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NÚM. 500

BARCELONA 27 DE JULIO DE 1891

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

MURMURACIONES EUROPEAS
SUMARIO

POR DON EMILIO CASTELAR

Texto.-lifurm1eraciones europeas, por Emilio Castelar. Cerámica hispano-árabe, por A. Garda Llans6. - Concurso Viaje del emperador Guillermo á Inglaterra. - Sitios principales por él recorridos. - Su presencia en Windsor.- Banquete
de perros de lujo, por A. - Viena, por Justo Fastenrath. de gala en Guildhall. - Paseos é impresiones. - Unos regios
Nuestros grabados. - Viuondeza (continuaci6n), por Le6n
amores. -Luchas entre dobles y encontrados afectos. - VicBarracand, con ilustraciones de Emilio Bayard. - SECCIÓN
torias del coraz6n. - U na llelena inglesa. - Cuestiones diploCIENTfFICA: Transmisión de fuerza eléctrica por medio de
máticas evocadas por su rapto. - Luchas entre kurdos y percorrientes altemativas de 3 000 volts, por F. Laffargue. sas por tal cautiva. - El Vesubio. - Muerte de Silva en las
Los ferrocarriles y tranvlas eléctricos. - Aguas minerales jaerupciones y vorágines volcánicas. - Botadura del Sicilia en
po,usas. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó
Venecia. - Conclusión.
editores,

Grabados. - Reposo, cuadro de D. Arcadio Más y Fontde·
vila. Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de
Barcelona y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento de esta
capital. - Una máscara, cuadro de D . José Maria Tamburini (Exposición general de Bellas Art,•s de Barcelona). lffaleón. Recuerdos de la fortaleza de Isabel II, La Mola,
apuntes de D. A. Rodrlguez Tejera. - Seis grabados que
ilustran el artículo titulado Co1uurso de perros de lujo. Un disdpulo de Homero, cuadro de S. Glücklich. - Trovador
improvisado, cuadro de Enrique Weber. - Fig. I. Vista general de la sala de experimentos. -Fig. 2 . Experimento de transmisión de fuerza eléctrica. Esquema de la distribución. Fig. 3. Detalles de instalación. - La hormiga, estatua de
D. José Campeny (Exposici6n general de Bellas Artes de
Barcelona).

I
El emperador Guillermo no puede darse punto
de reposo. Así que comienza el estío, comienzan las
peregrinaciones continuas con él, tan indispensables
á la inquietud y movilidad propias del coronado joven,
como la emigraci6n inevitable á los pájaros viajeros. En Inglaterra, por ejemplo, había Guillermo visto
únicamente otros años la corte; visita en este año á
la Naci6n. Su reinteligencia más 6 menos franca y
sincera con la madre y sus propensiones más 6 menos voluntarias á la democracia, le van ganando poco

á poco la voluntad íntima de un pueblo liberal y monárquico, cual ese pueblo inglés, quien suele tomar los
asuntos de sus reyes como si fueran asuntos de la
propia familia y de la propia responsabilidad. A fuer
de César, empez6 el viajero visitando á la reina para
concluir visitando á la municipalidad. Vestido por
modo teatral de almirante inglés, mientras aquellos
ingleses que le aguardaban vestían uniformes alemanes, entr6 en el castillo de Wíndsor, maravillosa residencia de los reyes ingleses desde la Edad media.
Los árboles gigantescos recordando con sus copas y
ramajes aquella vegetaci6n colosal de los períodos que
la Geología llama carboníferos; las praderas de un verde muy claro que sirven como de marco á lagos artificiales muy extensos y como cauce á parleros arroyos,
muy cerca por sus caudales de llegará ríos; las torres
del homenaje sobrepuestas á las ladroneras feudales
y á las cresterías g6ticas, torres en competencia, por
su elevación y por su ligereza, con las agujas de los
viejos santuarios y capillas; aquel palacio real enorme,
cuyo volumen, por sus fosos y sus puentes y sus muros, remeda incontrast~ble fortaleza medioeval; aquellas terrazas desde las cuales os holgáis con la contemplaci6n de panoramas un poco indecisos entre la

REPOSO, cuadro de D. Arcadio Más y Fontdevila
Premiado en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento de esta capital

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 500

niebla, y aquellas galerías en que los cuadros de Van- ga y constriñe á elegirlo entre los hermanos del rey. más notas acerca de la dichosa señorita nómada que
Dyk alternan con los escudos de Benvenuto; el arcai- A recoger y aceptar la sucesión va uno de éstos, acerca de la triple alianza central. Y no hemos podido
co aspecto de toda la corte y servidumbre vestidas cuando, llegado apenas, le asalta de súbito un ardien- averiguar si los kurdos se la llevaron, como parece
con arreos arqueológicos y anacrónicos, dan al prime- te amor á cierta joven, dama de la reina, y sin sos- presumible y verosímil, en rapto violento y cruel, ó
ro y más bello de los sitios reales ingleses algo de pechas de oposición y contrariedad ninguna la con- si la señorita primero abrazó de propio arbitrio el iscastillo, iglesia, teatro, museo, alcázar, pertenecientes vida para que acepte su mano y comparta su diade- lamismo para después abrazar con más amplitud y
á sociedades pretéritas, olvidados por las edades en ma. Herida en el corazón la joven por las pruebas legitimidad á los kurdos. Y lo cierto es que ahí ansu curso destructor y subsistentes hoy en medio de de amor que le diera el príncipe, le corresponde y se damos; y todos los diplomáticos orientales corren
nosotros, ya porque los ha perdonado el tiempo voraz, apercibe á representar el papel de princesa de la co- desalentados á descifrar este misterio, ¿La robaron
ya porque han venido nuevamente al conjuro de la rona. Sostiene y alienta en su empeño á los dos ellos, ó ella se marchó?
resurrección universal. Este Gillermo, tan dado á las enamorados la reina, poetisa que ilustra y embellece
IV
evocaciones históricas, ceñido con coraza nielada, aquella corte con inspiraciones hermosas, expresadas
calzado con botas de reluciente acero, cubierto con en versos armoniosísimos, publicados á la continua
casco de precioso metal y rico plumaje, concuerda por ella so el seudónimo de Carmen Sylva. La poe¡Cómo se parece á las perturbaciones del alma y
con Wíndsor por parecer uno de los héroes ideados sía le hace creer á la reina que puede amar un prín- á los arrebatos del sentimiento una erupción volcáen la epopeya germánica medioeval y redivivo al cipe como esplende una estrella, como canta un ave, nica! Y ¡cuán hermosa la que ha estallado en el Veconjuro de la música de Wagner, como las góticas como huele una flor, con la espontaneidad propia subio, pero cuán voraz también! Quien haya estado
sombras errantes por los palacios reales ingleses. Pero de una irradiación espiritual, curándose de una cosa por ali! en las encendidas noches de los estallidos
su entrada en Guildhall, el Municipio londinense, tan sólo, de hallar la deseada correspondencia en el gigantescos, cuando la nube tonante de aquellas eshabrále llamado á la realidad muy pronto y díchole ser preferido y amado. Pero no participan de tal en- pirales rojizas, entre los estampidos enormes del
como no hay en Inglaterra tan sólo monarquía y no- tusiasmo poético el patriciado y aun el ministerio de trueno y los ciclópeos resuellos del volcán, incendia
bleza de glorioso abolengo, sino también una demo- Rumania; todo lo opuesto: cuentan entre los deberes los cielos y los mares parecidos á las paredes cancracia liberal y progresiva, cuyos timbres capitalísi- penosísimos de los reyes y príncipes herederos como dentes de un horno donde hierve alta fusión de memos no están en el blasón y en las armas, están en el mayor y más penoso, la necesidad imprescindible tales al rojo cereza, cree ó bien asistir al día último
el ahorro y en el trabajo. Por una de las combina- del matrimonio sugerido por la razón de estado y no del planeta, como Plinio en la erupción que destruciones que acercan y aun juntan en el pueblo inglés por la propia y espontánea inclinación individual. yó Herculano y Pompeya, ó bien á las primeras
los factores más contrarios, aquellos continuadores También el férreo y viejo emperador Guillermo I de edades genésicas, que daban á la materia terráquea
de los patricios normandos que impusieron á Juan Alemania se prendó en sus mocedades un día de cier- el aspecto cometario parecido á una tempestad inSin Tierra en Carta Magna y echaron las bases del ta preciosa joven que habitaba en las cortes de su finita. Las llamas purpúreas destacadas en el humo
Parlamento británico, van todos los años á decir su padre, y tuvo que sacrificarse, amargando toda su violáceo; las piedras pómez encendidas que vuelan
política y á dar cuenta de sus actos ante corporacio- vida entera, por ocupar el trono y servir desde tan en todas direcciones como aerolitos cerúleos; las
nes de sastres, pescaderos y merceros, ó sean indus- ásperas alturas á la patria. Para tener una reina ru- varias figuras de la montaña que cambia de aspecto
triales y mercaderes de todas clases, mostrando así mana las gentes aquellas hubieran guardado su rey como su erupción de colores y matices; el sacudi·
que de lo profundo brota la grandeza toda británica, natural de Rumania. Quieren monarca extranjero miento epiléptico de la tierra casi derretida; los
hondamente arraigada en los gobiernos locales y en para que no tenga parientes próximos en la monar- torrentes de lavas que serpentean como ríos infernala vida municipal. No hubiese visitado á Inglaterra quía. Y llevados por estas razones declaran que debe les; el áureo tamizado de cenizas análogas con el
el emperador de no visitar la ciudad metropolitana; optar el príncipe ahora mismo entre un tálamo de chispear de las centellas tormentosas; los reflejos en
y no hubiese visitado la ciudad metropolitana de no amor y una corona de rey. Puesto en tan cruel alter- mares y en cielos de todo aquel fuego, dan á los
visitar á su lord alcalde. Allí, en aquel palacio, donde nativa, el mozo Hohenzollern acaba de optar por el nervios un sacudimiento eléctrico y á la fantasía un
todo trasciende al trabajo vivificador moderno, Gui- amor, dando así al propio corazón grandes satisfac- vuelo rápido que no reconocéis después jamás en
llermo había de pronunciar á la fuerz.'\ palabras libe- ciones por toda la vida y á la reina Carmen _precio- espectáculo análogo del universo y en recuerdo
rales y pacíficas en correspondencia con la recepción so argumento para novela ó drama de altos literarios ninguno de la vida. Y la montaña os atrae y os abramunicipal, y las pronunció. El taller se sobrepuso en vuelos.
sa y os derrite y os funde y os liquida y os evapoaquel momento á los cuarteles; brilló más que un cera en su seno. Esta especie de sugestión hipnótica
sintiera el malogrado escritor brasileño Silva, cuando
tro áureo la tosca lanzadera donde se agarra el algoIII
corrió á la erupción, como á la reverberación del quindón, y los telares que urden la trama del trabajo se
levantaron erguidos á una sobre todos los palacios y
¿Os acordáis del rapto de Helena? Los bajos re- qué las engañadas mariposas y como á las fauces del
todas las fortalezas que guardan los viejos gastados lieves antiguos guardan hoy el clásico drama según culebrón fascinador las infelices avecillas. La humaprivilegios. El emperador, hipnotizado por las hadas lo comprendiera Grecia. Hermosísima nave de ma- reda, que sube á tres mil metros, cual una montaña,
del taller y del cambio, pues todo tiene su hada res- deras preciosas, compuesta y chapeada brillantemen- capaz de cambiar las nieves por los fuegos perpetuos;
pectiva en el mundo germánico, pronunció un dis• te de metales varios, aguarda el arribo de la robada la tierra, que se desgarra y se abre por abajo, en vocurso enteramente consagrado á la paz, condición reina, prontos ya los remos á moverse, y el piloto, sen- rágines y solfataras inmensas, mientras la tempestad
precisa de todos los esfuerzos creadores del trabajo tado en su respectivo sitio, pronto á dirigir la nave• truena por arriba en relampagueos y detonaciones
moderno y base robusta sobre la cual habrá de le- gación. Frigio el navío, ciñe la tripulación los gorros incesantes; el sulfuroso gas desprendido de la invantarse por fuerza toda la industria. Pero hubo en caracterizados en todos los posteriores tiempos con mensa combinación química, que parece cósmica;
la Gran Bretaña diputado capaz de no dará sus oídos el nombre de Frigia. Dos troyanos custodian á Hele- las aguas hirvientes, en estado casi de colosal evaasenso y de decir desde aquella libre tribuna sus re- na que, sostenida por el amor, desgarra los velos en poración, formando nubes multicolores á guisa de
celos de ver otra vez reanudada y rehecha la coali- que antes la envolviera su castidad intacta y mues- fraguas errantes; las lavas que creerlais el plomo deción de los reyes contra Francia, quien, herida, paseó tra de grado al voluptuoso joven, á su raptor, á Paris, rretido de las leyendas diabólicas, alcanzaron á enade victoria en victoria por todas las capitales euro- los más ocultos hechizos. Alzada Venus entre los dos jenar de sí al artista en términos de que por acercarpeas el ejército suyo, quien ora dirigido por jefes re- amantes, enciende voraz antorcha, mientras París, se á la hoguera encontró la muerte. ¡Cuál fenómeno
publicanos, ora por generales cesaristas, difundía en sentado en silla de las destinadas entonces á los más psicológico! Todos los testigos están sin excepción
todas partes el verbo y el pensamiento de la revo- altos personajes, como si no pudiera tenerse de pie á una contestes en que recordó la catástrofe de Plilución bien ó mal de su grado al son de su Marse• por el peso abrumador de sus emociones, contempla nio al partirse para el monte, y que nombrando á
Ilesa. La palabra fría y seca del ministro Smith con- en una especie de absorción enajenadora, con toda Plinia. cayó en el surco infernal, cuyas bocas no potestó á tales temores; y el emperador ha seguido su su alma, con todo su ser, ofreciéndole toda su vida, el drán jamás devolverlo como el mar devuelve los cavisita suscitando encontrados afectos, patentes por rostro y el cuerpo entero de la gentil robada. Los dáveres. Los dos escritores, el brasileño y el romano,
contradictorias manifestaciones propias de aquella horóscopos no mintieron Aquella tea, vista por la murieron en la montaña Pero Plinio, según todas
sociedad complejísima, donde al aire y al resplandor madre de París en los angustiosos ensueños de su las probabilidades, murió por haberse acostado sode las libertades tradicionales todo se descubre y preñez, arde ya, y prende con su voraz llama fuego bre las cenizas donde le ahogó un escape de gas
revela.
á todo un imperio. El destino pesa con su incon- carbónico, y Silva fue tragado por un bostezo de la
trastable pesadumbre sobre todos los mortales, y He- convulsa tierra.
II
lena es juguete del destino. Perpetrado tal robo y
separada Helena de su hogar por la traición y la vioV
¡Cuán difícil desconocer el principio de la igual- lencia, el esposo burlado, el viejo Menelao, requiere
dad humana cuando aparece por todas partes, dando de los reyes griegos el debido auxilio para redimir
Y puesto que, poco á poco, nuestra imaginación
en rostro á los privilegiados con su ineluctable ver- del poder enemigo la cautiva y tomar del rapto y del ha llegado hasta la bahía partenopea, encendida en
dad! Al separarse de Turquía los principados del raptor su desquite. En efecto, de aquí proviene la múltiples llamaradas, volvamos los ojos al Adriático,
Danubio constituyeron estados monárquicos por no troyana guerra. ¿Creeríais que un caso así no podría sobre cuyas aguas acaba de celebrarse un espectácudisgustar á la diplomacia europea; y al constituir es- darse jamás en la civilización europea? Pues nos ha- lo muy bueno para la estética y muy deplorable para
tados monárquicos, tuvieron algunos que seguir el llamos próximos á una guerra entre Turquía y Persia; la economía y para la política general. Me refiero á
ejemplo de la Grecia contemporánea 'Y buscar sus la cual guerra entre Turquía y Persia puede á su vez la botadura del acorazado Sicilia, verificada en Vereyes por ajenos y apartados reinos. Un príncipe engendrar otra entre Persia é Inglaterra; la cual gue- necia. El gobierno italiano ha querido, siempre arMilano de Serbia ó un príncipe Nicolás de Monte- rra entre Persia é Inglaterra puede á su vez engen- tista, evocar plásticamente los desposorios antiguos
negro, indígenas ambos, estaban compensados en drar otra entre Inglaterra y Rusia; la cual guerra entre del Dux con la mar. Imaginaos lo que serian estos
aquella península de los Balkanes por dos dinastlas Inglaterra y Rusia puede á su vez engendrar otra desposorios en sus clásicos tiempos. Las torres can·
germánicas, la semi-austriaca, que representa un Co- entre todos los continentes por una Helena inglesa, tan á una con sus lenguas de metales. Los gallardeburgo, y la semi-prusiana, que representa un Hohen- por una turista, que anduvo trotando, no diremos con- tes ondean por las pirámides, por las agujas, por los
wllern. El semi-austriaco en Bulgaria sucede á un ventos, pero sí aduares, por Armenia, y no sabemos botareles, por las ctíspides, al beso continuo de las
príncipe de prosapia extraña, un Battemberg, y en á ciencia cierta si después ó antes de lo que conoce- brisas. Los balcones y ventanas lucen colgaduras de
Rumania el semi-prusiano sucede á un prlncipe de mos aquí en el caló nuestro con la denominación de mil matices orladas con flecos de plata y oro Una
prosapia nacional, un Couza. Pero esta dinastía de curda, cayó en manos de los kurdos, esos semi-salva- lluvia de flores cae desde las alturas y cubre canales
los Brandeburgos, trasplantada desde los territorios jes montañeses, capaces de alzarse con todo cuanto y lagos de pétalos que aroman los aires y tiemblan
germánicos á las riberas danubiana•;, carece de suce- encuentren, á fuer de prehistóricos secuestradores, sobre aquellas azules jaspeadas líneas como sobre
sión, y no puede transmitir, por tanto, sus privilegios entre carcajadas semejantes á rugidos de leones y pis- un rosal celeste. Las músicas conciertan con el repihereditarios á sucesor directo; desgracia que la obli- toletazos semejantes á tiros de cañón. Se han escrito que de las campanas y el grito de las muchedumbres.

NúMERO 500

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-================

CERÁMICA
Todas las naves que
hay en el muelle de los
HI SP ANO-ÁRABE
Esclavones se balancean al viento y al remo
La cerámica de reflepara unirse con el ducal
jos metálicos, ó sea la
cortejo. Las velas blanconocida bajo la denocas ó amarillas, las banminación de hispano•
derolas de tan varios toárabe ó hispano-morís·
nos los mástiles ornaca, es una de las manidos' de guirnaldas~ las
festaciones más originatripulaciones vestidas
les del arte peninsular,
con sus más brillantes
quizás la que ha logrado
trajes, la muchedummás justificada reputabre de gentes a~ornación y la que ha reves ·
das con sus me1ores
tide mayor importancia.
preseas que á bordo se
Inútil es buscar preceaglomeran deseosas de
dentes en la industria
presenciar la fiesta, dan
indígena, puesto que si
á todo aquellas tablas
bien es cierto que los
flotantes el aspecto de
celtíberos alcanza ron
movibles florestas. Y si
cierta perfección, contal as pecto muestr~n
forme lo atestiguan los
las naves de comercio,
bellos ejemplares exisnada os digo de las natentes en nuestros muves de placer. Son muy
seos, y que los romanos
negras; pero su lustre
desarrolláronla de mode azabache resalta sodo notable, no Jo es
bre Ja claridad celestial
menos que no sufrió la
del agua. Y llevan, ya
menor alteración en el
una pareja enamorada
estilo ni en la forma
que centellea p~sión Y
durante la dominación
amor de sus 010s, ya
visigoda. La invasión
una compañía de jóveárabe, que como potennes que recitan epitate huracán transformó
lámicos versos, ya un
á la nación española
coro de muchachas más
desde el Mediterráneo
hermosas que las fingial Cantábrico y desde
das sirenas, ya una orel Tajo al Ebro, al transquesta que produce
formar á aquella socieacordes suavísimos, ya
dad, al conmover honuna especie de orgí~
damente el modo de ser
donde los vasos parec1·
de aquel pueblo, varió
dos á piedras preciosas
por completo sus manisuenan en choques confestaciones artísticas é
tinuos y corren por do·
industriales.
quier los vinos de ChiLa irrupción sarracépre, ya grupos de danica conmovió violenmas cuyas mangas de
1entamen te á aquel
brocado casi rozan con
pu e b 1o hetereogéneo,
el mar y cuyas cabelledegenerado
y corrompiras cuajadas de perlas
do,
cual
lo
estaba la
y zafiros y diamantes
monarquía
goda
al hundescomponen los rayos
dirse
en
las
aguas
del
del sol en chispas innuGuadalete,
y
á
la
par
merables embellecidas
que los ejércitos invasoy aumentadas por la
res extendían los domireverberación del día
nios de la media luna,
en los cristales del agua.
el arte árabe desenvolUnid á esto el unifor·
víase independienteme vistoso de los gonmente de las tradiciones
UNA
MÁSCARA,
cuncl.ro
de
1&gt;.
josé
María
Tamhurlni
(Exposlci6n
general
de
Bellas
Artes
de
Barcelona)
doleros, los colores muy
filosóficas
helénicas imaltos del traje de los
portadas, ya que para
marinos, el contraste de
las túnicas de grana y púrpura con las túnicas de religiosas, se dirigen, una por la piazzetta de San aquel pueblo, esencialmente epi7úreo,. no po~lan
raso y terciopelo negro, las guirnaldas puestas por Marcos, otra por el muelle de los Esclavones á San germinar las ideas platónicas y anstotéhcas, cult~va ·
las campesinas y la pedrería puesta por las nobles Zacarlas, á fin de depositar las reliquias de ambos das únicamente por los admiradores de los Tofa1l Y
en sus trenzas, el brillo de los ramajes áureos y ar- santos. Y la magnífica procesión marítima se despide los Averroes.
De ahí que la poesía y la arquitectura fueran las
génteos sobre las vestes multicolores, los iris forma- \ de las procesiones terrestres, y toma rumbo hacia el
dos al beso de las brisas por el bosque de tantas Lido, donde el mar se besa con la laguna. Y una manifestaciones de aquel pueblo. El poeta árabe
plumas, la reverberación del sol en los petos y mo- vez llegado al Lido, el áureo palacio flotante se de- expresaba los sentimientos eróticos ó ~uerreros, Y ~l
rriones y alabardas de los soldados, así como en los tiene, circuido por los cincuenta busones, ó sean alarife proyectaba y construía esos afiligranados edicollares y diademas de las damas, y decidme luego góndolas de respeto, tripuladas por coros y orques- ficios, en los que se halla compendiado el m_odo_ de
con cuán fundada razón se ha llamado á Venecia y tas. Las demás particulares que, siendo de especta- ser de aquel pueblo, que sin exceso de afemmac1ón
á su escuela en pintura las diosas de los colores. Y dores, aumentan y embellecen el espectáculo, se supo limitar sus necesidades y capricho~, encontrando
en medio de todo este brillo, que deslumbra la vis- detienen á larga distancia, como las naves de alto la forma más práctica y bella de satisfacerlos. Los
ta, resalta el Bucentauro, dorado, esculpido, cubier- bordo. Todo el mundo se pone de pie y se descubre, preceptos del Alcorán, enlazados con labores y di~uto de tapices, con el Dux á su proa, que semeja un menos los sumos dignatarios. El Patriarca bendice jos caprichosos, demuestran el dualis~o de sus aspir~viejo Neptuno vestido á la usanza veneciana y coro- el anillo nupcial, en cuya piedra está grabado el león ciones, y sus innumerables combinaciones geom~tn·
nado con el gorro frigio. Diríase al ver todo aquel de San Marcos, y se lo entrega seguidamente al Dux. cas su inagotable fantasla. Realista por su educación,
singularísimo espectáculo, que las antiguas divini- Un coadjutor vierte de rico vaso áureo agua bendita impresionábase sólo por lo que ofrecía un aspecto
dades marinas, aquellas encerradas en los cristales al mar, y en el centro de los círculos que esta agua tangible, ya que el ideal de la vida pedíale otra clase
del mar, blancas como las espumas, palpitantes como forma al chocar con la superficie celeste, arroja el de satisfacciones que las que perseguía e~ pue~lo
las ondas, tendidas en el nácar de las madreperlas, Dux su anillo en demostración de eterno dominio. cristiano. De ahí que después de haber ennquec1do
habitadoras de las grutas de corales, envueltas en las Y en efecto, Venecia por aquel tiempo, rodeada de la mezquita de Córdoba con admirables aplicacioazuladas túnicas de estelas, conducidas á través de sus escuadras como de sus dioses menores, soberana nes cerámicas, emprendiera Mohamed-ben-Alhamar,
los líquidos espacios por los juguetones delfines, ha- de tantas islas griegas, señora del comercio oriental, hacia el año de 12 73, la construcción de ese encanbían surgido de los abismos, y tomando súbitamente bien puede creerse y llamarse la omnipotente diosa tador palacio, la Alhambra, exornado de primorosos
otras formas, ceñídose los trajes y los signos cristia de todo el Mediterráneo. La reina Margarita se ha encajes, verdadera maravilla de la fantasía oriental.
nos para continuar, merced á esta transformación, su desposado con el mar como antes la señoría vene- La contemplación de aquella portentosa creación del
antiguo imperio sobre las ondas y sobre los vientos. ciana. Un colosal anillo de bronce dorado á fuego, ingenio de los alarifes árabes despertó el espíritu del
Así, mientras el cortejo, compuesto de tantos des- con grandísima esmeralda hecha en la cristalería prin- pueblo morisco, y á la par que la arquitectura creaba
lumbradores grupos, se ausenta, saludado por la cipal de Murano, fué la señal de boda en estas nup- atrevidos y alicatados arcos con dobles curvaturas
parte de la población que queda en las ventanas y cias. Nos entristece, no obstante, una horrible con- excéntricas y con estrlas de media concha sustenta·
azoteas, todas cubiertas de orientales tapices, ó en sideración: pensar que servirá el barco á la guerra das por delgadas columnas, primorosos aljamíes y
misteriosas estancias con techos estalactíticos, pinlos muelles é islotes, todos henchidos de gentes, dos entre los hombres, y no á su libertad y á su paz.
tados de brillante azul, el arte hallaba medio de emprocesiones, formadas por los cleros y las órdenes

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

bellecerlas con arabescos enlazados con relieves de
cintas, con letras kermáticas, con repetidos blasones
que ostentaban la fatídica leyenda de- N o hay más
vencedor que Dios, y con esos ricos azulejos que ostentan la variada tonalidad del calidoscopio, ó en
los soberbios jarrones en donde se condensan los
vivos tonos del azul, del rojo y del oro, y cuyas formas superan por su elegancia y originalidad á las
ánforas clásicas y á las creaciones de la China, del
Japón y de la India.
No cabe imaginar nada más elegante y esbelto que
esos vasos, que la tradición supone sirvieron de digna arca para guardar tesoros y cuyas dimensiones
por sí solas ofrecían ya grandes dificultades al alfarero para lograr la perfecta armonía de todas sus
partes. La incuria y el abandono fueron la causa de
la casi total desaparici'ón de esas que deben considerarse como verdaderas joyas de arte; y tal es así,
que de los dos únicos ejemplares existentes en 1785,
citados por P. Lozano en su libro titulado «Las antigüedades árabes,» entre los que decoraban el palacio de los monarcas nazaritas, sólo se conserva el
que figura en el Museo Arqueológico Nacional, de
1
1 36 metros de alto por 2'26 metros de circunferen·
cia, entre cuyos motivos de caprichosa decoración
descuellan las dos gacelas, á las que debe su nombre
y celebridad. Si se examina y estudia este admirable
ejemplar, nótase desde luego la influencia que ejerció
la forma, ya que la vemos perpetuada y reproducida
en nuestra península, aun después de la expulsión
de los moriscos, en los vasos de nacarados reflejos
de Mallorca, en los dorados jarros valencianos, en
las botellas de metálicos tonos de Manises y en las
alcarrazas andaluzas.
Si tenemos en cuenta las descripciones de AbdAllah-El-Lawati, que se hizo célebre con el nombre
de Ibn-Batuta, resulta indudable que Málaga fué la
cuna de la cerámica de reflejos metálicos, y que sus
talleres surtían no sólo á Granada, sí que también
á las demás ciudades peninsulares y aun á las de
otros Estados. Así parece confirmarlo el citado viajero, quien escribía en 1350 que en Málaga fabricábanse bellísimos ej emplares de alfarería dorada, que
se exportaban á las más apartadas regiones, siendo
por lo tanto el centro del comercio cerámico de
España.
Los primitivos ejemplares malagueños distínguense por ostentar los motivos de ornamentación árabe
con las combinaciones geométricas, follajes y los caprichosos caracteres de su escritura cúfica ú oriental,
siendo muy raras las piezas que ostentan animales
en su decoración, efecto, sin duda, de las prescripciones alcoránicas. Existen, sin embargo, algunas excepciones, entre las que merece citarse el referido
jarrón de la Alhambra, en el que se hallan representadas dos gacelas, circunstancia que aumenta considerablemente su valor. El azul puro, oro un tanto
pálido y el blanco amarillento ó de carhe y aun el
rojo más ó menos vivo son los colores decorativos de
los modelos de Málaga, cuya analogía con los de la
Alhambra es tan notable, que según afirma el barón
de Davillier, preciso es convenir en la identidad de
su origen. Las tres grandes jofai·nas que posee el
Museo de Cluny, exornadas con reflejos metálicos y
azulados esmaltes, y las varias piezas de menor importancia que figuran en el Museo de Kensington,
de Londres, son los modelos tipos del primer y más
interesante período de las manufacturas malagueñas.
Esta semejanza de estilo, denunci~dora de su procedencia, continuó siendo distintiva aun después de la
conquista de Granada; mas á partir del primer tercio
del siglo xv1 fué alterándose poco á poco la decoración bajo la influencia del estilo mudéjar, siendo tan
sensible, que desde luego se nota el poder absorbente
del pueblo vencedor. La ornamentación no responde
á la idea; á las inscripciones que sirvieron de motivos
de decoración á los artífices árabes á la vez que de
manifestación de creencias, suceden los mal trazados
carac~ere~ de los nuevos alfareros, que utilizan los
signos como fantásticas grecas, no como aljamía, por
desconocer su significación. Desaparecen la finura y
delicadeza de los trazos, y en el sitio en donde figura!ºº los blasones kermáticos fijáronse los escudos
de armas de los magnates cristianos, pudiendo juzgarse de la transformación política que sufrió España
en aquella época por la que á su vez experimentó
esta industria, que fué á no dudar una de las más
prósperas y florecientes.
Si bien es cierto que durante los siglos x1v y xv
extremáronse de tal modo las ideas religiosas que
tanto los moros como los cristianos exterminábanse
en nombre de sus respectivas creencias, no es menos
evidente que el relativo progreso de las ciencias y las
artes templó, especialmente durante algunos perío·
dos, su encarnizamiento, traduciéndose el pasado
encono en recíproca tolerancia. Y tal es así, que en

Asturias, Le6n y Catalufia las artes y oficios estuvieron por mucho tiempo en manos de moros y judíos.
que arquitectos cristianos contribuyeron á levantar
mezquitas muslímicas y que afamados alarifes andaluces construyeron templos bajo plano de antiguas
basílicas.
Esta fusión puede observarse no sólo en las creaciones de Málaga y Granada, sí que también en las
de toda la península, y persistió hasta que con el
Cardenal Cisneros inicióse, en 1506, el reinado de la
intolerancia. El afán de cristianizar, olvidando compromisos contraídos por los monarcas con el pueblo
vencido, dió origen á la publicación de pragmáiicas
tan injustas como aquellas en que se prohibía á un
pueblo, que confiado en la hidalguía del vencedor
continuaba aferrado al terruño de sus antepasados, á
leer y escribir en su propio idioma y hasta á bailar
leilas y zambras y tocar instrumentos orientales, llegando al extremo de impedir el uso de sus trajes y
que se cultivaran las artes en el estilo morisco. Así,
pues, lo que fué belleza convirtióse en mero recuerdo,
ya que desaparecieron los factores que la servían de
compleme¡¡to.
A vivir en esta época Lucio Marineo, el cronista
de los Reyes Católicos, no habría podido consignar,
como lo hizo, que en Granada y Málaga fabricábanse
bellísimas piezas de cerámica.
A Felipe III debe imputarse la desaparición completa de las artes que florecían en manos del pueblo
árabe. El decreto de expulsión (1610) delos seiscientos mil moriscos significa el comienzo de un triste
período decadente para nuestra patria.
Las fábricas de Málaga fueron paulatinamente
desapareciendo y si bien Valencia heredó en cierto
modo sus tradiciones, diferéncianse y distínguense
las producciones de los moriscos de las mudéjares,
no sólo del reino valenciano sino del resto de España,
en que estas últimas ostentan tonos más vivos, trocándose los pálidos reflejos del oro por los más vivos
del cobre, desapareciendo la finura y distinción de
líneas, colores y motivos de la cerámica árabe, ya
que las nuevas producciones destinábanse á un pueblo menos culto y de inferior gusto artístico. Y tal es
así, que - según dice el Sr. Giner de los Ríos - «los
arabescos de Valencia son también degradados, y las
armas y blasones que se pintan en sus platos no
siempre se trabajan con delicadeza.» Esto no obste, preciso es confesar que la historia de la cerámica
valenciana tiene páginas gloriosas y que ocupa preferente lugar esta industria entre las demás ramas
productivas de nuestra patria. Basta para ello recordar los barros cocidos de Sagunto, tan elogiados por
Plinio, las fábricas de Paterna, Cuarte, Villalonga y
Alaquaz, ya florecientes en el siglo vm y las de Aléora
y Manises, para tener en cuenta la importancia de
esta, industria, que abrazó extensamente todas sus
ramas, desde la porcelana á la loza y á los azulejos.
Y que las manufacturas valencianas tenían un glorioso abolengo demuéstralo la carta especial que don
Jaime I el Conquistador otorgó en 1239 á los alfareros de J átiva, relevándoles de toda clase de servidumbres y tributos para que pudieran continuar la
fabricación de vasos, vajillas, tejas y ra.Jolas (azulejos),
imponiéndoles únicamente por cada horno la contribución de un besante anual. Por otra parte, Marineo Sículo escribía en 1517 que si bien en toda España fabricábanse excelentes ejemplares cerámicos,
eran más estimados los de Valencia por su mejor
ejecución y por estar mejor dorados. Hay que advertir
que las piezas más interesantes, ó sean las distintivas
por la palidez de los reflejos y tonos, anteriores al
siglo xv, distínguense también por ostentar la inscripción ó leyenda in p rincipio erat Verbum, et Verbum
eral apud Deum, ó bien el águila del evangelista,
por ser grande la devoción á San Juan, ó el águila
aragonesa, emblema de la casa real. Esto en cuanto
se refiere á las producciones de los artífices cristianos, ya que respecto de los tipos del período árabe
preciso es atenerse á sus distintivos caracteres ó entregarse á deducciones. Unos y otros son justamente
apreciados, y tanto los emblemas cristianos como los
moriscos, cuando se hallan embellecidos por los reflejos de oro pajizo, son muestra evidente de su
mayor mérito y antigüedad. Algunos de estos platos,
á pesar de no haberse podido clasificar entre los mejores, han sido tasados y vendidos en 5.000 pesetas.
Bueno es consignar que algunas de las piezas que
guardan algunos museos como productos de las fábricas de Málaga, son de procedencia valenciana.
Tal acontece con un plato del British Museum, catalogado como ejemplar malagueño, en el que se halla
inscrita alrededor de una gacela, en caracteres góticos,
la invocación Santa Catalinaguárdanos, cuya leyenda
ostentan al pie ó alrededor de la imagen de la santa
algunos platos valencianos de la misma época.
Manises y Alcora tienen también en la historia

NúMERO 500

del arte cerámico peninsular un período de florecimiento digno de estudio. Ambos pueblos asumieron
para el reino valenciano la gloria reportada por sus
industrias y cada uno de ellos la del género especial
en que tanto se distinguieron.
Los modelos de Manises adquirieron ya un carácter
particular y distintivo á partir del siglo xv1, de tal
manera que, ~egún decía Escolano, expedíanse á Italia cargamentos completos «esas faenzas tan bellas
como elegantes,» y añade Diago «que las pt'ezas dorábanse y pintábanse con tal arte y perfección, que tanto
el papa como los cardenales y príncipes f ormulaban
grandes pedidos, sorprendiendo á todos que con la arcilla
pudieran jabn'carse pt'ezas tan admirables.» Llegó también para Manises el período de decadencia: la be·
lleza de las formas conservóse algún tiempo; mas la
decoración fué recargándose de tal manera, que á
juzgar por los tipos conservados, los decoradores no
tenían ya noción de estilo, demostrando la ausencia
de gusto y la falta de educación y sentimiento artísticos. Hoy sólo restan los ejemplares conservados en
los museos y en las colecciones particulares; y como
representante de aquellas manufacturas célebres en
la historia de la cerámica española, existe un mal
taller dirigido por un posadero que ejerce su doble
industria sin tener siquiera noción de lo que para su
patria significa el nombre del pueblo en que reside.
En la vertiente de la sierra y entre incultas breñas
hállase situado Alcora, en donde toscos y rudos mon·
tañeses elaboraron las elegantísimas y primorosas
porcelanas y faenzas cuya posesión dispútanse los
coleccionistas pagándolas á elevados precios. Dedi•
cados ya de antiguo los de Alcora á esta industria,
en la que habían dado siempre muestra de su habili•
dad, y poseyendo arcillas de excelente calidad, ha·
llábanse en condiciones de mejorar la fabricación,
cuando el conde de Aranda, saturado del espíritu
innovador que tanto distingue al siglo xvm, proyec·
tó establecer en aquellos riscos, en aquel rincón del
Maestrazgo, que formaba parte de su señorío, una
fábrica de loza que compitiera con sus similares de
la vecina nación. En 1726 fevantóse en uno de los
arrabales de la villa un vasto y bien distribuido edi·
ficio, del que salieron ya al siguiente año de 1727
preciosas piezas cerámicas á modo de las que producían las fábricas de Sajonia, Holanda y Francia.
De esta última nación, con cuyos productos propúsose competir el conde de Aranda, trajo inteligentes
artistas y artífices, con cuyo valioso concurso fué
posible á los pocos años igualar las obras de la nue·
va manufactura, por su buen gusto y perfe,cta elaboración, con las de Ruen y Monstiers.
Joaquín Josef de Sayas, Josef Ollery, Miguel Soliva, Cristóbal Cros, Francisco Grangel, Miguel Vilar,
Cristóbal Rocafort, Vicente Serania y J osef Pastor
fueron los pintores que decoraron la afamada cerámica alcorense, que ya en forma de cornucopias y
medallones, jarros y fuentes, sostenían la compara•
ción con sus similares del extranjero. Para apreciar
en su justo valor la importancia y alcance de la in·
dustria alcorense y la inteligencia y habilidad de
aquellos artífices, basta leer las comunicaciones que
mediaron entre el Tribunal de Comercio y el conde
de Aranda. En ellos se consigna, entre otros extremos, «que desde el principio de la manufactura se
fabricaron pirámides con figuras de niños que sostenían sobre sus cabezas guirnaldas de flores y cestos
de frutas, ejecutadas con rara perfección, así como
también centros de mesa y objetos de gran tamaño,
puesto que llegaron á medir cinco pies de altura,
cornucopias, estatuas de diferentes clases y animales
diversos y de distintos tamaños. Llevóse allí también
á cabo la decoración entera de un cuento, con tra•
bajo en todo tan perfecto, que nada le iguala en mérito en España, Francia, Italia ni Holanda.» Posteriormente, ó sea por los años de 17 50, introdújose la
fabricación de porcelana, contratándose al efecto al
alemán Juan Cristián Knipfer, «para elaborar piezas
semejantes á las que se hacían en Dresde.»
Hasta 1748 no figura en los ejemplares alcorenses
la marca del conde de Aranda, ostentando únicamente los más notabl!!s la. firma del pintor que los
•había decorado. Mas á partir de aquella fecha, y con
el objeto de distinguir aquellos productos de las imitaciones que empezaban entonces á elaborarse en
Onda y Rivesaltes, empleóse como marca la letra A,
de oro ó colores.
Al desaparecer el conde de Aranda, aquel magnate de tanta iniciativa, decayó la fabricación, falta del
poderoso impulso que le dió vida. En 1800, al heredar el condado el duque de Híjar, todavía producía
la fábrica quince mil piezas de porcelana, quinientas
mil de la loza llamada de pedernal y un millón de
loza común; hallando constante ocupación siete .
maestros, ciento treinta y seis oficiales, cincuenta y
cinco aprendices y doscientos jornaleros; pero á me-

MAHÓN.- RECUERDOS DE LA FORTALEZA DE ISABEL II (LA MOLA), apuntes de D. A. Rodríguez Tejero

�470

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

•f

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NúMERO 500

Ibiza no fabricaran ya aquellos famosos vasos de
faenza destinados no sólo á ser exportados sí que
también á alimentar las necesidades de la localidad.»
El tipo oriental, más puro, más sobrio que el estilo
granadino y con tonos obscuros, en acero ó en nácar - dice el Sr. Giner de los Ríos, se perpetúa en Mallorca, y se distinguen sus piezas de las .valencianas y
andaluzas por esta fijeza permanente
de dibujo y de color, hasta en los
reflejos metálicos y dorados. Como
tipo característico puede citarse, entre otros, el gran vaso existente en el
Museo de Cluny, obra del siglo xv,
cuya decoración es una mezcla de
caracteres góticos y árabes, ostentando en el centro las armas de Inca,
iluminadas con rojos reflejos.
Cuanto á Cataluña, consta que por
el año de 1237 existían varios establecimientos cerámicos y el gremio
? ¡
,
apellidado de los «Olleros,» cuyos
productos alcanzaron grande renom,,
}
bre y estima. Barreiros en su «Coro/ ,' !
•
' grafía,» editada en 1546, cita la cerámica barcelonesa como muy superior
á la valenciana. Y que esta industria
debió revestir gran importancia, pa-

_"?.-7/Z ---

-

_;

inglés, que titulándose aliado arrasó aquella manufactura en 1808, después de haber incendiado y pillado á San Sebastián, cual no lo hicieron las huestes
napoleónicas.
Así como la cerámica árabe vióse perpetuada en
Valencia, Mallorca y Cataluña, Toledo, Puente del
Arzobispo, Segovia y Zamora imitaron después el
ejemplo de Talavera, Alcora y Sevilla, sucumbiendo
posteriormente Talavera y Sevilla á la influencia italiana, ajustándose más tarde Al_cora y el Buen Retiro en la forma y ornamentación á los modelos franceses.
•
España puede justamente envanecerse de haber
poseído importantes manufacturas de cerámica artística en épocas en que los demás pueblos europeos
apenas tenían nociones de esta industria, tal como
se producía en nuestra patria, que hoy por fortuna
vuelve á reproducirse, especialmente en Valencia,
gracias á la iniciativa particular.
Los notales ejemplares exornados con reflejos metálicos, elaborados ó hallados en diversas provincias,
pertenecientes ó posteriores á la época de la dominación árabe, hacen suponer, por su tipo especial,
que esta industria, es decir, esta variedad, fué importada por la raza conquistadora, estableciéndose fábricas y talleres posteriormente, que conforme hemos
demostrado lograron excepcional desarrollo en los
tiempos medios.

A.

NúMERO 500

dad que habían ya inscrito á sus perritos, y que por
lo tanto, serían disputados con empeño los preciosos
lazos ofrecidos como premio.
El anuncio era verdaderamente tentador, redactado en tales términos, que denunciaba un perfecto conocimiento del carácter femenino. ¡Cómo resistirse
al deseo de hacer admirar á su favorito y al mismo

GARCIA L LANSÓ

{-

una expositora aristocrática
diados de siglo hallábase ya la industria limitada á
las necesidades comunes del consumo, no quedando de aquellos primores artísticos, tan justamente
celebrados, más que la alfarería vulgar, que aun hoy
surte á la mayor parte de España de vajilla limpia y
económica.
La cerámica de las islas Baleares figura en segundo término entre las manifestaciones de la industria
peninsular. Suponen algunos distinguidos arqueólogos que ya en el siglo xu producíanse en Malema
finísimas lozas, livianas y bien coloreadas, quedando
libre de toda discusión que la famosa Majólica italiana procede ó se deriva de Mallorca, con la alteración de algunas letras, declarándolo así el diccionario italiano de la Crusca. De Ibiza y de Inca proceden los ejemplares más antiguos, que según el testimonio de algunos autores, entre ellos Giovanni di
Bernardi da Uzzano, eran objeto de grandes transacciones comerciales con Levante, Sicilia é Italia,
siendo lícito suponer que los tipos mallorquines sirvieran tal vez de moclelo á las manufacturas de Urbino, Bubbio, Pésaro y Chaffagiolo.
A juzgar por el movimiento de buques en los
puertos de las Baleares, esta industria debió alcanzar considerable desarrollo y grandísima importancia. Novecientas embarcaciones, algunas de ellas
de 400 toneladas, sostenían el comercio insular durante el siglo XIV, y que la mayor parte de ellas servían de medio de transporte de las lozas mallorquinas,
parece demostrarlo Vargas, cuando en 1787 decía que
era «verdaderamente lamentable que las fábricas de

Admitido

tiempo á su elegante y simpática personita, por un
centenar de aristocráticas damas, disputándoles el
premio en cuestión, cuya recompensa suena agradablemente en el oído de una coqueta!
Así, pues, no debe sorprender que el ángulo de las
Tullerías ofreciese el 25 de mayo un cuadro de género exclusivamente parisiense, en cuyo relato hallarán nuestros lectores algunos episodios humorísticos.
En el centro del salón donde había de tener lugar
el concurso destacábase una de esas perritas habaneras, ídolo habitual de algunas damas (que no siempre
lo son de la buena sociedad), precioso animalito con
el pelo erizado, cubriéndole el cuarto delantero á modo de león en miniatura, que excitaba el más vivo
interés entre los gosquecillos de todas las castas que
la rodeaban, y que á pesar del cordón que los retenía,
pugnaban por acercarse y trabar conocimiento. Era

La inscripción

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rece indicarlo el testimonio de Martín V eciana,
quien consigna que en el año de 1564 existían catorce fábricas en un solo pueblo y veintitrés en otro.
Los grandes platos y vasos de reflejos metálicos, que
se conservan en algunas colecciones, en cuyo centro
figuran las armas de Montserrat ó las de Barcelona,
vienen á robustecer la opinión de que en Cataluña
se produjeron ejemplares tan importantes como los
que han reportado celebridad á las fábricas de otras
regiones.
A Carlos III debió España un nuevo período de
renacimiento para la industria cerámica, A su llegada
á España, recordando quizás los bellos y primorosos
tipos de porcelana producidos en la fábrica napolitana «Capo di Monte,» dedicóse con afán á la creación de un establecimiento análogo en el Buen Retiro, dotando á la nueva fábrica de todos los artefactos necesarios, á semejanza de la de Nápoles, y poniendo al frente de los talleres á varios maestros de
su antiguo reino, retribuídos espléndidamente, Inaugurados los trabajos en 1760, pronto llamaron poderosamente la atención, á pesar de destinarse los
productos en los primeros años para uso exclusivo
del monarca y de la real familia. En 1803, época en
que había llegado á su completo desarrollo, producía
la fábrica del Buen Retiro las mejores porcelanas
de Europa, no quedando de tanta gloria más que el
recuerdo de su valer y el baldón sobre aquel ejército

CONCURSO DE PERROS DE LUJO
EXPOSICIÓN CANINA DE

1891

SEÑORA: tengo el honor de participar d V. que
el Comité de esta Sociedad re/ebra,-á 1m co11wrso de
pe,.,.itos de lttjo el dla 25 de mayo próximo, de dos á
cu.airo de la tarde, á condición de que sean presentados
por sefloras.
Los opositores no debe,-án ingreJar en el local de la
Exposición hasta el 1110111ento en que se venµque el concurso, bastando insc,-ibidos en la Secretaría antes del
24de mayo.
M-udw ag,-adeceré á V., sellora, se intense en favor
de este concurso, inscribiendo los ejemplares que V.
iJosea.
Con este motivo, etc.

Tal es el texto de la carta circular que á un crecido nú~ero de bellas y elegantes parisienses, dirigió
la Sociedad central del fomento de la raza canina. La
id~a de un concurso de perros, presentados por sus
mismas dueñas, era tan original, que prometía un
éxito ruidoso. Efectivamente: el perro, al que se le
da con razón el título de compañero inseparable del
ho~bre, lo es mucho más de la mujer, ya que de ella
re~1be mayor número de cuidados y atenciones. De
a_h1 _que la vísper~ del concurso publicaran los penód1cos una gacetilla anunciando que ascendía á un
centenar el número de expositoras de la alta socie-

47 I

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Una intrusa

una escena de flirt en toda regla. El sexo fuerte tenía en todos ellos su representación ó indiscutible
parecido, notándose, por ejemplo, en una delicada
galguita (sin mantilla que cubriera sus aristocráticas
formas) gran semejanza con el pollo á la moda, el artista, pintor ó pianista de salón, que en su aparente
descuido acusa al hombre presuntuoso y afeminado,

ó bien entre los grijfons, King'schar/es, etc., el tripudo pachón, de piernas cortas y robustas, aspecto beatífico y bonachón como el de algunos de nuestros
hombres de negocios.
Cuanto á la oficina de inscripción, desfilaban las
damas por delante del ventanillo del despacho indicando al empleado sus nombres, títulos y cualidades,
así como las de los opositores, que ellas levantaban
hasta cierta altura para que pudiera comprobarse
de vt'su la exactitud de sus informes. En la parte exterior del despacho permanecía en pie un criado de
la Exposición, de grave y correcto aspecto, luciendo
un flamante uniforme, quien contemplaba con marcada satisfacción la prolongada línea de graciosas siluetas femeninas enfundadas en sus angostos vestidos,
conduciendo cada una de ellas á su perro favorito.
Algunas, sin embargo, no se sujetaban á las condiciones impuestas para la presentación, por considerar asaz vulgar y depresivo el cometido que se había
tratado de imponerles. Si ellas debían conducir á los
opositores, ¿de qué les servirían las ventajas de suposición ó su fortuna? Si tenían criados ó sirvientes á
quienes confiar el cuidado de sus respectivos perrillos, ¿por qué prescindir de ellos en el acto material
de la presentación? Así debió raciocinar la joven y
bella baronesa de K ... , que penetró en el recinto de
la Exposición, erguida, con la cabeza levantada y seguida de un rubicundo lacayo, de robusto torso, que
no podía ceñir la ajustada librea, y de musculosas
piernas cubiertas por el blanco calzón de punto y la
bota acampanada, es decir, con el aire de un criado
de casa grande, dispuesto á ser, con igual facilidad y
según los casos, obsequioso ó insolente. Con sus enguantadas manos sostenía un pequeño almohadón de
seda, sobre el que reposaba un microscópico perrito
habanero del tamaño de una ardilla y tan gruñón
como un bull-dog.
Como reverso de la medalla, debemos citar un tipo
completamente opuesto al anterior, ó sea el de la
expositora elevada á la quinta ó sexta potencia. Hallábamonos en el local de la Exposición cuando tuvo
lugar la entrada, y preciso es consignar que produjo
viva sensación entre la concurrencia femenina allí
congregada. Todo en su persona guardaba relación
sin duda con su carácter é inclinaciones. Su voluminosa silueta destacábase á través de los salones como
una gran masa que apenas podían contener las valiosas telas de su caprichoso y rico traje, adornado con
gran copia de aplicaciones de pasamanería y bordados que á cierta distancia asemejábanse á grandes y
repetidas interrogaciones. Llevaba dos animalitos bajo cada brazo y otros cuatro sujetos por cordones de
encarnada seda que retenía en cada mano y que en
su desordenada marcha, con sus frecuentes vueltas y
revueltas dificultaban la de su filantrópica dueña, á
la que algunas veces ponían en peligro de perder el
equilibrio á pesar de la robustez de las columnas
que sustentaban aquel edificio. Sufría la gruesa señora las impertinencias de sus Erotegidos con paciente
resignación digna de mejor causa, prefiriendo, sin
duda, los peligros á que la exponía la conducción á
través de las calles y avenidas de su numerosa familia canina, á confiar al cuidado de uno ó varios sirvientes todos aquellos seres para ella tan queridos y
tan necesitados de sus prolijas atenciones. Obrar de
otra manera hubiera sido prueba evidente de no albergar en su corazón delicados sentimientos, y aquella
señora, ángel protector de sus canes liliputienses, era
excesivamente sensible y extremada en sus afecciones. Sin embargo, así como no todas las acciones
loables hallan en el mundo merecida recompensa, la·
filantropía de aquellas señoras y la protección á aquellas desvalidas criaturas no eran apreciadas en su justo
valor por los empleados ael concurso, quienes prescindían de las cualidades enumeradas por sus dueñas,
fijándose 1ínicamente en los caracteres de raza del
animalito, en su forma plástica ó en otros pormenores
consignados en el reglamento de la Exposición, pero
(]Ue no se habían tenido en cuenta por aquellas sensibles damas. Las resoluciones de la secretaría en el
acto de la presentación producían acerbas amarguras, ruidosas protestas ó grandes satisfacciones. La
expositora que al presentar á su enteco galguito oía
pronunciar al empleado la palabra admz'tido, atravesaba sonriente y satisfecha por entre sus compañeras, cubriendo con su manteleta al animalito que,
ajeno á la importancia del papel que le estaba confiado, procuraba hacerse un ovillo y recogía el calor
que le brindaba el cuerpo y el abrigo de su dueña.
En cambio, aquella á quien se dirigía la fatídica
palabra de rechazado experimentaba un profundísimo
disgusto, cuyas consecuencias difícilmente podían
apreciarse. ¡Ahí es nada rechazará una Linda ó á una
Lady! No cabía duda: allí, como en todas partes, jugaban las influencias; y los empleados y los miembros
del Jurado obraban impulsados por mezquinos inte-

reses teniendo en cuenta hasta la diferencia de edad
y de' posición de las dueñas de los animalitos. Tales
eran las consideraciones que cual desbordado torrente salían de los labios de las damas desairadas que,
heridas en lo más hondo de sus sentimientos y molestadas en su amor propio, abandonaban el local,
lanzando venablos contra los iniciadores del concurso.
Abandonemos á las damas desairadas entregadas ,
á su disgusto, y penetremos con las favorecidas en el
local destinado al concurso. Consistía éste en un gran
salón improvisado en el centro de un jardín, y á cuyos
lados, en toda su longitud, iban tomando asiento las
expositoras, que tenían delante de sí, retenidos por
el consabido cordón, á sus perros favoritos Los miembros del Jurado figuraban en segunda línea, quienes
aparentando fijarse en los animalitos, aprovechaban
la ocasión para admirar á las damas allí reunidas. El
Jurado invirtió una hora en ponerse de acuerdo y
emitir su veredicto. Durante este tiempo todas las
expositoras permanecieron silenciosas, procurando no
variar la posición que habían estudiado para aparecer más simpáticas y distinguidas.
Por fin los jurados dieron á conocer el fallo, colocando en el cuello del perrito d istinguido el lazo
ofrecido, que debía proclamar su mérito.
Después las concurrentes, satisfechas ó descontentas, fueron abandonando paulatinamente el local,
dirigiendo al paso sus miradas á las vastas perreras

Una expositora por partida doble

en las que se hallaban encerrados los canes destina .
dos á la caza, que más infelices que sus congéneres,
despedíanlos con sus lastimosos ladridos, llorando
su perdida libertad.

A

VIENA
«No hay otra ciudad imperial en todo el mundo,»
dice el vienés respecto á su querida Viena, y lo pregonan vientos y aves por villa y corte, por llano y
sierra; lo cantan las ondas del caudaloso DanubiJ,
que fué el teatro de la mayor parte de nuestra epopeya Los Vivelungos; lo dirán José Castro y Serrano, Francisco María Tubino y Ramón Torres Muñoz
de Luna, que con motivo de la Exposición Universal de 1883 conocieron la bellísima ciudad del Danubio azul, y lo saben los escritores franceses que
estuvieron en ella juntos con los poetas alemanes en
el Congreso de 1881, diciendo que los Ringstrassen
de Viena son más hermosos que los bulevares de
París. España tiene su imperial Toledo; pero ésta es
la ciudad del pasado, y Viena es la del presente, el
templo de la alegría, un vals &lt;.ontinuo, una hada risueña rodeada de todos los encantos de la naturaleza y de todas las maravillas del arte.
Con su catedral de San Esteban, llamando la atención por sus agujas, estribos, arcos y botareles, Viena es la hermana de Colonia, Ulm, Strasburgo, Friburgo en Alemania y la de Sevilla, Toledo, Burgos y
León.
«Ha de brotar de Viena un mar de luz,» decía el
príncipe Rodolfo, y tenía razón.
El año 1891 es para la ciudad imperial la aurora
de una vida nueva, habiendo la Dieta del Austria
Baja aprobado y sancionado el emperador un proyec-

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LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMEkO 500

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to de ley incorporando á la ciudad una porción de triaco, y admiramos también la estatua ecuestre de
Una máscara, cuadro de D. José María Tamarrabales y pueblos suburbanos de los alrededores de aquel filántropo sentado en el trono que se llamaba burini
!Exposición general de Bellas Artes de Barcdona). esta capital. Aquel proyecto celebrado con júbilo in- José II, la estatua de Tegettkoff, el insigne marino; Este bonito cuadro de caballete, al igual de todas las obras
descriptible por el respetable caballero Antonio de los monumentos erigidos á Beethoven, Mozart y que pro~uce este artista,. l!eva impreso el sdlo especial que
Schmerling, por los estadistas austriacos, por los Grillparzer, y el monumento á Schubert, que se debe car~ctenza á sus compos1c1ones por la elegancia de lineas y la
dehca~a armonía de tonos, que las hace simpáticas y agradaburgomaestres de la ciudad, por las notabilidades á Kundmann.
bles, sin que su plasticismo las separe de las reglas que inforcientíficas, artísticas y literarias y por la flor y nata
Nadie está rodeado de una aureola más esplendo- man el concepto artlstico.
O!ras varias notas, no menos recomendables, hemos tenido
de los ciudadanos que expresaban su profunda gra- rosa que el emperador José II, cuyo nombre acabatitud al emperador, á quien se atribuye principal- mos de pronunciar con el respeto más profundo. A ocasión de admirar en el estudio de Tamburini, que, como la
que reproducimos, han de acoger favorablemente el público y
mente la idea de ensanche de la ciudad; aquel proyec- aquella figura tan simpática se refiere la siguiente los amantes del verdadero arte.
to, decimos, hará cambiar la faz de Viena, permitién- anécdota: El afamado escritor de Estiria Pablo Rodole un desarrollo inmenso. La población aumentará seyger creía cuando joven que viviese aún aquel emde 800.000 almas que hoy cuenta á 1.400.000.
•••
perador de quien le habían contado cosas tan extraorComo nuestra Colonia y como todas las grandes dinarias. Con los pocos cuartos que había ahorrado
capitales, Viena tendía á ensanchar cada vez más sus como cahrero, salió para Viena con el único fin de
Mahón. Recuerdos de la fortaleza de Isabel II
límites, absorbiendo y englobando los pueblos de los conocer personalmente al gran emperador. Efectiva- {La Mola), apuntes de D. A. Rodríguez Tejero.alrededores. Hace 30 años el emperador Francisco mente, entró en el imperial alcázar y logró penetrar La fortaleza de Isabel II, conocida vulga[Jllente con el nombre ~e ½t. Mola, es una de las plazas de guerra de más imporJosé quitó el cinturón de muros que había ahogado en un magnífico salón donde un caballero de la corte tancia militar que poseemos. Situada en una pequeña penínsuá Viena, esos gruesos paredones que impedían la le preguntaba qué quería. «Presentar mis respetos á la al Este de la isla de Menorca, defiende la entrada del puerlibre circulación del aire; derribó aquellos muros y su majestad el emperador José II.» balbució el mu- to de Mahón, uno de los mejores del Mediterráneo.
La guarnición que la ocupa, más los operarios ocupados en
baluartes que dos siglos ha fueron testigos del valor chacho. «Entonces debes bajar al Par.teón de Capuobras de fortificación, forman una numerosa colonia militar
con que los vieneses defendieron su patria oponiendo chinos, pues allí está,» contestó el caballero.
donde abundan tipos y escenas dignas c,Je gráfica reproducción.
sus pechos á los invasores turcos. Entonces nació una
En Viena vive también la memoria de Raimund, Una de las más originales y animada~ es la llegada de la lanViena magnífica y soberbia, admirada por propios y que creó la poética comedia popular, cuya más ins- cha de provisiones al muelle de la fortaleza. Este pequeño
extraños, una ciudad de calles lucidas y anchas y de pirada sacerdotisa era la inolvidable Teresa Krones, barco ~arte al ser de dla para Mahón, distante tres millas,
conduciendo á los asistentes, que regresan á las tres horas con
palacios brillantes. Viena se presentaba remozada y mientras Anzengrerber es el padre del vigoroso drama su compra en la cesta ó en su saco, y en el estómago alguna
refrescada; nacieron, gracias á la generosidad del popular; pero la adversa suerte que corre por las venas copa de aguard!ente cuyos vapores se deshacen en canciones y
emperador Francisco José, como por encanto teatros de la gloriosa historia de nuestras letras cortó en epigramas propios de gente alegre.
El personal de la colonia está llamade á aumentarse con la
y museos, la Opera debida á los arquitectos Van Der 1890 el estambre de la vida á aquel famoso dramacreaci~n de la primera Penitenciaría militar, decretada en ro
Nüll y Siccardsburg, la Universidad que pregona el turgo, arrebatándonos en el mismo año también al de abril del corriente año. En ella tendrán ingreso los indivinombre ::le Ferstel, y la gótica iglesia de la Salud; y anciano Bacrevnfeld, que con tantas obras ha deleita- duos de tropa condenados á prisión correccional militar que
los ciudadanos de Viena erigienm bajo los auspicios do el espíritu del público, mientras el popular saine- no. exceda de tres años. De este modo se evita que :nfelices á
del gran arquitecto Federico Schmidt las más her• tero Nestroy, que tuve el gusto de ver, ya cuando es- quienes el código militar impone estas penas por delitos relativamente leves vayan á confundirse en los presidios con vermosas Casas Consistoriales, tan firmes como su amor tudiante, en el Teatro de Carlos, los encantaba todos daderos
criminales.
á la estirpe imperial y á la unidad de Viena.
A la galantería de D. A. Rodríguez Te}ero debemos la co·
con su vena humorística.
lección de apuntes.
La ordenanza para el aumento de la extensión
Sería ingratitud no querer, no estimar cada vez más
urbana de Viena es el regalo de reyes para los vie- á esa hermosa ciudad donde West, H alm y Wilbrandt
neses en 1891 , es la reforma más benéfica, el más cultivaron el clásico drama español y el eminente fi.
•••
poderoso acicate del comercio.
lólogo Fernando Wolff se consagraba á sus estudios
¿Quién no ama á Viena? La populosa y bullidora españoles. En el Teresiano se educó Alfonso XII
Un discípulo de Homero, cuadro de S. Glucciudad de Berlín es para los alemanes el centro de para ser rey de España, y Viena llama hija suya á la
klich. - La religión griega su~tituyó los dioses de Oriente por
sus glorias, la cuna de su grandeza; pero Viena es el madre del tierno D, Alfonso XIII, la noble reina ser~s
morales y personales, cuya transformación sirvió para
imán del corazón, la hermosa ciudad á la que de- regente María Cristina.
a~nr paso á. la poesfa, surgiendo naturalmente la epopeya. Esbemos el colorido de las ideas, la viveza de la imagi¡Gloria á la antigua Vindobona cuya primera edad m1rna y Ch1os .pretenden haber sido la patria de Homero, el
nación, la sangre y el calor del corazón, la simpatía se pierde en las tinieblas, en las nieblas de la leyenda, cantor de Aqmles, al que sucedieron los ciclicos, así llamados
porque ~u.s poemas formaban como una colección completa de
á lo bello en que insensiblemente nos empapamos y que fué la residencia del genial y generoso Marco la~
trad1c1ones de la edad heroica. A éstos siguieron los poetas
con s61o vivir en la ciudad de las divinas mujeres Aurelio y del emperador Probo, que trasplantó la vida épico~ Y después los elegíacos y los líricos. T erpandio, Ari6n,
que inspiraron á Makart.
de la Grecia á las orillas del Danubio! ¡Gloria tam- Estes1~oro y Safo y otros más, cuyos nombres han pasado á la
Cuando un hombre dice «voy á Viena,» excita los bién á la Viena de la Eda~ media, que se hizo la ciu- posten dad, patentizan por medio de sus obras el adelantamiento de aquel pueblo, que en la tenebrosa obscuridad que rodea
celos de su esposa, la envidia de los hombres y prodad de Carlomagno, la ciudad de los ilustres mar- á aq~ella~ edades, es slmbolo de progreso, brillante antorcha
mueve la sonrisa de sus amigos pensando en el goce
graves de Austria, los Babenberg, entre los cuales se que dumma las negruras de la barbarie. Sus poetas, sus artis•
de vivir que en aquella ciudad tan hospitalaria se distinguieron Enrique I Jasomirgott y Leopoldo VI tas, sus hombres de Estado, lograron lo que tal vez no pueda
respira con delicia, en el mundo elegante que se el Glorioso, y la unidad de Rodolfo de Habsburgo, lograr, la pres~nte gent!raci6n: transmitir sus obr:v; como modelos a las sociedades que viven veinticinco siglos después de
pasea en los bulevares, en el encantador Stadpark; de los Alberto I , Alberto II, Alberto III, Rodolfo IV haberse
producido.
en el Prater, que por sí solo merece un himno, y en
.El grabado que publicamos, copia del cuadro de S. Glücy Alberto V! ¡Gloria á la ciudad del último caballero
el parque del histórico Schonbrunn; en las estrellas
Maximiliano I y á la que fué baluarte contra los tur- khc~, representa á un poeta griego en el momento en que dande los teatros; en tantas divas de la opera, princesas cos! ¡Gloria eterna á la patria de María Teresa y de do nenda suelta á sus inspiraciones, brotan de sus labios esos
hermosísimos versos que, al cabo de dos mil años nos em bcde la opereta y reinas de la comedia; en los bailes diJosé II! De este último dijo Anastasio Grün: «Fuiste lesan y cautivan por su elevado concepto.
'
rigidos por el maestro Eduardo Strauss; en los reyes
un tirano, sí; pero un tirano como la primavera, que
de la opereta Juan Stranos y Millocker, cuyas com- sin piedad rechaza la nieve y el frío y con sus guir•
••
posiciones tienen algo del vino de la alegría por ex- naldas adorna hasta el más pobre arbusto.))
Trovador improvisado, cuadro de Enrique We.
celencia, el Champagne; en los populares bailes de
Gloria también á la ciudad de Francisco José, que ber. - Antiguamente era muy común entre los obreros alelindísimas lavanderas, de cocheros y de campesinos;
en unión de Berlín y de Munich es el centro del manes la costumbre de recorrerá pie y en cuadrilla extensas
en los cantantes populares; en la vida en los suntuo- saber y del arte alemanes.
com~rcas en solici,tud de trabajo, ó bien con el objeto de perfeccionarse en la profesión á que se dedicaban. Al objeto iban
sos cafés, donde ofrecen el néctar más delicioso y el
de pueblo en pueblo y de hostería en hostería, y n'o era extraño
pan más sabroso; en el culto á Baco, que tiene sus
JUAN FASTENRATH
que en cualqu.ier~ de las últimas, ante las gracias de las hijas,
altares en Nussdorf, Voslau, Gumpoldskirchen y
hermanas ó S1Tv1entas del hostelero, apareciese un joven y aleKlosterneuburg, y á la cerveza que brindan Kleinsgre. t~ovador que, tañendo la legendaria guitarra, hiciese las
chwechat, Pilsen, Liesing y Hüttelsdorf; en la bodega
dehc1as de las hembras cantando á su oldo, con voz conmovida
u?~ de esas coplas amatorias conocidas por el nombre de sus'.
de Exterhazy, donde se bebe el manzanilla húngaro,
NUESTROS GRABADOS
p1rillos alemanes, ó bien cualquiera canción expresiva y piy en las fiestas de flores que se celebran en el Prater
caresca. Hoy que esta costumbre tiende á desaparecer, no es
el 1.° de mayo, haciendo de Viena otra Valencia, en
extraño que Enrique ,veber, recordando los tiempos en que
que el aire suspende en sus alas vagorosas esencias
Reposo, cuadro de D. Arcadio Más y Font- pobre pint?r de brocha .gorda, quizá formó parte de una d;
y que á cada primavera resucita la creación de un devila (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes estas cuadnllas de trabaJadores, haya pretendido perpetuar el
de Barcelona y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento). - No recuerdo de aquellos tiempos llevando al lienzo una de esas
ideal paraíso.
en balde se ha dicho de este distinguido pintor que es tan P?éticas escenas. Si lo ha conseguido se comprende con sólo
Sin orgullo ni vanidad puede d~cir el vienés ·que simpático de presencia como de estilo. Todas sus obras osten- fiJa rse en nuestro grabado, reproducción del cuadro donde
no hay otra en Austria ni en Alemania más alegre, tan el sello espe~ial que co~sti!uye su carácter, y acusan, des- todo, desde las actitudes hasta la expresión de la fison~mla &lt;le
siendo el tipo más acabado del vienés el actor Girar• de luego, corrección en el d1buJo, seguridad en los trazos fres- cada personaje, revelan uno de esos momentos en que todos
di, ese Mariano Fernández de los vieneses, que tiene cura en. ~l color, eleganci~ en los to~os y ~iempre inspirada los ámmos. se hallan bajo la acción del rey poeta, del cantor de
compos1c1ón. Severo y exigente consigo mismo, conviértese todos los tiempos, del trovador popular,
una fuerza cómica muy subida, haciendo desternillar Más y Fontdevila en crítico de sus propias obras, no entregánde risa al público que admira su magistral talento dolas al dominio del público hasta que ha logrado vencer difi•
••
y su intuición verdaderamente extraordinaria del cultades que él mismo se ha impuesto,
Estudioso y devoto ferviente del arte que con tanto prove~8: hormiga, estatua de D. José Campeny (Exarte de la caricatura.
cho cultiva, l?roc~ra siempre que sus obras determinen un pro- pos1c1ón general de Bellas Artes de Barcelona). - VentajosaDe los habitantes de esa capital que el danés Jorge greso, una v1ctona para él, gozándose en lograr producir los mente conocido este artista, por sus recomendables obras por
Brandes llama la ciudad privilegiada de la libertad y contrastes no sentidos ó los maravillosos efectos del coloró del sus triunfos en varios concursos y por su constante labor' nos
del donaire, y cuyos genuinos hijos son los escrito- trazo, En Italia pasó los primeros años de su vida artlstica complace~1os en reproducir la más bella y más im portant~ enres humorísticos é ingeniosos Federico Schlogl, Vi- impregnándose ~u esplritu del purisimo ambiente que el art; tre las seis esculturas que ha presentado en la Exposición geproduce en la Cmdad Eterna, y honrando á España por medio neral de ~ellas Artes de Barcelona, en donde, á nuestro juicio,
cente Chiavacci y Fernando Gross, decía ya en t 836 de sus obras, en unión de otros pintores cuyo solo nombre sig- no ha temdo la recompensa que tenla derecho á esperar. La
Adolfo Glassbrenner: «los vieneses no son pedan- nilica una gloria para la patria. Más, atraído por su suelo na- ltormiga es una bellisima e~cultura! de concepto completatal, abandonó Roma para fijar su residencia en nuestra ciudad mente moderno, 9ue denunc1~ los alientos de este distinguido
tes.»
Viena tiene el culto de sus grandes hombres, de en donde. ha producido ?~ras tan notables como el cuadro qu; escultor y sus eshmables cualidades artísticas.
reproducimos, que adqumdo por el Excmo. Ayuntamiento de
sus bienhechores y patronos. Admiramos el monu- Barcelona, figurará en el .naciente. Muse.o Municipal de Bellas
mento colosal debido á Zumbusch y levantado en Artes, ~orno bella y sentida mamfestac1ón del arte pictórico
JABON REAL
JABON
honor de María Teresa, la que fué la madre de su contemporáneo.
pueblo y que vive, así en la historia como en la traDETHRIDACE
VELOUTINE
4
• - • • Jlr ~ ■l&amp;o'- flll la lirlll" C. la Pfll 1 kllua W Cér
dición y en el corazón agradecido de cada buen aus-

.
••

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2,..::i:i¡u11

LA

NúMERO 500

ILUSTRACIÓN ARTlSTICA

475

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD

{CO NTINU ACIÓN)

Durante el trayecto hablaron de los acontecimien~os sobrevenidos en aquellos tres años de separación: poco inclinado á lo p~t~tico, Pedro expuso alegremente el estado en que se hallaba, y que en su opimón no era para dese;pe:arse. Trabajaba en rehacer su fortuna, lo cual le ocupaba mucho, y no hab1a sido
nunca tan feliz como entonces.
.
..
_ Ya lo ves, dijo á Gilberto, yo había nacido_ para. vivir ~n el campo entre
mi mujer y mis hijos. ¿Por qué le abandoné? Hubiera. s1~0 meJor por todos conceptos que en él me quedara ... Debo haber enve1ecido mucho: ¿no te parece así?
- No, contestó Gilberto.
Pero se encogió de hombros con expres~ón de d~da.
.
- En cuanto á ti, añadió, no has cambiado ... Siempre guapo, con los OJOS
brillantes y vivos, con el cabello de un rubio ... ¿No me dirás lo que pensaban
de ti las bellas romanas?
_ .
Y como Gilberto se descubriese para enjugar su frente, Pedro anadió son-

, ,·

Para olvidar su amor habíase entregado á las más arduas investigaciones históricas

El conde de Bagrassand se había acercado vivamente á Gilberto.
- Si necesita usted de alguien ... díjole.
Hubiérase dicho que, tan exasperado como Gilberto, alegrábase de lo que
acababa de ocurrir.
, . .
Fué uno de los testigos en e\ encuentro qu_e tuvo luga: al d1a s1g~1ente. Poco
le costó á Charnasón triunfar de su adversario, más hábil en maneJar la pluma
que el acero, clavándole la .punta de su espada en un costado.
,
Gilberto curó; pero la vida no era ya tolerable ~ara él en Pans. Au.nque .el
incidente no hizo mucho ruido, y por más que pudiera creerse . que s1 _la vizcondesa conocía el hecho, ignoraba el verdadero motivo ~el mismo, G1lberto
comprendió que más pronto ó más tarde cometería la misma necedad ú ot~a
cualquiera. El era ahora quien la comprometería, pues aquel ~mor que h~bia
querido sofocar, y que avivaba á cada instante con su persec~c1ón, convertlase
poco á poco en frenesí. Era p'.eciso huir de a9-uella locura pehg,rosa.
Tenía medios para consegurr que se le envrase á Ro~a, y alh march6 con el
corazón lacerado. Los tres años que pasó en aquella cmdad no debían formar
época en su vida; para olvidar su amor habíase entregado .desespe'.adamente á
las más arduas investigaciones históricas, á inmensos trabaJOS eruditos. Un golpe terrible vino á turbar aquella calma momentánea.
..
Su madre le había visto partir con pena; pero la conducta que su hiJO seguía hacía algún tiempo! ~cabó por hac_erle ~omprender 1~ que ocurría, pers~adiéndose de que aquel v1a1e era necesario. Gilbert~ no deb1a. volver á verla mas,
pues la buena señora, que había regresado á Chatillón, munó durante la ausencia de su hijo, yendo á reunirse con su amiga la marquesa de Cabro! poco después del fallecimiento de ésta.
.
.
.
.
El pesar que le ocasionó esta pérdida contnbuyó sm duda al ol~ido, de su
amor, y pudo persuadirse un momento de que ya no quedaba de él mngun vestigio, pero se engañaba.
.
.
.
. .
. .
Reconoció por primera vez la persistencia de su pasión al rec1hrr noticia de
los acontecimientos sobrevenidos después de su marcha. La fortuna de Pedro,
muy mermada ya, se había perdido completamente en desgraciadas espe.culaciones; y el desastre ocurría precisamente en aquella época. Su pensamiento
voló desde luego á Blanca, y afligido por ella, reflexionó .con dolor en l.a nueva
existencia á que se vería reducida, después de las comodidades y del luJo á que
siempre estuvo acostumbrada.
Por último llegó la carta de Pedro, aquella carta en que 1~ mano amada había
trazado algunas líneas, que fué como la chispa que reamma todos los fuegos
mal apagados, y que determinó su pronto regreso.
V
No es posible volver á ver sin melancolía los lugares donde se desarrollaron
la infancia y la juventud; si el pasado risueño, los primeros proye~t?s y las frescas ilusiones de otra época se recuerdan aún al acercarse á los s1t1os, con más
razón se siente la amargura de las decepciones. A esto se agrega el sentimiento
que produce el recuerdo de aquellos que allí existieron y á quienes no se volverá á ver jamás.
.
No se libró Gilberto de esta tristeza al llegar á Chat1llón, pues pensó en su
madre ... pero no tuvo tiempo de entregarse á sus recuerdos, porque Pedro le
esperaba en la estación. Los dos se abrazaron estre~~a1;Dente, ocuparon d~spués
un breack, sentándose ambos en el pescante, y dmgiéronse por el·cammo de
Mareuil.

riendo.
.
~ á b'
- ¡Ah! No todo el cabello se ha conservado ... pero no importa, as1 est s ien,
porque tienes frente de hombre pensador ... ¿Y no te casas? ¿N?? ... Pues haces
mal. En resumen, tenemos la misma edad; estás cerca de los tremta, y es el ~omento oportuno; yo, en tu lugar, con tus aficiones y tu· fortuna ... A propósito,
¿á cuánto asciende tu renta?
Esta pregunta, hecha de improyiso, in.quietó á Gilberto, quien acabó por confesar que su renta era de unas vemte mil pes~~as.
.
- Pues bien: ya es suficiente para dos, d110 Pedro, castiga?do á su caballo ... Por supuesto, sin hacer locuras. ¡Ahora me parecen estúp1~as!
.
Pedro era siempre el mismo: el hombre de acertadas resoluciones. ~ientras
hablaba Gilberto le examinó furtivamente, y á pesar de lo que antes d11era, parecióle que, en efecto, había envejecido un poc?· S~ cabello siempre espeso,
encanecía ya por las puntas; sus facciones parecian ligeramente ~botagadas, y
á causa de su nuevo género de vida al aire libre, hallábanse cubiertas de ~na
capa uniforme de carmín que no tenía nada desagradable. Conservaba su vivaz
alegría, pero en momentos dados ésta era algo forzada. Por último, había engordado, y aquel hermoso tipo del caballero elegante comenzaba á desvanecerse.
El coche corría por el camino cubierto de sombra qu.e costea el Her1?lette, y
muy pronto los jóvenes divisaron en lontananza el castillo que, como siempre,
presentaba en el fondo del valle, sobre el asiento d.e sus terr~zos, la bla?cura
de su fachada inmensa sus dobles pabellones con teJado de pizarra y la silueta
aérea del pequeño .ca~panario. Esta vez también, á medida que se acercaba,
Gilberto pensó encontrar algún feliz dese?lace r~servado para él,. pero ~orno se
había engañado la primera vez, no se deJÓ dommar por aquella impresión con
la misma confianza.
Muy por el contrario, estaba inquieto y arrepentías~ de su imprude?cia. ¿Qué
haría allí sino encadenarse de nuevo, hacer más misera su existencia y someterse otra vez á la misma tortura que ya había sufrido? Deseaba ardientemente
ver á Blanca de Cabrol, pero esta idea bastaba para hacerle temblar; hubiera
preferido verla y volverá partir al punto. ¡Ah! Si hubiera estado solo, si hubie-

,

Í
1

Allí estaba la marquesa de la Fonfreyde hablando con el cura de Mareuil

�476

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

se podido reflexionar aún ... pero el breack seguía corriendo; habían cruzado ya
el pueblo, y ahora costeaban la arboleda; después, latiéndole el corazón, Gilberto vió que franqueaban la verja, y que el coche daba la vuelta: habían llegado
frente al pórtico.
Allí estaba la vizcondesa, que acudió presurosa y sonriente al oir el ruido del
coche, para dar la bienvenida á los dos amigos.
- Es usted muy amable, dijo, muy amable por haber venido ...
Al mismo tiempo adelantó un paso y ofreció su mano á Gilberto: sus ojos
brillaban como en otro tiempo, su sonrisa hechicera era algo más simpática
para él esta vez, y notábase en ella cierta expresión de intimidad que Gilberto
no había notado nunca.
Pero este examen no duró mucho tiempo, pues muy pronto pasaron al vestíbulo, donde el ayuda de cámara esperaba á Gilberto para acompañarle á su habitación.
- Bajará usted cuando oiga tocar la campana, dijo la vizcondesa; le esperaremos á usted en el salón.
Gilberto subió al primer piso, y una vez solo, cuando pudo coordinar sus
ideas, reflexionando que estaba bajo el mismo techo que Blanca, cerca de ella,
que acababa de verla y que ella misma le recibía en aquel castillo inabordable
para él en otro tiempo, su corazón se dilató con una alegría desconocida, un
sentimiento de orgullo que nunca había experimentado.
El día tocaba á su fin: por la ventana entreabierta, desde donde podía ver el
extenso jardín y los cisnes nadando en el estanque, contemplaba en aquel momento, detrás de la cortina de los árboles del parque, el sol enrojecido que lanzaba sus últimos rayos desde un cielo cubierto cle vapores purpúreos. En aquella hora tranquila reinaba un silencio profundo alrededor de Gilberto, y mientras se disponía á vestirse, parecíale que la calma de la naturaleza se apoderaba
de él; los pensamientos que entonces agitaban su alma eran alegres y sentíase
invadido por risueñas sensaciones.
Al fin resonó la campana; bajó presuroso, cruzó por el patio desierto y encaminóse al salón.
Allí estaba la anciana marquesa de la Fonfreyde hablando con et cura de
Mareuil. Desde la última vez que la vió no había cambiado mucho;apenas eran
más pronunciadas las arrugas que surcaban su rostro pálido, y en sus ojos se
notaba una languidez más tierna. Por el ademán familiar con que le ofreció la
mano y por las primeras palabras que le dirigió, pudo comprender su intención
de hacer ver al sacerdote que eran antiguos amigos. Estas demostraciones lisonjeras le conmovieron, y pensó que en la anciana tendría un apoyo.
- ¿No viene la señorita de Sainte-Severe?, preguntó la marquesa á Blanca
que se había sentado con su esposo á un extremo del salón.
La señorita Albania de Sainte-Severe, que hacía las veces de lectora para
la marquesa, entró un momento después, llevando á Guy y á Juana de lamano. La vizcondesa se dirigió hacia los niños y presentóles á Gilberto, que los
levantó en sus brazos. Guy, próximo á cumplir los cuatro años, parecíase mucho
á su madre. y en Juana se reproducían los ojos y las facciones del padre. Sobre las semejanzas y diferencias cruzáronse algunas palabras; después se siguió
una pausa, y entonces la vizcondesa miró á Gilberto sonriéndose.
- Es necesario, dijo, que le presente á usted á nuestra amiga, la señorita de
Sainte-Severe... El señor Maujeán, añadió, mientras éste se inclinaba.
Pedro, de pie á corta distancia y hojeando un álbum, fijó en su amigo una
mirada curiosa durante la presentación, y apenas ésta hubo terminado, cerró
bruscamente el libro y arrojólo sobre la mesa. Esta mímica era muy expresiva,
y parecía querer decir: (Ya está hecho.»
Un criado anunció que la marquesa estaba servida, y entonces la anciana
señora fué á cogerse del brazo de Gilberto; apoyada ...demás en el bastón, algo
encorvada ya, pero demostrando la enérgica voluntad de dominar la debilidad
del cuerpo. se dirigió al comedor. El padre Souchón había ofrecido su brazo á
la vizcondesa, y Pedro á la señorita de Sainte-Severe, á quien seguían los dos
niños.
Gilberto vió con gusto que la marquesa conservaba excelente apetito; Pedro
comía poco, pero bebía mucho. Entablada la conversación, el cura, que apenas
había salido nunca de su distrito, interrogó al recién venido sobre las curiosidades de Roma. Gilberto no se hizo rogar, y mientras hablaba, pudo ver la atención con que la señorita de Sainte-Severe le oía, y sorprender varias veces las
miradas de la joven fijas en él con interés.
La velada fué corta; todos tuvieron en consideración las fatigas del largo viaje
y retiráronse á sus habitaciones. Gilberto, con el espíritu muy agitado por la
novedad de la situación, no pensaba entregarse al descanso tan pronto; mas
apenas se acostó, quedó profundamente dormido.
Al día siguiente, la vida que se observaba en el castillo prosiguió su marcha
regular; su llegada no la perturbó en lo más mínimo y participó de ella sin que
al parecer se notase que había un huésped más. Cada cual tenía sus ocupaciones, á las cuales se entregaba durante el día. Solamente se reunían todos á las
horas de comer, y por la noche, asistiendo siempre á la velada el cura de Mareuil, que iba á jugar un rato con la marquesa.
Gilberto creyó deber suyo oponer algunas objeciones contra una larga permanencia en el castillo, y habló de su próxima marcha; mas al oír esta palabra,
observó que una sombra de tristeza velaba la frente de la vizcondesa de Cabrol.
Pedro había sonreído.
- ¡Bah!, exclamó, ¿quién sabe cuándo te irás, ó si te quedarás para siempre.
Y cogiéndole del brazo, condújole á visitar las cuadras, donde tenía numerosos caballos y donde pasaba largas horas hablando con sus palafreneros, cuando no iba á Blatigny para evacuar sus asuntos.
Gilberto se había dejado convencer fácilmente; era demasiado feliz en Mareuil para empeñarse en marchar tan pronto.
Sorprendíale en particular la calma que reinaba en su interior; no experimentaba ninguno de esos sufrimientos que tanto temiera antes, y ya no le era necesario reprimir ninguno de aquellos arranques de celos, de aquellas imprudencias que tanto le costaba dominar en otro tiempo. ¿Era que la edad hacía un
poco más reflexivo á Gilberto, permitiéndole mitigar la loca pasión que antes le
dominara? ¿Era la uniformidad monótona de la vida en Mareuil, la tranquilidad
indiferente de la naturaleza, el silencio de los grandes bosques inmediatos, el
recogimiento en el castillo y sus alrededores; eran todas estas cosas las que producían en él la calma y la tranquilidad? No hubiera podido decirlo. Satisfecho
solamente con el placer de vivir cerca de Blanca, de verla todos los días y de

NÚMERO 500

hablar con ella, su amor atravesaba una fase de bienestar y de contento sin
exigencias, y no deseaba otra cosa sino continuar así. Aquella situación moral
en que las ligeras satisfacciones y los discretos placeres de cada día en sus entrevistas con la vizcondesa de Cabro! bastaban para contentarle, debía durar
algún tiempo todavía sin que Gilberto manifestase ninguna impaciencia.
Había creído antes de llegar que las cosas irían más de prisa; que á pesar de
su juramento de mostrarse respetuoso con la esposa de su amigo, juramento á
que no faltó nunca, no sería dueño de sí, y que á pesar suyo se manifestaría su
pasión; mas ahora parecíale que era suficiente poder contemplará Blanca, investigar si hacía algunos progresos en su cariño y ver qué lugar ocupaba en el
corazón de aquella mujer, que llenaba el suyo por completo, ó bien si no ocupaba ninguno. Lejos de ella, sus ensueños vagaban en aquel sentido y en ellos
perdíase con delicia. Gilberto probaba entonces las mejores y más delicadamente sensuales dulzuras del amor cuando éste vive aún en el temor, la incertidumbre y la esperanza.
Bastante raras eran las ocasiones en que podía encontrarse solo con Blanca;
y por eso, apenas se convino en que prolongara su permanencia en Mareuil,
pensó en buscar una ocupación para distraer sus ratos de soledad. Había sacado sus cartones de la maleta para trabajar un poco; pero no adelantaba gran
cosa, porque se distraía continuamente.
Sin embargo, madrugaba mucho, y antes de sentarse á su mesa solía dar un
paseo por los jardines. Al cruzar el patio, veía á la marquesa ante su velador, en
compañía de la señorita de Sainte-Severe, ocupadas las dos en arreglar las cuentas de la víspera. El tren del castillo era considerable y la hospitalidad muy
generosa. El mismo día en que Gilberto llegó, los señores de Chalien y de Preville habían marchado después de haber estado allí cuatro semanas, precediéndolas la baronesa de Tertre. Esto suponía grandes gastos, de los cuales se enteraba minuciosamente la marquesa.
Cada vez que Gilberto se encontraba con la anciana, ésta sonreía dulcemente.
- ¡Buen paseo, señor de Maujeán!, decíale. Es usted muy madrugador ...
Y la señorita de Sainte-Severe, con sus libros de cuentas en la mano, levantaba también la cabeza y mirábale sin decir nada.
En aquellos días de otoño las mañanas eran frescas y había siempre una
ligera bruma que el sol levante atravesaba con sus rayos sonrosados. Los paseos
del jardín, que al acercarse el invierno se dejaban abandonados, cubríanse de
hierbas y de flores silvestres; las hojas de la hierba-buena tomaban un color
violáceo, y los discos amarillos del diente de león salpicaban acá y allá el césped. El año antes de morir ostentaba sus pobres y últimas galas. Gilberto seguía siempre la línea de ojaranzos, removiendo con sus pies las hojas caídas y
seguro de no encontrar á nadie á semejante hora; mas á pesar de esto, dirigía
continuas miradas á su alrededor y á cada vuelta del paseo fijábalas en las ventanas de la vizcondesa para ver si los postizos estaban entornados. He aquí
por qué, á pesar de no esperarla, no le causó la menor sorpresa vet una mañana en el extremo de la avenida á la vizcondesa de Cabro!, que se dirigía hacia
él con ligero paso.
Acercóse sonriendo, le felicitó por su costumbre de madrugar y díjole que
se proponía imitarle. Los dos continuaron un rato el paseo, y la conversación
recayó al fin sobre la señorita de Sainte-Severe, preguntando Blanca qué le parecía.
- Muy bien, contestó Gilberto; tiene un aire muy distinguido ...
Contestaba sin reflexionar, con el único objeto de conformarse con _la opinión
de Blanca, que en su concepto era favorable á la joven.
- Sí, repuso la vizcondesa, es señorita muy aceptable, perfectamente educada ... y de familia muy antigua ... Bien debe usted saber que los Sainte-Severe
tuvieron mucha importancia en la guerra de los Cien años ... Su padre era amigo del general de la Fonfreyde y por eso la tenemos aquí... Sin embargo, su
situación actual no debe hacerla desmerecer á los ojos de usted, porque su infortunio reconoce causas muy honrosas ... El coronel de Sainte-Severe había
renunciado ,á toda la parte de los bienes que podían corresponderle con el fin
de dotar á sus hermanas, en una época en que se proponía permanecer soltero.
La muerte decidió otra cosa, pues el coronel, casándose tarde, no dejó nada á
Albania al morir. No obstante, el día que encuentre un hombre digno de ella,
ya verá usted cómo adquiere la importancia que le corresponde.
Mientras hablaba así, la vizcondesa dirigía furtivas miradas á Giloerto, como
para juzgar del efecto de sus palabras, y en ellas se revelaba una viva curiosidad, cual si hubiese querido penetrar hasta el fondo de su corazón. En cuanto
á Gilberto, sin contestar nada y con la cabeza baja, parecía reflexionar. Sin duda estaba á punto de relacionar lo que oía con las preguntas que Pedro le hizo
cuando se dirigían á Mareuil, y de repente asaltóle una sospecha: pensó que
Blanca y su esposo conspiraban para que se casase con la señorita de SainteSevere.
- Confiese usted, repuso al fin, que cuando Pedro me escribió, insistiendo
usted también ...
-No ... Tenía otras razones para escribir ... Ya las sabrá usted más tarde.
- ¿Por qué no ahora? ... Esto me hace cavilar ...
- No importa que esto le dé á usted qué pensar, replicó Blanca sonriendo.
En cuanto á la señorita de Sainte-Severe, le aseguro que no se nos ocurrió la
idea hasta después de escrita la carta ...
- Entonces, confiesa usted haberla tenido.
- ¡Dios míol Sí... ¿Por qué ocultarlo? Inútil me parece añadir que es un secreto entre Pedro y yo, y que esa señorita no sabe nada, pues jamás le hemos
hablado de usted. Sin embargo, desde que le tenem9s aquí, no creo engañar•
me ... En fin, conozco sus ideas y me parece que usted tiene todas las cualidades que pueden agradarle. ¿Qué me contesta el señor de Maujeán?
Gilberto guardó silencio un instante; sentía frío en el corazón, como si la
sombra de la señorita de Sainte-Severe, interponiéndose entre ellos, le ocultase
la imagen de Blanca y viese á ésta alejarse, perderse. Sin embargo, su impresión fué fugitiva. Bien mirado, ¿qué importaba que hubiese concebido tales
ideas matrimoniales? Esto probaba, no obstante, cosa que él sospechaba ya: que
la vizcondesa no experimentó nunca la menor inclinación amorosa por él, puesto
que proyectaba destinarle á otra. Pero ¿podía esto impedir que él la amase? ...
Hasta pensó, reflexionando sobre ello, que debía felicitarse de la intervención
de aquella joven, que establecería cierta relación entre la vizcondesa y él. ¿No
significaba adelantar un paso más en su intimidad el dejar que se ocupase de
sus asuntos?

LA

NúMERO 500

477

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

berancia de salud que se revelaba en los ojo~ y en!º~ª la persona
de la vizcondesa. Morena, como ella, su nanz agmlena, de correcto dibujo, destacábase delicadamente en el pe9ue~o rostro oval;
pero los labios, delgados y oprimidos, _Parecían md1car que 1~ necesidad de ser discreta los mantenía siempre cerrados. La mirada
de sus ojos negros parecía querer ocultar el fue~o de éstos y las
más de las veces se fijaba en el suelo con expres~ón. de falsa. humildad: su sonrisa era siempre incierta. La sen~nta de SamteSevere se hallaba en esa posición de las jóve_ne~ sm fortu~a, que
siempre temen que se interprete mal ~n ~ov1m1ento de simpatía
ó que se tome un cumplido por una indirecta. Cuando Pedro se
dirigía á ella con esa familiaridad galante con que t:ataba á todas
las mujeres, bajaba la vista al punto, tom_ando un aire severo; por
esto se hubiera podido sospechar, conociendo el ~arácter de Cabro!, que había intentado tal vez al~ún avance ~ sido rechaza~o.
Albania no era mujer capaz de sacrificar tan fác1lme?te sus principios; pero manifestábalo con exceso y hacía demasiados alardes
de su virtud.
. .
.
.
En cambio compensaba todo esto con su viva mtehgenc1a, su
instrucción y sus profundos conocimientos; con~cíase que había
leído mucho, y en la conversación, cuando ~~ deJaba llevar ~e su
impulso, sorprendían á todos sus recursos d1s1mulados y sus ingeniosas reflexiones que revelaban talento, Entonces _era v~rdaderamente hermosa; su color parecía animarse, y sus OJOS chispeaban
de malicia; pero á Gilberto le agradaba más el talento munda?o y
la encantadora ignorancia de la vizcondesa, cuya sola presencia le
arrebataba.
Sin embargo, en la señorita de Sainte-~evere podí~. ~nco?trar
todo cuanto le había seducido en otro tiempo: familia antigua,

Alli estaba la vizcondesa que acudi6 presurosa...

- Reflexionaré ... contestó al fin sonriendo.
La vizcondesa fijó en Gilberto la misma mirada penetrante con que parecía
querer penetrar en su interior, y repuso con viveza: .
_ .
.
- Sí, reflexione usted y muy detenidamente ... Estudie ~ la senonta de SamteSevere y acabará por reconocer que no es una advenediza, y que al proponérsela por esposa, como yo lo hago... .
Blanca habló algo más sobre el mismo asunto, y después detúvose bruscamente.
- ·Ah! Ahora recuerdo que usted trabaja y sin duda estoy molestándole .. ,
No ~uiero hacerle perder más tiempo ... A propósito: ¿qué obra es esa en que
ahora se ocupa usted?
. .
- No es precisamente una obra ... es la recopilación de las bulas de Inocencio III ... en latín ... Solamente la introducción y las notas serán mías.
- ¡Ah!, exclamó Blanca con tono de sorpresa ... ¡Perfectamente! He aquí una
cosa muy interesante para el padre Souchón.
Habían, á todo esto, llegado al último bancal; y una ve_z alH, s~ pararon. .
A partir de aquel día y sin mostrar más que una atención desi~teresada, G1!berto se ocupó un poco de la señorita de Sainte-Severe. Reconoció que, efectivamente, era encantadora; aunque un poco delgada Y. morena, hacíanse n?tar
en ella unas manos blancas de afilados dedos y uñas bien cortadas, el gracioso
contorno de su cuello y la flexibilidad serpentina de su talle redondo y de elegante forma. Tenía poco más ó menos la misma edad que Blanca ~e Cabro!,
es decir, de veinticinco á veintiséis años, pero no su noble aspecto m esa exu,,
.,.. i; .
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..

La señorita de Sainte-Severe

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~ J :..

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r·-

.....

No importa que esto le dé á V. qué pensar, replic6 Blanca sonriendo

gran nombre, una y otro-más antiguos quizás qu~ !os dé la ~o?freyde Y de Cabro!; y también la educación esmerada, el exqumto conoc1m~en_to del mundo
y en cierto modo la belleza. ¿En qué consistía, pues, que no smtiese nada por
ella y que no le produjese impresión alguna?_
.•
.
¿Sería aquel cargo de lectora y casi también de aya de ~os nmos, a~nque disimulado con el título de señorita de honor, lo que la rebaJaba á sus OJOS? ¿Era
que sus ideas, modificadas ya, no ~e inspiraban ahora ,su priI"?er en~usiasmo por
las vanas distinciones? ¿Era que, sm sospecharlo, hab1a asociado siempre en su
imaginación la fortuna con los títulos, hasta el punto de no comprender los
grandes nombres sin extensas tierras y un tren fastuoso?
.
.
.
Tal vez todas estas razones reunidas, cuyo valor respectivo le hub:er~ sido
difícil discernir, influyeron en Gilberto; pero como quiera que sea, la s~nonta. de
Sainte-Severe, á pesar de su noble estirpe, no ~~bía producido en él la impresión
que sintió en otro tiempo al acercarse á la mna Blanca de la Fonfreyde, Y seguramente no se la produciría jamás.
.
- ¡Vamos! ¿se ha decidido usted ya?, preguntóle la vizcondesa algunos días
después en ocasión de encontrarle en los jardines.
- Sí, contestó Gilberto, he reflexionado y... rehuso.
-¿Por qué?
.
.
Maujeán concretó todas sus razones en su amor á la independencia Y en su
resolución de mantenerse soltero ... Y á medida que hablaba, parecíale re~onocer en las facciones de Blanca cierta satisfacción, como si se hubiese realizado
lo que ella esperaba.
- ¡Tanto peor!, exclamó. No hablaremos más del as~nto, y la señorita de
Sainte-Severe no sabrá nunca que se ha tratado de esto. Siento por ella la determinación de usted ...
Siguióse un instante de silencio, casi de malestar, cua~ si no tu_vieran ya nada
que decirse, ó como si sus pensamientos fuesen demasiado delicados para ser
abordados.
( Cqi1tim1ará)

�LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

SECCIÓN CIENTiFICA
TRANSMISIÓN DE FUERZA ELÉCTRICA POR MEDIO DE
CORRIENTES ALTERNATIVAS DE 3.000 VOLTS

Un experimento tan curioso como interesante se
ha ejecutado hace algunos meses por la Sociedad de
construcción de máquinas de Oerlikón, cerca de
Zurich, en Suiza. Esta sociedad debe realizar para la

dad de adoptar minuciosas precauciones para evitar
desagradables accidentes, y las medidas que será
preciso tomar para que éstos no ocurran en la línea
de Lauffen á Francfort.
Antes de poner en práctica el proyecto, la sociedad de Oerlikón verificó el 24 de enero último varios
ensayos en líneas locales, obteniendo en las pruebas
satisfactorios resultados, que pudieron apreciar las
comisiones invitadas, representadas por la delegación

Fig. 1. Vista general de la sala de experimentos. - A. Motor de corrientes continuas. - B. Reostato del motor. - B'. Reostato de excitaci6n de la máquina de corrientes alternativas. - C. Máquina de corrientes alternativas. -D. Amper6me•
tro. - E. Voltámetro Cardew. -F. Voltámetro electrostático Thomson. -G. Transformador de partida, -II. Transformador de llegada. - l. Origen de línea. - J. Lámparas. - K. Amper6metro.

Exposición de electricidad de Francfort, con el cor•
curso de la Sociedad general de electricidad de Ber·
lín, Alf.r;emeine Elehtricitdls Gesel/sclzajt, una transmisión eléctrica de 300 caballos, desde una fábrica
de Lauffen al palacio de la Exposición. En las instalaciones de esta índole habfanse empleado hasta
ahora potencias equivalentes á 2.000, 4.000 y 6.000
volts, llegando únicamente la sociedad London
Supply y C.°, de Londres, á desarroJlar en la distri·
bución de fuerzas en la fábrica de Deptford una
potencia de 10.000 volts, sin que exista el precedente de haberse excedido de este último tipo. Mas
para la transmisión en que nos ocupamos se ha de•

P..- ~ 1:

tt

L

Fig.

2.

Experimento de transmfai6n de fuerza eléctrica
Esquema de la distribución

cidido empl~ar 30 ooo volts, ó sea el triple del máxi·
mum conocido. Compréndense fácilmente los múl·
tiples peligros que ofrecen las corrientes alternativas
de alta tensión, y no pueden ocultarse los que ofrecerán las que determinan, en su límite fuerzas tan
considerables, como lo son las repres~ntadas por
20.000 ó 30.000 volts. Concíbese, pues, la necesi-

NúMERO 500

de comunicaciones, algunos funcionarios de Wurtemberg y varios miembros del comité de la Exposición de Francfort.
De la revista profesional Electrotechnische Zeitschrijt reproducimos los siguientes detalles que ser·
virán para que nuestros lectores puedan apreciar la
importancia y alcance de esta nueva aplicación de
la electricidad.
Los grabados núms. 1 y 2 permiten estudiar el
conjunto de los aparatos. El primero reproduce la
vista interior del laboratorio y el n. º 2 el esquema
de la distribución. La letra A del grabado n. • 2 representa una máquina de corrientes alternativas que
producen 120 volts, poniéndose en movimiento por
medio de una correa impulsada por un motor de corriente continua. Esta disposición permite variar
muy fácilmente la velocidad angular de la máquina
por una sencilla introducción de resistencias. En la
letra B represéntase un corta-circuito, en C un conmutador bipolar con dos corta-circuitos de plomo,
en D un amperómetro y en E un voltámetro Cardew. Al llegar al transformador F, preciso es consignar que el coeficiente de transformación es igual
á 300; es decir, que si se producen 100 volts en el
primero obtiénense 30.000 en el segundo, permitiendo medir la intensidad de la tensión el voltámetro
electrostático G. de Thomson. En el punto de salida
del transformador existe un alambre de cobre de
cuatro milímetros de diámetro, que termina en los
aisladores líquidos de que nos ocuparemos. Esta Jí.
nea, cuya longitud total es de 8 kilómetros, está sostenida por aisladores colocados á 2 5 metros de distan·
cia unos de·otros. Efectúa el recorrido indicado en
el esquema, y vuelve, en el punto de partida, á un
segundo transformador I, en sentido inverso del
primero, ya que de los 30.000 volts aprovecha la
diferencia potencial de 100 volts. Un amperómetro
K y un voltámetro Cardew L permiten medir la intensidad y el volta·metraje en el tercer circuito. Las
resistencias de carga están constituídas en este mismo circuito por tres series de lámparas, Oi, Ou 0 3,
de 50, 65 y 100 volts respectivamente. En la línea
de distribución hállase intercalada en una forma dosimétrica una línea P telefónica, que sirve para varia·
das aplicaciones.
Después de lo expuesto, precisa examinar los dos
puntos esenciales que deben observarse en estos ensayos, cuales son: el aislamiento de los transformadores y la canalización. La forma adoptada para los
transformadores no ofrece particularidad alguna digna de notarse, siendo vreciso únicamente para lograr
un completo aislamiento entre la primera y segunda
sección someter los aparatos á un baño de aceite.
Los mímeros 5, 6 y 7 del grabado n.° 3 permiten estudiar las disposiciones adoptadas. Los carretes de
alambre afectan la forma cilíndrica y el centro de

hierro está formado por una serie de placas superpuestas, cortadas en secciones rectangulares. Cuanto
á la canalización, ha sido preciso abrir algunos pozos
á iguales distancias que los aisladores. Los dos alambres, de partida y de regreso, hállanse separados
unos treinta centímetros uno de otro. Los aisladores
empleados, representados por el n.° r del grabado
n. • 3, son de porcelana, sostenidos por soportes de
hierro, habiendo dado satisfactorios resultados, ya
que, colocados cien de ellos en el mes de noviembre de 1890, han soportado la carga de la línea re·
presentada por 40 ooo volts, sin haberse producido
el menor accidente, á pesar de haber funcionado en
días tempestuosos. El n.° 2 del grabaclo n.° 3 representa un doble aislador, con campana de fundición
y doble aislador de aceite; el n.° 3 es un aislador
triple con tapadera también de fundición y vidrio, y
el n.° 4, un aislador de porcelana, con triple aislador líquido.
Con el auxilio de esta instalación, M. Brown ha
podido realizar un bueo número de experimentos,
que trataremos de resumir en las siguientes líneas.
La máquina de corrientes alternativas preparóse
de manera que la diferencia potencial del circuito
primario alcanzase 50 volts, en cuyo límite el circuito
secundario del transformador podía desarrollar 10.000
volts y 50 volts el circuito terciario en las lámparas incandescentes. Aumentóse en seguida paulatinamente la diferencia potencial hasta 65, 100 y no
volts en las lámparas de incandescencia, aumentando asimismo, en igual gradación, el voltámetro Cardew del primer circuito. Este experimento permitió
conocer la completa ausencia en la línea del menor
corta-circuito.
En la segunda serie de experimentos aproximáronse los alambres de partida y regreso á una distancia
de 18 á 22 centímetros, en el sitio que precede á su
ingreso en el segundo transformador. Al llegar á
18.000 volts prodtíjose una chispa entre los conductores, fundiéronse los corta-circuitos fusibles del

479

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N ÚMERO 500

capitales, creemos que estos ensayos permitirán resolver el difícil problema de la transmisión de la
fuerza eléctrica á grandes distancias, pudiéndose después modificar aquélla en sus elementos constitutivos de manera que pueda efectuarse la distribución.

F.

L AFFARGUE

LOS FERROCARRILES Y TRANVI AS ELÉCTRICOS

Si bien es cierto que en el año de 1879 se verificaron los primeros ensayos ó pruebas del ferrocarril
eléctrico, no lo es menos que hace apenas cinco años
que esta nueva conquista de la ciencia moderna ha
podido ser utilizada por la industria en sus aplicaciones á los ferrocarriles y tranvías. Grandes é importantes han sido los progresos realizados en este período de tiempo relativamente corto, según se desprende de la memoria publicada por M. Spragne,
constructor de tranvías en Nueva York, de la que
entresacamos las siguientes curiosas noticias.
Existen actualmente en explotación ó construcción

en los Estados U nidos de América, Inglaterra, Alemania Italia Australia y el Japón 325 líneas de
'
'
1
tranvías
ó ferrocarriles
eléctricos, que emp,ean
para
el servicio 4 .000 carruajes y 7.ooo motores, efectuando diariamente un recorrido de 640.000 kilómetros.
El número de viajeros que circulan por las líneas,
cuya extensión total es de 4. 160 kilómetros, asciende
á la respetable suma de 700 millones. Las mayores
pendientes alcanzan á un 13 6 14 por 100, hallán•
&lt;lose á seis millas de las estaciones centrales de producción de fuerza eléctrica los puntos más distantes
de la línea que han de recorrer los trenes. Por último, el personal empleado en los distintos servicios
de la explotación llega á ro.ooo hombres, y los productos varían anualmente entre cuarenta y cincuenta
millones de pesetas.
En vista de tales antecedentes y resultados, puede
presagiarse cuál será dentro de breves años el desenvolvimiento de los ferrocarriles eléctricos, llamados
ya á desterrar los sistemas de tracción por el vapor.

AGUAS MINERALES JAPONESAS

El doctor Baret, en una memoria dirigida á la

Societé franfaise d' hygiéne, ocúpase extensamente de
las aguas minerales del Japón, que según afirma, son
tan neas como abundantes. Divídelas en cuatro grupos: sulfurosas, salinas, alcalinas y ácidas, siendo las
primeras las más numerosas, ya que existen manantiales en todas las provincias del imperio. El agente
mineral más distintivo es el hidrógen0 sulfurado y al·
gunas veces el sulfuro de sodio. La temperatura varía,
si bien en algunos manantiales, como el de Oureschino, alcanza hasta 92° centígrados. El doctor Baret _ocúpase especialmente en su interesante trabajo
del manantial de Arima, por constituir el tipo de un
balneario japonés. El agua sale verticalmente de un
pozo de algunos metros de profundidad, es gaseosa,
salina y muy fangosa, utilizándose exclusivamente
como bebida.
Existen en Arima otros tres maryantiales de agua
caliente que se utilizan para baños en grandes piscinas.
¡De La Nature)

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m~
OODlra I&amp;
1 81 ° " ~ t o, en Ju Ciüfttlff'tll
1
'I Cundo II ira(a
~~ ~ 111killar el orswamo 1 preca,-er Ja anemia 1
eptdemlu
por .... - - DO . . oonooe Dada IUper!Or al ..... de ..... de .......

ruato

:a9&amp;.benllo

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°': delpenar~i:.~i:ic::.:l.u~~":épzon:::,

,., .,..,.•• ,1111.Ía•TDI&gt;a
eua • 1. FEW, Farmaceutico, iot, rue llieM!iea. SaCllarde.AIIOUD.
D TODAS LU PIUKQIP.U.U BoTtau,

.EllJASE 11:'8~' ARDUO

(Gaceta de loa Ho1pltalel)

Fig. 3. Detalles de instalaci6n

primer circuito é interrumpióse la corriente en la línea.
Estos experimentos, repetidos muchas veces, dieron
siempre los mismos resultados, conociéndose por
este medio la distancia que debía existir entre los
dos alambres.
,
Para la tercera prueba colocáronse corta-circuitos
en los alambres, fundiéndose igualmente, bastando
para ello establecer una corriente de comunicación
entre los dos alambres, utilizando al efecto una varilla de madera seca, como mal conductor.
El cuarto ensayo consistió en unir á la tierra uno
de los dos circuitos, no indicando entonces el voltámetro ninguna de las variaciones que podían observarse en el total de la mal aislada instalación.
Por último, dirigiéronse algunos chorros de agua
á los cuatro cables, á los aisladores y á los soportes
comunes. Acto seguido, el amperómetro del primer
circuito indicó once amperes en vez de diez que acusaba anteriormente, resultando de este experimento
que las lluvias no podían disminuir ó aminorar el
aislamiento, comprobándose también las influencias
de la línea en los circuitos telefónicos. Estas influencias manifestáronse claramente, siendo preciso notar,
sin embargo, que los soni&lt;los obtenidos eran menos
desagradables que los producidos por la inducción
en los P:óximos circuitos telegráficos. Estos experimentos, mteresantes desde todos los puntos de vista,
prueban incontestablemente la posibilidad de obtener
completos aislamientos por efecto de tensiones de
30,000 volts de corrientes alternadas, no dejando la
menor duda el éxito que ha de obtener la transmisión
eléctrica de Lauffen á Francfort, cuya instalación se
está . llevando á cabo actualmente para que pueda
funcionar á mediados del próximo mes de agosto.
Esto no ob~tante, si bien dudamos que tan altas tensiones puedan utilizarse para la aplicación distribu- ·
tiva de la fuerza eléctrica ádomicilio en las grandes

hp6dte General : 45, C&amp;llt Ymilllen, 45, PWS

w

,.,... ........ tu

Jarabe Laroze

PILDORAS~~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

iro tltubeaa en purgarae, cuando lo

Deade hace mu de 60 aftos, el l aralle Lame se prescribe con 6xlto ,ar
todos los médicos para la curacion de Jaa gutrltla, gutraIJl.u, dolorea
fa retortlJonu de ut6mago, a1trallim1anto1 reheldea para facilitar
loa
1 para re¡ularizar todu lu funciones del i1lóma¡o J da

1:i'fe9:wi°!

JA.RA.BB

a1Bro:muro de Potasio
DE CORTEllS DE HRIIIJIS AllRGlS

D lt 19AAl8

aece,iu.a. No temea el aaco ni el caura.acio, porque, contra lo que ,ucede coa

loa demu parga.ac.,, eate .ao obra bien

liDo cuando ae tome con bue.ao, aiimerito1
1 bebidu for&amp;ilicaate,, cual el "iao, el cat,,
.i ti. Cade cual ucoge, para purgan,, la
llora 7 la comid• que ma, Ie coa.,ieau,
•e,a111111 ocapacfoae,. Como el caa,u
CIO qui Ja purga ocalloaa queda compleuenie aaaledopor el efecto de Ja
.llae.aa alún1nucion e.mpieada,uno
,. 4Kid1 t•dlmsate •
IN DtC41Hl'10,

la epilepsia, hiat6ria, ~grafía, halle da .B•-Vito, in.somnioa, ooa•
'nllaione1 y toa de los nilios duranLe la denücion • en una palabra todu
lu afecoionea namoau,
'
Querido enfermo. -Fiase Vd. 4 mi larga experiencia,
1 hata u10 de nuestro, GRANOS de SALUD, pue, e/101
le ourarAn de , u con1t1paoion, /e darl.n apetito 1 lt
dtro/rer•11 e/ sueña f la alegria. - A11 mirA Vd.
mucho, año,, d11fr ut1ndo 111mpre dt un, buena •alud.

APEL WL

· Soberano remedio para rtpida curaoioa de la• Afeooione■ del peoho,
Catarroe,llal de garganta, BronqaJtia, Re■frladoa, Romad.iso■,
de loa Reumatiamo■, DolorH,
Lumbago■, etc., SO añoa del mejor
6xlto at.eatl¡uan la eficacia de este
poderoso derivatiTo recomendado por
l01 primero• m6dieo1 de Paria.

-

D1pd11to ,n toda, ta, Farmacia,

Jürita, lal)f:dicionea : 1.-P. LAROZE

t , nie des Liom-St-Paal, l Paria.

Depoaiio en todu laa princlpalea Bot.lcaa y Droperlu

"ºI"""

• emp..ar CUIDW "ICII

Es el remedio mas eficaz para combatir Ju enfermedades del ooruon,

. .• ""'t1&gt;lDESd•1E1r0,.
\...,~
-n--- 'Pf;f'º

Pepsina Bolldault
CLORÓSl!i, -

ANEMIA. -

LINFATISMO

Aprobada por la ACADEIU DE IEDICIIU

El Prot o-I oduro de :Hier ro es el r eparador de la sa ngre
el f ortiflcante y el m i crobicida por excelencia.
'

PREMIODEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

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,naceta de los Ho1p{.taltsl.

ílEróSITOGENF.RAL: 45. Rue Vauvilllers:!ARIS. IJ P0!itO 1n tollas la~ P.rma,ias.

M1d&amp;llu fin la■ Espo1lclon11 luternaelon&amp;IH de

1887

187i

18i3

1876

•• IXPL■l CO!f IL ■noa lh lTO 11'

1871

t,a

DISPEPSIAS
CIIST RIT IS - OASTRALCIAS
DIQE:STI ON L ENTAS Y PENOSAS
FA LTA DE APETITO
T OT&amp;OI DIIOaJ&gt;INII I&gt;■ L.l DIGIITIOlt

BAJO LA FORMA DE

ELIXlit, · de PEPSIN! BOUDAULT
VINO · · de PEPSINABOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PARIS, Pharmaoie COLLAS, 8, rae Da1p.i11
1,)

l' m ta, prl"cipol., (af'tMciat,

�LA

11

lLUSTRACIÓN ARTIS'l'lCA

N ú MERO

marse regional, con ese sabor peculiar de la
tierra asturiana, patria de la autora, en cuyas
montañas, si bien aspf.rase el aroma del tomillo, perc!bese también el de la retama. En
la. simplicidad de costumbres de aquellos habitantes fórjanse asimismo, de vez en c~ando,
dramas tan vivos y latentes como los que se
desarrollan en las grandes capitales.
La novela encierra un problema de dificillsima resolución. El lenguaje es elegante y
correcto y los personajes están perfectamente
presentados.
No se detiene la autora á examinar con detención ningún carácter, escena ó personaje;
mas en cambio relata y describe con exacti•
tud. Eva Canel persigue en su obra la verdad.
El defecto, si tal puede llamarse, reside en su
educación literaria, que la conduce á ciertas
crudezas en el ambiente, tal vez, que respira,
en la idiosincrasia americana, en el contagio
realista transpirenaico que agita su imaginación, y fantasea sin tener en cuenta la significación y resonancia de algunas escenas 6 cuadros, que si bien verosinules, representan un
esfuerzo de concepción.
E l desenlace se impone. Efecto del fatalismo no es violento, ya que los hechos lo conducen naturalmente. .l!..s una novela que impresiona profundamente, y en ella hademostrado Eva Cant:l cuanto vale y lo que su
nombre merece significar en la r epública de
las letras.
•
Mano/fo es obra digna de ser leida por todos aquellos áquienes interese el conocimiento de ciertos problemas sociales y lo que
puede lograr el esfuerzo de una imaginación
tan privilegiada como la que posee Eva Canel.

LIBR.OS ENVIADOS AESTA R.EDACCION
l'OR AUTORES Ó EDITORES
TIRANÍAS DEL CORAZÓN. Cuento ale111á11,
por Catheri11e Braóber, versión autellana,por
D. Arturo Lliberós. Valencia.-Pertenece
esta obra á la Biblioteca Selecta que publica
el activo editor D. Pascual Aguilar, y forma
el volumen 50 de la colección.
Tira11/as del corazón es un precioso cuento
alemán que por primera vez se vierte al idioma castellano por D. Arturo Lliberós, muy
competente en el idioma alemán y persona de
depurado gusto literario.
El Sr. Lliberós ha prestado un buen serví•
cio dando á conocer en correcto castellano
una novelita tan interesante y moral como
Ji·ranlas del corazón. La autora, Catherine
Brabber, describe con clelicada pluma, exquisito sentimiento y gran estudio de las pasiones humanas la historia desgraciada de algunos seres que, siguiendo con ceguedad irreflexiva los impulsos de su corazón, causan su
propia desventura y amargan la existencia de
cuantos los rodean.
Este libro es un espejo fiel de costumbres
familiares alemanas; los caracteres están trazados con mucho vigor; las situaciones son naturales, preparadas con mano maestra, y tan
pronto despiertan en el lector las emociones
más tiernas y delicadas, como le afectan con
las catástrofes más inesperadas.
Aumentan el interés de esta obra la rapidez de la acción, la originalidad, tanto de
forma como de fondo, y muy especialmente
la exquisita cultura, esmerada distinción y el
gran respeto á la pureza de las costumbres,
á la dignidad del lector y á la más estricta
moralidad. Las personas m:ls exigentes po·
drán confiará sus familias la lectura de esta
interesante novelita.
Hoy, que son tan contadas las novelas que
se puedan recomendar sin escrúpulos, nos es
muy grato poderlo hacer sin temores, de
Tiranlas del corazón, gracias á la correcta
traducción del Sr. Lliberós.
Como todos los volúmenes de la Biblioteca
Stlecta, sólo cuesta 50 céntimos de peseta, y
puecle adquirirse en la librerla del editor,
Caballeros, I, Valencia, y en Barcelona, librería de D. Arturo Simón y Font, Rambla
de Canaletas, 5.
MANOLl:-1, por Eva Cantl. -Tal es el título de la bonita novela que acaba de publi·
car en la Habana la eximia escritora española Eva Canel, cuyos c11adros de costum•
bres americanas han podido leer nuestros
abonados en las columnas de LA I LUSTRA·
CIÓN,
!lfa110/111 es una novela que ptnliera lla•

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS J POLVOS

506

SONRISAS Y SUSPIROS, por Antonio Ambroa. - Es una bonita colección de articulos,
baladas y poesías que, precedidas de un bien
escrito prólogo de Lorenzo González Valdés,
acaba de publicar en T oledo, en la tipografia de Menor Hermanos, el Sr. Ambroa, formando un elegante volumen. Acerca de su
mérito literario basta consignar que el nombre del autor es ya ventajosamente conocido
y que la mayor parte de los trabajos á que
nos referimos han figurado anteriormente en
las columnas de varias importantes publicaciones.

LA HORMIGA, estatua de D. José Campeny (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona)

SALVADOR RUEDA y sus OBRAS. - Bajo
este titulo ha publicado en Madrid, en ta tipografía de Manuel Hernández, D. Gabriel
Ruiz de Almodóvar , un interesante estudio
acerca del genial escritor andaluz, cuya fanta•
sia verdaderamente meridional y esas filigranas de lenguaje que tan gallardamente campean en sus cuadros de costumbres llaman
con justicia la atención de los amantes de
nuestra literatura.

JARABE Y.J PASTA
de H. AU ■•11a1•11

PATERSON
• IISIIUTBO J
■.HlflSl.l

~-•dadot -Ira lu A!Nolo- del z.t6.
mago, Falta de ApeUto, Dtg..UODN laborto.u, Aoediu, V6mttoe. Eruo&amp;oe. y C6U-;
regularlsan lu l'IIDolo- del Ea\bmago y
de loe ln&amp;NUJ:aoe.
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ENFERMEDADES
\ D EL H IGADO
Y DE LA VEJIGA

Erijar1t /111

c¡¡/111 de /wJa delata
Una cucharada

'

por la manana

'J."~
'• •

En todaJ
/u

Janmia,

y otra por la tarde
en Ja cuarta parte
de un nao

, ._JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ,
••nnoo,ca, V¿I,LB DB BIVOLI, 160, PA.Jll8,

ea {.ARA.BE DB BRLANTrecomendai.lo

i,

en todca• , ..........o...

desde su -,r1nc1p10 per los proresores
~Dnec, Thénard, Gueraant, etc. ; ha recibido la consagración del tiempo : en el
a.no f 8!9 obtuvo el privilegio de Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL con base
&lt;le goma Y &lt;1§ ababoles, conviene sobre todo li tas p ersonas deuca&lt;1as como
mUJeres 'i ntnos. s u gusto excelente no perjudica en moao alguno á su ~l'lcacla
l. contra 108 BESPBUDOS j todas las IIFLUUCIO! ES del PEeBO j &lt;le los IITESTIIOS. j

deagna6de lecbo

LA CAJA : 1n.30

G~RGANTA
VOZ BOCA
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PIITILLII .. DETHIN

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6 IN 111n PalmlCADO:aD AaOe.a.t&gt;Oa,
noraom ., a.urroiill ,ua 1MW11r 1a

.............
... ---.
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&amp;O. DIITIIAJf, F--■-11■-• PAJllli·

m~~!!_N!J!I!~~¡,9!1!,~

ParUcipando de lu propledadea del Iodo
1 del Hierro, estas Plldoraa se emplean
es_pecialmente contra 11\S ■■orohlJu, la

.

'l'i■la y la Debilidad de temperamento,
as! como en todos los casos( Páudo■ colorea,
Amenorrea,••&gt;, e n los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
au riqueza y abundancla normales. 6 ya. para
provocar 6 rerwartzar su curso periódico.

VINO FERRUGINOSO ARDUO 1'!tz?t~
A/~
T 00lf TOl&gt;OI tol n D ~ IIVftJTITOI 119 U

euan. ...... 1..,..&amp;1 Dlel lflal de ano Cl0IÚlllllldo

CLUUI■
111 ~

lllmarlnllll, a 11111,

Ru, Bonapart,, ,o

de

toda, 111 MDIDeDOIM IIMldlcal preabeD que ea&amp;. IIOd■c!OD ele l a ~.. el 1üwn J l&amp;
..._ oouauw,e 11 ~ r mu ~ que 1e coaoce Plrll owv • 1a ~ la
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&amp;N11411 ea, en etec&amp;o, el 1UllcO que reune lodo lo ~ en&amp;ooa 1 toñaJeoe 1o1 orpnoe,

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El iodnro de hierro Impuro Oalterado
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mo prueba de pure:i;a y de autenticidad de
lu ,rerdaderaa .PUdora. de ma.noa.rd,
estrtr nuestro ■ello de plata reactive,
aueatra flr1111 puesta al pié de una etiqueta
-.le y el Sello de raranlla de la Unl6n de
•• FaltrloantH para larepres16n de la falll-

•e-..._.

~cc;i:~~~-='; l a ~~Wl4a &amp; la
1or . .,,,,.

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....tico, tot. Ridaeüet. 8aceNr .. ilOOD.
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liJlr,cD pe1i¡N pan el catt,. 10 Año■ de á:ldto,Jmlll&amp;rea de taU.onlolpruU&amp;u la llcacll
•• uta preJUlciOD, (SI ..... ID ......_..,. la barba, J n 1/1 HJII para ti blptt llrero). Pan
loll bl'UOI, •plíultl ,aaJfOMA;. :ova■ma, t ,ne.J...J,-llouue•u.J'ut■•

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Qucd&amp;D reservados 101 derechos de propiedad &amp;rlÍJtica y litciaria

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MOJfTAlfl.l Y Sn1ó•

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Ftí~ttefl.
ARO X

BARCELONA 3 DE AGOSTO DE 1891

NÚM. 501

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

AYUDANTE DE CAMPO, cuadro de D. José Cusachs
(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTlCA

NúMERO 501

sos triunfos. A los Villaamil y Atienza suceden los adonde pasó en uso de licencia. Las enseñanzas del
Mercadé y Manzano, y unos rompiendo las duras pintor francés influyeron poderosamente en Cusachs,
trabas del convencionalismo extranjero ó dando los que sin descansar un momento y sin perder de vista
Texto. - fosl Cwachs y la f!i11t11ra milita,· en Espaf!a, por A. primeros pasos en el terreno del naturalismo, impri- el modelo, adelantó rápidamente, hasta el extremo
Garcfa Llans6. - La cadena invisible. N11Vela original, por
Ernesto Garda Ladevese. - Los gnomos de la Alhamúra. men en el lienzo el vigor de la buena escuela espa- de ser tan sensibles sus progresos que basta compaLeye11da 111usical del maestro Chapl, por Manuel Manrique ñola. Llega, por fin, la que pudiéramos llamar la rar sus obras para apreciar la rapidez de sus adede Lara, - SECCIÓN AMERICANA: El 111anlón de la co11desa, edad de oro de la pintura en nuestro siglo; opérase lantos,
por Eva Canel. -Nuestros grabados. - Vizcondesa (continua- en ella la revolución llevada á cabo por el malogrado
A su regreso de París emprendió el estudio del
ción). Novela original, por León Barracand, con ilustracioRosales,
confirmada
por
la
personalidad
de
Fortuny,
paisaje,
no descuidando por eso la reproducción del
nes de Emilio Bayard y grabado de Iluyot. - SECCIÓN CIEN·
TIFICA: Los microbios de la tierra, por A. Hevert. - Injlrun- y estos dos atletas del arte inician nuevos derrote- caballo, elemento tan importante de la pintura milicia de la l11z en los fmómenos de la vegetadó11, por Alberto ros, destierran resabios y convencionalismos los es- tar, ni la del modelo, dibujando al lápiz ó á la pluma
Larbalétrier, profesor de la Escuela de Agricultura de Pas- maltes de la paleta, y señalan con la portentosa fuer- tipos de nuestros soldados, que reproducían con
de·Calais. - El cuadro de la Santa Isabel de Murillo.
za de su ingenio los nuevos conceptos del arte mo- aplauso para el novel artista las publicaciones ilusderno. La prematura muerte de estos dos artistas, tradas. Por esta época, ó sea en el año de 1882, obGra.ba.dos.-Ay11dante de campo, cuadro de D. José Cu•
cuyos nombres significan dos glorias nacionales, pro- tuvo el retiro de capitán de artillería, pasando al
sachs ( Exposición general de Bellas Artes ele Barcelona). D . /osl Ctuachs, pintor de asuntos militares (de fotografía dujo un período de vacilación; pero la savia creado- extranjero para continuar sus observaciones y estude_~ y E. Fernández de Napoleón). -Est11dio del pintor ra aportó sus fuerzas para el renacimiento del arte. dios, después de haber pintado varios retratos de
,mlitar D. fosl Cwachs. -Dos apuntes al lápiz de D. José
Nuestros artistas, inspirándose en los ideales mo- personas conocidas en la banca, la aristocracia y las
Cusachs. - Una pdgi,za del dl/&gt;11111 de D. fosl Cmachs. - Caballerla ligera, cuadro de D. José Cusachs (Salón Parés). - dernos, han llegado á comprender la necesidad de artes. A su regreso y aquilatadas ya sus facultades,
A7!anzadas de caballerla, cuadro de D. José Cusachs. - Ma· apoyarse en la filosofía y psicología social, que además recibió el encargo de la casa editorial Sucesores de
mobras de división, cuadro de D. José Cusacbs {premiado de cultivar su espíritu, les conduce á la concepción N. Ramírez y C." de componer una obra de índole
con medalla de oro en la Exposición de Bellas Artes de Ber· de grandes ideas y al análisis de los grandes proble- militar, terminando su cometido veinte meses des11~). - Abrevattdo el ganado, cuadro de D. José Cusacbs. F1g, I, Experimento de MM. Dehérain y Maquenne para mas, de esos dramas íntimos, nuevos y complicadísi- pués. Veinte grandes cuadros variados apuntes para
demostrar la presencia del fermento butirico en la superficie mos, que se esconden y desarrollan en los pueblos intercalar en la obra fueron el resultado de su trat~rrestre. -Fig. 2. Fermento butlrico visto con el microsco· modernos.
bajo, que exigió del artista grandes alientos, penosos
p10.-Doradoras, cuadro de D. Manuel Cusí {premiarlo en
De ahí que sin olvidar la senda trazada por For- estudios y fecunda imaginación. La prueba fué ruda,
1~ Exposición general de Bellas Artes de Barcelona y adquindo por el Excmo. Ayuntamiento de esta capital con desti- tuny ni su admirable escuela, algunos de nuestros difícil la ejecución, pero el resultado ha sido tan samás distinguidos pintores hayan logrado verdaderos tisfactorio que no titubeamos en afirmar que La vida
no al :\fosco municipal).
triunfos en la pin.tura de género y costumbres, únicos, .Militar, tal es el título de la obra, es un verdadero
tratándose de cuadros animados, que se hallan en testimonio que honra al arte y á la literatura espaarmonía con los ideales estéticos de este siglo, pues ñolas, representados por dos distinguidos oficiales,
es innegable que hay cuadro que dentro de la nota Cusachs y Barado.
JOSÉ CUSACHS
juguetona de nuestro carácter meridional - según
Difícil empresa sería para nosotros hacer mención
Y LA PINTURA MILITAR EN ESPAÑA
atinadamente observa nuestro querido compañero de las bellezas que la obra encierra. Tal propósito
Balsa de la Vega, - significa lo que un chiste de exigiría mayor espacio del que podemos disponer.
Rama especialísima del arte contemporáneo es la Quevedo ó una comedia del ático fraile de la Mer- Bastará decir que todas las composiciones son verpintura militar, que como derivada de la de género, ced, Tirso.
daderos cuadros, en los que se revela la genialidad
ocupa tan señalado lugar y ha cobrado tal importanLa nueva subdivisión que en la pintura moderna de Cusachs y su carácter asimilador, hallándose en
cia, que no se celebra exposición ó concurso sin que representa la militar, inicióse en España por medio ellas fielmente señaladas esas escenas y tipos militadeje de tener en ellos digna representación. A la de de lienzos aislados. Artistas tan distinguidos como res de nuestro país, á los que el artista ha logrado
tipos ó asuntos militares deben distintos artistas su Casado, Fortuny, Sans, Castellanos, Benlliure, Pal- dar vida y animación, cual si fueran arrancados de
justa celebridad, y probablemente Vernet, Gerard, maroli, Sorolla, Barrau, Tusquets, Moreno Carbo- la realidad.
Meissonier y otros más no hubieran logrado la res- nero, Ferrán, Luna y Alvarez, no desdeñaron reproLa estima en que se tienen sus obras demuéstranpetuosa admiración de sus paisanos, si alentados por ducir en sus cuadros escenas, tipos ó hechos en lo claramente los hechos, ya que algunos de sus cuasu patriotismo no hubiesen intentado representar, co:1 los que se representaban el modo de ser ó la acción dros han sido encargados expresamente y adquiridos,
el auxilio de su prodigiosa paleta, las glorias de su de nuestro ejército, y algunos de ellos, como Balaca no sólo por los amateurs é inteligentes, si que tampatria.
y Pellicer, dejaron con sus apuntes perenne recuerdo bién por monarcas tan ilustrados como el rey don
El pintor que pinta su tiempo aporta antecedentes de las largas y penosas campañas del Norte y de Luis de Portugal y S. M. la reina regente, que adquirió
para la historia, dice Stewens, y dentro del concepto Oriente, á las que asistieron como corresponsales de el notable lienzo representando á D. Alfonso XII y
de esa pintura, que si bien de género moderno, tiene publicaciones ilustradas, siendo sus dibujos intere- su Estado mayor.
antecedentes tan completos como lo son las obras de santes antecedentes para la historia contemporánea.
De carácter franco y abierto, cariñoso hijo y amanVelázq~ez y de Goya que retratan su época, grato
Sólo Marcelino U nceta asumió durante un largo pe- te esposo, cuenta Cusachs muchas simpatías y numees consignar para los que somos amantes de las glo- ríodo de tiempo el carácter de pintor de asuntos mili- rosos amigos, que admiran en él al artista y al homrias y tradiciones artísticas de nuestra patria que el tares, ya que todos sus cuadros y dibujos· hállanse bre de corazón. Robusto, de amplio torso, morena
famoso lienzo en el que el pintor sevillano supo re- inspirados en la historia de nuestro ejército durante la la color, cabello y barba negros, tiene en su aspecto
presentar un episodio, un triunfo de las armas espa- primera mitad de este siglo. Algún otro discreto artis- un algo, que sin que puedan establecerse semejanzas,
ñolas, cual es La rendición de Breda, no tiene pre- ta ha seguido las huellas de Unceta, sin acometer, sin recuerda la rudeza, la leal expansión del Plasencia,
cedente en los demás países, por cuyo motivo y aun- embargo, asuntos de gran composición: únicamente de aquel gigante del arte. Nosotros, que nos honraque con posterioridad, Francia, Inglaterra, Alemania José Cusachs, en el que se hallan felizmente reuni- mos con su amistad, terminamos este sincero estudio
é Italia contaron con artistas distinguidos que, como das las aptitudes del artista y los conocimientos que felicitando al amigo y al artista por el triunfo que
David, Gerard, Vernet, Butler, Maclise,Adam, Crofts deben poseer nuestros oficiales, ha logrado asumir la acaba de obtener en la Exposición de Berlín, en
Rosi-Escoti y Fatori, que dedicaron su habilidad
verdadera representación, tal cual se concibe en otros donde ha sido premiado con medalla de oro su gran
inteligencia á reproducir en sus cuadros las victorias países, de la pintura militar. Y preciso es convenir lienzo titulado Maniobras de división, haciendo votos
de sus ejércitos, por hallarse en ellos condensadas las que para imprimir ese sello de verdad que exige el para que continúe produciendo obras de tal importransformaciones políticas de sus respectivos pueblos, arte moderno y que debe descollar en los cuadros de tancia, que al honrar al artista, honren el arte patrio.
cabe á España la de haber sido la primera que dedi- este género, es necesaria la posesión de cierta clase
A. GARCIA LLANSÓ
có á la pintura militar, por medio del primero de sus de conocimientos que han de ser desconocidos para
artistas, la preferente atención que merece la exis• los que no han profesado la carrera de las armas. De
tencia de una clase que tiene á su cargo la honrosa ahí que la mayor parte de los pintores no se atrevan
misión de defender el territorio de la nación.
á acometer asuntos complejos, que á pesar de ser
LA CADENA INVISIBLE
Cierto es que mientras en España hundíanse las bien concebidos, no podrían representar por carecer
artes con la riqueza pública, la revolución francesa de antecedentes. Cusachs, á quién fué preciso reNOVELA ORIGINAL
en el encontrado choque producido por las nuevas nunciar á las ventajas que podía ofrecerle su carrera
ideas engendraba literatos y artistas que describían para dedicarse por completo á la vida artística, ha
Hubo una época, allá en los últimos tiempos del
ó pintaban sus conquistas y que, cual si fueran savia recogido ya verdaderos lauros y logrado, sólo con su reinado de Luis Felipe, en que estuvo muy á la moda
regeneradora para el país, cobraron fuerza y des- esfuerzo y con su laboriosidad, notoria reputación, un restaurant elegante, medio escondido tras de un
arrollo tan sorprendente que admira el número de distinguiéndose en el género que cultiva. Y entién- pequeño jardín, entre el Arco de la Estrella y la
ingenios que brotaron al calor de aquellas conmocio- dase que Cusachs emprendió tarde ya su nueva ca- puerta del Bosque de Bolonia. Era aquel restaurant,
nes, que al repercutir en todos los pueblos de Europa rrera, pues frisaba en los treinta años cuando en 188o que tenía el nombre de Pavillon Royal, punto de cita
fueron cambiando el modo de ser de aquellas socie- empezó á dedicarse seriamente al estudio del dibujo de la juventud dorada, después del paseo del Bosque,
dades. Los episodios más trascendentales de la revo- y la pintura, en la que realizó notables progresos. y algunas de las memorables fiestas que los salones
lución, como el Juramento del juego de pelota prime- Hay que advertir que durante la época de sus estu- del Pavillon Royal presenciaron fueron interrumpiro, La muerte de Mara/ después, y por último El dios en el colegio de artillería de Segovia y después das por la luz de la aurora que iluminaba el verde
paso de los Alpes, hallaron inteligentes intérpretes. durante las campañas del Norte y Cataluña, como mar de follaje del Bosque frondoso, confundido á
Estas obras sirvieron de base para formar una nueva oficial ó al frente de su batería, hallaba medio, siguien- simple vista con el de Meudón, por encima del ancho
escuela, un nuevo género, una especialidad en la do su natural inclinación, para trasladar á las hojas Sena.
pintura, y á partir de aquella época, los pintores fran- de su álbum tipos y escenas, perspectivas de los camUna tarde del mes de Abril, los habituales concuceses han pintado las brillantes páginas de la historia pos de batalla, grupos de combatientes y curiosos rrentes al Pavillon Royal fueron sorprendidos por la
militar de Francia desde Walmy á Malakoff, desde apuntes que pudieron servirle para ejercitar sus fa- presencia en aquellos salones de una hermosura muy
Solferino á Saint-Privat, desde Sebastopol á Grave- cultades artísticas y sentar la base de ese género de celebrada, de la que venía ocupándose todo el París
lotte.
pintura especial en que ha logrado distinguirse y que se divierte y que jamás había puesto sus pies en
En tanto en España, y tras laboriosas y fructífe- singularizarse. Al terminar la campañ.l prosiguió sus aquel sitio. Era una joven de belleza extraña, á quien
ras etapas, fué iniciándose el renacimiento artístico estudios, aprovechando al efecto los intervalos del rodeaba el más impenetrable misterio. El nombre
patrio, y ora en el paisaje, en la pintura religiosa ó servicio de guarnición. Concurrió breve tiempo al que solía dársele era ya misterioso; se la llamaba Rehistórica y en la de género han ido alcanzando nues- taller del malogrado pintor Gómez y después al del signaci{m.
tros artistas señalados adelantos y logrando no esca- célebre Detaille con motivo de su estancia en París,
Tendría próximamente vientidós años; su abun-

NúMERO sor

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

é

ESTUDIO DEL PINTOR MILITAR D. JOSi CVSACllS

�LA lLUSTRAClÓN ARTÍSTICA

para el cual quería servir de modelo; que se lo pagó
con largueza sin hacerle la menor observación sobre
el precio exigido por el artista, y que le prohibió en
absoluto exhibirlo en ninguna exposición pública y
sacar de él ninguna copia. Cuando la obra estuvo
acabada, la joven misteriosa fué á recogerla y se la
llevó, ocultando al pintor cuál era su destino. El artista, enamorado de su obra y temiendo no volver á
verla jamás, había hecho pasar por su estudio á todos sus amigos, que eran innumerables, y por eso el
cuadro encargado con la expresa condición de que
nunca figurase en ninguna exposición pública era
conocido de mucha gente. Ca5i todo el París á la

tiempo; mas como no sois el rey, ni siquiera he de
tomarme el trabajo de contestaros.
El banquero esta vez salió vencido, humillado y
poseído al mismo tiempo de una impresión de asombro. Al retirarse en medio de su derrota murmuraba:
- ¿Quién podrá ser que hasta el mismo rey perdería el tiempo siguiéndola?
Luego, para consolarse se decía:
- ¡Quizás sea alguna provinciana insubstancial ó
alguna loca!
A pesar de su reputación de hombre tenaz é invencible, Llave de Oro se consideró definitivamente derrotado y decidióse á
abandonar la aventura. La fría mirada y la
profunda indiferencia
del cochero infundieron en su espíritu un
desaliento mezclado
de terror. Llave de Oro
creyó adivinar en el
rostro de aquel hombre una expresión irónica y siniestra.
Cuando Resignación hizo su entrada
en el Pavillon Royal,
una tarde del mes de
Abril, al volver del
Bosque de Bolonia,

NúMERO 501

LA

NúMERO 501

base de él, entre otras muchas cosas, que habiendo
sido amante de la mujer de un millonario y teniendo
en su poder varias cartas por ella escritas donde se
probaba el adulterio, fué en un momento de apuro á
vendérselas al marido.
Tal era el galán á quien envidiaron todos los que
se hallaban en el famoso establecimiento próximo al
Bosque en el instante en que Gaultier entró con su
nueva y valiosa conquista.
La noticia de esta aventura circuló por todo París
con la rapidez del rayo, y su efecto fué mucho mayor
cuando en los días que siguieron al de la enttada de
la joven misteriosa en el Pavillon Ro;'at obsen·aron
los concurrentes del Bosque de Bolonia que Resignación había desaparecido por completo. Nadie volvió á verla por aquellos parajes. Los días pasaban;
más de una semana había transcurrido y en vano se
aguardaba en el Bosque la llegada del carruaje de los
caballos blancos. «El gascón la guarda bien,» murmuraban todos viendo á Gaultier aparecer un instante á caballo, sonriente, orgulloso y envanecido de su
triunfo.
¿Cómo Gaultier había conseguido la ambicionada
victoria á que tantos aspiraban?
El resuelto gascón triunfó murmurando al oído de
la joven una sola frase al poner en sus manos, pasando á galope junto al coche misterioso, una pequeña
rama florida que R esignación había intentado en vano
coger. Gaultier, al entregársela, dijo con voz cautelosa, que el cochero, no pudo oir:
- ¡Resignación, rompe tu cadena!

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ILUSTRACIÓN AKTfSTICA

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Apunte al lápiz de D. José Cusachs
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moda había pasado por el estudio del pintor; no entraba ningún día en el Bosque de Bolonia el carruaje de los caballos blancos sin que acudiera á todos
los labios este nombre Resignación, bajo el cual la
joven fué ya en adelante conocida.
En vano al acabar el paseo los amantes de aventuras la seguían al galope; ella, reclinada en los almohadones de su carruaje, mostrábase indiferente y
extraña al vivo interés de que era objeto. Sin sentirse, en apariencia por lo menos, ni contrariada ni envanecida, burlaba hábilmente todas las maniobras
puestas en juego por los más resueltos galanes. El
carruaje de los caballos blancos perdíase á través de
la ciudad, y si alguno, con incansable obstinación, lo
vió, por fin, detenerse, sólo pudo observar que la joven desaparecía por algún pasaje ó por algún establecimiento de doble entrada de los que hay tantos en
la gran capital; el carruaje se iba y la luminosa aparición devanecíase sin dejar la menor huella de su
paso.
Cierto día, uno de los banqueros más poderosos
de París, hombre muy experto en toda clase de aventuras, el cual tenía fama de no haber hallado jamás
obstáculos que se opusieran á sus deseos ó á sus caprichos, por lo que se le daba el sobrenombre de
Llave de Oro, dijo al cochero á quemarropa, cuando
Resignación acababa de salir del carruaje sin dirigirle
una mirada:
- Cinco mil francos por las señas de su casa, y
Llave de Oro al decir esto, clavando en el cochero
sus ojos, llevó la mano al bolsillo interior de su levita.
El cochero, inmóvil, miró á Llave de Oro con una
frialdad tan desdeñosa que hubiese desconcertado al
hombre más decidido. Pero el banquero era ya viejo
en estas lides, y dominando el despecho que el silencio y la mirada del cochero le producían, añadió con
rapidez:
- ¡Diez mil francos y vengan sus señas!
~¡ cochero entonces dijo sin inmutarse y permaneciendo en la misma inmovilidad desdeñosa:
- Si fuerais el rey, os diría que no perdieseis el

llegó en compañía de Gaultier, á quien solía llamársele
«el gascón de las buenas conquistas.» Gaultier era hijo de
una noble familia arruinada
de las proximidades de Bur·
deos. Había vuelto á París hacía próximamente dos meses
después de una larga ausencia muy comentada en el
mundo parisiense y explicada
de las más distintas maneras.
Según unos, la larga ausencia
de Gaultier había obedecido
á un duelo funesto en el que
el joven gascón dió muerte á
su adversario. Según otros,
Apunte al lápiz de D. José Cusachs
la ausencia había sido motivada· por deudas enormes.
Aún circulaba una tercera versión: Gaultier había huíLa emoción que estas palabras causaron en la jodo de la capital temiendo la venganza de un marido ven fué inmensa. Su rostro turbóse visiblemente. Perpor él ourlado en plena luna de miel. Como estos tres dió su mirada aquella vaga indiferencia que venía
hechos eran ciertos, quizás todos ellos habían contri- siendo el tormento y la desesperación de sus adorabuído á determinar la huída de Gaultier. Al reapare- dores.
cer éste en el Bosque, las grandes damas del fauGaultier se dió cuenta exacta del efecto enorme
bourg Saint-Germain disputábanse sus saludos. Gaul- que sus palabras habían producido, y al vislumbrar
tier era alto, moreno, airoso, de nariz aguileña y mi- la anhelada victoria, sus ánimos crecieron, la esperada fija y penetrante; nadie más diestro que él en el ranza le dió nuevo ;tliento; siguió varias tardes el
manejo de las armas, nadie más resuelto en un lance coche de cerca, con sus ojos clavados en aquella herde honor. Hasta su reputación moral detestable ser- mosura peregrina que se turbaba bajo la mirada ar·
víale de recomendación entre ciertas grandes damas diente y audaz del gascón, y por fin, una tarde, á los
del grandefaubourg. Y su reputación era detestable pocos días de haber murmurado al oído de la fascihasta el extremo de atribuírsele hechos de los más nadora beldad aquella frase mágica de tan singular
vergon~osos é ilícitos; pues Gaultier, tan arrogante y poder, vió Gaultier detenerse al pie de los altos ártan altivo en ~ctos donde ~l honor ó el amor propio boles de la avenida de la reina Margarita al coche
estaban públicamente en Juego, mostrábase insensi- de los caballos blancos y bajar de él por primera vez
ble á todo sentimiento el('.!vado siempre que las nece- á Resignación, que lanzó al obstinado jinete una misidades de su vida de disipación y de vicio obligá- rada furtiva. La joven se apartó algunos pasos de la
banle á buscar los recursos de que carecía para sos- grande avenida, penetrando por un camino donde el
tener aquella costosa existencia. La vanidad hacíale aire se impregnaba en el aroma de las lilas y de las
disimular en público lo que la constante necesidad flores de almendro, y su adorador, con suma destreza,
de dinero le obligaba á confesar en privado. Contá- precipitóse á su encuentro por un camino transversal,

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UNA PÁGINA DEL· ALBUM DE D, JOSÉ CUSACIIS

se apeó del caballo, se aproximó decidido á la joven
estrechando su mano temblorosa y volvió á repetir la
afortunada frase:
- ¡Resignación, rom~ tu cadena!
Ella toda desconcertada, creyendo 'descubierto el
secret~ que la encadenaba á la sombra y sin sospechar siquiera que el que murmuraba aquella frase
hubiera podido ver el cuadro hecho por encargo suyo
y enviado con dirección desconocida, rindiéndose,
no sólo al desfallecimiento moral producido por la
sorpresa de su secreto, sino algo también á la in-

fluencia de aquellos embriagadores efluvios que despedía la tierra, estableciendo poderosa corriente con
la de su sangre juvenil, cayó sin murmurar una sola
palabra en brazos de Gaultier, lanzando al aire un
hondo suspiro.
Pasada la emoción primera, Gaultier juró á Resig•
nación que aquella cadena invisible quedaría rota inmediatamente, aunque él tuviese que perder la cabeza, y que no reconocía á nadie poder sobre el mundo
para separarla ya nunca de él ni un solo momento.
Ansioso por proclamar su gloriosa conquista ante

sus rivales del París que ríe y goza, llevaba Gaultier á
Resi,rnación á los pocos instantes al Pavillon Royal,
mientras el coche de los caballos blancos la aguardaba pacientemente en la avenida de la Reina Margarita, donde lo sorprendió la noche con verdadero
asombro del cochero.
Caultier en su corto viaje de las inmediaciones de
la avenida de la Reina Margarita hasta el Pavillon
Royal hizo ver á Resignación el nuevo mundo de alegrías, de goces y de venturas sin cuento donde entraba, y antes de llegar al famoso punto de cita de la

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 501

juventud dorada de aquel tiempo, una vez ya venci- reza. El conde iba haciéndose un tanto escéptico.
dos los temores, las dudas y hasta el espanto con que Al verse, cuando terminó sus estudios, heredero de ideas con el soberbio ropaje de una obra maestra. En
la joven luchaba al aceptar aquel cambio brusco de un gran nombre y condenado á la pobreza más ab- el poema Los Gnomos de la Alhambra nada, pues,
existencia, oyó jurar á .Resignación que nunca más soluta, contrajo un matrimonio de esos á que se da contrariaba su manera de sentir el arte, á la que, por
volvería sus ojos hacia las negras tinieblas que dejaba el nombre de matrimonios de conveniencia. Tenía el contrario, se acomodaba con feliz coincidencia, y
á su espalda, y que desde entonces seguiría el camino una mujer frívola y vulgar á la que no amaba ni ha- para dar forma á su leyenda musical sólo tenía que
de la existencia mirando siempre adelante en compa- bía amado nunca. El conde halló en aquel matrimo- dejar correr la pluma traduciendo fielmente las concepciones que le acudían sin esfuerzo, dándole el
ñía de su libertador.
nio la satisfacción de las necesidades cuotidianas de
Para que la felicidad de Gaultier fuese más com- una existencia desahogada y brillante; pero aquella tono justo de lo que había de ser una obra que inpleta no se le veía á éste enriquecido sólo por el honda melancolía en que se impregnó siempre su es· terpretase el poema de Zorrilla.
Sólo con esta rara conformidad y coincidencia se
amor, sino que también otorgábale sus favores la for- píritu seguía dominándole y abrasábale el corazón
comprende que en los seis días transcurridos del 10
tuna. Desde el día siguiente á aquel en que el gascón una sed inextinguible y devoradora.
al 16 de mayo de 1889 pudieran ser compuestas y
llevó al Pavillon Royal á la joven codiciada, diríase
Gaultier, á los pocos días de aquella victoria de escritas las cincuenta páginas que ocupa la partitura
que Gaultier nadaba en la opulencia. Despilfarraba amor en París tan celebrada, llevó á su amigo al siel dinero, compraba joyas de gran valor y luda lujo- tio oculto donde guardaba á Resignación. Era un pe- en los borradores que tengo á la vista al trazar estas
sos trenes. Lo único que ocultaba era su conquista, queño hotel rodeado de frondosos árboles que casi se líneas El tiempo que ya aparece escaso para llenar
cual si temiera que al exhibirla fuese á perderla. Nin- escondían por completo, próximo al Bosque de Bolo- de notas menudas y compactas como granos de arena
guno sabía dónde Gaultier tenía oculta á Resignación, nia por el lado de Neuilly. Antes de entrar y al ver los veinte pentagramas de cada página, fué suficiente
excepto un amigo íntimo suyo, el único quizás á el hermoso jardín que rodeaba el hotel, dijo el conde para que la obra de Chapí tuviese vida, pasando, al
calor de un rapto genial de fiebre creadora, desde
quien el gascón quería y respetaba. Este amigo era de Etruria á Gaultier:
el no ser hasta la plenitud del más completo desel joven conde de Etruria, antiguo compañero de co- Veo que estás en fondos. Esto debe costarte arrollo.
legio de Gaultier. El conde era de naturaleza enfer- caro.
Porque, cosa extraña y acaso sin precedente en
miza y melancólica. Diríase que le consumía una fie- Las dichas, como las desdichas, vienen siempre
bre interior y secreta. Sus ojos, bañados de poética juntas, contestó Gaultier. A las pocas horas de ser obras de la magnitud de Los Gnomos de la Alhambra:
tristeza, miraban con frecuencia lánguidamente al in- mía Resignación gané en el círculo cuarenta mil fran- los borradores no son guiones donde la idea musical
está rápidamente- trazada con ligeras indicaciones de
finito cual si persiguiesen un ideal imposible.
cos. No lo divulgues, porque entonces una nube de
Gaultier conocía la causa de la tristeza del conde acreedores se me echará encima, y con cuarenta mil la armonía para abarcar en pocos instantes el conjunde Etruria; era éste el último vástago de una familia francos no tengo ni para empezar á pagar cuentas to de la composición que después habrá de ser instruque se extinguía, familia opulenta en otro tiempo y atrasadas ... Mas apartemos la mirada de las mise- mentada, ni instrumentación hecha sobre un plan
en otro país, que había tenido á sus pies á todo un rias de la vida; entra conmigo; vas á ver qué feliz indicador ya escrito. Los borradores abarcan la composición y la instrumentación, la idea y el desarrollo,
pueblo. Aquel pueblo vió arrebatada su nacionalidad, soy,
el alma y el cuerpo. Para comprender el inmenso esy la familia del conde había venido á perderse en el
Y Gaultier, empujando la puerta del hotel, la abrió
torbellino de la vida parisiense. Pasados los primeros y condujo á su amigo á un saloncito inmediato á la fuerzo intelectual y la admirable seguridad que esto
representa, basta recordar que en un álbum publicaaños, los años de las ilusiones, una vez desvanecido entrada donde Resignación aguardaba á su amante.
do en honor de Wagner se ven tres autógrafos del
el sueño de que aquel pueblo conquistado iba á reAl conde le pareció la joven misteriosa cien veces
cuperar en breve su independencia llamando de nue- más bella que cuando en el Bosque la veía de lejos gran músico contemporáneo correspondientes á un
vo á los reyes proscritos, éstos, después de agota- pasar rápida y fugitiva en su coche al trote de los mismo pasaje del Siegjried. El primero contiene
dos sus últimos recursos, tuvieron que irse á vivir á caballos. Si Gaultier no hubiera estado tan conmo- trazado con lápiz el germen de la idea, acompañado
una pequeña vitla de los alrededores de la capital, vido por la emoción que sentía y tan dominado por de un bajo cifrado en los sitios donde la armonía pucolocando en modestísimas pensiones á sus dos hijos, aquella satisfacción inmensa que embargaba su espí- diera ofrecerse dudosa ó extraña; el segundo, la misun niño y una niña de pocos años; la niña, menor ritu, en la que se mezclaban el amor y el orgullo, ma idea armonizada y con algunos diseños contraque su hermano, se llamaba Estela. La penuria llegó hubiese notado en la mirada del conde algo que po- puntísticos de los giros principales que han de lle\'ar
los instrumentos, anotados con letra menudísima en
á tal extremo, que ni aun en aquella morada humilde día inspirarle celos.
las márgenes del papel; y el tercero, la instrumentapudo la caduca familia errante continuar viviendo.
Cuando Gaultier dijo á su amada: Este es mi amiAntes de abandonarla, la reina de Etruria murió, go más leal, este es mi único amigo, el joven conde ción detallada y definitiva. Este sistema, el ordinavencida por el dolor; vendió el rey las alhajas que le sintió un estremecimiento indescriptible al estrechar riamente seguido en composiciones algo extensas por
quedaban de sus antepasados y no volvió á saberse en su mano la mano finísima de aquella mujer fasci- todos los compositores, aun los más expertos, no ponada de él en París. Los años transcurrieron; los nadora cuya hermosura había admirado ae lejos día servir al ilustre maestro español en el caso de Los
pobres niños, cada uno en su pensión, que el padre tantas veces, y le recordaba la clásica belleza de las Gnomos de la Alhambra por la escasez de tiempo que
pagaba con grandes dificultades y enorme retraso, mujeres del país donde nació, al cual quizás no vol- tenía para que su obra empezada en Barcelona el 10
de mayo estuviese en Granada el día 201 límite lijado
crecían haciendo esa vida triste del colegial interno vería nunca.
para la admisión en el concurso abierto con motivo
sin familia ni hogar. Un día el conde, cuando ya era
ERNESTO GARCÍA LADEVESE
de la coronación de Zorrilla, No había otro medio
mozo, recibió la noticia de que su padre y Estela
( Co,t.linuard)
que renunciar al boceto y aun al dibujo, empezando
embarcábanse para América donde un antiguo y leal
desde
luego á trazar pinceladas de color, vertiendo
súbdito que hizo en el Nuevo Mundo una gran forcon mano segura las líneas, las manchas y el clarotuna legó al morir á la familia real proscrita inLOS GNOMOS DE LA ALHAMBRA
obscuro.
mensas propiedades El viaje fué tan precipitado que
LEYENDA MUSICAL DEL l\lAESTRO CIIAPÍ
El examen atento de los borradores no deja lugar
ni hubo tiempo para que el joven pudiera despedirse
á duda alguna de que este es el procedimiento seguide su padre y de su hermana, á la que ya apenas
Cuando la poderosa imaginación del gran poeta
hubiera conocido después de tantos años de separa- congregaba en el recinto de la Alhambra todos los do; advirtiéndose no sólo las variaciones de color
instrumental de algunos pasajes, sino los arrepentición.
seres de las antiguas mitologías para que celebrasen
No volvió el conde de Etruria á recibir más noti- sus danzas enloquecedoras en los bosques de naran- mientos elocuentísimos, aunque en número escaso,
cias de su padre y de su hermana hasta que pasados jos, alegrasen con su canto las salas desiertas y vivi- en que varían, ya la frase, ya la marcha de su desarrovarios meses, durante los cuales estuvo en la mayor ficasen con las explosiones de su amor el ambiente llo. En el primer tiempo, por ejemplo, se encuentra
incertidumbre, recibió una carta en que se le decía reposado y frío del alcázar árabe, creaba el plan vasto una contestación al motivo, desechada con mano nerque su padre y Estela habían perecido en un naufra- y admirable de una obra musical. Los fantasmas evo- viosa que la cul.Jrjó de rayas y tachaduras, y á contigio. El firmante de la carta, .forge Enrie. que se sal- cados producían en su marcha murmullos misterio- nuación de la cual está escrita la contestación definivó del naufragio milagrosamente, les había visto mo- sos; sus voces guturales entonaban canciones jamás tiva. En el comienzo del segundo tiempo la variación
rir entre las olas después de intentar en vano pres- oídas y se unían en himnos de glorificación y alaban- es más importante, pues no sólo la versión primitiva
tarles socorro. Dentro de la carta, que le fué dirigida za; la quimérica orgía llenaba los ámbitos de alegría no contiene el acorde inicial, sino que está escrita en
al conde por conducto del director del colegio donde y de ruido hasta que la aurora aparecía en Oriente y re menor, y sólo después de veinte compases no aprose hallaba, iba una suma suficiente para pagar todos con su luz devolvía la calma y el silencio al regio vechados empieza en el mismo pliego y en tono de
los gastos que hiciera en el colegio hasta la termina- palacio cuyos moradores nocturnos huían ante los si menor un nuevo Conjuro con las notas límpidas del
arpa.
ción de sus estudios.
primeros rayos del sol naciente.
Como se ve, los emborronados papeles nos cuentan
El conde de Etruria y Gaultier eran dos caracteLa música palpitaba en el poema y sólo faltaba el
res completamente distintos; la ley de los contrastes genio revelador que le diese forma, traduciendo en en lenguaje, aunque mudo, expresivo é indubitable,
los había acercado el uno al otro; Gaultier, que á na- notas los rumores, las canciones en ritmos, en acen- la historia de las vacilaciones y las incertidumbres del
die tuvo respeto jamás, sentía por su amigo verdade- tos melódicos el lenguaje de los silfos y las ondinas compositor, de los momentos en que no acierta á trara veneración; ofale á lo mejor formular los juicios y sujetando á entonación y medida la confusión bu- ducir sus pensamientos y aquellos otros de divina
más duros sobre algunas de sus calaveradas, y el gas- lliciosa descrita por el poeta. Mas para acometer esta lucidez en que la pluma marcha segura sin arrepenticón las soportaba dando la razón con frecuencia á empresa, cuya mayor gloria estaba en la fidelidad de mientos páginas y páginas, hasta que el cansancio
su severo juez. El conde en cambio sentía por Gaul- la interpretación, se necesitaban cualidades que pocos vuelve á levantar diques ante la imaginación creado•
tier vivo afecto; halagábale su amor propio la humil- compositores, acaso ninguno en la época presente, ra del artista.
Una obra escrita en c;ondiciones tales que lo redad con que le distinguía quien tan indómito y tan reunen con la ponderación precisa para darle el feliz
insolente solía mostrarse con los demás. Cada uno término alcanzado por el más ilustre representan- pentizado había de ser definitivo, corría el peligro de
de los dos amigos tenía lo que le faltaba al otro: al te de la moderna escuela española: por Ruperto seguir el camino trillado y no separarse de lo vulgar
y sin trascendencia; pero el talento colosal del maesconde le faltaba arrojo, acción y algo de eso que Chapí.
tro Chapí no puede producir lo vulgar y trillado,
suele llamarse el sentimiento de la realidad; á Gaul,
Su fantasía de meridional criado entre los granatier faltábale sentido moral, cierta madurez de juicio dos y palmeras de nuestras regiones de Levante podía siendo su obra una de las más originales y audaces
que pueden concebirse.
•
y una noción exacta del honor.
dar á su composición el sabor marcadamente oriental
Porque audacia, seguridad de matices é inspiración
Desde algún tiempo antes que en París ocurriesen que convenía á una obra cuya acción se desarrollaba
lo, hechos que referimos, venía operándose una pro en el palacio de los antiguos dominadores árabes; la que arraigue en lo más hondo se necesita para escrifunda transformación en el carácter del conde de delicadeza de su organización poética le permitía bir la Ronda de los Gnomos, donde toda la extensión
Etruria Este era cada vez con Gaultier más indul- encontrar medios de describir los seres sutiles é in- del fragmento se escucha constantemente el mismo
gente y ya no reprobaba ciertos actos suyos que al- corpóreos de las mitologías septentrionales; la riqueza diseño melódico, revestido de una sonoridad siempre
gunos años atrás hubiera juzgado con la mayor du- y profundidad de sus medios técnicos vestirían sus obscura por mantenerse en la región grave, pero siempre bella y característica, contribuyendo cada instru-

NúMERO 501

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

CABALLERfA LIGERA,

mento al conjunto sin tundirse con los ~emás Y haciendo valer su matiz propio. Sólo el gen!o de C~ap{
y su admirable sentimiento de la proporción musical
pueden describir de una manera tan pmtoresca y e~acta la naturaleza de esos seres disformes y raquíticos
que habitan el interior de la tierra. Su ronda se anu?•
cia como un murmullo, y como un murmullo se ~leJ~
y desaparece, después de haber dado en su _proXJm1dad la sensación de una multitud que se agita en un
sitio profundo y cuyas voces llegan á nuestros oídos
sordas y veladas á través de la corteza terrestre.
Forma contraste con este número de tan extraño
carácter, gracioso y ligero, el Conjuro que si&amp;ue, en
que el rey de los gnomos convoca á los seres ideales

cuadro de D. José Cus11chs. (Salón Parés.)

de los viejos mitos para que reunidos en zambra incomparable agasajen f los reyes de los fantasmas
aéreos. Su voz dulce y soñadora en el corno. cn:ndo
ordena á los silfos que traigan de la selva _nusenores
que alegren la fiesta con sus cantos, adquiere ~~ los
violoncelos apasionados acentos cu_an_d~ se dmge á
las huríes de belleza inmaculada y vugm1dad eterna,
y se torna amenazadora y potente en e! metal cuando
evoca los pérfidos y chupadores vampuos, los monstruosos vestiglos y los endriagos de fo~mas horren~as.
Cada aparición se anuncia ~r el gnto de ¡Glona á
la Alhambra!; y cuando la multitud &lt;:ongregada escucha la arenga que, en_ la ~onori_dad compacta de la
cuerda, tiene persuasivas mfiex¡ones, prorrumpe en

'.AVAXZADAS DE CABALLF.RfA,

cuadro de D. José Cusachs

una explosión de entusiasmo donde todas las voces
de la orquesta entonan el grito triunfador.
Entonces surgen en medio del silencio los dulces
sonidos de las flautas y las arpas, acomp~ñados de sutiles pizzicatos de los violoncelos, ª°:unc1ando el Co~tejo de Titania y Oberón. Aquel. cooJunto. de son?n•
dades delicadísimas á que dan mcorpore1dad y ligereza las notas cristalinas del triángulo retrata fielmente á la reina de las sílfides, que ama la danza y
la música, que marcha sobre la hierba sin hollarla y
en lecho de flores sueña con la belleza y poesía,
gozando el amor inmortal de Oberón, _el b1enhecho_r
de los enamorados. En este trozo musical, que fascina y encanta como la aparición de Oberóo en el poe-

!ª

��490

LA

ma de Wieland, su·rge un tema español de ritmo originalísimo en que la Alhambra se manifiesta rodeada
de los misteriosos ruidos de sus bosques de álamos
y naranjos.
La fiesta de los espíritus está formada por un scherzo en que á los sonidos del cuerno de Oberón todos
los seres se sienten poseídos de desenfrenada alegría
y se entregan á todos los placeres, recorriendo en
danzas vertiginosas los vastos salones y los jardines
del alcázar. Cuando la laxitud del placer y la fatiga
de la carrera los detiene, se escuchan nuevamente
los alegres toques del cuerno de marfil, y todos vuelven á sentir la fiebre del placer y del movimiento.
Pero una línea blar,quecina se marca en Oriente.
Oberón agita su rama de lirios y la danza cesa; los
quiméricos seres se dispersan ante la luz y la melodía
baja de una manera rápida é impensada como los
gnomos á sus antros, mientras las escalas ascendentes de las flautas nos pintan la desaparición de Oberón y Titania, que con su séquito de silfos caminan
hacia la India atravesando los mares en tropel fantástico.
La Alhambra queda inhabitada y silenciosa. Una
frase llena de tranquilidad y frescura que pasa del
oboe á la trompa y á los violines en una modulación
admirablemente sentida, da noción de la luz y la belleza matinal, y entonces ante los esplendorosos rayos
del sol se oye resonar por última vez el grito triunfal
y glorificador.
La leyenda musical Los Gnomos de la Alhambra,
improvisación genial donde Ruperto Chapí ha sabido
encontrar las bellezas que aun después de profunda
meditación pocos compositores alcanzan, es algo más
que una concepción musical admirable. Es la prueba
del misterioso encadenamiento y del indestructible
engranaje con que están unidas la poesía y la música, merced á la cual se verifica la transmigración del
espíritu que late en los versos de Zorrilla á las notas
de Chapí, como si el poeta de las leyendas fantásticas legase el cetro de la poesía en manos de un artista más joven y de un arte cuyo poder empieza
donde acaba el pensamiento y la palabra.
MANUEL MANRIQUE DE LA,H

SECCIÓN AMERICANA
EL MANTÓN DE LA CONDESA

Vaya que puede ser cierto, y mucho que lo creo,
porque hay en América hembras capaces de hacerlo,
Y. toc~ndoles el amor propio digo, y me atengo á vanos ejemplos, que son capaces de inventar en casa
del diablo lo que á un hombre jamás se le hubiera
ocurrido.
Pinchen á una mujer americana en la negra honri_lla_ y verán lo gue salta: un ramalazo lleno de sal y
p_1mienta que deja más pasado á quien lo recibe que
s1 _le fuesen taladrando el cuerpo con una aguja de
enjalmar.
Antes de hablar de la condesa que reza el título
r~feriré un caso _que por haber ocurrido en país dis~
tmto y ent~e mujeres de diferente carácter, prueba
que para ciertas cosas todas las americanas tienen el
propio temple y calzan los mismos puntos.
Cuando en el Perú no había aquellas hermosas
líneas de ferrocarriles, aunque sí muchísimo más dinero del que hay ahora, iban las señoras desde la
capital á los cercanos puntos de recreo y aun á los
grandes viajes caballeras en sus magníficos caballos.
Chorrillos, que era para Lima el Baden, el Biarritz,
el San Sebastián y la Granja, recibía en su seno á las
hermosísimas mujeres que habían hecho de un pobre
puertecito de pescadores la. más elegante y fastuosa
residencia veraniega que hubo en el mundo de Colón y que podía competir con las más famosas del
continente viejo.
Entre las beldades que paseaban su lujo por Chorrillos había una que no gozaba fama de sobrado
pul~ra para su honra, y aunque de buena familia y
mu1er ~errochadora, motivo más que suficiente para
ser admirada, mostrábanse rehacías las señoras en tratarla, siquiera fuese porque en casa de la tal pasaban
alegr~mente el rato sus maridos y sus amantes. Salió
de Lima la hermosa, á quien llamaremos Isabel por
llamarle algo, y jinete en un corcel que valía mil pe
sos, con más oro y más plata en estribo, freno y montura que la que hace falta para comer un año en
casa de un pobre, encaminóse á su rancho del aristocrático
Chorrillos, seguida de un cholo, buen mozo1
•
•
suv1ente montado á guisa de vjeja castellana que lleva criado de confianza á retaguardia.
Llegó Isabel al Barranco y echó pie á tierra en un
sitio que parecía obligado apeadero de mujeres hermosas, á tiempo que una dama muy principal y de

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

las que más volvían la cara cuando la tropezaba de
frente ajustaba -con una india una cesta de magníficas uvas. Eran las primeras del año y la india pedía
dos pesos por la cestada.
- Te doy uno, dijo la dama.
- No puede ser mamai, respondió la vendedora.
- Pues son muy caras y no las quiero, repuso la
dama disponiéndose á volver á montar ayudada por
su criado.
Isabel, que había oído el regateo, adelantóse con
gran empaque, y dirigiendo una desdeñosa mirada á
la señora regatona, dijo con orgulloso tono: ,
- Trae, chola, yo te daré tres pesos, porque á mi
caballo le gustan mucho las uvas y quiero que las
pruebe antes que nadie.
Y conforme lo dijo lo hizo: mandó quitar el freno
al animal y ordenó que se le pusiese la cesta delante
para que comiese ó destrozase los dorados racimos.
Júzguese del pisto que llevaría la señora desairada,
que una vez sentada en la silla sali6 de estampía, sin
aguardar á que su criado le diese la última mano.
Saltemos, una vez dicho esto, á la tierra chilena,
en donde las mujeres no gozan la fama que á las limeñas sobra de saladas y retegraciosas; mas aunque
así sea, tienen su pedazo de cielo metido en el cuerpo,
y en cuanto á soberbia, váyales usted con desplantes
y saldrá con razón y justicia más trasquiladito que
aquel pelambrera que se fué por lana.
Dejó la colonia allá por Chile un tantico de apego
á las vejeces españolas, y aunque, como otras veces
he dicho,'van los hombres delante de muchos pueblos
en punto á leyes sabias y redentoras, quédanse las
damas un poco rezagadas, ya por innato orgullo de la
sangre altiva, ya por severidad de indómito carácter.
Es el caso que allí y también en el Perú, valgan
verdades, hay familias que á pesar de todo estiman
en muchísimo los rancios pergaminos de sus antepasados los viejos chapetones,
Entre las aristocráticas familias de Santiago de
Chile descollaba la condesa del Parral por el sostén
de su empingorotada alcurnia, por la servidumbre
de peluca empolvada y calzón corto y por los estiramientos con que solía pasar por delante de las otras
damas santiaguinas.
Era el conde un señor llano y conforme con el nuevo orden de cosas, tanto que de buena fe se había
metido de lleno en la patria nueva, sin que por esto
dejase de rendir el culto de los recuerdos á la época
feliz en que á su ilustre padre le llamaban excelencia.
De puertas afuera tampoco dejaba la del Parral
de cantar alabanzas á la independencia, pero no se
avenía de grado con que ni la república le respetase
el tratamiento ni las gentes le llamasen señora condesa.
Desquitábase con la servidumbre, y allí sí que andaba todo el mundo derecho como los husos.
Era el señor del Parral senador respetable por su
hombría de bien, y aunque no gozaba fama salomónica en la cámara alta, no dejaban de tenerle en mucho porque votaba siempre con arreglo á conciencia
y rompía su inveterado mutismo solamente para bien
del prójimo ó en provecho de la patria.
L\evábase lo mejor del mundo con otro senador
bonachón como él y como él casado con mujer que
había sabido amarrarse bien amarradita una prenda masculina que denota carácter y viril energía, cosa
más que rara en donde el hombre tiene la malísima
costumbre del español, de gallear por su cuenta y
erigirse en dueño sin consentir en ser esclavo siquiera
sea de femeniles tiranías.
¡Pícaros, más que pícaros!
Grandes fatigas pasaba el del Parral para que su
señora consintiese en hacer amistades con la esposa
de· su amigo, y éste á su vez interponía cuanta influencia casera poseía para que su conjunta persona
estrechase distancias con la condesa.
La senadora era hija de un prócer de la independencia, y tenía bien sabido que la del Parral había
llamado hambrientos y gentuza á los grandes hombres que acometieran la inmortal empresa de regenerar la patria.
- Que venga ella, decía.
- Pero hijita, si sabes que es así: al fin y al cabo
desciende de ...
- ¿De quién?, gritaba furiosa la patriota. Yo sí que
desciendo de perso_nas: ella de tontos. Pues qué, ¿no
saben hasta los chicos de la calle las necedades que
hada su padre? Déjeme de tonterías, amigo, y bien
está cada cual con su orgullo.
Pero es el caso que cuando mucho se machaca no
puede menos de modelarse el hierro, y convinieron
los m_~ridos respec~iv~__qu~ ~ - ~ía _del santo de la
condesa le enviarían un presente el senaaor y su señora, á cuya fineza contestaría la del Parral con una
galantísima invitación para el baile de la noche.

NúMERO 501

Admiti~ron el tratado las beligerantes, haciendo
cada mando la entusiasta apología de la mujer del
compañe¡o. Pero la verdad es que aunque á la del
senador no la disgustaba recibir invitación especial
de la condesa, no le hacía á ésta maldita la gracia
que hollase los tapices de sus regios salones aquella
advenediza que tan altaneramente pasaba por su
lado.
Llegó la mañana del día señalado, y ya en casa del
senador había dispuestos una docena de azafates de
plata llenos de mixtura de flores, encajes, cristales de
Bohemia, joyas y sabe Dios.cuáJ1tos objetos de valor
~~ra_ordinario. El sen~dor veía lleno de gozo aquel
despilfarro de su muJer, y ésta gastaba sin tasa con
tal de sorprender á la condesa con un presente que
no podía menos de asombrarla. Estaba ella muy segu_ra que con semejante introducción todos los agasa1os de la noche habían de ser para SI! espléndida
persona.
~abía señalado la senadora la una de la tarde para
enviar sus regalos, y á las diez de la mañana salió á
misa como de costumbre, entrando á la vuelta en la
t~enda de más lujo que por entonces había en Santiago. Apenas estaba dentro apareció también la cond~sa tan empingorotada y erguida como siempre:
bien ?bservó la del senador que con el rabillo del ojo
la mirara la del Parral y también se le ocurrió que
podía haberla saludado con una inclinación de cabeza, ya que faltaban pocas horas para que según deseo
de los respectivos maridos se convirtieran en amigas.
Había encargado la condesa un mantón de Manila al comerciante, y éste, creyendo hacer con tales
p'.endas un buen negocio, pidiera una docena, supomendo que cosa llevada en Santiago por la del Parral no podía menos de ser imitada con furor.
Escogió la condesa el que le gustó más, pero mostróse asombrada de su precio: costaba doce onzas de
oro, cantidad que le pareció excesiva. Ni con razones
ni si~ _ellas fué fácil de convencer, y salió de la tienda diciendo que podían vender el mantón. Pero salió
tan tiesa como había entrado sin inclinar la cabeza
para sa~udar á la del senador, que de propio intento ·
no hab1a querido marcharse y descaradamente la
miró cuando salía.
- Esta necia no quiere saludarme hasta no recibir
el regalo, para no ser la primera, pensó la senadora;
pues yo te daré saludo.
Levantóse de donde estaba y se acercó al dueño
de_ la tienda, que lamentaba el percance; miró los
panolones y ordenó que se los enviasen todos pues
era ~na ~olección que le gustaba, .y no se ocdpó de
~eba3ar m un peso de las 144 onzas que los pañuelos
importaban.
A la una en punto salían de la casa del senador
doce criadas ricamente vestidas y envueltas cada una
en su respectivo mantón de Manila, y serias, graves,
como convenía á los espléndidos regalos que cada
c~al en su azafate llevaba, se pusieron en fila obedeciendo órdenes recibidas, y así llegaron al palacio de
la condesa, que poco le faltó para caerse muerta de
coraje al comprender la muchísima altivez con que
era tratada.
No se le ocultó á la del Parral que picada la del
senador por su tiesura de la maña¡:¡a había querido
avergonzarla, pero comprendió también que si tomaba
la cosa _Por el lado que abrasaba acabaría por perder
la part1da: ella tenía muchos pergaminos y más orgullo que papelotes todavía; pero la otra ... la otra
pesaba las onzas de oro para no entretenerse en contarlas.
La condesa del Parral tuvo que bajarse de la parra y deshacerse en finezas con su enemiga.
EVA CANEL

NUESTROS GRABADOS
Las doradoras, cuadro de D. Manuel Cusí

adquirido por el Ayuntamiento de Barcelona. - Bello es e'l
cuadro q~e bajo el titulo de Las doradoras ha expuesto Manuel Cus1 en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona, al que ha cabido la distinción de ser premiado por el
Jurado calificador y adquirido por el Excmo. Ayuntamiento
para_ figurar en el naciente Museo municipal. Hemos tenido
ocasión d~ celebrar varias veces sus bellas cabecitas de mujer
y las. graciosas figurillas de flamencas pintadas con gracioso
~o~a1re y verdad de tonos simpáticos y agradables; pero su
ulumo henzo excede en mérito á todos los que hasta ahora ha
producido su brillante ¡,aleta. Acusa desde luego un adelanto,
un progreso sensible y una victoria alcanzada por el artista,
tanto en la composición como en la interpretación de la tona¡idad.

JABON REAL
DET HRIDACE

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NÚMERO 501

49 1

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CONT INUACIÓN)

Gilberto rompió el silencio al fin con tono jovial.
- ¿Y me revelará usted ahora, preguntó, el gran secreto?
- ¿Qué secreto?
- Usted tenía otras razones para inducirme á venir ...
La vizcondesa dió algunos pasos con la cabeza inclinada, como si vacilase en
hacer la confidencia; pero después se decidió.
- Se trata de Pedro, dijo. Hace algún tiempo que me inquieta, y cuando me
habló de escribir á usted, le recomendé mucho que lo hiciera, porque veía todo
el buen efecto que en él produciría la llegada de usted y su influencia ...
- ¿Mi influencia? ... Ninguna tengo sobre él.
- ¡Sí!, la tiene usted ... y es preciso que la tenga ... ¿No es usted por ventura
su más fiel y antiguo amigo? ... Por otra parte, usted es ahora hombre de reflexión, una persona formal; mientras que él no ha dejado de ser un niño. El infeliz quisiera rehacer su fortuna; tiene amor propio y se mueve mucho ... pero
dudo de que lo consiga. Sin embargo, no es esto lo más terrible; sus ocupaciones le matan, padece sofocaciones, se queja del corazón, y no quiere consultar
al médico, sin duda porque se cree muy robusto. Le confieso á usted que en
los momentos de crisis me espanta ... Este género de vida y sus quebraderos de
cabeza son la.causa de todo. En las correrías que se ve obligado á hacer por los
alrededores se gasta, se fatiga y se entrega á excesos ... no por su gusto, segura
estoy de ello, sino por necesidad, en el trato de las personas con quienes ha de
mezclarse por cuestión de sus asuntos ... Tal vez quisiera aturdirse, olvidar su
situación, la ruina de sus hijos, la pérdida de toda nuestra fortuna ...
- ¿No le queda, pues, nada?, repuso Gilberto. Yo creía zanjadas sus deudas ...
Dispénseme usted; le aseguro á usted que solamente el interés que me ins·
pira ...
- Ya lo sé ... Por eso no le oculto á usted nada. Apenas nos quedan algunos
centenares de miles de pesetas ... esta finca de Cbatillón, que hemos arrendado
tierras y castillo, y de cuyo producto vivimos ahora; y aun la mejor parte se va
en las negociaciones de Pedro. El palacio de la calle de Babilonia, que formaba parte de mi dote, ha sido vendido; con él se han pagado algunas de nuestras
deudas ...
- Pero cuando menos heredarán ustedes el patrimonio de Mareuil, repuso
Gilberto, y esto representa todavía una fortuna ...
- Mareuil no será ya para nosotros. Al afectuarse mi enlace, la marquesa nos
cedió la nuda propiedad de esta finca, pero reservándose el usufructo durante
su vida, y Pedro la ha hipotecado ... cierto que por menos de su valor, pues esas
extensas tierras son difíciles de vender: apenas se cuentan por nada las construcciones, y el día que se trate de ajustar cuentas, será forzoso darlas á muy
bajo precio ... Ya comprenderá usted cuánto tiene de aterradora semejante perspectiva y que el porvenir de nuestros hijos está comprometido ... y no se le ocultará tampoco que semejantes reflexiones, siempre en el pensamient.o, deben causar estragos en el ánimo de Pedro, angustiándole el corazón ... Pues bien: us-

ted, que es su amigo, puede salvarle: viva con él y no le abandone, porque viéndole ocupado en cosas formales, tal vez renuncie á su actual género de vida.
¡Hágalo usted por mí y le quedaré muy agradecida! ...
Blanca se detuvo y miró á Gilberto con triste sonrisa. Había tanta gracia conmovedora en aquella súplica, que aquél se sintió enternecido; una fiebre de abnegación invadió su alma y prometió todo cuanto ella quiso.
- ¡Gracias!, exclamó Blanca. ¡Qué bueno es usted! Ya sabía yo que lo era ...
Los dos estaban muy conmovidos y dieron fin á su paseo sin que entre ellos
se cruzasen más palabras.
Una vez en su cuarto, Gilberto reflexionó sobre lo que acababa de oir y sintió profunda compasión hacia aquella mujer que había conocido tan envidiada
de todos y ahora víctima de la desgracia. Su sufrimiento aumentaba al pensar
que el hombre á quien más quería en el mundo, Pedro de Cabro!, era causante
de aquella ruina. Su corazón estaba penosamente oprimido, desgarrado por todos
los motivos de queja que contra él tenía, sin que estos motivos pudieran debilitar
una amistad tan antigua, y condolíale sobre todo que la víctima fuese precisamente la mujer á quien hubiera querido ver feliz.
Todo esto no disminuía la admiración que le inspiraba Blanca; y el patrimonio de Chatillón y el castillo de Mareuil, aunque sobrecargados de hipotecas,
conservaban en sus recuerdos todo su prestigio, que se reflejaba en la vizcondesa de Cabro!. Aquel magnífico marco cuadraba bien á semejante mujer, y
Gilberto no podía pensar sin dolor que fuese posible arrebatárselo.
Sin embargo, en medio de su pesar, producíale una alegría secreta ser confidente de Blanca y asociarse á ella en beneficio de Pedro; pero desconfiaba del
resultado, y sin esperanza de conseguir el fin resolvió seguir la línea de conducta trazada por la vizcondesa. Al resignarse á un género de vida tan poco
conforme con sus gustos, renunciaba por algún tiempo á las ilusiones amorosas
que le habían atraído á Mareuil; pero comprendía que este mismo rodeo le con·
&lt;luciría de nuevo muy pronto hacia Blanca, y más digno de ella, puesto que
obraba así solamente por complacerla. De este modo los elementos de mutua
inteligencia entre los dos aumentarían considerablemente.
VI
Gilberto, pues, comenzó á seguirá Pedro en sus correrías por los alrededores.
La estación de la éaza había comenzado ya, por lo cual visitaron á los Selligny
y al conde de Bagrassand, en cuya casa eran las reuniones más numerosas.
Gilberto vió allí lo que valía una gran fortuna noblemente gastada. El conde,
aunque viudo, recibía mucha gente y el castillo de "ta Rivoironne estaba entonces bajo el mismo pie en que le puso desde los primeros días de su matrimonio.
Sin embargo, allí no se derrochaba el dinero ni se hada ostentación de mal gusto; pero las rentas del conde eran suficientes para todo, y éste no escatimaba lo
mas mínimo en lo que podía contribuir al recreo de sus huéspedes. Sus tierras

�49 2

LA

}LUSTRACIÓN ARTISTICA

de caza exter;idíanse por los cerros inmediatos y la llanura hasta lo infinito; sus
fincas no podían contarse, pues cubrían todo el distrito y decíase que sus rentas
subían á algunos millones. A pesar de esta fortuna inmensa, habíase conservado
modesto y muy sencillo, sin enorgullecerse por los honores que sin pretenderlos
se le ofrecían: presidente de la Sociedad de carreras que acababa de fundarse
en el distrito, de los Sindicatos agrícolas, etc., habíanle ofrecido la diputación;
mas no quiso aceptarla. Aquel hombre de mundo, no obstante, era político y
orador; pero mantenhse obscuro, y la gloria parlamentaria no le tentó nunca. Siéndole tan fácil residir en París, prefería permanecer en su casa y en sus tierras
como un barón feudal de los antiguos tiempos.
Laura de Bagrassand, niña de diez años, circulaba entre los grugos, dándose
la importancia de ama de casa, festejada por cuantos la veían y mimada por su
padre.
El conde tenía las mayores atenciones con Pedro, á quien hacía sentar á su
lado; agradábale su locuacidad y se lo dispensaba todo; tampoco se olvidaba de
Gilberto, pues recordaba las relaciones que habían tenido en París en una circunstancia delicada y el servicio que entonces le prestó.
Por eso quería hacerle valer, empujarle; pero el joven sabio no brillaba en sus
reuniones. Comprendía que era necesario haber nacido entre aquella sociedad,
que desconocía en absoluto hasta en su lenguaje, para disfrutar de sus costumbres, de su conversación y de sus distracciones.
No teniendo, como Pedro, el recurso de beber mucho é impunemente ni la
gloria de ser el mejor tirador, se aburría; así es que vió con gusto el término de
esa enojosa serie de invitaciones.
Estos placeres no impedían al vizconde de Cabro! ocuparse de sus asuntos:
marchaba con regularidad los lunes al mercado de Blatigny, y á veces prolongábase su ausencia algunos días, porque iba á recorrer otras ferias y mercados.
En la primera ocasión que Gilberto le acompañó, tuvo la clave de lo que Pedro llamaba sus negocios: cierto que trataba de hacer su fortuna, poniendo en
tal empeño ese ardimiento exasperado de los hombres á quienes la pasión del
lucro excita tardíamente; pero por desgracia no había elegido el medio más seguro ni el menos expuesto á pérdidas. Adoptó el que estaba á su alcance y el
que mejor entendía: aficionado á los caballos é inteligente en esta materia vió
en esto un negocio de grandes ganancias. Por lo demás, practicaba muy noblemente el oficio de chalán procediendo de modo que no apareciese con el carácter de tal.
Se comía alegremente en Blatigny, en el hotel principal, lleno en aquellos
días de propietarios campesinos; Pedro, conocido de todos, distribuía apretones
de manos á diestro y siniestro, y después seguíanse los interminables paseos por
el campo de la feria y las prolongadas estaciones en los cafés, en medio del barullo de las discusiones y entre oleadas de cerveza.
Gilberto, obligado á seguirle y á beber, admiraba que en semejante centro no
perdiese su amigo nada de su distinción No difería apenas de los demás por el
traje; llevaba el hongo de castor blando, y expresábase en el mismo lenguaje de
aquella gente; bebía como los otros y pagaba más generosamente. Sin embargo,
distinguíase entre todos por no sé qué de caballeresco que se notaba en sus
maneras y conservaba su ascendiente entre aquellos hombres, que le trataban
de vizconde sin la menor expresión irónica. De vez en cuando salía para ir á dar
una vuelta por el mercado.
Cierto día que Gilberto seguía sus pasos, vióle bajo los árboles que flanqueaban la plaza en el momento en que parecía estar á punto de hablar con una
joven. Era una rubia de facciones finas y delicadas, y al notar que se fijaban en
ella, dirigió una mirada á Gilberto con esa desenvoltura provocativa propia de
una mujer de fácil conquista. Pedro siguió la dirección de sus miradas y disgustóle al parecer que se le viera e11 compañía de la joven. Sin embargo, no se trató del incidente entre los dos amigos. pues Gilberto no pensaba que sus compromisos con la vizcondesa le obligaran á molestar á Pedro en semejante
asunto.
Regresaban tarde por la noche, y Pedro, muy animado, hostigaba alegremente
á los caballos.
¡Ya ves con qué gente se ha de tratar!, exclamó de pronto; pero desde el
momento en que se gana dinero, es preciso no quejarse ... y yo le gano.
Gilberto temía que las numerosas lipaciones fuesen causa de que su amigo
viese las cosas al través de un prisma tan agradable.
- ¿No habría medio, insinuó Gilberto dulcemente, de beber menos y de hacer
igualmente bu'!nos negocios?
- ¡ Bah! Esto no puede ser ... Así se procede en provincia, y no se trata nada
sino con el vaso en la mano.
- ¿Y no temes que te haga daño la bebida?
- ¿Daño? ¡Vaya una ocurrencia!
Gilberto procuraba asf, tímidamente, conformarse con las indicaciones de
Blanca de Cabro!; pero sus tentativas de conversación no pasaron de esto. No
ejercía influencia alguna en el ánimo de Pedro, al que había subordinado en
cierto modo el suyo en la superstición de su juventud. Desde aquel tiempo
lejano en que no tenían más que un corazón y un pensamiento, uno y otro siguieron tan diferente camino, que ya no existía entre ellos la menor comunidad
de ideas. El estudio, las reflexiones, las continuas lecturas, separaron más á Gilberto de su amigo, estableciéndose entre los dos un divorcio intelectual; comprendíanlo instintivamente, y sus conversaciones no eran nunca largas.
Al día siguiente de sus visitas al mercado, Pedro se quejaba de sofocación;
su corazón latía apresuradamente, y érale preciso guardar cama; pero levantábase curado, más alegre y fuerte que nunca, dispuesto á comenzar otra vez y
con entera confianza en el vigor de su constitución.
La vizcondesa acabó por notar la repugnancia de Gilberto á continuar semejante género de vida, y dispensóle del servicio de.acompañar á su esposo. Por
lo demás, Blanca era feliz entonces; en sus últimas excursiones de fin de otoño,
Pe~ro había ganado una suma importante y, como para la mayor parte de las
mujeres, el buen éxito era para ella un argumento sin réplica. Su esposo, pues,
no hacía mal en agitarse tanto, ocupándose solamente de caballos, puesto que
ofrecían la probabilidad de obtener semejantes ganancias. Al fin llegó el invierno y las ausencias del vizconde dejaron de ser tan frecuentes.
La vida en el castillo fué entonces muy retirada; la familia se reunía para
distraerse en las largas veladas, y deslizábanse las horas en más estrecha intimidad. La buena inteligencia para conseguir un fin dado y el mismo pensamiento
dominante en la vizcondesa y en Gilberto para arrancar á Pedro de sus desórdenes establecían entre los dos, durante aquellas noches, dulces y misteriosas

NúMERO 501

relaciones. Blanca y Gilberto se comprendían con una n,irada, y la menor frase
tenía para ellos significaciones que pasaban inadvertidas para los demás.
La vizcondesa se ocupaba con la señorita de Sainte Severe en labores de
aguja; mientras que los niños se revolcaban en la alfombra á su alrededor. El
padre Souchón iba todas las noches á jugar su partida con la marquesa, y una
vez terminada, la anciana, que seguía madrugando, comenzaba á dormitar junto
á la chimenea, sin que la molestasen los gritos de los niños ni el rumor de las
conversaciones. Entonces comenzaba la discusión entre el cura y Gilberto sobre
asuntos teológicos.
El sacerdote, grueso y de pequeña estatura, distinguíase por su expresión inteligente y sus sencillas costumbres casi humiláes, y salvo la glotonería, reconocíanse en él todas las virtudes de su estado; tenía un carácti:r muy benévolo y
habíanle dado el sobrenombre de «vicario de la marquesa.» Esta última era en
rigor el verdadero párroco, pues resolvía soberanamente sobre los asuntos de la
parroquia. Habíale conocido de niño en una de sus granjas, observó en el chico
felices disposiciones, interesóse por él, é inclinóle á seguir la carrera del sacerdocio, Más tarde le reclamó al obispo para el curato de Mareuil, al morir su
predecesor; y puesto así en contacto con el mundo, aquel hijo de aldeanos se
pulimentó, pero sin que se desarrollara su inteligencia, pues fuera de su catecismo no tenía noción de muchas cosas. Cuando supo que Gilberto se ocupaba
de la historia de los papas, creyó que era alguna apología y no dudó de su celo
piadoso; pero mejor informado después, la tibieza del panegirista le extrañó un
poco. Por esto entablaba á menudo discusión sobre materias de fe y de filcsoffa.
- ¿Pero cómo explica usted, dijo una vez, que el mundo se haya hecho por
sí solo?
Advierta que yo no explico nada, señor cura ...
Gilberto se guardaba de atacarle de frente delante de las personas que les
oían, pues había reconocido muy pronto que en nuestro tiempo la alta sociedad
y la nobleza hacen de la religión causa propia, y que atacar el dogma es como
perjudicarlos en sus intereses y atentar contra sus bienes. Sin embargo, á pesar
suyo, algunas veces iba demasiado lejos y entonces empeñábanse interesantes
debates, en los qce la señorita de Sainte-Severe y hasta Blanca de Cabro! acudían en socorro del pobre cui:a casi derrotado.
Pedro, sin tomar parte alguna en la discusión, de pie en medio de la sala,
con las manos en los bolsillos del pantalón, limitábase á estimular á Gilberto
con una sonrisa. fijando en él sus ojos brillantes y muy satisfecho de sus contestaciones. Había dejado poco á poco en Saint·Cyr y en el regimiento, así como
en el período en que hacía ostentación de su fortuna, toda la provisión de buenos preceptos que le habían inculcado los padres de Estanislao, y tenía afligidas á aquellas señoras con su completo descuido de las prácticas religiosas. Esquivábase siempre de ellas cuando iban el domingo á la iglesia de MareuH á
oir misa, acompañadas de la anciana marquesa, que se hacía llevar en coche.
En tales días, Pedro se despertaba tarde, y excusáliase diciendo que tenía jaqueca.
En ciertas ocasiones el rumor de las voces aumentaba de tal modo, que la
marquesa se despertaba, y entonces, á fin de cortar la palabra á Gilberto, Blanca, que había echado de ver las consideraciones que á su abuela guardaba para
conservar sus simpatías, exclamaba á manera de conclusión:
- ¡En resumen, el señor de Maujeán es un incrédulo!
- No lo creo, decía la marquesa, que no había oído ni una sola frase de la
discusión. ¡Es demasiado buen muchacho para eso!
Algunas noches, hallándose todos reunidos, cuando el viento silbaba sordamente, introduciéndose por el cañón de la chimenea, y cuando la nieve se arremolinaba fuera del castillo, oíase de repente á los perros ladrar, la verja giraba
sobre sus goznes y percibíase el rumor de pisadas de caballos en el pavimento
del patio.
- ¡Ahí está Bagrassand', exclamaba Pedro. Sólo él es capaz de venir átales
horas y con semejante tiempo ...
CilbertQ y él se precipitaban hacia el vestíbulo y entreabrían la puerta del
patio: era, en efecto, el conde de Bagrassand, seguido de dos picadores, cuyos
caballos relinchaban impacientes á la luz de las linternas.
El conde entraba riéndose de su escapatoria, con el rostro hinchado á causa
del frío, y su espesa barba negra moteada de partículas de nieve; SJ!ntábase un
momento en el vestíbulo, mientras que el ayuda de cámara le quitaba la pelliza
y las· polainas forradas de piel, y después de preguntar dónde estaban las señoras, presentábase á ellas con su irreprochable levita que tan bien sentaba á su
arrogante y hermosa figura. Al verle aparecer, todas le saludaban con exclamaciones de sorpresa y alegría. Tal vez le hubiera agradado más que nada permanecer en el salón, hablando con la marquesa, con Blanca de Cabrol y con la
señorita de Sainte-Severe; mas Pedro le conducía pronto á otra pieza donde
había siempre una inmensa estufa encendida, y allí hablaban de c;aballos, carreras, apuestas, etc., fumando y bebiendo. Gilberto, obligado á permanecer en su
compañía, procuraba reprimir sus bostezos, esperando con impaciencia á que
se decidiesen á volver al salón.
Si la tempestad redoblaba, invitaban al conde á dormir en el castillo; hacíase
de rogar un poco; pero al fin consentía, quedándose también el padre Souchón.
Cuando volvió la primavera, las salidas de Pedro comenzaron de nuevo y la
vida en el castillo fué menos retirada.
Gilberto saludó alegremente la vuelta de los días largos, como si con cada
sol sintiera renacer sus esperanzas; y la vizcondesa parecía experimentar análoga
impresión. Habíala visto triste durante el invierno, con el brillo de sus ojos
velado algunas veces, la mirada distraída y con cierta dejadez que par~cía enervarla. Ahora, la sonrisa entreabría de nuevo sus labios; sus ojos, al fijarse en
Gilberto, brillaban con expresión misteriosa; parecía más enérgica y más joven
y como atormentada por el deseo de sacudir el exceso de vida que había en ella.
Salían juntos é iban á p1sear por los alrededores, conquistando así día por
día, casi sin darse cuenta de ello y sin que á nadie pudiera chocarle, por lo
mismo que se hacía insensiblemente, la mutua libertad con que se trataban.
Pedro hubiera sido el último en extrañarse de ello y el único también que habría
tenido derecho para mostrarse sorprendido; mas, por otra parte, casi siempre
estaba ausente.
La vizcondesa de Cabro! comprendía que nada debía temer. Si sospechaba el
amor de Gilberto - estas cosas no escapan apenas á la penetración femenina, Y él había cometido suficientes imprudencias para descubrirse, - también·
tenía corcto una intuición de que este amor se había calmado y de que Gilberto

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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NúMERO 501

vivido su abuelo. Era preciso que desde aq~el momento
estuviese bien seguro de que nada le reba1aría ya á los
ojos de la vizcondesa de Cabro!, pues al senalarle desde
lejos la aldea, no vaciló en hablarle del compadre Maujeán, aquel que no sabía leer.. . .
.
Entonces la vizondesa le p1d1ó inforr_nes sobre su fa~1lia, cosa que no había hecho nunca. G1l?erto_ sedextendió
en muchos detalles, refiriéndose al matnmomo e su ~adre aquella mujer tan bondadosa, que después de so~ar
co~ la nobleza, se casó con el sustituto ~aujeán; también
habló del padre de este último, que_ ~ra in!end~nte; Y así
llegaron á descubrir que aque_lla familia extinguida, en cuyos negocios entendió este último, estaba emp_aren~ada con
la vizcondesa. Refirióse igualmente al prop1etar!o de la
granja de la llanura de Chatillón, que fué el ~n~~ro en
tomar posesión de aquel ~uelo y que en un pnnc1p10 habitaba allí removiendo la tierra con sus manos.
La vizcondesa escuchaba con el interés que se presta á
la lectura de una novela, y en aquel instante parecíale á
Gilberto que era para ella uno de esos hér~es que borra~
\
con el prestigio de sus aventuras la vulgaridad de su ongen. Sentía renacer en él la fuerza de todos aquellos hombres que Je habían precedido. legándole con s_u sangre su
sana inteligencia, el equilibrio de su_ salud física y r_no_ra 1,
y en aquella sangre había en aquel mstant~ tal ard1m1ento por el sacrificio, tanta sed de abneg~c1ón, que no 1~
costaba nada humillarse ante la descendiente de los anti·
guos señores de la Fonfreyde, él, nieto de uno de sus
siervos.
fi" d
¡¡
Las miradas de la vizcondesa se habían ja o en e ejano campanario, y
durante un minuto
observóle con expresión meditabunda.
Aficionado Pedro á los caballos, é inteligente en esta materia, vi6 en ello un negocio de grandes ganancias
- Será preciso
que vaya á visitar
p
t b la ese lugar, dijo al fin levantándose.
contentaba con vivir constantemente cerca de ella, or eso mos ra a
- ¿Qué ... no conoce usted ese caserío
or confianza durante aquellos paseos, en los cuales Gilb~rto no se pr~pasó cuyo nombre lleva?, preguntó Gilberto.
nu~ca á decir ni hacer nada que pudiese desvanecer aqu~lla idea de segur!dad. ¿No ha estado usted allí nunca?
Poco á poco, sin embargo, comenzaron á ~er más atrev1~os, y sus excurs1on~s
- Jamás.
.
e prolongaban á mayor distancia: en el carmno por donde iban había una granja
Con esto volvieron á tomar el camino
~ h bitada una especie de cobertizo abierto, donde se detenían cuando _les sor· del castillo. Hubiérase dicho que enton1~e~dfa el ~al tiempo, y que habían bautiz~do con el nombre de _«estación del ces conociendo ya los secretos de Gil~escanso·&gt; algunos troncos de árboles dernbados servían de_ asiento,. y aquel be;to y juzgándole mejor, su intimidad
Ju ar era'el término de su excursión cuando no se proponían ir muy lejos.
se acrecentaba. Estas confidencias habían
gCierto día dejaron muy atrás la granja abandon~da, y después d~ ~ar la vuel- excitado en ella el deseo de hacer otras
ta á varias colinas franquearon la última, que dominaba todo el p_ais, sentáronse semejantes, y habló largamente de todo
sobre el césped, y' mientras tomaban aliento dejaron vagar s~s miradas por los su parentesco. Hizo mención de_ algunas
alrededores. Las montañas '1Ue al Norte interceptaban el horizonte, entreabrían- alianzas desiguales y recordó vano_s lunase frente á ellos, Y desde el sitio donde se bailaban podíanb ver¡algun_o deslos
se res, como para igualar_se. con G1lberto,
llecitos
que
entre
los
montes
se
abrían
y
los
picos
que
so
re
os
mismo
via ban En uno de éstos en el más alto, distinguíase vagamente, contrastando impulsada pór un sent1m1ento generoso,
e eva .
,
.ó
d d
suponiendo tal vez _que c?n tales ~on~por su blancura con el fondo negro de la roca, una construcc1 n cua ra ª: d siones suprimía las d1stanc1as, aprox1mánGilberto orientándose poco á poco, acabó por r_econocer el campanano e dole más á ella.
la Fonfreyde, aquel pueblecillo perdido en las últimas cumbres, donde había
De este modo, Gilberto hacía diaria• mente nuevos progresos en su trato con
la vizcondesa, señalándose para él cada
hora con una nueva felicidad. La vida era
dulce para él, fácil de sobrellevar y sentfala deslizarse sin sacudida en una embriaguez uniforme. Si el amor id~al existe, si es una pasión pura, despo1ada d~
la fiebre de los sentidos, éralo el sentimiento que entonces. experimentaba. _Y
f:&gt;.
hubiera pasado su vida cerca de la viz(
condesa contemplándola y oyéndola,com\...../
placiéndose en su sonrisa sin pedirle nada; pero las cosas no de~ían quedar así. ... presentábase á ellas el conde con su
Cierta tarde habían sahdo como de cosirreprochable levita
tumbre, y siguiendo la lfne~de los cer!os
llegaron al punto que domma el cammo
.
.
de Blatigny, cortando el puente del Herblette. Sentados sobre la hierba! al abng.o de un grupo de encinas que coronaban aquella cumbre, veían l_a mme~sa
llanura que se desarrollaba á sus pies, con sus grandes cuadros de tierra ro11za
unos, que el arado acababa _de surcar,. y teñidos de ver~e otros, en los cuales
ondulaban las espigas de tngo. También atraían sus muadas las prolongadas
líneas de álamos que flanqueaban las corrientes de agua. Más _cerca de ellos, en
el camino de ordinario desierto, veíanse algunos aldeanos que iban ó venían del
mercado que se celebraba todos los lunes; hada un día hermoso, y la atmósfera
estaba serena, aunque algo caldeada por. u_no de esos ~o~es de abril cuyos rayos
se deslizan suaves como la seda y acanc1an con su tibio calor. Blanca, con el
rostro animado por la agitación del paseo y regocijada sin duda al observar
tanta alegría á su alrededor, hablaba mucho, sin fijarse al parecer en el éxtasis
que su vista producía en Gilberto. Apoyado en un árbol,~ un paso de ella, contemplábala en silencio; jamás la había visto ta~ hermosa ~1 tan de cerca, en plena luz y hasta hubiera podido contar los granitos de su ~1el.
.
De repente, Blanca se interrumpió para escuchar el ruido de un carruaje que
bajaba por el camino de Mareuil y que no tardó en aparecer. Entonces recon?cieron á Pedro en su cabriolé inglés, aquel vehículo de dos grandes ruedas, sm
capota ni alero, que él mismo conducía cuando iba_solo á Blatign,r,
Su presencia no les sorprendió, pues habfanle deJado ~n el castillo, donde s~
quedó aquel día contra lo que acostumbraba, y ya se disponían á llamarle agitando alegrementP. sus pañuelos cuando pasara cerca; pero llegado á un cruce
del camino, en vez de dirigirse hacia Blatigny, lanzó su caballo por la derecha.

