ni á la elegancia decorativa, se esfuerza en buscar nuevo y más
vasto campo de observación en las manifestaciones
de lo íntimo, de lo patético ó de lo característico; y
de estas manifestaciones, particularmente de las más
nuevas, hay ejemplares en la actual exposición. Bien
es verdad que, en muchas ocasiones, es de lamentar
que junto á tales obras figuren todavía algunas eon
incorrecciones y deficiencias tan elementales, de tan
rudimentaria ejecuci6n, que son para señaladas por
un profesor técnico y no en una revista. La ejecuci6n
correcta, segura de sí misma, perfectamente encajada
dentro de los rudimentarios principios del arte, es
imprescindible; es condición ya supuesta en el artista, su gramática común. Cuando el artista la posee

en alto grado, claro que es de admirar como una de
sus primeras cualidades; ¡tan difícil parece conseguirla rayana de la perfección! Cuando su deficiencia
en este punto es parcial, transitoria, y á veces relegada á segundo término por mayores aciertos, claro
también que es posible la crítica. Pero cuando no se
posee ni poco ni mucho; cuando se halla sólo en embrión y se lucha todavía con ella, en realidad huelga
toda advertencia: en realidad el autor no se halla en
el caso de exponer. En todas las exposiciones celebradas aquí hubo siempre obras de esta última é ínfima "categoría, y en la general las hay como en todas. Me parece que sería hora de rehusarlas y ser
mucho más parco en las admisiones, hasta alcanzar
una depuración que fuese por sí sola distinción anticipada y justa para los verdaderos artistas. Levantando el nivel éstos saldrían ganando, y con ellos, el
público...
He dicho que ocupaban el vestíbulo los modelos
de las estatuas del paseo de San Juan. Con las de
Berenguer 111, de Llimona, la Virgen, de Sala, y la
de J ovellanos, de Fuxá, son las que atestiguan el renacimiento de la escultura monumental entre nosotros. No fué únicamente el cementerio el que se convirti6, por singular contraste, como se ha dicho y
repetido, en cuna y plantel de la escultura catalana.
La construcci6n de algunos nuevos monumentos
(como la Universidad y el de Colón), el ornato de
algunos paseos, la glorificación de personajes históricos sobre sus pedestales, y aun de algunos particulares... (que no pasarán seguramente á la historia), han
producido últimamente algunas obras del género que
podríamos llamar «heroico 6 de apoteosis.» En todas
ellas, nuestros artistas han tenido que luchar con graves inconvenientes: en las de personajes contemporáneos, con el traje moderno, que no resulta escultórico por más que se haga; en las de personajes históricos, con la falta, á veces absoluta, de noticias, no
para alcanzar el parecido en el retrato, que esto sería
quizás lo de menos, sino para imprimirá la fisonomía
su propio y verdadero carácter. Faltando el retrato
auténtico, lograr este carácter no es posible en absoluto; no cabe estudiarle en los rasgos fisonómicos,
única manera de verlo claro para un escultor; no cabe exteriorizarlo y ponerlo de relieve acentuándolos,
sujetándolos á una línea enérgica y dominante, aunque por aquí se perdiera la semejanza. Los artistas
han debido ayudarse de noticias literarias las más
veces, crearse un tipo de convención y substituir con
él el preciso, expresivo y viviente de la individualidad enérgica del héroe, tanto más enérgica, tanto
más viviente en sus trazos, cuanto que fué superior y
de excepcionales condiciones. De aquí que apenas
veamos en la mayoría de aquellas obras, dejando
aparte otros defectos más salientes de algunas, sino
una serie de figuras agigantadas sin valor y sin expresión, á las cuales se ha aplicado un nombre histórico. Hay, sin embargo, á mi ver, un medio de remediar este inconveniente, y es el de prestar mucha mayor atención de la que se presta á esas mismas noticias de la historia y la literatura, no limitándose á
las que concretamente se refieren al personaje, sino
á todo su tiempo, á todas las condiciones de su vida
y á la misma índole de su celebridad. Claro está que
todos estos estudios y datos no engendran inmediatamente la concepción plástica del escultor; pero la
preparan, la fecundan, disponen á concebirla, por lo
menos, animándola con un sentimiento determinado.
Sobre todo, si á tales estudios acompañan el de la
forma plástica más común en la época del personaje,
el de la indumentaria, el de los diseños, el de la estatuaria y arquitectura, todos los cuales no son sino
distintas formas manifestativas y lógicas del mismo
carácter coetáneo, es posible llegar en una figura á
una concreción final, emblemática é individual á un
tiempo; viva, como debe de ser toda obra artística, y
expresiva del carácter del personaje, sin nimios atributos que casi siempre se despegan. El Berenguer,
de Llimona, me sugiere particularmente esta observación. Para mí es una bellísima estatua ecuestre,
modelada con extraordinario vigor, simple y bien
compuesta: viviente el caballo, enérgico, de silueta
animada y correcta; noble y de bella actitud el jinete. Pero cuando al contemplarle se recuerda que
aquel Berenguer es el primer fundador de la nacionalidad, ó el que esbozó sus primeros contornos; el
primero que unió Provenza al condado; el contemporáneo de los trovadores y de las cortes de amor del
siglo xn; el caballeresco paladín que libertó en campo cerrado á la emperatriz de Alemania, según la
leyenda; el que inició con sus viajes á Pisa y Génova las relaciones marítimas de Cataluña con aquellas
repúblicas; cuando tantos recuerdos nos asaltan, ocurre preguntarnos si el estudio y la lectura de tales
hechos, acompañados de sus elementos pintorescos
y escultóricos, no serían parte á inflamar la imagina-

�2 94

LA

ción del artista hasta concebir una figura más gran- nidad su recuerdo en ocasión en que es más de la- ¡Ah, infame, tunanta, mala bija!... Se escapa
diosa, más noble y enérgica en su actitud, de lo mentar su irreparable ausencia. De Novas se ha traíque es hoy, animada de mayor sentimiento, y ador- do al Salón, con el busto de Cervantes y algunas con Pipolín... Pero yo lo evitaré. At1n es tiempo.
Y dejando con un palmo de narices á sus damas
nada de ricos ó pintorescos accesorios. Et escultor figuras de escaso mérito, el celebrado Torero 111oride
honor, que la creían loca, salió por una puerta de
atiende exclusivamente á las formas, á las lfneas, al b1mdo. De Gamot se sostiene sin haber desmerecido
modelado; la intención ó el sentimiento literario son en lo más mínimo, pudiendo colocarse por el con- escape, y corrió desalada hasta la orilla del mar. Sootra cosa; no caben tantos recuerdos é intenciones trario al lado de las mejores por su elegante silueta, naba en aquel momento la media noche, y no se dien una figura: todo esto es muy cierto; pero esto no el Arabe en oraci6n. Muy cerca de él, El primer paso visaba la embarcación más pequeña en toda la exquiere decir que no puedan inspirar aquellas mismas consagra plenamente con su primorosa ejecución la tensión de la playa. Furiosa la emperatriz, arrancó
formas, aquellas mismas líneas, apartándolas de la justa celebridad de Oms, de los pocos á quienes cabe una boja de una palmera que crecía allí cerca, sopló
tres veces sobre ella, y la arrojó al mar. En el acto,
trivialidad y vivificándolas con la pasión, el entu- llamar artista, sin distingos ni restricciones.
la hoja de palmera se convirtió en una esbelta canoa.
siasmo ó la exaltación poética que suscitan. La falta
Finalmente, de las esculturas extranjeras poco
de esta sugestión proviniendo de un estudio profun- hay que decir. Sólo dos naciones se hallan represen- Saltó dentro la sultana, é inmediatamente la canoa,
do, de abundante lectura, de consultas repetidas, de tadas en esta sección: Italia y Francia; Italia con sin velas ni remos ni remeros, cortó las- olas con la
cuanto pudieran procurarse los artistas respecto de' bastantes obras: algunas copias antiguas, algunas rapidez de una flecha.
Rosalinda huía con su amante, cuando de pronto
la época del personaje, es la que suele echarse de figuras, algunos bustos; pero no sólo no hay entre ellas
exclamó
mirando hacia atrás:
menos en esos retratos históricos. Hay algo más en nada de excepcional y aun de regular mérito, sino
- ¡Somos perseguidos! ¡Mi mamá! ¡Ahí viene mala historia que las fechas de nacimiento y muerte que la mayoría de ellas, perteneciendo á ese género
de un personaje, algo más que algunos pormenores intermedio entre el arte y la industria, ó mejor, más má!... ¡Virad, virad aprisa! Ella corre con más rapide indumentaria con que evitar anacronismos, que á industriales que artísticas, obligan á repetir lo que dez que nosotros... Va acortando la distancia... Se
aproxima ...
lo mejor no se evitan tampoco.
pasa ya por estereotipado en las revistas cuando se
- ¿Pero dónde está?, decía Pipolín, con los ojos
Fuera de las estatuas citadas hasta aquí, ocupan trata del arte escultórico italiano en el extranjero: es
abiertos
hasta salírsele casi de las órbitas. ¿Te has
ambos lados del salón, en triple hilera, obras de tan arte de exportación, amanerado y bonito unas veces,
variados géneros y tamaño y nacionalidades, que nos como en los grupos en bronce, sentimentales y para vuelto loca, mi adorada Rosalinda?
- No, no; ella es invisible á tus ojos, pero no á
sería difícil agruparlas y clasificarlas. Desde la escul- chimeneas, y guasas ó charges de taller, en el género
los
míos, porque sé de magia tanto como ella . .
tura religiosa á los bustos, bajo relieves y simples es- picaresco. Una sola excepción hay que hacer, y ésta
¡Pronto, pronto, ó estamos perdidos! Príncipe mío,
tudios, hay de todo en la actual Exposición.
notable: una figurilla de pilluelo, su autor Tabera,
Nótase, sin embargo, á simple vista que es escaso que lleva por título: C' es/ 111i, un juguete en tamaño, saca el alfanje encantado, tira un tajo hacia aquí...
el número de obras religiosas que merezcan mención. que vale por su calidad artística más que muchos ¡hacia aquí!
El príncipe, más por complacer á su amada que
Algunas son ya conocidas y elogiadas con justicia, colosos. La escultura de Francia está representada
como el Cristo yacen/e de Vallmitjana. Fuera de ésta, por Dionisio Puech con una obra notable: un bajo por otra cosa, largó al buen tuntt1n un chafarotazo
apenas podemos citar otras que la .Afadona de Ripoll, relieve religioso, La Virgen y San Antonio de Padua, con todas sus ganas en el sentido indicado por Rode estilo bizantino, de Pagés, y la Virgen con Jest1s de una corrección de dibujo y de un sentimiento salinda En el mismo instante resonó allí próximo un
en brazos, de Serra, de un sentimiento penetrante, verdaderamente exquisitos. El mismo autor exhibe grito de dolor. Los remeros, que nada veían, estaban
delicado y vivo, aunque la figura del Niño parece además una cabecita admirable Poco es en número, pálidos de terror.
- ¿Qué he hecho?, exclamó Pipolin. A juzgar por
algo descuidada y no se halla á la altura del resto. pero excelente en calidad.
la resistencia que ha encontrado mi alfanje, debo haEn cambio, son más comunes las obras en que este
berla partido por la mitad del cuerpo.
J. YxART
mismo sentimiento toma una forma familiar ó dra- No, replicó más tranquila Rosalinda, le has cormática, harto dramática á veces. La .Afedta de Atché
tado t1nicamente las dos manos, que alargaba ya pase halla en este caso: concebida con valentía y ejera asir nuestra barca. Pero ha sido suficiente, añadió
cutada vigorosamente, grita y declama, se descompoRO SALINDA
exhalando un profundo suspiro, como desahogo á la
ne. De un sentimiento plácido, ó sereno en su exCUESTO FANTÁSTICO DEL SIGLO XVII
ternura filial que la embarg1ba.
presión, compatible con una ejecución segura, hay
( Co11tinuación)
- Siento mucho, dijo Pipolín, haberle cortado las
los Desamparados, de Montserrat: tierna niña de pomanos á tu mamá.
cos años abrazada á un rapazuelo llorando, que tieCorrió en el acto á buscar á Pipolín, y colocando
- ¡Bah!, contestó Rosalinda, ya le volverán á
ne muy delicados fragmentos; la Formiga, de Cam- entre las manos de éste un alfanje con vistosa emcrecer.
peny: una labradora en actitud de recoger unas espi- puñadura de oro, le dijo:
- ¿Las manos de las hechiceras son, pues, como
gas, inspiración ó imitación en la escultura del géne- Adorado Pipolín, si en algo tienes la vida, obero rt1stico de Millet, y un estudio de Blay titulado déceme ciegamente. He ganado á un esclavo, que las bocas ó patas de los cangrejos?, preguntó él.
- Exactamente, contestó ella.
El hijo pródito, uno de los mejores de la Exposición dejará abierta esta noche la puerta del jardín que da
- En ese caso, doblemos la hoja y no pensemos
por su factura jugosa, espontánea y al propio tiempo á la playa. Cuando tus guardias se hayan retirado,
correcta, y por el abandono y tristeza que el autor ha como de costumbre, deslízate sigilosamente y corre más en ello, repuso Pipolín.
La sultana, al entrar de nuevo en su palacio, cosabido comunicar á la figura.
á la orilla del mar. Allí encontrarás una barca tripuSe hallan al lado de éstas, otras obras en que á la lada por seis marineros: enséñales el alfanje encan- rrió al encuentro de su esposo, y le dijo, mostrándoexpresión y la vida, sinceras y gratas, se une cierta tado; en el acto serás admitido á bordo y te obedece- le sus dos brazos mutilados:
- ¡Cría cuervos y te sacarán los ojos! (debió deintención picaresca, ó que sorprenden simplemente rán como si fueses el emperador en persona. Yo no
una actitud, un gesto, un movimiento de ánimo, ale- tardaré. Ahora me precisa entrar en palacio para cir, te cortarán las manos). Tu hija ha huído con ese
maldito príncipe Pipolín, á quien el infierno confungre ó risible. Pertenecen á este nt1mero, entre algu- asegurar el éxito de nuestra fuga.
da. Ya no te darás el baño de sangre. Tu salud está
nas de menos valor, el grupo de los Monaguillos de
Pipol(n se quedó como quien ve visiones, con
Arnau, tan expresivo y vivaz, y modelado con mucha aquel chafarote entre las manos, mientras Rosalinda perdida para siempre. Y todo por una hija ingrata y
soltura; un Niilo, de Tasso, llorando y con una jaula se internó presurosa en el palacio. Una vez'en la ha- desnaturalizada. ¡Muchas veces he llegado á dudar
en la mano, intencionado y gracioso; el Bonjour, de bitación contigua á la que ocupaba la autora de sus que Rosalinda sea hija tuya! Yo voy á morirme del
Carbonen, estudio de desnudo animado de una deli- días (entretenida á la sazón en hacer solitarios), es- sofocón.
Y como estaba acostumbrada á salirse siempre con
cadeza serena y sonriente que atrae; y una figurilla cribió un conjuro misterioso en un pedacito de papel,
retrato de Fontova en uno de sus papeles de sainete, y pasando á la habitación inmediata, deslizó hábil- la suya, lo hizo como lo dijo, se murió.
En cuanto al Gran Turco, acostumbrado á no tepor Chiloni, perfectamente caracterizada. Estos sim- mente el conjuro en un bolsillo de su madre. Inmeples juguetes, propios para adornos de habitaciones, diatamente, la buena señora se quedó dormida lo ner otra voluntad que la de su esposa, inclinó la cason los que comparten la atención con los bustos, mismo que un marmolillo. Rosalinda, con esa timi- beza &lt;como una res destinada por su dueño al matadonde la expresión y el carácter recorren toda la dez propia de la inocencia, cogió sin pérdida de tiem- dero,» y se murió también.
Pero la sultana, antes de morir, tuvo tiempo de
escala, de los cuales hay que citar, entre los me- po cinco ó seis puñados de diamantes y piedras prejores, uno de Llimona: cabeza preciosa de mujer, de ciosas (algunos dicen que siete) y corrió á la barca, cumplir con el t1ltimo deber maternal: maldijo á su
una simplicidad encantadora; dos de Reynés, ya co- donde ya le aguardaba Pipolín. No bien Rosalinda hija.
- Ojalá, dijo, que al primer beso que reciba tu
nocidos, palpitantes, vivos, modelados con la elegan- hubo puesto el pie á bordo, la barca voló sobre el
amante de otra mujer, te borres de su corazón y de
cia y por decirlo así voluptuosidad y fruición con mar con la rapidez de una gaviota.
su memoria.
que trata este artista las formas femeninas; otro de
Mientras tanto, el Gran Turco se dirigía á las haBlay, testa de viejo rugosa y expresiva, modelado bitaciones de su augusta esposa para comunicarle la
III
con pastosidad y garbo; otra de Clarassó, de una ex- fausta nueva de que al día siguiente por la mañana
presión seductora de candorosa inocencia, sobre la iba á darse por fin su ansiado baño de sangre. Llamó
Llegado que hubieron los dos amantes al puerto
cual resbala suavemente la luz como una caricia, y á su esposa repetidas veces; mas como no consiguieuna testa de guerrero de Atché.
de Clarafuente, capital del reino de Meloria, Pipolín
ra despertarla ni gritándole al oído, ni tirándole de
Entre las pocas obras en relieve que figuran en la las orejas, creyó que era víctima de un accidente, y dijo á Rosalinda:
- Adorada mía, aguárdame unos momentos en esExposición, es notable el de la Traslaci/m de los res- comenzó á dar grandes voces de alarma.
ta
barca;
el tiempo indispensable para ir á buscar
tos de Santa Eulalia (1339), por Arnau, composición
- ¡Pronto! ¡Aquí todo el mundo! ¡Volando!
séquito digno de tu posición y de la mía, á fin de conmuy bien entendida, parbicularmente en sus t1ltiAcudieron las damas de honor, acudió la servi·
·
mos fragmentos, y con algunas figuras de excelente dumbre, acudieron los médicos, todo el mundo acu- ducirte á mi palacio.
dibujo y realmente bellas, como la de uno de los
¿Cómo describir los transportes de jt1bilo ·con que
dió. Y en medio de aquel estrépito infernal, la emfué acogido el príncipe? Lo habían llorado por muerconcelleres y las de los obispos, aunque en éstas el peratriz no daba acuerdo de su persona.
autor hubiera podido atender más á introducir ma- Es un ataque, dijeron los médicos. Hay quepo- to, y su vuelta á Meloria era una verdadera resurrecyor variedad en las fisonomías. En bajo relieve hay ner á Su Majestad en el lecho y sangrarla de los ción. Reconocido en la calle por el pueblo, fué llevatambién un medallón-retrato, de Tasso, fundido en cuatro remos.
do en triunfo basta palacio. Los reyes, padres de
bronce y ejecutado con la gracia, el desenfado y la
Retiráronse todos, excepción hecha de las damas Pipolín, tuvieron noticia de lo ocurrido por los atrodelicadeza suave y ligera de un pastel, que parece de honor, que se quedaron desnudando á la empera- nadores gritos de la multitud. ¡Qué vivas! ¡Qué entusiasmo!
ha de desvanecerse en un soplo.
triz. No bien le hubieron retirado las faldas, y por
En el momento mismo de pisar el príncipe las esComo en la sección de pinturas, figuran también consiguiente el bolsillo en que estaba el conjuro, la
en ésta algunas obras de escultores difuntos, agrupa- emperatriz abrió los ojos lo mismo que tazas, y co- caleras del regio alcázar, su madre, vestida aún de
luto y loca de alegría, se precipitó sobre él, lo estredas convenientemente y renovando as{ con oportu- menzó á gritar desa1oradamente:
chó entre sus brazos y lo colmó de besos. Inmediata-

2

LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

95

- Bien se conoce, exclamó Rosalinda,
que el pretendiente no es un joven.
En punto de la media noche,. según !º
convenido, el viejo adorador se introd~JO
furtivamente por la puerta fa!sa del Jar·
din, y se deslizó sin hacer ruido basta. la
habitación en que lo aguardaba Rosah~da. Hallábase ésta reclinada sobre_un d1·
ván en actitud por todo extremo interesante. Se adelantaba el vejete contemplándola con la baba caída, cuando ella
le dijo:
_ Comenzad al menos por cerrar esa
puerta.
.
La orden había sido cumpl_1da, pero
ella lo contuvo nuevamente diciendo:
_ La puerta no está cerrada, vedlo.
_ Perdón, señorita; es efecto de la ansiedad misma que experimento por complaceros.
d
Volvió á cerrar nuevamente, y cuan
se hallaba á un paso del diván, Rosalinda
le gritó con tono áspero:
.
-¡Pero esto es insoportable! S1 no
queréis cerrar la puerta, decidlo al menos.
El pobre hombre volvió atrás por tercera vez. La puerta se cerraba; pe~o en
cuanto él se volvía de cara á Rosal~nda,
¡tras!, saltaba el pestillo, la puerta giraba
sobre sus goznes produciendo un largo
chirrido que parecía burlarse de él, Y le
pegaba un fuerte porr~zo en las esp~ldas.
Volvía él á su faena, Jurando y perJurando que había de salirse con. la suya,
mientras Rosalinda decía lángmdamente:
_ Esto me crispa los nervios. ¿De qué
habéis de ser capaz si no servís para ce·
rrar una puerta?
.
Al amanecer, duraba at1n aquel eJer·
cicio. Rosalinda dijo entonces al consejero:
. d
- Nuestra entrevista ha termina o.
Retiraos pronto, á fin de no comprometerme.
No deseaba cosa mejor el buen hombre segt1n estaba de molido. Salió de a!H
baiiado en sudor, echando pestes contra
el carpintero que había hecho aquella maldita puerta.
dor! Véase la clase.
¡ rn uA PE:SAS!, cuadro de Joaquln Agrassol
¡Y la virtud de Rosalinda, firme como
A fin de obtener dinero, Rosalinda finuna muralla!
gió acceder á los ruegos de un viejo rita• ·1 d d
cibía Rosal inda los mil ducados en una bolsa de
Pocos días después tocó el turno á un a~udala~o
chón consejero del rey, que le_ oírec .ª mi
h°:, seda carmesí, juntamente con un rico vestido de israelita, cuyas insinuaciones aceptó Rosalmda_ ba~o
por el solo favor de ~na en~r~v1sta pr!vada. U b'llete
brocado de oro con elegantes mangas de punta de la forma y las especies de dos mil d~cados. El Judío
ra después de recibir el v1eJO conseJero un 1
•
cerró en seguida la puerta; y ya se disponía á sentarmuy lacónico dándole cita para aquella noche, re· Venecia.

mente se cumplió la maldición de la sultana. Rosalinda se borró del corazón y
de la memoria de Pipolín, como si jamás
Ja hubiese visto. Y con ella se borró también el recuerdo de todo lo ocurrido desde su apresamiento por los turcos. No
hubo forma humana de arrancarle explicación ninguna.
Durante tres días hubo fiestas públicas en todo el reino. Rosalinda, llena de
amarga tristeza, oyó aquella noche desde
la barca tos acordes de las músicas y vió
tas chispas de los fuegos artifi_ciales. Convencida al fin de que había sido abandonada saltó en tierra al día siguiente. Entone~ recordó que sus piedras preciosas
estaban en los bolsillos de Pipolín, á
quien ella las había confiado. Se hallaba
en un país desconocido y falta de recursos. Pero Rosalinda era mujer de ánimo,
y no se achicó. Tomó en alquiler una soberbia casa frente por frente al palacio
real, la mandó amueblar con extraordin~rio boato se rodeó de numerosa servtdumbre .j hasta compró un carruaje con
su magnífico tronco de caballos. El rico
traje de Rosalinda y aquel diamante colosal que llevaba en uno de sus dedos _le
facilitaron crédito para todo. En Melona,
como en otras muchas partes, la gente se
paga del exterior.
No tardaron los cortesanos y la gente
acomodada de Meloria en atisbar á la
hermosa extranjera y en disputarse sus
favores. Rosalinda, por su parte, lejos de
ocultarse á las miradas, hacía pt1blica ostentación de su lujo y de su hermosura.
Se proponía de este modo llamar la atención de Pipolín y atraerlo nuevamente
por los celos. El plan podía no ser malo;
pero el crédito se agota, y Rosalinda no
tenía dinero para hacer frente al tren de
vida que llevaba. Y aquí entra la parte
más curiosa de este cuento, donde no se
sabe qué admirar más, si el gran talento
de Rosalinda ó las raras virtudes de que
se hallaba adornada aquella princesa turca; sobre todo, ¡qué honestidad!, ¡qué pu-

°

~C: I

. t a al pastel de Cecilio Plá. (Exposición de pasteles celebrada en el Círculo de Dellas Artes de Madrid,
ur

S&amp;GADORA ASTURIA:SA, pin

189&lt;&gt;.l

�SALON DE PARIS DE 1891

eU2

el
~

~

~

...

11&gt;

t"'

t,
el
11&gt;

~

11

o

~

.;.:&gt;
()

¡::
¡:o

~
o
j:l.

a,

c.,.

¡::
¡:o
i:s

t"'

o
oOl
()

p'

a,

i:s

·ji

LAS DOS HERMANAS, cuadro de Luis Jiménez, grabado por Baude

�LA
se con toda confianza al lado de Rosalinda cuando
ésta, cubri~ndose el rostro con una mano, 1~ dijo:
- Esa lampara que está sobre el velador me lastima horriblemente la vista. ¿Seríais tan amable que la
apagaseis?
Apresuróse galantemente el he0reo á obedecer la
orden de la hermosa; pero la llama y la mecha de
a~uella lámpara se habían encariñado tanto, por lo
~1sto, )a una con la otra, que parecía de todo punto
1mpos1b)e ~epararlas. Soplando con toda su fuerza,
no consiguió otra cosa el judío sino producir una
l~n~a de fuego que llegaba hasta el centro de la hab1tac1ón. El hom_bre era testarudo, y se sintió picado
en su amor propio.
· ¡Pues qué!, dijo, ¿no he de conseguir yo apagar
esta lámpara? ¡Ahora lo veremos!
Hizo una tremenda aspiración, infló sus carrillos
hasta el punto de que pa~ecían ir á estallar, y levantándose sobre las punt~s de los pies, dió sobre la
mecha un soplo formidable. La llama descendió,
tomando la ~orma_ de un paraguas de fuego, pero no
se apag~. El 1sraehta recurrió entonces á otro medio:
se ~rrod1lló en el suelo y comenzó á soplar de abajo
arnba. Un dardo luminoso subió fomediatamente
hasta el techo.
.- ¡Cuidado!, ¡cuidado!, gritó la bella Rosalinda,
vais á quemar las colgaduras de mi lecho. ¿Sois tan
tor~e que ~o podéis apagar una lámpara sin producir
un mcend10?
El hebreo, ~esesperado ya, intentó apagar la lámpara de ~n funoso puñetazo, sin conseguir otra cosa
que lastimarse no poco la mano y abrasarse dos ó
:res dedos. Lleno ~e ra_bia y de despecho, comenzó
a soplar en todas d1recc10nes: daba cada resoplido
como _los fuelles de una fragua; pero la luz cada vez
más viva.
Al ~ntrar en la estancia el primer rayo de sol sorprendió al hebreo con los ojos desencajados, rojo
como u~ salmonete, sopla que te sopla, y sin haber
conseguido aún apagar aquella endiablada lámpara.
- Basta de soplidos, dijo por fin el israelita. Creo
q~e he soplado más de lo que corresponde á mi dignidad y á mis creencias.
Y salió_ de allí para ir á la sinagoga.
¡Y la v1rtud de Rosalinda, firme que firme!
Presentóse e? tercer lugar como pretendiente un
resp~table médico de cámara. Rosalinda puso como
prec10 de_ est~ entrevista tres mil ducados, que aquél
entregó sm titubear. Entró como los anteriores por
la pu~rta falsa del jardín al sonar la media noche.
Rosahnda lo aguardaba vestida de blanco y prendido
el cabello con frescas rosas de Alejandría. El viejo
Galeno, al inclinarse para saludar, poseído de verdad~ro éxtasis ante tan sorprendente hermosura, oyó
gntar á la bella:
. - ¡No os aproximéis tanto, doctor! me habéis deJado caer en este ojo un cabello de vuestra peluca.
- ~erdon~dme... Eso no vale la pena ... Voy á quitarlo mmed1atamente... Permitidme... ¿Dónde está?
Ah, sí, sí, ya Jo veo.
. Y asi~ndo el cabello con la punta de los dedos,
tiró hacia afuera. El cabello salía y salía siempre y
no acababa de salir.
-_¿Pero qué cabello es éste? decía el doctor. No
he visto nunca nada semejante.
Cuando hubo retrocedido hasta la pared de enfrente, comenzó á liar el cabello á sus dedos con lo
cual consiguió volver á aproxi:narse á Rosali~da que
clamaba con acento dolorid_o:
'
- Acabad pronto, doctor· me estáis haciendo sufrir cruelmente.
'
- Señorita ... voy todo lo de prisa que puedo· pero
la verdad es que no hay ejemplo de un cabeIÍo de
esta longitud.
•
Y, ya aproximándose, ya retrocediendo, cuando hubo cargado sus manos y sus brazos hasta los hombros
se vió precisado á girar sobre sí mismo, haciendo d~
su cuertio un devanadera de aquel interminable cabe)lo. El doctor estaba literalmente convertido en un
0~1110, cuando los primeros reflejos de la aurora ilummaron la habitación. Entonces recordó que á las
ocho ~e la m~ñana habí~ de estar en palacio para recetar ~ un lonto de la rema que el día anterior había
pa~ec1do una indigestión de garbanzos. Y como el
quitarse la carga que tenía encima no era cuestión
de un momento, salió apresuradamente con dirección
á su casa. Por fortuna, el carruaje le aguardaba á la
puerta, y pudo atravesar la población sin ser visto de
los barrenderos, que hacían en aquella hora la limpieza pública. En un extenso tratado de patología
ext_erna que c?nsulta aún el proto-medicato de Melona, se consigna por el sabio doctor la posibilidad
de_que el ojo humano produzca un cabello capaz de
u_mr los ~ás apartados 'continentes; teoría que ha
sido considerada por muchos como la idea madre
para la invención del telégrafo eléctrico.

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

LA

l LUSTRACIÓN

2

ARTÍSTICA

99

¡Y á todo esto la virtud de Rosalinda más firme Cid Y por AEcante, su ciudad natal. Su nombre evoca el reun roble! ¿Que podía dar que decir con aquellas cuerdo de a)guno de sus lienzos notables, que como el titulado
Las dos_ amzgas, figura entre los que encierra el museo del Prav1s1tas ~ hor~s tan desusadas? ¿Y qué? ¿No tenía ella do.
Al igual de otros pintores que tanto han enaltecido el arte
la conc1enc1a tranquila? ¿no estaba limpia de toda español, gauó fama y crédito durante el periodo de su pensiom~n_cha? ¡Pues entonces!... ¿Consentía ella la más n_ado en Roma, y sus cuadros proporcionáronle la consideram1mma ~1~ertad á sus adoradores? ¿Se llevaba otro c!Ón que merecía por su relevante mérito. A su regreso de la
ciuda~ eterna dedicóse á la pintura mural, trocando por último
fin al rec1b1rlos que el de sacarles los cuartos con sus
bnllant.:s en~ayos en este gén7ro por sus preciosos cuadros
mucho salero? ¿Habrá_ qu_ien se atreva á sostener que de _costumbr~~• ¡ustamente apreciados
por su buen colorido,
aqu~llo era un despoJo mmoral? ¿Quiénes eran las estilo Y prcc1S1Ón, ~rasu?to fiel de ese co_njunto de luz y de tovíctimas ~e aquellos depojos? ¡Tunantes!!! ¿No ha- nos, de asuntos y situaciones que caracterizan los lienzos genuiespañoles.
bían quendo ellos nada menos que ... ? ¡Pues hom- namente
Ant~s de la corrida, Recuerdos de Mtircia y La feria son tres
bre!. .. En fin, más vale callar. Si se fuera á hacer ca- notas m)portantes entre las que pudiéramos llamar armónicas
so en este mundo de l~s malas lenguas ... Lo cierto produ~c1ones de este distinguido pintor, que, cpal si su paleta
Y la verdad es que la virtud de Rosalinda era cada fuera magotabl~ fuente de vida, reproduce con primor y lozanía _la fresca y ¡u~o.sa vegetación de los verjeles que baña el
vez más firme y más acrisolada.
q~~

( Continuaril)

JosÉ TORRES R EINA

NUESTROS GRABADOS
_El toca~o d~ la favorita, cuadro de José TaPl!Ó- -Anugo íntimo, compañero inseparable de Fortuny &lt;le
q~ien, ade°:1ás, era paisano, Tapiró deja ver claramente en'sus
~iaras los_ mis~io~ gustos y la resultante de las mismas influend s que imprimieron un sello característico en las producciones
e1 autor de La Vicaria. Como los de éste, distlnguense los
fu~dro~de aquél por_ la exquisita gracia de la composición por
~ m_ta a ble corrección del dibujo, por la delicadeza y n;inu•
ciosidad ?e la factura y sobre todo por la verdad y brillantez
d e1co1ondo.
En los cuadros de Tapiró hay verdadero derroche de luz al
qu~ se pre~tan admirablemente los temas que con predilección,
casi exclusivamente, escoge para sus trabajos. La encantadora
poesía que el mo~o de ser de las sociedades orientales presta á
~us {?stumbres, (tene_ en nuestro compatriota intérprete habilios simo cuanto 1ntehgente, y las hermosas notas de color que
la aturaleza d_erra';'la sobre los paisajes y las ciudades de Orioo te
~ os artífices 1mpnmen en las telas, muebles, joyas y adornos
e ~quellas regiones, nada pierden de su riqueza ni de su inte7s1dad cuando las traslada al lienzo este artista para quien la
pa et~ es mágico laboratorio donde evocados p~r su genio se
co~~man los tonos más enérgicos y los matices menos definidos
Jocado de la favorita permite formarse concepto dela ma:
nera e componer y dibujar de Tapiró, y aunque por el graba•
d~en~ pueda ap~eciarse la maestría con que trata el color, los
q , emos admirado algunos de sus cuadros comprendemos
cfrntasábellezas habrá sembrado en éste, que tan ancho campo
0 ece. la fantas!a de un colorista.
. Ta piró resfde desde_ hace algunos años en Tánger; en aquella
pintoresca ciudad recibe directamente las brillantes impresionei5 ~~ ~uz que tanto nos cautivan en sus pinturas, y admira y
es u 1_a e c~rca aquella naturaleza, usos y tipos, que en toda su
magnificencia y con sorprendente fidelidad reproduce en sus
encantadoras composiciones.

f

Estudios para el diploma de la sección austro-J&gt;-úngara de la Exposición Universal de Pa~'i' e _1889.-Luneta del teatro de la Ciudad de
iena, obr~. de Alberto Hynais.-Cuantos visitan
la ;atual Expcs1c1ón general de Bellas Artes, detiéoensc admira is! al lleg~r á la sección extranjera, ante unos preciosos
tra a¡~s del pmtor_austriaco Alberto Hynais.
. Nac!ó_ éste en Viena, en 1854, y en sus mocedades ninguna
d_1s.fsic1ó~ ~emostró á las bellas artes; la visita de una Expo·
sici n dec1d1ó de su porvenir, y á pesar de la oposición de su
P:dre entró e_n la Academia de Viena, ganando á la edad de 17
anos el premio de composición. A poco entró en el taller de
Feu~rbacb, que fué decidido protector suyo. DesP,ués ganó una
~en_sión en Ro_ma, y alli, encantado ante las prec'iosidades ar•
t stJcas de la ciudad eterna, se despojó del último resto de su
e_nvoltura aca~émica, haciéndose verdadero a.rtista. Al poco
tiempo, Y en vista de lo poco que oficialmente había hecho fué
n~e~amente llamado á Viena, y después de un periodo d; sufrimiento~ Y_ casi de miseria se trasladó á Paris, en donde trabó conoc1m1ento con el célebre Baudry y entró en la Academia
de Bellas Artes.
.
Desde entonces la carrera de Hynais ha sido como pocas brillante Y en la Exposición Universal de Paris de 1889 ganó
u?~ medalla de oro y la cruz de la Legión de Honor
reci?1ó el encargo de dibujar el diploma para la sección ;u~trohungara, del cual reproducen algunos estudios nuestros grabados.
Entre sus _Princ\pales trabajos decorativos figuran el dt'l te1?!1 Y palco 1mpe!tal del teatro Nacional de Praga, que Je vaho _la condecoración de la orden de Francisco José, y Ja deco•
ra;ión del techo y de las lunetas del teatro de Ja c· dád d
Viena; una de estas últimas es la que el otro grab~~o rep' re~
senta.
H~nais figura actualmente entre los primeros pintores decorativos y pocos c~m~ él han dominado el género alegórico,
que es de los más difíciles cuando en él se obtienen resultados
como los que alcanza el famoso artista austriaco.

1:"una Y la ~ult1plic1d~d de tonos que ofrecen en sus trajes los
tipos valencianos, abrillantados por el sol del Mediodía.
A otro _g~nero pertenecen los tres lienzos que ha remitido á
la Expos1c1ón general de Bellas Artes de Barcelona, que acusa~ desde luego una evolución artistica en Agrassot; y como
quiera que nos proponemos dar á conocer alguno de ellos á
nuestros lectores, aplazamos para entonces consignar el juicio
que nos merece este arústa dentro del modernismo.

. Segadora ª!'l~uriana, pintura al pastel de Ceciho Plá. (Expos1c1ón de pasteles celebrada en él Circulo de Bellas Artes d7Ma?rid, 1890. l- La circunstancia de haberse ocupa·
do á_su debido tiempo de esta discreta producción del pintor valenciano nuestro buen amigo y colaborador D. Rafael Balsa de
la ~e~a_, nos releva é impide, hasta cierto punto, emitir nuestro JUIC~o acerca d_e la ?bra y de aquel concursó, que revistió verdad~ra importancia, s1 se tiene en cuenta Jo poco cultivada que
ha s1doen, n~estra patria la pintura al pastel, á pesar de contar
con tan hab1les maestros como lo fueron los Vicente Rodes y
Rafael Tejeo.
~oslimitar_emos, pues, á consignar que Cecilio Plá es uno de
los ¡óvenes pmtores valencianos que más honran á su patria y á
su maestro Sr. Sala. Que nuestros elogios no son exagerados
demuéstranlo las recompensas que merecieron sus cuadros ti•
tulad?s: Dante e~ el Infierno y El entierro de Santa L eocadia,
premiados respectivamente en las Exposiciones Nacionales de
los años 1884 y 1887.
Actu~lmente b~Jlase ocupado en pintar varios techos que han
de servu de preciado adorno de los salones del palacio de los
seilores condes de Valdelagrana.
Dadas las aptitudes d7este joven artista, esperamos confiadamente que en lo porvemr ha de ofrecernos ocasión para ocuparnos de_ º?ras en que, por su mayor importancia, se manifiesten
su gemahdad y sus relevantes cualidades artísticas.
¿Será mal de amor?, cuadro de Juan Looschen .
-Nos parece que el doctor ha puesto el dedo en la llaga: como
él, creemos que la enfermedad dela bella joven no esde lasque
se curan eR la botica sino en la vicaria. Los síntomas del amor
no pueden, á (os ~jos del médico, confundirse con otro alguno,
Y p~r las exphcaciones que de la dolencia le dan, bien habrá
P?d1_do convencerse el facultativo de que no entra en su jurisdicción la enfermedad objeto de la consulta, y quizás sus palabras harán comprender á la inocente madre dónde debe bus•
car la medicina que devuelva la alegria y la salud á su hija.
El cuadro de Looschen es un fragmento de la vida social
arrancado de la realidad misma: la situación los personajes
las a~titudes, las expresiones son otros tantos portentos de na'.
turahdad, y el artificio artístico se desvanece de tal modo que
nos parece estar adivinando lo que piensa y lo que siente cada
uno de los actores de esta 5encilla al par que interesantisima
escena.
Las dos hermanas, cuadro de Luis Jiménez
,n-ab9:d~ por Baude. (Salón de París de 1891.) - E~
don LuisJ1ménez uno de los artistas españoles contemporáneos
que más universa) y legitima fama han alcanzado, y esto es
tanto_ más de a&lt;lnurar cu~nto que su actividad artística se dedica
con 1g~al fortuna á vanos géneros completamente distintos,
produciendo en todos ellos obras que no vacilamos en calificar
de maestras.
Sin salirnos de los cua&lt;lros,que ha reproducido LA ILUSTRACIÓN ARTÍST(CA, rec?rd~mos en este momento tresique con el
que hoy publicamos Justifican nuestro aserto: El 11tin11é La
visit~ en una sala del hospital y la Confesión amorosa. La'ele~nc1a y_ finura del primero truécanse en el segundo en concepC(Ón valiente para representar con trazos vigorosos y enérgicas
pmceladas una_ hermosa página de la escuela realista, y en el
terc~ro_ se con!1ert_en en encantador idilio campestre, lleno de
sentmuento é msprrado en el más puro naturalismo.
Las dos hermanas es una nueva maravilla salida del pincel
que tantas lleva creadas; aquel claro sembrado de plantas silvestres, por entre las cuales asoman las pintadas florecillas y
limitado en el fond? por espeso bosque, cuya sombra contra~ta
con la luz de los primeros términos, respira esa poesía especial
que aun en los más ocultos rincones ofrece la naturaleza· y
aquellas dos figuras, que acaso encierran un drama de orf~ndad que ha trocado en deberes maternales los cuidados de her•
mana mayor, están bien trazadas y mejor sentidas. Este cuadro, en suma, es una nota de inspiración que puede figurar al
lado de las mejores del Sr. Jiménez y llama poderosamente la
atención de los que visitan el actual Salón de París.

Músicas japonesas, cuadro de M. Homphre
Moore, grabado por Baude. (Salón del Cam ode Ma;.
te, Pa~ls.) -Este hermoso cuadro, de un exotismo ta~ ele ante DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Cbassaing
y g~a~1oso, llamó poderosamente la atención en la últimf Exposición
.
U ANDO un producto pos~e UM gran notoriedad sucet celebrada en el Campo de Marte de p aris. y c1ertamen e no er~n exagerada_s las alabanzas que se le prodigaron
de á menudo que _mercaderes al por menor poco escrupulosos
pues _en medio de la sencillez del asunto, supo el pintor traza; propon_en ó hasta su~tituyen á lo que se les pide una imitación
~os tipos perfeotam~nte estudiados y presentados con naturali- que de;a más benejiczo. Esto es lo que ocurre diariamente con
ad suma, embelleciendo la composición con las galas de col
la CREMA SIMÓN, conocida desde hace 30 aí'íl:&gt;s para los cuidaen que tan pródigos s1&gt;n los japoneses. Es éste un cuadro sobri~ dos de la piel. Es necesario, pues, que las personas que desean
Y lleno de carácter, en cuya contemplación se recrea la vista con empeño esta marca exijan la verdadera CREMA SIMÓN de
atraída por la corrección con que aparecen sentidas y dibuja'. la rue de Provence, 36, Parls. Venta: farmacias, perfumerfas,
das las dos figuras y por la acertada distribución de los e!emen• bazares, mercerias, etc. ·
tos secundarios que en la composición entran.

e

¡Fuera penas!; cua~o de Joaquín Agrassot.
- Es Agrassot uno de los pintores que honran á España y á
\~alencia, en donde reside desde hace algunos años, confundiendo en una sola las simpatfas que siente por la ciudad del

JABON REAL

IVJ:OLETI

JABON

oE r H RI oAeE 29i"::1wi;;;~;w vELO ur IN E
4

&amp;ecom!lld&amp;do1 por aulorid&amp;4es m!diu.a par~ l1 Bi1ieno do la Piel 1 Bellw del Colar

EL MARIDO DE

JACOBITA

NOVELA ORIGINAL DE ANDRÍS THEURIE~ ILUSTRADA POR L

MAROLD

( CONTIN UACIÓ N)

- ¡Perfectamente!, contestó Rogerio de Noirel. Me
tiempo deshabitada. Gurgis amontonó varios leños,
se puso un chaquetón, y comenzó á pasearse de un alegro mucho que al ,fin sea usted razonable ... En
cuanto al consulado, lo prometido es deuda, y puede
lado á otro.
Aunque estaba rendido de cansancio, la agitación usted contar conmigo.
Desde aquel momento, Gurgis hizo la corte á la
le mantenía despierto. Dando vueltas como tigre en
jaula, examinaba maquinalmente la cama de caoba, hermana de Rogerio; mas á pesar suyo, el papel de
demasiado alta, con sus cortinajes de paño rojo guar- novio no dejaba de parecerle pesado, y en el fondo
necidos de greca amarilla, el reloj con los vasos de profesaba á su futura un amargo rencor que á duras
alabastro en la chimenea, el papel de las paredes, de penas podía disimular. Por diplomático que fuera,
color salmón, imitando muaré, y los diversos cuadros juzgaba humillante fingir ternura á una joven que le
que las adornaban. Dos de ellos eran litografías en inspiraba más aversión cada día. La señorita de Noicolor, de Boilly, titulados El primer diente y El úl- rel era torpe, tímida y nada elegante; no sabía vestimo diente; los otros dos se reducían á paisajes ilu- tirse ni hablar ni presentarse; y á los ojos de Gurgis,
minados, representando una erupción del Vesubio y estos eran otros tantos defectos imperdonables. Sus
bruscos modales y sus aficiones rústicas irritaban al
la puesta del sol en el Bósforo.
«Todo está en armonía, murmuraba Gurgis con parisiense; su indiferencia por el qué dirán y por las
sorda cólera; el mobiliario y la dueña de la casa ... conveniencias sociales espantaban al formalista Gurgis, acostumbrado á observar sobre todo la correc¡No, jamás podría yo vivir aquí!»
La vista de la «Puesta del sol en el Bósforo» le ción y la etiqueta. He aquí por qué á veces sus repugnancias se traslucían á través de su máscara de corhizo pensar en el consulado que codiciaba.
«Pero si no me casi), continuó, ¿seré cónsul?... tesía y amabilidad, escapándosele en momentos daVoy á indisponerme con Noirel, y le conozco; es ven- dos palabras cruelmente irónicas, recalcadas por magativo, y se manejará de tal modo que me dejarán lignas sonrisas que desconcertaban á la pobre Jacopudrirme en las oficinas ... Veamos; lo esencial es bita. La joven reconocía que en su prometido faltaba
obtener el nombramiento... Cuando esté en posesión expansión y ternura; preguntábase con secreta inquiede mi consulado, nada me obligará á vivir en esta tud si hallaría más tarde en su esposo la simpatía é
huronera, y hasta podré, con un poco de habilidad, indulgencia que tanto necesitaba; y es probable que
persuadir á mi futura de que la residencia en el Asia si las cosas no hubieran estado tan adelantadas, haMenor sería perjudicial para ella, por lo cual obraría bría renunciado á unir su suerte con la de aquel
hombre, cuya frialdad y lenguaje cáustico acentuáAl fin se levantaron todos para tomar el café en sabiamente no saliendo de su provincia hasta que yo banse cada vez más á medida que se aproximaba el
obtenga
otro
destino
más
cerca.
Esa
señorita
tiene
el salón, y después de esto la señorita de Noirel,
día fijado para el matrimonio.
que no sabía cómo distraer á sus huéspedes, pro- aficiones caseras, y sin duda mucho apego á su géLa víspera de la ceremonia un coche condujo á
nero
de
vida
campestre;
de
modo
que
tal
vez
sería
puso tímidamente un boston, juego favorito del seVal-Dormant á un amigo del señor Gurgis que debía
bastante
fácil
hacerle
aceptar
una
separación
moñor cura y de procedencia americana. La fisonomía
ser testigo, y á la mañana siguiente, cuando el futuro
de Gurgis expresó tal angustia, que Rogerio, com- me?tánea. Después, una vez conseguido esto, nos se disponía á vestir su traje negro, Rogerio de Noivenamos
solamente
de
tarde
en
tarde.
En
tales
conpadecido de su amigo, hizo presente á su hermana
rel entró en la habitación y entrególe un número del
que el viaje desde París era largo y fatigoso, y que diciones, mi ridículo matrimonio sería tolerable; daré Moniteur.
mi
nombre
á
la
señorita
de
Noirel,
y
conservando
su compañero y él necesitaban descansar; en una
- Aquí tiene usted, le dijo, mi regalo de boda.
palabra, suplicóle que les permitiese r~tir~rse tem- mi independencia, dejaré á mi mujer una libertad
Gurgis
desplegó el diario, buscó la sección oficial
prano. Jacobita, muy impresionada, y smtiendo _en honrosa, de la que estoy seguro que no abusará y leyó lo siguiente:
siendo
su
fealdad
para
mí
una
excelente
garantía
..
'
.
el fondo cierto malestar, no deseaba otra cosa smo
«Por decreto del 20 del actual, y á propuesta del
abreviar la reunión, y dijo á sus huéspedes que po- Pensándolo bien, este sería un medio de arreglar las Excmo. señor Ministro ·de Estado, el señor Gurgis
cosas
y
salir
airosamente
del
apuro
...
¡Diantre,
Noidrían obrar como si estuviesen en su casa. Al cabo
(Evaristo Antonio) ha sido nombrado cónsul en Esde un cuarto de hora de conversación trivial junto rel tenía razón; la noche es buena consejera!»
mirna.»
Y
el
señor
Gurgis,
arrojando
su
cigarro,
desnudóá la estufa el cura fué á buscar su sombrero y su
Gurgis estrechó silenciosamente la mano de Noise
ligeramente,
corrió
el
cortinaje,
y
murmurando
bastón y l~s dos parisienses se dirigieron á sus hacontra los incómodos lechos de provincia acabó por rel, guardando después el diario en su bolsillo, y los
bitaciones.
dos bajaron al salón, donde no se esperaba más que
'
Cuando se hallaron con la pa,lmatoria en la mano dormirse,
Al día siguiente, antes de almorzar, salió en busca á ellos. Poco después la señorita de Noirel, escoltadelante de su puerta respectiva, Rogerio tocó ligeradel señor de Noirel y excusóse de su arrebato de la da por dos de sus piaientes, se presentó oon su traje
mente en el hombro á su compañero.
de novia. Su vestido de cola y su velo á la judía dis- Vamos, amigo mío, murmuró, dejo á usted en- víspera.
- He reflexionado, según me aconsejó usted dí- taban mucho de favorecerla; sus facciones irregulatregado á sus reflexiones ... La noche es buena conjole, y reconozco que no me conduje bien ni d~bía res, su boca grande y su maciza barba se pronunciasejera.
.
enfadarme ... Cuando un caballero se coloca en una ban más por las blancuras de la seda y el tul.
- ¡Vaya usted al diablo!, contestó Gurg1s, que ya situación difícil, no le queda más que un remedio, y
«¡Aún está más fea con su traje de ceremonia!
no podía contenerse.
es salir de ella del modo más conveniente ... Yo soy pensó Gurgis, mientras se inclinaba para besar á la
Y entró bruscamente en su aposento, encerróse
hombre cortés y me casaré con su seiiora hermana, joven la punta de los dedos. ¡No, decididamente no
en él y se consoló encendiendo un cigarro.
.
pero deseo tener mi nombramiento en el bolsillo el podré acostumbrarme á ella!»
A pesar del fuego que chisporroteaba en 1~ chime- día mismo en que deba efectuarse la ceremonia ...
Varios coches alquilados en la ciudad vecina connea, la atmósfera era fría en aquella estancia, largo

�300

dujeron á los futuros, á sus testigos y amigos á Champlain, donde se debía celebrar la doble ceremonia
civil y religiosa. Terminada ésta, la comitiva remont6 en el mismo orden la rampa de Val-Dormant,
mientras las campanas tocaban á vuelo y los campesinos de las granjas hacían en honor de los recién
casados varias salvas de escopeta que espantaban á
los caballos de alquiler.
Habíase preparado uno de esos abundantes almuerzos-comidas que solamente vemos en el fondo
de las provincias. Un poco antes de pasar al comedor, Noirel dijo á su hermana delante de los convidados:
- Jacobita, puedes felicitará tu esposo, pues acaba
de ser nombrado c6nsul en Esmirna, lo cual os proporcionará el placer de hacer juntos un delicioso viaje de boda.
- Señora, repuso el recién casado con expresi_6n
hip6critamente confusa, debo excusarme á los OJOS
de usted de este nombramiento, que no esperaba tan
pronto ... Se me ordena marchar cuanto antes, y crea

LA

fruncía el ceño, y ambos comenzaban á creer inexcusable la indiferencia de Gurgis. Los convidados pensaban lo mismo, aunque sin atreverse á manifestar
claramente su sorpresa; pero de vez en cuando la
conversaci6n languidecía; seguíase un silencio lúgubre, un silencio de espera; y en aquel vasto salón no
se oía más que el chisporroteo de la leña y el tic-tac
del reloj. El señor de Noirel, visiblemente irritado,
tiró de la campanilla, y un momento después present6se Catalinita.
- Vé al aposento del señor Gurgis, dijo, y si está,
adviértele que le esperamos para tomar el te.
La conversaci6n se reanud6 fríamente; transcurrieron cinco minutos, y después Catalinita reapareci6
con aire confuso.
- El señor no está en su habitaci6n, murmur6 con
dificultad, como si le faltara el aliento; pero he visto
sobre su mesa una carta dirigida á la señora ... y he
creído de mi deber traerla.
La señorita de Noirel, muy inquieta, habíase puesto ya en pie; cogi6 la carta sellada que le presentaba
la doncella, rasg6 con mano nerviosa el sobre, acerc6se á la luz para leer el contenido, palideci6 mucho,
y sin articular una sílaba dej6se caer sofocada en su
sill6n.
Rogerio, muy sorprendido, cogi6 la carta de sus
manos y ley61a á su vez. Estaba concebida en estos
términos:
«SEÑORA: Ya estamos casados, y usted se llama
señora de Gurgis; me parece que este era su deseo y
también el de su señor hermano. He cumplido mi
palabra; pero habiéndome convencido por la experiencia de estos diez últimos días de la completa
incompatibilidad de nuestros caracteres, creo obrar
en interés de usted, así como en el mío propio, al
poner entre nosotros la distancia que separa á Esmima de Val-Dormant, suficiente en mi concepto
para permitirnos á los dos movernos en nuestra esfera sin molestia ni enojos recíprocos. Creo conocer
á usted lo bastante para estar persuadido de que á
sus ojos, como á los míos, la libertad es el más precioso tesoro. Tengo la seguridad de que sabrá usted
usar de ella, al igual que yo, con toda la conveniencia debida al nombre que lleva. Dispense, pues, mi
brusca marcha, y acepte, señora, los afectos y la despedida de su muy respetuoso servidor. - Antonio
Gur~is.
»P. S. Tenga usted la extremada bondad de enviar
á Parísj dirigiéndole á la administraci6n de correos,
el equipaje que he dejado en mi habitaci6n.))

III

usted que lo siento en el alma ... Esmirna se halla
tan lejos, que me remordería la conciencia obligar á
usted á expatriarse.
- Tranquillcese usted, caballero, contest6 la nueva señora de Gurgis, muy conmovida por aquellos
delicados escrúpulos, pues aunque estoy poco acostumbrada á los viajes largos, recuerdo lo que el alcalde me dijo esta mañana: «La mujer debe acompañar á su marido;» y yo estoy dispuesta á seguirle
adonde quiera que vaya.
Estas palabras no produjeron al parecer en Gurgis
la agradable impresi6n que la señorita de Noirel esperaba; inclin6se silenciosamente, y durante todo el
almuerzo su expresi6n de mal humor asombr6 á los
convidados. Apenas se levantaron de la mesa, Gurgis se esquiv6 como pudo, subi6 precipitadamente á
su habitaci6n, y alguno que le encontró en la escalera oy6le murmurar entre dientes: «¡Ah! ... ¡Eso
no! .. . ¡De ningún modo!»
El amigo que sirvi6 de testigo se proponía volver
aquella misma noche á París, y en el momento de
marchar, Gurgis le acompañ6, naturalmente, hasta el
coche que debía conducirle á la estaci6n; pero mientras el viajero se arrellanaba en los almohadones, después de haberse despedido, la portezuela se abri6
de. nuevo bruscamente, y el nuevo c6nsul, precipitándose en el interior, orden6 al cochero acelerar la
carrera, levant6 los cristales y dijo á su amigo estupefacto:
- ¡Huyo contigo! ... ¡Silencio!... Ya te lo explicaré
todo en el camino .. .
El coche franque6 á escape la rampa de Val-Dormant, cruzó el puente y desapareci6 detrás de las
casas de Champlain. Entretanto, la señorita de Noirel, su hermano y dos 6 tres convidados que no debían marchar hasta el día siguiente, esperaban la
vuelta del esposo, conversando alrededor de la estufa del sal6n. Una hora transcurrió sin que se presentase nadie; el rostro de Jacobita se alteraba; Rogerio

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Así fué como en la misma noche de su boda la
señorita de Noirel pas6 del estado de novia á la melanc6lica situaci6n de esposa abandonada. Al día
siguiente, Rogerio sali6 de Val-Dormant en seguimiento de Gurgis para demostrarle la incongruencia
de su conducta; pero el nuevo c6nsul no se habla
detenido más que para tomar dinero, y estaba ya en
camino de Marsella Ni amenazas ni ruegos bastaron
para convencerle; la única cosa que de él se pudo
obtener antes de embarcarse para Levante redújose
á que firmara ante notario un acta por la cual autorizaba á su esposa para administrar libremente su
fortuna personal.
Cuando Jacobita se hubo recobrado de su primer
estupor y analiz6 sus sentimientos, admir6se de estar
menos afligida de lo que había creído; y basta expe·
rimentaba una especie de alivio al pensar que se libraba de la tiranía de un esposo cuyo carácter desagradable y sarcástico habíala inspirado durante diez
días más temor que afecto. A decir verdad, el abandono del señor Gurgis resentíala en lo vivo, pero su
amor propio era el que sufría, no su ternura; experimentaba amargo sentimiento por la injuria que la
infería aquel singular esposo, abandonándola en el
umbral mismo de la cámara nupcial, pero en nada
echaba de menos al fugitivo. Su percance tuvo por
resultado hacerla mirar con aversi6n el mundo, induciéndola á entregarse con más persistencia á sus costumbres rústicas; s6lo de tarde en tarde iba á la ciudad, y volvi6 á su entretenimiento favorito de recorrer los bosques; pero ya no ha116 dentro de sí esa
tumultuosa actividad, ese ímpetu juvenil, esa savia
de esperanza que la sostenía antes en la soledad.
Sin darse apenas cuenta de ello, durante algunas
semanas habíase entregado á sueños de amor y de
vida familiar, que dejaban en el fondo de su coraz6n
una especie de germen perturbador; y en su alma de
joven no reinaba ya la calma virginal de antes. Ahora, cuando durante las noches de invierno removía
meditabunda los leños de la chimenea, quiméricas
visiones conyugales cruzaban por su mente; compla~}ala hacer castillos en el aire, y figurarse lo que ha-

489

N úMERO

=

bría pasado si el señor Gurgis hubiese sido otro hombre. Pensaba en la ternura que habría podido profesarle, en los deliciosos coloquios que hubieran tenido,
en los hijos que más tarde podían venir, y todo esto
la conducía á un penoso estado de agitaci6n. Apenas
quedaba dormida, asaltábanla amorosos ensueños; y
por la mañana, bajo la imprcsi6n que en ella producían, despertábase con cierto confuso alborozo que
se desvanecía gradualmente por la sensaci6n de la
realidad, y que la dejaba triste el resto del día por
haber perdido aquella ilusi6n.
Cuando volvi6 la primavera, el padecimiento fué
más acerbo aún.
En aquel país Jangrés, donde el invierno comienza
pronto y acaba larde, la primavera surge casi inopinadamente; de improviso prodúcese un derrame de
savia, una superabundancia de vegetaci6n y una florescencia que ablandan el coraz6n y conturban la
cabeza: en el prado y en el bosque se oye el canto
de las avecillas, y esta sensualidad difundida parece
filtrarse en el alma de todos. El robusto cuerpo de
Jacobita se estremeció bajo la impresi6n de aquella
fiebre de la naturaleza; sus ojos estaban deslumbrados; percibía sonidos agradables; una dulce languidez penetrando en sus venas la enervaba, y á veces
dejábase caer como rendida sobre la hierba del bosque. El aroma de las plantas parecía embriagarla, y
al pensar en su aislamiento las lágrimas asomaban á
sus ojos. Ni soltera ni casada ni viuda, veíase condenada á pasar el resto de su vida en aquella falsa
situaci6n. Y no tenía más que veintiséis años, y en su
interior sentía agitarse su turbulenta juventud como
el agua viva en un dep6sito cerrado ...
Sus tribulaciones y sus pesares se acrecentaron
durante el verano; después volvi6 el invierno con su
silencio y su monotonía, y luego otra vez la primavera.

Una mañana del mes de junio la joven sali6 muy
temprano sin más compañía que un perrito faldero
que rara vez abandonaba; habíase propuesto inspeccionar una corta de árboles últimamente explotada,
é intern6se muy pronto en el bosque con su perrito,
que ladrando entre las espesuras alejábase y volvía
en busca de su ama, muy satisfecho de andar entre
la hierba y sobrexcitado sin duda por las emanaciones primaverales. Era llegado ya ese período de las
estaciones en que el bosque reverdecido se ostenta
en todo su esplendor; los lirios del valle habíanse ya
marchitado, pero las orquídeas alzaban aquí y allí
sus panículos de singulares corolas, las madreselvas
derramaban por todas partes sus perfumes y las ancolias lucían á la orilla de loi senderos sus espuelas
azules, mientras en los tallares jóvenes comenzaban
á enrojecer las fresas. El sitio que la señora de Gurgis debía visitar era una superficie despojada de bosque que se extendía entre una línea de bayas y
otra de grandes árboles; el sol caía á plomo sobre
aquel gran cuadrado ya desnudo, donde solamente
los vástagos de reserva que la poda había respetado
sombreaban algunos espacios, y entre los cepejones,
los troncos amontonados y las zarzas espinosas oíase
el vuelo de los insectos que zumbaban en medio de
una luz deslumbradora.
Mientras Jacobita se inclinaba para coger algunas
fresas ya maduras, el perrito, que corría por todas
partes, lanz6 de repente un ladrido plañidero, y la
señora de Gurgis, que se había precipitado en busca
del animal, lleg6 precisamente á tiempo para ver
huir una víbora que acababa de morderle. El perrillo
se revolcaba gimiendo, y Jacobita desesperada dej6
escapar también una exclamaci6n de dolor, y cogiendo el faldero y examinándole en sus brazos, veíase
impotente para administrarle la medicaci6n necesaria
á fin de contener los efectos del veneno. Iba á correr
á través de los bosques en direcci6n á Val-Dormant,
cuando un joven, apareciendo de pronto, dirigi6se
hacia ella presuroso. Acababa de oir los lamentos del
perrillo y la exclamaci6n de su ama, y acudi6 á informarse de lo ocurrido.
- Una víbora ha mordido á mi perro, dijo la
señora de Gurgis ... Estoy á una legua de mi casa, y
antes de llegar á ella la herida podrá ser mortal...
¿Qué hacer, Dios mío?
- Tranquilícese usted, repuso su interlocutor, pues
voy á propinar al perrillo el primer remedio ... En
este país, donde abundan tanto las víboras, jamás
voy al bosque sin llevar un frasco de ácido fénico ...
Veamos primeramente en qué parte está la mordedura ...
Así diciendo, cogi6 al faldero, que ies miraba con
esa expresi6n angustiosa y suplicante de los animales
heridos, y arrodillándose examin6le con la mayor
atenci6n. Pronto vi6 que los colmillos de la víbora
se habían clavado en una de las patas anteriores, y
acto continuo practic6 una ligadura sobre la parte
lisiada.

LA I LUSTRACIÓN

489

301

una especie de tierna compasi6n, en aquella señorita de Noirel, abandonada en la
-A pocos pasos de aquí hay agua, dijo.
noche misma de su boda, y cuya juventud
Venga usted, señora, y lavaremos por lo
se pasaba solitaria en el antiguo castillo
pronto la herida.
.
.
sepultado en los bosques. El misterio de
Jacobita se fapresur6 á segmr al ¡oven,
aquella existencia novelesca le preocupay á poco llegaron á un repliegue del ierreba y entregábase á varias reflexiones al
no, donde se oían murmurar las a~uas de
pe~sar que la casualidad le hada enconun manantial entre las zarzas y los ¡uncos.
trar tal vez algún día á la señora de Gurgis.
En un abrir y cerrar de ojos la herida queAhora que este encuentro se había read6 lavada, y después, á pesar de_ los aullilizado Chatelliers analizaba lentamente
dos del perro, el joven la cautenz6 extensus irn'presiones, preguntándose si la realisamente con ácido fénico.
dad correspondería á la imagen que él se
- ¡Ya está!, dijo; y ahora, si usted lo
había formado. Ciertamente, la señora de
permite, llevaré el perrillo basta su casa...
Gurgis no era linda; sabíalo ya de antema¿Dónde vive usted?
.1
no por Jo que de ella le dijeron, y sobre
- En Val-Dormant... Soy la señora de
este punto no había sufrido por lo mismo
Gurgis, contest6 Jacobita, sonrojándose á
ningún desencanto; esa fealdad, que no le
pesar suyo.
sorprendió, no le parecí~ desagradable. Ja- ¡Ah! Pues somos vecinos ... Yo habito
cobita tenía hermosos OJOS, puros como el
en la Roserolle.
agua de un manantial, dentadura muy
Hasta entonces, la joven, dominada por
blanca y robustas formas,_ cualidade~ que
su emoci6n, apenas había tenido tie~po
no podían disgustar á un Joven salva¡e CO·
de examinar al salvador de su pernllo;
mo Huberto de Chatelliers. Lo que le había
pero una vez repuesta, mir61e más deteniagradado sobre todo era la naturalidad y
damente: era un joven de veinticinco años,
la franca cordialidad de la señora de Gurque vestía el traje de cazador campesino;
gis; había experimentado_ ciert~ satisfacsu chaquet6n de terciopelo le sentaba muy
ci6n á su lado, sin que le impac1~ntase un
bien, y debajo de su sombrero d~ anchas
momento su compañía, y marav1ll6se soalas dejaba ver un rostro de cxpres16n franbre todo al ver que era tan viva, tan ingeca, aunque algo tímida. Tenía gran?es
nua y tan poco amiga de cumplidos. Hasta
ojos castaños, color moreno Y. barba nza•
pareci61e que todo cuanto emanaba de
da. Jacobita record6 haberle VISto cuando
ella era freseo y lozano como el verde follase efectu6 el entierro de la anciana viuda
je lleno de flores y de canoras aveeillas.
de la Roserolle, muerta el otoño anterior.
Algunos días después encamin6se hacia
- ¿Seda usted, caballero, sobrino d~ la
Val-Dormant, entr6 en el castillo con el
señora de Chatelliers?, pregunt6 Jacobita.
pretexto de preguntar por el faldero, fué
- Sí señora Huberto de Cbatelliers.
recibido en el gran sal6n 16brego, donde
- C~ballero: murmur6 la joven, permíJacobita acostumbraba á t~abajar, y ball6
tame usted felicitarme por este imprevisto
á la joven ocupada en leer Junto á un gr~n
encuentro y darle á la vez las m~ expresi•
ramo de rosas que perfumaba la estanc1~.
vas gracias ... Si mi pobre Amigo llega á
El faldero estaba casi del todo restablecicurar de la mordedura de ese espantoso
do, gracias á la intervenci?n ~e Huberto y
reptil, á usted se lo deberé.
á los cuidados del vetennano de Cham- ¡Oh! Amigo curará, repuso Huberto
plain, y ya no había que temer. La señ?ra
de Chatelliers, mirando al faldero que llede Gurgis expres6 de nuevo á su vecmo
vaba en sus brazos; tengo dos perros que
todo su agradec~iento, y la acogid~ que
fueron mordidos también, y los he salvado
se le hizo demostró claramente al ¡oven
por el mismo procedimie_nto...
.
que se le recibía con gusto en Val-Dormant.
Los dos jóvenes recomeron lar&amp;ª distanAsí como él estaba á sus anchas junto á la
cia por el bosque, y fuéles preciso franseñora de Gurgis, así también ésta perdía
quear una senda cuya estrechez les oblig6
poco á poco esa cortedad que la paraliza.
á acercarse más uno á otro.
ba delante de los extraños, y mostrábase
- ¿Hace mucho tiempo que está usted
tal como era, expansiva y entusiasta, dulce
en la Roserolle?, preguntó la señora de
é ingeniosa. Aquella primer~. visita dur6
Gurgis.
largo tiempo; Huberto la rep1t16 la seI?a•
- No volví allí hasta que mi tía estuvo
na siguiente, y muy pronto se consolidó
aquejada de su última enfermedad; pero
entre los dos vecinos, que se veían con
cuando era niño, iba muy á menudo á pafrecuencia un compañerismo familiar.
sar las vacaciones. Ahora be establecido
A parti; de aquel tiempo, Catalinita, la
definitivamente mi residencia en la finca,
doncella de la señora Gurgis, observ6 un
porque la buena señora me ha instituido
cambio notable en las costumbres de su
heredero.
ama: Jacobita comenzaba á ser casi coque- Me extraña no haberle encontrado
ta·, se aficionaba al tocador, engalanábase
.
antes.
Asl diciendo, cogi6 al faldero ...
con
más cuidado, y sabía sacar meJor par- Nada tiene de particular, pues como
tido de su abundante cabello negro. Preestoy de luto no hago v!sita al~una, Yadeocupábale
el corte de sus vestidos, cuidáb~se ~ás
más señora yo soy casi salvaJe. Antes de
.
Huberto de Chatelliers llegó á la Roserolle p~sanminuciosamente
de la blancura de su ropa mtenor,
ven~ aquí, habitaba en pleno bosque, en una red~~1- do por Cbamplain, y una vez en su casa, reflex10n~,
da posesi6n que tengo cerca de Wassy ... No soy Y mientras almorzaba, sobre su encuentro con Jacobi- se ponía flores en el corsé, y no descuidaba nunca el
aficionado á la sociedad, porque en ella me encuen- ta. Aunque fuera recién veni?o al país, hal~áb~se al aseo de sus manos. Por instinto lleg6 á encontrar un
adorno que le sentaba bien; pero lo que la tra_nstro desorientado.
corriente del singular casamiento de la sen~nt~ de
_ ¡Como yo! exclam6 Jacobita.
t Noirel· más de una vez habían picado su curiosidad figuraba y embellecía sobre todo era una_ exp!es!6n
Así conversando llegaron por fin á Val-D~rma~' los detalles de aquella aventura, y dese6 conocer á de felicidad en su semblante, como una madiaci6n
y la señora Gurgis insisti6 en que su companero_ e la heroína; pero era más salvaje aún de lo que ~l ha- interna que se reflejase en su exterior y que realzaba
camino entrase á tomar algún refresco. Una ve~ts• bía dicho, y como la idea de ponerse en r_elac1o~e.s cuanto había de agradable en ella:. el brillo d~ sus
talado el faldero en su perrera, el joven CbJate ;~rs con su vecina le hizo entrever toda una sene de VIS!· ojos castaños, la bondad de su sonnsa y la suavidad
estuvo conversando un cuarto de hora con aco i a, tas y la molestia de vestirse de etiqueta, rechaz61a satinada de su cutis.
y después despidi6se de ella.
.
.
IV
presuroso. Huérf~no á muy _corta ed~d, educado_en
- Pasaré por Champlain, dijo al retirarse, y enVIa• un colegio y obhgado á viVIr á los diez y ocho anos
También Huberto notaba de día en día aquella
ré á usted al veterinario.
.
er en la soledad de una morada perdida en el fondo de
_ Hasta la vista, caballero, contest6 la ¡oven;~ • los bosques, Huberto buscaba distracci6n entre los transformaci6n, y por esto sin duda co~~n~ron á
mítame repetir las gracias ... Y aunque no le agíraas ~~ guardas de la finca y los cazadores; agradába~le la ser sus visitas más asiduas. A fuerza de v1v1r ¡unto á
la señora de Gurgis, no le chocaban ya la irregulari..
las visitas,
cuando pase usted por las cercan
b c6mo vida libre y carácter franco de éstos y se cmdaba dad de sus facciones ni la excesiva robustez de sus
Val-Dormant espero que vendrá para sa er
poco de llegar á ser_ «hombre de mundo,» tan~o qu~
brazos y manos; solamente veía sus ojos h~med~s Y
sigue mi faldero...
.d
la extremi- esta sola palabra le mfundía secreta re~ugnanc1~. Ex- de dulce mirada, su talle flexible y sus labios r~¡o~,
Cuando el joven hubo desaparec1 o_ en de Gurgis ceptuando la anciana viuda de Chatelhe~s, hab1a fredad de la avenida de pinabetes,_ la senoraesta vez su cuentado muy poco la sociedad femenina; nada le entreabiertos por la sonrisa. Cuando á los ve1~t1atemorizaba tanto como la necesidad de conversar cinco años se encuentra un hombre todos los d1as
permaneci6 largo tiempo pensati!a;
1 fondo de un rato con una hermosa dama; y en cuanto á sus junto á una joven amable y fresca, y la trata_ con fa.
st
meditaci6n no tenía na?ª d~ tn e.ue ~a~nfundía el
miliaridad, acaba por descubrir en ella atractivos que
su alma, y á pesar de la mqmetud q
a satisfac- aventuras galantes, solamente se le co~odan dos 6 no sospechó en un principio; y he aquí por qué poco
percance del perro, experimentaba una vag m
· o de la tres amoríos que, nacidos á consecuencia ~e una ca. pareeíale que el encuentro conásu legre
vec la sole• cería, terminaban al día siguiente. Chatellters no s~- á poco fué surgiendo el amor, sin que apenas lo noc16n;
taran los dos vecinos.
Roserolle iluminaba con una luz mr~n~o menos ais- bía en realidad nada de la mujer, pero lo desconocidad de Val-Dormant, Ycrey6se de P. .dad del joven do femenino preocupábale algunas veces. Con freTRADUCCIÓN DE E NRIQUE DE VERNEUILL
lada. Los modales torpes Y la rus~~ mbre á quien cuencia, cuando desde las ventanas de la Roserolle
( Co11ti1111a1-d)
éranle simpáticos y agradábale aqbuíe. ?midado
á ella, veía las torrecillas de Val-Dormant, pensaba, con
el mundo intimidaba como la ha ª 10 1

P;º

..

ARTÍSTICA

\

.

�LA

302

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la esponja de hierro, nombre que se da á un producto resultante de la reducción imperfecta del mineral
de hierro llamado hematita, que se presenta en estaPURIFICA CIÓN DE LAS AG U AS
do esponjoso y que está formado por una mezcla va·
PARA LA ALIMENTACIÓN DE LAS PO BLACIONES
riable de hierro y de óxidos de hierro compuesta,
( Co11clw ió11)
por término medio, de 80 por 100 de hierro y de 20
E L r URI FI CADOR ANDERSON
por 100 de oxígeno. Una mezcla de este producto
Purificación por el hierro. - Desde el punto de vista con tres veces su volumen de arena dispuesta en
de la purificación de las aguas, la ciudad de Ambe- capa de 0'90 metros de grueso, reemplazaba la capa
res se encuentra en condiciones especialmente des- filtrante superior de los filtros de arena antes des•
critos. Esta operación dió en un
principio resultados satisfactorios;
pero á medida que aumentaba el
consumo, el caudal de agua era
insuficiente, los filtros se obstruían
en casi toda _la profundidad de la
capa superior y la limpia resultaba
á unos precios prácticamente inadmisibles. Fracasada esta tentativa,
se inventó el procedimiento Anderson, que es el que actualmente
funciona.
El agua es dirigida á los purificadores, llamados revólveres, en
donde se pone en contacto con el
hierro, y después de muy aireada
se la desembaraza por medio de la
decantación de la mayor parte de
sus impurezas y finalmente se
filtra.
• El revólver {fig. 1) se compone
de un cilindro horizontal de palasFig. r.- El purificador Anderson
tro de4'50 metros de largo por1'50
de diámetro, que puede girar sobre
favorables, puesto que está situada en un pa{s llano, dos gorrones huecos colocados en los extremos de su
apartado de manantiales y sin ninguna capa subte- eje y provistos de prensa-estopas, que forman juntura
rránea de buena calidad. Antiguamente alimentába- estanca entre el cilindro giratorio y los conductos fijos:
se la ciudad con agua de pozo, que las más de las estos dos gorrones sirven el uno para la entrada y el
veces es impura; á consecuencia de un estudio hecho otro para la salida del agua. Una plancha circular G,
para el establecimiento de una distribución de agua, situada enfrente del orificio de entrada, sólo deja enreconocióse que la solución mejor ó menos mala tre ella y la pared del cilindro un espacio anular de
consistía en tomar el agua en Waelhem del Nethe, un milímetro é impide que la corriente se establezca
punto distante 18 kilómetros de Amberes. Esta agua directamente de un gorrón á otro, repartiéndola en
está contaminada por los terrenos turbosos que atra- toda la sección del cilindro.
viesa; además, la ~area creciente invierte el sentido
Por medio de una corona dentada J que engrana
natural de la comente y hace refluir las aguas del con un piñón, un motor hace girar el cilindro con
Sena, cargadas con todas las impurezas de Bruselas. j una velocidad de dos metros por minuto medida á la
Todos los ríos cuyas aguas empujan las mareas hacia circunferencia; el cilindro contiene una décima par.
SECCIÓN CIENTÍFICA

I

G_

Fig. 3

J,~~~6t
Fig.

2

Fig. 4

Figuras 2, 3 y 4. - Fig. 2. Obras hidráulicas en Amberes. Batería de purificadores rotativos de Waelhem. I y 2, secciones.
3, plano.-Fig. 3. Aparato para la inyección de aire. FF, tubos de llegada del aire. GG, falso fondo perfo rado y canal
abierto. I y 2, secciones. 3, plano. - Fig. 4. a. Depósito de decantación durante su funcionamiento normal. b. Membrana formada por la impureza de las aguas.

la presa tienen una débil velocidad media y atravie- 1 te de su volumen de fragmentos de hierro ó de carsan poblaciones importantes. No faltan, pues, causas buro de hierro de medio á un centímetro de grueso y
de contaminación. El agua que se ha de purificar es de cualquier forma. Unas aletas .D remachadas en el
amarillenta y de olor nauseabundo y está cargada de cilindro levantan los fragmentos de hierro durante
toda suerte de impurezas en estado filamentoso, la rotación y los vuelven á dejar caer al través de la
hasta el punto de que en un espesor de sesenta centí- masa de agua. Gracias al tamaño adoptado para es•
metros intercepta casi por completo la luz.
tos fragmentos, se logra en muy poco volumen una
Algunos ensayos de decantación y de filtración gran superficie de contacto; y al propio tiempo estos
por la arena no dieron resultado satisfactorio, en fragmentos son bastante pesados y chocan entre sí
vista de lo cual se probó la filtración por medio de con suficiente fuerza para que sus superficies se

NúMERO

mantengan constantemente limpias. Otras aletas, H,
cuya oblicuidad con relación á las generatrices del
cilindro puede graduarse á voluntad, obligan á retroceder al hierro que la corriente empuja hacia delante. La campana K fijada en el conducto de salida y que no gira con el cilindro, se opone al arrastre de las pequeñas partículas de hierro desprendidas á consecuencia de los choques y del roce. Una
abertura,./, por donde puede introducirse un hombre,
sirve para inspeccionar el aparato, y una espita, M,
permite la expulsión del aire en el momento de llenarse el cilindro.
El agua debe permanecer en el cilindro tres ó cinco minutos, según su grado de impureza, de manera
que un cilindro de las dimensiones de los de Amberes
puede tratar 3.000 metros cúbicos de agua por día,
bastando de cuando en cuando añadir en él la can·
tidad de hierro correspondiente á la cantidad de
agua que por él ha pasado.
Al salir del cilindro el agua está fuertemente cargada de sales y de óxidos de hierro, y muy turbia,
presentando un color de orín muy pronunciado y
exhalando todavía un olor álimo, lo que prueba que
la purificación no ha terminado. Entonces se la airea
inyectando aire en los tubos agujereados y sumergidos en una balsa que recibe el agua al salir de los ci·
lindros. También se inyecta aire debajo de una plancha de cinc perforada, que forma como un doble fondo del tubo de evacuación de las aguas á la salida
de la balsa. La aereación, por último, se completa
haciendo saltar el agua en cascada sobre gradas provistas de cok.
La fig. 2 representa la instalación de los cinco revólveres de Waelhem; la fig. 3 reproduce los detalles
de la inyección de aire.
Después de aireada, el agua es decantada y luego
filtrada, produciéndose con ello dos acciones, una
química y otra mecánica. Por la fuerza del hierro y
del oxígeno del aire y á consecuencia de reacciones
difíciles de precisar, las materias orgánicas quedan en
gran parte destruidas. Además, sea en los estanques
de decantación, sea en los de filtración, los compuestos ferruginosos se depositan en forma coloidal, englobando las materias en suspensión y los microorganismos, produciéndose un efecto análogo al de la
coladura de los vinos. La decantación se precipita, y
por otra parte, la capa coloidal depositada en la superficie de la arena de los estanques de filtración forma la verdadera capa filtrante y permite el empleo
de arena gruesa que sirva simplemente de sustentáculo, con lo que la filtración resulta más perfecta y
más rápida. En Waelhem se ha conseguido un caudal de cuatro metros cúbicos por metro cuadrado y día,
en vez de 2'50 que producen los filtros sencillos. Al
mismo tiempo las limpias son más fáciles y no han
de hacerse con tanta frecuencia. Las impurezas, en
vez de penetrar en la arena, quédanse en la capa coloidal; de aqu{ que basta raspar en un espesor de un
centímetro, y aun quizás bastaría un simple barrido.
Así se obtiene un agua límpida, inodora y de buen
sabor, sin más micro-organismos que los que se observan en la mayoría de aguas potables, resultado tanto
más sorprendente si se tiene en cuenta la extraordinaria impureza de dicha agua en su punto de partida·
Por este procedimiento se purifican aguas para las
cuales no basta la simple filtración; y aun en las que
pueden filtrarse, el sistema Anderson aumenta la
producción de los filtros, apresura el depósito de las
materias en suspensión y permite disminuir considerablemente el coste de las instalaciones y de las limpias.
Como el conjunto de las instalaciones de Waelhem
es anterior á la invención del procedimiento Anderson, hubo que adaptarle á éste lo mejor posible, y
por lo tanto no puede citarse como modelo.
Los revólveres pueden ser de varios tamaños, desde 0'068 á 14 metros cúbicos de capacidad; pueden
tratar en 24 horas desde 20 á 6.000 metros cúbicos y
exigen una fuerza motriz de 1 16 á 66 kilográmetros
por segundo.
Este procedimiento ha sido aplicado á varias ciudades de Holanda y ensayado en Berlín, en París y
en Boulogne-sur-Seine. En este último ensayo pudo
presenciarse un hecho que demuestra el modo de
obrar el procedimiento. Los estanques de decantación
estaban formados con delgados tabiques estribados
po, barras de hierro redondas que tocaban la superficie del agua durante el funcionamiento normal (figura 4 a). En un momento dado se vaciaron lentamente los estanques y pudo verse cómo se formaba
una ·membrana como de colodión, que pendía de la
barra de hierro á modo de cortina (fig. 4 b).
Este procedimiento puede aún ser perfeccionado,
pero tal como es, permite purificar las aguas que se
resisten á otros procedimientos.
P. LLAURJOL
(De La Naiure)

LA

489

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

_.,._
-

LAIT .&amp;NdPdLIQUI -

LECHE ANTEFÉL
put • ■udlh • lfll, flll,a
CAS, LENTEIAI, TEZ ASO
SARPULLIDOS, TEZ BAI\ROS
ARRUGAS PRECOCES

EFL~~f:ggCIAB

o

::saTREÑ:DM:JENTO
.
11 A~OflU
~
.,.._ ..,. •• ooueo11.aola

C UR.A.ClON

:i'\\J~
\',i,

ff»AJW •\\el A1~1\\\\\

t~~~ ~ \, • •º

1

óO_\J..,,.

~p~ ""''
Dt ...,.
a,,adablt 1 qn

0

j\. O'

11 ad11tlnl1tt1 raollment,

El truoo coatillll IIDU 30 D6ale
PJ.lUS, e, """'""VcolonA,y ,....-ria■•

ENFERMEDADES ..

~,o

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

if.t91'DES d,, Ear0At.
it.1i
-u-

PATERSON
• BISIIUTBO MAGNESIA

Participando de las propiedades del Iodo
'1 del Ble:r:ro, estas Plldoraa se emplean
es_peclalmente contra las ••erohllu, la
'l'isu y la Debilidad de ,e~peramento,
as! como en todos los casos{'.Pált'dos colore■,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es neceearto
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar ó re¡ularizar su curso periódico.
. ~/"A/JJJ5

FmnmtltO,

9

Pepsina Boudault

J
8-Nlldot COGlra 111 ~loDN del Eati&gt;•
lllaGO Fal\a de Apetito , DlgeeUoDN labortOIIU, AoedW, V6mtt.oe, Eruotoe, y C6Uooe;
regularlu.D lu FuuoioDN clel Eat6mago y
de loe IIMNUDoe.
E"'1rt11tlrotvlo 1 ,,_, dt l . FAYAIID.
AdJa. DE'l'RAM, 1'--tloo • PABla

. !probada por la mDEIU DE IEDICIIU

PREIIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
lltclallu on l&amp;a lhpoolclon11 lntUDaelona\11 de

PHIS - LTOI - TIEH - PIIWELPiU - Pn!S
1871

1187

lll'iS

1ffl

1ffl

U allJ'LU COK IL ■.1TOa •111'0 D Lle

Pal'II,

GRANO DE LINO JARIN

~----t.-,'&lt;--=:'.:)Rue lonaparte, 40

re:R~c~s

E8TRERIMIENT08, CÓLICOS. - La caja: lfr.

:

DISPEPSIAS
CASTltlTIS - OASTRALOIAI
DIQHTIOII LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APITITO

80.

~

____._;;,,

de blerro Impuro
ó alterado _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __
, , Eleatoduro
un medicamento
iñtlelétrrltante.
mo prueba de ¡¡ureza y de autenticidad de

!B

Ju .-e.rdade:raa .Pildot-cu tle .BZanearcf,
m¡tr nuestro HIio de pl ■t• re ■ctlv■,
■ue■tra firma puesta al pié de una etiqueta
- - • y el Sello de raranlla de la Uni6n de
IN ,111rtc■ ntn para larepres16n de lafalJl·
lcaclóu.

CLOROSIS. -

ANÉIIIA, -

LINFATISMO

1ueu11C111

11.UO U. FORK.l DI

ELIXIR, · de PEPSIIA BOUDAULT
VINO . . •e PEPSIR&amp; BOUDAULT
POLVOS. •e PEPSINA BOUDAULT
PWS, ~ COLL.t.8,1, ne l a , ... 14, fl"Jtd,Oln

.11 P:roú&gt;-lodaro 41 BJerro 11 .i NJ&gt;U'acfor 41 i. .._,..,
., lo.rlUlO&amp;DN , ., .mlarolllolcl&amp; " ' ezoe~DnN,

)SS IULLJ.N KN TOD.lS LJ.S PilJilCLll

O'TlllOI DUO&amp;DUU Da u

fli.-ri&lt;II.

11clarahe11uGrajea■ •,-.llhn"Mern"1l'.GUle,

M,.,........ _____

-=

-.011C51mdtclM-. . . . . . . . . ,....... . . . . . . . .

N (Nlllffllbiu.lcMI f • "'N"'6«'"4

DDdllTO Gmm.u.: 411, ... v.tnten, ..~

11

ele loe Jro,,c,.la).
IÑII tu J&amp;l'IW!u.

. )epillte •

APJ:OL
de los o•ea JORET &amp; HOMOLLE
El API0L cura los do/ore,, relraao,, 1upreilonea de 111 Epocu, as! como las plrdldu.
Pero confrecuenclaesfalslficado.EJ APIOL

CARNE HIERRO y QUINA

tJlm■DM» NI ~ llllido a lol 'f6Diooa mu npandar&amp;

verdadero. unico eficaz, es el de los In ventores. los D"' JORET y BOIIIOLLE.

MEDALLAS Exp" Unir'" LON ORESf862 · PA RISf889

rar-BBIUT, 150,mdlBITOU,PilJS

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T 00K TODOI toS

nmcma. IWBlTITOI n u

caua

• • - _ _ .• .,_ ..,..._, Dles lflol di a:lto CIIIDUDUldo J IU &amp;anDldOllel die

llií6dic■■ ~ que - - DOC!ldoo de la Cl■l'lle, el . . . . . , 1a
el ~ mu ~ que• OODOOe ~ carar : la C1orddi, la
111 l l l f t l ~ clol#IIMI, el ~trwc,--lf J la AltlNCIM" 1' ,_,,.,,
el bqtHU,. 1aa Aflt:tMM l#f'O(WOIM 1 liclrOIII"'", e&amp;é. 11 Ylae • e . . . . . - de
.,.._. ea, m' efec1o el UDklO que reune lodo Jo que mklll&amp; J tol1&amp;leae lol ol'IU)OI,
NIQ)artla, coordella'J aummta C O l l l i ~ lU flael'lll 6 IDlwl4e &amp; la IIIICl'8
empollreClda y delCOlortda : el fffM', la Colol'lefM 1 la ~ eUM.

tJü¡.;-:;.,,DeDCMI
r.::..

LA SAGRADA BIBLIA

OOIIIUtuy

fl•r"•

111ftt111,. -Flt1t Yd. A1111 l•rl• ,.,,.,,..., 1
1 A.,, MIO de 1Vt1fro1 II/IA/t08dt 8ALll8, PM• ,,,_
1,
11 ,, ,u 00111t1p1clon, lt dar•A•
ti 1ueño 1 I• 1lt1rl1, - 1 "'' .;.
■voho1 1~01, dllfrutand• 1/emprt d• una buena NI

,i,.,•

'"°'"'•11

,""'f~ 'r:

p,,..,w • Paria, ea cua de J. FB!Ult,FllllllClltico, tM, r11 Richeliea. S... a. .lBOIJD.
•

p VDDS IDC TOl&gt;.l.8 lo.U nIKCIP.U.U BOTIIWI

au1sE ·:= 1eouo
1

EDICIÓN ILUSTRADA

á 1.0 céntimos de peseta la
entrega de 1.6 páginas
Se envú.n prospectos l. quien los solicite
dirigi~ndose l. los S~s. Montaner y Simón, editortS

r-;~R41~B~,11f!q§!,rJi~9.!tlff.lJll~
El .T.ARABE DE BRZANTrecomendauo

des&lt;1e su principio, por 10s vror~sores

Laennec Thénard Ouenant etc. • ha reclhl&lt;lo la consaf raclon del tiempo• en el

año 1829 Óbtuvo el privilegio aé Invención. VERDADERO CD FITE PE(1CTD11RAh,~ º\~:g
de goma y &lt;le ababoles conVlene sobrel\\0&lt;10 a las personas e ca ,
mu.,eres y niños. su guito excelente no perJu&lt;llca en mo&lt;lo alguno é. su eflcacla
l. contra 108 lESFBUDOS y to&lt;las las IIFUJUCI0IES &lt;lel PECHO Y &lt;18 [OS IITESTII0S. .,.

LOS ijUE 6TEIGll
TOS
6 ·ca tomen las
ya sea reciente cr

ni

PASTILLAS ~[C

TORALES

ronto por fuerte que
del Dr. Andreu Y se ah~tarán s~ uros que casi siemsea. Sus efectos son ta~ rápid~~l~ir fa primera caja.
pre desaparece la TO ª1 co
Cl arrillos
• mo autor los g
Para el ASMA prepara e1 mi~ calman al instante.
y Papeles azoados que 0

LOS RESFRIADOS
de la nariz y dt !&amp; cabeza desaparecen
en muy pocas horas con el

RAPÉ NASALINA
que prepara el mismo Dr. Andreu.
Su uso es facillsimo y sus efectos
seguros y rápidos.

PARAte~erBOCA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores
de muelas, usen el ELIXIR y los POLVOS de

MENTHOLINA DENTÍFRICA

que prepara el Dr, Andreu, Su uso emblanquece la
dentadura, fortifica notablemente las encías, evitando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agradable perfuma el aliento.

�LA

N ú MERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTiéA

489

ser muy sólidamente
fijada por medio de
un gran el ectroimán, de modo que
cmNTfFICO
se~m se interrumpiera ó se dejara cirEn Roma se ha
cular la corriente,
celebrado recientepodia aquélla ó no
mente una fiesta que
ser levantarla y pobien merece el titulo
dia ó no el caballero
de baile cient!fico.
que lo intentara saSe abrió el cotillón
car el ramo que escon la representataba debajo. Poco
ción de un desafio
después funcionó
en el siglo xx; los
una gran máquina
caballeros se dispude influencia de
taban sus damas con
Wimshurst con sus
espadas puestas en
brillantes chispas
comunicación con un
monstruos.
gran centro de ele~Terminó el cotitricidad por dos hillón con la figura silos invisibles, proguiente: multitud de
duciendo los aceros
preciosos brazaletes
al chocar arcos volde aluminio electrotaicos y chispas brilitico estaban cosillantes de un efecto
dos- á Otros tantos
mágico.
pañuelos de piroxiTambién se rindió
lo; un inflamador
tributo á laqulmica:
eléctrico produjo la
á las señoritas se les
deflagración encima
ofrecían flores artifide una mesa, haciales de toda clase
ciendo arder y desimpregnadas de feaparecer, sin dejar
nol-thaleína, de ciarastro, los pañuelos,
cina, de dinitro-nafy dejando á las datol sulfúrico, de cúrmas como recuerdo
cuma, etc., que camde la fiesta las pribiaban de colores
morosas joyas que
al ser humedecidas
dentro de aquéllos
con un pulverizador
se ocultaban.
cargado de agua con
La corriente nececarbonato sódico.
,;aria para todas esDespués de estas
tas aplicaciones y
figuras aparecieron
para la iluminación
por todos lados las
de los salones procorrientes eléctriporcionábanla veincas; las señoritas se
ticinco acumuladosentaban en un gires del Electric Pogantesco sillón de
wer Storage, de quiestilo medioeval, y
nientos amperes caESTUDIO DEL PINTOR CARLOS RAUPP. (Véase el articulo en el número 487.)
cuando delante de
da uno de ellos de
cada una se presencapacidad.
taba el caballero que
le estaba destinado, iluminábanse á la vez multitud de lampa- entre las que citaremos los cambios de color de las grandes
Los autores de esta fiesta cientifica fueron el profesor señor
ritas incandescentes, dispuestas en aureola sobre sus cabezas. lámparas Bemstein, que indicaban cuál caballero debla bailar Mengarini, dueño de la casa y director de la fábrica eléctrica
El circuito se cerraba por la intervención de un operador que con determinada dama. Otra figura muy ingeniosa fué la si- de Roma, y el profesor Sr. Nasini, de la Universidad de Rode esta suerte arreglaba las parejas á su gusto.
guiente: una caja metálica, muy sólida, tapaba un ramillete; ma, que estuvo encargado de la parte química.
(De La Nature)
La electricidad se mostró además en otras muchas formas, construida con una armadura de hierro dulce, esta caja podla
UN BAILE

...

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA dlríje.nse para informes á. los Sres A. Lorette,Rue Cauma.rtin
núm. 61. París.-Las casas espe.fiolae pueden hacerlo en la oficina. de publicidad de los Sres. Oalvet y O,•, Diputa.oión, 358, Barcelona

Enfermedadesd,1Pecho
Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,

Jarabe Laroze

Jarabe Pectoral

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

DE

Catarro■,llal de garganta, Bronquitis, Resfriado■ , Romadizos,

Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito JlOl'
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gaatraljias, dolorfla
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la ~gei,~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los wt.estwos.

P. LAMOUROUX

de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, ele., 30 años del mejor
6xilo atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

Ante,, Farma°'ut/co

•s, Calle VauvUlter■, J1ul1,

JARA.BE

E! Jarabe de Pierre Lamo11ro1w es
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de las ti&amp;anas, á
las cuales comunica su gusto agradable y sm propiedades calmante,.

Dap6stto ,n todas tas Farmacias

a1BroD1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es i,l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los nillos durante la denticion, en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

(Gaceta de los Hospltales)

lep6slto &amp;neral : 45, Calle Tmillien , 45, P.WS
Se rende en toda, /a, buena, f1rm10/u,

Jibrit.a, Espediciones : J.-P. LAROZE

!, !'lle des Lions-Sl-Panl, i Paris.

Deposito en toda.a las pr1nclpale1 Boticas y Droguerlaa

CARNE HIERRO y QUINA

ll .l.llmento maa í ~ IIIÚdo a los Tónico• mu reparadora,

VINO·FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS nIMCIPIOS irnnmvos DB u CARNE
•-~~an, mEJ111• Y. JllllHI Dles ailoe de extto continuado y Ju afirmaciones de
WUA11 laa emlnenciu mí!dicas preub&amp;D que esta UOCJacíon de la C:anu,, el lllerro 7 11
oonaUtuye el reparador maa enemco que se conoce para curar : la Clordsú, 11
.l11em'4, las Jle,ait~ aoi«o,iu, ~ J/mpol&gt;f'ecímktlto 1 la ,Httracúm a, la Sanqr,,
el .B/Sq1'm,"'°, las Afe«1MIU ucro~a, Y ew&gt;rlnltkas, ele. El l'ia• l'erraatDHe de
Ar•11• ea, en erect.o, el único que reune todo lo que entona y fortalece loa orpnoa
regu1~1 coordena y aumenta conslderablemente las tuerzas ó tntunde a la aan¡re
empobrllCldl
y descolorid.a : el f4'&amp;r, la Coloracwff 1 la 8Mrq10 wtlll.
PorfMfor,en Paria, eo wade 1. FERRÉ,Farmauotico, 10!, rae Richelieu, Sausor4e AROUD.

••i•

=

SS VUDJI BN TODU .U.S PIUMCIP4LJIS IIOTl&lt;Wi

EXIJASE

11

1

VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHIN
llecomeadadu contra loa Mal• dt la Garganta,
Enlnctonee 4e la Vos, IDflam.actouee de la
llooa, Efeotoe penllol090tl del Mercurio, Irttactcm !JU9 produe !11 Tuaoo, J apeci&amp;lme11t
i loa Snn PREDICADORES, .1.BOGA.I&gt;Oa,
PllOFE80RZII 'T &lt;a!CTORES para !aeili\ar la
emioion de la 'l'OS, - PI NIO : 12 lllil.&amp;I,
Jl°"9fr "' 11 rotulo • /fNIUJ
.adh. DETBAN, Farmaoeuttoo en P.umi

ARDUO

PITE EPILATOIR E I USIER
•

GARGANTA

destruye hasta lu RAICES el VELLO del rostro de lu dam11 (Barba, B!gole, ete.l, c11
IÜDguo peli¡ro para el cutis, 50 .a.iio1 de É:a:lto,ymlllam de teJUmooio1garaaliJaD la ellc.i~

----...=:=---'---':;::_--'"------'d_
1;,_'b_·~-pre.:.'P_::..:.~_;~_º
·_(_:_;_ef_
. i,
_'.J.,;.eo_
.,oa
_,,_1:_; _,r.:,_D_1_~_~r_ba_s_'~_e_k_'..:..~_
l :..
~:u
_J•..:..:..:..r_••J_ ••_i\
::..:
l .:.~~::..:'::.:~.:.~
º::..:!~::..:~ro..:J..:~.:.~=-.-

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
UlP, DB MONTANl'I. y S1.J4ÓK

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46646">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46648">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46649">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46650">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46651">
              <text>489</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46652">
              <text> Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46653">
              <text>11</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46669">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46647">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 489, Mayo 11</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46654">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46655">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46656">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46657">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46658">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46659">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46660">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46661">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46662">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46663">
                <text>1891-05-11</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46664">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46665">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46666">
                <text>2011647</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46667">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46668">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46670">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46671">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46672">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7372">
        <name>Andrés Theuriet</name>
      </tag>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="7377">
        <name>Carlos Raupp</name>
      </tag>
      <tag tagId="7375">
        <name>Cuento fantástico</name>
      </tag>
      <tag tagId="7306">
        <name>Emilio Castelar</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7376">
        <name>Purificación de las aguas</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1771" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="649">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1771/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._490._Mayo._0002011654.ocr.pdf</src>
        <authentication>2bbb32e1e5932fdfa8bb787baac34464</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73942">
                    <text>U~ÍrtélC10t)
¡
A~o X

-----=-------

~

11tí~t1etx

BARCELONA 18 DE MAYO DE 1891

NÚM. 490

REGALO Á LO3 S:C:[;OR:C:S SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

•

PODEROSO MAGNATE, cuadro de D. J osé J iménez Aranda

�LA

306

1LusTkAc10N ARTisttcA

NóMERO

490

cultura griega, por ejemplo, Pero estas objeciones no ces, con otra cosa además: la emoción personal, la
probarán nunca que cada tiempo no deba tener su visión personal del artista, sin pretender velarla ni
retirarse de su obra. La propia personalidad que, á
Texto. - La Exposiciónge,w·at de Bellas Artes (continuación), arte propio y trabajar por dar forma á su ideal pro- despecho de toda teoría, se transparenta siempre en
por J. Yxart. - La ro1i1erla de San I sidro, por F. Moreno pio, lo cual hicieron, en suma, aquellas mismas épotoda pintura, tiende á recobrar francamente sus deGodinq,-Górcega. Notas de viaje, por EtluardoTo~a. - Ro• cas y aquellos mismos genios, sin que se les o_curriesali11da. Cuento fantástico del siglo XVII (conclus16n), por ra imitar á los anteriores ó detenerse en estén! con- rechos. Lo real, el amor á la verdad, permanece; pero
José Torres Reina, -Nuestros grabados. - El marido_ de ( aco• templación. Ni tales objeciones destruirán tampoco el artista nos da de ello, no su efecto común y objetiva•
/1ita (conclusi6n), Novela original de Andrés Thunet, 1l~s- el principio de que un arte que corresponde á la in- do, sino el efecto que á él le causa, sin temores á un retrada por L. Marold, traducción de Enrique L. de Vernemll. mediata manera de sentir del espectador, es siempre proche de idealización. La absoluta sinceridad se im-SECCI ÓN CIENTÍFICA: El gran ecuatorial acodillado del para él el más interesante; un arte que guarda relaci?- pone en este punto, y esta sinceridad, enfrente del
Observatorio de Parls, por A. Fraissinet.-El sepulcro de nes invisibles y á veces imprecisables con la sene natural, es el rasgo más saliente de tales cuadros.
Aristóteles. - Libros enviados á esta Redacción por autores 6
infinita de ideas, afectos, sensaciones que nos crean Puede decirse que por aquí da un nuevo y más reeditores.
un alma propia, el alma del día; este arte, digo, me- suelto paso la preocupación, quizás constante en
Grabados. - Poderoso magnate, cuadro de D. José Jiménez
rece desde luego, por ser el nuestro, atención y es- todo artista verdaderamente tal, de olvidar y reacAranda. - Pastoreo, cuadro de D. Laureano Barrau. - Pesca,
tudio
superiores al de otras épocas á las cuales ya no cionar contra lo aprendido por receta, limpiando su
cuadro de D. Dionisio Baixeras. - Vendimia, cuadro de don
podemos
volver. Los que vengan dirán si al manifes- cerebro de los recuerdos de toda postura del moJosé M. Tamburini. - Acudiendo á la cita, escultura de G. van
tar
en
esta
forma propia la belleza tal como la senti- delo, de toda expresión de taller, para interesarse dider Straeten. -Exposición de Bellas Artes de Barcelona. Vistas de la fachada del Museo y del gran salón central en donde mos, creamos algo transitorio y deleznable, que no rectamente á la vida en movimiento; á la naturaleza
está imtalada la sección de Esmltura, composición y dibujo ha de pasar á las galerías de ningún museo: esto es sorprendida instantáneamente, libre, sin preparación,
de D. Nicanor Vázquez. - J,fonta11as de Córtega. (De una cuenta de ellos. Lo que á nosotros nos importa es sin mandarla, si así puede decirse, que se detenga y
fotografía.) - Córcega. El bandolerismo. L a familia de Bella- hacer lo que hicieron todas las épocas: procurar tener adopte una actitud para pintarla; al gesto vivo, inscoclm, (De una fotografía.) - Historia amoro.&lt;a, copia del ce- un arte suyo y encariñarse con él, en cuanto llevaba tintivo en la figura, al rasgo habitual, á la expresión
lebrado cuadro de Laurenti. - Busto m mármol de S. M. la al exterior la visión interna de su vida, sus sueños, candorosa, olvidada de sí misma, y por tanto la más
reina rigente, esculpido por D. Agustln.Querol.-Fig. I. El
sus pesadillas, sus realidades, reflejadas y refractadas característica de una situación ó de una pasión no
gran cuadrante ecuatorial acodillado. Vista del conjunto del
á través de los lentes que la naturaleza pone delante registrada todavía en ningún álbum de Lavater. Para
aparato, - Fig. 2. El ocular del gran ecuatorial acodillado,
alcanzar plenamente esto hay que ser no sólo sincero,
- Fig. 3. Esquema que reproduce la marcha seguida por el de los ojos de cada generación.
Por esto, repito, cuando recorro las salas de la Ex- sino simple en el modo de ver las cosas y en el modo
rayo luminoso en el gran e&lt;;uatorial acodillado. - Estudio de/
posición actual, se me va la atención y el alma con de trasladarlas sin efectismos, adquirir en el dibujo
pintor /Valter Firle. (Véase el artículo en el núm. 487.)
predilección irresistible hacia aquellos cuadros que aquella seguridad fácil y repentista que fija en el pame manifiestan las tendencias de hoy, y transmiten pel de golpe un gesto, un juego de líneas fugaz y casi
LA EXPOSICION GENERAL
algo de mi propio sér, algo de esa concepción total imperceptible; poseer en la pincelada aquella difícil
de la vida que infunden las demás artes, la literatura, exactitud que parece acertada de un golpe, con fresDE BELLAS ARTES
las costumbres, el mismo temperamento político cura, con amplitud: el tono, el color, «la impresión
coetáneo, algo que me satisfaga por más sincero, por virgen de las cosas,» como la llama un crítico con fraIII
más directo y vivo, con impresión, por decirlo así, se feliz.
De este espíritu de sinceridad y simplicicad en ver
LA SECCIÓN DE PINTURA ESPAÑOLA
privada y en nada diversa de las cotidianas. Y en cambio, lamento ó me sorprende que sean aún tantos en y ejecutar, procede al mismo tiempo aquella homoLa primera ojeada general á los cuadros de la sec- número los cuadros que nada me dicen en este sen- geneidad completa de la obra, en que nada se halla
como traído á la composición y dispuesto con arte
ción española convence á cualquiera de lo mucho tido.
que tarda en llegar á España la última fórmula del
En tres grandes grupos principales pueden clasifi- para el efecto total. La observación directa y en todo
arte contemporáneo, y cuánto se detienen algunos carse éstos en la actual Exposición. Hay primero aque- su conjunto de un espectáculo cualquiera trae al cuaen concebir y ejecutar siguiendo todavía una manera llos lienzos de algunos maestros conocidos y de re- dro aquella relación invisible é íntima entre todos sus
que está ya definitiva y justamente juzgada.
putación ya incontestable, que se traen su firma en componentes, el influjo recíproco de lo que se ha llaNo soy de los que adoptan como criterio y de un la tonalidad general, en la factura y hasta en el mado tiempo ha el medio, causa de la armcm,ía entre
modo exclusivo la última consigna, creyéndola en asunto elegido. Resaltan tales cuadros como evoca- todas las circunstancias del momento, del grupo, del
todo caso un progreso por ser la última. Tampoco ciones de otros concursos, como notas y manchas asunto elegidos y de la misma factura usada por el pinquisiera incurrir en la injusticia patente de olvidar permanentes. Ya nadie se ve obligado á acercar- tor. Si éste siente y se impresiona bien, al propio modo
en la obra artística cualidades de primer orden por se á ellos para saber de quién son, ó para estudiar de mover los pinceles acaba por transmitirse el sentianticuadas, cuando pueden ser de tal género que en ellos una nota nueva, un aspecto de su evolución miento que le domina; no se concibe siquiera que
permanezcan como superiores á las transitorias mu- cumpliéndose todavía; ésta se ha realizado ya en pueda pintarseuna escena plácida con los brochazos
danzas de la moda. Ni he de olvidar tampoco - y absoluto. Vienen después los de aquellos autores rápidos y apremiantes de una emoción tempestuosa,
vaya la tercera salvedad - que ésta toma mucha parte que persisten en prolongar géneros ya pasados, por ni ésta con la suavidad y languidez de la primera. De
en el éxito de las obras pictóricas, como en todos los lo menos en el modo de sentirlos, en los cuales exis- aquí, en suma, esa armonía, esa fusión total que lo
éxitos. Digo más: la necesidad de hacer nuevo á todo ten cualidades suficientes para que hubiesen teni- envuelve, lo rodea, lo esfuma todo, y nos da como
trance, lleva á ·muchos pintores á adoptar la última do más que mediano éxito en otras épocas y condi- una evocación aérea é impalpable de las cosas, mefórmula por espíritu de imitación, alterándola y sin ciones quizás superiores á las de otras obras que lo nos agria que hasta aquí, y de una verdad más sutil,
sentirla. Y por aquí resulta que muchos cuadros que obtuvieron muy grande, pero que hoy, sin embargo, más refinada, más matizada y analítica, sin que el
se toman por modernísimos, son en el fondo tan con- no alcanzan ninguno, por la sencilla razón de que el análisis destruya el efecto de conjunto, haciendo valer
vencionales y tan pintados de manera como algunos artista abdica en ellos su personalidad ó la am9lda á algunos fragmentos á expensas de otros.
que pasaron de moda. Sobre todo, no hay que dejarse día fijo y en determinada ocasión, á una escuela, á
Que por este análisis, cada día más complejo y
deslumbrar por aparentes modernismos en el coloró un estilo, á un gusto elegidos de antemano. En este más sutilizado, se vuelva como quieren algunos á un
en la factura y menos en los asuntos. Con escenas caso se hallan algunos cuadros históricos, otros de nuevo idealismo, primero y consecuente corolario de
rústicas á lo Millet, con rincones de naturaleza al aire costumbres, otros de anécdota, otros de simples tipos, estos últimos esfuerzos, me parece que no es ocasión
libre, con interiores simplicísimos, en un ambiente en que la composición y·sobre todo la pintura re- de tratarlo aquí anticipando ideas, porque no hay togris, de tonos enfermizos y apagados, donde palpite cuerdan muy directa, muy llamativamente el arte y davía en la sección española obra que realice esta nola vida sin estrépito y vibre el color modesta y sor- aun el oficio. Es imposible explicar la sensación que vísima tendencia. Me limito, pues, á este primer esdamente, se puede en el día incurrir en la propia ya empiezan á causar muchos de esos cuadros que, bozo de la que nos ocupa, para señalar algunas de
convención, exhausta de inspiración y temperamen- sin ser cromos, como algunos de antaño, y parecien- estas condiciones en los principales cuadros moderto, que nos trajo hace pocos años las notas de color do de gran verdad y del natural, hace poco tiempo, nos de la Exposición, casi todos de catalanes y algudeslumbrantes, los esplendores del sol de Fortuny, se destacan, también á distancia, duros, sin ambien- nos influídos por Francia. De los demás que lo melos árabes, los casacones, etc., y antes de ellos la te, sin gradaciones de luz, sin movimiento y flexibi- rezcan indicaré los más principales ó que muestren
pintura castiza, vigorosa á lo Rosales, y más antes lidad en las figuras. Tras de los cuales llegan, por una i~dividualidad característica, con objeto de que
cualquier otra fórmula. Siempre ocurrió en pintura último, los numerosos de los autores divorciados de pueda formarse concepto del conjunto de las salas
lo mismo: unos inventan ó siguen un nuevo procedi- su tiempo y alejados en absoluto de él, que revelan de pintura española.
miento porque lo sienten y otros _lo imitan porque una obstinación candorosa en conmover con el
J. YXART
priva ... Me parece que no puedo llevar más allá mis melodrama ó en emplear los recursos ajenos: pinsalvedades ...
tura de pinturas, arte de arte, y aun del anticuado:
Pero con todo esto, á pesar de todo esto, y quizás manifestaciones híbridas y de pacotilla, que no son
por esto, la primera observación qu~ se me ocurre es, ya obras artísticas, sino manufacturas más ó menos
LA ROMERÍA DE SAN ISIDRO
que lastima ver el arte pictórico español rezagado aceptables, y muchas, inaceptables del todo.
todavía, y lo que es más, divorciado en general de las
En medio de esta diversidad de obras, se halla de
I
últimas y más modernas tendencias. Porque, en pri- vez en cuando la nota nueva, ó la que sin ser descomer lugar, van á mi juicio por camino más seguro y nocida dura con éxito por reciente ó análoga, 6, por
¡Pobre San Isidro, tan bueno, tan humilde, tan
aceptable que las anteriores. Porque, en segundo lu- fin, el conato del que se esfuerza en llegar por
modesto
tan callado! Estoy seguro de que á hagar, el arte coetáneo del espectador es siempre el que caminos ignorados de los que le precedieron. Resutiene más derecho á la atención de éste, cuando se mir las condiciones singulares de esta manifestación ber sabido que su nombre y patronato iban á servir
le ofrece con caracteres de sinceridad, sin engañifas que califico de moderna, distinguirla y hacerla visi- de pretexto á jaleo tan colosal, en vez de servir de
de copista ni trazas de mercantilismo. Dirán otros ble, no con los pinceles sino con la pluma, es ya algo mozo de labranza al madrileño Juan de Vargas hulo que quieran del arte de otros tiempos, aun de los difícil. Cabe sólo señalar sus rasgos dominantes, y no biera cogido del brazo á su cara mitad María de . la
más próximos, No puede negarse que ni el arte adelan- más. Desde luego no se trata del mismo realismo de Cabeza y retirádose con ella al pueblo más recóndito
ta siempre en línea recta, - fórmula de progreso que hace pocos años, si se entiende por él transmitir con de la Alcarria ó cosa así. Es de suponer que el día, ó
quizás se cumple en las ciencias experimentales, y no plena exactitud lo real, objetivándolo con absoluta mejor dicho, la quincena en que se celebra su fiesta,
más, - ni dejará de haber nunca épocas y autores en impasibilidad. Dado que esto se haya propuesto al- estará en ascuas en la mansión de los bienaventuracuyas obras resplandece un tipo de arte casi perfecto guna vez, - lo cual nos llev¡uía á una amplificación dos, oyendo los reproches de éstos, escandalizados
que estamos condenados á admirar de rodillas, á con- bastante larga, - no hay ya en los cuadros de esta de semejante baraúnda.
¡Qué romería y qué romeros! Las de los galleguitemplar en éxtasis y á considerar inasequible: la es- última fecha este exclusivo propósito; hay esto á ve-

NóMERO

490

L.tt

- ¡Pues claro!, contesta el cicerone; entonces estaban á la cuarta pregunta.
- ¿Y por qué vestía todo de verde ese señor? (la
estatua de Cervantes).
- No vestía así, sino que era tan pobre que sólo
se mantenía de hierbas, y se le ha salido fuera el color.
Aquél es el presidente del Consejo de Ministros.
- ¡Bah! ¡Si creerá usted que me piso el ramal! ¡Un
presidente con ese saco y ese sombrero despeluznado!. .. etc., etc.

SUMARIO

II
Por supuesto, que los forasteros y los que no lo son
van en su mayoría á visitar el palenque de sus futuras hazañas antes de que llegue el día del santo;
porque aquel sitio está lleno de fondas, fonduchas y
puestos con ocho días de anticipación. Al que va
por primera vez le sucede lo que al que entra en Lon-

PASTOREO,

307

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y sus horas predilectas. La gente pacífica y decente

le visitan en la víspera de la fiesta ó el mismo día
por la mañanita temprano; esto es, si el tiempo no lo
impide, pues en tales días suele hacer un calor del
Senegal 6 caer unos chaparrones que convierten los
alrededores del santo en laguna Meotis.
Pero que se achicharre ó se inunde el mundo, en
Madrid desde la víspera están tan fijos en su sitio
esperando romeros centenares de vehículos de todas
clases, como el doctor Garrido en su farmacia, Luna, 6. En' tales días se utilizan todos los medios de
locomoción, desde la tartana valenciana al carro de
violín. Al ver la interminable fila no se concibe que
quepan en el planeta tantos armatostes, que no son
pocos el día del santo. En este día desde las seis de
la mañana los tres caminos principales que conducen á San Isidro parecen tres hormigueros humanos:
gracias á que los puentes de Toledo y Segovia son
sólidos, aunque no así el puente verde, que en más
de una ocasión se ha hundido proporcionando á los
romeros un baño en el Manzanares. Pero estos madrugones que van temprano y vuelven antes de que
apriete el calor, ni son romeros clásicos ni madrileños netos. El verdadero hijo de Madrid no puede
prescindir de ciertas formalidades. En primer lugar
tiene que visitar de mañanita la capilla de San Isidro, anexa á la antiquísima parroquia de San Andrés: capilla que merece verse por su rica fabricación
de mármoles y jaspes y por su no escaso mérito plateresco. Claro es que desde esta capilla se pasa naturalmente á la adjunta parroquia para visitar los lugares habitados por el santo y el pozo en donde santa María de la Cabeza sacaba agua para sus meneste-

cuadro de D. Laureano Barrau

tos y asturianos (que no son flojos) y las ferias más
bulliciosas de Andalucía son niñas de teta y cosa
de poca monta comparadas con la dichosa fiesta madrileña. Merced á la bondad de las empresas de ferrocarriles, que establecen trenes baratos, se llena la
villa y corte de España de la sociedad más selecta
de provincias, que viene resuelta á divertirse á sangre y fuego, para lo cual se toma ocho ó diez días
de anticipación. La posada del Peine, la empresa de
la plaza de toros y los timistas y enterradores hacen su agosto; pero lo cierto es que los habitantes de
Madrid tienen que sortear más sirtes que los marinos del Pacífico. Las calles y plazas se llenan de
racimos humanos; es decir, de forasteros que an·
dan á bandadas, cogidos de la mano para no perderse, ó bien se paran en grupos ante los escaparates de las tiendas 6 delante de las bolas de las
farmacias, para tener el gusto de verse verdes, que
es como les van á poner entre rateros, pobres, patronas, posaderos, músicos y danzantes. He dicho en
otra parte que Madrid asimila, y es verdad. No obstante su embobamiento, á los tres días de estancia
los forasteros se hacen madrileños, y es de verlos en
l_os cafés cantantes, jaleando á los cantaores ~or lo
1
ondo «¡Olé, viva la gracia!,» ó gritando á un diestro,
desde ~n tendido de la plaza de toros: «¡Pare usted
esos pies!»
_Lo~ forasteros que vienen por primera vez á ~adnd tienen sorpresas indecibles, á las que contribuyen los cicerones madrileños que suelen acompañarlos. No se explican que las puertas del Palacio Real
sean de madera vulgar lisa y moronda, cuando ellos
las suponían por lo menos de plata con clavazones
de corales.
- Pero esos reyes (los de la plaza de Oriente) ¿andaban tan remendaos7

PESCA,

cuadro de D. Dionisio Baixeras

dres por vez primera, que le parece feo, y á poco se
convence de que es admirable. Y son admirables la
residencia del patrón de Madrid y sus alrededores
porque no tienen nada de particular, excepto cierto
cht'c inexplicable: ese chic que nos hace exclamar á
veces mirando á una mujer: «¡Qué fea tan simpática!»
En aquel sitio el río es estrecho, en la pradera apenas hay algunos grupos de árboles diseminados, los
cerros son escuetos, la capilla del santo no brilla por
su arquitectura, y no obstante, todo el conjunto resulta atractivo y pintoresco. Comparar, por ejemplo,
el famoso Prado de San Sebastián, donde se celebra
la feria de Sevilla, con San Isidro del Campo, es como comparar el alma que plácidamente se pasea por
el cuerpo con el alma que se desborda en los ojos,
en los labios, en las manos y en todos los sentidos
corporales.
Los romeros de San Isidro morigerados, es decir,
los que no se pasan en él todo el día, tienen sus días

\'ENDIMIA,

cuadro de D, José 1\1, Tamburini

�LA

308

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

490

frase pedigüeña lastimosa é invariable. Muchos llevan sucursales infantiles, es decir, niños y niñas que
acosan al transeunte. Entre éstos hay un niño copio
de nueve á diez años de edad que pide limosna
constantemente en Madrid, que ha consagrado la
mendicidad como estado civil. Después de pedir el
socorro, si se le niega, añade con aire de graciosa
resignación: «¡Cómo ba de ser, otro día será!» dando á entender que tiene ante sí un largo porvenir de
días para ejercer su profesión.
Las autoridades y una gran parte de la policía no
se dan punto de reposo para vigilar y poner orden
en la fiesta. Intervienen en las riñas, dirimen las
contiendas entre vendedores y compradores, acuden
al llamamiento de dueños de fonduchos y cantinas,
donde los romeros suelen romper la vajt'lla y olvidarse de pagar el gasto; pero aun así, ¿quién puede
poner límites á la expansión madrileña y forastera?
Como en Noche-Buena, el año que no resultan de
la romería dos ó tres muertos y cinco ó seis heridos,
puede decirse que ha sido un año incoloro en lo tocante á San Isidro.
Bien caídas las sombras de la noche, la mayoría
de los romeros van abandonando lentamente aquellos pintorescos lugares en donde tanto se han divertido. Muchos, peneques totales, no pueden volver á
sus lares, y se quedan en el camino tendidos junto á
los estribos de los puentes ó cabe las tapias de las
casas de los arrabales; porque eso sí, un borracho
puede perder la razón, pero no se ha dado caso de
que se tumbe á dormir la mona en sitio donde pueda ser aplastado por los carruajes. Los bay que, bien
sea por desorientación de su domicilio ó porque ne·
cesiten ambiente para su jumera, amanecen en la
Moncloa ó en el soto de Migas Calientes. Pero en fin,
los que llegan á Madrid lo hacen triunfalmente y es
de ver el verlos desembocar en la Puerta del Sol por
las calles de Carretas, Mayor ó Arenal, según el camino que traigan. Suelen venir cargados por dentro
y por fuera, pitando en silbatos que representan cabezas de hombres políticos eminentes; polvorosos,
despechugados, y las mujeres despeluznadas.

res domésticos; y como unido á estos dos santuarios
está la capilla del obispo, único y precioso ejemplar
del arte gótico en Madrid, es forzoso también visitarla.
.
Después, el madrileño escrupulosO' se traslada á la
Colegiata, hoy catedral, pues allí, en rica urna, se
veneran las cenizas del santo labrador.
Cumplidos estos deberes, la familia ó familias madrileñas, pues á veces se reunen varias, pueden emprender tranquilamente la romería en carruaje ó á
pie, llevando los víveres y utensilios necesarios para
almorzar y comer al aire libre, que es como debe hacerse en San Isidro del Campo. Si el sol les derrite
los sesos durante el camino, propinándoles insolación y aun tifoidea, ¿qué importa con tal de que tengan tiempo de llegar y beber el agua de la fuente
del santo, después de haber leído ú oído leer la siguiente famosa décima:
&lt;I Oh aijada tan divina
con,o el milagro lo enseña,
pues sacas agua de peña,
milagrosa y cristalina! .
El labio al raudal inclina
y bebe de su dulzura,
pues San Isidro asegura
que si con fe la bebieres
y calentura trujeres,
volverás sin calentura.&gt;

III
Los que almuerzan ó comen en las fondas colgadas de tapices, con loza de la Cartuja y manteles en
la mesa, los que se refocililn en los chiscones de los
cerros, son romeros falsificados y de contrabando;
soldados, mujerzuelas, forasteros que ignoran las costumbres clásicas, gitanos y gitanas que se embuchan
el producto de sus buenas venturas: furriela sin color, aunque sí con olor y no á ámbares. Eso es la
oclocracia de la romería. La familia madrileña pura
entra á empujones en la capilla del santo, sube y
baja la cuesta bordeada de puestos, compra las estatuitas de San Isidro y su no menos santa esposa,
rosquillas de la indispensable tía Javiera y otras
autoras, rosas del pitiminí, silbatos colosales adornados de lazos sorprendentes, frasquetes llenos de licores tan misteriosos como la linfa Koch, y provista
de estos enseres busca la sombra de algún árbol y se
instala en la Pradera.
Por esto la Pradera es la síntesis, el idilio, digámoslo así, de la romería; idilio que á veces se eleva
al drama.
Porque desde las dos de la tarde, 6 cosa así, la
mayor parte de los romeros de San Isidro, especial·
mente los de la Pradera, son irresponsables de sus
actos. Allí no existe el libre albedrío, el resistero, los
horrores de la digestión, el hipnotismo de los frasquetes, el ruido ensordecedor de los pitos y dicharachos, las lastimosas lamentaciones de los mendigos
que merodean de corro en corro, los gritos de los
vendedores ambulantes, las excitantes ondulaciones
de las faldas de las romeras, el vértigo de los bailes,
el rasgueo y punteo de las guitarras, la aparición siniestra y antiliberal de los agentes de orden público;
todas estas cosas reunidas y cada una de por sí se
llevan el libre albedrío á cien leguas de aquellos sitios: allí el libre albedrío consiste en cometer cada
cual las mayores incorrecciones posibles. Como los
corros se tocan y las cabezas están calientes, hay
allí mil pretextos de bronca.
Por ejemplo, á un. tenorio de un corro le flecha
una chula de otro próximo:
- ¿Me hace usted el favor de bailar conmigo?
- Estoy costipd.
- Bailando sudará usted el costipao.
- Pero es que yo no bailo sino· con quien conozgo,
y á usted no le he visto más que pintao en una pandereta de Noche-Buena.
Bronca.
-Aunque no tengo el honor de conocer á usted,
me va á hacer el osequio de beber un traguito.
- Yo no bebo más que agua caliente pa escaldar
á los microbios.
- Pues ahora va usted á beber esto tt por la boca
ú por la cabeza...
Bronca.
Además no faltan Mefistófeles que solivianten las
pasiones. Hace dos años, uno al parecer caballero,
al sacar la petaca dejó caer al suelo inadvertidamente un billete de banco; viólo una cigarrera que esta·
ba sentada debajo de un árbol y se levantó para cogerle; pero llegó tarde, porque un hombre del corro
vecino se había apoderado de él.
- Ese billete es mío,
- ¡Ca! Señora, usted está trascordd, me se ha caído á mí del bolsillo.
Intervención de los hombres de ambos corros,

NúMERO

'

;- .:--~~"~"'~-,""':·&gt;. .....
::- - -_
.

,

ACUDIENM Á LA CITA, escultura de Van der Straeten

IV
Los mendigos son una de las cosas más sorprendentes de la romería de San Isidro. Parece que la
mitad de la población se ha disfrazado de pordiosero para pedir limosna á la otra mitad, y esto me recuerda las corridas de toros en Sevilla, en donde hay
más vendedores de comestibles y refrescos que espectadores. Desde las calles de Toledo y Segovia y
Cuesta de la Vega, hasta los cerros del santo, pululan los menesterosos en número incalculable. ¡Y qué
menesterosos! En ellos se desbordan todos los aspectos de la fantasía monstruosa y de las deformidades
humanas. Todos los que no son mudos tienen su

&lt;Y cuando el sol de mayo resplandece
Entre efluvios de vino y de tabaco,
Aquel sitio parece
Un lugar de la Mancha entrado á saco.&gt;

Hasta hace dos años ha existido en Madrid una
sociedad titulada La Bestialidad, que tenía por base
de estatuto la comisión de todo género1 de barbaridades. Era presidente el que las cometía más grandes é ingeniosas. No es posible mencionarlas y corro
un velo sobre el particular. Dos ó tres años, el día
de la romería estableció este brillante círculo una
sucursal en el Cerro de San Isidro, y allí en un gran
cajón hecho de madera cenaban los socios (que afortunadamente no eran muchos) aliñando el festín con
toda clase de... bestialidades. En el año de 1887 se
les ocurrió una idea peregrina. Elegían presidente
por San Juan, y aquel año se les ocurrió que lo fue·
ra anticipadamente el que cometiese la mayor necedad la noche del patrón de Madrid, regalándole además un reloj de oro. Fueron reuniéndose los socios
en el barracón, compitiendo al entrar en extravagan·
cias colosales. Llegó uno rezagado, hasta entonces
insignificante, saludó modosamente inclinando la cabeza, sentóse en un banco en un rincón, y se puso á
rezar por lo bajo, pasando las cuentas de un rosario.
Por unanimidad fué aclamado Presidente y merecedor del regalo de la sociedad.
Una observación para concluir: en todas las ciudades y pueblos de España, y supongo que de todas
partes, abunda el nombre del santo patronímico de
la población. Por ejemplo, en Córdoba hay muchos
Rafaeles de ambos sexos, en Zaragoza muchas Pilares, en Pamplona muchos Fermines y en Valencia
innumerables Vicentes; pues bien: en Madrid apenas se encuentra un Isidro para un remedio. Los
madrileños no se acuerdan de su bendito patrón
más que para cometer excesos el día de su fiesta.

F.

MORENO GODINO

~

'\

!

~~t\
~\ ~

;

:.-~ "

"·',

i9

'

' 1\'

.

\
'

bronca, un muerto y un herido, y resultado: un billete falso.
Y por la época de la revolución de septiembre
ocurrió un suceso más lamentable todavía, puesto
que fué causa de la pérdida de un buen ciudadano,
consecuente liberal por añadidura. Era éste un carpintero de la calle del Baño, sargento de un batallón
de milicianos nacionales, que tuvo la peregrina ocurrencia de ir á San Isidro vestido de uniforme. To·
mó posesión de un sitio sombreado por un árbol, y
dejando allí á un aprendiz, con la comida, fuése con
la familia á hacer la correspondiente visita á la hermita del santo. Cuando volvieron, el bueno del sargento destapó un gran cesto en donde traían las
provisiones, y se encontró con un culebrón de ojos
como ascuas y con la boca abierta, por donde aso·
maba una lengua de tres puntas; y fué tal el terror
que le produjo, que no paró de correr hasta el puente de Toledo. La culebra resultó empajada, pero
habiéndose divulgado el lance, el carpintero no pudo sobrellevar el apodo de Sargento de la culebra,
con que le designaron los vecinos de su barrio y
sus compañeros de ar.mas, y murió de vergonzosa melancolía.