:1

s..

El conde entraba riéndose de su escapatoria con el ro;tro hinchado por el frlo, ..

( Co11/i1111ará)

�LA

494

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 501

LA

NúMERO 501

presentada en el grabado n.' 2, que constituyen el
fermento butírico. Abandonado el experimento durante alguno's días, podrá notarse al cabo de ellos la
LOS MICROBIOS DE LA TIERRA
completa desaparición del azúcar y la presencia en
El doctor Cartaz ha publicado recientemente en cantidades ya considerables de ácido acético y ácido
La Naltm un artículo acerca de los microbios, dan· butírico.
do á conocerá esos pequeñísimos seres que pululan
Además de estos microbios engendradores de
esta clase de fermentaciones existen en
la tierra microbios patogénicos verdaderamente terribles en ciertas y deterSECCIÓN CIENTÍFICA

de las Nuevas Hébridas (Oceanía) para envenenar
sus flechas .
Por lo expuesto se desprende que la tierra encierra multitud de seres microscópicos, algunos de
los cuales son verdaderamente peligrosos y la mayor
parte de ellos poco conocidos. Así, pues, cuando se
halla seca la tierra y el viento levanta nubes de pol-

vo, precisa preguntarse si entre esos millares de
partículas suspendidas en la atmósfera hállanse gérmenes bastante poderosos para producir enfermeminadas circunstancias. Figuran en pri- dades como las que acabarnos de mencionar. Aunmera línea en el número de esos seres que 1~ cuestión no ha sido todavia bien estudiada,
tan microscópicos corno peligrosos los ha de sernos permitido suponer, en vista de la mulque sirven de germen al carbunclo, la tiplicidad de ejemplos, que dichos gérmenes en tal
septicemia, el tétanos y la fiebre ti- estado tórnanse inofensivos.
foidea.
Y tal es as(, que actualmente viértese en la que
El carbunclo, cuya etiología ha sido pudiéramos llamar isla de Geunevilliers una gran
tan inteligentemente estudiada por parte de las aguas sucias y albañales de París, á cuya
. M. Pasteur y sus colaboradores Cham- circunstancia debe sin duda su transformación en
berland y Rous, es una de las enfermeda- fertilfsimo jardín, y aguellas aguas contienen un núdes más terribles que pueden aquejará mero incalculable de microbios, cuya mayor parte
los animales y aun al hombre. Hoy por son el germen de enfermedades tan peligrosas como
fortuna, y gracias á los estudios de los el cólera, tifus, etc. Viértense en la isla unos 50.000
sabios que acabamos de citar, ha llega- metros cúbicos de aguas sucias por hectárea de tedo á ser rara la dolencia, pudiendo es- treno, y por esta cifra puede calcularse la enorme
perarse su completa desaparición. Co- cantidad de microorga nismos que quedan en la sunocíase desde larga fecha que la
pa- perficie de la tierra.
gación del carbunclo debfase á
exisSi se realizaran los peligros que pueden temerse
111111/f!J
tencia de un microbio especi , pero por la propagación de las enfermedades, habríase obignorábase el modo ó forma e rno se servado un aumento de mortalidad en los habitantes
Fig. 1. Experimento.de MM. Dehérain y Maquenne para demostrar
propagaba. M, Pasteur ha dem strado de Geunevilliers; mas por fortuna, y á pesar de que
la presencia del fermento butírico en la superfic ie terrestre
que la causa de la propagación s debía hace veinte años que reciben esta semi-inundación,
principallsimamente á la longevi d de
en el aire y en el agua. Por nuestra parte, y como los gérmenes. Y tal es as!, según afirma el ilustre no ha aumentado el número de las defunciones.
complemento de los estudios llevados á cabo por tan doctor, que si se entierra un animal muerto á conse- Esto no obstante, y aunque tal cuestión no ha sido
distinguido microbiólogo, nos proponemos cons,gnar cuencia del carbunclo en una hoya de uno á dos resuelta todavía, puede afirmarse que los microbios
algunas observaciones respecto de otros organismos metros de profundidad, cubriéndola después de tie - que después de haber sido depositados en la superque pueblan otro elemento no menos importante, rra, se hallarán á su alrededor durante un período ficie de la tierra han sido secados por los vientos, no
son en manera alguna peligrosos para la salud.
cual es la tierra.
de muchos años bacterias carbunclosas, comprenPor último, además de los seres que hemos citaAnte todo, preciso es preguntar si es cierto que diéndose sin esfuerzo que los animales que pasten
la superficie de la tierra contiene microorganismos. en terrenos as! abonados pueden contraer igual do- do, contiene la tierra otros fermentos ó bacterias
No es dudosa la contestación, ya que para formu- lencia. Por eso, cuando se desconocía la causa pro- que funcionan de distinta manera y que desempelarla sin reparo basta diluir en un vaso de agua ductora de semejante azote, designaban los campe- ñan un papel importante desde el punto de vista de
una pequeña partícula de tierra, observándose en- sinos á determinados lugares con el nombre de cam- la fisiología vegetal. M. Berthelot ha probado por
medio de acertados experimentos que la tierra podía
tonces con el auxilio del microscopio y entre los re- pos malditos.
retener el ázoe atmosférico por la intermediación de
siduos orgánicos y minerales una multitud de seres
Sorprenderá quizás que siendo la tierra un podero-·
más ó menos complejos que se mueven con mayor so filtro, permita que los gérmenes suban á la superfi- determinados microorganismos. M. Brea! publicó
ó menor rapidez. U n autor alemán, M. Reimers, ha cie. M. Pasteur ha demostrado que esta acción débese en esta revista uh estudio acerca de las bacterias de
calculado que cada centímetro cúbico de tierra pue- á los gusanos de tierra, que son en cierto modo los las leguminosas que, como es sabido, tienen la prode contener muchos millones de gérmenes. Y si bien vehículos del fermento carbuncloso. Hállanse, en piedad de asi milar el ázoe del aire atmosférico. En
es cierto que algunos de ellos no han sido estudiados efecto, las bacterias del carbunclo en los pequeños conclusión, la tierra encierra igualmente el fermento
todavía, siéndonos desconocido el cometido que des- cilindros de tierra fina que los gusanos arrastran á nitrificador, á propósito del cual nuevos é interesanempeñan, en cambio hállanse perfectamente deter- la superficie y que las lluvias disuelven. Precisa, tes experimentos acaban de llevarse á cábo.
minadas las funciones de otros. Un procedimiento pues, evitar el enterramiento de los animales muerA. HEBERT
muy sencillo, cual es la reproducción del experimen- tos á consecuencia del carbunclo en terrenos desti(Del.aNahm)
to de MM. Dehérain y Maquenne, bastará para de- nados á pastos para ganado lanar ó bien para forramostrar la presencia del fermento butírico en la jes, Para evitar la propagación de los gérmenes bas.
tierra.
***
En una gran retorta cuya capacidad sea aproxiINFLUENCIA DE LA LUZ EN LOS FENÓMENOS
madamente de 3 litros (fig. 1) introdúcense 100 graDE LA VEGETACIÓN
mos de azúcar de caña, 100 de creta en polvo y
La influencia que ejerce la luz sobre los vegetaotros 100 de tierra de jardín, llenándose de agua
les es tan manifiesta, que merece lamentarse no se
por completo. Tápase herméticamente con un tatengan en cuenta sus efectos las más de las veces
pón provisto de un agujero, por el que pasa un tubo
y si únicamente aquellos que se producen por el
abductor que termina en una cubeta llena de agua.
calor. La decoloración de las plantas colocadas en
Hay que tener en cuenta que el tubo no debe pasar
sitios ó lugares obscuros ha sido demostrada por la
de la línea que el tapón marca en el cuello de la
ciencia, y preciso es tener en cuenta que este fenómeretorta. Dispuesto as( el aparato, sométese la retorta
no es absolutamente independiente del calórico. En
á un baño-maría, procurando SO$tener la temperatura
las plantas que exigen mucho cultivo la acción lumíde 35 á 40 grados por medio de una lamparilla de
nica no es menos evidente que en las demás, según
espíritu de vino colocada debajo del recipiente desse desprende de los interesantes trabajos practicados
tinado al baño, ya que dicha temperatura es la más á
por Sanssure, Boussingault, Dehérain, Grandeau 1
propósito para el desarrollo de las bacterias butíricas.
Aimé Girard, etc. Despréndese de dichos expedA las treinta horas empieza la fermentación, hierFig. 2. Fermento butírico visto con el microscopio
mentos que los efectos de la luz determinan mayores
ve el líquido de la reto ria hasta que al cabo de alresultados en la calidad que en la cantidad de los
gunos dfas calma la efervescencia. Entonces los gases
recogidos en la cubeta de agua por el método co- tará enterrar á los animales carbunclosos en una productos. Tal es así, que en los veranos en que el
múnmente empleado en los laboratorios, compónen- tierra arenisca ó calcárea, poco húmeda é impropia sol no lanza sus abrasadores rayos con la intensidad
se de una gran cantidad de hidrógeno mezclado en para la vida de los gusanos de tierra, ó bien, confor- propia de la estación, las remolachas distínguense por
pequei\a proporción de ácido carbónico. Para demos- me aconseja M. Aimé Girard, tratar el cuerpo del sus menores condiciones sacarinas y las patatas protrar la exactitud del experimento basta introducir animal por el ácido sulfllrico, que ofrece la ventaja ducen menos fécula.
M. Pagnoul, director de la estación agronómica
dentro de una de las campanas que contienen gas de transformarlo al cabo de algún tiempo en verdaun pedacito de potasa cáustica, agitando después la dera masa informe, á modo de negra papilla, que de Arras, ha hecho últimamente interesantes estuprobeta, que deberá taparse con la mano en su puede combinarse con los abonos, entre ellos los dios, dignos de ser conocidos. Después de haber deextremo libre. Al descubrir la campana dentro del fosfatos, á propósito para extenderlos por la super- mostrado que basta una semiobscuridad para contener el desarrollo de la remolacha y de la patata,
agua, podrá observarse desde luego que aquélla as- ficie.
dificultando la extracción del azúcar y de la fécula,
ciende sólo hasta cierta altura, resultando, si se re La tierra cultivada encierra, como hemos ya dipite dos ó tres veces el experimento, que el ácido cho, la bacteria de la septicemia de M. Pasteur y el emprendió sus ensayos con el trébol y otros vegetacarbónico contenido en la campana ha sido absor- bacillus del tétanos de M. Nicolaier. M, Verneuil ha les. Este último, plantado el 18 de abril último en
bido por la potasa. Si entonces se aproxima la pro- demostrado que en los animales inoculados con esta cuatro vasos de asperón, conteniendo cada uno de
beta á una llama cualquiera, inflámase el gas que tierra virulenta desarróllanse de un modo terrible la ellos veinticinco kilogramos de tierra homogénea,
queda, produciéndose una llama de tono pajizo, ca- septicemia gangrenosa y el tétanos, y M. Macé ha pesaba cada ejemplar el 22 de mayo siguiente de
sesenta á ochenta miligramos.
racterística de la existencia del hidrógeno. . .
demostrado á su vez que la tierra contenía bacillus
Examinado con el auxilio de un poderoso micros- tífico.
Los tres primeros vasos cubriéronse con campanas
de cristal de diferentes tonos. La primera inco-.
copio el líquido contenido en la retorta, perdbense
La circunstancia de contener la tierra microbios
distintamente las bacterias que afectan la forma re- patogénicos, ha sido aprovechada por los salvajes lora, violada la segunda y negra la tercera, quedando
al descubierto el trébol del cuarto vaso. Colocáron-

495

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Así pues en las plantas expuestas á la completa
se las campanas ó fanales, de manera ~ue suspendiacció~
de I; luz resulta casi nula la proporción del
das á cierta altura, permitían la libre circulac16n del
ázoe
nítrico,
siendo considerable en aquellas_ quef no
aire por debajo de cada una de ellas, as! es que la
obscuridad no era completa ni aun en la campana ozaron de igual ventaja. Para el ázoe orgámco uenegra. Durante el experimento se procuró obtener ~on inversos los resultados. Tórnanse enormes estas
una temperatura igual.
. diferencias si se calcula, teniendo en ou_enta el peso
El I ' de junio las plantas fueron p~sadas y cor total de las plantas recolectadas, la cantidad tott de
ladas dando el siguiente resultado: al aire_ libre, _228 este ázoe orgánico, ó sea del ázoe que debe a •~gram~s; bajo la campana incolora, 135; baJO la v10la- donar la forma nítrica para adoptar 1~ forma
da 80, y bajo la negra, 24.
• ca, es decir, penetrar en los tejidos v1v1entes e veEl ázoe nítrico fué calculado en dichas plantas con getal.
· 1
• 8·
Al aire libre, o'697; bajo !~ campana meo ora, o 42 '
la difenilamina y la cantidad de ázoe total _por el
método ordinario, obteniéndose por cada millar no bajo la violada, 0'185, y ba¡o (ª negra, 69.
Igual experimento llev~se a c~bo con las rem? 1adesecadas:
chas después de haber sido rociadas con una d1soÁZOE
lución de nitrato de soda, dejándose algunas de ellas
Tola/. Nltrico . Or(ánico. bajo la acción directa de la luz, otras colocáronse
o'ooo 0'310
Al aire libre .
0 1310
bajo un cobertizo y otras cubnéronse con campanas
1
0'321
0'004
0 317
lfaio la campana incolora.
ó fanales de cristal negro.
,
.
1
0'140
0 232
Id.
id.
violada . .
0'372
El 6 de agosto procedióse á la extracción del ác11
0 1 278
Id,
0'130
id.
negra.
0 417

rtai·

do nítri co, que produjo la cantidad en miligramos
consignada á continuación:
.
E11 las raltes. En !tu lio1as,

A plena luz. . , • ,
Bajo el cobertizo.. , ,
Bajo la campana negra ..

JO

o

140
175

200
200

As! obtuvo M. Pagnoul por la _acción de la Iu_z
los nitratos arrastrados en las ho¡as por el movi-

miento ascendente de la savia, que se tr~nsformaron
seguidamente. Estas sales en la obscunda? acurnúlanse en las hojas y en las rafees, contemendo su
transformación, resultando de ahí un alto en _el desarrollo de la planta y por ende en la ~roducc~ón de
las materias que aquélla debe produ~1r, conslituíd~s
por el azúcar en el precedente expenmento y por a
fécula en la patata.
ALBERTO LARBAL&gt;TRI ER

(De La Nature)

Profesor de la Escuela de _Agricultura
de Pas-de-Cal:us

:
n LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTIOA diríjanse para informes á los Sres .t,.. Lorette, Rue Caumartin;
Las casas extranjeras que deseen anunciarse e
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d
br !dad de los Sres. Calvet Y C,•, Diputación, 358, Barcelona
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, - Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina. e pu 10
núm. 61. P ans.

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Pepsina Boudault

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el cal11,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seuun sus ocupac1ones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efect-0 de la
buena alimentacion empleada, u11O
•e decide fdcilmente ~ volver
d empezar cuantas veces
sea aecesario,

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!prollada por la !ClD!IJ! Dt nDICIU
PREMIO OEL INSTITUTO Al O'CORVISART, EN 1856
Medallu en laa Eipoticlontt

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PIBIS - LYOI • TIEI! - PBJUD!LPIU - Pms
1867

187t

l8i3

1878

l8iS

H UPUl.l COII IL ■ATOi. illto 111 UI

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entrega de 18 pá.gina6
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dirigifodose , los Sres. Monuner y Sim0n, editores

I LXCOJt ,eemplea en e/ utado agudo; Ju PU.DOBAS,en el &amp;$lado Crdn/co,

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• 1

'

~~"u~

,

Tut&amp; u tM~s lu rtmdu 1 enguriu,-leailese gntis II folleto ei~llutirt.a,.,v~:j)~ '"+)'

UIJASE U SELLO DEL GOBIEHO FIA.CES YESTA fllllA 1 • • •

• .,,,, 1;,,,¡ , }• . ~ • •

�50 1

NóMERO

LA ILUSTRACI ÓN A RTISTICA

el Arte. Tómelo como quiera: el
amigo desleal é ingrato que se disfraza para herirme, s6lo me inspira
desprecio,
&gt;... Por ahora, y hasta que vea el
lujoso folleto de la Hermandad de
Sevilla, de afectadito sabor arqueo•
lógico en su forma, con su colofón
en punta, según me lo pinta el señor Araujo, no puedo juzgar del
alcance de las razones que en el
terreno de nuestra falta de derecho
para seguir poseyendo el cuadro de
Santa Isabel alega mi impugnador,
en contra de unas aseveraciones
como las mías, deducidas de documentos oficiales y auténticos, y por
lo mismo, de fuerza probatoria in·
contrastable y contundente.
) . .. Paréceme, por de pronto, que
aun dando de barato que ese bellísimo cuadro, hoy manzana de nuestra discordia, no hubiese sido nun•
ca donado por la Hermandad de
Sevilla al mariscal Soult, ha de
mirarse mucho el Gobierno antes
de alterar el actual estado posesorio
y de dar al traste con el respetabi•
llsimo derecho que engendra la
prescripción, no sin causa llamada
por los antiguos palrona guuris
/1umani y finis solliciludimun, para
adjudicar el hijo á la desnaturaliza•
da madre gue le maltrató, arran·
cándalo de los brazos de la mujer
amante y solicita que lo acogió, lo
crió á sus pechos y lo enalteció hasta despertar la envidia de la madre
criminal. Cualquier gobierno pru·
dente y previsor que pare mientes en
la lamentablehistoria de esos precio,
sos cuadros de La Caridad, y tenga
presente el miserable estado en que
vinieron á Madrid en tiempo del
rey intruso los otros lienzos del
mismo hospital El agua de la pella
y El milagro de pan y peces, com•
prende•á, por el trato que de la
Hermandad de Sevilla recibieron
estos hermanos de la Santa Jsa/&gt;el
curando á los enfermos pobres, cuál
hubiera sido la suerte de esta joya,
hoy tan extemporáneamente dispu•
tada, á no haber sido encomendada
su conservación, al regresar del
Museo del Louvre, al inteligente
celo de la Real Academia de San
Femando.&gt;
Veremos al fin cómo se resuelve
este asunto, que entraña verdadera
importancia, ya que se trata de
la conservación de obras de nues•
tres primeros maestroE.

EL CUADRO DE LA (SANTA füllEL&gt;
DE MUR!LLO

Hace algunos meses que la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla reclamó del Estado la entrega del cuadro de la Santa Isaótl
de Murillo, apoyándose en cierta
clase de consideraciones que se estimaron inatendibles en el informe
emitido por la ilustre Academia de
San Fernando, á instancia del señor
ministro de Fomento.
H ay que tener en cuenta que desde hace algún tiempo se repiten las
reclamaciones con sobrada frecuencia. U nas veces se trata de ciertos
tapices á los que se cree con derecho determinada comunidad de religiosas, ó bien el Cristo de Velázquez, e l Triunfo de la Iglesia sobre
la Sinagoga; y á este paso, si se atendieran, ó quedarlan vacíos nuestros
Museos ó las rentas de la Nación
deberían destinarse, durante a lgún
tiempo, al pago de obras que se s11ponla que á ella pertenec!an.
Parece ser que el celebrado cuadro de Murillo fué regalado al ma•
riscal Soult por la susodicha Her•
mandad durante el periodo de la
guerra de la Independecia, yendo á
parar á Francia, de donde fué devuelto á la caída de Napoleón, en
unión de algunas, no todas, de las
obras de arte que nos arrebataron
los soldados del cm perador.
Con motivo del informe de la
Academia, suscrito por D. Pedro
Madrazo, el que lo es correspondiente Sr. Gómez Imaz ha tomado
la defensa de la Hermandad, viéndose obligado el Sr. Madraza á pu•
blicar una car ta en las columnas de
El Heraldo, dirigida a l director del
periódico madrileño, de la que nos
permitimos reproducir los siguien•
tes párrafos :
cMe brinda V. con las columnas
de su acreditado periódico, como
campo de honor donde pueda yo
esgrimir mis armas. Agradezco su
galantería, y acaso la aprovecharé
si, bajo la hermosa divisa de La Ca•
ridad, no descubro alguna pasion•
cilla ajena á la santa casa que se su•
pone comprometida. E l tstilo del
paladín oculto me hará ver su cara,
y si se con6rmamisospecha, nome
molestaré trabando con él un com•
bate estéril para La Caridad y para

DORADORAS,

496

cuadro de D. Manuel Cusi. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILUS J POLVOS
PATERSON

• IJIJIUTBO J MAGHSl4
laer xttdoa -tra tu .._loDN del Eal6·

mago, Falta de Apet.lto, Dlg..UoDN la»

ra-, ÁONW, V6mltoe, Enlotoe, y C6llooe;
regularlaD Ju l'lanoloa.N del Ellt6ma110 7

deloe~oe.
Eilllr .. ti rotule • ,,,,,. d1 , . ,nuo.
.A.tba. DZTll&amp;M,FanuNUUoo • PAIU9

APJ:OL
de 101 D'.. JORET &amp; HOMOLLE
g¡ APIOL cura loa do/ore,, ret,1101, 1upre1/on11 tJ• ,., Bpocu, ast como las_¡,_lrd/du.
Pero con rrecuencta es !alllflcado. El API oL

Terdadero, único efl.cu, es el de los tnven•
torea, los DN• JORET y BOIIIOLLE.

,,,JARABE ANTIFLOGÍSTICO OE BRIANT ~
..........,••, CALLB DB •:cvoLI, .110, .PA.Jll., . . . . , . ,. . . . . . . .r • •e ...

El ~ARABE DE BRLANTrecomendado desde au :,rtnctplo por 101 proresores
Laennec, Thénard, Oueraan~ etc.; ba recibido la consagract6n del tiempo: en el
año 1829 obtuvo el pr1v1¡eg10 de 1nvenc16n. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y d§ ababoles, convtene sobre too.o a las personas dellcaaas como
mUJeres y ntnos. su gusto excelente no perJudlca en modo alguno á su i ncacla
~ contra 108 IESFBUDOS y todas las DFLUUCIORES del PECHO y de 108 DTESTDOS. ..J

MEDALLAS E111"Unlr1" LDNDRES1882·PA R/81889

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~E~!!_N!L!I!~~ !6!!1!!~

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T OOlr TOJ&gt;OI tOI

nnccmc» JnJnlTITOI n u ClüUfB

eaaa11, mm•,_,.,..., Dl9I a6Ge c11 a11o ellldmaado 1 1u &amp;lnmdoeel te

lodaj laa M!IDl!DCIY m6dioU preabt.D qQ9 ll&amp;a YOClldOG do la .,.._.. el - - - J la
.lWC., laa . l l l f l l l ~ dolMWM, el 1,..1,,: 'A11"1llo J lá AllffllefM 11, i. ~
el
Lla A{«IM'MI llt:t'O/WOMI 1 IICIINlllfe41, 9'ó. C1 Ylae ........... dé
AN•• ea, en elec&amp;o,
el uzw:o que reune lodo lo que e111oaa 1 tonaiece 1o1 0 .....,.,,.
NIUlarlA. ooordella J aumenta oaaalcknbJememe lu tuersu 6 tnl'lwla 1 1a .,.__,
tlipobredda 1 deloolorld&amp; : e1 , ~ , la e~
IIIICr9
1 1a ~ ""'·
.,....,,.,,. laril, • cua4e 1. FBW, Fll'IUOlllicil, tOI, ,-. Ridieliel. ~ .. ilOOD.

..._ OOUIUtuye el repandór maa eDel'DlO que ee COIIOOI para cmv • 1a CIMINi, 1a

"""""''"'°•

p l'DDS P TODU U..S nmalPilU a0TJQ.u

EXIJASE •i:= ARDUO
1

PITE EPIL.ATOIRE· DUSSER

Parttci11&amp;ndo 4e lu propiedades del Iodo
1 del Blerro, estas l'lldoru ae emplean
eu,ectalmente contra lu ••orohllu, 11
Tul• J la Dellutdad de temperameato,
ut como en todos los cuoa (.-iudo■ coloree,
Ameaorrea, ••&gt;
, en los cuales es necesario
obrar sobre la aan¡re, ya sea para deTolverla
■u riqueza 1 abundancia normales, oya. para
provocar o re¡ulartu.r au curso periódico.

A'/~ M l r l l lllll, ■ lffll,

~~•v• lonapart,, 40
El toduro de bterro tmpuro ó alterado
, es un medicamento Infiel é Irritan te.
iao prueba de pureza J de autentlctdad de

ft B
,

lu 't"e.rdu.r. . .Pildoi-u ü .Blcanecard,

•11r nueatro HIio

el• Jlata r11ot1v1,
DUilll&amp;a al pl6 de una etiqueta
rarantta de la Unl6n o

•---"""ª
.,..l,.el lello da
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~ kl11t11 ,aralareprellóD.delafalll-

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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BARCELONA

10

DE AGOSTO DE

1891

NÚM. 502

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

=

OTRO BESO, cuadro de !talo Nunes-Vais

�LA
SUMARIO

Texto. - Bocetos marítimos. Las d,jensas de 1111 buque de gue·
rra, por Federico Montaldo. - La cadena invisible. Novela
original (conclusi6n), por Ernesto García Ladevese. -La
autopsia, por F. Moreno Godino. - SECCl?N AMER_ICANA:
Sa11tia,ro de Chile, por A. - Bocetos. La ~/11spa eléctrica! por
Juan O. Neille. - Nuestros grabados. - Vizco11des~ (cont!nuación). Novela original por León Barracand con 1lustrac1on~s
de Emilio Bayard y grabado de Iluyot. -SECCI?N CIEN:!·
FICA: El c1·iógt110 de Al. Cailletet. - La 1111eva pzla de óxido
de cobre de M. de Lala11de, por J. Laffargue. - Preservac(ón
de los cables melálicos.-Libros enviados á esta Redacción
por autores ó editore~.

Grabados.- Otro beso, cuadro de Italo Nunes-Vais. -Cuatro dibujos de Guillermo Kuhnert. - Una ejecución de piratas en Chine. -Después del mplicio (de fotografial. -Palacio del Co11greso de SQ11tiago de Chile (de una fotogra~a remitida por D. José Mariscal, gerente de &lt;La Joya L1teraria1&gt;1. -Santiago de Chile: Alameda. Cerro de Santa Lucía.
Salón de honor del Congreso. Palacio arzobispal y catedral.
Teatro municipal. Portal San Carlos. Puente Calicante,
Quinta Normal. Plaza de Armas. Palacio de la Moneda. Adoradores de Baco, cuadro de D. Luis Graner. - El cuarto
estado, cuadro de D. Luis Graner. :-- El criógeno de M. Cailletet. - La nueva pila ele óxido de cobre de M. de Lalande. - Maja, cuadro de Manuel Cusi, (Galerla Parés.)

BOCETOS MARÍTIMOS
LAS DEFENSAS DE UN BUQUE DE GUERRA

Bien dice Enrique Heine en uno de sus pensamientos póstumos, publicados recientemente en París: «El hombre que toma esposa, imita al dux que
se casaba con el Adriático; no sabe con quién se
une: ¡perlas, tesoros, monstruos, lo desconocido!. .. »
Y dice bien, porque eso está perfectamente expre·
sado, dentro de la gramática, y hasta si se quiere
dentro de la bella literatura: constituye su frase un
bonito pensamiento, por lo cual me lo apropio; pero
dentro de la exactitud matemática, aun sin apelar á
cortapisas que la galantería impone en la emisión de
las ideas, ah( s( que no está, porque vamos á ver:
¿dónde están en la mujer los monstruos y las tempestades y lo desconocido, ni qué me importa á mí
desconocerlo, si de antemano sé que cada novedad
que descubra y comprenda en ella va á ser otro atributo de ángel que iré agregando, encantado y satisfecho, á su conjunto angelical? ¡Monstruos en la mujer y tempestades! ¡Qué desacato! Ya sabemos que
«el mayor monstruo )os celos,» como dijo el clásico, y que la mujer puede ser celosa; pero lo es con
tanta suavidad, con tanto mimo, que los celos en ella
constituyen un atractivo más, excepción hecha del
vitriolo y de algún otro inofensivo aditamento que
emplea en ciertos contados casos. Pues ¿y las tempestades? Llamar tempestades á esos levísimos rap·
tos de entusiasmo que tanto favorecen á la mujer,
que son como el taponazo en el champagne, un ruido
armonioso, precursor del néctar embalsamado y chispeante entre vivaces espumas; llamar tempestad á
esa monería, únicas rebeliones de que es capaz la
mujer, es llegar al colmo de la exageración y al acab6se del atrevimiento, con perdón sea dicho del gran
Heine y de sus herederos.
Perlas y tesoros, sí; en eso s( que puede compararse á la mujer con el mar, porque si éste oculta en
su seno ignoto la perla de maravilloso oriente y los
tesoros que algún naufragio acostó en hondo lecho
de arenas, la mujer tiene perlas por dientes, y rubíes
en los labios, partidos, naturalmente, en dos; y esme•
raldas en los ojos verdes, ó zafiros en los azules, ó
carbunclos en los negros «de las huríes del Profeta,»
que también, á lo mejor, los tienen verdes, según
Becquer; y de tesoros escondidos, ¡oh! de eso no
hablemos; baste saber que en ella todos los infinitos
naufragios de la vida dan lugar á tesoros: las ofensas
recibidas, al perdón bendito; la desgracia ajena, á la
misericordia; el engaño sufrido, á la abnegación que
olvida, y así sucesivamente hasta el sacrificio y el
martirio.
Cierto es que estas piedras preciosas y estos tesoros femeninos no tienen valor efectivo en plaza, aunque muchas los hagan valer en plazas y calles; pero
pedir que la humanidad sea perfecta en algo, es como pedir cotufas en el golfo. ¡Ah! Si tales riquezas
se cotizaran en Bolsa ... podíamos despedirnos de la
paz del hogar.
Todo lo dicho cabe muy bien en este artículo,
pues ello, al fin y al cabo, es una defensa, y aunque
no pertenezca precisamente á los buques de guerra,
en el ataque ó símil marítimo origen de todo figura el Adriático, y un hombre de mar, como lo soy yo
oficialmente, debe intervenir en el asunto, aunque
no sea más que para burlarse, como lo verifico yo
disimuladamente, de este género de defensas de abogado á tanto por hora ó á cuanto por pliego. Eso sin

NóMERO 502

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

contar con «la proverbial galantería de nuestros marinos.»
En el mar, donde todo es serio y grave, como que
va en ello con una facilidad aterradora esa pequeñez
que vulgarmente se llama el pellejo, ha de serlo ta~bién todo lo referente á defensas, ya que los enemigos con quienes se va á luchar son tantos, tan poderosos y tan constantes; aun estando el buque en
puerto y «fondeado en cuatro,» es decir, sujet~ por
cuatro anclas que hacen de un barco una especie de
pirámide de Egipto por lo fijo y lo seguro, aun así,
hay agentes flotantes, ó disueltos en el agua, que
atacan y destruyen los fondos del bajel h~sta ~onerl~
en un estado lamentable y próximo á la mvaltdez s1
no se vigila mucho; cuando el buque navega, sus propios indispensables movimientos son otros tantos
ataques á la integridad de su fábrica, que algo se
quebranta y sufre con los vaivenes; cuando lo hace
en tiempo de guerra «ni que decir tiene» - como
suelen ponderar los madrileños finos, - entonces todo
se junta: desde las consecuencias perjudiciales del
esfuerzo propio, hasta las que con el suyo cause el
enemigo, pasando por las caricias que el mar reserva
á los navegantes.
.
Si yo no fuera tan insignificante y no estuviera
además convencido de que lo soy, que es lo que me
detiene y salva á ustedes, ahora mismo iba y trazaba
un cuadro sinóptico policrómico, así, de muchos colores, expresando los enemigos intrínsecos y extrínsecos de un buque por una parte, y por otra los medios que en el buque existen para vencerlos ó neutralizarlos. La boca se me hace agua pensando en el
cuadrito con sus colores variados, sus diferentes Jí.
neas que se procura combinar de modo que den un
bonito dibujo, sus números árabes y romanos; en fin,
con todo el aparato que requiere el argumento de
un cuadro de esos que tan de moda están, y que así
figuran en las obras de estadística, donde los encuentro muy en su lugar si están bien hechos y demuestran algo, como en las de cocina y en otras, _donde
encajan como la e,topa en las costuras: á martillazos.
Nada, que por hoy renuncio al cuadro sinóptico,
gráfico y policrómico.
Pero el caso es que son tantos los enemigos de
que ha de defenderse un buque de guerra, que para
dar una idea de ellos precisa clasificarlos de alguna
manera, y á eso vamos sin meternos en honduras
01 en cuadros de once varas. Tiene enemigos en sí
mismo; en su máquina poderosa, que es preciso forzar á menudo y que hace saltar al barco como un
triquitraque; en su cargamento, compuesto casi todo
de explosivos tremendos, cada día más peligrosos y
estupendos; los tiene en su habitual medio ambiente en ese mar que en las novelas, y ah( me las den
todas, se encrespa(!) y ruge (?), pero que en la realidad, siempre más respetable, lo mismo devora un
acorazado de primera clase con sus 800 hombres de
tripulación, como le acaeció al Captain hace unos
años en Finisterre, que se engulle un c;:rucero con sus
150 hombres, como le pasó hace poco al Ser¡mzt en
Camariñas; y á estas aventuras, ó desventuras, mejor
dicho, está más expuesto el buque de guerra, que
investiga y descubre, que el mercante, que va á cosa
hecha con derrotero conocido; y los tiene, por último, en la costa y en el buque del adversario beligerante.
Jlues contra esas tres clases de enemigos tiene defensas el buque de guerra, y en el orden en que los
hemos citado á ellos, dividiéndolas también conven•
cionalmente y para mayor claridad, por más que
cuando llega el caso todas se unen y combinan, va·
mos á estudiarlas, si estudiar puede llamarse á lo
ciue hacemos en estos bocetillos ¡ay! de tres al
cuarto.
Hay quien cree, y apoya en muy buenas razones
su creencia, que la velocidad en la marcha constituye un arma poderosa en el moderno buque de combate, pues ella le permite alcanzar al enemigo débil
y librarse del fuerte por la huída, constituyendo en
ambos casos un importante factor de éxito; y de ahí
nace la idea de encerrar en el barco una potentísima máquina, con tiro forzado y cuantos auxiliares
pueden aumentar su eficacia en determinados casos;
esto naturalmente aumenta también los peligros; pero
contra ellos hay: un personal de primera, pues
pocos cuerpos existen en nuestro país tan competentes y útiles como el de maquinistas de la Armada, y
un material con todas las garantías de procedencia
y pruebas que pudiera desear el crítico más exigente.
Que á pesar de eso hay que lamentar a\·erfas y desgracias, quiere decir que sin eso las averías y desgracias ocurrirían en mayor número. Respecto á las
precauciones que se toman á bordo para con los explosivos y otras substancias de difícil manejo, sólo
enumerarlas daría materia para un artículo, y mientras me decido á escribirlo adelantaré la tranquiliza-

NÚMERO 502

dora y para mí gratísima noticia de que rara vez ~.sos
enemigos causan víctimas entre los esforzados h1Jastros de Neptuno.
Los enemigos que el mar arma contra un buque
son de dos categorías: los procedentes del mar en calma, infusorios, reacciones químicas y destructoras de
sus elementos con los del buque, etc., y los procedentes del mar en activo, digámoslo así, que varían desde
el suave bandazo hasta la voltereta inclusive, pasando
por la marejada, la marejadilla (que hace «echar la
papilla»), la mar tendida, la de fondo y otra~ mares
más ó menos saladas. Contra todo ·esto también hay
defensa: para la primera categoría mucha imprimación, mucha pintura y entrar en dique á menudo con
el objeto de recorrer los fondos; para la segunda una
construcción bien calculada y cumplida, una buena
distribución de los pesos para que el casco goce de
un perfecto equilibrio y se mantenga nivelado, alguna
que otra quilla suplementaria ó de balance para
aguantar éste y navegar, siempre que se pueda, con
sujeción á las reglas que hay dictadas para evitar los
efectos de todos esos jugueteos del mar que casi
siempre suelen acabar en que se «sube el vino,» 6 Io
que es lo mismo, en que el barco y sus tripulantes lo
pagan.
Pero donde el buque de guerra extrema sus defensas es en el capítulo tercero, en las dedicadas á los
enemigos de la costa y buque del adversario belige·
rante. En eso sí que se echa el resto. Sobre los compartimientos celulares, estancos, numerosos é inde·
pendientes, la cubierta blindada en forma de caparazón de tortuga, que descompone y mata los choques
de los proyectiles; la coraza de acero níquel, el más
resistente que se conoce hoy, sobre almohadillados
de celulosa, caucho y otras materias esponjosas que
al mojarse se hinchan y obturan herméticamente el
agujero hecho; sobre esto la red de mallas de acero,
que enreda y detiene los torpedos; haciéndolos esta·
llar á dos metros del costado; sobre todo esto los
proyectores fotoeléctricos, que descubren y desarman al agresor cuando está distante aún; y sobre
todo y por encima de todo la pericia de un buen
comandante, que es el alma de un buque y que hace
más con su valor y su serenidad, ayudados por la disciplina de la gente y el buen estado del material,
que cuantos mecanismos puedan inventar la prud_encia humana y el espíritu de la propia conservación
llevado hasta el delirio.
Lo que es por haber, como se ve, hay defensa
contra todo; la hay hasta contra el mareo, que es uno
de los mayores enemigos de la navegaci\'.m; para evi·
tarlo unos toman potingues, otros hacen acopio de
paciencia hasta que se van }asiendo, otros se van al
Retiro y algunos lo solicitan y lo obtienen, aunque
con r minúscula; pero si vale decir la verdad, y sin
perder de vista el lado práctico de las cosas, sin olvidar que el mimísimo Don Quijote, el español más
célebre que ha nacido, llevaba junto á sí á Sancho
Panza que de buenas le libró; á decir verdad, yo creo
que la mejor defensa que el buque de guerra ofrece
al hombre está en que éste aproveche el derecho que
asiste á todos de... quedarse en tierra.
Esa es la única defensa positiva; todas las demás
pueden marrar y marran cuando menos lo espera
uno.

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

¿Qué relaciones mediaban entre Llave de Oro y
Gaultier? Se sabía que el gascón había pedido varias
veces dinero prestado á Llave de Oro y que éste se
negó siempre á darle cantidad alguna. Gaultier detestaba al banquero y solía llamarlo et Tudío. En

Figuraos la brusca sorpresa del conde de Etruria
cuando á eso de las nueve de la noche llegó á sus
oídos la noticia de la prisión de Gaultier, á quien
había dejado en brazos de Resignación Circulaban
rumores de que la policía buscaba con empeño á la
joven misteriosa cuya posesión tantos á Gaultier 1~
envidiaban. Añadíase que los agentes de la segun-

Dibujo de Guillermo Kuhnert
Dibujo de Guillermo Kuhnert

efecto, Llave de Oro pertenecía á la religión israelita.
Sabfase también que la pasión dominante del banquero era la de las mujeres. Al salir Gaultier del Pavillon Royal con Resignación cruzáronse en la pue~ta
misma con el banquero que entraba. Se le había visto á Llave de Oro hablar breves instantes con Gaultier mientras la joven subía al coche que los aguardaba á la puerta. Según testigos oculares, del gesto
de Llave de Oro al hablará Gaultier parecía desprenderse que el banquero le felicitaba al gascón por su
buena fortuna.
Llave de Oro había sido extrangulado en una casita de campo que poseía en Saint-Cloud. Su desaparición causaba grande inquietud en las oficinas y
en su domicilio, y por fin fué hallado muerto en la
casita de campo sin que se pudiera precisar exactamente el momento del crimen. Mas todo hacía creer
que el asesinato fué cometido la misma noche del

Dibujo de Guillermo Kuhnert

día en que Resignación fué vista con Gaultier en el
Pavillon Royal. El móvil de aquel crimen había sido
evidentemente el robo. Los empleados del banquero
israelita declararon que éste, contra su costumbre,
al volver del Bosque de Bolonia el último día que se
le vió, fué á la caja, tomó de ella cuarenta mil francos en billetes y los puso en su cartera. La cartera
de Llave de Oro fué hallada completamente vacía en
la casita de Saint-Cloud. Los médicos que reconocieron el cadáver certificaron que el crimen había
sido cometido por un hombre de fuerte musculatura,
sin instrumento alguno ni otro auxilio que el de
sus propias manos.

FEDERICO MONTALDO

LA CADENA INVISIBLE
NOVELA ORIGINAL

( Co11clttsión)

Gaultier había presentado al conde á su amada
bajo un nombre de amistad, sin revelar su nombre
verdadero, como se acostum~ra en tales casos, espe•
oialmente cuando aquel á qmen se presenta es casado y lleva un noble apellido. Esforzóse el conde de
Etruria por disimular la ~presión que ~a jo~en le
causaba, y viendo á Gal;llher dar á Res1gn~c1~n un
beso ardiente, apresuróse á salir de allí despidiéndose en breves palabras afectuosas que ocultaban una
emoción profunda.
En la noche de aquel mismo día circuló por París
el rumor de que Gaultier acababa de ser preso. El
banquero Llave de Oro, d~ quien he_mo~ habl~do ya,
había sido asesinado en circunstancias mexphcables,
y una mano desconocida escribió_ al jefe de la policía parisiense denunciando á Gaultier como presunto
autor del crimen.
- ¡Ya cayó el gascón de las buenas conquistas!,
exclamaron por todas partes, en los teatros, en los
círculos y en los cafés á la moda los enemigos y los
rivales del audaz aventurero.

499

Dibujo de Guillermo Kuhncrt

dad pública estaban ya sobre la pista del nido de
amor donde el gascón tenía oculta á la joven y que
ésta iba á caer en manos de la policía de un momento á otro.
El conde fué inmediatamente asaltado por la idea
de poner en salvo á Resignación, si de ello era tiempo aún. Nadie más que él conocía el sitio donde la
joven se hallaba. Para poner en práctica su plan debía obrar rápidamente; la policía tiene medios muy
eficaces para descubrir en pocas horas el paradero
de una mujer hermosa que se oculta. No quedaba
un instante que perder; el conde lo comprendió as(,
y pensando más en Resignación que en Gaultier resolvió ir aquella misma noche al misterioso hotel inmediato al Bosque de Bolonia, prevenir á Resignación de lo que pasaba y sacarla de allí si era posible,
pues los agentes de la seguridad no habrían dejado
de enterarse de la presencia de Gaultier por aquellos
sitios.
Tomando grandes precauciones para no ser segui.

�500

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 502

- Por fin, algún tiempo después supe toda la esdo, el conde de Etruria, después de algunos rodeos visión terrible, exclamó, dando un grito, en la más
pantosa verdad; aquel hombre me reveló que mi papor los barrios próximos al arco de la Estrella y al sublime actitud trágica:
Bosque de Bolonia, se decidió á llegar hasta las cer- ¡Ah! ¡No! ¿Yo entregarme á la justicia? ¡Jamás! dre había sido ejecutado como autor de un crimen
en el cual no había tenido parte alguna, pero cuyas
canías del hotel de Resignación. Nada observó allí
de anormal, ni había vigilancia de ninguna especie
Poco tiempo después de estos sucesos, en las pri- circunstancias lo condenaban. Obligado á vivir en la
en la calle que daba entrada al hotel, ni nadie iba meras horas de una madrugada lluviosa y desapaci- mayor pobreza, ocultábase bajo un nombre supuesto
siguiéndole.
ble, iba á funcionar en París la guillotina. Todo ese para sustraerse á la vergüenza y al ridículo en que
Al cabo se aventuró á llamar. La puerta del hotel público de hombres estragados á quienes gusta lo lo colocaba su falta de recursos. Se obstinó durante
se abrió y la misma Resignación corrió á abrir la ver- repugnante y de viles rameras que suele acudir á las el proceso en no declarar su verdadero nombre;
ja. La prontitud con que salió la joven apenas el ejecuciones, agolpábase en las cercanías de la plaza como ciertas coincidencias lo perdían, previendo que
conde hubo llamado, revelaba bien la impaciencia fatídica donde el verdugo debía cumplir su misión. una pena infamante iba á caer sobre él, prefirió decon que Resignación aguardaba á Gaultier.
El reo á quien se iba á ejecutar era Gaultier. El jar su nombre en el misterio á cubrirlo de ignominia
Esta se quedó vivamente sorprendida cuando vió crimen de que se le acusaba había sido plenamente para siempre!... Mas antes de morir le dijo al verante su~ ojos al conde. Al abrir la verja del jardín y probado. Los cuarenta mil francos que el gascón de- dugo, la única persona á quien se confió: «Soy el
buscando en vano con la mirada á su amante, excla- da haber ganado al juego eran los mismos cuarenta destronado rey de Etruria. Tengo dos hijos, un niño
mó llena de extrañeza:
mil francos que Llave de Oro tomó de su caja pocas y una niña. Te entrego las señas de las pensiones
-¿Y vuestro amigo? ¿No viene? ¿Qué es lo que horas antes de salir para Saint-Cloud. El banquero donde se educan. Ahí va por escrito mi despedida
ocurre?
que esperaba allí la dicha, halló la muerte; fué á para que la hagas llegar á mis hijos. Anúnciales al
La joven tuvo el presentimiento de que algo ex- caer en el lazo que Gaultier le había tendido. Creyó enviársela que he muerto en un naufragio.~
El conde, perdida la razón, estrechando á Resigtraordinario sucedía.
de buena fe que el audaz aventurero no era capaz
Al penetrar el conde de Etruria en el saloncito de ilusionarse más que por un puñado de oro, y pa- nación entre sus brazos, sin fuerzas casi para seguir
oyéndola y luchando horriblemente entre el impulso
donde dejó á Gaultier entregado á su envidiable fe. gó con la vida su funesto error.
licidad y al encontrarse con Resignación á solas, la
Como de costumbre, en las noches en que la gui- natural que le inclinaba á gritar «¡Estela, hermana
nobleza de su carácter reprimió en él toda tentación llotina funciona, todas las tabernas próximas al lu- mía!) y su ansiedad por medir aquel profundo y nede infidelidad á su amigo: el conde era demasiado gar siniestro estaban ocupadas desde antes de media gro abismo entre cuyas sombras su pobre hermana
orgulloso para intentar aprovecharse de la situación noche por un gentío ruidoso y procaz que entonaba había rodado y se había hundido el honor de toda
en que Gaultier se hallaba. Además, la impresión las más insolentes y groseras canciones con voz en- su familia, aún sacó fuerzas de su desesperación para
que la encantadora beldad le producía, con ser tan ronquecida por el vino. En el entresuelo de una de sobreponerse al dolor enorme que en él produjo
viva y tan honda, no era una de esas emociones que aquellas tabernas, de cuyo balcón se veía la plaza, y aquel golpe tremendo, y cubriéndose el rostro, excise traducen por el deseo, sino más bien la que causa en un cuarto reservado que el conde de Etruria tó á Estela á que siguiera hablando.
- ¿De modo que aquel hombre que fué á buscaros
un hechizo prestigioso que absorbe dulcemente el pudo conseguir mediante un precio elevadísimo, haespíritu, algo superior á la idea de la posesión, que llábase el conde y Resignación esperando con ansie- á vuestra pensión era el verdugo?, preguntó el conde
con honda inquietud.
por su misma pureza seduce y embriaga.
dad el fatal instante.
- No, exclamó ella, no era el verdugo. Yo me
La situación del conde era muy difícil, pues comResignación estaba enlutada. Notábase en su rostro
prendía que la joven estaba en la más absoluta igno- una palidez marmórea. Quería ver á su amante por hubiera dado cien veces la muerte antes que entregarme al hombre que arrancó á mi padre la vida. El
rancia de lo que ocurría. ¿Cómo dar á Resignación última vez, aunque fuese de lejos.
una noticia semejante? ¿Cómo decirle que aquel á
Había logrado el conde evitar que la joven cayese verdugo confió el encargo que de mi padre había
quien amaba había sido preso, acusado de un asesi- en poder de la justicia, escondiéndola en un sitio recibido á un hombre rico y sin familia que vivía
nato y de un robo? Mas no había otro remedio; á donde la policía, á pesar de su empeoo de apoderar- aislado y cuya fortuna le permitía ponerme al abrigo
eso precisamente había ido al ignorado hotel. ¿Cuál se de una mujer tan hermosa, no consiguió dar con de las necesidades de la existencia. Yo al principio
iba á ser la situación de aquella pobre muchacha, al ella. Los agentes de la seguridad sospechando que no me mostré ingrata á la viva solicitud de que fuí
verse en el mundo sola y perseguida cuando acababa el conde la ocultaba habíanle seguido durante el objeto por parte de aquel protector generoso ... Pero
de romper su cadena? No era, pues, únicamente la proceso; mas resuelto aquél á salvarla á todo trance, un día, ¡ah! un día abusó cobardemente de mí, y
situación de Gaultier lo que tenía el conde que ex- se limitó á ir á verla á su escondite dos ó tres veces cuando iba á abandonarlo para ir á ocultar lejos de
plicar á Resignación, sino la situación crítica que á apenas, adoptando para ello las más exageradas pre- él mi vergüenza, me amenazó con hacer pública la
esta misma se le había creado, acusada de tan mons- cauciones. Su respeto hacia Resignaci6n aumentaba ejecución de mi padre, ¡y la idea de que el nombre
truosa complicidad.
cada vez que de nuevo la veía. La gravedad de la si- glorioso de los reyes de Etruria fuese á caer para
Por fin, después de algunos instantes de vacila- tuación y su natural altivez formaban barrerra insu- siempre en la más atroz deshonra me volvió loca, me
ción y de angustia, el conde enteró á la joven de lo perable que le hubiese detenido ante toda idea ·livia- hizo sucumbir bajo las caricias malditas de aquel
que pasaba. La impresión que en ella produjo la na. Abusar de las circunstancias que rodeaban á la infame! ... Mi desfallecimiento en aquella lucha desigual fué tan completo que acabé por aceptar el sanoticia convencióle al conde de Etruria de que Re- joven hubiera sido un acto de villana c:obardía.
signación amaba á Gaultier; Gaultier había roto una
Resignación, conmovida por un profundo senti- crificio resignada.,. Esforzábase aquel hombre in·
cadena invisible que la aprisionaba; Gaultier era el miento de gratitud, había dicho una vez al conde:
útilmente por distraerme, por hacerme olvidar la reprimero que la había hecho sentir las sensaciones
- ¿Cómo podré pagar á mi generoso protector pugnancia que su acto innoble me había inspirado;
del amor. La joven mostrábase aún más bella en su tantas bondades?
cubríame de lujosos vestidos y de ricas joyas, puso
desesperación, y la franca ingenuidad con que en su
El conde de Etruria pidió á la joven como única á mi disposición un magnífico carruaje para que fueamargura expresaba aquel amor ardiente, aumentó recompensa de su protección y de sus desvelos que se á respirar el aire del Bosque; pero me hada vivir
el prestigio misterioso en que Resignación aparecía le confiase el secreto de aquella cadena invisible que en el aislamiento, tenía miedo de que fuese ·á romenvuelta á los ojos del conde.
Gaultier había cortado. Resignación ~uvo un momen- per la misteriosa cadena con que á él me sujetaba, y
De buena gana le hubiera éste preguntado qué to de duda; mas al cabo, estrechando fuertemente una que otra vez, cuando le atormentaban los celos,
cadena era la que Gaultier había roto y cuál era el la mano del conde, prometióle revelarle el secreto. recordábame el fin ignominioso y secreto de los resecreto que la rodeaba antes de que el gascón la hiNo accedió fácilmente el conde de Etruria al vivo yes de Etruria... Una tarde de abril el amor murciese suya. Mas el respeto que ella le inspiraba en deseo que la joven sentía de ir á ver á Gaultier en muró á mi oído algunas frases seductoras, despertóse
su desdicha impidióle formular una pregunta tan in· el decisivo trance. Aquello le parecía horrible; había- mi corazón á un sentimiento nuevo é indefinible
discreta.
se esforzado por disuadirla de semejante propósito. que me embriagaba; amé á Gaultier, á vuestro amiSi las explicaciones que el conde acababa de dar á Mas cedió, oyendo á Resignación invocar el primer go; en busca de la felicidad que él me prometía romResignación eran ya por sí mismas en extremo em- latido de amor que había sentido en su existencia.
pí mi cadena, y temo que el hombre que me tuvo caubarazosas, más embarazosa aún era la situación en
Mientras aguardaban que el momento cruel llega- tiva cumpla su amenaza y deshonre públicamente
que se veía el conde; ante todo era preciso evitar se, la joven, casi enloquecida por el dolor, empezó á por causa mía la dinastía de los reyes de Etruria.
que Resig1Zación cayese en manos de la justicia. Hay contar al conde el secreto cuya revelación le había
Cuando el conde, sin fuerzas, sin voz, sin aliento,
quien de entre las manos de la justicia sale libre, prometido.
iba á desplomarse bajo el peso invencible de aquepero no hay quien no salga manchado.
- Oídme, le dijo, lo que ni al mismo Gaultier le llas revelaciones abrumadoras resonó en la calle un
Pasada la primera impresión y en cuanto la emo- he contado en los breves días de nuestra felicidad. vocerío infernal; oíanse gritos descompasados de
ción de la sorpresa quedó vencida, hubo que discu- El secreto de mi vida es un secreto aterrador. Me hombres y de mujeres y agudos silbidos; las gentes
rrir sobre el partido que Resignación debía tomar. había jurado á mí misma no revelárselo á nadie; sólo corrían atropellándose en revuelta confusión; un ruiLa primera idea de la joven había sido la de presen- á vos os lo confío. Sacrifiqué mi existencia y hasta do lejano que avanzaba, haciéndose más perceptible
tarse al juez y probar la inocencia de Gaultier, pues mi propio honor al honor de mi familia; refrené los á cada segundo, mezclábase con el vocerío que aturéste para Resignación era de todo punto inocente; no impulsos de mi corazón, renuncié á las alegrías de día la calle.
consideraba posible que el hombre á quien amaba la juventud por salvar del oprobio un nombre ilusEl conde y Estela pusiéronse de pie, saliendo de
fuese capaz de un asesinato y de un robo. El conde, tre, un nombre que fué la gloria de un pueblo. ¡Yo su postración. La joven se acercó á los cristales,
aunque nada comunicó á la joven de ciertas sospe- soy descendiente de reyes! ...
miró hacia afuera y puso el oído atento. Vió á las
chas que le asaltaron, no estaba tan seguro de la
Al escuchar estas palabras el conde se estremeció gentes correr y oyó gritar: &lt;¡La guillotina! ¡La guiinocencia de Gaultier; hizo pasar ante los ojos de y brilló en sus ojos un fulgor extraño.
llotina!)
Resigllación todo el tormento de la instrucción judi- Sí, soy descendiente de reyes, continuó Resig- ¡Ah! ¡Gaultier va á morir!, exclamó, manteniéncial, de los interrogatorios y de los careos; le pintó nación, casi ahogándose en sollozos. Un día, cuando dose en pie con dificultad.
los horrores de la prisión preventiva y el continuo yo era muy pequeña, un hombre vino á buscarme á
Hubo un instante en que el ruido subió de punto¡
asalto de que su hermosura sería objeto durante el la humilde pensión donde yo me educaba. Me anun• la máquina fatal iba á pasar por delante de la taber·
curso del proceso por cuantos á ella tuvieran que ció que mi padre, que era un rey proscrito, acababa na. La joven abrió el balcón, fué á asomarse y el
aproximarse; trazó ante ella con vivos colores el cua· de emprender un largo viaje sin poder despedirse conde la retuvo. Pero ella, cual si una vigorosa codro de la audiencia pública; y recordó una multitud de mí; pero me traía él su despedida y me dijo que rriente eléctrica la hubiera agitado, desprendióse de
de errores judiciales descubiertos cuando ya no que- él de mí quedaba encargado mientras la ausencia de la mano del conde que la retenía, se acercó al baldaba reparación alguna posible en favor de los ino, mi padre durase. La despedida venía escrita con ma- cón resueltamente, clavó sus ojos en el siniestro
centes; y antes de que el conde de Etruria acabara no temblorosa ... Más tarde me hizo saber que mi vehículo y gritó, cogiendo al conde de un brazo Y
de desarrollar su tema, Resignación, convulsa, con padre había perecido en un naufragio ...
haciéndole mirar fijamente los caballos que tiraban
Al llegar á este punto parecíale al conde de Etru- de la guillotina!
las manos crispadas y destrenzado el cabello, clavados los ojos en un punto fijo, como si percibiera una ria que soñaba; su frente ardía.
- ¡Oh! ¡Mirad! ¡Son mis caballos blancos!

-_.,

l'NA EJECUCIÓN DE PIRATAS EN CHINA,

(De una fotogralfa.)

UNA EJECUCIÓN DE PIRATAS EN CIIINA, -DESPuts DEL SUPLICIO.

(De una fotografín.)

�LA

502

El conde reconoció los caballos que en el Bosque
de Bolonia tiraban del coche de Resignación. ¡Eran
los caballos de la guillotina!
- ¡Oh! ¡Mirad aún!, añadió la desdichada, señalando al verdugo. ¡Ese, ese mismo es el hombre que se
apoderó de mí y que ultrajó mi honor!
El conde vió á Samsón, el verdugo famoso por sus
aventuras galantes, el mismo que había ejecutado al
último rey de Etruria.
La guillotina pasÓj el gentío se fué tras ella, riendo y cantando; el conde, horrorizado, arrancó del
balcón á su hermana; figurábasele que todos los que
iban por la calles miraban hacia allí y la reconocían.
La llevó al extremo opuesto del cuarto y mirándola
inmóvil, como si empezara á tener dudas de si aquello que veía era una realidad ó un sueño, exclamó,
dominando la emoción que le embargaba:
- ¡Estela!
Al oir este nombre, la joven miró al conde con
una expresión de incredulidad mezclada de angustia
suprema. Diríase que había quedado petrificada.
El abrió sus brazos, ella ¡Lbrió también los suyos
y cuando los dos hermanos iban ya á confundirse en
un abrazo estrechísimo, Estela retrocedió, se cubrió
con una mano el rostro, empujó con la otra rápida·
mente la puerta y desapareció de allí. En vano el
conde corrió á detenerla; su desaparición fué instantánea.
En la tarde del siguiente día fueron llevados al
domicilio del conde de Etruria algunos objetos procedentes del país donde sus padres habían reinado,
varios recuerdos de familia y un cuadro de grandes
dimensiones que ni siquiera quiso descubrir. Hasta
tal extremo le dominaban las emociones que algunas
horas antes había sufrido. Mas leyendo maquinalmente la carta del viejo y fiel servidor que desde el
país de Etruria le enviaba aquellos recuerdos antes
que se perdieran entre las ruinas del castillo señorial
de sus antepasados, que estaba ya derrumbándose,
halló el conde esta frase que le hizo salir de su abatimiento prestando á su rostro animación extraordinaria: «El cuadro que recibirá Su Alteza con los objetos que en el castillo señorial se conservaban llegó
aquí hace muy pocos meses con esta inscripción:
Cautividad de una princesa de Etruria. Aún no he
logrado saber quién ha hecho ese don al castillo.»
El conde descubrió el cuadro precipitadamente;
era la inspirada obra de arte que representaba á Rr:signadón sujeta por la cadena oculta.
A los pocos díasj el verdugo de París, Samsón, fué
destituido. Explicóse su destitución de mil maneras:
decían unos que había sido motivada por su vida licenciosa; en efecto, Samsón, que recibió de sus padres una cuantiosa herencia, hacía una vida de lujo
y de placeres. Otros dijeron que Luis Felipe no quería tener por servidor al descendiente del que ejecutó á uno de sus antecesores. Los mejor informados
aseguraban que la destitución de Samsón había sido
resuelta después de leída por el rey una relación de
la policía secreta de París, donde constaba que el
verdugo había abusado de un secreto recogido al pie
de la guillotina, merced al cual sedujo á una princesa extranjera.
Aunque al ser relevado en sus funciones había
ya perdido casi toda su fortuna, conservó por algunos años los caballos blancos de la guillotina, que
eran de su propiedad. Los habituQles concurrentes
del Bosque de Bolonia veían muchas tardes llegar el
coche y los mismos caballos que antes conducían á
la joven misteriosa; pero en lugar de aquella fascinadora hermosura iba Samsón, proclamando cínicamente su triunfo ante aquellos innumerables adoradores que á Resz;[¡nación siguieron y que se hubieran
sentido felices sólo con una de sus miradas.
ERNESTO GARCIA LADEVESE
LA AUTOPSIA
I

¡yaya si era bonita Magdalena!, la hija del señor
Pohcarp0, el carpintero de la Cava Baja. Tenía una
mata_~e pelo que Dios se la había bendito, y como
era h1Ja de sevillana, se ponía en la cabeza una azucena (cuando las había) que no había más que ver con
e~ contraste de lo blanco sobre lo negro. Pues ¿y los
OJOS? ¡Oh! Los ojos eran madrileños: intencionados
y antojadizos; lo cual hacía que algunos creyeran
que era fácil posesionarse de aquellos luceros. Pero
¡ca!, á buena parte iban; á poco que la incomodasen
ella los. ponía en blanco y soltaba ~na mascá al lucero del alba. Desde San Francisco el Grande hasta
la plaza Mayor tenía Magdalena fama de arisca, y
cono muchos la hacían cucamonas y ella ni los mi-

NúMERO 502

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

raba siquiera, sus amigas y vecinas de la calle apodábanla la Cibeles, suponiéndola tan dura de corazón como es dura la diosa que campea en la fuente
del Prado.
Pero al que más mella le hacía esta adustez de la
muchacha era á Manuel, el ~studiante de medicina
y practicante del hospital general, pues si algtín otro
podía estar encaprichado por Magdalena, el pobre
Manuel sentía por ella una verdadera pasión. Y lo
que más desesperaba á todos es que la hermosa carpinterita sólo era despegada para sus galanes, pues
por lo demás y para los demás tenía un trato tan
afable y un carácter tan alegre que cautivaba.
Manuel estaba derretido, como vulgarmente se
dice, y se pasaba todo el tiempo que sus estudios y
ocupaciones le permitían rondando por los alrededores de la Cava Baja y acechando la tienda en donde
habitaba su adorado tormento.
Cuando Magdalena le veía, que era casi siempre
que salía ó que se asomaba á su puerta, parecía no
fijarse en él, aunque no sé si le miraría con el rabillo
del ojo, que es como suelen mirar las mujeres; y esta
indiferencia hacía que él estuviera tímido y cortado.
No se atrevía á hablar á su ídolo. Sólo en una ocasión, con motivo de la Minerva de San Andrés, entre la multitud de gente, hallándose cerca de la muchacha atrevióse á decirla esta frase, banal como las
de todos los grandes enamorados, á quienes la emoción priva de la elocuencia:
- Magdalena, ¡por Dios!
Ella le miró un momento, no contestó y no volvió
á mirarle.
Y ciertamente Manuel no merecía este despego.
Era un guapo muchacho, honrado, inteligente, estudioso, que tenía un buen porvenir cuando terminara
su carrera con la brillantez que era de esperar, y con
el apoyo de su padre, notario en Burgos, á quien se
le suponían cuantiosos ahorros.
Las amigas y vecinas de Magdalena dábanla broma con el amartelado estudiante, eterno rondador
de la Cava Baja, y su padre, el señor Policarpo, soltábala algunas cuchufletasj pero ella solía contestar:
- Déjenle ustedes que pierda su tiempo como los
demás.

II
Magdalena era huérfana de madre y tenía un hermanito de cinco años de edad, de suerte que ella se
ocupaba en todas las faenas de la casa, que desempeñaba á las mil maravillas. Un día, en plena primavera, amaneció con un tiempo nubloso y casi glacial,
y su padre, al irse á misa, pues era día festivo, encargóle que echase brasero. Observen ustedes las añagazas de que se vale el enemigo malo para tejer malamente los destinos humanos: aquel día se valió de
uno de esos extemporáneos fríos que suele hacer en
Madrid. Estaba Magdalena encendiendo el brasero
en el quicio de la puerta de la tienda, de cara á la
calle, y su hermano Antoñito jugueteaba en aquélla
y en la trastienda. El niño había cogido de no se
sabe dónde una caja de fósforos, encendió uno sin
ruido, y viendo un montoncito de virutas cerca de
la salida de la tienda, al lado de su hermana, ocupada en su faena, paresióle conveniente y divertido
prenderle fuego. Ardieron las virutas sin advertirlo
la muchacha; ésta, que estaba inclinada aventando
el brasero, incorporóse un instante para descansar;
el movimiento hízola retroceder hasta llegar junto á
la hoguerita encendida por su hermano, el fuego
prendió en la falda, y casi instantáneamente Magdalena hallóse envuelta en llamas. Se aturdió, como en
tales casos suele suceder, y salió á la calle corriendo
y gritando. El primero que la vió fué el estudiante
de medicina que, como siempre, andaba como alma
en pena por aquellos alrededores, y abalanzándose
á_ ella la estrechó entre sus brazos, no por abrazarla,
smo para apagar el fuego. Afortunadamente, como
la mañana estaba fría, Manuel llevaba un sobretodo
de entretiempo, y envolviéndola en él consiguió extinguir la llama.
En este momento volvía de misa el señor Policarpo, que acudió en auxilio de su hija, desmayada de
susto, y después que ésta volvió en sí, notó el maestro carpintero que Manuel tenía quemada la mano
izquierda. Sobresaltóse y le acompañó á una botica
próxima, donde le pusieron un calmante y un vendaje, y ambos se despidieron ofreciéndose mutuamente la casa.
·
Aunque Magdalena salió completamente ilesa de
aquel incidente, durante todo el día se habló del suceso_ en toda_ la calle,_ alabando l~s vecinos, por unanimida~ casi, el ar_roJo y oportumdad con que el joven
estudia~te ac_ud1ó en socor~o de la carpinterita, que
era la mña mimada del barrio. Magdalena oía los comentarios y se ponía pálida 6 colorada, según la da-

LA

NúMERO 502

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ban bromas con el osito, que así apodaban á M~nuel, ó conforme su padre la recordaba la lesión que
el joven había sufrido en la mano. Durante todo el
siguiente día nadie vió pasar por la calle al amartelado practicante, y eso que Magdalena se asomó á
la puerta de la tienda con más frecuencia que de
costumbre. Al otro día sucedió lo mismo, tanto, que
el señor Policarpo preguntó á su hija cuando se sentaron á la mesa para comer:
- ¿No has visto pasar á tu osito? El carpintero
también le llamaba así.
~ No, padre, contesi6 Magdalena, balbuciendo.
- Es extraño. ¿Estará indispuesto de resultas de la
quemadura?
- Puede que sí.
- Debería ir á verle, que bien lo merece, pero se
me han olvidado las señas que medió. Sólo recuerdo que dijo calle de Santa Isabel.
- En el hospital ó en el colegio de San Carlos le
darán á usted razón.
- ¿Cómo se llama? ¿Lo sabes tú?
- No estoy segura, pero me parece que es Manuel
Almazán.

III
En efecto, como al día siguiente tampoco el joven
se dejara ver, el bueno del carpintero, previo informe
en el hospital, se presentó en casa de aquél, á quien
halló en cama, y á su lado un médico que le colocaba un apósito en la mano quemada. Las quemaduras habían producido llagas, y sabido es que éstas
suelen tener peores resultados en la primavera. Manuel tenía fiebre bastante alta desde hacía dos días,
y cuando el médko salió en compañía del señor Po·
licarpo, expresó á éste sus temores de que el joven
perdiera la mano. Con estas noticias llegó el carpintero á su casa, y padre é hija lamentaron de todo corazón aquella desgracia originada por causa suya. El
carpintero fué la mayor parte de las noches á ver al
enfermo, y Magdalena estuvo aquellos días inquieta
y desasosegada, si no por amor, que no me atrevo á
asegurarlo, por lo menos por lástima y agradecimiento. Una mañana recibió una carta por el correo interior: era de Manuel y decía poco más ó menos así:
((Mi ... estimada Magdalena: sólo en un caso espe·
cial como en el que me hallo, me atrevería á escribir
á usted sin su permiso. Mi médico cree necesario
cortarme la mano para salvarme el brazo; y como sin
esta contingencia no he tenido la suprema felicidad
de llegar al corazón de usted, con mayor razón debo
perder toda esperanza cuando me· halle mutilado.
Permítame usted, pues, esta expansión y tenga entendido que nadie la habrá querido ni la querrá como este disdichado que sólo halla lenitivo á su pena
pensando que sufre por usted y que ha podido servirla en algo... »
Esta carta, sentida y sencilla al mismo tiempo, con.
movió profundamente á Magdalena que, como buena
hija de Madrid, tenía fino el corazón, y en lo tocante
al señor Policarpo, á quien su hija enseñó la carta,
sintió aumentarse su simpatía hacia el joven estudiante y aquella misma noche fué á verle, encontrándose con una fausta novedad. Era 'ésta que habiendo regresado de Andalucía el célebre operador Toca,
del que era protegido Manuel, y sabiendo el estado
en que se hallaba, le reconoció la mano, y después
de llamar animales (según costumbre) á los dos cirujanos que le asistían, casi aseguró al enfermo que le
sacaría adelante sin necesidad de operación alguna.
Y en efecto, cumplió su promesa. En quince ó
veinte días el joven hallóse restablecido por completo, quedándole sólo en la mano la señal de las .
quemaduras. El primer día que pasó por la Cava Ba·
ja, Magdalena estaba por casualidad asomada á la
puerta de la tienda, y tuvo que apoyarse en el quicio,
porque se tambaleaba de emoción. Avisó á su padre,
que estaba trabajando, y el buen hombre, atravesando la calle, salió al encuentro de Manuel, y dándole la enhorabuena, hízole entrar en la tienda. Los
dos jóvenes, á quienes sin abusar podemos ya llamar
amantes, balbucieron algunas palabras, y el señor Policarpo mandó á Magdalena sacar una botella de vinillo blanco de Rueda, que reservaba para los días que
repican tieso; botella que desocuparon todos los pre·
sentes, que eran seis, contando al niño Antoñito y al
oficial y aprendiz que trabajaban en la carpintería.
Los vecinos más próximos observaron todo esto,
y cuando Magdalena pasó al anochecer, según costumbre, á la latonería de enfrente á verá su amiguita Rosa, la dijo ésta:
- «Vaya, Magdalena, me parece que las cosas van
por buen camino. Supongo que de hoy en adelante
ya no te llamarán la Cibeles.»
,
(Concluirá)

...

. F.

MORENO GOD!NO

SANTIAGO DE

cmu;. - PALACIO

SECCIÓN AMERICAN A

DEL CO:'ICRESO.

(De una fotografía remitida por D. losé Mari,cal, gerente de eLa Toya Literaria.&gt;)

Congreso, que por su grandiosidad y belleza arquitectónicas merece le consagremos algunas líneas más
SANTIAGO DE CHILE
de las que á los otros edificios hemos dedicado. Este
hermoso palacio, que es sin disputa el primero de su
Santiago de Chile, capital del departamento y pro- clase de la América latina, es uno de los monumen•
vincia de su nombre y de la República chilena, es tos que más llaman la atención en la capital chilena.
una de las ciudades más importantes de la América En sus planos han intervenido sucesivamente los ardel Sur por la magnificencia de sus edificios públi- quitectos franceses Debain y Henaul y el chileno
cos y particulares, por la belleza de sus paseos, por D. Manuel Aldunate, á quien ha cabido la suerte de
sus monumentos, comercio, población y grado de dar cima á tan importante obra; ésta fué comenzada
cultura de sus habitantes. Ocupa una situación su- en 1857, quedó en suspenso en 1860, se continuó
mamente pintoresca en medio de una vasta y fértil diez años más tarde, y en 1876 ya pudieron celebrar
llanura, entre los pequeños cerros de Navia, Blan- las Cámaras sus sesiones en el palacio. El cuerpo del
co, San Cristóbal y Apoquindo y atraviésala de Orien- edificio ocupa un rectángulo de 76 metros de ancho
te á Poniente el río Mapocho. Sus calles córtanse en por 78 de fondo. Las dos fachadas que se ven en el
ángulo recto, formando manzanas de 12 5 metros de grabado que publicamos dan acceso á la Cámara de
lado, y las casas antiguamente construidas de adobes diputados por el Oriente y al salón del Congreso; de
y con sólo planta baja son hoy en su casi totalidad los otros dos lados del edificio, el que da á Poniente
elegantes edificios de cal y ladrillo y constan de dos corresponde á la Cámara de Senadores y el del Sur
pisos, altura que los frecuentes terremotos no permi- forma la entrada de diversas oficinas que existen en
ten sobrepujar. Varios puentes ponen en comunica- la parte superior del edificio. El bello jardín que úlción la ciudad propiamente dicha con el arrabal de timamente se ha construido frente á los costados del
La Chicha, emplazado al Norte del Mapocho. Entre Norte y Este contribuye no poco á dar realce al palas principales plazas merece especial mención la Pla- lacio.
za de Armas, en cuyo centro se eleva una hermosa
Varios y hermosos en alto grado son los paseos
fuente de bronce y á cuyos lados se alzan la cate- públicos que posee Santiago. Citaremos entre ellos:
dral, el palacio arzobispal, el del Gobierno, el Gran la extensa Alameda de las Delicias que recorre la
Hotel y otra porción de edificios suntuosos.
ciudad de Este á Oeste en un espacio de 4.ooo meMuchos son los edificios públicos notables que tros de largo por 100 de ancho y que surcan multiposee Santiago de Chile, distinguiéndose entre ellos tud de acequias que dan frondosidad á varias filas
la Casa de la Moneda, bella construcción dórica don- de árboles que dividen en calles el paseoj el Parque
de tienen su residencia el presidente de la República Consiño, quizás el más bello de las ciudades sudy sus despachos los ministrosj el edificio de los Tri- americanas, poblado de frondosas arboledas amenos
bunales, ocupado por la Corte Suprema de Justicia, jardines y accidentados senderos; y la Quinta Nor·
las de Apelaciones y los juzgados civiles y otras ofici- mal, precioso verjel cubierto de árboles de todas clanasj el Teatro municipal, uno de los más suntuosos ses y formas para favorecer el gusto y fomentar el
de América; el palacio de la Exposición, en que se estudio de las ciencias agronómicas.
encuentra un Museo que contiene diversas secciones
El cerro de Santa Lucía, que se eleva en el centro
de historia natural, etnografía, mineralogía, etc., y de la ciudad, merece párrafo aparte por ser una de
entre otros objetos curiosos é históricos, banderas, las principales bellezas y por su originalidad tal vez
estandartes y trofeos; el palacio arzobispal, la Univer- la primera de la capital chilena, y aunque nuestros
sidad, el elegante edificio de la Dirección y Adminis- lectores recordarán sin duda que en el número 479
tración de Correos, la estación central de los ferro- de LA _ILUSTRACIÓN ARTISTTCA, la bien cortada pluma
carriles del Estado, el Mercado central, el edificio de de la ilustre americanista Eva Canel escribió sobre
la Intendencia y de la Municipalidad, el cuartel de este asunto uno de sus más interesantes artículos
Artillería, etc. En cuanto á los edificios particulares, esto no obstante, nos permitiremos añadir por nues~
cuenta Santiago con un sinnúmero de costosas y ele- tra cuenta algunos datos que completarán el trabajo
g~ntes casas de v~riada arquit~ctura, figurand~ tam- / de tan_ distinguida escritora, El cerro que, como hebién entre las propiedades particulares los pasaJes de mos dicho, s_e alza en el centro de Santiago, ost,enta
Matte y de San Carlos, los portales Fernández Con- una vegetación exuberante: mil caprichosos sendecha y Mac Clure que, aunque ocupados por el co- ros lo cruzan en todas direcciones, infinidad de esmercio, sirven de paseos públicos.
.
tatuas pueblan sus espesas alamedas, y desde los inPero por encima de todas las construcc10nes de numerables puntos de vista que en él se ofrecen adSantiago de Chile está indudablemente el palacio del míranse los más sorprendentes panoramas. U na ins-

cripción que recuerda la inauguración del paseo dice:
«Obra de Dios, el pueblo con sus ofrendas la hizo
suya.» Y así es la verdad; pues aunque el Santa Lucía no es una construccion artificial, sino obra geológica de las más resistentes á la aGción del tiempo, la
mano del hombre á fuerza de ímprobos trabajos ha
convertido aquella antes árida peña en verjel delicioso que constituye hoy el encanto de cuantos visitan
Santiago de Chilej este prodigio se realizó gracias á
la iniciativa del que sus conciudanos llaman el rey de
los intendentes, el distinguido hombre público, el popular y fecundísimo escritor D. Benjamín Vicuña
Makenna, que ideó, propuso, llevó á cabo y en gran
parte costeó de su propio peculio tan atrevida empresa. Este paseo, cuya área total es de 37.607 metros cuadrados, que cuenta 102 jardines, 416 jarrones de diversas clases y 31 estatuas, fué comenzado
en 2 de junio de 1862 y terminado en 17 de septiembre de 1874, habiendo costado su construcción
220.000 pesos en dinero ó materiales, además del
trabajo gratis que en ella se utilizó y fué estimado en
90.000 pesos.
Entre los templos que embellecen la ciudad distínguense por su magnificencia, solidez y comodidad
la catedral, Santo Domingo, San Agustín, San Ignacio, la Merced, la Recoleta Francisca, la iglesia de
los padres Capuchinos y la suntuosa fábrica de la
Recoleta Dominica, sin rival en la América del Sur.
Notable era también el templo de los jesuítas que un
horroroso incendio destruyó el día 8 de diciembre
de 1863: celebrábase en él la fiesta de la Purísima
Concepción y en sus amplias naves congregábanse
más de tres mil mujeres y algunos centenares de
hombres. La iluminación era espléndida: de repente
surge una llama que invade los ornamentos, y las flores del altar mayor y el incendio se propaga por las
bóvedas, que eran de madera pintada al óleo, y en
un instante el fuego se apodera del coro. La multitud,
presa de terror, precipítase hacia las puertas, pero éstas resultan insuficientes para dar cabida á aquel torrente de carne humana. Entonces comenzó la más
espantosa escena, en medio de los progresos aterradores del incendio y de los gritos de la muchedumbre sobre la cual caían los hachones encendidos y
el plomo derretido de las lámparas: aquella informe
masa humana ardía luchando con la agonía más terrible. En vano se intentó el salvamento: pocos fueron los que se salvaron, y el número de las víctimas
se elevó á dos mil quinientas. Actualmente en el lugar en que estuvo emplazado el templo álzase un
monumento que la Compañía de Jesús elevó en homenaje á los infortunados que perecieron en tan horrorosa catástrofe.
Cuenta Santiago una porción de monumentos eri-

�LA

lLUSTRAClON ARTÍSTICA

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gidos en honor de los héroes de su independencia { las, Gandarillas é. Infante; de los preclaros estadistas dor y naturalista Molin_ll, ~I ilustre sabio Andrés ~eO'Higgins, San Martín, Carrera y Freire; de los es- Portales, Tocornal, Sanfuente~, Benavente y _Gar~ía llo, venerable pas~o~ V1cuna y el fundador deSantiacritores que han narrado esta guerra Henríquez, Sa- , Reyes, y de otros preclaros chilenos, como el h1stona- go Pedro de Vald1VJa,

I

ADORADORES DE BACO, cuadro de D, Luis Graner

1

.. .

1¡1

-1

SANTIAGO DE CHILE
Alameda. - Cerro de Santa Lucía. - Salón de honor del Congreso. - Palacio arzobispal y Catedral. - Teatro municipal. - Portal San Carlos. -Puente Calicanle.
Quinta Normal. - Plaza de Armas. - Palacio de la Moneda.

La instrucción se encuentra en Santiago de Chile
en un estado muy floreciente, debido esto al gran
número de establecimientos científicos, literarios y
artísticos con que cuenta, como la Universidad, la
Escuela especial de Medicina, el Instituto Nacional,
el Instituto Agrícola, el Conservatorio de Música, las

Escuelas de Pintura, de Escultura, de Agricultura,
Normal de maestros y maestras, de artes y oficios, de
sordos-mudos, la profesional de niñas y otros varios
estab.lecimientos públicos y particulares, con más los
sostenidos por sociedades formadas de personas amantes de la instrucción del pueblo, Contribuyen á fo.

mentar el desarrollo de la instrucción establecimientos como el Observatorio Astronómico, el Museo Nacional, el Jardín Geológico y la Biblioteca Nacional.
En punto á beneficencia cuenta Santiago con va•
ríos establecimientos públicos que están á cargo d~
una Junta directiva, nombrada por el Gobierno, figu-

EL CUARTO ESTADO, cuadro de D. Luis Graner

�506

1

1

11 1

LA

rando entre ellos tres hospitales, un hospicio de inválidos, otro para locos, una casa para niños expósitos, lazaretos, etc., etc. Depende también de la expresada junta el cementerio general, que es uno de
los más notables de la América del Sur por la magnificencia artística de sus numerosos mausoleos. Hay
además otra porción de establecimientos de distintos géneros, sostenidos por corporaciones y sociedades particulares, que dan albergue á personas de diferentes condiciones, contando algunos con talleres
para el aprendizaje.
Como capital de la República, Santiago es la residencia de todas las autoridades y corporaciones generales del Gobierno; pero además de esta importancia política tiene la ciudad de que nos ocupamos
gran importancia mercantil, gracias á los varios Bancos y otros establecimientos de comercio é industriales.
Larga y accidentada es la historia de Santiago de
Chile desde que la fundara en 1541 el conquistador
D. Pedro Valdivia; pero como de ella algo y muy curioso relató en el antes citado artículo la señora Canel,
y como el presente trabajo es puramente descriptivo
y rebosa ya los límites que á los de esta índole suele
conceder LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA, hacemos pun•
to final, formulando nuestros fervientes deseos porque
la situación anómala por que actualmente está atravesando la floreciente República chilena cese cuanto
antes y pueda recuperar en breve la tranquilidad y
el bienestar que han hecho de ella una de las más
florecientes de la América española.

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 502

del árbol secular; penetro en los valles; alcanzo las
llanuras; me deslizo sobre el mar; casi cegando ilumino con vivísima claridad ... el retumbante ronco rugido
del trueno es la armonía que acompaña el estridente
chillido que mi velocidad produce... ¿Comprendes
ahora la belleza, la delicia de mi libertad?.. .
La pobre chispa elétrica llegó á punto de romper
las vasijas de la pila de Volta, y desprendiéndose de
los conductores, echarse fuera por donde pudiese,
para lanzarse al espacio, como la centella que la seducía.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 502

otros cien, aun sin contar con los que llenan sus paisajes con
animales domésticos ó salvajes.
En cuanto á los motivos ó asuntos de tales cuadros, nótase
la particularidad de que los animales domésticos inspir:m composiciones idílicas, mientras que los fieros dan origen á lienzos
verdadera.mente dramáiicos.
Hemos citado á Meyerheim como pintor de leones, y recientemente han aparecido dos nuevos talentos, Reinardo Friese y
Guillermo Kuhnert, que también dedican su interés al rey del
desierto. Kuboert, de quien reproducimos hoy algunos estu•
dios, ha llamado la atención de los inteligentes con las obras
que en estos últimos años ha. enviado á las exposiciones alemanas y entre los cuales merecen especial mención una Lucha
tu/re un rinouronlt y un ltón y varios cuadros que re presentan lt:ones y tigres. Pero este pintor se•distingue también en la
figura, como lo prueba su celebrado lienzo tÍluladoEsplasdra•
bu dtwtbn'mdo las htttllas de tma caravana.
Las obras de este artista, y de ello pu:ede juzgarse por los
estudios que de él publicamos, acusan en su autor gran facilidad al propio tiempo que gran seguridad de ejecuci6n 1 reflejo
de una observación atenta y de un estudio concienzudo.
Kuhnert es uno de los jóvenes más distinguidos que han
salido de la escuela berlinesa, y su aplicación le tiene rese rva•
do un hermoso porven:r.

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO B,\\'ARD

(CONTI:-IUACIÓ:-1)

Pero volviéndose á su seductora hermana le pregunta:
- Veo ya muy claro; mas antes deseo me expliques bien si además de eso sabes ó puedes hacer al·
guna otra cosa.
-¿Y te parece poco? Yo cumplo con ello una misión que, á serte ingenua, no comprendo bien; pero
estoy cierta de ello.
- Quería yo decir si además de eso sabes ó puedes hacer una cosa distinta, algo más útil que el es•• •
panto y estrago y destrozo que produces. ¡Ah! Pues , Ejecución de piratas chinos. - El dla 10 de mayo
mira, la cosa cambia por completo de aspecto. Me ultuno tuvo lugar en la.ciudad de Kow•Loon, situada en el litoparece que tu libertad es ilusoria, y cumpliendo, co- r~I chino, frente á la isla de Hong-Kong, la ejecución de diez
ptratas chinos. Su crimen, 6 mejor dicho, su criminal tentativa
mo dices, una misión, también obedeces á otra vo• merece ser conocida.
!untad. Si tú no sabes convertir tu libertad en algo
En el mes de noviembre del año fütimo sali6 de Hongprovechoso, si tu libertad sin restricción alguna hie- Kong con rumbo á los puntos del Norte el Sltamtr Namoa,
re, destroza, espanta y ciega .. ¿á qué conduce? ¿de de la compañía Oonglas-Laprack, conduciendo además de un
b~en cargamento de opio una respetable cantidad en piastras.
qué sirve? ¡Pobre hermana! Yo, es verdad, me formo Figuraban entre los pasajeros diez bonzos; que se distinguían
dentro de esas vasijas colocadas en la obscuridad no sólo por el traje sino también por su aspecto sencillo y
•
de una caja; sigo esos conductores, que lejos de mi- bondadoso,
A
Durante
la
primera
noche de navegaci6n y cuando el Narar como duras cadenas considero como suavísimos
moa se hallaba costeando y la tripulaci6n y pasaje entregábanlazos que me unen á la humanidad, y con ella me s~
al descanso, convirtiéronse de pronto los religiosos en van•
identifican formando parte de su vida; estrecho sus d1d~s. Precipitáronse sobre el timonel y el oficial de guardia,
BOCETOS
relaciones de sentimiento y de interés, uno los pue- cosiéndolos á puñaladas, entregándose en seguida al pillaje del
blos, mitigo las penas de la separación de las fami· buque, aprovechando los primeros momentos de confusión
LA CfllSPA EÜCTRICA
que produjo su inesperado ataque, favorecidos por una noche
lías, y el mundo entero me bendice. Sin una sabi- sin
luna. Esto no obstante y organizada. la defensa, fueron
duría que supo darme vida, sin una inteligencia que ~corralados los piratas, quienes para no caer en poder de la
- ¡Vaya con la triste vida que llevas!
mdignada tripulación a.rrojáronse audazmente al mar, logran- Pues mira, no me encuentro mal· voy tirando me impulsara, sin un aparato que me dirigiese y me do
ganará nado la pr6ximaplaya. Mas por desgracia para ellos
contuviera
...
para
cosa
alguna
serviría.
Tú
con
esa
con ella muy á gusto.
'
fueron prendidos y juzgados inmediatamente por las autori•
libertad
sin
freno
atemorizas,
espantas
y
destrozas,
da.des chinas, que se propusieron hacer un escarmiento ejem- Sí: como tira con la suya el pájaro nacido en
plar.
u_na jaula, en la cual todo puede tenerlo de sobra, y y te maldicen. Yo con mi dulce y provechosa esclavitud soy querida y bendecida. ¡Déjame en paz con
Sentenciados á muerte y publicado el fallo en todas las ciusm embargo desconoce la libertad.
dades del Celeste Imperio, fueron decapitados en el mismo
ella! ¡Deja que me bendigan!
- ¡No entiendo!...
- Parece imposible tu resignación, que no quiero
c1lificar de estupidez, porque al fin somos hermanas
y como tal te quiero y por eso me das lástima y t;
compadezco.
- Pero, dime: ¿por qué me compadeces?
- ¿Por qué te compadezco? ¿Y eso me preguntas?
¡No lo conoces! Porque estás sumisa al capricho ajeno; porque no te lanzas al impulso de tu voluntad·
porque vi~es en la esclavitud, y en tu estado no pu/
des apreciar cuánta diferencia media de ser esclava á
ser libre.
-Aunque no comprendo bien todo el alcance de
lo que tus palabras significan, ellas, sin embargo han
hecho nacer en mí como un vago deseo de esa 'cosa
que no sé explicarme bien y que deseo conocer.
- Pues has de saber que desde el momento que
empiezas á sentirlo, empezarás á entenderlo desapareciendo la línea que lo separaba del anheÍarlo, encontrándote con el esfuerzo para obtenerlo.
-: Obsc~ras me son tus palabras; pero en esa obscuridad bnlla como una chispa de nuestra propia luz.
- Veo que al fin vas entrando en razón. Me entenderás.
. - En mi ser_penetra un extraño inexplicable espíritu que me agita. Tus palabras se introducen de un
modo que me conmueven, como dardos candentes.
-¡Es claro! Así como un rayo de luz disipa la
más densa sombra, así la indicación de un bien desconocido mueve por lo menos á sublevarnos contra
la desgracia que nos martiriza.
- Efectivamente; desde que fijo la atención en lo
que me dices, cosa que yo ignoraba, paréceme que
siento en mí como una fuerza nueva.
- No; nue~a no es: sientes lo que residía en ti,
p_ero que por ignorar su fuerza no le dabasimpo1tancia alguna, como el imbécil con un tesoro en la mano. En la caja de fósforos existe el fuego ... es decir,
lo ne~esano para producir la llama con una ligera
frotación, y del brillo de ésta al incendio apenas media tiempo.

•

~ Cre? que tienes razón: no quiero vivir sumisa y
dócil, su¡eta y esclavizada de este modo siempre al
capricho de ajena voluntad.
'
-¡Bien! ¡Así me gusta verte! Desde este momento
puedes considerarte libre... Querer es poder. Rompe
ese encierro, despréndete de esas cadenas de metal
que te sujetan, lánzate al espaGio. ¡Mírame! Desde el
seno de la nube broto brillante y deslumbradora,
cruzo la atmósfera; hiero la punta de un peñasco,
atravieso el muro; abro y desgajo el robusto tronco

JUAN

0.

NEILLE

NUESTROS GRABADOS
Otro beso, cuadro de Italo Nunes-Vais. - La

escena que representa este cuadro, obra del celebrado pintor
tunecino Nunes-Vais, premiada en la reciente Exposición de
Brera, no puede ser más real ni más sentida, y de ello dado
fe cuantos hayan sido actores ó testigos de situaciones análogas. En este lienzo, cuya descripción no hemos de hacer porque por sí sola SI! hace, predomina de tal suerte la nota del
sentimiento y está ésta tan maravillosamente expresada, que á
pesar de que la composición carece de los principales elementos estéticos, á pesar de la monotonía del fondo, de la falta de
horizonte, de la ausencia absoluta de los r.ecursos que para
producir la belleza tiene el arte pictórico, el cuadro es de los
que, sio dejar de halagar los sentidos, impresionan directamente el alma y causan cierta sensación inefable de bienestar en
quien los contempla.
¡ Es tan simpátko el asunto en que e5tá inspirado O/ro beso/
¡ Hay tanta pasión en ese ósculo que junta los labios de lamadre y de la hija!

•••

Dibujos de Guillermo Kuhnert. - En la pintura
de todos los países, la reproducción de los animales ocupa lu gar muy imP?rtante, lo cual se explica de una parte por las estrechas relaciones 9ue entre aqué)los y el hombre existen y de
otra por los atractivos que al artista ofrece la representación
de unos seres, que bellos ya por lif, vienen además á ser el
símbolo de delerminadas ideas. El arte moderno ha extendido
considerablemente el campo dentro del cual se movía este
género pictórico, y la afluencia de elementos cosmopolitas á los
c~m.tros artísticos, asf como la facilidad de emprender largos
v1a¡es 1 han dado carta de naturaleza e~ e.1 arte á una porción
de ammales que hasta ha~e P?CO no ex1s!1eron para los pinto•
res. El desarrollo de los Jardines zoológicos ha ejercido también en e~te punto _considerable influen~ia, puesto que en ellos
se ha podido estudiar c6modamente y sm peligros la vida de
los fieros habitantes del desierto.
Como en todas las manifestaciones de la creaci6n artística
pre~alece hoy en la_pintu ~a d~ ar~i~ales la tendencia á repro~
duci.r el elemento ps1cológ1co, 10d1V1dual de los mismos; ya no
se pmta el lc6~, smo un leó~, y los bu_eyes, por ejemplo, aparecen caracterizados como s1 fuesen ammales racionales. Esto
ha tr~fd? consigo, como en _los demás géneros de pintura, las
espcc1ahdades, pues para pmtar con toda pcrfecci6o la cara.e.
teristica de un animal, precisa que el artista se halle preparado
con profundos y generales estudios, que conozca á fondo la especie á que pertenece el ejemplar cuya imagen intenta trasladar al lienzo. De aquf que casi todos los pintores de anim ales
se mu_evan dent.ro de un circulo especial; así, por ejemplo, Meyerhe1m es el pmtor de los leones y de los monos, Braith el de
los bueyes , Zugél y Gebler lo~ de las ovejas, Jutz consagra su
talento á la reproducción de las aves, Kroner ha alcanzado
gran renombre con sus ciervos, Guido de Maffei se i'Ccrea pintando cerdos, zorras y tejones, la señora Biedermnnn-Arendts
muestra gran predilección por los perros y Julio Adam logra
lauros sin cuento con sus gatos. Como éstos pudiér3mos citar

lugar en donde abordaron la noche de la comisión del crimen.
Arrodill ados á dos metros de distancia unos de otros, esperaron con estoica tranquilidad el momento fatal, sin dar la me•
nor muestra de debilidad ó cobardía, notándose en ellos ese
desprecio de la vida que poi:een hombres de ciertas razas para
quienes la muerte cada significa.
Los dos grabados que reproducimos, tomados de fotografia,
representan el momento antes de la ejecución y el en que el
verdugo había cumplido su repugnante cometido.

•••

do· delante de esos campesinos que le conocen y á quienes _encuentra á cada
pa~o!. .. ¡No tiene vergü~?z,a ... ni respeto alguno para sí propio, para nosotros,
para sus hijos para su h1¡a....
•
ltó
Su voz temblaba de cólera; después las lágrimas brotaion de sus o¡os Yocu
su rostro entre las manos.
h
l
Gilberto quiso consolarla, prometiendo hablar á Pedro p~ra acer ~ co~pre~der todo cuanto su conducta tenía de odioso; pero la vJZcondesa e m e-

rru'.'.'¡L~ parece á usted, dijo, que las palabras pueden

servir de_algo? ... Es un
niño· a se ¡0 he dicho á usted ... Obra sin reflexión ... ¡Ah! ¡S1 usted supiera
cuán't¿ me ha hecho sufrir! ... ¿Piensa usted que yo lo ignoraba todo allá enta·
ís ó ue yo perdonaba? ... ¿Es acaso posible? ¿Puede una mu¡er por ven_ ura
:e; · ~sai cosas sin sentir lacerado el corazón y sin queja~se? ... Han rediado
escenas violentas lágrimas ... juramentos que no ha cumplido; per~ na 1\sup;
nada ... y usted 'me creyó feliz, indiferente ... Rec_uerdo que us:e me m err ·
gaba y que yo hice lo posible por engañarle y enganarme á mi ;rma ... Porfqu1
hubiera querido olvidar, aturdirme, hacer como él; pero no po a .. no ~s _aci
cambiar ... ya lo ve usted por lo que hace á él ... Y_yo 11010 .. . pero¿ e qu sirve
llorar?. .. Sólo para echar á perder este h rmoso dia... .
.
7
La vizcondesa trataba de sonreír, mov1a la cabeza, en¡ugábase las lágrunas Y
hacía un esfuerzo para reponerse.
á
_ Hace un día magnífico, prosiguió, y esto vale más ~ue París .. . m s qu~
una de a uellas reuniones en un salón donde uno se asfixia ... Convenga uste
en ello ..: ¡Qué ridícula era yo allí! ... ¡Y aquel Charnasón, que no m~ t¡aba
nunca y que se creía con derechos! ... !\hora es subprefecto, no sé d n e, en
alguna provincia del Norte.
d D d
Blanca hablaba de cosas que no se habían tratado nunca entre los os. es e

d

·~,,,.,_/

•

.....~_.,.

Salían juntos é iban á pasear por los alrededores

-

nar. - El cuarto estado, cuadro de D. Luis Gra·

•••
Maje., cuadro de D. Manuel Cusi.-Preciosa es la

Jlfaja de Manuel Cusi, adquirida recientemente por un opu-

lento báva ro para servir de preciado adorno en su aristocrático
sa\60 de Munich. l lemos tenido ocasión de celebrar en dis·
tintas ocasiones sus bellas cabecitas de mujer y las graciosas
figurillas defl•11wwu, pintadas con gracia, donaire y verdad,
de tonos simpáHcos y agradable's; pero su último lienzo excede
en mérito á todos los que hasta ahora ha producido su brillante pa leta. Acusa desde luego un adelanto, un progreso sensible y una victoria alcanzada por el artista, tanto en la composición como en la fideUsima y espléndida interpretaci6n de lns
telas y tapices. Bella es la figura de la maja, graciosa su act itud, que no da lugar á confundirla con la descocada y vulgar
flamenca, y admirable la ejecucion del raso de su vestido, de
la mantilla y del delicado tapiz que constituye el fondo, sobre
el que se destaca. elegante, risueña y simpática como el rosado
tono de su falda ó el blanco encaje de su tocado nacionat.

JABON REAL

IVZOLETI

JABON

DET HRIDAC E 29,;;:;;1:11:::Pu11 VELOUT IN E

!leeomead3dos Por autorI·fades m~dim pua Ja llití~e ~~ l3 fi.! 1 8~llc:l del Co!or

•

_ ¿Qué significa? ... comenzó á decir Gilberto.
Pero se inte1rurnpió, al notar que el semblante
de Blanca había cambiado y que sus colores desaparecían.
- ¿Qué tiene usted?, preguntó.
-Nada ... sin duda el calor ... no baga usted
caso.
,
l'b
y siguió' con la vista el veh1cu1o que se a e¡a .a
en dirección á la Fresnage. Gilberto comp1end1ó
que no quería confesar su turbación, _Y viendo
que se callaba, deseoso de poner término á ese
silencio embarazoso para ella, reanudó la conversación.
h
Así transcurrió un cuarto de ho~a, y ya se abía obviado el incidente, cuando Vleron á _Pedro
que volvía; pero esta vez no iba '?lo, y G1lberto
vió á su lado á la joven de Blahgny, la rnJS~a
con quien hablara algunos días antes en la fena.
El cabriolé, anastrado por el caballo que iba á
galope y en el cual_ se destacab~ claramente la
silueta de los dos v1aJeros, pasó a cm~uenta metros debajo del sitio donde estaban G1lberto y la
vizcondesa, sin que éstos fues~n v1~t_os; Blanca
permanecía inmóvil, con la muad~ fiJa en el recodo del camino por donde el cabnolé había desaparecido y en aquel instante estaba espantosamente pálida.
.
Gilberto quiso defender á su am,go:.
- Habrá encontrado á esa Joven, d1JO, y le habrá ofrecido conducirla ... Seguramente no la conoce.
. d
Blanca miró á su acompañante, sonnen o ron
tristeza.
d
_ Trata usted de excusarle, y_ veo que es emasiado bueno ... Conozco á esa Joven, p~es servía de costurera en el castillo y fué precJSo despedirla ... Sus padres son de la Fresnage ... Ya ve
usted que estoy bien informada ... P~ro _ese Ped_ro
me había prometido ... ¡Oh! ~so es indigno ... ,A
dos pasos de Mareuil y á la vISta de todo el mun-

,..

·, , .'F -/::~,...... ._ . . .

Adoradores de Baco, cuadro de D. Luis Gra-

ner. - Es el joven pintor Sr. Graner un artista de indiscutible
mérito. Cultiva el arte con verdadero entusiasmo, complacién•
dosc en vencer los escollos que en la eJecución pueden ofrecerle los violentos contrastes de tonos, tipos y situaciones. De
ah! que se observe en la mayoría. de sus cuadros el resultado
de prolijos estudios, y se admire en ellos la voluntad firme y
decidida del artista que se propone basar su reputación á costa
de prolija labor y del constante estudio del natural. Los eíec·
tos de luz, la reuni6n de diversos tipos, las escenas en donde
el artista puede hallar representaciones gráfica"de las pasiones
que dominan al hombre de las últimas clases sociales, los abi·
garrados conjuntos en los que se hallan reuniC:os lo delicado
con lo grosero, lo vulgar con lo correcto, sirven de asunto á
Graner para sus composiciones, que llevan marcado en si el
sello de su noble empeño y el de su recomendable laboriosidad.
Varios cuadros de estudio y un gran lienzo que representa
el interior de una taherna, iluminada JX&gt;r débiles candilejas,
ha remitido á la Exposición general de Bellas Artes de Bar•
celona. En todos pone Graner de manifiesto sus cualidades y
en todos se revelan las condiciones que residen en este joven
y aprovechado artista. Si sabe conservarlas y persiste en prose•
guir por tal senda, asegu ramos que ha de lograr en breve pla•
zo ho";ra y provecho.

.../ \

.,.
~
,·~./,--- """';-(

Aquel lugar era el término de la excursión cuando no se proponian ir muy lejos

�508

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 502

Vió á sus pies algunas flores silvestres
que crecían entre bs arenas del cerro, cogiólas y se las ofreció á la vizcondesa.
- Gracias, dijo, acept~ndolas sin vacilar.
- ¿No le recuerdan á usted nada?, preguntó Gilberto. Aún era usted una niña ...
Blanca miró á su interlocutor con aire
de sorpresa, sin comprender el sentido de
sus palabras.
- Yo tenia entonces quince años, dijo
Gilberto, y acababa .de ver á usted por
primera vez; rondaba el castillo sin atreverme á entrar y ocultábame en la espesura para ver á usted cuando pasase ...
Blanca se detuvo bruscamente,
- Lo recuerdo ... dijo. ¡Cómo! ¿Era usted? ...
La vizcondesa continuó su marcha con
la cabeza inclinada, como si reflexionase,
y siempre con la sonrisa en los labios. Entonces evocó todos los recuerdos de Gilberto, todas sus emociones de niño, y éste
la refirió todo cuanto había experimentado
por ella desde el primer día, y cómo al
cabo de tantos años, aquel amor había
sido cada vez más vehemente, atormentado por la pasión de los celos ... Blanca le
escuchaba con interés, dejándole decir
todo cuanto sentía.
Al fin llegaron cerca del declive desde
donde Gilberto había arrojado el ramo.
- ¡Mire usted, dijo, es allí!
Blanca miró aquel sitio sonriendo, pero
sin acortar el paso y diciendo:

"l
I
(

Gilberto vi6 á su lado á la joven de Blatigny

"'

la llegada de Gilberto, jamás había hecho alusión alguna la vizcondesa á las
relaciones que habían mediado entre ellos en París; pero del trastorno que acababa de sufrir quedábale una especie de fiebre que precipitaba las palabras en
sus labios. Era uno de esos momentos en que, bajo la presión de las circunstancias, el alma sensible de una mujer se descubre con toda sinceridad, revelando
lo que las conveniencias la obligaban á disimular hasta entonces. Gilberto, escuchándola con sorpresa, no dudó que se hallaba en uno de esos momentos de
crisis y que esto redundaría en beneficio de su amor, despejándose su situación
y produciéndose un cambio en ella.
La vizcondesa volvía á estar alegre; las lágrimas habían avivado el brillo de sus
ojos, tiñendo sus mejillas de un suave color sonrosado; su cabeza se doblegaba
suavemente bajo la especie de postración y desfallecimiento que sigue á las sacudidas morales, y en aquella postura, con el cuello y los hombros desnudos,
Gilberto la contemplaba embriagado, un poco pálido y poseído de un malestar
que le oprimía. Blanca notaba aquella emoción, pero no se inquietó por ella y
hasta parecía agradarle en aquel momento, pues lejos de hacer cosa alguna para
desvanecerla, aumentábala con la persistencia de sus miradas, sin apartar sus
ojos de Gilberto. Y seguía hablando, refiriéndose á las cosas pasadas, evocando
el recuerdo de sus triunfos de otro tiempo, como para olvidar el espectáculo
que se había ofrecido poco antes á sus ojos, 6 acaso impulsada á pesar suyo
por un instinto de represalias, por la necesidad de tomar venganza de Pedro,
asociando en ella á Gilberto y mezclando en seguida su nombre entre sus frases. En el colmo de su. irritación, parecía que necesitaba desahogarse.
- Yo tenía entonces mi corte, dijo, una corte de adoradores que suspiraban
á mi alrededor ... Y también usted se hallaba entre ellos ... si, usted mismo .. . ¡y
hasta diré que le hirieron á usted por haber salido en mi defensa!
- ¡Cómo! ¿Quién se lo ha dicho á usted?
- ¡Qué!, ¿por ventura cree usted que Charnasón no se apresuró á vanagloriarse de ello! ... Pero no ha obtenido ninguna recompensa, pues desde aquel
día no he vuelto á verle, Ent9nces comprendí muy bien que aquel lance fué lo
que le indujo á usted á marcharse ... y en cuanto á mí, el incidente me obligó á
concentrarme en mí misma, al ver que podía ser causa de otras desgracias. Mi
género de vida cambió ... y ya lo ve usted, aun desde lejos me hallaba sometida á su influencia ...
Era necesario que se le solicitase, que la casualidad interviniera y que aquella mujer, fuera de sí, diera el primer paso, para que Gilberto abriera su corazón, pues jamás hubiera osado hacerlo de por sí.
- ¡Sabe usted, pues. que la amo, exclamó, que la he amado siempre!. ..
Al decir . esto, cogió la mano de Blanca, sin que ésta la retirase; le miraba
sonriendo, con ojos indulgentes, llenos de ternura y de fuego y como orgullosa
también de la declaración que acababa de oír.
Entonces Gilberto quiso inclinarse sobre aquella mano, que aún tenía cogida;
pero Blanca la retiró y levantóse al punto.
- No ... dijo. Volvamos al castillo.
- ¡Una sola palabra por favor!. .. ¿Me permitirá usted que la ame? ¡Usted lo
sabe ya y no se ofende!
La vizcondesa no contestó; avanzaba por el camino con paso ligero, y de vez
en cuando \'Olvía la cabeza y sonreía con expresión de felicidad si11 pronunciar
una palabra Gilberto seguía á Blanca, dichoso también, con el corazón aliviado
de un gran peso, porque al fin había hablado.

- Vamos, vamos á casa ...
Mas al llegar á la última arboleda que precedía á la verja, Gilberto obligó á
Blanca á detenerse.
- ¿Me ama usted, me ama usted? ¡Por favor le pido la contestación!
La vizcondesa le miró con expresión más cariñosa que nunca; hubiérase dicho
que su corazón se dilataba, agradecida á las confidencias que Gilberto acababa
de hacerle, y sobre todo á una adoración tan constante y discreta. Blanca le
tendió su mano, y le permitió estampar en ella un beso.
Y después, alejándose rápidamente, franqueó la verja.

.
. .
.
nas lle ada la baronesa de Ter!re, á q?ie? se
Preville s1gmó su eJemplo, Y ape
b g
'festó la más lisonJera curiosidad
puso al corriente de todo en dos pa1a ras,
más indulgente sonrisa. Desde
respecto al señor de Maujeán y tuvo para t :abrió para recibirle; todo cuanto
entonces, el grupo de aquellas señoras s~:~:cía la aprobación general.
decía estaba bien dicho, ~ cuanto hacia d'
cambio todo lo contrario: sus
Con la señorita de Samte-Severe suc:
ensería por efecto de las mismas
relacioI}es con Gilb~rto eran su~a~entf d~aª~·n\ue comenzaron sus paseos sosuposiciones? Lo cierto es qu~ es e ~ h ue le miraba con enojo.
litarios con la vizcondesa, h~bié~ase dt ~l qinvierno que su altivez estaba muy
Habíale hecho com~ren er ur:\~saba· arecia haberse concentrado en
por encima del homenaJe que él
e
t 'b~ estar distraída cuando él la hasí misma, no se fijaba nunca en e_ y apar~n ;.érase dicho que aquella indiferenhaba
b laba. pero desde hacía algún tiempo, ~ i
,
·
·d d ue Gilberto sospec
·
cía se convertía en una ammos~ ª , q
n un libro en la mano y fija
Cierto día la enco~tró en el_Jartn se~!ª:e;c~~No podía pasar sin dirigirle la
su atención en los nmos, que ~uga .an a i
palabra y decidió afr~mtar la ~tu~ciódn:.. h leo-ido mal sitio, pues muy pronto
-Tenga usted cmdado, seno~1ta, iJo, a e o·
le dará el sol de llei:o y hoy cahentaó ~~~to...y miró á Gilberto, más bien con
La señorita de Samte-Severe cerr e I ro
fl . b
agresiva Sin duda re exiona a.
b
expresión de asom ro que b
·
d 'a meJ·or repuso pronunciando es- Verdad es que la som ra me conven n
'
'

~ª¡"1

r

}t

tas palabras con tono de amargurl.ªd· ? p es lo tendrá ... No, no es la sombra
_ ¡Ah!, ¿desea usted un cump i o · · · u
lo que
usted: ..da ama bil"dad
y yo le doy las gracias, interrumpió la señorita
_ Esá demasia
1
de Sainte-Severe.
.
y casi seguidamente añadió:
.
t d ser feliz señor MauJeán.
.
h
d b
-A oracreyó
e e que
us esu rnterlocutora
.
'
Gilberto
a1ud'ia á sus últimos paseos con la v1zcondesa de Cabro! y frunció el c~ño.
- ¿Por qué soy ~eliz,. señorita?
le a radaba mucho la nobleza?... Pues
- ¿No nos hab1a d1c~o usted que ara !star satisfecho... Toda la aristocrabien: me parece que ya tiene bastan~e thalieu ha dado la señal... la señora de
cia del país afluye aquí; la condesahe nido á ella· y también tenemos los SePreville y la baronesa de Tert~e se ~n uno veo aqul más persona vulgar que el
lligny, el conde de Bagrassan .... en n, d
sabio Ahora se ocupa en reabate Souchón; pero en cambio es sacer aº~:Ü y resulta que todos los muertos
señar las inscripcio_nes sepulcralfs t:a~ur cora!ón se dilata de orgullo. A fuereran nobles y muy ilustbrels... por o b por creer Sí debe usted estar muy conza de rozarse con la no eza, se aca ª
.. · '

. ::..,--

t"

/

VII
¡Sí, Blanca le amaba! Gilberto no podía dudarlo; y aunque ella no lo confesase aún, en todo lo revelaba á su pesar: sus miradas, sus menores frases y
hasta su silencio, que era embarazoso cuando se encontraban por casualidad ó
cuando la terr.era persona que la vizcondesa tenía siempre cuidado de mezclar
en las entrevistas se ausentaba.
.
Y todo tomaba un nuevo giro, sin que subsistiese ya nada obscuro en la conducta que la vizcondesa había observado con Gilberto hasta entonces. ¡Blanca
le amaba hacía largo tiempo, tal vez desde su marcha á París! Y hasta aquel
proyecto de casarle con la señorita de Sainte-Severe era un indicio, sin duda
una prueba á que quiso someterle para asegurarse de sus sentimientos, ó bien
la conveniencia de sacrificarse ella misma, entregándole á otra, á fin de preservarse de toda debilidad. Si esta última hipótesis era cierta, traducía un sentimiento ~e mujer honrada.

509

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 502

Blanca le tendió su rna.no y le permitió estampar en ella un beso

tento.
_ .
t os motivos de los que usted
- Así es, efectivamente, senonta; mas por o r no se le puede negar el deref
1
·gen
de
una
persona,
.
0
1
s
supone. ea c~ 1uere; í n de las consideraciones en el trato de la vida. Yo
cho de gustar e a cor es_a y
Chalieu de Preville ... Esas damas que no
encuentro esto en la~d~enodraslde de arrib! se muestran benévolas con los de
tienen nada que enVl iar e os
'
. .
G'l
b . Q é I he de hacer si esto me sucede?
a ªJº·
¿ ubuenas
e
_ ¿Tan
cree ust ed á esas
. .señoras?• repuso la institutriz, fiJando en i .
berto una mirada penetrante é irónica..
- Nada me hace suponer lo contrario.
( Ctmlin11ará)

. .
ntro inopinado una palabra, tomarían las propormás ligero rncidente, ~n. en~u~ En aquella mutua inteligencia, en aquel misterio,
cienes de un acontectm1en o. i t o adivinándose por las menores señales, pero
~~s~~~J0 ~;~Pfado:is~an~ed~0~;s 'extraños é indiferentes, había bastante felicidad!
b donó al ún tiempo al encanto de aquella_ situación. La idea
Por eso se a ª~a vizcon~esa de Cabro! era algo tan extrano para él .Y tan prod~
~er amado
dele parec1a
, posible acostumbrarse á ella ni ver el térmmo de su
digwso,
que no
em~riaguebz.
Sm ero argo, ésta acabó por desvanecerse' y su nueva situación le pareció
más cruel que ~:~~ª~crecentado con su declaración, y este a~or, si~ esperanza
Su amor s~ ,
ás exigente Entonces comenzó á sufnr los primeros torcomo antes, haacb1a1,:ep~esentido al' dirigirse á Mareuil, pero más complicados y
mentos que
.
hó
fi amiento de barbane que no sospec . .
.
con
un re
pornqué no se marchaba? Habían transcumdo ya seis
d' largos meses des¿Mas
el momento más oportuno para despe use.
de s_u llegada, y era ir la rimera indicación sobre este punto, Blanca se c~n.Sm embargo, alP~dro
había dicho con ese tono brusco y alegre, peculiar
tnstó ot;
y h'b '» En cuanto á la anciana marquesa, le profesaba tanto
en ~}: «i e o pr~d~í:·prescindir de él; Gilberto hubo, pues, de quedarse.
canno, que no al acercarse el verano el castillo se reanimó de nuevo por la
Por otra pa~ e,
La condesa de Chalieu y su hermana se presentallegada de vanos hué~ded~~ la baronesa de Tertre. Estas señoras atrajeron á
ron_ muy ~ronto seg~ ~~s alrededores con sus esposos, y toda aquella gente
vanas am1gasi5~rs eMareuil distrayendo á los demás con su inagotable coniba
á ~óasard
e tealeans largas t;rdes en la sala de reuniones y en las prolongadas
versac1
n uran

rz,

1f

t

\
}

Gilberto comprendía que la vizcondesa era una mujer virtuosa, y no se le
ocultaba que entre la certidumbre de ser amado y la idea de que ella cediese
mediaba un abismo. Por eso, lejos de abrigar semejante pensamiento, rechazábale como una mancha de que no era merecedora.
,
¡Ya era bastante que le permitiese amarla! Los dos iban á vivir felicesj el

t ~::~f'

noches en
Gilberto podían evitar así mejor la vigilancia, ª?oque ~o
Blanca e .
. Yero erdiéndose en los grupos y entre las atenc10nes distrataban de a1slaárse;a.P·¡ biJ·o la excusa de los cumplidos de costumbre, darse
traídas érales m s " ci ,
.
' b
· sas de su mutua ternura.
.. .
mil prue as prec1_0 d d I condesa de Chalieu era quien parecía dmg1rlo todo.
En aquella socie a ' a de sus sesenta años y todavía con restos de belleza,
Bien ~o~ser~ada, á p:s~:dora de los menores'detalles de la vida en sociedad'
muy d1stmgmda y co o . .ones ·uzgaba de todo sin apelación; de modo que
era resuelta en susdaprec1acti 'daJ J no obraban sin su parecer, fijas siempre las
los demás, aceptan o su au on
'
.
.
0 para tomar la consigna.
11
miradas en e .abcom . t I do en Mareuil observóle detenidamente, notó con
Al verá G_1ól erto mst.: ~ respecto á ta'vizcondesa, las consideraciones que
mucha atenc1 n su ac 1 u
. .
.
b
uy pronto formó su oprn16n.
ésta le dispensa a, y ~ás adelantado de lo que en realidad estaba; pero como
Tal vez le supuso
6 de la más prudente reserva á la mayor ama•
quiera que sea, muáy pronto fiPcªi.sente y con ello se dió la señal. La condesa de
bilidad; esto era m s que su

-

J

..

y entonces podia deslizar una mirada furtiva hasta el interior de la habitación

�510

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 502

ciones necesarias, pudo notarse que hasta al cabo de ' veniente antes de utilizarlo cubrirlo de una capa connueve horas la temperatura del alcohol no ascendió tinua de cobre galvanoplástico, sometiendo la placa
de 70° á 22°. De esta suerte se comprende que in- á un depósito de cobre ordinario. Para efectuar esta
La producción de elevadas temperaturas ha sumi- yectando por los ensayadores y á pequeños interva- operación recomienda M. de Lalande que se haga
nistrado á los químicos, físicos é industriales recur- los una pequeña cantidad de ácido carbónico líqui- uso de una gran densidad de corriente de dos á tres
sos importantísimos, que han contribuído á la fabri- do, se llega á sostener indefinidamente una tempe- amperes por decímetro cuadrado. Así se obtiene un
ratura constante y baja.
aglomerado que no se halla expuesto á reoxidarse y
En muchos experimentos ha podido que posee toda la solidez deseable.
comprobarse que para conseguir que e~
Los aglomerados móntanse en un soporte especial
aparato con tres litros de alcohol llegue formado por una placa de palastro de cobre cortada,
á los 70° basta emplear de 2 á 2 y medio dentro de la que se hallan sujetos por medio de los
kilogramos de ácido carbónico líquido. muellt!s L. Nuestro grabado reproduce los detalles
El criógeno de M. Cailletet, que aca- del montaje de los aglomerados, así como la dispobamos de describir, puede considerarse sición de los cines en la pila. Las láminas de cinc
que realiza respecto del frío lo que el hállanse sostenidas por láminas metálicas que van á
hornillo de gas del laboratorio respecto parar á la parte superior. Pequeños aisladores de
del calor. Es, pues, indudable que este ebonita I mantienen los cines á distancias convenienaparato está llamado á prestar grandes y tes de los electrodos positivos, y el conjunto de elecútiles servicios.
trodos positivos y negativos hállase á su vez reteniG. T.
do por un caucho K, de manera que permita retirarlos con facilidad.
Tales son las nuevas disposiciones que M. de Lalande ha adoptado para los tres nuevos modelos de
LA NUEVA PILA DE óxrno DE COBRE
pilas que acaba de construir. Por nuestra parte, tra·
DE M. DE LALANDE
tamos de exponer desde el punto de vista eléctrico
cualidades que caracterizan á cada uno de dichos
Todos los electricistas dedícanse des- las
modelos.
de hace mucho tiempo al descubrimienEl modelo pequeño contiene un aglomerado de
to de una pila que á pesar de su excepocho centímetros de lado y de 150 gramos de peso,
cional
energía
presente
poco
volumen
y
El cri6geno de M. Cail!etet
sea de fácil y económico entretenimien- siendo su resistencia inicial de 0'18 ohms y de 0'39
to. Las investigaciones y ensayos que á al finalizar la descarga. Este elemento tiene una
este fin se han practicado han sido nu- fuerza electromotriz de o'8 volts, que bajo el régimen
cación de productos de reconocida utilidad ó bien á
merosos,
sin
que nos haya sido posible citar hasta de 1'1 ampere, determina una diferencia potencial
la ejecución de instructivos experimentos, no ofreciendo menor interés la producción del frío ó de ba- ahora un aparato verdaderamente práctico y de re- útil de 0'55 volts, y una energía de 0'605 wats, pujas temperaturas. Un aparato que permita producir sultados completamente satisfactorios. Sin embargo, diendo facilitar 75 amperes hora y 45 wats hora.
con facilidad un frío intenso, podrá considerarse co- entre todos los elementos de pila inventados hasta En el modelo medio el aglomerado tiene 11 centímo un instrumento de nueva utilidad en los labora- hoy, preciso es fijarse en la pila de óxido de cobre y metros de lado y un peso de 450 gramos. Las lámitorios ó para la industria. Un aparato de este género de potasa de MM. Lalande y Chaperón, ya que pre- nas de cinc son dos, que se hallan colocadas á cada
es el que recientemente ha inventado el sabio acadé- senta ventajas por su constancia, fuerza y economía lado del aglomerado. Bajo el régimen de 3 amperes
mico M. L. Cailletet, (jándole el nombre de crió- Por otra parte, M. Lalande acaba de aportar á esta la diferencia potencial es de o'6 volts, la fuerza de 1'8
geno.
pila, ya de antiguo conocida, una serie de mejoras vats, la cantidad de electridad de 300 amperes hora
que
permiten apreciar más y más las ventajas que y la energía de 180 vats hora. La resistencia interior
A este propósito creemos oportuno recordar los ofrece.
varía de 0'05 á 0'10 ohms. El gran modelo encierra
principales métodos usados para obtener bajas temEn los primeros modelos, el cinc estaba dispuesto dos aglomerados y tres láminas de cinc intercaladas.
peraturas. Los más antiguos estriban en el empleo
de hielo desmenuzado y sal marina, sulfato de sosa horizontalmente y debajo de él había un lecho de Cada aglomerado tiene 11 centímetros de lado y
y ácido clorhídrico, nitrato de amoníaco y agua, etc. óxido de cobre, todo ello bañado por una solución pesa 450 gramos. Este elemento determina 6 ampeDespués utilizáronse también substancias volátiles de potasa. Esta disposición presentaba numerosos res, da o'6 volts, ó sea 3'6 wats, pudiendo produproducidas por la cooperación del gas, tales como el inconvenientes, puesto que el montaje y desmontaje cir 600 amper~s hora y 360 vats hora. La resistencia
amoníaco líquido, el ácido sulfuroso líquido y el clo- de la pila exigía detenidas operaciones que se hacían interior es de 0'051 ohms al fin de la descarga en
ruro de metilo; el ethileno y el formeno líquidos difíciles por la presencia de la potasa. En el nuevo vez de 0'025 que indica al principio. Importa asimishan sido utilizados asimismo para la licuación del modelo de pila existen dos electrodos verticales, dis- mo conocer las variaciones de intensidad en una
oxígeno y del aire.
puestos convenientemente sobre las espigas-sopor- misma descarga. M. de Lalande ha présentado á
M. Cailletet sfrvese en su nuevo aparato del ácido tes, permitiendo sumergirlos ó elevarlos á voluntad. este propósito, en la sesión celebrada el 3 de junio
carbónico líquido, tal como hoy lo produce la in- En un vaso cilíndrico de medida ordinaria mantié- último por la Societé internationale des electri'ci'ens,
dustria, obteniendo rápidamente en su criógeno una nense los electrodos en la parte superior, en la solu- una serie de curvas en extremo interesantes. En el
baja temperatura por la dilatación del gas licuado. ción de potasa, descendiendo al fondo por su mayor pequeño modelo, la intensidad que al principio era
de 1'18 amperes convertíase en 1' 1 á las dieciocho
El aparato cuyo dibujo reproducimos ha sido densidad el cincato de potasa.
Para
lograr
este
resultado
es
preciso
construído por M. Ducretet, y consta de dos vasos
concéntricos de cobre niquelado, quedando entre vencer la dificultad que ofrece la pre- · r--------~=---¡-;¡
ellos un espacio circular de algunos centímetros. Un paración de un electrodo positivo con
serpentín igualmente de cobre hállase colocado en todas las propiedades del óxido de coel vaso interior, siendo sus dimensiones aproxima- bre granulado, emplazarlo verticalmendas cuatro metros de longitud por quince milímetros te; en una palabra, formar un aglomede diámetro; está provisto en su punto de entrada rado. Al cabo de una serie de ensayos
de una espita, y á su salida va á parar al espacio cir- M. de Lalande ha resuelto el problema de la siguiente manera:
cular comprendido entre los dos vasos.
Sométese á la acción de una prensa
Cuando se desea operar llénase de alcohol (3 litros aproximadamente) el vaso interior, que sirve de hidráulica una mezcla de residuos de
baño refrigerante para los experimentos que deban cobre y de 4 á. 5 por 100 de arcilla,
hacerse, poniéndose en comunicación el serpentín un tanto humedecida, resultando de
con una botella de ácido carbónico líquido, según se ahí una masa que resiste dentro de un
representa en el grabado. Abierta la espita de la bo- horno una temperatura de 600 á 700
tella permite que el líquido llegue hasta la del ser- gn!dos y obteniéndose de este modo
pentín, y el descenso del ácido carbónico determina una sólida placa de suma utilidad. Lóla congelación en nieve. Los copos de ésta, al po- grase el mismo resultado agregando al
nerse en contacto con las paredes del serpentín, cobre un 6 ú 8 por 100 de alquitrán,
transfórmanse rápidamente en estado gaseoso, pro- que se somete también á la acción de
duciéndose el frío. Hay que advertir que en el espa- un horno. Con estos procedimientos
cio circular colócanse fragmentos de esponja empa- prepáranse las placas aglomeradas que
pados de alcohol. La nieve que haya podido atrave- constituyen los electrodos positivos de
sar el serpentín sin evaporarse se disuelve en el al- las pilas; siendo poco conductible el
cohol, y la refrigeración que de ello resulta completa óxido de cobre, la depolarización se
el descenso de la temperatura.
· efectúa en mínimas proporciones; mas
El aparato hállase colocado dentro de una caja al- á medida que la reacción se opera, el
mohadillada y provisto de su correspondiente tapa óxido de cobre redúcese también bajo
guarnecida de lana para protegerlo del calor, exis- la influencia del hidrógeno y el elecLa nueva pila de óxido de cobre de M:. de Lalande
tiendo en ella varios orificios que permiten el paso trodo conviértese en mejor conductor.
Para
alcanzar
seguidamente
el
mismo
del termómetro, del agitador, etc. Con el cri6geno
pueden obtenerse, eh muy corto espacio de tiempo, efecto, basta sumergir la placa porosa dentro de un horas, de I á las cuarenta y ocho y de o'8 al final de
setenta grados de baja temperarura.
vaso lleno de agua con polvos de cinc en suspensión la descarga, ó sea á las setenta horas. En el modelo
Cuando se interrumpe la circulación del gas ácido y después en agua acidulada. F6rmase así una serie intermedio la intensidad alcanzó 3'25 amperes al
carbónico el aparato se calienta muy lentamente, de pares de pila locales que r~ducen el óxido de e~- principio, 3 á las veintisiete horas y 2'75 á las setengracias á sus envolturas protectoras. En un experi- bre al estado de cobre metálico. Este cobre o.btem- ta y dos. Cuanto al gran modelo varió la intensidad
mento llevado á cabo con todo el cuidado y precau- do por di_cho pr?cedimie?to es esencialme_nte poroso j ~e 614 amperes al principio por amperes á las veiny se reoxida casi en seguida; por este motivo es con• tmna horas de marcha y 5 amperes á las :;etenta y dos.
EL CRIÓGENO DE M. CAILLETET

•

d

LA

NúMERO 502

SECCIÓN CIENTiFICA

Sll

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Los guarismos que preceden demuestran la importancia de la nueva pila de M. de ~alande: és~a puede constituir un generador práctico. y senc11lo de
energía eléctrica, con la doble ~entaJa de poderse
disponer de manera que se conv1ert~ en un verdadero manantial de continua producción _de energía
eléctrica. Esta disposición sería muy senc11la de practicar, atendido que el cincato de pota~a e~ razón
de su densidad desciende á la parte mfenor del
vaso.

nos métodos de preservación empleados e~ Al~ania ue al parecer han dado buenos resulta os. no
de e~os consiste en hacer hervir una mezdcla _d~ grr
fito ulverizado y sebo, y cuando ha a qum o a
consfsteocia de la manteca, aplicarla al cable 1ºr
dio de un cepillo, y aún mejor, hacer pdasar ~ ca bse
or un vaso en forma de cuerno lleno e e~ a su iancia Este procedimiento, que es conve~ie~t~ r~petir ~ada mes preserva á los cables del orm im¡ide su desgaste' por su contacto con los ~uer¡os ~ros Esta grasa además facilita el cambio e pos1J. LAFFARGUE
ci6~ de unos hilos respecto de otros, porque penetra
(De La Nattm)
en los menores intersticios y aumenta de est~ suerte
la flexibilidad de los cables. Los cables ~: hierro _no
ueden a ilarse como las cuerdas de canamo, smo
~ue hay Jue arrolla~los en el suelo en círculos del
PRESERVACIÓN DE LOS CABLES METÁLICOS
mayor diámetro posible.
.
Otro procedimiento es el siguiente: mezclar ~ceite
de lino con brea vegetal y aplicar la subst~nc1a así
La oxidación
el gran
enemigo
los cables me- obtenida sobre el cable, con lo cual se consigue una
tálicos;
po, esto es
nos
p,ue&lt;:e
útil d"de
á conoce, algo-

~f"

ca a rotectora muy eficaz. Los cables sumergidos
e/el igua deben estar cubiertos de una capa formada por la mezcla de 35 litros de cal apagada leo~
ó 60 de brea vegetal 6 mineral: esta mezc a e ~
hervirse y aplicarse en caliente. Los cables ~a.lvamd
o pueden emplearse para las transm1S1o~es,
;:e~sá ~as pocas horas de servicio ha desaparec1d?
enteramente la capa de cinc y los alambres se oxidan rápidamente.
En las transmisiones por cables hay que tener gran
cuidado con las poleas, cuyas gargantas d~be~ estar
muy limpias siendo preciso que las matenas ~ que
se las guarn~ce, como madera, cuero, caucho . metal dulce han de ser de la mejor calidad pos1~le y
han de ~star colocadas con muchas precauciones
para evitar el desgaste rápido de los cables y aumen·
tar la adherencia de éstos.

g°

,

-TRAOIÓN ARTfSTICA ciiríjanse para informes á. 1os sres A. Lorette' Rue Caumartin,
Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUS
.
bli 'd d de los Sres. Calvet Y C.•, Diputación, 358, Barcelona
,
61
P
rís
-Las
casas
españolas
pueden
hacerlo
en
la ofl.cwa de pu c1 a- - -num. . a •
~

f
.
-

-o!+l&lt;&gt;-

LAIT .l~TÉPRÉLIQOl! -

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,o SARPULLIDOS, TEZ BARROSA o /
o
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~•
~ - ~.,
EFLORESCENCIAS \ ..,o ~
y_..
&gt;
ROJECES
'1
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Co
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f,f&gt;'Y"

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•.,,..ª el cutll \\

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.

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GRANO-DE LINOJARIN F~R~~~~s

..7

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-La ceja: lfr.

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30.

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g_o,arei~as las funciones del eslómago y de
la
digestion y para
reg ulaar1z
los intestinos.
_ _ _ _ _ _ _ _ _ __

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de este fonlaea■se por eaeeíe■eia. De un gusto sufeparador de las bl erzasllOberano contra la .Anemta y el J.pocamtfflto, en las Calelttura,

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CU&amp;Ddo 86 trata de e~t2:~ o~smo y precaver la anemia.y las eptdemtu provo~~ no 86 conoce nada superior al Will• de V•... de &amp;road.

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DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede C!)D
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el caf6,
el t6. Cada CUíJl escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el cansan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alimentacion empleada,uno
se decide fácilmente II volver
•·á empe11Br cuantas veces

sea necesario.

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'

~

�LA

512

NóMERO 502

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Nada hemos de decir de la índole de esos ar·
tlculos, pues harto universalmente es conocida;
el chiste culto en todas sus múhiples formas es
su característica. Eduardo de Palacio ha crea·
do un género que como él nadie ha sabido cul•
tivar, género dificilísimo cuando se prodiga
como lo ha prodigado el autor del libro que nos
ocupa, quien lleva escritos millares de artlculos,
todos ellos igualmente entreter.idos, jamás pe•
sados y siempre nuevos.
Lean Cuadros vivos los que quieran pasar un
buen rato; en él encontrarán además de los
atractivos indicados el no menos estimable de
las ilustraciones debibas al lápiz del célebre ca·
ricaturista Angel Pons.
Véndese el libro en las principales librerías,
y en Barcelona en la de D. Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5, al precio de 3•50 pe·
setas.

LIBR.OS ENVlADOS A ESTA R.EDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
Su ÓNICO HIJO, Novela por D. Leopoldo
Alas. -Tratándose de un libro dd ilustrado
catedrático de la U niversiclad de Oviedo que
tantos lauros lleva conseguidos en la prensa con
el seudónimo de Clarín, casi huelgan los elogios, pues el nombre del autor y la fama por él
tan justamente conquistada en sus campañas
literarias abonan la bondad de la producción
de su ingenio, harto mejor que pudieran hacer·
lo los sueltos periodísticos más encomiásticos.
En la imposibilidad de hacer de esta obra un
juicio detenido y de señalar minuciosamente
las bellezas que contiene, séanos permitido sintetizar la impresión que su lectura nos. ha producido, diciendo que en nuestro senur reune
todas las condiciones que en la moderna nove·
la se exigen: interés siempre creciente en la
acción, estudio profundo y concienzudo de los
personajes, verosimilitud en los caracteres, naturalidad en los actos y verdad en los sucesos.
Tiene además Sr, 1foi&lt;o llij, una novedad en
el asunto y en el modo de desarrollarlo que
aumenta considerablemente su valía; el elemento externo aparece en la novela relegado al segundo término, concedién~ose en ell~ lug~r
principalt~imo ~l elemento mterno _6 ps1col6gico; los persona1es, apenas bosq~e,ados en su
fisico, estlin detalladamente deSf~tt?s en su manera de ser moral, y este procedimiento que en
otros casos pudiera ser causa de cierta fatiga
para el lector, generalmente poco amante de
disquisiciones éticas, empicado por D. Leopoldo Alas resulta Íllentc abundante de hermosos
atractivos y hace que los capltulos del libro se
lean con avidez y deleite y que al llegar al final
se desee la aparición pronta de Ut1a medianla
que como una continuación de Su 1í11i&lt;o hijo
anuncia como próxima á publicarse su autor al
fin del tomo.
Esta novela, editada por D. Femando Fe,
de Madrid véndese en las principales libredas,
y en Bar~elona en la de D . Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5, al precio de 4 pesetas.

•••
ELENA, por D. Emilio Garda de Tejada, Es este el primer libro que sale de la pluma
del distinguido oficial del cuerpo administrati•
vo del ejército Sr. Garcla de Tejada, y á juzgar por él la novela española contemporánea
cuenta desde hoy con una nueva firma que no
tardará en abrirse paso si, como es de esperar,
las sucesivas obras corresponden á la bondad
de esta que nos ocupa. Elena pertenece al gé·
nero de la novela novelesca, como actualmente
se dice, apartándose, así de la tendenciosa como
de la puramente naturalista. Sus puntas y ribetes tiene de romántica; pero esto ni es defecto
en absoluto ni lo es en In obra del Sr. García
de Tejada, que no pasa, dentro del idealismo,
de los limites que los grandes maestros de esta
escuela han trazado á la verosimilitud. Es ade·
más en extremo interesante y está bien escrita,
cualidll.des todas que hacen de este libro una
obra de agradabilísima lectura. De sus irrepro·
chables tendencias morales puede juzgar.e por
las sabias máximas de Platón con que el autor
encabeza el primer capitulo y el epilogo de la
novela.
Véndese en las principales librerías al precio
de 3 pesetas.

•••

•••
CUADROS \ l\'0S. A PLU)tA Y AL PELO, fa1
D. Eduardo de Palacio. - No menos deseada
que la de los artículos de Cavia, Taboada y ~obaquillo era la publicación de una cole¡:ción
de artlculos del fecundo cuanto ingenioso escritor D. Eduardo de Palacio: D. Fernando
Fe, dando satisfacción á esos deseos del público, acaba de editar algunos de aquéllos, en los
cuales se admira la inimitable gracia del que
durante su larga vida literaria ha visto sus chispeantes trabajos solicitados con afán P?r los
principales periódicos de España y América.

ZARAGOZA ARTÍSTICA, M0'.\UMESTAL É IIIS·
TÓRICA, por A. y P. Gas&lt;Ón de Gotor, - Los
cuadernos 28 y 29 de esta interesantlsima obra
comprenden, además del texto correspondiente,
cuatro hermosas fototipias que representan: un
fragmento del trascoro de la Seo¡ la nave iz.
quierda de la iglesia de San Pablo; una casulla
de terciopelo negro recamada de pedrerla (del
templo de la Seo) y un puente sobre el Ebro.
Suscrlbese al precio de una peseta el cuader·
no en Zaragoza en casa de los autores, Contamina, 25, y en Barcelona en la librerla de D. AI·
turo Simón, Rambla de Canaletas, 5,

)IAJA, cuadro de Manuel Cusi. (Galería Parés.)

I

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
BISMUTDO 1 MAGNESIA

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

.l'e&amp;rmaeia, f.JJLLLB DB BIVOLI, 160, PABJtJ, i, . , . toau• ,a.,ioarmae,a•
El ,r.ARABE DE B.RLANTrecomendaúo desde su prlnclpl9, por los profesores

~ennec, Thénard, Ouereant, etc.: lla recibido la consagr11.c1on del tiempo: en el
ano t829 obtuvo el prlvlleglo de Invención. VERDADERO CDIIFITE PECTORAL, con base
de goma y d~ 8.llaboles, conviene, sobre touo 1e.s personas deUcaoas, como
mQJeres y nlnos. su gusto excelente no perJudlca en modo alguno fl su encRcla
con Ira IOA RESFRJ\DOS y to&lt;las las l!IFLUIACIO~ES del PECHO y de IOS JJITESTIIIOS.

a

COI

lleeomeodados contra lu Afecciones del Estb·
mago, Falta de Apetito , Digestiones labo•
rl0o1a11, Aoedias, Vómitos, Eruotoe, y C6lloos;
regularizan las Ftuioionea del Estómago y
de loe lnteatlnoa.
Elltlr111elrotu/o1111'1111 de l. FAYARD.
&amp;dh. DETBA.N, Farmaoeutloo en PARU

CARNE, HIERRO y QUINA

11 Alimento aw fortiJICillle unido a los Tówcoa mu reparadores.

VINO FERRUGINOSO ARDUO
Y CON TODOS LOS PBINCIPIOS NUTillTIVOS DB U CARNE

ilf.lOlDESdeIE&amp;ro,h
\~~
~ #F/4110

Pepsina Boudault

nn:aao y 911111.1! Diez años de exlto continuado y las afirmaC1one11 de
todas las cmlntlllcias médicas preuban quti esi.a asoc,ac,on do la &lt;larnc-, ..:1 Hierro y la
guina coust.!Luye el reparador mas energ:lco que se conoce para curar : la Clorósú, la
A.nemta, las Jlenstruactt&gt;ntS dolorosas, el Jlmw&amp;rectmtento y Ja .Alteracion ae la Sangre
el Raq1dtfJmo, l ,s Afeceil&gt;nes e.crof~losas Y escorbutícas, etc. El 't'ino Ferrur.ino■o dé
.t.roull es, en efecto, el ünlco que reune todo lo que entoua y fortalece los organos
regulariza¡ coordcna y aumenta conslderablemcnt.e las fuerzas 6 1nfund.i a la ball¡re
emp0brec da y descolorida : el Ytgor, la coloracwn y la Bnergw t11'tal.
Cl.1an,

Pormavor,w Pari1, en casa de J. FERRÉ,Farmaceutice, t~, rue R1cbelicn, Sucesor de AROUD.
SB YBNDB EN TODAS LAS PRINCIP4LBS BOTIC4.S

Aprobada por la .lC.lDEII! DE IEDICIU

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pildor.. s se emplean
e~peclalmente contra las E1crofutas, la
T1sh y la Debilidad de teJilperamento,
as! como en todos los easos(Pálidos c olores,
Amenorrea,&amp;.•), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su rl1¡11eza y abuudancla normales, 6 ya para
provocar () fCgul..rlzar su curso perlóclco.

EXIJASE e1~ i~r: ARO UD
0

PREMIO DEL INSTITUTO AL D'CORVISART, EN 1856
M1d&amp;ltu en laa !.1po1lciont1 lnte?'naclonales d•