"- "-.· ~

,-

'~r~

"°\··

~~~-"~. -

'-\ ·w , ·---=.:-~· ,
, ,·, N,, ,~ \
~~==~

V
A las diez de la noche la Pradera de San Isidro
queda relativamente desierta, pero los fervientes
adoradores del santo se concentran en los cerros,
para estar más cerca de él. En aquellas alturas no se
extingue el fuego perpetuo de la romería y sigue el
consumo de peleón, escabeche y tajadas de bacalao.
Pudibundas mujeres madrileñas y gitanas que, como
los murciélagos, no se sabe dónde se albergan, amenizan con sus encantos aquellos sitios. Se baila y se
canta en todos los estilos:

'

'

\

'

\'

-....;

�310

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 490

LA

NúMER0 490

3 11

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

viajero que desembarca en Córcega. No se va á la

isla para evocar recuerdos políticos, siempre menos
interesantes que el estudio de lo especial, lo raro y lo
típico de la tierra, y pronto se abandonan los peque•
ños puertos de la costa para respirar el aire sano y
vivir la vida libre de sus agrestes montañas.
Viendo éstas, podrlase creer que un desprendimiento de los Alpes rodó hasta el mar. Apenas hay

un llano en la isla, ni se encuentran otros horizontes
que los círculos de escarpadas ·cordilleras, sobre las
cuales se destacan los majestuosos picos de Incudine y del Renoso, de 2.500 metros de altura, cubiertos por espléndida corona de hielo que nunca llega
á derretir el ardiente sol del verano de 'la tierra. Al
pie de las murallas acantiladas del centro de la isla
crecen los bosques seculares de abetos y pinos negros, que sin duda no tienen rival en toda Europa.
El bosque de Aitoni, de muy difícil acceso, es uno
de los puntos de Córcega que más encantan al via•
jero.

Conviene visitar el interior de Ia isla si quiere examinarse en su propio elemento á la raza que lo puebla, al corso. Así lo hice, y por lo que á mi experiencia se refiere, debo constatar la buena acogida que
merecí en todas partes. El campesino corso es aten-

to, afable, respetuoso en grado sumo: no os cruza
por el camino sin daros en su dialecto el bona dies;

l!ONTAXAS DE CÓRCEGA. (De una fotografia.)

CÓRCEGA

muéstrase expansivo al conversar sobre el país y sus
costumbres, y se ofrece fácilmente, sin esperar retribución, para cualquier servicio que pueda demandársele.
Recuerdo una expedición que hice á la sierra de
Apietto. Era una mañana caliente, húmeda, desapacible. Fatigado por las anteriores jornadas y la marcha de aquella madrugada, quise descansar un rato
y almorzar; pero desconociendo la comarca, no pu·
de hallar ninguna fuente. Dirigíme á un pastor de las
inmediaciones, quien en seguida se brindó á acompañarme al sitio deseado, y me condujo, en efecto, á
una de las vecinas hondonadas, de entre cuyas peñas
brotaba cristalino manantial de agua, sombreado por
corpulentas encinas. Partí con el buen viejo mis pro•
visiones y, naturalmente, hablamos del país.
- ¿Sois continental/, me preguntó.
- Sí, pero no soy francés. Me he detenido unos
días en la isla para visitarla.
- Es hermosa. Mirad á lo lejos la nevada cima de
Punta Lincinosa. A su pie he nacido. La miseria me
hizo emigrar hasta aquí, pero confío que la Madona
me permitirá acabar los días en mi tierra.
Quedé estupefacto de la formalidad con que aquel
hombre me hablaba de su emigración á veinte leguas
de su tierra. Y en efecto, nótase en Córcega un exagerado sentimiento de amor al terruño, á la aldea
nativa: sus habitantes encierran la patria entre las
paredes de su choza y la nación en los confines de
su isla.
Pueblo que hasta ahora ha vegetado entre las breñas fuera del contacto con toda civilización exterior,

A su izquierda se ve un vasto recinto amurallado,
lleno de pequeñas construcciones dispuestas sin orden ni simetría: es el cementerio, colocado en situaAunque se había desencadenado un recio tempo- ción muy pintoresca junto al mar, para que el eterno
ral de Levante, no quiso detener la salida el capitán murmurio de las olas acompañe á los que dejaron
para siempre la compañía de los vivos.
del Boco.rnone, aparejado en el puerto de Marsella
No es extensa la villa de Ajaccio, que sólo enciepara dirigirse al de Ajaccio: confiaba en la poderosa
máquina de su nave para vencer la fuerza de las olas rra una población de ocho 6 diez mil habitantes. Sus
en el temido golfo de León. No equivocó el audaz casas se agrupan en una estrecha lengua de tierra
marino sus cálculos, aunque por su causa hicieron avanzada dentro del golfo, y forman cuatro 6 cinco
un precario viaje los escasos pasajeros que conducía largas calles paralelas, cruzadas por pequeños callejones. La parte de la plaza es bonita, con jardines y
el vapor.
Después de veinte horas de mal tiempo, aparecie- edificios modernos, pero el resto de la ciudad se
ron á nuestra vista las sierras corsas. Es poco, com• muestra ahora como debieron verla en siglos pasados
parado con la realidad, cuanto se ha escrito sobre su sus antiguos dominadores genoveses. Abundan en
aspecto salvaje y pintoresco: es preciso ver los altísi- ella los monumentos públicos, todos de época momos picos que se esconden en las nubes, la inmensa derna. Solamente la Mola 6 fortaleza situada á la
cordillera tallada por abruptos precipicios, la singular boca del puerto conserva sus viejos bastiones y los
formación de las montañas altas, derechas, delgadas, matacanes y ladroneras de hace cuatro siglos. A la
pareciendo centinelas salidos del fondo del mar para izquierda de la villa se encuentra una pequeña agruvelar el sueño de las vecinas costas de la beUa Italia. pación de rocas graníticas vacía en su parte interior,
Su conjunto es tan hermoso como variado el espec· donde forma la llamada Cueva de Napoleón, por su• conserva aún muchas de las primitivas condiciones
táculo que ofrece. Aquí la roca es negra, desnuda, ponerse que el gran capitán del siglo frecuentaba de su carácter. El corso es noble y generoso; entiensin vegetación; allá ostenta los indefinidos matices aquel lugar en los días de su primera juventnd.
Napoleón nació en Ajaccio, y al viajero inexperto de y practica el bien en forma ruda; pero no quiere
de la blanca caliza 6 del rojizo jaspe: más cerca de
ser engañado y es implacable en sus rencores, no
la costa aparece revestida por espléndido manto de 6 ignorante que no lo supiera al desembarcar en su fiando á nadie la reparación de los ultrajes que cree
verdor en el que se confunden las tintas claras de la puerto, pronto se lo enseñarían la atmósfera de im- haber recibido. No le satisface la venganza si no la
viña y las moreras con el tono obscuro de los olivos perialismo que allí se respira y los recuerdos de la toma por su mano. Así se originaron la vendetta y
y las encinas. Y en medio de las cordilleras que cie• familia Bonaparte con que tropieza á cada paso. Por los bandidos, que no se extinguirán en el país mienrran el horizonte oriental de la isla, se abren las pro· todas partes se ve su nombre: en las calles, las pla- tras viva un corso.
fundas simas, negras y obscuras, como manchas de zas y los monumentos. Una calle de Ajaccio, una
- Es crecido el número de bandidos que actualsombra en medio del riente cuadro de vida y luz. plaza, una vía y un muelle llevan el nombre del pri- mente guardan el campo, díjome el viejo. Pero enSería difícil hallar otro rincón de mundo donde la mer Napoleón, cuya estatua en mármol, bastante mal tended bien que no son ladrones, antes al contrario,
naturaleza tuviera un carácter más variado y salvaje. ejecutada, se ve junto al muelle. Además hay allá el ellos mismos cuidarían de perseguir y matar al briA lo largo de la isla y en las cumbres de la mon- arrabal .Bonaparte, la calle del rey Jerónimo, la del gante que pudiera deshonrarles. Bandido es simpletaña se divisan altas torres cuadradas, idénticas á las rey de Roma, la de Bonaparte, la de Leticia, los ba- mente el hombre que ventiló un asunto de familia
ños Napoleón, el asilo Eugenia, etc.
que los vecinos de la costa mediterránea de España
La mejor apoteosis de Napoleón I en Córcega se matando á su enemigo; el que en riña tuvo la des•
llaman torres de moros. Son Jas mismas fortificaciogracia de herir á su rival, 6 el que quiso evitar la
nes que en pasados siglos construyeron los habitan- halla en la plaza del Diamante. Sobre un ancho pe- conscripción militar. Colocado fuera de la ley, no
destal
de
granito
se
eleva
otro
más
reducido
con
la
tes del litoral para librarse de las incursiones de los
estatua ecuestre en bronce del primer cónsul, y á puede vivir en los pueblos; pero se retira tranquilapiratas berberiscos y argelinos.
mente á las montañas con toda su familia, y no hace
En las partes bajas de Córcega se nota la influen- sus cuatro extremos se levantan las de sus hermanos daño al que no le persigue. Si halla un viajero, le
José,
Luciano,
Jerónimo
y
Luis,
vistiendo
todos
la
cia de la zona tropical, por la mezcla de vegetacioofrece lo mejor que tiene, y si á su vez se encuentra
nes que allí crecen ufanosas. La alta y melancólica toga romana. Este monumento, cuyo conjunto es necesitado, sombrero en mano pide un socorro, sin
palmera se balancea con dulce movimiento al soplo bueno aunque resulte algo aplanado, se hizo por sus- robar á nadie.
de la brisa, los cactus llenan las húmedas torrente- cripción pública y fué terminado el día r 5 de mayo
- ¿Cuántas personas creéis qµe viven ahora en
r865, según reza la placa de bronce puesta en la
ras; la magnolia de copudas ramas sombrea los ca- de
despoblado/, pregunté al pastor.
parte anterior del pedestal.
minos, y cien otros árboles y plantas tropicales mués- Unas cuatrocientas dentro de l~ isla.
Estos recuerdos bonapartistas parece como que
transe bellas y lujuriosas, como si vivieran bajo el
El
brigandaje se ha acabado por completo en Córardiente sol del Egipto 6 de la India. Naturalmente mantengan el fuego sagrado del entusiasmo entre los cega. La gendarmería, las vías de comunicación y
contribuyen á aumentar el aspecto pintoresco que partidarios de las instituciones caídas en la noche de sobre todo el telégrafo han hecho imposible la existanta riqueza y variedad imprime á la naturaleza de los pasados desastres franceses. Por ello es de extra- tencia de las bandas de ladrones en despoblado. A
ñar que en la misma Ajaccio se haya encontrado sila pequeña isla.
tio para erigir otra estatua de bronce á uno de los mi paso por el centro de la isla pude adquirir la fotoVamos á Ajaccio. Soberbio golfo le abre las puergrafía de la última compañía de esos bandidos, que
tas del mar. y en su fondo está situada la hermosa hijos más ilustres del país, el general Abatucoi, céle- hace pocos años sembró el terror en la comarca: era
villa, que blanca y bañada de luz parece á lo lejos bre en las guerras monárquicas francesas del pasado la familia Bellacochu. Inspira lástima contemplar tan
siglo, en las que halló gloriosa muerte.
una bandada de palomas en reposo sobre la pl~ya.
Sin embargo, todo esto ofrece poco interés para el extraño grupo. El marido, jefe de la cuadrilla, era
un hombre de treinta y cinco años, robusto, moreNOTAS DE VIAJE

no con pobl

ada barba negra y traje de terciopelo de
.
• l ál
b

al ,odón. Su mujer, vestida con panue o . a ca eza,

er~ el segundo de la banda, y con el fusil en la mano el cigarro en la boca secundaba las órdenes de
Y 'do • Componían el resto de la banda tres
su man
·- mud
.
Jeres,
un a ¡·oven de catorce años, cuatro mnos e
corta edad y dos perros.

b t d por un:i tromba marinai

cipc había sido arr: bíao vuelto .á depositar sano
y que otra troml b~ o ;u madre no hacía más que
y salvo sobre a Paya.
á p·
d · . «A este chico le falta algo.»
ecir.
. d1¡0
.. un día con la mai•or dulzura
•·
La rema

ROSALINDA
CUENTO FANT1~STICO DEL SICLO XVU

(Conclusión)

polínk_..1 0 mío si ·no te has vuelto imbécil, te falta

E ncontráronse casualmente en palacio á los plocos
· d'10, qu e era e usuLos corsos salen siempre armados, y van por_ los días el consejero el doctor Y el JU
rero
de
la
corte.
'se
confiaron
mutuamen;e
su~ av~~·
m os con el fusil cruzado á la espalda y el cmto
ca 1 0 de municiones. A veces, lo confieso, su apa• turas y convinieron en que los tres hab1~n sido J. ~f~ón en el recodo de un camino no es muy agrada: guet~ de lás artes diabólicas de una. bru¡a. El ¡ud~o
s ecialmente cuando se les ve acercarse cub1er azuzó á los otros dos para que expuS1eran s~s: que¡ s
ble, e p su ancho sombrero de fieltro negro, la barba al rey en nombre de la religión. Así lo h1c1eron, y
tos con
.
· t d l er- a'l_uel recto monarca les contestó:
oblada é inculta, el tra¡e de pana ~¡us a o a cu
- Id tranquilos. Vuestra reclamación no p~ede ;er
p l b0 tas de cuero hasta la rodilla y el arma en
más
justa. Voy á dar orden de que pr_endan mme _,apo,
as
.
pero
pronto
un
buen
día,
dicho
con
t_oda
0
1
tamente á esa bruja. Mañana la veréis quemar viva
: 1~~~ad tranquiliza al viajero. Tienen aquellos
~os tal afición á sus fusiles, qu_e ~n los ~ueblos e

-

J

. '

.

como un palomino aton•

muy poco. Andas s::~ree te sacan las palabras del
tado, y m co? g~nc arece que el cambiar de estado
cuerpo. A mi m P.
p
ué no te casas/

!

ha'::í~:e~~~n~~~:e~tnin¿di~:r!temente el príncipe
heredero. ¿Y con quién/
- Con la princesa del Cata y:
i
- Bueno, contestó el príncipe con igual indi erencia ¿Y cuándo/
,
- E.n segu1'd a. La princesa ha llegado ayer a esta

1~~

interior no los dejan ni para asistir en Ja iglesia á los
oficios divinos.
¡
El carácter supersticioso de los corsos se reve a
de manera evidente en el crecido número de santuarios ca illas de la Madona 6 de santos que s~ eny p t to en los pueblos como en los caminos,
cuentran, an
bl d U
oen las casas de campo y aun en _despo a o.. n m
desto nicho de piedra cobija la imagen esdpecial;enda en cada lugar; arde á su la.º an _gua
::;e~:;a que la piedad de los fieles mant'.ene s1em• d·da· á sus pies renuévanse continuamente
Pre pencen
1 ,
•
·¡ est es
l
de flores y mano¡os de p1antas s1 v r '
como humilde ofrenda por los devotos

J:~~~~iJos
.

s

en muchas ocasiones un díshco, una pa•

~~:..'ºu/verso llama la atención de éstos para_ que
'
' ha adoren el altar. En la misma
Ajaccio se ve uno de :5tos n_ichos con la imagen de la Virg~n María y su pie
hay grabada la inscripción S1gmente:

i=~~~

::e:::i~ di

china
F erma1
l . 0 passat!l!ler
y-:, , Ja testa
.
E saluta del Ciel l alta Regma.

os de Córcega otras caEncuéntranse en los cam P - ed'fi . de un solo
.
t
n pequenos , c10s
pillas, cons1Sten es e
de hierro y circuídos
0

~~ª,°~;;::~:: ~:,~;e~:to

;:~~[~~s~:;~;ª[:ªiiJ:

1

cost_u!11bre de ~eumr ~nciatro mil años de distancia,

fam1ha. Es decir. qu~
. ma ráctica observada
se sigue e~ a~ue~ P~! l~r:fa mo~ada á sus difuntos,
por
losdeg1pc1fos
en vez
e con un d~1rlo:y amontonarlos en los cernen•

terios. 6 . t e te mi atención esta coincidencia,
Llam c1er am n
una misma costum•
que en suma ~ólo prueba có~o s que no han tenido
bre puede eX1shr entre pue o creo ue fuese imafinidades de ningún gjn~ro. ~~a Ci~os, desde el
portada 1/°' lo~ corsos _e a an l cual carecieron de
antiguo 1mpeno faraóm",¡° cmb ed que los Shardarelaciones, ya que no_ eSI pr~ ª ~ue alguna vez in·
nas es decir, sus vecmos sar os,
La rimera
valieron el Egipto, subieran á Cór~ega. compuso de
población de la isla corsa es hgur~, t!~de co~ alguetruscos y pelasgos, mezcl~dos ';' .
á éstas y á

nas tribus ibéricas; los femc1os ~1gu1err:gineses, que
su vez fueron suplantados por . os ~ romana, Sin
ocuparon la isla hasta la dommac\on de los c~rsos
embar~o, el mo~o de -~~ter:"m,~nde los primitivos
fué y sigue aún s_1endo ' nhco ª1 - as los monumenegipcios, pues engen en sus mo~ anapilla abierta al
tos funerarios, compueS tos por
~·erra La sola di·
exterior y el sepulcro cavado en ª ~sist~ en la falta
ferencia que entre ellos se not c~e los mausoleos
de epitafios y lápidas sepulcra es

f

CÓRCEGA. -

EL BANDOLERISMO. - LA FAMILIA DE.LLACOCHU. (De una fotograíía.)

corsos.
.
d
los difuntos por
Es simpática esta idea e tener
do de som-

..,¡e, ¡e
. ....
, ) en una de esas hogueras que tenemos siem• corte. Si quieres, nuestro ministro de Estado irá hoy
familias, en su propia casa, con un cer~ duermen el ( re dispuestas para estos casos.
mismo á hacerle proposiciones.
.
bra y de verdor en torno del luga'¡ d?n placable igual· p Los esbirros se presentaron aquella ~1sma tarde

último sueño; que constr~sta con ~1:es fosas y sus

dad de nuestras necrópolis, s~s co f

casa de Rosalinda; pero aun9ue registraron es-

dirse los restos enu ulosamente del zaguán al te¡ado, no hallaron á

- Bueno.
.
d l C
Es de advertir que aquella pnncesa e
~ 1ay,
aunque compatriota, y según dicen, hasta pane~\ª
de Angélica no tenla nada de común con oque a
célebre beld~d. Era en extremo flac_ucha, desga_rbada imbécil, y hasta sorda por añadidura. E_l m1~str~ de Estado, que no desconocía esta últuna cir-

con :n en la vida y cr d~ La ,·nquilina había desaparecido la víspera, de1e. antes satisfechos todos sus comprom)so_
· s pecu•
de generaciones gue separó el de! ~o airosa capilla na
.ando
los años en la h1stona. Place
d difunto tenga J . . El hecho preocupó la atención publica du.
d t'empo
aislada en el campo, en la cua ~
un retiro manos.
rante lfflOS días; pero pasado un poco e l . i
0
un culto que harto exti~guirá el tle:,,Pa;/desierto.
l .6 a· acordarse de. la hermosa extran¡era, cunstancia, cogió un caracol manno_, lo envolvió en
na1evov1
d.

revueltos osarios, donde van

te

ª

que por desgracia el olv1do_pronto é¿anlo los nume· como la llamaban en el bamo.
Que la costumbre es anllgua, pru
tañas Pero
rosos sepulcros abandonados en. las ".'nºnqued~ en el
IV
. ten
'
los monumentos sub sis
. . , y me1or
·o·atáau udiéramos
se•
país la costumbre de erigirlos. 1 l
p cabar con la
p·polín estaba hecho un cerdo, aunque mala comguirla también nosotros, Y de una v:z ªos'
:ción. comía por cuatro y dormía por ocho; ,cuan•
brutal nivelación de nuestros cernen en ·
~ar o e;taba engullendo 6 roncando, se le veia por
lo~ ~neones mustio y cabizbajo, así c~o :?s per~~s
EDUARDO TODA
ndo les entra el moquillo. Como 1po m no d -

c~a dicho esta boca es mía, se formaban acerca

un periódico y se fué á casa de la pnncesa. Una ve~
allí, le manifestó con auxilio del ~aracol la alta misión diplomática que le había sido encomendada.
La princesa contestó secamente:
-Bueno.
, .
Para solemnizar los esponsales del pnnc,~e, se

dió en palacio un gran banquete, a~ que as_1st1eron,
además de la nobleza, el cuerpo d1plomát1co y los
altos dignatarios del Estado, las _notabilidades to.das

e de la corte en ciencias, artes, literatura, etc Re~na-

b ª desapanc1
. .6n Y su reaparición las más absurdas
su
¡ ba entre los convidados la más alegre expansión,
1
conjeturas. Los más sensatos, suponían que e pr n- cuando presentaron en la mesa un gran pastel de

�HISTORIA AMOROSA, copia. del celebra.do cuadro de La.urentí
1

BUSTO

EN MARMOL DE s: M. 1.íA REINA .REGENTE, esculpido por D. Agustín Querol

�LA

aves. El príncipe Pipolín, que hacía los honores de
banquete, levantó con delicadeza suma la cubierta
del pastel y en el acto voló de su interior una paloma
blanca. Al ruido producido por las alas, volviéronse
admirados todos los comensales. La paloma, después de posarse sobre la cornisa de un espejo y arrullar tres veces, pronunció el siguiente discurso (las
palomas de aquel tiempo tenían grandes disposiciones para la oratoria):
«¡Ah, príncipe Pipolín! ¡Ah, granuja! ¿Cómo has
podido olvidar á la pobre Rosalinda? ¿Y aquel anillo que le diste? ¿Y aquellos juramentos de hacerla
tu esposa? ¿Crees que por ser príncipe puedes faltar
á tu palabra y quedar como un cochero? ¿No te
acuerdas ya de que, gracias á ella, no te escabecharon en Turquía? ¿De ese modo pagas los sacrificios
que la muy tonta hizo por ti?... Pero Dios lo ve todo;
y aunque algunas veces hace la vista gorda, no es
sordo como esa princesa del Catay, que no hace
más que alargar inútilmente su cuello de jirafa para
pescar lo que estoy diciendo. ¡Anda! Cásate! con ella,
sé emperador del Catay; pero no te arriendo las ganancias.»
Terminado el discurso, la palomita salió volando
por una ventana y se perdió en los aires.
El príncipe Pipolín se desmayó. La princesa del
Catay no hacía más que preguntar:
- ¿Pero qué pasa aquí? ¿Qué es esto? ¿Qué
ocurre?
La reina, que era un alma de Dios, lloraba á lágrima viva; pero el rey, que era hombre de carácter,
se mostraba muy irritado por aquella elocuencia palomil; hizo comparecer inmediatamente á su presencia al cocinero mayor y le dijo con acento colérico:
- Necesito saber en el acto qué significan ese
pastel, esa paloma y ese discurso.
El pobre hombre contestó temblando como un
azogado:
- Señor, juro á Vuestra Majestad que no he tenido arte ni parte en ese pastel. El exceso de confianza me ha perdido.
- ¿Cómo es eso?
- Señor, hace algunos días se me presentó un jovenzuelo solicitando una plaza de marmitón. Me pareció listo el rapaz y lo admití en las cocinas reales.
Y la verdad es que en punto á disposición, nada ha
dejado que desear: en el poco tiempo que lleva de
oficio, nos ha aventajado á todos en la confección de muchos platos; hoy se empeñó en aderezar
él solo ese pastel...
- Que venga aquí al momento ese pinche, interrumpió el monarca.
A los pocos instantes se presentaba en el salón
del banquete el muchachuelo, todo avergonzado y
cubriéndose la cara con el blanco gorro de cocina.
En esta actitud, llamó vivamente la atención de todos los invitados un diamante de tamaño nada común que el ayudante de cocina lucía en uno de sus
dedos. Pipolín, que había vuelto en sí á fuerza de
echarle vasos de agua fría en la nuca, se fijó en el
anillo, corrió hacia el marmitón, le descubrió el rostro y gritó ebrio de júbilo:
- ¡Rosalinda! ¡Mi adorada Rosalinda!
Abrazáronse estrechamente ambos amantes, hasta
que al cabo exclamó Pipolfn:
- Rosalinda, se me cae la cara de vergüenza al
pensar lo que habrás dicho de mí.
-Aquí no ha pasado nada, querido, repuso Rosalinda; yo sé que tus últimas sandeces no han tenido
otra causa que la maldición de mi mamá.
- Luego tu mamá echa maldiciones lo mismo que
las gitanas ...
- Las echaba, porque ya está en el otro barrio.
- Allí nos aguarde por mucho tiempo.
- Pero, como en medio de todo, la pobrecita era
un alma de cántaro, al condenarme á desaparecer de
tu corazón y de tu memoria, se olvidó de añadir para
siempre. Gracias á ese olvido, el encanto que te subyugaba ha quedado deshecho.
De repente, la memoria de Pipolín se iluminó, como si le hubier,.m encendido dentro del cerebro una
docena de lámparas incandescentes. (Y eso que por
aquel tiempo no soñaban aún en conocer los portentos de la electricidad.) A favor de aquella luz, ó por
mejor decir, de aquella luminaria, pudo relatar el
príncipe sus aventuras entre los turcos, haciendo resaltar el inmenso amor de Rosalinda, que le había
salvado la vida y devuelto la libertad á costa de
los mayores sacrificios. A renglón seguido manifestó
el príncipe que antes lo harían tajadas que casarse
con otra mujer que Rosalinda.
Después de escuchar en silencio aquella conmovedora narración, dijo el monarca:
- Pipolín, esta chica te conviene; es lista, fiel, hacendosa, y tengo para mí que ha de ser una mujer
de su casa; por lo pronto, ya hemos visto las manos

l LUSTRACIÓN

ARTISTICA

NúMERO

490

que tiene para guisar. Después de lo que ha hecho de Llimona, dedicada :i la siega, que confiamos poder dar á
por ti, sería una granujada el que le jugases una ma- conocer á nuestros lectores.
que nuestros artistas puedan dar mayores mucstras de
la partida. Además, la que ha sido buena hija, no pue- su Para
valer, precisa qui; los próceres catalanes presten á las artes
de ser mala esposa. Cásate con ella, que no vas mal. mayor protección, ya que sólo á ellos es dable imp~lsar la pin- ¿Y qué nos hacemos ahora, preguntó la reina, tura decorativa, en la que \'Crdadcramcnte se manifiesta la ¡:e·
nialidacl del artista Al entusiasmo del Sr. Marqués de Linacon esa princesa del Catay?
res débense las más grandes composiciones del mnlogrado
El ministro de Estado, que se hallaba presente y Plasencia.
era hombre de grandes recursos, se apresuró á decir:
•
- No pasen apuro Vuestras Majestades, yo me en••
cargo de eso.
Acudiendo á. la. cita., escultura. de G. va.n der
Mandó traer el caracol marino, por medio del cual Straeten.
-Los que recuerden las esculturas Billete amoroso
hizo comprenderá la princesa del Catay que había en- y E l favorito que hace algún tiempo reprodujimos, habrfo aditendido mal y que había sido invitada tan sólo para vinado, aun antes de haber leido el nombre del aµtor de Amasistir á las bodas del príncipe Pipolín con la princesa diendo á la cita, que esta obra ha salido del r:nism_o cincel que
produjo aquéllas; porque van der Straeten 1mpnme en todas
Rosalinda. La del Catay, al oir tales razones, dijo sus estatuas un sello de originalidad, de elegancia y de alegria
¡Ah!, con extrañeza, y abandonó majestuosamente que no permite confundirlas con las de ningún otro artista.
el salón sin despedirse de nadie.
Conseguir este estilo propio, casi exclusivo, sin caer en an_ian_eNo se hizo esperar una enérgica reclamación di- ramiento ni hacerse monótono, es empresa por demá~ d1fic1l:
der Straeten· ha salido tan bien de ella, que hoy su fi rma es
plomática por parte del Catay; pero el ministro de van
una de las más reputadas en el mundo artístico y los inteligenEstado de Meloria, en una extensa y bien razonada tes y aficionados se disputan sus creaciones, qut: además de
nota, convenció plenamente al gobierno d:l Catay de excepcionalmente buenas son deliciosamente bonitas,
que tan difícil situación reconocía por úmco fundamento la falta de oído de la princesa y el mal estado
•••
de sus facultades mentales. «¿Cómo, si no, decía el
Vista. de la fachada principal y del gran saministro en su nota, puede dar acogida ese gobierno lón central del Palacio de Bella.a Artes, dibujo
de D . Nioanor Vá.zquez. - De lo que es la Exposición
á la ridícula suposición de que el príncipe heredero general
de Bellas Artes considerada desde el punto de vista
de Meloria fuese á contraer matrimonio con un mar- art(stico, ocúpase en este periódico con más autoridad y más
mitón?&gt;
acierto de los que pudiéramos tener nosotros el reputado criti•
El talento del ministro de Estado evitó una san- co D. José Yxart; el aspecto que ofrece el Palacio de Bellas
grienta guerra, y con ella, sabe Dios cuántos miles de Artes, y especialmente el gran salón central, lo ha descrito ya
y seguirá describiéndolo pluma mejor cortada que la nuestra
víctimas inocentes.
en las interesantes crónicas quincenales de El Sa/ó,i de la
El consejero regio, el usurero israelita y el médico !,/oda. Queda, pues, en esta sección reducida nuestra ta~ea. á
de cámara, conocedores de una página bien triste de llamar la atención de nuestros lectores sobre el elegante d1buJO
la historia de Rosalinda, acabaron por convencerse de nuestro distinguido colaborador Sr. Vázquez que da u~a
idea exacta del exterior del Palacio y del aspecto del grandiode que aquella página misteriosa había sido puro so salón central del mismo, en donde e ·tá instalada la sección
sueño de sus fantasías. Como los tres eran ucas per- de escultura y que es el punto de reunión de la numerosa cuan·
sonas tan decentes y como en Meloria se pagaba con to selecta concurrencia que acude á visitar el actual certamen
el pellejo la más leve ofensa á la familia real, no vol- artístico.
vieron á hablar de semejante sueño, ni aun en la re•••
serva más absoluta. Excusado es decir que Pipolín
vivió siempre ignorante de aquel secreto, lo cual na- Historia. amorosa., copia del celebrado c~ada ofrece de particular si se tiene en cuenta que á dro de La.urenti.-Con decir que al contemplar la Huton'a amorosa se le ocurre á quien algo de pintura entienda atriotros, aun sin ser de estirpe regia, les ha pasado tres; buirla á Alma Tadema, el pintor de fama univeri;al, queda hecuartos de lo propio.
cho el mejor elogio del cuadro de Laurenti. Bien entendidas
PipoHn y Rosalinda se casaron, fueron reyes de las fü•1.1ras, perfectamente estudiado el asunto y el carácter. de
Meloria, tuvieron muchos hijos, y vivieron felices y la ép~a y atendido con especial solicitud el elemento psíquico,
que es el factor que más han de cuidar los artistas que quieran
contentos hasta el fin de sus días.
cre:1r algo s6lido, algo que se aparte de tanta frivolidad como
Y colorín c9lorado.
hoy se produce, cuanto más se contempla, más se admira esta
Jost TORRES R EINA

NUESTROS GRABADOS
Poderoso magnate, cuadro de D. José Jiménez Aranda. - En las escenas de fines del pasado siglo y
principios del presente halla ancho campo en que lucir su talento el hábil dibujante y consumado colorista O. José Jiménez
Aranda, algunas de cuyas obras de este , énero son actualmente admiradas en nuestra Exposición general de Bellas Artes.
A él pertenece también Poderoso magnate, cuadro lleno de intención y de encantadora factura, en el que los menor~s detalles destácanse con todo el relieve que el pincel del famoso pintor español sabe prestará sus composicion~ huyendo de los efectos artificiosos y apelando, por el contrario, á colores, frescos
si y aun brillantes cuando viene el caso, pero suaves, jugosos,
graduados en delicados matices y sobre todo de una verdad admirable. La caracterlstica de Jiménez Aranda es la naturali•
ciad, hija de la observación atenta y del estudio concienzudo,
y rindiendo culto á esta tendencia consigue triun fos tan señalados y merecidos como el que con Una dtsp-ada logró en la
última Exposición Nacional de Bellas Artes.

•••
Pastoreo, cuadro de D . Laureano'Barra.u. - Pesca, cuadro de D. Dionisio Baixeras - Vendimia,
cuadro de D. José María Tamburini (Salón Parés). A la par que nuestros artistas logran con su esfuerzo y cons•
tante labor un nuevo timbre para Barcelona, ya que todas sus
manifestaciones industriales llevan consigo el sello artístico
que las avalora, desenvuélvese la cultura artlstica que determina el deseo de imponer el buen gusto á todo, desde lo más nimio á lo que ya revista caracteres de grandeza. De ah! que en
las construcciones, en el mueblaje, en los tejidos y l'n el decorado de los salones, se hallen siempre pruebas de las buenas
corrientes que hoy, por fortuna, informan las creaciones todas
de nuestros artistas y artlfices. La pintura aporta en el embellecimiento los variados matices de la gama, y los pintores procuran arrancar de su paleta los tonos más simpáticos ó sentidos,
á la vez que geniales concepciones.
Los tres pamzeau:r que reproducimos, destinados á embelle•
cer el salón comedor de una suntuosa vivienda, constituyen
otros tantos cuadros de las costumbres de nuestra región. Tamburini representa en la Ve11di111ia1 con esa sentida elegancia
que tanto le distingue, con ese misticismo plástico que rebosa
en todas sus composiciones, una escena de nuestro pals, en la
que tanto los tipos como el paisaje y la luz son de esta región;
Baixeras ha buscado en sus dos rapazuelos el modo de representar la Pesca, destacando por obscuro sobre un celaje lumi•
noso, sus dos figuras tan reales, como lo son las de los marineros que le sirven de modelo para sus composicione~, y Barrau,
que al igual de Vayreda, traslada su estudio á la campiña de
Olot, durante la estación veraniega, ha transportado al lienzo
una garrida zagala que al caer de la tarde conduce &amp;u rebaño al
3prisco. Completan estas composiciones otra debida al pincel

obra maestra de un género hoy poc'&gt; cultivado, según unos por
pasado de mod:1, según otros - y éstos á nuestro entender po·
nen el dedo en la llaga- porque entraña dificult:1des que pocos saben dominar y requiere estudios que pocos se ven con
ánimos de acometer. Por esta razón merece doble alabanza el
pintor que como L:lurenti sabe vencer aquellos obstáculos y
logra adqu!rir el_ caudal de conocimientos que le permite dar
feliz cima a un henzo como el que reproducimos.

•••
Busto en mármol de S.M.laReinaRegente,esculpido por D. Agustín Querol.- L3 última obra del
afamado escultor catalán es sin chsputa una de las mejores que
la estatuaria moderna ha producido y de las que de una manera más admirable realizan el ideal del arte escultórico, que
no consiste simplemente en crear la belleza plástica, sino en
dar expresión á la materia inanimada, haciendo que al través
de ésta y revestida de irreprochables formas se descubra un
alma que la anime, destruyendo la fria!dad del mármo1 con e~
1
soplo vital que s61o á los grandes genios les es dado mf1mdir
en sus creaciones. Examlnese como se quiera el busto de Su
Majestad la Reina R~ente, si~mpre resul_tará una maravilla;
si desde el punto de vista técnico la consideramos, habremos
de confesar que diflcilmente puede el cincel modelar lineas
más correctas ni imitar con igual perfección y sobriedad el
cuerpo humano, las vestiduras que lo cubren y sobre t~o la
piel que lo envuelve cayendo en holgados y blandos pliegues
que cuesta trabajo no confundir _con la realida_di y si ahondando más nos fijamos en la parte interna, adqumremos el con•
vencimiento de que es imposible dar mayor vida á una escultura. Al que la contempla cuéstale trabajo convencerse de que
aquellos labios no han de abrirse para dar paso á las palabras,
de que en aquellos ojos no ha de brillar la mirada y de que
aquel seno no ha de agitarse tras breve pausa de los movimientos re~piratorios.
Mucho elogió la prensa madrileña esta obra de Querol, hoy
expuesta en la Ex!)?sición inte~nac:onal de_ Berlin, pero en
vista de la reproducción de la m1Sma, no vacilamos en afirmar
que de tales alabanzas y aun mayores es digna esa joya de la
moderna escultura española,

ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de

Vichy

cold-cream
L A. CREMA SIMON,
barros
im'tatio11es

especial de un
!fecto seguro C(!ntra los
y las
de la Piel,
es indispensable á todas las señoras celos?S de conservar el bnllo
de su belleza y la frescura de la juvent~d. Se halla este pr~1uto
rin rival en casa de todos los perfunnstas y en casa del mventor /. SIIIION, rue de Pr0'1:mce, 361 Parls; pero es preciso
desconfiar, de las falsificaciones y exigir la firma.

IVXOLETI
DET HRI DACE 29,t"d':1:;ü;;~Paru VELOUTI NE
JABON REAL

JABON

lecomlld&amp;doa ,or aatorid&amp;dea mi(!~ para la Bi1l1ne 4t la Piel 1 Bollua Col ~Jo,

NúM.ER0 490

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

. .
d a en los brnos de su joven vecino...
Un momento despu~; sintióse llulcementc npn,1ona

EL MARIDO DE JACOBITA
NOVELA ORIGINAL DE ANUR t.:5 'J'II URI LT, I LUSTRADA POR L, M.\ROLD

(CONCLUSIÓN)

. ado á dirigir á su hermana fraternales ob.
•
d' ha
Fuera de la casa reinaba un silencio soñoliento entre creyÓ o bl1g
Ko se cansaban de estar juntos, separábanse con los inabetes del parque; por la abertura de la ven- servaciones; pero la joven, inquietada ~n su i~ad
se~timiento y volvían á verse con un placer ca~a vez tan/entreabierta veíase un rincón de aquél lleno de contestó secamente que había alcanza o una e
más vivo; ningún enfado turba~a sus conversaciones, rosas· sobre ellas zumbaban los abejorros y zánga~os, en que cada cual es responsable de sus ~c~os, y que
y sin confesárselo aún, los dos ~óvenes se profesaban
en' alas del viento llegaban hasta allí los sonidos bastante caro le costaba el derecho de vivir_ á su anuna simpatía cada vez más_ tierna. Algu~as vec~: ~e las campanas y de las músicas de la fie_sta. De re- t . El señor de Noirel se dió por entendido, y sacuando hablaban en el anti~uo salón é iba~ á p&lt;le pente el libro se cayó de manos de Jaco~it~; un mo- tf¿~~iendo á'la vez su egoísm~ y su dignid_ad, apr?searse por el parque, sus miradas se cruza an
mento después sintióse dulcemente apns1onada ~n vechóse de aquella contestación para no mterve_mr
pronto, y á esa comuni~~ de miradas sucedí~~o~:b:~- los brazos de su joven vecino, que la estrechaban sm ya en los asuntos de su hermana. H~berto y Jacobita,
orlo demás, no se apuraron largo _ti~mpo por lo que
tinos silencios; las meJtllas de ambos se so ~ .ó ' la menor resistencia por parte de ella.
sus corazones latían, y poseídos de una tur ac1 n
~e ellos pudiera decirse; habían v1V1do hasta entot
lánguida balbucían palabras incoherentes. En el
ces le'os del mundo, y no se cuid~ban gran cosa e
V
la op~ión de los indiferentes: obstmáronse en amarmoment~ de despedirse y al estrecharse la m~n°¡.¡"º
acertaban nunca á separarse, y con frecuencia uLa señora de Gurgis se entregó_sin res~rva y sin se en paz en su soledad, olvidáronse de t_odo, y ~y
berto después de haber salido, reaparecía / r t ' t escrúpulo porque su casamiento m párltbus no le ronto fueron á su vez por los demás olvidados. . s
ment~ bajo un pretexto cualquiera á fin de is ru ar esaba ni se creía obligada á mantenerse fiel á un len uas se cansaron de murmurar de ellos, la mahguna vez más de las delicias de aquella larga y volubp- hombr~ original que la había abandonado en la n~ nid!d pública buscó otros alimentos, y la_gente de
.
d e manos. El amor, que los acosa a
los alrededores acabó por aceptar con más mdulgentuosa presión
e.he misma de su boda. Vírgenes los dos en punto
sordamente, no debía de tardar en. declararse por tiernos afectos, amáronse con toda su alma, saborean- cia el hecho consumado.
.
.
La intimidad continuó, pues, s1empr~ d1sc~eta y.
aquel peligroso proceder, y así sucedió fin. ·na y do ansiosos con delicia el suculen_to fruto de a~~~
tierna, con la seguridad de un matrimo~to y sm las
El hecho se produjo de la manera m s senc1
No sólo se adoraron locamente, smo que su~pas1 d
natural del mundo: un domingo del_ mes de a~o~~: se convirtió en un enlace duradero. La senora e prosaicas promiscuidades que le caractenzan: Al ca~o
día de la fiesta patronal de Champlam, aláhlace ~
Gurgis aportaba á esa felicidad los aso~ro_s de una de cinco años experimentaban al verse el mismo P
berto su visita de costumbre, encontró ab~etnoerraa virgen y el afecto casi maternal de una mu¡er de r\ cer que el primer día; sus co!azones latían coJ, a
. sola en 1a casa d es1·erta·, como.Jaco
a
de Gurg1s
d Ihabíaflexión madura. Huberto ponía de su parte t?do e misma emoción durante los mmutos que prece ian
buena y trataba maternalmente á sus cna os, e le entusiasmo de un primer amor, toda la expan?1ón de á la hora señalada para sus citas; y separába~~e/ªda
les permitido á todos ir á la fiesta, ordena;i~
no un corazón agradecido. A medida que su um?n era noche con igual sentimiento, después de is ~utar
preparasen algunos fiambres para cenar,
más íntima, descubría en su c~mpañera cualidades con la misma tranquila alegría de la volupt~os1dad
obligarles á volver antes de la noche. 'd b diJ' o que aumentaban su cariño hacia ella: la bonda?, la de las caricias y del encanto de la conversac1ó~.
Una tarde de enero al principio del sexto ano de
- He dado libertad á toda la sen•1 um re,
franqueza, y una cultura intelectual muy ?uper_1or á
á Huberto asombrado de la completa soledad d~ la suya. Cuando las feas consiguen seducir, su¡et~n sus relaciones convers~ban cariñosamente. en el gran
•
. d
nosotros neces1Val-Dormant; los cna os son ~0 !11dO . á Ch~mplain á los que de ellas se enamoran con lazos_ que ?1fíc1l- salón, delant; de la chimenea, donde c~1sporro~eaO
tan divertirse y les he permill
u
·
mente se rompen, y Huberto de Chat~lhers d1ó una ban algunos troncos de haya; en el extenor senttar
hasta las diez'. .. Si se queda usted á cenar conmigo,
U"'ba de la verdad de esta observación. Cada día uno de esos fríos rigurosos que c~bren de escarc a
deberá servirse á sí propio.
.
·oven. los dos ;; ~ostraba más enamorado, y su afecto era cada los vidrios de las ventanas, comumcand'.&gt; á los á{~1
les un aspecto aterido, y soplaba un vie~to ~e/ ?
Esta perspectiva pareció s_educ~i:á~ de t~rciopelo vez más sólido.
.
A fin de respetar las convenie?cias,. ambos se es· ue hace más preciosos el fuego y una du ce m !m1fueron á sentarse e~ el anngu~ Huberto continuar
forzaban
para observar mucha d1screc1ón y pruden- dad. Huberto y Jacobita decíanse q~e era una dicha
de Utrecht, y Jaco?1ta prop~s~ían comenzado y que
amarse sinceramente en un lugar bien resguardado,
la lectura de un libro que_ ª de Gurgis era quien cia en la manifestación de su ternura; oc~l~aban su
les divertía mucho. La senor~ t as ue Huberto dicha, y el misterio comunicaba más exqu1S1to sabor en aquella ruda estación, Yestr~chábanse uno contra
leía, con voz dulce Y clara, mien ~um6ra del salón, á la intimidad que se escondía para todos entre las el otro. Profundo silencio remaba a~rededor de la
contemplaba á su lectora. En la
or el lado del sol, espesuras de Val-Dormant. Sin embargo, por muchas casa, y los melancólicos gemid~s del viento en_tre los
cuyas ventanas estaban cerrada ~
e de costum- que fuesen las precauciones. que tomaran, el amor pinabetes de la avenida asemeJábanse á ~n ?1scret~
la joven parecía más seductora : cI'◊r¿~ mágicos que es de tan volátil esencia, y tiene un aroma tan _pe- murmullo, propio para acompañar el sueno mverna
bre; como esas aguas _de los sur ~bra de un aparato netrante, que se descubre aunque. esté he~r_né~1ca- de los campos y de los bosques.
De repente, en medio de aquella calma profun_da
te cerrado. Poco á poco, la íntima fam1handad
toman color y son luminosos por corazón Ja ilumide la naturaleza adormecida, oyóse ~eso~ar á lo leJOS
;:;
existía
entre
el
joven
propieta~o
de
la
Roserolle
subterráneo, e~ amor ocul~o b~n S:olorido. En cierto
la señora de Gurgis hizo sonre1r á 1~ gente de la un débil rumor de cascabeles en dir~cc1ón á Chamnaba y comumcábale agra ª e
hacer una obsery
. d ad., se charló de ello en .Champlam yda!'
en otras plain; los dos amigos escucharon ~1straídamen_te, y
instante interrumpió su lectura par~ó solamente con vecm
artes,
y
varias
personas
caritativas
se
es&lt;;an
~ron. acercándose más uno á otro en el diván de terciopevación, á la cual Huberto con~es las de los dos se
lo, que habían acercado á la estufa.
una tierna mirada; Y muy prondo claración de amor. i.a cosa llegó á oídos del señor de Nmrel, qmen se
cruzaron1 haciéndose una mutua e

ªl

f·

';i~

t

�LA
- Agrádame oir ese ruido de cascabeles en los
caminos, dijo Huberto, sobre todo cuando se acerca
la noche ó en las tardes de invierno como ésta, cuan•
do estoy cómodamente sentado en mi habitación bien
cerrada. Experimento una satisfacción egoísta al
pensar en los viajeros que corren por los caminos con
semejante tiempo, y me considero más feliz atín comparándome con ellos.
- A mí también me agrada el ruido de los cascabeles, repuso la señora de Gurgis, porque esto me
recuerda mis primeros años de juventud, durante los
cuales me aburría tanto en Val-Dormant, deseando
que uno de esos raros coches, cuyos cascabeles oía,
me trajese al fin el cambio de existencia á que aspiraba ... Ahora, continuó, tengo la felicidad soñada, y
ya nada pido á los cascabeles de los coches que
pasan.
El ruido se aproximaba por momentos, siempre
claro y más alegre; ya se percibía más distinto el rumor producido por las ruedas y el trote de los caballos sobre la tierra endurecida; durante un momento
fué más sordo, pero después resonó más cerca, y á
los que escuchaban parecióles que el coche avanzaba
por la avenida. De repente oyóse el chasquido del
látigo y nuevo ruido de cascabeles, y á; los pocos mi-

l

Catalinita
nutos todo quedó silencioso. Un carruaje acababa
de penetrar en el patio, donde se detuvo; oyóse rumor de voces y el choque de una portezuela que se
abría y cerraba.
Los dos enamorados levantáronse perplejos; la sorpresa les hacía enmudecer, é interrogábanse con la
mirada sin osar comunicarse sus rápidas y ansiosas
reflexiones.
La puerta del salón se abrió de repente como por
un golpe de viento, y en el umbral apareció Catalinita, que llena de sobresalto y con voz ahogada
dijo:
- ¡Señora, es el señor de Gurgis!

VI
Era este anuncio tan extraordinario, tan increíble,
tan incongruente, que Jacobita no halló fuerza ni
aun para alejarse del diván, donde un momento antes estaba sentada cariñosamente junto á Huberto
de Chatelliers; y aquel mueble de escasa anchura
debía hacer más visible aún á los ojos del recién
venido la familiar intimidad que reinaba entre su señora y el vecino. Jacobita palideció mucho, y el mismo Huberto se desconcertó.
El señor Gurgis entró sonriendo, con la confianza
de un hombre que está en su casa. Los cinco años
pasados en el Oriente habíanle gastado y envejecido
un poco pero si~¡npre era elegante, muy pulcro, des-

ÍLUSTRAllÚN J\hTISTl CA

NúMERO

490

deñoso y de modales fríamente corteses. Dirigió una su amigo, y como su ternura le comunicase de pronto
mirada irónica al diván ya vacío, y adelantóse hacia una astucia diplomática impropia de su temperamenla desolada Jacobita.
to, ideó un ardid capaz de alejar las sospechas del
- Señora, dijo, besándole la punta de los dedos, señor de Gurgis. Juzgó imposible que aquel flamante
me han concedido el retiro; anteayer desembarqué caballero de avanzada edad, amante de los placeres
en Marsella, y mi primera visita es para usted ... No y del mundo, se acostumbrase á la vida monótona y
sé aún dónde fijaré mi residencia para vivir con la casera de Val-Dormant, y tomó el partido de no conmodesta pensión que el Gobierno debe pasarme, y trariarle, aparentando que se resignaba.
hasta que se resuelva el expediente, me ha parecido
- Lo que acaba usted de insinuarme, contestó, es
oportuno venir á ofrecer á usted mis respetos, solici- una nueva ofensa, mas no haré aprecio de ella ...
tando su hospitalidad ... Sin embargo, añadió con Aunque solamente sea usted mi esposo de nombre,
tono sarcástico, fijando su mirada en Huberto de si le place revindicar los derechos que el código le
Chatelliers, no quisiera servir de estorbo á nadie, y concede, puede hacerlo ... Usted pretende reinstalarpor lo tanto ruégole que dé orden de preparar una se en Val-Dormant; está muy bien, puede "usted quehabitación y de poner un cubierto más en la mesa, darse ... Le ofrezco casa y cubierto¡ pero entiénd~se
sin cambiar en nada sus costumbres.
bien que á esto deben limitarse sus pretensiones ...
Y sin fijarse al parecer en la actitud confusa de Yo no cambiaré en nada mis costumbres ni mimaHuberto ni en el asombro indignado de Jacobita, nera de vivir, y usted seguirá siendo para mí lo que
apoyóse en la chimenea, se calentó los pies y comen- fué siempre, un marido nominal. ..
zó á pasear tranquilamente por la habitación como
Apenas pronunciadas estas últimas palabras, volsi jamás hubiera salido de Val-Dormant.
vió Huberto. Jacobita había recobrado toda su sere•
Gurgis era el único que hablaba, pues sus dos in- nidad, y sin turbarse en lo más mínimo presentó ceterlocutores no tenían muchas ganas de conversación. remoniosamente el joven al señor de Gurgis.
Huberto, consternado y pronto á desesperarse, veía
- El señor de Chatelliers, dijo, mi vecino más
rotas para siempre, por la llegada de aquel intruso, próximo y mi mejor amigo; viene con frecuencia á
las relaciones de intimidad y de ternura visitarme y á leer un poco ... Precisamente cuando
que habían encantado su juventud y la usted llegó, caballero, nos disponíamos á examinar
de Jacobita, y preguntábase ya qué parti- un libro muy interesante, y si usted lo permite, condo debería tomar. En su calidad de espo· tinuaremos ... Ya se lo he dicho; queda convenido
so legal, el señor de Gurgis tenía segura• que no nos molestaremos uno á otro ... Si prefiere
mente derecho á reinstalarse en Val-Dor- subir á su habitación para descansar, no se crea oblimant; mas era odioso á Jacobita, sin du- gado por política á permanecer con nosotros.
da la haría muy desgraciada, y corresEl señor de Gurgis, visiblemente desconcertado
pondíale á él, Huberto, adoptar las me- por la firme actitud de Jacobita y la claridad con que
didas necesarias al reposo y salvación de había determinado su situación respectiva, murmuró
su amiga. ¿Debería provocar al señor de algunas palabras corteses para asegurar que le agraGurgis, ó inducir á la joven á huir con daría escuchar la lectura, y después sentóse en un
él para sustraerse á una tiranía insoporta- sillón junto al fuego. La señora de Gurgis entregó á
ble? No viendo más que estas dos alter- Huberto el libro, titulado Princesa de Cleves, y el
nativas, preguntábase con ansiedad cuál joven comenzó á leer con voz sonora la segunda
elegiría. Por su parte, la señora de Gur- parte.
gis, repuesta de su primer estupor, decía((¡Se burla de m[!, pensaba el ex cónsul. .. ¡Hum!
se que era preciso cortar por lo sano Su carácter no se ha dulcificado al envejecer, y me
'';, alejando á toda costa al odioso personaje parece que no haríamos buenas migas viviendo
que después de cinco años de abandono juntos .. »
osaba reclamar sus derechos. En su con·
Al entrar en el salón de Val-Dormant y ver en él
secuencia resolvió tener con él una expli· á un joven, admitido allí con gran intimidad, Gurgis
cación al punto, y dirigiéndose á Hu- sospechó desde luego alguna historia amorosa, y haberto:
bíase prometido regocijarse en la turbación de los
- Señor de Chatelliers, le dijo, ¿quiere dos enamorados y aprovecharse de la situación para
usted tener la bondad de dar las órdenes imponer su voluntad á su esposa; pero la conversaoportunas para que se prepare habitación ción que acababa de tener con ella y la desenvoltual señor de Gurgis y para que conduzcan ra de Jacobita obligáronle á pensar de otro modo.
á ella su equipaje?
«Me parece, se dijo, que si fuera culpable se mosAl mismo tiempo fijó á hurtadillas traría más confusa y menos dueña de sí misma. ¿Me
una mirada de súplica, cuya significación habré engañado? ¿Es ese joven un simple pisaverde
adivinó Huberto con la perspicacia del á quien mi mujer hace representar el papel platónico
amante. Comprendió que Jacobita le ro- de Sigisbeo, 6 tratan de engañarme? ... De todos mogaba que permaneciese á su lado y tu- dos, y hasta que yo haya aclarado la cosa, me parece
viera paciencia; y como se hubiera dejado que voy á desempeñar aquí un papel ridículo ... ¿Vahacer pedazos antes que desobeqecerla, le la pena de quedarse? He aquí el problema ... »
inclinóse y salió después de tranquilizarMientras se entregaba á estas reflexiones, Huberto
la con la mirada.
continuaba su lectura, sin que Gurgis prestase gran
Una vez sola con su esposo, volvióse atención á los delicados análisis de Mme. de la Fahacia él impetuosamente con expresión yette, porque detestaba las novelas en general y le
altanera.
importaban muy poco los nobles sentimientos,' pero
- ¿Me explicará usted, caballero, dijo, el modo de leer de Huberto de Chatelliers era caqué significa esta pesada broma?
dencioso y monótono, y como á esto se agregase el
- Señora, contestó fríamente Gurgis, no es mi in- calor del fuego y la fatiga del viaje, el antiguo diplotención bromear ... Repito que el Gobierno me ha mático comenzó á cabecear, y al fin quedó sumido
dado vacaciones algo más pronto de lo que yo desea- en una dulce soñolencia. Muy pronto, un sonoro ronba, y no teniendo en Francia, por lo pronto, más quido atrajo sobre su persona las miradas de Jacodomicilio que el de usted, he creído obrar bien al bita y de su compañero; dormía con la boca abierta;
reinstalarme en el hogar conyugal.
y con su mostacho teñido, sus mejillas embadurna-¿De veras? .. . ¡Usted olvida, caballero, cómo das y sus párpados surcados de arrugas, era tan cóabandonó este hogar!
mica la expresión de su rostro, que Huberto no pudo
- He cometido faltas, lo confieso; pero me apre- menos de inrerrumpirse para sonreír.
suraré á repararlas y á cumplir con mis deberes ... en
toda la extensión de esta palabra.
VII
- ¡Es demasiado tarde!, replicó Jacobita con viveza; á la injuria que me infirió usted abandonándome
la noche de nuestro casamiento, no agregue ahora
El súbito silencio que siguió á la cadencia de la
otra imponiéndose aquí á pesar mío.
lectura despertó al durmiente; restregóse los ojos,
- ¡Demasiado tarde!, murmuró Gurgis, sonriendo sorprendió las sonrisas ahogada~ de su mujer y de
irónicamente. ¡Cuidado, señora; advierta que su afán su compañero, y persuadióse de que bacía un papel
en desembarazarse de mí podría inducirme á suponer ridículo.
que mi lugar está ocupado por otro!. .. En tal caso,
- Dispénsenme ustedes, balbució; siento un poco
deberé averiguar hasta qué punto se ha mancillado de pesadez en la cabeza, y creo que lo mejor será
mi honor y qué conducta debo observar respecto á. .. retirarme á descanS'ar una hora ó dos ...
ese otro.
- Ruego á usted que no se moleste por nosotros,
Así diciendo, dirigía una mirada amenazadora en repuso la joven tirando de la campanilla; Catalinita
dirección á la puerta por donde Huberto había sali- le conducirá á su habitación ...
do. Jacobita, sorprendiendo esta mirada, comprendió
Cuando Gurgis hubo salido y los amantes estusu significación; entonces recordó haber oído decir á vieron seguros de que se hallaba ya en su aposento,
su hermano que Gurgis había tenido numerosos due- cogiéronse las manos y se miraron con tristeza.
los, en los cuales quedó siempre victorioso; tembló por
- ¿Qué será de nosotros?, preguntó Huberto sus-

LA

NóMER0 490

I

317
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

rís, y ruégole que acepte mis excusas...
¿No habría medí~ de obtener caballos
para mañana á primera hora?
Al oír esta pregunta, Huberto, que
sentía latir su corazón, vol~ió 1~ cabeza
para ocultar la alegría que ilumina~a su
rostro; pero Jacobita se mantuvo impa•
sible.
d ..
- Siento mucho, caballero, IJO, no
haber podido proporcionarle más agra·
dables distracciones; pero ya sabe usted
que Val-Dormant no es un país de re·
cursos ... En cuanto á los caballos, los
míos están á su disposición .. Cuando el
señor de Chatelliers vuelva á la Rosero·
lle, pasará por Champlain á ~n de. buscar
un coche más ligero que m1 berlina.
El señor de Gurgis saludó, y besando
ceremoniosamente los dedos de su mu·
jer, pidió permiso para retirarse.. .
Cuando hubo subido á su hab1tac16n,
Jacobita cogió la mano de Huberto y estrechósela con fuerza.
.
- ¡Pronto, murmuró, vé á Champlam
y arréglale todo par~ que, el coche ~sté
en el patio para man~na a las nueve:·:·
Huberto no necesitó que le rep1tie·
ran la orden; corrió al pueblo, encontró
un buen cabriolé y dió orden para que
lo condujeran inmediatamente á Val·
Dormant.
·
.
Al día siguiente, á las nueve, el me1or
caballo estaba enganchado al vehículo,
en el que se a_cababa de a_condicionar el
--~-------------·-equipaje. El señor Gurg1s se pre~entó
n ued6 sumido en una dulce soñolencia
muy abrigado con su gabán ?e p1el~s,
El antiguo d1plomá11co comenzó á cabec.ar Y al fi q
tomó su taza de chocolate, d16 gr~cias
.
• t á la moda de mi abuela. á Chatelliers, besó de nuev? la mano de su mu1er, Y
.
Id
esta y grandes ce1as, que vis e
.
·d·
ara se marchó como había vemdo.
pirando tristemente. ¡Q~ién hubiera ere ?• a~n
Jacobita, por otra parte, es demasiado fast1 iosa pé t
Cuando Huberto oyó resonar los cascabeles á lo
mañana que la desgracia estaba tan próxima. .
. t d hasta me parece que s a 1
6 l
11 d
- Er~mos demasiado felices, murmuró Jacobita, no conservar su vir u , y
á
y me veo lejos por la parte de Champlain, salt a cue o e su
1 c·elo ha querido someternos á esta prueba...
debe haber agriado much\su e~: ter~:~ne~ de esos amiga y los dos se abrazaron con la efusión de per·
y e- Hiace un momento, continuó el joven, cuando tomando parte en las po res 1 ts rae
las so sonas 'que acaban de librarse de un terrible peligro y
h
tado dos personajes, escuchanído la ectludra ~ ngoovye sorne: ven restablecida la tranquilidad en su casa.
me miró con su aire impertinente, me a cos
poríferas, asistiendo á v speras e omi~
on
. . . . . . . . .
·
á cualqmer
cosa e d . Desgraciadamente
· · · · · · ·las· felicidades terrestres duran
mucho no tratar1e como Se merece .
.
.
tiéndome por la nor.he á Jugar
d
- ·,Guárdate bien de provocarle, replicó la Joven, el cura de Ch amp_lain .. · Al cabo ¡ e una semana
'
'6 n, mes
. perada, a fl'gió
1 á
ohecido e poco y una nueva perturbaci
porque te mataría!
'6 orno semejante existencia me encontrar anl et!1mpo en q~~ los habitantes de Val-Dórmant: la súbita muerte de
- Me1·or fuera la muerte que una separac1 n e
B ' Aún me parece estar en aque iem
.
. 1
i rr....
.
•
{ ra casarme y Jacobita de Noue.
la que nos amenaza...
d l
nos de el estúpido Noirel me traJO aqu 1Pªcarne de ahi- ¡Pobrecilla!, me dijo mucho tiempo después ~Iu- ¡Oh!, exclamó Jacobita, cogie~ o as roa Q é solamente el pensarlo se me pone a
g
berto de Chatelliers al referirme él mism_o esta h1stocosas?¿ u
1 b tad
Huberto' c.,cómo puedes _decir sem_e1antes
l d ?
na ... })
·
fl ·
rr6 ria Jacobita no disfrutó mucho de su I er
reconsería de m[ si no te tuviese á mi a o
Entregado á estas mel~nócóhcasf red exiontees, ce
quistada pues murió dos años después á consecuen- ·,Perdóname, exclamó Huberto, yo t~, adoro, y d
l oJ· os y durm1 se pro un amen .
'
E
t á , he per
é de ti
e nuevo os
1 . 1 . de Champlain cia de una fiebre maligna... n cuan o m1,
.
suceda lo que quiera, no me separar
....
hó
Soñó que andaba ~or a _ig es1a
Chatellier~ manecido en la Roserolle. Veinte años han pasado
Así diciendo rodeóla con sus brazos, y la est~~~
acompañando. á Jacobi~, m1:~::
Precedíale desde entonces; pero cuando oigo resonar cascabeles
con tal fuerza, que sintió contra s~ pech~la tld~tc~ ayud~ba la misa ;ºn traJe de laba~da sobre las bal· en el camino, me estremezco, y paréceme ver _de
palpitante presión del seno de la Joven. ste
un smzo que hacia resonar su a 11·
onunciaba un nuevo á Jacobita, con su elevada estatura, sus OJOS
contacto le devolvió toda su energ~- 11
[a muy dosas, y el cura con su car~ ·t~:1/pror haber vuel• húmedos y sus labios rojos, estrechándome en. sus
- Si huyéramos juntos, exclam I te
discurso e~ !~es partes plaraTe ~ci esado era su sueño, brazos en el umbral de la puerta de aquel antiguo
lejos de ese hombre odioso que ha pertur a o nues- to al domic1ho con~uga ... d·\ p
brazo para salón donde tan apasionadamente nos habíamos
tra dicha.
b ?
r có Ja- que Catalinita debió sacu ir e por un
el
- Piensas en lo que dices, Hu erto ' ~ep i
anunciarle que le esperaban par~ comer.
ama o.
cobit; desprendiéndose de los brazos del 1ree;~ :~~
Gurgis tiritando de frío, baJÓ al COf!ledor, q~~
TRADUCCIÓN DE ENRIQUE L. DE VERNEUILL
no se t o la
'había cambiado en lo más mímmo: volv1
no, esos Son medios extremos á que
d
ún eng
tampoco
J ·
antele
lar hasta que se desespera del ~o o .. ~ª1
Sí me , er la misma porcelana blanca, a misma m
.
esperanza de salir del pasolsmá ese{e:po~~ien~ia y
reluciente, y el mismo calentador ?e plaqué. ~l
arece que las cosas se arreg ar n...
f ldero que había olfateado en el senor de Gu_rgis
P
ª ' - de la raza canina, acogí6le
con ladndos
sé prudente.
? M
edaré esta un enemig0
'd l f
cónsul
- ¿Qué debo hacer entretanto ¿ e qu
b' osos y durante toda la eomi a e an iguo.
noche 6 volveré á mi casa? .
sola con él... ra
ei enojo de oírle gruñir bajo la mes_a Junto á
No qmero comer
suusnpantorrillas. La conversación fué _lánguida: Jaco- No, quédate .. ·
taban
sobre
s
1 úl
o tas de
Mientras los dos enam_orados Rse 1dat?eon el sen-or de bita y Huberto hablaban de as timas e r .
o ng
d
de lo difícil que era encontrar operanos y
su triste suerte, como Jimena
ón precisamente ma eras,
1
l último
Gurgis se instalaba en su¡ had i~c~d~ cuando llegó de la subida del precio de los cerea es en e
la misma que se Je hab ~ es mda había cambiado mercado de Chatillón. Después de ijgotado este asun~
para hacer la corte á Jacobita. Na uro comunicaban to de' economía rural, tratáronse otros más frivolo_s.
en ella: las cortinas de damascofolbs~ las litografías de 1 señora de Gurgis refirió que el cura de Champlam
á la cama el aspecto de cata a co, o endían aún ªadeda un ataque de reumatismo gotoso, y Huberto
Boilly y la Puesta de sol en el Bósfo~ pde alabastro ~nunció que el juez de paz había matado dos corzbo~
t los dos vasos
.
b
de la Faye y que se preparaba una a
de las paredes; y en dre b e del reloj cuyas agu1as et_1ndae1 aºrsaqulae semana siguiente. Gurgi_s escuchaba
brillaba el cuadrante e co r
p
·1
si·n poder tomar parte en la convers_ac16n; su ro~tr?
permanecían inm6vi es.
ercando su sillón á
de supenon
\
«i Uf!, suspiró el ex _cónsu1'nance redan sin produ· se ponía cada vez más largo, 1a sonr!sa
b d~
la estufa, donde los lenos se e glos an~os todo se dad había desaparecido de sus labios, y trata ~
á
t anscurran
'
ocultar bajo la servilleta sus bostez?s espasmódicos.
cir llama: por m s quet r st·11O soñoliento· los bos·
Cuando pasaron al salón, Jacobita, ~.uf amableá,
mantiene igual en eS e ca i
muebles ~o se han
d
é d g éndose
ques son siempre I?onótonos, loosrada no se ha embe· ofrecióle una taza ~7 c~fé, y espu s: m i
- de esta m
la mesa de juego, d110 ingenuamente ..
renovado y 1a duena
- Puesto que somos tres, podemos Jugar al boston.
llecido.»
1
t'nos Gurgis se había
Esto era demasiado; Gurgis dejó bruscament~ la
En la sociedad de l?J et~~llez~ plástica, y para taza sobre la chimenea y encarándose co~ su muJer,
refinado más en cuesll n_ e ' tica no poseía nin·
- Señora, dijo, no cuente usted conr~ugo, porque
él, Jacobita, con su sencillez ru~un'ican atractivo á
é ·u ar al boston ... Por lo demás, siento mucho
guna de las cualidades que co
~~;erl~ !olestado... y si he de hablar con franqueza
Un:\ mujer.
. '6 Gurgis he incurrido creo decididamente que no podré acostumbrarme
I
«Decididamente! prosigm e ollo ~e haya enamo- nunca á la vida del campo ... Prefiero regresará Pa•
en error; no es posible gue. es ~e ab1,1ltados huesos
rado de la robusta provinciana

L---;:_-------.- .

,

J

1f1:.

f?

rª~

á

~¡:

f\

b' •

•

..

�•

318

LA lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 490
SECCIÓN CIENTÍFICA

mitivo modelo por sus mayores dimensiones y por los
perfeccionamientos mecánicos en extremo notables
EL GRAN EC UATORIAL A CODILLADO
en él introducidos. La parte óptica, de una perfeción
DEL OBSERVATORIO DE PARfS
admirable, compónese ~e un gran objetivo económico de 0'60 metros de diámetro y de otro objetivo foEl gran instrumento cuya instalación se ha llevado tográfico de igual abertura que pueden sustituirse reá cabo recientemente en el Observatorio nacional de cíprocamente según los trabajos que se quieran pracParís, está construído según el mismo principio que ticar con ese anteojo colosal cuya longitud focal es
de 18 metros. Los dos espejos planos que completan

/ gracias á las manecillas que obran á su voluntad sobre las transmisiones necesarias para la maniobra,
dirigir el instrumento con seguridad y precisión maravillosas hacia los más apartados rincores del firmamento. El observador tiene delante los dos círculos divididos que marcan el uno las ascensiones rectas y el otro las declinaciones y que consulta á cada
observación para la orientación exacta del ecuatoria!.

Todas las lecturas se hacen por medio de lámparas eléctricas de una bujía, distribuidas del modo siguiente: dos para los dos círculos de ascensión y declinación, una para el círculo de posición del micrómetro, dos para los tambores fijados en los tornillos
micrométricos, cuatro para hacer destacar sobre fondo negro los cuatro hilos de araña del retículo y
una para iluminar el campo del instrumento donde
dichos hilos destacan en negro sobre fondo luminoso.
Todas estas lámparas eléctricas son de pequeñas
dimensiones, están alimentadas por acumuladores y
se encienden á voluntad del operador. Las corrientes que las alimentan son llevadas hasta ellos por
medio de dos circuitos diferentes, en los cuales van
intercalados los correspondientes reostatos que permiten graduar, según las necesidades, la intensidad
de la luz.
Desde que en r882 se instaló en el Observatario
de París el primer modelo de ecuatorial acodillado
de 27 centímetros de abertura, las muchas é innegables ventajas de esta clase de instrumentos fueron
causa de que en algunos otros observatorios se construye~an aparatos análogos, aunque de mayores dimensiones. En Francia los tienen con objetivos de
3 r á 33 centímetros los obfervatorios de Argel, Besanzón y Lyón; el de Viena emplea, desde hace dos
años, un instrumento de esta especie con un objetivo de 38 centímetros, y en el de Niza se construye
actualmente un ecuatorial acodillado de 40 centíFíg. I. El gran cuadrante ecuatorial acodillado. - Vista del conjunto del aparato
metros, que será utilizado como investigador de potencia excepcional, para cual objeto se presta admirablemente este instrumento. La parte óptica de todos
el ecuatorial acodillado de 27 centímetros de diámetro establecido en 18821 conforme á la ingeniosa dis- este sistema óptico tienen o'8 5 y 0'7 3 metros de diá- estos aparatos es debida á los citados MM. Henry y
posición inventada en 1872 por M. Loewy, subdi- metro respectivamente. Los dos magníficos objetivos la mecánica al expresado M. Gautier.
y los dos espejos han sido construídos por los señoEl ecuatorial del Observatorio de París es, pues,
rector de dicho Observatorio.
El ecuatorial acodillado se compone de dos partes res Henry hermanos, de París, tan· universalmente el mayor de cuantos actualmente existen: su potencia óptica responde perfectamente á sus enormes dique forman ángulo recto: una sigue la dirección del reputados como astrónomos y como ópticos.
La parte mecánica ha sido admirablemente ejecu- mensiones y las
eje del mundo y puede girar sobre sí misma; otra perobservaciones
pendicular á ella y que puede á su alrededor descri- tada por M. Gautier, que ha atendido con la mayor hechas por vía
perfección
á
todos
los
detalles,
habiendo
logrado
ejebir un plano, representación del ecuador celeste. En
de ensayo justiel vértice del ángulo recto hay un espejo plano de cutar una verdadera obra maestra. El manejo de este fican plenamengrandioso
instrumento,
cuyo
peso
total
es
de
12.000
oS
cristal plateado formando ángulo de 45 grados con
te las esperanel eje óptico: este espejo envía al ocular la imagen kilogramos, es sumamente fácil y puede hacerse con zas que se funprocedente del objetivo y reflejada ya por otro espejo el simple esfuerzo de la mano. Un movimiento de daban en la haplano análogo. El objetivo y este segundo espejo, tam- relojería, debido á ese hábil constructor, puede ade- bilidad profebién inclinado á 45 grados, van colocados en el ex- más arrastrar el instrumento con toda la precisión de- sional de los
tremo de la parte exterior del tubo y forman parte de seable, permitiéndole seguir el curso de los astros al eminentes arun cubo que se mueve alrededor del eje del instru- través del cielo, merced á lo cual cabe observar una tistas á quienes
mento perpendicular al eje del mundo. La fig. 3 per- estrella desde su aparición hasta que se pone. El as- se debe este comitirá comprender fácilmente la marcha de un rayo trónomo, fijo el ojo en el ocular, está siempre' c6mo- l o sal instruluminoso procedente del espacio. La imagen de la es- damente sentado en el mismo sitio, estudiando esos mento.Lasimátrella A, hacia la cual se dirige el instrumento, atra- mundos lejanos inmovilizados, por decirlo así, en el genes de las
viesa el objetivo BC, se refleja primero en el espejo campo del instrumento. Cuando se han de observar estrellas se ven Fig. 3. Esquema que reproduce la marcha
BD y luego en el espejo central EFpara llegar final- astros que, como la luna y los planetas, tienen una perfectamente seguida por el rayo luminoso en e1 ¡:ran
mente á O, que es el ocular donde se encuentra el marcha distinta del movimiento diurno, puede modi- limpias, y la lu- ecuatorial acodillado.
observador.
ficarse la marcha del movimiento de relojería á fin de
na y varios gruEl nuevo ecuatorial acodillado se diferencia del pri- seguirles en su carrera con tanta facilidad como en
pos de estrellas han podido ser estudiados en sus
el caso anteriormente citado.
menores detalles.
La fig. 1 representa la vista general
Cuando pueda hacerse uso de este ecuatorial desde la nueva instalación, para la que ha
sido preciso construir un edificio de 20 de el punto de vista fotográfico, es indudable que se
metros de altura en los terrenos del obtendrán los más importantes resultados. Por lo
Observatorio, lindantes con la calle de que toca á la luna en particular, en punto á la cual
Arago. Para tapar la parte exterior del la fotografía ha realizado ya tan grandes progresos,
instrumento hay una gran caseta móvil su imagen directa, en el foco del gran objetivo fotoque descansa sobre rieles y que desli- gráfico de 60 centímetros, tendrá 18 centímetros de
zándose pon encima de éstos, se aparta diámetro y podrá, debidamente ampliada, dar imáconvenientemente cuando hay que pro- genes de más de un metro de diámetro.
Los eminentes astrónomos á quienes está confiaceder á las observaciones. El eje principal del instrumento se apoya en dos. da la interesante tarea de servüse de medios de inpilares de albañilería; uno de 15 y otro vestigación tan poderosos como los que les facilita
el nuevo ecuatorial acodillado del Observatorio de
de 4 metros de altura.
El coste total del edificio, de la case- París1 tendrán á gran honra utiliza.rlos lo más pronto
ta y del instrumento, inclusos los dos posible para penetrar más y más los secretos misteobjetivos, será de unas 400.000 pesetas rios del infinito, aportando nuevos é importantes dacuando el nuevo ecuatorial esté provis- tos á la ciencia astronómica, tan rica en maravillosas
sorpresas y no menos fecunda en admirables descuto de los aparatos científicos que nece- brimientos.
sariamente ha de tener para las diverEsperamos que sus sabias investigaciones les consas y numerosas aplicaciones á que su
ducirán á resultados de extraordinario interés cienempleo dará lugar.
tífico.
La fig. 2 nos transporta al gabinete
A. FRAI SSINET
de observación, en donde el astrónomo
(De La Nature)
se encuentra cómodamente sentado y
al abrigo de la intemperie: allí, fijo el
Fig. 2. El ocular del gran ecuatorial acodillado
ojo en el ocular, ruede, sin moverse y

LA

NúMERO 490
E L SEPULCRO DE ARISTÓTELEs
. ~1te.
Si nuestro siglo no es fecundo en_ esas glorias
•·
e de eneración en generación se perpetúan,
con gseguridad le av~ntaja ni. siqui_era .le
. la en unto á la importancia de las mvest1gac101gua de ios descubrimientos durante el mismo llenes y
dos á cabo.
va Apenas repuestos de la g:ata. sorpresa ~usada por
hallaz o en el Museo Bntámco de un _1m~ortante
~anuscrfto de Aristóteles sobre la conshtuc16n ateniense, que se creía perdido para s~empre, llegladá noticia de los que por tales cosas se i~teresan e escubrimiento del sepulcro de e~e gdenl10 Joder~~o,duna
de las más indiscutibles glorias e a .um~m a .
Sabíase que Aristóteles, acusado de ~p1edaf P.ª~ª
con
los dioses,
Cal~1sd,aednano
a s1!e~
de Eubea,
á fin sedehabfa
evitarretirado
que susá concm

~~:~:

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

En favor de esta hipótesis militan, entre otra~ razones poderosas, los objetos ~n el sepulcro recogidos,
entre 1os cu ales el.taremos·· siete
. coronas
f de oro,
t en
de
una de las cuales había adhendo unó r~gm~~é~ de
cráneo humano, un estilo y un punz n .am l .
más curioso una figurita de tierra
oro l~uiur:p:~senta á un fil'ósof~ e~ meditación y
c~~ es mu parecida á la descr_1pc1ón que ha~e
6hristodor/de una estatua de Ar~stóteles que existía aún en Constantinopla en el siglo v de nuestra
. l
te, en la tumba vecina pudo leerse las
era. Fmamen
alabras Biote Aristotelou.
.
p Según parece, todas las circu!1stanc1as d~l descubrimiento permiten afirmar que las, c?nclus~ones del
rofesor Waldstein son muy veros1miles, s1e~do d~
pesperar que serán corroboradas por nuevas mvest1gaciones.

Pitiesen el crimen poco antes cometido con S~cr~tes,
..
· ta·, sabíase
á quien h1c1eron
beber 1a cicu.
l taasimismo
·o en el
bí
fall
.
d
su
destierro
vo
un
n
q~e ha a
e~1 ~ e~ra cristiana y que había sido
ano 322 antes ~ a .
•
entEe~ra~o C:e~tt~:~~~:;ia, cerca de Calcis, ha sid?
ec iva
'
un ru o de jóvenes amenhallado .s~ ~epulcro plorD Cgarios Waldstein, profecanos dmg1dos por e r.
C b 'd
l í de la Universidad de am n ge.
so~derqu~o º:cfones que hacía algún tiempo verin as excav
á una rofundidad de unos dos
ficaban, encon~ra~oensepulcr~s colocados uno al lado
retrt
ellos habían sido violados y su C?ne ? ro.
o dis ersado: otros dos habían sido
}!~::e~~iu;:iteiidosppor los cimientos de una calsa
i
b
uno de éstos es, según la conc uq_~e l~s i°s:t: ;;Jesor de Cambridge, la tumba en
~o:deeestá enterrado el filósofo de Estagira.

i~~

I

u~~:eit

(De La Nature)

_.,u-lLlra,,,,18
, Faub. BatntPAR~
""'4.

-

an casi INSTANTÁNEAMENTE los e

DEA MA.Y TODAS LAS SUFOCAGIO

-

14170

---

LAJT J.~'TtPniLIQUB -

LECHE ANTEFÉL

,m t lffldlh

Peraonu qu conocen las

PILDORAS~~DEHAUT

· S
ANÉMJA - LINFATISMO
CLOROSJ • - Hierro u el ;eparador de la sangre,
El Proto-I'?durotde
- 'crobicida por excelencia.
et rortiflcan e Y e1 ~
F G"II

DE PARIS

no titubean en purgarse, cu~ndo lo
necesitan. No temen el asco n1 el causancio, porque, contra lo que sucede C!)n
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el caf6,
el té. Cada cual escoge, para purgaz:se, la
hora y la comida 9'Ue mas le convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada, uno
se decide fácilmente á volver
á empezar cuantas veces
sea necesario.

OH 1p1,

CIJl,a

8, LENTEJAS, TEZ ABO
ARPULLIDOB, TEZ IIAJUIOB
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

Las

ez,::::

11Jarabe11uGrajeas conpro!O-lodnrodeilemde • ' •. ~'
n o J)O&lt;:fria:n 1er dematíado r1comtndt.&amp;do1
tu ,u J)UN.J4 qu mica. f
"' ,na1terab1lidacl JI "' "' ,olubilldlld co,, (Gac,ta de lo• Bo,pUola).

- - - - - - --- - - - ---

Dffl!SITO G~ERAL: 46, '!_ue Vauvflllers, PARIS. Deposito et todas las hrmadu.

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

á

10 céntimos de p e seta la
entrega de 16 p é.ginae
~~

Se envlan prospectos á quien los solicite
dirigiendose á los Sres. Montaner y Sim6n, editores

JARABE Y~ PASTA

VINO oa CHASSAING

de H. AUBERGIER

~ tJ■II' INNN ..

HBIIIO

:U•DIG.-rIVO

UIHIIJ

oJ-"•

.. iooo r..
NI
,_.,._Parle4~•la
Aprobad•J)CQ' la AOad~ d■ -:::::..,. wCCf
M 10 el■ Mano d■ 1854.
O.ffoua1ct■.r6rmal•■L■•-•JNU;
·iam.te com bada en el Ca.ltllff

.,.,:f&amp;l

,!'1~~~C:,';!!~.,_. ffflt:C

Preeorito deeda 25

año■

Contrafas AFFECCIONES de las Yin Olgest!m
PAR/8,8, Arenut Vlctorla,f, PAR/&amp;
T D TOD.t.l L.U l'IUIICllP.t.LU • . . . . . _

e una completa 1Jln,oe
6
de la prpnta, han
1
IJl(dtmko, lu ~""'11' ... "
.
..
4 ' .A.UBBRGIEll una lnmema fama. •
l!&amp;n&amp;ea&lt;to al J.UU.~111
••t.llNiiu u 1c
(J.stru,. ü l
1 'or. colliR T e-,•· Calle de St-Glau&lt;te, PARlS

'""""'ª"' ~l.a.:~ ;,.,.,,u,
venta por mo~sJTo o us

'""''"'-"•w-ct6o,~~J.

PIIINCIPALE~

aoncu

Participando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas Plldoraa se emplean
es_peclalmente contra 11\S ••crofala■ , la

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
a BJSMUTBO y MAGNESIA

°

regularizan las Funciones del EatOmago Y
da loa Intestinoa,
E•lllr 811 el rotulo I frn,1 de l . FAYARO.
&amp;db. DETII.A.N, Farmaoeutioo en P.&amp;RIB

v1NOFERRUG1No~º
,J!()uo
=ldoo "°
11W

T 001' TODOS L08

I

-GRANO
- DE LIN QTARIN
ESTRERIMI ENTOS, CÓLICOS. -

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó Ya paira
provocar o re¡ulartzar su curso periódico.

~,;-,n,.?f);

Recomendados coolra lu Ateoolones del Estómago, Falta de Apetito, Dlgeattonea Ulabo;
riOIIU Aoedias, Vómitos, Eruotoa, Y C6 011,

CARNE
HIERRO y OUINA
to
~ llllido los 'l6Dico1 mu repandGI-&amp;

Ti■l1 y la DebQtdad de temperamento,
as! como en todo~ los casos(P6U'doa colore,,
Amenorrea, A.•) , en los cuales es necesario

Farma~ttco. en Parll,

~Rue Bonaparte, 40
El loduro de hierro Impuro ó alterado
es un medicamento Infiel é irritan te.
Como "prueba de pureza y de autenticidad de
laa .-ardadara■ PUdor11■ de Bi«neard,
exigir nuestro 111110 de plata reactiva,
aueatra firma puesta al pié de una etiqueta
....,..., y el Sello de garantla &lt;te la Unl6n da
, .. ror1cant11 para larepresión de latals!-

NB

en todaalas llc:aelóll.
FA1:tMACIAS .)S&amp; 1ULUN llN TOD.lS L.lS P.UUUCII.U
La C&amp;J&amp;: l fr. SO,

nmcmo• 1'tJTUTlTocm&amp;IDU&amp;do 1 1U a1ltmadolMII de

.,......, mm•.,_ ••11..a.1 Dles lflol_:
1a .,....., t;i ~~ 1:
todia IU em1neoo111 mil4Icaa preablD~ que 18 CODOCO ~ curar • la e_,_,
..... oouaUluye el ~~ el l-,olli.cf•IMIO., ~ "'.."..
ffl!CfOlt•~~~
AIWIHI" 1U J / t f l l l ~ - - •
~ etc. • eu--

.Á{ICl:WMI -,o/WOlll,I 7 IOdo lo que en&amp;ona 1 tol1aleoe 1o1 orpnoe,
AN•i ea en' erecto, el úniCOta~emen&amp;e lU tuel'IU 6 tnru.Dda a la IIDll'9
l'8lrUllnla.° ooorden.a 7 lWDflll
la Colot'llclofl 'T la ~ fllM,
empol&gt;redda 1 deaoolorlda : el y ~ fU'IIIICMIIÍCO, tOI, 1'18 llicbeliea. &amp;ace.... llOtll).
..,,_
__
.,,,
c1aril,encuade1.
TOD'J LAS PaJNCXP4LIIS .oT!a.t.S
.cw-• •
p VDD&amp; P
..,
.

el"iicivmrnso lU

EXIJASE 11:= 1 ARDUO

1e
2
s
crónicaTORALES

LOS QUE TEIG~I
ya sea reciente 6

PASTILLAS .~EC

ronto por fuerte que
del Dr. Andreu Y se ª.h ~iar;n s~guros que cas~ siem•
sea Sus efectos son tan rapido
la primera caJa,
pre 'aesaparece la TOS al con u1r l Cigarrillos

J•

· mo autor os
Para el ASMA prepara el mi~ calman al instante.
y P apelee azoados que 0

-JARABE ANTIFLOGÍSJ1~0.!tlff.lAIJ_
'¡~•

, _ , . . , , , . , (JA.J,1.B DB

:arvo!'.c•

~esae ;u~rlnclplo por )os profesores

El .TA.RABE DE DRIANTreco~enn ªecºlbll!o l a consagración &lt;tel tiempo: en el
Laennec Thénard, l.uol'flant, etc.• ar
ERO CONFITE PECTORAL conl&gt;ase

'{~~gAf lasn personas
&lt;1euca&lt;1u, como
mo&lt;to alguno ! su encacla

año t829 Óbtuvo e1 prlvttt¡;lo &lt;1e lnvenc1gn,
de goma y ae ababolea, convtene so re!\
mUJerea
niños.
su gusto
excelente
contray los
BESFBUDOS
y to&lt;!as
las nmo

PL~ii&amp;1111i ~el PECHO y &lt;1e 10s IIITESTIIIOS .

LOS RESFRIADOS

PARAtel~erBQQA

de la nariz y da la cabeza desap&amp;recen
en muy pocas horas con el

SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores
de muelas, usen el ELIXIR y los PC!LVOS de

RAPÉ NASALINA
que prepara el mismo Dr. Andreu.
Su uso ea Caeilisimo y sus efectos
aeguros y rápidos.

IIIENTHOLINA DENTIFRICA

que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblan41:1ece la
dentadura fortifica notablemente las encías, evitando
las car'ies y la oscilación de los dientes'. Su olor
exquisito y agradable perfuma el ahento.

�LA

320

1LustRAcióN ARtfsttcA

N ú MERO

49ó

- Capitulo IV: His•
toria polfti ca de
Atenas, Sus ruinas.
- Capitulo V: Ceremonias, bautizos,
bodas, entierros. Capitulo VI: Costumbres, Las cuaresma~, Las visitas,
El café á la turca,
El narghilé, E l año
nuevo, El carnaval,
Poros, Queserianis,
El Parnaso y Byron,
La Semana Santa,
La • Pascua de Resurrección. - Ca pltulo VII: Un paseo
á Maratón. - Capitulo VII I: Ciencias,
artes, literatura, industria y comercio.
- Capitulo IX: Influencia del teatro
griego sobre la dra ·
mática general, Su
desarrollo, Sus tendencias, Su fin.
El precio, como
siempre, 2 reales, y
los pedidos a 1 edi ·
tor D. Pascual
Aguilar, Caballeros, I , Valencia. En
Barcelona, librer!a
de D. Arturo Simón, Ramb l a de
Can aletas, número 5.

LIBROS f.NVIADOS
Á ESTA REDACCIÓN

por aatores 6 editores
TRATADO DE
QUfMICA Jl!OLÓGI·
CA, por Ad. W1ertz.
- Se ha publicado
el cuaderno 3. º de
esta notabilisima
obra, esmerada·
mente traducida y
adicionada por e 1
Dr. D. Vicente Peset y Cervera. Nada
hemos de decir en
elogio de I trabajo
del eminente profesor de las facultades
de Medicina y Ciencias de París, pues
el munrlÓ cient!lico
lo ha reconocido, ya
como el mejor en su
clase.
Adm!tense suscripciones, a l precio
de una peseta el
cuaderno (la obra
constará de 14 6 16)
en l a librer!a de 1
editor D. Pascual
Aguilar, calle de
Caballeros, número 1, y en Barcelona en la de D. A r·
turo Sim6n, Rambla de Canaletas,
número 5.

•••

•••
V!AJEÁATENAS,

SIFÓN CENTRIFUGO Y SONDALEZA
AUTOMÁTICI\, por

por D. Em ir¡tee
Gaspar. - H emos

el Dr. D. Federico
Gómez Arias. - El

tenido el gusto de
docto director de la
recibi r el tomo
escuda de náutica
X L VIII de la BiESTUDIO DEL l'INTOR WALTER FIRLE. (Véase el articulo en el núm. 487.)
de Barce lona ha
blioteca selecta, que
aumentado su lista
con creciente y jus.
.
,
de inventos con estificado éxito publica el conocido editor valenciano D. Pascual sumario del mencionado tomo, según los capltulos en que está tos dos que fundados en principios cient!licos pueden prestar
Aguilar.
dividido:
grandes servicios, el primero en obras de desecación de pantaE l citado tomo se titula 1:iaje á Ale11as, y su autor es el
_Capitulo 1: De Valencia al Pire~. - Capitulo II : E l puerto, nos, el~vación de terrenos, traslación y elevación de aguas y
d istinguido escritor D. Enrique Gaspar, cuyo solo nombre F1sonom!a de Atenas, Jndumentana. - Capitulo III: La fraga- extracción de las que hayan penetrado en un buque, y el senos releva de hacer el elogio del nuevo libro. He aqu! el ta Arapiles, Etimología del nombre de Atenas, El Acrópolis. 1 ¡undo en los importantes y delicaJos trabajos de sondajes.

I

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART1STIOA diríja.nse para informes á. los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtiD.
núm. 61. Paríe.-Las casas eepe.fiolaa pueden hacerlo en la. oftclna de publicidad de loe Bree. Oalvet y O,•, Diputación, 358, Barcelona

Jarabe Laroze

Soberano remedio para rápida curacion de las Afeccione■ del pecho,

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Catarros,JlaJ de garganta, Bronquitis. Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor

Desde hace mas de ,o aftos, el larabe Larose se prescribe con éxito 'fXJ!'
todos lo,s médicos para la curacion de las gaatrtUa, gastraljiaa, dolorea
J retortijonea de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion J para regularizar todas las funciones del estómago 1 de
loa intesünoa.

éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

JARABE

a1Bro1nuro de Potasio

Depósito en todas tas Farmacias

DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es f!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,

Querido enfermo. -Fll1t Yd. Ami /arfa tr/Hf/tno/1,
1 hita .no dt au,.tro, HA#08 dt IALUD, puu tl/ol
· /t ourarAn dt
oon1t1p10/on, lt darAn apetito 1 /o
daro/rtrh t/ 1ueño , /1 1/tlr/1. - A1/ rir/rA Yd,
muoho, año,, d11frut1ndo lltmpre dt una buena salud.

,u

Enfermedadesd,1 Pecho

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX
Antu,

Farmaolutlco

t.1, Calle Vaurilller1, Parla.

El Jarabt dt Pierre Lamourou:c ti
el Pectoral por excelencia
como edulcoranu &lt;k las tisanas, á
l1U cuala comunica ,u gusto agradable y ,u, propiedade, calmante,.
"\

(Gaceta dt los Hospltalet)

lq6alte Gt1eral: AS, Calle Tmilllen, 45, PWS
St rende en toda, la, buena, farmao/11.

1

la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, coavulsiones y tos de los ni.11.os durante la denticion;, en una palabra, todaa
laa afecciones nervioaas.

Fábrit.a, lspediciones: J.-P. LAROZE

1, rae des Liom-St-Panl, i Paria.

Deposito en todas las princlpaJea Botica■ y Droguerfu

CARNE y QUINA

v1NDAnouo;;ou1Na

T COK TODOS LOS PBINOIPIOS KUnlTITOS IIOUJBLU Da U CARNE
e•a.u 1 011111• 1aon loe elementol que entran en la comDOBtclon de este potente
teparador de lia !uerzu TI.tales, de este fenlaoaa'9 p_er eaee(eaola. De Wl gusto su-

mamente a,radable, es 10berallo contra la Ánetn'4 1 el Ázx¡camtfflto, en las Calentura,
nos ,nte,""°'
Cuando se traia de despertal' el apetito, uerurar las digesUones, reparar las rué~
enr1quecer la ~ entónar el organismo Yprecaver la anemia y las epldemtaa protoClldai por los calores, no se conoce nada superior al l'iae de QIÜÍla de .t.reull.
lfl1' 1n01or. lll Paria,~ casa de J. FERRt, Farmaceutico. 10!, rue Richelieu &amp;caor dtABOtl]).
7 COflolUIClflCúU1 _contra las D14ffl1111 Iu Áfecc1Mu del B1to,naqo

81 VBNDB BN TOD~

LAS PRINCIPALBS IIOTIQ.A&amp; '

GJI.BGANTA
VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHIN
lleeomadadu OODlra IOI Mal• ti llGupnla,
llJ:Unoion• de la Vos, IDOamaol- de la
a-. Efootoa perntoiolloa del Mmnarto, Irl•
\aolon ,-a• produoe el Tabaoo, J 1J19Cialmt111t
6 IOI Son PREDIC&amp;D01'!!i_ ilOGAJ&gt;OI,
PllOFEIIOBEII -, C&amp;!f'l'O&amp;U:ia para faeililar la
emiolon de la 'l'OS.- PIIIGIO: 12 !lliua.

l:IJIIW • li rotulo • /1""'4
&amp;dh. DETBAH, Farmaoeuuoo n p.umj·

.EXIJASE 11i: i1: 1 ARDUO
0

PATE EPILATOIRE DUSSER

destniye b!ila Ju RAio•• el YELLO del l'Ollro de Ju damu (Barba, Blrote, tk.), 11A
llingun peli¡ro para el aitlt. 10 Aiio1 de isllo,ymlllarea de teaUmonlot prutlwl la eleacil
de uta prepandon. (Se nnde en M)II, para la barba, J en 1/2 oaJ•• pan el bl¡ote Urero). Pan
)OI

bruo,, emplu

el ,1.1,J t'OBM. .D1:J'8BJiJR, l , rue ,J,.J,•l\ouueau, Parll.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

J!ifr,

PII MoNTANU Y S1vó1

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46673">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46675">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46676">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46677">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46678">
              <text>490</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46679">
              <text> Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46680">
              <text>18</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46696">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46674">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 490, Mayo 18</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46681">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46682">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46683">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46684">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46685">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46686">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46687">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46688">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46689">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46690">
                <text>1891-05-18</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46691">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46692">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46693">
                <text>2011654</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46694">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46695">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46697">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46698">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46699">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7372">
        <name>Andrés Theuriet</name>
      </tag>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="7378">
        <name>Córcega</name>
      </tag>
      <tag tagId="7375">
        <name>Cuento fantástico</name>
      </tag>
      <tag tagId="7379">
        <name>El gran Ecuatorial acodillado</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1772" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="650">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1772/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._491._Mayo._0002011661.ocr.pdf</src>
        <authentication>5043f4cd165c3eec816283597c84fd55</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73943">
                    <text>· ~trtact.ótJ
11tí~t1e21
A&amp;o X

~ ·

BARCELONA 25 DE MAYO DE 1891

NÚM. 491

R0SENDO NOBAS célebre escultor fallecido en Barcelona en 5 de febrero de 1~91, y algunas de sus obras más notables

�LA

322

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 491

planetas, si hemos de inducir por analogía y hemos
de dar algún valor á las probalidades. La estrella más
vecina de la tierra es Pitágoras, ó sea el alfa del seg·
mento de cielo á que damos el fantástico é impropio
nombre de Centauro. Desde tal astro á nosotros hay
doscientas mil veces la distancia que de nosotros al
sol, y del sol distamos, como sabe hoy todo el mun·
do, en la mayor separación, unos ciento c_incuenta
millones de kilómetros. ¡Cuán bella y reveladora es
la creación! El carro marcha majestuosamente por
las noches de nuestro hemisferio, no lejos de la estrella Norte, adonde miran las puntas de nuestras
brújulas y las retinas de nuestros ojos para orientarnos en los mismos espacios terrestres.· La gran estrella de Orión, la estrella Sirio, reluce con tal brillo,
que si pudiésemos acercarnos á ella, nuestro sol palidecería de seguro entre sus rayos como palidecen
las míseras luciérnagas ante los rayos del sol. No
temblemos por los cometas que vuelan arrastrados
en una vertiginosa carrera y parecidos á plumas caí~ ~
das de las alas esplendentes de un ángel invisible.
No creamos gasas de materia cósmica, suspensas en
11
los límites del universo visible, las vías lácteas inMURMURACIONES EUROPEAS
Todos los átomos se mueven. Este movimiento ha- mensas que se hallan compuestas por polvo de soles
POR DON EMILIO CASTELAR
ce vibrar sus moléculas. Esta vibración engendra el y forman como inmensos arenales dt divino éter.
calor. Molus es/ causa raloris. Este calor enciende la Aunque á los ojos de la poesía todos esos mundos
Diálogos astron6micos. - Miradas alcielo.-Noches serenas. aparezcan en visiones místicas cual áureos vasos
Alma luz. - Escritores que divulgan los conocimientos astro• luz. Pues como la luz presupone calor y el calor preconsagrados al templo de Dios, escalas de diamansupone
movimiento,
el
movimiento
presupone
mo·
n6micos. - El planeLa Mercurio. - Su paso por el sol. - Péndulos mon,truos. - I Iermosas las estn;llas y hermosas las ex• tor. Este motor es Dios. La creación química y la tes y topacios por donde bajan los ángeles, místicas
posiciones. - Cuatro certámenes capitales - Centenario de creación mecánica presuponen la existencia del Cria- lámparas colgadas del firmamento, ó signos que tra\ºictoria Colonna. - Libro de Michelet sobre Roma. - :El
zan cabalísticamente los horóscopos de los mortales
calvinismo de tan grande ,utista opuesto al conocimiento dor. Ni se ha demostrado la generación espontáde Roma y España. - La ciudad Eterna y los protestantes. nea, ni se demostrará el movimie'nto espontáneo. en sus astrológicas figuras, á los ojos de la ciencia
La generación supone un generador supremo de la resultan como gigantes hornos donde los metales
- Conclusi6n.
vida, y el movimiento supone aquel motor inmóvil aquí más fríos se hallan como volatilizados, merced á
I
de que nos habló Aristóteles. No podéis dar un paso las aglomeraciones de oxígeno en combustión, semeen el espacio y en el tiempo sin encontraros en to- jante á la producida por incendios inenarrables, torMucho embarga el ánimo de nuestra Europa la das partes, no á la verdad oculto, patente y mani- mentas tonantes, volcanes en erupciones capaces de
crisis económica por que atravesamos; pero no lo em- fiesto, á Dios. El amor, entre los átomos cercanos, acalorar y enrojecer espacios inmensos con su terribarga menos el movimiento sideral y astronómico. afinidad, produjo la cohesión química; el amor, en- ble irradiación ígnea. Esta tierra fué parte integranLos diarios y revistas por una parte, y por otra las tre los átomos lejanos, atracción, produjo la grave· te del sol. Desprendida un día de su masa, fué duEnciclopedias que por doquier se dilatan, los libros dad mecánica. A la luz difusa en el espacio se le rante mucho tiempo sol de ella misma, luciendo con
de difusión científica y los innumerables Dicciona- llama éter. Por unas y otras fuerzas el éter se ton- luz propia, irradiando calor á causa del fuego voraz
rios popularizan las ideas más altas y divulgan los densó en torno de núcleos, y estas condensaciones en que se abrasaba. Si hubiéramos podido verla des·
conocimientos más difíciles en términos tales, que se tlel éter en torno de núcleos produjeron los soles. de un orbe cercano en aquel entonces, acaso nos
habla de astronomía entre los contertulios de cual- De los soles se desprendieron, como de una cabelle- consumiéramos en ella como se consume la maripoquier prosaica familia. Muy áridos todos estos co- ra los cabellos, como de una flor los pétalos y los pó- silla en el resplandor de la luz esplendente á que
nocimientos en su parte matemática; pero muy cu- lenes, esos orbes llamados planetas, que todos tienen ciega se aproxima. La tierra fué sol á su vez, pequeriosos y regocijantes así que penetran en las indaga- una forma esférica más ó menos perfecta. Estos se ño sol, pero ardió y lució como los grandes soles y
ciones por analogía y nos refieren cómo debe pasarse apartan del sol por un impulso, al cual podríamos en competencia con ellos por su vivo fuego. Hoy misla vida en otros mundos por comparaciones entre sus llamar de odio y alejamiento, que les constriñe á mo este fuego, llamado central, se halla en su cortemovimientos de rotación y traslación que han de precipitarse en los abismos del espacio, hasta que za fría tan próximo como los granillos de la película
prestarles días y noches, años y estaciones, cual á nos- otro impulso de amor y unión los detiene próvido que rodea y envuelve las entrañas de las uvas. El esotros los terrícolas. Desgracia grande: aquel astro más en su caída y los llama con suave reclamo á revolar pesor medio de nuestro suelo no puede pasar, según
pró,tlmo á nuestro planeta, la blanca luna, por cuyos de nuevo y subir trazando elipses, como la nave lu- sabios cálculos, de 44 kilómetros. Por consecuencia,
montes nos paseamos con mayor facilidad merced á minosas estelas, por los mares electrizados, por los si pudiéramos abrirla como abrimos la naranja, enlos anteojos, que pudiéramos pasearnos merced á los espacios inmensos, en rededor de su etéreo y divino contraríamos dentro de su cáscara un sol ardiente
pies por nuestros mismos Alpes y Pirineos, está muer- foco. Además de todos estos grandes cuerpos, hay que, á cierta distancia colocado, podría llamar otros
to y se asemeja en el telescopio á una semiesfera de esparcidos por el espacio, á modo que los insectos planetas con su atracción, esclarecerlos con su luz,
cal. Mas como los dos grandes elementos criados por alados, las mariposas y las abejas; á modo que los avivarlos con su calor y parecer en la noche de otros
el Eterno sean la idea, esa luz del alma, y la luz, esa insectos luminosos, las luciérnagas y las luciolas, as- mundos una hermosa estrella, inspirando suaves y
idea del Cosmos, no podemos apartar los ojos del teroides, bólidos, planetillas semejantes á corpúscu- estéticas tristezas en música y poesía. Esta corteza
cielo sereno y estrellado en las primaverales noches. los, cuyos elementos resultan idénticos á: los elemen- puede muy bien dividirse, como nos enseñan todos
Y al contemplarlo con curiosidad, no podemos dejar tos terrestres, y que diseminados en la inmensidad, los geólogos, en varias capas ó zonas, que deberían
de sentir inquietud por conecerlo con espacio. Cuan- si entran en el radio de atracción propia que tiene la ser concéntricas allá en otros tiempos, mas que hoy
do yo era muy chico, hace poco más ó menos ahora tierra, penetran en su atmósfera, y al contacto suyo se hallan muy diversamente colocadas por la supermedio siglo, leía mucho los rudimentos, asequibles se animan en calor y encienden á una en vívida luz ficie de nuestro globo á causa de las innnmerables
á mi fantasía, de todas estas ciencias, en libros vul- Muchas veces el número de tales astros es tan con- revoluciones geológicas experimentadas en la sucegarizados por aquella sazón y á los cuales podríamos siderable, que le llaman á su presencia lluvia de es- sión incalculable de los siglos por este agitado y
llamar con fundamento amenos y recreativos. No trellas por asemejarse mucho á una granizada de luz, subvertido planeta. Pero ha prestado su calor, lo ha
quiero mentar el donosísimo de Voltaire, titulado á un maravilloso nevasco de éter. En mis largos via- puesto en irradiación, lo ha ido por el espacio inMicromegas, donde ya se burla con tanta gracia el jes por Italia he visto esas luciérnagas aladas volar menso difundiendo, como no podía menos, y ahora,
eximio escritor de una filosofía subjetiva, destinada en grandes enjambres sobre la superficie bituminosa fuera de alguna boreal aurora ó de alguna erupción
en sus exageraciones á probarnos cómo el espacio de las lagunas pontinas, por las laderas verdes del volcánica, semejantes á los blasones empolvados y á
debe tenerse por una tela de araña extendida en lo monte Mario, y hame parecido asistir á una lluvia la diadema rota de una reina ilustre y destronada, la
infinito por nuestro pensamiento, y las estrellas como copiosa de misteriosísimos asteroides. Entre los pla- tierra está metida en obscuridad completa, y para
unas luminarias animadas por nuestro soplo reverbe- netas, cuatro, los menores, están más cerca del sol, y brillar debe recibir sus días prestados de la lumbre
rando los conceptos é inscribiendo en la inmensidad el mayor de los menores, al decir de los astrónomos, del sol.
los ideales nacidos entre las cuatro estrechas paredes resulta la tierra; y cuatro, los mayores, más lejos del
del humano cerebro. Pero ya que no mencione sáti- sol, y el mayor de los mayores resulta Júpiter. Los
111
ra tan corta y tan sutil como esta, sí quiero mencio- asteroides ó planetillas no pueden calcularse, pues
nar un libro de Fontenelle, sobre la pluralidad de aparecen como innumerables en la inmensidad, y
Los deliquios casi místicos y arrobados eón las esmundos habitados, que me sacaba de quicio y me ha- como cuerpos opacos sólo se ven cuando penetran trellas casi espirituales y angélicas crecen estos días,
cía soñar despierto cuando no contaba yo siquiera de en atmósfetas que puedan facilitar en ellos una com- como arriba dije, con ocasión del conocido paso de
vida Iustro y medio. Ahora, dentro de la ciencia misma bustión más ó menos viva y encenderlos. Además del Mercurio, puesto al respectivo alcance de cada inteexisten libros de mejor y más fácil lectura: el Cosmos calor solar, poseen el calor central todos los planetas; ligencia vulgar por las revistas científicas y aun por
de Alejandro Humboldt y la Astronomía popular de pero ninguno puede poseer las condiciones vitales los diarios populares. Merced á sus remembranzas,
Francisco Aragó. Mas quien desee dar á la fantasía de nuestra tierra; los unos, como la luna, por care- refresco de antiguos estudios y extracto de gruesos
rienda suelta y montarse á su arbitrio sobre todas las cer de aire y agua; los otros, como Marte y Venus, volúmenes, hemos recordado que Mercurio es el plahipótesis, cabalgando cual un Astolfo por todos los por hallarse demasiado cerca del sol; los otros, como neta más próximo al sol y menos fácil de ver, por
espacios celestes, no tiene sino coger un volumen de Júpiter y Neptuno, por hallarse demasiado lejos. tanto, desde la tierra. Copérnico, en su agonía, seFlammarión y darse á su lectura. Un cronista de Lon- Además del sol, de los planetas, de los satélites como gún Hoffer nos relata describiendo el desarrollo de
dres no describe la ciudad y su vida con las minucio- nuestra luna y como el anillo de Saturno, de los as- las ciencias astronómicas, plañíase de no haber podisidades que mi amigo el astrónomo fantaseador cuen- teroides, hay las estrellas alejad{simas de nuestro do verlo nunca durante larga vida de observaciones
ta de la vida en el alegre y caluroso planeta Venus sistema solar. y á las cuales creemos encendidos so- y estudios. Lalande, tan conocedor de las estrellas,
ó de la vida en el tardo y sesudísimo Saturno. Así, les, que tendrán quizás en torno suyo también obs- en sus Tablas de Mercurio nos dió noticias de tal
los conocimientos astronómicos se han divulgado por curos y por tanto invisibles pero grandes y numerosos planeta, confirmadas luego por Leverrier, quien ya

NúMERO 491

LA

ILUSTRACIÓN A RTISTICA

todas partes, y las gentes más reñidas con los humanos saberes y los fastidiosos sabios han podido deTexto. -llf11rm11rario1us europeas, por Emilio Castelar. -::_La partir á su antojo sobre la carrera de Mercurio en la
Exposición gmeral de Bellas Aries. La pilltura religiosa I faz del sol como pudieran sobre la carrera de cabahistórica (continuaci6n), por J. Yxart. -Rose11do Nobas, por llos en el espacio del Hipódromo. Francamente, gúsA. Carda Llans6. - Génova, por Eduardo Toda. - Rewerdos tame contemplar los ojos humanos convertidos al
da Gra11ada. La fuente del A vellano, por Augusto Jerez Per• cielo, siquier en vez de mirar á Dios miren á las eschct. - C:1m lo de amor, por Pablo Marguerite. - SECCIÓN trellas. Nos han metido las últimas publicaciones en
CIE:-!TfFICA: Ferrocarril 111ari110, por X.
boga con tal empeño hasta la cintura dentro de lodazales inmundos, que los agujeros por do columbramos
Grabados. - Rosendo Nobas, célebre escultor fallecido en lo celestial y entrevemos lo infinito deben multipliBarcelona, y algunas de sus obras más notables.-Tl111pa110
de la portada m la iglesia de Castellar, obra de D. Rosendo carse y no disminuirse. Hase dilatado por el telescoNobas. - Estatua de D. f ua,z Giiell y Ferrer. ,lfomm1e,,to pio y por el cálculo en tétminos tales el Universo,
erigido d m memoria en Barce/o,za, obra de D. Rosendo No- que parece cada día mayor y más digno de nuestra
bas. (De una fotografía de A. Torija.) - Vista de la ciudad y estirpe un templo esclarecido por las estrellas, aropuerto de Gl11ova. (De una fotografía. ) - Cuadriga de la A u• mado por las flores, en el éter celestial sumergido, rerora m la cascada mo1111111mlal del Parque de Barcelona, obra velando como tangible lo infinito, componiendo conde D. Rosendo Nobas. -Busto de Cerva,ues, obra de D. Ro• ciertos con las atracciones y las afinidades, exhalando
sencloNobas. 1De una fotografía de A. Torija.) - Figuras rá como un misterioso incienso el místico humo de las
8. Varias secciones, cortes y piezas del buque ferrocarril.
ideas á los senos insondables del eterno misterio.
SUMARIO

~---

... '

TIMPANO DE LA PORTADA EN LA IGLESIA DE CAST&amp;LLAR, obra de D. Rosendo Nobas

bates el corazón te ama como bondad suprema; en
pudo noticiamos cómo los días mercuriales dura~an de él, sino al qué harían con su inofensiva y sabia el art~ sí en los acordes de la lira, en las líneas de
el tiempo mismo que los nuestros y cómo los anos persona. Ingerido en el clero francés para mayor se- los m~nu~entos, en el centelleo de l~s in5piraciones,
unos tres meses poco más ó menos, con lo_ cual no guridad personal gustaba más que de la patena re- la fantasía te contempla como arquetipo de la eterna
quiero deciros cuántos fantase~s á Flamll_lanón se le luciente sobre la~ aras, de la luna reluciente sobre las hermosura· en los altares, bajo las bóvedas de los
ocurrirán acerca del calor tropical allí reinante y _d~ noches. Y departía de sus castos amores celestes co~ templos, á'través de las plegarias y del incienso, la
las estaciones que habrán de subse~uirse c~n ve_rtig1- todos los sabios y estudiaba todas s~s nuevas no~- fe viva te adora, y en la ciencia la razón te conoce y
noso movimiento y en rápida sucesión._El influJo ?e cias de lo infinito juntas en aquel mmuto de _múlti- te demuestra, deseando, al contacto de las ideas suples revelaciones, pues como Keplero presagiar~ el
la prensa periódica se conoc~ con motlv~ de tamano paso de Venus y Mercurio por nuestro sol, Galileo blimes el alma entera vivir y morir, absorberse por
fenómeno, pues nunca hubieran adver_ti.do los descompl;to, como en los mares las gotas de lluvia, en
ocupados tal mota en la retina del sol, s1 á las adver- demostrara con su invención del péndulo y en el es- tu insondable substancia.
tencias y observaciones científicas no les mueven sus tudio de sus oscilaciones el movimiento triunfal ~or
el espacio inmenso de nuestro planeta. Estas osetlaIV
respectivos diarios. Veinte resultan las veces en que ciones del péndulo dicen tanto y tanto enseñan, que
ha podido tal paso verse y estudiarse, desde que lo se colocó uno gigantesco en la cúpula del Panteón
Bella' la ciencia indudablemente, bellísimo el delo,
viera y estudiara la primer vez el buen cura_ Gassen- de París, para que rozase co~ arenas colocadas sobre bellas las artes á que damos tal nombre por antonodi allá por el año treinta y uno de la penúlama cen- las losas del pavimento y diese muestras palpables masia. Cuanto más las estudio, persuádome con
turia hace dos siglos y medio. De sus manchas Y de de la carrera del planeta, y ahora van á colocar o~o mayor fundamento á la creencia de que representan
sus ~ombras han deducido sublimes observadores,
en la torre maravillosa Eiffel, monta~~ para las ~1s- un punto avanzadísimo en la lí~ea misteriosa que al
tales como Herschel, á quien debemos tanta~ revela- mas experiencias. Comparad esta fac1hdad que tiene Criador conduce desde los abismos donde padececiones del infinito, que goza de atm6sf~ra d1áfa~a Y hoy la ciencia de sondearlo. todo con los t~mores de mos y lloramos las misérrimas criaturas. Así deben
cuenta con unas montañas, las cuales tienen veinte Copérnico, con las angustias .de Gassend1, con las tanto complaceróos los certámenes de Bellas Artes,
kilómetros de altura. Por su posición simple puede penas de Galileo, y decidme s1 no debemos estar en- como nos complacen las ciencias del cielo y de los
también deducirse y saberse que s~ calor habrá de vanecidos cuantos hemos pugnado por quebra?!ªr fenómenos celestes. Cuatro Exposiciones llaman á
darle tórrida temperatura, pues asciende á once v~- las cadenas abrumadoras, bajo cuyo pe_so e~ espmtu un tiempo la universal atención; una en Berlín y otra
ces más que los mayores experimen!ado~ á la conti- se paralizaba y encogía, de una emanc1pac1ón, m~r- en Barcelona, dos en París. Los artistas ofrecen muesnua en la zona tórrida terrestre. ¡Divertidos estarán ced á la cual sobre nosotros caen y llueven de lo m- tras gallardísimas de sí propios en todas ellas, con
los habitantes del tal planetilla en hor~o tan v?~az! finito y de lo etéreo tantas y tan be~efic_iosas verda- especialidad los artistas españoles. Pero tanto y tanto
Sin embargo cosa tan sencilla como su mterposición des. Miente quien asegura que la c1enc1a modern~ ejemplar de pinturas varias deben decirnos que va
entre nosotr~s y el sol ha servido mucho para cosa destruye la confianza en Dios. Cada grande senti- tomando el arte aspecto de industria y debe presertan grande como el cálculo de la distancia entre los miento que mueva el c~razón, 1~ im~ulsará. de ~egu- varnos de admiraciones sobrado fáciles. En el siglo
mundos y el foco de las eclipses en que se mueve':1 ro al amor divino· cada idea que 1lumme la mtehgen- xv1 los grandes pintores atraían en torno suyo las
estos astros nómadas y errantes. Por la compl~t~ ]¡. cia, de seguro habrá de acercarla también á l_o a~so- almas de orden secundario adscritas al culto de lo
bertad contemporánea de pensamiento Yde religión luto· cada estrella que columbremos en lo mfimto, bello, componiendo con la fuerza de sus atracciones
parécenos difícil comprender que un paseo por las añadirá una letra más al no~~~e incomu_~cable del y con el cruce de sus rayos verdaderos sistemas soestrellas en compañía de la ciencia cueste pesadum- Creador. ¡Dios mío!, la sensibilidad te ad1V1na como lares. Y en esos sistemas solares había lunas que
bres aqu{ en la tierra y hasta otro paseo por las cár- Providencia; en el inmenso río de los hechos, en. el brillaban melancólica y suavemente con resplandor
celes, cuando no por las hogueras, en .compañía de escenario cambiante de la historia, en esas traged1as dulce y poético eBtre los astros de primera magnitud
calaboceros, esbirros y verdugos. Tan ilustr~ obser: que todos los siglos repiten y en esa perdur~ble_g~e- y los focos de perpetua luz. ¡Feliz idea la de Italia
vador del paso de Mercurio como Gassend1, ~or si rra entre el bien y el mal, te presiente la mtmc1ón proponiéndose recordar el centenario de Victoria Cola tierra se mueve ó el so), temblaba, en gmsa de como juez; en el misionero que desafía los elemen- lonna, por Miguel Angel platónicamente amada, cual
azogado, cuando sus cálculos se oponían á las gene- tos para llevar espíritus nuevos á la luz eterna y en por Petrarca en los bosques de Provenza Laura y
rales creencias, y mientras en público movía el. sol, la hermana de la caridad que aparece sobre los com- Beatrice por Dante mismo en los jardines de Toscamovía en secreto la tierra por miedo, no al qué du ían

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

49[

na! Estos pintores y estas musas produjeron el milaca y explícitamente real que no pueden alcanzar en
LA EXPOSICION GENERAL
gro de los milagros, las ciudades artísticas italianas
la medida que intentan; por empeñarse en competir
del Renacimiento, con especialidad la sublime Rocon una observación del natural, compleja, analítica,
DI.: DELLAS ARTES
ma. Como antes iban los peregrinos de la Religión á
sutil, sumergida en su ambiente propio, sincera, esver las tumbas de los Apóstoles, van ahora los perepontánea é intensa, cualidades que nunca podrá
IV
grinos del Arte á ver los modelos más perfectos de
tener por más que se haga el estudio de una modelo
la pintura universal. Aquí saludan á las Sibilas de
vestida de Virgen con luz de taller, ni la penosa coml.A ~t:CCIÓN l&gt;E PINTURA ESPA:\OLA
Santa María que tienen la hermosura griega en sus
posición, empalmada por fragmcmtos, de figuras dis( Co11ti1111ació11)
formas y el resplandor de sus ojos la intuición crisfrazadas en actitud impuesta y no vista ni sentida,
La pintara religiosa é histórica
tiana; visitan allí la Virgen de Foligno, resaltando en
de grupos atentos y perplejos, y accesorios traídos al
una claridad celeste con su hijo entre los brazos y
Si el lector recuerda los preliminares del artículo cuadro uno á uno, sin fusión natural, sin armonía
sobre la cabeza un iris en que nadan los ángeles re- anterior, comprenderá fácilmente que no nos deten- ni sinceridad. Otra cosa había de resultar si, renuncién descendidos de la gloria; escuchan allá las ar- gamos ahora en un recuento minucioso de todos los ciando á esta lucha imposible, se atepdiera, no al anámonías sicilianas, al contemplar la Galatea que dis- lienzos que ocupan las siete salas de pintura españo- lisis, sino á la síntesis; no al colorido real, sino al
curre por los mares helénicos sobre su concha de la (excluyo la destinada á las obras de autores difun· que siendo como up extracto simplificado de él, adnácar, seguida de los resonantes coros concertados tos, porque hablaré de ella en capítulo especial).
quiere sólo un valor simbólico y de enunciación; no
por tritones y nereidas; ven acullá cómo las ideas fi.
Más de seiscientos en junto serán aquéllos. Y de á la línea exacta y positiva, sino á la característica y
losóficas exhaladas por los sistemas antiguos toman éstos, en realidad, no pasarán mucho de ciento los saliente, en toda su sencillez; no al sentimiento transcuerpo en proporción verdadera con su grandeza en que merezcan verdadera atención.
mitido por la sensación inmediata, sino al que parte
la escuela de Atenas, y los principios de la teología
de la idea, y no, por fin, á aquella armonía total y
Vamos á éstos sin más preámbulos.
cristiana se avivan y se dibujan y se coloran con
He indicado ya que en busca de las más moder· compleja que nace de la visión, sino á la intuitiva y
toda su pureza y toda su verdad en los Santos y Doc- nas y de las mejor encaminadas tendencias del arte por decirlo así intelectual que impone la expresión
tores de la Disputa del Sacramento; aprenden la su- contemporáneo en la actual Exposición, hay quepa- de un concepto determinado y anterior.
rrección de los símbolos católicos por las rejas de la sar por delante de una serie de cuadros que llevan
Ninguno de los cuadros religiosos ó históricos van
cárcel de San Pedro, que los ángeles iluminan con en su factura, en su asunto, en su colorido una fecha todavía por este camino, en que la pintura decoralos resplandores de la luz increada y por los techos anterior. Algunos, siendo de maestros, se sostienen tiva moderna se da la mano con las últimas tentatide la Farsina los símbolos paganos, que nos muestran por la virtud de sus cualidades permanentes y salien- vas de la observación más refinada, por aquello de
Psiquis, el alma nuestra, próxima de suyo á una trans- tes; pero aun así, hay que hacer concesiones á su que &lt;dos extremos se tocan.» Lejos de esto, aparecen
formación, aunque rodeada de los dioses helenos, manera, colocarse en el punto de vista en que se más idealizados y en un ambiente de sueño algunas
reunidos ya para sus últimos festines; en un lado se hallan colocados sus autores, cediendo al influjo obras inspiradas directamente por el natural, que las
atienden á la batalla, donde triunfa el lavabo de nues- de su tiempo, de la enseñanza que recibieron, de las mismas vírgenes y santos de corporeidad ó vigor
tra redención para sobreponer eternamente á la ma- tradiciones en que se imbuyeron. Los más caen ó convencionales y con ausencia total de unción y de
teria el espíritu, y en otro lado se transportan al coro descienden á nuestros ojos; son muy contados los verdadero sentimiento religioso. Inclusas aquellas
armoniosísimo semejante al zumbar de las áticas abe- que aparecen á la misma altura en que los vimos en obras que alguno tienen, son, por su composición
jas, que alzan en melodiosas notas los poetas clásicos otras Exposiciones. ¿Cambiaron ellos? No. Quien ha y por el lugar de la escena, si cabe hablar así, más
al subir hacia el Parnaso en requerimiento de los cambiado fué el espectador. Este no se detiene en que religiosas, históricas ó anecdóticas, en que el
laureles cortados para sus frentes por las musas; si- sus evoluciones, los artistas sí; de aquí que mude personaje, sorprendido todavía en su vida terrestre,
guen los cuadros más bellos de la Biblia judía entre con el tiempo la distancia que los separa. Llevamos se ofrece como un retrato sin nada de beatífico. No
los grotescos más complicados de la Roma imperial; ya lentes distintos, y han de parecernos distintos el hablemos de santos Jerónimos, simples estudios de
y no sabe uno qué admirar más en la melodiosa epo- color, el dibujo, la factura, el ambiente, la verdad, desnudo, ni de la Ste/la matutina, de Alvarez, con
peya de líneas y colores, si las armonías de aquellas la idealidad, el sentimiento y hasta el asunto de evidentes reminiscencias de Morelli La Penitente
formas, ó la perfección de aquellas agrupaciones, ó aquellos mismos cuadros que años atrás hubiéramos de Masriera, sentida y noble, no inspira sentimiento
la trascendencia de aquellos pensamientos, en los distinguido por estas mismas cualidades.
religioso alguno. El San Ignacio de Serra, se diría
cuales hállanse al par sentidos el Paganismo y el CaLa pintura dió con un modo nuevo, más amplio, un retrato de un padre. Jesiís con los nbios, tampoco
tolicismo, como si ambos se hubieran reconciliado más complejo, más intenso que los anteriores. Don· puede ponerse en este grupo, si se atiende á su caen las cumbres de tan cíclica obra inmortal. Para de no le hallamos, la inferioridad nos parece mani- rácter: es un pasaje bíblico, por cierto muy inferior
comprenderla necesitamos, como los primates del Re- fiesta, con absoluta independencia de los demás á su fama; un error lamentable del artista por su comnacimiento, ser á un mismo tiempo helenos y católi- componentes del cuadro. Toda la divergencia nace posición, por su color, por su dibujo, en todo lo cual
cos. Quien se haya de las dos religiones apartado, de aquí única y exclusivamente, y no de la exclusión resulta menos que mediano. En el San Antonio Abad,
nunca jamás comprenderá la Roma cesárea y ponti- de género ó asunto alguno, como quieren los defen de Cabrera; en el San Francisco de Asís, de Riquer,
ficia, tal como se presenta hoy á nuestra vista en los sores de una tradición anticuada. Esto es lo que va los santos, los protagonistas participan ya de sus
osarios de la historia. Así, desconfío mucho de que mos á ver con ejemplos prácticos.
dos naturalezas: les rodea el nimbo de oro de su sanMichelet nos presente un buen juicio de Roma en el
Una clasificación, una jerarquía prestablecida tidad por una parte, y por otra se hallan colocados
volumen reciente y fresco, arreglado por su viuda quiere que las revistas empiecen por lo común por todavía en atmósfera y sitio reales. Son cuadros de
fiel, que ahora hojeo sobre mi embarullada mesa de la pintura religiosa é histórica. En cuanto se llega á episodio: escenas de la vida de aquellos santos. Pero
trabajo. Michelet es uno de los más altos y sublimes ella, salta la primera cuestión. Ni los cuadros religio· á uno y á otro les perjudica este carácter ambiguo
reveladores que del espíritu de los siglos pasados ha- sos ni los históricos son en gran número en la Expo- de la acción. El San Antonio asistido de dos ángeya tenido la humanidad. Su intuición milagrosa le sición actual. Y los pocos que hay, poco tienen de les, no es la página más notable de su insigne autor,
hace comprender y explicar como nadie la Ciudad notables. De aquí la primera exclamación de algu- ni mucho menos. El San Francisco en el bosque,
clásica y pagana. Su Historia de la República en Roma nos: «El arte está en decadencia, puesto que abando- rodeado de fresca vegetación, conversando con banse aparece á los ojos más pesimistas como una in- na los asuntos más altos y más sublimes.» De aqu~ dadas de pájaros, resulta parado, recortado, pegado
comparable resurrección. Pero la Roma católica, lo las observaciones de otros: «El arte progresa, puesto al lienzo, sin ambiente: los pájaros y el fondo, más
mismo que la católica España, serán á sus ojos como que, más conocedor de sus fuerzas, se prohibe volun- interesantes, pintados con más delicadeza y soltura
un enigma indescifrable y como un arca cerradísima tariamente aquellas inspiraciones que no se adaptan que el santo. La Rosa mística, de Tamburini, tampopor sus creencias de hugonote, cuyo poder continuo á sus medios más eficaces y seguros, renunciando á co tiene mucho de inspiración religiosi,.: pero sin alha puesto sobre su naturaleza ingenua y primordial ellos por horror al convencionalismo.» Tanto la ex· gún trozo (el manto colgante y replegado en que su
de artista otra naturaleza de pensador y descreyente. clamación de los unos como la objeción de 1os otros, autor se ha complacido en hacer sentir la realidad
Casi todos los luteranos han sentido ante lá' Roma llevan ya algunos años de fecha; muchos hace que palpable de su tela fastuosa y rica), en el resto se inpontificia una emoción análoga de suyo á la emoción se repiten en virtud de una sucesiva y progresiva ca· sinúa tímidamente la tendencia á un colorido ideal,
que sintió Lutero. Un pastor, acostumbrado á natu- rencia de obras religiosas é históricas de mérito en por ahora más agradable y más bonito que bello, pero
raleza de viva égloga, circuído de gigantes y verdes nuestros concursos. A mi ver, ni unos ni otros están que por su delicadeza puede tener un valor de exárboles, colocado sobre las muelles praderas con sus en lo cierto Su error, harto inveterado, parte de to· presión, de enunciación, de un sentimiento en armocándidas ovejas, el cabello mecido por juguetonas mar por norma de la importancia de Ia obra artísti· nía con el que anima á la figura, su inocencia y su
auras y el rostro acariciado por suavísimas humeda- ca el asunto antes que el modo de tratarlo. Su error pureza.
La im¡,otencia por alcanzar en los cuadros histórides y halagadas las orejas por susurros de aguas es- estriba en olvidar que no cabe aplicar hoy, ni á lo repejadas y frondas murmurantes, á quien de súbito ligioso ni á lo histórico, el mismo procedimiento de cos toda aquella vida y naturalidad de los modernos
engolfaran en el Océano inmenso, sin límites ni fron- pintura real que ha seguido aplicándole fuera de lu- y la evocación total del carácter de una época y sus
teras, con horizontes indeterminables, entre oleajes gar. Como este procedimiento ha progresado mara· gentes, valiéndose del natural en la forma usada hasta
alterados y ciclones tonantes; un pastor así por cam- villosamente, digan lo que quieran, se hizo incompati- ahora, está patente en todas las obras de aquel génebios tales asaltado y sacudido, apenas podría darnos ble con aquellos géneros tradicionales. Pero ha lle- ro en la actual Exposición. Poquísimas son en nútestimonio suficiente de la transformación que sufri- gado un momento, - creo que estamos ya en él, - en mero. Nadie ha de mirar mucho rato el Felipe II
ría el alma de Lutero, acostumbrada desde su naci- que por virtud, no de una reacción, sino de una evo- trasladándose al Escorial, de Llanos, sin bajar pronmiento á la suave y blanca y dulce Alemania, en me- lución lógica de este mismo procedimiento, vuelve á to la cabeza, como quien ve algo que pasó definitidio de los desiertos terribles, de las ruinas antiguas, ser posible que entren en el anchísimo círculo del vamente. Figuras, actitudes, disposición, color, asunde los templos caídos, de las estatuas rotas, de los arte todas, absolutamente todas las inspiraciones, con to, nada dicen, nada expresan, no despiertan interés
restos de naufragios y de batallas, sobre los cuales tal que á cada una se le aplique su modo propio. La alguno. Todo aparece como detenido, convenido,
se alzaba Roma pontificia con sus mil colosales igle- discusión, pues, es anticuada y está de más. Hágase yerto y muerto; ni bastante lejano para que tenga
sias, esmaltadas por los toques áureos y rojos de los con la pintura religiosa é histórica lo que es y lo valor histórico de museo, ni bastante próximo para
encendidos y tempestuosos cielos que parecen guar- que debe ser en el día, esto es, pintura decorativa, que nos revele el temperamento personal del artisdar, así en sus alborados al Oriente cual en sus arre- y nos entenderemos. Por este camino va el neoidea· ta Y con mayor razón puede decirse lo propio de
boles al Ocaso, un eterno y sublime Apocalipsis. Para lismo de que hablé en los preliminares.
la Muerte de Alfonso XII, de Benlliure, en que para
Miradas á esta luz, que es para mí la verdadera, que todo sea falso y errado, tratándose de un episoentenderá Roma se necesita será un tiempo heleno
clásico, romano antiguo y verdadero católico, llevan- aparecen como anticuados y defectuosos casi todos dio de la historia contemporánea (de la cual recordalos cuadros religiosos é históricos del actual certa• mos ú oírnos pormenores fehacientes), la escena se
do en sí la fisiología viva del Renacimiento.
men, no por tratar la historia ó inspirarse en la reli- halla dispuesta con una corrección aparatosa de
gión, sino por e~hibir una y otra en una forma fran• ceremonia oficial, mucho menos dramática de lo

.. ELL y FERRER.-MONUMENTO ERIGIDO Á SU MEMORIA EN BARCELONA
ESTATUA DE D. JUAN Gu
' ..
Obra de D. Rosendo Nobas. (De una fotografl de A. Ton1a.)

,

�LA
que os hoy la vida íntima y coetánea, lo mismo en
palacio que en la más miserable buhardilla. La muerte del rey pareoe en el cuadro como po¡lría imaginarla un ilustrador de entregas para el ínfimo vulgo. Y el aspecto de figurín pasado de nioda, que tom.,_n todos los trajes coetáneos para el espectador
, á la vuelta de unos años, agrava todavía lá deplorable impresión de la obra. Con ésta, los mis.mas cuadros de Tusquets de historia catalana, cinco en número, ya conocidos, pierden mucho de su valor. La
composición de algunos tiene verdadera grandiosidad, como la visita de Carlos de Anjou á Roger de
Lauria y el Embarque de Jaime 1 en Salou, Figuras
perfectamente dibu¡adas, las hay en todos, con ver•
dadera riqueza de medios y recursos; todos suponen
un estudio y laboriosidad á prueba; pero contemplados hoy, aparecen pintados, excesivamente pintados.
Algunos accesorios Qrillan y deslumbran con entera
independencia del resto, como las cotas de los maceros en la Entrada del Príncipe de Vi'ana¡ otras
figuras tienen actitudes teatrales de comparsería (los
trompeteros del mismo cuadro, que más que andar
danzan); los trajes fastuosos y ricos resultan flamantes; el color1 vigoroso ó .castizo, ha tomado una tona·
lidad compacta y densa de cromo; los mejores fragmentos, la mayor delicadeza de algunas testas, como
la del príncipe, ó aquella impresión de una concepción

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 491

pcny, pero sí debe figurar en el número de los más
discretos escultores, de los más fervientes campeones
del renacimiento patrio, ya que para lograr tan laudables propósitos dedicó los mejores años de su vida
y el esfuerzo de su inteligencia.
,
Debido quizás al levantado concepto que Roseado Nabas tenía del arte, buscó siempre las fuentes
de inspiración en las grandes obras de la antigüedad
helénica y del renacimiento italiano, ya que en ellas
se había saturado su espíritu en las primeras leccio-

nes fi!Ue recibiera de maestros insignes en sus juveniles años. De ahf que sobrado exigente consigo mis-

mo, estudiara con detenimiento sus modelos antes

de trasladarlos al mármol, á la madera ó al bronce,
cual si en él no existiera la espontaneidad ni la inventiva de algunos de sus compañeros, á los que, sin
embargo, superaba en cualidades y aptitudes. Pruébanlo así sus creaciones, en las que se halla marcado
el sello de su carácter pensador, el sentimiento de
que se hallaba poseído su espíritu y su correcto modelado.
cNo admitía por buenos, dice nuestro buen amigo
el discreto critico D. Francisco l'líiquel y Badía, todos los temas que encontraba en el mundo real, aun
cuando le ofreciesen ocasión propicia para hacer
alarde de sus habilidades escultóricas. Entendía que
no ha de ser materia del arte lo que produzca repugvasta y artística, desaparecen y se pierden en el efec- nancia, lo que desagrade á la vista, aquello que en
to total de una pintura anticuada con luces falsas, y
la realidad misma nos causaría asco, ·ya ofendiendo
de una inspiración forzada y ambigua que fantasea y
nuestros sentimientos morales, ya atacando nuestro
copia á un tiempo, para producir después de todo
sentimiento estético. Buscaba, pues, en la verdad nauna obra híbrida m sincera ni viviente. Lo cua~ en tural la belleza al mismo tiempo, de manera que los
los mismos términos, se le puede decir á Tamburioi
naturalistas a outra11,e debían forzosamente clasificarpor su Conde de Urge!, de un carácter tan distinto le entre los idealistas.»
de lo que imaginará el lector de la crónica de aquel
Y este trabajo de idealización, realizólo Nabas
príncipe desdicl,ado, como es opuesta á una página
hasta en aquellas de sus obras que más se ajustan á
de historia clásica una ingenua •anción popular. la realidad, pues nótase desde luego en ellas que
Tamburini intenta también ese imposible de inte- han sido objeto de delicadas selecciones, suprimienresarnos con Ja resurrección de una escena con to- do impurezas, formas ingratas, líneas desagradables,
dos los caracteres de lo real. .. sin serlo. Su cuadro pormenores verdaderamente nimios, que de existir
causa la misma impresión de lo flamante y limpio, hubieran amenguado la belleza de la obra.
en atmósfera ficticia é irrespirable. Los fragmentos
Su notable escultura, á la que irónicamente tituló
mejores de su lienzo, pintado por quien sabe pintar, El siglo XJX, demuestra no sólo la verdad de las

nada tienen que ver con el resto: son accesorios, te· apreciaciones que someramente exponemos, sí que

las ó armas. La figura del conde, mostrando las espaldas desnudas, es un estudio aislado, q~e resalta en
virtud de un decidido contraste de tonos. Y aparte de
que aquel torso y aquel cuello, por lo suave y bien
lavado de su cutis y por su blandura muscular, no sugieren idea alguna de martirio ni de crueldad en los
perseguidores, no ha y en toda la escena un solo rasgo que evoque, como debiera evocar todo cuadro
histórico, ni el carácter ni la vida de aquella patética y desdichada página de la historia catalana. Es la
simple agrupación de unas cuantas cabezas, que ganarían en no llevar cascos ni representar á nadie.
17 mayo 1891

J.

YXART

también da á conocer al artista pensador, al escultor
tal corno se concibe dadas las corrientes que informan
el arte moderno. Nabas, de sentimientos nobles y
delicados y amante de los progresos en este siglo,
no pudo resistir al deseo de fustigar con amarga ironía por medio de una de sus más bellas creaciones
á esa mentida civilización que en España, al igual
del pueblo rey que á gritos pedía pan,m el cir,enses,
permite espectáculos que con frecuencia terminan
con la muerte de un hombre en la arena del circo.
Vivió Nabas completamente separado de las manifestaciones del arte llamado académico, resultando
más romántico que clásico. De ahí que le cupiera la
gloria de ser uno de tantos artistas á quienes debe
la escultura catalana sus nuevos conceptos y los se-

guros derroteros que felizmente marcan su camino.
ROSENDO NOBAS
Si digno de atención y de estudio es el progreso
realizado por los pintores catalanes en la segunda
mitad de este siglo, mayor interés ofrece el desenvolvimiento que ha logrado la escultura. Los artistas del

cincel, desprovistos casi de antecedentes, sin maestros ni guías, careciendo de modelos y sin más precedentes que las escasas y limitadas creaciones, por
fortuna conservadas, de los Arnadeu y Campeny, han
podido determinar con sus producciones el glorioso
período del renaoimiento de la escultura, tan completo, tan genial y tao vario, que no titubeamos en
afirmar que Barcelona es el único crisol peninsular
en donde se funden y aquilatan los cultivadores de
esta especial é importantísima rama de las Bellas Ar-

tes. Para convencerse de ello basta examinar los monumentos que decoran nuestra ciudad, las valiosas
obras que constituyen el más preciado ornamento de
los salones aristocráticos, los detalles de ornamentación armonizados con las líneas arquitectónicas de

las señoriales mansiones, y por último, las sentidas
obras que embellecen nuestras necrópolis, en las que
el geni~ del artista graba en el mármol y en el bronce el vivo recuerdo que los vivientes dedican á los
que fueron.
Rosendo Nabas, dotado de clara inteligencia y poseyendo el sentimiento y el buen concepto del arte,
formó parte de esa primera pléyade de artistas, á
quienes debe nuestra patria la evolución que ha determinado, gracias á su ingenio, á su entusiasmo y

su amor al arte, el renacimiento de la escultura nacional. No significó el nombre de este malogrado artista lo que representan para Italia, Alemania, Francia y España los Canova, Thorwaldsen, Rude y Cam-

El antiguo amaneramiento y los rutinarios moldes,

productores de un convencionalismo en pugna con
el verdadero arte, proscribiéronse paulatinamente, y
los jóvenes escultores que recibían las enseñanzas de
Nabas ó seguían con interés la evolución que marcaban sus producciones buscaron en el estudio del
natural, en los efectos que en el hombre producen
las pasiones y los sentimiento~, en el conceP,to psico•
lógico, la fuente en donde sentir su inspiración. Así,
pues, la personalidad de Nabas representa en el
arte algo más que un hábil é inteligente escultor; representa un artista de corazón, á quien el arte regional debe el resultado de esa admirable evolución que
nos sorprende.
Cuatro obras de este distinguido escultor figuran
en los principales monumentos que embellecen nuestra ciudad, acusando todas ellas la suma de estudio
que debió emplear para imprimir á la escultura el carácter y aspecto monumental. La estatua retrato del
economista D. Juan Giiell, que corona su monumerito emplazado en el cruce de la Gran Vía con la Rambla de Cataluña, en la que supo armonizar las duras
líneas del traje moderno con la nobleza de su actitud;
la estatua en bronce del canciller Casanova, levantada en el Salón de San Juan, precisamente en el
mismo sitio en que se supone fué mortalmente herido
aquel digno funcionario popular; las Fqmas que rodean la columna que sustenta la estatua de Cristóbal Colón, y la colosal cuadriga de hierro fundido y
dorado que remata la gran cascada del Parque. En
todas estas obras, obsérvase que Nabas tuvo presentes, no sólo los buenos modelos de Grecia y Roma,
si que también á los maestros del modernismo.
Nacido en 1849, practicó sus primeros estudios en
el taller de Agapito Vallmitjana, pasando después á
la Academia de Dellas Artes de Barcelona, para con-

LA

NúMERO 491

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tinuarlos bajo la dirección del profesor D. Andrés
Aleu.
A sus primeros trabajos, consistentes en modelos

de platina artística, siguieron varias estatuas y bajos
relieves para coronar diversos panteones, varias imágenes para capillas públicas y oratorios, hasta que
en 1871 modeló el torero moribundo, de que hemos
hecho mérito, adquirido por el duque de Fernán Núñez, premiado en la Exposición de Madrid del citado
año. La primera recompensa la obtuvo en la Exposición de Viena de 1873 por el notable busto de Cervantes, é igual galardón mereció el busto retrato de
Fortuny en la de Filadelfia, celebrada en 1876.
Posteriormente, dió forma con los palillos y el cincel á otras obras no menos recomendables, entre
ellas la estatua del brigadier Cabrinetty, un Mercurio existente en el Bolsfo Catalán, uno de los bajos
relieves que decoran el monumento de D. Antonio
López; dos faunos de la cascada del Parque, varias
esculturas de salón, y otras obras más que serla

prolijo enumerar, entre ellas, cerca de doscientos retratos en busto y algunos de cuerpo entero, casi todos esculpidos en mármol ó fundidos en bronce.
Desde el año de 1877 desempeñaba el cargo de
sustituto de los profesores de la Escuela de Bellas
Artes Sres. D. Venancio y Agapito Vallmitjaoa, y
desde 1879 el de ayudante y escultor de la facultad
de Medicina.
Arnantfsimo hijo y cariñoso hermano, vivió Roseado Nabas alentado por el calor que se desprendía del paternal hogar, en el que se hallaban reunidas todas sus afecciones La muerte de su buena y

anciana madre quebrantó su animo y su naturaleza,
y al mes y medio de aquel funesto acontecimiento
debieron llorar sus hermanos y sus amigos la inesperada muerte de aquel que, además de distinguido artista, fué un modelo en la sinceridad de sus afectos.
Descanse en paz el escultor catalán, y aunque
modesto, reciba el tributo que le rendirnos.

A.

GARCJA LLANSÓ
VISTA DK LA CIUDAD

y

PUERTO DE GfNOVA,

{De una fotografia.)

GÉNOVA
En casi todas las naciones del mundo se encuentran ciudades de carácter distinto al que predomina
en el resto de su país. Sus intereses cosmopolitas, sus
relaciones mercantiles por todas partes extendidas, la
diversidad de gentes que á ellas acude, y su misma
situación geográfica y aun polftica, llevan al seno de
aq_uellos pueblos elementos extraños que ningún contacto tienen con los de la propia nacionalidad, y afirman aquella nota característica de su existencia, que
no puede confundirse con otra alguna. Barcelona en
España, Marsella en Francia, Hamburgo en Alemania, Gibraltar en Inglaterra, Alejandría en Egipto,
Bombay en la India, Cantón en China, Yokohama
en el Japón, y cien otras ciudades de diversos Estados, son pruebas evidentes de mi aserto. En Italia
existe también esta ciudad: es Génova.
El comercio creó á Génova, fué en todos tiempos
base de su prosperidad, es el pedestal de su gloria y
la llave de su fortuna: con justo orgullo, perlo tanto,
aquella ciudad puede proclamar alto su título de primer puerto de Italia. Las naves de alto bordo que
anualmente trafican en su bahía exceden de cuatro
mil, con una cabida de más de tres millones y medio
de toneladas: el valor de sus transacciones sube á
cerca de quinientos millones de pesetas. Quizás, juntando los demás puertos de Italia, no llegaran á tan
hermoso y productivo resultado.
Como donde ocurre un hecho positivo se quiere
en seguida indagar su causa, hanse escrito volúmenes
para explicar el fundamento racional de la prosperidad genovesa. Y se han hecho admirables descubrimientos. Se ha encontrado que Génova tiene muy
buen puerto de mar; que su situación en el fondo
del gran golfo mediterráneo lo habilita para 'Comerciar

fácilmente con las costas, islas y tierras del interior;
pero quizás no se ha caído en la cuenta de que idén-

tica cosa sucede á muchos otros puertos, que también son buenos y tienen islas vecinas y tierras interiores. Esas altas autoridades investigadoras hao añadido, en tonp inspirado por suprema ciencia etnográfica, que el genio mercantil es característico á todos
los ligures. Naturalmente nos ocurre preguntará los

que no entendemos estos misterios:
- ¿Quiénes son los ligures?
- Los que poblaron la Liguria, se responde.
-¿Y quiénes poblaron esta tierra?
- Pues los ligures.
-¿Y de dónde proceden?
- Se ignora.
La verdad es que con toda esta ciencia se escriben
aún muchas páginas de nuestra historia primitiva.

Sólo sabernos de los genoveses de la antigüedad
lo que escribieron los griegos, 6 sea que eran un pueblo de piratas. Pero esto ocurría hace mucho t,e~po Con los años mejoraron sus costumbres, y se ~o.vi~ron aventureros. Hoy se limitan á s~r comer~1antes lo cual les reporta la doble veota¡a de ennquece:se fácilmente y de vivir en paz con todo el mundo.
Niéguense luego los adelantos de la humamdad. ara
El carácter genovés, frfo, escépnco, apánco p
todo lo que no se reduce á cifras ó se suma en gaj
nancias, ha contrastado c?n el tempera~entoá gen~~de las demás regiones italianas, ide~hstas . su so
nera materia dispuesta siempre á 1ec1bir el •mrl
de 1~ idea, gentes lo mismo llevadas. en ~las de s~~-

timiento á ceñir la corona de sus v1ctonas, que

-

minadas por los más negros pesimismos hasta _rendirse sin protesta á servil esclavitud. En todo~ nernpos el genio pasea la pen1nsu 1a i'ta1·,a na ' pero s,ernpre
. .
Se Olv¡'da de entrar en Génova. El arte, la c,e_n~¡i·a y
• de la cm izalas armas se unen en sagrada ~n·1 ogia
en
ción latina en los tiempos medios, encarnándos\as
los monumentos los libros y las batallas de aque
épocas En tan to' 1 Génova crea, como monumentos,
•
la Bolsa·
no escribe más libros que los de cuentadcorriente y· de compra y envío.. sus combates,' ru os
r
como los del avaro que defiende sus tesoros, s?nd ,.
• Ygenerales ,asalaria
os
brados por tropas mercenanas
, de
• tenc,a
· de sus ,actorias
d
que deben asegurarle la ens
. . de sus co1om·as goberna
Levante y el domm10
.
dasIpor
te
el Banco de San Jorge. Cuando en !taha to o a '
todo siente, vive y lucha, Génova vende granos y

frase la astucia de aquellos mercaderes, afirma ser
necesarios tres judíos para engañar á _un ~e~o.vés.
¿Son justos y merecidos tan sarcá•0cos ¡mc,os? En
mi concepto, no. Un pueblo que traba¡a, que afronta
con fe y energía los azares de la lucha por la existencia, tiene derecho á todos los r~spetos, y i:neoos que
nadie se los pueden negar sus_rn,smos concmdadan?s.
En la Edad media, las expedic10nes genovesas tuV1e-

ron una importancia comercial_ que no ~ud1eron Jamás alcanzar las de las repúblicas de Pisa y Venecia y que sólo son comparables con las catalanas.
Po;que las galeras de Génova surcaron los mares del

Oriente en todas direcciones, abneron el Asia ~enor
y el Bósforo á nuestro comercio, y por vez pnmera
después de la desmembración romana tra¡eroo á Occidente los productos raros, útiles y codiciados de
aquellas tierras; lucharon con valor ~uando así convino á sus intereses mercantiles, y si Bernardo _de
Cabrera barrió sus flotas de los estrechos de Bom_facio, ó en alguna ocasión pudieron hacerse solidanas
de las traiciones del primer Andrés Dona, en_ cambio
supieron vencer, como en_ Melena, á enemigos turbulentos y ambiciOj'.OS. y si las armadas de nues_tros
monarcas aragoneses se apoderaron de Ce_rdena á
costa en gran parte de Gén~va, cuya ocu~a~1ón ~us-

ción hasta el fin de los siglos, Jamás P_Odráo sustrae_rse
los genoveses á su influencia. Ved, s1 no, lo ocurrido
hace treinta años, cuando se libr_aron las grandes
batallas de la llamada independenc,o. Sucurn?fan los
patriotas de la Lornbardía, el T,rol, el Tre~tmo y el
Véneto luchando contra los ejércitos austriacos que
ocupab~n el famoso cuadrilátero: en el centro de la
península, las huestes ganbaldmas sufrían los desastres de Aspromoote y Mentana; en el Sur, las cárceles de Nápoles y Sicilia no podían contener á los
prisioneros que encerraba en sus calabozos la razón
de Estado, En la revuelta agitación d~I paí~, sólo una
ciudad se mantiene calma y tranquila, Genova. No

toma parte alguna en el movimiento, ni presta sus
hijos ni da su dinero para secund~rlo. Qu_e _vayan
otros al combate y mueran: la patria mscnbirá sus
nombres en el libro de oro de sus héroes y lo~ má!tires, y lo, genoveses aprovecharán !~ego la v1c(ona
para extender las relaci?nes mercantlles de ltaha el
día que se realice la umdad nacional.
Si el pueblo genovés ha sido poco sociable con la

nación individualmente sus habitantes son menos

sociables todavía: Génova es una de las ciudades más
aburridas de Italia. En primer término, la aglomeración de las casas en su recinto, la angostura de las
tituímos, no pudieron arrancar de ~u dominio la isla calles, la falta de paseos interiores, favorecen p~co
de Córcega, sólo incorporada oormnalmeot~ á nues- la reunión de las gentes en público. Y _D,os os hbre
tra corona, pero en cuyo territono Jamás e1erc1rnos de entrar en la ciudad un día de lluvia: aquello se
convierte en asqueroso lodazal, pues de todas l~s
autoridad alguna.
.
Tampoco hay razón para invocar las tiranías que riquezas que ingresan por su puerto, no !'arece dise todas partes sancionaron el gobierno genovés. Era traerse un céntimo para arreglar los adoqumes de _las
e~ despotismo carácter dominante de los poderes de calles. Hay dos ó tres teatros, generalme~te desiercompra especies.
.
á la ciudad 1 é oca donde las exigencias del pueblo y las nece- tos. La sociedad brilla por su ausencia: alh no se dan
Por esta causa la !taha entera deteS t a
í
1a stdl'cies del Estado no hablan impuesto, co_mo en Ca- reuniones ni bailes ni comidas, y poquís,mas personsulos
de los ligures: de un extremo al otro .de. la pen
ntra
taluña y Aragón, el derecho p_arlamentano. y en la nas reciben en la intimidad del hogar. Tampoc_o el
sólo se oye unísono himno de maldic1ório~ºe1 Dante escala de los gobiernos tirámcos debían pesar con sentimiento artístico se ha desarrollado con el nemmercaderes del golfo genovés. Habl~ de e I rostro su mayor fuerza y más ominoso yugo las repúblicas po y la enseñanza, ni creo ya posible que jamás la•
en su canto 33 del Infierno, y les anza ~os si uien- oligárquicas que las monarquías absolutas, porque Musas recuerden la existencia de la cenagosa crndad
deseo de verles borrados del mu nd o en
g
en éstas podía darse y se daba con frecuenc,o el caso ligura. Dos monumentos se han levan_tado en sus plates versos:
de un prfncipe ilustrado y generoso que procuraba zas, y los dos causan pena y com_n1serac16n: el de
mejor satisfacer las necesidades de su puebh&gt; que su Víctor Manuel, de aparente mezqmndad y poco gusAhi, Genovesi, uomini t~ivcrs_i
n.
orgu 11o de amo y señor. Y . en .resumen, .nnd1endo to, y el de Cristóbal Colón, tan curioso por el aire
D' ogni costume, e ~ien d ogni mngnf ,
. usto tributo á la verdad histórica, que Siempre _se desgraciado del pedestal, como por la estatua del cé:
Perché non úete vo1del mondo spe m
lmpone por encima de los falsos reparos del palno- lebre navegante, que tiene la cerviz doblada cual SI
. h b' te de la maremma tismo, debe reconocerse que la Córcega, ~n mano_s acabaran de descolgarle de la horca.
Preguntad almelancóhco a ,tan_b 'á deseen sus de los banqueros genoveses, est~vo tan bien admiSin embargo, los genoveses están mu_y orgul!osos
toscana qué piensa de Géno~a, Yd, u¡ nderá que es nistrada y dirigida como la Cerdena en poder de ca- de su ciudad, á la cual en su envanec1m1ento dieron
labios la sonrisa del desprecio, os. respon lberi uomi- talanes y castellanos.
.. .
. un calificativo que todavía se lee sobre l~s puertas
un pafs de mare senza hsce, monh Senza ª
'
•ta
de las murallas: Génova la Suj)erba. Tal dictado paEl
carácter
prosaico
y
poS1t1V1sta
que
el
comercio
.r
a y no neces1 ni senza jede e do1me senza vergogn ·
del refrán im rime á ciertos pueblos, pesa toda,vfa sobre Gé~o- recería justo si sólo se recorrieran media docena de
réis correr el resto de Italia paradenterf?:on gráfica va,py probablemente no desaparecera. de su const1tu- calles, cuyos edificios son en su mayoría grandes pa•
conocido en todo el pafs, que al escn "

�BUSTO DE CERVANTES, obra de D. Rosando Nabas. (De una totografia de A. Torijn.)

�33º

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 491

lacios construídos en anteriores épocas de prosperi- torsoli, y en el altar mayor se conserva la espada del que golpean sobre yunques; brillan llamaradas que
dad; obra de comerciantes enriquecidos que pasaron almirante de Carlos V, D. Andrés Doria, cuyo sepul- dan fatídica luz á los humildes antros, y vemos, por
á ser señores. Mas es inútil que en busca del arte ó cro se encuentra en la cripta del mismo altar.
fin, que en éstos se elaboran los útiles de herrería á
de la opulencia llaméis á sus puertas. En casi todas
Merece visitarse Génova, especialmente en los que tan aficionados son los individuos que los haellas os recibiría el carpintero alojado en la planta hermosos días de su primavera, cuando los montes bitan.
-s baja, ó el vendedor de fruta del portal, ó el fondista vecinos están cubiertos de flores y verdor. Es admiConforme avanzamos en nuestro paseo enoontradel primer piso, ó el banquero del segundo, ó el em- rable el panorama que se descubre desde sus cimas, mos distintos elementos de composición en el paisaje.
pleado de la buhardilla. En cada uno de aquellos ca- con el ancho anfiteatro de la ciudad, las severas líneas Uno de los recodos permite ver el AJ.baicín, y tornando
serones vive un pueblo entero, que Java la ropa en el de sus fortificaciones exteriores, sus grandes muelles, la mirada al trecho recorrido, hallamos parte de la
patio y la tiende al sol sobre las azoteas ó en cuerdas su terraza de mármol lanzáda sobre el mar, y en úl- ciudad, la catedral y un fragmento de la Vega. Otra
atravesadas por la calle.
timo término la inmensidad azul de nuestro Medite- de las vueltas pone de manifiesto las Angosturas de
Poco, muy poco queda del antiguo esplendor ge- rráneo.
Darro y, por encima, la capilla próxima al Sacro
novés. Las grandes familias de los gibelinos Doria y
Monte. Cierran al frente el cuadro de't--valle dos monEDUARDO TODA
Spinola y de los güelfos Fieschi y Grimaldi pasaron
tes que se estrechan y á lo lejos una cima de la Sieal mundo de los recuerdos, como la historia.de sus
rra Nevada.
intestinas luchas que acabaron con la independencia
La fuente del Avellano está en una reducida mede la ciudad. Sus palacios se han convertido en hoseta y es un pilal' de piedra con surtidor que arroja
RECUERDOS
DE
GRANADA
teles ó en oficinas públicas. Quizás sólo tengan objeun pequeño caudal de agua. En la parte superior del
to más noble los que forman la magnífica calle antiLA FUENTE DEL AVELLANO
receptáculo, una inscripción dice así:
guamente llamada Nuova y hoy de Garibaldi. En ella
se encuentran los palacios de César Cambiaso, de
Al terminar el melancólico paseo de la Carrera &lt;Reynando el Sr. D. Fernando VII de Borbon Q.D.G.
Parodi, Cataldi, Spinola, Doria, Adorno, Serra, Tursi, de Darro y traspuesto un elevado puente erigido so- siendo Capitan Gral. de esta prov,a el Exmo. Sr. D .
Rosso y Bianco. Casi todos ellos datan del siglo xv1 bre el río de aquel nombre, empieza la subida á la fosé Ignacio Albarez Campana y Correg.r de esta Ca
y fueron construidos bajo la dirección del perusino fuente del Avellano, fuente que á todas horas utilizan pita/ el Sr. Marqués de Altamira, la ciudad de GraGaleas Alessi, discípulo de Miguel Angel: inútil es los vendedores de agua para pregonar su mercancía, nada ht'zo esta Obra comisionando para ella á el veinte
por lo tanto añadir que todos son de estilo del Rena- con razón considerada deliciosa por sus cualidades y cuatro de su Ayuntamiento D. José Marín. -A11o
cimiento y ofrecen un conjunto grandioso á pesar de de líquido potable.
de 1827.»
la irregularidad del terreno sobre el cual han debido
En la calle que precede al paseo contemplamos la
levantarse.
casa de los señores de Castril, realzada á influjos de
Después angosta el camino, sin ofrecer accidente
En estos palacios abundan las obras de arte: casi una dramática tradición. Es un edificio del siglo xv1, notable, y llegamos á la fuente de la Salud, análoga
puede decirse de ellos que forman pequeños museos amplio y severo, de salones anchurosos y ensambla- á la precedente y, por último, á otra que para no ser
con los cuadros de dos insignes pintores, Rubens y duras valiosas. La portada, greco-romana, se atribu- de ralea peor que la primera, se ufana con el siguienvan Dyck, domiciliados en Génova por algún tiempo. ye al célebre Diego de Siloe, y en un balcón tapiado te letrero:
En el palacio Spinola se encuentran un caballero y de la fachada vese la inscripción Esperándola del
una Virgen de van Dyck: en el Doria hay un retrato cielo, memoria del mísero ahorcado que demandaba «.Se amplió y me/oró este camino construyéndose esta
de mujer de este .afamado pintor flamenco, y una en las postrimerías de su existencia justicia á Dios, fuente y la que precede siendo Alcalde Presidente del
Susana del Veronés: en el Adorno se admiran algu- desesperado de no encontrarla en la tierra.
Ecselentisi1110 Ayuntamiento Constitucionat D. Antonos buenos cuadros de Rubens y de Sebastián del
La Carrera de Darro es una alameda de regular nio Maestre y Requena. -A,1o de 1861.))
Piombo.
longitud y su modesto atavío se reduce á una fuente
El palacio Tursi ha sido habitado para Casa con- de piedra. Los torreones de la Alhambra se extienLa metáfora del concepto apuntado hace reir, á
sistorial, y si con ello han perdido el carácter grandio- den casi paralelos al paseo en dilatada y pintoresca menos de aceptar que la mejora aludida se ha borraso que antes tenían sus salones, en cambio ha ido línea, y las almenas, ya de correcto dibujo, ya que- do completamente; porque la vereda, húmeda, resalmacenando en ellos preciosos objetos de arte y re- brantadas por la acción del tiempo, contrastan con baladiza, mal conservada y en la que las moreras con
cuerdos históricos conservados con celoso interés. los elegantes ajimeces, al par que éstos, en virtud de sus aguzadas espinas punzan al transeunte, no reclaAllí se encuentran varias cartas originales de Colón ridícula anomalía, alternan con los balcones de gusto ma, ni mucho menos, los honores de un recuerdo esy Marco Polo: cuadros de van Dyck, y otros flamen- moderno.
culpido en la piedra. El camino merece este nombre
cos, pero no ciertamente de Alberto Durero, como
Los árboles abundan en el agrio cerro, y entre ellos sólo á trechos; pero la mayoría de su extensión conpretenden los genoveses: una hermosa plancha en tienen profusa representación los almendros, ahora siste, según decimos, en un sendero casi peligroso, á
bronce, del año 117 antes de Jesucristo, que contie- vestidos de flores, semejantes á copos de nieve, signo juzgar por los desprendimientos del suelo. En este
ne la sentencia arbitral de un pleito seguido por Gé- evidente de que la primavera ha hecho su entrada particular, la incuria se percibe con acentuados rasnova contra una vecina fortaleza romana: finalmente, gozosa, cantada por las golondrinas en los pórticos gos y lleva el pensamiento á las comparaciones, aun
para que haya de todo en la casa, consérvase tam- de la catedral y en los aleros de los tejados, y por comprendiendo la odiosidad de tarea semejante. En
bién el violín de Paganini.
los ruiseñores en los bosques y en los jardines.
Granada la naturaleza lo hace todo, y apenas si alHe de decir dos palabras sobre los templos genoUn acueducto, adornado pomposamente de fina gunas veces acude el hombre en su auxilio.
veses: abundan mucho en la ciudad, pero son más hiedra, romRe la sombría apariencia de un tajo verde
La puesta del sol es hermosa. Las montañas, que
' fastuosos y ricos que elegantes y artísticos. Algunas y lustroso, y la Cuesta del rey Chico se abre entre dos sirven de marco á la Vega en dirección á Loja, se ticonstrucciones religiosas datan de los buenos tiem- cortaduras en violenta pendiente.
ñen de suavísimos tonos violáceos. De los pueblos y
pos de los siglos xu y xm; mas por desgracia posteAntes de seguir, ~puntaré que el valle del Darro caseríos se eleva tenue vapor que modifica los efecriores restauraciones vinieron á alterar su hermoso recibía el nombre de Axarit y lo utilizaban los moros tos de la perspectiva. El astro, en apariencia rojizo,
carácter antiguo y á pervertir la obra de los primeros con predilección para las personas enfermas ó deli- desaparece tras la Sierra Elvira, y súbito se torna el
arquitectos. Las iglesias del siglo xv1~ que tampoco cadas, á fin de que aspirasen sus puras y salutíferas color vivo de los campos y de los jardines próximos
faltan, abundan en mosaicos, mármoles y frescos.
emanaciones.
á nosotros en matiz opaco. Los bosques y las alameDetengámonos un momento en la catedral. Fué
Arranca la subida á la fuente del Avellano en una das pierden sus tintas animadas, y los cipreses, erguidedicada á San Lorenzo y construída por vez pri- planicie de la margen izquierda del río y, salvo tal dos á la manera de espectros, justifican merced á la
mera en el año 11001 pero en tres ocasiones ha su- cual especie de trinchera del monte, desciende éste negrura de sus copas el calificativo de árboles de la
frido las injurias de restauraciones romanas, góticas hacia las inmediaciones de aquél. Cerca de la cum- muerte.
y del Renacimiento, sólo conservando su fachada de bre, cubierta de vegetaoión, lo mismo que toda la
La tarde alegre ha concluído. Las nubes encarnamármol blanco y negro del siglo xm, que es eviden- vertiente, asoma Generalife. Los cármenes se escalo- das, amarillas y cenicientas no brindan cambiantes
temente lo mejor de la iglesia. Las puertas laterales nan en la faja de terreno por donde ondula el cami- caprichosos, y de todo el mundo de armonía sólo subestán construídas con restos del antiguo edificio, y á no, y en la orilla derecha del Darro sube el suelo siste el rumor del río, que arrastra sus aguas saltansu lado derecho se ve una torre gótica, que data del hasta redondearse en suaves contornos. Las huertas do tumultuosas en las pulimentadas piedras.
1402 y procede del viejo hospital de San Juan.
y los jardines lo tachonan, y un largo muro, resto de
Brillan las luces de Granada y percíbese el sonido
El interior de la catedral se resiente mucho de la antigua cerea de Granada, baja por la ladera de las campanas en iglesias y conventos, como si
sus sucesivas reconstruccione!i, para las cuales utili- hasta encontrar la vía que conduce al colegio del con sus voces quisieran recordarnos que es llegada
zaron las antiguas columnas y capiteles. _Se divide en Sacro Monte. Entre los claros de las chumberas aso- la hora del recogimiento.
tres naves, separadas por diez y seis pilares corintios man agujeros medrosos, albergue de numerosas fa¡Aviso inútil! En el realismo de la vida pasa fugaz
en mármol de colores, y la cúpula central es obra de milias de gitanos, quienes ocupan las cuevas en unión el instante de la fantasmagoría, inspirada por los obAlessi. Entre sus capillas débese hacer especial men- de algun macilento pollino.
.
jetos exteriores que nos rodean, y subsiste íntegra
ción de la segunda de la derecha, dedicada á San
El gitano conserva ~orno una religión la idea de la verdad de la meditación.
Juan Bautista: fué construída de 1451 á 1496, y en- lo clásico, sin darse cuenta del hecho; y ni en las coscierra, en un sepulcro de piedra del siglo xm, las tumbres ni en el indumento ha cambiado un ápice.
AUGUSTO J EREZ PERCHET
reliquias del Santo Precursor, traídas de Palestina Siempre se nos presenta como el tradicional tipo que
por los cruzados. Su decorado es riquísimo, con las causa regocijada sorpresa al extranjero. La mujer
seis estatuas y los bajos relieves de :Mateo Civitali, con abigarrado vestido de amplios faralares, y el hom- DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Chassaing
las imágenes de la Virgen y de San Juan de Andrés bre con ajustado pantalón, pródigo en remiendos y
Sansevino, el tabernáculo de Guillermo della Porta, en descomunal campana, cubierta la cabeza de un
ROTEGER la epidermis contra las infhtencias perni•
ciosas de la atmósfera, devolver ó conservar juventud, fres•
los góticos ventanales velados por hermosas vidrieras catite, ceñida la cintura por descolorida faja y armade colores y las grandes lámparas que arden peren- do de un látigo, cuya vara le sirve á maravilla de cura y aterciopelado, tales son las ventajas de la CllEMA SIMÓN,
(olá-íYeam especial, tdnico, calmante y deliciosamente perfuma•
nemente delante del altar.
punto de apoyo que facilita extravagantes actitudes, do; su acción seria y benéfica es tan rdpiáa y tan evidente que
Quizás uno de los templos más típicos de Génova ·en las que se admira la flexibilidad de su dueño. En nadie la ha ensayado sin reconocer su superioridad. En casa
es la pequeña iglesia de San Mateo, construída en cuanto á los rapazuelos, pueden aceptarse para estu- del inventor, rue de PrO'llen&amp;e, 36, Parls, y en casa de los far•
127 8 y exteriormente conservada casi intacta. Dé bese diar el desnudo, porque el traje les es desconocido macéuticos y perfumistas, Evitar las sustituciones.
á la piedad de la familia Doria, y así lo recuerdan en esa edad dichosa. Desgraciadamente no hay melas inscripciones de que está cubierta su linda facha- dio de compararlos con poéticos amorcillos; antes
JABON REAL
JABON
da de mármol blanco y negro. Su interior fué modi- bien, parodian esfinges egipcias ó ídolos de la India. oETH RI DACE 29,;.~:1~:~~Paris VELOUTI NE
ficado en 1530 por el florentino Juan Angel MonSale de las cuevas ruido estridente de martillos lecam114&amp;401 ,.r autori4&amp;4es médlcu pua la Bl¡itllt dt la Pitl J lellua (61 Coler

P

IV:IOLETI

NúMERO 491

33 1

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

A través de los claros del bosque y
de las rocas, adelantándose á los señores que, látigo en mano y el cuchillo
en el cinto, cabalgaban en confusión,
el príncipe, distraído y meditabundo,
corría al galope de su caballo negro
erntre dos lebreles blancos.
No se hizo alto, más que una hora
para recobrar fuerzas: los servidores
del príncipe habían depositado ya en
el centro de una encrucijada el vino,
las carnes, frutas y pan; cada cual comió y bebió y sólo el príncipe no quiso
sentarse, entreteniéndose en coger vio•
Jetas sin perfume, alejado de los demás.
No tardó Mainrad en ir á buscarle, y
preguntóle en qué pensaba.
- Complacíame en contemplar, contestó, ese álamo blanco, cuyas hojas,
doradas por el otoño, se estremecen
agitadas por el viento; el sol que en
ellas se refleja las reviste de mágico
brillo, y cual espejos rotos, despiden
chispas, pareciendo que del árbol de
oro se desprenden mil esmeraldas, perlas y estrellas.
Mainrad abrió desmesuradamente
~
los ojos, pero no vió allí más que un
abedul de los más comunes.
CUENTO DE AMOR
- Pero, añadió el príncipe, el sol se
POR PABLO MARGUl!:RITE - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE
oculta, el viento silba, las hojas tiemblan. ¡Ah! Convulsivamente arrancadas, arremolínanse en todos sentidos y
A la se/lora L11da Kampmams
desaparecen al fin. ¡Ni una siquiera
queda ya! Todo concluyó; ese álamo no
I
,
es ya más que un esqueleto. ¡As1 sucede con nuestros años
d' hermano
'd dmío·' dbrillan1
.
n
al
árbo
I
e
a
v1
a·' e mo o que
EL ARBOL DE ORO
tes y hermosos agítanse y no se prend en b1e
.
t
el primer sopl~ de muerte se los lleva! Quisiera retirar~e; eS oy cansado ...
Todo el mundo volvió á montar á caballo y emprendióse 1~ ~archa, los cazaEn un país amarillo, verde y azul, color de los trigos, de las maderas y del
mar, reinaba un emperador, sabio, muy bueno y de edad tan avanzada, que los dores rendidos de fatiga, Mainrad acosado de tristes presen~imientos'. Y el prín.
viendo
queá
hombres nacidos el mismo día que él reposaban todos en la tumba. No se pre- c1pe,
muy pál'd
1 o, á la cabeza de su comitiva. Sus acompanantes
'b
d
sentaba á sus pueblos sino en raras ceremonias, ostentando todavía orgullosa- tomaba un camino inusitado, cenagoso, donde se perci fa un marca o olor
mente la diadema, el manto de oro y cetro; fuera de estas ocasiones vivía invisible y pensativo en su palacio.
¡Singular morada! En el parque no había más que aguas estancadas de color verdoso, estatuas leprosas, maleza y árboles muertos;
durante el día, los cuervos revoloteaban allí pesadamente, y por la
noche no se oía más que la queja melancó,lica del sapo. La hierba
crecía en los patios libremente; en las habitaciones, los techos estaban
agrietados, el pavimento desunido, las chimeneas ahumadas, la carcoma corroía los muebles y en la llama del fuego veíanse bailar salamandras.
/2
Por lo demás, aquella mansión parecía hallarse en armonía con su
dueño, que pensaba en cosas muy tristes. Veinte años antes, su hijo y
~
1
su nuera habían muerto después de un reinado de trece meses y de
haber dado aquélla el ser á un niño. Siguieron más tarde otras desgracias: el rayo abrasó al adivino que trazaba ~n la cám_ara conti~~
lr}i'
1/;l11
el horóscopo del tierno infante; tres de sus nodnzas perdieron el JUIí
~
cio; y el agua, el veneno y el fuego amenazaron su existencia, siendo
1
verdaderamente un milagro que sobreviviera.
El emperador, su abuelo, cuidábale con la ma~or solici~ud; de m?do
que el joven príncipe no careció de los más asiduos cmdado~, m de
los más agradables placeres, ni de los más sabios maestros, m de los
1
más agraciados pajes. Sin embargo, crecía taciturno y endeble, cual
planta que se march~ta en la sombra de una cueva; h~blaba poco,
pensaba mucho, leía demasiado, y rara vez salía de palac10: hub1érase '
½,¡V
dicho que el sol le deslumbraba y que el aire puro le abras~ba el
111
pech0. Faltábale un año para ser mayor de edad y entonces deb1a ocu11
' •/ 1¡ /
.1 1
, //1 /¡1 '
par el trono.
.
El príncipe quería en particular á s~ hermanastro, el ro?usto !'1am,,,11r.r
~,.(1
rad, nacido de una sierva, especie de gigante de cabello roJo y OJOS. de
e
1
niño, diestro cual ninguno en todos los ejercicios de fuerza y_atrevido
cazador. Este hombre no quería menos á su joven señor; temible para
~\~\\
'/11 '
los otros era humilde en su presencia y obedecíale ciegamente. Siempre trist~, porque veía á su joven hermano tan débi!, tr~taba en todas
1/;¡ ocasiones de llevarle á las cacerías, para que se d1straJese entre los
caballeros, las jaurías y el toque de las _bocinas, e~perando que los
rudos ejercicios le devolverían el apet1~0, el sueno. y 1~ salud. _El
príncipe, que no consentía en todo ello sm re~ugnanc1a, cierta mana1
na de otoño fué con Mainrad para correr el ciervo en el bosque.
San Huberto los protegió: ya la bruma violácea del lejano horizonte
1
desvanecíase bajo los rayos del sol; el tiempo estaba hermoso; la
1'1
atmósfera clara y fría• desde la mañana hasta la noche, el toque de la
?q
\ ·\1 1
_
ijt¡ 'v'~\, 1~1 iJ
bocina resonó por todas partes, y los ecos repitieron sus prolongados
sonidos. Bajo los pies de los caballos, las hoja_s secas volaban ~or los
Complaciame en contemplar ese álamo blanco. ,
aires. Se cobraron cinco jabalíes, una corza, seis gamos y dos ciervos.

..

J )

.~

\,:,~

{íj~

l(l'if'-0'
.J
,, ¡)1!

~..
•

'-L.V,-.,--,f/

~ fit@,5~ir'if

~~

�LA

ÍLUSTRACIÓN ARTISTICA

NÚMERO 491

NúMERC' 491

LA

guientes datos, tomados de la memoria que al efecto
presentó el inventor al ministerio de Fomento
«El ferrocarril marino se compone de dos vías que
FERROCARRIL MARINO
sobresalen del nivel del agua y sobre las cuales se
.Recientement~ ha solicitado D: Juan Anglés y apoya y corre el buque á la manera que correría un
Gibert, ~e est~ ciudad, patente de invención por un coche sobre un puente de barcas, con la sola diferenferrocarnl manno, acerca del cual publicamos los si- cia de que las barcas ó cuerpos flotantes que sostieSECCIÓN CIENTÍFICA

setals, y al ~abo del
cua una. lima de

ªfua brillaba c.o~o
e acero, le advuhe-

,1/

r t que aquello era
r 0• N .
- o importa,
repuso, le vadearemos.
Algunos objetaron, y entre ellos el
mismo Mainrad ,
quien le dijo que el
agua era muy profunda y que no había vados.
- ¡A galope!, gritó el prín-

cipe con voz imperiosa. ¡Veamos quién llega el primero!
..... , ~
--.,_,
¡Tocad las bocinas!
-----.:..::
..
Clavando las espuelas en
los ijares de su caballo, muy
,i.:l.~,'O,, 6Q.se__
pronto estuvo lejos, siguiéndole Mainrad de cerca, y detrás se precipitaron locamente todos los cazadores cubiertos de barro. El ronco son de las bocinas dominaba
las voces de los hombres, los relinchos de los caballos y los ladridos de los perros;
el rí~ parecía ~nsancharse, desbordarse, correr; todos se arrojaron al agua; muchos
corrieron peligro de qu~darse allí _Y tres picadores se ahogaron. El príncipe vió
su ~gonía, y l~e~ado á tierra el primero, perdió los estribos y cayó como inerte.
Mamrad, precipitándose al punto, cogióle en sus brazos; lúgubre silencio reinó
ent~nces entre l?s hombres y los animales, como si el espanto y el estupor les
?ubieran convertido en estatuas. Vuelto al fin en sí el príncipe, los que con él
iban colocáronle consternados en unas parihuelas de ramaje. Sus dientes castañeteaban, y se le oyó murmurar: «¡No es nada!»
Después añadió con triste sonrisa:
- ¡Puedes creedme, Mainrad, no era el árbol aquel como los otros; era un
árbol de oro, y todas sus hojas han desaparecido!. ..
El pesar del emperador, al ver que llevaban en procesión fúnebre el cuerpo de su nieto, fué tan profundo como violento el furor
de Mai~rad,,que se acusaba á sí propio, arrancábase la barba y quería monr. D1a y noche veló de continuo, disputando á la muerte su
hermano querido y delirante, cuyas mejillas se cubrían ya de sombra. Once semanas transcurrieron antes de que el príncipe recobrara
la razón. Entonces pudo entretenerse en su lecho con unos gatitos
á que era muy aficionado, y escuchar á su bufón
Mite, que le contaba historias. Cierto día vió que ya
podía levantarse.
Pero aquel restablecimiento era.sólo aparente, y
poco á poco el mal secreto que le minaba recrudeció hasta el punto de obligarle á renunciar á todas
las distracciones; éstas le disgustaban, y todo comenzó á ser!~ indiferente. El emperador, desesperaª?• convocó á los médicos más famosos, que acudieron de todas partes: españoles secos como el
pergamino, it~lianos petulantes, ingleses soberbios,
alemanes aficionados á la grasa y bohemios que conocían f~rmulas misteriosas. Reunidos en congreso,
su veredicto fué que el príncipe estaba condenado
y que moriría infaliblemente al cabo de un año'
. .ser antes presa de una languidez espe-'
p.ero no_ sm
cial y sm e¡emplo, á la cual dieron el nombre de

=

I

En su interior, deseaba la muerte
inmed'iata. iQ ué amarga ironía era

para él aquel año que le restaba de
vida! ¿Qué podía hacer y cómo emplearle?.. . Otros pensaban lo mismo, Y hubieran querido distraerle
ocuparle de continuo en algo á fi '
de que no pensara en la sdmbrí:
idea fija. Con este fin, el general de
los ejércitos, anciano ilustre fué á
,,--;r.
'::7
proponei:1e 1os peligros y la ' gloria ,.;:--..
,,~
de una campaña contra los turcos·
•~
'
~~:1!~it;odde Justici~, hombre dado á los placeres, elogióle los manjares y viad os, la org1a suntuosa y la embriaguez de los sentidos El antiguo
precep;~~ el príncipe le invitó á pensar en Dios y á retirarse á un· monasterio·
Y po~l
el emperador quiso abdicar en él la corona, para que conociera eÍ

333

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

nen las vías se traasportan y colocan ó desarrollan
continua y sucesivamente sobre el agua á medida
que el buque avanza, hallando éste siempre en su
marcha las vías francas ó expeditas, apoyándose siempre en igual extensión de ambas vías y estando ésta.s
constantemente en inclinación descendente, con facilidad de cambiar automáticamente esta inclinación,

pJ

ti70,

or~\ ;rinc:;/::g;!:~:z~ fiJ:.r.
p
h
~ro e aquí que la princesa Javiera, hija de un rey poderoso se enamoró
~:~did~me~te
príncipe, Yenvióle su retrato, de admirable parecido, ofreciéne ~ mismo tiempo su mano. Mainrad, persuadido de que los médicos eran
unos ig.norantes y de que ,la felicidad de amar y de ser amado, unida á la fuerza
d~ la Juventud, resucitana al príncipe, instóle mucho á consentir en el casam~ento; mas. el príncipe no quiso escuchar nada, ni ver el retrato ni siquiera
mirará la prmcesa, que habiendo ido á verle en pomposa embajada hubo de
volverse á sus Estados, con no poca mortificación del rey su padre. '
Poco faltó para que, á consecuencia de tan inexplicables cuanto inmerecidos
desdenes por parte del príncipe hacia la princesa Javiera, se originase una guerra entre el poderoso monarca y el sabio emperador.

de!

(Continuará)

Mal del príncipe.
La noticia circuló por todo el reino, y oyéronse
lamentos y quejas. «¡Cómo, exclamaban, tan joven
y hermoso, y sin haber reinado! ... ¡Ah! ¡Qué lástima!» En cuanto al príncipe, á quien no se pudo
ocultar largo tiempo la verdad, escuchóla sin pestañ~ar, demost.ran~o así cuán noble era su sangre.
Dió las gracias a los médicos, disponiendo que se
entregasen á cada uno tres bolsas llenas de plata,
de oro y de rubíes; y desde aquel día como si la certidumbre fuese para él menos amarg¡ que las dudas
ó quisiera dulcificar el dolor de su abuelo y de su
hermano, mostróse de buen humor y ya no abandonaron sus labios una dulce y melancólica sonrisa.

Fig.

I.

Sección lateral del buque ferrocarril

agua velocidades imposibles de concebirse ni reali- 1 también de 20 metros de ancho, amplitud necesaria
zarse con los buques á vapor hoy conocidos, someti- para la estabilidad del buque y las vías. Estas tiedos á la ley de resistencias que ofrece la densidad nen 60 metros de longitud entre los dos ejes de sus
del líquido en razón directa del cubo de la veloci- ruedas extremas, que con el grueso de la vía y diádad multiplicada por la sección transversal sumergi- metro de los flotadores suman 75 metros de extenda del buque.»
sión. Las ruedas motoras tienen 5 metros de diámetr,&gt;: los flotadores huecos, de forma biconvexa, 5 de
diámetro
por 2 de ancho, y su peso puede calcularse
«Un ferrocarril marino con vías de 75 metros de
longitud por 20 de ancho y desplazamiento de 5.800 en 1.500 kilogramos cada uno. De esto resulta que
toneladas, con ruedas motoras de 5 metros de diá- el peso de las dos vías (256 tramos y 480 flotadores)
metro, ó sean r 5'71 metros de circunferencia á 80 es de 1.104 toneladas.
«Teniendo esto en cuenta y atendiendo al desplavueltas por minuto, recorrería 75.408 metros en una
zamiento de los 232 flotadores sumergidos (25 tonehora, ó sean 4017 millas.»
Los grabados que reproducimos (figs. 1 y 2) re- ladas cada uno) resulta una diferencia de 4.696 topresentan un buque ferroc&amp;ril de 120 metros de lon- neladas, que sobre un plano inclinado de 1'66 metros
«Con el ferrocarril marino se podrán lograr en el gitud por 20 de anchura y una vía á cada costado, por 100 metros de longitud, tienen un peso vertical

según el sentido hacia donde el barco camina; de
manera que si hacia la parte de proa sobresalen las
vías un metro de la superficie del agua, en la parte
de popa sobresalen dos metros, ó sea 1'66 metros
por 100 metros de longitud, formándose de este modo un plano constantemente inclinado sobre el plano horizontal del agua, lo que no es posible obtener
en los ferrocarriles terrestres. En resumen, el ferrocarril marino no es más que un vagón más ó menos
grande que corre sobre unas vías descendentes; los
flotadores hacen las veces de suelo ó terreno que sostiene los rieles en los ferrocarriles terrestres, transformando de este modo la superficie del agua en tierra
firme.»

ESCAJ,A

Fig.

Entonces pudo entretenerse en su lecho con unos gatitos...

ó fuerza de tracción de 77 1953 toneladas. La fuerza
de tracción necesaria para el transporte de la parte
superior de las vías es de 16'350 toneladas, qued~ndo por lo tanto un sobrante de fuerza de tracción
de 61 16Q3 toneladas.»

2.

l&gt;l,;

5

X 1000

Sección horizontal del buque ferrocarril

Con lo dicho se demuestra que el solo peso del buque bastaría para el transporte de las vías y para dar
a) buque la velocidad que se deseara, regulándola á
voluntad según la mayor ó menor inclinación de las
vías, cuya inclinación puede aumentarse, disminuir-

se y cambiarse de sentido automáticamente con el
peso de un vagón con lastre que recorre una vía colocada en el fondo interior del buque, situando dicho
vagón en el centro del buque para quedar las vías
horizontales y parar la marcha. En todo caso, como

�334

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

»Para poder disminuir el peso de los flotadores y
ya se ha demostrado anteriormente, bastaría una fuerza de tracción para el traslado de la parte superior evitar que gravite sobre los tramos de las vías en el
de las vías y para iniciar y ayudar el movimiento del acto del ascenso y descenso en los extremos de las
mismas dadas las condiciones de altura que han de
tener s~bre el nivel del agua, hay el medio de hacerlas independientes de los flotadores en el momento
de dar las vueltas para salir y entrar en el agua, quedando luego unidas unas y otros en las partes de las
vías paralelas, superior é inferior, para que la primera arrastre á la par los flotadores que transporta y
queden libres al dar las vueltas de entrada en el
agua y la inferior ó sumergida los suelte en su ascenso ó salida.
»Para esto los flotadores deberían tener la forma de
medio cilindro cortado en su longitud por el diámetro de sus bases. Dada esta forma y suponiendo como dimensiones 5 metros en
las bases por 20 de altura,
habría en ambas vías (teniendo en cuenta la distancia de
éstas, de eje á eje de las ruedas extremas y el diámetro
o
a
3
t; METROS
de estas ruedas, que es de 5
metros) 62 flotadores con un
ESCALA DE 2.5 X 1000
desplazamiento de 5.488 to·
neladas; pero como tales floFig. 3. Extremo lateral de la vía con ruedas interiores
tadores pesarían menos que
los biconvexos, quedaría libuque y vencer los cabeceos de popa á proa que pu- bre para el buque un desplazamiento de 4.840 tonedieran alterar á momentos la inclinación de las vías ladas.
en mares ó ríos un poco agitados.
»Asimismo las vías requieren en su construcción
»Con la construcción de uno ó dos modelos perfec- detalles esenciales; sus tramos ó secciones (figs. 3
cionados de 10 ó 12 metros de longitud y demás y 4) son á manera de eslabones que las unen ó encaproporciones representadas en los grabados, se com- denan formando las dos vías sin fin, ó sea una vía
probará prácticamente esta teoría que tan lógicamen- en cada costado del buque que llevan suspendido y
te se desprende de la inclinación que en el agua se sobre las cuales el buque se apoya y corre. Estos trapuede dar á las vías; pudiendo después, con seguro
éxito emprender la construcción de buques de gran
port; de 60 hasta r 20 metros de longitud, aplicables
á la navegación en grandes ríos navegables y mares
calmas.
»Más adelante, si se creyese practicable, podría intentarse la construcción de un ferrocarril marino para
navegar en altas mares, en cuyo caso tendrían que
ser muy grandes sus proporciones para que las vías
pudiesen extenderse sobre dos ó tres largas ondas y
atenuar en lo posible los balances en gruesas mares.
También debería tener este buque mayor distancia
d esde su fondo y vías sobre el nivel del mar para
evitar el roce y embate de las olas en el casco, y evitar también que éstas invadieran las vías en las superficies
en que las ruedas del buque
se apoyan y corren.
» Los flotadores han de tener
el menor peso y la mayor reo
~ )1 KT itO!
sisteneia posibles, y una ~orE S CAL A DE 2~ X JOO V
ma conveniente para suavizar
su entrada en el agua. Los reFig. 4. Extremo lateral de la vía con ruedas guarda-vía
presentados en las figuras S
y 6 de forma biconvexa, giran 'sobre un eje que los a traviesa por el centro de mos están unidos por varios ejes independientes uno
su diámetro, merced á lo que resbalan y ceden á la de otro, tanto en los tramos que forman la longitud
presión del agua en el instante de su inmersión. Para de las vías como en las que forman su anchura. Conrevisar si tienen agua llevan cerca de la línea de su viene que así sea y no de otra manera, porque si
circunferencia un agujero que se cierra á tornillo.
cada uno de los tramos que forma la longitud de las
» La fig 2 representa en una sola vía la colocación vías estuviese en su anchura atravesado de una á otra
de los flotadores en línea diagonal para que se distri- parte por un solo eje, sería muy peligrosa su ruptura;
buya su peso entre todos los tramos de la vía, de ma- pero estando los ejes divididos 6 seccionados, aun
nera que en cada 7 tramos seguidos hay 2 flotadores en el caso improbable de romperse algunos no poen cada tramo y un flotador en el octavo; de otro dría ocurrir avería peligrosa y sería muy fácil repomodo, estando los flo- nerlos.
tadores unidos á la vía
»Cada uno de los tramos está construido de maen tramos de un me- nera que las partes inferiores de las vías, ó sean las
tro de longitud, gravi- en que se apoya el barco y están sostenidas por los
taría el peso de 8 flo- flotadores sumergidos, forman una línea recta por la
tadores en cada tramo presión que ejerce el agua de abajo arriba, y para que
de 4 en 4, quedando en ningún caso pueda resultar algo convexa esta lí3 tramos intermedios nea por el desgaste ó flojedad de' los ejes, es preciso
sin peso alguno; y si construirlos de manera que resulten insensiblemente
en cada tramo de 1 cóncavas en su extensión al estar tendidas sobre el
metro por 20 se colo- agua. Es también indispensable que estas vías estén
case en toda su exten- flojas con relación á la distaneia de un extremo á
sión un solo flotador 6 otro de las ruedas que en dichas vías se apoyan,
varios flotadores frac- pues estando las vías tirantes, como acontece en las
cionados ó divididos, correas sin fin, no se lograría efecto alguno porque
sería preciso que en vez de irse extendiendo sobre el agua, giraría
construirlos con mucho trabajo toda la vía, quedando para los
de unaforma efectos de velocidad del buque en inferiores condipoco adecua- ciones que los buques á vapor con ruedas, aunque las
d a para su vías estuviesen adicionadas con sus correspondientes
Fig. 5. Corte transversal de un flotador
inmersión, te- palas propulsoras.
niendo, ade»El buque ferrocarril marino está atravesado por
más, que sostener cada tramo un peso enorme en el ejes perpendiculares á su longitud que sobresalen por
momento de dar la vuelta los flotadores en los extre- ambos costados del buque y tienen las ruedas necemos de las vías.
sarias para sostenerlo y para su locomoción sobre

NÚMERO 491
las vías, á la manera que un coche ó vagón de ferrocarril se apoya y corre sobre los rieles.
»Los ejes de las ruedas (figs. 7 y 8) con relación
á las vías pueden ser colocados de tres distintas maneras:
))1." Ejes en una sola línea horizontal para ruedas de igual diámetro que apoyan sobre las vías y
flotadores y los van extendiendo sucesivamente sobre la superficie del agua á medida que el buque
avanza.
»Según la anchura de las vías se reparten mayor ó
menor número de ruedas para que se distribuya el
peso en la longitud de los ejes, así como ,debe haber
mayor ó menor número de ejes para que se distribuya el peso en la longitud de las vías.
»Para que las ruedas motoras no puedan resbalar
por deficiencia
del peso indispensable á la
fuerza de tracción, deben alternarse en la
anchura de la
vía ruedlls con
circunferencia
lisa que apoyen
sobre la superficie lisa de la
vía y ruedas de
engranaje que
toquen, pero sin
apoyar, en los
engranes de la
vía. El engranaje de las ruedas
con las vías ha
de ser suelto y
.
sencillo á lamaF1g. 6. Parte lateral de un flotador
nera de parrillas
ó barras equidistantes y paralelas entre sí y perpendiculares á la longitud de las vías; y en las ruedas á
la manera de radios, que sobresalgan de su circunferencia y entren suelta y franca~ente en los espacios
de las barras para impulsar el transporte de la parte
superior de las vías, porque el acoplamiento por sí
solo de las ruedas motoras, sin otras de engrane, no
bastaría para vencer la resistencia que opondría.la
vía á las ruedas de los extremos hacia donde caminase el barco, al paso que con ruedas de engrane, el
buque estará siempre situado en el centro de las vías,
quedando por lo tanto éstas siempre igualmente flojas y sueltas, tanto en los extremos de atrás como en
los de delante.
»2.ª Ejes en dos líneas paralelas horizontales:
una línea superior de ejes para las ruedas de engrane motoras que transportan la parte alta de la vía, y
otra línea inferior de ejes para las ruedas lisas sobre
las cuales se sostiene y corre el buque: de este modo
las ruedas de engrane sólo rozan por encima en la
parte alta de las vías para transportarlas, y las ruedas
lisas sostienen por debajo dicha parte alta y apoyan
en la parte baja para hacer correr el buque por la vía
inferior.
»3.ª Ejes en combinación mixta para el transporte de las vías y
marcha del buque
dando el conveniente diámetro á
las ruedas motoras, situando los
·o
~•ro
.1 M:Cl':11.0
ejes de manera
\MI !li~
1
que todas las ruetSCALA J).JI óO X lOOO,
das de mayor y
menor diámetro,
Fig. 7. Eje hueco formado con
si las hubiese, apoplanchas de hierro
yen sobre la línea
inferior en línea
recta.
&gt;La práctica determinará exactamente el sistema
más sencillo y que
ofrezca mayores
J;SCALt, D.&amp; SO ~ 100 O
ventajas para disminuir la mayor Fig. 8. Eje sobre ruedas para facilitar
suma de resistenel movimiento
cías y obtener una
marcha expedita y rápida con el buque ferrocarril.
»El ferrocarril marino, más simplificado y modificado en sus vías, sin necesidad de flotadores y transformado el buque en coche ó vagón, es aplicable á
las grandes llanuras, como por ejemplo, las de la República Argentina, y á las grandes extensiones arenosas, como las del desierto de Sabara.
»En los suelos llanos de tierra firme actúa como
un ferrocarril, sin necesidad de rieles, y en los sue-

LA

NúMERO 491

los coches bien fuertes Y petrechados serían ve rd ~·
gnables épara
deras fortalezas mov1'bles mexpu
. áenem1• ó
gos que difícilmente podrían atacar con xito pie

los de arena movediza, en los que es imposible establecer rieles, porque se cubrirían de arena, y de la
que aquellas vías se pueden resguardar, sería un excelente medio de transporte, ya para el comercio ó colonización, ó bien para en casos de guerra en qu~

CLOROSIS. -

ANÉMIA. -

335

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

no ofrece otra dificultad que _la d~ hallar un medio
expedito para el cambi~
dirección del coche, cuy~
solución la considero d1f1c1l, por lo cual no hago ob
jeto en esta patente de la aplicación terrestre.»X

?~

á caballo, etc.
, d
omento
» Esta aplicación terrestre, para mi e m
'

LINFATISMO

El Proto-Ioduro de :Jnerro es el r eparador de la sangre,
el tortiflcante y el microbicida por excelencia.

!l Jarabey las Grajeas wo proto-ioduro de lierro deF. Gille ,

"º
podrían ser demasiado recomendados en raidn de
.su 1natt1rab1tidad 11 de su .solubilidad con,tantes.
DEróstTO GENERAL :

ffi

pureia qutmica, d1

(C:aceta de lo• Ho,pital,s).
45. Rue Vauvitllers, _!'.ARIS. D•pósito en todas las Jarm&amp;cias.

-

L.UT !NTÉPDÉLIQOll -

LECHE ANTEFÉL
flrt t aeielala eta 1111, tiri••
CAB, LENTEJAS, TEZ A!IO
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARROGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

JARABE

ANTIFLOGÍSTt~D.!t!ff.l!f!IH
...........
.,,a
,
CA.LLE D lil BrYOLI, lóO, PA.B ' 11
1 1
!OS profesores
El .TARABE DE BRLANT recomendauo desde su ;¡rlnc fc?ógi~1 tiempo: en el

Laennec Thénard, Ouersant, etc.; ha recibido 1ª consagr

ECTORAL con base
año 1829 Óbtuvo el privilegio de 1nvenc1bón. ~~~~AfEJla\
dellcad'as, como
de goma y de ababoles, conviene so re
· odo alguno á su etlcacla
muJeres y niños. su gusto excelente nl~FP
~~
?i:cao
y
&lt;le
10s lllTESTINOS.
1
contra 10s RESFRIADOS y todas las .n 1

fiii&amp;i~

'ri\'!~~:

LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA

• tO o6ntuno• de peseta la
entrega de 1.6 páginas
Se eam.n prospectos , ~u.icn In aolia1e
llrigléodose i los Src&amp;. Montucr y Simón, t11l1Dr•

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSO N

• BISMUTBO J MAGNESIA
lleeomendado1 contra lu Afeoolone■ del Est6-

Qull'ldo enfermo. -FltH Vd. • mi 111'1• 11per/enol1,
1 hll• u,o duu11tro1 8RAN08't &amp;ALUD,pue, ello,
le our1rh ,,
oon1t1paolon, lt d1rh apetito 1 I•
dtro/,erh ti 1ueño 1 11 1/tfr/1. - A1/ ririrA Vd.
mucho, 1ño1, dl1frutando 1/tm/lrt dt una buena 11/1'-

Participando de las propiedades del Iodo
del Hierro, estas Plldoras se emplean
es_peclalmente contra las Z•orofutu, la
Tial• y la Debilidad de temperamento,
asl como en todos los casos(Pálldo1 colore■,
Amenorrea, ••), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar 6 re¡¡ulartzar su curso periódico.

,u

y

EBTKEÑXl.\11:XENTO

' SOCIEDAO

. A ' / ~ - · 9 Parll,

• de Fomento

~
El ioduro de bterro Impuro 6 alterado
• • es un medicamento infiel e Irritan te.

:PREMIO
•• 2000 r,,,

t'/'ÍOl11;

Rue Bonaparte, 40

N8

como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas PUdora• de Blancard,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garant!a de la Unión de
lo• Fabricantes para la represión d,elafalsi•
ftcación.

~,dallo
dtit0,

JARABE Y PASTA
de H. AUBERGIER

coa :t.A0'1'V0.WVK (Jugo leohoao de Leobaga)

Aprobado• poll' la Acadomia de Medioina do Parü é tmertado. on la Colección
O/ioial de Fórmula• Legales por deoroto mlnúwrlal do 1 O do Marso de 1854,

una completa lnnoculdad, una encacla pertectamen\e comprobad&amp; en el catarro
las Bf'onqum,. Catarro,, Rftlllal, To,, cuma é Ú'Ntaclolt de la rarganta, han
grangeado al .1.uu.BE y P.t.BT.t. de .t.tJBERGIEa una Inmensa fama. •
(B:traoto ul Fol'!llulario JIUieo ul S" B01"l1ru1 ftúllr4tiH u I&amp; Fanlla4 u .lle4ieilla (16- 1dici6tlJ,
venta por mayor : COJIUR T e-,•• C&amp;lle de St-Ci&amp;ude, PARIS
«

DEPÓSITO EK L4S PIIINCIP.lLU BOTICil

CARNE,
HIERRO y QUINA
El .Alimento
forlifiwte unido a los TóD.icoa mu reparadores.
llla$

VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHAN

llteomalld&amp;du OOllV&amp; lee lhl• ü la Gv9Ula,
llnlnoloDN d.e la Vos, IDflamaoionN d.o la
--,Efecto■ pernlo1- del - ~ . lrltaolon que produo■ al Tall■ oo, J lptel&amp;l-le

i 101 SDN PREDICADOJU:8, DOG~OI,
Pl\OFESORD 'T QAMTOI\Ea para facllilar la
emtolon de la 'f'o■.-P1111110: 12 llnr.aa.
B°"9W' "' ,i rotulo • flrM
..
&amp;clh. J&gt;ETJUN, Farmao■uUoo ID PABIB

1/ Afudones

1■ OODHOGUcla

~

\1' ¡\s~
ñii,~oi .ei t\1~t\.\\\\'Go\J~
\1 (\ ~p~ 0\)\-t Dt 6u1t,

. . . IOD

CURACION

l~~11\)

~\. O1

\,,•

S

~"",

1Jrad1b/e 1 11u

1udmln/1tr1 fao/lmtnt,

O El truco conUene 1111u 20 D61111

PARIS, 8, A~m1"Vtetor!G,y Ea,.,,,..ci&amp;I,

ep(Mmú:o,

)SB HA.LLAN EN TODA.S LAS FA.RMA.CJA.S

G:&amp;BGAKTA

mago, Falta de Apetito, Dlge■tlones laborlCNU, Aoedlaa,V6mito■, Eructos, y COlloo■;
regularizan Ju Fwloionea del Eatómago y
de loe IMe■Unoe.
Erlllr M ti rotulo I f/'1111 de l. FAYA 110.
A4b. DETIUJf, Fannaoentloo ID P&amp;BIB

VINO FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS PIJ!CctPIOS NUTRITIVOS DB U CABNE
Diez años de exlto continuado y las afirma,ctones de
todas las einJ.nenclas médícas preuban que esta asociaclon de la Carne, el Hierro y la
aiaa oonsULuye el reparador mas enennco que se conoce para curar : la Clot'dlú, la
llém'4 las Jlen,t1'V4CfOltU cJolof'OltU, el llmpol11'eclmflnto y la .Alter/ZCW1l ae la Sangre,
't
1 .AfetCWMI ucrotwo,a, Y ucor&amp;MtlCIU, etc. El Tia• PernstaHa de
ef:CW el único que reune todo lo que entona y fortalece los organoa,
~ • coordena'y aumenta considerablemente lu tuerzas 6 tntund.e a la aan¡re
empol&gt;redda y descolorida : el Yfqor, la Colot'IICIOft_ 1 la Btlef'g~ ~ - .

c,.a.an mEa•• 1 ,IJIIW.&amp;I

!
t.~'ea"':•

no,lllfllf' mParil en casa de J. rBRJlt,Farmauutico, iot, rue Richelieu, Sw:esar ae AROUD.

&lt;ti'

•

LOS QUE TtKGAI TOS

PASTILLAS PECTORALES
6

del Dr. Andreu y se ali~iarán pronto/~/i::[:i~!~
sea. Sus efectos son tan r ápidos Y~eguro ¡fiera caja
pre desaparece la TOS al concluir la pr
·
.
t 1 s Cigarrillos
Para el ASMA prepara el mismo au or ~l instante.
y Papeles azoados que lo calman

p

VDDS llN TODAS LAS PIUNOIP.u.BS BOTla.ul

EXIJASE •.:= 1 AROUD
LOS RESFRIADOS

de la n1riz y de la cabeza desaparecen
en muy pocas horas con el

RAPÉ NASALINA
que prepar1 el mismo Dr. Andreu.
Su uso es facillsimo y aua efectoa
seguros y rápidos.

Enfermedadesd,,Pecllo

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX
Ante,, Farmao,utioo

•s, Calle vauvtlltera, Part1,
El Jarabe de Pierre Lamo11row: e,
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de las tisanas, á
las cualdl comunica su gusto agradable y sus propiedades calmante,.
(Gaceta de 101 Hospitales)
Dep6alto General : AS, Calle lmilllen, 45, PillS
8• rende en todas /u buenu farmao/11.

PARAtel~erBQQA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores
de muelas, usen el ELIXIR y los POLVOS de

IIIENTHOLINA DENTÍFRICA
que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanquece la
dentadura, fortifica notablemente las encías, evitando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agradable perfuma el aliento.

�NúMERO 491

LA !LUSTRACIÓN ARTISTICA

TALLER DE D. ROSENDO NOBAS. (De una olograíía de A. T oriia.)

La.a oasa.s extranjera.a que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin
núm. 61. Pa.ris.-La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Bree. Calvet y C.•, Diputa.oión, 358, Barcelona

I

GRANO DE LINO TARIN
PREPARACION
BSPBCIAL

para combatir
con l.rito
ESTRENIIIENTOS

•• •

•

'
t'i

COLICOS

Una cucharada

Desde ha1:e mas de 40 aftos, el 1 arabe Larose se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gutraljiu, dolor••
y retortUonea de eatómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digest.lon y para regularizar todas las funciones del eatóma¡o 7 de
loa intest.inos.

'e# y otra por la tarde

'&gt;..,.., ..~

enl:ec~~a::n•

ENFERMEDADES

E n toáQI

dea1J11a6delecb:)

DEL HIGAOO

/ JI

Pepsina Boudault
Aprobada por la !CADtll! DE IEDICIRA

a1Bro:muro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es r.l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, co11vulsiones y toa de los niiios durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.
Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriu

y

Medallu en la1 E1po1lcion«1 tate.rnaclooales de

um

1873

1s;s

•• DPLl.4 CON IL Ir,TOll t1.1to

1s;s

L"(

Lila

DISPEPSIAS
OASTRITIS - CASTRALOIAS
DICESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I OT&amp;OI DHOkDIRH DI LA DIOEITIOW

BAJO LA FORMA DE

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PARIS, Pharmacie COLLAS, 8, rue Dauphine
lJ "' la, prl• cipaltr farmacfa1,

,.AAI■

t, ruedes Lions-St-Pul, l Paria.

fábrica, Espedicionea: J.-P. LAROZE
1

PREMIO DEL INSTITUTO Al O' CORVISART, EN 1856

PARIS - LYOR • VIENA • PBILADELPBI! • PARlS

Dlt

ao tltube,a en purgane, cuando lo
aece,iea.a. No umen el uco al el cauraZJcio, porque, contra lo que ,acede con
los demas parguur, eau ao obra bien
aino cuando II toma coa buenos alimen&amp;os
1 bebidas lortllicaatu, caal el rillo, el ca1,,
el U. Cada caal escoge, para porgarse, la
bora y la comida qae maa le coavieaea,
sevan 101 ocapacfoaea. Como el causo
cio que la purga oculona queda 9.omplewneate1ZJuladoporelefec&amp;odela
baeaa aUmen&amp;acion empleada,ano
ae decide f~cilmenu ~ volver
~ empeaar cuuw veces
,ea necesario.

JARA.BE

LACAJA: 1FR. 30

illi.lADESdel E8To4t
\~~
~r-~llo

111C1

PILDORAS~DEHIUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

por la mauaua

JarmJ&lt;Ía1

Pfflftll ........ tu

Eri¡ar,e /a,
CtqOI de hoja de /ala

IRRITACIONES

. Y OE LA VEJIGA

Lu

Jarabe Laroze

Farmacéutico, place des Petits-Peres, 9, PARIS

INA

ll Alimento mu reparador, llllido al 'l'6Dioo mu aier¡ico.

• Soberano remedio para rápida cura•
cion de lu Afeocione1 del pecho,

VINO ARDUO CON QUINA

T COK TODOS tol nmamos lCUTBlTIVOS SOLUBLBS DB u CARNE
ClAa.ft 1 om1u110n los elemento&amp; que entran en la composiclon de este potente

19p1ra&lt;1or de lu fllenu l'itales, de este tuai■ea■ae per eaeele■eia. De un gusto sumamente a,ríi!able, es 10berano con\ra la ÁntmúJ y el ÁPQCamtento, en las Calffltura,
1 C01111ollclncúJl1contra laa DúJf'f'etU Y Ju A . f ~ del Bllotn®o y los ,ntuttnc1
Cuant1o ae trata &lt;le despl!rtar el apettCo, asegurar las d1gesUones reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,oOldai por los calores, no se conoce nac1a aupenor al l'iae de gaiaa &lt;le .&amp;re111a.
IM fMIIW• u l'aril_. en eua de J. FERRt, farmaceulie11, fil!, MIi Richelieu Suceaor deABoUD
1:1a VBMDB

BM TODAS LAS PlUMOIPALBi BoTIOU. •

Catarro1,llal de garganta,Bronquiti1, Re■friadoa, Romadizos,
de los Reumatismo•, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros mé~cos de Paria.

•

EXIJASE e1i: t~~' ARDUO
0

PATE EPILATOIRE DUSSER

0

destnJye bula lu AAICl'S el VELLO del rostro de las damu /tlarbl. Bl«ote, elt.l, el■
Dingvo peligro para el culil. 50 AñH de Í::dto,ymillillta de ltllimooloaprau!Luo b eflc.tc~
de esla prepmrioo. (Se vende en eaJu, para la barba, y eo 1/2 oaJaa para el bl~ole liJtro). l'ira '
los ~razos. empltue el i'lLJ t'OIU,J0 X&gt;USSl!:lR, l, rue J ..J ..nou■aeau. Pan,.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
hiP, D&amp; MOMT4N&amp;J. y SUlÓM

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46700">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46702">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46703">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46704">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46705">
              <text>491</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46706">
              <text> Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46707">
              <text>25</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46723">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46701">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 491, Mayo 25</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46708">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46709">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46710">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46711">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46712">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46713">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46714">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46715">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46716">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46717">
                <text>1891-05-25</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46718">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46719">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46720">
                <text>2011661</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46721">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46722">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46724">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46725">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46726">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="2485">
        <name>Cuento de amor</name>
      </tag>
      <tag tagId="7306">
        <name>Emilio Castelar</name>
      </tag>
      <tag tagId="7380">
        <name>Ferrocarril marino</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1773" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="651">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1773/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._492._Junio._0002011637.ocr.pdf</src>
        <authentication>1e0dad749a9803e5251e0837b566e32d</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73944">
                    <text>· itrtélC10t)

11tí~t1ea
ARO X

- --

- - -,~

BARCELONA r.° DE JUNIO DE 1891

NÚM. 492

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVER~AL I LUST RADA

DESPUÉS DEL BAILE, pintura al pastel de Maximino P E)ña
(Exposici6n de pasteles y acuarelas celebrnda por el Circulo de Bellas Artes ele Madrid en 1890 )

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSttCA

SUMARIO
Texto.- La Exposición general de Bellas Artes. La uaió11 de
pinturaespanola (continuación), por J. Yxart. -El arl~ylos
neomlsticos, por R. Balsa de la Vega. -Alegría, por Carlos
Luis de Cuenca, - El cementerio de C!nova, por Eduardo
Toda. - Nuestros grabados. - Cuento de amor (continuación),

por Pablo Murgueritt:. Ilustraciones de Rochegrosse. -:- ?EC·
La lascada del Niágara y la electrwdad,
- /lfedalla de la Asociación francesa pm·a. el Fomento de las
Ciencias. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó

CIÓN CIENTÍFICA:

editores.

Grabados -Despuls del baile, pintura al pastel de Maximino Peña ( Exposición de pasteles y acuarelas celebrada por
el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1890). - Sueflos de
11iflo, cuadro de O.José M. Tamburini (Salón ~arés). -H1[sarde la princesa, pintura al pastel de D. Mar~ehno de Un~eta (Exposición de pasteles celebrada por el Ctrculo Artlsllco
de Madrid en 1890). - La noche, cuadro de Renard, grabado
por Baude. - Vista de 1111a galerfa del cementerio de C!nf!Va,
(de una fotografía). - La Semana Santa ttt el Monasterio _de
Mo11tserrat (de una fotografía). - Dofla María Pacheco, vma'a de Padilla. Aniversario de la batalla de Villa/ar, cuadro
de G. Clairin, grabado por Baude. - Fig. I. Ap~ovechami:n·
to de la catarata del Niágara como fuerza motriz para la rnrlustria. - Fig. 2 Sección de la instalación proyectada para
el aprovechamiento de la catarata del Niágara como fuerza
motriz. - Medalla de la Asociación francesa para el Fomento
de las Ciencias. - Estudio del pintor Femando Wagner.
(Véase el artículo publicado en el núm. 487.)

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

V
LA SECCIÓN DE PINTURA ESPA~OI.A

( Co11ti11uació11)

Fuera de la pintura religiosa 6 de historia, ni el
melodrama ni la anécdota ni la compuesta escena
de costumbres coinciden nunca en los cuadros de la
actual Exposición con las cualidades de una buena
pintura. Algunos lienzos de tal género quedan en
aquellas siete salas: poquísimos figuran entre el centenar de obras que, por otras y más apreciables condiciones, presentaré agrupadas en este artículo. De
éstas, la mayoría va por el camino que conduce á la
pintura á su verdadero y acotado campo. Ni el sentimiento ni la idea le están vedados, sea aquél tan
patético y ésta tan grandiosa como gusten; pero es
preciso que uno y otra tengan, desde el primer golpe de la concepción, valor plástico; es preciso que
su expresión se halle íntimamente compenetrada y
fundida con la forma, sin ulteriores ambicio_nes, sin
desproporción inadecuada con el procedimiento del
arte de la pintura. Por lo cual no clasifico ni establezco jerarquías entre dicho centenar de obras atendiendo al pensamiento que expresan. Voy á sus cualidades pictóricas, á la fuerza é intensidad con que
ha sabido ver el artista lo que pintó, y á ese mismo
sentimiento de belleza que le embargaba, transmitido
por el dibujo, por el colorido, por la factura y no más.
En este sentido me fijo muy particularmente en los
progresos que ha realizado la pintura en estos últimos años. Se me ofrecen los cuadros en una relación
de inferior á superior, segtín se acercan á ese mayor
arte en darnos una visi6n total de las cosas, de modo que se olvide el arte mismo y se armonicen y fundan dibujo, color, ambiente, sentimiento, en aquel
conjunto que ha de transmitirme palpitante el alma
del autor.
Entre aquellas obras más notables, hallamos tantos
procedimientos cuantos son, no ya el temperamento
personal de los artistas, sino la escuela y el tiempo
en que se han educado y el sentimiento del colorido
que deben á la contemplación de sus modelos 6 de
la naturaleza del país en que aprendieron. Esta es, á
mi juicio, la clasificaci6n más natural para señalar el
punto del camino en que nos hallamos. En el uno
está la tradicional escuela española de Cutanda, con
su desdichada Bacante, y de Plasencia, con su hermoso estudio de desnudo alegoría de julio y sus preciosas
acuarelas. En el otro se halla la última manera declaradamente francesa, de la cual nos trae dos modestos,
pero notables estudios nuestro paisano Casas. En Plasencia vemos la mancha de color jugoso y castizo, de
una entonación viva y robusta, que modela y da realidad corpórea á un dibujo de precisos y enérgicos
contornos: pintura decorativa colorista, preocupada
de cierta grandiosidad en concebir la figpra humana,
musculosa y fuerte, pero idealizada por aquella misma
grandiosidad y la depurada correcci6n de sus formas.
En los estudios de nuestro paisano, la visión es opuesta, la preocupaci6n es contraria: es la preocupaci6n
de las sugestiones inmediatas y totales con las más
simples pinceladas, con todas las gradaciones de las

capas atmosféricas y todos los matices de una luz
difusa que nos habla de otros climas y otros sitios:
aire, luz, modificaciones casi imperceptibles del color,
carácter y actitud naturales en las figuras, armonía
total en el conjunto.
De uno á otro punto, de la nota más nueva á la más
anticuada, coloquemos los demás esfuerzos realizados
en estos últimos años. Todos tienen sus ejemplares,
más cortos en número, menos apreciados por más conocidos, conforme distan de la preocupaci6n actual.
Así, desfilan todavía algunos lienzos de pintura italiana y fortuniana, embriagada de luz y de tonos extraordinariamente brillantes, con puestas de sol de ráfagas de oro, rutilantes cielos, verdes intensos, no sin
cierta dureza que templan á veces las notas más tiernas y delicadas de árboles en flor. Villegas tiene allí
su Conductor de pavos del 85, bañado en luz cruda y
deslumbrante; Fabrés, su Campo tk amapolas, Mediodía, su preciosa Flor campestre; Galofre, sus Vaqueros,
inferior á otros del mismo género del mismo autor;
Rico, una de sus vistas de Murano, de tonos y matices centelleantes y vivos, de una nitidez de cámara
obscura; Bilbao, sus Recuerdos de Marruecos que resultan ya adocenados y triviales, con la entonación
d~ sus cielos azul obscuro y sus casas blanqueadas;
Roca, sus acuarelas (la más vigorosa y correcta su
Grabador), y Roig y Soler, sus apuntes de vistas
de la ciudad y de ~alma, de un color tan francamente convencional, que dudo recuerde nadie los mismos
sitios en presencia de la copia: nueva suerte de panoramas en reducida escala, de minuciosos detalles y
líneas y tonos concentrados y como reflejados en el
fondo de una lente convexa, con una luz blanquizca
que baña el todo en una tonalidad parecida á la de
un día de nevasco.
Así, con estos lienzos, desfilan también algunos que
otros casacones, del género anecd6tico los últimos,
los de Jiménez Aranda (J.): el conocido lln accidente en los toros, y la lectura de una poesía satírica
entre poetas del siglo pasado. Colorista experto, dibujante primoroso, espontáneo, fecundo, el artista
no puede hoy, sin embargo, vencer en aquellos lienzos, la impresión que de convencionales nos causan
ya aquellas actitudes de sus figuras, no todas naturales y vivas, sino como detenidas y recortadas en
sus rasgos expresivos. Bien superiores á ellas, por su
vida y naturalidad, resultan las de la bellísima aguada
Buscando notas, de fecha seguramente posterior y de
grata frescura. No hay en ella la excesiva importancia concedida al accesorio ni á las telas, enriqueciendo el cuadro con fastuosos colores que pasaron
de aquel género á las figuras sueltas: esclavas y odaliscas. De ellas hay aún algunas muestras (la de Masriera, En presencia del Señor; la de Tusquets, más anticuada todavía, Argelina). Este género sobrecarg6
las figuras femeninas de esmaltados adornos ó de
ricos brocados concediendo harta importancia á la
materia muerta; amanerado recurso para deslumbrar
los ojos, de que vemos prescindir á pocos artistas en
los retratos, aunque éstos sean también de los que
se ven año tras año en todas nuestras Exposiciones
sin mudanza alguna; ejemplo, los de Caba, uno de
ellos - sólo uno para mi gusto - acertado y notable.
Tras esta segunda etapa de escenas ó figuras con
luz de taller, y que por cierto la consienten, hallo
ejemplares de otra pintura más franca y libre, influída en dos de los maestros, Ribera y Pellicer, por la
enseñanza y educación francesas. Ni uno ni otro tienen en la actual Exposición una obra importante ó
nueva. No lo son ni el ¿Qué ha sucedido?, de Pellicer,
ni el Epílogo, de Ribera, escenas callejeras de París. Pero uno y otro, con su modernismo urbano y
con sus episodios callejeros de ciudades populosas,
trajeron aquí la afición á ellos, visible en muchos
otros cuadros que han tomado por asunto vistas de
calle ó paseo, con lluvia 6 con sol, salidas de baile ó
de misa, - aquí es más frecuente salir de ésta que de
aquél; - por supuesto, sin las condiciones de color ni
de dibujo de los citados artistas. El género tiene
en éstos una precisión, una correcci6n de líneas
excepcional; las figuras son exactas, características y
vivas, de una factura concienzuda y sólida. En Ribera hay además como una suerte de diletantismo
que se complace en apurar con fruición los más imperceptibles ~atices; de aquí, una limpieza de estofa
flamante en los trajes, cierta nitidez luciente que hallamos en otros autores nuestros, domiciliados en París.
Jiménez Aranda (Luis) exhibe uno de esos cuadros
acabados y primorosos, La criada del cortijo, nota, sin
embargo, modernísima y simpática. Miralles Darmanín, su Taller de tapices, de una entonación vigorosa
y caliente más española, pero d eliciosamente refinada también en algunos fragmentos (el de una de las
mujeres vuelta de espalda al espectador), y con ese
singular esmero en el dibujo (salvo algún detalle)
propio de toda aquella enseñanza.

NúMERO 49'.2
Pero decía que la afici6n á escenas y tipos de las
ciudades populosas se observaba también en algunos
artistas. El amor á la realidad viva tomó aquí estos
dos caminos: lo callejero y lo rústico. Pero lo primero
no ha llegado á sobresalir ni á constituir como lo segundo un género perfectamente determinado. Aun
entre los pintores no residentes aquí, hallamos algunos estudios de figuras populares, sinceros y francos,
y por cierto tratados en grande, con mucha verdad y
con vivo sentimiento del color: una Casta,iera, de Villegas Cordero (D. Ricardo), es notable como hermoso fragmento de pintura valiente y enérgica. Entre
nosotros, Felíu en su Aseó del barri ha concedido
también vasta tela y dimensiones del natural á un
grupo de pobres mendigas en el atrio de una iglesia,
interpretadas con vigoroso pincel, y aunque el dibujo acusa alguna inexperiencia en algunas figuras, otras
son acertadas y el conjunto es una promesa. Graner
tiene también otro gran cuadro con tipos, no ya populares ni pobretones, sino acanallados y soeces: un
negro tabernucho trasudando mugre, donde, á lo largo de una mesa alumbrada por un farol humeante,
juegan á los naipes unos cuantos miserables de rostro avinado y risa imbécil, grasientos y comidos de
porquería. El espectáculo repugna, esparce una tufarada mal oliente; lo cual quiere decir que, aunque no
sea de mi gusto, como bien sentido y caracterizado
lo está. El efecto pictórico reside en uno de esos golpes de luz artificial y rojiza festoneando las figuras y
dejando en opacas sombras el resto: un true de escaso valor ... Como muestra de otro género determinado, de esr:enas relativas á una clase, con tipos caracterizados por una profesión, están también en el
actual concurso los cuadros y episodios militares de
Cusachs, su Embarque de quintos, su notable y sentido Campamento de Arlabán, entre otros.
Un nuevo paso y nos hallamos con la verdadera
pintura al aire libre, no sólo porque proceda de la
naturaleza rústica, sino porque trató de inspirarse
directamente en ella con una suerte de adoración
candorosa que excluye el diletantismo de unos y
las alteraciones y componendas de otros. En realidad, sea cual fuere el valor ó el número de sus adeptos, esta es la escuela genuinamente catalana: no
porque esté exenta de influencias extrañas, ni sea la
única posible con este título, pero sí porque responde á secretas relaciones entre el temperamento genuino del artista y el natural que ama y traslada.
Tampoco quiere esto decir que por analogía no quepan en el grupo algunos cuadros de otros pintores,
como diré pronto. Pero el caso es que, empezando
por el raisaje, como inspirado en el natural inmediato de nuestras montañas y llanuras, tiene visible carácter propio y notabilísimo sabor de la tierrra. También estos paisajes son harto conocidos: las melancólicas campiñas de Urgell, las primaverales y jugosas
llanuras de Vayreda y de Galwey, de un verde claro,
risueño y alegre, henchidas de aire puro y transparentes lontananzas. Vayreda tiene en esta exposición,
como nota nueva, un efecto de luna alumbrando una
campiña, de una suavidad, de una verdad notables:
Galwey, dos estudios admirablemente pintados también, pero menos simpático el natural elegido que
otros anteriores. Apuntemos entre los paisajes otro
de Domenge, Oto,io, con el mismo carácter de la escuela de Olot, y otros, harto distantes de ella y notabilísimos: son de Sánchez Perrier: el de crepúsculo
me parece uno de los mejores de esta exposición.·
Otros dos estudios de Soler de las Casas son dignos
de mención: Quan sur/ lo sol... ¿En un fossar7, de
luz y entonación acertadas y vivas.
En aquel mismo escenario rústico, melánc6lico ó
alegre, abrupto y árido 6 de vegetación rica y lujuriosa,
han colocado sus escenas rústicas los últimos pintores.
U na sola obra recuerdo que guarde cierta analogía con
tales cuadros entre los demás artistas españoles. Es el
de Bilbao, La vuelta al hato, de los mejores también:
bien compuesto, de figuras perfectamente dibujadas
con cierta majestad y robustez poéticas, mucho ambiente, el cielo brillante, la composición grandiosa,
acertada y sentida. Más y Fondevila tiene en este género su Reposo, figura y paisaje admirablemente pin-·
tados como todos los suyos; Baixeras, sus característicos «marineros» con el mar y el horizon te por fondo,
luminosos é infinitos; algunos estudios, entre los cuales me parece el mejor Fent mz'lja, de una delicada
armonía de ton os, de un ambiente respirable y fundido con singular delicadeza; Barráu, sus Dos bravos,
la niña, harto colorado el cutis, y el viejo, vivo y de
admirable realidad; Pinós, sus Fangadors, sus Herbaxadoras, otros notables estudios; Tamburini, su Ocaso, figura de viejecita, en que, mudando la nota, interpreta el carácter de nuestra clase rústica.
·
Una evolución apenas perceptible ha conducido
á algunos de esos autores - no á todos - de la contemplaci6n casi religiosa de la naturaleza, á una exal-

NúMERO

492

339.

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

SUEÑOS DE NIÑO,

tación mística que se inclina á una suerte de poesía
íntima y callada, simple, modesta, silenciosa, que ni
con el mismo color se atreve á mostrarse, á exteriorizarse. U na nota grisácea, un casi imperceptible velo
ha venido á suavizar con vaga aspiración de idealidad la crudeza de la exactitud real que frenéticamente buscaban algunos; un sentimiento indefinible,
inquieto, pero sincero, sutil y penetrante, comunicó

cuadro de D. José M. Tamburini (Sa\6n Parés)

al artista la tristeza de las cosas ante el más insignificante rinc6n de naturaleza, elegido para su estudio.
Esta nota gris y fría, hermanada á una profunda impresi6n de abandono y laxitud, se halla por cierto en
otro cuadro de un notable artista: en Los huérfanos,
de Cabrera, indudablemente el más patético, el más
dramático de la Exposición, tal como entendemos
el drama y la pasi6n en la pintura, es la más sen-

H ÚSAR DE LA PRINCESA,

tida página de esa · nueva tendencia á una melancolía singular. Otra muy sentida hay que participa
también de ella: Sin labor, de Maura. Pero entre los
barceloneses, se acentuó en unos, como Russiñol
(véase su Cementerio de Hix, ó sus mismos interiores), con carácter más poético que religioso; en
otros, como en Llimona, con franca y resuelta pasi6n
de creyente, en sus estudios de niñas de blanca man-

pintura al pastel de D. Marcelino de Unceta

( Exposición de pasteles celebrada por el Círculo Artístico de Madrid en 1890)

�340

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

yan dado cuenta del alcance de tal división. Es uno
de estos aspectos el místico-cristiano; es el otro el
místico-filosófico, independiente de una ortodoxia, sea
cualquiera la iglesia ó la escuela filosófica, social ó
política; y aun entiendo que dentro de este segundo
aspecto, entra decididamente el subjetivismo individual. Pero los neomísticos, en su gran mayoría, confunden por completo el arte religioso con el arte místico, y especialmente con el cristiano, por entender
que al cristianismo se debe ese elemento inspirador
en sus más elevadas abstracciones. Verdaderamente
que es digna de profundo estudio esta confusión inexplicable, que así baraja ambientes, ideas y forma, no
dejando lugar á la crítica, á las enseñanzas de la historia, á las inflexibles leyes de las evoluciones cósmiJ. YXART
cas, cerrando los ojos de la inteligencia de cuantos
24 mayo 1891
viven en ella, hasta obligarles á oponer á las claras y
precisas demostraciones de la cultura del arte moderEL ARTE Y LOS NEOMÍSTICOS
no en su parte plástica, que prácticamente les prueba
lo absurdo de tener como admirable en este punto la
Extrañas ideas, evoluciones más extrañas todavía, obra medioeval, la misma frase del santo cartaginés:
descarriamientos no concebibles, teorías absurdas, credo quia absurdum.
escuelas formadas al impulso de un genio neurótico,
Sobre todos, los neomísticos españoles son los
hoy vibrante, mañana mudo, como el violín cuyas que menos razón tienen de existir. Me refiero á los
cuerdas se han roto bajo la continuada presión del místicos cristianos. Precisamente los pintores de este
arco: he aquí la forma con que, al finalizar ·el siglo x1x, género lamentan cómo la mayor parte de los grandes
se presenta al examen de la crítica el arte moderno. místicos escritores de nuestro siglo de oro de las lePero uno de los aspectos -más dignos de estudio es tras á duras penas alcanzan á desligarse de la envolel místico. Como reacción ocasionada por las exage- tura de la carne, para seguir el raudo vuelo del espíraciones de la escuela servilista, que con paso de gi- ritu en sus viajes al trono de Cristo. Busquemos en
gante avanza hacia la anulación de la idea y de la cualquier místico español la abstracción completa de
inspiración; como protesta elocuente del sentimiento los movimientos pasionales de la materia cuando nos
y de la fantasía; como veto interpuesto al infecundo relata sus éxtasis, sus iluminaciones, y no encontradivorcio de los elementos psíquico y físico, se alza remos ni uno solo que diga como Francisco de Asís
en estos últimos años el arte de los Fiesole imponien- al pasar por la prueba espiritual que los místicos llado los preceptos aquellos que, así en el orden filosó- man desolación y al escuchar la voz divina como hafico como en el plástico, han adjudicado las cavilosas bla á su espíritu torturado de desconfianzas y de hasimaginaciones de algunos críticos é historiadores á tío del rezo: «Si tienes fe, coge esa montaña y traslálos artistas de los siglos medios, especialmente á los dala á otro lugar. - ¿Cuál es la montaña?, preguntó.
de r300 y 1400.
- La tentación. - Hágase, pues.» Leamos el relato de
No seré yo ciertamente del número de los que mi- la estigrnatización del mismo santo y el de la transran con desdeñosa sonrisa las manifestaciones de la verberación de la monja de Avila, y comparemos uno
pintura en esos siglos, ni tampoco de los que creen y otro en su concepto más espitualmente místico. El
extemporáneo é imposible de cohonestar con el po- santo de Asís ve á Cristo en figura de hermoso serasitivismo de las ciencias modernas el arte místico; fín. con seis alas, clavado en la cruz, envuelta la faz
pero jamás aplaudiré los extravíos á que este salto en la penumbra de las dos alas superiores, el cuerpo
atávico lleva trazas de conducirnos. Si la antiestética oculto por las dos inferiores y volando con las de
escuela de los servilistas, guiada por la más falsa y en medio: la santa de Avila ve también un serafín
estéril de las aberraciones del espíritu humano, tien- que le atraviesa las entrañas con un dardo de oro, y
de á la negación del arquetipo de la belleza de la for- nos lo cuenta diciendo: «Era tan grande el dolor que
ma, que del estudio del hombre hicieron los griegos, »me hacia dar aquellos quejidos y tan excesiva la
y cercena hasta poner al nivel de la vulgaridad lapo- })suavidad que me pone este grandísimo dolor, que
tencia creadora de la inspiración, el arte místico, en- »no hay desear que se quite, ni se contenta el alma
salzado y glorificado por sus apóstoles de fin de siglo, »con menos que Dios. No es dolor corporal, sino esdando al traste también con la forma, nos llevará á »piritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo
dar de cabeza en los manicomios.
»y aun harto.»
Y si no bastase lo transcrito á probar que el misticismo-cristiano, quizás mejor dicho católico, fué en
nuestra España tan sensual corno espiritual, el más
Encontrábame una noche en casa de Emilia Pardo delicado, el más puro de nuestros rnísticos,.San Juan
Bazán, no hace todavía una semana, y se discutía de de la Cruz, demuestra con su célebre paráfrasis, que
arte, y de arte místico. Uno de los concurrentes al te no en vano corría por sus venas sangre de la raza
de la ilustre escritora, persona de claro talento y culti- ibérica, y que su imaginación solamente encontraba
vada inteligencia, artista de corazón, aun cuando no en los deliquios del amor humano, lo que no alcanpulsa el cincel ni la paleta, defendía con vehemen- zara á vislumbrar del amor divino.
cia inusitada el arte de los siglos medios, á propósito
Nada más realista que las frases con que la «Es·
de unas pinturas góticas en tabla, que se hallan á la posa» describe su deseo amoroso, cuando dice:
venta en una casa de antigüedades de esta corte; pinturas que mi contrincante tiene como joyas inestiY luego á las subidas
mables y á mí me parecen malas sencillamente. Mi
Cavernas de las piedras nos iremos,
aludido no quería admitir pero de ninguna especie;
Que están bien escondidas,
las tablas, según él entiende, son dechados de color,
Y allí nos entraremos
Y el mosto de granadas gustaremos.
de dibujo, de sentimiento, de indumentaria. ArgüíaAll! me mostrarías
le yo que si como cree pertenecen al siglo xm,
Aquello que mi alma pretendía;
excepto el valor histórico, á las tablas en cuestión,
Y luego me darías
aun teniéndolas como auténticas, les acontece lo
Alll, tú, vida mía,
Aquello que me diste el otro dla.
que á lo producido por trecentisle y qualrocentiste,
que el sentimiento místico y la pureza de concepto que avalora sus cuadros recabarán siempre nuesLejos de mí toda intención, que pudiera atribuírtra solicitud; pero que la parte plástica será, como es seme, de lanzar sobre la frente del santo poeta ni
al presente, tenida como defectuosísima, como ver- sombra la más ligera de carnales bastardos sentidadera caricatura de la forma humana. Poco le faltó mientos: quédese tal empeño para aquellos que, no
á mi contendiente para llamarme hereje. Estraga- logrando penetrar en los arcanos del génesis del arte,
miento del gusto, aberración de los sentidos es esto, miran con ojos de estiércol la forma con que el senque de generalizarse, nos llevaría á deleitarnos con timiento reviste la idea. Pero pretendo demostrar que
la sonoridad y armonía de versos como los siguien- si los santos escritores españoles, por temperamento echaban mano del realismo más acentuado, para
tes, escritos en el siglo xm:
describirnos sus transportes místicos, nuestros pinAqul jáz Don Feman Gudiel
tores de los siglos xvr y xvu - que no eran santos ni
Muy onrado Cavallero
mucho menos - no lograron alzarse de la tierra ni un
Aguacil fué de Toledo
pie; pues atentos á la tarea de interpretar lo más realA todos muy derechurero, etc.
mente posible los movimientos del alma, dieron á
sus obras, de acuerdo con el ambiente de intolerancia católica que los abrumaba, ese sello de dramático
La evolución mística tiene dos aspectos, que la di- naturalismo, que de manera tan honda nos impresioviden, sin que gran parte de los neomísticos se ha- na en el San Jerónimo, en Santa María Egipcíaca,

tilla y viejas rezadoras, de semblante resignado éstas
y de angelical pureza aquéllas, ó con declarado celo
de propagandista en su último cuadro Cristo vence.
Esta intención no perjudica en lo más mínimo á la
obra, una de las mejores de su autor, por el vivo sentimiento de que está impregnada, secur.dado por
una ejecución feliz. Por otra parte, no todos los que
incurren en esa tendencia á desvanecer y amortigüar
los tonos, que puede degenerar en manera, intentan
comunicar á la obra aquel peculiar sentimiento místico: obedecen más bien á esa evolución del estudio
al aire libre, y de la mayor simplicidad y sinceridad
absoluta y delicada, última nota conocida aquí, hoy
por hoy, de la pintura contemporánea.

NúMERO

492

en San Pablo del Spagnoleto, en los frailes de Zurbarán, en la Piedad de Morales. Y nos impresionan
esas maravillosas obras tanto más, cuanto más distantes están de los espiritualismos de los extáticos y
contemplativos. Al mirar la amarillenta piel que como
viejo pergamino cubre los huesos de San Jerónimo,
sentimos el frío del terror; como al posar la vista en
la faz del San Pablo, las negras pupilas del apóstol
parecen fulminar inapelable sentencia de dolor eterno; como al levantar los ojos á las demacradas facciones de los monjes de Zurbarán, creemos que temblorosos murmuran llenos de espanto el Dies irte. Y
cuando por el camino de los idealismos ·quiso nuestro arte realista marchar, produjo las «Concepciones,))
la «Sacra familia,» conocida por de «el Pajarito,» la
«Adoración de los pastores,» «Santa Isabel de Hungría,» cuadros realistas todos, sensualistas algunos,
de un naturalismo terrible otros. En el lienzo ultimamente citado, obra de arte colosal, aquellos andrajosos enfermos causan la misma repugnancia que si
fuesen de carne y hueso.

Retrocedamos á los pintore5\ góticos castellanos,
que son los que lograron trastornar los sesos de cuantos hoy les miran como modelos de la escuela neomística-cristiana. ¿Plasticamente? O son malos Velázquez y Murillo, 6 ellos. O el autor de «Santa Isabel»
y el de las «Meninas» no saben dibujar, pintar, agrupar, etc., ó los contemporáneos de los Enriques
y Juanes de Castilla no hadan más que intentar la
figura humana ... sin conseguirla. ¿Místicamente considerados? Sería curiosísimo fenómeno que en estas
tierras, donde á excepción de las provincias del Noroeste, el rnazonismo produjo la iconología de espíritu
más anticatólico de Europa y de forma más naturalista, hubiéramos tenido Fiesoles y Giottos y Cimabúes. Sabido está por demás que nuestro arte pictórico no tuvo carácter nacional hasta los días de el Greco, y que á remolque de la influencia giotista corno
del arcaísmo del Norte, aquí sostenido hasta bien mediado el siglo xv, vivió la pintura en las regiones centrales de la península,yque por lo tanto el espíritu místico de esos cuadros, como reflejado, es frío é insípido y el menos á propósito para entusiasmar á nadie
que los estudie desde otro punto de vista del histórico.
Mientras Fra Angélico veía cómo celeste pintor trazaba la cabeza de la Virgen que él no lograra trazar,
en esta patria de los Trastamaras, Carrillos y Tenorios purpurados, se trazaban la puerta de Valdés de
la catedral de Burgos y los célebres entrepañ9s y frisos de la de León, donde el naturalismo más desvergonzado ayuda á la sátira más cruel... y justa que
al clero se le pudo dirigir en ningún tiempo.
La escuela mística moderna, aun la cristiana, tiene
otros senderos que recorrer muy distintos de los recorridos en los siglos xm y x1v por los pintores de
Brujas ó de Florencia. Las producciones del extático
fraile de Fiesole, si tanta dulce piedad nos causan,
á la ingenuidad del tecnicismo con que están hechas
y á la inocente pureza que ilumina aquellos rostros
desdibujados, deben y deberán siempre ser tenidas
como las más altas notas de la pintura mística; pero
precisamente porque no tienen nada de realés ni las
figuras ni el color, ni hay tonos sombríos, sino por
el contrario, los colores contrastan entre sí en un pugilato de limpieza de tonos, por eso mismo es mayor
el extravío del artista que para pintar en místico-católico pretenda destruir de una pincelada la obra del
Renacimiento.

R.

SALÓN DE PARfS DI!: 1891

•

BALSA DE LA VEGA

Abril de 189 t

ALEGR1A
Contemplábamos varios amigos en la exp_osición
de Hernández unas acuarelas de Pradilla, cuando se
abrió de pronto la puerta y entró apresuradamente
el doctor Moral. Apenas nos saludó, se dirigió á un
cuadro que en un dorado caballete estaba, y nos preguntó con el mayor interés: ·
- ¿De quién es esta pintura?
- En este momento histórico, le respondí, es de
Hernández; pero puede ser tuyo si lo quieres comprar, porque está ahí donde le ves para ser vendido
á quien lo pague.
- No pregunto quién es el dueño, sino quién es el
autor.
- ¡Ah! El autor es Mufíoz Degrain.
- No le conozco. No trato á casi ningún pintor, y
entiendo poquísimo de Bellas Artes y menos aún de
pintura; pero desde la calle he visto ese cuadro y me
ha impresionado vivamente.

LA NOCHE, cuadro de Renard, grabado por Baude

�342
- Como que el cuadro es muy bonito.
- No lo niego; pero aunque fuese muy feo habría
de impresionarme el asunto, pues no parece sino que
yo mismo he dicho al oído al pintor esa escena que
he presenciado, y que es el comienzo de una historia
cuyo desenlace no olvidaré jamás.
Todos conocíamos el cuadro; muchas veces le habíamos examinado y nos habían encantado el asunto
y la ejecución; pero al oír las palabras del amigo Moral nos acercamos al lienzo y lo examinamos con la
viva curiosidad que ellas nos inspiraron.
El lugar de la escena no puede ser más humilde
para un cuadro, porque es una cuadra, una miserable
cuadra de una posada de aldea. Que aquel sucio y lóbrego lugar sirve de foyer, vestuario y almacén á una
ambulante compañía de titiriteros, dfcenlo bien claro
los objetos que acá y allá se ven desparramados en
artístico desorden. Aros de papel desgarrados ya por
el cuerpo del saltarín acróbata; una paleta abierta
por la que asoman los abigarrados trajes de los artistas ... de la legua; el tambor, con su cuero acardenalado por los redobles de que fué víctima, y el abollado serpentón, que en endiablada armonía fueron de
calle en calle como heraldos de la fiesta y á la puerta del corral congregaron á los honrados vecinos y
vecinas de la aldea, y en viejo tapiz reclinado el gigantesco farol de lienzo transparente que en la punta
de un palo fué de noche y de día ambulante programa para los que en el pueblo supieran leer, si algunos
había; el cual farol tenía en letras gordas pintado el
siguiente letrero:
GRAN FUNCIÓN EN LA POSADA DE LA CORONA
HA LLEGADO EL FA~IOSO PERRO (SABIO SALOMÓ N»
A)IAESTRADO POR EL CÉLEBRE Y APLAUDIDO PAYASO ALEGRÍA

Mal sentado en un cajón de madera, y apoyando
la desencajada faz en la callosa y velluda mano, está
el tal Alegría, vestido con el amplio y arrugado traje
de pierrot, y en el colmo del abatimiento y de la
tristeza, mal que pese á todos los aplausos y celebridad que el cartelón pregona, porque en aquel instante acaba de ser objeto de la más estrepitosa de las
silbas que pudieron escuchar jamás oídos de payaso
célebre y aplaudido. Por el resquicio que entre el cobertizo de la cuadra y las bardas del corral queda de
luz, se ven algunos espectadores, uno de los cuales
aún no ha concluído de ejercitar el sonoro cuanto
agudo instrumento con que la madre naturaleza dotó
á toda humana criatura que sepa colocar bien sus
dedos en las comisuras de la boca y soplar recio y
seguido. Un piadoso compañero de Alegria, vestido
de rosadas mallas, de un difunto algo mayor, forcejea para cerrar apresuradamente la puerta de la cuadra que con el corral comunica, para evitar sin duda
mayores males, y aprovechando la abertura que la
puerta aún deja, saca la cabeza el Sabio Salomón, ladrando enfurecido á la estúpida concurrencia, en el
ejercicio del sagrado derecho del pataleo.
Destacándose materialmente sobre el obscuro tono
del fondo, como moralmente sobre lo triste de la escena, una niña de muy pocos años sin duda, pero cuya
edad la ignora hasta la · ley protectora de los niños,
aparece vestida también de a,-tista con una raída falda de percalina rosa, adornada con caprichosos prendidos de tarlatana verde, y coronada la interesante
cabecita con unas flores de legítimo y auténtico pito
de San Isidro. La niña se acerca con actitud cariñosa al payaso silbado, á quien nadie consuela, y da
á la escena una nota simpática de sentimiento que
interesa y conmueve.
•
«Eso lo he visto yo, repetía Moral; eso lo he visto
yo cuando era médico titular de Carrascal de Arriba.»
Había llegado por entonces al pueblo un comisionado de apremio, con el cual nada habían logrado
los procedimientos con que generalmente se había
espantado del lugar á todos los pájaros de aquella
casta. No es del momento referiros de qué manera
el hombre se las había sabido manejar; pero básteos
saber que el tal comisionado estaba fuertemente asido á bonísimas aldabas, y que el pueblo, odiándole
cordialmente, no le tocaba al pelo de la ropa, que
dicho sea de paso, era hastá elegante.
Tal era el alarde de su inmunidad y tal la persuación en que vivía de estar fuera del alcance de toda
ofensa de hombre y burla de muchacho, que solía
pasearse por la playa los días festivos con un reluciente sombrero de copa.
Cuando en la posada del Mellizo, y no de la Corona, como equivocadamente reza ese cartel, dió su
extraordinaria función la compañía de titiriteros á
que esta mi verídica historia se refiere, ocupaba el
comisionado una silla en primera fila y vestía y calzaba 1a elegante ropa y el reluciente sombrero.
Sucedió, pues. que el payaso, que presentaba también un perro sabio, hizo la delicia de los concurren-

LA

NúMERO 492

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tes, haciendo adivinar al adiestrado can las más estu- ¿Y la Nenita?, le pregunté entonces con interés.
pendas cosas.
El hombre se puso serio, y con una especie de fer«¿Quién es la persona de esta muy heroica villa vor dijo solemnemente:
que trae traspasados más corazones?» preguntaba el
- ¡Mis Ligth!
payaso con atiplada voz, y el perro, dando dos vuel- ¿Aquella niña es esa hermosa mujer?
tas ladrando, comenzaba á olfatear y concluía por
- Aquella niña, querido doctor, es hoy mi esposa.
acercarse á la Remigia, moza como un trinquete, con
Entonces me contó una serie de azares y vicisituun lunar peludo sobre el labio superior que parecía des de su vida, que sería cansado que os repitiera.
medio bigote. Grandes risas y palmoteos acogían Habían estado en París, en los Estados Unidos, ...
tamaña prueba de acierto.
¡qué sé yo en cuántas partes! Había el pobre pasado
«¿Quién es la persona que bebe más vino en diez las de Caín, hasta lograr que su protegida se hiciera
leguas á la redonda y que tiene menos vergüenza?» una artista, y aquel hombre había hecho todo linaje
Momentos de ansiedad en el concurso, ante la even- de sacrificiós para conseguirlo.
tualidad de ser escogido por el diabólico perro, que
- ¡Todo lo que es, todo lo muchísimo que vale,
terminaban al ver al animal acercarse al payaso y se- decía conmovido, todo me lo debe á mí! Todo, todo
ñalarle con la pata. Inequívocas muestras de aproba- me lo ha pagado casándose conmigo. Ya ve usted,
ción, como dice al final de todo discurso publicado doctor: una mujer como ella ha podido casarse con
por su autor.
quien hubiera querido; ha tenido mil proporciones,
«Ahora, en serio, ¿cuál es la persona más digna pero ... ¡nada/; y este nada lo decía con una satisfacy más decente que nos escucha?))
ción que lo expresaba todo.
El payaso no podía dudar sobre el sitio en que haMe presentó á su mujer, en la que costaba trabajo
bía de hacer al perro detenerse.
reconocer á una persona que había nacido en EspaAquel traje y aquel sombrero denunciaban, á su ña y hablado castellano desde su niñez; me regaló
juicio, á un diputado provincial, 6 cuando menos á una colección de retratos; me leyó mil recortes de '
un alcalde presidente, de no tratarse de algún título periódico que conservaba en un álbum, todos relatide Castilla, dueño del pueblo y sus contornos.
vos á los triunfos de aquella estrella del trapecio, y
El perro, pues, se detuvo y se postró ante el comi- costóme gran trabajo librarme de su interminable
sionado de apremio. ¡Terrible momento! Estalló una cuanto cariñosa acogida.
silba estrepitosa; el perro comenzó á ladrar furioso,
Cuando llegué al casino y referí lo que me había
excitado por los gritos de la multitud; el payaso, co- pasado, mis amigos sonrieron maliciosamente y mirarrido y avergonzado, quiso desarmar la ira popular ron todos al vizconde M***. Cambié de conversadando tres saltos, más ó menos mortales; pero todo ción, y cuando salíamos pregunté á un revistero de
en vano. La gritería aumentaba; sonaban voces de salones que todos conocéis el motivo de aquellas ri¡Fuera/ ¡A la cárcel/ ¡Bribón/ Y para colmo de ma- sas y miradas.
les, algún espectador menos culto todavía, 6 más bár- ¿Dónde vives?, me dijo. ¿Adn no sabes que esa
baro quizás, arrojó al payaso un pedazo de teja que Mis es el amor del vizconde?
le hirió en la frente.
- ¿Pero ella? ...
Cuando pude penetrar en la cuadra, donde el he- Ella rompe su contrata y se marcha á Niza con
rido se cobijó, vi una escena exactamente igual á la él pasado mañana.
que ese lienzo representa. Una niña acariciaba al víc- ¡Imposible!
tima del furor de la indignada plebe. «Señor doc- ¡Qué imposible ni qué mno muerto! Mañana
tor, me decía el pobre hombre mientras yo colocaba trabaja porque es su beneficio; pero ya verás al día
sobre la herida una tira de aglutinante; señor doc- siguiente cómo desaparece de la escena.
tor, si me muero ó me matan, no abandone V. á esta
Os confieso que el pesadísimo clown, cuya historia
criatura, que es un angelito.»
me había importado tres pitos, me inspiró muchísima
A estas palabras, dichas con los ojos llenos de lá- lástima. Al día siguiente al de nuestro encuentro le
grimas, daba suelta á las suyas la pequeñuela, y decía: había ofrecido visitarle en el hotel de la Paz, y lo
«No, no te morirás. No quiero yo que te mueras. que ofrecí sin gran ánimo de cumplirlo lo hice punPadrino, ¿qué sería de la Nenita si tú faltaras? ¡Otra tualmente.
vez me pegarían, otra vez me atormentarían!»
Al verle sin la ridícula fisonomía artificial con que
No se murió el hombre, ni mucho menos, y á las la noche anterior le contemplé, y vestido como las
veinticuatro horas, payaso, Nenita, perro sabio y personas, creció mi simpatía y mi compasión. Estaba
compañeros mártires salieron con viento fresco á otra triste y ojeroso, y había perdido su caudalosa·verboparte con la música.
sidad. Dos 6 tres conversaciones se agotaron en seis
Lo menos habían transcurrido doce años, y para minutos, y ya me disponía á marcharme, cuando sanada me acordaba yo en Madrid de Carrascal de cando un sobre me lo mostró por el reverso y me
Arriba ni del payaso silbado, cuando fuí una noche preguntó:
al circo de Price.
- Usted conoce este escudo, ¿verdad?
No suelo concurrir á menudo á esta clase de es- No; no le conozco, contesté afectando una serepectáculos; pero no gusto de quedarme sin ver las nidad que no tenía.
notabilidades, y por entonces todo el mundo pondeEl sonrió, y me dijo:
raba la belleza, la gracia y la agilidad de una Mis
- Yo creí que era V. muy amigo del vizconde
Ligth, que traía revueltos á todos los sportmen ma- de M***.
drileños, que ya por entonces los había.
-Ah, sí, el vizconde de ... Sí, en efecto, dije yo sin
Efectivamente, Mis LIGTH era muy bonita de acertará expresar nada que tuviera sentido,común.
cara y escultural de formas, y vestía un caprichoso
- ¿Por qué esa turbación?, me dijo con una expretraje blanco bordado de plata, que hacía realmente sión de afecto y de amargura. ¿Qué culpa tiene usted
luminosa su esbelta figura. Además era una gimnasta de conocer al vizconde?
notable. Admirábala yo entusiasmado como cada
Y sin darme tiempo á replicar, lo que yo le agraquisque, cuando uno de los criados de la compañía decí en el alma, me dió una silla de 4.• fila para el
se acercó y me dijo:
circo y un programa, diciéndome:
- ¿Es V. por casualidad el señor de Moral?, y re- No falte V. esta noche. Estamos de beneficio.
calcó mucho las consonantes de mi apellido.
Cambiamos un estrecho apretón de manos y salí.
- Lo soy por casualidad, le contesté; ¿qué se
Por la escalera bajé leyendo maquinalmente el tal
ofrece?
programa, que entre otras cosas decía: «6. • Grand
- De parte del clown FoLL-FOLL, que tenga V. la succés. - Tlze great attraction, LA PALOMA y EL GAVIbondad de pasar á su cuarto en el descanso.
LÁN, por la inimitable Mis Ligth y el clown Foll-Foll,
No conocía al tal Foil-Foil, pero imaginé que se última creación de vuelos aéreos.»
trataría de asunto de mi profesión, y acudí á su lla. ' .
.
mamiento.
El circo de bote en bote. Los artistas en traje de
Apenas penetré en el cuarto, en cuya puerta esta- fashionable soirée; programas perfumados; ... todo era
ba su nombre debajo de una cabeza de tigre con som- solemne y cursi aquella noche. Yo estuve un momenbrero de copa, me sentí apabullado por un descomu- to á ·saludar á la beneficiada y á su pobre marido;
nal abrazo.
pero había tanta gente, que no hablamos nada.
- Doctor, queridísimo doctor, me gritaba un esLlegó el número 6.° Allá, en el techo del cireo,
cuálido y extravagante clown, ¿no se acuerda V. de una porción de trapecios y cuerdas y poleas formamí? Yo le he conocido á V. en seguida. Le vi á V. en ban un artefacto endiablado. Subieron á él los gimla plancha de riñones, y la emoción ha estado á punto nastas entre aplausos estrepitosos, y comenzaron una
de hacerme flaquear. Si V, se ha fijado habrá notado serie de saltos y vuelos que maravillaban al público.
sin duda con cuánto trabajo he hecho la do111ü1a- De repente, á un sonido de timbre que vino de lo
ción.
alto, se calló la orquesta. El público comprendió que
- Sí, en efecto, le contesté maquinalmente. .
se trataba de un momento solemne del ejercicio y es- ¡Qué ajeno estaría V. de que tenía delante al peró silencioso. El gavilán preguntó no sé qué en inpobre payaso que en Carrascal de Arriba!. ..
glés; la paloma contestó, y los sendos trapecios co- ¡Cómo! ¿V. es? ...
menzaron á columpiarse al segundo balance. Mis
- El mismo, doctor, el mismo.
Ligth se desprendió del que ocupaba, y fué de un

.

. . .

NúMERO 492

VISTA DE UNA GALERÍA DEL CEMENTERIO DE GKNOVA.

vuelo á cogerse sin duda á las manos del clown, que
la aguardaba suspendido del trapecio por los pies;
pero éste, en vez de esperarla, abandonó también el
suyo, y encontrándose ambos en el viaje, se le vió
abrazar á la paloma fuertemente. El público aplaudió frenético, pero se detuvo en seguida con un grito
unánime de horror. Los dos cuerpos abrazados cayeron á plomo á la pista.. . y no se volvieron á levantar.
Cuando volví á mi casa me entregaron una carta
cuyo sobre decía: Para entregar al Sr. vizconde de
.A1***. - Suplicada.
No pude reprimir la curiosidad y la abrí. Contenía
un pliego de papel de luto, en que decía:

El clown Fvll-Fo/, ( antes Alegría) y su seiiora se
despiden para la eternidad.
CARLOS Luis DE Cu1rncA
~~......,........~

EL CEMENTERIO DE GENOVA

•

343

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Siempre he querido á Italia, pero jamás exageré
mi amor hasta convertirlo en culto. En la que llamamos tierra de promisión del arte, n? todo e~ clasicismo: en la patria de las leye~ no _impera siempre el
derecho: en la cuna de la h1stona duerme_ con frecuencia la fáhula: hasta el cielo azul y lum~noso de
su horizonte tan ensalzado por los poetas, tiene nubes y temp;stades. Débese 9-uerer á Italia co_mo á
ciertas amables jóvenes de v~da alegre, es decir, pagando sus caprichos, agradeciendo sus favores Y perdonando sus infidelidades.
. .
Porque es con frecuencia infiel á sus trad1c10nes y
á sus recuerdos nuestra dulce hermana del mar ~editerráneo. Invadióla mal entendida pr~sa de la vida,
h t
'tir
e tranquilamente se instalaran los
as a perm1 qu
d'
á vil precio el
mercaderes en el templo Y ven ieran . .
f . t
belleza la fe en la rehg1ón, el gusto
sen im1en o en Ia
,
1
í tantas otras
en el arte, la inspiración en a poes ª Y
pasados fueron consue1o
del'teadezas que en t"empos
i .
b . l eso de sus trael hombre que, fatigado aJO e P
d
para
.
,
frente
buscan o nuevos
ba1os extend1a la mano en 1a
. '
. d de las miserias perdurables de
honzontes,
a1eJa
os
nuestra vida.
'6
1
De tal verdad hallé patente demostrac1 n e_n e
.
d
uerte llamado Cementerio de
rnmenso campo e Ia m d
ólo imaginable por
Génova, monstruoso engendro sl a noche de deli'
a en pesa
una ment e en1erm
. a y argez quisieron mis
rio. Fuí á visitarlo, Y st a1guna v

(De una fotografía.)

labios murmurar blasfema imprecación contra las
tendencias naturalistas de los genoveses, y si jamás
he sentido latir el corazón con fuerza rebelándose
contra este mortificante egoísmo que todo lo inspira,
fué seguramente allá, donde herida la vista y turbada
el alma, contemplaba la mutación que un pueblo de
mercaderes ha podido hacer de un templo de dolor
en un museo de vanidad.
El nuevo cementerio de Génova, llamado di Staglimo, dista media hora de la ciudad. Vase á él por
las vías Giulia y de San Vicenzo, y se cruzan las murallas por la puerta Romana para seguir un pintoresco camino, limitado en su lado izquierdo por la
Riviera y en el derecho por la montaña llena dejardines, que dominan los almenados muros del recinto.
Delante de ancha plaza se extienden las paredes que
circundan el campo santo, abiertas por innumerables ventanas de arco romano, y desde allí puede la
vista abarcar el conjunto de aquel cementerio construído en el valle del Bisagno, nuevo aún, pues que
sólo data del año 1867, pero ya rebosando los despojos de la vida en los flancos de la colina donde
fué edificado. Un servicio de coches y ómnibus recorre á intervalos el trayecto que media e'1tre la ciudad y su necrópolis.
Llegué á la puerta. Soberbios lacayos con vistosas
libreas galoneadas de plata me recibieron á la entrada y se apresuraron á recoger el gabán que pendía
de mi brazo. Al abrirse el cancel, mi vista se fijó
en un letrero italiano suspendido en el muro de la
izquierda. Fué un consuelo, porque á mí que el sentimiento religioso se me aviva, tauto en el templo
como en el cementerio, y que en mi patria he saludado con amor aquellos dísticos cristianos que la fe
de los creyentes escribe sobre las puertas de los campos santos, y he leído con respeto los versos que á
veces la musa popular allí consigna con su sentida
poesía, quise pensar si era también aquélla una invocación al Dios de la piedad que juzga en otro
mundo la vida aquí extinguida, ó era quizás, como
las exhortaciones de los antiguos sepulcros, una súplica dirigida al viajero para pedirle una plegaria en
favor de los pobres allí enterrados sin haber dejado
en el mundo unos ojos que les lloraran, ni un corazón para recordarles, ni siquiera una cruz que señalase el lugar de su tumba olvidada. Quise leer la invocación, y encontré lo siguiente:

luquerías de segundo orden cuyos propietarios se
sirven de idéntico reclamo para atraer concurrentes.
Es imponente el espectáculo que ofrece aquel fúnebre recinto. La montaña ha sido hábilmente aprovechada en todos sus pliegues é irregularidades para
formar un conjunto tan acabado como bien dirigido.
El cementerio presenta dos diferentes cuerpos. El
inferior, que está al nivel de la plaza, forma ancho
cuadrilátero limitado por galerías de sencillos arcos
romanos: el superior es un cuadrado imperfecto, cuyo
lado de unión con el de abajo está formado por otros
magníficos arcos, en cuyo centro se levanta la capilla.
La natural disposición del terreno permite abrazar
con la mirada las dos partes de aquel campo de blancas cruces, y se necesita tener el alma fría para no
recibir una impresión triste y penosa delante de tanto
despojo humano que pasó por el mundo de los vivos
y ha desaparecido como hojarasca llevada por el
viento. Para mí, la inmensa fosa común que forma
el centro del -cementerio es lo más imponente y severo que éste tiene.
Las galerías laterales sirven de lugar de ~epultura
á los que pueden costearse un panteón. Pero los cuerpos no están enterrados en nichos 6 hipogeos construídos junto á los muros, sino en cuevas subterráneas, y á su lado, arrimados á los pilares 6 á la pared, se hallan los monumentos funera1ios que deben
perpetuar el nombre y la memoria de los difuntos.
Allí todo es mármol, y la prodigalidad con que está
esparcido por at1uel campo santo es evidente prueba
de su abundancia y baratura en el Norte de la región
italiana: aquellas gentes pueden gastarlo en sus moradas, enviarlo al mundo entero, y seguir conservando las canteras de Carrara y Massa, donde apenas se
nota su extracción. Es esta una de las industrias más
lucrativas de la península.
Repítese en estas galerías la eterna historia de todos
los países y de todos los pueblos. Decorando las tumbas se encuentran lazos de gasa, coronas de cristal y
porcelana, ramos de flores, fotografías, farolitos y
tantos otros menudos objetos con que el dolor de las
familias suele siempre acompañar el recuerdo de sus
difuntos. Pero esto es transitorio, endeble, poco duradero: caen los lazos, y las flores se marchitan, y se
descoloran los retratos en menos tiempo aún del necesario para llenarse el inmenso vacío que parece
dejar en el corazón la muerte. Lo perenne, lo que
Se prohibe dar fJropinas.
queda resistiendo la acción destructora de los años
en la vida y puede conservar indefinidamente un
Girando en torno la vista, llegué á creer que había nombre y una memoria al través de los siglos, es la
equivocado el camino, y entraba en una de esas pe- piedra, la estatua, la lápida funeraria, el monumento
;

��LA
erigido por la pena y la desesperación de los vivos
para arrancar la muerte á las garras del olvido.
Resultaría harto larga y pesada la enumeración de
los infinitos monumentos que encierra el campo
santo de Génova. Y no aludo ciertamente á las inscripciones, porque si hubiera de prestarse fe á las
pomposas frases que consignan los epitafios, todas
aquellas gentes fueron modelos acabados y perfectos
de bondad y de virtudes, ángeles bajados del cielo
para dejar en la Liguria la luminosa estela de su paso.
No hay, por de contado, un solo hijo que no haya
sido amantísimo, ni un padre que no se diga cariñosísimo, ni una madre que no sea afeccionada en grado
superlativo, ni un amigo que no se crea el amado
en los corazones de sus amigos: todos los ciudadanos
son nobles y enteros, y los magistrados rectos, y los
artistas genios, y las mujeres ángeles, y los niños querubes. ¡Si hasta se consigna allí, en letras de oro grabadas en el mármol, el nombre de un mercader de
drogas que declara haber sido en sus negocios un
modelo de honradez! Alguien ha dicho que los epitafios son la última de las van~dades del hombre;
pero hemos de creer que los de Géno"'.a superan la
quinta es!!ncia de la humana vanidad.
Desde el punto de vista del arte nada nuevo nos
enseñan los monumentos de aquella necrópolis. La
pequeña capilla votiva rematada en triángulo, que
los antiguos romanos colocaban en todas las vías
sobre sus sepulcros, se repite en relieve al pie de casi
todas las columnas. Hállase también con frecuencia
la urna cuadrada, en forma de ara, que termina con
un friso; y en una palabra, puede afirmarse que los
artífices genoveses se han inspirado sólo en los modelos del antiguo arte de los pueblos del Lacio, pero
teniendo la desgracia de copiarlos con poca corrección y de repetirse hasta la saciedad sin buscar la
discrepancia de una línea.
Más desesperante es aún la uniforme monotonía
de las estatuas y los bustos, que viene á probar con
evidencia cierta cómo en aquel campo de mármol
apenas trabajaron media docena de escultores, procediendo casi todas las obras de tiendas de marmolista. En la legión de imágenes y medallones que pueblan los sepulcros, se observan las caras frías, mudas,
procurando copiar del natural cuyas facciones se habrán medido por milímetros para que no hubiera la
discrepancia de una línea; pero han querido hacer
los retratos artífices que carecían de inspiración para
ello, y han producido aquellas obras sin vida, sin
color, s¡n lograr que un destello del genio bajara á
calentar la fría piedra que debían animar con el cincel. Allí todo es mecánico, hecho como de encargo
y pagado al peso ó al volumen.
Y no sé si debo aún criticar más acerbamente las
composiciones. En ellas no se ha retrocedido ante el
más desnudo naturalismo: no se ha caído en el inmenso ridículo que resulta de llevar al mármol todos
los detalles de la vida moderna, representando á un
agonizante con los anteojos puestos ó á una esposa
desesperada cuya cabeza adorna artístico peinado de
tirabuzones. En algunos casos un artista de mejor
sentimiento ha buscado los efectos alegóricos, esculpiendo al enfermo abrazado á la cruz de la fe ó encomendando su alma á los ángeles de Dios; pero la
ejecución de los grupos es tan mala, que distrae
pronto la atención sin permitir fijarla en algunas ideas
originales esparcidas entre la gran masa de trabajos
comunes.
No creáis que esas estatuas y esos grupos alegóricos y esas escenas de fami)ja tan repetidas en las
galerías de la necrópolis genovesa estén destinadas
exclusivamente á conmemorar la memoria de los
muertos: el egoísmo de los vivos ha llegado á hacer
incurrir á los que gozan de buena salud y están en
la plenitud de sus facultades en la misma última
debilidad que se apodera del hombre al cruzar el dintel de su sepulcro. La imagen del difunto está allí,
en varias apoteosis, encerrada en un medallón ó saliendo entre los sudarios de su lecho mortuorio; pero
también en torno suyo, con el pretexto de acompañar al que se va ó de visitar su tumba, se encuentran
en muchos monumentos los retratos ó las estatuas
de sus parientes, ufanos, erguidos, contentos al parecer por mirarse ya esculpidos en mármol al igual de
los- grandes hombres, aunque sólo tengan por sitio
de exhibición.el cementerio. Es triste la explicación
de tal proceder, porque involuntariamente trae á la
memoria cómo al día siguiente de haber visitado la
muerte su domicilio, aquellos adoloridos hijos, hermanos y esposas habrán ido á la galería fotográfica
vec~na con su mejor vestido y su peinado más nuevo
para dar como modelo al escultor un retrato de última moda.
En el centro del cementerio y á la mitad de la galería que separa los dos cuerpos que lo constituyen,
se levanta una capilla formada por una sencilla ro-

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

tonda de orden griego, que por dentro sostienen costosas columnas monolíticas de pórfido negro. También es un lugar de enterramiento, habiéndose desmontado la tierra en el interior hasta la línea de sus
cimientos para formar dos líneas de vasos sepulcrales. El espíritu de vanidad que presidió la construcción del cementerio de Génova, quiere reservar aquel
sitio para inhumar las cenizas de las celebridades
patrias, convirtiéndolo en especie de panteón de los
genios genoveses que aún no han aparecido en su
historia municipal.
He tenido el cuidado de hacer algunas salvedades
cuantas veces me ha ocurrido hablar de los escultores
cuyas obras se hallan en las galerías del cementerio
genovés. Creo haberme referido hasta aquí á la inmensa masa de marmolistas que figuran formando
sus obras en lugar más aparente y con caracteres más
visibles de los ocupados por los mismos epitafios de
los monumentos que ejecutaron. Pero á su lado, aunque jamás confundiéndose con ellos, se encuentran
algunas obras de mérito, que como las de Costa, consuelan la vista fatigada por las miserias de la vida y
de la muerte reunidas en aquel recinto. El sepulcro
del marqués de Taliacarne es digno de toda atención.
En este campo santo duermen el sueño de la eternidad dos hombres ilustres en la historia de las modernas guerras y revoluciones italianas: dos genios,
pensador el uno y de acción el otro, que más han
agitado la península en los últimos treinta años: son
José Mazzini y Nino Bixio. La tumba del primero se
halla en la parte superior, á la derecha, volviendo la
espalda al río. La del segundo se encuentra al lado
de la puerta de la capilla.
No pude reprimir mi emoción al ver sobre el fondo negro de la marmórea lápida el nombre de Nino
Bixio, escrito en caracteres de oro y cubierto por
grandes ramos de mustias flores. Cuando niño, me
habían entusiasmado los hechos de armas del heroico marino, que fué segundo comandante de la legendaria expedición de los mil, dirigida por Garibaldi
contra Sicilia; y siempre recordé el famoso desembarco de Marsala, el combate de Calatafimi, el asalto
y la toma de Palermo, las operaciones en la Calabria,
la respuesta dada por el mismo Bixio á un amigo que
le pedía informes de su salud, diciéndole: «me han
honrado el cuerpo tres balas enemigas en Roma, una
en Palermo, dos en Reggio y me he roto la pierna al
pasar el V:olturno.» Algunos años más tarde me hallaba un día en una de las islas del archipiélago malayo, y vi pasar por el lado de mi bordo, con la bandera á media asta en señal de luto, el buque que
conducía el cadáver de Bixio desde las tierras de Sumatra, donde fué víctima del cólera, á las de Italia,
que reclamaba sus mortales despojos. Y allí en aquel
rincón del cementerio de Génova reaparecía otra vez
el héroe en el fondo de su sepulcro, para recordarme
cómo pasaron los años de mis entusiasmos patrióticos
por las campañas italianas, y se extinguieron mis juveniles ardores por los viajes á la remota región del
Extremo Oriente.
.
Salí. Al cruzar la puerta me pidieron que escribiera mi nombre en un libro, como suele hacerse en
algunos museos particulares para enterar del número y calidad de los visitantes al dueño de la casa. Y
los lacayos de la entrada, que supuse serían los guardianes de aquel museo de momias frescas, abrieron
sombrero en mano la portezuela de mi coche, me
devolvieron el gabán y se retiraron saludando agradecidos y sin duda alguna riéndose del famoso bando municipal que les prohibe recibir propinas. No
espero volver á aquel cementerio; es el lugar que
peor impresión me ha causado en mis viajes por la
bella Italia.
EDUARDO TODA

NUESTROS GRABADOS
Después del baile, pintura al pastel de Maximino Peña (Exposición de pasteles y acuarelas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid). - Es este joven pintor uno
de los más aventajados dísdpulos del malogrado Plasencía, á
quien debe, sin duda alguna, aparte de sus cualidades personales, la buena escuela que cultiva. Durante su pensionado en
Roma, díó muestra con el cuadro titulado Carta del lujo amente de sus aptitudes y justificó la distinción de que fué objeto
por la Diputación de Soria, su país natal. Los premios alcanzados en la Exposición de Bellas Artes de 1887 y en la celebraua por la Asociación de escritores y artistas prueban que á
Peña no le aturdieron los primeros triunfos, sirviéndole de estimulo para proseguir sus estudios. El precioso pastel que figuró en la última Exposición que de este género de pintura celebró el Círculo Artístico de Madrid acusa en Peña cierta maestría en este poco cultivado procedimiento, aparte de la elegancia
en el trazo y la fresca y atinada combinación de tonos, díficíles
de obtener, sí el artista carece de la base que exige un arte que
por ser esencialmente bello es tan complejo.
Sueños de niño, cuadro de José M. Tamburini
(Salón Parés). - El precioso lienzo titulado Suellos de niflo, inspirado en los dos versos de Vlctor Hugo: &lt;el l'enfant qui réve -

NúMERO

492

NúMERO

492

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

347

fait des reves d'or,» es á nuestro juicio la nota más sentida y
mejor interpretada de las cinco que ha expuesto recientemente
Tamburini en la Galería Parés. Considerada como manifestación pictórica, no titubeamos en calificarla como bellísima.
La posición del niño dormido, su agradable escorzo, la maestría con que están tratadas las telas, que en parte cubren su
cuerpecito, las doradas nubes que sobre él flotan, la luz hábilmente combinada y los tonos claros y brillantes resaltando
sobre fondo; claros también, denuncian escollos diestramente
-o-encidos, adivinándose los sueños que embar¡:an la infantil
imaginación del niño. Aquí demuéstrase el artista tal cual es,
pint6r por la forma, poeta por el sentimiento.
Húsar de la Princesa, pintura al pastel de
Marcelino U~ceta (Exposición de pasteles en el Circulo Artístico de Madrid), - Conocedor Marcelino Vnceta de
cuantas incidencias constituyen la vida militar, ha logrado avalorar sus cualidades artísticas, superando en el especíalísimo
género á que se dedica a l malogrado Balaca y á otros dístíngiiídos pintores, á quienes nuestras contiendas civiles ó las gloriosas campañas de nuestro ejército inspiraron composiciones
patrióticas de grande é imponente efecto.
Las excelentes ilustraciones del libro /,{is memorias Intimas,
del General C6rdova, los cuadros titulados: En Mendigorrla, la

Bendición de las tropas espailolas por el 1'ontljice Pío IX en
Gaeta, de belllsima perspectiva y atinada composición, prego•
nan, al igual que el gran lienzo en donde recuerda Unceta uno
de los hechos más interesantes de la primera guerra civil, En
los campos de Gráa, su relevante mérito como pintor militar, ya
que aparte de la elegancia y seguridad que se observa en todas
sus composiciones, nótase también el carácter, sin cuya condición no podr!a figurar su autor en primer término en el número
de los pintores españoles que cultivan este género.
La obra que reproducimos, quizás la única que ha llegado á
figurar en una Exposición, es digna del pintor aragonés, sobre
todo el cabal lo, que es un dechado de estudio y ejecución.
La noche, cuadro de Renard, grabado por
Ba.ude (Salón de París de 1891). - La pintura alegórica no
puede en los tiempos actuales sustraerse del todo á la influencia
de las tendencias imperantes, y aun con ser el género que mejor
se presta á perpetuar la tradición artística, va sintiéndose atraÍ•
da por el modernismo y se somete de tarde en cuando á proce•
dímíentos que antes parecian impropios de ella. Al desnudo
antiguo, que en el dfa tantos menosprecian, por convicción
unos, por impotencia los más, sustituyen algunos artistas los
tocados de irreprochable novedad, y aplicando al todo lo que
en esta•parte hacen, buscan en la composición más bien la impresión simpática que el efecto grandioso.
No aplaudimos ni censuramos el sistema: éste tiene sus ventajas y sus inconvenientes; pues si bien algunas veces empequeñece lo que por su propia índole debe ser grandiosamente tratado, otras, en cambio, presta mayor poesía y sentimiento á los
asuntos y permite tratarlos bajo una porción de aspectos que
la vaguedad de la antigua alegoría difícilmente podría reproducir.
Sugiérenos estas reflexiones el precioso cuadro que reproducimos y que figura en el actual Salón de Par!s. La 11od1e de
Renard, que desde el punto de vista de la factura es una maravilla, no es la noche que convida al reposo, ni la que conturba
el ánimo con extravagantes temores; es la noche que nos inun•
da de melancolía, trayendo á nuestra memoria tristes recuerdos,
la que hace vibrar con más fuerza las sensibles fibras de nuestro corazón. El procedimiento de esta pintura es moderno; sin
embargo, ¡cuán poco se echan de menos al contemplar esa imagen de la noche las creaciones más grandes sí, pero no mejor
sentidas, que sobre este mismo tema produjeron antiguos pinceles!
La Semana Santa en el Monasterio de Montserrat (De una fotografía). - Los que hayan presenciado una
ceremonia religiosa en el hermoso santuario de la milagrosa
Virgen, patrona de Cataluña, difícilmente olvidarán la ímpre•
síón que en el ánimo causan tales solemnídadei:, celebradas con
una pompa y un fausto que más de una gran basflica envidia•
ría, en aquellas agrestes montañas donde el alma se siente más
cerca del cielo y donde brotan del corazón las más fervientes
plegarias. La escena &lt;¡Ue el grabado representa es la procesión de
Semana Santa: á las fiestas que entonces se celebran en Montserrat acuden fieles de todas partes y el espectáculo que ,1lí se
ofrece es grandioso: la religión y la naturaleza parecen haberse
combinado para hacer comprensible á la limitada inteligencia
del hombre la idea de lo sublime .
Doña María Pacheco, viuda de Padilla. Aniversario de la batalla de Villalar, cuadro de
G. Olairin, grabado por Baude (Salón de París de
1891). Uno de los tipos de mujeres más interesante de nuestra
historia es el de Doña María Pacheco, esposa de don Juan
Padilla, el insigne caudillo de las Comunidades, ajusticiado con
sus dos ilustres compañeros después de la batalla de Villalar.
Al morir su esposo, púsose Doña María al frente de losComu•
neros, y tras sangrienta lucha logr6 para Toledo, último baluarte de su causa, una capitulación gloriosa ; mas á poco de firmada ésta, perseguida por los imperiales, hubo de huir á Portu•
gal, en donde termin6 sus dias.
El pintor francés Clairin la representa orando en el templo
el día del aniversario de Villalar, acompañada de tus damas.
El cuadro e~ interesante por los recuerdos que despierta,
por el sentimiento que rebosa y por la indumentaria que en él
se exhibe: su ejecución es intachable, y como composición demuestra que el autor estudió con cariño el asunto y los personajes, y que supo sentir bien la dramática escena destacando
la figura principal y agrupando las secunclarias con gran acierto.
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy

L A EVIDENCIA. -

Cuando se ba visto una sola vez
la acción maravillosa de la CREMA SIMÓN en las grietas,
tUceras, barros y saba11oms, se comprende que no hay coldcream más eficaz para la conservación de la piel. Los POLVOS
DE ARROZ y el JABÓN SIMÓN completan estos felices efectos.
Evitar las falsificaciones extra,!J°eras, exigiendo la fumaS/1,fON,
rttt de Provmce, 36, París. Depósito, en todas partes.

JABON REAL

¡v:r:oLETI
Único I,u,,t1tor

JABON

29,ttdealtalieaa,Paris VELOUTINE
1eGOa11"4oa tor autoriutea aki"' pua la iicltte 4• la Plll 1 lollua (el Collf

oETHRIDACE

La niña quedó sobre el césped ... (pág. 348)

CUENTO DE AMOR
POR PABLO MARGUERITE. - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE

( CONTIN U ACIÓ:-1)

Cuando Mite, el bufón del príncipe, vió todo aquello, comenzó á lamentarse, 1
II
llorando á lágrima viva; y como todos se extrañaran, dijo que no le faltaba razón
para llorar, puesto que su señor era bastante sabio para desdeñar la vanidad de
LAS ESTACIONES
las matanzas, de las orgías, de la devoción y del poder, y bastante loco para
rehusar el bien supremo, el único por el cual valía la pena vivir: el amor.
LA PRIJ\IA VERA
Estas palabras no dejaron de perturbar al príncipe, que aún se conservaba en
La primavera, más fresca que una joven doncella, contemplaba en los ríos
el estado de la inocencia, y muy pensativo, comenzó á reflexionar. «¡El amor!,
se decía ... Verdaderamente, los poetas le suponen esencia divina, y adórnanle los círculos sonrosados de sus pechos henchidos al reflejarse en las aguas; estremecíase con suavidad bajo las blondas vivientes de su vestido de follaje, y suspiraba lánguida con los ojos inundados
de sol. El astro del día y el oro verde de los bosques invitaban á la meditación y á los viajes.
1
t
Cierto día que el p~-íncipe había ido á pasearse solo, se ex¡
i travió,
y á fuerza de andar errante llegó ante un castillo ro~
( 'i)-.'&gt; deado de un parque y circuido de muros coronad,os de alhelíes amarillos, pero sin puertas ni verjas. Ayudándose con
pies y manos, trepó á las piedras y saltó corno un ladrón. Un
-,.
q
grito de espanto resonó en el mismo instante; á sus pies
.,.
'
?
.
yacía sin sentido una preciosa niña, y en ella admiró su se,? •
doso cabello, su boca entreabierta que dejaba ver blanquísi, ' )
,,-. r.
,,1~,
.• ~ mas perlas, sus piececitos y su vestido de plata. Para hacerla
volver en sí, llamóla con ternura, humedeció sus sienes y
acercó
á su nariz un frasquito de sales de Arabia; mas viendo
í?
que esto no producía resultado, osó depositar un beso en el
~
rostro de la joven, que al punto despertóse y sonrió.
- ¡Ah!, exclamó, os esperaba. Las cartas han pronosticado
-.._,;
á mi nodriza que un príncipe me amaría; me llamo Eisa, y
soy huérfana. La liberalidad de un tío desterrado me mantiene en estos lugares, donde jamás he carecido de nada. Anti,R:~•(O'..,- c¡;,x, -guos servidores me cuidan, y no recibo á nadie. El aire de
este país es suave para mí; en otra parte tal vez no podría
vivir, pues debo advertiros que soy muy delicada, ¡ay de mí!,
hasta el punto de que una emoción podría matarme.
Y con infinita gracia ofreció su mano al príncipe, que la
Mientras la tierra parecía aletargada por un vapor, él vagaba errante ... (pág. 348)
besó.
- ¡He aquí mi nodriza!, dijo de pronto la joven.
de maravillosos atributos, asegurando que es más suave que incie~so, la rosa j Una anciana acudía presurosa, con expr~~i~n de enojo; pero va~ias protestas
y la miel. Los libros no hablan de eso sin misterio, y los ancianos sm mover la y regalos la calmaron, y entonces los tres dmg1éronse hacia el castillo, donde se
cabeza. ¿No será una extraña quimera? ... Si todas las vías conducen á la nada, sirvió una colación. Cuando el príncipe hubo descansado un poco, despidióse
seguramente me aplaudiría mi bufón si yo eligiera la más misteriosa, para llegar y se fué por el mismo camino que siguiera para entrar.
á la muerte á través dr:l amor. ¿Pero existe en realidad? En tal caso, ¿qué es?» 1 Desde entonces volvió todas las mañanas; su caballo golopaba locamente,

d)

-~-

I

~,/~
#O

~-----

:1

-

�- ---

LA

ILUSTRAClON

ARTÍSTICA

NúMERO

492

aguijoneado por la espuela; las aves trinaban á la luz del sol; un perfume de
lilas y madreselvas se difundía por el aire; el trigo ostentaba sus espigas, y en el
césped las gotitas de rodo brillaban como cristal. Apenas llegado al castillo, el
príncipe, después de atar su caballo á un árbol, franqu;aba el muro: allí estaba
Eisa esperándole.
Así pasaron juntos momentos deliciosos: algunas veces, encerrados en· aquel
retiro, Eisa enseñaba al príncipe sus muñecas y estampas, luciendo después su
habilidad en el clavicordio, ó bien paseábanse en el parque, donde ella cogía
para él flores, asfodelos, ciclamas y lirios. Como niños, hadan sus meriendas
con dulces y confites y jugaban al volante ó á cualquiera otra cosa. Si se cansaban, iban á reposar bajo espesuras de follaje, ó visitaban los corrales, entreteniéndose allí con los conejos blancos, ó dando de comer á los patos azules, á
las tórtolas de melancólico arrullo y á los pavos reales, que desplegaban su magnífica cola en forma de abanico.
El sitio predilecto de los jóvenes era el verjel; la hierba suave estaba sembrada de violetas, y los árboles parecían cubiertos de una nieve odorífera; allí
se veían mezclados los albérchigos de color de rosa con los cerezos blancos, los
ciruelos, manzanos y perales, todos en flor y visitados de continuo por las avecillas y las abejas.
Mas por grande que fuese el placer que el príncipe experimentara junto á
Eisa, no se creía feliz. Las noches, que se·acortaban ya, paredanle más largas,
pues no dormía; cierta languidez amortiguaba su alma, y acosábanle deseos, sin
que supiera cómo remediarlos. También se notaba un cambio en Eisa; tan
pronto palidecía como se sonrojaba; ya no se la veía sonreir; aquejábala un malestar indecible, y á veces apoyaba la mano sobre su pecho para reprimir el
lalido de su corazón .
.. .Y cuanto más tiempo transcurría, mayor era la angustia de los dos.
El óltimo día de primavera, á la caída de la tarde, Eisa y el príncipe, después
de vagar acá y allá durante horas enteras, penetraron poseídos de inquietud y
melancolía en el verjel blanco de los aromas de miel, por donde pasearon silenciosos. Eisa temblaba, porque las miradas del príncipe eran singulares. Su amor
les embriagaba como un amargo perfume.
- ¡Eisa!, murmuró el príncipe.
La joven sintió que le estrechaban las manos, y obscurecióse su vista.
- ¡Eisa!, repitió el príncipe con apasionado acento.
Y arrebatado, estrechó á la joven, palpitante como una avecilla que la mano
del cazador ahoga.
- ¡Ah!. .. murmuró la joven.
Esta fué la única exclamación que exhaló su pecho; su pequeño corazón dejó
de latir, y desfalleció.
El sol se ponía; en el agua de los estanques veíanse sonrosados reflejos.
- ¡Dios· mío!, exclamó el príncipe.
Y permaneció largo tiempo arrodillado, con los ojos llenos de lágrimas; pero
como la muerta no despertase, levantóse poseído de espanto, y huyó saltando
por el muro como un ladrón. La niña quedó sobre el cesped, y durante toda la
tarde, las flores del albérchigo cayeron sobre su cuerpo como copos de nieve,
mientras los ruiseñores entonaban sus cantos á modo de oración fúnebre.

.

.o

.·~·

-~-

~

.,.,.

v,,.

,..,;t'

(... r
f, ,_

,r

Ella enseñaba al príncipe sus muñecas y estampas.. , (pág. 348)

i..)~

fuera de e&amp;tas ocasiones vivía invisible y pensativo en su·palacio (pág. 331)

EL VERANO

El emperador, desesperado, convocó á los médicos más famosos (pág. 332)

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

r a-, __,
,-~u..~- '

· 'f~tttr•'

,

NúMERO 492

Danrlo tregua á su desesperación, el príncipe se lanzó á los placeres, y cuanto más
violentos y terribles eran, más le agradaban.
Reunióse con jóvenes libertinos, jugadores
insensatos, á los cuales aventajó; quiso conocer la embriaguez de la mesa, la exaltación
producida por los vapores del vino, y la voluptuosidad de digerir, con el vientre repleto
de manjares delicados, presidiendo tumultuosas orgías donde á veces corría la sangre
después de las contiendas. Allí había mujeres muellemente echadas en lechos de flores,
que reían y aplaudían al más loco. Ninguna
de ellas hada palpitar su corazón; mas como
era preciso elegir una, fijóse por lo menos
en la más hermosa, llamada Zafira.
Era alta y blanca, con el cabello rojizo;
sus ojos tenían la pureza de las aguas de una
esmeralda, y de su cutis cxhalábase un perfume de azahar. Apta para desempeñar todos
los papeles, sabía transformarse según los
caprichos, halagar las pasiones y encender
los deseos.
El príncipe iba con ella al río para recorrerle en una barca sin remos: echada á sus

pies, Zafira cantaba, tocando la dtara; y con un sedal pescaba brillantes peces
de escamas de oro y de nácar. Por la noche daban bailes en jardines; las músicas se oían desde lejos y las luces se duplicaban en el agua; por la mañana
galopaban por el bosque á caballo uno junto á otro, y con frecuencia permanecían encerrados en un pabellón chinesco, donde tomaban sorbetes ó entreteníanse con los perritos de
Zafira, que llevaban por collar ligas de seda.
Pero antes de terminar
los meses de julio y agosto,
el príncipe comenzó á experimentar un hastío supremo.
Pálido, macilento, gastado ya en su juventud, no
sentía el ardor de las llall,las
del verano. Mientras la tierra parecía aletargada por
un vapor, él vagaba errante, indiferente á los ardientes rayos del astro del día,
á la magnífica eflorescencia
de las rosas, al esplendor
de los frutos, al misterio de
los nidos y de las avecillas que incubaban sus huevos y á la metamorfosis de
los insectos. ¿Qué le importaba que en los campos se cosechasen las avenas, ni
que los trigos presentasen ya sus doradas espigas?
Con el transcurso de las horas su hastío se acrecentaba.
Ya no hablaba con nadie; había despedido á sus compañeros de orgía; su
única distracción reducíase á formar enormes ramos de heliotropos ó de tuberosas, que ponía en su habitación por la noche para soñar. Sus pesadillas eran
fúnebres, extravagantes, y en una de ellas parecíale ver á su amante sin afeites,
convertida en una vieja de quinientos años, y verse á sí mismo viejo, horriblemente viejo.
Cuando hubo terminado el verano, dijo á Zafira: «¡Vete!~
EL OTOÑO

El príncipe quiso viajar, cruzó por reinos y ciudades, tierras estériles y llanuras, altas montañas cubiertas de bosque, caudalosos ríos, y cuando estuvo can•
sado detúvose á orillas del mar.
- ¿Qué es, preguntó á unos campesinos, aquella torre de piedra custodiada
por soldados?
- Allí, contestáronle, vive prisionera
una dama que ha cometido espantosos
crímenes, y circula el rumor de que muy
pronto será decapitada, á menos que
nuestra reina, en su infinita bondad, la
deje podrirse viva en una prisión eterna.
Estas palabras picaron vivamente la
curiosidad del príncipe, que no se dió
punto de reposo hasta haber sobornado,
á fuerza de dinero, á los guardianes de la
torre. Por ellos supo que la dama, llamada
Bruisinda, era muy hermosa; que había
envenenado á su marido y á otros dos
señores, y que esto tenía poca importancia, comparado con otros espantosos crímenes más increíbles que se le i¡nputa•
ban. El príncipe quiso verla, y los carceleros consintieron en ello.
La entrevista se verificó en un peque-

349

fío parque: una brisa h1imeda, bajo un cielo
nebuloso, agitaba las copas amarillentas y
purpóreas de los árboles; las hojas secas cubrían el suelo ó nadaban en 'las aguas estancadas; cierto olor tibio y desagradable exhalábase de la tierra húmeda, é infundía pro•
funda tristeza, formada de presentimientos y
de amargos recuerdos. Una mujer vestida de
luto, alta y pálida, con espeso cabello negro,
y entregada al parecer á una fría contemplación, se adelantaba con lento paso, melancólica como el otoño. El príncipe se presentó, inclinóse ante ella y se ofreció á
servirla.
Cuando la dama supo quién era, dióle gracias en términos sencillos y elevados, é hízole comprender que se alegraría mucho de volverá verle. El príncipe
accedió, y así llegaron á ser amigos.
Todos los días la acompañaba al parque y hasta su aposento, que era grande
y redondo, con barrotes en las ventanas; pero jamás hablaron de la prisión, de
la próxima sentencia ni del pasado de Bruisinda. La dama se mantenía muda,
misteriosa é inexplicable sobre este punto; y tal vez el príncipe la prefirió así,
grave y enigmática, en el esplendor de su hermosura y de su fuerza, adornada
con el prestigio fatal de crímenes sin nombre, de los cuales no parecía arrepentirse, pues siempre llevaba alta la frente.
¡Cuántas horas pasaron juntos, silenciosos, escuchando el silbido del viento,
viendo cómo palidecía el sol, frío ya, cómo crecían los ríos por efecto de las
las lluvias y cómo se desprendían las hojas de los árboles! Las golondrinas
habían desaparecido, los insectos se morían y las blancas heladas extendíanse
sobre la llanura. El otoño tocaba á su fin.
El príncipe no dejaba de pensar en la suerte
reservada á Bruisinda; una especie de horror
sagrado ponía de punta sus cabellos al pensar
que una detención perpetua ó la muerte amenazaban á la dama; y como había sobornado
á sus carceleros y guardianes, propósole huir;
pero Bruisinda rehusó.
Entonces amenazóla con apelar á la violencia, la sacada de allí á viva fuerza con el
auxilio de hombres armados: Bruisinda contestó que sólo estrecharía entre sus brazos un
cadáver, si tal hacía, y que estaba resuelta á
sufrir el castigo, cualquiera que fuese. El príncipe envió correos á la reina, in timándola con
súplicas y amenazas de guerra á poner en libertad á la prisionera; y ya se disponía á ir á
verla en persona, cuando una tarde llegaron
mensajeros portadores de la sentencia de
muerte.
La ejecuci6n de Bruisinda debía efectuarse al amanecer del d[a siguiente, y
en vano el príncipe le suplicó que le permitiera salvarla. No hubo más remedio
que presenciar, impotente, los fúnebres preparativos.

�LA ILUSTRACIÓN

cista, planteándose el siguiente dilema: si elijo con·
SECCIÓN CIENTiFICA
ductores delgados para transmitir la electricidad á
distancia y la tensión es muy grande, sólo puedo conLA CASCADA DEL NIÁGARA Y LA ELECTRICIDAD
ducir por ellos una pequeña parte de la corriente y
En el discurso que como presidente del lron and , por ende surtir de fluido á un distrito reducido; si
Steel Institute pronunció en 1877 el sabio Guillermo \ por el contrario empleo conductores de un diámetro
Siemens, decía, á propósito del aprovechamiento de relativamente grande, podré lograr mi objeto; pero

1.

-Aprovechamiento de la catarata del Niágara como fuerza motriz para la industria

CLORÓSJS . -

ANÉMJA. -

35 1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

plata sobredorada á los premiados en concurso general y á las personas que hayan prestado servicios á
las ciencias.
La Asociación, que hasta ahora había tomado para
sus medallas el modelo de las monedas, cuenta hoy
con una medalla propia, que es la que reproducimos
y que ha sido grabada por M. Roty, miembro del
Instituto. El anverso representa á la Francia, de luto

y conducida por la ciencia, que después de los desastres de 1871 le hace entrever una nueva aurora, el
renacimiento por la industria y el trabajo: la figura
del reverso es la imagen de la ciencia, de la poesía,
del pensamiento idealizado. La medalla lleva como
exergo la divisa de la Asociación: «Por la ciencia,
para la Patria.))
(De La Natttre)

LINFATISMO

El P roto-Ioduro de ffierro es el repar a dor de la sangre,
el l ortiflcan te y el m icr obicida por excel en cia.

11Jarabey las Grajeas eooproto-iodurode lierro de F. Gille,
no f)Odrian ,er dema.tiado recomemtado.s en ratdn CU , u pure:a qulmica, df

,u inalterabtlidad v de 1w ,olubilidt1d comtant,.s.
(llac,ta de IOI Bo,pitalt!).
DEróSITO GENERAL: 45. Rue "'._auvllllers~!ARIS. o,p11sitoen todas las hrmatias.

1

Las principales dificultades estriban en la perforación del tune! en la roca dura por donde se despeña
la catarata del Niágara. La Sociedad, después de rechazar multitud de proyectos poco prácticos é impracticables propuestos por algunos 'inventores que
pretendían montar ruedas hidráulicas en la roca detrás del salto de agua, se ha ·atenido á una instalación
copiada de la que en la catarata del Rhin tiene establecida la Sociedad de Aluminio de Neuhausen,
es decir, un túnel que comenzando sobre la catarata
termina debajo de ella cerca del puente colgante. El
túnel, cuya dirección marca la línea de puntos del
grabado fig. 1, corta en línea recta el grupo de rocas
que estrechan el río, se hunde en la tierra á una profundidad de 48 metros y se comunica con el río, en
su parte superior, por medio de un canal abierto. De
suerte que forma una especie de atarjea de descarga
colosal para el agua que procedente del canal llega
hasta ella por los tubos de desagüe, como lo indica
la fig. 2 . El salto de agua ha de mover las turbinas
dispuestas al extremo de estos tubos y cuya fuerza
podrá utilizarse de mil distintos modos. El túnel se
calculará de manera que el salto de agua pueda desarrollar una fuerza de 120.000 caballos, de los que
en un prtncipio sólo se utilizará una pequeña parte, y

dado el precio elevado del cobre, la corriente que por
ellos transmitiese resultaría más cara que si se produjera en el mismo lugar por · medio de máquinas de
vapor, y no hay industrial que por amor á la ciencia
acepte la fuerza conducida desde gran distancia si
no le resulta más barata, ó por lo
menos á igual precio que la que hasta ahora le ha facilitado el carbón.
Para realizar el pensamiento de Sie·
mens, precisa descubrir ó un mate·
rial conductor muy barato ó un medio que permita llevar sin peligro
alguno á lugares habitados una corriente de gran tensión en conductores de pequeño diámetro. Quizás
los transformadores estén llamados
á dar al problema la solución deseada.
Dados estos obstáculos, quedaría
la posibilidad de surtir de fluido á
las industrias establecidas dentro
Medalla de la Asociaci6n francesa para el Fomento de las Ciencias
de un radio relativamente pequefio
y próximo á la catarata del Niágara; pero también esto tiene sus dificultades, como aun ésta no toda para producir electricidad, sino t~mlo demuestran las muchas tentativas que con des- bién para comprimir aire y para impulsar las transgraciado éxito se han hecho; dificultades que no misiones por cables. La Sociedad piensa también
nacen de la electrotécnica, sino de las circunstan- conceder á los empresarios que lo soliciten permiso
cias de lugar. Las grandes industrias, obligadas para colocar tubos en el canal é instalar en ellos alhasta ahora á ser tributarias del carbón, se gunas turbinas, de suerte que no se trata de un mohan concentrado lo más cerca posible de nopolio.
La empresa de aprovechamiento de la catarata del
las cuencas carboníferas, al paso que las
pequeñas han atendido para su estableci- Niágara como fuerza motriz diferénciase de otras
miento, no á la mayor ó menor baratura del análogas en dos puntos esenciales: primero, en la
carbón, sino á otros factores para ellas más fuerza inmensa de que allí se dispone y que no es de
importantes. Las cuencas carboníferas y las temer que se agote nunca, tanto menos, cuanto que
residencias de las pequeñas industrias no el agua que se trata de tomar apenas llega al cuatro
suelen estar cerca de las cascadas, y de aquí por ciento ·de la masa total que por allí circula; y seque para poder utilizar la fuerza de éstas se- gundo, en que las diferencias de nivel del río no han
ría antes preciso que en sus cercanías se de ser sensibles: la altura de las aguas del Niágara
emplazaran las instalaciones industriales que es casi constante, porque este río es el desagüe de
hubieran de aprovecharla. Esto exige mu- una serie de grandes mares interiores, en los cuales
cho .tiempo, y además sólo es factible cuan- el mayor ó menor capdal de los afluentes no ejerce
do se ofrecen á los industriales tales ven- más influencia que la de los ríos en el Océano. El
tajas, que por sí solas basten á. desvanecer caudal de agua que lleva el Rhin en Schaffbausen,
todas las dudas que pudieran ofrecerse. presenta, por el contrario, notables alternativas.
Estas ventajas previas difícilmente las ofre(Del Promethezes)
ce la electricidad producida por la fuerza
del agua, pues si bien es muy cómoda y de
***
fácil manejo no resulta más barata que los MEDALLA DE LA ASOCIACIÓN FRANCESA PARA EL
Fig..2 . - Secci6n de la instalaci6n proyectada para el aprovechapequeños motores de vapor ó de gas. Por
FOMENTO DE LAS CIENCIAS
miento de la catarata del Niágara como fuerza motriz. A. Tu•
esto las instalaciones que reciben de punbos de calda. B. Turbinas.
Esta Asociación, cuya importancia es bien conotos distantes la corriente eléctrica destinada
á hacer funcionar una fábrica ó á producir cida, tiene por objeto el,progreso del país por el imcant!dad de electricidad ~ada á una determinada dis- , luz eléctrica son muy contadas y se limitan, en ge· pulso dado á las ciencias y á todas las aplicaciones
tanc1a; pero en la práctica surgen tales dificultades, neral, á las cataratas en las cuales, como en la del industriales, promoviendo una emulación entre los
que ante ellas se ve obligado á detenerse el electri· Rhin, se crea una nueva industria, ó á los puntos sabios y facilitando la tarea de éstos. Para ello ha

los 16.800.000 caballos de fuerza de la cascada del
Niágara, lo siguiente: «Andando el tiempo se encontrarán medios eficaces para transmitir la fuerza á
grandes distancias, y no puedo menos de llamar en la
ocasión presente la atención sobre un medio que, á
mi ver, es digno de ser estudiado: me refiero á los
conductores eléctricos. Utilizando la fuerza del agua
para poner en movimiento una dinamo, se produci·
rá una gran corriente eléctrica que podrá ser llevada á
largas distancias por medio de un conductor metálico de grandes dimensiones, y allí nuevamente utilizada para mover una máquina electro-dinámica, ó
para hacer brotar la luz de los carbones de las lámparas eléctricas, ó para promover la separación de
metales mezclados. Un conductor de cobre de tres
pulgadas de diámetro podría transmitir á una distancia de 50 kilómetros una fuerza de algunos miles
de caballos, que sería suficiente para proporcionar
una fuerza lumínica de 2 50.000 bujías, ósea lobastante para alumbrar una ciudad medianamente po·
pulosa.»
Por desgracia las esperanzas de Siemens no se han
realizado todavía, por más que desde entonces acá
su grandioso pensamiento haya hecho notables progresos hasta el punto de no ser hoy considerado
como una utopía, cual lo era en la fecha citada es
decir, hace catorce años.
'
En teoría nada se opone á la transmisión de una

LA

492

organizado conferencias anuales en París durante el
invierno, y en el período de vacaciones celebra un
Congreso en todas las ciudades de Francia que lo
desean. Además la Asociación facilita subvenciones
que varían de 12.000 á 15.000 pesetas á los sabios que
han de hacer investigaciones costosas ó realizar trabajos complicados que necesitan aparatos dispendiosos, y por último distribuye medallas de plata ó de

en donde es casi imposible la adquisición del carbón de piedra.
De lo dicho se desprende que no tenemos mucha
confianza en la primera empresa que en grande escala se proyecta para utilizar las cataratas del Niágara: por esta misma razón admiramos más á los
atrevidos empresarios que se disponen á realizar obra
de tal magnitud, á pesar de las pocas probabilidades
de ganancia material que ésta les promete.
Sin embargo, existe ya en la catarata del Niágara
un canal de derivación que suministra fuerza motriz
á unos cuantos molinos; pero como la fuerza no es
conducida á gran distancia, este canal no tiene ninguna importancia técnica. En cambio, tiene gran
importancia, entre otras cosas por la calidad de las
personas que están al frente de la misma, la Niagara Talls Power Company, fundada en 1886, que
ahora, después de vencidas grandes dificultades, va
á emprender enérgicamente el negocio, al decir del
Scientijic American.

Fig

N ú MERO

NÚMERO 492

ARTISTICA

-

LAIT !~TtPDÉLIQUI -

LECHE AN TEFÉL

,m •11,wlla ,n

1111, l isipa
B, LENTEJAS, T EZ ASOL
ARJ'ULLIDOS, TEZ BARROS
ARROGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJ ECES

JARABE Y PASTA
de H. AUBERGIER

i

coa LAOTVOJ.JLtuK (Jugo lechoso de Lechuga¡
.Aprobado• por la Academia de Medioizaa de Parle• wertadoe en la CoJección
, Oficial de Fórmula• Legal.. por decreto muú.elerlal de 1 O de Marso de 185-4,
e Una completa 1nnoculdad, una encacia perfec&amp;amente comproll&amp;da en el CatOl'f'O
las Broflq1dtu. catarro,, Rtvmai, To,, GIIIO 6 wntacúlfl de la pr¡anta, han
grangeado al .J.UU:BE y PABTA de AUBERGIEB una Inmensa fama. -

,

ept,um,co,

'

,

EnfermedadeSdelPecho

Jarabe Pectoral

(Bii:traoll tl,I Fo1'fflularw JIU~, 1111 S" BOIICIWUI HIIINfic, ti, 111 Fanli.4 ti, J1,ll~i111 (16- cdiM),

venta por mayo~ : collil\ "I' e-, ta, C&amp;lle de Sl-Claude, PA.lUS
DIP09ITO 1M LlS PIIINCIPA.LII BOTICil

1

DE

P. LAMOUROUX
Antes, Fermao~ut/co

ENFERMEDADES •
GA.RGAKTA
ESTOMAGO
VOZ y BOCA.
PASTILLAS J POLVOS

PASTILLAS • DETHAN

Participando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas Plldoras se emplean
es_peclalmente contra las •acrofulu, la
Tisis y la :Debtlldad de temperamento,

ul como en todos los casos[Piltdos colore•,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
1u riqueza y abundancia normales, 6 ya para
proTocar 6 re¡ularlzar su curso periódico.

. ............Ira lolllal• ..l&amp;Gupala,
Siñmolon• . . la Vo■, IDllamaol- u la
1loa, Zfeolae penu~ del KffOGl'lo, lrt•
taoloD qu -,rocl- el Tüe.oo, J BNial-11
A IOI Sin f'al:DJCADOJl!lll-1. üOG.a.DOa,
PllOFZaOIIZII J' CAlCTO._ ~ra faeililar la
em1oioD de la -.-Puu: 12 la.u.u,
.6""1w • ,i rot,11, • µ,,u
&amp;clh. DETJlüf, ! ' - U o o n P&amp;lUIÍ

PATERSON
• BJSIIUTBO y llAGNESll

aeeo-lados contra lu Aleoolonn del Eat6·
IIUIQO, Falta de Apetito , Dl¡e■Uonn labo•
rtOIIU, Aoedlaa, V6mltoe, Eruotoe, y C6lloo■;
regularillan

de

la■

é

y

las verdadera• .PUdot'aa de DlfMice&amp;t'd,
exigir nuestro 111110 de pi ata reactiva,

nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
.,erd• y el Sello de garantta de la Uni ón de
loa Fabricantes para la represión ñe la falsificación.

El Jarabe de Pierre Lamoiirou:c e,
d Pectoral por excelencia
como edulcorante de la, tisanas, á
las cualf-1 comunica w gusto agradable y sus propiedadea calmante,.
(Gaceta dt loa Hospitales)

lq61ito Gtaeral : 45, CaJ!e Ymilllen, 45, P.WS
8e rende en todu /a, buenu fermaolu.

Funoion• d■l E■Ulmago y

lo■ ID&amp;e■Unoe.

E1t,lr1ulrotulo

a'"'ª di,. FAYAflO.

DETIIAlf, Fumao■uUoo ma PUD

. A ' / ~_ur,, 9 Pall!,

Vta?'l;,
Rue Bonaparte, 40
c:=:&gt;-o
El loduro de hierro tmpuro 6 alterado
• B• es un medicamento Infiel Irritan te.
N
Como prueba de J)ureza de autenticidad de

65, Calle Vauvtlller■, 1'arl1.

LA SAGRADA BIBLlA

JARABE ANTIFLOGÍSTICO OE BRIANT

EDICIÓN ILUSTRADA

F a,·macia, VALLE D E BCJ'QLI, 1.60, P A BIS, 1J en toáue las Ji'armuo,a■
El J ARABE D E BRLANT recomendauo aesde su :irtnclplo por los profesores

L_!lennec, Thénard, Gu er sant, etc.; ha, recibido ta CC'Osagraclón del tiempo: en el
ano i829 obtuvo el privilegio &lt;le lnvencton. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
cte goma y ct~ ababoles, conviene sobre tocto á la~ personas &lt;1e11cactas como
mUjeres y ntnos. su gusto excelente no perjudica l'n modo alguno á. su éllcacla
contra los RESFRHDOS y todas las INFLAMACIONES úel PECHOy etc los IRTESTINOS.

6.

to o é n timo e

de peseta la
entrega de t8 p á gina s

Se ca.,\&amp;n proJpcctos i 1olcn IN aollci1e
41ri,:i~dose i los Srea. Moouacr y Simoa, t lÜIOfn

1)SB HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento mas fo~ l e IIIIÍdo a los

APJ:OL

de los Oré• JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los dolores, re/raso,, supre·
siones 16 tu Epoc as, as! como las pérdidas.

.Pero con frecuencia es falsillcado.El APIOL
vürdadero. único eficaz, es el do los inventores, los n••· J ORET y HOMOLLE.
MEDALLAS Exp" Unir1" LON DRES1862-PA RIS 1859

Far• BRIAlíT, 150, ruedeRivoll, PARIS

Tónico■ mu reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS HDICIPIOS lCllTBITIVOS DB U. CARNE
c,.uan, mEaao Y. •11111.u Dles años de extto continuado y las ann:nactones de

todas las em1nenclaa médfcas preu.t&gt;an que esta aaoclacton de 11 (lame, el llierre y la
elliaa consUtuye el reparador mas enenrtco que se conoce para curar : la Cwrdsü, la
Afléffl"1, las Jlm,tru4C0f!U /IOIM'OIIU, el Jlmpollrectmúmto 11&amp; .tlteracton ae kJ Sangre,
el Raqum,mo, las , t f ~ ucro(IW&gt;IU Y t1CM'but~, etc• .El "l'in• PerraCID-■• de
vea• ea, en erecta, el úillco que reune todo lo que entona y fortalece los organoe

regutarlz~ coordena y aumenta considerablemente las tuerzas 6 tn!unde a l&amp; aan¡re
1
empobrecida
y descolorid&amp; : el YfQOf', la ColM'IJCjOfl y la 6,urgúr, "'''"·
.,Por111.ror,t11Paril, en wade J. FERÚ,Farmacenlieo, iOI, rue Richelieu. Slicesor4eAR0UD,

fRAN011ELINO-TARIN
F1ittM~s
CÓLICOS. -La caja: l fr. 80.
E8TREfll MIENTOS,

LOS
QUE TEKGAR TOS
ya sea reciente crónica, tomen las
6

PASTILLAS PECTORALES

del Dr. Andreu y se aliviarán pronto por fuerte que
sea. Sus efectos son tan rápidos y seguros que casi siempre desaparece la TOS al concluir la primera caja.
Para el ASMA prepara el mismo autor los Cigarrillos
Y P apeles azoados que lo calman al instante.

SJ1 ffMDJ:

BM TOD.LS L.LS nD!ClP.t..LIIS llOTIQ.LS

EXIJASE •:= 1 ARDUO
LOS RESFRIADOS

de l&amp; nariz y d, l&amp; c&amp;bua desaparecen
en muy pocas horas con el

RAPÉ NASALINA
que prepm el mismo Dr. Andren.
Su uso ea facillsimo y sus efecto,
seguros y -rápidos.

••

Querido enfermo. -fll1t Yd. •mi/arta uperlenol1,
1 hita u10 d11ueslro18RAN08d1 8ALUD,pu11 el/0I
/t ourar•n d1 Iu oon1t1p10/on, le darh apetito 1 /1
dera/rerAn 1/ 1ueño 1 la 1l1trla. - A1/ r1rlr4 Yd.
muoho1 1ño1, dl1fr~tando 1/lmpre d1 una buena 11/uL

PARAtel:erBQQA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores
de muelas, usen el ELIXIR y los POLVOS de

MENTHOLINA DENTÍFRICA

que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanquece la
dentadura, fortifica notablemente las encías evitando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agradable perfuma el aliento.

�LA

NúMERO 492

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tinguido periodista
madrileño Sr. Laponlide ha aumen•
lado el catálogo de
sus conocidas obras
con esta novela que
á sus muchas bellezas de forma une
una fábula interesante que distrae y
cautiva al lector sin
necesidad de acudir
para lograr este resultado á medios
artificiosos ni á efectos de relumbrón ;
antes al contrario,
valiéndose de procedimientos senc i·
llos, que son los que
verdademmente in·
teresan y conmueven.
Esta novela, que
en un tomo elegan•
te ha publicado don
Fernando Fe, de
Madrid, se vende
al precio de 3 pesetas.

LIBROS ENVIADOS
Á ESTA REDACCIÓN

por aotom 6 edilom
TRAPITOS AL SOL,
NO\'ELA POLÍTICO·
PERJOD[STJCA, por

Eva Canel. - Con
razón ha sido calificado este libro de

su·ie de fofograflas
sociales: tan exactamente están r~pro•
ducidos en él los tipos y costumbres ele
la vida política y periodística que en la
obra se describen,
Enlazada con las escenas que constilu•
yen la parte principal de la narración,
desenvuélvese una
acción interesante,
natural dentro del
medio ambiente en
que se desarrolla, en
la q ue las pasiones
a par ecen gráfica•
mente pintadas y los
***
car acter es hábilUN
LIBRO
FlJ·
mente sostenidos.
NESTO. PEQUEÑE·
A no saber que el
CES... DEL P. CO·
libro es de Eva CaLOMA, por D. /11an
nel, cualquiera creeJfartfnez Barriorla que ha salido de
mtevo. -Desp ués
la pluma de uno de
de lo mucho que soesos periodistas enbre el libro del cécanecidos en el ofilebre jesuita se ha
cio y conocedor al
escrito, pareda imdedillo de todas las
posible decir algo
miserias é intrigas
nuevo sobre mate•
de ese mundo agita·
ria tan agotada. Sin
do de la política y
embargo, el reputade la prensa, tras de
do escritor Sr. Mar•
cuyos esplendores,
tf ne z Barrionuevo
muchas veces apaen su análisis de la
rentes, se ocultan
ESTlJDIO DEL P I NTOR FERNANDO WAGNER, (Véase el artículo en el número 487.)
novelaPeque11eces...
dramas de realidad
ha sabido poner
tristísima .
mucho nuevo y no
Nada hemos de
decir del estilo, pues harto conocidos son la espontaneidad y Muñoz Sáncbez, véndese en las principales librerías a l precio menos bueno, haciendo una verdadera &lt;lisección de la ruidosa
obra del P. Coloma.
el gracejo con q ue maneja el idioma castellano nuestra distin- de 3 pesetas.
Dicho folleto ha sido editado por D. Inocente López y se
guida colaboradora, á quien de todas veras felicitamos por su
**•
vende en la libreria de D. Arturo Simón, Rambla de Canale·
nueva obra.
E L POBRE VILLAMlJRIEL,por D. fuan Lapo11/ide. - E l dis• tas, S, y en las principales Ebrerias, al precio de una peseta.
Tt·apitos al sol, que ha sido editada en Madrid por D. J uan

Las oa.sa.s extranjeras que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA d.lríjanse para. UJformes á los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin
m1m. 61. París.-La.s

VINO

DE

ca.sa.s espa.fiolae pueden hacerlo en la. oficina de publicidad de los Sres. OaJvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona -

Lu

Jarabe Laroze

CHASSAING

BI•DIG:ISTIVO

PfflOID(Ucnteealu

PILDORAS~~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS. AMARGAS

Preaorito desde 25 añoa
Contra las AFFECCIONES de las YIIS Olgestlm

DI: ..ARIS

no titr:?:san en purgane, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cansancio, porque, contra lo que ,ucede coa
l'?s demas purgSJltes, este no obra bien
SUJO CUSJldo se toma con buenos alimentos
y bebidas lortilicSJltes, cual el viJlo, elcat,,
el '6. Cada cual escoge, para purgane, la
hora y la comida gue mar le convienen,
se,un sus ocupac1oae1. Como el cau,u
cio que la purga ocaliona queda completamente anulado por el electo de la
buena allmen&amp;acion empleada, uno
•e decide f4cümente 4 volver
11 empe,ar caSJlw veces
,ea aecesario.

Desde hace mas de 40 aflos, el 1arabe Laroze se prescribe ~on éxito par
todos los médicos para la curacion de las gaatrltia, gaatraljiu, dolor••
y retortijone■ de e1t6mago, e■treilimientoa rebelde■, para facilitar
la cligeatlon y para regularizar todas las funciones del esfóma¡o y de
los intestinos.

PARIS, 8, Arenue V/otor/1 1 81 PAR/&amp;
T D TOO.U L.1.1 l'IIJBOU.U..1 •.t.&amp;ILI.Olü

J AR.A.BE

. ~i.t1ADESdeJE87o,i
\~~
--3r-'4110

Pepsina Boudault

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGlS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, hiatéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, coa-

TUlsione1 y toa de los nil1os durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nervioaa1.
,

t, rae des Lions-St-Paal, l Paril.

Fábriu, Espediciones : 1.-P. LAROZE

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriu

!probada por la .lC!DEIIA DE IEDICIII!

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856

CARNE y QUINA

Medatlu en tu Expo1lclon11 inter nacionales de

PiRIS - LYOR - VIENA - PHILADELPHU. - PARIS
1867

llm

18';3

1876

11 IIIPLll COI1 lt •1TOt b.lTO I N

t..1•

,.
DISPEPSIAS
CASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FA&amp;.TA DE APETITO
'I OT&amp;OI DEIO&amp;DINII DI U. DIOIITIOK

JlUO LA FORMA DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO , ·~ de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
P!RIS, Pharmaoie COLLAS, 8, rae Dauphine
!/ M 14, p,'/nc(palt, farmac(a,,

D Allmuto mu reparador, llllido al Tónioo 11111 enei¡ico.

18i8

• Soberano remedio para rápida curaeion de las Afeoclonea del peoho 1

VINO ARDUO CON QUINA

T COlf TODOI LOS nmcmos lfDT1llTIVOS SOLtJBLBS DB u CABNE
-~•a.u 1 •m11a110n los elementol que entran en J&amp; comPOS1c1on de este potente

l'eplrador de lp _tuerzu niales, de este feni■eaa&amp;e per eaeeleaeia. De un gusto sumamenle a,radt.Dle, es 10berano contra la ÁMm"1 y el Áf)OCamtento, en las Cakntura,

7 Co,n,lll«fflcúu contra lu Dur.rret:11 Y lu .J.feccwna del Bltomaqo y los tntemno,.
cuando ae \rala de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
emtquecer la sangre, enwnar el organismo Y precaver la anemia y las epidemias provoClldu por los calores, no se conoce nada superior al l'iae de ga.iaa de Aroull.
l()'I' fM,jor. ea Paria, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, Sur.eaor dtAllOUD
·

8&amp; VBl(DB BN TOl&gt;.lS LAS PRINCIPALES BoTl04&amp;

Catarro1,llal de garganta,Bronquitia, Re1triado1, Romadizo,,
de los Reumati1mo1, Dolore■,
Lumbagos, etc., SO años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso deriyativo recomendado por
los primeros médicos de París.

'

:EXIJASE•.i:ºt~ ARDUO
1
.

PATE
DUSSER
___:~-- -EPILATOIRE
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -- - -

destruye basta ru RAICl!S el VELLO del rostro de las damu (Barba. B!rote etc.), cl9

, ulnlllJn peligro para el cnti1. SO Año. de ÍUtlto,y millares de ltltlmonio1garanllwÍ la eftca~~
de esu preparacion. (Se vende en caJu, para la barba, J en 1/'l oaJu para el bigote ligen). Para
tos brazot, empMue el r1.LJ .,OB.li:;, J&gt;US SER, t , rue .J,,.J,.J\ouueau, ¡&gt;art,.

Quedan rese"ados los derechos de propiedad artistica y literaria
JMP,

DI M ONTANII Y SLMÓ!f

1•

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46727">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46729">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46730">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46731">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46732">
              <text>492</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46733">
              <text> Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46734">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46750">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46728">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 492, Junio 1</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46735">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46736">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46737">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46738">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46739">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46740">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46741">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46742">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46743">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46744">
                <text>1891-06-01</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46745">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46746">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46747">
                <text>2011637</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46748">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46749">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46751">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46752">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46753">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7382">
        <name>Alegría</name>
      </tag>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="2485">
        <name>Cuento de amor</name>
      </tag>
      <tag tagId="7383">
        <name>El cementerio de Génova</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7384">
        <name>La cascada de Niágara y la electricidad</name>
      </tag>
      <tag tagId="7381">
        <name>Neomísticos</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1774" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="652">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1774/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._493._Junio._0002011643.ocr.pdf</src>
        <authentication>3f7cabb195d0d0fbe5a107134af003dc</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73945">
                    <text>aitrt&amp;C10t)

Ftí~t1ea
ANO X

BARCELONA 8 DE JUNIO DE 1891

NÚM. 493

R E GALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLI OTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

DESCANSO, copia de una pintura de Fortuny

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

354

NúMERO

493

que por doquier ostenta en ceremonias iguales nues- ma romántico, era éste, ó una escuela, como quetro reino de Valencia. Un cura lleva la custodia en ráis; otro sistema, el sistema realista, ó escuela, es
Texto. -Murmuraciones mropeas, por Emilio Castelar. -La Elda, un solo cura, de brocados relativamente mo- Zola. Toda colectividad, la familia, la nación, la esExposición general de Bellas Artes. Salón de /1011or, por J. destos revestido y so un humilde palio. Pero hay pecie, consiguen su perennidad por medio de un insYxart. -Deslwnorpordes/wnor, por Ricardo Revenga . - SEC· tanta devoción en el público arrodillado, tanto con- tinto de conservación tal, que se resisten y se niegan
CIÓN AMERICANA: Ropa apolillada, l. Una partida de pali- cierto en las voces del clero, que parece la procesión á las innovaciones, en todo tiempo individuales y
troq11es. JI. los que están á la mira, por Ricardo Palma. personalísimas. El académico puede admirar á VícN11estrosgrabados. -Cuento de amor, (conclusión), por Pablo una Iglesia espiritual ambulante. Hace ahora diez ó
tor Rugo y á Zola; no así el resultado químico y or·
doce
años
presencié
yo
una
procesión
del
Corpus
en
Marguerite . Ilustraciones de Rochegrosse. -Bocetos. Una
diablura, por Juan 0. Neille. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Las Toledo. Varias colgaduras fijaron mi atención y nin- gánico y viviente, por todos los académicos juntos
J1ormigas, por Staby.-Libros enviados á esta Redacción por guna otra cosa, fuera de las maravillosfsimas que no en sus corporaciones respectivas compuesto, no así;
autores ó ditores.
tienen rival por su hermosura y antigüedad. Mas el antes bien habrá de propender á la conservación, y
por ende á la resistencia. Sin embargo, fervoroso ad·
Grabados.- Descanso, copia de una pintura de Fortuny. espiritualismo exhalado de una procesión valenciana
- En el puerto, cuadro de Eliseo Meifrén (Salón Parés),- por ninguna parte aparecía. El paje que llevaba la mirador yo de Víctor Rugo, en quién veo la mayor
En el campo, cuadro de Eliseo Meifrén 1Salón Parés). -La cola del purpurado hábito cardenalicio, un subdiá- virtualidad lírica posible, no puedo confundir su ten·
santera, acuarela de D. Joaquín Sorolla ( Exposición de acua- cono joven y robusto, habíasela ceñido á la cintura, dencia con la tendencia de Zola, muy repulsiva para
relas y pasteles celebrada por el Círculo de Bellas Artes de
mí, no obstante reconocer y proclamar el viril talenMadrid en 1890). - La vuelta de la pesca, estatua en yeso de no sé por qué, y soñoliento al calor del día, triplicado
D. Dionisia Pastor Valsero (Exposición Nacional de Bellas por lo numeroso del concurso, dormfase de pie, y to y el estilo genial de este su ilustre mantenedor.
Artes de 1890). -La estudiantina espaitola de Valparalso (de atrás se iba cayendo hasta que un tirón del carde- A juicio y sentir míos, representaba Víctor Rugo la
una fotografía remitida por D. Franc:sco Griñó), - Lajuven- nal Moreno le despertaba del sopor y le impelía en juventud y Zola representa la vejez del siglo. Entiéntud de Sansón, cuadro de Bonnat 1Salón de París de 189 !). su carrera. Comparad esto con las enramadas oloro- dase el mérito de éste como se quiera, la corporaFig. 1. Oecodoma cephalotes. - Fig. 2. Sección de seis facetas
de un ojo de insecto. - Fig. 3. Representación esquemática sas de flores, con los arcos de adelfas, con las colum- ción literaria no tenía otro remedio en sus antecede la absorción de los rayos lumínicos laterales en la visión natas de tarajes y cañas, con las guirnaldas de mir- dentes que rechazar la innovación y castigar al innopor mosai'.:o, - Fig. 4. Extremo de una antena de hormiga. tos y azahares, con los retablos erigidos en cada es- vador contemporáneo, como resistió y castigó mu- Fig. 5. Polyergm rztfoscens. - Fig. 6. Formica ru.fa y Stt·
chas veces al otro innovador, aunque le llamaba un
namma Westwoodii. - Fig. 7. Escarabajo claviforme. - Es- quina, con las lluvias de rosas, con los coros de votudio del pi11tor Eduardo Unger. (Véase el articulo publica· ces angélicas, con las innumerables velas llevadas académico, tan conspicuo como Chateaubriand, niño
do en el núm. 487.)
por los fieles, con los gallardetes parecidos á iris pen- sublime. Pero puesta la corporación en el trance de
dientes de tejados y azoteas, con las iluminaciones optar entre un autor eximio como Zola, por cumplir
fantásticas, con las florestas improvisadas, y decidme su obligación de resistir á innovaciones peligrosas, y
si tenéi.s ó no motivo, recordando tales festividades sus competidores, no debió preferirle otro también
MURMURACIONES EUROPEAS
religiosas del pueblo, para doleros y añoraros de no modemísimo comó Loti, de cualidades brillantes,
pero de una exterioridad tan amplia, que poco resta
POR DON EMILIO CASTELAR
vivir en pleno Mediodía.
bajo su extensa superficie, y de un resplandor tan
La última quincena de mayo. - Fiesta de Pentecostés en la cametálico,
que parecen sus ohras lacas y cerámica ja11
tedral de Toledo. - Procesiones de Corpus. - Recuerdos me•
ponesa.
León
Say hame dicho que, no queriendo
ridionales. - Muerte de un poeta provenzal. - Fuentes de sus
inspiraciones poéticas. - Las academias de Francia y EspaBien es verdad que somos los meridionales únicos votar á Zola por su personal sistema, ni á Loti por
ña. - La elección de Loti en aquélla. - Discursos de Menén- en esto de amar nuestra tierra. No podemos vivir en su temperamento literario casi exótico, votó á un se·
dez Pelayo y Pida! en la Academia de Ciencias morales y po•
regiones desde las cuales el Mediterráneo se pierde ñor Fabre, muy ducho en esto de pintar las costumlíticas. - Discursos de l&lt;'abié y Castro Serrano en la Acade•
á
la vista, pues lejos de aquellas encantadas costas, bres eclesiásticas francesas en cuadros verdaderos y
mia Española.-Juicio sobre Tomás RodríguezRul,i y sobre
parecemos huídos y desterrados del cielo. En uno vivos, de suyo semejantes á los viejos cuadros flaEulogio Florentino Sanz. - Conclusión.
de sus últimos números contaba el f ournal des De- mencos por su tono suavísimo, por su carácter pro·
I
bals lo que á mí en persona me aconteciera con un saico, por su candor ingenuo, por su sencillez casi
entusiasta felibre, de los muchos, más ó menos au- primitiva, por su aroma campestre, por su mezcla de
Quincena de festividades religiosas fué la última ténticos, diseminados por Francia. &lt;¡¡Cuán felices, me crítica grave y sesuda con su fe viva y ortodoxa.
quincena de mayo florido. Empieza por San Isidro, decía, son ustedes en España, donde no hay Norte!» Pero venció á todos el marino literato conocido con
fiesta fija; y obedeciendo á las particulares circuns- Ahora, en estos días, ha muerto curioso ejemplar de el seudónimo de Loti.
tancias del año, en este mes han venido la Pascua tal clase, un poeta popularísimo como Roumilli. Este
IV
de Pentecostés y la fiesta del Corpus. Cerrado el ci- hombre se alimentaba de la miel corriente por los
clo de conmemoraciones que á nuestra redención troncos en las provenzales patrias hayas. El chirrido
Dos interesantes sesiones hemos tenido nosotros
la Iglesia consagra con el hecho más demostrativo monótono de las cigarras le arrobaba como el violín
de la divinidad del Salvador, con su ascensión al cie- al hipnóstico. Sus versos repetían el zumbido de las en las dos sendas Academias de Ciencias Morales y
lo, el Apostolado, ya constituido, hubo menester de abejas, y á la obra de las abejas parecíanse, no sólo de Lengua Española. Celebraba la una el acto de relas asistencias del Espíritu Santo para predicar la en los dulcísimos zumos que guardaban como las cibirá Menéndez Pelayo y celebraba la otra el acto de
nueva feliz al mundo; y el Espíritu Santo descendió colmenas, en la cera que podían consagrar por su recibir al ministro Fabié. No puede ya dudarse. ~eal cenáculo, encendiendo con el soplo creador suyo religiosidad á cirios y velas de las iglesias. Así había néndez Pelayo queda inscrito por consentimiento
ideas en el alma de los apóstoles, y prestándoles aque- levantado su hogar en aquel Avignón, que disputó á universal en las paredes sacras del templo inmenso
lla revelación casi espiritual de estas ideas, llamada Roma la supremacía y capitalidad religiosa en largo levantado á la gloria nacional por tantos nombres
el don de la palabra. Si con las substancias etéreas, período de la Edad media; sobre un terreno consa- ilustres como brillan en los espléndidos anales de
con las atracciones y gravedad mecánicas, con las grado por la memoria de nuestro Papa Luna, tan pro- nuestras letras patrias. Erudito sin pesadez, profundo
afinidades varias químicas hase formado el mundo venzal por su estro, como aragonés por su firmeza; no sin obscuridad, ameno sin chocarrerías, vario sin dique se denomina orgánico; hase formado con el Ver- lejos de la fuente inmortalizada en los sonetos. melo- vagaciones, uno sin uniformidad, crítico sin malhubo y sus condensaciones, amén de con el Espíritu y diosos cantados á Laura por el amor de Petrarca. mor, universal sin degenerar en cosmopolita, patriosu revelación, este otro mundo que llamamos ideal. Nadie sabía como él describir una de las procesiones ta sin patriotería, religioso y razonador al mismo
Así, al remedar el órgano los retumbos de la tempes- lemosinas que yo he querido invocar antes, para lo tiempo, sus vastas obras, llenas de múltiples ideas é
tad y entonar el coro en las vísperas ~¡ Veni Creator, cual valfase de imágenes tan atrevidas como decir ilustradas por curiosísimas noticias, permanecerán en
parece que se oyen los aleteos divinos del Espíritu que las campanas aviñonesas á vuelo bordaban con todos los tiempos y en todos los lugares como un
misterioso, consolador de la Humanidad, y que se sus sonidos encajes en las estrellas y que las calles verdadero monumento nacional. Su mérito sobresareciben los efluvios del soplo á cuya virtud se animó de Lyón debían llamarse puertas forradas de seda liente, aquel por cuya virtud convivirá al lado de
el Universo. Yo he pasado el Domingo de Pentecos- que dan hacia el Mediodía. Para comprender tod0 los hombres inmortales que brillan en la España del
tés en la catedral de Toledo. Imposible olvidar un esto se necesita seguramente haber vagado en cueros, siglo XIX y mantienen su renombre no interrumpido
día tal, en que bogáis por los espacios, más que ce- de niño, por las playas nuestras; haber dormido en allá por los templos de la Historia, está en haber
lestiales y sidéreos, del infinito espiritual. Dentro de la hora de sestear bajo la sombra de los cenicientos enlazado el movimiento científico español con el
la capilla mayor, entre las tumbas donde como en olivares; haberse alimentado de higos verdales que movimiento científico universal. Nosotros, los partilechos de mármol duerme lo que podríamos llamar rematan en una especie de flor, cuyo cáliz rebosa darios de la libertad psíquica en todas sus manifesel elemento mineral de nuestro ser; á la vista de los mieles; haber bebido en el remansillo de los torren- ciones, los que arrancamos á las censuras oficiales el
ángeles que aletean sobre las ojivas, como recibiendo tes casi secos que se deslizan bajo toldos de adelfas pensamiento, siervo un día bajo cien cadenas, comla esencia de lo que podríamos llamar el elemento siempre floridas; haberse curtido al soplo de las bri- batimos la política de los siglos xv1 y xvu con saña,
divino de nuestro ser, os imagináis encerrado en un sas mediterráneas, sobre las arenas de oro, ante las porque la guerra intelectual, como la guerra material,
inmenso relicario y circuído de todas las entidades reverberaciones áureas y argentadas, ya del sol en ni obedece á la justicia, ni siente piedad alguna, según
históricas y litúrgicas representadas por la escultura días ardientes, ya de la luna en tranquilas noches, les pasó también á los primeros cristianos, inju~tos
y por la pintura, igualmente redivivas, al milagro de recibiendo por las venas con difusiones de almo éter al extremo de descubrir un simulacro del diablo en
la resurrección universal. Unid á esto la procesión y con efluvios de jazmines, rosas y azahares una divi- los marmóreos cuerpos de las helenas diosas que
hoy brillan por el Vaticano guarecidas tras su casta
del clero, envuelto en las pluviales capas carmesíes na embriaguez.
desnudez y acompañan como un harén artístico al
recamadas de áureas bordaduras y portador de reliPapa en 'aquella encumbrada soledad. As~ decimos
III
quias contenidas en joyas por Arfe ó por Cellini ciny declaramos que si en las cenizas frías de los ayer
celadas, y decidme si en parte alguna del mundo pueRoumilli perteneció á la Academia Española, pero encendidos braseros inquisitoriales hemos hallado
den reunirse con armonía mayor y consonancia más
estrecha el Arte y la Religión. Tras la Pentecostés no á la Academia Francesa. Y puesto que de Aca- tantas venas de incombustible oro, cuántas no se
viene la fiesta del Corpus, más profunda y no menos demias hablamos, precisa decir cuánto interesa la hallaran, en cuál abundancia, de gozar el ingenio
bella en la lglesia primada de nuestra nación. Brilla general atención lo sucedido esta quincena en sus hispano la relativa libertad existente, así en Holanda
la resplandeciente custodia fabricada con oro purí- senos aquende y allende. La nacional Academia Fran- como en Alemania, Francia é Inglatera, de antiguo.
simo recién venido del Nuevo Mundo, y ondean las cesa, tan zaherida de todos los literatos y tan desea- Mas esta defensa de nuestro sentido en manera ninbanderas de Lepanto al lado de los tisúes argénteos da por todos, hase visto con una trascendental elec- guna puede obstar al reconocimient9 por nosotros
que cubrían las tiendas de los Reyes Cati&gt;licos en el ción embargadísima meses y meses. Presentábase de que Menéndez Pelayo jamás diera el trabajo herReal de Granada, quizás los primeros objetos arqueo- camo candidato al trono académic0 Zola; y su admi- cúleo de la reconstrucción histórica, sino bajo un
lógicos de nuestra patria; pero todo esto dentro de sión topaba con dificultades iguales á las encontradas sentido, contrario al nuestro en todo. Felicitémonos,
la Iglesia: en la procesión falta el orden y la poesía, por Víctor Rugo en su tiempo. Un sistema, el siste- holgándonos con tenerlo en este nuestro tiempo
SUMARIO

NúMERO

493

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

como un insigne continuador de las inextinguibles
glorias naóonales. El, poco á poco, por una transformación lenta é interior,
va dejando las antiguas
escuelas y viniendo á las
nuestras, como lo patentiza
el plañido con que su ilustre amigo Alejandro Pida!,
en el discurso de contestación al suyo, le despide
lloroso y le reconviene severo, echándole, muy elocuentemente por cierto, en
cara que ha dejado la tradición seca escolástica por
las ideas lucientes como
estrellas espirituales y por
los dioses redivivos como
genios helénicos en el neoalejandrino sincretismo de
un culto sin límites á las
Humanidades y al Renacimiento.
V

Interesante la recepción
del Sr. Fabié. Siguiendo la
costumbre francesa, nuestro sabio ministro escogió
por tema de su discurso la
vida y obras del académico
á quien reemplazaba en
uno de los treinta y seis sillones fundamentales. Era
este académico Tomás Rodríguez Rubí, personalidad
superior, más fecunda y
varia que acabada y perfecta. De copiosa inventiva, la vena propia no se
concluía jamás en él. Comedias de costumbres, dramas de pasión, poemas como Jsabel la Católica, puestos por su genio en escena,
diálogos andaluces, cuentos morales, sainetes, alguna que otra creación trágica más que por el corte
por el carácter, copias de
la vida real y de tipos reales: he aquí el campo inmenso en que Rubí pusiera todo su empeño y todo
su trabajo. Durante algún
tiempo cultivó con fortuna
la dramática histórica, de
menos vuelo, pero de ma-

EN EL PUERTO, cuadro de Eliseo Meifrén. (Salón Parés.)

EN EL CAMPO, cuadro de Eliseo Meifrén. (Salón Parés,)

355
yor verdad que las obras de
igual género en el arte romántico. Es un brillante
poeta de transición desde
Hartzenbusch y García
Gutiérrez, tan maestros, á
Tamayo y Ayala, no menos maestros en su Hombre de Estado y en su Drama nuevo que los dos genios á quienes debemos el
Trovador y Los amantes.
Pero con su inventiva, con
su variedad, con su maestría, faltábale á Rubí aquello que da el primer lauro
á los genios literarios, lengua pur~ y estilo perfecto.
Mas, aunque adolecía el
aµtor de ambos defectos,
al hombre no le conocí
ninguno. Caballeresco,
leal, honrado, consecuente, digno hasta ser puntilloso, franco y caritativo, su
ausencia perdurable nos ha
herido en el corazón, y su
falta en el cenáculo académico nos apena y entristece á todos sus compañeros
igualmeine. Inútil decir cómo nos habremos asociado
á los elogios que Fabié le
ha dirigido. Respondió á
este nuestro compañero el
ingenioso y amenfsimo
Castro y Serrano, en quien
rebosa la sal ática, usada
con una sobriedad y un
gusto excelentísimos. Como indujo el cansancio temible de un tema solo para dos discursos, convirtió
al auditorio á la contemplación de otro dramático
ilustre, menos fecundo y
creador, pero más acabado
y más maestro que Rodríguez Rubí. Si los extremos
se tocan, debían parecerse
los dos; porque representaba éste, rico en obras aplaudidas y múltiples, el trabajo; mientras que su compañero y émulo representaba
la pereza. Florentino, como
le llamábamos sus amigos,
de complexión casi neurótica, soltaba los nervios á
todas las impresiones, pero no la inspiración á to-

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

493

ceden los cuadros bíblicos: SansbnjDalila, Et Hijo
prbdigo y una escena del Diluvio, aunque ésta trae una
fecha bastante posterior y probablemente estará inspirada, aunque no se le parezca, en la del francés
Girodet que reprodujo hasta la saciedad el grabado. De aquella época son también algunos bodegones, y no ciertas escenas de costumbres, ni un cuadro de historia moderna, precioso por sus datos de
indumentaria, pero de tal género que su filiación es
imprecisable. Todos ellos, con sus aguas verdinegras
y biliosas, sus azules chillones, sus cielos anaranjados, requemados y siniestros, atestiguan, con las alteraciones de su color, su larga fecha; con' sus asuntos, los gustos de aquel tiempo; con sus luces singulares, cómo se pintaron y compusieron. Todos, lejos
de surgir en plena luz, la reciben del exterior, como
escenas teatrales que alumbran macilentas candilejas.
Los primeros plano5, los rostros y carnaciones, las
manos salientes de las figuras, resaltan, directamente
iluminadas, sobre un fondo obscuro, bituminoso y
denso, donde no penetra un átomo de claridad aunque la escena se suponga al aire libre. Parecen des tinados á los fríos salones de la empelucada aristocracia que se extinguía, ó á llenarse de polvo en los
claustros de los conventos, bajo la sombra medrosa
de sus bóvedas ya cuarteadas. Aquella pintura no
cuenta apenas con otros protectores y desaparece tras
ellos.
La segunda generación la alcanza y vence: Espalter, Clavé, Cerdá, Lorenzale, Vicens ... Es la que promovió el romanticismo entre nosotros: estudió en
Roma, viajó por Italia, visitó á París: trajo á España,
(Madrid y Barcelona), la idea nueva que debía derribará los discípulos de David, como Madrazo (D. José) y Ribera, mucho después, eso sí, de que en Fran •
cia sustituyera al maestro, el joven Delacroix; aquí,
sobre todo en aquella época, llegan tales novedades
con lustros enteros de retraso. Espalter, discípulo de
Grós, es elogiado en la primera ilustración Et Semanario pintoresco espa,1ol (1844), colabora en el primer periódico de Bellas Artes Et Renacimiento( 1847); pintor
al temple, decoró el Teatro Espaiiot de Madrid (1849),
el paraninfo de la Universidad central(1859), el panteón de los duques de Castro-Enríquez (1881 ). Clavé,
fundador de ,la Academia de Méjico, toma por asunto para sus cuadros la historia patria: Isabel la Catbtica, Juana la loca, etc.: los temas obligados del 40
y siguientes. Lorenzale nos trae la escuela purista de
Overbeck: Cerdá estudia y copia á los clásicos españoles Velázquez y Murillo. Abierta Espa~a á la influencia extranjera, reivindica, sin embargo, su personalidad histórica, su individualidad genuina~ vueltos los ojos á su interrumpida tradición. Pocos son,
no obstante, los cuadros que puedan atribuirse plenamente á tal época de férvido entusiasmo en la exposición retrospectiva. Los de Clavé, Elias y el ángel,
El Samaritano, son aún de los tiempos de su pensión en Roma (1837-39), y continúan una tradición
anterior, cuyos asuntos se perpetúan en la academia
hasta nuestros días. Espalter está representado tan
sólo por dos retratos de escaso valor. Vicens, por El
Cid; Lorenzale, por el Dante, la Danza, una Concepcifm, y· Roca por sus grabados en acero, retratos
de Luis Felipe, el general Espartero, la Reina Isabel, el cronista Pi y Arimón.
'
Tras estos artistas, convertidos á su vez en profesores, llega la tercera generación cuyos días de triunfo y apoteosis hemos alcanzado todavía. Sans, Plá,
Fortuny, Padró, Escobedo, Gómez - unos más jóvenes como este último, otros más viejos como el Director del Museo del Prado - abren y cierran el peLA SANTERA, acuarela de D. Joaquín Sorolla
ríodo más próximo á los artistas coetáneos. Los apun(Exposición de acuarelas y pasteles celebrada por el Circulo de Bellas Artes de Madrid en 1890)
tes del natural de Fortuny, sus academias palpitantes,
sus luminosas aguadas; la copiosa colección de cuaden y desorden, los dos ,fueron admi.rables. Felicite- Otras - los lienzos y acuarelas de Fortuny- no co- dros de Gómez; las ilustraciones y,figurines del teamos á Fabié y á Castro por haberlos tan sentidamente rresponden á los días de su mayor plenitud y fuerza; tro catalán, de Padró; las escenas de costumbres caadmirado. La entrañable admiración es el homenaje no dan la verdadera medida de todo su valer. Tam- talanas, de Escobedo, provocan ya los múltiples repoco denuncian otras lo más típico de la época de cuerdos del movimiento contemporáneo, y de aquel
que más agrada en verdad al genio.
sus autores: son obras extemporáneas en que el pin- cambio radical que limpia la paleta de negruzcos betutor, casi al final de su vida, intentó mudar su mane- nes, y arroja raudales de luz y vibrantes notas sobre
ra: último y supremo esfuerzo de todos, antes de re· la tela, pronta á recibir las impresiones vivaces y franLA EXPOSICION GENERAL
tirarse para siempre.
cas que recibe el artista con sólo volver los ojos á la
DE BEL LAS ARTES
Con ser así, tres generaciones están bien ó mal re- realidad que le rodea. Con nu~vo aliento, con nueva
presentadas en el salón. Las tres resumen la historia fiebre creadora, el artista acude á la vez al lápiz, á la
Vl
del arte, desde la segunda y tercera década de nues- pluma, á la aguada, para fijar sus más fugaces imtro siglo hasta una época muy próxima.
presiones. Desciende de los altos andamios, se rehuSALÓN DE HONOR
Representa la primera Rodes, discípulo de López sa á la historia para subvenir con más copiosas y
Obras de artistas catalanes fallecidos
y de Camarón, con sus retratos al pastel y sus minia- deleitables obras á las necesidades de una sociedad
turas primorosas; dos géneros del siglo pasado, de burguesa que requiere una pintura-mueble, pequeña,
La impresión que produce la sala de honor, des- los cuales revive µno tras prolongado eclipse. Tiene portátil, que desde entonces nos está invadiendo por
pués de haber recorrido las de pintura contemporá· á su lado á sus contemporáneos Planella, Batlle, Fe- todos lados.
nea, es verdaderamente singular. Colores, dibujo, rrán, Arrau, alumnos de la Escuela de nuestra Junta
Tales son los tres períodos representados bien ó
figuras, asunto, hasta los marcos y dimensiones de de comercio, la representante aquí de aquel renaci- mal en la reducida sala de honor.
los lienzos, todo cambió. Remontamos el curso de la miento de cultura que patrocinaron los Barbones, en
Si hubiéramos de juzgar los dos primeros única y
pintura barcelonesa en el presente siglo; tenemos á el siglo que ha llamado un escritor «el más acadé- exclusivamente por aquellas obras, la enseñanza que
la vista páginas sueltas de su historia: alguna nota mico de todos.» De aquella primera enseñanza pro· de ellas sacaríamos sería, por cierto, bien singular.

dos los vientos. Castigaba y pulía mucho sus obras;
y así acababa por invenir en su imaginación y expresar en sus versos lo perfecto. Recuérdese aquel su
maravilloso Quevedo. Como Rubí demuestra cuánto
precisa poner sumo estudio en el estilo, demuestra
Sanz cuánto precisa poner en la vida orden completo. De todas suertes, con estilo y sin estilo, con or-

saliente de aquella serie de progresivos esfuerzos que
intenté resumir en mi primer artículo. Bien es verdad que el álbum no está completo ni ordenado. Sus
hojas, como arráncadas al azar, no guardan la sucesión que debieran en una exposición retrospectiva.
Algunas - los cuadros de Ferrán - son harto inferiores para figurar allí, aun con relación á su tiempo.

•

• •

/111 p. de

DOS MANOLAS. - CUADRO DE GUZMÁN

¡IJ ontaner

y Sim6n

�NúMERO

,·

\

493

LA ILUSTRACIÓN Al{TISTICA

357

Arrumbando las teorías,·á las cuales casi nunca corres
ponde la ejecución pictórica, si olvidamos la intención literaria que las inspiró y nos fijamos sólo
en los progresos realizados en la luz, en el colorido
en el dibujo, en la luz sobre todo, apenas distinguimo~
allí diferencia notable entre dos escuelas tan opuestas y q~e tan vivas batallas riñeron:, como la pseudo-clásica y la romántica. El hecho es frecuente y
común en la historia de las artes: en presencia de las
obras ya realizadas ocurre siempre lo mismo. Dis- tudiante. Gómez es el
putan los teóricos, riñen los artistas; se forman los pintor más espaíiol de
bandos, se arma la pelea puramente ideológica, crece todos los artistas catael polvo y atruenan el aire las declamaciones. Pero Janes, si por español se
pasa el tiempo, y una vez prolongadas las distancias, entiende de la vieja esya nadie es capaz de averiguar ni por qué reñían los cuela del naturalismo
autores, ni qué les dividió con tanto encono. Ya no del siglo de oro. No sé
se sabe. La distancia y el tiempo borraron impercep- imaginarle sino con el
tibies matices que eran paraloscontemporáneos líneas chambergo, la golilla y
divisorias infranqueables de su campo de batalla: la capa, cuando pinta
todos duermen en paz: sus obras parecen de una aquellos trozos robus misma escuela; y se ve, por fin, que en el fondo todos tos y de casta, sus viecreían lo mismo, ó mejor, todos hacían lo mismo. jos de rostro avinado y
Esta sucesión de hechos opuestos, que se aproximan traje pardo, sus moreconforme se retira el especta dor, recuerda la gráfica . nas, pandereta en may feliz comparación de la columnata. Observadla de no, destacando por obscerca y de frente: ¡qué separación entre columna y curo, con falda de suacolumna! Colocaos á distancia, miradla de lado: ¡cómo ve seda de colores torse tocan y confunden! En el salón de honor, repito, nasolados y alegres. A
las columnas que se acercan son las más lejanas: los su lado Sans, menos gecuadros bíblicos de unos y los cuadros históricos de nial, más tardo en conlos sucesores. Ni en el color ni en el dibujo ni en la ex- cebir y ejecutar, despresión es visible el adelanto. Tampoco la fecha cons- dende de nivel con su
tituye por sí sola signo alguno de progreso. En reali- Fortuna, decoración ya
dad, de aquellas dos generaciones de pintores y de sus anticuada, de la cual se
obras exhibidas. sólo quedan hoy los retratos vigoro- proponía mudar la figusos y vivos de Rodes, de una construcción tan sólida, ra desnuda, según nos
hija de la enseñanza concienzuda y lenta, último vesti- advierte el catálogo; se
.gio de la clásica del siglo pasado, y los retratos no sostiene tan sólo en almenos animados y exceleqtes de Clavé y su Samari- guno de sus cuadros petano de fecha del 39. Bien observado todo, este es queños: Casa de labranel único lienzo digno de un buen artista entre sus con- za en los alrededores de
temporáneos. Clavé, más afortunado que éstos, ó qui- Barcelona. Escobedo
zás porque les aventaió, es el único que resurge entre introduce aún en una
ellos con aquel estudio de desnudo, verdaderamente composición de labranotable. y aquella composición sentida, hermoso frag- dores algo de un melamento de museo entre tantas obras presuntuosas.
drama del Romea.
Sólo cuando se llega á los cuadros del 60 para acá ¡Qué traje tan distinto
se advierte verdaderamente un cambio radical en la el de los rústicos de
pintura: el color se abrillanta y aviva, el dibujo ad- ahora! ¡ Cómo recuerquiere movimiento y expresión desconocidos hasta dan sus calzones azuentonces, la luz inunda el cuadro de dentro afuera, les, sus polainas, su go_le hinche, se matiza, pasa por todas sus gradaciones. rro colorado, los de las
Pero aun al llegar aquí, ¡cómo empiezan también á viñetas de los peri6dicausarnos dolorosas sorpresas nuestros ídolos de cos catalanistas! El traayer! ¿Serán como la tercera columna que con la le- je típico se conserva
janía va acortando la distancia? ¿Será que-el tiempo todavía en aquel cuaen su obra destructora altera los colores modernos dro del 66. Y por fin,
con mayor rapidez, y así 'va á cubrir también con tin- no lejos de allí, algo
tas amarillentas y negra patina las frescas pincela- más abajo, hay una
das de un Fortuny. sus aguadas transparentes? Su aguada del escenógrafo
célebre Batalla de Tetuán, objeto de un verdadero Plá, copia del nat~ral
engouement á la muerte del pintor, aparece confusa exacta, detallada, bien
en sus más notables fragmentos, empalidecida, tro- iluminada: el realismo
cada para nuestros ojos. Cierto que el insigne artista introduciéndose en la
se resistió siempre á darla otro valor que el de una escenografía.
.
mala y forzada tentativa juvenil. Su mismo Confino
F~era de est?, la 1mparece hoy de tintas pesadas; su Odalisca adquirió presión de conJunt~ de
LA VUELTA DE LA !'ESCA, estatua en yeso de D. Dionisio Pastor Valsero
el tono rojizo del barro cocido. Una sola nota, Las aquella sala _es tnste,
(Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890)
lavanderas centellea en un rincón, vibrante, con toda como toda OJeada rela frescura'. la vivacidad, el audaz desenfado de ar¡uel trospecti va. Las mugenio colorista. Junto á él sólo conservan también danzas que experimenta el col~r ~n aquellos cuasus calientes pinceladas, grandes y jugosas, los cua- dros nos sobrecogen con el sent1m1ento de lo que fano, por ejemplo, para convencerse de que son las
dros de Gómez. sus armonías y finuras de color, la acaecerá con el tiempo á los de las salas próximas. mismas que sugeriría un cuadro de ahora, sin mudar
Poncelleta, su Músico, el más contemporáneo de toda Pero otra consideración se nos impone. Hay que leer una tilde: la naturaleza, la verdad del colorido, etc., esaquella exposición muerta, s4 valiente aguada, un Es- las críticas añejas de aquellos cuadros, la del Samari- maltan las líneas, Y sin embargo, ¡quién las aplicaría
ahora á aquel lienzo! ¿Serán estos conceptos tan re-

e
o

ó

fn
J-

ó
lr

)S

'ª

a;
h,

m
li:le
i-

¡
a.

e-

sa
ré
fAl
re-

,m-

pe-

�•
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lativos que dependan del grado de observación, y del
hábito de nuestros ojos? Mascullando estas dudas, y
á buen paso, salgo á contemplar en la sala inmediata
los lienzos de hoy, con el color aún fresco y luciente, recién salido del tubo. ¿Qué cambios les aguardan y cómo serán tildados dentro de cincuenta años?

ner mu y mal gusto, porque la verdad es que el muerto no tenía nada de bonito. ¡Pobre Fernández! ¡Pero
qué feo, qué refeo era! ¡Qué cara aquella tan triste!
¡Qué cuerpecillo tan enclenque y raquítico, y qué color, color de cera sucia. La naturaleza le hizo feo, y
para compensarle de su fealdad, le negó toda clase
de gracias y todo género de atractivos. Aún recuerdo
J. YxART
el primer día en que le vi; ¡qué efecto me causaron
31 mayo
sus patitas tan torcidas y tan flacas! Cuando se ponía
en pie parecía que iba á romperse. Su físico no podía
ser más repulsivo, sobre todo por aquel cutis tan basDESHONOR POR DESHONOR
to y tan grasiento, y por aquel pelo y aquella barba
de un color negro tan sucio. Parece que le estoy viendo en el hospital. ¡Pobrecillo! La enfermedad no haI
bía logrado desfigurarle. A quien más quería en el
En una habitación de una fonda situada en la regimiento era á mí, y por eso me llamó para hacerPuerta del Sol de Madrid, hallábase Federico Pul- me albacea de su testamento de amor. Estaba ya
gárez, marqués de Paleso y capitán de caballería.
muy malo, casi no podía hablar, quiso incorporarse,
Veintisiete años tenía el capitán Pulgárez, como le pero no pudo.
- Capitán, me dijo, enseñándome aquellos dientes
llamaban en su regimiento, que se hallaba de guarque no eran negros ni amarillentos ni verduscos,
nición en A1calá, cuando comienza esta historieta.
Era el capitán lo que las mujeres llaman un buen pero que de todo tenían menos de blanco, usted samozo.
·
be que le quiero y yo sé que usted me tiene algún
Extraño era ver en su cara señal alguna de triste- afecto.
- Más que afecto, le respondí, sé lo que usted vaza, y á la verdad que no es muy difícil estar alegre y
risueño siempre, cuando se cuentan veintisiete años, le y le quiero y...
- Gracias, me interrumpió, con aquella vocecita
se posee una fortuna de ocho ó nueve millones, una
hermosa presencia, una lengua expedita para enamo- que me recordaba el zumbido de un mosquito; no
rar, una carrera militar brillante, y para que nada fal- me be equivocado y estoy seguro de que cumplirá
te, un título nobiliario que, si no para otra cosa, sirve usted mi encargo.
- Lo prometo, dije, pida usted lo que quiera.
al menos para halagar la vanidad.
- Es muy fácil lo que voy á pedirle. En Madrid
Dos horas hacía que Pulgárez había llegado á Madrid y se había alojado en la fonda de ... supongamos vive una mujer á quien quizá interese saber la notique se alojó en la Peninsular, y si ésta no es del agra- cia de mi muerte.
- No piense usted en eso, hombre; la muerte está
do del que leyere, traslade al bueno del capitán á la
que su antojo le dicte, que yo sé que se dejará llevar lejos, le quedan á usted muchos años de vivir.
- De vivir bajo tres palmos de tierra, muchos;
sin protesta, y aun dará las gracias si sale ganando en
pero no se trata de eso. Si he de hacer más guardias,
el cambio.
Desde el momento de su llegada á la fonda, ocu- ya lo veremos; pero como temo mucho no verlo,
pábase D. Federico en hacer una minuciosa toilette, quiero, ó por mejor decir, debo dar á usted un encomo él decía, ó un minucioso tocado, como debería cargo. Cuando yo muera, vaya usted á Madrid; en
la calle de la Farmacia, número 103, vive Eugenia
decir.
Mientras se vestía su unifGrme de lanceros, renegó Anterano, profesora de música: dígale usted que he
varias veces, dijo entre dientes palabras que nadie hecho todo lo posible, pero que no ha podido ser,
oyó y que por lo tanto no han pasado á la historia, y que se acuerde alguna vez de mí y que me perdone.
- Dése usted por perdonado, dije yo; usted no
de haber pasado, librárase el cronista de estamparlas
en el papel; y cuando al fin se vió vestido, miróse al ha podido inferir ofensa á nadie.
- ¡Quién sabe, capitán! ¿Cumplirá usted mi enespejo y dijo: «¡Ea! El último golpe de belleza.» Se retorció las guías del bigote, se atusó con un cepillito de cargo?
-Lo juro.
marfil su barba, y colocándose muy echada á los ojos
- Gracias, dijo, y me tendió su mano calenturienla leopoldina, salió del cuarto y bajó las escaleras, con
tal taconeo, sonar de e:;;puelas y tanta arrogancia y ta y sudorosa, y tan escualida, que al estrecharla me
marcialidad, que cualquiera al verle hubiera adivinado pareció que apretaba un manojo de espárragos trisu pensamiento, que era este: ((El mundo es pequeño gueros, sacados del fuego en el momento en que va
á empezar á hervir el agua en que están metidos.
para mí.»
»Y nada más me dijo el desdichado Fernández y
Llegó á la puerta de la calle, se detuvo y quedóse
dos horas después murió. Y yo tres días hace que he
pensativo por un momei:ito.
.
Metióse la mano en el bolsillo de su pantalón, y podido cumplir su última voluntad y no la he cumsacó de él un papel en el que leyó: «Eugenia Ante- plido. Soy un estúpido; pero dentro de dos horas
habré dejado de serlo, ó por lo menos hab'ré cumrano, Farmacia, 103, tercero izquierda.»
Al leer esto, se pintó en su cara un cierto disgus- plido el encargo del pobre Fernández. ¡Arriba, perezoso, que temes ver llorar á una mujer! ¡Arriba y á
to ó contrariedad.
«¡Vaya que es divertida la comisión, pensó; y he vestirnos! Dentro de dos horas ya sabrá la señorita
de hacerla! Como que únicamente á eso he venido á Eugenia que está viuda ... vamos al decir, y yo maMadrid y es además un deber de conciencia. La em- ñana á estas horas estaré en Alcalá y el pobre Ferbajada tiene un triste objeto y voy á pasar un mal nández en el cementerio, y quizá la que fué su novia
rato. Lágrimas, gritos, quizá algún desmayo ... ¿En- recuerde el refrán que dice: «A rey muerto, rey puescontraré ahora á la señorita Eugenia en su casa? Yo to,» y sustituya al alférez muertó con un alférez vivo.»
creo que no; luego á las siete iré.»
Dió el marqués por terminado este soliloquio, se
Temiendo lo enojoso de su comisión, retardó el echó fuera de la cama, y comenzó á vestirse. Desmarqués su cumplimiento.
pués; ... pero lo que pasó después merece capítulo
Cuando dieron las siete, hallábase en el casino de aparte.
la Peña.
II
Encontró allí á varios amigos, y charlando, charlando se olvidó del objeto de su venida á Madrid.
Dió el capitán un paseo por las calles de Madrid
Eran ya cerca de las ocho y decidió ir á comer á antes de decidirse á ir á la calle de la Farmacia.
Fornos, dejando para el siguiente día el cumplimiento Mientras paseaba iba pensando en la mejor manera
de dar la triste nueva.
de su comisión.
«¡Pobre muchacha!, pensaba, ¡cuán ajena estará
Pasó el día siguiente y el marqués no encontró momento oportuno de ir á visitar á Eugenia Anterano. de imaginar lo que la espera! ¿Cómo será? ¿Será guaAl tercero despertó Pulgárez cuando ya la gente pa? No sé, porque se me figura que debe ser así...
que trabaja lleva seis horas de fatiga, ha comido y se algo extravagante; una muchachilla pequeña, nerviodispone á trabajar de nuevo.
sa, morena pálida, muy viva, peinada de cierto moEl primer pensamiento del marqués al despertarse do que la dé un aire de artista, sencilla y algo varofué que aún no había visitado á Eugenia. «Hoy he nil en el vestir. Por fuerza ha de haber en ella algo
de ir, no hay más remedio, se dijo. El coronel no me raro: ¿cómo si no explicar que se enamorara de Fer·
ha concedido más que tres días de permiso y maña- nández? Será algo romántica, y esto dificultará micona he de estar en Alcalá. Me molesta mucho tener misión. Comenzaré diciéndola que voy á visitarla en
que hacer esa visita; pero, ¡qué diablo!, también me nombre de Fernández; se interesará mucho y me dipreocupa demasiado una tontería. ¿Tengo yo la culpa rigirá preguntas:
- ¿Va á venir pronto?
de que le haya dado á Fernández la mala ocurrencia
- No; por ahora no podrá venir.
de morirse? Desagradable es ir á notificar á una muchacha que se ha muerto su novio, pero también es
- ¿Acaso está enfermo?
- Sí; delicadillo se encuentra.
necedad que yo me preocupe por ello tanto. Presen- ¡Ay, Dios mío! ¡Hable usted! ¿Es grave su enciaré una escena triste, y se acabó ... ¿Será guapa la
novia de Fernández? Muy guapa no será ó ha de te- fermedad? Hable usted, ¡por la Virgen Santísima!

'•

NúMERO

493

- Está grave, pero no ...
- Dígame usted la verdad, toda la verdad.
- La verdad es que está bastante enfermo.
- ¿Qué tiene mi Rafael de mi alma?, gritará entonces con los ojos llenos de lágrimas y con voz ahogada por el dolor.
- No se sabe fijamente, pero los médicos temen
que sea tifus.
- ¡Tifus! Y es~ará en una casa de huéspedes, mal
cuidado ... Quiero cuidarle yo misma, y diga el mundo lo que quiera; es mi obligación.
»Al decir esto se levantará, disponiéndose á venir
conmigo á Alcalá, yo la detendré:
- Señorita, tranquilícese usted, Rafael está bien
atendido y cuidado, todos sus compañeros le hemos
asistido; y acentuaré el hemos para qqe...
- ¡Cuidado por hombres solos! Quiero, quiero 1r
á cuidarle yo.
- Repito á usted que...
- ¡Déjeme usted!, ¡déjeme usted!
- Pero si no necesita cuidados de nadie.
- ¡Cómo! ¿Qué dice usted?
- Que está muy bien ...
- No, no es eso lo que ha querido usted decir; mi
Rafael, mi Rafael ... ¿Calla usted?
» Yo inclinaré la cabeza, y comenzará entonces la
parte más desgarradora de la escena. Llorará en silencio si le quiso bien, y dando gritos si su a,mor
fué exaltado ó romántico; se calmará luego y querrá
saber los detalles. Nuevos gritos al oir que ha muerto en el hospital, y muchas lágrimas y grandes suspiros cuando yo la diga lo que Fernández µie encargó; repetiré sus mismas palabras: «Dígale usted
que se acuerde alguna vez de mí, que ya ve que no
pudo ser y que me perdone.» Esto dijo, bien lo recuerdo. Y ahora que caigo; no entiendo bien estas
frases: «ya ve que no pudo ser, y que me perdone.»
¿De qué ofensas pedirla perdón Fernández? ¿Si será
esto alguna historia extraña?»
Distraído con estos pensamientos y forjando en su
imaginación novelas que explicaran las palabras de
Fernández, llegó el marqués al número 103 de la
calle de la Farmacia. Preguntó en la portería si vivía
allí Doña Eugenia Anterano y si sabía que estaba en
casa. Dijéronle que sí y subió hasta el piso tercero,
con entresuelo, primero, principal y segundo.
Salió á abrirle una mujer como de unos 40 años,
á quien entregó su tarjeta, diciendo que deseaba ver
á la señorita Eugenia.
Pasó á una habitación muy pequeña y amueblada
muy modestamente.
Le rogó la criada que esperara un momento,- porque la señorita estaba acabando de dar una lección
de piano.
Mientras esperaba estuvo el marqués examinando
la habitación. Un sofá de reps verde y cuatro sillas
que presentaban señales de una edad muy respetable;
velillos de puntilla muy blancos en los respaldos; al
pie del sofá una alfombra de muchos colores, hecha.
de retazos; varios cromos en marcos de caña dorada,
de fabricación casera como los velillos, la alfombra y
los visillos del balcón; al lado de la puerta una mesa
de nogal y sobre ella unos jarrones con flores de trapo, una caja hecha con conchas y caracoles ,y una
urna que servía de easa á un San Antonio de Padua.
Examinó el marqués la imagen del santo y no pudo
menos de sonreirse. El escultor, llamémosle así, había hecho una herejía artística. El infeliz San Antonio tenía la cara tan lamida y tan blanquita, una boca tan grande, un cerquillo tan descomunal y en la
parte superior de la cabeza un plumerillo de eabellos
tan puntiagudo, que parecía habían adornado al
pobre santo con una peluca de clown. El Niño Dios,
sentado sobre la mano del santo y dándole la espalda hallábase colocado como sobre una banqueta. Estaba muy gordito y el color de sus carnes era tan
arrebatado, que parecía que llevaba un traje de malla de esos que llevan las volatineras callejeras. Todo
contribuía á que santo y niño recordaran á los· artistas acróbatas, y para que nada faltara, parecía que el
niño estuviera haciendo juegos malabares con la plateada bolita que representaba el mundo.
Tuvo Pulgárez que esperar un largo rato, oyendo
una vocecita que solfeaba fa, mi, sol, fa, mi, re.
Al fin se abrió la puerta y salieron corriendo tres
niñas que ni siquiera le vieron.
Entró la criada y le suplicó que pasara á la habitación de al lado.
Así lo hizó, y vió sentada en un taburete, colocado
frente á un magnífico piano Erard, á una joven que
supuso sería Eugenia Anterano.
- ¿Tengo el gusto de hablar con la señorita Eugenia?, preguntó el marqués.
- Tome usted asiento, caballero; yo soy la persona
á quien usted busca.
El capitán pudo contemplar á Eugenia y vió que

NúMERO

493

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

359

,.

LA ESTUDIANTINA ESPAilOLA DE VALPARAÍSO.

...

era muy distinta de como en su pensamiento quiso
imaginársela.
~ Era una mujer hermosísima y arrogante y con un
aire tan distinguido, que hubiera llamado la atención
en. los más aristocráticos salones; vestía con suma
sencillez, pero sencillez correctísima y elegante.
El marqués quedóse asombrado y pensó: «¡Vaya
una mujer! ¡Demonio y qué cosas sabía buscar Fernández! Es guapísima, guapísima. ¡Si hubiera alguna
más expresión en sus ojos! Tiene la belleza de una
estatua, pero también su frialdad »
- Caballero, usted dirá á qué debo el honor .. .
- Deploro, señorita que un motivo triste...
- ¿Triste?, interrumpió Eugenia con gran tranquilidad.
- Creo, dijo el marqués, que bastará que pronuncie un nombre para que comienee usted á explicarse
el motivo de mi visita. ¿Conoce usted al Sr. D. Rafael Fernández?
Ni la más ligera sombra de alteracióE se pintó
en el rostro austero de Eugenia, que contestó:
- Le conocí hace ya tiempo.
- Veo, continuó el marqués, que por dicha he encontrado en usted una señorita dotada de un carácter frío y nada curioso,
- ¿Lo cree usted así?, repuso Eugenia con cierto
tono de delicada ironía. Agradezco á usted el juicio
que de mí ha formado; pero prosiga usted, se lo suplico.
- Soy militar, capitán de caballería; en mi escuadrón sirvib el alférez Fernández. Recalcó la palabra
sirvib para comenzar la triste nueva.
- ¿Sirvió?, dijo Eugenia. ¿Ha sido destinado á otro
regimiento?
El .marqués sintió deseos de decir: «ha muerto,»
pues sin saber por qué le irritaba aquella frialdad,
fingida ó cierta. Se contuvo y con gran gravedad
continuó:
- Duéleme tener que anunciar á usted que Fernández está gravemente enfermo.
- Ha muerto.
- ¿Lo sabía usted ya?, exclamó el capitán, admirado ante aquella dura frialdad.

(De una fotografía remitida por D. Francisco Griñ6.)

- No, contestó la joven, lo presumí desde el momento en que pronunció usted su nombre, y sólo por
eso he soportado el insulto que me infiere una embajada como esta. Fernández se ha refugiado en la
impunidad del sepulcro.
Dicho esto, sonrió de un modo extraño, y clavó
sus ojos en los del capitán.
Este se encontró en una difícil situación, no sabía
qué decir ni qué hacer y se sentía molesto al verse
mirado de aquella manera. Después de unos momentos de silencio, dijo:
- Discúlpeme usted si no entiendo sus palabras.
No sé en qué consiste el insulto. Cumplo la última
voluntad de un muerto, y creo que merecía me hubiese usted recibido de otra manera, al menos por
mí, que no hubiera aceptado la responsabilidad de
un insulto inferido á una señora.
Eugenia escuchó imperturbable; no se movió ni
un solo músculo de su cara, y haciendo caso omiso
de la severa leGción que le había dado el marqués
dijo:
'
- Refiérame usted detalles.
- Murió del tifus hace seis dias. Poco antes de
~orir me llamó y me encargó viera á usted y le diJese: «que se acuerde usted alguna vez de él, que ya
ve usted que no pudo ser y que le perdonara.» Creo
haber cumplido mi comisión, y sólo me resta pedir
á usted me dispense si la he molestado.
-¿Molestarme? No. Pero hágame usted el favor
de. volverá sentarse; la conferencia no ha terminado
Usted á lo que parece era el amigo, el confidented¡
Fernández.
-No, contestó el marqués. Creo haber dicho á
usted que le conocí en el servicio: fué primero sargento, y cuando ascendió á alferez vino á servir á mi
escuadrón. Le tuve en gran estimación porque era
un buen oficial.
- ¡Ah!, dijo Eugenia con una sonrisa burlona. Perdone usted si creí... Comprendo toda la diferencia
que exist~a. entre ustedes;_ ~as como vino á cumplir
una com1Sión que perm1tla suponer cierta intimidad...
Pronunció estas frases con tanta altanería y con

un desdén tan irritante, que el capitán sintió que se
le despertaba la cólera y necesitó un gran esfuerzo
para contenerse.
- Supuse, continuó Eugenia, que si se había usted encargado de esta comisión, se debería á haber
escuchado las confidencias de su amigo, de su compañero el alférez Fernández, y por eso creí que no
desconocería las razones por las cuales Fernández
me ha pedido perdón en su última hora.
- No, señorita, no sé qué causa ni qué ofensa y
permita que.la diga...
'
- ¿Que no desea saberlas?, interrumpió Eugenia.
Pero yo deseo que las sepa. En -su pensamiento, si al~na vez se acuerda usted de Fernández y de mí,
irá? revueltos y confundidos ambos recuerdos, y no
qmero que. eso ocurra; tenga usted paciencia y escúch~me 1;1n instante; ha de oir usted parte de mi historia. Vivía yo en San Sebastián dando lecciones de
música, allí conocí á Fernández'. que era sobrino de
una señora muy rica. Se enamoró de mí y me solicitó de una manera insistente; yo no le amaba y no
escuché sus ofrecimientos, por más que me ofreció
hacerme su esposa. No desistió por eso en sus pretensiones; mis negativas y mis desdenes no sirvieron
m~s que para ir~itar su amor. Para abreviar, suprimiré detalles y diré á usted que su amor irritado ó
mejor, lo &lt;;anallesco de su alma, le llevaron á empl~ar
la calumma, para alcanzar lo que ni el oro ni otros
ofreci.mientos. alcanzaron. Por una tercera persona
me hizo acudir á una casa de la que salí deshonrada;
deshonrada para las gentes, entiéndalo usted bien,
honrada y pura para mí y para él. Yo estaba sola en
el mundo; vivía de mi trabajo, y Fernández al quitarme la honra me arrancó también mi manera de
v\vir. La profesora de piano que antes era bien recibida en todai. partes, de todas partes fué despedida.
Vendí cuanto tenía y hubiera mendigado un pedazo de pan, cuando un día se presentó en mi casa
Fernández y nuevamente solicitó mis favores. «Seré
de usted, le contesté, cuando me haga su esposa &gt;&gt; Al
fi? me ent.regaba á aquel hombre odioso, pero el prec1~ era m1 honra. Prometió hacerlo, pero no cumplió su promesa. Su tía se opuso al matrimonio ame-

�or
os
de
ece
ose
1mda

erun
io,
aos

}.ck

¡:~
l

y

ue

tsusº'
LA JUVENTUD DE SANSÓN, CUADRO DE BONNAT. - SALÓN DE PARIS DE 1891

ue

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA
nazando con desheredarle. No quiso Fernández contrariar y desobedecerá su tía, por más que yo le ofrecí trabajar para los dos. Le llamé cobarde, y él
entonces gritó: «¡Cobarde no! Yo sabré crearme una
posición, y mi tía cederá al cabo y cumpliré mi palabra, remediando el daño que te hice.» Sentó plaza,
ascendió á alférez, hac:e poco me escribió diciendo
que en el próximo mes de mayo nos casaríamos. Ya
sabe V. lo dtmás. Por no cumplir su palabra se ha
muerto.
Calló Eugenia, que había referido esta historia con
una calma y una frialdad admirables.
El capitán que había escuchado sin peslrañear, dijo:
- No sé qué admirar más en usted, si el valor que
tuvo, ó el que hubiera necesitado tener para casarse.
Se hubiera usted casado...
- Para lavar mi deshonor de solten1, y para vengarme.
- ¡Vengarse!
- Sí; ya casada hubiera devuelto á Fernández
deshonor por deshonor. He concluido mi historia,
añadió levantándose y haciendo con la cabeza un ligero saludo al marqués.
Saludó éste también y salió todo turbado.
Cuando la criada le abría la puerta de la casa, oyó
que Eugenia tocaba en el piano un alegre vals de
Offenbach.
RICARDO REVENGA

SECCIÓN AMERICANA
ROPA APOLILLADA

I
UNA PARTIDA DE PALITROQUES

NúMERO 493

que publicamos y que merecen conocerse entre los varios que
expuso M eifrén en la Galería Parés, antes de abandonar nuestra ciudad para fijar su residencia en París, realizando un verdadero alarde de sus aptitudes pictóricas. Ofrecían sus obras
todas las variaciones que es posible suponer en el género especial en que tanto se ha distinguido Meifrén, y acusaban todas
ellas el completo dominio y perfecto conocimiento que posee
de los varios matices que presentan el agua y el cielo, según
sean sus movimientos y momento en que se la represente.
II
Agradablemente sorprendieron algunos de sus paisajes, quizás los primeros que ha expuesto Meifrén, ya que se descubría
desde luego en ellos la brillante espontaneidad de su paleta y
LOS QUE ESTÁN Á LA MIRA
el espíritu observador del artista, que fiel intérprete de la naturaleza, trató de reproducirla aun en el aspecto por él menos
Fué el licenciado Polo de Ondegardo, autor de estudiado,
una interesante crónica historial del Perú que, según
Prescott, se conserva aún inédita, hombre de agudo
ingenio y muy amigo de jugar con los vocablos.
La santera, acuarela. de Joaquín Sorolla. (ExPruébalo el que habiéndose querellado ante él dos posición
de acuarelas y pasteles celebrada por el Círculo de
individuos que se dieron de golpes, empleando el Bellas Artes de Madrid.) - Joaquín Sorolla es uno de esos disuno una vara de medir y el otro una pesa de cobre, tinguidos pintores que tanto han contribuído con su esfuerzo á
díjoles el juez: «en este litigio no cabe sentencia, por- enaltecer y perpetuar el buen nombre de la escuela valenciana.
cuadros titulados E l 2 de mayo de 18o8 y El entierro de
que el asunto se ha ventilado ya con peso y medida.)) Sus
Cristo, así como los varios lienzos que remitió desde Roma duCupo al Demonio de los Andes Francisco de Car- rante los cinco años de su pensionado y las recompensas alcanvajal bautizar con el nombre de tr/edores á los que zadas en las Exposiciones nacionales, demuestran que Sorolla
en política se manejan con doblez y que bailan al figura dignamente entre los buenos artistas españoles.
Dos aguadas y algunos pasteles y acuarelas remitió Sorolla
son que tocan. En ese siglo de revueltas hubo no po• á la
Exposición que celebró el Círculo de Bellas Artes de Macosque, huyendo de comprometerse en los bandos, drid, destacándose entre ellas y aun entre las que figuraron en
esperaban á última hora para exhibirse como parti- aquel certamen, la que tituló La santera, bellísima por el condarios de la causa que entre cien contara con no- cepto, por el color y por el dibujo. El asunto no podía ser más
sencillo, y sin embargo atraía la atención de los inteligentes y
venta y nueve .probabilidades de éxito.
aficionados. Una mujer joven y hermosa, perfecto tipo de las
Polo de Ondegardo bautizó con el nombre de los bellas hijas de las riberas del Turia, hállase ocupada cn alique están á la mira á esos politiqueros de encrucijada mentar la lámpara del altar cuyo arreglo le está confiado. Su
que en nuestros días llamamos oportunistas ó amigos figura destácase sobre el severo fondo, que alumbrado débilpor la mortecina luz de lámpara, hállase sumido en esa
de la víspera, y que, de paso sea dicho, son los que mente
misteriosa obscuridad de nuestros templos, destacándose únise adueñan de las mejores tajadas, dando autoridad camente por obscuro las siluetas de los santos del retablo, sus
al refrán que dice: ((nadie sabe para quién trabaja.» doradas coronas y los abrillantados azulejos clel arrimadero, en
Enviado Ondegardo á Charcas con el carácter de tanto que aparece en toda la belleza de sus líneas la santera,
Gobernador por D. Pedro de Lagasca, se vió en el teniendo levantado uno de sus brazos, fino de color yde líneas,
caso de investigar el comportamiento de los princi- perfectamente armonizado con la general entonación.
pales vecinos durante la ya vencida revolución de
Gonzalo Pizarro, para premiar en ellos su lealtad y
vuelta de la pesca, estatua en yeso de
servicios á la causa del rey, ó bien para imponer cas- D.La
Dionisio Pastor Va.lsero. t Exposición Nacional de
tigo á los que resultasen contaminados con la lepra Bellas Artes de 1890. )-Al notable escultor Sr. Pastor Valsero
de la rebeldía. Si bien de estos últimos sólo encontró no puede apli~ársele el conocido refrán de cal primer tapón ... &gt;
dos que enviar sin escrúpulo á la horca, en cambio Por el contrario, expone por primera vez en la última Exposición Nacional de Bella~ Artes y por unanimidad le concede el
tampoco halló á nadie digno de obtener mercedes, Jurado
una medalla de tercera clase. Y nadie dirá que tal disque era el licenciado juez muy exigente en esto de tinción no fue~e ganada en buena lid, pues La vru/la de la pesaquilatar el merecimiento ajeno. Para manga ancha ca, que le valió tal recompensa, es una figura elegante, modelas juntas calificadoras de nuestros tiempos, en que lada con tanto cariño como acierto, que rebosa naturalidad y
y revela el cuidado y el provecho con que su autor
resultan hasta venc~dores en un combate prójimos expresión,
ha estudiado á los grandes maestros en ese género tan simpátique se hallaban á cien leguas de distancia, Muy có- co y no fácil, si se ha de conseguir, como el Sr. Pastor lo conmodo es hacer caridades á expensas del tesoro fiscal sigue plenamente, interesar al espectador con asuntos baladíes,
si se quiere, pero que por lo mismo exigen mayores condicio
y no del propio.
Después de escuchar el alegato de méritos y ser- nes técnicas si han de producir el apetecido efecto.
vicios de cada vecino, Polo de Ondegardo, entre ri•
••
sueño y grave, formulaba objeciones, y como no le
contestaban exhibiendo documentos que comproba- La estudiantina española. de Va.lpa.raíso. de jóvenes españoles establecidos en aquella ciu•
sen no haber sido el sujeto tibio en la defensa de la Compuesta
dad chilena, en donde se dedican al comercio, la estudiantina
bandera real, concluía el licenciado con estas frases: del Círculo español de Valparaiso sostiene muy alto el buen
«Está visto, mi amigo, que vuesamerced no ha nombre de la madre patria por su amor al trabajo, por sus afiarriesgado un cabello en favor del rey, y que ha mili- ciones artísticas, á las que consagra los ratos que sus ocupaciones le dejan libres, y por sus filantrópicos sentimientos, á impultado entre los que están á la mira. No ha sido bobo sos
de los cuales organiza fiestas á beneficio de los necesitados,
vuesamerced; pero, para mí, más gracia merece el yque le han valido el dictado de «ángel de la caridad.» La estu
enemigo declarado, que quien está á la de viva quien diantina consta de diez y seis individuos, los más de los cuales
venza. Lo pagará su bolsa, y así escarmentará, para no sa~n solfeo y _h~~ de aprender, por ende, las piezas de
en otra no estarse á la mira, sino comprometerse con memoua, y está dmgida por D. Gaspar Barroetabeña, joven
de gran inteligencia y de no comunes cono:imientos musiSan Miguel ó con el diablo.»
cales.
Y á todos los de la mira les impuso una multa para el tesoro de su majestad desde cien hasta mil du•••
cados, según la posición y teneres de la persona.
Juventud de Sansón, cuadro de M. Bonnat
Y fueron tantos los que resultaron pecadores de (Salón
de París de 1891.) - De la narración bíblica que nos
haber estado á la mira, que pasó de un millón de pe- presenta á Sansón en sus mocedades entretenido en romperá
sos la suma que Polo de Ondegardo remitió á Espa- fuerza de brazos las mandíbulas de los leones, ha tomado asun•
to el pintor francés Bonnat para el hermoso cuadro que reproña con destino á la real persona de su majestad don ducimos.
El león, medio derribado, forcejea en vano por desFelipe II.
asirse de los brazos del hebreo, cuya actitud tranquila contrasta con los movimientos desesperados de aquél y revela la supe•
RICARDO PALMA
rioridad del hombre sobre la fiera.
La pintura de M. Bonnat es de composición valiente: la silueta del héroe es noble, y la musculatura está reproducida con
pasmosa verdad, y en cuanto al león hay en él tanta fiereza,
NUESTROS GRABADOS
tanta expresión de dolor al sentirse vencido, que unánimemente
lo han Juzgado los críticos franceses como obra maestra en su
Descanso, copia de una píntura de Maria- género.
no Fortuny.- Huelgan, siempre que de este malogrado
pintor se trata, descripciones y encomios, pues unas y otros
surgen naturalmente de la contemplación de sus prodigiosos DOLOR DE ESTÓMAGO. Vino de Chassa.ing
lienzos. Estos se imponen porque son esencialmente bellos,
como se imponen las tiernas melodías de Bcllini ó las sublimes
N CONSEJ"O POR DIA. - La estación preconcepciones de Wagner. Y cuando tal acontece con una obra
sente causa verdaderos desastres en las epidermis senside arte, lo mejor que puede hacerse es cerrar el pico y dejar
la piel se agn'eta, se enro;'ece y se arruga continuamente.
que cada cual saboree á su placer y sin que nada ni nadie le bles:
Para evitar estos disgustos hay que emplear para el rostro ylas
distraigan lo que tan dulcemente halaga sus sentidos y por manos
la CRKMA SIMÓN, cold-cream tónico y calmante, cuyos
modo tan maravilloso conmueve su alma.
son maravillosos. Ensayarla una vez, es adoptarla. Se
Predicando, pues, con el ejemplo, hacemos punto final, con• efectos
halla este producto rue de Provma, 36, París, y en todas
signando sólo que este cuadro es también conocido, según cree- partes;
pero es preciso guardarse de las fabificncioncs bajo 110111mos con el titulo de Arabe fumando, y que así lo designa el
Sr. Ossorio y Bernard en su notable Galeria biogrdfica de ar- bres .extran;'eros.

N úMERO 493

LA

P5

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

J==
guna,
penas
ponen
iendo
\rcibido de

hora sea, que de mi mano no volverá á ver moneda
en el boliche.
Y es fama que tanto se sintió humillado en su
amor propio de jugador, por haber encontrado maestro, que desde entonces nadie volvió á ver á D. Francisco Pizarro bocha en mano.

Gran jugador de bolos fué Alonso de Palomares,
soldado que vino al Perú en la expedición de don
Pedro de Alvarado, el del célebre salto en Méjico.
Es sabido que D. Francisco Pizarro tuvo pasión
por este juego, y que junto con la fundación de Lima estableció en la vecindad del Martinete un boliche ó cancha de bochas, adonde iba todas las tardes á pasar dos horitas de solaz. Fuese adulación, ó
que en realidad no hubiera quien lo aventajase, lo
cierto es que su gloria como bochador no tenía
eclipse.
Cuando llegaba el marqués, toda partida se suspendía para que él y sus amigos entrasen en posesión del boliche.
Habláronle una tarde de la destreza de Alonso de
Palomares, y Pizarro quiso conocerlo y jugar con él
- Dícenme, señor soldado, le dijo, que vuesamerced es mucho hombre como jugador de palitroques,
y si le place probaremos fuerzas en una partida.
- Hónrame su señoría con la propuesta, contestó
Palomares. ¿Y á cómo ha de ser el mingo que interesemos?
- Fíjelo vuesamerced.
- Aunque pobre soldado, continuó el otro, no me
faltan trescientos ducados de oro en la escarcela, y
si á vuesaseñoría conviene interesaremos cinco ducados por partida, que quien honra recibe en ser adversario del señor gobernador no puede hacer juego
roñoso.
- Sea, repuso lacónicamente el marqués, y comenzó la partida.
Jugaron aquella tarde mientras hubo luz Partidas
perdió el gobernador y partidas perdió el soldado; si
bien éste, según el sentir de los inteligentes, hizo
mañosamente algunas pifias, como i'hra inspirar confianza á su contrario. Y sin embargo, le ganó veinte
ducados al marqués.
Y siguieron durante un mes jugando todas las tardes, hasta que se convenció Pizarro de que en Palomares había encontrado maestro de quien recibir
lecciones. Erale deudor de cien ducados de oro.
El marqués, siempre que perdía, se desahogaba
denostando á su vencedor, el cual sonreía con mucha
flema y continuaba dando bochadas que no dejaban
palitroque en pie. ¡Jugadorazo el Palomares!
Entretanto pasó una semana, después de roto el
compromiso de juego, sin que D. Francisco se acordase de pagar los cien ducados, hasta que un día
tuvo el soldado la llaneza de recordárselo.
- No le pago al muy fullero, contestó con cólera
Pizarra.
- Corriente, señor marqués, no pague usía si no
quiere, que habré perdido mi dinero y ganado sus
injurias.
tistas espafloles del siglo XIX.
Dice Garcilaso que la respuesta le cayó en gracia
JABON REAL
JABON
al gobernador, porque volviéndose al tesorero RiquelDE THRI DAC t 29,;d:1:~¡;;:j¡ri, VEL OUTI NE
me, le dijo riendo:
En el puerto. _En el campo, cuadros de Eliseo 11c,...1wa ,er utoritú61 ■iéJr ~• 11 11&amp;1,r •• ll PIII 1 111111&amp; bl Ctltr
- Págale á este mozo lo que reclama, y en buena Meifrén. (Salón Parés.)-Tal es el título de los dos lienzos

U

IV:IOLETI

'

~·
' ,
~-~__;:,
~
I
1----¡-o ~ \, &amp; c\J""

-:....-_-~..._--=~,:!!
-......_

·~

CI

---- .

•

'-

Vió, en vez de un viejo de cabeza calva; una joven ...

CUENTO DE AMOR
POR PABLO l\lARGUERITE. - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE

(CONCLUSIÓN)
su infancia, sus libros, su bufón Mite y sus gatos. Acogido como el hijo pródigo,
mostróse afable con todos, y consintió, por deferencia al emperador, en consultará un nuevo médico que bacía curas maravillosas: era un judío llamado Efrem
Sabas. Hasta tuvo el capricho de ir á su casa, y úna vez allí, no encontrando á
nadie para recibirle, se entretuvo en recorrer una. por una todas las habitaciones.
¡Cuál no sería su sorpresa cuando en un laboratorio retirado vió, en vez de un
viejo de cabeza calva, una joven cuya espaciosa frente indicaba la mujer pensadora, con ojos de sacerdotisa y ancho ropaje blanco! Era la bija de Efrem, que
el padre ocultaba cuidadosamente; pero la joven, cual si conociese al príncipe,
no se extrañó de verle.
- Trabajamos para vos, díjole, mostrando un frasco de líquido de color roj&lt;i
como la sangre.
- ¿Para mí?, preguntó el príncipe admirado. ¿Pues qué secreto buscáis?
- La vida, contestó la joven. Mi padre y yo nos hemos propuesto buscar el
elixir fluido, la divina panacea; la esperamos, y la muerte quedaría vencida.
- ¿Tan sabia sois?
- ¡Oh! Yo no conozco, repuso la hija del judío con modestia, más que el
nombre de las plantas y de las estrellas, siete idiomas y los secretos de la cábala; sé leer el porvenir en la mano, y ver el presente, con los ojos cerrados, á
través de los muros y de las distancias.
- ¿Y de qué os sirve esa ciencia?, preguntó el príncipe.
- De muy poco, replicó la joven.
Al decir esto, suspiró, inclinando la cabeza, y luego fijó los ojos, en los cuales
EL INVIERNO
parecía brillar la esperanza mística, en un crucifijo de marfil pendiente en la
De vuelta á su reino, pared. Después, como oyese un ligero ruido, añadió vivamente:
- ¡Retiraos! Mi padre mataría á cualquier hombre, aunque fuese príncipe, que
el príncipe vió con alegría el antiguo palacio de me hubiera visto y hablado en secreto.
- ¿Volveré á veros? ¡Yo lo quiero!
- Sea. Mañana iré á esas montañas cuya azulada cima se ve desde aquí.
En la cumbre de la más alta está el observatorio de mi padre, y allí pasaré
,,., el invierno sola. Id á verme.
Hízolo así el príncipe todos los días: tenía con la joven dulces y agradables conversaciones; y maravillado por su encanto sobrenatural, su saber y
la ~elleza de su alma, amóla muy pronto, pero de una manera inmaterial,
porque en ella todo era pensamiento, todo espíritu sin cuerpo. Y cuanto
decía era sabio, profundo, lleno de bondad y de justicia.
Una noche, después de haber examinado largo tiempo las estrellas, el
príncipe &lt;lió á la joven, en prueba de amistad, un nombre de musa, el de
· Urania,
El día se pasaba conversando; trataban de las más graves cuestiones, las
metempsicosis de la naturaleza y el problema del mal; discutían sobre la
existencia de Dios y la inmortalidad del alma. La joven creía en esto, pero
el príncipe no, Por la noche, completamente sola, fría y casta, estaba siempre en medio de las grandes llamas de los hornillos, observando los alambiques donde se volatilizaba el filtro,