1

PARIS - LYON - VIEU • PBIL!DELPBl.l - URIS
18""7

Ur.i

11173

1876

ltr.11

hno IN' LU
DISPEPS148
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DICESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
"' IMPL.U CON l:L Wt.TOt

~~~=~~

JARABE v PASTA ~~~~~~1 ~:/l,-?JJ5
de H. AUBERGIER
w¡,-:ai,~"

BAIO U FORll1. DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO , • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
Pill!S, Pbarmacie COLLAS, 8, rae Daapblne
) r ffi 1a, P,-lftc(,al,. faNMcfal,

Farmaceuuco, en Par!s,

~Rue

W OT&amp;OI.DEIOIJ&gt;INII OS LA DIOIITIOW

d• 2001 ,..

con I.AC~OAIUVK (Jugo lechoso de Lechuga)

dr

Bonor.

, .J\p, ..oados por Ja Academia de MediciDa de Paria é insertadoe en Ja e, 0 ,ecc,ón
Oficial de F6rmulaa Legale. por decreto miniacerial de 1 O de .Marzo de·1 B54.
« Una completa lnnoculdad, una encacia perfeclamenlc comprobada en el catarro ,
eptaémtco, las Bronquttts. Catarros, Reumas, Tos, asma e trrttuc1011 do la garganta llan
¡¡rangeado al JARA'8E y PASTA lle AUBER0IER uua lnmcn~a rama &gt;)
'
(E:i:tracto del Formulano MUico del S" Bouchardat catettrdlico de la Facultad de Medicina (~6, edici611).
vcuta por mayo~: GOMAR Y e•, !8, Calle de S1- Clam.tc, PAIUS
DEPOSITO ES LAS PHINCIPAUS BOTICAS

Bonaparte, 40

8

l\j
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11, • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Corno pruelia de pureza y de aulentlcldad de
las verdaderas PI Idoras de lila u ca,,.,,,
eiiglr nuestro se110 de plata reactiva,
nut:slra flrma puesta al pié de una ellqucta
~erde y el Sello de garantla de la Un ión de
los Fabricantes para la represión de la falsl•
ficaclón.

• SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

Quedan rcsen•ados los derechos de propiedad artlstica y litcrnria

htr

DE

M0NTANER Y SIMÓll'

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
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Afio X

BARCELONA 17 DE AGOSTO DE 1891

NÚM. 503

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

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I

EN LA PLAYA, cuadro de D, F. Miralles

�LA
SUMARIO

II

NúMERO

503

veniencia, se mostró intensísima en las sacudidas
múltiples del cuerpo, semejante á los espasmos de la
epilepsia.' Ya en el salón de Embajadores, con el Darro á un frente y al otro el patio de los Arrayanes; las
paredes de mil matices adornadas con el escudo de
los Alhamares; los ajimeces bordados con todos los
prodigios de la fantasía oriental; las puertas, recuerdos de los siglos de tanto esplendor y de tanta fortuna, cuando desde las tierras más remotas iban ali{
unos á recibir la luz de tanta ciencia y otros los placeres de tantos hechizos como tenía Granada en sus
artes; las bóvedas de alerce con estrellas de marfil y
oro; las letras, semejantes á las grecas de una tapicería persa, repitiendo entre las hojas de parra y de
mirto y de acanto cinceladas los nombres de Dios,
el corazón se le rompía en pedazos, y un tormentos{
simo lloro, que recordaba la alegría de los abdilitas
al perder á Andalucía en sus desgarradores sollozos,
ó á las lamentaciones de los profetas hebreos bajo
los sauces de Babilonia y Nínive al perderá Jerusa
lén, llenó aquellos abandonados espacios con el dolor
de su triste y destronada gente. Nada fuera de su
propia historia y de su propia religión interesa con
verdadero interés á estas razas orientales. As{ cosa
cómica la extrañeza con que los demás ven su falta
de maravilla y extrañeza. El conocimiento necesita
de la emoción para penetrar en las entrañas del espíritu. Quien ignora el arte de admirar, ignora el arte
de mirar intelectualmente. Los incultos en todas las
naciones cultas reciben la consigna de no extrañar
cosa ninguna. Yo he visto muchos patanes medir con
los pies la Basílica de San Pedro para demostrar la
pequeñez de tal coloso junto á su parroquia. Cuando
subía el embajador las escaleras del ayuntamiento
de San Sebastián aseguraba dolerle sobre su fiebre
aguda cuartana, enardecida por una indigestión, los
estruendos de las músicas. El fatalismo los ha hecho
seres mecánicos, obedientes á la consigna imperial
y ajenos á todo cuanto no sea su Alá, su profeta
y su califa. El cuerpo escultórico se ha petrificado
como el cuerpo de las estatuas yacentes sobre las losas de sus sepulcros, y el alma se les ha estancado
como las albercas de sus harenes. Ninguna demostración tan viva del ooder de la libertad como considerar adónde han subido los.normandos, los últimos llegados al escenario de la Historia, por el sentimiento de su individualidad, y adónde han bajado
los árabes por la irremediable servidumbre de sus
nobles almas.

Ahora, en verdad, helo recordado mucho con motivo de la embajada marroquí, hoy en boga, cuyos
blancos alquiceles, tan parecidos al ropaje de las antiguas estatuas, me atraen y emboban como á cualquier ganapán de las calles madrileñas. Nadie ha. pinBarracand, con ilustraciones de Emilio Bayard y grabado tado cual Alarcón los pintaba en su pintoresca Guede lluyot. - SECCIÓ:-1 CIENTll'ICA: Prod11cció11 i11d11strial rra de A/rica los inmóviles santones de Tetuán, asendel hid,~l{cno y del oxígmo por la electrolisis del agua.
tados sobre las piedras como sobre los pedestales las
Grabados. - En la playa, cuadro de D. F. Miralles. - Un estatuas, que no convertían los ojos á mirar nuestros
chap11:ó1i; Nieves, dos bustos en barro cocido de D. Emilio
Arnáu, -Ave-Mada, escultura de D. Eusebio Arnáu (pre- soldados en las vistosas revistas, ni aplicaban los oímiada en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelo- dos á escuchar nuestras músicas en sus armoniosas
na). -Museo 1111111icipal de reproducciones artlsticas de Bar marchas, La idea de Dios inunda sus almas, y en esa
ce/011a: 1, Mástil ó portabandera de San Marcos de Venecia.
inundación, todo aquello que no sea Dios desapa2, Credencia gótica. 3, Armario gótico con aguamanil. 4,
Cruz de término de San Martln de Provensals. 5, Púlpito rece. Así no hay santos en su religión uniforme. Si
de Santa Croce, Florencia. 6, Estatua en bronce, David. 7, acaso algún personaje entra en el cielo suyo, es un
Candelabro de la capilla de San Lorenzo. 8, Jarrón árabe, profeta capaz de entrever al Criador con más claride la colección del barón de Rothschild. 9, Mesa estilo redad que el resto de los mortales y de anunciarlo al
gencia, exornada con bronces cincelados, reproducción de
la existente en el ministerio de Marina de Francia. - llfedi- mundo con mayor poesía y elocuencia. No les moslación, cuadro de D. Emilio Sala. - JI/roes a11ó11imos, cua· tréis, pues, cosas bellas con ánimo de conmoverlos,
dro de D. Juan Luna (Salón del Campo de Marte, París, porque en su interior compararán nuestras frágiles
1891), - Cicerón co1111'a Catili11a, fresco de César Macari,
creaciones con la hermosura eterna;ni cosas grandes
existente en la sala del Senado de Roma. - &lt;i Y sin embargo
se 11111evt!,&gt; cuadro del profesor Barabino, existente en el ó poderosísimas con ánimo de asombrarlos, porque
palacio Orsini de Génova. - Fig. 1. Voltámetros. - Fig. 2. para ellos no puede haber poderío como la virtud
Dispositivo para el estudio de la reacción capilar en las mem- creadora, que colgara en los espacios la tienda azul
branas ó vasos porosos. - Fig. 3. Vista en conjunto de una de los oielos y suspendiera en lo infinito por cadenas
instalación para la electrolisis industrial del agua. - Jlluerle
invisibles las áureas lámparas de los luminosos astros:
de llfedea, escultura en yeso de D. Rafael Atché.
toda sabiduría humana se deslustra y eclipsa para
ellos ante la omnisciencia divina y no merece ni la
pena de una velada; toda voluntad, por avasalladora,
MURMURACIONES EUROPEAS
por incontrastable que sea, se somete á otra voluntad
POR DON EMILIO CASTELAR
más impetuosa que los huracanes juntos y más fuerTristezas y muertes. - Pedro Antonio de Alarcón. - Su orien- te que las fuerzas cósmicas, á la omnipotente voluntalismo. - Los moros en su Cuera de ,/frica. -Los moros tad del Eterno. Delante de ese ideal nuestras obras
en la realidad de sus caracteres. - Crisis portuguesa. - Lite- artísticas son cadáveres, sombras nuestras ideas, juego
ratura política lusitana. - Latino Coelho y Oliveira Martins,
- La escuadra francesa en Rusia. - El cardenal Lavigerie nuestra mecánica, caprichos de mozos nuestros derey los Padres mancos del desierto de Sabara. - Conclusión. chos de ciudadanos. Contábame gracioso andaluz el
viaje que emprendió por España con cierto rico moro
I
de Tánger. Mostrábale al mahometano el surtidor de
la Puerta del Sol, y respondía: Dios es más alto. MeNo fuéramos si no muriésemos. Más revela nues- dfale las dimensiones del Escorial, y exclamaba: Dios
tra vida el sepulcro eterno, donde habremos eterna- es más grande. Llevábalo por las alamedas de Aranmente de dormir, que la cuna, dejada en los caminos juez, y añadía: Dios es más hermoso. Conduclalo al
del mundo, como dejan las avecillas sus cascarones Museo de Pinturas, y pasaba como inerte ante los
y sus nidos. ¿Nacer? Una casualidad. ¿Morir? Una cuadros, pensando en la ciega idolatría que á Dios
necesidad. Pudisteis no haber nacido. Imposible, na- usurpa su facultad creadora de animar los seres. Desciendo, dejar de morir. Por eso no iba tan descami- de los teatros á los Congresos todo transcurrió ante
nado el ascetismo religioso al proponernos que re- sus ojos, no sólo sin con moverlo, sin siquiera impresio·
concentráramos todos nuestros pensamientos en el narlo, como si no pasase. Sólo un día su sentimiento
III
supremo de la muerte y empleáramos todos los días rayó en delirio. Llegaron á Granada. La frondosa
como si hubiésemos de morir al día siguiente. ¡Cuál vega, el marco de montañas, la confluencia de los
Pero ¿nos extrañaremos de todo esto en razas esvoracidad esta del tiempo! No hay sino pertenecerá ríos, las colinas coronadas de pinos, los cortes volcáuna compañía cualquiera, para enterarse de cómo van nicos de Sierra Elvira esmaltados por nuestra luz tacionarias cuando adolecen de idénticos achaques
los compañeros cayendo uno á uno en la catarata del meridional, los cristales casi venecianos por sus mati- las razas progresivas y cultas? Mirad lo que pasa en
eterno mudar, donde se transmuta y metam;,rfosea ces brillantes de Sierra Nevada que toma tantos refle- Portugal. Un clamor unánime dice que la nación se
todo. ¿Para qué vivir, si ha de concluir nuestra vida en jos en las titánicas facetas de sus nieves eternas, los muere. Y sin embargo no hay entre tantos portuguela.muerte? ¿Para qué afanarse por el renombre y la contrastes de color en aquellos iris continuos y las ses ilustres quien sea osado á decir la causa de su
fama, si ha de perecer la tierra misma y ha de olvidar- manifestaciones de vida en aquella creación abrevia- muerte. Mi excelso amigo Latino Coelho, publicista
se y perderse la humana historia? ¡Cuánto se desviven da no llegaron hasta su alma, fríá, indiferente, sere- clásico de una elocuencia ciceroniana verdader,lmuchos por granjearse la honra de un sillón en el na, como absorto en su absorbente misticismo. Subie- mente admirable, quiere curar á su patria por una
Olimpo de los inmortales, ó sea en la Español:i, como ron al cerro de nuestra increíble Alhambra. Pasaron revolución, lo cual equivale á querer curar á un anésolemos llamar á nuestra Real Academia de la Len- las umbrosas alamedas, bajo cuyas ramas serpentean mico por una fiebre. Si á la crisis colonial que mengua! Pues apenas habéis entrado por esa puerta de la susurrando los c4tros arroyuelos. Detuvieron un mo- gua sus territorios africanos y á la crisis mercantil
gloria, salís por la del sepulcro. Según van murien- mento los ojos en las torres bermejas, doradas por el que postra su cuerpo todo añadís los males propios
do hasta los académicos jóvenes, parece reinar con sol, en los mármoles del interrumpido palacio impe- del tránsito desde un estado á otro estado social, temayor imperio que en parte alguna la muerte. ¡Po- rial, en los alminares del Generalife que se destacan ned por segura la muerte. Con fórmulas externas no
bre Alarcón! Parece imposible que habiendo sabido sobre los cielos azules entre adelfas, cipreses y azaha- se desarraigan los males políticos, cual no se despintar la vida con todos los colores prestados por el res. Por fin atravesaron la puerta del árabe alcázar arraigan los males fisiológicos nunca con sortilégicos
prisma de una rica fantasía y sentirla con todo el ca- y dieron á una con el patio de los Arrayanes. La fiso- fantaseados conjuros. Digámoslo en plata con el fin
lor de la pasión, ¡ay! no le haya perdonado la muerte. nomía del árabe se contrajo; sus ojos se obscurecie- de que aprenda tanto separatista como pulula por
Aquellos deslumbradores joyeles de su estilo debie- ron, y sólo se aumentó su profundo silencio. De las nuestras regiones peninsulares. Un pueblo chico emron guarecerle contra el dolor y contra la desgracia albercas ceñidas por mirtos, de los patios cuyos aji- peñado en tener una corte y un ministerio y una
como un talismán precioso, pues pocos recibieron el meces parecían bordados encajes, de las galerías lige- cámara y una marina y un ejército para sí aparte,
soberano arte de manifestar con frases propias y claras ras y aéreas, de los aleros incrustados en oro y mar- necesita compensar la deficiencia de su extensión y
y castizas los sentimientos varios despertados en las al- fil, de los frisos de azulejos, de los pavimentos de la escasez de sus recursos con el trabajo y la indusmas sensibles por el Universo material. Y éste no le jaspes tan brillantes como ágatas, pasaron al patio tria que han enriquecido á Helvecia, Bélgica y Hoha pagado su afecto, ¡el implacable!, reservándole un de los Leones, al bosque de ligeras columnas que sos· landa. Los pequeños ducados germánicos, muy su
arroyuelo recatado y umbroso de larga feliz vida. tienen arcos prontos á doblarse como si fueran de periores á Portugal en devoción á la particular in·
Cuando leéis las admirables Alpujarras de Alarcón ramajes al menor aire que sopla y juguetea entre los dependencia y autonomía suyas, hanse visto en la
descubrís la Sierra Nevada, de matices brillantes ra- intersticios de las alharacas compuestos por su gra- necesidad imprescindible de mediatirse á medias
yadísima en sus faldas, compuestas por unas reverbe- cioso y transparente alicatado. El árabe, pálido co- primero y suprimirse luego definitivamente para en·
raciones que tiran del amatista más violáceo al coral mo la muerte al pisar semejante sitio, se apoyó en grandecer á su madre patria Germania. Tantas co·
más rojo y al zafiro más azul, así como coronada de airosa columna, pues creía imposible que los vértigos lonias como Portugal tiene y tantas grandezas co·
ópalos por sus nieves perpetuas, casi astrales y eté- experimentados por su cabeza le permitieran conti- mo Portugal invoca piden gastos de representación
reas, bien al revés de las helvecias, al resplandor nuar en aquella visita. Por fin, más arrastrado por únicamente permitidos á las grandes potencias y
prestado á sus aristas de brillantes por el sol casi sus compañeros que por su propio impulso, penetró fuerzas capaces de imponer el debido respeto á los
africano desprendido del cielo de Andalucía. Si aña- en las estancias, y luego que alzó los ojos á las bóve- codiciosos competidores y émulos. En Portugal todo
dís á esta maestría en pintar la Naturaleza un senti- das formadas por estalactitas de brillantísimos colo- el mundo cree esto, como lo creo yo; pero nadie
miento estético muy avivado para comprender el ar- res leyó las leyendas místicas ó guerreras que las abri- lo dice. La epístola publicada por el insigne Olite, con especialidad la música, y una gracia muy li• llantan y las hacen parecidas á visiones de cuentos veira Martins y traducida en todos los periódicos esgera para fijar las populares costumbres, tendréis orientales; entró en aquel camarón de Lindaraja casi pañoles respecto de Portugal paréceme obra maesaproximada idea del excelso escritor que lloramos y etéreo, donde parecen las estrellas del cielo zumbar tra en la crítica de los males presentes, pero débil
del duelo con que lo habreJOos acompañado al eter- como en sus colmenas las abejas; percibió tras las obra en la proposición y cuenta de los remepios
no descanso los compañeros y los admiradores suyos celosías el aroma de azahar y oyó el rumor de la ve- aplicables á la horrorosa enfermedad. Pasóle á Por·
ga, su emoción, rompiendo los límites de toda con- tugal exactamente lo mismo que le pasó á Rom
de toda la vida.

Texto. - Murm,muionu europear,

por Emilio Castelar. - La
autopsia (conclusión), por F. Moreno Godino. - SECCIÓN
MrnRICA:-IA: El valle de las tres coli11as, por N. llawthorne,
traducido por M. Juderlns Vénder. - !lluseomimicipal de reprod11aio11es artísticas de Barcelona, por A. Garcla Llans6.
- Nuestros gra/1ados. - Vi:co11desa (continuación), por León

..

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

503

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dera del territorio portugués, requerían, buscaban, mejor dicho, encontraban 1~ .unida_d
interior de la península y de su espmtu, mas
asequible ahora que nunca, no por federaciones debilitantes para el uno y para el otro
pueblo por la unión de sus dos almas en
el send de un solo Estado, que bien pudiera
ser entonces, para evitar predominios dinásticos, una grande República, semejante á la
que hoy constituye la gloria y el po?er de
Francia. Pero, so pretexto de apreciar los
dobles trabajos científicos de Latino Coelho
y Oliveira Martins respecto á Portugal, me
había enfrascado en ciertas consideraciones,
á las cuales pongo aquí punto para convertir los ojos á otros hechos de no menos importancia, como las visitas de los marinos
franceses á las costas de Rusia y los proyectos del Arzobispo Lavigerie
respecto de Africa.

encargaron de bautizar al Asia. C~nfe~ad que nunca
como ahora pudo con tanta razón decirse: la Humanidad se mueve y Dios la guía.
LA AUTOPSIA
( Co11rlmiJ,i)

Y así fué la verdad, y eso suele suceder con las
ariscas, que cuando se rinden, se rinden de veras.
Pronto comprendió el señor Policarpo que los dos
jóvenes estaban atortolados, y una tarde, cerca ya del
anochecer, se llevó á Manuel de paseo hacia las Vistillas, y le dijo de esta manera:
- He notao, digo, lo ha notao todo el barrio, que

IV
Y puesto que hablamos de
mares, cosa maravillosísima oir
cómo la Marsellesa retumba
en los mares bálticos y en las
, orejas del czar. Hace más de
diez lustros que no había un
buque de guerra francés aparecido por las costas del imperio ruso. Imaginaos el efecto
causado en todos los ánimos
por el ondeo de la insignia tricolor y por los estruendos del
himno revolucionario, á cuyos
UN Cll.\t'UZÓN, bu;lo en barro Cocido de D. Eusebio Arnáu
matices y á cuyas cadencias
huyeron en tropel espantados
con la conquista del viejo mundo y á España con no hace un siglo todavía los viejos rela invención del nuevo: fué mártir de su grande- yes absolutos de nuestra entonces opriza desmedida y de su difusión humanitaria por lo mida y esclavizada Europa. Los que
infinitos del mar y del cielo en sus maravillosas na- niegan el progreso, desconociendo la
vegaciones. Tenían verdadero instinto de conserva- .transformación operada en el mundo
ción aquellos de sus monarcas y príncipes que pre- porque no surge circuída por las irratendían recluirlo dentro de su territorio y consagrarlo diaciones del relámpago revoluciona·
al cultivo de sus campos contra los que le dilataban rio, habrán de persuadirse á creer que
y extendían por el mar inmenso, rodeados de islas un autócrata, pontífice y monarca, sarecién surgidas en el espacio semejantes á las ninfas liendo del encierro donde lo recluye
y sirenas que acompañaban el carro de Neptuno, su un sitio en regla que le tiene puesto el
concha de nácares y madreperlas, por las etéreas nihilismo, para visitar una escuadra
aguas de la hermosa y luminosísima Grecia. Confe- puramente nacional, entre los colores
semos la superioridad indudable de Alfonso V, de y los himnos de la revolución, bajo una
Juan II, de D. Manuel, llamado por excelencia gran- tan clara y terminante advocación code sobre nuestros demócratas contemporáneos, cuan- mo el nombre de República, seméjase
do por los medios propios de la institución que re- mucho al romano emperador, vencido
presentaban, por los casamientos regios, de unos por la evidencia del Cristianismo, que
con la Beltraneja, de otros con infantas castellanas, gritaba con todas sus fuerzas: «¡Vencisdel heredero de nuestra tierra española son la here- te, Galileo!» Bien es verdad que otro día
el cardenal francés Lavigerie, una especie de
Papa in fieri, mandó,
con ocasión de sentar
á su mesa los marinos
franceses, á la orquesta
de los Padres Blancos
del desierto, especie
de templarios nuevos,
tocar la Marsellesa. Y
AVE MARIA, escultura de O. Eusebio Arnáu
con este motivo le asal(Premiada en la Exposición general de Bellas Arles de Barcelona)
taron tal número de
dardos piadosos, que
se halló á punto de morir, y segura- usted se inclina á mi hija Magdalena. ¿No es así?
- Señor Policarpo, ... contestó el joven bastante
mente muriera en el trance de no
haberle acorrido primeramente la emocionado.
- Lo digo al tanto de que usted es listo y com·
protección del Eterno y luego la
protección del Papa. Mas no ha- prenderá lo que le voy á decir.
- ¡Por Dios, señor Policarpol, interrumpió el jobiendo podido cortar el hilo de su
vida los implacables enemigos, han- ven con apresuramiento, que no sea lo que yo no me
le cortado la tierra bajo sus pies, ne- merezco. Hace dos meses que no vivo ni sosiego por
gándole aquellos cuantiosos recursos su hija de usted; no vaya usted á entristecerme ahodestinados por el receptor á la evan- ra que iba ya por el buen camino.
- Bueno, amiguito; pero por ese camino, que ha
gelización del Africa y por los donantes ofrecidos en realidad á la reac· de ser muy breve, no se entra sino para llegar al cación europea. Pocos ejemplares ofre- mino real.
- Comprendo lo que quiere usted darme á entence la historia contemporánea de un
prelado como el arzobispo de Carta- der, y no dude de que mis intenciones son rectas ...
- Ahí me duele y á eso vamos. Me he informao
go. Poseedor de la sede ilustrada por
el ardiente verbo de San Agustín, pa- de usted y he sabido que es usted un buen mucharece haber hallado en el campo de su cho, pero que tiene familia.
-Sf1 señor.
acción el furor africano que mostrara
- Y que esa familia, por mor de clase, y por ser
en el pensamiento y en la pluma el
primer padre de la Iglesia latina. Y usted el único hijo varón, tienen, ¿cómo diré?, in/u/as
así ha creído poder fundar unos tem- respective á usted, y como mi hija no es más que
plarios modernos, encargados de \)au- hija de un carpintero ...
- ¿Adónde va usted á parar?
tizar al Africa, de idéntico modo y
- Adonde me plante en firme, amiguito, y como
guisa que los templarios antiguos se
NIEVES, busto en barro cocido de D. Eusebio Arnáu

�LA

516
estoy chapao á la antigua y como tengo tanta honra
como su padre de usted, más que sea notario y rico,
y como para mí Magdalena vale tanto como la princesa de Asturias, y como ya toa la vecindá se ha fijao
en ella y usted, y como no me gustan amoríos de
puerta de calle, ni menos dentro de casa, donde yo
no puedo estar siempre pegao á mi hija, le pregunto
á usted formalmente si piensa casarse con ella.
-Siempre ha sido esa mi intención ...
- Norabuena. Pero es que yo también tengo mi
aquel á mi modo, y no quiero trapatiestas de familia .. .
- No comprendo ...
- Pues es bien claro. Tendré gusto en que usted
se case con Magdalena, porque me parece que usted
la quiere bien, y ella á usted, y ambos á dos le estamos agradecíos, pero esto ha de ser con consentimiento de su padre de usted. ¿Entiende usted?
- Sí, señor, y no dudo que me le otorgue.
- Según y conforme. Pue ser que ese buen señor
se fije en la diferiencia de clase y se olvide de que el
Señor fué hijo de carpintero.
- Espero que no, señor Policarpo.
- Pues bueno, amiguito, las cosas claras y á verlo
vamos. Inmediatamente se larga usted á su casa,
pide permiso para la boda, vuelve usted, y de lo demás yo me encargo, que aunque pobre, no estoy tao
desbalijado, y el que se case con mi hija no se llevará una zurrapastrosa. ¿Ha entendido usted?
- Sí, señor Policarpo.
- ¿De suerte que va usted á verá su familia?
- En cuanto termine el curso, que es á fin de mes.
-Pues hasta entonces mucho ojo, amiguito. No
ande usted rondando por el barrio, vaya á casa á la
hora en que yo esté en ella. Por lo demás, no pasará
de la tienda. ¿Entiende usted?
- Bien, señor Policarpo. Con tal de ver á Magdalena .. .
- Y demasiao que la verá usted. Ya saben las mujeres el modo de dejarse ver. ¿Estamos conformes?
- Lo dicho, dicho ...
- Y la boda á la puerta.

V
Al señor Policarpo le gustaba la línea recta, pero
los amantes suelen preferir las curvas. El bueno del
carpintero no tuvo queja de la conducta de los jóvenes, y algunos días les proporcionó un rato de expansión, acompañándoles al Retiro por la mañanita
temprano antes de abrir la tienda. Esto solía suceder en días de trabajo, pues todos los sábados por la
noche el honrado menestral iba al café de San Millán á ecaar una cana al aire hasta algo entrada la noche, y por consecuencia los domingos acostumbraba
á levantarse tarde. Y como los enamorados son tan
ingeniosos para buscar ocasiones, Magdalena aprovechaba esta pereza de su padre y el pretexto de ir
á la compra para .reunirse con Manuel y marcharse
con él, no á los cerros de Ubeda, porque están lejos
de Madrid, pero sí alguna vez á .los de San Isidro
del Campo ú á otros parajes solitarios. Entretanto
iba pasando el tiempo sin sentir y llegó el fin d~l
curso del joven estudiante, el cual algunos días después recibió carta de su padre, mandándole que pidiese licencia en el hospital y fuese á Burgos, pues
su madre, que se hallaba algo enferma, quería verle.
Hízolo así Manuel: se despidió de Magdalena no sé
cómo, del señor Policarpo con un expresivo apretón
de manos, y á las pocas horas hallóse en Burgos, en
su casa, al lado de la cama de su madre, á la que encontró postrada con una fiebre tifoidea. Con este
motivo no creyó oportuno hablar á su padre ni á sus
dos hermanas de Magdalena, como era su intención,
y dedicóse como toda la familia al cuidado de la enferma. Agravóse ésta, y todos alternaban en asistirla
día y noche, no sólo los de la casa, sino también
una vecinita hija de un hacendado, antiguo amigo
de la familia. La vecinita llamábase Carmen, tenía
diez y siete años, y era todo lo linda que son las rubias, cuando lo son. En los últimos tres años Manuel sólo había pasado una corta temporada al lado
de la familia, dando la casualidad de que por entonces Carmen se hallara en Alcalá de Henares en casa
de una tía suya, y con este motivo el joven estudiante no la había visto desde que tenía catorce años de
edad. Entonces era una chicuela flacucha y deformada, y por eso Manuel se sorprendió de verla hecha una jovencita fina y preciosamente desarrollada.
Hay amantes que son aficionados á las comparaciones: aquél era uno de ellos, y aunque preocupado
siempre con el recuerdo de Magdalena, como con
motivo de cuidar á la enferma pasábase largos ratos
vis a vis de Carmen, no podía menos de cotejarla
con la carpinterita de Madrid. Ambas eran tipo~ distintos, pero igualmente apetitosos: una por su more-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

na y arrogante hermosura, la otra por su delicada y
expresiva beldad.
En esto de mujeres, la mayor parte de los hombres son iguales: aunque tengan predilección por un
tipo especial, suelen gustarles todos.
Manuel recibió una larga carta de Magdalena á la
que contestó con una algo más breve, y espoleado
por la amorosa misiva de su amada, aprovechó un
intervalo de mejoría de su madre para hablar á su
padre de sus proyectos respecto á la carpinterita.
Don Diego Almazán, que as( se llamaba el padre de
Manuel, era un notario brusco, vivo de genio, breve
de palabras y conciso de razonamientos. Apenas inició su hijo su pensamiento, le atajó con el siguiente
contundente período:
- Mira, muchacho, tú puedes casarte con quien
quieras, pues eres ciudadano español y libre; pero con
mi consentimiento nunca lo harás con esa carpintera que será tan ruda como las tablas que sierra su
padre.
-Pero ...
- Nada, nada. Si ya te escarabajea el deseo de
casarte, busca por aquí cerca, si no eres topo, lo que
mejor te conviene.
Y dicho esto, se fué, dejando á su hijo con la palabra en la boca.
Manuel comprendió que su padre aludía á la rubia
Carmer.cita, y con este motivo se fijó más en ella
durante las veladas en que la caritativa joven le ayudaba á asistir á la enferma, descubriendo nuevos horizontes de encantos y de miradas intencionadas por
parte de aquélla.
Desde entonces me figuro que se libró un combate de incertidumbre en el ánimo del estudiante. Le
inquietaba el recuerdo de Magdalena, y además, como era bueno y honrado, otra causa que supo por
las últimas cartas que ésta le escribió. Andaba melancólico y preocupado como el que no está satisfecho de sí mismo, y sólo una pena más grande le distrajo durante unos días de sus cavilosidades. Fué esta
pena la de la muerte de su madre.
Pasó un par de meses verdaderamente afligido, si
bien es cierto que las atenciones y expresivas miradas de Carmeocita sirviéraole de algún lenitivo en
su dolor. Acabósele la licencia que le habían dado
en el hospital, y como además faltaba poco para abrirse el curso, regresó Manuel á Madrid, muy intranquilo porque hacía dos meses que no sabía de Mag•
dalena. Aunque llegó á la villa y corte bien de día y
aunque le espoleaba el deseo, ó mejor dicho, la conciencia, no se atrevió á pasar por la Cava Baja hasta
bien entrada la noche. No quería que le viesen los
vecinos que le conocían, y él sabía el porqué. Por
fin á las diez entró por Puerta Cerrada en la susodicha calle, inquieto y receloso.
La mayor parte de las tiendas y posadas estaban
ya cerradas. El joven estudiante se encaminó hacia
la carpintería por la acera de enfrente. Llegó, vió
que estaba cerrada, lo cual nada tenía de particular;
pero al fijarse en la muestra, en lu'gar del rótulo que
antes decía Carpinteria de Arenales, leyó la lacónica
palabra Frutería: Quedóse consternado, porque sabía
el apego que el señor Policarpo tenía á su tienda y
receló una desgracia. La puerta de la casa estaba
cerrada, pero enfrente había abierta una tienda de
comestibles. Estuvo á punto de entrar en ella á informarse; pero cuando atravesaba la calle para hacerlo, vió á la puerta de una barbería contigua á un joven condiscípulo suyo.
- ¡Hola, Berzosa! ¿Está usted ahora aquí?
- ¿Qué remedio? Es preciso buscarse la vida para
concluir la carrera. Hace dos meses que me dedico
al peliagudo oficio de rascar la cara del prójimo.
- ¿Ha conocido usted á un carpintero que vivía
ahí enfrente?
- ¿Al señor Policarpo? Sí.
- ¿Y á su hija?
- También, aunque poco tiempo.
- ¿Se han mudado?
- El, al otro barrio, quiero decir al cementerio de
la Patriarcal.
- ¡Ha muerto! ¿Y ella?
- ¿Quién, la hija? ...
En este momento una voz llamó al joven Berzosa
desde dentro y este dijo á Manuel:
- Dispense usted, me llaman, vamos á cerrar la
tienda.
- ¿TiEme usted algo que hacer?
-Nada.
- ¿Va usted á salir?
- Ahora mismo, en cuanto cierre aquí.
- ¿Me hace usted el favor de ir al café de Puerta
de Moros, donde le aguardaré?
- Con mucho gusto.
- ¡Pues hasta ahora!
- Hasta ahora.

NúMERO

503

VI
Instalad(i)s ya en una mesa del café de Puerta de
Moros tomando una grande de cerveza con limón,
Berzosa, el oficial de barbero, dijo á su condiscípulo
Manuel, que le acosaba á preguntas respecto á Magdalena y su padre:
- Si quiere usted que le diga Jo poco que sé y he
podido observar, óigame con paciencia y no me interrumpa, para que no sea el cuento de no acabar.
- Escucho á usted y callaré como un muerto.
- Pues bueno, sepa usted que cuando yo tomé
plaza en la barbería se hablaba mucho de Magdalena y de su padre el señor Policarpo entre todos los
vecinos del barrio.
- Ya lo creo...
- No me interrumpa usted... Se hablaba mucho
de Magdalena, pero con tales reticencia:s y comentarios, que picada mi curiosidad traté de ponerme al
tanto respecto á la familia del carpintero.
- Pero ¿qué decían?
- Decían que la carpintera tenía ó había tenido
un novio estudiante de medicina... Pero ¡calle! ¿qué
apostamos á que ese novio es usted?
- Pues bien: sí, amigo Berzosa, soy yo, y ahora
comprenderá usted mi interés y mi impaciencia.
Siga usted.
- Es que ya no sé cómo hacerlo, dijo el barbero
bebiendo un sorbo de cerveza, porque lo que se decía de Magdalena, y especialmente de usted, tiene
su intríngulis.
- Sea usted franco y no me oculte nada. ¿Qué decían de mi?
- Pues sencillamente que era usted un pillo, que
había engañado á la muchacha dándola palabra de
casamiento, y que cuando se salió con la suya hizo
la procesión del niño perdido.
-¡Ah!
- La tendera de comestibles de la esquina y Rosa, la hija del latonero de enfrente, estaban al pelo
de lo que pasaba en la carpintería, que según ellas
era una continua desazón entre padre é hija. Magdalena no se dejaba ver, pero las buenas vecinas ya
habían husmeado el motivo, pregonándolo por el
barrio... Pero ¿qué tiene usted, se pone usted malo?
- No, nada; siga usted.
- Ya poco me falta que decir. Los acontecimientos se sucedieron con rapidez, como dicen las novelas por entregas. El señor Policarpo, que antes sólo
iba al café los sábados, dió en ir todas las noches á
la taberna, cesó el trabajo en la carpintería, pocos
días después vimos un papel pegado á la pared, que
decía: Se traspasa esta tienda, y á las pocas noches
supimcs que el carpintero había muerto de un colapso cardíaco.
- Pero ¿y su hija Magdalena?
- Nadie del barrio ha vuelto á verla. Una mañana
apareció la carpintería transformada como por encanto en frutería, y ni la tendera ni Rosa, que todo lo
saben, ni el mismo alcalde de barrio hao podido
averiguar lo que ha sido desde entonces de la hija
del carpintero ...

VII
Este breve y destartalado relato del oficial de barbero bastó á Manuel para reconstruir por inducción
el drama íntimo de la carpintería del señor Policar·
po, las gradaciones psicológicas por las que el honrado y trabajador menestral había llegado á la pereza y embriaguez, la vergüenza de Magdalena viéndose deshonrada y desatendida, y la fiereza madrileña
que sólo permitió á ésta escribir tres cartas á su ingrato seductor. La rápida catástrofe de aquella fami•
lia había sido obra suya, y el joven estudiante, que
tenía conciencia y corazón, lo reconocía así.
Pero ¿qué había sido de Magdalena y de su hermano? Era preciso averiguarlo á toda costa. El la
amaba, no había amado más que á ella, á pesar del
pasajero devaneo por la rubia burgalesa. El buscaría
á la infeliz á quien había perdido, y la ofrecería, á
pesar de su padre y de todo el mundo, la única reparación posible de su falta.
Y con efecto, Manuel no omitió medio para con•
seguir su propósito.
Fué á ver al alcalde de barrio, dió aviso en el Gobierno civil, se informó por segunda mano de los
vecinos de la Cava Baja, incluso el frutero, que á la
sazón ocupaba el que fué obrador de carpintería,
puso anuncios en La Correspondencia y otros periódicos, se personó en el pueblo de Navalcarnero, de
donde fué natural el señor Policarpo... Nada, sus
gestiones fueron inútiles, nadie le proporcionó ni el
más leve indicio¡ parecía que la tierra se había ' tra•
gado á Magdalena,

~;·.
-:: =.1 · ~
'

.

.,,

MUSEO MUNICIPAL DE REPRODUCCIONES ARTISTICAS DE BARCELONA
l.

Mástil 6 portabandera de ¡San Marcos de Venecia. -2. Credencia gótica. - 3. Armario gótico con aguamanil. - 4· Cruz de término de San Martín de Provensals
5. Púlpito de Santa Croce, Florencia, obra de Maiano Benedetto. -6. Estatua en bronce, David, obra de Donatello
7

. Candelabro de la capilla de San Lorenzo, obra de Miguel Angel. - 8. Jarrón árabe, de la colección del Barón de Rothschild. -9. Mesa estilo regencia,
exornada con bronces cincelados, reproducción de la existente en el ministerio de Marina de Francia

�518

LA

¿Serla así? ¿Habría muerto? Manuel rechazaba con
horror esta idea, y acariciaba como más probable la
de que Magdalena se habría ausentado de Madrid.
Pero ¿dónde habría ido?
Si ciertas faltas pudiesen purgarse, Manuel purgaba bien la suya. Su conciencia le reprochaba cada
día más.
Después de pesquisas que duraron tres meses, llegó por fin á desanimarse y no insistir. Se resignó,
con esa resignación á que alude Espronceda al decir:
¿Quién no lleva ~scondido
un rayo de dolor dentro del pecho?...

U na mañana él y otros condiscípulos del último
año acompañaron á su catedrático á la sala de autopsias del colegio de San Carlos, en donde había tres
cadáveres, uno de mujer y dos de hombre.
El de ésta estaba tapado con un lienzo de harpillera.
- Demos la preferencia al bello sexo, dijo el profesor, que era algo bromista. A ver, Almazán, reconozca usted á esa individua, y díganos, si puede, de
qué mal ha muerto.
Adelantóse Manuel, tiró de una de las puntas del
lienzo que cubría el cadáver, miró, y cayó al suelo retorciéndose con las convulsiones de un síncope nervioso.
Acudieron en su auxilio, pero viendo que tardaba
en volver en sí, el catedrático dijo con la mayor indiferencia:
- Que le lleven á la enfermería. Usted, Rodríguez,
que está el segundo en lista, extirpe el tumor en el
corazón de que probablemente ha muerto esa mujer.
Y mientras acudían los mozos y se llevaban á Manuel vió éste, por extraña lucidez de su delirio, el
bisturí rasgando el pecho de la infeliz Magdalena.

.... ..

Si en Burgos se toman informes respecto al doctor
Almazán, todos contestan con estas ó parecidas palabras:
- «¡Oh! D. Manuel Almazán es uno de los mejores médicos y el primer cirujano de España; pero al
mismo tiempo es el hombre más raro que existe bajo
la capa del cielo. Nunca ha querido casarse. Fuera
de sus deberes profesionales, no se trata con nadie,
ni casi con su padre y hermanas. Vive solo como un
buho en su agujero, Apenas se le oye el metal de la
voz. Su porvenir está en la Cartuja.»
F.

MORENO G ODINO

SECCIÓN A~IERICANA
EL VALLE DE LAS TRES COLINAS
POR N . IJAWTIIORNE

Entonces, cuando los sucesos más naturales y corrientes de la vida se confundían por modo singularísimo con lo extraordinario y fantástico, encontráronse al obscurecer de cierto día dos mujeres en el
Valle de las Tres Colinas, sitio convenido por ellas
de antemano. Era una de las epcontradizas joven y
hermosa en extremo; pero en su rostro, aunque agraciado y seductor, luego se advertía cierto malestar
indefinible, producido acaso de secreto remordimiento y acaso también de cruei é irremediable dolencia.
Era vieja la otra y estaba vestida de harapos, y tan
enjuta, rugosa y consumida, que más parecía imagen
de la muerte ó insepulto cadáver de la decrepitud,
rebujado en jirones de mortaja.
Y tal y tan recóndito era el lugar donde se hallaron las dos mujeres, que nadie habría podido sorprenderlas e_n él. Tres colinas, no muy empinadas,
formando triángulo, cerraban casi geométricamente
un espacio de hasta dos ó trescientos pies de diámetro, desde donde apenas podía divisarse la copa de
un empinado cedro que se alzaba gallardo en la
cumbre de una de ellas: estaban las tres pobladas de
pinos bajos y desmedrados por la vertiente interior
del valle, cuyo fondo cubría una mullida alfombra
de larga y espesa hierba seca y amarillenta del sol:
troncos de árboles yacían en el suelo casi envueltos
en musgo, y uno, en otro tiempo robusta encina y á
la sazón despojo carcomido del tiempo, extendía su
cuerpo gigantesco cerca de un charco de agua llovediza y estancada. Así era el teatro donde se representó el drama que voy á referir en pocas palabras.
Si he de dar crédito á la tradición, este lugar tan
lúgubre y medroso lo frecuentaban otro tiempo malos espíritus, los cuales, al mediar la noche y á las
veces á la hora del crepúsculo, acudían á él para celebrar sus tenebrosas reuniones alrededor de la charca, enturbiando sus aguas, nada cristalinas, con
las inmundas ceremonias que hacían.
Allí, pues, y á la puesta del sol de una tarde no

lLUSTRAClON ARTÍSTICA

muy apacible del otoño, y cuando los últimos rayos
del luminar del día esparcían sus reflejos por las
crestas de los cerros vecinos, mientras que por los
flancos iba descendiendo al valle densa obscuridad,
dijo la vieja con voz cascada y balbuciente: «Heme
aquí, exacta y fiel á la cita que me diste. Ahora di
presto y sin empacho qué me quieres, porque sólo
tenemos una hora de tiempo.»
Al oir hablar á la vieja, que por cierto era horrible, se dibujó en los labios de la joven una sonrisa
vaga y triste, como la luz vacilante de una lámpara
sepulcral; y temblando y con los ojos fijos en la orilla de la charca, dudó de poner en ejecución el designio proyectado; pero la fatalidad lo dispuso de
otra suerte.
- Soy extranjera, prorrumpió, haciendo un esfuerzo para hablar; poco importa que diga de dónde vengo; pero como he dejado lejos de aquí aquellos á
quienes se halla ligado mi destino y de quienes me
veo separada para siempre, siento el corazón oprimido de un peso insoportable y quiero saber de todos
ellos.
- ¿Quién puede, hija mía, en este lugar desierto
darte nuevas de lo que sucede al otro extremo de la
tierra?, exclamó la vieja considerándola fijamente. No
serán por cierto labios humanos los que satisfagan
tu deseo; mas si tienes corazón, antes que la luz haya
desaparecido de la cresta de esas colinas, lo habrás
logrado.
- Aunque muera por ello, quiero saber de los
míos, dijo la extranjera con desesperación.
La vieja entonces tomó asiento en el tronco carcomido de la encina, y echando hacia atrás la capucha, dejó al descubierto y flotar libres á merced del
viento los mechones grises de su despoblada cabellera. Después hizo seña á la joven para que se acercase.
- Ponte de rodillas, la dijo, y descansa en mi falda la frente.
Vaciló un momento la interpelada; pero cediendo
al fin á la curiosidad, obedeció á la bruja con un
movimiento tan rápido, que la orilla de su vestido
quedó dentro de la charca. Hecho esto, la vieja cubrió con su capa la cabeza de la joven, y comenzó á
murmurar las palabras de la invocación, al oir las
cuales, quiso levantarse llena de terror aquella por
quien se decían, y exclamó:
- Deja que huya y que me oculte á sus ojos y
vaya donde nadie me vea.
Mas luego cedió de nuevo á su invencible afán, y
pálida como una muerta calló y quedó inmóvil escuchando.
Y en efecto, le pareció entonces que percibía de
una manera confusa y vaga primero, y clara y distinta después, aunque mezcladas con la de la bruja, voces que conocía desde la infancia, y cuyo acento no
se había borrado nunca de su memoria en medio de
los azares de su vida errante y aventurera y de todas las vicisitudes prósperas y adversas de su corazón y de su fortuna. Y cuando las voces se hicieron
más perceptibles, no fué porqué se acercaran, sino
porque su atención subía de punto y se abstraía por
completo, queriendo entendt!r lo que decían, como
quien se afana por leer los renglones confusos de un
libro á la postrera y velada luz del crepúsculo de la
tarde.
Cesó la invocación, y la extranjera, que continuaba en la misma postura, oyó hablar á dos personas
ancianas, hombre y mujer, y sus voces parecían elevarse, no á su lado, en aquella soledad, sino en una
vivienda cuyos muros enviaran el eco de las palabras,
y percibía el mugido del viento que azotaba los cristales, la oscilación de la péndola del reloj, el ruido
que hacían los pedazos de cok ardiendo al caer de
su peso en el cenicero del hogar y cuanto podía ser
parte á dar apariencia de realidad á la escena cuyo
cuadro se desarrollaba en su imaginación con el auxilio del oído.
Los dos ancianos se habían sentado delante de la
chimenea: el hombre, poseído de muda desesperación; la mujer, sollozando y con el rostro inundado
de lágrimas. ¡Qué palabras tan tristes se decían! Hablaban de una hija errante no sabían dónde, abrumada bajo el peso de la deshonra, y que había fiado
al dolor y á la vergüeza la obligación de llevar á sus
padres al sepulcro. Hablaban también de otra desgracia más reciente; pero su plática se confundió con
un rumor de hojas secas barridas del viento, y cuando la extranjera levantó la cabeza y miró á la bruja,
le dijo ésta:
- Los pobres viejos pasan muy tristes los últimos
días de su vida, ¿no es verdad?
- ¿Los oíste?, preguntó la joven llena de temor.
- Sí, por cierto; mas aún nos quedan otras cosas
que oir, replicó la vieja; deja que te cubra la cabeza.
De nuevo se alzó la monótona voz de la hechicera, que pronunciaba palabras dirigidas al espíritu del

NúME~O

503

mal, y apenas comenzada, fué acepta esta vez la misteriosa invocación, pues muy luego, en medio de una
pausa, se hizo perceptible un ruido extraño que, subiendo rápidamente, acabó por dominar los cascados acentos de la temerosa plegaria. Eran gritos desgarradores los que se oían, y como si brotaran de las
entrañas de la tierra; después una salmodia lenta,
suave y acompasada que cantaba un coro de mujeres; después carcajadas, á seguida gemidos y sollozos,
mezcla todo ello incoherente y confusa de terror, de
afl_icción y de alegría; más luego, ruido de cadenas,
palabras injuriosas, invectivas; amenazas, crujir de
látigos, alaridos de dolor, maldiciones, rumor de gentes fugitivas que huían en tropel, y á poco de quedar
todo en silencio, los acordes de un laúd y una canción amorosa, interrumpida, no bien comenzada, con
los fúnebres tañidos de una campana.
Convulsa y casi desfallecida de miedo, con el espectáculo que ofrecía el torbellino espantable de
aquella muchedumbre de pasiones desenfrenadas,
estaba la joven, cuando de nuevo se hizo un silencio
sepulcral y pudo percibir clara y distinta la voz de
un hombre, sonora y grave, y acaso en otro tiempo
melodiosa y potente, que después de pronunciar algunas pocas palabras se alejó. La madera del pavimento crujía oprimida bajo los pies del aparecido,
que andaba sin dirección fija de una manera febril y
descompuesta. En medio de una orgía iba buscando
á quien confiar sus dolores; y cuando hallaba oyente,
le refería la historia de una perfidia de mujer, pero
de la mujer propia que faltó á todos sus deberes y
rompió cuantos juramentos hizo, de un corazón herido y quebrantado, de un hogar desierto y de una
familia desolada; mas sus quejas se perdían entre
gritos, carcajadas y sollozos que resonaban alrededor
suyo é iban subiendo en infernal crescendo, para bajar insensiblemente hasta el punto de confundirse y
hacer una cosa misma con el rumor del viento que
gemía entre los pinos de las tres colinas,
Al levantar los ojos vió la extranjera fijos en ella
los de la vieja.
- ¡Cuán cierto es, dijo la joven para sí, que la risa
vence al llanto!
- ¿Quieres saber algo más?, le preguntó la bruja.
- Quisiera oir una voz que me importa mucho.
- Sea presto; que se hace tarde.
La luz del crepúsculo bañaba todavía las cumbres;
pero el fondo del valle parecía envuelto en densa veladura de sombras, que iban elevándose lentamente
por las laderas como un vapor y cual si aquel fuera
el lugar de donde salieran las tinie~las para extenderse por el mundo.
La repugnante vieja comenzó por tercera vez la
invocación; y al cabo de un espacio de silencio, rasgó el aire el son de una campana que parecía salir de
alguna torre añosa y cubierta de hiedra para dar noticia de la muerte á los ecos vecinos, y avisar á la
cabaña y al castillo, al pastor solitario y al magnate
que vive rodeado de servidores, que todos deben
preocuparse del fin que les aguarda. Luego se oyeron los pasos uniformes de cuatro niños, y á juzgar
de la mesura con que caminaban, sin verlos se comprendía que traían un ataúd. Delante iba un sacerdote, recitando algunas oraciones,'mientras el viento
agitaba las hojas de su libro de rezo. Después muchos hombres y mujeres, y al pasar oyó la extranjera
que proferían maldiciones y anatemas contra la hija
que afrentó las canas de sus padres; contra la esposa
que hizo traición á la confianza y al amor del esposo,
y contra la madre desnaturalizada que dejó morir olvidado á su hijo.
El fúnebre cortejo se desvaneció en lontananza
como tenue vapor, y el aire que acababa de acariciar el blanco lienzo en que reposaba el cadáver del
niño pareció suspirar por allí cerca entre los pinos
de las tres colinas.
La vieja empujó entonces suavemente á la joven;
pero la infeliz no se movió.
¡Estaba muerta!

NúMERO

LA

503

avance un intento noble del hombre para
perfec~ionar su primera obra; empeño qu;
persigue durante el transcurso de los s1·
glos cual si este deseo se acrecentara á la
vez que se desenvuelve su inteligenc~a y
se desarrollan los medios de su acción.
Por eso sus manifestaciones continuadas
representan, en su no interrumpida reproducción al través de las edades, las costumbres', las tendencias y la historia de las
sociedades y de los pueblos.
A estas consideraciones obedece la
creación de los Museos. Su formación representa siempre prolijas investi&amp;acio?es,
y exige una inteligente y ~x~~rta dirección,
ya que sin poseer espec1ahs1mos y va~tos
conocimientos como reclama el complicado estudio de 'la íntima existencia de lo_s
pueblos, no es posible su ordenada clasificación. Las dificultades crecen cuando
se trata de complexas manifestaciones, en
las que han debido intervenir diver~os artistas y artífices, pues entonces prec~sa conocer el proceso que informa la. unión de
cada rama. Tal sucede con las derivaciones arqueológicas, que representan en
cada época el producto del ingenio del
hombre y el progreso realizado en las artes y las ciencias.
Cierto es que la natural;za es ~oy la
misma que ayer, que el artifice vacia sus
modelos en semejantes moldes, y que el
artista persigue idénticos ideales, buscando antaño como hogaño la forma de la belleza; pero no es menos indudable que han
variado los medios de obtenerla y repr~sentarla. No en todas las épocas han teni:
do los hombres la misma inspiración, m
han apreciado el arte d_e igual m~nera; ~erivándose, por ende, cte tales . diferencias
la diversidad de escuelas, motivos y asuntos sin que por ello hayan dejado unos
y ~tros de perseguir siempre la belleza.
España, que conserva tantos recuerdos de su cultura y grandeza, no cuenta, por más que sea dolo~oso confesarlo, con el número de Museos y colecciones que poseen otros países más afortu~ados, ~n
donde el hombre de ciencia, el artista y el mdu_stnal
puedan comparar, aprender y _estudiar los antiguos
moldes y analizar las producci~nes de los pasados
tiempos. Empeñada España pnm_ero ~n las luchas
que habían de determinar su nacionalidad, entreg~da después á sus atrevidas empresas de engrandecimiento y poderío, y por último, quebrantada por las

lLUSTRACIÓN ARTISTICA

MEDITACIÓN,

cuadro de D. Emilio Sala

guerras y contiendas civiles, no pudo distrutar ~urante un largo período de tiempo d~ los beneficios
de la paz y obtener de ella las venta1as que p~oporciona. Las iglesias, los conventos y los palacws de
los magnates guardaban la~ obras más not~bles de
los artistas y artífices, los libros de los sa~10s Y escritores; viniendo á ser, por lo tanto, los únicos. Museos y bibliotecas que existían en nuestra patria. A
)a ilustrada iniciativa de algunos m~narcas,. entre
ellos Carlos III, de gloriosa memona, d_eb1ós~ la
fundación de los primeros Museos, ennquec1dos

después por el interés y desvelo de sus
sucesores. Pero aun así, sólo e~ la. corte_ y
en Jas capitales de algunas provincias existen colecciones especia)e~, con . carácter
oficial, que pueden ser v1s1~ad~s hbre1;11ente por el público, ya que s1 bien e_s cierto
que existen muchos Museos particulares
que abrazan una sola rama de la arqueología ó de las Bellas Artes y que p_ueden
ser visitados con fruto por las ense~anzas
que de ellos se derivan, no ha temdo_ todavía imitadores la costumbre gener~hzada en otros países de que tales prec,1~sos
depósitos de objetos, que_ ~on grand1~ima
dificultad se logra adqumr y orgamzar,
formando un selecto conjun~o, se po~gan
á disposición de Ja gen~r~lidad, mv1tándola á su estudio con el am,~o de q~~ de
él ha de reportarse grand1S11?ª ut1l_1dad
para el mejor~miento_ de las mdustnas y
de la pública ilustración.
. .
Barcelona iniciadora del renac1m1ento
artístico é in'dustrial de España, con sobrados títulos, con medios y elementos
para poseer quizás los. mejores Museos peninsulares, no ha podido envanecers; hasta hace poco con esta clase de manifestaciones de cultura con que c~entan otr_as
ciudades españolas de men?s impor~nc1a.
Cierto es que las colecciones particulares son numerosas y de inestimable valor,
pero éstas no ba_sta~ ni respon?e~ á las
necesidades y aspiraciones que distmguen
á la segunda capital de España. Las varias secciones y grupos que figuraron en
la Exposición Universal demuestran el
grado de adelanto y la vital~d~d de las
provincias cata~a?as. El m?v1m1:nto evo' lutivo que se imc1ó hace vemte anos, mostróse entonces en brillantes formas, potente y vigoroso, dando muestras de ~sa
virilidad iniciadora de las grandes creaciones. Gracias á la iniciativa particular! se
ha constituído un centro productor, que nos e_x1me
del vasallaje que durante largo periodo de triunfo
hemos rendido á otros países más afortunados. Comenzóse por reemplazar la Glásica _simetría por la
ponderación: la aplicación de la vanedad en ve~ de
la uniformidad, estudiándose _los tonos y los matices
para producir de sus gradaciones los cuadros _cor·
póreos las creaciones industriales que determinan
la apli~ación del sello artístico á todo, des?e lo más
nimio á lo más importante. De ahí que exista .plat~ría y mueblaje artístico en todas sus formas Y apli.

TRADUCIDO POR M. J UDERIAS TI ÉNDER

MUSEO MUNICIPAL
DE REPRODUCCIONES ARTISTICAS DE BARCELONA

Intima es la conexión que existe entre todas las
reproducciones, lo mismo las que responden á elevados fines, en armonía con su destino, como las que
utiliza el hombre para destruir lo que con él fué crea•
do. La sola agrupación de una rama, la reunión de
objetos similares, destinados á iguales usos y semejantes aplicaciones, desde los primeros siglos á la
época presente, basta para estudiar los progr€sos Y
evoluciones de la humanidad. Cada ejemplar com·
parado con el que le antecede acusa desde luego un

HÉROES ANÓNIMOS,

cuadro de D. ruan Luna. (Salón del Campo de Marte, París, 1891.)

•

��522

ciones, vidriería de color á la usanza de los tiempos
medios, tapicería, bronces de arte, fundición artística, cincelado, batido y repujado en varias clases de
metales, y por último, la pintura y la escultura. Parece como que Barcelona haya tratado de asumir la
representación artística de España.
Atento el Municipio á cuanto tienda á mejorar y
desarrollar las fuerzas activas que se hallan reunidas
en nuestra ciudad, que determinan como inmediata
consecuencia la cultura y la ilustración, cundió la
celebración periódica de Exposiciones, para que los
artistas y artífices pudieran contender en noble pa•
lenque, dando muestras de su habilidad y adelanto,
y con mejor acuerdo, la creación de Museos, para
que con ellos pudieran recoger provechosas enseñanzas. En 4 de septiembre del año último acordóse la del Museo municipal de 'reproducciones artísticas, de indiscutible utilidad, cuando se trata de un
pueblo que como el de Barcelona figura en primera
línea por sus manifestaciones artistir.as é industriales.
Confióse á una comisión compuesta de arquitectos,
críticos y artistas el estudio y plan de la _formación
del Museo, y preciso es hacer constar que el informe emitido responde desde luego á las aspiraciones
y necesidades de nuestra ciudad. Difícil era la empresa, pero en el plan cuidadosamente estudiado
tuviéronse en cuenta todas las ramas, todos los factores que pueden servir de utilidad para las creaciones de esta privilegiada región. Escogióse al efecto,
la gran nave que cobijó en su recinto la sección oficial de la primera Exposición Universal Española,
en cuyo vastísimo salón de 100 metros de longitud
por 25 de anchura podían emplazarse cómodamente
las múltiples secciones que habían de constituir el
Museo. En él tienen ya representación bellísimas
obras de arquitectura, escultura, talla ó escultura decorativa, cerámica, vidriería, mosaicos, esmaltes, joyería, cerrajería, mobiliario, tejidos, bordados, encajes, indumentaria, bronces, gálvanos, etc., etc. Pueden ya admirarse las reproducciones de las obras
más notables de la antigüedad, de los tiempos medios ó modernos, ya en forma de vaciados ó ejecutadas en la misma materia que los originales. La base
constitúyenla las manifestaciones artísticas principales de todas las épocas y todos los pueblos, proponiéndose la comisión completar la ya rica colección
con las valiosas producciones peninsulares, con las
obras maestras que poseemos, dando preferente lugar á las de esta región, ó sea aquellas que por fortuna se conservan en Aragón, Valencia, Cataluña,
las Baleares, el Rosellón y Provenza. Y entiéndase
que esta prioridad no puede significar exclusivismo,
ya que responde, á nuestro modo de ver, al propósito de ofrecer á nuestros artistas y artífices modelos
y ejemplos determinados de nuestras tradiciones,
propios de nuestra naturaleza y adoptados á las condiciones de nuestra raza.
En 29 de junio último inauguróse solemnemente
por el entonces Alcalde Excmo. Sr. D. Juan Coll y
Pujol la que pudiéramos llamar primera sección, la
base del Museo, y á pesar del breve período de tiempo transcurrido nos es grato consignar que se ha ampliado notablemente, gracias al interés que merece
al actual Alcalde Excmo. Sr. D. Manuel Porcar y
Tió y á la ilustrada comisión que preside, á quienes
cabe sin duda la gloria de haber desarrollado y completado la obra iniciada por sus antecesores de manera
que responda cumplidamente al objeto y fin de la
fundación del Museo.
Y tal es así, que aparte de las importantes obras
con que se ha enriquecido, hállase casi terminada la
reproducción, dirigida por el Director del Museo el
distinguido artista D. José Luis Pellicer, de un ala
del claustro del célebre cenobio del San Cugat del
Vallés, á la que seguirán, según acuerdos· adoptados.
por la comisión, la de otras no menos importantes,
como son los panteones reales de Santas Creus,
conjuntos de la catedral de Tarragona, detalles de
Poblet, etc., etc.
La decoración interior del Museo la constituirán
las obras reproducidas, aprovechándose las condiciones del edificio para la colocación de arcos formeros,
aleros, pretiles, pináculos, gárgolas, cornisamentos,
artesonados, etc.
Hacer patente la importancia de esta institución,
á cuyo establecimiento tan poderosamente contribuye nuestro Municipio, creemos inútil hacerlo constar, puesto que está en el ánimo de todos. Las primeras naciones deben el lisonjero estado de sus artes é industrias á la posesión de sus grandes Museos,
y no dudamos que Barcelona, que ya figura por sus
poderosas iniciativas á la cabeza del movimiento peninsular, podrá alcanzar la meta que desean todos
los amantes de la grandeza de nuestra patria.
Barcelona, los artistas, los industriales, los obreros
y cuantos dedican al trabajo la suma de sus activi-

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO

503

infeliz mártir del trabajo! ¡Qué tesoros de sentimiento encierra
esta página, indudablemente una de las más hermosas que el
pincel del famoso pintor español ha producido! Ese fímebre
cortejo que en desordenada fila se dirige al campo santo; esas
figuras cuya expresión tan perfectamente traduce el dolor ele
la esposa, del hijo, del amigo; ese pobre ataúd sobre el cual el
cariño 6 la amistad han depositado humildes flores; ese cielo
A. GARCJA LLANSÓ
plomizo que parece asociarse á la luctuosa escena, esos árboles
que el cierzo otoñal ha despojado de su verde follaje, forman
un conjunto que llega al alma, invadiéndola de dolorosa melancolía.
NUESTROS GRABADOS
Luna, que hasta ahora había demostrado ser un gran pintor,
se nos revela en Héroes anónimos como gran poeta. Felices los
como él, después de resucitar con su genio las grandezas
En la playa, cuadro de D. F. Miralles.-Lo que que,
pasadas, saben con su corazón hacer sentir las miserias pretantas veces hemos dicho de nuestro distinguido compatriota,
fuerza es repetirlo á propósito del cuadro suyo que hoy publi- sentes.
camos. Ora reproduzca en sus lienzos el campo con los dulces
•
atractivos que los poéticos alrededores de París ofrecen ora
••
pinte las hermosas playas tan frecuentadas durante el v:rano
Cicerón contra Catilina, fresco de César Mapor sociedad escogidísima; ya busque asuntos para sus composiciones en las costumbres parisienes, ya llene sus cuadros con oari (existente en el salón del Senado de Roma). - Elevado
alg_ún retrato, la car_acterfstica de Miralles es la elegancia, el Cicerón por aclamación popular al más alto cargo de la repúchic,. que como nadie saben expresar los que en Paris viven y blica romana, Catilina, que había sido su contrincante en aquerespiran entre las altas clases sociales de aquella ciudad, esa lla elección y, que aspiraba á triunfar en la del año siguiente,
atmósfera de buen tono que en medio de sus i;xcesos ha con• urdió una conspiración que debla asegurarle esta esperada vicservado siempre la capital de Francia. Saturado de ella, el toria. Levantaban los conjurados tropas en las provincias, y en
autor de En la playa no pierde ocasión para demostrar cuán Roma no ocultaban sus proyectos, haciendo públicamente los
refinado es su gusto y cuán bien ha sabido identificarse con el preparativos para realizarlos, po.r lo que el nuevo cónsul, in·
medio en que trabaja; no haya miedo que se deje seducir por vestido por el Senado de un poder dictatorial, puso á la ciudad
los balagcs del naturalismo crudo que junto á él crece y se des- en estado de defensa é hizo excluir á Catilina de aquel alto
arrolla, mas tampoco se crea que llevado de sus aficiones se cuerpo. Exasperados los conspiradores, organizaron una revolanza á espacios imaginarios en busca de trasnochados idea· lución sangrienta; pero advertido Cicerón por Fulvia, amante
lismos. Miralles no quiere más modelos que aquellos con que de uno de los conjurados, del plan meditado, de los medios
la naturaleza ó la realidad de la vida le brindan; pero su deli- excogitados y del momento elegido, reunió al Senado en el
cado sentimiento artístico, sus tendencias ari,tocráticas, por templo de Júpiter Stator. Refiriendo estaba cuanto á su noticia
decirlo así, dentro del arte le impulsan á no fijar su atención acababa de llegar, cuando Catilina, ignorante de la traición de
más que en las notas de graciosa belleza que, sin entrar en el que él y los suyos habían sirio victimas, se presentó en la
campo de lo convencional, acusan un trabajo de selección de Asamblea de senadores; y en vista de tanta audacia, el cónsul,
los mil motivos, no todos bellos, aunque todos igualmente ver- interrumpiendo su relato, encaróse con el jefe de la conjuradaderos, que el pintor sin salirse de lo real encuentra á cada ción y lanzóle al rostro aquella hermosa improvisación, aquel
paso. Miralles sabe escoger, y en bellas artes el q11e bien esco- tremendo apóstrofe que constituye sin duda una de sus más
ge tiene andado buen trecho del camino para llegar á una bue- brillantes oraciones y que empieza con las conocidas palabras:
¿Q1umsque ta11de111, Catalina, abuten patientia 11ostra? ¿Hasta
na ejecución del asunto elegido.
cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?
Este es el momento escogido por César Macari para uno de
•
••
sus bellísimos frescos, el mejor acaso, que adornan el salón del
Un chapuzón, busto de D. Eusebio Arnáu. Senado en Roma. El ilustre pintor ilaliano ha sabido dará sus
-Nieves, busto de D. Eusebio Arnáu -Ave-Ma- figuras su verdadero carácter, lo cual revela profundo estudio
ría, escultura de D. Eusebio Arnáu (premiada i:n de los personajes y de los sucesos origen ele la escena, y exla Exposición general ele Bellas Artes de Barcelona). -Tan presar con maravilloso acierto la situación de la asamblea rointeligente como modesto, tan sencillo como discreto, es Eu- mana en aquel instante de prueba para la vida de la república:
sebio Arnáu uno de los desheredados de la suerte, que sin otros hay en cada una de aquéllas el fuego de la pasión que en aquel
elementos que su aplicación y sus propios méritos ha debido riifícil trance debió animarlas, y respirase en ésta el ambiente
luchar con obstáculos y contrariedades para poderse dedicar al saturado de electricidad propio de las sesiones ~xcepcionalmenestudio del arte, por el que desde temprana edad sentía irresis- te solemnes de una asamblea como el Senado romano.
Al contemplar la composición de Macari, se exclama invotible inclinación. Su perseverancia y laboriosidad hanleconducido por fin á la suerte que con tanto afán perseguía, y sus mé- luntariamente: Catilina está perdido. Y este es el mejor elogio
ritos é inteligencia han tenido á la postre la recompensa que que de la obra puede hacerse.
tenía derecho á esperar. La Exposición general de Bellas Artes de Barcelona significa para Arnáu su primero y señalado
*••
triunfo, ya que en ella, por medio de su admirable grupo AveMarla, ha podido dar gallarda muestra de sus aptitudes y de su
i!IY sin embargo se mueve!,&gt; cuadro del provaler. Su obra, perfectamente sentida, ha sido unánimemente fesor
Barabino (existente en el palacio Orsini de Génova).
admirada, y el Jurado calificador concedióle el premio mereci- - Pocas frases han hecho la fortuna que la pronunciada por el
do, consistente en su adquisición para figurar en el Museo mu- ilu~tre profesor de la universidad de Pisa y que sirve de título
nicipa 1de Bellas Artes. Artista de temperamento, ba logrado al interesante cuadro del afamado pintor italiano Nicolás Badará las figuras de los dos monaguillos, de los dos infantiles
rabino; pocas como ella encierran más profunda enseñanza en
cantores, esa expresión singularísima que constituye el encan- menos y más sencillas palabras. Cuando en el número 387 de
to de la obra. No menos recomendables son los dos estudio¡ LA !LUSTRACIÓN ARTfSTICA nos ocupamos de otro cuadro del
que también reproducimos.
mismo autor, titulado La muerte de Galileo, expusimos á granReciba Arnáu nuestros sinceros plácemes por su reciente des rasgos algo sobre la vida de este sabio, y algo dijimos acertriunfo y nuestros votos para que su nombre llegue á figurar ca del episodio que ha servido de tema á Barabino para el que
entre los de los escultores que honran á nuestra patria. ,
hoy publicamos; con este lienzo ha creado el notable pintor
italiano una composición de excepcional belleza, en la que la
atención del espectador se siente atraída con igual fuerza por
•*•
la figura del anciano, en cuyo rostro se leen los estragos del
Meditación, cuadro de D. Emilio Sala. - En la estudio y de los padecimientos físicos y morales, que por el
silueta que de Sala tiene trazada el distinguido critico y queri- grupo de religiosos, en cuyos semblantes se revelan el despredo colaborador nuestro Sr. Balsa de la Vega, leemos entre cio y el odio hacia aquél, que aun después de hecha formal ab·
otras cosas las siguientes: &lt;Pocos, tan pocos que estoy por de- juración, no pudo menos de exclamar con acento convencir que no hay dos, son los pintores españoles que estudien cida~ ¡E pur si muove!
con el pincel y en el libro tanto como Sala..• No satisfecho
nunca de lo que hace, lleva sus estudios plásticos hasta el análisis, y colorista, hoy el primero de los españoles, estudia la luz
y el color de tantas cuantas maneras es dable estudiarlo, busLa muerte de Medea, estatua de D. Rafael
cando siempre aquellos problemas de más intrincada resolu- Atobé (Exposición general de Bellas Artes de Barcelonal . ción ... La originalidad es en Sala una obsesión, no una obse- Rafael Atché es uno de los artistas que descuellan entre la ya
sión adquirida por el empeño de distinguirse, si porque le se- numerosa pléyade de escultores catalanes. Joven y en un breduce el contraste de los colores y los efectos de la luz... &gt;
ve período de tiempo ha logrado tan señalados triunfos y dado
¿A qué seguir? Con lo dicho creemos que bastará para con· tan gallardas m_uestras de sus apti_tudes y genialidad, que su
vencerá nuestros lectores de cuánto vale el insigne maestro nombre figura dignamente confundido con el de los artistas
español, y contemplando el cuadro suyo que hoy reproducimos que honran á España y á Cataluña. De hermosa fantasla, sorse verá que tantos elogios son, tratándose de D. Emilio Sala, prenden sus obras por el sello especial que en ellas imprime,
justicia estricta.
por. un a_lgo ~e bello y grande que acusa su alma de artista y
su 1ma~mac1ón ~e p~eta. Cultiva el arte con entusiasmo, y
•
como siente y se 1denhfica con sus creaciones, modela con soltura, con valentia, con la grandiosidad del verdadero arte del
Héroes anónimos, cuadro de D. Juan Luna que
lo es por excelencia y á todos supera, produciendo dbras
(Salón del Campo de Marte, París, 1891). - El autor del Spoliarium, que con tan buen acierto adquirió nuestra Diputación tan geniales como La muerte de Medea, en la que Atché con
Provincial; de la Batalla de L epanto, que adorna uno de los su poderosa 6 inagotable fantasía ha representado el dolor físisalones del palacio del Senado en Madrid del lienzo decora- co y moral de aquella desnaturalizada madre, las torturas de
tivo que fué premiado con medalla de plata en nuestra Expo- la materia y de la ira.
H~y que ~dv~rtir. que la _obra de Atché es el producto de
sición Universal ele 1888 y de muchísimas otras composiciones
no menos celebradas que éstas, ha abandonado en el cuadro S? pnmera rnsp1rac1ón, es simplemente un boceto ampliado,
que hoy reproducimos los asuntos grandiosos, que para aque- sm que por la premura del tiempo le baya sido posible madullas obras le sirvieron de tema, y ha dedicado sus excepciona- rar la concepción y por lo tanto mejorarla; pero aun así sorles aptitudes artísticas á un motivo de menos alto vuelo, en apa- prende por la grandiosidad de la cjecuci6n. La violenta actiriencia, pero en el fondo más interesante, porque es más hu- tud de la figura, la angustiosa expresión de su semblante los
bien estudiados pliegues, los pormenores todos contribuy~n á
mano, más sentido y más de nuestros tiempos.
¡Pobres héroes anónimos! Tras una vida de trabajos, de pe- dar á la obra el carácter especial que debe descollar en esta
nalidadades, de sacrificios, una muerte, trágica quizás, aunque clase de producciones.
sin gloria, si la gloria consiste en ese aparato externo en que
aparece envuelto el recuerdo de ciertas existencias; como re·
compensa de una historia conmovedora, rica en deberes cumJABON REAL
JABON
plidos cuanto pobre en goces disfrutados, un nombre ignorado,
que sólo los más allegados pronuncian con amor y con respeto. DE T HR I DAC E 29,;;•d;;1:;1;;;:~Par1s VELOU TI NE
¡ A cuán tristes reflexiones se presta ese modesto entierro del :..co:n,mdos ror aulor:Ja~" madie.s paca la 81:i,oo do 13 fül y Bi!le:1 fel Co!or

NúMERO

503

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

dades deben gratitud á la corporación municipal,
que al instituir este Museo les ha ofrecido medios
para lograr la enseñanza que ha de conducirles al
perfeccionamiento.

..

IVJ:OLETI

VIZCONDESA
POR T.EÓN BARRACAND. - lr,USTRACIONES DE EMILIO BA\',IRD

(CO NTINUACIÓN)

Gilberto hubo de sostenerla porque desfallecía

- Será tal vez porque jamás ha contrariado usted sus ideas ... ó sus intereses
replicó la señorita de Sain'te-Severe.
'
- No puede usted hablar mal de la nobleza, señorita, sin calumniarse á sí
propia, puesto que usted pertenece á ella. ¿Y de ello no se felicita usted? ¿No
es por ventura grato haber nacido Sainte-Severe?
- En e~o se engaña usted, porque no te~go apego alguno á ese nombre, y
h_asta h:i, sido ~ara mí uo_a carga, por no decir que á él debo tal vez mi desgracta. MeJor hubiera preferido uno que me permitiera otro género de existencia
una situación independiente...
'
La institutriz hablaba de la mejor buena fe y comprendiéndolo así Gilberto
no ~upo qué contestar, pues tratábase una cuestión muy delicada, es decir, d~
la tnste necesidad en que la institutriz se había visto de aceptar un cargo remunerado de la anciana marquesa. Por otra parte, extrañaba que aquella joven no
se envaneciera de su nombre, cuando tantas otras, en su lugar, le habrían hecho
sonar muy alto, sobre todo no quedándoles otra cosa.
Para disimular, cogió el pequeño volumen que la institutriz tenía á su lado,
y en cuya encuadernación de piel, ya vieja, veíase el sello de la casa de Fonfreyde.
- Muy pronto agotará usted la biblioteca, señorita, dijo Gilberto. Con su
permiso miraré e.te libro.
Y le abrió.
- ¡Ah! ¿Leía usted la «Servidumbre voluntaria ...» Es cosa muy seria para
una joven.
- No he hallado en esta obra lo que buscaba ...
- Presumo cuál es el enigma que usted trata de penetrar ... lo bien ó mal
fundado de las jerarquías, ¿no es así? ... No lo encontrará usted aquí, porque
esas ideas no existían en tiempo de la Boétie, pues datan solamente del siglo
pasado. Entonces se quería volver al estado primitivo de la humanidad, y se
imaginaba que la igualdad había existido en el origen. En esto se engañaban ...
Lea usted Rousseau, señorita; seguramente la agradará.
- Ya lo conozco.
- Pues bien: si le ha leído usted, confesará que incurrió en un error ...
En todas las clases de la sociedad manifiéstase el deseo de elevarse; es un
instinto natural. La clase superior acaba por dominar; sus individuos se eligen y se cuentan. Tal es el origen de las clases que existen y han existido
siempre y en todas partes ... ¡Es cosa tan difícil y tan lenta fundar un nombre
y una familia! Reflexione usted sobre ello: se necesita la educación, una herencia de tradiciones, todo aquello que no se adquiere con el dinero ... El hombre
enriquecido ayer, el hijo de aldeanos propietarios de un gran patrimonio, el industrial millonario, no son aún más que la simiente de la nobleza; pero pierda
usted cuidado, que ya germinará en sus hijos ... En otro tiempo adquiríase la
nobleza por la compra de un terreno, por decreto real. .. Hoy se alcanza más
comúnmente por usurpación; mas el procedimiento no deja de ser bueno. Llegada la tercera gei:eración, ya no se discute; entonces, las ideas, el modo de

conducirse y las preocupaciones mismas van con el título; y por eso comprendo que enorgullezca formar parte de la clase escogida.
-¿Nos engreímos por ventura de ello? ... repuso la institutriz. No hablo por
mí: .. pero vea usted el vizconde de Cabro!; á juzgar por las personas con quienes trata y los apretones de manos que reparte, cualquiera diría que tiene en
muy poco su título.
- Pues hace mal. .. Pero después de todo, una vez aquí, en su casa, puede
hacerse valer por lo que es y tratar con las personas de su clase. Es el rey en
su dominio, en ese hermoso castillo de Mareuil, añadió Gilberto, señalando la
fachada.
-¿Le parece á usted hermoso?, repuso la señorita de Sainte-Severe, fijando
su mirada en el edificio como si le viese por primera vez. Cierto que es muy
grande, añadió, levantándose al mismo tiempo; pero yo preferiría una buhardilla
donde pudiese vivir sola ... Sí, completamente sola y libre hasta de mí misma ...
¡Guy, Juana! ¿Dónde estáis?
La señorita de Sainte-Severe llamaba á los niños, que corrían por la alameda.
- Hasta la vista, señor Maujeán; no me conserve usted rencor porque no
participo de sus ideas. Diríase que ni uno ni otro tenemos las que nos convendrían; el destino tiene cosas bien extrañas.
Gilberto la miró cuando se alejaba, y contristóle reflexionar sobre las injustas
recriminaciones que la joven hacía por efecto de su falsa posición. ¿No era realmente digna de compasión?
Pero harto tenía que hacer en aquel instante Gilberto con sus propias tribulaciones. Precisamente entonces acababa de verá Blanca de Cabro! hablando
con Pedro en el pórtico y se dirigió hacia ellos.
Aquel día Pedro acababa de salir de una de sus crisis. Aún emprendía sus
excursiones á Blatigny, pero con intermitencias de enfermedad, que se prolongaban, obligándole á guardar cama semanas enteras, lo cual olvidaba apenas le
era posible ponerse en pie. Desde que la señora de Chalieu y su cohorte habían invadido el castillo, ausentábase de Mareuil tan á menudo como en otro
tiempo; mas cuando estaba en su casa complacfase en e{ trato de aquellas damas que con ello se sentían halagadas.
La indiferencia que manifestaba respecto á sus manías, sin lisonjeadas nunca,
sin asociarse á sus supersticiones de casta ni á sus prácticas devotas; sus arranques irreverentes sobre este punto, en boca de un hombre de la alta sociedad, divertían á las huéspedas,:sin causarles ninguna extrañeza. En Pedro eran
naturales aquella ingenuidad y desenvoltura de b1,1en tono, que hacen que todo
le sea perdonado al que las posee; pero lo que más divertía era su conducta
con la marquesa de la Fonfreyde, asunto de broma para todos.
Pedro se mostraba en extremo amable con la abuela de su esposa, y la anciana, por bondad natural y también por consideración á las atenciones de que
era objeto, tenía para él tesoros de indulgencia. Tal vez su tolerancia era fruto
de una amarga experiencia de la vida, pues el general no había sido modelo de
esposos; su mismo hijo, antes de casarse, le ocasionó más de un pesar, y ahora
el marido de su nieta hacía como ellos. Esto no le extrañaba, y siguiéndole con
los ojos, tenía para él esas sonrisas reservadas tan sólo para los calaveras á
quienes se quiere, y no le guardaba rencor alguno, pues no sospechaba que
Blanca sufriese con su conducta.
La vizcondesa, que había aprendido desde un principio á perdonar, seguía
perdonando aún, y mientras, Gilberto la veía aceptar de buen grado ante los
huéspedes del castillo las galanterías de Pedro, quien se proponía sin duda dejar bien sentado á los ojos de todos que sus relaciones eran siempre afectuosas.
Y Blanca se prestaba á este juego; cualquiera otra mujer en su situación habría
dado á su esposo contestaciones frías, mostrando esa expresión irónica que
obliga al esposo culpable á mantenerse en su lugar y poner término á la comedia; pero la vizcondesa no quería proceder así. Sin embargo, hasta en sus momentos de abandono manteníase en cierta reserva, como si se preparase á la
defensa. Presentíase que una parte de ella misma, un lugar de su corazón, habíase cerrado para Pedro y_ que por cariñosas que fuesen sus palabras en público no podían repetirse en ~tra parte, quedando siempre un límite infranqueable.
Gilberto era tal vez el único que observaba estos detalles para los demás inapreciables.
_En el primer piso, en el fondo del vestíbulo, había una puerta ante la cual
G1lberto no pasaba nunca sin detenerse un instante para escuchar los latidos
de su corazón: algunas veces encontrábala abierta cuando la doncella estaba en
el aposento, y entonces podía deslizar una mirada furtiva hasta el interior de la
habitación. Por las altas ventanas entornadas, á través de las cortinas de seda
blanca que ondulaban impelidas por la brisa, penetraban raudales de luz haciendo brillar el pavimiento de madera de castaño, que parecía recortado en
marfil. Lo~ rayos ~olares ilumin~~an las gasas que cubrían el espejo del tocador, la páhda tapicería de los sitiales, las líneas delicadas de los pequeños mue•
bles de palo de rosa, el gran lecho con columnas torneadas y hacían desaparecer de los últimos rincones todo misterio y toda sombra sospechosa. De todas
aquellas blancuras. qu~ la luz inundaba parecía emanar un no sé qué de casta
pureza. Era la habitación de Blanca de Cabro!. Aunque más grande y mejor
adornado, parecía el cuarto de una niña el santuario de sus sueños inocentes.
Cierto día atrevióse á dar algunos pa;os en la habitación al notar que podía
hacerlo sin ser visto. Hallábase el aposento en el desorden que se produce después de un despertar perezoso; las sábanas del lecho tiradas á un lado el cu?repié~ caído Y. los mil objet~s de to~ador diseminados. Gilberto per~aneció
inmóvil en medio de la estancia, embnagándose en la contemplación de todos

�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

aquellos mudos testigos que le revelaban el secreto de las noches solitarias,
penetrado de compasión por aquella mujer sacrificada en su juventud, protestando con sus ademanes de su amor y respeto y sintiendo latir su corazón tan
apresuradamente, que parecía saltársele del pecho. Después, como si la emoción
le ahogara, salió de allí para no prorrumpir en sollozos.
¡Mas no era de aquella habitación de donde debía huir, sino del castillo y hasta
de Mareuil! ¡Sí, debía ir lejos, muy lejos de aquellos lugares, donde el suplicio
era para él cada vez más terrible y todo por culpa de la vizcondesa!
Veía, en efecto, que las confesiones que ella le había permitido eran para
Blanca, lo mismo que para él, un fermento depositado en el corazón y que este
fermento se desarrollaba en la vizcondesa. Podía reconocer diariamente, con
terrores mezclados de indecible embriaguez, aquel rápido progreso: la franqueza
misma de Blanca, su abstención de toda coquetería y el placer que manifestaba
al mostrarse generosa, no permitían engañarse sobre este punto. En fin, hasta
su juventud, su ardimiento, su sana constitución, que no conocía la enfe:medad; todo se ligaba para impelerla hacia él y someter á los dos á terribles
pruebas.
.
No podían ya verse sin una penosa reserva; no podían permanecer solos-sm
palidecer al punto; su voz temblaba, y en las palabras más insignifican~es disimulábase mal su continua preocupación. No osaban casi levantar los OJOS, persuadidos de que un ademán, una frase demasiado dulce, la perturbación de sus
sentidos les hubiera arrojado en brazos µno de otro. Por eso bendecían á la
persona que acertaba á llegar, considerándola como un salvador; y sin embargo,
un imán irresistible los atraía mutuamente sin cesar y sólo eran felices cuando
estaban juntos.
Tal vez Blanca hacía como él; tal vez cuando estaban alejados uno de otro
meditaban audacias para el momento en que volvieran á encontrarse; pero llegado éste, tenían miedo y á nada se atrevían. ¡Ah! Ahora no hubieran ido á correr por las colinas y á perderse en los senderos bajo la espesura de los pinos y
la sombra de las encinas, para ir á reposar después en la «estación del descanso.»
Gilberto lo propuso tímidamente... Blanca sonrió y movió la cabeza sin contestar.
A medida que iban transcurriendo los días, más aumentaba su inquietud; estaban poseídos de una verdadera fiebre.
Algunas veces enco:itrábanse en los largos corredores del castillo. Blanca se
detenía al punto, con los ojos bajos y el rostro pálido, cual si hubiese sentido
una súbita sacudida en el corazón; pero él no era más valeroso; manteníase
también á cierta distancia, temeroso como ella, aunque más desgraciado, y apelando á su lealtad para reprimir los impulsos que le impelían hacia la vizcond_esa. Aquellos dos deseos, sin cesar frente á frente y que luchaban para no ururse, tenían algo de un heroísmo sobrehumano que imponía admiración y piedad.
Gilberto no se mantenía siempre en esta reserva; su pasión le arrebataba á
veces, y entonces no podía ver á Blanca sin coger sus manos con verdadero

,,
Inclin6se h¡¡cia Gilberto con a vicia curiosidad y preguntóle

frenesí y estampar en ellas delirantes besos. La vizcondesa se defendía, pero
cada vez con menos vigor, dejándose dominar de languideces repentinas, y Gilberto cada vez ganaba más terreno, comprendiendo la turbación y debilidad de
Blanca, adivinando que también ella era presa de esos vértigos en que la razón
la abandonaba y hacía vacilar su voluntad. El valor de ambos se gastaba en
aquellas luchas.
Una tarde, al cruzar Gilberto por el vestíbulo, vió abierta la puerta de la habitación de Blanca; el calor había alejado del castillo á todos sus habitantes,
que siempre iban á buscar la sombra en la espesura del jardín; oíase el rumor
de voces á lo lejos y los gritos de los niños que jugaban, y Gilberto pensó que
Blanca se hallaba con ellos.
Lo mismo suponía de él la vizcondesa, pues cuando pasó por el corredor dirigió una mirada á la puerta para ver quién era. Al reconocerle, sus mejillas palidecieron y sonrió sin poder ocultar su turbación.
Gilberto vaciló también, después dió un paso hacia ella, y al fin entró.
Blanca se acercó vivamente á la ventana como para que la viesen desde
fuera.

503

- ¿No está usted en el jardín?... preguntó con acento breve.
- No... , y yo creí que usted misma.,.
.
.
Los dos guardaron silencio, y para no ser visto desde el exterior, G1lberto se
había retirado algunos pasos hasta el ángulo del lecho, en el cual permanecía
apoyado, sintiendo que las piernas le flaqueaban.
.
.
Blanca estaba vuelta de espaldas, distrayéndose en la con.templac1ó,n del Jardín; pero sabía dónde se hallaba Gilberto, y en este pe~sam1ento hab1a una especie de fascinación que según presumió Blanca la obligaría á volverse á pesar
suyo. Así lo hizo, en efecto, un minuto después.
Entonces Gilberto vió un rostro tan pálido que apenas pudo reconoce~le, con
ojos desmesuradamente abiertos y una sonrisa como de dolorosa angustia.
- ¡Oh, Blanca!... exclamó fuera de sí.
.
La vizcondesa &lt;lió algunos pasos para dirigirse hacia la puerta, mas al pasar
junto á Gilberto dejóse caer de pronto, como si las fuerzas la abandonaran por
completo.
Gilberto hubo de sostenerla porque desfallecía; el peso de su cuerpo era tal
que le arrastraba; teníala suspendida en sus brazos con la cabeza ec~ada hac~a
atrás y la boca húmeda y entreabierta. Inclinándose lentamente h~c1a ella! Gt!berto vió palpitar sus párpados, su leve sonrisa, q~e pare~ía pedirle.gra;ta en
medio de la angustia y de la vergüenza de la aqmescenc1a. Sus lab10s iban á
unirse...
Pues bien: aun en aquel instante mismo, en el delirio de la pasión - tan
arraigadas estaban en él sus impresiones de niño, - Gilberto pensó en la distancia que les había separado tanto tiempo y que no creía borrad~ aún; ;onmovióse y se asustó del inmenso sacrificio que ella le hacía y de la mmens1dad de
la caída...
La vizcondesa tuvo tiempo de reponerse y de huir poseída de espanto.
Por la noche mostróse muy alegre; tuvo las más delicadas atenciones para
Gilberto, y parecía deseosa de hacerle compr~n~er que le ~aba gracias.por ~o
haber abusado de su debilidad, ó tal vez atnbmase el ménto de la res1stenc1a
ó de haber vuelto á la razón, aunque algo tardíamente.
., .
.
El peligro, pues, por esta vez había pasado, pero se reproducir~a al día siguiente y en los sucesivos, y llegaría un momento en que no lo evitarían. Los
dos pensaban en esto con terror, juzgándose condenados de antemano, que·
brantados desfallecidos, débiles como niños. Casi deseaban la derrota para
salir de ;quella incertidumbre y comenzar una vida nueva en la realidad de
un desastre.
Y entonces fué cuando la más terrible de las desgracias les afligió de improviso, salvándolos de sí propios.
VIII
Pedro guardaba cama, y las semanas transcurrían sin producirse ninguna mejoría; el vizconde no solía inquietarse por eso; pero los temores iban en aumento á medida que la enfermedad se prolongaba.
Gilberto veía al doctor inquieto y pensativo: era éste un cirujano de Chatillón que iba todos los días á Mareuil y á quien aquél solía acompañar hasta el
coche después de cada visita.
- La cosa es grave, contestaba á las preguntas que Gilberto le dirigía, y no
veo ninguna mejora sensible ...
Las respuestas eran transmitidas por Gilberto á Blanca, que no quería ya separarse de la cabecera del lecho de su esposo.
Poco á poco se acostumbra uno á las peores situaciones, y por más que el parecer del doctor debiese prepararles á temerlo todo, no desesperaban, ni podían
fijarse tampoco en la idea de una catástrofe. Gilberto la rechazaba como pensamiento odioso y culpable.
Por eso el día en que el doctor le anunció que no había remedio para su
amigo, la noticia le produjo un efecto terrible como si se tratase de algo ines•
perado.
·
Su pensamiento flotó indeciso, luchando entre mil impresiones contrarias, en
una confusión en que se bosquejaba vagamente la nueva situación en que iba
á encontrarse respecto á Blanca. La mayor felicidad que había soñado, los obstáculos que se acumulaban ante su amor, desvanecíanse de repente, y todo, parecía venir á través de los lúgubres velos y las espantosas angustias de aquella
muerte. ¡Pedro iba á sucumbir, y era preciso que muriese para que él fuera
dichoso! ...
Pálido, sin voz y con la mirada fija permanecía inmóvil; mientras que el doctor le examinaba silenciosamente con ojos acostumbrados á leer en las fisonomías el efecto de estos terribles pronósticos.
- Sí, está perdido, repitió ... Sería conveniente avisar á la señora vizcondesa,
por si se han de tomar algunas disposiciones ... Pero los hombres no sirvoo para esto; mejor sería una mujer.
Gilberto pensó en la señora de Chalieu.
- ¿La señora de Chalieu?, repitió el doctor ... Está bien ... Mañana hablaré
con ella.
Y subiendo á su coche, arreó el caballo, mirando hacia adelante, como si
pensara ya en las otras aflicciones de que iba á ser testigo.
Gilberto volvió á la habitación de Pedro, situada en una de las alas del castillo, que se unía con las cuadras. Varias panoplias y trofeos pendientes de las
paredes constituían todo su adorno; de modo que aquello parecía una habitación provisional, una especie de pabellón arreglado de improviso. A la verdad,
el vizconde habitaba poco aquella estancia... y ahora ya no debía salir de ella vivo.
Hallóle sentado en la cama, con la pechera de la camisa entreabierta y la
colcha arrollada sobre las rodillas. Parecía esperar ansioso la vuelta de su amigo, tal vez porque la prolongada auscultación á que el doctor acababa de someterle habíale inspirado inquietud, ó bien por haber creído ver una sombra de
tristeza en el rostro de Gilberto. Inclinóse hacia él con ávida curiosidad y preguntóle:
- ¡Vamos! ¿qué opina el doctor? ¿Es grave? ...
- No ... ya estás mejor ...
- ¿No me engañas?, repuso Pedro con la mirada siempre fija en su amigo.
Y añadió después de una pausa, tratando de sonreír:
- ¡Es que no quisiera todavía abandonar este mundo!
Gilberto se estremeció al oír estas palabras, que revelaban ardiente amor á
la vida; mas contestó con tono alegre y una especie de brusca solicitud:

NÚMERO

503

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- ¡Pero hombre, échate!... ¡Cuando te digo que no
será nada!... Sin embargo, es preciso cuidarse... ¡Vamos, tápate y ten juicio!...
Mientras Gilberto se esforzaba para tranquilizar á
su amigo, éste le miraba con tenaz fijeza, como si hu•
.
1
hiera querido leer en sus ojos qué suerte le esperaba,
y al fin acabó por creer lo que se le decía; entonces
serenóse su fisonomía, é ideó mil proyectos para cuando se restableciera. Esta excitación que Gilberto no
pudo calmar, devolvióle en un instante toda una apariencia de salud, y Blanca que en aquel momento entró en la estancia admiróse de ello: érale tan doloroso renunciará la esperanza, que le bastaba un pretexto para tranquilizarse. Así es que con acento de
alegría exclamó:
- ¡Qué notable mejoría! ¡Si parece que no tiene ya
nada!
- ¿Quién lo duda?, repuso Gilberto.
Y sin que Pedro lo notase, dirigió una triste mirada á Blanca, que ésta no comprendió.
Al día siguiente, la señora de Chalieu comunicó á
la vizcondesa lo que el doctor había dicho.
Pocos instantes después, Gilberto la encontró cuando iba á la habitación de su esposo; la vizcondesa se
detuvo al verle y comenzó á llorar.
- ¡Dios nos castiga!, exclamó.
- ¿Y por qué? ... ¿Qué motivo hay para ser castigados?
- Es verdad ... , replicó Blanca. No hemos hecho
nada malo ... Hemos sufrido y nada más... pero no
puedo creer en tal desgracia. ¡Yo le salvaré! ¡Le salvaremos!... Debemos hacerlo...
Y tendiéndole la mano como si apelara á su abnegación, enjugó sus lágrimas, sonrió como lo hacía
siempre al presentarse á su esposo y separóse de Gilberto.
Este último, al verla alejarse y reflexionando sobre
el golpe imprevisto que la suerte les deparaba, como
para acercarlos más y legitimar votos que antes eran
criminales, no pudo menos de preguntarse si Blanca,
lo mismo que él, habría fijado su pensamiento en las
consecuencias de lo que iba á suceder. Era probable que en medio de las angustias en que ahora vivía, su amor se hubiese concentrado en lo más recóndito
de su corazón y solamente quedara un sentimiento dolorido, en cierto modo
purificado. Blanca pensaría sólo sin duda en sus dolores presentes, sin que le fuera posible ver más allá ni proyectar cosa alguna. La suerte iba á decidir por ella.
Sin embargo, ante el acontecimiento que se acercaba, la señora de Chalieu y
demás amigas habían manifestado su intención de partir; pero se las invitó á
quedarse, pues mejor era que el castillo conservara su aspecto acostumbrado y
estuviese animado con su presencia: el silencio y el súbito vacío podrían impresionar tristemente al enfermo, y ante tal consideración, consintieron en permanecer con la familia, ofreciéndose á prestar su auxilio á Blanca para cuidar á
Pedro.
El vizconde se debilitaba cada vez más, sin que pudiese creer que se hallaba
tan cerca de su fin; y muy por el contrario, imaginábase que su enfermedad
atravesaba una fase aguda á la cual seguiría el restablecimiento. A medida que
el tiempo corría, Gilberto pudo notar que una vaga inquietud atormentaba á la
señora de Chalieu.
En el salón se celebraban secretos conciliábulos, presididos por el abate Souchón y á los que el también asistía.
Discutíase en ellos sobre el estado de Pedro, calculándose los días y horas
que le quedaban de vida... y entonces fué cuando se realizó la predicción de
la señorita de Sainte-Severe cuando pretendía que las ideas de Gilberto no se
conciliaban exactamente con las de aquellas señoras.
- ¡Veamos!, dijo una tarde la condesa de Chalieu al abate, este es el momento
oportuno, señor cura ... No podemos dejarle morir de ese modo, sin que se ponga bien con Dios... Nos remordería la conciencia. ¿Qué espera usted para hablarle?
El abate Souchón no esperaba más que una palabra, una señal; hallábase
dispuesto á cumplir con su deber.
- ¡Muy bien!, dijo la condesa; pues que sea mañana... El pobre muchacho
no debe esperar ya sino en Dios. ¡Que le haga el sacrificio de su vida! ... Sí, mañana. ¿No opina usted como yo, señor Maujeán?
Gilberto hubiera preferido callarse, pues comprendía por primera vez que en
aquella sociedad en que se había mezclado regían ciertas conveniencias é ideas
con las cuales no podía transigir, No se había penetrado de ellas hasta entonces, y en el mismo instante en que se le revelaban no hubiera querido lastimarlas; pero la compasión que Pedro le inspiraba se antepuso á todo.. . .
- Pues bien, señora, dijo: ya que me pregunta usted cuál es mi opinión, la
expondré francamente. Pedro no sospecha en mo~o alguno que se halle en ta~
grave estado, y lejos de ello, cree que no hay pehg.ro para él. Temo que m1
amigo sufra una conmoción espantosa, el más horrible de los tormentos morales cuando se le diga que debe resignarse á morir...
medida que hablaba veía pintarse la sorpresa y el disgusto en el semblante
de los que le oían; mas no por eso renunció á expre~ar todo ~u pensamiento.
- Pedro añadió no es un filósofo que haya reflex10nado fnamente sobre este
momento. Siempre' vivió como si no debiese morir nunca, y dada su indiferencia en materia de fe, sería una crueldad inútil...
La señora de Chalieu le interrumpió, fijando en él una mirada de enojo:
- ¡Inútil, exclamó, cuando se trata de la salvación des~ alma! ¡No reflexiona usted sobre ello señor Maujeán! ... ¡Cómo! ¿El desgraciado no se cree en peligr-0 y ¡nada hemo; de decirle!. .. No, no; morir~ como cristiano ... ¿Cree usted
por ventura que le faltará valor? ¡No sería propio de un Cabro!! .. Yo, en su lugar, nunca perdonaría á los que no me advirtieran y no me dejaran t!empo
para prepararme. ¿Sería justo que to~o el mundo suyiera que voy á monr y lo
ignorase yo solamente? ¡Esto fuera ndículol... El senor abate sonríe y aprueba
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Pedro abraz6 repetidas veces á Cuy y á Juana

lo que digo ... Dios espera á Pedro allá arriba, ... y cuando nuestro amigo esté
en el cielo nos bendecirá por no haberle privado de su parte del paraíso ... ¡No
se ha de pensar tan sólo en el presente, señor Maujeán, sino en el otro mundo
también!
El abate Souchón tomó á su vez la palabra:
.
- Veo, dijo, que el señor Maujeán tiene falsas ideas respecto á mi intervención. Iré á ver al señor vizconde como amigo, y me guardaré bien de atemorizarle; sólo incidentalmente le hablaré de reconciliarse con Dios, diciéndole que
no está en peligro de muerte, pero que siendo todos mortales, mejor es...
- ¡Muy bien!, exclamó la señora de Chalieu.
Y añadió como para concluir:
- De todos modos consultaremos á Blanca y esto es suficiente.
En efecto, aquella misma noche habló á la vizco'ndesa, que anegada en lágrimas no tenía ya voluntad y consintió en todo.
La condesa de Chalieu, por lo demás, procedió con muy buen tacto al día
siguiente, cuando se hallaba en la habitación de Pedro.
- Ahí está el abate Souchón, dijo, que viene á informarse sobre la salud de
usted. ¿Quiere usted verle?
Pedro fijó en la condesa una mirada de terror, pero se contuvo.
- ¡Ya lo creo!, contestó; que entre...
La señora de Chalieu, encantada al oir esta contestación, corrió hacia la
puerta, y al abrirla cruzó con el abate una sonrisa de satisfacción celestial.
El sacerdote y el enfermo quedaron solos.
Una hora después, cuando Gilberto entró otra vez en la habitación de Pedro,
causóle espanto ver á su amigo: éste había envejecido bruscamente; en sus mejillas socavadas, en sus ojos hundidos, en aquel rostro en que se había impreso
repentinamente el sello senil, leíase el pesar de abandonarlo todo. Apoyándose
sobre un costado, con una mano fuera del lecho, mano que el abate acababa
de estrechar al retirarse, permanecía inmóvil en actitud de abatimiento profundo.
- ¿Conque estoy perdido?, exclamó.
- ¡Vaya una ocurrencia!, repuso Gilberto. ¿Piensas que esa visita del abate?... No ha sido más que para verte.
El enfermo sonrió con expresión desesperada.
- Me ha hablado de confesión ... Todo lo he comprendido. ¡Si creerá engañarme! ... Por lo demás, me ha dicho cosas muy buenas. En fin, tal vez tenga
razón, añadió Pedro fijando en su amigo una tímida mirada; no se puede morir
así; es preciso arrepentirse, hacer examen de conciencia, ..
Gilberto adivinó su falsa vergüenza, y apresuróse á tranquilizarle.
- ¡Bueno! Confiésate si quieres ... ¿Quién sabe?... Pero, por Dios, no te asustes...
Pedro estaba aterrado, y en sus facciones revelábase una lenta descomposición.
- ¡Morir! ... ¡Es preciso morir!, decía.
Y agitándose bruscamente, exclamó con tono resuelto:
- ¡No, yo no quiero!. .. ¡No moriré... aún no!
Y con ademanes violentos repetía las mismas palabras; después enmudeció,
fija la mirada en el pensamiento y como desfallecido,
Aquella postración duró un rato, y al fin Pedro se incorporó, haciendo un
esfuerzo enérgico; sus ojos se reanimaron cual si hubiese recobrado todo su valor, y dijo á Gilberto con triste sonrisa:
- ¡Me creía más fuerte ... pero no tengas cuidado! Esto pasará, y quedarás
contento de mí.
En aquel momento entraba una sirvienta.; Pedro le ordenó que fuera á buscar
á la vizcondesa y que trajese á los niños,
( Co11tin11ard)

�LA

526

ILUSTRACIÓN ARTÍS1'ICA

NúMERO
\

503

la resistencia de la columna líquida, es decir, aumen- á su longitud común, es conveniente emplear tabiques
tar su sección y disminuir su espesor: la primera con· con el mayor número de canales posible. El efecto
dición
lleva á suprimir el platino y la segunda obliga separador de estos tabiques se debe á los fenómenos
PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DEL HIDRÓGENO
á
emplear
en la construción del voltámetro principios capilares, y en su estudio ha de atenderse al efecto
Y DEL OXÍGENO POR LA ELECTROLISIS DEL AGUA
nuevos. Un voltámetro de laboratorio se compone, separador de los gases y á su resistencia eléctrica:
Cuando no se disponía de los medios necesarios sea de un tubo en U, sea de una vasija en la cual los para estudiar la primera de estas propiedades, se supara el transporte de los cuerpos gaseosos en un pe- electrodos están cubiertos por campanas (fig. 1, Ay B); merge en agua el tabique poroso, fijado por una junpero de todos modos la corriente eléctri- tura hermética á un tubo de cristal (fig. 2) y se ejerca debe seguir un camino tortuoso y es- ce una presión creciente hasta que se observa el patrecho para pasar de un electrodo á otro, so de las burbujas: la presión que acusa entonces el
mientras que si se deja los electrodos manómetro indica, transformada en altura de la soenteramente libres en el baño, los gases, lución electrolítica, las desnivelaciones que puede
subiendo en abanico, se mezclan al lle- soportar el baño.
gar á cierta altura, siendo necesario seDesde el punto de vista eléctrico los tabiques son
pararlos por medio de un tabique (figura de calidad desigual, resultando de todos los experi1, C). Si éste es aislador é impermeable mentos realizados que los mejores son los de tela de
no importa elevar los electrodos sensi- amianto; pero como ésta no separa enteramente los
blemente sobre su borde inferior: ahora gases más que con una presión que no,exceda de albien, cuanto más aproximados están los gunos centímetros de agua, hacbse preciso llevar
electrodos más se ha de bajar el tabique. siempre la variación del nivel á estos estrechos límiLa extensión y aproximación de los elec- tes por medio de un dispositivo especial: en efecto,
trodos es el punto capital de la cuestión no cabe esperar que toda la canalización esté siempre
·como lo demostrará el siguiente sencillo en condiciones tales que no pueda producirse nincálculo.
guna diferencia de presión. Para igualar los niveles
La electrolisis visible del agua empie- en los límites útiles se interpone entre el voltámetro
za con una fuerza electromotriz de 1'7 v. y la canalización un compensador que en realidad
aproximadamente; si se aumenta dicha
fuerza en las bornas del Yoltámetro, la
corriente y por ende la producción de
gas aumenta en proporción al exceso de
su valor sobre 1'7 v., pero al mismo tiempo la corriente calienta el circuito, es
decir, produce un trabajo parásito, de lo
cual resulta pérdida. Con 1 1 7 v. la pro•
ducción alcanza su máximo, pero el efecto útil es nulo; para hacer buen uso de
Fig. I. Voltámetros. -A y B. Formas más usuales de los voltámetros de los instrumentos es preciso admitir cierlaboratorio. - C. Diagrama de la ascención de las burbujas de un vol·
ta pérdida de energía, tanto menor cuan•
támetro.
to menos costosos son los voltámetros y
cuanto que la economía más debe ser en
queño volumen, era inútil la preparaci6n industrial la corriente que en los aparatos, pudiendo admitirse
de éstos; pero desde el momento en que sin peligro como buena proporción el empleo de 3 volts, es dealguno se almacena hoy un gas en un cilindro á una cir, una pérdida de algo menos de la mitad de la
presión hasta de 200 atmósferas, la producción in- energía disponible. En estas condiciones un voltádustrial del mismo ha podick&gt; ser atacada de frente, metro cuya resistencia interior sea de 1 ohm produy así vemos entregados al comercio el ácido sulfúri• ce 0'65 litros de hidrógeno por· hora, al paso que
co, el cloruro de metilo y el ácido carbónico licua- desprende 6. 500 si su resistencia es sólo de una diezdos, Jo propio que el oxígeno y el ázoe preparados milésima de ohm, á bien que en este caso la corrienpor un procedimiento químico, y en la actualidad la te se acercaría á 15.000 amperes.
Los principios nuevos que permiten la construc- Fig. 2. Dispositivo para el estudio de la reacción capilar
electrolisis del agua va á permitir entregar en igual
en las membranas ó vasos porosos.
ción de voltámetros para la producción en grande,
forma oxígeno é hidrógeno puros y baratos.
¿Y para qué sirven estos gases? preguntará alguno. son los siguientes: sustitución de una solución alcaEn cuanto al hidrógeno puro, una de sus principales lina á la solución ácida, lo que hace posible el em- no es otra cosa que un doble frasco de Mariotte:
aplicaciones es para llenar los globos aerostáticos con pleo de electrodos de hierro é introducción de un ta- cuando se quiere obtener gases puros se introduce
en el compensador una solución de ácico tártrico que
gran ventaja sobre el gas del alumbrado, pues siendo bique poroso entre éstos para separar los gases.
Líquido electrolítico. - M. Renard en sus ensayos retiene las partículas de álcalis arrastradas por la comenos denso que éste permite disminuir la superficie
del globo, lo que es muy importante tratándose de ha empleado una solución de soda cáustica al 15 por rriente de gas.
El estudio del laboratorio ha suministrado, pues,
globos dirigibles. Además, el hidrógeno ligeramente 100, proporciones que dan el máximo de conductitodos los elementos de un problema que desde ahocarburado es superior al gas de hulla para la calefac- bilidad.
Tabique poroso. - Dado que la conductencia (lo con- ra puede entrar en el dominio de la industria.
ción y el alumbrado, y finalmente el soplete oxhídriAparatos industriales. - El voltámetro industrial
co, indispensable eo el tratamiento de los metales trario de resistencia) de los canales practicados en el
muy refractarios, consume grandes cantidades de tabique perpendiculares á la dirección de éste que de M. Renard se compone de un gran cilindro de
deben conducir la electricidad, es proporcional á su hierro: una batería de estos volt4metros está repre·
oxígeno y de hidrógeno.
Por lo que respecta al oxígeno, hace muchos años sección total á la vez que inversamente proporcional sentada á la izquierda de la fig. 3. El electrodo inte·
que se le emplea en terapéutica para procurar un alivio á los que padecen de asma y para combatir la
albuminuria, y, en sentir de algunos médicos, también la anemia.
Locura hubiera sido hace quince años querer obtener resultados remuneradores por la electrolisis del
agua, pues tal investigación hallábase subordinada á
la producción industrial de la energía eléctrica.
No hemos de afirmar la prioridad de ensayos y
descubrimientos: la cuestión estaba en el aire y ha
sido casi simultáneamente abordada por tres hábiles
experimentadores: un físico ruso, M. Latchinof, profesor en San Petersburgo; el doctor d'Arsonval, sabio
profesor del colegio de Francia, y el comandante
Renard, director del establecimiento de aerostación
de Chalais. M. d'Arsonval recogía el oxígeno para
los experimentos de fisiología al paso que M. Renard
atendía á la producción del oxígeno puro. Las soluciones, aunque en principio parecidas, han sido obtenidas por medios diferentes; siendo, en nuestro
sentir, la del último la más completa desde el punto
de vista industrial. De ella vamos á dar cuenta tomando los datos de la comunicación que el eminente ingeniero militar dirigió hace algún tiempo á la
Sociedad francesa de Física.
Transformaciones del voltámetro. - En un laborato•
río es indiferente que un litro de hidrógeno cueste
un céntimo ó una peseta: la resistencia interior de
un voltámetro y el precio de los electrodos de platino
de algunos gramos no han de detener á un físico ante un experimento; pero tratándose de una producción en gran escala, es preciso rebajar lo más posible
Fig. 3• Vista en conjunto de una instalación para la electrolisis industrial del agua
SECCIÓN CIENTiFICA

NúMERC

LA

503

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

tros. La resistencia eléctrica es de unos 0'007 5 ohms,
produce 365 amperes con 2'7 volts, y consume por
consiguiente cerca de un kilovat: su producción de
hidrógeno es de 158 litros por hora. La fig. 3 da una
idea de una fábrica para la electrolisis del agua.
Réstanos ahora decir algo acerca del precio á que
resultan el hidrógeno y el oxígeno obtenidos por los
procedimientos descritos: un voltámetro vale unas roo
pesetas, y como funciona con muy poco desgaste, la
amortización puede calcularse á lo sumo en un 10
por roo, y como en marcha continua produciría más
de 1.500 metros cúbicos de gas al año, resultaría algo
menos de un céntimo por metro cúbico. La soda
cáustica se recupera constantemente, y por lo tanto
lo único que se pierde es el agua destilada; pero como un metro cúbico produce más de 2.000 metros

rior va metido en un saco de tela de amianto cerrado por debajo y ligado por arriba, con agujeros que
permiten la ascensión de los gases en el interior del
cilipdro. El aparato está herméticamente cerrado en
su parte superior, y los dos electrodos permanecen
aislados por una lámina de caucho; sobre el nivel
del líquido el electrodo es continuo y forma canal para el gas. El hidrógeno y el oxígeno, al salir
por los orificios superiores, van á parar al compensador.
Las constantes del voltámetro establecido por el
comandante Renard son las siguientes: altura del
electrodo exterior, 3'405 metros; del interior, 3 1290;
diámetro del electrodo exterior, 0'300 metros; del
interior, 0'174.
El hierro empleado tiene un espesor de 2 milíme-

cúbicos de gas, el gasto de agua apenas significa un
céntimo por metro cúbico.
En el caso de que la energía eléctrica deba ser tomada de una máquina de vapor, y suponiendo pérdidas muy pequeñas en la dinamo y en la canalización, podrá contarse con una producción de un metro cúbico de hidrógeno y 500 decímetros cúbicos
de oxígeno por diez caballos-hora, ó sea un gasto de
ro kilogramos de carbón ó de unos 25 céntimos de
peseta.
De suerte que fijando en 50 céntimos el precio
del metro cúbico de gas, el cálculo resulta más que
prudencial, y aun hay que tener en cuenta que en
las localidades en donde se dispone de una fuerza
motriz natural todavía el precio será más bajo.
(De La Nature)

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ILUSTRACIÓN ARTISTICA

503

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.............ta, VAI-LB DB BIYOLJ., 1.60, PAJll.B, JI ... todCIB lCIBJl'Grm4c,_

El JAR.ABE DE BRLANTrecomenda\lo del!de su princlpl9 por los profesores
Laennec, Thénard, Guenant, etc.; na recibido la consagración del tiempo: en el
año 1829 obtuvo el privilegio de Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y d~ ababol.es, convlene,.sobre touo á las personas' delicadas, como
mu,Jeres y nlnos. s u gusto excelente no perjudica en modo alguno á su etlcacta
conl,ra los RESFRHD0S y todas las IRFL!l~Cl0NES del PECHO Y de 108 IITESTIK0S.

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todas las eminencias médfcas preuban que est.a asoc1acmn de la 4larne, el Hierro y la

guiua constituye el reparador mas encrlrtco que se conoce para curar : la Clorósú, la
.4.nemta, las JlemtruacíafW dolorosas, el Jlmpctlrectmtfflto y la .4.lteracton ae la Sangre,
el RaQuttúmq, las .4.feceíDnU e.crofulosas Y eswrbutícas, etc. El 'l'in• IFerru~no■- de
Aroud es, en erecto, el único que reune todo lo que ent.oua y fortalece los organos,
regularizaí coordena y aumenta considerablemente las fuerzas 6 lnfun&lt;le a la san¡re
empobrec &lt;la y descolori&lt;la : el YtQor, la Cowracion y la BMrqta M 'al.

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SB VENDE BN TOD.lS LAS PRINCIP.U.XS BOTICU.S

Aprobada por la AC!DEIIA DE IEDICIU

' Partlcl~ndo de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pil&lt;loras se empican
e~peclalmente contra las EscrofuJas, la
Tísts Y la Debilidad de temperamento,
asi como en todos los casos(Páltdos colorea
Amenorrea, 4 •), en los cuales es necesar!Ó
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar ó regularizar su curso periódico.

EXIJASE e1~ i~'! 1 ARO UD
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PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EH 1856
Modallu en laa Expoalclonu lnternaclonalu de

PUIS • LYOII • TIEU • PHIWELPBU - P.lRIS
186'7

llln

18;3

1876

111 ■■PUA. CON l t MATO&amp; j;¡JTO ■!t

18i8

t ...

DISPEPSIAS
0ASTRIT18 - 0A8TRAL01A8
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1 OT&amp;OI DBIOllDINII DI Ll DIOIITIOII

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con I.AO'l'C'OAlUVK (Jugo lechoso de Lechuga)

.Aprobados por la Academia de Medicina de Paria é insertadoa en la Co1ecc16n
' O.ticial de F6rmulaa Legalea por decreto miniaterial de 1 O de Marz:o de 185 4 ,
e Una completa innoculdad, una eficacia perreclamente comprobada en el Catarro
' e11,Mmtco, las BronqutUs. Catarros, Reumas. Tos, asma é trrltacton de la garganta, llan
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
b il', DE MONTANER y SIMÓI(

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Ftí~t1ea
ANO X

BARCELONA 24 DE AGOSTO DE 1891

NÚM. 504

Con el próximo número repartiremos á nuestros suscriptores de la Biblioteca Universal el tercer tomo de la HISTORIA DE LOS GRIEGOS
Los suscriptores que lo son desde l.º de enero recibirán en vez de éste el VIAJE AL NILO

CATEDRAL DE LEÓN.-Estatua de NUESTRA SEÑORA LA BLANCA de la portada principal

�LA !LUSTRACIÓN ARTISTICA

53°

NúMERO

504

ta; pero no puede aceptarse que masas de creyentes, la tierra y así depositaban en sus tumbas panes, vique familias enteras fuesen ~ albe~garse ¡_m lugares no, frutas, carnes, muebles, vestidos, hasta novelas
conocidos de los Césares y sm posible retirada. Las escritas en páginas de piedra y juegos de recreo.
Texto. -Las Catammbas romanas. Doctrina Y. a:fe, por mismas entradas de las Catacumbas, aparentes á
A su vez los pueblos de Grecia y Roma desligaron
Eduardo Toda. - El collar de ámbar. Causa cnmmal, por
Luis Mariano de Larra. - Nuestros grabados, - Vizcondesa la vista y nunca ocultas, prueban que al construir- enteramente el alma del cuerpo el día en que ésta
(continuaci6n), por Le6n Barracand, ~on ilust~acion7s de las no se pensó en disimular su existencia ó hacer- era llamada á los juicios de Dios. Lloraron á sus
Emilio Bayard y grabado de Iluyot. - Libros enviados a esta las lugar de reparo: díjose desde luego que servirían muertos en la eterna separación de la tierra, y mienRedacci6n por autores 6 editores.
para necrópolis, y tal destino tuvieron y en tal con- tras creyeron que únicamente al espíritu le era dado
Grabados. -Estatt,a de Nuestra Seflora la Blama de la cepto fueron respetadas por aquellos emperadores atravesar las aéreas regiones del infinito azul que
portada principal de la catedral de Le6n. - Mo,¡u~11enlo con- paganos que en alguna ocasión pudieron firmar de- conduce al cielo, sólo tomaron el cuerpo como piamemorativo de la anexión del condado de Venamm á Fran- cretos de exterminio contra los vivos, pero que ja- dosa reliquia de una existencia pasada, y lo entregacia en r79r, obra del escultor M. Charpent!er. - D. Gf!Spar más se ensañaron con los muertos, ni para violar sus ron al fuego para guardar sus restos en las urnas ciMe/chor de fovellanos, estatua en bronce rec1ente~ente maunerarias. Tan sólo, quizás como reminiscencia mategurada en Gij6n, obra de D. Manuel Fuxá, fundida en los cuerpos ni para insultar su memoria.
Sin embargo, ese respeto que los antiguos, desde rialista injertada en esta pura doctrina espiritual,
talleres de D. Federico Masriera y Compañia, de Barcelo·
na. -De mi pueblo, escultura de D. Miguel Blay, premiada los egipcios hasta los romanos, tuvieron por las se- aceptan los paganos la necesidad de dar algún dineen la Exposici6n general de Bellas Arte~ de Barcelona .. - pulturas, desaparece en los tristes días de las inva- ro al muerto, pues creen que Caronte no pasa las alTaller de tapices, cuadro de D. José Mualles Darmanm,
premiado en la Exposici6n general de Bellas Artes de Bar- siones del Norte, cuando lombardos y godos entran mas por la laguna Estigia si no es pagado en buena
celona. - Santa Isahel, reina de Himgrla, curando á los l~- á saco .la capital del mundo y no olvidan de robar moneda de cuño del emperador.
prosos, cuadro de Murillo (existente en la Real Aca~em1_a las Cata9umbas. Bajaron á ellas, ¡quién lo diría!, para
Los cristianos encontraron vivas estas dos tradide San Fernando de Madrid). -La muerte de la mon¡a, di- pillar los huesos que luego vendían como reliquias. ciones entre las cuales les fué fádl adoptar el justo
bujo á la pluma de D. Antonio Fabrés. - Ni1estra Seiwra
del Foro y oferta Je Regla, uno de los muchos y valiosos de- Y téngase en cuenta que no eran sólo mártires los medio' de entregar sus muertos á la tierra, y más conenterrados en las galerías: todos los cristianos cava- siderando que tal sistema era practicado por el puetalles en relieve del claustro de la catedral de. Le6n.
ban en ellas su sepulcro, tenían allí sus panteones de blo judío, cuyas leyes y doctrina copiaban. V?lver al
familia; pero todos fueron mezclados y revueltos en polvo lo que del polvo ha salido, bella máxima del
las tinieblas de su última morada, para luego sacar- Evangelio, que sin embargo no fué aceptada en los
LAS CATACUMBAS ROMANAS
los al mercadó y de ali( hacerlos venerar en los tem- primeros siglos de la Iglesia, pues sus creyentes se
aferran al dogma de la resurrección de la carne para
plos como restos de vírgenes y santos.
DOCTRINA Y ARTE
Y es curioso hallar este criterio de los bárbaros consolarse de la muerte con la idea de que llegará
aceptado por la Iglesia, cuando desde Bonifacio IV, para los cuerpos un día en que volverán á unirse sus
Los que vayáis á Roma movidos por fervoros? en el siglo vu, hasta el último siglo, los papas han moléculas, juntarse sus miembros, arder sus venas y
sentimiento cristiano, y deseéis fortalecer la fe enti- explotado las Catacumbas como minas de reliquias. latir su pecho, día del triunfo de la materia porque
biada en los azares de la moderna vida ó quizás per- Así en 609 se llevaron nada menos que veintiocho le será permitido subir al cielo y acercarse á Dios.
dida en las luchas actuales entre la razón y el dogma, carros cargados de huesos á los altares del Panteón, Merced á tan viva creencia, no se dejó á los muertos
prescindid un momento de la grandeza que os rodea, entonces consagrado al culto católico. En 817 se en el sepulcro con el solo bagaje de su convoy funede los monumentos que os maravillan, de los recuer- exhumaron dos mil trescientos cadáveres para ente- rario, es decir, con sn mortaja y su féretro: depositádos históricos que á cada paso asaltan vuestra men- rrarlos en la iglesia de Santa Práxedes. A este paso ronse á su lado, como en Egipto, los útiles que usate é id á evocar la paz de la religión en las lóbregas pronto se agotaron aquellos subterráneos, en térmi- ran los difuntos en vida, ofrendas para alimentarse
criptas donde reposaron las cenizas de los primeros nos que el hallazgo de un cadáver constituye ahora luego, lámparas con que alumbrar el fúnebre recinto
un verdadero descubrimiento.
á la hora de la resurrección. Si las Catacumbas de
mártires.
Felices si en aquellos lugares se reaniman vuestras
Y tras los esqueletos se llevaron las piedras. La Roma no hubiesen sido tan devastadas, se recogecreencias; no seáis allí artistas ni arqueólogos ni si- piedad de los primeros cristianos había sellado las rían en ellas innumerables objetos de uso diario enquiera viajeros: entrad en las obscuras galerías sólo puertas de los sepulcros con lápidas de mármol, con- tre los primeros cristianos, igualmente que se encon el pensamiento en Dios, y quizás caeréis de ro- teniendo epitafios redactados en griego ó en latín. cuentran en las necrópolis de Akmín y Deiz el Medillas sobre la arena bendecida por tantos creyentes Unas veces consistían éstos en pomposos elogios de dineh los que sirvieron á los súbditos de los Ptoloy las olvidadas preces de la niñez volverán á vuestros las virtudes de los difuntos, otras en el solo nombre meos y Faraones.
Estas ideas, llevadas de tal manera á la realidad
labios. Porque para orar con el aislamiento y la cal- del ocupante de la tumba. Arrancáronse esas losas
ma que requiere la plegaria, en Roma sólo existe un para destinarlas á cualquier objeto; con ellas se de- de la práctica, hallaron su sanción en la doctrina de
lugar, las Catacumbas.
.
.
. coraron los pórticos de la iglesia de Santa María in los primeros pensadores y filósofos del cristianismo.
Son importantes las que eXIsten en la Cm~ad Et~r- Trastevere. Por fortuna recientemente se recogieron Mejor que nadie, Tertuliano puso de relieve la imna descubiertas y excavadas unas, en ruma y sm numerosos fragmentos por el ámbito de Roma espar- portancia del cuerpo humano, la inmortalidad de la
gu~rda otras cerradas las más por falta de medios cidos formando con ellos tres salas del Museo de carne, que como hecha por Dios á su imagen y separa conserv;rlas. Las descubiertas actualm~nte for- San juan de Letrán y una parte de galería en el Va- mejanza no podía creerse igual al vil barro de la
man un conjunto de cuarenta y dos cementenos. Cla- ticano.
tierra. Sus palabras, escritas en los tratados sobre
sificándolas por su situación, pueden señalarse como
También fué robado de las Catacumbas romanas Cristo y la resurrección, lo dicen claramente, y el
principales las de ~an Calixt~, _Pretextat y San ~e- el ajuar funerario de los difuntos. A la aparición del texto es harto curioso para que deje de reproducirlo.
bastián en la vía Apia; de Dom1c1la, Santa Petromla, cristianismo luchaban en el mundo dos doctrinas Es como sigue:
«Hagamos el hombre á nuestra imagen y semejanSan N ereo San Aquileo y San Dámaso en la vía acerca el fin de la vida y el destino del cuerpo huArdeatina; 'San Ponciano, Lucinia y Calépodo en la mano. La idea del alma había sufrido inevitable se- za, dijo el Padre al Hijo, y Dios hizo el hombre á
vía Aurelia · Ciriaco, San Hipólito y San Lorenzo en rie de metamorfosis, por las cuales quedaba determi- imagen de Dios, es decir, de Cristo. Así, este limo
la vía Tibu~tina; San Pedro y San Marcelino en la nada su condición á la hora suprema de la muerte. que recibía desde entonces la imagen del Cristo fuvía Labicana· San Gordiano en la vía Latina, y San Si en la tierra fué buena, oró mucho, practicó todos turo era no sólo la imagen de Dios, sino su garantía.
Pablo, Timoteo, Santa Inés y San Nicomedes. Visí- los deberes religiosos, pagó á Dios su tributo moral Unicamente es tierra, me dices. Pero el oro también
tanse de preferencia las que se encuentran fuera de y á los sacerdotes sus derechos fiscales y al templo es tierra, porque viene de ella, y sin embargo es oro.
murallas, en buen estado de conservación, es decir, sus primieias, santificada por su vida subía al cielo Además Dios ha unido el alma á la carne de manelas de San Calixto, Santa Priscila, San Pretextat, San á recibir el premio de sus afanes y sentarse entre los ra tan íntima, que se ignora si la carne lleva al alma
justos á los pies del trono del Señor. Pero si en su ó el alma lleva á la carne.»
Ponciano San Alejandro y algunas otras.
Esas c'atacumbas son largas y estrechas galerías existencia terrena olvidó el alma sus deberes, si fué
Nosotros hemos perdido esta fe en el porvenir de
excavadas bajo el suelo á diferentes profundidades, mala y no rezó, ni jamás elevó la vista al cielo, ni la materia, que animó á generaciones obscurecidas
sobrepuestas unas á otras, y trazadas en una exten- pisó los umbrales de los templos, ni hizo ricas ofren- por el polvo de los siglos. Cada día aumenta nuestro
sión de terreno considerable. Las de San Calixto, das á sus ministros, ni con sus donaciones alimentó terror hacia la muerte, y cada día se arraigan más
por ejemplo, casi llegan á tener dos millones y me- el fuego del ara, entonces eterna cadena de tormen- las fatales creencias en el verdadero significado de
dio de metros cuadrados. En los muros de las gale- tos iba á ligarla por toda la eternidad en las profun- ésta, la nada. El atomismo ha venido á explicarnos
·
rías hay nichos dispuestos para recibir á los cadáve- das cuevas del averno.
cómo se descomponen las moléculas humanas y
Mas el cuerpo, este frágil marco de nuestra vida, vuelven los gases al aire, la arcilla al suelo y el mires, y de distancia en dis~ncia hállanse salas ó pl~zoletas que también contienen tumbas y que en n- este receptáculo de todos los dolores y de todas las neral al fondo de la tierra, cómo otros seres orgánigor sólo pueden tomarse como cámaras sepulcrales. enfermedades, expuesto á sufrir por el frío y el calor, cos se asimilan nuestros miasmas, cómo en fin veniLos monumentos encontrados en esos lugares nos y como la arcilla de que está hecho á descomponer- mos á ser un elemento substancial del planeta que
permiten precisar con toda ex~ctitud la fecha de su se en polvo cuando deja de alentarlo el soplo del tanto nos deleita. Mas contra esa fría ciencia la raconstrucción, que va desde el siglo I hasta_ el v ~e la alma, ¿dónde iba á parar en el día supremo de la zón se rebela y por ella el espíritu se acobarda: tales ·
era cristiana, y nos dan á conocer el obJeto a que muerte? ¿Debía ser su destrucción completa? ¿Era transformaciones no nos satisfacen, y sintiéndonos
fueron destinados, ó sea á cementerios. Hasta hace natural, era humano verlo desaparecer en lúgubre impotentes para combatirlas. preferimos olvidar la
poco tiempo habíase creído que eran canteras ó mi- festín de asquerosos gusanos? Las creencias estaban muerte. El sistema es cómodo, y hasta en su justifinas de puzolana, tierra arenisca que se utilizó mu- casi tan divididas como los pueblos. Allá en las se- cación hemos inventado la higiene municipal. Ahocho en las construcciones romanas; pero el estudio renas márgenes del Nilo, bajo aquel cielo purísimo ra, lejanos los cementerios, revueltos los cadáveres
detenido de las Catacumbas ha demostrado no exis- de Egipto jamás empañado por una nube, vivía una en las fosas ó apilados en las criptas, sin otro ajuar
tir tal tierra en el suelo que ocupan. Supúsose tam- raza que llevó á la realidad de la práctica la idea de que frágil caja de pino, ¿por qué habrían de perturbién que en los primeros siglos de la Iglesia los cre- la eterna conservación del cuerpo como necesario bar nuestra mente las sombras de la eternidad y el
yentes en la nueva fe vivieron en su recinto: no es complemento de la inmortal existencia del alma, y destino de la materia? Mas si un milagro de Dios
tampoco exacta tal afirmación, pues ningún desc_ubri- por seguro y costoso procedimiento momificó á los hace mejores á los hombres de futuras generaciones,
miento induce á creer que seres humanos pudiesen cadáveres y los bajó al arttro de los sepulcros, donde ¡qué tristísimo espectáculo contemplarán el día que
habitar largo tiempo en lugares húmedos, ~alsanos, misteriosas certmonias sacerdotales debían devolver- excaven uno de nuestros cementerios!
privados de air~ y ~e luz y muchas_ veces. interrum- les la vida por los siglos de los siglos. Esta concep***
pida su comu01cac1ón con el exterior. Qmzás en los ción material de la existencia en el cielo estaba tan
momentos de furor de las grandes persecuciones re- arraigada en la mente de los egipcios, que no les
ligiosas algunos crist~anos utiliz~ran como mom~n- permitía abandonar sus muertos sin proveerles de \ Sería inútil descender á las Catacumbas romanas
táneo refugio la olvidada. galena de .alguna cnp- cuantos útiles, objetos y al~mento son necesarios en en busca de algún nuevo ideal del arte, de una fase
SUMARIO

NúMERO

504

LA

53 1

lLUSTRACIÓl.11 AKTlSTICA

distinta en el desarrollo de las facultades humanas
que se aplican al cultivo de lo bello. El cristianismo,
en los primeros siglos de su existencia, no creó nada.
Por lo tanto, esas necrópolis carecen hasta del alto
interés histórico que tienen las de Memphis y Tebas,
cada uno de cuyos sepulcros nos da la genealogía de
una familia, las costumbres de una época y la serie
de objetos usados para satisfacción de las ordinarias
necesidades de la vida. Entre ambos pueblos, la distancia es aún mayor desde el punto de vista de la ejecución del arte, pues nada, absolutamente nada, en
la primitiva Roma cristiana puede compararse con
los soberbios relieves del sepulcro de Ptah H otep 6
con las admirables pinturas del hipogeo de Son Notém. Sin embargo, siempre tendrán las Catacumbas
cierto valor histórico y apologético, por servirnos
para estudiar la importante mutación que la sociedad
romana sufre en los siglos que preceden la caída del
imperio.
Los oristianos sienten también esa suprema necesidad moral de todos los pueblos, que les exige el
embellecimiento de nuestra última morada, y decoran las Catacumbas con pinturas y esculturas. Verdad
es que las estrechas galerías de los subterráneos se
prestaban poco á recibir otros adornos que el sencillo fresco pintado sobre la cal ó el estuco del muro;
pero ya he dicho antes que espaciadas á distancia
había varias cámaras sepulcrales, en cuyo recinto pudo mejor extender su inventiva, si no el genio del
artista, el trabajo del decorador. Por lo que á las pinturas se refiere, su ejecución es grosera é imperfecta,
aunque debe notarse que las más anti~ias, es decir,
las hechas en tiempo de los Flavios y de los Antoninos, son más correctas y están mejor dibujadas. La
decadencia que en el foro y en la plaza se había
apoderado del pueblo romano invadió también las
criptas de los cementerios, señalando en todas par-

tes los siglos rn y 1v como épocas de atraso y de
barbarie.
Y antes que esto sucediera, es decir, en los primeros tiempos de la Iglesia, el arte cristiano es un arte
esencialmente pagano. Tomemos por ejemplo el cementerio de San Calixto, decorado por orden del
papa de este nombre en tiempo de Alejandro Severo. Sus cámaras sepulcrales rematan en cúpula, partida por arcos rotos en cuatro nichos correspondientes á los cuatro muros. Dividen estos nichos arabescos de variada forma pequeños genios desnudos sosteniendo guirnaldas de flores, imágenes aladas de la
Victoria, cuerpos de mujer terminados en ramo de
hojas, cabezas de Medusa con la doble serpiente enroscada en los cabellos. La influencia pagana no
puede ser más manifiesta, y sin embargo se evidencia aún en mayor grado en la distribución y composición de los cuadros, en la acción de las figuras, en
los tipos y en los trajes. En tres sitios distintos vese
el cuadro de Orfeo, vestido á la griega con la túnica
larga y el gorro frigio, tocando la lira rodeado de
animales. Hállase con frecuencia el Buen Pastor, ese
hermoso tipo humano de la divinidad de Cristo, que
ha bajado á la tierra para volver al redil las ovejas
descarriadas: todos lo conocemos, porque lo conservó la tradición cristiana, ha llegado hasta nosotros y
es venerado en nuestros altares. ¿Pues sabéis á quién
representa este Buen Pastor? Rodéanlo las ovejas,
lleva una á cuestas, el cayado en una mano y la flauta en otra: es el dios Pan del panteón gentil.
Las mismas costumbres domésticas de los romanos, no abandonadas tan pronto como se supone por
los primeros creyentes en la nueva fe, tienen su representación en las Catacumbas con las pinturas de
los ágapes, comidas solemnes con que se festejaban
los nacimientos, las bodas y aun los entierros. Y nada puede concebirse más esencialmente pagano que

Monumento elevado en Avign6n, conmemorativo de la anexi6n del condado de Venaissin á Francia en 1791, obra del escultor M. Charpentier

los banquetes funerarios; brindaron ya con ellos á sus
acompañantes las momias egipcias que fueron sepultadas hacía cinco mil años en los arenales de la necrópolis memphista.
Los símbolos tienen también gran importancia en
el nacimiento del arte cristiano. Reprodúcense los
barcos, faros, liras, áncoras, corderos, ciervos, pavos
reales, aves fénix, caballos y serpientes, dándoles igual
significación que antes tenían. La imagen del pez se
convirtió en símbolo monográfico del Salvador, en
razón de las letras que forman la palabra griega lx_Ou;,
pescado, por ser las iniciales 'lr¡croü; Xplcr,o; 0.oü Tl~;
llwt~p Jesu Cristo, hijo de Dios, Salvador. El fémx
fué representado en los sarcófagos como símbolo
de la resurrección, pues Santa Cecilia hizo grabar
uno en el sepulcro de San Máximo. La palma y la
corona, que simbolizaban entre los romanos la gloria
y el h.onor, fueron tomadas por los cristianos como
señal del martirio, acompañándolas con una línea de
sangre. Finalmente los artistas de las Catacumbas solían grabar figuras que significaban las profesiones ó
los nombres mismos de las personas enterradas. En
la piedra sepulcral de un cristiano llamado Dracon tio
se ve la imagen de un dragón; en la de Onager, un
asno; en la de la Mar_ítima, una áncora y varios pes-

cados; en la de Porcella, un cerdo. Abundan también
los símbolos de los oficios, como martillos, hachas,
puntas de lanza, tenazas, niveles y azadones.
Claro está que en medio de esta invasión pagana
han de sobresalir de vez en cuando las ideas recibidas ó creadas por la nueva fe: así encontramos con
frecuencia en las Catacumbras cuadros representando
escenas de los dos Testamentos, y en particular de
la Vieja Ley, como Adán y Eva, el diluvio, el sacrificio de Abraham, Moisés haciendo brotar agua de la
roca en el desierto, la entrega de las Tablas de la ley,
David con su honda, Daniel en la cueva de los leodes, Elfas subiendo al cielo, Jacob en el sueño de
la escalera, Tobías con el pescado y la historia de
Jonás y la ballena. El Nuevo Testamento está representado por escenas de la vida de Jesús, hallándose
en brazos de la Virgen, ó en su bautismo, ó en medio de sus discípulos, ó haciendo milagros. Mas fijaos en estos cuadro~, especialmente en los de la primera época de las Catacumbas: su composición en
nada altera el antiguo canon del arte; las figuras sin·
nimbo en la cabeza, sin atributos celestes, pueden lo
mismo ser ciudadanos de Roma que santos ó profetas
ó elegidos del Señor.
Lo mismo ocurre con las esculturas, de las que he

de decir dos palabras. En muchos pneblos de la antigüedad dióse con frecuencia el caso de robarse las sepulturas con objeto de utilizar los féretros. Estos solían ser de piedra ó madera tallada; y si costaban caros cuando eran nuevos, hallábanse á mejor precio
si procedían de alguna tumba violada y habían ya servido. Los primeros cristianos no desdeñaron este
procedimiento, y aun puedo añadir que en el fondo
lo practicaron hasta cierto punto aquellos devotos
creyentes de la Edad media que han llenado los
claustros de las abadías y los muros de las iglesias
de sarcófagos antiguos donde hicieron depositar sus
cadáveres. A las Catacumbas bajaron muchos féretros romanos; y allí los hemos encontrado, tales como se fabricaron unas veces, y otras habiéndoseles
añadido el nombre del último ocupante. Además hub? muchos cristianos que se construyeron sus propios sarcófagos, adornándolos con atributos de la
nueva religión; pero la influencia antigua pesa también sobre ellos y vieñe á probar una vez más cómo
el genio del paganismo estaba injertado en la sangre
de aquellas gentes. En una piedra sepulcral del cementerio de Santa Elena, un escultor cristiano, Eutropos, está representado esculpiendo un sepulcro
que adorna con monstruos y delfines.

�53 2

les acababan de librar en las calles de Madrid una
de sus batallas, conquistando el poder en la vía
pública, según costumbre. Una de las primeras me·
didas del gobierno fué alejar de Madrid, repartiéndolos por los cantones, á los regimientos de la guar·
dia real, herederos de aquellos célebres y derrotados guardias de Corps del famoso 7 de julio.
Llegó á Alcalá un batallón, y desde los primeros
-días debo decir que la conducta agresiva de los ofi- ·
ciales produjo entre ellos y los estudiantes disputas
y reyertas desagradables. La policía se mezclaba en
todo, y las palabras más inofensivas eran tomadas
por provocaciones que daban por resultado peleas y
desafíos, ventilados en las afueras de la ciudad complutense. Las autoridades cerraban los ojos, porque,
en efecto, ¿qué podían ellas contra los oficiales, pertenecientes en su mayor parte á las primeras familias
de España? La irritación era extrema entre paisanos
y militares; insensiblemente la ciudad se dividió en
dos bandos y el alcalde se veía apuradísimo para
calmar los ánimos.
Yo permanecía naturalmente extraño á tan deplorables disputas; mi carácter dulce y hasta apocado
me apartaba de toda política militante y me hada
vivir encerrado en mi trabajo, ocupándome mucho
más de Silius Ilali'cus y de Paterculus que de los discursos liberales ó retrógrados que en aquella, como
en todas las épocas, apasionaban al país. Una inexplicable fatalidad que parece pesar sobre mi vida
me hizo desempeñar un papel tan importante como
inesperado en aque11os acontecimientos.
Estaba yo una noche en el café de la plaza, donde
acostumbrábamos á reunirnos los estudiantes, sentado
en un taburete, y confieso que sin mala intención
mis piernas larguiruchas ocupaban parte del espacio
que quedaba entre las mesas para la libre circulación
de los transeuntes. En aquel momento entró un oficial con el chacó sobre la oreja, la mirada provoca·
tiva y los bigotes puntiagudos; yo le miraba, embebecido con sus movimientos marciales, cuando al
pasar á mi lado tropezó en mis piernas y cayó al suelo como una rana. ¡Dios del cielo! Fué de ver, ó me·
jor dicho, de oir el alboroto que produjo su caída
Cara, decían unos; Cruz, añadían otros; Apaga la
luz, que el seíiorito ya se ha acostado, exclamó un chus·
co estudiante de medicina: aquello fué un concierto
discordante de dicharachos y ocurrencias.
El oficial se levantó rojo de cólera, y cuando yo,
de pie, me acerqué á él para darle mi disculpa, levantó su poderosa diestra y me cruzó la cara de un
bofetón mayúsculo. A pesar del tambaleo que me
produjo tan brutal acometida, le indiqué que hacía mal en responder con un acto deliberado de bestialidad á mi torpeza involuntaria. Me replicó que yo
lo había hecho ex profeso; que se alegraba de haber
castigado á un pillete liberal, y que si no me basta·
ba la lección recibida, estaba dispuesto á cortarme
las orejas, para lo cual me entregaba su tarjeta, y
me la tiró en efecto á la cara, saliendo del café como
un huracán. Confieso que me conceptué humillado
al verme abofeteado en público, y con más razón
EDUARDO TODA
cuanto que todos me rodearon gritándome: «¡Es pre
ciso que te batas!» «¡Nosotros seremos tus padrinos!»
«¡No puedes sufrir sin venganza una afrenta pareciEL COLLAR DE ÁMBAR
da!» Tantos gritos me aturdieron, y salí del café sin
saber á qué santo encomendarme.
CAUSA CRIMINAL
Entré en mi casa perplejo y pasé muy mala noche,
presa de mis pesadillas disparatadas. Me levanté muy
Cuando terminé mis estudios de segunda en• decidido á no batirme. ¡Ya Jo creo! Yo no había jaseñanza, alcanzando notas de sobresaliente en todas más manejado un arma, por tener siempre una instinlas asignaturas, la situación de mi familia bahía va- tiva repulsión par.a todos esos útiles homicidas; la
riado por completo. Mis padres habían muerto, dos sangre vertida me espantaba; detestaba la guerra, y
de mis hermanos servían en el ejército por haberles hubiera escrito de buena gana en las paredes de mi
tocado la suerte de soldados, otros dos buscaban for- habitación aquella sentencia que un memorialista de
tuna en América en una casa de comercio, mi her- Zaragoza escribió en su puesto: Una pluma de ganso
mana casada vivía en Badajoz y mi hermano peque- vale 111ás que cien espadas. Apenas había amanecido,
ño acababa de abrir una librería en Valladolid. Me y me dispuse á ir á ver al alcalde y al rector de la
encontraba absolutamente solo, teniendo por todo Universidad y al juez de primera instancia y á todas
capital mis veinte años, acabados de cumplir, mi tí- las posibles autoridades civiles para quejarme del
tulo de bachiller en filosofía, como se decía en ton. poder militar, cuando una turba de los compañeros
ces, mi carácter dulce y tímido, mi alta y desgarbada que habían presenciado la escena anterior entraron
estatura y unos doce mil reales escasos de capital á en mi alcoba.
que había ascendido mi legítima en la herencia de
- Vamos, ¿estás ya listo?, me dijeron.
mis padres. No por eso me creía desgraciado; nunca
- ¿Listo p¡ira qué?
me han asustado las privaciones, y siendo escasas
- Para batirte. Tu adversario está ya dispuesto:
mis necesidades nada me costaba llevar una vida las condiciones están arregladas; os batís á pistola á
económica y metódica. Me admitieron de pasante veinte pasos. Vamos, pronto; despáchate. En un
en un colegio de primera enseñanza; daba algunas desafío la exactitud es tan importante como el v:tlor.
lecciones particulares fuera de él, y continuando mis
Y o quise protestar, pero no me escucharon y me
estudios clásicos, pues mi ambición era Begar á ser sacaron de mi cuarto casi en volandas. Con el precatedrático de la Universidad, puedo confesar que texto de que no debía uno batirse en ayunas, me himi existencia era bastante agradable.
cieron beber una porción de copas de ron y de coPor aquella época fuí héroe de una aventura que ñac, que me aturdieron, y marché al lugar de la cita
hizo mucho ruido y que en vez de perjudicarme, con la persuasión de que me llevaban al suplicio.
como era de temer, me fué sumamente útil.
Llegamos; me pusieron una pistola en la mano
Estábamos en el año 1840, y las corrientes libera- explicándome cómo había de hacer uso de ella, cos~

Era natural que esto sucediera; porque después de
todo, ¿quiénes fueron los artistas que decoraron las
Catacumbas y las llenaron con sus obras? O cristianos de la víspera, educados en las ideas gentiles de
sus maestros, ó quizás paganos mismos. Unos y otros
bajaban á las criptas á pintar ó labrar en sus muros
obras religiosas, y Juego salían á la calle y entraban
en su taller para hacer esos ídolos de la decadencia
que nos son tan familiares por lo abundantes y esas
figuras obscenas hoy guardadas bajo llave en todos
los museos. Que tal sucedía, pruébalo el santo furor
que poseía á Tertuliano cuando declamaba contra
los artistas, diciendo que &lt;eran indignos de pintar el
cuerpo del Señor las manos que hicieron cuerpos
para los demonios.»
Ya vendrá más tarde el arte cristiano con sus creaciones nuevas, con los vívidos destellos de la luz que
iluminará el mundo. Pero antes le será preciso á la
humanidad liquidar sus cuentas con la sociedad antigua, destruir los organismos políticos del Imperio y
aguantar las avalanchas invasoras de bárbaros del
Norte y de Oriente, 'que tomarán los· campos de Italia como teatro de sus hazañas y las ciudades para
botín de sus ejércitos. Pasarán cuatro ó cinco siglos
antes de realizarse la gran transformación; mas al hacerse, su corriente envolverá á las mismas primitivas
ideas cristianas, sujetas como todo lo humano á esa
eterna ley de cambio que perdura en nuestra naturaleza. Entonces se olvidarán las Catacumbas y se elevarán las Basílicas, porque la nueva fe no podrá vivir encerrada en las lóbregas galerías de los subterráneos romanos: desaparecerá la antigua sencillez de
la doctrina y del culto enaltecido por sus ritos, sus
conmemoraciones, sus creyentes, sus apóstoles y sus
mártires, y vendrán leyes canónicas decretadas por
los poderes del Estado á crear otra religión oficial
que tendrá príncipes, magnates, vasallos y rebeldes.
Sólo entonces habrá muerto el paganismo, sin esperanza de resurrección.
Grandes recuerdos pueden evocarse en las Catacumbas romanas, ejemplo histórico de la fe con que
los pueblos antiguos creían en la inmortalidad. Al
examinar las pinturas de los muros, prescindid de si
el arte es ortodoxo, no critiquéis la ejecución, ved
tan sólo la idea que palpita y vive entre las groseras
líneas del dibujo. Aquellos antros de la muerte están
adornados como si servir debieran al aumento de los
goces de la vida: sus cuadros encierran asuntos 11legóricos para alegrar el alma: por todas partes vistosas
flores y maduros frutos y gallardas palmas entretejen
coronas y guirnaldas. El dolor no entró allf, la penitencia no existe, el martirio no se representa. Harto
sufrieron en la tierra aquellos creyentes, para renovar después su expiación en el sepulcro. Para ellos,
las ideas lúgubres acabaron al salir de esta vida; todo
es dicha y alegría al pisar los umbrales de la muerte,
que conduce el cuerpo á la resurrección en la plenitud de su fuerza y eleva el alma al Cielo entre los
elegidos del Señor.

..

•

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

504

que yo no entendí porque estaba muerto de miedo.
Desde aquel instante ya no me dí cuenta de nada.
Sólo sé que al oir tres palmadas hice fuego, que oí
un grito y que al abrir los ojos, porque los había cerrado al disparar, vi al pobre oficial tendido en el
suelo, boca arriba y con un balazo en la frente que
le había destrozado el cráneo.
Me éché á llorar como un niño, mientras mis amigos, á pesar de mis sollozos y de mis protestas, me
llevaron en triunfo al café y me hicieron beber á mi
salud copas y más copas hasta el punto de hacerme
perder el conocimiento. Es la única vez ·en mi vida
que me he emborrachado, y todavía la recuerdo con
rubor. Dicho se está que fuí el héroe de Alcalá; que
me hicieron y me cantaron coplas políticas, y que
coincidiendo mi triunfo con la extinción de la gu~rdia real, los liberales de la localidad consiguieron
para mí del Gobierno la cátedra de primer año de
latín, lo que había yo visto en lontananza en mis
sueños más ambiciosos y lo que conseguí por mi va·
lor y no hubiera jamás logrado por mi suficiencia.
¿Fuí yo feliz al ver logradas mis aspiraciones y al
contar con un porvenir modesto, pero seguro? Ni
por pienso; en medio de mi dicha sentí que en las
profundidades de mi alma se agitaba un drama terrible que no me dejaba un instante de reposo. Acababa de hacer en mí mismo un descubrimiento psicológico 'extremadamente grave y seguía con ansiedad sus resultados. Se ha creído hasta el día que los
muertos no existen sino por el recuerdo que de ellos
conservamos y por la sagrada memoria que nos ins·
piran. Ese es un error capital de muchos ignorantes
filósofos. Yo descubrí que ciertos muertos viven siem·
pre; que su alma no desaparece como su cuerpo,
sino que por el contrario se mezcla con el alma de
los vivos, para aterrarla, para ;dirigirla, para guiarla,
según sus propias tendencias, al bien ó al mal. Aquel
joven oficial, á quien yo había asesinado, á quien había visto ensangrentado y muerto á mis pies, á quien
había visto enterrar y cuya tumba yo mismo había
tenido el valor de visitar, no había muerto, vivía en
mí, visible, casi palpable, burlándose unas veces, increpándome otras, turbando continuamente mi inteligencia y combatiendo mis ideas con las suyas.
Un indecible terror me dominaba; sudores fríos
de angustia humedecían mis sienes: todo el edificio
científico que á fuerza de constantes estudios é ímprobo trabajo construía para mis discípulos, se desplomaba sobre mí, dejándome presa del vértigo, fascinado, sin fuerza y sin voluntad para rechazar aquel
fantasma, que se evocaba á sí mismo dentro de mi
alma. Ni aquello era una alucinación ni yo estaba
loco: lo conocía en la lógica con que conducía mis
razonamientos; tampoco estaba enfermo, ni presa
por lo tanto de una excitación del sistema nervioso;
yo no estaba más que habitado por aquel muerto y
era su víctima. Todos los consejos que me daba eran
perniciosos, y con ellos pretendía sustituir en mí á
mi carácter dulce, tolerante y pacífico hasta el exceso el suyo violento, pendencioso, hábil en disculpar
el mal y dispuesto á todo género de placeres y de
vicios; sin duda había venido á refugiarse en mi
alma, después de su muerte, para vengarse del asesinato que yo había casi inocentemente cómetido en
su cuerpo. Me decidí, pues, á luchar contra él sin
descanso hasta conseguir una victoria tan completa
que me pusiera en absoluta posesión de mi ser real
y primitivo. Aquella lucha entre dos criaturas que no
formaban más que una, entre dos almas que se confundían en un mismo ser, entre dos tendencias unidas que se contrariaban sin descanso, fué larga, encarnizada, llena de peripecias extrañas que cansaron
mi valor, pero que no me anonadaron. Vencí, y desde
aquel día el oficial vivió en paz dentro de mí, dejándome volver á la existencia estudiosa y tranquila,
que fué siempre mi verdadera vocación.
He contado, demasiado minuciosamente quizás,
aquella aventura y las consecuencias psicológicas
que tuvo para mí; pero necesitaba explicar los curiosos fenómenos que en mí se desarrollaron, para que
se pueda comprender cómo he podido yo, sin parti·
cipación moral, cometer un. crimen inexplicable.
¿Cómo me enamoré yo de Julia? De la manera
más sencilla y natural. Viéndola tres ó cuatro veces
en la escalera de mi casa. Sonriéndome ella, saludándola yo; hablando de la lluvia un día de sus lin·
dos ojos otro; de mi soledad una mariana, de mi
cátedra una tarde. Su padre, que era el inquilino del
piso principal, me ofreció su casa y yo la frecuenté
haciendo la ~ertulia nocturna al padre y á la hija;
con el padre Jugaba al domin6, á la hija la tenía alguna vez las madejas para devanar. No eran ricos,
pero tampoco pobres. Poseían algunas haciendas en
la Mancha y vivían con holgura. Yo me armé de
valor, y un día, sin saber cómo, salió de mis labios
mi confesión amorosa. Debí estar elocuentísimo; ello

J)ON OASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, estatua en bronce recientemente inaugurada en Gijón
Obra de D. Manuel Fuxá, fundida en los talleres de D. Federico Masriera y Compañía, de Barcelona

�534

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

es que Julia se pus0 muy encarnada, que el padre impregnadas en aquella época de desatinos romántime dió una palmadita en el hombro y que tres me· cos. De todo lo que precede y de los esfuerzos que
ses después estábamos casados. No diré nada de mi yo hacía para agradar á mi Julia ~e han acusado d~
felicidad, porque no hay labios humanos que puedan, débil, y hasta han dicho que me deJaba pegar por m1
no solamente contarla, sino dar de ella la menor idea. mujer. Eso es una calumnia; yo quería que fuese fe.
Mi mujer era preciosa y yo la adoraba; la modesta liz y me arreglaba para estar de acuerdo con ella; y
dote que había aportado al matrimonio, la herencia ella no era ni exigente ni tiránica ni siquiera domide su padre, que murió á poco de nuestro casamien- nante. Tenía la sangre viva, era joven y un poco ceto, y mi sueldo de catedrático, unido á la renta de mis losa, pero nada más. Cierto que me atarazaba á peeconemías, nos daban una posición desahogada. llizos cuando yo miraba á otra mujer; y que de resulComo nuestros gustos eran sencillos, con los veinti- tas de haber yo dado dos ó tres veces la mano á una
cuatro mil reales de renta que reuníamos satisfa- amiga suya llamada Enriqueta, c,¡ue nos visitaba á menudo, la cobró un odio mortal; pero eso era muy nacíamos con ahorros todas nuestras necesidades.
Ya he dicho que yo ;doraba á mi mujer; pero no tural y no tenía nada de extraño.
Por cierto que la tal Enriqueta era una joven muy
basta amar, es preciso saber amar, y esa es sin duda
la más difícil de todas la ciencias. Yo la ignoraba amable, rubia, blanca, tímida; y su marido era un
por completo, y como todos los deseos de Julia eran buen hombre, bajito, calvo, gordiflón, empleado en
sagrados para mí, me esforzaba en cumplirlos, dán• el Ayuntamiento. •Enriqueta y mi mujer se querían
dome la alegría egoísta de agradará la que yo idola· mucho antes, aunque no hubiese punto de semejanza
traba más que á nada ni á nadie en el mundo. En entre ellas, pues tanto la una era dulce y tranquila,
los primeros tiempos de nuestro matrimonio quise cuanto la otra era viva é impetuosa. Teniendo en cuenperfeccionar su educación, que respecto á las bellas ta el distinto color de sus cabellos y la diferencia más
letras y á la Historia era bastante incompleta; pero marcada de sus caracteres, yo las llamaba «el día y
no pude conseguirlo. Cuando queriendo darla una la noche.» Alguna vez quise hacer á mi Julia algunas
idea de la hermosura de la lengua latina, trataba de observaciones sobre la manera un poco dura con que
hacerla comprender las bellezas del procumbit humt' trataba á su amiga, pero mi mujer me respondió que
bos, de Virgilio, ó las dificµltades del devium scortum yo defendía á Enriqueta porque le hacía la corte.
de la oda de Horacio á Quintio Hirpino, movía la ¡Qué atrocidad! Verdad es que yo tenía con ésta alcabeza con una gracia peculiar suya, y devanando un guna de esas familiaridades sin importancia, como
ovillo con rapidez vertiginosa me preguntaba: «¿Cómo chillarla al oído cuando estaba distraída, taparla los
se dice me cargas en latín?» Yo me echaba á reir, la ojos para preguntarla ¿quién soy?, cosas todas que no
abrazaba y se concluía la lección. Algunas noches la pasaban los límites de lo lícito. Pero mi mujer ponía
leía la «Historia de los emperadores romanos,» y no el grito en los cielos y me zarandeaba de lo lindo.
sin sorpresa la veía preferir á estas obras serias y es- ¡Pobrecita! Siempre la sucedía lo mismo cuando se
critas en lenguaje correcto las noveluchas ridículas la contrariaba. Antes la daban ataques de nervios

DE MI PUEBLO, escultura de D. Miguel Blay
(Premiada en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona)

NúMERO

504

atroces. En fin, á pesar de mis loables explicaciones
y de todas mis disculpas para destruir sus sospechas,
que nada justificaban, veía á Enriqueta con disgusto.
La había tomado tt'rrt'a, como ella decía.
Una escena insignificante en apariencia, y que
ejerció en mi vida influencia extraordinaria, vi-no á
romper las amistosas relaciones con nuestros dos
amigos. Era el tiempo de la feria, y hacía aquel año
un otoño magnífico. Una tarde, habíamos ido los
cuatro, mezclándonos con el prophanus vulgus, á ver
todos los puestos de cachivaches y baratijas. Julia y
Enriqueta, que iban elegantemente vestidas y qu.e se
habían hecho mil elogios mutuos, demásiado exagerados para ser sinceros, se detuvieron ante un puesto donde se exhibían juguetes, cintas, jabones y otras
chucherías. Enriqueta cogió un collar de cuentas de
ámbar transparente, que descansaba en una cajita
sobre una capa de algodón en rama, y preguntó su
importe. La pidieron tres ó cuatro duros, no recuerdo
fijamente, y mi amigo trató de convencer á su esposa de que el precio era exorbitante y no debía pensar en comprar tal bagatela. Devolvió Enriqueta el
collar entre dos suspiros, y continuamos el paseo,
ella triste, su marido contrariado por no habérsele
comprado, mi mujer diciendo con sonrisa irónica:
«El ámbar no sienta bien á las rubias; tu marido ha
dado un prueba de buen gusto no comprándote el
collar.))
Con este motivo las dos amigas disputaron acaloradamente, Julia con. su vivacidad habitual, y Enriqueta con una acritud que yo no la conocía y que
probaba la humillación que había sufrido al no lograr de su marido aquel regalo. El pobre empleado
del Ayuntamiento intervino en la discusión, y al llegará la puerta de su casa y cuando nos despedíamos,
dijo á su esposa:
- Vamos, caprichosilla, cálmate; mañana por la
tarde volveremos juntos á comprar el collar de ámbar
que te gustó.
Enriqueta dió un grito de alegría y abrazó á su
marido en medio de la calle y en nuestras barbas.
Todo el resto de la noche Julia estuvo de muy
mal humor.
- Esa Enriqueta, me dijo, es una coquetuela, á pesar de sus hipocresías, y su marido es un Juan Lanas, que no sabe mandar en su Gasa.
Yo me atreví á hacerla alguna tímida observación,
y me acosté sin haber podido calmar su implacable
agitación nerviosa.
Al día siguiente, cuando yo volví de mi cátedra
universitaria, Julia no estaba en casa, pues entró á
poco enseñándome, por vía de saludo, el collar de
ámbar.
- ¡Ah! Amable, dulce y buena criatura, exclamé
yo abrazándola, ¡qué bien sabes hacerte perdonar
tus arrebatos! Vamos pronto á llevará Enriqueta el
collar, que te agradecerá doblemente, ho sólo por
ser obsequio tuyo, sino porque asila pides perdón de
tus injusticias de anoche. .
-Te equivocas, me contestó mi mujer desasién·
&lt;lose de mis brazos; el collar me gustó ayer y por eso
le he comprado y por eso le conservo. Además, le
sentaría muy mal á Enriqueta que es rubia y sosa,
y me sienta muy bien á mí que soy morena y tengo
la fisonomía animada.
'
Se le sujetó á la garganta, y queriendo yo hacerla
entrar en razón, me respondió con muy mal modo:
- Si no la hicieras el amor, no la defenderías siempre delante de mí: que se fastidie; y si se incomoda
de veras, tanto mejor; que deje de visitarnos y todos
ganaremos con su ausencia.
Por la noche nuestros amigos vinieron á visitarnos.
Enriqueta con semblante triste, como de persona que
ha sufrido una contrariedad; su marido, riéndose
como siempre.
- La suerte nos ha obligado á ser económicos,
á pesar nuestro, me dijo; el collar ya no estaba en el
puesto y mi mujer se quedó sin él.
Yo me turbé al oirles, porque cuanto más había
reflexionado sobre el asunto, tanto más había encontrado la conducta de Julia agresiva y desconsiderada.
Al levantar los ojos Enriqueta vió el collar, cuyas
cuentas, alumbradas por la luz de la lámpara, brillaban como gotas de oro líquido en el cuello de Julia,
y dando un grito que no pudo contener, exclamó:
- ¡Ah! ¿Eres tú quien le ha comprado?
- ¿Y por qué no le habfa de comprar? Mi marido
no me niega nada nunca, y á Dios gracias, somos ricos para comprar lo que se nos antoje.
Comenzada _en este tono la conversación, degeneró_ pronto en. disputa, y mientras mi amigo y yo nos
m~rábamos sm hablar, las dos mujeres, rojas de ira,
gritando _á la vez se llenaban de improperios, hasta
que Ennqueta1 ahogada por las lágrimas, cogió del
brazo á su mando y arrastrándole fuera de la habitación, sin despedirse de nosotros, le dijo:

NúMERO

LA

504

TALLER DE TAPICES,

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

535

cuadro al 6leo de D, José Miralles Darmanin, (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

- Salgamos de aquí y no volvamos á poner los
pies en esta casa.
Presa de un dolor sincero al verles alejarse, por•
que aquella amistad era agradable para nosotros y
no había razón para romperla, quise decir algo á Julia, pero ella fuera de sí me respondió:
- Si los quieres más que á m~ puedes irte con
ellos, no seré yo quien te lo impida.
Se hubiera dicho que esta escena y la ruptura, que
fué su resultado, habían despertado en Julia sentimientos de coquetería que yo no sospechaba en ella,
á juzgar por lo que se esmeraba en adornarse y por
su tenaz empeño en no quitarse nunca el collar de
ámbar. Le limpiaba sin cesar, admiraba los rayos del
sol á través de sus cuentas, le usaba algunos días
como brazalete, y hasta saltó de alegrfa oyéndome
decir que los antiguos creían ver en las cuentas de
ámbar las lágrimas cristalizadas de las hermanas de
Phaeton.
Una noche en que Julia jugaba con su collar,
mientras yo leía, rompió el cordón, y todas las cuentas, despedidas violentamente, rodaron por el suelo:
se buscaron, se recogieron una á una, y Julia medió
el encargo, reuniéndolas en una cajita, de ir al día
siguiente á una platería para que me las engarzasen
en un hilo que no pudiera romperse. No olvidaré
nunca que al devolverme el platero el collar coro·
puesto me dijo:
- He reemplazado el cordón roto por una cuerdecita de violín, que desafío á usted á que la rompa;
tan sólida es, amigo mío, que podría usted estrangular á su mujer con ella.
Todavía me estremezco al recordar aquellas siniestras palabras, que no eran más que una chanza de
mal gusto.
Muchas veces me esforcé en conseguir de Julia
que visitara á Enriqueta y la pidiera perdón por lo
pasado; pero me fué imposible vencer su re~isten~ia.
Por efecto de la exageración con que las muJeres JUZ·
gan hasta las cosas más sencillas, Julia se había llegado á convencer de que la falta había sido de En·
riqueta por haberse querido apropiar un adorno que
deseaba tener su amiga. Sensible me fué no ver más
á mis amigos; pero era yo tan feliz en mi hogar doméstico, que acabé por olvidarlos, y no habría vuelto á verlos sin la horrible catástrofe que concluyó
con mi dicha.
Julia cayó enferma, y su indisposición, que al prin-

cipio parecía carecer de gravedad, tomó de repente
tal incremento, que yo abandoné mi cátedra, me constituí en enfermero continuo y llamé á todos los mé·
dicos de la ciudad. No economicé gastos, ni sacrifi•
cios ni cuidados, pero todo fué en vano: la sentencia
de muerte estaba dictada, y el destino tirano iba á
cumplirla. Cada noche, á la débil claridad de la lámpara de nuestra alcoba, seguía yo con espanto las
huellas que la enfermedad iba dejando en su hechicero rostro; sus dulces ojos se abrían desmesurada·
mente; se contraía y desfiguraba su linda boca, y sus
manos adelgazadas y transparentes erraban maquinalmente sobre la sábana como buscando algo indeciso. ¡Ah! ¡Qué noches! ¡Qué horrible silencio el de
aquellas interminables horas, interrumpido sólo por
los quejidos de la moribunda, por los latidos de mi
corazón y por la péndola del reloj antiguo de pared
que había señalado todas mis horas de felicidad!
Julia conocía que sus horas estaban contadas y
soportaba con valor sus sufrimientos para calmar mi
dolor. Al oírla prorrumpía yo en sollozos, corrían
mis lágrimas sobre su almohada, y la pobre mujer posaba sus manos frías sobre mi frente, como una caricia de nieve.
- Valor, me decía, no llores y conserva mi recuerdo.
De repente su razón se obscurecía y hablaba de
unos pájaros grandes que la azotaban el rostro con
sus alas negras. El acceso de dolor pasaba, y recobrando su serena resignación, me cogía una mano y
se dormía mientras yo tJO dejaba un instante de mirarla.
U na vez se despertó repentinamente: era una de
las horas solemnes que preceden á la última.
- Mira: prométeme, me dijo, que cuando todo
haya concluído dejarás en mi garganta mi collar de
ámbar, é impedirás á Enriqueta que vaya á robártele á mi sepultura.
Yo no sólo se lo prometí, ¡se lo juré mil veces!
-¡Pero tú no morirás!, añadí.
- ¡Calla, tonto!, me contestó; piensa en tu juramento ... no hables, déjame... estoy tranquila ... mi
alma sonríe... y yo no sufro ya...
¡Murió! No puedo decir lo que pasó por mí. Mis
compasivos vecinos me arrancaron de su lado. En
aquellos instantes en que mi alma caía en un abismo
sin fondo, vi aparecer en mí al que la había habitado tanto tiempo: ¡al maldito oficial! ¡Oh, fantasma

terrible!, ¿qué me quieres? ¿Por qué no me mataste
en los días de mi juventud para no haber conocido
la. felicidad que ahora me quitan? Todos los que me
rodeaban me creyeron loco. «El dolor le transtornó,»
dijeron. Y me mojaban las sienes, me hacían aspirar
vinagre y pronunciaban frases convencionales cuya
vulgaridad exasperaba· mi dolor en vez de calmarle.
Llegó la hora del entierro, y seguí á pie á los sepultureros, á pesar de todas las observaciones que
me hicieron. «Eso no se acostumbra; no es conveniente; no hacen eso las personas bien acomodadas.»
«¿A mí qué me importa? ¿Es que yo pertenezco á tal
ó cual categoría en la sociedad?»
A pesar de todos los esfuerzos conjurados contra
mí, yo iba donde mi corazón me llevaba; con la cabeza descubierta, aniquilado, sacudido por mi dolor,
como un árbol por la tempestad, sosteníanme mis
amigos, y yo los miraba absorto sollozando y buscando en sus miradas conmiseración por mi infortu•
nio, que por ser tan grande me parecía digno de
conmover á toda la humanidad.
Cuando en el cementerio oí caer la última espuerta de tierra sobre el féretro y escuché de los labios
del sacerdcte el último Requiescat in pace, me sentí
de repente iluminado por una luz interior que inva·
día todo mi ser, y allá en el rincón obscuro de mi
corazón despedazado ·vi surgir, semejante á un ángel resplandeciente ... á Julia ... á aquella dulce compañera de quien lloraba la muerte y cuyos despojos
había acompañado á la última morada.
- Aquí estoy, me dijo, con una sonrisa que hada
más interesante su intensa palidez; heme aquí contigo ... para ti ... y para siempre ...
Yo me levanté gritando:
- ¡Vive! ... ¡Vive! ... ¡Mi mujer no ha muerto!
Todo el mundo me rodeó, el sacerdote volvió al
hoyo relleno de tierra ...
- ¿Dónde?, me decían, ¿habéis oído algún ruido en
el féretro?
- ¡La he visto! ¡la he visto!, -respondí, levantando
al cielo mis ojos agradecidos.
- Pero ¿dónde?, me preguntaron de nuevo.
-Aquí: .. en mi corazón, respondía yo golpeándome el pecho.
- ¡Pobre hombre!, dijeron por fin los testigos de
aquella escena fúnebre, mirándose unos á otros y al•
zando sus hombros en señal de compasiva indifereQcia. ¡Está loco!

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V

SANTA ISABEL, REINA DE HUNGRÍA, ou·RANDO Á LOS LEPROSOS, cuadro de Murillo
(Existente en la Real Academia de San Fernando de Madrid,}

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

504

completa y perfectamente organizada como las de cerrajería
No; yo no estaba loco, ni ·10 be estado nunca, ni aparición, la interrogué y no vi en ella ninguna señal areistica,
muebles suntuarios, etc., etc., hemos tenido ocasión
lo estoy aún. ¿Por qué culpar y calumniar á mi razón de cólera; sonreía dulcemente cuando la hice el elogio de admirar otros trabajos en bronce, ejeculados en modede
Enriqueta,
y
aprobaba
mi
conducta,
animándome
los de excelente carácter escultórico, de Nobas, Venancio y
si yo experimento fenómenos desconocidos á la ma•
á buscar en aquella intimidad, no el olvido, sino un Agapito Vallmitjana, Reynés, Llimona, Montserrat, etc.
yor parte de los hombres?
Réstanos agregar que actualmente se están preparando los
Cuando me trajeron desmayado á mi casa y me lenitivo á mi dolor. Todos aquellos mezquinos celos moldes
de la estatua ecuestre del héroe de los Castillejos, obra
que
la
habían
separado
de
su
amiga
parecían
haber
dejaron solo, al volver en mí, recorrí mi cuarto como
del escultor Sr. Puiggener, que debe erigirse en una de las pla·
si buscara al huésped querido que le había abando• desaparecido; y por la primera vez, después de un año, zas de Reus.
nado y toqué con una especie de recogimiento reli- pude dormir con el corazón menos oprimido.
Todas las noches, en lugar de encerrarme en mi
gioso todos los objetos que habían pertenecido á Ju* **
lia, que se sonreía en mi corazón, mirándome con casa ó de pasear solo por las calles, fuí desde entonDe mi pueblo, escultura de D. Miguel Blay
lástima. Corrían las lágrimas por mis mejillas. ¡Qué ces á pasar una hora con Esteban y su mujer.
(premiada por la Exposición general de Bellas {\rtes de Bartristeza en derredor mío! Los jilgueros permanecían
celona). - Discípulo del Sr. Berga, profesor de la Academia
Luis MARIANO DE L ARRA
mudos en un rincón de su jaula; las plantas que na•
de Bellas Artes de Olot, representa ya este joven artista una
die habíase cuidado de regar durante los últimos
grata esperanza para la escultura española. Pensionado en Pa( Conti1111ard)
rís por la Excma. Diputación Provincial de Gerona, ha logra·
crueles días, dejaban caer sus flores marchitas;la hado demostrar sus aptitudes y dar muestras de su inteligencia y
bitación que parecía haberse agrandado, estaba llena
habilidad. La Exposición general de Bellas Artes de Barcelo·
de un silencio espantoso; alguna cosa nueva había
na significa un doble triunfo para Miguel Blay, ya que las dos
entrado en ella ... la soledad que por tantos años
NUESTROS GRABADOS
obras que ha expuesto, la que reproducimos y la titulada R1111ordimiento, han sido adquiridas para figurar en Museos: la
habíamos arrojado de allí con nuestra dicha.
primera por el Excmo. Ayuntamiento, la segunda por la Exce•
Continuando mi lúgubre inspección, reuní todos
lentísima Diputación provincial. Ambas reproducciones acu·
Catedral
de
León.
Estatua
de
Nuestra
Señora
los objetos femeninos por o!llí diseminados; el dedal, 1~ Blanca, de la portada principal.- Nuestra Se- san
el mérito del escultor, las dos demuestran su genialidad,
las agujas, la labor que la muerte había interrumpi- nora del Foro y oferta de 1a Regla.-llablando de este Felicitámosle sinceramente y no titubeamos en augurarle lison·
do. Acababa de coger su libro de rriisa, cuando al- prec~oso monu~enco del arte cristiano español, que muchos han gero porvenir.
zando los ojos sobre la cómoda vi ... el collar de ám· considerado mas acabado y elegante que la tan justamente cele•
brada oatedral de Milán, dice un escritor ilustre y de indiscubar. ¡Miserable de mí! Presa del dolor que me había U~le
autoridad en p~nto á historia y antiguedades arquitect-6• **
afligido desde la muerte de Julia, había olvidado su mcas de nuestra patria, D. José M.• Quacuado: CAi desembo·
última recomendación, y las vecinas que la habían car por la angosta calle d~ la Victoria en la vasta plaza de Ja Taller de tapices, cuadro al óleo de D. José
Darmanin (premiado en la Exposición general
amortajado creyeron acertar quitando de su garganta catedral, 0~1ecese á los OJOS el más gentil espectáculo: que Mirralles
pudo combmar el arte y crear la fanta,ía. Descubierto por el de Bellas Artes de Barcelona). - José :Miralles Darmanin es
aquel adorno con que quería ser enterrada. ¿Qué trente y por el flanco, dominado por las agujas de cres(er!a de uno de esos artistas valencianos que, continuadores de la buena
hacer? Por más que torturaba mi imaginación, no en- dos_altas y robustas torres, erizado de pinaculos y botareles de escuela, tan alto han logrado poner el buen nombre y las tra•
contraba medio de reparar aquel lamentable olvido varias formas, reforzado por contrafuertes y arbotantes, ceñi· diciones artísticas de su patria. Residente en Orgerus (Fran·
desde hace algunos años, adonde le llevó el deseo de es•
que me hacía no cumplir el deber sagrado de una ?º de andenes y calados antepechos, perforados de arriba aba• cia)
su~ muros por dos órdenes de ventanas ojivales presentan· tudiar las_corrienlt:sque informan la pintura moderna, ha sabi•
moribunda. Miré á Julia: su rostro severo me entris• JO
do ~riple port~da al Occidente y triple portada aÍ Mediodla, do armo~1zar perfecta~~nte la nueva escuela con el especialisi•
teda.
cuaJadas de primorosas esculturas, tiéndese cuan largo es y elé· mo colorido de la trad1c1onal escuela española. De ahi que en
- Yo te juro que te conservaré siempre como un vase á su mayor altura el grandioso monumento permitiendo sus cuadros de género se observe, además de la elegancia en
las lineas, esa sobria á la par que vigorosa entonación que
sagrado depósito, la dije estrechando el collar contra abarcar en una sola mirada su incomparable arm~nia. &gt;
Tal es, considerada en conjunto, la catedral de León, de don• evoca_ el recuerd? de la_s obras maestras de Velázquez, de cuyo
mi pecho.
de son los dos fragmentos que reproducimos. De éstos el pri- estudio ha recogido M1ralles provechosas enseñanzas. Su Ta•
Julia movió su cabeza tristemente y se echó á mero representa la hermosa imagen conocida con el nombre de ller de tapices es una obra notabilisima, especialmente por el
Nuestra Señora la Blanca, que está ~rrimada_ al poste que corta c?l?rido, digna de figurar, conforme figurará, en el Museo mu•
llorar.
Yo reuní bajo un fanal el bouquet que había lle• en do;; el _port~l del centro ~el precioso pórtJco, ingreso princi- n_1c1pal de_ ~ellas Artes de Barcelona, ya que con tal objeto ha
d~ la 1gles1a. Esta bellísima escultura, objeto de gran ve• sido adqumda por el Excmo. Ayuntamiento.
vado á la iglesia el día de nuestra boda, la corona de pal
nerac!ón por parte de los leoneses, se encuentra encerrada en•
azahar, añadí á estos objetos el collar de ámbar y ~e cnstal~s y ostenta á su lado una inscripción recordando las
*
••
deposité aquellas reliquias en mi mesa de escritorio, mdulgenc1as desde 1456 concedidas á los que la invocaren. El
enfrente de mí para tenerlas siempre ante mis ojos. otro es uno de los m11_5hos detalles valiosos del claustro, y re- Santa Isabel de Hungría curando á los leproSe creerá que reunido indisolublemente, por de- p_resen!a á Nu~stra Senor~ del Foro ó ~e fa Regla: el relieve, que sos, cuadro de Murillo (existente en la Real Academia
la vida monásu~ en. que VIVIÓ aquel cabildo desde de Bellas Artes de San .l&lt;'ernando), - Este es uno de los cua•
cirlo así, dentro de mi corazón con la que yo ama- s1m~hza
el siglo once al doce, por medio de la figura de un canónigo d~os ~el ÍD!flortal pintor sevillano que tienen más accidentada
ba, y que muerta para el mundo entero, vivía sólo ofreciendo la catedral al niño Jes&lt;is, está colocado en una hor• h1ston~. Pmtado en la época en que Murillo se ostentaba en
para mí, era yo dichoso. Se engaña quien lo crea. Yo 11:acina á la izquierda de la entrada, y hasta hace muy poco la plemtud de su portentoso genio fué adorno valiosísimo de
era el más infortunado de los hombres. Por no ale• uempo todos los años acudía la ciudad en procesión á deponer uno de los templos de Sevilla hasta que en la época de la inva•
ofrenda ª?te la imagen de la Virgen el día 17 de agosto en sión napoleónica en España fué robado por los franceses y lle•
jarme de los sitios donde había vivido con Julia y su
conmemoración de la batalla de Clavijo.
vado. á Paris por _orden d~l emperador, junto con oh'as precia·
poder contemplar continuamente los muchos testidas ¡oyas del mismo artista, entre ellas los célebres Medios
gos de mi perdida ventura, conservé nuestra casa,
punto1 que representan la leyenda del llfilagro del cabállero ro•.
*
*•
mano. Del Louvre, donde fué colocado como precioso botín de
que era para mí como un-templo. ¡Debilidad humavolvió al cabo de algún tiempo á España para formar
na! ¡Allí fué, sin embargo, donde cometí el crimen, ~onumento ele.vado en Avignón, conmemo- guerra,
parte del museo de la Real Academia de Bellas Artes de San
mi verdadero crimen, el de haber hecho traición á rativo a.~ la anexión del condado del Venaissin F_ernando, á la que actua~mente lo reclama con insistencia, y
mis queridos recuerdos, más digno aún de castigo á Fr~nc1a. en 1791, obra del escultor M. Char- dispuesta á llevar la cuestión á los tribunales, la cofradía sevi•
pent1ez:. -Para conmemorar el centenario de este suceso im- llana, que se cree con derechos indiscutibles sobre el tan codique el accidente fatal que fué su consecuencia!
portantísimo _de la historia francesa se ha inaugurado recienteTranscurrí un año en esta pena constante, que se mente en Av1gnón el monumento que reproducimas y que es ciado lienzo.
A . 1~ verdad, compréndes~ que este cuadro despierte tales
exacerbaba á menudo convirtiéndose en dolor agudo. obra del notable escultor M. Charpentier.
amb1c1ones y _tales reclamaciones origine, pues contemplándo•
J:I monumento, cuya altura es de doce metros, está corona• lo se ve que s1 sólo por ser de Murillo merece el dictado de
Para todos los que me conocían yo no era más que
por la estatua de la Francia, que con el brazo izquierdo sos• obra maestra, el mé~ito que esto supone sube de punto cuando
un pobre hombre víctima de una desgracia, á la que ~o
tiene el asta de la bandera tricolor, cuyos pliegues se confun•
el Liempo debía traer su infalible remedio; pero para d~n con los del amplio ropaje, mientras el derecho aparece ten• con Jazón puede cahficarse el Santa Isabel de llna de las mejomí, que sabía de mis dolores todo lo que no quería d1do en ademán de paz y protección. Alrededor del pila¡ don• res creaciones del artista incomparable.
decir, yo era un miserable, tanto más digno de lásti- de se levanta es!a figura s~ colocarán (pues la obra no está en·
ter:imente termmada) vanos grupos en uno de los cuales el
• •*
ma, cuanto que la presencia interior de Julia me ha- ím1co
concluido, se ve á una joven agitando con una mano ~na
cía más insoportable su ausencia real. U na tarde que ram~. de laurel y con la ~ka presentando á la nueva patria á La mue!'te de 1~ monja, dibujo á la pluma de
D. Antomo Fabres. :-Todos cuantos elogios, y á fe que
al anochecer paseaba mi hipocondría por las orillas su h1Jo, que su esposo sosttene entre sus brazos.
El conjunto de este monumento es armonioso y elegante y no son pocos, hemos prodigado á nuestro asiduo y distinguido
del Henares, me encontré de manos á boca con mi
resultan deficientes tratándose de esta obra sor•
antiguo amigo el marido de Enriqueta. Se acercó á e°: todo él se revela el talento del escultor que obtuvo el pre• colaborador,
pre~dente, que es, en nuestro concepto, la mejor creación pro·
mio de honor en el Salón de París de 1890.
mí, me estrechó entre sus brazos compartió mis so•
duc1da ~ar su _autor en este _género, que como poquísimos ha
llegado a dommar. Los calificativos más encomiásticos las
llozos y me consoló diciéndome:
fras_es más laudatorias parecen pálidas alabanzas cuand~ se
• **
- Ven á vernos; todas nuestras quejas antiguas esaplican á una obra como la que hoy reproducimos del Sr. Fatán olvidadas: Enriqueta ha llorado á su amiga; me
D. Gaspar Melchor de Jovellanos, estatua en brés. _Mirese. ésta como se quiera, examínela el más lego en
habla de ti sin cesar, y en nuestra casa encontrarás bronce de D. Manuel Fuxá, f4ndida en los talleres de materia artística, analicela el más exigente en achaques de arte
el consuelo de una amistad que no debió romperse D: Fed~rico Ma~riera .Y Compañía, de Barcelona. -La indus• ~on el 1;&gt;rop6s~to. de descubrir en ella alg6n defecto, un pequetnosa V1l1a de G1JÓn hizo patente el dia 6 del actual su inmen• no desliz; en ultnn_o resultado el aficionado, el critico, el artisnunca.
gratitud hacia el más ilustre de sus hijos, al descubrir la es• ta habrán de rendirse ante esa revelación del genio y de pro·
Hacía tanto tiempo que yo amontonaba mis lágri- sa
tatua que ha levantado para honrar la memoria del insigne don cl~mar que L~ mu~rte de la 111011ja es un portento de senti•
mas en mi pecho, sin la menor expansión, que seguí Gaspar Melchor de Jovellanos.
miento y de e¡ecuc1ón1 en el que la pluma ha obrado maravillas
á mi amigo inconscientemente, no sin notar que JuA tan solem~e a~to as?_cióse España, puesto que no se trata hasta el punto de hacer olvidar la ausencia del colorido En
lia parecía contenta por reconciliarse en mí y por mí d_e un ~ombre a qm~n _G1JÓn de~ beneficios, sino de una glo• su con~unto impresiona ~rofon~a~1enté: imposible hallar ~ejor
con la amiga á quien había ofendido en vida injusta• na nac1o~al, de un ms1gne patnc10, de un español ilustre, que expresión á esa muerte s1~ sufn_m1ento, que _apenas deja huella
p~r sus v1~tudes, por s~ talento, por sus acciones y por sus es• en los que, no ya con res1g:nac1ón, con ansia esperan el feliz
mente. Enriqueta me recibió con cariñoso afecto; la cntos
se hizo acreedor a eterna gratitud.
momento d~ abandonar la tierra y tender el vuelo hacia el Dios
encontré poco cambiada, ·un poco más gruesa quizá,
Solemne fué ~l acto de descubrí! la estatua, al que concurrió de sus purísimos amores; imposible' componer con el color una
pero siempre bonita y conservando en sus ojos aque- en representación de S. M. la rema el Conde de Revillagige- palidez de las carnaciones tan exacta como la que el Sr. Fa·
lla mirada bondadosa y dulce, que era su mayor en- do }'. las autoridades, así como un represen.-.inte de la familia brés sólo con blanco y negro ha conseguido. En cuanto á los
ilustre prócer.
detalles del dibujo, mejor es abandonar la tarea •de llamar la
canto. No necesito decir que toda mi larga visita se del
. L_a e_statua qu~ corona el monumento erigido á aq!lel patri• atención sobre ellos: ¿quién es capaz de enumerar la infinidad
empleó en hablar de Julia.
c10 1~s1gne, ha sido modelada por el escultor D. Manuel Fuxá, de bellezas que la _mano y el genio del artista han prodigado en
- Ya sabe usted, me dijo Enriqueta, que yo estoy prev!o concurso en el que obtuv~ el primer premio, debiendo esta obra? Cualquiera la~ ve y las siente1 pero nadie osará precasi siempre sola. Esteban pasa el día en el Ayunta• cons1d_er~rse _como ~na de las meJores obras que ha producido cisarlas, y_si alguien á tal se. aventurara á buen seguro que más
d1stmgu1do artista, ya que ha sabido interpretar con no• que las sena.ladas serian_ las mvoluntar:amente por él omitidas.
miento y la tarde en el café; venga usted algunas ve• este
table ac(erto el carác~er del personaje. J ovellanos viste la toga
La muerte de la 111011;a obtuvo un triunfo en la Exposición
ces á hacerme compañía; hablaremos de Julia, y por del magistrado y sosllen~ en s~ mano izquierda el famoso e.In· Internacional de Muni~h de 1890, en donde el cuadro no fué
lo menos no vivirá usted como un oso, encerrado en forme sobre la ley agrana,ll siendo de notar su naturalidad y colgado en la pared, smo colocado por excepción honrosa en
la nobleza de su aclltud, asi como l!!. modelado en todas sus un caballete en el centro de un salón, y si no obtuvo la mayor
su pena y en su soledad.
9ue p~oducen un conjunto grandioso y admirable. De recompensa que en esas exposiciones anuales se concede fué
Aquella visita, que disminuyó el peso que me opri- partes,
doble d1mens16n del natural, ha sido fundida en los talleres de porque el reglamento n~ permite otorgar más que una 'sola
mía, lejos de disgustará Juli,a pareció serle agradable. D. Federico Masriera y Compañia, de Barcelona notable es• medalla de _oro á un artista y Fabrés la habla ya conquistado
En efecto, cuando me quedé á solas con mi querida tablecimiento, en el que al visitar la sección de f~ndición tan en un anterior certamen.

'

NúMERO

LA

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539

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CONTINUACIÓN)

en la ventana, parecía contemplar tristemente la luz pálida del nuevo día,
aquella aur~ra que _n_o ~olvería á ver más, con el pensamiento sumido en
l~s profundidades 1l~m1tadas del ensueño. Todo su cuerpo se estremecía
hgeram7nte ~e contmuo, y en sus mandíbulas producíase un movimiento
convulsivo mientras que le aplicaban las unciones: los presentes respondían en alta voz á las preces del sacerdote. De pronto el enfermo hizo
~n brusco esfuer~o como para escapar del lecho; pero la condesa de Cha·
heu, que estaba Junto á él, apoyóle una mano en el hombro y sujetóle
con fuerza. Al fin terminó la ceremonia y el abate re retiró.
. Algunas horas de~pués comenzó el estertor, que se oía en todo el castillo; y era co~a terrible ver cómo aquella vida tenaz, aquel cuerpo robusto y lle~o de Juventud luchaba bajo las garras de la muerte. Blanca no
p~ese_nc1ó aquella esp':ntosa y última lucha, pues la guardaban en su ha•
b1tac1ón, ~onde las sen?ras hacían lo posible para consolarla.
A~ declmar el día,_Gi)berto se_ encargó de los niños, de los que ya no
pod~a ocuparse la senonta de Samte·Severe, pues érale preciso permane•
ce_r Junto á la marquesa, que hacía algunos días, presa del mayor abati•
miento, no salía de su cuarto.
. G_ilberto cogió de la mano á Juana y á Guy y condújolos al fondo del
~ard1_n. Aquell?s dos huérfanos, que adoptaba ya con el pensamiento,
msptrábanle ~mcero cariño... Sí; cuidaría de Guy para hacer de él un
hombre, ~~gun el dese~ d~ su padre... Y Juana... ¡Qué encantadora era
aquella nma, cuyas gracias mfantiles había admirado antes en la madre'
'J'.~mbién podría contar con él; todo cuanto él tenía sería de ellos. y
mnos Y Blanca y él no formarían más que una familia.
_Ju~n~ Y ~uy, impresionados por la tristeza general, habían estado al
pnnc1p10 9metos; pero con la inmovilidad propia de sus años, acabaron
por sacudir aquel malestar, y ahora corrían y jugaban, olvidando el drama que tan cerca de ellos se desarrollaba.
De vez en cuando G~berto, haciendo un ademán paternal, aplicábase
un dedo á _l: boca y senal~bales el castillo para que moderasen sus jue•
gos. Los nmos, comprendi_endo al punto, se callaban, y Gilberto entregá•
base de nuev~ á sus reflexiones, con los ojos fijos en la inmensa fachada
que tan cambiada le parecía. El edificio señorial no tenía ya aquel aspee~
to de orgullosa alegría q~e obs7rvó en él en otro tiempo al divisarle con Pedro
desde la cumbre de las mm~diatas colinas: las miserias que ahora encerraba,
aquella ~uerte, a~uellas lágnmas, .aquellos padecimientos, parecían contristar
su extenor, Y á Gilberto ª&amp;radábale que simpatizara con su propio pesar.
Cuando entró en el castillo, al ponerse el sol, reinaba un silencio profundo,
espantoso, en el vestíbulo .Y. l~s corredores. Dejó á los niños para que se los
llevaran á su madre y se dmg1ó á la habitación del vizconde
Dos bují_as_ ardían junto_al lecho en una mesa con tapete bianco, á cada lado
de un crucifiJO Y de una pila de agua bendita con una rama de boj. Pedro es•

¡¿·~

.,
Gilberto se inclinó, y dejando correr sus lágrimas estamp6 un prolongado beso
en la frente de su amigo

Cuando Blanca se present6, precipit6se en los brazos de su esposo, y hubo·
una escena desgarradora. Pedro abrazó repetidas veces á Guy y Juana, mandó
después que se los llevaseu, y quedaron solos Gilberto, la vizcondesa y él.
El enfermo había cogido la mano de su esposa.
- Blanca, dijo, debes perdonarme... ¡Cuánto te he hecho sufrir!.. . Pláceme
que Gilberto esté aquí, porque es nuestro mejor amigo y sabe cuál ha sido mi
proceder, mi mala conducta ... Si hubiese vivido más tiempo, tal vez habría yo
reparado todo esto. Ahora escúchame atenta: de todos nuestros bienes apenas
nos queda nada, pero es indispensable que nuestros hijos vivan ... No me inquieto por Guy, pues irá á Saint-Cyr ó entrará en el servicio, y siguiendo la
carrera de las armas no necesita fortuna ... ¡Y que no pida el retiro, como yo,
que no renuncie á su empleo! Si fuera preciso, tú se lo impedirás ... En cuanto
á Juana, se le formará un humilde dote con lo que nos queda, y sin duda encontrará algún hombre honrado ... Educa á los dos bajo la idea de que están
destinados á una posición modesta, y así podrán ser felices ... más que nosotros ... ¿Me lo prometes? ...
Blanca, arrodillada é inundando con sus lágrimas la mano de Pedro, no podía contestar.
- En cuanto á ti, Gilberto, te ocuparás de ellos, ¿verdad?... también te los
confío ... os los confío á los dos ... Siempre te quise mucho, aunque tal vez no
te lo haya mar.ifestado bastante... Tú eres el único verdader0 amigo que jamás
tuve, y acaso aquel con quien menos he hablado; pero no me has de guardar
por ello rencor.,. Comprendía que tu alma estaba muy por encima de la mía, y
sin manifestártelo te admiraba y apreciaba en lo que vales ... Blanca lo sabe,
porque se lo he dicho muy á menudo... Cuando Guy se vaya haciendo hombre
le hablarás de mí, diciéndole lo que éramos uno para otro y que al seguir tus
consejos cumplirá con mi propia voluntad... ¡Dios mío, yo hubiera querido sin
embargo verle más crecido, y me separo de él cuando apenas cuenta cinco
años... cuando tan poco me conoce! ...
Pedro se entregó otra vez á sus tristes pensamientos, como si el esfuerzo que
acababa de hacer para expresar su voluntad hubiese sido el último de que era
capaz. Desde aquel instante sus ideas se confundieron; repetía las mismas fra.
ses, las mismas palabras... y fué preciso conducir á la vizcondesa á su habitación para que no presenciara aquel espectáculo.
Por la noche sobrevino el delirio, y entonces ya no reconoció á nadie; algunos criados le velaron; durante aquellas largas horas saltó algunas veces del
lecho; quería salir, marcharse, y suplicaba con voz doliente que se lo permitieran. Costó mucho contenerle; pero al amanecer tranquilizóse un poco y se
adormeció.
El cura de Mareuil, á quien se había llamado á toda prisa, llegó con los san•
tos óleos, y al punto se llenó de gente la habitación de Pedro. ¿Tendría éste
conciencia de lo que pasaba? Sus contestaciones á las preguntas que le hacía el
abate Souchón eran confusas, como murmuradas entre sueños. «¿Me reconoce
usted? ... He rogado á Dios por su alma ...» decía con voz robusta el cura, que
parecía disgustado porque no se le había avisado antes y que vaciló algún tiempo antes de dar principio á la ceremonia. Al fin se decidió á ello en vista de la
afirmación de la señora de Chalieu, que aseguraba que el enfermo conservaba
todo su conocimiento.
Pedro, trastornado por el ruido que se producía en su habitación, acababa
de incorporarse á medias, y apoyado en el borde del lecho, con la mirada fija

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.. . cogiéndole cada cual de una mano, le condujeron adonde estaba su madre

taba inmóvil, extendido bajo las sábanas, con la cabeza echada hacia atrás so·
bre la almohada, notándo~e en su rostro esa palidez sin reflejo, esa serenidad
gue sólo la muerte comumca.
_Todo había concl~ído; ya no padecía ni se agitaba, él, que tanto se había
agitado durante su vida y que aun en sus últimos días proyectaba tan hermosos

�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

504

- ¿Y qué será de esa pobre Blanca?, preguntó de pronto la baronesa de
Tertre?
Después de un minuto de silencio, oyóse la voz de la señora de Chalieu, que
contestaba:
- ¡Bah! Se casará con el conde de Bagrassand. Es lo mejor que puede hacer...

IX

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..,. .
;

~-•-•.-"!'f ··

El cura de Mareuil, á quien se había llamado á toda prisa, llegó con los santos 6Jeos

planes. Habíase lanzado en el_ mundo con el vivo deseo de apurar todos sus goces, creyendo_q~e todo seda magotable, salud, fortuna y actividad, los dones
que había recibido al nacer; mas ahora deteníase en medio de su carrera, herido de muerte y después de haber derrochado su patrimonio... Gilberto se inclinó, y dejando correr sus lágrimas estampó un prolongado beso en la frente
de su amigo.
Cuando salió de aquella estancia, dejando al difunto sólo con las mujeres encargadas de velarle, parecióle que se abría un gran vacío á su alrededor cual
si todos los que habi~ban en Mareuil, sus huéspedes ordinarios, se alejar;n de
él y huyesen al sentirle aproximarse. El profundo silencio aumentaba aquella
sensación de aislamiento; hubiérase dicho que la muerte de Pedro acababa de
romper algún misterioso lazo, el débil vínculo que le unía á una sociedad de
que no formaba parte... Cuando vagaba por los desiertos corredores encontró á
la señorita de Sainte-Severe, quien le hizo una seña para que entrase en la habitación de la marquesa.
·
La anciana estaba sentada en un gran sillón y tenía en la mano un pañuelo
humedecido con sus lágrimas.
- ¡Qué desgracia!, exclamó, ¡qué desgracia, señor Maujeán!
Y m~ábale con su habitual expresión resignada y angustiosa; mientras Gilberto, sm fOder hablar, sollozaba amargamente. La anciana le cogió de la mano.
- Sí, d1Jo la marquesa, usted le quería mucho... ¡Tiene usted tan buen corazón!...
La noche había cerrado del todo cuando Gilberto se retiró. Para volver á su
cuarto debía pasar por delante del aposento de la vizcondesa; la puerta estaba
entornada, y un rayo de luz, filtrándose á través de la abertura, cortaba las tinieblas del corredor. Gilberto oyó lamentos sofocados en el interior de la es·
tancia.
Al ruido de sus pasos entreabrióse la puerta un poco más, y vió á los niños
Guy y Juana, que se adelantaron silenciosamente hacia él como impelidos por
un movimiento instintivo y que sin pronunciar palabra, cogiéndole cada cual
de una mano, le condujeron adonde estaba su madre.
Blanca estaba sola; apoyados los codos en su mesita de escribir, ocultaba en
parte su rostro; pero vió á Gilberto, levantóse, y sin cuidarse de 1~ presencia
de los niños, que lloraban de nuevo, precipitóse en sus brazos y apoyó la cabeza en el pecho de Gilberto sollozando angustiosamente. Maujeán, señalando
á Guy y Juana, dijo á Blanca que era preciso vivir para sus hijos, á quienes se
debía, y para los que la amaban..•
- ¡Sí, usted! ... , balbució en su aturdimiento. ¡Sí, para usted, para usted!..,
Y seguía abrazada á Gilberto en medio de los espasmos que la estremecían,
como si fuese su único apoyo en aquella hora de tristeza. Al tenerla así entre
sus brazos, Gilberto experimentó una extraña sensación de doloroso placer y de
profundo pesar; compadecíala verdaderamente al verla tan desdichada, contan•
do sólo con su apoyo, abandonándose y uniéndose á él para siempre...
De pronto oyóse ruido, separáronse al punto, y como vieran que se acercaba la señorita de Sainte-Severe, Gilberto se retiró.
Un momento después salía del castillo sin dirección fija, y bajando á la primera terraza, dejóse caer en un asiento con que tropezó en la obscuridad. Allí,
oculto entre las tinieblas y con la cabeza entre las manos, entregábase á una
fúnebre meditación y concentraba sus pensamientos, adoptando resoluciones
para el porvenir ... Al día siguiente de celebrarse las últimas ceremonias partiría de Mareuil... Iría á establecerse en Chatillón, pues ya no le era dado permanecer más tiempo en el castillo; pero no estaría lejos de Blanca ...
De repente parecióle oir murmullo de voces más arriba del sitio donde estaba: eran la señora de Chalieu y sus amigas, que habían ido á sentarse en la
terraza.

Gilberto había realizado su proyecto instalándose en Chatillón, á la entrada
de la ciudad, en una casita con jardín que él solo ocupaba. Algunos árboles
ocultaban en parte la fachada del edificio: allí, escondido tras la discreta sombra, sin recibir visita alguna ni tener más distracción que las pocas personas
que por allí pasaban, vivía Gilberto muy tranquilo, pero acosado por la fiebre
del que espera,
En efecto, nada podía resolverse entre la vizcondesa y él antes de que transcurriera el año de luto.
¡Pero qué importaba el tiempo! Su felicidad estaba asegurada ya, puesto que
descansaba en su confianza en la vizcondesa. Esta confianza era tan absoluta,
que cierto incidente ocurrido á los pocos días de la muerte de Pedro, incidente
que habría debido chocarle después de las palabras que de boca de la señora
de Chalieu había oído, pasó casi inadvertido para él.
Tratábase de las formalidades necesarias respecto á la menor edad de los
hijos, y habíase pensado para el cargo de tutor en el hermano de Pedro, el
conde Juan de Cabro!. Este, á quien se había escrito en el momento en que la
catástrofe era inminente, no llegó á tiempo más que para presidir el cortejo fúnebre, y con este motivo se renovó la intimidad entre las dos familias; pero
cuando se le propuso la tfttoría, rehusó el cargo, pretextando su alejamiento y
la escasa probabilidad de volver pronto á Francia. Tal vez creyó que relaciones
demasiado frecuentes le crearan obligaciones respecto á su cuñada y sobrinos;
por otra parte, en la sucesión había mucho embrollo, y aquel diplomático no
queda intervenir sino en asuntos bien despejados. A falta de Juan de Cabro!,
se pensó en Bagrassand, que era el más próximo pariente de Guy y de Juana,
y el conde aceptó.
Blanca, por su parte, vivía en ~areuil muy retirada en el aislamiento y el
silencio que le imponían las conveniencias sociales; respetándolas también Gilberto no la visitaba sino de vez en cuando, y aun así nunca la encontraba sola.
Cuando no estaba allí la anciana marquesa, la señorita de Sainte-Severe no faltaba para tomar parte en la conversación,
Indudablemente, Blanca temía una conferencia á solas, y Gilberto, comprendiéndolo así, excusaba el sentimiento que la inducía á proceder de este modo.
En la situación en que se hallaban, en efecto ¿qué hubieran podido decirse que
no les hubiera inclinado á estrecharse en cariñoso abrazo si llegaban á estar
solos? Seguros de sí mismos, mejor era esperar, no precipitar nada, respetar las
tiranías de la costumbre, esa obligación moral que prohibe manifestar alegría
demasiado pronto después del duelo y buscar la felicidad en una muerte. De
este modo, el mundo y su propia conciencia no tendrían nada que censurarles.
Por otra parte, aunque Blanca no confesase lo que sentía, su actitud le hacía
traición. Cuando Gilberto llegaba, apresurábase á dispensarle la más favorable
acogida, y después de sentarse no separaba de él la vista un momento. Examinaba cada vez con atenta curiosidad todos los detalles de su persona, co•
mo si no le conociese aún, y parecía juzgarle, estudiarle de nuevo, felicitarse de
su elección é impregnarse de su imagen para el tiempo que no le viera. Es probable que hasta entonces no se hubiese ocupado apenas del personaje
físico, fijándose solamente en el hombre intelectual y moral. En esto último
era en lo que Gilberto destacaba del medio en que Blanca vivía y sin duda
esta era también la razón que la indujo á no hacer caso de Gilbertd al principio.
Más tarde, acostumbrándose demasiado á verle, quedó prendada de él, y día
por día el amor deslizó un velo sobre sus ojos para que no vieran con tanta
c~aridad. Este v~lo embellecía tal vez al señor de Maujeán; mas ahora que viv1an separados, y que la muerte de Pedro, trastornando su corazón había si no
modificado en el fondo por lo menos desviado los deberes, con;irtiendo en
simpatía lícita y natural una inclinación hasta entonces culpable, ya no era así.
Con sus hermosos ojos de viuda podía fijar en Gilberto y en la existencia que
se renovaba para ella una mirada más lúcida y más penetrante descartando de
ella prestigios ilusorios y prevenciones favorables ó no.
'
Sentado Gilberto delante de Blanca, ésta le veía tal como era en una actitud
de modestia y de plácida humildad, en que se revelaban el perfecto coooci-

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LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

miento de las condescendencias debidas á los demás, de su propio mérito y de rita de Sainte-Severe adivinaba que esto era lo único á que debía las atenciones
lo que á él mismo se le debía. Todo cuanto Blanca trataba de representarse en de Maujeán. He aquí por qué cada vez que le veía adelantarse hacia ella costásu ausencia, cuando á veces su meditación llegaba hasta él, y siempre que se bale un poco reprimir la expresión de ironía y resentimiento de su sonrisa. Poco
proponía precisar un detalle ó una particularidad, recordábalo al punto, per- á poco, sin embargo, acostumbróse á ello y no se privó del placer de alarmar
suadiéndose de ello después con viva satisfacción ... ¡Ah! Sí, tenía la mano blan- la ternura de Gilberto, sugiriéndole dudas sobre la seguridad en que su corazón
ca, pequeña y bien hecha, los dedos afilados ... y esta mano comunicaba gracia se adormecía.
Insensiblemente, y sin que se hubieran necesitado declaraciones, acabaron
y algo de artístico á cuanto decía, aunque fuese muy sobrio de ademanes ... Y
las facciones no eran comunes; la nariz trazaba una curva aguileña sobre una por hablar de la vizcondesa, dándose por entendidos uno y otro, como de un
boca fina, cuyos labios describían graciosas sinuosidades sobre una barba algo hecho que no exige explicaciones, sobre la situación de Gilberto respecto á
pequeña y sin marcado carácter. Las mejillas, de color sano, estaban á veces Blanca. Esta situación parecía tan bien determinada para 61, que consideraba
un poco pálidas, como las de aquellos que durante largas horas se inclinan so- muy natural que no fuese un misterio para nadie y que sus palabras aludiesen
bre los libros, y en los párpados notábase un ligero tinte rojizo, efecto de fati- á ella. No hubiera podido decir cómo comenzó la cosa y no reflexionaba sobre
gosas vigilias. De sus ojos azules parecía emanar una irradiación límpida é in- lo que podía tener de anormal. La señorita de Sainte-Severe debió prestarse
tensa, como si tomase su llama de un foco siempre abundante, y al fijarse su ella misma á este papel de confidente dando los primeros pasos; y Gilberto que
mirada en los seres ó en los objetos hubiérase dicho que lo escudriñaba todo en la soledad en que vivía no tenía sino esta ocasión de hablar de aquella en
hasta en sus más recónditos repliegues: nada hubiera podido pasar inadvertido quien se fijaban todos sus pensamientos, no rechazó tan útil servicio, tanto más,
para ella. La línea de la frente, graciosa y recta, perdíase en las sienes, algo cuanto que siempre conservaba la impresión de que la señorita Albania ejercía
desnudas, en las cuales no se veían más que algunos ligeros cabellos rubios, un cargo subalterno. A causa de esto no pensaba sin duda en la humillación á
semejantes por su finura á los rizos de un niño. El pensamiento y la reflexión que la sometía, meiclándola así de upa manera secundaria en sus asuntos de
habían impreso allí su noble sello, no sin dejar la
huella de los estragos que ocasionan. La estatura
no pasaba de regular, y sin embargo parecía más alto
por la esbeltez de todo el cuerpo y por la anchura
del busto, bien asentado sobre las caderas y que
se erguía sin ostentación, así como la cabeza sin
altivez ni aire pedantesco. El pecho y los hombros
caracterizábanse por su perfecto desarrollo. En este
conjunto debía hallarse algo de la estructura del
padre Maujeáo; pero con un aspecto de fuerza y
robustez que teda algo de distinguido, sobre todo
si se reflexionaba que aquel vigor se había empleado en trabajos mentales, permitiendo tal vez profundizarlos más que otros hombres. Adivinábase
que en todas partes, en todos los lugares, en toda
sociedad, hubiera podido dominar é imponerse.
Manteníase obscuro por efecto de su buena educación, persuadido de que todo el secreto de las cos•
tumbres corteses y de la dulzura de las relaciones
está en el olvido de sí propio, para no eclipsar el
mérito de los demás, dejando á los más moderados
y más discretos la oportunidad de darse á conocer.
Cuando Gilberto se levantaba para despedirse,
Blanca permanecía sentada un minuto, contemplando silenciosamente su traje correcto, sin afectación, del cual no parecía ocuparse, su conjunto
elegante y lleno de atractivo, el encanto particular
que comunicaban á Gilberto aquella mezcla de
gravedad juvenil y de madurez intelectual y también su expresión alegre, en la que aún quedaba
algo del niño. Al observar todo esto, Blanca no se
cansaba de admirar y acaso también se interrogaba.
La vizcondesa, sin notarlo seguramente, era á su
vez objeto del atento examen de Maujeán, para
quien tenía un atractivo más la tristeza de su situación y su traje de luto. Observábase en ella la graciosa sonrisa de las viudas que aún están destinadas á figurar en el mundo, una sonrisa discreta,
velada, aún impregnada de lágrimas, pero llena de
esperanzas. Su belleza resaltaba más ahora en medio del cuadro sombrío que la rodeaba. ¡Con qué
lánguida gracia se destacaban sus lindas manos de
las largas mangas bien ajustadas á la muñeca! ¡Qué
bien contrastaban su graciosa cabeza y rostro pá... mientras.la señorita de Sainte-Severe y Gilberto paseaban por el camino central
lido con el esbelto y ajustado cuerpo, que marcaba
la perfecta forma del talle, y con el cuello alto, que
mantenía levantada su barba!
·
Gilberto pensaba en la hora feliz en que desaparecería aquel vestido negro, \ amor. Sin embargo, es probable que la señorita de Sainte-Severe se diera cuenta
aquella librea de la desgracia; en el día en que, luciendo las vistosas galas de de tal humillación y que si disimulaba el pesar y la vergüenza que le causaba
otras veces la conduciría del brazo. En fin, hasta en las frases sin importancia era porque tenía esperanzas de obtener alguna· ventaja para sí propia.
que entre ~llos se cruzaban había palabras de doble sentido, de ~ecreta inteliCierto ~ía, á principios del verano y como. el _cochero tardase en !_legar, la
gencia, que agitaban suavemente su corazón. ~. cuando al salu le acampa- conversación se prol_ongó más ~ue de ordmano; Guy y Juana, ~ qmenes se
ñaba hasta la puerta la presión de su mano, fam1har y prolongada, decía clara- había llevado á Chatillón, se cogieron del brazo de su buen amigo apenas le
mente: ¡Cuando lle~e el momento, cuente usted conmigo!...
. vieron? y _después comenzaron á corr~r por el jar~ín,. saltando _sobre las plant~s
Así se pasó el invierno y una parte de la primavera: el fin del luto se aprox1- I y pers1gméndose entre los árboles, mientras la senonta de Samte-Severe y G1lmaba.
berto paseaban por el camino central.
Sin embargo, Gilberto veía rara vez á la vizcondesa, si bien recibía á menúdo
._- ¿Por ,qué no ~a ve?ido ella ta~bién?, preguntó Gilb~rto. Pu~sto que los
noticias de ella. Frente á la casa que él habitaba, á la entrada del arrabal, ha- mnos veman, habna podido acompanarlos ... Ha transcum~o ya tiempo desde
llábase precisamente la posada en que se caT?biaba el tiro de caballos de la 1~ muerte de Pedro; el año de luto toca á su fin y esa reclusión no puede durar
marquesa cuando los criados debían irá Chatillón par~ hacer c~mpras ó ~esem• siempre._ .
.
.
.
peñar diversas comisiones. De pie, detrás de los cn.stales, Gilber~~ ~e1a á la 1
senonta d_e Samte-S~ver~ reflexionó un momento, de1aodo vagar en sus
doncella al lacayo y algunas veces á la señorita de Samte-Severe dmg1rse á la labios una soonsa que le mqmetó
ciudad; volver algunas horas después con las manos cargadas de paquetes.
- V~rda~ es que?ª pasado tiempo ... repuso la joven. Tal vez ahora ChatiEntonces salía, y mientras se enganchaban los caballos cruzaba algunas pala- llón 1~ ms_Ptre_ á la vizcondesa alg_lÍn temo~...
bras con todos aquellos á quienes conocía.
.
,
La mst1tutnz se detuv~ para mirar á su mterlocutor.
Ya se comprenderá que cuando la señorita de S~mt_e-Seyere estaba alh, á ella
-: ¡Temor! ... repuso Gilberto. ¿Y_po~ qué? .
. .
era á qu ien con preferencia dirigía la palabra. La mstitutriz no tenía al parecer
Sm co~testar á 1~ rregunta, la seoonta de Samte-Severe s1g~nó andando.
ningún temor de comprometerse con él y prolongaba como por gust? la con~er- E~ ngor, replico. después de una pausa, no podemos decir que no salga ...
sación paseando por el camino de un lado á otro. Al fin acabó por mtroduc1rse Muy leJos de ello, salimos mucho desde que ha vuelto el buen tiempo. Vamos
en el j~rdín, y una vez allí. dando la vuelta por los cami?ales, dirigía la mirada todos los día~ á la «estació~ del descanso~&gt; y allí pasamos la tarde ..: La lleg~al interior de la casa, al piso bajo, á la ventana entreabierta y de~pacho de da de las seno~as de Chaheu y de Preville no ha bastado para interrumpir
Gilberto donde se veían sus libros sobre una mesa. Era la habitación donde nuestras excursiones.
solía est~r siempre, la ünica que quiso adornar con algún cuidado, poniendo un
- !Ah! ¿Ya están de vuelta esas da:°as?
,
diván y algunas colgaduras.
. .
.
- ¡Vaya.1 Hace ya un _mes... y!ª senara de_Tertre también, ¿Cómo había de
Como la institutriz estaba en relaciones dianas con la _vizcondesa, de ella ~ra faltar? Y á propósito, senor MauJeán, no sé si debo confesarle una cosa...
de quien Gilberto podía obtener los detalles que más le mteresaban; y la seno- ¿Cuál?

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Cuando Gilberto se levantaba para despedirse, ..

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Y se les vió pasear largo rato solos por las alamedas

- Que usted ha desmerecido mucho en el aprecio de esas damas· y quiero
advertirle que ya no tiene más defensor que la marquesa, la cual se d~clara valerosamente en favor de usted ... Sin embargo, ha envejecido; ya no sale de su
habitación, y al ver cómo defiende á su amigo, se inclinan algunos á creer que
la edad... No obstante, yo que la cuido sé muy bien lo contrario; pero es curioso ver cómo la señora de Chalieu se da golpecitos en la frente cuando se
trata de la anciana.
- ¿Y en qué he podido desmerecer?, preguntó Gilberto.
- ¿En qué?... No faltan razones, y por lo pronto tiene usted el defecto de
ser un poao demasiado franco, señor Maujeán. Se ha perjudicado usted mucho
en los últimos momentos del vizconde... ¿Qué necesidad había de contrariar el
celo piadoso de esas damas?... Ahora ya no reparan en tratar á usted de hombre irreligioso y de librepensador, sobre todo delante de la vizcondesa.
- ¿Y qué diGe la señora de Cabro!?
- No dice nada. ¿Qué quiere usted que diga? No es posible defender. á un
hombre sin religión. ¡Ah! Mejor hubiera sido callarse... Lo mismo que cuando
habló usted de su padre, del hombre campesino de la Fonfreyde. ¿Por qué
hizo usted mención de él? ... Ahora les divierte mucho el asunto, y no se habla
de otra cosa. Sin duda es hermoso no tener que avergonzarse de su nacimiento, pero se han de prever las consecuencias. En cuanto á mí, ya conoce usted
mis ideas; eso no disminuye en nada el concepto que de usted tengo, mas
para esas señoras ... No pueden hablar del señor Gilberto sin referirse á su buen
abuelo; esto les hace reir, y acabarán por confundirle á usted con él.. . Sí; creen
verle con el cuerpo encorvado, la chaqueta de campesino y cavando la tierra
en La Fonfreyde.
A pesar suyo, Gilberto se resintió, y dijo algo vivamente:
- Dudo que la señora de Cabro! se divierta con estas pequeñeces.
- Pues bien: en eso se engaña usted, porque la vizcondesa se ríe también.
Y añadió con expresión inocente:
- Diríase en verdad que esas señoras tienen algtín interés en ponerle á usted
en ridículo ...
Siguióse una pausa, y después de dar algunos pasos, la institutriz prosiguió:
- Por lo demás, si ya no es usted el .favorito de esas damas, por lo menos
le han encontrado un sustituto.
- ¿Quién es?
- ¿No lo adivina usted? ... ¡El conde de Bagrassand!
- ¡Ah! ¿Visita el castillo?
- ¡Cómo que si le visita! ... ¿No es acaso tutor de los niños? Ha tomado muy
en serio el cumplimiento de sus deberes ... Ha ido durante todo el invierno
con la mayor regularidad, una vez á la semana y á hora fija ... Es un hombre
metódico, algo frío superficialmente; pero esto parece constituir parte de su distinción, aunque nada se puede asegurar de su interior. Desde que esas señoras
están en el castillo multiplica sus visitas, y para él son ahora hasta las más insignificantes atenciones, para él las alabanzas como las que se le tributaban á
usted en otro tiempo. Un hombre que tiene tantos millones y-tan gallarda presencia siempre es bien recibido en todas partes, como ya comprenderá usted.
En cuanto al conde, parece estar muy á gusto en Mareuil, adonde va muy á menudo y de donde no sale sin sentimiento ... Y bien, señor de Maujeán, ¿cómo
es que no me pregunta usted ahora, según su costumbre, qué dice de ello la
señora de Cabro!?
- Sí, repuso Gilberto. ¿Qué piensa sobre este particular?
- No lo sé; su confianza en mí no llega á tal punto, aunque me trate algo
como amiga; pero en. cuanto me es permitido suponer, paréceme que no le.
desagrada que le hagan la corte. Sí, la corte ... pues por ella va el conde á Ma-

NúMERO

504

reuil y la vizcondesa no abriga de ello la menor duda. ¡Oh! Una corte muy digna, muy conveniente, sin lirismo ni afecciones novelescas; en fin, una corte de
buen tono ... Sin embargo, hace ocho días ... preciso es que lo sepa usted todo,
puesto que estas cosas le interesan, al parecer ... sí, hace ocho días, y precisamente en aquel en que terminaba el luto de la vizcondesa, los dos se emanciparon ... Y se les vió pasear largo rato solos por las alamedas. Si al cabo de
todo esto resultara una boda, no debería extrañarse. Son personas de la misma
sociedad ... y ya comprenderá usted la importancia de esta palabra, señor Maujeán, sabiendo que hay una clase superior, que se elige y que cuenta sus individuos, como usted me dijo .. . El conde y la vizcondesa pertenecen á la misma
sociedad, son parientes, un poco primos, según creo, y viudos los dos ... Ese
casamiento no cambiará la posición de la señora de Cabro! desde e~ punto de
vista social, primera ventaja ... y además, bajo el concepto material mejorará
su estado, realzándola singularmente. Usted no ignora cómo están los asuntos
de la casa. Yo creo que el vizconde ha dejado más deudas que bienes ... ¡Reflexione usted lo que sería para la señora de Cabro! casarse con un hombre
diez ó doce veces millonario! ¿Es posible resistirá semejante fortuna? ... Por lo
pronto se evitaría la venta de Mareuil, que usted admira tanto. ¡Vamos, preciso
es convenir en que sería lástima, y por parte de la vizcondesa una locura!. ..
Gilberto la interrumpió con tono brusco y de despecho.
- ¿Le ha encargado á usted la señora de Cabro!, replicó, que me diga todo eso?
- No, caballero, la vizcondesa no me encarga de tales comisiones.
Gilberto se arrepintió de aquel impulso de colera.
- Ruego á usted que me dispense, señorita, repuso; no era mi ánimo ofenderla, y muy por el contrario, debo dar gracias ...
Y añadió, como hablando consigo mismo:
- Solamente me pregunto si la señora de Cabro! sabe que estoy al corriente
de todo cuanto pasa en Mareuil...
La señorita de Sainte-Severe se había dulcificado, y observaba que un horrible padecimiento contraía las facciones de Maujeán.
- ¡Dios mio!, exclamó. La vizcondesa no ignora que yo le veo á usted cuando vengo aquí, y debe suponer que me interesa. Por otra parte, hace ya algún
tiempo que no se oculta del conde, y aunque yo no le doy cuenta de nuestras
conversaciones bien debe suponer de qué hablamos en ellas ...
Aun después de éstas explicaciones, notábase cuán violenta era la situación
en que Gilberto y la institutriz se encontraban y de la que oportunamente vino
á sacarles el cochero avisando que el coche estaba dispuesto.
La señorita de Sainte-Severe llamó á los niños, pero antes de alejarse dirigió
una última mirada hacia el despacho de Gilberto. Hubiérase dicho que deseaba hacerle olvidar la triste impresión producida por lo que habían hablado y
distraerle de sus pensamientos.
- ¿Adelanta mucho su obra, señor Maujeán?, preguntó.
Gilberto hizo un esfuerzo para interrumpir sus reflexiones
- No, señorita, contestó; carezco de documentos y necesitaría irá Roma.
La señorita de Sainte-Severe le miró con cierto aire compasivo.
- Pues bien, repuso, ¿qué quiere usted? ... Es preciso aceptar lo que no puede evitarse. Si necesita usted irá Roma, vaya .. . ¡Es un viaje que yo también
quisiera hacer, pues mis excursiones más largas se han reducido á ir hasta la
«estación del descanso» ...
Mientras se dirigían al coche, la institutriz habló otra vez de sus paseos co·
tidianos á dicha estación, cual si hubiera querido grabar esta palabra en la
mente de Gilberto.
( lo11tinuarií)

NúMERO

LA

504

MEMORIA QUE LA SECRETARIA DE ESTADO EN EL DESPA·
CHO DE FOMENTO PRESENTA Á LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
DE LA REPÚBLICA DE GUATEMALA EN SUS SESIONES ORDINA·
RIAS DE 189 1. -Coleccionados en un voluminoso tomo ha

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
CÓDIGO CIVIL ESPAÑOL,

· 543

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por D. León Bo11el y Sánchez. -

Se ha publicado el tomo cuarto de esta obra importantísima
que con tanto éxito publica el dignisimo magistrado de esta
Audiencia. Comprende el libro IV del Código, que se ocupa de
los contratos y obligaciones, y en esta como en todas las anteriores secciones demuestra el Sr. Bonel, sus vastos conocimien•
tos de la legislación general y de las leyes forales y extranjeras,
y en sus notabilísimos comentarios acreditase de jurisconsulto
peritisimo y de conocedor profundo de la ciencia jurídica, asi
en su parte filosófica como en la práctica.
Con este tomo te,mina la obra del Sr. Bonel que, como en
otras ocasiones hemos dicho, es indispensable á todos los que
con la administración de justicia tienen alguna relación y que
constituye un monumento jurídico, honu. de nuestra patria y
de la magistratura española.

publicado el referido centro oficial de la república de Guate•
mala interesantísimos datos sobre acuerdos gubernativos, con,
tratos, obras públicas, correos, telégrafos, vapores, ferrocarriles, agricultura, industria y comercio, etc., etc., correspondien•
tes al periodo mediado desde 1. 0 de marzo de 1890 á 28 de
febrero de 1891.

CIIATEAUBRIAND. BIOGRAFÍA y ESTUDIO CRÍTICO, por E
Zola. - La Biblioteca de extranjeros iltestres que publica en

Madrid la casa editorial de Sáenz de Jubera hermanos, se ha
enriquecido con la biografia del ilustre autor de Los mártires,
escrita, como las anteriores, por Emilio Zola, es uno de _los
libros más interesantes salidos de la pluma del gran novelista
francés.
.
Véndese este tomo, que es el octavo de la serie, en las prm•
cipales librerías á una peseta el ejemplar.

MIS MUJERES. NOTAS ÍNTIMAS, por S. Comila. llustracio•
por D . Ramón de Campoa111or.- nes de Carrasco. - El conocido editor de esta ciudad D. Inocen•
Formando parte de la Biblioteca selecta que publica D. Pas• te López acaba de publicar una colección de interesantes na•
EL DRAMA UNIVERSAL,

cual Aguilar en Valencia, hemos recibido esta bellísima obra
del gran poeta de las Doloras, cuyo mejor elogio lo constitu•
yen las numerosisimas ediciones que de ella se han hecho, ago·
tadas apenas han salido á luz. Los dos tomitos de que consta
se venden al precio de dos reales oada uno en las principales
librerías, y en Barceiona en la de D. Arturo Simón, Rambla
de Canaletas, 5.

rraciones del celebrado escritor Sr. Gomila, que se leen con
verdadero gusto, a5i por el fondo de enseñanza que todas ellas
entrañan como por la correcta y galana forma en que están
escritas.
El libro, que lleva bonitas ilustraciones de Carrasco, se ~en·
de en casa del editor, Rambla del Centro, 20, y en las pnnc1·
pales librerías, al precio de 2 pesetas.

Las casa.a extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin,'
núm. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y C.•, Diputación, 358, Barcelona

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ora Yla comida !JUe mas le convienen
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�NúMERO

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544

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mUjeres 'I niños. su gusto excelente no perJualca en moño alguno é. su incacla
con Ira 1OS RESFRUDOS 'J todas las IIFLUU.C!O!IES &lt;le! PECHO 'J ae !OS IITESTIKOS.

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ean BISMUTBO J MAGNESIA
~meudado, contra las Afeoolonea del Estó•
mago, Falta de Apetito, Dlgeetlon98 labo•
rto,,ae, Aoedias, Vómitos, Eruotoe, y COliooa;
regularlr:an las Funolonee del Estómago y
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todas las einlnencias mMicas preut&gt;an que esta asoc1acion de la ()arae, el Hierro y la
COU8tltuye el reparador mas en,mrtco que se conoce para curar : la Cloróns, la
Anemia, las JlenstruaCWffU dolorosas, el Jlmpct,rteimtento y la .Alteracton ae la Sangre,
el Raqutttsmo, las .A/eccwnel ei;cro('Ulosa, Y acor~ttcas, etc. El l'in• FernctaHo de
.&amp;roud es en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regulariza' cooraena y aumenta consl&lt;lerablemcnte 1as tuerzas 6 Infunde a la aau¡re
empobrecida y descolorida : el Vigor, la Colorací01l y la Bnergta ortal.

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'

Partlci~ndo ae las propiedades del Iodo
del Hierro, estas PUdoras se emplean
eí:!,pcclalmente contra las Zacrofulas, la
T1■ls y la Debilidad de temperamento,
as! como en todos los casos(P&amp;ltdo• colorea,
Amenorrea, 6.•), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 regularizar su curso periódico.
y

1

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1858
1867

504

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N
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Como prueba de pureza y de autent!cl&lt;lad de

las verdadera.- PUdoras de Blancard,
exigir nuestro sello de plata reactiva
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unión de
loa f'a.brlcantes para la represión delafalslficactón. e,
• SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

d~ln!Je huta lu RAl~EB el YELLO del rostro de las da.mu (Barba, Biro~. elt.), 111
IIIDglln peligro para el C11tíl. so A.iioa de Bnto, y millares de 1t1Umonios ramtiJaa la eflucla
esta preparaáon. (Se ffnde en oaJu, pal\. la barba, y en 1/2 oaJu para el blrott lirero), 'l&gt;ara
101 bruos, emplmeel l'l.LJ. f'UMIII. DVBSJElK, l,rueJ,.,J,.J\OUIH&amp;u, Parta.

o

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
I MP. DR MONTANER Y SIMÓN

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 504, Agosto 24</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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Ftí~ttetx
A:Ro X

BARCELONA 31 DE AGOSTO DE 1891

NÚM. 505

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores de la Biblioteca Universal el tercer tomo de la HISTORIA DE LOS GRIEGOS
Los suscriptores que lo son desde l.• de enero recibirán en vez de éste el VIAJE AL NILO

..

ESTUDIO, cuadro de D. Daniel Hernández. (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona,)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

505

ción sin sacudidas en lo sereno ante todos los peligros y en lo sufrid~ bajo todas las desgracias,. ~n el
SUMARIO
empeño imposible de someter los reyes ~rad1c10~~Texto. - llf11rmur.1cio11es europeas, por Emi_lio Castelar.. -El
les á las nuevas ideas é injertar la revolución poht1collar de ámbar. Causa criminal lConclus1ón), por LulS M.
ca y social con el menor daño posible de todo lo
de Larra. -En el lago de Hammerfesl, por Augusto Jerez
antiguo y el riesgo menor de hondos desórdenes en
Perehet. - SECCIÓN A~IERICANA: Et presidio de la Habana,
por Eva Canel.-Nuestros grabados. - Vizcondesa (continuala vieja encina de una historia casi toda ella teocrá•
ción), por León Barracand, con ilustraciones de Emilio B~tica, feudal y absolutista. Lo único que podemos
yard. - SECCIÓN CIENTfFICA: Los autómatas, por el presh·
decir, es cuán providencial é in~vitabl~ sería la rev_odigitador Alber. -Fabricación de las l,ímparas de incandeslución cuando no consiguieron 1mped1rla en Espana
cencia de los Estados Unidos.
Grabados. -Est11dio, cuadro de D. Daniel Hernández (Ex·
hombres como Jovellanos y en Franc_ia_ hombre_s
posición general de Bellas Artes de Barcelona). - ¡Soy yo!,
como Turgot. Este vió pagados sus servicios y retnestatua en bronce de D. Félix P. de Tavera (premiada en
buídas sus obras con soberano desprecio, y aquél
la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.) - Ocacon calabozos y tormentos. Luis XV y Carlos II,
so, cuadro de D. Modesto Urgell (premiado en la ExposiFernando VII y Luis XVI, María Luisa de Borbón
ción general de Bellas Artes de Barcelona), -Eltraje111U1Jo,
cuadro de D. Luis Jiménez Arnnda. - U11a ta1·de ~e otoflo en
y María Antonieta de Austria se habían producido
el bo11levard Sai11t-ll-fic/1el, cuadro de Leroy Satnt-Hubert
y criado en la sociedad nuestra para llamar y atraer
(Salón de Parls de 1891).-E/presidio de la Habana (de fo.
las tempestades, En vano querían disuadirles hombres
tografías remitidas por Doña Eva Canel). - Lectura, cuadro
tan superiores como Turgot y Jovellanos; los reyes,
de D. Juan Llimona (premiado en la Exposición general de
Bellas Artes de Barcelona).- Pas/or del Pirmeo, cuadro de
con una especie de suicida instinto, provocaban y
D. Dionisio Baixeras (premiado en la Exposición general de
sostenían la misma revolución que debió á la postre
Bellas Artes de Barcelona).-Remerdo de Llavaneras, cuaderribar su absolutismo. ¿Y cómo de aquel monstruo
dro de D. fosé Masriera (premiado en la Exposición general
y de la suciedad por aquel monstruo dejada en nuesde Bellas Artes de Barcelona. - Figuras I y 2. Concertista
mecánica y tocadora de bandolln, existentes en el Consertro suelo limpiarse sin los trabajos del Hércules reII
vatorio de Artes y Oficios de Parls. - Pla=a de Antonio Lóvolucio:-iario? Cadenas del esclavo, potros del torpez m Barctlona, cuadro al óleo de D. Modesto Texidor
Una fiesta muy principal de agosto ha sido la mento, calabozos y braseros del inquisidor, feudalis(Exposición general de Bellas Artes de Barcelona).
consagrada por Asturias al claro hijo suyo D. Mel- mo del magnate, amortización del suelo, servidumchor Gaspar de J ovellanos. ¡Cuán rica esa región en bre del trabajo, parálisis del pensamiento, demandaMURMURACIONES EUROPEAS
hombres de primer orden! Los cántabros y los astu- ban el hierro y el fuego, único medio de combatir
res, pintados por el diligente recolector de noticias aquella honda y gangrenosa canceración social. Por
POR UON EMILIO CASTELAR
conocido con el nombre de Estrabón, resaltan en su no haberlo comprendido así J ovellanos, le pasaron
Las viñas en agosto. - Madurez de los racimos. - Recuerdos larga historia, no solamente cual animosos monta- delante hombres menores, pero heroicos, incapaces
lemosines. - La fiesta en Gijón :i D. Melchor Gaspar de Jo- ñeses capaces de inmolarse gustosísimos en las aras de sus distingos, y resueltos, no á una resignación
vellanos. - Juicio de Asturias y de sus pobladores. - Jovella- patrias por su dignidad y por su independencia, sino casi monástica en Valldemosa y en Bellver, al esfuernos y la coronación. - Improcedencia de tal método en su
época. - Paralelo entreTurgot y Jovellanos. -Necesidad en cual hombres de un entendimiento extraordinario en zo y al combate. Lo que ahora, libre la palabra, libre
aquella sazón de las sendas revoluciones en España y Fran· la suma total de sus calidades colectivas. No lucirán la universal actividad, libre la ciencia y la industria,
cía. - Litigios cortesanos. - Elena Sanz. - Sus destinos. - jamás como lucen los entendimientos meridionales desamortizado el suelo, desvinculada la propiedad anSus ensueños. - Sus alucinaciones. - Recuerdos de sus 6pe- en su brillo deslumbrador; pero entrarán todos ellos tes feudal, seguros los derechos de todos, en ejercicio
ras y de sus conciertos. - Reflexiones históricas. - Conclucon su penetración aguda y sagaz en las entrañas, continuo el Parlamento y el Jurado, soberana en suma
si6n.
así de los objetos como de los pensamientos. Cosa la Nación; lo que ahora sería ridículo, un espíritu revoindudable á todos cuantos conocen las letras españo- lucionario permanente, incongruentísimo de suyo con
I
las el esplendor con que han brillado y el poder todo cuanto en torno nuestro pasa, entonces era sublique
han ejercido en la ciencia y en la política con- me, asaz necesario. Pero esta falta de sentido práctico
Los racimos poco á poco maduran en las parras y
cepas. Esta madurez va cerrando las puertas del es- temporánea los cántabros y sobre todo los astures. no puede quitará Jovellanos la gloria que le perte ·
tío y abriendo las puertas del otoño. Dios ha dado Cuando predominaban la teología y la metaflsica en nece como primer prosista y primer pensador de su
en su próvida creación dos frutos inapreciables á los conocimientos humanos y la estética en el estilo, tiempo. Justísimo por cierto el homenaje á su nomnuestras campiñas: la uva y el trigo. Cuando las mie- predominaban también los pueblos meridionales de bre tributado, y merecida la estatua con que, al honses acaban de caer dobladas por el peso de sus ro- la península. Mas desde que apareció el siglo último, rarlo, hase á sí misma enaltecido y honrado esta gebustas espigas, transparéntanse los racimos, cual si en cuyo seno imperaban la crítica y la lógica, con neración.
fueran de cristales y encerraran dentro de sus pelícu- las cuales concuerda el estilo severo, Cantabria y
III
las y entre sus orujos luz misteriosa. Yo no conozco Asturias nos dieron hombres de primer orden, y
prosperaron
como
ninguna
otra
región
las
ideas
de
nada que active la respiración, impulse la sangre,
Con suma delicadeza debemos tratar de otro asunadobe las fibras, acere los músculos, como el baño cuya savia todavía vivimos. Campomanes con su Deto,
no tan glorioso en verdad, pero manifiesta demosrecho,
Estrada
con
su
Economía,
Toreno
con
su
Hisde nuestro cuerpo en los efluvios campestres. El potración
de los contrastes que reinan en la naturaleza
toria
con
su
elocuencia
el
divino
Argüelles,
con
su
len de las plantas os centuplica el calor vital, y os
remonta los nervios, y os colora la sangre. Pero entre liter~tura Meléndez, J ovellanos con todas las cien- y de las contradicciones que reinan en el esplritu. Nelos polvillos campestres no conozco ninguno compa- cias, han dejado por los senos del alma española es- cesitase para departir de todo esto suma delicadeza,
rable al del pámpano en la estación corriente. ¡Cuán telas inextinguibles de creadoras ideas. Y sólo cito á por tratarse de dos damas, las cuales llevan dos cobien hacían los antiguos coronándose de tal fronda! los muertos. Un ciclo verdadero componen estos ronas, la una de reina, la otra de artista. No rompeEn guirnalda ninguna late como en esos tejidos de hombres á todas luces extraordinarios. Y á la cabéza mos ningún secreto muy guardado y recatadísimo dila viña, en ninguna, la savia esencial. Yo recuerdo de todos ellos estará Jovellanos para siempre. Su ciendo que un día empeñaron callados pleitos más
cómo nos regocijaba en agosto, por las tierras levan- estilo contrastó la triste anemia, por la imitación de ó menos jurídicos é hicieron parciales componendas
tinas, esta dulce madurez de la uva. Todos los años todo lo francés á nuestros primeros escritores del si- más ó menos privadas la reina Cristina de Hapsburgo
ofrecíamos á la Virgen María en su Asunción beata glo último pegada, y evocó el ritmo y el numen y el y la contralto Elena Sanz, de Andalucía. El objeto á
sarmientos cargados con promesas y anuncios de rico vigor en prosa, que parecían concluidos con Hurta- que tales tratos se referían eran dos niños criados
embriagador mosto. Y en la novena de su fiesta íba- do y con Granada. Los múltiples conocimientos suyos en casa de la cantante y que llevan sendos nombres
mos á devorar los granos, antes agraces, ya endulza· mostraron la utilidad, tan contestada, de aquella En- de regios almanaques: Alfonso y Fernando. Poco se
dos, todos crujientes, y á recorrer el viñedo, antes ciclopedia, que si destruyó mucho nuestra vegeta- habla escrito de ambos en los últimos tiempos, cuanverde, ya rosáceo, que sonreía con estival ardiente ción antigua con la punta de su arado, tan parecida de do rompe la semana pasada Elena Sanz á hablar en
sonrisa. Estas frutas primeras parecen al paladar como suyo á la punta de una espada, también sembró mucha coloquio con un redactor de periódico francés, delalas auroras y las alboradas á los ojos. En mis tierras vegetación próvida y nueva, de cuyos frutos nos regala- tando al pliblico porfiadas persecuciones y repetidas
patrias reinan afectos de mancomunidad por tal ma- mos y nos mantenemos ahora. Injusticia notoria seda exigencias, todas ellas imperdonables, por tratarse de
nera profundos, que producen la virtud eficadsima disputarle una saludable aplicación práctica de los dos criaturas puestas bajo sus alas de artista y edusuya, cierta especie de comunismo inconsciente. Así principios enciclopédicos á las cuestiones económi- cadas en su mansión de notas y de arpegios. ¡Oh!
las brevas no conocen dueño allí. Con tal que respe- cas y sociales. Pero J ovellanos, tan poderoso en la Quien haya visto en su vida una vez á Elena Sanz
téis lo sembrado y plantado en el suelo, sin hollarla ciencia, no ejerció igual poder en la política. Su dili- no podrá olvidarla nunca. La color morena, los lay perderlo, en vuestro derecho estáis al coger los me- gente celo por las ideas progresivas le desarrimó de bios rojos, la dentadura blanca, la cabellera negra y
lifluos frutos pendientes de las higueras, los cuales los reyes, y su moderación sistemática le desarrimó reluciente como de azabache, la nariz remangada y
frutos saben y huelen á gloria; ¡como que destilan de los progresistas y de los revolucionarios. Contado abierta con una voluptuosidad infinita, el cuello carmieles y los creeríais flores! Pues casi lo mismo pasa entre los primeros pensadores y tenido por el pri· noso y torneado á maravilla, la frente amplia como
con las uvas. Estas no podéis llevároslas como po- mer prosista de su época, no le contamos ni entre de una divinidad egipcia, los ojos negros é insondadéis llevaros las brevas; pero en cambio, la costum- los primeros patriotas ni entre los primeros gober- bles cual dos abismos que llaman á la muerte y al
bre os faculta con sus decreros á comer en la viña y nantes. En la guerra con el extranjero le faltó el ar- amor, hácenla una de aquellas mujere·s meridionales,
junto á la cepa todas las que os desee y pida vuestra dor, que ha inmortalizado á Quintana y le ha pues- por cuya belleza perece Antonio, de Roma olvidado,
gana. ¡Cuán hermosa la cesta de mimbres cub~erta to á la cabeza de nuestro siglo por la poesía patrió- en la embriaguez del placer, y como decimos vulgarde sarmientos recién cortados y henchida de racimos tica suya; y en la política interior le faltaron arran- mente, arde Troya. Recuerdo yo una velada en que
recién maduros! Aquellos huelen como cañas d~ ca- ques de voluntad correlativos con el ideal de su in- dió ~elicioso concierto, á cual yo asistí hora tras honela, y los granos translúcidos tiran des~e aterc1ope• teligencia y de su saber. Como hay tantos que ahora ra contemplándola y oyéndola con verdadero arrobalado negro á violáceo amatista y desde violáceo ama- yerran tomando nuestra época ~e sabia y lenta evo- miento, pues cantaba mi predilecta música, la sublitista 6 azul zafiro á esmeralda transparente. ¡Cuán lución por una época de revoluciones, erraba enton- me canturia entre griega y semita que llamamos saepróvida naturaleza en los climas y en los ~ueblos ces él tomando una época de súbitas revoluciones tas, playeras, rondeñas, de las cuales el sici'liano,
meridionales! ¡Cómo parece que allí está el alimento por una época de lenta evolución. Paredase á Tur- quiero decir, el semi-helénico Bellini, extrajera sus
necesario á la vida en los aires diluido, y como que got en lo profundísimo de su ciencia sin obscurida- melodías de Norma y de Sonámbula, destinadas á
se logra la nutrición apropiándose los áureos átomos des, en lo continuado de su moderación sin desfalle- vivir mientras lata el corazón en el pecho y el amor
del éter vivificante! No recuerdo manjar que me haya cimientos, en lo conocedor de las reformas alejadas en el corazón. Acabada la fiesta, Elena me trajo un
~abido, en las copiosas mesas donde mi suerte y mi de toda utopía y propias á una saludable transforma- abanico para que pusiese alguna ocurrencia del rooposición me han sentado, al sabor de aquel pan y
uvas comido á la hora del crepúsculo, bajo la parra,
cuando al son del Ave María se iban durmiendo las
golondrinas en la cabaña y en la floresta despertándose los galanes de noche. Así alcanzó tanta importancia la invención del vino en los santorales históricos del trabajo industrial; así han cuajado copioso
número de leyendas los pueblos agradecidos en torno de los Noés bíblicos y caldeos que plantaran los
sarmientos prehistóricos; así la presencia de Baco en
el Olimpo griego trastornó toda la vieja liturgia y
conmovió á todos los dioses helenos; así el Evohé de
la bacante significó el exceso vital de las antiguas divinidades paganas y el abril de nuestro planeta ebrio;
así pidieron todas las generaciones calor para sus venas y fuerza para su sangre al mosto destilado de los
racimos, que corre purpúreo por los lagares y derrama una especie de alegría casi demente de suyo y enloquecedora en el ánimo con un poder no concedido
á fruto alguno por la Naturaleza. Cantemos, pues, y
exaltemos á la vid próvida y fecunda; cantemos y
exaltemos las uvas en su reciente madurez.

NúMERO

505

LA

547

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- Los hombres no entienden nada de arremento y se me ocurri6 esto: «Parece imposiglos domésticos: mañana, si está usted conble que quien tiene tanto que oir tenga tanto
forme, yo iré á visitar sus armarios, registrar
que ver.» En mi libro de memorias consta la
su ropa blanca y ordenarlo todo.
representación primera dada por tan eximia
Yo acepté con gratitud su ofrecimiento, me
contralto hace ya lustros en el Teatro Real.
retiré, dormí muy mal, me paseé durante la
¡Qué horóscopos del destino! Elena cantaba
mañana siguiente por los arrabales de Alcalá,
la Favorita. Su hermosura increíble resaltaba
y cuando llegué á la puerta de mi casa me
en el marco de la escena mucho, pues lo esestaba esperando ya en ella Enriqueta Subi·
cultórico de aquellas facciones, á la verdad esmos la escalera sin hablar, y apenas entramos
tatuarias, permiten apreciarla en su maravilloen mi cuarto Julia me envolvió, por decirlo
so conjunto. ¿No creeríais leer, sabiendo cómo
así, en su recuerdo, y no pude pensar más
cantó para su estreno en Madrid la Favorita,
que en ella.
una biografla de historiadores 6 una tragedia
- Aquí se sentaba para coser, dije yo á Ende poetas antiguos, donde oráculos más ó meriqueta; desde aquí me escuchaba cuando
nos sinceros en fórmulas más ó menos claras
yo leía; de este modo hablaba ella á sus pájapresagian y aprecian la suerte del protagonisros ... ¡Qué desgraciado soy!
ta? Comprendamos la naturaleza humana, y
Enriqueta cogió mi mano, y mirándome
miremos filosóficamente las consecuencias de
de un modo tan dulce que conmovió hasta el
institución tan absurda como el matrimonio,
fondo de mi alma, me dijo:
que s6lo debe tener por fundamento las afi- ¡Pobre amigo mío!
nidades mutuas del amor, convenido entre
Dejé caer mi cabeza sobre su hombro y
diplómatas y embajadores por meras razones
rompí á llorar. Ella me acariciaba el rostro
de Estado. Nada prueba la igualdad fundacon su mano suave, como se hace con loe;
mental de los hombres como el amor, salvanniños.
do las distancias artificiales puestas por los
- ¡Ah!, continué yo, ¿quién reemplazará,
privilegios entre las clases y uniendo sangres
amiga Enriqueta, á la que he perdido?
azules y rojas en muy natural confusión, obeMe parece que su boca murmuró á mi oído:
diente á la madre naturaleza, quien á todos
nos identifica é iguala en las condiciones uni«Yo.»
Alcé la frente, nuestros labios se enconversale'!i al género y especie, muy particulartraron, y antes de que pudiera yo combatir
mente á la especie humana, revestida de in·
mi emoción, éramos ya el uno de otro.
alienables derechos. Debe, pues, tenderse á
Fuimos culpables, si es ser culpable obedeconstituir instituciones armónicas con el pricer á los impulsos fatales de la naturaleza:
mer principio de justicia conocido, con la fundamental igualdad y consanguineidad dinástihice traición á un recuerdo sagrado, y cuando
ca de los cónyuges; conocida la costumbre de
me quedé solo, después de aquella crisis, perfestejarse los novios regios por medio de carmanecí mucho tiempo presa de un aturditas y retratos sin conocerse, como de unirse
miento doloroso. Mi turbación interior se re·
la desposada regia por medio de procurador
flejó desde entonces en mi vida de una manesin tratarse, no debe, no, maravillarnos que
ra deplorable Cuando yo estaba solo, Julia,
junto á D. Pedro de Castilla esté D. Enrique
amable y cariñosa, aunque triste, me hablaba
de Trastamara; que junto á D. Fernando el
sin cólera de Enriqueta; pero cuando ésta acuCatólico de Aragón esté D. Juan de Aragón;
día á nuestras citas, Julia se volvía loca, agique junto á D. Felipe II esté el primero y
tándose en mi corazón como si hubiera·querigrande D. Juan de Austria. y junto á D. Cardo destrozará su rival. P.:&gt;r el más ligero molos II el D. Juan de Austria último y pequeño;
tivo, aprovechando cualquier pretexto insenque la reina Doña María Cristina de Borbón
sato, yo obedeciendo á Julia maltrataba á la
salte por todo y se una en matrimonio con
pobre Enriqueta, que soportaba mi crueldad
misérrimo estanquero de Cuenca; pues la nasin poder adivinar la causa. «¿Qué te he hecho
turaleza recobra siempre sus derechos y el
yo?, me preguntaba. ¿Por qué me tratas tan
amor sella con su igualdad humana la frente
mal, cuando yo te creía tan bueno?» Estas pade los monarcas. ¡Ah! Lo que piden á una esa
labras me afligían; y haciendo un esfuerzo desmisma naturaleza y la sociedad, reflejo suyo,
esperado reducía á Julia al silencio, y besanen el rigor de sus leyes sabidas, es que no
do las manos de Enriqueta, que lloraba, la
existan instituciones de casta incompatibles
decía conmovido: «¡Te amo tanto y soy tan
con lo; principios y fundamentos de toda jusbueno cuando no estás á mi lado!&gt; Aquella
.¡sov vo!, estatu~ _en bronce, de D. Félix P. de Tavera
lucha en mí era horrible... Pero continuemos.
ticia. Pero dadas esas instituciones, ¡oh! no
(Premiada en la Expos1c1ón general de Bellas Artes de Barcelona.)
y 0 había entregado á mi amante una llave
debemos extrañarnos de que, continuando en
la realidad palpitante y viva ensueños fáciles
de mi habitación á fin de que pudiera entrar
de tener en las incidencias de una ópera y de un entrevistas, que_ llegaron á hacer~e cotidianas. Yo d~rante mi ausencia y esperarme: Entraba, ~rreglaba
teatro, hayan ciertas actrices creído cosa fácil obte- me sentaba, y mientras ella se dedicaba á sus queha- nu despacho, ponla en orden m1 ropa y mis libros,
ner para prendas de su corazón alguna cosa más só- ceres domésticos ó á sus labores de aguja, en los que ponía mi casa, según yo decía, como una tacita de
lida y menos humillante que misérrimas pensiones. era notable, la escuchaba embebecido; así pude co• plata, y cuando yo entraba me decía abrazándome:
¿No hay monarquías históricas, como la de Portugal, nocer su vida en todos sus detalles. La pobre mujer «No me riñas hoy, vida mía.» Yo se lo juraba dán•
por ejemplo, y dinastías gloriosas, como las que die- no era dichosa: no se quejaba nunca, pero no por dole un beso, y era completamente feliz cuando la
ron una Isabel I y un D. Manuel el Grande, fundadas eso sufría menos. Su marido la abandonaba: estaba cumplía mi juramento.
por bastardos? Pues qué, si el hijo de Alfonso VI y en relaciones con una costurera vecina, y no sólo pa- Tengo que pedirte una cosa, me dijo un día.
la princesa mora sevillana perteneciente á la familia saba con ella casi todo su tiempo, sino que se gasta- Dímelo pronto, para que yo tenga la alegría de
de los Abdilitas no muere de una desgracia fortuita, ba con ella cuanto dinero podía sobrade de lo es- dártela en seguida, la contesté.
- Ese collar de ámbar que yo deseaba tanto y
¿quién duda que la sangre de los mahometanos co- trictamente indispensable que daba á su mujer para
rrería por las venas de los monarcas españoles y ca- comer. La pobre Enriqueta, sin hijos, sola y siempre que no es hoy para ti más que un recuerdo insig~itólicos? Pues qué, ¿la corona portuguesa no fué á dar, trabajando mientras su marido se olvidaba de ella en ficante.
A estas palabr~s Julia se estremeció en mi cotras guerras como las mantenidas entre lusitanos y otros brazos, agradecía mis visitas y solía decirme:
- ¡Un marido como usted es lo que hubiera ne- raz6n.
españoles, en la frente de un monarca español por
- ¡Jamás te daré ese collar!, dije yo gravemente á
muerte del rey D. Sebastián? Pues qué, ¿la corona de cesitado para ser feliz! Juicioso, amante, instruído,
Luis XVI no fué á dar en la frente de aquellos que constante.
.
Enriqueta; te prohibo volver á hablarme de él, y si
le hablan arrancado su cabeza, en la frente de los
- ¿N ~ la hubiera á uste~ desagradado, la respon- quieres evitar una desgracia, librete Dios de tocarle
jamás.
regicidas? Pues qué, ¿no dejaron los Austrias de Es- dí yo, mt rostro vulgar y m1 figura desgarbada?
Me miró con sus dulces..Y hechiceros ojos, y desEnriqueta quiso insistir, pero yo me puse furioso,
paña, tras una guerra de trescientos años consecutiy se marchó diciéndome:
vos, el trono español á la dinastía de Francia, con la pués de un momento me d1jo:
- En el hombre,á quien se llega á amar, todo nos
- ¡Jamás creí que pudieras ser tan cruel conmigo!
cual tuvieron batallas tales como la de Pavía, San
- ¿Por qué no quieres darla tu collar?, pregunté
Quintín y Rocroi? No debe maravillarnos ensueño gusta,
Muy turbado me separé yo de ella aquel día, y yo á Julia, cuando al quedarme solo pude interroninguno, pretensión ninguna, delirios de tal ó cual
clase, no, siempre que recordemos las casualidades una sensación nueva que se parecía á una esperanza garla.
- Me habías prometido que me enterrarías con él:
múltiples del nacimiento, los saltos atrás que dan las indecisa agita~a t~do mi ser. En mi corazón Julia
bastante he hecho con haberte perdonado tu descuiherencias, el atavismo inevitable de las dinastías. se estremec!a mqmeta.
¡Misterios, insondables misterios!
- ¿Qué tiene~?, la pregunté yo.
.
do. Pero el collar es mío, no debe pertenecerá nadie,
- ¡Ah!, me dijo, tu vas á amarla. No me quejo de y si esa mujer le toca la ahogo con mis propias
ti, porque sé que no has de vivir eternamente solo manos.
'
porque yo hay~ muerto; ~nriqueta es buena y cariñoLlegaron los primeros días de agosto. Un calor
EL COLLAR DE AMBAR
sa, y am~os sois desgraciados: ám~la, pues, pero no sofocante se desprendía de un cielo de plomo; los
CAUSA CRIMINAL
olvides sm em_bargoá tu pobre Juha.
pájaros permanecían silenciosos entre las inmóviles
( Co1ul11sión)
,Una casuahdad, ¿fué una cas~alidad?, aceleró mi hojas; su aire espeso y carbónico se extendía por los
,
..
. crm~en. Una noche que me quejaba yo delante de campos secos como por encima de un terreno sulfuAlgunas veces, durante el d1_a, solí~ vmtar á Enn- Ennqueta del des~rden_ que reinaba-~º mi casa des- roso. Se oía á lo lejos el sordo rumor del trueno. y 0
queta, y tanto se renoyaron msens1blemente estas 1, de la muerte de m1 mujer, ella me d110:
volvía de la Universidad casi tambaleándome, sin

I

�NúMER0

LA
tiendo un círculo de hierro que oprimía mis sienes:
mis ideas extrañas y como dislocadas se agitaban en
mi cabeza sin poder coordinarse, y aunque ardía mi
piel, una especie de frío glacial circulaba por mis venas y se escondía en mis huesos; los objetos danzaban ante mis ojos y tomaban formas extrañas; un
ruido sordo m0nótono aturdía mis oídos: estaba como ebrio y vacilaba á cada paso.
Enriqueta estaba en mi habitación cuando entré.
Al verme dió un grito de espanto de que me he acordado después, pero que no advertí en aquel momentQ, Tal era mi fatiga que sin ver nada me dejé caer
en una silla con la frente entre mis manos.
-¿Qué tienes?, me dijo Enriqueta. ¿Estás malo?
- Sufro mucho, la .dije; este calor me asfixia.
Me humedeció las sienes con agua fría, y al levantar yo los ojos hacia ella para darle gracias, vi el collar de ámbar que brillaba en su cuello como un ro·
sario de fuego. La desgraciada se había aprovechado
de mi ausencia para probársele, y mi llegada la había sorprendido antes de que pudiera quitársele. A
mi vista Julia se levantó en mí como una furia; yo
la oía materialmente que gritaba sin cesar dentro de
mi corazón:
- ¡Mi collar! ¡Mi collar!
Una rabia ciega se apoderó de mí; una nube de
sangre turbó mi vista, y como la que se agitaba en
mí comencé á gritar:
- ¡Mi collar! ¡Mi collar!
- ¡Aquí está, aquí está!, respondía Enriqueta aterrada, corriendo por el cuarto pálida de espanto y no
pudiendo desatar el lazo que le sujetaba á su cuello.
Yo la perseguía repitiendo siempre: «¡Mi collar!
¡Mi collar!,» sin conciencia de mis palabras ni de
mis actos, ebrio, loco quizás, idiota de seguro.
Enriqueta se había echado en mi cama huyendo
y estaba acurrucada junto á la pared, tiritando de
espanto.
-¡Yo no quería llevármelo! ¡Era jugando! ... ¡Perdón ... perdón ... no volveré á tocarle! ...
Yo no escuchaba, ó mejor dicho, no oía nada.
Una fuerza invencible me arrastraba.
- ¡Mi collar!, grité. ¡Miserable, me has quitado el
collar!
Alargué el brazo, cogí el collar con ambas manos
y tiré hacia mí gritando:
- ¡Tráelo, devuélvemelo!
Una voz ahogada respondió algo que yo no oí...
Tiré más ... mucho más, y como el cordón no cedía,
empecé á retorcerle cerrando mis ojos y no viendo
en la habitación más que á Julia de pie furiosa.
¿Cuánto duró aquella horrible escena? No lo sé. Una
eternidad sin duda, porque el tiempo me pareció larguísimo. Oí una especie de ronquido ahogado, sentí
sobre mis brazos unas manos que golpeaban sin concierto y abrí mis párpados. Tardé mucho tiempo en
ver, pero lo que vi fué horrible. Enriqueta, atravesada en mi cama, tenía la cara como la cera, pero con
manchas violáceas; sus ojos abiertos desmesuradamente no enseñaban más que su órbita blanca atravesada por hilos sanguíneos; su lengua tumefacta
aparecía lívida en el borde de sus labios cardenos;
mi mano, mi mano nervuda apretaba todavía el collar, del que algunas cuentas rotas rodaban sobre la

NúMERO

lLUSTRAClON ARTÍSTICA

colcha blanca. Separé lentamente mis dedos con un
espanto tranquilo; una línea encarnada dibujaba alrededor del cuello un círculo sangriento; ni el más
leve soplo levantaba aquel pecho inmóvil. Puse la
mano sobre el cotazón... ¡No latía! ... ¡La pobre, la
bondadosa Enriqueta, estaba muerta!
Caí aplanado de rodillas, c;on la frente apoyada
en el lecho donde yacía la pobre criatura, sin comprender nada del crimen que acababa de cometer,
presa de un aturdimiento que me hacía dudar de mi
razón, con un ruido de campanas que me ensordecía
y sin atreverme á levantar los ojos para no ver aquel
horrible cuadro.
- Vamos, me dije después de un largo rato, ha
sido una irremediable desgracia; soy el instrumento
de un asesinato, más que el asesino; debo entregarme lealmente á la justicia y decir la verdad.
En el momento de salir pensé en mi amigo Este•
ban y prorrumpí en sollozos. Cuanto me serené un
poco abrí mi puerta con mil precauciones, bajé de
puntillas la escalera y me dirigí á casa del juez, que
era uno de mis mejores amigos.
- ¿Qué le trae á V. por aquí, con este sol abrasador?, me dijo.
- Vengo á decir á usted que acabo de matar á
una mujer.
- ¿Usted? ¡Vaya una broma!
- No bromeo, le respondí llorando; la desgracia
que vengo á anunciarle es una triste verdad. He cometido un crimen.
El juez estaba absorto y no quería darme crédito.
Yo insistí y él me dijo:
- Pero ¿cómo la ha matado usted? ¿De un tiro?
¿Con un arma cualquiera?
- ¡Con el collar!
- ¿Con el collar? ¿La ha estrangulado usted? ¡En
marcha! ¡Corramos!
Llamó al escribano y á dos alguaciles, entre los
cuales me colocó, y nos diri¡Jimos á mi casa. La vergüenza me ahogaba; hubiera querido que me tragase
la tierra.
Penetramos en el cuarto: al ver sobre la cama á
Enriqueta muerta y crispad1 aún por las últimas convulsiones, el juez gritó:
- ¡Era cierto!
Después, acercándose á ella, quiso quitarla el collar, diciendo:
- Este es el instrumento del delito.
Un nuevo acceso se apoderó de mí y me precipité
sobre el juez gritando:
- ¡No le toque usted!
Los alguaciles me sujetaron, me ataron las manos
y me hicieron sentar en un taburete. El juez me interrogaba, y cuando yo le respondía, alzaba los hombros y decía:
- ¿A quién quiere usted hacer creer esas necedades?
Yo no intentaba nada sin embargo, y Julia, que
se desesperaba en mi corazón, estaba allí para afirmar
que yo no mentía. Cuando salimos, todos los vecinos llenaban la calle; con dificultad y defendido por
los alguaciles pude atravesar la calle. Todos querían
verme; unos me compadecían, otros me insultaban.
- «Si está loco desde la muerte de su mujer.»

- «¡Bah! Es un viejo hipócrita. Ya mató á un hombre en duelo hace años.»
Yo bajé la cabeza no atreviéndome á mirar á
nadie.
Me llevaron á la cárcel, donde me encerraron en
una especie de celda, solo, en presencia de un crucifijo de madera negra clavado en la pared. Yo me
eché vestido sobre un catre y dormí mucho tiempo,
con un sueño de plomo, como se debe dormir en la
tumba. Cuando desperté quise recordar los acontecimientos de aquel día maldito, y temblé ·á la idea de
que Enriqueta se apareciera en mí, como lo habfa
hecho el capitán y lo hacía aún Julia; pero ésta,
guardián vigilante de mi corazón, donde había reinado en vida y donde quería reinar después de su
muerte, no permitió la entrada en él de su rival.
Vino un médico; me tocó la frente; me hizo hablar mucho tiempo sobre diversos asuntos, y se fué
moviendo la cabeza; también vino un sacerdote, que
me habló mucho del fuego de las pasiones. Estoy
solo, siempre solo ... y me ahoga el remordimiento.
Apenas me atrevo á hablar á Julia; y cuando la dirijo la palabra se echa á llorar y no puede responderme más que estas palabras:
- ¡Perdóname, perdóname!
Dicen que se verá pronto mi causa. Yo me pierdo
en este dédalo, donde (ningún hilo me guía, y sin
embargo yo diré con toda sinceridad:
- He perpetrado el crimen, pero no lo he premeditado; soy inocente de tal delito, como es inconsciente el cuchillo del asesino que se sirve de él para
su infanúa. ¡Que Dios me perdone si pronuncio una
blasfemia, pero afirmo con toda mi alma que soy
inocente!

***
Yo le vi muchas veces en el manicomio de Leganés. Era un hombre alto, desgarbado, de unos cincuenta años de edad, pálido y delgado. Generalmente estaba silencioso y solitario; tranquilo y amable
durante meses enteros, y presa de inexplicables furores, que explicaba, pasado el acceso, diciendo:
- ¡No soy yo; es mi mujer!
No se quejaba. Aceptaba su suerte con humildad,
persuadido de que no era á él mismo, sino á Julia, á
quien se tenía en prisión por haber asesinado á su
amiga. Leía mucho y escribía durante horas enteras,
en pliegos grandes, con una letra microscópica y llenando con doscientos ó trescientos renglones aquellas páginas incomprensibles, de las que a\Ín conservo
algunas.
En ciertas épocas del año, sobre todo en los días
caniculares, se turbaba, abandonaba sus tranquilas
ocupaciones, injuriaba á los enfermeros y parecía
prever sus accesos furiosos.
Al envejecer. su salud se alteró visiblemente, pero
no por eso dejó de aprovechar todas sus horas de
repo¡¡o para escribir.
Se descubrió después de su muerte, bajo el colchón, un enorme manuscrito; era el famoso tratado
que había compuesto en el manicomio y que se titulaba así:

De la resurrecciún de los muertos en los vivos, y de'

OCASO, cüadro de D. Modesto Urgell. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

505

549

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

505
me han impulsado á emprender el viaje.
- Prescindiendo d:e 1o
esencial.
- Justo. Mas creo, aparte -de mi capricho, que la
descripción de un paraje ó
una comarca resulta incompleta, porque la impresión
individual es la que le presta su tono característico.
En otros términos; el mejor libro de viaje es el viaje
mismo.
- Estamos de acuerdo.
- ¿Qué barca es esa que
se aproxima al vapor?
- La que trae al piloto.
-¡Cómo!...
- No es posible penetrar
en Noruega sin un piloto
del país, aunque en muchos
casos el hecho sólo significa una de tantas formalidades.

las modificaciones que este
importante descubrimien•
to debe producir en las leyes morales, jilosújicas y políticas vigentes.
Se conserva este manuscrito en el manicomio de
Leganés, y se enseña á los
curiosos notables que visiten el establecimiento.

Lurs M. DE LARRA

EN EL LAGO DE HAMMEllFEST
- ¡Diablo!, exclamó súbito Mr. Ferguson quien,
sentado en su gabinete de
estudio de Queen Street,
en Londres, leía Tlu Times.
¡Diablo!, repitió en vivo soliloquio. No se me había
ocurrido tal cosa. Decididamente he sido por esta
vez un imbécil; pero aún
puedo reparar la falta.
Y así discurriendo, tocó
el timbre colocado sobre la
mesa y casi en el mismo
instante decía al ayuda de
cámara que penetraba en
el despacho:
- Dispón mi equipaje;
toma un billete hasta París
y que la berlina esté enganchada para llevarme al
muelle, á la salida del vapor.
- Bien, limitóse á responder el interpelado, sin
duda práctico en la manera de ser de su señor.
Este dobló el periódico,
hizo varios apuntes, sacó
de la mesa una cartera con
valores, dió algunas órdenes y esperó tranquilo fumando, inmóvil como una
estatua.
Poco después el ayuda
de cámara, previo el oportuno permiso, entraba de
nuevo en la estancia.
- Todo se halla dispuesto, dijo.
- En marcha, repuso
Mr. Ferguson con laconisEL TRAJE NUEVO, cuadro de D. Luis Jiménez Aranda
mo británico. Salió y una
hora más tarde quedaba
instalado en el vapor que luego navegaba con rumbo vos viajes, surgió, como resultado del amor propio,
una singular apuesta. Ferguson se consideraba patiá la costa de Francia.
nador privilegiado; el alemán juzgábase invencible
en tal ejercicio, y de ahí el reto y el propósito de di***
rimir el debate en el lago de Hammerfest.
Un inglés, partidario de Ferguson por el senti•
¿Quién era Mr. Ferguson?
Sencillamente un millonario caprichoso. Contaba miento nacional, terció en las amistosas discusiones,
treinta y seis años, estaba viudo, y la pérdida de su pero dió al hijo melancólico de Londres un mal rato,
esposa, que lo dejó solo, lo puso en la tremenda disyun- aunque sin deliberada intención.
- Compañero, le dijo, no me cautiva el recreo de
tiva de suicidarse ó de aceptar la situación con topatinar.
das sus consecuencias. Nuestro hombre concedía
- En ese caso, advirtió Ferguson, alguna otra será
poco espacio á la adopción de un camino, y en pos
de discurrir cinco minutos hubo de comprender que la distracción predilecta de usted.
-Sin duda.
debía resignarse, y se resignó; pero como poseía ele- ¿Y es indiscreción preguntar en qué consiste?
mentos para mitigar, dentro de lo relativo, las amar- De ningún modo.
guras de su alma, procedía en términos de luchar
- Gracias.
contra el aburrimiento y aniquilarlo en cada uno de
- Me gusta la soledad, y dando vueltas en mi imasus embates.
Mr. Ferguson iba á Hammerfest, el mar Glacial, ginación al medio de satisfacer mis aspiraciones, encon la propia indiferencia que si fuese de una calle contré lo que buscaba, simplemente con alquilar en
á otra de la City. Había leído en The Times que Namsos una pequeña isla para dedicarme á la caza
aquella capital era entonces el punto de reuni~n de y la pesca.
- ¡Diantre! Ese rasgo aventaja al mío, pensó Ferlos aficionados á patinar, ó sea su recreo favonto, y
resolvió distraer su ánimo y abrir un paréntesis á la guson.
- Es un solaz como pocos.
tristeza de todos los días.
- Lo creo,
Ferguson se embarcó en Hamburgo á bordo de
- Pronto inauguraré mis expediciones, pero antes
uno de los vapores de la compañía de Bergen que
deseo
visitar Hammerfest.
desde aquel puerto recorren las costas de Noruega,
Me
felicito de tener tan respetable compañero
doblan el cabo Norte y llegan á Vadso, después de
de navegación.
una travesía de setecientas leguas.
- ¡Caballero!... Y ¿conoce usted el país?
Entre los compañeros de pasaje figuraba _u_n a!e-No, señor.
mán que se dirigía -á Hammerfest para adqumr pie- Lástima, porque abunda en bellezas naturales
les y establecer con aquella plaza y la de Berlín relade
primer orden.
ciones mercantiles. No tardaron en tratarse FerguHe aquí, precisamente, una de las razones que
son y el alemán, y conocido el móvil de sus respecti-

***
La travesía careció de
accidentes interesantes. La
breve escala en Bergen dió
á Mr. Ferguson idea del
frío que debía sufrir antes
de calzar los patines en el
lago de Hammerfest.
Dos días después de la
llegada á Bergen fondeaba
el vapor en Throndhjem,
no sin que los pasajeros ad·
mirasen las imponentes
montañas de la costa, fecunda en lagos, ríos y canales, debidos á la acción
del mar en las tierras vecinas.
Christiansund, otro punto de escala, está edificado
en un árido suelo. En cambio, la naturaleza toma aquí
un aspecto alegre y risueño,
peculiar de todo este país
de Throndhjem, nombre de
la antigua capital de Noruega, población que brinda
en sus alrededores una curiosa excursión á las caídas
de Leerfoss, originadas por
el Nid, el Nida ó el Nidar,
impetuoso río, especie de
torrente que fe rtiliza los
campos.
Quince días después de partir de Throndhjem tocó
el vapor en Namsos, y allí el aficionado á la pesca y
la caza ofreció á Ferguson el islote de que le había
hablado y que aparecía como una mancha cenicienta en el horizonte, cerca de la desembocadura del
río Namselo.
Dormía á poco profundamente Ferguson, cuando su amigo el inglés lo despertó. Incorporóse aquél
en la litera, y ante las exclamaciones de su compatriota, dijo:
- ¿Qué sucede?
- Quiero que vea usted una de las maravillas del
mundo, contestó su compañero.
-¡Ah!
- Suba usted al puente, amigo mío.
- Vamos en buen hora,
- Observe usted esa montaña en medio del mar.
- La observo.
- Pues es el Torghatan, roca de más de mil pies
de elevación. Repare usted su remate.
- Parece el sombrero de un marinero.
- Exactamente; y por eso se. llama Sombrero de la

isla.
- Creo notar ana caverna ó túnel que atraviesa
la montaña de parte á parte en el fingido sombrero.
- Tiene usted razón. Esa galería se extiende en
una longitud de trescientos metros, y en determinada hora del día el sol ilumina la cavidad produciendo un fan\ástico efecto.
Ferguson guardó silencio mientras contemplaba
extasiado la severa roca; y es que la admiración toma
en ocasiones, para manifestarse, el aspecto de la indiferencia, confirmando el adagio de que los extremos se tocan. Por lo común, percibimos lo sublime,
pero no acertamos á expresar la impresión que nos

�550

LA

causa, acaso por la gran distancia que media entre
lo convencional del idioma y lo absoluto del senti·
miento.
El último punto de la Zona templada es Vügholmen, montaña que tiene en su base un puñado de
casas de madera.
Pasadas las islas de Thrrenen, cruzó el vapor el
Circulo polar ártico, pero Ferguson no se preocupó
del particular, ya por su idea fiija, ya porque los sitios más remotos de nuestro planeta perdieron su
importancia á influjos de la facilidad de las comuni-

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

•••

Parece inútil decir que el primer cuidado de Ferguson, tao pronto llegó á Hammerfest se encaminó
á buscar el lago famoso y no paró mientes en la
modesta fonda de la localidad ni en las curiosidades
de ésta.
El lago carece de nombre y las indicaciones recogidas en el hotel dieron poca luz al viajero En cambio la paciencia hizo su oficio, y en la comida de la
mesa redonda procuró Ferguson investigar con in-

sistencia.
El comerciante de Berlín estuvo comunicativo, y
una preciosa inglesa que viajaba con su institutriz
tomó parte en la conversación, riendo ingenuamente, pero sin dar opinión alguna, al conocer el pensamiento á que obedecía el viaje de Ferguson. Este
parecía contrariado y acabó por temer que había cometido una simpleza al ir al extremo de Europa en
demanda de un frívolo placer. Consolábase no obstante con la presencia de Ester (así se llamaba la
inglesa), y de este modo las primeras horas transcurrieron agradables.
A la mañana siguiente salió Ferguson de la ciudad,
y andando á la aventura, ganoso de encontrar el lago, internóse en un laberinto de bloques gigantescos,
trepó á una móntaña sin hallar alma viviente, y por
el opuesto lado descendió á una playa tranquila y si-

lenciosa.

Dos gritos lanzados al mismo tiempo llamaron su
atención. Ester se bañaba en aquellas aguas glaciales y la institutriz esperaba en la orilla.
El inglés, prudente y comedido, volvió á la montaña, fustigado por el viento rudo y frlo.
- ¿Adónde voy?, pensaba. El punto de cita de los
patinadores no parece. Busquemos, busquemos.
Y hablando de esta suerte, andaba sin dedicar una
mirada al espectáculo grandioso que lo rodeaba. Destacábase hacia Poniente una sucesión de cumbres
de rojizo color; las aguas que bañan la ciudad, oculta por un tajo, aparecían inmóviles; si Este emerglan
las alturas de la isla Soro, coronadas por ventisqueros magníficos, y al Sur se dibujaban otras muchas

505

NóMERO

LA

505

55 1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

taña reanimó su esperanza otro lago, hermoso y ade-

cuado á sus gustos, pues se dilataba en una. exten-

sión de tres ó cuatro hectáreas.
-Aquí, exclamó en un arranque de orgullo, venceré al alemán, y es indudable que los periódicos
de Inglaterra dedicarán á mi triunfo minuciosos detalles.
Llegó á la orilla; pero ¡oh dolor! el lago no estaba
helado; antes bien, sus ondas se levantaban en débiles volutas y se romplan fingiendo copos de nieve.
Ferguson palideció, y sacando del bolsillo el núcaciones, que han colocado en la misma categoría un mero de TI~ Tmus, que no lo abandonaba, leyó por
paseo al Rhin y al Danubio que una expedición á centésima vez el suelto inspirador de su constante
Laponia, destruyendo con implacable saña lo románpesadilla. El periódico apuntaba con claridad cuanto
tico, puesto que hoy cualquier turista bebe en la
se refería al lago, sin omitir que sus aguas se encumbre del cabo Norte la tradicional copa de Cham- cuentran al mismo nivel del Océano Glacial y ofrece
pagne, como podía beberla en un hotel de Parls ó
la rara circunstancia de helarse en el invierno en
Viena.
tanto que no se hiela el cercano mar.
Llegado el buque al Círculo polar fué el alemán
¿Por qué no estaba en congelación el lago? ¿Era el
objeto de bromas, porque esperaba la ceremonia del
caso culpa de la masa de agua, ó del diario de Lonbautismo con que es costumbre obsequiará los pasadres?
jeros que por primera vez lo visitan.
El problema carecía de solución, y el inglés, deso- Esto es una informalidad, exclamaba el comerlado, entró en Hammerfest con el firme propósito
ciante, y en vista de su actitud rela la tripulación.
de tornar sin pérdida de tiempo á su casa de Queen
El capitán tuvo que intervenir, manifestando que,
Street.
dado el frío, serla peligrosa y propensa á una pulmo·
nla aquella práctica, y al fin resignóse el testarudo
germano.
El Círculo polar, apartado del Polo veintitrés grados y medio, representa el limite matemático que seAl empezar el almuer-,o al día siguiente, advirtió
para los climas de hora de los climas de meses, y Ferguson que Ester se sonrojaba, recordando la preallí se deja de ser heteroscio para ser periscio; en otros sencia del hombre que inadvertidamente habla sortérminos, nuestra sombra gira á nuestro alrededor en prendido sus abluciones. El alemán, enterado del
el espacio de un dla.
desengaño de su competidor, habló del asunto con
Traspuesto Bodo, capital y ciudad única del Nord- alguna ironla, porque en el fondo le interesaba el neland, sigue el grupo de las islas Loffoden, situado en gocio de pieles mucho más que las impresiones de
el extremo Norte de Europa, con una superficie ma- patinar.
yor de cincuenta leguas á lo largo de las costas de
El diálogo chispeante y epigramático se animal¡a
Noruega.
por momentos, pero Ester le dió un giro particular
Luego yese la provincia de Finmark, la más sep- con estas palabras:
tentrional de aquella nación y del continente euro- No encuentro atractivo en correr, calzada de
peo, que cuenta por capital á Tromso donde todos patines, por la superficie helada de un lago.
los edificios son de madera.
'
Mr. Ferguson contestó:
A seguida encuéotrase Loppen y por último el
- Con permiso de mi honorable compatriota, he
v~por echa el ancla en el puerto de Hammerfest, de discurrir de distinto modo.
cmdad que ocupa el fondo de una babia en la Isla
- Lo comprendo, interrumpió el alemán. Sobre
de la ballena, próxima al pequeño río Kemi y distan- todo si se tiene en cuenta la novedad que supone un
te del cabo Norte treinta leguas.
viaje hasta Hammerfest expresamente para cruzar el
lago.
- Cierto que sí, repuso la inglesa; y antes que
Ferguson hubiera podido gozar de su triunfo, la jo-

•
••

NÚMERO

SECCIÓN AMERICANA
EL PRE S IDIO DE LA HADANA

- Es necesario que vaya usted á presidio, me dijo
el contador del mismo, mi amigo Federico Aranaz.
- ¡Caracoles!, repliqué asustada.
- Nada de caracoles ni de interpretaciones dobles: quiero que vea usted nuestra casa, para que se
convenza de que en la capital de la isla de Cuba se
hace algo más de lo que ... de lo que yo sé y µsted

no ignora.

.

.

- Está bien: veremos eso; ¡pero SI no me entuSiasmo, pobre de usted, le desuello!
• - Acepto.
Al dla siguiente nos encaminamos mi hijo y yo al
tranvla de vapor que nos había de conducir á la capita! desde el Vedado, delicioso pueblo de campo,
que es á la Habana lo que son á Barcelona San Gervasio y Sarriá.
Nos metimos en un coche largo, muy largo, con

sus cuarenta asientos, estrechitos por cierto, con
brazos de hierro, bajos y molestos, que es una ben•
dición de Dios. El pasaje á que conducen estos coches
es de lo más heterogéneo. Negros, chinos, mulatos,
trabajadores blancos, señoritos verdinegros, caballeros que soplan de calor, señoras ligeramente vesti-

das, negritas que parecen moscas en leche con sus
almidonados trajes alabastrinos, llenos de faralares y
puntillas; todo, en fin, lo que constituye la mezcla de
raza y el cruzamiento animal que produce degeneración ó perfeccionamiento, no lo sé y allá se las
compongan los naturalistas Veinte centavos billete
cuesta cada pasaje, que resulta dos realitos en plata
de los que en España se estilan: me parece bastante

para treinta minutos escasos de viaje.
Los cobradores de estos tranvías ni llevan bolsas

ni talonario: los billetes fraccionarios se meten en un
bolsillo, los de á peso en otro y los de tres pesos,
máximum de lo que obligación de cambiar tienen,
se divorcian también para no dar lugar á confusio-

nes.
¿Que si no irregularizan algunos empleados? ¡Ni
por dónde! Los coches tienen en ambas bandas dos

barillas de hierro esquinadas que terminan en un
indicador. El cobrador hace medio girar la barilla
con una llave tornilladora, y por cada billete que cobra suena una vez el timbre pasando el guarismo
que indica el número de asientos. Llegado al punto
de parada, se da cuerda al reloj indicador que marven cortó sus ilusiones con estas palabras:
ca el viaje y vuelve á los dos ceros para comenzar ·
- Yo soy partidaria de las novedades, y por eso de nuevo la tarea.
todos los años vengo á bañarme en el mar Glacial.
Con este sistema, ni se molesta al público con pa·
· Un aplauso de los comensales acogió la extrava• pelitos y revisiones, ni se necesita tanto personal, ni
gancia de Ester. Sólo Ferguson incurrió en la des- se pierde otro tiempo en las oficinas que el de la
cortesla de no aplaudir, y juzgándose vencido, rene- confrontación de relojes y recuento de papeles mugó de sus millones y pensó escribir á T!ze Times una
grientos, que tal es la moneda corriente en esta tieviolenta carta, para expresar que nada vale un perió- rra legendaria del oro, por activa y pasiva.
dico donde se prescinde de hacer mención de una
Hemos llegado á la punta, explanada en donde
inglesa que se baña en el mar Glacial.
termina el ferrocarril de vapor (cuya empresa no ha
La reacción vino á poco, y el viudo, en un arran- logrado permiso para introducir sus maquinitas en
que de entusiasmo, dirigió á Ester estas palabras:
el centro de la ciudad) y en donde el presidio se
- Señorita, si usted acepta mi mano me conside- halla enclavado.
raré feliz.
Al trasponer el muy elegante y alegre zaguanete
- Mr. Ferguson, respondió imperturbable la via- de la entrada principal me puse trémula; el espectájera, me consta que es usted un cumplido cabaculo de la desgracia me conmueve desde que lo
llero y no tengo inconveniente en admitirlo por es- presiento. He visitado otros presidios, aun los que
poso.
pasan por modelo penitenciario, y en todos me ha
- ¡ Hurra!, gritaron los espectadores de aquella es- herido el sentimiento, la compasión, la piedad, la
cena, y el regocijo se prolongó largo tiempo.
idea humanitaria sobreponiéndose á la culpa y com•
La viudez se borraba en las lejanlas de los recuer- padeciendo al culpable. En todos los edificios penidos. La institutriz irla á solicitar otra plaza, y en retenciarios que be visitado hubiera adivinado sin essumen, de dos viajes informados por la fantasía brofuerzo
el porqué allí vivlan tantos hombres en comu•
taba una realidad de la vida.
nidad odiosa; en el presidio de la Habana me fué
Mr, Ferguson, preguntó el alemán, ¿subsiste nues- preciso recurrir á la reflexión para persuadirme de
tra apuesta?
que aquellos hombres eran criminales.
- ¿Quién lo duda?, respondió el inglés.
Del despacho del comandante, el amabillsimo ca- Yo propongo una variante, añadió Ester. Que
ballero catalán señor Calvetó, persona de antiguo
en vez de cruzar el lago con patines lo recorran en
conocida y apreciada en Barcelona, pasamos á las
velocípedo ambos señores.
oficinas, en cuyas mesas hadan el oficio de escri- ¡Aceptado!, respondieron Ferguson y el comer-

bientes algunos penados, limpios, aseadísimos 1 con

ciante.

trajes blancos y corrección de personas bien educadas. Aquellas oficinas me parecieron modelo de pulcritud estadlstica: más que difícil creo imposible lle• *
var á mayor grado la escrupulosidad administrativa.
Recorrimos el edificio, que es malo y deficiente, pero
Moral de este episodio:
tan limpio, tan limpio, que ni una ráfaga de olor desNo debemos condenar en absoluto los caprichos.
se advierte en ninguno de los departa·
Para proceder as( hay precisión de conocer las con- agradable
mentas.
diciones intelectuales y fisiológicas de cada indiviLas salas dormitorios de los blancos son distintas
duo. Lo que suele parecernos ridícula forma de la
aunque iguales entre si, de las que albergan á lo;
frivolidad, es muchas ,·eces una de tantas necesidacimas.
hombres de color, y éstos á su vez también están
des de quien le rinde culto.
apartados de los asiáticos. La separacióh de razas se
Ferguson descendió de su belvedero y descubrió
hace necesaria para evitar guerras intestinas y antaun pequeño lago. Siguió adelante y al pie de la monAUGUSTO JEREZ PERCHET
gonismos inevitables -.n el rozamiento de seres que

•

" E~ E L BOULRVARD SAINT·MICHEL,
UNA TARDE DE OTOi,O

cuadro de Leroy Snint-ltubert. (Sa16n de Paris de

·d d
Las habitaciones de guardia están c_on .toda !~
son considerados inferiores á pesar de la humam a comodidad apetecible. Despacho, dorm,tono, tocay de la manumisión redentora.
.
dor elegante, cuarto de baño con su ?uc~a corresRecorriendo las salas mal ventil~da~ y peor ave- pondiente, y todo respirando alegria, hmp1eza, buen
nidas con lo que el resto del establec1m1ento presen- gusto ... ¡Qué \argos se les pondrán los_ ~,entes leyen·
ta llegué á olvidarme de que aquellos hombres esta- do esto á ,los empleados de los pres1d1os de la peb~n presos por delitos comun~; parecían soldados
de un ejército mimado Y atendido con extrao,d ma- ní';.:~i~os á misa, y la fotografía co_rrespondiente porio cariño· las camas se recogen de dla Y ~! suelo se drá dar una idea .del acto. Propiamente dicho no
ve limpio 'sin exageración; ni el más pequeno residuo hay capilla, pero hubo buena voluntad y se aprovede cigarro se advertía, y eso que _aquellos hombres chó un pasillo cómodo para levantar un altar, que se
fuman. Todas las salas están provista~ de los_ corres- cuida con pulcritud, dándole aspecto de oratono
pondientes receptáculos para las _c?hllas. N, un pe- particular de dama religiosa.
. .
nado falta á la ordenanza; se hab1tua, _por el c?ntraDespués de mi visita subí á las ~ab1tac1ones ~el
río, á costumbres de decencia y educación que Jamás director, en donde una elegante y d1stmgmda senoha tenido.
b d
ra la de Calvetó, me aguardaba para ofrecerme un
'
d , ·1·
El taller de tabaquerla que uno de los_ gra a os
.
10 J ás asiento en la mesa e 1am1 1a.
representa, es de lo más curioso que he VIS_ · am .
Aranaz estaba de guardia, y señor Ca!v.etó siensupe cómo se envolvían los puros que deleit~n al
ta diariamente á su mesa al oficial de semc10 ..
cioso, saturándolo del aroma que tanto aprecia.aquel
Conversamos mucho: hablamos de la patna, de
que pospone todas las felicidades á las dehcias de Barcelona sobre todo, y excuso decir que siendo el
un buen habano. Unos escogen la vito(a, otros la comandante del presidio hij~ de Cataluña y yo apaenvuelven con esmero, Yde aquellas hoJas secas Y sionadísima por Ja ciudad condal, fué durante el alesparramadas surgen de pronto las conclulas, los Ira- muerzo cantado el himno más entusiasta al pueblo

v,-

e!

1891, )

la escuela, que pronto será un hecho, para la educación completa de los pen·ados.
El calor era sofocante y no quisieron que aquel
dla visitase yo el hospital. «Venga usted una mañanita,&gt; me dijeron; y con efecto, á los do~ ó tres días
me apeaba de nuevo á la puerta _del pres1d10._
.
La enfermería está muy próxima al edificio pnncipal, dándosele acceso por una verja_ adornad~ con
enredaderas y grandes macetas. ll_n yrdln cmdado
con esmero sirve de unión á las d1stmtas dependencias separadas las unas de las otras, pero en tal aseo
tod~s ellas, que cuesta trabajo _conven~erse de que
formen parte de un hospital pemtenctan?·
El practicante interno, cuyo nombre siento no recordar, será muy pronto una joya de la facultad habanera.
La botica, á cargo de inteligente y joven farmacéutico las cocinas los almacenes de ropa toda nueva y
de hilo, el taller'de herrerla y carpinterla, la~ cuadras,
las cocheras, la mayordomía, el kiosco del prdmero,
las salas de enfermos, baños, fotografla y todo el

conjunto, en fin, que se conoce _con_ el nombre_ de
de fosos admira por su bellez~ nsuena y por la hmpieza que se advierte, s_obrepuJando á cuanto en Es-

buquilos, las brevas y cuantos nombres se cono~en de nuestros amores y de nuestros r~cuerdos. Par_aJes, paña tengamos por meJor en la clase.
en el tecnicismo de la tabaquerla. El taller de ciga- personas, edificios ... todo lo recommos conmovidos,
El servicio se hace con penados y no hay una sorrillos está completamente separa?º• pues aqulbla ¡hasta los niños ayudaban á nuestra memona con sus la mujer en el hospital.
•
cigarrerla es completamente d1stmta de la ta a- tiernos recuerdos!
Las vistas del exterior de la enfermerla, banos
quería.
habitaciones destinaEl señor Calvetó, con una sinceridad qu~ le bon- y taller de fotografía _darán idea de que no exagero
Pasamos al archivo Y á las
ra, me dijo que á su antecesor, el señor Bmtrago, se en mis elogios.
.
.
. .
das á cuerpo de guardia.
deblan todas las reformas, que él contmu_aba con
Me retratar-on: un penado, Joven también Y. pr:nc1El archivo es en su clase lo que vulgarme~te pu- entusiasmo procurando conservar y prosegmr la obra piante por más señas, sacó los retratos de mi b1JO Y
é . . . d
di.éramos decir que no se ha vist_o._ Pusimos pruemio con un parecido admirable.
.
teceden por aqu 1 1mcia a.
.
.
d
bala bondad del señor Calve! Ó P1d,en an d
·
La banda de música tocó algunas piezas admiraHaré constar que sin sobarnos la cabeza, m pa·
.
unos ' más mo
tes de penados muy antiguos
. ernos blemente, sin que se pudiese pedir _m_ ás, dad os 1_os nernos la manita así, ni la barbilla levantada_, ~1 el
. d' •.
t d s· le dimos dos mmutos red t
otros y vana 1s1mos o o ,
.
instrumentos de que se servían, v1e1os y e eno• cuerpo inclinado, ni cosa que ~manere y fasttdie al
loJ· en mano para buscarlos, y antGs de l~s dos mmu- rados.
que pretende reproducir su efigie.
tos teníamos en 1a nuestra 1a carpeta cmdadosamen.
Federico Aranaz, que considera hec h ura suya 1a
- Este también tendrá oficio cuando cumpla, me
te conservada, con los datos y e?edientes d1u~e~f~ música penitenciaria, no cabía en sí _de gozo. cTo- dijo Aranaz.
díam os. Si el director, que por o mismo
. . dos esos tendrán un oficio digno manana que cumEl fotógrafo es de Burgos, cu~ple _condena por
está exento de esos trab~jos, encuentra datoi5 r~coná plan,&gt; deoía, y decía bien.
una firma echada sin suerte, y digo s,~ suerte pordilos tan á la minuta, ¿qué harán los emp ea os
El señor Calvetó se ocupa en estos momentos de que otros hacen lo mismo y se pasean hbres.
cuyo cargo corre el archivo?

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LECTURA,

cuadro de D. Juan Llimona

(Premiado en la Exposición general de Bellas Artes Barcelona. )

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PASTOR DEL PIIONEO,

cuadro de D. Dionisio B~ixeras

(Premiado en la Ellpo,ición generl\l de Dellas Artes de Barcelona.)

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RECUERDO DE LLAVANERAS,

cuadro de D. J osé Masriera. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

�554
Como todos los individuos del presidio, vestía
de blanco, esmeradamente limpio y revela buena
educación. En medio de su desgracia resulta afortunado: vive entre flores en un jardín fragancioso y es
visitado por cuantas personas recorren los fosos, que
son muchas. Los yankees han dado en la manía, que
Dios les conserve, de pasar durante el invierno gran·
des temporadas en la Habana, y ninguno se vuelve
al Norte sin hacer al presidio y á la enfermería la visita obligada..
El coche celular es magnífico y adecuado á las
exigencias del clima.
Nos dieron café con leche; ¡pero qué leche y qué
café! No se crea que especial, nada de eso, del mismo que toman los reclusos enfermos.
También probé el rancho y el pan.
Desde que todo el mundo sabe aquí que yo ponía
el visto bueno al rancho que se daba á los soldados
á bordo del Alfonso VII, no puedo entrar en un establecimiento en donde haya potaje sin que me lo
den á probar. El del presidio era riquísimo, así como
el pan, blanco, esponjoso y tierno como el mejor.
Para terminar con la organización y servicio de
un penal que ahora y siempre será honra, qui~ás la
única desgraciadamente, de nuestra administración
antillana, diré que se persigue el objeto santo de formar al recluso un capital con el que pueda atender
á sus necesidades durante los primeros meses que
vuelve al mundo. El penado tropieza siempre al salir de presidio con los inconvenientes de su procedencia para encontrar trabajo: teniendo medios para
vivir una temporada, puede regenerarse más fácilmente que careciendo de consideración y de dinero.
Pero lo que más admirarían los penados de la península, si este artículo llegase á sus manos, sería el
que no se da un caso de insubordinación ni de castigos, y pocos, poquísimos de fuga en los trabajadores de las cuadrillas que prestan servicio municipal.
Esto es más elocuente mil veces que todos los
elogios.
Y gracias á Dios que una española puede hablar
bien de cosas de España, aunque sean pasadas sus
aguas.

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

sólo por el esfuerzo de su inteligeticin, colocarse en ~l número
de los jóvenes escultores que prometen ser unn glona para. el
arte español, siendo más dignos de notarse los resultados s1 s_e
tiene en cuenta que Tavera posee el titulo de doctor en Medicina y que sólo modela cuando se lo permiten sus enfermos Y
sus deberes profesionales.
,
. .
Su primer trabajo obtuvo una recompensa e~ la Expos1c1~n
Filipina celebrada en Madrid alcanzando también otro premio
su segunda obra en la Exposi'ción U niversal de París, Y la ú)tima, ó sea la en que nos ocupamos, la acaba de obtener SI·
multáneamente en la de París y en la de Barcelona.
Plácemes merece la última producción de Tavera, Y aunque
la humanidad doliente reclame los cuidados del hombre de
ciencia, nosotros deseamos que el artista prosiga su &lt;;amino,
para el que indudablemente ha sido llamado, convencidos de
que ha de lograr señalados triunfos.

505

NúMERO

505

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

!lJás que la fidelidad en la reproducción: la impresi6n general
que el cuadro produce es agradable, la composición. está bien
estudiada en su conjunto y en sus detalles y la tonalidad resul•
ta sumamente simpática. Y reuniendo todos estos elementos,
¡c6mo no han de merecer alabanzas la obra, el autor y la escuela en que aquélla debe clasificarse!

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Lectura, cuadro de D. Juan Llimona (premiado
en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - Juan
Llimooa representa por medio de sus obras la armónica conexión que existe entre el arle y la poesía, porque en todos sus
cuadros represéntanse los sentimientos que enaltecen al hombre, que le conmueven y constituyen la síntesis de los afectos
más puros y delicados. Todas las manifestaciones sencillas,
pero tiernas, que puede el artista representar y concebir el
poeta, transp6rtalas Llimona al lienzo, y con el caudal de senti·
*
miento que rebosa en sus cuadros, canta, compone y rinde un
* *
respetuoso tributo, logrando interesar al que admira sus sentiOcaso, cuadro de D.Modesto Urgell (premi~do en das composiciones, al purísimo cariño de la maclre, al afecto
la Exposici6n general de Bellas Artes d_e Ba.rcelona). -_Cuno~ es
en extremo la personalidad de este distmgu1do y labor~o~o artista íntimo del hijo, del abuelú, del hermano, agrupándolo en el
catalán. Quien le v,·a por primera vez no podrá ad1vrnar que hogar, en el santuario de la familia.
Mas, según indicamos, la poesía de Llimona es sencilla, moaquella cabeza de facciones inteligentes, rodeada á modo de
elegante marco de abundosos y blanc_os cabellos, con los que desta y genuinamente regional, ya que en ese conjunto de
hacen contraste unos ojos de fuego, vivos y retozones, conciba creencias y aspiraciones, en esa unión de afectos y sentin,iencomposiciones apacibles y melancólicas, avaloradas por el dul- tos que constituyen su modo de ser y la nota distintiva de su
ce encanto que les presta la poesía. Comparado el pintor con carácter, se halla comprendido, amalgamado, el amor que
el género especialísimo de sus obras, ofrece con!rastes y _pro- consagra á Cataluña, la tierra que le vió nacer.
En las apacibles y conmovedoras escenas que retratan la
duce sorpresas. De carácter jovial y hasta expansivo, deléllase
y entretiene sus ocios en el teatro, siendo el obligado especia· vida y en todo lo que á ella se refiere, recordándonos el hogar
dor de los coliseos en donde se rinde culto al drama y á la trage- y la familia, halla este aventajado artista inagotable manantial
dia. Muchos admiran á UrgeJI como amigo sincero y booda· de su inspiración. Todos los asuntos que desenvuelve, dándoles forma, animación y vida, llevan en si el sello de un sentidoso maestro, ha biendo logrado como pocos ser respetado
miento delicado, que hace vibrar las fibras del corazón.
por sus bellas cualidades y por la valla de sus obra~.
Pinta sólo paisajes, pero paisajes solitarios y t~1s_tes que, á
•
pesar de su sencillísima composición, acusan domm10 Y maes••
trfa en quien los ejecuta. En todos sus lienzos obsérvase la me·
Pastor del Pirineo, cuadro de D. Dionisio
dia tinta suave y delicada que en los cielos y verde,s fro~das
determinan una placidez y melancolía que les hace simpáticos Baixeras (premiado en la Exposición general de Bellas Ar' y agradables hasta el extremo de producir cierto encanto ra- tes de Barcelona). - La vida artística de Baixeras data casi
desde su infancia, pues no babia aún cumplido los diecisiete alíos
yano con la poesía.
.
Dificil sería recordar sus composiciones, tan considerable es y su nombre ocupaba ya uno de los primeros puestos entre la
su número. En todas ellas hállase impreso el mismo carácter, pléyade de pintores que honran á Cataluña. Durante su primey todas, al igual de la que reproducimos, denuncian el s~~ti- ra época cultivó el género histórico y religioso; mas hoy apemiento del artista y justifican la fama que éste ha adqumdo nas existen en su paleta otros tonos que los pardos del tejido
burdo de los hombres de mar ó del obrero, avalorados y enricamo paisista español.
quecidos por sus aptitudes artísticas. El Pastor del Pirimo, que
tal es el título y representa el gran lienzo que reproducimos,
premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barce•••
lona, es una bella y sentida composición. En la cima de uno
El traje nuevo, cuadro de D. Luis Jim~nez de los picachos de la cordillera pirenaica, rodeado por la acuo·
Aranda. - Otro cuadro, bello como todas sus producciones, sa neblina, destácase por obscuro la silueta del pastor que al
ha pintado recientemente Luis Jiménez por encargo especial oir el esq11ilón de la iglesia de la próxima aldea, hacia la que
de un acaudalado yankee. El traje nuevo, que tal es el título del conduce el rebaño que transpone la inmediata lúma, descúbrese
lienzo, recuerda el género especial cultivado por nuestros ar· reverentemente, sintiendo en su rusticidad la grandeza de cuan·
EVA C,\NEL
tistas durante el periodo de evolución y que significa la segun- to le rodea, rindiendo al murmurar una sencilla plegaria un
Habana, 1891
da fase de la vida artística de Jiménez. Con mejor acierto que homenaje á la Divinidad. Pintado con maestría, es el cuadro
su hermano José, abandonó las chupas y los casacones para de Baixeras una manifestación de la escuela en la que tantos
emprender denodadamente la nueva escuela y los ~onceptos lauros hao logrado Bretón y otros artistas franceses. En ella se
del modernismo, que reclaman mayor suma de estudio y espí- ha inspirado Baixeras y á ella se amolda y acomo?~ su temperitu de observación. Su gran lienzo La visita de una sala del ramento artístico, de tal maneraque en las Expos1c1ones á que
NUESTROS GRABADOS
ltospital, que tan discutido fué por aficionados é inteligentes, concurre se le ha llegado á considerar como un artista del
acaha dr ser premiado en la Exposición de Bellas Artes de Norte.
Estudio, cuadro de D. Daniel Hernández (Ex- Be~lln con un gran diploma de honor, sancionando en cierto
posición general de Bellas Arles de Barcelona¡.- Estudio titu- modo la primera recompensa conferida por el .Jurado en la
*
ló modestamente al bellisimo cuadro que remitió á la Exposi- Exposición Universal de París. Si justo fué el pnmer acuerdo,
••
ción general de Bellas Artes de Barcelona, y que reproduci- no lo es menos el del Jurado alemán, ya que á pesar de los
mos en la primera página, el distinguido pintor peruano Da- juicios apasionados de los representantes de los antiguos mol•
Recuerdo de Llavaneras, cuadro de D. José
niel !Iernández. Establecido en Parfs desde hace algunos des, el cuadro de Luis Jiménez es una brillan~e manifestaci?n Masriera (premiado en la Exposición general de Bellas Araños, después ne haber permanecido l!n la Ciudad Eterna, del modernismo. Este, al igual de los que camman por la mis- tes de Barcelona). - Después de periodos de prueba, en los
parece como que h:i recogido la elegancia de tonos y de líneas ma senda, inspirase en los ideales artísticos de este siglo, con- cuales en vez de muestras de fijeza hemos observado señales
que tanto ha distingnic,lo las producciones de algunos artistas vencido de que al pintar la sociedad actual,. los drama,s. vivos, de profundo desvarlo, grato es para los amantes del arte ver
parisienses. Al estudiar los cuadros C:e Hernández vese que en internos, que en ella se desenvuelven, escnbe con el pmcel la gallardas manifestaciones del ingenio de nuestros pintores y
alimentar la esperanza de ver llegar dfas serenos, de espléndiellos hállanse armónicamente reunidas las dotes del artista y historia de su tiempo.
da luz, que iluminen por igual todas las inteligencias. José
la habilidad del pintor. Sus lienzos cautivan, no sólo por la
Masriera figura dignamente entre nuestros paisistas, ya que
riqueza de sus pormenores, sino también por la belleza y
aparte de sus apreciabilísimas cualidades, distínguese porque
elegancia de líneas, sorprendiendo por la encantadora plastici•••
dad y suavidez y finura de las carnes, que tan hábilmente sabe
todas sus obras revelan al artista que cultiva la pintura con
interpretar. Si de algo pudiera motejarse á Hernández, sería,
Una tarde de otoño en el Boulevard Saint- fervoroso culto; resultando de ahl que sus composiciones sean
quizás, por extremar algo la belleza, cual si en ella se cifrase Michel cuadro de Leroy Saint-Hubert (Salón de la genuina manifestación del verdadero arte. Amante del país
el sum1m1m del arte. Pero aun así y dando como cierta esta París de is91). -A la par de los asuntos tomados de la historia que le vió nacer, busca en nuestras encantadoras campiñas,
propensión, este empeño del pintor, resultaría siempre que antigua y de la mitología, han servido en todo tiempo de tema en las abruptas montañas, en las poéticas frondas, en donde la
descuella en sus obras por su maestría,'tanto tn el esbozo como á los pintores aquellos tipos y costumbres que más de cerca naturaleza se ¡resenta embellecida con sus más ricos atavíos,
en el colorido, elegante en las líneas, de suavísimos y delica- ban podido observar y estudiar; pero indudablemente en la ancho campo su observación y medios con que manifestar su
dos tonos, y lo preferimos tal como es, más artista que asimi- época moderna, casi en la actual, ha alcanzado este género de inteligencia. La corrección, la exactitud y la belleza son las
lador, no convertido en máquina fotográfica para reproducir pintura su apogeo.
notas características de sus paisajes.
·
fielmente la naturaleza, sino al hombre que sintiendo el arte,
No ha faltado quien considerara este hecho como síntoma de
El cuadro que reproducimos, recuerdo de una excursión
embellece cuanto transporta al lienzo¡ dejando en él indelebles decadencia en el arte, quien achacara ese afán de no preocu- veraniega, ha sido premiado por el Jurado calificador de la
huellas de su inteligencia.
parse más que de lo que se ve á ineptitud ó pereza para el es- Exposición general de Bellas Artes de Barcelona y adquirido
tudio de las materias cuyo conocimiento se consideraba antes por el Excmo. Ayuntamiento para figurar en el Museo :'.lfoni•
cipal de Bellas Artes.
indispensable en el artista.
••
Sin negar que, en ciertos casos, pueda haber un fondo de
•
¡Soy yo!, estatua en bronce de D. Félix P. de razón en tales censu,ras, parécenos que los que así arguyen, y
Tavera (premiada en la Exposición general de Bellas Ar- olvidan que las leyes del progreso se imponen en el arte, como
tes de Barcelona). - Ha llamado simultáneamente la atenci6n en todas l?s manifestaciones del saber humano, que el método
Barcelona.-Plaza de Antonio López cuadro
de los aficionados é inteligentes en las Exposiciones de Bellas experimental, al que la ciencia debe sus más preciosas con- al óleo de D. Modesto Texidor (Exposición general
Artes de París y Barcelona una preciosa estatuita en bronce, re· quistas, babia de influir necesariamente en el campo artístico de Bellas Artes de Barcelona). - Hijo y discípulo Modesto
presentando un rapazuelo parisiense que, con las manos metidas y de promover una verdadera revolución en los procedimien- Texidor de quien ha logrado ostentar un nombre respetado en
en los bolsillos y con aire de maliciosa sencillez, pareda decir á tos, resucitando la escuela naturalista, no tan moderna como en el mundo del arte, continúa este artista las tradiciones de
l~s que se fijaban en su pequeñez &lt;i Soy yo!) Y preciso es coove- algunos suponen. Olvidan también que el pintor no pinta s61o su familia, Labori_oso y entu~iasta ~or el arte, que con provenu ~ue el infantil personaje tenía sobrados motivos para llamar para la generación en que vive, que sus obras se conservarán cho cultiva, es quizás d~masiado ex1geRte para consigo mismo,
hacia _si la atención de los visitantes, puesto que el escultor que á través de los siglos y que cada cuadro es una frase escrita en ya que demuestra especial empeño en vencer dificultades y no
tao bien ~u~o retratarlo no pudo sospechar se~ramente que lle- el libro de la historia del arte, donde las futuras generaciones exhibe ó enajena sus obras hasta que, si no complacido de su
ga~a á asimilar de manera tan completa ni a poder conseguir estudiarán, no sólo el modo de ser de las manifestaciones ar- labor, hállase satisfecha su severidad artística.
ammar su modelo hasta el extremo de constituir una feliz crea- tísticas de una época, sino los caracteres sociales de un período
J ov~n _todavía, ha sabido ya distinguirse así en la pintura
ción. P?cos ~eHtímetros tiene la estatua, y á pesar de sus redu- y de un Jugar determinados.
de pa1sa¡e como en la de figura, y cuenta en su carrera artlstiC)das d1mens1ones, cabe consignar que ha sido la obra escultóSugiérenos las anteriores reflexiones el cuadro de M. Leroy ti_ca algunos triunfos logrados en los certámenes y exposinca que más ha llamado la atención del público en la Exposi- Saint·Hubert que reproducimos. A buan seguro que algún ciones.
ción de Bareelona, habiendo dado Jugar en la de Parls á que anticuado doctrinario no le concederá más importancia que la
El cuadro que reproducimos es un lienzo de mérito, que ha
fuese objeto de una s~stracción por algún aficionado poco es- que diera á una fotografía, más ó menos bien iluminada; pero llamado la atención entre los cinco que ha presentarlo este arcrupulow. Félix P. de Tavera, que tal es el nombre del autor, esto mismo, 11\ás que una censura vendría á ser en el fondo un tista en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
ha dado gallarda muestra, por medio de esta obra, de que es un elogio, pues demostraría que el dibujo de la obra del distinguiescultor de verdadero temperamento artístico. Filipino, como do pintor francés es correctísimo hasta el punto de confundirlo es Luna, y hermano político del autor del Spoliariu111, em- se con la impresi6n fotográfica, y no está el arte pictórico tan
JABON REAL
JA□ON
pieza, pues apenas bace cuatro años que dedica á la escultura sobrado de buenos dibujantes que merezca censura quien con
sus ratos de ocio, dando pruebas de raro ingenio y notoria ha- tanto cuidado atiende á esta condición indispensable en pintura. OE T HR IOACE 2si•nd:1:~1¡:;;~;arls VEL OUT IN E
Por otra parte, en la Tarde de otoflo hay algo, y aun algos, &amp;,eomeodados por autoridades medicas para la lli!ieoe de la Piel 1 Ballm del Colo:
bilidad. Sin profesores que cultivaran sus3ptitudes, ha logrado,

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Gilberto la había seguido y la contemplaba mientras se quitaba los largos gnantes

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CONTINUACIÓN)

Una vez instalada en el vehículo, añadió:
- Por todo lo que acabo de manifestar á usted no debe formar mala opinión
de mí, señor Maujeán. Si digo cosas desagradables, y si las digo como en broma, es porque tal vez no sabría exponerlas de otro modo, siendo necesario darlas á conocer. El destino, el injusto destino, es el que ha hecho de mí lo que
soy; pero en el fondo no soy mala ... Considéreme usted como una amiga.
Así diciendo, ofrecióle la mano; y cuando el coche se alejaba, miró á Gilberto otra vez con una sonrisa de interés compasivo, sonrisa triste que no le era
habitual.
Elocuente era aquella sonrisa, que parecía decir: ¿Por qué se obstina usted
en amará una mujer que no nació para usted? ¿Por qué me rechaza á mí, que
le aprecio verdaderamente; á mí, que no. soy ambiciosa y que me consideraría
feliz al darle el nombre de esposo? ... Pero Gilberto no comprendió; nb pensaba más que en Blanca de Cabro!, y pensando en ella padecía.
Al día siguiente, por la tarde, Gilberto marchó á pie á Mareuil, siguiendo la
cumbre de los cerros; así volvía á pasar por aquel camino que tantas veces recorrió en su infancia, cuando iba á observar á la pequeña Blanca de la Fonfreyde, ocultándose entre los matorrales. Detúvose largo rato en la vertiente que
dominaba el camino de Blatigny, en el mismo sitio en que abrió su corazón,
dejando escapar el secreto de su amor. ¿Era posible que tantas esperanzas,
tantos dulces ensueños y tan hermosas quimeras se desvanecieran en un mi•
nuto?
Gilberto prosiguió rápidai;nente su marcha, porque una horrible inquietud le
impelía hacia adelante. ¡Pobre Gilberto! ¡Mientras que él dejaba transcurrir los
días, deseando que pasasen pronto, á fin de que se realizara su dicha, otros trabajaban para robársela!
La señora de Chalieu y sus amigas esforzábanse sin duda en rebajarle á los
ojos de la vizcondesa.
·
Tampoco se tranquilizaba al pensar en el conde de Bagrassand. Su actitud
respecto á Blanca había sido siempre atenta y discretaj era hombre que no se
prodigaba; pero Gilberto recordó ciertas circunstancias del pasado que no le
llamaron entonces la atención: su brusca y apasionada intervención en el lance
con Charnasón; la sorpresa que producían sus llegadas á Mareuil en las noches
de invierno, y otras cosas más. En todo esto parecíale ver los indicios de un
amor oculto que databa de muy lejos.
Por otra parte, era muy natural que le hubiese ocurrido la idea de semejante
matrimonio después de la muerte de Pedro y la ruina completa de la vizcondesa de Cabro!. Para Laura de Bagrassand, para su hija, que crecía é iba á resentirse pronto sin duda de la educación dada por un hombre, era una delica-

da atención confiarla á los cuidados de aquella joven madre, formando con los
hijos de Blanca y de Laura una sola y misma familia.
Pero si, pensando en él, solamente veía motivos para temer, tenía otros para
tranquilizarse, evocando la imagen de la vizcondesa. ¡Blanca le amaba! Y ese
amor ¿no era nada? ¿no lo era todo, por ventura? No olvidaría ella sin duda
hasta qué punto se había comprometido, y que á Gilberto se debía que no estuvieran unidos para siempre. ¡La vizcondesa no podía recompensarle con semejante traición!
La «estación del descanso» le pareció lúgubre por el deterioro que en ella
habían o~asionado las tempestades del último invierno; una parte del techo se
había hundido y las paredes se hallaban cuarteadas. El aspecto de aquel sitio
produjo en él una impresión dolorosa que le oprimió el corazón, como si viera
en él la imagen simbólica de su desgracia. Sin embargo, habíase arreglado un
poco aquel cobertizo colocando en él una rústica mesa y algunas sillas.
No esperó allí largo tiempo; después de dirigir una mirada al interior, y cuando volvía al terraplén cubierto de césped.que precedía á la casita, divisó al pie
del cerro un pequeño grupo de paseantes que se dirigían hacia él. Al divisarle
la señorita de Sainte-Severe no manifestó la menor sorpresa, y hubiérase dicho
que esperaba verle allí. Blanca se detuvo como si no osase avanzar.
Sin embargo, poco después continuó su marcha, y de vez en cuando miraba
á Gilberto sonriendo, al paso que un poco sofocada y casi falta de aliento franqueaba la empinada senda.
X

Gilberto se apresuró á irá su encuentro; pero antes de que llegase Guy y
Juana, que precedían á su madre, muy contentos de ver otra vez á su amigo,
hiciéronle las mismas caricias de la víspera, abrazándole cariñosamente.
La señora de Cabro! había llegado por fin al terraplén y seguía dirigiéndose
hacia la granja; pero antes de entrar se detuvo, volvióse y tomó al parecer una
solución repentina.
- Lleve usted los niños al cerro grande, dijo á la señorita de Sainte-Severe;
ellos pueden andar aún, pero yo estoy cansada ... Que tomen allí algo, y vuelva
usted dentro de una hora...
•
Blanca entró entonces en el cobertizo, donde puso en una silla el quitasol y
el sombrero. Gilberto la había seguido, y la contemplaba mientras se quitaba
los largos guantes. Por su mutismo, mientras la examinaba furtivamente, siem.
pre con la misma .sonrisa, comprendió que se preparaba una explicación ....
De repente arrolló los guantes, arrojólos sobre la mesa, y sin decir nada ofre·

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

505
NúMERO

menos difícil de obtener de Jo que ella pensaba y que había ganado su causa
de antemano.
Sus ojos brillaron entonces por la satisfacción que sentía, y añadió con dulzura:
- ¿No había usted soñado lo mismo que yo?
. . .
- Verdad es, repuso Gilberto; me creía seguro de mi felicidad ... tan seguro,
que no desconfiaba .. .
- Bien ve usted .. .
Blanca quería, al interrumpirle, contener las recnmmaciones en sus labios,
y añadió al punto:
.
.
- ¡También yo creía en esa felicidad! Pero he debido reflexionar ... ¿Recuerda usted las inquietudes de mi esposo en sus úl~mo~ momentos, y cuánto le
preocupaba el porvenir de Guy y de Juana? ... Mis h11os carecen
fortuna, y
se presenta una ocasión ... ¿Qué hacer? Yo sería mala madre ... mientras que,
sacrificándome, estoy segura de que se cumplirán !odas las voluntades de nues•
tro amigo, segura de dar á Guy una buena educación y de casa~ á Juana ...
Gilberto no podía menos de admirar cómo las r~comendaciones de Pedro,
que al parecer debían unirle con la vizcondesa para siempre, servían ahora para
separarle de ella. Aquella lógica de _m~jer le desconcertaba,
produciéndole el más cruel pade~1m1ento; y en el esfuerzo
que hizo para no enternecerse, repl!có bruscamente:
- ¿Ha pedido ya la mano de usted?
.
Blanca sintió como un golpe en el corazón al ou esta pregunta, y miró á Gilberto con desconfianza, pero re2úsose
muy pronto. La debilidad misma del hombre revelábase en
la rudeza del tono. Era el momento de dar el último golpe
para no perder la ventaja.
. .
_
- Sí1 contestó hace una semana que pidió m1 mano... Yo
no pensaba ape~as en el conde, pues mi intención era casarme con usted...
- ¿Y qué respuesta le dió usted?
.
- Yo no dije nada; no podía contestar... ¿No he dicho
antes que me consideraba comprometida con usted? No me
era posible disponer de una palabra que me parecía haberle
dado...
- Nada nos hemos prometido, replicó Gilberto; pero tal
vez mediaba entre nosotros un compromiso moral, una palabra que n.o nos dimos, porque lo creíamos inútil.
- Sí, sí; eso es ... La palabra existe.
.
Gilberto comprendió que Blanca apelaba á su generosidad,
que deseaba obtener una renuncia terminante,_y que de nada serviría retardar su triunfo. Tanto daba sacrificarse desde
Juego; y por otra parte su corazón se helab_a poco á poco.
Al mirarla, al escucharla, no la conocía ya; siempre la creyó
franca, modelo de rectitud y desinterés ... mas ahora veía en
ella fingimiento y artificio.
- Pues bien, repuso, exista ó no esa palabra, yo se la de·
-J' vuelvo á usted como la prenda más preciosa que he tenido...
pero no piense usted en mí, sino en usted solamente. ..
- Querrá usted decir en mis hijos... Por ellos lo hago
todo, por ellos me sacrifico y doy este paso. ¡Ah, si se hallaran en otra situación! Pero siendo ahora pobres, si continuaran siéndolo por culpa nuestra, tendríamos un remordimiento... ¡Si usted supiera cuántos son los apuros en que
vivo desde hace un año!
Y no satisfecha aún de una renuncia que hubiera querido
más espontánea, menos mezclada con quejas y vacilaciones,
Blanca quiso inspirar compasión á Gilberto, y pintóle las
miserias que hubo de sufrir desde la muerte de Pedro, á
causa de las exigencias de los acreedores. Y p©r un tránsito
bastante natural, y aparentando en cierto modfil pedirle consejo, hablóle de las ventajas que reportaría el contrato matrimonial: dos millones de dote, es decir, uno para cada uno
de mis hijos.
- ¡Pues bien, contestó Gilberto, acepte usted!...
Mas al pronunciar estas palabras, hizo un ademán violen•
to, golpeándose la frente, como exasperado por la injusticia
- ¡Oh!, exclamó, dando un paso hacia Blanca, ¿llora usted?
de su suerte, que no le había concedido la fortuna del conde
de Bagrassand. Después, apoyado el codo en una rodilla,
con
los·
dedos
crispados
sobre la boca y reteniendo las lágrimas que se agolpaY él, angustiado por aquel pesar, á la vez que le embriagaba contemplar tanta belleza, tenía lacerado el corazón, comprendiendo que era la causa de aquel ban á sus ojos, dejó escapar su cólera.
- ¡Que no tenga yo millones también!, exclamó. Yo los hubiera puesto á los
padecimiento y que le bastaba decir una palabra para remediarlo al punto.
También sabía que pronunciarla era sacrificar lo que más quería en el mundo, pies de usted... y tal vez entonces... ¡Pero no!... Hablemos con franqueza ... No
podríamos casarnos, porque yo no soy el conde Bagrassand...
y que sin embargo, no habría otro recurso.
Blanca Je interrumpió.
- ¡Por favor, dijo al fin, hable usted!
- ¡No diga usted eso, señor Maujeán! ¿Me crié por ventura altiva y orgulloBlanca levantando un poco la cabeza, fijó en Gilberto una larga mirada, é
sa?... Diríase que aún no me conoce bastante... ¡Yo me habría casado con usMzo al parecer un esfuerzo para reponerse.
- Esperaba casi, dijo, encontrar á usted aquí. .. Sí, ayer, cuando la señorita ted pobre, y habría sido dichosa teniéndole por esposo! ... Pero Guy y Juana...
de Sainte-Severe volvió al castillo tuve la curiosidad de preguntarla si le había ¡No puedo sacrificarlos!
¿Hablaba la vizcondesa con sinceridad? Tal vez lo creyera así; quizás estaba
visto; insistí para que me repitiera la conversación de ustedes, y deduje que le
hallaría hoy en este sitio ... Sin embargo, no he venido sin profunda inquietud; persuadida de que obraba á pesar suyo, sacrificándose por sus hijos al carácter
pero era indispensable ... Yo tenía pensado lo que debía decir ... ahora no me del conde y rompiendo con todas sus afecciones amorosas.
Pero Gilberto veía más claro; comprendió que Blanca presentía, sin darse
acuerdo ya ... Ayúdeme usted, añadió con dulce acento y una humilde sonrisa,
cuenta de ello, que aquel matrimonio iba á restablecerla en la brillante posisuficiente para desarmar la cólera de Gilberto.
ción que antes ocupaba y de que tan digna era, y que esto pesaba grandemenEste estaba preparado á todo ya y contestó tranquilamente:
te en su ánimo.
- Puede usted hablar ... Yo no tengo ya derecho ...
Al reflexionar sobre aquella nueva existencia y sobre lo que con ella podría
- ¡Cómo que no!, intenumpió la vizcondesa vivamente. Muy por el contrario, yo venía á decir á usted ... ¡Dios mío! Sin duda sabrá ya lo q_ue me sucede ... volver á adquirir, y comparando esto con lo poco que él podía dar, comprenPues bien: yo venía á decirle que me consideraba como comprometida con dió bien la necesidad de su sacrificio. Entonces consintió en atender á razones,
y habló con tranquilidad.
usted.
- Sí, dijo, tiene usted razón ... cásese en buen hora con el conde de BagrasGilberto no pudo'reprimir ~na sonrisa de amargura.
- ¡Comprometida!. .. ¿Por qué? ... No, no; usted no lo está... ¿Cómo había sand... y hágalo por sus hijos y por usted misma. No podría encontrar hombre
más conveniente... se lo digo con sinceridad, sin ironía, tal como lo pienso...
de estarlo?
Blanca fijó en Gilberto una mirada penetrante, como si quisiera estudiar el ¿Qué podía ofrecer yo? ¡Ni siquiera se me había ocurrido! No pensaba más que
tono con que acababa de pronunciar aquellas palabras, en las cuales creía adi- en _la dicha de vivir los dos bajo el mismo techo. Hubiera sido una vida muy
yinar una queja; pero también comprendió que la renuncia de Gilberto sería retirada, una vida de estudio y de trabajo para mí, lo mismo que para usted.

ció su mano desnuda á Gilberto fijando en él á la vez una mirada que parecía
decir: «Seremos amigos aunque ... »
. .
Tanto necesitaba Gilberto conservar la esperanza, que este ademán le engañó, y desvaneciéndose todos sus temores, precipitóse sobre aquella mano; pero
cuando quiso besarla, Blanca la retiró suavemente.
Entonces lo comprendió todo; sus facciones revelaron su decepción; y hasta
la sonrisa de Blanca desapareció para dar lugar á una mirada compasiva. Hubiérase dicho que alguna cosa acababa de romperse entre ellos, y que ambos lo
comprendían así.
- Escúcheme usted, dijo la vizcondesa con tono suplicante; pero ante todo
siéntese ... Yo quisiera descansar también, mas la inquietud no me lo permite.
Al pronunciar estas palabras, la vizcondesa palidecía y estaba al parecer tan
impresionada como él. Su vestido debía sofocarla, pues diminutas gotas de sudor se deslizaban por sus sienes, y parecía que sus ojos se velaban de lágrimas. Al
fin se dejó caer en una silla, y apoyando los codos en la mesa y el rostro en la
mano, con la mirada fija en tierra, reflexionó un momento. Su manga corta, con
los encajes caídos, dejaba ver su blanco brazo que sostenía la cabeza. Blanca,
hermosa en su dolor, estaba en aquel momento seductora en su abandono.

505

557

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1e

El sacerdote Souch6n prepara su discurso

¡Qué diferencia con la que ha tenido hasta aquí y la que debe disfrutar en adelante! En ese París, adonde hubiéramos vuelto, ya no habría habido para nosotros ni los mismos pasatiempos ni las mismas relaciones. Un sabio pued~ elevarse y un artista llegará ser ilustre; pero no se avienen mucho con los placeres
mundanos.
Gilberto hablaba tranquilo, razonando fríamente, y Blanca le veía en ese punto de resignación á que deseaba conducirle. En suma, hubiera podido prescindir de aquella entr~vista, y era casi una condescendencia heroica por su parte
haberse empeñado en obtener su asentimiento verbal. Conseguido ya, y hechas
todas las concesiones, más ó menos de buen grado, la conferencia no podía ser
sino lo que había sido, un poco violenta, mal conducida y enojosa para uno y
otro. Era necesario resolverse y no prolongar más aquella escena.
- Pues bien, dijo Blanca levantándose, esa existencia es la que me seducía;
precisamente es lo que me tentaba y lo que sobre todo echaré de menos.
Siguióse un minuto de silencio. ¿Había concluído, pues, todo entre ellos?...
Blanca alargaba ya la mano hacia su sombrilla y sus guantes; pero de repente
miró á Gilberto, cerno si le remordiera la conciencia no pensar más que en sí
misma.
- ¿Y qué hará usted ahora?, le preguntó.
- No sé... Volveré á Roma ...
- ¡Marchar!... ¿Se propone usted marchar?... ¿Y por qué?
- Puedo consentir en que sea usted de otro, balbució; ¡pero verlo con mis
ojos!...
Su voz temblaba; por primera vez veía claramente la realidad de su infortunio, y su corazón se trastornó. Esta emoción, que no podía ocultar, comunicóse
á Blanca, y en sus ojos brilló una fugitiva lágrima.
Gilberto hubiera podido dudar de la ternura de la vizcondesa, asombrarse de
su sangre fría en la terrible crisis que atravesaban; mas al ver aquella lágrima,
reconoció de nuevo á la mujer á quien amaba tanto.
- ¡Oh!, exclamó, dando un paso hacia Blanca, ¿llora usted?
La vicondesa se cubrió el rostro con las manos, y dejándose llevar de un impulso irresistible, echóse era brazos de Gilberto.
- ¡Oh!, murmuró, ¡quédese usted!... yo se lo ruego.
- ¿Me ama usted, pues, aún?... ¿Me ama usted verdaderamente?...
Blanca sollozaba, con la cabeza apoyada en el pecho de Gilberto, y repetía á
través de sus lágrimas:
- ¡Quédese usted, quédese usted!...
- Pues bien: ¡renuncie usted ... sí, renuncie á ese casamiento y me quedaré!
- Guy y Juana me maldecirán... ¡No puedo; quédese usted! ...
- Harto debe comprender que no es posible... ¡Sufriría demasiado!
Pero la vizcondesa repetía siempre las mismas palabras sin cambiar de posición. Gilberto la tenía palpitante entre sus brazos; jamás la había visto tan encariñada con él, y esto sucedía precisamente en el momento en que iba á perderla. Entonces, sin poder reprimir su impulso, se inclinó, y en el cabello sedoso de Blanca, entre sus trenzas perfumadas, sepultó los labios, y abrasó aquella
frente con sus ardientes besos.
- ¡Gilberto, por piedad!...
Era la primera vez que le daba este nombre, y hacíalo para implorar, para
pedir gracias; pero este nombre pronunoiado por ella, tenía una dulzura y un encanto que le embriagaban...
De repente oyéronse las voces de los niños; Blanca se arrancó entonces de los
brazos de Gilberto, volvióle la espalda, y comenzó á enjugarse las lágrimas, alisándose á la vez el cabello. Un momento después había desaparecido la señal
del llanto, aunque los ojos estaban aún enrojecidos y brillantes, y Gil?erto pudo
ver de nuevo en sus labios la sonrisa que al comienzo de la entrevista los entreabriera.
Juana y Guy entraron, conducidos de la mano por la señorita _de Sainte-Severe, como si ésta quisiera reprimir su ternura demasiado expansiva. ¿Acababa
de enseñarles la lección? ¿Les habría dicho alguna cosa? El caso es que miraban
ahora á Gilberto con una especie de curiosidad tímida, como la que inspiran
á los niños las personas á quienes conocen poco. También se ~otaba en ellos
un cambio; y la señorita de Sainte-Severe tenía el a~pecto seno y severo de
aquel que asiste á una operación penosa, pero necesana.
- Todos juntos comenzaron á bajar la colina; la vizcondesa, evitando las miradas de Gilberto y toda conversación directa con él, ava~z~ba con paso ligero,
como aliviada de un grave peso que había creído neccsan~ imponerse. .
Gilberto quiso acompañarla hasta que se hallasen á la vista de Mareml; pero
Blanca se detuvo.

- No se moleste usted más, señor Maujeán, dijo, pues ya es tarde, y para
volver á Chatillón ...
Gilberto le rogó que ofreciese sus respetos á la marquesa de la Fonfreyde, y
Blanca se alegró mucho de tener una oportunidad, en el momento crítico de la
despedida, para hablar de la anciana, como si la salud de ésta fuese lo que 1nás
debía interesarla en aquel momento. Después dijo á los niños que abrazaran á
Gilberto, estrechó rápidamente la mano de éste, cruzándose entre los dos una
mirada estoica, y alejóse.
Maujeán quedó inmóvil en el mismo sitio; Blanca, sonriendo, volvía la cabeza
de vez en cuando para mirarle, y no hubo más; todo había concluido; Gilberto
la perdía para siempre.
Sin embargo, aún permaneció allí algún tiempo, contemplando el castillo,
cual si quisiera grabar en la imaginación [todos sus detalles. Veía de nuevo la
ventana del cuarto de la vicondesa, los cortinajes de seda blanca, y recorría
con la mirada los vastos jardines, las espesuras, entre las cuales paseó tan á menudo con ella ... ¿Cómo p~do ser bastante loco para imaginar que él, Maujeán,
llegaría á casarse con la vizcondesa de Cabro!, la castellana de Mareuil? Y pensando en esto recordaba cuán pronto había Blanca vuelto á ser la gran señora
de antes y con qué sencillez y desenvoltura recobraba su tono aristocrático.
Pareoíale por otra parte que semejante escena no hubiera debido pasar sin
arrebatos, sin recriminaciones, sin. amagos inventivos, y arrepentíase ahora de
haber sido demasiado bueno y conciliador, de haber manifestado tan excesiva
credulidad y de no haber hecho comprender que los millones del conde de
Bagrassand, que Blanca pretendía no envidiar sino para sus hijos, la fascinaban
á ella misma. ¡Ya no era tiempo!
Gilberto se alejó al fin de aquel sitio en dirección á los cerros. ¡Qué tristeza
reinaba en su alrededor! Los bosques, tan risueños en otra época, aquellos pinos
que vivificaban los senderos cubriéndolos de fresca sombra, parecíanle los cipreses de .un cementerio. Y se sintió humillado; estaba corno hombre á quien
se acaba de robar y que ha ayudado al mismo que le robaba, haciéndose cómplice del ladrón. Poseído de cólera, aplastaba con el pie las plantas silvestres
que encontraba á su paso ...
Al ver la llanura se detuvo: la noche se ncercaba, extendiendo sus sombras
sobre los campos, las casas, los árboles y la línea brillante de las corrientes de
agua; solamente un punto blanco se destacaba aún claramente por la parte de
Chatillón en medio de la sombra invasora: era un elevado muro fuera de la
ciudad, que cerraba un recinto en la pendiente de la colina ... All¡' reposaba su
madre. ¡Pobre madre, á quien la nobleza entusiasmaba, si hubiera podido verle
en aquel momento! Y extendió los brazos como para invocarla á través del espacio ... Después continuó su marcha, y durante todo el trayecto, sus lágrimas
no dejaron de correr un instante.
Desde entonces los sucesos se precipitaron: 'los preparativos del casamiento
exigían frecuentes expediciones desde Mareuil á Chatillón, y por la señorita de
Sainte-Severe Gilberto sabía cuanto pasaba en el castillo.
Su situación volvía á se_r, al _cabo de algunos años de intervalo, lo que fué
cuando se efectuó el matnmonHil de Blanca con Pedro; pero entonces solamente había tenido vagos ensueños, pueriles ilusiones que se desvanecían mientras
que hoy veía abismarse á sus ojos la dicha con que había creído pod~r contar.
Y esta vez también dejaba que se hiciese todo, sin serle imposible impedirlo.

• .. y blandia un puñal 6 un frasquito de veneno

�LA

558

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

en seguida. Estos autómatas no eran, propiamente
hablando, otra cosa que maniquíes sin movimiento,
montados sobre ruedas. En un seminario de Francia
LO S AUTÓMATAS
los que visitan la casa son recibidos por un esqueleCon el nombre de autómata se designa general- to que se golpea una contra otra sus descarnadas famente una máquina que representa un ser anima- langes.
Sabido es que en 18 ro exhibíase en Londres una
do cuyos movimientos imita merced á ciertas coroSECCIÓN CIENTÍFICA

NúMERO

505

A propósito de Roberto Houdln, debemos re·
cordar que le fué confiada la reparación de otras piezas mucho más difíciles, entre ellas el Componium,
que era un órgano mecánico llevado en ~829 á París
por su inventor, un alemán. Todas las piezas de este
instrumento que improvisaba variaciones siempre diferentes, estaban desmontadas sin marca alguna que
indicara cómo debían colocarse y encerradas en cajas. Houdín consiguió orientarse en medio de los
millares de piezas que constituían este órgano y ponerlo de nuevo en estado de funcionar. Ignórase qué
fué después de este aparato.
•
Roberto Houdín reparó también en 1859 una tocadora de bandola atribuida á Vancansón y que actualmente se guarda en el Conservatorio de Artes y
Oficios de París, y una concertista de tímpano, ?bra
de Hintzen y Kintzen, que puede verse en el mismo
Museo, al que fué regalada por la Academia de Ciencias (fig. 2 y 1).
El Conservatorio de Artes y Oficios encierra también pájaros cantores y una pieza mecánica que imita el canto del ruiseñor, legados en 188 5 por M. Julio
Andeoud.
Tales son los principales autómatas curiosos. En
estos últimos años, la industria ha fabricado otras
piezas interesantes de este género que merecen capítulo aparte.

NúMERO

***
FABRICACIÓN DE LAS LÁMPARAS D~ INCANDESCENCIA
EN LOS ESTADOS UNIDOS

Fig. I. Concertista mecánica de tímpano, obra de Hmtzen y Kintzen (siglo X\'111),
existente en el Conservatorio de Artes y Oficios de Parí;

binaciones. Los autómatas son verdaderas curiosidades y á menudo maravillas de paciencia y de ingenio.
Los historiadores hablan á veces de autómatas
prodigiosos; pero estos aparatos extraordinarios por
ellos descritos no han existido probablemente más
que en la imaginación de los narradores, que al transmitirse verbalmente y de generación en generación
los relatos han acabado por dar á los hechos propordones exageradas y completamente distantes de la
primitiva verdad.
Entre los autómatas citados por los antiguos, pero
de cuya existencia no hay prueba real alguna, háblasc
de una paloma de madera que se supone construida
4 00 años antes de Jesucristo y de una mosca de hierro
ofrecida, según nos dicen, á Carlos V, que después de
describir volando un círculo en el aire volvía á la mano de su autor. Cuéntase también que en el siglo XI
un obispo de Nápoles fabricó una mosca de bronce que impedía á todas las moscas verdaderas que
entraran en la ciudad Otra narración no más digna
de crédito que las anteriores menciona un águila de
bronce que se puso á volar delante del emperador
Maxirniliano. Citemos finalmente los hombres del
mismo metal construidos según unos por Rogerio
Bacón y según otros por Alberto el Grande ó por
Reysolius.
Por los ejemplos citados y otros mil que consignar podríamos se ve que los escritores de la Edad
media, muy aficionados á lo maravilloso, fácilmente
comulgaban ó querían hacer comulgar á los demás
con ruedas de molino.
A partir del siglo pasado se encuentran ya datos
formales acerca de autómatas realmente fabricados.
Cuéntase, atribuyendo la invención á distintos sabios, que se construyó un ingenioso autómata para
«demostrar que los animales no tienen alma.)) Esta
máquina, á la que su autor dió el nombre de Francine, representaba una joven, y en una travesía que
hubo de efectuar alguien tuvo la curiosidad de abrir
la caja que la encerraba: el capitán del barco quedó
tan sorprendido al ver que esta figura se movía como
si tuviese vida, que mandó arrojarla al mar, pues no
quiso conservar en su embarcación un instrumento
de magia.
En el mismo siglo décimoctavo, los hermanos
Droz, en Suiza, construyeron varios autómatas, respecto de los cuales carecemos de datos precisos y
sólo sabemos de ellos que eran muy curiosos. En
aquella época veíase con frecuencia en las capillas,
en los locutorios de los conventos y aun en las grutas de algunos jardines un monje que, al abrirse la
puerta, salía á recibir á los visitantes y se retiraba

araña de regular ta.maño que ejecutaba distintos movimientos, andaba y al ser cogida agitaba sus patas,
gracias á un mecanismo compuesto de 115 ruedas,
número de cuya exactitud nos es permitido dudar
dadas las dimensiones que el tal objeto tenía. Al
mismo tiempo que la araña podía admirarse un cisne
que nadaba en un estanque entre peces, de los cuales, de cuando en cuando, cogía uno, se lo tragaba y
luego batía las alas.
Algunos años después, en 1817, enseñábase en la
misma ciudad un pajarito de oro puesto en una tabaquera que, al abrirse ésta, salía de su encierro,
movía el pico, abría sus alas y se ponía á cantar.
Después de este resumen preliminar, vamos á describir los autómatas modernos cuyos efectos son conocidos y de cuya existencia no cabe la menor duda.
Comencemos por uno muy conocido de' los parísienses, que sirve de reclamo á un industrial: es un
cuadro automático formado por cuatro personajes,
dos de los cuales figuran moler continuamente en
un mortero, mientras el tercero, armado de un raspador, corta sin cesar, á distancia de un centímetro
del pie, un callo á una señora que expresa su satisfacción moviendo la cabeza á intervalos regulares.
En el número de los mejores autómatas figuran
los de Vaucansón, entre los cuales mencionaremos
en primer término el flautista construido en 1730,
que se conserva actualmente en Viena y toca doce
piezas, y el tamborilero que armado de tamboril y
flageolé tocaba viente piezas distintas. Estos dos
personajes, de tamaño natural, funcionaban por me•
dio de un poderoso resorte que ponía en movimiento una porción de fuelles que llenaban de aire varios
depósitos, los cuales vaciábanse á voluntad, merced
á un juego de muelles, y producían sonidos. El mismo inventor construyó otras dos piezas notables: en
primer lugar su áspid que se enroscaba, sacaba y
movía la lengua y silbaba, y fué construído para figurar en la tragedia de Marmontel titulada Cleopatra; en
segundo, el celebre pato, fabricado en 1738, que meneaba la cabeza para buscar su comida y tragaba y digeria los alimentos. Su celebridad era todavía grande
cuando en 1844 un mecánico llamado Tiets lo exhibió
en París, donde causó la admiración de cuantos lo vieron. Durante su exhibición se le rompió un ala, y
Roberto Houdín, encargado de reparar el autómata,
descubrió el secreto de la supuesta digestión. Sin entrar en los detalles técnicos, diremos que el pato tragaba, que los alimentos eran retirados de su estómago durante el intermedio de dos funciones y que la
digestión se figuraba por medio de una papilla verdosa expulsada por un pistón. De modo que este fa.
moso autómata era un eccesorio de escamoteo.

¡

El proceso de las lámparas incandescentes que actualmente preocupa en alto grado á los círculos eléctricos de América, ha hecho que naturalmente se
fijara la atención en la fabricación diaria de dichas
lámparas en los Estados Unidos.
Las fábricas de lámparas son muchas en número
y de muy diversa importancia. Una reciente estadística, hecha por el presidente de una de las compa·
ñfas de fabricación, establece que la producción total
alcanza la cifra de 50 ooo lámparas por día, 6 sean
300.000 por semana ó 15 millones al año, contando
en éste trescientos días laborables.
Como cada lámpara incandescente se renueva
unas tres veces al año, las cifras de producción permiten calcular en 5 millones las lámparas instaladas;
pero teniendo en cuenta las existencias de cada fábrica y las lámparas que han servido para montar
las nuevas instalaciones, puede afirmarse que el nú•
mero de lámparas instaladas excede positivamente
de 4 millones.
Y adviértase que se trata de lámparas que consu·
men de 3 á 4 vats por bujía. ¿Qué sería, pues, si llega á descubrirse, como es muy posible y aun proba·
ble, un nuevo filamento con que puedan construirse

LA

cencia traerán consigo esta muerte natural del alumbrado por gas, lo cual no quiere decir, sin embargo,
que de ello resulte necesariamente la desaparición
de las fábricas y distribuciones de este fluido, que
podrá servir entonces para la cocina y la calefacción

ILUSTRACIÓN ARTIStICA

559

y quizás también para hacer funcionar las fábricas
Las cifras recientemente presentadas por M. Witz
eléctricas de los distritos que recibirán el gas de las eri la Academia de París, hacen esta hipótesis muy
grandes fábricas periféricas, y transformarán su ener- probable y de un porvenir casi inmediato.
gía térmica en energía eléctrica para su distribución
á los cosumidores.
(De La Na/tire)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ARTÍSTIOA dinjanse para. informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumartin,'
núm. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina. de publicidad de loa Sres. Calvet y O.•, Diputación, 358, Barcelona.

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LA CAJA : 1FR. 30

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nec~sitan. No temen el asco ni el cau¡anc10, porque, contra lo que sucede con
~s demas purgantes, este no obra bien
smo c.uando se toma con buenosalimentos
Ybebidas fortificantes, cual el vino el catá
~ tá. Cada cua~ escoge, para purgárse, la'
ora y la comida que mas le convienen
sef!Un sus ocupaciones. Como el causan'
cio que la purga ocasiona queda completamenteanuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada uno
decide fácilmente a volvér
4 empeirar cuantas veces
•ea aece,ario.

i!: CONVULSIONES, dt1 NERYOSISMO,
en el momento

~•a.•E 1 Qtr11u I son los elementos que entran en la com'D081cton de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este rer&amp;ilean&amp;e por eaee(eneia. De un ¡usto su-

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505

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todos los médicos para la curacion de las qastritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

JARABE
Fig. 2. Tocadora de bandolín, aparato mecánico atribuido
á Vaucans6n, existente en el Conservatorio de Artes y
Oficios de París.

lámparas que no consuman por bujía más de I ó
aun 2 vats?
Puede afirmarse que el día en que esto suceda el
alumbrado por gas habrá muerto. Tardeó temprano
los progresos del alumbrado eléctrico por incandes-

a1Brom.uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es 111 remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de -~•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niños durante la dent1c1on; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.
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de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de París.

�LA

560

NúMERO

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

505

BARCELONA. - PLAZA DE ANTONIO LÓPEZ, cuadro al óleo de D. Modesto Texidor. (E xposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
BISMUTBO 1 MAGNESIA

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VAL,LB DB BTVOLX, 150, PAB:1.8, 11 •" toaa• ta•J&lt;•an,.ao,a•

El .T,AR.ABE DE BRLANTrecomenda\lo desde su principio, por los profesores
Lae nnec, Thénard, Guersani, etc. ; na recibido la consagracfon del tiempo: en el
año l.829 obtuvo el prlVUeglo de Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y de ababol.es, conviene,,sobre toao a 1as personaí·deucaaas como
mujeres y niños. su gusto excelente no perjudica en mo&lt;lo alguno á su incacla
contra 1OS RESFRIADOS y to&lt;las las IIFLUl!CI0NES del PECHO Y de !OS IJTESTIJ0S.

tA11

llileomendados contra las A!eoolones del Est6•
mago, Falta de Apetito, Digestiones labo•
rl011&amp;11, AoedJas, Vómitos, Eructos, y C6llcos;
regularizan las Fonolones del Estómago y
de loe IDtestinoe.
' Edlltlll e/rotulo I frma de I, FAYARD.
&amp;dh. DETJU.N, Farmaoeutloo en PARIB

CARNE, HIERRO y QUINA

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VINO FERRUGINOSO AROUD
T COM TODOS LOS PB.INCIPIOS MUTllITlVOS DB li CARNE

~,,t.t\\1'DESdeJE8To,t
it1
---ii'4110

Pepsina Boudault

C,.&amp;an, BIE-o Y. •11111.1.1 Diez años de exlto continuado y las afirmaciones de
todas las eminencias médicas preuban que est.a asoc1aclon de la 4lal'lle, el Hierro y la

Ouiaa ooustituye el reparador mas encrRico que se conoce para curar : la ClOrdsu, la
.Antmfa, las JlenstruacwMI d.-OlOrosas, el Jlmpollf'mmtento y la .Alteracúm ae la Sangre,
el RaquittstlUI, las .Afetcwnu escro(Ulalat Y e,C()f"l/utíeas, etc. El l'ia• l!'erracta•" de
.&amp;reud es en erecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regulariza• coordena y aument.a considerablemente las tuerzas 6 ln!unde a l&amp; san~
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Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean

EXIJASE :º~r: AROUD
11

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EN 1856
llodallu •n lu Expo1lclonu lnternaclonalu do

1

eíj.peclalmente contra las Escrofulas, la
Tísls y la D ebllldad de te mpe ramento,
as! como en todos los casos(Páltdos colorea,

P.&amp;11S - LYOR - VIERA - PBIUDELPBU. - P!RIS
11m

186'7

1873

1876

Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

18i8

Al UPUA COK IL •1.TOt Ú11'0 IK LAa

DISPEPSIAS
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.)

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
l ~P. D&amp; MONTAN&amp;R Y SatÓM

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>aitrtélC100 if ,....,Ftí~ttetl
A&amp;o X

BARCELONA 7 DE SEPTIEMBRE DE 1891

NÚM. 506

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

=

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EL MONUMENTO DE LA FONTAINE
Inaugurado en Auteuil el día 26 de julio ele 1891: obra ele Dumilatre, estatuario; Ducrost, escultor decorador, y Frantz Jourdain, arquitecto.

............... ,.,,
.
...

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
SUMARIO

Texto. -Pensiones y bolsas de viaje ( Capitulo de 1m libro),
por Juan O. Neille. -Neurosia, por F. Martlnez Peclrosa. El abanico. Articulo de verano, por A. García Llans6. Bim vmuas mal, por Alejandro Barba. -Nuestros grabados.
- Vit:co,jesa \continuación), por León Barracand, con ilustraciones de Emilio Bayard. -SECCIÓN CIENTfFICA: El !terrero en 1791. - Libros enviados á esta Redacción.
Grabados.-E/ 111om1111ento de La Fo11tai11e, inaugurado en
Auteuil el 26 de julio de 1~91: obra de Dumilatre, estatuario;
Ducrost, escultor decorador, y Frantz Jourdain, arquitecto.
-Recuerdo de Marruecos, cuadro de D. Gonzalo .Bilbao lpremiado en la Exposición gral. de B. A. de Barcelona de 1891 ).
Dos g rupos escultóricos en el puente de Anichkof, San Petersburgo, obra del barón Klodt. - Monumento de Nicolás I
en la plaza de Isaac, San l'etersburgo. - Monumen lo de Catalina II que se alza enfrente del teatro Alejandra, San Petersburgo. - ¡ Ultima hora!, estatua en bronce de D. José
Campeny (Exposición gral. de B. A . de Barcelona, 1891). Prtfctitas de los al1111111os de la Academia ge11eral militar de
Toledo, dibujos del natural de D. Nemesio Lagarde. - Vaque,.os, cuadro de D. Baldomero Galofre (premiado en la
Exposición gral. de B. A. de Barcelona, 1891). Rewerdos,
cuadro de D. Dionisio Baixeras (premiado en la Exposición
gral. de B. A. de Barcelona, 1891).-Antesdelasregatas,dibujo de Percy Tarrant. - Fig. 1. Instalación de una fragua catalana. · Fig. 2. Alto horno antiguo para carbón vegetal. ~-ig. 3. Instalación antigua de fundición. - Fig. 4. IIogardesmontable de herreros ambulantes. - Plaza de la Paz, Barcelo11a, cuadro de D. Juan Roig y Soler (Exposición general
de Bellas Artes de Bar~elona),
~

~

PENSIONES Y BOLSAS DE VIAJE
(Ci_\PÍTULO DE UN LIBRO)

Reconozco mi equivocación: era yo muy entusiasta
á favor de las Pensiones y Bolsas de viaje. Pero pasando de la teoría á lo práctico, caso de no ser en
absoluto dificientes los resultados, ofrecen graves
contras. En punto á Bellas Artes el acierto en la legislación es sumamente dificil; y hasta lo mejor preconcebido puede aparecer distinto de lo calculado.
Sea por la condición especial del arte, sea por el estado de la sociedad, sea por complejas circunstancias, que en la vida de la inteligencia, del sentimiento y de las necesidades se agitan, impulsan y
promueven los esfuerzos de la actividad, la cosa puede tomar el sesgo que menos se esperase, acabando
en mal lo que se presumió en bien, ó acabar en bien
lo que se suponía que acabase en mal.
Me decía un amigo desde el elevado puesto que
ocupaba en un cuerpo artístico: «Puede no ser conveniente ese sistema, ese inmoderado abuso facilitando el camino de las Bellas Artes. Demasiadas
pensiones; no tanta creación de artistas ... (permítase
la frase). Se debe empezar por crear atmósfera: mucha escuela y enseñanza de dibujo de aplicación á la
industria, más artífices y menos artistas (aunque sin
abandonar ni descuidar lo bello y propio de los artistas); los que tales sean brotarán casi por sí solos, y á
esos, después de conocido su valer, es á quienes debe
tenderse la mano ... Vale más menos y mejores, pocos
y buenos: más acertado sería recompeusar y remunerará los que lo merezcan que perder tiempo y dinero en tentativas que pueden resultar inútiles, ó en
un aumento de productores de obras de arte, para
los cuales pudiera no haber medios ni arbitrios suficientes para remunerarlos.»
Yo tenía por exagerada esa idea; y hasta me atrevía á combatirla, porque entonces me encontraba
con la imaginación repleta de ilusiones y totalmente
vacío el almacén de los desencantos y desengaños.

cosa ó adoptarse otra; porque según sean pueden
aconsejar prudente, convenientísima y necesaria la
excepción, no por favor, sino en debid~ justicia! pensionando ó entregando una bolsa de vza¡e, tendiendo
protectora mano al individuo n~cesi_tado de _aquel
auxilio en orden del arte, de la c1enc1a, de la rndus·
tria, d~ la agricultura y demás útiles á )a l?~alidad, á
la región ó al Estado. Eso sería el prmc1p10 preparatorio á la recompensa y remuneración.
Pueden los grandes centros, cabeza 6 corazón de
las naciones continuar con el sistema adoptado, sos.
teniendo sus' pensionados y concediendo de contmuo
las bolsas de viaje á fin de atraer á ellos cuanto en
todo orden y ramos del saber y en crecido número
pueda sostenerse allí y desarrollarse, procurándose
así lo mejor, aun á riesgo de las mermas que resulten
por lo poco culminante que pueda obtenerse.
Pero en las provincias y poblaciones de segunda,
tercera y menor importancia, el resultado siempre
será negativo, el sacrificio impuesto inútil, el dinero
así gastado completamente inútil. Porque desde el
momento en que se intente formar ó reunir artistas,
sabios, industriales, artífices, agricultores y cuanto
más pueda caber en tan laudable anhelo, al mismo
tiempo se ha de preparar y formar la atmósfera indispensablemente necesaria para que esos hombres
puedan respirar en ella, se les han de proporcionar
medios para que ellos puedan vivir: trabajo, sí, pero
pago por lo que trabajen. ¿Qué han de hacer esos
hombres al volver á su país, qué pueden hacer, si en
él no encuentran medios ni recursos para la aplicación
y explotación de su saber? ¿Qué podrán hacer asfixiándose en el vacío? Se verán obligados á huir de
allí para buscar en otra parte lo que la localidad ni
les da ni puede darles. ¿Qué se habrá logrado con
eso? Haber creado, ciertamente, si así se quiere, un
hombre de mérito, pero cuyo valor y fruto se apreciará y recogerá en otra parte. Beneficio para la localidad que costeó su enseñanza, ninguno.

. . . . .

. . .

...

NúMERO

506

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LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

506

estuvó en Italia· Cano no salió de España; Velázquez,
ya muy hombr; y consumado artista, pasó á Italia, y
si de una parte recibió impresiones, que supo aprovechar de otra asombr6 con sus obras á los de allá...
A este' eximio maestro le bastó ver cómo pintaba Andrés Sacchi para cambiar su estilo primitivo; Antonio
Allegri, ante un cuadro de Rafael, exclamó: ll.Anclt'
io sou pittore.» Sin embargo, á otros temperamentos
les fué preciso ir á estudiar y ~ impresionarse !uera
de su patria: si Ponssin y Claudio Gelée no hubiesen
salido de Francia, fijando su residencia en la pení~sula italiana y en Roma, á buen seguro que al primero no se le hubiera dado el título de Rafael Francés, ni el segundo habría conquistado la fama de que
gozó.
Estos y otros ejemplos pueden probar poco en
pro 6 en contra; pero prueban mucho _con respecto
á que ni una ni otra cosa puede considerarse corno
axiomática, pues muchos ni á la vista de tales obras
ni por largo tiempo les sacan el jugo. En resumen,
según los casos y circunstancias se ha de adoptar lo
que se crea conveniente: ni abrir de par en par la
puerta á todos, ni cerrarla y atrancarla.
Sup6ngas; q~e por.el pre~upue~to d~l Estado, p~ovincia municipio corporación ó sociedad artística
'
1
.
se costea
una pensión
de dos, tres, cuatro ó cmco
mil pesetas por cierto número de años, que por lo regular no son menos de tres. Como es natural, se presentan al concurso á pescar la plaza noveles artistas,
y no hemos de suponer aquí si nuevos !caros con
alas de cera ó azuzados y protegidos por elevadas influencias, cuyas insinuaciones pueden ejercer poderosa presión hasta el extremo de poder sospecharse
quién será el favorecido antes de practicarse los ejercicios ... Nada de eso, sino simplemente que esos jóvenes sean de aquellos que se conocen con el nombre de ratas viejas de clase, y como tales se lucen en
el examen, echando fuera y de una vez todo lo que
saben superficialmente; pero por la brillantez de las
pruebas y con la más rigurosa justicia se les concede
la plaza; remiten los trabajos obligatorios, y por ellos
se alienta una esperanza... ó se evidencia una decepción.
En el primer caso, el más completo y satisfactorio,
el final puede saberse a priori: ó una individualidad
sacrificada á morirse de hambre, si no toma refugio
en otra profesión que le proporcione lo necesario
para vivir, ó como artista de mérito, imperiosamente
obligado á ir donde el arte le dé lo suficiente para su
existencia.
Ya en uno como en otro de los dos casos, si en la
localidad falta atmósfera, el artista huye de ella; si
el artista, por valer poco, no la necesita, en ella se
queda y de nada sirve. Y siempre tendremos por residuo que, si no es un gran centro que dé de sí, el
gasto resulta inútil para aquellos que lo satisficieron.

Aquí no se ha de suponer cosa alguna: basta recordar ejemplos.
¿Cuántos artistas de merecidísimo renombre vol·
vieron á la nación, provincia ó localidad que costeó
su pensión ... cuántos regresaron á ella con fruto del
arte, de la ciencia y de su aplicación y aprovechamiento, devolviendo de este modo beneficio por beneficio? ¡A la primera, muy contados; á la segunda,
menos; á la tercera, casi ninguno!
Son tan rarísimos los ejemplos en contrario, que
sería cosa fácil enumerarlos si permitido fuese nombrarlos ó indicarlos, y tantos los artistas que en vez
de volver á su patria se establecieron ó pasaron la
mejor parte de su vida en la extraña, que ese número
sería suficiente y de sobra para pensar en un cambio
de sistema menos deficiente, dejándonos de palabras
altisonantes, frases ampulosas y discursos ó disertaciones de sensación pasajera, que dura sólo el tiemParece que sería muy racional y lógico que, medipo de escucharse, en actos revestidos de la solemnidad propia del caso, por lo que parece se coloca la tando eso, se tratase de abandonar el adoptado sisteprimera piedra de un monumental edificio ... pero á ma, estudiando y ensayando el planteamiento de alvuelta de algún tiempo resulta levantado sobre ella gún otro de mejores resultados. Una pensión limitaun simple barracón ... ¡Celá afait son tour/ Preciso da á los tres indispensables años de estudio y en canes, porque la experiencia lo enseña, dejarn~s de esas tidad suficiente para que el pensionado pueda vivir y
teorías ilusorias, cuando menos, y estudiar, intentar trabajar con algún desahogo, no se podrá conceder
y plantear medios que conduzcan á más prácticos por menos de seis, ocho ó diez mil pesetas.
Se trata de un pintor, de un estatuario, de un arresultados, y sobre todo más provechosos á las localidades, empleando mejor el dinero que en esto se quitecto, de un músico, de un artífice, de un indusCreo que efectivamente andamos en este punto quiera ó se pueda invertir; pudiendo añadirse y que trial, etc., etc., ¿por qué, pues, con esa cantidad no
recompensar y remunerar, encargando á un artista,
muy equivocados, persiguiendo ese ideal de una ma- se debe invertir.
compositor, artífice ó industrial de reconocido ménera rutinaria, con vicios inveterados y sin fijar detenidamente la atención en un asunto tan importante.
Media una distancia inmensa entre tomar al pie rito, y por concurso si se quiere, una pintura, una esY así, de vicio en vicio y de error en error, siempre de la letra el axioma de que para despertar y avivar el tatua, un proyecto, una composición, una joya, un
sin escarmiento, procedemos del mismo modo, sin sentimiento y solidificar, dígase así, la educación ar- mueble ó un artefacto? Así se andaría sobre más seocuparnos en parangonar el pro y el contra, ni si- tística, sea indispensablemente preciso vivir mucho guro, siempre y cuando se recompensase el positivo
quiera en pensar que otro medio, que otro sistema tiempo en esos grandes centros del arte y ante las y probado mérito, y se ganaría tener una obra de arpudiera ser más favorable al pensamiento, y cuyos obras de los primeros maestros, y para ello, de conse- te, Los artistas y los artífices aparecerán si cuentan
beneficios pudieran ser á todas luces más tangibles, cuencia lógica la falsa rutina de las pensiones, el sos- con recompensa y remuneración por sus obras ...
más seguros y quizá más económicos ... aunque esto tenimiento de escuelas en el extranjero con mayores ¡Cómo no, si aun á pesar de ese mal sistema y luúltimo no liga bien con el valor y precio del verda- ó menores pomposos títulos académicos ... De esta chando y padeciendo, aparecen y se imponen! ¿Acadero arte.
idea, á la de negar y rechazar la necesidad de ver, de so únicamente los pensionados han.sido los artistas
Plantéese la cuestión en esta forma:
impresionarse, de estudiar .las obras de los grandes de más sobresaliente mérito y mayor renombre? Los
¿Qué conviene más, gastar en pruebas y esfuerzos maestros, habría la distancia que separa el uso del artistas acudirán y vivirán en la ·localidad que les
á lo que salga ... ó gastar en recompensas y remune- abuso. No se rechaza la idea de la necesidad de ver, ofrezca medios para subsistir; los artistas desarrollaraciones en lo que se conoce?
de conocer y conocerse; no se niega esa necesidad, rán su talento y su genio si hallan atmósfera, y sobre
¿Qué es más racional, premiar una aplicación cons- antes muy al contrario, lo que se ha de combatir es el todo aprecio, justo premio á sus esfuerzos.
tante, un trabajo ó una obra de mérito, un éxito de• sistema considerado infalible, el abuso en que se in¿No viven en los centros de la fabricaci6n y de la
bido al estudio y al genio ... ó derrochar dinero para curre, el error que se comete y en el cual se persiste. industria los industriales? ¿No acuden al tráfico los
una aplicación intermitente, un talento de llamarada,
Las disposiciones, los talentos y sobre todo los comerciantes? ¿No se instalan los banqueros donde
un estudio de plazo y compromiso, una obra de con- genios brotan por su propia fuerza: estos últimos hay juego de bolsa... ó los jugadores de otro génedición contradictoria y un éxito de relumbrón prepa- producen destellos; pero luz fija y esplendente, sólo ro donde haya la roulette? ¿No se establecen sociedarado con bombo y platillos? La respuesta no podrá por el estudio, la enseñanza, la educación, el estí • des de crédito allí donde pueden atraer y absorber
ser embarazosa.
mulo y cuanto conveniente sea á su depuración ... capitales?... Dése á los artistas lo suyo y ellos apareSin embargo, toda regla general tiene sus excep- esto es difícil puedan lograrlo por sí solos: un Rem- cerán y enriquecerán el país que los quiera.
ciones: el quid está en saber distinguir bien los casos brandt es excepción de regla; á Murillo le fué sufiReconozcamos que así como se sigue vamos á un
y circunstancias en que pueda y deba seguirse una ciente lo que vió en Sevilla y Madrid; Zurbarán no desequilibrio; quizá estamos en él: andamos equivo•

NúMERC

RECUERDO DE MARRUECOS,

·•lo Bilbao (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona de 1891.)
cua&lt;l ro d e D . Gon.
.

ya no es dueño ni de sí mismo. Ya no interviene en
cados: no nos avergoncemos de confesar el error; ~ue aun cuando me una á ellos el más próximo parentes- el desarrollo de la actividad humana.
en en esto honra más la enmienda que la tenac1oad. co aun cuando el gran sacerdote de Neptuno ErecLo más que hace es dejarse dominar por la mujer,
th~o los protegiese, aun cuando Aspasia suplicante
por su suegra.
.
.
tendiese
hacia
mí
sus
hermosos
brazos.
Un
general
Ent~n~es iqu·é ,;ace~/ Muy s~nc.illo·: h;ci;ndo ~ie~
Esta página del día pert~nec~ á mis_ «Memoria~
no
coloca
nunca
en
los
puestos
peligrosos
á
un
sollo que se hace mal; al revés de lo que se hace si el
dado cobarde y débil; yo, por igual motivo, sería con autobiográficas» en que cons1~no impresiones d~ m1
resultado no es bueno.
vida que para todas las muJe:es son h~y fatalistas,
Puede decirse que eso viene indicán~ose tan de razón criticado si confiase las riquezas y el renom- pesimistas, respecto al porvenir y destinos futuros
lejos, que no hay más que tender la vista sobre .la bre de nuestra patria á unos artistas sin habilidad. del hombre.
historia del arte monumental ó sobre la de la socie- Los lacedemonios arrojaban á una sima á los niños
De tal suerte se ha afeminado que no no le queda
dad, que es lo mismo. Dejémon~s.de_ revistas. frívolas, deformes, á fin de no haber de alimentar á ciudada- otro recurso que la plancha: las faldas.
de juicios de impresión, de equ1hbnos eruditos para nos inútiles: así quiero quitar la esperanza á los arLos pantalones pertenecen ya de hecho y de depresentar lo blanco negro y lo negro blanco y demás quitectos, escultores y pintores que carezcan del sen- recho á nuestro guardarropa.
tido
de
lo
que
es
bello,
porque
si
el
Estado
los
emmenudencias repugnantes, y acudamos á las firmes
De su cerebro nos hemos hecho nosotras el gorro
bases sobre las cuales únicamente puede sostenerse please no harían más que causar perjuicio y estra~o. de dormir. Su carácter no alcanza al tacón de nuesla mole de la grandiosa fábrica_. Existen lo~ ~ocu- No es justo que el interés de uno solo sea preferido tro zapato.
.
.
.
.
mentos históricos reflejando la vida del sentimiento á la gloria de todos. ¿Qué dirían los atenienses á los
¿Pero en qué estriba esta digresión de m1 espíntu
otros
griegos,
que
prontamente
vendrán
á
coi:tem:
y de la civilización, ¡pues no han de ~xistir!, escrito~
sobre el hombre? ¿A qué viene este aparte indigesto?
sobre lienzo y tablas, trazados en piedra y bronce. plar su ciudad adornada con mil obras de ménto, s1 ¿Por qué este disparo con pólvora sorda?
fuese
preciso
mostrarles
al
mismo
tiempo
lunares
existen muchos y buenos libros que apenas ~e leen.
_¿Por qué? ... Sabedlo.
Hágase otra cosa de lo que se hace, y los artistas de vergonzosos y edificios que más valdría ~o ~a?er
Ha habido un necio, un osado, capaz de pretenprimera fuerza aparecer~n y entonces podremos ex- nunca acabado? Esforzaos, pues, en producir umca- derme. Un atrevido solicita mi mano. ¡Horror!
mente
obras
nobles,
irreprochables
y
de
una
belleza
clamar: ¡Esto es! Pues s1 brota~ se desarrol~a lomaYa veis para lo que sirven los hombres.
lo y lo repugnante á los repetidos y contmuos es- que nunca pueda envejecer.»
Contesté á su carta. ¡Oh, sí, al momento y de buefuerzos para lograrlo, ¿podrá dejar de aparecer Y de
na tinta! Robé unos minutos á mis delectaciones in·
Mie
ntr~s
~e
digiere
bien
es~
retazo,
puede
pensarprevalecer lo simpático, lo agradab17 y lo bueno, con
telectuales á mis ideas inspiradas en el modernismo
se en lo que se ha de hacer.
menor empeño para obtenerlo? Es mdudable.
más corre~to. Me aparté de mis especulaciones cien«¿Qué se ha de hacer?&gt;
.
tíficas. Dejé en suspenso los hilos sutiles de mi depl}-.
JUAN 0. N EILLE
Yo tal vez diría... pero, no: me1or será c~der la
rada filosofía. El yo evolucionó al él.
palabra á quien supo decir bi~n y hacer me1or; c~Oíd mi contundente respuesta:
dase al insigne Pericles, que dió su nombre á su s~glo, reproduciendo de un discurso suyo el trozo si·
(Sr. D. Juan Pérez.
NEUROSIA
guiente:
.
»se necesita llamarse así para proponerme la mayor
«Vosotros, los que esperáis que yo empre~~~ granNo conozco á los hombres más que de vista; de de las vulgaridades.
des trabajos, preparaos con ardor y no acanc1é1s una
»se necesita no tener ojos para haberlos puesto
ahí
nace, sin duda, que ellos no me conozcan á mí.
confianza inactiva. Las guerras, sembradas por las
en mí.
Eso
de
investigar
las
relaciones
que
nos
unen
con
guerras tocan á su fin: ¡quieran los dioses favorecer&gt;&gt;¿Por quién me ha tomado usted, ó mejor dicho,
nos co~ una paz que será más gloriosa para nuestra el sexo llamado fuerte, me parece acto de debilidad por quién me quiere tomar?
.
del ser superior.
patria que las victorias sangrientas! Los que de en· impropio
»Gracias que hoy estaba de humor para distraerme
Ha llegado el momento decisivo: no cabe ya distre vosotros sean considerados capaces p~ra cons•
y me he fijado en la correspondencia epistolar á que
truir ó edificar esculpir ó pintar obras dignas de cusión en este punto; las sociedades lo reconocen, la nunca contesto; la considero el uso peor que puede
admiraci6n, goz'arán de una existencia asegurada y ciencia universal lo proclama.
La mujer lo es todo; el hombre (macho) un cero á hacerse de saber mal escribir.
de ganancias considerables. Pero ~quellos_ cuya ma»¿Cómo ha de leer cartas quien no ~ive en ~l munla
izquierda.
no sea poco experimentada y á qu1en;s Mmer~a no
do
físico, quien no tiene nada de sensible, quien sólo
Hasta ahora el hombre se había erigido un pedeshaya sonreído en verdad, mejor haran en dedicarse
pertenece al ideal?
tal de arenillas de salvadera con esta inscripción:
á r,ultivar la tierra ó meterse á alfareros. Jamás. to~
»¿Usted sabe lo que es ideal? Lo dudo.
marán parte en los trabajos; jamás ¡por Júpiter.
}) Yo también le creí una ilusión introspectiva, pero
&lt;Dueño del universo.,
les entregaré para que los destruyan los mármoles
al fin rindo culto á la idea de que lo ideal es lo real.
del Pentélico y las materias preciosas _que hago
»¿Entiende usted de metafísica? Me parece que no.
El frágil muro ha caído¡ el hombre estatua rueda:
traer de todos los países para adornar la cmdad; no,
0

�LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

»Yo hubiera escrito una
novela cada dos meses, observando los documentos
humanos de Zola, ó un drama semi-romántico cada
ocho días, como ahora s':!
usa; pero esos medios de
expresión están gastados y
poco conformes con la om
nisciología ó verbo del por•
venir.
»¿Podemos entendernos
usted y yo?; ó dicho sea con
perdón, ¿cabe que usted espume el puchero? Cabe: la
cocina se ha hecho para el
hombre; la mesa para la
mujer.
»Tendría usted,señor Pérez, que ir á la compra, barrer, limpiarme las botas y
las cazcarrias del vestido;
ejercer los oficios mecánicos reservados á su sexo,
mientras yo me entrego á la
./'
más grata y trascendental
de las ocupaciones: la de
pensar.
»¿Comprende usted ahora la evolución? ¿Aceptaría
Grupo escult6rico en el puente de Anicbkof, San Pelersburgo, obra del bar6n Klodt
usted por vivir á mi lado ese
papel? No lo creo, aunque
)¿Podría usted admitir discusión sobre la razón estoy persuadida de que en término no lejano se
pura y la razón práctica?
cumplirán los destinos de la humanidad.
)¿Concibe usted el yo y el nó yo de Schelling?
»La mujer que va convidada á los Ateneos, perte»¿Ha penetrado usted en la ontología? ¿Sabe usted necerá de derecho pronto á ellos.
cuál es el ente?... Mírese al espejo.
»La dama que asiste á la tribuna de orden del Con¿Cómo podría usted alternar con quien sumida greso, tomará asiento en los escaños como miembro
en sus abstracciones, sujetivizada, ha evolucionado por derecho propio de la representación nacional.
desde el espíritu á la materia, desde la nebulosa á la
»El sufragio no podrá llamarse· universal hasta que
última capa geológica, desde las estrellas á los mi- nos convierta más que en electoras en elegibles.
riápodos?
»¿Cómo pueden ustedes creer, en el siglo de
»Imposible, señor mío ó señor de otra; usted no es las máquinas Singer, que hemos nacido para coser?
capaz de empaparse como yo en la interpretación, en
»Ya allá por el siglo vn se prohibió á las mujeres
la dilución psíquica de los varios, sorprendentes y coser vestidos, cardar lana y esquilar carneros el docomplicadísimos sistemas que rigen el universo.
mingo.
1&gt; Yo, siguiendo el impulso de mi tiempo que con•
»La Edad media fué un incensario que envolvió á
cede á la mujer aptitudes supranaturales, estudio las la mujer en olor de santidad para perderla.
teogonías indias y egipcias. (Todo lo indio es hoy
»Ahora no queremos ni lo uno ni lo otro. Ni el
muy interesante.)
yugo de los tiempos paganos ni las flores de trapo
»Investigo las ventajas que pudo traernos la unidad en las empalagosas Cortes del Amor.
moral en contraposición de la de la antigüedad pagana.
»He recorrido á Descartes, Locke,
Hume, Kant, deteniéndome en el examen del criticismo que separa la razón
especulativa de lo absoluto, explicándome los conflictos del altruismo...
»Por fin he llegado á reirme del pesimismo de Schopenhauer (no vaya usted
á creer que esto quiere decir sopas en
agua) y del optimismo de Krause, filósofo á quien seguramente habrá oído
nombrar, pues no hay hombre moderno por corto de alcances que sea que
no le haya citado hasta que pasó de
moda.
»¡Cuál no será el asombro de usted
cuando sepa que además de esto, además del estudio psicológico, yo me
ocupo de todo aquello que denota un
paso adelante en la lucha de la existencia, en la perenne batalla intelectual!
»Desde los misterios cósmicos hasta
la poesía, sin versos, por supuesto, me
recreo de igual modo con la filosofía y
la matemática, la hidrología y la lingüística, la farmacopea y la sociología,
la estética y la metalurgia, y en cuanto
á la química, mi ciencia predilecta,
preparo una disertación sobre las substancias venenosas, leucomainas y plomainas, etc., etc.
»En medicina asisto al laboratorio
para conocer los cultivos ó bacilos, el
vírgula.
»En ciencias naturales tengo inédito
un estudio sobre el Vespertilio pipt"tre·
llus (murciélago), al cual c~mcedo dotes de inteligencia superiores al ruiseñor (Filomena).
»La crematística no me preocupa;
tengo poco que conservar. En arte detesto la arqueología prehistórica tanto
como me encanta el renacimiento.
Monumento de Nicolás I en la plaza de Isaac, San Petersburgo

NúMERO

506

»La mujer del presente momento histórico desprecia por igual la aguja y la espada.
»La unión es la fuerza, escribe en su lema; coge la
pluma y barre el limo que por sus sendas va dejando
el hombre. Este es el único modo de barrer á la moderna.
»En esto vamos estando conformes todas las mujeres del club, desde la Michel á una servidora de
usted.
»La hipnotización de la mujer por las mujeres es
ya un credo y pronto será un hecho universal.
»Yo pertenezco entre otras asociaciones á la Liga
terrenina, al Círculo de la vestal, al Sindicato de las
obreras de la inteligencia y estoy corrigiendo las pruebas de las Estatutos de la grande obra titulada: La
perfecta soltera.
»Fuí invitada para presidir el Patronato del divorcio, que suma ya miles de adictas, pero no he aceptado ese honor.
»En esta materia no soy tan radical. Para evitar
la propagación del divorcio hay un medio: basta con
suprimir el matrimonio. ¿Cómo?
»Declarando la guerra al hombre en todos los terrenos. Demostrando su incapacidad para hacer feliz
á la mujer.
»Si yo tuviera el mal gusto de casarme, ¡qué desgracia la de tener hijos para lacayos ó zapateros de
las damas! ¡Cuánto sufriría de tener hijas que no
pensaran como yo!
»Me pasa, señor de Pérez, lo que al anatómico.
De tanto profundizar mi escalpelo, el cadáver del
hombre le considero ya como un pedazo de materia,
Carne putrefacta.
»Dispense usted la franqueza con que le hablo, y si
alguna vez cae en la tentación, poco frecuente en
los sabios de ahora, de abrir un libro y leerle; si de
manos á boca tropieza usted con esta carta en letras
de molde, no me eche usted la culpa.
»Si el hombre no quiere que le pintemos tal cual
es, que deje de ser un ente infinitesimal; un microcosmos.
»Suelto la pluma: los nervios no me dejan continuar. Vale.»
FERNANDO MARTINEZ PEDROSA

EL ABANICO
ARTICULO DE VERANO

Difícil es determinar la época en que se inventó
el abanico ese pedazo de papel ó de tela pegado á
' unas varillas de madera, marfil ú otra
materia más ó menos rica, que manejada por la dura mano del hombre
sólo produce aire y en la delicada de
la mujer conviértese en peligroso instrumento, tan bello, espiritual y agradable como ridículo y pesado en la
del sexo fuerte. Créese, sin embargo,
que nuestros padres después de su expulsión del Paraíso y con posterioridad
los pueblos primitivos debieron emplear las hojas de algunos vegetales
para producir, puestas en movimiento,
corrientes de aire con que refrescar su
abrasada epidermis en los períodos caniculares.
La fabricación más ó menos basta
de los tejidos debió ser un gran paso
dado por la industria primitiva para el
perfeccionamiento de este objeto verdaderamente aéreo.
De las investigaciones hasta ahora
practicadas resulta que en el siglo x11
ya se conocían en Francia los abanicos, y que en 1316 la condesa de Artois
posefa uno con el mango de plata maciza. Y debe de ser así, pues en los retablos y miniaturas de los siglos xm
y x1v represéntase á las damas teniendo en las manos grandes abanicos
muy semejantes á los que hoy se usan
en Argel y Túnez. Asimismo consta
entre los objetos anotados en el inventario del rey Carlos V de Francia «un
abanico redondo con el mango de
marfil,» y en la lista de su real servidumbre figuran dos abanicadoras para
orear á S. M. durante las comidas.
La forma de los primeros abanicos
debió ser redonda, careciendo de la
elegancia y comodidad que proporciona su plegado. Por eso, Rabelais en
una de sus obras se refiere á los «abanicos redondos1 de pluma, papel y
tela.» Supónese que los cerrados 6

NúMERO

506

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

presentando sumas importantes la colección de los que poseen algunas de nuestras elegantes.
En el siglo pasado fué tanto
lo que se extremó su lujo y riqueza, que según un cálculo
que se hizo en 1745 por un
distinguido estadista, existían
en París abanicos cuyo valor
ascendía á ocho millones de
francos.
Debemos convenir, sin embargo, que aunque su uso se
ha generalizado extraordinariamente en estos tiempos, no ha
llegado á alcanzar todavía la
importancia de que goza en
China y en el Japón, países en
donde es tan indispensable,
que puede decirse, sin pecar
de exagerados, que forma parte integrante del individuo, sea
cual fuere la clase ó sexo á
que pertenezca.
Con él guarécese la mujer
china de los rayos del sol, y
sobre él á guisa de bandeja
coloca la japonesa los dulces
con que obsequia á sus amigos.
El mendigo lo abre y extiende
para recibir la limosna, y el
elegante lo maneja cual si fuera un ligero junquillo. En manos del atrabiliario dómine
conviértese en peligrosa férula, y en libro de rezo para el
bonzo que, conservándolo
abierto, lee en él las plegarias
escritas en raros y extravaganGrupo escult6rico en el puente de Anichkof, obra del bar6n Klodt
tes caracteres.
En la vieja Europa danse
distintas y diversas aplicacio~es al ~banico,. Existen defensa 6 de instrumento de castigo, y por último
abanicos anuncios de determmadas mdustnas y aba- encubre y defiende.
nicos-guías en los que se halla i1npreso un mapa y
¡Cuántas veces la tela de un abanico, abierto oportodas cuantas noticias puedan ilustrar al viajero para tunamente, oculta el rubor _de la vergüenza, y cuántas
recorrer el país que desea visitar, sin el dispendioso ha sofocado intencionadas palabras, pronunciadas con
conocimiento del cicerone.
el solo objeto de engendrar la duda, los celos ó la
Muchas mujeres deben la fama de que gozan á la desesperación!
gracia con que manejan ese precioso instrumento de
Y sin embargo, no es posible concebir una mujer
coquetería, y varios le son deudores de su f~rtun~ y hermosa sin el adorno que le presta el abanico, ni
encumbramiento no faltando en nuestra patna quien con él puede existir alguna que se la considere como
'
debe á un paisaje verdaderamente fea. Todo consiste y depende de
chino y á unas vari- ese bello instrumento, de ese precioso juguete.
llas hábilmente tallaCreemos ocioso indicar los nombres de algunas
das el título que españolas que se han distinguido por su donaire en
ennoblece su ape· el maeejo del abanico, ya que es indudable que el
llido.
abanico y la mantilla se inventaron exclusivamente
Con el abanico ha para aumentar la gracia de las hijas de esta que pollegado á establecer- dría ser la nación más venturosa de la tierra.
se un sistema de sigMucho más podría decirse respecto del abanico,
nos convencionales, pero aunque así lo comprendemos, no contamos
tan exactos como los con más fuerzas en este período canicular que para
que se indicaban en coger el que se halla al alcance de nuestra mano,
las torres ópticas en abrirlo y darnos... aire.
la infancia de la telegrafía; existiendo
A. GARCIA LLANSÓ
también un lenguaje
especial, que nada
tiene que envidiar al
que expresan las floBIEN VENGAS MAL
res en sus atinadas
combinaciones.
I
Si importante es
para la mujer en geINTERIOR DE UNA TIENDA
neral saber manejar
el abanico, mucho
Suplico á mis carfsimos lectores que me den una
más trascendental prueba más de la docilidad que muestran hacia el
es para la actriz. En atrevido novelista, que en aras de su empeño emmanos de ésta puede prende la peregrinación para penetrar en los más
ser ó dejar de ser. Lo recónditos y misteriosos pliegues de lo ved,1do, y
mismo puede signifi- acompañen mi humilde personalidad en busca de
car para el especta- asunto para esta mal llamada novela.
dor un puñal que el
Todos ustedes conocen sin duda lo que es una
cetro de una reina. tienda de comestibles; no habrá ninguno seguramenCon él se eleva ó te que no haya contemplado las instalaciones más ó
vulgariza la artista. menos agradables y apetitosas de un almacén de
Movido inteligente- coloniales; pero me atrevo á asegurar a priori que
mente da fuerza á pocos conocerán el recinto llamado generalmente
sus palabras, pide trastienda.
protección, hace conEn ese local, poco ó nada alumbrad~, húmedo las
-,
cebir una esperanza, más de las veces y saturado de emanaciones confunacaricia ó rechaza, didas del pez de Escocia, del queso de Gruyere y
amenaza ó perdona, 1 de los exóti~os emb~tidos, ver~is inclinado hasta tcamina, se incomoda, car coo la vista el libro al suJeto encargado de llellora, ríe, sirve de var la contabilidad del establecimiento.
Monumento de Catalina II que se alza enfrente del teatro Alejandra, San Petersburgo

plegados tal cual hoy los conocemos, tienen su origen en el Japón, de donde los importaron los portugueses en el siglo xv1, extendiéndose su uso desde
que la famosa Catalina de Médicis. lo adoptó en las
grandes recepciones y actos yalac1egos, alternando
el abanico plegado con el circular de plumas y el
que se asemejaba á una bandera, que es el que todavía se usa por algunos vetustos menestral~s de
Cataluña como obligado adorno en las procesiones
del Corpus Christi.
Desconocemos la época en que se introdujo su
uso en España, aunque supone~os que, dada la
maestría y gracia con que lo maneJan n~es~ras co~patriotas, especialmente las de las provmc1as meridionales debió ser la primera en adoptarlo.
Para probar nuestro aserto, basta fij~rse en.la circunstancia de que el abanico más precioso y neo, _de
artístico y trabajado varillaje,_ en manos_ de una. mglesa, por ejemplo, es un ?bJeto frfo, sm e~pr~s1ón,
impropio, vulgar y hasta r.1dfculo. Sus movmuen~os
son pesados, sin gracia, rígidos y mudos. ~n camb~o,
manejado por una española cobra expresión, adqmere fuerzas vigor y vida, imprime tonos y forma el
compleme~to de ese conjunto de gracia, sencillez,
malicia, travesura y sentimiento que expresan unos
ojos negros, velados por sedosas pestañas, de los que
brotan el fuego de la pasión ó el desdé~ más completo. De objeto inútil conviértese en ad1tame~to de
gracia y arma de encantadora coquetería, ~ehgrosa
siempre para el hombre enamorado que deJa su corazón prisionero entre sus dobleces.
.
Cuentan, sin embargo, empolvados y mu~nentos
cronicones que en el ya cit~do siglo xv1 ex1:tfa en
la corte de las Españas una ilustre dama, Dona Inés
de Mendoza, que lo manejaba .ª?mirab)e_mente; que
la caprichosa Catalina de :Méd1c1s com1s1onó á un~
de sus camaristas para estudiar y aprender los movimientos que aquélla imprimía al abanico, resultando
del informe emitido que se elevaban á noven_ta y
nueve distintas posiciones las que podían. aphcá~sele, que eran las que usaba nuestra graciosa pa1•
sana.
..
Existen abanicos para teatro, calle, paseo, vISlt~s,
tertulias y bailes· de verano é invierno, para la cmdad y para el c;mpo. Los hay ch~lones y. s~veros,
tristes y alegres, castos y complac1entes, ns~bl~s y
serios, incitantes y virtuosos, así como de d1stmtas
clases y materias; de oro, nácar, marfil, ébano y sándalo, vestidos de papel chino, tafet~n ó ras?,. y adornados con perlas, diamantes y prec10sas mm1aturas.
Sobre la tela han corrido los pinceles de Rubens,
Bouchery, Watteau y otros renombrados pintores, re-

~ ~- _ _:*~01~~~,,_:~:c~- -~

�LA

566
La tienda de ultramarinos de D. Cosme Trompeta, que ocupaba toda la planta baja de la casa número 8 de la calle del Cuerno del Oro, pertenecía al
género que acabamos de describir. Dos escaparates
con vidrios semitransparentes, en cuyo interior se albergaban en revuelto montón esas mil manifestaciones de la industria alimenticia, y que son otro suplicio de Tántalo para los desheredados, eran el prisma
á través del cual podría calcularse la fortuna de nuestro D. Cosme.
Este era uno de tantos provincianos que comienzan
su carrera desde las penosas y serviles tareas del
mancebo, y á fuerza de perseverancia y de economías se establecen por cuenta propia en el ocaso de
su vida.
Inteligente en su profesión, lo demostraba la numerosa clientela que afluía á su tienda, y su patente
d~ h?mbre. de _conciencia la acreditaba la opinión
pubhca, úmco Juez en la materia.
Poco ó nada nos importa para el objeto de esta
novela, ni el conocimiento exacto del físico ni los
antecedentes y detalles relativos á la esposa de don
Cosme, un ser vulgar, sin iniciativa· y acostumbrada
á obedecer ci~gamente á su media naranja. Tampoco
pararem~s mientes en los dos mancebos que para
las necesidades del despacho poseía el establecimiento; únicamente dedicaremos párrafo aparte al tenedor de libros.
·

II
UN BUEN lllUCI-IACHO

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

506

Elaborado el plan, dedicóse con empeño á poner- cultivado entre los mortales; así es que el joven teto en vías de hecho.
nedor de libros no podía sustraerse á la implacable
En primer lugar frecuentó un café donde se re- ley, é intercalaba entre una y otra plumada las siunían ciertos sujetos que se llamaban literatos y en guientes frases:
cuya compañía aprendió á conocer lo que son los fa.
- ¡Está visto! Doña Milagros es· inexorable en
llos del público, con los productos de cerebros más sus propósitos. No me otorgará la mano de mi Luisita
ó menos calibrados.
sino á trueque de perder mi tranquilidad. No lepaPecó como los demás, y su juguete en un acto La rece suficiente el éxito de La risa de Sesostris y
risa de Sesostris le valió una severa lección y un des- quiere lanzarme al insondable abismo del fracaso.
engaño.
¡Dios no me ha llamado por ese camino, y esto no
Como quiera que los fiascos eran moneda corrien- obstante, Doña Milagros, cual otra tentadora Eva,
te en aquel grupo, pronto se hizo el vacío, desfilando me tiende la apetitosa manzana; quie~o decir, no
uno á uno en busca de escenas más hospitalarias, no permite que me case con su hija sino sub conditionq
tardando Cazpitilla en verse solo como una de tantas de crearme un nombre en la literatura dramática.
víctimas de aquel naufragio.
Bastan estas frases sueltas para que mis lectores
Las columnas de un noticiero con grabados se comprendan que nuestro hombre se hallaba perdihonraron recibiendo en su seno algunos artículos de &lt;lamente enamorado de Luisa, de quien Doña Milafondo y poesías del de Alcarria, que hicieron bajar gros era tan exigente mamá.
el papel (como diría un bolsista); es decir, que para
El origen de estos amores se puede explicar en
el director y propietario del periódico se tradujeron dos palabras:
en bajas en la suscripción.
Era una mañana del mes de junio: hallábase SeraNo seguiremos al equivocado chico en su azarosa fín en la época de transición de su vida; es decir, enperegrinación hasta hallarlo con el entretenido em- contrábase en vísperas de alcanzar la colocación en
pleo de llevar los libros en la tienda de D. Cosmei casa de D. Cosme.
pero haremos constar de pasada que en el actual mo•
Paseábase por una de las avenidas del Retiro,
mento histórico creía firmemente haber encontrado cuando de repente hirió sus oídos una voz varonil,
el reposo físico y moral que ha tiempo necesitaba.
que recitaba los espirituales versos de La vida es sueNo obstante los elocuentes desengaños, no había 1io, de Calderón.
perdido la co.stumbre de improvisar algún que otro
Sorprendióse algún tanto, y buscando la persona
soneto que distraído enviaba á un comprador en lu- que eligiera tal hora y sitio para lanzar al aire aquegar de una factura de pimiento molido. Se citaba / llas armoniosas décimas, no tardó en hallar la causa
también el caso de haber sentado en varios folios pues al doblar un vallado de verdura descubrió sen'.
del Mayor una escena íntegra de La risa de Sesostris; tadas en un banco dos señoras: una de ellas tenía un
distracción que le valió una severa reprimenda de su libro en la mano y era la que con voz de contralto
principal y los sabrosos comentarios de cuantas per- leía las páginas de la citada obra.
sonas se enteraron del suceso.
Escuchaba la otra con gran atención, y en sus hermosos ojos negros retratábase la admiración que en
su alma producían los inspirados versos.
III
Serafín comprendió al primer golpe de vista que
se trataba de madre é hija por el parecido y la desLOS AMORES DE SERAFIN
proporción de edades que entre ambas existía. .
La joven representaba tener de diez y ocho á
Ocupado con algunos documentos se encontraba
nuestro héroe en la trastienda del almacén de Trom- veinte años, y su tez morena, ojos rasgados y expresipeta, y entre el revoltillo de papeles que delante de vos y talle de exquisita elegancia denunciaban en
sí tenía, confundidas con los talones, órdenes, reci- ella á una hija del Mediodía de España.
Absorto quedó Cazpitilla ante tal aparición, y
bos y otros documentos, veíanse varias cuartillas de
una c?media recién comenzada y que era una prue- como la señora mayor advirtiera la presencia de
ba evidente de que Cazpitilla no había perdido aún aquél, suspendió la lectura, posando una impertinente y escudriñadora mirada en el intruso,
por completo el cariño á las Musas.
Serafín comprendió que estaba estorbando, y se
El monólogo ha sido y será siempre el género más
disponía á tocar retirada con harto sentimiento suyo,
cuando la mamá se lo impidió con la siguiente pre·
gunta:
- ¿Caballero, le gusta á usted la poesía?
En un momento acudieron en vertiginoso tropel
a.I c~rebro de Serafín sus pasadas empresas literarias;
smtió estremecerse su dormida fibra· la multitud de
artículos en prosa y verso que habían labrado su
desdicha, y á los cuales, no obstante, quería como
un padre quiere á los hijos que ha engendrado, desfilaron velo~~ente en su imaginación, y dominado
por la electnc1dad de aquellos efluvios respondió sin
titubear:
- ¡Con delirio, señora!
Esta respuesta fué, por decirlo así et' talismán
que abrió las puertas de la simpatía en' los románticos corazon~s de las dos mujeres; y excu•
sa?o es decir que aquella mañana se termmó la lectura del drama en compañía de
Serafín, que recitó por su parte algunas escenas.
. Todo aquel verano, hasta que el helado
cierzo d~l ~uadarrama anunció la proximidad del mvierno, se reunían en el mismo
sitio nuestros personajes para saborear las
bellezas literarias de las obras de Calderón
~ope y otros autores del teatro español an'.
t1guo y moderno.
Como consecuencia de esta proximidad
tan familiar, los corazones de Luisa y Serafín se comprendieron, y empezó para ellos
el tiránico reinado del amor, sancionado
con el visto bueno ·de Doña Milagros.

~o era cie_rtamente Serafín Cazpitilla, joven alcarreno, en qme~ D. Co~me tenía depositada su confianza mercantil. El chico de la Alcarria era poseedor
d.e una hoja ?-e servi~ios algún tanto borrascosa, accidente propw de la inexperiencia de unos diez años
pasados en. la peligrosa atmósfera de Madrid.
De los b1enaven.turados y apacibles lares paternos
m~rc~óse á los qumce años al abismo cortesano, sin
mas bienes y títulos que el de bachiller y una recomendación de sus papás para un su tío, portero mayor del Congreso.
Creían cándidamente los rústicos padres de Serafín que la tal recomendación era el ré~ium exequátur
que le abriría á su tierno vástago las doradas puertas
de la fortuna.
Allá en su primitiva imaginación figurábanse al
portero omnímodo personaje, á cuya protectora som·
b ra encontraría
su hijo la piedra
filosofal.
Bien pronto
se desvanecieron
las esperanzas de
los unos y la ilusión del otro, El
portero recibió á
su sobrino c on
verdadero car i.
ño; le explicó con
franqueza su situación harto estrecha y mezquina, y á guisa de
preámbulo y con
el fin de que el
joven alcarreño
Cazpitilla, conociera prácticamente la comedia
del gran mundo,
lo colocó durante
varias sesiones en
la tribuna del público del Congreso.
Pocas lecciones bastaron para
que la inteligencia del alcarreño
se diera cuenta exacta de la situación.
Con el diploma de bachiller
se creyó en condiciones más
que suficientes para aspirar á
la conquista de un puesto entre aquella pléyade de señores
de adusto semblante que or.upaban los escaños de aquel templo de la política, aspiración
tanto más arraigada cuanto su
solícito pariente había desempe
ñado á conciencia el papel de cicerone, explicándole muchas )in
dezas de todos y cada uno de
los representantes de aquella ¡út,TIMA llORA!, estatua en bronce de D. José Campeny, fundida en los talleres de D.
augusta asamblea.
Masriera y c.~ (Exposición general de Bella, Artes de Barcelona, 8 .¡
1 91

IV
UNA PROPOS ICIÓN ORIGINAL

Federico

Por mucho platonismo y poesía que saturen unas relaciones amorosas, llega el mo11_1ento crítico en que cae vaporoso velo que
mve de venda al romanticismo, y la realidad (llámese suegra) hace su aparición con
l~s amenazadores preludios para el porvenir de los amantes.

NúMERO

506

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

PRÁCTICAS DE LOS ALUMNOS DI!. LA ACADEMIA GENERAL ~IILITAR DE TOLEDO

¡.

(mayo, 1891), dibujos del natural de D. Nemesio Lagarde, profesor de la Academia.

Alumno de la sección de caballería. - 2. Barraca destinada á trabajos de gabinete. - 3. Vista del reducto ní1mero r. - 4. Cocina. - 5. Vista general del campamento de los Alijares•
donde se ejecutaron las prácticas

jante. Figúrate que á Doña Milagros se le ha metido
Esto ocurrió precisamente á la enamorada pareja, mento fuera á hacer la demanda matrimonial. Adere- en la mollera que para que te llames su yerno neceque en medio de su abstracción y arro?amiento ha· zóse el complaciente D. Torcuato, y luego que hubo sitas que de la noche á la mañana te conquistes un
bíase olvidado por completo de las exigentes leyes escuchado las últimas recomendaciones de su sobri- puesto entre los más aplaudidos autores dramáticos
no, se apresuró á ganar la calle tomando la dirección
de este pícaro mundo.
.
contemporáneos, ó lo que es fo mismo, que escribas
Doña Milagros se encargó de refrescarles la memo· del domicilio de Doña Milagros, cuyas señas le ha- y pongas en escena una obra que obtenga un éxito
bía
dado
Serafín.
Este,
entretanto,
se
dispuso
á
esperia acometiendo á Serafín de la manera que saben hatal, que constituya para ti un timbre d~ gloria y la
cerlo las implacables autócratas del hogar doméstico. rar el regreso de su emisario.
No habían transcurrido apenas dos horas de lasa- base de tu vida en el Parnaso español.
Acorralado en sus últimas trincheras, decidióse
Al oír esta salida, que estaba tan lejos de esperar,
lida
de D. Torcuato, cuando un fuerte campanillazo
nuestro héroe á dar el supremo paso, y al efecto, un
Cazpitilla
se puso densamente pálido.
día presentóse inopinadamente en el ~omicilio de su sacó bruscamente de sus reflexiones al que esperaba.
El caso no era para menos.
Apresuróse
á
abrir,
y
el
físico
sonriente
de
su
tío
tío, y sin contestar apena~ .á las m_ú~hples preguntas
Escribir un drama, una comedia, un sainete, cualle dió á entender, antes de que aquél profiriese palaque éste, extrañando su visita, le h1c1era, exclamó:
quiera
que tenga cierta dosis de osadía lo hace; mas
bra, el buen resultado de sus gestiones.
- ¡Tío, me caso!
luego
entra
la segunda parte, que no es otra que
- Y bien: qué, ¿es cosa resuelta?
Al oír esta frase dió un salto sobre la silla en que
haya empresa que admita la producción y un pú¡
Poco
á
poco!,
respondió
le
D.
Torcuato
al
mismo
estaba sentado, y poniéndose repentinamente de pie
tiempo que limpiaba con un interminable pañuelo blico que la reciba con agrado, condiciones éstas que
repuso en tono semiserio, semicariñoso:
de
hierbas el sudor que abundante corría por su no se encuentran todos los días. Además Serafín no
- ¿Chico, estás loco? ¿Con qu~ cuentas para ello?
podía acordarse sin experimentar escalofríos de La
frente,
y añadió:
Estas y otra multitud de reflexiones que á manera
- No es oro todo lo que reluce, ya juzgarás cuan- risa de Sesostris, estrepitosamente silbada, y de sus
de avalancha profirió el sorprendido pariente, fueron
compañeros víctimas como él de la implacable masa
do
te haya contado el resultado de mi visita.
contestadas con la valentía é impremeditación que
de la opinión pública, y cada vez que se entregaba á
Serafín
comenzó
á
alarmarse
al
oir
tan
vaga
esen tales casos son las notas culminantes del estado
pecie, que parecía augurar algo desagradable, por lo estos recuerdos, le parecían más monstruosas las conde ánimo de quien aspira á crearse una familia.
que
apremió á tu tío para que sin rodeos ni ambages diciones de aquella i;nujer, fanática adoradora de la
- En resumidas cuentas, replicó D. Torcuato (así
literatura.
lo
sacase
pronto de dudas.
llamaremos al tío), ¿deseas que vaya á pedir la mano
Pero como para los enamorados hay también ProEste
comenzó
diciendo:
de Luisa á su madre? ¿No es eso?
videncia, no ~ardó Cazpitilla, cuando la ealma hubo
-Aparte
de
la
buena
acogida
que
me
hizo
Doña
- Efectivamente, contestó el sobrino.
tomado posesión de su turbado cerebro, en adoptar
- ¿Pero no consideras, mentecato, que los cinco Milagros y expuesto que hube el objeto de mi visita, un partido.
mil reales con que cuentas en casa de ?·.Cos.m~ no contestóme que conocía las relacione~ entre su hija
te bastan ni para empezar? ¡Creeme, sigue. m1 e1em- y tú; que no se oponía en modo alguno á vuestra
V
unión, por más que creía un deber de madre previplo, no te cases!
.
Pero Serafín Ca~pitilla estaba lo suficiente enamo- sora y admiradora de las bellas letras, imponer una
EL ÚLTIMO CARTUCHO
rado para no oír consejos y sen.tencias, y s~bre to~o, cláusula al contrato, una condición sin la cual era
ferviente partidario del conocido proverbio contigo inútil que pensaras en unirte á Luisa.
Completamente decidido á jugar el todo por el
- ¿Y esa condición? ...
{Jan y cebolla, estaba decidido á arrost~ar t?das las
todo, se dijo para si: los malos ratos mientras más
Es
tan
original,
que
no
te
habrá
pasado
por
la
caconsecuencias que trae consigo el matnmomo, y por
pronto se pasen mejor, y eligiendo el pupitre de
tanto excitó á su pariente para que sin perder mo• beza que cerebro humano haya fraguado otra seme·.

�VAQUEROS,

cuadro de D. Baldomero Galofre. (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona de 1891.)

ANTES DE LAS REGATAS, dibujo de Percy Tarrant
/

RECUERDOS,

cuadro de D. Dionisio Baixeras, (Premiado en la Exposición general de·Bellas Artes de Barcelona de 1891.)

�57°
casa de D. Cosme como cuartel general de sus el~cubraciones literarias, dió principio á una come?ia
en tres actos, alternando entre cuartilla y cuartilla
los asientos del Mayor.
Engolfado hallábase un día nuestro hombre en las
últimas escenas de su obra, cuando cátate que entra
el amo de los coloniales agitando en su mano un
rollo de papeles y seguido á cierta distancia de un
famélico personaje, cuyo demacrado semblante apenas adivinar dejaba la edad de su dueño.
D. Cosme con la voz balbuciente por la ira y antes que Cazpitilla pudiera dirigirle la menor frase,
exclamó:
- ¡Sr. de Cazpitilla, está usted demás en mi casa;
he aquí á su sucesor! Y al decir ~sto señalab~ ~1 enquencle sujeto, que parecía aspirar con del1C1a las
emanaciones de aquel recipto.
Confuso y aturdido quedó Serafín ~nte aquel bru~co é inesperado exabrupto. ¿Qué delito había cometido para que su principal lo arrojara de aquella manera de su casa?
Sus dudas no tardaron en disiparse, cuando Trompeta, colocando los papeles que traía ante la sorprendida mirada de Serafín, le preguntó con voz tonante:
- ¿Conoce usted estos papeluchos?
- ¡Mis escenas!, exclamó gt&gt;zoso Serafín, arrebatando las cuartillas de manos de D. Cosme.
- Ha tenido usted, añadió éste, el valor de remitirlas á Santander en lugar de una factura de garbanzos. Ya le advertí en otra ocasión que si esto volvía
á suceder saldría usted de aquí. No se puede ser al
mismo tiempo tenedor de libros y poeta.
En vano procuró excusarse nuestro joven; D. Cosme se mostró inexorable con el reincidente, el cual
no tuvo más remedio que dejar el puesto á su sucesor.
Satisfecho en parte por el hallazgo de las perdidas
cuartillas y preocupado por otra con el porvenir que
se le presentaba, salió Cazpitilla del establecimiento,
viendo en todo esto un preludio de las desventuras
que sembrarían el camino que la caprichosa y extravagante manía de su novia le trazara.

LA

NóMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Nueva salida del amigo, que no tarda en volver
con la halagüeña noticia de que el ruido que tanto
le atemorizó es la tormenta del acto segundo..
Narrar una por una las mil sensaciones que aque·
lla noche experimentó nuestro héroe, sería c~s~ _de
nunca acabar· sólo diremos que contra los vaticinios
de los amigo; la obra obtuvo un éxito estra~rdinario,
que á Cazpitilla lo sacaron más muerto que vivo hasta
diez veces al palco escénico, y que Doña Milagros en
su entusiasmo de suegra arrojó á su yerno una corona
que había pertenecido á su difunto esposo, artista de
zarzuela, y que presintiendo el succés llevó recatadamente al teatro.
Después llegaron los mil plácemes, los banq~etes,
los ofrecimientos de empresas, todo ese con1unto
necesario é indispensable del triunfo y á los que
Cazpitilla no pudo sustraerse.
EPILOGO

Cuatro meses después se celebraba la boda de los
dos jóvenes, siendo padrinos el portero mayor, algo
más reconciliado con el séptimo sacramento una vez
que, contempló á su hermosa sqbrina y la romántica
Doña Milagros, que se proclamaba orgullosamente
autora de aquel monumento.
Nuestro hombre labróse un nombre en la literatura dramática, y aquella obra, cuyo a~gumento era la
reproducción fiel de su accidentada vida, tuvo un lugar preferente en su biblioteca.
ALEJANDRO BARBA

NUESTROS GRABADOS
El monumento de La Fontaine, inaugurado
en Auteuil el 26 de julio último: obra de Dum1la-

506

rro ó del bronce. El precioso grupo de ~hiquillos j_uga~do á
salta cal•ril/as, que tantos elogios mereció de los rntehgentes, el de mayor importancia titulado El escánd~lJ y el que reproducimos, representando á un muchacho corriendo y voceando La 1lltima !tora, en busca de compradores, demues_tran el
empeño de este discreto escultor, cuyas ob~as revelan siempre
cualidades y especiales aptitudes p~ra cull!var un arte, q.;e lo
es por excelencia entre los que persiguen la belleza.

•••

NóMERO

506

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND, - ILUSTRACIONES DE EMILIO llAYARD

Prácticas de los alumnos de la Aca~e~a generi¡,l militar de Toledo (mayo, 1891). D1bUJOS del
natural de D. Nemesio Lagarde, profesC?r. de _la
Academia. - A la galantería del Sr. Lagarde, n_1st1_ng111do

(CONTINUACIÓN)

profesor de la Academia de Toledo, debemos los d1huios 911e
reproducimos y que representan varios detalles de las prácticas
que los alumnos ne aquélla verificaron en el campamen!o de
la dehesa de los Alijares. Consistieron éstas en levantam1e~to
de planos, reconocimientos, construcción de obra~ de campana,
establecimiento de Hneas telegráficas, etc.; traba¡os que. llevaron á cabo los alumnos con aplicación, disciplinayent11S1asmo,
y que presenciaron el ministro de la Guerr~ y ~umerosos generales, jefes y oficiales de todas las armas é rnst1tutos.
Del buen resultado de tales prácticas es pr~eba 1~ Real or_den á raíz de las mismas publicada en el piano Ojia~/ d~I J,ft.
11isterio de la Guerra, concebida en termmos encomiásticos y
allamente honrosos para el director, jefes, profesores y alum·
nos de la Academia.
El día 23 se levantó el campamento, emprend~ndose la !11ar•
cha por Almonacid, Villasequilla, Y_epes, Ocana y Aran¡,uez,
donde S. M. la reina regente obsequió con un almuerzo a los
expedicionarios, los cuales regresaron el 31 á Toledo para continuar los interrumpidos estudios.

Souchón prepara su discurso. ¡Calcule usted si esta~án de enhorabuena las genealogías de las dos familias! ¡Ah!, exclamó deteméndose de pronto. ¿Ha comenzado usted ya sus preparativos de marcha?
.
.
Al hacer esta pregunta, la señorita de Sainte-Sev~re fiJaba sus nuradas en el
gabinete de Gilberto donde se veían cofres entreabiertos, llenos de ropas Y de
libros. Después de ;n rato de contemplarlos en .silencio, exclamó con triste
sonrisa:
- ¡Cuánto los envidio! ...
Y diciendo esto se encaminó al sitio donde la esperaba el coche.
- ¡Vamos, buen viaje, señor Maujeán!. .. Tal vez nos volveremos á ver en el
gran mundo.
.
.
.
. .
Y ofrecióle de nuevo la mano, fiJando en él la misma mirada compasiva, pero
Gilberto no quería, no podía comprenderla.
,
_ .
Un momento después vió desaparecer el coche que ~onduc1a á la senor~ta de
Sainte-Severe atestado de las provisiones que habían ido á buscar á la cmdad
para el festín: para el gran banquete de boda del día sig~ien!e. La materialidad
misma de aquellos objetos le convenció de que ya sería mút1l esperar; era for·
zoso adoptar un partido, alejarse de Chatillón,

•
••
Vaqueros. Regreso de la ganadería, cua~o
de D. Baldomero Galofre (premiado en la Expos1c1ón
general de Bellas Artes de Barcelona). - Galofre, aunque pint.or de la que pudiéramos llamar escuela moderna, .Y á mayor
abundamiento determinadamente español, es apasionado de
la realidail, pero embellecida y vigorizada por el arte y el ingenio.
Al igual de tocios los que huyen de la vulgaridad ó de conocidos moldes, ha procurado tener carácter propio, y bus&lt;;andq
en su patria y en cuanto le rodea, vive y se agita el med10_ de
su acci6n, produce admirables cuanros de costumbres y !1pos
nacionales, que vienen á ser por su constante labor y no mte•
rrumpida producción la historia contemporánea pintoresca de
nuestra patria.
A este género pertenece su lienzo Los va,¡ueros. expuesto y
premiado en la Exposición general de Bellas Artes de B8:rce·
lona, y si bien no es la obra más genial de Galofre, contiene
bellezas y detalles muy dignos de elogio.

tre, estatuario; Ducrost, escultor &lt;lec~rador, y Frantz J~ur•
dain, arquitecto. - Después de ocho anos de perseverancia y
esfuerzos el comité que preside M. Sully-Prudhomme ha logrado el;var al inmortal fabulista un monumento dign~ de su
genio. Sobre una columna de bronce de 4 metros y medio des·
cansa el busto de La Fontaine¡ la gloria le corona y á su lado
tiende su vuelo el genio de la sátira. En la cornisa de la coVI
lumna está el cuervo teniendo en su pico el queso que la zorra
astuta codicia; en la éscalinata las dos palomas y el león que
•••
BIEN VENG.\S MAL ...
recuerda las más célebres fábulas; detrás la alondra escondida
Recuerdos, cuadro de D. Dionisio Baixeras
entre los trigos da sabios consejos á sus pequeñuelos..
El conjunto del monumento, al que con _gran acierto ha (premiado en la Exposición general de Bellas Artes de _BarceQuince días después de estos sucesos podía leerse
- Podrá no ser Baixeras representante, como artista, de
en la sección de espectáculos de algunos diarios de dado el arquitecto el estilo de la época de Lm~ XIV, es armo- lona).
nioso y el lugar en que está emplazado poético como pocos. la moderna escuela catalana; pero en cambio todas sus obras, á
la corte el siguiente suelto:
pesar del contagio transpirenaico que en ellas se observa, acu«Esta noche tendrá lugar en el favorecido teatro
san mérito indiscutible y cualidades no comunes,
.
•
••
El cuadro titulado Recuerdos es uno de los que már. honran
de X ... el estreno de una comedia en tres actos, que
Recuerdo de Marruecos., ?uadro de D. Gonzalo á este joven pintor. La composición, la tonali?ad, la hora Y
lleva por título el conocido proverbio Bien vengas Bilbao
(premiado en la Expos1c1?n genera( de Bellas Arl~s )os pormenores todos se hallan perfectamente mter~re!ados.
mal, etc., debido á la bien cortada pluma de un joven de Barcelona). - Digna representación ha _lf:mdo Gonzalo Bil- El grupo de marineros recordando hechos y acont~c1m1ent~s
literato, cuyas obras son muy aplaudidas y celebradas bao, por medio de sus obras, en la Expos1c1ón general _d~ Be- de su azarosa vida, sus trajes en los que las telas tienen ~ahllas Artes de Barcelona. Dos géneros completa!llente d1stmtos dad y las anclas que les sirven _de banco. están re~roduetdos
en el mundo ck la literatura.»
por el asunto y el procedimiento representaban su _gran lienz~ con exactitud. No en balde ha sido escogido este henzo para
El joven y aplaudido escritor era nuestro héroe titulado
La vuelta al liato, que ya hemos dado a conocer a figurar en el naciente Museo municipal de Bella_s Artes, y no
Cazpitilla, que había tenido buen cuidado en prepa- nuestros lectores, y las cinco preciosas tablas en las que el ar- en balde distingue el público inteligente á este ¡oven arllsta,
rar previamente la opinión pública con las preceden- tista reprodujo como resultado de un viaje á Marruecos, tipos que en un periodo de tiempo relativamente 1?reve. ha logrado
y costumbres de aquel pueblo tan digno de estudio flan á sellalados triunfos por su laboriosidad é intehgenc1a.
tes Hneas.
La noche de la función presentaba un animado as- propósito para que el pintor pueda dar muestra de hábil colorista. Torrentes de luz, viveza de tonos, líneas elegantes, por*
pecto el teatro de X ... Veíase en las primeras filas menores delicadísimos y el sello de la variedad obsérvanse en
••
de butacas,_á todos ó casi todos los antiguos compañe- ¡05 cinco preciosos estudios á que nos referimos. Justa esti- Antes de las regatas, dibujo de Percy Taros de penas y fatigas de Serafín, á quienes éste no mamos la recompensa que ha mereci~o el que repr?~ucimos rrant. - El sport náutico puede decirse que ha al~n~do su
y acertada la resolución del Ayunta!11_1ento en adqumrlo con apogeo, pues las regatas constituyen una de las pnnc1~ales y
había olvidado en el reparto de localidades.
más aristocráticas diversiones de toda ciudad ó villa situada
En un palco se encontraban desde muy temprano destino al ya importante Museo mumc1pal de Bellas Artes.
junto al mar ó que posea en sus inmediaciones algún r_lo ó lago
la enorme personalidad de Doña Milagros y su inte·
propio para la navegación de las pequeñas embarcaciones. El
••
resante hija.
arte por otro lado ha venido á darles su sanción aprovechando
Vistas
de
San
Petersburgo.
~l
Almirantazgo,
~e~como tema para elegantes composiciones tan interesante especDoña Milagros no cesaba de charlar con una íntide la capital rusa, es el punto de paruda de las tres prmc1• táculo.
ma amiga que la acompañaba, alzando la voz con el tro
pales vías de San Petersb~rgo, que son: Nevski Prospect, la
De los ejercicios que una tripulación practi~a en su esquife
objeto de que los espectadores que á sus inmedia- Goroiovaya y la Vowesemt:i.
.
ensayándose para las próximas regatas ha tomado asunto Percy
ciones se encontraban supiesen que el autor de la En la primera se encuentra la plaza de Catalma, en donde Tarrant para el be!Hsimo dibujo que reproducimos, y aunque
comedia que aquella noche se estrenaba era nada se alzan entre otros magníficos edificios la Biblioteca pública, el sport, propiamente dicho, figura en éste como elemento seel teatro Alejandra y el palacio Anichkof, residencia del em- cundario, el solo grupo de jóvenes, que ocullas en la enramad.a
menos que el futuro de su hija.
·
perador y en cuyo centro se ostenta el monumento de Catali- contemplan el ensayo, basta para hacer simpática la composiY nuestro protagonista, ¿dónde se encontraba en na II c~nstruído en 1873 según el proyecto de Mikieshin.
ción del notable artista.
aquel momento solemne en que su suerte ibaá deci- Co~tiguo al palacio de Anichkof hay el puente del mism@
nombre sobre el canal Fontanka, en donde se admiran los
dirse?
•
grupos en bronce modelados por el barón Kl~dt von
••
En el último rincón del escenario, en el hueco que Jcuatro
urgensburg, dos de los cuales reproducimos.
formaban un bastidor de selva y un sillón de castillo
Del mismo escultor es la estatua ecuestre del emperador
Barcelona. - Plaza de la Paz, cuadro de don