y la cabeza cortada rodó hasta los pies del príncipe
La noche se pasó tranquila, y el príncipe no
habló con la dama, que parecía meditar, sentada
· en un sillón. Al rayar la aurora, presentóse el
verdugo y comenzó á atar los pies
y manos de la prisionera, que parecía indiferente. Apoyada en el príncipe, agitado y tembloroso, bajó resueltamente á una sala sombría, tapizada de negro, donde
cerca del tajo brillaba el
instrumento de muerte.
Bruisinda saludó al príncipe con una reverencia
y la sonrisa en los labios,
arrodillóse llena de vida
y de belleza, y después
de levantar su cabello
dobló la cerviz. El hacha
silbó, y la cabeza cortada
rodó hasta los pies del
príncipe.

de los
tintas
: limiemos
migas
p ser
litivos
tto no
firmaha potcción
les indecir
1 siéne nosln no
el núes no
tndois
migas
aratos
? á los
&lt;lucen
'nos, y
ormi¡nedio
en enno los
&gt;s pro-

m diste este
vistas
:ldillas
!que el
tdo de
bastan
le una
:cogen
que se
adorícelito
iga al
sigue
ele el
entos
sentiespeca de
raes-

tena de
nodis).

o p__ro•
que se
mieme cada

e~eh~~

$ropio,
lgunos
bbock
cfas CO·
r.cluso
smás:
otro, y
as que
mitivo,
or sus
so que

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

El invierno cubría la montaña de nieve; el aire era helado: producíanse grandes fríos, y la escarcha crujía bajo los pies.
La hija de Efrem observaba con angustia que el príncipe enflaquecía por momentos, y que su lividez cada día mayor le hacía asemejará un espectro; por
eso se consumía para descubrir el supremo elixir, pues el invierno tocaba á su
término, y calculó que á su amigo sólo le quedaban dos meses de vida.
Trece días transcurrieron sin dormir un solo instante ni tomar alimento; pero
en la mañana del décimocuarto, presentóse al príncipe transfigurada.
- ¡Bebed!, le dijo, presentándole un frasco de extraña forma, lleno de un licor
puro. Si no bebéis, mañana sois muerto.
El príncipe tomó el frasco; su mano temblaba de sorpresa.
- El milagro está hecho, dijo la hija de Efrem; la misión de vuestra servidora
ha terminado ya, y yo me voy, monseñor ...
-¿Adónde?
-A un convento.
- ¡Qué decís! Mi trono, mis riquezas y el imperio están á vuestra disposición;

NúMERO

493

- ¿Rehusáis?
La hija de Efrem movió la cabeza con expresión dolorosa.
Sin decir palabra, el príncipe arrojó el frasquito, que hizo pedazos.

EL MAL DEL PRINCIPE
En la noche del día siguiente, que era el último del invierno, el príncipe, sintiéndose desfallecer y teniendo á la derecha á su abuelo y á la izquierda á su
hermano, pidi6les perdón por las molestias que hubiera podido causarles. Recordaba su pasado, las estaciones que se desvabecieron y las mujeres que había
amado. ¡Amor! ¿Podía considerarse como tal su deseo de Eisa, su libertinaje
con Zafira, sus tristes relaciones con Bruisinda y el platónico afecto que profesaba á Urania. ¡Javiera, tan hermosa, según aseguraban, que había ido para
agradarle, y á la cual rechazó sin haberla visto jamás! ¿Quién sabe si el amor
consistía en ser amado y no amar?... En aquel momento oy6se resonar el toque

de una campana fúnebre que atemorizó al emperador y á Mainrad; pero el príncipe sonrió diciendo:
- Es la campana que anuncia el fin del año.
Y estrechándoles la mano con fuerza, exhaló el postrer aliento.

BOCETOS

transformar en cuestión batallona la más sencilla que se ofrezca. Y escrúpulos
aparte, entre quienes pa'trocinan sistemas 6 defienden principios, entre quienes
pr_oclaman utopías 6 sostienen verdades, entre quienes con abnegación se sacrifican _6 véndense por medro ... todo lo apreció como muy aprovechable, todo
le pareció excelente y de gran resultado sabiéndolo manejar.
·
Llamó á sí á una de sus más traviesas legiones, les instruyó convenientemen- ,
te, y dándoles las órdenes más terminantes encaminadas al buen desempeño
de su cometido, les di6 un tremendo latigazo con el rabo, á modo de rúbrica
en sus. infernales decretos, y con esa credencial los despachó á su destino.
. Meti6se cada uno de ellos en el armario viviente de un periodista. Poco les
importaba que los unos fuesen negros y los otros blancos, estos rojos y aquellos
verdes, morados los de acá y amarillos los de allá; en todos se metían: la con?!ción era lo necesario; siendo periodista de la índole que debe suponerse, re·
mdor, caían en él como miel sobre hojuelas; y empezó á funcionar la endemoniada máquina de una manera asombrosa.
~I poco tiempo h?~º 1;11uchos de ellos tan aprovechados que podían darle
t:emta y ray~ al espmtu mstructor, llegando á no poder averiguar con certeza
si eran los diablos metidos en los periodistas 6 los periodistas en los diablos.
En términos que la tal legión apenas se entendía en lo embrollado de aquel
embrollo, porque cuando uno cogía por su cuenta obscurecer la verdad en un
as~~to, se encontraba con otro que le había tomado la delantera para aclararlo,
deJandolo más negro que la tinta; cuando uno iniciaba una idea subversiva
sembran~o _el_g~rmen de la duda, otro ya planteaba la doctrina de aquel erro;
como prmc1p10 mconcuso; cuando uno se esforzaba en intentar derribar algo,
otros !ª llevaban tan adelantada la demolición que revolvían sus cimientos.
El inventor y director de semejante diablura, en la que todos andamos ya
?1etido~, que~6 satisfecho de su obra; se asombraba de lo estupendo de su
idea; m P?r pienso pudo haber creído en tan completo resultado: como se dice,_ negoc10 redondo. ¡Cómo!, dicen que dijo, ¿cómo á mi antiguo y poderoso
Senor, que. sabe f puede más que yo, cuando el castigo del pueblo egipcio no
se_ le ocurnó castigarlo con la plaga del periodismo y la libertad de imprenta?
V:1end? coi:no veo sus efectos, juro por quien soy (y en vez de cruz trazó un
d1ab6hco _signo con la punta del r:.bo) que no toleraré jamás en mis dominios
tal calar~udad, que nos pondría el infierno á punto de no entendernos tampoco, Mientras graves ocupaciones requieren mi presencia en otros planetas ínterin acudo á ellos dejando en este, y para largo rato, armada la gran culeb;a, ..
señores, hasta la vista, y ahí se queda eso...

_Cuéntase que el diablo un día llegó á verse tan desesperado, que se di6 á sí
mismo, por no poder darse á cosa peor.
Había hecho caja, como ahora se dice, ó lo que es igual, sacó sus cuentas de
suma y ~esta, y 9ued6 desencajado encontrándose con que sus negocios no andaban bien; los mgresos no le daban el beneficio que de sus planes y cálculos
Y de las gestione~ de sus emisari_os se prometía; y era cosa de gusto ver de qué
modo se daba pnsa devanando ideas en sus tostados sesos ... suponiendo los
tenga por la forma con que se le representa, y de qué manera tan inquieta colea?a ... conv!niendo también en que use rabo. El tuno, que lo es y de veras, se
a_phc6 el refran á lo tuyo, ftt,· y como quien dice, tomó el tren. No se sabe positivamente, que en esto Ia_s opiniones no est~n a~ordes, si saliendo de los profundos del centro. de la ~erra, como cada dia miles de veces se dice y se repite,
6 como lo descr~be M1lton, lanzándose al espacio en busca del mundo, que
parece lo más racional; pero fuese de abajo arriba, 6 de arriba abajo, se nos
coló.. Y col?cánd?se sobre uno de los más elevados picos que encontró á mano,
tendió 1~ vista, fiJando su penetrante mirada sobre cuanto pasaba en la extensa
s~perficie del planeta; dando un resoplido, repitió los versos de aquel desgraciado poeta, al que no faltó quien tildase de ser su compinche ...
/ Bueno e1 el mundo, bueno!, ¡bueno!, ¡bueno/

De pronto Y á la vista de tanta algarabía no le fué fácil al aturrullado diablo h~cerse perfecto cargo de lo que estaba contemplando. Solamente pudo
deducir que _todo andaba P?r el camino del más completo desconcierto y de la
más enm_aranada perturbación, cosa sumamente provechosa para sus intereses;
en fin, b1~n preparado para hacer su agosto.
:J?escub1ertos los indicios de ricos filones, en espera de bien entendida explotación, q~ed6se lar&amp;º rato indeciso y perplejo, sin decidir por dónde empezar.
~ensat1.vo Y mordiéndose las uñas, como quien duda de atinar con lo de más
fácil Y pronto Y may?r p~ovecho, su torvo semblante di6 de repente muestra
mequívoca de _la satisfacción, que mal puede disimularse y contenerse cuando
se d~ en el quzd 6 donde duele. Y gozoso de la buena elección no quiso perder tiempo en buscar cosa mejor.
'
. Tomó por su cuent~, para coger mucho de una vez, la prensa. periódica de
cierto género, es dec1r, el periodismo reñidor, capaz dejándolo de sobra á

PABLO MARGUERITE

JUAN

Ü. NE!LLE

NúMERO

493

•

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

hembras ni obreras. Lubbock ha probado que las color del que nosotros no tenemos noción alguna.
hormigas viven mucho más que los otros insectos; De suerte que no existiendo en la naturaleza apenas
algunas obreras que en su poder ~enía vivieron sie~e los colores puros, puesto que casi todos se componen
LAS HORMIGAS
años y de dos hembras de Fonmca fusca que cog16 de rayos de ondas de distintas dimensiones, y viendo
De los animales inferiores, ningún grupo, excep- en 1874, una murió á los trece y otra á los catorce las hormigas el ultravioleta que nosotros no percibituando el de las abejas, ha despertado entre los natu- años, lo cual destruye la creencia general de que sólo mos, es más que probable que éstas lo vean todo de
muy distinto color que nosotros.
ralistas, desde la más remota antigüedad, tanto inte- vivían un verano 6 un año á lo sumo.
Los órganos auditivos de los
rés como el de las hormigas.
insectos aparecen en distintas
Aristóteles, Plinio y Plutarco
partes del cuerpo y no se limidescriben minuciosamente altan á una sola. En los extremos
gunas de las cualidades de esde las antenas de las hormigas
tos insectos y refieren de ellos
hay órganos que pueden ser
hechos que admiran. Los moconsiderados como auditivos
dernos han añadido á las de
(fig. 4); pero en este punto no
los antiguos nuevas observaciopuede formularse una afirmanes, que sin embargo no arroción concreta, porque no ha pojaban gran luz sobre la vida,
dido demostrarse una acción
costumbres y aptitudes de tan
de los sonidos sobre tales indiminutos seres, hasta que
sectos. Esto no quiere decir
recientemente algunos notaque sean sordas; pues aun siénbles entomólogos han consedolo para los sonidos que nosguido con sus estudios darnos
otros percibimos, podrían no
á conocer muchos detalles resserlo
para otros que por el núpecto de las hormigas. Uno de
mero de sus vibraciones no
los principales es el inglés sir
percibe nuestro oído. Landois
Juan Lubbock, de cuyas invesha descubierto en las hormigas
tigaciones tomamos la mayor
para nosotros mudas aparatos
parte de los datos para el prede estridulaci6n análogos á los
sente artículo.
de btros insectos que producen
Si examinamos cuidadosaruidos que nosotros oímos, y
mente un hormiguero, lo pria
b
a
de ello deduce que las hormimero que llama nuestra atengas emiten sonidos por medio
ción es la diferencia de tamaFig. I. - Oecodo111a cephalotes. - a Macho, b hembra, e obrera pequeña, d obrera grande. {Tamaño natural.)
de los cuales se entienden enño de los distintos miembros
tre sí, aunque nosotros no los
de la comunidad. GeneralmenLas dimensiones, la forma y la estructura de los oigamos, opinión si no probada, por lo menos prote se ven allí.tres tipos. La inmensa ~ayorl~ de las
hormigas son obreras, hembr~s peq?enas y sm alas; nidos varían según las especies de hormigas; pero bable.
Aunque cabe admitir que el olfato reside en dis:
vienen luego las hembras 6 remas, siempre aladas, y todos ellos, así el de la hormiga de los bosques, que
los machos con alas las más de las veces. En algunas construye grandes montículos, como los de la hormi- tintas partes del cuerpo, es casi indudable que este
especies c~mo la zamba sudamericana ( Oecodoma ce- ga amarilla vulgar, que vive debajo de una piedra, sentido está principalmente en las antenas, provistas
phalotesj, hay obreras de distintos tamaños, ~equeña_s acusan gran habilidad y sentido práctico, y en todos las más veces de un gran número de pelos 6 celdillas
unas y otras grandes y cabezudas (fig. 1): a las pri- reinan el orden, la limpieza y la actividad que se ha olfativos. En las hormigas está comprobado que el
meras se les llama obreras, á las segundas soldados, hecho proverbial, ejecutando cada hormiga un traba- olfato réside en las antenas y tiene un alto grado de
jo determinado. Los pequeñuelos pasan sus primeros desarrollo. Algunas hormigas quietas que no bastan
porque su misión es defender á las demás.
días en el ipterior del nido ejercitándose en los que- á mover ruidos cercanos ni la aproximación de una
El apacible
haceres domésticos hasta que tienen la robustez nece- punta de pluma hasta casi tocar sus antenas, recogen
cuadro de prodisaria
para dedicarse á los trabajos del exterior. En éstas 6 se echan hacia atrás cuando la pluma que se
giosa actividad
éstos hay una verdadera división del trabajo, así en les acerca tiene una gota de alguna substancia adoríque comúnmente
la Formica fusca ha demostrado Lubbok que sólo tres fera: además si se cuelga en su camino un pincelito
ofrece un hormiind!viduos cuidan de aportar al nido los víveres nece- empapado en una materia aromática, la hormiga al
guero¡- varía de
sarios.
pasar por debajo de él se para; de lo contrario sigue
un modo muy noLas hormigas, como casi todos los insectos, tienen su marcha sin detenerse, lo que prueba que huele el
table cuando en
dos clases de ojos: uno grande, compuesto, y tres oce- líquido.
el verano las larlas á cada lado del cuerpo. Estas son ojos como los
En cuanto al gusto, innumerables experimentos
vas llegan á su
nuestros, al paso que los compuestos constan de in- han demostrado que las hormigas poseen este sentidesarrollo y apanumerables facetas, cada una de las cuales está situa- do y que en ellas lo constituyen unos órganos esperecen los individa al extremo de un tubo, en cuyo otro extremo apa- cialmente modificados en la boca 6 muy cerca de
duos completarece una fibra nerviosa (fig. 2). No pudiendo supo- ésta. El tacto reside en unos pelos de estructura esmente conformanerse que cada faceta reproduzca una imagen com- pecial distribuídos
dos. Los alados
pleta, lo cual sería molesto é inútil para el animal, se por todo el cuerpo.
machos salen del
cree con fundamento que cada faceta sólo recoge un
Respecto de la esnido y trepan por
los tallos, por los Fig. 2. - Sección de seis facetas de un haz luminoso, resultando del conjunto de éstos la tructura y funciones
de insecto (abeja). (Considera• imagen reproducida á modo de mosaico: de los rayos de estos órganos no
trozos de madera ojo
blemente aumentada.)
que llegan al ojo sólo llega al nervio óptico por cada podernos entrar en su
y por los montífaceta aquel que se encuentra en el eje longitudinal estudio, pues además
culos de tierra
que alrededor del hormiguero se alzan, dando mues- del globo de ésta, siendo los demás absorbidos por de que esto nos llevatras de extraordinaria agitación. De repente, en una invisibles tabiques de dicho globo (fig. 3). Juan Mu- ría demasiado lejos,
calurosa tarde de agosto, todo el enjambre de insec- ller fué el primero en sentar esta teoría de la visión. no se presentan muy
tos emprende ruidoso vuelo, remontándose á veces Por medio de las facetas se percibe una imagen di- claros los puntos á
á gran altura y formando grandes nubes que al dejar- recta, al revés de lo que con los ojos simples acon- esa materia referenFig. 4. - Extremo de una antena de
tes.
se caer nuevamente al suelo cubren vastas extensio- tece.
hormiga ( .Myrmica ruginodú).
Aunque
no
lo
sabemos
á
punto
fijo,
es
de
suponer
Pasando
al
exanes de terreno. Estos regocijos, que bien pueden
{Aumentado 7 5 veces.)
ilamarse las bodas de las hormigas, sólo duran unas que los ojos simples de las hormigas les sirven para men de las dotes inhoras, pasadas las cuales los machos, que ya han cum- ver de cerca y en la obscuridad, y los compuestos telectuales y de las
plido la misión de su existencia, perecen en pocos para distinguir los objetos lejanos. Las hormigas, aptitudes de las hormigas, la vida de éstas excita por
dfas,mientras las hembras fecundadas pierden las alas como todos los insectos, son muy cortas de vista, com- más de un concepto nuestra admiración. Ya hemos
y se preocupan de buscar albergue para sí y para sus paradas con nosotros. Ahora bien: ¿ven las hormigas hablado de la divisón del trabajo en todo estado de
hormigas; pero más sorprendente que_ esto es el hehuevos: la joven reina 6 construye un nido para ella como nosotros?
cho
de que cada individuo de un hormiguero conoce
sola, 6 se junta con algunas obreras y funda un nue- Lubbock, con
e
e d
b
á todos los demás que á éste pertenecen, ~'!cho P!O·
vo reino, 6 se vuelve á su mansión natal 6 á otro cual- sus experimendigioso si se tiene en cuenta que hay mdo que se
quier nido y allí se establece. Hasta ahora no se sabe tos, ha comprocompone de cuatrocientos 6 quinientos mil miemcómo procede la hembra en cada uno de estos casos, bado que distinbros. Y sin embargo hase experimentado que cada
habiéndose demostrado tan sólo que entre algunas guen los colores
y
que
el
límite
hormiga no es personalmente conocida de sus herhormigas, la .Mirmica ruginodis, por eje?Iplo, la joven
manas, como también que cada nido no tiene un
reina, puede crearse por sí sola un mdo y arrastrar de su visión que
santo y seña especial ni desprende un olor propio,
consigo á todo un pueblo; pero el hecho de que mu- en el lado rojo
del
espectro
casi
como hasta ahora se había creído. He aquí algunos
chos hormigueros subsistan por espa~i? de alg~nos
de estos experimentos, Varias hormigas que Lubbock
años, demuestra que en ellos son ad~itidas las J~ve- coincide con el
tuvo prisioneras varios meses,fueron reconocidas cones reinas. De éstas, la que se naturaliza, por decirlo nuestro, tiene
mo amigas al ser devueltas á su hormiguero, ir.cluso
más
potencia
Fig.
3.
-Representación
esquemática
de
así en un nido ya no lo abandona y sólo se cuida de
po~er allí en ~eguro sus huevos; ofreciéndose en los que éste en el la absorción de los rayos lumínicos ta- una cuya ausencia fué de cerca de dos años. Es más:
tomó algunas larvas de un nido y las llevó á otro, y
hormigueros la particularid~~ de que, al :evés _que lado opuesto; de terales en la visión por mosaico.
suerte
que
no
cuando
al cabo de mucho tiempo las hormigas que
en las colmenas, pueden VlVIr en paz vanas remas
juntas. También las obreras pueden poner huevos, sólo ven el color de violeta, sino también los rayos de ellas salieron fueron llevadas al nido primitivo,
sobre todo en los hormigueros donde no hay hem- del ultravioleta que nuestros ojos no perciben en el viéronse reconocidas y tratadas como amigas por sus
bras; pero de ellos salen siempre machos, nunca espectro, y que ha de ser, por ende, para aquéllas un compañeras, que nunca las habían visto, al paso que
SECCIÓN CIENTÍFICA

III

compartid conmigo la vida que me ofrecéis. ¡Sed emperatriz y esposa mía á la vez!
Una sonrisa celestial entreabrió los labios de la hija de Efrem.
- ¡Bebed la vida!, dijo la joven; mi reino es de otro mundo.
Y señalando al crucifijo, añadió:
- Yo no puedo servir ya más que á un soberano.

UNA DIABLURA

•

�LA

366
éstas atacaban con rabia y arrojaban de su hormiguero ó daban muerte á los individuos á ést~ extraños. El mismo observador emborrachó á vanas hormigas de dos distintos nidos y las depositó luego
cerca de uno de ellos: los habitantes de éste recogieron á sus hermanas y abandonaron ó arrojaron á un
charco cercano á las del otro, que á la vista no se
diferenciaban de las primeras, con la particularidad
de que si alguna fué salvada por una obrera poco

Fig. 5. - Polyer¡us rufescms. (Aumentada,)

experta, no tardaron las demás en notar la equivocación y en arrojar de su casa á la intrusa.
Sabido es que la hormiga que encuentra algo que
llevar al nido, conduce á poco al sitio del hallazgo
á algunas amigas que le ayuden en su faena: éstas
siguen á aquélla guiadas, no por la vista, sino por el
olfato, como lo demuestran los hechos siguientes. Si
del camino que deben seguir las hormigas para buscar un objeto determinado se quita un trozo y se sus·
tituye por otro, aquéllas se detienen al llegar á éste y
echan á correr sin dirección fija de un lado á otro
porque han perdido el antiguo rastro: si el trozo de
camino que se quita, una tira de papel por ejemplo,
se coloca al otro lado del sendero, casi todas las hormigas siguen esta falsa dirección, sucediendo lo propio cuando se pasa el dedo por el suelo y se hace desaparecer con ello el olor que éste despedía.
El hecho de que una hormiga acompañe en su
nueva salida á la compañera que antes llegó al nido
cargada con su botín, esperando encontrar á su vez
algo, no presupone gran inteligencia; otra cosa es
cuando una hormiga llega al nido con las manos vacías y parte en seguida acompañada de varias compañeras á apoderarse del botín por ella descubierto. En
este caso se patentiza que ha notificado el hallazgo á
sus compañeras, y esta notificación supone un grado
elevado de inteligencia. Esta facultad de comunicarse va aún más allá. Lubbock colocó al extremo de
dos largas tiras de papel dos tacitas conteniendo una
tres ó cuatro larvas y otra algunos centenares de éstas:
puestas sobre ambas pistas dos hormigas, la que se
dirigió á la taza llena, llevóse una larva y regresó al
poco tiempo acompañada de muchas compañeras, al
paso que la que se encaminó á la otra taza, volvió á
ella sola ó acompañada de muy pocas auxiliares.
Cambiadas luego las tazas de sitio, la que encontró
muchas larvas donde antes dejara pocas, fué á buscar
gran número de compañeras, mientras que la otra,
que encontró pocas donde había dejado muchas, á su
nuevo viaje volvió sola ó con escaso acompañamiento.
Esto, que multitud de experimentos han demostrado,
prueba que las hormigas tienen inteligencia, pues el
solo instinto no bastaría á hacerles comprender que
no han de acompañar á la que halló pocas larvas y
sí á la que descubrió muchas, lo cual supone medios
de comunicación muy complicados y tal vez algo parecido al lenguaje.
Esta inteligencia, sin embargo, no es tanta como
algunos exageradamente han supuesto, sino que está
contenida dentro de ciertos límites, según ha comprobado Lnbbock. He aquí el experimento de que
se valió para ello. Clavó en el sucio una tabla de un
metro de alto unida por arriba á otra que descendía
hasta muy cerca de tierra: en el extremo de ésta coloeó una taza llena de larvas, que no distaba de la
entrada del hormiguero más de ~/a de pulgada, y en
ella puso varias hormigas, las cuales cargaron cada
una con una larva para llevarla al nido. Mas á pesar
de que se asomaron al borde de la tabla mostrando
grandes ganas de llegar de un salto al hormiguero,
ninguna se atrevió á saltar ni siquiera pensó en dejar
caer sencillamente la larva; antes por el contrario,
dieron el gran rodeo por las dos tablas, y de esta
snerte llevaron al nido centenares de larvas. Es más:
á pasar de que la taza casi rozaba con el suelo hasta
el punto de que las hormigas podían tocarla con sus

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NóMERO

antenas, y á pesar de haberse reunido debajo de ella
gran número de aquéllas y de haber puesto el observador á su alcance pedacitos de tierra, á ninguna se
le ocurrió amontonar éstos para abrir de esta suerte
un camino más corto y fácil. Estos y otros experimentos demuestran que en algunos casos la inteligencia de esos animales es muy escasa. En cambio en otros sorprende; así, habiendo Lubbock una
vez descubierto un lado de un hormiguero, las hormigas se apresuraron á construir un muro en toda
regla, dejando en él sólo unos agujeritos para el ingreso.
Los individuos de un mismo hormiguero viven
entre sí en buena amistad y armonía, aunque sin profesarse gran afecto, como algunos han dicho: los cuidados hacia las crías y los mutuos auxilios son cosas
naturales en ellos, como en todos los animales sociables; pero no sienten cariños intensos. Encerradas
en vasitos cubiertos de gasa hormigas procedentes
de distintos nidos, y colocados los vasos delante de
uno de éstos, las dueñas del mismo para nada se cuidaron de sus amigas prisioneras y ningún esfuerzo
hicieron para salvarlas; en cambio no pararon hasta
que rompiendo las gasas penetraron en los vasos que
contenían á sus enemigas, sobre las cuales cayeron
furiosas y les dieron muerte. El principio fundamental en un estado de hormigas es el bienestar público,
único _lazo de unión de los individuos; en cuanto á
la am1Stad personal de éstos, ninguno se preocupa
de ella.
Las hormigas, pacíficas para con las demás de su
estado, conviértense en terribles enemigos de todos
los demás animales, aun de los de su misma especie.
Toda hormiga extranjera es atacada y muerta, y todo
insecto destruido y llevado al hormiguero como botín. De esta suerte las hormigas exterminan una porción de insectos dañinos, con lo que se hacen á veces
verdaderamente útiles: sabido es que los árboles á
cuyo pie hay un hormiguero no son visitados por las
orugas. Las grandes hormigas de la América del Sud
salen á veces de sus nidos en numeroso ejército, destruyendo cuanto á su paso encuentran no sólo larvas
é insectos, sino hasta animales vertebrados, y pene-

"

Fig. 6. - a Gran hormiga de los bosques ( Formica nifa)
b, Stenamma Wtstwoodii. (Aumentada,)

trando á veces en las casas, donde acaban con los
ratones y demás alimañas.
Las hormigas suelen arrebatar de otros nidos larvas que Jlevan al suyo, donde luego utilizan á las que
de ellos nacen como obreras; de modo que entre estos insectos existe la esclavitud. Huber, que descubrió esta cualidad entre las hormigas, describe una
de estas correrías en los siguientes términos: «En un
paseo que dí por los alrededores de Ginebra, vi una
procesión de hormigas rujescens, que ocupaba un espacio de 8 á 10 pulgadas de largo por 3 ó 4 de ancho, y que con gran prisa atravesó el camino, cruzó
un espeso seto de arbustos y se entró por un prado.
Sin que la columna se rompiera, á pesar de los obstáculos que habían de salvar, acercáronse á un hormiguero poblado por hormigas de color ceniciento
obscuro y situado á unos 20 pies del seto. Algunos
de sus habitantes que vigilaban la entrada, apenas
divisaron el ejército invasor lanzáronse sobre su vanguardia, y á poco sus compañeras, noticiosas de lo
que ocurría, salieron en grandes pelotones de su nido. Las agresoras, el grueso de cuyo ejército distaba
de éste sólo dos pasos, precipitaron su marcha, y en
un momento el batallón entero se lanzó sobre las cenicientas que, tras breve y encarnizada lucha, se replegaron en el fondo de su vivienda. Entonces las vencedoras subieron al montículo, en cuya cima se reunierun en pelotones y ocuparon los caminos princi-

493

pales, en tanto que algunas de sus compañeras abrían
con sus dientes en un lado del hormiguero un agujero por el cual penetraron todas, saliendo á los tres
ó cuatro minutos llevando cada una en la boca una
larva.» Esta clase de hormigas ( PolJergus rofescens)
(fig. 5) no puede existir sin esclavas: éstas construyen los nidos y buscan provisiones, y cuando el estado cambia de residencia, llevan á cuestas á sus señoras, las cuales hasta han olvidado el modo de comer, de suerte que sin aquéllas perecen de inanición,
aun teniendo á su alcance víveres en abundancia.
Sin embargo, no todas las hormigas extranjeras
que encontramos en un nido son esclavas, sino •que
algunas se conservan libres entre determinadas especies: así la Stenamma Westwoodii vive libre en los nidos de la Fom1ica nifa, y las hormigas más diminuta!: acompañan siempre á las grandes hormigas silvestres (fig. 6). Otra especie, la Sole11opsis fugax, abre
su nido en las paredes de los nidos de otras especies
más grandes, pero vive en perpetua hostilidad con
éstas porque les roban las larvas para devorarlas.
También otros insectos viven en los hormigueros;
así las larvas del escarabajo dorado común habitan
en los de las hormigas silvestres por razón de la madera podrida de que se alimentan, sin cuidarse de
aquéllas. Algunos en cambio mantienen activas relaciones con las hormigas y son verdaderos amigos de
éstas ( Myrmecójilos), unos por fuerza y otros de buen
grado; entre los primeros, los más numerosos son los
pulgones que las hormigas secuestran y retienen en
sus nidos á fin chupar el jugo dulce y viscoso que segregan, para lo cual los ceban y cuidan extremadamente. En América hay unas hormigas que cu!iren
con tierra ó con otras materias las colonias de pulgones establecidas cerca de su nido, y establecen por
medio de una galería cubierta una comunicación entre su hormiguero y esta especie de estab!u &lt;le sus
vacas, por lo que reciben el nombre de alimentadoras de animales de establo. Pero aún hacen más: en
el otoño se apoderan de los huevos de los pulgones;
durant,e el invierno los cuidan como á los suyos propios, y al llegar al verano ven recompensada su ~olicitud con buen ntímero de vacas de leche. Este hecho
comprobado demuestra un grado de inteligencia sorprendente, pues las hormigas cuidan durante el invierno cosas que les son completamente inútiles, porque saben que de éstas han de salir sus animales domésticos preferidos.
Al revés de los pulgones, retenidos en el hormiguero á la fuerza, algunos escarabajos viven siempre
entre las hormigas voluntariamente; la familia de los
estafilinos y otras afines producen muchos myrmecófilos, de los cuales el más conocido es el escarabajo
claviforme (fig. 7), de 2 milímetros de tamaño, alado
aunque sin poder volar, y ciego, que vive exclusivamente en los hormigueros, especialmente en los de
las amarillas, famosas por sus terribles mordeduras,
que suelen fundar sus colonias debajo de las piedras.
Este escarabajo no puede buscar su sustento ni co·
merlo; las hormigas cuidan de él con especial cariño y solicitud, acariciándole y alimentándole cada
vez que lo encuentran al paso: él, en cambio, como
prueba de agradecimiento les ofrece la espalda, que
aquéllas lamen con gusto porque segrega un líquido
dulce.
El número de insectos mirmecófilos se calcula ser
de 584.
Las hormigas, muy aficionadas á la miel, buscan
con afán las flores que la segregan; pero h~n de renunciar muchas veces á tal placer, porque la naturaleza ha hecho difícil el acceso á esas flores, para las
que aquellos insectos son perjudiciales. En cambio
hay plantas útiles á las hormigas y que se amoldan
al modo de ser de éstas: tal sucede con una especie
de acacia americana que brinda á una clase de hor
migas habitación cómoda en su copa y cuyas hojas
segregan unos corpúsculos dulces que aquéllas devoran con fruición; las hormigas en
recompensa de tales servicios la
defienden de los ataques de otros
insectos que á no ser por ellas
acabarían con su follaje.
En Oriente y en la Europa
meridional hay hormigas que se
alimentan de gra0os y que, por
ende, cui.dan en Yerano de hacer
sus provisiones para el invierno. Fig. 7 - Escarabajo
Otras hacen más, puesto que claviforme ( Claviatienden al cultivo de las plan- ¡trfoveolatus ). (Autas, como sucede con la hormiga mentado.}
agricultora(Myrmica 1110/ificans)
de Tejas. De ésta dice Darwin, entre otras cosas:
«Esta hormiga después de haber construido su nido
en forma de montículo, á veces de quince, veinte y
más pulgadas de alto, quita todos los estorbos que
alrededor de su vivienda encuentra y alisa el suelo

NúMERO

LA

493

en una extensión de tres ó cuatro pies en círculo,
sembrando en él un grano especial que cuida con
esmero arrancando todas las demás hierbas que pudieran allí crecer. Cuando las plantas han llegado á
su sazón, las hormigas procede~ á la re~olección de
aquel grano, especie de arroz m1croscóp1co, y lo llevan con cáscara á sus graneros, en donde lo deseascarillan. Cuando el agua invade los graneros, las hor-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

migas aprovechan el primer día sereno para sacar sus
granos al sol, y cuando están secos vuelven á almacenar los granos buenos, ll.bandonando los que la
humedad
echado á p_erder.»
.
. Por lo d1c~o ve~os mt~resant~ de la vida de_eS tos
insectos y cuanta mtehge~c1a d~sphegan para sal!r con
bien de 1~ lucha por (a eX1stenc1a.. Cuando e_stu?~mos
un horrmguero habitado por millares de mdlVlduos

?ª

¡

!º

siempre en actividad, donde unos const~uyen caminos, calles y habitaciones, otros aportan ~1veres, otro_s
vigilan el nido y alimentan ~ los pequenuelos ó cuidan de sus animales domésticos y todos cumplen su
deber con el mayor orden, forzoso no~ es admirar la
aplicación é inteligencia de las hormigas.

L.

STABY

(Del Pro111ethe11s}

GOTA y . BEÚMATISMOS

CLORÓSIS. -

ANÉMIA. -

• por el LICOR '1 Ju PILDORA8 del X&gt;' x..,avil.J,e:
Curac1on
:wooa..
ti
i

LINFATISMO

ttO podría"

P• laJtr: F, COKAR, 21, ru Sabt-Cladt, PARIS

lllla • W11 l&amp;I Juudu 1 11t111!1u,-IIIIIIM &amp;l'ÜI u ltU. eipll.Ml11t. '
UIJAll lL 111:1' _K~ 1111~11 ~Cl~ l _ll'fA fllllA !

,er dema.s(ado recome-ndado.s en. raZOn d, ,u P"'"'"ª qulmica, df

,,. 1na1t,rab1lidad V d• ,,. 1olubilidad
ílEl'ÓSITO GENl!R,\L: 46.

~i
0.;:.;

emp/N .,, Ntado a,udo 1&amp;1 •U.DOa&amp;S,111 ., Nlado or611/00,

1

El Proto-Ioduro de Hierr_o tS el. r~parador de la s~ngre,
d tortiflcante y el microbicida por excelencia.
11J ara,-ey 1&amp;1 Grajeas eon proto-iodl!IO de Uern, deF. Gille,

"°'"t~:!:t. d• lo, Bo,pilal.,).

~
~
...

Rue Yauvllllers, PARIS. Deposito en todas Ju J&amp;rlDlliU.

.-u·ALIU,"'1,
11

-.....-

'78, l'a1111. llatnt-Denle
PARié

t.,,...,_,"",.~

~an casi INSTA

-

.

LAJT !NTÍPBÍLIQUS -

LECHE .A.NTEFtL
,ut 1 ■-llb •

1111, llll,a

l,ElffEJAB, TEZ ASO
IAI\PUl,LIDOII, TEZ BAl\1\08

AIU\UGA8 PRECOCES

JARABE v PASTA

EFLORESCEMClAB
I\OJECE8

de H. AUBERGIER

001 ~ (J11t ltobOII de Leollap)

1
:.1\2~ ~ .

blNJ'Nd•••
...,,._..fal
~~'!.....
m,,
4!
fis~~di,a¡.=:°!JhLilJ~ds:.=:.::,:,::...... ~

badOII r la A.oademla de Jledloma de Puü4
la Coleoci61l
ot~al de ~maJuLegale■ por deor■fo
de 10 de Jlano de 1864,
e una completa 1m1oculdld, una encac11
~ en el CatOfft
~ f e o Ju /Ir
Calarn,, ~
. 2W . . . • =i::a_ la prpnta, baJl
(llt•MIUII),
venta por mayor : COIIO 1" CP, .. Clu,t di IMllladl, UlUI

.A

DDÓIJTO

a

Enfermedadesd,, Pecho

Jarabe Pectoral

LU Nlllc¡IPALII IOIICU

DE

P. LAMOUROUX
Ant11, F1rm1dutico

61, Calle VauYllUer■,

ENFERMEDADES

GARGANTA ESTOMAGO
PASTILLAS POLVOS
VOZ y BOCA.

Pllllllll II DETHIN

... t:!a•-"'

1Nllal• .. 1a8erpata.
llllllaclAoll• .. la "f'o■, 1110■•-- ... la

=.-::-.=:-~~~

Part!Cll)l.lldO de JU propiedades del IDdo
del Hierro, estas Plldoru se emplean
especialmente contra Ju ••crofulu, la
'li■II y la Debilidad de temperamento,
u! como en todos los casos(l'áltdot1 colore■,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales ea necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
1u riqueza y abundancia normales, ó n. para
provocar ó re¡ularizar su curso periódico.

A IN 111n ftUmlCADOllD

y

noraollD .,. a&amp;lffOiill ~ fulllllr la
aaiol■D . . laffL-. . . . :tlllaAYe.

6lll#fl . . . """' • ~
.IUDl.DSTll&amp;Jl,r--'1N••.&amp;ma

- A/~1111U1:tn1to, n 11!11,

V~

fU.D08,

las verdadera■- Pildor«u de nianca-rd,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié do una etiqueta
verde y el Sello de garanlia de la Unl6n de
tos Fabrl cantea para la represión lle la íalsl-

PATERSON
a BISIIUTBO 7 ll.lGNISll

El larab• d, Pilrr, Lamouroux 11
el Pectoral por excelencia
como ~dulcoranle dt las lisanas, á
la, cuale-1 comunica ,u gusto agl'adabl, y su, propiedad,, calma11te1.
(Gaceta dt lol HOlpltalel)

1111 ■ 1 U•-lralll~-4■1J11116•
■IIIIO , Falla .. .l.peUIO, Dlf..UOD• lallo~,.l.olcUaa, 'Y6111Uo■, ~• "f.~UoM;i

repw:laD lu haoioUI u\ ll■IOm■4IO 'I
. . . i..u....

..,WW C-11: AS, Calla Tmilllen, U, PWS
3• rende en todu /u buenu farm1cl11.

,_ • .,,..,. • .,.. ,. ,. ,uuo.

11...,..... ...............

JARABE ANTIFLOGÍSTICO OE BRIANT

Rue lonaparte, 40

c.::::&gt;-o
El loduro de hierro Impuro Oalterado
, 8, es un medicamento Infiel é Irritan te.
N
Como prueba de pureza y de autenticidad de

J

:Pul■,

.........aola, VA.LLB DB Bl:YOLI, 16 O, PABZ8, 11 •• ,_,. . , . . ~•,....•o4ae

El J.ABABE DE BRIAN7'recomendatJo desde su :,rlnclplo, por los profesores
Laennec, Thénard, Guer■ ant, etc.; na recibido la cc,nsagraclon del tiempo: en el
año i82V obtuvo el prlvtleglo de lnvenctón. VERDADERO CONFITE PECTOltAl, con base
de goma y de ababoles, convtene sobre todo a las personas delicadas, como
muJeres y niños. su gusto excelente no perjudica t&gt;D modo alguno á su etlcacla
contra los RESFRIADOS y todas las IIFUIACIONES del PECHO y de IOS IIITESTllfOS.

LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA

• t0 o6ntirno• d• peaeta la
entrega de i8 p~gin~

Se n-riaD pr•spectot 4 1aien lea Mliatc
llriglk4ose 4 1.. Sm. M.eataacr y Su_.a, NI-

flcaclón.

__,SB HALLAN 11:N TODAS LAS FARMACIAS

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento mas Co~ wúdo a los Tómcoa lllU reparadora.

APJ:OL
de los o rea JORET &amp; HOMOLLE

VINO FERRUGINOSO ARDUO

El APIOL cura los do/ores, retrasos, auprealones '1e /as Epocas, as\ como las oérdidas .
Pero con frecuencia es falsificado. El API OL
verdadero. único eficaz, es el de los Inventores, los D•.. JORET y HOMOLLE.

T COK TODOS LOS nDIClPIOS lClJDITIVOS DB U CAI\N&amp;

C!&amp;.an, mm• 1 e11111.1.1 Dtes ailoe de exlto continuado y lu lflrmact011e1 de
toc1u laa em1nene1aa médicas preubaD que esta uoclacion de la (l..,.e, el Hierre y la
••lea oonaUtuye el rel)ll'a4or maa entlnrtco que ae conoce para curar : la Clorólü, I&amp;

MEDALLASExp•Unir 1,. LON DRES1862 • PA R/S 1889

Far!&amp; BRU.U, 150. ruedeRlvoli, P~RIS

1fltllHII 1aa Jlnt1t~ dolorollU, el lmpo/JrecCmlfflto y la J. lter/JC01l de la Safl9t't,
el .RaQIÍlt~ !di J.feccúYAa ucro~ 1 ucorbutfcal, ele- El l'i■e 9'err■st-N dé
.A.re•• e11 en' erecto el UJlico que reune todo lo que entona y fortalece loa orpn01,
regulariza' coordena•y aumenta conalderablemen&amp;e lu tuerzas ó Infunde a la l&amp;lll?9
empobredd&amp; y deaColortd&amp; : el f(qor, la Colorae1o1t 1 la .hn'gúJ ftUIU.
;por
luis, en cua de J. FBW, Fumat.e11tico, iOS, rae l\idielieQ, Sacaar., llO,UD.
•
p VDDK U TOD.1.8 L.U PIUll'&lt;llP4.Lll8 aoTlcaB

•ror a

GRANO bE LI NO TARIIJ F~i~fIM~s ·
E8TREf.llMIENTOS, CÓLICOS. -

La caja: lfr.

ªº·

LOS QUE TEMGH TOS
ya sea reciente ó crónica, tomen las

PASTILLAS PECTORALES
del Dr. Andreu y se aliviarán pronto por fuer.te_ que
sea. Sus efectos son tan rápidos y seguros que cas_1siempre desaparece la TOS al concluir la primera caJa,
Para el ASMA prepara el mismo autor los Cigarrillos
YPapeles azoados que lo calman al instante.

EIIJASE 11:= 1 ARDUO
LOS RESFRIADOS

de la nariz y de la cabeu desaparecen
en muy pocas hora.a con el

RAPÉ NASALINA
que prepara el mismo Dr. Andreu.
Su nao ea facillaimo y m efecto,

seguros y rápidos.

e-w1,o

1nl'lr1110. - fl11• Vd. t 111/ ,.,,. u,ultHII,
1 Ali• IN H ,ue,t,.. lltA#Olit IALUO, pull e/loe
le 111r1rb ,, ,u oon1t1paolon, le darb apet/lo 1 le
dero/r,ran e/ 1u1iio 1 la 1/tfr/1. - A11
Vd.
muohoe 1ño1, d11frut1ndo t11mp,. d• vna bu1n1 11/14.

,,,1r,

------ ----------

PARAtel:erBQCA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padrcN dolorrs
de muelas 11s,•n rl ELIXIR y los POLVOS de

IIIENTHOLINA DENTÍFRICA
que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanqu ece la
dentadura, fortiílca notablemente las encías, el'ilando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agrad able perfuma el aliento.

�N ÚMERO

L A l LUST RAClON ART ÍStI CA

493

giene. Aunque el libro trata solamente
LIBROS ENVIADOS
de las aguas potable~ de Valparalso
Á i,.:; 1A REUA&lt;.:CIÓN
(Chile), y de los repor allores 6 e4ittre1
sultados del estudio
higiénico de las misZARAGOZA AR·
mas hecho en el laTfSTICA , MONU·
boratorio de dicha
MENTAL É IIISTÓ·
ciudad, bien puede
RICA, pw A.)' P.
decirse que '!;u imGascón de Gotor. portancia es univer•
Cada nuevo cuadersal, porque univerno que de esta intesales son los princiresantlsima obra repios cientificos en
cibimos nos confirque se fllnda y las
ma más y más en la
observaciones y dea lta idea que de ella
ducciones que de
nos formamos desde
ellos se desprenden.
un principio, y jusAnalizar, siqu ie r a
tifica nuestros elosomeramente, la
gios y recomendaobra de los señores
ciones. Los cuaderSalazar y Newman
nos 17 á 20, últimaes tarea imposible
mente publicados,
c!entro de los limites
contienen , ademas
de esta sección; tadel excelente texto,
les son el caudal de
ocho fototipias, re•
conocimientos que
presentando : una
supone y el cúmulo
preciosa alegorla de
de experiencias que
Zaragoza del emile sirven de base, y
nente pintor don
para las cuales han
Marcelino de Uncevisitarlo y estudiado
ta, siete vasos ibérisus autores los sicos, el sepulcro de
guientes I aboratolos Santos Mártires,
rios: el de Montrouuna bandeja de plaris, el Microbiológita del templo de la
co del Dr. Ferrán,
Seo, un mosaico rode Barcelona, el del
mano, unos relieves
Instituto higiénico
del inmortal Tudede Munich, el de
lilla, un esmalte del
Viena, el del Instisiglo XVII y la verja
tuto higiénico de
g6tica de la capilla
Budapest y el del
de Ntra. Señora del
Instituto higiénico
del Pilar de la iglede Berlln.
sia de San Pablo.
Contiene además
Suscrlbese, al prela obra un capitulo
cio de una pe3eta el
del Dr. Blanchard
cuaderno, en casa
sobre los animales
de D . Manuel TejeESTUDIO DEL PI NTOR EDUARDO UNGER , (\'éase el artículo en el número 487.)
parásitos introduciro (Palomeque, 28,
dos por el agua en
principal, Zarago•
el organismo.
za), y en Barcelona
.
El libro, lujosamente editado por la casa Burns et Oates
en la librerla de D . Arturo S1m6n, Rambla de Canaletas, 5. TABLES, por A. E. Sala:ar y C. Newma11. - Quisiéramos poder disponer de mayor espacio para ocuparnos como se mere• [28, Orchard Street. W), de Londres, está ilustrado con 127
ce de esta importantlsima obra, en donde se estudia con gran grabados, 16 fotomicrografias y 5 fotogramas representando
*
••
riqueza de datos, observaciones y experimentos, á cual más in- aparatos, instrumentos, cultivos, reproducciones de bacilos, etc,,
EXAMEN QUÍMICO Y BACTERIOLÓGICO DE LAS AG UAS PO• teresantes, uno de los problemas m:ls trascendentl\les de la hi- y forma un tomo de más de 500 páginas.

Las casa.a extranje1'88 que deseen anunol.a.rse en LA ILUSTRACIÓN ART!STIOA dlríje.nse pe.re. informes á los Sres A. Lorette, Rue Oa.umartm
núm. 61. Parfs.-Las oasaa espafiolaa pueden hacerlo en la oftoina de publicidad de loa Sres. Oalvet y O.•, Diputación, 368, Barcelona

'Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 aftos, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito f&gt;OI'
\ocios los médicos para la curacion de las gutrltia, gutraiJtu, dolor••
y retortljonu de e■tómagd, e■treñimientoa rebelde■, para facilitar
la dlgeation y para regularizar todas 1aa funciones del eaíóma¡o y de
loa inl.e&amp;ÜDOL
JARABE

~,o

111t1&gt;lDESd•1E1ro,i

\.._,~

~¡--

Pepsina Boudault

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS llARGlS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, hlstéria, migraña, baile de 8•-Vlto, lnaomnloa, coa'"1lalone■ y toa de los niiios durant.e la denücion; en una palabra, todaa
1u afeccione■ nemoaaa.

t, ruedes Liom-St-Panl, 1 Paris.

Jábrka, 11pediciones: 1.-P. LAROZE
Depoalio en toclu In

Aprobada por la AC&amp;DtlU DE IEDICIU

prlnclp&amp;Je■ Botica ■

y Droperlu

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856
Medallu en lu E1po1lclonu lnt.,naclonalet de

'

PUlS • LYOR • VIERA • PllUDUPfil • P.lRIS
11167

W3

18ii

ma

'I OT&amp;ot DI IOJ..DINH DI U IUOIITIOII'

BAJO LA FORIIA DE

ELIXIR• , de PEPSINA BOUDAULT
VINO , , de PEPSIN&amp; BOUDAULT
POLVOS, do PEPSINA BOUDAULT
PWS, Plwmacle COLLAS, a, ne Daaphine
f

ffl

lat pri"c{poltt ( al'ffl&lt;lcl4t.

D .Al1muato 1111 repndor, uido al Tónico . . _,.¡co.

1878

coi. I L ■no&amp; htTo .1' u.
DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
•• PPl.ll

VINO ARDUO CON QUINA

T COK TODOS tol ftllfctPJOI lnJTJllTITOS 8OLtJBLB8 DB 1.4 CARNE
·eaa.. . y •11111&amp;1 IOD loe elemenlol que entran en la coml)Os!cton de este l)Otente
Nparador de li.l fuenu 1'1tales, de este lenlleaa&amp;e per eeeeleaela. De un gusto sumamente a¡radable, es 101&gt;erano contra la Átlem'4 1 el ÁflOCQmtento, en las Calentl'ra,
7 CMo1141Cfflc'411 contra Ju IJ14rrea, Y 1111 Á { ~ del B1toma,o y los ,ntestttlOI.
Cuando ae tma de despertar el •~Uto, asegurar las dlgesUones, reparar las fuerzas,
llll1queoer la sangre, entonar el organismo Y precaver la anemia 1 las epldemtaa provoClld.u por loa caloree, no ae conoce nada superior al 1'1■• de taiaa de A.reull.
IM' 1141""• • Paria.,_en casde J. FEW, Faniuceutico, 10!, rne Richelieu, &amp;caar ddBOUD
.

9

VDDI lffi TODAS LAS PIUNCIP.1.LBS BoTIQU.

Soberano remedio para rápida cura•
clon de lu Afeocionea del peoho,
Catarro■,llal de garganta, Bron,,
quita, Reafriado■, Romadisoa,
de los Reumati1mo1, Dolore■,
Lumbago■, etc,, SO años del mejor
bito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primero■ médicos de Paris.

•

EXIJASE e1i: t~ ARDUO
0

1

PATE EPILATOIRE DUSSER

dutrare bu ta lu RAICl!S el Vl!LLO del rostro de tu damu (Barb,, BfJole etc) ala
l11ngua peli¡ ro pua el cutlJ. 10 4.iio■ de Ílldto,ymlllarea de le1Umonio1garutlwl ladu~C'
de ea~ p~paraclon. (Se vende en eaJu, pm la barba, y ea 1/2 oaJu pua et bl¡ott U,ero). Para
lol bruot, emplwe d i'Jl,j t'Ull.111. DUBBER, , . rue .J•..J,•Rouueau, P ari!J.
Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP. DI MONTANll y $ Il(ÓIC

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46754">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46756">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46757">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46758">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46759">
              <text>493</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46760">
              <text> Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46761">
              <text>8</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46777">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46755">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 493, Junio 8</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46762">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46763">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46764">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46765">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46766">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46767">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46768">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46769">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46770">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46771">
                <text>1891-06-08</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46772">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46773">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46774">
                <text>2011643</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46775">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46776">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46778">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46779">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46780">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="7385">
        <name>Bocetos</name>
      </tag>
      <tag tagId="2485">
        <name>Cuento de amor</name>
      </tag>
      <tag tagId="7387">
        <name>Eduardo Unger</name>
      </tag>
      <tag tagId="7306">
        <name>Emilio Castelar</name>
      </tag>
      <tag tagId="7386">
        <name>Las hormigas</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1775" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="653">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1775/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._494._Junio._0002011650.ocr.pdf</src>
        <authentication>148a6506ccf2c3d44854b19d49d216f0</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73946">
                    <text>itrt&amp;C100

Ftí~ttetx.
A&amp;o X

BARCELONA 15 DE JUNIO DE 1891

NÚM. 494

ADVERTENOIA.-Con el próximo número repartiremos á nuestros suscriptores el correspondiente tomo de la Biblioteca Universal.
Será éste el primero de cNERÓN,&gt; por D. Emilio Castelar, ilustrado con profusión de grabados.

SUMARIO
Texto.-La Exposicióngmeral de Bellas Artes. La sección de
pintura extranjera, por J. Yxart. - La Exposición del Clrwlo
de Bellas Arles de Madrid, por R. Balsa de la Vega. - / Ya
vienen! ¡ Ya vienen! (capítulo de una novela inédita), por
Luis M, de Larra. - Excelente cómico, por José M. Matheu.
-Nuestros grabados. - El padre Daniel, por Eduardo Rod.
Ilustraciones de Vogel. -SECCIÓN CIENTÍFICA: Estufa ter•
1110-ellctrica del Dr. Girattd. -El análisis de los vinos. De·
terminació,i de la cantidad de do1tll'Os en el vino. El cloni•
rómetro.

•

Grabados.- Un mártir, escultura de D. Agustln Querol.
-:-.f!arrendero (París), cuadro de D. Ignacio Zuloaga (Expo·
s1c16n general de Bellas Artes de Barcelona). - En la fuente,
cuadro de Ernesto Creci (Exposición general de Bellas Ar·
tes de Barcelona). - El escultor argentino Francisco Caffer~ta Y algunas de sus principales obras (de fotografías remil!das por D. Arístides Maranga, de Buenos Aires). - Mascanlla del general Moltke, obtenida por el profesor O. Lessing. - Camino de las Trias (Olot), cuadro de D. José Amet
(de fotografia de D. Juan Martí). -Las Cortes del Amor,
cuadr? de D. Francisco Pradilla. - Fig. 1. Estufas termoelé~tnca3 del Dr. Giraud. - Fig. 2. Secciones longitudinal y
b~nzontal de la estufa termo·eléctrica.-Fig. r. Decolora•
m1e~to de los vinos por el negro animal. - Fig. 2. Determinación del cloro, - Una bacanal, bajo relieve de D. Venan•
cio Vallmitjana.

LA EXPOSICION GENERAL
DE BELLAS ARTES

VII
LA SECCIÓN DE PINTURA EXTRANJERA

. Ocurre en las Exposiciones que, conforme pasa el
tiempo, se va depurando de tal modo la selección del
público y la crítica, que al llegar el momento de la
clausura, es difícil traer un factor nuevo al juicio.
~orno todo se ha dicho y repetido de sobra, quien Jo
rntenta se expone á descubrir el Mediterráneo ó á extraviarse por laberínticas veredas con el anhelo dela
novedad.
La Exposición está casi para cerrarse, y el parecer
de t?dos, controvertido hasta el exceso y pasado por
tamiz. En tal momento llego á la sección extranjera,
la cual por otra parte no ofrece mucho en qué escoger, aunque lo poco bueno es óptimo y la calidad
suple á la cantidad. A ciento treinta no llegarán las
obras expuestas en aquella única sala. De ellas, si hemos de ser muy rigurosos en elegir, s61o quedará el
r~cuerdo ~e ?nas cuarenta, caso que quepan en la
lista. El publico las conoce ya al dedillo, por Jo menos las que á él le atañen más directamente· los artistas, las suyas. Aquel ha sido como un saló~ de descanso, d?nde todos nos aliviábamos del especial mareo Y fatiga que causa en las exposiciones la búsqueda de lo excelente entre lo mediano. En la sección
extranjera, nada ~e eso. Todos hemos llegado á sab~r el ~u~~r preciso donde colgaba lo mejor, y el hábito dm~1a á unos grupos en peregrinación constante hacia L' hen'tier, á otros hacia el Mauvais jour
de Leandre ó los dibujos de Renouard, y á todos juntos_ á los cuadros de Van-den-Beers. Fallaba en este
últi_mo taso aquel principio de que los artistas no se
detienen n_unca enfrente de la obra que admiran los
P:Ofanos,. s_mo en la del lado precisamente: observación mahc10sa que tomada sin embargo en serio podría dar lugar! como defensa y alegato, á todo un
curso de esté!tca muy fundada y racional. Después
de ~od~, lo mismo había de ocurrir en todo otro arte
ó c1enc1a (la medicina ó la literatura, por ejemplo),

UN MÁRTIR, escultura de D. Agustín Querol

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

¡t

si sus invenciones se colgaran de los muros: el público siempre juzga desde un punto de vista muy diverso del que elige la gente del oficio, y lleva á su
parecer una cantidad de razones extra-artísticas en un
caso, ó extra-científicas en otro, que importan casi
siempre muy poco á los competidores. Pero sea de
esto lo que fuere, á Van-den-Beers le admiramos unos
y otros. Bien es verdad, ahora que me acuerdo - para
que se vea cuán cierto es lo indicado arriba; - bien
es verdad que no iban muchos á contemplar aquellas
pinturas, como pinturas, sino á cerciorarse de lo fundado de su mala reputación... moral, forjada en malhora y con harta precipitación ... Fuera de esto, precisamente en la sección extranjera habían de separarse con más frecuencia los dos grandes grupos de espectadores, por cuanto si algún interés ofrecieron este
año aquellos lienzos, ha sido el de traernos, aunque
escasas, algunas notas de la pintura novísima que sólo
á unos pocos podían interesar.
A Van-den-Beers le ha pasado aquí lo que en otras
exposiciones. Se le ha discutido, analizado y comparado consigo mismo; se atribuyó su maravillosa factura á un artificio (la aplicación de la fotografía), con
la misma falta de fundamento de siempre, y se ha
discurrido sobre el raro é indefinible prestigio de sus
figuras femeninas. Todo lo cual quiere decir, en suma, que le hemos admirado como una maravilla.
Resultado de tales discusiones: acaso no queda en
la Exposición un solo pintor de quien se puedan
resumir con más unánime acuerdo sus más visibles
caracteres. Todos quedaron conformes en que su
Mouclzoir de la Veronique es un tntc, y su retrato de
Rochefort un asombro, una suerte de evocación mágica en el fondo de una cámara obscura; todos repiten
que de sus demás cuadritos son los mejores su Paresse,
Insoucianle y Sur le paravent ( Pierre/e noire) que no
pueden compararse ni remotamente á la B¿rgere
Luis X V ni á la Femme aux eclzasses ó la Pecheuse. El
hechizo de aquellas tres figurillas, pintadas con la minuciosidad y nitidez de primorosas miniaturas en algunos fragmentos y con el descuido adrede en otros, es
verdaderamente singular yá nada comparable. Tienen
las tres cierta exquisita y refinada elegancia con más
la intención provocativa y perturbadora lanzada como
un reto á la curiosidad intelectual del espectador,
como la que despiertan ciertas heroínas de la moderna novela psicológica francesa ... cuando queda tiempo para tales minucias. Como pintura, los primores
del modelado, la calidad y delicadeza de las carnaciones, la pureza de los contornos y escorzos, las gradaciones y velos sutiles é impalpables del claro-obscuro, son más notables sin duda alguna en la I11soucia11te,
hecha un ovillo y sonriendo picaresca en la sombra, que
en sus dos hermanas de rostros algo recortados, como
incrustaciones de marfil. El conjunto, alumbrado por
tibias luces de interior, deja una impresión de preciosidad y rareza más propia para guardar en rico estuche que para colgar en las paredes.
No siento la misma predilección común por L' heritier de Van-den-Bós, la nobillsima y majestuosa fi.
gura de reina viuda y enlutada, junto al joven príncipe heredero. A1mque ambos personajes respiran
la dignidad y soberana distinción de la majestad
real, severa, simple y atractiva, y el mismo dibujo fir.
me y robusto y la entonación del cuadro concuerdan de un modo peculiarlsimo con aquel sentimiento, las carnaciones, sin embargo, propenden á la
sonrosada brillantez de la pintura de porcelana, como
las de Van-den-Beers al marfil.
Tampoco Roll en su obra Le travail se halla á la
misma altura que ocupa actualmente. Aquella composición, por sus extraordinarias dimensiones, el número de las figuras y el asunto elegido - grupos de
obreros ocupados en vasta construcción, - recuerda
por cierto uno de aquellos proyectos colosales de
Claude Lantier de L' CEuvn, acosado por el anhelo
de convertir en grandes composiciones decorativas
los magníficos espectáculos de la industria moderna,
á la manera que en lo antiguo esplendían en las bóvedas de los palacios las apoteosis de los héroes. La
grandiosidad del escenario, junto á la realidad sorprendente de los actores, de tamaño del natural, at· léticos y robustos, atrae de pronto las miradas como
toda tentativa pujante; pero la composición total, de
entonación apagada y fría, trae á la memoria el parecer de un crítico que precisamente refiriéndose á
ó. aquellas fechas (pues el cuadro es de 1885 si no me
equivoco), juzgaba así el primer período del insigne
pintor: «Roll siente por la naturaleza ternura ardien»te; contempló con toda franqueza los aspectos de la
»vida contemporánea, sorprendió sus grandes rasgos
»aunque no siempre los más caracterlsticos, y los tra»dujo con lealtad, en una lengua ruda, que parecía
»brutal porque carecía de matices, é indecisa en rea»lidad porque le faltaba osadía ... Vastos lienzos, don»de ni los ojos ni la mente se hallan atraídos hacia

»un interés dominante; obras poco concentradas ó
»demasiado borrosas, denunciaron la varonil bon»&lt;lad del artista, su natural y vigorosa elocuencia.»
Seguramente Le lravail figura en este número, bien
inferior á su admirable Femme au taureau expuesta
aquí en 1888.
Más interesantes me parecen, aunque de dimensiones modestas, los dos lienzos de Leandre, Le ba11c
d' a!uvre y Mauvais jour, particularmente este último,
que es, á mi juicio, la más completa pintura de aquella sala; la que deja satisfechos los ojos y el ánimo
con la nobleza de su ,única figura, de una postura naturalísima, el tinte severamente melancólico, sin incurrir en la que empieza ya á llamarse tristeza enfermiza, y la felicísima ejecución, de una verdad pasmosa dentro de una tonalidad obscura y velada de
la última luz de un día brumoso en el estudio de un
pintor. Sólo pueden ponerse para mí junto á este
cuadro la magistral acuarela de Signorini, La justice
a1, Maroc; los graciosos frisos decorativos de Hynais
Femmes el enfants, y la rica colección de dibujos al
carbón, á lápiz y á pluma, donde figuran entre otras
obras admirables y sólidas, La toilette du malin de
Lhermitte, dos retratos de Engel, los apuntes para
ilustraciones de Renouard, magistrales en su género,
algunos de los croquis á pluma de Vilette, y el elegante retrato de Mlle. Barety, por la Beaury-Saurel.
De intento dejé para terminar los pocos lienzos
que traen á aquella sala la nota novísipia de un impresionismo osado, como A la Fenelre de Zandomeneghi, en la que se descubre, sin embargo, el talen·
to del colorista, ó la muestra de cierta pintura decorativa de casas consistoriales y juzgados, como Le
Jardinage y Le Ramettr, de Karbowsky. Por aquellas
dos figuras fragmentarias sólo podemos cerciorarnos
de la seguridad y admirable corrección del dibujo,
pero no de la composición entera. Por el color, tenue y grisáceo, Karbowsky será uno de tantos secuaces é imitadores que ha suscitado Puvis de Chavannes, y que aplican el mismo procedimiento á una
suerte de idealización de escenas tan prosaicas como el ejercicio del sufragio ó los procesos verbales,
con que decorar las frías paredes de un colegio electoral ó una sala de vistas. No es posible confundir
esta tentativa, ni con las grandes pinturas decorativas de aquel maestro, ni con la misma de Roll Le
travail. Recientemente se mofa la crítica francesa de
ese nuevo género, propio para satisfacer la cómica
vanidad de Prudhomme en el ejercicio de sus antiestéticas funciones concejiles.
Fuera de éstas, las dos notas más curiosas por su
novedad, son la de Thevenot, Un repos, de una fuerza luminosa extraordinaria, alcanzada con originalidad y valentía, y el célebre lienzo de Rochegrosse
Le clzevalier Thamzausser de Venusberg, que, á pesar
de la pretendida universalidad del color, como lengua
para los ojos, vibra á los nuestros del modo que
sonaría en los oídos un verso heroico en idioma totalmente ignorado. La Venus de la leyenda germánica
de ondulantes y voluptuosas líneas, de cuerpo sonrosado y vaporoso, ciñe, recostada en el aire, el cuello del
caballero Thannausser, tendido oblicuamente con rigidez hipnótica, los brazos en cruz y fija la mirada.
Su larga veste, sus piernas que reviste la malla de
acero, resaltan sobre un fondo clarísimo y risueño
como las carmíneas tintas de la aurora, y en aquella
atmósfera fluida y vaga, se prolongan, lo mismo que
en un estanque las temblorosas ondulaciones del agua
tras la calda de una piedra, los suaves contornos de
la Venus, repetidos una y otra vez hasta disiparse
lentamente. Flores ideales brotan del suelo y abren
sus corolas azuladas, ostentando en el centro, como
puntos brillantes reales y palpables broches de metal
ó vidrio, incrustados en el lienzo cual las piedras preciosas en una joya. La tonalidad general es grata,
como todo color alegre que acaricia los ojos con suavidad; algunos fragmentos, las flores de aquel país de
leyenda, están pintados con el desenfado y el espor1 táneo acierto que denuncian al gran artista; pero confieso ingenuamente mi perplejidad ante una pintura
empeñada en recordará su modo las emociones de la
música como la poesía decadente. Lo único que cabe descubrir en aquella obra, es el impotente esfuerzo por hallar una fórmula novísima que late y se anuncia en todas las artes sin que hasta ahora se acierte
con ella ni pueda conjeturarse cuál será.

NúMERO

494

y entre las primeras, las firmas de los más celebrados
artistas españoles.
Pero - ¡no podía faltar esta 1ruta! - lo mejorcito de
1~ expuesto pertenece á un muerto y á un loco, y
pintado hace años. Los desnudos del malogrado pintor valenciano Cortina, cuya muerte, acaecida en una
buhardilla de miserable casa de esta Corte, fué la primera noticia de que existiera un colorista que en algunas de sus obras alcanza la talla de Velázquez, son
verdaderas joyas de esta exposición y lo serían asimismo de otra de mucha mayor importancia.
No constituyen cuadro ninguna de las.producciones de Cortina, á excepción de la titulada .Descanso
del modelo: las demás son únicamente estudios y composiciones más ó menos concluidas, pero dominando
en todas la nota sobria y hermosa de una paleta castiza y excepcional. El .Descanso del modelo representa
una mujer desnuda, en cuclillas, de espaldas al espectador y atizando el fuego de la estufa. Para describir
la belleza plástica de este cuadro - quizás un tanto
realista, según el criterio de gentes de cuyos nombres
no quiero acordarme, - la pluma no es bastante, ni
creo que con la descripción se pueda llegar á dar la
más ligera idea. Lo mismo acontece con el resto de
la obra de Cortina: es menester verla; y viéndola, admirarla.
Resiéntese, sin embargo, lo aqul expuesto del hoy
celebrado muerto, del defecto de que adolecen los
genios sin una educación del gusto muy delicada; así
como plásticamente, es decir, dibujando y sobre todo
pintando, subyuga¡ la elección de los motivos y la
disposición de las figuras acusan el humildísimo abolengo del eximio artista. Fáltale á toda su obra delicadeza, finura - si me es permitida la palabra, buena
educación. - Las mujeres de sus cuadros, como los
hombres, son de baja esfera, de la clase ínfima non
sancta; hay exceso de materia y carencia casi absoluta del sentimiento de dignidad, que emanando del
espíritu, modifica costumbres y presta á la misma
materia esa belleza psíquica que con tanto empeño
debe buscar el artista para ennoblecer la obra del
arte.
A Casimiro Sainz, hace ya dos ó tres años huésped de un manicomio, pertenece la otra parte del
éxito total del certamen del Círculo de Bellas Artes.
El insigne paisajista montañés está dignamente representado con cuatro primorosos cuadros pintados
en fecha bastante lejana. Y á pesar de ser conocidos
estos paisajes de gran parte del público aficionado
al arte, no por eso dejan de ser la admiración de todos cuantos los examinan; muy al contrario, sirve tal
examen para medir la distancia que separa de la
verdad á los paisajistas cuerdos españoles. ¡Cuán pequeños, cuán falsos, cuán empalagosos por su misma
mentira y falta de sinceridad resultan el resto de los
paisajes expuestos!
Dos de las telas de Casimiro Sainz pueden considerarse panorámicas. Una representa la ribera del
Manzanares. Vense metidas en sus cajones varias lavanderas, la ropa tendida, los tendederos hechos con
esteras viejas para librarse de los rayos solares, los
colgaderos, los árboles que sombrean ambas orillas
del mezquino riachuelo; allá, destacándose luminosa,
la silueta de una parte de la villa y corte, y á la derecha la cúpula de San Francisco el Grande. El cielo
madrileño brillante; la luz del sol esplendorosa, bañando el paisaje, pintado de un modo magistral.
Sencillez, justedad de tonos, dibujo escrupuloso,
buen gusto, tal es la obra del insigne paisajista, que
así trazaba un árbol como una figura. De él nos quedan sus obras que solas brillan en medio de tanta
mentira como constituye el género hoy prostituído
por aficionados y osadas medianías, tan faltas de talento y disposición para el arte, como engreídas y
huecas
Descartadas las sobresalientes notas de Cortina y
Sainz, !as demás ocupan un lugar secundario; y cuenta que figuran de José Jiménez Aranda, de Sala, de
Domlnguez, de Sorolla, etc., amén de dos cuadritos
de Fortuny y Plasencia.
Cosa singular: lo mejor de este certamen, después
de los cuadros de los dos primeros pintores, pertenece á otros dos artistas muertos también: Fortuny y
Plasencia. Pero ahora antójaseme hablar de cuadros
de autores vivos; y á fe que buena falta me hará el
repuesto de las obras del hijo de Reus y del de Guadalajara, para cubrir, al final de la jornada, este ejérJ. YXART
cito de soldaditos de plomo que en ringlera se pre8 jllnio 1891
senta tan orgulloso de sus colorines, y del Jurado de
admisión que le &lt;lió certificado de bueno.
LA EXPOSICIÓN
Me apresuro á advertir á mis lectores, antes de
entrar en materia, que no pretendo ocuparme de toDEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID
das ni de la mitad de las obras expuestas en el PaLa más importante de las exposiciones celebradas lacio de Cristal del Parque de Madrid.
por esta soGiedad, es sin duda alguna la actual. FiguEl señor Jiménez Aranda exhibe un retrato malo;
ran unas cuatrocientas obras pictóricas y escultóricas, un dibujo no más que regular; unos fumadores (de
~

"'JV- " " " - '

NúMERO

494

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

371

Carmen y Lola, con sus gruesos y flecudos manto¡YA VIENEN! ¡YA VIENEN! nes sobre los hombros y sus pañuelos de seda levantados sobre el pelo en forma de pico, pasaban y re·
Aquella mañana todo era jú- pasaban por entre las filas de los soldados, que abanbilo Yregocijo para los habitan- donando por un momento la gravedad de la discit~s de la corte. Júbilo que anun- plina, lanzaban á las dos madrileñas de pura sangre
ciaban las campanas con su in- l~s más atrevidos y pecaminosos requiebros. A mecesan_t_e Y monótono clamoreo; d1da que era más alta la graduación del militar que
, regoc110 que pregonaban clari- las requebraba, era más placentera la sonrisa de las
nes Y tambores, mientras por chulas, y bueno es advertir que para ellas también
las calles que desembocan en la formaba aquel día el elemento civil, á juzgar por las
Puerta del Sol brillaban las ba- dos filas de curiosos de todas las clases sociales que
yonetas de los infantes y las se abrían á su paso.
cor~s d~ los jinetes, que á paEn aquella fiesta, como en cuantas se verifican
so ligero iban, volvían y se mez- gratis y al aire libre, se confundían y mezclaban
cl~ban en ordenado tropel, para todas las categorías humanas, como se mezclan y conextenderse después en orden de funden en un vaso el agua y el vino y en un bolsiparada por la carrera que habían J llo la pl~ta y el cobre. Tras de la vengadora de alto
de recorrer SS. MM.
porte y neos botones de brillantes en las orejas marCa~ábase ~lfonso XII con c_ha el político de segunda fila, rodeado de su ~amasu pnma l_a mfan~ Mercedes; nlla aduladora, dispuesta á reir á mandíbula batieny era lrec1so _cubnr con carne te de la frase mordaz, dicha en voz alta por el pride canon, haciendo así alarde mero, c~ntra el jefe de su mismo partido. En pos de
de pom~a Yde grandeza! el tra- éste, y sm darse cuenta de su ridícula caricatura, payecto qi.:_e desde la ~stac1ón del s:3 el aspirante á banderillero que, según él, ya haferroc~r:il del Mediodía hasta b1a toreado en Chinchón y Valdemoro unos toros de
la Basil!ca de, Atocha y de éste desecho del Duque, y &lt;lió el quiebro de rodillas y el
~;ala~io te?1an que atravesar salto de la garrocha, y le echaron cigarros para seis
regios YJóvenes espos~s.
años. ~orqu_e él vale mucho, eso sí, y no es porque
b _Mostróse el sol espléndido y él lo diga, sino que lo pueden atestiguar los que le
~illa_nte, como queriendo con- acompañan, que forman también su camarilla y que
:~bmr .á tan fausto ~conteci- 1~ mismo ll~van el capote á un matador, que limca ento, Y nuestras mas deseo- pian un reloJ al primer transeunte que se descuide.
das_y salerosas chulas, nues¿Qué hombre, por poco que sea dentro de su catros pilluelos ~~s eng:anujados, rrera, empleo ó profesión, no tiene media docena de
nuestras exqms1~as mñas cursis ~dmira?ores parásitos, que aturdiéndole con sus
cu~ntos constituyen, en fin, irreflexivos aplausos estudian á conciencia sus dea abi~arrada población de los fectos para devorarle por el menor de ellos el día
Madriles, se hablan lanzado des- inevitable de la desgracia? Ved caminar al tahur de

f

(París), cuadro de D. Ignacio Zuloaga
( Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

BARRENDERO

fs~ón, por su~ue~to) ~egularcitos también; una me. 1~ gura ~e i5enonta, pintada al aire libre, bien dibuJª ª llf~ e ada, Yu?a pescadora de Villerville ó
po~ a , . uena de d1bu10, fría de color, pero construida Y eJecutada á conciencia. Observo que el ilus~el artiSlaCno pertenece á la familia de los.gigantes
e arte. onténta,e_ con hacer un pinito pintando
algunadque otra med1a fig~ra de tamaño natural, muy
~azona a, eso sí, pero fatigosa y fría de concepto y
~ pa1eta. Por lo demás, sus casacones (pinta muy
~ien las tsacas Ylas chupas) son el eterno ritonzello
e una poca ya de suyo empalagosa. Nuestros empelucados ~buelos, según el ilustre pintor andaluz,
;an unos. insoportables derrochadores del tiempo.
lle~f~~ /~t11lería á 1~ tertulia, de la tertulia á la botid 'lle ª sala de_1uego á casa del escribano, adon1
a! ~:s evJ 1ª nec~sidad de emp~ñar u~os barbechos;
ca1/eris\ab!r:~~r~bano á la _salita ?e Jueg~, et sic de
los stíbditos d e memoria l_a vida y mllagros de
Aranda iedad~ Carlos IV. ¡~1edad, señor Jiménez
calda dp
bPrefiero qbue pinte usted de nuevo la
M , e un rero, Y so re todo La Visión de Fray
ar1m, aun cuando sea á blanco Y• negro
No sé por é
·
b
t
qu ' me recuerdan estas variaciones so1
re .e ema ~asacón, aquel otro tema de marineros
1
:ia~:!r~~ ~~~~:;orse~~::~io, marine~os meditando,
ó bº 1 b.
eStas,mannerosen salsa
bri:;~s :e::;~~ Pfs~o:eando, _labriegos fum~ndo, la'..
b.
• ª negos ... ,No parece smo que
:;~sml¿ :~!~~~Yesos. m~riner?~ pas~n toda la vida
más nada! Losones, ni m s ~arinos, _ni ~ás luchas ni
lucha moderna ~~rf;º:•ala vida fab_nl é mdustrial, la
cionales y regionales
que reviste caracte~es na. .
ersos, y que caracterizan el
S·1glo en qu e v1v1mos
eso que
t"t
liente de la fisono ¡ ' lf.
con~ 1 uye 1O más sa. eso repito
m ª po
na·
. lica Ysocial de esta cen t uqué? A, prop6~i{ie;s gigantesco, ?~die lo pinta. ¿Por
articulo siguiente. e esta expos1c1ón lo diré en el

°

ái:•

R.

B.\LSA DE LA VEC,\

de temprano á la
ventura ansiosos
de contemplar á
la joven es a·
ñola so b~raJa
que según las
plas que se cantaban aquellos
días por los barrios ba·os se ca
saba p~r' amor:.
como una cual'.
quiera.
Tal familia corría desalentada
en busca del baleón, qºu e había
pagado á peso de
oro y al que quería llegar antes
que formaran las
tropas
U . á
n pap com·
placiente era llevado á remolque
por sus tres niñas
casaderas que
habían de , colocarse en la calle
del Siete de Julio,
donde estaba formado el batallón
de que Carlitos
formaba parte·
.
,
Carlitos, aquel
constante tertu·
li o de la casa,
disputado á man o armada por
las tres herma-

cd-

..
RN LA FllRNTE, cuad1 0

de D. Ernesto

Crecí

(Ex¡iosici6n ge nera¡ de Be11as Arles de Barcelona)

�1 I'

37 2

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

494

- Son los timbales. Y los otros dos los clarines.
- ¡Anda, anda! Allí le han dado un sablazo á un
- ¡Clarines, timbales! ¿Pero va á salir el toro?
caballero.
- ¡Qué bonitas jacas!
- ¡Cómo corre la gente!
- Son los caballos de silla de las reales caballe- Echan los caballos encima de aquellas señoras.
- ¡Qué barbaridad! ¡Qué gritos! Se ha desmayado rizas.
- Fíjate. ¡Qué sillas más preciosas!
una señorita.
- Esas seis primeras llevan arreos orientales.
- ¡Atiza! Aquel señor la emprende á palos con el
- ¡Aquellas de las sillas descubiertas sí que son
caballo del cabo. El cabo le da con el sable. ¿Quién
es. aquel que llega tan decidido? ¿Será el Gober- bonitas!
- ¡Mira, mira! De terciopelo y oro es el caparazón
nador?
de aquel caballo flor de romero.
- ¡Ca! Debe ser uno de la ronda secreta.
- ¡Qué estampa tan preciosa! Es árabe sin duda
- Ya se lo llevan.
- ¿Pero me va usted á echar debajo de las patas
- ¡Pobre hombre!
de los caballos?
- Pero la gente se va replegando.
- Si es que me empujan.
-Aquí vienen. ¡Atrás, atrás! ... ¡Que estos no se
- ¿Quiénes son esos?
andan con chiquitas!
- El picador mayor con dos ayudantes y un do- No me pise usted, señora.
mador. Esos jovencitos son alumnos del picadero.
- Pues hágase usted atrás, caballero.
Mira los palafreneros carreristas.
- ¡Si no puedo!
- ¡Anda! Ya empiezan los coches.
- Pues haga usted un poder.
- ¡Qué bonitos! ¿Quiénes son esos cuatro señores
- ¿Quiere usted que me embuta en la pared?
que
van dentro de ese landeau7
- ¡ Esos niños! ¡Cuidado!
- Los reyes de armas.
- ¡Vaya un gusto el de traer niños á estas apre- ¡Qué viejos son y qué feos!
turas!
- Calla, envidiosa,
- ¿Los voy á dejar solos?
- Mira esos que van en esa carretela á la dumbn
- Quédese usted con ellos.
con cuatro caballos y libreas á lo Napoleón.
- No me da la gana.
- Son los gentileshombres de casa y boca.
- ¡Calla, Ramona!
- Puede que sean gentiles, pero lo de la casa y la
- ¡No quiero! Si no trae hijos será porque no los
boca cualquiera lo tiene.
tenga.
- ¡No me da la gana! Aunque sea usted teniente
- Más que usted. Pero los dejo en la Inclusa para
ni tenienta, mientras no se corran los de atrás.
que no molesten al público.
- ¡Pues está bueno!
- Cierre usted esa sombrilla.
- Bien podía usted usar mejores rr:odos.
- Voy á tomar una insolación.
- ¿Ves?, con la discusión han pasado varios coches
- Va usted á saltarme un ojo.
y no nos hemos enterado.
- Severini los pone de cristal á los animalitos.
- Sí, mujer; son los mayordomos de semana los
- ¡Ay, ay! ¡Qué bestialidad! ¡Qué bofetada me ha
que van en uno, y en los otros la servidumbre de la
pegado! ¿Pero dónde está?
- Sí, échala un galgo; se ha perdido entre la gente. infanta.
- El coche de caoba. ¿Ves? Lleva seis caballos
-Ahora sí que va de veras. ¡Ya están ahí!
blancos empenachados. ¡Qué orgullosos van! Parecen
- No veo nada.
pavos reales. Mueven la cabeza á compás para lucir
- Empínese usted. ¿Lo ve usted?
sus galas.
-No,
señor.
- ¡Míralos, míralos! ¡Ya vienen! ¿No lo oyes?
- Deben ser yeguas ...
- Ni yo tampoco.
- Sí, es verdad. ¡Y cómo corre la gente! ... ¡Cómo
-¿Por qué?
- Vaya una gracia. ¡Ja, ja, ja!
invade la carrera!. .. ¡Cómo bajan por las calles trans- ¡Por lo presumidas! ... Dentro van los grandes
- ¡Cómo se ha reído de mí el chiquillo!
versales hasta colocarse entre los soldados! ... ¡Cómo
de España cubiertos ... y en ese lo mismo. Todos esos
- ¡Cuánto tardan! ¡Ya debe ser m_uy tarde!
se apiña la gente en los balcones! ... ¡Ya se acercan!..
- ¡Ay, Dios mío, me han quitado el reloj! El reloj coches son de la servidumbre de Montpensier, del
Mira los penachos ... ¡Y vienen á galope! ... ¡Pero si
rey Francisco, de la princesa de Asturias ... y de los
y
la
cadena.
no son ellos! ...
reyes ...
- ¡A ese, á ese!
- ¡Uf! .. . ¿Q1üén es ese señor de las plumas que
- ¡Se marea una!
- ¡Sí, SÍj cómo corre! ¡Ca! No le pescan.
pasa como una exhalación, seguido de tres oficiales...
- Ese lleva correo de órdenes.
¡Tirirí!
y detrás de ellos van seis soldados? ... ¡Qué cascos
- Mira: esos son batidores de la Escolta Real.
- ¡Ya vienen, ya vienen! ¿Oyes la marcha real?
tan feos!, .. ¡Son nuevos! .. ¡Parecen extranjeros! ...
-Ahora es la princesa ... No .. es la infanta... ¡Pero
- ¡Otra vez el mismo general! ¡Y cómo suda el ca:- ¡ Es un general! Ese ya ha pasado cinco veces,
qué lujo, chica!. .. ¿Cuánto dinero representa todo ese
siempre á galope y como si fuera á algo impor· balio!
- ¡Claro! ¡Lleva tres horas galopando desde la Ci- movimiento? ¡Es incalculable!
tante...
- Yo me contentaba con lo que han costado todos
- ¡Mira: por el otro lado viene otro señor también beles á Palacio! ...
los
uniformes grandes y chicos que se ven hoy en la
El
abanderado
no
le
ha
visto;
estaba
hablando
á caballo! ¡Se saludan y siguen su camino sin detecalle.
con las chulas.
.
nerse!
- Yo con el valor de las joyas que lucen las
- ¡Y qué mirada le ha echado el general!
- Parece que sólo pasan y repasan para lucir sus
damas.
·
Ya
vuelve.
entorchados y cruces...
- Pues yo con el valor de los caballos de la
- ¿Se le habrá olvidado algo?
- Van de aquí para allá, yo creo que sin rumbo
- ¡Anda! Menuda silba pegan á aquellas dos seño- Real Casa.
fijo.
- Yo con menos. Con que me dé una pe~eta cada
ras
que atraviesan la calle corriendo.
- ¡Todas las miradas se fijan en ellos!... El más
individuo que haya hoy en las calles de Madrid!
- ¡Que bailen!
joven es guapo y pertenece al Estado Mayor ... ¡ Lle- ¡Pues no es nada!
-¡Fuera!
va sombrero de tres picos! ... ¡El otro lleva casco!...
- ¡Quinientas mil pesetas!
¡Qué
azoradas
van!
Ya no se fija la gente en Carmen y Lola, porque
-Mucho más.
- Esta sí que es buena. Aquel sargento no las deja
hasta ellas mismas se fijan en los generales. ¡Para eso
- Esos son los habitantes de Madrid.
han ido! ¡Para lucirse primero, y para verlo todo des- pasar.
- ¿Pero y los forasteros?
Dicen
que
van
á
aquella
casa
de
enfrente.
pués!
- Váyase por los que no hayan salido á la calle.
- Que no; que no pasan.
- ¡Y no están mal colocadas!.. El abanderado del
- Dos batidores.
-¿Qué
dice?
regimiento de Covadonga, situado frente á la calle
- Mira las infantas.
- Que den la vuelta por detrás de Palacio ...
de Bordadores, las ha hecho un sitio entre el último
- ¡Qué guapa es la Pilar!
- Vuelven á cruzar.
soldado de una compañía y el sarge_nto primero de
- ¡Ca! A mí me gusta más Eulalia.
¡Que
bailen!
la otra.
- Es más simpática la infanta Paz.
- ¡Fuera, fuera!
•
- ¡Están bien!... ¡Lo ven todo!... Incluso al tenien- ¿No hay más opiniones?
- ¿Qué dice aquel señor á voces desde el balcón?
te que no deja de bromear con ellas de vez en cuan- ¡Claro! ¡Como que no hay más infantas)
-No
le
oigo.
do, siempre que no pasa algdn oficial general á quien
- ¡La marcha real, la marcha real!
- Cómo mueve los brazos.
haya de presentarle la bandera.
- En ese coche de los dos mundos vienen los re- Se las está jurando al sargento.
- ¡Y qué movimiento! ¡No para un minuto!
yes.
Traen ocho caballos.
Dice
que
va
á
bajar.
- ¡Ya está el asta en el suelo! ¡No! ¡Ya la levanta!
- Mira á la Mercedes. ¡Qu_é guapa es!
- ¿A que no? ¿A que no?
- Es que pasa un brigadier... y todos le saludan
- Ya lo creo.
- ¡Qué tipo!
con la espada.
- ¡Ole por las barbianas/
¡Ahora,
ahora
va
lo
bueno!
Ya
están
ahí.
- No, no es al abanderado; es al trozo de seda
- ¡Viva la reina española!
- ¡No empujar, no empujar!
roja y amarilla que simboliza á España.
-¡Vivaaa!
- ¡Eh! ¡No me dé usted con la culata!
- La verdad es que las miradas se reparten entre
- ¡Viva Alfonso XII!
..
¡Qué
mal
educados
están
los
militares!
el brigadier y él.
- ¡Viva, vivaaa!
- Mira: abre la marcha un piquete de la guardia
- ¡Ya seva! ... ¡Viene otro! ... ¡Qué barullo! ... ¡Qué
- ¡Señora, menudo pisotón!...
civil.
mareo! .. ,
- Usted dispense, pero me he empinado .. .
¡Cómo
me
gusta
á
mí
la
guardia
civil!
- ¿Oyes esos clarines? Toque de atención.
- Pues no se vaya V. á la empinada ... ¡Me ha
- Ya lo creo.
- ¿Vendrá la comitiva?
deshecho
un dedo!
Sobre
todo
cuando
la
veo
en
el
campo.
¡Cómo
- ¡No empuje usted, señora! ... ¡Uf, qué calor!
¿Quiénes
son esos que van á caballo y á los esanima
el
tricornio!
- Me parece que vienen los guardias civiles. Sl,
tribos?
- ¿Quiénes son esos tres que van á caba1lo?
la gente de la carrera se retira. Pero ¡quia! En cuan- Al derecho el jefe de la escolta y á la izquierda
-¡Uf!
to pasa la pareja de caballería vuelven á invadir el
el
caballerizo
de campo.
El
de
en
medio
lleva
unos
serones.
arroyo.

oficio, al grupier de las casas de juego, con su camarilla de puntos de á peseta y de levanta-muertos, que
le alaban la célebre jugada de la noche anterior ó el
rasgo del domingo. Camarilla lleva también el actorzuelo que gana diez pesetas en un teatro por horas,
compuesta de un muchacho de buena familia que ha
escrito una piececita y quiere ver si consigue meterla
en el teatro; de un racionista meritorio, que no hace
más méritos que estropear las tres palabras que de
cuando en cuando le reparte algdn autor que no le
conoce; de dos estudiantes, amigos de la infancia,
que quieren obtener á todo trance entrada libre en
el escenario para mirar de cerca el escote de tal corista ó las formas de tal partiquina, y por último,
de un aspirante á noticiero de cualquier periódico,
que sólo desea dos butaquitas cada tres días para
obsequiar al hijo de un redactor de un periódico
quincenal, que es el que le ha prometido presentarle al regente de la imprenta de un diario para
ver si éste puede presentarle á su vez á un amigo
que conoce algo al director de una publicación de
importancia, donde quizá puede obtener la plaza de
crítico de teatros, que tanto ambiciona.
Camarilla lleva el coronel retirado, el de la cara
de vinagre y bigote negro como la tinta, gracias al
licor de Arrieta; camarilla compuesta de un capellán
castrense, á quien expulsaron del regimiento por su
conducta, menos correcta de lo que debía esperarse
de un ministro del Altísimo; de un capitán que lleva veintisiete años en el empleo, y de ellos diez y
nueve de reemplazo; de un primo de la coronela que
entiende mucho de milicia, porque su abuelo fué
guardia de Corps, y de dos ó tres alféreces descontentos con todas las situaciones políticas y todos los
ministros de la guerra y todos los coroneles del ejército y todos los comandantes que han mandado,
mandan y mandarán en los batallones donde sirven.
Claro es que tanto este coronel como los que forman su camarilla son republicanos de Ruiz Zorrilla,
y llevan siempre en el bolsillo la credencial de un
nuevo empleo. . . . , . . . . . . . . .

/

(

El escultor argentino Francisco Cafferata y algunas de su, principales obras, entre ellas la estatua
para el monumento que .la Municipalidad de Buenos Aires ha de
· d o cuand o se su1c1
· 'd6 en nov1em
· bre d e I 8go.
, levantar
. . en honor del negro Falucho· En ésta estaba t rabaJan
{De fotograf1as rem1t1das por D. Arfstides !\faranga, de Buenos Aires . l

�1 I'

LA

374
- ¿El de detrás es el capitán general de Madrid
con la plana mayor?
- No. Son todos los generales juntos.
- Ya está aquí la escolta real.
- ¡Cuánto caballo! Ya viene la tropa de caballería.
- ¡Corre, corre! Vámonos cortando á la plaza de
Oriente.
Y empujando á unos, pisando á otros, atropellando á todos, Carmen y Lola cruzaron la calle Mayor
y subieron á escape la calle del Luzón. ¡Qué ajenas
estaban de pensar que de aquella subida iba á depender el porvenir de su vida entera!
L UIS

M.

DE LARRA

( De una /lovela i11J.lita)

...............

.......,....

~~

EXCELENTE CÓMICO

I
Allá en el fondo de la provincia, en un barrio extremo de la ciudad, vive ó vegeta, tal vez herido por
dolorosos recuerdos ó en vías de arrepentimiento,
olvidado de todos y desconocido de los vecinos que
le ven salir al obscurecer, sin rumbo fijo, como cualquier pordiosero. Es un hombre que habrá cumplido treinta años, moreno y delgado, de ojos obscuros
y vivaces que pueden prestar á su fisonomía la expresión de refinada malicia ó de candoroso afecto;
una nariz gruesa y al parecer movible sirve como
de acento á esta particular elocuencia de su rostro,
sombreado por una gran barba negra. Su voz es recia y carraspeante como la del soldado que vuelve
de la campaña atracado de pólvora y de aguardiente,
y observándole de cerca creeríase también que su
americana rota y su capa mugrienta y descosida acababan de prestarle los últimos servicios.
Llamaba la atención del vecindario la singular
vida de este hombre, y se hacían diversos y entretenidos comentos, sobre todo los primeros días en que
dejó ver más claramente su pelaje. Estos vecinos, en
so mayor parte labriegos, madrugaban para ir á sus
faenas, retirándose luego al descanso á la hora precisamente en que el desconocido salía de su tugurio.
Había por lo tanto innumerables causas para despertar la curiosidad pública: primera, no tener oficio
conocido; segunda, darse á ver sólo de noche; tercera, no tratarse con la gente del barrio; cuarta, habérsele guipado á la salida de una timba bastante desacreditada; y así por el estilo seguían otras muchas,
más ó menos verosímiles y por las cuales se le tenía
sobre ojo.
Esta soledad extraña en que vivía sufrió una leve
variación al mes y medio: cierta mañana le vieron
acompañado de otra persona de mejor vestimenta,
aunque con el mismo aire de reserva y aun de despego para el vecindario. Su género de vida continuó
como antes: salían casi siempre juntos, pero solían
retirarse á distintas horas. Después de algún tiempo
se supo que este amigote era un jugador de Madrid
conocido por Cllinitas.
- ¡Vamos, dijo uno de los que concurrían á la can.
tina de enfrente, es el compadre que le hacía falta!
Durante dos semanas repararon los vecinos que
Chinitas salía solo. La curiosidad se despertó de
nuevo: ¿qué podría ocurrir? Luego vieron á un médico, y el asunto quedó explicado; el desconocido se
hallaba enfermo. Otro de los concurrentes le dió una
versión nueva hasta cierto punto:
-·Eso debe ser una grandísima borrachera.
Pero la borrachera duraba demasiado y no prosperó tal versión.
En fin, empezaba ya á convalecer cuando la ve•
cindad se vió sorprendida por un_ nuevo acontecimiento. Una tarde llegaron dos señoras jóvenes á la
casa donde moraba el desconocido y preguntaron
por D. Fernando Arenillas. Dióles las señas muy
despacio la mujer interrogada, siguiéndolas con la
vista mientras las jóvenes subían las esca1eras, alegres y ligeras como dos pájaros. No eran mal parecí·
das, según confesó la mujer, en particu}ar la más joven de ellas, á quien el deseo de sorprender al desconocido animaba su rostro con encantadora jovialidad. En este rostro, de diez y siete primaveras á lo
sumo, notábanse tres cosas que complacerían al observador más descontentadizo: los dientes, que eran
blanquísimos y bonitos, las ojos negros y dulces y
las cejas grandes y arqueadas sobre las cuales la mo·
rena frente parecía más tersa y más graciosa. Ambas
vestían con gusto, si bien sus faldas de medio color
no podían ser más sencillas, lo mismo que sus sombreritos de viaje, que tal vez revelaban en su simple
labor y adornos la mano práctica y hábil de la portadora. En el momento que llamaban á la puerta

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

acababa nuestro desconocido de levantarse de la
cama y vestirse á toda prisa. Creyó que sería C/Linitas y abrió sin molestarse en preguntar, por lo cual
su sorpresa fué muy grande.
- ¡Fernando!, gritó la más joven de las viajeras
arrojándose en sus brazos.
Luego sacó el pañuelo apresuradamente y se enjugó las lágrimas.
- Pero chiquilla, ¿qué significa esto? ... ¿De dónde vienes? ¿Cómo has podido averiguar mi paradero?, preguntó á su vez el desconocido, aproximando
dos desvencijadas sillas, las únicas disponibles que
había, para que se sentaran las muj~res.
La de más edad no era bonita; pero en sus ojos
vivos y pequeños, en sus labios delgados y descolo•
ridos, en el óvalo casi perfecto de su rostro echábase de ver un cierto sello de gravedad y de inteligencia que cautivaba desde el primer momento. Cuando comprendió por su largo silencio el enternecimiento de su compañera, se dirigió á Fernando y le dijo:
- Tiene usted á su hermana muy enojada y con
motivo. ¡Volverá España sin avisarle de su llegada!
¡Estar en Madrid y no preguntar siquiera por ella!
¡Recibir carta suya y no dignarse contestar! ¡Esto es
atroz, caballero, permítame usted que se lo diga,
pero muy atroz! Y la verdad, venimos únicamente
para echarle una soberana peluca, una peluca de padre y señor mío ... ¿No es eso, Lucía?
- Sí, señor, sí, afirmó la joven algo más tranquila.
Su conducta de usted es incomprensible. ¡No corresponder á su hermana con una pequeña muestra de
cariño! ¡No haberle puesto ni cuatro líneas después
de tres años de separación, diciendo aquí vivo ó aquí
muero!...
Al recuerdo de estos tres años de trabajo, de orfandad y de lucha tornó la pobre muchacha á entristecerse é inclinó la adorable cabecita para disimular
su emoción. El hermano, que vió esto, se sentó á su
lado, y acariciándola y estrechándole las manos le
dijo:
- ¡Por Dios, Lucía, ten en cuenta mi situación,
que era desesperada! Había que ganar el pan de
cada día en un país inhospitalario, desconocido
para mí; había que apelar á todos los recursos ima·
ginables para poder vivir, y si te contara lo que yo
he sufrido... Dios solo sabe lo que trabajé allí para
salir adelante, pero la fortuna me ha tratado siempre
como 13: peor de las madrastras. De modo, hermana
mía, que fuí más desgraciado que tú por lo que veo:
tú has conquistado el cariño de una buena amiga; yo
me encuentro más pobre que una rata y más solo que
un estercolero que apesta.
- ¿Y quién tiene la culpa de eso?... , preguntó la
compañera de Lucía. Será meterme en camisa de once varas, pero si le hablo así es por lo que me ha contado su hermana de usted y por lo de la peluca. Usted abandonó sin motivo alguno su carrera; usted no
quiso tomar ningún oficio; llenó usted de penas y
disgustos la vida de su difunto padre; se escapó usted
de su casa con una pícara mujer y se marchó á Buenos Aires sin avisar siquiera á su madre y sin conocer que aquella fea acción y este incomprensible silenci9 podían agravar su enfermedad y llevarla al sepulcro. Repito, señor D. Fernando, que esto es atroz
y que no sé lo que usted merecía... Merecía usted que
no le quisiera su hermana tanto como le quiere.
- Eso sí que no, repuso nuestro hombre con viveza, á la vez que empequeñecía su nariz por medio
de una contracción natural y ponía en su expresiva
mirada levísima sombra de tristeza. Si me quiere es
porque sabe lo muchísimo que me acuerdo de ella.
¿Verdad que me perdonas, Lucía mía? Yo me defendí como pude de mi eterna mala sombra... Cierto que
en algunas ocasiones obré mal; pero obré como un
insensato, sin darme cuenta del daño que causaba á
mi alrededor. Pero ahora será otra cosa; yo te prometo por la memoria de nuestra madre no separarme
de ti, vengarte de las injurias de la orfandad y hacerte tan dichosa que las pasadas desdichas te parezcan
un mal sueño que se desvaneció para siempre.
- ¡Cuántas noches, después de diez horas de trabajo, en casa de nuestros tíos me acordaba de ti, y
me decía temblando de miedo y de frío: si Fernando
estuviera á mi lado no pasaría hambre, ni tendría que
arrastrarme por los suelos como la última de las criadas, ni sufriría lo que sufro con estos parientes que...
pero no, no quiero contarte lo que allí pasé!
- Cuenta, mujer, cuenta, insistió su amiga, para
que sepa este caballero lo que vale su hermana y el
poco meollo que se necesita para no hacer caso de
ella.
- Pues bien: se empeñaron en que tenía vocación
de monja y había de entrar como novicia en el
convento de las Mercenarias Ya tú conoces aquella
gente devota de Toledo, y es inútil añadir que todos
cuantos venían á casa eran de la misma opinión. Fui-

NúMERO

494

mos, pues, al convento, me hicieron conocer á lamadre priora y á D. Melquiades Romillo, capellán de
las monjas, que me sermoneaba todas las noches y á
quien yo no podía sufrir por lo mal que le olía la sotana. Así es que me acostaba con la cabeza hecha
un bombo y amanecía casi siempre llorando y pen
sando en la vida monótona del convento y, sobre
todo, en aquellas obscuridades siniestras que se veían
desde el locutorio. Me faltaban las fuerzas para resistir. Algunas tardes se me presentaba de repente en
mi cuarto el tío Tomás, con sus ojazos de loco, y me
amenazaba -con ponerme en la calle, r.oncluyendo
siempre con el mismo estribillo: «¡Desgraciada de ti
si no sigues mi consejo! Algún día lo habías de llorar
con lágrimas de sangre!» Las palabras dulzonas de
su mujer me hacían aún más daño, porque me echaba en cara la comodidad y el desahogo que habíamos disfrutado en nuestra casa. «Eres muy señorita,
hija mfa, exclamaba á menudo. ¡Ah! Si tu pobre madre no hubiera tenido una cabeza tan destornillada, no pasaría lo que pasa. ¡Jesús, Dios mío, tanto
lujo y tantos requilorios para acabar al fin y al cabo
por tener que comer patatas!» Al mismo tiempo,
cuando me miraba al espejo y me veía tan flaca y tan
amarilla y tan fea, me ahogaba la corajina y la rabia
que sentía contra todos ellos. Llegó por último una
tarde en que creí volverme loca. Había bajado al
huerto por verdura; ... de pronto me escurrí á la calle,
y andando andando me encontré en el puente. Al
obscurecer entraba en la estación y vi el tren que iba
á partir para Madrid. Me acerqué al despacho, pedí
un billete de tercera, ... afortunadamente los había y
tomé uno. No quiero ponderarte las angustias de mi
llegada y lo mucho que sufrí hasta que tropecé con
Mercedes, mi amiga de colegio, que tenía un obrador de costura, esta buena amiga. á la que nunca pagaré lo que le debo. De rnis tíos no volví á saber ni
una palabra, por lo cual he llegado á sospechar que
más bien les servía yo de estorbo que de otra cosa.
- De eso hablaremos más adelante, queridita, indicó la llamada Mercedes; bástele á usted saber, señor don Fernando, que trabajamos mucho y ahorramos poquísimo. De estos ahorros insignificantes ha
salido nuestro viaje, hecho exclusivamente para sor·
prenderle en su retiro. Creo que bien podrá usted
agradecérnoslo.
- Con el alma y la vida, contestó Fernando volviendo á su hermana. ¡Pobre Lucía mía! También
mi historia es muy larga y muy dolorosa; .. . pero de
todos modos, en América me, acordaba tanto de ti...
- ¡Vaya, ya se conoce!, repuso Mercedes.
- Es usted implacable, señorita. No quisiera que
mi hermana fuese de una madera tan áspera como
la suya. En cuanto usted me trate y me conozca á
fondo me perdonará como Lucía y comprenderá
usted que merezco por mi fatal estrella más compasión que vituperio.
- Ojalá me equivoque, señor don Fernando; pero
temo que pese más en su cuerpo la carne de pícaro
que la de hombre de bien.
- De todo hay en la viña del señor, aunque bien
mirado yo no puedo querer á mi hermana más que
con el corazón de un hombre bien. De lo demás no
hagamos caso, ¿verdad, Lucía?
,
Continuaron así charlando largo rato hasta convenir por último en que al día siguiente por la noche
tomarían el trer. correo para tornar los tres juntos á
la coronada villa
La desaparición d~l desconocido en compañía de
las jóvenes causó profunda sorpresa al vecindario.
- ¡Vaya, lo que yo digo es que un hombre tan
raro no debía tener familia!, afirmó una de las comadres que solían sentarse á murmurar delante de
cualquier portalillo á la mansa caída de la tarde.
Y su afirmación fué para la memoria del desconocido un verdadero epitafio.

NúMERO

LA

494

se algunas horas después, de la
bió una credencial y fué coloc~do
m~sa, ofrecióse Fernando acompacon dos mil quinientas pesetas en
ñar á Mercedes á todas las casas
el Ministerio de Fomento. ¡Con
conocidas de préstamos sobre alhaqué júbilo salieron á esperar al herjas por ver si daban con el inapremano aquella noche! 1:,a vuelt~ del
ciable aderezo. Sus pasos al fin
hijo pródigo no debió festeprse
resultaron bien inútiles y sólo el
con mayor alegría en la paterna
tiempo pudo calmar el dolor de
casa. Verdad es que faltaba en su
semejante pérdida. Por otra parte,
mesa el ternero cebón de que habla
favorecíales la fortuna aumentando
el Evangelio; pero en cambio había,
el crédito de su obrador y el núunos ricos filet1;s de ternera y una
mero de las buenas parroquianas.
hermosa botella de Valdepeñas, re·
Las dos amigas habían reunido s_us
servada para estas grandes solemniahorros, que ascendían á unos quu~dades.
ce mil reales, reservándolos la pnEn cuanto á Mercedes y Lucía,
mera para su dote, y la segunda, ó
como no faltaba trabajo y eran ya
sea Mercedes, para abrir una tiendos maestras ó poco menos en la
da bien puesta en el centro, que
costura , podían ahorrar algunos
era su sueño dorado. De Lucía se
realejos todas las semanas, prepahabía enamorado un muchacho
rándose así para lo porvenir. Si alriojano, muy inteligente, que estaguna cosa les preocupaba eran las
ba encargado de la caja en una
distracciones del hermano, que socasa de comercio y pensaba en un
lía retirarse siempre á la madrugadía no lejano hacerse corredor ó
da. Luego, como consecuencia, iba
emprender algunos· negocios por
tarde á la oficina y el jefe de su
su cuenta.
Negociado le regañaba de vez en
cuando. Otro día sucedió un perIII
cance que les afectó dolorosamente. Conservaba Mercedes en un
Así marchaban las cosas cuando
rinconcito de su cómoda parte de
una mañana, después del desayuun medio aderezo de oro que hano, supieron que Fernando no
bía sido el regalo de boda de su
Mascarilla del general Moltke, obtenida por el profesor O. Lessing
había vuelto á casa. A Mercedes
madre. Y lo que pasa en estos cale asaltaron tristes presentimientos,
sos: una mañana que por casualidad ponía en orden estas vejeces y reliquias lo echó nillas parecían echar sangre. De Mercedes esper~ba ' pero no quiso comu~t1rselo~ ~Lu~í\½~~~ng~i~:
~ f dadas las
de menos. Lucía, que lo:! acompañ~ba en la fae~~• yo la natural sospecha, recriminaciones, acusación de su _hermano, no b ~ a v~~lll o m 111
u~
tuvo idéntica sorpresa y hasta el mismo temor. V1s1- im remeditada, porque todavía no me conoce á fon· los pnmeros d1as Y. ~en po an ser
d/
ero
de
ti?
¡nunca!
¿Y
eres
tú
Ja
que
me
acusas,
dudas
que
la
m~rtmzab~n.
Sentáronse
a comer ~n
tábalas de ordinario muy poca gente; las costureras
y oficialas que acudían al obrador era_n buenas mu- mi' ~;opia hermana mi Lucía el único ser en quien silencio intranqmlas y tnstes, esperan?º el de~enlachachas· de los vecinos no había motivo para sospe- he depositado todo' mi cariñd y toda mi confianza! ce de tan extraña tardan~a. Aquella m1S?1ª tar e 0
char;... de modo que no había más remedio que pen- •Oh' •Qué desengaños más crueles me reservaba la cibieron un volante del Jefe_ de Negocia~o, que
sar en alguien de la casa... ¿Sería el autor acaso?... ~ne~\ga suerte' Si yo hubiera podido sospecharlo... llamab_a á su despacho. Media hora d~s~u. s sed preodré ser hermana mía un hombre de sentó un compañero suyoáreclamar_ vemt~cmc~ uros
¡Qué bochorno para Lucía si como temían resultase En fin o
Fernando el verdadero delincuente! Y no fué corta asion~; ~~ ~esdichado loco; nunc; un ladrón do- que hubo de prestarle días a_ntes sm recibo m papel
· ' ent·1en
, delo b"e
alguno y fiando en la formalidad de· sul promesa, de
I n.
ni perezosa; á la mañana siguiente lo llamó á su pmést1co
Des
~és
de
ex
resarse
de
este
modo
le
volvió
la
la que nunca dudó. A este buen amigo e ase~uraron
cuarto y se lo espetó en crudo, por9-ue así debía de
es ald~ y se fué fun compungido que la misma Mer- al salir del Ministe_rio que Fernand? Aremllas no
obrarse, según la opinión de su amiga.
cr1er~º·l:
- ¡Cómo! ¿Seréis capaces de dudar de mí?, pre- ce~es escondida en la alcoba del gabinete, tuvo por estaba ya en Madnd, Y tampoco
1C?S e a e ·
since;os
aquellos
reprimidos
sollozos.
Abrazáronse
la
misma
semana
h~blaron
los
pen
guntó á su vez Fernando, con una ~anta indignación
que se reflejaba en la fulgurant~ muada y ~n el abul- entonces ambas amigas, mudas y pensativas, sin sa- ap~rición de una actnz fra~cesa muy med1tna, qu: t~:
tamiento de aquella gruesa nanz, cuyas roJas venta- ber qué partido tomar en su infortunio. Al levantar- baJaba en la opereta cómica de la Alham ra, co

rr

gi~~o

II
Tanto en el viaje como á la llegada mostróse Fernando tan complaciente, tan servicial y tan dispuesto
á dejar su vida de aventuras, que la propia Mercedes
acabó por creer en la sinceridad de su arrepentimiento. Lucía estaba más contenta que nunca. Su
modesto cuarto de la calle de Jesús y María contaba
con un dormitorio de sobra destinado á los enseres
y ropas de poco uso y allí colocarían á Fernando.
Quedábanles de su familia algunas antiguas relaciones que ambos hermanos trataron de buscar y de
visitar por consejo de su amiga. Entre éstas había un
deudor insolvente de los tiempos prósperos del padre, que les prometió su influencia ya que no podía
cumplir con dinero, Al poco tiempo, un ligero cambio político, la entrada de dos ministros nuevos en
el Gobierno, bastó en efecto para que el agradecido
deudor hiciera valedera su promesa. Fernando reci-

375

I LUSTRACI ÓN ARTISTICA

0

CAMINO

m:. LAS TRIAS (OLOT), cuadro de D. fosé Armet. (De fotografía de fuan Marti.)

�LAS CORTES DEL AMOR,

CUADRO DE

D.

FRANCISCO PRADILLA

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

empleadi!lo de Fomento. Las señas eran mortales y
sin embargo, aún dudaba de la verdad del hecho'el
acreedor de los veinticinco pesos.
Ocho días después de esta escapatoria tuvo Lucía
carta de su hermano, una carta larga, minuciosa patética, elocuente, que concluía de este modo: ~&lt;Desengáñate, queridísima hermana, en este mundo no
hay mal que por bien no vengaj es esta la última locura, d~ la cual estoy bien arrepentido, pero algo he
aprendido por ella. Dentro de quince ó veinte días
volveré á tu lado, y así debes manifestarlo á nuestra
querida Mercedes. Quiero sincerarme de esta gran
falta,. deseo ardientemente que me impongáis el correctivo que merezca, pues por grande que fuere yo
lo aceptaré con gusto de vuestra mano. ¡Te pareceré
tan despreciable y tan olvidadizo! Pero tú me verás
tú me oirás, tú comprenderás que no lo soy tant~
como parezco. ¡Lucía mía, no me aborrezcas antes
de verme; te lo suplico por la santa memoria de
nue.stra ma_dre! En el ínterin, arreglad vuestros negocios y du¡poneos á venir conmigo á París. Aquí
está vuestro porvenir. Yo os aseguro que al cabo de
cinco años de trabajo os podréis retirar ricas tan
. como nunca lo habréis soñado en esos tristes
'
neas
Madriles. París es la verdadera América de las mo•
distas. Vestiréis á las duquesas y os casaréis con un
banquero. La chinela de una mujer bonita no tiene
aquí precio, y más que en parte alguna del mundo
hallaréis ocasión de tropezar con vuestra fortuna debajo de la cifra de un pañuelo blanco, primorosamente bordado, que hayáis dejado caer á los pies de
un príncipe ruso. Y no digo más. Ya sabes cuánto te
quiere tu mejor hermano - Fernando.
Al acabar la lectura de la carta, habíase quedado
~ucía pensativa y como encantada ante aquellos honzontes desconocidos que le mostraba su hermano
d~sde lejos. Mercedes meditaba: ¿era sincero aquel
gnto de un corazón arrepentido? ¿Eran creíbles aquellas protestas tan cariñosas, aquella nueva promesa
de volver al buen camino y aquel vivo deseo de su
felicidad?
Transcurridos quince días y no teniendo noticias
de su venida, decidió Mercedes tomar una tienda
vacante al final de la calle de Preciados. La casa era
de las nuevas y la proposición del dueño aceptable.
Lucía opinaba lo mismo. Una noche, antes de acostarse, buscaron en el doble cajoncito de la cómoda
los quince mil reales de sus ahorros porque al día
siguiente habían quedado en firmar eÍ contrato. Este
do~le cajonc_ito era un secreto; abriéronlo y ambas
a~mgas se miraron como estupefactas: no estaba el
dmero. En el mismo instante Lucía se puso blanca
como la que acaba de morirse y cayó desvanecida
e_n brazos de Mercedes. Idéntica sospecha había hendo como un rayo la imaginación de las dos infelices: sólo Fernando conocía el secreto de la cómoda,
Los e.sft:erzos de su laboriosidad, sus cinco años de
trabaJo, la esperanza de la dote, su porvenir asegurado, todo había desaparecido en las manos del
burlador infame.
- ¿Pero es esto posible, Virgen santa? ... - preguntaba Lucía con un acento de dolor indescriptible.
, M,er~edes no lloraba c_omo su apenada amiga: senha umcamente haber sido engañada lo mismo que
los imbécile~ y se vengaba con esta gran frase:
--: ¡Oh!Tu hermano ... tu hermano erró la vocación:
hub1_era hecho un cómico inmejorable, ¡un excelente
cómico!
]O'iÉ M. MATHEU
NUESTROS GRABADOS
Un mártir, escultura de D. Agustín Querol.

-: Que la escultura en nuestros dias ha emprendido derroteros
chsti?tos de los hasta ahora seguidos, cosa es que en distintas
ocasione~ hemos ~epetido y que á la vista salta á cada nueva
obra, salida del cmcel de algunos de los más ilustres escullo•
~es_contemporáneos. Los artistas españoles no han sido los
ult1mos en aceptat esas tendencias nuevas y en afiliarse á la
nueva escuela, y los nombres de Querol, Benlliure, Sussillo,
Alcoverro y algunos más que citar podríamos son de ello elo•
cuente prueba.
El sentimiPnto artístico de los modernos escultores no se
satisface ya simplemente con arrancar de la materia aquellas
corrección de formas y pureza de líneas que aun hoy '!los suspenden Y, admuan cuando contemplamos las obras de los antiguos clásicos y de los estatuarios del Renacimiento sino que
al par que atienden con cuidadoso esmero á la belle~ externa
preocúpanse en infundir en el cuerpo y en el rostro que mo•
delan un alma en el estarlo que el artista quiere expresar y ver
reproducido en su creación. De esta suerte la escultura ha da·
&lt;lo un paso de gigante, y las obras por ella producidas, no sólo
hablan á los sentidos, sino que impresionan el ánimo, haciendo muchas veces que el efecto en éste causado por el elemento inmaterial que se siente flotar en un mármol, en un barro
ó en un bronce, se sobreponga al del elemento corpóreo que
de aquél recibe expresión y vida,
Tal acontece con Un 111drtir, obra tan valientemente conce·
bida como vigorosamente modelada de nuestro célebre com•
patriota D. Agustín Querol. Este busto nos trae á la memoria
las obras del famoso escultor francés Rodio, de quien ha dicho

uno de los más eximios críticos de Francia, Octavio Mirbeau,
que «no sólo habrá sido el más grande estatuario de su tiempo,
sino también uno de los pensadores mejor iniciados en los secretos del alma humana y en los misterios de la vida. l) El autor
de San fuan Bautista predicando, de la•Edad de bronce y de
Los ciudadanos de Ca/ais no vacilaría, sin duda, en poner su
firma en esa nueva obra del autor de Tutia y de Sag1mto.

* **
Un barrendero (París), cuadro de D. Ignacio
Zuloaga (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).

NúMERO

494

NúMERO

494

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

379

que se preocupan más del ideal que persiguen, que de las cosas
t~rren_as. Amaba el arte por el arte. l'ara él, éste no era un mecho, smo un _fin. Buscaba por mil sendas distintas la perfección.
E ra un apasionado de la belleza eterna, según la definición de
Goethe, un. convencido que tenla fe en sus fuerzas, que conoda la est~tlca y Ia_s reglas que la constituyen y poseia un cincel especial, un OJO penetrante y anaHtico, para descubrir los
~ás ocultos secretos, y la intuición audaz, que llega donde la
vista no alcanza.&gt;

* **
- El apellido Zuloaga significa para los españoles un verdadeMascarilla del mariscal Moltke, obtenida por
r? timbre art!stico, ya que las notabilísimas obras de D. Plá- el P;-ofesor O . _Leasing. -No hemos de hablar de la per·

cido, esos admirables damasquinados, esas bellísimas piezas
de hierro con delicadas incrustaciones de oro y plata son co?ocidas, no sólo en la península, sí que también en el extran·
Jero, por todos los amantes de las manifestaciones art!sticas.
Hijo de este distinguido art!fice es el joven pintor eibarrés,
cuyo cuadro reproducimos.
. Dedicado en sus primeros años á los trabajos de ornamenta•
c1ón, adquirió ya cierto gusto y conocimientos artísticos que
después hanle servido 'de provechosa enseñanza.
Atra!do por el equivocado concepto que algunos artistas tie•
nen de la Ciudad Eterna, abandonó el hogar paterno para establecerse en Roma, de donde salió á los pocos meses conven·
ciclo de su error, y desterrando de su paleta los tonos bituminosos y los ocres antipáticos, para fijar su residencia en la ca•
pital_de la vecina República. Alli, saturado su esp!ritu del mo•
dermsmo, hase convertido en decidido é inteligente campeón
de la escuela naturalista, pero en su justo y verdadero concep•
to; habiendo logrado ya algunos triunfos, conforme lo acredi•
tan los premios alcanzados en las Exposiciones de Madrid,
Municb y Londres, y espeeialmente en la de Paris, en la que
mereció recompensa el cuadro titulado Dans laforge.
El barrendero, que figura en nuestro certamen, es un buen
estudio de esos tipos que tanto se prestan á la observación en
los trottoirs parisienses, que revela cualidades recomendables
en su autor, y especialmente un espfritu asimilador, que dentro
del género que cultiva llegará á servirle de poderoso factor
para producir alguna obra de verdadero aliento.

sonahdad del manscal, de quien no hace mucho nos ocupamos extensamente y cuya thuerte han lamentado y lamentan
cu~ntos ~ienter admiración por esas grandes figuras de la hist?ria qu_e compendian, por dec_irlo as!, toda una época. El último tnbuto que á la memona de Moltke puede rendir LA
ILUSTRACI,ÓN ARTfSTICA, es reproducir la mascarilla que de
s!1 rostro, a poco de fallecer, sacó el profesor alemán O. Les·
smg.

*••
Camino de las Trías (Olot), cuadro de D. José
Armet {de_ f?tog~affa de D. J. MartiJ. - El Sr. Armet es

uno de los d1st10gu1dos y entusiastas pintores que formaron la
avanzada ?el renacimiento del arte español. Dotado de excelentes aptl!udes como. paisista, dedicóse á reproducir la naturalez_a, ~op1ando especialmente los bellísimos paisajes de nuestra tierra, que por sus contrastes, sus brillantes tonos ó su severa grandiosidad, ?fred~nle vasto campo en que poder manifestar 1~ valentfa, vigor, nqueza y exactitud de su ejecución.
Considerable es el número de cuadros que ha producido,
0
otándose en ~odos ellos el resultado de sus observaciones y la
fiel repr~ducc16n de la naturaleza, embellecida siempre con la
grand1os)dad de sus severas formas y la multiplicidad de sus
tonos. Sm separarse del género que siempre ha cultivado no
ha p~rmanecido estacionario, puesto que ha ido modifica~do
su e.;hlo de tal manera, que siendo del mismo carácter el cuadro que hoy reproducim6&gt;S se separa de los anteriores. Este
recuerdo d~ su _estancia veraniega en Olot, recomiéndase po;
su franca eJecuc1ón y por la pureza del color que produce con*
t~astes qu~ sorprenden y cautivan, tales como los bien entenEn la fuente, cuadro de Ernesto Creci {Expo· didos refleJ?S de los árboles en el agua y la enmarañada red de
~ición general de Bellas Artes de Barcelona). - Es Ernesto Cre· ramas Y hoJas de la arboleda, que muy pocos logran interpre•
ci uno de los artistas austriacos más discretos y uno de los pin- tar con tanta galanura y fidelidad como Armet.
tores extranjeros que han demostrado sus simpatías por Espa·
ña, remitiendo alguna de sus obras á la Exposición general de
*
••
Uellas Artes de Barcelona, Dedicado al estudio de la pintura
_Cortes de amor, o~adro de D, Francisco Pradesde temprana edad, ha llegado á adquirir justa reputación
por el sello de verdad que imprime en todas sus obras, simples dilla. - Para todos los artistas enamorados del color y de las
en los asuntos, pero bellas por el colorido. Atento observador bellezas 9ue nuestra historia atesora, grandes atractivos ofrede cuanto le rodea, hase limitado á reproducir los cuadros, es• cen l~s siglos XIV y xv, as! por los hechos que durante ellos
cenas y costumbres que se presentan á su vista, resultando de ocumeron, como_ por las figuras que sobresalieron en aquel
ahí que es un digno representante de la pintura de género en perlo?º Y por la mdumentaria de aquel entonces, que tanto y
el moderno concepto artístico. Prueba de ello, as! como de sus tan bien se prest_an á conc~pciones grandiosas y á notas brillancualidades, son los cuadros titulados Andata e ritorno, Ancora tes. Don Fran~1sco Prad1l!a ha sabido como pocos explotar
1m passo, /;fercato, In lett,ira y el que figura en nuestra Expo- ese venero ~e ~1queza artishca, y estudiando concienzudamente
sición, premiados respectivamente en las de Trieste, Buda- los acontec1m1entos, costumbres, lugares, personajes, trajes y
a~ma~ de aquella época ha encontrado en ellos motivos de inspest, Dresde, Viena y Praga.
En lafumte es un bonito cuadro de caballete que reproduce puac1ón para _sus com,POsiciones que su pincel privilegiado avaun rincón de Trieste, la ciudad nativa del Sr. Creci, en el que lora con las ~mtas mas bellas y los más sorprendentes efectos
Díganlo s1 no La rendicion de Gra11ada y Do1la f11a11a ¡~
á pesar de su simplicidad ha dejado impresa el artista la simLoca, entre otros, y dígalo también el que hoy publicamos y
pática tonalidad de su paleta.
que representa la corte de D. Juan II de Castilla, presenciando una de aquellas fiestas literarias á que tan aficionados se
*
**
mostraron en la Edad media los príncipes castellanos y ara"'
El escultor argentino Francisco Ca,fferata y goneses.
En Cortes de amor se advierten, sin necesidad de profundialgunas de sus principales obras. - Hace poco más
de medio año, un triste suceso vino á llenar de duelo á los afi- zar mucho, todas las relevantes cualidades que tantas veces
cionados á las bellas artes y en general á toda la sociedad de hemos ensa(zado e? el Sr. ~radilla y que unánimemente le
Buenos Aires: el suicidio del célebre y agasajado escultor ar• h~n re~~noc1do ~rit1cos y aficionados: conocimiento del asunto,
gentino Francisco Cafferata que, muy joven todavía, pues sólo d1spos1c1ón ~ag1stral d~ l~s elementos componentes del cua,
dro, c~rrecc1ón en el d1bu¡o, firmeza en la pincelada, y sobre
contaba 29 años, hablase conquistado envidiable renombre.
~esde muy ~iño m~str? Ca~ferata excepcionales aptitudes y todo Vigor y ~rescura en el colorido, que contrastan con la poafición d~smed1da ~¡ d1buJO y a l_a escultura, y en el colegio en br~a d~ matices y co~ el convencionalismo de ciertos artistas
donde hizo sus pnmeros estudios, más que de las explicacio- olv1dad1zos ~e las glonosas tradiciones que la pintura tiene en
nes del profesor de griego ó de latín, ocupábase en borrajear nuestra patna.
con su lápiz cuantos papeles ó libros á mano tenia y en trazar
con dos ó tres rasgos ingenuos, pero gráficos, la caricatura del
*
maestro 6 de algún condiscípulo.
"P"na bacanal, 1?ajo rel~vedeD. Venanoio VallE? 1877 marchó á Flore~cia, d_esde ali! pasó á Roma, y re•
com6 luego Tur!n, Venecia, Milán, Nápoles y Bolonia es mitjana. - E~ d_1stm_tas o~s1ones nos ht!mos ocupado en las
obra~ de este ?1stmgu1do art_1sta, y nos hemos complacido en
decir, las ciudades artisticas por excelencia.
'
R~gresó en 1886 ~ su patria; querido p_or todos y por todos rendirle un tnbuto de admm~ción po~ s~ vigoroso ingenio y
admuado, halló cubierto de flores el cammo de la vida que su por su maestrfa, por cuyo motivo nos hm1taremos á consignar
mano, movida por impulsos desconocidos, babia de regar, tem- que, á pesar de los años de constante labor, no decaen las cuah?ades que posee, acrecentándose, si cabe, á medida que la
pranamente y cuando todo le sonre!a, con su propia sangré.
Tarea dificil y larga seria reproducir la lista de las obras m~ve de los años blanquea su cabeza. Reciente está su último
producidas por el cincel de Cafferata. Mármoles, barros, terra- tr_1unfo en 1~ Exposición de Bellas Artes de Madrid por su
c~ttas, bustos, estatuas, mo?umentos, retratos, alegorías, co- bien .concebida obra La tradición, en la que se reveÍa el espias de los más celebrados eJemplares de la estatuaria antigua fuerzo de su potente genialidad.
~n su taller hemos tenido ocasión de admirar entre otras
de todo y en número prodigioso produjo el famoso escullo;
argentino durante su breve existencia. Entre sus principales vanas producciones, un pr~cioso grupo representa~do la Cariesculturas citaremos, sin embargo, los bustos de su padre y de dad, otro de S. M. la Rema y su augusto hijo, algunos boce·
los generales Mitre y Sarmiento y de Espronceda, las estatuas tos en}º~ que el maest~o !'"odela_ sus (mpresiones y fantasías,
del general Lavalle, de Moreno y de Rivadavia, de Fausto de Y por ultimo, el notab1Hs1mo baJO relieve que reproducimos
Mefistófeles y del soldado argentino, el grupo alegórico para una de sus mejores composiciones, que parece arrancada d;
la Tribzma Nacional, un busto de D. Quijote, y las figuras los m~ros de alguna morada de un patricio romano, si bien em•
qua coronan los monumentos de Coloro bres, del almirante bellt!c1da por el concepto moderno.
Brown, de Mariano Moreno y de Agrelo, y la del negro Falucbo, el héroe de la independencia, que sirvió á las órdenes del ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy
general San Martino. En esta última, en la que estaba trabajando la mañana en que se suicidó, han quedado sin terminar
U ANDO un producto posee umi gran notoriedad, sucela mano y la bandera, según puede verse en nuestra reproducde á menudo que _mercaderes al por menor poco escrupulosos
ción.
La mayor parte de las esculturas citadas aparecen reprodu- propon.en 6 hasta su~htuyen á lo que se les pide una imitación
cidas en nuestro grabado, composición y dibujo que nuestro que de¡a más beneficio. Esto es lo que ocurre diariamente con
distinguido colaborador D. Nicanor Vázquez ha hecho con pre- la CREMA SIMÓN, conocida desde hace 30 años para los cuidasencia de fotografias remitidas desde Buenos Aires por don dos de la piel. Es necesario, .pues, que las personas que desean
con empeño esta marca exijan la verdadera CREMA SIMÓN de
Ar!stides Maranga.
ruede Provence, 36, París. Venta: farmacias, perfumerias
Para terminar estos breves apuntes, copiaremos el párrafo la
bazares, mercerías, etc.
'
que en su articulo necrol6gico dedica Et Nacional de Buenos
Aires á estudiar la personalidad artística de Cafferata:
JABON REAL V:IOLETr·
JABON
(Era un temperamento de artista. Lo dejaban entrever sus
inclinaciones naturales, sus gustos, sus modales, hasta su maneR
I DACE 1
V
ELOUT
IN E
ra de vestir, caprichosa y elegante, con ese descuido peculiar, t.aa.uua Jtl aatoriúA&amp;I •14ir f&amp;íl ll ll¡!Ut' ,. ll Piel J 1111111 ú1 Ct!lr
no estudiado ni aprendido, propio de las naturalezas soñadoras,

....

...

e

DETH

29,;;;;,f~~;jaria

re
y

,li¡Y si vuelvo á encontraros con esa tunanta, ya sabréis quién soy yo!

EL PADRE DANIEL
POR EDUARDO ROD.-ILUSTRACIONES DE VOG~L

,s,
:l.o
1os
,ti·

ví,
de
do

Hace algunos años pasé mis vacaciones en un pue- ra no desconfió ya de mí y acabé por captarme la La forastera no había bajado los ojos, ni en sus facblecillo de Saboya: imaginaos en el fondo de uno de buena voluntad del santo varón, acudiendo nueva- ciones se notaba alteración alguna; tranquila é indiesos valles alpestres que se forman entre dos monta- mente al templo á escuchar otros sermones, A decir ferente, arrostraba la cólera del sacerdote, que exasñas á lo largo de un torrente unas cincuenta casas agru- verdad, no me desagradaba la ruda elocuencia mon- perado y rojo de indignación, levantaba la mano copadas alrededor de una iglesia y de un mesón y se- tañesa del cura, en la que los vigorosos puñetazos mo para subrayar con el ademán las palabras que no
paradas unas de otras por varios jardinillos muy ale- servían para subrayar las palabras pintorescas, y los acudían á su boca; pero al fin prorrumpió en una
gres y floridos, llenos de esas antiguas plantas que períodos mal coip.binados rebosaban energía, por más carcajada.
- Por mucho que haga usted, señor cura, dijo, no
todos conocemos, es decir, de rosales, malvas rosas, que aquel hombre honrado y tosco maltratase la reme
aburriré aquí este verano... como tampoco me
tórica.
Muy
pronto
se
nos
vió
recorrer
juntos
los
sentornasoles y balsaminas. Las pendientes cubiertas de
hierba prolónganse por un lado hasta el arroyo que deros y pescar truchas cual dos amigos inseparables aburrí el último ... ¡Descuide usted! ...
Y pronunciadas estas palabras, prosiguió su mar«¿Cómo ha hecho usted para domesticará nuestro
corre formando cascadas por entre espesuras de ulcha,
fijando en mí una mirada de curiosidad.
cura?»
preguntábame
la
gente
á
menudo.
marias, y por el otro elévanse hasta los pinabetes y
Aquella breve escena, tan rápida y animada, que
Cierto día paseábamos por las inmediaciones de
las canteras que conducen á la montaña. Ese paisaje
· no es nada austero ni triste; cubierto de verdura, sus un caserío que, situado á diez minutos del pueblo, así venía á turbar la paz habitual del valle, me dejó
matices contrastan con el purísimo azul del cielo, forma todavía parte de la parroquia. El cura se diri- en extremo sorprendido. En cuanto al cura, agitado
y por poco que el sol le ilumine presenta un con- gía hacia allí poco á poco para consolar con sus pa- y tembloroso, tenía la frente y las mejillas inundadas
junto seductor. Hallándome solo y siendo descono- labras á un viejo paralítico, que seguramente no le de sudor, y enjugándoselo con el dorso de la manga,
cido en el pueblo, visitaba á diversas personas de la oiría, y yo iba á separarme ya de mi acompañante, díjome al fin:
- ¡Ha visto usted qué bribona! ... ¡Si usted supielocalidad, gente sencilla, sin astucia, hospitalaria, algo no agradándome el espectáculo de las miserias que
primitiva aún y muy honrada, aunque todos tenían no pueden aliviarse, cuando al doblar un recodo del ra!... ¡Es una enviada del diablo, y merecía ser devoun poco de contrabandistas y eran escépticos, sin que sendero tuvimos un encuentro inesperado. Era una rada por los perros como la reina Jezabel! ... ¡Atreverpor esto dejaran de asistir asiduamente á la iglesia joven parisiense, muy linda y elegante por cierto, á se á volver ... después de lo que ha hecho! ... ¡Ah, répesar del color chillón de su cabello teñido, de su proba! ... ¡Por fuerza lleva en el cuerpo todos los depara oir los sermones de su párroco.
Este sacerdote era un hombre singular, especie de traje exagerado y de su sombrilla roja. Rodeábanla monios! .. . ¿Ha notado usted cómo se revela el vicio
gigante de seis pies de estatura, de rudo aspecto, tez cuatro ó cinco jóvenes campesinas, á juzgar por sus .en sus ojos? ...
- A fe mía, señor cura, contesté, no he visto más
morena, facciones toscas, como esculpidas en madera zuecos y delantales, y el pequeño grupo hablaba y
vieja por un artista torpe, enormes manos de campe- reía con extremada animación. Me volví hacia el cu- que una joven muy linda, y...
- ¡Cállese usted! No es ahora el momento más
sino y una viveza arrebatada que sus sesenta años ra para que me explicase aquella extraña mezcla de
no habían debilitado aún. «Es un buen hombre,» de- montañesas y cortesana; pero noté que estaba muy oportuno para echarla de libre pensador... Voy á recía la gente; y en efecto, el cura jugaba á los bolos pálido y que sus labios temblaban; de pronto vile ferirle á usted su historia del año pasado ... y le asecon sus feligreses y no rehusaba beber una copa apretar los puños, y mirando á la extranjera, que le guro que solamente al recordar los· detalles se me
remueven las entrañas ... Si después de lo que voy á
cuando se la ofrecían. Careciendo en absoluto de contemplaba con tranquilo descaro, exclamó:
unción eclesiástica, oíasele gritar mucho cuando ana«¡Y se ha atrevido á volver esa perdida, se ha atre- decirle le es posible verla sin experimentar horror,
creeré que no vale usted más que ella...
tematizaba los vicios; y ultramontano de antiguos vido á volver! ... »
Y el cura me cogió del brazo, desvióse del camino
rincipios, era el último saboyano que echaba de meY me explicó en dos palabras sinónimas y algo
~05 á Italia. Sobre este punto trababa frecuentes dis- crudas quién era aquella joven Después, plantóse y me condujo hacia los campos, aplastando sin esutas y más de una vez se quitó la sotana para dar- delante del grupo, y dijo con tono imperioso:
crúpulo el trébol y la florida alfalfa. Muy pronto lle; e de' puñetazos con algún carretero republicano.
- ¡Volved á casa al punto! ... ¿No te avergüenzas, gamos á un bosquecillo de pinabetes, tan silencioso
En un principio, el buen cura me miraba de re- Josefita, tú que debes casarte muy pronto, de hablar que parecía hallarse á mil leguas de todo movimienojo creyéndome calvinista; pero cierto domingo, des- con una mujer como esa?... ¿Y tú, Susana, tan buena to humano; el cura eligió una piedra cubierta de musués de un sermón á que yo asistí, sermón dirigido y virtuosa? ... ¿Y tú, Elisa, que tienes á tu madre en- go, sentóse, me invitó á imitarle, y después de una
~ontra los herejes y sobre los e,pantosos suplicios ferma? ... ¡Vamos, largo de aquí! ... ¡Y si vuelvo á en- pausa dió principio al relato siguiente:
ue se les reservan, tuvimos una explicación. Enton- contraros con esa tunanta, ya sabréis quién soy yo!...
«El verano último hizo algunos meses que yo te¿es le hice comprender que, nacido calvinista, había
Hubo un momento de vacilación; después, las jó- nía por vicario á un sacerdote llamado el padre Darenunciado hacía largo tiempo á toda creencia posi- venes cambiaron algunas miradas entre sí, y muy con- niel; era muy joven, de veintidós ó ventitrés años,
tiva· pero que la religión romana me inspiraba gran fusas volvieron al fin la espalda y retiráronse poco á alto, pálido, delgado y rubio, con unas manos y unos
respeto y viva simpatía. Desde aquel instante el cu- poco, dejando á la joven frente á frente con el cura. modales propios de señorita. Estaba dotado de gran

111·

las
un
hnpel

¡do
os.
lno
die
se
6ró
~on
ecilizó
he!ánque
reera
peaba
usdre
ello

1
l

, seestá
¡ede
cier,eneblo
klo á
}.asta
el? ...
,UILL

�LA

1

1
1~

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

494

instrucción, ... demasiado quizás, pues á veces habla- gente es pagana, ... todos ellos peores que los maho»Poco á poco, la oposición, sorda en un principio,
ba de cosas que nada tienen que ver con la salud metanos en punto á religión; y á pesar de esto, quie- hízose ruidosa, y el pueblo trató al sacerdote como
del alma; mas por fortuna, su ciencia no Je impedía ren celebrar la Pascua como los buenos... Porque una escuela que se insubordina contra un maestro
ser piadoso ... ¡Cómo hablaba! ... ¡Era preciso oírle!. .. son ricos creen que todo lo pueden ... «¡Tenga usted malo. Se le escarneció por la menor cosa, enviáronle
Sus frases bien redondeadas parecían notas musica- cuidado con esa gente, había dicho yo al padre Da- pescados podridos, paquetes vacíos; colocáronse peles, demasiado dulces para los patanes que las oían. niel, pues de lo contrario le darán algún disgusto.)) tardos en los sitios por donde debía pasar y hasta
¡Y qué voz! ... Una voz de ángel. .. También cantaba,
»Y así fué.
osaron poner algunos en la iglesia ... Cierto día ocu•
y tocaba el órgano bastante bien. ¿Por qué casuali»Poco tiempo antes de caer enfermo, había yo creí- rrióseles llevar al púlpito una culebra de grandes didad había venido á encallar en nuestras montañas? do conveniente anunciar que las jóvenes que baila- mensiones, dejándola allí encerrada ... Esto era ya
Jamás lo su pe, pues nunca hablaba de sí mismo y yo ran al estilo del día no serían admitidas á la comu- intolerable, y aunque siempre conservaba su presenno me hubiera atrevido á preguntarle la menor co- nión de la Pascua... No me agradan esas diversiones, cia de ánimo, observé que el infeliz vicario enflaquesa ... Lo cierto es que no pertenecía á la misma clase porque desmoralizan la juventud, demasiado aficio- cía, y que su cu~rpo arqueaba, como si le afectara
que nosotros, ni nos asemejábamos á él en nada. Sin nada ya de suyo á los placeres prohibidos. El día de el corazón aquel odio con que correspondíat'l á sus
duda había nacido para vivir en lujosas habitaciones, la fiesta me detengo delante del mesón, dirijo una bondades. Como era natural, semejante paciencia
en un palacio de obispo y no en un curato de pue- mirada á la sala de beber, y, .. ¿qué veo?... Margarita, no desarmó á sus enemigos, los cuales, por el conblo ...
la hija mayor de los Gronlard, bailando como una trario, se envalentonaron acentuando más sus ata»Todo esto no le impedía cumplir con su deber loca con todos los malas cabezas del pueblo, con los ques: las muchachas se mofaban de él á su paso; los
como el primero ... Apenas llegado, preguntóme acer- carreteros y los soldados. Estaba encarnada como chiquillos, ocultos detrás de las cercas, arrojábanle
ca de las necesidades de la parroquia, de los enfer- una amapola, y seguramente había bebido hasta la manzanas verdes; y á todo esto nadie le defendía.
mos y pobres¡ y sin perder tiempo comenzó á reco- saciedad jarabe, sidra y cerveza. La llamo al punto y Los que antes le apoyaban solfan decir: «¡Es un simrrer el país, visitando las más míseras cabañas, y eso le digo:
ple!...» Seguramente no comprendían aquellos salque no es la limpieza lo que más abunda entre nos- »¿Sabes bien lo que te espera?
vajes cuánto valor se necesita para conservar en seotros, sobre todo en esos chiribitiles atestados de
»Creo que si hubiera estado sola habría tenido mejante caso la frente serena para decir misa desde
chiquillos ... Sin embargo, nada le arredraba, ni la miedo; pero hallábase allí su hermano segundo, San- el principio hasta el fin, para llenar sus deberes relisuciedad ni los miasmas infectos, ... y cuando se de- tiago, el peor de todos, y en aquel momento, com- giosamente ... Cierto domingo prodújose una escena
claró la viruela en la familia de los Sondas, esa bue- pletamente borracho, el cual me dijo:
verdaderamente escandalosa; varios borrachos, entre
na gente que habita en la última casa del pueblo, él
- »¡Ya lo veremos, señor cura; mas por lo pronto los cuales iban los tres Gronlard, rodearon al clérigo
fué quien los curó á todos, como un médico, como no se cuide usted de lo que no le importa!
y lleváronsele consigo, cantando unas coplas que el
una hermana de la Caridad, sin querer escuchar las
»Por fortuna teníale cerca de mí, y recibió un pu- maestro de escuela había compuesto, y cuyo estribiadvertencias que se le hacían, sin adoptar la menor ñetazo de mano maestra, lo que me dispensó de con- llo era:
precaución; ... y jamás le oí proferir una queja. Tal testarle ... Crea usted que es el único argumento con
vez ctea usted que aquellos por quienes se desvelaba que se acaba siempre por tener razón ...
Señor clérigo, no os gusta la danza.. ,
se lo agradecían, ... quizá piense que muy pronto se
»De vuelta al curato, referí el caso al padre Daniel,
le consideró como un santo en el país y que los an- y hasta tuvimos una ligera discusión; parecióle que
)) El pobre Daniel forcejeaba para librarse de las
drajosos le besaban la sotana ... ¡Ya ya! ... ¡Usted no yo era demasiado severo, y díjome que era preciso manos de aquellos perdidos; pero los dos más fuerconoce nuestros campesinos! ... En el fondo no son dejar á los jóvenes divertirse un poco, porque no se tes le arrastraban, y cualquiera hubiera dicho que el
malos, si se quiere, mas pertenecen á una raza de ofende á Dios con esto... Aquel hombre era dema- bueno del sacerdote estaba también ebrio. Por forincrédulos; desconfían de nosotros, y no nos toleran siado bueno para creer en el mal, y jamás he visto tuna los encontré; los dos tunantes que sujetaban al
sino á condición de que seamos como ellos y que mayor indulgencia unida á tanta santidad. Esto no abate recibieron cada cual de mi mano uno de esos
en caso necesario... (el cura completó su pensamiento impidió que me dejara en buen lugar, y al acercarse reveses que yo sé aplicar tan bien ... y los otros no
descargando un puñetazo en el vacío). Aquel joven la Pascua, hallándome yo aún en el lecho del dolor, esperaron su parte; mas al volver al curato, el pobre
sacerdote, de aspecto débil, que les hablaba como un cuando la Margarita se presentó para confesarse dí- Daniel se echó á llorar amargamente ... No puede
libro y cuyas blancas manos se movían con adema- jole que no se la admitiría á la comunión... La cues- usted imaginarse hasta qué punto llegaba la ferocines tan delicados, sabía mantener á todos á cierta tión fué seria, y el padre Daniel hubo de sufrir los dad de aquellos tunos, que parecían complacerse en
distancia, sin quererlo quizás, hasta cuando les prodi- ataques de todos los Gronlard: en primer lugar lama- el mal. Cierta noche, por ejemplo, un chico despierta
gaba sus cuidados... Forzozo es decir también ... (el dre, muy melosa, haciéndose de azúcar y miel, afligi- al padre Daniel diciendo que el viejo Moltu está
cura pareció vacilar un instante, y después prosiguió gida, al parecer, y con lágrimas en los ojos; pero tan moribundo y desea verle. Este Moltu es un anciano
con expresión de franqueza). Ya sabe usted que los marcadamente hipócrita, que á pesar de su candidez, que vive sin compañía alguna en aquella casita que
eclesiásticos somos ante todo hombres, y que los hay el VIcario no se dejó engañar. Después presentóse el vemos desde aquí. El bondadoso sacerdote emprende
buenos y malos. Ahora bien: antes del padre Daniel padre, que con sus miradas furiosas y sus ademanes la marcha por un sendero muy peligroso, en medio
tuvimos aquí un sacerdote indigno, que había hecho de payaso trató de intimidarle, hablando de su in- de la obscuridad, exponiéndose á rodar diez veces por
mucho mal en el puelbo, y cuyos escándalos no fueron fluencia con el prefecto, y por último llegaron los un precipicio; llega al punto designado, y encuentr~
conocidos hasta después de su marcha... El regente, tres hijos, armados de palos y látigos... Yo creo que á Moltu roncando, y que al ver que le despiertan
que es volteriano, habíase aprovechado de ello para estos ganapanes se proponían realmente pegar al sa- agobia de injurias al sacerdote... Cuando volvía á
predicar sus malas ideas; y á consecuencia de esto, cerdote; pero no se atrevieron, pues á pesar de su de- casa rendido de fatiga y lleno de barro, todo el muncuando se hablaba del joven vicario, la gente decía: bilidad, imponía á todos con su aspecto tranquilo y do le esperaba, cantando á voz en cuello el consabi«Con su aire de gran señor, ese hombre no valdrá su mirada profunda... Si me hubiese pedido parecer, do estribillo.
tal vez más que el otro.» Por eso se comenzó por le habría aconsejado que cediera desde luego. De vez
»Todos los días esas gentes inventaban algo para
aborrecerle; cuando decía misa, burlábanse de él;... en cuando, yo puedo hacer uso de toda mi autoridad, martirizará Daniel... Jamás hubiera creído que esos
las muchachas le dirigían preguntas incongruentes, y yo, á quien conocen desde hace treinta años, que, he labriegos, apenas capaees de aprender á leer, pudielos chiquillos que estudiaban la doctrina le hacían echado algunas copitas con los padres de los jóvenes ran ingeniarse tanto á impulsos del odio; y hasta los
muecas. A veces se le demudaba el rostro, y enton- de hoy y que tengo puños para hacerme respetar; que antes no solían ser malos, hiciéronse peores que .
ces permitíame darle consejos. «Ríñalos usted mu- pero tratándose del joven vicario recién venido y tan perros rabiosos. Todo esto sin motivo alguno; solacho, le decía; recuérdeles que se condenarán, y cuan- diferente de los demás, la cosa varía de aspecto. Por mente porque el padre Daniel era un hombre de disdo convenga no deje de aplicarles un correctivo.» desgracia el buen Daniel no me habló del asunto sino tinta especie que ellos... Lo mismo ocurre con lás
Pero al oír esto sonreía tristemente y contestaba: «No cuando ya era demasiado tarde para retroceder, y abejas cuando una extraña se introduce en su colpuedo hacerlo.»
cuando todo el pueblo estaba revuelto... Solamente mena...
»No se imagine usted, sin embargo, prosiguió el los pobres le defendían un poco; pero ¿quién escu»Así las cosas, á principios de verano llega la hija
cura, que hubiese nada grave en esas primeras difi- cha á los pobres? En contra de ellos estaban los gor- mayor de los Gronlards, Catalina. Hacía cuatro ó
cultades¡ era la hostilidad natural entre seres de es- dos, los poderosos, que se agitaban como demonios; cinco años que había marchado para servir en París,
pecies distintas y nada más, pues el padre Daniel no mientras que el regente, un canalla de radical, que sin que nadie oyese después hablar de ella, pues
tenía positivamente enemigo alguno. Nadie le quería presta malos libros á todo el mundo, peroraba en la cuando se pedían noticias al padre Gronlard, contesmal; y hasta creo que había un poco de candidez en taberna, proponiendo que se firmara una petición. Si taba siempre: «Va bien, va bien,» procurando camlas jugarretas que le hacían; queríasele demostrar qus el proyecto no se llevó á cabo, no fué por culpa de biar de conversación. Alguien aseguraba á veces que
los demás eran tan ladinos como él, y á esto se redu- ese hombre, créalo usted; fué porque los montañeses se había echado á la mala vida, lo cual no extrañaba
cía todo. Por otra parte, yo, que no le profesaba el se distinguen siempre por su prudencia y temen com- á nadie, y no se hablaba más del asunto. Para las
menor rencor por la superioridad que sobre mí tenía, prometerse, .. El padre Gronlard marchó á Chambe- jóvenes montañesas, la ciudad no vale nada, y en ella
apoyábale cuanto me era posible, y él se utilizaba de ry armando gran bulla y jurando que pronto se sabría mueren de nostalgia ó se pierden... En cuanto á Cala autoridad que no me costó mucho adquirir sobre quiénes eran él y su amigo el prefecto; pero aunque talina, era demasiado perversa para que la aquejase
estos semisalvajes, porque soy de la misma raza que no era republicano, parece que el padre Daniel te- semejante enfermedad; ya valía poco cuando se fué;
ellos ... Pero desgraciadamente, poco después de Pas- i.ía también grandes protectores ... de esos en quienes cuando volvió no valía nada... Sin embargo, presencua caí enfermo; de modo que el padre Daniel se se puedé confiar bajo todos los gobiernos. Gronlard tábase con trajes de marquesa y el cabello teñido
encontró al frente de la parroquia ... En mala hora volvió con las orejas 'gachas, y esto no sirvió sino pa- de rubio, ella que siempre se distingu~ó por sus espeh~bía llegado el reumatismo que me aquejaba, y des- ra que sus partidarios se encolerizasen más, comen- sas trenzas negras; acompañábala una doncella, y llede luego pensé que la cosa no marcharía ya bien, zando desde entonces una guerra sorda, en la cual vaba un falderillo blanco. Y por desgracia, la pícara
tanto menos, cuanto que teníamos algunas dificulta- se aprovechaban todas las ocasiones para hostigar al era muy linda, con su rostro cubierto de polvos de
des pendientes ... ¿Conoce usted á los Gronlard? ... enemigo con un alfilerazo ...
arroz y su aire distinguido ... Fué directamente á casa
Sí, de fijo los conoce usted. El padre Gronlard es
»No acabaría nunca si quisiera referir á usted todo de su padre, que lo trastornó todo, como si se trataaquel hombre gordo, entrecano, tan astuto para pes- cuanto imaginaron para atormentar al pobre Daniel; ra de recibir á una reina, y que en vez de avergoncar truchas, ... el dueño de todos los prados que hay eran pequeñeces, pero en extremo enojosas; y como zarse, se inflaba como un pavo cuando salía con ella.
más arriba del pueblo, á la izquierda, al subir... ¡Cás- nuestro padido, que no es numeroso, trataba de sos- Muy pronto se supo que era rica, pero rica de veras;
pita! Es un ricachón y amigo íntimo del regente... En tenerle, la cuestión se envenena0a. Disputábanse que tenía un palacio, coche, caballos y mucho dinecuanto á su maldita familia, si algún domingo en- unos con otros en el mesón, y todos venían á las ma- ro; en fin, toda la fortuna de un viejo que la institucuentra usted una partida de borrachos, cuente por nos los domingosi de modo que el pobre sacerdote, yó su heredera ... ¿Por qué volvía al pueblo, ella que
seguro que en ella se hallan sus hijos ... Por lo que tan dulce y tan bueno, llegó á ser como una manza- no tenía ya nada de campesina, ni el tocado ni las
hace á sus hijas, ... ya le hablaré de ellas ... Toda esa na de la discordia y comenzó á inspirar odio.
manos ni el cabello? ¿Qué placer podía causarle ver

NúMERO

494

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de nuevo los caminos que antes recorriera
calzando zuecos, los campos donde rob~~ª
manzanas verdes y la escuela donde rec1bi?
tantos palmetazos por no saber la doctrina? ... ¡Diantre, pues no volvía _más que para
deslumbrar á todos con ~u ~I?ero!_ ¡Y á fe
que lo consiguió! ... Al pnnc1pio m1rábanla
desde lejos, con un resto de ~esc~nfianza,
y después, cuando se supo su ht~:ona, fué la
niña mimada del pueblo¡ agasa3abanla, hacíanle caricias, la convidaban á todas partes y tratábanla con cierto respeto: con su
oro había trastornado todas las cabez~s. Re·
cuerdo haber oído á una madre decir á_ su
hija: «¡Ahí tienes á una joven qu~ ha sabi~o
hacer carrera! ... » y el padre Dame!, muy indignado, propúsose pronun:i~r un sermón
sobre los bienes mal adqumdos.... ~l día
siguiente, Catalina se presentó, sohc1tando
confesarse con él.
»Advertíle que desconfiar,a, que _aq?ella
joven no podía tener ningun sentimiento
bueno, que se burlaría de él, y que seguramente habría en todo ello gato encerrado,
alguna maquinación de los Gron~rd... El
vicario me escuchó con mucha atención, pero
no quiso creer ni una palabr~ de cuanto le
dije... ¡Pobre joven!... A decir verdad, era
sincero cándido, muy bueno, y pensaba que
todos l~s hombres y las mujeres lo eran también. Por otra parte ... ¿quién sabe? La serpiente de la vanidad se desliza á ~eces ~n Ia_s
almas más puras, y el padre Dame! ~e mchnaba tal vez á creer que su elocuencia había
Paréceme estar viendo á Catalina llegar al comesonario.. ,
hecho un milagro...
.
»Paréceme estar viendo á_ Catalina llegar
al confesonario; con su vestido negro Y S?
dencias, y como yo soy muy poco perspicaz... Todo pero como ya le he dicho á usted, soy un hombre
largo velo, que la cubría en p_a~te, cualqme~a la_ha- cuanto puedo decir es que hubo como una corres- sencillo, un pobre cura _d~ pueblo que nada sabe; y
bría tomado por una viuda afhg1da y devota, bapba
sin duda por esto la religión no me parece complila vista con humildad, y su manera d~ presentarse pondencia entre la campaña que los Gronlard habían cada. Perdonar á los buenos y condenar á los ~a~os,
emprendido hacía algunas seman~s contra el padre
habría parecido en un todo conforme s_i su _doncella
he aquí mi regla; el cielo par~ los que han V1v1do
no la hubiese esperado delante de la iglesia c~n el Daniel y los manejos de su Catalma. .
»Pero sea de ello lo que fuere, e~ lo cier~o que ha- bien, practicando la piedad, la virtud, y para los otro_s
falderillo en brazos, charlando y riendo á carcaJ_adas
bía
mucha electricidad acumulada en el aire. Por lo las penas eternas ó temporales. Lo demás son suticon el mayor de los Gronlard: .. ¿Quéyasó? Lo ignolezas.
ro· pero cuando el padre Dame! volVIÓ á casa, notá- pronto, la joven traía trastornado todo el pueblo; las
»Yo hubiera debido insistir, pero no me atreví,
b;se en él una marcada turbación, y al preguntarle muchachas no soñaban más que en hacer lo _que ella, porque el padre Daniel_ me causaba un poco de
para volver con vestidos de se9a ... Las muJeres son
por su penitente, limitóse á contestar:
miedo...
d
_ »¿Sabe uno nunca lo que pasa en el alma huma- como las cabras, que solamente piensa~ en ramonear,
»En este estado se encontraban las cosas, cuan o
importándoles
poco
qué
ni
dónde;
los
Jóvenes
la
acena?... ¿No tenía Jesús una cortesana entre sus más
chaban y seguían por todas partes, atraído_s tal vez por sobr~vino un incidente, una terrible lucha entre Sanfieles discípulos?...»
.
.
tiago Gros, á quien ya conoce u_st_ed, ~ ~n tal Judas
Al llegar aquí el buen cura se mter~u11;1p1ó Y des- la tersura de su cutis, lavado con finos J~bones, por Lenthelme, que está en el serv1c1O m1ht~r. Era un
pués de reflexionar_ un instante, p~os1gu~ó con un~ el perfume de su cabello, por sus enca3es y por su domingo por la tarde; los dos habían bebido bastanespecie de elocuencia que me pareció casi conmove aire de gran señora.
»Cuando yo hablaba con los mozos, esfo~zábame te, y como Catalina acertase á pasar por delante del
dora:
,
mesón, Judas dijo:
«¡Ah, la Magdalena! ¿Quién dina el mal que ha para demostrarles que Catalina era _un~ perdida, q~e
_ »Apuesto á que le doy un beso delante de todo
no
habría
sido
digna
de
descalzar.siqmera
á
las
cnahecho? ¿Quién contará las almas y los cuerp_os que
el
mundo.
su conversión ha perdido?... He respetado siempre das de su padre, las cuales podían ser I?.ºr lo menos
- »Pues yo no quiero que la beses, contesta Gros.
todos los decretos de la iglesia; pero, franca11;1ente jóvenes honradas, y que era una ver~uenza ver así
- »¡Pues vas á verlo!...
(al decir esto se persignó), creo que se come~1ó un á todo el pueblo á los pies de aquella mtrusa.
'
- »¡Ay de ti si te mueves! ..
»A todo esto me contestaban: «Qué quiere usted,
error al canonizarla... Cualquiera pensaría, ... &lt;?1si temo
»
y trabándose así de palabras, preci~ítanse u~o
decirlo, mas no puedo por menos;... cual_qmera pen- señor cura, lo pasado pasado,, .. y tal vez n~ ~aya he- contra otro. Como los dos eran muy formdos, nadie
saría, repito, que esa jove? no ha_ podido romper cho tanto como dicen ... Además, ahora es Jutciosa, Y se atrevió á separarlos, y por otra parte la gente se
•
nunca del todo con su antiguo oficio... Tal vez ayu- aun se vuelve devota.))
»En efecto, amable con los mozos más apuest?s, complacía en contemplar aquella !~cha, qu_e duró
de á salvar algunas otras pecadoras como ella, encemás de media hora. Catalina se hab1a detenido co~
nagadas en el mismo barrizal; pero ¡cuántas_ veces parecía mantenerlos siempre á respetuosa distancia, los demás, y Judas le gritó! en el 11;1omento de recihabrá servido tambié:1 al Tentador para extraviar co- y veíasela siempre rondando por el curato, ó dentro bir un puñetazo que le partió el )ab10:
razones nobles1 poniéndoles por peligroso cebo la de un confesonario, como si no acabara nunca de
- »¡Ya lo sabes, todo es por t1!
•
.
salvación de un alma y el perdón del Altísimo!... Y limpiar su manchada conciencia .. , . .
»Santiago
Gros
cayó
al
fin,
y
el
otro
se
enc~rmzó
»La súbita calma del pueblo me mqmetó, tanto
á decir verdad, ¿vale la pena h~ce: tantos esfue:zos Y
con él de tal manera, que seguramente le habna hesacrificios por esas almas envilecidas que abdicaron más cuanto que creí notar que el padre Daniel era cho pedazos si yo no llego á ~empo para ~alvarle.
de su dignidad para entregarse á 1~ car~e?... ?ólo obj;to de una observación constante, mezcla de des»En los días siguientes se v1ó á la Catalina paseánNuestro Señor podía atraerlas á sí sm peligro m de- confianza y de burla. ¿Por qué hab{an cedido en su dose del brazo del vencedor, y también se supo que
enemiga
los
Gronlard?
Evidentemente
porque
prP.pabilidad, pues á los hombres no les serí~_posible _hale colmaba de presentes, habiéndole regalado un recerlo... La indulgencia, permitida al H130 de Dios, raban alguna cosa, ó porqué se trama~a algo, ~ue loj, una cadena de oro y una sortija. Judas, q~e era
debe prohibirse á sus ministros, porque es cosa muy ellos adivinaban con el instinto de su odio... Crei de muy holgazán, ya no trabajaba, lo cual no le impesuperior á ellos... Yo no p~nsaba nada ~e ~uanto mi deber advertir una vez más al padre Daniel que día gastar en la taberna los dur~s que no le _costaba
ahora digo á usted cuando v1 al padre Dame! intere- Je amenazaba un peligro; díjele que tuviese cuidado trabajo alguno ganar. ¡Qué verguenza! ... Advierta ussarse por su penitente; no dudando de él, me con- de los demás y de sí mismo; le recordé que el Tenta- ted que nadie quería ver nada, y hasta el padre
de
tentaba con admirar su celo .. y sólo más tarde me dor es hábil' hasta el punto de apoderarse
.. á yveces
Gronlard cerraba los ojos. Cierto día hablé de ello
nosotros
por
nuestros
mejore_s
sent1mien'.os,
que
sus
dije y repetí todo esto...
·
.
al alcalde, y me contestó:
adversarios
parecían
demasiado
tranquilos
para
que
»En la historia que ahora le refiero ha~ vanos
- »¡Siempre ve usted el mal por_to~as partes, seno
le
amenazase
un
riesgo.
puntos que jamás pude escl~recer._ As!, P?r e3emplo,
ñor
cura! ¿No es Catalina buena cnst1ana? ¿No está
»El vicario me escuchó tranquilamente, fijando
¿cómo explicarme que pareciese d1smmmr desde ensiempre en el confesonario? ¿Qué m:is se puede
en
mí
con
sus
dulces
ojos
una
mirada
tan
leal,
tan
tonces la hostilidad del pueblo contra el padre Da.
niel? ¿Sería que sus enemigos co~fiaran su causa á valerosa y tan divina, que me av~rgoncé de pensar pedir?...
»¿Qué había de contestar?... Nada... ¿No _es cierCatalina Gronlard y que ésta hubiese concertado su algo malo; quedando casi confundido.
- »Padre me contestó Daniel, no temo nada de to?... Pero al día siguiente dije al padre Dame!:
línea de conduct~ con aquella gente de insaciable
- »Usted no sabe lo que pasa entre Judas Lenmis
enemig~s, porque son también l?s de Dios, y si
rencor?; ó bien, ¿habría por parte de la joven algo de
thelme y Catalina... No se ocultan, y todo el _pueblo
á
usted
le
parecen
tranquilos,
será
sm
duda
porque
sinceridad no quiero decir un deseo de volver al
habla de sus intimidades... Voy á verme o~hgado á
bien, pues' no puedo admitirlo, pero sí una afección lo están ... ¿Por qué habían de seguir odiándome?... prohibir la entrada en la iglesia á esa muJer hasta
desinteresada hacia el joven sacerdote, y en est~ caso De todo lo demás, ningún cuidado tengo: no es por que cambie de conducta. ¿Qué le parece á usted? ...
habría obtenido de los suyos una tregua, haciendo el deseo del bien por lo que el Tentador puede ~po·
valer razones que yo no conozco? De todos mo~os, derarse de nosotros, y al Cielo le agrada demasiado
TRADUCCIÓN DE E. L. DE VERNEUILL
nada sé sobre esto· yo estaba entonces convalecien- perdonar para que sus ministros no sean clementes
con
los
que
pecaron
...
te, y pude ver los 'resultados de la _intriga,. pero no
( Conclieirá)
»A decir verdad, yo no acababa de comprenderle,
seguir su trama. Naturalmente, nadie me hizo confi-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

494

11
La estufa termo-eléctrica, representada en su altu1 ra por la fig. 1 y en sus secciones longitudinal y horizontal por la fig. 2, no difiere esencialmente en su
ESTUFA TERMO·ELfoTRICA DEL DR. GIRAUD
aspecto exterior de los aparatos Choubersky.
Ambas estufas tienen como caracteres comunes la
Cuantas tentativas se han hecho para transformar
directamente la energía térmica en energía eléctrica forma cilíndrica prolongada, el cargarse de combushan fracasado por la producción menos que mediana tible por la parte superior, cerrarse por juntura de
arena y estar montadas sobre ruedas:
las diferencias residen en el modo de
circular los gases, en la regulación de
la combustión por la mayor ó menor
abertura del cenicero y sobre todo por
la envoltura exterior de aletas que forman una vaina circular en donde están
dispuestos los elementos de la pila termo-eléctrica. Uno de los aparatos que
ha funcionado ya en París consta de
700 elementos dispuestos en 25 coronas horizontales que ocupan toda la
circunferencia en toda la altura de la
estufa, salvo en el punto reservado para el paso del tubo que lleva los productos de la combustión á la chimenea. Cada uno de estos elementos está
constituido por una hoja de níquel ó
de hoja de lata y por una aleación con
base de antimonio y de cinc, adicionada con algunos otros metales añadidos
en pequeñas proporciones con el objeto de dar á aquella aleación todas las
cualidades de solidez, de resistencia
mecánica y de duración de que hasta
ahora carecían la mayor parte de los
demás elementos termo-eléctricos. Los
estudios de las mejores proporciones
de esta aleación, los procedimientos
de soldadura rápida y económica, y la
Fig. !.-Estufas termo-eléctricas del Dr. Giraud
montura de estos elementos constituA. Modelo con envoltura y aletas. - B. Modelo con elementos al descubierto yen los principales méritos de los trabajos que en este asunto ha realizado
de los aparatos de transformación, es decir, de las últimamente el Dr. Giraud.
pilas termo-eléctricas: en las de gas más perfeccionaPara aislar los elementos entre sí y"evitar su condas el consumo no baja de 30 litros por watt-hora ó 30 tacto directo con las partes más calientes de la estumetros cúbicos por kilowatt-hora, lo que daría un fa, lo cual podría producir su fusión ó su deterioro
precio seis veces mayor que el que hoy se paga en rápido, la parte caliente de cada elemento está enlas estaciones centrales de distribución. Treinta me- vuelta en una hoja de amianto y encerrada en una
tros cúbicos de gas desprenden por su combustión pequeña caja cuadrada de palastro. Todas estas cajas
150 ooo calorías, mientras que el kilowatt-hora sólo yuxtapuestas y sobrepuestas con el fondo aplicado á
representa 850; de modo que apenas cinco milésimas la cara cilíndrica de la estufa, forman una especie de
de energía térmica se tablero de ajedrez hueco en cuyas casillas se colocan
convierten en energía los 700 elementos montados todos eléctricamente en
Sección vertical de la estufa
eléctrica disponible. tensión. La circulación del gas está combinada para
Esta cifra que pa- evitar una explosión en las coronas inferiores y aserece prohibitiva cuan- gurará las superiores una temperatura suficiente á
do la energía eléctri- igualar la fuerza electro-motriz de los elementos.
ca constituye el eleUna de las estufas, de planchas de níquel, produmento esencial de ce una fuerza motriz de 40 volts y una intensidad de
producción, no lo es corriente en corto-circuito de 4 amperes, de modo
cuando, por el con- que en las condiciones de potencia litil máxima puetrario, el principal pa- den obtenerse 40 watts disponibles Reduciendo «rl
pel está representado tiraje, se disminuye el consumo y la temperatura, y
por la producción del la producción puede descenderá 35,30 y aun á 25
calor y la energía eléc- watts, con lo que podría alimentarse directamente
trica puede ser consi-' una lámpara de 10 á 12 bujías. Para alimentar varias
derada como produ- lámparas á la vez, gastar en pocas horas la produccida fuera aparte del ción de un día y aun hacer provisiones disponibles
objeto principal, en á voluntad podrá acudirse á los acumuladores, pucual caso el gasto su- diendo entonces disponerse de 600 á 800 watts-hora
plementario está lini- para el alumbrado, cantidad de energía que correscamente representa- ponde á 20 ó 25 lámparas-hora de 10 bujías.
do por el interés y la
Las estufas termo-eléctJicas consumen el mismo
amortización del com- combustible que las ordinarias de igual potencia térplemento añadido al mica, ó sea 20 á 28 kilogramos de cok al día.
aparato de calefacEn cuanto á la duración de los elementos, las rrueción que conserva ín- bas hasta ahora practicadas permiten suponer que
tegras su función y será la suficiente para compensar el mayor coste del
0
su potencia. No es, aparato con la doble utilidad de calefacción y alumpues, ilógico tratar brado que proporciona.
de construir una estu fa termo-eléctrica
capaz de proporcionar calor á una habiEL ANÁLISIS DE LOS VINOS
tación y á la vez una
Determinación
de la cantidad de cloruros en el vino
Fig. 2.-Secciones longitudinal y cantidad de energía
El clorurómetro
horizontal de la estufa termo-eléctrica: b e, Ruedas; e, Hogar;/, eléctrica suficiente
Durante mucho tiempo se ha empleado la sal para
Rejilla; i, Envoltura; j , Tapade- para el alumbrado
ra; /1, Aletas refrigerantes; /, Es- normal de la misma. precipitar la clasificación del vino y evitar que se
pacio rle ascensión de los gases;
Penetrado de esta vuelva agrio; pero algunos vinicultores, abusando de
o, Descenso de los gases; p, Chiidea,
el Dr. Giraud, este procedimiento inofensivo y á fin de aprovechar
menea; t, Espacios vado~ para la
circulación del aire; 11, Tapadera de Chantilly, viene en toda su extensión el límite de riqueza alr.ohólica
agujereada para dar paso al aire haciendo, desde hace que algunas naciones han fijado, adicionan el vino
caliente.
muchos años, estu- con alcohol, y para restablecer en sus justas propordios é investigaciones ciones el extracto seco añaden á aquél glicerina, gluque hoy parecen coronadas por el éxito y cuyos resul- cosa, algunos gramos de sal por litro etc.; otros, satados vamos á presentar someramenteá nuestros lec- biendo que los vinos no enyesados son tenidos en
tores.
mayor estima, los desenyesan con cloruro de bario,
SECCIÓN CIENTÍFICA

que obrando sobre el sulfato de potasa producido
por el enyesado da origen al sulfato de barita insoluble, y aunque se quita éste por filtración, siempre
queda el cloruro potásico, sal purgante y tóxica en
el mismo grado que el sulfato potásico. Contra esta
práctica ha tomado severas medidas el gobierno francés, y de aquí el interés que para los comerciantes y
viticultores tiene determinar la cantidad de cloro que
sus vinos contienen, lo cual pueden hacer por un
procedimiento muy sencillo. En vez de la incineración del vino que se hace en los laboratorios, se procede al simple decoloramiento por el negro animal
pulverizado, pues se ha probado que dejando eñ negro animal bien lavado soluciones que contengan 1,
2 ó 3 gramos de sal por litro, la riqueza de los licores en cloruros no se modifica sensiblemente. Es, sin
embargo, condición esencial que el negro animal sea
puro y haya sido lavado con agua destilada hasta que
no contenga cloruros, lo cual se comprueba echando
en algunas gotas del agua del lavado un poco de solución de nitJato de plata, que produce un precipitado de cloruro de plata, si hay todavía cloro en el
agua, dejando en caso contrario completamente límpido el líquido.
Inspirándose en estos experimentos, M. Dujardin

LA

494

NúMERO

línea o con la solución de nitrato de plata y se echa
gota á gota en el vaso para precipitarlo (fig. 2 ). ~l
licor se enturbia y vuelve lechoso por consecu~n~1a
de la formación del cloruro de plata que se precipita,
y al final las gotas del nitrato dan una aureola encarnada que desaparece por la agitación.
operación
se suspende en el momento e~ q~e el_hcor no produce ya el tinte amarillo: el liquido ne!1e .entonces
un color de ladrillo muy marcado, que mdica el término de la operación, y que es debido á que no en-

1:ª

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

contrando ya en el líquido cloro para for~ar cloruro
de plata insoluble, el nitrato de plata reacciona sobre
el cromato de potasa, produciendo cromato de plata
de color rojo de ladrillo.
En la bureta graduada se lee la división c~rrespondiente al nivel del líquido: la solución de nitrato de
plata está calculada de t~l.manera que un centfmet~o
clibico representa un m1hgramo de cloruro de sodio
para los 10 centímetros cúbico~ de vino empleados
en el experimento, ó sea un decigramo de cloruro de

sodio por litro. El nlimero de centímetros cúbicos de
nitrato de plata añadidos corr~sponde,. pues, á ?tros
tantos decigramos de sal manna
litro de vmo.
M. Dujardin ha construido tambi_én un ~lorurómetro de pequeño modelo, más senc1llo, destmado á
las compras en los viñedos, que está basado en . l~s
mismas reacciones que el que acabamos de descnh1r
y cuyo empleo es sumamente práctico.
A. HEBERT

Pº:

(De La Na/tire)

JARABE Y PASTA
de H. AUBERGIER

con :r..AO'l'V0.AlUVK (Jugo leohaaa de Lechuga)

•• 2000 "·

obadoa por la Academia de KecUo1na de PIU'i■ • 1.n■ er1adoa en Ia Colec016n
ot~ial da J1'6rmala■ Legal.. por deore1o mbalnerial ci. 1 O de MIU'■O de 185-4,

.A

una completa 1Dnoculdld, una encacia perfoctamenle comprobad&amp; en el Catarro
lu
cat&lt;JmJ,, .1111"'411, ~ ..,_ 6 lf'ntadff de la prganta, han
rangeado al .U.IU8E y P.&amp;.BTA lle AUBEI\Gu¡a una lnmenaa wna. • . .
..
e

.llt'Of!QV""·

e,,(alm(C(),

f.1s1ruto ul Foventa
..11l1rit llUic• MI S" Bo,u~arut Ht.4r~ ú i. '""''" ú "'''""'ª {t&amp;o ,,1oi611),
por mayor: COIUR Y e-, • · Cllle de Bt.-&lt;llaul1e, PARIB
DEPÓSITO

11(

LU PlllllCIPü.U

aonc.u

Jarabe Laroze

-----------------.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 años, el ~arabe L~oze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curac1on de las gastritis, gastraljias, dolor11a
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para fac1htar
la digestion y para regularizar todas las funciones del esíómago Y de
los inLestinos.
JA.R.A.BE

a1Bro:muro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es ,-1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,

la epilepsia, bistéria, migraña, baile de .~•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los ni.üos durante la dentic1on; en una palabra, todaa
las afecciones nerviosas.

Fábrica, &amp;pediciones : 1.-P. LAROZE

!, me des Lions-Sl-Paal, l Paris.

Lu
............ 1u

PILDORAS~DEHlUT
Dlt ~A"'la

.ao titobean e.a purgarse, cua.ado lo
.aece,itan. No &amp;eme.a el asco nl el caunncio, porque, contra lo que ,ucede Cf'D
Jo, demu purg11Jta1, este no obra bien
amo cuando ,e toma con bueno, alimentos
1 bebidu lortiliCIJJ&amp;el, cual el vino, eJ call,
el U. Cada cual escoge, para purga~e, la
hora 7 la comida !JUII mu le conviene.a,
se,u:a ,u ocapac1onu. Como el cau,u
cio que la purga ocu1o.aa queda completa.menie analadoporel efectode la
bua:aa al1me.ataclo.a empleada,UJIO
•• fleclde ticilmento • volver
i empeHr caa.atu vece,
.,. aece,ario.

Deposito en toda.a laa prtnclp&amp;Je• Boticas y Droguerial

CARNE
HIERRO y QUINA
! ~ Wlido a los 'rów.coa mu reparadora.

PERFUMERIA-ORIZA

ll .Allmento mu

Pe, lwneo U•uldo■ 6 10Udlllcado1

Fig. 1. - Decoloramiento de los vinos por el negro animal

DE L. LEGRAND ~
11, Place dela M.adeleine, 11

" -~•"~~'i ..
•

J;

~"'

~ris

T COK TODOS LOS nDCCll'lOS JroTUTIVOS DB U OABNE
e&amp;anr, mm• 1 91JD&amp;1 Dtes moe de exllo eonttnuado 1 IU &amp;llrm~onee de

O,t,fi

~vo
~~
~~&lt;I~,; '\l

toclaa !U eminencial m6dlcaa preal&gt;III que es~ uocJ&amp;Clon c1e la c . . .e, el 111ern 111
•--- oonaUtuye el repara4or mu enemco que ee conoce ~ curar : la Clorólü, la
.i..-... 1u l l l f U t ~ dolorolM, el .6"'9l)bl'ecltlfffflto 11&amp; ..A.lteracúHJ de la San,r,,
_,,,_,
..A.f«t:WIUI acro"""'411 ~tfcal, elé. &amp; Yla• Pe......._. . de
~edo el 1iDloO que reune todo lo que entona 1 fortalece lol orpnoa,
rep1ar1sa • coordella' 1 aumenl.a COD11derablememe lu tuerzu 6 lntunl1e a la llllll'9
empobred4a y c1ea001or111a : el Vflor, la e~
1 la
~.ii. .
.lorUJor •l'aril, encuade J. FBW,Farmacealico, tot,neRidleliea. Sáwcrat .lROUD,

filo¡;~ 'o-º

~ te,0,r,ff

O &lt;{ O',, ~V
.l.
.... -:,.,.ft

()'q,-$'

. ,~º

'O

0-:

f...~":•

.,.§'
~

el\º

l

VINO FERRUGINOSO ARDUO
ª"""~

J.

•

#

p VDDA D TODü Lü ftmCIP.l.LU aoTIQü

EXIJASE .ai::1 lROUD

del BJ.erro, eaw Plldoraa ae emplean
eu&gt;ecllimente contra las ••Cll'Ofulu, la
la DeltUl4a4 4• temperamento,
u1 como en todos los caaos(l'W4oe colort1•,
.&amp;meAorrea, ••&gt;. en los cuales es necesario
obrar sobre la aan¡re, ya sea para 11e,olverla
,u riqueza y abundancia normales, 6 ya para
1&gt;ro,ocar 6 re¡ularlzar au curso perlódlco.

'l'Úla y

. A'/~ lllllarlltllo, a Palll,
~//a?1;
Rue Bonaparte, 40
c_..;::..-o
de hierro Impuro 6 alterado
un medicamento Infiel é Irritan te.
N• B•Elesloduro
Como prueba de pureza y de autentlcidal111e

las Y'erd&amp;dera• PUdot'M M .lUatMlClt'd1

r en Ca,a de

JAIME FORTEZA

4, EacudlUer■, Barcelona

Participando de IU propiedades del Iodo

y

Enfermedadesd,1Pecllo

exigir nuestro 111110 de plata reactiva,
uueatra firma puesta al pié 4e una etiqueta
.,...11, y el Sello de garantla de la Un ión de
IN FlbrlcantH para la represión tie la falsl•
llcación.
,-,sB HALLAN llN TODA.S LAS l"AR14'ACIAS

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX

· Soberano remedio para rápida cura•
c:ion de las AfeooioDH del pecho,

Fig. 2. - Determinación del cloro
ha inventado un aparato para la determinación de
los cloruros del vino, compuesto de dos vasos para
precipita&lt;!os, una probeta, un embudo, filtros, una
medida -para el negro animal, otra de 50 centímetros
cúbicos para el vino que se ha de analizar, una pipeta de 10 centímetros cúbicos, papel de tornasol azul,
una bureta de Gay Lusac y varios frascos con nitrato
de plata, cromato de potasa, carbonato sódico y negro animal. En uno de los vasos se pone. una medida
de negro animal y otra de vino, se agita la mezcla
algunos instantes y se echa en un embudo con filtro
colocado en la probeta (fig. 1 ). Del líquido filtrado,
que es incoloro, se toman con la pipeta 10 centímetros cúbicos que se echan en el segundo vaso y se les
añade unas gotas de carbonato sódico hasta que una
tira de papel tornasol azul sumergida en el líquido
no se vuelva roja. Así se destruye la acidez del vino.
Echanse en el vaso unos 10 centímetros cúbicos de
agua destilada y se añaden tres ó cuatro gotas de eromato amarillo de potasa, con lo que el licor toma un
tinte amarillo claro.
Entonces se llena la bureta de Gay Lusac hasta la

Antn, F1rm1o4ut/co

Catarro■,llal de garganta, Bronquiti■, Reetriado■ , Romadiso■,
de los Reumatismo■ , Dolore■,
Lumbago■, etc., SO años del mejor

E8TREAIMIENT08, CÓLICOS. -

La caja: lfr. 30.

611 Calle Va11'f1Wera, :Parla.

El Jaro.be d, Pierre Lamourowc ti
el Pectoral por excelencia
como edulcoranu d, la, tisana,, á
la, cualu comunica "' gusto agradable y ""propiedades calmante,.

éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primero• m6dieo1 de Paria.

D1p61/to ,n toctas tas Farmacia,

GRANODE LINO TARINFTR~cl~s

ffle,ldt IIIÑIIII, -FfNI '(d. A111/ /a,fl 11,111tltll1,
1 hl• •N di u11troe fltA#Ol dt IALIIO, pu• ti,_
11 ..,,.,,,. ,, lll 11111t111111t11, ,. ,.,.,. .,.tlt• 1 11
derolnrh ti u,ño , la a/tiria. - A1I ,,,,,, '(d.
IIIUOhH 1llo1, dl1(rut1nd• lllffl/11'1 ,, llftl •u,111 .., ...

LOS QUE TEIGll TOS
ya sea reciente ó crónica, tomen las

PASTILLAS PECTORALES
del Dr. Andreu y se aliviarán pronto por fuerte que
sea. Sus efectos son tan rápidos y seguros que casi siempre desaparece la TOS al concluir la primera caja.
Para el ASMA prepara el mismo autor los Cigarrillos
y Papelea azoados que lo calman al instante.

(Qaceta da In Hoapllllel)

..,.lite Ct1erll: '5, can. Ymllllm, 45, PWS
Be rende

,n todu /11 buena, farmao/11.

LOS RESFRIADOS
de la naris y de la 01.ben desaparecen
en muy pooaa horas con el

RAPÉ NASALINA
que prepara el mismo Dr. Andreu.
Su uso ea raoiliaimo y BUS erecto,
aeguroa y rápidos.

LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA

• to o6ntbno•

de pe ■ eta la
entrega de ti p~gina■

·-

' Se ta-n&amp;11 prerpectoo 4 ~ttlc11 1.. sollcit1
ilriglniosc i t.a Sm. Meataaer y Sía._, ciitor•

PARAtel~erBQQA
SANA, HERMOSA, FUERTE y no padecer dolores

de muelas, usen el ELIXIR y los POLVOS de

IIIENTHOLINA DENTÍFRICA
que prepara el Dr. Andreu. Su uso emblanquece la
dentadura, fortifica notablemente las encías, evitando
las caries y la oscilación de los dientes. Su olor
exquisito y agradable perfuma el aliento.

�LA

UNA BACANAL,

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

494

bajo relieve de D. Venancio Vallmitjana

dirOa.nse para lntormes áloe Sres A. Lorette, Rue Oaumart1.u
núm. 61. P&amp;rís.-Las oasaa 88l)8,fiolu pueden hacerlo en la o11c1na de publicidad de 1011 Sres. Oalvet y O.•, Diputación, 3~8, Barcelona

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUBTRAOIÓN ARTÍSTICA

_f~

4

OS f11l01U•lllflP,rlt,
78, Fauh. Batnt-Dema

n casi INSTANT NEAMEN-TE los Acc

A MA Y TODAS LAS SUFOCACIONES.

~

l"AFUé

,

_.......,.

"''°"4t "",.~·
-

UIT !l!TtHtLIQCS -

LECHE ANTEFtL

VINO

DE

.- JARABE ANTIFLOGÍSTICO DEeo-•BRIANT
'••

CHASSAING

U·DIOlftn'o

,an t IIUdlh M lflt, tlllJa
CAS, LEIM'Elil, TEZ AIO
SARPULLIDOS, TEZ 11.UlROS
ARRUGAS PIIECOCEI

...,....,e,a, VALI,B DB :aJl'OU• 1.60, PA.BJ8,

,

El .TARA.BE DE BRl.ANTrecomendaúo

V••

.ll'arwuac,'418

desde au prtnctpto por 10s profesores
ano t8!9 obtuvo el Pr1V1legto de Invención. VUDADERD COIFln PRTORAL, con base
de ¡oma J d.@ ababolea, conviene aobre3toao a 1u per1onu ·-deuca11u como
1
mQJerea J n.Liios. su gusto excelente no perjuc1lca
en modo alguno A su eQcacJa
eonlra los llSFIUDOS )' todas lU IIFUJU.eJOilS del PECIIO )' lle los IITESTIKOS.

Preaorlto deecie 25 aiioa

o

En,~~~:~a.u

~ennec, Thénard, Gueraani, etc.; ha recibido la consa,rractón del tiempo: en el

Contri las AFFECCIONES di IIS Yin Dl¡astim
PARIS, 61 Arenut '1/ctorla, 6, PA R/1
T h TOHI Ll.t blG[p.lLU IP.&amp;.allAalü

ENFERMEDADES ,

ti"t9ADESdeI E8To11..

\'f.'

"''º

-;r--

Pepsina Boudault

CLORÓSIS. -

ANÉMIA. -

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

LINFATISMO

PATERSON
BISMUTBO J MAGNESIA

Et Proto-Ioduro de Hierro es ti r eparador de la sangre
ti fortiflcante y ti microbicida por excelencia.
'
11 Jarabe, lu Grajeas roa proto-lodaro de farro deF. Gi lle,
"º P'&gt;drint1 ,,.r dtffl4Siado noom,,1t(ado1 m raión tu ,u J)Mre:a qu(rnica d,
1u 1natt•rab1lidad JI d- 11, 1olub-.tidad anutantu.
'

tA1

~ O I coolra lu .tJeooionea del Estó•
mago, Falta de Apetito, Dlge1tlonea labo•
no.u, &amp;.oedlaa, Vómltoa, Eructos, y Cóllooe;
reqularlu.n laa Funolonea del Estómago y
de loe ~Unoe,
E1/1tr t11 e/ rotulo I frma dt l. FAYARD.
&amp;dh. DE"nUH,FannaoeuUoo en P4BI8

fllac,14 de l01 J101J)itnlfl).

Dtl'ÓSITO GL~ERAL: 45. Rue Vauvillle":!ARIS. D,¡,&lt;1silo ea todas Ju rarmiciu.

Ap111bada por la füDEIJ&amp; DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO Al O' CORVISART, EH 1856
Modallu •• laa Expo1lcloneo lnternaclonalo, de

PUIS - LTO!I - TIE!U - PHIL.&amp;DtLPIII&amp; - PARIS
18C7

1s;i

11!13

11 UPt.a&amp;. C:01' IL

1878

a,,oa

1878

ÚlTO D LA,a

DISPEPSIAS
O ASTRITIS - OASTRALOIAS
DICESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1' OT&amp;0I DIIOa.DINII DI U

DI0IITIOS

BAJO LA FORIIA. DE

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · dePEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PillS, Pbm!acie COLLAS, 8, nie Daaphiae
J

V m la, prtnrlr&gt;rdt, farm1ct.cu .

CARNE HIERRO y QUINA

11.Allmento mu

i ~ 1lllido a los Tózucoe mu npandorea.

VINO
FERRUGINOSO ARDUO
tJ........,
T C01' TOOOS toS nmc:mot Kll'BlTnoa Da u ClAMB
.,IP:Jlae 7 91JU&amp;1 Dfes aftol de nito OODUnllldo y Ju 111nnadone1 4e

1U emlnenciu mMicu PN!Ub&amp;D que ea&amp;&amp; UOCIICIOQ de la Ca.rae, d IUerre 7 l1
- - • - oouaUtuye el reparador 111U euel'lñco que ee 00noce para curar : 1&amp; Clordlú I&amp;
Aflnl'°, 1U Jltfllt~ d4loroMI, el. Jlt11,obrtat11wto Y lá A t t ~ di 14 &amp;a,,J,.,,
el
Lll AflCCf«lel UCl'O/W(Jla, 1 tJCOl'btitlc4I, 9'ó. 1:1 Ylae Pe1T11a1-. . de
.&amp;re11• ea, eu erecto, ol ÚIÚCO que reune lollo lo que enlona 7 fortalece 1oi or¡anoa,

-"lqw"'"''°•
reewvaa coordena y aumenta

cona1&lt;1enbiemente lu tueriu 6 tntun&lt;te 1 1&amp; IIIIDI
empobreclda y deaoolorldl : el Ylqor-, la e~
11&amp; l-(114 ""'·

Pw .,,Of',D Paria, etl eua de J. FBW, farmat.e11tico, tot, 1'111 Ricbel.n, SauNr •
D TDDI S.'C TODAS !..U PIUMCIP.u.&amp;S IOTIC.U

EXIJASE •:= AROUD
1

PATE EPILATOIRE DUSSER

notJD

'

GARGANTA
VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHAN

Recomendadas contra los Malee de la Garganta,
Extinciones de la Voz, Inllamaolonea de la
Booa, Efectos perniciosos del Mercurio, lrl•
taclon que produce el Tabaco, y 1pec1almeoto
i los Siír1 PREDICADORES, .&amp;.BOGADOS,
PROFESORES y CANTORES para fac1hlar la
em.lolon de la voz.- Pa11C10 ; 12 Ruus.

B~tr en el rotulo a ttrma
Adh. DETHAN, Farmaoentloo en PAJIIS

~~

dtttn,e buta lu RAIC1!9 el VELLO del ro1tN&gt; de lu damu (Barba, Blfole
IÚ!liUn peltcro para el calla. 10 Añoa do Íluto,ymJJum d1 ttstllllolllolpruttw la ' ·
de esta prepandon. (St nade tn nJ■a, pan la barba, y e11 1/2 oaJ■a pan ti blpta llrero). Pm

loa bruos, emplUMel l'ill. f'OBE. DViilSER, t, rue .J...J,.J\ou11eau, Parta,

Quedan reservados los derechos de propiedad art!st ica y literaria
UlP, DS MONTANJi Y Sn.lÓM

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46781">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46783">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46784">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46785">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46786">
              <text>494</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46787">
              <text> Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46788">
              <text>15</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46804">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46782">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 494, Junio 15</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46789">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46790">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46791">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46792">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46793">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46794">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46795">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46796">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46797">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46798">
                <text>1891-06-15</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46799">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46800">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46801">
                <text>2011650</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46802">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46803">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46805">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46806">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46807">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7390">
        <name>Análisis de los vinos</name>
      </tag>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="2177">
        <name>Cómico</name>
      </tag>
      <tag tagId="7388">
        <name>Eduardo Rod</name>
      </tag>
      <tag tagId="7389">
        <name>Estufa termo-eléctrica del Dr. Giraud</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="6997">
        <name>Madrid</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1776" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="654">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1776/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._495._Junio._0002011657.ocr.pdf</src>
        <authentication>426dbc8f6cdaf9bd84d21f406ad0f01c</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73947">
                    <text>· itrt&amp;C10f)

11tí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA

22

DE JUNIO DE 1891

NÚM. 495

Con este número se reparte el tomo primero de la obra &lt;NERÓN,&gt; escrita por D. E. Castelar, correspondiente á nuestra Biblioteca Universal
El suscriptor á cuyas manos no llegase deberá reclamarlo al respectivo corresponsal 6 repartidor

PINTOR DE HISTORIA, cuadro de C. RochegroEse

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

495

rrerías y en sus veladas campestres al príncipe de
Gales, comido por toda clase de gravosas deudas y
enfrascado en todos los lodazales de causas y procesos
Texto. -l,f11r11111raci011es europeas, por E milio Castelar. aristocráticos. Hase demostrado, con escándalo uniExposición general de Bellas Artes (conclusión ), por J. Yxart.
-París. Dos salones de Bellas Artes, por E. G. Ladevese.
versal, en la causa, que los amigos al príncipe más
- El espirit11 del imán, por A. de Val buena. - E l padre Dacaros y del príncipe más entrañables manipulaban
niel (conclusión). - SECCIÓN CIENTÍFICA: El análisis de los
en el juego con tales trampas, que se metían contra
vinos, por A. H ebert. - Ma11ó111etro metálico de M. M ignot,
los empeños y azares del acaso las libras esterlinas
por J . L. - L a fotografla de los colores, por G. T issandier. Química recreativa. La difusión de los gases, por F. Faideau.
de los demás en sus amplios y vacíos bolsillos. El
- Aparato para medir la distancia recorrida por 1m Ót;r;:,. juego lleva consigo aparejados todos los vicios, y el
El trabajo de una semana en B irmingham. - L ibros enviajugador pierde toda noción de Jo conveniente y de
dos á esta Redacción por autores ó editores.
lo justo. Así, los periódicos ingleses han caído sobre
Grabados. - E l pintor de historia, cuadro de C. R ocbegrossu futuro monarca en tropel y lo i)an puesto como
se. - E studio, dibujo á la pluma de D . Manuel Felíu. - L '
no digan dueñas. Hasta la historia del collar de Maaseó del barri ( El escaflo del barrio), cuadro de D. Manuel
ría Antonieta sacaron á relucir con tan triste motivo,
Felíu. - Un accidente, dibujo de Gunning K.ing. - ¡ Un ángel
y al evocar esta historia terrible soltaron amenazas
mds!, aguaza de D. fosé Bermudo (Exposición de pasteles y
acua~elas del Círculo de Bellas Artes de Madrid). -Remerdo
múltiples de cercano destronamiento y aun de fácil
de Olot, cuadro de D. J osé Armet . - Patio a"e los convaleabdicación previa en el primogérüto, ya de veinticientes m las E scaldas, cuadro de D. Santiago R usiñol. cuatro primaveras. ¡El collar de la reina! ¿Dónde
La bóveda de acero (17 de julio de 1789), cuadro de D. Juan
diablos buscan periódicos tan leales á la monarquía
Pablo Laurens (Salón de París de 1891). - El Cid presentando á m pad,e la cabeza del conde Lo2&lt;mo, cuadr o de don
como los periódicos ingleses tamaños ejemplos?
Evaristo Barrio. - Gipsómetro de Bolsillo de M. Dujardin.
Para conocer su importancia no hay sino despertar
-Manómetro metálico de M. Mignot. - Fig. 1. Aparato de
su
recuerdo. Eran los tiempos de la erupción revoM. Lippm~nn para la fotografía de los colores. - Fig. 2. Eslucionaria, por 1789, un poco antes de que la familia
quema explicativo. - Aparato para medir la distancia recorrida por un barco. - Baco, escultura de D. Venancio Vall·
real francesa fuese trasladada por el pueblo desde
mitjana (de fotografia de D. J. Mart!).
Versalles á París. Tenía la corte de limosnero mayor
al cardenal de Rohán, y este prelado, aquejadísimo
de monomanías, como cualquier loco, requería de
amores sin recato á la reina de Francia, que le mosMURMURACIONES EUROPEAS
traba un odio sin tregua. La demencia del cardenal
POR DON EMILIO CASTELAR
llegó hasta comprar un collar muy codiciado por
María Antonieta y muy caro, creyendo así obligarla
San Antonio bendito. - La iglesia de Padua y la F lorida de
más y más. Regateóse un poco; se suspendió algunos
Madrid. - Los éxtasis en Murillo y en Zurbarán. • El racionalismo de Goya, -San Antón y San Antonio. - Nuestra
días la entrega por una cantidad de trescientos mil
primavera. - Fríos en Europa y horrores en Africa. - Estafrancos, y al fin quedó ajustado en la tasación de dos
do moral del mundo europeo. - Acusaciones al príncipe de
millones de francos pagaderos á plazos, inscritos en
Gales en Inglaterra. - El collar de la reina. -Tentativas de
un pagaré, á cuyo pie había esta firma: «MaríaAnto·
restaurar el teatro antiguo de Orange. - La tragedia y el acnieta de Francia.» El &lt;2ardenal, á quien la joya fuera
tor Sully. - El &lt;Dios» ele Vktor llugo. - Conclusión.
entregada con bien pocas precauciones, la entregó á
I
un simple camarero de la reina que pasó á recogerla.
Desmontóse con sumo cuidado el collar, tomando
Seguramente ocupa un ·Jugar en las devociones de
María Antonieta las perlas y los brillantes más gruetodos los buenos católicos el joven y hermosísimo
sos y expidiendo un amigo á Londres para que vensanto celestial conmemorado el día 13 de junio por
diese los no recogidos y guardados. Este trajo el imla Iglesia, cuya festividad abre consuetudinarias verporte cuantioso de tal venta; pero la mano del cardebenas de Madrid, celebradas por los primeros poetas
nal de Rohán era crisol en que todo dinero se derrecon tanto estro y á nosotros venidas como vínculo
tía como un pedazo de hielo y se disipaba como un
tradicional de viejas costumbres, con su cortejo de
sorbo de éter. Así es que llegó el plazo primero y no
aceites nada perfumados, de aguardientes nada dulpudo pagar. Rohán, prelado, cardenal, descendiente
ces, de músicas y canci9nes populares. Mas ya que
de los reyes de Bretaña, en cuya comparación parehablamos de poesía popular, diremos como hay una
cían de ayer los monarcas reinantes; limosnero mayor
religión popular también, á la poesía parecida en que
de S. M., uno de los más altos personajes ,de ).a no11
carece de reglas. Junto á las odas académicas, junto
bleza, uno de los más conspicuQs dignatarios de la
á las epopeyas clásicas, junto al teatro regulado por
Las verbenas van enfriándose como el planeta. corte, uno de JQs mayores príncipes de la iglesia,
los códigos de tradicionales poéticas hay el romance ¡Qué primavera! El frío más intenso en España é veíase metido en trance bien amargo, como puesto
vulgar, junto á los dogmas y á los cánones y á las li- Italia y el trancazo más espantoso en Suecia é Ingla- en la picota guardada para los estafadores por la conturgias hay las creencias populares. En mi tiempo terra. Desde nuestro grande Gladstone hasta el he- ciencia pública. Así es que, en plena corte, á mediacelebraba la Iglesia con media fiesta el día de San redero de la corona essandinava se han hallado mal dos de agosto, el día de San Luis, cuando á la capiAntonio; pero lo celebrábamos con fiesta entera nos- y han tenido que hacer muchos días cama. El polo lla se dirigía para celebrar los divinos oficios, revestiotros los muchachuelos, yéndonos á los huertos car- Norte va ganando en hielos al polo Sur, según dicen do de sus trajes episcopales, ardiendo ya los cirios
gados de albaricoques y cerezas ó trepando por los hi- las hipótesis meteorológicas, y de tamaño desequili- en el altar mayor y resonando las notas angélicas del
guerales que ya negreaban á las primerizas brevas. Y brio proviene una probable inclinación del eje de órgano so las bóvedas sacras, reunida la corte, apercicelebrábamos el divino San Antonio, como Je llama- nuestra tierra, que puede quizás explicarnos los terre· bido todo para la misa, otro cortesano, enemigo suyo,
ba mi abuela, por los objetos perdidos y encontrados motos de Andalucía, las catástrofes de Isquia, los de los innumerables envidiosos que pululan por todos
desde una á otra fiesta en el transcurso de todo un horrores de Asia, las innumerables plagas caídas los palacios, dió entre tanto fausto y grandezá orden
año. San José, patrono de los carpinteros; Santa Ce- sobre nuestro viejo mundo en los dos últimos quin- de arrestarlo por fuerza y conducirlo á presencia del
cilia, de los músicos; Santiago, de nuestra España; San quenios. Europa tirita mientras arde Africa. Y este monarca, supremo juez y jerarea. Dificilísimo encaJorge, de Inglaterra; San Pedro, de Roma; San Ilde- ardor de Africa trae horribles calamidades, como, recer el terror que produjo en el ánimo de Luis XVI
fonso, de Toledo, bien claramente dicen cómo los fie- por ejemplo, las nubes de langosta obscureciendo el ver al eclesiástico, de todas las insignias ornado, á la
les, grandes y pequeños, individuales ó colectivos, han sol y devastando el suelo. Cuando entran tales vo- puerta del santuario con todo el clero á la espalda y
menester para las contingencias de su vida un apoyo races insectos en cualquier oasis de Argelia, devoran toda ta corte enfrente, aguardando á su rey para
entre los habitantes del Empíreo, naturales valedores una palmera cual pudiéramos nosotros comernos un bendecirlo, arrestado como el último de los criminacon el Eterno. Y así, los que buscan por el hogar cual- rábano. Hace pocos días estaba en las arenas líbicas les. Cuando, tras el arresto, entrara en la regia cámaquier objeto perdido recurren al bendito San Anto- un sabio francés, llevado allí por el afán de observar ra, encontró al monarca indignadísimo contra su
nio en oraciones litúrgicas hechas de versos, tanto ma- y estudiar, Pues lo cogieron en un sesteo los feroces persona sacra y á la reina deshecha en lágrimas. Y
los en forma, cuanto buenos en espírfru é intención. animales y lo mataron. No hay para qué decir cómo había de qué sublevarse y por qué llorar á tal escánYo tuve una tía que se pareció mucho á su sobrino andará de perturbado el mundo material con todas dalo. La primera palabra del rey fué una palabra de
en el achaque de perder y extraviar los objetos do- estas cosazas. Anda más perturbado el mundo moral acerbísima reconvención al prelado, y la primera
mésticos. En cuanto con tal malaventura topaba, todavía. El suicidio de Madama Weill, que iba enve- palabra del prelado una queja de verse malherido así