feudal, alejado del bullicio de la sala y con las de Nicolás que corona el monumento elevado en la plaza de Juan Roig Soler (premiado en la Exposición general de
Caín hallábase el autor esperando la sentencia de su Isaac en el paseo de la Ascensión; este monumento, obra del Bellas Artes de Barcelona). - Ventajosamente conocido por
arquitecto Monferrant, constructor de la iglesia de Isaac, es un sus producciones, goza ya Roig Soler de merecida reputación.
auditorio.
verdadero tour de force , pues el caballo, lanzado al galope, Grato recuerdo conservamos de sus bonitas marinas y de los
A su lado y prestándole los auxilios espirituales, se mantiene en equilibrio sobre los pies traseros sin _ningún numerosos estudios que ha pintado; recuerdo de sus frecuentes
excursiones por los pueblos de nuestro litoral. La playa de
se encontraba uno de esos amigos oficiosos que nun• otro apoyo en el pedestal.
Sitjes y el barrio de pescadores de Villanueva hanle servido
ca faltan en las grandes ocasiones de nuestra vida,
de motivo para producir bellísimos cuadros.
máxime si pueden sacar alguna utilidad.
•••
Su cuadro !'laza de la Paz, adquirido por nuestro AyuntaEmpezó la representación: cada ruido que llegaba ¡Última hora!, estatua en bronce de D. José miento para figurar en el Museo municipal de Bellas Artes, es
á bs asustados oídos de Serafín le parecían otras Oampeny, fundida en los talleres de D. Federico Masriera un acabado y concienzudo estudio, que demuestra las cualiday Compañia (Exposici6n general de Bell~s Artes de Barcelo- des asimilativas del Sr. Roig Soler, as( como la brillantísima
tantas amenazas de muerte.
- La bonita escultura que reproduc1mo~ pertenece á ese gama de su paleta, propia y exclusiva de este artista, cuyas
Su amigo no vacilaba en adelantarse á los prime- na}.
variadlsimo género ne obras que Campeny produce, en las que obras no pueden nunca confundirse por el sello e;pecial que las
ros bastidores y volvía presto con la tranquilizadora se manifiesta su genialidad y buen gusto. De entre sus dedos y distingue.
frase: ¡La cosa marcha, chico! ¡El público ríe! ... La con los palillos,. el barro ~dqui~re f?rma para. convertirse en u~
Martinez está asombrosa en su papel de sonámbula. estudio académico, sentido ó mspuado, ó bien en esas figuridonosas y elegantes, que parece pugnan algunas veces con
JABOtJ REAL
JAOON
Se escucha de nuevo un ruido sordo y Serafín no tas
Único ltu,entor
la materia de que están formadas. Este empeño de Campeny
oETH
R
I
OACE
29,B•desltaliens,Pans
VELOUTI
NE
puede contenerse y exclama:
obsérvase en muchas de sus obras, cual si el escultor tratara
de hacer olvidar por un momento la grosera pesadez del ba· r.icomen11dos por autori~ade~ medicas pm la lllgieno do la Piel 1 8~!Ie11 del Color
- ¡Estoy perdido! ... ¡Patean!

.

IV:IOLETI

57 1

XI

G ilberto abrió presuroso ... Una mujer cayó desfallecida en sus brazos ...

Las noticias de la señorita de Sainte-Severe eran muy exactas: cierto día
anunció que el conde de Bagrassand, rompiendo con sus antiguas costumbres,
consentía en irá establecerse en París, lo cual juzgaba necesario para la instrucción de los niños; y pocos días después, Gilberto supo que se le había inducido á comprar de nuevo el palacio de la calle de Babilonia, cualquiera que
fuese su precio, pues nada era imposible para aquella fortuna enorme que vencía todos los obstáculos. Bastaba que la vizcondesa indicase un deseo para que
se realizara al punto, y todos sus caprichos quedaban satisfechos. Por último,
habíase procedido á la redacción del contrato, en virtud del cual el conde doblaba las anteriores ventajas, cediendo ahora cuatro millones á la vizcondesa
de Cabro!. Ante estas confidencias, Gilberto se sintió agobiado por el sentimiento de su impotencia, bajo el peso de aquella fortuna que aniquilaba sus
últimas esperanzas.
La señorita de Sainte-Severe parecía mostrarse indiferente á tan deslumbradora riqueza y hablaba de los millones con la mayor naturalidad sin manifestar
envidia. No era esta fortuna Jo que ella deseaba, sino el bienestar que permitía
á Gilberto vivir independiente; y sin decírselo á él, dábalo á entender bastante.
Mientras se paseaba con Maujeán en su jardín, elogiando su pequeña casa, dirigía á todos los objetos miradas codiciosas, pronunciando frases entusiastas en
que se revelaba su pensamiento íntimo.
Gilberto vió á la institutriz la víspera misma del día en que debía celebrarse
el casamiento. Había resuelto alejarse, volverá Roma; pero quiso aguardar hasta
lo último, aunque decidido á marchar, no pudiendo resolverse de una vez, como
si aún esperase un imposible.
- Todo está preparado, díjole la señorita de Sainte-Severe; la ceremonia se
celebrará en el castillo de Mareuil, en el gran salón, y la marquesa confía en
poder bajará presenciarla. El alcalde, que es uno de sus colonos, no puede
rehusarle nada, y el notario se ha trasladado á Mareuil para la firma del contrato. Ha ocurrido una cosa que yo no comprendo, y es que el castillo, del cual
se tenía solamente el usufructo, no perteneciendo ya á la familia á causa de
estar sobrecargado de hipotecas á la muerte del vizconde, figura de ¡mevo en el
contrato como donativo de la marquesa ... En fin, volviendo á lo que decía, la
ceremonia se verificará en el salón y en seguida irán á la iglesia ... El sacerdote

La noche comenzaba á cerrar, y Gilberto entró en su casa para hacer los
preparativos de viaje. Apenas tocó la comida, que como de costumbre le habían llevado de la posada inmediata, y empujó hasta un rincón la mesa tal como
estaba servida.
Después paseó de un lado á otro, entregado á sus reflexiones; de vez en cuando dejábase caer en el sofá y volvía á levantarse casi a_l punto, poseído de ~,na
agitación febril que no le permitía el reposo. Y el tiempo pasaba; las bu11as
ludan en sus candelabros con llama vacilante. ¡Qué noche! Parecíale que en
aquellas pocas horas se había concentrado toda su vida de los añ~s transcurridos; y aleccionado por su propia experiencia, imagin?se que al fin i~a. á ~esolver
un enigma, un problema de psicología social, la razon de ser, la legitimidad de
las castas.
¡Ah!¡Cómo defendían su posición aquellos á quienes él había creído tan bien
dispuestos á recibirle en su seno! Y una vez en la ciudadela, ¡cómo re~h~za?an
la escala con el pie, y qué compactos se mantenían, celosos de sus pnvileg1os,
de sus títulos y de esas partículas que ya á nada conducían ...
¡A nada! ¿Era efectivamente así? ... ¿No seda la falta de un nombre con título lo que á pesar de las protestas de Blanca había sido el principal obstáculo
para que ésta le aceptara? No cabía, pues, decir que esto no con_ducí~ á nad~...
Los menos afortunados de esos elegidos, aquellos á quienes su situación_ debiera vendar los ojos, lo comprendían tan bien, que se mostraban los m~ intratables. La condesa de Chalieu, aun siendo tan pobre como era, cons1der~base
muy superior á él, que no parecía existir siquiera para las señoras de Preville y
de Tertre. Por otra parte, ¿no se había separado de su sociedad al no participar
de sus preocupaciones? Es preciso aceptarlo todo del partido á que uno pertenece; pero él hacía sus reservas ... ¡Cómo se habían aprovechado de e~to! ¡Aquellas santas mujeres que le admitieron benévolas como amante de la vizcond~sa,
cuando se creyeron autorizadas á ello por las apariencias, no habían podido
tolerar la idea de que llegase á ser esposo legítimo de Blanca de Cabro!!
Olvidaba, á decir verdad, á la señorita de Sainte Severe, ajena átales supersticiones; pero ésta era una tránsfuga que había desertado de los suyos. De modo que también se contaban excepciones, pues lo mismo podía decirse de la anciana marquesa de la Fonfreyde ... Llegada á cierta edad, prescindía de todas
esas fútiles distinciones; sólo ella era razonable, y por eso la tachaban de !_oca.
Reflexionando así, recordó particularidades en que no se fijara en otro tiempo. En la sociedad en que tan bien se le recibía, tratábasele, á su mo~o de ver,
con cierta cortesía exagerada, dispensándosele consideraciones demasiado at~~tas, jamás solicitadas por él; y esto se hacía sin duda para trazar una lfnea divisoria é impedir la familiaridad. Gilberto pensaba en el conde de Bagrassand,
que á pesar de haberse mostrado tan amigo y tan amable, sieID;pre observó _con
él formas de la más refinada cortesía, tanto que con frecuencia pensó d~cirle:
«¡Cuánto le agradecería, señor conde, que no fuese usted tan atento conmigo! ...
No lo era tanto con Pedro y los otros.»
Pedro de Cabro!, sin embargo, ¿no había sido para él un verdadero amigo,
entusiasta, cariñoso y sin altivez, siempre leal y generoso? ... Esta era otra excepción, que le prohibía englobará todos en la misma censura de insoportable
orgullo.
¿Qué tenían para justificar tal pretensión? ... ¿Sus tradiciones? Estas podían
perderse, pues los que abandonan la familia y caen en la miseria no las conservan ... ¿Su educación, su tono de buena sociedad? ¡Bah! Esto se adquiere, y á
Gilberto le parecía haberlo adquirido. Sin embargo, le rechazaban, á él, su defensor, que pensaba como ellos ...
Así, poco á poco, una sorda cólera invadía su corazón. La sangre de los Maujeán, aquella sangre plebeya y celosa de la igualdad, hervía en sus venas y se
rebelaba. No obstante, á pesar de indignarse contra ellos, no tenía en su interior ninguna censura contta la mujer á quien hubiera debido agobiar con su
cólera. Blanca era la que le abandonaba, la que más cruelmente le había arrojado á la humildad de su cuna, y sin embargo no tenía fuerza para encolerizarse
con ella. Parecíale tan natural que quisiese conservar su categoría en la sociedad, y de tal modo veía en la vizcondesa la expresión y el tipo de aquélla, que
su abandono se convertía en una especie de virtud de estado y en un mérito.

�57 2

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

506

- ¡Dios mío!, exclamó Gilberto. ¿Qué tieHe usted, qué ocurre?
Blanca halló en su dolor fuerzas para sonreirse, é hizo con la
mano una señal indicando á Gilberto que esperase hasta que
pasara aquella debilidad para explicarse.
Entonces, arrodillado delante de ella y fija su ardiente mirada
en aquel rostro que recobraba poco á poco sus colores, comenzó
á meditar cómo era posible que la vizcondesa se hallase allí; que
aquella mujer cuyo casamiento debía efectuarse dentro de pocas
horas, estuviera en su casa, bajo su mismo techo y en sus brazos. Gilberto preguntaba con dulzura, temiendo que hubiese
ocurrido algún drama en Mareuil ó en la Rivoironne, ó que algo
terrible la hubiera obligado á marchar. Blanca sonr~ía, moviendo la cabeza. No, nada de esto había sucedido.
Por fin se incorporó, mirando á su alrededor con curiosidad.
_,
- ¡Ah!, exclamó. ¿Ya tiene usted preparado su equipaje? ¿Decididamente se marcha? ¡Pues bien: haremos el viaje juntos!
Gilberto se puso en pie al oir estas palabras.
- ¡Oh, Blanca, Blanca!, exclamó. ¿Qué dice usted? ¡Marchar
juntos! ... ¿He oído bien? ¿No es la fiebre ó el delirio lo que la
induce á decir eso?
- No, contestó la vizcondesa; no estoy loca .. . Tal vez lo estaba hace un mes, cuando me engañé á mí misma ... ¡Cálmese
usted, siéntese junto á mí y lo sabrá todo!
Hízolo así Gilberto, con el corazón palpitante, y volvió á interrogar á Blanca.
- ¿Ha huído usted, pues, de Mareuil?
- Sí.
- ¿Sola, á pie ... de noche?
- ¡Sola, sí, á pie, de noche! ...
- ¿Y sin decir nada, sin avisará nadie?
- ¡Sin advertirlo á nadie! He querido dar un paso decisivo ...
cortarme la retirada, y ya está hecho ...
Entonces, arrodillado delante de ella y fija su ardiente mirada en aquel rostro que recobraba
Gilberto se arrodilló de nuevo, y cogiendo las manos de la
!poco á poco sus colores ...
condesa, besólas apasionadamente.
- ¡Hable usted, dijo; yo la adoro con locura! ¡Jamás la he amaEl corazón de Maujeán se irritaba contra tal felonía y á cada instante avivábase do tanto como en estos felices momentos!
más su dolorosa llaga; pero todo en vano. Blanca era para él como esos niños
- Ya lo sé, contestó Blanca; estoy segura de ello ... ¿Qué desea usted saber?
irresponsables y con exceso queridos, á quienes no se puede menos de perdo- Vamos á marchar, á poner la frontera entre Mareuil y nosotros. Nos ca~arenar el daño que hacen.
mos en el extranjero.,. ¿No le digo á usted bastante con esto?
Solamente el amor, ese salvaje instinto de la naturaleza, rompía algunas veSu ánimo, fijo en esta resolución, no parecía poder ocuparse de otra cosa;
ces los cuadros de la sociedad escogida de que la vizcondesa formaba parte; todo lo demás tenía poca importancia para ella. Recomendaba á Gilberto la
elevaba á los unos y precipitaba á los otros; pero el amor de Blanca no había calma, y sentíala ella misma, en la exaltación de sus pensamientos, con los nerllegado á este punto y era excusable. Las grandes pasiones no se producen tal vios sobrexcitados.
vez en esas altas esferas, ó por lo menos son raras, considerándose como un
- No se inquiete usted por nada, dijo, pues todo lo he previsto. Mi equipaindicio de innoble cuna, como señal de ordinaria y baja estirpe, en la que re· je estará aquí muy pronto, apenas raye el día, pues ya lo tenía preparado para
aparece la primitiva impetuosidad. La vizcondesa era de una raza escogida, refi- el viaje de boda, y solamente me faltaba cerrar los cofres. También traerán á
nada, algo fría y que no conoce esos arrebatos. Siempre fué para él, á pesar de los niños... Ya comprenderá usted que no podía abandonará Guy y Juana...
su ternura, la vizcondesa de Cabro!; ahora era, ó sería dentro de algunas horas, No careceremos de cosa alguna; yo no necesito nada...
la condesa de Bagrassand. Entretanto, él partiría para volver á la obscuridad,
Y añadió con una sonrisa:
para que nada perturbase, empañara ni disminuyese la felicidad de que iba á
- Los millones del conde me han infundido temor...
disfrutar, la brillante restauración que el conde le preparaba.
Poco á poco, la vizcondesa se tranquilizaba, expresábase con más calma, y
Y cuando pensaba en ellos, representándoselos cogidos del brazo, horribles consintió en dar las explicaciones que se le pedían.
visiones cruzaban por su mente y parecíale que el aguijón de los celos le des- ¿No comprende usted, dijo, lo que ha pasado en mí? Hasta el último insgarraba el corazón. ¡Sin embargo, si él hubiese querido! ... De repente se levan- tante vacilé. luché ... y vacilaba aún cuando le vi á usted en la «estación del
tó y comenzó á dar vueltas por su habitación con ademanes furiosos.
descanso.» Todas las razones, las malas razones quP. le dí á usted, me habían
¡Sí, si él hubiese querido, si no la hubiera respetado aquel día en su aposen- convencido al fin ... ¡Me opuso usted tan pocas objeciones!... Y los días pasa·
to, cuando perdían la razón! ... Habría quedado unida con él para siempre, sin ban, y yo dejé que las cosas siguieran su curso... Pero hoy, esta tarde, esta
posibilidad de remediar lo hecho ... ¡Para siempre! ¿Quién sabe? ... Tal vez ten• noche, cuando vi que todo había concluído... que todo estaba dispuesto ... el
dría sobre este punto los mismos escrúpulos que la señora de Chalieu y las salón arreglado para la ceremonia de mañana... no sé lo que sentí... Acababa
otras; tal vez considerándole suficiente como amante, no le habría creído, ni
aun después de su falta, bastante elevado para ser su esposo.
En medio de estas reflexiones, extrañas ideas se agolpaban á su pensamiento, ideas novelescas de una imaginación infantil, que no podía rechazar y que
se complacía en seguir ingenuamente, dejándolas desarrollarse como para buscar consuelo á su desgracia. Parecíale ver á Blanca al día siguiente en el salón
de Mareuil, frente al señor alcalde, cuando éste hiciera la pregunta sacramental: &lt;&lt;¿Consiente usted en tomar por esposo ... ?» Veíala levantarse pálida, resuelta y contestar con un enérgico «¡no!» Seguíase á esta escena profundo silencio
y el asombro de los convidados, que se miraban entre sí... O bien por la noche
en su habitación, cuando el conde se arrodillara.ante ella, decirle con tono re-~ -,
suelto: «No se acerque usted á mí, caballero, ó de lo contrario me daré muerte ... » Y blandía un puñal, ó un frasquito de veneno ... ¡En fin, locuras!
l
Muchas horas hacía que Gilberto se entregaba á estos pensamientos; el reloj
señalaba las dos; las bujías de los candelabros estaban medio consumidas, y á
su alrededor, en aquella casa deshabitada y en aquel camino desierto, reinaba
un silencio profundo, la tranquilidad de las cosas que dormitan. Al mirar por
la ventana, creyó al pronto que comenzaba á rayar el día, pero eran los rayos
de la luna que blanqueaban en aquel instante los macizos de árboles del jardín.
Sintiéndose rendido de fatiga, volvió á sentarse en el canapé, en demanda de
descanso.
f
¿Se había dormido? De improviso, en medio de aquel triste silencio, la puerta del jardín, que él no cerraba nunca, abrióse bruscamente, y en seguida se oyó
com_o el paso rápido de una persona que cruzase los caminales. ¿Quién venía?
1:,a idea de una desgracia cruzó por su mente; pero en el mismo instante expe~ment_ó una alegría inmensa, en la cual no podía creer, y que era como la contmuac1ón de sus sueños novelescos de antes. Corrió al vestíbulo y pudo oír entonces un ligero ruido, como el que produce una mano que busca á tientas la
campanilla ó la aldaba de la puerta.
Giiberto abrió presuroso ... Una mujer cayó desfallecida en sus brazos, dejando escapar sollozos que ahogaban su voz.
- ¡B!anca!, exclamó ... ¿Es posible? ¿Es usted realmente?
La Vizcondesa no podía contestar; su cabeza se inclinaba tan pronto á un
lado como á otro, porque perdía el conocimiento. Gilberto la sostuvo en sus
"': -~-.. brazos, condújola al canapé, y allf permaneció la vizcondesa inmóvil, con la
' .. , .......
.cabeza echada hacia atrás sobre el respaldo, con los ojos medio cerrados y muy
pálida.
... y en su consecuencia, introdujo una carta por debajo de la puerta.

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ijÚMERO

506

... y sirvió él mismo

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

á Blanc:t, que devor6, sonriendo, cuanto le ponla delante

~e en!rar en mi habitación, hallábame sola, no me había acostado, y en aquel
silencio profundo comencé á pensar ... ¡Sí, á pensar en usted, á quien iba á perder para siempre!... ¡Ah! ¡Con qué fuerza estaba arraigado en mí este amor que
nos enlaza! ¡Cómo se infiltraba en mi corazón por todas las fibras! Jamás le dije
á usted nada; mas ahora le confieso que ya en París le sentí nacer... su marcha
me lo descubrió todo: que usted me amaba y que yo estaba dispuesta á corresponderle... Después ... aquí, cuando fué preciso volver á Mareuil en mis horas
de ocio, aún pensaba en usted y acabé por no pensar en otra co~a... ¡Al fin vol~ á ver!~! ... Entonces pude conocerle mejor, apreciar bien hasta qué punto se
d1ferenc1aba de otros y comprender el carácter de usted que me domina por
el talento, y que en la larga intimidad de un año me ha revelado usted todo un
mundo para m! hasta entonces desconocido. ¡Yo, que le amo y admiro, iba á
perderle para siempre y en muy pocas horas!... A medida que el tiempo pasaba
invadíame un terror invencible y llegué á temer al conde. Veíale entrar al día
sigu!ente en Mareuil y después en mi aposento... parecía que las paredes del
castillo, desplomándose sobre mí, me sofocaban, y pensé que mientras sintiera
su peso no tendría valor para contestar con un no... No temía ya la pobreza
para mí ni para mis hijos. ¡Pobres digo!... No lo serán, gracias á la marquesa,
que ha rehecho nuestra fortuna. La propiedad de Mareuil nos ha sido restituida libre de toda carga, y por lo tanto sin molestar á nadie podía seguir mi inclinación, vivir con usted de la manera que yo he soñado... Al pensar esto, quise
acabar de una vez, huir de allí al punto, correr en busca de usted... Si hubiese
esperado la aurora, seguramente no habría partido... habría sido cobarde... y por
eso emprendí la fuga.
- Pero ¿por qué prodigio ha podido usted salir de allí?
- Verdaderamente se puede llamar prodigio, pues cuando salí de mi habitación era tarde, muy tarde... En medio de la fiebre que me abrasaba, conservé
sin embargo bastante lucidez de espíritu para pensar en todos los detalles y
hallábame poseída de cierta exaltación. No me era posible dar orden para que
enganchasen, ni tampoco llevarme los niños que estaban acostados, pues la señorita de Sainte-Severe dormía en el aposento inmediato y no quería confiarle
mis proyectos; pero podía servirme sin conocerlos...
Blanca entró aquí en algunos detalles para explicar á Gilberto lo que había
imaginado á fin de que Guy y Juana pudieran reunirse con ella. Tenía costumbre de no despertar á la señorita ele Sainte-Severe después de retirarse ésta á
su habitación y de comunicarle sus órdenes por escrito, y en su consecuencia
introdujo una carta por debajo de la puerta. En pocas palabras rogaba á la institutriz que apenas amaneciera enviara ?U equipaje á la estación de Chatillón,
dando orden para que el coche se detuviera delante de la casa de Gilberto, para
un encargo que le había confiado. Añadíale que todo esto había sido convenido
ya con el conde para facilitar la marcha al día siguiente, y recomendábale también que con el coche fueran Guy y Blanca, distracción que les agra baba mucho
y de la cual no sé atrevería á privarles la institutriz. Los cofres estaban en el
vestíbulo y se los llevarían sin entrar en su cuarto, donde nadie penetraba mientras Blanca no llamase. Cuando la señorita de Sainte-Severe marchase con los
niños, creería que la vizcondesa no estaba levantada aún.
- Dispuesto así todo, continuó Blanca, me encaminé á obscuras hacia la escalera grande, atravesando los corredores, y llegué al pórtico... En el patio, los
perros gruñeron, pero calláronse al reconocerme... La verja estaba cerrada y me
fué preciso dar la vuelta al castillo y atravesar el jardín... Recordé que en un
sitio la cerca se había derrumbado en parte y al fin lo encontré ... No hubo más
remedio que arrastrarme sobre la hierba y mi vestido se desgarró entre los matorrales en el momento de salir fuera. Una vez en el camino, emprendí la marcha apresuradamente... ¡Ah! ¡Qué largo me pareció este camino que había reco~
rrido con tanta frecuencia! Se me figuraba oir rumor de pasos que me perseguían, ver personas apostadas en cada matorral, y cuando al fin divisé las luces
de la ciudad y reconocí la puerta de la casa de usted, consideréme feliz, libre,

573

salvada; pero entonces me estremecí al pénsar que tal vez se habría
marchado ya... Y al verle, s.obrecogióme el desfallecimiento. Ahora es
preciso huir, y esto cuanto antes... No quiero ver más al conde...
- Pero, repuso Gilberto, cuando noten la ausencia de usted, creerán
que ha ocurrido alguna desgracia, y la marquesa ...
- Ya he pensado en ello y por eso he dejado una esquelita sobre mi
velador... ¡No hay cuidado; no me guardará rencor por eso! En mi carta
le suplico que me excuse con el conde y ella· sabrá arreglarlo todo.
Además le prometo que apenas sea posible volveremos á reunirnos con
ella...
- ¿Y ha hecho usted todo eso por mí?, preguntó Gilberto.
Y arrodillado aún ante Blanca, comenzó á besar de nuevo sus manos;
mientras ella, cogiendo su cabeza en el impulso de su pasión, apoyóla
sobre su seno; Gilberto levantó un poco la frente y sus labios se tocaron y unieron.
¡Bien podía ahora oprimir contra su corazón, estrechar y acariciar á
la mujer tan ardientemente deseada desde hacía tanto tiempo! El amor
que Blanca acababa de confesar, más grande de lo que él podía haber
soñado, centuplicaba su propia ternura. En aquel momento sentíase
capaz de hacerla olvidar cuanto abandonaba por él, los millones, el
título y su sociedad, y así se lo decía. Blanca le había comunicado su
ardimiento;_ aceptaba la idea de aquella fuga, semejante á un rapto, y
hallábase dispuesto á seguirla. Seducíala sobre todo aquella calaverada,
aquel capricho de mujer, que defraudando todas las esperanzas del
conde en el último instante, cuando todo estaba preparado para su
casamiento, huía á pie, de noche, sin llevarse nada. Y contemplaba las
manchas que la hierba había dejado en su vestido, los rasguños que las
espinas habían inferido en sus manos delicadas al cruzar la cerca...
¡~!anca, la vizcondesa de Cabro!, había sufrido todo esto para irá decule que le amaba, que no amaba á nadie sino á él y que iban á marchar juntos para casarse!... ¡Al fin sería su esposo!
Los dos seguían ~brazados, poseídos de la misma embriaguez, dejando volar su pensamiento en esos mil sueños de sensaciones felices de
que en breve podrían disfrutar. Seguros de una felicidad á que ya tocaban y que solamente de ellos dependía, ni aun pensaron en la solicitación de sus sentidos, que por su misma embriaguez sumíales en un
letargo delicioso y enervante que aniquilaba la energía de sus almas.
Con las manos convulsivamente cogidas, permanecían silenciosos, contemplando á través de los vidrios la pálida luz de la aurora naciente
que les llevaba la felicidad.
'
Muy pronto penetró en la habitación la luz alegre del día, y hubiérase dicho
que con las últimas sombras desvanecíanse la pesadilla, las malas inteligencias
que durante tan largo tiempo les tuvieron separados; sus esperanzas juveniles
despertábanse con los tenues albores matutinos y la alegría dilataba sus corazones.
- Los niños no pueden tardar... dijo Blanca.
Y fué á mirar por la ventana. Después, para distraer su impaciencia1 comenzó
á pasear por la habitación, cruzando entre los cofres y muebles y hablando sin
ilación sobre las últimas medidas que se debían adoptar para el viaje... Al fin
se detuvo ante la mesa aún servida y contemplóla sonriendo.
- ¡Qué vergüenza, exclamó, debo confesar que tengo hambre! ... No he comido nada en todo el día de ayer...
Gilberto adelantó una silla presuroso y sirvió él mismo á Blanca, que devoró,
sonriendo, cuanto le ponía delante. No dejaba de ser curioso aquel apetito en
medio de las Zf&gt;zobras que debían inquietarla.
Cuando hubo concluido, volvió á pasearse por la estancia con paso febril,
dirigiéndose á menudo á la ventana para escuchar los más leves rumores y muy
pronto dió señales de impaciencia. Gilberto se esforzó para tranquilizarla, pero
él mismo estaba inquieto. De repente oyóse el ruido de un carruaje; los dos se
precipitaron hacia la puerta y divisaron el landó de la marquesa; mas llegados
al camino, solamente vieron en él á la señorita de Sainte-Severe, que acababa
de apearse.
- ¿Y Guy y Juana? ... preguntó Blanca.
- Se han quedado en el castillo; el conde de Bagrassand no ha permitido
que vengan.
- ¡El conde de Bagrassand! ¿Con qué derecho?
- ¡Dios mío, señora, se ha de tener en cuenta que es su tutor y que tiene
alguna autoridad sobre ellos!... En tales condiciones, he creído de mi deber
obedecerle.
(Continuará)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

574

NúMERO

506

ejemplo, entre los pequeños hornos alimentados por . La fig. 2 representa la instal_aci6n de un alto horlas corrientes de aire naturales y á veces por fuelles no para carb6n vegetal del siglo pasado. Aquí se
de cuero, y estos grandes hornos de la industria mo- trata ya de una metalurgia más complicada que la
EL HERRERO EN 1791
derna cuya altura excede en algunos de 15 metros, de la fragua catalana, pues este ho_rno da un producNuestra época ha presenciado en el transcurso de que están provistos de sopladores potentes y de ap~- to intermediario, el hierro fundido que, refinado
los últimos cincuenta años una serie de transforma- ratos regeneradores de calor y que pueden producir luego, se transformará en hierro soldado. La elevaciones que han afectado profundamente á las grandes diariamente de 2 á 300 toneladas de metal, sobrepu- ci6n del alto horno no excede de 5 metros Y las majando de esta suerte en un día lo que los terias depositadas en el nivel sµperior s?n a_rrojadas
antiguos hornos producían en muchos al cañ6n á fuerza de brazos: en la parte mfenor se ve
años.
el agujero por donde salen las esc~rias. Este horno
La transformaci6n es tan completa, recibe el viento por dos fuelles movidos por una ruegue con ser casi contemporáneos nues- da hidráulica, y las aletas puestas en el· árbol de la
tros aquellos procedimientos, se nos pre- misma comprimen alternativamente. los dos fuelles
sentan hoy ya como una evocaci6n de poniendo en tensi6n dos perchas flexibles que forman
tiempos remotos y apenas podemos con- resortes los cuales, al cesar la acci6n de la aleta, se
vencernos de que nuestros antepasados alzan a:rastrando los referidos fuelles. Los galápagos
hayan podido contentarse con ellos s6lo fundidos así obtenidos, que son enviados después á
algunas generaciones antes de nosotros. la fragua para su refinaci6n, se pesan en la ingeniosa
Pero sea de ello lo que fuere, esa com- báscula que se ve en el centro del grabado.
paraci6n de procedimientos de fabricaComo espécimen de las industrias_ anexas á l_a heci6n de lá metalurgia á un siglo de dis- rrería reproducimos en la fig. 3 la vista de la mstatancia presenta un interés excepcional. laci6n de un tren de fundici6n del siglo último: en
Un distinguido ingeniero francés, M. Ha- ella aparecen los dos laminadores movidos ~or e~llopeau, hizo de este asunto, cuando la granajes de madera regidos por dos rued~s h1dráuhúltima Exposici6n universal de París, te- cas. El hierro, adelgazado á mano, se calienta en el
ma para una conferencia notable y jus- horno que se ve á la izquierda y empiez~ por p~sar
tamente aplaudida. Esta conferencia, en por entre los dos cilindros planos del pnmer lammala que compar6 la situación, el material dor de donde sale en forma de plancha, y pasa al
y los procedimientos del her ro en 1789 se~ndo, cuyos cilindros provistos de puntas salientes
y en 1889, acaba de ver la
Fig. J. Instalación de una fragua catalana
luz acompañada de grabados altamente curiosos que
industrias. Los procedimientos de fabricaci6n, hasta el autor ha reproducido tomándolos de
entonces poco menos que estacionarios, han sufrido los tratados de metalurgia del siglo pasauna modificaci6n completa cuando á ellos se han do, especialmente de la obra del maraplicado los datos resultantes de los recientes descu- qués de Courtivron y de M. Bouchu, edibrimientos científicos y de los progresos de toda es- tada en 1768 con el título de Arte de
pecie de que éstos han sido punto de partida. El ma- forja, y de los estudios sobre el arte de
terial empleado se ha transformado también rápida- fabricar el hierro publicados en 177 5 por
mente cuando la industria ha podido disponer de Mauricio Grignon, sabio herrero de la
máquinas poderosas muy superiores á las anterior- Champaña. Creemos que interesará á
mente conocidas y capaces de ejecutar á menudo de nuestros lectores la reproducción de _a)una manera automática labores delicadas y de gran gunos de esos grabados que les perm1t1precisi6n que parecían exclusivamente reservadas á _rán hacer por sf mismos esa sorprendenla mano del hombre.
te comparaci6n sobre la transformación
Esta transformaci6n, casi súbita y sin embargo tan capital que las herramientas de herrería
importante, que imprime á nuestra época su carácter han sufrido en el transcurso de un siglo.
especial es sensible sobre todo en las grandes indusLa fig. 1 representa la instalación de
trias primordiales, como la agricultura y la metalurgia, conjunto de una fragua catalana: á la decuyos materiales y procedimientos habíanse conser· recha se ve el martinete que servía para
vado casi sin alteración alguna al través de los siglos. forjar la masa de hierro sin colar que se
extraía del bajo hogar: este
Fig. 3. Instalación antigua de fundición
martinete funcionaba movido por una rueda hidráulica
cuyo eje llevaba unas aletas que alterna- lo cortan longitudinalmente en trozos que un obrer?
tivamente levantaban y dejaban caer el va colocando en la pared. Para evitar que los la_m1martillo, apoyando sobre el brazo opuesto nadores se calienten dirígese hacia éstos una comende la palanca, En el centro se ve el ho~ar te continua de agua.
La fig. 4 representa la instalación del hogar d,espropiamente dicho, cuya casa post~nor
montable
de los herreros ambulantes que recoman
estaba formada por un pequeño tabique
las
poblaciones
rurales para reparar los yun9ues: en
que protegía el fuelle, constituido por un
ella
se
ve
la
fragua
con los dos fuelles protegidos por
aparato de los más primitivos! llamado
el
pequeño
muro.
Estos
fuelles, que no tenían menos
trompa, cuya invenci6n, realizada en
de
7
pies
de
longitud
por
2 y medio de anchura, eran
Italia no remonta más allá de 1650: era
una ;specie de cubo colocado boca_aba- movidos á falta de fuerza hidráulica, por cuatro homjo, al que se hacía llegar una. comente bres qu; los aplastaban con los pies apoyándose almixta de aire y de agua conducida por un ternativamente en uno y otro, recobrando aquéllos
tubo hueco formado generalmente por su posición normal merced á la reacción de perchas
un simple tronco de árbol con unos agu- flexibles. Cuando el hierro del yunque que había que
jeritos en su corteza, por los cual~s se reparar estaba caliente, esos mismos _hombres aban·
atraía el aire arrastrado por la comente donaban sus puestos y acudían á batir la masa con
de agua tomada de un arroyo vecino. El sus martillos, después de lo cual e_l yunque era suaire se acumulaba en el depósito inferior mergido en un depósito de agua fna para de este mo·
y desembocaba en el bajo
Fig. 2. Alto horno antiguo· para carbón vegetal
hogar por dos conductos
llamados toberas. Con tan
El arado de los romanos, aratrum, en cierto sencilla instalación sabido es que se obmodo asociado á la historia de este pueblo agrícola tenía el hierro directamente, sin pasar
y guerrero, la hoz y el mayal que encontramos tam- por el intermediario la fundici6n, pero
bién en las leyendas y ceremonias religiosas de la era á costa de un trabajo largo y dispenmayoría de los pueblos, casi todos los útiles de agri- dioso en el que se consumía un peso de
cultura, en una palabra, han llegado á nosotros tales combustible más de tres veces mayor
como nuestros remotos antepasados los conocieran que del hierro obtenido. Como los proy sólo en nuestros días el antiguo arado se transfor- ductos así preparados eran por regla gema para dar paso á instrumentos de tipo distinto neral de calidad superior, ha podido conque, por decirlo así, no tienen de común con él otra servarse este procedimiento hasta nuescosa que el nombre. Del mismo modo la hoz se va tros días en los países montañosos, como
perfeccionando hasta llegar á la máquina segadora los Pirineos, para el tratamiento de los
que, si es preciso, se encarga de atar en gavillas las minerales muy puros que en ellos se encañas y las espigas que su cuchilla derriba; el mayal, cuentran; pero poco á poco estos hornos
por su parte, cede su puesto á las trilladoras mecáni- se han ido extinguiendo y hoy difícilcas de diversos tipos, movidas por caballos ó por el mente se encontraría uno en Francia.
va por y de una potencia infinitamente superior á la En efecto, M. Hallopeau participa que
la última herrería de este género estable;de aquél.
Los mismos cambios encontramos en la metalur- cida en los Pirineos y que visitó en 188.z
Fig. 4. Hogar desmontable de herreros ambulantes
gia, pues no cabe establecer una comparaci6n, por ha sido recientemente ceri:ada.
SECCIÓN CIENTÍFICA

NúMERO

506

575 .

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

do endurecer prontamente el poste que lo sostenía y
que era de acero.
El estado rudimentario de las herramientas de he .
rrería en el siglo pasado demuestra cuál era la rutina
de los procedimientos empleados, y la obra de M. Grignon antes citada prueba, en efecto, el atraso en que se
encontraban, así la teoría como la práctica. En esta
obra, el autor, después de explicar c6mo ha hecho el
estudio de los procedimientos metalúrgicos, expone
las investigaciones por él realizadas para encontrar la
razón de las diversas operaciones metalúrgicas que
en la misma describe; sin embargo, M. Grignon no

pudo comprender las reacciones químicas, pues no
tenía noción del oxígeno y de la importancia capital
de las pesadas que algunos años después (1778) debía revelar Lavoisier.
Merece también recordarse el trabajo de Vandermonde, Monge y Bartholet sobre la fabricación del
acero, publicado en 1793 por orden del comité de
Salud pública: en él se consignan los principios exactos en que tal fabricación se funda, pero en cambio
contiene nociones químicas erróneas por lo que á la
fundición se refiere.
Los problemas de la constituci6n de los fundidos,

de los hierros y de los aceros eran, por lo demás, de
difícil estudio, porque los análisis se hacen en proporciones de materias infinitesimales; no siendo, pues,
de extrañar que á pesar de los trabajos de los más
renombrados químicos de nuestro siglo, no aparezcan,
aun hoy en día, completamente dilucidados en todos
los casos. Sin embargo, la ingeniosa teoría celular
debida á los señores Osmond y Werth, desarrollada
por el primero de una manera tan notable, parece
llamada á arrojar nueva luz sobre la constituci6n fn.
tima de estos cuerpos.
(De La Nat11re)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
núni. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad, de los Sres. Calvet y C.•, Diputación, 358, Barcelona

OS ¡11llUU·ALIE8PErtta
78, Faub. Saint-Denla
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PAA16
... ~ 1 4 . , T O ~ ·

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AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
ARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

GRANO-DE LINOJARIN
ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS.

F~R~dtéi~s

-La coja: lfr. 30.

Lu
Personn 111• conocen las

Curación segura .,

r

PILDORASt~DEHAUT

DI

la COREA, delHISTEBICO
1:: CONVULSIONES, del NERYOSISMO,
da la Agitacion nenlou de las lugeru
en el momento

CARNE y QUINA

de laMenstruacion yde

ll Allmento mu reparador, unido al Tónico mas ener¡ico.

VINO ARDUO cou QUINA

LA

T CON TODO!I LOS PBfflCJPIOS mmunvos SOLUBLBS DB u CARNE
Qllll'H I son los elementos que entran en la eoml)(lslclon de este llOtente
reparador de las tuerzas vitales, de este roniDHa&amp;e por eaeeieneia. De un gusto suCl.la.'IE 1

GRAJEAs°" llELINEAU
0

En todas las Farmacias

.,,. J.IOUSNIER1C ',11Sceau1,urulahrl1

mamente agradable, es t10berano contra la J.nemta y el J.pocamtento, en las Calentura,
y Conoalaencias1_contra las Diarreas y las J.feccwnes del Bstoma(lo y los tntesttno,
Cuando se tm.a de despertar el apeUt.o, asegurar las digestiones, reparar las tucl'%8ll,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,oC&amp;d&amp;s por los calores, no se conoce nada superior al l'ln• de 9uiaa de Arouca.
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SB VBNDK KN TODAS LAS PlUNClP..u.BS IIOTICAS.

EPILEPSIA
,,,j

,

DE PARIS

no ti_tubean en purgarse, cuando lo

nec~sitan. No temen el asco ni el cauBancio, porque, contra lo que sucede con
I~s demas purgantes, este no obra bien
sino c_uando se toma con buenos alimentos
Y bebidas fortificantes, cual el vino, el caf¡j,
el té. Cada cua~ escoge, para purgarse, la
hora Y la comida iue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado porel efecto dela
buena alimentacion empleada uno
se decide fáeilmente á volvér
4 empe.ar cuantas veces
sea necesario.

JARABE ANTIFLOGÍSTICO ·oE BRIANT
l••

.,,....,.,..,,.., CALLB DB BrJ'OLE. 150, PA.BE8, 1f .,. toaae
.lfannac,_
El ~ABE DE B.RIANTrecomendauo &lt;1esde su prlnclplQ, por los profesoree
~e11nec, Thénard, Ouersant, etc.; ha reclbl&lt;lo la consagracfon &lt;1el tiempo: en el
ano i829 obtuvo el privilegio &lt;le Invención. VERDADERO COIIFITE PECTORAL, con base

•

.EXIJASE 11~ºtt;: 1 AROUD

&lt;le goma l &lt;1§ ababol.es, convtene•. sobre to&lt;lo a las personaa '18Uca&lt;las como
mUjeres l nlnos. su gusto excelente no perJu&lt;llca en mo&lt;lo alguno á su i.ncacla
conLra 108 R!SFRUDOS l tO&lt;las las IIFLll~CIOUS del PECHO "/ &lt;le !OS IITESTJJOS.

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Dracl•on 11porLICOR.
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Porlayor: F. COMAR, 28, rue Saint-Claude, PARIS
la II todu las Juaatias 1 Drogmlas.-ltaitm gratis II follilo ei~icaU ~ ·

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Al por mayor en Cara de

JAIME FORTEZA

34. Eacudtuer■. Barcelona

Participando de las propiedades del Iodo
del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las Escrofulas, la
Tísis y la Debilidad de temperamento,
asi como en todos los casos(Pálidos colores, P..111-~
Amenorrea, &amp;.•).._en los cuales es necesario
· Soberano remedio para rápida curaobrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, o ya para cion de las Afecciones del pecho,
provocar ó regularizar su curso perlóclco. Catarros,Mal de garganta,BronFarmarenUco, en Par!S, quitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reúmatismos, Dolores,
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~ El todurode hierro Impuro Oalterado éxito atestiguan la eficacia de este
, • es un medicamento Infiel é lrritan te. poderoso derivativo recomendado por
Como
prueba de Pildoras
pureza y dede
aut.ent!cldad
de los pri·meros médicos de París.
las verdaderas
lltau~ard,
exigir nuestro &amp;ello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al plé de una etiqueta Depósito Bn tollas tas Farmacias
verde y el seno de garantla de la Unión de
loa Fabricantes para la represión de la fa!Si•
llcaclón. Eil'

~,o

~,t1lO"DESdeIE8ro~
\t~
---r-

Pepsina Boudault
!probada por la füDEIU DE IEDICI.U

y

V~
NB

•SE HALLAN BN TODAS LAS FARMACIAS

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

y

PATERSON
con BISMUTHO 1 MAGNESIA

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mago, Falta de Apetito, Digestiones !abo•
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Modallu en lu Elpoaloloneo lnternaolonalea de

um

18i3

•• IMPLU CON IL . ,TO&amp;

1876

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1867

-eii~~~;ii1~-,

1878

tatTo IN L. .

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OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIQESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

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VOZ BOCA
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emlolon de la voz.-Pnmo: HI R1uu.

¡\

B/CtQtr en el rotulo a ttrma

Adh. DETHAN, Farmaoeutloo en PARIS

�LA

576

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

506

BARCELONA. - PLAZA DE LA PAZ, cuadro de D. Juan Roigy Soler. (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona, 1891,)

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
ZARAGOZA ARTÍSTICA, MONUMENTAL É HISTÓRICA, por
A y P. Gascón de Color. - Hemos recibido los cuadernos 30,
31, 32 y 33 de esta interesante publicaci6n, que contienen,
además del notable texto, ocho bellísimas láminas, entre ellas
varias fototipias, que representan: el patio de la antigua casa
de Torrellas, hoy derruido; un detalle de laceria á rabe del

castillo de la Aljaferla; una ventana de la calle de Boggiero;
una vista de la iglesia de San Miguel de los Navarros; varios
capiteles árabes :le! castillo de la Aljaferia (de la notable co•
lección del Museo provincial de Zaragoza!; un facsímile de
una página del códice número 47 de la notable colección de
D. Pablo Gil y Gil, de Zaragoza (copia del siglo xv1 de la
era cristiana); un detalle interior de la Mezquita, Palacio de la
Aljaferla y la torre de la iglesia de San Juno y San Pedro.
Con el cuaderno 30 termina el primer tomo, para cuya encuadernación se han confeccionado unas elegantes tapas que

~

Enfermedadesd,,Pecho

SOCIED•o
d1 Fo1111ato

•!N•dllla

Jarabe Pectoral

d1fro.
PREMIO
de 3000 r,

DE

P. LAMOUROUX

ºª'ª"º

e,xatmtco, las Bronqutlú, Catarro,, Reuma,, To1, a.,ma é trrltacton de la garganla, han
(B:11tr'"lo ul Fol'lllulam MUieo IUI S" Bo11dGr'41 uttdrdlieo u la Faelllla&lt;I u Medicina (!6- Wewn).
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E! Jarabe de Pierre Lamo"roiu e,
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de la, túanas, á
la, cuales comunica m gusto agra•
do.ble y sus propitdade, calmante,.

Se rende en tod11 /a, buen11 farmaolu.

de H. AUBEAGIEA
• coa %.A.O'l"C'0.AlmTK (Jugo lechoao de Lechuga)

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irangeado al JARA15E y PASTA de AUBERGIER una Inmensa fama, »

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Ap , "hados por la Academia de Mediohla de Paria é inaertada. en la Co.lecci6n
Oficial de Fórmula• Legal•• por decreto mill.iecerial de 1 O de .Marso de 1864,

•s, Calle Vauvtlllen, J'ar11.

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se ofrecen á los suscriptores de esta obra al precio de 3 pesetas.
El primer tomo completo, que forma un volumen de 220
páginas con 6o láminas sueltas y varios grabados intercalados
en el texto, se vende al precio de 33 pesetas en rústica y 35
encuadernado.
El precio de suscripci6n de esta obra es el de una peseta el
cuaderno, y los pedidos, asl de suscripciones como del tomo
completo, pueden hacerse directamente á los autores propietarios, Contamina, 21, 3.°, Zaragoza, y en Barcelona en la Ji•
brerla de D. Arturo Sim6n, Rambla de Canaletas, 5,

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el Raquttttnw, las .Afeccwna e.cro{Ulolas Y eicor/lulfcal, etc. El l'iu• FerractnoH de
&amp;roud es en erecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regulariza; coordena y aumenta considerablemente las fuerzas ó lnCunde a la aan¡re
empobrecida y descolorida : el Ywor, la Colm'aclOft 1 la Bnet'gta 1!fttü.
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eata preparacion. (Se .ende en oaju, ~ la barba, J en 1/2 oaju pan el bicott licero). f'an
IOI MUOI, •pluel l!JLJJ'UMM, D"O'BBJIJK, l,rueJ.•J ••J\0111Hau,Parta.

DUSSER
PATE EPILATOIRE________________________________
__________________
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....:,...

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria

h:1r. og MoNTANn v S1Mól(

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 506, Septiembre 7</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>.itrt&amp;C10t)

Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 14 DE SEPTIEMBRE DE 1891

NÚM.

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

ROSA MÍSTICA, cuadro de D. José María Tamburini. (Premiado en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.)

507

�LA
SUMARIO
Texto .- ilf11r111uracio11es ettropeas, por E milio Castelar. Narraciones: Velo y sudario, por Juan B. E nseñat. - La
Opo1·/1111idad, pc,r Agustín Gonzálex Ruano. - Bocetos: El
Ave del Paraíso, por Juan O. Neille. -Nuestros grabados. Viúondesa (conclusión). Novela original por León Barracand, con ilustraciones de Emilio Bayard y grabado de Huyot. - S ECCIÓN CI ENTÍFI CA : La fotografía infta11tá11ea: COII·
diciones que debe remiir im hum aparato sin pie.

Grabados. - Rosa Mlstira,

cuadro de D. José Maria Tam·
burini (Premiado en la Exposición gral. de B. A. de Barcelona) . - Zaragoza: El dios de las aguas, cuadro de D. Joaquín
Palla rés (Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - Remerdos de Ripoll, fotografías instantaneas facilitadas por D. A. Atmetller. - Titfritero ára/1e,
cuadro de Francisco Eisenhut. - Lavanderas en et río Guadaira, cuadro de D. Juan Garcla Ramos (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). - At ain lil&gt;re, cuadro de
D. Ramón Casas (Exposición general de Bellas Artes de
Barcelona). - Beldades /ondonenses ( de fotografías de A.
Bassano, reproducidas en la revista inglesa Black a11d

White ). - Apara/o de fotograffa i m tantánea de los sellores
Londe y Desso11deix. · Aluertra de una fotograf {a obtenida
i:on el aparato de Londe y Desso11deix. - Campo de amapolas,
cuadro de D. Antonio Fabrés (Exposición general de Bellas
Artes de Barcelona).

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR

Congreso internacionalista de trabajadores en Bruselas. - Empeños vanos. - Utopías constantes. - Pelea entre los diputados de las diversas naciones. - Imposibilidad de la solidaridad de intereses y de la igualdad de salarios. - La realidad
y el sofisma. - Progresos inevitables. - Conclusión.

I
Uno de los fenómenos más curiosos que pueden
hoy estudiarse con mayor provecho, es la reunión de
trabajadores, periódicamente congregada en diversas
ciudades, para discutir asuntos relativos á la organización del trabajo, en las cuales reuniones pláñense,
con verdadero fundamento, de sus dolores, y formu•
Jan, con mayor ó menor acierto, los consuelos á estos
dolores aplieables por las legislaciones futuras, aquellos que llevan la mayor y más pesada carga en todas las sociedades, el trabajo manual diario, y perciben por toda retribución y premio un mísero jornal.
Yo los estudio y los compadezco. Ellos creen, sin embargo, que, por llamarnos individualistas los enemigos del sistema social suyo, no llegan hasta nuestros
corazones las quejas de los que trabajan y sufren, ó
no embargan el entendimiento nuestro los remedios
á buscar para tantos males, engañándose así con ver•
dadero engaño. Los que una parte considerable de
nuestra vida pasamos en el empeño de acabar con la
esclavitud de los negros, y no tuvimos punto de re•
poso hasta conseguirlo, difícilmente habíamos de mi·
rar con indiferencia los restos de servidumbre deja•
dos sobre la espalda de nuestros hermanos blancos
por un trabajo casi forzoso y un salario casi miserable. Hace pocos días, paseándome yo por los maravillosos muelles y viendo el increíble laberinto de
canales que á orillas del Escalda ostenta la ciudad
mercantil por excelencia de Bélgica, la grande Am•
beres, topé con una familia, madre y tres hijos, echada en busca de trapos y otros desechos semejantes
sobre unos restos de hulla, como pudieran echarse
perros vagabundos y sin dueño sobre mondados y
fríos huesos. Aquel afán de hallar algo con cuyo precario auxilio sostener una existencia, peor cien veces
que la muerte misma, en residuos de residuos, me
dió terrible puñalada de dolor en el pecho y me tra•
jo las lágrimas á los ojos, pasando ante mi vista conturbada los dolores de todos, con especialidad aquellos más penetrantes en el corazón de uno: los dolores de las madres. Un rápido examen de conciencia
bastó á decirme que yo había hecho en la vida, dentro del radio de mi posibilidad y con mis escasas fa.
cultades, todo cuanto había podido por las clases
pobres. Pero no puede uno reformar primeramente
la naturalez3: fundamental humana, cuyas condiciones en modo alguno dependen de la voluntad individual y colectiva, sino del universo entero, de sus
leyes eternas; y no puede uno tampoco, ni aun aquello á primera vista más facil, alterar todo cuanto en
las instituciones políticas responde á las contingencias y limitaciones de nuestro ser, acompañadas por
la sombra siempre de un mal necesario. Una ciencia
médica que se propusiera extirpar la muerte caería
por su base, y á toda ciencia social que se proponga
extirpar en absoluto la miseria le sucederá lo mismo;
falta de fundamentos reales, se disipará en sueños y
en utopias. ¡Cuántas desgracias, en crueldad mayores
que la pobreza, van en la sangre y se reciben del na•
cimiento por herencia, sin que tengan remedio posi•

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ble aquí en la tierra! ¡Cuántos heredan con una corona una tisis! ¡Cuántos pasan la vida en el dolor
porque la pasaron sus abuelos en el placer! «Nuestros
padres, dice la Biblia, comieron agraces, y nosotros
tuvimos dentera.» Disminuir el mal es cosa de suyo
facilísima; extirpar el mal es cosa de suyo imposible.
Pues á extirpar el mal tiran los comunistas, y empe·
ñados en esta empresa utópica marran siempre, y
únicamente consiguen la perturbación social en vez
del mejoramiento progresivo. Y por extirpar el mal
extirpan muchos bienes también, como el Estado,
como la propiedad, y, parece imposible, como las libertades modernas, asemejándcse así á quien, para
quitar una mortífera peste, quitara el aire atmosférico. Cuanto más reflexionamos acerca del socialismo
lo entendemos menos. Y sugiéreme tales pensam,en•
tos un Congreso internacional de trabajadores que ha
coincidido con mi estancia en Bruselas y ocupado
con sus sesiones la prensa europea durante dos con•
secutivas semanas, Inútil ocultarlo: en este Congreso,
como en todos los Congresos comunistas, hase ten•
dido por sus individuos al colectivismo, la palabra en
sentir mío más comprensiva del nuevo partido social.
Pasan los tiempos y permanecen las ideas. Aquello
mismo propuesto por los demagogos y por algunos
patricios pérfidos al pueblo rey para perder la causa
de los Gracos y aniquilar á éstos, hoy se reproduce
por los colectivistas y su aliado natural, el pesimismo
reaccionario, para perder la causa de nuestra demo•
cracia y de nuestra libertad en Europa. Ya se hable
de la posesión en común del suelo considerado como
un instrumento de trabajo y propuesto para la co·
lectividad como el aire y como el agua, ó ya de na•
cionalizar la tierra se hable, no queda en el substra•
tum último de tales aspiraciones otro principio más
que un principio comunista. Y lo dije mil veces, y
lo repito ahora: el comunismo queda siempre á nues·
tras espaldas en el montón de inútiles y tristísimas
escorias dejadas por la humanidad sobre lo pasado,
y no puede servir al humano progreso de manera
ninguna. Todo cuanto la civilización moderna en roa•
teria legislativa por el trabajador hiciera: la caja de
retiros en Alemania, los sindicatos oficiales en Fran•
cia, los seguros burocráticos en Inglaterra, no sólo
perturban las leyes económicas, oponiéndose á su
natural espontaneidad, aumentan los tributos al Estado del trabajador y mantienen ó agravan su de•
pendencia del Estado. En otro tiempo el socialismo
callaba esta mácula con profundo silencio; mas hoy
la expone y la exhibe con verdadero escándalo. Uno
de los primeros votos emitidos por los representan·
tes del partido socialista de Bruselas quita la ¡másca•
ra con que solía encubrirse la doctrina, y declara
necesitar, para el tránsito de un Estado individualista
puro, al puro Estado colectivista de los Estados modernos. Pero los Estados modernos podrían y deberían responderles que, mientras reduzcan su ministe·
río á mantener el derecho de cada uno y á practicar
por delegaciones parlamentarias el gobierno de to·
dos, podrán Estados modernos llamarse con razón;
pero que si necesitan ·proveerá todo, como en los
antiguos tiempos, que regulaban por medio de res·
criptos reales desde los trajes hasta las comidas, tendrán qne apoderarse de todos cual se apoderaban los
antiguos Imperios asiáticos. Las horas de trabajo gubernativamente señaladas, los productos por igual
repartidos, la diversidad varia de aptitudes concluída,
la emulación y la concurrencia completamente anuladas, el suelo en común y en común todos los ins•
trumentos con todos los artefactos y todos los me•
dios de la humana industria, lógicamente generarán
una sociedad comunista, como las mil veces encon•
tradas en la historia universal de todos los tiempos,
sociedad que se coronará y se dirigirá por Estados y
gobiernos completamente despóticos. Da el mismo
rancho á todos los soldados y con igual uniforme los
viste, fuerza de .suyo tan poco espontánea y liberal
como la disciplina sancionada por las penas más horribles, sin las cuales no podría existir colectividad
tan restricta como el ejército, pues de todo se necesita para impeler un individuo libre á la vida en común. Querer ejército sin obediencia pasiva y sin pena
de muerte continua, es como pedir cotufas en el gol·
fo. Pedir el comunismo sin un Estado fuerte, sin una
ley represixa, sin una discipliga severa, sin el sacrifi•
cio de todo lo espontáneo é individual á todo lo co·
mún y colectivo, es pedir lo imposible; pues para
matar en el individuo la individualidad, para someterlo al paso de los demás iudividuos, para concluir
en él sus espontaneidades nativas, para contrastar la
vocación propia y obligarle á la práctica de principio tan imposible de suyo en el mundo como la
igualdad completa de retribuciones y premios á la
desigualdad completa de aptitudes naturales, necesí•
tase un gobierno tan contrario á la naturaleza como
el despotismo.

NúMERO

507

NúMERO

507

579

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

II
El fundamento indudable de mis reflexiones hanlo
puesto ellos mismos en evidencia, muy contra su vo•
]untad y deseo. Así, cuando los anarquistas han apa•
recido en su seno demandando participación en la
ruina de principios como el principio de propiedad
y de individualidad por medio de la negación y de la
carencia de todo gobierno, indignados los socialistas
ortodoxos hanlos cogido bonitamente ,del brazo y
puéstolos en la calle, sin experimenta¡; escrúpulo de
ningún género al pedir el auxilio de los agentes del
gobierno á una obra t:.n burguesa como la proscrip•
ción del enemigo y del extraño. Y se han asustado,
al proceder así, de ellos mismos, proscribiendo las
consecuencias últimas de sus teorías y expulsando su
izquierda, como cualquier otro partido, en prueba de
que nada puede fundarse, ni hacerse, no ya contra
las leyes de la: sociedad, olvidándolas en algún senti•
do, pues llegan á rebelarse y á imponerse, por una
serie de fenómenos incostrastélbles, á los mismos que
las niegan y que las desconocen. Así, no pueden extrañarse que huya la sociedad moderna de ellos como
huyen ellos de los anarquistas, sombras de sus cuerpos. Mas no sólo acaban de mostrar en esto 1~ s?j~ción á códigos por sus teorías negados; el pnnc1p10
de su nacionalidad y hasta el principio religioso han
surgido en secta de creencias tan· humanitarias y universales, como la secta, que acabaría de un golpe con
todas las naciones, focos de particularismo, raíces de
la odiada individualidad. Por ejemplo, los oradores
franceses, los oradores belgas, los oradores suizos,
dueños de absoluta libertad, han proclamado el procedimiento revolucionario y dicho que no podrían
jamás las clases inferiores destruir la sociedad burguesa contemporánea sin aplicar á sus cimientos la
dinamita de una revolución. Y en seguida los oradores alemanes han opuesto á esa declaración dos re•
flexiones de igual importancia: primera, que todo
cuanto han ellos conseguido lo consiguieron por las
evoluciones; y segunda, que no podrían volver á ~u
patria si proclamaban cosa tan opuesta y contradictoria con sus leyes como la revolución. Y no para en
esto la imposición soberana del principio de variedad
al colectivismo unificador: hay otras revelaciones no
menos claras, y otras imposiciones no menos imperio•
sas de la naturaleza universal. Un francés, amigo de
no;edades por temperamento, y cansado de su régimen parlamentario, un poco excesivo, declara, en
guisa de los pedantes de nuestra prensa ó de los
Boulangeres en canuto de nuestras Cortes, guerra
cruel al parlamentarismo; y salen los germanos de
estampía diciéndoles que Alemania se muere y expi•
ra por falta de Parlamento. Y lo sucedido con el
principio de las nacionalidades también sucede c~n
el principio religioso. Algunos trabajadores ~uy cnstianos atribuyen al judío, acaparador del capital contemporáneo, todos los males anejos al trabajo, así
como todas las prerrogativas y privilegios congénitos
á la riqueza, y en medio de una sociedad tan progre•
siva como un Congreso del socialismo contemporáneo, intenta encender las ideas y las pasiones anti•
semitas. Y hete aquí el principio religios9 aparecien•
do como un fantasma ebtre aquellos materialistas
sistemáticos. Y precisa decirle al comunero incons•
ciente que la humanidad caería de nuevo en la bar•
barie si los pueblos cultos renegasen del principio
entre los principios humanos, de la libertad religiosa.
Y aún hubieran podido añadir los hombres de sentí•
do común algo más aún hubieran podido añadir que
la riqueza excesiva de los j~díos_ se debe á_ un.a .causa
muy rara, es decir, á una v1olac1ón del pnnc1p10 de
justicia derivada de la intolerancia religiosa. Como
les prohiben poseer bienes muebles, hállanse obliga•
dos á la indispensable adquisición de bienes inmuebles; y como los bienes inmuebles, bien manejad~s,
reportan más y rinden mayores intereses que los bte•
nes muebles, de aquí la riqueza judía. Y no paran en
esto las imposiciones de la realidad al sectario abstraído por completo de todo cuanto le rodea. Un ?e•
cho de mayor enseñanza é ilustraci_ón ha sobrevemdo
y pasado. Los ingleses, gente de suyo experta por esa
larguísima educación parlamentaria y liberal, tan de•
nostada por sus congéneres de Francia tn el Congreso, invitaron á éstos, con toda sencillez y candor, nada
menos que á una visita, verdaderamente reveladora
de haberse concluído las supersticiones patrióticas
entre los trabajadores socialistas: á la visita, muy usa•
da en los viajes por Flandes y Brabante, á la visita
del campo de Waterloo. El ejemplo no podía estar
mejor escogido, y el caso no podía ser más curioso.
En el Congreso tronaban los restos de la Comunidad
parisién. Esta comunidad, durante los meses infer•
nales de sú gobierno revolucionario, decretó y cum- '
plió la demolición de un monumento como la colum•

ZARAGOZA. - E L DIOS DE LAS AGUAS,

na Vendome, á lo·s triunfos napolepnicos erigida por
Francia. Consecuentes con aquella demostración de
cosmopolitismo y con aquel rasgo de horror á las
glorias nacionales, debían ir los comuneros franceses,
en buena lógica y en justa observancia de sus prin•
cipios, á celebrar sobre un campo de batalla nefasto
á Francia la rota de Napoleón y de los franceses.
Con ejemplo ninguno como con este revelador ejem•
plo podrían demostrar la muerte del patriotismo tan
excomulgado por la secta y el reinado de los principios colectivistas. Dada la insania de sus tempera•
mentos y la demencia de sus espíritus, un hecho con•
corde con la demolición de su columna era la celebración por franceses en pleno Waterloo de su pro•
pia derrota. ¿Creéis, sin embargo, que fueron? Pues
no fueron, rindiendo á la patria historia este natural
homenaje, aunque antipatriotas, y demostrando con
aquel acto cómo el sofisma, pensado arbitrariamente
por una inteligencia devariada, se deshace y se des•
vanece de suyo en la realidad y en la vida. Si los
franceses del Congreso hubieran estado en compañía
de los vencedores á celebrar la derrota de sus pa•
dres allí vencidos, nunca osaran presentarse ante los
.
mismos correligionarios suyos, que niegan la patna
y consideran como una superstición de antaño .la
primer virtud política, ~l patriotismo, Escupís al c1e•
lo, y os mancháis la cara, Negáis el arte, negáis la
ciencia, negáis la religión y la patria; pero en seguida,
tras estas negaciones, el corazón traiciona la intelige~cia, desmiente vuestra teoría la vida toda, y concluis
por cumplir con vuestros actos, demostrando su poder as!, aquéllo mismo que negáis con vue.stras teoría~. No, como ningún francés cosmopolita puede
asistir, á pesar de su cosmopolitismo, á _Waterloo ~n
son de regocijo por la victoria de los mgleses, nmguno puede renunciar á Metz y Estras burgo por com
placencias con sus correligionarios alemanes, Y será
la humanidad todo lo demente que quieran estos
humanitarios, los cuales, so pretexto de servirla, no
hacen más que abandonarla: Waterloo, Sedán, Alsa•
cia, Lorena, predominarán en. la especie nuestra, lo
mismo entre capitalistas que entre j?rnaleros, so~re
las horas de jornada y sobre los céntimos de salano;
como que por la patria, por esa entidad ideal, dan
de grado todos sus hijos la vida, creyendo un presen•
te del cielo y un don divino la muerte por ella en los
desfiladeros de las Termópilas, en los campos de
Platea en los t scombros de Zaragoza, Así, por más
que lo~ alemanes y los franceses han qu~rido co_nfra•
ternizar en este concilio de Ja revolución social, y
sobreponerse á )os sendos odios dispertados por los

cuadro de D. Joaquín Pallarés. {Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.)

mutuos combates recientes, otra les quedaba dentro,
que alguna vez, contra su voluntad y grado, subía de
rondón á los labios y estallaba en quejas, tanto más
hondas cuanto menos premeditadas y queridas,

III
Pero no solamente saltaban divisiones entre los
individuos de nacionalidades opuestas, saltaban entre
los individuos de una misma nación, cosa grave para
quien mantiene la solidaridad de los jornaleros y la
uniformidad de los jornales desde Madrid hasta Mos•
cou. Los franceses nunca pudieron ponerse de acuerdo para votar unánimes en todos los asuntos. Disen•
tían hasta en lo fundamental con frecuencia, y votaban unos contra otros. Respecto de los alemanes ¡ah!
no hay que hablar. Tres corifeos tenían en el Congre•
so: Bebe!, Singer, Liebknecht, y cada cual tira por su
lado bajo apariencias engañosas de fraternal concor•
dia. Liebknecht resulta en el fondo uno de aquellos
pensadores alemanes que se pasa la vida mirándose
la conciencia, como los goghis indios se pasan la vida
mirandose el ombligo. Pensador, idealista, filósofo,
cree, como toda la gente de su oficio y complexión,
en el poder de las ideas, ·y no se impacienta gran cosa
por un triunfo que deben traer tarde ó temprano los
hechos y los principios en su doble pero armonioso
y congruente curso. Todo lo que es racional es real.
Muy al revés Bebe!. La contemplación le aburre.
Esas meditaciones en lo interior é íntimo parécenle
á él ataxias ó paralizaciones de la voluntad. Querer
y pelear: he ahí su divisa. Con tan contradictorios
temperamentos, las mismas ideas llegan á contrade·
cirse por necesidad en la vida, siquier aparezcan ideo•
tificadas en las inteligencias. Colectivistas los dos, el
colectivismo de uno tomará el azul celeste de sumís•
tica paciencia, mientras el colectivismo del otro los
furores de su interno ardor, diferenciándose ambos
entre sí más que si profesaran dos opuestas y contradictorias doctrinas. Como hay amigos en todas
partes, no ha faltado quien me haya dicho que se detestan á muerte, y que allá en las conversaciones pri·
vadas se imputan las derrotas del socialismo alemán
uno á otro como uno y otro se arrogan las victorias.
Pero tienen un mediador plástico que los reconcilia
entre sí, mal del grado de los dos, tienen á Singer.
¿Y quién es el tal Singer? De seguro no habéis leído
nunca su nombre que traspasa con dificultad la línea
del Rhin. Y sin embargo, bien podéis creerlo, la
hip~stasis que hace una persona de la trinidad comunera germánica. Los dos pensadores jefes del movi•

miento socialista no se mantendrían en paz un mi·
nuto sin la intervención perdurable de Singer, que los
recompone y rehace así que se descomponen y se
desavienen ellos. ¿Quién es tan omnipotente sujeto?
preguntará el curioso lector. Pues nada menos que
un capitalista. Como el pensamiento de Bebe! es indecible, como la grande actividad de Liebknecht es
incontrastable, ¡oh! hanme dicho los interesados en
la secta, conocedores de sus intimidades y secretos,
que por su parte y á su vez el bolsillo de Singer es
inagotable. Y he aquí por cuál serie de contradicciones patentes y escandalosas el capital se impone
á los que se hallan juramentados para desarraigarlo
del planeta. Pues aún ha sido más curioso lo que ha
pasado con los ingleses. Asistentes á un Congreso de
socialistas, no ha querido la mayor parte cargar con
un apellido muy odioso al individualismo sajón. Así,
han propuesto y obtenido que le diferenciaran los
representantes en obreros pqros y obreros socialistas.
Diputados al Congreso por las asociaciones más formidables y más poderosas de trabajadores que hay
en el mundo, hanse reído mucho de tanta y tanta
superstición como embarga la voluntad y la inteligencia de los jornaleros continentales. Ellos, idos allí
para mantener un dogma como la solidaridad obrera,
se han hecho una piña, sí, para combatir á todos.
Acostumbradísimos al sol de la libertad ¡cuánto no
han reído en su ciencia práctica y en su experiencia
consumada del antisemitismo apuntado por éstos,
del odio al Parlamento sentido por aquéllos, de la
revolución sistemática predicada por todos! Pero lo
que muy especialmente les ha extrañado en su liberalismo tradicional ha sido esa elevación á dogma de
principio tan contradictorio con sus hábitos·ly con
sus ideas como la intervención indispensable del Estado en las cuestiones de los jornaleros. Principio
esencial éste de la escuela germánica, su realización
trae aparejado un cesarismo colosal. Sólo un césar,
disponiendo de todos, puede alimentar á todos, En
el fondo, esa intervención del Estado en aquello que
más de su jurisdicción debía exentarse, resucita el
gobierno-Dios, y pide un césar, como Dios infalible,
todopoderoso y omnisciente. Pero ¿á qué pararnos
en tantas contradicciones? El socialismo internacional demuestra que ni olvida ni aprende. Contra to•
das las lecciones de la historia y contra todos los
dictados de la razón, proclama una especie de unidad
jornalera semejante á la que intentaron, y no pudie•
ron cumplir, Alejandro, César, Carlomagno, Carlos V
y Napoleón. Desconociendo la naturaleza humana,
decreta igual tiempo de trabajo á todas las activida•

�LA

580
des é igual suma de retribuciones á todas las aptitudes. Después de haber expulsado al anarquista del
Congreso y maldecídole con toda suerte de anatemas,
proclama como doctrina corriente .y aceptada el nihilismo, puesto que le consagra un hurra en el discurso
de clausura. Niveladas las naciones, niveladas la aptitudes, niveladas las horas de trabajo, nivelados los
salarios, únicamente le quedaba por nivelar los sexos.
Y también los ha nivelado. Igualdad política y civil
de las mujeres con los hombres: han dicho. Y preguntó yo: ¿por qué no también la igualdad natural?
Y proclamada la igualdad natural hay que hacer un
reglamento á fin de que puedan afeitarse las mujeres,
y tener la gracia y hermosura de éstas los hombres.
Cuanto más el socialismo se desarrolla más se manifiesta como una secta estrafalaria parecida por com
pleto á las que han llenado de sinrazones las páginas
gloriosas del desenvolvimiento intelectual humano.
Pero en medio de sus delirios no deja de ofrecer
alguna ventaja. La primera es que la libertad se
halla entre nosotros de tal modo fuerte y arraigadísima, que á nadie se le ocurre limitar el derecho al
disparate de los socialistas, y todo el mundo cree sus
amenazas á la propiedad tan fútiles como si amenazasen al sol y al océano. La segunda es que, poco á
poco, á pesar de sus exageraciones en la conducta y
de sus utopías en la ideaJ van haciendo penetrar los
socialistas en la vida un afecto instintivo al régimen
de trabajo contradictorio en todo con el régimen de
guerra y de combate. La tercera es que la legislación
y los legisladores miran más por el pobre y por el
desvalido que miraban en otro tiempo. Así cumplimos las metamorfosis del progreso. Cual los detritus
y los estiércoles puestos al pie del árbol se truecan,
por absorciones de las raíces y de las cortezas, en gomas, en mieles, en perfumes, en flores, en frutas, el
error puesto al pie de las sociedades humanas, como
nunca puede ser absoluto y siempre ha de llevar sus
correspondientes partículas de ideas verdaderas, se
transforma por el espíritu colectivo en continuos progresos. Dicho cuanto ha pasado en esta quincena
de más importancia, despídese de vosotros · hasta la
próxima.

NARRACIONES
VELO Y SUDARIO

En las interminables veladas de invierno, cuando
los colonos de la granja se han puesto bien con Dios
y con su estómago, mediante rosario y cena, se agrupan en torno del hogar y suelen poner á contribución
la facundia de algún viejo narrador de cuentos. Todos escuchan con la boca abierta y siguen el hilo del
relato con muda atención, que no logran distraer los
chisporroteos de la llama ni el crujir del cáñamo
que alguna mano setentona hace pasar de la rueca
al huso.
En una de estas reuniones oí contar no hace mucho la verídica historia que hoy traslado á mis lectores. Si algo pierde de su interés, cúlpese á mi pluma,
cuyo pretencioso estilo distará mucho de valer la sabrosa sencillez de la primitiva forma. Entonces conmovió profundamente á los labriegos que la escucharon
al amor de la lumbre. Ahora, á buen seguro, no será
indiferente á todos los que la lean; porque si hay escépticos para quienes el amor es, cuando más, una
ilusión pasajera, indigna de ser tomada en serio, no
faltan almas sensibles, que vibran de emoción al encontrar algo que despierte en ellas el recuerdo de los
amores juveniles.

Vivía en cierto cortijo una joven cuyo nombre se
armonizaba admirablemente con la frescura y belleza
de su persona.
¿Habéis visto alguna vez, en ensueños, uno de
esos seres angelicales que los poetas hacen vagar por
etéreos espacios tachonados de diamantes? ¿Habéis
imaginado alguno de esos genios propicios que la
fantasía adorna con flotantes vestiduras de gasa azul
y con alas de oro respjandecientes de luz? ¿Habéis
admirado, en algún museo de pinturas, esas delicadas
y poéticas creaciones de Greuse, que son el tipo ideal
de los ángeles de la tierra, ó esas rubias vírgenes con
que la escuela italiana del Renacimiento representa á
la mujer celeste?
·
Sólo así podréis formaros una idea aproximada de
aquella adorable joven que tuvo Rosa por nombre y
en presencia de la cual se detenía la gente, admirada
de que tanta perfección cupiese en humana criatura.
Más que mujer, parecía una ondina, de esas que,
en los cuentos de hadas, aparecen en las riberas de

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

los lagos, destrenzando con peine de oro su flotante
caballera á los plateados rayos de la luna.
En los salones de la ciudad, Rosa hubiera transformado el juicio á los hombres. Sus pretendientes y
adoradores hubieran formado una legión. Pero en el
campo, en aquella aldea, perdida en el fondo de un
bosque de seculares encinas, nadie se atrevía á decla•
rarle los sentimientos que inspiraba. Era demasiado
bonita y primorosa para que los zagales del lugar
esperasen obtener jamás tan preciado tesoro.
Sin embargo, encontró un día á un mancebo que
osó requerirla de amores.
Ella contaba entonces diez y seis primave,ras: hermosa edad en que el corazón rebosa de ardorosos
sentimientos y el alma se entrega ciegamente, sin reflexión ni cautela.
Como crisálida que por primera vez siente el ansia
de volar y tiende aturdida sus alas al espacio desconocido, Rosa, sorprendida por el instintivo deseo de
amar que despertó de pronto en su ser, entregó locamente su alma al primer hombre que, imán viviente,
la atrajo con una mirada de amor.
Y no fué ningún príncipe de arrogante figura, como
los héroes de los cuentos maravillosos que á su vez
oyera referir en las veladas del cortijo. No le conoció
en ninguno de esos magníficos torneos en que bizarros paladines arriesgaban la vida por su Dios y por
su dama. Los tiempos han cambiado por completo
en el transcurso de los siglos, y de aquellas heroicas
proezas no quedan ya vestigios en nuestros afeminados días.
Fué en un baile campestre, entre dos contradanzas,
cuando Antonio, hijo del albéitar, declaró su amor
á Rosa y supo que era correspondido. Aquella declaración ¿fué ó no sincera? Sábelo Dios. Yo no me
atrevería á asegurarlo. Lo cierto es que el amor propio del joven aldeano quedó altamente satisfecho
con la conquista de la muchacha más bonita de la comarca, y esto le bastó para persua&amp;irse de que la quería de veras.
Desde entonces Rosa no pensó más que en Antonio, ni vivió más que para él. Sólo era feliz cuando
él pasaba la velada en la granja; cuando iba cou él
los domingos, por la mañana á misa y por la tarde á
paseo; cuando en los días que repicaban gordo la
hacía brillar como reina de la fiesta.
Pero quedó una vez más probado cuán efímeras
son las dichas de este mundo.
Pocos meses después de haber comenzado aquel
idilio, Antonio entró en quintas.
El día del sorteo, Rosa le esperaba con impaciencia á una legua de su casa.
- ¿Qué número?, le preguntó temblando, al verle
llegar mohíno.
- El tres, contestó él, procurando disimular su mal
humor.
-¿Soldado?
- Por cinco años nada más.
- ¡Cinco años!. .. ¡Ah! ¡Dios mío!
- Vamos, no tiembles. Si es mi destiho, ¿qué le
hemos de hacer?
- Pero ¡tanto tiempo!...
- ¡Bah! Cinco años se pasan pronto. Sin darte cuenta me verás volver y entonces nos casaremos. Nuestra
felicidad será mayor después de haberla deseado
todo el tiempo que dure nuestra separación.
- Te esperaré contando los días.
- ¿No me olvidarás?
.
- ¿Olvidarte yo? ¡Ay, Antonio! Tuyos serán mis
pensamientos, y mi corazón y mi alma serán tuyos
hasta la muerte. ¿Y tú?...
- ¿No te lo he dicho mil veces? ¿Puedo yo amar
nunca á otra mujer que tú?
La cándida joven creyólo así y esperó resignada.

***
¡Cuán lentamente fueron pasando para Rosa los
días, los meses y los años!
Antonio, que servía en la infantería de marina,
había sido destinado á Cuba, donde la vida de los
sentidos, á que se entregó sin freno, gasta pronto y
enerva, como en todos los países tropicales.
Al principio escribió con bastante regularidad á la
que él llamaba su ángel custodio. Mas luego se emancipó de aquella espiritual tutela, y dejando en fáciles
aventuras sus juveniles ilusiones, se fueron borrando
en su corazón hasta las huellas de su amor primero.
Sus cartas se hicieron cada vez menos frecuentes,
y acabó por no contestar á las de Rosa.
La pobrecita se lamentaba, procurando convencerse de que la culpa de aquellos retrasos en la correspondencia la tenía la administración de correos.
También se decía á veces que el pobre soldado podía estar enfermo, y más de una vez soñó que Je veía
tendido en el campo de batalla, sin que sus cuidados

NúMERO

507

pudiesen devolverle la vida que por ancha herida
se le escapaba en borbotones de sangre. ¡Qué angustias tan inmensas! ¡qué pesadillas tan horribles las
suyas!
Y mientras tanto, como la creían desligada de su
antiguo compromiso, los pretendientes que hasta entonces habían disimulado sus aspiraciones, las fueron
declarando á porfía.
- Agradezco el favor, pero quiero permanecer soltera, contestaba Rosa invariablemente á todos ellos.
Para expresar del todo su pensamiento, hubiera
debido añadir Jo que ya no se atrevía á manifestar;
esto es, que su mano y su corazón pertenecían al ausente.
En una hoja de un calendario americano, incluida
por Antonio en una de sus primeras cartas, R osa se
había aprendido de memoria la siguiente balada, con
que hubiera querido contestar á cada uno de sus pretendientes:
I
- Pastora, linda pastora,
tu desdén dobla mi afán.
Doyte este collar de perlas.
Hermosa, ¿qué quieres más?
- Guarde para alguna dama
esa joya el buen galán,
que mi amor tiene más precio.
Caballero, vaya en paz.

II
-Doyte espléndido palacio
y una corte en que brillar
como reina de hermosura.
Pastora, ¿qué quieres más?
- Guarde faustos y riquezas
para quien las quiera usar ,
que mi amor tiene más precio.
Caballero, vaya en paz.

IGLESIA DE SAN PEDRO.

FACHADA DEL MONASTER IO DE SANTA MARIA

(Salida de misa de once.)

III
- Pues que tu pecho no ablandan
dones de esta calidad,
doyte mi mano de esposo.
Pastora, ¿qué quieres más?
- ¡Ay! mi amor, por solo precio
tiene el amor de un zagal
que partió para la guerra.
- Pues que Dios os una en paz.

Llegó un día en que el albéitar anunció á sus vecinos que su hijo iba á volver con licencia absoluta.
La noticia llegó en seguida á conocimiento de Rosa.
- ¡Ahl exclamó ésta; por fin sabré en qué ha consistido tan largo silencio.
Un mes después, llegó Antonio á la aldea. Pero
¡ay! dos ó tres veces pasó por delante de la casa de
Rosa sin entrar ni detenerse. La infeliz no se atrevió
á salir del cortijo.
- El domingo próximo e~ la fiesta del pueblo. Antonio no faltará. Iré yo también y sabré si me ama
todavía.
Llegó el domingo, y Rosa fué del brazo de su madre al baile del pueblo vecino. Aún no había llegado
Antonio, Los jóvenes fueron, uno tras otro, á invitarla á bailar.
- Gracias, les decía; estoy muy cansada y no bailaré hasta más tarde.
Por fin apareció Antonio acompañando á la hija
del notario. El corazón de Rosa estuvo á punto de
estallar. Su madre, que la sintió desfallecer, la sostuvo para que no se cayese. Sin embargo, aún esperó.
Le costaba mucho rendirse á la evidencia. Pero se
sucedieron las danzas, y su prometido pareció olvidar que ella estuviese allí.
- Vamos, madre; no me siento bien, dijo al fin la
desdichada.
Y madre é hija regresaron al cortijo.
Cuando se encontró sola en su modesto cuarto,
Rosa se dejó caer en una silla y rompió á llorar.
Cual triste fantasmagoría, fueron paiando por su
mente sus recuerdos juveniles. Y diríase que su memoria, al evocar su pasado amoroso, se complacía en
torturarla.
- ¿Cómo es posible, Dios mío, que todas mis ilusiones y todas mis esperanzas se hayan convertido
en estas lágrimas que me abrasan los ojos? ¿Qué ha
sido de sus juramentos de fidelidad y amor eternos?
¿Y qué va á ser de mí, perdida la fe, destrozada el
alma, sin luz que ilumine las tinieblas que envuelven
mi razón?
Y añadía considerando la conducta de Antonio:
- Sus juramentos eran falsos; sus protestas de
amor eran mentira. Ese hombre por quien yo hubiera dado gustosa hasta la última gota de mi sangre,
me engañaba vilmente: ¡amaba á otra! ¿Y qué tiene
más que yo la hija del notario? ¿Qué cualidades que
yo no posea reune esa mujer que todos encuentran
vulgar y estúpida? ¡Ah! Ya comprendo. ¡Balbina es
rica, la más rica de estos contornos, y yo soy pobre!

CLAUSTROS DEL MONASTE RIO DE SANTA MARIA

PLAZA-ME RCADO

HOSPIT AL MUNICI PAL

IGLESIA DE SAN PEDRO,

Fotografías instantáneas facilitadas por D. A. Atmetller

(Vista tomada de lado.)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

507

NóMERO

LA

507

!LUSTRACIÓN ARTlSTlCA

Cuanto más ahondaba en sus reflexiones, más intensa era su amargura, Sin fraseología con que traducir en palabras sus pensamientos, adivinaba el repugnante egoísmo y la ingratitud que forman la podredumbre del corazón humano. Comprendía por primera vez que en nuestro siglo el amor se vende como vil mercancía, y que la virtud se tasa según el
oro que la realza.
La humanidad le pareció un monstruoso engendro
de vicios y pasiones. Huyó el trato de las gentes como de peste mortífera, y se refugió en el amor de su
madre, como en un santuario donde no penetraba el
corrompido ambiente de la sociedad. Pero la muerte
vino pronto á romper aquel último lazo que la unía
al mundo.
Su delicada constitución salió tan quebrantada de
aquella prueba, que á l9s rosados tintes de su rostro
sucedió la blancura del lirio, y su débil cuerpo se
doblegó á la fiebre que le consumía, como el tallo
de una flor abrasada por los rayos del sol.
Mientras tuvo fuerzas, fué cada día al cementerio,
á rendir un piadoso tributo á la memoria de su madre. Cuando le faltó el consuelo.de aquellas cuotidianas peregrinaciones, su espíritu se sintió tan desligado de la tierra, que empezó á considerar el cuerpo como una cárcel de que sólo la muerte podía
libertarlo; y Rosa suspiró desde aquel instante por
otro mundo donde el ainor y la virtud no fuesen pagados con traiciones y amarguras.
Vencía el plazo señalado para la boda de Antonio
cen Balbina, y Rosa sentía escapársele la vida por
momentos.
Llegó el día del enlace. La infeliz abandonada
hizo un supremo esfuerzo para adornarse con el traje
de boda que su madre le había arreglado en previsión de su proyectado casamiento con Antonio.
Al verse en el espejo, con su mortal palidez, acentuada por la blancura del velo y del vestido, contrajo
sus labios en amarga sonrisa y volvió los ojos hacia
la ventana por donde se divisaba la torre de la
iglesia.
En aquel instante, un alegre repique de campanas
anunci6le que Antonio y Balbina se unían para siempre al pie de los altares.
Rosa exhaló un profundo suspiro, cerró los ojos y
cayó desplomada al suelo.
El velo de novia le servía de sudario.

acuerda, porque S. E. no ha de estar en todo, El miAhora... lo que es ahora estamos aguardando con
nistro, sea de la derecha, de la izquierda 6 del cen• una longanimidad inapreciable, y la vista fija en las
tro, echado para adelante 6 para atrás, es lo mismo, agujas del reloj, á que señalen éstas el amanecer del
le estampa un visto al margen de la instancia, y, en 12 de octubre de 1892, para que nuestro entusiasmo
cuanto á colocación, que aguarde el solicitante á la se desborde en favor y prez de Cristóbal Colón, el
que le designen en el cementerio.
gran cosmógrafo, el descubridor de América, el que
Cuando un jugador de lotería consigue el premio duplicó el mundo y nos puso de manifiesto tantas
grande en una localidad cualquiera, ya se sabe, todo verdades geográficas, escapadas á los sabios de miles
el mundo se apresura á jugar en la administración fa. de generaciones que le precedieron. Y el suceso en
vorecida. La fortuna es por lo común versátil; vuela cuestión no data más que de cuatro siglos.
de un extremo á otro de la península, sin olvidar sus
¡Cuatrocientos años! ¿Y qué son cuatrocientos años
islas adyacentes, y es tiempo perdido recorrer la lista comparados con la eternidad? una bicpca.
de La Correspondencia de España ni la lista oficial.
En 1492 tuvo lugar el gran descubrimiento. ¿Y qué
Lo oportuno hubiera sido jugar antes en la adminis- se hizo entonces? Nada. Festejarlo en Barcelona á la
tración agraciada, que lo que es después es cándido, vuelta de su primer viaje, y después traerlo á ~spaporque está. en oposición con la teoría de las proba- ña, en otro posterior, cargado de cadenas.
bilidades de que nos habla Vallejo y otros insignes
En 1592 habían transcurrido cien años. La cosa
matemáticos.
no tenía importancia todavía para alcanzar el derecho
Los aficionados al visiteo 6 al abuso del derecho á la inmortalidad. Las hazañas tienen algo de semede visita, vicio feo si los hay, incurren con frecuen- jante con el vino de Jerez: cuanto más añejo es mecia en pecado de inoportunidad. Acuden á una casa jor. El famoso descubrimiento de 1492 era vino de
en el momento en que después del almuerzo se están la hoja, es decir, de la última cosecha.
tirando los platos á la cabeza el marido y la mujer, 6
En 1692 ya nos escarbaba la conciencia y nos
bien cuando duermen la siesta los individuos de punzaba el remordimiento de tan injusta preterición;
aquella apreciable familia: las chicas destrenzadas, la pero nada más.
señora con el peinador arrugado, y el dueño de la
En 1792 estábamos los españoles muy preocupacasa en mangas de camisa 6 mucho peor. La sirvien- dos con el deshecho temporal político y social que
ta no sabe cómo decir que los señores no están en se había desencadenado en Francia.
casa, por el estrépito que se siente dentro desde que
Pero en 1892 será otra cosa, y estaremos en lo
sonó la campanilla, y porque el portero ha delatado firme
la presencia de los· dueños anticipadamente.. El úniAllá va el capital con réditos y todo.
co recurso es decir que los señores no reciben, espeUn sepulcro monum~ntal en la Habana; una rescie de ukase, muy aristocrático por cierto, contra el tauración completa del convento de franciscanos en
cual no hay apelación, porque, efectivamente, los se- Santa María de la Rábida, sobre el promontorio
ñores no están para recibir.
de su nombre y en la confluencia de los ríos Tinto
Las inoportunidades en el teatro son infinitas: en- y Odiel; un muelle en Palos de Moguer, de donde
trar taconeando el pavimento cuando la tiple está en partieron los modernos argonautas. Otro ídem al pie
lo mejorcito del rondó; abrir con estrépito un palco de la Rábida que sustituya al de madera que ahora
y dar lugar á los siseos y á las miradas iracundas del existe. Un monumento alegórico en la explanada
público; seguir la batuta del maestro con la contera que se abre ante las portadas del convento. Una esdel bastón sobre el suelo; volver la espalda al esce- tatua. Certámenes; congresos hispano-americanos;
nario donde se canta 6 recita, para flechar los geme- otros de carácter cosmopolita. Fundación de establelos á las modistas y costureras del paraíso, le dan á cimientos benéficos. Músicas, bailes, recepciones,
cualquiera la encomienda de tonto de número, libre salvas, iluminaciones, dianas, retretas y otros excesos,
de gastos.
todo en honor del gran almirante de las Indias.
Si el acudir al paseo como á las cinco de la tarde
Y además la declaración de Santo que se espera
en el invierno, desaprovechando el sol del mediodía de Roma.
y de las tres primeras horas que le siguen, muy comNosotros nos asociamos con toda el alma á la funJUAN B. ENSEÑAT
puestas y atildadas las señoras, muy apuestos, pero ción de desagravios que se le prepara á Colón. Más
con poco abrigo, los caballeros, es costumbre perju- vale tarde que nunca, según reza uno de nuestros
dicial é inoportuna, díganlo las pulmonías que se co- más antiguos y acreditados refranes. Todo es poco
sechan, cuya estadística anual horroriza cuando se ante la gigantesca figura histórica de Colón, porque
LA OPORTUNIDAD
examinan los estados demográficos del Registro civil. asombran los tesoros de ciencia, de religión, de magSabemos de algún señor muy pacífico y muy me- nanimidad, de valor, de constancia yde prudencia que
Entre los dioses y las diosas á quienes los morta- tódico que se hizo republicano la víspera de la res- se encerraban en la mente y en el corazón de aquel
les no iluminados por la luz del Evangelio se enco- tauración, y de varios que, aficionados á la música, ilustre marino, y muy justo es que, tanto la ciudad
mendaban de todo corazón para que les ayudaran en no sabían tocar otra pieza, en tiempo de la revolu- de Génova donde nació, como España, su patria adopsus empresas, echamos de menos una divinidad de ción, que la marcha real.
tiva, como el mundo entero, ensalcen la memoria de
primera magnitud, cual debiera ser la diosa Oporlu·
Pero el colmo de la inoportunidad con que hace- aquel que supo romper el espeso velo de brumas y
nidad, que es prenda segura y buena recomendación mos por lo común todas las cosas, está sobre el tape· de errores que ocultó por tantos siglos la América á
para el dios Éxito, á quien antiguos y modernos ren- te: es decir, á la orden del día.
la investigación de todas las demás naciones de la
dimos ferviente culto.
Por algo se dice de nuestro país: «Llegó, como el tierra, y á las más adelantadas en el camino de la
Los beodos contaban con la protección de Baco. socorro de España, diez años después que se acabó la civilización.
Los quimeristas con la de Marte.
guerra.»
Al llegar á este punto una digresión nos sale al
Los ladrones con la de Mercurio.
Hacíamos carreteras á toda prisa en las líneas ge- paso: pero es de tal oporhmidad que no vacilamos en
Los enamorados más expansivos y hasta rabiosos nerales, cuando eran ya cosa corriente los caminos darle cabida.
con Venus.
de hierro.
En España, y por desdicha nuestra, si para honrar
Los navegantes tenían á Neptuno.
Alzábamos de cerro en cerro torres telegráficas la memoria de nuestros héroes y nuestros insignes
Los herreros, los fundidores y aun los cerrajeros ópticas, donde hoy las lechuzas anidan á sus anchas, poetas y escritores hemos sido asaz lentos y premioá Vulcano.
cuando en todas partes, y aun en nuestra patria, se sos, para recompensarlos debidamente hemos sido
Y hasta los que estaban dejados de la mano de tendían los alambres, que por medio de la electrici- ingratos, lo cual es mucho peor.
.
todos aquellos dioses, hoy cesantes sin clasificación dad llevan á todo el mundo, en signos convencionaCervantes, que vivió, y se le dejó morir, en la mi•
ni sueldo, se daban á Plutón, soberano absoluto de les, la palabra y el pensamiento humanos.
seria; Colón aherrojado dando la vuelta á España;
las regiones infernales.
Después de todo, el que estemos 6, mejor dicho, Martín Alonso Pinzón, olvidado en Palos; Hernán
En cuanto á Minerva, Apolo Y. las musas, á quie- hayamos estado, atrasadísimos en las aplicaciones de Cortés, muerto de misantropía en Castillejo de la
nes siguen invocando los sabios y los poetas con gran la ciencia respecto á otros países, nada tiene de par- Cuesta, después de haber conquistado para su patria
fervor, pero con poco resultado la mayor parle de las ticular, y pudiera perdonársenos en gracia de nuestra el vasto y riquísimo Imperio de los aztecas; Santa
veces, son divinidades bonachonas, de las que poco relativa pobreza; en la de los muchos años de revo- Teresa de Jesús, teniendo que habérselas con muhay que temer y mucho menos que esperar.
luciones y guerras civiles que hemos padecido; en la chos poderosos enemigos que la denunciaron á la
Pero de la diosa Oportunidad ningún mitólogo dice especie de atrofia que nos dejó la ignorancia de si- Inquisición; y Fray Juan Pérez de Marchena sin hauna palabra. «Y sin embargo llovía.» Es decir, que la glos anteriores, 6 en nuestro carácter nacional poco ber llegado á obisr,o, son tristes ejemplos que expoOportunidad juega un papel muy principal en la so- especulativo y menos práctico, y refractario por esen- nemos á la consideración de nuestros lectores, sin
ciedad, en la vida y en el cumplimiento de nuestras cia, presencia y potencia á todo género de novedades mentar otros muchos que se quedan en el tintero,
aspiraciones.
y adelantos.
con cuya reseña habría para llenar un libro, libro
El hombre que no es oportuno en sus acciones y
Pero en lo de hacer siempre las cosas muy á pos- acusador que nos habría de estigmatizar con la nota
palabras pasará una vida de perros. La mujer que pier- teriori no tenemos disculpa, y aquí entra lo gordo. de ingratitud que, aunque se pretenda negar, pesa
de la oportunidad cae redonda en el hastío, en el reNo más que ochenta y tres años hemos necesitado sobre nosotros.
mordimiento, y á veces en la desesperación.
.para caer en la cuenta deque el teniente de infante·
Aquí del cuadro de las tres cuoañas .
El sexto sentido, que consiste en hacerse cargo, es- ría Sr. Ruiz, uno de los primeros héroes del glorioso
Sube un inglés por la primera: sus compatriotas
casea muchísimo.
alzamiento del 2 de mayo de 1808, tenía derecho le animan con voces y lo elevan hasta donde alcanConocemos pretendientes á destinos públicos que indisputable á una estatua, y se le ha consagrado: ya zan sus manos.
sin un par de cientos de votos por delante se atreven era tiempo.
Un francés trepa por la segunda: los franceses que
á presentarse al ministro para que les coloque porque
Para honrar debidamente á Calderón de la Barca, le rodean le aclaman, gritándole: «¡adelante! ¡adesí: por su buen empaque; porque saben l~er de co• el inmortal autor de La vida es sue1io y de El A lealde lante!»
rrido, escribir en suelto y contar por los dedos, 6 por de Zalamea, esperamos á que se cumplieran los dosUn grumete español asciende por la tercera: es ·
servicios que ya pasaron y de los que S. E. no se cientos años cabales de su muerte,
listo y valiente; se alza con facilidad por la percha

TITIRITERO ÁRABE,

ensebada. Sus amigos, sus compatriotas los espa~oles, se le acercan, sí, pero no para ayudarle, smo
para ... tirarle de los pies,
.
Si todo esto no es patriotismo puro, venga Dios Y
véalo.
'd, d
Para corroborar nuestra tesis sobre la oporlun! a ,
terminaremos con afirmar que, en nuestro sentu, es
inoportuno, y hasta peligroso, fumar en
cama;
creer en la palabra de honor y hasta en_los Juramentos de un hombre políti_¡:o, si de política se trata, Y
dar oído á los que reclutan gentes para Buenos
Aires.
Nada: que el hacerse cargo es una gran cosa,
y la oportunidad es casi siempre prenda segura del
acierto.

!ª

AGUSTÍN GONZÁLEZ R UANO

BOCETOS
EL AVE DEL PARAÍSO

No conoció más mundo que la virgen tierra de la
teraz Oceanía, la frondosidad de sus inme_nsos y enmarañados bosques, la asombrosa vegetación ?e sus
extensas llanuras, el espejo de sus lagos, el brillo de
sus ríos, los vivísimos colores de sus flores, el embal-

cuadro de Francisco Eisenhut

samado aroma de sus plantas, la azulada superficie
de aquel mar inmenso, y el etéreo zafir de aqu~ll~
tropical atmósfera; nada turbaba su completa fehc1dad: jamás había oído retumbar el disparo de una
arma de fuego: el plomo mortífero, impulsado por
una dilatación de gases en ese mecanismo perfeccionado por la civilización, nunca había herido al\{ á ninguno de sus habitantes. Nuestra ave del paraíso oyó
por vez primera ese ruido extraño, y remontando su
vuelo colocóse oculta en la espesa copa de un eucalipto gigantesco: atisbó desde allí y descubrió otro
ser para ella tan extraño como el ruido que la asustó
un momento antes. ¡Hola!, dijo para sí misma, eso
me parece un enemigo: yo no conozco esa clase de
fiera; obremos con cautela, no le será fácil subir hasta
donde yo estoy, y si lo intentara podría escaparme
volando: examinémosle.
La imprudente curiosidad la hizo saltar de rama
en rama; al ruido del follaje vol~ió su cabeza el caza·
dor indio y al descubrir el ave cte cabeza y gorguera
de brillante esmeralda, dorado cuello, violado vientre
y finísimas plumas de sus alas, con_ un movi~iento
imperceptible apuntó su arma ... brilló una chispa: ~l
ave no tuvo tiempo para tender sus alas, antes de 01r
la explosión sintió un agudísimo dolor y cayó junto
al hombre aquel, que la recogió con avidez y después

de cortarle las patas, colocándola cuidadosamente
junto á otras del mismo género, prosiguió su marcha
en busca de nuevas víctimas.
1

••

••

•

Como desecho de tocador vino á mi poder la referida ave, ya algo ajada, pero con indicios de haber
sido cuidadosamente disecada conservando su fino y
delicado plumaje. Por un efecto incomprensible, como
una especie de espiritismo perfeccionado, conservó,
además de su sensibilidad, medios para poder referir
tódas las peripecias de las distintas posiciones sociales en que se había visto.
Refirióme que le habían cortado las patas para que
se continuase en la creencia que habitaba en el paraíso de Mahoma alimentándose de vapor y de rocío,
sin necesidad de posarse en parte alguna; que le sacaron las tripas como demostración de que solamente
vivían para ostentar el brillo y colores de sus finísimas plumas ... todo lo cual se cree á puño cerrado
en aquellos pueblos que fueron cuna de la civilización
primitiva.
Su entrada en el gran mundo, como ahora se
dice, fué servir de adorno en el puño del yatagán
de un rajah, cuyo príncipe, en celebración de un
suceso más ó menos extraordinario, cortó la cabeza
á varios de sus semejantes. Esta primera impresión

�.
, .·. ·.
.

L AVANDERAS EN EL Rfo GUADAIRA,

.

. . .. '

_.: #, ..)'.;.(·
.

cuadro de D. Juan García Ramos. (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona. )

•

BELDADES LONDONENSES
{De zotografías de A, Bassano, reproducidas en la revista inglesa Black and Wliite.)

�586
fué muy treme~da, siendo para ella incomprensible
que seres de un mismo género, especie y familia, pudiesen así matarse.
Del yatagán del rajah pasó á ocupar un distinguido puesto sobre el turbante de un sultán, cuyo
revuelto y finísimo lienzo estaba cuajado de perlas y
rica pedrería. Desde allí presenció millares de individuos respetuosamente inclinados ante aquel hombre, llevado en rico palanquín. Penetró en un inmenso palacio, cerráronse las riquísimas puertas y la turba popular que lo contempló, reverenció y casi adoró,
quedóse afuera y con la boca abierta; y mientras e~peraba trasladarse el ave, como decirse suele, de a!lí al
cielo, con no menos asombro vió al gran sultán despo·
jarse de todos sus adornos y atavíos, quedándose como
otro mortal cualquiera, juguete, como todos, de las
mismas flaquezas y miserias humanas.
Después de haber recorrido en todas sus fases el
lujo asiático, y objeto de avidez de la coquetería europea, colocado en un elegante mostrador profusamente iluminado por medio del gas, fué adquirido
por una señora mayor, la cual llevaba algunos años
de antiguedad en el grado de jamona. A-1 abrir un
portamonedas de piel de Rusia, el ave contempló
con nuevo asombro que entregaba á cambio de ella
un pedazo de papel lleno de signos, dibujos, sellos y
firmas ... Creyó de pronto que carecía ya de valor,
pero modificó su creencia al ·ver que juntamente
con ella, devolvían á la señora aquella varias monedas de oro y plata; sin embargo, no pudo dar
con el quid de aquel enigma, por más que se devanase los pocos sesos que dejaron en su cabeza
al disecarla.
Depositada en el tocador de la nueva dueña, á las
pocas noches presentóse la respetable señora en su
estado natural, es decir, tal cual era y tal como debiera presentarse, color sano, tirando á un moreno
bastante acentuado, cabello negro con alguna imprudente cana, robusta de carnes con indicios de la formación de alguna que otra arruga ... Sentóse en un
elegante puf, punto convergente del triángulo formado por las superficies de tres grandes y tersos espejos; presentáronse tres individuas, al parecer doncellas, que debían emprender la restauración de aque•
lla mole, empezando por apretar su cintura con un
envoltorio de fajas de seda, tiras de gutapercha y
planchas de acero, acomodando como mejor se pudo
la fofa carne; con una porción de ingredientes titulados en junto «canastillo de belleza,» embadurnaron
y estucaron la superficie cutánea de aquel fragmento
del sexo débil, y aditando á su lacio y mortificado
cabello una porción espantosa de trenzas y rizos, dejaron compuesto sobre aquel desalojado piso superior un monumento parecido á una pagoda; las operarias no se dieron aún por satisfechas, transformando aquel acentuado moreno en transparente rosa de
cera y el negro de sus cabellos en un rubio finísimo,
como pudiera ostentarlo la más inocente campesina
noruega. Un riquísimo vestido de seda color tórtola,
símbolo de su tendencia á atortolarse, con sobra de
tela en sus faldas y escasez en su cuerpo, recargado
de encajes, con dos grandes solitarios colgados de
sus orejas y un hilo de gruesas perlas rodeando su
cuello, hizo que se contemplase como satisfecha;
y dando de remate fin á tamaña empresa colocóse el
ave del paraíso en la parte izquierda de su peinado,
sujetándola con un broche de brillantes.
En aquella atmósfera de refinados aromas el ave
se asfixiaba; el alcohol de la Florida, Colonia y de·
más esencias, convertían aquello más que en delicioso jardín, en laboratorio químico; el cok de la estu·
fa, más que el calor del sol del trópico, despedía un
ardor de fábrica; la luz de las bujías de transparente
esperma, por más que abundante, era débil y pálida.
El arte y la industria no daban más de sí... el ave
comparaba con todo aquello la espléndida y majes·
tuosa naturaleza de su patria, y los esfuerzos de la
vieja Europa quedaban desacreditados.
Al ponerse en marcha, cubrieron sus desnudos
hombros con un abrigo de pieles de armiño, ¡otras
.víctimas inmoladas al fausto y la riqueza de aquel
lujo! Entró en un elegante carruaje, en cuyas porte
zuelas y testero brillaban gruesos cristales, y muellemente reclinada en su acolchado forro, puestos sus
pies sobre una rica y doble alfombra, cubriendo un
calorífero, trasladóse al baile.
Aparentando una ligereza de piernas de pretérito,
y una agilidad de movimientos que economizaba
para casos extremos, subió la escalera, y penetró en
el salón asida del brazo de un gomoso y almibarado
pollo, perteneciente al indigesto género de los que
como por tradición conocen la existencia del sol. El
ave escuchó al paso varias palabras incoherentes
cuyo significado no podía comprender, y cuya interpretación se le hacía más difícil porque eran cogidas,
como las letras de una caja de imprenta, una de acá,

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

otra de allá, entre las diversas lenguas de todas las
naciones.
Estas se repitieron en confuso murmullo durante
las horas de duración de aquel sarao, prolongado
desde las doce de la noche hasta los albores del día;
caso de inversión del orden natural de las cosas, lo
que también sorprendió mucho al disecadQ animal.
Allí presenció el gavilán á caza de inocentes palomas, la culebra atrayendo al pajarillo incauto; repertorio de frases vacías de sentido, necedades mayúsculas y groserías admitidas como chistes, picarescas
invectivas á cuya sola indicación quedaba rasgada
sin soldadura posible la fama y el buen nombre de
alguna persona; forzados ofrecimientos, mentidas sinceridades, nada faltaba allí para constituir en su parte material y moral una asquerosa entrega de la obra
que la misma sociedad redacta y publica, titulada:

Gran tono.
El ave del paraíso no pudo referirme en detalle
cuanto allí vió y escuchó.
Aseguróme únicamente que aquello sólo podía
compararse á una especie de complicado y gran
fiambre en cuya composición entró mucha cantidad
de comestible averiado, que fué preciso revestir de
mucho adorno para presentarlo admisible, y aun así
despedía cierto tufo que el estómago menos delicado
no resistiría. Y que allí, más que en parte alguna, echó
de menos la virgen tierra de la feraz Oceanía.
J UAN

o.

NEILLE

507

NúMERO

507

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

quisiéramos encerrar dentro de_ los limites propi?s de esta sección lo que para ser conocido ligeramente necesita más de un
articulo exclusivamente á ello consagrado.

•••
Titiritero árabe cuadro de Francisco Eisenhut.

-De notoria cuanto justa celebridad como pi~tor de asuntos
orientales goza el autor del cuadro que reproduc11~1os, y que represen la á uno de esos tipos tan comunes en One~te que con
sus juegos de destreza, algunos de ellos tan atrev1~os y raros
que ningún europeo ha podido expli_cárs1;los, entrellenen á un
público entusiasta por esta clase de d1vers1~nes, que ve en ellas
algo &lt;le magia ó sortileg!o .Y á veces _ta_m_b1én de poder sobrenatural directamente rec1b1do de la d1vm1dad.
Eisenhut, de quien es también la Muerte de G1tl-Bábá, que
publicamos en el núm. 453 de LA ILUSTRACIÓN ART!STICA,
demuestra en su Titi?·itero drabe haber hecho un estudio detenido y provechoso de los lugares, costumbres)'. tipos del ~ontinente africano, y poseer en alto grado las cuahd~des técm_cas
que le permiten trasladar tan br!llantemente al lienzo las mipresiones recibidas y las observaciones hechas.

•••
Bellezas londonenses (de fotografias de A. Bassano).
-La acreditada ilustración inglesa .Black and White ha publicado recientemente este precioso ramillete de mujeres hermosas de la capital del reino unido. La excepcional belleza. de los
tipos reproducidos y la elegancia en el modo :le combmar!os
en artístico grupo, nos parecieron motivos suficientes para ID·
sertar el grabado en nuestra ILUSTRACIÓN, seguros de que
nuestros lectores nos han de agradecer que, cediendo al deseo
que siempre hemos mostrado por darles á conocer lo _bello ~n
sus múltiples manifestaciones, publiquemos una págrna baJo
todos conceptos merecedora del calificativo de artística.

•
••
NUESTROS GRABADOS

Lavanderas en el río Guadaira, cuadro de
Juan García Ramos (Exposición general de Bellas Artes

ele Barcelona). - Juan García Ramos forma parte de esa pléya-

Rosa Mística, cuadro de D. José María Tam- de de artistas sevillanos que reivindican en el glorioso período
burini (premiado en la Exposición general de Bellas Artes del renacimiento artístico peninsular el buen nombre de aque-

de Barcelona). - Convencido Tamburini de que el arte no tiene
limites trazados y que no se halla circunscripto sólo á la buena
ejecución, ha empapado su inteligencia en las fueates inagotables de los humanos conocimientos é impregnado su corazón
en la poesía y e\ sentimiento. Por eso la preciosa rima de Víctor Hugo, Comme att bout d' ttne branche OJI voit étinceler, inspiróle el lienzo que tan admirado fué en una de las últimas Exposiciones; la sentida dolora de Carnpoamor ;Quién mpiera escrilir!, el precioso grupo del bondadoso párroco y la enamorada doncella, ó bien el que titula Esperando, perteneciente al
género en que tanto se distinguen Coomans y Alma Tadema,
que demuestra su aliento y brillante ejecución.
En el lienzo que reproducimos, Rosa .Aflsh'ca_, ~dquirido por
el Ayuntamiento para figurar en el Museo Mu01c1pal de Bellas
Artes, una sola figura ha bastado al pintor p_ara significa~ su
pensamiento y dar á conocer su valía. La acutud, el colondo,
el dibujo, la luz hábilmente combinada, y sus tonos claros resaltando sobre un fondo claro también, acusan cualidades é inteligencia. El bello á la par que severo rostro. de 1~ fig~ra .. la
tonalidad del manto, verdadero derroche de e;ecuc1ón JUS!ifican el veredicto del Jurado y el acuerdo del Ayuntamiento.
Sepárase esta representación de la augusta Madre de Jes~s
del convencionalismo casi litúrgico, del molde de las composiciones análogas, y sin embargo inspira respeto, porque en el
delicado realismo que anima la obra distínguese la inspiración
ele! creyente.

•••

Zaragoza. - El dios de las aguas, cuadro de
Joaquín Pallarés (premiado en la Exposición general de
Bellas Artes de Barcelona. - Aunque joven, no es J oaquít¡ Pallarés un artista novel, ni ha sido la Exposición de Bellas Artes de Barcelona el primer palenque artistico á que ha concurrido recogiendo triunfos y aplausos. El cuadro que reproducimcs, premiado por el Jurado calificador y adquirido pgr_el Excelentísimo Ayuntamiento para figurar en el Museo Municipal
de Bellas Artes, es un excelente estudio, copia exacta de una
de las vías más concurridas de la capital aragonesa. Composición, dibujo y colorido son verdaderamente notables, así como
los tipos reproducidos, por serlo exactamente de los de aquella
región.
~l Sr. Pallarés desempeña el honroso cargo de profesor en
la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza,

.

••
Recuerdos de Ripoll (de fotografías instantáneas facilitadas por D. A. Atmetller). - Inmensos son los progresos
realizados por el arte fotográfico de algún tiempo á esta parle;
si á los que no hace muchos años habían de permanecer inmóviles y en postura incómoda fracciones de minuto que parecían
siglos, les hubiesen dicho que llegaría un dfa en que las más
perfectas imágenes se obtendrían tan rápidamente que ni cuenta dar!ase de ello la persona retratada, hubieran dejado ver
aquella sonrisa de incredulidad con que nuestros padres rnludaban las primeras noticias de cada nuevo invento, y que rara
vtz asoma ya á los labios de nuestra generación, acostumbrada
á las más grandes invenciones y apercibida para las mayores
sorpresas que vislumbra en lo futuro.
Hoy, gracias á esos adelantos y á los procedimientos y materiales con que se han facilitado y en parte suprimido las enojosas operaciones de antaño, pueden dedicarse á la fotografía
personas completamente ajenas, si no al arte, á la profesión del
fotógrafo, y así vemos propagarse la afición á ese sport entre
gentes que buscan en él agradable pasatiempo y distracción
instructiva.
Muchos son los que por recreo á la fotografia se dedican y
no pocos los que han logrado en ella éxitos admirables, distinguiéndose en esta ciudad entre los primeros nuestro amigo señor Atmetller, cuyas son las pruebas fotográficas instantáneas
que reproducimos, Nada diremos de ellas ni de los monumentos y escenas que reproducen: de aquéllas porque su perfección
es evidente, sea cual fuere el punto de vista desde el que se
miren; de éstas porque siendo varias y de gran importancia algunas, faltarfanos espacio si hablamos de describirlas como se
merecen ó incurriríamos de fijo en lamentables omisiones si

lla escuela y sus excelentes tradiciones. Si las obras 4ue ha
producido no bastaran para atestiguar sus aptitudes para el
arte que cultiva, demostrarfanlas desde luego los premios y recompensas alcanzados en varios concursos. A semejanza de las
obras de sus paisanos, di~tínguense sus cuadros por su carácter
marcadamente aBdaluz, ya que sus asuntos son exacta reproducción de tipos y costumbres meridionales. Aparte de la seguridad y delicadeza de los trazos, obsérvase en ellos la brillantez siempre agradable de tonos que ofrece aquel rincón de la
patria española, que á los encantos de la naturaleza pródiga,
bella y fecunda, une el atractivo de sus leyendas, el recuerdo
de su grandeza y sus interesantes tradiciones. De ahí que García Ramos, saturado su espíritu por el dulce ambiente de los
cármenes y de los añosos bosques, arranca de su paleta esas
combinaciones de eolor, de que tan gallarda m11estra ha dado
en el lienzo que reproducimos, y que sólo pueden concebir los
que, como él, cultivan el arte con entusiasmo y escogen é imitan
el pals que les ofrece inagotables asuntos para trasladar al
lienzo.

Allí los dejaremo3 zntregados á su amor

VIZCONDESA
POR LEÓN BARRACAND, - ILUSTRACIONES DE EMILIO BA YARD

•••

(CONCL US IÓ N)

Al aire libre, cuadro de Ramón Casas (Exposi-

ción general de Bellas Artes de Barcelona). - Los que conocen
á Ramón Casas notan en él cualidades de pintor de temperamento y dotes no comunes para reproducir la naturaleza, lamentando, en cambio, que en su empeño de determinar originalidad en sus obras, sea algunas veces poco feliz en la elección de asuntos. Y téngase en cüenta que Casas es un pintor de
talento, tan modesto como laborioso, en cuyas obras se descubren siempre condiciones estimables, tan lejanas de lo vulgar
que interesan al critico y llaman la atención del obsevador. El
afán de lo inédito, que quizás, y sin darse de ello cuenta, conduciale aates á extremar sus estudios del natural, se ha moderado notablemente. De ah! que se note en sus obras más facilidad
y solidez en los esbozos y mayor gallardía en la ejecución.
Tres cuadros, resultado de su temporal residencia en la-capital lle la vecina República, remitió á la Exposición general
de Bellas Artes de :Barcelona. Un Inten'or, constituye un notable estudio en el que el pintor ha logrado vencer tantas dificultades como las que ofrece Al aire libre, que reproducimos,
y Orando, de perfecto realismo, que tanto por el asunto como
por su factura calificarla como místico un distinguido crítico.
En unión de su amigo y compañero Santiago Rusiñol, pre•
párase actualmente para formar una exposición de sus obras en
el Salón Parés, recuerdo de sus ·excursiones veraniegas y de su
invernada en Parfs, que suponemos ha de llamar la atención
de los inteligentes, con mayor motivo cuando los premios que
acaban de concedérsele en la Exposición de Berlín y en el Salón de Parls atestiguan el mérito de este artista, á quien lo porvenir reserva merecida fama si continúa conduciendo la nave
de su fantasía por seguros derroteros.

•••
Campo de amapolas, cuadro de Antonio Fabrés (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). Falto de tiempo, no pudo remitir Fabrés á la Exposición de
Bellas Artes de Barcelona alguna "bn, de empeño de esas en
que se bailase impreso el sello de su geniii:Iidad, limitándose á
exponer tres lienzos, que si bien acusan, como todos los suyos,
buen gusto y maestría, no es posible juzgar por ellos al artista.
Nuestros lectores han podido admirar recientemente un precioso y notable dibujQ á la pluma en el que se retrata la genialidad de Fabrés y su temperamento artistico.
Campo de amapolas, que reproducimos, así como Flor campestre y Mediodía, que SOB los tres lienzos que aportó al último
concurso, son otros tantos estudios, recuerdos de su estancia
en Roma y de sus excursiones por el Lacio, á las que debe Fa·
brés la revelación de sus aptitudes pictóricas y la resolución de
cambiar los palillos por los pinceles.

JABON REAL

IVXOLETI

JABON

DE T H RI DAC E 29,t:ii:S1~;,1::~;ar11 VELO UTI NE
l.wmead&amp;J;ia por 1utor~ades me4ie&amp;s par&amp; 11 Rl¡im de la Pill 7 Bello.ii del Color

•

- ¿Pero qué hacía el conde en Mareuil en vez de estar en la Rivoironne? ¡Tan
de mañana ... es incomprensible! ... Sin duda alguien le ha dado aviso ...
Y fijó en la señorita de Sainte-Severe una mirada fulminante.
- ¡5in duda usted misma!, añadió Blanca.
La joven sostuvo atrevidamente aquella mirada, y en vez de contestar limitóse á sonreir.
- Está bien, señorita, dijo la vizcondesa, lo tendré presente.
Y se dirigió hacia el vehículo, del cual descargaba el cochero el equipaje en
aquel momento.
- ¡Pero estos no son mis cofres!, exclamó Blanca.
- Son los míos, repuso la señorita de Sainte Severe.
- ¡Ah! Es decir, que toma usted la delantera y nos abanbona! ... Está muy
bien, está muy bic!n.
Y dirigiéndose al cochero, añadió:
- ¡Al castillo, y lo más pronto posible!. .. Sr. de Maujeán, sírvase usted esperarme aquí. Voy á ver quién manda, si el conde de Bagr~ssand ó .Yº·
.
Y subió al coche, que se puso en marcha al punto; rruentras G1lberto, mmóvil en el mismo sitio, veíala alejarse. ¿Sería posible que en el momento en que
todo se arreglaba y en que 1~ vizcondesa le perte_necía, la. P:rdi:se otra vez
definitivamente? Hubiérase dicho que estaba petrificado; m s1qmera veía á la
señorita de Sainte Severe, que le contemplaba con aire misterioso y que cansada al fin, fué la primera en romper el sil~ncio. . .
.
- ¡Vamos! Despierte usted, Sr. de MauJeán, d1Jo. La vizcondesa de Cabrol está
enojada contra mí en este momento, pe~o dentro de ~na hor~ m~ dará las gragracias ... ¿Y no me las dará usted también? No me pida exphc~c10nes, pues ya
lo sabrá todo esta noche ó mañana... Por lo pronto voy á pedirle un favor; el
equipaje me estorba mucho y necesitaría un coche para conducirlo á la Rivoironne. ¿Cree usted que encontraré uno en la posada antigua?
Gilberto miraba con asombro á la institutriz sin contestar.
- ¡Vamos!, dijo la joven, veo que aún está usted sorprendido... ¡Pues bien,
sí, voy á la Rivoironne, á casa del conde de Bagrassand, porque de?de hace una
hora soy aya de honor de la señorita ~aura!... Los puestos cambia~, ya lo ve
usted, pero la posición siempre es la misma. Así he andado toda la vida de ceca
en meca y ya comienzo á estar acostumbrada á ello. ¡Cómo ha de ser... la suerte
hace de ~osotros lo que se le antoja! Si decididamente va usted á Ro~a! señor
de Maujeán, podríamos encontrarnos allí, pues el conde se propone viaJar con
su hija.
- Pero si el conde se casa...
La sonrisa irónica de la joven cortó la frase de Gilberto.
- ¿Aún cree usted, Sr. de Maujeán, repuso, que es fácil casarse con una mu-

jer á pesar suyo? ... Que una mujer se una con un hombre á pesar de éste, es
cosa que se ve... aunque no siempre, preciso es convenir en ello.
Y la señorita de Sainte-Severe fijó en Gilberto una mirada penetrante que
parecía querer explorar el fondo de su coraz6n para descubrir lo que tan á menudo había en él buscado; mas no encontró esta vez, como tampoco en otras
ocasiones, lo que deseaba; y sin decir más, alejóse.

XII
El coche que conducía á la vizcondesa avanzaba rápidamente hacia Mareuil,
sin dar tiempo á que se calmase la cólera de Blanca, Hubiera podido experimentar cierta inquietud y vacilación ante la idea de ver al conde después de
aquella noche pasada en compañía de Gilberto; pero no pensó en tal cosa.
Preocupábala solamente la indigna conducta del conde; y el hecho de que se
hubiera quedado con sus hijos como rehenes para obligarla á volver, la irritaba.
Apenas hubo llegado, dirigióse hacia el salón; allí estaba ya el conde de Bagrassand, sentado, con la frente apoyada en la mano, la mirada fija y pálido el
rostro, que lo parecía más aún por el contraste con su barba negra. Al entrar
Blanca, levantóse el conde y miróla atentamente; la exaltación en que la veía,
el desorden de su tocado, la cólera que hacía temblar sus labios, indicáronle
que debía renunciará sus proyectos, y volvió la cabeza con expresión de dolor.
- Caballero, comenzó á decir la vizcondesa, va usted á devolverme.,.
Pero el conde la interrumpió con un ademán.
- Señora, repuso, sus hijos están ahí, en su habitación ... todavía duermen y
no saben nada ... No se ha de inquietar por ellos; usted es su madre y no pretendo guardarlos. Si me he permitido retenerlos, impedirles que se reunieran
con usted, es porque deseaba volver á verla á toda costa y yo no podía ir ...
donde usted se hallaba Mi objeto era pedirle una explicaci6n...
Y añadió, cambiando de tono y con emoción profunda.
- Y también darle una queja.
- ¿Cuál?, preguntó Blanca con altivez.
Mas á pesar de la tranquilidad que trataba de afectar, Blanca comprendió
que en aquella escena no estaría la ventaja de su parte; desvanecióse su resentimiento y su cólera se aplacó. Tal vez era necesario tener una explicación con
aquel cumplido caballero para volverá la realidad, para que algunas palabras
de buen sentido la hicieran salir de aquella atmósfera de locura que respiraba
desde que huyera de Mareuil y que la embriagó junto á Gilberto. Era preciso
que volviese á la razón ... El dolor del conde comenzaba á conmoverla ya y preveía que aquella explicación con él no iba á ser violenta, pero sí más delicada
y penosa de lo que había creído.

�588

LA

lLOSTRAClON ARTÍSTICA

El conde continuó:
- Me quejo, señora, de que no haya tenido suficiente confianza en mí para
decirme que llegaba demasiado tarde, que tenía usted compromisos que su conciencia no le permitía romper... Apenas hace una hora que tengo conocimiento
de ello, por conducto de persona de quien usted sospecha ya, á la cual estaré
eternamente agradecido por el favor que me ha dispensado ... Sus palabras me
han abierto los ojos; sus justas apreciaciones y su sentido práctico han disipado
todas mis dudas ... y sin embargo aún me resisto á creer y no puedo renunciar ...
Solamente espero una palabra de boca de usted para convencerme de mi desgracia. ¡Pronúnciela, y me resignaré!
Blanca había inclinado la cabeza y no contestaba. El conde hizo un movimiento de impaciencia y continuó:
- Yo había notado ya que usted vacilaba, que se consultaba detenidamente,

NúME.KO

507

- Dispénseme usted, señor de Bagrassand, repuso, me reconozco culpable ...
no he sido franca ...
El conde estrechó la mano de la vizcondesa, pero no la retuvo en la suya; y
como exaltado por su propio heroísmo, añadió:
- No debemos permanecer más tiempo aquí... Vamos á b~scar á la marquesa. ¡Yo mismo abogaré por la causa de usted si fuere necesano!
Blanca se dirigió hasta la puerta, como bajo la influenc~a de un su.eño, como
si la moviera una voluntad que no fuese la suya, y obedeciendo sum_1sa al conde; pero como todo ello no le hacía olvidar lo que realmente la mter~saba,
no le pesó en el fondo la intervención de Bagrassand, que llegaba á tiemp?
para allanar las enojosas dificultades que en su concepto ofrecía u~a explicación con la marquesa. Aunque conocía los sentimientos de la anc1~na y su
simpatía por Gilberto, ignoraba aún qué giro tomaría el a~un~o. Pod1a·haber
alguna escena teatral, una reacción repentina y una cóler~ md1gn~da, cuando
la marquesa, tan buena y tan benévola para el Sr. de Mauleán, supiera de p~onto que osaba aspirará la mano de su nieta, á una descendiente de la Fonfre1de.
Encontráronla en su aposento, descansando en el silló~ del que nunca se
movía. Al ver entrar á los dos, á Blanca como víctima, resignada y algo confusa, y al conde muy grave, con expresión sombría y fruncido el ceño, sonrióse y
los miró de reojo. Desde el amanecer había estado muy preocupada á ~ausa
de las idas y venidas insólitas que oía en el castillo y de las conversac10nes
animadas que se escuchaban en el salón, no siendo la menor de sus sospec~as
ver una hora antes á la señorita de Sainte-Severe presentarse para anunciar
que se marchaba, sin alegar razón alguna.
- ¡Vamos! Aquí ocurre algo extraordinario, dijo. ¡Hablad, hijos míos! Comience usted, Sr. de Bagrassand, que parece el más enojado.
.
- Querida tía, repuso el conde, vengo, efectivamente para com~mcar una
noticia que tal vez la sorprenda... La vizcondesa de Cabro! ha temdo escrúpulos...
- ¿No se casa ya con usted?
- Ha creído comprender que desde hace mucho tiempo el Sr de Maujeán le
profesaba el más profundo cariño ...
- ¡Ah!, exclamó la marquesa.
Y miró alternativamente á Blanca y al conde sin que su fisonomía cambiase,
sin que desapareciera su sonrisa burlona, y limitóse á contestar simplemente:
- ¡Bah! Siempre lo sospeché.
- Sus derechos son anteriores á los míos... Si la vizcondesa ha esperado
tanto tiempo para confesárselo á usted, si me ha permitido adelantarme para
ofrecerle mi mano, es porque temía alguna resistencia de parte de usted ...
- ¡Qué locura!, contestó la anciana volviéndose hacia su nieta. Al fin y al
cabo ella es la principal interesada.
Blanca se sintió conmovida hasta el fondo del corazón y dió un paso para
precipitarse en brazos de su abuela; pero el conde prosiguió:
- En tales condiciones, réstame sólo retirarme, dejando el puesto libre para
el Sr. de Maujeán...
'
- ¡Espere usted!, replicó la marquesa. Permítame decirle, sobrino mío, que
la cosa toma un giro favorable para usted, porque los matrimonios entre pa-

¡Cuín buena es uste.:I, dijo, cuán buena!

extrañándole al parecer que yo hubiese pedido su mano ... ¡Escúcheme usted
Blanca! ... ¡Sin duda creyó que entre nosotros se trataba de un casamiento d~
conveniencia! ... Por parte de usted, es posible ... mas no por la mía ... y bien
puedo decirlo ahora, porque sufro demasiado para callarme... ¡Yo amo á usted,
Blanca... y desde hace mucho tiempo! ... La amo de tal modo, que si usted quisiera olvidaría todo cuanto acaba de pasar y volveríamos á poner las cosas
como estaban ... ¡Vuelvo á pedir su mano, Blanca! ¿Me la otorga usted?
La señora de Cabrol levantó lentamente la cabeza y miró al conde; en sus
ojos revelábase un poco de sorpresa mezclada de compasión.
- Olvida usted, caballero, dijo, que vengo de la casa del Sr. de Maujeán, y
que por lo tanto no puedo ya ser su esposa.
Bagrassand contestó con nobleza:
- ¡Puede usted serlo y jamás la creeré indigna de ello, si acepta! ¿Consiente
usted?
Blanca bajó la vista otra vez y guardó silencio, mientras que el· conde, después de mirarla con dolorosa ansiedad, dió algunas vueltas por el salón y detúvose de nuevo ante ella.
- ¿Y por qué huir, dijo, con un tono brusco, harto excusable por su dolor,
por qué irá buscar al Sr. de Maujeán? ... Sí, ¿qué necesidad había de escapar?
¿No es usted la dueña aquí? ¿Tengo yo algún derecho sobre -usted?
Y como Blanca no contestase, añadió:
- Si se casa usted con el Sr. de Maujeán, debe hacerlo aquí mismo, en su
casa, en Mareuil, con el consentimiento de su abuela y delante de todos. Una
vizcondesa de Cabro! no se casa de otra manera ... Pero ¿cree usted que :io habrá oposición por parte de la marquesa?
Blanca miró al conde, muda de asombro, sin contestar nada, reconociendo
más claramente los peligros de la resolución que había tomado. La necesidad
de explicarse con la marquesa para manifestarle su proyectado enlace con Gilberto era una dificultad que había previsto, pero alejando siempre de ella el
pensamiento, y que, por lo demás, creía haber zanjado al fugarse del castillo.
El conde había comenzado de nuevo á dar vueltas por la habitación y reflexionaba; pero de pronto se detuvo ante Blanca.
- Pues bien, dijo, si usted quiere iremos juntos á ver á la marquesa para
hablarle, pues en mi concepto debe usted preferir que yo mismo le anuncie que
desisto ... Es forzoso explicarle por qué la ceremonia de hoy no puede celebrarse ... Y además, considero también indispensable que, si se casa usted con otro,
pida antes su beneplácito.
Blanca, vencida por tanta generosidad, miró al conde con una sonrisa confusa y ofrecióle la mano.

Blanca habla inclinado la caheza y no contestaba

rientes no valieron nunca nada Blanca es prima de usted y yo rio veía con mucho agrado semejante unión. Sería deplorable que una raza tan hermosa como
la de usted degenerase... Ya encontrará de sobra otra mujer con quien no tenga parentesco y con ella podrá formar Ul'l buen tronco de nobles Bagrasands.
- No me casaré, dijo el conde.
Tal vez 1e enojaba un poco el tono bonachón y cómico con que la anciana
contestaba á su renuncia, despojándole de algo de esa grandeza caballeresca
que él quería comunicarle.
Y saludando con frialdad, salió de la estancia.
Blanca permanecía en pie con el corazón sobresaltado de alegría, y cuando
oyó que los pasos del conde se alejaban, parecíale que todas las penas, todos
los enojos y las dudas que la inquietaron antes se desvanecían para siempre.
Entonces consideróse feliz... ¡Qué pronto se habla realizado todo! ¡Con qué

NúMERO

507

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

bondad y cuán fácilmente se habla anticipado la marquesa á sus deseos! Y volviéndose hacia la anciana con una sonrisa, dejóse caer de rodillas.
- ¡Cuán buena es usted, dijo, cuán buena!.,. ¿Cómo decirle...
La marquesa acariciaba á Blanca tiernamente.
- Sí, repuso, ábreme tu corazón, hija mía, dímelo todo ... Ya comprendo que
algo grave habrá mediado, pues desde esta mañana noto en esta casa mucho
trastorno ... En resumen, hija mía, al renunciar á él, sacrificas grandes ventajas;
pero no eres tan digna de lástima como alguien pudiera creer... Hace algunos
años, á fuerza de economías he podido cancelar todas las hipotecas que pesaban sobre Mareuil... y Mareuil vale un millón. Con esto y con lo que te dejaré
después de mi muerte se puede vivir sin más que imitar mi cond~cta...
Blanca quiso interrumpirá la marquesa con un ademán de canño.
- Sí, continuó la anciana sonriendo y cogiéndose con fuerza al brazó de su
sillón, me defiendo; pero algún día será forzoso...
La marquesa se interrumpió y sonrióse como si le ocurriera alguna idea
agradable.
- Lo que más me agrada en todo esto, dijo, es ver cómo se han frustrado los
planes de la condesa de Chalieu, y seguramente me harán reir los aspavientos
de las señoras de Preville y de Tertre, que sin duda hacen ya sus preparativos ... De aquí á un momento, cuando sepan que todo ha cambiado, ya verás
cómo te felicitan por tu elección ... ¡y también al mismo Sr, de Maujeán! ..
Sin embargo, hija mía, reflexiona aún, porque con tu proceder impones una
enorme deuda de gratitud á ese Sr. de Maujeán, y será preciso que éste tenga
el alma muy elevada y el corazón intrépido para no flaquear ... Por él renuncias
á algunos millones, á un gran nombre y á un hermoso título... en fin, te creas
una posición excepcional. ¿No te arrepentirás nunca de lo que haces?
- ¡Jamás, abuelita mía, jamás!
- ¡Pues bien: te casarás con él si le amas!. .. Bien mirado, siempre habrá un
Guy y una Juana de Cabrol... Y yo también quiero á ese Maujeán, porque es
un buen muchacho... En mi larga vida he visto muchas cosas y tenido tiempo
par.a reflexionar... Quiero decirte ahora lo que me ha enseñado mi antigua experiencia...
Y bajando la voz, acercóse á su nieta, como si fuese á revelarla un secreto de
su casta y no quisiera que nadie oyese la confidencia más que Blanca.
- Sf, dijo, un gran nombre, un título nobiliario es muy apreciable cuando se
sabe llevar bien; mas por desgracia, no todos tienen bastante talla para esto;
algunos lo consideran como un peso que les agobia; mientras que otros olvidan
su clase... Nuestras filas se merman mucho, y si no las renovamos, acabaremos
por desaparecer. Es preciso, pues, permitir que otros ingresen en ellas, pero
hay que elegirles con prudencia, con discreción ... Los chapados á la antigua se
contristan al ver esto, como si no hubiera sido siempre así; y aun hoy día hacen
comprender á esos intrusos, durante algún tiempo, que no son de noble estirpe... Después lo olvidan y acaban por conformarse con todo. No hay más remedio, puesto que es necesario... Cuando me dicen que vivimos en el tiempo
de la democracia y que esas cosas no tienen importancia ya, no puedo menos
de reírme. Desde que los franceses son todos iguales, jamás se necesitaron
tanto las distinciones; y esto no debe desanimar á nadie, puesto que cada cual,
él ó sus hijos, puede llegar al puesto que nosotros ocupamos, .. Pues bien: el
Sr. de Maujeán me parece uno de esos hombres; era casi uno de los nuestros,
y lo será del todo, gracias á ti. Esto es lo que yo quería decirte.
Y la marquesa levantó la voz como si ya hubiese terminado su confidencia.
- Ahora, continuó, puedes hablar, hija mía, confiésamelo todo ... ¿Qué has
hecho desde esta mañana, 6, mejor dicho, desde anoche, cuando estabas tan
pensativa? Pero siéntate; ya has permanecido bastante tiempo de rodillas.
Blanca se levantó con ligereza, y siempre graciosa y risueña fué á sentarse

junto á la anciana. Después, como si tratase con una amiga en quien se tiene
plena cofianza, sin ocultar nada, sin omitir casi el menor detalle, dióle cuenta
de su fuga y de su llegada á casa del Sr. de Maujeán ... añadiendo que éste la
estaba ahora esperando allí, poseído tal vez de angustia é incertidumbre.
- ¡Pues es preciso mandar á buscarle en seguida!
El coche volvió á salir para Chatillón; pocas horas después Gilberto llegó, y
conducido de la mano por Blanca, presentóse á su vez á la marquesa.
- Abráceme usted, Sr. de Maujeán, díjole la anciana. Si para usted es un honor, como yo creo, casarse con mi nieta, crea que para mí es una dicha con•
cedérsela.
El matrimonio se efectuó tres semanas después, y según lo había previsto la
marquesa, la señora de Chalieu y sus amigas, que quisieron quedarse para realzar la ceremonia con su presencia, apresuráronse á cumplimentar á Gilberto.
En cuanto al conde, había emprendido un largo viaje con su hija, acompañada de la señorita de Sainte-Severe, á quien estaba profundamente agradecido
por haberle avisado á tiempo, librándole así del peligro que le nmenazaba, el
ridículo del hombre abandonado por su esposa el mismo día de su matrimonio ... ¿Será necesario decir que al encontrar la iristitutriz bajo la puerta de su
habitación la misiva de la vizcondesa, y reconociendo hacía largo tiempo las
luchas interiores de su señora, adivinó sus proyectos de fuga, comprendiendo
que quería que ella le ayudase? Al primer golpe de vista dióse cuenta de la
situación y consideró cuáles eran las probabilidades más favorables para Blanca; aseguróse de que no había nadie en su aposento y dispuso que la condujeran á la Rivoironne.
Al escuchar á la señorita de Sainte-Severe, el conde admiró el buen sentido,
recto y práctico de la joven, y conmovióle la bondadosa prontitud con que había ido á proporcionarle el medio de salir de aquel paso dificil sin menoscabo
de su honor, á la vez que una oportunidad de mostrarse magnánimo. No se olvidan semejantes servicios, y el conde de Bagrassand aprovechó al punto la
circunstancia que se le ofrecía de ser útil á la señorita de Sainte-Severe: como
con el paso que acababa de dar se había cerrado las puertas de Mareuil, admitióla en su casa como institutriz de su hija. En lo sucesivo sólo de él dependía recompensar mejor á la joven. El conde, con esa fortaleza de alma que le
había permitido ocultar tanto tiempo su amor á la vizcondesa sin que nunca se
trasluciese en lo más mínimo este afecto, se resignarla también con igual estoicismo á su pérdida; y si, por otra parte, la señorita de Sainte-Severe maniobraba respecto á él como lo hizo con Gilberto, tal vez alcanzaría alguna recompensa mayor. No deja de ser este el principal objeto de todas las llamadas señoritas de compañía, y nada tiene de particular que lo alcancen. Sin embargo,
podría parecer extraño que un día ú otro aquella joven fuese llamada á compartir los millones del conde, si bien no era de esperar semejante cosa por el
pronto. Harto tiempo les quedaba á uno y otro para meditar durante sus conversaciones en aquellos largos paseos que les condujeran de Florencia á Roma
y de Roma á Nápoles ...
Sin duda para evitar un encuentro con el conde, el Sr, de ~✓.raujeán y su
esposa resolvieron emprender su viaje de boda en otta dirección y marchar
desde luego á Escocia. Allí los dejaremos entregados á su amor y discurriendo
por las orillas de los grandes lagos solitarios entre los altos brezos floridos. Habían vivido en la intimidad, ocultando su pasión, y ahora necesitaban explayar•
se, hacerse la mutua confesión de lo que sentían el uno por el otro. La historia
de sus corazones ha terminado. Esa pareja feliz desaparece entre las brumas
risueñas detrás de las blancuras nupciales de las nubes que la ocultan. Dejémosla perderse en ellas y disfrutar de la dicha que justamente merecía.
TRADUCIDO

POR

ENRIQUE L. DE VERNEUILL

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

muy problemática. Nos encontramos, pues, en presencia de dos sistemas: uno sencillísimo, que consiste en no operar sino á más de too focos, pero que liLA FOTO G RAFÍA INST A NTÁ NEA
mita de una manera estricta los estudios que puedan
CONDICIONES QUE DEBE REUNIR UN BUEN APARATO SIN PIE hacerse, y otro en emplear un dispositivo que permita realizar lo que la teoría indica, es decir, poner á
Los aparatos fotográficos portátiles que no necesi- foco los objetos, sea cual fuere la distancia á que se
tan pie que los sostenga, permiten tomar vistas tan encuentren.
Esta solución es más complicada, pero nos parece
origioales como inesperadas, siendo prúeba de la
SECCIÓN CIENT1FICA

Figs.

I, 2

y 3, Aparato de fotografía instantánea de los señores Londe y Dessoudeix

importancia que tienen el gran número que de ellos
se han inventado. Ahora bien: ¿qué condiciones debe
tener un aparato de éstos? En primer lugar debe ser
portátil, y por ende del menor volumen y peso posibles; en segundo es indispensable que las imágenes
resulten irreprochables desde el punto de vista de la
limpieza, pues una prueba de pequeño tamaño sólo
puede tolerarse cuando es perfecta; y por último, es
preciso que el fotógrafo esté siempre á punto de operar; pues como la ventaja del aparato está en propor
cionar vistas ó retratos que de otro modo no podrían
obtenerse, hay que servirse de él como de un fusil,
es decir, apuntando y disparando instantáneamente.
Pero no es esto todo: muchos quieren que el aparato
no sea visible, para no llamar la atención de sus modelos involuntarios, y de aquí la multiplicidad de
pequefios aparatos, que se colocan debajo del chale·
co, en el sombrero, etc.
A priori se ve que muchas de estas cualidades son
incompatibles; así, para disponer de un aparato poco
voluminoso, es preciso disimularlo ó plegarlo, pero
entonces ya no está siempre dispuesto para funcionar: hay, pues, que prescindir de una y otra condición, creyendo nosotros preferible adoptar la segunda, es decir, tener un instrumento siempre preparado.
Por lo que toca al peso, una buena elección de los
materiales y preparaciones empleados permitirá conciliar un máximo de solidez con un peso mínimo;
esta reducción no debe, sin embargo, ser excesiva,
porque cuanto más ligero es el aparato menos limpia
resulta la imagen á causa de la acción del dedo so·
bre el muelle y del movimiento que, al ser soltado,
produce el obturador. En lo que respecta á las pre·
paraciones sensibles, las películas ofrecen ventajas
sobre las placas, pero como la fabricación de las primeras no ha alcanzado todavía la perfección que la
de las segundas, es preferible por ahora servirse de
éstas.
La cuestión de la limpieza es muy compleja y entraña grandes dificultades. Sabido es que para obtener la limpieza más completa es preciso que los objetos que se reproducen presenten su imagen en un
plano, que varía según su distancia del aparato, por
la ley de los focos conjugados. Sin embargo, más
allá de cierta distancia las prolongaciones de la focal
llegan á ser prácticamente nulas; esta distancia es
igual á cien veces la longitud focal del objetivo.
En su consecuencia, más allá de esta distancia
todos los objetos serán igualmente limpios y no habrá necesidad de poner á foco, resultando el instrumento automático. Esta obligación de no operar sino
más allá de 100 focos, demuestra desde luego que
con tales aparatos no podrán abordarse los estudios
de los primeros planos: cierto que con la interposición de diafragmas más pequeños puede disminuirse
esta distancia, pero entonces se suprime luz; y como
el aparato sólo .opera con posturas rápidas, en algunos casos la existencia misma de la imagen podrá ser

muy superior á la primera, porque en ningún caso el
operador se verá desarmado como en la otra aconte
ce. Entre los dispositivos más frecuentemente indicados para obtener el enfocamiento de los diferentes
planos, hay el que consiste en graduar experimentalmente el carro de la cámara ó el tubo del objetivo
para determinadas distancias; de modo, que conociendo la distancia, el buen resultado es seguro. En principio parece esto muy sencillo, pero no lo es en
la práctica; pues basándose en el conocimiento de
la distancia, y siendo ésta en muchos casos desconocida, habrá que apreciarla, y sabido es de cuántos
errores son ocasión estas apreciaciones.
Se hace, pues, necesario operar de distinto modo.
En todo aparato portátil se hace uso de miras que
sirven para poner el objeto en placa y darse cuenta
de la ima~en obtenida; estas miras, formadas por una
diminuta cámara con objetivo de muy corto foco,
dan IJllª imagen sensiblemente limpia, porque el infinito comienza para tal objetivo á una distancia surµamente pequeña, pero no dan indicación alguna
sobre la limpieza de la imagen que se fotografía, y
pueden por esta razón inducir á error.
Los precedentes hechos y consideraciones nos han
inducido á combinar con M. C. Dessoudeix un dis
positivo de cámara portátil cuya descripción vamos
á dar.
Constituye el aparato una caja cubierta de estuche,
que contiene todos los órganos, los objetivos, la mira,
la cámara obscura, el obturador y el depósito de placas. En un tabique interior hay los dos objetivos de
igual foco: uno, el inferior, destinado á reproducir la
imagen que se fotografía; otro para apuntar y comprobar el enfocamiento. A este efecto, la imagen
dada por este último objetivo es enviada por el espejo Mal cristal opaco N (fig. 1) pudiendo examinarse
por un bonete especial V, V (fig 3)1 que durante el
transporte va plegada y se desarrolla con sólo apretar un muelle, y cuyas dos aberturas practicadas á la
distancia de los ojos (fig. 2) permiten ese examen.
El tabique de los objetivos puede avanzar ó retroceder por medio de una cremallera que se hace funcionar por medio de un botón exterior colocado á la
derecha del aparato. Como el aparato está regulado
de modo que la imagen recibida en la placa y la que
se ve en el cristal opaco sean igualmente limpias,
toda variación de la distancia focal será la misma en
uno que en otro lado, y por consiguiente bastará poner á foco la imagen en el cristal opaco N para tener
la seguridad de que también lo está en la placa sensible, con lo cual no qtben equivocaciones. La figura 2 representa exactamente la posición del operador
en el momento de la operación: mira el objeto y le
sigue sobre el cristal opaco; su mano derecha acciona sobre la cremallera, si es necesario, y cuando el
objeto está á foco y se presenta limpio suelta el obturador con el índice de la mano izquierda, de modo
que no se pierde tiempo entre el momento de la pos-

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507

tura á foco y el de la operación. Este dispositivo,
combinado con la movilidad del tabique portaobjetivos, permite operar desde el infinito ( 100 focos),
que en los objetivos en este aparato empleados corresponde á 10 metros, hasta 50 centímetros, lo que
en caso de necesidad permite hacer retratos ó primeros planos en grande escala.
No habiendo hasta el presente encontrado películas de uso tan seguro como las placas, continuamos
sirviéndonos de éstas. El aparato contiene once, colocadas en un depósito á doble compartimiento, idéntico al empleado por M, Fo! en su fusil fotpgráfico.
Este sistema, además de ser de los más sencillos, es
de los menos voluminosos, puesto que el sitio perdido no es más que una dozava parte del volumen total, cuando en los otros aparatos es á veces de 50
por 100. La única precaución que debe tomarse es
que los cuadros que contienen la placas sean fabricados con gran precisión, porque han de sustituirse unos á otros para reemplazar una placa expuesta
por la siguiente. Es, además, indispensable que las
placas, en cada cuadro, estén exactamente aplicadas
sobre la hoja anterior, y que la pila de cuadros que
está enfrente del objetivo se apoye perfectam':!nte en
la parte posterior de la cámara.
M. Dessondeise ha realizado estos diversos desiderata por medio de dispositivos muy ingeniosos: los
cuadros llevan al dorso una numeración de combinación doble, que permite, de una parte comprobar
el cambio de las placas, y de otra encontrar fácilmente tal ó cual placa para desarrollarla. La inspección
de los números se hace al través de una abertura
practicada en la parte posterior de la cámara y cerrada con un cristal encarnado.
Para efectuar el cambio de placas basta aflojar el
botón co1ocado en el centro de la pared posterior, y
cuyo papel consiste en inmovilizar las placas durante el transporte; y operando entonces una rotación completa del aparato, de atrás hacia adelante,
la placa encuéntrase en un instante cambiada de sitio y se puede operar de nuevo en seguida. De suerte
que este almacén pres~nta constantemente una placa
en el foco del objetivo, siendo preciso, para evitar
los velos, tener un obturador que pueda ser armado
sin que la luz penetre en la cámara, resultado que se
obtiene por un mecanismo cuya descripción nos llevaría muy lejos.
Al obturador puede dársele naturalmente velocidades variables, según las hipótesis, y puede modificarse, según los casos, la abertura de los diafragmas.
Tal es el aparato de que hace muchos años nos
servimos; y sin pretender que sea el non plus ultra,
que nos parece de probtemática realización, reune,
á nuestro modo de ver, las siguientes ventajas: disponibilidad inmediata, fácil colocación de la placa,
enfocamiento exacto y posibilidad de operar á cualquier distancia. De ello resulta que, puesto en manos
de personas prácticas, puede con este aparato llegarse á una producción mucho más considerable que
con los demás. Algunos pretenden juzgar del valor
de un aparato de mano sólo por algunas pruebas;

NúMERO

507

59 r

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DE 19ARIB

no tf_tubean en purgarse, cuando Jo
nec~sitan. No temen el asco ni el cau;an~io, porque, contra lo que ,acede con
~ emas purgantes, este no obra bien
BIDO c_uando se toma con buenos alimentos
1 bebidas fortificantes, cual el vino el cal~
~ té. Cada cua~ escoge, para purgárse, 1a'
ora 1 la comida gue mas le convienen
sevun sus ocupaciones. Como el causan'
cio que la purga ocasiona queda completamenteanulado porelelecto de la
buena alimentacion empleada uno
•e decide 14cilmente á volvér
· llempenrcuantasveces

DI

laCOBEA, delHISTEBICO

1!: CONVULSIONES, •11 NERYOSISMO,
dt la Agltacloa atmosa de lu IUgtl'II
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~,o

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~

t-+-'i
Participando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
~peclalmente contra las Zaorofulaa, la
·..n•ts y la Debilidad de temperamento,
asi como en todos los casos(Páltdo• colores,
Ameriorrea,
en los cuales es necesario

• •&gt;,

Fig. 4. Muestra de una fotografía obtenida con el aparato
de Londe y Dessouueix

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar 6 regularizar su curso periódico.
~/'/1,?J)s

pero proceden equivocadamente los que tal hacen,
porque con instrumentos medianos se obtienen á
veces clisés excelentes. El verdadero criterio es el
tanto por ciento de las pruebas que liayan salido bien:
únicamente por esto debiera guiarse el operador, con
lo que se eVItarfa muchos fracasos.
A LBERTO L ONDE

(De La Na!tm )

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11

0

'

�LA

59 2

CAMPO DE AMAPOLAS,

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

507

cuadro de D. Antonio Fabrés, (Exposici6a general de Bellas Artes de Barcelona.)

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Quedan reservados' los derechos de propiedad artistica y literaria
lMP, Dlt MONTANElt. Y SIMÓK

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11tí~t1etx
ARO X

BARCELONA

2r

DE SEPTIEMBRE DE 1891

NÚM. 508

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

=

EL SUEÑO DE UN ÁNGEL, cuadro de Vianelll

�LA 1LUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

508

SUMARIO

508

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

595

pasar al Nuevo Mundo. Después de muchos años de fructuosos esfuer-~:~...:, ..:.. . .=:=;~
zos en Sierra Gorda, el padre Serra recibió el encargo de ponerse al
, ~-~~
--frente de las Misiones de California. En 2 de abril de 17 68 llegó al puerto
..,, ....~ :::.~~-.J/··•,..JI✓" ,
~ • - ~
de Loreto con quince asociados, y adoptó las disposiciones necesarias
:=e ..'é, . - - - -~;;
- ~ - - - para ocupar los diversos establecimientos de la península.
La primera Misión de la California Superior se fundó en San Diego,
-· ~
y antes de haber transcurrido quince días organizóse una expedición al
mando de D. Gaspar de Portola, que debía ir por la costa hasta Monterey para fundar allí otro establecimiento. Los geógrafos españoles conocían este punto gracias al viaje de Vizcaíno en 16021 en cuyo relato se
hacía un elogio de Monterey, diciéndose que tenía un puerto magnífico
donde podían anclar todas las naves del mundo.
Deberíamos extendernos demasiado para referir aquí todos los incidentes ocurridos en la expedición, sus fatigas y contratiempos, graves peligros que se corrieron, y cómo buscando Monterey se dió en la bahía de
San Francisco, siendo así conocido del europeo por primera vez aquel
t''r ,~
jardín del actual estado de California. Baste decir que después de llegar
~;-,
á la cumbre de una cordillera desde donde se ve lo que hoy es Searsville,
,;/..
en la gran extensión del valle de Santa Clara, y de contemplar el gran
estuario que su fundador describe como «mar Mediterráneo,» la expe·, ... ,
dición retrocedió otra vez hasta San Diego, obligada por la proximidad
de los fríos, la escasez de víveres y la hostilidad de los aborígenas.
Misión de San Buenaventura
Al llegar de nuevo á Punta Pinos, en el supuesto lugar de la bahía de
Monterey, empleáronse quince días en una activa exploración de la costa en busca del magnífico puerto descrito por Vizcaíno; pero las pesquisas resul1782. - San Buenaventura.
taron inútiles. La localidad no correspondía en ningún grado á las indicaciones
1786. - Santa Bárbara.
del viajero, y al fin se dedujo que alguna convulsión de la naturaleza habría he1787. - La Purísima Concepcho desaparecer el puerto. En su consecuencia, plantaron unagran cruz de ma- ción.
dera en la parte Norte y otra en la del Sur de Punta Pinos, como recuerdo de
1791. - La Soledad y Santa
su visita, grabando en la segunda las siguientes palabras: «Socavad al pie de Cruz.
esta cruz y encontraréis el relato de nuestro viaje.» El escrito decía así:
1797. -San Juan Bautista,
«La expedición que salió de San Diego el 14 de julio de 17691 al mando de San José y San Miguel.
don Gaspar de Portola, gobernador de California, llegó al canal de Santa Bár1798. - San Luis, rey.
bara el 9 de agosto y dió vista á la sierra de Santa Lucía el 13 de septiembre,
1802. - Santa Inés.
penetrando después en esta cordillera en 1 7 del mismo mes. El 1.º de octubre
Después de estos esfuerzos,
hallábase cerca de Punta Pinos y no pudo encontrar la bahía de Monterey. parece que el entusiasmo menExplorando siempre, llegó al fin á Punta Reyes y á los Parallones, en la bahía guó un poco; mas al poco tiemde San Francisco. Para esto fué necesario dar un largo rodeo, á causa de un in- po renováronse aquéllos, para
menso brazo de mar que se extendía á gran distancia. A consecuencia de esta fundar San Rafael en 181 7, San
y otras dificultades, siendo la mayor de ellas la completa falta de víveres, los Francisco Solano en 1823 y So1
expedicionarios debieron retroceder, creyendo que habían pasado por la bahía noma, situada en el último límide Monterey sin descubrirla.
te Norte á que habían llegado
»Hecho en este puerto de Pinos en 9 de diciembre er;i 1769.»
los padres.
Estas Misiones se destinaron,
por supuesto, para la instrucción
de los rudos aborígenas, y en::;,__..
señarles las verdades de la cristiandad, así como las artes de la
vida civilizada. El plan de vida
y disciplina fué trazado por los
jesuitas, que en los siglos xv1 y
xvn organizaron el más extenso
sistema de Misiones en todos
los puntos del mundo pagano:
India, China, El Japón, ambas
costas de Africa, una gran parte
del Asia Central y el Norte y
Sur de América, fueron teatro
✓-­
de sus infatigables tareas.
.".,,,. ...,.,,
Los franciscanos, que sucedie,,,
Púlpito y confesonario de San Buenaventura
ron á los jesuitas en California,
.·•
siguieron
su
sistema.
A
fin
de
-----c9inducir á los indios á renqnciar á su vida nómada, adoptando las costumbres
de los hombres civilizados, dióseles alimento y ropa, enseñándoles después á
•·-...;t!
cultivar la tierra para atender á su subsistencia. Muy pronto se erigió la iglesia
de la Misión, y construyéronse varias casas, utilizando la abundancia de made.- .
ras que ofrecía el país.
• , C'9 )
- _,,,_..)
El género de vida en la Misión es el siguiente: Al toque de maitines los indios
van á reunirse en la capilla, donde después del servicio divino reciben
La primera Misión en California (San Diego)
una breve instrucción religiosa. Terminada ésta, van á trabajar á los campos; á
las once comen, descansan hasta las dos, y vuelven á proseguir sus tareas hasta
A pesar de las dificultades, los misioneros no renunciaron á su empresa. En una hora antes de anochecer. Entonces, reunidos de nuevo, se les hace rezar el
1770 otra expedición, siguiendo el camino de la primera, cuyo diario les sirvió rosario, y luego quedan libres de entregarse á sus pasatiempos. Su traje consiste
de guía, fundó la Misión de San Carlos en la bahía de Monterey, cerca de la en camisa de lienzo, pantalones y chaquetón de lana. A las mujeres se les da
cual se estableció el presidio del mismo nombre. Más tarde, como aquel sitio cada año dos mudas de ropa blanca y un vestido nuevo.
.
no pareciera conveniente, el establecimiento se trasladó á otro lugar situado á
Los indios de California no son, ó por lo menos no eran, la vigorosa raza
algunas millas más al Oeste, á orillas del río Carmelo, dándose este último guerrera de la parte oriental del Continente, ni poseían la inteligencia de los
nombre á la nueva fundación.
naturales de la meseta de Méjico. Alimentábanse principalmente de piñas, nueMonterey es hoy día una famosa estación balnearia, á la cual acuden viajeros ces y otros frutos análogos, é iban completamente desnudos. Aunque no tede los puntos más lejanos. La antigua Misión,el Carmelo, poco menos que una nían la astucia ni la fuerza de los iroqueses, algonquinos y hurones del Canadá
ruina en la actuali4ad, sigue, no obstante, llamando la atención, á causa de lo no les faltaba sutileza, y por lo general eran traidores ó feroces, tanto que en más
pintoresca y por la circunstancia de contener los restos de los hombres venera- de una ocasión los misioneros sellaron con su sangre su amor á la fe, sacrificio
bles á cuyos piadosos esfuerzos se debe la creación de las Misiones y que echa- que, justo es decirlo, no arredró nunca á los franciscanos.
ron los cimientos de la civilización en California. Allí reposan
en el sueño eterno el Padre Junípero Serra, Juan Crespi y Rafael Verger.
San Diego y Monterey sirvieron para señalar el límite extremo
de la primera ocupación española. El espacio no poblado se
ocupó muy pronto, y el área de la conquista de las Misiones se
extendió poco á poco por otros establecimientos semejantes. Los
nombres de esas instituciones, fundadas en rápida sucesión, son
los siguientes:
1
1771. - San Gabriel, San Francisco y San Antonio.
1772. - San Luis, obispo.
'
' : " ~---::; •
·&gt; . -·, :
1 776. - San Juan Capistrano y San Francisco de Asís.
17 77, - Santa Ciara.
Misión de San Y.iguel, condado de San Luis, obispo

·-·

Texto. -Las Misiones de la alta California, por Juan T. Doyle, traducido por
Enrique L. Verneuill. - Pasionaria, por Alejandro Larrubiera. - Co111u11icación con los planetas, por Amadeo Guillemin. - Nuestros grabados. - Un drama en el mar, por W. Clark Russell, tra:iucido por E. L. Verneuill. - Libros
enviados á esta Redacción por autores ó editores: Tagedias, por D. Víctor Balaguer; Por n11estra 11ttisica, por D. Felipe Pedrell; Varias obras de D. Mdchor Gas par de J ovellanos y multitud de composiciones repartidas con motivo
de las fiestas celebradas en Gijón para la inauguración de la estatua de este
eminente sabio é insigne patricio; G. N 1'flez de Arce, est11dio biográfico-crítico,
por D. Marcelino Menéndez y Pelayo.

Grabados. -El meflo de

im ángel, cuadro de Vianelli. - Cruz colocada en
Monterey en el sitio en donde desembarcó Junípero Serra. - Misión de_ S~n
Antonio de Padua :í veinte millas de Monterey. - Misión de San José, d1bu¡o
tomado de un daguenotipo hecho en 1853. - Campanas y pila bautismal de
San José. - La primera Misióe en California (San Diego). - Misión ~e San
Buenaventura. - Púlpito y confesonario de San Buenaventura. - Misión de
San Miguel, condado de San Luis, obispo. - Misión de Santa Bárbara. - Capilla actual de San Juan Capistrano. - Misión y campanario de San Miguel,
cerca de los Angeles. - Misión de San Fernando, los Angeles. - Claustro Y
campanario de San Fernando.-Misión de San Luis, rey, condado de San
Diego. - Misión de Santa Inés, condado de Santa Bárbara, - ~füión de San
Juan Capistrano. - Interior de la Misión de San Luis, rey. - Interior de la
Misión de San Luis, obispo. - Puente de Chia11tla, México (de una fotografía).
-Entre prenderos, cuadro de D. José· Benlliure. - Víctor Duroy, miembro
del Instituto de Francia y ex ministro de Instrucción pública, autor de la
&lt;Historia de los Griegos,&gt; publicada en nuestra «Biblioteca Universal.&gt;

NúMERO

__ _

.,.....

----~--;

Misión de San José, dibujo tomado de un
daguerrotipo hecho en 1853, hoy pro·
piedad de J. L. Beard.

LAS MISIONES DE LA ALTA CALIFORNIA
Aunque la península llamada California Inferior había sido descubierta en
15341 haciéndose entonces muchas tentativas para colonizarla, España no la
ocupó hasta 1697. En febrero de este año, dos padres jesuitas, Juan María Salvatierra y Francisco Eusebio Quino, pidieron permiso para emprender la conquista espiritual del país, permiso que les fué otorgado mediante la condición
de que no se apelara al rey para
hacer gasto alguno, y que se tomara posesión del territorio terminantemente en nombre de la
colonia española. Provistos de
t
esta autorización y del consenti,-..
miento de sus superiores en la Or'r,
den, los dos misioneros comenzaron á recoger fondos para la em;.ji'
presa, y en poco tiempo obtu• 1
vieron suficientes recursos para
''"'
. '•\·'
comenzarla. Aquellos fondos, fa'f ¡
.{ . ·;... ..
cilitados por personas caritativas
' • )'.icuyos nombres:se han conserva·
,'~ ·~.
,1, '
do hasta hoy día, gracias al agra·
/,;
,. '...)
decimiento de les · padres, a umentaron con el tiempo, hasta
Cruz cólocada en Monterey en el oitio en donde
el punto de tener suficiente imdesembarcó Junipero Serra
portancia para que á menudo se
hiciera mención de ellos en la
historia y la legislación mejicana, dándoseles el nombre de Fondo piadoso de la
Ca/if(Jrnia. Más tarde constituyó la caja de las Misiones, y sirvió para sostenerlas en la costa Oeste del continente, y por el Norte en toda la extensión reclamada por España, designándose todo el territorio con el nombre de Californias.
Las trece Misiones fundadas por los jesuitas en la Calüornia Inferior extendiéronse desde el Cabo San Lucas, en la extremidad de la península, por el
Norte. No entraremos aquí en detalles respecto á ellas;nos limitaremos á decir
que se hallaban en un estado floreciente en la época de la expulsión de la Orden hacia 17681 y que los establecimientos se conservan aún hoy día, aunque
á la verdad ruinosos y abandonados por la población reunida allí, pero siempre
mudo testimonio del piadoso celo de sus fundadores.
En 1767 el monarca español decretó por una pragmática que la Compañía
de Jesús fuera expulsada de sus dominios, y con el mayor refinamiento de
crueldad disponíase que la orden se cumpliera en todas las partes del reino á
la misma hora. Eligióse para esto la más avanzada de la noche, cuando todo
el mundo dormía; á la puerta de cada colegio de los jesuitas detuviéronse algunos vehículos, se despertó á los porteros en nombre del rey, é intimóse á todos

.- .

Misión de San Antonio de Padua, situada· á veinte millas de Monterey

-

·•

los individuos de la co¡nunidad á reunirse al punto en la
capilla del refectorio. Vistiéndose apresuradamente, cada
cual dió cumplimiento á la
orden, preguntándose qué
podía ocurrir. Poco después
se les dijo que S. M. había
tenido á bien desterrarlos de
sus dominios. Los carruajes,
según hemos mdicado, esperaban ya, y teníanse preparados en el camino los caballos
necesarios para 1os relevos
hasta el puerto de mar más
próximo, donde á su vez debían encontrar barcos para
conducirlos fuera del reino.
Solamente se les concedieron
algunos minutos para coger
sus libros de oraciones, sus
rosarios y la ropa necesaria;
de modo que una hora después de haber llamado la autoridad á la puerta del establecimiento, todos los jesuítas que le ocupaban hallá.
.
banse ya en camino de la
Campanas y pila bautismal de San José
costa, desde la cual se les trasladó con la misma rapidez á Roma. Durante su viaje al punto de embarque,
prohibióseles hablar . con persona alguna, ni siquiera con los amigos que por
casualidad encontraban. De este modo salieron los jesuitas de España y de
todas sus posesiones en Europa, desvaneciéndose tan rápidamente como la
bruma de la mañana bajo la influencia de los rayos del sol.
No era posible' ejecutar este bárbaro decreto con la misma cruel precisión en
California, porque estaba muy lejos y porque á ello oponíanse muchas dificultades. Allí había sido necesario aumentar el número de individuos de las Misiones, pues de no hacerse así, los indios, á quienes se había hecho adoptar ya
costumbres civilizadas, hubieran vuelto indudablemente á caer en el salvájismo
y habría sido forzoso come~zar de nuevo toda la obra de la conquista. He aquí
por qué las necesidades de la situación modificaron la crueldad de los procedimientos en California. Los misioneros fueron reunidos en La Paz en febrero
de 17681 y entre las lágrimas y lamentos de los pobres indios, que de todas las
Misiones de la península enviaron delegados para acompañará sus padres espirituales, embarcáronse por fin en Veracruz el 13 de abril. Los hambrientos políticos de la época esperaban encontrar muy rico el Fondo piadoso y apoderarse
de él después de la expulsión, saqueando las Misiones de
California; pero la suma total que recogieron no ascendió
siquiera á cien duros.
Habíase hecho un convenio, por iniciativa del virrey, según
el cual los padres franciscanos, expulsados del convento de
San Francisco de Zacatecas, ocuparían el lugar de los jesuitas en las diversas Misiones; y adoptando las reglas y prácticas de sus predecesores, granjeáronse la confianza de los
sencillos indígenas y prosiguieron la obra tal como se había
comenzado. Hacia la misma época, siendo virrey de Nueva
España el marqués de la Cruz, fué e_nviado á aquel país
José Gálvez como Visitador General, revestido de poderes
extraordinarios. Temíase que los ingleses trataran de ensan•
char sus posesiones en América, sentando el pie en el Pacífico; no parecía prudente permitir que la costa Noroeste
siguiera más tiempo desocupada, y Gálvez resolvió colonizarla cuanto fuese posible. Hombre notable por su celo é
!
industria,
tuvo la suerte de encontrar un eclesiástico que era
.,1
la persona más propia para secundar sus planes: Ilamábase
Junípero Serra, presidente de las Misiones. Nacido en Ma: ~f':'{i
llorca en 1713, había manifestado desde luego su prefarencia á la vida religiosa, y terminados sus estudios se le admitió en la Orden _de San Francisco. Al cabo de algún tiempo
fué nombrado para formar parte de una Misión que debía

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�NÚMERO
NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

508

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•

Misiones, casi hasta depoja.rlas del t~do. Nom?rár?~se adl
.
• •.,
ministradores que se apropiaron los bienes, y sm d1smrnlar-~- --- ~ . ~ , se en modo alguno tan vergonzosa expoliación, se vendieron
- ----..._ __, públicamente, no tan sólo el ganado, sino hasta las tierras
de las Misiones.
La ruina de estas últimas se completó por la conquista
A medida que americana. Los pocos indios que en ellas quedaban fueron ahuyentados, pues
la conversión pro- los invasores no querían entender nada de los hermanos misioneros y los sal·
gresaba instruía- vajes civilizados ni respetar cosa alguna; de modo que ninguno de los establese más y más á cimientos fundados conserva su primitivo carácter. En aquellos á cuyo alredelos jóvenes indí- dor se había formado una numerosa población, como en Santa Clara, San
genas, enseñán· Francisco y San Rafael, no había ya más que iglesias parroquiales. En algunos
doles varias in- puntos los colonos ahuyentaron á los sacerdotes, y en más de un caso los temdustrias además plos fueron sacrílegamente convertidos en cuadras.
El más considerable de los antiguos establecimientos era el de San Luis, rey,
del cultivo de la
tierra; y así es que que yo visité con un compañero en el verano de 1862. A primera hora de la
.. no faltaron cerra- mañana salimos de San Juan Capistrano y llegamos á San Luis á eso de las dos,
-·
....,..J
.
. . . . . . ..
.
jeros, carpinteros, sin encontrar ni un solo ser viviente ni siquiera una vivienda humana. Avanzá.. ... ··-~
tejedores, sastres bamos por la base de la sierra, siguiendo el surco de las ruedas de un carro que
y zapateros. Tam- nos sirvió de guía, y después de franquear muchos barrancos y de algunas horas
Misi6n de Santa Bárbara
bién se importa- de monótono viaje, vimos por fin, al salir de la cordillera, un valle encantador,
ron animales do- por el cual se deslizaba un riachuelo de cristalinas aguas, que á cierta distancia
mésticos, que se reproducían con !asombrosa rapidez, y en cuya cría y cuidado iba á verterse en el mar. En el centro del valle, en una eminencia, elevábanse
las torres de la antigua iglesia y el tejado rojizo de la antigua Misión, donde se
llegaron á ser los indios muy práticos y útiles.
A los barcos que visitaban la costa se les vendían pieles, cereales, vinos y di- reflejaban los rayos de un sol casi tropical.
El paisaje era magnífico, y nos detuvimos algún tiempo antes de examinar
versos frutos. Con parte del producto obtenido comprábase para los indígenas
ropa blanca, tabaco, tejidos, etc., y lo demás se empleaba para embellecer las aquellos parajes. Las paredes se conservaban bastante bien, y cerca de la entrada estaba el suelo tan bien enarenado, que se me figuró que no podía menos
iglesias, comprar instrumentos musicales, pinturas y diversos adornos.
Además de instruir á los naturales, las Misiones organizaron un sistema hos- de encontrar gente en el interior. Entré sin vacilar, y recorrí las habitaciones y
pitalario para todos los viajeros, que así podían encontrar en diversos puntos, corredores como buscando al sacristán que en mi imaginación me representaba,
á veces cuando más lo necesitaban, un refugio seguro y lecho
para descansar. Las casas destinadas á este servicio estaban separadas solamente por una jornada de distancia.
,\
,,b,,, • ·. ~-Las Misiones de California, en número de veintiuna, alcanza- :¡ . ¿1)--r, " ::;::;;;::;;: -;;-....--=-r:-;,;..-:r..-.-::a.
zaron su mayor prosperidad durante el primer cuarto del presen~
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te siglo. En todas reinaba la abundancia: provistas de huertos y ~~:;¡. •~ ·
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oe¡fll1i;;;~ ,:
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jardines, obteníanse en ellas los mejores vegetales, frutas de todas 'llí.. tlt . '· ~•.
. ,.,,V&amp;':.,:
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clases! y cultivábase ~n particular la higuera, el naranjo, el olivo
. .. .
..,.. ........,,,,, ·"' J.
y la vid; estos dos último~ se producían en tal cantidad, que después de usar~e lo necesario quedaba un gran sobrante para la
venta. También el ganado abundaba mucho, según se ha sabido por los datos pero fué inútil. No
.~ ,
de la Misión. Para formar idea basta decir que en el año 1820 la Misión llegóá vi más sombra
/;-,¡
tener 140.000 cabezas de ganado, figurando los caballos por la cifra de 18.000. que la mía, ni lle,, 11, r/1
El producto anual de cereales, por término medio, desde 1811 á 1820, se calcu• gué á percibir más
:í~iill~r./'f,"
16 en n3.ooo fanegas. Pero el aumento de pobladores blancos llevando con- sonido que el eco
f.'1,1
yN
sigo las necesidades, las ambiciones y la libertad de la vida ~oderna, era in- de mis propios pa-~~~;!. p.i:;;.,._~r
l.} :,.f~&gt; r:.,-..J
compatible con el buen éxito de instituciones basadas como las Misiones en sos.
1~"°).
Í
_,.
la autoridad paternal. _Los indígenas eran niños por t¿dos conceptos, exc;pto
En el patio in·:, ffi "1t, .., .
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porlaedadylacapac1dadparahacerdaño,ylos colonos no se sometieron á terior, en otro
, ,.,,. s~ ·,---,
«
'J', ~l,'r,~
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• - •

~.,_.-

india; más tarde la
Misión fué ocupada por nuestras tro
pas como puesto
militar durante la
guerra con Méjico.
Cuando dejó de
servir para esto, el
gobierno proyectó
hacer las reparaciones necesarias para
devolver el edificio
á su primitivo estado; pero cuando
supo que esto costaría dos millones
de duros, renunció
á la empresa.
Aún hoy día se
puede ver esa Misión, magnífica
hasta en sus rui1lisi6n de San Fernando, los Angeles
nas, monumento
de piedad, de in.
.
dustria y desinterés de los venerables mon1es que usan el hábito y el cordón
de San Francisco, y que fueron los primeros que trataron de colomzar la Alta
California.
JUAN T. D OYLE
TR ADUCIDO POR ENRIQUE L. VERNEUILL
,vv-~~~w~~~~~~w~~~~~~

PASIONARIA

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Entre aquellas otras ideas de venganza que bullían en su cerebro, la del suicidio era la que se levantaba prepotente desde ~acía horas. Lol~ amaba á Pepe
con delirio con frenesí· por él se hubiese sacnficado, habría sido su esclava:
era su pri~er amor una' pasión loca que la hacía ~orjar in mente escenas rebosantes de felicidad ... Ser la mujer de Pepe; cuidar de él y de su madre ya
achacosa por sus muchos inviernos; constituir una familia; repartir su cariño
entre estos dos seres y aquellos otros que la coyunda matrimonial formase como
lazos irrompibles de dicha: he aquí sus grandes ambiciones, su sueño dorado,

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el_abundante ga_nado de las M1S1ones excitó la codicia de los colonos, que no
miraron la propiedad de los hermanos y de los indios desde el mismo punto de
vista que los europeos.
Bajo_ estas infl~e?cias, el C~n~reso mejicano aprobó en 1833 una ley para
secularizar las Misiones, con_v~rtiéndolas en parroquias, reemplazando además
con curas los sacerdotes m1S1oneros y emancipándose á los indios de su pupilaje respecto de la Iglesia.
Al amparo de esta ley los codiciosos políticos del día pudieron saquear las

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y la cerca del jarMisi6n Y campanario de San Miguel, cerca de los Angeles
dín ocultábase
bajo una espesura de hiedra. De las columnas del corredor pend_ían grandes telarañas, y nada interrumpía el fúnebre silencio más que el gorJeo de algunas
aves.
Penetré en la antigua y venerable iglesia, y mientras hacía_ esfuer~os par~ qu~
mis ojos se acostumbraran á la obscuridad que en aquel recmto re:naba, vm? a
distraerme en mis reflexiones un grito singular y algo que se mov1a en el aire:
era un enorme mochuelo, que al fijar en mí su atención abandonó su lugar de
reposo en lo que antes había sido altar mayor, y fué á posarse en una ventana.
Después subí á una de las torres, donde aún quedaba una campana, en la cual
se veían grabados el nombre del constructor y la inscripción «Boston. 1820))
que claramente indica las buenas relaciones que los antiguos misioneros mantenían con los buques balleneros y con los comerciantes en pieles que hace
medio siglo invernaban en aquella costa. Probablemente estas campanas fueron
encargadas en 1818, pero la misión no las recibió hasta 1821 ó 1822, pues los
barcos, que entonces hacían la travesía por el cabo de Hornos, empleaban dos
años en cada viaje redondo. Los jardines de la Misión, sobre todo el que estaba frente al edificio, conservaban restos de su primitiva belleza; pero los bancos
rústicos se desmoronaban y los árboles frutales habían dejado de producir. De
los restos de la fuente brotaban aún dos chorros de agua, y en las orillas del
arroyuelo que habían formado crecían algunos berros del más puro color ver_de.
Antes de la conquista americana había existido allí una industriosa población

¡,.

Misi6n de San Luis, rey, condado de San Diego

Puede usted contarle con
los difuntos.» ... Fué una
Claustro y campanario de la l\lisión de San Fernando
puñalada aquella revelación tan brutalmente he•
cha ... Lloró como una Magdalena: su madre intentó calmarla en su aflicción:
«Hija, te hacías tú muchos castillos en el aire. Eso te servirá de escarmiento.»
Al amar mucho y sufrir el primer ultraje, queda una nota de escepticismo y
otra de esperanza. «Acaso vuelva,» pensó Lola. «¡Quién sabe! Rechazando yo
á todos los hombres, viviendo más recogida, Pepe vendrá á buscarme.»
Así pasó un poco de tiempo, no sé cuánto; ello es que para la pobre mujer
los días eran eternidades. Además, en el corazón faltábale algo que le robaba la
expansiva alegría de antaño.

....

Ahora que su desgracia era cierta; ahora que, por decirlo así, ar.ababa de
emborracharse en su infortunio, la rabia, los celos, la desdicha, zahiriéndola, parecían decirla: «¡Mátate!» En aquella noche del domingo, una vez que su madre
hubo terminado de cenar, retirándose después á su dormitorio, Lola, so pretexto de concluir una labor urgente, quedóse á solas en la sala: una sala abuhardillada, en la cual no se sabía qué admirar más, si lo pobrísimo del ajuar ó la
limpieza y orden con que todo estaba dispuesto. Inmóvil, de bruces sobre la
tabla de nogal de la máquina, fija y persistente la mirada en el
vértice del ángulo agudo que formaban en último término la
techumbre y el pavimento, Lola parecía la estatua del dolor
sumida en meditación ... A veces un ligero estremecimiento
recorría su epidermis, dejándola fría; después un suspiro, Juego ... nada: seguían sus ojos, abrillantados por la fiebre, fijos en
el vértice; dijérase que su organismo padecía momentánea catalepsia, Lola se hallaba en esos momentos en que el espíritu
se reconcentra en nosotros mismos y hace que poseamos una
doble vista y seamos espectadores conscientes de escenas de lo
pasado en que intervenimos. Lola vió desfilar ante sí los meses
de ventllra que tllvo con Pepe, sus ilusiones forjadas al calor
de una pasión correspondida, y triste, tristísima, la odisea de
aquel aciago día: del domingo. Habíasele impreso de tal modo,
que el tiempo, como si fuese un buril manejado por una mano
de hierro que ahondase despiadadamente en su cerebro, dábale mayor relieve. Aquello y el aislamiento moral en que se
hallaba serían los que la arrojasen al suicidio precisamente, porque, ante su
dolor, la vehemencia de éste valía más que los razonamientos que su limitada
educación podían sugerirle ...

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597

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

508

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la eterna pesadilla que desde que conoció á Pepe y fué su novia se la representa·
ba en todas partes y á todas horas, especialmente los d?mingos, días en que ella,
vestida á Jo chula honesta y decentita, y él á lo señorito, con chaquet y sombrero hongo, íbanse de paseo, camino del puente de_ Toledo ó Vallecas, donde,
por de contado, tomaban un piscolabis en cualq~ier ventorro_ fonducho de
mala muerte. Lola miraba con cierta complacencia á las fam1has de obreros
que, en pelotón, los chicuelos al frente canturr~ando, l?s padres á retaguar~ia,
el marido con un Partagas infumable de á diez ~énhmos en la boca, y_ a la
espalda, á guisa de regocijada enseña, la bota pendiente del bastón; la muJer al
brazo la cesta con la merienda, y reflejándose en el rostro de todos la franca
alegría de los que después de una seman~ ~e rudo trabajo ~an á aquellos sitios
á proporcionarse unas horas de solaz legihmamente conquistado._ Lola no los
envidiaba ... ¡Anda, no tardaría mucho en que ella fuese protagomsta en uno de
estos cuadros! ... Y tales dichas y tales esperanzas eran como los leños á la hoguera: le hacían adorar más á su Pepe.
- Mira chica1 en cuanto reuna un centenar de duros, que es lo que necesitamos par~ el casorio nos echan las bendiciones, y á casita con tu
madre, Je había dich~ Pepe ... Aquel día Lol~ lloró de ~legría, y
halló el cielo más azul y antojósele un palacio el zaqmzamí en
que habitaba ... ¡Optica engañosa del corazón! ...

?

De pronto, el hermoso edificio que ~u ~andor, la )e y ~¡ cariño
habían construido en el país de las ilusiones, vema á tierra, de
golpe, aplastando en su caída un corazón _virgen ... Un día Pepe
faltó á la cita que al anochecer tenían siempre á 1~ p~erta del
obrador de Lola. Esta extrañó aquello, pero no le d1ó importancia ... Pasó un día y otro y otro, y Pepe como_ muerto. Interrogó
la joven á un amigo de aquél: «¡Bah!, respond1ó el _tal, Pepe ~e ha
hartado de unas relaciones tan tontas; eso me ha dicho él rmsmo.

II
Es preciso hacer un paréntesis, explicar la odisea.
Aquella mañana del domingo Lola fué al obrador, y como de costumbre,
sentóse en una sillita baja, al lado de sus compañeras. Notó la joven que éstas
parecían mirarla con lástima, que muy bien podía confundirse con irónica conmiseración, y aun creyó oir su nombre en los cuchicheos que entre sí traían.
De pronto la aprendiza, una muchachuela enclenque y paliducha, dijo en son
de burla, mientras se agachaba para recoger del cesto de la labor una prenda:
- Paece mentira, y cómo cambean los tiempos. Ayer mucho te quería; pero
hoy, si te he visto no me a/cuerdo.
Soltaron una risotada las otras. Lola, como si le hiciese daño tal expansión
de alegría, preguntó á quién iba dirigida la indirecta.
- ¡A ti, boba!, replicó una de las oficialas; ¡pues así que la cosa no tiene malicia!
Y mirando en su derredor, como notase la ausencia de la maestra, prosiguió:
- ¡Chica, te tenemos que dar la gran noticia! ...

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Misi6n de Santa Inés, condado de Santa Bárbara

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ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

508

NúMERO

LA I LUSTRACIÓN

508

ARTISTlCA

599 ,

-iCuál?
En días de fiesta, en aquella interminable fila de humanos que comienza en
- Una muy fresquita.
los soportales de la calle de Toledo y termina más allá del puente del mismo
- ¿Buena? ...
nombre, _el observador halla ejemplares de todos los elementos que forman esa
:-- Después de todo, no es mala: ello había de ser algún día; y cuanto antes
gran conJu?ta de clase burguesa 6 proletaria; desde el casero, ser místico y romeJor.
ñoso que vive ~e las rentas que le produce una casucha enclavada en la calle
- ¿El qué, Amalia?, preguntó ansiosa Lola.
de
la Esperanc11la, hasta el tosco albañil¡ formando escala el hortera que se las
- No te ~agas la iznorante, mujer: á estas horas acaso lo
sepas tú meJor que nosotras.
-No sé nada. ¿Qué es? .. . ¡Habla!
Amalia mir? al corro: las muchachas parecían estar pendientes de sus labios y por más que todas estuviesen en el secreto
g?zaban por anticipado del efecto que aquél había de produ'.
cu en Lola.
•;"·
:_•.! •.•
- P~es hija, comenzó la narradora, veníamos la aprendiza y
,✓• - ... ~--.:.~
·yo cammo del obrador, cuando al pasar por delante de San
'1 .,111'1,J'.
¡ '
Cayeta~o ~emos salir ~e la iglesia un diluvio de gente ... ¡la
mar, c~ica .... Las muJeres, todas con pañolones de Manila
.:1
auténticos, los hombres con los trajes de cirimonia. ¿Qué será?
nos preguntamos ésta (y señaló á la aprendiza) y yo. Estába'.
...._. :--:41
~os en estas dudas, cuando vemos salir á Pepa, la hija de ese
tJazo de Paco, carnicero _de la calle. del Ave-María, que tiene
más oro_que pesa, tan altgante, vestida de novia con mucho
raso, brillantes, sortijas, pulseras .. . El acabóse ~on ramo de
• r--:"f:i,.:.
-:J~ :-. ~
azahar y todo .. . Pus hija, ya sabemos lo q;e es y adónde
:·... !~,.. -··
·--~van á celebrar el jolgorio, porque uno de los convidados grita:
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11

'i.'1"" .

Mis ión de San Juan Capistrano

SECCIÓN A)!ERICANA, - PU ENTE DE CHIA UTLA, MÉXICO.

Interior de la Misión de San Luis, rey

«tHabís avisao á los ómnibus pa que nos lleven al ventorro de la Manca al
puente de Toledo? ... »
,
- ¿Y _qué ~e in_1porta á mí todo eso?, interrumpió Lola con marcadas muestras de impaciencia.
.- ¡Hij~, no sea~ tan sr'tpital ... ¿A que no sabes quién era el novio? ... y poquito esltrao que iba, hecho un caballero de levita y bimba y más alegre que
unas pascuas.
- ¿Quién es? ¡Acaba de una vez!. ..
- ~ujer! ¿1uién_ había d~ ser? ... Pepe, tu antiguo novio.
- ,Mentira., rugió más bien que exclamó Lola, sintiendo que la vista se le
anublaba y qu~ un tem~lor nervioso invadía todo su cuerpo.
- Como qmeras, r~phcó_ filosóficamente la parlanchina cronista.
Transcurrieron vanos mmutos en silencio; de repente Lola preguntó con voz
que en vano quería aparentar firme:
- ¿Y dices tú que iba contento? ...
-ya lo creo,_ mujer ... Boda de más rumbo en mi vida he visto otra ... Ya
ves s1 ten~a motivo el hombre para ir inflado y orgulloso como un pavo real.
A medida &lt;l,Ue la narradora hablaba, Lola sentía mayor angustia y á la cabeza un zumbido extraño.
Procuró sere~arse, y afectando indiferencia prosiguió en su tarea: de vez en
cuando un suspiro acusaba su verdadero estado de ánimo.

'

I

***

Interior de la Misión de San Luis, obispo

***
~orno día de inci~nso, los an~urriales del puente de Toledo encontrábanse
P,º lados de una abigarrada y pintoresca muchedumbre en su inmensa ma 0 •
~a ~ente artesana, que en tales sitios se hace la ilusión'de esparcir el áni~o
aciendo huelga en un campo yermo, merendando cara al sol y envuelto tod~
~onstantemente en las nubes de polvo que el trasiego de transeuntes y carruaJes levanta en la carret~ra; ó bien las familias prácticas, entre las que hallaremos no [ocas perten:c.1entes á la clase media, á pretexto de estirar las piernas
tn en usca de prov1S1ones para el resto de la semana, cerca de los Carabanchees, por el contado, con el sano propósito de burlar el pago de consumos Así
el pr~supuesto ~conómico-doméstico no resultará á fin de mes con déficit,· poros ,de\~ceite, cuatro ~el ~ocino, uno de la carne, medio de esto y cinco de
0
e m~s a , suman un p1qmllo de ahorro más que suficiente para pagar al
· casero
comprar unos zapatos al chico, y si es gente que ha venido á menos
sahumado resulta el ahorro y ya pueden reformarse los sombreros de las ni1ias'
volver el g_abán d~ ese (ese es el cabeza de familia), 6 permitirse el lu'o de cele'.
brar tertuhas los Jueves, como personas que han honra del prójimo, J

t~

• y lo más feo que tiene el pueblo en sus típicas fisonomías: la chula riente, que
rebosa gracia y derrocha sal, con cara de ángel, labios rojos como las cerezas y
ojos que parecen constantemente bañados por el sol, y la vendedora de los barrios bajos todo carnaza, de rasgos fisonómicos que parecen hechos de prestado; la joven que se pasa el día teclea que teclearás al piano, enclenque, anémica, de nariz afilada y ojos mortecinos, hija de empleados, y aquella otra de pelafustanes, robusta, briosa, que es una leona para el trabajo; tipos q ue nos
acercan á la teoría darwinista, seres que nos transportan al idl!al.
Muchas, muchísimas veces vió Lola aquel bullicio, pero nunca sintió mayor
tristeza; hadanle daño las expansiones de alegría de los demás: iba la pobre
mujer á enterrar su corazón; á que la realidad, sepulturero irónico, echase sobre sus ilusiones de otros tiempos la última paletada: quería ver por última vez
á Pepe, recrearse en su felicidad y en la de la novia, saborear la desdicha que
á ella pudiese corresponderle, hasta lo último; y aguijoneada por esta idea,
anhelosa, iba á paso rápido. Al llegar al puente de Toledo la fatiga le ahogaba;
pero no cejó en su propósito, siguió adelante, siempre adelante ...

~a de Narciso irresistible, el menestral, la maritornes zafia la doncella de
nea_ que par~ce un ~razo ~e mar con sus lujos adquiridos 'sabe Dios á cost~asa
qué, la pollita cursi, vestida más cursimente aún· la tra ·
d'
de
soldado viejo que hace del
d
. , .
viesa mo 1stue1a; el
m!edos, el pelotón de criadita~~l~rfilae d~á:~l~ij:t:fei :!~~~~ld el reclutf todo
y Junto al sombrero de copa alta lleno de in. uria
' º. o se ama gama,
flamante; rozando la falda de lanilla el charras~o des
el tiempo, el hongo
amigable consorcio el chaquet y el p~ñolón alfombrado ~~no c~racero; unidos en
1
~i!~:~t~~edf0 ~ª~ªa~~~~r/e~~;~ ::º~ed~; p~r el aire igu~l
~~i:;:;:::~~aú~t
1
llos, grotescos los de acá, b~rdos los de t~~~~~~t;~~:si?n de_~pos, finos aq~eque por una nonada arman tiberio· es
. s. man os cascarrabias
grac~osos pesados sin pizca de ingenio· !~j~:e~~:~;:;i~:tes con cara de risa;
sdacnfic~n con tal de reirse del vecino; ~eñoras con rostro
qu~ tod~ lo
e novios melazas que van sim re hech
M .
vmagre, pareJ1tas
novi_os de esos que en público ~ngen e~:r~;~~a s:~[;d~~s Y Leoneras, ó. bien
servirían de modelos para un cuento de B
. . d'
y luego en pnvado
ocacc10, iorama de lo más hermoso

:iº~

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J:sc?s,

t~:

A lo lejos, d;tndo la espalda Madrid con sus torres y cimborrios bañados por
un sol intenso, cerca el Manzanares y sus riberas rebosantes de luz y animación,
pobladas de tendederos de ropa que á la par algunos sirven de ventorros, donde
los ciudadanos forman corro de baile, ó más positivos, tendidos en el santo
suelo, cerca de la corriente del aprendiz de río, meriendan: esto es de suyo
pintoresco, y si se auna la vista del monumental puente de Toledo, cuajado de
personas que van y vienen, resulta un cuadro lleno de vida: los gritos, las canciones, el sonar de guitarras, el sonsonete de los organillos, el mortecino eco
de las campanas de la villa, los pitidos estridentes de las locomotoras de la
línea de circunvalación, el cascabeleo de las mulillas de ómnibus y tartanas, el
silbar de los mayorales del tranvía, el estrépido que arman las ruedas de tanto carruaje sobre las guijas, el trasiego de la muchedumbre, forman un concertante populachero con mil y mil notas. Y para que nada falte, formando contraste tristísimo, allá en lo alto de los cerros, como atalayas de la realidad, los
camposan~os, la penosa subida de algún cortejo fúnebre y el doblar de la esquila del último asilo humano.

. .

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.

Lola. miró ansiosamente en su derredor. Encontrábase en el ventorro de la
Manca: sobre los mugrientos bancos y delante de las no menos mugrientas me·
sas adosadas á la fachada del edificio, hombres y mujeres departían ruidosamente mientras merendaban 6 bebían el pésimo mosto que con el pomposo
nombre de vino de Valdepe17as allí se bautizaba: en una de aquellas mesas, en
la parte menos visible, tomó asiento la joven y pidió á _cambio del sitio un

.

(De una fotografía.)

cuartillo de moscatel... Después, arrebujándose en el mantón, Lola miró á la
explanada de terreno que á su vista se ofrecía.
•
No la habían engañado en el obrador: allí, á algunos metros de distancia, encontrábanse Pepe y un centenar de personas en su mayoría hombres y mujeres
del pueblo: carniceros, empeñistas, tenderos, mondongueras del Avapiés, gente
de suyo rica, que, cuando llega el caso, vuelca el baúl y saca de su fondo, aparte
los centenes de oro, las prendas y arreos más lujosos y con ellos se atavía; los
caballeros parecían, aunque de una manera grotesca, unos tales, embutidos en
sendas levitas, con los sombrc!ros de copa puestos de medio lado: los más cuerdos vestían zamarra ó chaqueta de las de lujo, sombrero ancho y faja de seda:
como cosa de rúbrica, todos llevaban pendiente del chaleco enorme cadena de
metal con dijes como puños y en la pechera pasadores de diamantes: las m i oras envolvían sus bustos, algunos de ellos verdaderos fenómenos por lo grosazos, en pañolones de Manila negros, azules, encarnados, blancos, cuasi en su
totalidad exposiciones de chinos, kioscos, embarcaciones y fauna del Celeste
Imperio, bordado al realce y desprendiéndose aún el olorcillo á alcanfor y pimienta en que yacen sepultados; el peinado artístico, con altos y bajos, tufos y
flequillos, al descubierto para mejor lucir la peineta antigua de concha 6 metal,
ó la moderna orquilla de fantasía, ó el grupo de claveles coquetonamente puesto por la peinadora; de las orejas cuelgan arracadas de brillantes que al ser heridas por el sol reflejan el iris deslumbrando la vista; al pecho ramos de rosas
é imperdibles de oro que á la vez sirven de porta-retratos de algún ser querido;
los dedos cubiertos de sortijas con piedras preciosas; las faldas de seda ó raso
negro; los pies encarcelados en botitas de charol ó zapatos de rose! ó becerro
mate, ringorrangos éstos que al espectador traehambres producen.inconsciente
envidia al considerar avariento los miles de reales que representa su adquisición.
La escena que Lola veía resultaba en extremo animada; la parte caduca de
los convidados, tendida en el suelo, alrededor de los restos del festín nupcial,
que parecía remedo de aquel otro famoso de las bodas de Camacho; la gente
moza, de bailoteo y bullanga al son de un piano de manubrio, de esos en cuyo
registro junto á los aires populares se hallan los trozos selectos de ópera clásica; un enjambre de pobres que con sus harapos y repugnancias nunca faltan
en tales jaleos para explotar la caridad de los que se clivierten: he aquí los personajes. Lola pasó revista á todos: buscaba á Pepe, á la novia; quería ver sus
rostros, estudiarlos, recrearse en su felicidad ... y después ... una ráfaga sangrienta, un no sé qué de rápida temulencia en el cerebro, los ojos anublándosele, un grito de rabioso dolor á tiempo contenido: esto experiment6 la joven
al ver á los novias que bailaban muy agarraditos, cuasi rozando los labios de
Pepe la nacarina frente de su pareja; los rostros de los recién casados tenían
impreso un sello de suma alegría; los ojos de la novia sobre toda brillaban borrachos de dicha, los de Pepe parecían recrearse en aquellos dos elocuentes
heraldos de placer ... «Quienes así se miran se aman,)) pensó Lola, y ante esta

�ENTRE PRENDEROS,

CUADRO DE

D. JosÉ

BENLLIURE

�LA

602
reflexión, ¡pobre niña!, sintió sus ojos arrasados en
lágrimas; otra vez la ráfaga sangrienta nubló su vista
y tuvo un momento en que, apoyando su mano en la
mugrosa tabla de la mesa, intentó salir de aquel sitio, abalanzarse sobre el infiel y desbaratar para siem ·
pre su irritante felicidad; pero le faltaron fuerzas,
volvió á sentarse, su rostro tornóse huraño, sombrío,
amenazador ... Y aunque sentía terribles punzadas
en la víscera más sensible del organismo humano, el
corazón, la vista siguió contemplando á la odiada rival... No era una belleza, noj pero resultaba interesante con su mantón blanco de Manila donosamente
puesto, el artístico peinado sobre el que campeaba
una dalia, al cuello la gargantilla de perlas y cruzando el pecho como banda de incólume honor el ramo
de azahar ... Aquel atavío, aquel ramo sobre todo despertó en el espíritu de Lola recuerdos del ayer, venturoso con sólo las promesas de Pepe. Ella debía ser
su mujerj y sin embargo, ¡suerte irrisoria!, lo era otra ...
¡Otra! ... ¿Y por qué? ... Porque era rica, tenía dinero,
mucho, muchísimo, y ella sólo poseía un caudal inmenso de ternura ... ¡Nada!. ..

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la luna daba de lleno en su rostro pálido sobre el
que resbalaban lágrimas de arrepentimiento.
.
Dios debió leer en aquellas lágrimas el pensamiento de Lola:
- Aún tengo un amor en el mundo que vale más
que el de los hombres ... ¡El de mi madre! ...
ALEJANDRO LARRUBIERA

COMUNICACIÓN CON LOS PLANETAS

NúMERO

508

sesenta veces más distante &lt;me la Luna, alcanzando
el diámetro de su disco 25'. Según Schiaparelli, los
objetos más pequeños, visibles en la ·superficie en
las circunstancias más favorables, ya se trate de una
mancha luminosa sobre un fondo obscuro ó de una
mancha obscura sobre un fondo luminoso, presentarán un diámetro igual á la quincuagésima parte del
planeta, es decir, 137 kilómetros aproximadamente.
Cierto es que este límite podría salvarse ("Qn el empleo de poderosos objetivos que permitan_ aumentar
el tamañoj pero aun así, no es menos evidente que
las señales luminosas visibles en la Tierra deberán
alcanzar en Marte dimensiones enormes.
Los habitantes de Marte, más adelantados que
nosotros en la ciencia astronómica, según supone uno
de nuestros espirituales astrónomos, discurren para
establecer con sus terrestres vecinos un cambio de
romunicaciones telegráficas r se verán obligados á dar
á sus señales diámetros que se midan por kilómetros
en todos sentidos. ¿Piensan en ello? La Tierra perdida entre los rayos del sol, é invisible para Marte,
no puede distinguirse más que cuando se halla precisamente en el solo movimiento de su '. paso sobre
el radiante disco, y aun así, preséntJ.se como una
mancha negra y redonda.
Termino, pues no quiero desanimar á los candidatos al premio de los 100.000 francos tan generosamente ofrecidoj pero á pesar de ello, afirmo que se
halla lejana todavía la solución del problema de la
comunicación interplanetaria. .

Esa maravillosa serie de descubrimientos que ha
realizado el hombre en todas las ciencias, que tanto
sorprenden r admiran, no tienen lugar desde hace
algunos años en la astronomía. Y téngase en cuenta
que no se debe á la inacción de los observatorios ni
á la falta de interés é importancia de los trabajos que
en ellos practican los astrónomos, bastando para
convencerse de ello leer las revistas en donde se da
cuenta periódica del resultado de la penosísima labor
llevada á cabo en ambos hemisferios por esos verdaderos sacerdotes de la ciencia. Uno de los trabajos
de más cuantía y de más fecundos resultados que
están efectuándose actualmente, es el que tiene por
No se daba cuenta del tiempo transcurrido; sólo objeto la confección de un mapa celeste con el
sí echó de ver la joven que los de la boda se diver- poderoso auxiliar de la fotografía, que permitirá cotían cada vez más estrepitosamente, que los pañolo- nocer la posición exacta de las estrellas, hasta las que
nes de Manila al balancearse al compás del paso que figuran por su magnitud en décimocuarto lugar. El
sus dueñas imprimían á un baile nada recomendable concurso de todos los observatorios para la realización
AMADEO G UILLEMIN
por lo honesto, ofrecían un efecto sorprendente: Lola de este trabajo colosal, muy er. vías de ejecución,
(De La Nai11re)
escuchó palabras sueltas, verdaderas guindillas á cos- promete un éxito seguro. Los problemas no resueltos
ta de los novios, dos ó tres pendencias entre otras todavía, las distancias entre las estrellas, sus movitantas parejas á quienes el alcohol había trastorna- mientos, las nebulosas, los pequeños planetas y nueNUESTROS GRABADOS
nado la cabeza... Llegó un momento en que la ale- vos cometas, y todo, en fin, cuanto se relaciona con
gría desbordó en todos y la diversión tomó trazas de la constitución de los sistemas siderales, podrá resolEl sueño de un ángel, cuadro de Vianelli. bacanal: corrían unos, gritaban otros, chillaban las verse positivamente por medio del atento estudio de Pocas
veces los pintores que han querido expresar por modo
mujeresj un Fulano iba al alcance de una Fulana ó vi- los clisés del nuevo mapa celeste.
gráfico el amor de madre han buscado sus modelos en lo que
ceversaj caíase éste, levantábase aquél; estotros canCierto es que estos trabajos no tendrán la reso- se llama gran mundo, y más bien han acudido á las clases baturriaban con toda la fuerza de sus pulmones coplas nancia que en el público determina la inesperada jas cual si de éstas fuese exclusivo patrimonio el amor de los
¿Será que tratándose de este purisimo afecto han tenpicantes, rayanas en lo obsceno; tal tocaba la guita- aparición de un cometa de larga cola; pero preciso am'ores.
dido á evitar que la ostentación fastuosa de los accesorios, nerra, cual otro bailaba medio borrachoj aquí carcaja- es tener presente que la importancia de las observa- cesarios en toda pintura, distrajese la impresión afectiva? ¿Será
das, allá estruendo, en todas partes una ruidosa ani- ciones astronómicas no se mide por el efecto que en que la vida modesta, pobre, si se. quiere, se avien~ c?n los &lt;;a·
mación en la que sobresalía de vez en cuando algún el vulgo producen. Seguramente, si llega á concederse racteres de abnegación y sacnfic10 que á tal sentmue~to di~por encima de todos los otros, más que
ex1st~ncia
«¡olé!» ó «¡viva tu mare, chiquilla!» de un cualquie- el premio de 100.000 francos que una distinguida tinguen
cuyo espacio en principal parte roban el lujo, las d1stracc1ones
ra que sentía rebullir en su sangre glóbulos de fla- dama acaba de legar á la Academia de Ciencias de y los placeres? Sea de ello lo que fuere, mer~~e aplausos el
menquismo,
Francia, será justa y legítima la emoción que el pre- pintor Vianelli por haber quebrantado la trad1c1onal_ costumInvadiP.ron aquellos campos las sombras del ano- mio produzca. Establecer una comunicación volun- bre demostrando con el encantador grupo de su precioso cuachecer, y á este punto los de la boda tomaron por taria y directa entre la Tierra y un planeta, ó mejor dro' que también entre rasos y encajes se oculta el_ más ~cendrado cariiio maternal, y que cuando la nota sentida esta tan
asalto los ómnibus ali{ apostados para regresar á los dicho, entre los habitantes del globo terrestre y los bien expresada como en El S11eflo de tm ángel, no son bastanMadriles ... Lola no pudo apreciar más que una gran habitantes de un planeta, serla empresa suficiente tes con ser tantas en su lienzo, las bellezas de los elementos
masa humana que se agitaba en la imperial de aqué- para despertar la curiosidad de todo el mundo; pero sec~ndarios para disminuir en lo más minimo la intensidad
llosj oyéronse las voces y arres de los zagales y ma- este empeño no producirla más resultados á la pobre del efecto por aquélla producido.
yorales, los cánticos de los viajeros, una Babel que al humanidad que los de sumirse en un mar de con- Puente de Chiautla (México). - Este grabado, to·