decía su oración á San Antonio; y apenas dicha, nenando calladamente á su esposo para fugarse con en tanta sole¡nnidad con una tal agravación de los
íbasele con prontitud lo buscado. El santo de Padua su querido; la prisión en Madrid de una duquesa, re- escándalos que rayaba en verdadera crueldad. Duse parece mucho al santo de Asís. Este, San Fran- cluída en la cárcel de mujeres, por malos tratamientos rante todo el diálogo la reina se cubría el rostro con
cisco, prueba con sus fascinaciones á las avecillas y golpes dados á infeliz criatura; el arqueo de los teso· las manos y lloraba en una hor.rible aflicción á gritos.
cuál fuerza en sus senos el amor místico tiene, y aquél, ros del Vaticano, disminuidos en doce millones de Y tenía razón; pues innumerables enemigos, susciSan Antonio, consiguiendo que los peces Je oigan pesetas por especulaciones desgraciadas de los car- tados por la pobre Antonieta, aseguraban que había
atentos, cuál poder la elocuencia. En Padua y en sus denales; el proceso abierto en Inglaterra, que ha mal- convenido en dar cita burlesca de amor cierta noche
iglesias, sobre todo en la particularmente consagrada herido moralmente al príncipe de Gales, resultan pie- al-cardenal en los jardines; que había escrito carta
por sus conciudadanos al patrono de la ciudad, co- dras tantas de verdadero escalo y en tanto número, de sus regias manos al cuitado eclesiástico; que hamienza la pintura en su lógico desarrollo á divertir la que tenemos ya todo un empedrado. El matrimonio, bía requerido á una triste aventurera de sangre real
vista del arcaico modelo bizantino para ponerla en el la nobleza, el clero, la monarquía, todas estas institu· para que fuese intermediaria en estas increíbles locu·
cuerpo humano radiante de calor y de vida. Pues si ciones por humanas deben á una sentirse á veces ras; que la tragedia, en cuyos incidentes había com·
en estas iglesias empieza la pintura humana, en el San aquejadas de fataHsimos achaques, muy connaturales prometido su nombre augusto, resultaba entreteniAntonio nuestro de la Florida, tan célebre, la pintura á nuestra misérrima especie. Pero hay la singularidad miento y deleite de sus ocios, el. collar joya compra·
naturalista. Y o me río de Zola y los suyos en materia especialísima de que hayan sobrevenido todas en un da para su ornato, la falta de pago culpa de sus disde naturalismo al compararlos con Goya. Los escri- día. Y entre todas aparece la más llamativa esa escan· pendios, la impopularidad patente del rey consecuen·
tores franceses, á. lo sumo, afearán adrede lo feo na- dalosa cohorte de fulleros que acompaña en sus co- cia de sus ligerezas, la crisis del régimen monárquico
SUMARIO

turalmente y agravarán lo pervertido y lo perverso.
Pero Goya introduce los seres vivos y reales más degenerados en el cielo, y les pone multicolores alas de
ángel con místicos nimbos de santas á las más célebres Magdalenas de su Madrid, del Madrid de las
manolas, chulos y chisperos. ¿Qué queréis? Nadie, ni
el artista más eximio, puede sobreponerse á su tiempo.
Así, parece imposible que medie un siglo poco más
ó menos entre Murillo y Goya. No obstante haber
escrito ya Pereira y Descartes, la teología predominaba sobre la ciencia, y sobre la razón el dogma en
Zurbarán y en Murillo, que representaban los últimos
españoles del régimen iniciado en Carlos V y concluido en Carlos II; no obstante reinar aún el absolutismo religioso y monárquico, la cienaia predominaba y la libertad también sobre las ideas y sobre las
instituciones· antiguas en Goya, que representaba los
primeros españoles del régimen constitucional, aquellos españoles cuyos ánimos, de tan malas apariencias
en lo externo, llegaron á escribir el código inmortal
de Cádiz y á realizar la increíble guerra por nuestra
independencia: Con sólo ver á Murillo, Zurbarán y
Goya se ven tres fases del espíritu moderno: en el
pintor de las Vírgenes un misticismo femenil y melodioso y efusivo á la manera del misticismo de Santa
Teresa, y en el pintor de los frailes un ascetismo duro
y austero como el de Chaide ó de Grada, y en el pintor de las manolas todo el siglo x vm con toda su enciclopedia. Pero sea de esto lo que quiera, nuestro
San Antonio bendito recuerda las flores de la prima•
vera en el paseo de la Florida por el mes de junio,
como recuerda el pobre San Antón de las tentaciones á cada enero por la calle de !fortaleza el riguroso invierno y el agradecimiento debido á los animales
domésticos, desde los cerdos hasta los mulos, á causa
de la cooperación al trabajo nuestro prestado y de la
parte de casa que llevan sobre sus lomos. Luego nos
extrañamos del culto natural ofrecido por los egipcios,
dicha sea como ejemplo, al árbol y al brnto, que les
acompañan en la vida y que les ayudan en el trabajo.
Pues culto quiere decir también cuidado, cultivo,
amor, y no poco debe consagrarse de tales afectos al
gallo que os anuncia la mañana y al buey que os lleva
el arado, y al mulo de carga, y al pobre paciente borrioo, y al caballo de paseo, y al cerdo gruñón, que
os prestan su indispensable auxilio y os ayudan en
cosa de suyo tan düícil oomo el desarrollo y conservación de nuestra mísera vida, necesitada como ninguna otra bajo el cielo, de un ejército de cooperadores y copartícipes.

NúMERO

LA

495

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

producto de sus caprichos y los vagidos de la revolución ecos de sus carcajadas. Si el príncipe de Gales alguna
vez lee al gran historiador, su compatriota Car!yle, que ha descrito tales
trágicas escenas magistralmente, cuál
escalofrío debe darle por la espina dor·
sal y cuántos espectros terribles deben
surgir en sus ensueños.

III
Pero dejemos todo esto que parece
político, y vamos de nuevo, así á las
bellas letras como á las bellas artes, más
de la incumbencia del periódico donde
trazamos estas líneas. Entre las muchas
maravillas que atesora el Mediodía de
Francia, existe una por todo extremo
curiosa, el teatro de Orange, obra de los
tiempos clásicos, y como las obras muy
duraderas, embellecido por los esmaltes
del tiempo y de la historia. Muy en ruinas al desgaste de los siglos, consérvase,
sin embargo, con tal proporción y armonía, que allí mismo hase representado el Edipo rey en francés por actores
contemporáneos, despertando los mismos afectos despertados por la tragedia
griega en los antiguos pueblos. Esta
permanencia del sentimiento y de la
emoción proviene también de la perennidad casi eterna del tipo representa·
do. Cuando veis en el teatro las dudas
que taladran vuestras sienes, y los dolores que atenacean vuestro corazón,
y los remordimientos que muerden
vuestra conciencia, os interesáis en ello
como en lo universal humano. Esa
parte de la fatalidad, heredada por atavismo en vuestra fisiología, y hasta en
la externa suerte de todo aquello cuanto os rodea, tiene tal verdad nativa,
que, por una consecuencia inevitable,
ha de interesar, y mucho, á los que nos '
sentimos como abrumados por la fatalidad. Y por la fatalidad, por algo su- ·~
perior á nuestras fuerzas y ajeno á

,.

ESTUDIO, dibujo á la pluma de D . Manuel FeU11

1

nuestra voluntad, á pesar del innato
albedrío nuestro, nos sentimos todos
sin excepción aplastados. Así el actor
Sully hame contado que al representar
el Edipo rey, traducido de la inmortal
obra de Sófocles, él mismo experimentó en sus nervios y sugirió á sus oyentes los escalofríos trágicos experimentados por todos aquellos que representaran ó vieran en otros siglos tan perfecta y acabada obra. Yo lo creo así en
verdad, y por tanto, me huelgo al considerar la restauración proyectada como
una prueba del concepto de solidaridad
entre todas las generaciones en que,
poco á poco, van entrando todos los
pueblos. Y deben tanto más complacernos estas obras clásicas, cuanto que
á diario surgen por todas partes maravillosas obras románticas. En el magnífico legado de maravillas póstumas
transmitido por Víctor Rugo á la posteridad, acaba de salir á luz un poema
cíclico, titulado sublimemente Dios, cuyas estancias están forjadas en fraguas
de titanes y compuestas por rayos de
Prometeo. Siempre desmedido Víctor
Huyo, este profeta de Jo sublime, al
encontrarse frente á frente con lo eterno, rompe y sobrepuja la medida que
se había puesto á sí mismo, como un
océano salido de madre ó como un
cielo incandescente por un cósmico
incendio de soles. Todas las ideas de
relación entre Jo divino y lo humano
toman estaturas tan gigantes y se visten de un sudario tan extraño, que penetráis en lo sobrenatural. Unas veces
creéis oir las arpas de los querubines
absortos y ~xtáticos, mientras otras veces las trorqpetas apocalípticas de los
ángeles exterminadores. Aquí presen
ciáis los primeros albores de la primer
mañana del mundo, y allí los últimos
crepúsculos de su tarde. Como uno de
aquellos enviados de Jehová, corno un
Oriel, como un Gabriel, como un Rafael, diríais que ha llevado el poeta en

L' ASCÓ DEL BARRI (EL ESCAÑO DEL BARRIO), cuadro de D, Manuel Felíu (de fotografia de D. J. Marti). - (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

I

�LA
sus labios por los espacios desiertos el Verbo crea·
dor y encendido con la lumbre de retina los astros
en la eterna sombra. Desde las primeras octavas
caéis y os hundís en el éter, teniendo ante vuestros
ojos lo invisible, bajo vuestras plantas lo insondable,
á uno y otro lado todos los enigmas y todos los
misterios en una inconexión semejante á los abismos
del caos. Pero cuando tal número de sucios escarabajos peloteros ruedan ante la boca del estómago las
bolas hechas en los estiércoles y en los excrementos,
dejemos á esa grande águila del Patmos de lo sublime traernos de lo infinito, donde sola ella sabe respirar, los soles y los mundos avivados por el huracán
de su aliento. ¡Cuán grande hombre y cómo debemos agradecerá la Providencia que nos hiciera venir
en su tiempo á la vida, para tener ahora un inefable
privilegio y contarle á la posteridad como fué nuestro amigo!

LA EXPOSICION GENERAL
DE BEL LA S ARTES

VIII
DIBUJOS Y GRABADOS - CONCLUSIÓN

El arte del dibujo se ha transrormado modernamente de una manera radical, en cuanto la aplicación
de la fotografía al grabado trasladó al papel impreso
la obra artística sin menoscabo de su integridad y
con el mismo carácter peculiarísimo del procedimiento qlie empleó el autor. Las aguadas conservan sus
negros mates y las húmedas manchas que se dilatan
hasta el margen resbaladizas; los carbones, el polvillo
borroso y granujiento; el papel-ton, su microscópica
y finísima cuadrícula, donde pueden revelarse los
blancos de yeso á punta de cuchillo; la pluma, sus
delicados perfiles y contornos, y hasta del lápiz porque también se dibuja .con él todavía, como aún
se hace vino... con uvas, - hasta del lápiz se reproduce exactamente su especial claro-obscuro, su pastosidad y brillantez. Tales procedimientos han dado al
dibujo un valor singular y nuevas y múltiples aplicaciones. Estas, á su vez, modificaron y perfeccionaron
la cincografía y la fototipia. La obra artística y su reproducción casi mecánica se ·han influído mutuamente. Una y otra, abreviando el tiempo y reduciendo
el desembolso, se han convertido en diligentes y activos auxiliares de. las publicaciones periódK:as; han
permitido el comentario gráfico al minuto, apéndice
de la apresurada relación casi instantánea, y la ilustración dispuesta inmediatamente, ornato de la obra
tirada en pocos días. Por aquí el croquis fugaz, el esbozo espontáneo, la impresión del natural, tomada
de pie, pudieron presentarse con su atractivo propio:
la frescura de inspiración, la facilidad, la genialidad
del artista, una suerte de désltabillé del arte, que,
aun en el caso de ser el resultado del estudio, le obliga á ser natural y vivo sin la resobada 1corrección
del retardo y la espera, y á lanzar á la publicidad sus
borrones como una confidencia íntima, calurosa, sin
retoque aparente. Por otra parte, el dibujo, empleando tantos instrumentos y recursos á la vez, y en algunos casos todos á un tiempo, adquirió una suerte
de colorido con las más imperceptibles gradaciones y
efectos de la perspectiva aérea, reprodujo la calidad
de los objetos, y salió de la monotonía y amaneramiento de las antiguas ilustraciones rectangulares
para convertirse en simples notas puestas de improviso, al descuido, con gracia y elegancia, al margen
de los libros.
Tantas ventajas no lo son para todos. Otros las
creen compensadas por grandes inconvenientes. Hay
quien sostiene que la misma brevedad y rapidez de
tales improvisaciones periodísticas y á plazo fijo, tienen para el arte el mismo inconveniente que para las
letras el periódico: se pierde en corrección y solidez
lo que se gana en vivacidad y en fuego. Un nuevo
amaneramiento sustituye al antiguo; los apuntes de
cartera y las mismas siluetas, en fuerza de espontáneos y fáciles, caen en triviales hasta la insipidez.
Sobre todo, la econorrúa relativa de los nuevos procedimientos de grabado dan un golpe mortal á las
grandes y magníficas artes reproductivas: el agua-fuerte, el acero y el boj, en que un verdadero artista interpretaba á otro con talento y gloria independiente,
como un buen actor á un dramaturgo. La mecánica,
más ó menos hábil y atenta, sustituye con el trabajo
manual 1~ fiebre de la inspiración que, aun refleja,
era artística al cabo; hiere á dos artistas á la vez: al
viejo grabador, á quien suprime; al nuevo dibujante,
á quien condena á una producción siempre apremiante y presurosa. No valen esas copiolias ilustraciones
modernas lo que las raras estampas suntuosas de al-

lLUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

495

gunos libros viejos, de tal primor y finura, ó tan vi- raria, por viva que sea, es siempre al fin y al cabo
gorosas y compuestas. - Esto dicen los enamorados literaria; sugiere, pero no realiza; resulta, como diría
Lessing, sucesiva y no simultánea; por lo cual toma
de lo antiguo.
En esta materia, como en otras análogas, siempre en la imaginación tantas formas precisas cuantos son
que se trata de cotejar tiempos con tiempos y obras los que leen, es decir, los que la componen en su cecon obras, el error está para mí en el supuesto de que rebro. De aquí que el más quejoso sea siempre el
se parte. Un escritor moderno ha resumido todas las autor, porque es quien conoce su texto y su intenobjeciones á los lamentos de los antiguos en un princi- ción, línea por línea y letra por letra, con afectuosa
pio encerrado en una sola frase feliz: «Se olvida con memoria de padre. Sólo puede remediar este inconfrecuencia que el progreso no es supresión, ni siquiera veniente mucho mayor estudio y mayor riqueza de
sustitución, sino acúmulo.&gt; «Nadie - viene á decir, recursos y conocimientos de los que emplea la maaunque ahora no recuerdo sus propias palabras, - yoría de los dibujantes; sobre todo, importa dar á la
nadie piensa en suprimir ni sustituir el pan, á pesar ilustración, más que una fidelidad materml, ó sobre
de los adelantos culinarios. La vela no arrinconó el ella, el carácter propio de la obra, aquella fisonomía
remo, ni el vapor arrió la vela, ni la electricidad ma- de conjunto que realce y haga visible lo que el autor
ñana dará suelta al vapor: todo coexiste, y coe- no pudo poner en él á pesar de su conocido y casi
xistirá.» Todo coexiste, menos lo realmente malo manifiesto empeño.
No todos los dibujos de la Exposición son ilusy de utilidad transitoria ó circunstancial, que es lo
único que arrincona el verdadero progreso. En las traciones. Armet tiene allí dos carbones que son
artes del dibujo y su reproducción pasa una cosa dos cuadros; Galcerán, una preciosa marina; Maranáloga. Ni el agua-fuerte ni el grabado en acero ó qués, un apunte de vi.aje; Pahissa, uno de sus paisaal boj son sustituíbles ó mortales; por el contrario, . jes típicos, de peculiar sentimiento, aunque el tereviven y se perfeccionan en todos los países, y han rreno aparece siempre inconsistente y descuidado.
de revivir, porque sus bellezas propias no se alcan- Otros hay regulares, medianos y menos que esto.
zan sin ellos: ni su fuerza, ni su delicadeza, ni su Pero las composiciones para ilustración son las que
aterciopelada suavidad, ni cierto é indefinible atrac- abundan. Las· más son de obras editadas en Barcetivo de todo lo que sale directamente de la mano del lona, exceptuando tres admirables composiciones de
hombre, con arte y vida. Pero ¿por qué ha de ser Vierge, geniales como suyas. Fuera de ellas, García
esto obstáculo á que se perfeccionen también la cin- Ramos exhibe allí su riquísima colección de aquacografía y la fototipia, que á tal punto adelantan y tintas y dibujos á pluma de la Tierra de María San•
producen verdaderas maravillas? Ni por eso ha de tísima, preciosos cuadros en que resurgen, como más
negarse que estos procedimientos permiten la difu-. vivos y remozados los tipos andaluces castizos, tras
sión del arte con sus rápidas y numerosas copias y tanta flamenquería de abanico y petaca. Todo es nofomentan la belleza y el gusto, poniéndolos al alcan- table en ellos; el sentimiento, el dibujo, la misma hace de los más sin ningún perjuicio para los menos bilidad manual del artista que saca efectos artísticos
que todavía pueden dedicarse á coleccionar precio- de una ejecución limpia ó singularmente robusta. Pesos agua-fuertes y magníficas estampas, indudable- llicer tiene en la misma galería varias colecciones
mente incomparables. Si se coteja, no lo costoso de donde se admira su solidez y su ciencia de la comayer con lo económico de hoy, sino lo análogo de posición: particularmente algunas de las ilustraciones
distintas épocas, el progreso resulta innegable. Li- á las obras del Duque de Rivas y las cabeceras del
mitándome ahora á Barcelona, el número de ilustra- Qui_jote son notables en este sentido, como las de los
dores, algunos excelentes, se aumentó en progresión artículos de Larra por su concienzuda propiedad. De
geométrica. De la reforma y depuración del gusto no Mestres hay poco: cuatro originales de sus poemas Los
hay qué hablar. Basta hojear una obra ilustrada ó se- Sardinalers, Margaridó y Gazi'el, donde el autor tiemanario artístico, de treinta ó cuarenta años á estas ne la fortuna de poder interpretarse á sí mismo. Otros
fechas, para convencerse de que no hay cómo califi- dibujantes más jóvenes, Cabrinety, Eriz, Passos, Cucar ciertas litografías y grabados en madera de anta- chy, Vázquez, etc., exhiben también varias coleccioño, si se quiere prescindir de adjetivos demasiado nes, donde se nota la recomendable condición de
crudos. De esto procuran guardar siempre el mayor una manera propia é individual en la factura, aunque
en el modo de interpretar los asuntos incurran con
silencio los pesimistas.
Sin embargo, en las ilustraciones no se ha logrado frecuencia en la rutina y no pasen de las más sencitodo. Cada género tiene sus defectos propios, que no llas composiciones: una pareja, un grupo, un retrato,
se perdonan cuando se ven todos los días, y que se una chuchería cualquiera. Con todo esto, no · cabe
olvidan cuando se habla de lo pasado. Tratándose confundirlos. Cabrinety se distingue por una fidelidad
particularmente de las novelas contemporáaeas, se fotográfica esmeradísima, que realza á veces, no siemve ahora que su inconveniente reside en cierta du- pre, el sentimiento y el carácter de la composición
plicidad de la imagen, literaria en el texto, gráfica en total. Passos reproduce con minuciosidad y exactitud,
el intercalado, pero análogas en suma, compitiendo con procedimientos bien suyos, las copias de monualgunas veces, y dándose de puñetaz6s otras. La im- mentos arquitectónicos, la calidad de los objetos: sus
portancia extraordinaria concedida en la moderna vistas del taller de los Sres. M;asriera, la colección de
literatura á lo plástico, á lo pintoresco, á lo 'descrip- armaduras del Sr. Estruch, son primorosos ejemplares
tivo, trajo esta especie de competencia entre el autor de aquella reproducción, de un relieve, de una calidad
y el artista, en mi sentir fatal á entrambos. Cuando palpables. Otros, como Cuchy, manejan el aqua-tinta
la literatura era más narrativa, más subjetiva, más con soltura, y disimulan con la mancha espontánea y
propensa á lo general, sin carecer de la insinuación fácil muy visibles defectos de construcción. Otros se
de lo plástico; cuando el autor, ocupado en la acción, valen de la pluma, ya movida con vigor y á grandes traapenas bada más que indicar lugares, figuras y acce- zos, como en algunos dibujos de Vázquez, de excelensorios, el artista tenía espacio libre donde moverse: te perspectiva aérea y buena impresión, ya perfilando
imaginaba, realizaba, completaba de verdad la obra. el contorno con elegancia y cierta fantasía, como Eriz
Los detalles más nimios, los vivos y gráficos, eran, en sus Misterios de la locura. Los demás dibujantes
por su corte literario, una acotación antes que una que recuerdo, no tienen allí lo mejor y no caben en
construcción precisa y completa. La naturaleza muer- la lista. Esta la cierran las orlas decorativas de Rita y la decoración apenas figuraban en el libro: ca- quer, puestas al poema de Verdaguer Jesús Infant,
balmente lo que constituye el fondo del dibujo. To- tenues, delicadas, sobre fondo de oro, como las iludo lo contrario ha ocurrido con la literatura realista. minaciones antiguas, y las grandes cabeceras y frisos
Lejos de insinuar las cosas, el autor se empeña en ornamentales de Paseó que hay que distinguir en
evocarlas; no sólo no prescinde de lo plástico, sino primera línea por su buen gusto, su erudición artís·
que lucha por super{ll' á la pintura y se anticipa al tica, la fecunda invención con que los enriquece y la
dibujante con todo el lujo de pormenores y con todo exuberancia de mqtivos de que dispone con genial
el esfuerzo de un estilo colorista y preciso que da los novedad.
componentes de la imagen. Al artista no le toca sino
La colección de agua-fuertes y grabados es escasa.
repetirlos, traduoirlos al pie de la letra en otra len- Entre los aqua-fortistas españoles sólo recuerdo á
gua: la línea. ¿Y qué ha sucedido? Que casi nunca Araujo Ruano, Canudas, Torner y Ríos. Las copias
coinciden la visión del autor con la dél dibujante, ni de cuadros extranjeros por Ríos se distinguen en pri•
ambas con la del lector: mutuamente se increpan con mera línea. Baude y Forberg presentan también algutanta más razón aparente, cuanto más clara les pare- nos ejemplares admirables. El último figura á la vez
ce á todos. La mayoría de los dibujantes son inco- en la sección de grabados junto á Michelet, Malcber,
rregibles en lo que atañe á los detalles: la misma pre- Robert y Tilly, con sus celebradas cabeceras del Quicisión descriptiva les obliga á una fidelidad penosa _jote, y compitiendo con los barceloneses Sadurni,
que excusan muchos con figurillas sueltas, porque no Gómez Polo y Thomás, que exhiben menos de lo que
se tienen en un estudio como en almacén todos, ab- debieran para juzgar cumplidamente sus últimas tensolutamente todos los medios, ó siquiera los apuntes tativas y valiosos progresos, en alguna obra totalmenpara reconstruir una novela contemporánea que suele te nueva.
ser un verdadero microcosmos. Pero, aparte de esto,
J. YxART
es imposible acordar lo que imagina el autor con lo
que imagina el dibujante, porque la descripción lite15 junio

UN AOCIDENrE, díb11jo de Gunning King

�390

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tando las aguas bañadas por aquel rayo de sol que
PARIS
llega del ocaso. Es realmente admirable el paisaje de
Renouf; á pesar de hallarse colocado en la misma
DOS SALONES DE.BELLAS ARTES
sala donde está expuesto el cuadro absorbente de
La producción artística va tomando en Francia Rochegrosse, el público se agolpa á contemplarlo,
proporciones colosales. El número de cuadros que en atraído por su gran belleza y por su efecto poderoso.
París se exponen al público aumenta de año en año.
El pi¡:itor español Checa expone un cuadro muy
Cuando surgió la disidencia entre los amigos de Meis- notable, Atila y los hunos, donde continúa la serie
sonier y los de Bouguereau y el «Salón» tradicional de estudios que viene haciendo de caballos lanzados
se dividió en dos mitades, una que siguió en el Pa• al galope; llamó ya nuestro compatriota la atención
lacio de los Campos Elíseos y otra que cruzó el Sena, del público parisiense por un rapto mitol6gico en el
trasladándose al Palacio de Bellas Artes de la última que había rasgos felices; en el Salón de 1890 ocupó
Exposición Universal, todos creímos que no sería po- lugar muy honroso con unas Carreras de ,;arros rosible sostener en París dos «Salones.» Hoy ya no manos. En Atila y los hunos continúa este año su marcabe duda, ambos tienen vida propia, ambos brillan cha ascendente, y con verdadera satisfacci6n señalai la vez, disputándose por igual la atención de pari- mos los progresos de nuestro inspirado compatriota.
sienses y extranjeros. La muchedumbre acude al uno
Citemos entre los pintores que más se distinguen
y al otro con el mismo afán por seguir de cerca los á Debat-Ponsan, cuyos Bueyes jóvenes no pueden ser
progresos del arte contemporáneo. ¿Cuál de los dos más naturales; á Cormón, que ha traducido una diSalones es superior á su rival de la orilla opuesta del vertida escena de las Mily una noches; á Henri Marrío? Difícil es contestará esta pregunta. No hay en tín, que ha ido á inspirarse en un poema de Baudeel del Campo de Marte una obra de la importancia laire; á Benjamín Constant, que expone dos retratos
de La muerte de Babilonia, de Rochegrosse, el gran- muy superiores á los de Bonnat;á Vuillefroy, que nos
de éxito del Salón de los Campos Elíseos; mas faltan lleva á los caminos de Aragón en un día de feria y oben el Palacio de la Industria obras risueñas, obras lige- tiene notabilísimos efectos de luz bajo el resplanderas y graciosas, como las que en el Palacio de Bellas ciente sol de España; á Vibert, que nos pinta unos
Artes abundan. En éste se echan de menos los cuadros cardenales brindando por el cocinero al fin de una
grandes; en aquél búscanse inútilmente los cuadros copiosa comida, cuadro ejecutado con maravillosa
pequeños. Por lo cual ambos Salones se completan. perfección; á Aimé Brouillet, cuya Ambulancia del
Comencemos nuestra visita por el Salón de los Teatro francés durante el sitio de París, contiene los
Campos Elíseos y pasemos luego de éste al del Cam- retratos de las más populares actrices de la comedia
po de Marte.
francesa, y á Bretón, cuyo cuadro E! estío nos muesEl tan discutido cuadro de Rochegrosse La muerte tra á una adorable aldeana sentada al pie de unos
de Babz1onia es una de las más vastas composiciones trigos que la resguardan de los rayos ardientes del
que la pintura ha producido en nuestro tiempo. Toca sol y posee un encanto indecible.
á su fin la últi.ma noche de la gran ciudad; el ejército
En el Sal6n del Campo de Marte sufre el público
persa, aprovech~ndose de la general embriaguez, apo- una verdadera decepción al ver La barricada, de
dérase del palamo de Baltasar y penetra en la sala de Meissonier, que algunos, pecando de imperdonable
la orgía. La decoración es soberbia; diríase que se ligereza, nos anunciab&gt;an como un prodigio; La baasiste á uno de esos finales de grande espectáculo rricada es una composición sin concluir, de muy exicon que ciertos empresarios fastuosos procuran asom- guas dimensiones y algún tanto confusa; viene á ser
brar á la multitud, llenando la escena de magníficos un boceto más que un cuadro. Se ha hecho mal, en
esplendores. Se ven por uno y otro lalilo los restos nuestro concepto, en exagerar su importancia, pues
del festín; hay hombres y mujeres que duermen ten- no tiene otra sino la que le da el nombre de su glodidos en desorden, sobre tapices y cojines, entre ri- rioso autor.
quísimas telas. Algunos de ellos, al oir el ruido que
El cuadro que más vivo interés excita en el Salón
acompaña á aquella irrupción brusca, incorpóranse del Campo de Marte es la Magdalena, de Béraud.
perezosamente y vuelven á caer dormidos para no Esta Magdalena es bien distinta de la de Henner; es
despertar más, pues pronto el invasor segará impla- una Magdalena de actualidad. Todos los personajes
cable sus cabezas. En el fondo, sobre una escalera que á la escena asisten están vestidos á la moderna;
monumental, guardada de arriba abajo por leones de la heroína es una parisiense á quien al terminar un
bronce, está Baltasar, que mira con estupor la puerta festín se le aparece Jesucristo. La pecadora, al verlo,
que se abre, por la cual los bárbaros se precipitan y cae por tierra y se humilla á sus pies. Los hombres
entra la primera luz del alba. Hay un atrevimiento y que toman parte, unos de levita y otros de frac, la miuna energía poco comunes; ciertos detalles son de un ran con extrañeza arrojarse á los pies de Cristo, y
naturalismo perfectamente caracterizarlo, y ¡cosa ex- sonríen y discuten, casi todos ellos con un gesto de
traña! en medio de esos toques naturalistas, Roche- escéptica incredulidad.
grosse da libre acceso en su cuadro á la pintura aleBinet pinta la vida moderna, haciéndonos ver el
górica, haciéndonos ver por encima de la figura de movimiento parisiense en la estación de Saint-Lazare.
Baltasar un enorme fantasma que proyecta su sombra Cuadro ensencialmente contemporáneo, contiene tisobre la escena. Es, pues, La muerte de Babilonia un pos que son reflejo fiel de esos que animan el diario
cuadro de historia, hecho con tal libertad de proce- espectáculo que París ofrece al observador.
dimiento que en él se pasa del simbolismo al naturaPero el grande éxito artístico del Salón del Camlismo sin transición alguna.
po de Marte es la obra magistral de Dagnan-BouveDespués del célebre cuadro de Rochegrosse, los ret Los conscriptos. Unos quintos de aldea van conque más llaman la atención en el Salón de los Cam- ducidos por un viejo soldado y delante del grupo
pos Elíseos son: la Llorosa, de Henner; La bóveda de marcha un niño con la bandera francesa. Es una comacero, de J. P. Laurens, y el panorama de Renouf El posición que hiere la fibra patriótica, lo cual contri'/Juente de Brooklyn.
buye mucho á su éxito. Mas aparte de esa favorable
La Llorosa es una Magdalena que Henner nos pin- circunstancia encierra el cuadro cualidades excelenta desnuda, echada en el suelo, en la penumbra vaga tes que lo hacen digno del favor que lo dispensan el
é indecisa. Es un estudio de primer orden, donde el público y la crítica. Es, en nuestro juicio, la obra más
grande artista alsaciano raya á la altura envidiable á importante de este Sal6n. Las gentes acuden ante la
que se ha elevado en este género de obras, que cons- Magdalena de Béraud arrastradas por la curiosidad;
tituyen su especialidad. Nada más exquisito, ni más el impulso que las lleva ante Los conscriptos de Daginspirado y perfecto que su Llorosa. El arte de Hen- nan-Bouveret es de otro género; mézclanse en él la
ner es el arte en toda su poesía y en toda su pureza. admiración y el patriotismo. Es el de Los conscriptos
La bóveda de acero, de J. P. Laurens, es un cuadro un triunfo más legítimo y más duradero.
pintado para el Hotel de Ville de París y representa
Debemos mencionar entre los mejores cuadros exel instante en que Bailly, al pie de la escalera del puestos en el Palacio de Bellas Artes los hermosos
Hotel de Ville, entrega á Luis XVI, que acaba de paisajes meridionales de Montenard, entre ellos esapearse de su carroza, la escarapela tricolor. Los pecialmente el de las ruinas del circo romano de Aréchevins, ósea, los miembros del consejo de la ciudad, les en una tarde de corrida de toros; los retratos magdesenvainan sus espadas y las cruzan en alto, forman- níficos de Carolus Durán, donde con intensidad tan
do con ellas una bóveda para que pase el rey. Dice profunda vibra la nota moderna, y la composición deMichelet que cuando Luis XVI oyó el ruido de las corativa hecha por Puvis de Chavannes para el Hotel
espadas y las vió brillar sintió un estremecimiento de Ville de Rouen, en la que aparecen, pobladas de
que no pudo reprimir. J. P. Laurens no traduce esa esculturales figuras clásicas, las verdes orillas del Sena.
impresión que Michelet registra en las hermosas pá- Jamás Puvis de Chavannes se mostró tan cuidadoso
ginas de su historia. La bóveda de acero resulta una del estilo y de la armonía. Friant y Zorn siguen á
composición fría.
Carolus Durán en el retrato, ocupando ambos lugar
Tras el puente de Brooklyn traza Renouf de mano muy distinguido.
Esto es, en resumen, lo más saliente que hay en
maestra el panorama de Nueva York. Un rayo del
sol poniente ilumina el mar, en cuya superficie las fa- los dos Salones parisienses de 189r.
chadas de las casas se reflejan. Bajo el puente se cruERNESTO GARCÍA LADEVESE
zan los steamers, cuya eRorme silueta se desliza cor-

NúMERO

495

EL ESPÍRITU DEL IMÁN
- Buenos días tenga usted, Sr. D. Feliciano.
- ¡Hola, Matías! Ven con Dios, hombre.
- ¿Qué tal le va á usted?
- Bien, ¿y á ti?
- Bien, gracias á Dios; ¿y por acá en casa?
-Todos buenos; ¿y allá por Villachica no tenéis
novedad?
- Ninguna por ahora, á Dios gracias.
- Me alegro, hombre. Y ¿qué te trae por aquí?
- Pues yo quisiera ... , porque ya sabe usted que
nosotros siempre venimos aquí, lo mismo en vida de
mi padre, que en paz descanse, que murió corno usted recordará de un cosfao, hará unos trece años al
San Miguel que viene, por no haberle sangrao á tiempo, según nos dijo después el señor cirujano, aquel
cojo que se casó con la cuñada del tío Marcelino el
que compró la viña aquella grande que bahía sido
de Doña Tomasa, la administradora ... ; porque s~ como le iba diciendo, siempre hemos venido á casa, lo
mismo en vida de mi padre, Dios le tenga en gloria,
que después cuando vivía mi hermano Celedonio,
que, como usted recordará, era el mayor, porque las
dos hermanas que hubo antes que él se murieron de
pequeñas, una á los tres años y otra á los ocho ... ; y
en fin, que ya viene uno con confianza á la casa; y_ por
eso, como uno sabe que ... vamos ... en fin ... que siempre eqcuentra uno buena acogida ... ; pues quería, si
usted no tiene mayormente apuro, hablar con usted
unas palabras á solas y con cierta reserva, porque es
una €Osa que ...
- Bueno, hombre, bueno: vamos aquí á la rebotica y hablaremos todo lo que quieras.
Los sostenedores del precedente diálogo eran un
boticario de aquellos antiguos, muy gordo, con muy
poca química y mucha gramática parda, y un mocetón muy bruto de una aldea vecina á la histórica
ciudad donde pasa la escena.
Cuando estuvieron solos los dos en la rebotica, repanchigado el obeso pucherólogo en un sillón debaqueta con clavos romanos, y mal sentado el mozo en
el vivo de un taburete de negrillo, reanudó el primero la plática diciendo:
- Vamos á ver, hombre, ya estamos solos. ¿Qué
es lo que te ocurre?
-Pues mire usted, Sr. D. Feliciano,yo venía ... ;
pero el caso es que casi no me determino á decírselo,
porque, por un lado no sabe uno ..., y si acaso á usted le parece mal que yo tenga con usted una confianza ...
- No, hombre, no; puedes tenerla: habla.
- Pues mire usted, Sr. D.Feliciano, ya sabe usted ... ,
digo, puede que no lo sepa todavía, si acaso no ha
venido por aquí ninguno del pueblo que se lo haya
dicho, porque por allí muchos lo han conocido, aunque yo todavía no lo he dicho á nadie hasta la hora
presente ...
- Bueno, hombre, adelante ¿Qué es eso que no sabes si yo lo sabré ó no lo sabré? Vamos, habla.
- Pues mire usted: hay allí una muchacha en mi
pueblo muy bien parecida, que además tiene sus cachitos de tierra, especialmente una linar que, linda
con otra mía y un prado cerrado con chopos que
también está muy cerca de mi casa, de modo que como yo trato de acomodarme, aquella muchacha me
conviene más que ninguna otra ... Y no sólo eso, sino
que hace tiempo que la tengo yo una miaja de idea ...
- ¿Y ella te quiere? ...
- ¡Ca, no, señor! Pues á eso iba; quiero decir que
por eso venía á estar con usted ...
- ¡Pero hombre, si yo no la conozco ... ! ¿Cómo se
llama?
- Se llama Mónica; pero es lo mismo; porque verá
usted ... Ella ya parecía que se inclinaba algo á mí el
año pasado; sino que después vino allí del servicio un
hijo del tío Bragao, que fué cabo segundo del Regimiento de Gerona, y porque si trajo una chaqueta azul con los galones encarnaos, si trajo una gorrilla
de cuartel con borla encarnada, y una cinta muy ancha de seda morada y verde para atar el cañuto de
la licencia, y en fin que el mozo es jerolista, y la
muchacha al verle tan peripuesto dicen que le corre
buena cara, y á mí no me hace Gaso.
- Pues lo siento, hombre; pero repito lo que te
dije antes: yo que ni siquiera la conozco, ¿qué te voy
á hacer?
- ¡Ah! Mucho, Sr. D. Feliciano; usted puede hacer
mucho, puede hacerlo todo, como quien dice. Si ustes. quisiera servirme .. .
Y diciendo esto echaba el mozo al boticario una
mirada penetrante y escudriñadora, como si antes de
formular por lo claro su pretensión quisiera averiguar
si le había de ser concedida.
El boticario, observando con extrañeza la insisten-

NúMERO

495

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

39 1

y lleves el dedo untadG,prote mirada del mozo, no
cura mirarla con atención
acertaba á adivinar de qué
y fijeza, y al pasar, aunque
manera podría él favorecer
no la puedas tocar en la
sus aspiraciones amorosas,
ropa con el dedo, dala los
ó qué sería lo que pretenbuenos días ó las buenas
día de él; así es que adetardes ó lo que sea, con
más de interrogarle co11 los
amabilidad y agrado, y desojos y con el gesto le dijo:
pués que pase vuelves la
- Pero hombre, ¿cómo
cabeza á mirarla otra vez ú
ó de qué manera te puedo
otras tres ó cuatro. Has de
yo servir? Habla de una
procurar también que el
vez, explícate.
día que la hayas tocado
-Ahora voy, D. Feliciacon el dedo humedecido,
no, repuso el mozo en voz
alguna mujer amiga suya,
baja y temblando de emode esas que hay así... muy
ción. Mire usted; yo estoy
habladoras y muy amigas
convencido de que hoy por
de meterse en todo, la hahoy la muchacha quiere
ble muy mal del licenciado,
más al licenciado que á mí;
y como yo quiero á todo
diciéndola que es un perdido, que tiene un genio de
trance casarme con ella ...
vengo á que usted... ¡Por
todos los demonios y que en
Dios, Sr. D. Feliciano!
el regimiento no le podían
¿Qué le cuesta á usted? ...
ver ni pintado, con otras
Ustedes que tienen de esas
cosas así por este estilo, comedicinas que atraen ...
mo que jugó una mala parAquí el boticario, cuyo
tida á otra novia que tuvo
semblante era todo curioantes; hablándola al mismo
sidad, vió claro, lo comtiempo muy bien de ti y
prendi6 todo de un golpe,
ponderándola tu caudal y
y disimulando perfectatus procederes. También
mente la tentación de risa,
tú,cuando hables con algún
siguió mirando con atenpariente ó amigo de su pación al mozo; y según éste
dre, has de hablarle muy
continuaba á tropezones su
bien de ella, diciendo que
relación, iba él haciendo
es muy guapa, que es la
con la cabeza signos afirúnica mujer que te agrada
mativos, como para dar á
en el mundo y que por
entender que estaba al cabo
ella darías la vida, todo
de la calle.
esto después de haberle
El majadero del mozo
tocado también con el decontinuaba diciendo:
do untado. Ten en ,menta
- ... Ustedes que tienen
que la mayor parte de las
de esas medicinas que
veces que las medicinas no
atraen á las personas ... Yo
producen resultado es por
quiero que usted, pagánno usarlas bien; y si esto
dole lo que sea, me dé un
pasa con las medicinas coagua ó un espíritu de esos,
munes, figúrate lo que suá ver si le dejo al licenciacederá cuando son así dedo con una cuarta de nalicadas como ésta. Conque
rices ... , que no crea usted
fíjate bien en lo que te he
que tiene mucho menos.
dicho, que yo te aseguro
- Eso es muy difícil de
que como sepas usar la
preparar y cuesta mucho,
medicina tienes novia ...
dijo muy serio el marrulleEl mozo le hizo repetir
ro del boticario, que hacía
al boticario las instruccioya un rato que se estaba
nes y no perdió ni una sola
mordiendo el labio inferior
palabra de ellas, practicáncomo para significar lo didolas todas ad pedem lifícil de la cosa.
terr.e.
- Crea usted, Sr. D. FeY es claro, como el tuliciano, que estoy dispuesto
nante del empírico le maná pagarle á usted muy bien,
dó hacer, aparte de la moy como no sea una cantijadura del dedo, todo lo que
dad del todo desproporciomás podía inclinar haéia él
nada con mi caudal, yo le
la voluntad de la muchaprometo á usted que se la
cha, así como á hacerla
pago .. . ; ¡y mire que como
aborrecer al licenciado, el
yo prometa una cosa! ...
resultado, no de la mediciVamos, que mire usted,
na, sino de las adjuntas insaunque me cueste el mejor
trucciones escrupulosa¡uN ÁNGEL MÁS!, aguaza de D. José Bermudo
prado que tengo ...
mente practicadas, fué que,
(Exposición de pasteles y acuarelas del Circulo de Bellas Artes de Madrid)
- Tanto no será, replicó
en efecto, la chica comenzó
el boticario, echándoselas
á inclinarse al bueno de
de generoso, porque á mí no me gusta ser tirano con en una caja de cartón, la ató con un cordón encarna- Matías, al cual, poco más de medio año después,
nadie, y menos con un parroquiano antiguo ...
do y la envolvió después en el penúltimo número de daba solemnemente el apetecido sí á la puerta de la
- Eso sí, señor; bien puede usted decirlo; de toda El Heraldo, porque el boticario era un moderadote iglesia.
la vida, y de antes, porque ya mi padre venía siempre de los peores. •
Ponderar y encarecer en forma lo satisfecho que
aquí.
• Al entregarle el envoltorio al mozo le explicó la estaba Matías el día de la boda, no sería cosa fácil,
- Si ya lo sé; por eso te digo que no quiero co- manera de usar la medicina dicié'ndole:
aunque el hacerlo importara mucho al cuento. Baste
brarte todo lo que cuestan esas medicinas; pero aun
- Mira: cuado vayas á salir de casa, si crees que decir que de gozo no cabía en los pantalones, y eso
así temo yo que te parezca mucho ...
has de encontrar á la muchacha en alguna parte, un- que el sastre se los había sacado muy anchos.
La conversación duró todavía un buen rato, por- tas la punta del dedo grande de la mano izquierda y
A cuantos parientes ó ami~os se acercaban á darle
que el nazcarejo del mozo era muy pesado y el boti- procuras toaarla con él aunque sea en la ropa. Los la enhorabuena, contestaba sonriéndose con orgullo,
cario le daba cuerda; mas el resultado fué que el domingos, por ejemplo, al ir á misa, nada te cuesta y diciendo así, palabra arriba ó palabra abajo:
mozo firm6 una obligación de pagar al boticario pa- colocarte junto á la puerta de la iglesia, y según pasa
- Me parece que me llevo una buena muchacha ...
ra después de la cosecha cincuenta duros, si la me- la miras mucho y muy atentamente, y con disimulo ¿eh? Lo mejorcito de Villachica y aun del contorno.
dicina producía efecto, y si no, veinticinc©. Y el boti- la tocas con el dedo mojado. Si va al baile, vas tu Y no porque estuviera la carne en el plato por falta
cario comenzó en seguida con mucho aparato y mu- también, procuras bailar con ella y al desauido ó con de gato ... , como ya usted sabe ... Pero en fin, yo he
cho misterio á revolver frascos y botes para concluir cuidado la tocas también aunque sea en la saya, y tenido la fortuna de salir triunfante ... Ya ve usted ...
por llenar de agua destilada con gotas de agua natu• cuando ella se marche del baile te marchas también Estos son secretos que hay en el mundo ... y que yo
ral un frasquín del tamaño de un dedal, con su tapón tú en seguida, como para darla á entender que todas he sabido buscar. ..
esmerilado, y envolviéndole primero en un papel de las que quedan allí no te importan nada y que tú
Con estas palabras y otras parecidas dejaba salir el
seda color de rosa, le metió en una cajina de madera habías ido allí solamente poi ella. Pórque á la medi- tonto de Matías la alegría que le rebosaba en el cuermulléndole con algodón en rama, envolvió después cina, para que surta mejor y más rápido efecto, tam- po y apuntaba la idea del secreto, y le faltaba poco
la caja de madera en· otro papel azul, y lo metió todo bién hay que ayudarla. Además, siempre que la veas para decir por lo claro que á uu espíritu que le había

�LA DÓVEDA DE ACERO (17
RECUERDO DE OLOT,

cuadro de D. José Armet (de fotograf!a de D. J. Mari!)

de julio de 1789), cuadro de D. Juan rabio Laurens
(Salón de París,

1891)

(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

111

PATIO DE LOS CONVALECIENTES EN LAS ESCALDAS,

cuadro de D. Santiago Rusiño) (de fotografía de D. J. Marti)

(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

EL CID PRESENTANDO Á

su

PADRE LA CABEZA DEL CONDE LOZANO,

cuadro de D. Evaristo Barrio

(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)
1.

�•
LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

394===--====--==---===========
dado D. Feliciano en un pomín por cincuenta duros
debía el haber conquistado novia tan excelente.
Pasó la boda, que fué muy rumbosa y de .mucho
ruido, porque ni Matías ni el padre de Mónica. habían economizado gastos: el primero por dar rabia al
licenciado, y el segundo por lucirse y hacer que se
luciera su hija.
.
Como que sobre ser los convidados cerca de ciento, todos los detalles respiraban lujo.
.
Por ejemplo, en t&gt;tras bodas, las salvas las tu:aban
los mozos con escopetas de pistón y tal cual pistola
antigua de chispa, y en ésta eran cohetes; porque
Matías trajo de la ciudad cuatro docenas de ellos, algunos de dos bombas. .
.
.
El padrino se excedió también en dar propina á
los mozos para que tocaran el tambo.r con más aire y
relincharan más; ¡como que no les d1ó menos de
duros, el doble de la mayor propina de que en Villachica había memoria!
La tornaboda fué también muy alegre y muy festejada; pero el mismo día _de la :ornaboda por la tarde, el novio, que 110 pod.1a_ olv1d~r que d~bía toda
aquella felicidad á D. Fehc1ano, s~n despedirse de la
gente salió por la puerta trasera del _corral, montado
en una yegüecilla rabona, y en ~ed1a hora se plantó
en la ciudad, provisto de sus .c1.ncuenta duros, para
pagar al boticario su buen serV1c10.
Llegó á la botica, llamó á D. Feliciano, y encerrándose con él en la rebotica, le dijo, dándole un abr~o
tan apretado que le quitó la respiración por medio
minuto:
- ¡Me casé ayer, D. Feliciano, me casé ayer, y J?e
ha faltado tiempo para venir á darle á usted los cmcuenta duros y cincuenta millones de gracias, ~orque
á usted es á quien debo yo el haber consegmdo lo
que pretendía! ¡Usted es mi padre!. ..
y diciendo esto le daba otro abrazo, y le levanta?ª
en alto á pesar de que pesaba ocho arrobas y media.
El boticario guardó sus cincuenta duros, y el majadero de Matías se volvió á su pu~~lo, loco de contento, á seguir disfrutando de la felicidad q~~ él creía
haber alcanzado exclusivamente con el espmtu encerrado en aquel pomo.
. . .
Tanto lo creía que, allá á medio mVIerno, no su_poniendo todavía al boticario bastante pagado, volvió á
montar otra tarde en la yegua rabona, después de haber atravesado sobre ella unas alforjas muy reple:as,
y le llevó de regalo un jamón, tres vueltas ?e chonzos
y un solomillo;en fin, poco menos de °:1ed1!1 matanza.
Al despedirse aquella tarde del boticano, que naturalmente le recibiá muy amable, le preguntó Matías después de repetirle lo menos diez veces que le
era deudor de toda su dicha:
- ¡Ah! Diga usted, Sr. D. Feli~iano, éY cómo se ll~ma, si se puede saber, aquel espíntu que tanto ~traza
á. Mónica y que tan admirable resultado produjo?
- Et Espíritu del imán, contestó ~on aparente s~riedad el boticario, que, en cuanto vtó á M~tías sahr
por la puerta, se echó á reir él solo á carcaJadas.

?ºs

como lo imaginamos) no~ parece en la ~orma. El di~ujante y
el pintor con una sobnedad que maravilla, ha sabido hacer
una obra'llena de vida, simpática por el asunto y el modo de
tratarlo dando á las figuras una expresión de naturalidad que
pocos l~ran producir, y al paisaje unos tonos tan verdaderos y
exentos de convencionalismo que á las claras demuestran cuánto se ha preocupado el autor de hacerse intérprete fiel de la
realidad.

•
••
L ' aseó del barri (El escaño del barrio), cuadro de D . Manuel Felíu (de fotografía de D. Juan
Martl). - (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona); Estudio dibujo á l a pluma de D . Manuel Fehu.
- Casi pu~de decirse que el n?~bre de Manuel Fellu aparece
por primera vez en las Expos1c1ones de Bellas Artes, puesto
que si bien es cierto que en el Salón Parés expuso algunas ele
sus obras, á su regreso de la capital de España, sólo pu~den
considerarse aquéllas como meros ensayos de novel a~1sta.
Hoy presénta~e de manera que ha de merec~r aplausos ¡ustos
y sinceros placemes. !mpregnado ~u esplntu del v~rdadero
sentimiento y robustecido con la sóhda base del estudio de l~s
grandes maestros españoles, ofrece al severo juicio de la crlt_ica el producto de su laboriosidad, las primicias de su ingenio
y la manifestación de su. entusiasmo por el arte. L' aseó del
{Jarri, inspirado en el atno de uno de nuestros templos, el de
Santa María del Mar, en donde se hallan sentadas en el escaño que les ofrece la religión para implorar la caridad la desvalida huérfana, la decrépita y temblorosa anciana, la ~orna·
dre del barrio y los diversos tipos que escogen los peldanos de
la escalera del templo como recurso á sus necesidades ó lugar
de ociosidad es una bella composición, que pudiéramos titular
. puesto que a' pesar
realista pero' realista en el buen sentido,
de ser perfectamente naturales los tipos y cxpresi?n de los per•
sonajes, nada existe en el.los, aun en sus andr~¡os y !?°breza,
que repugne ó haga expenmentar desagradable 1mpres1ón. Ob·
sérvase, además, corrección en el dibujo, ~ualidad que. por
cierto no posee la generalidad de nuestros pintores, segundad
en los trazos y sobriedad en el color.
¿Será esta obra la aurora de un pintor genial, la brillante apa•
rición que hace presentir lo porvenir, ó bien será un_ relá_mpa¡;o,
una ráfaga pasajera de Juz que se desprende de su mtehgencia?
El tiempo es el que únicamente puede resolver la duda, por
más que creamos lícito esperar que no han de malograrse sus
ya excepcionales aptitudes.
.
, .
Su estancia en la capital de la vecma Repubbca, supone~os
ha de ser tan provechosa para Fellu, como lo fué la de Madrid,
en donde estudió con afán las obras de nuestr?s gr~ndes maestros, especialmente las de Velázquez, por quien siente respe•
tu osa admiración.

•••
U n accidente, dibujo de Gunning King.-:Salió
la elegante pareja á dar un paseo por el campo, y una dJStracción, un objeto cualquiera que pudo espantar á la cabalgadur.a
de la joven amazona, impulsaron al anun~l á emprend.er vertl•
ginosa carrera durante la cual lanz~ en tierra su preciosa car·
ga que exánime yace en el suelo, mientras acude presuroso á
socorrerla su compañero de excursión. . .
.
Dominio sin igual del lápiz y conocu:~1¡ento de los más d.1fí•
ciles secretos del dibujo, acusa esa preciosa obra de Gunnmg
King que reproducimos. La figura de la j_oven, presentad:1 ~n
atrevido escorzo, puede calificarse de mag1str~l, y en el pa1~ªJ:
hay atmósfera, luz, en suma, verdad, no fácil de conseguir s1
no se dominan por completo los elementos de blanco y negro,
que si son escasos, no dejan por e(lo de producir grandes _efectos cuando se combinan con el acierto de que en (/11 am'dmle
nos da elocuente prueba el notable dibujante ingl_és, en la que
una composición bien entendida y perfectamente dispuesta apa•
rece realzada por la firmeza y corrección de los trazos y por la
riqueza de matices con rara habilidad grad11ados.

•
••

ANTONIO DE VALBUENA

NUESTROS GRABADOS
Pintor de historia, cuadro de O . Roohegrosse.
_ uien vea este cuadro y recuerd~ El caóallero Tan!umser de
Ve~usbergque tanto llama la atención en nuestra actual Expo•
sición general de Bellas Artes, no podrá menos ~e asomb~arse
aun de ner en duda si ambos lienzos han sahdo del pincel
~el mismrautor. Y no decimos esto porque hay~ relación de
su erioridad é inferioridad entre uno y otro, que s1 grandes belle~s atesora el que figura en nuestro .certamen, ~o me~ores
las contiene el que hoy reproducimos, _smo por la d1fer~nc1~
énero aun por el aparente antagomsmo de ten~enc1as. 1C ·
g ·ma~nar que el pintor de la leyenda sea el m!smo que c?n
~?n:itable gracia fustiga en sátira amarga al pmtor de bis•
1
toria
ú · d 1
N~ se diga que Rocheg~osse no 9uiso hacer la _e t1ca e ~
clase sino simplemente pmtar un tipo d~ esos artistas de bro
h ' da que andan de ceca en meca, viendo en todo asuntos
1c,a:ago;andes cuadros y en todos apropiad~s tipo~ para dar for•
á ~us concepciones. Quizás esta fué la mtenc1ón del autor,
;~e~o en el fondo la crítica resulta; y resul~a porque por d;sgt•
cia abundan mucho, si es qu_e no están en inmensa mayona, o~
pintores de historia que enhenden, com_o el _del cuadro de Ro
che rosse que para pintar una fi¡,'llra h1stónca basta coger un
fo co~ más ó menos plumas. una coraza, escudo, lanza Y
1~sn~ cachibaches armar con ellos al primer patán que se
e ~~·ente ó al maniq'ul que lo mismo sirve para ~n fregad~ que
un barrido, y cátate á Periquito hecho fraile; es decir,_al
1
J ,
hce ho un rrriego
un romano
ó un guerrero
de cualquier
111/&gt;.,e,o
b
,
•
¡
t ·
tiempo· bien asl como el cómico de Larra ¡ten a sus rece as infalibles' para transformarse en personaje d~ los más opuestos
caracteres con sólo ahuecar la voz, no quitarse el sombrero,
a~&lt;¡~ear las cejas dar unos cuantos brincos, y hacer del tarato
• decrépito, seg6n que se tratara de represen)ar á un magnate,
~ un juez, á un plcaro, á un calavera ó u~ anciano, y de las épo•
cas más diversas simpleme,nte con_ vestir á la romana, :u~qu
el personaje fuera griego, a la ant!gua francesa ó e¡¡pano a,
levi1a de Útrilla, ó casacón y medias. \ asl sale ello.
.
P~ro volviendo al cuadro de Rochegrosse, hemos de dec1~
que lan bello como en el fondo (si es que el fondo resu1ta ta

t

f

;:n:

6

¡Un ángel más!, aguaza d e D . José Bermud o
(Exposición de Acuarelas y Pasteles del. Circulo de :Sellas Ar·
tes de Madrid), -Bermudo no es.un artista .novel; .llene ya S?·
brados méritos para que sea preciso determmar la 1mportanc1a
de sus obras y las cualidades q_ue le enaltecen. For~a parte de
esa pléyade de pintores en quienes se. halla confun~1~0 en una
sola personalidad la fantasía del artista y el senttm1ento del
poeta. Las más de las veces canta scR\idas estro~ ~¡ dar forma con el pincel y los colores á sus bellas compos1c1ones.. ~al
acontece con su bellísima aguaza que presentó en la Expos1c1ón
de pasteles y acuarelas que últimamente celebr~ el Círculo de
Bellas Artes de Madrid, al que delicadamente !Jtuló ¡ {l,i án•
gel 111ást El asunto no podía s:r más _sentido. Representaba un
hermoso niño muerto y arrodillada Junto al lecho á su desola·
da madre, que embargada por el dolor y en demanda de ele•
menda ó consuelo dirige la mirada al cielo, en el que ~parece
un coro de ángeles que descienden para llevarse á su h1¡~ á las
regiones etéreas. Preciso es co~vemr que, dadas las corr~entes
que hoy imperan, tendrá, q~ims, el cuadro sobr~ de _senllmentalismo· pero aun asi y considerado como obra pictórica, admíranse d~sde luego trozo., acertadisimos de dibujo y de color, y
paños y carnes modelados con valentía.
No en balde llam6 esta obra la atención de los visitantes del
certamen del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

•••
R ecu erdo d e Olo t ; c u adro d e D . J osé A rmet
(de fotografia de D. Juan Martl). - (Exposición gener:11 de Be·
llas Artes) . - Varios paisajes, resultado de sus excursiones veraniegas, ha expuesto en el primer concurs? de Bell~s. Artes
celebrado en Barcelona José Armet que llene adqumda ya
de antiguo Jama de distinguido paisista, destacánd~se .entre
ellos el que titula Recuerdo de Olot y dos notables dibujos. al
carbón. Todos los lienzos, sin embargo, causan. agradable_1m·
presión por la frescura de los tonos y J?Or los bien ent~nd1~os
contrastes que Armet se complace en 1?terpretar, cuals1. tuvte•
ra decidido empeño en poner de mamfiesto la~ g:ilas siempre
espléndidas de la naturaleza, bella en su grand10s1dacl.
Sumamente laborioso, ofrece de t:on~uo pruebas de sus ~epeüdos estudios en el género que cultiva, no exento de dificultades cuando el artista trata de reproducir, como lo hace
Armet, las bellezas que le rodean, las exuberancias primave•

495
N úME RO

495

LA

395

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

rales ó bien la lozana, fresca y jugosa vegetación de algunas re•
giones catalanas,

•
••
P atio de l os con valecientes en las Escaldas,
c u a dro d e D . Santiago Rusiñol (ele fotografia de don
Juan Mari!). - (Exposició~ general de Bellas Artes. de Barc~Jo•
na). - Cada nueva exposición de las ob~a~ de Sanllago Rusmol
denuncia un nuevo progreso, más domm10 en el arte y_ mayor
facilidad en transportar al lienzo los asuntos en que se mspira.
Sobrio en el color exacto en los tonos y seguro en los trazos,
consigue reproducir con tal ~delidad, que sus c~adros sorpren ·
den y cautivan, aun á los m1sm?s. que .no ~ult1van la es~uela
en que milita Rusiñol como dec1d1do é mtehgente cnmpeon..
Si la fotografía hubiera resuelto el problema áe. repr&lt;&gt;?ucir
los tonos de la naturaleza, dirlamos que este aventaJa_do pmtor
la transporta al lienzo con la poderosa fuerza de esta importan•
tisima aplicación moderna.
.
.
Preciso es confesar que cuando el arte se siente é mterpreta
como lo concibe y cultiva Rusiñol, cuando cad~ obra acusa un
adelanto, un progreso, desaparecen los ª?tagon1sm?s de escuc1~ y ol~danse procedimientos, para admirar sus bnllantes mamfestac1ones.
El laboratorio de la Gaútle, El cementerio de Hix, Soledad y
el Palio de los co11valecienles en las Escaldas soa los títulos de las
cuatro obras que ha remilido á nuestra Exposición. T~~s !e•
presentan géneros distintos, dentro d:l que lo es Y:1 dJStmltvo
de este artista, y á pesar de ello, p~e_c1so es convenir q~e cons•
tituyen para él nuevos titulos. Fehc1támosle por sus tnunfos y
especialmente por la distinción que acaba de merecer del.J.u~ado calificador, que ha incluído en la propuesta de adqms1c10·
nes El laÍloralorio de la Galelle.

•••
La bóveda de acero (17 de julio de 1789), cuadro de D. Juan Pablo Laurens. (Salón de l'aris, 1891).
- En este mismo número hahrán nuestros lectores leido con
agrado la revista que de los Salones de Paris nos envía el dis•
tinguido escritor D. Ernesto Garcia Ladevese. A ella nos remitimos, pues, para lo que á este cuadro se refiere, .ciue nada
hemos de añadir por nuestra cuenta á lo que de él dice ~an reputado crítico y publicista, qu~ además de sus c~cepc1o~alcs
condiciones literario artísticas llene en este caso la mayec1able
ventaja de haber visto original la obra que no,otros sulo por el
grabado conocemos.

Y que un grupo de mozos y muchachas del pueblo los encontraron juntos (pág. 396)

•••

EL PADRE DANIEL

E l Oi d presentand o á su padre la _cabeza d~l
conde L ozano, cuadro de D. Eva.nato Bamo
(Exposión general de Bellas Artes de Barcelona).

POR EDUARDO ROD. -ILUSTRACIONES DE VOGEL

&lt;Ya os he vengado, señor,
que está la venganza cierta
cuando la razón ayuda
á aquel que se arma con ella.&gt;

( CONCLUSIÓN}

En este episodio de la vida del Cid, tan gallardamente .descrito por el Romancero, hase inspirado el Sr. Barrio al pmtar
el interesante cuadro que ha remitido á la primera Exposición
de Bellas Artes de Barcelona, que ha de servirle de boceto
para ejecutar el gran lienzo destinado á decorar uno ele los
testeros del Salón de sesiones del Ayuntamiento ele Burgos.
No podía el Sr. Barrio h~ber ~scogido. mejo~ as~nto, ya que
la personalidad de Rodrigo Diaz de Viva~ smtet~ á Bu.rgos,
á Castilla á &amp;paña. Sus proezas, sus glonas, sus tnbulac1oncs
y su reno:nbre, son las tribulacion.es, las glorias y las proezas
de la patria. Su figura d~scuella v1g5&gt;rosa ~ pote~te en el cua·
dro de los tiempos .medios; su caracter s1m~lm1 el c~cter
nacional y compendia y resume un pueblo, siendo el eJemplo
constante de todas las virtudes, con cuanto hubo en aq.uella
edad de noble y generoso, de rudo y leal, de guerrero y piadoso de mezquino y grande•
No debe sorprender que el Sr. Barrio, qu.e consider~ á Burgos como su ciudad nativa, y en cuyo espintu de artista 9ue;
da aún hoy algo del entusiasmo gue.rrer? q~e le condujo a
Africa haya buscado la fuente de su mspuac1ón en un asunto
que ev~ el recuerdo de un héroe, que_ siéndol? de B)lrgos, lo
es también de España, de nuestra q~enda P:1tria, por la que
el Sr. Barrio derramó su sangre y v1óse obhgado á trocar la
espada por los pinceles.
Bien haya el que supo primero defenderla y el que después
la enaltece con sus obras represcntfodola en la personalidad
gloriosa: y simpatica del Cid Campeador,

•••
:Saco escultura d e D . V enanoio Vallmitjana
(de fotog~afla de D. Juan Martl), -A pesar de ser Vallmitjana
el decano de nuestros escultores y d~ haber si~o el maestro_ de
esos jóvenes artistas que ya han sabido conq~nstarsc rnerec1clo
renombre, modela inspirándose en las ~omentes ~odernas,
cual si formara parte de la nueva genera~1ón, cual s1 él con la
savia de su inteligencia ne hubi,ei:a contnbuíclo á crearla, pro•
duciendo desde la escultura clas1ca y correcta, á 1~ escultura
fina y caprichosa, propia pira embell~cer e.l boudo1r de la da·
ma aristocrática. Prueba de ello es la mfanlll y bella representad6n de Baco, en el que se halla i_mpresa la g~nialidad ele
este distinguido escultor catalán, nacido para cultivar con pro•
vecho el arte de Praxiteles.
D O L OR D E E S T ÓMAGO. V ino de C hassaing

LA

CREMA SIMON, cold-cream especial de_un
efecto seguro contra los barros y las irritaciones de la P!el,
es indispensable á todas las señoras celosas de conservar el brillo
de su belleza y la frescura de la juventud. Se halla este pr_od11clo
sin rival en casa de todos los perfumistas y en casa del mv~ntor f. SIMON. rue de Provmce, 36, París; pero es preciso
desconfiarie ta'.s falsificaciones y exigir la firma.

JAIBON REAL

IVZOLETr
2,,t::1=)w

JABON

DET HA IDAC E
VELOUTINE
lll.lrtuw ~ ..,, 1&amp; llclll" 1.1 I&amp; lttl 1 ltllua W Clllr

Jwe••••• ..,

»Balbució algunas palabras que no comprendí, y
jamás olvidaré la expresión de angustia, de dolor y
desesperación que vi pintada en su semblante. Esto
me inquietó, y retiréme diciendo:
- »Convendrá reflexionar un poco, antes de adoptar una resolución.
)) Llegada la noche, y como pasase por delante de
su puerta, of sollozos, detúveme para escuchar, y
pude cerciorarme de que también lloraba... Parecía
elevar una oración á la Virgen, y con palabras ardientes como el fuego y dulces como la miel, invocaba su protección en favor de la pecadora... En algunos momentos, la oración se convertía en confidencia, en la queja de un corazón demasiado lleno
que se desborda; después volvía á ser tierna y cariñosa, y hubiérase dicho que se remontaba al cielo...
¡Jamás he oído nada tan hermoso, amigo mío!. .. Entonces me sobrecogió una profunda tristeza porque
lo comprendí todo... ¡La amaba!.. . ¡Sí, él, un sacerdote, un santo, amaba á una perdida!... ¿Por qué camino habría llegado á penetrar este sentimiento en
su corazón?... ¿Cómo pudo aquella mujer envilecida
apoderarse de un alma tan pura? ¡ Misterio!. .. Pero
ahora, imagínese usted lo que debía sufrir, ó más
bien lo que habría sufrido sin aquella santa esperanza de redención que purificaba su falta ...
»¿Qué hacer?.. . Le consideraba tan superior á mí,
hasta en su extravío, que no hubiera podido exhortarle ni advertirle. ¿Qué le diría sobre sus deberes
que él no supiese ya? Por otra parte, yo estaba seguro, completamente seguro, de que no faltaría á ellos
jamás. Sólo temía por él, no pornosotros; y me callé,
sin tener valor para cumplir mi amenaza, prohibiendo á la miserable Catalina la entrada en la iglesia:
la oración del justo me contuvo ...
»Creo que la perversa joven conocía ya su triunfo.
A decir verdad, el padre Daniel no se despojó ni un
instante con ella de su severidad; cualesquiera que
fuesen los impulsos que le arrastraban hacia ella, y
bien proviniera su pasión del alma ó del cuerpo,
nunca se la demostró en nada, y hasta el fin trató
como penitente á la qué adoraba en el santuario de
su corazón. Pero esas mujeres que el diablo envía
han recibido de éste el don de leer en las almas
que extravían, .. Bastaba ver á Catalina para adivinar
que estaba persuadida de que la amaban. Rebosaba
de orgullo por todos los poros de su cuerpo, y enva-

necíase de su conquista, de tener al sacerdote como
encadenado... ¿Comprendió, sospechó Catalina lo
que pasaba en él? Evidentemente no. De seguro no
pensaría sino en la gloria de perder al padre Daniel,
y en nada más.
»Sin emcargo, Judas Lenthelme hubo de marchar para reunirse con su regimiento, y entonces le
sustituyó aquel á quien había vencido, Santiago Gros,
que á su vez fué el favorito de Catalina; paseaba con
ella, y recibió también relojes y alhajas. No obstante,
como debía casarse en el otoño, la familia de su fu.
tura puso el grito en el cielo; mas el pueblo no fué
tan indulgente, y mientras que los Gronlard y sus
amigos seguían apoyando á Catalina, hubo por otra
parte un principio de motín; preguntáronse unos á
otros si aquella mujer se proponía conquistar á todos
los mozos del pueblo, y se elevaron quejas contra
ella. Este hubiera sido el momento más oportuno
para expulsarla del pueblo; pero no osé dar semejante paso, porque la profunda tristeza del padre Daniel
me espantaba.
»Cierto día, al volver de la montaña, donde hube
de prestar auxilio á varios pobres, enconiré á Catalina. ¿Qué hacía sola en aquel sendero perdido, á dos
horas del pueblo? Lo ignoro. Halléla sentada á la
sombra de un pinabete, sobre una roca, frente á un
vallecito, y tenía un mal libr:&gt; en la mano. Entonces
ocurrióme una idea, y me dije: &lt;!Bien mirado, he conocido niña á esa joven; con frecuencia la hice saltar
sobre mis rodillas, y le enseñé el catecismo. Quizás
no sea tan mala como parece. ¿Por qué no he de
tratar de hablarle? Tal vez Dios la pone en mi camino.»
»Me detengo y le hablo, demostrándole que su
conducta es un escándalo por todo el pueblo; que
siendo rica, debería casarse con un hombre honrado,
dejará los demás en paz, tener hijos y educarlos bien;
y que era una profanación rondar la casa del Señor
cuando se persistía en el pecado. Catalina se había
puesto en pie, y como me escuchase al parecer con
respeto, continué mi discurso, hablándole del padre
Daniel; díjele que era un santo sacerdote; que si pensaba seducirle, perdería el tiempo; que Dios vela sobre sus servidores cuando son dignos, y que de todos
los pecados que ella podía cometer, el más grave era
tentar á un ministro del Señor... Al oir esto, Catalina
se turba, sonrójase y comienza á llorar ...

- &gt;¡Ah!, señor cura, me dice, harto sé que soy
una miserable; .. . pero le aseguro que no me es posible remediarlo... Siento el mal en mí, ... me domina
y me impulsa... y yo sigo adelante sin elegir mi camino... Es como si una mano me condujera y yo tu·
viese una venda en los ojos ... Y crea usted que quisiera ser buena.. . Siempre lo quise, y nunca pude
conseguirlo... ¡Mire usted! Cuando yo era pequeña,
al salir de la clase de doctrina prometíame siempre
ser juiciosa; pero al día siguiente comenzaba de
nuevo á robar y mentir... Más tarde, en toda ocasión
hacía lo contrario de lo que me había propuesto, ... y
cuando vine aquí, estaba muy resuelta á. realizar lo
que usted acaba de indicarme, es decir, á buscar un
hombre honrado para unirme con él... Pero no, ...
me agradó Judas, y después Santiago Gros... No soy
yo quien los quiso, pues no me pertenez.co, señor
cura... ¡Soy esclava de una fuerza que me domina, ...
se lo aseguro á usted, y me es forzoso obedecerla! ...
» Decíame Catalina estas cosas con voz entrecortada, y creo que hablaba sinceramente; á medida que
la escuchaba, aclará.banse todas mis dudas, y enton·
ces comprendí que aquella mujer era la gran tentación que el diablo enviaba al p¡tdre Daniel, rodeándola con la atmósfera del pecado, haciendo flotar á
su alrededor los efluvios del mal y sitiando su alma
por el contagio. Seguramente, Catalina estaba poseída y harto reconocí la fuerza de que hablaba ...
»Hallábame solo al borde del abismo; la roca, cortada á pico, á una altura de doscientos ó trescientos
metros, desnuda, pelada, y tan árida, que ni un solo
pinabete había podido prender sus raíces, descendía
hasta el torrente que en el fondo se extendía; la naturaleza nos envolvía en su profundo silencio, el más
propio para que los pensamientos germinen y se
desarrollen libremente; y sentí el más vivo deseo de
coger á aquella joven por la cintura ó los cabellos y
arrojarla al torrente que murmuraba allf abajo, para
que arrastrase en sus aguas aquella carne maldita...
¿Por qué no? Solo Dios nos hubiera visto, y Dios
me habría absuelto ... Estoy seguro de que su voz era
la que me hablaba en el silencio ... ¡Ah! ¿Por qué tuve
la debilidad de no escucharla?.. .
»De regreso al curato, hablé de nuevo al padre
Daniel; dile cuenta de mi conversación con su extraña penitente, y le demostré que aquella mujer era un
receptáculo de los más repugnantes vicios. Añadí que

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

no había caridad ni perdón para abominaciones corno
las que aquella joven cometía á cada paso; que al
rogar por ella agravaba el testimonio que la agobiaría, y que sus oraciones aumentaban el peso de los
pecados, siempre nuevos, con que diariamente manchaba su cuerpo maldito. Pero como el padre alegara la misericordia infinita de Dios, repuse:
- »No, esa misericordia no es infinita, corno usted
piensa, pues tiene sus límites, ni se extiende tampoco
á los que se han entregado en cuerpo y alma al Espíritu maligno. Es equitativa, sobre todo, y en ella no
pueden influir las consideraciones que guían demasiado á menudo la piedad de los hombres. Examínese, hijo mío, con toda sinceridad. ¿Está usted seguro
de que sus sentidos no tienen nada que ver con sus
sentimientos caritativos? ¿Tendría usted igual deseo
de salvar á esa mujer si fuese menos hermosa?
»El vicario palideció, y contestóme con una voz
que revelaba su turbación:
- »Jamás me he dirigido tal pregunta, padre mío;...
pero contestaré á ella, ... le prometo que contestaré...
Y si han germinado en mí pensamientos culpables
á pesar mío ... ¡oh! entonces suplicaré· á usted que
me ayude á desecharlos.
»Yo creo que mi funesta penetración le hizo ver
claramente el mal, pues á partir de aquel día se notó
en él un gran cambio. Sus ~ejillas enflaquecieron,
empañáronse sus ojos, y en toda su persona se manifestaron las señales de una dolorosa lucha interior.
Hasta entonces había estado seguro de sí; mas ahora
dudaba. Tal vez mis imprudentes palabras habían
removido el fango que se acumula en el fondo de las
más nobles almas, ese cieno del mal que es el limo
de nuestra naturaleza y que no se contiene siempre,
por muchos esfuerzos que se hagan. Obligado á luchar, tal vez, contra sugestiones que hasta entonces
pudo rechazar sin dificultad, porque las ignoraba, juzgábase culpable al oírlas, y á la angustia del remordimiento agregábase la que le producía su pasión, ahora reconocida. Sin duda desconfiaba de sí mismo,
pues observé muy pronto que evitaba todo encuentro con Catalina.
»La joven, furiosa al ver que se le escapaba su
presa, hacíase más agresiva, más provocativa y peligrosa, pues su decepción, que la irritaba, también la
enternecía. Su devoción parecía casi sincera; mientras rezaba en la iglesia tuvo accesos de desesperación, en que los sollozos le producían violentas con
vulsiones; y varias veces, durante el oficio divino, la
sorprendí con la vista fija en el padre Daniel; era
como una oleada de lujuria que se arrojaba sobre él,
que le llamaba y atraía. La sensación llegaría sin
duda hasta él á través del incienso y de los cánticos,
pues apartaba su mirada y fijábala con indecible angustia en el crucifijo;_pero al fin no le era posible
desviarla, y entonces producíase como un choque
preñado de amenazas. A los ojos del pobre sacerdo·

te, que revelaban la desesperación, por más que en
ellos brillase la sahta voluntad del bien, los de la
joven, amantes y enemigos, impregnados de una
mezcla de sensualidad y de rencor, parecían decirles claramente: «¿No quieres? ... ¡Pues ten cuidado!. ..
¡Es el amor ó el odio! ... »
»Sin embargo, la estación avanzaba; las primeras
nieves habían cubierto ya las altas cumbres, y el aire
comenzaba á refrescar. De repente circuló el rumor
de que Catalina se marchaba del pueblo, porque era
demasiado delicada para resistir el riguroso clima de
nuestros Alpes. Mucho me costó creer que esta marcha era un hecho, pues parecíame imposible que una
mujer tan evidentemente inspirada del diablo se fuese y renunciara al mal que podía hacer. O tal vez,
pensé yo, reserva para el último instante su tentativa
suprema; y preguntéme con inquietud cómo terminaría aquella lucha, pues el padre Daniel, abatido,
casi enfermo, no parecía destinado á triunfar ...
»En efecto, la víspera del día fijado para la mar·
cha, el padre Daniel recibió una carta de Catalina;
la joven le había escrito ya muchas desde que evitaba verla; pero el sacerdote las quemaba sin duda,
pues no encontré entre sus papeles más que esta última. Decíale en ella que se marchaba á causa de él
(sirviéndose de rebuscadas frases para pintarle la tristeza de su corazón lacerado); que no podía resignarse
á dejarle para siempre sin darle el último adiós; que
la única gracia que le pedía era verle una vez más; y
por último, que puesto que no quería recibirla en la
iglesia, que manchaba con su amor criminal, no podría negarle, cuando menos, la postrera entrevista.
Al efecto le esperaría por la noche cerca de una granja abandonada, bien conocida en el país, y que usted
ha visto ya, situada junto al manantial de agua sulfurosa.
»El padre Daniel no me dijo ni una palabra de
esto, y cedió. ¿A qué sentimiento obedecía? ¿Era un
irresistible impulso del amor que le dominaba? ¿Era
compasión ó debilidad? ¿Tendría la seguridad de
vencer, ó se abandonaba al fin á sus sentidos vencedores? ... ¿Quién podía decirlo? ...
»Lo cierto es que se hallaba en el lugar de la cita
á la hora prefijada, y que un grupo de mozos y muchachas del pueblo, ya conducidos por la casualidad
á tan solitario sitio, lo cual es muy probable, ó bien
de acuerdo con Catalina, los encontraron juntos. El
vicario estaba en pie, y la joven arrodillada á sus plantas; ésta suplicaba, pero él la rechazaba. Naturalmente, aquellos salvajes no pidieron explicación alguna:
el vicario tenía el aspecto de un hombre á quien se
coge en falta, y no se necesitaba más. Acto continuo
formaron círculo alrededor de ellos y comenzaron á
cantar:

NúMERO

495

»Apenas se puso en movimiento el corro, el sacerdote, que miraba con ojos extraviados á los que
le, rodeaban, cayó en tierra, inerte, como herido del
rayo...
»Hablóse de neurisma, de congestión, de no sé
qué¡ ... pero cop tan noble carácter no se necesitaba
tanto: bastaba la vergüenza. En rigor, la cosa no podía concluir de otro modo.
»En cuanto á Catalina, no marchó al día siguiente; vistió luto, viósela muy triste durante algunas semanas, y después volvió á París, donde hizo la misma vida de antes. Por eso me pregunto ahora qué la
la trae aquí y qué nueva desgracia ocasionará... »
El cura concluyó así su relato, y volvimos al pueblo lentamente sin hablar más. Por la noche, cuando
estuve en la habitación donde me alojaba, complacíme en admirar las montañas negras, que se destacaban bajo el claro cielo de una noche de estío, y reflexioné detenidamente sobre la historia que había
escuchado. En rigor, parecióm.e poco original; salvo
la decoración, venía á ser lo que la Joven de 111ármol,
lo que ha servido de asunto á una docena de novelitas y de piezas y á toda la literatura que versa sobre
este misterio eterno de la lucha entre la materia y
el espíritu. Mil veces había leído bajo distintas formas la misma historia, y habíala visto repetirse á mi
alrededor. ¿Por qué, pues, me perturbaba el ánimo,
cual si me abriese un nuevo horizonte sobre las cosas del alma?... Toda la noche pensé en aquello, y al
día siguiente tuve la curiosidad de ir á visitar la tumba del padre Daniel, en el pacífico cementerio donde reposan, bajo cruces de madera y alegres flores,
junto á la iglesia y en medio de un paisaje grandioso, quince generaciones de muertos de obscura condición.
Al acercarme á la pequeña losa en que estaba grabado el virtuoso nombre del sacerdote, una mujer
que estaba arrodillada levantóse bruscamente y alejóse presurosa.
¡Era Catalina!
Había llevado toda una carga de esas flores odoríferas y magníficas que crecen en los pastos, y bajo
ellas se disimulaba la tumba; allí confundían sus matices y sus perfumes, y aunque á punto de marchitarse, hubiérase dicho que todavía cantaban el poema
de su soberbia libertad. Germinan, florecen, se ostentan en todo su brillo, y mueren en su tranquila
inconsciencia, unidas por sus raíces á la tierra que
las produjo y agitando sus perfumes en el aire que
las absorberá. Pero nosotros abreviamos nuestra pobre vida por esa negra vegetación de ideas que nos
separan de la naturaleza, comunicando á nuestra úniversal ignorancia especiosos pretextos para rechazar
nuestros deseos y atormentarnos el espíritu.

Al padre Daniel no l,: gusta la danza...

TRADUCCIÓN DE

¿

,/,/.#.;

E. L.

DE VERNEUILL

NúMERO

495

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nuestro grabado se ve entre los tres pies, destinado
á recoger el líquido filtrado. El modo de operar es el
siguiente: Después de haber destornillado el filtro, se
colocan sobre la tela metálica dos discos de papel de
EL ANÁLISIS DE LOS VINOS
filtrar Berzelius y encima una rodaja de cuero para
DETERMINACIÓN DEL YESO.-LOS GIPSÓMETROS
lograr la juntura con la tapadera del filtro: cerrada
En un anterior artículo (1) hemos indicado el pro- ésta se monta el aparato sobre los tres pies y se colocedimiento para determinar con exactitud la cantidad ca en su sitio el tubo inferior. Entonces se llena la
de yeso ó mejor de sulfato de potasa contenida en bureta graduada del vino que se quiere analizar hasta
la raya que dice vino, se añade licor gipsométrico (una
solución de cloruro de bario) hasta la línea 2 gramos (2), por ejemplo, y después de agitarlo tapando
con el pulgar la bureta, se coloca ésta sobre el filtro,
notándose entonces la formación de un precipitado
de sulfato de barita. Después de agitado el líquido,
se abre á medias la espita de la bureta y se deja fil.
trar: el sulfato de barita se queda en el filtro y el Jí.
quido mana en el tubo inferior. Si este líquido vuelve á enturbiarse con la adición de algunas gotas de
licor gipsométrico, es señal de que aún queda en él
sulfato de potasa y de que el vino contiene más de
2 gramos de éste por litro. La bureta lleva las graduaciones 1, 2, 3, 4 gramos de tal modo que pueda
comprobarse si el vin0 que se analiza contiene 1, 2,
3 ó 4 gramos por litro.
A cada operación debe limpiarse el tubo con un hisopo que va con el instrumento: la bureta ha de ser
enjuagada, antes de cada análisis, con el vino que se
ha de analizar.
Finalmente, la condición esencial para obtener resultados exactos es disponer de un licor de cloruro
de bario bien preparado. Esta preparación es bastante delicada y difícil de ejecutar para quien no esté
acostumbrado á las manipulaciones químicas. El autor del gipsómetro que acabamos de describir ha salvado este inconveniente entregando á los compradores un licor gipsométrico debidamente preparado
MASSIASOll
IJIH///t:lf,61:
para la operación.
SECCIÓN CIENTÍFICA

Gipsómetro de bolsillo de M. Dujardín

un vino. Pero como los comerciantes, á quienes tanto interesa conocer esto por la razón allí indicada, no
disponen generalmente de los laboratorios que tal
procedimiento exige ni tienen la práctica que tales
manipulaciones requieren, se ha resuelto el problema
construyendo los instrumentos llamados gipsómetros,
entre los cuales merecen citarse los de M. Poggiale
y de M. Sallerón.
Sin entrar en los detalles de estos aparatos cuyo
manejo es algo complicado, vamos á describir un
gipsómetro recientemente inventado por M. Dujardín
que si bien da indi~aciones menos perfectas que lo~
que acabamos de citar, reune, en cambio, las condiciones de sencillez, rapidez y baratura necesarias
para generalizar su uso entre comerciantes y viticultores y permite afirmar con toda certeza si un vino
contiene 1, 2, 3 ó 4 gramos de sulfato de potasa ó uno
y medio, dos y medio, tres y medio aproximadamente, lo que es bastante en la mayoría de casos.
Este aparato destinado á las compras en los viñe-

. ,,~
,;:.

;_;

r

Manómetro metálico de M. Mignot

µna mujer que estaba arrodillad¡r. levantóse brusca¡uente.,.

LA

dos, ocupa muy poco sitio y puede encerrarse en un
estuche de bolsillo. Consta de un filtro puesto sobre
tres pies (véase el grabado) provisto de una tela metálica destinada á sostener los papeles porosos que
en él se colocan cuando se utiliza el instrumento.
Este filtro lleva una tapadera sobre la cual puede ponerse una bureta de cristal, cilíndrica, graduada de
un modo especial. Debajo del filtro puede adaptarse
por medio de un tapón agujereado un tubo, que en

397
discos, cada uno de los cuales se coloca indepen•
dientemente, sumándose luego todas estas flexiones.
Hay manómetros para medir presiones hasta de 2.000
kilogramos por centímetro cuadrado.
J. L.

LA FOTOGRAFÍA DE LOS COLORES

EXPERIMENTOS DE

M.

Lll'PMANN

Uno de los físicos franceses más distinguidos,
M. Gabriel Lippmann, miembro del Instituto y profesor de la facultad de Ciencias, ha conseguido verificar un notable experimento, el de la fotografía de
los colores del espectro solar. En la sesión de la
Academia de Ciencias celebrada el 2 de febrero último, M. Lippmann presentó á sus colegas varios clichés fotográficos del espectro solar, en los que todos
los colores aparecen fijados en la placa sensible con
su brillo y sus matices exactos. El sabio físico, para
obtener tan notable resultado, no emplea ninguna
substancia química especial susceptible de conservar
ó reproducir el tinte de los objetos: apela simplemente á procedimientos físicos basados en consideraciones teóricas ingeniosísimas y del orden más elevado.
La fig. 1. representa el aparato empleado por M. Lippmann para obtener la fotografía de los colores. La
placa sensibilizada G (fig. 1, núm. 1) está preparada
de un modo particulax:, siendo preciso que su capa
sensible, cuya naturaleza química puede ser cual·
quiera, gelatina-bromuro de plata (3), por ejemplo,
sea sumamente delgada y transparente; es también de
absoluta necesidad que no haya la menor disconti•
nuidad en esta capa de substancia impresionable y
que no.se presente bajo forma de granos como en las
emulsiones ordinarias (4): la capa sensible debe ser
A. HEBERT
simplemente opalescente y no cremosa. El cristal así
preparado se coloca contra una capa de mercurio, de
modo que su cara sensibilizada esté en contacto con
el metal líquido destinado á formar una capa reflecMANÓMETRO METÁLICO DE M. MIGNOT
tora. En nuestro grabado (fig. 1, núm. 1) la placa
sensible está repesentada por G y se apoya contra
El número de manómetros metálicos actualmente una pieza de caucho C en forma de U; un cristal F
conocido es ya considerable: multitud de principios cierra el sistema y permite encerrar el mercurio como
diversos han sido aplicados en la construcción de los en un vaso; los dos cristales (cliché fotográfico y
mismos, pudiendo censurarse en algunos sistemas la intervención de órganos
delicados que fácilmente se descomponen.
• El aparato de que nos ocupamos, debido á M. Mignot, no tiene esos inconvenientes á causa del pequeño número
de órganos que en su composición entran: consta esencialmente de un disco
de acero templado, que se ve en el interior del recipiente A, de poco espesor
y protegido contra el contacto directo
del vapor por una hoja F muy delgada,
de cobre rojo y que cierra herméticamente. La presión se ejerce sobre el
disco, y determina una flexión en la
parte central.
M. Mignot limita la flexión máxima
á 1/H aproximadamente del diámetro
del disco, y para evitar en el mismo
centro de éste esfuerzos demasiado
considerables á fin de obtener una
flexión apreciable, hay en dicho centro
una abertura igual á una décima del La fotografia de los colores. - Fig. 1. Aparato de M. Lippmann para la fotodiámetro. El vapor acciona en A sobre
grafia de los colores. - 1. Placa sensibilizada puesta sobre una capa de
mercurio. - 2. Muestra de un cliché en el que están reproducidos los coel disco de acero; la barrita B, que deslores del espectro. (Tamaño de ejecución.)
cansa en éste, es levantada y transmite
el movimiento á una palanca C, la cual
á su vez acciona sobre una biela D que hace avanzar cristal que cierra) están sostenidos por medio de unas
la aguja indicadora E. Un resorte G permite volver pinzas á fin de que el mercurio OC). se desprenda.
la palanca C á un tornillo H para la regulación á
cero. ta palanca C multiplica el recorrido inicial en
la relación de 1 á 9 aproximadamente. Como se ve,
Pe/len/a· sensiJ!e
este manómetro necesita muy pocos órganos y aun
1
1
1
éstos están sujetos á pocos desarreglos y á roces inl1
1
1
significantes, Las indicaciones de este aparato son
1
1
1
1
1
1
1
iguales en toda la extensión de la escala de gradua,
:
,
l
ción, ventaja debida á que la flexión del disco es
i¿" 1ft'" ·
sensiblemente proporcional á la presión á que se en1
1
1
1
1
1
1
cuentra sometido. Es igualmente sensible para las
:
1
:
,
altas y las bajas presiones. En los manómetros destiO i O' : ov: o'ª:
1
nados á indicar presiones de 6 á 20 kilogramos por
l
1
1
1
1
1
1
centímetro cuadrado varían los diámetros de 8 á 30
1
l
:
centímetros. M. Mignot construye también aparatos
de este género para presiones elevadas, y á fin de obFig. 2. - Esquema explicativo
tener este resultado coloca unos sobre otros muchos
Preparado así el sistema, proyéctase sobre la su. (2) Es decir, que la cantidad de licor gipsométrico compren-

dida entre la raya vino y la linea 2 gramos corresponde á 2 gra(1) Véase LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA núm. 494, p. 382. mos de sulfato de potasa por litro de vino.

:l

:t

El ioduro y el bromuro de plata dan buenos resultados.
(4) Las emulsiones del comercio contienen bromuro de

(3)

�.,
N úMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

perficie exterior de la placa sensibilizada una imagen
del espectro solar, y después de una postura que varía
desde 30 minutos á 2 horas, por lo menos, si se quiere que obre hasta el rojo, queda terminada la impresión. El desarrollo y la fijación se verifican por los
procedimientos ordinarios y el cliché desarrollado y
secado da el espectro solar con sus siete colores: vio-

ne al cóntacto de los dos gases. La difusión al través
de los orificios hechos en una delgada lámina metálica ha sido estudiada por Graham, quien ha indicado la ley de la misma. Sin seguir exactamente esta
ley, la difusión al través de los cuerpos que tengan
poros sensibles, como el papel, tierra de pipa, etc., se
verifica tanto más de prisa cuanto más ligeros son
los gases,

río, en la primera capa de la película sensible, hay
destrucción de movimiento ú obscuridad, o; en l, por
el contrario, los dos movimientos se suman, existien•
do allí máximo de luz; más allá vuelve á haber destrucción de luz, obscuridad en o'; y más lejos, en l'
nuevo máximo, y así sucesivamente.
En definitiva, la vibración luminosa ha marcado
fotográficamente su huella en la película, se encuentra inscrita y despu~s reproducida, como acontece
con la vibración sonora en el fonógrafo.
Como se ve, en estos primeros experimentos de
M. Lippmann se trata únicamente de la reproducción
del espectro solar. El resultado obtenido es importante; pero con él no se ha llegado todavía, como en
un principio se creyó, á reproducir los retratos. Débese esto á que las substancias impresionables de
que disponemos son muy imperfectas y sólo realmente impresionables con los rayos luminosos violados; poco impresionables con el verde, son absoluta•
mente insensibles á la acción de los rayos amarillos
y sobre todo de los rojos. De aquí la necesidad de
que sea muy larga la postura en la fotografía del
espectro con sus colores. Este inconveniente es menos grande cuando se trata de objetos inmóviles, como
paisajes ó cuadros. M. Lippmann no ha dirigido aún
sus experimentos por este lado. Mas sea de ello lo
que fuere, puede decirse que para precipitar la solu•
ción completa del problema se trata de encontrar
substancias tan impresionables como el gelatina-bromuro de plata que lo sean igualmente bajo la influencia de todos los rayos luminosos.
La senda tan brillantemente abierta á los investigadores por M. Lippmann será fecunda y el nuevo
descubrimiento asegura un gran porvenir al arte desde hoy creado de la fotografía de los colores, cuyos
precedentes se remontan á principios de este siglo.
Antes de 1810 Seebeck observó que el cloruro de
plata toma aproximadamente el color de los rayos
incidentes: Herschell repitió en 1841 el experimento
de Seebeck, probando que la reproducción de los
colores era poco fiel. En 1848 M. E. Becquerel sustituyó el cloruro de plata por el subcloruro de plata
violeta extendido sobre una hoja de plaqué de plata
y obtuvo una imagen colorada del espectro que sólo
se conservaba en la obscuridad. Poitevin y Niepce
de Saint Víctor lograron resultados análogos, sin que
tampoco lograran fijar los colores. Los notables procedimientos de Ducos de Hauron y otros se basaban
en métodos completamente distintos.

La dijusibn estudiada por medio de una pipa. - Primer experimento. - Tómese una pipa de tierra de
tamaño ordinario enteramente nueya y tápese fuertemente su fogón con un buen tapón de corcho atravesado por un agujero, por el cual pase, á roce duro,
un tubo recto de cristal, de medio metro ó más de
largo, sumergido en su extremo superior en un vaso
lleno de agua colorada. El tubo de la pipa está unido por un tubo de caucho al aparato productor de
hidrógeno (véase el grabado) ó simplemente á una
toma de gas de alumbrado. Así dispuesto todo, hágase pasar la corriente de gas que empuja el aire por
delante llenando la pipa y el tubo de cristal, y viene
á sumergirse en el agua del vaso. Si de repente se
interrumpe la corriente gaseosa apretando con los
dedos el tubo de caucho lo más cerca posible del
tubo de la pipa, se ve en seguida que el líquido sube
en el tubo á una gran altura.
Este hecho se explica por la difusión: en el momento en que se corta el paso del gas, la pipa y el tubo
están llenos de hidrógeno; éste, que es muy ligero,
pasa fácilmente al través de los poros de la pipa y
sale de ésta más de prisa que entra en ella el aire,
produciéndose de esta suerte un vacío parcial que
determina la ascensión del agua en el tubo. Para que
el experimento salga bien, es preciso que la pipa esté
muy bien tapada, siendo muy conveniente cubrir el
tapón con una capa de cera.

··-

Jeta, índigo, azul, verde, amarillo, naranjado y rojo
(fig. 1, núm. 2 ). Visto por transparencia, el cliché es
negativo, es decir, cada color está reemplazado por
su complementario, el verde por el rojo, etc.
Como se ve, la operación es de una sencillez sorprendente. ¿Qué ha ocurrido en este experimento y
cómo explicar su resultado? M. Lippmann ha encontrado la teoría de su método en el principio de las
interferencias y en el hecho del coloramiento de las
planchas delgadas.
El mercurio, que forma espejo delante de la película sensible, tiene por objeto rechazar los rayos luminosos sobre sí mismos, con lo cual se produce
conflicto, ó hay, como dicen los físicos, inteiferenet'a
entre el rayo incidente y el reflejado, resultando de
ello en el interior de la capa sensible una serie de
franjas de interferencias, es decir, de máximos luminosos y de mínimos obscuros. Sólo los máximos impresionan la capa, quedando marcado su sitio por un
depósito de plata, de lo cual resulta que después de las
operaciones fotográficas.la capa sensible está subdividida por el depósito de plata en una serie de hojas delgadas cuyo espesor es precisamente el necesario para
producir por reflexión el color incidente que las ha
producido. Los colores producidos de este modo son,
pues, de la misma naturaleza que las delgadas paredes de las burbujas de jabón, por ejemplo. El número
de estas hojas delgadas varía según la naturaleza del
rayo luminoso: admitiendo que la película sensible
tenga un espesor de una vigésima de milímetro, la luz
amarilla formará en ella 200 hojas delgadas; si se
trata del violeta, el número de éstas será de 250; si
del rojo, de 156, con valores intermedios para los
colores intermedios (1 ).
El esquema reproducido en la fig. 2 , en el que
ampliarnos notablemente la película sensible, nos
permitirá señalar bien el fenómeno. Junto al mercu-

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

495

disposición se ve en las figuras B y C del grabado:
en la B se ve también cómo el movimiento del cilindro se transmite al contador por medio de una hélice
y de una rueda dentada. La fig. D representa una
ruedecita del contador.
Este aparato ha sido inventado por el capitán Osear Kustel, alemán residente en San Francisco, y su
principal ventaja está en la aplicación de las tres ruedecitas de fricción que se mueven en el espacio cónico.
(Del Prometkem)

EL TRABAJO DE UNA SEMANA EN BIRMlNGHAM

Gran sorpresa causa en verdad el examen de lo
que en un tiempo dado pueden producir las fábricas,
tales como están actualme,nte organizadas, gracias al
progreso industrial, máxime comparando esta producción con la que daban las fábricas análogas hace cincuenta años.

•

eurac1on

el
1 :wcoau

399

He aquí algunas cifras elocuentes sobre el trabajo
de una semana en Birmingham, ciudad situada, como
es sabido, en el centr@de los distritos más industriales de la Gran Bretaña.
En el corto espacio de una semana, es decir, en
seis días, acumúlanse en las fábricas los siguientes
productos: en primer lugar 14 millones de plumas
metálicas, ó sean más de 1 0 . 000 cajas llenas; luego
300 millones de clavos, un millón de botones de toda
clase y 5 millones de piezas de madera labrada de
toda especie. Las fábricas especiales producen 6.000
camas de hierro, es decir, en un año las suficientes
para proporcionar cómodo descanso á unas 300.000
personas; 7.000 fusiles, 1.000 sillas de montar, y además 20.000 pares de anteojos, ó sea cerca de un millón al año. A esto hay que añadir 6 toneladas de
objetos de cartón piedra, 5 de broches y pequeñas
anillas, 500 de pernos, tuercas y anillos de hierro
para toneleros, 40 de metal pulimentado, 40 de maillechort (metal imitac::ión de plata), 800 de objetos
de cobre sin contar con infinidad de artículos, como

GOTA
Y REUMATISMOS
' por LICOR
7 lu PILDOIIA8 u1
:La-v.lll.e
E&gt;'

pianos, objetos de fundición, coches para niños ruedas, ejes, cajas para guardar caudales, cerradura~ etc.
joyería por valor de 7 50.000 pesetas, 11.000 docena~
de guardafuegos, 3.500 fuelles, 130.000 gruesas de
tornillos de madera y 10 toneladas de alfileres (lo que
representa 100 millones de alfileres por día 6 5 ooo
millones por año).
Para terminar consignaremos algunas cifras curiosas. Las fábricas de Birmingham fabrican semanalmente 563 kilómetros de torcidas especiales que sirven para la fabricación de fósforos-bujías, de modo
que en un año han producido cerca de 30.000 kilómetros, es decir, las tres cuartas partes de la circunferencia de la tierra en el Ecuador. En cuanto á las
manufacturas de alam~re de hierro y de acero, prod_uc~n de éstos 6.436 kilómetros por semana, lo que
s1gmfica que al cabo del año han salido de ellas
350. 000 kilómetros aproximadamente, casi lo suficiente para establecer una línea telegráfica de la tierra
á la luna.

CLORÓSIS. -

&amp;

.,,,,1.... ti Nfldt .,,-.; lu •a.»oau,.. ti. . . " ' " '·

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Proto-Ioduro de merro es el reparador de la sangre
el :tortiflcante y el microbicida por excelencia.
'

Perlayor: F. COIIAR, 21, r11 llil&amp;-ClalM, PAllIS
hlllll -,1111111',~~¡;;¡~~:ja,:~

11 J arabeylas Grajeas con proto-ioduro de lierro deF. Gille,
no podn'an ,er demasiado recomendados en raiOn ele ,u pureia qMlmica d,
,u imdterabtlidact JI di su 1olubílidtUt constafltet.
•

1tll&amp; • !Mu lu hnlllu J tnptllu.-laillll l!lll •

¡r.ac,ta de lo• Hospital,s).
OEPóSITO GENERAL: 45, Rue Vau_!illlers_:_!'ARIS. DPp{)sito en todas las rarmaeiu.

F. FAIDEAU

-.....-

L.llT AIITbllÍLIQtl'I -

LECHE ANTEFÉL
APARATO PARA MEDIR LA DISTANCIA RECORRIDA
POR UN BARCO

·

;:.

Qutmica recreativa. - La difusi6n de los gases

NÚMERO

(De La Science J/lustrte)

GASTÓN TISSANDIER

(De La Nature)

495

..**
QUIMICA RECREATIVA
LA, DIFUSJÓN DE LOS GASES

La difusión es un renómeno de observación diaria;
por ella el olor del humo de un cigarro se mezcla al
aire de una habitación; ella hace llegar á nuestra
nariz los suaves perfumes que se desprenden de un
jardín cubierto de rosales en flor; ella también, pues
todo lo transporta con igual imparcialidad, nos hace
sentir los abominables olores de ciertas fábricas sobrado numerosas en los alrededores de las grandes
ciudades. Las corrientes aéreas desempeñan un papel
importante en la propagación de esos gases olorosos,
y según sea su dirección, el olor, bueno ó malo, llega
más ó menos rápidamente: la densidad interviene
asimismo en ello, lo propio que la desigualdad de
temperatura en diversos puntos.
Pero aun suprimiendo todas las causas que favorecen la difusión, los gases se mezclan rápidamente: así
lo ha demostrado Bertholet en un experimento célebre que data de principios de este siglo, y que vamos
á reproducir, bien que sin tomar las precauciones que
él y aunque no dispongamos de las cuevas del observatorio que le permitían operará temperatura constante.
Tomemos dos frascos de igual tamaño y cuyos golletes puedan cerrarse con el mismo corcho agujrreado de parte á parte en el centro: llenemos uno de
hidrógeno, y teniéndolo vuelto hacia abajo cerrémoslo
con un corcho preparado después de haber introducido previamente en él un pedacito de papel tornasol.
Llenemos el otro de ácido carbónico y tapémoslo con
el mismo corcho, manteniendo la abertura vuelta hacia arriba de modo que quede como cubierto por el
frasco de hidrógeno. Al cabo de algunos instantes,
el papel tornasol colocado en el frasco superior se
enrojece, prueba evidente de que ha habido difusión.
El gas carbónico á pesar de su gran densidad, veintiplata en granos visibles al microscopio y de un 'diámetro de dós veces mayor que la del hidrógeno, ha penetrado
muchas milésimas de milímetro.
en el frasco de éste.
(I) El espesor de estas capas es deo'ooo2omillmetros para
Esta difusión se llama sencilla, pues nada se opo•
el violeta, deo'ooc)25 para el amarillo ydeo'ooo3opara el rojo.

pm 1 ....i.11 '"lfU, llllfa
l'ECAII, LENT&amp;IAS, TEZ ABO
,6 SARPULLIDOS, TEZ BARROS

ºoe

La medición de la distancia recorrida por un barco es un problema cuya solución parece á muchos
difícil é incomprensible: el aparato que reproduce
nuestro grabado representa el mecanismo de una de
las mejores y más modernas correderas. A representa
el aspecto exterior del aparato completo que, como
se ve, consta de una caja de latón que por medio de
una cuerda se sujeta en la parte de popa ó mejor en
una percha fijada en uno de los costados del buque;
en el garfio que de ella cuelga y que por medio de
una articulación gira en todas direcciones, se fija un
cordel que se sumerge en el agua y que lleva en su
extremo una pequeña hélice: ésta al ser arrastrada
por el agua da vueltas sobre sí misma y por el cordel
hace darlas también al garfio, el cual está en comunicación con un contador encerrado en la caja. Este
contador indica exactamente el número de millas
recorridas, número que puede leerse por la ventanita
abierta en la caja. El hecho de que el aparato funcione lo mismo si es fuerte que si es débil el impulso

A~g::s~::=s
ROJECES

-

V

-- --------

EnfermedadBSdetPecllo

~ JARABE
ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ~
c.A.LL•
.r-•oüt,

D.B .iYOLi, l60, PA..BI8, W-

DE

P. LAMOUROUX
Ante,, Farmacéutico

t.5, Calle Vauvtlller■, Parta.

El Jm·abe de Pierre Lamouroux es
el Pectoral por excelencia
romo edulcorante de las tisanas, á
la.s cuales comunica su gusto agradable y sus propiedades calmantes.
(Gaceta de los Ho1pltales)

Farmacéutico, place .des Petits-Péres, 9, PARIS
PREPARACION
BSPl!.Cl.lL

para combatir
con ,1-.;ito

ESTRENIIIENTOS

Jarabe Pectoral

Erijar,e /iu
t(lja, de ho¡a tk /ala
Una cucharada
por la manana
y otra por la tarde
en la cuarta parta
de un vaso
de agua 6de lecb~

U CAJA: 1n.30

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

; PASTILLAS DE DETHAN

PATERSON
oa BISJIUTBO 1 MAGNESIA

Bemlllllldadu conlra 101 llalea de la Garg1111ta,
htillotonea de la Vos, Innamaolonea de la
Booa. Efeotoe pernloloeoa del lteroarlo, Irlaoion 911• produce el Tabaoo, y 1pecialme11te
i lo, S11n PREDICADORES ABOGADOS,
PBOFESOBEII y &lt;aNTOI\EB ~ra faeihl&amp;r la
ilnioion de la Yo&amp;,- PUGI0 : 12 Ruu,.

lla,IQfr ,n

'

COLICOS
'&lt;"~
lflR ITACIONES
'-&lt;ló ••
ENFERMEDADES En toda,
DEL HIGADO
la,
Y DE LA VEJIGA farmacia,

ENFERMEDADES

GARGANTA
VOZ y BOCA

I

GRANO DE LINO ·1 ARIN

todA• laoJ,'11,....110'41o

Bl .TA.RA.BB DB BRIA.NTrscomendauo desde su princtp10 por 101 profesores
Lailmeo, 'l'h•D&amp;l'd, Gursant, etc. ; ha recibido la conag!'_~6n del tiempo: en el
año iffi obtuvo sl priTUerto de Invención. VDDADUD Cllflll PUTDIAL con bue
de roma J dJ ll&gt;al&gt;olea, con-nene 1obrt!\to&lt;lo a 1u pel'IOnu ·c1,11cadu como
mQJert■ J niños. su ru1io excelente no per,ludtca en modo airuno 6. au !11.cacla
~ contra 101 IIIRUHI J todlll llll llfUJllllOUI del PICIO "I de lOS IITESTIIOS. ,,j

neeo-«ladoe conlra Ju A.teoclonea del E8t6·
mago, Falta de Apetito, Dlgeatlonea !abo•
rlOosU, Aoediu, V6mitoa, Eruotoe, y C6llooa:
regularizan laa Funolonea del Eat6mago y
de loa 11:Keetlnos,

a rotulo o firma

E1/tlr en el rotulo I frma de J. FAYA RO.

Adh. DETH.Uf, Farmaoeutioo eu PARIS

.&amp;.dh. DETHAN, Farmaoeutloo en P ABJ8

Dep61ito General : 45, Calle Tmillien, 45, PWS
Se rende en todas las buenas farmao/u.

SOCIEDAD

AP:IOL
de los orea JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/ore,, retr1101, 1upre1lone1 iJe las Epooaa, asi como las plrdidu.
Pero con frecuencia es falsificado.El APIOL

verdadero, único eficaz, es el de los Inventores. los nn• JORET y HOJIIOLLE.
MEDALLAS Exp" Unir"' LON DRES188Z-PA R/81889

far&amp; BBUBT, 15D, m deBlvoU, PillS

•• Fo•e■to
•.N1d,U1
d1fn,

JARABE Y./ PASTA
de H. AUBERQIBII

•• ■ 1110

"

,

.. aooo "·
111 ~ (J111 ....._ 111 L1■■A~r:,-d•l'Orla.Aoadeata••.....,_ ....... , ....
O
,,.76rmalu.r..pl•pa,,....Nwfl:dr,:fal.rd'::'~~- •INO•
....
•·
-••taa4,
e Una comp¡.... 1Jlpocu1dadt una 'delol,a ""9clam•II
""6/fltfco, IU ~~''"· Catarro,, .,,...., !ro, . . . . . " " ~ l aen el CalOl'f'e
l!ID¡ead.O al Jil.A.BE '1 PASTA de AUBBRGm una Inmensa Cama e
prpnta, hall
(•1r■t11 ul Fo,alll1,w 11,-,, U S-• Boularut Hlll~N u la Fuwlc.4 4i Mi 1,· • -.. 1,· •
Venta por mayor: COILUl Te-, 11, Calle de Si-c!aude, p~•,-• ioi3J,
D~S~O D ~S PlllllCJPAUI BOnCu
~ \:, ~ \Y'\_•fY..¡

~E~!NMI!~~ J,!!1!,~paruea.

m

VINO FERRUGINOSO ARDUO
.J..~~=~•1
=
:=:.,9::: .,_.,el.._
e1"'.::u1::.:T:1Tr:::a
x,,.,.,..,,,,,.,. m:
T 00W TODOS tol

D

ll

e

A

oonaULuye

Aparato para medir la distancia recorrida por un barco
que recibe el cordel y por ende el garfio, es muy importante para la obtención de datos exactos. Para
ello, en el interior de la caja el cilindro que se apoya
en el garfio está colocado sobre pequeñas ruedas .
situadas ·ef! un espacio perforado cónicamente. Esta

el

nnccm°" IIUTafflTOI n

r.t.

GAUB

Dles aflol 411 ano eaa&amp;IDuldo 1 1aa Ulnwlow 118
1a
y la
~
'1
~~

~:;'rJ:;'

~=

An==•·
ea, en'
etedo,1elaumenta
ÚDl:"°que reuJ
dé
coordena
OOD81clerablemen&amp;e 181 ~
rue ,-~~-re"'
•-eoe -:!!1-..
orpn.01,

Querido enfermo. -Ffese Vd. á mi larga eiperlenoia,
y haga uso de nuestros GRANOS de SALUO, pue, ello,
le curar4n de ,u ~onst1pao/on, /e darán apetito y fe
dero/rer4n el suen&amp; 1 la a/egr/a. - As/ r,virá Vd.
mucho, años, d11frut1ndo 11empre de una buena salud,

la~~~ a la 1111111'9
hr••or.•fuia, e11 cuade J. FBllll,Fll'IIIICeltico, tOl,rw Ricbe1iea, S...4t
em

da 1 deacolortda: el Y(lor, 1a e ~ y

a

VDDa lllC TODü LU ftlffllll'ALU IIO'l'la48

EIIJlSE

:=

11

1

ARDUO

PartlCIJ:!llndo de las propiedades del Iodo
del Hierro, estas Ptldoras se emplean
eSJ)CCialmen te conLra 11\S Eacrofulaa la
Tisis Y la Debilidad de temperame.;to
asi como en todos los casos(Pailtdo• colorea'
Amenorrea, ••), en los cuales es necesar!Ó
obrar sobte la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya. para
provocar 6 regularizar su curso periódico.

'1

.lllODD.

~f"/1,,?J)s rarmacenuco, en Part&amp;,
~ Rue Bonaparte, 40

El ioduro de hierro Impuro 6 alterado
Nomo
• B• es un medicamento infiel Irritan te.
prueba de pureza y de autenticidad de
é

C
1

as Y-erdaderas Pildora• de 11lancard
exigir nuestro aello de plata reactiva'
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde Y el Sello de garantta de la Unl6n de
;:.:~:,i-loantn para !&amp;represión de J&amp;!alai-

ou

IUU.AK U TOD.U Lil Pil.lliQUI

�400

LA ILUSTRACIÓN

ARTiSTICA

N ÚMERO

LIBROS ENVUDOS

495

derno 4.' de esta obra
indispensable para quienes se dedican al estudio
de esa rama de la ciencia¡ en otras ocasiones
nos hemos ocupado de
ella, por lo que omitire•
mos nuevos elogios.
Suscríbese en casa del
editor D. Vicente AgJ1lar (calle de Caballeros,
1, Valencia), y en Barcelona en la librería de
D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5.

Á ESIA Rl,.UACCIÓN

pu 1110111 • eliloru

MASINI. APUNTES
!'ARA LA IIISTOKIA UE
K~TE CA'STA'-'fE,j)ordon
Enrique Sti11.-/u: To"es.
- Forma un folleto de
48 páginas que se leen
con gusto por la ameni•
dad con que está tratado
el asunto y el conocimiento que del arle Urico demuestra poseer el
autor.
Su precio una peseta.

•••

•••
EL ENANO NE(,RO,
:'liO\'ELA DE \\'ALTER
Scorr, traducción de Pere_rrfo Mora. - La B1IILIOTECA SELECTA, que
con tanto éxito publica
en Valencia D. Pascual
Aguilar, se ha a~mentado con esta preciosa novela del insigne escritor
escocés. Nada hemos de
decir de ella, pues el
nombre del autor ~s la
mejor garanl(a del interés que despierta.
Esmeradamente t raducida, forma un tomito
de más de 200 páginas,
que se vende en la _librería de D. Arturo S1m6n,
Rambla de Canaletas, 5,
y en las principales de
España, á 2 reales,
nAco, escultura de D. Venancio Vallmitjana (de fotografla de D. Juan

•••

AIRES llEL A\IPURO,(, POESIAS CATALANAS PREMIADAS,
far IJ. Erandrco Afarull. -Los premios en públicos certámenes obtenidos por las poesías que contiene ese libro son su me•
jor elogio; las hay de todof gt:neros y en todas se descubre
inspiraci6n versificación facil y correcta y elevados pensamientos. '
Véndese al precio de 2 reales.

I

putado escritor americano D. José Ferre! ha estudiado en
esta novela el proceso del vicio del juego¡ y aunque el asunto
no es nuevo, ha sabido dnrle unn forma interesante, retratando
e_l tipo i;lel protagonista de una ma~era notable. El int~rés del
libro no decrece un punto, notes bien aumenta progres1vemente á cada capitulo: además está escrito en elegante estilo.

ZARAGOZA ARTfSTI·
CA, MONUMENTAL É
IIISTÓRICA, por A , y P.
Gascón de Color. - Los
cuadernos 21, 22 y 23 de
esta interesante obra últimamente recibidos contienen, además del notable texto correspondiente, seis preciosas fototipias, que representan: el
Santo Cristo de la Seo,
el convento de Santa
Lucía, In custodia de
plata de In catedral de la
Seo, la capilla de Santa
María la Blanca en la
propia catedral, una arquilla del Renacimiento,
propiedad de la casa
Rau de Viu, y una casulla de tisú de plata bordada en sedas del templo
de la Seo. Hay además
reproducidos en el texto
dos facsímiles de otras
Marti)
páginas de códices árabes de los años 534, 891
de la Héjira y otro de
una página de un códice aljamiado del siglo X\'I de la Era
cristiana.

•••

lNOKPENDE:-1CIA DEL l'OUER JUDICIAi., por D. Anlo11io
Aguilar, - El distinguido letrado Sr. Aguilar ha publicado las
dos conferencias que con tanto aplauso di6 en las noches del
•••
TRATADO DE QufmcA BIOLÓ&lt;,ICA, por Ad. IVurt;, lrad11c- r 5 y del 22 de abril ultimo en el Ateneo de Madrid.
El folleto ha sido editado por D. Fernando Fe, de Madrid,
LA l'AÍ n.\ llE u:- ,\:-IGEI., 11oz•t!a por D. fose Ferre/. - El re- ción de lJ Vicmle l'e_set y Ctrvtra. - Se ha publicado el cuny se vende al precio de r peseta 50 céntimos.

•
••

Las 08.8&amp;8 ext raajeras que deseen anunoiarse en LA ILUSTRA.OIÓN ART1STIOA diríja.nae para 1.ntormee á los Sres A. Lorette, Rue Oaumart1n
n úm. 61. París.-Las

08888

E8TREÑ.ll\/EDEJNTO
1' Afeedonu
~

...
oo• •• oo••oo••ala
C UR.ACION

~(\11,
~\Jl),

,.,.

ñiaI.rii w\\ -1\.\1 \\lc,0u~
1, \\t~ ou""' o.,..,.

1\~J O' \.•,..

llrtddlt H••
1d11/~lff,1 f1off111ent,
0 ,\.
12 truoo ooau. . so 116-.

~AUl,8, A " " " ' " , _ , , , ~

espafiolaa pueden haoerlo en la oficina de publicidad de loa Brea. Oalvet y O.•, Diputación, 368, Barcelona

Jarabe Laroze

Lu

Pennu ,.. CODGU1 lu

DE CORTEZAS DE NIAINJIS IMIAGIS

PILDORAS~~DEHAUT

Desde hace mu de 40 aftoa, el Jarabe Larou ee prescribe con 6xl~ par
todos los médicos para la curaclon de Jaa gutritfa, gut.raIJl.u, dolor•
1 retortljonea de estómago, e■treñimlentoa rebeldes, para facilitar
la ~geatlon 1 para re¡ulari.zar toda, laa funciones del eatóma¡o y ele
lo• mt.es\inoa.

Do ti_tubean en plll'garse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cauBancio, porque, contra lo que sucede con
l(!s demas Plll'gantes, este no obra bien
smo cuando se toma con buenos alimentos
Y bebidasfortificantes, cual el vino, el cal~,
ebl té. Cada cual escoge, para purgarse, la
ora y la comida gue mas le convienen,
segun ,us ocupac1one1. Como el causan
c10 q-ue la purga ocasiona queda completamente anuladopor elelecto de la
buena alimentacion empleada, uno
se decide f ácilmente d volver
4 empe,ar cuantas veces
sea necesario.

,

JA.RA.BEJ

a1Brornuro de Potasio

• 11&amp;iDADESde1Esro~

~~

\ ..

#pf''º

• lt

Pepsina Boudault
!prebada por la füDEIU DE IEDICIIU

DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

!11 et remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, hiaUlria, migraña, baile de 8•-Vito, iDaomntoa, coa'Y11laionea y toa de los níJios durant.e la denücion, en una palabra, todas
1u afecciones nemoau,

DE PARIS

t, nie des Lions-St-Paal, l Paria.

Füm, lspediciones : J.-P. LAROZE

Deposito en toda.a IN prlnclp&amp;Jea Bottcaa y Droguerfu

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
M-.lallu •• lu Bspo, lelonu laluuefooalu d•

PUIS • LTO!i • YIEU - PIIIUDELPIIU • PARIS
1887

18n

1873

llr.'6

tr.a

CON I L ■noa b 1ro u , ua
DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

•• n,u-1

1' OT&amp;Ot DUOl.l)INII DI U DI0IITIOS

BUO LA FORIIA DE

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDÁULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PillS, Pbarmaaie COLLAS, S, rae Dauphlae
., f m 14, prl•cfpalt, fa,.,.,cfa,.

CARNE y QUINA

11 ~ 1W repnlor, 1111ido al Tómoo 11111.,._

VINO ARDUO CON QUINA

T CO!f TODOII I.OI nmamos fflJTlUTJTOS IOLtJBLBS Da L4 CARNE
Cl.ta.n y •IID• 1 1011 101 elementoe que entran en la comDOatdon 4e eaie potente

l'eparador de Ju fuenu 'fil&amp;lea, de este ferai■•-ee ... -•fe■ela. De un iruato aumamen&amp;e a,radable, • 10t&gt;erano contra la Á Mm'4 Y el Á1'0CfSmtento, en Iu Calentura,
y C M , ~1 contra Ju ~f'f'IIU 1 lu Áfect1lYitu del 81totlfago 11011 ,ntuttna,
cuando 1e tra-ia de delpenar el al)étl.to, uerwv Ju dlgeattonea _reparar las tuérzu,

~J::; :~~~C:,.,~~~g~J-:.:.'3ee;1!1~~8e_¡1~e:¡u pro,o1

Soberano remedio para r!pida curacion de las Afeocionea del peoho,
Catarro1,llal de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatiemos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

ltw -,w. • Paria, ea usa u J. FERU, Farmauutico, tO!, ru, Riüeliea. &amp;caorddllODD
sa VDDI U TODAS L.lS PIUNOIPALU BoT1au.
•

_EXIJASE e1i: t': 1 ARDUO
0

PATE EPILATOIRE DUSSER

destnlJe h ita fu flAIC•a el VELLO del n..tro de lu daau (Barba, Blrqt,, ._&gt; 11
lhi¡,tn pdi¡ro para el C11tla. 10 .Año■ ele áxtto,ymllluu de tnU11011ioa 111U11wt la dcacla1
de al.a pri,aradoa. (S. ftld, ea taJU,JIUI la barba, J 111 1/2 HJ•• pera el blpt&amp; IJre,o). Pan
loe bruOI, 111plu el l'lLlf'Ull.1&amp;. DVaBER, l ,rueS..J.-1\ou-u,Pana,

Quedao reservados los derechos de propiedad art(stica y Jitcmia

htr.

IJJ MOlHANJI y SlMÚlf

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46808">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46810">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46811">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46812">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46813">
              <text>495</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46814">
              <text> Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46815">
              <text>22</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46831">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46809">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 495, Junio 22</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46816">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46817">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46818">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46819">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46820">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46821">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46822">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46823">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46824">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46825">
                <text>1891-06-22</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46826">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46827">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46828">
                <text>2011657</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46829">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46830">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46832">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46833">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46834">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7390">
        <name>Análisis de los vinos</name>
      </tag>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="7388">
        <name>Eduardo Rod</name>
      </tag>
      <tag tagId="7306">
        <name>Emilio Castelar</name>
      </tag>
      <tag tagId="7392">
        <name>Fotografía de los colores</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7391">
        <name>Manómetro metálico de M. Mignot</name>
      </tag>
      <tag tagId="369">
        <name>París</name>
      </tag>
      <tag tagId="7348">
        <name>Química recreativa</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1777" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="655">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1777/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._496._Junio._0002011664.ocr.pdf</src>
        <authentication>81c5ab7ff25c7198db1094f89a6d0d92</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73948">
                    <text>. itrtQC10t) ·

a

o

s

e

Ftí~ttetl
A:Ro X

BARCELONA 29 DE JUNIO DE 1891

•

,.

!FUE UN ARTISTA!, cu a dro d e D. J osé García Ramos
(Exposición gencrnl de Bellas Artes de Barcelona)

NÚM. 496

�LA

402

!LUSTRACIÓN A RTISTICA

N úMERO

496

do en guerra microscópica sus tenues y aladas indi- todo lo que hay en el uno hay en el otro: las mismas
vidualidades? ¿No se ve cuando las ondas sonoras partes, la misma forma, las mismas dimensiones: ¿hay
Texto.-La simetrla, por José Echegaray. -El gran poeta, llegan al tímpano y después al nervio acústico, cómo nada más igual á un objeto que su imagen?
Esto dicen todos, y dicen un despropósito: debiepor Enrique Fúncs. -La !erra de cambio, por J acobo Sales. se acomodan ó no se acomodan sus vibraciones con
- SECCIÓN AMERICANA: Lima, por A. -Bocetos. Las olas, los sistemas materiales que han de sacar del silencio- ran decir: ¿hay nada más opuesto á un objeto que su
por Juan O. Neille.-Nuestros lfYabados. - Vizcondesa. No- so equilibrio en que se hallaban? Yo bien sé que imagen? Se componen sí de los mismos elementos,
vela original de León Barracand con ilustraciones de Emilio todos estos admirables trabajos, por admirables que pero ordenados de un modo inverso: la derecha es
Bayard. - SECCIÓN CIENTIFICA: Qu{mica rec1·eativa. La di- sean, no resuelven el problema por completo; pero izquierda, la izquierda es derecha: la imagen de una
fusión de los gases, por F. Faideau, -Algo sobre el oro. -El sé también que son factores y datos de los cuales no persona en un espejo tiene el corazón á la derecha,
&lt;oje,d(111 de amia11to, por X.
podrá prescindir nadie en adelante al hablar de la ó lo tendría si tuviese corazón; pero ya se comprenEstética musical, sin caer en viejas y gastadas vulga- de mi pensamiento.
Grabados.-¡Ful "" artista!, cuadro de D. José Garcia ridades, unas absurdas, otras profundas, pero que
¡Y qué papel tan importante represen~ la simetría
Ramas (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - seguirían siendo estériles sin el apoyo de los nuevos
en la arquitectural Tirad en un templo griego una
La vmta del sevillano, cuadro de D. José Moreno Carbonedescubrimientos de la Física, de la Acústica y de las vertical por el vértice del frontón y tendréis dividida
ro ( Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890). - Los
Matemáticas.
la fachada en dos partes. En dos partes, dice el vul/111lrfa11os, cuadro de D. Fernando Cabrera. Remitido por
¿Se
me
permite
un
arranque
que
á
muchos
parecego y el que no es vulgo, perfectamente iguales; en
el Estado para la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona. - Exposición de plantas y flores que se celebra actual- rá disparatado y aun brutal?; pues aunque no se me dos partes simUricas dice la Geometría.
El instinto de la :;imetría es primitivo; quizá arranmente en los jardines del Parque de Barcelona, bajo los aus• permita, allá va. Más luz da sobre el problema de la
picios de la Sociedad Catalana de Horticultura. Dibujo y belleza, y aun sobre ciertas cuestiones metafísicas, la ca de profundas leyes abstractas del espíritu humacomposición de D. Nicanor Vázquez. - La catedral de Lima, fórmula de Fozm'er sobre el desarrollo trigonométri- no. Un edificio cuyo frente principal no es simétride fotografia remitida por D. Salvador Teix. - D. fosl Pa- co de las funciones periódicas, que volúmenes ente- co, parece que es incompleto, parece que se cae;
yd11, gerente del Banco del Callao en Lima. -E11 oración, ros de antiguas lucubraciones; admirables, si se tie· hace daño á la vista, es una perturbación de esa idea
cuadco de Carlos Ulrich. - Un viejo 111011/e, cuadro de Veláz- ne en cuenta la época en que se escribieron, pero del orden que lleva en sí todo cerebro. Sí, Hegel
quez, grabado por Margarita Jacob (Existente en el Hermi- deficientes cuando menos, y acaso infantiles, cuan- tiene razón: cada idea, cada ser, cada fenómeno, exitage de San Petersburgo). - Cuatro finos grabados de Huyot do con la ciencia moderna se comparan.
ge y provoca la idea opuesta, el ser negativo, el feque representan otras tantas escenas de la novela que con el
Es
que
hoy
las
ciencias
se
apoyan
unas
en
otras
nómeno contrario, ó como aquí podríamos decir,
titulo de Vizcondesa da principio en el presente número. como férreo armazón para trepar á las alturas, y que cada parte pide la simétrica.
Química recreativa: Fig. I. La difusión de los gases al traJugaba yo cuando niño á un juego muy curioso,
vés de las paredes de una pipa de tierra. - Fig. 2. La fuente en este andamiaje de la experiencia y de la lógica, las
maravillosa. -E11 la playa, cuadro de D. F. Miralles, gra- matemáticas representan papel importantísimo; es muy instructivo y que encierra un gran problema esque cada día se extiende más y más, no diré su po- tético y aun filosófico.
bado por Sadurn!.
der, pero cuando menos su influencia. Yo creo que
Tómese una hoja de papel: dóblese por la mitad,
llegará un día en que saber matemáticas será hasta con lo cual se marcará un eje ó línea media, la del
precepto de buena educación, y no me extrañará que doblez. Y en seguida en uno de los lados ó mitades
LA SIMETRIA
cuando ese día llegue, se oiga decir que, por ejem- trácese cualquier figura, por caprichosa, por extravaPOR JOSÉ ECIIEGARAY
plo, no se invitó á D. Fulano de Tal á una soMe ó á gante, por irregular que sea; y si no lo es, lo mismo
un banquete, por ser persona de educación muy des- da. Por ejemplo, el medio contorno de un jarrón, y
Yo creo firmemente que los hechos estéticos están cuidada: t qué quiere usted?, no sabe ni integrar una sobre él unas cuantas líneas figurando flores, tallos,
sujetos á leyes, ni más ni menos que todos los fenó- ecuación en diferenciales parciales, se dirá quizá, como hojas, y al costado un asa.
menos del orden moral y que todos los del orden hoy pudiera acusársele de no usar frac y corbata
Por último, antes de que la tinta se seque dóblese
físico: lo arbitrario, lo caprichoso, lo casual no existe blanca. Y permítaseme esta fantasía matemática.
el papel y oprfmase fuertemente una parte contra
para mí en ninguna esfera del cosmos; ni en sus granRecordemos todavía los estudios biológicos ó de otra. Y con ello tendrá, el que esto lea, la receta
des evoluciones ni en sus agitaciones mínimas: la ley psico-física sobre el placer y el dolor. En la vieja fi. para hacer un dibujo artístico, aunque el amable
y el orden reinan desde los espacios planetarios losofía ó en la literatura clásica, ¿qué es el dolor? lector con toda su amabilidad no tenga nada de arhasta el último y obscuro rinconcillo en que se des- ¿qué es el placer? ¿Cómo se explican estos misterio- tista ni de dibujante siquiera.
pereza el más insignificante microbio; desde las cícli- sos fenómenos? La verdad es que no se explican ni
Se consiguen de este modo dibujos muy curiosos,
cas catástrofes de la historia hasta la salvaje pedrea poco ni mucho. Palabras, frases, imágenes, declama- muy pintorescos, casi bont'tos, y sobre todo de una
de unos cuantos zagalejos de lugar.
ciones, arranques poéticos, lamentaciones líricas. regularidad perfecta y de una perfecta simetría.
Decir que algo es, equivale á decir que está sujeto Pues si no pueden explicarse ni el dolor físico, ni el
Y agréguese á la simétrica lo inesperado de los
á ley; y si tal es mi creoncia invencible, claro es que placer de los sentidos, ¿cómo ha de explicarse la caprichos que resultan al extenderse la tinta bajo la
no he de forjar absurdas excepciones para las mil y emoción estética, que es más profunda, más inexpli- presión, en matices, filigranas y .claro-obscuros delimil manifestaciones de la belleza.
cable todavía que el estremecimiento de los nervios ciosos.
De aquí resulta que existe la Estética, digan lo ó la contracción del músculo?
Horas y horas pasaba yo en este entretenimiento,
que quieran y piensen lo que pensaren los moderníEn resumen, la Filosofía, la Metafísica, la Estética, consumiendo pliegos de papel, tinta y plumas, y reasimos defensores del caos universal.
todis las grandes síntesis del pensamiento humano lizando prodigios de simetría con sólo trazar lineas
Mas aún: para mí la Estética participa del doble necesitan hoy una base más sólida y más extensa irregulares: ya eran jarrones, ó mejor dicho, semijacarácter de casi todas las ciencias: es experimental y que en los tiempos de Platón, ó de los escolásticos, rrones etruscos, pompeyanos, árabes ó egipcios, sin
es filosófica; como la Física, arranca de los hechos; ó que en la época de los espiritualistas de la escuela tener la menor idea del resultado, ni sospechar que
pero ~orno la Física, necesita para forjar -sus grandes cartesiana.
existiesen todos estos riquísimos estilos; ya resultasíntesis al elemento puro, al método a priori á la
El asunto es sobrado complejo para ser tratado en ban escudos más espléndidos que todos los de la
metafísica futura, si no le basta la tradicionaÍ· á la unas cuantas cuartillas; pero bien puedo,. á fin de Heráldica y que cuantos trajeron los cruzados; ya
hipótesis trascendente, si no le basta, como no l; bas• aclarar mi pensamiento, acudir á un ejemplo senci- daba vida á animales fantásticos con muchas alas,
tará, con las realidades positivas.
llísimo y grandemente simbólico. Ni más ni menos muchas patas y muchas antenas; ya construía fachaY entre uno y otro límite, entre el estudio prácti- que el que sirve de epígrafe á este artículo: La si• das de edificios índicos, egipcios ó chinescos, totalco y minucioso de los hechos estéticos, lo mismo de 1mtria.
mente imposibles, pero de irreprochable sim~tría.
los naturales que de las obras artísticas, y las granLa simetría es un concepto geométrico, pero de
Esto es un juego, un capricho infantil; y sin emdes síntesis filosóficas desde Platón á Hegel, se esca- todo punto vulgar.
bargo, un gran problema palpita en el fondo.
lonan como auxiliares y preparatorias las ciencias
Todo el mundo tiene idea más·ó menos precisa,
La figura que yo trazaba, es d~cir, la media figura
matemáticas, físicas y biológicas; no sólo como amci- pero clara é inconfundible, de lo que esta palabra de lo que había de resultar, era absurda, desatinada,
liares de la parte ttcnica de este ó aquel arte, sino significa.
un soberano mamarracho: líneas sin continuidad ni
con mayores ambiciones y más amplias esferas ante
Un objeto cualquiera se presenta á un espejo; belleza, contornos que no eran contornos de nada,
sí: como factores ineludibles de la Estética futura.
pues el objeto y su imagen son simétricos.
borrones esparcidos, marañas confusas, lo imposible
Hoy todos estos trabajos son memorias sueltas,
Un árbol inclina su ramaje sobre un río que corre como dibujo, el caos de la ornamentación geométrinotas más ó menos extensas, monografías técnicas; lamiendo sus raíces; y bien: el árbol y su reflejo son ca, el sueño de un espiritista trazando garrapatos; ni
pero en el fondo s&lt;;m rayos dispersos de luz, que ilu- simétricos de igual modo que en el ejemplo anterior. un átomo del más mínimo elemento estético ni simina parcialmente esta ó aquella fachada del misteLas dos manos de una persona, ni más ni menos quiera de sentido común.
rioso templo, mientras llega el día en·que todo él res- que si una de ellas fuese la imagen de la otra, son
Y sin embargo, se doblaba el papel, se repetía en
plandezca con luz cenital.
dos objetos simétricos, como en todos los casos pre- la otra hoja la maraña de líneas, y el dibujo se transRecordemos, para convencernos de esta verdad, la cedentes. En el lenguaje vulgar se dice que las dos formaba por encanto.
aplicación de la Geometría á las artes ornamentales; manos son iguales, pero esta afirmación del sentido
No quiero decir que resultase un primor de arte,
la misteriosa corriente de fuerza que la Mecánica hace común es completamente falsa.
un dibujo de Rafael, ni un cartón de Miguel Angel;
circular por entre las masas de piedra, ladrillo y hieNo: ni el objeto y su imagen, ni el árb0l y su re- pero digo y afirmo que el primitivo mamarracho se
rro en los grandes monumentos; las exigencias cada flejo, ni las dos manos son iguales: son únicamente transformaba. Era una cosa fantástica, extraña, pero
vez mayores de la pintura moderna en punto á pers- simétricar La igualdad se prueba por la superposi- que por la primera impresión agradaba á la vista.
pectivas, comparadas éstas con aquellas perspectivas ción ideal, y las dos manos, aun suponiendo que fueAntes, ningún elemento estético; después, cierta emoverdaderamente cándidas é iafantiles de muchos sen penetrables, no podrían coincidir superponién- ción estética, humilde, modesta, ínfima si se quiere,
maestros inmortales.
dose.
pero transparentando algo, así como el germen conRecordemos aún los estudios matemáticos y físicoSi el pulgar había de coincidir con el pulgar y cada fuso de la belleza.
matemáticos de Helmholtz sobre la Acústica en sus dedo con el análogo, la palma de cada mano iría á
¿Por qué repitiendo un mamarracho resulta algo
aplicaciones á la Música. ¿No parece que casi está parar al reverso de la otra. Y si quisiéramos, para que ya no lo es? ¿Por qué la fealdad, cuando menos
descubierto el misterio de las bellezas musicales? ¿No realizar esta superposición imaginaria, que coincidie- mejora multiplicándose? ¿Por qué aparece aquí la ley
se diría al leer ciertas páginas del gran sabio alemán sen las palmas; los dedos cambiarían de posición y inversa que en la teoría de la luz?
que ya se ha penetrado en las profundidades metafí- el pulgar de la una iría al dedo pequeño de la otra y
En la Optica se dice: luz más luz á veces es obscusicas de la armonía y de la melodía, sacándoTas á luz viceversa.
ridad; y aquí resulta que fealdad agregada á fealdad
convertidas en fórmulas matemáticas? ¿No está allí
No, los objetos simétricos no son iguales, son todo hace brotar en mayor ó menor grado la belleza. ¿Por
escrito el por qué se armonizan los sonidos ó el por lo contrario que iguales: son opuestos.
qué será esto?
qué luchan obscuramente unos con otros destruyenY sin embargo, parecen iguales á primera vista;
Yo creo que la explicación será difícil, pero no im-

N úMERO

LA

496

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

\

SUMARIO

(

...,

t
LA VENTA DEL SEVILLANO, cuadro de D. José Moreno Carbonero (Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890)

posible. Mas aún: existe una ley fundamental de la
Estética, que puede servir para interpretar el extraño
fenómeno que hemos señalado; ley vulgar y harto sabida, que todos los autores repiten y todos manosean,
que ha venido á convertirse en uno de tantos lugares comunes, pero que con todo eso es profunda y
verdadera. La unidad en la variedad, dicen metafísi ·
cos y estéticos, y los escritores de segundo y tercer
orden lo repiten con la solemnidad con que se repiten las cosas que no se entienden bien, pero de las
cuales se tienen ciertos atisbos. Pues la simetría es el
símbolo geométrico de esta ley.
¿De qué manera? En otra ocasión lo diremos, en
esta nos falta espacio y quizá nos faltaría la paciencia del lector.

EL GRAN POETA
(A MI QUER!DO AMIGO DON MIGUEL PEREVRA)

( Vox populi, vox Dei)

1

¡La Belleza! ¡Resplandor inextinguible de la radiante faz del Creador Supremo; astro refulgente y
eterno que va alumbrando á la Verdad absoluta y al
Bien infinito; propiedad inefable y esencial del Ser;
luz y verbo y acento y armonía de la Naturaleza Universal; flat lux sublime y misterioso, que al brotar
de la palabra divina, llenó de sol el pensamiento humano, haciéndolo imagen del Eterno, y su querida,
aunque remota, semejanza! ¡Nimbo de su invisible y
luminosa frente, que alumbra y guía al hombre por

la riesgosa senda que ha de recorrer, cubierto de sudor y de sangre, en su tristísima peregrinación, llevándolo al cumplimiento de su providencial destino,
y generando así la más elevada y la más verdadera
de las religiones, la que nos acerca más á Dios!
Y como el Ser eterno y absoluto no es cosa distinta del Bien y de la Verdad supremos ni de la Belleza infinita, y el Ser es todo y todas las cosas están
en Él, todas reflejan, aunque pálidamente, la luz radiosa del divino rostro y de la celestial y olímpica
mirada; y la Naturaleza entera, espiritual ó cósmica,
se viste así de espléndida hermosura.
Mas ¡qué impotente la belleza sensible de los seres para elevarnos hasta el remedo de la divina
semejanza! Encantados en el externo cosmos de la
belleza material, y anulados ante la grandeza terrible
y abrumadora de los mundos, acaso presintiéramos

L

i.os HUÉRFANOS, cuadro de D. Fernando Cabrera. Remitido por el Estado para la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona

�LA

-

al Ser inmortal, oculto y providente; pero ¡cuán lejos
todos de su más limitado conocimiento, y cuán distantes de rendirle adoración en culto fervoroso!
Intangible sí, pero más grande la belleza del espí
ritu, nos acerca á la región suprasensible donde tiene
su trono la del Ser que la esencia y constituye; mas
si el que anima al hombre no tuviese sobre todos los
seres finitos la propiedad a~gusta de realizar por sí
mismo la belleza, haciendo atravesar las luces esplendentes, que en la Naturaleza Universal ella derrama,
por el prisma misterioso de su adivinadora fantasía,
¿cómo recoger en la pantalla mágica de su pensamiento, allá en la cámara obscura de su conciencia,
el espectro irisado y deslumbrante de la belleza soberana?
Ardiendo así en la llama sacratísima de la inspiración, puede el hombre, á quien Dios hizo libre, inteligente y poderoso, ordenar y sistematizar por su pensamiento racional su actividad externa; combinar elementos, ya palpitantes en la realidad; sentir, por medio del simbólico panorama de la belleza finita y objetiva, la suprasensible y absoluta, y ora robando á
la materia el tesoro escondido de la· forma plástica,
ora sorprendiendo los secretos del tiempo y del espacio para informar allí sus creaciones, arrebatando
colores á la luz, al sonido la nota y la palabra y al átomo la fuerza y el movimiento, puede asimismo pronunciar sufiat fecundador y prepotente, al encender
el faro luminoso del Arte estético, por el que manifiesta la belleza suprasensible del Ser en forma simbólica y externa; del Arte, en fin, que como escala
de Jacob, desde la tierra nos dirige al cielo.
Y así, con ser artista, es el hombre remota imagen,
pero imagen, al fin, del Ser Omnipotente.

píritu le plugo presentarle; y Dios hará imposible que
deje de realizar los fines de la Moral y de la Ciencia,
y que reniegue de las leyes que el poder infinito impuso á su creación inmensa y perdurable.
Libérrimo también es el poeta para informar las
suy:is, ya arrancando á las cuerdas de su lira notas
cadenciosas y rítmicas con la armonía sublime de los
versos, ya dejando á los latidos de la palabra el ritmo
natural y espontáneo de sus acentos.
Pero ¿qué sendas conducen á tan sublime artista
para llegar á la realización de la belleza poética?

II
¡El Artista! Peregrino que va delante de los hombres guiándolos á la tierra prometida; fuente donde
aplacar la sed de lo infinito, no saciada en los manantiales del pensamiento; cuerda de arpa mágica y
celeste, rota por el sacudimiento de guerras y revoluciones, pero que lanza torrentes de armonía cuando
los sonoros acentos del trabajo pronuncian la palabra
redentora; sabio de quien sacamos grandes enseñanzas; sacerdote que ofrece á Dios nuestro propio corazón en holocausto; profeta que nos señala el rumbo
de nuestros extravíos; despertador de la fe dormida
y animador de la esperanza muerta; depositario fiel
de nuestras lágrimas más ocultas, de nuestros más
recónditos anhelos, de nuestras más secretas idola·
trías; mártir perdurable de la forma, siempre vencida
al fin, pero rebelde siempre, que si en la estatua sorprende nuestra humana naturaleza con admirable reproducción, en una idea, en un sentimiento, en una
palpitación de nuestro ser, en el cuadro retrata con
la luz el universo que abarca la mirada, prendiendo
en rayos de sol la manifestación externa del espíritu;
así como en la sinfonía llega á las profundidades del
sentimiento, ya que no tenga poder bastante para
encerrar en sí la inteligencia y el mundo material;
como en el templo nos hace sentir y pensar y arrodillarnos y adorar á Dios, y así como en la plegaria y
en el poema puede abarcar la creación entera, realizando la belleza más grande que plugo á Dios realizara el hombre.
Y así, hay uno más bueno, más bello y más sabio
y más religioso y más semejante al Ser supremo que
los otros hombres: el Artista.
Y así, hay un realizador de la belleza, del bien y
de la verdad más grande y más hermoso y más cerca
de Dios que los otros artistas: el Poeta.

III
¡El Poeta! Creador poderoso, sí, cie la belleza más
deslumbradora y suprasensible que el mortal puede
concebir y realizar dentro de su finita condición humana; espejo fidelísimo que todo lo refleja, luz que
todo lo ilumina con radiosas y celestiales fulguraciones; pintor de todos los cuadros; escultor de todas
las formas; músico, que combinando todos los sonidos, los armoniza y reproduce con amorosa delectación; escudriñador de la conciencia, propagador de
todas las ideas, creyente fervoroso de todos los cultos, apóstol de todas las gentes, redentor de todos
los cautivos, agitador de todos los pueblos, latido y
verbo de la vida entera.
Libre para realizar la belleza, como es libre el elemento de que se vale para conseguirlo, la palabra,
no ha de esclavizar el poeta los mundos que al poder creador surgieron de su mente, ni aun siquiera
al Bien ni á la Verdad como consecución del fin estético; únicamente realizar el mayor grado de belleza
ha de proponerse, sin mirar á otro lado que á la resplandeciente faz que á Dios en la Natura y en el Es-

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

IV
Tal vez podrá el Poeta marcar sus obras, no sólo
con el sello personal de su inspiración, sino con el
del influjo soberano del progreso, siendo hijo de su
época, de su nación y de su raza; interesar á sus contemporáneos, ser aprendido de memoria por ellos; y
convertido en sacerdote de sus ideas, de sus luchas,
de sus dolores, de todas las manifestaciones del espíritu de su edad, que él siente y que él refleja como
espejo encantador y maravilloso, marchar delante de
la humanidad extraviada y loca, señalándole el camino del porvenir incierto y en tinieblas, y alumbrándolo con los resplandores del astro que se encendió en su frente; podrá, en fin, ser Profeta: ó lejos
del combate, y á un lado de la senda de su siglo, verá
pasar las queridas generaciones hijas de su patria,
cuyas glorias históricas y viejas tradiciones, cuyos
vetustos monumentos, templos sacratísimos, culto,
fervor, costumbres, alto ideal y leyes venerandas narra, pinta, glorifica y custodia, para aleccionar á su
pueblo, con la entusiasta fe de sus mayores; podrá,
en una palabra, no ser el Vate, y ser el Trovador.
Y si en la realización de sus artísticos propósitos
hizo formal y sensible la belleza sin otra consideración de fin que el de realizarla, habrá señalado su
obra con otra marca más indeleble aún, que hará inmortal su póstumo renombre.
Tal es el épico, ya versificador, ya novelista.
El Poeta tomará entonces cuerpo, mediante encarnaciones misteriosas.
Y animando una de sus formas en un ciego sublime, cantará al pueblo helénico, y será Homero.
Dará vida á un florentino, que en medio del ensangrentado páramo de la Edad media, levantará en
su obra, para asombro de las futuras gentes, así como
una catedral inmensa, cantando la religión del crucificado, y será Dante.
Tomará en la tierra más fecunda la forma del español más ingenioso de todos los siglos, que retratando el suyo á maravilla, maravilla será de las generaciones, al esculturar, eternizándolos, los dos aspectos de la vida humana en dos figuras de abrumadora
y admirable belleza, y será Cervantes.
Inspirará su numen á un gran genio, con la más
popular de las leyendas alemanas, la más trascendental manifestación filosófica, y será Goethe.

496

zando á su siglo degenerado con acentos apocalípticos.
De aquí la sátira, á veces subjetiva, á veces épica.
En tal momento, infundirá el Poeta su genio profético á un vaticinador, que adivinando por los extravíos del pueblo israelita la abyección predictora de
su cautividad, derrama poesía á torrentes por aquella boca que come excrementos en la plaza pública,
y será Ezequiel.
Restallará su látigo sobre la Roma de los emperadores, que uncida al carro de los triunfos, le dirige
á la gloria, sudando sangre el azotado rostro y las
flageladas espaldas, y llámase el poeta Juvenal.
Dibújase en sus labios sonrisa de amargura; y
mientras los degenerados españoles de Felipe IV se
divierten á maravilla con las gracias de aquella vena
inagotable, aún sintiendo el escozor profundo de sus
aguijones, encarnando otra vez, brota en Quevedo.
Y lanzando, por fin, la carcajada de sarcasmo más
insultante que escandalizó á la humanidad, será engendrado Voltaire.

V
Podrá también la augusta poesía, en lugar de seguir la corriente civilizadora, tomar por única morada el corazón de un hombre; y ajena á todo lo exterior y objetivo, camplacerse en cantar sus pesares y
sus alegrías, sentir el torcedor de la duda y rebelariie
contra su destino con acentos desesperados, para que
en sus dolores y en sus placeres, en sus carcajadas y
en sus lágrimas, halle la humanidad la fiel reproducción de las palpitaciones de su alma.
Tal es el lírico.
Entonces el Poeta lanzará los ayes más profundos
y los acentos más terribles; y á los impulsos de la
virtud más grande, de la sublime resignación, de la
paciencia, por él hablará un hombre, y oiréis á Job.
Inflamará los ánimos para el combate, llamándose
Tirteo.
Se retorcerá de dolor, morirá de angustia, y esclavo de mil raptos de desesperación, vendrá á la tierra
para llamarse Leopardi.
Lanzará desde las nubes tempestuosas de su cerebro relámpagos que.cieguen y que alumbren, y al pie
de la Leyenda de los siglos firmará Víctor Rugo.
VI
Mas la sagrada inspiración poética, sin retratar
directame'nte el espíritu de una época, sin recogerse
tampoco en la morada de un corazón, abandonándose á llorar sus desdichas y aun las de su edad y de
su pueblo, podrá protestar enérgica y valerosamente
de la sociedad á que el elegido de las Musas pertenezca, fustigando aquí una institución, flagelando allá
una costumbre, contundiendo en este lado á un vicio, lanzando una carcajada ó una queja y amena-

VII
La poesía, finalmente, sin dejar de reflejar la luz
que arrojan los ojos de su siglo, los sentimientos, las
aspiraciones y el ideal entero de su raza ó de su época, sin que deje su numen de ser individual y psico·
lógico, podrá reproducir el mundo objetivo, arrojando el retrato bello y fidelísimo de la pasión humana,
de todo lo que en el espíritu del hombre siempre fué
de todas las edades, ó el de las costumbres de aquella
en que el poeta vive y de la región en que habita,
para que de estas escenas palpitantes de la vida resulten grandes enseñanzas, siempre deducción fatal
y lógica de la emoción estética que ha de despertar
en el público que le rodea y que le adama.
Tal es el poeta dramático.
¿Queréis ver en él la lucha del hombre con la fa.
talidad representada por sus dioses? El poeta toma·
rá la forma de Sófocles ó de Esquilo.
¿Pretendéis que satirice las costumbres, represen·
tándolas? Pues tomará la forma de Aristófanes.
¿Queréis verle combatiendo con sus semejantes y
con sus propios sentimientos, por la libertad augusta
de su albedrío, siendo retrato fiel del espíritu de su
patria? Pues las nuevas manifestaciones humanas del
artista de la palabra serán Lope de Vega y Calderón.
¿Queréisle ver en guerra con la monstruosa bestia
de las pasiones, y asemejándose al hombre creado
por el mismo Dios? Escudriñad una concienci_a, y de
entre sus sombras y á la mágica evocación del Poe·
ta acudirá Shakespeare.

------; r ---'"",,

; - - -......

, --.___

~&lt;-..,

\

,J

L-,\

h
¡

:.-••• •

_,,.,,

.

.

j'.:if

________

:' ...'
~ - : -~~.................,~

. .. ~•~ ; : . . . ,. , _, .-.)• '{...
• "'•¡ ~I•

l

\ \

i
,

.. ·. '
.,1 -

,..,

,; •'

" ., • :-

' . ~-~·_/J
~"'

~,

¡.

•''-

1 •&lt;

:ir

~ ' .,-·, ~!t,_
\¿ f

.

,

-

il

f,-V

....,.

..

1¡.

,,,.

•

1

~_., ,. ·"')

.

~~"

'

(\

~---

,,.

t,,.11,,.:.....
;\ « q \
1 f &lt; • J

/i,

\4.,¡,,-;f,:
.. ·.-.
.,. ....;s:i
- )r' r~·v¡.:'-.
~.~.
~ . r ,Í'd.l .;.\'1
,44· "':'~- t. u#r "'

..,..

·. :.~ :- )

"

,r"..,,:/.:.~(.... cJ,,, ,...
¡,(....,,, ~'t'--"'',l
•,
e
. •
~. . ·~~ :.-~

··

··

.,;..:::;;..._ _ _-:-~--~

~ m.t

,¡", - •¡/
~~ s ,'

f : .,

,,,.._,

i

ffiW_.-;...,.__d

""~

b

~~

(

~

,
i.,"1',,

-~-

,i-

., ~,

-

-"= --

!·

•

~lit- .

Út lj ',t '
.

'

:::~~~~~·
~~;,
~ :::-s-___-.. -

:-

-.~

.. ' ___

~

- -~-,,

";.,.~.,

~-

1~
----=_....

~

,.

-~'·· .

/ ,V,

~

"17;"-JY -•_

_

,

,,...•

___,....._

~ .

\\\¡~,-.i-::;

-~

'&lt;.

:::_.

.

~_

~,¡e;

~

....,,.,;,.~·=- - V ' i~

... , ..

~~:ara~-1;,
- -..

....,,. AH lES

é

......-.......... ..__..

-~~r~~

,,

&gt;-·

,

,,__~

.,

,._,'(

'

'

_:)-1\.1

1'111.l:S..:I..:,.\

""-~ -

..

}.._. •.J

I

""\.,...._

•· --1;,lt_~ '1

¡/

:,..

'1--'.'}

. -"&lt;,'

_........ .

-·-

,...,_ ..._,...._:.;

.,:
.,... I
t

VIII

,' ,

~

'

-.

~·~.-:.-- . ·. -

-

" ..,.-\

.,,,

~:
- ~-

Pero hay un poeta más grande que Homero, más
inspirado que Dante, más lleno de amarguras que
Leopardi, más intencionado que Voltaire, más her·
moso que Calderón, más fecundo que Lope, más
arrebatador y genial que Víctor Rugo, con mayor
profundidad que Cervantes, y más sublime, divino y
creador que Shakespeare; poeta que, en suprema síntesis, canta y recuerda como el épico y legéndario,
llora y se conmueve y desespera como el lírico, flagela y punza, hiere y contunde y carcajea como el
satírico, y que hace palpitar como el dramático á
todas las escenas de la vida.
Tal es el Gran Poeta; el poeta de todas las edades
y de todos los tiempos y de todas las pasiones y de
todas las almas. Da á sus ideas infinitas formas, las
que le depara su condición más admirable, la espontaneidad; trascendentales son sus pensamientos;
alto es lo que concibe y hondo lo que siente y clarísimo lo que habla, sin artificio alguno, llevado
como es siempre en alas de la más genial de las
inspiraciones; inmensa su potencia creadora, no hay
carácter ni latido de pasión, ni. existen idea ni queja ni lágrima ni carcajada que él no sepa reproducir poética y asombrosamente. No aprendió en las
aulas el idioma de que se sirve como de mágica paleta para pintar sus cuadros lqminosos con el pincel
de sus improvisaciones; despreciador ignorante de
sus propios méritos, no las escribe para salvarlas del
tiempo y de la distancia; sustituye el diccionario con
su propio léxico; en vez de la ciencia, cuenta con la
adivinación; á falta de la historia, con la leyenda; y
en lugar de las cuerdas de una cítara, tiene las fibras
de su corazón inspirador y palpitante.
Allá, en medio del atronador estrépito de los combates, entre el sordo estruendo de la civilización, el
estallido de las revoluciones, la trepidación y el agitado movimiento de los talleres, la ternura de los
afectos, el solaz de las fiestas, y en medio de sus penas, de sus alegrías, de sus fervores religiosos y aun

..i
r~1

-""""'·_,,..._---

.. -

·-, ·,.~·.......:..----"":...~

1'.

...

-¿¡;.-~~!. ~~.

&gt;

-·

---~\

•

Jt~
~--- ✓ i
-- -

.~...,.

• 7 - ~~-=---::,,a,::,¡,li,¡

:~~·
_..
~

Exposición de plantas y llores que se cel ebra ac t ua Jmen te en ¡os Jardines
· ·
&lt;le! Parque de Barcelona, bajo los auspicios de la Sociedad Catalana de I Iorticultura

..

Dibujo y composición de D. Nicanor Vazquez

~

'----......._- ... - -

'

~--'/4,
~-

-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de sus crímenes, escúchase su voz, que al repiqueteado compás de las castañuelas, al son de la dulzaina, al golpe y sonajeo de la pandereta y á los clásicos acordes de la guitarra, canta, entre ruido tanto,
á Dios, al hombre y á la vida entera.
No esclavicéis al gran artista, porque se apagará
la voz en su garganta, y ¡ay de la humanidad, que
no tendrá quien la enseñe, la llore y la divierta, la
guíe y la consuele!; porque entonces enmudecerán
los otros poetas, todos inspirados y animados por él,
á quien arrebatan sus espléndidas concepciones.
Escuchad sus quejas profundas, sus acentos proféticos. Oíd su voz, en fin, que como está más cerca
de Dios, es la del cielo.
¿No adivináis quién es el gran poeta?
Es el pueblo; lo habéis adivinado.

Semejante encuentro hizo creer á este último que
entraba con buen pie en la coronada villa, pues Esq uílez era madrileño por todos los cuatro costados y
tenía muchas y muy buenas relaciones en su pueblo
y estaba dispuesto á servir de cicerone al provinciano.
Juntos recogieron sus equipajes, juntos tomaron un
simón, y después de dejar á Esquílez en la calle del
Tutor, hízose llevar nuestro aragonés á la de Jardines, donde estaba la casa de huéspedes que su padre
le había designado por recomendación del médico
del lugar, que contaba maravillas de la amabilidad
de las patronas.
Teodomiro no consintió de ningún modo que Esquílez pagase al cochero, y cuando éste, después de
haber descargado el equipaje de aquél, preguntó al
forastero adónde había que ir, Teodomiro, recordando fielmente las señas que le había dado su padre,
ENRIQUE F ÚNES
contestó sin titubear:
· - Calle de Jardines, 10, 3.° derecha.
- Señoritu, aquí los coches non suben á las habitaciones.
LA LETRA DE CAMBIO
Y soltando una insolente carcajada, arreó á su
jaco.
I
Rojo de vergüenza, escondióse cuanto pudo TeoIba á partir el tren.
domiro en el fondo del desvencijado carruaje, que
En el andén de la estación sólo quedaban: el jefe iba atronando el espacio con su pesado rodar; pero
de ella, dispuesto á dar la señal; un factor que hacía bien pronto la curiosidad le asomó á la ventanilla
veces de edecán; tres ó cuatro mozos que iban ce- para contemplar la casi interminable serie de edifirrando con estrépito las portezuelas, y diez ó doce cios, grandiosos los más, que se ofrecían á su admipersonas que ya en pequeños grupos, ya aisladas, da- rada vista.
ban los últimos adioses á los viajeros á quien habían
Llegaron á la calle de Jardines y el coche se deido á despedir.
tuvo ante una casa de mediano aspecto. Como el
Era una de dichas personas un hombre alto, for- joven no conocía el sitio y habían hecho, desde la
nido, un poco obeso, de cabeza redonda, cara acha- calle del Tutor, seis ó siete paradas por diversas cautada, ojos pequeños, color tostado y afeitado cutis. sas, no se mpvió demasiado, hasta que el cochero,
A la legua se habría adivinado en él al lugareño aco- golpeando en el vidrio, le gritó:
modado, aunque el traje no hubiese revelado, como
- ¡Que ya hemus llegado!
bien claramente revelaba, su condición de tal.
Al oirlo, Teodomiro saltó como por un resorte
Con los ojos algo húmedos y la voz mal segura movido, y con extremado aturdimiento se precipitó
estaba hablando con un mozalbete que, asomado á la fuera del carruaje y se metió en el portal, llevando
ventanilla con cara risueña y satisfecha, recibía dis- en una mano la sombrerera y la manta, y la maleta
traído las paternales amonestaciones.
en la otra.
- Sobre todo, mucho ojo: mira que en Madrid hay
- ¡Eh, señoritu!, ¿qué non me paga?
mucho pillo, y en cuanto ven á un forastero con el
- ¡Ah! Sí; tome usted.
bolsillo repleto, todos son á perseguirle y estafarle.
- ¿Qué me da usted aquí?
- Descuide usted, padre, que yo no me mamo el
- Una peseta: ¿no es eso?
dedo y sé dónde me aprieta el zapato; y gracias á
- ¡Ah! No, señor, no es esu; son dos carreras, é
Dios, tengo buenos puños, por si fuesen menester: los bultos además; y ya ve usted, de la estación del
de modo que ni á buenas ni á malas nadie me la ha Mediodía á la calle del Tutor, é de la calle del Tude pegar.
tor acá ...
- Y lo que te he dicho respecto á mujeres; mira
- Bueno, bueno, exclamó Teodomiro que veía deque son unas sirenas que ...
tenerse algunos curiosos á presenciar la escena. To·
Sonó el pito del jefe, luego la tr~s campanadas, por me usted y cóbrese.
fin el silbato de la locomotora; y á los fogosos resoY le alargó un duro.
plidos de la máquina echó á andar el tren
El cochero lo miró y remiró con mucha flema,
luego lo sonó; luego se lo metió en el bolsillo, y lueCon un trajín de fiera encadenada.
go, diciendo «Está bien,» dió un latigazo al jaco y
Los que se iban y los que se quedaban prorrum- partió á todo corer. Quedóse el forastero con tanta
pieron en un coro general de despedida, y mientras boca abierta, y la gente que le rodeaba regocijada,
los primeros se apresuraban á ordenar en redes y epigramática y burlona comentando el chascq. Lleno
asientos sus líos y maletas, los segundos permanecían de confusión, recogió sus bártulos y metióse portal
como clavados al suelo, viendo alejarse rápidamente adentro, y luego escalera arriba hasta llegar al piso
al tren que se llevaba algunos seres queridos, quizás tercero, en donde, según las señas, vivía Doña Roalgunos dolores y no pocas esperanzas.
bustiana, la patrona que le fué tan recomendada.
Teodomiro iba por primera vez á la corte; había
Diéronle un gabinete con vistas á la calle; y aunterminado su carrera de abogado en la universidad que la cama no era muy blanda, ni era la casa muy
de Zaragoza, y como remate y coronamiento de sus limpia, ni la comida muy abundante, Teodomiro no
estudios áulicos, habían considerado conveniente él pensó en mudar de alojamiento, porque desde los
y su padre que fuese á visitar la capital de España primeros instantes pudo observar que la hija de la
para adquirir un barniz cortesano, y conocer, aunque patrona era tan amable, tan sumamente amable y
sólo fuese de vista, á los hombres más eminentes de complaciente, que nada dejaba que desear.
la política, de las ciencias y de las artes.
II
El muchacho, sin ser un talento, había salido bastante listo para ir ganando cursos sin estudiar, puEsquílez demostró que efectivamente conocía bien
diendo así dedicar todo su tiempo á las diversiones Madrid. El acompañó á Teodomiro á todos los muy entretenimientos que da de·sí una población como seos, á todos los teatros, á todos los paseos; Uevólo
Zaragoza. Concurría con más asiduidad al casino que al Congreso, al Senado, á la Universidad, á la Bolsa,
á la cátedra; no faltaba á ningún baile de máscaras, al Hipódromo, á la Plaza de toros, á los Viveros, á las
cuando los daba el tiempo; frecuentaba el teatro, Ventas; en una palabra, á todas partes.
cuando lo había, y era el alma de cuatro ó cinco terExcusado es decir que en todas ellas hacía el gastulias de confianza á que concurría.fo mf/orcito de la to el forastero, y que él pagaba el coche, él las locaciudad.
lidades, él los cafés, él las cenas en Fornos ó en el
Todo esto lo supieron á la hora escasa de viaje los Inglés. La intimidad entre los jóvenes llegó á ser tan
compañeros de departamento de Teodomiro, así co- grande, que Esquílez no tuvo reparo en aceptar de
mo que era hijo único y que sus padres vivían en un Teodomiro el favor de que recogiese ciertas cuentas
pueblo de la montaña, en donde eran los primeros de ropa y calzado que le daban, según su expresión,
contribuyentes por territorial y pecuaria. Aunque él, mucha jaqueca.
por naturaleza expansivo, hablaba á todos en general,
Casi todas las noches iban á Viena, y algunas no
su oyente más inmediato y directo, su interlocutor volvían á casa hasta la mañana siguiente. A los quinmás sostenido, digámoslo así, era el que ocupaba el ce días de estancia en la Corte, Teodomiro no conoasiento frente al suyo en uno de los testeros del co- cía ni de vista á ninguna de las notabilidades de la
che. Era el tal un joven como de treinta años, de pol_ítica, las ciencias y las artes, pero conocía permodales sueltos, aire despejado, presencia simpática fectamente y de trato á todas las horizontales de
y palabra chispeante. Llamábase Esquílez, y él y moda.
Teodomiro eran íntimos amigos cuando llegaron á
Mas como no hay salto sin quebranto, vínole á
Madrid.
resultar que la bolsa que salió bien repleta de la

NúMERO

496

casa paterna, había ido enflaqueciendo de manera
que daba lástima. El muchacho sintió vértigos cuando una mañana antes de salir de casa y al pretender
reponer su bolsillo para la fatiga del día, se encontró
con que sólo le quedaban quince duros.
Y precisamente le acababa de pedir doce á cuenta
la patrona, y para aquella noche tenían concertada
una cena en el café de Madrid él y Esquílez con dos
muchachas decentes á las cuales no era posible dejar
burladas, Por primera vez, desde su liegada á la corte, se sintió el joven triste y sobrecogido.
¿Qué hacer?
.
- ¡Si Esquílez ya que no tenga dinero conociese á
alguien que me lo quisiera dar! ...
¡Oh fortuna! Esquílez sabía de un señor que haoía
favores de esta clase, pero sólo á empleados, clases
pasivas y militares sin retención ó á personas de garantía. Aunque Teoclomiro tuviese esta última cualidad, de nada le servía, puesto que no era conocido
en la plaza; pero gracias á la intervención de Esquílez, el caballero prestamista daría, por excepción, el
dinero sobre algunas alhajas de valor.
Aceptó gozoso el provinciano y dió en prenda su
magnífico cemontoir de oro, una sortija con un solitario y un alfiler de corbata de oro y brillantes. Además firmó un pagaré de mil quinientas pesetas, y en
cambio recibió ... ¡cien duros!
Las damiselas del café de Madrid no tuvieron,
pues, motivo para quejarse ni de la formalidad ni
de la galantería de los dos jóvenes, ni ellos tampoco
de la jovial amabilidad y carácter franco y abierto de
las niñas.
Cuando á las diez de la mañana siguiente volvía á
su casa solo, fatigado y soñoliento el buen Teodo•
miro, la misma nube de tristeza que la víspera había
sombreado por un momento su irreflexiva felicidad,
volvió á obscurecer más densamente su espíritu, y un
peso así como de remordimiento le oprimió el corazón por unos instantes. Entró en ·su casa, se acostó y
durmió desasosegadamente algunas horas.
Cuando le llamaron á almorzar no quiso salir; no
tenía gana. Siguió echado, pero sin poder coger otra
vez el sueño. Su mente excitada púsose á considerar
su situación, é insensiblemente aquellas reflexiones
pararon en un formal examen de conciencia.
- ¡Qué disparate había hecho el día antes! ¡Comprometerse á pagar seis mil reales no habiendo recibido más que dos mil! ¡Garantizar esta atrocidad con
prendas que valían muy cerca de quinientos duros! Y
¿quién le había metido en aquel lío? Su amigo Esquílez. ¡Su amigo! ¿Lo era acaso?
Teodomiro empezaba á dudarlo. La mitad, quizá
más, del dinero gastado, habíalo consumido Esquflez.
El se hacía siempre la parte del león en todos los
goces y placeres de que ambos disfrutaban, pero que
sólo pagaba el aragonés.
Teodomiro había traído el propósito de permanecer un mes en la corte; pero ¿cómo continuar en ella,
si sólo en una quincena había derrochado las doce
onzas que su padre le dió y las otras. tres que á escondidas le diera su madre, y por añadidura se había empeñado en trescientos duros, y de los dos mil
reales que había recibido prestados ya había gastado
más de la mitad?
,
Tentaciones le daban de tomar el tren y volverse
á su casa; pero ¿cómo presentarse á sus padres tan de
improviso y tan en derrota? No; él no se sentía con
valor para confesar sus faltas: le parecían muy graves.
- ¡Si hubiese algún medio!. ..
Y le hubo: ¡claro que le hubo! Como que los cuarenta y siete duros que le restaban á Teodomiro se
quedaron sobre el tapete verde de cierta casa de juego donde tenía muchos amigos Esquílez!
- La suerte nos ha sido contraria, dijo éste al salir de aquel garito.
- Y ahora, ¿qué hacemos?
- ¿Qué quieres que te diga?
- Tú que tienes recursos para todo ...
- ¡Pues si yo tuviera recursos! ... Pero hace tiempo que me quedé sin ellos.
- ¿No encontraríamos quien nos dejase? ...
- ¿Te queda algo que empeñar?
-No.
- Entonces ... ¡filosofemos!
No hubo remedio; Teodomiro tuvo que escribir á
su casa, pero no atreviéndose á arrastrar las iras de
su padre, dirigió la carta á su madre. No le dijo ni
la cuarta parte de la verdad, pero sí lo bastante para
dejarle adivinar lo omitido y lo tergiversado. La buena mujer cometió la indiscreción de entregarle la carta á su marido, y éste tuvo la debilidad de dejarse
convencer, y darle á su mujer para que, si1i saberlo
él, se la enviase al dúcq una letra de dos mil pesetas
contra el Banco de España.
(Concluirá)

JACODO

SALES

NúMERO

496

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

LIMA. - LA CATEDRAL,

SECCIÓN AMERICANA
Ll~lA

La ciudad que con el nombre de Ciudad de ¡os
Reyes fundara Francisco Pizarro en 1535 para hacer
de ella la capital del vicerreinato del Perú, es actualmente una de las poblaciones más bellas de la América meridional. Hállase situada en la orilla del Ri-

D. JosÉ PAYÁN, gerente del Banco del Callao en Lima

mac, río que la atraviesa diez kilómetros antes de
desembocar en el Pacífico y sobre el cual álzanse
tres puentes, el Balta, el de Piedra y el de Arana, que
ponen en comunicación las dos mitades en que Lima se halla dividida por aquella corriente.
La antigua ciudad, que estaba i;ercada por una muralla de adobes construída en 1683, ocupaba una superficie de 932 hectáreas, de las cuales 565 eran destinadas á jardines, plazas, conventos é iglesias; pero
derruídos los muros en 1870, hiciéronse en su lugar
hermosos paseos y la parte edificada se extendió considerablemente, formando en conjunto la población
un triángulo de más de 1.200 hectáreas.
El clima de Lima es benigno por lo que hace á la

de fotografra remitida por D. Salvador Tebc

temperatura, puesto que en invierno (junio á noviem- asoma el uniforme militar. Los relieves del pedestal
bre) no baja nunca de 12 grados centígrados ni sube representan la batalla de Ayacucho y la de Junin y
á más de 28 en verano (diciembre á mayo); pero en en los otros dos lados de aquél hay el escudo naciocambio la humedad y sobre todo las nieblas de tal nal y una inscripción que dice: A Simón B olivar /1~
modo perturban el estado atmosférico, que á pesar de berlador. La nación perua11a. MDCCCLVJII.
la bondad de temperatura, la capital peruana no es
Posee Lima unos ochenta templos y capillas próxide las poblaciones más sanas de la América del Sur. mamente, cuyas torres y cúpulas dan á la ciudad
Las calles de Lima se cortan casi todas en ángulo un carácter oriental porque recuerdan los altos alrecto y están orientadas en dirección de SE. á NO. y minares de las poblaciones moriscas. Entre ellos desde SO. á NE. á fin de que en verano haya siempre un tacan la Merced, fundada en 1534 por Remando Pilado á la sombra; las casas, construídas en su mayo- zarro, con una hermosa fachada de estilo del Renaciría de adobes, generalmente son de dos pisos y tienen miento; San Francisco, templo contemporáneo de la
alegres miradores. Las plazas principales son la Ma- ciudad, en el que se halla el célebre claustro de los
yor y la de Bolívar ó la de la Independencia, antes Jazmines con sus elegantes columnas adornadas con
de la Inquisición, en las que se alzan respectivamen- faiences azules y con notables frescos; San Pedro, ante la catedral y la estatua ecuestre del libertador del tigua iglesia de los jesuítas, orgullo de ebanistas y arPerú. Entre los mejores paseos pueden citarse la quitectos; Santo Domingo, tumba de Santa Rosa y
Alameda de Acho, que se extiende á lo largo de la cuya antigua terre, destruída por un incendio, era la
orilla del Rimac y conduce á la plaza de toros; el pa- más elevada de la ciudad, y por último la catedral
seo de la Exposición y el de los Descalzos, cuyas en- que reproduce nuestro grabado. Fué fundada ésta
cantadoras avenidas están profusamente adornadas por Francisco Pizarro, que halló en ella tranqu~a y
de estatuas, y una hermosa Alameda que une la ciu- honrosa sepultura cuando en 1541 sucumbió á los
dad con su puerto en el Pacífico y á cuya entrada se golpes de las gentes mandadas por Almagro. Los hislevanta el monumento del Dos de Mayo, en conme- toriadores no están conformes acerca del sitio en que
moración del combate del Callao contn. la escuadra fué enterrado el conquistador del Perú, pues míen•
española.
tras Prescott dice que lo sepultaron en el lugar más
De l0s varios monumentos que en la ciudad exis- obscuro del templo; Palma, el eximio literato y eruten pueden considerarse como los más notables el dito explorador de crónicas, asegura que su tumba se
que en el paseo de la Exposición recuerda el descu- abrió en un patio del mismo, llamado de los Naranbrimiento de América y el dedicado á Simón Bolívar. jos. En la arquitectura de la catedral predomina el
El primero es un grupo de mármol con la figura de arte árabe-español, degenerado por los engendros de
Colón posando su mano derecha sobre la cabeza de Ribera y Churriguera, como lo atestiguan los frontisuna joven india que permanece arrodillada á sus pies. ficios de piedra, los calados, los arabescos, los ángeLa erección del segundo fué acordada por decreto les, los demonios, las frutas y las flores que en relegislativo del Congreso Constituyente del Perú en 17 vuelta confusión constituyen sus adornos. Posee la
de febrero de 1825, pero el proyecto quedó en sus- catedral hermosos cuadros, entre ellos una preciosa
penso hasta 1853 en que el general Rufino comisionó Verónica de Murillo.
al Dr. D. Bartolomé Herrera, ministro plenipotenEn el ramo de Beneficencia merecen citarse varios
ciario cerca de la corte romana, para que convocase hospitales, entre ellos el de Santa Ana, el del Dos de
un concurso de artistas y obtuviese por este medio Mayo, el de San Bartolomé ó militar, el francés y los
el mejor plano y modelo de la obra, venciendo en italianos (viejo y nuevo), y hasta trece hospicios.
este certamen á sus competidores el célebre escultor
Para terminar estos breves apuntes diremos alio
Adán Adolini. El pedestal del monumento, que es de la situación mercantil de la capi.tal del Perú. La
de mármol blanco, mide en su base z'Óo por 5'20 plaza comercial de Lima, que había sido la más fuermetros y su altura es de 3'47: la estatua, que fué te de la América del Sur y el· emporio del lujo y de la
fundida en Munich, lo mismo que los relieves, tiene elegancia, sufrió una transacción brusca desde 1873
3147 metros de alto, desde el pie del caballo á la ca- y su postración mercantil llegó á su máximo después
beza del jinete; representa á Bolivar sobre un caba- de la guerra de Chile. Hoy, sin embargo, hállase en
llo encabritado que se sostiene sobre las patas trase- gran parte repuesta de sus pasados desastres, y buena
ras y la cola: Bolivar saluda al pueblo con el tricornio prueba de ello es el Banco del Callao cuya prosperien la mano, y por entre la capa que cubre su cuerpo dad sorprende tanto más, teniendo en cuenta el esta-

�EN ORACIÓN, cuadro de Carlos Ulrich

UN VIEJO MONJE, cuadro de Velázquez, grabado por Margarita Jacob
(Existente en el IIermitage de San Petersburgo)

�LA

410

do en que se encuentran hoy en día las repúblicas
sudamericanas.
Recordando las desgracias por que ha pasado no
hace.mucho el Perú y entre ellas la gran crisis bancaria de 1876 á 1880 que trajo consigo la liquidación
de todas las instituciones nacionales de crédito, no
se comprende sino por un gran esfuerzo de inteligencia y de perseverancia qµe una de ellas, la menos
po~erosa en su origen, el Banco del Callao, haya resucitado con tanto vigor hasta colocarse en el más
alto nivel fina_nciero. Débese en gran parte, si no del
todo, este éxito al gerente de ese Banco, D. José
Payán, cuyo retrato publicamos. Nació dicho señor
en la isla de Cuba, y tras varias vicisitudes políticas
abandonó su patria para establecerse, después de recorrer muchos puntos de América, en la capital del
Perú, en donde al poco tiempo fué llamado al elevado puesto que hoy ocupa y desde el cual no sólo ha
dad9 elocuentes pruebas de su ilustración y talento
mercantil, sino que ha prestado importantes servicios
al país que lo hospeda, contribuyendo á solucionar
favorablemente sus más difíciles cuestiones, y entre
otras la vuelta á los cambios metálicos y al renacimiento del crédito hipotecario, salvando la propiedad inmueble de las garras de la usura. - A.
BOCETOS
LAS OLAS

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

496

que al fin dan en la costa.» ¿Sabes qué cosa es esa? demuestran que no en balde recibió las lecciones del que fué
- No: frases sin trascendencia, cualquier cosa· quizás, el más genial de nuestros artistas contemporáneos;
maestro entre los maestros.
tal vez la tranquilidad perdida, y volver á nuestr~ . El cuadro Los lmé,janos P?drá adolecer de algunas incorreccalma después de habernos agitado sin objeto y sin ciones; pero aun as!, es un lienzo que acusa al artista que dentro del concepto moderno del arte y sin olvidar las tradiciones
resultado.
- ¿Reparaste aquello que aparece en el horizonte? pictóricas de nuestra patria, siente y piensa, olvidándose por
completo de Jo? efectismos de los coloristas para representar
- Se me figuran unas nubes.
una escena senhd!s1ma, un asunto conmG&gt;vedor, esencialmente
- Pero su forma es diferente.
realista, que impresiona é interesa.
Cabrera, que apenas cuenta veinticuatro años, ha recorrido
- Tienes razón: pero ¡toman formas tan extrañas!
Ya verás; al acercarnos pasarán á mucha altura so- velozmente las ásperas sendas que conducen al templo de la
gloria. Nosotros hacemos fervientes votos para que no se malobre nosotras.
gren sus juveniles disposiciones, y que por lo tanto, lo que es
- Por momentos se descubren mejor definidas; su hoy grata y halagadora esperanza, pueda trocarse en realidad.
línea es muy marcada, su color es distinto; yo no sé
Exposición de plantas y flores que actuallo que es aquello ... pero nubes no son.
mente se celebra en el Parque de Barcelona
- ¡No seas miedosa! ¿Qué ha de ser? ¿Compren- Composición y dibujo de D. Nicanor Vázquez:
- Hoy, como el dia que publicamos otra composición de nues•
des tú otra cosa que no sea agua, cielo y nubes?
- Sólo sé lo que el instinto me dice: que eso es tro disting~i~o colaborador Sr. Vázquez, á propósito de la actual Exposición general de Bellas Artes, hemos de suplicar á
¡un peligro!
nuestros lectores que nos dispensen de no ocuparnos en esta
-Anda, corre, sígueme; ya veremos lo que es· de- sección del tema que motiva el bellísimo dibujo que reproducimos. Acudan á las crónicas de El Salón de la Moda y en ellas
jémonos llevar.
'
- Esa frase me acobarda: recuerdo las voces que encontrarán cuanto nosotros pudiéramos decir y mucho más
y mejor dicho 4ue nosotros podríamos hacerlo.
'
salían de aquel monstruo: no son nubes: ¿oyes ese
rumor?
En oración, cuadro de Carlos mrich.- Hay en
el arte, como en la literatura, asuntos que por mucho que se
- ¡Parecen lamentos!
traten siempre ofrecen nuevo motivo de inspiración á los ver- ¡Se me figura oir quejidos!
daderos poetas y artistas. ¡ Cuántas veces hemos visto reprodu- Las que nos preceden se encrespan más.
cida en lienz1&gt;s, con más ó menos variantes, la escena que re- Te digo que allí sucede algo desastroso. ¿Oyes? presenta ~) cuadro de Ulricb I Y sin embargo de que el tema
del dolor implorando consuelo a l Dios de bondad y de miseri¡Gritan que retrocedamos!
- ¡Imposible! Me siento impulsada por una fuerza cordia no es nuevo ni mucho menos, ¿quién no se sentirá conmovido ante aquel hermoso grupo de las dos jóvenes, elevando
mayor como si desde el fondo me levantaran ... ¡Im- al cielo sus plegarias para suplicar fe rvorosamente á la piedad
posible permanecer tranquila! ¡Ni nos oyen ni nos divina que endulce s\ls sufrimientos en la tierra? Y es que cuan•
escuchan las que nos atraen y arrastran ni las que do el artista siente y expresa con verdad, su genio imprime en
su obra los más tenues matices, así del sentimiento como de la
nos empujan!
forma, que la realida:d le ofrece, y con ello logra la diferencia- ¡¡La costa!! ...
ción que bal:e aparecer con nuevos caracteres lo que en globo
Y sin poder retroceder, ni traspasar el marcado considerado parece á primera vista falto de novedad. Mas aun
límite, en desesperado intento una tras otra asaltan prescindiendo de estas consideraciones, toda manifestación artislos quebrados peñascos, desapareciendo en el instan- tica que reproduzca de una manera acabada cualquiera de los
mÍlltiples aspectos de la belleza, será buena y cautivará á cuante mismo de su agonizante rugido, como envueltas tos la vean, por muy gastado que sea el asunto que en ella se
en un sudario de efímera espuma.
trate.

- ¿Hacia dónde vas, amiga y compañera?
- ¡Lo ignoro! Te sigo por el movimiento que marcas tú que me precedes; otra sigue el mío, y sucesivamente otras y otras, como si procurásemos alcanzarnos, sin poder acortar la breve distancia que nos
separa: ¿puedes tú decírmelo?
- ¡Yo también lo ignoro! La que me traza el rum·
bo no ha podido decirme más sino que sigue á otra
y otras.
- Veo que todas, como movidas por la misma cuTal acontece con el cuadro de Carlos Ulrich, que estuvo
JUAN 0. NEILLE
riosidad, procuramos encresparnos para tender la visexpuesto el año último en la Royal Academy de Londres. Sus
dos figuras están arrancadas de la realidad, el dolor que sus
ta y ver si se descubre algo como término de nuesrostros y sus actitudes expresan es de los que desgarran el cotro viaje.
NUESTROS GRABADOS
razón, y nadie al contemplarlas rezando abrazadas dudará de
- Nada: ahora mismo, como habrás podido verlo,
que el pintor quiso hacer algo más que pintar el acto de la oraacabo de romperme transformada en espuma, y mi ¡Fué un artista!, cuadro de D. José García ción, quiso trazar todo un drama, sintetizándolo en una situaesfuerzo ha dado en el vacío: ¡un cielo azul, sin fin, Ramos (Etcposición general de Bellas Artes de Barcelona). ción culminante.
sobre nosotras! ¡Una profundidad debajo, tan inmen- -Natural de Sevilla y discipulo de D. José Jiménez Aranda,
Un viejo ~onie, cuadr~ de Velázquez, grabado
es García Ramos digno representante de la moderna escuela
sa como tranquila!
sevillana, y por ende, inteligente mantenedor de sus tradicio- por Marganta Jacob (Existente en el IIermitage de San
- Ya lo veo, apenas puede fijarse la línea que nos nes artísticas. En 1872 trasladóse á Roma, en la creencia de Petersburgo). - Cuantas más obras se contemplan de nuestros
une y separa de la masa de ese líquido abismo: no que en la ciudad de los césares y de los papas hallarla campo grandes maestros, esos genios colosales que como Velázquez
abierto para su fantas!a; mas las ruinas clásicas y los restos de no sólo forman por si solos una época y una escuela, sino qu;
percibo dónde empiezo, dónde se forma mi ser.
ap_arecen en _el 1!1undo c_omo astros de primera magnitud, cuyo
- No sé ni comprendo á qué obedece ese extraño aquellas pasadas grandezas debieron despertar en el artista an• ~nllo,. por mngun ?tro igualado, resplandece cada vez con más
daluz el deseo de recibir las inspiraciones de su país natal, en
movimiento; siempre siendo la misma y siempre no- donde por la pureza de su cielo todo brilla y sonríe y la natu- mtenSidad á me~1da que v_an transcurriendo siglos, tanto
tando que no lo es el agua en que me agito.
raleza osténtase bella y lozana, cuando al poco tiempo, y des- más apena ~l ánimo la consideración de que nuestro tiempo,
- Mira; húndete cuanto puedas, y así yo podré pués de haber pintado, entre otros lienzos, el ya conocido y ce- que es el tiempo de las grandezas y de los gigantes esté en
punto á materia artística á un nivel igual al que, cori:paradas
hacer un esfuerzo para levantarme lo más posible y lebrado El rosario de la aun,ra, trasladóse á Sevilla, en donde con la presente, estuvieron 'Otras edades en varias manifestaciofijó definitivamente su residencia. Allí, rodeado de los restos
quizá descubrir el término hacia el que se nos im- del arte árabe sirviéndole de complemento de sus cuadros ó di- nes del saber humano. Más de dos siglos han pasado desde
pulsa.
bujos, los alicatados moriscos, los esmaltados azulejos, los jae- qu~ en el mun~o del arte surgió la colosal figura del pintor
Y por un movimiento, que si no carece de nombre ces cordobeses, los pañolones de espuma, pinta representa111lo sevillano, y ¿quién de entonces acá ha logrado acercarse siquiera al autor de La rendición de Breda, de Los borrachos de
no sé ahora dar con él, aquella ola hizo como que se escenas y tipos genuinamente andaluces, cgmo La despedida del (,as m~ninas y de tantas otras maravillas que como joya; de
contratista, ó dibuja costumbres del país para ilustrar obras de
replegase formando una profunda hondonada; y su tanto interés como la de Mas y Prat, titulada La tierra de maprec1able valor ostentan con orgullo los mejores museos y
los más poderosos magnates?
compañera levantóse sobre todas las demás, coro- 111aría Santísi111a.
En el Ilermitage de San Pctersburgo existe el original del
nándose de blanquísima espuma, brillante como una
Cuanto al cuadro ¡F11é un artista!, que ha remitido á la Exmagnifico cuadro que reproducimos y de que tan acabada idea
posición
de
Bellas
Artes
de
Barcelona
y
que
ya
figuró
en
la
de
colosal pepita de plata.
Madrid de 1890, debe considerarse como una muestra de lo nos ~a el precioso grabado de Margarita Jacob: mírese con
- ¿Qué has visto?
que vale Garda Ramos, como ejecutante, ya que es un estu- atención la cabeza del anciano monje, estúdiese detenidamen- ¡Nada! ¡Un horizonte de agua y cielo!
te su actitud, examínense en sus menores detalles las rugosas
dio altamente recomendable.
manos y el obscuro hábito, y &lt;ligase si se puede concebir mayor
- ¡No deja de ser extraño que así nos agitemos,
La venta del sevillano, cuadro de D. José Mo- naturalidad, corrección en el dibujo, vigor en el claro-obscuro
sin saber por qué ni para qué! No puedo darme razón
reno Carbonero (Exposición Nacional de Bellas Artes y conocimiento interno del ser humano, esta cualidad que tan
del impulso que nos mueve contra nuestra voluntad. de
1890). - En la colección de siludas de artistas que en El !)?COS poseen y que t~n indispensable es si no se quiere que la
Allá lejos, muy lejos, estábamos todas confundidas Liberal de Madrid ha publicado el ilustrado critico, nuestro pmtura sea reproducción de lo falso, de lo convencional cosas
en compacta masa; formaba nuestra superficie tran- querido colaborador señor Balsa de la Vega, y en la dedicada ambas reñidas con el verdadero concepto del arte y qu~ afean
quila á modo de bruñida plancha ó límpido cristal, á Moreno Carbonero dice: 4:Cúando admiro á los viandantes la inmensa mayoría de las obras pictóricas.
se paran en la venta á refrescar el garguero y á darles á
un espejo de cuya magnitud no puede tener idea que
En la playa, cuadro de F. Miralles, grabado
las cansadas caballerfas un holgar momentáneo, mientras desquien no haya tendido su mirada sobre el mar; de a.rrapados chiquillos juegan entre las patas de los nobles cua- por Sa~urni. - No hace mucho tiempo, y á propósito del
repente una brisa suavísima, rafagueando juguetona, drúpedos, entonces reconozco de buen grado que aím podemos c~a?ro (itulad? Una partida de campo, dedicamos á nuestro
J?a1sano el Sr. Miralles los elogios que bien gananos acariciaba como temerosa de agitarnos; la brisa contar en España con pintores dignos de llamarse herederos d1stm~ido
dos he~e quien en Paris, en ese emporio de las bellas artes y
de
los
Velázquez,
Goyas
y
Rosales.&gt;
tomó fuerza, fué viento al poco tiempo, huracán lueNo cabe hacer más acertada descripci6n del cuadro ni mejor en medio de la pléyade de los más ilustres artistas modernos
go. ¡No sé lo que pasó! De la tranquilidad al movi- elog(o de s_u autor, por lo que suprimire_m?s toda explicación y ha sabido conquistarse un puesto envidiable. Tiene el Sr. Mi:
miento, de éste á la agitación, al vértigo, ¡quién sabe consideración por nuestra parte, y nos hmitaremos·á consignar ralles un. modo especial de pintar que cautiva; sus obras reboque esta obra, del autor del Ca"o de las Cortes de la 11111erte san gracia_ y elegancia, y en ellas la finura del asuntó compite
adóade vamos!
del Prlncipe de Viana (que fué adquirido por el Estado y ac'. con la deh~deza de la ejecución. También él es adepto á la
- Detente ...
tualmente figura en nuestro Museo), de Roger de Flor, de La escuela re~hsta; no hay en sus cuadros nada que no esté toma•
- No puedo; la que va delante me atrae, me obli- conversión del duque de Gand{a, de Con la mtlsica ti otra parte do d~ la ,vida r~al y ~on maravillosa naturalidad reproducido;
ga á seguirla; tú que me sigues me empujas.
y de tantos otros, es propiedad del Excmo. Sr. Duque de Fer- pero ,cuanta. d1stanc1a de ese realismo que tiene por objeto
al henzo lo bello, á esa otra tendencia que con tal de
- Comprendo ... Mientras todas á la vez no ha- nán-Núñez, que lo adquirió cuando se expuso en el último tras)adar
copia~ n? se para_ en otras consideraciones más atendibles que
gamos un supremo esfuerzo en detenernos, será certamen nacional de Bellas Artes de Madrid.
la de im)tar servilmente la naturaleza, y aun parece animada
imítil.
Los huérfanos, cuadro de D. Fernando Cabre· del prunto de buscar en ésta sólo Jo feo, como ~i no hubiese
- Entonces sigamos; dejémonos llevar.
ra Cantó (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). en ella ~ás que fealdad, yi;omo si la belleza, que tan hermosas
- Fernando Cabrera, sin transición, sin pasar por ese periodo de concepciones ha inspirado, fuese un mito indigno de llamar la
- ¿Dejémonos lievar ... has dicho?
prueba en que se aquilata el pintor, ha logrado lo que la gene- atención de los seudoartistas l
- Sí, eso dije.
Si_ga el ~eñor Miralles la senda por donde con empeño y
ralidad no puede alcanzar á costa de años y de estudios. De
- ¡Qué recuerdo! Ayer cruzaba á lo largo sobre artista novel base convertido en laureado artista. La muerte de g:lo~ia cam_ma: no se contente con ser únicamente pintor; con•
nosotras destrozándonos desapiadamente una de esas P(asenci~, su. cariñoso maestro, tasi coincide con su primer tmue quenendo ser ante todo y sobre todo artista.
-----grandes moles de hierro, parecidas á un monstruo de triunfo, smtetizado por su cuadro Los huérfanos, premiado en
ESTREÑIMIENTO. Polvo laxante de Vichy
la
Exposición
de
Bellas
Artes
de
1890
y
adquirido
por
el
Es•
aliento negro y fétido, revolviendo con espantosa ratado, - que Jo ha remitido á la de Barcelolla, - en la que su
pidez las palas que le impulsan; al pasar sobre mí, precioso lienzo, titulado Ji,i el coro, ha proporcionado otro
JABON REAL
JABON
1
pude entender unas voces extrañas; una decía: «De- lauro al joven pintor alcoyano. Ambos lienzos, las dos compo• OET HRI DACE 29,B•dealtalie11,PariJ
VELOUTI NE
jarse llevar ... como las olas.» «No, ... replicaba otra, siciones, dan á conocer la naciente genialidad de Cabrera, y lecouú4H ttr utoriuw ■14!"' JUI 11 li¡iue ,. 11 Plll 1 lollua (el ColM

IV,!!&gt;

~~T,

NúMERO

LA

496

411

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO RAYARD

I
Gilberto estaba cansado de luchar consigo mismo; con la carta de Pedro
recibía el último golpe, y su heroísmo comenzaba á desfallecer, precisamente
en el momento en que más necesario le era para rehusar la invitación que se
le hacía.
Observó un cambio en la letra de su amigo difícil de reconocer y escrita al
parecer con mano temblorosa; pero fijó poco en esto su atención. Las instancias que ~!anca de Cabrol unía á las de su esposo, aquellas líneas trazadas
con descuido en la posdata, las primeras que le dirigía, pero tan triviales por la
expresión convencional y cortés de los sentimientos, tan impersonales y frías
en su correcta elegancia inglesa,
penetraron en su corazón como
ardiente llama, y besó el sitio
donde ella debió apoyar su
mano.
¿Tan poderosa es la fuerza del
amor, que pueda quebrantar las
resoluciones más firmes y con
más paciencia mantenidas? En
un momento daba al olvido tres
años de calma, ocupados asiduamente en las bibliotecas, en el
silencio de la Ciudad Eterna; y
aquellos venerables archivos del
Vaticano, aquellos documentos
preciosos, que en su fervor de
joven erudito no podía tocar sin
estremecerse, bajo la impresión
de un sentimiento religioso, perdían todo su interés y encanto
ante una mísera carta escrita el
día antes por la mano de una
mujer. La distancia de mil leguas
no había parecido suficiente barrera entre ella y él para olvidarla, para no ceder á la tentación
de manifestarle su amor, que.brantando así el pacto de la amistad más santa que le ligaba con
el esposo. Y ahora, la distancia
enorme, la lentitud de los trenes,
la inmensidad azul del mar que
dej:&gt;ía salvarse . desde Liorna á
Al presentarse se quitó el sombrero de paja...
Marsella... ¡cuántos obstáculos
acumulados ante el deseo del
que hubiera queridó volar en busca de la mujer adorada!
Tocaba al fin el período de tres años que Gilberto Maujeán debía pasar en
la Escuela de Roma. Pedro lo sabía, y rogábale que al regresar á París se
detuviera e~ ~l castill? de Mareui~, donde su espos; y él tendrían el m¡yor
gusto ~n.recibirle. Hacia unos dos anos que Pedro, á consecuencia de pérdidas
pecumanas, cuya causa sospechaba su amigo sin temor de engañarse, había
abandonado su casa de París para sepultarse en la provincia en los mismos
lugares donde ambos se criaron y conocieron.
'
Est; nombre de Mare~il despertaba en Gilberto mil sensaciones diversas.
~ar~c1ale ver otra vez el nsueño valle, los cerros coronados de pinos, los sauces
1~clmándose sobr~ las orillas del Herblette, y más allá de las últimas ondulac10nes de las ~almas el azulado panorama de los montes Saint-Genix, destacando _en. el cielo sereno sus denticulados picos. Su corazón se dilatasa ante
este pa1saJe, cuyo recuerdo había evocado sin duda el papel que tenía en la
mano.
~ na vez adoptada su r~solución, ya no pensó sino en apresurar ]a marcha.
hab1a contr~ído ~ocas relac10nes, y pronto hizo las visitas de despedida.
'
. No descm?ó, sm emb~rgo, ir á dar gracias al cardenal Pazzi, guardián de las
riquezas vaticanas, á qmen le había recomendado la anciana marquesa de la
Fonfreyd~, cuyo marido ejerció el mando en Roma durante la ocupación francesa. El_ ilustre monseñor le había cobrado cariño, y sus luces y consejos guiaron á Gilberto en todas sus sabias investigaciones,
, - !Se va usted!, exclamó. ¿Cómo han podido cambiar sus ideas, cuando parec1a dispuesto á no separarse nunca de nosotros? ... ¡Fer Bacco/ no desespero de
volver á verle por aquí algún día.
Al pronunciar estas palabras sonrió, y con amistoso ademán puso la mano
sobre la frente de Gilberto.
- Poi: su propio bienestar, hijo mío, y para gloria de la ciencia, procure conservar siempre esa buena cabeza fría, questa mente fredda che non si lascz'a ingamzare dalle domze...
Era un cumplido &lt;;1ue habría sido aventurado hacer al cardenal cuyo bello
perfi~ de meda_ll~ antigua no podía librarle lo suficiente de las emboscadas fe.
menmas. P?r v1e10 que fu~ra, ~nte_resábanle aún las cosas de amor; complacíale
que le i:efin;ran la~ pequenas mtngas de los jóvenes de villa Farnesio, y la precoz sab1duna de G1lberto habíale causado alguna admiración.
- Bese ~sted la mano á la marquesa, dijo al despedirse con esa gracia ue
en él relacionaba tan bien al eclesiástico con el gran señ~r, y en la cual rico-

noeíase la influencia de esa hermosa religión romana que se amolda á todos los
compromisos mundanos.
Por la noche, ya en el tren, conducido lejos de Roma, Gilberto dejó desvanecerse tras sí todas las impresiones de su permanencia en la capital del orbe
católico. A medida que avanzaba, el viento, agitando la portezuela, parecía llevarle, con ráfagas del aire natal, todos los recuerdos que durante tan largo
tiempo rechazara y que él creía perdidos para siempre. Ahora agolpábanse á
su imaginación más vivos que nunca, con los más remotos detalles que se precisaban, tomando colorido, En las horas ociosas del viaje, en medio del aburrimiento que le ocasionaba la travesía, y hasta en aquel punto de la línea de
París donde le era forzoso detenerse para irá Mareuil, entretúvose en clasificarlos en su memoria, rehaciendo así todas las etapas recorridas desde uno á otro
incidente, desde su precipitada fuga de París hasta el casamiento de Pedro de
Cabrol y su primer encuentro con él.
Este encuentro databa de larga fecha, del tiempo en que Gilberto apenas
contaba más de doce años: era la época en que por primera vez iba á pasar las
vacaciones en Chatillón cerca de su madre, al salir del Liceo, donde ingresó á
la muerte de su padre y donde diez largos meses de reclusión habían desarrollado en él una afición inmoderada á las correrías y á la ociosidad.
- Puesto que tanto te gusta correr, díjole un día su madre, yo te acompañaré. Iremos á ver á mi amiga la condesa de Cabro!, que vive cerca de aquí,
según acabo de saber, por lo cual no es necesario tomar coche. Esa buena
Laura ... Desde su salida del convento no la he visto, y ahora le daré una sorpresa ... Se llamaba Laura de Sableuse ... ¡Oye tú, Gilberto, añadió, procura
arreglarte un poco para hacerme quedar bien!
Ella misma le ayudó; y mientras peinada el rubio cabello del muchacho, dictóle su regla de conducta.
- Cuando te sientes, le dijo, no has de cruzar las piernas; ten los ojos levantados,' pero sin descaro ... Esos ojos de tu padre, que eran tan grandes y de un
azul tan intenso ... Ya comprenderás que no se puede ver todos los días á una
condesa de Cabro!.
La señora de Maujeán tenía una debilidad que comienza á ser rara: la superstición de la nobleza. Los nombres con partícula y los títulos la imponían,
y agradábale pronunciarlos. Hija de una familia de me'nestrales, y educada en
el Sagrado Corazón de Grenoble, en sus sueños de colegiala no preveía que su
futuro esposo, si se casaba, pudiera ser menos que barón; pero en el primer
baile á que asistió, después de su salida del convento, dejóse robar el corazón
por un joven magistrado. Llamábase Maujeán y no era barón, lo cual no impidió
que se uniera con él y disfrutara durante diez años de completa felicidad, sin
notar en su esposo más defecto que su poca ambición, lo cual fué causa de que
solamente se elevara al cargo de presidente, cuyas funciones desempeñaba en
el tribunal de Chatillón cuando le sorprendió la muerte.
La señora de Maujeán y su hijo emprendieron la warcha en la tarde de un

-.;.
~

_\\~¡
,.;.,

.;

.

,·:·:( :

.....

.,.~,,,

::-.,
.,.•::'.

IP;:/ · ~'-·

/i:J~·:\~~?;',.º,·.J·.
~:-.,:¼'' Lr /' _y:...
\,.,,.,.

- - ,_,.

~"''-l·J; l

_(,

... y vertlanla lentamente en los hormigueros ...

�LA

412

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

496

caluroso día de agosto. Con su quepis encasquetado y bien abotonada la levi- aquí con Pedro, que es un aturdido, un verdadero caballo desbocado ... ¡Ah! Ya
ta, Gilberto seguía 'á su madre, que, quitasol en mano, utilizábase de la sombra le oigo, ya viene ... ¡Dios mío, añadió al verle entrar, parece un bandido!
de los árboles alineados á Jo largo del camino. Y entretanto, para matar el
En el mismo instante presentóse un muchacho bastante alto, de tez morena,
tiempo, enumeraba á su hijo las personas á quienes iban á ver.
ojos negros, cabello cortado tan al rape, que se hubieran podido contar las me- Los Cabro! son ilustres, decía, es una familia histórica... Uno de ellos fué nores protuberancias del cráneo, y labios rojos y gruesos. Su chaqueta de cutí,
escudero de Luis XI cuando éste no era más que Delfín, por lo cual compren- con los botones arrancados, estaba agujereada en los codos y tenía más de un
derás que su origen es muy remoto. ¡Nobleza de espada!. .. Los Sableuse no girón. Al presentarse se quitó el sombrero de paja, dejando ver en el fondo un
valen tanto, pues son gente de sotana. Sus antecesores formaron parte del Par- orificio por donde se escapaban algunas briznas.
lamento de Grenoble, y su nombre es Cruchón ... ¿Te ríes? ... ¡Qué muchacho
Gilberto sonrió al pensar en el minucioso arreglo de su traje, pero no admir6
éste! ... Pero has de saber que el presidente Cruchón dejó un gran recuerdo en menos la desenvoltura del saludo, breve, rápido y hecho sin timidez ni vacilala magistratura ... Cuando fué vendida la herencia de la duquesa de Valentinois, ción, en aquella sala donde Pedro no esperaba encontrar á nadie, y envidió
adquirieron la tierra de Sableuse, cuyo nombre y título tomaron. Estaban en aquel aplomo tan natural. La condesa había empujado á su hijo suavemente
su derecho; Laura me lo ha explicado todo ... Cuando volvamos á casa te ense- hacia Gilberto para que le diera la mano; después el chico fué á sentarse cerca
ñaré la esquela mortuoria de su esposo, que conservo aún, pues has de saber que de ella, grave y sin decir nada, y ya no se movió.
ella también es viuda ... Ya verás qué carta de apellidos nobles: duques, marEntretanto la condesa continuó la conversación, sin perder de vista al joven
queses y hasta príncipes. ¡Los BaMaujeán, como si prosiguiera su
grassand, los Selligny, toda la nobleexamen, aunque fijándose ahora en
za de los alrededores! ... Sí, viuda con
las cualidades morales, y tratando
dos hijos, de los cuales el más joven
con maternal solicitud la cuestión
debe tener tu edad.
\
,·
:_ \ ,
de saber qué podría resultar para su
..
\- ._\
1
I
La señora de Maujeán se interrumhijo de aquella nueva amistad. El
~~
',.
pía de vez en cuando para mirar á su
examen fué favorable sin duda, pues
,/ ,
hijo de pies á cabeza.
' '\,J.11~•
al cabo de un instante, y como se
&lt;7
- ¡Pero Gilberto, átate los zapatos!
abordaran ciertos asuntos íntimos,
Al fin me avergonzarás, pobre hijo
la condesa dijo á los muchachos que
\.
!' ~.....
mío ...
fuesen á distraerse al jardín.
•'
,, ' ...
Y después de esta dulce reprensión
Los dos obedecieron al punto, y
G.
~.
y de otras por el estilo, la· buena seun momento después hallábanse en
ñora volvió á ocuparse de la condesa
el huerto donde en las ramas es'
de Cabro), que solamente pasaba dos
cuálidas de los árboles brillaban los
meses, el tiempo de las vacaciones,
rayos del sol que doraban las cirue-r¡;!.
en su castillo, permaneciendo el resto
las claudias, cuya amarillenta piel se
del año en París. El conde había
había agrietado y presentaba jugosas
I
muerto al principio de la guerra franheridas, por donde se escapaba el
co-alemana á la cabeza de un batasabroso zumo que se disfrutaban enllón de guardias móviles de la región
jambres de moscas. Pedro sacudió
'
donde ejercía el mando; y este fin
un ciruelo, cuyos frutos cayeron
heroico devolvió algo de su lustre á
en tierra como lluvia de balas, é inla antigua familia, cuyo prestigio é
vitó á Gilberto á comer de ellas,
importancia iban decayendo con el
dándole él ejemplo.
recuerdo de los antecesores.
- ¿Quieres que ahoguemos ahora
- ¡He ahí el castillo!, exclamó la
,·
las hormigas?, dijo á su compañero
señora de Maujeán.
después que ambos se hubieron harti I '
Al oir estas palabras, el corazón
tado de fruta. Ya verás; es muy di,1 \
del muchacho lati6 más apresuradavertido. ·
mente, porque en las imaginaciones
Aceptada la proposición, los dos
jóvenes, esa r,alabra supone toda una
chicos, con esa crueldad inconscien.. '
fantasmagoría &lt;le torrecillas.
te y propia de todos los de su edad,
Pero muy p1 onto se desengañó: el
(/
entregáronse á una diversi6n bárbatal castillo reducíase á una gran casa
ra: iban al estanque á llenar de agua
cuadrada, aunque de lujoso aspecto,
grandes regaderas, y vertfanla desque se alzaba al extremo de una avepués lentamente en los hormigueros,
nida; los vastos espacios cubiertos de
cuyos habitantes, grandes hormigas
sombra, la grandiosidad de las dede cuerpo rojizo, huían en desorden
pendencias, el buen orden, y el estallevándose sus huevos. A veces las
do próspero de los cultivos que se
dos regaderas se vaciaban sin que
extendían á lo lejos; todo indicaba
el agua, perdiéndose en las galerías
una rica explotación agrícola; mas
subterráneas,
hubiese refluído por el
Pedro sacudió un ciruelo cuyos rutos cayeron en tierra como lluvia de balas ...
no podía representar á sus ojos una
orificio.
morada señorial cual había imaginado.
.
- He aquí un hormiguero bien
Se les hizo esperar algún tiempo en el salón donde un criado los introdujo. hondo que aún no se ha llenado de agua, exclamó Pedro, riendo á más y mejor.
Aquí, el severo orden del mobiliario, los cortinajes que llegaban hasta el techo
Al decir esto saltaba de alegría, y sus carcajadas confundíanse con el zumbido
trazando grandes curvas, el silencio profundo y la semiobscuridad de la estancia, de los insectos. Después se entretuvo en el estanque, pescando con las puntas
donde se veían fulgurar átomos dorados en una faja de luz, comenzaban á im- de sus dedos los renacuajos que retozaban en las orillas, para arrojarlos á larga
presionar vivamente á la madre y al hijo cuando se presentó la condesa.
distancia en el agua. El calor, produciendo su efecto en aquella tierra húmeda,
Era una mujer de treinta y cinco años, hermosa aún, de cabello castaño, y parecía incubar á la sombra y hacer fermentar la vida; de modo que allí pululaque bajo una extremada sencillez ocultaba mucha distinción y finura.
ban los seres microscópicos, las larvas apareadas, las lombrices que se retorcían
La expansión fué bastante cordial entre las dos amigas, que volvían á verse en el fango y legiones de ligeros insectos de cuatro patas que se deslizaban
después de quince años de separación; pero hubiera podido observarse cierta rápidamente sobre la tersa superficie líquida. Gilberto debía conservar largos
reserva en la condesa. Hablaba poco, escuchaba atentamente, miraba con una años, con el recuerdo de aquellas minuciosas visiones, la impresión de frescura
curiosidad reflexiva á la que se presentaba tan de improviso ante ella; pero no que sentía cuando esquivándose de los rayos del sol franqueaba los escalones
se deduzca de esto que fuese orgullosa ni tuviera ya seco el corazón. Aquello inseguros del estanque ... Tampoco olvidaría la sorpresa que le causó la rusticidad
no era más que el escrúpulo y la reserva de la persona bien educada que quiere de los pasatiempos á que se entregaba el joven Pedro de Cabro!.
conocerá aquellos á quienes trata y prever todos los resultados de una nueva
Sin embargo, cuando las cigarras se callaban, siguiéndose el silencio, oíase
amistad. ¡Son tantos los cambios que pueden traer consigo quince años, tantas un ruido sordo y cadencioso que golpeaba la tierra; procedía de la granja que
las disparidades que pueden producir entre dos amigas de colegio, cuyo matri- se divisaba á doscientos metros, á través de las moreras y de las vides, y en la
monio, como para todas las mujeres en suma, determina el rango social y que se verificaba la operación de la trilla: á ella enderezaron sus pasos los dos
es susceptible de desviar en sentidos opuestos la primitiva similitud de educa- muchachos.
ción!
Cada cual se apoderó al punto de una horquilla; pero cansados muy pronto,
La señora de Maujeán, sin echar de ver estos imperceptibles puntos de frial- fueron á echarse á la sombra de una muela; y mientras que la paja se aplastadad, habíase dado á conocer desde las primeras palal&gt;ras tal como era, hablan- ba bajo el peso de sus cuerpos, distrajéronse mirando cómo daban vuelta los
do ingenuamente y entregándose á la alegría que le ocasionaba aquella amistad caballos y el cilindro se deslizaba sobre los haces á la vez que los trilladores lenuevamente anudada. El encanto de la franqueza, la candidez que se revela- vantaban y bajaban los brazos á compás. Algunas veces, al pasar cerca de los
ba en su primer impulso y su gracia produjeron el efecto de costumbre, exci- muchachos, los campesinos les dirigían algunas bromas, motejándolos por su
tando la simpatía de la condesa, que ya no conservó mucho tiempo su aire aris- pereza, y proponían al «señor Pedro» trocar el puesto que ellos ocupaban por
tocrático. Había juzgado ya á su amiga, ;¡ ésta triunfaba; la gran señora sonrió el suyo, al oir lo cual Pedro sonreía sin contestar. Bien se adivinaba que era
con aparente satisfacción interior.
querido de todos.
Después tomó la palabra á su vez, y para contestar á las preguntas que se le
El calor que la muela despedía, y una especie de sofocación ocasionada por
dirigían, entró en algu11os detalles sobre sus niños, fijando á la vez en Gilberto el fino polvo que se elevaba en el aire, producían en los dos chicos una espeesa mirada de madre, perspicaz y envidiosa, que al punto busca puntos de com- cie de sopor, contra el cual se resistía más el joven Cabro!, que aprovechándose
paración con sus hijos en los hijos de los otros.
de! cansancio de su compañero, comenzó á molestarle sirviéndose de una larga
- No verás á Juan, dijo la condesa, pues se ha quedado en París. ¡Oh! Ha PªJª para hacerle cosquillas en el oído. Gilberto la separó varias veces, desviáncrecido mucho ... Cierto que tiene tres años más que su hermano. Le dejé con dola con dulzura; pero cansado al fin, cogió el brazo de su nuevo amigo. Precisu tío de Cabro!, que vuelve de Viena en uso licencia por algunos meses y que samente lo que Pedro quería era un pretexto para desplegar su fuerza, pues se
se le llevará á sus posesiones. Como él es quien debe en&lt;:argarse de su carrera, precipitó sobre Gilberto, y los dos comenzaron á rodar uno sobre otro, enlazaquiere conocerle y observarle de cerca, lo cual se comprende ... Yo estoy sola dos como dos serpientes y forcejeando tan pronto encima como debajo. Cuan-

NúMERO

LA

496

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,,

,'~

~

. ~.

..

.-l

11

A partir de aquel día, Pedro de Cabro! y Gilberto volvieron á verse con frecuencia, y en las vacaciones siguientes pasaron todo el tiempo juntos. Gilberto
había comunicado sus gustos á su amigo y le arrastraba en sus correrías por los
cerros; iban á bañarse al río y á pescar en los remansos, volviendo por la tarde
sin más botín que algún tabardillo y la ropa hecha girones.
Gilberto iba á buscar á su amigo á primera hora de la mañana, subía á su
habit~ción, y despertábale de su profundo sueño, no sin que fuera necesario
sacudirle repetidas veces. Al fin decidíase á sentarse en el borde de su pequeñ~ cama de hi~rro, con la~ piernas colgando; su camisa arrugada dejaba descubiertas las rodillas y permitía ver el pecho; pasaba un rato estirándose y bostezando, y después daba algunas vueltas por la habitación con los pies descalzos,
mostrando á ~u amigo diversos objetos, hasta que apremiado por Gilberto, consentía en vestirse. Después bajaba á la cocina donde á tan temprana hora todo
estaba cerrad~ aún, cortaba un pedazo del pa~ moreno de los criados, clavando en él los dientes con el mejor apetito, y poníase en marcha con su amigo
para emprender una nueva expedición.
Un año, ~edro no fué á pasar sus vacaciones en Chatillón, por haber tenido
q~e acompanar á su hermano á casa de su tío de Cabro!. Su ausencia privaba á
Gilberto del gusto ~e entregarse á sus distracciones acostumbradas, y entonces
fué cuan?º• no ~a?1endo en qué ocuparse, resolvió ensanchar el campo de sus
explorac1ones, VlSltando los montes Saint-Genix, cuyas lejanas cimas divisaba
en todos sus paseos, atrayéndole irresistiblemente. ¿Qué iba á buscar en aquellas cumbres, en aquella región silenciosa, á costa de tantas fatigas? Lo ignoraba ... Alguna cosa que no halló, y que seguramente no debía encontrarse allí;
alguna cosa que á los diez y seis años, su edad entonces, le hubiera ayudado á
llenar el inquieto vado que sentía en el corazón.
Pedro volvió al año siguiente, y entonces fué cuando, gracias á él entró en
relaciones con la familia de la Fonfreyde.
'
-_voy á llevarte á,Mareuil, le dijo; allí verás á la anciana marquesa.
G1lberto no conoc1a el pueblo de este nombre, en el cual no se había fijado

�LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA

SECCIÓN CIENTÍFICA
QUÍMICA RECREATIVA
LA DIFUSIÓN DE LOS GASES

En nuestro anterior artículo explicamos algunos
experimentos que demuestran la difusión de los gases; de los otros muchos que nos conducirían al mismo objeto, escogemos para ofrecerlos á la atención
de nuestros lectores los dos siguientes:
Tómese una pipa y ciérrese herméticamente su
fogón con un tapón macizo y adáptese á su tubo por
medio de un trozo de caucho un pequeño tubo de
cristal encorvado, que contenga una gota de líquido
colorado que servirá de índice. Colóquese la pipa
sobre un mechero de gas abierto ó cúbrasela con un
vaso lleno de hidrógeno ó de gas del alumbrado
(fig. 1) y se verá que el líquido colorado sube en la
rama libre del tubo en que está contenido, lo cual
indica un aumento de presión debido al hidrógeno
que ha penetrado al través de los poros de la pipa y
que ha venido á aumentar la presión del aire.
Para llenar de hidrógeno, sin tocarlo, un pequeño
frasco lleno de agua, introdúzcase en ésta por el gollete de aquél un tubo de caucho unido al tubo de
la pipa que nos ha servido para los anteriores experimentos: cúbrase la pipa, como en el experimento
anterior, con un vaso lleno de hidrógeno, y se verá
subir á la superficie del agua contenida en el frasco
pequeñas burbujas gaseosas, que en un principio no
son más que el aire desalojado por el gas que penetra allí y después este mismo gas. Repitiendo varias
veces esta operación, acaba por llenarse el frasco, de
suerte que al aproximarlo á una llama, arde con una
ligera detonación.
La fuente maravillosa. - Tómese un frasco de ancho gollete, llénesele casi completamente de agua
colorada y ciérrese con un buen tapón en el que
previamente se hayan hecho dos agujeros: en uno de
éstos se introduce apenas el tubo de la pipa preparada como en el experimento anterior, es decir, cuyo
fogón esté cerrado por un tapón macizo, bastante
delgado y untado de cera, y en el otro hácese entrar
un tubo de cristal de modo que casi llegue hasta el
fondo; este tubo ha de ser encorvado y terminado
en punta en su parte exterior.
Cubriendo la pipa con un vaso lleno de hidrógeno
ó de gas del alumbrado, podrá hacerse manar á voluntad esa fuente; el gas penetra al través de los poros de la pipa y aumenta la presión sobre la superficie del líquido, que al poco rato sale al exterior, cesando éste de manar en cuanto se retira el vaso; entonces el aire penetra en el agua del frasco en grandes burbujas á causa de la salida fácil del gas, al
paso que el aire entra difícilmente.
Si la rama exterior del tubo fuese un poco más
larga que la parte de éste introducida en el frasco,
el aparato sería un sifón que funcionaría en cuanto

ALGO SOBRE EL ORO

No hace muchas semanas presentóse á un
joyero de Londres un
extranjero con la asombros a noticia de que
había encontrado la
piedra filosofal, ofreciéndose á probar lo
que decía, como en
efecto lo demostró al
día siguiente. De un
frasco sacó una moneda de oro que colocó
en un crisol, cubrióla
con un líquido en el
que echó un polvo negro y fundió
aquella mezcla por espacio de una
hora, transcurrid a la

Qulmica recreativa. - Fig.

2.

La fuente maravillosa

cual rompió el crisol, retirando de él una bola de oro
puro, cuyo peso era tres veces mayor que el de la
moneda de que para el experimento se había servido.
El joyero quiso ver repetido el experimento en su
prop~o la?oratorio, y. allí pudo comprobar por sus
propios OJOS cómo vemte monedas de oro se convertían al p~co rato en una masa del precioso metal de
un peso igual por lo menos á cincuenta de aquéllas.
El descubrimiento de la_ piedra filosofal era, pues,
un hecho, y el afortunado inventor de la misma propuso al joyero que_ le_ entregara 40.000 monedas que
él, con su procedimiento de fundición convertiría
en 100.000 á los diez y ocho días de te~erlas sumergidas en ~u misterioso ácido. La ganancia que de
tal operación resultara se repartiría en partes iguales
entre los dos, de suerte que cada socio se embolsaría 30.000 libras esterlinas.
Preciso es confesar que las condiciones eran inmejorables; el capitalista aportaba el dinero el inventor su trabajo, y en menos de tres semana; cada
uno vería recompensado su sacrificio y su labor con
una suma casi igual al capital impuesto. Negoeios
como éste se presentan p~cos, y muy desagradecido
ha de ser qmen no mamfieste un reconocimiento
e~erno al que tan desinteresadamente lo proporc10na.
.
Así hubiera ~ebido pensar el joyero; así habría
pensado cualqmera hace apenas cien años. ¿Quién,
después de haber dado el inventor de la piedra filosofal tan completa y satisfactoria demostración de
su mágico poder, no le habríaabrazado como amigo
del alma? ¿Quién no se habría apresurado á entregarle el capital que para tan brillante
negocio solicitaba?
_ ~ero el j?yero, que era un hijo mahc10so del ilustrado siglo x1x, después
de la segunda citada prueba hizo
arrestar al prójimo, acusóle de tentativa de estafa y
en vez de las
40.000 libras
que le pedía proporcionóle una
condena de algún tiempo de
cárcel.
Tal ha sido la
suerte del último inventor de
la
piedra filosoQulmica recreativa. - Fig, I. La difusi6n de los gases al través de las paredes de una pipa de tierra
fal, que de haber
vivido hace dos
se hubiese cubierto la pipa con el vaso lleno de gas. siglos, quizás hubiera llegado á ser un grande homEste es un nuevo sistema de hacer el vacío.
bre, pues de fijo que entonces nadie habría dado
crédito al joyero, si éste hubiese afirmado que el
F. FAIDEAU
(De La Scietzce ll/ustrée)
polvo negro de que aquél se servía era ni más ni

NúMERO

496

menos que oro que en
el crisol se fundía con
la moneda, y todos hubieran rechazado con
indignación la sospecha de que el ta~ sujeto pedía las 40.000 monedas, no para echar•
las en un crisol, sino
para esconderlas en
una maleta y largarse
con el dipero á otra
parte.
Vivimos en una época mala, escéptica, que no estima el mérito en lo que vale. Nuestra pasión por el
brillante rey de los metales es mayor que nunca, y
si se presenta alguien qu_e dice haberle vencido y
dominado, no damos crédito á sus palabras.
Pero aun cuAndo todos los alquimistas habidos y
por haber, aun los más modernos, hubiesen sido la
gente más noble y leal del mundo y hubiesen fabricado todo el oro que fabricar pretendieron, ¡qué significaría cuanto ellos hubiesen hecho al lado del
hombre de quien nos dicen, desde Inglaterra, que
ha descubierto nada menos que un tesoro de oro
verdadero, natural, metálico, cuya magnitud excede
á todo cuanto en punto á riqueza puede nuestra
mente concebir! ¡Un tesoro de más de 100 millones
de libras de oro, lo que reducido á nuestra moneda
representa 2.500 millones de pesetas! Comparada
con esta suma la fortuna del mismo Rothschild resulta poco más que una miseria. Y este tesoro no está
enterrado, sino que existe en la superficie del suelo
de la colosal ciudad de Londres y en las rocas cretáceas de las costas inglesas.
Suplicamos á nuestros lectores que no vayan á
figurarse que tratamos de darles un bromazo: nos
merecen demasiado respeto para que nunca nos creamos autorizados á ello. Referimos un hecho cierto, y
sólo debemos añadir que por desgracia nadie está
en condiciones de poder hacerse con ese tesoro
inaudito, pues aun cuando ~e halla poco menos que
á la vista, está demasiado bien enterrado.
El descubridor de tamañas riquezas es el profesor
Logan Lobley, geólogo inglés tan sensato_co_mo fidedigno, que ha dado á conocer su descubnm1ento en
la memoria de la Brilish Association, correspondiente al año pasado, que acaba de publicarse. En cuanto al tesoro, he aquí en qué consiste:
Desde hace mucho tiempo es sabido que casi
todas las piritas contienen oro; en efecto, de _los desechos de las piritas que se usan en las fábnca~ de
ácido sulfúrico se extrae regularmente ~na cantidad
de oro no despreciable. Pues bien: la pirita abunda
en muchos puntos de la tierra; diseminada en forma
de cristalitos se la encuentra en la mayor parte de los
esquistos arcillosos y en otras concreciones marinas;
entre ellas en el suelo arcilloso de Londres y en las
rocas cretáceas de las costas de Inglaterra. Y como
es conocido el volumen de estos yacimientos, fácilmente ha podido Lobley calcular la cantidad de pi·
rita existente en ellos, llevándole naturalmente este
cálculo al conocimiento de la cantidad de oro que
tales piritas contienen y cuyo ".alor aleanµ á la
enorme cifra antes indicada.
·
Pero no terminan aquí las noticias notables acerca del oro. Sonstadt, un metalúrgico sueco que reside en Inglaterra y cuyos excelentes trabajos le han
conquistado general renombre, ha hecho á fuerza de
delicadas investigaciones un descubrimiento mucho
más sorprendente que el anterior: el de que el agua
de mar contiene oro en disolución. En efecto, en el
agua del Atlántico ha encontrado una cantidad del
precioso metal, que está en relación ?e un gramo por
20.000 litros, ó sea en una proporción de una vigésima millonés~ma parte del agua.
Ahora bien · cubíquese el agua de todos los mares
de nuestro pl~neta, calcúlese la cantidad de oro en
ella disuelta, aun suponiendo que Sonstadt se haya
equivocado en un decimal, es decir, que aquélla contenga diez veces menos de metal que el supuesto, y
todo el oro que desde que el mundo es mundo se
ha extraído de la tierra sería nada comparado con la
cantidad que aquel cálculo daría como resultado.
Pero todos estos cálculos serían inútiles y de ningún valor si con ellos no se relacionara una nueva é
interesante teoría acerca del origen del oro en la tierra. Hasta ahora se ha creído que el oro es de origen
plutónico, y se ha considerado como yacimiento primario del oro la roca primitiva en donde se encuentra diseminado: Lobley se opone á esta teoría y combate á los que sostienen que en el interior de la tierra existe un tesoro aurífero del cual las piedras volcánicas sólo han hecho llegar á nuestras manos una
mínima parte. De ser esto cierto, dke, los escombros
que arrojan los volcanes deberían contener oro, cosa

LA ILUSTRACIÓN A RTISTICA

496

NúMERO

que casi nunca acontece. El yacimiento primitivo del
o(o, según Lobley, es el mar, en_ cuya agua ~stá este
metal disuelto en forma de clóndo; los sedimentos
que del mar se separan arrastra? consigo el oro, y
dondequiera que en tales sedunentos se forman
concreciones metálicas, penetra el oro en éstas. Las
venas auríferas que se encuentran en las hendiduras
de las rocas plutónicas han penetra~o en ellas por la
infiltración de agua de mar en las piedras todavía en
estado de ignición, disolviéndose_en la masa ígneolíquida de las rocas las p~rte~ mnobles del a_gua
y permaneciendo en ellas indisoluble el prec10so
metal.
¿Quién decidirá si esta nueva teoría es la verdadera?
Lo único cierto que de todo ello se desprende es:
que el oro es uno de los elementos más abuadantes
y extendidos, bien que en cantidades tan pequeñas
que sólo podemos apropiárnoslo y utilizarlo cuando
en virtud de un proceso gradual ha llegado hasta la
corteza terrestre.
¡Y decir que vemos á los hombres afanarse y aun
cometer actos ilícitos por procurarse un producto

natural que en cantidad incalculable les rodea por
todos lados! A cada paso nuestros pies pisan el precioso metal; como el rey Midas, envuélvenos el or?
líquido cuando nos sumergimos en las aguas marinas, y sin embargo, no podemos apoderarnos ~e él
y seguimos consumiéndonos en nuest~o ardiente
deseo de poseerlo.
(Del Pro111etl1em)

EL COFERDÁN DE AMIANTO

El coterdán de celulosa empleado en los buques
de guerra no ha dado los buenos resultados que se
creía: después del paso de un proyectil puede formarse una vía de agua, y si se trata de un obús la
celulosa se enciende. M. J. t. Luciani, de Bastia,
propietario de unas minas de amianto en Córcega, propone sustituir en los citados buques la celulosa co?
el amianto: éste, al parecer, está dotado de tal elasticidad que atravesado por un proyectil ó agujereado
por el choque contra el pico de una roca, se cierra

SOCIEDAD

de Fo1111■to
~tdall1

dtlro,

espontáneamente, y al contacto del agua aumenta de
volúmen formando una especie de almástiga impermeable: su incombustibilidad ofrece además en esta
aplicación grandes ventajas. Pero en cambio presenta
el inconveniente del exceso de carga. El peso específico del amianto es de 2 11 á 2'8; es decir, que pesa
de 16 á 55 por roo más que la celulosa: para reducir ese exceso y por consiguiente el aumento de calado, se ha pensado en reducir en proporción inversa
de los pesos específicos el espesor del cinturón protector. Este espesor reducido ¿sería aún suficiente
para que la obturación espontánea conservase su eficacia? La respuesta es dudosa, porque el amianto,
menos elástico que la celulosa, parece exigir mayor
espesor que ésta en el coferdán, á menos de que el
aumento de volumen por el contacto del agua no
compense esta deficiencia. Pero hay que tener en
cuenta que el amianto en fibra es impenetrable al
agua é insoluble en este líquido.
De todos modos, merece ser atendida la proposición de M. Luciani por su gran importancia.
(De La Nature)

JARABE

Y

PASTA

de H. AUBERGIER

P1'EIIJO
• • 2000 fr.

001 U0'1"0'0.4.lUVK (lago leoboao de Leobuaa)
A.probadOII por la Aoaa.ml• de •edlaiJrJa de Parhl• wenadOII en la Co1ecOJ6n
011o1al de 76rmnlu Legal• po, deorefo lllbufferlal da 10 de .llaJ,so de 1854,
e u na completa mnoculdad. una eftcacla ~wn•te comprobada en el ca.tClff'O
e,mstnHco, lu B,o,tqt1flfl, Ca.tarro,, in11411, ~ . , . . 6 fff'U4dola de la rarranta, han
irrangeado al JAllABE 1 PilT.t. di! .t.umama UDa l;lllDIIDI&amp; rama.. •
(.hl!'utl ül 10flllllcrj, 111&amp;. U 8" lfu~UI Nálr4II# " la 1...U. ü M'•." -• (» ,4uilli),

venta por mayor: COIUJl r C', •· Calle de 8&amp;-Claude. PÁlliB
DIPÓIITO D W

NDCCIPü.U IIOTIC:.U

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Lu

Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolor11■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de

, ....... - - lu

PILDORAS:.DEHAUT
Dlt ~ARl8

.ao titubea.a e.a pnrgar,e, cuando lo
.aece,iean. No temen el 11co al el causancio, porque, contra lo que sucede c~n
Jo, demar purgante,, este no ob!'a bien
llino cuando , e,toma con bueno, alimento,
1 bebidas fortificaats,, cual el vino, el cal {I,
el U. Cada cual e,coge, para purgarse, la
hora 1 I11 comida !JUe mas le convienen,
1evan , a, ocapac1one1. Como el causan
c10 que la purge ocasiona queda completamen1'I anulado por el efecto de la
bueaa alJmen tacIon empleada, uno
,. decide t4cilmente .i volnr

loa intesl.inos.

JARA.BE

a1Bro:muro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S••Vito, insomnios, convulsiones y tos de los nilios durante la denticion; en una palabra, todu
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones : J'.-P. LAROZE

"empeur ca~o t.H veces

! , rae des Lions-St-Panl, l Paris.

1:,e ll8C8HrJO,

Deposito en todu las prlncipaJea Boticas y Drogueriaa

PERFUME RIA· ORIZA
Perfumeo li•uldo1 6 eolidlllca doa

DE L. LEGRAND ..
11, Place de la JHadelei.ne, 11

~...~·

~
11/j•·-•·

"
~ A-&lt;&gt;º i:,IO°
~~"
~!, 9'.j
V ~ .,P ~ '&gt;-e;

~tu

*

~"ll'6iq_l-:e,0/'
~ . -,
. ~º•l'

0

"'~q, ....~

t

'O

CARNE y QUINA

ll IJfmealo au repandar, llllido al T6Dloo 11111111181'p1,

VINO ARDUO CON QUINA

T COK TODOl 1.01 nmamos inrrmnvo, IOLUBLU Da L4 CAME
4'&amp;a.. . 1 •llD&amp;l lOll loe elemen&amp;ol que entran en la com'DOl1clQD de este potente
teparador de Ju fl1erAI Tllalea, de este feir&amp;llea■Ctl ..-• eaeele■ela. De un gusto sumamente a,rad&amp;ble, ea 10berano contra la J.,iemfa 1 el J.f/OCQmtento, en las Calentura,
1 C M o ~1 contra III mMf'IM 1 Iu J.fetdanU del B1tomaqo '1 los fntuttno,,
Cuando ae traia de d88J)el'lar el apetito, uerurar laa d1gesUonea, reparar las ruerzu,
~ la ungre, entonar el orpntamo 1 precaver la anemia 7 laa eptdemtu provoClldai por loa calore1, no se oonooe Dlda 1upertor al W'l■a de ttaiaa de .&amp;reatl.
,O,, fNI"'• • Paril..,_ea casa dt J. FEW, Farmaceutiro, 10!, Mlt Richelieu, Saceaar dlAlUJUD.
U

VDDI 1M TODAS US PRINCIP.U.U BoTIQU.

ellJ)eclalmente contra las •acrohalu, la

~••• y la Debllldad de temperamento,
u! como en todos los casos(l''1l4oa aolore■,

Amenorrea,••&gt;, en los cuales ea necesario

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla

1u riqueza y abundancia normales, o ya para
provocar O re¡ularlzar au curso periódico.

1 ~/A,,?25

Farmaceuttco, en Pal'II,

~Rut Bonaparte, 40

El loduro de hierro impuro Oalterado
, , es un medicamento infiel é 1,rrltan te.
Como prueba de ¡mreza y de autenticidad de
· las verdaderas P Udora3 de B l.anea rd,
exigir nuestro aello de pi at a reactiva,
nuest-ra fi rma puest.a al pié de una etiqueta
v■rde y el Sello de garantta de la Unión de
loa Fabricantes para la represión rte la falSl•
11.caclón.

NB

EXIJASE •i: ar':' AROUD
0

en Ca,a de
JAIME FORTEZA
4. Escudiller1. Bar celona

Participando de Ju propiedades del Iodo
J del Hierro, estas Plldotaa ae emplean

- - - - - - - - -- - - - - - - -- -- -- -- - - - -

Enfermedadesd,1 Pecho

1·,SB HALLAN BN TODAS LAS F ARMACIAS

Jarabe Pectoral
DE

P. LAMOUROUX

•Soberano remedio para ripida cura•
don de la■ .Afeooionea del pecho,

Catarroe,Mal de garganta, Bronquitis. l\eafriadoa, l\omadisoa,
de los l\eumatiamoa, Dolores,
Lumbago•, etc., SO años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

D1pdslto ,n tollas ta, Farmae1a1

Ante,, Farmaodutlco

65, Calle Vauvtuten,

GRANOOELI NO TARIN

F~i~f:01~\

ESTREAIMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: lfr. 80,

Pul■,

El Jarabe de Pierre Lamouroux e,
el Pectoral por excelencia

como edulcoran~ &lt;Ú las ti.lanas, á
la, cualdl comunica &amp;U gusto agradabl, y ,us propiedade, calma11te1.

t .,,,,, ..,_,..,, _,_

(Gaceta dt In Ho1plt1le1)
r11. • ., ,.,,. u,.,,....,

1 .,. '" . , ...,,_ flA#OllltlALH,,,.""'

11 ..,.,.. . . . . . .,,,.,,.,, " ,,.,., .,.,.. , ..
flm/trwtl ti IHff 1 11 altll'/1, - Al/ flnH r,,
IIIHAH . 11..,11/lfl'uluft .,..,,. "' HI •u.a ..,,,

ltp61ite Cotral: 4S, Calle fmllllera, 45, PWS
a, rend, , n todu /u buena, rarmaolu,

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

• tO o6ntiin o ■ de peaet a la
· entreg a d e 1.8 p á g ina•
~
'
.

...

Se u ~ pmpecw, A4alen.la Nliáte
&amp;lglk4o■e Ala Sra. KHtaae, y Slah , HltMa

�NúMERO

LA ILUSTRACION ARTÍSTICA

EN L A P LAYA,

496

cuadro de F . Miralles, grabado por Sadurn!

Las oasaa extranjeras que deseen a.nunoia.rse en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA diríjanse para informes á. loe Sres A. Lorette, Rue Ca umartin

núm. 61. P&amp;I'Íe.-Las casas eeps.fiolaa pueden hacerlo en la oftoina de publloidad de loe Sres. Oa.lvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona

--Mio-

UIT J.NltPBÍLIQUI -

LECHE ANTEFÉ

VINO

DI

pm • ■lldata - ..... , ..,.
CAS, LElffEIAS, TEZ ASOL
8ARPULUDOB, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLOREICE!ICIAS
ROJECES

~.JARAl~.~~JJf!q§,111~9.!t.18.IJ!l~

CHASSAING

lll•DIOKIITIVO

Praortto deede 25 añoe

Contri IIS AfFECCIONES de las Ylas Olgestlm
PARIB, e, Arenu, ~lotorla, e, PAR/8

El .r.ARABE DE BRIANTrecomendallo desde su -:,rtnclplo por los profesores
Laiinneo, Thénard, Gueraant, etc.; na recibido la oonsagraclon del tiempo: en el
año i829 obtuvo e1 prlvtleglo de lnvenctón. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y de ababoles, conviene sobre todo a 1as personas e1e11cae1as, como
mUJeres y niños. su gusto excelente no perjudica en modo alguno á su eficacia
l. contra 108 RESFRIADOS y todas las lll'LUUCIONES del PECHO Y ele 108 IITESTIIOS. ...1

T D TODJ.I LA■ l'lll•OIP.u.JII l'illüGlü

• ENFERMJDADES .

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
CLORÓSIS. -

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Proto-Ioduro d• Hierro es el reparador d, la sangre,
el fortiflcante y el microbicida por ezcelencia.
11 Jarabe y lu Grajeas coa proto-loduro •ellerro deF. Gille,
no podria,. ,.,. demaruulo r•d4clo• ,,. ra:o,,
qulmka, df
,u inaU,rabtlid4d ~ el• ,,. •olubilidad comta,.lu.

~ llltlADESdeJEBro,r.
i-+.\~
--tt-

r,i,,

,u,.."""'"'

Pepsina Boudault

DEPÓSITO GENERAL: 45.

(Oactla d • lo, Ho1pilalt1).

Rue Vauvllllers. PARIS. D:pilsito en todu las J&amp;rmacias.

PATERSON

.,_ _ .1~t~lSlltlTBO 7 ll.lGNISIA

_ _ , , . eoatra Iu ~ da1 ll■t6·
mago, Falta ele Apetito, DigeaUODN labo1 T6mttoe,l:nic$ol.J' ~Uooe.
NgUlarlun &amp;aa l'anoion• u1 l:ai6aíago 1
ele loe IIIIN\llloe.
lrlllr • ti r•Mt1 1,wt dt l . ,ArAIIO.

rt-, ~

I&gt;ETBAK,F~Uoo ea PAJID

!probada por la !CADEII! DE IEDICl1"

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856

CARNE HIERRO y QUINA

lltdallu •• lu Expo1lclont1 loteroaclooalt1 de

PU.IS - LTOI - TIEIU • PKILADELPIIU - P!RIS

11.AlimeDto mu co•le llllido a los 'l'óllicoa mu reparadores.

U UfUl COR IL ••TO• j11ro lll' U9

VINO FERRUGINOSO ARDUO

1867

187i

18;3

¡g¡a

18i8

,_
DISPEPSIAS
CASTRIT18 - OASTRALOIAS
OIOE&amp;TION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'1 OT&amp;OI DHOkDHII l&gt;I U ZUG&amp;ITIOW

BUO LA FORl(A DE

ELIXIR. , de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PWS, Pharmacle COLLAS, a, rae Daaplile
r m 1a, ,,.-foctpar., 'ª"'""""''·

T CO!f TODOS LOS PI.DICIPIOS ICUTBITIVOS DB U ClARNE

ti.am, mEaa•.,. •IJIIIAI Dles añoa de exito continuado y las aflrmaclonea de
toéiu la&amp; emlnenclaa mMICII preubaD que esta aaocl&amp;clon de la (lanae, el Diern y la

. .la&amp; conaUtUYe el rel)arador II1ll enel'Kico que se conoce para curar : ll Clorlúü, la
.lfltmlll, la&amp; Jlm,tl'll4CCOtUI tlolot'Olal, el Jlmpollrectmffflto y la .Alttrac1on 4e la Sangre,
el
las .Afecd«IU esCf'o/WOIIII Y escor&amp;ut~, etc. &amp;l Wi■• Pel'l'llst■•.. de
ea, en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece loa organos,
regulariza coordena y aument&amp; considerablemente lu tuerzas 6 lntunde a la l&amp;ll'1'0
empobredda y descolorid.a : el YIQor, la Coloracloft y la .B,ur(lla o1tiu.

RIJ(J1'""""''
Ar•••

.Por IIO)'or,a Paria, en wa de J. FERRÉ, farmat.entico, 10!, rae Richelieu, Sncesar 4e AROUD,
,_

p VKl(DII BN TOD.lll L.lS PB.UICIP.LLBS BOTlC.U

EXIJASE e1i:~ ARDUO
1

G~RGANTA
VOZ y BOCA
PASTILLAS• DETHIN

. ._■-dada■ ea11ra l• lhl• te lahl'fula,

lllnbaolon.• u 1a • - . 1■a-ao1- .. 1a
.-ntlliNN ui lhroarto, 1r1-

--.meo•

1aa&amp;o11.JU __._.. el Tüaw, J ■-NiallÍlflt,

i 111 111n ftlllDIC&amp;J)01'E8 ~ O a ,
nor.aom .,. GAJCToii9 ~" laellilll 1a
■-1oioD. lle la ,--.-Paat: ti b.ua.

· IIIIIW • 11 ,.,.,,. • ,.,.,,..

&amp;dh. DZTIU.Jf, r-.onueo n

.

pAJUi·

deatroye buta Ju RAIC1!8 el Vl!LLO del rostro de lu damas (Barba, 111,ote, et&lt;.), 11J1
• nin~o peligro para el cutiJ. SO Aiioa de il:a:tto, ymlllarea de te1Umonlo1 praaliwl la eOu~
• de esla preparadon. (Se .ende ea nJu, para b barba, y en 1/2 oaJu para et blgott Usero). Pan
101 brllOI, empléese el PI.LJ J'UllB. .DUSSER, t , rue J ••J,,Rou■■eau, Parta.

PATE EPILATOIRE DUSSER

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria

bu•, DI MONTANU y Su.tÓJf

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46835">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46837">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46838">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46839">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46840">
              <text>496</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46841">
              <text> Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46842">
              <text>29</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46858">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46836">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 496, Junio 29</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46843">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46844">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46845">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46846">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46847">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46848">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46849">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46850">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46851">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46852">
                <text>1891-06-29</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46853">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46854">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46855">
                <text>2011664</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46856">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46857">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46859">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46860">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46861">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7385">
        <name>Bocetos</name>
      </tag>
      <tag tagId="7393">
        <name>Enrique Fúnes</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="4552">
        <name>José Echegaray</name>
      </tag>
      <tag tagId="7395">
        <name>León Barracand</name>
      </tag>
      <tag tagId="7394">
        <name>Lima</name>
      </tag>
      <tag tagId="7348">
        <name>Química recreativa</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1778" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="656">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1778/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._497._Julio._0002011642.ocr.pdf</src>
        <authentication>3b2a0d51bd8449612fd8cb6d4a581af2</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73949">
                    <text>U~1-rtélC101)
Ftí~ttefl
A~o X

-

- - - - - -~

BARCELONA 6 DE JUUO DE 1891

•
~

:a

1,

PIERRETA INCROYABLE, cuadro al past el de la señorita Ethel Wright

NÚM. 497

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

Texto. - La sexualidad en el lenguaje, por Fernando Araujo.
- Una bodaj11dla en Valencia á mediados del siglo XIV, por
A DanvilaJaldero. -La letra de cambio (con.clusión), por Jacobo Sales. -N11estrosgrabados. - Vizcondtsa (continuación),
por León Barracand con ilustraciones de Emilio Bayard. Rebelió11 anti-cristia11a, por Eduaro.o Toda. - Noticias varias:
El porte de las cariar en el f apón. - Una so11dead11ra interesante. - La cre111ació11 de los cadáveres en l'arls.

Grabados. - Pierre/a incroyable, cuadro al pastel de la señorita fühel Wrigbt. -¿Devoción?, cuadro de D. Manuel Cusí
(de fotografla de D. J. Marú. Exposición general de Bellas
Artes de Barcelona). - La vuelta al hato, cuadro de D. Gonzalo Bilbao (Exposición general de Bellas Arles de Barcelona). - Tnºbulet, busto en bronce de Joseph Willems (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). -Altivez,
busto en bronce de D. José Reynés, fundido en los talleres
de los Sres. Masriera y C.• (Exposición general de Bellas
Artes de Barcelona). -La crwsde mi madre, estatua en yeso
de D. José Berga y Boada (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - ¿Dónde está el ratón?, cuadro de Luis
Gasparini (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).
-Recuerdo de Ga!icia. La vuelta del campo, cuadro de don
Baldomero Galofre, existente en el Circulo de Reus. - El
heredero, cuadro de Jorge Van Den Bos (Exposición general
de Bellas Artes de Barcelona). - Vista de Vt,lm, donde han estallado recientemente los desórdenes contra los cristianos de
China. -¡Sin pájarJ/ ¡Pobncillo!, estatua en bronce de don
Torcuato Tasso, fundida en los talleres de los Sres. Masriera y C.• (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).

LA SEXUALIDAD EN EL LENGUAJE
¿Os habéis parado alguna vez á reflexionar en el
procedimiento que empleáis cuando, conocido el
nombre de un ser, el león, por ejemplo, os encontráis
con la hembra de ese ser y la llamáis leona7 ¿Habéis
parado mientes en la sencillez de ese procedimiento
y habéis indagado por ventura si empleáis á veces
otros para obtener el mismo resultado? ¿Habéis tenido la curiosidad de averiguar el origen de esa a que
caracteriza en nuestra lengua á los seres del sexo femenino, metamorfoseando como por arte de magia
los machos en hembras? Pues he aquí los misterios
que os quiero revelar.
Dado que el lenguaje, en su sentido estricto de
lenguaje articulado, no es otra cosa que la expresión,
por medio de la palabra, de las sensaciones, ideas y
voliciones del hombre, el espejo en que se refleja la
naturaleza animada y la inanimada, con todas sus
evoluciones, con todos sus matices, con toda su vida,
nada más natural que el hombre, dotado de instrumento tan maravilloso, le haya utilizado desde un
principio, con más ó menos reflexión, para darse
cuenta á sí propio de todos los fenómenos del mundo
e~terior que herían su impresionable imaginación,
dejando en ella, según su importancia aparente ó real,
más ó menos profunda huella, tansportada en el acto,
por misteriosas vías, al lenguaje.
En época imposible de determinar, pero que seguramente tuvo que coincidir con los albores de la hum anidad, observó el hombre la diferencia existente
entre los seres animados con relaci6n al sexo, y llevado intuitivamente del natural deseo de traducir en
su lenguaje la diversa impresión que en su espíritu
hacían estos seres, excogitó un procedimiento adecuado para expresarla, procedimiento que varía según
las lenguas, mostrando en su variedad la riqueza de
medros de que la naturaleza dispone para producir
idénticos efectos; estos variados procedimientos, estudiados en épocas muy posteriores por los gramáticos, son los que forman el contenido, en todas las
gramáticas de las lenguas cultas, del capítulo consagrado á la exposición del género en los nombres.
¿Qué es genero gramatical? «Cierta cantidad de
nombres reunidos bajo un punto de vista común que
les es exclusivamente propio.» Está definición dada
por el ilustre redactor de los artículos gramaticales
de la famosa Enciclopedia, Mr. Beauzée, es de todo
punto inadmisible; porque aun aceptando - como
en cierto sentido podría aceptarse - que el ténero
esté constituído por «cierta cantidad de nombres,»
¿cuál es el «punto de vista común» que ha de presidir á su agrupaoión? Ni siquiera puede aplicarse esta
definición al género como término de división superior á la especie, por adolecer del mismo vicio de falta
de precisión. El género gramatical podría definirse,
como lo hace la Academia francesa: «la relación de
los nombres con lo que es macho ó hembra, ó considerado abusivamente como tal;» pero aun esta definición es defectuosa porque el género no es precisamente una relación, sino la expresión de esa relación;
la propiedad que tiene el nombre de expresar la relación de sesualidad en que se encuentra, ó que encierra en sí mismo, mejor dicho.
El sexo en tlos seres animados y el género en las
palabras que los representan, se corresponden mu-

tuamente; á tal sexo tal género, como á tal género
tal sexo. Si la palabra perro significa un ser de determinada especie, pero de sexo macho, y la palabra
perra expresa ese mismo ser, pero de sexo hembra,
es porque esa palabra es susceptible de expresar la
relación de sexualidad en que ese ser se encuentra,
marcando concretamente, en virtud del sencillísimo
procedimiento de la permutación de su vocal final,
si el ser en cuestión es macho 6 es hembra. «La propiedad, pues, que tienen los nombres de expresar el
sexo de los SP.res que representan,» esa y no otra es
la definici6n del género gramatical. El género es al
nombre lo que el sexo al ser.
El gramático Dudós en sus comentarios á la famosa Gramática de los PP. de Port-Royal afirma que «la
institución 6 distinción de los géneros es cosa puramente arbitraria, que no se funda en raz6n alguna,
que no tiene la menor ventaja y que tiene muchos
inconvenientes.»
Nada más fácil que refutar tan infundadas aseveraciones. ¿Cómo en efecto ha de ser la distinción de
los géneros cosa puramente arbitraria? Podrá ser más
ó menos arbitrario el procedimiento adoptado para
hacer esa distinción; pero la distinción - aunque en
muchas ocasiones no nos cuidemos de hacerla, cuando tratamos de seres insignificantes, ó cuando por
cualquier concepto no tengamos interés ó necesidad
de expresar su sexo, - la distinción, decimos, está por
encima de toda arbitrariedad. ¿Cómo sostener que
no tiene ningún fundamento esa distinción? Pues
qué, ¿no reconoce por base la existencia incuestionable de la oposición de los sexos en la naturaleza?
Si el lenguaje ha de ser la expresión fiel de la realidad, y en la realidad encontramos la existencia de
los seres, ¿qué fundamento más s61ido hemos de buscar para cimentar la existencia del género en las palabras? En cuanto á que la distinci6n de los géneros
no tiene la menor ventaja y sí en cambio muchos inconvenientes, no acertamos á comprender cómo puede sostenerse en serio semejante tesis. ¿No es altamente ventajoso para una lengua cualquiera el poder
expresar con la mayor fidelidad la mayor suma de
seres con la mayor suma de caracteres diferenciales?
¿Es que para Duclós es un inconveniente en las lenguas la riqueza de su vocabulario ó la mayor facilidad
que tengan las palabras para plegarse á todas las exigencias del pensamiento? ¿Son para Duclós más ventajosas las lenguas que dejan vagar sus expresiones
en las nebulosidades de la indeterminación que las
lenguas que aciertan á transmitir el pensamiento con
la mayor fidelidad y determinación posibles? Entre
la inflexible rigidez del nombre en las lenguas monosilábicas y la notable riqueza flexional de las lenguas
indo-europeas, ¿cree Duclós más ventajosas las primeras que las segundas? ¿No es el ideal del lenguaje
la expresión de toda la realidad sensible y suprasensible, con todas sus transformaciones y vicisitudes?
Pues si una de esas distinciones existentes en la naturaleza consiste en la diferenciación de los sexos,
¿cómo ha de ser desventajosa la expresi6n en el lenguaje de esa diferenciación? ¿No es la aspiraci6n más
natural y legítima de todo el que habla el transmitir
fielmente su pensamiento sin que haya lugar á equívocos ni dudas? Pues si yo quiero hablar de una
leona y carezco de medios para hacer comprender
mi deseo, y por efecto de esa carencia de medios se
duda si me he referido á una leona ó á un león, ¿no
será defectuosa mi expresión? Es verdad que por
medio de circunlocuciones podría siempre dar á entender mi pensamiento; pero ¿no es más fácil, más
natural y más ventajoso por lo tanto tener á mi disposición una palabra que exprese directamente lo
que me propongo, que tener que apelar á perífrasis
y circunlocuciones que revelan la pobreza de la lengua y la falta de precisión de sus vocablos?
Nuestro famoso Hermosilla, inspirándose sin duda
en las afirmaciones de Duclós, asegura á su vez que
«esta variación en los nombres (la del género) no es
absolutamente necesaria, porque raras veces es indispensable expresar si el animal de que se trata es
macho ó es hembra; y cuando sea conveniente, puede añadirse una palabra ó frase que le dé á conocer.»
Hay en estas indicaciones parte de verdad y parte de
error.
Por de pronto arranca Hermosilla de un concepto
del género que tiene poquísima exactitud, en cuanto
que identifica uno de los procedimientos empleados
para la expresión del género (el de la variación desinencia! en los nombres) con el género mismo. Claro
que no es absolutamente netesario variar la terminación de los nombres en las lenguas, por cuanto que
empleando otros procedimientos se consigue el mismo resultado; pero ¿es esto solo lo que Hermosilla
quiere decir? No, seguramente. Como Hermosilla
identifica el género gramatical con el medio que se
emplea ordinariamente para expresarle en nuestras

NúMERO

497

lenguas, resulta que viene á decir como Duelos, que
la distinción léxica del género no es absolutamente
necesaria, incurriendo por lo tanto, más ó menos
conscientemente, en los mismos errores que Duclós,
en cuya refutación, cumplidamente hecha, no hemos
de insistir.
«La distinción de los nombres en dos géneros,
masculino uno y femenino otro, conforme á los dos
sexos - dice Bescherelle - está inspirada en la naturaleza; se haría mal en creer, con Duclós y otros gramáticos, que es arbitraria y de pura fantasía. Hubiera sido absurdo designar á todos los s~res animados,
aunque de sexo diferente, por el mismo nombre sin
distinción de sexo, porque el lenguaje entonces no
habría estado en armonía con los hechos, y porque
nos hubiéramos visto siempre perplejos para saber
de cuál de ambos sexos se hablaba, mientras no se
hubiera establecido diferencia alguna entre su nombre comón.
~ En la gran clase de los seres animados - dice también Bescherelle - la naturaleza ha establecido dos
divisiones que rse ofrecen á nuestros ojos bajo el aspecto más patético. En todas las partes del universo
se contemplan reunidos sin cesar al hombre y á la
mujer bajo el mismo techo, al león y á la leona en
la misma caverna, al ruiseñor y á su compañera en
el mismo nido; doquiera tropezamos con una familia
que la madre sustenta y el padre protege. Esta admirable distinción de seres que alimentan y seres que
protegen impresiona vivamente el espíritu del hombre, sirviéndole de guía para determinar la clase de
seres masmlinos y la de seres femeninos. En la primera reune todos esos seres que la naturaleza creó poderosos y fuertes para que defendiesen de todo peligro á su cara familia, y á la más cara aún que le sustenta; en la segunda agrupó después todos esos seres
débiles y buenos, cuya ,debilidad reclama constante
protección y cuya bondad se encarga de alimentar
y criar á los queridos seres á quienes ha dado vida.»
Reconocida la necesidad de la existencia del género gramatical, si el lenguaje ha de responder á la elevada misión que le está asignada, ¿cuántos y cuáles
son los géneros gramaticales? Pregunta es esta que
después de todo lo dicho no puede parecer más
ociosa; y lo sería seguramente si el prurito de alambicar las cosas y de hacer distinciones arbitrarias no
hubiera convertido esta sencillísima cuestión en materia de inacabables discusiones entre los gramáticos. ¿No se funda el género gramatical de las palabras en el sexo de los seres animados? Pues si los
sexos son dos, macho y hembra, dos deben ser los
géneros, masculino y femenino; si el género es á las
palabras lo que el sexo á los seres, podemos establecer sin controversia alguna que el género masculino
es al sexo macho lo que el género femenino es al
sexo hembra, fijando así la perfecta correlación que
debe existir y que existe positivamente entre la realidad observable y las palabras que la representan.
Como de esta manera vendrían á quedar fuera del
cuadro de la división de los géneros todas las palabras que no expresaran seres animados susceptibles
de tener sexo, todo lo más que podría admitirse sería
un tercer término en la división del genero, término
que marcaría la carencia de sexo en los seres; no era
sin duda muy propia esta división tripartita, por
cuanto que ese tercer término había de ser la negación del género, no cabiendo por lo tanto dentro de
la división; pero como esta división no ha de ser solamente considerada en sí misma, sino con relación
á las palabras, expresivas de seres, y todas estas palabras (llamadas nombres) pueden clasificarse con relaci6n al género en nombres que significan seres
machos, nombres que expresan seres hembras y
nombres que indican seres que carecen de sexo, que
no son ni hembras ni machos, ni lo uno ni lo otro,
de aquí el que sin violentar demasiado las cosas,
pueda admitirse en términos generales la división
de los géneros en tres grandes grupos que abarcan
toda la realidad: masculinos, femeninos y neutros.
Esto es sencillísimo y perfectamente armónico con
la realidad; pero los gramáticos lo han entendido de
otro modo, y en su afán de hacer arbitrarias distinciones, han complicado esta• facilísima nomenclatura, añadiéndola otros tres términos, y creando así la
revesada teoría de los seis géneros, tormento de
las memorias infantiles obligadas á retener doctrina
tan falsa como inútil. ¿Qué más géneros que los dos
primitivos, masculino y femenino, con el neutro por
añadidura, que en realidad no es género, sino ausencia de género, como Salvá dice, podía reconocer ni
exigir el más delicado y minucioso análisis? ¿De
dónde han podido sacar los gramáticos otros tres géneros más, bautizados con los nombres de epiceno,
común y ambiguo? De la más lamentable confusión
de la identificación del género gramatical con los
procedimientos lingüísticos empleados para expresar-

NúMERO

LA

497

le, fuente, como ya hemos tenido ocasión
de notar, de errores no menos crasos.
¿Qué es, en efecto, el llamado gén~ro
epiceno, voi exótica que apare~e cua_l mdescifrable jeroglífico en la tierna 1m~ginación de los niños de la escueta, ?bhgados á perder lastimosamente el tiempo en cargar su e~tendimien!o _con el
bagaje de conocimientos tan md!gestos
como inútiles? Pues el género epiceno es
sencillamente el que tienen los animales
designados con el mismo nombre para el
macho que para la hembra, como et
águila, la liebre, la perdiz. ¿Qué es el género común7 El de los nombres que se
aplican á ambos sexos, pero que se diferencian por el artículo que les ~re~ede,
como et testiuo
la testtio,
el marhr, b"
la
o ,
u
mártir. ¿Qué es en fin el género a111 z·
guo7 El de los nombres que, según 1~
acepción en que se toman, son máscuhnos unas veces y femeninos otras, como el
orden, la orden, el frente, la frente. ¿Hay
nada más pueril que todo esto? ¿Qué razón hay para hacer un género del procedimiento que se emplea para distinguir el
sexo de los seres de la especie humana
diciendo hombre, mujer; otro género del
procedimiento que se usa para distinguir
el de la perdiz diciendo perdiz macho,
1Jerdiz hembra, y otro género, en fin, de
un tercer procedimiento empleado para
diferenciar el mártir de la mártir? ¿Por
ventura el género de la perdiz de~a de se~
femenino, mientras yo no especifique s1
hablo del macho ó de la hembra, ni el
de el tigre masculino, mientras yo no determine si me refiero á la hembra ó al
macho? Dígase enhorabuena que hay
nombres que sirven para designar sin variación alguna á machos y á hembras,
siendo preciso para distinguirlos agregarles el aditamento de su sexo, pero no se
hable de géneros epicenos; adviértase
desde luego que existen otros nombres

¿DEVOCIÓN?,

LA VUELTA AL HATO,

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

cuadro de D. Manuel Cusi (de fotografía de D. J. Martl)

(Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)

sin variación genérica, que deben distinguirse por el artículo que les precede,
pero no se hable de géneros comunes;
semejantes hermafroditismos no tienen
fundamento alguno. Por lo que hace al
supuesto género ambiguo, ¿dejará. el orden de significar una cosa y la orden
otra, de todo punto distintas? ¿Dónde
está la ambigüedad aquí? ¿Está en el
género? No, supuesto que el orden es
masculino y la orden femenino. ¿Está en
la significación de esas voces? No, porque el orden representa una cosa y la orden otra, de imposible confusión. La ambigüedad está en la palabra misma, que
reviste idéntica forma en ambos casos,
orden, distinguiéndose únicamente por
el artículo que la precede; pero si es así,
¿en qué se diferencia el género ambiguo
del género común? En que el artículo
que precede al nombre común determina simplemente el sexo del ser que representa, mientras que el que precede al
nombre ambiguo determina la diversa
acepción en que se toma la palabra. ¿Es
este matiz base bastante para establecer
distinción tan radical como la que debe
separar un género de otro?
No hay género epiceno, sino procedimientos especiales para determinar el
sexo de los seres designados con el mismo nombre para uno y otro sexo, como la
liebre macizo, la liebre ltembra; no hay género común, sino procedimientos particulares para especificar el género de los
nombres que pueden aplicarse á los dos
sexos, mediante la anteposición del artículo, como el mártir, la mártir; no hay
en fin, género ambiguo, sino palabras de
múltiples acepciones que cambian de
género según la acepción en que se
toman, como el orden, la orden. No hay
más que dos géneros verdaderos, 111asmlino y femenino, como no hay más que
dos sexos, macho y hembra, pudiéndose

cuadro de D. Gonzalo Bilbao (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)

�LA }LUSTRACIÓN

420

'

ARTÍSTICA

NúMERO

497

tumbres de su raza, que no
englobar las palabras que repuede permanecer más tiempresentan todas los objetos
po soltero sin acarrearse la
que carecen de sexo, en lo
burla y el desprecio de sus
que sólo por analogía y no sin
correligionarios. -El mozo calcierta impropiedad podemos
cula además que con la coopellamar género neutro, es decir,
ración de su mujer y el auxifalta . de género; género que
lio de su dote podrá ensanno es género, porque no es
char el círculo de su negocio,
ni masculino ni femenino. En
y como en 1350 y entre jutodo rigor, deberían clasificardíos no está en uso generalse las palabras en dos grandes
mente el galanteo, un día llagrupos: genéricas ó suscepti·
ma al agente matrimonial, ó
bles de gé11ero, é ingenéricas ó
schadclzem, que aparte de este
agén,res, faltas de género; éstas
fructuoso oficio, desempeña
no admitirían subdivisión y las
también el de maestro ambugenéricas se dividirían en maslante de la aljama, y encerránculinas y femeninas, según que
dose con él le manifiesta sus
se refiriesen á los seres machos
honrados propósitos.
ó á los seres hembras.
Le oye tranquilamente el
No se crea, sin embargo,
viejo Samuel, como hombre
que descendiendo de estas
muy acostumbrado á semejanconsideraciones generales de
tes confidencias, y después
filosofía gramatical al porme·
de celebrar su prudente denor de la realidad de los heterminación, trata de inquirir
chos en las diversas lenguas,
hasta qué punto llegan sus
hayamos de encontrar exacta
exigencias respecto á la dote,
correspondencia entre los
circunstancias del mayor inteprincipios establecidos y los
fenómenos lingüísticos obserrés entre la gente hebrea. Señala nuestro hombre la suma,
vados; las infracciones son
modérala el viejo, y después
numerosas, aunque sólo como
de muchos regateos llega á
excepciones puedan figurar.
fijarse en definitiva. Además,
Así encontramos lenguas como el mandchú, por ejemplo,
no se olvida Samuel de recor·
del grupo tunguso de las agludar al pretendiente que sus
derechos montan al cuatro
tinantes, cuyos nombres carepor ciento de aquella canti·
cen, al decir de los que han
dad, á cuyo abono no se opoestudiado dicho idioma, de la
expresión de género, sucedienne el mozo, pues tal es la
costumbre.
do otro tanto con las austraEl schadchem sale á camlianas y las dravidias en su
origen, y aun con las americapaña desde luego, y como
nas, afirmaciones que sólo
tiene en la uña todas las j6ve·
aceptamos con reserva y bajo
nes casaderas de la aljama,
pronto halla la que al buen
la fe de las autoridades lingüísticas que las sustentan,
Natham conviene. Llámase
creyendo más bien que en
Anna. Apenas cuenta quince
esta, apreciación hay un error
años. Su rostro de una palide concepto, y que probabledez mate se encuadra baj.)
mente sucede con el manduna toquilla que apenas encuchú lo que pasa con el tibebre sus negros cabellos, como
tano ó el annamita y con la
disponen las prescripciones
mayor parte de las lenguas
thalmúdicas, y sus flexibles
aglutinantes como con todas
contornos se adivinan bajo el
las monosilábicas, es decir, que
brial de modesta lana. Es hu·
emplean un procedimiento esmilde, laboriosa y adiestrada
pecial para la expresión del
por su madre en los secretos
género, que no será ni el de
de la economía doméstica, arla variación de la terminación
te que ha llegado á la perfecni el del uso de nombres disción en la familia hebrea. Con
tintos para designar el macho
la aquiescencia de Natham, el
ó la hembra, sino el empleo
casamentero entabla sus gesde un nombre, común á amtiones, y resultado de ellas es
bos géneros, lo cual no quiere
que el padre de Anna, acaudecir que el mandchú y las
dalad o ropavejero, peller,
demás lenguas citadas estén
acepta al novio por yerno y
incapacitadas para la expreseñala el día del convite en
sión del género, sino que
que debe hacerse la petición
agregarán al nombre común
de
la doncella.
TRIBULET, busto en bronce de Joseph Willems (Exposici6n general de Bellas Arte, de Barcelona)
significativo de la especie otra
Para este caso se ha dispalabra significativa del sexo,
puesto en la casa de Anna,
cuando importe ó convenga determinar el sentido dos g~neros especiales, bautizados con los nombres sita en la calle de Abraham el Soñador, donde co·
genérico de la palabra, medio harto conocido y fre- de lzominino y bruto.
rriendo años habrá de levantarse la Universidad, un
cuente, no sólo en las lenguas indicadas, sino hasta
Otras lenguas, también aglutinantes, como el al- sobervio khasmal, convite de los desposorios. A él
en nuestros cultos idiomas de Occidente. Se nos re- gonquín y el iroqués, ofrecen la particularidad de concurre el Msen, desposador, vistiendo su mejor
siste, en efecto, creer que pueda ·haber ni una sola agrupar todos los seres en dos grandes divisiones, sayo fruncido, en compañía de algunos parientes y
lengua que, ya directamente, ya por medios perifrás- incluyendo en la primera la generalidad de los seres concluye con el padre de la kelé, la desposada, las
ticos, esté imposibilitada para la expresión del géne· animados y en la segunda todos los inanimados, con condiciones del contrato de boda. Se come y se bebe
ro, lo que equivaldría á establecer que el pueblo que la singularidad de que las mujeres y los niños per· á discreción, y cuando el novio ha prendido al cueusase dicha lengua era tan ignorante que ni siquiera tenecen al segundo grupo. De aquí el que los auto· llo de su amada un rico jazerán. de oro, joya que la
había observado en la naturaleza la oposición de los res que se han dedicado al estudio de estas lenguas muchacha contempla pasmada de alegría, su padre
sexos, cuando no había sentido la necesidad de ex- hayan tenido que admitir una especialísima división se levanta y se coloca de pie en medio del aposen·
presar esa oposición en su lenguaje.
del género gramatical de las mismas en género ani- to. Lleva en las manos un pedazo de yeso y una
Algo más positivo que este hecho es el de la exis- mado é inanimado.
copa de vidrio. Con el yeso traza un ancho círculo
tencia en el centro de Africa de una lengua, la lenFERNANDO ARAUJO
en el suelo, dentro del cual van entrando los convi·
gua pul, clasificada entre las de la dilatada serie de
dados para tocar una parte de su hopalanda. En selas aglutinantes, en la cual la división de los géneros
guida arroja la copa al suelo, de modo que se haga
se aparta de la generalmente reconocida en todas las
pedazos, gritando masel toj (que todo sea para bien).
lenguas, pues á juzgar por las observaciones de
UNA BODA JUDIA EN VALENCIA
Los convidados recogen aquellos pedazos y repiten
Faidherbe, que ha hecho de la misma detenido eslas mismas palabras, con lo que y con las diversas
Á MEDIADOS DEL SIGLO XIV
tudio, divide todos los seres en dos grandes grupos;
plegarias al Eterno, que se recitan en todos estos
en el primero incluye sin distinción alguna á todos
Natham Creen~a, mancebo judío, de poco más de actos, queda terminada la ceremonia de los despolos seres humanos, hombres y mujeres; y en el se- veinte años, huérfano y jlaquer, dueño de una expen· sorios.
gundo, á todos los demás, animados é inanimados. deduría de pan, situada no lejos de la puerta de En
Corren luego algunos días, y la tíltima semana,
Esta singular distinción, perfectamente marcada, ha Esplugues en el barrio que habitan en Valencia los antes de la ceremonia nupcial, el Msen y la kelé se
hecho que Faidherbe admitiese para la lengua pul descendientes de Judhá, piensa, siguiendo las cos- despiden de sus amigos y amigas, solteros y solteras,

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

497

421

repujado y limpio bronce
y pasando bajo su redondo y sencillo arco, se en·
tra en el vestíbulo. En
este lugar existen la esca·
lera de la tribuna de las
mujeres, que ocupa como
Llega por fin el día de
la cuarta parte del sagrado
la boda. El barrio judío se
recinto á los pies del ediconmueve, y todos, parienficio, una ancha puerta
tes, amigos y curiosos, in·
velada por un grueso tapiz
clusos los pocos cristianos
de lino y la pila ó depósito
que habitan estas calles, ó
de agua de las Purificamejor dicho, callejas, se
ciones.
disponen á celebrar el
Sobre las desnudas pafausto acontecimiento. Los
redes del templo israelita,
descendientes de Judhá
cuidadosamente estuca·
circulan por todas partes,
das, resplandecen los dopero sin endomingarse,
rados caracteres de algucomo los hijos de la iglenas sentencias, tomadas
sia acostumbran hacerlo
de
los libros mosaicos ó
en semejantes ocasiones.
del Thalmud. La esplenSus vestidos son los ordidorosa luz de los paíse,
narios, y bien se conoce
meridionales, que penetra
en la grasa de que están
sin obstáculos por las vencubiertos y en el repugtanillas de medio punto
nante tufillo que despiden.
abiertas cerca de la teLa mayoría ni aun han techumbre, convierte la Sinido la humorada de lananoga en un aposento
varse las manos ni el
casi alegre y poco en arrostro.
monía con el recogimiento
La casa de la novia se
que parece inherente al
distingue de las demás por
sentimieato religioso.
algunos tapices de verdura
A entrambos lados de
que adornan su puerta. La
lo que puede llamarse
calle está enarenada de renave, se extiende una tricien te y enramada con
ple serie de asier-itos de
arrayán y hojas de narannogal bruñido. En la pajo. A entrambos lados del
red del fondo, de espaldas
umbral siete ú ocho músiá Oriente, se halla una escos llenos de harapos tapecie de armario, adorna·
ñen como pueden varios
do con guirnaldas de vides
instrumentos, cuyas extra·
y flores de granado, talla·
ñas formas dicen que ya
das &lt;C:on primorosa delicase usaron en tiempo del
deza, y cubierto por anchurey David.
rosos cortinajes de velludo
En esta casa hay un
color de jacinto, sembra·
vasto aposento, sin más
dos de inscripcior;ies hemuebles que algunos escabeles y bancos, un arcón y
braicas bordadas con oro.
una mesa, sobre la cual se
Este mueble, que recuerda
ostenta, brillante y limpio,
el Arca Santa, y al cual
el candelabro de latón de
los judíos llaman Sépher,
siete mecheros, que únicacontiene varios escritos samente se enciende los ságrados, la ley ó Thora, los
bados.
libros de Moisés, el de
En derredor de la mesa
Esther, las Profecías, et·
se hallan sentados los nocétera.
vios, sus padres, los funA poca distancia del
cionarios de la Sinagoga y
Sépher se levanta la platalos numerosos amigos ~
forma donde el hazzan y
entrambas familias. Acersus ayundantes se colocan
quémonos también, lector
durante los oficios para
amigo, porque se trata de
entonar sus cánticos al
entregar la dote, y cuando
Eterno. Es su altura algo
entre judíos se da y se remayor que la de un púlpicibe dinero no hay detalle
to cristiano, se sube á ella
perdido. El padre de An·
por dos escalerillas y -se la
na, con semblante entrisadorna también con cortitecido y tardos pasos, conajes y cordones de oro.
mo si le aconteciera una
Aunque la claridad del
desgracia, saca del arcón
templo hace innecesaria la
algunos sacos de monedas
iluminación artificial, peny los pone sobre la mesa,
den del artesón varias
diciendo: «Este es el dote
lucernas
de brazos en las
ALTIVEZ, busto en bronce de D. José Reynés, fundido en los talleres de los Sres. Masriera y C.•
de mi hija.» A estas palacuales arden los cirios,
(Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)
bras, N atham, sin poder
que el ritual dispone se
ocultar su impaciencia, se
enciendan en las diversas
levanta, desanuda los cordeles de los sacos y cuenta todos para el día siguiente, en que ha de celebrarse festividades del culto judaico.
con lentitud su contenido, examinando y haciendo la ceremonia.
Desde el amanecer varias niñas han recorrido la
sonar cada pieza. Cuando se ha convencido de que
judería convocando á sus habitantes con el grito
su suegro sabe contar bien, como él, recoge su tesoacostumbrado para la celebración del matrimonio
ro en otro saco, y sin mirar siquiera á su desposada,
en la Sinagoga. A mediodía un grupo de hombres,
que ha presenciado con interés la maniobra de su
Sobre la misma área, poco más ó menos, en que 1entre los cuales se halla Natham, invade y ocupa el
futuro esposo, se dispone á salir. En este momento andan~~ el tiempo ha de levantarse el monasterio vestíbulo del templo. A p0t:o suena una discordante
Samuel, el casamentero, le toca en el hombro. Na- de rehg10sas canongesas de San Cristóbal, existía música, compuesta de kinores, címbalos, vihuelas y
tham le. mira y palidece. U nde la mano en el saco, en 1350 la Sinagoga mayor de la Judería de Valencia. sistros, y aparece en el estremo de la calle el corcuenta algunas monedas, se las entrega al viejo y
Robustos muros de hormigón, reforzados con al- tejo nupcial. Precédenle una orquesta de ocho andesaparecen, mientras la concurrencia grita: «Jehn gunos pi!ares de sil_lería, cierran un espacioso recin- drajosos músicos, á los que sigue la ruborosa despo(el padre de Anna) ha cumplido con honra.))
to, cuadnlatero, y sirven de apoyo á la techumbre, sada, en medio del círculo que forman su madre y
Luego llegan los regalos. Sábanas, tapices, escabe,mader~ de ~edros del Líbano, según dicen los otras mañonas judías, engalanadas con el traje del
les, copas de vidrio y de metal, vasos culinarios y JUd1os, pohcrom1ada y con golpes de oro. La cubren sábado. El de Anna, aunque no de una excesiva ricuantos objetos de menaje pueden necesitarse para preciosas tejas bronceadas construidas en Manises. queza, descubre la buena posición de su familia.
amueblar una casa judía se ofrecen por los amigos
Su ingreso, precedido de una plazoleta, que som- Viste la niña una holgada gonela de seda blanca,
de los novios.
brean al.gun~s frondosos álamos, ~e acre al Occide.n- perfilada de pennas, pieles, larga de manos y aun
El lzazzan, chantre de la Sinagoga, forma el co- te, en dirección á la plaza de la F1guera, no muy d1s- más larga de cola, que le arrastra cuatro ó cinco
rrespondiente inventario. Terminado éste se citan tante. Cruzando el umbral de la puerta, forrada de palmos por el suelo. Una corta saboyana, hermana

con otro khasmal, que es
como un adiós al celibato.

?e

�422

LA

NúMERO

ILUSTRACION ARTÍSTICA

497

Comienza el festín, compuesto especialmente de por arriba y por abajo, y devolviéndosela al joven,
de la gonela, pretende guardar su talle de las miradas indiscretas que se detienen examinando la cinta carnes, pescados y aves, no prohibidas por la ley, y dijo:
- Pasado mañana á cobrar.
de aljófar que le ciñe, tan alto como permite el lin· dispu'!stas, después de sacrificadas según el rito ju- ¿No me la podrían hacer efectiva hoy? Se atredo tirapzts de plata, obra morisca que adorna y cu- daico, con abundancia de miel y de condimentos
bre la parte superior del jubón. Una crespina, ó red aromáticos. También es grande, inmenso, el núme- vió á decir, aunque con timidez, Teodomiro.
- Pasado mañana, repitió el cajero.
de perlas, asegurada con una estrecha gandaya de ro de pasteles, frutas secas y tiernas, y no escasean
Nuestro aragonés bajó la cabeza, y algo contrariaoro, aprisiona sus negros cabellos, que apenas se dis- los vinos tintos cocidos y claretes, sobresaliendo los
tinguen entre la balumba de pliegues y repliegues del llano de Cuarte. Los comensales de la boda ape- do salió de allí, guardando cuidadosamente en su
que forma el prendedero de finísimo cendal que ro· nas toman asiento, sin guardar atención alguna, se cartera la preciosa letra.
Con febril impaciencia esperó la llegada del día
dea su cabeza. Mitones entretallados de piel dorada apoderan de los manjares que apilan en sus platos
cubren sus manos y parte de los brazos, y alkorques y escudillas de Manises con reflejos dorados, y cada venturoso en que debía realizar el cobro, y muy temó chapines de seda aumentan su estatura en mayor quisque se acerca un bernegal, ó pichel, para tener prano todavía se levantó, se desayunó, acicalóse y
proporción que permite el uso. Por lo demás, ni un más cerca abundante licor de Baco con que facili- se echó á la calle. No eran más que las diez, y en el
signo que revele la condición de la hebrea, según tar la tragantona. Todos comen apresuradamente Banco no había nadie; para hacer tiempo se fué á
ordenan los fueros valencianos, caídos en desuso, con los dedos y á dos carrillos, sin cuidarse de lo dar vueltas por los soportales de la plaza Mayor.
Dieron las once; el joven tomó casi al trote el caque les cae en las hopalandas y tabardos, cuyas manmas no abolidos.
A la desposada sigue el rabbi con el padre y una chas hacen comprender la poca delicadeza y el des- mino del Banco y se fué derecho al ventanillo de
confusa turba de gente de toda edad, sexo y clase. aliño de sus dueños. Las sobras no vuelven á la co• marras. El mismo empleado de la antevíspera le dijo
Al atravesar el umbral se detiene Anna, á la que cina, sino que desaparecen, á puñados, en las inmen- al recibir la letra:
- Tome usted turno,
en seguida se reune Natham. Dos mujeres extienden sas escarcelas de cuero de los comensales. EntreTeodomiro observó entonces que había muchas
sobre sus cabezas una faja de blanquísima lana con tanto los músicos no cesan en su infernal algarabía,
franjas de colores, el thalet; 1~ multitud murmura el vino produce la expansión en los sombríos hijos personas sentadas en un largo banco adosado á la pauna plegaria y llueve sobre los futuros esposos una de Judhá, que gritan, cantan, y gesticulan, interrum· red, y otras de pie, y que los pagadores iban llamanlluvia de granos de centeno, expresión del deseo que piéndose alguna que otra vez para oir los cánticos do en voz alta á los que habían de despachar, según
abrigan sus amigos de que Janvhé fecunde aquella que salmodia el hazzan ó depositar alguna moneda el orden de presentación de los documentos. Acomounión como lo hace con el grano de trigo en el seno en el plato que va éste pasando de uno á otro con· dóse, pues, junto á una ventana y esperó.
Media hora habría pasado cuando oyó pronunciar
vidado. Inútil es decir que la colecta forma uno de
de la tierra.
su nombre, é inmediatamente se acercó al despacho:
Entretanto el rabbi, que se ha adelantado, de es- los derechos del chantre israelita.
paldas al Arca Santa y frente á su reclinatorio espe- Aquí falta firmar el recibí.
Con esto llega la tarde, se apartan mesas y bancos,
- ¡Ay! Es verdad. Haga usted el favor de una
ta á los novios. El hazzan y sus ayudantes suben á que se transforman en estrado, se abren las puertas
la tribuna y el rclzamés, sacristán, que ha dispuesto y penetra en el almacén una porción de gente que pluma.
dos escabeles delante del rabbi, se esfuerza, aunque no ha sido invitada á la comida. El recinto se ilumiDiéronsela, y el joven firmó.
- ¿Tiene usted cuenta corriente en el Banco?, le
en vano, por establecer algún orden entre la turba na á media luz con alimaras ó velones de varios memasculina, que sin respeto alguno invade la triple cheros, y comienzan las danzas. No hay pluma que preguntó el empleado después de leer la firma.
describa aquel pandemonium, donde una turba excita-No, señor.
fila de asientos.
Por fin se levanta el tapiz de lino y aparecen los da por los vapores del vino se agita, ondula y con·
- Pues es necesario que le firmen á usted el conodosposados. Crecen la confusión y el bullicio, los funde e:i. frenética rapidez. Es una mezcla abigarra- cimiento.
sonadores esfuerzan el tono de sus instrumentos, el da de trajes, ya ricos, ya andrajosos, de colores agrios
-¿Quién?
hazzan y sus acólitos entonan á voz en grito sus é indefinibles, en cuya oleada sobresalen cabezas
- Alguien que tenga cuenta corriente en la casa,
salmos, y en medio de aquel alboroto Natham con- típicas con barbas grises ó negras, cubiertas con ca- ó sea comerciante de los acreditados de ella.
duce á Anna, siempre entre su madre y las matronas puces, capirotes, chapeletes, ó papahígos, que alter- Si soy forastero y no conozco á nadie ... Traigo
judías, á tomar asiento delante del rabbi en los esca- nan con rostros mujeriles, medio envueltos en tocas, la cédula ... Mire usted.
- ¡José Batalla!, gritó el empleado.
beles preparados al efecto.
prendederos, tocadores, y otras lig uarduras. El ruiDe improviso á la anterior batahola sucede el más do ensordece, sube la temperatura y casi falta el aire
Teodomiro recogió su letra, la dobló lentamente,
profundo silencio. El rabbi va á hablar. De pie co- respirable.
y rojo de coraje, con los ojos hinchados, casi á punto
mienza un corto discurso conforme á las circunstanEn medio de esta agitación los hermanos de la de llorar, salió del establecimiento.
cias. Después de elogiar cumplidamente las virtudes desposada no pierden su tiempo, y aun á costa de
¡Qué decepción! ¡Él que creía que cobrar una letra
domésticas de los venerables ascendientes de los empujones y codazos consiguen dar tres vueltas al de cambio era cosa tan fácil!
desposados y la piedad de éstos, de excitarles á cum- baile, tendiendo una escudilla de metal en la que
Completamente descorazonado se volvió á casa.
plir sus respectivos deberes y de encargarles la estric- cada concurrente arroja su óbolo. Con el producto
- Doña Robustiana: ¿conoce usted á alguien que
ta observancia de las prescripciones religiosas, ame- de la cuestación se paga á los infatigables sonadores, tenga cuenta corriente en el Banco?
nazándoles en otro caso con el castigo del Eterno, y el resto pasa sin escrúpulo á su bolsa.
- ¿Yo? No, señor.
concluye deseándoles inacabable felicidad y nume- ¿Y algún comerciante de esta plaza que esté
Pero todo tiene término. Concluyen las danzas
rosa prole que perpetúe su nombre y el de Israel. A después de media noche, y los esposos con los ínti• allí acreditado?
seguida el ministro y los desposados se colocan bajo mos regresan al domicilio conyugal. Allí se les sirve
- ¡Oh! Eso sí: el de los ultramarinos, el carbonero,
el houppé, dosel nupcial de velludo grana y oro, se- una nueva comilona que dura hasta el amanecer, y el de la tahona; todos están muy acreditados. ¿Qué
mejante á un pequeño palio católico, y mientras el durante ella Natham y Anna son conducidos por fin quiere usted?
hazzan y los cantores entonan nuevos salmos co- á la cámara nupcial, cuya puerta se cierra con estré- Que me firmen el conocimiento er. esta letra.
mienza el acto principal del casamiento.
pito.
- No sé si querrán.
Natham, que como todos sus correligionarios
-¿Por qué?
conserva cubierta la cabeza con su birrete empelleja- Porque no le conocen á usted.
do, extiende sobre ella y la de Anna el ya descrito
- Pero usted bien me conoce.
thalet. El rabbi recita algunas oraciones y presenta
Al día siguiente todo ha entrado en caja. Cada
- Yo sí, pero ellos no.
al desposado una hoja de pergamino en la que éste cual vuelve á sus quehaceres de la vida ordinaria,
- Nada se pierde en probar.
lee con profunda atención algunos preceptos del solamente la aljama judía de Valencia cuenta con
- Bien: probemos.
Talmud. Toma luego una copa de plata llena de un candidato más que puede optar á sus cargos.
Y doña Robustiana se puso la mantilla, y acomvino que le trae el schamés, la bendice y la entrega
Jehová le bendiga.
pañada de Teodomiro se fué á buscar la apetecida
á Natham. que aproxima los labios á sus bordes, y
firma.
A. DANVILA JALDERO
la pasa á la doncella, que hace lo mismo. Después el
En la lonja de ultramarinos les dijeron que el endichoso mancebo ofrece á. su esposa un rico anillo
cargado de la tienda no tenía poderes para firmar,
nupcial, que ella colo0a con alguna turbación en uno
pues esta facultad, así como el sello de la casa, se los
LA LETRA DE CAMBIO
de sus dedos, y el rabbi termina el acto extendiendo
había reservado el dueño que estaba al frente de otro
sus manos sobre los esposos para bendecirlos.
( Conclusión)
establecimiento de la misma clase en la calle Ancha.
Aún no ha concluído, sin embargo, la ceremonia.
El carbonero no sabía leer ni escribir¡ y en cuanto
El schamés trae con grotesca gravedad sobre un
III
al dueño de la tahona, dijo lisa y llanamente que no
disco de metal una ampollita llena de vino que Nale daba la gana de firmar, pues ni conocía á Teodotham y su mujer llevan también á los labios, y cuan¡Qué alegría la de Teodomiro al recibir la carta! miro ni á Doña Robustiana.
do radiantes de ventura cruzan de nuevo al salir el Iba llena de amonestaciones y buenos consejos, pero
Esta, un poco picada, y el joven más que un poco
umbral de la puerta de la Sinagoga, rodeados de la nada pareció al joven más elocuente ni más conmo- cariacontecido, volviéronse á casa, donde, en unión
multitud qué les· aclama y felicita, oyen, no sin emo- vedor que el contenido de aquel papel sedoso, tim- de la hija de la patrona y otros dos huéspedes, coción, que el dependiente del templo estrella el frágil brado, de forma prolongada, que constituía la llave mentaron prolijamente el suceso, lamentándose de
vidrio sobre la inscripción «mase! tof,» esculpida de su situación!
que un establecimiento oficial de giro hiciera punto
para el caso en un extremo del vestíbulo. Así pretenPoco le faltó para llorar, y si no lloró, bendijo en menos que imposible el ·cambio mercantil.
de recordará la feliz pareja la fragilidad de las cosas su interior una y mil veces á los bondadosos autores
humanas y la indisolubilidad del matrimonio, tan di- de sus días; y lleno de amor y veneración hacia ellos,
IV
fícil de quebrantar como es difícil de rehacer la bo- besó la carta y la letra; sí, unas veces la letra y otras
tella con sus pedazos.
la carta.
Desde que Teodomiro se había quedado sin dine•
Aquélla era á cuatro días vista, y deseoso Teodo- ro, Esquílez no iba á buscarle; aquél por su parte no
***
miro de ganar tiempo, se vistió apresuradamente y había hecho nada por verle, así que el madrileño
La última parte del cuadro que se describe tiene corrió al Banco á hacer la presentación. No sin ha- ignoraba que su amigo hubiese escrito á su madre, Y
lugar en un almacén propiedad del padre de Anna, ber tenido que preguntar á tres ó cuatro porteros por consiguiente, la contestación que ésta le hab!a
que se ha desocupado y dispuesto para el khasmal. pudo acertar con la caja correspondiente, y acercán- dado.
Innumerables grandes rpesas y bancos se extienden dose al ventanillo que dice: &lt;!Letras y pagarés,» exFalto de su habitual compañía, y sobre todo de
de uno á otro extremo, notándose una pequeña, se- hibió la suya.
dinero, Teodomiro se veía reducido á comer el poco
parada de las otras. Pronto ocupan aquéllas parienTomóla uno de los empleados que á la, otra parte sustancioso cocido y la desabrida y pasada· merluza
tes y amigos y ésta ambos esposos.
de la reja estaban, 1 óla por delante y por detrás, frita que constituían la base invariable de la alime
ey
0

NúMERO

497

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

a

~

¿oóxoE F.STÁ EL RATÓN?, cuadro de Luis Gasparini (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

"\ ,
4 - .)

�~
l.&gt;:!

Q

q

l.&gt;:!
~

t:1

o

~

~

ti

H

Q

H

~
1

ti

,

P&gt;

&lt;:

q

l.&gt;:!

t'
t-3
~
t:J
l.&gt;:!

t'

a

~

l,:j

9
o

¡::
11)

Q.
'1

o
Q.

(1)

ti
tx:t

eQ.
o

a

1

l

(1)

'1

,'..J,. 1

o
Q

eo
:::,

_(1)

,.
"

¡;;·

í."
:,
í."
,.

'

:,

2-

8n
"o
,.
P.,

,.~

"

&lt;n

EL HEREDERO, cuadro .de Jorge Van Den Bos (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

�426

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

497

NúMERO

des y sus esperanzas, y ¡oh sorpresa! El documento por sus bonitos cuadros de cabailete, de simpáticos tonos y ni un digno representante en la secci6n extranjera de nuestra
agra?able asunto, representando lindas ~becitas ~e mujer 6 í Exposici6n. Dos cuadros ha remitido este aprovechado artista,
no estaba en la cartera.
.flamencas, constante representac16n, en diversas for· ambos de asunto y carácter puramente nacional, notándose en
En vano registró todas las bolsas y escondrijos de graciosas
mas, del tipo nacional. En todos ellos imprime los caracteres ellos el buen gusto y la maestría de su autor. ¡Dwexelo sto
ésta; en balde vació todos los bolsillos del smoking, distinúvos de la mujer de n_uestros países meridionales, retra• sorze?, titula en su dialecto el lienzo que reproducimos, que si
del sobretodo, del pantalón y hasta del chaleco: la tan~o. en su fiso~omla y actitudes ese conjunto de sencillez y bien de asunto asaz trivial y sencillo, le ha servido para hacer
mahc1a, de delu::idcza y desenfado, de bondad y abandono. gala de sus aptitudes pict6ricas. Las actitudes de las j6venei;
letra no pareció.
~ obras de Cus1 se recomiendan por la brillantez de su colo• acusan desde luego su situaci6n, as{ como la de la airada anEl pobre se volvía loco.
ndo, ya que para sus cuadros sfrvenle de modelo algunas de ciana, que empuñando la escoba desea esgrimirla cual morlife- Pero ¿qué se había hecho la condenada?
las que arrancan c~n su ca11te frenéticos aplausos de los aficio- ro mandoble contra el atrevido roedor, causa de la zozobra y
Procuraba recordar. La noche antes la había saca- nados aljlamem¡um110.
del desorden que reina en la habitaci6n en donde se ha intro•
V téngase en cuenta que si bien este joven pintor dedicase &lt;lucido, suspendiendo la labor de la. asustadizas doncellas.
do en casa de Azela, pero la había vuelto á guardar.
preferentemente á esta clase de asuntos, cultiva con éxito otros
Luego ... luego no tenía idea exacta de lo que había géneros,
según lo demuestra el notable lienzo que expuso en
hecho, pero no recordaba haberla vuelto á sacar. Ju- la Exposici6n Universal de Barcelona, justamente premiado
•• •
raría que no. Y sin embargo, la letra no estaba allí. por el Jurado calificador, En la general de .Bellas Artes figuran
Recuerdo de Galicia. - La vuelta del campo,
Corrió á casa de Azela, buscó á Esquflez; vió á la cinco lienzos recomendables, y entre ellos el que reproducimos,
notable por la. buena dispasici6n del asunto, por la correcci6n cuadro de D. Baldomero Galofre, existente en el Cír·
amiga con quien había ido la noche antes á la cena. de
Hneas y por su arm6nica entonaci6n, que determina la ca- culo de Reus. - No es el cuadro del Sr. Galofre una obra más
Nadie le supo dar razón; pero Esquflez le iluminó. lidad de las estofas y de los accesorios.
lanzada al publico, obra de esas que nada significan á no ser
mayor 6 menor destreza en el manejo del pincel; no, la pro- Pide una segunda.
•
ducci6n que ha venido á aumentar el largo catálogo de las del
- ¡Es verdad! ¡Qué bruto soy! No me había ocu**
autor, creemos que está destinada á dejar huellas en la brillan•
rrido.
La vuelta al hato, cuadro de D. Gonzalo Bilbao te carrera artistica de éste, por ser una protesta, as! contra ese
Y sin perder momento, fuése al telégrafo, y expi- (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). -Al citar realismo que se hace esclavo de la verdad, aunque la verdad
dió un despacho á su padre pidiéndole una segunda el nombre de Bilbao asalta á la imaginaci6n el recuerdo de sea fea y antiartlstica, como de ese idealismo cursi que rinde
de cambio y recomendación para algún comerciante sus preciosas tablas de asuntos marroquíes, brillantes, preña• parias á lo bello, aunque lo bello resulte rematadamente condas de luz y vida, en las que á la par que representación de la vencional Y. falso. Entre estos dos extremos hay un término
banquero que garantizara su personalidad,
fantasía oriental, manifiéstase la del artista sevillano, genuina• medio, y és,e, en nuestro sentir. es el verdadero objetivo del
Tres días después recibía Teodorniro un pliego mente español, que vierte en el lienzo la inagotable gama de arte: pintar la belleza verdadera 6 la verdad bella, tal es el fin
conteniendo el duplicado de la letra y una carta de su paleta. A este género especial debe Bilbao gran parte de la á que debe aspirar el artista. •
presentación dirigida por un banquero de Zaragoza á reputación de que goza, por más que ha podido dar muestras Así lo ha entendido siempre nuestro distinguido colaborador,
de sus aptitudes en otra clase de obras, tales como Da/nis)' y cada una de sus producciones es nueva y elocuente protesta
otro de Madrid.
Cloe, La vuelta al apristo y la que reproducimos, premiadas en de adhesi6n á esa escuela, única que resiste á la acci6n de los
Creyendo llegado el término de sus angustias, y las Ex posiciones Nacionales.
tiempos y á los caprichos de la moda.
firme y resuelto á tomar la vuelta de su tierra en
La vuelta al hato es un lienzo de relevante mérito, y que haEn La vuelta del campo vive la naturaleza y alienta Galicia;
cuanto cobrase el dinero y recogiese el pagaré y los llándose la escena representada al aire libre, ofrece dificulta• todo a!H es robusto, todo trasciende á la vida campestre y lides, vencidas por el artista, que ha podido pintar las figuras bre. ¡Cuánta verdad y poesía enel paisaje ejecutado con pinceefectos empeñados, se trasladó nuestro joven á casa en
plena Iuz, sin descuidar la entonaci6n ni los detalles. La lada segura y amplia, sin menoscabo del detalle que no llega
del banquero que le había de garantizar, y obtenido escena es harto sencilla, pero real y perfectamente dispuesta, nunca á ser fatigoso ni tampoco inventario de minucias! ¡Qué
este favor, pasó al Banco de España.
sin que se observen incorrecciones en los trazos ni decaimiento grandiosidad en la factura y en el sentimiento, cuánto arte en
la disposici6n general 1
Presentó su letra, que dejó en manos del emplea- en la tonalidad, perfectamente sostenida y armonizada.
hacer observar que Bilbao, á pesar de la importan·
Esta obra, que no vacilamos en incluir entre las mejores de
do pagador, y se sentó en el banquillo á esperar su vez. ciaRéstanos
de sus obras, es un artista relativamente novel, puesto que Galofre, constituye sin disputa uno de los más preciados ador•
Después de haber pronunciado los dependientes hace pocos años, é impulsado únicamente por su entusiasmo nos de los espléndidos salones del Círculo de Reus, sociedad
de la caja media docena de nombres y de haber des- artístico, troc6 su bufete de abogado por el estudio del pintor. que apartándose del camino generalmente seguido por sus afifilado otros tantos individuos contando el dinero ó D. Pedro Vega fué su primer maestro, recibiendo después uti- nes, consagra verdadero culto al arte y rinde el debido tributo
lísimas lecciones de Palmaroli y Villegas, durante su perma• de admirnci6n á aquellos de sus paisanos que como Fortuny,
examinando lps billetes que les habían dado en pago, nencia
en Roma y Venecia, en donde pint6 sus celebrados Galofre y Llovera son otras tantas glorias artísticas de su
hubo un momento de silencio.
patria.
cuadros Esdavas m la terraza y Ei Santón Hamadra.
Teodomiro, que no quitaba ojo al ventanillo, acechando el instante en que le llamasen, observó que
•••
•••
los dos empleados, con una letra en la mano, se con- Tribulet, busto en bronce de Joseph Willems
El heredero, cuadro de Jorge Van Den Bos
sultaban en voz baja y le miraban. Luego uno de (Exposición general de llellas Artes de Barcelona). - La obra (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona). -El hereellos tocó un timbre eléctrico y dió una orden al del escultor belga M. Willems es una de las que más han lla- dero de Van Den Ros ha sido uno de los lienzos que más han
criado, que acudió al llamamiento y que se colocó mado la atenci6n de los aficionados é inteligentes en la Expo• atraído la atenci6n de los visitantes en la Exposici6n general
general de Bellas Artes de Barcelona. Inspirada en el de Bellas Artes y quizás la obra de mayor importancia entre
después junto al ventanillo. En seguida oyó lo que sición
drama de Víctor Hugo Le roi s'a11111se, ha logrado el artista l:is expuestas en la secci6n extranjera. Y preciso es convenir
con tanta ansia esperaba.
crear en un busto el tipo del desgraciado bufón de aquel rey, que ha sido muy justa la admiraci6n del público, ya que es
- Todomiro Cornichon.
á quien la historia califica como excesivamente galante. Ejecu- preciso inclinarse ante la gráfica manifestaci6n del ingenio del
tada en bronce, por el procedimiento de la cera perdida, ha artista flamenco, que con tanto acierto y delicadeza ha sabido re- Servidor.
podido el escultor modelarla de modo admirable, dándole la presentar á la reina viuda y á su augusto hijo. Sin recurrirá los
- ¿Es usted quien ha traído esta letra?
expresi6n y caráctCi' del personaje.
efectismos, sin alardear de colorista, con una sobriedad de
-El mismo.
El Sr. Willems, profesor de escultura en la Escuela de Be- tonos admirable ha logrado Van Den Bos ajustar ~u ~omposi- Hace tres días que se pagó, y como la nueva llas Artes de Malinas, es uno de los artistas más distinguidos ci6n al concepto que se propuso de una manera tan acabada,
presentación al cobro tiene caracteres de una tentati- de aquel pueblo, que foé uno de los más preciados florones de que todo respira en ella nobleza. Noble es la actitud de la dala Corona de Castilla, patria de tan ilustres artistas. Discípulo ma que en pie y ostentando la regia corona ampara á ~u her•
va de estafa, se servirá usted ir con el señor (seña- del
célebre Vander Linden y campañero de Cuypers y De moso hijo, al heredero del trono, con el doble cariño de la
lando al criado) á la Dirección.
Vignc, es \Villems uno de los escultores que más honran á su madre y de la reina.
Anonadado y confundido al verse imputado de es• patria. Sus obras principales, como el Suello del sdtiro, la esLas actitudes, la simpática expresión de sus parecidos sem•
tafador, el aragonesito fué llevado á presencia del tatua del general Dufoud, del poeta flamenco Tony Bergruann, hiantes, tanto la triste y pensadora de la reina como la indife·
senador Carjeci, de la Justicia, etc., etc., figuran en los rente del nuio, los accesorios y la tonalidad y correctísimo didirector. Allí, sollozando casi, pudo sincerarse y de- del
museos 6 constituyen monumentos erigidos en Ginebra, Bru• bujo acusan en Van Den Bos al verdadero artista, que subormostrar que la víctima, no ya de la estafa sino del selas, Malinas, Tomnai, Sofía, etc , siendo considerable el dina su habilidad pict6rica al concepto y al sentimiento. Su
hurto, había sido él; pero como la letra primera que número de las recompensas que ha alcanzado en las Exposi- nombre significa ya una representaci6n. Sus cuadros S1111e de
le exhibieron llevaba su verdadera firma y la fe de ciones. En la de Barcelona creemos que también el Jurado ha- brigandage,Da,u les roses, Charitl, La pan"sienne mire, y otros
conocimiento de un comerciante de los acreditados, brá tenido en cuenta la vaHa del artista y la belleza de su más, premiados en París, Gante y otras Exposiciones, son
otras tantas glorias de este artista.
Teodomiro tuvo que resignarse á perder las dos mil obra.
Réstanos hacer constar que El heredero quedará en España,
pesetas, no sin admirar las ventajas del cambio tras•
pues ha sido adquirido por D. Fernando Mir6, uno de los ama•
••
lmrs más inteligentes de Barcelona.
laticio y la prudencia de los establecimientos de giro,
Altivez, busto en bronce de D. José R~ynés,
cuyas precauciones para no pagar indebidamente fundido
en los talleres de los Sres. Masriera y
•
pueden dar lugar á sucesos como el que le acababa Compañia (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelo••
de ocurrir.
na). - Varias obras escult6ricas, fundidas en bronce, ha expuesto José Reynés en la Exposici6n de Bellas Artes de Bar¡Sin pájaro! 1Pobrecillol, estatua en bronce de
celona, destacándose entre todas ellas la que hoy reproduci- D. Torcuato Tasso, fundida en los talleres de
""' """"" ~
D.
Federico Masriera y Compañía (Exposici6n ge·
mos, quizás la más importante. En ella ha podido Reynés dar
muestra de sus aptitudes, imprimiendo un algo de esa genia- neral de Bellas Artes de Barcelona). - Lucha empeñada lra·
NUESTROS GRABADOS
lidad que tanto le distingue y que se observa en todas sus b6se hace algunos años, entre varios aprovechados j6venes de·
dicados al cultivo del noble arte de la escultura, para alcanzar
obras.
Pierreta incroyable, cuadro al pastel de la
Actualmente hállase ocupado en ejecutar un gran jarr6n de- una plaza de pensionado en Roma. Todos y cada uno de los
señorita Ethel Wright - La pintura al pastel, un tiem- corativo, por encargo del Ayuntamiento de Barcelona, destina- que formaban aquella brillante pléyade reunían valiosos titulos
po muy en boga y más tarde punto menos que por completo do á embellecer uno de los parterres del Parque.
para hacerse acreedores al premio disputado. Júzguese, pues,
olvidada, vuelve hoy á estar de moda, gracias principalmente
cuál seria la importancia de las obras presentadas y cuántas
á los esfuerzos de algunos eminentes pintores parisienes. Tam•
perfecciones debi6 reunir la que distingui6 el Jurado. El tema
•
••
bién en España ha tomado gran vuelo este género, como lo
que desenvolvi6 el artista premiado, la estatua de Narciso 111iprueba la Exposici6n celebrada el año pasado en Madrid, alLa cruz de mi madre, estatua en yeso de don rdmi1Jse m la fuutle, mereci6 por parte de éste interpretaci6n
gunos de cuyos principales cuadros hemos reproducido en LA José Berga y Boada (Exposici6n general de Bellas Ar- tan acabada, que inclin6 á su favor el peso de la balanza,
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
tes de Barcelona). - Hijo y discípulo del profesor de la Escue• siendo proclamado vencedor en aquel noble palenque. Va en
El pastel que en el presente número publicamos es obra de la de Bellas Artes de Olot, es este joven escultor, que aper.as Roma, dió pruebas D. Torcuato Tasso de cuán merecedor era
una artista inglesa, pero el asuntJ, el titulo y la factura misma cuenta diecinueve años, una gloria para su pueblo natal y una de la distinci6n de que babia sido objeto, modelando, entre
son esencialmente franceses, lo que demuestra la influencia que esperanza para el arte patrio Basta examinar su tan sentida otras esculturas de verdadero aliento, la colosal estatua de Vcen este punto, como en tantos otros, van adquiriendo en todas como bien modelada obra, para convencerse desde luego de que lázquez, destinada á coronar el monumento que en Madrid
partes los pintores de allende los Pirineos.
el joven Berga comprende y siente el difícil arte que ha em· dehi6 erigirse á aquel célebre maestro.
Piureta i11croyable constituye un cuadro encantador; el bus· prendido. El barro ha adquirido forma entre sus dedos, pero
De regreso á Barcelona ha continuado la senda tan brillan·
lo de la joven caprichosamente disfrazada es gracioso y simpá- forma bella en su realidad, cual exige el modernismo, avalora- temente emprendida, produciendo obras tan recomendables
tico y está trazado con irreprochable correcci6n, y en el modo da por ese sello que ha sabido imprimirle, que lo es de la ge• como las que decoran el Arco de triunfo, 6 bien otras de géde estar pintado se adivinan, por lo que el grabado permite nialidad del artista.
nero distinto, pero perfectamente modeladas y rebosando geFelicitamos al Sr. Berga por su obra y por los elogios que ha nialidad, como la que reproducimos, que en uni6n de un notaapreciar, la pastosidad, la suavidad de tonos, la infinita variedad de matices á que tan bien se presta ese género de pintura, merecido de la mayoría de los visitantes de la Exposici6n ge· bilísimo retrato y algunas figuras, de no escaso mérito, figuran
en la que la señorita Ethel Wright demuestra ser maestra con• geral de Bellas Artes de Barcelona.
en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.
liUmada.
JACOBO SALES

~

•••

.

.•

¿Dónde está el ratón?, cuadro ae Luis Gas·
¿Devoción?, cuadro de D. Manuel Cusi (de fo. parini (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona). tografía de D J. Mart{J. - (Exposici6n general de Bellas Ar- Venecia, la ciudad que guarda tan importantes obras art!sti•
tes de Barcelona).-Aunque joven, hase dado á conocer Cusi cas y conserva tan gloriosas tradiciones, ha tenido en Gaspari-

IVJ:OLETf

JABON REAL
JABON
Wliee lt1fftlltr'
DET HRI DACE 29,.. d11ltallm,Pula VELOUTI
..,_IMWI 11r utortuw ~ fil• 1&amp; llc!II!' u I&amp; Piel 1 hllua w Cll&lt;

NE

497

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACANP. - H,VSl'RACtQNES DJo: EMll.10 llA\'ARD

(CONTINUACIÓN)

á Pedro, preguntóle por su madre y su hermano, refiri~ndose
después á todas sus relaciones ... Como esta co~versac1ón_:10
interesase á Gilberto, éste se aprovech? para examinar á la nma,
cuya fisonomía le llamaba ya la atención.
.
.
Sus ojos negros y brillantes, tenían una expresión picaresca;
el rostro er~ redondeado, la tez blanca; la cab_eza no presentaba
aún todo su carácter, n0 era sino el bosqueJo de lo que debía
ser más tarde, pero por esto mi_smo parecía más_ encantador~,
como esos ligeros croquis de artistas, cuyo a~achvo está precisamente en que no están concluidos. La nariz, algo corta, pero
recta y firme, parecía predestinada á no d:formarse nunca, y su
erfil se marcaba claramente sobre un lab10 ar~u:a~o, que ~er~itía ver los blancos dientes. Uno de éstos, el mc1s1vo_ supe!1or,
estaba ligeramente puesto sobre el in~~diato, part1culandad
extraña especie de protesta contra lo tnv1al de una belleza d~~asiad¿ regular, que debía comunicar á la suya un cará~t7r ~nginal para que se grabase en la memoria por un rasgo d1stmhvo
é inolvidable.
f
á
El cabello, corto por delante, diseminábase sobre la. rente
manera de cola de golondrina, y detrás flotaba suelto sobre su
cuello en el que brillaba la cadenilla de una medall~.
El 'vestido, listado de rayas de vivos colores, deJaba descu•
biertos sus hombros de adolescente, un _poco del~ados aún, e?
los cuales se veía ondular á cada movimiento las ligeras prom~nencias de los huesos. Alegraba los ojos conte~plar aquel cutis
tan fino y de tan delicados colores, pasear la muada por los frágiles brazos y fijarla después en el ligero rasguño que tenía :n
el codo, y que era muestra clara de su edad y de la_ turbulencia
y el aturdimiento de sus juegos. Tampoco estaba bien forma_da
Ja mano todavía· los dedos eran largos y delgados, co_n las unas
algo mordidas y' aircuídas de ligeros rasguños que tenían de un
color sonrosado el extremo de las mismas. Y con esa mano la
niña acariciaba al pollo, que á cada mom~nto levantaba la cabeza vivamente y al parecer irritado, con OJOS de cólera. .
_ Hija mía, díjole su abuela, nunca dejarás ese feo animal.
Al fin te llenará de piojos.
._
.
_ ¿Tienen los pollos piojos?, preguntó _la nma sonnendo . .
Esta palabra, pronunciada por s~s lab1~s, tenía una_ gracia á
ue comunicaba mayor encanto la mocenc1a de la sonnsa. Blan¿a siguió, á pesar de todo, acariciando al pollo: habíase éste roto
. .. pasaba un rato estirándose y bostezando (pág. 413) ~
una pata, y la niña la estiraba ha~ia adelante para mostrar como
· ·d d las cañitas y los hilos que la su1etaban.
.
.
La existencia de estos últimos es demasiado conocida y rutinaria para dar pasto un~ ~~r~;;p~al sigue llenándose, dijo la marquesa; pronto veréis también un
á la imaginación y al ensueño; la de los otr~s, por el contrario, e~cerrados tras ato •oven y O no sé hasta dónde llegará esto.
.
una barrera impenetrable, donde sus sentimientos y preocupaciones puede? g Piro au~que se burlase, velase qu se complacía en hacer valer á los OJOS de
7
preservarse intactos y donde observan libremente sus nobles costumbres, utiPedro la bondad de corazón de su melízanse del misterio de la grandiosidad de que se rodean. .
Pedro y su compañero llegaron en cuatro sal_tos ~¡ carnmo de que a~tes se ta y la compasión que le inspirab~n
desviaron para cruzar los cerros, y que les _condujo directamente á la ~erJa; en- todas las desgracias. Desde aquel miscontráronla entreabierta, y bastóles empujarla para penetra~ en el patio donde mo instante Gilberto sospechó la buena
estaba el pórtico. Pedro levantó el pesado aldabón, y el rmdo del golpe fué á inteligencia de las dos familias para casar más tarde á Pedro con la niña. La
perderse en los corredores del castillo.
.
Un momento después abrióse la puerta lentamente, y en el umbral aparec~ó edad, la fortuna, la posición social; todo
una anciana sirvienta· sonrió con dulzura al reconocer á Pedro de Cabro!, y sm convendría á la vuelta de algunos años.
decir nada apartóse 'para dejarle paso; pero en el mismo instante, saliendo de Y al mirar á Blanca de nuevo, causóle
entre las faldas que la ocultaban y ocupando el espacio libre, apareció una pena lo que acababa de descubrir.
Sus ojos, acostumbrados!ª á la somniña que llevaba en brazos un pollo.
bra,
distinguían ahora meior á la mar- ¡Ah! Pedro ... exclamó.
.
.
.
.
quesa
sentada de espaldas á la luz. Su
y ofrecióle la mano, fijó una rápida mirada en Gilberto, y ale1óse gntando:
cabell~
blanco ocultábase en parte bajo
- ¡Aquí está Pedro!
Los dos jóvenes franquearon el vestíbulo, penetrando_después en un salón una gorrita de hilo cuyas cintas se unlan
de proporciones colosales, cuyas cuatro puertas-ventanas g1gantesc_as debían dar en la parte superior de la cabeza, foral terrado. Los postigos no estaban abiertos. y solar_nente u?a débil luz se filtra- mando un lazo; su rostro tenía esa paliba por las impostas como un rayo de sol en la semi obscuridad de una catedral. dez que parece indicar el paso de las
Aunque un poco cegados por la brusca transición al penetrar en aquella sala lágrimas; y en sus facciones _surc~das
de arrugas, en su sonrisa de res1gnac1ón,
sumida casi en las tinieblas, vieron á la marquesa de la Fonfreyde.
Estaba sentada en el fondo de la habitación entre dos ventanas; al oír ruido en aquellos ojos negros, que revelaban
de pasos, quitóse las gafas, púsolas con el diario que leía sobre un velador que la perpetua ternura, podíanse reconotenía á su lado, y levantóse, mostrando una figura arrogante aunque algo encor- cer las señales del pesar que le había
causado la muerte de su hijo, el oficial
vada por la edad.
.
de Africa, la de su esposo, y tal vez, en
Pedro adelantóse para saludarla, y después presentó á su amigo.
fin las penas que este último le causara ;
- Sí, ya se ... dijo la marquesa con acento benévolo y voz algo ronca.
Al mismo tiempo invitaba á los jóvenes á sentarse, mientras Gilberto se ex- en' vida, pues el general, á juzgar por lo
que de público se decía, habla sido un
trañaba interiormente de ser conocido de la marquesa.
Los dos tornaron asiento, cada cual á un lado de la dama, y Blanca se colo- calavera, y siguió siéndolo hasta muy encó enfrente, en una sillita, oprimiendo aún contra su pecho el pollo, que á ve- trado en años. Todos sus modales, suces agitaba las alas esforzándose para escapar. .
_
.
. mamente sencillos, indicaban la comLa marquesa explicó á Gilberto que había visto al senor MauJeán con moh- pleta renuncia á toda pretensión; pero , .. , apareci6 una niña que llevaba en brazos
vo de un pleito; había ido á exponer sus razones ante sus jueces, y quedó muy Jd. altivez de su carácter se reconocía
un pollo
complacida de ellos, sobre todo del presidente. Después, dirigiendo la palabra aún en el movimiento de la cabeza, en

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

497

NúMERO

un subalterno. El joven por su parte apartaba la vista, admirado de lo que
veía y . algo resentido de las familiaridades de su compañero. En cuanto á

Blanca, muy entretenida con sus cisnes, apenas hacía caso de todo esto.
De repente deslizáronse en el fondo de una avenida rápidas como dos flechas las siluetas de dos gacelas, con la cabeza levantada y las patas extendidas; pero aquella aparición fué rápida, impalpable, como la sombra de una
nube _q~e. pasa tocando el s~elo. Los chicos se lanzaron en su persecución,
pero rnutilmente, pues no dieron alcance á los animales ni volvieron á verlos.
. ~n estas distraccion_es se pasó el tiempo basta la tarde: al despedirse los
v1Sitantes, Blanca ofreció la mano á Pedro, y estrechó también la de Gilberto
pero como para cumplir con un deber de cortesía· comprendíase bien que

ei'

nuevo amigo no le interesaba gran. cosa.

'
J?e . vuel~ á ~u casa, Gilberto comenzó á interrogar á su madre con una
cunos1dad musitada respecto á su familia y su más lejano parentesco remon0

tándose de edad en edad_y de_abuelo á bisabuelo. Tal vez pensaba e~contrar
por lo menos en lqs matnmo~1os de sus antepasados algdn vestigio glorioso,

LA

497

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

heredera de un nombre ilustre y de una fortuna inmensa, que vivía allá en otra
esfera distinta de la suya!
Gilberto había leído algunas novelas, y sabía que estas desigualdades de clase
constituyen el resorte de muchas in_trigas. El amante_,á pesar de la humildad de
su nacimiento, acaba siempre por tnunfar con el auxiho de sus bellas cuahdades
y una excepcional grandeza de carácter; pero también comprendía que las cosas

I de Blan~a de la Fo~freyde,, llamábale á_ ~arís. Su madre consintió en dejarle ir

no pasan así en la realidad. No obstante, sin quererlo, llegaba á transformarse
poco á poco en uno de esos héroes, y en el nuevo personaje su imaginación innata_ e°: el_la, no sena nunca molesta ~1 comprome~edora. Po,r eso le conced1a
trabajaba sin que pudiese contenerla, asociando á Blanca con su porvenir y en su rnhm1dad tod~ el lugar que la senara de,M~uJeán parecia ;ehusar, procumezclándola con no sé qué futuro novelesco, cuyo desenlace no le era posible randa por el contrano no traspasar nunca los hmltes que se babia. propuesto, y
esta intimidad se agrandaba tanto más cuanto más quería empequenecerse lamaprever.
dre de Gilberto. Sin embargo, la condesa quería que la acompañase todos los

y cada vez se mostraba más meditabundo, amante de la soledad é inclinado

al ocio. No se alejaba nunca de los alrededores de Mareuil; su corazón vivía
allí, y contaba con la casualidad de algún encuentro, aunque por otra parte le

temía. No ignoraba que la niña salía algunas veces con su aya para pasear fue-

ª? .nombre con partí~ula, un atomo de nobleza que pudiera satisfacer su am-

bición y que le habna realzado á sus propios ojos.
P_or lo que hacía á la línea materna no pudo abrigar la menor duda: sólo
babia en ella gente de negocios y nombres del todo plebeyos. Después pasaron
~

á la capital, acompanóle alh y fuése_á vmr con él.
,
Entonces se reanudaron sus re\ac1ones con Pedro. Cada ve7que éste saha de
Samt-Cyr consagrábale todo s_u ~1a de asu eto, y en tales ocas,ones no era raro
que la C?ndesa d_e Cabrol le mvttase á comer. .
,
También se dispensaba á su madre esta atención: la con_desa hab1a_acab~do
por conocerá fondo _á su am1ga, compr~nd1endo que, gracias á una d1screc16,n

días de recepción.
La señora de Maujeán escuchaba y miraba, y su presencia no parecía extrañar ya á los visitantes, que veían en ella á una persona familiar en la casa. Después de retirarse la última visita, la condesa se acercaba á su amiga, y poco á poco la conversación se refería á Blanca y Pedro, manifestando la madre de éste esperanzas de verlos unidos á la vuelta
de pocos años.
Al volver Gilberto á su casa, recibía el peso de todas estas con-

fidencias, y experimentaba indecible amargura, como si se hubiese

la ascendencia paterna; pero en este punto las noticias de la señora Mau-

dispuesto de alguna cosa que le pertenecía. Aunque no habían
vuelto á ver á Blanca, la impresión que ésta produjo en su ánimo

. Jeán eran menos detalladas.
- Si quieres datos, dijo á Gilberto, busca en el granero el cofre grande y

tal vez encuentres allí lo que necesitas.

·

no se había borrado nunca; parecíale que un pacto secreto, cuando menos de su parte, le unía á ella, y que se tejía una trama invi-

'

El enorme badl contenía todos los antiguos documentos de familia actas

sible y misteriosa para enlazarle con él cada vez más En aquel

de venta, contratos matrimoniales, etc ... El corazón del muchacho l;tía de

... divisaron el bonito valle que delante de ellos se extend ía y á cierta distancia
el castillo de Mareuil {pág. 413)

lil
1 11
' 1

la curva imperiosa de la nariz y en la decisión del ademán. Vestía un ligero traje
?!aneo de mañana, de falda recta y mangas largas, notándose en todo el conJUnto el más escrupuloso aseo, que es la coquetería de las viejas, La marquesa

tenía ya cerca de setenta años.
- Seráyreciso enseñar,las ga~elas al señor Maujeán, dijo de pronto.
El oficial de spah1s babia enviado en otro tiempo una pareja de estos graciosos
animale,s, que, s_e gu~rdaban en un ángulo del_ parque. La marquesa, al expresarse aSI, se dm~ía _a su meta, que comprendiéndola al p9nto se levantó: era
una manera de md1car que la conversación había durado bastante.
La marquesa, apoyándose en su bastón, condujo á sus visitantes hasta la
puerta.
- No acompaño á ustedes, les dijo, porque temo el sol y no suelo alejarme
de mi nncón.
La anciana volvió al sitio que antes ocupaba, calóse las gafas y continuó su
lectura.
Blanca subió ante todo al primer piso, para entrar en la habitación donde
habían instalado su hospi_tal, como decía la marquesa; dejó en el suelo su pollo,
que d1ó algunos pasos coieando y después comení ó á picar los granos de trigo allí diseminados.
En aquella estancia_vefase un conejo herido, que roía hojas de col: el pobre
amm~l se hab!a refugiado entre las piernas de la niña cierto día que el cocinero 1b~ á fusilarle en la coneJera, y merced á esto obtuvo gracia: acurrucado
en un rmc6n como avergonzado y mirando con ojos inquietos había también
un gato de pelaje amarillo, cuyo cuello había engalanado Blanca con una cinta.
A pe~ar de este adorno, conservaba su aire rdstico de gato del campo, y cuando

la ,mna le p~so ent_re sus brazos para acariciarle, Pedro no pudo menos de sonre1rse. La d1ferenc1a entre la naturaleza de la niña y la suya se manifestaba en
esto: él, muchacho cruel qne ahogaba las hormigas, no se habría cuidado á buen
seguro de los gatos perdidos ni de los pollos enfermos.
En la cuadra, que fué v_isitada después para GUe los jóvenes vieran el borriqu1to de Blanca, promovieron un altercado, porque Pedro quiso montar en el
cuadrdpedo que la niña defendió intrépidamente.
Luego, al pasar de nuevo por el vestíbulo, Blanca se cubrió la cabeza con un
gran sombrero, y precediendo á los dos muchachos dejando oir al andar el grato ·
roce ~e su vestido de seda y ver sus hombros des~udos que el sol besaba y su
rasguno en el codo, en el cual no tesaba de fijarse la atención de Gilberto hízoles dar la v~elta al castillo para penetrar en el jardín.
'Iban recomendo todas las es~esuras sin ver las gacelas, y al fin detuviéronse
en el gran estanque donde los cisnes nadaban.
Blanca los llamó desde la orilla: en aquel momento, su figura inundada de
luz er.a encantadora; con los brazos extendidos, moviendo los dedos como si
desmigajara pan, é incliná?dose sobre el agua con un movimiento qµe ahuecaba
su corta falda de seda, de¡ando ver la bien contorneada pierna, estaba verdaderamente seductora. El aire de importancia que se daba, aquel sombrero de paja
de forma extravagante, adornado con un enorme ramo de flores· todo la engrandecía y realzaba, haciéndola parecer de más edad. Estos enc~ntos perturbaban_á Gtlberto, ~uyo corazón virgen no deseaba más que enamorarse, y cu~os primeros entusiasmos, como en todas las almas inocentes, debían convertirse desde luego en culto.
Pero no era sólo él quien se sentía hechizado; también Pedro parecía fascinado; Y en aquel hermoso día iluminado por un sol espléndido, tal vez en su ser
se despertaron los. s_entidos menos inocentemente que en Gilberto. No era bastante hábil para d,s1mular su secreta inquietud, y mostrábase atrevido con Blanca, tocando continuamente con las puntas de los dedos la cadenilla que la niña
ll~vaba al cuello, y estirándola por detrás como por diversión, sin cuidarse de
Gilberto, ante el cual hacía gala de aquella franqueza que se suele manifestará

esperanza cuando sus manos temblorosas desdoblaban los papeles cubiertos
de polvo, pues no creía posible que en ellos se hubiera podido escribir otra
cosa sino aquello que debía ilustrar á sus abuelos. Sin embargo no encontró
más que la certidumbre de su humilde origen.
'
Su abuelo, padre del_ presiden!~ de_ tribunal, era hombre de negocios, corredor de fincas, y también había Sido mtendente de una familia noble de los
alrededores, ya extinguid_a. ¿Nacían _de él mismo y del ingenuo entusiasmo
de su madre_ aquellas aspiraciones anstocráltcas, aquella afición singular que
le atraía hacia una casta á la que él no pertenecía? Vió que el nombre de su
abuelo, por debe;es de su cargo, _andaba mezclado en todos aquellos papelotes con muchos titulos, y esto le IJSonieaba un poco· pero el tatarabuelo de Gilberto no era más que un insignificante hortelano d~ la llanura de Chatillón
propietario de una reducida tierra que compró con los ahorros obtenidos d;
~u trabajo. Había nacido en el mismo Fonfreyde, aquel caserío perdido en las
dltimas mesetas de la_montaña; de modo que no era imposible que él ó sus antecesor_es hubieran Stdo s,ervos de aquel señorío, que debía englobarlos en su
vasalla¡e. E ste ascendiente patern". fué un _verdadero campesino, un trabajador
de manos callosas. Careciendo de mstrucc1ón, firmaba su npmbre de Maujeán
con un garabato, y no sabía leer. G1Iberto se d1ó al fin por satisfecho de sus investigaciones geológicas.
. Con frecuencia hablaba á Pedro de su visita á Mareuil, proponiéndole repenrla; pero el muchacho encontraba siempre pretextos para rehusar; y al,fin adivmó que la condesa no llevaba á bien que fuesen alH juntos. La unión de Pedro. con Blanca n? _era más que un proyecto, uha especie de sueño de las dos
familias en el dom1mo de las cosas realizables, pero del cual no se había hablado nunca por una_ ni otra ll'.'rte. Inútil era despertar sobre este punto las sospechas de un extrano, expoméndose á que la noticia circulara antes de lo conve-

niente.
Pedro rehusaba acompañarle; mas Gilberto no pudo resistir, Sus pasos le conducían maquinal-

mente en direclos cerros y no se
detenía hasta que
divisaba en lontananza los tejados
del castillo; entonces dejábase
caer sobre el césped y pasaba allí

i1

'-......,,

./
En aquella estancia vefase u11 conejo herido... (pág. 428J

.,
y

:'f~1.,'.

ra del parque, en los senderos de las colinas, y buscaba en la arena
de éstos la huella de sus pequeños pies; pero solamente veía las señales de los grandes zapatos de los campesinos.
Sin embargo, cierto día que caminaba por las orillas del Herblet-

·~

·-

te, oculto entre las cañas y el ramaje de los arbustos, vióla pasar en
su coche, del que tiraba el borriquito; la niña iba con su aya y fustigaba alegremente al animal, que corría por la pendiente arenosa,
produciendo sonidos argentinos con su bonito collar de cascabeles.

·.'

.

\

Blanca no vió al joven y desapareció á lo lejos, extinguiéndose con
la distancia el ruido alegre de las campanillas. Entonces Gilberto
probó por primera vez la amargura que más tarde había de experi-

mentar cuando, perdido entre la multitud, la vería dirigirse al Bos-

vará través de la espesura. Vióla pasar una vez llevando en la mano
una redecilla dentro de la que bailaban algunas cortezas de pan, y

dirigirse hacia el estanque, sin duda para dar de comer á los cisnes.
Gilberto llevaba un ramo de flores silvestres cogidas en los cerros y
lo arrojó con toda su fuerza, yendo á caerá los pies de la niña, que
profiriendo un grito huyó sin volver la cabeza. El joven permaneció
un momento inmóvil y palpitante por su atrevimiento, á la vez que algo temeroso del resultado. Pocos momentos después vió de nuevo á la niña que volvía

largas horas, con
los ojos fijos en

con su aya, y reparando que ambas miraban con precaución en lo hondo de
los taludes, comenzó á correr para no ser visto.
Esto no le impidió volver, en otras ocasiones, pero habríase muerto de ver-

el terrado, investigando las ven-

tan as, esforzándo se para ver

güenza y de confusión si le hubiesen sorprendido á la orilla de aquel sendero
que flanqueaba la espesura, en aquellos matorrales de espinos y de eglantinas
silvestres, entre los cuales se ocultaba. Estaba siempre con el oído atento y fija
1~ vista á lo lejos para evitar toda sorpresa; pero no le valieron estas precau-

quién se hallaba
en los patios, y

siempre con la es-

c10nes.

peranza de que

Cierto día vió á Pedro surgir de repente ante él; sonrojóse al mirarle y perman~ció sentado en la hierba; su corazón latía apresuradamente y observaba con
mqmetud á su amigo. Pedro soltó la carcajada.
-¿Venías á ver las gacelas?, le preguntó.
Su compañero mismo le facilitaba la mentira que no le ocurría á Gilberto.

Blanca pareciese
de improviso.

- Sí, contestó.
- Pues no las verás, porque las han encerrado en su establo de invierno ...
.¡

Acabo de hacer mi visita de despedida á la marquesa y á Blanca, que se marchan mañana á París, y yo iré á reunirme con ellas dentro de algunos días.
.Los dos jóvenes emprendieron juntos y charlando el regreso á sus casas; péro
G1lberto estaba triste, y habló poco.

Blanca los llam6 desde la orilla /pág. 428)

más irresistible hacia el puro ideal de ternura que Blanca representaba á sus
ojos.
No había, pues, nada que temer de la divulgación de un proyecto definitivamente acordado, y Pedro no tuvo ninguna dificultad en conducir á Gilberto á
casa de la marquesa de Fonfreyde.
Vivía ésta en la calle de Babilonia, en un antiguo palacio, cuya parte principal ocupaba; en el salón del piso bajo, frente á las altas ventanas que daban al
jardín, hallábase instalada_ poco más ó menos como en el gran salón de Mareuil,
de espaldas á la oalle, leios del ruido y del movimiento y sin participar de la
agitación parisiense más de lo que hasta ella podía llegar por conducto de Blanca, que había cumplido ya diez y seis años.
Cu_ando los dos jóvenes se presentaron, la niña había salido; la marquesa los
recibió con su acostumbrada bondad, habló de un baile de tarde ideado por
Blanca, que invitaría á todas su, amigas, y rogó á Pedro y á su amigo que asistieran á la fiesta.
. Gilberto se consumió en impaciencia durante toda la semana. ¡El domingo
s1gmente 1ba á ver de nuevo á Blanca de la Fonfreyde, y asistiría por primera
vez á una fiesta del arrabal San Germán! Uno solo de estos acontecimientos

hubiera bastado para trastornarle; temblaba ante la idea de parecer un intruso
y ser como una mancha en aquel baile de señoritas, é imaginábase que estaría
torpe y fuera de su centro. Lo que más temía eran las sonrisas irónicas de los
jóvenes y de las señoritas, ejercitadas ya en todas las dificultades de la etiqueta,

III

y conocedores de .los prec10sos secretos del saber mundano. Por eso se ensayaba ya en las aclltudes, buscando las frases más propias al hacer su entrada, y

ilimitado del cas-

Cuatro años transcurrieron sin que volvieran á verse, pero se escribían. Pedro prometíase s~r ~enc:Uo, sin afectación de ningún género, para no caer en ridícuse p_reparaba para sufrir los exámenes en Saint-Cyr, donde al fin fué admitido. lo ante tan d1stmgmda concurrencia.
Gtl?ert~ ha?í~ cumplido ya veinte años, y proponíase estudiar Derecho; un
atractivo 1rres1stible, en el que se mezclaban la amistad de Pedro y el recuerdo
( Co ntinuará)

tillo! ¡Qué impor-

tancia adquiría á
sus ojos aquella
hija de noble raza, aquella débil

caídas pasajeras, más avergonzado de sí mismo y con un impulso

que en el aislamiento orgulloso de su coche.
Poco á poco se envalentonó hasta el punto de acercarse á los jardines, y muy pronto estuvo en la parte más alta del talud, á corta
distancia de la empalizada y frente á un claro que le permitía obser-

ción á Mareuil;
vagaba solo por

¡Ah! ¡Cuánta distancia mediaba
entre los dos! ¡Estab~ separado,
perdido para ella,
más adn por la
barrera que el
mundo elevaba
entre ellos que
por los altos muros y el parque

momento mismo, hallándose en París, y siendo bastante dueño de
sus acciones, el recuerdo de Blanca tal vez le libraba de alguna de
esas cadenas con que tap fácilmente se dejan sujetar á los veinte
años los caracteres débiles y amantes, Este recuerdo no le preservó de toda curiosidad, pero levantábase muy pronto en aquellas

La marquesa, apoyándose en su bast6n, condujo á sus visitantes
hasta la puerta

�LA ILUSTRACIÓN

430

ARTISTICA

NúMERO

497
NúMERO

LA

497

43[

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

á h
1 tendido por el Sur á la región del lago Poyang, y por
que nunca faltan y por el clima suave y dulce de l_as rante quince ddías espectácu~~s mn:tm~:1:tie~~:a:. el Oeste á las provincias de Nganvuei, Hunán, Hu.
éh
uizás Kueitcheu.
regiones templadas. Los labradore~ son muy aficio- naturaleza pue e o recer con . .
nados á vivir agrupados en pequenas aldeas ó case- Pobres y humildes eran los f~1fic1os ff;~~:~ioss~ p H~ ¿currido lo de siempre: asaltos, incendios, des·
ríos junto á sus campos de ~ultivo, entre bo~ques de
~~:~~~~aá~be:ie:º;~~uf
a~~~;~\:e se des_lizaba ~rur.cio;:~ i~~~;:cio~/c:~:!~ª~ºt1!~sí~i~~~~ap;~
bambúes y de gigantescos s1comor?~ y ac~cias.
El suelo es llano, pudiéndose v1aJar d1as en~eros al pie de la casa, la poesía del_ estl°\ su a~:~~~~l~ ::eº~ªasta los puertis exteriores del río sólo ha llegapor las provincias del centro sin ver una montana en su fres~ura, ~e ~~~~~: ~nor~~ t::: ~o~?ci~ de que do el rumor de los sucesos, sin poderse precisar aún
1
el horizonte. Esto ocurre porque todo aquel terreno
los PJi~~os que ~~se
fi;c:u~n~:~~iese~
está formado por los aluviones de los gran~es ríos del ~~~:;in~~:;;;~ ~iio hhadsido
Asia central en el transcurso de muchos siglos. ~ero la reciente rebeh n a estru o mc~~e~~s días del causa común con el pueblo sublevado, sino que se
~l motín es~lló_ en Vuhu, en los pn . e los más han unido á los revoltosos las tropas imperiales endonde antes hubo una isla, que ahor~ es monta~a ó
cordillera unida al continente, el gemo de los chmos
se ha apresurado á levanµ r ~~ ella t~mplos Y monasterios, consagrados á la religión nacional. Y más
que en parte alguna, tal ocurre en la cuenca del Yangtªc~:~:~c;~:du~:~~t:i:\;d:e~_tI'md'~~i:'. 1
see, en donde se ven los famosos templos de la Isl~ rab:~~:~
cuchillos y objetos de acero de mfenor cahda , Y en otros, que m 1
d y
de Oro, los de los Des Hermanos y t~ntos otros si- sus inmediaciones se hallan las fábricas que producen con gran actividad, _tenemos e~ las aguas e1 angttuados en sitios pintorescos como qmzá no se en- el mejor papel chino para escribir y dibujar, hecho \ see un c~ucero nac1o~~I, que a ~a ~ora pr~sente:e~e
cuentren en Europa.
.
.
.
la corteza de l~s árbol~s de sebo Y morera Y c?n hHallar~e Junto ád!ªH:~gt::gs~~~oªh!~ !s!r~t~r e~u~
Los católicos han seguido el mismo sistema, e?1fi- con
a·a de arroz. La cmdad tiene aspecto muy especia1 ong eu, Y no
. .
cando iglesias y capillas en los mont~s, que la idea ~iita desde el río, porque domina la línea baja de sus vocadamente t~d?s los pe!'~d1cos. tienen aún notipopular rodea de cierta natural venera~1ón. Recuer~o monótonas construcciones una antigua pagoda buY de esta m1S1ón espano ª no se
.
que durante los últimos tiempos de mt permanencia dhista desmantelada por las pasadas guerras civiles cias conc~etas. Se sa?e ~ue ha esta~lado t~mb1én la
en China, presa de fuertes calenturas que no acertaba del im'perio. En su recinto se albergan los literatos insurrección _en su d1stnt?, pero se 1gnr~ Sl e~Qeº los
á curar, fuí aconsejado que pasara una_ tempora~a en más fanáticos y ellos han sido, con sus predicaciones frailes agustmos ha h~b1do halgunal~ ct:aá.1f e%e;~
las alturas de una montaña para ver s1 el _camb10_ de por las calles' y sus proclamas fijadas en los muros, Dios que nuestros marinos ayan ega o 1
aires modificaba mi dolencia. Un buen fraile lazamta
EDUARDO TODA
me ofreció el asilo de su misión en.la cima de una quienes han iniciado el mov~miento popular contra de salvarlos!
los
cristianos,
que
con
la
rapidez
del
rayo
se
ha
exsierra vecina á Kiukiang, y allá fui para disfrutar du-

e¡

::e~::r

~~o 1~

:t~J~:~:/~~~ªhic:r~

e!~c~~~~

~;:~;!:~i:~f~\~p~:1!:::;t~t~~~:~ ~~:.P:th~~~~:~~a:l~::o;::;i:tp¡~'~~~

::i~.r~I;.i:~~~~;Jir~~:~i~:i.ii~

~:s

I
I
I

Vista de Vuhu, donde han estallado recientemente los desórdenes contra los cristianos en China

REBELIÓN ANTI-CRISTIANA EN CHINA
Nuevamente el telégrafo acaba de poner en conmoción á las cancillerías europeas. Del Extremo
Oriente llegan noticias de carácter gravísimo, más
acentuado por el laconismo de los despachos, asegurando que otra vez arde en rebelión el centro del imperio chino, levantado en fanática cruzada contra los
misioneros europeos. Las tranquilas márgenes del río
Yangtsee, el Hijo del Océano como le llaman los poetas chinos, son el ce11tro de la nueva agitación, que
merece ser estudiada, no sólo por la indudable importancia que para todos tiene, sino también porque
hay allí ciudadanos españoles, hijos de nuestras órdenes monásticas, por cuya seguridad se abrigan actualmente muy serios temores.
Los movimientos anti-cristianos no son raros en el
Celeste Imperio: datan de la época de la primera aparición en los puertos de comercio de los misioneros
apostólicos, y se reproducen con insistencia periódica, sin que basten á evitarlos los tratados europeos
y los edictos de las autoridades del país. Aquella sociedad, fanática más que religiosa, entregada á las
supersticiosas prácticas de un budhismo formalista
y grosero, sin fe en el alma ni convicciones en el cerebro, muévese fácilmente cuando piensa entrever
una ingerencia extraña en sus usos, sus dogmas ó sus
cultos. Y sus movimientos son tan irreflexivos como
impetuosos: el torrente que desborda, la avalancha
que rueda por los flancos de la montaña, el huracán
que da alas al fuego, no causan los desastres de una
conmoción popular china en una mañana de motín.
Los que hemos vivido largos años en el Celeste Imperio recordamos con frecuencia hechos de este género ocurridos en los últimos veinte años. Un día,
en 1870, se levantó el pueblo de Tientsín contra los
misioneros católicos. Estos, franceses de origen y de
nacionalidad, se habían naturalmente amparado bajo
la bandera de su cónsul; pero este acto, que en cualquier otro país hubiera impuesto refpeto á las turbas,
allá sólo sirvió para desenfrenar con mayor furia los
odios de los revoltosos. El desastre fué terrible. Ardieron las casas de la misión; ardió el consulado de
Francia, y tra, éstos fueron invadidos, violados y destruídos casi todos los edificios europeos de aquel
puerto. La bestia popular atacó á las personas, y no
perdonó á una sola de las que pudo dar alcance. El
cónsul, los frailes, once hermanas de la Caridad, tres
ó cuatro extranjeros más, fueron las víctimas sacrificadas en un día de orgía. Y ¡detalle horroroso! entre
estas víctimas se hallaban dos jóvenes recién casados
que acababan de llegar de Francia en la mañana de
aquel día, y debían salir al siguiente para Pekín, donde
el marido ejercía el cargo de secretario de Legación:
con ellos se cebaron de una manera encarnizada.
Diez años más tarde ocurrían desórdenes análo·
gos en la provincia del Hunán, en cuya parte septentrional hay un vicariato español de frailes agustinos. Esta misión es de muy reciente origen, pues sólo
data de 1878. En esta época se presentaron por vez
primera en aquel remoto lugar nuestros regulares del
Escorial, llamados por un venerable prelado español,
á quien habían desterrado de la patria las revoluciones poHticas sucedidas en el primer tercio del presente siglo. Monseñor Navarro, que así se llamaba el

vicario apostólico, había abandonado en 1836 el incendiado convento de su lugar para refugiarse en
Italia, de donde salía más tarde como simple misionero para evangelizará los incultos habitantes del centro de la China. Con grandes esfuerzos consiguió
crear una misión que dependía de Italia; pero al llegar al final de su jornada, sintiendo extinguirse con
la juventud los ardores del entusiasmo, y convencido de que por falta de personal no progresaban sus
cristiandades, volvió los ojos á España, pidiendo el
auxilio de los padres agustinos, á los cuales ofrecía
dividir su misión. Así obtuvieron éstos la parte septentrional dela provincia del Hunán, y aunque notardaron mucho tiempo en presentarse en el nuevo campo de su actividad y de sus labores, tuvieron al llegar
el primer desconsuelo de saber que el obispo Navarro
acababa de morir.
Y empezó entonces el martirio de nuestros misioneros: lento y oculto primero, á la luz del dfa después, provocado por las intransigencias y los odios
de los literatos y mandarines del distrito, que comenzaron por negarles la sal y el agua, por hacer el vado
en torno suyo, por prender y ocultar á los cristianos
que les servían, y concluyeron por levantar en insurrección al pueblo de Yuen-chiang Shien contra la
casa-iglesia y contra los frailes españoles. Fué invadida y saqueada la primera: éstos tuvierqn que pedir
á la obscuridad de la noche auxilio para la fuga,
efectuada entre mil azares y peligros.
El gobierno español se preocupó muy seriamente
por aquel atropello, que vulneraba los derechos consignados en nuestros convenios con la China, y decidió obrar con energía enviando á los sitios más
próximos del lugar donde ocurrió un buque de guerra
de la nación y un delegado especial que exigiera la
reparación debida Obtúvose ésta después de largas
y pesadas negociaciones: lo que no se ha conseguido
luego es asegurar la paz y la tranquilidad de aquella
misión, muy combatida por múltiples circunstancias
que no son del caso, y también alguna vez perjudicada por la inexperiencia de los mismos religiosos.
Estos odios de los chinos contra los misioneros católicos se han extendido ahora á toda la cuenca del
río Yangtsee. Ignoramos aún el motivo de su explo·
sión; pero es seguro que al ser conocido evidenciará
una vez más la barbarie y la crueldad de aquellas razas asiáticas, mal encubiertas por el barniz de su antigua civilización. El movimiento de Tientsín en 1870
fué provocado por el rumor popular que propalaba
la noticia de que en el asilo de huérfanos de las hermanas de la Caridad se mataba á los niños para sacarles los ojos y el corazón y hacer medicinas con
estos órganos humanos En 1880, en Yuen-chiang se
aseguraba que los españoles eran monstruos con cabeza de acero, que comían arena, vivían en la mayor
miseria y destrozaban los cuerpos de los moribundos
para abonar los bosques de bananeros. Otra invención de este jaez habrá provocado ahora en todas las
riberas del Yangtsee el movimiento, más grave porque comprende un sinnúmero de misiones, alejadas
de los puertos de comercio y por lo tanto sin la efectiva protección que podrían dispensarlos las escuadras extranjeras,

La cuenca de Yangtsee tiene un número respetable de vicariatos apostólicos, servidos muchos de
ellos por regulares lazaristas franceses: otros por frailes franciscanos italianos: uno por padres agustinos
españoles y otro por regulares belgas é irlandeses.
Cada vicariato abraza media provincia china, ya que
ordinariamente éstas se hallan divididas en dos misiones; y hay que tener en cuenta que las 18 provincias de la llamada China propia, que ahora nos ocupa, tiene cada una de ellas la extensión y la población de nuestra vecina Francia. Puede así calcularse
mejor que citando datos aritméticos la inmensidad
del territorio de aquella región, en el cual vagan como
perdidos esos misioneros que tan á duras penas con•
siguen agrupar en torno suyo pequeñas congregaciones de creyentes Fijándonos sólo en la misión española, podemos afirmar que constando de un distrito
mayor que la mitad de España, tiene sólo un personal de siete ú ocho misioneros, cinco ó seis capHlas
y unos quinientos neófitos.
Allí todo es pobre y miserable. El misionero debe
renunciará las mayores exigencias de la vida europea
y resignarse á vivir como un indígena, con la pequeña retribución que recibe de su patria. Debe, además,
socorrer á sus cristianos, muchas veces para que no
le abandonen: cuidar del culto, satisfacer sus gastos,
y obligar con presentes á los mandarines para que
no le hostilicen. La abnegación y el sacrificio de
aquellos pobres frailes no tienen límite: hay que verlos en la obra y pasar á su lado por todas las miserias é inconvenientes de su vida para comprender
lo que ésta encierra de grande y heroico.
Pero su labor es estéril, y lo será mientras no cambien radicalmente las condiciones del pueblo chino.
Allí nadie es capaz de moverse por ideales, ni de
sentir la necesidad de una vida moral mejor, que tampoco se aviene con su constitución presente. Pueblo
polígamo, como todos los del continente asiático, es
inútil pedirle la restricción de sus goces materiales
ni cantarle las excelencias de una familia, una mujer y un hogar. Es música que no entiende, y conducta que jamás practicará mientras tenga medios
materiales de seguir otra contraria.
Así lo sienten los mismos misioneros cristianos, y
en general se resignan á conservar los pequeños rebaños de sus comunidades, reuniéndolos los domingos en las pequeñas iglesias de los pueblos. Estas son
edificios chinos sin ningún signo exterior que indique su destino: no se alza la cruz sobre la fachada,
ni suena al lado la campana para congregar á los creyentes. Tan sólo en los sitios donde se disfruta de
relativa tranquilidad se ve colgado junto á la puerta
un gran tablero de madera negra con una inscripción
en caracteres dorados que dice Iesu Tang, templo
de Jesús.
En los campos abundan también las capillas cristianas. Los misioneros católicos han seguido la corriente poética que mueve á los naturales del imperio chino á admirar y cultivar las bellezas de la naturaleza. Allí donde los pueblos y ciudades son infec•
tos depósitos de suciedad y porquería, los campos
ofrecen en cambio el singular contraste de su hermc•
sa vegetación, de sus tierras fertilizadas por las aguas

.........
-

L..IIT J ~"TEPniLIQO'I -

LECHE .ANTEFÉL
,.n t lhld.lla • lfU, llllp

GRANO OE LINO TARIN
CLORÓSIS . -

ANÉMIA. -

, LENTUAI, T ES AIO
8 A ~=• ~ ~~ 0 8

,e:i~t~~~s

e

EFL~~::ggCIA'B

EBTREA IM IENT08, CÓLICOS. -La caja: lfr. 80,

LINFATISMO

El Proto-IodUZoo de Hierro es el r epar ador de la s~n gr e,
el for eiffcante y el microbicida por excel encia.

11J arabe 1 tas Grajeas i:ou proto-loduro de •itrro deF • Gille,
"º podriat1 ser dtmtUíado rtcomt"ndados ffl ra:ón (U ,-w. J)'MrfJ(I gu(mica, d,
DEróSITO GENERAL: 46.

-•ti:;::;,

de ro, Ho1pitalts).
Rue Vauvilllers, PARIS. D·posito tD todas las rarmaefas,

'" tnalt..-abtlidad II de su iolub•lídad

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARAN,AS AMARGAS
Desde hace mas de 60 aflos, el 1 araM Larou se prescribe con h.lto par
\odos los médicos para la curacion de las gutrltla, gutraljlaa, dolor••
y retortitonu de ••tómago, e•treñimiento• rebelde•, para facilitar
la dlgutlo11 y para regularizar todu laa funcione, del eatóma¡o y de
loa inteaünoa.

JA.RA.BB

a1Bro:muro de Potasio
Querido enfermo. -Flese Vd. ami larga experiencia,
y haga u10 de nuestro, ORA NOS de SALUD, pue1 e/los
le curarjn de au con1tIp1c/on, le darj n apetito y le
derolrerjn el aueñ, f /1 alegria. - As/ r,,irA Vd.
mucho, año,, d11frut1ndo 11,mpre dt una buena 11/ud.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del eeruon,

la epilepsia, hiatérla, migraña, baile de 8•-Vito, lnaemnlo1, ooa•
T11laio11e• y to• de los n.ilios durante la dent.icion;. en una palabra, todaa

lu

afeccione■

nemo....

,

Füriea, lspedicionea : 1.-P. LAROZE

t, l'1lfl des Liou-St-Paal, l Paria.

Depo1ito en todu lae prluclpale• Botica• 7 Droperlu

EnfermedadeSds/ Pecho

Jaraba Pectoral

CARNE y QUINA

DE

P. LAMOUROUX
Antu, Farmacéutico

•s, Calle Vauvtlllert, 1"arl1,
E! Jal"abe de Pierre Lamourotix es
el Pectoral por excelencia

como edulcomnte de las tisanas, á
las cuales comunica su gusto agradable y tus propiedades calmantes.
(Gaceta de los Hospilales)

Dep61lto Gt1eral: 45, Calle Tmilllen, 45,Pil!S
Se rende en todo /aa buenas farmiolu,

llÜIMDto munpadar, uido al 'HDloo . . tDqlcl.

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOI LOI nmamos fflJnlfflOI IOLtJJILBS DJI L4 CARNE
10D 101 elemelltos que entran en la comllOlldon de eete potente
19pandor de lil fUerzu '11alel, de eete leí118ea■te ,-r -•le■ela. De un ¡uato au-

·~•an 1

•IJDl•t

mamenle a,rad&amp;ble, ea aoberano contra la """""' J el .ÁJ)OCMllúnt o, en lu

Calffltu,w
7 CM~CODtr&amp; 1u l&gt;IMWM J IU . Á ( ~ del Bltomaqo y loe fffle,"no,·

~'Ta'mir::= ~=:gó~ir'Ta~ .~n;-¡;,~~utu;o~

Clldai por loa calorea, uo ae conoce nada aupenor al Wl■e de 911.i■a de A.rea41.
lo!, ..,or4 • Parta_,~ wa dt 1. FJIRll, Farmaceotico, 10!, ru1Richelieu, Saceaor deA!OUD.
Da VDl&gt;B S!C TODü Lil PIUICQUl.u.&amp;i llOTJQU.

:EXIJASE 111! t: '.ARDUO

Parttctpe.ndo de Ju propiedades del .lodo
J del Hierro, estas Plldoraa se emplean
es_peclalmente contra las ••crofulu, la
Ti119 y la Debilidad de temperameDto,
as! como en todos los casos(l"áltdo1 colorea,
.&amp;meDorrea,
en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
IU riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar ó re¡ulartzar su curso periódico.

• •&gt;,

. IJt'm/',,,--?J}s

rarmacennco, o Para,

~Rue Bonaparte, 40

El loduro de bterro Impuro ó alterado
N
es un medicamento Infiel é irritan te.
B
Como prueba de pureza y de autenticidad de
■

,

lu 11'erdaderae P Uclortu de lJlaneard,
Mig!r nuestro 111110 de plata reactiva,
aueatra firma puesta al pié de una eUqueta
1- - • y el Sello de garantla de la Un i6n de
111 r111rlc1ntn para lareprestón de la !llll•
kaeióD.
Q U IIALLU 1lft TODU LU •illliCIIU

0

1

�LA

43 2

NúMERO

}LUSTRACIÓN ARTISTICA

la empresa de hacer la sondeadura más profunda de cuantas hasta el presente se han
llevado á cabo y seguirán profundizando
hasta que se haga imposible continuar la
operación.
Este experimento se realizará con un fin
científico y durante él se anotarán los hechos interesantes, se recogerán muestras
de todas las capas atravesadas desde que se
comenzó á abrir el pozo para reconstituir
la superposición de las capas geológicas:
con los resultados obtenidos, las muestras
recogidas y las observacioRes hechas, seorganizará en 1893 una exposición especial
en Chicago.

NOTICIAS VARIAS
EL PORTE DE LAS CARTAS EN EL JAPÓN.
- Cuando comparamos lo que cuestan actualmente los portes de las cartas con lo
que costaban no hace mucho tiempo, sor
prende en verdad la baratura que en este
servicio se ha logrado. Tenemos, por ejem•
plo, la tarjeta postal que por diez céntimos
nos permite comunicar con comarcas situa•
das á centenares de leguas. Y aun en el interior de Inglaterra la tarjeta postal cuesta
solamenre medio penique, ó sean aproximadamente cinco céntimos.
Pero en donde los portes postales alean•
zan una baratura superior á cuanto podamos imaginar es en el Japón: en efecto, una
carta puede atravesar todo aquel imperio
mediante dos sen, suma equivalente á algo
más de medio céntimo, y esto es tanto más
asombroso cuanto que el Japón es uo país
sumamente montañoso, dotado de pocas
vías férreas y en donde por los caminos Or·
dinarios no pueden á menudo pasar vehículos de ninguna clase. El servicio de co•
rreos está generalmente confiado á peatones muy diligentes que ganan un jornal muy
mezquino, como todos los japoneses, cuya
sobriedad es proverbial.

LA CREMACIÓN DE LOS CADÁVERES EN

En el cementerio del Este de la
capital de Francia se ha instalado recien•
temente una nueva estufa que funciona de
continuo, de modo que puede ponerse en
actividad al momento de llegar un cadáver:
además está dispuesta de modo que pueden
ser incinerados tres cadáveres á la vez.
Consiste la estufa en una cámara abovedada en donde se verifica la cremación; en un
mecanismo para aprovechar el calor de las
evaporaciones y en un horno para producir
el gas generíldor necesario á la cremación.
Este, al arder, pone las paredes de la cámara á una temperatura de 700 á 800 grados, merced á la cual la incineración del
cadáver se realiza en muy poco tiempo.
Esta estufa consume un6s 720 kilogra•
mos de cok cada 24 horas; para una incineración bastan de 35 á 40 kilogramos. Entre una incineración y otra de cadáver utiHzase la estufa para la cremación de los
restos humanos procedentes de las salas de
disección de París.
PARÍS -

UNA SONDEADURA INTERESANTE. - Una

compañía americana que se dedica á la explotación de la nafta posee un pozo de un
kilómetro de profundidad y 18 centímetros
de diámetro que ha atravesado ya espesas
capas de hulla, de cuarzo aurífero, de hierro y de otros metales. Cuando este pozo
habrá alcanzado una profundidad de 1.500
metros, será explotado, según se dice, por
las autoridades ameritanas que acometerán

APJ:OL
de los ore. JORET &amp; HOMOLLE

Lu

Pemu .-, co11GU1 lu

PILDORASt!DEHAUT

g¡ APIOL cura los do/ore,, retr1101, 1upre1/one1 ,Je /11 Spocas, asi como las plrdldu.
Pero conrrecuenclaes !alsl.flcado.El APIOL

,

MEDALLAS E,p.. Unir'" LOH DRE8186Z •PA R/81889

Fu'-BRIUT, 150,mdeaJnll,PillS

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
• 118JIUTBO J MAGl'flSIA

, •,t1t1&gt;ADESd•1E1ro.h

t'+t~

#Ff4q0

--¼--

Pepsina Boudault

DE PARIS

no ti_tubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
l~s demas purgantes, este no obra bien
SllJO cuando se toma con buenos-alimentos
Ybebidas fortificantes, cuaJ el vino, el calé,
~ té. Cada cual escoge, para purgarse, Ja
ora y la comida gue mas Je convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanuladoporel efecto de la
buena alimentacion empleada, WJ.O
se decide fllcilmente ll volver
4 empenr cuantas veces
sea necesario,

verdaderoJmico eficaz, es el de los Inventores. )os ,ur&lt;• JORET y BOMOLLE.

Beeomendad01 CIOQ\ra 111 .IJ-loDN del Elt6•
mago, Falta de .1.pe&amp;l\o, Dige■tionee la.bo•
rt0118.11, .&amp;oedlu, V6mltoa, Eruotoe, y C6liooa;
regulariAD la• FnJloloDN del E■tómago .,
de loe IDIN&amp;lnoe.
Erltlr en ti ,o/u/o• fm,a de l. FAYA/10.
Adh. DETB.I.H, Farmaoeutloo en P A1US

497

D. Torcuato Tasso, ,undida
en los talleres de los Sres. Masriera y C.•
( Ex posición general de Bellas Artes de Barcelona)

¡SIN PÁJARO! ¡ronRttCttLo!, eslalua en bronce de

.'ª""ª"'"•
- JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

C~LB DB BIYOLI. J.60, P..t.B.181 V e11 Cod•e laeJ,'•r•••"'El ~.AR.ABE DE BRIANTrecomendallo des&lt;1e su prlnctplo por 101 profesores
La
_ ennec, Théll&amp;l'd, Gael'llan~ etc.; na reclbl&lt;lo la consa1rrac16n &lt;1e1 tiempo: en el
ano t8!9 obtuvo el prlVUegto de 1nvenc16n. VUDADlRD CDIFITE PECTORAL con bue
de ¡oma l &lt;1.! lbal&gt;oiea, convtene aobrel\loílo las per1onaa &lt;1ellcad'as como
m'QJerea J nmoa. su guato excelente no perju&lt;11ca en modo alguno á su incacla
contra loa USrBlllOS l todas las IIFL.lJu.CIOIES del PECHO J de 108 IJTESTIIDS.

a

Soberano remedio para ré.pida cura-

cion de las Afeooione■ del pecho,
Catarros,llaJ de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso del'ivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

Depósito en todas tas Farmacias

!probada por la AC!DEIJA DE IEDICIII!

PREMIO DELIHSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
M1d&amp;llu en lu lhpoalolonu lnternacloaalet do

PUIS - LTOR - mru - PBIUDELPBU - P.lRIS
1887

l87i

18i3

1876

11178

IS IDUA. COR !L MATO&amp; lbJTO 11' L...

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIQE8TION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;0I DIIOl.!&gt;11'11 DI U, DIHITIOW

BAIO LA FORKA DE

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PUIS, Pbarmacie COLLAS, 8, ne DaaplliDe
w r "' la, pr!•c(nale, (ONMCÚlJ, ..

ª ~Et~!i!.1!~~ l6!!1!~pandons.

VINO
FERRUGINOSO ARDUO
.J..A.aml,

T 00K TODOS LOI PIJJ(ml~ IWrUTlTOI Da U GABKB
rm•., •11111.1.1 Dlel lflol de ailo caallnuado 1 iu IS1nnlGIOllel de
Ju emlmmolll IIM!dicu preabUl que ea&amp;&amp; uoc11C1on de la C1an-. eJ . . _ J le
. . , _ 00111U\Uye el l'81)1.1'14ór mu eDel'lleo que ee CODOOe JJll'I, caru • 1a Clorólfi la
.lllilllll, Ju l l l f U I ~ 4'&gt;l«'oMI, el l ~ • I # J lá Á l ~ 1, i. ~
el b/¡vUC,,,,01 lal Á{«aOfUI IUf'O/WOllll '1 llalrOlilfaU, etc. &amp;I Tia•
dé
.&amp;N••
ea, en efec&amp;o, el únl00 que reune lodo lo que enlona '1 tol1alece 1o1 º""""OI,
ftllUllr1la coordella '1 aumenta 001181derablemenle lu fllerua 6 1nt1111de 1a ·•empobredda 1 deloolorlda : el fflo,o, la Colortlcloft 1 1&amp; ~ "'"'·
IIIDCl'I

••rrqta-

ª
Por.,,.,.,• Paria,De11 TIIICDS
cua de 1, FBW,1U'lllltielltieo, tOI, ne Ricbeliea. Sawar da lllOOD
D TODAS LU ftmCIP.U.U 90TIQ.U
'

EXIJASE 11:=' ARO UD

PATE EPILATOIRE DUSSER

GARGANTA
VOZ y BOCA

PASTILLAS

DE

DETHAN

Recomendadas eonlra 101 Malea de la Garganta,
Extinciones de la Voz, Inllamaolonea do la
Boca, Efeotoe pernioloaoa del Mercurio, Irl•
taolon que produoe el Tabaco, y 1pecialrneolAI
i 101 Sñrs PREDICADORES. ABOGADOS,
PROFESORES y CANTORES para facihlar la
emiolon de la vos.- PAICIO : 1:l Ru1.11.
B:,xqtr en el rotulo a /1,rma
Adh. DETBAN, Farmacentloo en P.&amp;RIS

d~truye huta lu RAICES el Yl!LLO del roatro de 111 d11D11 (Barba, Bt¡ote, ._), 1111

llllliUD pel11ro para el cutlJ. 50 Añoa de áuto, ymillarea de 1t1llmonlo1 prullWI la dcacll
de esta preparacion. (Se nnde en 1■Ja1, pan la barba, y en 1/2 o■J■1 pan el blcoie licero). Plrl
IOI bl'UOI, tmplwael PI.Llf'OBl&amp;, DV■IIER, l,rueJ ..J.•Roua■ean,Parta,

Quedan reservados los clerechC\s de pr'lpiena•l ª'.t!stica y literaria
J..wp,

UI M0NTÁNi&amp; Y S 1.11ÓJC

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46862">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46864">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46865">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46866">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46867">
              <text>497</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46868">
              <text> Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46869">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46885">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46863">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 497, Julio 6</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46870">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46871">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46872">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46873">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46874">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46875">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46876">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46877">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46878">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46879">
                <text>1891-07-06</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46880">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46881">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46882">
                <text>2011642</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46883">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46884">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46886">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46887">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46888">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7395">
        <name>León Barracand</name>
      </tag>
      <tag tagId="7398">
        <name>Rebelión Anti-Cristiana en China</name>
      </tag>
      <tag tagId="7396">
        <name>Sexualidad en el lenguaje</name>
      </tag>
      <tag tagId="7397">
        <name>Una boda judía en Valencia</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1779" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="657">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1779/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._498._Julio._0002011649.ocr.pdf</src>
        <authentication>89b93f7d7e625c8dbd9e1011242508c1</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73950">
                    <text>,ro-

1an

a~t11ac100
~I ~--,~\11tí~t1ea

ldO

la

fin
he-

:ras

: se
:uir
:as:
:ras

or-

~ial

ARO X

BARCELONA 13 DE JULIO DE 1891

EN

: la

ien-

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

de

en
ver:
den

~ez.

:da-

1 un

las

11cir
ión.
cágradel

gra-

nci-

Enuti-

los
, de

I]

I]

IS

11,
a

,,

1

l

1

ita,
B la
Irl-

1enle
08,

ir la

IS

LA HAMACA, cuadro de Van Den Boa
aria

�434

LA

lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 498

-=============--=--=---========---====--===:--,,--==---=-==---

guerra sobre Francia, la otra recuerda el imperio que tentizado por la consagraci6n desde tales alturas al
rindi6 al extranjero Francia por irreílexiva traici6n ó trabajo porfiadísimo de los historiadores y de los eroSUMARIO
por imperdonable cobardía. Incomprensible para mí nistas. Por manera que Rosario, no solamente caza
Texto. - l'i11m1111rarioues europeas, por Emilio Castelar. - La que señoras de una delicadísima epidermis, de una como Diana en sus bosques, y danza como las Muu.rnalilai m ti lm'{'lltl}e 1continuación), por Fernando
Araujo. - Los Par/a111c1úos de E11ropa. Grecia, ¡,or X. - sensibilidad tierna, susceptibles de toda clase de im- zas en sus palacios, y tañe su piano como las reinas
N11eslros .i:rahados. - Vbc011.lesa (continuación), por León presiones, con cierta nerviosa irritación á su educa- medioevales del amor y de la poesía pudieran tañer
Barracand, con ilustraciones de Emilio Bayard. -SECCIÓN ción y á su sexo casi cortgénita, muy adivinadoras guzlas y vihuelas con áureo plectro; entra en los honCIENTfFICA: Q11lmica recreativa. La difusió11 de los gases. por tiernas y delicadas, olviden los recuerdos que le- dos archivos en que guarda los timbres más preciosos
Un b1ma/11~as de fiícil constnicciJ,z, CoustrorciJii de 1m :fe·
q11e11o motor de dif11sióii .•Modo a'e co11ocer si 1ma tela es un• vantan en París con su presencia y no escuchen las del viejo tiempo histórico, escribiendo prólogos de
termeable, por F. Faideau.-Artifu ios del teatro. Escamo- voces de maldici6n y los sollozos de llanto despedí- verdadera maestda histórica al frente de curiosos pateo de 1ma 11111jer. Las telas l11111i11osas. - Libros enviados á dos por la tierra que sus pies huellan sembrada de peles escogidos y recopilados por ella con sumo arte
esta Redacción por autores ó editores.
innumerables humanas víctimas, á cuya reconven- y con exquisito gusto. El encanto S!Jpremo de todos
ci6n
silenciosa debían estremecerse todas sus entra- estos papeles históricos proviene del contraste brusco
Grabados.- La liamaca, cuadro de Van Den Bos. - Estatua
yacente del frontispicio oriental del templo de Júpiter en ñas. Pero ¿qué remedio? Eugenia no pudo nunca re- entre lo magno de tales sucesos y lo pequeño de las
Olimpia. - Cabeza de Mercurio descubierta en las ruinas de signarse á lo vulgar y ordinario en la vida. Gustába- minuciosidades á que nos condena la vida vulgar y
Olimpia. - Ruinas del templo de fu,zo m Olimpia, Vista to• le, como al águilla el picacho eminente y aislado, á diaria. El sitio de Granada, el encuentro ciclópeo de
mada desde el Oeste.-Lecció11 de crockel, cuadro de don ella la singularidad maravillosa. Imposible recorrer un Mulberga, la muerte de Maria Estuardo, los reinados
Gastón Pujo! (Exposición general de Bellas Artes de Bar~elona. - Visita, cuadro de U. Joaquin Agrassot. - Gran ker- monumento, t.:na montaña por la emperatriz también trascendentes al mundo entero de María é Isabel Tumesse alebrada e,¡ los ¡ardi,us del Parque de Barce/oua el recorridos, que no guarden algún recuerdo patente dor en Inglatera, la campaña de Flandes, los litigios
Jla 23 ,le f1mio, dibujo y composición de D. Nicanor Váz- de que llegó á la cúspide más elevada y al sitio más entre nuestro imperio español y el pontificado ejerquez, - !'alacio del Par/ammto en Ateuas.- ;B11e11a pipa!, peligroso. Una de sus más brillantes cualidades fué, cido por adversarios nuestros tan implacables como
dibujo de D. Antonio Fabrés. - Una ta:a de te, pintura al sin duda, el valor, y el valor temerario. Ascender, as- Caraffa, ó sea Paulo IV; la educaci6n del fantaseado
pastel de Clemente de Pausir.ger. - La difusión de los gases.
- Los artificios del teatro. Fig, r. El palanquln mágico.·- cender siempre, á la continua, casi era en su com- príncipe D. Carlos y de aquel otro príncipe que triunFig. 2. Las telas luminosas. - ¡Desrzmparados!, es~ultura de plexión como el vuelo en las aves. Otras almas de fara en las aguas de Lepanto, la muerte y desapariD. José Monlserrnt (Exposición general de Bellas Artes de mujer piden alas de ángel á la oración y entran ción del rey don Sebastián en las arenas líbicas, el
Barcelona).
en los místicos cielos de la viva fe. Eugenia, más restablecimiento de nuestro Estado en Portugal y la
de su tiempo, no quería volar, sino subir el repe- invención de América; tantas grandezas, vistas en
cho de la fortuna con esfuerzo, con anhelo, hasta particularidades casi domésticas de comunicacic•
con violencia. ¿Cuál era por 1852 el sitio más ele- nes casi privadas, toman algo del carácter que tienen
MURMURACIONES EUROPEAS
vado de nuestra Europa? El trono de Napoleón III. las multicolores miniaturas en los viejos cartularios y
POR DON EMILIO CASTELAR
Pues en cuanto se acercó al escalón primero· de tal en los libros litúrgicos. No puede nunca loarse cual
eminencia, y vi6 su altura, propúsose con resolución merece la devoción de Rosario Alba por antepasados
L.'1 emperatriz Eugenia. -Trágicos y terribles contrastes. - La inquebrantable subirá la cima, Napoleón, inclinado suyos, que tuvieron la estatura de titanes y modelaProvitlencin y la Historia, · Un libro de la duquesa de Alba, á las idealidades vagas, á los ensueños inverosímiles, ron á. sus plantas el viejo y el nuevo mundo. Su deli- (;ran,lezas militares. - Muerte de María Buchental. -Carácter de esta eximia señora. - L.'ls Academias nacionnles y á los planes fantásticos, á mil descabelladas propen· cada mano de mujer, colocando estas armaduras y
las tia mas españolas. - Propósitos de presentar á Carolina siones, acrecentadísimas en los ejercicios del poder estas lanzas y estos machetes de las guerras entre los
Coronado y a Emilia l'ardo B:mín en la Española. - Una supremo y absoluto, había menester una esposa capaz hombres en volúmenes de Historia, principalmente
comedia de Aristófanes como advertencia y recuerdo á los de combatir sus tendencias á. lo milagroso, casera y militar, pone sobre todos ellos algo de las exquisitas
varones académicos. - El realista Zola converso al idealismo
y tlel idealismo catecúmeno. - Su ópera El em11el10. - Santa econ6mica, de poca poesía en el magln y de mucha cinceladuras con que repujaron y hermosearon el
lsal&gt;el de I Iungría desvestida en cuadro religioso. - Escán · previsión en el sentimiento; una esposa que lo apa- acero los dedos mágicos de Arfe, Guiberti ó Benvedalos, - Reflexiones. - Conclusión.
ciguase mucho en vez de impelerlo á todo; que le nuto. La elagancia suprema, la distinci6n verdadeatajase las ambulaciones erráticas por los fantaseas ramente aristocrática, el gusto de una gran dama esI
continuos, atándolo á la piedra del hogar, donde hu- pañola, se revelan desde la encuadernación y la porbiese aprendido la vida y la política reales; que le tada que huelen á miñon(simo tocador, sin detrimenUna especie de aparici6n ha discurrido estos días presentase los hijos como lastre á sus ambiciones y to ni mengua de la ciencia. Joven Rosario, como es
últimos por la capital de Francia, despertando trágicas lo divirtiera de aventuras, en todas partes dañosas, un ornato inapreciable hoy de nuestra sociedad, pue
memorias. Me refiero á la emperatriz Eugenia. .Par(, pero más en las cumbres guardadoras de la suerte de de ser mañana una maestra en la patria historia. Y
acaba de verla envuelta en sus lutos como en el res· los pueblos y por lo mismo erizadas de tremendas bien hemos de tan preciosos ornatos menester, cuando
pectivo sudario un cadáver; á los años y á los desen- responsabilidades históricas. Una mujer de su casa á diario nos los arrebata la muerte, que todos los días
gaños encanecida; con su muleta en la mano, apo- necesitó Napoleón III. Pero esa hija de Andalucía, aniquila ó una simiente ó una flor 6 un fruto. ¡C6mo
yando un cuerpo decrépito y temblón; la faz arruga- hermana de las hurtes orientales, con la sangre de nos ha cruelmente á todos herido hiriendo á María
da, la frente nublad(sima, encorvado el esternón, una Ofelia en sus venas y el fuego de las Alpujarras Buchental, tan amada por sus amigos! Aquel sano
desfigurada la cintura, perdido el antiguo aire de en su fantasía, nacida en tierras donde la naturaleza regocijo suyo, aquella conversación interesantísima,
arrogancia castellana, semejante á las al.nas en pena parece un poema vivo y criada en la nación de los el eco de su voz melodiosa, la prestancia de su figura
de los cuentos campestres, venidas del otro mundo espejismos del alma y de las aventuras increíbles en- escult6rica, el arte sumo con que se vestía en sus bueal tañido del bronce litúrgico que pide rezos para los gendradas por excesos casi de no imaginadas heroici- nos tiempos obedeciendo á sentimientos estéticos, la
muertos en las largas noches invernales. Ella, des- darles, en vez de calmar el genio y el carácter inquie- presidencia de honor que le daban todos en sus lite•
tronada y solitaria, sin esperanza ninguna de restau- tos de Napoleón III, debía poner en sus ensueños rarias tertulias, el consuelo que cada cual recogía en
rar el trono deshecho por las tormentas populares ni del Norte y en sus vagas nebulosidades germánicas las penas y el estímulo en las tareas diarias dábanle
de rever la dinastía dispersa por un hado enemigo, y en su idealismo puro y abstracto el relieve de nues- prestigios y privilegios sociales de los más altos y de
recorre los espacios de donde ha descuajado la c6lera tras formas plásticas, el toque muy encendido de los más s6lidos, fundados sobre los propios méritos y
revolucionaria los templos de su fortuna, y pasa por nuestra luz meridional, el hueso y la carne y los mús- el universal reconocimiento de ellos y no sobre fictilos sitios donde su hijo malogrado jugueteaba con culos y la caldeada sangre de nuestra complexión he- cias y convencionales alcurnias. Lástima grande que
una corona y un cetro, cuyos vislumbres cegaban los lena-semítica, 11 cual apenas ha concebido una idea María, la tolerancia y la discreción y la inteligencia
ojos de la madre y de la emperatriz con promesas en la pura inteligencia ¡oh! se atreve á encarnarla en la en persona, incapaz de malherir á nadie ni de atizar
de poder en una perdurable regencia. Cuando haya impura y viciosa realidad. Por ende la ocupación de pasiones poHticas, hubiera en los últimos días de su
visto las Tulledas desvanecidas á manera de fugaz Roma, por ende la guerra prusiana. Respetemos el vida exaltádose por la revolución imposible y utópidecoración teatal, cómo habrá comparado su desva- dolor y recojámonos con religioso miedo ante los de- ca, en términos que dominaron su salón los insufribles
necimiento á la pérdida y ruina de tantas y tantas signios de la Providencia y los juicios de la Historia. sectarios á cuyas intransigencias ahuyentáronse de
ilusiones cual fueran en días ya devorados por la
allí sus mejores y más devotos amigos. ¡Descanse tan
eternidad á regalar sus QÍdos y endulzar sus labios.
excelente señora en la paz de Dios!
II
La iglesia de Nuestra Señora le habrá recordado sus
nupcias, que traían á las mientes los festejos aparaIII
Dos nombres del sistema solar de la emperatriz
tosos y las curias cortesanas del primer César; aquel Eugenia en estos días han brillado; el uno por los
Teatro de la Opera, los espectáculos y representacio- crepúsculos matutinos de la juventud y de las letras,
El ejemplo de Rosario Alba será seguido por Carnes qt.:e allí apercibían á Europa entera sus pompo- mientras el otro al anochecer de la vida, es decir, en men Guaqui, as( como por otras muchas de nuestras
sos ensueños; el Campo de Marte, cuando iba segui- el último y supremo crepúsculo que precede á las primeras damas, bajo cuyas múltiples llaves domésda por una cohorte de soberanos reinantes, quién á eternas sombras. Hablo de Rosario Alba y de María ticas enciérranse hoy cien secretos históricos. Y al
las orillas del Bósforo, quién á las orillas del Neva, Buchental, como sus amigos y devotos las llamare- ver esto, ha comenzado un movimiento de opinión
en una procesión casi fantástica, repartiendo los lau- mos siempre. Hija de una Cervellón, Rosario me re- favorable al ingreso de las señoras en los institutos liros verdes é incruentos del debido premio á los es- cuerda, cuanto voy á la ilustre casa de mis amados terarios y científicos de primer orden. Hay quien profuerzos gigantes de la industria y del trabajo univer- amigos, sus padres, la torre señorial de sus abuelos, pone á las supradichas para tan útil Academia como
sal. Aquellos regocijos y estos lutos, la púrpura de la torre de aquella Elda incomparable, á cuya som- la que vigila nuestra Historia, y hay quien propone
ayer y la estameña de hoy, los brillantes que relucían bra pasó mi lejana infancia, en territorio de ciudada- otras para la que lleva el título más moderno y proen sus trenzas y las lágrimas que ruedan por las me- nos libres hoy, ayer terruño de vendidos siervos, Y á saico de Academia de Ciencias Morales y Políticas.
jillas, tanta corte compuesta de reyes y esta posada esta nobleza de su madre une por su padre la célebre Nunca olvidaré, nunca, el ruido que se arm6 cuansolitaria por cuyos ámbitos aparece algún amigo como de los Moras, que tanto poder tuvieron en tiempo de do yo propuse la reparación de una grande ingratitud
evocado de otro mundo, las frentes que se inclinaban Carlos V y de Felipe II, así como por su marido la cometida con poetisa tan dulce y melodiosa como
sumisas y los ojos que relampaguean iras terribles, encumbradísima de los Alba junta, merced el Duca- Carolina Coronado, cuyos versos hicieran la lengua
concluyen por componer contrastes cuya contempla- do de Berwich y el apellido de Estuardo, con dere- nuestra tan música, nombrándola desde luego y uniénci6n enseña la perennidad nunca interrumpida del chos históricos, que fueran privilegios respetados en do á este nombramiento el de una escritora que posee
dolor trágico en nuestra especie. Y francamente, ase- otros tiempos, al trono de Inglaterra, muyanálogoscon vocabulario tan copioso y estilo tan bello como la
veramos del viaje de la napoleonida emperatriz á los que tiene la noble familia de los Lacerdas al trono brillantísima Emilia Pardo Bazán, cuyas obras consFrancia lo mismo que aseverábamos del viaje á Fran- de nuestra España. Y digo todo esto, y todo esto re- tituyen hoy una especie de literatura entera por lo
cia de la emperatriz Victoria, pues en tanto que re- cuerdo, magüer mis ideas republicanas y democráti- diversas y por lo · importantes. Creedlo: las lenguas,
cuerda la una el imperio vencedor al empuje de la eas, para loar y encarecer el sobresaliente mérito pa- como las letras, tienen su lado femenino, del cual no

NúMERO

LA

498

435

lLUSTltACIÓN ARTÍSTICA

tico cual en lo particular, y se propone aprovecharla que se hallada consultando á H écate, ni las beocias
en ro de su Atica triste y yerma. Lysistrata quiere ni las peloponesas. Por fin, tras tan_to aguardar, llega
dec1r licenciamiento de tropas. y puesto que los hom- Lampito, que representa y persomfica á Esparta,. el
bres abrazan el estado belicoso, abraza ella el estado país de las mujeres hombrunas, Y con mucho donaire
pacífico. Con este fin propio, con el fin de procur~r se mofa Lysistrata de estas sus cama.radas las lacedela paz, expi4e su convocatoria monias curtidas en los ejercicios espartanos Y les
correspondiente para enten- dice tr;s un elogio á sus fornidos cuerpos y á sus coderse contra los hombres á lores purpúreos, que podrían desjarretar un toro ~on
todas las mujeres. Por espacio sus puños. Y no solamente se mofa ?e s~ _comple~i6n
de al~ún tiempo nadie la _oye. harto fuerte para mujer, sino ~el e3erc1c10 continuo
Si á una fiesta de Pan citara en gimnasia que les da tanto vigor y de los saltos en
llena de festines y á una fies- los cuales se golpean con los talo~es las nal~as, Así
ta de Baco llena de borrache- va pasando en revistas y más revista~ las mu3ere~ de
ras y á una fiesta de Venus Beocia que huelen á poleo, las mu3eres de Corinto
llena de crápulas, todas mar- que cojean siempre y todas cuantas pudo ~aber á
charan solícitas en requeri- mano. Ellas en las revistas y fuera de las revistas no
miento y busca de múltiples hacen más que plañerse. Esta se duele ?e te~e_r en
emociones; pero como las cita Tracia su esposo, la otra de tenerlo en Pilos v1gi.lany llama en bien de la patria, do siempre, quién de verlo entrar por las puer_tas
no acude ninguna, Al cabo, la únicamente para ceñirse su escudo y largarse, quién
primera en acudir oye las in- &lt;le no quedarle ni un mile~io para consuelo de s~ vevectivas de Lysistrata por su jez ni un escudo para gran3earse pobre copa de vm?.
. retraso, y procura desvanecer- En cuanto las lamentaciones han acabado, anuncia
las, diciéndole cómo las mu- Lysistrata medio
jeres no pueden acudir á las fácil y pronto, el
citas con aquella facilidad que cual conduce á
los hombres, ocupadas en des- extirpar todos espertar el esclavo remol6n, en tos males de raíz,
vestir al niño lloroso, arreglar impidiendo su relas cuentas del día, barrer las producci6n y reEstatua yacente del frontispicio oriental del temple de Túpiter en Olimpia
estancias empolvadas, lavar nacimiento. Con
(Véase la descripción)
los rostros sucios: largas é in- su natural curioevitables
futilezas.
Pues
he ahí lo que trata Lysistra- sidad alargan las
palabras cariñosas no se le ocurr~ná ~n hombre jam~s,
mujeres el cuello
aunque las rebusque con la paciencia de un be~edic- ta de impedir; el empleo de la mu)er en ofi.~ios vul• á guisa de cisnes
gares
cuando
reunidas
pueden
evitar
á
Grecia
la
matino en todos los léxicos del mundo? La resistenarrullados óde
cia de muchos á incorporar las señoras ilustres en l?s yor e~tre todas las plagas i~aginables, la plaga de yeguas piafadouna
guerra.
Nada
ya
de
recluirse
den_tro
de
casa,
percuerpos literarios me recuerda una cél~bre comedia
ras y abren los
de Aristófanes, que lleva por título Lys1s_trata, y cuya fumarse con pastillas orientales, ves~rse de amarillo, oídos á recoger la
evocación encaja en este asunto como anillo al dedo. calzarse peribarides, adobarse con mixturas el rostro fórmula de tan Cabeza de Mercurio descubierta en las
Lysistrata personifica el dolor sentid~ por Aten_as y la piel con pomadas; todo esto debe ceder al_ deseo saludable receta.
ruinas de Olimpia
allá en su interior, viendo la despoblación de sus cm- de servir á una patria tan hermosa como Grecia .Y sa- Los aires de Pidades1 la triste aspereza de sus campos, la mengua carla de su terrible cruenta lucha. Por fin las mu3eres tonisa en el roo•
..
de su nombre, la viudez de sus hijas, por causa de oyen tales reclamos y se aperciben á congregar~e ~n mento de bajar la inspiraci6n al seno y_transm1tirla con
día
dado
yendo
de
todos
los
puntos
del
terntono
guerra nutrida de las pasiones populares. Y cansada
frases incoherentes y entre amargufsunos espumarade su hogar vado, de su lecho solitario, de su mesa griego á ia madre Atenas. Aunque despiertas muy de jos toma Lysistrata para decir _su recatado secr~to.
mañana
y
metidas
en
sus
barcos
_para
surcar
el
corto
destitu(da del goce superior entre todos los goces doMas en cuanto lo dice, promueve una sublevaci6n
mésticos, de la conversación y coloquio con los seres estrecho de Salamina las salammesas no llegaban. total. ¿Pues no propone á las mujeres abstenerse y
amados, recuerda la importancia suya, así en lo polí- Tampoco las sacarni~nses, la mujer de Theógenes,

--- - - - ----_ - - · d · r incompleto
pueden separarse por sistema sm _eJa
adre
su carác~er. ¿Quié_~ duda qu~ la mu1e:1~~:~ :riño'.
sabe de~u ~ lo~ nmos,. por ~1e;~lo,o~ su canora garsas en d1mmut1vos casi gorJ~
p labios las cuales
ganta y esmaltados por sus u ces
'

¡°

j

RUINAS

DEL TEMPLO DE JUNO EN OLIMPIA

VISTA TOMADA DESDE

EL OESTE

�LA
separarse de los hombres? Al oir tal despropósito
vuelven todas la espalda. Y así, unas mueven la cabeza, otras mudan el color, éstas se muerden los labios, aquéllas derraman copiosas lágrimas, y las más
convienen airadas en que perdure la guerra. Lysistrata llega, viendo esto, á enfurecerse y les dice como,
aquejadas de tal incurable lascivia, no deben dolerse

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tillo, a.traviesan las puertas por sorpresa, invaden sus
senos; y declarándose propietarias de aquel elevado
seguro, dispónense á una redonda negativa de todo
recurso para ver si, atribulados los hombres en la
penuria de medios, ceden al cabo y firman la paz pú·
blica. Imaginaos el espanto de todos, pero con especialidad muy particular de los ancianos, viendo
cosa nunca vista, la pri·
mer forma social helénica, el matriarcado reascendido tras tantos siglos
á las alturas sociales, y
las amazonas, vencidas
por Teseo y por Aquiles,
entrando rehechas en el
sacro fuerte de Atenas
para restablecer su dominación secular destruída
por un esfuerzo doble dt
los hombres y de los sigios. Frotaban sus ojos,
abrían sus oídos, interro·
gábanse unos á otros,
convertían las miradas y
alzaban los brazos al cielo sin dar asenso á todo
cuanto sucedía, cual si
presa de un sueño, todos
á una sufrieran irremediable pesadilla. Pero las
mujeres, gracias á Lysistrata, quedan poseedoras de su invencible fortaleza. Ignoro si los señores académicos resisten-

NÚMERO

498

•

-¡

Zola, está en tolerar que tallen de sus novelas dramas y de estos dramas libretos. ¿Cómo? Puédese llevar la ficción hasta convenir en que personas de carne y hueso digan cuanto se les ocurra cantando y
acompañadas por una orquesta, con las candilejas y
la concha del apuntador delante, á los sendos lados
los bastidores, detrás el mentido telón de foro, sobre
la cabeza el cielo de algodón y bajo los pies una tierra de tablas; puédese llevar la ficción á un extremo
tan grande, y habrá que rechazar otras convenciones
menos embusteras para congraciarse con quienes
piden la. verdad ante todo y no creen halla.ria sino
dejando al aire libre abiertos los pesfíferos pozos sucios, por cuyos hediondos senos corren los detritus
del excremento social. Zola se ha decidido á que un
dramaturgo le ponga en diálogos y actos las nove·
las, y este dramaturgo á que un músico ponga su
drama en solfa. Cuando se hacen todos estos reconocimientos oficiales del poder que tiene la mentira en el arte, no hay para qué sublevarse contra la verdad contenida en todo lo ideal. El trasmutado libro de Zola se denomina Et ensueiío, y hay
en él arcos góticos, altares sacros, ojivas é incensarios, cánticos gregorianos, procesiones meridionales,
efigies y simulacros litúrgicos, un derroche de idealismo, como el que pudiera dispendiar poeta entregado á la imitación de Lamartine ó de Manzoni. La
protagonista está enamorada, mas no conoce bien el
objeto de su amor, ignorante allá en sus alucinaciones y fantasees si le inspira tal pasión un santo de
las vidrieras multicolores que los rayos del sol poniente avivan, un ángel descendido con su ramo de
azucenas á visitarla en sueños desde las alturas del
Empíreo, un sacristán que se bebe las vinajeras como puede beberse las lámparas cualquier lechuza,

tL
'r ~

, ,h
,..._

,--lo. •

.

,.,..,. Í,•.;:

.,,\

:

,

,

~

4
~~
~

'?

-..-- - ---:-;=-..r ..... .

LECCIÓN DE CROCHET,

cuadro de D. Gastón Pujo! (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

de modo alguno si las ofenden y denuestan en el
teatro. Avergonzadas de la debilidad con que les dan
en rostro, todas, por último, ceden y se disponen á la
extraña huelga. Recluiránse, como las diosas en sus
respectivos santuarios, ellas en su alcoba; pintarán
de iris las uñas para más hermosearse; vestirán transparente túnica de Amotgos; y resueltas á no caer en
brazos de sus parejas, excitaránles todos los deseos
sin satisfacerlos hasta tanto que hayan desistido de
sus guerras y entrado ·en el seno de segura blanda
paz. Tras tales propósitos sucede lo que naturalmente trae consigo aparejada la costumbre de los antiguos tiempos: un verdadero juramento religioso, con
todas las ordenanzas ritualescas ofrecido y prestado.
Arde la pira del holocausto, corre la sangre del cordero, rebosa el vino de Tasios en la copa de oro,
suenan los versos armoniosos á la soberana persuasión; y después de haber visto el rojo color del hirviente líquido y haber abierto las narices para olerlo
y aspirarlo, juran todas no rendirse á hombre ningu·
no mientras se hallen metidos y enfrascados en la
guerra. Mas no basta con tal juramento, que aun
después de concluído y observado por ellas, quizás
en ellos no ejerza ningún influjo; se necesita cerrarles todos los caminos, cortar todos los recursos guerreros, detener provisiones, impedir levas y reclutamientos, acaparar el Estado, ejercer el gobierno. Una
vez resueltas por tales extremos, no se detienen las
Insurrectas en barras. Hay en la fortaleza de Atenas,
en la inmortal Acrópolis, un tesoro guardado por
:Minerva, del cual sacan los guerreros aquellos recursos indispensables á la sustentación y alimento de
sus combates. Mientras de tal resina se nutra, no
podrá extinguirse nunca el tizón de la discordia.
Dicho y hecho; las mujeres en pelotón corren al cas-

tes al ingreso de las señoras en sus respectivas Academias habrán meditado
alguna vez acerca del asedio y rendición de la noble fortaleza griega por las
enfurecidas y sublevadas
mujeres. Guardaos de las
iras de Minerva.

IV
Dejemos las letras académicas y vamos á las letras realistas. Este género
de literatura se inflige un
verdadero mentís hoy á sí
mismo. Empecatado en
que solamente hay verdad
real y no verdad ideal,
suele desdeñar del arte
aquello que juzga inverosímil, olvidando como hay
géneros de arte; por ejemplo, el teatro, donde la inverosimilitud está en todo
VISITA, cuadro de D. Joaquln Agrassot
y la ilusión es todo. No
gozará de la escena quien
•
vea lienzos azules en los cielos teatrales, personas de un pillo de playa; y en estas incertidumbres muere
hoy en los personajes de Babilonia ó Jerusalén, fa. de amor sobre su lecho virginal como cualquier aparoles de gas ó electricidad en las blancas lunas ben- recida de una leyenda ideal y recibe un sacramento
decidas por los arpegios de Norma, ó lenguaje co- como la Extremaunción en escena. Y puesto que
rriente y vulgar en los hexámetros de Sófocles y en hablamos de las crudezas del realismo y vemos cómo
las décimas de Calderón. El mayor tributo que pue- les ha faltado en la práctica un hombre cual Zola,
de pagar al imperio de lo ideal un realista como digamos algo de cierto cuadro del pintor Calderón,