ponerse en marcha aturdía y llenaba el espacio de jeturas.
mado de una fotografia que de México hemos recibido, dará á
lectores una idea de lo que es la comarca de Chiautla,
ecos ... Las nubes de polvo ocultaron los ómnibus.
Dícese que la Academia hállase dispuesta á acep- nuestros
El bullicio fué debilitándose, debilitándose, hasta que tar el legado, y que á semejanza del premio Breant, uno de los más pintorescos territorios mexicanos, quebrado
pocos, de vegetación exuberante, con grandes riquezas
se extinguió por completo ... ~Entonces Lola pensó instituido para recompensar á los inventores de tra- como
minerales y regado por·una porción de rios y arroyos de accien regresar á su casa.
tamientos para la curación del cólera, destinará una dentada corriente que contribuyen á embellecer aquel hermoso
anualidad del legado de Mme. Guzmán ?ira faci- rincón de la naturaleza americana.
III
litar los descubrimientos relativos á la constitución
Entre prenderos, cuadro de D . José Benlliure.
de los cuerpos celestes. Ignoro si adelanto mi juicio - Es verdaderamente prodigiosa la diversidad de aptitudes
Era preferible la muerte á sufrir aquel cruelísimo al predecir que será preciso que transcurran algunos que para los más distintos géneros de pintura· posee el celebradolor que la abogaba. Lola abrió la ventana de la años para la concesión del premio, y consignaré al- do artista valenciano. Sin salirnos de los cuadros suyos que
hemos reproducido en LA ILUSTRACIÓN ARTÍS'l'ICA, puede
sala; una ráfaga de aire apagó la luz del quinqué; la gunas indicaciones justificativas de mi afirmación.
verse comprobada la verdad de nuestro aserto con s61o recor•
luna, en cambio, envió un rayo de blanquecina clariPara los que no ignoran los conocimientos actua- dar que del autor de La visió,i del Goloseo son Una distribució,i
dad hasta el fondo de la habitación.
les que poseen los astrónomos acerca del aspecto de premios en el Asilo de Vafe11cia, La cata del vino, El cepillo
Lola, encaramada al montante del alféizar de la físico de los astros de nuestro sistema, es evidente de las á11i111as y El descanso e,i la marc/1a.
Entre prmderos en nada desmerece de todos estos en punto
ventana, dirigió una última mirada á aquel espacio en que sólo dos de aquéllos se hallan en estado de no
á ejecución y á muchos aventaja por lo complicado de la com·
que se recortaban las aristas de las torres de las igle- defraudar las esperanzas de los que creen en la po- posición, cuyas dificultades ha sabido el autor vencer como
sias, las filas de tejados, y allá en la lejanía, apenas sibilidad de las comunicaciones interplanetarias, esto maestro consumado, salvando sobre todo la de la confusión, en
que tan fácil era incurrir, dada la índole del asunto motivo del
esfumada la cordillera; miró hacia la calle, las luces es, la Luna y Marte.
cuadro. En éste aparecen, destacándose con su sello especial,
oscilantes del alumbrado público le parecieron estreLa Luna, por su distancia, que no llega á 400.000 cada uno de los varios tipos que en la escena entran, y los obllas moribundas; sintió un vértigo, la gran altura en kilómetros, por la limpieza de su disco, por la faci- jetos
de carácter y procedencia más varios ofrécense á la vista
que se hallaba la atraía con irresistible tenacidad: lidad con que se distinguen con el auxilio del teles- del espectador en artistico pero no confuso 'desorden, formancomo ecos llegaban hasta Lola, en el silencio de la copio los accidentes que ofrece su reducida dimen- do un conjunto tipico con una riqueza de detalles que rnspennoche, los pasos de los transeuntes, el rumor de los sión, la ausencia de la menor nebulosidad que oculte de y admira. En presencia de este lienzo siéntese uno trans·
portaqo al barrio bajo sevillano q:ie en él se reproduce y en el
cánticos y el bullicio de las patrullas de gente alegre. sus manchas, hace que nuestro satélite reuna condi- cual
tuvieron sus reales á mediado; de este siglo, época en 4ue
«¡Perdóname, Dios mío!», murmuró la infortuna- ciones apropiadas para la transmisión de señales vi- está inspirada la obra de Benlliure, el barbero Lamparilla y el
da, clavando su vista en las negruras del firma- sibles que se hagan desde la Tierra. Preciso es creer librero de viejo que como novedad de sensación anuncia en car·
telón llamativo la verdadera historia dél bandido generoso.
mento.
que los habitantes de la Luna no se han preocupado
Aferró sus manos al alféizar, cerró los ojos. Iba á de tales señales, pues de lo contrario hubieran per· Víctor Duruy. autor de la «Historia de los
arrojarse en brazos de la muerte, cuando llegó hasta cibido á los numerosos observadores de su disco y Griegos.,-Los lectores lle l.A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
la joven el timbre de una voz fresca y varonil que entre ellos á los laboriosos autores de los mapas lu- habrán saboreado sin duda las infinitas bellezas que contiene
allá abajo, en medio de la calle, acompañándose de nares Beer y Mredler, Schmidt, etc. Pero ocúrrese- la Historia de los Griegos, que forma parle de nuestraBiólioteca Universal. Por su lectura habrán podido comprender el tauna guitarra, cantaba con sentida entonación:
nos preguntar: ¿Existen habitantes en la Luna, en lento extraordinario y la indecible suma de estudios y conoci•
donde falta el aire y el agua? La negación á esta mientos que posee el ilustre miembro del Instituto de Francia
y ex ministro de Instrucción pública. La obra de V!ctor Dupregunta es generalmente admitida.
Quise acabar con mi virla,
ruy cumple á maravilla el precepto de Iloracio, delectando paporque el amor me fué infiel;
En estas condiciones, parece ocioso ocuparse en riterque mo11endo; la historia tratada como él la trata, tanto es
mas me acordé de mi madre,
la Tierra de los medios de contestar á los habitantes libro instructivo, con un caudal de erudición que asombra,
tiré el arma y sollocé.
de la Luna ó provocarles con señales, puesto que el como libro de amena literatura, escrito según un sistema que
segundo cuerpo celeste á que podría interrogarse, el atrae y ea un estilo que encanta.
Aquello fué para Lela una revelación: abrió des- planeta :Marte, es infinitamente menos favorable para
JABON REAL
JABON
mesuradamente los ojos, miró como espantada á su el establecimiento de una telegrafía interrestral. MarVELOUTINE
alrededor, desprendió las manos del alféizar y cayó te hállase á 14 millones de leguas de nosotros, equi- oETHRIDACE
de rodillas sobre el pavimento de la sala. La luz de valentes á 55 millones de kilómetros, ó sea ciento &amp;eeomend1d01 por autoridades 1116diea1 para 11 Bi¡im 41 l1 Pitl 1 Bollu&amp; (el Colcr

......

1~

IVJ:OLETI
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NÚMERO

508

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

603

UN DRAMA EN EL MAR

Hallábame sentado junto á la ventana abierta de mi reducido gabinete; hacía mucho calor; á mis oídos llegaba de continuo un desagradable rumor de
pianos, acompañado de gritos femeniles, que partiendo de las casas contiguas
interrumpía el silencio de la noche; y como esto me molestaba, llené de nuevo
mi pipa, salí de mi alojamiento, y aunque eran ya las once encaminéme á la
playa.
La luna estaba muy altaj jamás había visto su órbita tan pequeña ni tampoco tan brillante; á su alrededor veíase un extenso círculo de argenteada neblina, y más allá de éste radiaban algunas estrellas de primera magnitud. Aquel
cielo sereno, tachonado de brillantes, confundíase á lo lejos con la inmensa
línea del mar; y la luz melancólica del astro de la noche reflejábase en las movibles olas del silencioso Océano, que coronadas de espuma iban á morir en la
tranquila playa.
Faltaba un cuarto de hora para que se produjera el reflujo, y las arenas formaban una extensa plataforma firme, que se extendía delante y detrás de mí,
blanqueada por los rayos de la luna. Las rocas se elevaban sombrías á mi izquierda, semejantes á una larga línea de bancales de hierro, destacándose bajo
la celeste bóveda y cortada tan sólo por algún boquete ó barranco. Tal era el
silencio de aquella dulce noche de verano, que hasta mí llegaban, aunque debilitados por la distancia, los dulces acordes de una banda de música que tocaba
en la ciudad, y cuyos sonidos mezC:ábanse con el rumor de la resaca, semejante al que pudieran producir innumerables fuentes. No soplaba la más leve brisa, y la naturaleza parecía estar completamente entregada al reposoj mas por
la parte del Sur parecíase ver flotar un buque, con su casco negro como la tinta y sus velas inmóviles.
Proseguí mi marcha pensativo, con la pipa en la boca, oyendo de continuo
el monótono rumor de las aguas en la playa, y creo que recorrí poco más de
una milla. En noche tan deliciosa no tenía prisa por acostarme, y pensé que me
sobrada tiempo para regresar á casa después de haber vuelto la marea.
A poco llegué junto á una mole de roca negra, en forma de meseta, cuya superficie estaba casi al nivel del agua, de modo que durante la alta marea debía
quedar sumergida é invisible. Un brillo particular, que al pronto me pareció
un rayo de luz reflejada, hízome fijar la atención en aquel punto; mas al mirar
de nuevo convencíme de que el extraño brillo no podía producirse por un rayo
de la luna, pues la mancha luminosa no cubría toda la roca, y tampoco debía
ser luz, pues yo veía un objeto blanco de las dimenúones del cuerpo de un
hombre. Tanto me pareció esto último, que excitada mi curiosidad me acerqué
para examinarlo; había arena seca en la roca, pero el agua se aproximaba mucho y había quedado alguna bajo el sitio donde estaba el objeto blanco. Cuando estuve á dos pasos de éste, reconocí que lo que yo había tomado por un rayo
de luz era el cuerpo desnudo de un hombre ahogado. Permanecí inmóvil, observándole el tiempo suficiente para persuadirme de que efectivamente estaba
muerto, y experimenté una impresión de tristeza ante aquel cadáver. El mismo
silencio de la noche, el fulgor de las estrellas y la melancólica luz de la luna,
todo contribuía á comunicar más horror á la cosa. En una noche obscura y
tempestuosa, no creo que semejante espectáculo me hubiera producido tan doloroso efecto ni excitado tanto mis nervios como en aquella ocasión.
Miré á derecha é izquierda, pero no vi ni la sombra de un ser viviente en
todo el extenso espacio ocupado por las arenas. Entonces, como fijase la vista
en la roca, recordé que á corta distancia había un pequeño promontorio, junto
al cual tenía su cabaña un guardacosta, y sabiendo que _ali{ encontraría algún
vigilante, dirigí mis pasos hacia el sitio, adonde no tardé en llegar. Allí estaba
el hombre, que me miró fijamente á medida que me aproximaba.
- Buenas noches, guarda, le dije.
- Buenas las tenga usted, contestó, observándome cada vez con más atención á la luz de la luna.
- Apenas aliento, añadí, porque he andado muy de prisa y la cuesta es bastante empinada. Vengo á decirle que en la playa hay un cadáver.
- ¿Dónde?, preguntó con la prontitud propia del marinero, mientras que se
adelantaba hasta el borde del promontorio.
- En aquella roca, contesté, señalándole el sitio.
- Ya lo veo, repuso. ¿Tendría usted inconveniente en acompañarme hasta
allí? Mi compañero tardará un rato en volver, y debo enterarme ahora mismo
del hecho.
Los dos nos encaminamos al sitio; el guarda, saltando á la roca, examinó
detenidílmente el cadáver, y después cogiólo por los brazos y lo arrastró suave•
mente hasta la arena.
- ¡Ah!, exclamó, harto temía yo esta desgracia; ese cadáver es sin duda el

del hombre que salió en un bote ayer para bañarse. ¡Infeliz! Deja una viuda
con dos hijos. Se ha ofrecido una recompensa de cien duros por su cuerpo, y
de consiguiente usted los ha ganado.
- Serán para usted, repuse, pues yo no necesito dinero ganado de esta manera.
El cadáver era de un hombre de treinta años poco más ó menos; tenía cabello rubio y espeso bigote, y debía haber sido en vida lo que se llama un buen
mozo.
- Pocos son los cadáveres que las olas arrojan á la playa tan enteros, dijo el
guarda; casi todos suelen estar medio devorados, de modo que apenas se les
puede reconocer.
- No sé por qué, repuse después de meditar un instante, me infunde tanto
terror ese cadáverj es un cuerpo muerto que ya no puede hacer daño; pero
aunque fuese una figura de marfil modelada por las espumas del mar, creo que
si la mirase largo tiempo ó se me obligara á permanecer junto á ella toda la
noche, se me trastornaría el juicio.
- Veo que aún tiene puestas sus sortijas, dijo el guarda inclinándose para
ver bien la mano del difunto.
·
- ¿Y qué se ha de hacer ahora?, pregunté.
- ¿Qué camino tomará usted, caballero?, repuso el guarda.
- Yo voy á la ciudad y á mi casa, repliquéj por esta noche he andado bastante,
- Pues entonces voy á pedirle un favor, y es que dé cuenta del hecho al
primer agente de policía que encuentre. Dígale que el cadáver está fuera del
boquete de Dawton, y si quiere hacerme el favor por completo tenga la bondad de ayudarme á llevar el cadáver hasta el pie de la roca por si acaso la
marea ...
- No, interrumpí, usted lo trasladó antes sin ayuda desde el sitio donde estaba, y lo mismo podrá hacerlo ahora. Si yo tocase á ese infeliz... ¡Vamos, no
quiero pensar más en ello!... ¡Buenas noches!
Y sin añadir palabra me alejé, dejando al vivo que se arreglara solo con el
muerto, sin tener yo más excusa que el profundo terror que me infundió la
vista del cadáver y tal vez algo de miedo. La presencia del guarda no contribuyó seguramente á disminuir tan desagradable impresión, y ahora pienso que
aquel fatídico espectáculo, precisamente cuando menos preparado estaba mi
ánimo para ello, pues me complacía en admirar los encantos de la naturaleza
en medio del silencio de aquella deliciosa noche de verano, me afectó doblemente más por lo inopinado é imprevisto.
Aceleré el paso cuanto me fué posible, y á medida que avanzaba parecíame
ver por todas partes cuerpos desnudos de hombres ahogados flotando hacia la
playa. Apenas llegué á la ciudad, lo primero que vi fué un agente de policía, á
quien comuniqué la noticia. Después dirigíme á mi alojamiento, y me senté
otra ,·ez junto á la ventana para fumar un rato; en aquel momento daban las
doce de la noche en los relojes de la ciudad,
EDtregado á las más tristes reflexiones, quedé sumido en tan honda meditación, pensando siempre en el cadáver desnudo·que había tenido la mala suerte
de encontrar, que bien pude creer que aquel recuerdo no se borraría jamás de
mi memoria. Sin embargo, al día siguiente volví á Londres, y al cabo de una
semana dejé de pensar en la aventura, acabando por olvidarla del todo.
Durante un mes tuve muchas ocupaciones, pues mi empleo me obligaba á
trabajar más de lo que yo hubiera querido, y con frecuencia hasta las altas horas de la noche. Pasado este tiempo y cumplidas mis obligaciones, resolví ir á
descansar una semana en la misma ciudad marítima cerca de la cual había encontrado el cadáver en la roca.
No citaré el nombre de esta ciudad, porque no quiero provocar el enojo de
los barqueros. «¡Oh!, exclamarían si yo dijese cuál es, cuando hubieran leído
mi historia hasta el fin, ¡qué criatura es ese hombre! Ha hecho poner eso en
los diarios por resentimiento, y ha inventado una fábula para alejar á los bañistas. Esa gente no nos quiere bien. Sin duda el autor trata de fletar un yacht
de recreo para conducir pasajeros á peseta por cabeza, y no le importa privarnos del sustento.»
Sí, esto diríais hijos de la playa, y á fin de que no pueda perjudicaros en
manera alguna la narración del hecho que consigno, callaré el nombre de vuestra ciudad para que el lector elija á su antojo el puerto ó costa del Reino Unido
que más le cuadre. Debo advertir, sin embargo, que lo que voy á relatar no es
puro cuento, sino un hecho verídico en absoluto y memorable.
Me hallé otra vez á orillas del mar en el mes de agosto, y por cierto el agosto
más ardiente que en mi vida conocí. Después de sufrir el intolerable calor de

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

508
NúMERO

Londres y la fatiga que mis trabajos me ocasionaron, nada podía probarme tan
Al mirar á mi alrededor vi que nos habíamos alejado bastante del puerto, y
bien ni ser tan benéfico por todos conceptos como los baños de mar; pero entretúveme en contemplar el pintoresco golpe de vista que presentaban las
siempre me habían inspirado la mayor aversión esa especie de cobertizos ó ba- rocas, las casitas diseminadas más allá y la brillante línea de arenas que se extenrracas que se ponen á disposición del público. Primeramente, porque no hay día ante mis ojos. Nuestro bote era el único que entonces se veía en la superfibastante profundidad para nadar, ejercicio que constituye un verdadero goce cie del mar; pero cerca del muelle divisábanse las cabezas de muchos nadadores, que tan pronto aparecían como desaparecían. Los contornos de algunos
buques interrumpían la línea del horizonte, y á lo lejos divisábase un gran vapor
que se deslizaba majestuoso, dejando tras sí una espesa columna de numo
blanquecino, y levantando montañas de espuma por la proa mientras la popa
dibujaba en el agua una larga y brillante estela.
- ¿Qué hora puede ser?, preguntó de pronto el barquero.
Saqué el reloj, muy buen cronómetro de repetición por cierto, y satisfice su
curiosidad.
El hombre me dió las gracias y quiso saber también si yo era buen nadador.
- Por tal me tienen, contesté.
- Pues cuanta más profundidad tenga el agua, caballero, replicó, tanto más
agradable será para usted el baño. Me han dicho que pasando del sitio donde
haya seis brazas, la frescura es mayor á medida que aumenta el número de
aquéllas.
- No lo dudo, contesté. ¿Qué profundidades tenemos aquí?
- ¡Oh!, contestó el hombre con expresión desdeñosa, mirando á un lado y
otro; aquí no hay ni siquiera doce pies de agua. Ahora estamos precisamente
sobre un banco, y será necesario conducirle á usted á milla y media de aquí
para encontrar la profundidad que conviene á un buen naqador.
- Muy bien, contesté; no tenemos prisa, y, por otra parte, usted ya conocerá
lo suficiente estas aguas para saber dónde conviene detenernos. ¡Ah! Ahora me
acude á la memoria que cuando estuve aquí hace un mes encontré el cadáver
Grité al remero que se detuviese para que yo pudiera darle alcance
de un ahogado en las arenas.
- ¡Ah! ¿Fué usted quien halló el cuerpo?, preguntó el barquero mirándome
de una manera particular. Ahora recuerdo que se ofrecieron cien duros á quien
cuando los miembros están bien descansados y tienen toda su fuerza, y en se- lo encontrara. ¡Ojalá hubiera sido yo! La recompensa era apetecible, y según
gundo lugar porque me desagrada mucho bañarme en compañía. Por otra par- tengo entendido se pagó religiosamente á un guardacosta.
te, siempre es molesta esa multitud que vigila ú observa á los bañistas desde
- Es verdad, repuse, yo vi el cadáver en una roca y al punto me encaminé á
la playa ó el muelle. En resumen: para un nadador experto como yo, solamente la cabaña de aquel hombre para darlé aviso. ¿Sabe usted quién era el ahogado?
hay un método bueno cuando quiere bañarse en el mar: debe embarcarse en
- Los diarios lo dijeron, pero yo no recuerdo el nombre.
un bote, remar en el espacio de una milla ó dos, donde las aguas no están con- ¿Cómo se ahogó?
taminadas por la inmediación del puerto, y presentando el más puro color ver- Pues por haberse aventurado en mayor profundidad de la que debía.
de ó azul intenso á causa de su misma profundidad.
- Si la memoria no me es infiel el guardacosta me aseguró que el infeliz haEn la mañana siguiente al día de mi llegada, á eso de las siete, cogí algunas bía ido en un bote.
toallas y me en¡:aminé á un sitio del puerto donde tenía la seguridad de encon- ¡Qué sabe él! Aquí no se ahogó nunca ningún hombre que se bañara fuetrar un barquero. A pesar de ser todavía muy temprano, el sol era tan ardiente ra de un bote. ¿No leyó usted los detalles del caso en los diarios?
como si se hallase en su meridiano y la atmósfera presentaba un brillante color
- No.
azul. La brisa era tan ligera que apenas rizaba las aguas y no empañaba el cielo
- Pues bien: se supuso que al infeliz le sobrecogió un calambre, y á fe que
una sola nube, ni siquiera el más tenue vapor. En el puerto veb nse varias de no pocos se ahogan en toda la costa por esta causa, lo cual no es nada conveesas embarcaciones llamadas esmoques, fáciles de reconocer por su lona rojiza, niente para nosotros los barqueros, pues muy pronto se desacreditan los sitios
que se preparaban para hacerse al mar, y la suave brisa llevaba en sus alas hasta donde ocurren tales accidentes. ¿Por qué ha de salir un hombre de cierta promí los saludables olores de la brea y de la madera.
fundidad si no es buen nadador?
Al acercarIRe á la parte del muelle en que se reune el mayor número de esquifes y botes, un hombre que estaba de espaldas á mí, sentado en un poste y
mirando en dirección á las arenas, volvió la cabeza y, sospechando mi intención,
sin duda por las toallas que llevaba en el brazo, púsose en pie vivamente y me
gritó:
- ¿Quiere un bote el caballero? La mañana es magnífica para nadar, pues hay
calma completa.
Aunque había visitado alg.unas veces la ciudad, nunca permanecí en ella más
de tres días seguidos, y de consiguiente éranme desconocidos todos los barqueros.
- Sf, contesté al que me interpelaba; la mañana es buena y el mar no puede
estar mejor para bañarse. ¿Qué especie de bote es el de usted?
- El mejor que hay en todo el puerto, caballero, contestó el hombre, y desde
aquí mismo puede ver que no le engaño. ¡Es una alhaja!
Así diciendo, señalaba con evidente satisfacción un esquife pintado de azul,
con los toletes levantados, como se observa en todos los botes de los barqueros
del Támesis.
Contemplé un momento la embarcación, y pareciéndome conveniente contesté:
- Me agrada y servirá para mi objeto. Acérquela usted.
Hasta que estuve sentado en el banco de popa en el bote, no me fijé en la
persona del barquero, que después de soltar los remos hacía bogar su pequeña
embarcación con una celeridad que indicaba un vigor extraordinario en los brazos; pero al mirarle con detención, me chocó su aspecto extraño. Tenía la tez
curtida y muy morena; cabello negro como el azabache, formando sortijillas aunque era muy basto, y ojos brillantes del mismo color; sombreaban su ~ostro
unas espesas patillas, que parecían de cerda de caballo; la nariz era singularmente ancha y su curva muy deprimida. Llevaba en cada oreja un grueso anillo de oro, y en vez de sombrero una especie de gorra de piel. Por lo demás, su
traje era el usado comúnmente por los barqueros ingleses: chaqueta azul, pantalón ancho de lienzo y botas debajo de éste. Noté que su mirada tenía algo de
singular, y aunque fija en ocasiones, revelaba un carácter inquieto.
- ¿Es usted judío?, le pregunté.
- Nada de eso, contestó.
- No crea usted, repuse, que hago esta pregunta con ánimo de ofender. Los
judíos son un pueblo inteligente á la vez que interesante; pero me extrañaría encontrar un barquero de esta nacionalidad.
- ¿Será usted lo que llaman apostólico•romano?
- ¿Qué quiere decir eso?, preguntó el hombre con ojos de asombro.
De repente me ocurrió que el tipo de aquel individuo tenía cierta semejanza
por su color y el cabello con el del gitano, y preguntéle si lo era.
Aplicándome en el pecho la paleta de su remo izquierdo empujó vigorosamente
Al oir esto sus labios se entreabrieron por una sonrisa que me pareció algo
con la intención de sumergirme
forzada, y me contestó:
-A decir verdad, creo que, efectivamente, tengo algo de gitano en la sangre.
Con esto terminó nuestro primer diálogo. El barquero remaba silenciosaSiguióse una pausa, y el barquero continuó remando con mucho vigor, mienmente, pero hubiérase dicho que mis preguntas habían excitado en él alguna tras que yo, recostado en el banco, aspiraba la frescura del aire salino, contemcuriosidad respecto á mí, pues observé que me miraba á hurtadillas, fijando plan?º el majestuoso y brillante espectáculo que ofrecía el mar, en cuyas agua~
sobre todo su atención en mi traje y más particularmente en las sortijas que refleJábanse los rayos del sol. A intervalos dirigía también mis miradas á la cosadornaban mis dedos y en la cadena del reloj.
ta, que por sus diversos matices y caracteres, las rocas, las pendientes y pro-

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dad para dar cuenta de lo ocurrido, y esto no le convenía al barquero, á menos
que se propusiese volver á su pueblo natal, aunque esto no le serviría de nada,
pues fuera donde quisiese al fin le prenderían.
El barquero hizo avanzar rápidamente el bote hacia la costa, en dirección á
una curvatura de la tierra, que se hubiera podido tornar por una bahía en miniatura; las aguas bañaban el pie de la costa, pero en la diminuta bahía á que
el barquero se encaminaba podía ver, cuando el bote se elevaba un poco, el
brillo de la arena. Nada se movía en las alturas, y cuando estuvimos á un cuarto de milla del citado punto noté que el paraje era muy solitario. El hombre
continuó remando hasta que el bote Uegó á las aguas de la bahía; las obscuras
rocas se elevaban á considerable altura corno una muralla gigantesca, y en cada
extremidad de la curva de aquélla había un poco de resaca.
El barquero dejó entonces los remos y púsose en pie.
- ¡Dérne usted el reloj y la cadena!, gritó.
Yo me había levantado también.
- ¡Venga el reloj y la cadena!, repitió con voz de trueno.
Al decir esto introdujo su nervuda mano en un bolsillo del pantalón, y sacando una enorme navaja abrióla al punto.
- ¡Nada de gritos, díjorne en voz baja, pues de lo contrario le degüello!
Sin replicar palabra puse el reloj y la cadena s9bre el banco, y el ladrón los
guardó rápidamente.
- Veamos ahora el dinero que lleva, díjome bruscamente.
Saqué toda la moneda en cantidad de unos quince ó veinte duros, y el barquero se los embolsó también.
- ¡Ahora, la sortija!
La saqué del dedo y se la dí. Entonces miróme de pies á cabeza, empuñando siempre su cuchillo, y después fijó su mirada en la pequeña bahía un instante.
- Ahí es donde voy á desembarcarle, dijo al fin. Usted es buen nadador, ya
puede saltar fuera.
- Si me desembarca usted aquí, repuse, seguramente me ahogaré, pues la
marea sube por momentos y no me será posible trepar por esas rocas.
- ¡Salte usted, le digo!, levantando \a mano con ademán amenazador.
- Sería preciso nadar mucho, repliqué, y yo no tengo ya fuerza. ¡Por amor
de Dios, acérqueme usted un poco más y tal vez pueda entonces salvarme!
El hombre vaciló un momento, é inclinóse después para coger uno de los
remos; mas en el mismo instante caí sobre él, impelido por la indecible angustia de mi ánimo y por lo que podría llamar el impulso de la desesperación. Me
precipité contra él con la rapidez del lobo que alcanza su presa, y antes de que
pudiera levantar los ojos le arrojé al agua. Después hice dar la vuelta al bote
con un remo, y colocados los dos en sus toletes me alejé de la pequeña bahía
con toda la celeridad posible.
Al volver la cabeza un momento después observé que el barquero nadaba
vigorosamente hacia la curva de arena al pie de la roca, y entonces comprendí
la suerte que aquel bandido me deparaba. Después de llegar á la arena quedaría aprisionado por las aguas, y como éstas subían rápidamente, la línea del mar
se eievaría muy pronto á varios pies del nivel de aquélla. No había nada en
qué cogerse ó apoyar el pie, y por lo tanto debía perecer ahogado irremisible•
mente.
¿Y qué historia habría inventado aquel infame para explicar mi desaparici6n?
Fácil era de imaginar: llegando tranquilamente al puerto hubiera amarrado su
bote sin decir palabra acerca de mí, á menos de que alguno hubiese visto que
me embarcaba por la mañana y preguntase dónde estaba yo. A esto contestaría
que, accediendo á mis deseos, me había dejado en la costa dos ó tres millas
más allá, por haberle dicho yo que prefería volver á casa paseando junto á las
rocas. Esto era muy natural, y fácilmente le hubieran creído, porque esto sucedía con m~cha frecuencia. ~uando se ~ncontrase mi cadáver en la bahía, y tomados los informes necesanos, se averiguaría que yo era la persona á quien el
barquero condujo y dejó en tierra, y la causa de mi muerte se atribuiría á cualquiera imprudencia de mi parte.
A todas estas reflexiones me entregaba yo, mientras me dirigía hacia el puerto, remando con toda la energía de la desesperación, pues aún estaba poseído
de espanto, ~maginá~dome que el criminal barquero podría perseguirme, detener el bote, mtroducuse en él y cortarme el cuello con la navaja que había visto brillar antes á mis ojos.
Llegado al puerto amarré el bote y salté á tierra. Había allí mucha gente y
por do9uiera _resonaban los gritos de los barq~eros, invitando á cuantos llegaban á ir á banarse ó á emprender una excursión de recreo. Ninguno de aquellos hombres fijó su atención en mí, ignorando todos probablemente que yo me
había embarcado en el bote del gitano y creyendo sin duda que regresaba de
alguna solitaria excursión por el mar. Internándome por el muelle muy pronto
encontré u~ agente de la policía del ruerto, y acercándome á él, le dije:
- Necesito dar parte de que un bnbón acaba de atentar contra mi vida.
El hombre me miró fijamente, é impresionóle al parecer mi agitación y aspecto.

NúMERO

NóMERO

508

- ¿Qué ha ocurrido?, preguntó.
- Un barquero, con quien salí esta mañana, ha intentado ahogarme.
- Tenga usted la bondad de seguirme, caballero, dijo el agente.
Y me condujo á una casa de ladrillo, contigua á una serie de almacenes, que
tenía una reja muy grande; en ella vi un r6tulo con letras doradas que decía:

607

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

CIFRAS DECORATIVAS,,. PARA ARTES E INDUSTRIAS

El agente abrió la puerta y entró, después de asegurarse que yo le seguía.
Sentado en una banqueta de tres pies vi allí un hombre de aspecto rnilit~r,
alto, con espesas patillas de color rojizo; cubría su cabeza una gorra de. o~cial
de marina, y llevaba levita cruzada sobre el pecho. Estaba leyendo un d1ano, y
al entrar yo mirórne detenidamente por encima de los anteojos.
- Este caballero, dijo el agente, viene á dar parte de que uno de los barqueros ha tratado de ahogarle en ocasión de estar bañándose en el mar.
Y volviéndose hacia mi, añadió:
- Se halla usted en presencia del señor inspector.
El digno funcionario suspendió su lectura, se quitó los anteojos y preguntóme qué había ocurrido.
Yo le referí la aventura con todos sus detalles y el inspector me escuchó
atento, dirigiendo á veces una mirada al agente, que con la boca abierta no
perdía palabra de mi relato.
- Hágame el favor de dar las señas de ese hombre, díjorne el funcionario.
Hícelo así, con toda la minuciosidad posible.
- Ese es Bill el Gitano, dijo el agente.
- Sí, él es, añadió el inspector; y ese es también quien condujo á los que se
ahogaron hace un mes.
- Sí, replicó el agente, y ahora recuerdo que en el bote de Bill el Gitano
iban los que perecieron ahogados durante una excursión por el mar hará cosa
de un año.
- Largo tiempo ha me infundi6 sospechas ese hombre, y es preciso proceder
con energía,
Y dirigiéndose al agente, añadió:
- Freeman, llame usted á Jones y á Woodward; que se ern barquen en el
bote de la policía y vayan inmediatamente á prenderá ese hombre. La marea
no habrá llegado aún á toda su altura, y el tunante quedará cogido corno zorra
en una trampa.
Apenas hubo pronunciado el inspector estas palabras, parecióme que la sangre se me agolpaba en la cabeza y en los ojos, y perdí el conocimiento.
Cuando recobré mis facultades hallábame en cama en mi propio alojamiento. En mi bolsillo se habían encontrado todos los informes necesarios acerca
de mi persona en cartas y tarjetas; y como se hubiese avisado á mi hermana
por telégrafo, tuve el gusto de verla á la cabecera del lecho.
Cuando tuve ya bastante fuerza para hablar, se me dijo que el bote de la policía, después de haber penetrado en la pequeña ensenada, encontró al criminal
barquero y le condujo á la ciudad, donde se le encerró en un calabozo.
No solamente se le acusaba de haber querido asesinarme, sino que sobre él
pesaban otros delitos análogos, y en su bolsillo se encontraron las pruebas que
confirmaban mi relato, pues aquel bandido, olvidando, al ver que le perseguían,
que se había guardado mi reloj y mi cadena, con la sortija y el dinero, no tuvo
la precaución de ocultar mis efectos ó arrojarlos cuando llegaba el bote de la
policía.
Pero no se reducía todo á esto: dos personas. habían perdido la vida en un
año; el cuerpo de una fué encontrado, pues era el mismo que yo descubrí durante mi solitario paseo nocturno por las arenas, y sabiase que los dos hombres perecieron mientras se bañaban mar adentro. También se supo que ambas
desgracias habían ocunido con el bote de Bill el Gitano, y al practicar un registro en la casa de éste encontr6se un lapicero de considerable valor, unos
lentes y una cadena de oro. Los dos primeros efectos fueron reclamados corno
pertenecientes al hombre que murió ahogado el año anterior, y la viuda del caballero cuyo cadáver yo encontré pudo probar que la cadena de oro era la del
reloj de su esposo.
El barquero fué condenado á cadena perpetua, pero merecía la h9rca, p~es
por lo menos era culpable de dos asesinatos. Sin embargo, las circunstancias
que habían concurrido en los hechos no parecían suficientes para la aplicación
de la pena de muerte, porque no pudo probarse con toda certeza que aquel
malvado, después de haber precipitado en el agua á sus víctii_nas, siguiera ~emando tranquilamente y dejara que aquellos infelices se hundieran en el ab1s·
mo una vez sus fuerzas agotadas. Tampoco pudo probarse plenamente q~e los
dos ahogados no se sintieron atacados de un calambre que los sumergió de
repente en el mar, Pero de cuantos oyeron referir la historia ninguno abrigó la
menor duda de que el demonio del barquero gitano les dejó morir y aun, corno
estuvo á punto de ocurrirme á mí, precipitó su fin golpeándoles con su remo
POR

LA

508

Las casas extranjera.e que d aseen anunc1arse en LA ILUSTRACIÓN ART!STIOA diríjanse pe.re. informes á los Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin;
núm. el. París.-Le.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de loa Sres. Calvet Y C.•, Diputación, 358, Barcelona.

Oficinas de policía del puerto

TRADUCIDO

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J. MASRI ERA Y MANOVENS

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608

N Ú MER O

ARTISTICA

508

guer, es un profundo estudio, erudito y
concienzudo, acerca de tan debatido asunto.
La obra del Sr. Pedrell es una nueva
prueba de su valía y patriotismo, puesto
que en este pals, en que, por desgracia, tan
poco interés inspiran cierta clase de estudios y levantados empeños, no han sido re·
compensados hasta ahora sus esfuerzos cual
debieran por sus compañeros de profesión,
á quienes, en su inmensa mayorla, el concepto de la música se halla sólo circunscrito á las gráficas representaciones del pentagrama y á los instrumentos.
Prosiga como hasta aqul el ilustre maes
tro su glorioso camino, pues no dudamos
que á la postre habrán de verse recom·
pensados sus afanes, reconocido su mérito y ensalzada su magna y patriótica empresa.

LlBROS ENVIADOS A ESTA REDACC!ON
POR AUTORES Ó EDITORES
T RAGEDIAS, por D . V{ctor Balag11er. Bajo este titulo se han publicado y puesto
á la venta los tomos XXVIII y XX IX de
las obras de D. Víctor Balaguer. En t ilos
figuran las tragedias del inspirado vate ca•
talán, La muerte de An{bal, Coriolano, La
sombra de Cesar, La fiesta de T{bulo, La
muerte de Neró11, Sajo, La tragedia de Lli"via, La 1llti111a hora de Colón, El guante del
degollado, Los esponsales de la muerta, y su
última producci6n Los Pirineos, trilogía en
la que parece revivir el antiguo trovador
cantando las desgracias de la patria, y cobrar el poeta mayores alientos para verter
torrentes de inspiración.
La nueva obra puede calificarse como
una de las mejores joyas que ha producido.
Inspirada en una página interesante de
nuestra historia, cual es la luctuosa lucha
que comienza en los campos de Munt y
termina en Foix, ha podido el poeta verter
los encantos de su fantasía, exponer sus hermosas concepciones, retratando con gran·
deza y valentía el terrorlfico cuadro -de la
desaparición de la patria provenzal, del
pueblo latino, que significaba libertad y
progreso, ante las bárbaras huestes de Mon·
fort, de los ejércitos franceses, sostenidos
por sectarios tan intransigentes como crueles. Los personajes están presentados con
magistral acierto; el lenguaje es sonoro,
grandilocuente é irreprochable.
Los Piri11eos es un nuevo timbre de gloria á los ya innumerables alcanzados por
este ilustre hombre público y eximio poeta,
á quien la nieve de los años, en vez de
amortiguar el fuego de su inteligencia, parece prestarle mayor aliento, más inspiración y extraordinaria facilidad para la producción.

•••
V ARIOS. - Con motivo de las fiestas celebradas recientemente en G ijón para la
inauguración de la estatua del ilustre don
Gaspar Melchor de Jove llanos, la Comisión
organizadora de las mismas ha publicado,
costeadas por un gijonés entusiasta admirador de aquel insigne patricio, varias obras
de éste y multitud de composiciones que
durante aquéllas se distribuyeron con pro•
fusión. Figuran entre las primeras la tragedia Pe/ayo y la comedia El delinmente lton·
rado, y entre las segundas poeslas y trabajos
en prosa en dialecto asturiano, en castellano, en catalán, en vascuence y en alemán,
de Acevedo, Cuesta, Rubió y Ors, Franqueza y Gomis, Cabeza de León, Fastenrath,
Brañas, Asquerino, Flórez de Prado, Echegaray, Jove y Hevia, Ramos Carri6n, Ubach
y Vinyeta, Ruiz Aguilera, Barcia, Guijarro,
Vital Aza, etc., etc.

•
••

•••

G , N ÚÑRZ DE ARCE, ESTUDIO BIOGRÁ·
FICO·CRÍTICO, por D. Marcelino Jl,fenl,rde~ y

P OR NUESTRA MÚSICA, por D. Felipe
Ptdrell. -Tal es el libro que, á la vez que el
anterior, ha publicado el eruditísimo maes·
tro é inspirado compositor D. Felipe Pedrell, que si bien el autor afirma modestamente que sólo contiene algunas observa·
ciones sobre la magna cuestión de una escuela llrico-nacional, motivada por la trilogia Los Piri11eos, poema de D. Vlctor Bala-

Pelayo. - La colección d~ biografías de Pfr·
so11ajes ilmtres que recientemente pubhc6
la del P. Coloma, por la Sra. Pardo Bazán,
acaba de enriquecerse con la de N úñcz de
Arce, magistralmente escrita por el señor
Menéndez y Pelayo.
Forma un bonito libro, con el retrato y
autógrafo del biografiado, y se vende á
4 reales en las principales librerlas.

vfC'l'OR DURUV, miembro del Instituto de Francia,
e,c ministro de Instrucción pública, autor de la c Historia de los Griegos&gt;
publicada en nuestra &lt;Biblioteca Universal&gt;

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........_,., C.,/,J,IJ• »• arvou. 110, :rAJii•,., e•,.._
Bl .TABA.BE DE BRIA.NTrecomendado desde 1n 9rtnclplo por loa profesores
~ennec, Thénard, Gueraant, etc. : ha reclbldo la consagración del tiempo: en el

ano i8211 obtuvo el prlvlleglo de lnvenc16n. VERDADERO CDIFtn PECTDRA1L~on base
de goma J df &amp;ba1&gt;01e1, convtene sobre todo a las personas dellcadaz, como
ml]Jerea J nlnos. su gusto excelente no perJucllca en modo alguno á su incacla
L contra 108 RESFRIADOS J todas las IIFLUl!CI0IIES del PECHO y de los IITESTIIOS. ...1

lledallu en laa l!xpo1lclonu lntunaclonalu de

mis
- LTOII
- TIEIU - PBJUDELPBI! - HRIS
1867
lffi
1873
1876
1178
•• ••,u... 001' IL •noa

h tTO D

LM

DISPEPSIAS
O ASTRITIS - 0ASTRAL01A8
DIOESTION LENTAS Y PEN08A8
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NB

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DiJtrun peligro para el tulil, 50 .Aiio■ de :il:r.lto,Jmil11tt1 de lelU■oniot(lfllltiua la eGcada
~-~,ancion. (Se , ellde ea eajaa,~~ la barba, 1 ea 1/2 oaJaa para el bleote llren),1'an
111 ......,, apl6ae el l'I.LI. J0.8111,; :DV.liHDR, l , ne J ..J,•l\eUHau. Parif.
.)

Quedan reservados los derechos de propiedad artistica 7 litcraria

114P, DI MONTANIII Y SUIÓM

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>,aitrtélC10t)

Ftí~ttett
ARO X

BARCELONA 28 DE SEPTIEMBRE DE 1891

NÚM. 509

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITO RES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

HOMERO, busto en mármol exist ente en el Museo Británico

�LA
LA

610

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NÚMERO

509

- ¡El principio de esta gran ciudad se pierde en, ¡Grande y bello panorama 'en verdad el de la formación de la tierra! Hubo indudablemente, y acaso
la noche de los tiempos!
todavía dure, un fuego central en nuestro planeta;
Y
realmente
había
en
ella
muros
y
torres
que
deTexto. - El poema geoMtico, por Pedro de Madrazo. -. U11a
broma, por Luis de Llanos. - SECCIÓ~ AMERICANA: Tipos Y notaban grande antigüedad y templos y esculturas quizá todo él estuvo un tiempo en conflagración, cocostumbres de Puerto Rico. La Fiscala, por }!anuel Fernán- de aquellos que se llaman primitivos por no haber mo lo está hoy el sol. Quizá tuvo razón un filósofo
&lt;lez Juncos. - M,mic/1, por Juan Fast~nrath. - Nuest~os gra· quien les asigne época cierta.
del siglo xvn, que dijo ser la tierra un sol con cortebados. - Traición de amor, por Antomo Albalat, con ilustraza. La incandescencia primitiva del globo que habiEsto
que
el
sabio
árabe
puso
en
apólogo,
encierra
ciones de Ernesto Bieler, - SECCIÓN CIENTiFICA: La1Uti111a
erupción del Vesubio. Visita de exploración al volcán, por lf. una gran verdad científica; á saber: que la superficie tamos, además de hallarse consignada en las tradide nuestro globo se transforma y se demuda en la ciones de los más antiguos pueblos, resulta demos,. J. J ohnston Lavis.
serie de las edades. Pero estas transformaciones, por trada por multitud de fenómenos, en cuya· exposición
Grabados. -Homero, busto en mármol existente en el Mu• nadie advertidas sino mucho tiempo después de con- no nos permite entrar la índole de este artículo. La
seo Británico. - Co11melo,j!on·sta, cuadro de D. Ricardo Maclrazo (Exposici6n general ele Bellas Artes de Barcelona). - sumadas, vienen verificándose desde miles y miles mineralogía además confirma el princ;ipio&gt;de la forUn episodio de la batalla de W11rt/1 (1870), cuadro de Jorge de años antes de que hubiese hombres que las con- mación del núcleo terrestre por el fuego: las rocas
Hleibtreu. - Un relato i11teresa11te, cuadro de D. Antortio signaran y de ellas ·nos gejasen memorias. Los re- más profundas son reconocidas como productos ígFabrés. - El primer cigarro, cuadro de C. IIartmann. - cuerdos, ó más bien tradiciones, de mares desapare- neos. Sólo el fuego pudo fundir esas ingentes masas
Arabe descifrando 1111a inscripción, cuadro de E. Glock·
de granito y de pórfido que constituyen la base de
ner. - Al a111or de la lumbre, cuadro de D. Luis Jiménez cidos y de continentes convertidos en mares, constan
(Sal6n de París de 1891). - La castidad, escultura existente diseminados en escritos de casi todos los filósofos á nue~tras cordilleras, y digámoslo así, la armazón del
en el Museo del Baticano, - El poeta griego /Jfenandro, es- quienes preocuparon lós grándes feñómenos del pla- globo; sólo á su acción poderosa pueden atribuirse
cultura existente en el Museo del Baticano. - Fig. , . Cono neta donde tiene la humanidad su cuna, su teatro y las repentinas y destructoras erupciones de las rocas
de erupción del Vesubio (de fotografía). - Fig. 2 . Aspecto
de las fumorolas formadas sobre la lava del Vesubio durante su sepulcro. Esas tradiciones fueron á veces motiva• hipogénicas que destrozaron en ignoradas épocas los
la última erupci6n de 7 de junio de 1891 (de fotografía), - das por la necesidad de explicar cómo en lo interior terrenos de los estratos cristalinos por donde se
Fig. 3. Estudio de una fumorola por un ascensionista en el de extensas comarcas han podido hallarse, ya á gran- abrieron paso, dejando en la superficie de nuestro
volcán del Vesubio. Formaci6n del 7 de junio de 1891 (de des profundidades bajo tierra, ya en las montañas ó continente las colosales huellas de la violencia y de
fotografia). - Fig. 4. Cima del gran cqno vesubiano en 30
grandes alturas, fósiles de seres orgánicos que perte- la dislocación. Los sabios Mitscherlich y Senarmont
de junio de 1891. (Mapa levantado por el autor.) Limite del
gran cráter de 1872 rebasado por la lava. - Una metopa del necen á la biología prehistórica. Otras veces, no se tuvieron que subir la temperatura del agua de 130
friso del Partenón.
sabe por qué, asaltaron á la mente de los hombres á 300 grados para producir cristalizaciones de los
pensadores. Belo y Zoroastro consignaron en rasgos minerales que caracterizan los filones metalíferos de marcado orientalismo hechos relativos á grandes el cuarzo, el hierro espático, la barita sulfatada, el
EL POEMA GEOLÓGICO
conmociones terrestres; Hesiodo, al contar los com- mispiekel, la plata roja, etc.; - calcúlese, pues, por el
bates de Júpiter y Tyfeo, nos representó el cielo y la calor que ha habido que emplear para obtener artifiLos sabios naturalistas, encanecidos en la entrete- tierra convertidos en inmensurable hoguera y el hie- cialmente estos minerales, en qué estado se hallaría
nida tarea de escudriñar y conocer los elementos que rro licuado en lo interior de las cavernas; Tbales, la tierra cuando ella espontáneamente los producía.
componen nuestro globo, su substan9ia, su situación precursor en cierto modo de la escuela neptuniana, Era entonces sin duda alguna nuestro globo una inrelativa y las causas que la han determinado, se di- consideraba el agua como el agente primordial de mensa masa ardiente, líquida y vaporosa.
viden el campo de sus investigaciones: dedicados la naturaleza, mientras Heráclito ponía en el fueAquel globo ígneo de vapores ahrasadores va graunos á la geog11osia, su esfera de acción es el conoci- ~o el principio generador de todas las cosas, á la ma- dualmente enfriándose en la superficie: los vapores
miento del estado actual de la corteza terrestre; otros, nera de los modernos platonianos. Xenófanes fué el se condensan y llegan á formar en la periferia como
consagrados á la geogenia, nos explican de qué ma- primero que se fijó en los restos fósiles de los ani- una túnica, pero de humo acuoso, iluminada por los
nera ha venido la tierra á quedar en semejante esta- males; observando petrificaciones de peces y molus- reflejos de la combustión interior. Pasan los siglos,
do. El alemán Werner fué quien deslindó estos dos cos en el interior de Sicilia, sacó la consecuencia de aquellos vapores condensados se esparcen más y más,
campos de la geología, y todos le siguieron sumisos. que aquel suelo había sido mar en otros tiempos. y obscurecen el planeta. ¿Qué era éste entonces?
Pero la sumisión no ha pasado de aquí; en la re- Anaxágoras sostuvo la opinión de que los continen- Oigamos al poeta, cuya inspiración viene en auxilio
gión de la geogenia se han librado muy reñidas ba- tes estuvieron alternativamente enjutos y cubiertos de la ciencia:
tallas á causa de las encontradas hipótesis de que se por las aguas, y Aristóteles observó gran número de
El cielo entonces respl:mclecia,
ha partido para explicar la formación de la corteza hechos geológicos intentando una clasificación cienni por los campos del rosado Oriente
tífica de todas las substancias minerales. Interminade la tierra.
Apolo, origen de la luz, vertia
Que esta corteza no ha sido siempre cual aparece ble y pedantesca quizá resultaría la referencia á los
los dorados arroyos de su fuente;
hoy, es cosa que nadie pone en duda; y que en todos antiguos filósofos, poetas y escritores que se ocupala luna no menguaba ni esparcía
la luz prestada de la llana frente;
tiempos han echado de ver los hombres sus transfor- ron e'n investigaciol}es geogénicas; Xantho de Ledia,
no era la tierra de aire rodeada,
maciones, es también innegable.
Teofrasto, Straton, Eratóstenes, Polibio, Lucrecio,
ni con su mismo peso sustentada.
Un sabio árabe del siglo xm, llamado Kaswini, Estrabón, Ovidio, Plinio, Pausanias, San Justino, son
El Océano los bañados brazos
en su libro titulado Adjai'b alma Kl1alukat, ó sea los legltimos precursores de Buffon y de Cuvier en
no habla por sus n,árgenes tendido,
Maravillas de la Naturaleza, tuvo la original ocurren- este interesantísimo ramo de las ciencias naturales.
ni el invisible fuego con abrazos
transparentes al aire habla ceñido;
cia de escribir en forma de apólogo la doctrina de Todos ellos, mezclando con sus observaciones proni el aire de los húmedos regazos
las revoluciones del globo, de la cual hacemos la si- pias tradiciones más ó menos fabulosas, nos dejaron
daba el vapor, en agua convertido,
guiente paráfrasis.
vestigios inapreciables de las ideas del mundo antique el cielo, el mar, la tierra, el aire, el fuego,
Pasaba yo un día par una ciudad muy antigua, in- guo respecto de las demudaciones ostensibles de la
se confundían en un bulto ciego l 1 ).
mensamente poblada, y pregunté á uno de sus habi- tierra, si bien á ninguno se le ocurrió buscar el más
Llega el tiempo en que el denso nublado, e_l bulto
auténtico testimonio de este incesante é inmemorial
tantes:
- ¿Sabes cuándo fué fundada esta ciudad?
fenómeno hasta que el gran Buffon señaló el camino ciego del poeta, baja de temperatura: de aenforme
- Esta gran ciudad, me respondió, no tiene origen á la ciencia moderna, la cual interroga á la naturale- que era se hace líquido; se forma el agua, que por el
conocido; mis antepasados la encontraron tal como za misma y obtiene de ella el secreto de su progresiva aumento natural de su gravedad cae en lluvia. Al
y secular formación. «Así como para la historia (es- contacto de ésta los materiales que aún ardían, pero
es hoy.
Los muros y las torres de aquella población deno· cribía el insigne naturalista) se consultan los docu- que por efecto de la radiación iban lenta~ente pertaban, en efecto, una remota antigüedad. La arquitec- mentos y diplomas, se buscan las medallas, se des- diendo su calor, acaban de enfriarse; las aguas se extura de sus templos, la escultura de sus ídolos, lleva- cifran las antiguas inscripciones y con estos datos se tienden por todas las superficies planas ya consolidab1n el sello de lo que los hombres llaman primitivo determinan las épocas de las revoluciones humanas, das y por los senos que podían contenerlas, y ~ocuando no aciertan á asignarle fecha .
del mismo modo para escribir la historia natural hay mienzan los sedimentos. Mas como las superficies
Pasaron mil años, y volviendo yo otra vez al mismo que escudriñar los archivos del mundo, sacar de las hondas estaban más cerca del fuego, experimentando
lugar, porque mi vida no tiene fin, me sorprendió no entrañas de la tierra los antiguos monumentos, reco- su acción 1 se levantan y emergen con indescriptibles
hallar en él el menor vestigio de la gran ciudad cu• ger sus reliquias y reunir en un cuerpo de pruebas rompimientos y trastornos. Aparecen entonces las·
yo origen había querido indagar, y dirigiéndome á todos los indicios de los cambios físicos que pueden grandes masas de rocas hipogénicas, las montañas
un campesino que estaba allí segando hierba, le pre- conducirnos al esclarecimiento de las diferentes eda- de granito y de pórfido, que combinándose á veces ·
gunté:
des de la naturaleza. Esta es la única manera de pro- con los revueltos pedazos de los estratos quebranta- ¿Desde cuándo está destruida la gran ciudad porcionarse puntos de partida seguros en la inmen- dos, dibujan islotes y cordilleras en el extenso p~élaque aquí había?
sidad del espacio y de fijar cierto número de piedras go de los mares Cambrianos. Concíbese que s1 en
- ¡Vaya una pregunta!, exclamó. Esta tierra ha miliarias en la vía inacabable del tiempo.» Y este ha aquella edad en que todavía la tierra no tenía animaestado siempre así.
sido el método que desde entonces ha venido si- les ni hombres ni vegetación siquiera, hubiese po- Pues ¿no había aquí mismo una ciudad popu• guiendo la ciencia.
dido existir quien contemplase el pavoroso cuadro de
losa antes de ahora?, insistí yo.
Es para ésta un hecho probado que la tierra está la naturaleza, forzosamente le habría inspirado ésta
- Nunca la hemos visto, repuso el labriego, ni ja- en perennes transformaciones; pero ¿qué agentes han ideas de tremenda desolación y de incomparable temás nuestros mayores nos hablaron de ella.
intervenido é intervienen en ellas? ¿A qué causa pri- rror, al ver aquellos islotes roqueños descollando
Pasaron otros mil años, volví á aquel mismo sitio mera debe atribuirse la formación del núcleo terres- en la inmensa masa fluida, aquellas calcinadas llanuy me encontré con un inmenso lago, á cuya orilla se tre? A esta última pregunta no satisface la ciencia ras ya cortadas por humeantes simas de inmensuraentretenían paseando varios hombres, y pregunté á humana: lo que ella puede con cierta verosimilitud ble' profundidad, ya surcadas por corrientes de hirexplicar es la historia de las transformaciones; es de- vientes aguas que vertían en bituminosos y revueltos
uno de ellos:
- ¿Desde cuándo existe este lago?
cir, puede con algunas probabilidades de acierto se- mares, ya estrechadas por altísimas y desnudas sie- Imposible parece, me contestó con desdén, que ñalar el proceso de ellas y los agentes que las produ· rras.
un hombre cuerdo haga tal pregunta; este lago ha cen. La ciencia moderna, rechazando lo demasiado
Tenemos ya en el gran escenario del planeta en
estado aquí siempre desde que Dios hizo el mundo. exclusivo de los dos sistemas neptuniano y plutonia- que se va disponiendo el trono para el rey de la
Volví á pasar por allí mil años más tarde, y donde no, considera los dos principios, el agua y el fuego, creación - el hombre - rocas y terrenos de sedimen•
estuvo el lago había ahora una ciudad soberbia, más como los principales agentes de la formación y de to, los productos del fuego y del agua, los dos genefloreciente y populosa que la primera que había yo las demudaciones del involucro terrestre, al propio radores en cuya combinación armónica hemos de
contemplado en aquella comarca tres mil años antes; tiempo que reconoce &lt;1ue en los lentos cambios que
y cuando traté de inquirir su origen, me contestaron en éste se advierten obran otros elementos ó agentes
(¡) La creación del 1111111do, poema del Dr. Alonso üe Ace·
exteriores secundllrios. . .
sus habitantes:
e
veda. Día primero.
SUMARIO

6l

1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 509

para su uso particular un coche entero, los pobres paganos no tenían
dónde meterse y reclamaban á los
empleados, que con malos m~dos les
iban acomodando como sardinas en
banasta.
.
Ya estaban mal que bi~n eni~ulados
los penitentes' y su gruñir se iba calmando cuando desemboca en el andén de' la estación, á toda carrera, una
señora seguida de una doncella y un
criado, cargados los tres con tantos maletines, sacos, bultos, H_os de mantas,
sombrereras, paraguas, Jaulas, cestas y
perrillos falderos y el todo t~~ mal per·
.eñado que iban regando chmmbolos ...
~ cua~do querían coger uno del suelo
se les caían tres.
.
- ¡Señores viajeros, al tren!, gntaban
los empleados cerrando ruidosamente
las portezuelas.
_ ¿El reservado de señoras? ¿Dónde
está el reservado de señoras?, vocea la
dama.
•
_ No hay reservado de senoras,
dice un empleado con mal modo.
- Debía hl\berlo.
- ¡Se deben tantas cosas que no se
pagan!
_ ¡Al tren ... al tren!
.
_ ¡Eh... señora... la de los quince
bultos... que se deja usted atrás los talones!, dice un mozo.
_ Vamos, señora, suba usted; aquí
debe haber puesto.
.
_ Aquí somos once e~tre chicos Y
grandes, grita una voz airada ... Once
sin contar un niño de pecho que huele
por tres.
- ¡Completo!
- ¡¡Repleto!!
.
_ ¡¡¡Atestado!!!, gntan voces desde
otros coches.
_ Aquí no cabe ni un alfiler, y esa
;;ñora se conoce que se muda.
_ Esta no es la empresa de F. Del-

hallar los grandes cuadros del magnifico poema geológico del mundo.
Pasarán miles de años, vendrán la_s demudaciones de las épocas mesozoica Y
cenozoica; llegan después ~as d~ la
época cuaternaria ú homozo1ca; viene
el tiempo en que la masa terrestr_e_ha
de tomar su forma general defimt1va,
y entregando el Supremo Hacedo~ la
masa de nuestro planeta á la acción
inteligente de la naturaleza, á la cual
ha dotado ya de todos los. ele~entos
y gérmenes de vida con fi~as é inmutables leyes, la madre comun saca por
fin de la materia informe el hermoso
y variado orbe que habitamos,
Como ]a osa ruda, que lamiendo
del parlo inform~ la cerdosa past~,
con la lengua formando va y puliendo
el cuerpo feo de su torpe ca~ta,
y con astucia natural va haciendo
de un peso tosco, de una ca_rga basta,
de un montón grueso un animal perfecto,
del natural instinto raro efecto (1).
PEDRO DE MADRAZO

UNA BROMA

I
Estábamos de sobremesa.
Vinos finos de los mejores rrús de
Francia y andaluces de las mejores
marcas de Jerez y Montilla habían
circulado á profusión, y la alegría más
franca y juguetona reinaba entre nosotros... cuatro amigos íntimos que la
casualidad reunía, una hermosa mañana de octubre, bajo los rayados pabellones de tela de un restaurant elegante en las alturas de la torre Eiffel.
Procedente cada uno de nosotros
de un país diferente, al vernos juntos
allí, tras larga ausencia, á tantí~imo_s
metros de altura sobre la más d1verttda y animada de las ciudades del
mundo... rodeados de un panorama
espléndido... contentos del momento
presente, recordando co_n delicias otros
de nuestros años juveniles, en los que
la nota cómica resaltaba, charlábamos... charlábamos como cuatro coto·
rras, y la conversación tení~ ese espi•
ritu ágil y brillante que chispea, saltando de una guasa á otra guasa, de
un recuerdo agradable á otro conmov~dor.
..
A fuerza de tacitas de café Yde cop1ta,s de dehc1~·
so Oporto, costumbre q~~ Luc1ano se tra1a muy ar:a1gada de Inglaterra, el dialogo comenzó á tom_ar ciertos matices verdosos de primavera que com1:nza, Y
con los matices perfumes amorosos, aventunllas lleras comenzaron á saltar sobre el tapete.
g Ya había contado Roberto historias orientales co?
su poquito de alfanje y cimitarra y los sustos cons1•
guientes; ya nos había referido ~uciano _tres ó cuatro
aventurillas aventuradas de la vida londmense, cuando Pedro - un político de marca de los d: b~en~ cepa - exclamó_-. exclamación por desgracia Justificada entre mend1onales:
_ íEsto sí que es verdad!
y á renglón seguido contó esta broma.

ríu.- ¡A la perrera!, vocea uno de tercera.
.
d .
- iPor Dios, seño~ Jefe, no me eie
usted en tierra!, suphca la dama. .
_ ¡Que estamos en retraso de diez
minutos!
Suena un pito... toca una ca~pana ...
CONSUELO, FLORI STA, cuadro de D. Ricardo Madrazo
silba la locomotora y se nota el impres(Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona. l
cindible porrazo de arranque; pero é_ste
es tan lento que la lucha por la vida
continúa entre los de afuera y los de adentro, los emlos colmos, y así sea él uno de tierra de Segovia ó del
pleados la señora Y su gente.
propio Vitigudino, ya no ve ~á~ que germanos Yger·
Me da lástima... yo soy así... no lo puedo rememanismos... ni comprende s1qmera 1 en su g:andeza, diar. Además, la señora me parecía guap~··· me par~la existencia del garbanzo y sus consecuenc1as en el cía digo, porqµe un gran velo la envolv1a de medio
carácter.
. . .
arriba.
.
- Pero las instituciones, decía, esas in~tttuc1o~es cuerpo
Abro la portezuela y la gnto:
republicanas, ¿cree usted tengan consi~tenc1a? ¿Existe
_ ¡Aquí, señora, aquí!...
realmente un ejército formidable? ¿~x1ste, de verdad,
Acude. La izamos. Izamos á su doncell~ y parte
un espíritu público levantado? ¿Existe~?... y patatín. de los enseres .. Lo último que llegó fué una Jaula que
¿Existen?... y patatán. Y seguía y segma. enumeran- el bruto del criado tiró como una honda ... hallándos~
do cosas y más cosas y muchas que de cierto no co- ya á gran distancia y cuando el tren marchaba rápi·
nocía ni de vista.
¡Qué énfasis, amigos, qué énfasis! Tanto pudo de- da mente.
La jaula entró como una bomba por 1a venta_n,i11a,
cir, que me cargó, y para acabar de una vez con la se aplastó contra el techo y de r~chazo s~cud10 un
racha,
.
,
p , buen golpe sobre la cabeza de m1 companera, que
- Amigo, le dije, en Francia no hay mas_ qu7 ª:ts lanzó un agudo grito y se desmay~.
.
y en París no hay más que cuatro grandes 1?stttuc10•
¡Y aquí empiezan mis infor~un~os! Por Dios, que
nes; eso sí esas cuatro instituciones so? senas, están no se puede ser generoso y cantattvo.
II
profundamente arraigadas, y las_ creo msuperab~es Y
_ ¡Agua! ¡Agua!, me chillaba la camarera.
poderosas .. , verdaderos veneros inagotable~ de nque¿Dónde hallarla? El coche era_ un campo de AgraVenía de Francia á ~adrid.
.
za pública. Estas cuatro grandes institu~1ones son: mante. Maletas, jaulas, líos medio deshec?os, cestas
Me tocó de compañero en el steepmg_un pollo las modistas, los peluqueros, los restaurants Y las
elegante, conocido ~{o... ~reguntón sempiterno ... un coco/tes. Amigo, nada más allá. Lo demás todo es con las bocas abiertas... vomitando p_anec1llos, fiam•
bres y frutas por el suelo y por los asientos. Una bodistinguido diplomático .. · insoportable. .
ó filfa. ¿Comprende usted?
Desde que salimos de Par!s el desgra;1ado nie ce~r
Pues no comprendió y siguió preguntando. ¿Qué tella de vino malamente cerrada chorreaba desde la
red, rociando pared, asiento y almohadones y cuanto
de interrogarme... más por mrse á sí mismo q 1 p . hacer? Le dejé hablar y me dormí, pero en cuanto
éstos había.
.
escuchar mis repuestas ..,- so pret~xto q~e
a ~~ amaneció ... pies para que os quiero... me largué á un sobre
¿Qué hacer? Acudí á mi neceser, y qmeras que_no
misión política que á m1 me hab1a lleva o dranc1 , coche de primera el que hallé más á mano, con
apliqué á los labios de la dama mi botellín de conac
.
'
debía haber tenido ocasión de penetrar gran es se- armas y bagaies.
.
y la hice tragar parte de su ~ontenido. El resto lo
cretos de Estado.
. 1
Por casualidad no había nadie. Dormí c~mo un aprovecharon mi chaleco y mis pantalones... pero la
El venía de Berlín y... vosotros n~ sab~,s Bo 1te lirón hasta la frontera donde el jefe de estación me
señora volvió en sí... volvió en sí digo, y fuera de sí
puede molestar un pollastre que v1!:e
~;n~~~ tenía dispuesto un re;ervado... y mucha amabilidad, al ver el emparedado de canario que t~n{a sobre la
'lue conoce personalmente á una re6
g d que es lo que nos está reservado á nosotros (los gran· falda. Lloró, besó el ensangrent.1do cadaver del poduques y de grandes duquesas, ~os tres empera ~: des hombres) que no pagamos ni un real á las embre canario, rompió el abanico á fuerza de hace_rse
res con sus hembras correspondientes, un gran ca
resas de ferrocarriles.
ciller ó dos feld-mariscales y la mar de cora~eros de p Todo fué bien hasta Miranda, donde se armó un aire y se desató en tan tremenda andanada de im·
properios contra los empleados de la empresa ... contodos colores y de uhlanos de todos los matices. d l'o atroz
Para un pollo diplomático aquello es el colmo e \ 1 Com~ éramos varios los hombres i!11portantes que tra el abuso d~ los reservados que ocupaban todo el
material en acarrear tu11a11tes. ¡Tunantes!... esta palaveníamo~ en ~l tren, y cada personaJe se reservaba

1;

a:

I

( 1)

Poema citado.

�612

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

509

- ¡Tijeras, cera, hilo!, grito desde la puerta de la
breja me supo á cuerno quemado ... que vamos, me amant!ció y al descender los montes, camino del Esescalera
al portero, Luego digo á la señora con el
corial,
la
luces
se
apagaron
y
vi
el
rostro
aquel
á
la
creí obligado á decirle con la mayor humildad:
- Dispénseme usted, señora, que le ocupe un sitio luz del día... aun después de una mala noche... me mayor aplomo:
- ¡Respondo de todo!
en su coche. Ahora voy á ver si logro estibar el car- pareció quinientas veces más bella ... y su primera
gamento y adecentar un poco este interior... y en la sonrisa como toda una primavera andaluza cuajada
VI
primera estación me iré con la música á otra parte de flores y aromas ... entre el azul diáfano de un cielo
sin mancilla y un suelo de amores.
para que usted se esponje á su antojo.
Salí á las cuatro de la mañana en un estado que
¡Bendito sea Dios, y qué bien sabe hacer las cosas
- Me dió mil excusas ... ¡Ca! ¡Si aquello no suceno es para contado.
día ni en Cafrería!... Lo de tunante no lo decía exclu- cuando se pone á ello!
¿Era una broma de Carolina?
Después del chocolate ... ¿cóipo evitarlo?... me desivamente - ¡qué galantería! - por mí... ¡Ella, una seSi fué broma, Dios se la pague; hice una obra de
claré
en
serio
...
al
oído
...
sentado
á
su
lado
...
cogiénñora sola, obliga¡:la á viajar de limosna!. .. ¡Meterse en
mi coche!... ¿No era casi tanto como meterse en mi dole la mano y alcanzándole un beso delicioso entre caridad.
Al día siguiente, un caballero dej6 en mi casa un
casa una vez que el coche era mío? Y todo... ¿por el nacimiento del pelo y la oreja, que parecía un capaquetito
para mí. Contenía mi tarjetero perdido en
racolito,
sonrosada
y
pequeña.
qué?... porque...
Me dió esperanzas en sonrisas y dulces presiones la brega ... un billete de 100 pesetas y un B. L. M.
La corté el flujo aquel de palabras. Temía nuevas
incluyéndome los honorarios por el último parto de
de mano; orales muy pocas.
sangrientas alusiones.
su
mujer.
Ya
en
Madrid
...
en
el
puente
de
hierro
...
escurrió
- La verdad del caso es que yo me tengo la culDí á la primera pobre que me pidió limosna las
pa. ¿Quién me impedía á mí pedir también un res~r- en mi mano un papelito doblado. No decía más que
éstas palabras, escritas con lápiz sobre una hoja de 1 oo pesetas.
vado? ¿Dígame usted?, exclamaba.
¿Era esta una nueva broma de Carolina? ... Más
La contesté que, en efecto, yo no sabía por qué... tarjetero:
parecía broma del destino ...
«Carolina, Biblioteca, 64.»
pero añadía que hizo muy bien en no tomarlo ... así
No he vuelto á verá mi sílfide de Miranda.
Luego murmuró en mi oído:
tenía yo el honor... la dicha... la felicidad, etc., etc.,
- ¡No me siga usted, por Dios! .. Me esperan. Háde pasar en su compañía horas que de cierto me paLUIS DE LLANOS
recerían brevísimas, tan breves como interminables gase usted el desconocido. Esta noche á las nueve le
espero para tomar una taza de te.
solo con mis pensamientos.
- ¡Una taza cle te! ¡De ambrosía querrá usted deLa señora me sonrió... y su sonrisa, amigos, me
cir, señora!
SECCIÓN AMERICANA
abrió horizontes desconocidos. ·
¿No habéis observado ese fenómeno?
TIPOS Y COST U~IBRES DE PUERTO RICO
III
Hay fisonomías que en reposo resultan antipáticas,
hasta feas, y que una sonrisa transfigura por compleLA FI SC ALA
Comí á las cinco como los cómicos.
to. No es esto decir que mi compañera fuese fea ...
A las seis empezaba á vestirme.
todo lo contrario, era lo que se llama una real moza;
I
Todas las camisas me parecían mal.
pero tanto pelo negrazo y espeso... tanto obscuro
Al
fin
dí
con
una,
planchada
en
Londes,
que
paprofundo en sus ojos airados, le daban al principio
Mi queridísima Prudencia: Te pongo estas cuatro
recía propiamente de porcelana de la China.
expresión de un dramatismo apestoso.
lfneas
para saber de tu salud y la de tu famila, ya
En vista de que la habilidad de mi ayuda de cáCuando sonrió tomó su boca un pliegue tan moque
ustedes
me tienen olvidada y ni escriben ni viemara
no
me
satisfacía,
yo
mismo
me
hice
el
lazo
de
no, se formaron en sus mejillas y en su barba tan renen nunca por este pueblo, cada día más triste y más
trecheros hoyitos, me enseñó unos dientes tan sanos, la corbata ... con la décima que ensayé.
Llevaba medias de seda bordadas y zapatitos es- fastidioso.
nacarados y frescos, que hasta se me figuró se volvía
Te digo que parece un cementerio, por no decirmucho más joven y más pequeñita de estatura ... De cotados. Un frac de Pool como no hay dos en Madrid... y una flor en el ojal. Lo más que representaba te otra cosa peor. La casa del rey. que es la mejor
real moza, aquella dama, ascendía á sílfide divina.
que hay aquí, está sin techo desde la tormenta de
eran 30 años, y aún aún.
- Si yo fuera fea no sería usted tan galante.
Pedí el coche á las ocho y media, y tan tarde me San Felipe; la plaza es un pasto, la calle principal
- ¡Pues es claro, alma de Dios!... ni la abro la
puerta, ni la recibo, ni ese es el camino, ¿qué tiene parecía que mandé á mi cochero reventar los caba- un basurero, la iglesia un no sé qué.
Hasta la gente se va poniendo pesada y cursi, como
llos. Del paseo de Recoletos á la calle de la Biblioesto de particular?
- Pero vamos á ver, señor mío, y usted qué gana teca tardé menos de un cuarto de hora, Una vez tú dices. La mujer del alcalde, que presume de intefrente al número 64, no me atreví á subir ... No es ligente en eso de vestir á la moda y de arreglarse con
con que yo sea guapa?
- Verla: ¿la parece á usted poco? Además, usted puntualidad llegar á las citas antes de tiempo. ,, y más elegancia, se ha sacado ahora unas túnicas, unas polonesas y unos bullones que causan horror. Cuando
no es guapa •.. usted es divina... ideal; usted es una á citas como la mía.
A las nueve menos cinco me dirigía á la portería, va á misa parece un pilón con saya, dando tumbos
diosa del Olimpo.
La dama sonreía. A mí se me figuraba que de re- trémulo de emoción. Iba á verá Carolina-¡qué bo- por entre las hierbas del atrio y sus cercanías.
¡Y lo poseída que está de que es guapa y vi'ste
sultas en el coche hacía sol y.. . ¡eran las diez de la nito nombre! - ¡Volverá verla después de doce horas
bien!
de ausencia ... una eternidad!
noche!
•
Como el nombre de ella es Cruz, aquí en el pue- ¿La señora ... pregunto al portero, que no me
Se lo dije y continuó sonriendo.
blo todos la llaman la Cruz del alcalde.
- Esta muchacha es tonta, pensé para mí... pero deja concluir y exclama:
- Sí, sí ... en el principal. Suba corriendo que le
El p0bre marido se ve y se desea para pagar tanto
¡qué suculento manjar!
perifollo, y siempre está mandando guardias con
El coqueteo continuó. Tomaba varas. A veces me espera.
¡Qué raro! ¿Carolina se confía así con su portero? pliegos urgentes á la villa, para que esos mismos
respondía con gracia ... ó al menos á mí me lo pareSubo de cuatro en cuatro las escaleras. Al ruido guardias le traigan los encargos de la mujer. Los
cía ... que ...
de mis pasos se abre de golpe la puerta del principal. pliegos urgentes son el pretexto para que los guarTodo es según el color
- ¿Es usted?, me dice una voz ruda en las tinie- dias hagan el mandado. ¡Tenemos aquí una chacota
Del cristal con que se mira.
blas ... la cocinera sin duda.
con eso de la Cruz y los pliegos urgentes!
- Sí, yo soy, contesto.
A veces van en una bestia de carga que llaman
Pero si talento mucho no debía tener... ¡vaya
- ¡Alabado sea el SanHsimo Sacramento del altar!... bagaje, por cuenta del pueblo, cuando hay muchos
unas líneas de cuerpo!
encargos que traer.
Era coqueta ... superiormente coqueta. Se acomo- La pobre señora no podía más.
¡Bendita Carolina mía! ... ¡Ella también encontraba
Y, claro está, todas estas charrerías y exageraciodó para dormir de una manera especial. Me hizo
volver de espaldas y se quitó el cuerpo del vestido y largo el tiempo!
nes van teniendo imitadoras entre las mujeres del
- ¡Pronto, pronto, venga usted!
el corsé para endosar luego una especie de nzatinée
Ayuntamiento, digo, entre la secretaria, la tesorera,
La sigo. Me empuja dentro de un salón un poco la registradora civil, la del fielato, la ejecutora de
de franela blanca, toda llena de encajes y de cintitas.
Yo lo vi todo ... lo que humanamente se podía ver, cursi, alumbrado con petroleo humeante.
apremios y demás familias que viven bajo el poder
- ¡Aquí, aquí!, me empuja den~ro de un gabinete de la alcaldesa, y siguen sus gustos por adulación y
reflejado en el espejito de mi neceser ... que, con ha·
bilidad de piel roja metí en mi bolsillo en cuanto ba- lleno de ropas tiradas por el suelo ... enaguas y vesti- novelería, más que por acatamiento á la autoridad.
rrunté lo del traje de noche. ¡Chicos!, lo que vi me dos rodando por encima de los muebles ... una gran
Y así van todas que parecen mojigangas, desacrechifló. Pero Señor, ¡que sea uno tan ciego que nece- confusión,
ditando el buen gusto que hemos tenido aquí siem- Ya está en la cama ... entre usted.
site descender á ciertos detalles para ·comprender
pre en cuanto á esto de vestidos. ¡Si las vieras en un
todo lo selecto de las líneas que vulgarizan y bastar- ¡Cómo! ¿Será posible?, y según entraba grita la baile!
dean esos pícaros corsés y esos maldecidos vestidos criada:
¿Qué más te diré? Hasta se pintan para imitar á la
- Señora, ya está aquí... ahí lo tiene usted... yo alcaldesa. Esto ya no se puede sufrir.
mal hechos!
·
Entre las revelaciones de mi espejito, los abando· corro á avisar.
Para apartar la vista de este infiernito y reponer
nos del sueño, demasiado artísticos para no ser estu¡Cómo! ¿A avisar? ¿A quién iba á avisar aquella algo mi salud después de las calenturas biliosas que
diados ... las sonrisas aquellas y una vocecita de un necia?
padecí, he resuelto ir á pasar unos días contigo. Te
tiple y de un femenino que sacó mi sílfide y que
- ¡Venga usted, por Dios... por Dios ... por la Vir- lo hago saber para que no te coj~ de sorpresa mi lletampoco al principio observé,.. no tuve punto de re· gen María!... ¡Yo muero!. .. ¡Socorro!...
gada, que será el domingo, si Dios quiere.
Me precipito hacia el lecho.
poso ... parecía un exaltado de manicomio ... mienDespués de estar ahí aprovecharé la ocasión para
tras la doméstica, que parecía una esfinge, montaba
Unas manos se agarraban á las mías con inusitada orificarme algunos dientes y para cortar y coser alla guardia con aquella tremenda atención de cen- violencia... Los gritos continúan, pero la voz no es su gunos vestidos, porque tengo la idea de que si los
voz... es una voz dolorida y tremenda...
tinela quinto novel.
hago aquí me van á salir parecidos á los que se pone
- ¡Virgen María!... ¡Madre mía! ¡Doctor mío!
Quise leer y no pude; quise dormir y me fué imla mujer del alcalde.
posible; quise achispar á la doméstica y no hubo
Comprendo todo. Asisto á un parto. ¿Qué hacer?
Será un capricho mío, pero no lo puedo remediar.
Aquella infeliz mujer sufría horriblemente.
novedad.
¡De tal manera se me han sentado en la boca del es¡Qué imprecavidos somos los viajeros! ¿Por qué no
Llamo. Nadie viene. Rompo la campanilla... Nadie tómago ella, sus trajes, sus coloretes, sus moños y su
me traería yo un pañolito al cloroformo de esos que acude.
cerqu!llo!... Porque se me olvidaba decirte que usa
con tanto éxito usan los ladrones elegantes?
- Ayúdeme, por Dios... La chica se fué á buscar cerqmllo todavía y se hace nipes y se riza las greñas
En suma, amigos, me enamoré como un loco de á mi marido...
y parece el mismo diablo en figura humana. Y Juego
aquella mujer que no sabía quién era, ni cómo se
Se me caen los palos del sombrajo... pero tomo es lo más refitolera y cuando habla parece que silba
llamaba, ni de dónde venía, ni adónde iba; y cuando una resolución heroica.
y lo mismo van haciendo las demás.
'

UN RELATO I NTERESANTE,

cuadro de D. Antonio Fabrés

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

En fin, ya te contaré.
Memorias á Timoteo, á Concha,
á Primitiva y á Pío, que debe estar
hecho un hombre. Recuerdos de mi
prima Jesusa, que desde aquellas calabazas está insufrible, y tú cuenta
siempre con el cariño de tu fiel amiga - Clara.
AmcróN. Rompe esta carta.

509

Tu prima, que te quiere, - Clara.
Ya sabes: rompe esta carta.

III

II
Mi querida prima: Para que veas
que no te olvido y cumplo mi palabra, tomo la pluma y hago estos garabatos, que no sé si entenderás,
porque no tengo aquí en donde escribir con calma, ni se puede hacer
nada con orden en medio de este
barullo. ¡Qué casa, Virgen María!
Yo llegué sin novedad. El coche
no se descompuso más que tres veces. Primero se le aflojó una rueda,
más adelante se le rompió no sé qué,
algo que sonó mucho y nos asustamos de pronto; pero Cachimbo, el
cochero, lo amarró en un instante
con curricán. Después se rompió
uno de los arneses... En fin, poca
cosa. Dale en mi nombre las gracias á D. J oaqufn, el dueño del coche, porque es fácil que para irme lo
vuelva á necesitar.
Aquí me recibieron bien, con mucha algazara, mucha alegría y mucha
demostración; pero, hija, no es todo
oro lo que reluce. Al principio grandes extremos y agasajos, y después ...
como si tal cosa. El día de mi llegada pusieron vino en la mesa, hicieron espumilla para postres, y hoy...
¿lo querrás creer? Pues han suprimido
el vino, y poco á poco nos quedaremos con los tres platos de ordenanza: sopa, carne y arroz blanco; sota
caballo y rey, como decimos allá en
el pueblo.
Prudencia dice que soy yo de confianza, y con eso se disculpa. De modo que con un poco más de confianza ... ¡figúrate tú!
Y ¿sabes para qué ahorra y cicatea esta mujer? Pues para echar lujo
y salir á la calle hecha una reina y
aparentar lo que no es. La mitad
de la gente está aquí perdida por
eso. En fin, ya te contaré.
Pues como te decía, Prudencia
está muy orgullosa y muy cambiada.
¡Quien la ve ahora y quien la vió
antes de casarse, cuando andaba con nosotros en el
guayabal!. ..
D. Timo es un boca abajo, un infeliz, un bendito
de Dios. Ya supondrás que este D. Timo es Timoteo, el marido, aquel escribiente flacucho y mellado á
quien hacíamos tanta burla cuando estaba en la notaría del padre de Pudencia. Luego seJué á la ciudad,
y desde allí mandaba por el correo aquellos sobres
grandes, sellados, que decían arriba «criminal de ofi·
cio» y luego había unas firmas y después «Sr. Notario
de ... » y dentro la carta «para Prudencia.» Todo
aquello era para ahorrarse el vellón del timbre.
Timoteo escribía entonces en un juzgado, y decían
que había favorecido mucho (sabe Dios cómo) al
padre de Prudencia, en aquello del testamento de
D. Floro el de Ortegón, cuando se presentó el yerno
y hubo ¡la mar!
El caso es que al poco tiempo se casó 'Prudencia,
y Timo siguió en el juzgado y allí estuvo hasta hace
cosa de dos años que lo hicieron procurador.
¡Si vieras la gente que viene donde él! Todo el día
están entrando y saliendo hombres y mujeres que
andan en pleitos, en reclamaciones, en causas y no
sé qué más. Él los atiende á todos por su orden y
les dice unas palabras tan chocantes ... Aquello es un
coloquio que da ganas de reir. Yo tengo mi cuarto
cerca y oigo: «La sustanciación del proceso,» «la
acumulación de las piezas,» «el requerimiento de
las partes,» «el expediente en cuerda floja,» y otros
muchos términos más . que oyen los litigantes con
atención, como si entendieran lo que él les quiere
decir. Luego les pide dinero, mucho dinero, para
activar los autos, para interponer el recurso, para suplicar por otrosí, para dar traslado, y por ahí sigue.
Las muchachas, Primitiva y Concha, saben todos
estos términos y los dicen á cada instante, como ha-

NóMER0

EL PRIMER CIGARRO,

cuadro de c. Ifartm:rnn

ciendo burla de su papá. tn cuanto los clientes salen, corre Prudencia al bufete y agarra todo el dinero de Timo, sin dejarle siquiera para papel sellado.
Y empieza el drto:
- «Mujer mira que eso es para una casación.
- »Déjate de casaciones, Timo, que bastante casado estás, y antes que nada es la casa, la mujer y
los hijos, que necesitamos andar decentes y· no ser
menos que otros.
- :1&gt;Bien; pero ... ya ves ...
- »Yo no veo más que cobradores en la puerta y
trampas aquí y allá, y cuando voy á salir no tengo
un traje con que poder presentarme como quie:i. soy.
Además, tus hijas no han de andar siempre de trapillo, y ahora viene la Semana Santa .. .
- »Pero, hija, es necesario apelar.. .
- :1&gt;Pues apela en seco ó pide más cuartos, que
éstos y más que fueran los necesito yo, y no tengo
otra parte donde apelar.»
Y por ahí siguen, alegando él tímidamente y replicando ella con altanería, hasta que al fin cede
Timo, guarda ella los cuartos y... gana el pleito.
Y después ¡eche usted sedas, alhajas, postizos,
bambolla y vanidad! Y á la hora de la comida ... sota,
caballo y rey.
Ahí en el pueblo me llaman la Fiscala, y creo que
tú misma me pusiste ese nombre injusto. A mi no
me gusta fiscalizar ni meterme en lo que no me importa; pero, hija, á veces se ven cosas que... vamos,
no puede una transigir.
Se me acaba el papel y todavía no he empezado la
carta, como quien dice. Otro día te escribiré más lar•
go, porque hay.de sobra tela donde cortar.
Dile á Cruz, la del alcalde, que cuando venga un
guardia á la villa me lo mande acá para que lleve
los rizos, el ~gua milagrosa y los polvos de arroz.

fesusa de mis pecados: Leí tu carta
regañona, y me reí muc~o de tus
consejos y sermomes. ¡Cmdado que
estás chinchosa y susceptible!
Le voy á escribir á Lito que te
vuelva á enamorar, para que se te
quite el esplin.
Quien te oiga á ti creerá -que yo
soy una enredadora y desagradecida. Demasiado sé que no se debe
hablar de la casa donde una vive;
pero tú eres de confianza y no tengo secretos para ti. ¡Eso podías agradecer!
Además, yo ¿qué he dicho? Dios
me guarde y me libre de meterme
en cosas ajenas. Lo bueno que yo
tengo es ser quitada y enemiga de
chismes; pero hay cosas que me repugnan y me andan por el cuerpo
y... vamos, que no puedo aguantarlas, que no está en mí y de algún
modo se tiene una que desahogar.
Pasemos á otra cosa.
Ya extrañaba yo que desde el primer día no me fastidiasen las Piñas
y las Antúnez con sus encargos. ¡Si
parece maldici6n! ..
En cuanto una viene á la villa, no
queda nadie por allá que deje de
hacer algún encargo.
Con el guardia de la Cruz... ya
sabes, va el poplin para la bizca, que
no se le merece. ¡Sabe Dios qué mamarracho hará con esa tela tan hermosa!
El sombrero de Paca es de la última novedad. Enséñaselo á Cruz
para ver si se le antoja mandar por
otro, y así tendremos guardia para
lo que se nos ofrezca. No van los
abalorios de Gracia porque no ha
mandado el dinero, y yo no tengo
minas por acá.
Sigo bien de salud, pero esta genme carga, me encocora. Yo quisiera
desentenderme y no hacer caso;
pero, hija, ya tú sabes que no está
en mí.
Prudencia anda ahora al retortero
con su traje crema, y está poco menos que insufrible. Mira tú que hasta
rrie manda á las tiendas r.on sus hijas para que .Je compre seda del
mismo color, blondas más bajas, bieses más subidos, forro que arme y chucherías por el
estilo, y estamos yendo y viniendo medio día para
confrontar colores, para llevar y traer muestrarios y
aun para devolver cosas de~pués de compradas y sacadas de la tienda. ¡Ya ves qué falta de consideración!
Otras veces manda á D. Timo, que se excusa con
que se le vence un término ó con que tiene una vista
ó que necesita alzarse y otros dichos lo más graciosos; pero por fin hace el mandado á costa de carreras, apuros y sofocones, y lo hace casi siempre mal.
Lo más común es que ec/zen una garata, y que
cuando D. Timo no pueda más se inhiba, como él
dice, y nos ruegue á las muchachas y á mí que acabemos el expediente.
Ya dije que ellas saben todos estos términos y
arman cada jerga que es un primor.
Concha y Primitiva son más tratables, ya ves que
soy justa; pero no dejan de darme que sentir, cada
una por su lado. ¡Si vieras qué distintos genios! Parece que una sacó el de Prudencia y otra el de su
papá.
Concha es vivaracha, vanidosa y coqueta. Me gusta por lo franca y alegre; pero está• muy engreída y
no tiene educación. Se figura que todo se lo merece.
Todos los novios los quiere para ella. Lleva relaciones con un estudiantito que está en Madrid aprendiendo la medicina, y se cartean por cada correo; le
ríe las gracias á un empleado de la capitanía de
puerto, que anda siempre con flores en la levita, y
se vuelve loca con un alférez de la guarnición. Su
delicia es ver los colorines de un traje militar.
Y como si no le bastaran éstos, coquetea con todos los que vienen á casa y no los deja hablar con
Primitiva ni conmigo. En seguida se agrega ella,
mete baza y se queda con la conversación. Habla

NúMERO

509

LA

615

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Y á todo esto la casa... Vamos, no está
con la mayor frescura hasta de las cosas que
sin barrer porque yo estoy aquí, aunque no
no entiende; desbarra que es un contento, y
lo digo por alabarme.
se da un tono y un aquel...
D. Timo no se mete en nada más que en
La otra pacece una mosca ~uerta y es ~na
sus papeles, y á veces entra y sale con ello_s
avispa. No he visto nunca muJer más hipó·
debajo del brazo. Te digo que me da lasticrita y sagaz. Habla poco, no se ríe casi
ma. Fuera de lo que tiene de enredador y
nunca, baja tímidamente los ojos cuando la
pica-pleitos, es lo que se llama un infeliz..
miran, y parece que no rompe un plato. ¡Y
La comida va en menguante; vino ... D10s
es más brava que un ají!
.
dé; la cena... café con borras.
Tiene un novio que es de la cuna; creo
Aguárdame dentro de dos meses, porque
que amanuense, pasante ó no sé qué. Ella
no
puedo estar más aquí.
no lo nombra nunca ni habla de él con nosTu prima, que te aprecia, - Clara.
otras como sería natural. Por la noche se
Quema la presente, por lo que pudiera susient;n solos por allá, lejos de la tertulia, y
ceder.
hablan entre dientes, como cigarrones, sin
que se les pueda oir una palabra bien; pero
EPÍLOGO
se conoce que riñen, ó mejor dicho riñe ella
y á veces llora y le araña, y hasta creo . que
Señorita Clara: Ha sido usted, sin pensarle quiere sacar los ojos para que no mire á
lo, mi salvadora en un dificilísimo
empeño,
'
.
las demás. De día siempre lo está velando
y me place declararla en estas !meas m1 gradesde el balcón, pero con mucho disimulo.
titud.
No quiere que vaya á los bailes ni tenga
Buscando yo materiales auténticos, datos
amigos; Je hace ir á la iglesia cuando ella va,
y pormenores á fin de estudiar algunos tipos
para tenerlo á la vista, y si no viene P?r la
femeniles para una colección que tengo entre
noche á la hora acostumbrada... ¡Vrrgen
manos, hallé (no importa cómo) las presenMaría!
tes cartas, que han sido para mí una revelaDa pena ver cómo lo trata. Vamos, que
ción. ¡Ni siquiera había sospechado que exisno lo deja respirar.
tiese el curioso tipo que esos documentos
Y él cada día más complaciente y sumiso.
me han hecho conocer!
Si se ofrece se casa con ella, porque los
Puse manos á la obra para condensar en
hombres son así.
un
articulejo los rasgos más salientes de La
Pero el que me da risa es Pío, el hermano
ÁRABE DESCIFRANDO UNA I NSCRIPCIÓN, cuadro de E. Glockner
Fiscala;
pero después de varias tentativas
de ellas. Está hecho un zángano.
infructuosas,
me convencí de que las mismas
Le pusieron en el colegio, perdió tres curcartas
de
usted
valen
mucho más de lo que pudiera
guna
broma,
se
avergonzaba
muchísimo
y
hasta
quesos y lo sacaron al fin, porque no quería estudiar.
yo
escribir
en
aquel
sentido.
Es largo y flacucho como una espingarda, muy des- ría llorar. Vamos, un idiota, un animal.
Usted se pinta sola para el caso.
Prudencia no se ocupa de los hijos ni de la casa,
colorido y orejón, se enamora á lo bobo de cuantas
Permítame,
pues, que exhiba su obra, sin ~ás
que
están
como
Dios
quiere.
Anda
siempre
al
traste
ve y no hace más que sonreír y mirar desde lejos
con ojos de carnero moribundo. En los primeros días con La Moda, se entusiasma con los figurines, une trabajo mío que el indispensable para desagraviar
de mi llegada se enamoró de mí, y era una diversión y compara las telas para ver si casan bien los colores, un poco la ortografía castellana.
Por esto, y porque tuve buen cuidado de cambiar
el verlo. Me traía confites, caramelos y cromos re- y después de arreglado el traje sólo piensa cómo y
cortados; me los mandaba con la sirvienta y se es- en dónde lo ha de lucir: si en la salve, si en la nove- los nombres, confío en que me perdonará usted la
condía para que yo no le viera. Me hizo unos versos na, si en la misa, si en en el paseo, si en la velada, indiscreción.
tristones en el papel sellado de D. Timo, y cuando porque aquí ha y ahora veladas á cada rato. Cuando se
B. S. P.
se encontraron y me los dieron á leer estuvo tres días queda en casa no hace más que leer Los tres mosqueteMANUEL FERNÁNDEZ J UNCOS
rosó
hablar
de
poesías
con
el
hermano
del
promotor.
sin ir á la mesa. Cuando las hermanas le daban al-

AL AMOR DE LA LUMBRE,

cuadro de D. Luis Jiménez. (Sa16n de París de

1891.)

�EL POETA GRIEGO MENANDRO, escultura existente en el Museo del Vaticano

LA CASTIDAD, escultura existente en el Museo del Vaticano

�LA
MUNICH
¿En qué consiste el encanto singular de lrfunich
que á todo el mundo avasalla? Como ciudad de los
monumentos, de los mármoles y bronces, de las Glip·
totecas y Pinacotecas, guardando los tesoros de la
antigüedad, de la Edad media y del presente, atrae á
los discípulos de Fidias y de Apeles, y con brazos
cariñosos recibe en las exposiciones universales que
se celebran cada año á los artistas del orbe, coronando á los Benlliure. No es como Granada, la de la
Alhambra, del río aurífero y de los plácidos jardines, de las músicas, zambras y leilas, rico dechado
de las galas del Oriente, trasunto en la tierra de un
mágico edén del cielo; pero en Munich se recrean los
poetas después de haber admirado panoramas y buscado imágenes en el vasto campo del mundo; en la
ciudad del Isar vive el autor de la Historia de la literatura y del arle dramático en España, conde de
Schack, que, andante caballero, hizo su entrada en
Munich; el historiador y poeta épico Fernando Gregorovius, el catedrático y novelista Enrique Guillermo Riehl, el estético Mauricio Carriére, el bardo
bávaro Armando de Lingg, el novelista y poeta Pablo
Heyse, el gran egiptólogo Jorge Ebers y el dramatur·
go noruego Enrique Ibsen; y cuando el rey Maximiliano II se rodeaba de los vates más preclaros de
Alemania, residieron en la capital de Baviera Manuel
Geibel, cuyas poesías románticas son de corte germano; Federico de Bodenstedt, el cantor del Oriente,
y el novelista Augusto Becker. El teatro Real de
Munich ofrece el más digno escenario á los dramas
de Sbakespeare y de Goethe, gracias á la iniciativa
del barón de Perfall, y á las operas de Ricardo Wagner, mientras la musa popular, cuyos hijos predilectos son Luis Ganghofer y Maximiliano Schmid, celebra sus fiestas en el teatro sito en la plaza de Gaert·
ner, pudiendo los cómicos de este último teatro,
entre los cuales citaré á la hermosa farsanta y escritora Hartl-Mitius, á la histrionisa Schoenchen, que
promueve como la que más la hilaridad del público,
y á los actores Hofpaur y Neuert, llamarse los Meininger del sainete. Munich se precia de estrellas del
arte pictórico como Lenbach, Kaulbach y Defregger,
que tanto montan, y Dóllinger, que tanto valía, era
una lumbrera de las ciencias. En la corte de Baviera,
do~de residen los distinguidos poetas Julio Grosse,
Guillermo Hertz y Jorge Scherer, vive también mi
amigo el campeón del naturalismo en la literatura
alemana, el esforzado hijo de Franconia Sr. Conrad,
esposo de la ingeniosa comedianta é inspirada poetisa María Ramio de Conrad, orgullo del teatro
Real; el eximio vate neolatino Pernwerth de Biirnstein, y el poeta genial barón Detleo de Liliencron.
. El rey Gustavo Adolfo de Suecia, que entró por la
puerta de Isar el 17 de Mayo de 1834, denominaba
á la ciudad silla de oro adornando un caballo ruin·
pero cuando los rayos del sol iluminan sus fábricas'
antiguas, sus pardos torreones y su vega, y los lejanos Alpes se ostentan entre azules horizontes, y la
arrullan las brisas, es bella y espléndida, y cuando
en Oberammergau, donde natura santa juntó en espacio tan breve tanta maravilla, se representa el dra·
ma de la Pasión, es la magnífica sala del paraíso.
Si los cármenes de Granada s0n los pebeteros de
los altares que á Dios se elevan, en Munich tiene
sus templos el arte y su trono el rey Gambrino, cuyos ~asallos son todos, príncipes y súbditos, próceres
y paisanos, académicos y oficiales, señores y señoras,
dándose cita en el Hofbranhaus, donde cada uno limpia su jarro para llenarlo en el líquido aromático y
espumante. A los amantes de éste les anunciaba
diariamente un relojero en una tabla de su oficina
dónde se encontrase la mejor cerveza, Munich es también la ciudad de las fiestas populares, teniendo por
campo fav0rito el Huerto de Teresa,· donde se celebran los festejos de octubre, y la plaza de Santa María, donde tiene lugar el Salto de los carniceros. Lo
q?e puede alcanzar la sin par amabilidad de un príncipe generoso, de un genuino caballero, demostrólo
nuestro Fritz, haciendo en 1870 de los buenos bávaros los amigos de los prusianos.
A mí me ligan á Municb los recuerdos más gratos:
a~lí cursé la facultad de Derecho y visité los estudios de los más famosos pintores, allí asistí á las
lecciones del gran Liebig y allí tomé parte en 1888
en el Congreso de los Escritores de Alemania enalteciendo las armas de Munich, qué repre~entan
un monje ost~ntando un libro. Entonc'e s llevaba el
cetro de la gracia y del espíritu la eminente poetisa
Ana _Forstenheim, que ya duerme en el camposanto
de Viena que guarda también las cenizas de los poetas
Anzengruber y Bauernfeld y del pintor Makart.
Los benedictinos,es0s mensajeros de la civilización
tienen la gloria de haber fundado Municb. Paree¿
que este pueblo perteneció á la abadía de Teyernsee,

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

donde Werinber escribió su inspirado canto á la Virgen «Tú eres mía y yo soy tuyo» y pintó imágenes
sobre el vidrio.
A tres Luises les debe Munich su florecimiento:
al duque Luis el Severo, que vivió hasta fines del
siglo xm; al emperador Luis el Bávaro, y al rey Luis I,
el Mecenas del arte, que siguió las huellas de los Alberto V, Maximiliano I, Carlos Teodoro y Maximiliano José I, é hizo de su corte la patria de la belleza,
la antesala de Italia, el museo espléndido de todos
los estilos de los pueblos cultos, desde los Propileos
helénicos y la basílica de San Bonifacio hasta las
joyas de la arquitectura gótica, mientras el desventurado rey Luis 11, que tanto fomentó las artes y oficios y protegió á Ricardo Wagner, se retiró del bullicioso Munich al solitario Neuschwanstein. Luis I
imitó en su palacio real, construído por el Sr. Klenze, el palacio Pitti, en la capilla real de todos los
Santos las fábricas románicas de los siglos x1 y xn,
en el pórtico de los Caudillos la Loggia de i Lanzt
que se ve en Florencia, en la biblioteca .e l estilo florentino viejo, en la Pinacoteca vieja el Renacimiento
italiano, en la Gliptoteca adornada por el grandioso
Cornelius el estilo griego. Bajo los auspicios de Maximiliano II, que se proponía crear un nuevo estilo
arquitectónico, pero que no logró hacer sino una
mezcla de estilos diferentes, en la que prevalecía el
principio vertical, nació el edificio monumental llamado Maximiliáneo, que contiene 30 cuadros representando la historia de Baviera.
Munich se enorgullece también con su pintura vítrea que estableció mi amigo el Sr. Jettler, brillando
la luz del cielo por en medio de las vidrieras pintadas del célebre establecimiento de Munich, así en
los castillos fantásticos del rey Luis II Linderhof y
Neuschwanstein, como en las catedrales de Colonia,
Friburgo, Constanza, Magdeburgo, Brema y hasta en
las catedrales de Burgos y Oviedo.
En la capital de Baviera, donde los cafés son museos, florece también la litografía y la fotografía, y á
la ciudad que el Isar baña trasladó su residencia hace
algunos años la redacción del periódico más ilustrado de Alemania, la Allgemdne Zeitung, mientras la
más interesante revista humorística del mundo que
se publica con el título H ojas volantes derrama, no
sólo sobre Alemania toda, sino también sobre España, sus ocurrencias felices y sus primorosos dibujos.
Cerca de Munich se encuentra el Versalles bávaro,
el palacio de Nymphemburgo, construído por los arquitectos Barella, Zuccai y Visardi. En él reside el
príncipe bávaro doctor Luis Fernando con su espo·
sala princesa Doña Paz, á quien dedicó una de sus
composiciones más bellas mi amabilísimo amigo el
gran poeta catalán Jacinto Verdaguer. Quizá un español tenga nostalgia en el frío Munich al cielo
transparente de su patria, clonde el día esplendoroso
en torrentes de luz derrama su amor; pero los alemanes, entusiasmados por tanta belleza, exclamamos:
¡Ciudad de torres coronada, imán del poeta, delicia
del artista, bendita seas!

NúMERO

Homero. La castidad. El poeta Menandro
Una metopa del friso del Partenón, esculturas
griegas. - Poco seria cuanto dijéramos en alabanza de estas
esculturas, obras maestras de aquel arte que en la antigua Hélade alc_anzó una perfección no superada, ni siquiera igualada
en los llempos posteriores, aun en los modernos: El culto que
á la bell~za plástica cionsagró el pueblo helénico fué poderoso
estímulo para el estudio de la misma en la forma más acabada
y armónica, y por ende más difícil, con que se nos manifiesta
en la n_aturaleza, el cuerpo humano; y basta tal punto llegó
á dominarla, que las estatuas salidas del cincel de los Fidias
Escopas, Praxiteles y tantos otros sirven todavía de modelo;
con más faci lida~ admirados y estudiados que reproducidos.
Las reproducciones fotot!p1cas que hoy publicamos permitirán á ~uestros lectores saborear los primores maravillosos de
esos e¡emplares escogidos de la estatuaria griega, que milagrosament~ conservados al través de los siglos perpetúan la mememona de un pueblo en cuyas institucione3, aun en aquellas
que más inspiradas por el materialismo parecen latía una ardiente pasión hacia los ideales más puros, en ara~ de los cuales
se inmolaban todos los amores terrenos y se consumaban los
más heroicos sacrificios.

••*

NúMERó

509

LA 1LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tinuado jardín la tierra andaluza, c~al si la naturaleza se hubiera empeñado en embellecerse con los brillantes tonos de su
luz y de su vegetación y con el encanto de sus mujeres.
El tipo que ha interpretado Madrazo es sin duda uno de
tantos que abundan en aquella privilegiada región, y aunque
real, descúbrese la experta mano del pintor, el esfuerzo del artista, que por medio de la delicada combinación de tonos y la
elegancia del dibujo embellece hasta lo que por sí reune condiciones de belleza.

•

**
Un episodio de la Batalla d e Worth (1870),
cuadro de Jorge Bleibtreu. - El autor de este cuadro,
famoso en Alemania como pintor de batallas, asistió al com·
bate de Worth con el entonces principe beredere, el malogrado Federico Guillermo, en cuyo estado mayor figuró durante
toda la guerra franco-prusiana. Tres lienzos, con el presente,
lleva pintados sobre asuntos inspirados en dicha batalla: el que
hoy reproducimos representa un episodio que Bleibtreu dice
haber presenciado durante aquella acción de guerra, la deserción de tres zuavos que abandonando el campo francés se refugiaron detrás de las líneas alemanas. A decir verdad la composición, por otra parte bien entendida, no resulta muy en
armonía con tal explicación, pero dado el origen de ésta no
nos queda otro remedio que aceptarla.
Tiene este cuadro entre otras buenas condiciones firmeza y
corrección en el dibujo y en la pincelada, expresión y relieve
en las figuras de los tres desertores, vida y movimiento en el
último término donde se desarrolla la batalla, y sobre todo produce en su conjunto una impresión altamente simpática,

***
Un ,relato interesante, cuadro de D. Antonio
Fabres._- Hermoso grupo el de estos oficiales en cuyos rostros y aclltudes se pinta perfectamente el interés con que escuchan el relato de su compañero; pero la belleza de la obra
n_o resulta. sólo de la expresión que todas las figuras revelan,
sino también, y muy poderosamente, de los acabados detalles
con ~anta prodigalidad sembrados por el notabilísimo pintor
catal~n que parece complacerse en amontonar dificultades sobre dificultades para darse el gusto de irlas venciendo con el
t~lento que tan bellas composiciones ha producido y con el
pincel que tan admirables efectos lile color y luz ha descubier•
to. Fabrés es minucioso en grano superlativo: cuando otros
darían por terminarla, y bien terminada, una tela, él halla
modo de seguir ejecutando primores sobre ella, sin que nunca
resulte recargada y sin que lo profuso del detalle perjudique á
lo claro y elegante de la composición.
Yéase en prueba de lo 4ue decimos Un relato i11teresante;
fatJgaríase nuestra atención y no conseguiríamos nuestro intento si quisiéramos escudriñar una p_pr una las mil filigranas
que componen el cuadro; y sin embargo, visto éste en cc.njunto
se nos presenta lleno de espontaneidad y sin el más ligero asomo ~e conf~sión. Y es porque Fabrés antes de pintar en pequeno c?nc1be y compone en grande, y por esto en sus obras
por en.cima de la habilidad del pintor brilla siempre el genio
del artista.

• •*
El primer cigarro, cuadro de C. Ha.rtmann. Se conoce que el protagonista de este cuadro está en las primeras cb~padas del primer cigarro que en su vida ha encendido. i Infehz l Cuando el humo empiece á dejar sentir sus efectos, ¡cómo se tornarán en palidez los subidos colores de sus
mofl~tes y e~ visajes de angustia esa carita de pascuas y esa
sonnsa de tnunfo con que saluda su primera hombrada! Los
que Iecordamos la impresión del primer pitillo que llevamos á
l?s labios, apreciamos mejor que otros la bellísima composic16n de Hartmana, pintor aficionado á tales asuntos, pues
además de éste tiene otro cuadro del mismo género, Los fumadores, que en su número 407 prodUJO LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.

*
* *

JUAN FASTENRATH

NUESTROS GRABADOS

509

Araba descifrando una inscripción cuadro
de E. Glockner.-EI estudio de figura ofrece ~o pocas di·
fi~ult~des, pues en él nada debe dejarse al capricho ó á la imaginac1ó~, y el menor ?esliz conviértese en gravisimO'defecto,
perceptible para los OJos menos experimentados. Y si á las dificultades naturales que el simple estudio de la figura entraña
se agreg~n otras nacidas de la manera como el pintor la coloca, ~eqmérese en el artista para llenar cumplidamente su cometido un cúmulo de condiciones que no todos poseen y que
solamente se adquieren á fuerza de perseverancia en la reproducción del modelo viviente.
Glockner las r_eune por completo á jüzgar por el cuadro suyo que reproducimos, obra digna de elogio por su correcto dibujo y notable expresión.

• •*
4-1 amor de la lumbre, cuadro de D . Luis Jimene~ (Salón
París de 1891 1 • - Después de haber ejecu•
t~do pnmoros~s Joyas en otros géneros, ha vuelto nuestro ins1~ne _c?mpatnota ~ los cuadros de costumbres españolas de
prmc1p1os de este siglo. En el que ha presentado en el último
Salón de París reproduce la escena tan frecuente en las casas
de nuestros abuelos de la visita del fraile, que después de des• .
embarazarse de las alforjas y de acomodarse al amor de la
lumbre si era invierno ó en sitio fresco cuando el calor apretab_a, ?esembuchaba las noticias del día con que aplacaba la cunos1d~d de las personas mayores, ó narraba algún cuento 6
conseia con que entretenía la atención de la gente menuda.
Tan fielmente y con tanta naturalidad está retratada la escena, que_ n? p~rece sino que el Sr. Jiménez alcanzó á ver
aquellos an_eios tiempos con sus típicas costumbres, porque no
sólo los traies y los muebles y adornos sino el'aire que en todo
el cuadro flota, tienen el sello de la épo'ca y le transportan á uno
á los sitios y le. ponen enfrente los cuadros que tan gallardamente ha descrito con la pluma en sus Episodios 11acio11ales el
gran novelista contemporáneo.

?e

Consuelo, :florista, cuadro de D. Ricardo Ma~.ra~o (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona). ..,_1 ~1cardo Mad,razo no fuer3: ventajosamente conocido en el
mundo del arte, el precioso cuadró que reproducimos bastaría
para. que se le reputara como inteligente artista: tales son las
cuahdades que se observan desde luego en la linda florista
transportada al. lienzo de los encantadores verjeles de la ciudad
del Darro. _Artista de corazó~ y a~ante de su patria, ofrece al
arte las meiores galas de su ingemo y de su habilidad y maestría. Pocos como él lo_gran dar cuerpo y forma á sus brillantes
JABON REAL
JABON
cuadros ~e costumbres, á es?s tipos admir~bles que acusan en•
tre la dehc~deza de su espíntu la ar~oganc1a de los moriscos y DE T HRI DAC E 29,;.d;l~;li;;;~Parls VELO UTI NE
esa espléndida y exuberante vegetación que convierte en con• auom111d&amp;do1 por &amp;QtOrid&amp;4C3 m64ie&amp;I plll ,, l!i¡ioRe 41 la Piel 1 Bellen (ol ColOI

IVJ:OLETI

E strechándose uno contra otro, prcstábansc calor á las mejillas con su propio aliento

TRAICIÓN DE AMOR
POR ANT ON IO ALBALAT.-ILUSTRACIONES DE ERNESTO BIELER

Era la hora de media noche y muy cruda la helada, pero los dos permanecían
sentados bajo una espesura de follaje, desde donde se oía el rumor monótono
de la enorme rueda del molino al repeler el agua en ondas regulares. Sin más
abrigo qu~ un chal, y apoyándose en su compañero, Juana golpeaba el suelo
con su pie, aspirando el aire frío que por sus entreabiertos labios penetraba.
Hubiera podido introducirá Julio en la casa; pero permaneciendo en el jardín,
aquellas citas le parecían menos culpables; y además, el joven la amaba tan
sumiso que, lejos de quejarse, solamente la alegría de verla hacíale olvidar casi
el nso de la palabra. Estrec_hándose uno contra otro, prestábanse calor á las
mejillas con su propio aliento; Juana se reía al verse obligada á interrumpirse
á cada momento para sonarse y al sentir en su rostro el contacto del bigote de
su adorador, húmedo de rocío; Julio se helaba los labios al rozar con ellos las
mejillas de su amada, mientras en el pálido rostro de ésta veía chispear en la
obscuridad sus lindos ojos negros.
· Juana, muy joven aún, apenas contaba veinte años, era simpática y graciosa,
encantadora y pura; sus movimientos tenían algo de felino por lo graciosos; sus
zalamerías infantiles hechizaban, y su sonrisa era adorable. La fogosidad de la
'juventud les bastaba para arrostrar el frío penetrante que bacía saltar las lágrimas de los ojos.
· - Desde mañana, decía Juanita, no será preciso ocultarn0s, puesto que nuestros padres han consentido en el matrimonio y que vas á pedir mi mano oficialmente.
- SI, mañana, adorada Juanita. ¡Oh, qué feliz soy!
- Yo también me alegro mucho, murmuró la joven, apoyándose en Julio con
fuerza; pero ... ¡chist! ... oigo ruido ...
Los dos escucharon, levantando la cabeza é inmóviles.
No era más que el rumor producido por el molino y el canto de los gallos en
sus corrales. La ciudad estaba sumida en un profundo sueño, al abrigo del aire
' helado de diciembre, que parecía endurecer la atmósfera y envarar las ramas
de los árboles del jardín; las estrellas brillaban como ~iamantes en el cielo azul,
blanqueado por el polvo de la vía láctea.
-Alguno conozco yo, dijo Julio, que no se reirá mañana.
.
- ¿Quién?, preguntó Juanita, levantando la cabeza con seductora gracia.
-Tu señor Pablo, contestó el joven.
Juanita dejó las manos de su adorador, que tenía cogidas, hizo un mohín y
arrugó el entrecejo.
- ¡Malo!, exclamó. ¿Por qué me hablas todavía de él, sabiendo, como sabes,
' que esto me enoja?
.
_ .
Y mirando á Julio para ver s1 estaba enfadado, anadió:
- ¡Oh! Es muy feo estar celoso, y si_no ..:
.
.
-Te aseguro que no tengo ahora celos, interrumpió el Joven; pero hace dos
meses sufrí mucho ... ¡Me dijeron tantas cosas!
I

- Es que tú te exaltas muy pronto, repuso Juanita, acercando su lindo rostro
al de su adorador,
- Jamás he creído nada de cuanto me dijeron, replicó Julio, estrechando la
esbelta cintura de su amada, porque te idolatro, y para mí estás á una altura á
que no alcanzan las sospechas ... Escúchame bien, Juanita ... Mi padre me considera joven para casarme, pero ya sabes que soy más formal por el corazón que
por la edad. Tú lo eres todo para mí ... Si me engañases, si no me amaras ya,
moriría ...
- ¡No, exclamó Juanita, estrechando las manos de Julio y con la sonrisa en
los labios,·yo no quiero que m·ueras! ... ¿Qué sería de mí si tú faltases? A nadie
amo mas que á ti, bien lo sabes ... ¡Ah!, añadió después de una pausa, ya es
tarde, Julio, y se hace forzoso separarnos ... ¡Estoy helada de frío! ...
La luz de la luna comenzaba á blanquear el jardín, cual si hubiera nevado·
los dos jóvenes se abrazaron una vez más en la puerta; y después de mirar
había alguien en la calle, Julio salió pensando en los graciosos hoyuelos de las
mejillas de su amada.
La demanda de casamiento se hizo al día siguiente, víspera de Navidad. El
-recaudador Raynaud, padre de Julio, fué con su mujer y su hijo á casa de los
de Juana, que les invitaron á pasar la noche con ellos para ir después á la misa
del gallo, acompañando Julio á su novia. La solemnidad fué imponente: de
rodillas uno junto á otro, escuchando atentos los cantos inmortales de la noche
cristiana, parecíales que su amor resplandecía en la iluminación de los cirios;
que se elevaba hacia Dios á través de los perfumes del incienso y vibraba en su
pecho con el hosanna de los órganos. Aquella fiesta fué para Julio una de las
más hermosas ceremonias que había visto.

si

. .

.

La Bruyere escribió algo muy profundo cuando dijo que no se amaba bien
más que la 'primera vez. A medida que la existencia endurece el corazón olvídanse esas puras ternezas, que es forzoso haber sentido, sin embargo, para ser
hombre completo. ¡Momento único, virginidad del alma, aurora de la pasión,
quien os haya conocido no vuelve á encontraros jamás!
Julio profesaba á su prometida uno de esos afectos tanáticos que deciden de
una existencia. No solamente estaba seguro de no desear jamás otra mujer, sino
que la amaba tanto, que siempre la respetó como cosa sagrada; y esta ingenuidad adorable convierte el primer amor en un sentimiento que no podemos concebir ya cuando la experiencia de la pasión nos ha depravado. Semejantes afectos, no obstante, 5on menos raros de lo que se cree en las ciudades pequeñas,
donde el carácter sensible se exalta por la soledad. De noche, bajo el emparrado del jardín, Juana estaba segura en los brazos de Julio, á quien la idea de
propasarse hubiera parecido un sacrilegio. Su único defecto se reducía á estar
celoso de aquel á quien Juanita llamaba «señor Pablo.» Hijo de un comerciante
millonario, Pablo Bernier regresó de París, donde había ido á instruirse, con

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LA

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NúMERO

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NúMERO

una fama de estudiante libertino á que, según aseguraban malas lenguas, no se
mostr6 insensible la bella J uanita, calumnia que exasper6 á Julio, pero de la
cual se ri6 desdeñosamente desde el momento en que se hubo concertado el
matrimonio tan apetecido. En el fondo, jamás había sospechado de Juana, que
era para él la virgen impecable, la doncella inmaculada de lfl.ls ensueños, pura
porque era hermosa, buena porque tenía la voz dulce, sincera porque creía verdaderamente ver el fondo de su coraz6n en sus expresivas cartas. Esta certeza
de ser amado le hizo soportar la oposici6n de su padre, quien le creía demasiado joven (veintiún años escasos) y ambicionaba para él una uni6n más ventajosa; pero Julio apel6 á tantos extremos y tenía el carácter tan exaltado, que
M. Raynauc;l acab6 por ceder á las súplicas de la madre y limit6se á retardar el
matrimonio hasta el primero de agosto, con la esperanza de que el precoz enamorado cambiase de parecer.
Aquellos largos meses de espera pareciéronle al principio intolerables; pero
arregláronse las cosas de modo que se calmase hasta cierto punto su impaciencia. Pasaba con regularidad parte de la noche en casa de J uanita, acompañada
siempre de su madre; los domingos, al salir de misa, volvían á casa juntos; y
apenas se les dejaba un instante solos, cogíanse las manos sonriendo para hablar en voz baja. Ya no 'se escribían, y suprimieron las citas, puesto que se
veían libremente. A medida que el tiempo pasaba, Julio enloquecía más de
contento; aquello era demasiada felicidad, y tenía miedo. ¿Y si una catástrofe
les obligaba á retardar la fecha? ¿Y
si Juana caía enferma, 6 si él muriese de pronto? Todo era posible. .
Hacia mediados del mes de julio, Juana comenz6 á estar triste,
preocupada; y á causa de una fuerte jaqueca, guard6 cama tres días.
Cierto domingo, á eso -de las siete de la mañana, Julio se disponía
á levantarse, cuando su madre entr6 de improviso en la habitaci6n.
- El padre de Juanita sale de
casa ahora, hijo mío, le dijo. Levántate... ve á verle... Mucho me
temo que no se realice tu casamiento. Por la ciudad circula un
rumor inusitado; asegúrase que
J uanita ha huído con Pablo Bernier la noche pasada.
Julio corrió como un loco á casa
de los padres, quienes le manifestaron, en efecto, que no era posible
el matrimonio. Juana rehusaba, parecía estar fuera de sí, y había ido á
buscar reposo en casa de su tía.
- Ignoramos lo que piensa hacer, añadieron, pues nada nos ha
dicho... Vaya usted á verá su amiga, la señora Mingault, que debe
saber algo.
El rumor de un rapto se confirmaba; algunos decían que habían
visto partir á los dos amantes.
Julio, aturdido, sofocado y fuera
de sí, encontró á la señora Mingault ocupada en coser en su gabinete: al verle entrar, sonrió sin moverse de su sitio.
- Permítame que acabe este dobladillo, le dijo, y me tendrá á sus
6rdenes.
El joven, en pie delante de la dama, no parecía dispuesto á esperar.
- ¿Qué ocurre?, preguntó. ¿Qué ha sucedido? ¿D6nde está Juana? ¿Por qué
se ha marchado? Usted debe saberlo.
La señora Mingault, siempre risueña, dejó tranquilamente la aguja para medir la tela con los dedos.
- ¡Dios mío!, exclamó, ha ido á verá su tía y volverá. Esté usted tranquilo,
- Pero todo el mundo dice, repuso Julio, que se ha marchado con el Sr. Ber•
nier... ¡Esto es horrible!... ¿Verdad que es imposible, que la noticia es falsa, que
es una calumnia?
La angustia hacía palidecer las mejillas del joven, que miraba á su interlo•
cutora con ojos atónitos.
- Ya sabe usted que siempre se exagera, replicó la señora Mingault recalcando las sílabas y sin dejar la costura.
- ¡Cómo se exagera! ¿Pues dónde está? ¿Por qué no me ha escrito? Su madre acaba de manifestarme que el matrimonio no se realizará.. . ¿Por qué razón?
¿Qué ha sucedido? Sea usted franca ... Si supiera lo que padezco ...
La señora Mingault se encogi6 de hombros, miró un momento tranquilamente al pobre joven, de bigotito r~bio y barbita puntiaguda, y levantando al
fin la cabeza, frunciendo el ceño, díjole sin ambages ni rodeos:
- ¿Quiere ust.e d saberlo? Pues sf, es verdad ... Ha huído anoche con Pablo,
qué desea casarse con ella ... Su madre lo sabe, y es verdaderamente ridículo
tratar de ocultarle á usted una cosa que es ya del dominio público. ¡Ah! ¡Cuánto
puede el dinero, amigo mío! ...
Julio mir6 á la señora Mingault como si acabase de recibir un bofet6n, y
solamente pudo exclamar: «¡Eso ha hecho!» Iba á añadir: «Será una broma, ¿no
es cierto?» Pero las afirmaciones de lá señora Mingault eran formales.
- Es la pura verdad, dijo, y yo, que la cor.ozco mejor que usted, apenas
puedo creerlo. Me hubiera parecido más fácil que las montañas cambiaran de
sitio ... Confidencialmente le diré á usted que Juana era muy coqueta, y que
siempre pensó en casarse con un rico, y mientras á usted le daba citas, recibía
ocultamente cartas de Pablo ... Cierto día estuve á punto de revelárselo á usted
todo; pero ella me lo impidió .. . Yo creí que usted acabaría por echarlo de ver;
pero usted la tomaba por un ángel ... ¡Ah! ¡Cuán cándido es usted!

Julio creía que se le hablaba de otra mujer, y semejantes frases aplicadas á
Juanita no tenían para él sentido. De repente, al pensar que era de ella de quien
se trataba acometióle un dolor tan agudo, que levantándose de la silla donde
se había dejado caer, comenzó á pasear de un lado á otro, como fiera en su
jaula, sacando su petaca y poniéndose á liar maquinalmente un cigarrillo.
Cuando la señora Mingault hubo terminado, cuando Julio supo todos los
detalles de la falta, de modo que ya no podía quedarle duda, figur6sele que la
habitación y los muebles habían cambiado de sitio y que veía aquellas cosas
por la primera vez en su vida. La evidencia de su desgracia le pareció absurda
y su propia certidumbre una contradicción. ¡Terrible padecimiento! ¡Creer lo
imposible y admitir lo que no tiene sentido!

La señora Mingault, siempre risueña, dej6 tranquilamente la aguja para medir
la tela con los dedos

Y se paseaba por la habitación de un lado á otro con aparente calma, mientras repetía como un sonámbulo, encendiendo un cigarrillo:
- ¡Bueno ... bueno! ¡Perfectamente! ... Ahora ya sé á qué atenerme... y lo
prefiero así... Es una necia, y nada más ...
Pero faltóle pronto el valor, y dejándose caer en el sofá, apoyó en un lado
la cabeza, cub~ióse el rostro con las manos y rompió á llorar, á la la vez que
exclamaba:
- ¡Ella .. , Juana... engañarme así y escaparse con otro hombre!... ¿Por qué?...
¿Pero por qué?... ¿Qué puedo haberle hecho, ni qué motivos de queja tiene contra mf?... Bastaba decirme que no me amaba, que no quería casarse conmigo ...
No, esto es demasiado ... Yo no lo merecía... Ella lo era todo para mí, todo, absolutamente todo ... ¡Ah! Hubiera preferido mil veces verla muerta ...
La señora Mingault le dej6 llorar, pensando que esto le aliviaría, y después,
cansada de aquella escena, trató de consolarle.
- Vamos, amigo Julio, le dijo, no llore usted... sea más hombre; Juana no
merece tantas lágrimas ... ¡Como si no hubiera otra! ...
Julio se levant6 haciendo un gran esfuerzo para simular una sonrisa.
- Sf, es verdad, repuso; tiene usted razón; pero eso es superior á mis fuerzas. Si usted supiera...
La señora: Mingault dijo á Julio que los dos amantes se habían ausentado por
quince días, evitando el ferrocarril por temor de ser reconocidos. A los dos
días se hallarían en San Maximino, después en Rougiers y desde allí pasarían
al Santo Bálsamo. Admiradores de la naturaleza, iban á pasar su luna de miel
á la sombra del antiguo bosque galo, inmortalizado ,por la penitencia de Santa
Magdalena, la pecadora de amor.
Al separarse de la señora Mingault, Julio encendió otro cigarrillo, hizo girar
su bast6n, y atusándose el bigote reunió todo su valor para reprimir la desesperación que se desbordaba.
«¿Y bien, qué?, se dijo; no pensemos más en Juaua, como si no la hubiese
conocido jamás.»
·
Pero no existiendo ya Juana para él, ¿para qué quería la vida?
Al entrar en su casa, declaró con la mayor tranquilidad que su matrimonio
no se r~alizaría; que Juana se había marchado, en efecto, con Pablo, y que el
despre~io l_e daría ~uerzas para olvidarla. Llegada la noche, y apenas pudo volverá
su habitaci6n, Juho se dejó caer en la cama sin pensar en desnudarse; lloró
?asta el amanecer, con los puños oprimidos contra las sienes, y gimiendo debaJO de las ropas del lecho: los adorables recuerdos de aquel primer amor dilataban
su pecho, llenando su alma de amargura, y aun se echó en cara no haber sido
bastante bueno para con Juana. &lt;&lt;¡La he atormentado, se dijo ... He sido celoso ... , y sin duda la inspiré odio! ...»
Al despertar á la mañana siguiente, la luz del día le pareció horrible, y en-

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LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

621

Las montañas se ofrecían á sus ojos
cada vez más bajas, el bosque estaba ya
lejano, la campiña le pareci6 m_ás vas~~•
porque entraba en la eterna mmov1hdad de las cimas, que solamente rozan
las alas de las aves y las nuhes.
Julio sacó su reloj; había recorrido ~a
mitad del camino; pero Juana no deb1a
estar aún en la gruta.
El infeliz franqueó con tal ímpetu la
~ distancia que aún le separaba del punto apetecido, que de repente adm1róle
no tener que subir ya más, pues se hallaba en la cima, en el Pilón Santo, qu~
., desierto se alzaba á la. altura de mil
metros: la muerte le pareció allí cosa
envidiable y figurósele que al precipitar
su cuerpo, su alma remontaría por sí
sola al firmamento.
Julio comenzó á recorrer la cumbre,
buscando un paraje cortado á pico sobre la gruta; después sentóse, y con los
codos apoyados en las rodillas y la
cabeza entre las manos, lloró; sí, lloró su
amor mancillado, su porvenir per~i?o; lloró el triste ~n de su existencia, todos
los sueños felices que antes acariciaba, y lloró también á su padre y á su madre, á quienes iba á causa~ el ~ayor _desconsuelo con su muerte. Ya n~ sen~ía
odio contra nadie; aquel s1lenc10 purificador, aquella paz soberana y la mfimta
serenidad del cielo desterraban de su alma todos los acha_ques terrestres. Frente á frente con Dios, ¿cómo no perdonar? Entonces volvió á ver con el pens~miento aquel amor que le daba vida, y que ahora era causa de su muerte; volvió
á verá Juana con su esbelto talle, sus largas pestañas que velaban sus negros
ojos cuando s~nreía, los hoyuelos de sus mejillas, sus pulseras, su falda bl~n_ca,
cuando iba á pasear al campo con la sombrilla al hombro; y c~mo est~ v1S1Ón
redoblase su sed de suicidio, miró ante sí cual si tratara de medir el abismo.
Después sentóse, y con los codos apoyados en las r9dillas y la cabeza entre las manos, llor6
No se atemorizó; pero habiéndose sentado más ~ómodamente para que sus
piernas quedaran suspendid~s en el vacío, retroc~dió pos~ído del horr?r y presa
tonces comprendió la extensión de su de~gracia. ¡Aquello era atroz!_ ¡Su Juana del vértigo. La montaña oscilaba como un mástil; sus miem~r?s se aligeraban,
querida prostituirse á un hombre!... yo1~1ó á verla ~on el pensamiento pura, y parecíale que navegaba en el aire. ¿Tendría valor para ~rec1p1tarse? .
tentadora, ideal; por la noche, en el Jardm, oía el somdo de su ~razaletes almoJulio volvió á mirar su reloj. ¡Eran las nueve, hora de comenzar la mi_sa! La
ver las manos cuyas azuladas venas le llamaban tanto la atención; veía su ro?- idea de que Juana le esperaba abajo infundióle valor; di6 tres pasos hacia atrás
tro pálido, su ~abello negro, sus tersas mejillas, donde su ~lma parecía dorm~r para tomar impulso, y de repente el peligro le alucinó; figuró~ele que ~staba
bajo las sedosas pestañas, cuando murmuraba: «¡A nadie amo más q~e á tl, en su lecho y que soñaba. Abarcando entonces de una sola mirada la tierra y
Julio, solamente á ti!... » Y aquellas miradas e:an falsas, aquella boca hab1a men- la vida, el abismo espantoso y el sol ir6nico que doraba el firmamento, sa~tó
tido y aquel cuerpo angelical estaba ya mancillado!
.
..
al borde de la roca repitiendo: «¡ Juana, Juana!» Cuando se hubo sentado hizo
De pie, con la frente apoyada :n lo~ vidrios de la ventana, la mmov_1h~ad de un brusco movimiento y se dejó resbalar, profiriendo un alarido terrible, semelas casas le pareció extrana y el silencio de las calle_s dolor~so, _cual s1 vistos á jante al grito de un hombre que no qui~re morir y ·que pide socorro; pero ya
través de sus lágrimas, todos los objeto~ ~e hubiera~ cristahz~do. Entonces era demasiado tarde, y cayó con la velocidad de una masa de plomo. Su cuercomprendió que no tendría fuerza para vivir con semeJante hen?a en el cora- po giró en el espacio, choc6 contra la roca, rebotó y fué lanzado, no sobre la
zón, para arrastrar su agonía como la_ fiera qu_e los cazadores persiguen; y en el plataforma de la gruta, sino veinte metros más allá, en pleno bosque.
candor de su juventud de carácter violento, ignorando la brevedad de l~s paUna hora después, cuando se encontró el cadáver, la cabeza había desapare·
siones y persuadido de' que no se _cu~aría, resolyió_ suicidarse. Su ~x~ltac1ó~ no cido, el cerebro había salpicado las hojas ,Y la pie~na derecha fué encontr~d~
le mostró sino aquel medio de amqUJlar el sufnm1ento que le mart1~1zaba. 1M~- en el camino. Las personas que oían la misa le vieron caer de cabeza, origirir era más que librarse era tomar venganza! Pero á fin de consegmr esto rtlt1- nándose entre ellas una confusión indescriptible.
mo debía darse muert; delante de ella, salpicarla con su sangre, legarle aquel
Entretanto los dos amantes, que habían cambiado de parecer, dirigíanse hare~ordimiento atemorizándola y maldiciéndola.
cia los Ventisqueros. Juana no estaba, pues, en la gruta en el. momen~o. d~ la
Cuanto más 'reflexionaba, más se imponía este desenlace. Iría á buscarlos al catástrofe, y habiendo tenido noticia de que acaba~a de ?cumr un SUICJdio
Santo Bálsamo· los seguiría al bosque, y apenas se hallaran en la gruta, se ma- que el cadáver había sido conducido á la hospederia, la JOVe?, muy super~t~taría precipitándose desde la altura del Pilón Santo, uno de los puntos más ciosa, no quiso volver á ella y fué c?n su a~a?te á tomar asiento en la dih·
elevados de la montaña.
gencia de San Maxi~ino para contmuar el_ v1aJe.
Aquella misma noche anunci1 á sus padres que des:aba ausentarse algunos
No tuvo conocimiento de la muerte del Joven hasta ocho días después, hadías para distraerse y que se aloJaría en casa de un amigo.
llándose en Turín, cierta noche que llevó al teatro el diario de su país para
- Con esto volveré curado, dijo; estoy seguro de ello..
leer la crónica local. Se cantaba Mignon, y tuvo valor para escuchar la opera
y hablaba con tal tranquilidad y sangre fría, que le deJaron mar~h~r.
hasta el fin.
.
A la noche siguiente, cuando la bóveda celeste aparecía pro_d1g1osamente
¡Pobre Julio! Era demasiado joven y '.altábale v~lor para soportar la existentachonada de estrellas y el aire hacía vibrar la atmósfer~, J uho llegó á_ la cia· si hubiera vivido, después de sufnr algún tiempo se habría consolado,
hospedería que los religiosos dominicanos tienen allí hace siglos. Por las senas po;que de todo nos consolamos en este mundo.
·
que le dieron pudo comprender que los dos fugitivos estaban hosRedados des?e
TR ADUCIDO POR E. L. VERNEUILL
la mañana; y la idea de dormir bajo el mismo techo que _cob~Jaba á Juamta
mantúvole despierto hasta el amanecer, entregado á sus aluc1_n~c1ones y oyendo
el rumor del aire en el silencioso é inmenso bosque. Dos .r:hgioso_s que en~ontró por la mañana en el corredor dijéronle que todos los viaJeros, sm excepción,
asistirían á la misa de las nueve, que debía celebrarse en la gruta. Al saber esto,
pagó su cuenta, salió y fué á ocultarse en el tallar para observará Juana cuan-

r

do pasase...
d di · ó á ¡ ·
d b
N hacía mucho tiempo que estaba allí cuan o vis
a Joven e racero
con ~n hombre. ¡Era ella! Llevaba un vestido gris ceñido que marcaba perfectamente sus formas y un ramito de flores en el c~rsé; apo~ábase suavemente
en el brazo de su compañero, y le miraba con la misma sonrisa que tuvo para
Julio la última noche en el jardín, cuando hacía tanto frío y se estrechaban uno
junto á otro,
·
1 l
b
é
Loco de dolor, Julio tom6 el sendero de la montana, sm vo ver a ca eza
·
l d · pre por su idea fija: llegar á la altura cuanto antes, desapareimpu sa ºr~ie~ e más á su Juana que estaba á su presencia, risueña y cogida
cer, no su nr m v r
•
.
· 1 p
é?
del brazo de aquel hombre. Ni aun pensó en batirse con su riva . ¿ ara qu
Juana era la única culpable.
_
La ascensión fué penosa; el camino sigue los flancos de la montan~, cuya
·
d de rocas graníticas se prolonga por la derecha. A medida que
gigantesca pare
,.1•
b
¡
l · h
subía aspiraba con deleite el aire puro que l!lilata a sus pu mones, cua s1 u.
'd tener más vida para monr; llevaba el, sombrero
. en .la mano, y
b1era quen o
·
d
b
su
frente
De
trecho
en
trecho
ve1a
oratorios
ruinosos, que
el sud or mun a a
·
b'
b
'fi d
señalaban las estaciones del camino de la Cruz: tam 1én, po re cruc1 c~ o,
· deJ· ando pedazos del corazón á lo largo del cammo.
trepab a por su ca1van 0 ,
p
f
1 ·
't'
·Oh' ¡Cuánto le urgía llegará la expiación fina1!.. ropon ase e egir un si JO
1 er ·endicular á la plataforma de la gruta, y s: precipitaría desde_ el punto más
pi
sangriento y desfigua to,p d e manera que su cuerpo cayese á los pies de Juana,
¡1
rado, como diciendo: «¡Mira lo que has hecho de m .»

�622

LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

509

clase de erupciones, y consiste en substancias pulverizadas del cono de erupción.
Después de haber pasado la noche en la esta·
ción inferior del funicular, al día siguiente, 1. º de
julio, atravesamos el Atrio y subimos al extremo
oeste del monte Somma, que fuimos siguiendo de
manera que pudiésemos obtener una vista general,
á vista de pájaro, de toda la escena de la erupción,
de la que sacamos fotografías en los puntos más
importantes. En el centro de la cumbre encontramos una ligera capa de polvo fino encarnado que
hasta alH y desde tan gran distancia había sido
arrojado. Del mismo producto estaba también cubierta una parte del Atrio. Volviendo á bajar por
el escarpe hasta más allá del Cognulo di Ottajano,
hacia el Atrio del Cava/lo, todavía visitamos el extremo inferior de la erupción. La mayor parte de
las hermosas fumorolas estaban destruídas.
La lava había alcanzado ya un estado la completa solidez, aunque á unos 50 metros de la base
del gran cono, un agujero nos permitió ver la roca
fluida aún, que fluía lentamente á poco menos de
un metro de nuestros pies.
Hacia el extremo de la ola la lava hacía considerables progresos en dirección al Oeste y se encontraba formando una misma línea con el dyke
número 13.

SECCIÓN CIENTÍFICA
LA ÚLTIMA ERUPCIÓN DEL VESUBIO
VISITA DE EXPLORACIÓN AL \'OLCÁN

Ya se recordará que el Vesubio tuvo hace poco
un período de actividad notable que llamó poderosamente la atención pública.
El día r .° de junio último abriéronse cuatro bocas
alrededor del cráter central, en el interior del cono
de erupción, que funcionaron hasta las diez de la
mañar.ia del día 7. En este día se vió que el lado
norte ~el cono había sido minado y al mediodía
aparecieron anchas hendiduras en la base del cono
eruptivo. Poco después, á las cuatro de la tarde1 dejóse sentir en la estación inferior del funicula r un
gra~ t_emblor de tierra acompañado de sordos ruidos
Y limitado al gran cono vesubiano, y simultáneamente la hendidura de arriba dió salida á un penac~o de humo, que por lo general se escapa del orific~o central, cosa que observé con interés descendiendo por el Posilippo, hasta las .cinco y media,
hora en que los bordes del cráter se desmoronaron
hacia el interior y la grieta se extendió hacia abajo á
lo largo del gran cono hasta casi la mitad de su altura, _en do~de se abrió__ un pequeño cráter por el que
salieron a,gunas lenguetas de lava. Esta hendidura
prolongóse hasta la base del cono y en el Atrio de,
Cava/lo, yendo cada prolongación acompañada de
desprendimiento de grandes columnas de vapor de
un color negro característico, producido por la mezcla del polvo con otros materiales finos atravesados

LA ILUSTRÁC.IÓli

509

NóMERO

1-ig. 2. Aspecto de !ns fumorolas formadas sobre la lava del Vesubio durante la última erupción de 7 de junio de 1891
(De una fotografía del autor.)

la fumarola, solidificándose luego en
El día 30 volví al cráter, acompañado de mi amigo
curiosas y bellas estalactitas matizadas M. A. Green. Toda la cima del gran cono estaba cude colores y de naturaleza muy deli· bierta de una espesa capa de ceniza y polvo, en cuya
cuescente.
superficie se encontraba como de costumbre la cosLa lava había manado primero e11 tra de cloruro verde amarillento, siempre tan rico en
forma de abanico hacia el escarpe del cobre que los clavos de mis zapatos quedaron enromonte Somma, de modo que hacia el jecidos por el contacto de este metal. El cráter se
extremo este llegaba hasta esta gran había ensanchado considerablemente y sus bordes
sección natural, hasta más abajo de la aparecían surcados por anchas fajas que alternaban
Punta del Nasone. Siguiendo, sin em· con grietas paralelas á las crestas libres. Fácil era con
bargo, la inclinación natural del terre- un bastón arrancar masas de esta substancia que forno, había torcido hacia el Oeste, y el día maba las paredes del cráter. La visita de las crestas
15 de junio encontrábase precisamente era sumamente peligrosa; la experiencia que en punen frente del dyke n.° 16 ( Geological to á exploraciones del Ves ubio tingo adquirida, in111ap o/ Vesubius and .Afonte Somma. dicábame que sólo por dos puntos podíamos acercar•
Philip and Son , Londres, 1891), avan- nos sin gran peligro; así lo hicimos y miramos hacia
zando muy lentamente.
el fondo del cráter, bien que tomando grandes preEsta lava es vidriosa y de granos tos- cauciones. Pocos días después de nuestra visita halló
cos, especialmente en las inclusiones de la muerte en esas mismas crestas el viajero brasile•
cristales de leucita, al paso que en la ño Sr. Silva Jardim.
superficie presenta el tipo plano ó f)aDirigiendo nuestra mirada á unos 50 metros, en
hoehoe. .
el interior del cráter pudimos ver el resplandor de
En ~a cima del gran cono el desmo- una boca que tendría de dos á tres metros de diár?nam1ento de las crestas continuaba metro. Las paredes del cráter eran cóncavas: una
sm cesar, pero en el extremo superior plomada cayendo desde el borde habría tocado al
de la hen?idura lateral, al pie del cono fondo del escarpe. El fondo del cráter estaba basde erupción. y en la cumbre del gran tante unido.
Fig. I. Cono de erupción del Vesubio. (De una fotografía del autor.)
cono vesubiano, habían ~esado casi
En la mañana del día 30 de junio cayó en la esC, Cono de la últi~a erupción ..-1:,· Lengüetas de lava. - B, Boca de erupción por completo los desprendimientos de tación inferior mucho polvo, del que recogí varios
abierta el 7 de Jumo de 1891. - F, Fumorolas.
vapor.
sacos; es la materia ordinaria, fina y arenosa de esta
por la grieta. A las siete menos algunos minutos
ésta atravesó el Atrio casi en el cuarto de su altura
dando origen á la mayor de estas columnas de hu'.
ID? negro formándose en la parte inferior de la
wan hendidura pequeña~ grietas secundarias que
dieron paso á una corta cantidad de lava.
El día 15 de junio hice una nueva visita al volcán
acompañado de los señores Elliot, Green Linden'
Newstead y Treiber, excelentes fotógrafos' los má~
de ellos; de suerte que juntando mis aparatos con
lo~ que ellos llevaban pudimos obtener numerosos
chsé~ que serán como un registro ilustrado de forma~1ones generalmente mal reproducidas. Subimos
hacia el punto de salida de la Jara, en el sitio en
donde se juntan el pie del gran cono y el Atrio del
Cava/lo; la lava que allí había, la primera que cayó
e~ día 7, habíase enfriado lo suficiente para que pu•
diésemos andar sobre ella, pero por algunos orificios
P?dfamos verá nuestros pies lava fluida todavía. Al
pie del gran cono, y extendiéndose á medio camino
á tra~és del A:rio, siguiendo el radio de la grieta
eruptiva cual s1 ésta se hubiese prolongado hasta
allí, aparecía una serie de pequeños conos-fumorolas, de los que contamos siete completos y perfectamente formados: la mayor parte de estas fumorolas arrojaban chorros de vapor de un calor intenso,
escapado de la lava que corría por debajo y que en
muy poco tiempo carbonizó un pedazo de madera
que en ella sumergimos. Alrededor de los bordes
del orificio superior, la hematita, los cloruros de potasio, la soda, el hierro, el cobre en fusión, etc , se
Fig. 3. Estudio de una fu.morola po~ un ascensionista en el volcán del Vesubio. Formaci6n del de junio de g
1 91
7
tondensaban y fluían hacia la superficie exterior de
'
(De un:i fotograf1.1 del autor,)

-

o

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Fig. 4. Cima del gran cono vesubiano en 30 de junio de 1891.
(Mapa levantado por el autor.) Limite del gran cráter de
1872 rebarndo por la lava.

LECHE ANTEFÉLI

ESPECIAL

1

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LAIT JNTÉPRÍLIQOI -

PREPARACION

Desde entonces, el estado de la montaña ha sufrido pocas modificaciones; el cráter ha continuado ensanchándose, el polvo ha seguido cayendo á largas
distancias y la lava fluyendo, fenómenos éstos cuya
duración menor ó mayor depende de que se ensanche ó no la abertura de drenaje.
Las figuras 1 , 2 y 3 dan una idea exacta de las
extrañas formaciones geológico-volcánicas; la figura 4 representa el estado actual del cono, y las letras indican: a, a', cráter aún visible; b, resto del
cono de 1885-1886; e, parte del borde del cráter
de mayo de 1886; d, cráter de mayo de 1889; e,/,
parte del cono de erupción hasta el 7 de junio de
1891; g, grieta de mayo de 1889; h, manchas amarillas de Java descompuesta, de escorias y de polvo; i, grieta por donde se desprenden vapores de
ácido clorhídrico;j, refugio de los guías; k, numerosas grietas en el borde SE. del cono; l, ?tras
grietas en el borde NE. del gran cono; 111, gnetas
en el borde del cráter que actualmente se forma;
n, o, plataforma irregular en el fondo del cráter;
p, boca principal; q, dyke hueco de !_as erupcion_es
de mayo de 1889-1891 y otras anteriores; x, gneta y boca de vapor del 7 de junio de 1891.

N

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nec~sita.u. No temen el asco ni el ~aurancio, porque, contra lo q11e ,uc.ede con
lt?s demas purgan~s, este no obra bien
BlllO cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el cat,,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
sef!un 1118 ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completament6anulado por el efecto de la

r

buena alimentacion empleada, uno
11 decide /1kilmente á volver
11 empeur cuantas veces

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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.illémla 1:: Jle,ut~ do/OrOIIJI, el .8mpobredmlento y la .llteracum de la Sangre,
el RtlqÚttumo 1.i1 J . / ~ ucro/UlOIIJI 1 accr&amp;utlcal, etc. El Tlae rernsta•■- de
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it1l9ADE8dtlE8704i
\t.\~
--il~llo

Pepsina Boudault
!probada por la füDEII! DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EH 1856

1

"~JARABE ANTIFLOGÍSTICO OE BRIANT ~
, ........,,., C.Ll,L• D•

anou. 160,

PAaJ•, • ... HdMO &amp;a• ll'artncaefae

El .TABABB DB BRIA.N'l'recomendado desde ■u 11r1nclplo por loa profesores
Laennoc, Thénarcl, Gueraan~ etc. ; ha recibido la C(IOHgracl6n del tiempo : en el
año t821l obtuvo el PrlVllegto de lnnnc16n. VERDADERD CDIFITE PECYDRAL, con base
de goma J de ababolea, convtene sobre tocio las personas delicadas como
mUJerea J niños. su gusto excelente no perjudica en modo alguno é. su incacla
a.. contra 1011 IESFBUDOS ..,. todas las IIFUJU.CI0RES del PECBO J de 108 IITESTIIIDS. _.

a

Participando de las propiedades del Iodo
del Hlerro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las E■crofula■ , la
Ti1ts y la DebU.dad de temperamento,
as! como en todos los casos( Páudo1 colore■ ,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
1
l'V"V!I~ su riqueza 1 abundancia normales, ó y;¡ para

fdtdallu en la■ l!spo1lolon11 lnternaelon&amp;IH do

PUIS - LYOI • YIEII! • PBIL!DELPBI! - P!RIS
1887

1871

18?3

¡r,g

1876

•• IULH. COR IL ■noa .IJTO

u ua

DISPEPSIAS
0A8TRIT18 - OASTRALOIA■
DIOE&amp;TIOII LENTAS Y PENOSAI
FALTA DE APETITO
S OT&amp;OI DI IO&amp;J&gt;IJIII DI L4 OJeHTIG9

B.UO LA FORMA DB

ELIXIR. · de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
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f ,.. la1

,:,º;~~~:~º
e,!!tdal/a
dtiro,

PIIEIIJO
•• 2000 "'·

JARA B E

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p As TA
~}~:~fL'g P~:
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1

de H..t.,...,....
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OD.c1al d• F6rmaJae Legal•• por decreto mmiet•rial de 1 O de Mar•o d• 186-4,
e Una completa lnnocUldad, una encacla per!ectamenle comprollada en el Catarro
q1dtm,co, las BronqultU, Catarro,, .Reuma,, 1'01, a,,na é ,mtacúlfl de la garganta, han
~rangeado al JA.R.&amp;UE y PABT.&amp; de AUBERGIEB una Inmensa fama. •
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• ._, •Jléeae el I'11.,i r 01114 :ov■■ma, l, ruo J .•J ,•lle111R&amp;u. Part■.
1

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
W P. DS M ONTANU. Y SIMÓX

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>/

aitrtélC101J
,--.·Ftí~t1ea
A~o X

BARCELONA 5 DE OCTUBRE DE 1891

NÚM. 510

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA U NIVERSAL ILUSTRADA

=============================================

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EL CÉLEBRE PINTOR JAN VAN BEERS

�LA

LA CRITICA EN EL ARTE DEL ACTOR

sobreponiendo el juici~ á la fantasía, ~ºI1:º explica
también el ardor de la Juventud estudiantil por oficiar de sumo sacerdote de la Crítica, y razona la invasión creciente de los censores que entran y talan
las heredades de los realizadores soberanos de la be·
lleza, motivando por ley de oposición la gran cruzada de artistas contra críticos, y la lucha de éstos
contra aquéllos que, como la que libran escolásticos
y librepensadores, metafísicos y positivistas, ?abrá
de continuar terrible y sin cuartel hasta el remado
del realismo armónico que con el creador de la Ciencia biológica nació en Alemania, pronto hará quince
lustros, y que ha de trascender á la variedad indefinida de las manifestaciones del espíritu.
Mas á pesar del descrédito indicado, ¿quién niega
los milagros de la Crítica, aplíquese á esta ó á otra
determinación ó fase de la actividad? Ella contiene
en límites estéticos las facultades extraviadas del artista· conviértele en gigante si con alientos viene á
la b~talla; ella hace enmudecer y pisotea al ignorantón desvanecido; y hoy la hija del pensador de Nápoles, impugnador del método cartesiano, amamantada por la Enciclopedia y la Revolución, ya en las
cumbres de Kant, de Hegel y de Krause, suelta las
ligaduras del exclusivismo escolástico y declara la
sustantz'vidad de la belleza y la independencia del
Arte, cuyo fin estético no ha de subordinarse al fin
docente ni al fin utilitario ni al fin moral.

EL PRINCIPIO Y EL HECHO

II

I

Descendiendo á nuestro propósito: ¿Es el arte del
actor manifestación verdadera y esencialmente estética de la actividad humana? ¿Será interesante su crítica? Y antes que todo, ¿puede ésta fundarse en un
cimiento, perdurable como la ciencia y que han ido
construyendo los siglos?
No produjera el nuestro su labor fecundísima, cuando á sus pies no hubiesen acumulado los demás los
frutos de la suya; y pues nada más que la obra de la
divina Omnipotencia se crea de improviso, sino que
lenta y progresivamente todo se transforma, claro
está que en los principios de la Estética puede basarse la Crítica contemporánea aplicada á las fugaces
manifestaciones de la Declamación teatral, contempladas hoy; pero ¿cómo elevar esa crítica á un pensamiento trascendente, mostrar que el principio se cumple. en toda sensible determinación del arte considerado, y traslucir lo que aquella que se nos aparece
significa, dentro de su tiempo y con relaci6n á la
labor histórica de los anteriores, si esta labor nos es
desconocida?
¿Dónde está la Historia del Arte del actor? ¿Dónde está el objeto para aplicar á su aparición temporal nuestras especulaciones?
That is the question, que dice Hámlet.

SUMARIO

Texto. - La Critica en el arte del actor. El principio y el
/¡ec/zo por Enrique Funes. - SECCIÓN AMERICANA: La can·
dolllb;ra ( Remerdos de ~ontevideo }~ por Eva _Can 7I. - Ex{)osición universal de Clzuago, por X. - Las e¡ecuaones por
medio de la electricidad en los Estados Unidos, por Z. - La
1/ltima cita, por \V. K. Clifford, con ilustraciones de Dudley Hardy. - Nuestros l[rabados.
. .
Grabados. -El célebre pintor fan van Bcers. - Exposmón
de Chicago: Edificio para la sección de tr~n~port~s; La laguna, vista por el Sur; Pabellón de la Admm1strac1ón; ~~cha·
da sur del edificio destinado á la sección de Electnc1dad;
Pabellón de la sección de Horticultura; Palacio del Estado
del Illinois; Vista de Jakson-Park y del plano general de la
Exposición, dibujo de D. Nicanor Vázquez. - Llaves ?el
siglo xvm; cerradura del siglo xv; aldaba del castillo
de Foix; reja de la abadía de Ourscamp (siglo XIII). Exposición de Praga. El edificio central, - El pasto del ca•
sino de Baden Badm, cuadro de Stahl. -¡ Ya están aquí!,
cuadro de A. Jourclan, grabado por Baude.- E;ecuciones
por la electricidad m los Estados Unidos: Fig. I. Aparatos
que transmiten la electricidad. - Fig. 2 . La silla prepa~ada
para la ejecución. - Fig. 3. Colocación del reo en la capilla.
- Choque de trenes owrrido cerca de Burgos en la noche del
23 de Septielllbre dltilllo: Fig. 1. Estado en que quedaron las
máquinas después del choque. - Fig.• 2. Vista del ténder y
algunos vagones del tren exprés (de fotografla remitida por
D. Andrés Ruiz Cobos, de Burgos). - Monumento dedicado á
lord Napier de Magdala en la plaza de Waterloo, Lond,·es.

NúMERO 510

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

No está, en verdad, fundada todavía (refiriéndose
á España) en el cimiento sólido de una idea nacional y fecunda. Pero ¿puede fundarse? ¿No hará esta
interrogación que se dibuje una sonrisa desdeñosa
en los labios de los hombres que saben?
La Crítica es la Filosofía de la Historia, y anda la
Ciencia de Vico muy desacreditada en estos tiempos, desde que la ley providencial, como suprema
profetisa de los hechos del hombre y mostradora de
la inmanencia en ellos de un Dios trascendente, se ha
convertido en la ley fatal que los preside, según la
Filosofía positiva, y en la simple sucesividad proclamada por los que, no teniendo fe en los indestructibles y legítimos fueros del pensamiento, intentan
suprimir la Metafísica, niegan los principios y con
ellos la ciencia, tan sólo afirman los fenómenos, y elevan con asombrosa tranquilidad el egolatrismo y su
consiguiente lógico, la lucha por la vida, á la categoría de ley suprema de la Historia.
Y si este descrédito puede ser racional con respecto
á ciertas manifestaciones temporales de la Crítica,
es injustamente afirmado, y como que pretende apostatar y apostata al fin del conocimiento científico, si
rechaza la aplicación de los principios á los hec/zos,
cuando aquéllos no se deducen de teorías apriorístiIII
cas, sino de su información en el tiempo; pues si el
fenómeno se produce sujeto á la ley, la ley palpita
Huelga repetir que la obra del actor es un relámsiempre en el fenómeno; pudiendo así el hombre ver pago: entre otros, en el penegírico de Rafael Calvo
lo que es inmutable, eterno, necesario, filosófico á lo dijo el gran Echegaray maravillosamente. Y es, en
través de lo que cambia y es temporal y contingen- verdad, muy triste que de todos aquellos arrebatos,
te, á través de lo histórico.
carcajadas y gritos, sollozos y lágrimas, acentos y
La protesta del positivismo contra los fueros de la actitudes, no recogidos en placa alguna fotográfica
razón, desde que quiere suprimir la ciencia primera, ni en pentagrama alguno; de todos aquellos latidos
fundándose, por paradoja incomprensible, en argu- de la vida que han golpeado el corazón de los gran•
mentos metafísicos, hace volverá la Historia al pun- des cómicos, ya en el proscenio mismo, donde su
to de partida, á la simple narración de los acontecí- arte reguló portentoso el fuego de la sensibilidad,
mientos, cuando lo fugaz no debe separarse de la ley ya en los momentos en que, estudiando al poeta y
que lo produjo; y desdeñando la aplicación de los al personaje, sintió el intérprete algo que en su esprincipios á la total actividad humana, extiéndese á píritu tiene profundísima semejanza con las tempesla ciencia que debe proclamarlos como leyes de las tades de la tragedia, con las cómicas situaciones
manifestaciones estéticas de aquella actividad; lo y con las mascaradas paródicas, á las que debe
que afirma el descrédito de la Crítica artística, por dar la vida de la escena; de todo lo que el ac·
lo incondicional y tenazmente que quiso encerrar la tor informa en el sonido y el movimiento no quede
realización de la belleza en los moldes estrechos del sino la más efímera memoria, y que su gran obra
clasicismo académico, sin hacer memoria de las nue- deje en el recuerdo lo que el ave que cruza el aire
vas odres para el vino nuevo, y por la selvática liber- deja en el espacio. ¡Cuán curioso poder hacer aquétad que concedió más tarde á las facultades del ar- lla tan secular como la historia!
tista, arrojándolo al turbulento mar de su inspiración
Mas, concedida la alta misión del Arte, retratar el
desenfrenada, sin más estrella que su instinto, levan- espíritu, y la de la Crítica, buscar lo eterno en ellos,
tando, por oposición á. la Academia, la estatua del no nos es necesaria, pará encontrarlo, la perpetua reromanticismo, grandiosa cuanto desgreñada; la misma producción de las obras del cómico. Ni fuera tan
que hoy derrumba del pedestal y empequeñece has- elocuente como se sospecha de improviso.
ta convertirla en el repugnante monstruo del natuSi un genio portentoso, si algún loco sublime de
ralismo experimental y determinista, negación de la la ciencia recogiese en el 'misterio de una placa los
fantasía y de toda idealidad, y por lo tanto negación gestos y las actitudes del cómico; si en el seno de
del Arte.
encantadas moléculas encerrase las inflexiones de su
Cierta divergencia y oposición que, al parecer, voz, para que al sacudimiento de la carrera prodiexisten entre el pensamiento y la actividad artística giosa del titán eléctrico se agitaran vibrantes, y se
para informarlo, entre las facultades especulativas y produjera el milagro perdurable de la resurrección
las creadoras, entre la razón y la imaginación, que de los sonidos; y si para asombro de las generaciono se desarrollan paralelamente, explica que en épo- nes y para seguro de la inmortalidad de ese estupencas como la nuestra las manifestaciones artísticas do sabio, por invención casi sobrehumana se hiciecedan el puesto á las especulaciones sobre lo creado, . ran coincidir r.n fotojonógrafo tan enorme las tonali-

dades con los movimientos, hiriendo nuestros ojos
y nuestros oídos con la reproducción pasmosa de la
obra del gran actor, librada de .la muerte, ¿ten~ríamos quizás el fidelísimo retrato del alma del artista?
No, ciertamente; que recogiéramos entonces tan
sólo los despojos de la materia, la imagen pálida. de
su acción y el eco de su acento; mas no las palpita·
ciones de su espíritu. El suspiro y la queja, la exclamación y el grito, la carcajada y el sollozo, y el estertor y el hipo trágicos de la agonía, que son tonalidades y sonidos, aparecerían semejan.tes á los que
producen helada y fatalmente esos mstrumentos
mecánicos1 asesinos feroces de las obras del músico,
y no á los que arranca su interpretador al violoncelo, pulsado al compás de los latidos de su _corazón;
y el gesto y la sonrisa, la mirada y la lágrima, q~e
son actitudes y movimientos, dinámica elocuencia
del mutismo, serían reproducciones muertas,. y n?
cuadros que el pincel del artista robó con su msp1ración al iris de los cielos. La palabra y todos los
acentos intérpretes de las conmociones del ánimo,
abandonados ya á las leyes de la materia cósmica,
lejos de ser los pobladores misteriosos del mundo
del sonido, que viniesen á hablarnos de todo eso
inefable que hay en el espíritu del artista, fueran tan
sólo un eco ridiculizador de aquellas vibraciones,
que había de convertir de fatal modo lo trágico en
cómico y lo cómico en bufo; y las imágenes de la
acción, recogidas en la cámara obscura por la mano
insensible de cuerpos inorgánicos, en vez de alzarse
vivas y animadas del mundo del movimiento y v~nir
en las alas espléndidas de la luz á nuestros OJOS,
adonde el corazón subiese á recibirlas y á saber por
ellas secretos del espíritu que no caben en el humano verbo, se asemejaran solamente á las fotografías
de un difunto, en el que el físico Galvani parodiase
la vida y al que se le hiciese tomar distintas actitudes por medio de los hilos q\le hacen mover á los
fantoc/zes. Allí el gesto elocuente sería mueca repugnante; las actitudes, acaso descompuestas por la inspiración para fingir el arrebato, se convertirían en
ridículos aspavientos; las lágrimas en manchas; aquello fuera el mecanismo intentando retratar el alma,
y habría desaparecido lo que sólo el artista de la palabra puede reproducir esencialmente: la circulación
del drama por la sangre, las huellas de su paso por
el espíritu del cómico ( 1 ).
Recoger lo que en su interpretación hay de per•
durable y de simbólico, visto á través de lo efímero
y temporal, es lo importante; no la relación tal vez
curiosa, tal vez abrumadora de los hechos; no las
impresiones detalladas en que el artista se asemeja
y aun se identifica con los otros cómicos y con los
otros hombres.
Tuviéramos, así, con el juicio del escritor acerca
del comediante, su contemporáneo, manifestaciones
de la Crítica promulgando la ley que cumplió la declamación teatral histórica, y el problema quedaría
resuelto con mirar desde la cumbre de nuestro siglo
la labor especulativa de los pasados.

NúMERO 510

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

hablan Sócrates de su pensamiento, Napo•
el muy distinguido D. Julio Monreal para
león de su genio estratégico y Robespierre
poner á toda luz errores de unos y otros;
de su potentfsima voluntad!
.
ni los datos que avaloran la Vida de A/arY es que si la Historia, como mamfestacón por D. Luis Fernández-Guerra y Orbe;
ción de la ciencia tiende á la verdad de
ni lo que después de mucha paciencia puelos hechos (y aun así no puede separarse
de verse en los R ecuerdos de Alcalá Galiade la Crítica, pues la verdad no se depura
no y en los de Zorrilla, en las Memorias
sin que el juicio busque lo permanente en
de Mesonero y en el pintoresco aunque
lo fugaz), como determinación artí~t.ica
desvencijado Corral de la Paclieca de Seque ella es, ha de cumplir la gran m1S1Ó?
púlveda; ni, en fin, cuanto pudiera tomardel arte: retratar el espíritu de la humamse, ya depurado por trabajo de selección,
dad ( 1) en el tiempo y en el espa_cio.
de El teatro espa1iol, folleto de D. Albert.o
Y por esto, todo lo que constituye !as
-. .
Sanabria y Puig, de El teatro en Valencia
más directas manifestaciones del espíritu
por D. Luis Lamarca, de El teatro u~ Sehumano tiene más valor y simboliza más
villa1 sendos estudios de Sánchez Ar¡ona
lo eterno que las otras determinaciones de
y de Velilla, de las Memorias cronológicas
la actividad de los hombres, cuyos ocultos
del corregidor Armona, 17 85, y de algunos
móviles desconoce la Historia. Y en este
artículos excelentes como los dos del set.&gt;..·
sentir, no sólo la Poesía (que dijo Aristóñor Cañete acerca de Lope de Rueda (mas
teles atrevidamente comentado por el sano considerado como actor) y del intérpien~ísimo literato santanderino) ( 2 ), sino
prete admirable de La Aldea de San Lorenzo; nada de esto puede considerarse colas artes estéticas (3) dicen más verdad que
mo manifestaciones históricas de la Crítila Historia.
Ahora bien: si son ellas las interpretaca. Cierto es que estos escritos, anécdota.s
y curiosidades en montón farragoso, notidoras admirables del espíritu humano y
de la obra del Eterno, que recogen y, en
cias que más se refieren al hombre que al
cuanto es posible al hombre, simbolizan,
pensador, todo ello poco, descosid? y disperso, sin contar los documentos vivos que
¿no irán manifestándose, sujetas á las leyes
biológicas, cumplidas por el individ~o, por
andan en lenguas de comediantes cuand?
al hablar de sí mismos opinan de los emiel pueblo, por la raza, en el espac10 y en
el tiempo, á pesar de la libertad soberana
nentes para que no lo parezcan tanto, pudiera servir de material¡ pero como prodel artista, que lejos de negarlas las afirma?
ducto de esfuerzos individuales y aislados,
¿No está aquí lo pasajero interpretando á
sin espíritu crítico, sin plan y sin propósilo permanente? Si lo primero se cumple
to trascendente, no resulta informado por
en el tiempo y en el espacio, ¿por qué,
un pensamiento fecundo.
conociendo las leyes perdurables (en cuan·
;'~·j"f1:i-~. · ~ ~
- ~=-.,....-.,r, -.,r,,..
Y gracias que en la Vida artística. de May·
to es dado á nuestra pobre codicia huma·
quez, escrita por D. José de la Rev1lla, y en
na) no hemos de adivinar cómo pudo,
EXPOSICIÓN UNIVERSAi. DE ClllCAG0. - Edificio para la sección de transportes
el folleto de «Clarín» Rafael Calvo, palcómo debió cumplirse lo segundo?
pite un sentimiento nacional digno de leEl espíritu interpretador palpita, pues,
vantadas miras, y que el insigne Bretón de los He simbolismo, y le insp1ra ideas luminosas la infl~en- en el interpretado. Y como es ley de razón, le~ filorreros, con el espíritu de observación más investiga cia de las vicisitudes del hombre sobre el artista; sófica, que siendo la unidad interiormente vana, lo
dora. dejase para gloria mayor de su renombre pós pero ¿de qué pueden hablarnos las manifes.taciones que es cumplido en un término va manifestándose
tumo el notable estudio histórico-crítico acerca del de la actividad en que uno y otro se asemeJan á los en todos los términos de la variedad, sin la cual no
Estado de la Declamación (1848); que si en todo no demás artistas y á los otros hombres?
se cumple la soberana ley de la armonía, todo l?
As{ en la historia, ¿para qué recoger (siendo posi- que hayan simbolizado, por permanente, las. manicompadecemos con él, no es ciertamente autor tan
luminoso menos digno de admiración y de respeto. ble) los hechos todos que todos nuestros semejantes festaciones efímeras de un arte que (con la libertad
ejecutaron en todos los tiempos? La vida de un
Volvemos, pues, al punto de partida.
hombre, como tal hombre, como hijo de su padre,
(1) Acepción corriente, aunque no es ella de castizo abo•
ó nada importa ó importa indefinidamente menos lengo.
V
. .
(2} Discurso del S r. Menéndez y Pelayo para ser rec1b1do
que la del filósofo, la del revolucionario, la del guela Academia de la Historia, y en cuyo fondo da á enten•
¿Pero será que los hechos nada importan?
rrero: nada dice.n, en tal se.ntir, el hijo de. la ma.tro- en
der que la Historia es mentira.
Al crítico sagaz impórtanle, sin duda, grandes en- na Fenaretra m el abogadillo de Arras m el art1lle(31 Voy con Giner en lo de, que no hay bellas a,fes, sino
señanzas, si una vez depurados resulta de ellos algún · ro de Tolón; pero ¡cuánto y cuán elocuentes nos manifestaciones bellas del arte.

ti~~~

/

IV
Empero ¿existen en España manifestaeiones de tal
crítica que, recogidas por un espíritu nacional, exhumen el arfe del actor y sean mostradoras de que el
ingenio hispano es uno y sustantivo, y que sin esclavizarse á influencias extrañas, antes bien domándolas
con la condición del estro poderoso y libérrimo que
debió á natura, en suprema armonía va cumpliendo
la ley de su admirable identidad en todas sus d.et~rminaciones artísticas? No nos sugestiona el pesimismo si decimos que no.
Porque ni lo que dicen el desenfadado y malan•
dante Agustín de Rojas ( Viaje entretenido), cuya veracidad alabada por Bretón puede ponerse en duda
si hemos de atender á que era cómico; el erudito
García Villanueva Hugalde y Parra, primer actor del
teatro de la Cruz ( Origen, épocas y progresos del teatro
español, 1804), y don Casiano Pellicer y Tovar ~n su
Origen y progresos de la comedia y del histrionismo en
Espafla; ni las noticias recogidas por el ilustrado
compositor español D. Francisco Asenjo Barbieri y
por el académico D. Cayetano Rosell, ya en laparroquia de San Sebastián de Madrid, en la que se
custodian los libros de la cofradía Nuestra Se1iora
de la Novena, hermandad de los comediantes, ya en
los sabrosos entremeses de Quiñones de Benavente,
ya en los dos manuscritos que de la Genealogía de
los cómicos existen en la Biblioteca Nacional; ni lo
que con grande sagacidad y mayor diligencia escribe
( I) No se encuentran en este caso las fotografías á que el
actor voluntariamente ha contribuido; pues que, estudiando
en combinación con el retratista la actitud y el momento, ya
tiene su reproducción ciertas condiciones estéticas que hablan
de lo simbólico.

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EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CH!CAGO, - LA LAG UNA, vista por el Su

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ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 510

ja le presenta. Cuádranse ambos (colorados templados), como los bla11cos más ó menos
en medio del salón uno enfren- netos.
te del otro, y como la estancia
Contábase que debía su mote á un drama ideado
suele estar muy despejada por- por ella, cuyo final hubo de ser trágico para un joven
que no se permiten otros asien- del partido contrario. Se enamoró de ella: era guapo,
tos que los humildes bancos que rico, elegante y sensible, y amó á Raquel Guerra con
la rodean, quedan las dos figuras toda la intensidad que puede amar un hombre hontiesas, erguidas y muy visibles rado á la mujer que le seduce prometiéndole correspara los espectadores.
pondencia. Raquel no le quería sin embargo: había juDan él y ella unos pasos ade- rado vengarse de él porque su acerada pluma se halante puestos en jarras y conto- bía ensañado más de una vez contra los colorados.
neándose con m.ovimientos de Tenía treinta y dos años; estaba en Ja plenitud de su
negro cimarrón; cuando se han vida y en la plenitud de su amor. Raquel Jo sedujo,
acercado hasta la distancia de lo mareó, lo volvió loco; y cuando comprendiendo
un metro poco más ó menos, que su amante había llegado al delirio creyó oportuhacen con la mano derecha (la no el momento de la venganza, buscó un pretexto
izquierda continúa en la cadera) para romper los lazos que había prometido serían
un signo como si dijeran: «Calla, eternos.
que ya me las pagarás,» y giranNi las lágrimas ni las súplicas ni las amenazas de
do con media vuelta hacia la iz- un suicidio hicieron mella en el alma de Raquel, y al
quierda, vuelven á su sitio con día siguiente de perder el desgraciado amante la úl
la misma parsimonia para repe- tima esperanza, puso fin éste á su existencia, encartir tres ó cuatro veces la propia gando tan ingrata tarea á una cápsula de un revólver.
tontería y retirarse después, de«Muero por el amor de una candombera,» decía el
jando el sitio á otra pareja. Este blanco en una carta que dejó escrita, y todo el mundo
es el cuento de no acabar nun- señaló á Raquel como autora de semejante crimen.
ca, y así se suelen estar los negros orientales, mejor dicho africanos, horas y horas moliendo
y remoliendo, entretanto el caEra tan seductora la candombera, que á nadie sir;eador sigue impertérrito su bom- vió de escarmiento lo ocurrido: los hombres se mueEXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Pabellón de la Administración
beo con intervalos muy cortos ren siempre por la mujer que ha sido causa de un
suicidio, si esa mujer es joven, hermosa, elegante y
de descanso.
Esta danza ni tiene accidentes ni me parece á mí traviesa.
al arte consiguiente) sea interpretador de otro, en
Aquel cuerpecillo breve que apenas se alzaba del
que son más durables, estará latente en todo aquello que puede despertar entusiasmos, por más que algunas negritas sacan bastante partido de la ~ose:ª del suelo, aquellas facciones menudas y correctísimas
que es interpretado.
El Arte del actor está enterrado vivo en la tumba baile moviendo las caderas con desmade1am1entos animadas por una luz satánica, deslumbrante y enloquecedora, podían conducir al infierno de las pasiorítmicos y dejadeces lánguidas.
del drama del poeta.
Así se bailaba el candombe allá por los años de nes, pero no al paraíso de los amores.
Síganme los lectores que con el pacientísimo Job
Transcurría el mes .de noviembre, mes que á los
18741 y creo que seguirá bailándose mientras haya
alcancen parentesco.
difuntos dedican piadosamente las orientales. La noneguitos apegados á sus tradiciones.
Algún periodista endiablado hizo una frase á costa vena de ánimas en la iglesia Matriz veíase concurriENRIQUE FUNES
de los demócratas rojos, y vean ustedes por dónde dísima todas las tardes: ninguna señorita dejaba de
quedaron señalados con el mote de candomberos los asistir: ningún hombre dejaba su puesto en tal ó
que nosotros llamaríamos demagogos por cobijar cual rinconcito, desde donde podía observar á la herSECCIÓN AMERICANA
bajo su banderín de partido á toda la ganchada de mosa de sus pensamientos.
¡Y cuidado que hay hermosas en Montevideo! La
armas tomar que sabía escupir por el colmillo.
LA CANDOIIIBERA
A esta comunión política pertenecía Raquelita mujer oriental es flexible como el junco, elegante
por parte de su padre: era cot0rada, sí, señor, colorada como pocas, suave y sonriente como los ángeles de
(RECUERDOS DE MONTEVIDEO)
y candombera, ya que con este nombre la designaban Murillo.
Su andar tiene algo de la bayadera y mucho de
&lt;Cuando andaba parecía que en la tierra no to- las blancas con quienes se trataba, porque las ideas
la
sultana encerrada en moriscos jardines: hay en su
de
su
papá
no
estaban
reñidas
con
las
ínfulas
aristocaba,» dijo un poeta describiendo con gentileza á una
mujer, y esto podía decirse de Raquelita Guerra, la cráticas de su mamá, ni menos con el derecho que cabeza orgullo innato, en su busto majestad y en su
muchacha más salada y hechicera de cuantas en por el rango de familia tenía á pisar los más elegan- todb el abandono de las palmeras cimbreadas por el
viento.
Montevideo ludan su indolencia por el paseo de tes salones de la perla del Plata.
Suelen ser las montevideanas altas y de formas
Pero Raquel era muy exaltada, exaltadísima: si los
Molino, muellemente reclinadas en soberbio landó,
naturales
miramientos
de
la
joven
distinguida
no
hucorrectamente
modeladas; pero la candombera, auny su garbo callejero rebosando coquetfsima distinque
hecha
á
torno,
como suele decirse, era lo que
bieran
contenido
sus
ímpetus
políticos,
más
de
una
ción en la calle del Dieciocho de Julio ó á la salida
vez la hubiésemos visto arengand9 á las masas en llamamos nosotros una pimienta: chiquitita, picante
de la novena de ánimas.
Era Raquelita una oriental hecha y derecha, sin plazas y calles, excitando á la rebelión al populacho. y más bien redonda que angulosa.
Como todas las niñas aristocráticas, asistía diariaTransigía en sociedad con los otros colores polímezcolanzas gringas, ni trocatintas de sangre de horchata, cabellos desteñidos y ojos blancos de puro ticos y transigía á duras penas; pero fuera de un sa- mente á la novena de ánimas, y cuando Raquel peazulado~. Americano-andaluza pura, purita, con can- lón de baile eran enemigos suyos, así los principistas netraba en el templo se conocía por el murmullo y
delillas encendidas en los ojos, lava en las venas, ascuas en el cerebro y un intrincado laberinto de hilillos eléctricos en los nervios, semejaba una serpiente
hermosa, fascinadora, de escamas relucientes y tornasoladas, pero traidora, con las abiertas fauces dispuestas á tragar al primer incauto pajarillo que por
su mal tuviese la desgracia de acercársele.
Teníasela por muy dada á la política: ninguna
como ella para ridiculizar á los contrarios ni para
cortar trajes á las muchachas del otro bando. Era
hija de un coronel muy significado en la fracción
más avanzada de la democracia, en la colorada neta,
que por mote había recibido de los blancos ó conservadores el da partido del candombe, por lo mucho
que bullía y rebullía sin hacer nada.
El candombe es un baile de negros, soso, requebrado y calmoso, que debe tener su origen en el
Africa. Reúnense los negros en un salón: un músico,
dicho sea con perdón del arte, cajea en un bombo
descomunal dando acompasadamente con las palmas
de las manos en aquella especie de cajón, mesa ó
tambor de montenegrino, domador de osos callejeros.
Un caballero retinto se levanta ceremoniosamente
á buscar á una m1orita del color de las moras ma•
duras, que suele estar púdicamente vestida de blanco y tan correctamente sentada como cualquier colegiala recién presentada en el gran mundo; hace el
caballero una ceremoniosa cortesía invitando á bailar á la elegida, y ella se pone de pie; vuelve la cabeza echando una mirada á la cola para ver si está
larga y estiradita, y se cuelga del brazo que su parellXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CIIICAGO, - Fachada sur del edificio destinado á la sección de Electricidad

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EXPOSICIÓN UNll'ERSAL DE CHICAGO. -

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Pabellón de la secci6n de Ilorticultura. - Palacio del Estado dc!I lllinois. - Vista de Jackson-Park y del plano general de la Exposición,
tomada á vista &lt;le pájaro, dibujo de D. Nicanor Vázquez

�630

LA

los cuchiche?s que de todos lados partían sin respe·
tos á la ·santidad de la casa.
. Arrodillábase con estrépito, arreglaba el traje estira~a los guantes, miraba á todas partes, salu&lt;laba
grac10samente á unos con la cabeza y á otros con la

Llaves del siglo xvm

mano, y acababa por santiguar;e precipitadamente
rec~rdando no haber cumplido con la primera obl'gac16n.
i
Cuando quería dar mucho que hablar apoyaba los
cod_os . en el reclinatorio y el rostro e~ las manos,
ens1mism~ndo_se 6, haciendo que se ensimismaba
orando, sm mirar a parte alguna, irguiendo de vez
en cuando la cab~za para levantar los ojos al cielo y
cerrarlos en segrnda llena de unción evangélica
Entonces las mujeres preguntábanse: «¿Qué· tendrá?» Y los hombres se decían: «¡Si pensará en mí'»
U_na_de esas tardes la vió Andrés da Costa, ~n
brasileno buen mozo y muy rico, que había hecho
los cuat:o días de navegación desde Río Janeiro á
Montevideo sólo por conocer á las mujeres orientales, de las cuales había oído maravillas
Le señalaron á Raquel, le hablaron ·de ella se la
presentaron como_ el ejemplar más perfecto 'de la
coquetería, y no hizo en su alma impresión alguna:
encontró una muñequita muy linda con la expresión
seráfica que le daba su falso misticismo1 y dijo que
?ebía ~aber sido tonto de remate el que por semeJante virgencita se hubiese pegado un tiro.
Le provocaron á tratarla sin volverse loco por ella
y Andrés aceptó el reto: convinieron, pues, sus aro¡'.
gos en presentarle aquella noche en casa de Guerra
~ la salida de la novena formábanse las dos fila~
apmadas que en todos los países y en todos los tero·

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 510

n~do con una guirnalda de yedra, que la envolvía de
pies á cabeza: era una fraganciosa trepadora, encaram~ndose para juguetear con Jos negros cabellos de
la diosa.
Recibió al vizconde da Costa medio tendida en
un_ so'.á; Raquel_ tenía graciosísimas posturas de gata
~h~qu1ta que nmguna de sus amigas se permitía
1m1tar.
Andrés da Costa salió enamoradísirno de casa de
Guerra: la :ando1;1bera le_ había hechizado; no era un
d_emomo m un angel m una mujer, era una tenta·
c16n, pero una tentación irresistible que se apoderaba d~I alma, de los sentidos, del cerebro de la exis·
tencia toda.
'
Raquel _tenía veintidós años, aunque sólo representaba_diez y seis; pensaba y sentía, pues, como
una _muJer, y creyó llegada la oportunidad de elegir
mando.
Cuando se ~rnbo quedado sola dijo:
- Buen.o: si éste se empeña, me casaré con él; es
bue~ partido y no me disgusta.
. ~icho se está que Andrés da Costa hizo su proposición en reg)a, y después de los trámites de familia
que ~on d~ ngor en tales casos, acordóse celebrar el
matnmo~10 en lo~ primeros días del mes de febrero.
No deJaba de disgustar al vizconde que su futura esposa fuese tan exaltada en cuestiones políticas· pero
pens~ba que eso acabaría cuando se traslada;en al
B_rasil, en donde por aquel entonces no pensaba nadie en ?erroca_r al caballero emperador D. Pedro II.
. Alguien_ q~1so_ dis?adir de aquel matrimonio al
Joven brasileno: ¡mútll empeño! Su fortuna, su amor

Aldaba del castillo de Foix

y su vi?a eran de Raquel: aquella criatura, án el ó
demomo ha~fase apoderado de su albedrío y le su
corazón; lo mismo podía impulsarle al suicidio, como
?tro, que remontarlo al cielo en alas de una e
nc1a.
aAndrés no podía dudar que Raquel le amaba·
acep~aba su mano, elegfalo entre cien pretendiente~
t~n r~cos corno él, luego era producto del cariño la
e ecc16n. (?uando con envidia y celos veía que Raq~el P:escmdía, ~e sus palabras para e.ngolfarse en
discus10nes poht1cas y en arranques impropios de su
s~xo y menos de su edad, hubiera querido que los
volasen para sacarla de aquella at ó f
¡d1as
t
b ·
ºb
m s era que
a orna ª. irasc1 le á veces, y á veces inhumana
.Las pasiones políticas comenzaron a enconars;
e_l Uruguay los primeros días del año 188 El en
tldo colorado principista, vale decir liberal
ua~::~
y frac, ocupaba el poder, presidido por un fombre
hon~ado y de temperamento conciliador· ero a uel
presidente (Ellauri) no podía oponer diJue á ola
1i:1po~ente del candombe, que amenazaba arrastrar la
s1tuac1ón con ímpetus demagógicos, y pactó tácitamente con lo~ blancos ó conservadores para hacer
frente ~l enemigo común en unas elecciones mu ..pales s1 mal no recuerdo.
mci
El día señalado para la elección hubo d
ders
d'
e suspene po_r un 1Sgusto que llegó á vías de hecho en
el co_leg10 electoral (que lo era el atrio de la . 1 .
~atnz) entre un periodista de la hig!t-life del p1fr~~~
aneo y un coronel de los colorados netos
Al domingo sig?iente, día Jo de enero, ·fecha funesta para MonteV1deo, que vió correr mezclada la
san~re g~nerosa y ardiente de sus exaltados hiºos
debia venficarse la elección suspendida El
J '
d t d
b
• comanan e e un uque de guerra extranjero anclado en
el puerto había hecho circular invitaciones para da
u~ lunch con que obsequiar á la brillante socieda~
onental en recompensa de los muchos
.
de ella había recibido.
agasaJos que
~i unos dadan importancia á las elecciones otros
c_re1an q~e no pasaría la cosa de lo ocurrido ei ante~1or do~m~o, por lo cual ni se suspendió á bordo la
esta m de¡aron de asistir las invitadas
~ontábase entre ellas Raquel Guerr~, que acom
panada de _sus padres y de su futuro esposo hiio su
entrada tnunfal á bordo, recibiendo una salva d
aplausos por la gentileza con que había sub·d ¡ e
cala á p~sar del vaivén y del oleaje dernasi~d~ ~i:~
que hacia bal~ncearse á la empavesada nave.
Algunas senoras se marearon pronto, y ya se dis-

ª!

ponían á dejar el buque antes que arreciase el temporal, cuando alguien advirtió que sonaban tiros.
~l pa~re de_ Raquel, á fuer de militar y de valiente,
qmso baJar á tierra: sus amig~s estarían batiéndose, y
no en~ontraba decoroso contmuar alejado del punto
de peligro cuando con las armas se ventilaba la causa de su partido;__pero t~mbién creyó oportuno que
su esposa y su h1¡a contmuasen á bordo mientras la
sangrienta cuestión no quedase resuelta.
La señora de Guerra quiso retener á su esposo·
pero Raquel animaba á su padre diciéndole:
'
. - ~o te detengas; acaso tu presencia decida la
victoria.
·
El c_omandante dió las órdenes para que la falúa
condujese al coronel Guerra, y le acompañaron todos
h~sta la borda de donde pendía la escala. Se despidió precipitadamente, besó á su esposa y á su hija
y cuando se disponía á dar un abrazo al que mu;
pronto había de ser su hijo político, se adelantó Raquel interponiéndose entre ambos con orgullosa
energía•
- ¡C?.mo, Andrés! ¿No acompaña usted á mi padre?, d1JO clavando en su prometido una mirada
fiera.
La pregunta cogió desprevenido al conde da Costa, que titubeó un poco antes de contestar.
- Com~ se trata de cuestiones políticas ... y yo
soy extran¡ero ...
- iEstá bien!, replicó despreciativamente Raquel.
D~bía usted haber buscado esposa en su país: las
onentales no podemos amar á ningún cobarde.
Andrés da Costa rugió como un león hostigado
cruelmente dentro de su jaula; y exponiéndose á caer
al agua, se lanzó por la escala en seguimiento del coronel, que acababa de saltar en la falúa.
Los presentes quedaron atónitos; la sangre fría de
la candombera les aterraba mucho más cuando después de haber desatracado la falúa se volvió con aire
de triunfo diciendo:
- Mi macaco (mono) es un valiente.
En Montevideo llaman macacos á los brasileños
como llaman á los italianos bachichas y á los españo'.
les gallegos.
·
- ·Me parece que _l_a cosa no es para que pongamos la caraftroce, diJO Raquel. Debemos continuar
tan alegres y contentos: ¿verdad, comandante?
El comandante, que era europeo. joven todavía y
h_erm?so como un Apolo, sonrió á Raquel y Je ofreció el brazo.
.
. - Ciert_amente, dijo, aquí nadie más que usted
tiene motivos para retraerse del bullicio. Si no lo
hace debemos agradecerle infinito esa prueba de
bondadosa condescendencia.
~ontinuó, pues, la fiesta más íntimamente. Algunas
senoras, temiendo al pampero (viento de las Pampas),

J~

h;

Cerradura del siglo xv

pl~s forman los hombres más descreídos para ver
salir
•
d ·á- las
b devotas. Andrés era de 1os primeros
y escu rma ~ todos los rostros y reparaba en todos los
and~re~ sm recordar á la santita candombera
.
~mhó de_pronto un codazo y volvió la ~ista: un
amigo le avisaba de la presencia· de Raquel·
do ere ó
, Y cuan.
y encontrarse con aquella carita dulce tímida que _antes había visto, oyó una carcajada sinor~, arrnomosa y plateada que le hizo estremecer corno
s1 aq?ella voz argentina hubiera sonado dentro de sí
prop10.
Vió enton~es de llen"O el rostro de Raquel y clavó
~n
sus OJOS ~eg'.os Y penetrantes. La candombera
dºé con Ju1:os1dad: aquel mozo elegante y casi
pu L ramos ecir hermoso era desconocido ara
~llaf Sa~udó ~ los que con él estaban y siguió ha6lano uer e y nendo locamente con sus ami as
Aq~ella ~oche pisó Andrés da Costa prímer sa16n onenta ' pues hacía sólo cuatro días que lle a•
ra y fué presentado en casa del coronel Gue
g
Hallábas7 Raquel en su elemento: un ho~~~e interesante,
neo
d
I y por ende vizcon de d a Costa ... era
cosa e ero~ ear todas las seducciones de su vastísimo repertorio.
Estaba monísima; vestía traje color de rosa, ador-

!i:ó

i

Reja de la abadía de Ourscamp (siglo xm)

que amenazaba con arreciar más tarde impid' e d
el dlesembar~o, no quisieron prolongar por más\i~m~
po a estancia á bordo.
Rlaqudel y su madre debían aguardar un aviso 6 la
vue ta el coronel.

NúMERO 5 10

LA

63r

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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EXrOSJCIÓN DE I'RI\GA. - EL EDIFICIO CENTRAL

situada en una llanura uniforme, en medio de un
La mar seguía alborotándose cada vez más y el puesta y sin novio ... Pero hemos triunfado. ¡Viva el país fértil y magnífico, es una de las más hermosas
candombe!
Adiós,
comandante:
supongo
que
irá
usbuque pasaba de los movimientos pausados á los
del mundo, y por su importancia comercial solacabeceos que marean irremisiblemente á las perso- ted á vernos, le esperamos mañana á tornar el te. mente cede á Nueva York. Había antes porfiada y
Tiene usted que felicitarme: ha triunfado mi mote,
nas poco avezadas á semejantes bailes.
enojosa rivalidad entre Filadelfia y Chicago, que paLa señora de Guerra se retiró al camarote del co- el mote que me han regalado los blancos.
Y subió precipitadamente sobre cubierta, reco- recían disputarse el honor de albergar el gran certamandante, en c11ya litera se recostó, y Raquel, que
men; pero esta última ciudad pareció más propia para
no quiso abandonar la cámara, se tendió en un diván giéndose el cabello y poniéndose el sombrero sin el objeto, y en ella recayó la preferencia. Según acta
detenerse
ni
mirarse
al
espejo.
apoyando su linda cabecita en dos almohadones gaCuando el comandante del buque extranjero se del Congreso, los trabajos para la Exposición debían
lantemente colocados por el jefe del barco.
ser dirigidos por una Junta formada por represenLa candombera se revolvía inquieta, quejándose hubo quedado solo, apoyó los codos en la borda y tantes de todos los Estados y un Comité compuesto
del malestar que sentía; pero á decir verdad un poco la cara en las manos.
Pensaba tal vez en las seducciones de aquella mu- de cuarenta y cinco ciudadanos notables. Este último
más mareado pudiera creerse al arrogante marino,
debía facilitar fondos hasta la suma de dos millones
que embobado la contemplaba, bella y picaresca, ñeca traviesa que por algunas horas le había trastor- de libras esterlinas, proponiendo el sitio y los planos
nado
el
juicio,
pero
formaba
también
la
firme
resocon sus cabellos destrenzados, sus posturas lánguilución de no acudir á la invitación de la señorita para las construcciones. Esta suma se sµministró muy
das y sus miradas entre dulces y maliciosas.
pronto por los activos ciudadanos de Chicago, y en
Guerra.
El pobre comandante sí que estaba mareado.
el parque Jackson el Comité pudo disponer de un
Felizmente,
ni
en
Montevideo
ni
en
parte
alguna
Era ya de noche cuando después de grandes apusitio magnífico. El parque se extiende á IQ largo de
ros locrró la falúa de la capitanía del puerto atracar se cuentan muchas candomberas.
la orilla del lago Michigán, que como ya saben sin
al cost~do del buque extranjero: en la falúa· iba el
duda muchos de nuestros lectores comprende un
EVA CANEL
coronel Guerra radiante de gozo.
área de 26.000 millas cuadradas, poco más ó menos;
Cuando penetró en la cámara se levantó Raquel
de modo que desde todos los puntos de los terrenos
de un salto, y abalanzándose al cuello de su padre le
EXPOSICION UNI\.'.ERSAL DE CHICAGO de la Exposición se verá esa inmensa sábana líquida,
cubierta de embarcaciones de toda especie. Otra de
dijo:
- ¿Hemos vencido, verdad?
Bien sabido es que los americanos quieren sobre- las beltezas que se deberá á la proximidad del lago
- Sí: el gobierno ha caído, el poder es nuestro.
salir en todo, y también que la idea de la magnitud consiste en la existencia de islas, estanques y lagunas,
- ¿Ha muerto mucha gente?, preguntó una señora es la que predomina en la imaginación de los yan- diseminados en todo el terreno y que separan los
extranjera con ansias y con dolencia.
kees. Ahora insisten mucho en sostener que el as- diversos edificios muy pintorescamente. Tres meses
- Desgraciadamente, contestó el coronel, se ha pecto de Chicago no tendrá punto de comparación hace, el parque Jackson conservaba aún su estado
derramado sangre generosa de algun0s jóvenes de
con ninguna de las más ambiciosas concepciones del primitivo.
nuestra dorada sociedad. También ha muerto ...
antiguo continente. El terreno ocupado por la ExpoApenas se aceptó el sitio, invadióle un ejército de
El señor Guerra se detuvo y miró á su hija.
sición comprende el espacio de 1.035 acres, ó sea el hombres, con numerosos caballos, que se ocupó desRaquel leyó en aquella mirada.
doble del que se destinó á la Exposición de París; y de luego en cavar, arar y allanarle para fertilizarlo
- ¿Andrés?, preguntó.
los recursos financieros reunidos para la obra figuran después. Fué preciso remover unos doscientos mil
- Sí, el pobre Andrés.
en correspondiente escala. De cuatro á cinco millo- pies cúbicos de tierra á fin de suprimir colinas que
- ¿Batiéndose?
nes de libras esterlinas se consagrarán por el Direc- obstruían el terreno, y después cortar muchos árbo-No.
torio á esta empresa, debiéndose agregar á tan enor- les, dejándose tan sólo un reducido espacio cubierto
La candombera hizo un gesto de disgusto.
me suma lo que suministren los Gobiernos Federal de bosque, que parece un oasis en un inmenso pára- Cuando llegábamos á la plaza Matriz, una bala y del Estado, los extranjeros, las Sociedades, Com- mo donde brillan la arena y los guijarros. En la ex-·
que sin duda venía dirigida á mi cabeza hizo peda- pañías y particulares, y los accionistas, lo cual supo• tremidad norte del parque se hizo necesario abrir
zos la suya.
ne muchos millones más.
un canal desde el lago hasta la laguna, que constituye
Los circunstantes se miraron asombrados de la
Chicago es un punto bien elegido para hacer esa un detalle grandioso en el paisaje. Al Sud y al Oeste
tranquilidad con que Raquel escuchaba á su padre. gigantesca manifestación del progreso. Esa ciudad, 1 de esta laguna se forma ahora un espacioso terraplén
- ¡Pobre macaco!, dijo por fin. Me quedo com·

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¡YA ESTÁN AQUII, cuadro de A . Jourdan, grabado por Baude

�634

LA

NÚMERO 510

lLUSTRACION ARTÍSTICA

de catorce pies de altura, donde se instalará la admi- tará un poco á la manera de basílica romana, con
nistración en el edificio construído al efecto. Estas anchas naves y tres divisiones en el techo, de las
obras serán las más notables de todas. Los terrenos, cuales la central se elevará sobre las otras, perforáncomo puede comprenderse, no deben carecer de ve- dose sus paredes para formar una preciosa arcada.
getación; y muchos horticultores trabajan ya para Dentro del edificio habrá trayectos de ferrocarril en
embellecer aquel desierto, convirtiéndole en delicioso que se pueda exhibir todo un tren de pasajeros ó de
jardín.
mercancías con su máquina. Los objetos que se exEl área ocupada por las diversas construcciones será pondrán en el departamento de que hablamos corresmayor en un doble que la de la Exposición de París;
y de las disposiciones generales puede formarse idea
por el croquis á vista de pájaro que publicamos. Otro
grabado representa el edificio destinado á la sección
de Electricidad, que sin duda será uno de los más importantes y del mayor interés. Para la iluminación
de tan grandioso conjunto no se empleará, por supuesto, sino la luz eléctrica, presentándose, entre
otras novedades, un camino de hierro etectrico alto.
El edificio ha de ocupar un espacio de más de cinco
y medio acres, y es uno de las más soberbios del
gran grupo central: como la mayor parte de los demás de la Exposición, tendrá el estilo del Renacimiento italiano; su altura debe ser de 60 pies;
y el material, semejante al granito por su color, presentará adornos apropiados y dibujos alegóricos: una
estatua de Franklin ha de coronar la entrada principal, que estará en la parte del Sud.
De distinto carácter es el palacio &lt;le la Agricultura,
que se levanta en escala proporcionada á la importancia de la industria; y exceptuando tan sólo el edificio de la Administración, resultará una de las más
hermosas construcciones: será de estilo clásico, y ocupará un espacio de 800 pies por 500, circuído de pequeños lagos. Los cuatro pabellones, uno en cada
ángulo, unídos por una gran cúpula central, constituirán el carácter más notable del edificio, pues aquélla rivalizará por sus dimensiones, magnificencia y
decorado con las más celebradas cúpulas de carácter
Ejecuciones por la electricidad en los Estados U nidos
análogo que hasta hoy se han conocido en el mundo.
F ig. I. Aparatos que transmiten la electricidad
Dichos pabellones medirán 64 por 48 pies cuadrados,
y la gran entrada del lado Norte, de 60 pies de anchura, conducirá á un elegante vestíbulo cuyos atrac- ponden todos á transportes, desde el cochecito del
tivos aumentan las columnas de estilo Corintio, de niño hasta la máquina más poderosa, y el aparato de
5 pies de diámetro por 40 de altura.
diversos tipos de locomotoras será estupendo.
Los edificios de la Administración deben ser la joya
El grabado que representa la laguna vista por la
arquitectónica entre todos los demás, y aunque cons- parte del Sud, da excelente idea de la gran escala en
truídos con materiales que no durarán más de dos que se ha llevado á cabo el plan y de los pintorescos
años, su coste asciende á 650.000 duros; pero deben efectos obtenidos.
ser una de las más brillantes obras de la arquitectura
Otro de nuestros grabados reproduce el Palacio
moderna. Estarán situados en el punto más domi- del Estado del ILinols que se alza en Chicago, capinante de los terrenos, consistiendo en cuatro pabe- tal de éste, y que es indudablemente uno de los más
llones, uno en cada uno de los cuatro ángulos del notables de la ciudad. En este edificio se halla estacuadro del plano, uniéndolos una gran cúpula central blecido oficialmente el poder ejecutivo y legislativo
de 120 pies de diámetro por 260 de anchura. Hasta de aquel Estado. La magnífica construcción, de bella
el primer piso se ha optado por el orden dórico, aun- arquitectura, semejante á la que generalmente tienen
que sus proporciones son algo pesadas; el segundo todos los edificios públicos de los Estados U nidos,
piso, con sus altas columnas, es de estilo jónico. Ex- se halla situada en el centro de un hermoso parque,
teriormente plano, está dividido en tres pisos princi- al borde de un gran lago, en cuyas límpidas aguas se
pales: el primero consiste en cuatro pabellones de 65 reflejan las severas líneas -de su fachada principal.
pies de elevación; el segundo, de la misma altura,
El edificio, en el cual se penetra por una ancha
continúa la rotonda central, de 17 5 pies cuadrados; escalinata practicada delante de su c4erpo central,
y el tercero es la base de la gran cúpula, de forma encierra todas las dependencias de los poderes allí
octágona y de 40 pies de alto. Esta cúpula se eleva establecidos, entre las cuales sobresalen el gran saen graciosas líneas y debe adornarse ricamente con lón de sesiones del Congreso y los tribunales de
elegantes esculturas. El interior se decorará por el justicia.
mismo estilo, y sus pinturas serán del mejor gusto.
Este hermoso palacio encierra tantas maravillas
El piso principal contendrá dos departamentos de que ya por sí solo puede dec;irse que constituye una
policía y de bomberos con cuartos para los detenidos; verdadera exposición,
en el segundo pabellón estarán los empleados de sanidad y ambulancias, los médicos y farmacias, el
departamento extranjero y las oficina,s de informes.
En el tercer pabellón se encontrarán las oficinas de
correos y el Banco. Los pisos segundo, tercero y
cuarto comprenderán las salas de la directiva, las de
distintas comisiones y la del director general: allí
estarán también el departamento de publicidad y
promoción y la comisión de los Estados Unidos.
El departamento de los medios de transporte estará situado en la extremidad Sur, entre los departamentos de Horticultura y de Minas. Su estilo, aun•
que elegante, es sencillo; mas según parece, trátase
de enriquecer el ornato de los detalles. Vista desde
la laguna, la cúpula del edificio formará el lado Sudoeste del cuadrángulo constituido por el grupo de
construcciones de que dicho edificio forma parte,
destacándose á la altura de 165 pies sobre el suelo: se llegará á ella por ocho ascensores, y dominará la parte Norte, que ha de ser una de las más
magníficas de la Exposición. La entrada principal del
edificio, que debe llamarse Puerta de Oro, se compondrá de un solo arco, enriquecido con bajos relieves y pinturas murales; el resto de la composición
consiste en una arcada continua con columnatas' y
entablamentos. En las paredes se han•abierto numerosas entradas pequeñas que conducen á terrados,
cuyo principal adorno se reduce á varias fuentes de
agua potable y graciosas estatuas. El interior se traFig. 3. Colocaci6n del reo en la silla

635

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 510

En posteriores números iremos publicando nuevas
vistas de la Exposición, á la que nos proponemos
consagrar atención especial, tanto como merece es_e
importantísimo certamen con que el nuevo con~1nente se apresta á conmemorar el cuarto centenario
del descubrimiento de América por Colón.
Entre los varios elementos de que para ello disponemos contamos en principal término con los buenos
oficios de nuestra distinguida colaboradora y corresponsal en Nueva York, Eva Canel, especialmente encargada de remitirnos cuantas vistas y datos acerca de
la Exposición juzgue interesantes. LA !LUSTRACIÓN
ARTÍSTICA se prepara de este modo -p~ra en· su día
contribuir dignamente á la conmemoración de aqu_ella gloriosísima fecha de los anales de nuestra historia.
X

LAS EJECUCIONES POR MEDIO DE LA ELECTRICIDAD
EN LOS ESTADOS

UNIDOS

Hacía mucho tiempo que los yankees buscaban un
medio rápido, seguro y casi humano, para quitar la
vida á los reos de muerte. Después de desechar el
veneno porque suponían que necesitando l_a mediación de un médico se negarían éstos á eiercer de
verdugos, y la guillotina por el espectácul~ de la ~angre convinieron que era el garrote el mas sencillo,
me~os cruel y de más rápidos resultados, pero tropezaban con un insuperable obstáculo: esta pena es
la que aplican los españoles, y ellos no pueden rebajarse al nivel de una nación bárbara.
Acordaron, pues, aprovechar la electricidad como
medio más en consonancia con sus adelantos, y todavía se recuerda con horror el triste espectáculo
que á la faz del mundo dieron los Estados Unidos
con el primer ensayo hecho en la persona del condenado Kemmler.

T

¡Magdalena!, exclam6 de nuevo Norman inclinándose sobre la mesa

LA ÚLTIMA CITA
POR

Fig. 2 . La silla preparada para la ejecúci6n

Recientemente han sido ajusticiados cuatro reos
que aguardaban el segundo ensayo, más afortunado
que el anterior. Esta vez han sido aplicados los ele~trodos á las pantorrillas y á las sienes, ruta más fácil
según se cree para llegar al corazón.
.
Dicen los médicos encargados de las autopsias que
á los reos les sobrevino la inconsciencia inmediatamente de cerrado el círculo; pero otros en cambio,
testigos presenciales también, aseguran que los desgraciados sintieron las tres descargas que á cada ~no
fueron aplicadas. El sigilo para que no se trasluciese
el resultado de este segundo ensayo hasta que no se
obtuviese el parte oficial, fué extraordinario, y los reporters de la prensa fueron tratado_s por el alcaide d_e
la prisión de Sing Sing peor que s1 se tratase de facinerosos. La guardia tenía órdenes severas, y al primer
ataque de los periodistas 'para entrar debía disparar
y echarles encíma algunos perros de presa con que
fueron reforzados los centinelas. En la imposibilidad
de obtener fotografía de los reos aprestados á reci.bir
la muerte, un redactor de The-World, !\{r. Frederick N. Peck, se sentó en la terrible silla para lograr
una fotografía con que poder reproducir el espectáculo en el gran diario neoyorquino. Esta es la que
damos hoy á nuestros lectores enviada como los otros
grabados por nuestra distinguida colaboradora y corresponsal Eva Canel, que la obtuvo á duras penas
del propio fotografiado.

z

Eran las cuatro de la tarde, poco más ó menos,
de un día de junio, durante el cual los árboles de los
bulevares de París conservan aún su lozanía, como
si recordaran la primavera. Los parisienses trabajadores se ocupaban en terminar sus tareas cuotidianas
y los elegantes habían ido á pasear al Bosque.
En la extremidad del bulevar Haussmann había
en la época á que nos referimos una imprenta, junto á la cual elevábase una casa de cuatro pisos, cuya
entrada podía llamar la atención por lo espaciosa.
En el tercer piso vivía hace cinco años una mujer,
cuyo nombre conocía ya todo París, porque era fa.
moso. Los balcones y ventanas del salón de su casa,
que daban al bulevar, distinguíanse de los demás,
no tan sólo por tener casi siempre las persianas corridas, sino porque estaban llenos de macetas y flores que los transformaban en un diminuto jardín.
Junto á una ventana veíase una pequeña y rica
alfombra, la cual ocupaba solamente el espacio comprendido entre dos lujosas butacas, cuyo respaldo
cubría en parte ese tejido de mallas á punto de ero•
chet, tan común ahora. En el centro de este espacio
había un velador, y sobre él un volumen de los poemas de Víctor Hugo, lujosamente encuadernado, y
un jarro de porcelana lleno de rosas. Algunos cuadros de más ó menos mérito, un estante de nogal
con libros. una elegante sillería, espejos y varios de
esos objetos costosos que se consideran como el refinamiento del gusto moderno completaban el adorno de aquella habitación.
La mujer que la ocupaba paseábase en aquel mo·
mento de un lado á otro con aire distraído, unas
veces muy de prisa, como aguijoneada por la amargura de sus propios pensamientos, y otras lentamen•

W, K.

CLIFFORD, - ILUSTRACIONES DE DUDLEY HARDY

te, cual si la entorpeciera la intensidad de su dolor.
Delgada y morena, tenía abundante cabello negro,
que formaba un rodete en la parte posterior de la
cabeza, ojos lánguidos de color castaña muy obscuro y boca del más perfecto contorno. A juzgar por
la expresión del rostro, la mujer de que hablamos
debía estar dominada en aquel momento por un pesar profundo ó una dolorosa inquietud, y esforzábase para sobreponerse á este sentimiento. De pronto
se detuvo un momento junto al balcón, pero alejóse
después rápidamente, como si la vista de la gente
que pasaba y el movimiento en la calle la molestaran; después se arrodilló junto á una butaca, apoyó
la cabeza en el almohadón del respaldo y oprimióse
el pecho con una mano, cual si quisiera sofocar los
sollozos que tal vez iban á escaparse de sus labios.
Al fin se levantó, como impulsada por un resorte,
y comenzó á pasear de nuevo, entregándose entonces á un monólogo que descubrió sus pensamientos.
«Ha sido cruel y brutal para mí, murmuró con
acento de amargura, y ahora teme volver á verme ...
no tiene valor ... no le tendrá nunca ... Y sin embargo, amo á ese hombre, á quien ahora conozco bien,
¡Dios mío, cuán fiel le hubiera sido! Por él lo habría
arrostrado todo en este mundo, considerándome feliz al sufrir por mi amor; pero él no conoce ni comprende semejante cariño. Cuando yo muera quiero
dejarle algún recuerdo .que le haga pensar en mí y
arrepentirse tal vez de su conducta. No puedo resistir esto ... no puedo. ¡Dios mío! Tened compasión
de mí, y no permitáis que ... »
En aquel momento abrióse la puerta, y la dama
ahogó un ligero grito al ver aparecer á su doncella.
- Señora, dijo ésta, he recibido carta de mi

hermana, que está en Saint-Cloud, en la cual me
dice que el niño empeora; y si no fueran de todo
punto necesarios mis servicios esta noche, agradece·
ría que me permitiese ir á verle. Después de haber
servido la comida me quedará tiempo para ir y volver antes de las diez.
·
- Sí, sí, Catalina, contestó la dama con aire distraído, vaya usted cuando guste, pues hoy no comeré en casa tal vez.
- Gracias, señora, replicó la doncella; y ya se disponía á retirarse, cuando su señora la detuvo.
- Catalina, dijo con im paciencia, cual si hubiese
recordado un deber necesario y quisiera cumplir
con él cuanto antes; lleve usted alguna friolera al
niño y todo cuanto pueda necesitar.
- Mil gracias: la señora ha sido siempre buena y
compasiva para todo el mundo, dijo la doncella con
acento de convicción.
Y viendo que su señora estaba distraída y no parecía escucharla, hizo ademán de retirarse.
Pero en el mismo instante resonó la campanilla,
que anunciaba alguna visita.
·
La dama estrechó sus manos con un movimiento
nervioso, y apoyóse en la pared como si desfalleciera.
- Sin duda es el señor, dijo Catalina, sonriendo
ligeramente y con cierto aire de seguridad, mientras
se dirigía hacia la puerta. Hace ya mucho tiempo
que no ha venido á visitar á la señora, pero reconozco su manera de llamar.
- ¡El Sr. Luard!, exclamó la doncella volviendo
presurosa para anunciar al visitante.
Un momento después presentóse un caballero de