GRAN KER11ESSE CELEBRADA EN LOS JARDINES DEL PARQUE DE BARCELONA EL DÍA 23 DE J UNIO,

dibujo y composición de D. Nicanor Vázquez

r. Baile inglés. - 2. Teatro Guignol. - 3. Kiosco destinado á la venta de dulces, llores, etc., para la beneficencia - 4. Gran tómbola á beneficio de los pobres. 6. Circo ecuestre y gimnástico, - 7. Gran baile mitológico

5, Paseos en burros

�,

438

LA ILUSTRACION ARTÍSTICA

NÚMERO

498

consagrado á Santa I sabel de Hungría en las ExpoPor lo que hace á la atribución del género á los el género temenino. «El ejemplo siguiente - dice Bessiciones londinenses. ¡Ah! Siempre que tal asunto nombres de seres inanimados, es hecho de no escaso cherelle - nos probará que la femineidad expresa á su
se trate, surgirá en la memoria de todos aquella alcance por su generalidad, que merece fijar más es- vez esa dulzura, esa gracia, esa bondad, esa conmoobra del mago de los colores, inscrito en el ca- pecialmente nuestra atención. Estos seres, en efecto, vedora debilidad que hacen tan interesante á la mulendario de los inmortales con el nombre de Muri· incapaces de tener sexo no debieran tampoco ser jer: Chateaubriand, en el Gent'o del Cristianismo, ha
llo. Repúgname á mí, lo declaro, la sobrada verdad susceptibles de género; todos ellos debían constituir »dicho: «11 n' appartient qu' a la religión chréti'enne
con que allí están vivos los pobres leprosos. La el importante grupo de los seres neutros, ni masculi- »d' avoir fait deux sceurs del' innocence et du repentir.»
tiña hiede casi El muchacho que se rasca os echa nos ni femeninos. Lejos, sin embargo, de ser así, te- Este hermoso ejemplo, nunca citado, hace evidente
las capicies encima, os envía sus microbios y has- nemos en castellano nombres masculinos, como el ár- la verdad que tratamos de exponer. ¡Aquí brilla en
ta os pega sus picores. La vieja sentada espera bol, el mo1tte, el sol, y femeninos, como la planta, la su mayor esplendor! ¡El arrepentimt'ento HERMANA
que le digan, como á Lázaro, levanta y anda, pues monta1ia, la luna, y lo que ocurre en nuestra lengua de la t'nocencia/ ¡Conmovedora verdad! Admirable belleva en sí la vida. Pero tales llagas y úlceras franca- ocurre en todas las demás, sin que puedan citarse en lleza, pero que hubiera aplastado, sin embargo, á
mente, por lo mismo que se hallan reproducidas con contrario más que las lenguas inglesa y china, y aun nuestros gramáticos materialistas, si ~e hubieran atretal verdad, os levantan el estómago, y harían el cua- eso no en absoluto. ¿Cuál es la causa de esta atribu- vido á atacarla. ¡La solución de semejantes dificultadro intolerable, si aquella luz de Sevilla y aquel pa- ción del género á nombres de cosas sin sexo, y qué des no se encuentra en fríos análisis, ni en helados
tio de mármol y los lejos venecianos y las hermosu- raz6n puede haber para incluir á tales ó cuales nom- razonamientos! ¡El corazón del hombre es su única
ras juveniles y la santa en sus obras de caridad no bres en el grupo de los masculinos, y á tales ó cuales fuente!» Muy brillante es este párrafo, caldeado por
pusiesen los iris de todas las esperanias sobre los otros en el de los femeninos? ¿Es puramente arbitra- el más ardiente deseo de convencer; pero no es calor
aquejados de todas las porquerías. El cuadro de que ria esta atribución, ú obedece á alguna ley conocida? lo que en la demostración se necesita, sino verdad y
Dice Bernardino de Saint-Pierre que es digno de solidez. El ejemplo citado sería harto insuficiente
ahora se trata nos ofrece á Santa Isabel en el acto
de vestir el traje monástico. Mas como para vestirs~ observación que la mayor parte de los nombres de la para probar la tesis general estable&lt;i.da; pero ni aun
cualquier traje nuevo haya que desnudarse del anh- naturaleza, de la moral y de la metafísica son feme· despojado de toda pretensión, prueba realmente naguo, Calderón ha presentado 1~ santa en cueros al ninos, sobre todo en la lengua francesa. A esto aña- da. ¿Qué hay, en efecto, en la frase de Chateaubriand?
pie del altar circuido por la corte y por la clerecía. de Bescherelle en su celebrada Gramática nacion'll: Un fenómeno sencillísimo: la atracción ejercida por
De aquí la emoción despertada por tal obra, pue~~ «Sería bastante curioso investigar si los nombres mas- la palabra inocencia que ha produ&lt;:ido el efecto de dar
en escandaloso consejo ante todo el mundo, cnh- culinos han sido dados por las mujeres y los femeni- á su inmediata anterior el género femenino: «Sólo á
cándola de sucia los más, y los menos defendiéndola nos por los hombres á las cosas que sirven más par- la religión cristiana corresponde haber hecho dos
por su inocencia y por su verdad; y cual verdad, excla- ticularmente para los usos de cada -sexo, y si los pri- hermanas de la i·nocencia y del arrepentimt'ento.» Camman los opositores, el desconocimiento completo de meros se han hecho del género masculino porque biemos el orden de esas dos palabras, poniendo prilo que repugnaban la_s _desnudeces á u? siglo tan de presentan caracteres de fuerza y poder, y los segu?- mero al arrepentimiento, y con toda seguridad que,
suyo monástico y religioso como el siglo de Santa dos del femenino porque ofrecían caracteres de gracia por el mismo efecto de la atracción, Chateaubriand
Isabel, siglo también de San Francisco, de San Bue- y adorno.» La primera de estas investigaciones, la habría dicho: «Sólo á la religión cristiana corresponnaventura de Santo Tomás, del Dante. Será la edad relativa á saber si los hombres han inventado los de haber hecho dos hermanos del arrepentimiento y
aquella t~do cuanto quieran los que impugnan el nombres femeninos y las mujeres los masculinos, so- de la inocencia.» Véase, pues, á qué queda reducido
cuadro· pero las desnudeces andaban por tal manera bre ser de todo punto imposible (¡quién puede prac- todo el razonamiento de Bescherelle: á una aparato'sa
sueltas: que Leda recibía en carnes vivas el descenso ticar semejantes avt:riguaciones!), revela en quien la declamación, impropia de la verdadera ciencia. Y aun
de Júpiter sobre la silla episcopal de Bur~os, y el propone excesiva puerilidad de espíritu; suponer en sin este principio de atracción, que por sí solo explica
primer beso de nuestros pnmeros padres cincelado efecto que, en los albores de la humanidad, hombres el giro empleado por Chateaubriand, bastaría también
se halla en toda su realidad sobre las paredes sacra- y mujeres se ocupaban de semejantes lindezas, dig- para explicarle, sin necesidad de acudir á las altisotísimas de nuestra iglesia primada. Nunca olvidaré nas tan sólo de époeas de refinadísimas costumbres, nantes teorías de Bescherelle, que pueden deslumuna particularidad extraña del increíble cor? de Pla- es suponer que las edades primitivas eran la copia brar por su brillante exposición, pero que no pueden
sencia: la caricatura indecente y hasta oochma en lo fiel del siglo de Luis XIV ó de los tiempos de la Re- resistir á la menor crítica, la circunstancia de ser febajo de todo aquello que se consagra y se deifica en gencia, y que nuestros primeros padres, en lugar de meninos en francés, por regla general, los nombres
lo alto. No estaban de modo alguno tan reñidos con consagrarse á buscar medios de sustento y de defen de cualidades, y siendo cualidades la inocencia y el
las desnudeces nuestros progenitores de la Edad sa, se dedicaban á juegos de ingenio y á ejercicios arrepentimiento, nada más natural que en el espíritu
media como supone la falmi pudibundez jesuítica de alambiaada galantería La segunda de las investi- de Chateaubriand dominara al escribir su frase el pende nuestros días. Y hay más, la presentación del des- gaciones propuestas por Bescherelle, la concerniente samiento de la femineidad, haciéndole emplear lapanudo no empece á la castidad y á la pureza en una á la relación entre el género atribuído á los nombres labra lurmanas en vez de henllanos. Por otra parte,
obra de arte. Pero el pintor ha faltado en este punto y á los caracteres, ora de fuerza y poder, ora de gra- ¿qué diría Bescherelle si frente á la cita de Chateauconcreto á la verdad histórica. Imposible que una cia y atractivos de los seres correspondientes, parece briand se encontrara con esta otra: le cceur doi"t étre
mujer como Santa Isabel se present~se desnuda en tener algún mayor fundamento filosófico, y ser hipó- soumis a la tete, el corazón debe someterse á la cabeuna iglesia de su tiempo. El nudav,t puesto e~ el tesis menos arbitraria y caprichosa; pero los hechos za? ¡ El corazón, asiento del sentimiento, Cl}alidad discronicón de donde se ha tomado ese verba, qmere la oontradicen de tal m©do que, á pesar de los in- tintiva de la mujer, masculino, y la cabeza, asilo de
decir que Santa Isabel se desvistió de todos sus tra- creíbles y entusiastas esfuerzos que Bescherelle hace la inteligencia, cualidad distintiva del hombre, femejes y ornamentos re!§ios. para vestirse, triste viuda para sostenerla, cae por su base, falta de verdadera nino, lo mismo en francés que en castellano!
en su juventud, el hábito de los ascetas. Disputen solidez.
«El hombre, como es sabido - dice á este propósicuanto quieran los sabios ingleses; no hay derecho
FERNANDO ARAUJO
( Co11d1tirá)
en artista ninguno para confundir los tiempos de to para pro~ar su tesis, - se asimila en la naturaleza
Santa Isabel de Hungría con los tiempos de Aspasia todo lo que es fuerte, se lo apropia, lo convierte en
dominio suyo. Pero no basta al francés apoderaró Safo de Mileto. Basta por hoy.
se de la fuerza dondequiera que aparece; por medio
LOS PARLAMENTOS DE EUROPA (1)
del trabajo extraño, pero real, de sa imaginación,
quiere que todo ser fuerte se le parezca y sea mascuX
LA SEXUALIDAD EN EL LENGUAJE
lino como él » Cita con este motivo unos versos de
la Henriada de Volaire en que dominan los términos
GRECIA
(Continuación)
masculinos y que concluyen, dirigiéndose á la reina
Más que estos hechos, sin embargo, cuyo aparta- Isabel, con estas palabras:
La insurrección de las provincias griegas contra la
miento de la doctrina general es, como vemos, sólo
dominación turca, comenzada en 1820 por la subleaparente se hallan en oposioión con la teoría del gé- &lt;Et l'Europe vous compte an rang des plus grands hommes&gt; vación de los suliotas, propagóse con rapidez al año
nero muititud de hechos aislados y sobre todo el hesiguiente, y el 7 de junio de 1821 el Senado del Pelocho capital de la atribución del género á seres inan!«Este último verso - añade Bescherelle lleno de en- poneso elegía un gobernador provisional. El 13 de jumados incapaces de tomar sexo. En cuanto á los pn- tusiasmo y con el tono de la más profunda convicción nio de 18221 una asamblea nacional, reunida en Epimeros nos limitaremos á citar lo que pasa en alemán - pinta mejor que todo razonamiento que la mascu- dauro, elaboró la Constt'tución de Epidauro, que recon ciertos nombres como das Weib, la mujer, que linidad acompaña á la inclinación del hombre á apro- visada un año después por otra asamblea convocaá pesar de que por su signifim~eión debiera pertenecer piarse todo cuanto anuncia grandeza, fuerza, superio- da en Astros, llegó á ser la Constitución de Astros ( 25
al género femenino, y hasta ser el tipo de los nom- ridad.» Parécenos, aun reducida la teoría á los estre- abril 1823) la cual á su vez debía modificarse tambres de este género, corre:'ponde al neutro; del mismo chísimos límites de una sola lengua, la lengua fran- bién algunos años más tarde, con el nombre de Consmodo observamos la inclusión de das Kt'nd, el niño, cesa, que la prueba única aducida es sobrado fútil tt'tución de Trezene, por una tercera asamblea constientre los n0mbres neutros, no obstante deber figu- para demostrar la relación existente entre el género tuyente, reunida en la ciudad de este nombre(1827).
rar por su significado entre los masculinos; siendo masculino de los nombres y los caracteres de fueria
Esas constituciones establecían en principio una
todavía más notable el cambio de género sufrido por y de poder de las cosas por ellos representadas; hay forma de gobierno republicano; pero Capodistria,
toda clase de sustantivos, masculinos ó femeninos, al en el modo de presentar esa prueba más aparato que nombrado presidente por siete años en 182 7 se abstu1
tomar la desinencia típioa de los diminutivos: en este verdad, más entusiasmo que solidez. Si todas las pa- vo de convocar la representación nacional durante dos
casoten efecto, apenas el nombre ha revestido la for- labras ó la generalidad de las mismas, por lo menos, y no la reunió en Argos en 1829 sino para que se le
ma diminutiva parece como que pierde su naturale- que indican fuerza y grandeza debieran ser masculi- confiriera un poder absoluto. Después de su muerte
za y se despoja de su sexo, oonvirtiéndose sin excep- nas; en la lengua francesa siquiera, ¿cómo explicar (9 octubre 1831) la más completa anarquía reinó en
ción alguna en neutro: así vemos el sustantivo mas- que sean femeninas palabras como la roche,' la roca, el país.
culino der Mann, el hombre, transformado en neutro la montagna, la montaña, la ville, la ciudad, la ferre,
Reconocida como monarquía independiente el 3 de
al pasar al diminutivo das Mannchen, el hombrecito, la tierra, la 111er, el mar, la f oudre, el rayo y tantas y febrero de 1830 en virtud de la conferencia de Lon·
como vemos el sustantivo femenino die Fran, la se- tantas otras? ¿Dirá Bescherelle que hay palabras que dres, Grecia aceptó por rey, según el tratado de 7 de
ñora1 metamorfoseado en neutro, apenas reviste la revelen mejor 1~ fuerza y la grandeza que las monta- mayo de 1832 al príncipe Otón de Baviera, que bajo
1
form a diminutiva das Friilllein, la señorita. La in- ñas, el mar y el rayo? Pues todas ellas son femeni- el nombre de Otón I gobernó por lo pronto once
fluencia de las terminaciones diminutivas chen y lein nas en francés.
años sin Constitución. Después de la revolución milies tal,que llega á sobreponerse á la sig?ific_ación_ mi_sma
No sale mejor librada la segunda parte de la doc- tar del 15 de septiembre de 1843 vióse obligado á
1
de los sustantivos, que parece debiera servu siem- trina: la referente á los caracteres de gracia y sentipre de norma para la determinación del género.
miento de las palabras y á su relación necesaria con
(I) Véanse los µúmeros 468 á 474, 476 y 483.

r

NúMERO

498

439

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

/,"'i}~\"t~:~\%¾·:::~\l
-.: /::

-.;

'::'i
~:

,;:,

LOS PARLAMENTOS DE E UROPA, - PALACIO DEL PARLAMENTO DE ATENAS

jurar una Constitución semejante á la Carta francesa cibe una indemnización de 2.000 dracmas (u,oo pe- pone de veintiún individuos y cada una de las otras
de 18301 admitiendo el sistema de la dualidad de las setas). En el caso de sesiones extraordinarias, sólo no cuenta más que nueve. Estas comisiones conserCámaras.
tiene derecho á los gastos del viaje (ida y vuelta).
van sus poderes durante toda la legislatura, y el mismo
Pero la Constitución actualmente en vigor fué elaLa Cámara está autorizada para acusar y juzgar á diputado no puede ser individuo de tres comisiones
borada por la asamblea nacional convocadaenAtenas, los ministros ante un tribunal nombrado al efecto y á la vez.
dos meses después de haber sido destituído el rey presidido por el presidente del tribunal de casación.
Según se ve, Grecia es el país parlamentario por
Otón. Esta asamblea abolió el Senado, resolviendo El rey puede otorgar gracia al ministro condenado excelencia, y su parlamento no· carece de buenos
que el poder legislativo se ejerciese por una sola Cá- por este tribunal; mas para esto se _necesita el asen- oradores.
mara. La Constitución se votó el 17 de octubre de timiento de la Cámara.
Digamos ahora algunas palabras sobre los dos per1864, y al cabo de un mes el rey Jorge prestaba juLos diputados se eligen por sufragio universal; y sonajes más notables, que son M. Carilaos Tricupis
ramento, sin haberse introducido en aquélla más que las elecciones se hacen al mismo tiempo en todo el y el jefe de la oposición, Teodoro Delyanni.
una modificación posterior relativa al Consejo de Es- reino.
El primero es hombre de unos cincuenta y ocho
tado, que tambiéc se abolió, como se había abolido
Es elector todo demota (habitante de un distrito) años y ha estudiado en Atenas y en París. Después
el Senado.
de veintiún años de edad.
de ser secretario de la legación de Grecia en LonHe aquí ahora las principales disposiciones de la
Es elegible todo ciudadano heleno de treinta años dres, regresó en 18521 y desde 1863 no ha cesado
Constitución griega, en cuanto concierne á la Cáma- que esté ejerciendo desde hace dos sus derechos ci- de tomar una parte activa en la política de su país.
ra de los diputados.
viles y políticos, y que cuente al menos otro tanto Fué dos veces ministro de Estado y presidente del
, El derecho de proponer nuevas leyes corresponde tiempo de residencia en la circunscripción electoral Consejo en 1875 1880 y 1882; de modo que repre1
á la Cámara y al rey, que hace uso de este derecho en que se presenta su candidatura, Los alcaldes y senta el gobierno con una autoridad incontestable.
por mediación de sus ministros.
funcionarios públicos que cobran sueldo no pueden
Hombre de rara inteligencia y de sorprendente
Si la Cámara desecha una proposición de ley, no ser elegidos diputados, á m_enos de dimitir cuarenta actividad, hasta sus adversarios le reconocen las más
puede ser presentada de nuevo en el curso de la días antes de la elección. Los oficiales en servicio ac- elevada's cualidades. Su larga permanencia en Inmisma legislatura.
tivo pueden ser elegidos; pero en este caso se les glaterra ha influído mucho en su carácter, sus cosSin una ley especial no se puede hacer ninguna pone en disponibilidad durante todo el período par- tumbres, su lenguaje y hasta en su acento, así es
cesión ó cambio de territorio.
lamentario.
que este ministro tiene todo el aspecto de un gentleEl rey ratifica y promulga las leyes: todo proyecto
La elección sólo dura un día, que debe ser un do- man. Como orador, su voz es sonora y vibrante, pero
de ley votado por la Cámara, y que el rey no ratifi- mingo, desde la salida á la puesta del sol. Los resul- su elocuencia algo seca y su mímica bastante pobre.
que dos meses después de cerrarse las Cortes, se tados se proclaman por el tribunal de primera insEl único punto débil de M. Tricupis consiste en no
considera como nulo y sin ningún valor ni efecto. El tancia; y si dos ó más candidatos han obtenido igual
ser economista; no ha estudiado á fondo esta cienrey convoca regularmente la Cámara una vez al año número de v@tos, se echan suertes. Los individuos
cia, y cuantas veces sube al poder propone nuevas
y extraordinariamente cuando lo juzga oportuno. del clero no pueden votar ni ser elegidos.
leyes que trastornan el sistema fiscal y económico
También tiene derecho para disolverla; pero en este
A pesar de la anexión del Epiro y de la Tesalia, del país. A pesar de esto, es un adversario temible,
caso, el decreto de disolución debe ordenar la con· el número de diputados se ha mantenido fijo en el
así en el terreno parlamentario como en el político.
vocación de los electores en el espacio de dos meses, de ciento cincuenta.
Teodoro Delyanni ofrece un oontraste notable
á contar desde la fecha de la disolución, debiéndose
La población de cada distrito electoral se calcula, con Tricupis, y su primer mérito se reduce á ser
convocar la Cámara dentro de tres.
no por el número de habit~ntes, sino por el de elecLa Cámara se reune de oficio todos los años el tores, y las elecciones se hacen por escrutinio de lista. hijo del país, que ha estudiado y conoce muy á fondo. Hombre de sesenta y tres años, aunque no los
0
1 . de noviembre, á menos que el rey no la convoque
representa, era muy joven aún cuando entró á servir
antes de esta fecha. La duración de cada legislatura
en el ministerio del Interior hasta 1862, ascendienha de ser de tres meses por lo menos y de seis cuando
siempre. En 1860 fué enviado á París con encar·
do más.
En la apertura de las sesiones parlamentarias, la go de estudiar el servicio de las administraciones geLas sesiones de la Cámara son públicas; pero á presidencia se otorga provisionalmente al decano, y
petición de diez individuos pueden ser secretas y á se nombra secretarios á los cuatro diputados más jó- neral y municipal, los establecimientos penales y los
de Beneficencia. De regreso á Grecia figuró en la
puerta cerrada.
venes. Para comprobar los poderes la Cámara se di- asamblea convocada después de la destitución del
Para que la Cámara pueda deliberar y votar es pre- vide en ocho secciones: la validez de las elecciones
ciso que se hallen presentes la mitad más uno de sus se discute siguiendo el orden alfabético de las cir- rey Otón, y alli se distinguió por su elocuencia y sus
conocimientos sobre el derecho constitucional y el
individuos, y las votaciones se resuelven por mayoría cunscripciones electorales.
parlamentario. Formó parte de la comisión encargaabsoluta.
La Cámara elige entonces, al comenzar cada legisTodos los años la Cámara vota el contingente del latura, por mayoría absoluta de votos y escrutinio da de elaborar la Constitución general de Grecia·
en· 1866 había sido ya cuatro veces ministro y con'.
ejército y armada y el presupuesto.
secreto, un presidente, tres vicepresidentes y cuatro
Los diputados prestan juramento en sesión públi- secretarios. El presidente así nombrado se presenta sejero de Estado y embajador en París. En 1878 representó á Grecia en el congreso de Berlín, y desca en la Cámara; los que no son cristianos ji¡ran según al rey con toda la mesa.
pués de la muerte de Commoundouros rcconocióla fórmula y los mandamientos de su religión.
Después de constituirse la mesa definitiva, la CáEl número total de diputados no debe de bajar de mara nombra doce comisiones especiales: presupues- sele como jefe autorizado de la oposici6n. Cuando
150. La duración del período parlamentario es de to, asuntos interiores, negocios extranjeros, ejércit0, en 1885 le encargó el.rey la formación de gabinete,
cuatro años, y por cada legislatura el diputado per- marina, etc. La comisión de presupuestos se com- desplegó la mayor actividad para poner á Grecia en
Estado de sostener contra Turquía una lucha que

..

�¡BUENA PIPA!, dibujo de D. Antonio Fabrés

UNA TAZA DE TE, pintura al pastel de Clemente de Pausinger

�44 2

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

entonces parecía inevitable. Delyanni es un cumpli·
do orador; se distingue por la moderación de su lenguaje y su conducta, moderación que más de una
vez hn. aconsejado á sus partidarios. Lejos de tener
la rigidez de Tricupis, muéstrase afable con todo el
mundo.

***
Hemos dado á conocer rápidamente los dos jefes
del parlamentarismo griego, pero junto á ellos figu.
ran algunos personajes que valen mucho; entre otr()S
M. Simopulos, economista distinguido y orador cuyos discursos gustan más leídos que oídos.
Entre los buenos oradores parlamentarios debemos citar á MM. Ralli y Hazzopulos, notables por
su erudición y su espíritu de verdad.
Otros diputados son, por decirlo así, especialidades reconocidas. Así, por ejemplo, M. Carapanos es
la autoridad que se consulta en las cuestiones relativas á Turquía, país que conoce muy bien por haber estado largo tiempo en Constantinopla, donde hizo su
fortuna. M. Typaldos Cozakis es muy entendido en
la polltica exterior; mientras que las cuestiones económicas y fiscales son más bien de la competencia
de M. Sotiropulos, que fué varias veces ministro de
Hacienda.
Por último, debemos citar á un hombre, joven
aún, que algún día será un orador de primer orden:
es el hijo de Alejandro de Commoundouros, el eminente diplomático que murió hace algunos años.

***
En Grecia no hay partidos políticos propiamente
dichos; no hay monárquicos, ni imperialistas, ni conservadores, ni republicanos, ni anarquistas, ni socialistas; los diversos matices polfticos ó hasta sociales
que distinguen á los partidos en Francia y en los demás países son casi desconocidos en Grecia, 6 por
lo menos no tienen partidarios oficiales ·y declarados. Todos los griegos son más ó menos republicanos y hasta demócratas, y en esto pueden considerarse como verdaderos descendientes de los antiguos, pero saben conciliar sus tendencias y opiniones con la existencia de un rey y ur.a corte, y jamás
pensaron en sustituirle con un gobierno republicano,
y así son en cierto modo monárquicos republicanos.
Aman á su soberano actual, Jorge I, y más aún á su
reina Oiga; pero sobre todo al príncipe heredero
Constantino. A decir verdad hay algunos republicanos puros en el reino, mas no proclaman abierta•
mente su ideal polftico.
No hace mucho cJntábanse en Grecia cinco partidos pollticos con sus jefes; mas habiendo muerto
tres de ~stos, ningún otro osó recoger su herencia, y
solamente quedaron Tricupis y Delyanni, que agruparon á su alrededor, el primero los gubernamentales, y el segundo los de la oposición. De este modo
la Grecia actual está dividida en dos campos, tricupistas y delyannistas; sus opiniones políticas son
casi iguales, pero difieren un poco en su aplicación.
El partido de Tricupis es algo conservador, y el de
Delyanni más liberal; pero esta distinción no es más
que aparente, y en el fondo son una misma cosa, la
misma agua teñida de dos colores.
~

~----

X
~

~

NUESTROS GRABADOS

,,'

La. ha.maca., cuadro de Van Den Bos. - Del
mi,mo autor que El heredero, publicado en el número ante•
rior á éste, es el l&gt;cllísimo lienzo que hoy reproducimos, y aunque de géneros muy distintos uno y otro, n6tase desde luego en
La hamaca cierta analogla con el cuadro que tanto ha llama·
do la atención en nuestra Exposici6n general de Bellas Artes.
Sobre todo el niño recostado en el columpio, con su traje ne·
gro y su cabecita de rubia cabellera que en ondulosos mechones cae sobre sus espaldas, nos trae á la memoria involutaria ·
mente la 6gura del prlncipe huérfano de la antes referida obra.
Como en ésta, en La hamata, el asunto se reduce á presen·
tar agrupadas las dos figuras de una madre y su hiJo; pero á la
maje,tuosa seriedad de El heredero sustituye en el que hoy
reproducimoi; una placidez que se apodera del ánimo del espectador, quien al par de las bellezas de composición y factura
admira y se deleita en la atmGsfera de felicidad, de calma, de
alegría, que inunda la pintura y que tan bien ha sabido expresar el autor, asl en el conjunto como en los menores detalles.
De aquí que en medio de las analogías expresadas, existe
una gran diferencia entre ambas obras, diferencia que reside
en el fondo, así como en la forma está la analogía.
Contemplando á la regia viuda, leyendo en su severa belleza
los cuidados que en su mente y en su coraz6n se agitan, todo
el mundo exclamará ¡pobre madre! En presencia ele la elegante dama, en cuyo rostro se refleja la felicidad más pura y por
nada turbada, no habrá quien no diga ¡madre venturosa!

•••
Olimpia.. Estatua. yacente del frontispicio
oriental del templo de Júpiter. Cabeza. de Mer-

NúMERO

498
NúMERO

curio. Ruinas del templo de Juno. - En 0limpia la
belleza del pasado 11:ima la ntenci6n más q:ie la del presente, dificultades que tuvieron que vencer, que no fueron pequeñas.
aunque no queda mucho de la riqueza artlstica que en aquel S6lo el que algunas horas antes de empezar la fiesta hubiera
lugar se acumul6 cuando las grandes fiestas atralan allí á los recorrido los hermosos jardines de nuestro Parque y vuelto á
hombres de todos los puntos de Grecia y hasta al mundo ro- ellos cuando la kermesse estaba en su apogeo, habría podido
mano. Lo que aún exi;te, débese á la benéfica intervenci6n de comprender las unas y admirarse de los otros. Parecía como si
la tierra y del agua, que lo sepultaron y preservaron hasta que una hechicera con su varita hubiese hecho surgir de repente
alguna de esas maravillas que tanto deleitan en las comedias
el celo de los alemanes lo sac6 á la luz del dla. Figura entre de
magia.
ello el Mercurio de Praxiteles, que se descubri6 en 1877; haLa
kermesse comcnz6 y el programa se realizó en todas sus
ll6sele boca abajo en el fondo de una de las zanjas que los trabajadores abrían á través del recinto del templo de Juno. El partes sin confusi6n, sin tropiezo alguno, antes al contrario
descubrimiento de esta obra, la más perfecta del cincel griego, ordenadamente y tal como se habla anunciado. Y al llegar:{
compensa por si sola con creces todos los gastos de las excava• este punto, nos acogemos á la l'eferencia antes indicada para
ciones practicadas. Cuando se ve la gran estatua, muy bien co- que los lectores que quieran enterarse de los festejos y especlocada hoy en el nuevo museo de 0limpia, se puede sentir Jo táculos acudan á El Salón de la Afoda correspondiente ni
dla 29 del me, pasado.
que debi6 inspirar al artista en su noble concepci6n; tan ver•
La bellísima composici6n del Sr. Vázquez reproduce con
dadernmente divina es la belleza de la cara, la dignidad de la
tanta verdad como arte los principales de estos espectáculos y
actitud y perfecci6n de la obra.
De los demás contenidos del museo, en nito grado interesan- festejos; en ella se ve la repre,entaci6n de un baile inglés; el
tes y que ilustran casi todos los periodos de la escultura grie- teatro Guignol, donde se confundieron las ruidosas carcajadas
ga, tan s61o haré menci6n de los grupos del gran Templo de de niños y personas mayores; el kiosco en donde lindas señoJúpiter. El dibujo, si no la obra, eran de Alcamenes y Peonio, ritas ofrecfan á los del sexo feo llores, dulces, cigarros, vinos
escultores que figuraron en primer término después de Fidias. etcétera, á cambio del óbolo que por tan bellas manos habla~
A pesar de ser algo tosca la ejecución y de haberse perdido al- de recibir los pobres; los pacientes animales que por unas ho•
guno, fragmentos, el efecto general de estos grupos, tal como ras llevaron en sus lomos los más gentiles cuerpos; el circo
están dispuestos ahora, es muy notable. Para dar una idea del ecuestre y gimnástico, cuyos ejercicios tantos aficionado,
estilo, reproducimos aqul parte de una figura yacente que se cuentan, y el precioso baile mitol6gico, que produjo un efecto
indCS4:riptible.
ve en uno de aquéllos.
Al hacer punto final en esta rápida descripción, no podemos
En el museo se encuentran las principales obras maestras de
arte descubiertas en Olimpia; pero no interesa menos ver la menos de felicitar .i cuantos tomaron parte en la organización
situaci6n actual de los antiguos templos y otras construcciones. y á cuantos contribuyeron al mayor esplendor de esta fie,ta
Por desgracia, todas se hallan en estado de absoluta ruina; mas que tan gratos recuerdos ha dejado en el ánimo de todos los
que la presenciaron.
aun asl, es posible reconstruirlo todo mentalmente tal como
debió existir cuando era perfecto. El Gimnasio, la palestra, el
templo, la cámara del tesoro, el p6rtico y el estadio hallábanse reunidos en un terreno comparativamente limitado, y todo
¡Buena. pipa.l, dibujo de D. Antonio Fa.brés.el espacio libre, según nos dice Pau!;anias, presentaba interminables lineas de estatuas. El periodo de las construcciones que Es Fabrés uno de los artistas que más honran á España y tal
se prolongaoon desde el templo de Juno, el más antiguo de vez el único que ofrece un doble aspecto, ya que habiéndose
Grecia, según dicen, hasta el palacio de Ner6n, nos recuerda dedicado en sus primeros años de vida artística al estudio de
la escultura y logrado por sus obras una plaza de pensionado
ueo de los siglos en que más famosos fueron los juegos ollmen Roma, sirvi6le el apoyo oficial para emprender el estudio
picos.
de la pintura, que desde entonces ha continuado cultivando
con tan felices resultados, que sus lienzos son justamente apre•
ciados en el extranjero. en cuyas capitales los aficionados los
adquieren á crecidos precios.
Lección de crochet, cuadro de D. Gastón PuI&lt;'abrés modela y pinta con igual facilidad y con igual resol•
jo} (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona). -No
en balde ha recibido Pujo) en Parls las primeras enseñanzas lado. Los lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA han tenido
del arte que cultiva, y no en vano corre por sus venas sangre ocasión de apreciar, por las copias de los cuadros que hemos
de un artista distinguido. Hijo del célebre pianista y composi- publicado, la genialidad y el temperamento artlstico de este
tor D. Juan B. Pujo!, demostr6 ya desde sus primeros años pintor, que siente y vive consagrado exclusivamente al arte,
significada inclinaci6n por la pintura, empezando sus estudios al que dedica todo su entusiasmo y la suma de todas sus actividades.
bajo la direcci6n de los maestros Lamy y Cormou. En la caEl dibujo que publicamos, vigoroso y correcto, como todos
pital de la vecina República ha permanecido algunos año ,
dedicado exclusivamente al dibujo y á la pintura, no tomando los suyos, es tal vez uno de los estudios que le han servido
parte en más concursos que en los reglamentarios de las Aca- para la composición de alguno de los cuadros recientemente
mias. La Exposición de Barcelona es, pues, el primer cerla• adquiridos por uno de los más distinguidos coleccionistas de
Londres.
meo en que figura el nombre de este joven artista, y justo es
consignar que los seis cuadros que en ella figuran denuncian
cualidades que á no malograrse pueden reportar á Pujo! gloria
•••
y no escaso provecho.

498

LA

443

l LUSTRACIÓN A KTISTIC.A

=- ·==--

•••

••

•
••
Visita., cuadro de D. Joaqwn Agrassot.-Retirado Agras.ot en Valencia, después de haber figurado en primera linea entre los espailolesque sostuvieron en el extranjero
las tradiciones artlsticas de nuestra patria, continúa dando
muestras de su laboriosidad y produciendo obras que recuerdan
las distintas fases que ha ofrecido la pintura en el período de
tiempo en que Agrassot residió en Roma, Parls y Madrid. Los
distintos géceros que ha cultivado determinan una personalidad, tan respetable para la regi6n valenciana, cual lo es la de
Jiménez Aranda para Madrid y la de Román Ribera para Cataluña. Todos sintiéronse arrastrados por la corriente que informaba la pintura nacional hace veinte años, y los tres recurrieron, si bien distinguiéndose, á los efectismos que pudieran
obtener, aun en la pintura de género, con las tonalidades de
las basquiñas, los casacones 6 las trusas. Unos y otros, ¡{ medida que el arte pict6rico ha exigido del artista el abandono de
determinados moldes, han procurado ajustarse al concepto
moderno, desechando los recursos del colorista para fijarse en
las leyes de la novlsima escuela. Román Ribera y Joaquín
Agrassot figuran desde luego en el número de sus más distinguidos prosélitos, y en Las salidas de baile el primero y los
cuadros de Costumbres valencianas el segundo sostienen honrosamente el buen nombre de sus respectivas regiones. S61o
Jiménez Aranda parece sugestionado por el efectismo de los
matices, y si bien produce una admirable obra, de concepto
completamente moderno, cual e,EI accidente, no por eso destierra de su paleta los vivos colores que producen la seda de
las bordadas chupas y de los chillones casacones.
Visita evoca el recuerdo de uno de los periodo~ de la vida
artística de Agrassot, por más que aquél lo haya pintado recientemente, y aunque es un lienzo recomendable como Jo son
todos los suyos, creemos que Agrassot se halla más en Jo firme
cuando produce La monlafltsa de úón, 6 los cuadros de Costumbres valt11cia11as, que tan admirablemente retratan el modo
de ser de sus paisanos.

•
••
Gran kermesse celebra.da. en los jardines del
Parque de Barcelona. el día. 23 de junio último.
- La extensa reseña publicada en el número 196 de El Salón
de la Moda nos releva de entrar en detalles respecto de esta
grandiosa fiesta, que para fines de beneficencia improvisaron esta es la verdadera palabra - los organizadores de la primera
Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
Mucho podla esperarse de la inteligencia, ingenio, buen gusto y actividad de los artistas y demás indh·iduos que en un
momento de alegre expansi6n acordaron acometer una empresa cuya magnitud, dado el tiempo y los recursos de que disponfan, quizás no calcularon al aceptar el pensamiento· pero la
realidad fué superior á las más optimistas esperanzas,'y vino á
demostrar que en ei.ta tierra la palabra imposible casi debiera borrarse del diccionario. El triunfo de los organizadores
fué, pues, tanto más grande y merecido cuanto mayores los esfuerzos que hubieron de emplear, que no fueron pocos, y las

Una.

ta.za. de te, pintura. a.l pastel

de Clemen-

te de Pa.uainger. - l'ara saber si ha estado acertado el pm ·

tor alemán Pausinger en la reproducción del tipo y de las ves•
tiduras de la japonesa de su cuadro, basta consultar cualquiera
de las muchas descripciones que los viajeros nos dan· del traje
y de la gente de aquel país asiático, y se verá que no falta en
la figura de Una la;;a de le el menor detalle de cuantos forman
el vestido de una hija del Jap6n. El pintor nada ha descuidado y
se ha mostrado artista de exqui.~ito gusto en la elección y com·
binaci6n de tonos y dibujos. Esto en cuanto á la parte externa
del cuadro; por lo que hace á la que pudiéramos llamar ínter•
na, no se necesita ser muy entendido en materia de arte para
apreciar los encantos, el sello de simpática coqueterla de aque·
lla figura, la gracia de la cabeza, el interesante perfil del ros·
tro y la mirada expresiva, y en suma, el conjunto lleno de
atractivos.
Esta obra fué muy celebrada en la segunda Exposici6n In·
ternacional de pasteles, acuarelas y dibujos, celebrada en Dresde el año pasado.

•
••
Desampara.dos, escultura. de D. José Montserrat (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona).Tan modesto como laborioso, tan inteligente artista como hábil escultor, no le han servido á Montserrat estas cualidades
para verse favorecido por la suerte, ni para disfrutar la prolec•
ci6n y el apoyo que necesitan todos los artistas al comienzo de
su carrera. Cuanto es, débelo á su propio esfuerzo, sin que
hasta ahora haya logrado otra recompenc;a que la que el Jurado de la Exposici6n general ele Bellas Artes acaba de otorgarle. Y cuenta que Montserrat ha producido obras tan dignas de
encomio como la estatua del pintor Viladomat y el busto del
A vi, notable estudio de uno de los tipos de nuestra región. La
Exposici6n de Barcelona significará para este distinguido es1:ultor el primero de sus triunfos, pues aparte del que determina la adquisici6n por el Ayuntamiento, con destino al Museo
Municipal, del tan bien modelado como sentido grupo ;Desamparados!, ha debido sorvir de compensaci6n lÍ sus pasadas
amarguras el general aplauso del público, que desde los pri•
meros momentos ha estimado la obta entre las más notables
de la sección de escultura. Modelada con tanta facilidad como
delicadeza, correcta en sus lineas y real en el asunto, es la
obra de Montserrat una brillante manifestaci6n del arte moderno, la continuación de las tradiciones artlsticas catalanas
que tanto enaltecieron, con sus producciones, los Amadéu y
los Campeny primero, los Vnllmitjanas después, y actualmen•
te esa pléyade de jóvenes escultores que en Roma, Madrid,
Parls y Barcelona honran á Espaila y á Cataluña.

IVJ:OLETI
""leo ,or VELOUTINE
DETH RI DACE
JABON REAL

r"....
29,Ntattalim,Paria

JABON

~ " JV 11lorluúa alfüu JUI 11 llclw ,. 11 Piel 1 llllu1 hl '""

L:i •oven, sin darle tiempo p:ira arrodillarse sobre el cojln, tomó su brazo.. • (pág. 444)

VIZCONDESA
POR Lt::ÚN ll.\RR.\C.\ND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO l:.\YARIJ

(CONTINUACIÓN)

A su terror anteponíase, sin embargo, una viva curiosida~ y la d~cha de byer
otra vez á Blanca; además confiaba en su ami~o Pedro,, quien _sabia ~uy ten
cómo conducirse en sociedad. Gilberto se deslizaba en esta baJO su égida, Y le
bastaría con imitarle.
. ., _
.
Pedro de Cabro! era ya un gallardo mancebo de vemhun anos, siempre con
su espeso cabello cortado al rape, tez muy morena, y la boca sombr~da ~e un
fino bigote cuyas cortas puntas retorcía con mucho cuidado. Sus labios rOJOS se
destacaba~ más que nunca en este conj~nto, y e~ sus ojos reveláb~se un fu~go
sombrío. Todo su aspecto indicaba la 1mpetuos1dad _con q~e hubiera quer~do
apurar de una vez los placeres de que apenas le permitían disfrutar superficialmente sus salidas periódicas de Saint-Cyr. Bastaba observar en tales días su
paso nervioso al recorrer las calles de Parí_s, hacien~o re_sonar l?s tacones en el
asfalto; bastaba examinar su frente pensativa y sus 10qu1etas muadas, para que
se fijase en él la atención.
Gilberto tenía costumbre de ir á esperarle á la Ilegada del tren, y como de
ordinario, también fué el día en que debían ir á casa de la marquesa de la Fonfreyde.
.
Era demasiado temprano todavía, y mient~as se paseaba de un lado á o~ro,
esperando la hora de ir al encuentro de s~ amigo, observó un coche de alqu~ler
parado á corta distancia; la cortinilla cornda elevábase de vez en cuando agitada por mano febril; dejábase ver entonces un rostro redondo, con la cabeza ~oronada de doradlils bucles y la nariz cubierta de po~vos de arroz, f unos OJOS
brillantes dirigían vivas miradas hacia la puerta de sal~da de_ la ~stación. No ~ra
necesario ser gran adivino para compr~nder q~~ 1~ 1mpac1encia de una cita
había conducido alli á una dama para sahr á rec1b1r a su amante; y aunque m~y
preocupado por el baileáque debía asistir, Gilberto no pudo menos ~e refl~,:c10nar en qué mundos tan diferentes vivían aquella dama y las cándidas mnas,
blanco y casto enjambre, que él iba á ver muy pronto.
.
.
Ya estaba lejos cuando comenzó á salir la oleada de colegiales de Samt-Cyr,
y ya volvía precipitadamente cuando vió á Pedro saltar en el coche, cuya portezuela se cerró, mientras se alejaba rápidamente.
.
Gilberto quedó como clavado en el sitio. ¿Cómo irían á la reun_1ón de la ~a_r•
quesa? ... ¿Y Blanca?.·: ¡Ped~o la olv!d~ba! ... Y al pensar esto, el Joven se smt1ó
resentido de aquella mfidehdad ant1c1pada.
Sin embargo, era preciso adoptar un partido ú otro; no debía pensar en pre•
sentarse solo en casa de la marquesa, pues faltábale valor para ello; y por otra parte, aún no era llegada la hora de ir. En su consecuencia, dirigióse meditabundo
á su casa.
No hubo de esperar largo tiempo; dos horas después llegó Pedro.
- ¿Estás ya dispuesto?, preguntó. Nos hemos retardado, pero á la puerta nos
espera el coche...
.
.
.
- He ido á la estación, díJole Gilberto.

Pedro le miró con aire interrogador, y comprendiendo la indirecta, dejó escapar una carcajada que parecía recla~ar indu_lge?cia.
- ¡A fe mía, exclamó, te había olvidado! D1spensame ... ; pero despachémonos
pronto, pronto.
.
.
.
Y con aquel ardimiento que mostraba en todo, hizo baJar á_ s_u. amigo la escalera precipitadamente, empujóle hacia el coche, y éste se dmgió á la calle de
Babilonia.
La multitud era ya numerosa cuando llegaron: desde ~l vestíbulo oíase la m~sica el ruido de los pasos y el rumor de las conversaciones. En el salón, baJo
el ;esplandor de las arañas, en medio del círculo de los padres sentados ó de
pie á Jo largo de las paredes, veíase un gracioso conjunto de elegantes tocados
y numerosos jóvenes que bailaban con niñas de todas edades. .
Pedro cruzó entre la multitud y dirigióse directamente hacia la marquesa,
seguido de Gilberto; en aquel instante terminaba el baile, y Blanca corrió en
busca de su abuela.
- ¿Y eras tú quien debía dar principio al baile?, preguntó la marquesa de Fonfreyde al colegial de Saint-Cyr.
Pedro bulbució una excusa, ofreciendo después el brazo á Blanca, y ya se
alejaban los dos, cuando la marquesa hizo una señal á su nieta para qu volvie7 y desse. Blanca miró á Gilberto, pareció esforzarse para recordar su fisonom1a,
pués ofrecióle la mano.
- ¡Buenos días, señor de Manjeán!, dijo.
Y alejóse rápidamente con su pareja.
.
Gilberto comprendió que la joven no le había r:conoc1do al _Pronto; pero_ á
decir verdad, á él mismo le costó ver en Blanca la mña que admiró en Mareml.
Había crecido bastante, y su belleza había aumentado; no se nota~a ya en ella_ la
petulancia, la desenvoltura y la libertad en los modales _de otro tiempo; sus h?dos ojos no miraban ya con la misma osadía, y su labio arqueado sonreía discretamente. Con su traje de baile, de color azul pálido, aunque más escotado
tal vez que el que antes llevaba, parecía, sin embargo, _más mo~~sta. Hallábase
en la edad en que la joven parece concentrarse en sí misma y dlSlmula su carácter ó sus defectos, rodeándolo de misterio. Hay en ese período de la vida como
un compás de espera hasta que se encuentra el esposo, y entonces la mujer hace
como la crisálida, que abre sus alas y se descubre tal como será.
Gilberto había seguido á Blanca á través de la multitud, y contempláGala
desde lejos. Inclinada la cabeza y la vista baja, parecía escuchar con ávida curiosidad las palabras de Pedro, que fijaba en ella sus ojos brillantes, sin obtener
más respuesta que ligeras sonrisas ¿Qué podría decirle? ¡Pedro estaba bien preparado para semejante conversación! ... ¡Y Gilberto, él, que hacía ocho días soñaba en ella, que no había tenido más que pensamientos virginales y le llevaba
un corazón lleno de mística adoración; él debía mantenerse apartado de Blanca,
limitándose á contemplar sus encantos!

•

�LA

444

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

498

Blanca junto á sí, rodeando con el brazo su esbelto talle y sintiendo en su mano el dulce calor de la d•su pareja, cubierta de perfumado guante! ¿Cómo pudo bailar sin tropiezo y sin equivocar el paso, dada la emoción que le agitaba?
¡Qué apresuradamente latía su corazón! Hubiera querido hablarla, evocar algún
recuerdo de Mareuil que renovase la antigua amistad; pero no se le ocurrió nada;
y olvidábase de sí mismo, prolongando el baile ...
Blanca fué quien se detuvo, frente á su asiento, dar.do después las gracias al
joven.
Gilberto volvió á perderse entre la multitud, pero ahora le complacía el baile
mucho más de lo que él hubiera podido imaginar.
Después pasaron los convidados al comedor, y allí Gilberto trabó mas amplio
conocimiento con el joven Charnasón, que sobrexcitado por el entusiasmo con
que había dirigido el cotillón, demostraba ruidosamente su alegría. También
habló largo rato con el conde de Bagrassand, que solamente se hallaba en París de paso y debía regresar á la Rivoironne.
Gilberto buscaba asimismo á Blanca con los ojos, y hubiera querido que sus
miradas expresasen una vez más su agradecimiento hacia ella; pero la joven
hallábase en el otro extremo de la mesa, muy entretenida con Pedro. Lo que
había sido un gran acontecimiento para él, es decir, aquella vuelta de vals, era
cosa insignificante para Blanca, y no había dejado en ella ni un recuerdo. Por
la noche, al retirarse á su casa, comprendió Gilberto que si Blanca llegaba á
fijar en él su atención, no sería antes de
que pasara mucho tiempo.
No obstante, debía adoptar un partido;
el matrimonio era cosa decidida; el tiempo
1
volaba rápido, y el joven, con el corazón
entristecido, veía próximo ese desenlace,
sin que le fuera dado intervenir, desviar la
i
fatalidad, ni hacer otra cosa sino renegar
',..,¡¡,.
de la injusticia del destino.
~;.:'.;
~
Transcurrieron dos años. Pedro era ya
subteniente en Versailles, y pertenecía á un
- ~ ,,1,
regimiento de dragones. Hallándose á dos
~
pasos de París, podía disfrutar de todos los
placeres que esta ciudad ofrece, y no deja~
ba de hacerlo. Más á menudo estaba en el
·,
bulevar que con su regimiento; el coronel,
l~:,::-,~
•'1:,.,..,,,-,
antiguo
amigo de su padre, hacía la vista
. t.,( ~·,,.;
~, . r; gorda, y Pedro, ac0stumbrado á esta indul~1
gencia, abusaba de ella.
';t ,!(/
. •\,. -:- ..
En aquel nuevo género de vida, Gilberto
,"no podía seguirle como antes, y solamente
le veía de tarde en tarde, algunas veces por
la mañana, después de una noche pasada
en el juego, en el que la suerte no le había
sido favorable. Pedro iba á pedir consuelo
á su amigo, y solía proponerle que le acompañase á Versailles, pero los trabajos de
Gilberto no se lo permitían siempre.
Al terminar su carrera cle leyes, Maujeán
había ingresado en la Escuela de Archivos.
Su afición á las cosas antiguas, una invencible repugnancia á la vida activa, nada
conforme con su carácter soñador, la necesidad de ocuparse en un asunto determinado y bien circunscrito de antemano, que no
hubiera podido encontrar en una carrera
puramente artística, á la que le impulsaban
con preferencia sus disposiciones; todo esto
le indujo á estudiar Derecho. Su elección
le permitía encerrarse en los libros, entre
los cuales trataría de olvidar las decepciones de su corazón.
Pero su ensueño no se dejaba dominar
Avanzaba con paso seguro, alta la cabeza, luciendo su uniforme de drag6n (pág. 445)
sin resistencia, y muchas veces acosábale
su antigua quimera. La invitación de la
Y al mismo tiempo, recordando las épocas pasadas, reflexionaba sobre cuál hu- marquesa de la Fonfreyde dábale entrada en su casa, y aprovechóla para hacer
biera sido la sorpresa del tatarabuelo Maujeán, aquel que no sabía leer, el des- algunas visitas, esperando encontrar en ella á Blanca, mas no la vió nunca.
tripaterrones del caserío de la Fonfreyde, si hubiese podido prever que su tataEntonces, lo mismo que en otro tiempo, cuando vagaba alrededor de Maranieto se hallaría alguna vez en el mismo salón, y casi bajo un pie de igualdad reuil, comenzó á recorrer asiduamente la calle de Babilonia, deteniéndose de
con los descendientes de sus antiguos amos.
continuo largos ratos delante de la casa y junto á la iglesia adonde Blanca iba
El baile cansaba á Pedro, que había ido á descansar con Blanca junto á la á oir misa. Vióla dos ó tres veces, pero siempre pasó sin fijar la atención en él
marquesa; como estaba muy acalorado, sacó el pañuelo para enjugarse la frente, ó sin querer reconocerle.
y en el momento de hacerlo, difundióse á su alrededor un perfume muy peneSu aire era siempre muy modesto; concentrada en sí misma, miraba vagatrante.
mente á su alrededor, bajando muy pronto la vista; su andar era discreto, no
- ¡Dios mío!, amigo Pedro, exclamó ia marquesa, ¿dónde compra usted esos hacía ostentación de su belleza, y hubiérase dicho que se cubría cada vez más
perfumes?
con los velos del misterio. Sin embargo, parecía que con la edad se acrecentaba
Pedro se sonrojó mientras guardaba rápidamente el pañuelo en su bolsillo; su importancia, y que sus diez y ocho años ponían más en evidencia el gran
pero Blanca, con la nariz dilatada, y dejándose llevar de un rápido impulso, in- nombre que llevaba, la inmensa fortuna que debía heredar y la brillante posición
clinóse hacia el joven, protestando.
que la esperaba en el mundo Blanca seguía con paso tranquilo esa vía ascen- ¡Pero. abuelita!, dijo, yo creo, por el contrario, que huele muy bien, y qui- dente que, poco á poco, conducíala á todos los esplendores de su existencia;
siera ...
mientras que Gilberto se quedaba atrás, muy inferior á ella, perdido en su obsSu candor infundía lástima: Gilberto, que presenciaba aquella escena, se aver- curidad y viendo cómo se hacía cada vez más profundo el a.bismo abierto entre
gonzó de la poca delicadeza de su amigo, que llevaba hasta su prometida los re- los dos.
cuerdos de otra mujer, obligándola en cierto modo á respirar sus emanaciones;
A medida que se aproximaba el día de su enlace, Pedro menudeaba más que
y el fin del baile fué algo triste para él.
nunca sus visitas á su futura, y como era natural, olvidábase de su amigo; pero
Sin embargo, el cotillón había comenzado ya: Gilberto, que permaneció con- Gilberto le vió lo suficiente para hallarse obligado á pesar suyo á escuchar sus
fundido entre la multitud que rodeaba á los bailarines, vió en un momento dado confidencias: su alegría era indecible. Pedro amaba á Blanca desde la niñez, y
á Pedro conducir á Blanca al sillón colocado en el centro del salón para los que jamás había dejado de quererla: animado de las más nobles resoluciones, proquisieran reposar un momento, é invitarla á sentarse para comenzar la figura poníase reformar su conducta y poner término á sus locuras de joven, porque
conocida con el nombre de la almohada. Después díjole algunas palabras al oído, aspiraba al reposo, á la tranquila felicidad del hogar.
y fué á buscar algunos jóvenes por si uno de ellos era la pareja escogida por
- Con una mujer como Blanca y un amigo cual tú, decíale, ¿cómo no he de
Blanca, pero ésta los recibió con signos negativos, en vista de lo cual corrió ser feliz? ... Tú vendrás á vernos; Blanca no te conoce aún, y es preciso que te
hacia Gilberto sonriendo y condújole á presencia de su futura. La joven, sin aprecie .. .
Por fin llegó el día cruel, Gilberto fué invitado con su madre á la ceremonia
darle tiempo para arrodillarse sobre el cojín, tomó su brazo sin vacilar.
Gilberto dió una vuelta de vals. ¡Oh, qué embriaguez fué para él tener á religiosa, que se efectuó en San Francisco Javier.

Al fin la perdió de vista en el torbellino del baile, y comenzó á vagar por los
salones entre los convidados, bastante sorprendido de la facilidad con que se
había introducido entre aquella sociedad de gran tono y del poco efecto que
su presencia producía. Había temido ser una nota discordante en aquella reunión, y ahora se resentía casi de que nadie fijara en él sus miradas. Su paseo le
volvió á conducir cerca de la marquesa, que le tocó en el brazo con la punta del
abanico.
- Puesto que no baila usted, señor de Maujeán, le dijo, siéntese á mi lado y
hablaremos.
La anciana se informó sobre sus ocupaciones, interesóse, al parecer, en sus
estudios, y después preguntóle si conocía á alguna de las personas que estaban
allí.
-Absolutamente á ninguna, contestó el joven.
Entonces la marquesa tuvo la bondad de presentarle, y Gilberto hubo de saludar al conde de Bagrassand, joven alto y moreno, recién casado, pero cuya
esposa no había ido al baile por estar enferma; al vizconde de Charnasón, que
estudiaba Derecho como él y, que iba á dirigir el cotillón, y otros varios .. . Todos le acogieron cordialmente en calidad de compatriota, cruzando con él algunas palabras obsequiosas.
Poco á poco apoderóse de Gilberto una especie de embriaguez al verse mezclado con aquella escogida sociedad y codeándose con la nobleza de su país.

'

¡
,-r·-

--~
~

1

-

.

I

.....,

NÚMERO

LA

498

_.,

.J
•.,....i'

r,
)

'

_,,.

•

.....

"':', .J ,.\
!;ti..:..

tuaba con una ligera sonrisa cuanto decía, y con el cuello aprisionado en su
corbata blanca, movía la cabeza á intervalos como si saborease sus palabras; era
un hombre, en fin, desesperante por su misma corrección. Agregado de embajada, había pedido licencia para asistir al matrimonio de su hermano, é iba á
marchar inmediatamente. Al retirarse hizo á la anciana marquesa de la Fonfreyde una de esas reverencias con que acostumbraba á saludar á las Altezas, midiendo el tiempo y la distancia de modo que todas las miradas se fijaran en él.
Con este homenaje parecía realzar á la vez á la persona que le recibía y á la
que le tributaba.
Gilberto no volvió á ver á Blanca de Cabrol, que había subido á sus habitaciones para despojarse de su traje blanco y que debía emprender por la noche
su viaje de boda.
En su consecuencia, retiróse con su madre, que durante todo el trayecto,
exaltada por la sociedad aristocrática con que se había rozado, hablaba con
viveza, repasando en su memoria todos los nombres. Hasta llegar á su casa no
echó de ver el silencio y la tristeza de su hijo.
- ¿Qué tienes?, preguntóle. ¡Estar así en un día como hoy en que tu amigo
es tan feliz! ...
La señora de Maujeán se interrumpió al notar la expresión melancólica con
que Gilberto la miraba, y sin duda adivinó lo que pasaba en su interior. Al principio no supo qué decir para consolarle.
- ¡Bah! No será el único feliz, ni tampoco se ha casado con todas las jóvenes. Ya te encontraré una ... no como la señorita de la Fonfreyde seguramente ... tampoco tan noble como ella ... ¡Vamos! ¿Creerás por ventura que la nobleza asegura la felicidad? ...
Gilberto sonrió ante aquella abjuración de todos los principios de la buena

~

•

'"'

,.

'\
"·1 -~' "'l._.,
,1

~

l.1'

,r,

445

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

'

, ,._

:,,.'!,,

;

•

", _....&gt;

·-:-

/

..

~ ~~, ~

~

tk,·,
t;'1

~

&gt;---..-.... .
) :~,r/ '
✓- ':)- ..-

....
La niña iba con su aya y fustigaba alegremente al animal (pág. 429)

Allí se apiñaba toda la nobleza del Delfinado, todos los parientes de ambas
amilias, muchos amigos y conocidos, oficiales del regimiento de Pedro y la flor
del noble arrabal.
La condesa de Cabro! estaba radiante de alegría; su hijo le inspiraba temores
.hacía algún tiempo, y aquel matrimonio ponía término, á su modo de ver, al
período de los extravíos de Pedro. Todo el mundo participaba de sus esperanzas, todos sonreían al contemplar aquella joven pareja, en la cual se enlazaban
tantos ilustres recuerdos y se unían tantas antiguas glorias, honor de las dos
familias, que debían reproducirse y perpetuarse á través de las edades.
Al salir de la iglesia, cuando Pedro de Cabrol, conduciendo á su esposa del
brazo, franqueó la nave para dirigirse al coche, prodújose un murmullo de admiración. Avanzaba con paso seguro, alta la cabeza, luciendo su uniforme
de dragón, apoyando en el pecho su brilTante casco de acero de larga crin, y
mirando á todas partes con sus negros ojos, que parecían expresar el colmo de
la dicha. Y la joven vizcondesa de Cabro! (era vizcondesa de este nombre desde aquel momento), perdida en sus largos velos, apoyábase confiadamente en su
esposo. También ella era feliz: comprendíase que aquello era para la joven la
realización de un sueño de la infancia, una promesa del destino fielmente cumplida; que aquel día► en su concepto, llegaba naturalmente, y que no podía menos de ser así, puesto que en todo tiempo se la destinó para Pedro, como éste
estaba predestinado á ser de ella. Con el corazón oprimido, Gilberto lo comprendió así é inclinó la cabeza resignado.
Durante el refresco que se ofreció en el palacio de la marquesa, las conversaciones se animaron, manifestóse la alegría reprimida hasta entonces, y en los
grupos de jóvenes se desbordó del todo. Cbarnas6n, que hacía las veces de caballero de honor del novio, estaba más contento que todos, y hubiérase dicho
que él era quien se casaba.
Gilberto vió por primera vez al hermano mayor de Pedro, el conde Juan de
Cabrol. No era tan alto como aquél, pero compensaba esta falta con su ademán
altivo, su rigidez y el aspecto severo de toda su persona, que parecía engrandecerle. Veíase que afectaba para su hermano indulgencia protectora y cierta superioridad, que Pedro aceptaba sin reflexión, correspondiéndole con una amistad ciega. El conde de Cabrol, en su calidad de aspirante á diplomático, acen-

~

,,.
.

...

~--,,1.

..

;: :......

';}) 1

,.,\,:
.....
....

\ .. -

j
A medida que se aproximaba el día de su enlace, Pedro menudeaba más que nunca

:~ ~

.

_..-:;;

--

sus visitas á su futura {pág. 444)

-,;~_.,..,,....

señora; retiróse á su cuarto, y allí, solo, sin otros testigos
que su pensamiento consagrado por completo á la nueva
vizcondesa de Cabrol, pudo desahogar su corazón.

IV

,_,,

,..,
:,;.,t::.·

Anticipando;e al porvenir, los j6venes esposos formaban ya proyectos sobre aquellos niños

Vivían ahora en Versailles, muy retirados, salían poco
y apenas recibían visitas. La luna de miel brillaba en su
cielo, iluminando aquella pareja completamente feliz.
Gilberto iba á verlos algunas veces, invitado en las grandes circunstancias: una de éstas fué el nacimiento de Juana de Cabrol, ocurrido al año siguiente del de Guy.
El bautismo de este último, que en su calidad de heredero del nombre· colmaba las justas aspiraciones de la
familia, fué motivo de magníficas fiestas, y casi en la misma época Pedro ascendió á teniente. Así, pues, todo le
sonreía, y atendido su género de vida, tranquila,, formal y
consagrad.. toda ella á su esposa, parecía digno de tal felicidad. Había cumplido su promesa, reformando su conducta.
Pero ¿no estaría solamente en la superficie la placidez
de este interior? ¿No se violentaba Pedro para amoldarse
á este nuevo género de existencia, tan poco parecido á la
antigua? ¿No se rebelaba sordamente en sus adentros?
( Contilmará)

�,

LA

N ú MERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

colorado. Hácese luego el equilibrio colocando pesos
en el otro platillo y se colocan dos tubos por donde
circula hidrógeno ó gas del alumbrado á la altura
QUÍMICA RECREATIVA
del fogón de la pipa, lo más cerca posible de él. El
LA DIFUSIÓN D&amp; LOS CASES
hidrógeno penetra en la.pipa, expulsa una parte del
Un buscafugas de fácil constmcción. - Tómese una aire en el tubo contenido, el peso del aparato dismiplancha porosa, que se puede obtener aserrando el nuye y la balanza se inclina del lado de los pesos,
fondo de un vaso de pila, y ajústese con un poco de con lo que sube el fogón de la pipa, que de esta suercera á un embudo de cristal sin tubo en cuyo extreSECCIÓN CIENTÍflCA

498

N úMERO

498

ley de Graham. La difusión al través de las substancias colóideas obedece, en efecto, á una ley especial,
habiéndose fundado en este hecho un procedimiento
de análisis de las mezclas gaseosas, que lleva el nombre de atmolisis. El oxigeno pasa dos veces más de
prisa que el ázoe al través del caucho. Si se h~ce pasar aire atmosférico á través de una gran cámara cuyas paredes sean de caucho y en cuyo interior se
haya hecho parcialmente el vacío, obtiénese un gas
que contiene cerca de 41 por 100 de oxígeno y que
puede ser ventajosamente empleado en la metalurgia.
Esta fácil difusión de los gases al trayés del caucho permite también reconocer si una tela es impermeable: para ello se toma un tubo de lámpara que
se cierra sólidamente en su extremidad ancha con la
tela que se quiere probar: hecho esto, se le llena de
hidrógeno por desplazamiento de agua y se le coloca
en un vaso que contenga un líquido colorado: si el
hidrógeno pasa al través de la tela, el líquido sube
por el tubo tanto más rápidamente y hasta tanto más
arriba cuanto menos impermeable es la tela.

_.....,_
-

GRANO DE LINOTARIN

Enfermedadesd,,Pecho

E8TREAIMIENT08, CÓLICOS. -

rTi~cl~s

La caja: l ír. 80,

DE

P. LAMOUROUX

Lu

Penau q1t conoce• las

Ante,, farmac4utlco

PILDORASt~DEHAUT

61, Olllle Vau'f1lltera, l'arle.

DE

(Gacela dt lee HOlpltalel)

1tft1i1t Cnenl : AS, Calle Tamlllen, 4S, PWS
*

I• nnd• an tod11 /11 buenu f1rm1ol1r.

**
ARTIFICIOS DEL TEATRO
ESCAMOTEO DE UNA MUJER, - LAS TELAS LUMINOSAS

Ql4lmica recreativa. - La difusi6n de los gases

roo inferior se fija
un tubo encorvado
y algo más ancho en su parte superior. En este tubo
se introduce un poco de mercurio y se colocan dos
hilos de platino que no deben estar en contacto y de
los cuales uno se sumerge en el mercurio, quedando
el otro un poco más arriba de la superficie de éste.
Estos dos hilos están en comunicación por medio de
conductores ordinarios, el uno con uno de los polos
de una pila al bicromato y el otro con una de las
bornas de un timbre: otro conductor une la segunda
borna de éste con el otro polo de la pila.
En estas condiciones el timbre no suena, pues el
circuito está interrumpido porque los dos hilos de
platino no están en contacto; pero si este pequeño aparato se coloca en un sitio en donde haya una
fuga de gas, éste, al atravesar la plancha porosa,
aumenta la presión, el mercurio sube y toca el segundo hilo, quedando cerrado entonces el circuito, por
ser el mercurio conductor, y funcionando el timbre
sin interrupción.
Palpablemente puede demostrarse esto aplicando
un chorro de gas del alumbrado sobre la plancha por
medio de un tubo de
caucho, como se puede
ver en nuestro grabado.
En algunas minas se
han colocado aparatos
para advertir la presencia
del grisú fundados en ese
principio.

•

Idete selosencuentra
más arriba
chorros de hidróge-

Construcción de tm peqtte1io motorde difusión. Hace algunos años,
Woodward presentó á la
Sociedad de física, de
Londre5, un pequeño motor original basado en la
difusión. He aquí una
modificación de este aparato, que aun cuando no
ofrece utilidad, no por
esto deja de ser curioso.
Debajo del platillo de
una balanza muy sensible se coloca una pipa de
Fig. I. tierra cuyo fogón se cierra con un tapón de corcho no agujereado y á cuyo tubo se ajusta por medio de un enlace de caucho un tubo recto de cristal
que se sumerge en un vaso que contenga un lfquido

no. Este gas sale entonces de la pipa mucho más de
prisa que entra el aire, produciendo un vacío parcial,
y el líquido colorado sube por el tubo de cristal aumentando el peso del conjunto del aparato, que por
consiguiente desciende. Entonces el fogón vuelve á
encontrarse delante de los tubos que conducen el
hidrógeno y á expulsar el agua del todo de la pipa y
as{ sucesivamente, obteniéndose de esta suerte un
movimiento continuo mantenido por los cambios de
presión gaseosa en el interior de la pipa. Este aparato no puede, sin embargo, ser de ninguna utilidad
porque en su funcionamiento se producen muchos
roces y hay muchas pérdidas de energía, proporcionando muy poco trabajo para la fuerza que lo produce.

J,fodo de conocer st una tela es tmpermeabte. - Si se
hincha con gas carbónico ó con hidrógeno uno de
esos globos de goma que tanto entretienen á los ni·
ños y se le suelta al aire, no tarda en deshincharse,
pues el gas de que está lleno atraviesa fácilmente sus

!

LOS ARTI FICIOS DEL TEATRO

P A R IS

no titubean en pur garse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que sucede con
l os demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas for tificantes, cual el vino, el café,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
se¡,un sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la pur ga ocasiona queda completamente anulado porel efecto dela
buena alimentacion empleada, uno
se decide fllcilmente á volver
11 empeur cuantas veces
sea necesario.

El Jarabe de Pierre Lamouro~ 11
el Pectoral por excelencia
como edulcoranu d, la, tilarnu, á
la., cuala comunica ,u gusto agra,,
dable y nu propiedadt1 calmante,.

FAIDEAU

El artificio llamado el Patanquin produce toda la
ilusión de un juego de manos: una de las heroínas
de la comedia se presentaba en una litera conducida
por cuatro esclavos (fig. 1) y cuyas cortinas se cerraban en un momento dado, y al descorrerse de nuevo,
la actriz había desaparecido, á pesar de que el vehículo estaba completamente aislado sobre las espaldas de los que lo llevaban.
He aquí cómo se realizaba el escamoteo: las cuatro
columnas dispuestas en los cuatro ángulos del aparato eran huecas y llevaban en su extremo superior
una polea por la que pasaba una cuerda. Las cuatro
cuerdas estaban atadas por un extremo á los cuatro
ángulos de un doble fondo que cubría el suelo de la
litera y por el otro á un contrapeso disimulado en el
techo. Cuando se descorrían las cortinas, los que llevaban el palanquín soltaban los contrapesos, que deslizándose por el interior de las columnas hacían subir el doble fondo que con la actriz quedaba oculto
en la bóveda del techo: acentuando por medio de la
pintura las sombras de las molduras de las columnas
y de la bóveda, el aparato tomaba un aspecto de ligereza que engañaba al más desconfiado espectador.
Otro artificio se emplea en Piel de asno para producir las telas color de sol, color de luna y color de
tiempo: varios comparsas aparecen dejando en el
suelo tres cofres cuyas tapas al abrirse descubren las
telas de los colores indicados.
El fondo de cada cofre B {fig. 2) puede abrirse
sobre un escotillón A, y por medio de una caja de luz
eléctrica C se dirige un potente foco sobre la tela
ligera y transparente que la inunda de color, la envuelve y forma cuerpo con ella. Para el color de sol
se emplea una luz amarilla muy viva; para el de luna
una luz blanca y una tela blanca ligeramente azulada,
y para el del tiempo luz azul y una tela de tarlatana
azul celeste.
Cuando se cierra el cofre por arriba, queda tam-

"" 1 audah • • 1111, 1111,a
8, LENT&amp;JAB, TEZ ABOL
ARPULLIDOB, TEZ ljARROS
ARRUGAS P RECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

Jarabe Pectoral

(De La Scimce Il/11strte)

1

U IT ! NtOntttQUI -

L ECHE ANTEFÉL

l

F.

447

L A ! LUST RACIÓN ART ÍST ICA

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

. . . . . . ., ., (),¿,L,L•

»• :arvou.1.10,

J&gt;.AJU., . . . . Ced•• , . . ...........,..

Bl .TARABB DB BRLlNTrecomendado 11e1de 1u principio por 101 proreaores

Laimaeo Tlléu.rd, Gur■&amp;Di, eic.; ha reCU&gt;ldo a conaa¡1'ac16n del tiempo: en et
año iffi obSDTo el Prll'lle¡to de 1nnnc16n. VDDADIII OHFm PEITOI AL._~n bue
ele roma J 11J , lbabolea, oonl'teDe 1obre11'iodo ,-1u peraonu deucadu como

m11.1ere1 J nmoa. llu ruaio excelente no perJul11ca en modo a1runo a1u b cacla
eontra 101 UlfllllOS J todu IU 1111.WCI0IIS del PICIO J 118 101 IITESTIJII,

CLORÓSJS. -

ANÉMJA .

LINFATISMO

El Proto-Iodur o de mer ro ., d reparador ,, lo sangre,
d fortiilcante y d microbicida por excelencia.

11 J ara bey lu Grnjeaa ~• proto-lodaro •e llerro deF. Gille,
no :,&gt;o&lt;fria11 .,,. demo.nad~ ricomendattot en r4idfl de ,w W,..14 qulmíta, d,

- - - - -·- ·- - - ~

---·•

---JARABE
,,,,., _

~·
··••10

-

-- -- -

y

SOCIEDAD
. •• ,,...to

-·-·

-- ·- · .

__

'" , ....u.,...b,ll&lt;lad JI .,.... ,olwbthd44 CO&gt;Ul4111U,

tlla«la dt loa Bo1pitalt1),

Dm!alTO GEIIEIIAL: 415, Rue Vauvllllers, PARIS. D·p(lsi!O ea todas las hr■tclas.

- ♦---

PASTA

de H. AUBERQIER

·-·--

,

IINIICIIID t

lllllUilll

-ia

,,....,,
"""'ª

011 ~ (J111 IIDIINI 111 '-'11111
A~i:rd•J;;r la .Aoadaata de •ed.loma de p-,.. ,_......._ ,_ oi-1411
O
d• ~rmalaaz..,,al•pordHrewetct l ■•MldeSOde ...... deS854.
e Una completa lDDOCUldadt UDa ellclA$ ptir11t11lam....
~ en el ca,_.,.
IJ)idtmko, lu lr~tll¡.Calarnl, ..,._,
de la Pfllllta. bu
san¡ eallo al J.UU.
.A.■T.A. de .a.ume
11111 UlJllll!,la fama. •

•• 2000 ~ -

;¡.
:lalrull ül F-111,n, IMN U

1

t

mt ._. •

I" ~ NI•·,.,_ •

la,_,.

4, ~ ~ """9).

veny Por 11111or: COllil T e-, -. Cllle de lt.-Qawl.e. P.&amp;.JU8
DIPÓlffO a LU PUJICIPA.YI NIIC&amp;.I

-------

-

---

--------"" .,

----

·- ·

-

CARNE y QUINA

ilf.tOADESde1E8To4t
\t.'&lt;'~
-+-r¡z'º

■ .tJ.buDto au npn!Gr, uldo al '1'6D1oo -

..,.ice.

Pepsina Boudault VINO ARDUO CON QUINA

T OOW TODOI LOI nIKOIPIOI lnJftfflTOI IOLtJILU J&gt;S U Cl.l\K2
c,aan 1 etJD&amp;I IOll lol elaDentol ~ ent.rm en la oomDOllclon de eiite J)O\ente
NPt,ndOr lle lil fUerlll ,ttalee, de 111'8 ,.,... ._ .. per -•fe■ela. De un gusto euDIJmlle acrad&amp;ble, ea 10berano con\ra la Á""'"4 1 el Áf/OCMllwnt o, en lu Calffltura,
1 C t l l ~1 con\ra III lHM'MU y lu Á(tffiOMI del 61to,ugo 1 loe ,ntutlftlll.
Cuando ae \ra" de delpenar el apetito, uecurar lu dlgeeUonee reparar lu ruerzu,
-.r1que0ei' la ■angre. entonar el orpnlamo 1 prec&amp;Ter la anemia '1 lu epldemlu proTe&gt;Clldll por 101 C&amp;lore■, no ae oonooe nada ■uperlor al l't■e de 91liaa de &amp;rea41.
pa,
Paril.,_e11 cu.a de J. FEI\Ú, Farmaceutico, tO!, raa Ricktllea, S... ddlU)UD.

.lprobada por la .lUD&amp;IU DE I EDlCIH

PREMIO DEL INSTITUTO Al D' CORYISART, EN 1858
Mtdallu tn la1 B1po1lclone1 latunactoaalea de

P!!lS • LTOR • VIER.l • P!IL.lDELPID.l • PABIS
llk,"7

lo7t

18:3

l8i&amp;

1 1 DPl.&amp;1. COl'f IL ■.ATO&amp; b.lTO P

1878

,.,.,w. •

U.

DISP EPSIAS
O ASTRITIB - OASTRALOIAS
DIOE&amp;T I ON L ENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

U

VUDS U

11

0

EXIJASE i:

'I OT&amp;OI DIIO&amp;Dlftll DS U. OIQIITIOII

BUO LA FORIIA. DE

ELIXI:?, . de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT

1

~

13[

36, Rue
• Vivlenne

=' ARDUO

TOD.t.li LU P&amp;IMCIP.U.U BoTiOU.

SIROPDoet•fORGETRBDI
ES,
crl!;º:e~~~!sJs
da

TCUX,

POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT 1
PLRIS, Phar.Dacio COLLAS, 8, rae Daaphille
11 ""- ln1 f)ri"'t:'fM~I far'ffl-,c(a;I.

l

1

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de ,oaños, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por

Soberano remedio para r~piJ:i cn r a-

cion de las Aloocione■ del pecho,
Catarroa,MaJ de garganta, Dronquitis , Resfriado■ , Roma d izos ,
de los Reumatismos, Dolor~s,
Lumbagos, ele ., 30 años. del me¡or

El palanqu!n mágico

éxilo atestiguan la eficacia de esle
poderoso derivativ? reco mcnda_do por
los prime ros médicos de Paris.
Fig.

2. -

Las telas luminosas

paredes; y ¡cosa extraña! el gas carbónico, que es mu- , bién cerrado por debajo, el escotillón se cierra á su
cho más denso que el hidrógeno, atraviesa con más vez y el foco luminoso se extingue.
facilidad que éste el caucho, contra lo que sienta la
(De La Nat11re)

Depósito en toiiásias Farmacias

todos los médicos para la curacion de las g astritis, gast r aljias dolorA■
Y re~ortil ones de estómago, est reñimientos r eb el des, para fac1hlar
la &lt;µges ~ on y para regularu;ar todas las funciones del esLómago y do
loa mt.estmos.

JARABE

Panlcipando de Ju propiedades del Iodo
1 del Hierro, estas Plll1oras se emplean
especialmente coDtra las Saorotulu , la
'li■I• y la D ebUldad d e tempe rame nio.
ul como en todos los casos( l''1t 4o■ coloree,
Aaienorrea, 4 •), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para deTolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya par&amp;
proTocar 6 regularizar su curso periódico.

~/"A,,,J)s

a1Brom.uro de Potasio

~Rue Bonaparte, 40

Es ~1 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del cora zon
la epilepsia, hist ér ia, m igraña , b a ile de S•-Vito, insomnios con ~
vulsione~ y tos de Jgs niiios durante la denticion; en una palabra, 'todas
las afecciones nerviosas.

El loduro de hierro Impuro 6 alterado
• • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de 11nreza y &lt;le autenticidad de
las verdaderas Plldo,·n11 de Blnnca.rd,
exigir nuestro 1e110 de plata reactiva,
11ucstra firma puesta al pié de una etiqueta
"• rcle y el Sello de garaolla de la Unl6n de
IN F'allrlc&amp;n\ n para la represión 11.e la Calslllcae16n.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

t, raedes Lions-St-Panl, l Paris.

Deposito en todas la1 principales Boticas y Droguerlaa

Farmar.euttco, en Parll,

NB

. ¡SS H.U.LAN KM T ODA.$ LAS l'.ll\MACI.U

11

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMER O

riquecido con multitud de interesantes
notas y completado con las enferme•
dades producidas por insectos. Además, el libro contiene un notable estudio de los aparatos de tratamiento
de la vid por Pablo Ferrouillat, pro•
fesor de Mecánita agrlcola de la Esc u e la nacional de Agricultura de
Grignón.
Esta obra, sin duda la más completa de cuantas hasta ahora sobre esta
materia se han publicado, forma un
tomo de 58o páginas y contiene más
de 226 grabados y 9 preciosas cromolitograflas. Véndese al precio de 10
pesetas en casa del editor, calle de
Caballeros, 1, Valencia, y en Barcelona en la libreria de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5.

LIBROS ENVlADOS AESTA RED!CClON
POR AUTORES Ó EDITORES
CLAMORES DEL OCCIDENTE, po,
D . N11111a P. Lloma, - Con este titulo ha publicado el distinguido poeta
ecuatoriano Sr. Liorna, de Lima, cua•
tro voluminosos tomos de poesias, que
son otras tantas series de los Clamo•
ns de Occidente. Titúlanse éstas &lt;Cien
sonetos nuevos,&gt; «Interrogaciones.Poemas filos6ficos ,:HHimnos, dianas
y elegías. -Poemas patrióticos y religiosos// y «De la penumbra á la luz. Poeslas amatorias y diversas.&gt; Sentimos que los limites reducidos de esta
sección no nos permitan extendernos
sobre Jo mucho bueno que contienen
las obras del Sr. Liorna, las cuales,
como sus respectivos tltulos indican,
abrazan los distintos géneros que adnüte la poesfa, tratados todos en ar·
moniosos é inspiradisimos versos, que
son poderos!simo argumento contra
los que en mal hora abogan por la
desaparición de la for ma poética. Sólo
diremos que el Sr. L iorna, miembro
correspondiente de la Real Academia
Española, ha merecido entusiastas
plácemes de los primeros poetas espa•
ñoles, como D. Gas par N úñez de Arce, D. Manuel Tamayo y Baus y ótros
de los más ilustres vates y escritores
americanos: á estos votos de calidad
unimos nuestras sinceras, aunque humildes felicitaciones.

•
••
TRATADO DE QUÍMICA BIOLÓGICA,

por Ad. Wu,tz, versión espa11ola con
adiciottes de D. Vicente Pestl JI Cerve•
ra. - Se ha publicado el cuaderno
quinto de esta importantisima obra
que edita D. Pascual Aguilar, de
Valencia. Lo que de ésta hemos dicho
en anteriores números nos releva de
hacer de ella nuevos elogios.
Suscribese al prtcio de una peseta
el cuaderno en casa del editor, calle
de caballeros, 1, Valencia y en las
principales librerfas, y en Barcelona
en la de D. Arturo Simón, Rambla
de Canaletas, 5,

•••

•••

ZARAGOZA ARTÍSTICA MONUMEN·
TAL É HJSTÓRICA, por A. JI P. Gascón de Gotor.-Los cuadernos 24 y 25
de esta interesantlsima obra últimamente publicados contienen, además
del correspondiente texto, cuatro hermosas fototipias que representan: la
bóveda del atrio de la Pabostría (ca•
tedral de La Seo), la portada del pa•
lacio de los Lunas, el relicario de la
catedral de La Seo, y Hércules vencedor de Neso (grupo romano en
bronce, propiedad de D. Pablo Gil y
Gil! .
Suscribese en Zaragoza, Contami•
na, 25, 3. ºyen las principales lihrcrias, y en Barcelona en la de D. Ar·
turo Simón, Rambla de Canaletas, 5,

COLECCIÓN DE LIBROS QUE TRA·
TAN DE AMÉRICA RAROS Ó CURIO·
sos. - Dos tomos lleva publicados la
empresa que en Madrid ha tenido la
feliz idea de reimprimir las obras de
los autores españoles de los siglos
XVI y XVI! referentes á América, cuyas primitivas ediciones pueden considerarse como perdidas por lo raros
que han llegado á ser sus ejemplares.
Son dichos tomos: la &lt;Verdadera relación de la conquista del Perú,&gt; por
Francisco de Xerez, y el eNuevo des•
cubrimiento del gran rlo de las Ama•
zonas,&gt; por el P. Cristóbal de Acuña,
y ambos están reimpresos seg(m las
ediciones originales de Sevilla 11534)
y Madrid ( 1641) respectivamente.
A éstas seguirán otras obras no me•
nos raras é interesantes.

•••

•••
L AS ENFERMEDADES DE LA VID,

por Pedro Viala; traducción de don
.Rafael /a11i11i. - Interesantísima por
muchos conceptos es la cuestión que
con su reconocida competencia estudia en esta obra el ilustre profesor de
viticultura del Instituto agronómico
de Francia M. Viala. Comprendiéndolo asl y considerando la gran.importancia que para nuestro país espe•
cialmente tiene cuanto con la producción vinícola se relaciona, el conocido editor de Valencia Sr. Aguilar
ha publicado una excelente traducción del libro, hecha por D. Rafael
Janini, distinguido ingeniero agrónomo y director de la estación de Am·
pelografía americana de Valencia,
quien no se ha limitado á verter al
castellano esa obra, sino que la ha en•

49S

¡ DESAMPARADOS!, escultura de D. l osé Montserrat (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

-

NUEVE MÚSICOS CLÁSICOS Y SEIS
ARTISTAS ESPAÑOLES, por D. )inriqtte Sdnckez Jorres - Del mismo autor del folleto &lt;Massini,&gt; de que nos
ocupamos en un número anterior, es
esh: nuevo estudio, en que con tanta
competencia como amenidad de forma se trata en breves pero substanciosos capitulos de las siguientes celebridades artlstico-musicales: Beethoven, Mozart, Haydn, Wagner, Cho•
pin, Mendelssohn,Schumann, Gluck,
Gayarre, la Cepeda, Matéu (Uetam),
Labán, Goula y Sarasate.
E l librito merece leerse y propor •
ciona grata distracción y enseñanza
por los curiosos datos que contiene y
los juicios que en él se emiteá.
Este folleto, editado por la Biblioteca Universal del filarmónico, se
vende en las principales librerias y
establecimientos de música.

CARNE HIERRO y QUINA

GARGANTA
VOZ y BOCA

PASTILLAS DE DETHAN
Recomendadas eonlra 101 Malea de la Garganta,
btlnoionea de la Vos, Innamaotonea de la

Boca, Efeotoe pernloloaoa del Merolll'lo, Iri•
taolon que produce el Tabaco, y 1pecialmente
i 101 Sñn PREDICADORES ABOGADOS,
PllOFEBOREB y ~ORES para facililar la
emiolon de la vos.-Pucio : 1~ Ruu1.
lla,tQ(r en " rotulo a tirma ,
.l.db. DETHAN, Farmaoeutloo eu PARIS

11 .Alimento mas f o ~ Ullido a los

Tónico■ mu reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS PIDICIPIOS N'tJTJUTIVOS DB U CARNE
• - ~ ~ mElla• r_ ,1111u1 Dtes años de exito continuado y las allrmactonea de
......., las euúneneiU médícu preuban que esta asoclaclon de la Clanae, el Hierre y 11
oonaUtuye el repara4or mu enerllico que se conoce para curar : la Clordlü, la
l.flétlt'4, lU J l e N t ~ doloro141, el Jlmpobreamfento y lá .A.lterac1on ae la Sangre,
el .11Jqufte11110, las .A.feal«la e,cro{lllolal '1 e1Cl)f'/nmc111, etc. El 'l'iH rerracta•" de
.&amp;na• ea, en erecto, el único que reune todo lo ~e entona y Cortalece loa organoe

•111aa

==d~1J1:iir1~~~1q~1!\~='; i:8.1~~J,:,runae ala an¡re

J'or •ror,• Paria, en wa de 1. FEW, ruaw:eatico, tot, rae Ridieliea, Sacesar 4e AROUD.
a VSMDI 1M TODil L.u P1CKCIP.u.BS BOTIQü

EXIJASE

11

:=:

1

,, ,ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
• BISJIUTBO IU.GlaSll
J

B,eomedadoe _,ra tu .u-to11e11 del llat6·
IUQO,

Falta

u

&amp;pe\lto, Dlge.Uon• labo-

rt-, &amp;oedw,V6mitoe, Ena~. y C6U-;

regular1su lú 1'1111.olon• dll J:at6mago -,

. . loalllllNlillae. ·

11111, •ti""•" • ,,., •• ,. "roo.

DZTIUK, rum-aUoo • P.t.lll8

ARDUO

PATE EPILATOIRE DUSSER

destruye b~ta lu

RAl~l9 el YILLO del rotlro de Ju damas (Barba, lllrote, eti.), c!I

IIÚlguo peligro pan el culíJ. 10 .&amp;iíos de :álllto,ymlllare, de tcaUmonioegaraallwl 11 eftea~
de eata preparaeion. (Se ,ende ea ..Jaa, pan la barba, Jea 1/2 o■J u pan el bl«olt llr,.ro), Pan
lol bruo,, empltue el PJl,J f'UIJJ¡. DUBSER, l, rue J .•J ,-Rou1aeau, Paria.

Que&lt;Wi reservados los dem:hos de propiedad artística y literaria
UIP, DI MONTANU Y SUilÓlf

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46889">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46891">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46892">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46893">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46894">
              <text>498</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46895">
              <text> Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46896">
              <text>13</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46912">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46890">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 498, Julio 13</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46897">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46898">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46899">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46900">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46901">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46902">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46903">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46904">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46905">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46906">
                <text>1891-07-13</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46907">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46908">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46909">
                <text>2011649</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46910">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46911">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46913">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46914">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46915">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="7399">
        <name>Artificios del teatro</name>
      </tag>
      <tag tagId="7306">
        <name>Emilio Castelar</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="1009">
        <name>Grecia</name>
      </tag>
      <tag tagId="7395">
        <name>León Barracand</name>
      </tag>
      <tag tagId="7348">
        <name>Química recreativa</name>
      </tag>
      <tag tagId="7396">
        <name>Sexualidad en el lenguaje</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1780" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="658">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/137/1780/Ilustracion_artistica_La._1891._Vol._10._No._499._Julio._0002011656.ocr.pdf</src>
        <authentication>ce13aab29f87c3f1a31b9d441c770e7d</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73951">
                    <text>·· itrtélC10J)

12tí~t1ea
A~o X

BARCELONA

20

DE JULIO DE 1891

NÚM. 499

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

DON ENRIQUE SERRA, retrato copia del medallón en bronce esculpido por el profesor Kopf
Dibu;ado por Julio Morelli

�LA

450

lLUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

499

de aquel invisible y traidor enemigo después de la nero, siempre esclavo de la factura elegante y hacienruda batalla, erigiéndole en ídolo de su pincel, como do gala de sus brillantes cualidades de colorista.
Serra tiene hoy treinta y un años. Nació en Barce·
Texto. - Enrique Serra, por Federico Rabola. - La Exposi- hacen esos pueblos que adoran á los monstruos te· lona el día 7 de enero de 1859. A los catorce años,
midos
para
desarmarlos
de
sus
iras
y
crueldades.
ció11 del Circulo de Bellas Artes de Madrid, por R. Balsa de la
Parece como que Serra, una vez libre de los gér· después de una infancia de privaciones y trabajos,
Vega. - La sexualidad e11 el lenguaje (conclusión), por Fernando Ara ujo. - El llanto de perlas, por Floro. - Nuestros menes destructores que minaban su existencia, con- reveló su talento en la Escuela Provincial de Bellas
grabados. - Vizcondesa (continuación), por León Barracand, servó viva é indeleble la impresión de esa siniestra Artes de esta ciudad. Todavía recuerda con fruición
con ilustraciones de Emilio Bayard.-SECCIÓN CIENTIFICA:
la carta que recibió del director de La Ilustración
Concurso de co11tadores ellctricor. Una máquina ellctrica gra• hermosura con que disfraza su mortal fiereza el doEspa11ola, remitiéndole una cantidad por unos apun·
rado
ambiente
de
la
campiña
romana.
Desde
~El
lis. El puerto cki110 m Wey-hay•wei.
Arbol Sagrado» al &lt;Hermes» y al ü.atium,» tres tes que le envió sin que se los pidieran del aspecto
Grabados.- D. Enrique Serra, retrato copia del medallón grandes creaciones de este artista, doquiera asoma del patio del Hospital de Santa Cruz, en el aciago
en bronce esculpido por el profesor Kopf. Dibujado por Julio
día de la voladura del Exprés, invitándole á conti·
Morelli. - Estudio, dibujo al lápiz de D. Enrique Serra. - el falaz brillo de esa atmósfera que se cierne sobre
Sa11 Ignacio de Loyola, cuadro de D. Enrique Serra (Expo• los terrenos de Lacio como nube putrefacta sobre el nuar dibujando para dicha publicación ilustrada. Era
sición general de Bellas Artes de Barcelona). - Estudio de desierto campo de batalla, esos vapores que llevan el primer dinero que ganaba como artista, porque hamujer sentada, dibujo al lápiz de D. Enrique Serra. -Estu- en su seno vestigios de la sangre que fertilizara aq_uel bía ganado ya mísero jornal como obrero, siendo
dio de mujer de Palestina de pie, dibujo al lápiz de D. Enriniño, y aquello le supo á grande triunfo.
que Serra. -E11 la iglesia, cuadro de D. Enrique Serra adqui- limo, polvo de las ruinas que atestiguan el pasado
Diez y nueve años tenía cuando Talarn, el primer
rido por S. A. R. la princesa Mecklenburgo. - La Vía Apia, poderío, átomos de las aras derrocadas y de las es·
protector de Fortuny, adivinando en Serra un gran
cuadro de D Enrique Serra. - Cabeza de11iflo, estudio; di- tatuas sepultas.
bujo al lápiz de D. Enrique Serra. -Mafer Dolorosa, cuadro
Enrique Serra, nacido en pobre hogar, hijo del artista, consiguió por medio de una suscripción que
de D Enrique Serra. - Cabeza de 11iflo, estudio; dibujo al lápueblo,
ha tenido dos grandes acicates en su vida: encabezó facilitar al artista una humilde pensión que
piz de D. Enrique Serra. -El anillo de desposada, cuadro de
la
necesidad
y el talento; aquélla obligándole á tra- le permitiera perfeccionar sus estudios en Roma,
D. Enrique Serra ( Exposición general de Bellas Artes de
Barcelona) - Lag1mas Po11ti11as, cuadro deD. Enrique Sena. bajar, éste forzándole á producir. íCuántos genios se realizando el ansiado sueño del joven pintor. Entre
- Fig. r. Contador de energ{a eléctrica de) profesor Elibu han esterilizado en el sensualismo del bienestar!
aquellos primeros protectores de Serra figuraban los
Thomson. • Fig. 2. Diagrama del contador. - Una máquihermanos Masriera, los Torruellas, el marqués de
Su
talento,
sin
cesar
estimulado
por
el
arte,
aguijona eléctrica grafü. - El Conde de Urge/ en poder de la gmte
de D. Fernando de Antequera, cuadro de D. José Tamburini neó su ansia de saber. Lleno de intuición, pero falto Castellbell ...
Llegó nuestro artista á Roma en el preciso mo•
de estudios, llegó á Roma. Hoy es, más que un hom( Exposición general de Bellas Artes de Bar~elona)
bre ilustrado, un erudito, gracias á sus solos esfuer· mento en que Fortuny, en el cenit de su gloria, imzos, y en verdad asombran los conocimientos que ha pulsaba la corriente artística. No pudo su.straerse Se·
ENRIQUE SERRA
llegado á adquirir con su perseverancia incesante, rra al imperio de a11J_uel artista genial y fué en sus
puesto al servicio de su cariño profundo á la gran principios fortuniano hasta la medula de los huesos.
Algunos años han transcurrido desde que tuve ciudad donde ha encontrado segunda patria. Lo que De aquella época datan su Odalisca 111uerla, el Bolín
ocasión de conocer y tratar á Enrique Serra. Había le enseñaron las ruinas, sumado á lo que ha aprendi- de Guerra, La danza de la Almea, saturados del
venido de Roma gravemente enfermo, herido por do en los libros, llevaron á su entendimiento clara orientalismo entonces en boga, exuberantes de fanuna de esas terribles perniciosas que destruyeron la idea de toda la grandeza histórica de Roma; y de esa tasía y marcados ya con el sello de propia perso·
preciosa vida de Fortuny. No he olvidado todavía percepción íntima de todas las civilizaciones que nalidad. Estos cuadros dieron gran reputación á
han tenido asiento en la ciudad de los Césares y de Serra y le valieron ser llamado el heredero de Forlos Papas, brotó su profunda admiración, en la cual tuny.
Su Arbolsagradoinicialaépoca romana de su arte
se confunden el amor al paganismo con la devoción
y es el punto de partida de una serie inimitable de
del cristiano.
Nuestro artista se ha encariñado con Roma de pinturas, inspiradas en aquella campiña romana, ane·
modo tal, que no encuentra lugar alguno que le gada por el agua de los acueductos que destrozaron
aventaje. Ha comprendido su espíritu y se siente los bárbaros y que fluyó como la sangre de abiertas
penetrado del soplo artístico que escapa de su tierra. arterias, reflejando en todos estos lienzos la tristeza
Los recuerdos que en todas partes surgen y las gran- contemplativa del artista enamorado de aquel mundo
des obras que doquiera se admiran, el predominio deshecho en ruinas.
En su Virgen de Montserrat, en su Virgen de los
dos veces ejercido sobre todo el mundo, la primera
vez con la fuerza, la segunda con la idea, llenan de náufragos, en sus Hijas de María, en la Madomza
asombro la mente del artista que se deleita en la con- de Ripo/l y en su fmís y los ni1ios se manifiesta el
templación de sus grandes obras y de sus gigantes· pintor cristiano, apartado del sombrío estilo de la
escuela española, alejado del ascetismo, tendiendo á
cas ruinas.
Enrique Serra, influído por ese medio-ambiente, ese risueño cristianismo del siglo xv,, amigo de la
propende, como es natural, á las concepciones idealis- luz, devoto de las formas armónicas y reposadas del
tas, á la expansión de la fantasía, á la espiritualiza- arte clásico.
El Artículo de fondo, El intermezzo, E pur si muo·
ción de la materia, tomando tan sólo pie de la realidad para remontarse á esos espacios luminosos don- ve, Vendedoras ro111a11as, son otros tantos cuadros
de vagan las imágenes indecisas de los recuerdos y de géneros, muestra de su inventiva, en los cuales
se aproxima á la realidad y se ciñe bastante al natu·
de los ensueños.
Es imposible contemplar los insignificantes restos ral, sin que peque nunca de vulgar ni de trivial en
de un muro, un fragmento de antiguo ídolo, los pe· sus asuntos. Su último cuadro La Vettus del Tíber,
dazos mohosos de un acueducto sin que la imagina- adquirido por Guillermo II, es su obra maestra en
ción pierda de vista la realidad para evocar las fan· esta especialidad, pudiendo asegurar que se aceren
tásticas imágenes que el sentimiento de la pasada tanto á la verdad que satisfará de fijo á los más exigrandeza resucita, sin que ese espíritu de lo que fué, gentes partidarios del realismo.
Estudio: dibujo al lápiz de D. Enrique Serra
Pocos estudios hay en Rol!la tan visitados- como
que parece errar entre las ruinas, anime todos los
objetos y les infunda ese carácter poético y melancó- el de Enrique Serra. Es la academia de los pintoaquel rostro demacrado, aquellos ojos hundidos, lico, donde se refleja el temperamento soñador exci- res jóvenes y que van por vez primera á Roma, á
aquel color terroso; en una palabra, la juventud y el tado por los recuerdos que emanan del cerebro. Por quienes presta el maestro las luces de su experiencia
genio en lucha implacable con la muerte. En su mi· esto Serra, que conoce á conciencia la historia roma· y buen gusto. El domingo por la mañana, en su her·
rada brillaba el ansia de la vida, mezclada con los na y que sabe sentir, no puede ceñirse á la mera moso taller, se dan cita buen número de artistas y
fervientes anhelos del arte; las manos pálidas y des- copia de la realidad que, en su miseria viviente literatos, con la seguridad de admirar siempre algo
carnadas mostraban el inútil gesto de asir los pince- habla al artista con misteriosas voces y se le aparee; nuevo y de oir buenas cosas sobre arte y literatura
les; sus labios amoratados lucían grata sonrisa en la llena de matices y vibraciones que nunca el indife- en la conversación que se arma entre aquellas pobres
gentes que todavía se preocupan con estas tonterías:
que se vislumbraban los bellos horizontes que abar· rente pudo vislumbrar.
Como antes insinuamos, Enrique Serra pinta á la
Serra tiene ya imitadores y aun la fortuna de que
caba el artista con su fantasía soñadora mientras tevez esos recuerdos animados de la Roma antigua y haya quien falsifique sus lienzos. Esta es la mejor
nía el cementerio delante de sus ojos.
No había cumplido Serra veinte años y nadie creía las formas ideales del arte cristiano. En sus ruinas y prueba de su potencia y originalidad. Sólo los astros
campos desolados y cenagosos, resto de la grandeza de cierta magnitud pueden permitirse el lujo de tener
que llegase á cumplirlos.
Tenía un ángel á su lado, una criatura, prodigio caída, derrama la tristeza de la muerte, 1a florescen- satélites.
Su fama ha traspasado las fronteras de la patria,
de belleza y cariño, que no se movía de la cabecera cia de la putridez, la expresión extática y suave de
de su cama, atenta á sus menores deseos, llevando la realidad velada. En sus cuadros religiosos, como y en todos los grandes mercados de arte se solicitan
con sus miradas y sus sonrisas ráfagas de alegría al en las obras de los artistas del Renacimiento, hay el sus obras, á pesar de su alejamiento de la realidad
moribundo. Aquella niña fué más tarde la amante influjo de lo clásico, una adoración á lo plástico que próxima y presente.
Hebert Spencer le da la razón en este punto. «Lo
compañera del artista, quien en todas sus obras ha envuelve lo espiritual. como de quien gusta tanto
desparramado rasgos de su hermoso rostro y vislum- del búcaro como de la esencia. Cuando traslada al útil, dice, se convierte en bello cuando ha dejado de
lienzo las imágenes del antiguo paganismo, infiltra ser útil; lo que un tiempo fué práctico se trueca en
bres de su cariñosa expresión.
La fiebre fué vencida y la juventud derrotó á la en ellas algo de su temperamento espiritualista, y en decorativo. A medida que la sociedad se organiza y
muerte. Desde las negras sombras infinitas donde sus cuadros religiosos se deja ver el enamorado del dejamos atrás las costumbres, las maneras los procomenzaba á hundirse su alma, volvió Serra á la luz, arte clásico que no sabe mirar con desprecio la for. ductos físicos y morales de una época que desaparerechazando á la 111alaria, que desde entonces, como ma y procura enlazar la gracia pagana con el espíritu ce; á medida que- el alejamiento aumenta entre las
cosas de otros tiempos y las cosas análogas que nos
enemigo prisionero, amarró á su carro de triunfo. cristiano.
Enrique Serra es infatigable en su labor, fácil son familiares, aquéllas adquieren mayor carácter
Aquella aurea mepliitica de la campiña romana, ema·
nación brillante y ponzoñosa de las paludes pon tinas, siempre y variada. Ora nos ofrece larga y pastosa poético.» En consecuencia: las cosas y los sucesos dedonde flota el espíritu de la muerte, se convirtió de pincelada en sus paisajes, ora sutil y prolija minu- masiado próximos y que nos despiertan ideas poco
contrario terrible en amigo cariñoso; la causa de do- ciosidad de miniaturista en sus tablitas, verdaderas diversas de nuestras ideas ordinarias no son de utilor y aniquilamiento se trocó en manantial de vida y obras de orfebrería; desde la seriedad del asunto re- lidad alguna para el artista.
FEDERICO RAHOLA
de gloria. No pudo tomar el artista mejor venganza ligioso va á parar al cómico tema del cuadro de gé-

NúMERO

SUMARIO

499

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

451

mejanza árboles enanos y regimientos uniformes de arbustos
geométricamente alineados y
llEl.
recortados y anémicos, no les
CIRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID
satisface. Es menester que haya
rosales entre cañas y álamos
II
blancos, recién pintaditos por
la mano de una naturaleza coHabíamos quedado en que la
quetona, suigéneris, y cipreses y
Exposición del Círculo, excepción hecha de los lienzos de
pinos muy iguales, muy compuestos, y casitas blancas al laCortina y Casimiro Sainz - verdo de arroyos cuyas orillas esdaderas obras maestras que
tán bordadas de flores ...
honrarían cualquiera ExposiLa marina ... He dicho en
ción Universal, - nada de nuevo ofrecía al estudio lo allí exotra ocasión que tenemos buenos marinos; hoy sigo pensanhibido, á pesar de las firmas de
do y diciendo lo mismo.
Jiménez Aranda, Sala, Domín•
guez, Domingo, Rico, etc.; y
Sigo pensando y dioiendo lo
que examinadas las obras plásmismo, porque este género de
ticamente, eran tan insignificanpintura se ha tomado á benefites unas y otras tan defectuocio de inventario entre nosotros, quedando relegado á los
sas, como defectuosas é insig•
aficionados y á los pintores que,
nificantes de concepto.
Discúlpanse los organizadosin condiciones para producir
res del certamen con lo de que
una obra de arte, para interpreno se ha querido hacer una Extar un motivo cualquiera de la
posición de pretensiones: y yo
vida social, de la historia, escoreplico que para ese viaje (viagieron este oficio como pudieje deplorable), no se necesitaron haber escogido cualquiera
ban las alforjas del Jurado de
otro, aprendiendo únicamente
admisión. Y además, replico y
el mecanismo, la parte del ofiafirmo por centésima vez, que
cio al alcance de sus talentos y
con ó sin pretensiones, nuesdisposiciones artísticas.
tros certámenes de Bellas ArCuatro buenos paisajistas
tes serán por algunos años
cuenta al presente la escuela esecos, reflejos no más en el fonpañola, repartidos en Italia,
do y en la forma, de las extraFrancia y España, además de
vagancias, equivocaciones, vaCasimiro, y tres marinistas, incilaciones y congojas de la escluyendo el pobre Juste. Y sin
cuela parisiense; mejor dicho,
embargo de no contar más que
de la creada por talentos llenos
con siete ú ocho pintores del
de sjrit y por marchantes de sugénero, la abundancia de paisaficiente ingenio para dictar mo•
jes y marinas es tal, que pasma.
das al gusto y al arte.
Así como el número de poetas
¿Qué concepto, qué idea,qué
buenos era más escaso que nunmotivo de mediana importanca hace un siglo, y á pesar de
cia llevaron al lienzo los pinto•
eso, los pentacrósticos y las
res que en esta Exposición figuanacreónticas invadían hasta
ran, alguno con cinco y seis cualos hogares más prosaicos, para
dros? Por allí se ve una pescadoflechar algún corazón ó felicira con el capacho á cuestas;
tar al severo papá en el día de
más allá, varios petimetres de
su santo, siendo este género de
principios del siglo, fumando;
poesía el refugio de todos los ripor el otro lado, un soldadito
madores chirles, así también
flamenco, borracho; junto á cierhoyquetan escasos andamos de
ta figurilla de labriega, en pose,
verdaderos intérpretes de la naalgunos patos bañándose en
turaleza en sus manifestaciones
una acequia; más lejos, una jomás grandiosas, el paisaje y la
ven contemplando el paisaje
marina, al igual de los pentaque se desarrolla ante sus ojos.
crósticos citados, son el refugio
Todo es lánguido, todo acusa
de todos los que quieren figudesfallecimiento del ingenio,
rar de vez en cuando en letras
ausencia de imaginación, de esde molde, siquiera sea en los
tudio, de observación psicolócatálogos de Exposiciones,
gica. El medio social, sea cual
como esta de que me ocupo;
fuere, lo desconocen nuestros
pues de no emptttiar los pinceartistas; y sin estudiar, sin comles, pasarían por este valle de
prender el valor de ese ambienlágrimas sin que de sus persote que hace al individuo, es imnas se enterase nadie.
posible representar gráficamenDecía mi querido amigo Pite ninguno de los aspectos de
cón en reciente artículo, que
la vida humana.
no debería rechazarse ninguna
Nada nuevo, mejor dicho,
pintura ó escultura por mala
nada que sea original, propio,
que fuese; estoy de acuerdo,
que acuse una personalidad,
pero creo que deberían pagar
hay en el Palacio del Retiro.
un tanto alzado por cada cuaAranda es un concienzudo didro
los paisistas y marinistas
SAN IGNACIO DE LOYOLA, cuadro de I'-' Enrique Serra (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)
bujante, un anatómico, pero un
españoles.
colorista falso, y sobre todo, un
Benlliure remitió desde Rosectario de escuela agonizante - la servilista. - Do- que figura el autor de la Batalla de Otumba se dedi- ma el busto en bronce, gran tamaño, del inolvidable
mingo exhibe una testa microscópica y amanerada can hace tiempo al estudio del paisaje. Pe;o de sus maestro Plasencia. Esculpido para ser colocado al
de color y de factura; Sala mandó una media figura cuadros puede decirse que están inspirados por los aire libre, sobre el sepulcro del autor de El mentí•
de mujer, una elegante de principios del siglo, si bucólicos del siglo pasado. No se ve en ellos - en los dero, el trazo y la ejecución revelan la mano de un
buena de color y delicada de traza, en cambio vulgar cuadros - la más ligera tendencia á impresionar con artista de primer orden. Por cierto que este busto
.
y vista hasta la saciedad. ¿Qué pintor no habrá pin- la ruda sencillez de la naturaleza, tal y como se pre- gratuitamente
modelado por Benlliure, trae á mi me-'
tado una de esas incroyables1 Nada nuevo, repito, senta á nuesn:a alma - no á nuestros ojos solamen- moria un diálogo sostenido por el pintor y el estapuede admirarse; por el contrario, creo que nos esta- te. - La sevendad de la montañosa región del Gua- tuario poco tiempo antes de que mi ilustre maestro
mos afeminando; creo que lo que se observa son dos darrama, lugar adonde suelen ir de cuando en cuan- abandonase este mundo.
tendencias acentuadamente transpirenaicas; la frivo- do nuestros paisajistas de aquí en busca de motivos
- Oye, galán, dijo una tarde Plasencia, quiero que
lidad en el asunto, tomando por modelo cocottes ó para arreglarlos y guisarlos después 'dentro de las me hagas el busto en bronce para colocarlo en mi
labriegos pour rire, y la deformidad y convencionalis- cuatro paredes del taller, es demasiado austera de- taller.
masiado grande para que puedan sentirla é inte;pre- Con una condición, contestó el autor de don
mo en el color y en la línea.
No hablemos del paisaje ni de las marinas. Sainz tarla fiel?1ente. ~~r. otro lado, acostumbrados públi- Diego L6jez de Raro, que tú hagas otro estudio al
y Juste fueron los maestros; los cuadros que quedan co y. artistas á tdtlios forestales, un paisaje abrupto, óleo de mi cabeza, para colocarlo también en mi
son liliputienses é imitadores de todo menos de la salvaJe, un lugar donde no se vea la mano destructo- taller en Roma.
verdad. Y cuent~ que pintores de mérito, entre los ra del hombre, empeñada en hacer á su imagen y se-Aceptado.
LA EXPOSICION

l

I

�LA

45 2

NúMERO 499
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO 499
sa de esa atribución? Nacla de eso. La atribución del
género á nombres de cosas sin sexo obedece á una
ley, pero esa ley es de todo punto independiente del
significado de tales nombres y se refiere tan sólo á
su estructura material; es la ley de la analogía fonética de las terminaciones. Para mejor hacer comprender esta ley, la haremos sensible ante todo refiriéndonos á lo que ocurre en castellano. Cuando en castellano queremos expresar la femineidad transformando una palabra de masculina en femenina, nos
valemos de la terminación a, y así hacemos de perro
perrA, de gato gatA, de Luis L~isA, de_ ·Ricardo Rt'cardA de maestro maestrA, de pintor pintorA; la costumb;e de ver en esta a la característica del femenino en los nombres de seres susceptibles de sexo, hace
que cuando la encontramos también en palabras expresivas de cosas sin sexo las atribuyamos, por la
analogía puramente fonética que entre unas Y. otras
existe, el género femenino: as! hacemos femenina ia

casa la cocina, la vajilla, la vela, la estopa, la esperan;a, etc., mientras hacemos masculinas las palabras
el tiempo, elespacio, el miedo, el sombrero, el vestido, etcétera., etc., porque la o es la terminación más usual de
los nombres de seres masculinos. Lo mismo pasa en
francés, sólo que en lugar de la a es la e muda final
la que caracteriza el femenino, por cuya razón se
hacen de este género la tab!e, la mesa; la plume, la pluma; la cl1aise, la silla; la téte, la caheza, etc., etcétera.
De tal modo se ha«e sentir esta ley en la analogía fonética desinencia! que, á pesar del extraordinario influjo que en las lenguas ejerce la derivación, imponiendo á las palabras de las lenguas derivadas ~¡ género que tienen en la 1eogua madre, hay ocasiones
en que la analogía fonética se sobrepone á todo, vaciando las antiguas palabras en el nuevo molde y
haciéndolas salir del mismo con el sexo metamorfoseado: así, por ejemplo, la palabrafolium al pas~r del
latín al castellano y al francés, no en su forma smgular sino en pluralfolüt, se transformó en castellano
en hoja (foja) y en francés enjenille, adoptando en
ambas lenguas el género femenino, en virtud de la
analogía fooéyica, en lugar del oeutr_o que t~ofa en
latín: así salio de un plural neutro latino un singular
femenino en francés y en castellano, como en italiano y en portugués.
Claro es que esta ley, como todas las demás leyes,
mucho más en materia de lenguaje, es no pocas
veces infringida; pero la generalidad de estas infrac-

ESTUDIO DE MUJER SENTADA,

dibujo al lápiz de D. Enrique Serra

- Cuando regrese de Roma, que será dentro de
un par de meses, pondré manos á la obra, dijo Mariano.
En efecto. Benlliure cumplió sn palabra; pero si se
descmida unos días, ni la mascarilla del eximio pintor
puede modelar.
.
Llegó á tiempo de verlo rodeado de flores y metido
en su ataúd de hierro.
Gandarias exhibe, además de un busto en mármol,
cuatro estatuitas representando los cuatro elementos.
Realmente el notable escultor no está á la altura de
su talento. Fáltale originalidad, y aun cuando están
bien modeladas, no brillan por condición saliente
alguna.
Alcoverro se presenta bajo un aspecto nuevo, y
justo es confesar que en esta fase de sus condiciones de artista se revela como escultor de sprit. Ade•
más del grupo en bronce, reproducción del que estuvo expuesto en esa Exposición, titulado Dúo, presentó un barro cocido admirable de hechura y lleno
de gracia. Representa un artista que apura una colilla y viste pobremente. Va con la caja de los colores

Camino del Pardo.
Un discípulo de Suñol exhibe un hermoso busto,
y el Sr. Galán, que asiste por vez primera á un certamen público, muéstrase buen dibujante y conocedor del manejo del palillo, prometiendo llegar, de
seguir por el buen camino que ha emprendido, adonde llegaron los buenos estatuarios.
Esto es lo más saliente de lo expuesto en la sec•
ción de escultura,

R. BALSA DE LA VEGA

LA SEXUALIDAD EN EL LENGUAJE
( Co11cl11sión)

No existe, como se ve, esa pretendida relación
entre el género de los nombres y los caracteres de
fuerza ó de gracia del significado de las palabras. Si
aun reducida nuestra investigación al estrecho campo
de una sola lengua, la francesa, por ser en ella donde
principalmente intentaba Bescherelle apoyar su teoría, encontramos desmentidas á cada paso por los hechos sus seductoras elucubraciones, ¿qué sucedería si
extendiéramos ni.iestras investigaciones á las demás
lenguas? Tropezaríamos con que el sol, por ejemplo,
masculino en las lenguas novo-latinas, es femenino
en las germánicas ( die Sonne), mientras que la luna,
femenino en aquéllas, es masculino en éstas ( der
Mond); nos encontraríamos con que en castellano el
ratón es masculino y la rata femenino, mientras en
francés sucede lo contrario, siendo femenino la souris, el ratón, y masculino le rat, la rata; veríamos que
el agua, aqua, femenino en latín, en castellano y en
francés, l'eau, es neutro en alemán, das Wasser, y en
griego, to lloop, mientras que el tiempo, le temps, es
masculino en castellano y en francés, femenino en alemán, die Zeit, y neutro en latín, tempus; como caput,
la cabeza, neutro en latín, es femenino en griego,
wp«A71, y masculino en alemán, der Kopj ¿Qué d~ducir de este cúmulo de hechos? Que no existe relación
alguna necesaria y general entre el significado y el
género de las palabras.
¿Sostendremos entonces que la atribución del gé•
nero á nombres de cosas sin sexo es meramente arbitraria? ¿Renunciaremos á averiguar cuál es la cau-

ESTUDIO DE MUJER DE PALESTINA,

de D. Enrique Serra

dibujo al lápiz

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

453

ciones tiene fácil explicación,
cabiéndonos la satisfacción de
ya en la derivación, ya en la
ser los primeros en presentar
paralización de la vida de las
la importante doctrina objeto
palabras en determinados mode estas páginas en toda su inmentos de su desarrollo, ya en
tegridad, recogiendo á la par
la influencia de la lengua erulas enseñanzas de la filosofía
dita, ya en otras muchas caudel lenguaje, los hechos descusas que sería prolijo enumerar,
biertos por los lingüistas y las
As!, por ejemplo, la influencia
leyes formuladas por los filóde la derivación explica que
logos, de cuya triple confron·
las palabras francesas college,
tación ha de brotar, como ha
miracle sean masculinas, á pebrotado en lo que precede, la
sar de terminar en e muda,
clarísima luz que ha de guiar
por derivarse de las latinas
nos en nuestra exposición.
neutras collegium, miraculum¡
El procedimiento más natuasí el influjo de los eruditos
ral y el que seguramente emdel Renacimiento explica el
pleó el hombre para marcar
género masculino de las voces
en el lenguaje la distinción
labeur, l1onneur, en contra del
sexual de los seres fué el de
movimiento de la lengua poservirse de una serie de palapular que tendía á hacer febras para designar los machos
meninas todas las palabras tery de otra enteramente distinta
minadas en eur como la doupara designar las hembras;este
leur, la peur, la terreur¡ así las
procedimiento es el que usaexigencias etimológicas explimos en castellano para distincan que la palabra francesa
guir el hombre de la mujer, el
bonheur, dicha, se aparte del
toro de la vaca, el caballo de la
género femenino de esas misyegua, como en francés se dismas voces en eur por venir del
tingue l' homme de la femme,
latín bonum augurium¡ as! las
le taureau de la vache, le cheval
leyes que rigen la composición
de la jument, etc., etc. El grade los sustantivos en alemán,
mático Estarac ha hecho la
dotando á las voces compuesobservación, tan atinada como
tas del género que tjene el úlexacta, de que frecuentementimo de sus términos compotemente los machos, las hemnentes, explica que la palabra
bras y hasta las crías de los
der Hauslzerr, el amo (de caanimales que más utilidad y
sa), sea masculina; die Hausplacer proporcionan al homfrau, el ama (de casa), femenibre llevan nombres distintos:
na, y das Rathaus, la casa de
el gallo, la gallina, los pollos¡ el
Ayuntamiento, neutra; así, en
toro, la vaca, la ternera¡ el cafin, otras diferentes causas
ballo, la yegua, el potro, etc.
explican en cada lengua el porNada más natural que este fequé de cada caso excepcional
nómeno. Así como al tratarse
que ocurre. Lejos de invalidar
de nuestros semejantes, no estodas estas infracciones la ley
tamos conformes si no les degeneral, vienen á confirmarla;
signamos individualmente con
siendo evidente que la analosu nombre propio, Luis Pérez,
gía fonética desinencial es el
Jacinto Sá,nchez, José Rodrtúnico principio capaz de exguez, obligándonos las necesiplicar la atribución de género
dades de la vida y del trato soá voces expresivas de seres sin
cial á marcar á cada individuo
sexo.
con su nombre y á inventar
Dada la necesidad de exprecon tal motivo los nombres
sar el género de los nombres,
propios, apellidos y apodos,
¿qué medios ha discurrido el
para determinar perfectamenEN LA IGLESIA, cuadro de D. Enrique Serra adquirido por S. A. R. la princesa Mecklenburgo
ingenio humano para satisfa·
te las personas á que nos refeReprodttcción del mismo tamaño que el original
cer esa necesidad? ¿Cuáles son
rimos, así también cuando quelos procedimientos empleados
remos hablar de animales dopor las lenguas para hacer sensible por medio de la casi VIrgen, lo mismo que ei que acabamos de re- mésticos, nos vemos en la precisión, por la frecuenpalabra las diversas impresiones recibidas por el es- correr. No hay gramático, lingüístico ni filólogo que cia con que tenemos que designarlos, de distinguirlos
píritu de los seres de distinto sexo? He aquí otra nueva no haya tenido, poco ó mucho, que tocar estas cues- con nombres diferentes; por eso, además de la palafase del estudio de la sexualidad en el lenguaje tan in- tiones; pero nadie que sepamos hasta ahora ha aco- bra perro, que designa á toda una especie de esos aniLeresante como curiosa. El campo es vasto y el terreno metido el estudio de conjunto de la teoría general, males, usamos las voces faldero, galgo, mastín, poden-

�454

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

co, terranova, etc., y aun siendo insuficientes estas
palabras, expresivas de ciertas variedades de la especie, llamamos á los perros de nuestras casas ó á los
de nuestros amigos con los nombres propios, Sultán,
León, Batiente, etc.; otro tanto sucede con la especie

CABEZA DE NIÑO, estudio;

los idiomas pobres. Así en castellano tenemos el águila, el buitre, la perdiz, el tigre, como en francés tienen la co/ombe, la paloma, le serpent, la serpiente, la
taupe, el topo, le merle, el mirlo. A veces también esta
designación común para ambos sexos obedece á. razones eufónicas y en ocasiones á la dificultad de distinguir el sexo de los animales, como sucede por
ejemplo en la perdiz. ¿Qué hacer en todos estos casos
cuando por cualquier circunstancia queremos determinar el género del animal de que hablamos? ¿Qué
procedimiento emplear, á qué medio acudir si no
tenemos más que una sola palabra para indicar ambos sexos? Nada más sencillo ni rudimentario: se toma la palabra significativa del sexo, se une al nombre del ser y está resuelto el problema. Así en castellano mediante las voces macho, hembra, unidas á los
nombres indicados, formamos las expresiones perdiz
macho, perdiz hembra, como en francés con los términos 1dle, feme/le, se obtiene en casos análogos el
mismo resultado, diciendo perdnx mále, perdrix ftmelle. Este procedimiento, que en nuestras lenguas
de Occidente constituye la excepción, siendo bastante reducidos los casos en que tenemos que acudir á
él, viene á ser la regla general en las lenguas monosilábicas, como el chino, annamita, siamés, tibetano
y birmán, así como en la- mayor parte de las aglutinativas, tales como el wolof, hausa, taitiano, vitiano,
soninké, etc. Así el chino, por ejemplo, de la palabra tse, que significa hi-'o en sentido general, en

dibujo al lápiz de D. Enrique Serra

caballar, cuyas variedades reciben, según los casos,
los nombres de caballo, yegua, potro, jaca, corcel, jamelgo, lzacanea, etc., llevando además cada individuo
un nombre propio dado por sus dueños, como puede
verse en las listas de las carreras de caballos; por la
misma necesidad de precisión en el lenguaje, exigida
por las circunstancias en que se halla, no se conforma
el labrador para designar á los animales de la especie
bobina que posee con los nombres de buey, toro, vaca, cabestro, ternera, sino que llama á cada uno de ellos
un nombre propio, ya tomado del color de la piel, ya
de cualquiera otra circunstancia, ya de puro capricho,
como el Negro, el Manchado, el Rabón, el Pintorro,
el Boyante, etc. ¿Qué labradora no distingue perfectamente con sus nombres los perros que guardan sus
rebaños, las reses que labran sus heredades, las gallinas que las surten de huevos y los asnos que llevan
al mercado el excedente d~ sus frutos? A esta necesidad de distinguir con la mayor precisión los seres de
la misma especie debe su origen el procedimiento
empleado para la determinación del género consistente en usar palabras distintas para designar cada
ser de sexo diferente, y á la misma necesidad es debida la invención de los nombres propios con su séquito de apellidos y el empleo de palabras distintas
para designar al mismo individuo según las relaciones de parentesco en que se encuentre; así, para no
citar más que esta última serie de vocablos, tenemos
que el mismo individuo, según los casos, es designado con los nombres de padre, ltijo, hermano, tío, sobrino, abuelo, nieto y primo en castellano, como lo es
en francés con los depere, fils, frere, onde, neveu, cousin, y en latín con los de pater, filius, frater, avunculus, nepos, y en alemán, con los de Valer, Sohn, Bruder; Oheim, etc., etc., y si de la serie masculina pasamos á la femenina, tendremos en castellano las voces madre, hija, hermana, tía, sobrina, abuela, nieta,
como en francés mere, filie, smreur, tante, como en
latín mater, filia, soror, y como en alemán Mutter,
Tocher, Schwester. Véase al mismo individuo recibiendo por sus relaciones de parentesco los nombres
más diferentes, como recibe por su profesión otros
distintos, apareciendo así en la vida social bajo mil
diversas formas según el punto de vista en que se le
considere.
No es este procedimiento, sin embargo, el único
empleado por el hombre para expresar la diferencia
sesual de los seres. Utilísimo y de general aplicación
en todas las lenguas cuando se trata del hombreó de
ciertos animales domésticos que constantemente se
están nombrando en la vida ordinaria, es de menos
aplicación para designar aquellos otros seres que, ya
por su alejamiento de nosotros, ya por la escasa uti·
lidad que para la satisfacción de nuestros gustos ó
necesidades tienen, ya por sus rarezas, nos son poco
conocidos, no habiendo gran interés en determinar
su género; el vocabulario de seres animados, rico en
expresiones cuando se trata de aquellas especies, aparece pobre en demasía al tratarse de éstas, y generalmente no poseen las lenguas, en este último caso, más
que una sola palabra para designar al macho y á la
hembra lo mismo que á sus crías con todas sus variedades de tamaño, color y formas. Esto ocurre hasta
en los idiomas más ricos, siendo más frecuente en

MATER DOLOROSA,

cuadro de D. Enrique Serra

francés 'enJant, forma las voces nan-tsé, hijo, fits, y
niú-tsé, hija,fille; así el soninké para designar al buey
dice na y para designar la vaca naiakare; así el malinké y el baubara para nombrar esos mismos animales dicen misi, buey, y misz~muso, vaca. Como se
ve por los ejemplos citados, este procedimiento rudimentario reviste tres formas: 1.ª Empleo de las
voces significativas del sexo después del sustantivo,
como en castellano: perdiz macho, perdiz hembra.
2.ª Empleo de esas mismas voces antes del sustantivo, como en chino: nan·tsé, niú-tsé. 3.ª Empleo del
sustantivo sin aditamento alguno para significar el
masculino y ¡¡gregación de la palabra equivalente á
hembra para el femenino, como en malinké: misi,
misi-muso. Desde que los estudios botánicos de los
Vaillant, Ktzltenter, f ussieu y tantos otros han hecho
evidente la existencia de sexos en las plantas, el procedimiento empleado para marcar las diferencias
sexuales de las mismas es el que acabamos de estudiar·
siendo harto frecuente tropezar, en obras técnicas'
.
con expres10nes
como la palmera macho, la palmera'
!iembra, el pino macho, el IJino hembra, flores machos
flores hembras.
Esta repetición de las palabras macho, hembra era
demasiado monótona, produciendo su uso harto des·
agradable martilleo, para que el hombre no procurase evitarlo echando mano de otros recursos en determinados casos. Las lenguas que tienen, como la
castellana, por ejemplo, una especie de palabras lla·madas artículos, cuya misión c0nsiste en determinar
la significación de los sustantivos, tomando al efecto
la librea sexual de los mismos revistiendo formas

NúMERO

499

distintas según el género de los nombres á que se
agregan, podían apelar á este medio para señalar el
género de estos nombres. Si en castellano tenemos,
por ejemplo, la palabra testzgo, que por los caprichos
del uso no tiene variación genérica, y llega el caso
de necesitarse precisar el sexo, ¿no obtendremos el
mismo resultado diciendo el teslt'go, la testigo, que
diciendo testigo macho, testigo hembra? He aquí, pues,
un tercer procedimiento, consistente, com? se ve, en
determinar el género de los nombres mediante el artículo. Las lenguas que posponen el artículo al nombre como sucede con el rumano, que para decir
ho~bre dice omu-1, y con el dialecto franco-criollo de
la isla de la Trinidad, que para decir el caballo dice
chouval-/a se valen para determinar el género en
ciertas oc~siones de la posposición del sustantivo al
artículo; las que como el sanscrito, el zend, el alemán, el francés y el castellano colocan el artículo
antes del sustantivo, determinan el género, en algunos casos mediante la anteposición del artículo al
nombre: 'e/ mártir, la mártir, der Dentsclre, die
Dentsche. Este procedimiento es el más limitado de
todos, estando en general reducido á ciertos adjetivos sustantivados que carecen por diversas causas de
expresión genérica propia.
Entre el empleo de palabras diferentes para cada
ser de diferente sexo y el empleo del mismo vocablo
para ambos sexos, cabe un término medio: introducir en el nombre típico una pequeña modificación
que sin alterar radicalmente su estructura indique la
variación del sexo. Este cuarto y último procedimiento es el más ventajoso de todos y el más comúnmente empleado en la casi totalidad de las lenguas conocidas. Marca perfectamente la distinción sexual por
sí mismo de un modo directo, aventajando en eso á
los procedimientos que necesitan acudir, ora al empleo de palabras significativas del sexo que hacen
monótono el discurso y embarazosa la expresión del
pensamiento, ora al uso de los artículos, medio supletorio y extraño al sustantivo mismo; no exige por
otra parte la invención de nuevos términos, y aventaja por este concepto al procedimiento que requiere
toda una serie de palabras para designar los seres
machos, lzombre, caballo, toro y toda otra serie enteramente distinta para designar los seres hembras,
mujer, yegua, vaca. Diferenciac;:ión sexual hecha directamente sin alteración radical de la palabra; tal
es el resultado de este delicado procedimiento de
tan sencillo mecanismo como el que más. La modificación que en la estructura del sustantivo introduce este procedimiento no se hace sin embargo del
mismo modo en todos los idiomas; unas lenguas se
valen al efecto de prefijos y otras de sufijos, unas
modifican el principio y otras el fin de las palabras.
Entre las que emplean prefijos se encuentran las
aglutinantes del sistema bantú y el japonés; así, por
ejemplo, en esta última lengua el gato, como voz indeterminaba sin acepción de género, se llama neko;
cuando se quiere designar el gato macho se dice
oneko, y cuando se desea hablar de la gata se dice
MEneko. Entre las que emplean sufijos se hallan las
lenguas indo-europeas, y en general todas las lenguas de inflexión; así decimos en castellano perro,
perra, gato, gatq; como se dice en francés, lapin, la•

CABEZA DE NIÑA, estudio; dibujo

al lápiz de D. Enrique Serra

pine, conejo, coneja, y en alemán Hi'rt, Hirtin, pastor, pastora. Estas desinencias son, como se ve, variadísimas, teniendo las de cada lengua especial explicación y origen. Así en castellano la terminación
típica del femenino es una a, que procede en general

NÚMERO

499

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

del latín; multitud de nombres femeninos acababan
en efecto, en latín en a, musa, porta, fábula, mensa,
-linistra, siendo además la a característica del feme·
nino en los adjetivos de tres terminaciones genéricas,
bonus, bona, bonum, niger, nigra, nigrum, y de aquí
que al pasar todas estas palabras al castellano, dominando la terminación a en el artículo femenino la
(del illa latino); en los demostrativos, esta (isla, ecdsta ), aquella ( eccilla); en la generalidad de los adjetivos, buena, mala, blanca, negra, y en gran número de
sustantivos, puerta, tabla, mera, resultó que esta terminación quedó asignada para caracterizar el femenino, como la o sirvió para marcar el masculino en
virtud de la evolución- fonética de los acusativos latinos en um, cuya m final desapareció en el castellana y cuya u se convirtió en o: libn,m, libro; bom,111,
bueno.
A estos cuatro procedimientos que acabamos de
enumerar, empleo de palabras distintas, oposición á
los sustantivos de las palabras expresivas del sexo,
uso del artículo y modificación de la estructura del
nombre con sus correspondientes variantes, vienen á
quedar reducidos todos los medios hasta ahora conocidos, empleados por el hombre para expresar en
su lenguaje la diferencia de los sexos en la naturaleza; con su estudio damos por terminado nuestro trabajo, no siendo nuestro objeto seguir en cada lengua
el desarrollo de tales procedimientos ni menos descender al pormenor de las particularidades que cada
id~oma ofrece en este respecto, lo cual sería impertinente en este trabajo por corresponder á la Gramática particular de cada lengua.

EX- \/OTO .

FERNANDO ARAUJO

EL LLANTO DE PERLAS

I
Estaba Currito una tarde sentado en
un peñón de una cañada de la falda de
Sierra Morena, hacia el lado de la Mancha. Se había sentado allí á la sombra
de otro peñón muy grande, situado en
una eminencia, porque aunque ya el sol
tenía menos fuerza, como el laborioso
muchacho había empezado temprano su
tarea cortando en el plantío vecino la
madera necesaria para su oficio; hallábase sudoroso
y acalorado.
Pero probablemente no sabrán ustedes quién era
Currito y voy á decirlo en las menos palabras po•
sibles.
Habrán ustedes leído ú oído decir que el rey Car- tado en la cañada á la
los III, de feliz memoria, trató de colonizar las des- sombra de un peñón,
pobladas vertientes de Sierra Morena y sus alrede- ocupado en su faena.
dores; por eso hay allí las poblaciones de la CaroliTenía á su lado alna y la Carlota. Para poblar aquellos lugares y ade- gunos pedazos de mamás para vigorizar la sangre andaluza y manchega dera y uno en la ma(un tanto flojas) por medio del cruzamiento de razas, no, en el que trabajael celoso monarca hizo venir numerosas familias de ba con un cuchillo, y
Alemania y el Tiro!, halagándolas con el reparto de dos serones gemelos,
terrenos, donación de utensilios compestres y otras en los que metía sus
Yentajas. Supuso el bueno del rey que aquellas razas utensilios de trabajo
del Norte, vigorosas y trabajadoras, transformarían para volver á su casa,
aquel suelo inculto en comarcas productivas; pero cargándolos al lomo
¡ca! no había contado con la influencia del clima y de una jaquita gallede las costumbres meridionales: á la segunda gene- ga, que pastaba alreración la sangre española _habíase sobrepuesto á la dedor de aquel sitio
extranjera, y los descendientes de los primeros colo- en completa libertad. Dibujo de D Enrique Serra
nizadores son tan españoles como todos los que te- Currito, que era muy
nemos el gusto de serlo. Sin embargo, todavía hay enamorado y algo poeta, suspendía á veces su obra
chispazos de transmisión de raza, y Currito era un para admirar la postura del sol, que iba sombreando
ejemplar. Descendía de una familia tirolesa y por eso la cañada, matizando aquellos agrestes lugares con
tenía los ojos azules como los aciános y el cabello efectos de luz sorprendentes. Tal vet pensaba á su
rubio como la espiga madura, Fuera de esto, era modo en lo que pensó Espronceda al escribir los
completamete andaluz. De mediana estatura, esbelto, siguientes versos:
airoso de movimientos y apostura y muy decidor,
¡Una mujer!
hacíase querer de las pocas personas con quienes se
Dd sol poniente al lánguido desmayo
trataba, Porque Currito era un tanto retraído y tralejos entre las nubes se evapora.
bajador de suyo, y para ganarse la subsistencia apro·
vechaba una habilidad que le había transmitido su
Y en efecto, corría entonces el mes de mayo, y
familia. Bien así como los campesinos de Tirol, ta- había nubes al Poniente teñidas de la púrpura de la
llaba en pedazos de madera figuritas, carricoches y tarde, y Currito vió, no á una mujer que se evaporaotros juguetes que vendía en los pueblos ricos de la ba, sino que venía por la senda cerca de la que esMancha y en Linares y que enviaba á Córdoba y taba sentado. Chocóle mucho vista de lejos, porque
Sevilla. Aun casi me atreveré á asegurar que las tallas su contorno no se parecía al de los campesinos hade Currito llegaban á algunos anaqueles de tiroleses bitantes de aquellos lugares, y conforme se iba
de Madrid. Era huérfano y sin familia, vivía de hués- aproximando aumentaba la sorpresa del muchacho.
ped con una vieja que tenía una cantina cerca de la
Y tenía razón para sorprenderse.
venta de Cárdenas, y se pasaba casi todo el día en
II
el campo, cortando madera y dedicado á sus trabajos de talla.
Figúrense ustedes una mujer alta, esbelta, que te,Estaba, pues, Currito, como ya se ha dicho, sen- . nía las exquisitas líneas de la estatua griega y el ma-

i

455
jestuoso aspecto de la estatua romana, con una cara
de cielo, unos ojos de diamantes verdes y una mata
de pelo que no había más que ver. Pero no fué esto
lo que más admiró á Currito, pues al fin y al cabo
mujeres admirablemente hermosas las hay en todas
partes, aunque no muchas, sino el traje que vestía
aquella rara beldad, y no por lo complicado,. sino
por lo extraño y pintoresco. Llevaba una clámide y
un faldellín de joyante y amarilla seda, unas sandalias del mismo color, y pare usted de contar, si no
se cuentan las innumerables y gruesas perlas que
brillaban en su cabello negro y suelto, como lunas
en un cielo obscuro, y como lunas desvanecidas por
la claridad de un crepúsculo matinal sobre .el vivo
color de la clámide y del faldellín.
Currito al verla llegar, embobado, se puso en pie
con inconsciente respeto, y aquella mujer (pues al
menos por su forma lo era), no bien
se aproximó al muchacho quedósele
mirando atentamente, así como también á la obra, ya casi acabada, que
aquél traía entre manos, que era la
figura de una pastora que tenía entre
sus brazos un recental.
- ¿Te ocupas en eso?, preguntó la
desconocida á Currito.
·
- Sí, señora, contestó éste algo turbado.
- Pues mira, no te das mala maña;
hay escultores que no harían tanto.
Y como viese pintada la admiración en los ojos de Currito, prosiguió
diciendo:
- ¿Supongo que no me conoces?
- No ... señora.
- ¿Has oído hablar de las hadas?
- ¿Las hadas? Ya lo
creo mi abuelo era natural
de ~n país donde dicen
que hay muchas.
- Pues yo soy la hada
Melusina.
- Para servir á usted.
- He tenido curiosidad
de ver estas regiones meridionales, que aunque
son pintorescas y de buen
sol, francamente, no valen
lo que mis bosques y mis
ríos de Germanía.
- Lo mismo decía mi
abuelo.
- Pero en fin, en todas
partes hay desgraciados á
quienes ayudar y malvados
que confundir.
- Ya lo creo, aquí encontrará usted muchos de
una y otra clase; muchos
pobres y muchos ladrones.
Y mientras decía esto, Currito miró por casualidad
los pies de la hada, y añadió:
- Tiene usted desatada una sandalia, ¿quiere usted que se la ate?
La hada alargó un pie y alzóse un poco el faldellín. ¡Vaya un pie y un tobillo que vió el _muchac~o
al atarle la cinta (no correa) de la sandalia! De fiJo
supondrán ustedes que Currito íbase enamorando
de Melusina; pues nada de eso, ningún mortal que
no esté loco aspira á coger una estrella.
- Eres muy guapo y muy servicial y quiero recompensarte, dijo la, hada. Es de creer que t~ndrás
un deseo culminante: dímele y trataré de realizarle.
El muchacho titubeaba, pero alentado por la bondadosa mirada de Melusina prorrumpió con cierta
vehemencia en las siguientes palabras:
- Pues bien, buena señora, abrigo un deseo constante, tenaz, único tal vez, que no me deja sosegar,
y es el de querer y que me quiera una mucha hermosa, buena y fiel. Estoy solo en el mundo y me
abruma mi soledad, ¿no la parece á usted que tengo
razón?
- Ya lo creo. Ese anhelo es propio de tu edad.
Pero ¿cómo siendo guapo y trabajador no has encontrado lo que deseas?
·
- No es tan fácil.
- Veamos, repuso la hada.
Sacó del seno un espejito muy niono, le puso frente al corazón de Currito y clavó los ojos en él.
- ¡Hola, hola!, exclamó después de algunos minutos de observación, aquí veo un pecadillo tuyo.
El muchacho se puso encarnado hasta las orejas.
- Has engañado y abandonado á una joven ...
- ¿A quién, á Nieves?, interrumpió Currito. Era

�·~
a!

t::a)

w
a)

.

(

'

&amp;

~

ízl

A
a)

'O

~
\

o

~

cd

::s

o

rñ
clj

z
M

8

z

o
p..
fil

clj

zp
e!,
clj

.,:¡

�LA 1LUSTRACIÓN ARTIStlCA

tan fría como su nombre, tan tonta como un topo y
tan holgazana como un sapo. Yo quiero una mujer
que sienta y que sepa expresarme lo que siente; que
trabaje, no por codicia, sino como seguridad de que
la labor ahuyenta los malos pensamientos.
- ¿Y te contentarás con eso?
- ¡Pues ya lo creo! Y seré muy feliz. Vuelvo á decir á usted que tengo ansia de cariño.
- ¿Nada más que de cariño?
-Nada más.
- Pues bien: vas á lograr tu deseo. Mientras te
limites á éste serás dichoso; pero ten en cuenta que
si no vences los malos deseos que puedan asaltarte,
acabarás mal.
- ¡Oh! No tengo ningún cuidado. Con una mujercita y ganando como gano para comer, me basta y
me sobra.
- Allá veremos. Oye lo que tienes que hacer.
- Soy todo oídos.
- Mañana temprano te vistes y te aseas bien,
pues debes saber que el amor y la gala andan un
mismo camino. Tomas esta senda por donde yo he
venido, cuando la acabes verás un molino en un
cerro ...
- Ya le he visto, pero nunca he estado en él.
- Pues vas al molino, preguntas por Mari-Paz y
le dices que te envío yo.
- Mari-Paz, Mari-Paz, no se me olvidará. Bueno, ¿y qué?
- Que ya verás.

III
Desde que Currito se había casado con MariPaz era el hombre más feliz que existía bajo la capa
del cielo. ¡Vaya una moza que se había llevado el
muy tunante! ¡Qué trenza de pelo, qué ojos de serrana, qué tez que parecía una granada madura! Y no
era esto lo mejor, sino su genio y sus cualidades.
Como mujer casera todo se lo hallaba hecho, y co·
mo compañera no la había más tierna y alegre;
siempre estaba risueña y cantadora, y á veces hacía
que Currito suspendiese su faena para bailar con ella
un vito hasta allá. Así es que él estaba embelesado
y como entontecido de felicidad. Siempre andaban
juntos como los gemelos de Siam. O él se quedaba
en casa ó ella le acompañaba al campo: en fin, que
eran dos tórtolos enamorados. No pasaba día sin que
se acordaran de la buena hada Melusina á quien debían tanta dicha y que no parecía por parte alguna.
Pero vean ustedes por dónde enreda el diablo las
cosas. Currito tuvo que ir á Linares á llevar unos
muñecos que le habían encargado, y no se sabe lo
que le pasó en aquel pueblo rico y bullanguero; pero
lo cierto es que volvió á su casa muy peneque, y en
vez de abrazar á su mujercita, como tenía de costumbre, entró dando gritos y porrazos y pidiendo la
cena. No estaba ésta aviada porque no era hora, y
con este mctivo puso á Mari-Paz de oro y azul, llamándola descuidada, holgazana y poco mujer de su
casa.
La pobre mujer, que estaba sentada á una mesita
colocando sobre un papel unas madejas de hilo,
viendo llegar á su marido en aquel estado y oyéndose tratar de aquel modo, no tuvo fuerzas para levantarse y prorrumpió á llorar amargamente. Por fin se
puso en pie, hizo la cena de prisa y corriendo, que
tomó Currito solo, prosiguiendo en sus golpes y vo·
ciferaciones hasta que se cansó y se fué á dormir la
mona.
Aquella noche fué la primera que la pobre MariPaz no durmió con su marido. Pasóla muy afligida,
se levantó temprano y fuese á la venta de Cárdenas
á buscar provisiones. Poco después se despertó Currito con mucha sed, se tiró de la cama, buscó á su
mujer, pero sólo encontró á la vieja en cuya casa
vivían, que estaba muy escandalizada de la escena
de la noche anterior. Currito tenía una vaga idea de
ésta y se paseaba algo preor.upado por todas las piezas. En uno de sus paseos se paró delante de la mesita á la que estuvo sentada Mari-Paz, y vió sobre
el papel en que ésta había colocado los ovillos de
hilo veintitantos granos blancos tirando á rubio del
tamaño de una avellana pequeña. Quedóse muy sorprendido. ¿Qué sería aquello? En este momento volvió Mari-Paz de su compra, y Currito la preguntó,
así como también á la vieja, dueña de la casa, si alguna de ellas tomaba píldoras para alguna dolencia,
pues seguramente aquellos granos parecíanse á píldoras de cristal azogado. Las dos mujeres, muy sorprendidas de la pregunta, contestaron negativamente.
Currito envolvió los misteriosos granos en un papel
y los guardó en una alacena.
Como á pesar de aquel primer desmán, quería entrañablemente á su mujer, consiguió que ésta le
perdonara á fuerza de mimos y halagos; pues Mari-

Paz desde la escena· de la chispa, había perdido su
alegre aplomo; as! es que vió con inquietud una nueva expedición de su marido á Linares, á pesar de que
éste la dijo al marcharse:
cNo tengas cuidado, monona, esas barbaridades
no se cometen dos veces.&gt;
Currito llegó á Linares, en donde conocía á mucha gente. Después de colocar sus juguetes, fué por
curiosidad á casa de un farmacéutico y le enseñó los
granos encontrados en la suya, que había llevado
consigo, preguntándole si eran cosa de botica. Examinólos detenidamente el boticario y le contestó
negativamente, añadiendo:
- Pero si esto parecen perlas, finas ó falsas.
- ¡Perlas!, exclamó Currito muy admirado.
- Seguramente. Enséñaselos á D. Cosme el platero.

IV
Currito fué á casa de éste, á quien conocía, y el
lapidario, previo un somero examen, quedóse mirando á aquél y le preguntó:
- ¿Pero muchacho, de dónde has sacado estas
perlas?
- ¿Conque son perlas?
- Y morrocotuda!l. Pocas he visto iguales.
- Pues mire usted, dijo Currito poniéndose muy
colorado porque iba á mentir, están en mi casa desde antes de la muerte de mi padre. Yo creí que no
valían nada.
- Pues valen mucho.
- ¿Y usted me las compraría?
- Ante todo soy hombre honrado, y voy á decirte
lo que te conviene. Podría comprarte cinco ó seis,
pero te aconsejo que las vendas juntas, pues as! valen más. En Córdoba quizá tampoco haya quien te
las compre; ve á Sevilla á casa de Scroop, calle de
Génova, y ali! te las tomarán en su debido precio.
- ¿Y en cuánto las tasa usted?
- En unos doce ó catorce mil reales.
Currito salió atontado de casa del platero.
V

Vendió las perlas en Sevilla, y viéndose poseedor
de trece mil reales creyó que esta cantidad era inacabable y se le subió el humo á la cabeza. Antes de
volver á su casa se detuvo en Linares, alquiló una y
mandó amueblarla: ya no se avenía á vivir en el
campo. En medio del aturdimiento que le producía
su nueva fortuna, no cesaba de cavilar en la procedencia de las perlas, y después de revolver su imaginación se la achacó á la hada Melusina, que parecía
querer bien á Mari-Paz. Volvió Currito á su casa y
anunció á su mujer y á la vieja patrona el cambio
de domicilio, noticia que ambas recibieron con notoria contrariedad. Mari-Paz no dijo nada; desde la
n_oche de la borrachera de su marido no era expansiva con él. La vieja se limitó á decir:
·
&lt;Muchacho, haces mal en marcharte. En todas
partes hay vicios, pero en el campo son menos.&gt;
Ya establecido en Linares, Currito hizo una vida
morigerada, pero perdió el gusto al trabajo, y confiado en que Melusina le haría un nuevo regalo
triunfó y gastó de lo lindo. Ibansele acabando los
fondos. La hada no daba señales de vida, y esto Je
tenía inquieto. Una noche, con motivo de haberse
retirado muy tarde y mal humorado á consecuencia
de haber perdido jugando, ambos cónyuges tuvieron
una reyerta que hizo llorar á Mari-Paz. Entonces
Currito notó una cosa extraña: estaban cenando y
las lágrimas que vertía aquélla caían sobre la mesa
é instantáneamente se convertían en perlas como las
que había vendido en Sevilla, aunque algo más pequeñas. Quedóse Currito estupefacto. ¡Su mujer lloraba perlas! Desde aquel día tuvo que sostener una
lucha constante entre su amor y su avaricia. Quería
mucho á Mari-Paz, sentía afligirla; pero cuando se
veía sin dinero, aunque remordiéndole la conciencia,
buscaba pretextos de riña y escándalo para hacer
llorar á aquélla. Cada vez las lágrimas convertidas en
perlas iban siendo más pequeñas y por consiguiente
tenían menos valor, lo cual era causa de que Currito
redoblara sus desmanes con su mujer. La pobre Mari-Paz estaba cada día más triste y una mañana amaneció ciega, No sólo no veía sino que no podía llorar, sus ojos estaban secos.
VI

NóMERO

499

NúMERO

poseía: primero las alhajillas, luego la mayor parte
de los muebles, después las ropas, y por último quedóse el matrimonio casi, casi con sólo lo puesto.
Inútil e~. decir que todos _los días andaba en aquel
desvenc1Jado hogar la manmorena. Currito tenía intervalos de compasión hacia su mujer al verla triste
y ciega, é intervalos de aversión al considerar que
no le servía para nada; pues hasta su corazón habla
perdido. Llegó la ruina total; el vicioso muchacho
dejó á Linares, en donde se había creado muchas
enemistades, y fué á refugiarse con su mujer á casa
de la buena vieja de Despeñaperros, en donde anteriormente había estado, resuelto á emprender de
nuevo su oficio. Pero ¡ca! faltábale el estímulo y
además con la bebida y los disgustos tenía el puiso
tan temblón que sólo hacía mamarrachos.
Una tarde estaba el desgraciado matrimonio sentado debajo del peñón de la cañada. Currito trabajaba poco y mal, y Mari-Paz, con la cabeza baja, ¡Dios
sa?e en lo que _estaría pensando! De súbito oyeron
ruido, y aquél v1ó venir por la senda una figura sor·
p~endente. Era la bada Melusina, toda cuajada de
diamantes, que venía en un carricoche de cristal tirado _Por dos gacelas muy pulidas. Currito quedóse
extático y avergonzado.
. La h_ada se detuvo al llegar frente á la triste pareJa, y muando al muchacho, dijo con acento severo:
&lt;Te be dado la felicidad que deseabas y la has
d~struf?º· No s~piste do~inar tus pasiones y la ProV1dcnc1a te castiga por mr mano. Abandonaste injustamente á ~ieves y n? consiento que haya una segunda víctima de tu mtemperancia. Mari-Paz recobrará la vista y será feliz.&gt;
Y mientras profería las últimas palabras Melusina asió con un movimiento rápido á la jov~n ciega,
sentóla á su lado en el carricoche, dió un grito y
ant~ de que Cur:ito ~udiera oponerse, las gaceÍas
partieron como s1 tuV1erao alas, y la mágica visión
se ~esvaneció entre las sombras del crepúsculo que
ya mvadían la cañada.
Currito aún vive de limosna y cometiendo neced~des. En las poblaciones de uno y otro lado de
Sierra Morena le llaman Currito el bobo.

LA

499

459

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

..

-~

..-

-p.=_
_ ; ...-~~
-

-

i

...
,&gt;ti!:-

Por la mañana iba al Bosque para verla pasar :í caballo y cruzarse con Chamasón que la saludaba (pág. 461)

VIZCONDESA

FLORO
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAVARD

NUESTROS GRABADOS

( CONTINUAC I ÓN )

El conde de Urgel en poder de la. gente de
D. Fernando de Antequera, cuadro de D. José
Maria Tamburini (Exposición general de Bellas Artes de
Barcelo~a¡.-: ( ... y padeció en este viaje (el viaje :í Castilla)
muchas IDJUna! y pe5:1dumbres, porque los que le llevaban eran
muy descomedidos é mhumanos, y hadan escarnio y mofa de
él, llevándole atado de pies y manos, y en los mesones y posadas le enseifaban á la gente como si llevaran un hombre vil ó
un ladró_n públi~o, y le daban de pescoz.ones, burlándose de él
q~e hu~1era tenido á g?zar de pretender el reino en competencia del 1!11'ante de Castilla, y de este modo lo afiigian sin rastro de piedad alguna y le daban mayor aflicción.)
Aunqu~ Monfar en su crónica explica as! la situación
que el arhSta_ ha tratado de representar, la critica ha creído
hallar en el (1enzo de Tamburini pequeños lunares que no ha
logrado ~xphcar satisfactoriamente. Si el conde de Urgel era
en su físico, varo~) ó afeminado, ~ifk!l es comprobarlo, y si
durante su calvar1? decayó su esplritu a la par que su organismo, puede presulDlJ'se, pero no afirmarse. Sea cual fuere la verdad, lo_ cierto ~ indudable es que el autor del cuadro que re•
produ~1'?os, pmtado expresamente para figurar en la primera
Expos1c1ón general de .Bellas Artes que se ha celebrado en
Barcelona, ha hecho lo que no han intentado la mayor!a de
su_s comp~eros, esto es, tomarse el trabajo en pensar y discurrir, es!ud1~ndo una época y un asunto por demás simpático y
de capital mterés en nuestra historia regional. El cuadro acusa
en Tamburini_cualidades !1º comunes, ya que además de ajus·
tarse por su mdumentana á la época que ha tratado de re•
presentar, obsérvanse en él bellezas muy dignas de tenerse en
cuenta.
. Cinco cuadros ha presentad~ Tamhurini en nuestra Exposición, uno de ellos, el que publicamos, de grandes dimensiones.
Rosa 111/stzca, que resulta una composición sumamente simpática y en la que el autor ha tratado de hacer alarde de su habilidad, venciendo las dificultades que le ofrecia la tonalidad•
Ocaso y Una máscara, dos bellos estudios que ofrecen un ver'.
d_ad_ero contraste Un voto 9ue sintetiza la conjunción de sentimiento y creencias, de canño y fe religiosa que se anida en el
corazón de la madre cristiana, que reconocida á las bondades
de la Providencia, muésuase humilde y reverente murmurando
una plegaria por haberse salvado su hijo querido de la dolencia
que le aquejaba, en tanto que su esposo, destacándose de la
penu~bra del templo, lleva en sus brazos al ser querido. Aqul
recom1énd~se_ el artista tal cual es, pintor por la forma, poeta
por el senllm1ento, ya que canta los más dulces afectos, aquellos que elevan y enaltecen al hombre.
Por nuestra parte y aun á riesgo de que pueda motejarse
nuestra apreciación, cr~em?S que e~te lienzo, tanto por el asunto como J?&lt;&gt;r su valor p1ctónco, debiera figurar en el número de
los escogidos para figurar en el Museo municipal de Bellas
Artes.

r

Currito no pudiendo ya proporcionarse recursos
con el llanto de su mujer, echó un genio endiablado
JABON REAL
JABON
y se dedicó al juego y á la bebida para distraerse; y
DETHRIDACE
u,;'.':;-,aria
VELOUTINE
con esto y con no tener ya ganas de trabajar la casa
fué de capa caída. Vendió en poco tiempo cuanto •-e'AMI Jlr llltrW.wi ~ tlfl la IJclutt.te la 1W J ltlllll W CIW

IVJ:OLETr-

Gilberto no observó nada: la atmósfera de calma que se respiraba allí acabó
por tranquilizarle á él mismo y su pasión hubo de inclinarse ante aquellos dos
seres que tanto se querían. El amor, por más que se diga en c?ntrari~, _no sobrevive á la esperanza; y Pedro tomaba ~l parece! ta~ por lo seno su m1S1ón de
esposo, que esta actitud impuso á su amigo y le mspuó respeto. .
.
Lo que contribuía á que su pasión se calmase era la nueva muJer que G!lberto veía en la vizcondesa de Cabro!. Nada tan conmovedor como aquella Joven
madre niña aún cuya juventud contrastaba con la seriedad de semejante situación, que se :evelaba de pronto co~o muj~r vulgar, ocup~~dose el'l; detalles
ínfimos que Gilberto hubiera juzgado 1mprop1os de su cond1c1ón. La Joven _esposa criaba á su hijo, mostrando el gracioso abandono de su estado, el ol~do
de toda coquetería, la indiferencia d~ la mujer que, ocupada tan s~lo de ~mdar
á su hijo no se imagina que las miradas de los demás puedan fi¡arse smo en
ellos. su' belleza tenía ahora algo de lánguida, de inocente confianza y no sé
qué de casto que la ponía al abrigo de todo deseo impuro. Veíase que su
alma no le pertenecía ya, que la había transmitido toda entera á las de Juana y
de Guy.
Anticipándose al porvenir, los jóvenes esposos formab~n ya proyectos sobre
aquellos niños. Blanca había resuelto ensenarles ella misma á leer; Pedro se
encargó particularmente de Guy, y proponíase hacerle adelantar en el latín.
Cierto día Blanca le recordó la promesa en presencia de Gilberto.
.
- ¡Tiempo hay para ello!, exclamó Ped~o, y además, se me ha olV1dado un
poco ... Dirígete á Gilberto, q~e es u~ sabio.
.
.
.
Por primera vez, Blanca miró al _Joven d~temdamente, fiJando los OJOS con
admiración en su cabeza cual si hubiera quendo extraer de ella cuanto suponía
que encerraba para hace~lo pasai: á la de s~ hijo.
.
. .
Pero prescindiendo de es~ c1rcunstanc1a, era. un problema av_enguar s1 G1lberto existía para Blanca y s1 ésta hacía aprecio de su p~e~e.nc1a. Apenas )legaba él, ú otro cualquiera, .~eparábase de su esposo para dmguse á sus habitaciones y reunirse con sus h1JOS.
..
La madre de Pedro, la condesa de Cabro!, ~stab~ ya tranqmhzada sobre ~u
porvenir, y fué para ella una gracia de la Prov1d,enc1a pasar al otro mu?do sm
sufrir una decepción. Murió de repen~e, cuando aun no se ha~ían ~cumplido dos
años del casamiento de Pedro. Sus OJOS se cerraron ante el.:1sueno cuadro que
le representaba un lugar feliz animado p~r dos hermosos m~os.
.
Hubiérase dicho que sólo ella era quien con su presencia mantenía la d1g•
nidad de aquella existencia y la armonía que de ella resul~aba, pues apenas
dejó de existir, y á pesar del dolor profundo que Pedro experimentó por su pérdida todo cambió insensiblemente.
E~ primer lugar, suscitáronse cuestiones entre Pedro y _su her~ano con motivo de la herencia, pues Juan de Cabro! contaba, como pnmogémto, c?n bene•
ficios que no encontró. No supo ocultar su despecho, mostróse muy violento y

y

acabó por resentir el amor propio de su hermano. No obstante, al fin hubo avenencia, y el castillo de los alrededores de Chatillón, causa de la disputa, quedó
para Pedro. Sin embargo, algún tiempo después, y á consecuencia de una grave
decisión que Pedro adoptó sin consultarle, Juan tuvo un pretexto para romper
con él definitivamente.
Tratábase de pedir su retiro como oficial: el conde veía en esta determinación
el origen de faltas de conducta que podían perjudicar á uno y á otro, y por desgracia sus temores eran harto fundados. Desde que era dueño de una gran fortuna, Pedro no podía sufrir ninguna autoridad, y por esto disgustábale la vida
militar. No quiso escuchar á su hermano, y se indispuso con él; poco le costó
obtener el consentimiento de la vizcondesa, que no veía aún más que por sus
ojos, y salieron de Versailles para establecerse en París.
La marquesa de la Fonfreyde les había cedido su palacio de la calle de Babilonia, y allí se instalaron; mientras que la anciana volvió á Mareuil, donde
vivió en adelante, ocupada en la explotación de las numerosas granjas dependientes del castillo. Hacia el fin de su vida, esta noble dama se dejó dominar
completamente por un vicio que había ocultado hasta entonces: asegurábase
que era avara. El hecho de haber despedido un intendente que la robaba, la
circunstancia de haberse encargado ella misma de la dirección de todos los
asuntos, sus exigencias y discusiones con los colonos de la finca, su empeño de
no renunciar al menor de los beneficios y la parsimonia con que vivía dieron
origen á tal rumor.
El palacio de la calle de Babilonia quedó transformado al gusto del día, y
entonces dieron principio las recepciones. Poco á. poco, la vida de Pedro y la
de Blanca, tan recogida en otro tiempo, perdió su carácter íntimo para hacerse
más pública.
Gilberto los perdió de vista algún tiempo, pues alternaban con aquella sociedad con la que él no tenía relaciones y de la cual le separaba su vida estudiosa; pero previó que la vizcondesa, la joven madre formal que había conocido,
iba á transformarse, dejándose arrastrar por el ejemplo de su esposo.
Las pocas veces que al hacer una visita por la tarde los encontró en casa, no
estaban solos; siempre había allí parientas de provincia, las condesas de Chalieu y de Preville, tías de Blanca, y la baronesa de Tertre, que lo era de Pedro.
No disfrutando de gran fortuna estas señoras sólo iban durante las primaveras á pasar algunas semanas en París y alojábanse en el palacio de la calle de
Babilonia, hallando así, á pesar de sus escasas rentas, el medio de satisfacer las
exigencias del gran mundo para el cual habían nacido. Llevaban las noticias de
su país sobre matrimor,ios, nacimientos y chismes; conocían al dedillo la genealogía de todas las familias delfinesas, y sus detalles no se agotaban nunca. Eran
mujeres de costumbres aristocráticas, fieles guardianas de las tradiciones, sumamente devotas, muy delicadas en la elección de manjares; no faltaban nunca á
las grandes ceremonias religiosas, y eran muy aficionadas á oír los sermones de

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

predicadores notables; revolvíanlo todo en el palacio, é imponían sus preferencias al cocinero. En cambio mostrábanse muy atentas con Pedro de Cabrol, que
durante sus ausencias encargábales que distrajesen á su esposa.
Pedro, en efecto, salía mucho: al cabo de dos años de matrimonio adoptaba
otra vez su vida de soltero en el punto mismo en que había renunciado á ella;
pero esta vez con todo lo que podían agregar á sus aficiones la libre disposición
de bienes inmensos, la independencia de una vida ociosa y la falta de ese ascendiente maternal que hasta entonces había moderado su conducta.
Gilberto supo muy pronto á qué atenerse sobre el particular. En algunas comidas á que fué invitado, después de los postres y en la intimidad de las confidencias de unos y otros, las indiscreciones de Charnasón y de varios amigos le
pusieron al corriente de las locuras de Pedro. Un nombre sobre todo sonaba
con frecuencia, el de miss Bagatel, que no se pronunciaba nunca sin que se cruzaran sonrisas y alguna guiñada maliciosa.
¿Sospechaba algo la vizcondesa? Difícil hubiera sido saberlo, porque en aquella época hallábase ya demasiado atareada por las continuas ocupaciones propias de una mujer del gran mundo para que tuviese tiempo de vigilar á su es•
poso ni siquiera de pensar en él.
Apenas le quedaba un momento para ver á sus hijos: éstos eran llevados á su
presencia á una hora fija, los abrazaba, asegurábase de que disfrutaban de buena salud, confiábalos después al aya, y asunto concluído para todo el día. Su
coche la esperaba: las carreras, las visitas, las ventas para la Beneficiencia, las
consultas con la modista, el tocador; .todas estas ocupaciones diarias e_xigían
mucho tiempo, y la vizcondesa ya no se pertenecía.
En poco tiempo, pues, verificóse una transformación completa, y Gilberto
pudo persuadirse de que la mujer es lo que quiere el marido, frívola ó formal,
según sea el carácter de éste. Blanca había aceptado como cosa natural la primera existencia aplicada y grave que se la impuso; y ahora, con la misma naturalidad, lanzábase en aquella vida agitada, sin faltar á ninguna de las reuniones
donde debía encontrar á las personas que hadan la misma vida que ella.
Y ante todos estos cambios, Gilberto sentía que él también se transformaba.
Aquel amor que él había procurado dominar, su pasión calmada, todo parecía despertarse bruscamente y con más energía que nunca. Si Blanca de Cabro!
abandonaba su hogar y se lanzaba á los placeres, si su esposo no sentía ya amor
hacia ella, si el lazo que los unía no era el vínculo tres veces sagrado que él había creído, ¿por qué imponerse el sacrificio de no amarla?
¿Qué deseaba, sin embargo?... ¿Declararle su amor? ¡Bien sabía que esto era
imposible, porque no podía hacer traición á Pedro! ¡La esposa de su amigo era
para él sagrada!. .. No, no era esto lo que deseaba; pero quería sí seguirla, vivir
al menos como ella y tomar parte en sus placeres. No necesitaba jurar que ella
no conocería nunca sus sentimientos; pero á pesar de ello se hizo á sí mismo
este juramento.
Y desde entonces, á fin de verla más á menudo, comenzó á buscar las invitaciones con tanto empeño como el que antes puso en evitarlas, y frecuentó todas
las reunionP.s á que Blanca asistía. No le fué difícil conseguirlo, pues aquella no
era la sociedad quisquillosa y un poco austera que conoció en casa de la mar•
quesa de la Fonfreyde y de la condesa de Cabro), sino gente más acomodaticia;
distinguida, eso sí, pero ante todo amiga de los placeres. Por eso Gilberto pudo
deslizarse en ella inadvertido y perderse en aquella brillante multitud, de la que
formaban parte las principales bellezas, las reinas de la moda, cuyos nombres
y la descripción de cuyos tocados llenaban al día siguiente de cada baile las
columnas de las crónicas periodísticas. El nombre de la vizcondesa de Cabro!,
citado sin cesar, era uno de los que naturalmente, casi diremos por derecho propio, acudía á la pluma del periodista. La entrada de Blanca en los salones producía siempre sensación.
La primera vez que Gilberto volvió á verla en una de aquellas reuniones, adelantándose orgullosa con sus galas y sus hombros desnudos, experimentó cierto
asombro: su juventud se había desarrollado, y todas las gracias, todo el fuego
de la vida revelábanse en sus ojos y en su sonrisa.
Andaba majestuosamente y llevaba erguida la cabeza que una magnífica y
sinuosa línea de la nuca, perdida entre la mata de su hermoso pelo negro, destacaba sobre sus esculturales espaldas. Aquella cabeza, siempre pequeña resultaba de este modo mejor asentada para realzar el perfecto dibujo de las facciones, el suave óvalo del rostro, el delicado carmín de las mejillas, y aquella frente
estrecha y lisa coronada de espesas trenzas en las que parecían agitarse las aguas
de los diamantes. La amplitud de sus bellos ademanes deslizábase á lo largo de
sus brazos blancos como el marfil y correctamente redondeados en el codo, en
los cuales buscaba Gilberto cándidamente el rasguño que en otro tiempo viera
en ellos: ya no le vió; había desaparecido, sin duda con la misma facilidad con
que se borró en la memoria de la hermosa el recuerdo de aquel día de su infancia. Su talle, algo más grueso y firme, era el talle de mujer honrada, no de
aquellos que, redondos y flexibles como una caña, parecen prestar su curvatura
á la opresión de ajenos brazos. En este conjunto, Gilberto adivinó todas las
dificultades é imposibilidades de una victoria, la dureza de una armadura impenetrable. Las miradas del joven fijábanse con admiración en las ondulaciones
del corsé, y en las blan€uras satinadas que el escote del vestido dejaba ver en
parle, y que eran indicio de una salud robusta y sana. En este punto, Gilberto
experimentó una impresión dolorosa: el mundo tiene sus convenciones, y da
poca importancia á la multiplicidad de los tesoros que se ostentan; pero él, que
no pertenecía á la misma sociedad, que no veía sino á Blanca, sin hacer aprecio
de las demás mujeres, y que la había elevado á tanta altura en su pensamiento
fuera de toda comparación, no podía ver aquello sin pesar. Y por muchas veces
que. la viera después, mostrando aquellos brazos y hombros desnudos, no le fué
pos~ble hablarla sin sentir emoción y angustia, ni persuadirse de que fuera una
muJer como las demás, modelada en el mismo limo.
·
Blanca bailaba poco, y hallábase continuamente rodeada de sus amigos, distinguiénd~se entre ellos Charnasón, que la seguía por todas partes, y aunque á
veces se distraía aquí y allí acababa por volver siempre á su lado.
Charnasón abusaba de un vago parentesco y de su antigua amistad con Pedro
para mostrarse muy familiar; y la vizcondesa, sin ofenderse por ello, sonreía al
ver las excentricidades á que le llevaba su tolerancia. En cuanto á Pedro, no
veía mal en nada ... Aburríase en aquellos bailes, y desaparecía á veces para no
volver hasta que tocaban á su término.
- Blanquita no se divierte, decía á cualquiera de sus amigos íntimos: déle
usted un poco de conversación mientras yo me escabullo ...
Y en efecto se iba. El casino, el juego y miss Bagatel le esperaban,

NúMERO

499

Cierto día, en que por casualidad rara ningún adorador asediaba á Blanca,
Gilberto se halló solo á su lado.
- Supongo que no olvidará usted mi invi~ación, señor Maujeán, díjole la vizcondesa; mi baile será muy lucido y cuento con mucha gente ...
Al decir esto, Blanca se abanicaba, y del aire que producía desprendíanse las
emanaciones de un ligero perfume que sin duda embriagó á Gilberto, pues olvidóse de sí mismo. Se había prometido no revelar nunca su amor; pero tal vez
no le había disgustado que ella adivinase sus sentimientos. Por eso conte~tó con
un tono cariñoso, que velaba la seriedad de sus palabras:
- ¿Cómo olvidarlo? ... Yo no olvido nada de cuanto á usted se refiere.
Blanca se volvió al oir esto para mirar con atención al joven.
- ¡Ah!, exclamó, ¿también usted gasta cumplidos? ... Le creía á U$ted más
formal.
La respuesta no inmutó á Gilberto, quien se consideraba feliz por tener aquella oportunidad de explicarse.
- Pues bien, repuso, se ha engañado usted. Yo soy muy frívolo, muy ligero,
casi un niño, tanto que me complazco en evocar los recuerdos de mi infancia.
¡Ah! Ahora me acude uno á mi memoria .. , ¿Tiene usted presente el día en que
la vi por primera vez?
-Ciertamente.
-Fué en ...
- En Mareuil.
- ¿Qué sucedió aquel día?
Blanca no pudo recordarlo, y entonces Gilberto se lo refirió punto por punto,
tratando de hacerle comprender, por el interés que daba á todos sus detalles,
la dulce impresión que produjo en lo más hondo de su alma. Lo que hacía
era infame, y de ello se reprendía interiormente; pero el castigo no tardó en
llegar.
- ¡Qué memoria!, exclamó la vizcondesa; pero no es de extrañar en un sabio ... Las gacelas murieron el invierno pasado. Ha sido lástima ... ¿Ha elegido
usted traje? Le advierto que no admito el de sociedad.
Blanca, pues, no había afortunadamente comprendido el sentido de las palabras pronunciadas por el joven: la conversación tomaba otro giro, y Gilberto no
la cambió, declarando que no se había ocupado aún de su disfraz.
- Pues yo estoy en duda, repuso Blanca. Charnasón me dice que debo vestir á la española ... ya sabe usted, con media calada y falda corta ... Estaré muy
bien.
La vizcondesa quiso también aconsejar á Gilberto.
- Usted es rubio ... el negro le sentará á usted perfectamente ... Vestido de
terciopelo de este color parecerá un señor venecian&amp; ... Créame usted.
La multitud volvía hacia ellos, y Charnasón se adelantó presuroso.
- ¡Cómo .. , sola!, exclamó. Si yo hubiese sabido... ·
-Sola no ... replicó la vizcondesa; hablaba con el señor Maujeán ... ¡Oh ...
y de cosas muy graves! ...
Y así diciendo desapareció del brazo del recién llegado.
A pesar de la impertinencia del vizconde, que al parecer no hada aprecio de
él, Gilberto conlinuó siguiendo á la vizcondesa en las reuniones; y buena paciencia necesitaba para escuchar lo que se veía obligado á oir. En cuanto á Pedro, se mantenía impasible y por nada se indignaba; observaba sin el menor
enojo la asiduidad comprometedora y las extravagancias de Charnasón y las declaraciones embozadas que hacían á su esposa los aduladores que continuamente
giraban á su alrededor. Por más que no manifestase preferencia á ninguno, Gilberto comprendía que estaba menos adelantado que los demás; inútil era que
se mezclase entre ellos, haciendo lo que hadan, pues era evidente que Blanca
rehusaba aceptarle bajo el mismo pie, dejándose llevar, tal vez sin darse cuenta
de ello, de no sé qué preocupación de inferioridad social. Hasta hubiérase dicho
que le causaba extrañeza ver entre aquella sociedad, amante de los placeres, un
hombre estudioso. El mismo carácter formal de su Gilberto la molestaba, y no
comprendía que el joven deseara aturdirse como ella, cediendo á la embriaguez
de la juventud, confundiéndose con todos aquellos jóvenes locos que le hacían
la corte.
- Está usted alegre, díjole una noche la vizcondesa; supongo que se divierte ...
Y tomando una expresión más grave, añadió:
- Sin duda me compadece usted, no comprendiendo nuestras locuras.
-¿Porqué?
- Porque es usted superior á ellas.
·
Gilberto declaró que le agradaba mucho la sociedad, y que le parecía natural
que todos se divirtieran en ella.
- Pues entonces, repuso Blanca, no es usted como yo, que me aburro
siempre.
- Pues ¿por qué no se queda usted en su casa?, preguntó Gilberto.
- ¿Es acaso posible? ¿No he de hacer como todo el mundo? ¿No he de seguir
á Pedro?
- Si yo fuera de éste ...
Gilberto se interrumpió, atemorizado de lo que iba á decir; pero la vizcondesa le animó.
- ¿Si usted fuera de él?
- Sí; en su lugar, yo saldría poco. Cuando se ama, los días son demasiado
breves y no queda tiempo para aburrirse; y cuando aquella á quien se ama es
una mujer como usted ...
Gilberto se detuvo, temiendo ofender á Blanca. ¿Con qué derecho penetraba
así en su intimidad, sustituyéndose en cierto modo á su marido? ... Pero hay
que creer que ya estaba acostumbrada á semejantes atrevimientos; poco á poco
perdía esa reserva de la mujer que no tolera que se traten delante de ella las
cuestiones de amor, y que se guarda de dar su parecer sobre asunto tan delicado; y después de permanecer un instante silenciosa, con la vista baja, contestó al fin:
- Veo, dijo, que usted sueña novelas entre Pedro y yo; pero debe advertir
que nos conocemos desde la infancia. Eso de que usted habla, esa ternura apasionada no podía existir entre nosotros; y tal vez no debía nadie casarse en tales
condiciones ... No ... ¡Oh! No me quejo, pues Pedro tiene un corazón generoso,
aunque su carácter es algo débil tal vez ... En todo cuanto hace, su intención
no es afligirme ... y yo le perdono. Somos buenos amigos, muy indulgentes uno
con otro ... y hasta creo que jamás fuimos otra cosa.
Aquí se interrumpió para reirse.

NúMERO

LA

499

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

_ ¡Sin echarlo de ver, prosiguió, estoy contándoselo á usted todo, señor ~tu•
jeán!, y yo misma me admiro de ello ... Será sin duda porque no se_parec7 os
otros y es más formal... Por otra p~rte, le considero como el me1or amigo de
Pedro, un amigo leal... de lo contrano...
.
.
y haciendo un pequeño ademán de amenaza cómica, se aleJÓ,
.
Gilberto sabía ya para lo sucesivo más de lo que hubiera deseado. Era evidente que no se amaban, y tal vez no se habían amado nunca. Blanca conocía
ya, al menos en parte, la conducta de su esposo; más aún, le_ per~ona~a. La
moral fácil de aquel mundo de placeres en que la vizcondesa vivía, msp~rábale
esa tolerancia impidiendo que se escandalizase; y por su parte, creíase libre~ ó
por lo meno~, así se deducía de lo qu~ h~bía _dicho. Alg~n día nacería una inclinación si no había nacido ya; una mchnac1ón más viva que la que parecía
arrastrar á Blanca en aquel momento hacia el vizconde de ~h~rnasón, hombre
desagradable y nulo. ¿Tendría la vizcondesa bastante dom1mo so~re sí, en la
continua embriaguez de aquellas fiestas, para resistir siempre? ¡Y Gilberto vería

~71, ~---;,. ·
\

,

~J-/,

'

' .
/y ~"'

(,, ,

¡

•

~;'

~~·-11.'.'J /,

,...i.

' :r. .

'-l~

;$..\'1t.~•,
;.:;_~"
~

~

1/
"1/

z ,,- 1

/

J
'

., , .~~

,½.,~.
~~

461

_ ¡Alégrese usted, le dijo, s~ñor_de _Maujeán!
y haciendo alusión á su traJe, anad1ó:
_ Esta noche se halla usted en la _Yenec!a de las fiestas ... Creeríase que
pertenece usted al consejo de los Diez. ¿Piensa usted condenar á alguno á
muerte?
y cogióle del brazo para dar una vuelta con él.
Un momento después acercáronse al conde de Bagrassand, y Blanca letet"
suró por la sencillez de su d_omin6 negro, que era como una mancha en e a e·
gre conjunto de los demás disfraces.
.
_ No se le ha de vituperar por eso, dijo la vizcondesa cuando ~e aleJaba, pues
apenas ha terminado el luto ... y hasta me extraña que haya vemdo.
_ ¿Por quién vestía luto?
_ ¡Cómo! ¿No lo sabe usted? Su joven esposa murió, y ha quedado solo con
una niña.
.
dó d
1
A poco vieron á Charnasón, vestido de arlequín,. con su espa . n e pa o Y
haciendo piruetas en medio de un grupo que admuaba sus cabnol~s. B_lanca
obligó á Gilberto á detenerse, y mantúvose á cierta distancia, muy d1yertida al
arecer é interesada en el espectáculo, que contemplaba con la sonnsa en l_os
labios. Gilberto volvió á ver aquel diente que se enc~rvaba de u°:a ~anera smular y parecía alterar la hermosura sin tacha de la vizcondesa, é 1mtado por 1~
~tendón que ésta fijaba en otro, deducía de aquel defecto no sé qué p~o~ósticos é inducciones, como de una ~clinación pernici?sa, una mancha ?ngmal Y
secreta, fácil de manifestarse é inclinar á Blanca h~c1a el ~al. Aquel diente que
había crecido de través, parecíale entonces una senal fatídica.
- ¡Qué loco es ese Charnasón!, exclamó Blanca.
.
Pronunció estas palabras sonriénd~se, con ese_ tono de indulgencia que se
tiene para aquellos á quienes se está dispuesto á disp~nsarlo todo. . . .
Entonces Gilberto no pudo contenerse más, y olv:idó sus propósitos, sm recordar ya el juramento que se h~bía hec~o de ca~lar siempre y ~espetar á _la mujer de Pedro, diio ~º? ~cento tnste y mirando fiJamente á la VIZcondesa.
- ¡Cuánto le mv1d1ó.
. .
.
.
·¡
Blanca, un momento turbada y entnstec1da también, observó á G1lberto s1 enciosamente.
¡
_ ¡Ah!, exclamó al fin, también u~ted pierde la cabeza ... ¡Usted, tan forma Y
tan juicioso! ... Será cosa de renunciar á la razón.
.
.
.
La vizcondesa se alejó con Gilberto; p~recía_ reflexionar, .Y hub1é~ase dicho
que deseaba decirle algo; pero casi en el mismo instante, vanos convidados l?s
detuvieron, dando broma á Gi~berto sobre su egoísmo al acaparar así á la v1z•
condesa, y entonces Blanc~ deJÓ su brazo.
.
.
Maujeán volvió á su sitio, descontento ~e sí, y funoso por aquella explosión
de celos, que equivalía á todas las declaraciones.
.
.
Precisamente llegó allí cuando Charnasón se vanagI01:aba de que la VIZCOndesa vistiese el traje que él le indicara, y llamaba la atención de los que le oían

---'-

Apenas le quedaba un momento para verá sus hijos (pág. 46o}

aque1 des¡.iz, él, que la adoraba hacía tanto tiempo, y que la amaba como ella
se lo merecía! ¡Ah! Era cosa de volverse loco.
·
vez más· ¿qué deseaba, qué pretendía, puesto que le
Una
tará
Pero se pregun
·
.
· 'ó á
· ? p
estaba vedado declararse y no le era posible_ hacer ti:a1c1 n_ un amigo ... . ues
. ¡quera
¡ salvara...
l
sí, salvarla á ella ID1Sma ... 1mped1r que
bien·
, perteneciese á
·
debía ser para él! Esta conducta le parec1a muy generosa, y
otro' puesto íque no 'dente que su razón desvana
· ba, como ¡a de todos aque11os
al pensar
as era . evi .
CU}'ª situación es mextncable.
d' l l'b
·
d G'lberto
cambiaron cada vez más: el estu 10, os I ros, su
1
Las afic1ones e· llegaron
•
b
á ser para él odiosos; en su ca eza hacíase e¡ vabªJº
despachoándola
Y el tratan
sólo un pensamiento: la preocupac1'ón consta nte, á to.das
cío, ocupl dí d
be dónde estaba Blanca de Cabro!, qué hada y con qmén
horas de a, e sa rñana iba al bosque para ver¡a pasar á caba11o y cruzarse
se hallaba. Por 1a ma saludaba• y por la noche, siempre
·
veía en su paIco 1a
la
Ó
con Charnas
' aspecto de sufic1enc1a.
. . p or más a1ardes que
• ¡ n,d que
l · conde con su
figura msu sa e v1z. ·naba, Gilberto que aún no había obtem'do nmgun
. , f;avor:
éste hac¡a harto adivi
.
'ó
l
· ada , que no tiene la misma expres1
n. para e que espera
esto !&gt;e lee' en 1a mir
.
"do·
pero
Mau1'eán
presentía
al
mismo
tiempo
que en aqued
. .
.
11
d'
1 .
que para el agra ec1 ,
· d fiebre de continuas exc1tac1ones, sm. que e a ~u ~ese prever o, sm
lla vidal e
Y a casualidad cualquiera cucunstanc1a mesperada ó una
querer o tampoco, un
.'
.
d · 0día perderla para siempre.
impru enoi~ P
ecentaba con esta tortura, tomando fuerzas en el pensay su pas1 6n se acr
.
E
í
·
.
•
d
lla caída que presentía siempre. sto pon a ante sus OJOS
miento
mismo
e
aque
•
¡·
·
í
á
f:
.
f á ·.
sus celos inventaban de 1c1as que ven an pro anar 1a
imágenes ant sticas, hy c·a
Blanca enardeciendo sus sentidos. Su odio á Char· que
pureza de su ternura a 1 ía verle• ni encontrarse frente á frente con él sm
nasón redobl·aba;d ya ·no Pºd
61
·
á
le fuera preciso ormnarse, esforzándose para contener su c era, siempre punto de estallar. 116
·
desa ¡e había mv1
· 'tado, y que ap1a¡ baile á que la v1zcon
y al fin esta en e a acabó por tener en las preocupaciones públicas una
~ado de s~mana en _semlanN,o se hablaba más que de aquella fiesta; los diarios se
importancia excepciona •
d 1
d I rumores sobre el asunto, y no era uno e os menores
hac~an eco ?e to os ~s cómo el ran nombre de Cabro! servía de asunto para
enoJ0S de Gilberto ve
g • 'dad de los escándalos eon otros nom1as gaceti'llas, mezclándose en 1a prom1scUJ
él t ba acostumbrado á respetar y á mirar
bres de mala nota. Todo cuanto
es ª
degradábase sin el menor reparo.
b
·n·a de seda amarilla adornada de
Bl
t b
cantadora con su asqm
anca es a a en
nada único adorno de su cabello, realzaba el grablonda
negra·
cardel traje
• parecía reJuvenecer
•
á Blanca, comumc
· án.
.
, una rosa. en
nto
cioso peinado, Y e1 conJu
. 'd d C O ama de casa obligada á sembrar
a • om
'
do1e más encantos Y mayor •v1vac1
d
á t os risueña provocativa y un poco
la animación á su alrededor, iba e unos O r •
•

/

✓

-:

-

¡11/'r"' .
Y alegre como si nada hubiese o~urrido, entregado al placer perdi6se en la multitud.

sobre la gracia con que le llevaba y el donaire de sus movimientos, que hacían
ondular la falda. Y el vizconde no se valía de reticencias, sino que llamaba las
cosas por su nombre.
- ¡Pero miren ustedes á Blanquita! ¡No se puede ser más española!. ..
Charnasón daba á Blanca el mismo nombre cariñoso con que la nombraba
su esposo en su trato íntimo; á cada momento, Blanquita por a9uí, Blanquita
por allá; todos se reían á su alrededor, y así comprometía á la vizcondesa á su
antojo.
- ¡Imbécil!, exclamó Gilberto.
La palabra se le escapó; mas apenas la hubo pronunciado, vió el estupor que
· producía en todos los que allí estaban.
..
- ¡Está bien, señor Maujeán! ... Ya nos veremos, d1JO Charnasón..
y alegre como si nada hubiese ocurrido, entregado al placer, perd16se en la
locu_az.
d' 1 1 esto I y entristecíase á la vez ante aquella alegría sin
G1lberto se atur 1a a ve
obtuvo una parte de sus son- multitud.
freno. Jamás había visto á Blanca tan hermosa, Y d' • '6 á él
( Co11ti1111ará)
.
.
.
á
lo
del
sal
6
n
y mgt se
•
nsas. La Vlzcondesa le VI6 en un ngu

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ocuparemos en un punto especial que constituye un
SECCIÓN CIENTÍFICA
perfeccionamiento importante introducido en el anteriormente conocido. En el de M. Aron la princiCONCURSO DE CONTADORES ELÉCTRICOS
pal dificultad que hubo de vencerse estaba en la falta
de
un sincronismo perfecto de los dos péndulos que
LOS APARATOS PREMIADOS
daba un registro positivo ó negativo aun cuando el
A consecuencia del desarrollo adquirido por las es- abonado no consumiera energía alguna. En el aparataciones centrales de distribución de energía eléctrica to presentado al concurso referido, este inconvenien•
y de la necesidad cada día más urgente de un conta- te realmente grave ha sido hábilmente salvado por
dor práctico destinado á medir la energía facilitada medio de un ingenioso artificio, que consiste en unir
á los consumidores, la ciudad de París abrió un con- los dos péndulos oscilantes por medio de un hilo no
en tensión que sostiene en su centro un
pequeño peso de un gramo. En tales
condiciones el sincronismo de los péndulos se mantiene indefinidamente de
una manera absoluta con tal de que haya sido una vez regulado de una manera
suficiente por un ajuste previo de la longitud de aquéllos.
Es indudable que el sincronismo así
obtenido se mantiene aun cuando sea
muy débil la potencia eléctrica proporcionada al circuito y que el contador
nada integra por ese débil gasto; pero la
experiencia ha demostrado que la acción
perturbadora del pequeño peso sincronizador no ejerce influencia sensible sobre la constante del aparato cuando la
potencia eléctrica á integrar alcanza una
doscientava parte de la potencia máxima del contador, es decir, 10 wats, por
ejemplo, para un contador de 2.000.
Contador Thomson. - El aparato del
profesor Elihu Thomson pertenece á la
clase de los contadores-motores: consiste, en principio, en un motor eléctrico
cuya velocidad angular es en cada instante proporcional á la potencia suministrada al circuito que sirve.
En
estas condiciones un simFig. 1. - Contador de energía eléctrica del profesor Elihu Thomson
ple contador de vueltas arrastrado por el árbol del motor
curso poniendo á la disposición de la comisión téc- eléctrico integra la energía eléctrica suminica encargada de juzgar los aparatos que se presen- nistrada y permite determinarla en cada
taran la cantidad de 20.000 pesetas que habrían de momento entre dos épocas dadas por didistribuirse entre los expositores. Al primer concurso ferencia de las lecturas hechas en los cuano se presentó aparato alguno que satisficiera todas drantes en las dos referidas épocas. Aunlas condiciones del programa, por lo que la comisión que esta idea haya sido á menudo emitisólo pudo distribuir 7.ooo pesetas á modo de estímu- da y hasta varias veces haya recibido un
lo, reservando las restantes 13. ooo para un segundo principio de realización práctica, esta es
concurso, el cual ha terminado hace poco y cuyos la primera vez en que el problema se ha
resultados han sido por demás notables.
resuelto por medios tan sencillos, aliando
De los aparatos que han merecido ser premiados, de una manera tan completa las indicavamos á describir los dos contadores que se han re- ciones de la teoría con las exigencias de
partido ex equo y por orden alfabético el premio de la práctica.
10.000 pesetas concedido, según rezaba el programa,
El aparato representado en altura en
al inventor que presentase un contador que nada de- la fig. 1 y esquemáticamente en la fig. 2,
jara que desear y que fuese aplicable á las corrientes consta de tres partes esenciales: un motor
alternativas lo mismo que á las continuas: tales son electro-dinámico, un freno electro-magnélos contadores de energía eléctrica de M. Aron, de tico y un contador del número de vueltas
Berlín, y de M. Elihu Thomson de Lynn (Massacu- efectuadas por el árbol que lleva el motor
sets). Otros aparatos, los de M. Frager y el de M. Ma- y el freno.
rés, han valido á sus inventores los tres premios de
El motor está constituido por un siste1.000 pesetas que completaban las 13-000 de que la ma ~nduc~or por e~ cual pasa la corriente principal, y
comisión disponía.
un mduc1do de hilo fino montado en derivación soContador Aron. - El aparato de M. Aron es un bre las bornas de la canalización, pero intercalando
contador de energía eléctrica á integración continua en él una resistencia apropiada al potencial de distrifundada en la diferencia de marcha de dos péndulos, bución, de tal suerte que la intensidad de la corriente
aparato ya conocido y del que, por lo tanto, sólo nos que atraviesa esta derivación no pase de una décima
de ampere. ~n es~as condiciones de montaje, si llamamos I la mtensidad de la corriente que atraviesa
los inductores y e la diferencia de potencial mantenida entre las bornas del hilo fino, ejércese entre el
carrete móvil y los inductores fijos un par motor proporcional á e I, es decir, proporcional á la potencia
eléctrica á integrar en función del tiempo. El par resistente está producido por la rotación de un disco
pla:10 D dispuesto en la parte inferior del árbol motor entre tres imanes. La rotación del disco desarrolla en éste corrientes de inducción y lo convierten en
una especie de generador eléctrico que trabaja sobre
sí mismo á modo de circuito cerrado y que obra como freno. Siendo la potencia así absorbida proporcional á la velocidad angular del disco, habrá equilibrio dinámico cuando el par motor será igual al par
de resistencia, es decir, cuando la velocidad angular
del disco será proporcional al par motor y por ende
o
á la potencia e I.
El contador de vueltas, que nana de particular
ofrece, está directamente gobernado por un tornillo
sin fin colocado en su parte superior.
Gracias á la supresión del hierro en el inducido y
:Fig. 2 . - Diagrama del contador. -A. Arbol. - M. Carrete in- en los inductores del motor, el aparato es igualmente
ducido. - B, n• Carretes formando campo. - C. Conmutador
del carrete inducido. - D. Disco de cobre formando freno aplicable á las corrientes continuas y á las alternatielectromagnético. - R, Resistencia adicional.
vas, sin ningún cambio en la constancia del aparato.

[

&gt;

NúMERO

499

Para evitar el error que produciría en la medida la
fuerza contra-electromotriz desarrollada por la rotación del inducido, se le ha dado, de propósito, una
velocidad angular débil que no exceda de una vuelta
por segundo á carga máxima, lo cual aumenta la duración de los ejes de la única pieza móvil del contador.
Para vencer los rozamientos en los desamarres, los
inductores van provistos de un rollo de hilo fino
montado en el mismo circuito que el inducido y que
la resistencia adicional R. En el potencial normal,
este rollo produce un par motor constante sensiblemente igual al par resistente de desamarre, de modo
que basta la más débil corriente para que el aparato
se dispare. Este rollo de hilo fino está representado
en B' en la fig. 2 . Las variaciones de la presión atmosférica no ejercen influencia en la exactitud del
contador porque los roces en el aire son muy pequeños á consecuem::ia de la escasa velocidad angular y
de la forma del motor.
La influencia de las variaciones de la temperatura
ambiente está prevista en la construcción de un modo muy sencillo. Las resistencias puestas en serie con
el inducido son de cobre de la misma calidad que el
del inducido y que el del disco que forma freno. Así,
cuando por consecuencia del aumento de temperatura y por ende de la resistencia eléctrica del sistema el par motor disminuye, el par resistente dismi·
nuye en las mismas proporciones, porque la resistencia eléctrica del disco aumenta y este aumento de
resistencia disminuye la intensidad de las corrientes
inducidas en el disco.
Para contrastar el contador puede hacerse variar
la resistencia R en serie con el inducido ó la posición de uno de los imanes que forman los inductores
del freno. Aproximando los polos de los imanes al
eje de rotación, se disminuye el amortecimiento. La
contrastación se hace de modo que la primera aguja

N úMERO

LA

499

I LUST RACIÓN A RTISTICA

Si mientras se hacen saltar chispas de la bandeja
la comisión al dividir el premio de 10.000 pesetas
se
deja la habitación completamente á obscuras, aquéentre dos aparatos igualmente excelentes y que rellas
aparecerán sumamente brillantes.
suelven por completo el problema de la medición
(De la Science lllmtrée)
práctica de la energía eléctrica suministrada por las
fábricas centrales de distribución.

E,

HOSPITALIER

mu

MÁQUINA ELÉCTRICA GRATIS

Tómese un vaso, póngasele al fuego para que se
seque por completo y colóquesele luego boca abajo
sobre una mesa. Cójase después una bandeja perfectamente seca y colóquese sobre el vaso de modo que
se mantenga en equilibrio. Tómese finalmente una
hoja de papel algo más pequeña que la bandeja, caliéntese y frótese rápidamente con un cepillo: pronto
se electrizará y entonces póngasela sobre la bandeja.
De este modo, sin gasto alguno, se habrá construído una máquina eléctrica: si se aproxima un dedo á la bandeja brotará de ésta una chispa, tanto
más viva - y tanto más larga también la serie de ellas
que podrá obtenerse - cuanto más secos estén el vaso
y la bandeja.

.

~~~

EL PUERTO CHINO DE WEl· HAI-WEI

(De la Nature)

se halla defendido por imporlantísimas obras de fortificación, siendo las más principales los fuertes emplazados en Channel-Island, que protege el paso Este,
y en el Observatory Island, frente á la. punta de SenKung-Tang. Varias piezas de gran calibre as~man ya
sus bocas por las troneras de las murallas, habiéndose
encargado á la casa Krupp el artillado completo de

El Sanghai" Mercury publica algunas noticias en e~tremo interesantes respecto de un nuevo puerto chino, que por su excepcional situación está llamado
á ser dentro de breve plazo el Portsmouth del extremo
Oriente. Wei-hai-wei está situado á veinticinco millas
Oeste de la isla de Alceste, siendo el fondeadero más
oriental que existe en la costa Norte de la península
Shantung. La entrada es sumamente fácil para los
buques de poco calado, no así ~ara los de gran porte,
á causa de su limitada profundidad.
Esto no obstante, Wei-hai-wei será un excelente
puerto de refugio muy superior á Yen-Sai y á Cheefo,
con la doble ventaja de hallarse situado en uno de
los puntos más saludables de! Celeste_Imperio._ ~ace
apenas ocho años que el gobierno chino concibió el
proyecto de crear una estación naval, escogiendo al
efecto el nuevo puerto, que ha recibido ya en sus
aguas la diviiión de Peiyang. Hay que advertir que

Trátase actualmente ·de unir, por med10 de un
gran dique, el puerto de Observatory-Island con el
de la punta de Sen-Kung-Tang y éste con el de Channel-Island, por un rompeolas. Si este proyecto, ll~ga
á realizarse será, sin duda, una de las obras mas importantes y atrevidas que se habrán llevado á cabo por
la ciencia moderna, ya que la dist~ncia q~e separa los
fuertes entre sí excede de una milla, vanando la pro•
fundidad entre cinco y siete brazas. H_a empez~do la
construcción de un gran muelle de hierro destmado
á los buques de guerra, así como un desembarcadero
para las lanchas. Los talleres y alm~cenes o~upan
casi por completo la isla, en la que ~x1ste también la
Escuela naval y un campo de maniobras, para que
las tripulaciones puedan simular dese_mbarcos Y recibir la instrucción práctica que necesitan los cabos
de mar y la infantería de ma~ina, ya que dada 1~
táctica moderna naval, el manno debe conocer asimismo la que posee el soldado terrestre.

.......

................
-

UlT .lNTiPdLIQIJK -

LECHE .ANTEF1:L

....~~~
EFL~~~=~CLU

Jarabe Laroze

JARABE
DEL D\ FQRGET
contra los

CAi, LElff&amp;JAI, TES AIO

Reumas, Tos, Crisis nerviosas é lnsomnios.-EI JARABE FORGET es 1111 ralmantc

o~

DE CORTEZAS DE NlRlNJlS lMlRGll

rt•lebrc, conocido dr5de 30 ai10,. En In~ rarmarl,a~.) 2a.
rue Bergere, Parls (anllguamcnte 36. rue , iv1enne)

maa de 40 arios el larabe LaroH se prescribe con 61\to por

1~

~~~_;O~~~c~cl~~~~r.J:~~tlañ::~J~
~ eatlon para re¡ulariiar todu 1aa runc1onea del utóma¡o 1 1
)oa iD,t!s\inOL
.
JA:R.ABED

r,.

CARNE J QUINA

11 .&amp;llmato au npndar, llllido al 'f6Dloo . . ......,

VINO ARDUO CON QUlNA

a1Bro1nuro de Potasio

caa.. . 1 ~ • • 10D 1ol elemeDlol ~ en&amp;ran en la comuomdon de .ie J)O\ellle
,eparador ele lu l'UerlU Tll&amp;lel, de 81'9 ferti.._.. per -•íeaela. De UD ¡ualo aumamenle arra4&amp;Il1e • eobenDO oontra la Jllnllfa 1 el i,oca•Cftto, en lU Caleltlllf'IJI
1 C , , W ~ contra lU /)(M'f'IM J IU Afltt1IIMI del Blt/JflfQ40 J IOI l11tu"no,.
cuando .. ua(a de delperlar el apeUlo, uerurar Ju d1ge&amp;Uone1, reparar .laa tuem,,
mrtqueoer la Wlfl'9. enlouar el o ~ 1 precuer la anemia 1 Ju epldemlu pro,oadll por 101 calorea, uo ae oonooo nada supertor al .,... de . . . . de 4re■c.

Es el remedio mas e cu ~ . baile de s•-Vito, inaomDioa, coa•
la epilepaia, .~téderiloªs'
durcwLe la dent.icion;. en una palabra, toclaa
TUlaione• y ..,a
uw
,

T 001' TOJ)()I to1 nmamoa in,nrrm)I IOLUU.U J&gt;a U

,-, -,w. • 1aril,8aea cua di J. FEW, Jarmaceutico, tot, rue lliCMliea. S... deAIOtm.
EXIJASE •.: ir1:' ARDUO
\'UDS U

DE CORTEZAS DE NlRlNJlS lllRGlS

CAMB

combatir 1aa enfermedades del ooruon,

fl

~fa

1u afeccione• nemoau.

1íbrit.a lspedieionea : J.-P. LAROZE

t, rae ~,... Lfou-Sl-Paal, l Paria.

Depoalio en toda.a la• prlDcipaJe• Boüc...1 y Dro¡uerta■

TOD.AJI L.+.S P.BllCQIPALU Bo1'IQ.a&amp;
0

Lu

Una máquina eléctrica gratis

del contador de vueltas dé una vuelta compléta por
cada 1.000 del inducido, y como el contador se regula de manera que cada vuelta del inducido represen•
te un wat-hora, el primer cuadrante indica 1.000 watshora, cada división de este primer cuadrante un hectowat-hora y cada cuadrante siguiente marca una proporción de 10 á 1. Las lecturas se hacen, pues, corno
en los contadores ordinarios de gas.
La contrastación es sumamente fácil y rápida: basta hacer una señal en el disco y contar el número de
veces que pasa por delante de una marca en un tiempo dado. Asimismo se puede con facilidad comprobar en cualquier momento cada aparato y asegurarse
de su exactitud, y bajo este concepto sería bueno que
el contador estuviese encerrado, no en una caja opaca de hoja de latón, como lo está el modelo sometido á la comisión, sino en una caja que tuviese por lo
menos una cara de cristal, de modo que se viera bien
la sencillez del aparato, como tan_ibién una propiedad
preciosa que posee desde el punto de vista de la satisfacción del consumidor, cual es la de permanecer completamente inmóvil cuando el consumo es nulo.
Cuando se cambia el sentido de la corriente que
atraviesa el aparato, el contador gira en sentido inverso y descuenta con la misma exactitud, lo cual puede ser de gran utilidad en algunas instalaciones, las
que llevan acumuladores, por ejemplo. Digamos finalmente que el contador es absolutamente silencioso
y que su exactitud es prácticamente perfecta en toda
la escala de su suministro. Este conjunto de cualilidades y las que hemos hecho notar antes á propósito del contador Aron, justifican las conclusiones de

. . . . . . --1u

PILDORAS~DEHAUT
DIE P'Aflll a

Utubean ID PDl't/arte, CUIDcfO lo
aec11iC1a. No temen el uco ni el cauraacio, porque, contra lo que ,ucede coa
loa demu purgue.,, 11te no obra bien
liao caaado ,,, toma con bueno, alimento,
7 bebicfu!orti/icaaw, cual el -ri.llo, el cafl,
el ti. Cada eaal ucoge, para purgarse, la
.llora 7 la comida que mu le con-rienen,
1111 ocapacfonu. Como el cau,u
cio que la ,wga oc:uiona queda complelamenleuulado por el electo de la
buua alúllentacJon empleada,uao
,. lledde UcilJllente 4 vol-rer
4 empe,1r cuanta -rece,
JIO

"'ªª

,,,. 11ecuano.

LASAGRADA BIBLlA

Enfermedadesd,,Pecllo

EDICIÓN ILUSTRADA

Jarabe Pectoral

é.

DE

P. LAMOUROUX
Antes. Farmac~utico

•s, Calle V auvllliera, l'arl■,

E! Jarabe de Pierr~ Lamo11roux e,
el Pectoral p or excelencia
romo edulcorante de las tisanas, á
la, c11ales comunica ru gu&amp;to agradable y sus propiedades calma11tes.

iO céntimo s de peseta la
entrega d e i6 p ágina•

S. cn.-iaJ1 prospectos Aqaicn los solicuc
dirigi~ndose Alos Sres. Moniancr y Simón, editores

lGRANO ·oE---LINO TARIN 1TRt;.W~~s
\

E8TRE.!IIMIENT08, CÓLICOS. - La caja: lír. 80,

(Gaceta de los Hospitales)

i•\\\lDES deJ E8To41.

Dtp61ito Ceaeral : 45. Calle fmillien. 45. PWS
Se rende en todas /u buenu farmaolu.

\~\~

r,i,o

--il--

Pepsina Boudault
APEL WL

• Soberano remedio para ripida curaoloa de la• AfeocioDH del pecho,
Catarroe,Mal d• garg11Dta, BroD•

qultts,

a..trtadoe,

Romadiso■,

de loa Reumatlamos, DolorH,
Lumbago■, etc., SO do• del mejor
6:itlo atesU¡uan la eftcacia de este

poderoso derinllYo recomenda_do por
primero, m6dico1 de Pana.

101

D1pd11to ,n toda, ta, Farmaclal

Aprohada por la füDEIU DE I EDICIH

CLORÓSIS.

ANÉMIA. -

LINFATISMO

El Proto-Ioduro de Hierro es el repar ador de la san gre,

f ortiflcan te y el micr obicida por excelencia.
11Ja r aber lu Grajeas con pro1D-lodaro d&amp; ,1erro d&amp;F. Gille,
el

podrían ,er dem.c:uiadn recomendados en rai6n d1 '" pvre:a quimica, d.1
,u inalterabilidad y de '" 1olubi.lídad con1tani-t1.
tt7aceta dt l os B nsp(lfll,s).

t10

OtrdSITO GENERAL: 45. Rue Vauvllllers. PARIS. D•r,111ila en to-tas las J,rma,las.

PREMIODEL INSTITUTO AL D'CORVISART, EN 1856
Mt d&amp;llu on l&amp;a lhpot lclontl laternaelonalu dt

PUlS - LYOII • VIERA • PBIUDELPBU • P!RIS
1867

1873

l67i

u

1876

UPLIA. COR I L ■noa l llTO D

1178

ue

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
Dl OEST I ON LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1'

orao, DIIOI.DHII DI u

DIOIITIOII

BAJO LA FORIIA. DB

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO . . dePEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
P.l!IS, Pharmaoit COLLAS, 1, ne D11piae
•

y

ffl

la, prl•c(pau, fal'"IMMI,

"'

�LA

!LUSTRACIÓN ARTISTICA

El. CONDE DE URGEL EN PODER DE LA GENTE DE

o.

NúMERO

FERNANDO DE Al\'TEQUERA,

499

cuadro de D. José .M, Tamburini

(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

Las oaaaa extranjeras que deseen &amp;nunotarae en LA ILUBTRAOIÓN .ARTtsTIOA d.ir{1anae para ln!ormee•á los Bree A. Lorette, Rue Oaumartill

núm. 61. Parfs.-Las oasaa eepadolu pueden hacerlo en la oficina de publloldad de loa Brea. O&amp;lvet y O.•, Diputación, 858, Barcelona

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
• BISIIOTBO J M!QNESli

llecommdado1 COlllra lu .u-ioDN del Eatil·
mago, Falta de Apetito, DlgeatlODN laboriOIIU, AoedJaa, V6mltoe, Eruotoe, y C6llooe;
regularlD.D J.u l'uDolon• del l:lt6mago y
de JOB ~UDoe.
Erltlr t11 e/ rotulo 1
dt J. 1AYARD.

'""ª

,.

SOCIEDAD

••Fe■t■to

..,,,u,

•

,.

.......

-\..t:'\.'7' ' ; \ _ ~ .

JARABE

........

Y~ PASTA

de H. AUBBIIGIEII

bln,

••••no

.. toOO f't.

~ "'" ...._
• Lnll■.-J
................,.

•

A~f:rd•J10rl• ANdeefe //le .11.H#efM •

o

,..

c1e.r6ra■.ra.~per._..eLt

e MJ•io11e-....a1a&amp;f.

™ ~ ~ ~ d a en el Ccatarn
""'9f't0, lU llrOM114tll, Couwn,, .,,....,;J',;¡ ..... ..,.~ . la rurmta, hlll
e UD&amp; comple&amp;a •ocwdlde

.,u

(!IDpadO al ,1.AJl.úlB 7 PASTA. de .t.'IJBD
una lnmenaa f.aml. •
4,1 &amp;-• Jn,ur4at HlldNII,. 4, le 11nJCU 4,

,.,,.,,. 4,1 F-llllrit

.,,~ifta (t6o •'ifih).

venia por mayor: co11.&amp;a Te-,•· Calle de St..-claude, PARIS
DIPÓSITO D LAI PllfflCIP.U.11 IIOTICU

&amp;dh. DETIUM,FannaoeuUoo 9D PAB18

APJ:OL
de los Dr" JORET 8 HOMOLLE
El APIOL cura loa do/ore,, retr1101, I UP,...
1/onu !le /a, Zpoou, asl como las p4rdld11.
Pero con frecuencia ea tallllflcado.El APIo L

verdadero, único eficaz, ea el de los inventores, los Drt• .JORET y BOllOLLE.

,._JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ~
,o...,.ooÑI, C.A.IJ,B DB BffOLC• :tlO, P.IJl:18, W-

IIOd- IN.ll'Grtnooúae

El JABA.BE DE BRZANTrecomendallo desde su prlnclplo por 101 proresorea
~enDec, Théll&amp;l'd, Gueraant, etc. ; lla recibido la con.sagrae16n el.el ttempo : en el
ano t829 obro.vo el prlyUeglo de Invención. VERDADERO COIFITT PICTDIALL~on base
el.e goma y el.§ ababoles, conviene sobre toao a las personas ·ae11cac11111 como
mUJeres y nlnos. su gusto excelente no perjuc1tca en modo alguno á su i ncacta
~ contra los ll!SFBI!DOS "I todas las IJIFLUUCIORES del PECHO y el.e los IJITESTIJIOS. .,j

MEDALLASExp"Unlr 1'" LONORES18B2·PARl81889

ParUclpando de lu propledade1 del lodo
7 del Hle:r:ro, estas PUdoraa se emplean
e!I.J)eclalmente contra las ••orohllu, la
Tt•I• y la DebUl4ad de temperamento,
u l como en todos los casos(Pálfdo■ colorea,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

l'arta BRIAIIT, 150, rue deRJ,oll, PWS

a

G~BGANTA.
VOZ 'I' BOCA
PIITILLII • DETHIN

. .......... _lnltlllal.N .. laflupata,
la T4111, ••aemul•• M la

-.un•w ú

- - . . . . . ............ s--to,rn-

!-~•~P• i,r-«qeeel Teue, y....._..

111n bla&gt;Ia&amp;DOJl!!i. aoaAD·oa,
nonao... ., G&amp;IITO-~fMilitu Ja

i- -

ealo&amp;Oll de la ffL-l'ua:

ta.._,

,. • lllflfr • 11 rtlflll • _,....
'
&amp;A DIITJIU, r--ttee•PDJli·

~~!NMI!!~~ l,!!!1!!~

VINO FERRUGINOSO ARDUO
el....
,¡_.,,
•e........._

T CIOlf TODOl tol n D I ~ JnJ!lfflTOI Da U GAIUIB
.,::.•--. WD"l!■9 7. elllJl.&amp;1 Oles dcia di af1II CIOD&amp;maido~ilnllleloMI di
lll 81!11:oeoolH mifdlcel P,Nlab.eD CIIIII ti&amp;&amp; WIClfCloa a Ja
la
..._ OOIIIUtaye tl ~ mu ~ qae • CODOce 1191'1 oarer • l a ~ 1a

lll l l , , . , ~ ..,.,_,, e l l a lnlMlt 7 la ...~ 11 ,- ~
el ~"'1fo, laa . Á ~ lltll'O/WOMI 7 ~ eló. ll Yl■e
dé
~
·ea, en efecto, el Úlllo8 que reune lodo lo ~ en&amp;om 7 a&gt;l1aleoe kli ºl'llDOI.
la
~IDlu,- 1 la ~

~~I~~...:::; J::::

1w..,,,,alw,acuadeJ. FBllÚ,Farmaratiet,t.OS,neRidieJiea. s..•ABOtJD.

aona..
1
EIIJASE 11:= AROUD

11 ftlll&gt;II DI TOD.A.B U.S nutm.ua

PATE EPILATOIRE DUSSER

-

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, o Yi'- para
provocar o re¡ulartzar su curso perlOdlco.
~/'A--?J}s

Farmaceu11co,

o Parl.l,

~ R u , Bonapart,, 40

NB

El lodurQde hierro impuro o alterado
, • ea un medicamento iñfl.el é 11'1:!tan te.
Como prueba de pureza y de autentleldad de
lu ll'e.rdade:rae Pildoru de Bianeard,
ntstr nuestro Hilo de p11t1 re■otlv■,
■u.eetra ftrtn■ puesta al plé de una etlquei&amp;
_.., 7 el Sello de ruantla de la Unl6n de
•• h•rlc111tn para la represión de la !&amp;11111111611. t\
..,
Q D IIALLU 11K TODU LU •AUJ.CIIU

destnlJe huta lu IIAl0■8 el V■LLO del R11ro de 1u daau (Buba, Binte.
111
llD¡ali pellcro pan el calla. 10 Año■ 4e Íldto,ymlllara de teallaolliolprutllaJl ladeada
de uta pr1paracio1. (Se .-di ID H)ll,_1111 la barba, J ea 1/2 11)11 pua el blpll U,ero). Pan
1111 bruo1, 111pl6ae el l'ilJ f'UB,e. DV■■lliJR, , , rue .J•..J.•I\OUIH&amp;U, Puta,

•&gt;

Qued&amp;D reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, DI M ONTANlll Y

Sntó•

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="137">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3066">
                  <text>La Ilustración Artística</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479260">
                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46916">
              <text>La Ilustración Artística</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46918">
              <text>1891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="53">
          <name>Año</name>
          <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46919">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46920">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46921">
              <text>499</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46922">
              <text> Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46923">
              <text>20</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="46939">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1753927&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46917">
                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 499, Julio 20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46924">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46925">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46926">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46927">
                <text>Ciencias</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46928">
                <text>Barcelona (España)</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46929">
                <text>España</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="46930">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46931">
                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46932">
                <text>Montaner y Simon, Editores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46933">
                <text>1891-07-20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46934">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46935">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46936">
                <text>2011656</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46937">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46938">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46940">
                <text>Barcelona, España</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46941">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="46942">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="2188">
        <name>Bellas Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="7401">
        <name>Concurso de contadores eléctricos</name>
      </tag>
      <tag tagId="7400">
        <name>Enrique Serra</name>
      </tag>
      <tag tagId="199">
        <name>Grabados</name>
      </tag>
      <tag tagId="7395">
        <name>León Barracand</name>
      </tag>
      <tag tagId="6997">
        <name>Madrid</name>
      </tag>
      <tag tagId="7396">
        <name>Sexualidad en el lenguaje</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
</itemContainer>