elevada estatura, buen aspecto y bastante joven, pues

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 510

NúMERO 510

solamente tendría de treinta á treinta y dos años.
Aquel hombre, aunque sin ofrecer nada de notable,
tenía cierto aire de distinción y adivinábase que había nacido para mandar.
La dama se adelantó hacia la puerta, y colocóse
junto á ella como para evitar el paso hasta que diese
su permiso para entrar; pero un buen observador hubiera adivinado que tanto el caballero como la dama
tenían mucho que decirse, á pesar de su aparente
frialdad, pues durante un momento miráronse silenciosamente, como si no supiesen por dónde empezar.
- Vamos, dijo el caballero al fin, ¿me dirá usted
qué ocurre por aquí?
La dama parecía no escucharle; dejó escapar un
suspiro, y después de hacer un esfuerzo, murmuró:
-Al fin ha venido usted ...
- Usted ha insistido en ello ... repuso el visitante
encogiéndose de hombros,
- ¿Y por qué no me ha escrito, ni contestado siquiera á una de las muchas cartas que le dirigí? La
cortesía lo exige, y me parece ...
- No tenía nada que decir, replicó el caballero.
- Pensaría usted que el silencio es á veces más
elocuente que las palabras.
·
- ¿Me ha enviado usted á buscar para reñir por
última vez?, replicó el otro con expresión grave. Si es
así, paréceme que no valía la pena.
- ¡Oh! No, exclamó la dama con expresión de tristeza; creo también que casi no valía la pena. ¿Cuándo se marcha usted á Inglaterra?
- Esta noche, en el tren de las nueve y cincuenta.
- ¿Y á San Petersburgo?
- De aquí á un mes.
Siguióse una pausa, y después murmuró en voz
baja, no sin haber vacilado antes:
- ¿Piensa usted hacer lo que dijo la otra noche?
- Sí, repuso el caballero, haciendo una señal afirmativa; creo que ya es tiempo de concluir.
- ¡Ah! El porvenir puede aconsejar y hacernos
cambiar de ideas.
Y como su interlocutor permaneciera silencioso,
la dama añadió:
- ¿Y qué me dice usted de aquellas otras cosas?
- ¿Qué otras cosas?
- Aquellas tan crueles y perversas, exclamó la dama bruscamente. ¡Ah! Me acuerdo aún de la prime·
ra vez que le vi en Aviñón, hace ocho años; entonces me pareció usted cruel, porque vi en su sonrisa
algo maligno; y la otra noche, mientras hablaba usted, pensé en aquel incidente. Su expresión era la
misma que aquella tarde en que paseábamos por la
orilla del río, viendo á los campesinos bailar. ¿No lo
recuerda usted?
- Perfectamente; fué una lástima que en vez de
manifestarme entonces sus sentimientos, los disimulara usted tan bien.
- No eran sentimientos, sino una impresión repentina, que no volví á sentir hasta la otra noche.
Entonces, al observar la expresión de sus facciones,
le comprendí á usted del todo y quedé asombrada.
Aquello fué para mí como una revelación.
- ¿Y era por ventura esto lo que deseaba usted
decirme? Aún no conozco el objeto de la entrevista.
El caballero hablaba con serenidad, pero su rostro
palidecía y tomaba una expresión dura.
- No, replicó la dama, no era eso; pero usted me
a.a obligado en cierto modo con su indiferencia. Los
ocho años pasados no parecen ser nada para usted,
Norman, nada absolutamente; los mira usted como
la página de un libro que se ha leído ya y que se
pasa por alto para ver la siguiente.
- No digo lo contrario; pero es porque esa página siguiente puede ser más agradable que la anterior.
La dama unió sus manos con un ademán desespe·
rado, dejando ver en una de ellas un precioso anillo
de brillantes.
- ¡Dios mío!, exclamó, no comprendo ahora cómo he podido sentir nada por usted que no fuese
aborrecimiento. Verdaderamente ha sido para mí un
crimen amarle.
- Pero ... ¿por qué?, repuso el caballero cambiando de tono. ¿No la he correspondido yo por ventura,
Magdalena?
- ¡Usted!, exclamó la dama con expresión de sarcasmo. Lo que llama amor no merece por ningún
concepto el nombre de tal. ¡Oh! sí, váyase usted,
porque su presencia tan sólo me irrita ya y me hace
perder el tino! Vaya en buen hora á buscar las mujeres que sean dignas de su cariño, las que puedan
hacerle feliz. ¿Le espera á usted alguna en Inglaterra
ó en San Petersburgo? En tal caso no demore ni un
instante su marcha. Vaya usted á decirles las dulces
palabras que tantas veces repitió á mi oído; pero no
olvide que yo entretanto me reiré de todo eso, comp~deciendo á las infelices que le escuchen y le crean ...

- La mujer á quien yo prometa alguna cosa podrá
- Espero que no lo sean tanto para mí como uscreerme, repuso Norman.
ted cree; esas cosas son las que el hombre busca
- Sí, tal vez, si se trata de alguna inglesa.
siempre con más afán.
- Pues con una voy á casarme.
- En la hora de la muerte, segura estoy, Norman,
Al oir esto, la dama palideció, y un estremeci- de que se acordará usted más de mi amor que de
miento nervioso recorrió todo su cuerpo; mas hizo un todas esas cosas,
esfuerzo para contenerse.
- Pues usted ha trabajado bastante para conse- ¡Ah!, exclamó, ya era tiempo de que confesara guirlas.
usted la verdad. Sin duda le ha costado mucho de- Sí, pero solamente para hacerme más merececirlo, ¿no es así? ¿Y se celebrará pronto la boda?
dora de su amor. Cuando la gente se agolpaba para
- Sí, contestó Norman, mirando á su interlocutora verme y en el teatro resonaban los aplausos, yo los
con cierto temor y con más atención que antes.
apreciaba más porque usted los oía.
- ¿Y sin duda es eso lo que le llama á usted á InNorman permaneció un momento silencioso, coglaterra?
mo sumido en profundas reflexiones; mas al cabo de
- Precisamente.
un momento contestó bruscamente:
- ¿Es por ventura la prometida su prima Isabel,
- Confieso, Magdalena, que me he conducido de
de quien hablaba usted otras veces?
un modo brutal; pero no puedo menos de reconocer
N arman hizo una señal afirmativa.
que es mejor para los dos.
- Ya lo comprendo;usted fué siempre ambicioso,
- ¡Ah! ¡Cuántas veces me dijo usted que sería feaficionado á lucir, y cree que ella será admirada y liz si muriese á mi lado! ¡Cuántas promesas me hizo
producirá sensación cuando la presente en los círcu- que ya no quiere recordar!
los diplomáticos. Apostaría cualquiera cosa á que de
- Cuando se ama se promete mucho.
antemano saborea usted su futura llegada triunfante
- Sí, y ahora otra mujer será la favorecida. ¡Ojalá
á San Petersburgo.
que el cielo le cierre sus puertas!
- Ya sé lo que son estas cosas, replicó Norman;
- ¡Va usted demasiado lejos!, exclamó Norman lepero á mí me sucede lo que al tigre, que después de vantándose con expresión de enojo.
probar la sangre está sediento de más; mi ambición
- ¡Dispénseme usted, replicó Magdalena, ya que
no se sacia con un solo triunfo. Pero no hablemos no hemos de volver á vernos, y concédame la única
más, Magdalena; si usted lo permite me retiraré, pues gracia que voy á pedirle. Venga usted á comer concreo que á nada conduce prolongar mi visita.
migo hoy: le prometo que después le dejaré marchar
Magdalena permaneció silenciosa un momento, y sin la menor oposición.
después, adelantándose más hacia Norman, cogióle
- No me es posible.
la mano, é hizo un esfuerzo para hablar, como si le
- Le aseguro que ya no habrá entre nosotros la
costase pronunciar las palabras que iba á decir.
menor cuestión y que volveré á ser la misma Magda- No vaya usted á Inglaterra, porque la señorita lena que antes amaba y que se hizo famosa bajo la
Isabel no le amará nunca como yo.
influencia de la pasión que usted le inspiró. Le reci- Ya es demasiado tarde para retroceder ...
biré vestida de blanco, pues según recuerdo lt agra- ¡Ah, no!, exclamó Magdalena, dejando escapar daba mucho aquel traje; y hablaremos, como dos
un suspiro que pareció conmoverá Norman.
buenos amigos, de poesía é ideales, olvidando, aña- Bien sabe usted, dijo después de una pausa, que dió Magdalena con voz conmovida, que es la última
una vez solicité su mano y me la rehusó.
vez que debemos vernos ...
- Lo recuerdo, sí, contestó la dama inclinando la
- No puedo aceptar, Magdalena, replicó Norman
cabeza; pero fué porque yo tenía empeño en ser fa- con tono resuelto; he dado palabra á mi amigo Campmosa, lo mismo que usted. Pensé que algún día po- bell de comer con él.
dría enorgullecerse de mí, y que entonces ... pero es
- ¿A qué hora?
inútil decir más; nuestra ambición nos ha separado.
- A las siete y media, y después me acompañará
Mi fama sería quizás un entorpecimiento para usted hasta la estación del camino de hierro.
y la suya no es aún bastante para ampararme á mí.
Magdalena parecía reflexionar.
- Pt&gt;r eso lo más prudente es separarnos.
- Pues bien, dijo después de una pausa, el tren
- No, no, repuso Magdalena; no puede ser mejor no sale hasta las nueve y cincuenta; diga usted á su
dar así al olvido lo pasado; no puedo tolerar. ..
amigo que vaya á buscarle á la estación, y venga aquí
Sin concluir la frase, la dama se apoyó sobre un á las nueve á tomar el café, consagrándome la última
mueble, como si desfalleciera, y el caballero alargó media hora... No hablaremos ni una sola palabra de
maquinalmente el brazo como para evitar una caída. lo pasado; mis labios no pronunciarán una sola frase
- Poética como siempre, murmuró con acento con- relativa á nuestra separación.
movido, casi de ternura.
- ¿Lo hará usted realmente así?, preguntó Nor- No, añadió Magdalena, reponiéndose al punto, man con tono de duda.
no es posible que ninguna mujer le ame como yo.
- Se lo prometo; y también que no retardaré ni
- Es muy posible que así sea.
un momento su marcha.
- Mi cariño hubiera sido como una roca que le
Norman miró fijamente á su interlocutora, cual si
ofrecería seguro apoyo; el de otra mujer será banco quisiera sondear su pensamiento.
de arena que las aguas pueden arrastrar.
- Bien, repuso al fin, confío en usted, y vendré.
- Tal vez no halle un amor ardiente y apasionado,
- ¿Palabra de honor?
pero me es forzoso casarme y nada podrá hacerme
- Palabra de caballero: engalánese usted, y olvicambiar de proyecto.
demos que ha de ser la última entrevista.
- ¿Es alguna mujer de ojos grises y cabello rubio?
- Así lo haré, contestó Magdalena, fijando en
- Sea lo que fuere, yo la amo.
Norman una mirada cariñosa.
- ¡Que la ama!, repitió Magdalena con irónica
Después, vacilando un momento añadió con tono
sonrisa. Usted se engaña á sí propio, y no tardará en solemne:
reconocer que el fuego de la pasión se ha extinguido
- Si dejase usted de venir, faltando á su promesa,
ya en su alma.
permita el cielo que la mujer á quien más quiera,
Al decir esto, Magdalena, con la cabeza echada cuando nos hayamos separado, le sea falsa y perjura
hacia atrás, el cuerpo erguido y fija su mirada en el el día en que más la ame.
caballero, estaba verdaderamente hermosa.
- No faltaré, dijo Norman; pero confío en que us- Sea usted razonable, replicó Norman; nuestra ted también cumplirá su palabra...
conferencia no puede seguramente conducirá nada, y
- ¡Oh!, interrumpió Magdalena, puede usted estar
es preciso poner término á ella. Como ya indiqué bien seguro de ello. Y ahora... ¡adiós! ... No, quise
antes, una vez quise que uniéramos nuestra suerte decir hasta más tarde.
y la supliqué en más de uqa ocasión que me diera
Al pronunciar estas palabras abrió la puerta; pero
la mano de esposa. Usted rehusó tenazmente, y deteniéndose de pronto, como si le faltara advertir
ahora es preciso mi enlace con otra mujer. Sí, la am- alguna cosa, añadió:
bición es la que nos ha separado; los dos queríamos
- Espere usted un instante; ahora recuerdo que
hacer carrera, y usted lo ha conseguido ya; los dos Catalina debe ir á Saint-Cloud, y por lo tanto será
juntos naufragaríamos sin remedio. En el mundo se mejor que se lleve usted esta ·llave para que entre sin
han de tener en cuenta muchas cosas además del llamar. Le esperaré junto al balcón, y si alguien llaamor; usted misma solía decir que apreciaba en mase no abriré... ¡Ah! Una palabra ... Permítame ver
mucho la vida intelectual, los sueños, los ideales ... bien por última vez las facciones del hombre á quien
- Sí; pero de los sueños se despierta, y los idea- tanto amo y que tan cruelmente me abandona, y esles son á menudo ilusiones que se desvanecen.
trechar esas manos queridas, que no han de ser para
- Vamos, replicó Narman, suspirando como si se mí. Con la luz artificial no se ve tan bien, y tal vez
sintiese aliviado de algún peso, veo que ahora es no habrá mucha aquí esta noche... ¡Dios mío! ¡Cuán
usted más razonable, y aprovechando el momento doloroso es esto! Pero ya no hay remedio... Mi vida
permítame despedirme de una vez.
' toca á su fin y es forzoso resignarse.
- No; marcharse así sería matarme. ¿Tanta im- No diga usted eso, repuso Norman, algo inquieportancia tienen para usted los triunfos, el oro y la to al oir estas palabras; su porvenir es aún brillante...
fama, cosas sólo pasajeras?
- ¡Ah, no!, exclamó Magdalena. Todo ha concluí-

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- No hay tiempo que perder, añadió Norman, pues
- Campbell, díjole, quiero darle un buen consejo.
Procure usted 110 enamorarse nunca de una france- sólo me quedan diez minutos.
El balcón estaba abierto de par en par; de las flores
sa, porque son malas como el diablo, y si proceden
de Marsella peores aún: las mujeres se alimentan allí exhalábase una suave fragancia, y la persiana, corrida
como siempre, obscurecía más la sala.
con fuego.
La actriz estaba echada en el suelo de cara al balCampbell fijó en su amigo una expresiva mirada,
cón, con la cabeza apoyada en el asiento de la butasonriendo maliciosamente.
- ¿Ha caído usted en los lazos de alguna que ha ca y los brazos cruzados sobre un brazo de ésta. A
pesar de la escasa luz Norman distinguió muy bien
Un momento después Norman, ya en la calle, conseguido robarle el corazón?
- Sí, no lo niego; mas al fin he conseguido reco· la blancura de sus manos, destacándose sobre el alpareció respirar con más desahogo.
- Vamos, ya estoy libre del compromiso; es pro- brar la libertad. La mujer no puede ser más que un mohadón rojo; también pudo ver que la actriz vestía
traje blanco, con rosas encarnadas en la cintura.
bable que cumpla su palabra. Magdalena es una con- entorpecimiento para mí, porque sujeta mucho,
- ¿Debo sentarme al otro lado para que termine- Pues creo que va usted á buscar una.
sumada actriz; mas creo que me ama de veras, aunmos
nuestra comedia?, preguntó.
- ¡Oh! Esto es diferente. Cierto que voy á casarque tal vez no tanto como ella dice,
La mesa estaba entre las dos butacas, y aún se veía
Norman prosiguió su camino entregado á diversas me, pero es porque así tengo más asegurada una brisobre ella el jarro de flores.
reflexiones, hasta que, sin saber cómo, hallóse en la llante carrera.
Norman tomó asiento frente á Magdalena, y por
calle Real, dió una vuelta por la plaza de la Concor- Entonces no será cuestión de amor, ¿eh?
- A decir verdad, no se trata de una pasión; pero primera vez la miró con atención. En sus ojos creyó
dia y se dirigió después á la calle de Rivoli.
Cada vez más satisfecho de su futura unión, agra- la novia es mi prima y no dejo de profesarle cariño.
dábale la fría belleza de su prometida, que era como
- Es la mejor razón para no estar enamorado de
un calmante, comparada con los provocativos encan- ella; pero de todos modos le felicito, porque Isabel
tos de Magdalena Debray. Su novia Isabel, por otra es muy hermosa.
Norman cerró los ojos con evidente satisfacción.
parte, le ayudaría poderosamente á satisfacer sus am- Quisiera haber llegado ya á Londres, dijo des·
biciones; mientras que la actriz hubiera sido un en·
torpecimiento, no solamente para él, sino para aque- pués de una pausa.
- El viaje á San Petersburgo será más enojoso,
llos que le ayudaban en su carrera, impidiéndole llegará ser un hombre notable. No era Norman uno repuso Campbell; pero como quiera que sea, no deja
de aquellos que inspiran desde luego simpatía á la de ser para usted una suerte haber obtenido ese nomgeneralidad de los hombres; y en cuanto á las mu· bramiento.
jeres, sus triunfos eran muy limitados. Ejercía su
- Sí, gracias á él doy un gran paso en mi carrera.
principal ascendiente en los grupos del pueblo y su
- Ha sido usted afortunado en todo cuanto eminfluencia sobre éste acrecentábase cada día más; prendió.
por eso era útil á su partido, del cual podía esperar
- Solamente así puede ser agradable la vida.
- Pues yo, dijo Campbell, jamás he pedido cosa
recompensas y honores. Sin embargo, aquellos con
quienes se ponía en contacto personal mirábanle por alguna, pero agrádame ver cómo los demás se ingelo regular con cierta prevención y hasta parecían te- nian para elevarse en el mundo. Este es una comedia
representada por muchos actores, pero yo no soy más
merle, creyéndole hombre poco escrupuloso.
Magdalena Debray le amaba y habría confiado en que un simple espectador.
él más que en ninguna otra persona en el mundo;
- ¿Qué quiere usted decir?
- Que yo no soy ejecutante en el mundo, y me
mientras que el cariño de su prima Isabel era muy
dudoso: Norman lo sabía. En cambio él la amaba de paseo por él, contentándome con mirar. La vida me
una manera curiosa, como la madre ama al niño que parece así más agradable.
- Quisiera que las mujeres lo reconocieran así.
no ha nacido aún; causábale envidia la mujer que
- ¡Otra vez las mujeres! Diríase que alguna le ha
sin auxilio de nadie podía alcanzar gloria y fortuna,
y resentía su amor propio que Magdalena lo hubiese dejado un mal recuerdo ...
- Bien; no hablemos más del asunto. Por lo
conseguido así.
N orman apresuró el paso, porque deseaba hacer pronto ...
Al decir esto, y como introdujera la mano en el
cuanto antes los últimos preparativos de viaje, peo·
sando que apenas le quedaría el tiempo suficiente bolsillo, cual si tratara de sacar alguna cosa para enpara tomar el tren después de su entrevista con la señarla á su amigo, sacóla presuroso, estremeciéndo•
actriz, y·muy pronto llegó á su casa.
se: acababa de tocar la llave de Magdalena.
- ¿Qué ocurre?, preguntó Campbell.
- ¿Has acabado ya de empaquetarlo todo, Carlos?,
- ¿Adónde fué usted el miércoles después de se·
preguntó á su criado al entrar.
- Sí, señor, y por cierto que ha faltado poco para pararse de mí?, preguntó N orman á su vez bruscadejarme aquí esa cajita de plata que está sobre la mente, sin contestar á su amigo.
- Fuí á ver la última representación de la comemesa, pues se había caído detrás del escritorio.
Norman cogió el objeto casi con enojo: Magdale• dia de Sardou. Magdalena Debray estuvo soberbia.
na se la había regalado tres años antes, cierto día
- ¡Ah, sí!, replicó Norman llenando su vaso, es
que fueron á Saint Germain-en-Laye. «Quiero darle una buena actriz.
- El otro día oí decir que era muy caritativa, pero
á usted, díjole ella, esta cajita de plata, que tiene la
figura de un corazón y le recordará el mío, que tanto que tiene algunas rarezas.
- Yo creo, repuso Norman, casi con expresión irrile ama. Es para guardar sellos; y cuando vaya usted
á Inglaterra, deberá comprar muchos para escribir- tada, que trata de producir sensación.
- Lo cierto es, dijo Campbell, que las mujeres
me con frecuencia.»
Una vez en el tercer piso, vaci16 un momento
Norman, que odiaba el sentimentalismo y las mu· tienen una singular habilidad para mezclarse en la
jeres y las cosas que pudieran inspirarle, pidió la vida de los demás en daño ó provecho suyo.
- Por lo regular, en daño, murmuró Norman le- ver una expfesi6n de espanto y tenía la boca entrecajita á Carlos, y dirigiéndose hacia la puerta bajó
abierta como para proferir un grito de dolor.
vantándose
después de encender un cigarro.
rápidamente la escalera.
•
- ¡Magdalena!, exclamó de nuevo Norman, incliEl reloj señalaba las nueve menos diez minutos.
- Señora, dijo presentándose á la dueña del hotel,
- Mejor será, dijo á Campbell, que vaya usted á nándose sobre la mesa, como para que le oyera mevengo á dar á usted las más expresivas gracias por
sus atenciones. Usted tiene un niño, y en prueba de buscarme á la estación, pues tengo una cita y no jor. ¿Se siente usted mal? ¿Qué ocurre? La actriz no
contestó.
mi agradecimiento, permítame ofrecerle esta cajita de puedo faltar.
- ¡Por Dios, hable usted! Estoy aquí, amiga mía.
Dicho esto, despidióse, y después de esperar un
plata. Cuando sea hombre, usted tendrá la sabiduría
El mismo silencio; los labios de Magdalena no
de la experiencia, y entonces haga de modo que mi momento para tomar el camino opuesto que su amidádiva sea un símbolo de su corazón en cuanto se go seguía, alejóse presuroso, tanto que á las nueve y pronunciaron una sola palabr~.
- ¡Dios mío!, murmuró Norman, ¿estará muerta?
refiera al bello sexo, porque así triunfará seguramen- cinco minutos estaba ya en el bulevar Haussmann.
Y arrodillándose á su lado examinó atentamente
Aún no se habían encendido las luces en los kioscos
en el mundo, duro por fuera, vacío por dentro.
El amigo á quien había invitado á comer no tardó en aquel largo día de verano, y Norman estaba satis- el rostro de Magdalena y bajó sus brazos; pero enen llegar; era un inglés de agradable aspecto, alto, fecho de su puntualidad; pero por más que hiciese, tonces la cabeza cayó inerte sobre el hombro. Horroelegante y bastante joven. Mientras los dos estuvie- no pensaba en Magdalena, sino en Isabel, y moles- rizado ante aquel espectáculo, ó poseído de un sentimiento supersticioso, Norman apoyó la cabeza de
ron en la mesa habló de diversas cosas, pasando rá- tábale asistirá la cita.
Pocos momentos después llegó á la entrada de la Magdalena sobre el almohadón y púsose en pie.
pidamente de un asunto á otro, como si nada tuvieEntonces recordó lo que aquellos labios, mudos
ra interés para él; pero Norman apenas le escuchaba. casa: una vez en el tercer piso, vaciló un momento,
- Paréceme, querido Luard, dijo Campbell, que y al fin, sacando la llave, introdújola en la cerradura. ya, le habían dicho antes: «Puede usted estar bien
siente usted marcharse; le veo muy cabizbajo y nada Todo estaba silencioso, y sin saber por qué, acosóle seguro de que mis labios no pronunciarán una sola
el temor de que se le preparase alguna jugarreta. Por palabra de despedida.» Pálido y tembloroso, Norman
comunicativo.
- No, contestó Norman; lejos de ello, me alegro. espacio de un minuto miró á su alrededor, escuchan- permaneció inmóvil un momento contemplando el
En aquel momento levantáronse un caballero y do atentamente, pero no llegó á su oído el más leve cadáver que tenía ante sí. Entonces, movido por un
rumor. La puerta del salón estaba enfrente;dirigióse impulso irresistible, imprimió un beso en la frente
una señora de la mesa inmediata y salieron.
- ¡Hermosa mujer!, exclamó Campbell; tiene cara hacia ella y la abrió.
de aquella mujer que tanto le había amado, y olvi- ¡Magdalena!, dijo en voz baja.
dando el presente, tan sólo pensó en el día que la vió
de mal genio; pero tal vez lo tenga peor el que la
Percibíase en la habitación cierto aroma de flores por primera vez en Aviñón, ocho años antes, cuanacompaña.
- Sí, contestó Norman distraidamente, sin saber y un ligero olor á café; mas no se distinguían bien do los dos se paseaban por las orillas del río, viendo
los objetos, porque el crepúsculo tocaba á su fin.
bailar á los aldeanos,
tal vez lo que el otro había dicho.
- ¡Magdalena!, repitió, adelantándose esta vez.
Pero cuando el camarero hubo servido el pollo y
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
La actriz no contestó una sola palabra.
la ensalada, inclinóse de repente hacia su amigo:

do, puesto que para mí el amor es la vida ... Pero no
le detengo más.
Y con aparente calma aiíadió:
- No haga usted caso de mis anteriores palabras,
porque las he dicho en un momento de excitación...
Ahora estoy ya serena... y lo estaré más tarde.
¡Adiós, adiós!

... .

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sus diversos tipos y condiciones, bellos todos, todos elegantes dustria; á sus lados otros dos edificios de menores dimensiones
y llenos de gracia, figu ras dotadas de verdadera vida, cuya ex- y de estilo griego contienen cuadros, esculturas, objetos de
presión está á la altura de los prodigios que su ejecución en· arte antiguo, cristales artístico's, armas y labores de orfebrerla,
traña.
pertenecientes casi todos á familias aristocráticas.
El célebre pintor Jan van Beers. - Oriundo de
Tarea interminahle sería citar las joyas que en este género
Bélgica este artista famoso, se consagró durante los primeros lleva producidas el pintor cuyo retrato publicamos: Parisiana,
••
años de su vida artística á los cuadros de historia, ambicionan- Psc!mlteuse, Pierrette engaité, Pierrete á 1'evanta1I, Paresse,
El paseo d e l casino en B aden-B aden, cuadro
de Stahl.-Los que estuvieron en esta ciudad del gran ducado antes de la guerra franco-prusiana y la ha~an vis_itado
después habrán podido notar en ella una gran d1ferenc1a en
punto á animación. Grande es todavía la afluencia de forasteros que en verano van á buscar allí remedio á sus dolencias_ en
sus famosos manantiales; pero á partir de 1872, la supresión
del juego, que anteriormente consentía el gobierno, ha privado
á Baden-Baden del contingente de extranjeros que dom_inados
por el vicio ó por la ambición acudían de todas partes improvisando unos, los menos, cuantiosas fortunas, dejando otros,
los más, en las mesas de la ruleta y del treinta y cuarenta,
quien el rico patrimonio de sus mayores heredado, quien el capital amasado á fuerza de trabajos y privaciones.
Esto no obstante, el delicioso paseo que delante del K11rsaal
se extiende, suele estar siempre muy concurrido por la socie·
dad elegante badense y por la escogida y numerosa colonia de
bañistas que van alli á gozar de los encantos de la naturaleza y
de los acordes de notables orquestas ó bandas militares El
espectáculo es hermoso, sobre todo por la nocbe, cuando Jc¡s
jardines y alamedas aparecen profusamente iluminados tal como puede verse en el cuadro de Stahl que publicamos y que
reproduce con tanta fidelidad como arte el único resto quizás
de la bulliciosa animación de otros tiempos,

NUESTROS GRABADOS

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 510

NÚMERO 510

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA dirfjanse para informes á ]ps Sres A. Lorette, Rue Cauma.rtin;
Las casas extranje ras que deseen anunciarse en
B
den
hacerlo
en
la
oficina
de
publicidad
de
los
Sres.
Calvet
y
C.•,
Diputación,
358,
arce1ona
núm. 61. París.-Laa casas espano1as pue

•

CIFRAS DECORATIVAS PARA ARTES E INDUSTRIAS

__________..:____________-&gt;

POR

♦ J. MAS RIERA y MANOVENS

♦

do ser el pintor de las epopeyas de su patria; de esta época
datan «i Vivan los g11euxl&gt; (que asl se denominaba á los flamencos que en r566 se confederaron contra el gobierno de España),
episodio de la batalla de Austruweel, La brttJa y El pueblo
agradecido á Santiago de Arlevelde. Poco estimulado por sus
compatriotas, traslaclóse van Beers á Parfs, en donde sus gustos sufrieron una transformación completa; la contemplación
de la vida elegante parisiense hlzole abandonar los cuadros
históricos para consagrarse á los de género que tan universal
a plauso han merecido y que tan admirados fueron en la reciente
ExposicióR Universal de Bellas Artes de esta ciudad.
Aunque van Beers ha pintado paisajes notabilisimos, retratos admirables que un célebre critico francés juzga dignos de
figurar al lado de los de Ba~tien Lepage y caprichos como la
Verónica que atraía preferentemente la atención lle cuantos
visitaban la Exposición citada, su verdadera especialidad, In
que le ha conquistado notoria fama y no poco provecho, son
esos cuadritos en que un pincel delicado manejado á impulsos
de un gusto exquisito reproduce en el lienzo á la parisiense en

Att soleil, Flirt, La lisezue, lwoucia11te, Pierrete noire y tant-0s otros esparcidos en los principales Museos y en los más
elegantes salones ate5tiguan la fecundidad del artista, que en
van Beers no es óbice para que sus obras sean un modelo en
punto á corrección de dibujo y un dechado de bellezas de color
que se observan hasta en los más pequeños detailes.
El larguísimo catálogo que sus obras componen haría supo·
ner que van Beers es de edad un tanto avanzada: nada de eso;
el célebre pintor belga cuenta apenas treinta y cuatro años, y.
si ha producido tanto y tan bueno débese en primer término á
su facilidad, hija del talento y del estudio, pero también en
buena parte á su amor al arte y á su laboriosidad extraordinaria.

•••
Hierros artísticos de la Edad media. - Si impor-portancia tuvo el hierro en el movimiento artistico é industrial
de los tiemp-0s medios, es incalculable la que hoy representa,
dadas las múltiples aplicaciones de este
metal. Tan duro como resistente, exige
del artlfice habilidad y destreza para la
producción de e,as obras de cerrajería admirables, ya que un martillazo dado en
falso puede inutilizar la labor inteligentemente comenzada.
De aqul que la reunión de ejemplares
producidos en distintas épocas sea de indiscutible importancia, no sólo por los antecedentes que facilitan para la historia del
progreso de la humanidad, sino también
por la e11señanza que reporta su detenido
• examen. De ahí el interés que despiertan
las colecciones que existen, reunidas á
costa de no escasos dispendios, las más de
de las veces por la iniciativa particular.
Entre las que figuran en la capital de Francia, merece citarse la de M. Lesecq, de la
que forman parte los cuatro nc,tables ejemplares que reproducimos. Cada uno de los
grupos en que se subdivide despierta interés extraordinario; si se examina, por
ejemplo, la colección de llaves romanas,
galas, merovingias, romano-bizantinas, góticas, del Renacimiento y modernas,·nótase que en cada ejemplar se hallan marcada; las laboriosas etapas por que ha debido atravesar la cerrajerla y las transformaciones determinadas por la civilización.
Lo propio acontece con los aldabones,
cerraduras, rejas y demás productos de la
cerrajería, en punto á la cual los modernos
progresos no han llegado á igualar la belleza de los antiguos ejemplares, de que
pueden servir de muestra las preciosas labores que reproducimos.

Fig. 2. Vista del ténder y algunos vagones del tren exprés
(De fotografía remitida por D. Andr~~ "Rul; _Cobos1 de Burgos.)

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•••

Choque de trenes ocurrido cerca de Burgos en la noche del 23 de septiembre último. - Fig. r. Estado en que
quedaron las dos máquinas después del choque. (De fotografia remitida por D. Andrés Ruiz Cobos,
de Burgos.)•

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

JYa están aquí!, cuadro de A . Jourdan, grabado por Baude. - Si en vez de decir están dijese está,
poco nos costaría saber á quién se refiere la exclamación que
sirve de epigrafe á este cuadro; usando el verbo en plural quédanos la duda de cuáles personas aguarda con tanta impaciencia la joven del hermoso lienzo de J ourdan: de suponer es, sin
embargo, que han de ser muy queridas, sus padres, p-0r ejem·
p_lo; ,n? otra cosa se desprende de la expresió~ de aq~ella
s1mpat1ca figura tan bien reproducida por el eminente pintor
francés y con tanto gusto colocada en el delicioso paisaje que
le sirve de marco y de fondo.

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•
••
Choque de trenes en las cercanías d e Burgos.
- En la noche del 23 de septiembre último el exprés de San
Sebastián y el tren mixto de Madrid sufrieron á tres kilómetros de Burgos el terrible choque origen de la catástrofe que
tan honda impresión ha producido en todos los ánimos, !1º
sólo en España, sino en el extranjero, y cuyas consecuencias
lloran y llorarán por mucho tiempo las familias de las nume•
rosas vfctimas. El jefe de servicio de la estac;i6n de Burgos
dió salida al exprés sin recordar ó ignorando que momentos
antes se habla concedido vfa libre al mixto que en aquellos instantes y procedente de la estación inmediata de Quintanilleja
ocupaba la vía única que enlaza ambas estaciones. Pocos minu•
tos después ocurría la catástrofe. La descripción que del suceso
hacen los viajeros que lograron salvarse horroriza y éonmueve:
apenas pasados los primeros momentos, pudo conteJllplar~e un
espectáculo aterrador. Las máquinas aparcdan aplastadas una
contra otra y los vagones destrozados en inmenso é informe
montón; los viajeros que salieron ilesos corrían desalaclos de
una pa•te á otra, buscando unos á individuos de su familia que
no aparecían, procediendo otros á sacar de entre los escombros
á los que aún con vida estaban, prodigando todos solícitos cuidados á los que de ellos se hallaban necesitados.
¿Para qué mas detalles del siniestro? Interminable sería
nuestra tarea si hubiésemos de referir los conmovedores episodios que allí ocurrieron; imposible relatar los rasgos heroicos
que con tan triste motivo se registraron. Del tren mixto se sal·
varon todos los pasajeros; sólo murió el desgraciado maquinista D. Pedro Jaca, que habiendo podido salvarse, puesto que
habla conseguido parar su tren, quiso morir en su puesto Las
últimas palabras de ese héroe, de ese mártir, fuer9n : &lt;Muero
satisfecho; he cumplido con mi deber y he salvado la vida á
muchos semejantes míos.&gt;
Los muertos que han resultado del choque son hasta ahora
quince; los heridos, según noticia oficial, veintitrés. Entre los
primeros se cuentan dos ingleses, Mr. Cotton, abogado, y
"1r. Maury Celong; D. Lorenzo Leal, periodista sevillano;
D. Celestino Rico, magistrado de Vitoria, y D. Juan Allmrto,
rico comerciante y propietario de Bilbao, una bija de los mar·
queses de Camarines y otros viajeros y empleados del tren
exprés.
Los dos grabados que publicamos y que están tomados de
fotografías sacadas por D. Andrés Ru:z Cobos, de Burgos Iá
quien vivamente agradecemos su envío!, permiten formarse
exacta idea de la magnitud del siniestro, acerca del cual creemos ocioso hacer comentarios porque están en la mente de
todos los que conocen las deficiencias de nuestros caminos de
hierro.

t 1~:

ANÉMIA. -

LINFATISMO

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u sma DEL

EnfermedadeSdel Pecllo

•••

Monumento erigido en honor de lord Napfer
de M agdala, e n la plaza de Waterloo en Londres. - l{ecientemente se ha inaugurado en la capital de Inglaterra este monumento levantado á la memoria del ilustre
mariscal de campo inglés, ha poco fallecido, de quien el príncipe de Gales en el acto de la inauguración dijo emocionado
•
que habla sido «fuerte, perseverante, rápido en su acci6n, sin
••
miedo y sin tacha, amigo de los desvalidos, apoyo de los desExposición de Praga. El edi- amparados y valiente hasta la temericlad, cuando del cumplificio central.-Para conmemorar el
centenario de una grao Exposición que se miento de sus deberes de soldado se trataba.»
La estatua, que se alza en la plaza de Water loo, dando frente
celebró en Praga, se ha inaugurado hace
á
Piccaclilly, fué empezada por el difunto escultor Edgardo
poco en esta ciudad otra en donde se han
reuni~o los p roductos de la agricultura, Behm y ha sido terminada por Alfredo Gilbert.
de la mdustna y del arte bohemios.
Los diversos edificios que la componen
son de diferentes estilos y álzanse entre los
JABON REAL
JABON
bosque~illos y _jardines: el central, que reprod~cimos, llene. verdadero aspecto de
H
E
VELO
NE
palacio y está destina:lo á la sección de in- ~ewm1Dd&amp;Jo1 por autoridadllS modicu pm la Bi¡i1D1 de la Pi1l 1 Bellon (el ColOJ

!, ruedes Lioos-Sl-Paol, l Paris. ,

Deposito en todas las principales Boticas y Drogneriaa

Jarabe Pectoral

CARNE yQUINA

DE

P. LAMOUROUX

VINOÍlifiü'fi'·~~;QUINA

T COJ( TODOS LOS nmCtPIOI mrramvos SOLtJBLBS DB u CARNE
•111iu1 son 101 elementos que entran en la comoostcton de este potente
4'&amp;~dnd~ ?:a tuerzas vitales de este toniaea■se por e11eeleaeia. De un gusto surepara8 or
beran'o contra la ..tnemta y el Á1H)camttnto, en las Calffltura,
1
mame ~c~~:!:I&gt;Jnfrallfas I&gt;taN'ea, y las .Afecctone1 del Bltoma(lo y los ,ntut,no,.
1 onr,
la d despertar el apetito, asegurar las dlgesUones, reparar las ruerzu,
en':,l1an~:fa \:ngre~ entonar el organismo y precaver la anemla_y las eptdemlu pro,or ¡08 calores, no se conoce nada superior al l'la• de 1t•aa■ de .t.rou41.
&amp;e11 Pari1 en casa de J. FERÚ, Farmaceulico, tot, rue Ricllelieu, SacelGt deA!OOD.

J

-~,or.

~ f l l . .. _

•

SB VBMDB BM TOO.U LAS PRINQIPil.Ki BoTlQ.t&amp;

EXIJASE

II

A!º=' ARO UD

Antas, Farmacéutico

~s. Calle Vauvilliers, :Parls.
El Jarabe de Pierre Lamo11roux es
el Pectoral por excelencia
romo edulcoran te de las tisanas, á
l11s cuales comunica su gusto agradable y s11s propiedades c11lma11tes.
(Gaceta de los Hospitales)
Querido enfermo. -Flest Vd. • mi lart• experiencl1,
1 hata u10 denuestro1 6R ANOSde SALUD, puea e//01
le cur1rtn de , u con,t,pac/on, le dartn 11petito 1 1•
dero/rtrln el 1ueño 1 la aletria. - A11 r1rir4 Vd.
111ugho11ñq1, d11frutando 111mpr1 dt una buena talud.

Deposito General : 45, Calle Vauvilliers, 45, PARIS
Se vende en todas las buena, farmacias.

�LA lLusTRAcióN ARttstttA

NúMERO 510

1

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MONUMENTO E RI GIDO EN HONOR DE LORD NAPI ER DE MAGDALA E N L A PLAZA DE WATERLOO, LONDRES

CARNE HIERRO y QUINA

ENFERMEDADES

11 Alimento

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
a BISMUTBO 1 MAGNESIA

Becomendado1 coolra lu Afeoclonea del Est6·

mago, Falta de Apetito, Dlgeatlonea labo•
rio,su, Aoedlaa, Vómitos, Eruotoe, y COUooa;
regularlu.n las Funciones del Estómago y
de toa l!Keatlnoa.
• E1ltlrenelrotu/o I rrma d1 I, FAYARO.
&amp;dh. DETBAN,Farmaoeutlooen P.UUS

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unido a los 'tóD.Lcoa 11W reparadores.

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T COK TODOS LOS HDICJPIOS 1fO'raJTIVOS DD U CARNE

e.&amp;an an:aao y_ ,IID&amp;I Diez

años de extlo 00nt1nu&amp;c10 y las afinnactone1 de

todas las emlnen01111 médicas preuban que esL&amp; asoc1aciou dti la C■rDe, d UierH y la
9',haa conauLuye el reparador maa encnrtoo que se conoce para curar : la Clorósú, la

l11tm"1 las .llenst~ dolorosa,, el Jlmpol&gt;r«(m(nito 7 la .Alteracton ae la San(lre,
el Jla,¡uttú""' i.,a .A(ecaorta ucro(UlOIIU Y acor~tfclU, ele. El l'in• Perrusla-■e de
&amp;reud ea en' efecto, el linlco que reune todo lo que' enlona y fortalece los organos,
regulariza' coordena y aumenta constderablemcute 1u tuerzu ó lntunde a l&amp; ~
empobrécfoa y desoolorld&amp; : el Ylqor, la Coloracm,_ Y la llMr~

°''.al.

Por navor1 a Paria, en casa de l. FEW, farmacentíeo, tot, rae R1cheltea. Sucesor de .lROUD.
SK VDDII BN TOD..S L4S Pl\lNClP.u.BS BOTla.&amp;.s

•

EXIJASE e1i: t~i: ARO UD
0

if.ll&gt;ADES4,,E,ro,t
t'+-'t
~
r,iflo

Pepsina Boudault
,probada por la .mDE111, DE IEDICIIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856

1

.., •JARABE
ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT . .
...,.,u,,11,
CALLJI Da

anou. i10. ,..._1u•, 11 -

C.dlle l•e.ff■rtn•o.._

Kl rABABE DE B.RI.ANTrecomendado desde ,u :,rlnclplo por los profesores
Laennec, Thénard, Oueraant, etc.; na recibido la C('IQBagracl6n del tiempo: en el

año i829 obtuvo el privilegio de Invención. VERDADEIID CDIFITE PECTDIIALL~n base
de goma y de ababolea, conviene sobre todo a las personas delicadas como
mUjeres y niños. su gusto e1ce1ente no perJudlca f.n modo alguno é. su incacla
l. contra los RESFRl!DllS y todas las 11nuu.c1ons del PECHO y de los IHESTl!OS. _.

Partlctpando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas Pildoras se emplean

especialmente contra las E■crofulu, la
Tisl5 y la Debilidad de temperamento,
as! como en todos los casos{Páudo■ colorea,
.a.menorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 ·regularizar su curso periódico.

Mtd&amp;llu en la1 E1po1lcion11 laternaclooalt1 de

PUIS • LYOI • VIEU • PIIILADtLPIIU • PARIS
11m

1867

18:3

1876

a■ l•PLl:l COR IL MATOI jJITO

ª" LM

lr.8

- ~

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

JARABE Y PASTA~!~~~ lfí'mm,.?25 Fannacenttco, en ParJJ,
de H. AUBERGIER
"';/,,~/:' ~

T OT&amp;0I DIIOJ.l&gt;llnl Z&gt;I L4 DIHITIOII

BASO LA FORll.4 DE

ELIXIR• , de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
P!IIS, Pharmaole COLLAS, S, rae Daaphhlt
J

, .,. la, pri~cloaü,

'ª"""°"''•

COD :r.A.0'1"0'~ (Jugo lechoso de Lechuga¡
,, (lonor.
Aprobados por la Academia de Medicina de Parle II lnHrtada. en Ja Co1ecc,óa
0/lolal de Fórmula■ L■galH por decreto mlnt■rerial de 1 O de .A:lar•o de 181:&gt;4,
e

Una completa lnnoculdad, una encacla perfectamente comprobada en el catarro

lfJIMmtco, las Bronqultú, Catarro,, Reuma,, To,, aima é lrrltacloll de la garganta, han
jfrangeado al J&amp;R&amp;BE y PASTA de AUBERGIER una lnruenRa rama.,.
, (Bstraelo '41 Fol'l!lulario MUico '41 8" Bowd4r,cr CGll/lrdlice '4 la Fae111t44 '4 Metlieiu (16- ,dicadllJ,

venta por mayo~: COll.&amp;l\ T e-, sa, C&amp;lle de St-Claude, PARIS
DEPOSITO EN LAS PIIINCIPlLES soncas

.

Rue Bonaparte, 40

NB

El loduro de hierro 1mpuro 6 alterado
, • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas Ptldora. de Blaneard,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuest-ra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de ga~antla de la Uni6n de
, toa F'allrloantea para la represión de la falsl•
' ncaclón. 6'
' 1 •SB JL\LLAN' BN TODAS LAS PA1\IUCIA8

PATE EPILATOIRE DUSSER
~
"'

dealnl,e huta Ju RAICES el Vl!LLO del 11111ro de lu •mu (Barba, Blrote, etc.), 111
lliacun peligro pan el cuila. SO .&amp;iioe 4• Ílslto, J mll1uea de ttali■ooloa rarulhu la efturt1
ata pnparaáoa. (S. ,elide e■ 11Ja1, ~ la barba, 1 n 1/2 o■Ju pua el biJot• lire11). Pan
1t1 kuot, 111pl611u1 .l'JLJ t'U.1u,:.. Dv•ama, l,rueJ.•J,.Jl.ou■H■u, Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad art!stica y literari1
h,tp, DI MOHT4Hll Y

su,ó•

.

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                    <text>·. itrtél C10t)
11tí~t1ea
A~o X

BARCELONA

12

DE OCTUBRE DE

189 1

NÚM.

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

SII

�LA lLostRACióN ARtísttcA

NúMERO 511

Borbón y Este no puede vivir en España, ni si- ci6n del Guiltermo Tell aplaudíamos el cántico inmorquiera
en Francia, por su horrible_tradi~i~n absolu- tal tan milagrosamente por Tamberlik expresado, no
Texto. - Mur111uraciones mropeas, por Emilio Caslelar. ¡Caridad!, por F. Moreno Godino. - SECCIÓN AMERICANA: tista, D. Felipe de Orleans no puede vivir en la re- sólo por devotos del arte, por devotos de la repúbliCuate111ala y Quezaltenango, por A. - Nuestros grabados. - pública francesa por sus aspiraciones perturbadoras ca. Pues qué, los italianos, tan dispuestos á criticar
La Cuerda, por M. Julio Claretie (de la Academia France• á la reconstrucción de un trono derruido por la vo- ahora cualquier protesta de los franceses contra la
sa). Ilustraciones de Juan Beraud. - SECCIÓN CIRNTfFICA:
música de los alemanes, en el tiempo y sazón en que
Electricidad práctica. l. Un nuevo interruptor de mercurzo. luntad nacional. Y así como creí' en la cuestión de
11. Una cerradum eléctrica. - Surtidor atmos(énco de salón. los príncipes que deb,fan ' éstos ser expulsados de la los alemanes les detentaban el Véneto y el MilaneGrabados. - D. fuan Tenon·o, obra escultórica de D. Ag~s- república, creo en la cuestión del Lohengrin que no sado, ¿no hacían lo mismo, quizás más, que hacen
tín Querol. - Los iguanodontes fósiles del Museo de H1s· ha debido tolerarse tal ópera en el teatro nacional ahora los despojados por la victoria de su Alsacia y
toria natural de Bruselas. - Proyecto aceptado por el Gode su Lorena? No están muy lejos los tiempos en
bierno inglés para la construcción del nuevo edificio de_l Mu· francés. Por las particularidades varias que tiene
seo South Kensington, en Londres, obra del arquitecto cada pueblo y por el imperio que sobre todos ejer- que aparecían por todas las ciudades italianas leyenMr. Aston Weeb. -Descanso del modelo, obra de D. Aniceto cen las costumbres, en Francia el teatro de la Opera das diciendo ((¡viva Verdi!Y&gt; ¡Y cuánt9 no tardaron en
Marinas ( Exposición nacional de Bellas Artes de 1890). - es una institución del Estado, subvencionada con reconocer los recelosos conquistadores con los viejos
Las inundaciones de Conmegra (seis vistas de fotografía). cerca de un millón por su presupuesto, y sus empre- tiranos que aquel ¡viva! era un anagrama, en que la
Cuatemalay Quezaltenango: 1, Teatro Nacional en Guate·
mala; 2, 7 y 9, Indígenas guatemaltecos; 3, Fuente de Xoco- sarios no pueden gozar de aquella libertad natural á v de corazón significaba Víctor, la e significaba
tenango en los alrededores de Guatemala; 4, Banco colom• los empresarios particulares y sujeta al principio y Emanuel, la r significaba rey, la d significaba la prebiano en Guatemala; 5 0 Palacio en la ciudad de Quezalte- al derecho común de la libre concurrencia. Además, posición de génitivo de y la i significaba Italia, dinango; 6, Penitenciaría en Quezaltenango; 8. Castillo de
ciéndose con esa muestra de admiración á un músiSan José en Guatemala. - Ciudad Vieja y Guatemala Anti- yo creo desacertada política la que arriesga muy
co palabra tan subversiva, en Milán, en Venecia, en
grandes
intereses
ó
corre
algún
peligro
por
cosas
de
gua: 1, Iglesia de la Merced en Ciudad Vieja; 2, Ruinas de
la iglesia que en Ciudad Vieja fundó D. Pedro de Alvarado; poca importancia. Con valer mucho el nombre in- Parma, en Módena, en Florencia, en Roma, en Ná3, Ruinas y Palacio Municipal; 4, Convento de la Compa- mortal de Wagner, con merecer un aplauso real su poles, en Palermo, como ¡viva Víctor Manuel, rey
ñia de Jesús; 5, Ruinas de Guatemala Antigua; 6, Vistas del
de Italia! A mí nadie me lo ha contado; helo yo misvolcán de Agua (de fotografía). -Los huérfanos, copia del maravilloso Lohengn'n, yo nunca hubiera expuesto el
notable cuadro de A. Echtler.-Interruptor de mercurio. - Estado y el gobierno á dificultades con los partidos mo aun visto cómo se aprovechaban de la música
Cerradura eléctrica. - Figura 1. Surtidor atmosférico de sa- interiores y á dificultades con las potencias extran- los italianos para expresar su justísimo disgusto por
lón. - Figura 2. Sección vertical del surtidor atmosférico de jeras por una simple cuestión artística. Cuando el la opresión y el desmembramiento de su patria. Mi
salón. - Febrero, cuadro de D. Emilio Sánchez Perrier
riesgo sube como ha subido ahora, el error me pare- primer viaje á Italia fué un año después que á la
( Exposición general de Bellas Artes de Barcelona, 1891).
ce
más trascendental y más imperdonable. Seda no ilustre nación se rl!incorporara el Véneto definitiva........ ...,.__....,,_,....,....,, - ~~
._ ......,,...,.
tener sentido común el pensar que una representa- mente. Habíame yo detenido en el muelle de los esción de cualquier ópera del genio alemán podía p:i.- clavones, sobre aquel puente, á cuyas espaldas se
MURMURACIONES EUROPEAS
sar
sin protesta en el suelo francés. ¿Quiere la blon- alza el puente de los Suspiros, para ver cómo se poPOR DON EMILIO CASTl!.LAR
da Germania que nuestra religión se impregne de su nía el sol tras la mole marmórea del templo de la
La representacién de Lohengrin en la Grande Opera de París. especial cristianismo, que nuestra crítica persevere Salud y cómo nadaban en sus arreboles, cual místi-Aspecto político de un asunto artístico. - Dificultades para aún en tomar lecciones de su profundo indagador, cas velas camino del cielo, aquellos campaniles de
estimar en paz las obras de arte mientras dura el estado de cuyas ideas han sondeado los abismos de la razón San Lázaro armenio y San Jorge Mayor que parecen
guerra entre Alemania y Francia, - La música y los músicos
en los combates internacionales. - Manifestaciones por n,edio pura; que adoptemos el método y la dialéctica de corales-rosa é irisadísimos ópalos. Tocaba en la
de la música en Italia desmembrada. -Temeridades múlti- sus escuelas filosóficas; que reconozcamos en su ca- piaizetta, no recuerdo á santo de qué, tal día y á tal
ples de los manifestantes parisienses contra \\'agner. - Méri- tedral de Colonia la matriz de todas nuestras cate- hora una música militar, cuyas cadencias llegaban á
tos del gan compositor. - Caracteres de su genio y tendencias drales góticas; que nos extasiemos con su música, mí con esa dulzura prestada por el celeste lago á
de su obra. - Conclusión.
proclamándola cántico del pensamiento ideal ó ale- todos los sonidos y admirablemente puesta y reproteo del alma desceñida y separada de la materia, con ducida en las cadencias con que acompaña Rossini
I
lo cual rendiríamos quizás un tributo justo á su mé- los versos del Dante al comenzar la última escena
Cuando el aire se halla cargado de verdadera elec- rito intrínseco y á su genio creador? Pues que ÍUlil· del Otello. Llevaba yo dos gondoleros conmigo, y
tricidad, todo bajo ~¡ se electriza, ó con fluidos ne- de su política interior en el derecho tan maravillosa- habiendo dejado atracada la góndola en el muelle,
gativos ó con fluidos positivos, de todas suertes con mente formulado por sus grandes pensadores, y su uno se vino á mi lado para servirme y acompañarme
fluidos opuestos y entre sí combatientes. Nada en política exterior, no en la guerra y en la conquista, á mi vuelta. Yo veía la puesta del sol y escuchaba
su esencia tan pacífico y tan pacificador como la mú- en el cambio de todos los productos del trabajo y de los acordes sonidos sin curarme de cosa ninguna,
sica. Sus armonías aparecen como lo más disonante todos los rayos luminosos que se di¡:igen unos á otros cuando el gondolero me dice «música nacional, Y&gt;
con las disonancias de un combate y con los odios los respectivos espíritus de cada pueblo en el tiempo con un aire de satisfacción indecible. Entonces yo,
de una guerra. Pueden las trompetas bélicas de Ge- y en el espacio á manera de los astros en el cielo in- tan amante como él de la independencia y de la unideón arruinar los muros ciclópeos de Jericó, pero no finito. Europa está perturbada por el acto brutal que dad italianas, por las cuales había combatido en la
la dulce lira de Alfeo que levanta sobre sus notas la fuerza victoriosa perpetrara, separando Alsacia y prensa de mi patria como si de una cuestión integrandes y hermosas ciudades. Cuando Apolo quiere Lorena de su nacionalidad, fundada en el consenti- rior y nacional se tratase, díjele, por oirle: «Cuéntan·
combatir se vale del arco y de la flecha, no de la cí- miento y en el amor de todos sus hijos desde los me que tocaban mejor los austriacos » «¿ Los austriatara luminosa y del regalado plectro. Verdad que to- Vosgos ó el Rhin hasta los Pirineos, y esta perturba- cos?» me respondió, preguntándome á su vez. «No lo
mó parte activa en la troyana guerra y mandó las ción únicamente puede calmarse por justas y debi- sé. Nunca los aí.» En efecto, así que iban las bien
pestes asoladoras á los campamentos de Frigia en- das reparaciones inmediatas. Mientras dure, dejando concordadas músicas del Austria á tocar en la plaza
cendida en combates continuos; pero lo hizo el dios aparte la necesidad imprescindible de los armamen- de San Marcos, los patriotas venecianos se marchahermoso y melodiosísimo, según vemos en su cantor tos que nos arruinan y el recelo de la guerra que nos ban por no escucharles, creyendo traicionar con el
Homero, á fin de que la tierra helénica se libertara per,urba, la enemistad entre dos grandes pueblos oído al corazón. No recuerdo haber criticado esto
en aquel encuentro con Asia de sus primitivos tira- cultos habrá de manifestarse, como que se halla en en mi larga vida pública; más bien lo he sostenido
nos y resplandeciera después en paz con el resplan- el ánimo de cada uno, por los medios más extraños, y alabado muchas veces, Por ende no me desplacen
dor de la libertad. Si nos hubieran dicho que la re- por la defensa en Alemania de poner la lista de los ahora las protestas contra Lohengrin. Cuando se papresentación y canto de una ópera podría producir platos y el número de los aperitivos á las comidas dece mucho, no suelen mirarse nada los medios em-.
un conflicto internacionak creeríamos soñar despier- en francés ó de beber el espumoso y alegre vino de pleados en expresar el padecimiento. ~ólo un estoitos. Pues bien: si tras los triunfos morales de Fran- la hostil Campaña, y en Francia por la negativa de cismo singular y una fortaleza verdaderamente supecia en la correría última de su escuadra y los diti- los pintores á presentar sus cuadros en las Exposi- rior logran sobreponerse al dolor y acallar su exprerambos del emperador Guillermo en el banquete mi- ciones berlinesas ó por el ruido y el estruendo y el sión siempre desordenada. Pero el estoicismo frío y
litar de Erfurt, se infiere en París un verdadero in- barullo á cada nueva representación del discutido la sobrenatural fuerza no penetran mucho en el seno
sulto á la embajada germánica con motivo del zaran- Lohengrin.
de las colectividades, quienes gritan y claman siemdeado Lohengrin, quizás hubiese traído la catástrofe
pre que sienten, sobre todo siempre que padecen.
temida, como el abanicazo dado por el rey de Argel
Y tienen por fuerza que sentir los pueblos el cercén
II
al emperador de Francia trajo la pérdida para el isde órganos importantes y primeros suyos, la separa·
lam y los islamitas de su incomparable Argelia. Pero
Casualmente la música sirvió siempre de fácil cau- ción de regiones integrantes en la patria común,
hay que mirar esta cuestión, de tan graves proporcio- sa y de natural ocasión á muchas manifestaciones cual esas regiones de Alsacia y Lorena; á la manera
nes por algunos días, con verdadera &lt;!alma y juzgar• políticas. Arte muy de sentimiento, penetra con pron- que nuestro cuerpo puede sentir los trozos de carne
la con sereno juicio. Este asunto no puede conside- titud en el corazón popular y bate las pasiones hu- arrancados á él con tenazas ardientes ó el alma los
rarse como un asunto artístico; por circunstancias de manas como el viento las olas. Rossini dividía las objetos queridos que le arrancan el desengaño y la
todos conocidas este asunto se ha elevado á las altu- cosas en aquellas que cantan y aquellas que no can- muerte. No tiene remedio: quien de veras y mucho
ras de un asunto político. Me duele decirlo, porque tan. Y decía que sobre todas las 0tras cosas cantan padece, cuando alguna consideración superior no le
muy republicano yo, pero muy conservador al mismo en este mundo tres: la libertad, la religión, el amor. veda la expresión de su padecimiento, se queja y
tiempo, conservador de la república, conservador Y en efecto, los gobiernos opresores no consienten duele como Dios le permite y no se anda en repulde la democracia, conservador de la libertad, siem- las óperas republicanas. Durante muchos años de mi gos. Si el príncipe Jerónimo Napoleón pudiera ó la
pre que me hallo en algún asunto con los radicales vida he visto yo negada en el teatro Real de Ma- princesa Murat quisiese hablar, contaríannos cosas
de acuerdo, propendo á creer que no tengo razón: drid la representación de la Mutta, porque desperta- nuevas y no sabidas respecto del recuerdo guardado
así los juzgo de locos y desvariados. Pero sucédeme ba la revolución y los barricaderos en el recuerdo por los españoles de su guerra con los Bonapartes
con este asunto de Lohengrin lo mismo que me su- popular. Cuando en la Roma pontificia se cantaba la medio siglo después de aquel esfuerzo en que no
cedía con el problema de la expulsión de los aspiran- Semíramt's, no podía decir el tenor: «estamos en Ba- perdimos un átomo de nuestro suelo y llenamos con
tes al trono. Yo estaba en esta cuestión al lado por bilonia,» y cuando se cantaban los Puritanos había páginas de honor nuevas las hojas de nuestra histocompleto de todos los republicanos radicales; yo se- que suprimir la palabra «parlamento» y que reempla- ria. El amor á la patria como el amor á la familia
guía y sigo creyendo que los aspirantes á reyes no zar la voz «libertad» en el maravilloso dúo con una voz encuentran dentro de sí exaltaciones difíciles de com·
tienen capacidad para ciudadanos iguales á los de- tan opuesta de suyo al sentido de aquellos versos y prender y menos de adivinar fuera del pueblo y del
más, en tanto que latan y coleen sus aspiracitmes de á la significación de aquella música como la voz «leal- individuo que los siente; por Jo cual precisa en su
anteponerse y sobreponerse á todos en una vincula- tad » Yo recuerdo cuánto aprovechábamos en las mo- caso ponerse y decir cómo hemos procedido todos
ción del poder por siglos de siglos. Ni las repúblicas cedades nuestras cualquier coyuntura teatral para cuando hemos visto amenazada una parte mínima
pueden consentir los pretendientes en su seno, ni las una manifestación política contra Isabel II y á favor del territorio nacional. No se trataba de Venecia·.y
monarquías los competidores, Como D. Carlos de· de nuestras ideas democráticas. A cada . representa· Milán, de Metz y Estrasburgo; tratábase de madréSUMARIO

NúMERO 51 I

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

poras perdidas en el
Océano é ignoradas generalmente; tratábase ;
del archipiélago caroli,no, timbre de honor, no
materia de provecho. y
porque lo amenazó Bismarck nada más que
con una puntilla de codicia y un amago de
ocupación, juramos á
una todos los españoles
no volverá comprar en
toda nuestra vida productos alemanes. No
condenemos, pues, . en
los demás aquellos mismos actos de que nosotros los españoles hemos dado á los otros
pueblos enseñanza y
ejemplo.

á la política, por ejemplo, como el nombre de
Rossini ó de Bellini ó
de Donizzetti. El gran
músico, y en esto lo
aplaudo, pertenecía, como el gran poeta Schiller, á las ideas republicanas. La propia patria,
en cuyos anales debía
inscribir nombre como
el suyo, de primera magnitud, lo proscribió du·
rante la revolución del
48 por haber defendido en los clubs el espíritu y el principio de·
mocrático, que sublevaba entonces los ánimos
de un extremo á otro
extremo del mundo germánico y tenía en guerra todos los pueblos
III
con todos los gobiernos
alemanes. Después,
Lo que verdadera•
cuando el azar y la formente disgusta en tal
tuna lo constituyeron en
circunstancia es: que haprivado y favorito de un
ya un partido como el
rey estrambótico , cual
boulangerista hecho de
el pobre demente Luis I I
la representación del
de Baviera, no se limitó
drama de Wagner un
á componer música para
asunto propio y tomado
él solo, contribuyó á que
posesión de él con ma•
aquel filógalo y prusianifestaciones desordena·
nófobo se desasiera de
das y hasta indecentes,
Francia, en curo honor
las cuales han producido
había levantado hasta
una reacción completa
templos, y se uniera con
en los espíritus maduros
Prusia, protestante y
y graves. Nadie tiene
casi eslava, para quien
menos derecho á echár•
fué quizás el primero en
selas de patriotas, como
pedir la corona de un
aquellos que han que·
Imperio, por cuya conrido arrastrar el ejército
servación en el Austria
francés á los pronunciacatólica y en la dinastía
mientos, precursores
de los Infantes españode la guerra aivil, y
les habían hecbo tantos
humillar al pueblo fransacrificios, continuando
Los iguanodontes fósiles del ~foseo de Historia Natural en Bruselas
cés b aj o pretoriana y
una tradici6n atavista
demagógica dictadura
con la continuacion del
que hubiese resucitado el cesarismo con todos sus vi- provocadores y de aqueilas blusas b!anca'S que reunía I proceder seguido casi si'!mpre por sus regios y relicios y sin ninguna de sus glorias. Luego las manifesta- el Imperio en sus falsos motines de aparato y de pro- giosos abuelos. Después, en cuanto Francia fué venciones en las calles, que las leyes francesas prohiben, y vechq. Turbar el orden público en las arterias de cida, Wagner manifestó un gozo de hiena, cebándola triste agravación de tales desobediencias y desacatos París; obstruir con grupos airadísimos la explana- se con furor en los cadáveres y en los supervivientes,
con palabras malsonantes y con acometidas brutales da que precede al gran teatro lírico; decir palabras á quienes debía preservar de chanzonetas bárbaras
han acabado en el concepto europeo de perder este indecentes y regoldar insultos soeces sobre aquellos la desgracia de su rota y la santidad de su martirio.
desahogo. Pero sobre todo y ante todo, el estado inter- q_ue van con derecho y por gusto á una representa- Y aparecía tanto más punible y más merecedor de
nacional recrudecía y enconaba los peligros. Así como c1ón; exponerse á un combate cruento en la calle de censura este agrio proceder suyo, cuanto que podía
debe decírsefe al gobierno que no ha debido meterse Lila por arremeter á la Embajada germánica que imputarse, no á patriotismo, no á sentimiento de
en los laberintos de un desorden público por cosa preserva de todo atentado el derecho internacional raza y familia, no al viejo amor de la libertad, á un
tan secundaria como la representación de una 6pera, reconocido por todos los tiempos y por todos lo~ desquite del amor propio, herido por la silba espancuya inmortalidad podía esperar coyuntura más feliz pueblos, unos en admitir la inviolabilidad completa tosa que los parisienses propinaran al Tanl1ausser la
de aparecer, debe decírsele á los los ciudadanos que del enviado diplomático; alardear de injustos respec- cual asombró su vida entera, siquier no eclipsara'su
no han debido aumentar por 1~ misma baldía cues- to al genio de un músico tan incontestado ya como indecible genio. Francia hizo mal desoyendo una

Proyecto aceptado por el Gobierno inglés para la construcción del nuevo edificio del Museo South Kensington, en Londres. Obra del arquitecto Mr. Aston Weeb

tión las dificultades exteriores de su gobierno en los
días subsiguientes al discurgo bélico de Erfurt. Eso
de intentar irse á la Embajada germánica ó de penetrar en cervecerías bavarescas con ánimo airado, puede tan sólo cpncebirse por los días de aquellos agentes

el genio de Wagner; perpetrar estas y otras faltas
análogas, hame parecido cosa propia para perder en
la opinión europea la tesis por mí sustentada, la tesis de que ahora no ha debido cantarse aquí Lohengrin. El nombre de Wagner no resulta, no, tan ajeno

obra maestra; los gomosos de la 6pera entonces no
sabían lo que se pescaban con preferir los bailes
aparatosos y sensuales á las melodías sublimes del
gran cantor alemán; aquella condenación definitiva
y suprema fué un error maldecido por la estética

�LA

NóMERO 51r

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NóMERO

5r 1

de la campana, en los acordes del órgano, en los sal- No sé si las aficiones astronómicas de Mr. 0-Comos de la liturgia, en los ritós que han esmalta~o nallsh, transmitidas hasta cierto punto á su hija, connuestra infancia, en las elegías y en las lamentacio- tribuyeron á todas estas cosas juntamente con la
nes que mañana mismo herirán las losas de nuestro influencia de la edad que avanzaba hacia la adolessepulcro, en toda la tradición romántica y católica. cencia; pero lo cierto es que en Clarisa pasaba algo
Peto será bien que continúe tal puro arte allá en su desconocido tan peligroso en la mujer-capullo.
En las noches serenas del estío, cuando la luna no
templo de Bagreuth como continúan los frescos del
Giotto y de Orcagna en el cementerio de Pisa, y re- alumbra la tierra y el cielo destaca más intensamente
suene desde allí en teatros donde no despierte, co- todas sus magnificencias, la niña, sentada junto á su
IV
mo en el teatro de París, los recuerdos tristes de la padre en la puerta de su casa, oía embelesada las
invasión y no agrave los dolores del desmembra- descripciones astronómicas del antiguo marino, siYo, sin embargo, sentiría mucho que todo esto miento.
guiendo con la mirada la luminosa· huella de las escediera en daño del músico, y lo sentiría por el nútrellas fugaces, oyendo con el interés de un cuento
Madrid 30 de septiembre de 1891
mero de razones que apuntaré ahora en seguida.
de hadas los portentosos viajes de los c.ometas ó bien
Wagner no me admira tanto á causa de su arte misla mitológica nomenclatura de las constelaciones. La
mo en sí como á causa de la tendencia general de
de Orión, la más hermosa del cielo, la embebecía;
su genio y del carácter cíclico de su obra. En el cul¡CARIDAD!
pero sobre todo, la conocida con el nombre de Cuato á todo lo real, impuesto por dos sistemas hoy tan
drado de Pegaso excitaba su interés hasta el punto de
universalmente admitidos como el realismo en arte
I
producirla insomnios, porque Mr. 0-Conallsh hay el positivismo en filosofía, tan grande hombre se
bíala contado la maravillosa historia que á ella se
desciñe con so fuerza genial de todas las ligaduras
Míster 0-Conallsh era irlandés de nacimiento y refería.
de una moda imperiosísima y desprecia todos los cosmopolita por carácter. Capitán de marina mer«Noticioso el valiente Perseo de que la princesa
patrones y todos los figurines que han tallado las to- cante, había dejado la vida marítima á consecuencia Andrómeda se hallaba encadenada á una roca por
gas, en cuyos pliegues los sabios se envuelven, de- del reuma y otros achaques, y establecido en Valen- voluntad de su padre y condenada á ser víctima de
clarándose á una sacerdotes y hierofantas de la ma- cia hacía bastantes años, era gerente en esta ciudad una espantosa ballena, monta en el corcel alado Peteria. Su fuerza genial sube á la verdadera ideali- de una compañía comercial de guano del Perú, en gaso, y caballero volante de los espacios siderales, lledad, y nos hace vivir en lo pasado con la diviniza- la que tenía impuestos todos sus ahorros. Casado ga á tiempo de matar al enorme cetáceo, que ya coción del recuerdo, en lo porvenir con. la divinización con una hija del país, tuvo la desgracia de perderla menzaba á devorar á la desventurada hermosura.»
del presentimiento, en Jo infinitó con su evidencia á los cuatro años de matrimonio, y desde entonces, Clarisa, aleccionada por su padre, sabía buscar esta
de una inmortalidad celestial para nuestro espíritu atraído por su afición al mar, habitaba una casa del constelación en el cielo estrellado, y contemplaba con
allende las sombras del ocaso y las podredumbres Grao de Valencia, situada frente al puerto y que for- una especie de éxtasis temeroso á la terrible ballena
del sepulcro. En su obra vuelven á nosotros los pa- maba esquina con una callejuela.
al lado de su presa y al generoso salvador, que viene
sados siglos, resucitan como en el Evangelio los
Míster 0 -Conallsh era padre de una niña de diez resplandeciendo por el Occidente.
muertos, evaporan ideas las ruinas; el bosque obscu- años de edad; tenía una vieja criada valenciana que
La astronomía produjo quizá en la niña idéntico
ro celta de los druidas canta á modo del órgano me- había sido nodriza de su difunta esposa, un criado efecto que la lectura de novelas en una colegiala; deslodioso en la catedral gótica; los dioses antiguos co- inglés ex marinero, un perro de Terranova, algunos arrolló su imaginación exaltándola; pero, ¡cosa rara!,
rren, bendecidos por los salmos del sacerdocio cris- libros de astronomía, á cuyo estudio habíase dedica- en vez de despegarla de la tierra como á su padre,
tiano, á circundar la Cruz como esas guirnaldas de do últimamente, y muchas pipas de fumar. Casi nun- hízola experimentar una sensibilidad exquisita por
ángeles alados puestas por los pintores nuestros en ca se alejaba de su casa; paseaba por el patio de ésta, los dolores que entristecen este valle de lágrimas.
torno del signo de la redención; los caballeros del en que florecían dos ó tres árboles y algunas plantas;
Santo Graal juntan sus voces en coros más ó menos contemplaba desde su balcón el mar peque11o, como
111
acordes con los héroes helénicos; bajo la peana de él llamaba al Mediterráneo, ó bien sentado á la puerMaría flota como en el Fausto de Goethe la concha ta de la calle fumaba su pipa, viendo c::orretear á su
La niña había cumplido ya once años.
de Afrodites; y una especie de misticismo, semejan- hija y reposar á su perro.
. Un día Mr. 0-Conallsh llamó á Vicenta y Smitd,
te á la fe cándida del Beato Angélico que huele aún
No obstante, cuando el tiempo estaba apacible, sus antiguos y fieles criados, y les dijo:
á inciense y á salterio suena, únese con las puras dos ó tres veces al mes,se embarcaba en una lancha
- Hace algún tiempo que vengo notando la falta
ideas hegelianas, las cuales en movimiento vertigino- en compañía de su criado y se dedicaba dos ó tres de algunas monedas en el cajón de mi mesa y aun
so llenan el universo como en esas paredes sacras horas á pescar.
en el bolsillo de mi chaleco. No quiero ni debo sosdel Vaticano donde se halla frente á la escuela de
Míster 0 -Conallsh amaba á su hija, pero con cier- pechar de vosotros; pero os encargo que estéis con
Atenas la teología católica y frente á las Sibilas que ta tranquilidad filosófica. Sus estudios astronómicos cuidado, porque desde hace tiempo, no sé á qué
anuncian el alba de nuestra religión espiritual aque- habíanle hecho algo soñador. Pensando en la inmen- atribuirlo, esta casa está asediada de mendigos y esllas musas que inspiraron sus versos paganos á Ho- sidad del cosmos, sentíase despegado de las peque- pecialmente de chicuelas y de granujas · del puerto.
mero y á Virgilio. Yo conozco perfectamente que ñeces de la tierra y no experimentaba las íntimas ¡Mucho ojo! Pues si estos hurtos continúan me haWagner aparece un poco incierto y confuso á nues- sensaciones de la fraternidad.
réis concebir malas ideas.
tra conspicua claridad meridional; que su empeño en
La tierra para él era un átomo y su hija todavía un
Desde entonces el antiguo marino no volvió á hahacer de un equilibrio entre la música y la poesía el átomo más pequeño.
blar de faltas de dinero, y este incidente fué olvisupremo drama definitivo marra; que la superioridad
dado.
por su método de composición dada sobre la voz hu11
Llegó el mes de abril y con él las hermosas y semana, el instrumento de losinstrumentos, á la orquesrenas noches del clima valenciano. Clarisa mostró
ta, nos desplace; que la sabia matemática fusa nos cuesClarisa, el pequeño átomo del antiguo marino, era deseos de irá Valencia alguna que otra vez á oir la
ta de comprender tanto como una lección del bino- una niña encantadora. Tenía el negro cabello, los lu- orquesta nocturna que tocaba en el paseo de la Glonio de Newt0n ó del cálculo infinitesimal; que sus minosos ojos de su madre y la morbidez de formas rieta, y con efecto, todos los días de fiesta se traslapersonajes nos parecen estatuas funerarias cantando valenciana, excepto en las manos y pies ligera y ele- daban á la ciudad, por medio del tranvía, aquélla y
y sus argumentos consejas para niños, sin entreteni- gantemente prolongados. Su tez era de una blancura Vicenta, porque Mr. 0-Conallsh casi siempre remiento posible de nuestro espíritu y sin ningún inte- deslumbrante, no la blancura opaca del arroz de las husab;&gt;. acompañar á su hija. El marino daba á ésta
rés para nosotros; que hay demasiada complicación hijas de Edetania, sino el color marmóreo irlandés. ocho ó diez reales, y esperaba tranquilamente su reen sus cantares, difíciles á oídos en los cuales privan Desde muy niña su madre acostumbraba á adornar greso fumando su pipa, hablando con Smith de sus
la sencillez heleno-semita de las serenatas andaluzas su cabeza con un clavel, y ella seguía esta tradición antiguas navegaciones ó contemplando los astros.
y las melodías mediterráneas y sicilianas del claro y materna. En su primera infancia, hasta llegar á los
En cierta ocasión Mr. 0 -Conallsh preguntó á Vimelodiosísimo Bellini; pero no puedo, no, negar; no diez años, la niña había sido sumamente traviesa y centa:
puedo, no, desconocer; no puedo dejar de sentir y de carácter expansivo y alegre; el carmín de la salud
- ¿Qué hacéis en Valencia por las noches? Porque
creer que si las ideas puras, los ensueños indetermi- coloraba su fresco semblante, y tenía la inquietud no siempre estaréis paseando y oyendo música. ¿Renados, las intuiciones íntimas, la inspiración religio- casi alada de los niños dichosos. Picoteaba la felici- frescáis, vais á algún teatrillo?
sa, la estética interior, lo más recóndito y más silen- dad, digámoslo así, y rebosaba en gracia y viveza.
- ¡Ca! No, señor, contestó la criada; no hacemos
cioso del alma, lo más profundo y divino del miste- Un día la llevó su padre á pescar en el mar: Clarisa más que tomar el fresco y alguna vez un vaso de
rio que nos rodea en el espacio vacío, las indecibles al principio estuvo contenta y juguetona, mojando agua. Clarisa no quiere ir á parte alguna.
aspiraciones á la eternidad, la revelación de lo abso- sus deditos en la ligera ola que se quebraba blanda- Pues entonces ¿en qué emplea esa chica el d iluto pudiesen cantar, encontrarían acaso las caden- mente en los costados de la barca ó bien mirando nero que le doy?
cias propias de su vaguedad espiritual en esa poesía embelesada el incierto vuelo de las marsoplas; pero
- No sé, quizá esté juntando hucha para comprarsemi-alejandrina y en esa música entre católica y pa· cuando comenzó la pesca, cuando se tendió la red y se alguna tontería.
gana que parece una vibración de sobrenaturales es- vió los peces agitarse convulsivamente entre sus
El ex marino era generoso y distraído y no volvió
píritus. Luego nosotros, los latinos, tenemos razones traidoras mallas, la niña rompió á llorar y apartó sus á acordarse de este parti~ular.
múltiples para quejarnos de otros genios germánicos, ojos de aquel trágico espectáculo. Desde aquel día
Entretanto Clarisa íbase poniendo cada vez más
los cuales nos han tratado como á una raza inferior, negóse obstinadamente á acompañar á su padre en triste y más pálida. Un círculo violado se marcaba
indigna del derecho humano é incapaz de levantarse sus excursiones marítimas, y lo que es más, no hubo en sus ojos. Miraba con más frecuencia al cielo, con
á las sublimidades del pensamiento moderno; mas medio de hacerla probar ninguna clase de pescado. miradas que parecían reproches, ó se pasaba horas
no de Wagner, quien ha bebido todas sus inspiracioDesde entonces, quizá, se inició en su carácter y enteras con la cabecita baja haciendo labor.
nes en el ciclo generador de nuestros libros caballe- aun en su parte física una extraña y lenta mutación
Había en ella algo de la vaguedad de los cuerpos
rescos y de nuestros romances históricos, pertene- imperceptible á todos, y que sólo la mirada previso• próximos á disolverse.
ciendo su música indudablemente al gran poema de ra de una madre hubiera podido comprender.
A Vicenta, la vieja criada, no se le ocultaba este
nuestra música eclesiástica, por lo cual resultan las
Por gradaciones muy lentas fué faltándole el color abatimiento físico y moral de la niña, pero le achamejores entre sus obras grandes misas de requi'em que sor.rosaba sus mejillas, creció con rapidez, sus caba á los efectos de una naturaleza precoz, que ade·
que lloran los muertos en la fe católica, ó grandes formas fueron perdiendo la redondez primitiva, sus lantaba en ella los de la adolescencia. En cuanto
misas de gloria que cantan la inmortalidad, tal como movimientos adquirieron lentitud, su rostro tomó á Mr. 0-Conallsh nada veía ni observaba nada;
nosotros la entendemos, ó dan una voz á las ideas una expresión reflexiva, y sus ojos, antes vivos y bri- egoísta del infinito, una reciente teoría astronómica,
por nosotros respiradas y aprendidas en los acentos llantes, se velaron con una sombra vaga é indefinida. que estaba en consonancia con las antiguas suposi-

universal y rectificado con un exceso de admiraci6n
excesiva; pero, por lo mismo, en la derrota de los
franceses tocábale á Wagner callarse para que las
gentes no abominaran de un amor propio que recuerda sus heridas tras el exterminio de sus enemigos, cual si no bastaran mares de sangre y sacrificios
é inmolaciones de ejércitos enteros á saciar el odio
y á satisfacer la venganza.

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

dieron ambas al templo. Terminado el santo sacrificio, quitóse la niña el clavel que segtin c?stumbre llevaba en la cabeza, dejóle á los pies
de una imagen que hay en un altar y que representa la Divina Pastora, y después de rezar un
breve rato, Clarisa y la criada, que estaba un
tanto preocupada de la inusitada ofrenda hecha
por aquélla, dirigiéronse hacia su casa.
Durante el trayecto la niña se detuvo dos 6
tres veces á mirar al mar, en el que había gran
oleaje.
En el resto de la mañana no ocurrió nada
digno de mención. A las cuatro de la tarde el
calor era insoportable, y los moradores del pueblo que no tenían ocupaciones apremiantes se
encastillaban en sus casas para defenderse de
las caricias del sol.
En la de Mr. 0-Canallsh todo el mundo reposaba ya: el amo en su cuarto, Vicenta y el perro en el zaguán, y Smitd, el criado inglés, en el
patio· únicamente velaba Clarisa, sentada en el
balcón de su cuarto, que daba á la callejuela de
que antes he hablado, en la que no penetraba
el astro del día, aunque disipadas las nubes matinales brillaba aún en descenso y ya en el principio de su ocaso.
.
La niña miraba al cielo por un hueco que
dejaba la cortina de lona que había en el balcón. De repente oyó un llanto infantil, y fijó su
mirada en la calle. En la esquina de la casa,
una mujer haraposa y escuálida, sentada en el
suelo, daba el pecho á un niño más es~uálido
todavía. La criatura, no encontrando ahmento
en aquella ubre agotada, lloraba á intervalos, y
la madre oía aquel lloro con esa indiferencia
desesperada que engendra la miseria. .
Clarisa inclinó la cabeza y permaneció pensativa durante un raro.
Luego se puso en pie, dirigióse á su alcoba,
descolgó alguna ropa que estaba colgada de
una percha é hizo con ella un lío. Después, sacand.o del cajón de una cómoda algunas monedas de plata y cobre, envolviólas en un papel, y
volviendo al balcón llamó á la mendiga y la
arrojó todos aquellos objetos.
.
Hecho esto, volvió á penetrar en el dormitorio y se teRdió en la cama.

ciones respecto á la luna, le tenía muy preocupado .. El antiguo marino no podía resignarse á
creer que el astro amigo y satélite de la tierra
estuviese deshabitado c;:omo un mundo sumido
en eterno sueño; y acogía con avidez la hipótesis indicada por el P. Secchi y otros artrónomos, de que sobre la luna puede existir una
cantidad de aire tan tenue que sea imperceptible
desde la tierra, y que por consecuencia hay la
posibilidad de que la reina de la noche tenga
pobladores organizados de distinto modo que
los seres humanos.
IV
Dos acontecimientos dolorosos vinieron á
agravar el estado de ánimo de la niña.
En un despoblado de las inmediaciones del
Grao, en una miserable choza construida por su
marido, vivía la viuda de un barquero del puerto. A consecuencia de la muerte de aquél, que
habíala dejado en la mayor miseria, con dos hijos, uno de diez y otro de siete años de edad,
la pobre mujer habíase quedado casi idiota y paralítica por añadidura. Aquella desgraciada familia pasaba indecibles privaciones, sosteniéndose malamente con las limosnas que los dos niños
recogían en el Grao. Una vecina caritativa, casi
tan pobre como ellos, cuidaba de poner un pote
para los niños y la madre enferma, cuando allegaban recursos suficientes. Clarisa conocía estas
miserias, y aquellas infelices criaturas eran sus
pobres predilectos; ingeniábase para socorrerlos,
y á veces exponiéndose á las riñas de su padre
y de Vicenta hacía escapatorias á la choza para
ver á la idiota paralítica.
Una tarde tempestuosa cundió por el Grao
la noticia de que una centella había prendido
fuego á la vivienda de la enferma. Acudió todo
el mundo; pero cuando llegaron los primeros,
entre los que se contaba la niña, la choza era
ya un montón de llamas y de maderos ennegrecidos. La proximidad del mar facilitó la extinción del fuego, pero ya fué en balde; al penetrar
en la cabaña encontraron á la enferma y al hijo menor transformados en restos informes. El
mayor se salvó de la catástrofe por hallarse en . ·
el Grao recogiendo limosnas. Este doloroso suceso impresionó hondamente á la caritativa niña hasta el extremo de no permitirla conciliar el
sueño ni de día ni de noche durante dos ó tres
dias y produciéndola las consecuencias del desvelo prolongado. Cada día iba palideciendo y
demacrándose más, hasta el punto de llamar la
atención de su padre, que ocupóse de ella quizá
por primera vez, y la llevó, para distraerla, á la feria
de Carcajente. En efecto, esta expedición pareció
sentar bien á Clarisa, que regresó al Grao algo más
animada.
Pero á los pocos días un nuevo incidente volvió á
soliviantarla.
U na noche hallábase sentada á la puerta de su
casa en compañía de su padre y de Vicenta. El tiempo estaba hermosísimo, porque desde la caída de la
tarde habíase levantado una brisa fresca que atenuaba el calor.
- ¡Qué noche tan hermosa!, dijo la criada. ¡Si siguiera así!
- ¡Hum!, murmuró el antiguo marino, soltando de
su pipa una bocanada de humo. ¡Nubes coloradas al
Poniente! ¡Me escamo!
Y efectivamente, dos horas después, cuando la fa.
milia estaba cenando, desencadenóse casi de repente una violenta tempestad. A Mr. 0-Canallsh le agradaba mucho aquel espectáculo, que le recordaba sus
navegaciones, y Clarisa sentía la atracción de las organizaciones nerviosas. Ambos salieron á la puerta
de la calle y se aproximaron al mar. La nii¡a sentía
estremecimientos continuos; el viejo marino, siempre
fumando su pipa, miraba con insistencia á la lontananza del mar. Raras veces éste había estado tan
imponente como aquella noche; aquel temporal era
digno del Ocfano.
De repente sonaron dos cañonazos. Alborotóse la
gente del Grao y acudió al muelle, y las lanchas del
puerto se apercibieron en la previsión de un siniestro.
Oyéronse repetidos cañonazos; una ráfaga huracanada, arrastrando un inmenso nubarrón, permitió á
la luna alumbrar un espacio de mar, y á su opaca
luz pudo verse la confusa aparición de un buque lu·
chando contra las olas.
No cabía duda, era era un naufragio.
Cuando los primeros botes de, auxilio se dirigieron
hacia aquél, desapareció como por encanto: era ya
tarde; un buque más habíase hundido en el siniestro escotillón de la muerte.

VI

escultura de D. Aniceto Marinas
(Exposición nacional de Bellas Artes de 1890)

DESCANSO DEL MODELO,

Hora y media después, Mr. 0-Co~allsh, los
criados y el perro comenzaron á bullir.
Vicenta, que por casualidad subió al cuarto
de la niña, se admiró de verla en la cama; pues
ésta nunca se acostaba más que de noche, y
justamente alarmada se aproximó á ella ...
Una señorita que habita en el Grao, que hace ~ersos dignos de Arolas, pero que nunca los publica,
me ha leído un romance, y yo robo á la modestia de
la autora el trozo siguiente, á fin de que haya algo
bueno en este mal pergeñado trabajo:

Al amanecer apaciguóse el tumulto de las aguas,
y los habitantes del Grao, que habían velado toda la
noche, esperaron con ansiedad las primicias del naufragio. Seis ú ocho bultos se agitaban sobre el mar;
eran un contramaestre y algunos marineros, grandes
nadadores, á quienes consiguióse salvar. Por ellos se
supo que el pailebot noruego que se dirigía á Valenc:La blanca niña del Grao
cia para cargar naranjas habíase ido á pique, casi
Como las estrellas blanca,
instantáneamente, por consecuencia de una via de
Era un serafin del cielo
agua. A la caída de la tarde fueron apareciendo cadáQue en la tierra plegó el ala,
veres hasta el número de diez y siete, entre los que
Al ver el llanto del mundo
Y las miserias humanas,
se contaban dos mujeres y tres niños, lo cual probaba
En fuegos de caridad
que el buque había quedaqo enteramente deshecho.
Su corazón se abrasaba.
Clarisa, que había pasado casi toda la noche y casi
Una tarde la encontraron
todo el día en el muelle, contempló aquellas escenas
Tendida sobre su cama,
Los ojos vueltos al cielo,
en mudo asombro y con los ojos enjutos. Parecía
Con las manitas cruzadas.
que su pensamiento estaba en otra parte, Desde aquel
La blanca niña del Grao,
día fué en aumento su tristeza y se pasaba horas enComo las estrellas blanca,
teras inmóvil, sentada en su cuarto, con las manos
Sus alas pidió á la muerte
cruzadas sobre las rodillas y con la cabecita baja,
Y voló al cielo, su patria.l\
como si quisiera resolver el problema de la creación,
Un poeta desconocido, de paso en Valencia, sinque vive en perpetua lucha de criaturas y elementos,
encontrando los principios de la vida en los gérme- tetizó estos versos en un epitafio que está en el cementerio· del Grao, y que dice:
nes de la muerte.
Míster 0-Conallsh, contemplando los astros no rec:Murió á los doce abriles y fué graciosa y bella;
paraba en aquel lucerito que íbase eclipsando en la
Al Angel desterrado el cielo llamó á si:
tierra.
¡Ob, tierra de la muerte, no peses sobre ella!
V

¡Que ella bien poco hubo pesado sobre ti!&gt;

F. MORENO GODINO

Eran los últimos días de junio, el calor hacíase
sentir extremadamente, el sol caía á plomo sobre el
Grao de Valencia y sus habitantes estaban achichaSECCIÓN AMERICANA
rrados.
El penultimo día del mes, el cielo amaneció nuGUATEMALA Y QUEZALTEN ANGO
blado y la atmósfera saturada de efluvios de tempesAccidentada como pocas es la historia de la ciutad. La niña pidió á Vicenta que la acompañase á
misa, cosa que extrañó á la criada, porque Clarisa dad hoy en día capital de una de las más importansolamente iba á la iglesia en los días de precepto, y tes repúblicas de la región de los istmos que unen
aquél no lo era. Accedió, no obstante, á su deseo, y las dos Américas.
La primera capital española á que se di6 el nomal primer toque de las campanas de Santa María acu-

�LA

NúMER0 51 I

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

GUATEMALA Y QUEZALTENANGO

I.

Teatro Nacional en Guatemala, - 2, 7 y 9. Indígenas guatemaltecos'. - 3. Fuente de Xocotenango en los alrededores de Guatemala. - 4. Banco Colombiano en Guatemala
5. Palacio en la ciudad de Quezaltenango. - 6. Penitenciaria en Quezaltenango . - 8. Castillo de San José en Guatemala
(De fotografías remitidas por nuestro corresponsal D. Antonio Partagás,)

LAS I~UNDACIONES DE CONSUEGRA
1,

5 Y 6, Ruinas de la margen derecha del río. -4. Puente provisional sobre el rio A marguillo.
·
-

2

·
Y 3· Rumas
de la margen izquierda del río; trabajos de descombramiento

(De fotografías remitidas por D. Casiano Alguacil, de Toledo.)

bre de Guatemala es la que actualmente se denomina Ciudad Vieja: fundóla D. Pedro de Alvarado, con
poderes de Hernán Cortés, en 1524, emplazándola
entre los dos volcanes de Fuego y de Agua, en un
sitio como pocos pintoresco, de agradable clima y
fecundo suelo; mas á los veintiún años, el día de
Nuestra Señora de Septiembre de 1 544, las aguas
del lago que en el cráter del volcán de Agua existía,
engrosadas po! torrenciales lluvias, rompieron el
muro que las aprisionaba, y en impetuosa corriente
cayeron sobre la ciudad, arrasándola en gran parte y
ocasionando numerosas víctimas, entre ellas doña
Beatriz Sz'n ventura, esposa del dicho Alvarado.
Entonces, y para evitar nuevos desastres, trasladóse la capital á una media legua de distancia de la
anterior en el valle de Xocotenango, con~ruyéndose
allí la que hoy se conoce con el nombre de Guatemala Antigua, y que después de más de dos siglos
de vida próspera quedó arruinada en 17 73 á consecuencia de un terrible terremoto, en el que perecieron 9.000 personas.
Los vecinos, no considerándose ya seguros en
aquellos lugares, decidieron buscar por tercera vez
emplazamiento á propósito para su ciudad, recayendo su elección en la parte septentrional del valle de
la Ermita y meridional del llano de la Virgen. La
emigración á este nuevo sitio comenzó en 17 73, pero
hasta 177 9 Guatemala la Nueva no fué reconocida
oficialmente . como capital. No quedó, empero, del
todo abandonada la Antigua, que aun actualmente
es la quinta villa de aquella república, famosa por
sus aguas termales y por sus hermosas ruinas, de cuya magnificencia dan exacta idea los , grabados que
reproducimos, y entre las cuales sobresalen las de la
catedral, convento de San Francisco y palacio de
los gobernadores.
La actual Guatemala Nueva, la ciudad más populosa de la América central, está situada en una ligera pendiente en la depresión de una meseta de 1. 500

metros de·altura sobre el nivel del mar que forma la
divisoria de aguas entre el Atlántico y el Padfico, y
al Norte de la cordillera en que se elevan los volcanes de Fuego y de Agua. La situación de Gua.temala
es en extremo desventajosa bajo cualquier aspecto
en que desde el punto de vista utilitario se la considere: rodeada de terrenos estériles y apartada de las
tierras que ofrecen al cultivador variados frutos y fá•ciles riquezas, la vida en la ciudad resulta cara y difícil, y aunque la construcción de algunos ferrocarriles, como el de San J &lt;;&gt;sé á Escuintla y de ésta á
Guatemala, han disminuído en parte tales inconvenientes, no han podido destruir la aridez de sus alrededores, compensada únicamente por el grandioso
panorama que se disfruta desde aquella región limitada al Sur y al Norte por los dos conos volcánicos
antes citados.
El clima es agradable, pero debilitante y enfermizo á consecuencia de las frecuentes variaciones que
en el transcurso de un mismo día experimenta la
temperatura.
El interior de la ciudad aparece construído con
regularidad perfecta: las calles están tiradas á cordel,
tienen anchas aceras y buen empedrado, y están
cortadas por grandes plazas como la del TeatroJsombreada por hermosos naranjos y transformada poco
á poco en precioso jardín, que con sus kioscos, estanques y arriates constituye uno de los paseos favoritos de los guatemaltecos; la de la Concordia con
raras y escogidas plantas; la de San Sebastián, y la
de Armas, que mide cerca de 30.000 varas (C;Uadradas y en cuyo centro existe una fuente sobre la cual
se alza todavía el caballo de piedra que antes montaba la estatua de Carlos IV, derribada por algunos
patriotas en un arranque de entusiasmo por la independencia nacional.
Antiguos reglamentos, con el objeto de evitar en
lo posible catástrofes como la que había destruido
Guatemala la Antigua, prohibieron á los arquitectos

que las construcciones tuviesen más de 20 pies de
alto, y si bien esta disposición no se cumplió al pie
de la letra, las casas de la capital son generalmente
muy bajas, por lo que hubo de ganarse en superficie
lo que en altura se perdía: de aquí que la población
esté muy diseminada, notándose mayor estrechez en
las viviendas únicamente en los arrabales, donde
cada pequeña cabaña está habitada por una familia
de indios.
Muchos son los edificios gran4iosos que Guatemala encierra, sobresaliendo entre ellos las iglesias
y conventos, que en su mayor parte datan del tiempo de la dominación española. Los principales edificios religiosos son: la catedral metropolitana, hermoso edificio de cinco naves y de más de cien varas
de largo, con dos elegantes capillas que le dan forma
de cruz, un tanto afeado exteriormente por enanas
torres, construidas hace pocos años, y por su atrio,
en el cual se ven las colosales estatuas de los cuatro
Evangelistas; San Francisco, que posee una fachada
espléndida y una nave que excita la admiración por
su altura, amplitud, magnificencia y atrevimiento
y cuya cripta puede considerarse como un gran templo subterráneo que sobre enormes columnas sustenta.la gran basílica; Santo Domingo, edificio de cinco naves, severo y simpático, cuya construcción es
de las más bellas y artísticas que la ciudad encierra;
la Recolecoión, la Merced, Santa Teresa, el Carmen
y diez y nueve templos más, todos pertenecientes al
culto católico. El antiguo convento de los Jesuítas
ha sido transformado en Instituto Nacional.
Entre los edi~cios civiles merecen citarse el teatro, de aspecto agradable y majestuoso, cuya fachada imita la de la iglesia de la Magdalena de París,
el palacio del Gobierno, el de la Municipalidad, la
Administración general de Rentas y Aduana general, instaladas en el que era antes convento de los
Franciscanos; la Administración general de Correos,
elegante y espacioso edificio de dos pisos, que fué

�CIUDAD VIEJA Y GUATEMALA ANTIGUA
I.

Iglesia de la Merced en Ciudad Vieja. -

2.

Ruinas de la igl~sia que en Ciudad Vieja fundó D. Pedro de Alvarado. - 3, Ruinas y Palacio Municipal. -4. Convento

de la Compañía de Jesús. - 5. Ruinas de Guatemala Antigua. - 6. Vista del volcán de Agua. - 7. Ruinas de Guatemala Antigua
(De fotografías remitidas por nuestro corresponsal D Antonio Partagá~.)

LOS HUÉRFANOS, copia del notable cuadro de A. Echtler

�LA
iglesia y convento de la Orden Tercera; la Tesorería
general y la Superitendencia de Telégrafos, que se
han dividido la preciosa casa en que se encontraba
anteriormente la extinguida Sociedad Económica;
la Dirección general de Licores y Tabacos, establecida en el magnífico convento de los Dominicos que
llegó á merecer ser calificado de «grande como un
pueblo;» el Instituto Nacional para hombres, edificio vasto, hermoso y elegante, con precioso salón de
actos, patios extensísimos, grandes é higiénicas aulas,
gabinetes científicos, bellísimo parque y un Observotorio meteorológico de cinco pisos; las Escuelas
de Artes y Oficios, de Agricultura y de Comercio,
la Academia de Dibujo, la Escuela Politécnica, la
de Derecho y Notariado, en el hermoso y elegante
edificio en donde estuvo la extinguida Universidad
de San Carlos; la de Medicina y Farmacia, espacioso edificio con jardín, biblioteca y gabinetes zoológico, químico, fisiológico, etc.; la de Ingeniería, establecida en el antiguo convento de Santa Clara; el
Hospicio, el H ospital Central, modelo de aseo y de
comodidades y capaz para 400 enfermos; los mercados Nacional y La Reforma, el Banco Internacional
y Colombiano, la Tipografía de la Unión, el Gran
Hotel, el teatro de Variedades, la capilla masónica,
la Casa de corrección para menores de diez y seis
años y la prisión de mujeres.
Los alrededores qe Guatemala, como hemos dicho,
son por punto general poco pintorescos: hay en ellos,
sin embargo, el hermoso llano de La Culebra, donde
recientemente se ha inaugurado el Hospital Militar;
el bulevar de Xocotenango, rodeado por las llanuras
en donde se verifican las animadas é importantes ferias
de mayo, agosto y noviembre; los cerros sobre que
se asientan los castillos de San José y de Matamoros, y el camposanto con una buena Penitenciaría.
Tal es, á grandes rasgos hecha, la descripción de
la ciudad que actualmente es la capital de Guatemala y algunos de cuyos edificios reproducen nuestros
grabados junto con otras construcciones y ruinas de
Guatemala Antigua y Ciudad Vieja. Digamos ahora
algo acerca de la capital del departamento de Quezaltenango, que por su importancia agrícola comercial é industrial es considerada como la segunda de
la república guatemalteca.
Anterior á la conquista, denominóse á raíz de su
fundación Xe11ahú ó Xelaluh, que significa ciudad de
los Diez, y se llamó así porque, al decir de los cronistas españoles, la ciudad fortificada que los conquistadores destruyeron estaba dividida en diez distritos,
cada uno de los cuales tenía un jefe especial. Hállase
emplazada Quezaltenango ( «ciudad de las plumas
verdes,» según unos, ó «de los pájaros quezales,}&gt; según
otros) sobre una ancha meseta de 2 .346 metros sobre
el nivel del mar cerca del cerro quemado ó volcán
de Quezaltenango, cuya última erupción, acaecida en
1785, destruyó el cono vertical de la montaña, dejando en lugar del cráter una vasta llanura irregular cubierta de un verdadero caos de peñascos, entre los
cuales surgen todavía algunas fumorolas. De construcción bastante irregular á causa de las desigualdades del suelo, ofrece un aspecto más pintoresco
que la mayoría de las ciudades americanas, y desde
ella se domina una vasta llanura que riegan el Siguila ó Samala y sus afluentes. Divídese en cuatro
barrios denominados Independencia, Libertad, Igual·
dad y Fraternidad: sus calles son por lo general es
trechas é irregulares, y no tienen por ende la monotonía de las tiradas á cordel que en las más de las
villas de América preválece. Entre sus plazas descuellan la de la Penitenciaría, cubierta de jardines: y la
del Mercado, y de sus principales monumentos merecen citarse las iglesias de San Nicolás, Espíritu Santo, el Calvario, San Antonio y San Bartolomé, las
Esc~elas de Derecho, Medicina y de Dibujo, los
Institutos para varones y hembras, el Colegio de niñas, el de indígenas, seis Escuelas primarias y una
Casa de expósitos.
La instrucción puede decirse que es general en
Quezaltenango, aun entre los indios quichés, y no es
aventurado afirmar que desde este punto de vista la
capital de los Altos es la primera de Guatemala.
Esta ciudad está habitada por la mayor parte de
los grandes propietarios cuyas plantaciones cubren la
Cost~ Cuca y por comerciantes y prestamistas que
c~nstituyen verdaderas potencias. La pequeña indus~~1a está representada en ella por fabricantes de teJtdos de lana y algodón, por tintoreros y curtidores:
una de _las ~specialidades de los artesanos quichés es
la fabncac1ón de capas bordadas en oro, sombreros
con plumas y máscaras de las que se sirven los indios
en sus bailes, procesiones y representaciones teatrales, objetos raros que difícilmente se venden, sino que
por lo general se alquilan á precios muy elevados y
que se expiden á las aldeas más apartadas, hasta los
confines de la selva virgen.

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO 511

El clima fresco y poco variable y la bondad de
sus aguas hacen de Quezaltenango una residencia
agradabilísima durante la estación calurosa: á pocos
kilómetros de la ciudad brotan las fuentes termales
de Almolonga utilizadas en un establecimiento de
baños junto á ellas construído.
Las razas indígenas que actualmente existen en
Guatemala son: los pipiles, de origen azteca, que habitan en la Guatemala oriental; los itzas y lacandones,
de la familia may~, que pueblan el distrito de Petén;
los mopanes y los chales, mayas también, que viven
al Sur del lago de Petén y en el valle del Mopán los
primeros y en las sábanas que se extienden entre el
Us1:1macinta y el Golfo Dulce los segundos; los quechis y los pokonchis, grupo especial de los mayas
que ocupa el territorio de las fuentes del Polochic;
los pocomanes, mayas como los anteriores, establecidos en la comarca de la ciudad de Guatemala; los
quichés, gente de la gran selva, descendientes de los
toltecas, que residen casi en los mismos territorios en
donde los encontró el conquistador Alvarado, es decir, en los departamentos de Quezaltenango y Toto·
nicapam; y los cachiqueles, de origen tolteca, que habitan en la zona comprendida entre ,Sololá, Chimal·
tenango y Antigua.
El cachiquel, que puede tomarse como tipo de los
indígenis guatemaltecos, es de estatura generalmente pequeña, robusto, de facciones pronunciadas, ojos
claros sombreados por espesas cejas, pómulos salientes y frente estrecha y aplastada por la acción de la
correa que en ella apoya para llevar cargas: no encanece, es infatigable andarín y hasta edad muy avanzada conserva sus dientes de hermosa blancura.
El traje de los hombres consiste en pantalón, camisa y blusa, y el de las mujeres en una falda y una
chaqueta que sólo se ponen cuando salen de su
cabaña.
La fusión de razas en Guatemala es muy incompleta y los indígenas son dos ó tres veces mayores en
número á los blancos de origen español: el cruzamiento entre blancos, negros ó indios en todos los
grados ha producido gran número de tipos cada uno
de los cuales lleva su nombre especial.

A.
NUESTROS GRABADOS

D. Juan Tenorio, obra escultórica de D. Agustín Querol. - Pocas figuras ha creado la fantasía que tan
profundamente hayan impresionado la imaginación del pueblo
como la que inmortalizaron Tirso de Molina en su preciosa comedia, Mozart en su ópera magistral y Byron en su genial poema, y que más que todos ellos ha popularizado en España y
en América D. José Zorrilla ee su fantástico drama Don fuan
Tenorio. Todos nos hemos formado una idea que encarna el
tipo del seductor de Doña Inés de Ulloa; pero indudablemente cuantas creaciones baya forjado nuestra mente resultarán
pálidas y pobres ante la que con su privilegiado cincel hamodelado el Sr. Querol.
Dificilmente puede concebirse figura más arrogante, apostura más gentil y más varonil belleza que la, que reproduce la
obra de nuestro querido é ilustre colaborador;si Don Juan hubiese existido no hubiera podido ser de otra mane,a que como
él lo representa, porque no sólo en sus dotes físicas, en sus
cualidades morales también, vive en esa escultura el kgendario personaje. Su rostro, su ademán, todo retrata por modo
admirable el mozo valiente hasta la temeridad, libertino por
instinto, dadivoso hasta ser pródigo, pendenciero, cínico, que
asl acuchillaba á sus enemigos vivos, como hada burla de ellos
delante de sus propias tumbas, y así enamoraba á incautas
doncellas como sin piedad las abandonaba después de seducidas,

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

cional de 1887 y el grupo Descanso del modelo, que reproducimos, que obtuvo igual distinción en el concurso de 1890, pregonan la valla, la genialidad y los alientos del escultor sego·
viano. Discípulo de dos artistas distinguidos gloria de Cataluña, Samsó y Suñol, ha sabido Marinas aprovechar las enseñanzas de sus doctos maestros, siguiendo, conforme lo demuestran
sus obras, seguros derroteros. Entregado por completo y con
profundo entusiasmo al estudio del arte que emprendiera, ha
podido en breve espacio de tiempo realizar señalados pro·
gresos, tan sensibles, que á ellos debe, aparte de sus excepcionales aptitudes, la pensión que goza en Roma, ganada en brillantes oposiciones.
Descanso del modelo es un modelo digno de figurar en un Mu·
seo, y tal lo reconoció el Jurado cuando por unanimidad le concedió la recompensa que podía otorgarle en la última Exposición nacional de Bellas Artes.
•

Las inundaciones de Consuegra (de fotografías
remitidas por D.Casiano Alguacil, de Toledo). - Consuegra, importante villa de la provincia de Toledo, extiéndese en un
valle rodeado de montañas y hállase dividida en dos zonas por
el rlo Amarguillo que cruzaban cuatro puentes, tres de ellos
arrastrados por la inundación, y en cuyas márgenes habitaba
una parte de la población. Constaba ésta de 10.000 habitantes
distribuidos en 2 . 100 edificios. Varias veces el riachuelo, que
no otro nombre merece el Amarguillo en su estado ordinario,
engrosado por las aguas de los montes vecinos había inundado
los barrios bajos de la villa causando no pocos perjuicios y desgracias, pero nunca las catástrofes por él ocasionadas alcanzaron las proporciones de la que en la noche del II de septiembre último sembró el espanto y la consternación entre los vecinos de Consuegra.
Imposible describir el espectáculo de aquella noche de horrores; los que podrían hacerlo, es decir, los que á ella sobrevivieron, apenas han podido darse cuenta de la catástro·
fe que les sorprendió entregados al sueño, y la imaginación es
incapaz de reconstruirlos: tal fué su magnitud, Las aguas subiendo sin cesar cada vez más amenazadoras, los edificios de •
rrumbándose con horrísono estrépito, el rayo rasgando con siniestros resplandores las tinieblas que todo lo envolvían, el
fragor del trueno ni un momento interrumpido, familias enteras desapareciendo entre las ruinas de sus viviendas ó entre
las cenagosas olas que todo lo invadían, gritos desgarradores
de los que demandaban socorro, ayes, terribles imprecaciones,
lamentos, todo ello debió constituir el más espantoso conjunto. Las consecuencias de la catástrofe pueden suplir con su
triste elocuencia lo que la imaginación no alcanza á concebir:
calles destruidas, 7co edificios arruinados, centenares de cadáveres y una extensa vega asolada son datos bastantes para
formarse una idea de lo que ocurrió en Consuegra. Los actos
de heroísmo que alH se realizaron son innumerables é imposibles de describir; el desprecio de la vida propia para salvar la
ajena se manifestó con rasgos conmovedores, sublim~s; todos
los habitantes rivalizaron en los trabajos de salvamento, distinguiéndose entre ellos el alcalde D. Luis Cantador y los religiosos franciscanos.
La catástrofe de Consuegra ha motivado una de esas brillantes explosiones de caridad que honran á nuestra patria: de
todas partes se envían á nuestros desgraciados hermanos socorros en abundancia, en todas las poblaciones se arbitran recursos para los consuegrenses, nuestros compatriotas residentes en
el extranjero remiten cuantiosos donativos, las suscripciones
nacional y particulares arrojan cuantiosas sumas y la prensa
contribuye á esta obra santa, no sólo con su óbolo, sino también
enviando á Consuegra á sus redactores para repartir auxilios y
prodigar consuelos y haciendo una de las más honrosas campañas periodísticas que registran sus anales.
¡ Espectáculo hermoso y más grande que el de la catástrofe
misma con serlo ésta tanto!
Nuestros lectores podrán juzgar por los grabados que publicamos y que nos han sido remitidos por el Sr. Alguacil, de
Toledo, de la magnitud del desastre: aquellos escombros signi_fican la ruina de innumerables familias y la desaparición de
centenares de seres humanos: la caridad que ha dado cristiana
sepultura á los muertos, devolverá á los yivos una parte de su
perdido bienestar. ¡Bendita sea la virtud que tales prodigios
realiza!
Los huérfanos, copia del notable cuadro de
A. Echtler. - Este notabillsimo lienzo deJ famoso pintor

alemán no sólo está pintado con arte irreprocbablt:, sino que,
además, es de los que dicen algo, de los que causan en el ánimo impresión profunda. Aquellas dos simpáticas figuras rebosan
sentimiento, están trazadas por el corazón más que por la mano, y la sombría entonación del cuadro contribuye poderosamente á realzar las bellezas del mismo, pues difícilmente podría hallarse otra que estuviese más en armonía con la compoLos iguanodontes fósiles del Museo de His- sición inspirada en tan interesante asunto.
toria natural en Bruselas. - ·En 18711 unos mineros
que trabajaban en las minas de carbón de Bernissart enconFebrero, cuadro de D. Emilio Sánchez Petraron á trescientas varas de profundidad una gran cantidad rrier (Exposición general de Bellas Arles de Barcelona, 1891).
de huesos que examinados por un profesor de la Universidad - Si el nombre de Sánchez Perrier no significara ya en el
de Lovaina.resultaron ser del iguanodonte, reptil gigantesco, mundo del arte una reputación sólida y justamente cimentada,
hoy desaparecido dt&gt; la tierra. El gobierno belga, compren- su notabilísimo cuadro Febre,o, premiado en la EKposición
diendo la importancia del descubrimiento, ordenó proseguir Nacional de Bellas Artes de 1889, bastaría por si solo para relas excavaciones, cuyo resultado fué el hallazgo de nuevos conocer en este aun joven pintor á un artista de relevante méhuesos en cantidad de 100 toneladas, que fueron conducidos á rito. El interior del bosque, que tal representa el cuadro, en la
Bruselas, en donde están expuestos en el Museo de Historia estación invernal, es un verdadero dechado de exactitud y obnatural. El iguanodonte, según puede verse en nuestro graba· servaoión. En los añosos troncos de los árboles, en la seca hodo, era un animal de extraordinaria estatura y algo parecido jarasca, pronta á convertirse en impalpables detritus orgánicos
al kanguro, que generalmente se apoyaba sólo en sus patas q~e sirvan de abono á las raíces que los produjeron y ese am·
traseras y se alimentaba de vegetales, pescados é insectos.
b1ente frlo y seco que se adivina en los tonos grises, son resultado del profundo estudio y de la habilidad y maestría del ar·
·
Proyecto para la construcción del nuevo tista.
edificio del Museo South Kensington, en LonEl pintor sevillano honra á su maestro D. Eduardo Cano y
dres. - El edificio en que actualmente está instalado este im- á nuestra patria, ya que ausente de ella ha logrado en país exportante museo resulta ya insuficiente para contener los mu• tranjero señalados triunfos, que si bien enaltecen al artista, '
chos y preciosos objetos que colecciona, en vista de lo cual el enaltecen también á España. El cuadro de Pierrer, es un lienzo
gobierno inglés convocó un concurso en el que fué premiado de estudio, en el que los jóvenes ::irtistas tienen mucho que
el proyecto que repro:lucimos: La obra concebida por el arqui- aprender. Forma parte de los seis que el Estado remiti6 á la
tecto Mr. Webb será del estilo del moderno renacimiento, y Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
una de sus fachadas, la de la calle de Cromwell, tendrá una
Réstanos agregar que el Sr. Sánchez Perrier ha sido premialongitud de 700 pies. El coste total de esta construcción, de do además en otras Exposiciones, entre ellas la de París de 1886
cuya grandiosidad y magnificencia da exacta idea nuestro gra- y en la Nacional de I 890,
bado, será de I o. 500. ooo pesetas.

Descanso del modélo, escultura de D. Aniceto M~rinas (Expos:ción nacional de Bellas Artes de 1890).

LA

NúMERO 51 I

JABON REAL

IV:IOLETI

JABON

DE T H RI DAC E 29,i::i:1;:)1111 VELOU TI NE.

- La estatua de San Sebastián, .premiada en la Exposición na• &amp;etc1mend&amp;do1 por autoridl.4es imitas para la lli¡iiae de la Pill y Beilua (el Col01

POR M, JULIO CLARETIE (DE LA ACADEMIA FRANCESA), - ILUSTRACIONES DE JUAN BERAUD

I
M. Thomassiére apartó con un violento movimiento su taza de café, y miran•
do de hito en hito á su antiguo amigo dijo:
- Si es ,·crdad lo que me dices, Langlade; si Teodoro es capaz de semejante

... y durante el trayecto estuvo meditando el sermón que pensaba espetará Teodoro

locura, de una ... i nfamia como esa; si siquiera ha tenido la idea de cometerla,
te juro que removeré el cielo y la tierra para impedir que ese imbécil, cabeza de
chorlito, se deje engatusar por los lindos ojos de una mujer de teatro ...
.Y como viese que el viejo Langlade, con su aspecto honrado y fino, meneaba
la cabeza entre sorbo y sorbo de licor, añadió:
- Pero vamos á ver, ¿quién te ha dicho eso? ¿Cómo lo sabes? Puede que
sea una filfa por el estilo de las que los periódicos de París quieren hacernos
tragar. Dime lo qu€ sepas ...
Los dos antiguos amigos acababan cle almorzar, cómodamente instalados en
la meseta de la galería de una antigua casa del Perigueux: casa patriarcal, silenciosa, que daba á mi jardín, inundado de los vivos rayos de un sol de septiembre
tan brillante como el de jul.io. Desde la barandilla de la meseta, bien á la sombra, M. Thomassiére, antiguo notario, y Langlade, el juez de paz, gozosos de la
existencia, miraban revolotear á las mariposas, y á los moscardones, semejantes
ágotitas luminosas, atravesar el jardín que cortaban las telas de araña, á modo
de hilillos de plata. Arrullados dulcemente por el ruido de cascabeles y de carruajes que desde el exterior y hasta ellos llegaba y por el continuo resonar de los
cascos de los caballos sobre el empedrado, gozaban tranquilamente de aquella
hermosa mañana de otoño, en que las flores rojas de los granados, los racimos
de los serbales y los grupos de geranios destacaban sus notas encarnadas sobre
el verde de los árboles, aún hastante pronunciado, como el color encarnado de
la escarapela de Langlade destacaba sobre la levita de paño azul obscuro.
En los semblantes de aquellos dos compañeros de tantos años, después de
un delicado almuerzo cuyos restos se veían todavía sobre el blanco mantel, formando apetitoso conjunto los trozos de pastel de liebre y de perdices, los cangrejos del arroyo de Saint-Alvere y los higos de acuosa carne, retratábase tal
felicidad, tal bienestar, que aquel fondo de luz, de verdura y de flores parecía
hecho ex profeso para servir de marco al grueso y alegre rostro de M. Langlade
y al agudo perfil de M. Thomassiére.
El amigo Langlade encontraba excelente el semblante del antiguo notario,
por lo regular algo pálido, con su grave fisonomía, su cara larga, su nariz de
pico de loro y su corbata alta á la moda de 1830, que casi le ahogaba, haciendo apartar á los dos lados de los maxilares sus blancas patillas. Aquella mañana M. Langlade veía á ~u amigo, contra su costulllbre, jovial y placeotero. ¿Era

esto efecto del vino de Costo-R'asto, ó de la evocación de sus antiguos recuerdos, ó de la voluptuosidad de aspirar el aire tibio de aquel hermoso día? Lo
eierto es que el anciano notario no tenía el entrecejo que le era habitual, sus
pálidas mejillas tomaban suavemente un ligero tinte de color de fresa, y aun
se regocijaba á la vista de aquel vejete pequeño y sonriente que desempeñaba
el cargo de juez de paz de su departamento. Por eso la anciana María, que les
había servido el almuerzo, observó un espectáculo á que no estaba acostumbrada: la sonrisa de M. Thomassiére y la vista de ese flemático curial en alegre
plática con una especie de monje rechoncho y bonachón. Pero esta sonrisa duró
poco: M. Thomassiére no era hombre de chanzas cuando no estaba de buen
humor, y era el caso que á los postres del almuerzo, el amigo Langlade le disparó á boca de jarro la inconcebible noticia de que su hijo T eodoro Thomassiére, enamorado de una actriz del Palais Royal de París, pensaba casarse con ella.
Langlade, á fuer de diplomático, esperó el momento del café para darle la
infausta nueva; de lo que luego se arrepintió, porque las mejillas de su amigo
pusiéronse purpúreas, y aunque por su delgadez no tenía propensión para ello,
¡quién sabe!, quizá podría sobrevenir una congestión.
- Tal vez debí esperar á otra ocasión, pensaba el juez de paz.
Pero el golpe estaba ya dado, y toda dilación en la relación de los detalles
no había de hacer otra cosa que irritar más y más á M. Thomassiére. En su
consecuencia, Langlade pensó: «pues ya que he empezado ¿por qué no decirlo
todo?» Y dirigiéndose á su amigo le dijo:
- Querido Gastón (así le llamaba para entretenerle): mi sobrino es quien me
ha escrito la noticia. Ya que te he dicho que el tal sobrinito es un duende de
París y lo sahe todo, sospecho que en vez de ir á su oficina se entretiene en
hacer vaudevilles. En una palabra, es amigote de tu hijo, el cual le ha encargado de tantear el terreno en lo que te concierne, y si te he hablado de esto
es porque á mi vez deseo saber .. .
- ¿Qué?, interrumpi6 Thomassiére dejando bruscamente sobre la mesa la
taza del café.
- Pues sencillamente tu modo de pensar. En buena filosofía, deben tomarse
la cosas tales como son, y no es posible pedir á una cabeza de veinte años el
juicio_de ... de Foción.
- ¡Foci6n! ¡Foción! ¿Y á mí qué me cuentas con tu Foción? ... ¿Vas á decirme que Foción, tu Foción, me aconsejaba que perdonase la necedad de ese galopín atortolado por una galopina?
- ¡Oh! ¡Poco á poco!, replicó el juez de paz. Eso de galopín es fuerte tratándose de una actriz que ha sobrepujado á la Norah en una comedia de Dumas
(hijo).
- ¡Anda, anda! ¡Pues no estás poco enterado de todas esas cosa~!
- Por mi sobrino. ¡Qué quieres! ... Así, pues, Mlle. Gabriela Vernier...
- ¿No me has dicho hace poco que la llamaban Gabrí7
- Eso es en la vida íntima; pero en los carteles es Gabriela. Gabrí es para los
iniciados solamente, para los gomosos, para los verdaderos parisienses.
- ¿Como tu sobrino Custavo?
- Exactamente.
- ¡Gabrí! ¡Teodoro casarse con Gabrí! ¡Gabrí!
Y M. Thomassiére dió un puñetazo en la mesa, que hizo saltar los restos de
perdiz y vibrar los vasos y las tazas. Luego repuso cada vez más exaltado:
- ¡La señora Gabrí Thomassiére! ¡Thomasiére Gabrí!
- Gabriela, Gabriela .. Legalmente no es Gabrí sino Gabriela, observ6 Langlade con algo de socarronería gascona. Según parece, la tal Gabriela es linda,
muy linda... Alta, bien formada, rubia, ó lo que es lo mismo, teñida con alheña.
- ¿Con qúé?
- Con alheña ¡Oh! ¡La álheña está muy de moda! Sobre este particular mi
sobrino me ha contado unas historias ... Parece ser que todas las señoras de la
Opera se aplican alheña en la cabeza, y no solamente en la cabeza ...
El juez de paz echóse á reir pensando en los relatos de su sobrino Gustavo;
pero sí ¡de las señoras de la Opera se trataba! Thomassiére, más blanco que la
servilleta que doblaba y que estrujó coléricamente, alargaba su prolongada nariz hacia la cara de cereza madura de Langlade y le pedía nuevos informes respecto á la locura de que Teodoro estaba poseído; en tanto, Langlade tanteaba
el terreno para ver hasta dónde podría llegar, y poco á poco lo decía todo.
El ·caso de Teodoro, por otra parte, era bien sencillo. Después de ·haber terminado en París la carrera de derecho, no teniendo prisa para volverá Perigueux,
hízose inscribir en el colegio de abogados, y como tantos otros se dedicó á ir á
caza de la ocasión, cada día más calva, sobre todo en París, donde los cabellos
caen más de prisa Un litigio divertido, cual fuera el que sostuvo Mlle. Gabriela Vernier con su pedicuro, puso á Teodoro á la orden del día en la crónica parisiense. Y resultó que efecto de haber descrito, defendido - y contemplado - con
mucho talento el pie de la cómica, acabó por ofrecerá ésta su mano: locura,
tontería, escándalo, todo lo que se quiera; pero sabido es que el amor constitu•
ye el prólogo obligado de todas las tonterías legales y extralegales.
- En suma, mi viejo amigo, dijo Langlade: bien mirado, tu chico hubiera
podido hacer aún peor elección. El hijo de Migayroux, el de Bergerac, se ha

�LA

NúMERO 511

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

casado con una
- Serán inúti·
actriz de Bobino,
les .
que ahora hace un
- Actos respebuen papel en el
tuosos ...
pueblo de su ma- ¿Tú crees? ...
rido, tan bueuo
-¿Qué edad
cotno pudiera hatiene Teodoro?
cerlo otra cual- Veintisiete
quiera. te lo aseaños.
guro. ¡Y ya ves tú
- Pues co n
que del Palais Roveintisiete años
yal á Bobino hay
no es un pollo.
alguna diferencia!
fnsisto, mi queri·
- Sí, interrumdo Gastón: actos
pió con ímpetu
respetuosos ...
el antiguo nota- Déjame en
rio; pero Medepaz con tus actos
ric Migayroux no
respetuosos, intees Teodoro Thorrumpió nerviosam as si é re ... ¡Ah!
menteThomassié¡Su madre! ¿Qué
re; no sé si por
diría la madre de
causa de la perdiz
Teodoro si viviera
6 de la lamprea,
y supiese que su
tengo como una
hijo se ha enamo•
barra en el estórado de una Gamago... materialbrí!, ¡Gabrí! ¡Gamente una barra ...
brí! ...
me ahogo... ¡AcY repetía este
tos respetuo~os!. ..
nombre como si
¡Por una señorita
con él quisiera
Gabrí! ¡Actos resabofetearse. Presa
petuosos! ¡A mí,
de una impresión
á mí, á mí!
singular, mezcla
Y al decir esto
de sorpresa y cóbufaba como un
lera, parecíale que
caballo de batalla,
todo daba vueltas
blandiendo la seren derredor suyo,
villeta que había
los árboles del jartomado de la medín, las tazas de
sa. Y se erguía,
café y hasta la rimirando hacia el
sueña figura de
jardín, como si
Langlade.
Teodoro fuera á
- ¡Es posible!,
presentarse por
exclamaba como
allí y él se prepahablando consigo
rase áconfundirle.
mismo, y tratando
Pero en el jarde recordar las úldín sólo había sol,
timas cartas de
flores, granados é
Teodoro, en las
insectos de alas
que éste no hacía
de gasa, que revomención de la seloteaban en rápiñorita Gabrí, y se
dos ·círculos, allimitaba á dar norededor del césticias políticas yfi.
ped todavía verde
nancieras á su papor algunos días.
dre, diciéndole
que en París se
II
hablaba de un a
nueva conversión
/
/
Al día siguiente
y de la seiscienla vieja María
tas cuarenta va
.
uedóse tó ·t
crisis ministerial
•.. se entretuvo cerca de dos horas en mirar un transparente gigantesco lleno de anuncios
q
a Ill a
·
cuando M. ThoPero de teatros...
massiére que e a
¡Oh, d~ teatros,. ni una pala?ra! A juzgar por sus cartas, Toodoro era un hom-1 muy casero y rara vez salía de su cuarto y de la bibliGteca (traducí¡ secret:~re seno, excesivamente seno ... y he aquí que de repente, ?º sólo por cart~, m~nte á Horacio) la llamó y le mandó que le preparase la maleta y dijera il
smo personalme~te, envía á Gustavo para explorar por medio de su tío el ám- cnado que ensillase el caballo.
roo de Thomass1ér_e. Porque era,Teodoro, no cabía duda, el que había dado el
-¿Va el señor á Perigueux, al concurso regional? le preguntó.
encargo al tal sobnno... .
·
.
El viaje que había hecho M. Thomassiére con m~tivo del concurso regional
- ¿Dónde está tu sobrm_o Gustavo?, preguntó br~scamente el ex notano.
se conservaba en la memoria de todos como un suceso célebre, había sido un
. Langlade, h~mbre prách~o, calentaba en un platillo un terr~n d~ azúcar mo- acontecimiento en aquella casa. El notario encogiéndose de hombros contestó:
Jªd? en aguardi~nte con obJ~to de hacer un ponche Y de deJar tiempo á su
- ¡Qué concurso! Si en Perigueux ya no hay concurso. Además no voy á
amigo Thomass1ére de reflexionar á sus anchas.
Perigueux sino á París
'
La pr~gunt~ de éste hízole sonreir.
- ¡A P~rís!
·
-¿M1 sobrmo?, contestó. Se ha largado al momento. Se aburría en Saint-A París.
Alvere Y está en Burdeos. Burde?s es la sucursal de París.
La vieja criada, con sus ojillos maliciosos de aldeana fijos en el rostro de su
- ¿:1)e modo, repuso Thomass1ére, que no podré saber más que lo que tú me amo, trataba de adivinar la causa de aquel precipitado viaJ·e presintiendo por
has dicho?
· ·
'
_ Qué no te basta?
ms~to que se t~ataba de al_guna aventura del seño~ito ~eodoro ... ¡Ah, ese PaEl
'{
.
.
.
.
rís! 1Ah, ese molmo de hanna humana! ¡Cuántos mfehces paisanos suyos hanotano miró ~ su amigo con s~vendad. Ciertamente el bueno de Langla- bían sido triturados en aquella máquina infernal!
de se chanceaba, m1e~tras. Thomas_si~re se ahogaba de cólera ... ¡Ah! No bien
- ¿El señor va á París? y ¿cuánto tiempo permanecerá en París el señor?
:c,aba_rba de habcer la _dbigeástlón, escnbiría á Teodoro una carta ... ¡pero qué car- gruñía por lo bajo María, mientras miraba si estaban bien cosidos los botone~
a .... 1 uena, uena i a ser!... De seguro que caería en París como una bomba. de la camisa de su amo
- ¡Lataseñorita
Gabrí
Gabríb, Gabríl·
La determmaci
· '6 n de .M. Thomassi'é re producía .en la casa una tnbulac16n
·
· seEl
·
f
'
.
.
.
no no _repet .ª es~e nom _r~ con todas las mfle~iones d~l despre~10, del fu. mejante á la que hubiera podido ocasionar un espantoso trueno. Criados, mor~r Y de la ~xecración. ,Gabrf! ,S1 E~tefanía Thomassiére hubi~ra podido pensar zos, jardineros se preguntaban por lo bajo qué habría hecho el señorito Teom un solo 1~st~nte que su Teodonto había de amar, ¡qué digo amar!, casarse doro para que su padre montara á caballo como dragón que va á dar una car a
con una senonta Gabrí, Ga?rí!. .. Sf. sí, y cien veces sí; escribiría in~ediata- El nombre de Teodoro estaba en todos los labios ... ¡Oh!, se murmuraba, ¡el ~ai
mente á Teodoro, y en tér~~o~ que no le gustarían, á fe de Thomass1ére.
señorito debe ser un calavera deshecho!.. Cuandc se marchó á París de'ó en la
- ¿Yé par~ qué?, preg~ntó JU1c1osamente Langlade. Espera á que él te informe, comarca de Saint-Alvere hasta Sainte Foix más de un corazoncito oprÍmido y
á que 1 mismo te escriba.
·
_ ¿Y ·
h ?
no pocos o¡os encarnados de llorar... Puesto que M. Thomassiére se va no
1
s1 no o'blaceD
cabe d uda de que es para reduc1r
. á su h"
'
· d
'b' á
1¡0 á la razón.
- No es pos1 e. emas1a o te escn 1r : participación de matrimonio, deEl amigo La I d · á d
d' á Th
'é
,
manda de consentimiento· esto es de ca'ón
ng ª e vm_o_ . espe Ir •. omass1 !e, y Mana pudo sorprender
- · Ah mi conse t' .
s·1 fi J .
pa~abras amena'.zadoras dmg1das al parmense, á qmen el notario hablando con
Sú 1
. s
n imien
se gura...
el J~ez de paz había llamado pícaro de siete suelas. Además la criada había
- Pica
, ruegos...
cogido al vuelo, como se caza una mosca, un nombre que la preocupaba: Ga-

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Q.•---••--iall•••iil•------•.,.••----•-••---w!!!!ll•!!!llll---.1

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NúMERO 51 I

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Vuelto á su hotel leyó un periódico antes de dormirse; era El Eco de Visone:
día siguiente, á las pocas horas de haber partido M. Thomassiére dejando se ocupó principalmente de la parte política, porque Thomassiére era uno de
de palabra y por escrito sus órdenes á la servidumbre, después de haber esos que se ocupan en sumar los votos que puede reunir un ministerio: precirecibido el último apretón de manos de Langlade, cuando amo y mozo des- samente entonces había crisis ministerial. Acabada la sección política, el notaaparecían al trasponer el ribazo, en la revuelta del camino, todo el mundo sabía rio, que estaba ya acostado, iba á dejar el periódico, cuando por casualidad un
en la casa que el notario iba á impedir que el se,iorilo hiciese tonterías y la nombre hirió sus ojos como un relámpago.
Era el aborrecido nombre de Gabriela Vernier. «Mlle. Vernier, decía el pevieja María encendía en la cocina un cirio de resina reservado para los días de
tempestad, con el fin de librar de ladrones á su amo y de malas mujeres á su riódico, desempeñará el papel de Comadre en la próxima revista del Pal~is Ro•
ya!. Se hacen grandes alabanzas del rondó que tiene que cantar á propósito de
señorito.
Thomassiére hizo que el criado se volviera con los caballos desde Mussidán. La educación laica.»
Allí esperaría el tren de Contras, que le llevaría á Burdeos y luego á París. Al
M. Thomassiére leyó dos ve~es el suelto, no omprendiendo bien la importancia del papel que debía desdespedir á su servidor, el noempeñar la señorita Vernier.
tario, de ordinario frío y digno
¡Esta señorita cantaba, y sin
como una estatua antigua, esduda cantaba celebrando la
trechóle la mano y le dió gra•
educación laica! ¡Mentira le
cias en patués por sus palaparecía! Pero en fin, preciso
bras, deseándole buen viaje.
era acostumbrarse á todo.
Después, ya solo, púsose á
El notario siguió leyendo:
reflexionar: había tomado una
«Se espera poder dar la priresolución rápida: no esperamera representación el lunes
ría á que Teodoro, dispuesto
próximo.»
á cometer todo género de
M. Tomassiére, mirando su
majaderías, le enviara las fa.
reloj vió que era media noche:
mosas intimaciones respetuollegaría á París el domingo por
sas ... ¡Ironía de la ley! ¡Resla tarde, y por lo tanto tendría
oe-tuo-sas/ No; iría resuelta é
tiempo de tomar una 1ocalidad
impensadamente á buscarle
del teatro del Palais Royal y
para pedirle cuenta de sus
enterarse un poco de la figura
amores con la señorita Gabrí.
de la tal señorita Gabri, de esa
¡Vaya con la señorita Gabrí!
Gabri que se atrevía á soñar
Parecíale que la estaba viencon llamarse la señora de Thodo ajada, pintada, teñida y con
massiére.
voz desagradable y acanallada.
El notario apagó la bujía y
¡Y pensar que estas seduccerró los ojos, esperando dorciones atraen á los jóvenes!
mir; pero en el silencio de la
¡Imbéciles! ¡Si fueran las monoche oía la chispeante músidistas de otro tiempo, gracio·
ca de un teatro ó casino próxisas, alegres, frescas y con el
mo al hotel, y medio arrullacorazón en la mano, con su
do por aquellos acordes se
cofia de percal y su vestidito de
adormeció, soñando, entre
indiana, tales como Thomasotras cosas extravagantes, con
siére las había conocido! ¡Pero
la aparición de una alta y herlas mujeres de ahora! ¡ Ah,
mosa joven vestida de paje de
qué mujeres! ¿Cómo compalos Hugonotes, que cantaba La
rarlas con aquéllas? Y si no,
educación laica con la música
preguntad á los viejos, que esele la Bendición de los pu,iales.
tán bien enterados.
Al dfa siguiente, M. ThoPensando en estas cosas, y
massiérc, mal dormido, tomó
evocando fantasmas con cofia
el tren de París, y durante el
y vestidos de cretona, el notrayecto estuvo meditando el
tario notó que tenía hambre,
y como el tren de Contras no
sermón que pensaba espetar á
á Teodoro ... «¿Has medido,
llegaba hasta dos horas desdesventurado, la profundidad
pués, se hizo servir un almuerdel... del abismo?» ... Pero anzo. Comió con apetito, sintiéndose repuesto aunque colérites de sorprender á su hijo
quería tener el derecho de darco, y apenas se instaló en el
le su opinión respecto á la mitren quedóse dormido y no
serable joven de la que el imdespertó hasta Burdeos.
bécil pretendía hacer una ThoPodía haber seguido direcmassiére. Sí, quería juzgarla,
tamente hasta París, pero Burbien seguro de que era fea,
deos le recordaba algo de su
juventud. Hacía años que no
vulgar, insignificante ... ¡Los
Luego quit6se el cuello y los pullos y comenzó á desabrocharse el corsé
jóvenes son tan estúpidos! O
había estado en esta ciudad,
desde la época en que en un
.
.
. . . .
,
quizás á lo sumo tenía la becuartito de la calle Huguerie rociaba con vino blanco las ostras de Arcachón, lleza del diablo, que por cierto es belleza que vale bien poca cosa. En fin, ya
.
que se comía riendo una linda morena ... ¡Qué mujer! Aquélla sí que era belleza: lo. vería, ya lo vería...
ni estaba ajada, ni iba pintada ni teñida, y sobre todo no era cuestión de casarParís también excitaba su curiosidad, y en resumidas cuentas, no le pesaba
se con ella, ¡ni por pienso! ¡Ah, ese Teodoro tres veces estúpido!
volverá verle. Se apearía, como en otro tiempo, en Cité Bergere, en el hotel tranM. Thomassiére no era sentimental, y por lo tanto su estancia en Burdeos quilo que le había albergado en otras ocasiones, Hotel del .Mediodía. En aquella
le refrescó dulcemente la memoria. ¡Oh año feliz de 1838! Entonces no estaba época había allí una linda rubia, fresca como un capullo, gruesa como una alcasado, y hacía muy distinta vida de cuando llegó á ser notario de Saint-Alve- deana de Rubens, y que con su luto de viuda estaba endiabladamente hermosa.
re. Recordó haber tenido un duelo, 6 mejor dicho, el principio de un duelo ¿Qué habría sido de la señora Chardonet? En aquella época, ya algo remota,
con un oficialito del 3. º de ligeros, por causa de una endiablada librera que tenía la viudita treinta y seis años: ¡cómo pasa el tiempo? La vida había pasado,
alquilaba novelas de Pigault-Lebrún en un gabinete de lectura ... Se interpu- pasado, pasado, como dentro de poco pasaría la revista del Palais Royal.
sieron algunos amigos, pues Thomassiére no dió satisfacciones, ¡qué había de
El Hotel del Mediodia había cambiado su nombre por el de Hotel del N orte, y
darlas! Además, como todos los de aquella generación, manejaba muy diestra· el cuarto que antes había ocupado el número 20 habíase convertido en el 32 ...
mente el florete, Y todas estas aventuras, ¿para qué? Para acabar por casarse En cuanto á la señora Chardonet, hacía tiempo que se había retirado de los
con la sei'lorita de Prunieres, que le trajo en dote la casa de Costo-Rasto, y le negocios, y habitaba en el Perigueux.
- ¡Calla! ¿En el Perigueux?
exigió que se estableciera en Perigueux, cerca de sus ancianos padres. A partir
de aquella época su existencia deslizóse lenta, pesada y pautada como un pa- Sf, hace quince años.
pel de música. ¡Qué monótona vida la del notariado de aquel pueblecillo, en
¡Qué coincidencia! La bella sefl.ora Chardonet vivía tan cerca de él y nunca
donde un día se parecía al pasado y al siguiente, y los años á los otros años! había vuelto á verla. ¡Quién sabe! Quizá él lrnbiera acabado por declararle los
Teodoro, hijo tardío, nacido después de veinte años del matrimonio del digno sentimientos que le inspiraba y que nunca habíase atrevido á revelar, no obsnotario, se hizo hombre cuando su padre era ya viejo, y Thomassiére, viudo á tante las atractivas sonrisas de la fondista. Ella en PeriguP.ux; él en Saint-Alvepoco, no quiso volver á casarse y reconcentró en su hijo todas las ambiciones re. ¡Tenía gracia! ¡Vaya si tenía gracia!
•
de su pasada juventud. ¡Qué pronto había pasado todo esto! Parecía que la
Y en aquel hotel húmedo y triste, donde otro cualquiera hubiera pillado un
vida había soplado sobre él y llevádose cual si fuera polvo toda su existencia. reuma, el anciano notario encontraba bocanadas de juventud y como reflejos
Sus reflexiones no eran melancólicas, sino que surgían en él como esas flore- de sol. Pasó la tarde recorriendo el bulevar, algo desvanecido por el ruido de la
cillas que nacen en las junturas de algunas antiguas piedras. No queriendo pa- muchedumbre, y empujado y codeado se entretuvo cerca de dos horas en mirar
sar la noche en el tren, el notario se detuvo en Burdeos. Por la noche fué al un transparente gigantesco lleno de anuncios y de figuras grotescas. Esta linterteatro, en donde se representaban los Hitgonoles. Las cantantes le parecieron na mágica, en la que los anuncios alternaban con vistas pintorescas, interesó
viejas, los pajes delgados y desgarbados con sus trajes ajados; no comprendía en sumo grado á M. Thomassiére, que habiendo traducido ya en verso medio
que nadie pudiera prendarse de semejantes mujeres. Salió del teatro con jaque- Horacio, comprendía que los parisienses tenían el talento de mezclar lo útil á
ca, y sin explicarse cómo aquel mundo de cartón y telas pintadas pudo haber lo agradable: utile dulci.
vuelto loco á su Teodoro.
{ Co11ti11uará)
brl, Gabrl! ... indudablemente un nombre de mujer, de alguna perdida. Y al

�654

LA I LUSTRACIÓN A RTÍSTICA

Consta esencialmente de un tubo de caucho, uno
de cuyos extremos se fija en la pared por medio de una
polea aisladora de porcelana y un garfio, terminando
ELECTRICIDAD PRÁCTICA
el otro en una pera de caucho herméticamente cerra I. - UN NUEVO INTERRUPTOR DE MERCURIO
da que contiene cierta cantidad de mercurio. Por el
interior de este tubo pasan los dos conductores que
Nada parece apr/ori más sencillo que construir llevan la corriente al interruptor y que terminan en
un interruptor de corriente,.que funcione en buenas dos espigas de hierro visibles en D Cuando el tubo
condiciones, y sin embargo el problema está eriza- ocupa la posición A, la corriente está interrumpida,
según puede verse en D; en cambio, si se levanta el
tubo y se le fija en el garfio del modo que indica B,
el mercurio de la pera cambia de sitio y se coloca en
la posición que reproduce C, cerrando entonces el
circuito, que puede interrumpirse de nuevo descolgando simplemente el tubo y abandonándclo á su
propio peso.
Gracias á esta sencilla disposición la chispa se produce en un espacio cerrado y no puede incendiar los
productos que contiene la atmósfera ambiente; además, los vapores oxidantes ó corrosivos no tienen
acceso sobre el contacto, que de esta suerte se conserva siempre limpio y completamente seguro.

N úMERO

51 I

hasta el fondo de los recipientes); y, d pone en comunicación el recipiente superior A' con la pieza F
por medio del tubo G.
El aparato va montado sobre cuatro pies de hierro
que contienen una jardinera, en la cual hay la taza
donde cae el agua formando surtidor.
Veamos ahora cómo funciona el aparato: los dos
recipientes pueden llenarse de dos modos, ó por el·
tazón D echando agua por los tubos E y a (fig. 2)1 .6
simplemente quitando los corchos f y/' que sirven
para vaciar el aparato y pueden servir también padl.
llenarlo.
Supongamos el recipiente A yel tazón D llenos
de agua: entonces el aparato no funciona, pues el
surtidor está en comunicación con A', que únicamente contiene aire, por medio del conducto G y del
orificio d.
Si trocamos la posición de los recipientes de modo
que el lleno esté arriba, el tazón está en comunicación con el inferior A, vacío, y el surtidor con el superior A'; A se llena lentamente por el agua que cae
de A' y la presión del aire sobre esta agua la obliga
á subir por el surtidor para caer en la taza, produII. - UNA CERRADURA KLÉCTRICA
ciéndose un chorro de agua que durará todo·eI tiempo que tarde vaciarse el recipiente de arriba· y cuya
Muchas instalaciones se han imaginado con el altura disminuirá cuando esté para terminar la opepropósito de obtener una cerradura eléctrica sencilla, ción.
destinada á abrir desde alguna distancia las puertas
Para empezar de nuevo bastará cambiar la posi ·
de ~ntrada de las casas utilizando para ello las pilas
ya instaladas para el servicio de timbres. Pero hasta
ahora sólo se han hecho _instalaciones·complicadas y
por ende delicadas y costosas: la que reproduce nues
tro segundo grabado es, en cambio, de una sencillez
extraordinaria.
He aquí en qué consiste su mecanismo.
La puerta va provista de un pestillo P, que se apoya en el estribo de una armella giratoria G, montada
Interruptor de mercurio. - A y D. Posiciones de interrupción. sobre el batiente inmóvil, el cual lleva un muelle
que tiende á empujar la puerta, es decir, á abrirla,
B y C. Posiciones de cerradura
en cuanto la armella abandona el pestillo. Un dedo
O mantiene la armella quieta y penetra por uno de
do de dificultades en determinadas circunstancias.
sus extremos en una muesca de la armadura A, Esta
Supongamos, por ejemplo, que el interruptor deba
armadura, solicitada por un muelle colocado en su
ser colocado en un lugar donde se produzcan desparte superior, cerca de su punto de suspensión y de
prendimientos de vapor de agua ó de vapores ácidos·
oscilación, mantiene normalmente el dedo ajustado
.
'
en este caso ninguno de los interruptores ordinarios
á la muesca y se opone á que la puerta se abra. Pero
podría resistir mucho tiempo á las acciones corrosivas
si se dirige una corriente al electroimán E, la armaú oxid~ntes de un medio semejante. Supongamos, en
.dura A es atraída, el dedo se desprende de la muesun segundo caso ;particular, qµe el interruptor se CO·
ca y bajo la acción del muelle la armella gira inme!oque entre vapores inflamables en un subterráneo
diatamente y suelta el pestillo, abriéndose por conque ~o~tenga esencias de petróleo y en donde, por sig1,1iente la puerta.
consiguiente, no puede entrarse de noche; bastaría
Para cerrar la puerta basta empujarla; el pestillo
entonces la chispa que produjese la ruptura de un
penetra suavemente en la puerta y se engancha de
nuevo desde que ha pasado por el punto de detención de la armella. Gracias á esta disposición ingeniosa las cerraduras eléctricas pueden ser consideradas como complemento natural de los timbres eléctricos.
Fig. I, Surtidor atmosférico de salón
No es difícil imaginar una combinación de hilos
que permita servirse de los mismos hilos del botón del
timbre de la puerta de entrada para hacer funcionar ción de los dos recipientes y así sucesivamente, de
la cerradura, realizando de esta suerte una economía modo que el agua es siempre la misma, bastando
apreciable en el precio de la canalización común á añadir de cuando en cuando la suficiente para comlos dos servicios de timbres eléctricos y apertura cle pensar la pérdida que se produzca por la evapolas puertas á di~tancia.
ración.
'
Para recrear la vista pueden ponerse algunos pececillos de colores en
la taza que siempre
contiene agua; y en el
SURTIDOR AT MOSFÉRI CO DE SALÓN
caso de que á la piscicultura se prefiera la
Cuando los asfixiantes calores del verano nos obli- higiene, esta agua puegan á sentarnos á la sombra de espesos árboles ó á de mezclarse con un
retirarnos en habitaciones donde los rayos del sol no antiséptico para purifipenetren, una de las cosas que más recrean la vista car las h'abitaciones de
son indudablemente los surtidores grandes ó peque- los enfermos.
ños, cuyos chorros parece que comunican al cuerpo
El aparato es sólido
una parte de su frescura y cuyo suave murmullo invi- y de construcción eleta al descanso.
gante; la cesta, los reciVamos á describir un aparato denominado surtidor pientes y los pies están
atmosférico que merece llamar la atención por su ele- pintados y barnizados y
gancia y por su ingenioso mecanismo. La figura r re- el tubo central que hace
presenta el aparato en su conjunto, la figura 2 una girar los dos recipientes
Cerradura eléctrica, -A. Armadura. - E. Electroimán,
sección vertical del mismo.
D. Dedd. - G. Arn\ella - P . Pestillo
es de metal niquelado,
Compónese el surtidor atmosférico de dos reci- de manera que por popientes simétricos superpuestos, A y A' (fig. 2), uniinterruptor. mal entendido pa;a inflamar estos vapo- dos por un tubo B atravesado en el centro de su lon- co adornada que esté
la cesta con algunas
res peligrosos.
gitud por una pieza central fija C, alrededor del cual flores de bellos matiIgual dificultad, aunque en menor grado, ocurre pueden girar los recipientes: esta pieza tiene tres oriFig. 2. Secci6n vertical del
en los polvorines, en los molinos y en algunas in- ficios b, e, d, que permiten las siguientes combinacio- ces, se tiene un pequeño mueble decorativo surtidor atmosférico de sal6n
dustrias que producen una atmósfera inflamable. El n_es: 1.•, b pone en comunicación el recipiente infeinterruptor de mercurio está destinado á resolver nor A con una taza D colocada más arriba por medio del mejor gusto, dobletodas las dificultades que acabamos de exponer y al- del. t~bo E y del a fijo en el tubo B, que une los dos mente recreativo por prestarse á la contemplación
gunas más que podrían presentarse, y á falta de ele- rec1p1entes; 2.a, e establece la comunicación entre los de los diminutos seres acuáticos, ó en otro caso de
gancia ofrece una seguridad absoluta que le valdrá recipientes A y A' por el tubo a' fijo al B en la pro· reconocida utilidad si el pequeño depósito de agua
se destina á contener substancias antisépticas.
múltiples aplicaciones.
longación de a' (nótese que los tubos a y a' llegan
(De La Nat11re)
SECCI ÓN C I ENTiFI CA

655

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA '

N úMERO 5 11

Las casas extr anjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTtSTIOA diríjanse para informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumart1n,
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• 11 Aaltaclta 1mtna di fu lqera

(Gaceta de los Hospitales)

es ttrma

.B'1JtQ,r m II rotulO

-

VINO ARDUO CON QUINA
.

T COH TODOS LOS ,amamos ffllTllITITOS SOLtllLBS DB L4 CAllNE

OllllHI 110n los elementos que entran en la comooalcfOD de este Potente
ftparador de las tuerzas Vitales, de este renl8ea■ce per eaeele aeia. De un gusto sumamente a¡radable, es soberano contra la J.nemla y el J.:J)OCamlfflto, en las Callntur111
1 COflllal4etncúll1 contra las IJ1arreas y las J.feecwne, del B1t&lt;&gt;maqo y los ente,""°'·
Cuando ae traia ele despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzu,
enrtquecer la sangre, entonar el orgánl.smo y precaver la anemia y las epldemtu provoCldli por 101 calores, no ae conoce nada superior al 1'111• de 1tlliaa de 4 reuc.
l'M' ffiCW°'• a Paril, ea wa u l. FERÚ, Farmauutlco, 10!, rue Riclieliea. 8tltAICI deil01JD.
'4!ALU 1

SS VDI&gt;S 1M TODü LAS PaJMCIPALU

BoTI~

EXIJASE .a:~' ARO UD

�LA

NúMERO 5 1 r

ILUSTRACIÓN ARTISTítA

FEBRERO, cuadro de D. Emilio Sánchez Perrier, propiedad del Estado. (Exposición general de Bellas Artes de Barcelona, 1891.)

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
SOLOS DE CLARÍN, por D . Leopoldo Alas. - La primera edición de este libro se publicó en 1881, y aun cuando el autor
confiesa en el prólogo que desde entonces acá ha variado de
gustos y opieiones respecto de muchas personas y no pocas
cosas, lo cierto es que los artículos que contiene se leen con el
mismo gusto que si estuviesen recientemente es~ritos. ¿Cómo
no, tratándose del literato que desde hace tantos años tiene sólidamente asentada su fama? Casi todos los trabajos que abarca

11 Alimento

ESTOMAGO
PASTILLAS POLVOS
118comendadot COD\ra lu &amp;leoclonea dal Est6•
ma110, Falta de Apetito, Dlgeatlonea laborlo,,u, Aoedlaa, Vómito■, Eruotoa, y Cóllooa;
regulartun la■ Funclon• del Eatómago y
de loa 1-tlnoi.
· Exltlr III el rotulo I ll'ffl ■ dt l . FAYARD.
.l4h. DETIIAN,Farmaoeutloo 9D P.&amp;1U8

**•
PERSONAJES ILUSTRES, VENTURA DE LA VEGA, por do,i
fuan Va/era. - Muy interesante es la biografía de Ventura de
la Vega que acaba de publicar D. Juan Valera en la colección
de Pers01iajes ilmtres que con tanto éxito publica en Madrid
la casa Sáenz de J ubera hermanos. Son pocas páginas, no pasan
de 68, pero valen por muchas, como escritas por el autor de
Pepita fi111lnez y consagradas al de El hombre de 111u ndo.
Véndese el folleto al precio de UNA peseta en las principales
librerías.

111&amp;1

lllil

VINO FERRUGINOSO ARDUO

y

J

Editada por Fernando Fe, de Madrid, véndese la obra al
precio de 4 pesetas en las principales librerias.

CARNE
HIERRO y QUINAreparadores.
ro:lc:nte llllido a los 'l'ónicoa

ENFERMEDADES

PATERSON
• BISMUTBO MAGNESIA

esta obra son de critica literaria, y con decir esto y tener en
cuenta la competencia que en estas materias nadie puede ne gar á D. Leopoldo Alas, dicho se está cuánta enseñanza, ade•
más del deleite, puede sacarse de ellos. En hermosa galería
desfilan las personalidadei. de nuestros más insignes escritorPs
retratados en sus principales obras : Amador de los Ríos,
Menéndez Pelayo, Castelar, Ayala, Echegaray, Sellés, Valera, Pereda, Alarcón, Galdós, Campoamor y tantos otros
aparecen literariamente retratados y estudiados de mano
maestra.
Contiene el libro un bellísimo prólogo de D. José Echegaray y
está profusamente ilustrado por Angel Pons, cuyo nombre nos
releva de todo elogio porque él mismo consigo los lleva.

T COK TODOS LOS l'llDIClPJOS KtJTBJTIVOS DB U

CABNE

11.lallZ, - - • Y flllll.&amp;t Dles añoa ele exno oonttnuaclo y Ju annnactones de
todu Jaa eminenCIU médícu preutJan que esta UOCJ&amp;clon cle la Carae, el Hierre y Ja
9&lt;,li- oousUtuye el re~or maa enc,ratco que se conoce para curar : la Cloról1i, la

lfltffl'4, las Jle111t~ dQlorolal, el Jlm,ct&gt;reamtento 11&amp; .Alttrac"1ff ae 14 Sangr,,
el Raqum1mo, ldl A / ~ ucro~ 1 t:ICM'bul~, .etc. El '11•• Perract■•H ele
A.reu• ea, en efec&amp;o, el único que reune tocio lo que ent.ona 1 torUlece 101 organoa
regut~1 coordena 1 aumenta constclerablemente tu tuerzu 6 tntuncls a la aan¡nj
empobrecida 1 descolorida : el YIQOf', la ColM'OCW!t 1 la 61Uf"{Jf4J fl(tiJl•

Por 11111yor,a Paril, eo casa de J. FllW, Farmauatieo, tot, nte Riebeliea, Sacesor 4e AllOUD.
SS VDDII BN TOD"-8 LA8 PaINCIPilBS BOTICAS

EXIJASE 11i: =: r ARDUO
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Pepsina Boudault
!pr0had1 por 11 füDEIU DE IEDICIH

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EN 1856

,.'•-•e•••
JARABE ANTIFLOGÍSTICOI'•"OE,_,._BRIANT ~

CAJ.LII l&gt;B l&amp;JVOU• 160, ll'~IU.• ,
'4hl-•e...
B1 ~.AH.ABE DB BRIANTrecomendado deade ■u prtnclplo por 101 i,rotesore■
~Dllec, Thénard, Guenant, etc. ; na recibido la C(IDIIIJraclóo del tiempo : en el
uo t8!9 obtuvo el prtv1le¡lo de Invención. VEIDADIIID CDIFln PECTDIIAL con base
de goma J d.!! ababole■, convtene sobre ioiio las peraonu dellcadu como

a

mQJerea J nlnos. su__guaio e:r.cetente no perjudlea en' modo alguno Asu in.cacla
contra 108 llESFBllll0$ J todas 1811 llfLUliCJDIIES del PfiCB0 "Y de los IITESTII0S. .-~

Part1Cll)8ndo de las propiedades del Iodo
Y del Hierro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las Eacrofulu, Ja
Ti1ts Y la Debllt dad de temperamento
asl como en todos los casos(Piltdo1 colore,'
Amenorrea, 4°), en los cuales es necesarfÓ

l..

lltd&amp;llu •a laa l!llpo1lclon11 ln1&lt;rnaclonal11 do

PillS • LTOI • '1EIU • PBIL!DELPBU • PAIIIS
111'11
1873
1876
1'71
•• ••na, COR' IL • 'TOt tnTo IJI' LM
DISPEPSIAS
OASTRITIS - OA8TRALOIA8
D10E8TIOII LENTAS Y PENOSAS
FALTA DI APETITO

118'7

• orao, DIIOIU)IJl'II DI u

JARABE Y PASTA

ELIXIR. · de PEPSIN! BOUDAULT
VINO · · de PtPSilU BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA IOUDAULT
PillS, Pbarmacie COLLAS, 1, rae IIIIJllile
J
r ffl lar p,-inefnaltr fa,..,...efo,, ·

~f'A--?f)s Farmaceuuco, o Parll,

de H •. AUBERQIER

DIIIITl-

8.UO U. F0Rlt4 DE

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza 1 abundancia normales, 6 Y!l para
provocar 6 re¡ularizar su curso periódico.

co■

LA.O'nJ'ClAl.mK (Jugo lechoso de Lechuga)

~Rue Bonaparte, 40

,, iJour. ,

Aprobadoe por la A.oad•m1• d• Jlled1oúia de Pari• é 1.n•ertada. en la C o1ecci6n
Oltctal d• Fórmula• Legal•• por decreto mtnúterial de 1 O de Mar•o de 1854.
e Una completa lnnoculdac1, una encacla perfectamente comprobada en el catarro
,,,Uémlco, las Bronqu"'•· Catarro,, Reuma,, 1'01, a,ma é ' " ' ' ~ cle la ¡ar¡anta han
¡¡rangeado al J.A.RA.l~E Y '!'.A.BT.A. de .A.UBERCHEl\ una Inmensa fama,,.
'
(Batraoto ül Formulan, JIU,c, ül S" Bovcb,,at 11tfdriúiu ü la r11Cllltu ü Me,iciu (16, ,4ici6ti)
Venta por mayor : COIU.R T e♦, ti, C&amp;lle de St-Claucle, PARJS
'

_

1!_11:J&gt;ÓSITO EN LAS PftlNCIP4LE8 BOTICU

PATE EPIUTOIRE DUSSER

NB

El lodurode hierro Impuro óalterado
■
, es un medicamento llffiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas .PU4ora. de Blanec¡rd
extrtr nuestro sello de plata reactiva:
nuestra firma puesta al pié ele una etiqueta
verde y el Sello de guantla de la Un l6n dt
/loa F'1llrlcant11 para la 1epresi6u de la fal81-

ncact6n. e,

•SB JULLAN IIN TOD.A.S L.lS P..ll\lUCIH

d ~ lluta tu RAICIES el ~ELLO del NII~ de Ju •aau (Barba, Btrote, etc.), m
lllllf9D peliJro ,ara el ailil. SO Año• de áuto,Jmillam de 1t1U■oaio1pra1lilu ta eftcacla
~ 111-:;::,an~{St
ea "J••• ~ la buba, J .. 1/2 11J11 ,ara el blpta lirm), 'flan
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, •...-el l'I.Z,JJUM-&amp; Dv••ma, t.,neJ ..J,.ft1UMau, P114

tt••

Quedan remvado1 101 derechos de propiedad artlstica y literaria
lKP, DI MO.lfTANII

r su,ó•

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>aitrtélC10t)

11tí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 19 DE OCTUBRE DE 1891

N ÚM. 512

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

ENSUEÑO, busto en bronce de D. José Llimona
¡Fundido en los talleres de D. Federico Masriera y C.• - Premiado en la E xpo~ici6n general de Bellas Artes de Barcelona, 1891,)

�LA
SUMARIO

Texto. - Murmuraciones europeas, por Emilio Caslelar. El caldo gordo, por F~rnando Martínez Pedrosa. - Barcelona
Artistica, por A. García Llansó. -Los Parlamentos de Europa. Dinamarca, por X.-Nttestros grabados. - La Ct1erda
(continuación), por M. Julio Claretie (de la Academia Fran•
cesa). Ilustraciones de Juan Beraud. - SECCIÓN CIENTÍFI·
CA: El Laboratorio de biolog!a vegetal de Fontaineblea1t. Ti,rbina de peqrmla potencia.

Grabados. - Enmeflo, busto en bronce de D. Tosé Llimona
(fundido en los talleres de D. Federico Masriera y C.ª - Pre·
miado en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelo•
na, 1891). - Tipo de im radjputa (de una fotografía). Ct1arteto de hambrientos, cuadro de Julio Adam. - La gita·
na, la chula y la aristócrata, dibujos de Llovera. - Los Par·
lamentos de Europa, Palacio del Rigsdag en Cope11!1ar11e. - •
En el arriate, cuadro de G. Simoni. - La antesala de mi
mini"stro, cuadro de D. Luis Jiménez Aranda. - Fig. r. Fa-

chada lateral del Laboratorio de biologia vegetal de Fontainebleau (de una fotografía). - Fig. 2. Plano y sección de di•
cho Laboratorio de biología vegetal. - La Chicago top, tur•
bina hidráulica de pequeña potencia. -: La nifla de la silla,
escultura de D. Venancio Vallmitjana (de fotografía directa
de D. Juan Marti).

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR
Suicidios en las alias clases sociales durante la época actual. Consideraciones acerca del suicidio en general. - El espiritualismo y el materialismo. - Síntesis histórica de hombres
célebres que apelaron al suicidio. - Muerte de Catón. - Influencia de la elevación de ideas y sublimidad del pensa·
miento en desprecio de la vida material. - Inmortalidad de
Catón - Fundación del imperio de Pompeyo é institución
del cesarismo. - Secretos del porvenir con motivo de los suicidas Parnell y Boulanger. - Conclusión.

I
¿Cuál soplo de aire ha enloquecido á este nuestro
mundo culto? Las gentes que ocupan las alturas sociales son en bien escaso número; y sin embargo, se
precipitan desde lo alto en la muerte con increíble
frecuencia y en mucho número. Ayer suicidio del rey
Luis en Baviera y suicidio del archiduque Rodolfo
en Austria; hoy suicidio indirecto de Parnell en Irlanda con suicidios directos de Balmaceda en Chile
y de Boulanger en Bruselas. Así las crónicas europeas
no se cansan de disertar sobre la muerte voluntaria y
de aducir cuantos raciocinios en pro y en contra de
tal acto se han aducido en la Filosofía y en la Historia. Dos aserciones flotan sobre los t6picos vulgares:
primera, que no hay acto demostrativo de la libertad
humana como el suicidio y que no hay acto como el
suicidio demostrativo del valor de nuestra especie.
Quien puede contrastar el más imperioso de los humanos instintos, el deseo de la propia conservación,
y combatirlo hasta vencerlo, puédelo todo absoluta·
mente sobre sí mismo.No habréis visto, digan cuanto
quieran los materialistas empeñados en rebajar la humana especie hasta embrutecerla y elevar las especies
inferiores hasta humanizarlas, no habréis visto ningún
animal suicida. Se mueren muchos de ciertos afectos
indudables en ellos; no se mata ninguno. Además,
hay que concluir con el t6pico desacreditado que
atribuye á cobardía el suicidio. Cuando nuestros
' músculos y nuestras fibras huyen á la menor contrariedad con horror verdadero por un impulso indeli berado é incon~ciente, reaccionar la voluntad sobre
tal empuje soberano y fortalecerla en términos de
avasallar y someterá su mand!1tO la fuerza vital, parece sobrehumana victoria. No debe aplaudirse, no,
el suicidio como un acto de moral, es un verdadero
crimen; pero no hay que calificarlo· de acción cobarde, es un verdadero martirio. En verdad, como hay
temperamentos, el atrabiliario, el pesimista, el me·
lanc6lico, por ejemplo, propensos al suicidio, hay
épocas las cuales con su sentimiento general y hay
doctrinas las cuales con sus ideas propias lo favorecen y lo alimentan. No he podido, no, dominar un
escalofrío al ver en las vulgares líneas denominadas
por Boulanger su testamento político una siniestra
invocaci6n á la nada. Nuestro materialismo al uso,
extinguiendo el espíritu extingue la esperanza. Y no
debe maravillarse, no, si ante los estragos de sus asoladoras creencias una reacción espiritualista sobreviene ahora en Europa y domina el ánimo general. De
cualquier manera, los eruditos y los moralistas apro vechan la triste coyuntura para disertar sobre la
muerte voluntaria en este mundo y la iñrñortalidad
espiritual y corporal en el otro. Y mientras unos
oyen los ecos de un Dies irte que les anunc~a estridente la nada eterna, oyen otros las regocijantes aleluyas de Pascua que les anuncian la eterna resurrec-

lLUSTRAClON ARTÍSTICA

ción. Así pasan en periódicos y revistas los nombres,
más ó menos célebres, de aquellos que han llamado
á la muerte sin aguardar á que la muerte los llamase
á ellos. Y se recuerdan hoy con tal ocasión y motivo,
no solamente los suicidios individuales, también los
suicidios colectivos, y con los suicidios tanto individuales corno colectivos las doctrinas que los han
aconsejado y mantenido en la religión y en la ciencia. El bracamán, inmolado voluntariamente á los
dioses por propia mano; el gimno, sofista fenecido
dentro de hoguera por él atizada en voluntario sacri·
ficio; el estoico Zenón, tragándose la lengua y atragantándose hasta morir ahogado por ella; Sócrates y
Demóstenes, muertos después de haber visto su Atenas concluída en la triste rota de Queronea; Catón,
huyendo por la espada de la Roma sierva, y Brutei,
rogando á su doméstico que lo mate para separarse
de Filippos, donde la libertad sucumbía nuevamente,
por las manos y no por los pies; los césares, que han
preferido la muerte al destronamiento; los soldados
católicos, que han opuesto el pecho á las armas enemigas para morir antes que ver su rota; Rousseau,
despojándose de su cuerpo gastado como de una inútíl armadura; madame Rolland, yéndose de este
teatro del mundo por parecerle triste y odioso el espectáculo; Byron, buscando un sepulcro de dios en
el marmóreo suelo de Grecia, resucitan á los ojos de
todos y nos dicen cómo se han su muerte anticipado
contra los impulsos de la propia conservaci6n y cómo se han precipitado de cabeza en el abismo de la
eternidad antes de que lo permitiera y lo decretara
el Eterno. Pero una vida tan corta como la vida humana y una muerte tan segura como nuestra muerte
nos enseñan que hay un grandísimo extravío en burlar al tiempo tan voraz é impaciente de suyo y en
buscar el triste olvido cuando con tan grandes facilidades el triste olvido se halla en el seno mismo de
nuestra poblada sociedad. Yo he contemplado muchas veces la más bella muerte voluntaria que guarda en sus anales brillantísimos la gloriosa historia
clásica, 6 sea la muerte de Cat6n. Quizás no hay ninguna tan solemne por sus accidentes y tan sublime
por sus impulsos, perpetrada en momentos de una
legítima desesperación, tras el vencimiento definitivo
de la libertad y el triunfo definitivo de la tiranía.
Bien al revés del antiguo poeta del materialismo,
quien se mata en prueba de que profesa las ideas
rnaterial~stas cantadas en su poema, Catón se mata
en prueba de su espiritualismo, _en prueba de que no
necesita ya el mundo esclavo su inútil presencia y
de que le aguarda en otro mundo más hermoso y
mejor la segura inmortalidad. Contemplemos á Ca•
tón por haber en su vida y muerte grandiosas enseñanzas. Rota la república, resolvióse por completo á
matarse.

NúMERO 512

pensamiento, en la supraesencial substancia de cada
cosa, oqra divina es tal, que no pueden alcanzarla de
ningún modo ni el tiempo ni la muerte, como emanación directa de la eternidad. Las sublimes armonías
entre los contrarios enlazan y confunden el amor con
la muerte. Antes de aprender ya sabemos algo que por
viva reminiscencia guardamos de otro mundo mejor,
y antes de morir ya tenemos aspiraciones á lo infinito
y á lo eterno, que sólo pueden satisfacerse allá en la
misteriosa inmortalidad. Esta razón humana, que
tiende á la unidad, encuentra la unidad en Dios.
Como las cuerdas áureas de las armoniosas ljras producen, tocadas por los dedos, que la inspiración
mueven, notas superiores á ella misma; tañidos estos
nervios nuestros por Dios, dan de sí las ideas esencialmente divinas por superiores á nuestra humanidad. Y por las ideas enrojecemos las obscuras cosas
en el fuego celeste, y por las ideas prestamos á todo
lo inerte movimiento, y por las ideas esclarecemos el
universo material, y en alas de. las ideas nosotros
mismos ascendemos con rápido vuelo á las cimas
donde se alzan los eternos é incomunicables arq~etipos, de los cuales todo lo existente parece pcmre
copia. La imitaci6n de Jesucristo, escrita para el
consuelo y el aliento de los hombres en la Edad
media, no super6 en eficacia y virtud á las altas y
sublimes palabras con que los platónicos y Platón
supieran, a:lá en el antiguo mundo, confortará los
héroes y á los mártires de Grecia y Roma. Lo cierto
es que sin ese apoyo ideal de un pensamiento filosófico tan sublime, acaso Catón careciera de fuerzas
para tornarse contra los decretos del destino y penetrar sereno en las sublimes y etéreas anticipaciones
de la inmortalidad.

III

Tras estas reflexiones manifestadas en banquete
parecido á los banquetes plat6nicos, apartóse con serenidad el austerísimo romano de sus comensales y
se recluy6 en su cuarto. Ya dentro de aquellas cuatro
paredes, miró el abismo de la eternidad con serena
mirada y resolvió arrojarse á su insondable seno en
el siguiente amanecer. Leyó el Fedón dos veces en
rollo que llevaba siempre consigo, y las ideas del
maestro le fortalecieron en la robustez de sus propósitos, así como le alentaron á ponerlos por obra, seguro de la inmortalidad. Aquella elocuencia melodiosa
del gran fil6sofo de las ideas, oponiendo frente al
reducido hueco de un sepulcro la inmensidad del espacio, á lo breve y fugaz de nuesta _vida el tiempo
eterno, al cuerpo que se desprende y cae sobre. la
tierra el vuelo de nuestro inquieto espíritu hacia lo
infinito, aquella melodiosa elocuencia lo transportó
al cielo de la justicia, después de haberle sugerido
un menosprecio y un disgusto acerbísimos por esta
II
tierra de los tiranos y de las tiranías. Concluída la
•
lectura con arrobamiento, decidió morir con severiComo buen clásico no creyó Catón despedirse bien dad. La conciencia en tales términos había dominado
del mundo, si una cena, cena de aparato con sus hi- á la voluntad, y la voluntad á los nervios, que no
jos y con sus partidarios, dejaba de preceder al pre- tuvo ni una repulsión siquiera en la cual se denotase
meditado suicidio. El, que durante las agonías del la resistencia de su instinto al dolor y á la muerte.
principio republicano comiera de pie siempre, tendió- Como buen romano era Catón buen militar, y como
se con serenidad en amplio lecho á la vieja moda buen militar tenía consigo siempre su espada. ~inromana y gustó los manjares á la par que gustaba del guno de aquellos hombres, ninguno se acostaba sin
diálogo. El ciudadano había peleado con la fatalidad colgar este instrumento de su defensa muy cerca del
como un héroe, cumplido todas las obligaciones res- sitio de su reposo. Catón había colgado su espada en
pecto de su patria y de su estirpe y de su clase, la cabecera de su lecho. Fué á descolgarla para mapuesto el empeño de un perdido náufrago en salvar tarse, porque la conversaci6n del banquete con los
entre las cóleras de los hombres y bajo los decretos amigos y la lectura del diálogo espiritualista aclararon
del destino la libertad romana. Todo se frustr6, y ya los movimientos de su alma, y encontróse con que
no le quedaba otro remedio sino abstraerse de la había la espada desaparecido de su puesto. Disgusrealidad horrible, .donde triunfaban el vicio y el mal, . tadísimo llamó á voces al siervo encargado de su alpara con esfuerzo superior de voluntad y pensamien- coba. No respondía. Continuó leyendo mientras le
to abrirse las puertas eternales del sepulcro y entrar- aguardaba; pero no venía, retenido por la familia y
se por la región etérea del ideal purísimo, resplande- los amigos, que descolgaron el fatal instrumento á fin
ciente de una eterna claridad. Dos filósofos de Grecia de impedir la muerte. Viendo tras un corto rato que
le acompañaban en aquel trance, de los cuales perte- no llegaba el llamado, lanzóse á la puerta de un salto,
.necia el uno á la escuela peri patética, el otro á la abri6la de un golpe y dijo que, hallándose muy cerca
escuela estoica. Catón les propuso el tema de la el vencedor, no quería caer vivo en sus manos. Al
inmortalidad en la serie dialéctica expuesta por los oir esto los que vigilaban sus actos desde fuera, pugdiálogos platónicos. Parecía que se levantaban los nando por conservarlo para la patria, para la familia,
plátanos del Pireo, y que, á manera de las abejas áti- invadieron el cuarto con tumulto, dirigiéndole ruegos
cas alimentadas en los romeros y tomillos del Hibla, entrecortados por sollozos. Los partidarios últimos,
venían las ideas platónicas en sonoros enjambres á los clientes predilectos, los filósofos compañeros suencantar el trance último de la vida y traer corno una yos, los hijos del alma, componían aquel cortejo
miel dulcísima las esperanzas de nuestra especie frá- que levantaba los brazos y las voces al cielo entre
gil y perecedera en la divina inmortalidad. Inmortal amargas exclamaciones con la intensidad de su deses el alma y destinada por el cielo á unirse c0n la esperaci6n para en la vida retenerlo y salvarlo de sí
suprema unidad. Por el pensamiento participamos los mismo. Mas el inflexible republicano se mostr6 tan
míseros mortales de la divina inteligencia y por la entero de carácter y tan resuelto por la propia inmovirtud participamos de la divina perfección. ¡Ah! No !ación, que opuso á dolor tan profundo y sincero el
puede morir quien, hallándose á este cuerpo tan frágil silencio y la frialdad de un muerto. Nada respondió
esclavizado y sujeto, a~n tiene una fuerza interior á reflexiones de filósofos que le hablan en el alma
que le somete la materia Y le sojuzga las pasiones. infiltrado una doctrina por la cual podía sobrepoPensar sin el cuerpo, con la pura virtud íntima del nerse al destino y á sus fatalidades con acto de suyo

NúMERO 512

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

tan simple y natural como la muerte. Nada
to pugnara mucho tiempo. La muerte de
hizo cuando aquellos á quienes diera el ser
Catón
quedó como un ejemplo vivo para la
le instaban para que no llegase á quitárselo
escuela republicana y la escuela estoica. El
con el dolor causado por su muerte Catón
viejo espíritu de Roma hizo á este hombre
parecía una cifra, no una persona. El alma
completamente
suyo. El austero espíritu es·
se hahía desceñido ya del cuerpo cuando
toico lo convirtió en ideal de su doctrina
aú n departía con los circunstantes. Desde
revestido por un humano cuerpo. En su
las alturas adonde acababa de llegar, ya por
energía
se mostró que no acababa él en re•
un e~fuerzo anticipado y una visión anticisignación y conformidad con los decretos
pada también, sólo veía el corto tiempo resdel hado, acababa en protesta y protesta su·
tante á todos los vivos, aun á los más joveblime.
Por eso le puso la humanidad entre
nes, para entrar como él en la eternidad y
los héroes y los mártires á un mismo tiemacompañarle allá por las sombras eternas.
po. Murió, sí, pero murió después de haber
Compasión les tuvo al verlos por su instinto
combatido
y protestado, cuando los mares,
grosero atados á la tierra, pero no quiso
los cie os, el desierto, la ciudad entera de
echarlos. Tanta tenacidad venció todas las
su refugio le faltaran dominados bajo la
resistencias Una estatua de pórfido req ue•
terrible irrupción de los afortunados cesarida por tantos ruegos y regada co~ tantos
ristas. Su muerte le trocó en verdadero nulloros, hubiérase conmovido y ablandado.
men de un partido romano que sobrevivió
Catón el estoico apenas dió señal ninguna
largo tiempo á las victorias del cesarismo,
de sensibilidad. No parecía él, parecía ~u
y en verdadero numen de una escuela filoproaa efigie fúnebre levantada ya sobre su
só~ca
que inspiró mucho las dos obras posmudo y frío sepulcro. As! los circunstantes
tenores
de la civilización, el qistianismo y
se fuer?n, de grado unos, por fuerza otros,
el derecho.
despedidos todos. La tranquilidad inalterable d~l estoico no se alteró á la despedida.
IV
El ú_mc? acc~so que sintiera en todas aquellas mc1denc1as fué un acceso de rabia contra el esclavo que le había ocultado la espaSa_bemos que matándose Catón salvó su
da. Cegóse de tal suerte que le golpe6 la capropia h_on~a¡ p~ro hnob_sabemfs dde r odo
ra con ímpetu, quebrantándose con el es
a gu~o st VIVl~n o u 1era sa va o a re·
fuerzo violentísimo su puño Este movipública. Lo cierto es que no estuvo la caumiento ~ltimo de vida le amargó más y más
sa del _Senad~ y del Parlamento despu~s de
la muerte. Como se había dislocado lamaFarsaha Y Ut1ca tan en la desesperación y
no derecha, faltáronle fuerzas para hundirse
el abandono como cre~~ra su austero man· 1re y 1e sa11eron
tenedor.
los h1Jos
de Pompeyo atela espada
en el v1en
.
1as
d Todavía
1
·
tripas, mas le quedó todavía la vida. Enrraron e ta suerte al dictador en _los ca~pos
tonces, al resuello de su agonía terrible
~~==--..::!!!!!!!!~=~~~~ =i:._____d~ ~ ~ - -: :~ de ~unda_, que cr~~ó perder la Vida, ! s1 no
·
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Y
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en térmmosde
1
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a estr pito e su cuerpo dernbado volTIPO DE UN RADJPUT,1. (De una fotografía.¡
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¡ la vida perd10
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vieron los suyos. y como le 4uisieran s0.
. peer e patricia o mmo ar1o en 1a una
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Junto á la ~alda estatua de Pompeyo. Todad
que e curaran ·.cogió con las ~os manos los tranas mun6 sm haber lanzado una que¡a, quedando vía los republicanos reunieron fuerzas tales que hubo
1os extremos de _la herid~ que se hahia hecho con extático en la beatitud íntima é interior de quien ha menester el heredero de César una fuerza incalculable
ª espada en el vientre abierto, Y rasgándose las en · cumplido un deber sacratÍsimo, por cuyo cumplimien- y una batalla cruentísima para destruir los últimos res-

I

I

CUARTETO DE HAMBRIENTOS, cuadro de Julio Adam

�LA

660

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

'

NúMERO 5 _12

que del mosto, le encargó una jaula para su señora
- ¿Es usted anarquista?
y ésta un braguero para su marido.
- Como ustedes quieran.
Al encararse con el candidato otro sujeto apodado
- ¿Y qué es anarquía?
el Telégrafo, por lo altaricón que era, Raspalodos
- Que todos los pobres se conviertan en ricos.
quiso entender que le hacía señas misteriosas y con- ¿Y los ricos en pobres?
testó con un apretón, urgándole en la palma de la
- No, hombre, en millonarios.
mano, á lo que el otro replicó:
- Pues eso nos acomoda.
- ¡Macho!, no me haga usted eso, que soy muy
- ¿Usted será hombre de arraigo en alguna parte?
atentado á las eosquillas.
- Sí, allá bastante lejos.
- ¿No ha comprendido usted?
- ¿Y oficio?
-Ni jota.
- Varios: ingeniero, artista, crítico...
El candidato se llevó chasco. Creía _que era masón.
- ¿Y cuenta usted con elementos por aquí en
Por último, varios individuos juramentados por la
esto?
- Sí, con los cuatro... y con simpatías, porque el salud de su madre ó de sus hijos para votar lo que
primo de una cuñada de mi padre fué aquí Pro- dijeran Nicodemus, Gui1iapo y Pepino, coincidieron
motor fiscal el 76 y trabé relaciones con el alguacil en la idea de encargará Raspalodos una albarda para
del juzgado y con otros muchos sujetos no menos cada uno, y no faltó quien le consultara sobre la delicada salud de su bestia, pensando que no podía
dignos.
- Algo es algo. Pero el alguacil ese se llamaba menos de entender de veterinaria el presunto diputado de Valdezopenca. Dispuesto él á mimar al cuerpo
Marcoleta y murió.
electoral visitó á varios burros, tomó el pulso á una
- Por eso cuento ahora con ustedes.
- ¡Famoso!; pero ha de comprender usted que ya mujer embarazada y ofreció fundar un Asilo d&amp; la
Madrid, 13 de octubre de 1891. .
pasaron los tiempos en que los electores éramos Paz, destinado,á los que no supieran ó no quisi!ran
unos bobalicones; ~hora somos gente obstruída y no trabajar, y en caso, para descanso de la huelga.
Raspalodos intrigó con el gobernador de la proborregos de Panduro, dijo el secretario del muniEL CALDO GORDO
cipio, como lo prueba la estetución del suferagio uni- vincia para que hiciera la vista gorda dejándole colar
en la candidatura rr.inisterial. Entendió el gran mu¿Por dónde me presentaría yo si tuviera con qué versal.
- Vamos á cuentas, D. Serapio. ¿Conoce usted el ñidor que se trataba de un adicto, y apretando los
presentarme? ¿Por dónde saldría diputado? No soy
tornillos decidió la votación, antes de haber leído
mandamiento
de la carraca?
hombre de salidas, pero confieso que esta sería una
una hoja publicada á última hora, que decía así:
Comprendido.
salida con entradas. Presentarse ... ¿y por qué no?
- Pues ese es el que nos sabemos de corrido en
¿Ha de negárseme el derecho que á todo quisque se
«Electores:
concede? Yo me presento, tú te presentas, etc. Esto Valdezopenca. ¿Qué hará usted por el pueblo?
-Le
haré
...
de gastar distrito es cosa así como gastar gabán
»Los que propalan que he retirado mi candidatura
- Zudiaz, porque villa ya lo es Madriz.
de pieles ó gastar coche, que son ya de uso universal
por el distrito de Valdezopenca no me conocen.
Bueno.
como el sufragio.
»Soy hombre de convicciones arraigadas y todo se
- Hay que sacar el perdón de las contribuciones
La casa en que yo por casualidad vivo cuenta
lo debo á mi partido.
por
veinte
años
lo
menos.
media docena de candidatos á las próximas eleccio»Mis correligionarios saben hasta qué extremo
- Bueno.
nes. Piso principal, el hijo de un senador vitalicio
llevo
yo el cumplimiento de mis compromisos.
Que
no
se
metan
en
los
amillaramientos
por
si
que á título hereditario recibirá la representación
»¡Valdezopencanos!
Lucharé con mis pocas ó muhay
algo
oculto
ú
no.
que antes papá ostentó por el distrito de Serones,
chas
fuerzas,
y
no
dudo
de que con vosotros voy á la
-Bueno.
aunque hay duda si el chico será presentable, por·
- Que nos hagan dos carreteras de 30 kilogramos victoria y por consecuencia á la regeneración de este
que acaba de cumplir 17 años. Piso segundo, un abogado joven, pasante de un ministro, calidad con la Que no se venda la dehesa del Chorro perteneciente honrado pueblo.
»¡A las urnas! ¡A las urnas!»
que es seguro que el pasante pasará al banco de la á los propios ...
»S. Raspalodos.»
-Bueno.
obediencia. Cuarto tercero, un zurupeto de la Bolsa
Y
que
se
arregle
...
con ínfulas de agente, que tiene dinero largo é imGracias á la intriguilla de última hora y á la espe- ¿La iglesia? Se arreglará.
provisado y acaba de afiliarse á la política del día.
ranza
egoísta de los mandones del distrito que espe·
- No, el juego de bolos.
Cuarto cuarto y sin un cuarto, un servidor de usteraban explotar la amistad de Raspalodos y Chanclete,
Corriente,
Los
bolos
se
conservarán.
¿Y
qué
des, según mi tarjeta de presentación:
nuestro héroe venció por dos votos de mayoría al
más?
- Que quiten al alcalde y pongan á mi primo candidato republicano, celebrándose el suceso el día
del escrutinio con pasacalles, danzas, cohetes y coSenén Parranda, por apodo el Cloro.
- Que nombren á mi hijo Nolasco gobernador de miloJ'la, en la que el beneficiado tomó la palabra y no
SERAPIO RASPALODOS Y CIIANC LET E
la provincia, pues ya ha cumplido veinticinco años, la soltó en dos horas, primeramente para agradecer
como debía el ternero que se había sacrificado y entiene buenos puños y sabe tocar la vihuela.
gullido en su honor, y luego con florida frase, en la
- Convenido,
Caballero de Gracia, 65
- Todo esto hay que elevarlo á escritura, por si que las hipérboles atropellaban á las ideas, para
asegurar que desde aquel instante se consideraba
acaso.
hijo adoptivo de aquella población, padre de los
- Hombre, con mi palabra creo que basta.
- Bien; pero ya se sabe que corren por usted desvalidos al serlo de la patria, y hermano de los
Los otros dos candidatos son de puerta de calle:
dos industriales de la casa, almacenista de curtidos y los gastillos de la elección, dietas, cenas, almuerzos, electores, por los que sacrificaría con gusto sus debefabricante de corsés, que aspiran á la elección de piensos menores y caballerías con sus consecuencias. res, sus opiniones y si fuera preciso hasta la vida,
concejales por lo popular y nutritivo que les parece ¡Ah!, y que indulten á cinco asesinos de aquí que teniendo siempre abiertos los brazos y las puertas de
por haber muerto á un pastor están en Ceuta ino- su casa para todos los amigos, sin disti9ción de coel cargo.
lores.
Penetradas las inocentes pretensiones de Raspa- centes.
Llevóse á Raspalodos en hombros de la plebe vo- Todos cuantos crímenes haya en la provincia
lodos, hay que reconocer las circunstancias y conditante á la estación, recibiendo por despedida apreciones que reune para representar al país: primera, se indultarán. ¡No que no!
Con estos antecedentes, Raspalodos menudeó sus tujones, abrazos chillados y toda clase de caricias,
que vive sobre él; segunda, que nadie sabe de dónde viene ni adónde va; tercera, que tiene tupé bas- visitas á Valdezopenca, yendo casa por casa, corral besos substanciosos y tiernos del carbonero, del tripi·
tante para llegar donde llegue el más osado y deci- por corral, visitando á las notabilidades cerriles del callero y de dos viejas patriotas é influyentes, reso•
nando por último y cuando ya corría bufando la locodistrito,
dido vividor.
Otra de las principales era el tío Guiñapo, encen- motora estruendosos gritos de ¡viva don Serapio!
Raspalodos viste muy bien, aunque pague peor;
es lo que se llama en gringo un sportmán; habla el dido de color, tartajoso y en conjunto una sandía de ¡viva la soberanía de Valdezopenca!
Todo salió á pedir de boca y estómago para Rasespañol y el italiano, que aprendió cuando era can- Talavera con piernas, chaqueta y gorra de piel de
tante de afición; trata á todo el mundo de tú por tú conejo. Le encontró Raspalodos en el establo, reco- palodos. A sus atractivos personales, formas corteses
y es admitido y llevado en palmas en la sociedad giendo el estiércol para abonar una viña: el candida- y modales de gran señor, unía labia prodigiosa, verllamada de la g y la/, que no le pregunta quién es, to le encasquetó un discurso y acabó por abrazarle bosidad facilísima, capeo de frase abundante que broni dónde recibió la primera sal, ni si sabe tirar al con grande efusión, antes de saber que no contaba taba de sus labios como manantial de agua azucarada: contaba con el recurso supremo de la frase, mina
sable ó de la oreja á Jorge, bastando á la opinión· más que con tres votos.
pública saber que Serapio es persona muy agradable
Otro personaje, el Sr. Josefo, vulgo Pepino, co- tan explotada desde tiempos ciceronianos hasta los
y además de agradable periodista· reporter é indivi· merciante en embutidos de carne de caballo, recibió presentes; poseía el don de decir lo que quería, lo
duo de varios círculos y que ha hecho el amor (frase al pretendiente en la taberna de la Piroja, donde que podía serle útil y á veces p.erjudicial á los dehecha también) á marquesas y condesas con algún echaron unas copas de anís triple ó cuádruple, y don más; era, en suma, nuestr-o hombre un pájaro de gran
éxito.
Serapio se tambaleó en honor á su anfitrión, que pico, un charlatán dorado, un palabrero como hay
¿Pero quién le apoya? El partido de coalición in- quedó conforme en votar gratis, lo cual no harían tantos, tan exhaustos de inteligencia como ricos en
imágenes polícromas.
dividualista-regenerador-progresivo, como uno de todos.
Al defender su acta, que venía plagadita de protesRaspalodos, jolgorioso y derrochador de frase adusus fundadores.
Cazando un día en el monte de Valdezopenca ladora, fué corriendo estaciones de colegiados que le tas por los consabidos pucherazos, causó sensación.
le interrogó Nicodemus, el más osado de aquello; llevaran sufragios á las urnas. Conoció y se hizo ami- Sus jueces así que oyeron la música de sus excusas,
gacho de todos los socios del Círculo de la Curda, dijeron para sí: «Si éste no es el diputado legítimo,
caciqueE:
- Me han dicho que viene usted á cazar perdices entre los cuales distribuyó un mazo de cigarros pu- merece serlo,» y votaron la admisión.
D. Serapio juró, y no por vez primera, pues juray votos. ¿Es que va usted á presentarse?
ros, dándoles sus correspondientes golpecitos en el
hombro y ofreciéndose como amigo para sus asun- ba y perjuraba á menudo; cabildeó, tosió fuerte en las
- De eso trato. ¿Qué les parezco á ustedes?
secciones, fué nombrado para varias comisiones, char_tos particulares.
- Todo un caballero, y si nos entendemos...
El Presidente de la Curda que mangoneaba mu- loteó, intrigó, se hizo en-tout-cas de la política, colocó
Al siguiente Je interpelaron los más avanzados de
cho en el pueblo, •sin dejarse dominar de nadie más á todos sus parientes y se colocó á sí mismo en la
la cernicalería electoral:

tos de la libertad y fundar el Imperio. Todavía los he·
chizos de Cleopatra separaron del partido augustal á un
hombre' como Antonio, y se necesitó una batalla por
mar tan terrible como la batalla de Accio para establecer una institución de suyo tan difícil como la ins·
titución del cesarismo. Si Catón se hubiese con los
hijos de Pompeyo encontrado en Andalucía; si con
Bruto y Casio cuando el fin y término de César en
la Curia; si contra el dictador Augusto en la batalla
de Filippos, ¿qué hubiera sucedido? La historia muy
avaramente guarda secretos tales, y contentémonos
con saber lo que sucedió de veras, sin meternos en
averiguaciones de lo que hubiera sucedido de atravesarse tal ó cual caso. Lo cierto es que ante los restos
de un suicida indirecto como Parnell y los restos de
un suicida directo como Boulanger, todavía flota la
esperanza. La victoria tle Irlanda, muy próxima, hubiera consolado al uno, y quizás un sacrificio en la
guerra inminente rehabilitado al otro.
Dios es como el sol: aunque parezca que se va y
se pone, brilla en el cielo eternamente. Creedlo.

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LA GITANA, LA CHULA Y LA ARISTÓCRATA, dibujos de Llavera

�662
dirección general de Agricultura á título de conocedor del ramo como diputado rural.
Y los electores borraron con una nueva votación
la incompatibilidad, á pesar de que aún no había satisfecho los 2.500 duros que costó la primera elección,
pues habiendo firmado pagarés á seis meses, pidió la
renovación, que le fué concebida, porque D Serapio
era algo así como el idolillo de barro de los zopencanos, y éstos se sacrificaban por él con gusto siempre que tenían ocasión de ello.
Raspalodos y Chanclete aceptó esponjado una gran
cruz, la de Isabel la Católica, creada para premiar
servicios de Indias, y al paso que se colgaba la venera
y sacaba mucho el torso para que se le viera en día
de palaciega recepción, decía e n son de chunga: «Hemos convenido en que estas tiras de color de huevo
se han hecho para los americanos. Yo no soy indio
ni cosa que lo parezca. ni me he embarcado nunca.
ni sé bailar el tango. ¿Qué méritos tengo yo para usar
este pingo colgandero, digno ya de algún gran duque
de zarzuela? Eso de estar condecorado no es propio,
á estas alturas ó bajezas, más que de vividores hinchados ó de sapos vanidosos. _Las cintas en el ojal
las gastan fogoneros ferroviarios, las encomiendas
muñidores de diputados cuneros, las excelencias suj etos conocidos detrás del mostrador. Más fácil es
ya ser excelentísimo que excelente; el título mejor
que puede usarse por ·ser ya excepcional, es el de
incondecorado.»
De Valdezopenca recibía D . Serapio media do
cena de cartas diarias por otros tantos motivos que
daba dt ser felicitado. Cada pregunta, interrupción,
discurso ó réplica pronunciados por el parlamentan.
te, tenía su merecido en el aumento de correo Todos
sus electores que sabían escribir con hache venían á
decir lo mismo:
«Restamos hasombrados de la hadmirable horato
ria de V. E .. hasí cuando abla como cuando hestá
callado» Siguen las firmas.
A esta y otras ciento análogas dió igual contestación: la de arrojarlas al cesto. Nicodemus le escribió
más de veinte con el mismo éxito: para que mandara
á vuelta de correo, que no volvía nunca, cien kilos
de simientes y cinco ó seis mil pinos rollizos que hi
cieran frondoso aquel campo de secano; para que se
formara expediente sobre traída de aguas del Mar de
Antfgola ó de cualquiera otro; para saber cómo estábamos del nombramiento de gobernador de su hijo
Nolasco y de la colocación del Cloro, y para ... para
qué sé yo cuantas peticiones más Elector había que
se contentaba con el honor de que figurara su nombre como padrino de una robusta zopenca que le
babía dado su esposa, consultando al diputado sobre
la feliz idea que había tenido de ponerla en la pila
el nombre de Sufragia en recuerdo á las últimas
elecciones.
El secretario del ayuntamiento, que le había proporcionado más de treinta votos, se permitió escri•
birle encargándole para su señora la secretaria un
vestido de color verde Nilo, más que por lujo por
saber lo que es, porque aquí - añadía - no hay más
Nilo que uno, y ese no es verde, que es un mulero ya
maduro.
•
N icodemus, harto de esperar contestación de su
diputado, tomó el tren una mañanita fresca, dispuesto á refrescar su memoria y á pedirle cuentas de su
proceder.
Se sacude el polvo y en dos saltos llega á la nueva
casa d e Raspalodos, piso primero de una de las más
lucidas y céntricas de Madrid. Pregunta al portero
de librea verde y sombrero copudo con escarapela:
- ¿Vive aquí D. Serapio?
- ¿El director de? ...
- Sí, señor.
- No está.
Al otro día temprano:
- ¿Está el director. en casa?
- Sí, está en cama: no se levanta hasta tarde.
Al mediodía oye decir al portero:
- ¿Dónde va usted?
-A casa de mi diputado. Supongo que se habrá
leva0tado.
- Puede que sí, suba usted.
- ¿Subo colgao en ese cajón?
- No. El ascensor es para los señores.
- Gracias.
Y subió y llamó.
- ¿Por quién pregunta usted buen hombre?
- Por D. Serapio. ¿Está?
- Está, pero no recibe más que en la oficina.
- Creo que á mí me recibirá aunque esté en
calzoncillos. Dígale que está aquí su amigo Nicodemus.
- E l señor no tiene ningún amigo que se llame
así: no recibe: abur.
Y cerró de golpetazo el ventanillo.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nicodemus, armado de paciencia, fué á las tres al
ministerio de Fomento y se encaró con un portero
rechoncho, cetrino y afeitado:
- ¿ Está el señor director de Agricultura?
- No está.
- Pues en su casa me han dicho que sí.
- Pues yo digo que no.
- ¿Y dónde estará?
- En el congreso, que es donde recibe.
A las cinco al congreso:
- ¿Quiere usted decir al Sr. de Raspalodos que
estoy a4uí?
- ¿Tiene usted una tarjeta para pasarle recado?
- No.las gasto.
- Pues sin tarjeta no puede verle.
- Hombre, dígale usted que está aquí Nicodemus.
- Yo no le digo ese mote. Venga la tarjeta.
- Pues hombre, dígale usted que está aquí un amigo de Valdezopenca.
- Su señoría no se trata con zopencos.
Y el portero, algo amoscado, le volvió la espalda
en señal de desprecio
Nicodemus apretó el puño de la mano derecha
como el que mal disimula la gana de machacar- unas
narices como las de aquel portero que parecía un
general, pero se contuvo, y á poco descansaba de su
inútil trajín de aquel día en la posada del Peine Así
pasaron cinco ó seis dedicados á la caza del diputado, yendo y viniendo de la casa al ministerio, del
ministerio al congreso, hasta que una noche. tras de
muchas vueltas dadas sobre el jergón, pensó resueltamente: «Mañana voy á la casa de D Serapio y le
he de ver, quiera que no quiera.» Así lo hizo á las
diez, á la una, con el resultado de siempre y después
de sufrir sofiones y genialidades características de
aquellos que eran todavía más zafios que el cacique
de Valdezopenca. Al anochecer se recostó á la puerta
de la casa del diputado, dispuesto á no moverse de
allí hasta que le atrapara.
- ¿Qué haces ahí?, le dijo con mal modo el portero.
- Esperar á D. Serapio.
- ¿Todavía no le has visto? ¡Valiente melón! Pues
hoy tampoco podrá ser, porque está muy ocupado
Da un banquete de treinta cubiertos á los del Veloz
y no puede ver á nadie.
Nicodemus calló poniendo en práctica aquello de
las comedias: «Hace que se va y vuelve.» Y cuando
·volvió, ya anochecido, aprovechando la ausencia del
portero, se ocultó en el cajón del ascensor y se quedó dormido.
Paró á poco un coche. Venía en él el mismísimo
D. Serapio, que al penetrar en el ascensor puso el
pie en un callo de Nicodemus, el cual soltó una interjección de las gordas.
Entonces Raspalodos, temiendo un golpe de mano
airada. gritó:
- ¡Animal!
Nicodemus sintió en seguida y en menos de un
minuto un chaparrón de insultos acompañados de
dos bastonazos en la cabeza que le atontaron, exclamando:
- ¡D Serapio, no sea usted bárbaro, que soy yo!
- ¿Quién es usted?
- ¡Nicodemus!
Raspalodos, que realmente era un bárbaro en eso
de manejar los puños, sacó de los cabezones al gran
elector, le arrojó en el portal, y cuando el otro le ten
día los brazos de amigo, S. E. voló en el ascensor,
diciendo al lacayo:
- Llevad ese hombre á la cuadra á que descanse,
Pasaron á Nicodemus al patio, sentándole en un
poyo que había á la puerta de la cochera. Dióle la
portera á beber agua de vinagre. y cuando el cacique
volvió e n sí palabreaba con voz balbuciente:
- Para que le votáramos nos ofreció los imposibles. Abrazó y besó á tos los electores, ocicó en el
establo de los cerdos. Nos dijo que éramos hermanos
se salió con la suya por mí, por. este cura, y ¡ya vis el
pago que me da! ... Val decir esto sufrió el pobre tío
Nicodemus un vahido, á la vez que un criado de frac
y corbata blanca bajaba de parte del señor con una
taza de caldo para aquel pobre hombre que estaría
desfallecido.
Nicodemus la recha zó
- ¡Tómala, bobo!, decía la portera compadecida.
¡Verás qué substancioso y qué rico está!
- Ya lo creo, añadió el lacayo.
Nicodemus accedió al fin á llevarse la taza á los
labios, y tras de dos sorbos, como si hiciera el papel
de galán silbado. espurreó estas frases:
- Bien me decía la parienta, allá en Valdezopenca.
El suferagio universal no sirve más que para que hagamos á cuatro tunos el caldo gordo.
FERNANDO MARTÍNEZ PEDROSA

NúMERO 512

LA

NúMERO 512

663

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

BARCELONA ARTÍSTICA
A medida que el descenso de temperatura nos
anuncia el comienzo de la estación otuñal, nuestra
ciudad va cobrando nueva vida y movimiento: anímanse los centros, aumenta la concurrencia en los
coliseos, y todos aquellos á quienes la fortuna ó la
necesidad les ha permitido ú obligado á permanecer
en el campo durante los estivales calores, reanudan
sus habituales ocupaciones Los artistas, al igual de
las aves de paso, regresan á sus cuarteles de invierno,
pertrechados con los apuntes y estudios producto de
sus t!xcursiones veraniegas, para converiir a'gunos de
ellos en cuadros ó en importantes elementos para
concebidas composiciones. El Centro Artístico de
la calle de Balmes antójasenos una colmena en la
que innumerables abejas elaboran constantemente:
tan reµle tos están tus departamentos y ocupados sus
estudios. Allí, Tamburini, el pintor ne11místico, según
uno de nuestros críticos, termina un cuadro de encargo, de asunto histórico. pues representa la llegada
á Barcelona del atrevido navegante genovés Cri~to•
bal Colón y en el acto de ofrecer á los Re&gt; es Católicos fehacientes testimonios de su grandes descubrimientos El borinqueño Cuchy hállase ocupado en
dar las últimas pinceladas á un gran lienzo que ha
de servir de techo á un establecimiento industrial
importante, y el granadino Guzmán, tan andaluz
como pintor meridional, termina varios lienzos, pues
siempre pinta varios á la vez, de tipos y costumbres
de aquel privilegiado país.
Ha inaugurado su segunda campaña Ramiro Lafuente, hijo del célebre historiador de España No
legará obras tan valiosas como las de su progenitor,
pero en cambio logrará fama de laborioso y fecundo.
Pinta por iricidencia, y sintiendo el arte no ha podido dedicarle todavía el merecido tributo. El elegante Riquer, el pintor de los pájaros y las flores, ha
traído un caudal de apuntes y algunos cuadros, que
si bien de distinto género que el que hasta ha poco
ha cultivado, acusan un progreso notable Sus estudios, en los que á pesar de la delicadeza de tonos y
de líneas se descubre la verdad del natural, rebosan
los límites de tales R obert, cuyos lienzos llevan impreso el sello del clasicismo y el recuerdo de la Ciudad Eterna, Pujo! y otros más, apréstanse á dar
muestras de su laboriosidad é intt'ligencia.
Román Ribera, el portaestandarte de la pintura
de género española, termina allá en su retirado y
elegante estudio de la calle de Lauria, que antes ocupara Riquer, un notable lienzo, lla mado á disputar
la atención y el interés de los aficionados. _En el ángulo de una suntuosa estancia flamenca, en la que
brillan y se destacan los esculturales muebles, tapices y cristales destácanse las figuras de cinco músicos, cuyos trajes determinan delicados y bien entendidos contrastes por los suaves tonos de las telas,
cuya calidad ha sabido expresar el artista con su reconocida maestría. En el centro del grupo y recibiendo los amortiguados rayos de luz que penetran á través de una vidriera de multiples y variados colores,
hállase una hermosa cantora, en cuyo rostro de simpática expresión se reflejan la blancura del papel de
música que en sus manos sostiene y los dorados
tonos de su amarillo corpiño de raso. Ácostumbrados nos tenía Ribera á admirar sus empeños de colorista, pero confesamos sin rebozo que su Concierto
nos embelesa y cautiva.
Otro liento notable, destinado á formar parte de
la galería de un opulento londonense, ofrece á Mas
y Fontdevila ancho campo para hacer gala de su
buen gusto y habilidad Otra procesión, tal vez más
importante que la que hace algunos años adquirió el
Estado y se halla en el Museo nacional, es la obra
en que imprime el sello de su genialidad y el de su
dominio del colorido.
Como recuerdo de sus excursiones veraniegas á
distintas regiones de la península preparan notas los
paisajistas, José Masriera, el fecundo Urgell, Marqués, Armet y el navarro Larraga.
Barrau, Vayreda, Baixeras, Roig Soler, Llimona,
Cusí, los dos Martí y Galofre pronto darán fe, por
medio de nuevos cuadros, de la actividad de sus
pinceles. Y ya que hemos citado el nomhre de Galo•
fre, se nos vienen á las mientes los triunfos que éste,
Cusachs, Barrau y otros más han logrado en las últimas Exposiciones de Berlín y de Munich, triunfos
que al honrar á los artistas honran también al arte
patrio
Anúnciase para las primeros días de noviemhre la
Exposición periódica que en el Salón Parés verifican
anualmente con sus obras los tres inseparables artistas, los pintores Casas y R.usiñol y el escultor Clarassó. Hemos tenido ocasión de examinar varias de
las obras que han de exponerse, y si bien algunas de

LOS l?A RLAM ENTOS DE EUROPA, - PALACIO DEL RIGSDAG, EN COPENHAGUE

ellas denuncian las cualidades que distinguen á estos
artistas para copiar el natural y esa observación asimilativa que da á sus lienzos la exactitud y verdad de
la fotografía, en cambio falta todavía en ellos ese algo
que distingue al artista, ya que no preside la concepción de asuntos ó modelos. Son estudios altamente
recomendables, los tonos y colores se hallan tan sobria
como hábilmente combinados; pero en ellos se descubre únicamente al pintor hábil é inteligente, mas
no al artista que concibe, discurre é interpreta. Casi
todos los lienzos han sido pintados en París.
Entre las varias figuritas caprichosamente modeladas por C larassó, dignas de servir de preciado adorno en aristocráticas viviendas, figurará en la Exposición á que nos referimos una estatua casi de tamaño
natural, perfectamente modelada, representando á un
rlown que con un latiguillo en la mano obliga á un
perro á exhibir sus habilidades. Un gran jarrón decorativo, exornado con numerosas y grotescas figuras de un antiguo dómine y sus discípulos, será en
unión de la estatua otra de las obras destinadas á
despertar interés por su recomendable ejecución é
intencionado humorismo.
A partir de la fecha en que cerró sus puertas el
Palacio de Bellas Artes, hase convertido la Galería
Parés en una segunda Exposición. Por su vasto salón
han pasado la mayor parte de los cuadros que figuraron en el último certamen, y el público ha podido admirar una vez más los preciosos cuadros de caballete
de Van Beers (que fueron causa de que dos artistas
de mérito olvidaran los amplios y elevados conceptos
del arte. oponiéndose á su instalación), los de género
y costumbres del valenciano Agrassot, los de asuntos militares de Cusachs y los de otros muchos distintos artistas que tanto contribuyeron por medio de
sus obras al buen éxito de la primera Exposición
general de Bellas' Artes celebrada en Barcelona bajo
los auspicios del Ayuntamiento.
Los escultores barceloneses no permanecen inactivos, y además de las obras que modelan ó esculpen
d ·:stinadas á embellecer nuestra ciudad, apréstanse á
tomar parte en el próximo concurso que ha de celebrarse en Madrid para elegir los modelos de las estatuas que han de decorar la fachada del palacio que
ha de albergar la Biblioteca Nacional. Que el Jurado
premiará algunas de las obras nos parece fuera de
toda duda, ya que además del mérito que las distin-

gue el solo nombre de los artistas es una garantía
del éxito. Y tal es as(, que las recientes inauguraciones de los monumentos erigidos á Jovellanos en Gijón y á Nicomedes Pastor Díaz en Vivero pregonan,
no sólo los triunfos de Fuxá y Campeny, si que también el notabilísimo desenvolvimiento que ha logrado
la escultura en Barcelona. A su calor desarróllanse
las industrias artísticas, y especialmente los talleres
de fundición de bronces gozan hoy de próspera vida.
En uno de ellos, cual es el de Federico Masriera y
Compañía, ejecútanse en estos momentos la estatua
del general Prim, destinada á la ciudad de Reus, la
colosal de Hernán Cortés para la patria del conquistador del Perú, otra al malogrado prócer D. Evaristo
Arnús y un grupo notabilísimo modelado en Alemania que ha de emplazarse en una de las plazas de
Nueva Y 0rk. Y cuenta que en un período de ocho
meses se han fundido: dos estatuas de D. Antonio
López, para Cádiz y Comillas; las de J ovellanos para
Gijón, el marqués de Pontejos y la del Padre Riquer
para Madrid, y la de Guarda para la Coruña.
Falta únicamente que las transformaciones que de·
terminarán las obras de la reforma de nuestra ciudad
y la próxima Exposición de Artes decorativas den
nuevo y poderoso impulso para que la escultura y la
pintura puedan manifestarse de modo tan completo
cual el que deseamos todos los amantes del verda·
dero arte.
·

A.

GARCÍA LL:\NSÓ

LOS PARLAMENTOS DE EUROPA (1)

XI
DINAMARCA

L0s reyes daneses fueron los penúltimos aatócratas
de Europa, y los soberanos de Rusia son los últimos.
El r¡ de mayo de 1814, un príncipe danés, gobernador de Noruega, fué nombrado rey de ésta y firmó
la Coastitución; pero el 4 de noviembre abdicó en
favor de Bernadotte y volvió á Dinamarca, cuy0 trono ocupó veinticinco años más tarde, gobernando
como autócrata hasta 1848 á pesar de las súplicas de
( 1)

Véanse los núms. 468 al 474, 476, 483 y 498.

su pueblo. El 5 de junio de 1849, su sucesor Federico VIII otorgaba por fin la constitución tan á menudo pedida, y que se ha cambiado muchas veces
desde aquella época. Al principio se aplicó solamente
á Dinamarca y á Islandia; después á Dinamarca y al
Slesvich, y más tarde á los países situados al Norte del
Eider.
La constitución actual, aplicable á la Dinamarca
propiamente dicha, fué promulgada por último el 28
de julio de 1866.
La forma de gobierno es una monarquía limitada.
El poder legislativo se ejerce á la vez por el rey, cuya
sanción es necesaria, y por el R igsdag, compuesto de
dos Cámaras: la primera se llama Landsthing y la segunda Folkething.
La primera Cámara se compone de sesenta y seis
individuos, doce de los cuales son nombrados por el
rey con el carácter de vitalicios, eligiéndose entre los
ciudadanos que hayan formado ya parte de las asambleas representativas. Los cincuenta y cuatro restantes se eligen por ocho años, por sufragio á dos grados
y por doce circunscripciones, á saber: siete por la ciudad de Copenhague, uno por la isla de Boruholm,
uno por el Parlamento de las islas Feroé y cuarenta y
cinco por los distritos electorales de las ciudades y
de la campiña. Se renuevan por mitad cada cuatro
años, y los más se eligen entre la nobleza, los burgueses notables y la alta administración.
La segunda Cámara se compone de ciento dos individuos elegidos directamente por tres años por 5U·
fragio universal; y como las tres cuartas partes de los
campesinos son electores, la mayoría del Folkething
está constituida por ellos.
El Parlamento ó Rigsdag se reune el primer lunes
del mes de octubre de cada año, en virtud de convocatoria del rey: la legislatura ordinaria no puede durar más de dos mes~s sin consentimiento del monarca.
El rey no abre jamás el Rigsdag en persona; de
ello se encarga el presidente del Consejo, y la ceremonia se efectúa sin aparato.
Los diputados; del R(~sdag reciben, además del
importe de sus gastos de viaje, una indemnización de
nueve pesetas diarias mientras dura la legistatura y
han de aceptar forzosamente este dinero.
Las dos Cámaras eligen cada cual..su. presidente,
vicepresidente y secretarios. El Folkething puede en-

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LA

NúMERO 412

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

causar á los ministros y enviarlos al Rigsral, tribunal es quien siempre, venciendo la opinión del Folke- salen del lápiz, ele la pluma ó del pincel de nuestro querido
colaborador Sr. Llovera. Sus figuras de mujer serán conven·
especial encargado de estatuir sobre la formación de thing, ha gastado millones para fortificar la ciudad de cionales, si se quiere, tendrán sus defect()S !¿qué obra del homcausa; pero el Landsthing nombra en su seno la mi- Copenhague, siendo así que la nación no lo quiere. bre no los tiene?¡; pero lo cierto es que alegran los ojos, que
seducen y cautivan y que ante la intensidad de la impresión
tad de los individuos que componen el .Rigsrat.
agradable que en el ánimo causan, el convencionalismo pasa
Las dos Cámaras tienen el derecho de exponer,
inadvertido y las faltas no se notan, ó si se notan se perdonan
proponer é informar. Las sesiones son públicas, y los
fácilmente en gracia á las muchas bellezas que con creces las
debates legislativos sé publican en un diario oficial
Desde el incendio del castillo de Christiansburgo compensan.
Ferviente admirador de cuanto á nuestra patria se refiere,
bajo la direccién del presidente y de los secretarios ( 1 886), las sesiones del Rigsdag se celebran en
de cada Cámara. Cuando hay lugar á proceder á elec- un antiguo cuartel, poco apropiado para este nuevo españoles puros son sus cuadros de costumbre, en los que con
preferencia trata asuntos de principios de este siglo, y españociones en el seno de las Cámaras, quince diputados destino, pero esa instalación no es más que provisio- las netas son sus mujeres. La mantilla, la peineta, el cabello
pueden pedir el escrutinio llamado de proporción: se nal Se está en vías de discutir si debe construirse dispuesto en flequillo y tufos, el pañuelo de Manila de pinta·
divide el número de sufragios por el de los candida- para el Rigsdag un nuevo palacio, ó si el Parlamen- das flores y largo fleco, las blondas, el zapatito de raso, los
tos que se han de elegir, y se toma el cociente por to se seunirá otra vez en el castillo de Christiansbur- acarminados labios rasgando una tez moren¡, los claveles blancos ó rojos destacándose en hermosa mancha sobre una cabebase de la operación electoral. Para ser elegido basta go, donde celebraba sus sesiones desde el 5 de junio llera negra, he aqui los elementos á que con predilección acuobtener el número de votos indicado por la cifra de de 1849; pero debe advertirse que los trabajos no de Llovera para sus geniales creaciones. Y no merece por ello
más que alabanza, ya que los componentes son de tal belleza
aquél, y así está representada la minoría en todas las han comenzado aún.
que Jo que con ellos se confeccione no puede menos de satisfacomisiones. Los proyectos de ley se someten á tres
X
cer á los más exigentes en materias de estética,. máxime cuanlecturas; y cuan'd o las dos Cámaras no pueden podo el artista que de ellos se vale posee exqu1stto gusto para
nerse de acuerdo, cada una de ellas nombra un núcombinarlos y soltura y espontaneidad notables para trasladarmero igual de individuos, que se reunen para redaclos al papel ó á la tela.
No se crea por lo dicho que Llovera sólo á la reproducción
NUESTROS GRABADOS
tar una proposición, so0re la cual resuelve cada Cáde chulas y manolas dedica su talento; también la btlleza y la
mara separada y definitivamente. El consentimiento
elegancia de la clase alta tienen en él distinguido intérprete, y
del monarca es necesario para dar fuerza de ley á los
Ensueño, busto en bronce de D. José Lli- buena prueba de ello es la aristócrata de nuestro grabado, digmona
(fundido
en
los
talleres
de
D.
Federico
Masriera
y
C.•
proyectos votados por el Parlamento.
na compañera, desde el punto de vista artístico, de las dos
- Premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Bar- hembras de rompe y rasga que van en su compañia en el dibuEn caso de menor edad, de ausencia ó de enferme- celona
)-Hermano del pintor, ha logrado también, como él,
dad del rey, el Consejo de Estado se encarga provi- merecida fama por las varias obras notables que ha producido. jo que publicamos.
Los tres distintos tipos que en éste aparecen están reprosionalmente del gobierno, y debe convocar acto con- Aunque joven, ha sabido J osé Llimona, ee un periodo de tiem- ducidos con notable verdad, son. modelos de expresión y colotinuo el Rigsddg, para que, reunidas las Cámaras, re- po relativamente corto, dar fehacientes muestras de su talento rido y dan perfecta idea de los tres géneros de belleza que en
de las cualidades artísticas que posee. Alto, algo enjuto, casi nuestra patria sobresalen.
suelvan de qué modo se ejercerá el poder hasta que el ybarbilampiño,
muy semejante á su hermano en las condiciones
rey se halle en estado de encargarse del gobierno. de carácter, no es fácil suponer ni adivinar en él las galanas
Si no hay ningún sucesor al trono, el Rigsdag elige producciones de su ingenio. Llimona siente el arte, y por ende
•••
soberano, regulando el nuevo orden de sucesión. todas sus obras, ya se inspiren en los cuadros que determinan
En el arriate, cuadro de Simoni.- Son tantos los
Cuando las dos Cámaras se hallan así reunidas, es los afectos mis puros ó los ideales más elevados, denuncian
ingenio, sentimiento, delicadeza y precisa ejecución.
cuadros que reproducen á las mujeres de Oriente en la azotea,
preciso, para que puedan deliberar con validez, que
La escultura que reproducimos es una donosa prueba de sus ó en el arriate, ó en la terraza, que casi parecen indicar ser ésestén presentes y tomen parte en la votación cuando aptitudes, digna de figurar en el Museo municipal de Bellas ta la única distracción de aquellas infelices á quienes una cos •
menos la mitad de los individuos de cada Cámara. Artes de nuestra ciudad, adonde ha sido dP.stinada con buen tumbre y una religión incomprensibles en nuestros tiempos imEl Rigsdag nombra de por sí su presidente y estable- acuerdo. En ella hállase impreso el sello de ese algo siempre ponen poco menos que una absoluta y perpetua clausura. L as
grande y noble, que sólo puede informar á las verdaderas ma- mujeres del lienzo de Simoni llevan retratados en sus sem•
ce su reglamento.
nifestaciones del arte.
blantes los efectos de su monótona existencia, tanto más tristes
Los individuos del Folkethmg se nombran por suEl proyecto del monumento al héroe de los Castillejos, ge- cuanto más risueña y alegre se ofrece, en bellisimo contraste,
neral Prim, que presentó Llimona en el concurso celebrado la naturaleza que á su alrededor se descubre ostentando las
fragio universal sin ninguna condición de censo.
Los del Landsthing se eligen por sufragio á dos en la ciudad de Reus, patria del caudillo y en donde debe eri• hermosas galas que el sol de aquellos climas hace brotar de
girse, es la obra más completa de este artista y en la que se da
grados, y en virtud de una ley bastante complicada. á conocer por entero Si el Jura:lo pospuso su obra á la de su seno.
Simoni es uno de los más célebres pintores italianos, y se ha
Hay dos categorías de electores del primer grado: Puiggener, casi igual á la que posee ya Barcelona, la general dedicado con igual éxito á todos los géneros, histórico, de paiunos que tienen derecho de votación para el Folke- protesta del pueblo de Reus, quizás con mejor sentido artísti- saje, de costumbres modernas y oriental, si bien parece mostrar
thing y otros electores contribuyentes. Del mismo co que los por él escogidos para ilustrarle, debe satisfacer su por este último especial predilección. En la Exposición Uniamor propio y servirle de recompensa :í sus esfuerzos.
versal de París expuso un cuadro de grandes dimensiones,
modo, para los electores de segundo grado, unos son
Thais aconsejando á Alejandro llfagno el incendio de Perslpolis,
producto de la elección del primero y los otros elec**
que excitó la admiración de cuantos visitaron en aquel enti&gt;n·
*
tores inmediatos, no elegidos, que se escogen entre
ces la capital de Francia.
Tipo de un radjputa (de una fotografía.) - Los radjpulos electores rurales que paguen más contribución:
tas son, un~ de la_s naci,ones m~s belicosas de la India y de las
*
solamente la ciudad de Copenbague nombra sus di- que mas y1va res1stenc1a ?pusieron á la Compañfa de Indias;
••
putados sin el concurso de los electores de esta últi- poco aficionados á la agncultura y al comercio, dedícanse con
La antesala de un ministro, cuadro de don
ma categoría.
predilección á las armas, figurando hoy en dfa entre el número Luis Jiménez Aranda. - Dentro del género á que per•
d
los
mejores
soldados
del
ejército
anglo-indio;
no
son
bellos
Son electores al Folkethmg todos los daneses de 7
tenece, en el que tanto se distinguió Luis Jiménf!z hace algutreinta años de edad, con residencia de un año y que m mucho menos, y de ello podemos convencernos con sólo nos años y que con tanto lucimiento también cultiva todavía
mirar al que reproducimos, y el abuso del opio es causa de que su hermano D. José, es La antesala de ttn ministro una de sus
tengan la libre disposición de sus bienes. Para tener sean muy poco inteligentes. Su orgullo es desmedido y á él se más notables composiciones. Aparte de sus cualidades pictóriel carácter de elegible es preciso ser danés, haber debe el nombre que llevan y que significa descendientes de reyes· cas, revélase en el lienzo el profundo estudio de la época que
cumplido veintiséis años y no hallarse en ninguno de aquí el cuidarlo especial que ponen en la cuestión de matl ha tratado de representar, habiendo logrado tan cumplidamende los casos de incapacidad que el electorado deter- monios, tallto más, cuanto que un enlace desigual priva de todo te su propósito, que qu:en examine el lienzo puede creerse
derecho de herencia á los hijos de él nacidos, y de aqui tamá la vasta antecámara de uno de aquellos famosos
mina Dinamarca se divide en ciento dos circunscrip- bién la horrible costumbre del infanticidio, que tanto ha costa- transportado
ministros ó secretarios de Felipe V ó Carlos Ill, en cuyas maciones, con unas diez y seis mil almas en cada una: do á los ingleses destruir.
nos se hallaba la dirección y el destino de nuestra patria Los
cada circunscripción elige un diputado.
varios y distinguidos grupos de pretendientes ó cortesanos que
*
esperan impacientes las gracias ó favores del ministro, ó los que
Hemos dicho que para el Landsthing hay eleccio••
como el anciano soldado y su joven y bella acompañante, que
nes á dos grados. Los electores del primero son de
Cuarteto de hambrientos, cuadro de Julio se destacan en el centro del vasto salón, llevan impresa en
dos especies: electores primarios simplemente (elec- Adam. - ¡ Pobres gatitos! Como todas ~as mañanas, acudieron sus rostros y actitud la decepción que acaban de recibir con la
tores al Folkething), y los primarios contribuyentes; al lebrillo donde su cuidadosa ama les tenfa dispue~to el sucu- pérdida de sus forjadas ilusiones, hállanse trazados con singuestos últimos no existen sino en Copenhague y en lento desayuno; pero séase por olvido de aquélla, séase que el lar maestría, tanto considerados en su forma plástica como en
envidioso perro, habiendo madrugado más que de costumbre
concepto psicológico que revelan en los contrastes que
las ciudades. En Copenhague se ha de estar inscrito tuvo á bien almorzarse lo que á ellos estaba destinado, es el el
ofrecen.
como poseedor de una renta de 5 . 600 pesetas por lo caso que los Micifufes se encuentran vacío el plato, con cuyo
Luis Jiménez figura dignamente en el número de esos artismenos, y en las demás ciudades se debe disfrutar de contenido pensaban llenar su no menos vacío estómago He tas que honran á España, ya que á sus excepcionales aptitudes
la misma ó satisfacer una contribución directa de 210 aquí_ la cau~a d~ sus lamentos, de sus caras de sorpre~a y an- para el arte que cultiva reune la de poseer clarísimo ingenio y
gustia que 1mpnmen al cuadro de Adam un carácter cómico á laboriosidad.
pesetas.
pesar de que la situación no puede ser más dramática, para los
Estos electores primarios simplemente ó primarios gatos, se entiende.
*••
Julio ,!\dam es hijo del célebre pintor de batallas Alberto
contribuyentes son los que, reuniéndose en colegios
dis~intos, nombran los electores del segundo grado. Adam, y hermano de los no menos célebres Francisco, Benno
La nma de la silla, escultura de D. V enany Eugenio; procede, pues, de buena cepa. En sus mocedades
Para ser elegible para el Landsthing se han de lle- casi en su infancia, empezó á trabajar en el taller de su padre: cio Vallmitjana (de fotografía dirtcta de D Juan Martí.}
- La historia artística de este distinguido escultor es una connar las mismas condiciones que para la elegibilidad ayudando á éste especialmeete en sus labores fotográficas, y al tinuada serie de triunfos. Su nombre, digno de respeto en el
en el Folkething.
poco tiempo marchóse á la América del Sur, en donde foto- mundo del arte, lleva consigo el concepto de la maestría, del
La constitución dice que el ministerio debe dimi- ~rafian~o p_aisajes conquistóse u~a posición desahogada; pero gusto y del sentimiento. Nacido al calor del renacimiento paa los seis anos regresó á su patna, llevado del deseo de satistir cuando no tiene mayoría en las dos Cámaras; pero facer sus instintos y aspiraciones artísticos que no se avenían trio, ha sido uno de sus más laboriosos é inteligentes campeodebiendo á su ingenio, á sus raras cualidailes y á su prodesde hace algunos años, el partido liberal, habiendo bien con la profesión de fotógrafo. Ya en Munich comenzó á nes,
pio esfuerzo la envirliable fama que ha logrado alcanzar, La
progresado rápidamente, ha pedido que esta dimisión estudiar con el profesor Echter Antike y entró luego en la mayoría de los que hoy se titulan sus compañeros fueron ayer
se dé cuando el ministerio no tenga la mayoría en el Academia asistiendo á las clase~ ele Dietz. De aquella época sus discípulos, siendo de notar que todos reconocen en Vallsus grandes cuadros Danza de mayo en la Edad media, mitjana la superioridad indiscutible, á que le dan derecho los
Folkething, es decir, en la Cámara directamente ele- datan
Idilio, Niños cogiendo frambuesas y varios retratos; mas un día largos años de penosa labor y el. testimonio fehaciente del mégida por el pueblo. Sin embargo, Mr. Estrup, presi- tuvo e l capricho de trasladar al lienzo las figuras de dos gatirito de sus obras. Prolijo seria enumerarlas: hastará consignar
dente del Consejo desde 1885, no hace caso alguno tos que posefa, y remitido el cuadro á América, causó allí tan que algunas de ellas sirven de preciado adorno de regios
de las voluntades de los liberales, y de quince años buena impresión que sobre Adam llovieron encargos y más en- salones y de complemento ti embellecimiento de nuestra
cargos, hasta que un americano tratante en cuadros fi rmó con ciudad.
á ~sta parte gobierna contra la mayoría del Folke- él
un contrato por el cual el artista se obligó por un plazo de
thzng, apoyándose en el Landsthing, que es conserva- muchos años á no pintar más que para aquel comerciante.
dor y ministerial He aquí por qué la lucha es consJulio Adam cuenta en la actualidad treinta y nueve años y
su nombre figura entre los artistas alemanes de primera fila,
tante entre M. Estrup y el partido liberal.
RANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
habiendo alcanzado grandes éxitos en las exposiciones internaDE PARÍS.•Véase el anuncio en la sección correspondiente.
Se rechazan cuantos proyectos de ley propone, cionales
que anualmente se celebran en Munich.
rehúsase votar el presupuesto; pero todo es inúlil,
porque M. Estrup ha conseguido obtener la real fir•*•
ma para leyes provisionales que se perpetúan. Ese
JABON REAL
JABON
gitana, la chula y la aristócrata, dibujos
ministro es quien á pesar del Folkething ha organiza- deLa
HR I DACE
VELOUTI NE
Llavera. - Pocos artistas han logrado crear tipos de bedo una gendarmería que se juzga inúlil y costosa; él lleza femenina más simpáticos y más popularizados que los que &amp;eGOm011Jl'101 por autori(&amp;4oa me4l&amp;&amp;a pal&amp; la Bi¡t111t 41 ll Pitl 1 1111111 (el ColOI

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LA

NúMERO 512

667

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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POR M. JULIO CLARETIE (DE LA ACADEMIAFRA!\C ESA) . ~ ILUSEACIONES DE JU.I N BERAUD

(CONTINUACIÓN)

Por lo demás, aquel espectáculo le produjo, como la representación de los

brados ya con luz artificial, en donde se distinguían confusamente enaguas al-

Huuonotes en Burdeos, algo de jaqueca. Volvió al hotel y contempló melancó- midonadas y trajes de teatro. El notario sintió no tener á mano sus gemelos
lica~ente el mostrador de cristales que en otro tiempo servia de trono á la
apetitosa señora Chardonet, y en donde ahora se ocupaba en poner en orden
el libro de entradas y salidas de la fonda una mujer pequeña, flaca, de aspecto

para hacerse cargo con toda claridad de aquellos pelendengues escénicos de
variados colores.
Hacía calor, ese calor pesado de fines de verano. M Thomas~iére comió al
lado de la ventana abierta. Abajo comenzaba á engrosar la multitud de espectadores que iban llegando. Algunos coches descargaban su pasaje á la puerta,
y los vendedores gritaban:

«;El Entreacto/ ¡El Entreacto!»
O bien:
«El programa de la función y la distribución completa de ¡Quítate, que yo me

ponga/»
¡Quítate, que yo me ponga/ era el título de la revista que iba á represent~rs~.

) '

Darthenay

ordinario y lleno de granos, y se acostó rendido de fatiga. Cuando á la mañana
siguiente se levantó tuvo tentaciones de irá sorprenderá su hijo en su domicilio, en la calle de la Fontaine Saint-Georges, y darle los buenos días espetándole la fi ípica que tenía preparada
- ¿Has medido, desgraciado, la profundidad?...
El exordio le retozaba en los lab ios y rabiaba por soltarle. Pero se resignó á
esperar al día siguiente; antes quería conocer adversario qye se interponía
entre su hijo y la autoridad paterna: quería estudiará Gahrí.
Empleó todo el día eA vagar por Parfs, algo excitado. En medio del tumulto
de a•¡uellas calles, sólo reconocía los antiguos monumentos que no hahían
camhiarlo de sitio: la Magdalena, la plaza de la Concordia, el teatro de Variedades; pero el lujo de las nuevas tiendas, las modas femeninas. el ruido de los
corhe,; en una palahra todo lo que constituía la esencia del París moderno le
turbaba y admiraba al mismo tiempo, causándole no poca sorpresa todas las
seducciones con que la ciudad le brindaha Ciertamente, aquello era una Babilonia: iba y venía por las calles de Babilonia, pero Babilonia resultaba una capital muy curiosa y muy divertida, y sobre todo ¡tan cambiada desde que él la
viern por última vez!
M. Thomassiére, erguido como una garza real, recorría á fuer de huen cazador las calles de París, sin cansarse, como si persiguiera una bandada de perdicf's
Por la tarde buscó en los alrededores del teatro del Palais Royal un restaurant donde comer: precisamente había uno enfrente del coliseo.
El camarero le dijo cuando le llevó la lista:
- Esta ventana da á los cuartos de las actrices .
M. Thomassiére se asomó á la ventana.
Al otro lado de la calle, que era muy estrecha, vió en efecto cuartos alum-

ª!

Los ocho autores de esta aristofanada habían tratado, según decía un penód1co, de hacer alusiones políticas, y la obra estuvo detenida algunos días en la
censu ra.
M. Thomassiére ignoraba estas cosas, y no se cuidó de comprender el título,
que parecióle un poco raro, pero filosófico; sí, filosófico ... Los hombres no h~cen más que repetir toda la vida lo que tan curiosamente indicab~ el anun_c10
del Darwin en el caló de París. Pero el notario no conocía á Darwin. En SamtAlvere leía el Atila y Pertarita de Corneille, y- muchas veces habíase dicho:
«Si alguna vez voy á París no dejaré de ver Pertarita; debe ser un hermoso espectáculo.» Y sin embargo, iba á ver representar , Quítate, que yo nu ponga!
Pero no era por la ohra por lo que iba al teatro, sino por la Comadre, la
Educación laica, Gabriela Vernier, la señorita Gabrí.
He aquí lo que le preocupaba. ¡Y cuando pensaba que ésta estaría probablemente en alguno de aquellos vestuarios que veía enfrente ... quizá se estaba
vistiendo en aquel momento, allí, á algunos pasos de él, al otro lado de la calle
de Montpensier, y tal vez la apretaba el corsé el imbécil de Teodoro!... ¡Tendría
que ver que la primera persona que se encontrara al entrar en el teatro fuese
ese mismo imbécil de Teodoro! Si esto llegara á suceder, allf, delante de todo
el mundo, le diría: «¿Has medido, desgraciado, la profundidad del abismo?» ...
¡Y ya verían, ya verían la cara que pondría entonces su hijo!
.
Entretanto M. Thomassiére deshojaba unas alcachofas en salsa, y miraba
de vez en cuando las ventanas entornadas de los cuartos de las actrices, que en
la obscuridad de la pared frontera destacaban ráfagas luminosas.
Se estaban vistiendo Un cuartito tapizado de tela clara de Persia llamó particularmente la atención del notario, porque estaba geométricamente situado
enfrente de su rayo visual. Una joven, que debía ser muy linda á juzgar por su
elegante talle, acababa de entrar en el cuarto, y en aquel momento se quitaba
su sombrero de paja, adornado con un enorme pájaro, alargándosele á otra mujer ya de edad. M Thomassiére, absorto, dejó en el plato las hojas de las alcachofas y se puso á mirar Los movimientos de aquella joven eran sumamente
graciosos al comenzará vestirse el traje del personaje que debía representar en
la revista. Había ya dejado caer sus cabellos, que se esparcieron por sus hombros como un manantial de oro líquido Luego quitóse el cuello y los puños y
comenzó á desabrocharse el corsé. A M. Thomassiére le pareció todo aquello
imprevisto.. pero encantador ...
- ¿Ha acahado el señor?, dijo el camarero tomando el plato de las alcachofas. ¿Qué postres traigo?... ¡Ah! ¡El señor mira á los cuartos de enfrente! Cuan•
do hay que ver eso es por la canícula. ¡Qué cosas vemos! ... Son nuestros gajes.
M Thomassiére no le prestaba atención, miraba á la actriz y como en una
rápida visión percibió sólo un momerito, ¡ah!, sólo un momento por desgracia,
un vestido que caía á los pies de la joven, una camisa dejando desnudos los brazos y hombros ... Pero la blancura de aquellos brazos, de aquel cuello, de aque•
llos hombros, estos esplendores de la desnudez apenas vistos, se desvanecieron
porque á una señal de la joven la vieja camarera corrió precipitadamente las
cortinas encarnadas de la ventana, que lo ocultaron todo al modo que el telón
del teatro oculta un cuadro de apoteosis.
¡Ah! Todo había acabado en un instante. Y M. Thomassiére, que había experimentado la sensación de un sueño inquietante, pero exquisito, hallóse en la
realidarl de una fonda y delante de un camarero que le preguntaba gravemente:
- ¿Chéster, Camembert, Pont-l'Eveque ó Roquefort?
- Cualquiera, me es igual.
Y siguió mirando á la ventana cubierta con las cortinas encarnadas, detrás
de las que aún se imaginaba aquella estatua de blanca epidermis y de largos
cabellos de oro apenas entrevistos.
¡Si fuera la señorita Gabriela .. . Gabrí!
Si era ella tenía unos hermosos cabellos la tal Gabrí. ¡Ah, Babilonia!
Fué preciso que el camarero le dijera: «El señor no va á ver comenzar la
pieza, y las primeras escenas son muy graciosas, sobre todo la de la señorita
Desvignes,» para que M. Thomassiére, algo hipnotizado por el respland&lt;;¡r que
se filtraba por entre las cortinas encarnadas, se decidiera á levantarse de la
mesa y bajar á la calle de Montpensier.
Había andado y visto tanto desde por la mañana, que no pensó en mirar el

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LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 512

Este «ya era tiempo» hizo caer al notario en que había aplaudido. Sí, sí, él,
Thomassiére, que había venido expresamente del Perigueux para arrancar á Teodoro de las redes de Gabri aplaudía á Gabrf, maquinalmente, instintivamente,
sin darse cuenta de la enormidad de su imprudencia. ¡Aplaudir á la tal Gabrí!
Seguramente había perdido la cabeza. ¿Estaba loco? No; ¡pero era tan bonita,
tan bonita! Además todos sus vecinos estaban tan entusiasmados, que influyeron en el notario: cuestión de magnetismo.
Pero verdaderamente M. Thomassiére sólo sufría la influencia de la joven
que se exhibía en el tablado en todo el esplendor de su belleza, y experimentaba al verla una sensación complexa, mezcla de cólera contra Teodoro por su
falta y mezcla de circunstancias atenuantes, y tan pronto se sentía inclinado á
perdonarle su debilidad por tan linda criatura, como experimentaba hacia el
III
muchacho una especie de envidia st&gt;rda é inconsciente, y entretanto ThomasLa revista de fin de año atraía á los aficionados de siempre, críticos, gomo- siére aplaudía á Gahrí violentamente hasta romperse las manos, y habiendo la
sos, clubmen. bolsistas, la crema de los círculos y la alta marea y contramarea Educación laica dicho un chiste, el pobre notario, á quien el chiste importaba
de todo París. M. Thomassiére, con su agudo perfil y su levita de corte algo mucho menos que la graciosa sonrisa de la que lo decía, púsose á aplaudir tan
provincial, producía entre· los fracs negros y corbatas blancas un bizarro con- fuerte que un caballero que estaba dos filas más adelante volvióse encolerizado,
traste. Pero nadie reparaba en él ni él miraba á nadie, ocupado como estaba gritando muy alto:
en examinar aquella pequeña sala, restaurada y dorada de nuevo, que le pare«i Fuera la claque!»
¿La claque7 ¡Oh! Se veía que no le gustaba á aquel caballero la señorita Gacía aún más brillante que la del gran teatro de Burdeos.
Esperaba con impaciencia á que se levantara el telón, y cuando estando éste brí ... ¡Qué falta de sentido común! Quizá protegía á alguna émula de la señoaún corrido se presentó en el proscenio un hombre grueso, sonriente y familiar, rita Vernier aquel impertinente que interrumpía para decir: «¡Fuera la claque!»
Pero la sorpresa de M. Thomassiére fué todavía mayor cuando su vecino, el
que dirigiéndose al público empezó á decir chistes y más chistes, el vecino de
que antes le había tocado con el codo, le dijo al oído en tono contrariado:
butaca del notario le tocó con el codo, diciéndole:
- Es Darthenay, aplaudidle.
- No seáis imprudente, vais á enterrar la obra.
El pobre Thomassiére ignoraba que se hallaba rodeado de alabarderos, y
M . Thomassiére notó, en efecto, que en torno suyo aplaudían mucho. Todos
los que estaban cerca chocaban las palmas como un solo hombre. El aplaudió exclamó:
también. Darthenay, que hada el papel de director del teatro, transformado en
- ¿Qué es eso de enterrar7
- ¡Vaya! No sea usted idiota; espere á que yo marque el aplauso.
Compadre, anunció al público que M. Dumas y M. Gounod se habían comproEl notario sintió subirse la sangre á la cabeza. ¡Hacía el idiota/ ¡Le habían
metido á escribir la revista del Palais Royal, y que no habiendo cumplido su
palabra, la Empresa habíase dirigido á los señores Pedro, Pablo y Santiago, es- llamado idiota/ Durante un momento tuvo intención de levantarse y abofetear
critores simbolistas y decadentes, cuyo celo, aunque se les pilló despreveni- á aquel insolente en pleno teatro, pero se contuvo. Parecióle que la Educación
dos, se confirmaba de una manera sorprendente. Se rogaba, pues, al público laica le miraba con expresión de clemencia, como si le suplicara que se tranquique aceptara la prosa de estos bisoños en reemplazo de las escenas que espera- lizase, y no se equivocaba tal vez al suponer que aquélla le decía por encima
ba de aquellos dos ilustres maestros veteranos. De aquí el título: ¡Quítate, que de las candilejas:
yo me ponga/
«Me habéis comprendido yyo á vos. Tened calma; esos dos hombres son un
Este anuncio, que M. Thomassiére no halló nada cómico, hizo prorrumpir par de patanes.»
en carcajadas á la sala, y una mujer extraña, de risa gutural que salía de una
El acto terminaba con un couplet, acompañado de un paso de baile que la
boca demasiado rasgada, lanzó desde un proscenio un sonoro ¡bravo/ Era, se- señorita Vernier indudablemente había aprendido en el otro lado del Sena en
gún parece, Mlle. Desvignes.
algún conservatorio coreográfico del barrio latino. Los vecinos del notario no
Parecióle al notario que aquellas gentes tan alegres tenían algo de iniciados, aplaudían, casi aullaban, para pedir que se levantara el telón, ya corrido; y
que se divertían fácilmente con chistes que él no comprendía bien.
cuando se levantó, Thomassiére vió, como en una especie de apoteosis, entre
- Debe ser muy gracioso, pensaba, puesto que tanto hace reir.
los trajes pintorescos de las figurantas y las masas de comparsas y el frac negro
Empezóse la revista Levantóse el telón. M. Thomassiére vió una plaza pú- del Queso y las faldas cortas de las mujeres que representaban la luz eléctrica ó
blica, como en una obra de Moliére, por donde desfilaban personajes singulares, el teléfono ó el adoquinado, la carne blanca orlada de negro de aquella figura
absolutamente incomprensibles para el notario del Perigueux: mujeres vestidas de Rubens viviente que personificaba á la Educación laica, admirándola y decon trajes absurdos que sepresentaban periódicos 6 sellos de correo; una cuan- vorándola con los ojos.
do la preguntaban, contestaba: «Soy las aguas del Dhuys;» otra: «Soy la nueva
Luego todo desapareció otra vez: telón corrido, visión desvanecida; pero en
Casa de Correos,» y cada respuesta excitaba la hilaridad. La señora del pros- el último saludo con que Gabrí se despidió del público, parecióle al notario
cenio, Mlle. Desvignes, desapareció de la sala después de haber cantado ines- que le había hecho una seña especial. Levantóse de la butaca calenturie~t?, y
peradamente un couplt!, y su retirada fué celebrada con grandes carcajadas. cuando iba á marcharse, su vecino, el hombre de los codazos, le detuvo d1c1énM. Thomassiére se preguntaba si era él un solemne animal ó si los parisienses dole brutalmente:
hablaban un lenguaje especial que no comprendía, mucho más cuando vió que
- ¡Cuidadito con meter la pata en la tercera pieza!
·
todo el teatro prorrumpía en una carcajada cuando se presentó en escena un
Esta vez Thomassiére sintió comezón de agarrotarle con los'dedos, con aqueseñor con frac negro, corbata blanca y un sombrero de muelles debajo del bra- llos dedos que en otro tiempo nunca soltal:fan la presa, y que lo mismo empuzo, que contestó á otro que le preguntaba quién era: «Yo, caballero, soy el ñaban la escopeta para cazar que el florete para batirse con cualquier oficiaQueso.»
lillo.
Y el caballero del frac negro hada un gesto que equivalía á decir: «¿No lo
Asió por los botones de la levita á su desagradable vecino, que quedóse ad·
ve usted?&gt;
mirado, y le preguntó:
El notario comenzó á dudar de su sentido común, mientras que aquel señor
- ¿Quiere usted explicarme por qué se mezcla en mis acciones?
tan correcto, que precisamente parecía al subprefecto de Bergerac, canturriaba
El vecino cada vez más sorprendido, contestó:
sentimentalmente la siguiente quisicosa:
- ¿Cómo' por qué me mezclo? Me mezclo en lo que me importa. ¿Cuápdo
se ha visto que un alabardero aplauda antes de indicárselo el jefe de la claque7
No me parece un exceso
- ¿Un a/abardero7 ¿El jefe de la claque7
Decir que el amor más fino
M.
Thomassiére cayó de su burro, como suele decirse.
Nada fuera, sin el vino
- Es usted capaz de enterrar la mejor obra, y ciertamente no está usted aquí
Ayudado por el quern.
para/orzar aplausos, repuso el jefe.
- De modo, balbució el notario humillado, ¿que no estoy aquí como especM. Thomassiére, cada vez más admirado, oyó á uno de sus vecinos decir en
voz alta:
tador sino como alabardero7
- ¡Es para morirse de risa!
- ¡Miren el inocente!
Y luego repuso, dirigiéndose al notario con un tono casi encolerizado:
- Sin embargo, he pagado veinte francos por ...
- ¿Qué es esto? ¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo no os desternilláis de risa?
El contratista de éxitos le interrumpió encogiéndose de hombros y diciendo:
- ¿Y qué son veinte francos para una primera representación cuando se han
Debía ser pariente del autor ó del actor que se parecía al subprefecto.
Por lo demás, todas estas cosas no eran sino bagatelas para M. Thomassiére. vendido localidades en más de cien, amiguito mío?
Lo que esperaba, lo que le interesaba, era la presentación de la señorita Ver- ¡Amiguito mío!
nier: acechaba la salida de la Educación laica con la misma impaciencia que
M. Thomassiére, petrificado, experimentaba el amargo sentimiento de una
cuando cazaba en Saint-Alvere el vuelo de una bandada de perdices. Gabriela vaga degradación: ¡había aplaudido como alabardero, había pagado veinte franVernier no debía tardar en salir á escena. En efecto, un crescendo de la orques- cos para ser llamado idiota y amiguito por un j efe de claque/ Sentía la absoluta
ta anunció de repente el principio de la Educación laica.
necesidad de respirar el aire libre á la luz de las estrellas.
Una joven alta, rubia, vestida con traje negro, llevando el birrete de profesor
Al salir quiso pedir más explicaciones á su vecino; pero el jefe de alabarderos,
de medio lado sobre su dorada crencha, guantes negros que la subían hasta el sujefe, le dijo por lo bajo:
codo y que hacían resaltar la blancura de la epidermis, á la que el reflejo de las
- Cállese usted; esto es escandaloso; se oye en todo el teatro y es de mal
luces de gas daba tintas nacaradas; alegre, bien plantada, el talle largo, esbel- efecto.
to, espléndido; posando los pies en las tablas con aplomo triunfal, con aire piNo había más que obedecer, callarse, evitar el escándalo. Pero por nada en
c~resco,. fino, risueño en los labios, dientes y ojos, rebosando salud y alegría, el mundo volvería el notario á ocupar su asiento, no volvería á exponerse á que
vino á situarse en actitud soberbia y con la diohosa insolencia de la juventud le gritaran «fuera la claque.» ni á que le llamase amiguito aquel hombre, su
frente á la concha del apuntador.
jefe, á él, á uno de los decanos de la curia perigordina.
.
M. Thomassiére quedóse como desvanecido.
· Y refunfuñando M. Thomassiére bajó la escalera, y abriendo la puerta viAquel traje negro como la tinta, contrastando con aquella carne tan blanca, driera hallóse en la calle de Montpensier desesperado de su aventura.
daban á la hermosa joven un aspecto singularmente atractivo y apetitoso, de
No, no volvería á su asiento. ¡Qué París! ¡Pagar veinte francos para ser insuerte que cuando cantó. con voz no muy afinada, pero clara y alegre, una co- sultado por un cualquiera! No, no volvería á entrar en el teatro ... Y no obstanpla c?ispeante alusiva á la educación laica, todo el mundo aplaudió, y M. Tho- te, ¡tenía tantos deseos de volverá verá la señorita Vernier! Sentía sed de hamass1ére con más entusiasmo que nadie, tanto, que su vecino de butaca le dió blarla; acababa de inventar para ella como para Teodoro el exordio de un disun segundo codazo, y con el acento de satisfecit con que se hubiera dirigido á curso «Ciertamente sois linda, muy linda, admirablemente linda, señorita, y la
un colegial, le dijo:
belleza tiene derechos indiscutibles como el talento, pero esto no es una razón ...
- ¡Gracias á Dios que da usted señales de vida! ¡Ya era tiempo!
una razón ...» Lo demás se le ocurriría naturalmente al verla.

cartel ni en tomar billete. Los despachos estaban ya cerrados y los revendedores le pedían veinte francos por una butaca Pareci6le algo caro; pero ¿qué hacer, puesto que habíase decidido verá la señorita Vernier y oírla cantar el famoso rondó de la Educación laica7
¡Vaya por los veinte francos!
El notario comenzaba á pensar que Teodoro no era tan embustero cuando
cada vez que le escribía pidiéndole dinero, le decía: &lt;!¡Si supieras lo que cuesta
todo en París!»
- ¡Un abismo! ¡Cáspita! Y ciertamente no dan de balde las localidades de
teatro en el tal abismo. Todo cuesta caro, muy caro; Teodoro tenía razón.

NúMERO 512

LA

669

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

y Thomassiére paseaba lentamente por la acerl¼ en donde algunos jóvenes

- Muy bien, esperaré abajo. Muchas gracias, dijo Thomassiére.
Ya en la calle, púsose á pasear procurando seren~rse. Seguramente_ mademoiselle Gabri no tardaría en bajar, trayendo ella misma la contestac16n_ á la
tarjeta; y mientras se paseaba, el notario miraba la. puerta del escen~no y
aquella pared blanca cortada á interval_os por ventamtas cuadradas, salientes,
como una construcción morisca sostemda por arcos d~ bóv~da. El buen notario saboreaba de antemano la presencia de Mlle. Vermer ba1ando los escalones
algo usados por los pasos de
tantos piececitos rápidos, fugitivos, y sentía extraña turbación y como sorpresa al verse
mezclado á la vida de París,
frente á aquel teatro y pasean·
do por aquella acera á la hora
en que según costumbre dor·
mía tranquilamente en SaintAlvere, y parecíale como un
sueño la vista de la puerta del
escenario, los cocheros en la
penumbra, los carruajes en fila,
las fondas abiertas que despedían calientes emanaciones culinarias, el ruido de una orquesta estrepitosa que prove•
nía de un baile de boda, cuyas
parejas distinguía á través de
las cortinas de unas ventanas.
Asaltábanle ideas extravagantes, vértigos que cruzaban
por su imaginación y zumbido
de oídos, que era quizá el ru·
mor del aleteo de las mariposas azules de sus veinte años.

fumaban mirando involuntariamente hacia las ventanas de los cuartos de las
actrices, uno de los que pertenecía á Gabrí, que estaría vistiéndose .. : .
Thomassiére sentía bullir en su cerebro una idea y recordaba la v1~16n rápida que dos horas antes babia percibido desde la fonda ... ¡Ah! ¡S1 se atre•
1
viera....
í
y por qué no. Ella debía conocerle, puesto que conocía á Teodoro, y no ten a
más que nombrarse para ser
recibido. Se presentaría á ella
como el espectro del deber.
«Ciertamente sois muy linda,
admirablemente linda, señorita, pero ...»
Y ya la veía ponerse encarnada, palidecer, temblar.
¡Y que no estaría poco hermosa é interesante temblando!
Al pasar frente á la puerta
del escenario oyó á dos jóvenes que saboreaban sus cigarros decirse uno al otro:
- He hecho pasar mi tarjeta por el portero.
- ¿Y ha consentido en llevarla?
- ¡Vaya! Es muy complaciente.
Supuesto que el portero era
tan complaciente, ¿por qué 110
-valerse de este medio? Thomassiére llevaba tarjetas: G.
Thomassiére, antiguo notario.
Enviaría una con el portero á
la señorita Vernier, y el nomIV
bre solo le diría bastante.
¡Thomassiére! ¡Pues no osaAl volverse de repente haba aquella cómica soñar con
cia la puerta del escenario,
llevar este nombre de ThoM Thomassiére tuvo la sormassiére!
presa de casi tropezarse con
¡La señora de Thomassiére!
una elegante persona que sa·
¡Ah, eso nunca! ¡No y m~l velía del teatro, envuelta en un
ces no! El ser linda, muy hnda,
abrigo forrado de piel de zorra
no es una razón para ello.
azul. Alta, con el cabello rubio
Maquinalmente el notario
que se descubría á traves de
había subido la estrecha escasu vel.o negro echado, llevaba
lera del teatro con su tarjeta
en la mano, sin guante, una
en la mano. Llegó á la casilla
carterita de cuero azulado, file·
del portero, menos complateada de tafilete, á la que asociente de lo que aquellos jóvemaba una tarjeta, como se
nes habían dicho, puesto que
asoma la carta forzada en la
le preguntó con voz bronca de
baraja del prestidigitador.
fonógrafo, repitiendo la frase
M. Thomasiére reconoció
de cajón: «¿Dónde va usted,
su tarjeta, á la que la señorita
caballero?»
Vernier venía á contestar per- No voy, vengo á pedir á
la ,Educación laica
sonalmente. Iba, por fin, á po·
usted que me haga el favor de
der juzgarla en su parte moral.
pasar esta tarjeta á...
. .
Moviebdo la cabeta á derecha ltquierda, como si buscara á alguien, Gabrí
y tomando un aspecto que quería ser mahc1oso, r:pusO!_
detuvo su mirada en el antiguo notario, envolviéndole en una ojeada rápida
_ A la actriz que representa el papel de la Educa~ton _tarea. .
t:omo la de los comisarios tasadores que con una simple mirada conocen el
_ ¡Ah!, dijo el conserje con cierta socarronería. S1 qu!ere deJarla aqul.. .
peso de un ohjeto cualquiera, y luego se adelantó hacia él con una expresión
Mas como entretanto mirase la tarjeta qu_e Thomass1ére le había_~ado y le:
que
parecía decir:
yese en ella: «G. Thomassiére, antiguo 1zotarzo,» est~ titulo tranquihz?. Anh- ¿Es usted quien me ha enviado esto? .
.
·
Esto
era
casi
una
garantía
de
moralidad.
Quizá
la
actnz
tenía
guo notart0 ...
El notario aproximóse á ella muy conmovido, y quitándose el sombrero ma•
algún negocio con aquel caballero de aspecto grave.
,
. .
_ Voy á pasar Ja tarjeta, dijo el portero, espéreme usted aqui. Está proh1b1- quinalmente, balbució:
- Señorita, tengo el honor ...
do subirá toda persona que no sea del teatro.
.
- Cúbrase usted, dijo la linda joven, señor ... señor Thomassiére;" G. ThoM. Thomassiére experimentaba un profundo asombro, ~mdo á gr~n cunos1massiére,
¿no es así?
dad al verse en aquel sitio. El cuarto del portero parec16le muy feo con su
- Si, Thomassiére, Thomassiére padre ... Gastón Thomassiére.
pap~l manchado, sus vidrios rotos y sus detestables cuadros colgados de_la pa- No tengo el gusto....
.
.
.
· em bargo, este ignorado rincón del .teatro, esta puerta
red, y srn
• 1 entreabierta
b 1á
- Es cierto, interrumpió el notario, certísimo; pero he vemdo expresamente
los misterios de los coliseos excitaba los nervios del notano, e preocup~ a, e
á París para hablar á ust~d de T~odoro.
. .
.
. t'izaba. 1•Un teatro'• ·Y
un notario de Saint-Alvere
sentado
h1pno
1
,
1 en la casilla
d 1 úde
Parecióle que la señonta Vermer hacía un mov1m1ento de cabeza como s1
un portero de teatro! ... y aquella escalera conduc1a ~orno os tramo_s e a g n quisiera recordar de qué Teodoro querían hablarla. ¡En esto son tan fuertes las
infierno á los cuartos de las actrices, en donde se quitaban sus vestidos y des·
parisienses!
.
..
.
anudaban sus cabellos!
- En fin, señorita, dijo el notano en tono firme, quisiera que me concediera
El viejo Thomassiére sentía una emoció~ extraña, la sang~e afluía á sus oídos.
De pronto tuvo deseos de marcharse, deJando á la Vermer, el teatr_o y ~ los usted un momento de conversación. Usted comprenderá que esto es grave.
La joven se echó á reir, diciendo:
•
Si, quería marcharse, huir más bien. No sabía qué hacer, si subir al
eÓmicos...
- ¿Que le conceda un momento de conversación? ¿Que esto es grave? ¿Sabe
cuarto de Mlle. Gabrí, 6...
usted caballero que es usted muy gracioso? ¿Pero habla usted con formalidad?
La vuelta del portero puso fin á sus dudas.
.
.
.
- Con toda f~rmalidad, contestó el notario, ahuecando la voz y con aspecto
Este suplicó á M. Thomassiére que esperase: la tercer~ pieza iba á termmar,
serio.
y el notario recibiría en seguida respuesta verbal á su tarJeta.
Gabrí le miró con atención, titubeando y preguntándose evidentemente de
_ Está bien, dijo. ¡Muchas gracias! Ag~ardaré al final.
. 1
dónde
salía aquel original, y luego so~riendo alegremente, dijo: .
.
le daba valor. ,Oh. No le escaLa 1'dea de ver de cerca á la hermosa Joven
.
· r d
r
d
_ ¡Bah! ¡Siempre lo mismo! Suerte nene usted, caballero, de que m1 mando con·
timaría la verdad, le diría sin ambages: «C1ertamen~e sois ID a, muyb ID a, hsetinúe en sus posesiones ... ¡Maldito vicio de la caza! Si quiere usted ofrecerme un
- · mas mas... mas ... » y de aquel endemomado émas noé pasa
nonta·
· a; no a· alón de perdiz, porque me muero de hambre, se lo ~g~adeceré y ha~laremos.
liaba :Oodo.de unirlo á una frase que fuese á la vez ~ort s y ~n _r_g1ca.
M. Thomassiére no se daba cuenta de aquel conoc1m1ento tan rápidamente
_ Mas esto no es una razón para sacar de sus casillas á m1 h~JO.
hecho.
Poco ha la linda joven celebraba cantando las excelencias de la educa_ Mas esto no es una razón para llegar á ser Mme. Thomass1ére.
ción laica, y ahora se encontraba mano á mano con él en una calle de París, y
¡B::f~¡ encontraría la conclusión de este mas cuando se viera cara á cara él la conducía del brazo hacia la parada de coches, cuyos faroles relucían como
una fila de gusanos de luz. Sí, la llevaba del brazo y la ayudó á subir á la. berliconSíla ~irena. 1 erdadera palabra La llamaría claro y alto: ¡Sirena! Siren na, quedándose él en la a&lt;::era hasta que ella le preguntó: «¿Supongo que iremos
, s1re11a era a v
·
d 1
¡
r 6
sirenis. y mientras á tales reflexiones estaba entrega_ o, :óportero e _su p 1c al café inglés?»
't'
t
e hiciera el favor de bajar; pues la duecc1 n no perm1t1a que
(Continuará)
pol1 1camen e qu
.
1 portería
las personas que no eran del teatro permanecieran en a
,

e

1:

�LA

670

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 512

La apertura del Laboratorio de Fontainebleau señala el primer paso dado por la botánica en la vfa
TURBINA DE PEQUEÑA POTENCIA
por donde hace años marcha con creciente éxito la
EL LABORATORIO DE BIOLOGÍA VEGETAL
zoología Cada día aumenta el convencimiento de
Los laboratorios y talleres de aficionados necesitan
DE FONTA INEBLEAU
que en muchos ca,os el estudio anatómico ó fisioló- á menudo una fuerza mecánica siempre d1sponilile
El Laboratorio de biología vegetal de Fontaine- gico de los seres vivientes ha de hacerse en el lugar para producir el vario ó la compresión de aire á fin
bleau es un anexo del Laboratorio de botánica de la mismo y en las mismas condiciones en que tales de poner en movimiento pequc::ños útiles, como sieseres se desarrollan, pues de esta suer rras, taladros, pulidores, etc. En tanto que se genete los experimentos pueden verificarse raliza la distnbución de la energía eléctrica, que es
en individuos más numerosos y más el medio más seguro de llenar esta necesidad, se ha
sanos y es posible observar las funcio- buscado la satisfacción de ésta en la utilización del
nes de los seres que viven en el medio agua con presión, hoy en día di~tribuída á domicilio
que les es natural y propio. Por estas en casi todas las ciudades. La solución que en este
razones la facultad de Ciencias de Pa- género se lleva indiscutiblemente la palma es un perís se ha anexionado las estaciones 4ueño motor hidráulico conocido en América con el
zoológicas marítimas de Banyuls, de nombre de Cl1icago top. Consta este aparato esenRoscoff, de Wimereux y del Havre, y cialmente de una ptqutña rueda con aletas de eje
_
el ejemplo ha parecido bueno, puesto horizontal R cuyo diámetro no excede de IS centíme1
que inmediatamente ha sido imitado tros: el agua llega á estas paletas por una serie de
por las facultades de provincias, exis tubos añadidos puestos en una campana de distributiendo hoy gracias á ello estaciones ción colocada en el interior de la rueda, y es conduzoológicas en todas partes.
cida al centro de esta campana por un tu bo de cau•
Pero hasta hace poco, en Francia cho de unos dos centímetros de diámetro fijado en
por lo menos, sólo la zoología disfrutó T, escapándose por el tubo T' después de haber acdel privilegio de laboratorios de este cionado sobre las aletas. La rueda y la campana son
género; y sin embargo, la necesidad de bronce y el eje de acero. E~te árbol descansa por
universalmente reconocida de ir á es- un lado en un soporte de estribo P y por otro en un
tablecer, fuera del centro de las facul - soporte practicado en un bastidor de fundición,cuhiertades, estaciones especiales para el es- to de un caparazón que protege la ru eda y recoge el
tudio anatómico y fisiológico de una agua que de ella se escapa La rueda motriz está
parte del reino animal, déJase sentir, á montada en el extremo del árbol: una polea de tres
Fig. r. Fachada lateral del Laboratorio de biología vegetal de Fontainebleau nuestro modo de ver, con tanta ó maranuras recibe la pequeña cuerda que sirve para
(De una fotografía.)
yor intensidad en la botánica. Muchos son los
facultad de Ciencias de París, dirigido por M. Gas- animales que pueden vivir cómodatón Bonnier y su creación, que data de 1888, se de- mente entre las cuatro paredes de un
be á la iniciativa de M Liard. director de enseñan- corral de laboratorio y proporcionar
za superior que tanto se ha preocupado siempre de por este solo medio á la fisiología anicuanto puede contribuir al fomento de la ciencia en mal multitud de temas de investigacioFrancia
nes; en las investigaciones de la lisio- ·
El Laboratorio bá sido construido según los pla- logia vegetal, por el contrario, todas
nos de M Nenot, arquitecto de la nueva Sorbona, á las plantas requieren ser estudiadas en
unos 300 metros de lá estación del ferrocarril, junto el sitio mismo en que se han desarroal bosque que lo limita por el Oeste y por el Sur: llado, porque forman parte del medio
tal como es actualmente (fig. 1) corresponde tan sólo en que han · nacido. Et primer efecto
á la mitad del edificio proyectado; su otra mitad se que el transporte produce en los vegeconstruirá cuando lo per'mita la consignación de nue- tales es un estado enfermizo que quita
vos créditos. Por de pronto en la sala de· investiga- mucha exactitud á los resultados obteciones (S fig 2) pueden tener ocupación veinticuatro nidos, y no hay que pensar en el cultrabfljadores En su interior y hacia la mitad de su tivo de las plantas en los mismos laboaltura hay suspendidas á los lados dos anchas gale- ratorios de las facultades, porque ésrías en las cuales trabajan las personas especialmen- tos, admirablemente di~puestos para el
te dedicadas á las observaciones microscóprcas ó al estudio de los fenómenos de debilitaestudio de los vegetales inferiores; · la parte inferior miento, ' carecen, en cambio, de espaestá destinada preferentemente. á las investigaciones cio, de aire y de luz; en ellos se juntan
fisiológicas, que necesitan mayor espacio á causa del todas las condiciones á propósito para
empleo de aparatos. Los instrumentos indispensables que las plantas que allí deban desarropara los estudios de química vegetal están instalados llarse resulten raquíticas
ya en esta sala, al lado de la cual hay el gabinete del
La dificultad aumenta cuando se
director y la biblioteca, iluminadas como aquélia por trata de emprender sobre los árhples y
gran número de luces de gas. El ala anterior del edi- arbustos experimentos que permitirían
ficio está ocupada por el jefe de cultivos M. C. Du- resolver una porción de cuestiones
val; una parte del piso superior comprende las habi- apenas abordadas ó aún no resueltas: La Cliicago top, turbina hidráulica de pequeña potencia. - r, la turbina vista
en conjunto. - 2, sección longitudinal - 3, stcción tran~versal en la que
taciones de los trabajadores.
¿dónde procurarse ó conservar siquiese
ven las aletas, la campana de dis;ribución y IQs ajustes.
ra simples arbustos? Cierto que existen jardines
botánicos, pero sus directores no se transmitir el movimiento de rotación del árbol á los
mostrarán propicios á sacrificar, en aparatos que hayan de funcionar. La Chicago íop se
aras de experimentos de incierto resul- construye de dos modelos: el pequeño. de 25 centítado, los pocos ejemplares que de cada metros de largo y tres y medio kilogramos de peso,
especie poseen; además estos jardine~ tiene una potencia de dos kilográmetros por segundo
no se han hecho para campos de ex- co11 una caída de 2 5 metros que corresponde de 2 ' 5
perimentación, sino para ayudar los es- atmósferas por centímetro cuadrado; el grari modelo,
tudios de clasificación de la botánica. cuyo peso es de siete kilogramos, tiene una potenPara. las investigaciones fisiológicas cia de cuatro kilográmetros por segundo. Con estas
necesitase ante todo una vegetación potencias máximas la velocidad angular de la turbina
espontánea que ofrezca plantas y árbo- es de 4.000 vueltas por minuto, de suerte que en
les en todos los estados de su desarro- general, hay que buscar una presión intermediaria
llo, permitiendo al fisiólogo no sólo es- entre el útil que se ha de mover y el motor á fin de
tudiar ejemplares sanos. sino también reducir esta velocidad á proporciones convenientes.
comprobar por la repetición de experiLa Chicago top es notable por lo bien construidas
mentos la exactitud de sus resultados. que están \as piezas y especialmente la rueda de ale. IJ.'lll!Jv
Esta necesidad la satisface cumplida- tas,_ perfectamente equilibrada para evÍlar las trepiFig. 2. Plano y sección del establecimiento. - V1 y V2 , vestlbulos; S, sala mente el Laboratorio de Fontainebleau daciones que de otro modo no dejarían de produciral frente del cual hay un director1 u~ s~ dada su enorme velocidad angular Además, las
de investigaciones; P, laboratorio del profesor; B, oiblioteca; A, A, A,
habitación del jefe de cultivos; C, escalera; r, 2, 3, 4, D, habitaciones subdirector, un preparador y un jefe piezas, que son en muy pequeño número, tienen la
de cultivos Para trabajar en este labo- ventaja de ser idénticas y sustituíhles, lo que suprime
para los trabajadores.
ratorio no se paga nada; basta solicitar los inconvenientes de una reparación.
. .
del director la inscripción. Todas las
Numerosas aplicaciones de este motor hay instalaEn la prolongación del edificio, en el centro de hah1tac1ones de los trabajadores están ocupadas inlos campos de cultivo que lo rodean, se ha construí- cluso en invierno, y en verano los que no enc~en- das ya en grandes laboratorios de química de París
do un invernadero para los experimentos que deben tra~ alojamiento en el laboratorio albérganse en los para mover sopletes trompas. agitadores y para otra
porción de oper&lt;1ciones que exigen una potencia merealizarse en condiciones especiales de temperatura; vecrnos hoteles
cánica pequeña, pero su·ministrada con regularidad
este departamento se divide en estufa y en invernaLos trabajos experimentales practicados en el Ladero templado y en él puede instalarse una renova- boratorio se han publicado en los Anales de Ciencias durante algunas horas sin necesidad de conservarla
ni vigilarla.
ción continua de agua.
Naturales y en la Revt'sta general de Botánica.
(De La Nattm)
SECCIÓN CIENTÍFICA

LA

NúMER0 512

67 I

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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1'?8 dema, purgante,, este no obra bien
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el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora 'J' la comida ~e mas le convienen,
se(TUIJ sus ocupac1one1. Como el causan
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sobre et Importe de la factura.
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habitada por el cliente y contra reemboiso,es decir. á pagar contra recibo
de la mercanc1a ; los clientes no
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todas las formalidades de aduana habiendo sido cumplirlas por nuestras
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�LA

672

ILUS1'RACtóN

NúME!tO 512

ÁRTisfic.A

branza de Giro mutu0 6 letra de fácil cobro.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

•••

POR AUTORES Ó EDITORES

ANGELA. AMORES EN LA HABA·
NA, novela por Félix Puig y Cárdenas. - La nueva producción del novelador cubano Sr. Puig, primer
episodio de los tres que constituirán
la obra, tiene singular interés, ya que
aparte de las condiciones literarias,
reune la de constituir una verdadera narración histó rica de aquella
preciada Antilla desde 1836 á 1886,
de manera que pueden apreciarse
los adelantos y cambios t¡ue ha experimentado aquel pueblo e11 el pe•
rledo de cincuenta años.

GufA DE BUFETE, por E. Oliver.
- Tal resulta y de suma utilidad , ya
que contiene en un pequeño volu •
men un diccionario de barbarismos
y solecismos, tabla de veces castellanas no insertas en el Diccionario
de la Lengua, y varias reglas para
el uso de preposiciones, de acentuación y para la corrección de pruebas
de imprenta, resultando una obrita
de general interés, digna de ser consultada. Véndese en las librerfas de
Alberto Colom, calle de San Pablo,
52 y 54, y en la de Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5, Barcelona,
al precio de 2 · 50 pesetas.

•
••
VIAJE POR l TALIA,jor D. A. Fer·
ndndez Merino. - Conocida la competencia que en materias literarias
y artlsticas tiene justamente reconocida el autor y dados los atractivos
y belleza de un asunto como el viaje desde ·Bérgamo á Verona, fácil
será estimar la valla de este libro,
lleno de hermosas descripciones y
de juicios ilustrados y atinadísimos,
que tienen, además, la ventaja de
ser manifestación de impresiones
sentidas por un corazón de poeta y
de artista en presencia de hermosas
joyas del arte italia110.
El libro, editado en Siena (Italia),
forma un elegante tomo de 368 páginas con preciosas ilustraciones,

•••
APUNTES DE UNA VIDA (Novela cona 1, por .Mdximo Solo-Hall. Novela corla titula el Sr. Soto á sus
Apuntes de una vida, pero aun con
serlo rec()miéndase por la elegancia
del lenguaje y por el interés que su
lectura despierta, ya que está escrita
con facilidad y descritas las situaciones sin el menor esfuerzo.
Cuanto á las condiciones tipográficas del libro, bastará consignar que
la tipografla guatelmalteca titulada
cLa Unión&gt; honra también á aquella República.

...
*

•
••

TRATADO PRÁCTICO DE LAS EN·
FERMEDAURS DEL PERRO, por Ma·
riano Gttsly L errozex. Es altameote recomendable el libro del distinguido veterinario Sr. Gusl, pues en
un volumen de 312 páginas contiene
una suma de observaciones que re•
velan un profundo estudio de la raza
canina, seguidas de un verdadero
tratado de patologla de sumo interés para los cazadores y para todos
aquellos que deben utilizar los servicios del perro, llamado con mucha
justicia e I compañero inseparable
del hombre. Véndese en casa del
autor, calle del Cardenal Cisneros;
44, Madrid, y en las principales li·
brerias al precio de 4 pesetas.
Se remite á provincias franco de
porte sin certificar, y certificado por
5 pesetas, mandando su valor en li-

LA NIÑA DE LA SILLA, escultura de D. Venancio Vallmitjana. (De fotografía directa de D. Juan Mari!.)

ZARAGOZA ARTfSTICA, MONU·
MENTAL É HISTÓRICA, por D A. y
P. Gascón de Color. - Los cuader•
nos 34 á 37 últimamente repartidos
contienen, además del excelente
texto, ocho láminas que rep1oducen:
un capitel bizantino, varias monedas
árabes de Zaragoza, la torre nueva
inclinada, un facsfmi le de una pági·
na de un códice árabe, una vista de
la vega de Zaragoza, cinco capiteles
árabes del palacio de la Aljalerla,
un arco árabe de la Aljaferia y un
torreón del palacio de la Azuda.
Su,;crlbese al precio de una peseta
el cuaderno en Zaragoza en casa de
los autores, Contamina, 25, 3.°, y
en Barcelona en la librerla de don
Arturo Sim6n, Rambla de Canale·
tas, 5.

CARNE HIERRO Tónico■
y QUINA
mu ieparadores.

ENFERMEDADES

11 Alimento maa ro•ie llllido a los

ESTOMAGO
PASTILLAS J POLVOS
PATERSON
• BISIIUTBO 7 IIAGNESIA

leeomendado, contra tu Afeoolonea del Est6•
mago, Falta de Apetito, Dlge■tlonea labo·
rto.u, .&amp;oedlaa, Vómitos, Eruotoa, y Cólloo■;
regularlsan lu Funolonea del E■tómago y

de loa IMe■tlno■,
E1lt1,111 ti rotulo I fl'lllt d•I. FAYARO•
.ldla. DETIIAN,Fumaoeutloo en Pilla

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS RDCCIPJOS KtlTBITIVOS DB U CARNE

c,.1an, mr.aae 1 •IJIIIAI Dtes afloa de extto oonunuado y Ju a1lrmadonee de

todu laa em1n.m01u médfcu preubaD que est.a UOCIICion de I&amp; Clarae, i:l Hierre 7 la
91-iaa couaUtu,ye el reparador maa en-,woo que &amp;e conoce para c!urar : la Clordlü, I&amp;
J.ntnua, las .llffllt~ cSolorOIIU, el Jlmpot&gt;recc,,umto 11&amp; .A.lteracúm ae la S/1;11/re,
el RaQum11M, ka .A./e«1(JffU ~cro(lufla, 1 m:or/ndfi:41, ele. El Wla• rerrastaen de
&amp;na• ea en erec&amp;o, el único que reune lodo lo que entona y fortalece loa organoa,
regulama' coordena y awnent.a considerablemente 1aa tuem.a ó tntunde a la ~
empobrecida y descolorida : el Ytqor, la Color0c1&lt;lfl J la 8rierqú ottal.

PorNfor,a Paril, en casa de l . FEW, Farmauutico, tOI, rue R1chelieu, Sucesor de !llODD,
p vmma B?I TODAS LA.S PalllCIP.u.&amp;S BOTlQil

EXIJASE e1i:~r: 1 ARDUO
t.1f.lDADES4•IE8ro~
\~~
~ ,,,4tJo

Pepsjna Boudault

!probada por la !UDEII! DE IEDICIU
PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858

,. JARABE ANTIFLOGÍSTICO
OE BRIANT
••roL,. ''º· , ....... .,_,.,
..... , __ ~
.........e,., C',U,L• D•
Bl JARABB DB BRLA.NTrecomendado de■de

e...

,u :,rtnctpto por 101 profe■orea
~nnec, Th•nard, Gueraani, etc.; ba recibido 11 C&lt;1naarr1cton del tiempo : en et

AD.O i8!9 obtuvo el prtvtle¡to de Invención. VEIDADEID CDIFITE PHTDIAL1 con bue
de goma 1 dJ aJ:&gt;abolea, convtene sobre toilo i las peraonu deucadu como
mQJere■ J Dinos. su gusto excelente no perjue11ca en modo alguno , su incacla
~ contra 108 RESFBUDOS J todu las IIFLlliCIOIES del PECHO y de los IITEsmos. ...1

ll1dall&amp;11D la1 Bspo1lclonH l111u11aelonal11 do

PWS • LTOI • TIEII! • PBIUDELPBI.l • P.lRIS
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1871

18'71

1171

11 SDLI¡, COll IL ■.aTO• .XJTO D LM

DISPEPSIAS
048TRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTIOII LENTAS Y PEN08AS
FALTA DE APETITO
'I ffl.01 D■IOI.DIUI DI

L4. DIIIITl-

8.\10 U. FORll4 DE

ELIXIR. , de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSII! BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
P!III, Pwmacit COLLAS, 1, ne laaphile
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PASTA
,,,,,. JARABE
de H. AUBERGIER

SOCIEDAD

411■ Fo11111to

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.. 2000 "·

001 L.6.0'l'VCIJl.tVK (Jug1 l1ohoa■ d1 Leohuga)

. A / ~l'lllDo:lullm, a
1"~

11111,

Rae lonaparte, 40

,, t1our.

A.pr&lt;1bado• por la .Aaademla de Medicina de Parle é tn..rtadoe en la co,ecci6a
OltoJal de F6rmalae Legalee por decreto 1121n1-terial de 1 O de Marso de 1864,
e Una completa lnnocutdad., una encacla perfectamente comprobada en el cata"º
IJ'1dé11uco, las Bronqum,. Catarro,, Revma,, ro,, a,ma é ' ' " ' ~ de la ¡ar¡anta han
(!&amp;ngead.o al JAR.&amp;9E y PASTA de AlJBERGIEl\ una Inmensa Cama ,.
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&lt;•1111rutf ül Formulario JfUioo ül S" Boiular4al Hlf/Jr.,,iu ü le 1aftll1u 4i Jfe4icina (15, ,dic16'1)
venta por mayo~ : co1u.1, 'I' e-, u, Calle de St-Claud.e, PARIS
•
• •
DEPOSITO !lf LAS PftllfCIP.lL1!8 BOTICAS
l

PATE EPILATOIRE DUSSER

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
especialmente contra las llaorotuiu, la
'l"úts y la Debutdad de temperamenlo,
as! como en todos los casos(Páudo■ colorea,
.tt.menorrea, • •&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para deTolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar ó re81llarlzar su curso periódico.

El ioduro de hierro impuro ó alterado
, • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba d.e pureza y de autentlcidad de
las verdaderas PU4ora. de .lnaneat'd,
exigir nuestro eello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
, verde y el Sello de garantla de la Unl6n de
lu F1llrlc1ntea para la represión de la !alal•

NB

llcaclóD..

.

• SB K4LL4N Blf TODAS LAS PU\HACIU

detln!Jt bula lu IIAICES el Vl:LLO del 11111rt de lu ,aau (luu, 11ro1e, etc.). 111
liare ,eii,ro ,ara el aitla. 80 &amp;ios de :isJ10,71Billarel da &amp;tallae!Npru.thu la eluda
w ,re,arad-. (S. mdt a •Jaa,_par.. ll nna. 1 n 1/2 11Ja1 1111'1 el lllpta lif111). f'ar1
\&amp; • .,._, •,tNN e1 ru,• oa.11o
t, ne.J...J.-1\eUN&amp;u. Parta.

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Qued~n reservado, los derechos de

propiedad artlsuca 7 blCIILól

IMr, lll t,iOHTAJfll YS111ó•

1

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u~t11ac100
11tí~t1ea
A~o X

BARCELONA 26 DE OCTUBRE DE 1891

NÚM. 513

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

UN SECRETO, dibujo de Grivaz

�LA
SUMARIO
Texto. - Bocetos marítimos. Un buque de gtttrra, por Fede·
rico Montaldo. - ¿Por qué 110?, por A. Sánchez Pérez. Crónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. - SEC~IÓN AME·
RICANA: El beaterio de Hua1mco. Recuerdos a111erua11os, por
Eva Canel. - Nuestros grabados. - La &lt;;11erda (continuaci~n),
por M. Julio Claretie (de la Academia Francesa), con 1lus:
!raciones de Juan Beraud. - SECCIÓN CIENTÍTICA: Exper:•
11zentos de M. Tesla sobre las corrientes alternativas de gran
frecuencia. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó

editores.

Grabados. - Un secreto, dibujo de Grivaz. - F1ienterrabt~;
El anfiteatro de Roma y otro Apunte á la pluma de D. V1·
cente Cutanda. - Una conmlta, cuadro de D.J. M. Marqués
(premiado en la Exposición general de Bellas Artes de Bar·
celona, 1891). - Granadero de la Guardia espaflola (1824);
En descanso; Fragmento del madro «Carga ~et.regimiento de
!túsares de la Prinwa en la batalla de Castille;os;&gt; Coracero
de la Guai·dia real espailola ( 1824), tres dibujos y una acuarela
de D. Román Navarro. - ¡Se/lores, buenas noches! (episodio

del reinado de Federico el Grande), cuadro de Arturo
Kampf. - Carlos Parnell. - Cuatro grabados que represen•
tan once figuras acerca de los experimentos de M. Tesla sobre las corrientes alternativas de gran frecuencia, con los
correspondientes aparatos; - Teatro Martín ~n B11en,os
Aires, incendiado en la noche de 2 de septiembre ultimo.

BOCETOS MARiTIMOS
UN BUQUE DE GUERRA

Acabo de escribir lo que antecede y en seguida me
echo á temblar: me parece que más pronto no puede
ser; y no proviene ciertamente esa manifestación del
miedo que me invade y que no oculto de la pavura
que en mí pueda producir el apellido guerra del buque cuya descripción va á ocuparme en este ar·
tículo, sino de algo rríás grave que habla muy alto
en favor de mi formalidad y buen deseo. Un buque
de guerra, hoy, constituye así como un extracto de
todas las ciencias y de todas las artes bellas y no bellas: lo que se refiere en los cuentos de hadas (que
todos hemos leído ¡ay! cuando creíamos en ellas), al
llegar al nacimiento de la princesa deseada, que aparecen todas aquéllas rodeando la cabecera de la cuna
de oro, guarnecida de encajes, en que descansa la
princesita recién nacida en la capital del reino que
gobernará más tarde, y una le promete la belleza, y
otra le ofrece la bondad, y otra le augura felicidad
sin límites, eso ocurre verdaderamente con el buque
cuando descansa sobre los picaderos en la grada, esperando que una mano corte la~ amarras que lo sujetan y pueda flotar; después de la flotadura, en la
cuna de esmeralda guarnecida de espumas blancas y
leves como blondas, en la que va á meterse dulcemente primero y á dominar después, allí va el ingeniero y le procura la belleza sana de las beldades
fuertes, el hombre de mar que le da las condiciones
propias para que cumpla como bueno los arduos
compromisos futuros que han de pesar sobre él, el
sacerdote, por último, que en nombre de algo superior y sobrenatural le augura felicidad y éxito en la
vida que empieza.
Por eso me asusta la empresa que aquí -acometo
de dar una idea que pueda penetrar en todos los cerebros de lo que es un buque de guerra; mejor fuera
sin duda que cada genio de los que contribuyeron á
crearlo fuerte y bello explicara aquí la parte que tomó en la obra; pero esto es muy difícil conseguirlo,
y yo prefiero hablar un poco de cada uno de ellos y
quedarme con las señas de sus domicilios respectivos, para proporcionar al que esto lea, si no un
retrato de cuerpo entero, un croquis siquiera del
buque de guerra moderno cuyas líneas pueda él completar y convertirlo en cuadro, ó bien con la imaginación, si Dios le favoreció con ella, ó bien acudien•
do directamente á los genios creadores que, guarecidos en las páginas de un libro ó desde las columnas
de un diccionario, le darán gustosos cuantas noticias
complementarias les pidiere. Yo por mi parte procuraré que el rato que dure la lectura esta no parezca
muy largo y que algo quede.
Para mí, el tftulo de un trabajo literario es, y debe
serlo, una promesa que se compromete á cumplirla
quien lo firma; es como el rostro bonito en una mujer que, sólo por tenerlo, está más obligada que otra
cualquiera á ser amable y complaciente y buena;
pues muchos que atraídos por la muestra aquella
buscan su retrato ó IJen el artículo, ni se hubieran
acercado de cien leguas, ni se acordaran jamás del
santo de su nombre. El título de este artículo, es decir, su rostro, no se puede negar que es muy bonito:
para la gente de oficio un buque de guerra representa un buen amigo, una defensa y un refugio; para los
demás es una garantía de orden, de tranquilidad y

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de independenciá. Hagamos, pues, un artículo amable y complaciente, ya que por mi desgracia no puede ser bueno, puesto que su cara, lo primero que de
él se ve, es tan bonita.
Antes un buque nada en el bosque: de los tron·
cos añosos y robustos se hacían los baos y las tablas
que formaban su casco; luego_fué la mina la_ que
abrió sus antros para que sahera de ellos el hierro
que lo constituyó, y ahora desde la mina al arsen~l
se detiene para hacerse acero en algún gran palacio
de la industria, altos hornos, fundiciones, y desde
allí, en planchas y piezas acodadas ó ~e ángulo, pasa
á cerrar un espacio en el que ha de ir guardada la
honra de la patria, defendida por hombres denoda·
dos, por cañones, torpedos y toda la larga é intermina•
ble lista de aparatos científicos é ingeniosos que em·
pieza en el estopín eléctrico, el descendiente d~l
cebo de la antigua artillería, y acaba en la aguJa
compensada, la sucesora de la primitiva y elemental
brújula ó rosa de los vientos; desde lo más peqneño
y sencillo, dentro de su importancia, hasta lo más
complicado y necesario.
Antes un buque se confiaba para moverse al viento, que soplaba ó no soplaba, sumiéndolo á veces en
bochornosas y prolongadas calmas, durante las cuales se consumía á bordo la que pudiera tener el
hombre más flemático, amén de los víveres y el agua
potable y el carbón para la cocina y todo; el mismo
motor impulsaba á los beligerantes que sólo por extraordinaria pericia de las tripulaciones Iespectivas
podían distinguirse algo entre sí, aunque todas las
evoluciones que pudieran intentarse estaban ya previstas; el que tenía el viento á favor suyo, el que ganaba el barlovento, era el amo de la situación, tan
desigual como la que tendrían dos adversarios que
se batieran á sable y que uno de ellos permaneciera
de cara al sol que lo deslumbrara ·y confundiera, embarazando todos sus movimientos; hoy el viento se
lleva en la bodega, como se dice en los barcos; allí
está la máquina, las máquinas, mejor dicho, pues
suelen llevarse dos, independientes desde los hornos
á la hélice, que funcionan juntas ó con absoluta separación en caso de avería; el viento es el carbón
que se lleva almacenado, distribuido y medido para
recorrer una distancia conocida, con una velocidad
determinada y en una dirección prevista; la casualidad, que antes predominaba, cede su puesto al cálculo y á la ciencia, que la sustituye con notable ven·
taja para el éxito,
Antes un buque fuerte, el más fuerte de todos,
llevaba cie{l cañones, doscientos; hoy lleva de dos á
diez; pero aquéllos eran unos tubos pequeños, de
hierro ó de bronce, de ánima lisa, que arrojaban unos
proyectiles esféricos y macizos cuyos efectos sobre
el enemigo eran insignificantes y tardaban horas
mortales en manifestarse; el abordaje solía terminar
los encuentros; y en este asalto supremo, dado entre
un humo denso que lo envolvía y lo dificultaba todo,
la tripulación, diezmada por el fuego y la fuga, se
rendía al vencedor, que tripulaba el buque con gente
suya, lo carenaba luego y se lanzaba con él de nuevo á recorrer los mares. Hoy cada cañón es un volcán: fabricado con muchas toneladas de acero, hasta con 110 algunos, hendida su ánima por múltiples
y profundas estrías, por la expansión de pólvora sin
humo arrojan proyectiles cónicos enormes y rellenos
con poderosos explosivos- que los hacen estallar á
tiempo, produciendo multitud de cascos dotados de
velocidad inaudita que destruyen cuanto alcanzan,
y vapores asfixiantes que sofocan y ahogan á la gen·
te que pudo salir ilesa del tremendo choque; las antiguas planchas y ganchos de abordaje son ahora es·
pol0nes y torpedos; el asalto es la embestida y la
subsiguiente trompada, impresa con formidables espolones en los costados enemigos, cubiertos con
gruesas planchas de acero; y ya no se lucha ¡:ior
apresar el buque, sino por volarlo y echarlo á pique
hecho pedazos, sin que de él pueda salvarse nadie
ni nada. Hoy se trata de hacer lo que dice nuestro
divino Herrera en su hermosa canción A la pérdida

del rey Don Sebastián:
Y el santo de Israel abrió su mano,
Y los dexó, y cayó en despeñadero
El carro, y el caballo y caballero...

En estas cosas estamos, con efecto y pensando
piadosamente, dexados de la mano de Dios.
. Pero lo cierto es que, así y todo, ya dejamos expuestas las principales condiciones y cualidades que
constituyen y distinguen al buque de guerra; construcción sólida, marcha rápida y segura y armamento
poderoso y variado, con medios protectores, Eso es
todo lo que diferencia á un buque de guerra de cual•
'quier otro buque; eso es }o que á un buque cualquiera puede hacerlo de guerra para determinados

NÚMERO

513

casos y servicios, y eso es lo único que en un boceto
puede apuntarse, aunque sea con metor punter~a, por
supuesto, para dar una idea genera, y apro~1mad~
del asunto sin entrar en el párrafo de las cifras m
en el laberinto de los nombres técnicos. Apartemos
de nosotros el cáliz de las decenas de metros, los
centenares de millas, los miles de toneladas y los
millones de pesetas: huyamos de los blindajes verticales y horizontales; de las máquinas ,:~mpound ó
mixtas de triple y de cuádruple expansión; de. los
cruceros, acorazados y protegidos de los descubnd~res de escuadra, cazatorpederos y torpederos senc1Úos: todo esto puede ser tema para otra conferencia
de estas que no doy á, sino que celebro con mis
amables lectores, celebrándolo mucho por mi parte.
Ahora contentémonos con saber lo dicho, pero sin
olvidar, porque es muy importante, que el alma del
complicado organismo que constituye un buque de
guerra es el hombre, y q ue una tripulación en.tusiasta, bien organizada y dirigida, puede hacer m1Iagro_s
con un buque viejo, que ande poco y esté mal artillado contra otro, modelo en la parte material, pero
tripulado por gente desmoralizada ó mal conducida,
Podríamos citar muchos ejemplos de esto.

NúMERO

513

LA

675

ILUSTRACIÓN °ARTISTICA

~r

i~
,-.. ··-

FEDERICO M ONTALDO
, __,JI
I

(
Eso es: ¿por qué no ha de haber académicas1, ó de
otro modo: ¿por qué las mujeres no pueden ser órganos de esos aparatos inútiles, que se llaman Reales
Academias? ¿No pueden ser reinas? ¿No son regentas? ¿No tienen derecho á ser tutoras de sus hijos?
¿No poseen capacidad legal para ser administradoras
de sus bienes? Pues entonces, ¿á qué santo son esos
aspavientos cuando se habla de que una señora ingrese en esta ó en la otra academia? Que ingrese,
muy enhorabuena; no van á peligrar por eso ni la
propiedad, ni la familia, ni otra alguna de esas instituciones seculares que, s~gún todos sabemos, son
firmísimo apoyo y sólido cimiento de las sociedades
modernas, como lo fueron de las antiguas y lo serán
de las venideras... si Dios quiere. Amén.
Ya estoy viendo caer sobre mí lluvia persistente y
copiosa de epigramas punzantes, de chistes intencionados, de sangrientas burlas; los hombres de ingenio
tienen siempre á mano esos recursos para combatir
lo que no les agrada, cuando no encuentran argumentos más convincentes. Yo seré el primero en saborear
lo salado de esas cuchufletas y en celebrar lo gracioso
de esos chistes si, en efecto, tienen sal las unas y
gracia los otros; pero después de haber reído todo
lo que sea razón, y aun un poquito más si es preciso,
seguiré preguntando con más seriedad que nunca:
¿Por qué no?
Y como he hablado y escrito siempre con absoluta sinceridad, declaro ante todo: que no vengo deci•
dido á romper lanzas por los fueros del bello sexo;
que no soy el campeón de la debilidad y de la gentileza; que no patrocino las candidaturas de señoras determinadas para los puestos vacantes en estas
ó en las otras academias. Ni aul} de vista conozco á
la señora d oña Concepción Arenal, á quien, por sus
obras, admiro y respeto; no he tenido, ni una vez
sola, ocasión de cambiar un simple saludo con la señora doña Emilia Pardo Bazán, cuyos escritos primorosos he celebrado siempre; no sé, ni necesito saber, si hay quien piensa que la señora duquesa de
Berwick y de Alba ha contraído méritos bastantes
para ocupar un sillón en la Academia de la Historia;
en general hablo, y en servicio de lo que me parece
verdadero y justo y razonable mantengo mi tesis, no
para solicitar que la Academia de Ciencias Morales y
Políticas reciba en su seno á la ilustre doña Concepción Arenal, ni para que sea admitida en la Española la insigne novelista que dirige el Nuevo Teatro
Crítico. No aspiro tampoco á congraciarme con las
bellas, si bien esta aspiración nada tendría de censurable; desgraciadamente para mí, los años ya vividos
me ponen á cubierto de suposiciones maliciosas,
Hecha esta salv.edad, que he considerado. necesaria para salir al encuentro de algunas agudezas que
ya estoy previendo, debo reconocer que, por ahora,
la opinión general es hostil al pensamiento de que
sean académicas las mujeres. Pero el argumento sacado de la opinión general es de muy poca fuerza
para quien no cree en el aforismo: Vox populi vox
Dei. No, la opinión pública, la voz del puebl¿, ha
declarado muchas veces como verdades indiscutibles groseros errores; ha sostenido como principios
inconcusos absurdos y desatinos, de los cuales esa
misma vox populi se ha burlado poco después des•
piadadamente.
Hay sin duda en esto de negar á las mujeres la

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FUENTERRABÍA, apunte á la pluma de D. Vicente &lt;;:utanda

entrada en las acade~ias mucho, muchísimo de preocupación, parecida á la que inspiró á nuestros antepasados aquellas disposiciones que prohibían á la
mujer representar comedias, y que hasta muy adelantado el presente siglo establecían la separación
completa de sexos en los espectáculos públicos. Si á
nuestros respetables abuelos - unos bonísimos señores que fueron tan viciosos como nosotros ó un
poco más que nosotros - se les hubiese dicho que
en la sala del teatro debían sentarse indistintamente
señoras y caballeros. doncellas y casados, viejos y
muchachas, se habrían hecho cruces, escandalizándose solamente de oír tan osadas afirmaciones; sin
embargo, eso está ya realizado, lo vemos y lo admitimos todos como la cosa más natural y más sencilla del mundo, y ... nada: no ha sobrevenido ningún
cataclismo por ello. No sé, ni me importa, si las academias están llamadas á desaparecer, como la forma
poética, en plazo muy breve; me inclino á creer que
sí, aunque están sostenidas por el puntal resistente
de la vanidad humana; pero si no desaparecen, ó tardan mucho en desaparecer, el bello sexo entrará ¡:!n
ellas; académicas y académicos discutirán tranquil~mente en un salón de sesiones, y nadie verá en esto
nada que haga reir ni que sorprenda, y no creerá el
mundo que con eso se infiera ofensa grave ni leve á
la honestidad ni al recato.
A decir verdad, casi todos los que, más 6 menos desembozadamente, se han mostrado hasta ahora
opuestos á la entrada de las señoras en las academias han tratado el asunto en son de broma, esgrimiendo como únicas armas, armas de cortesía, la
chanza irónica, la agudeza ingeniosa, el chiste intencionado: Cuestión social inocente denomina al litigio
el eminente escritor que oculta su nombre bajo el
expresivo seudónimo de Eleuterio Filogyno; en tono
humorístico, y con ligereza un tanto desdeñosa, trató de él, en Madrid Cómico, Clarín, el celebrado
autor de esas dos obras maestras tituladas
La Regenta y Su único hijo, y solamente el
Sr. Calatraveño combate con mucha seriedad y con vehemencia extraordinaria el pensamiento, á su· juicio perturbador y pernicioso, de que las mujeres se codeen con los hombres
en los estrados de las academias.
El trabajo á que me refiero, y que según parece
está tomado de un libro titulado Ensayos médico-literarios, es un artículo en el cual su discretísimo
autor, que lo es el señor D. Fernando Calatraveño,

EL ANFITEATRO DE ROMA, apunte á la pluma de D. Vicente Cutanda

trata de responder á otro escritor, médico también y
literato muy distinguido, el cual ha preguntado lo
que yo pregunto; si bien concretando á determinada
señora su pregunta, y á quien el mentado Sr. Calatraveño dirige una contestación que principia así;
copio literalmente:
«¿Sabe el ilustrado polemista por qué no se eligen
señoras para ocupar
los escaños de las
Academias? Porque siquiera sea
poco, reina todavía
el buen sentido en
nuestro país para
no permitir semejantes delirios de
imaginaciones fantásticas que se nutren de absurdos.»
Si es verdad que
por la muestra se
conoce el paño, bastan y sobran esos
comienzos para
presumir cómo será
la contestación.
Claro es que no incurriré en la impertinencia de defender al polemista ilustrado, que tiene
bríos y alientos más
que suficientes para
defenderse por sí
mismo, si lo considera oportuno; pero

.k.....~.,.-1\punte á la pluma de D. Vicente Culanda

como en las líneas reproducidas se califica de insensatos á los que profesan en esta materia las ideas que profeso, y se denomina delirio á mi creencia y absurdo
á mi modo de pensar, no me parece exceso que pida
yo la palabra para alusiones y que'acometa la empresa, no muy difícil ciertamente, de impugnar la argumentación del Sr. Calatraveño; bien entendido que
al hablar de argumentación no me refiero al párrafo
que sirve de introito, en el cual, según puede haber
visto el lector discreto, no hay argumentación ni
cosa q ue lo valga, sino tres ó cuatro afirmaciones ex
cathedra, sin inás garantía ni otra prueba que la honrada palabra del articulista.
Al párrafo en que el autor del libro Ensayos médt'co-literarios nos niega - porque sí y porque le da la
gana - á los que no pensamos como él sentido común, discernimiento, sano juicio y poco menos que
hombría de bien, siguen siete párrafos más, largos
todos y un tanto laberínticos algunos, en los cuales, ·
á lo que se comprende, ha querido el escritor desenvolver sus razonamientos y exponer sus demostraciones, pero de cuya lectura se deduce que no ha conseguido ni una cosa ni otra.
En el primer párrafo sorprende el autor á sus lectores con la recóndita observación de que «la mujer
presenta diferencias notabilísimas que la separan del
sexo opuesto,» y agrega, á guisa de corolario ... verán ustedes lo que agrega: «que la naturaleza al establecerlas fué con el preconcebido intento de que
cada individualidad sexual desempeñase diversos
papeles.» No es muy de miagrado ese/uéquemehe
tomado la libertad de subrayar; pero prescindiendo
de ese reparo que puede muy bien ser cuestión de
gustos, parécelne que la naturaleza no debe de haber
dicho al autor ni á nadie que al establecer esas diferencias que distinguen á la mujer del hombre jué
con el propósito preconcebido de que las mujeres no fuesen académicas, porque, ó mucho me
:~ .
equivoco, ó cuando la naturaleza se tomó el
~
trabajo de diferenciar los sexos no eran todavía
conocidas esas doctas corporaciones.
En el segundo párrafo muéstrase el autor del
libro partidario ardiente (así lo dice) de la instrucción
del bello sexo, pero siempre que esa instrucción no
traspase los límites por él mismo determinados, y una
vez hecha esta solemne declaración torna á las anda·
das de llamar insensatos, cerebros que no piensan,
niños que no discurren, soñadores de utopías, perturbadores de la sociedad, destructores de la familia,

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

no,ya solamente á los que tienen el atrevimiento de fuesen abogados todos los hombres, y cuarto, que de
creer que no hay inconveniente alguno en que exis• lo que se trataba ahora era de si las mujeres podían
tan académicas, lo mismo que hay maestras de niñas, ser académicas, y ni los cuadros ternísimos del discresino á los que osan pedir para la mujer una ins- to autor de Ensayos, ni sus profesiones de fe acerca
trucción algo más amplia que la por él estatuida y de que las mujeres le gustan mucho (en lo cual
determinada. Es cierto que la determinación no re- coincidimos), ni sus opiniones personalísimas sobre
sulta muy clara; el adversario de las académicas no si la instrucción de la mujer debe abarcar estas 6 las
concede que se dé á la mujer más instrucción que otras materias aportan dato alguno al problema ni
la necesaria para cumplir con los deberes de hij a, añaden la más insignificante fuerz.a al razonamiento,
esposa y madre; ¡y vaya usted á saber hasta dónde lle• cuyo contenido quedará contestado sólo con decirle:
ga esa instrucción, y cómo y cuánto puede variar se- «¿Usted cree eso/ Corriente, Está usted en su deregún las circunstancias de lugar y de tiempo! Eso sin cho en creerlo y en decirlo; yo creo esto utro y estoy
contar con que en la organización de nuestras socie- en el mío; quedamos en paz, »
dades hay algunas mujeres, muchas mujeres, que no
He creído que debía examinar con algún detenillegan á ser esposas, ni son nunca madres de familia, miento ese trabajo, por ser el único de cuantos he
con lo que, bajo esos conceptos, no tienen, por des- visto en que se habla seriamente de esto; el ilustre
gracia suya, deberes que cumplir,
Filogyno se chancea con bastante gracejo y mucho
En los dos párrafos siguientes el autor se limita á donaire, pero la verdad es que no se decide ni por
pintar con negros colmes, amenizando el cuadro con una ni por otra solución, y mi buen amigo el admital cual pincelada de sarcasmo, el triste aspecto de rable novelista Leopoldo Alas acaba por decir, al
una familia cuya madre, por ser abogada 6 médica, poner término á media docena de sa!adísimas frusletuviese qu~ abandonará sus hijos durante todo el rías: «Por mi que entren,» Pues lo mismo digo.
día, Dejándose arrastrar el artista por el impulso irreBien será advertir que Leopoldo Alas, como si
sistible de su inspiración, no echa de ver que ese pretendiese poner un correctivo á su propia lenidad,
mismo cuadro, exactamente el mismo, ofrecerá la dice, así como de pasada, pero en realidad con las
familia cuya madre acompaña al marido en las fae- de Caín, que entre las mujeres artistas no ha brillado
nas del campo en los pueblos rurales, ó acude á ga- nunca una Danta,,. No recuerdo si lo decía así
nar un jornal como obrera en las poblaciones fabri- precisamente, pero una cosa por el estilo sí decía,
les, ó asiste á ensayos por el día y á funciones por la y digo yo: Perfectamente; de las mujeres no se sabe
noche como comedianta en las capital~s importan- que haya podido competir ninguna con Euclides ni
tes, ó se dedica, en fin, á cualquiera de las muchas con Newton, verdad es que no las hemos enseñado
tareas que en nuestro presente estado social desem- nunca matemáticas, y es verdad también que aun
peñan, sin que se escandalice nadie, las mujeres ... entre los hombres, muchísimos de los cuales conoCon que una de dos: ó priva en absoluto á la mujer cen esa ciencia, no abundan los Newton ni los Euclide ser obrera, modista, cantante, empleada en telé- des. Esa injusticia notoria en que mi buen amigo
fonos, etc., etc., ó ha de considerar que su conmove- Clarín incurre, cobijándose (sin necesitarlo) bajo la
dora pintura del hogar sin la madre no desaparece autoridad muy discutible del egregio Mantegazza,
porque se niegue á la mujer el derecho á estudiar ju- me parece lo mismo que me parecería la del director
risprudencia ó medicina ó lo que más sea de su de un colegio que hiciera aprender esgrima á una
agrado.
docena de alumnos durante tres ó cuatro años, y no
Los dos últimos párrafos del trabajo son amplia- permitiese á otros tomar siquiera un florete ni una
ción y reproducción de los anteriores, y están redu- espada, y que transcurridos esos años hiciese luchar
cidos como los otros á meras afirmaciones sin prue- á los segundos con los primeros, á fin de deducir que
bas, como puede verse en el que á continuación copio: aquéllos no tenían aptitudes parael manejo de las
&lt;Esa es la mujer qtie nosotros concebimos y que- armas.
remos: que en lugar de leyes sepa enseñar á deleAfirmamos y sostenemos, sin razón por supuesto,
trear á sus hijos, que en vez de concebir proyectos durante siglos y siglos, que la mujer es de condición,
de ferrocarriles guíe sus primeros pasos; no quere- no solamente distinta, sino inferior á la del hombre;
mos á la mujer que sepa cortar brazos y hacer ova- la prohibimos terminantemente adquirir determinariotomías, sino aquella que sabe confeccionar labores dos conocimientos, y transcurridos algunos siglos de- .
que pueda utilizar para el adorno de su casa,&gt;
cimos muy seguros de nuestra superioridad: &lt;A ver,
En buena lógica; las predilecciones del articulista señoras hembras, ustedes que presumen de valer lo
nada tienen que ver en el asunto de si las mujeres que nosotros valemos, presenten ustedes un Arquípueden ó no pueden, deben ó no deben sei admiti- medes hembra, ó un Galileo ó un Euler del bello
das en las academias, El Sr. Calatraveño prefiere, es sexo.&gt;
un suponer, las mujeres que saben bordar á las que
Que entre uno y otro sexo existen diferencias fisiosaben escribir; otro cualquiera, con el mismo dere- lógicas, ¿quién lo desconoce/, ¿quién lo ha negado/
cho que este señor, preferirá las que saben escribir Que esas diferencias fisiológicas, originadas evidenteá las que saben bordar; no han de faltar quienes gus- mente en la diferencia de las funciones que cada
ten más de las que saben hacer una cosa y otra, por- sexo tiene que'desempeñar en la existencia de la esque hay gustos para todo; pero ni estas preferen- pecie, determinan también condiciones distintas en
cias, ni aquellas, ni las de más allá, todas igualmente los organismos del hombre y de la mujer, y en genelegítimas, demuestran que sean mejores los gustos ral del macho y de la hembra, es asimismo claro y
del Sr, Calatraveño que los de otro, Como el que no lo pone en duda nadie, Lo que no parece tan clalas rubias gusten á unos y las morenas gusten á ro ni tan indiscutible es que esas diferencias de orotros no significará nunca, para quien con serenidad ganismos que obedecen única y exclusivamente á la
piense, que las rubias son más lindas que -las more- conservación de las especies sobre el planeta, deternas, ni éstas más hermosas que aquéllas, Yo, á riesgo minen también diferencias psicológicas de importande incurrir en excomunión mayor de parte del vehe- cia y que las determinen precisamente en contra de
mente adversario de las académicas; exponiéndome la mujer,
á ser abrumado por un diluvio de los suaves calificaPor más que discurro no alcanzo á vislumbrar si:
tivos que él gasta, como mentecato, majadero, per- quiera el fundamento de esa deducción en teoría; y
turbador, etc,, etc., y sometiéndome de antemano á en cuanto á la práctica, en los contados casos que
la penitencia que mi contendiente me imponga, quie- pueden aducirse demuéstrase precisamente lo conro decirle, en descargo de mi conciencia y para co- trario.
nocimiento suyo, por si, como creo, no está bien en•
Allí donde las leyes, hechas por nosotros, han perterado: primero, que no todas las mujeres tienen ya, mitido, han tolerado que la mujer compitiese con el
desde que vienen al mundo, señalado para cuando hombre, ali( ha sostenido, cnando menos con igualsean núbiles un esposo y un hogar, sino que muchas, dad, en ocasiones con ventaja, la competencia. ¿Se
por el contrario, han de pensar desde muy niñas en busca arrojo, agilidad, destreza, fuerza/, pues en los
adquirir medios para subvenir á las necesidades de circos ecuestres vemos frecuentemente mujeres que
la existencia; segundo, que aun para las buenas espo- dejan á la zaga á los gimnastas más intrépidos, más
sas, las excelentes madres de familia, puede ser, y en ágiles y más vigorosos. ¿Se pide sentimiento, intelimuchas será, de necesidad absoluta aceptar ocupa- gencia, buen gusto/, pues al lado de los mejores actociones fuera de su casa; y de todas suertes, como ha res brillan, superándoles muchas veces, 'eminentes
sido,licito siempre y lo será en adelante, que las ma- actrices; las cantantes cuyo nombre ha llenado el
dres de familia, por buenas y santas y cariñosas que mundo, nada tenían que envidiar seguramente á los
sean, concedan un rato de descanso al cuerpo y cantantes más aplaudidos y más famosos; escritoras
algunas horas de expansión al espíritu, así como na- y poetisas han existido y existen hoy que figuran
die halla censurable que hagan visitas y 'concurran dignamente al lado de los más eminentes literatos,
á paseos y asistan á teatros, podrían muy bien, sin poEs posible que se halle en sus obras inferioridad
ner en olvido sus deberes de amas de casa, asistir de en determinados conceptos; pero seguramente se
vez en cuando á una sesión de la academia; tercero, encontrará superioridad en otros; quizá piensen alque nadie ha pretendido nunca, ni és posible que guna vez menos alto, pero de seguro sentirán siemlo pretenda persona alguna, que todas las señoras pre más hondo, y estas diferencias, hijas del distinto
sean abogadas, como nadie admitirla tampoco que temperamento, no se hallarán solamente entre escri-

NúMERO 513
toras y escritores, sino aun entre dos escritores dis-

tintos, si son distintas sus condiciones.
No se entienda por lo que llevo dicho que pretendo hacer de cada señorita una poetisa y de cada señora
una catedrdtica, como no quiero hacer de cada hombre un médico ni de cada muchacho un aprendiz de
sastre. No 1 mis aspiraciones son mucho más humildes y, á mi juicio, mucho más razonables; deseo -y
es justicia que pido - que así como el hombre sigue
la profesión que más se acomoda á sus inclinaciones,
y uno es soldado y clérigo el otro, y este abogado y
aquel farmacé~tico, sea lícito á la mujer dar empleo
útil á sus aptitudes y á su laboriosidad y á su inteligencia, Que si es esposa y madre de familia y ángel
de su hogar y .guardián de sus hijos, lo sea por voluntad p_ropia, escogiendo libremente aquel estado, no
esclavizada por estúpidas imposiciones de la sociedad
que le dice: &lt;has de ser esposa y madre y ama de
casa» y luego no le da ni esposo ni casa ni hijos, Si
lo natural es que la mujer vaya por ese camino, por
ese camino irá de seguro la generalidad, la inmensa
mayoría de ellas; pero ¿por qué negar el agua y el
fuego á las excepciones? ¿No son excepciones también los hombres eminentes?; pues nadie se cree con
derecho á vejarlos ni escarnecerlos porque en lugar de
escribir obras grandes ó de discurrir útiles _inventos,
no van á una oficina á ganar un sueldo con que
atender al sustento de sus hijos,
La sana razón, nG ya un capricho de mi fantasía,
me dice que la lzembra y el macho, desempeñando en la
vida y persistencia de la especie funciones no iguales, pero sí de importancia equivalente, están á la
misma altura de perfección fisiológica y psicológica,
La práctica me dice, confirmando este juicio de mi
razón, que la mujer ha manifestado siempre, en todos los países, en todos los tiempos de la historia,
inteligencia igual, aptitudes semejantes á las del
hombre, para el bien como para el mal, en lo pequeño como en lo grande, Es claro que si vamos á establecer comparaciones entre el vulgo de las mujeres y
los hombres eminentes, el resultado será desventajoso para éstas; no, la comparación no ha de hacerse
así: la mujer vulgar con el hombre vulgar, el varón
insigne con la hembra ~minente; entonces se verá
cuán escasa, cuán inapreciable es la diferencia.
Y ya en este punto, reproduzco mi pregunta para
ver si consigo que alguien la conteste con razones y
no con chistes que nacia prueban, como no sea la
gracia del autor. ¿Por qué no? ¿Por qué no han de
ser académicas las mujeres? ¿Es por ventura menos
arduo y menos dificultoso dar solución acertada á
una crisis ministerial que encontrar una definición
propia para un vocablo?
¿Podrá considerarse más sencillo ocupar dignamente un trono que sentarse en un sillón de cualquier academia?
Pues si han existido reinas grandes, ¿por qué no
habían de existir grandes académicas?
A, SÁNCHEZ PÉREZ

CRÓNICA DE ARTE
Puede decirs~ que los meses estivales han sido
este año verdaderamente fecundos para el arte, y que
el calor asfixiante del verano de 1891 en vez de alejar del taller al artista le ha infundido bríos para
trabajar.
Mientras en las costas del Cantábrico y del Mediterráneo ó en el fondo de los valles y bajo los árboles de las frescas provincias del Norte y Noroeste de
la península los centenares de personas que huyeran á los rigores de la terrible tr.opical temperatura
de Madrid daban descanso al cuerpo y al espíritu,

los escultores, envueltos en sus largas blusas, amasando febrilmente el barro, haciendo girar sin descanso el caballete, consultando la obra de indumen·

taria, interrogando al modelo con la mirada, como
si la inercia física y psíquica que caracteriza esas
gentes les pudiera acorrer en un punto, dándoles
motivo para expresar algo de lo que presienten, de
lo que desde allá de lo íntimo les dice con insisten·
cia desesperante: ¡1101 no es eso!; los escultores, digo,
así luchando bravamente contra el calor, el cansancio, la falta de tiempo, la incertidumbre de ver coro·
nado tanto esfuerzo y sacrificio, han tratado de arran·
car de la vaguedad de la descripción histórica ó biográfica, de la incorrecta é infantil imagen trazada por
la mano de ignorado artista, las figuras en su aspee·
to físico y moral de Alfonso el Sabio, de Isidoro de
Sevilla, de Vives, de Nebrija, de Berruguete, de Fray
Luis de León, de veinte ó de veintitantos ilustres
sabios, poetas, filósofos y artistas españoles, y cuyas
efigies habrán de servir de ornamento al nuevo edificio destinado á Biblioteca y Museos de esta corte,

: UNA CONSULTA, cuadro de D, José M, Marqués
(Premiado en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona de 189r.)

�678

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

513

Pero no son los bordeleses los únicos artistas frante concurso de concurso del hambre, y tengo para mí que, en efec- ceses que van en busca del originalismo provincial,

y más que del originalismo provincial, del misticismo que evoca la contemplación y estudio de la naturaleza. Ilustres pintores cuya residencia oficial es
París le abandonan durante largas temporadas para
trasladarse á la Auvernia, Bretaña, Borgoña, etc., y
comunicar savia fresca, ruda y enérgica á la plástica,
acentuando las líneas, acusando con valor la forma
contrahecha y débil del modelo urbano, recabando
é integrando para el color y al color lo que el artifi•
cio industrial le arrebata y descompone, restituyendo
á la figura humana el valor estético que reside en la
bel1eza física y que tan íntima conexión tiene con la
expresión moral, esa otra belleza psíquica.
Pero aquí, al llegar á este punto, surge un obstáculo con el cual no contaron ni cuentan los artistas
que siguiendo las huellas de la escuela tebaica de
Barbizon, puesta en boga por los entusiastas de Millet, señala el límite hasta donde puede y debe llegar
el arte que dentro del regionalismo se limita á estudiar la vida rural. Por cierto que aun cuando tenga
como máxima irrefutable lo de que el ruralismo estará mejor interpretado en el cuadro del pintor nacido en la localidad misma que no en el del extraño,
sin embargo, no puede negarse que la pintura rural,
apreciada como una manifestación social del arte, es
susceptible de que la realice indistintamente el pintor
extranjero como el indígena. Y dicho esto que me
escarabajeaba hace tiempo, prosigo haciendo patente la contradicción que existe entre la emoción esté·
tica y mística que resulta del estudio del campo y
sus habitantes, del mar y de sus trabajadores, y los
romanticismos y delicadezas que pretenden ver en
labriegos y marineros los que se dedican á pintar las
escenas en que tales gentes son actores. Nada más
contrario á las verdades de la psicología y fisiología
El movimiento artístico regio- que esos labriegos ascetas, que esas campesinas cannalista se propaga rápidamente dorosas, que esos marineros románticos. Cuanto más
por toda Europa. Entiéndare apegados al terruño ó á la lancha, tanto más hijos
bien, regíonalista, cosa muy dis- de la naturaleza serán. Y esas delicadezas, esas emotinta del «ruralismo,» que mu- ciones íntimas, sutiles, sostenidas por el hilo finísimo
chos confunden lastimosamente de oro de la cultura moderna, hilo vibrante al más
ligero movimiento de las sensaciones físicas ó psíquicon el primero.
cas, son movimientos inconscientes de las necesida•
Sabido
es
que
en
Inglaterra,
GRANADERO DE LA GUARDIA ESPAÑOLA (1824), dibujo de D. Román Navarro
además de las escuelas de Norf- des materiales en el hijo de la naturaleza.
He aquí, pues, cómo el pintor de la vida rural falfolk y Norwick, existen pujantes
Cómo habrán realízado sus respectivas obras los la escocesa de Edi u burgo y la de la tit::rra de Jalla~ sea de un modo completo la verdad psíquica, la
aludidos escultores, pronto lo sabremos. La Acade- Todas esas escuela ;, que cuentan, especialmente la• realidad. Esos movimientos pasionales que diría
mia de San Fernando juzgará cuantos proyectos se últimas, con número grande de artistas, celebrar Spencer, que tienen por causa fehaciente muchas vepresenten y fallará sin que al expositor le quede de· anualmente sus expo,iciones, de las cuales se ocupar ces el fatalismo del medio en que vive el hombre
recho alguno á reclamar contra tal fallo, si éste fuera detenidamente los críticos londinenses sin mentar f culto, intelectual, no existen, no tienen razón de ser
injusto. Desgraciadamente la dicha Academia viene Ruskins. En Alemania sucede otro tanto. Munich. en las gentes del campo. ¿Cuántos suicidas, cuántos
hace tiempo dando cuerpo con sus desaciertos, con Berlín, Sthutgard, etc., presentan á la investigación dt&gt; locos, cuántos neurósicos han visto entre sus labriesus favoritismos incomprensibles, á la protesta que la crítica arte de aspecto tan vario, tan propio. tan gos y marineros los artistas á quienes aludo?
contra ella se levanta desde la prensa, desde los cen- local, que no es po~ible confundir, por ejemplo, la
tros artísticos; y esa protesta tiene que agregar al anemia berlinesa con el vigor de la escuela del Gran
capítulo de cargos los últimos concursos, donde la Ducado Francia no se ha podido sustraerá este moAcademia de San Fernando dando la razón á la crí· vimiento, á pesar del cosmopolitismo centralizador
tica, á la gente del arte, que pedía, por falta de con- parisiense. Verdad qÚe Du•
diciones esenciales de alguno de los monumentGs, la mas (hijo), como Barrot ananulación del certamen, sin embargo, atendiendo ex- tes y Ricard ayer y tantos
clusivamente á un criterio reñido del t0do con la otros ilustres filósofos, noveunanimidad del parecer general, declaró digno de listas y políticos no dudaron
lauro cierto proyecto que, según el dictamen facul- ni dudan de ese movimientativo, no reunía las condiciones exigidas á esa clase to, que así se inicia con el
de obras.
arte, considerándole como 1
En tres concursos tiene que dar dictamen durante evolución in con tras ta ble
el actual mes de octubre la inmortal de la calle de Al- contra los empirismos escocalá. En el abierto para una medalla conmemorativa lásticos que dominaron y aún
que eternice la celebración del cuarto centenario del dominan por la fuerza inicial
descubrimiento de América; en el convocado para eri- que todavía conservan.
gir en Granada un monumento á la Reina Católica,
En Burdeos se ha celey en el que por disposición del ministro de Fomen- brado la quinta Exposición
to se anune'ió para la decoración de la nueva Biblio- regional de Bellas Artes, pateca.
trocinada por las personaliCon el primero de estos concursos está sucedien- dades de más prestigio de la
do lo que ha sucedido y sucederá en España mien- localidad. El número de las
tras se tomen las cosas todas, sean del valor y de la obras expuestas alcanzó á seimportancia que quieran, á beneficio de inventario. tecientas y pico, y en la maEl carácter de este concurso es internacional. A yor parte de ellas dominaba
él concurren artistas italianos, franceses, alemanes é la historia, el asunto, el moingleses, amén de varios grabadores españoles. Según tivo de la región, viéndose
el articulado de la convocatoria, debían ser juzgados en minoría grande la influenlos modelos presentados á los quince días de su re- cia del ambiente bourgeois
cepción y va transcurrido más de mes y medio. Los que tan á mal traer trajo y
artistas extranjeros se impacientan y parece que al- tan ·cursis hizo porción inguno no se resigna á sufrir la informalidad y anuncia mensa de pintores discretos,
una reclamación en regla. Sea de esto lo que q_uiera, obligándoles á pintar salidas
lo cierto es que la seriedad española no queda muy de misas, paseando por el bulebien parada que digamos.
var, mercado de flores, MadaRespecto del último de los concursos, los rumores me avec le chien, dans les courque corren no son muy halagüeños para el arte en ses, y así por esos trigos de
general ni para el artista que, no contando con apo- la insulsez y de la anemia,
yo alguno en las esferas oficiales, se presenta á lu- por no escurrirme á califi.
char sin más armas que sus obras. He calificado es- carios de otra manera.
EN DESCANSO, acuarela de D. Román Navarroi dibujo del mismo
to, aquí se van á repartir unos
cuantos miles de pesetas entre
una docena de amigos y discípulos necesitados de recursos y sin
reparar por un momento en el
valor artístico de los proyectos y
bocetos, dividiendo de este modo más hondamente de lo que
están á los estatuarios españoles.
Ya se principian á deslindar dos
campos, uno patrocinado por los
escultores académicos y otro por
alguna personalidad que desde
la prensa viene periódicamente
atacando la viciosa corruptela
del magister dixz't parapetada tras
los polvorientos sillones acadé
micos. Creo firmemente que la
lucha que se entablará con motivo de la adjudicación de las
obras de este concurso va á ser
formidable, si he de juzgar por
la agitación que en los círculos
artísticos se observa. En uno y
otro bando, académico y no académico. hay escultores de mérito
que habrán de pagar los vidrios
rotos; no es posible, pues, profetizar el resultado, aun cuando ya
se susurran los nombres de los
artistas que tienen asegurado el
triunfo.

NúMERO 513

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

679

Aquellos hermosos brutos, que lo mis~o sir~en
delicioso, se hace necesario recorrer 1os para caracolear y lucirse en un paseo anstocrát1co
doscientos kilómetros que para tragar leguas y leguas subie~do y bajando
pasando por todas las cordilleras están ya hechos á estos cmdados que sefases climatológicas. guramente' pondrían los pelos de punta á cualquier
Fríos intensísimos en sportmán europeo.
Apenas D. José Gallo echó pie á tierra se tendió
la cima de la cordillera, nieves ó hielos en cuan largo era, que no era mucho, y comenzó á relas punas ó mesetas, volcarse.
- ¿Pero qué hace usted?, le pregunté.
ambiente tibio en las
- Descansar.
quebradas, y en algu- ¿Descansar así?
nas, á causa de sus
- Ya lo creo: después de una larga jornada á caangosturas, falta de
ballo
no hay cosa que quite el cansancio como imiaire para nutrir los
pulmones; ríos cauda- tar á los borricos.
Nos revolcamos todos. La escena era curiosa,
losos, cuyo vadeo es
peligrosísimo, y en fin pero la verdad es que cuando me puse de pie me entoda suerte de moles- contraba más ágil.
Mandamos preparar cena y camas. Cena muy
tias relacionadas·con
el vértigo de las altu- bien; pero camas ... ¿de qué modo?
Después de mucho discurrir acordaron arreglar la
ras, con el sa,·oche
(ahogo) á causa de la mía en una lona que pendía del techo á modo de
rarefacción. del aire, coy marino, armar la de D. José en unas tablas sobre
con el surumpe, horri- banquillos y la de D. Miguel sobre la mesa.
¡Magnífico! ¡Ibamos á estar como príncipes!
ble dolor que produCenamos y salimos al corral; nos sorprendimos de
ce en los ojos el reflejo del sol sobre la nie- ver mucha gente reunida.
- ¿Qué hacen estos aquí?
ve y con el ítem de
- Vienen á jaranear.
tormentas que unas
- Pues alza, ya están empezando.
veces estallan sobre
- Es que no ha llegado el músico.
la cabeza del viajero,
Este no se hizo esperar, y al poco rato vimos encruzando los rayos
que es un contento, y trar un indio medio giente dt'persona, como ellos diotras se las siente aba- cen para dar á entender que no son indios vulgares,
jo, muy abajo. Mien- con un arpa á la espalda y un violín metido en funtras el sol alumbra es- da de badana, cogido debajo del brazo.
Le obligamos á tocar incontinenti y el hombre
plendente las cimas
de las montañas, por dió principio á su tarea,
donde trepan más
que suben las bestias
con sus humanas car·
gas, los habitantes
f
de la llanura rezan
Fragmento del cuadro Carga dil regimiento de 111/sares de la Princesa en la batalla de Castillejos, á santa Bárbara bendita sobrecogidos de
de D. Román Navarro, dibujo del mismo
terror.
¡Qué imponente,
pero
qué
bello
y
grandioso
es
el
espectáculo
que allí
Cierro esta crónica haciendo saber á los lectores
de LA ! LUSTRACIÓN ARTÍSTICA que para el próximo ofrece la naturaleza!
septiembre celebraremos la primera Exposición Internacional de Bellas Artes en Madrid.
También, aun cuando muy modesta, la prensa maSalimos del Cerro de Paseo á las nueve de la madrileña celebrará otra Exposición de los cuadros al
óleo, acuarelas, dibujos y apuntes que los artistas ñana, y permítaseme recordar á los galantes_ compaespañoles han remitido para rifarlos á beneficio de ñeros que sólo por acompañarme á ver á m1 esposo
los inundados de Consuegra y Almería, no esperán· iban á sufrir las molestias de un camino en el cual
dose más que á recibir los últimos trabajos que anun- solían emplearse tres días de cabalgadura.
Eran dos españoles: D. José y D. Miguel Gallo,
ciaron de Roma varios pintores para realizar la dicomerciante rico el primero y muy rico minero el secha exposición.
gundo. El primero ha muerto, el segundo vive y es
R. BALSA DE LA VEGA
feliz, casado con una hermosa limeña.
Emprendimos la marcha y desde la salida del
pueblo
comenzamos á bajar, á bajar siempre.
SECCIÓN AMERICANA
Treinta veces en el transcurso del día tuvimos que
ponernos los ponchos de agua; en aquellos ~arajes es
EL BEATERIO DE HUANUCO
prenda de reglamento el impermeable. ¿Qmén mon•
RECUERDOS AMERICANOS
ta sin él? Nadie.
Un indio arreaba lá mula que conducía nuestras
A doscientos cincuenta kilómetros NE. de Lima
(Perú) fundó por el año 1539 el capitán Gómez Al- vituallas y el menguado equipaje que pensábamos
varado un pueblo al cual bautiz.ó con el nombre de pecesitar. La jornada fué larguísima: donde pensábamos hacer noche no la hicimos. ¿Cómo se entendía?
León de los Caballeros.
Yacían en el sitio escogido por el español aventu- ¿Desmontar á las tres de la tarde? De ninguna marero los restos de una ciudad incásica, y no se andu- nera. El jefe de la expedición, que por su edad lo
vo por las ramas el de Alvarado: contemplando la era D. José Gallo, echó sus cuentas,
- ¿Seguimos, señora?, preguntó. ·
belleza de aquel suelo de vegetación lujuriosa, tra·
- Por mí, en marcha.
sunto fiel de un paraíso no descrito en las Sagradas
- ¡Adelante!, y salimos escapados.
Escrituras pensó que muy difícil había de serle troA las siete llegábamos á la posada en donde Gallo
pezar con' terreno más á propósito para aclimatar
había pensado que hiciésemos noche.
.
todo lo aclimatable.
¡Qué sitio más hermoso! Era una casa aislada enPocos son los viajeros europeos que llegan á dicho
pueblo á no ser que los negocios les obliguen á reco- tre dos montañas á la orilla de un río pedregoso que
rrer á 'caballo los doscientos cincuenta kilómetros batía furiosamente el agua contra los
qu~ Jo separan de la capi_tal ~e la República, y de- infinitos peñascos de un cauce, y tan
claro que tampoco yo hubiera ido á no haberme de- grande ruido hacía, que de no haberlo
visto hubiéramos jurado estar cerca
cidido á ello un deber y una promesa.
León de los Caballeros se llamó andando el tiempo de una catarata.
Nos apeamos; los caballeros desenL eón de Huanuco, y hoy sólo por este último nombre
sillaron por su propia· máno, como
se le conoce.
Es capital del departamentó_~e Junín, uno de lo,s todo buen jinete viajero, y colocaron
más bellos y ricos de la República, y confina con p~1- los arreos en la pieza que había de
ses habitados por salvajes; países que resultan sm servirnos de dormitorio, sala, comedor y salón de baile.
nombre ni dueño por estar apenas exp)orados.
Los caballos, cubiertos · de sudor,
Estas tierras salvajes conducen á onlla? del ~mafueron
baldeados inmediatamente por
zanas en dondé los misióneros tienen residencia.
CORACERO DE LA GUARDIA REAL ESPAÑOLA, {Año 1~24.)
Es' pues Huanuco un pueblo especial en Améri- un clwlo de la posada y retirados á la
Dibujo de D. Román Navarro
ca: p;ra. llegar á él desde la costa, donde el clima es cuadra.

�¡SEÑ'ORES, BUENAS NOCHES!

(EPISODIO DEL REINADO DE FEDERICO EL GRANDE), CUADRO DE ARTURO KAMPF

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTIC4

antes citada, y el techo del salón de autos del Instituto da
Guarda de aquella ciudad, en que de un modo acabado apare•
cen simbolizadas todas las artes bellas.
Pero el género predilecto del Sr. Navarro son l?s asuntos
militares, que ha llegado á dominar como los meJOres espe•
cialistas de nuestra patria y del extranjero; en la reproduc•
ción de los mismos brillan los destellos del verdadero genio,
y bien se ve que el alma del aguerrido oficial de nuestro ejército
tuvo en su ejecución tanta parte como la mano del h~b1llsimo
artista: La naturalidad, la espontaneidad con que sus obras de
este género están tratadas, difícilme~t': se adquie~en con el
estudio, si en el corazón no hay senllm1ento, entusiasmo que
las inspiren: la corección, la pureza de lineas, contornos,
sombras y matices que se admiran en las producciones de
Navarro denotan su talento; la expresión, el elemento psico•
lógico que las anima indican algo más, lo que sólo tienen los
que para el arte han nacido, esa inspiración que únicamente
de los escogidos es privilegjo.
Román Navarro cuenta treinte y seis años, ha sido premiado en .varios concursos y exposiciones, y obtuvo del Ayuntamiento de la Coruña una pensión de 4:000 pesetas anuales.
por cuatro ailos para completar en Roma sus estudios, pen•
sión que no pudo utilizar por dificultades de su carrera, en la
cual tiene hoy el grado de capitán de la escala de reserva, á la
que pasó para poderse dedicar por completo al arte. Recientemente ha sido nombrado corresponsal de la importante ilustración inglesa Black a,zd White. No ha tenido más maestro
que el profesor de la Academia de Caballería que le enseñó
las primeras nociones del dibujo; todo lo que sabe lo ha apren•
dido observando el,natural y estudiando las obras de los gran•
des maestros en pintura de asuntos militares, como Meisonnier, Detaille y Neuville,
Posee además Navarro una cualidad que aumenta considerablemente su mérito: la modestia. Si pudiésemos copiar
algunos párrafos de cartas suyas que poseemos, verían nues·
Iros lectores cuánta es la belleza de su alma y cuán modestamente babia de si mismo, tanto como con entusiasmo y admiCARLOS PARNELL
ración cuando de sus colegas trata. Es un verdadero artista
con todos los buenos afectos de un corazón ele niño, abierto á
res de ejecución que dificilmente podrían enumerarse: de com- todo sentimiento noble y en el que no tiene albergue ninguna
posición simpática, bien sentido y de entonación agradable y de las bajas pasiones de que por desgracia no están ·exentos
armónica, resulta una obra interesante por el asunto (que tam- muchos artistas.
•
bién tienen interés las nimiedades, á veces mayor que las gran·
••
dezas) y grata á la vista por la manera como el autor ha sabi¡Señores, buenas noches!, cuadro de Arturo
do tratarlo,
Kampf. - En la Exposición del Jubileo de Berlín de 1886
produjo sensación grande un cuadro titulado La tUtima ~eclara·
Fuenterrabía,apunte á la pluma de D. Vicente ción, obra de Kampf, pintor hasta entonces desconocido. El
Cutanda.-El anfiteatro de Roma, apunte á la lienzo además de sensación ocasionó gran polvareda entre los
pluma de D.Vicente Cutanda.-Apunteá laplu- artistas y críticos: los idealistas calificáronlo de vulgaridad; los
made D. Vicen"teCutanda. - Vivo está todaviaelrecuer- realistas le tuvieron por notabillsimo, alegrándose de ver apa•
do del,incideete á que dió lugar en el seno del Jurado de la Ex• recer un nuevo y valiente adalid de su escuela, y el autor logró
posición general de Bellas Artes de Barcelona uno de los cuadros lo que se proponla, darse á conocer, hacer que su nombre sode Vicente Cutanda, por los místicos escrúpulos de dos de sus nara y obtener entre el público un verdadero éxito, De Munich,
miembros, y latentes también los triunfos obtenidos por el pin• en donde residia, trasladóse Kampf á Berlín, en donde la
tor madrileño en los concursos nacionales por sus notables muerte del emperador Guillermo le inspiró su Sepelio del radácomposiciones A los pies del Salvador y La muerte de Serlorio, ver del emperador; actualmente vive en Dusseldorf, y desde alll
Artista de temperamento, ha dado á conocer en las intermi- envió á la Exposición de Berilo de 1889 el hermoso cuadro
tencias que ofrece su vida art!stica las cualidades que posee y que reproducimos y que representa la sorpresa de los oficiales
sus aptitudes para el arte que cultiva. Dedicado á la literatura, austriacos en el castillo de Lissa por Federico el Grande du•
obandon6 en 1869 sus estudios para ingresar en la Escuela es- raote la guerra de los siete años,
pecial de pintura de la coronada villa, en la que obtuvo varios
premios. Una grave dolencia obligóle durante algunos años á
•*•
suspender sus trabajos, que pudo reanudar en 1881, pintando su
bonito cuadro Un mercado en A vila, adquirido por la infanta
Carlos Parnell. - En la noche del 6 al 7 del corriente
Doña Isabel, al que siguieron los dos anteriormente citados, y falleció en Brighton este hombre eminente cuyas campañas po·
Santa Teresa de /estls en lxtasis, por encargo del lltmo, señor líticas en favor de la autonomfa de su patria le hablan mereci•
Obispo de Avila para ser ofrecido á Su Santidad León XIII. do el dictado de t-ey de Irlanda.
En el número 473 de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA publicaTal es el aulor de Vce Victis que figuró en la primera Expo•
sición general de Bellas Artes de Barcelona, y de los apuntes á mos la biografía de Parnell, y por esta razón nada hemos de
la pluma que reproducimos, escogidos al azar entre los que decir hoy acerca de la virla del que se consagr6 por entero, con
atesoran sus carteras de viaje,
abnegación de que hay pocos ejemplos en la historia, á la jus•
ta causa de defender á los desgraciados irlandeses contra el
•
yugo opresor de Inglaterra, Pocos días antes de su muerte, el
••
27 del último septiembre, todavía su elocuente voz se dejó oir
Una consulta, cuadro de D. José M. Mar- en Creggs, adonde fué contra el parecer de su médico y á pesar
qués - En la primera Exposición Universal de Bellas, Artes de las sí1plicas de la que ante la ley era ya su esposa, y en don•
celeorada recientemente en esta ciudad, llamaba la atención de habló por espacio de tres horas de pie, al aire libre y su•
de todos los visitantes el cuadro cuya reproducción publica- friendo la lluvia que no ces6 de caer un momento. Al día simos en el presente número; la obra no es ,de aquellas que por guiente regresó á su casa, de la que sólo debla salir ya su cadáver.
su tamaño ó por estar inspirada en asunto de excepcional inteEste, encerrado en un triple ataúd de olmo, de plomo y de
rés atraen al aficionado ó curioso; pero en cambio por su dibu- roble, fué conducido el sábado siguiente á Dublin, y al otro día
jo y expresión y sobre todo por ,u colorido se llevan las mira- Irlanda entera hizo con motivo de la exequias de su hijo pre•
das de los inteligentes y artistas. La nota del color es induda- dilecto una manifestación de duelo imponente, colosal, digna,
blemente lo que más sobresale en esta obra y, como dijo un en fin, del hombre cuyas últimas palabras fueron: &lt;Decid á mis
celebrado critico que por cierto no peca de benigno en sus colegas, decid á Irlanda cuánto la he amado. ¡Quiera el cielo
juicios, recuerda la brillantez y armonfa de tonos de la anti- que en sus males se vea ;uidada como yo lo he sido!&gt;
gua y clásica escuela española.
El Sr. Marqués demuestra en este cuadro un notable pro•*•
greso en la carrera art!stica, que tantos lauros le ha val:do;
hasta ahora pudo decirse que el paisaje era la especialidad del
Buenos Aires: Teatro de San Martín.,_ destruídistinguido y asiduo colaborador de esta ILUSTRACIÓN; Una do por un incendio en la noche del ~ de sepconsulta demuestra que también en géneros de mayor vuelo tiembre último. - Poco antes de empezar la función, que
puede conquistar renombre igual al que ha logrado como pai- se daba á beneficio del artista Sr, Milzi, un descuido del ensajista, y así lo reconoció el Jurado de la Exposición, premian- cargado de encender las luces produjo el incendio de este teado ':sta obra que tomada de un dibujo del mismo autor repro- tro, en donde actuaba la compañía de opereta italiana de Tomba. Como el ecl.ificio era en su casi totalidad de madera, el
ducimos,
fuego adquirió horribles proporciones y á las tres horas de ini•
•
ciado, el coliseo era una masa de escombros y sólo quedaba
••
de él en pie la fachada principal, que es de pie:lra. Los esfuerGranadero de la guardia española (1824), dide los bomberos hubieron de limitar~e á evitar que las llabuio. - En descanso, copia de una acuarela.- zos
mas se propagaran á los edificios contiguos, entre los que se
Carga del regimiento de húsares de la Prince- cuenta
el Consejo Nacional de Educación. La única victima de la
sa, copia de un fragmento de un cuadro al
óleo.-Coracero de la Guardia real española, catástrofe fué el artista Sr. Spinelli, que estando en su cuarto
dibujo. Obras de D. Román Navarro. - Román se desmayó al oír la voz de¡ fuego! y cuyo cadáver convertido en
Navarro salió de la Academia de Caballería el año 1875, sien- masa informe fué retirado al dla siguiente de entre las ruinas.
La hora en que comenzó el incendio evitó mayor número
do destinado :í un regimiento de húsares de Pavla que operaba en el Norte; trasladado después á Madrid, pudG&gt; allí dedi• de desgracias; las pérdidas materiales se estiman en seiscientos
car sus ocios al cultivo del dibujo y de la pintura, por las que mil pesos, de ellos doscientos mil por concepto de trajes,
siempre había demostrndo afición decidida, Más tarde pasó á decoraciones y demás objetos pertenecientes al Sr. Tomba,
Galicia, su país natal, y habiendo salido en 1885 á oposición
una plaza de Ayudante de la cátedra de dibujo de figura y
adorno en la Escuela de la Cornña, ganó este puesto que des•
RÁNDESALMACENESDELPRINTEMPS
empeña todavia y del cual, á no dudarlo, pasará pronto al de
DE PARIS,• Véase el anuncio en la sección correspondiente'.
profesor. Ha pintado y pinta diversos géneros, paisajes, retratos y asuntos decorativos, mereciendo entre sus obras especial mención el retrato de la Reina Regente, que figura
JABON REAL
JABON
en el salón de Sesiones de la Diplltación Provincial coruñesa;
el del Sr. Sarthou, gobernador civil de la Coruña, y el de don oETHAIDACE 29,~"~:1~=~Par11 VELOUTINE
losé M. • Abella, encargo hecho al artista por la corporación &amp;wima11da.!01 por &amp;utori4dea a!tiw p&amp;r&amp; 11 Bi¡lm 41 1' Plll 1 Bellu1 (el Colar

Comenzó por un vals, ¡Dios mío! Yo estaba ya
NUESTROS GRABADOS
muy acostumbrada á semejantes degüellos musicales, r
___
pero aquél me pareció cruel.
Un secreto, dibujo de Grivaz. -¿Quién será él?
Nadie bailaba: las cholas y cholos nos guardaban Esta es la pregunta que se nos ocurre al contemplar la obra de
el mayor respeto· ni por más que los incitábamos se Grivaz, P?r~ue no hay duda que de fl se trata: Y á fe que. es
,
'
para env1d1ado el mortal que consigue verse correspondido
movian,
,,
,
por tan gentil doncella, cuya belleza corre parejas con su do•
- Toca una cachua, d1JO Miguel Gallo.
naire y aun con la bondad que al través de su expresión pica•
Y el arpero soltó su violín para coger el arpa.
resca se adivina.
Comenzó la música juguetona de la cachua, que
Este dibujo del reputado artista francés tiene tantos primoMiguelito Gallo bailaba muy bien, dicho sea de paso, y allí veríamos á un español convertido en criollo de pura raza sacando á una cholita muy guapa,
que se puso encarnada hasta el blanco de los ojos.
Jaleábamosles de lo lindo nosotros, y la cho/ería
iba también animándose viéndonos animados,
- ¡Qué niña más buena!, decían (la niña era yo).
¡Vaya que era cariñosa con los cholos!
El arpero cantó haciendo picarones visajes:
&lt;Si mi quieres no mi quieres,
Avísame ctm trimpano;
Alza, dále, torcacita (paloma torcaz',
Alza, dale, torcacita,
Para mi boscar otro dueño,
De to laya más mijor.
Alza, dale, torcacita. &gt;
Miguel bailaba requebrando á la chola, que lo miraba con ojos lánguidos, avergonzada de verse emparejada con un caballero, y él, hombre al fin, hacía
cuanto en su mano estaba para entontecer á su pareja, siquiera fuese con intenciones sencillas.
Acabada la cachua soltó el músico el arpa y cogió
el violín; imitó el asno, el perro, el gato y una porción de animales, haciéndonos reir con sus extravagancias; luego obligó al estradivarius á llamarnos á
los tres por nuestros· nombres, y en verdad que no
resultaban ininteligibles.
Pedí que me cantasen un triste serrano y todos se
fijaron en la cholita, que había bailado con mi com·
pañero; éste se levantó á buscarla, porque la muchacha no quería; por fin accedió á los ruegos de.don
Meguel, y se preparó á entonar con música deliciosa
. la siguiente copla, mezcla de castellano y de quichua:
«En la copa de aquel árbol,
/aparispa,

Mi paloma con ternura,
Nigiiay cancha,

Dónde está el bien de vida,
Que lo busco.
Dónde está que no lo encuentro,
Chacajpampa. l)

De la traducción saqué en consecuencia que una
paloma, desolada por haber hallado su nido desierto,
subió á la copa de un árbol á llamar á gritos á su
amado, pidiendo la muerte si había de vivir sin el
bien de su vida.
La poesía india es todo ternura, todo amor, todo
lágrimas, y tan impregnada de ella se encuentra el
alma de los incas, que no pueden cantar sin. amar, ni
amar sin desgarrar el corazón con tristes lamentaciones.
La cholita cantaba para Miguel; bien lo veíamos
D. José Y. yo.
Después de otra cachua y de algunas chilenas (zamacuccas) pedimos la despedida con un Huayñu,
Volvió á sentarse la chola á la vera del músico, y
cantó con voz doliente y en un castellano parecido
al de los vizcaínos del pueblo bajo:
·
«Ya empieza el pecho á sufrir
¡Ay dulee prenda querida!
¡Adiós! ¡Adiós!
Ya se acerca tu partida
Y me quiero despedir.
¡ Adiós, me voy!
¡Adiós, corazón! ¡Adiós, consuelo!
¡Adiós, pichoncito !
¿No respondes á mis quejas?.&gt;
Estos versos, que no parecen tener tajo ni revés
estampados así, resultan en boca de una chola bonita y enamorada un trozo de poesía paradisíaca, y el
violín del arpero indio, superior mil veces al de Sa·
rasate.
Aquello era un salmo de amor entonado por un
ángel con acompañamiento del rey I?avid.
Habíamos hecho entrar á la cho/ería en nuestra
estancia, y se retiraron para continuar en el corral ó
en la cocina, en cualquier parte; la cuestión era seguir jaraneando y bebiendo chagta (alcohol).
Me encaramé como pude en mi elevado lecho después de quitarme el traje de montar, y á los pocos
momentos entraron mis .compañeros, q_ue también se
acostaron vestidos.

(Continuará)

513

G

IVJ:OLETI

NúMERO

513

LA ILOSTRACIÓN ARTÍSTICA

POR M. JULIO CLARETIE (DE LA ACADEMIA FRANCESA), - ILUSTRACIONES DE JUAN BERAUD

(CONTIN UACIÓN)
- Bueno, al café Inglés, contestó el notario no muy satisfecho y no atrevién- sí, franca lo era la señorita Vernier, muy franca!, y además ¡tenía una nuca tan
dose á subir al carruaje.
bonita!
Pero ella haciendo un gracioso movimiento con su manita le invitó á que
El notario no excusaba á Teodoro, ¡qué había de excusarle!, pero le comsubiera.
prendía.
El cochero arreó al caballo1 que arrancó en dirección al bulevar, y M. ThoEl portero del restaurant ayudó á la señorita Vernier á bajar del carruaje,
mientras el notario daba al cochero el precio de la carrera, y Gastón Thoma•
ssiére, notario de Saint-Alvere, subió la estrecha escalera del restaurant, detrás
de las faldas de Gabriela, que arrastraban sobre la alfombra. Algo intimidado
al ver su figura reflejada en los brillantes espejos, á la luz de las lamparitas Edison, r¡ después de haber leído sobre la puerta: Entrada á los salones, preguntábase, tropezando con las guarniciones de cobre de las colgaduras, lo que pensaría de él el amigo Langlade si le hubiera visto seguir los furtivos pasos de
una linda muchacha, que acababa de cantar delante de mil doscientas personas el rondó de la Educación laica,
- ¡Bah!, pensaba, Langlade aprobaría mi conducta ... y hasta me envidiaría ...
Por otra parte Thomassiére sabía por qué llevaba á cenará la señorita Gabrí ... Era por causa de Teodoro; y antes de una hora él obtendría de la joven
que desistiese de sus proyectos con su hijo. «Sí, señorita, usted es linda, seduc·
tora ... pero ... pero» .. .
El notario, sin embargo, olvidó su discurso, cuando en aquel gabinete del
café Inglés, delante del respetuoso camarero. vióse con la lista en la mano,
sentado frente á la señorita Vernier, que habíase dejado caer en el divancito
de terciopelo encamado, declarándose rendida.
Para llegar al cuarto atravesáhanse algunos corredores, y al entrar T homassiére s.e había asomado inadvertidamente á un gran salón encarnado, obligando al camarero á que le dijera respetuosamente: «No es por ahí, caballero, ese
es E l Gran Dieciséis.»
Y mientras que Gabriela soltaba una carcajada, el notario creyó observar en
el acento del camarero cierta especie de veneración como si se hallara ante la
puerta de algún templo. ¡El Gran DiecMis/ Esta frase sonaba con solemne
armonía en el oído del buen habitante delPerigueux, ¡El Gran Dieciséis/. ,. Seguramente aquel mozo no hubiera hablado con más misteriosa entonación del
templo de Isis.
- Veo que es usted•parroquiano, dijo burlonamente la señorita Gabriela.
-¿Yo?
- Sí, seguramente El Gran Dieciséis le recuerda su juventud.
M. Thomassiére hizo una mueca, examinó la larga lista que le había dado el
camarero, y se sintió un tanto embarazado al fijarse en los platos del día calcografiados en aquélla: Consomé de menudillos á la Bourdalou 1 ¡Bourdalou en
tal sitio!, sopa terciopelo, puré Condé. sopa de leche de almen dras; y todavía
más nombres célebres, muy célebres: ¡timbales á la Rossini, á la Talleyrand!,
¡polla á la Demidoff!. ¡sollo á la Joinville!, ¡sorbete Nesielrode! La tal lista era
¡Fuera la daqtte!
un diccionario bio~ráfico, el catálogo de un panteón.
- ¿Armoricanas ó de Marennes?, preguntó el camarero.
-Armoricanas, dijo Thomassiére, seducido· por el nombre y sin saber lo que
massiére no se daba cuenta de si estaba dormido ó despierto. El, que aún no pedía; pero era preciso no pasar por provinciano delante de la señorita Gahacía cuatro días leía El Eco de Visone bajo los árboles de su jardín en el briela.
Perigueux, ahora se hallaba al lado de una linda joven en un coche cerrado.
Erguíase para ello cuan largo era, y sobre su enorme corbata empinaba su
¿Cómo era posible esto? ¿Estaría borracho?
delgado rostro de juez de instrucción.
.
La señorita Vernier le parecía de cerca aún más bonita que de lejos, y la miPresentóse otro camarero grueso, pero muy grave: era el encargado de la
raba de soslayo sin atreverse á hablarla. Aquel alegre perfil de rubia, visto de bodega, que preguntó:
reojo, tenía un atractivo sorprendente: sobre todo la oreja y la nuca, que el ca-¿Qué vino?
bello levantado dejaba al descubierto. ¡Qué nuca tan blanca, tan llena, tan ado- El mejor, contestó Thomassiére.
rable!
Y luego repuso para zafarse del compromiso de su situación:
- ¿Tiene usted frío?, le preguntó Gabrí. ¿Puedo bajar el cristal?
- Esta señorita pedirá lo que quiera.
M. Thomassiére sintió tentaciones de contestarla: «¿Frío?, al contrario;» pero
. Y más aliviado ,con este subterfugio alargó la lista á la señorita Gabrí. A meno se atrevió á arriesgar esta frase, limitándose á demostrar su asentimiento dida que ésta ped1a, d~cía el camarero: «Sopa de colas de cangrejos. pastelillos
con un ademán
á la Montglas, ¡muy bien! Langosta á la americana, ¡bueno! Niscchi, codorni- Yo me ahogo, repuso Gabriela, bajando el cristal é inclinándose hacia c~s c~n lechuga, fiamb;es de pintadas, perdices trufadas, ¡bien, señora! ¿El pouafuera para aspi rar, ó mejor dicho, beber con sus sonrosados labios y con su dmg mglés con sabayon, no es así? ¡Ah! ¡Ya verá la señora! Quedará satisnariz dilatada el aire de la calle.
fecha»
- Además, añadió, tengo el estómago en los pies. ¿Querrá usted creer que
Thomassiére sentía una emoción desconocida y deliciosa y miraba al mozo
no he comido?
á la joven, el vulgar espejo donde se veían tantos nombres' entrelazados entr¿
- ¿Qué no ha comido?, exclamó Thomassiére con cierta emoción mezclada extravagantes r~bricas, y á través de la ventana, á los transeuntes del bulevar y
de sorpresa y lástima, suponiendo que algún disgusto sufrido había sido moti· los puntos lummo~os de los faroles de los coches que pasaban. Parecióle cuanvo de aquella dieta. ¿Pues cómo es eso?
t~ le estaba suc~d1endo un cuento de Las mil y una nocl,es. No, los viajes de
- Por causa de una exigencia que de repente me ha caído sobre la cabeza. S1mbad el Mano? n? eran más fantástiscos ni más inverosímiles que esta
- ¿Una exigencia?
aventura extraordmana· ¡Ah! ¡Cómo podía figurarse Langlade que su amigo
- Sí, una exigencia del representante de la empresa, ya se lo contaré á usted Gastó n c;naba en el café Inglés mano á mano con una actriz: ¡Gabrí, la céle·
cenando ... Por fin hemos llegado .. , Tomaremos un piscolabis.
bre Gabn!
M Thomassiére no entendía una palabra; pero un instinto de piedad contra
¡Langlade! ¡Pobre Langlade! Metido en su casa vencido por la pesada somel que en balde quería hacerse fuerte, le impulsaba á compadecerse de aquella nolencia que da el ai_re _del c_ampo, de seguro que 'estaría á aquellas horas ron•
Gabriela que no habta comido. ¡Pobre muchacha! Desfallecía de hambre y ha- cando fuerte!°ente, sm 1magmarse las sorpresas que París proporcionaba al ami•
blaba de tomar un piscolabis, sin ficciones poéticas, con toda franqueza. ¡Eso go Tbomass1ére.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTlCA

NúMERO

NúMERO

513

Pero si la linda joven que contemplaba no era la señorita Gabrí, nadá obliY no le hubiera pesado al notario que Langlade despierto asistiera á la apo·
teosi! d~ Thoma_ssiére, dispuesto á levantarse como juez supremo delante de gaba al notario á afligir á tan hermosa criatura, y podía contentarse, si lo tenía
por conveniente, con decirle: «Ciertamente, señorita, es usted linda, muy linla senonta Vermer completamente vencida y dominada.
Porque indudablemente estaba dominada, y Teodoro iba á escapársele. En· d_a, adorableme~te linda,» y después terminar su arenga corno le diese la gana,
tretanto la actriz comía. ¡Pobre muchacha! No mentía hace poco al asegurar sm crueldad y sm. aquella puñalada. Pero ¡qué mágico país era París! ¡Qué
extravagante! ¡Invitaba á la señorita Vernier y era otra la que acudía!
que tenía mucha hambre.
- Lo que me sorprende, pensaba, es que esta joven sólo con ver mi tarjeta
Destrozaba con sus lindos y blancos dedos, con vivacidad ansiosa, las patas
haya aceptado...
•
·
Y sumido en sus reflexiones, M. Thomassiére contemplaba á la cómica con
cierta indulgencia, no estando dispuesto á hablarla de moral á los postres.
- Veamos, caballero, dijo la joven mondando una almendra, ¿conque ha
habido una equivocación? ¿Me ha tomado usted por Gabriela Vernier?
- He creído .. . que mi tarjeta... mi nombre...
- ¿De modo, exclamó soltando qna carcajada que volvió á descubrir sus
dientes, que no he sido amada por mí misnia?
- ¡Amada! ... Pero señora, señorita... Pido á usted me perdone... yo... ahora
que tengo el gusto de conocerla... no siento.. , al contrario ...
Dudaba, buscaba palabras, titubeaba...
- ¡Bah!, dijo ella, no tengo qué perdonarle. En todo caso, Blequinet tiene
la culpa.
- ¿Blequinet?
- Sí, el representante de la empresa, que ha indicado á la dirección que no
pusiera cartel de contra-anuncio, asegurando que esto enfría al público. Por
eso se han contentado con poner una nota debajo del cartel. ¿No la ha leído
usted?
- No, señorita.
- Pues bien: si la hubiese leído hubiera visto que decía: «La señorita Margarita Capín se presentará con el papel de la Educación laica.»
- ¡Margarita! ¿Os llamáis Margarita?
-Capín.
- ¡Es un bonito nombre!
- Montmorency suena mejor, pero es otra cosa.
- ¡No hablo de Montmorency, sino de Margarita! ¡Es un nombre encantador!
- Me lo han dicho muchas veces. ¡Adulaciones! Pero vamos á ver: ¿creía
usted haber traído á Gabriela?
- Creía ... pero no lo siento ... al contrario ...
- Usted lo ha dicho, querido. No era á mí, sino... Pues bien: esto enseñará
á
Gabrí
á no tener la cabeza á pájaros.
- Es cierto, dijo Margarita Copín humedeciendo sus labios en el
- ¡Ah! ¿Tiene la cabeza?...
dorado Champagne
- ¿Quién, Gabrí? Es más mala que la sarna.
- ¡Qué decís!
- Más mala que la sarna.
encarnadas de los cangrejos, y alguna vez se limpiaba las uñas sonrosadas con
los labios después de haberse enjugado éstos con la servilleta. No comía, de·
Thomassiére había entendido bien, pero quería oir repetir las palabras. Penvoraba, tragándose por completo el diccionario de biografía culinaria.
saba en su hijo. ¡Más mala que la sarna! ¡Pobre Teodoro!
- Es cierto, dijo Margarita Capín humedeciendo sus frescos labios en el do~homassiére mirábala con estrem~cimientos de admiración y piedad; admiración por su hermosura, por su cutis nacarado y acariciado por la claridad de rado Champagne, cuya espuma saltaba á sus narices sonrosadas. Es preciso que
Ii1:s bujías, y piedad por la pobre joven, á la cual dentro de un momento iba á ella haga siempre excentricidades: yo no me quejo, porque ha sido en mi proasestar este rudo golpe: «¡Renun~ie usted á Teodoro: es preciso, yo lo quiero!» vecho, ¡pero qué melindrosa! Diré á usted lo que ha sucedido, si esto no le fas- ¡Ah!, ~x~lamó por fin la actnz, exhal~ndo un . suspiro de satisfacción, que tidia, lo que no supongo.
levantó dehcrosamente su pecho. Ya me siento meJor; tenía necesidad de care- ¿Supone usted que no me fastidia? ¿De suerte que cree que me interesa
narme y ya está hecho.
profundamente... absolutamente? Pues bien, sí; en primer lugar, porque se
- ¿Carenarse?, murmuró Thomassiére.
tr_ata de ella... y luego, ·porque por lo visto se trata también de usted, ó más
La joven se echó á reir.
bien, repuso Thomassiére, cuyo rostro grave y digno habíase vuelto risueño,
-Término de marina; hice mi estreno en Brest y algo se me pegó. ¡Ah! porque primero se trata de usted y luego.. .
.
.
- Pues he aquí lo ocurrido, interrumpió Margarita. Por poco hace fracasar
¡Qué vida la ~,el te~tro!. .. ~i alguién me hubiese dicho que hoy debía representar la Educaczon lazca, hubiera creído que se guaseaba conmigo.
la revista: ¡una revista tan esperada! Desde que la representaron en los MirlitoEl notario quedóse sorprendido, y la preguntó:
nes_, el ~úblico del Palais Royal la reclamaba, sí, la reclamaba. Yo ni por pien- ¿Pues cómo, señorita, no lo sabíais?
so 1magmaba que había de representar un papel en ¡Quítate, que yo me ponga!,
- Ayer á estas horas lo ignoraba por completo, tanto que iba á contratarme y deseaba asistir á la primera representación antes de irá enterrarme en Niza.
para Niza con la agencia Robilleau.
¡Es tan hermoso París en invierno! Toda Niza no vale lo que el bulevar. Creo
- ¿La agencia Robilleau?
que pensará usted lo mismo.
- Sí, calle de San Marcos. Me ofrecían un ajuste aceptable ... ¡Pero dejar
- No conoz~o Niza, contestó suspirando Gastón Thomassiére, que empezaba
París! He aquí la parte triste: abandonar París. Así es que bendigo á la seño- á comprender que no conocía gran cosa á pesar de sus sesenta años.
rita Vernier y su cuerda... ¡Conque sírvame un poco de Saint-Marceaux y be- ¡Ah!, dijo la señorita Capín. Pues bien: Ni1,a es muy divertido, además
bamos por la cuerda de Gabriela Vernier!
está cerca de Monte-Cario, y tiene muchos recuerdos; pero no obstante, á mí
Y extendió su brazo desnudo, muy blanco, presentando su copa vacía á me gusta más esto (y señalaba hacia el bulevar Italiano); pues bueno: estaba
Thomassiére, que la miraba ator.1tado á fuerza de tratar de comprender qué anunciada la revista para hoy, y para anteayer el ensayo general... ensayo á
significaba el nombre de Gabriela Vernier y esta palabra: la cuerda. ¿Qué puerta cerrada, no por causa de los couplets, aunque lo merecen, sino por los
cuerda? El antiguo notario se preguntaba si la joven se expresaba en un idio- nporter~ que, como sabrá usted, charlan los efectos y publican los clzistes antes
ma particular, difícilmente comprensible; quizá el francés de París no era ente- de la primera representación, lo cual carga á los autores. Gabriela siempre llega
ramente igual al de Saint -Alvere.
tarde á los ensayos, esto es público y notorio. Blequinet la hace cargos por
- ¿La cuerda?, preguntó Thomassiére interrogando á la cómica con los ojos fue:za,_ y ella contesta: «Hoy no puedo ensayar, Blequinet, estoy muy nerviosa,
y con el ademán. ¿Qué cuerda?
y s1 sois malo os envío á paseo.» Según parece, Gabriela tenía sus asuntillos
La actriz se echó á reir, enseñando unos dientes finísimos y encogiéndose amorosos ...
de hombros, dijo:
'
Thomassiére vivamente interesado la interrumpió:
- ¡Es verdad, no puede usted saber!. .. ¡La cuerda! Pues es sencillamente·la
- ¿Asuntillos amorosos? Evidentemente se trataba de Teodoro. ¿Sabría la
c~usa de la multa que ha puesto tan furiosa á Gabriela, y que me ha propor- señorita Capín?...
cionado el placer de crear el papel de la Educación !aira.
- N_o sé nada sino que Gabriela tenía anteayer un humor de perros, y que
- ¿Cómo crear?, interrumpió Thomassiére. Pues qué, ¿no es usted la ·seño- al v_estirse ;paf! desgarró un traje. La camarera me ha dicho: «lo ha hecho á prorita Vernier?
·
pósito: parecía una Menida.» ¿Por qué estaba colérica? ¿Por contrariedades
- ¿Quién, yo?
amorosas? ¡Bah! Las cómicas no deben amará nadie: todo lo más, al arte.
- Sí.
- ¿De modo que la señorita Gabriela ama?
La actriz le miró estupefacta con sus ojos azules, dulces y picarescos.
- Sí, probablemente á algún imbécil. El caso fué que empezó el ensayo, un
- ¿Qué quiere usted decir?
verdadero ensayo. Los directores, los autores y los censores estaban en sus bu- ¿No es usted Gabrí7
tacas, las costureras en el balcón y los periodistas en tod~s partes; pero excep.- ¿Yo?
tua?do á esas doscientas personas, nadie; todo á puerta cerrada. Todo iba bien...
- ¿La señorita Gabrí7 ·
El Jete de la claque tomaba nota de los efectos... esto lo sé por referencia... Lle- Vamos, caballero, dijo la hermosa con frialdad, ¿me ha traído -usted aquí ga Gabriela, soberbia, porque es bonita, muy bonita en toda la extensión de la
para guasearse conmigo?
palabra ... pero ¡cataplum! al salir á escena se enreda en un hilo. 1,
- ¡No, no!, exclamó el notario. ¡Y cien veces no!
- ¿En un hilo?
No sabía por qué, pero no le disgustaba el que aquella linda rubia no fuese
- En el teatro á todas las cuerdas se les llama hilos ... Cuando se dice cuerda,
la señorita Gabrf; efecto sin duda de la compasión. Hacía un momento, cuan- es de mal agüero, absolutamente de mal agüero, ¿comprende?; es como si se voldo pensaba que era preciso asestarle la puñalada de arrancarle á Teodoro, la cara el salero, ó como si se hiciera la cruz con dos cuchillos: trae desgracia. Por
contemplaba con cierto enternecimiento: «Ciertamente usted es linda, señori- lo tanto cuerda es una palabra proscrita, prohibida, tanto que al que la profiera
ta, pero ... el deber me obliga... » ¡Ah, el deber! Sí, evidentemente el deber obli- le echan una multa.
gaba á M. Thomassiére á arrancará Gabrí de los brazos de su hijo.
- ¿Una multa?

(

513

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

685

- Y gorda. Lo mismo que en casa de un ahorcado, no debe hablarse de la muchacha! Y era linda, muy linda... Los autores de la revista satírica tenían racuerda en el teatro. Pues bien: ¿sabe usted lo que hizo Gabriela? Voy á decír- zón; seguramente más linda que la Vernier. ¿Cómo podía tener Gabriela aquel
selo. Enredóse, como he dicho, en un hilo, dió un traspiés, pero afortunada- cutis tan blanco, aquella profusión de cabellos, entre cuya crencha rubia daban
mente pudo agarrarse á un bastidor; y cuando entró en escena encaróse con los tentaciones á M. Thomassiére de meter los dedos, con pruritos de avaro atraído
de las butacas diciendo: «Bien podía prohibirse á los maquinistas que dejasen por el color amarillo del oro?
El notario, con la cara encarnada y asomando por el alto corbatín, sonreía
las cuerdas arrastrando.» Entonces resonó un aplauso en las butacas, y algunas
voces gritaron: «¡ Bravo!, ¡bravo!, ¡multa á la señorita Vernier!» Los maquinistas involuntariamente á la hermosa joven que un tanto sorprendida miraba á aquel
hacen un ramillete de cuerdas rodeado de papel, y Blequinet se aproxima á delgado y alto curial, quien repentinamente.enternecido, la contemplaba con beGabriela exclamando: «¡multa!, ¡multa!» Esto, generalmente á nadie mortifica: nevolencia ...
¡Cuando se piensa que si aquel chistoso azar no la hubiese tavorecido, si la
se da un luis ó dos á los tales maquinistas, que se los van á beberá vuestra salud, dejándoos en cambio el ramillete de cuerda y en paz. Esto le pasa á cual- señorita Vernier hubiera desempeñado su pape], Margarita Capín hubiera firmado su contrata para Niza,
quiera, pero parece ser que
París
se hubiera quedado sin
Gabriela estaba malhumorauna actriz tan rubia, y M. Thoda, muy malhumorada. Dijo
massiére no habría experimal su couplet, y se metió
mentado la sorpresa de haentre bastidores á tiempo que
llarse en un restaurant á la
el jefe de los maquinistas le
moda, cara á cara con una
presentó ceremoniosamente el
linda muchacha, á la que naramillete diciendo: «¡He aquí
da tenía que reprochar, liteel ramillete!» «Pues he aquí
ralmente nada. ¡Cosas de la
cómo voy á pagar la multa,»
vida!
replicó Gabriela, y tomando
El notario estaba encantael ramo lo arroja á la cabeza
do de todas · estas cualidades,
de Biequinet, que se reía coy pensaba que era sumamenmo siempre. «¡Me importa un
te divertido aquel azar imcomino vuestra cuerda, que
previsto que á sus sesenta
sólo puede servir para ahoraños le hacía protagonista de
car á la pieza, que no vale na·
una aventurilla galante. ¡Qué
da!» y diciendo así, manotea
diantre
de París! ¡Siempre próy grita porque Blequinet,
digo en ocurrencias imprevisechándoselas de autoridad,
tas, poéticas, novelescas! ¡Y
la conmina con otra multa de
cuánto tiempo pasado sin nola administración. « P uede
vela en Saint-Alvere, desde la
usted imponer cuantas quiemuerte de su esposa Estefara, exclamó la Vernier; las panía, que era la Historia en
garé como ésta. ¡Ah! ¿Conque
toda su prosa y aridez! De
la cuerda hace mal de ojo?
suerte que todavía podía enPues bien: ¡cuerda! ¡cuerda!
contrar lejos del país de los
¡cuerda! ¡cuerda! ¿Qué me imvaqueros criaturas tan exquiporta que silben la pieza? Yo
sitas como Margarita Capín;
no haré el papel; ahí tenéis
y él, Gastón Thomassiére, revuestra morcilla, os la devuelcobrar sus primitivos verdovo; que cante el diablo el ronres y sus locas vivacidades
dó de la Educación laica!
amorosas, como cuando con¡Cuerda! ¡cuerda! y ¡cuerda!»
templaba en la Cité Bergere
En fin, estaba echa una furia,
á la bella Mme. Chardonnet.
y todo el mundo estupefacto.
Terminada la historia de
Los autores tenían aspecto
la cuerda, Margarita se dedide locos; el director decía:
có por completo á los pos·
«Hará el papel, yo la obliga·
tres: quesitos helados, con
ré.» Los autores gritaban:
crema, sorbetes, frutas hela«¡ No, haría fracasar la obra!»
das. ¡Tenía buen apetito la
y Gabriela repetía: «Aunque
tal Margarita, y sobre todo
me den diez mil francos no
unos dientes tan blancos!. ..
hago el papel; que el diablo
- ¿No come usted?, pre~
cargue con este mamarracho.
guntó á Thomassiére.
¡Cuerda! ¡cuerda! ¡cuerda!»
No, el notario no comía;
Aquello era un huracán desla devoraba con los oj0s, sinencadenado. Blequinet, decía
tiendo extraños caprichos,
hipócritamente: «Cosas de 1
Toda su pasada juventud surcorazón; no es culpa suya;
gía del fondo de los años, su·
Gabriela tiene demasiado cotilizada por la imaginación,
razón.» Pero lo cierto es que
.
impetuosa como un estribillo
por causa de tanto corazón y
Supongo que iremos al café Inglés
de Désaugiers.
·
01v1·dóse de
tanta rabia, el teatro se halla
Teodoro, y no pensó en preba en bonita situación, y los·
autores con el agua al cuello. Se habló de retardar el estreno, pero esto era un gurttar á lá señorita Capín cuáles eran los asuntos amorosos que tan furiosa hatrastorno; y buscando quién podría reemplazar á Gabriela, encuentran que yo bían puesto á Gabriela Vernier. Sí, el antiguo notario lo olvidó todo._¿Por qué
me parezco á ella: lo cual es muy cierto. Blequinet, con quien he trabajado en había abandonado su país, dejando á la vieja María sola en su cocina y al amiel Casino de Enghien, piensa en mí, asegura que haré jugando el papel y que go Langlade, y por qué su venida á París, en donde debía aparecerse á Teoel traje de Draner me sentará á las mil maravillas. Cae sobre mí como una bom- doro como la estatua viviente del remordimiento? «Has medido, desgraciado,
ba y dice: c:Margot (este es mi disminutivo), ¿quieres crear la Educación laica?» la profundidad... » ¡Ah! ¡Qué vago, qué lejano, qué confuso era ya todo esto!
«Viejo mío, le contesto yo, estoy á punto de firmar para Niza.» «No firmes, ven Para Gastón Thomassiére ya no había más que una muchacha rubia, sentada
y hablaremos.» Esto me venía de perillas, porque aunque he dicho que mima· enfrente de él, que alegre y con la tez sonrosada mascullaba un pedazo de narido estaba cazando, la verdad es que ha tomado el tren de Buenos Aires, de• ranja en dulce.
jándome varias cuentas que pagar. Debía, pues, tomar una determinación, y
me dije; ¿Qué más da Monte-Cado que París para apuntalarme? ¡Viva la EduV
cación laica/ Me dieron un día para aprenderme el papel y lo hice en un abrir
Cuando al siguiente día se despertó, muy tarde por cierto, M. Thornassiére
y cerrar de ojos. ¡Ah! ¡Qué rondó! Los autores decían: «¡Nos ha salvado, nos
ha salvado usted, señorita! ¡Qué voz! ¡Qué físico! ¡Es más bonita que la Ver· en el cuarto de su hotel, se preguntó si había soñado. Recordaba bien, corno á
nier, mucho más!» ¡Como me necesitaban!... A medida que se aproximaba la través de una bruma, un gabinete de fonda, brillantemente iluminado, y veía
hora, me entraba cierto temor que no me ha dejado comer... Y á fe mía, cuando delante de él una mujer rubia... Pero ¿cómo se hallaba ahora allí, en la Cité
se me ha presentado usted, desconocido, pero simpático, he aceptado lo que Bergere, solo, y cómo había terminado su sueño? ¡Ah! Sí, al presente se acornunca hubiera aceptado hace quince días; y he aquí, no á Gabrí, sino á Marga- daba... Aquel sueño había acabado muy prosaicamente, por cierto, con una
rita Capín, encantada por haber sido aplaudida! ... ¡Oh! Ya le he visto aplaudir, carrera nocturna en un coche de plaza, atravesando calles desiertas, y M. Tho•
y más que nadie; y cuando me dieron su tarjeta, me dije: es de ese señor ancia- massiére había acompañado á la señorita Capín á su casa, calle de Pigalle, y
no que aplaudía tanto (Thomassiére se sonrió). Y aquí tiene usted explicado allí, delante de una puerta cochera, ella le presentó la frente corno á un padre,
para que la diera un beso, asegurándole que no tenía miedo de subir sola la escapor qué he venido aun sin conocerle.
El viejo notario oyó un poco mareado el relato de la cómica. La historia de lera... Y como el notario exhalara un gran suspiro de tristeza y desencanto, ella le
la cuerda, alegremente contada y salpicada del pintoresco caló de los coliseos, dió permiso para ir á verla al día siguiente, y hasta le había rogado que fuera ...
Luego, después de un prolongado apretón de manos, cerróse la puerta bruscale hizo el efecto de una narración fantástica. La sustitución de una Escuela laica por otra, la intervención del representante de la empresa, la nota puesta so- mente separando á Margarita de M. Thomassiére... y volviendo á subir al coche
bre el cartel, parecíale sorprendente, improbable, irracional; y sin embargo, era en donde t~davla flotaba un embriagador perfume de mujer, el notario había
la pura verdad; en vez de la señorita Vernier, tenía delante de sus ojos á Mar· dado sus senas al cochero, y á üoco entraba en el hotel de la calle Bergere sagarita Capín, y por tanto no se trataba ya de arrancar á su hijo de los brazos boreando aquella inesperada novela de amor.
de una mujer. Margarita Capín no pensaba en casarse con Teodoro. ¡Buena
(Continuará)

�686

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

513

posible elevar suficientemente el potencial y la frecuencia. En cualquier punto de un circuito conductor puesto de este modo á una alta temperatura hay
EXPERIMENTOS DE M, TESLA
un
desprendimiento de calor apreciable, tanto más
SOBRE LAS CORRIENTES ALTERNATI VAS DE GRAN FRECUENCIA
elevado cuanto mayor es la frecuencia de los camApenas comenzada la exploración de lo que á las bios de potencial. Y si se opone algún obstáculo al
corrientes alternativas atañe, nuevas investigaciones cambio de lugar de las moléculas as( calentadas puemuy recientes parecen ensanchar indefinidamente de elevarse la temperatura hasta la incandescencia

La comunicación de M. Tesla termina indicando
un medio de producir corrientes alternativas de gran
frecuencia sin recurrir á máquinas especiales dispendiosas y de construcción difícil, fundándose en la
propiedad de los carretes de inducción y de los condensadores. Cuando las bornas de un carrete de inducción de alta tensión comunican con una botella
de Leyden que se descargue disruptivamente en un
circuito, el arco que surge entre la'S dos bolas donde
la chispa disruptiva se produce puede ser considerado como fuente de corrientes alternativas de una
frecuencia enorme, ó más exactamente, de corrientes
ondulatorias,
Como los efectos electrostiticos se manifiestan en
un circuito prácticamente cerrado, son naturalmente
muy útiles, pero se puede aumentar su intensidad
(fig. 10) enviando las corrientes alternativas provenientes de las descargas disruptivas periódicas del
condensador al circuito primario de un carrete de
inducción, cuyo secundario proporciona las necesarias diferencias de potencial alternativas de gran frecuencia. Para este experimento (fig. 11)1 M. Tesla
Fig;. I, 2 y 3· - Experi11!mtos de_ M Teslf!, - Fig. I. Molinete eléctrico, - Fig. 2 Efluvio producido por un hilo cubieito
monta el condensador en derivación sobre el circuito
de seda. - Fig. 3. Filamento mcandescente en un globo no vado de aire; rotación del filamento
inducido del carrete, cuyo primario está alimentado
los límites del campo de aquélla, extendiéndolo á de un cuerpo: tal sucede con un filamento muy fino por un alternador ó por una corriente interrumpida.
regiones casi desconocidas en donde encontramos á encerrado en un globo de cristal, sin necesidad de El circuito de bajo potencial también está montado
en derivación, pero intercalando en él un espacio de
cada paso la sorpresa, la paradoja, lo inverosímil. hacer el vacío en éste. El experimento
Uno de los que más interesantes trabajos han reali- representado en la fig. 3 resulta todazado en este terreno es M. Nicolás Tesla, cuyas in- vla más interesante por el hecho de
vestigaciones, presentadas hace poco al American describir el filamento un cono alredelnstitute of Electrica/ Engineers, de Nueva York, dor de su punto de conjunción y de
si no absolutamente nuevas todas, constituyen, ep aparecer, por ende, como un embudo
conjunto, un trabajo importante que formará época luminoso, cuya abertura aumenta ó
en la historia de los progresos de la ciencia eléctrica. disminuye según se haga variar el poT odos los fenómenos de descarga á que dan lugar tencial.
las máquinas electrostáticas comunes pueden ser rt!•
M. Tesla ha presentado al American
producidos por los carretes de inducción cuyo pri- Instilute of Electrical Engineers multimario esté alimentado por una corriente de gran fre tud de disposiciones merced á las cuacuencia, pero los experimentos se presentan con ca- les se obtiene la incandescencia de alrácter mucho más marcado por las cantidades de gunas substancias refractarias sencillaenergía eléctrica incomparablemente mayores que la mente empalmadas á un carrete que
corriente alternativa desarrolla. El molinete eléctri- permita elevarlas á potenciales altos de
co, por ejemplo (fig. 1), presenta el aspecto de un gran frecuencia: bajo este concepto
verdadero efluvio giratorio ó de un sol iluminado presentan mayor interés y novedad sus
por las descargas electrostáticas. Un hilo de cobre mvestigaciones. Uniendo una lámpara
cubierto de algodón, fijado en una de las bornas del de dos filamentos á los dos extremos
carrete (fig. 2)1 produce efluvios luminosos que lo en- del carrete se obtiene la incandescenvuelven por entero, y un hilo cubierto de gutapercha cia de éstos (fig. 4), lográndose igual
ó de caucho, puesto en las mismas condiciones, pare- resultado con dos bloques refractarios
ce envuelto en una vaina luminosa.
unidos á dos conductores (fig. 5); en
· Si se colocan en las bornas de un carrete dos co- ambos conos las partes que se quiere
poner incandescentes deben estar encenadas en el vacío más completo que
pueda conseguirse. Una lámpara de un
solo filamento uncido al carrete por un
Figs. 8, 9 y. 10. - Expmºmentos de M. Tesla. - Fig. 8. Lámpara con filasolo hilo también se ilumina (fig. 6).
mento único y condensador empalmado con una lámina de superficie
Como el grado de incandescencia
variable que permite hacer variar el fulgor de la luz. - Jo'ig 9. Ilumina•
de sus filamentos y su resistencia á las
ción de tubos vados aislados en el espacio y sometidos á la influencia
altas temperaturas dependen de su nade un campo electrostático variable de grandísima frecuencia. - Fig. 10.
Producción de corrientes alternativas de gran frecuencia por medio de
turaleza, parece que empleando mateun carrete ordinario y de descargas disruptivas,
rias muy refractarias se podrá establecer de este modo lámparas eléctricas
de larga duración y que llevadas á un alto grado d. aire en el que se produce la descarga disruptiva. Si,
incandescencia tendrán una producción lumínica como representa la figura, este circuito está formado
muy superior á las ordinarias. Los efectos de estas por una barra de
lámparas de un solo filamento pueden variar en in- cobre muy contensidad dentro de grandes limites, aumentando su ductora, este
capacidad: basta para ello proveerlas en su parte su- conductor es reperior de un casquete metálico (fig. 7) que forme al sidencia de vermismo tiempo reflector, y poner en comunicación daderos nudos
este casquete por medio de un hilo conductor con y abultamientos
una lámina metálica aislada, cuyas dimensiones se entre los cuales
varían (fig. 8), variando así con gran facilidad el bri- existen diferenllo de la lámpara. Análogo procedimiento puede em- cias de potenplearse para producir la iluminación de las lámparas cial variables de
con dos filamentos de que herr.os hablado, con sólo un punto á otro.
u_nir uno de los hilos al carrete y el otro á un cuerpo De una de las
a1Slado de dimensiones apropiadas.
formas de realiPero el experimento más curioso es indudable- zar es.te experiFigs. 4, 5, 6 Y7. - Experimentos de Al, Tesla, - Fig. 4. Lámpara mente aquel por el cual se obtiene la incandescen- mento parece
c_on d_os filameot?s. - Fig. 5. Lámpara con bloques refracta- cia, la iluminación de tubos de gas rarificados, sin desprenderse
nos aislados. - F1g 6. Lámpara con filamento único. - Fig. 7. ningún conductor. El principio de la disposición está que el aire enLámpara con filamento unico y reflector formando con- claramente indicado en la fig. 9; entre dos planchas
rarecido es para
densador.
conductoras paralelas dispuestas á gran distancia las corrientes allumnas metálicas cuidadosamente cubiertas de ebo- una de otra, aisladas del suelo y entre sí, se crea un t e rn a ti vas de
nita y se ci~rran todas las rendijas y junturas para campo electrostático alternativo de gran frecuencia gran frecuencia
que el efluvio sólo pueda producirse en los dos extre- uniendo las dos planchas con las dos bornas de un mucho mejor Fig. 11, Ex¡,trimentos de Al, Tesla. mos, obtiénense dos verdaderas llamas casi blancas carrete de inducción, alimentado por un alternador conductor que Iluminación de lámparas de incandes•
provistas de shunt mediante un
en su base, que en la obscuridad presentan el aspec- de gran frecuencia. En estas condiciones basta colo- los filamentos cencia
conductor de cobre de bastante diámeto de dos llamas de gas que se escapen bajo la acción car en un punto cualquiera del campo y en dirección de carbón, pues- tro. Producción de nudos y abultade una presión excesiva. Según M. Tesla, lo que paralela á la suya propia tubos prolongados llenos de to que al pa- mientos en el conductor.
así se ?btiene son verdaderas llamas, y aunque no gases enrarecidos para que estos tubos se iluminen sar la corriente
tan calientes como las de un mechero de gas po- en_ seguida á pesar de no contener parte alguna me- eléctrica en ciertas condiciones aquél se ilumina y
tálica y de no estar en comunicación directa con las el hilo no,
drían llegar á la misma temperatura de éstas ser dos
placas conductoras.
SECCI Ó N CI ENT1FI CA

•

------'-=

á

(De La N.1ture)

N úMERO

LA

51 3

687

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART1STIOA diríjanse para. informes á. los Sres A. Lorette, Rue Oa.uma.rtin,'
núm. 61. Pa.rís.-Las casas espa.fíolas pueden hacerlo en la oficina. de publicida d de los Sres. Oa.lvet Y O.•, Diputación, 358, Barcelona.

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~ demu porga11te11, este 110 obra bien
IIUJO cua11do llfl toma co11 bue11os alimeneo11

Ybebidaslort.i1Jca11tes, cual el vino, el call,
el &amp;6. Cada cual escoge, para purgar,e, /a
hora y la comida gus mas le co11rfenen,

ocopac1011e,. Como 11 cauau
ero que la purga ocuio11a queda completam111tea11uladoporsl electode la
)aena alúlle11tacio11 smplsada,uao
,. decide fllcilmente II volver
41mpe111r cuanta, rece,

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Todo pedido, á contar desde 50 Ptas.
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derechos de aduana á todas las Jocalldades de España servidas por ferro•
carril, mediante un recargo de 22 O/o
sobre el Importe de la factura.
Las expediciones son hechas libres
de todos gastos hasta 1a población
habitada por el cliente y contra reembolso.es decir , á pagar contra recibo
de la mercanc1a ; los clientes nó
tienen pués Que molestarse en 10 más
mlnlmo para recibir nuestras remesas
todas las rormalldades de aduana habiendo sido cumplidas por nuestras
casas de reexpedición.

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Madrid: Plaza del Angel , /:2
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Becomndadu contra loe Malea de la Garganta,
En!notonea de la Vos, Inflameolonee ele la
Booa, Eteotoe perntotoaoe del Mero~ , Irtlt.olon ![118 produoe el Tabaoo, J apectalmtDI&amp;
6 loe Snn PREDICADORES ABOG+?08,
PllOFESOIUlS y CANTORES para faethlar la
emioion de la •os.-P11mo: 12 Ra.u.ae•.

,

Se rende en toda, la, buena, farmaolas.

Printemps
MM. JULES JALUZOT &amp; C''

_..,¡

EnfermedadeSdetPecho

Querido enfermo. _,,.,. Vd.• mi lart• uperlenola,
hila uao duuutroe 8/tANOSdeSALIIO,pu~ e//01
,vrarh de eu oon1t1p10/on, le darh•,s,,tito 1 le
dero/ur•n ti 1u1ño 1 I• 1/tfr/1, - A1/ ,,,,,, Vd.
'euohH añOf, d/1frutando 11emprt de una buena 11/11'-

!, 1'11e des Lions-St-Panl, l Paril. ,.

Deposito en todas 1.., princii,alea Boticas y Droguerlu

JJIIJtQfr "' 11 rot11lo • /INIUJ
•
Adh. DETBil, Farmaoev.Uoo en PAJUB

APJ:OL
de los orea JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/ore,, retruo,, eupre1/one, 1, las llpoc u , asl como las p'rdlda,,
Pero con frecuencia es falsificado. El API OL

verdadero, único eficaz, es el de los Inventores, los n n, JORET y HOMOLLE.

MEOA LLAS Exp.. Un/r1•L0N0RESf862·PA RIS 1889

Far• BRUIIT, 150, ne d1BJvoU, PA.RIS

�688

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

513

cia analiza concienzuda é imparcialmente
una por una las piezas que en aquéllos se
tocaron, fijándose no sólo en sus bellezas
intrínsecas, sino en la ejecución, cuyos pri·
mores elogia con justicia.
Véndese al precie de una peseta en las
principales librerías y establecimientos
de música.

LIBROS ENVIADOS A ESTA llEDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
CUMANDÁ Ó UN DRAMA ENTRE SAL·
VAJES, novela por D . /ttan León Miera,
Miembro correspondiente de la Real Academia Española. - «Dijérase que está es·
crita por un Fenimore Cooper del Sur,
mas caliente y brillante que el del Norte »
«Cumandá es de lo más bello que como
narración en prosa se ha escrito en la
América española,&gt; así se expresan ha·
blando de esta obra Alarcón y Valera, y
ante tales afirmaciones de los ilustres
maestros, huelga toda ulterior alabanza.
El libro ha sido editado por don Fer·
nando Fe, de Madrid, y se vende al pre·
cio de 4 pesetas.

.

••

.

ROSARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL
PILAR, por Pedro Gascón de Gotor. - In·
teresante estudio en que se describe el
origen y desarrollo de este Rosario, en
ameno y elegante estilo y con gran copia
de curiosos datos. Va precedido de un
hermoso prólogo del Ilmo. Sr. Obispo
auxiliar de Zaragoza y de una sentida
poesía del Sr. barón de Hervés, y lleva
bonitas ilustraciones de D. Anselmo Gascón de Gotor.
Véndese al precio de una peseta en
casa de los autores, Contamina, 25, 3. ,
Zaragoza.

**•
ALFREDO DE MUSET, por E . Zo/a. La galería de extranjeros ilustres que con
tanto éxito vienen publicando los señores
Sáenz de Jubera hermanos, de Madrid,
acaba de poner á la venta la biograffa de
A. de Muset, escrita, como las anteriormente publicadas, por E. Zola. Es un estudio ameno é interesante en un bonito
tomo que se vende al precio de I peseta
en las principales librerías.

.•.

CÁMARA DE COMERCIO DE MANILA,
INTERROGATORIO Y SUS CONTESTACIO·
NES. - Colección de los treinta y cinco
informes con que el comercio nacional y
extranjero de Manila contesta al interrogatorio que la Cámara de Comercio le di·
rigió para conocer su opinión en punto á
los nuevos aranceles puestos en vigor el
1. º de abril del presente año. Contiene
datos interesantfsimos y muy dignos de
leerse, que ilustran en alto grado la cues•
tión económica que tan ta importancia
tiene para nuestra patria y nuestras posesiones del Pacifico.

.•.

EL CABECILLA, novela por f. .Barbey.
- De esta preciosa novela ha dicho Zola:
&lt;Para los que busquen el interés de la narración, no conozco libro más á propósito que El cabecilla; jamás ha cafdo en mis
manos novela que despertara mas vehementes deseos de llegar al fin. Es la obra
de un hombre de talento.&gt; ¿Qué mayor
elogio puede hacerse?
El libro editado por la casa de Madrid
Sáenz de Jubera hermanos, se vende en
las principales librerías al precio de 3
pesetas.

SENTIDO DEL PROGRESO, dismrso leido
por D. Elíseo Gt1ardiola e,i ·la Asociación
de Escritores y Artistas. - Hemos recibí·

MANCINELLI Y LA SOCIEDAD DE CON·
CIERTOS EN BARCELONA, por E11riqt1e
Sánche~ Torres. - El éxito tan extraordi•
nario como merecido que obtuvieron en
Barcelona los conciertos dirigidos por el
maestro Mancinelli, justifica la publicación de este foUeto, en el que el Sr. Sánchez Torres, con su reconocida competen•

do impreso este trabajo que se lee con
sumo gusto y que prueba la justicia de los
elogios que al leerlo su autor en Madrid,
en la noche de JO de junio del presente
año, le prodigó la prensa madrileña; en
él hay buen caudal de doctrina y se reve•
la gran erudición y recto criterio, igualmente apartado del exagerado optimismo
de Leibnitz como del tétrico pesimismo
de Hartmann.

•••

• ••

BUENOS AIRES. - TEATRO MARTÍS, incendiado en la noche de 2 de septiembre último

CARNE
HIERRO y QUINA
ío~le IIJIÍdo a los 'rómcoa mu reparadores.

ENFERMEDADES

ll Alimento

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
• BJSMUTBO y MAGNESIA

lleeomendadot conlra lu .Afooolone■ del Est6•
mago, Falta de Apetito, Dtge■tlone■ labo·
riOIIU, Acedias, Vómito■, Eruoto■, y COUoo■;
Ngularlzan la■ Funoion• del EatOmago y
da lo■ IIM■■tlnoe.
Exltlr III el rotulo I frrñl d• /. FAYA lfD.
A.dla. DETIIAN, Farmao■utloo en P.&amp;BJB

DW

VINO.,.t:aa•FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS HDCClPlOS tctmlJTtVOS DB U. CAI\NE
y flJDl.&amp;1 Dtes años de mio oonttnuado y las &amp;1lrmactonea de
todu laa em.tnen01u médícu preubln que esla uoc11Cion ele la Clarae, cJ Dlerre y la
ttt,1- ooneULuye el reparador maa en~nz100 que se conoce para curar : la Clordlfi, la
1 ntmfa, las J l e , u t ~ dol/WMU, el J/mporw«'mknto y la A 1terac1o11 ae liJ Sangre,
el llllQUIUlmQ, Lit A / ~ e.cro(Ulosal Y acorbutjejU, etc. El 1'1■• Perrust-H de
A.Hu41 ea, en electo, el único que reune lod.o lo que entona y Cort&amp;Iece loe organoe,
regut~~, coorden&amp; y aUIDenla oonstc1erablemenle Ju tuerzas ó tntunde a la aan¡re
empobn,cida y descolorida : el Y4Qor, la e ~ y la 6Mrgw, tn't4l,
CI.&amp;--.

Por naror,ea Paril, en casa de J. FEW, Farmauutico, iOI, rue Richelieu, Sucesor 4e AROOD.
P VKKDS BN TOD.6.S L.lS PaDIClP.u.&amp;S BOTIC.t.S

EXIJASE ■1i:~. 1 AROUD
i1f.t9ADES4,1 E8Tnb
~ rtrt4flo

i'tJ~

Pepsina Boudault
Aprobada por 11 !ClDEIU DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO Al O' CORYISART, EH 1856

,, JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ~
.rannao,a, C.ALL• D• &amp;.IJ'OLi. l 60, 11".A&amp;.I•, a, ... udae lae l•rttloo,_
KI .TA.R.ABB DE BRI.AN7'recomendado deadt au ?rlnctpto por los proresorea
~ennec, Tb•nard. Oueraant, etc.; b.s rectlihto la CNlllaíJ'aCIÓn del tiempo : en el

ano t829 obtuvo el prtv11eg10 de lnvenct6n. VEIDADEIID COIFITE PECTORAL, con base
de goma J d§ lbabolea, conviene 1101&gt;re todo a las peraonaa dellcadas como
mQJeree J ntnos. su gusto excelente no perJudlca en modo alguno á su i11cac1a
._' con,tra 108 ll!SFRUDOS J todas las IIFUJl.lCIOIIES del PECHO -y de 108 IITESTIIOS. ....1

Medallu en la, Bxpo1lclonH laternactoa&amp;lH d•

PHIS • LYOI • f!Elll • PIIUDELPIJJ. • PJ.RIS
116'7

l67i

18;3

IB76

1171

6Itro n u.
DISPEPSIAS
0 A8TRITl8 - OA8TRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PEN08A8
,ALTA DE APETITO
u

UPL&amp;l COR IL ■noa

T 0Tao1 DHOIJtlUIII D■ Ll DJIIITl-

JARABE Y PASTA

~/'A,.?J)s Farmateutlco, o Par!J,
~ R u e Bonaparte, 40

de H. AUBERQIEFI

8,\1O U. FORIIÁ DI

001 l:.AC'nT~ (Ju111 l1ohoao de Lechuga)

ELIXIR- · de PEPSilU BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSIN.1 BOUDAULT

.Aprobado• por la Aoad•ml• de JdedlobJa de-Parta é tinerfadoa en Ja CoJeccJón
Ortotal de F6rmula• Legal•• por deorefo mtnáferJal de 1 o de Mar■o de 1854,

PWS, PW'ID1ole COLLAS, 1, nao D11phile
J ""' la1 l'""'tiNllt• fat'Wt'lCCat.

e Una completa lnnocutdad, una encacla perrectamente comprobada en el catarro
IJX(Stm,co, ~as Bronqu,t,,. Catarro,, Reuma,, ro,, cuma é ,mtacwn de Ja rar¡ranta han

grangeado al JARABE y ~ASTA de AUBERGIER nna Inmensa !ama.,.

•

(Bstraoú üt Formulono Mldieo '4l S., Bovdorllot caúdr~iff ü t. Fac..tlall ü Me,iciu (tGo •dici4tsJ
Venta por mayo~ : COIU.B 1" e♦, • • Calle de St-Claude, PARlS
•
DEPOSITO 1K LAS PIIINCIPALEII BOTIC48
.

.

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
~peclalmente contra las E1crofulu, la
·u■ts y la Debilidad 4e temperamento,
as! como en todos los casos(Páll401 colorea,
4.tnenonea, ••&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó y;,. para
provocar O re¡ularizar su curso per!Odlco.

El ioduro de hierro Impuro ó alterado
N
, B, es un medicamento lnilel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de

las verdadc,ras Plldora. de lJlancard,
exigir nuestro ae11o de plata reactiva,
nuestra firma puesta al p1é de una etiqueta
verde y el Sello de gar-antla de la Unl6n de
loa ,a11r1cant11 para larepreslón de la!alsi0cación. 6
1 • SB lliLLAff Q

TODAS LAS FAI\MACIÁ&amp;

PATE ·EPILATOIRE DUSSER

d ~ 11uta tu IIAl~ES el YELLO del l'Ollrt de lu 4mu (llark, B!ro~. etc.), 111
lllfU pellJro para el aiua. 10 Aiioa 4t flstto , 7111illare, de ltlti■onioa fl'Ullwi la eflmi•
•u ,reparadoa. (S. ftMe ,. ,.Jaa, Pll\. la buba, 7 ea 1/2 HJ•• pan ti blpi.
p.,,
w IN llruel, ...... el l'ILJ f'(UIM. DVa&amp;:ma. l,rueJ.•J,.J\OQH■aU. P arla

u,.,.,.

,

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

b,:r. na

MONT.tNU

y S1wó •

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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•

BARCELONA

2

DE NOVIEMBRE DE 1891

J

CATEDRAL DE LEÓN.-PINTURAS MURALES DEL ÁBSIDE

NÚM. 514

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúME~O 514

mos contar como una de las primeras esa fatalidad se había reído tanto del adivino y de su anuncio, ve
irremediable del carácter, como decimos vulgarmen- toda la verdad y corre hacia su estancia para oculte hoy, tan imperiosa en la complexión psíquica co- tarse á quien resulta, por fin, en cumplimiento de
Texto, - l'rlummraciones europeas: La primera representa• mo en la psicÓlógica y contra la cual necesita mucho los hados, hijo y esposo suyo. El infeliz, aunque adción de un drama en Macirid: Maria Egzpciaca, de Rafael
Santistcban: El Edipo Rey en el teatro francés: La eter, erguirse nuestra nativa libertad personal. Toda obr~_ vlerte la turb~ción de Jocasla y el gest9 _con que ha
na verdad de las fatalidades füicas: Las familias papales en de arte donde resalten las múltiples fatalidades que dejado su pres.encia, lo atribuye todo al horror causa•
Roma: Su decaciencia inevitable: Venta del retrato ele Cé- cercan al hombre interesará, porque ah{ está la eter- do en·su orgullo regio al saberse casada con un mísar Borgia por los Borgheses al barón Rothschild: Consid~ na tragedia humana, en el combate con la fatalidad. sero expósito. Edipo. en su ignorancia, se cree toda•
raciones sobre Cé;ar Bvrgia: Su retrato histórico: Bello baJO
, relieve riel Parlamento francés: Encuentro del maestro de Así no causa maravilla que haya interesado en el vía inocente y se burla de los dioses á más y mejor,
ceremonias regias con el pensamiento de M irabeau en Ver- teatro francés la tragedia de Sófocles el Edipo Rey. después de sabida la muerte natural del padre á quien
salles: Conclusión, por Emilio Castelar - Narracio11es, ¡Ale- ¿Quién desconocerá la parte de fatalidad reinante hahía conocido y la generación suya por desconoluya!, por Juan B Enseñat. - SECCIÓN AMERICANA: El con imperio incontrastahle sobre todos nosotros al cidos. que le da perfecto motivo para creerse feliz
Beaterio de Huanuco (conclusión), pnr Eva Canel. - Nues ·
engendro de la próspera fortuna El coro mismo, el
tros J[ra/,a,/os - La Cuerda (conclusión), por M. Julio Ciare• columbrar la sombra del Edipo ciego en el arte y en
tie (de la Acad~mia F'rance5a), con ilustrar.iones de Juan la historia? Un oráculo hale dicho como está desti- pueblo, propicio á un rey que lo ha libertado en otro
Beraurl, trnrlucción de F'. M Godino. - Libros enviados á nado á matar al padre q'ue le prestara su ser y á man- tiempo de la esfinge y que ahora lo lihertará de la
esta Redacción por autores ó editores.
char con torpe incesto las entrañas que lo echaran peste, se pregunta si por acaso resultará hijo de una
al mundo. Para burlar el cumplimiento de tal horós- ninfa semidiosa ó de un dios~aficionado á la umbría
Grabados. - Catedral de León. Pinturas murales dtl ábside.
- Mi modelo, cuadro de Andrés Petroni. Retrato de juan copo, huye á la casa paterna Edipó, ignorando ha misterio~ísima de los pino~ y al melodioso cantar de
Mo,1/orl, obra de Van Oyck (existente en la Galería de los ber entrado en ella por adopción y no por nacimien- las campiñas Pero poco á poco todas estas interro•
Uffizi de Florencia). En el corral. cuadro rle D José Arpa to. Sus padres, Jocasta y Layo. conocedores tam- gaciones van abriendo la memoria del infeliz al re·
-Interior de 111i es11tdio, cuarlrn de D Jo~é Arpa premiado
cuerdo viejo de que un día mató á temerario anciano
en la Exposición rle Bellas Artes de Berlín, 1891). - Cate· bien de la nefasta estrella bajo que naciera, lo habían en desfiladero de la Focia, y liga esto con la nueva
mandado
matar
en
áspero
monte
y
lo
imaginaban
dral ,le León Sillería del coro. - La noc/1e, escultura de Miguel AnKel (existente en la capilla de los \1 édicis rle Flo· muerto. Pero el encargado por ellos de cumplir la anunciada por Corinto de que lo descolgaron niño de
rencial - Seis grabados correspondientes al final de la novela sentencia implacable, sintiendo asaltos de compa- una encina donde lo habían colgado con correas en
tituloda La Cuerda, El guitarrista, abanico pintado por sión, dejó vivo al tierno infante y le adoptaron los la garganta del Citerón Entre tantas perplejidades
Fortuny.
reyes de Corinto llamados Polibio y Mérope. Al sa- quiere de nuevo consultar á Jocastra, y ]&lt; ,castra en
ber la suerte que le deparaban lo, hados é irse de su vergüenza y en su dolor acaba de ahorcarse, y la
Corinto para cualquier otra ciudad donde no pudie- encuentra muerta y suspendida del techo de la nupMURMURACIONES EUROPEAS
ra ocurirle análogo peligro, encontró Edipo á Layo, cial cámara donde se ha cometido el incesto. Enton·
POR DON EMILIO CASTELAR
su padre, quien le insultó y le apaleó, constriñéndole ces E iipo coge las áureas agujas en forma de corpor fuerza casi á que, cegado de la natural cólera, chetes con que Jocasta suspendía de sus hombros el
La primera representación de un drama en Marlrid, - María despertada en el agraviado por los agravios, según regio manto, y se saca los dos ojos. Nada tan trágico
E gipciara, de Rafael Santisteban - El Edipo Rey en el tealey de propia defensa. lo mata ra Camino de Tehas y terrible cerno la figura del criminal inocente que
tro francés. - La eterna verdad rle las fatahrlades físicas.
Las familias papales en Roma. - Su decadencia inevitable había una esfinge, la cual devoraba los viandantes ha puesto empeño sobrehumano en vencer al desti- Venta del retrato de César Borgia pnr los Borj!heses al que no sabían responder á sus preguntas ni desci- no y ha resultado vencido por la fatalidad reinante
barón Rothschild. - Consirleraci,,nes sobre César Borgia. - frar sus enigmas Los hijos de Tebas demandaban sobre todo el universo y contra la cual una gran parSu retrato histórico. Bello bajo relieve del Parlamento
francés - Encuentro del maestro de ceremonias regias con el un salvador que los libertase del monstruo y resultó te de nuestra íntima libertad propia se rompe y espensamiento de Mirabeau en Versalles.-Conclusión.
su salvador Edipo. No sabiendo los tebanos cómo trella. As{ cuando vemos á este bienhechor de su
pagarle tal servicio, casáronle con su reina viuda, pueblo que ha libertado una comarca entera de plaI
J ocasta, y diéronle así en premio su tálamo y su gas horribles con sólo descifrar un enigma, después
trono regios. Hase cumplido, pues. la profecía del de haber vencido á la muerte, desgraciado, ciego,
No hay recreo comparable á un estreno de come- oráculo antiguo Edipo ha inmolado á su padre y errante, hijo parricida, marido incestuoso, padre india ó drama en Madrid El teatro parece un salón casádose con su madre sin saberlo ni presentirlo. feliz, transmitiendo á sus hijos el vínculo perpetuo
inmenso y el público una escogida tertulia. Lo más Esta gran tragedia se abre á la hora misma en que de un deshonor eterno y la herencia inextinguible
difícil en toda co'ectividad meridional, una constan- tales crímenes van á encontrar su expiación. En el cre• de una fatalidad verdaderamente adversa, nos parete atención, se logra desde los primeros minutos y se púsculo entre la felicidad y la desgracia, se abre la ce ver la condensación de las lágrimas que se han
mantiene toda la noche Menudean las emociones, grande acción y surge con verdadera oportunidad vertido en todos los dolores y de la sangre que se
ora por la novedad natural de toda obra desconoci- el protagonista. Y á la verdad, todos hemos entre• ha derramado en todas los crímenes á causa de la
da, ora por el calor de la conversación y del diálogo. visto en nuestra vida el Edipo rey entre los pórticos irremisible contingencia que acompaña eternamente
Como la pasión reina con tan soberano imperio so- de Tebas, aclamado por el pueblo, la corona de á nuestra especie.
bre nosotros, fórmanse al vuelo en el público dos Layo en sus sienes, el manto de púrpura en sus esfracciones contrarias: los amigos y los enemigos del paldas, iluminado por la felicidad que procura el
II
autor. Aquellos que no participan de tales afectos, mandar en bien de todos y marcada la frente con el
los aficionados verdaderos, convierten el oído para nefasto sello de su horrible destino. La peste sin
Y puesto que hablamos por fuerza de irremediasaber y los ojos para indagar el fundado juicio á los embargo diezma terriblemente á Tebas. Edipo inves bles desgracias, hablemos de la imperante hoy sobre
maestros en letras y á los críticos de nota. Los maes- tiga la causa de tal plaga y los medios de ahuyentarla. las familias papales romanas Lo muy longevos que
tros alolecen, aunque muchos los crean semidioses, El oráculo dice que los aires contir.uarán pestíferos han sido estos Papas reinantes en la segunda mitad
de sus correspondientes pasioncillas y dicen con aire mientras aliente allí en ellos el asesino de Layo del siglo, lo muy contraria que resulta la ruina del
misterioso á las gentes profanas lo que han callado Edipo quiere saber quién sea y consulta el mago poder temporal pontificio á sus antiguos dignatarios
al autor cuando fué á consultarlos, bien que por no más profeta y sabio de toda la comarca Pocas esce- y cortesanos, lo muy nivelador de las leyes liberales
herirlo y hacérselo contrario, la verdad. El critico nas tan trágicas cual esta, verdaderamente sublime. de desvinculación y desamortización, todo cuanto
suele creer su oficio reñido con toda benevolencia, y Ciego el adivino para 1as cosas presentes y materia- sucediera en los últimos lustros ha destruido ese
frunce las dos cejas con olímpico aire, y sonríe con les, ve la idealidad etérea de lo pasado y lo porve- patriciado. que tenía palacios como los regios de
despreciativa sonrisa, y suelta fórmulas entre los que nir. Por ende ha visto el crimen que inocentemente nuestra Europa, bosques y jardines tan extensos
van á consultarle; pero al fin concluye por enterne- perpetrara Edipo y la expiación que le aguarda. As{ como los últimamente plantados y arreglados por las
cerse y por profunciamente persuadirse á creer que resístese á las interrogaciones del culpado inculpa- primeras capitales, galerías de cuadros y estatuas
en esta sociedad madrileña, donde todos nos cono- ble. Pero sus preguntas le asedian en términos de tan ricas en artísticos objetos corno los Museos cacemos y nos tratamos, huelga el rigor, y los jueces arrojarlo, contra su voluntad, á respuestas mezcladas pitales del mundo. Así el príncipe Borghese ha tenide las letras deben parecerse á Dios en resplandecer con cierto dejo de ironía. Edipo se ciega de cólera do que vender al barón Rothschild su retrato maramás por su misericordia que por su justicia. De to- insufrible ante la resistencia, y acusa nada menos que villosísimo de César Borgia pintado por el divino
das suertes las primeras representaciones son diver- al adivino de la castigada muerte y le conmina. con Rafael. Con esta ocasión y motivo hase disertado
tidísimas y procuran de seguro á los asistentes un amenazadoras y coléricas palabras. Empujado por mucho acerca de la controvertible autenticidad del
goce intelectual y artístico intenso. Túvelo yo en la tamaña temeridad el adivino declara todo cuanto retrato y mucho más aún acerca de si lo pintó Raprimera representación del drama titulado María sabe. Impacientísimo Edipo con impaciencia verti- fael ó no. Yo digo que si no es el retratado César
Egi¡,ciaca,obra de un amigo mío muy aplaudido por ginosa por la verdad desnuda y completa, desconó- Borgia, debe serlo según se parece al monstruo que
su gracia é ingenio, de Rafael Santisteban. Y eso que cela con ceguedad en cuanto la sabe con certeza. nos ha legado la tradición; y si el retratista no es
no tuvo su dram·a el feliz logro deseado por cuantos Una carcajada siniestra responde á la revelación trá- Rafael, debe serlo por el mérito sobrehumano de tan
reconocen facultades muy varias en el autor. aplau- gica. Así despide al adivino y le refiere á J ocasta excelsa pintura. Con esta ocasión y motivo casi todos
didísimo por obras de otro género en la misma espe- cuanto le han dicho Jocasta se burla de las adivi- los escritores hanse parado á contemplar el prototipo
cie literaria. Rafael posee un talento cómico muy nanzas con él, asegurándole cómo su hijo, 5u engen- retratado por el altísimo maestro Parémonos ¡ah!
grande y variado. Las muchas victorias alcanzadas dro, destinado á la inmolación de Layo y al incesto nosotros también y contemplemos á César Borgia.
en comedias y zarzuelas y piececitas no me dejarán con ella, murió expuesto en recóndita montaña. No me parecen baladíes la enseñanza desprendida
mentir En el drama se halla fuera por completo del ¿Quién creerá ya en el mundo los oráculos? Apolo del conjunto de sus desgracias y el conocimiento
centro de gravedad suyo, según la ley natural de su debe callarse allá en su templo de la orgullosa Del- que se aquista, contemplándolo, de su extraña époingenio, y va sin objeto y sin fin en una carrera co- fos. y la terrible Pitonisa descender de la trípode sa- ca. César, dominando en todo á su padre Alejan·
metaria como extraño á sí mismo y extrañado de su grada, porque no la consultarán, después de tal . en• dro VI, juega con la tiara como con dócil instru·
sistema solar. Nunca se arriesgó Aristófanes á com- gaño, en lo sucesivo, y no interpretarán sus palabras. mento de sus desapoderadas ambiciones. Lo primeponer una tragedia, ni Esquilo una comedia. Para la faltas de significación por este palmario desacierto. ro exigido es que lo redima el padre de su carácter
mezcla de lo gracioso con lo trágico necesitase un al- Mientras los dos esposos departen así en confianza sagrado y que lo arranque su capelo, con el cual no
ma excepcional, como lo fueron las almas de Tirso y y en alegría sobre la vanidad y sutileza de los orácu- puede, no, aspirar á los principados civiles y laicos.
Calderón. Santisteban debe desquitarse de su infor- los, llega desde Corinto un emisario con importantes Buen cardenal, precedido de hombres en armas, rotunio último con una buena y próxima comedia. Sin nuevas. En seguida Edipo lo recihe y le pregunta deado de cortesanos y hetarias, con una turba de
el talerito excepcional de María Tubau, que raya tan qué trae. La noticia nefasta de la muerte de s11 pa- conspiradores á un lado y á otro lado otra turba de
alto, no sale del estreno su drama. Y una comedia dre Polihio y la declaración de que había sido él un esbirros y de asesinos; pasando desde las guerras á
suya tendrá cien representaciones. ¡Ah! Entre las hijo adventicio, encontrado expuesto en sitio aparta- las orgías, desde las orgías á los asesinatos; especie
muchas fatalidades que sobre nosotros pesan debe- do de un monte altísimo Al saber esto J ocasta, que de d~uionio nacido con toda la hermosura fisica y
SUMARIO

NúMERC' 514
toda la fe aldad moral que
debió tener el ángel caído
en la hora misma de su rebelión y de su culpa. Un consis·
torio convino en despojarle de
su carácter sagrado. El Papa
mismo aseguró que para salvar su alma era necesario desconsagrar y desungir su cuerpo.
Desde aquel momento fólo
pensó César en dos cosas: en
granjearse la voluntad de cualquier rey que le ayudase á reinar y en hacerse con una mujer cualquiera, en cuya dote
hubiese mucho cebo y mucho
alimento á sus exaltadas ambiciones. En efecto, César Borgia recogió de Francia un ducado, comienzo á mayores empresas y á mayores medras.
Llamóse duque de Valentinois,
y como tal, prestó su homenaje al.rey francés. Aún recuerdan
las crónicas del tiempo todos
los esplendores de aquel espléndido viaje, Agotaron las
fábricas los brocados de oro y
las telas de seda. Vendió la
curia en cantidades fabulosas
todos los beneficios vacantes.
Presentóse César el día de su
partida como una aparición
fantástica de caballeresca novela: sobre la espaciosa frente,
gorra cubierta de vistosísimas
plumas prendidas todas ellas
con broches de rica pedrería;
ceñido al cuerpo, traje de damasco blanco relumbrante de
pasamanerías y de bordados; á
la espalda, la capilla francesa
de damasco negro; al cuello,
deslumbrador collar de fabulosa riqueza; y en torno, un cor·
tejo como jamás lo tuvieran
los reyes, compuesto de príncipes eclesiásticos y laicos, caballeros todos en briosas cabalgaduras, que piafaban de
orgullo y relucían deslumbradoras con sus arneses de vistosos colores, sus frenos de oro
y sus herraduras de plata. Y
había para qué. Este bastardo
de obscura mujer romana, este
hijo sacrílego de epicúreo Papa, este cardenal dimisionario,
este asesino impudente, este
ladrón con corazón ducal, condotiero y jefe de condotieros,
sin pudor y sin conciencia, emparentó con la casa real de
Francia y tuvo por mujer á
toda una hermana del rey de
Navarra. Duque, hijo predilecto del Papa, enlazado con regias familias de Europa, ningún obstáculo se podía oponer
ya en el mundo á sus ambiciones, ningún freno á sus apeti•
tos, ningún valladar á los impulsos de su voluntad intensa
é imperiosa. Como se cuenta
de Tiberio, la hermosura del
cuerpo sólo en él podía compararse á la fealdad del alma,
serpiente venenosa de brilladoras escamas, abismo cubier·
to de aromáticas flores, lago
de superficie azul y de traido·
ras entrañas. Cuantos vayan á
París ahora deben pedir que
les muestren aquel retrato, en
el cual toda vía está vivo, pre·
sentando el tipo perfecto de la
raza heleno-arábiga que puebla las costa~ de Sagunt?,
las huertas de Játiva, las vegas de Gand1a. Nada mas
griego que su perfil olímpico, nada más pérfidamen·
te engañador que su sonrisa tranquila, nada más
vasto que su frente espaciosa, nada más gallardo
que su apostura caballeresca, nada más elegante que
su traje, ni nada más terrible que su alma. Nat?raleza puso en él todQs los medios de la seducción,
todo lo que puede encaQtar al sentido, todo lo qu~
materialmente puede arrastrar, .~ncadenªr y ~OJlll·

LA

ILUSTRACIÓN AKTISTICA

MI MODELO,

cuadro de Andrés Petroni

nar con esa especie de fluido, al que llama la ciencia
moderna magnetismo animal. Todas las delicadezas
de la hermosura femenina habíalas puesto Dios en
robusto cuerpo de atleta, como si quisiese someterle
por la seducción á todas las mujeres y por la fuerza y
la energía á todos los hombres. Abríanse sus labios á
una elocuencia de franca sinceridad y replegábase su
alma en los dobleGe~ de un¡¡. astucia increíble. Pocos
h~n _conocido me.nos la yirtud ni han acertado más á
fingirlJl.. Act9r de_ptime_r. or.de.n, l&lt;\. másc.ara más e~pe-

sa se sobreponía con la mayor
facilidad á las íntimas ideas y
á los interiores movimientos
del alma, que tomaba todos
los aspectos y todos los disfraces imaginables, de igua l
guisa que los demonios de las
leyendas monásticas. Imposible superarle en lentitud para
madurar un plan cualquiera
ni en rapidez para cumplirlo.
Semejábanse sus movimientos
á esas caídas s!Í9itas del milano sobre el pajarrillo, desplomándose de los abismos cerúleos en la espalda de su presa
para cogerla y llevársela ensangrentada, con la rapidez del re•
lámpago, á la vaguedad del
aire. La bondad y la crueldad
le eran igualmente congénitas y
las ejercía indiferente una y
otra1 según las necesitaba. Nadie más avaro en adquirir ni
más pródigo en dar. Todos los
caminos le aparecían iguales,
con tal que condujesen á su
meta. El mismo desprecio tenía porlas personas que por las
cosas; y como rompía una joya
¡oh! asesinaba á un hombre. Tu·
vo todas las grandezas; la religión, el arte, la ciencia, el poder, la poesía, la política le iluminaban con sus resplandores
y no supieron hacerlo grande,
porque le faltó la única grandeza que granjea la verdadera
inmortalidad, la grandeza mo·
ral. Los hábiles del mundo, los
políticos de la razón de Estado,
los adoradores de la victoria le
llaman grande y digno de estudio y de envidia por haber sabido prescindir de la conciencia y haber encadenado la for·
tuna, mientras llaman pequeños
y misérrimos y despreciables á
hombres como Savonarola ó
como San Francisco que sólo
han sabido amar, padecer y
morir. Pero en torno de César
Borgia y de su nombre, las fu.
rias de la historia, coronadas
de serpientes que silban y que
derraman veneno de sus fauces
entreabiertas, arrojan toda suer·
te de maldiciones, las cuales se
dilatan de siglo en siglo y ex·
tienden el frío del odio de generación en generación, mientras en torno de San Francisco
de Asís, en torno de Savonarola, como en torno de todos
cuantos han sabido padecer y
amar, los monasterios se levantan, las leyendas se cuajan, los
peregrinos se congregan, los
artistas se inspiran, los ideales
se dilatan y las esperanzas vuelan; porque sus ideas y sus recuerdos son como rayos de luz
y de calor espiritual que todo
lo vivifican y engrandecen.
Aquel genio brilla, pero como
brillan los cometas. Ha conquistado á Sinigaglia; ha rendido á Faenza; ha dominado á
Bolonia; ha combatido á Florencia; ha puesto sus plantas
sobre la cerviz de Roma; ha
enviado sus condotieros á los
cuatro puntos del horizonte co. roo los lebreles para que le cacen castillos, condados, reinos;
ha sometido los barones feudales; ha mandado ejércitos; y sin embargo, todas estas
grandezas pasaron como el humo de sus orgías, como
el eco de sus bailes, como las carcajadas de sus placeres, á causa de tener por objeto único el propio
engrandecimiento y la propia medra; que sólo resultan grandes y duraderos los servicios prestados á
nuestros semejantes, á los pueblos, á la humanidad;
y aquel que únicamente se cura de sí propio, se
achica de seguro á los. ojos de.la posteridad y se sui
, cida mo~alm~n~e .e1_1 la historia. .. ..

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

514

Renunciando, por fin, á toda idea de conquista,
aspiró á ser hasta el pie del altar el Pigmalión de
aquella nueva Galatea.
Un bajo relieve muy hermoso ha colocado en sus
Y cuando el éxito iba á coronar su brillante empalacios el Parlamento francés, la escena de los Espresa, la deidad, transform~da en tierna amiga por
tados Generales, en que Mirabeau, por una sugesun milagro de amor, volvió á convertirse en frío mártión del genio nativo suyo, fundó el régimen parmol por un prodigio de amor propio.
lamentario moderno, convirtiendo las monarquías
Don Juan quería recibir de mano del sacerdote
absolutas en constitucionales y proclamando el gouna hermosa hija de Dios, sin renunciar á la posebierno de las naciones por sí mismas. Esta idea
sión de una encantadora hija del diablo; y en el pecade una entidad superior y personal, con inteligendo llevó la penitencia, pues la dignidad de la virtud se
cia y voluntad propias, llamada nacionalidad, que
sublevó en el alma de María contra aquella concesión
reemplazaba la idea imperial romana del soberano
otorgada al vicio.
.
antiguo, surgió, cual nuestro Decálogo entre las zarRápidamente repuesto de la turbación que le prozas encendidas del Oreb, en una centellante y sublidujo su inesperado encuentro con la joven en la trime tempestad. Recorriendo las galerías de la Expobuna de la capilla, pensó' que caía en ridículo sisición Universal última encontrábase con gusto en
guiendo en aquella tímida actitud, propia de un coaquella donde campeaban las esculturas un hermolegial puesto en el primer apuro.
so grupo, cuyas dos principales figuras eran el mar•
Recobró, pues, su habitual aplomo, y como si conqués de Brezé apremiando á los Estados Generales
tinuara una conversación interrumpida momentos
para que se disolviesen, y el tribuno de la revolución,
antes, dijo en voz baja, casi al oído de María:
Mirabeau, respondiendo á nombre de los diputados
- En estas misas de boda, de todo se habla meallí presentes que los había reunido la voluntad nanos de religión; se discuten las cosas más profanas
cional y la voluntad nacional t¡m sólo podía separardel mundo. El templo de Dios se convierte en un
los ó disolverlos, como en lenguaje parlamentario
salón de pecadores, y sobre todo de pecadoras, donahora se dice. A la verdad el escultor ha con sumo
de circulan noticias en vez de oraciones. Diríase que
arte agrupado las figuras y puesto ademanes exprepor temor de que los desposados sean demasiado feMadrid, 25 de octubre de 1891
sivos en escena un poco violenta, y por lo.mismo,
lices, nadie quiere rogar á Dios por ellos.
de difícil desempeño para el arte que pide serenidad
En otras circunstancias, María hubiera soltado secon armonía en los personajes y en los asuntos. Con
guramente la risa, al oir á aquel diablo convertido en
tal ocasión hase disertado mucho acerca de las paNARRACIONES
predicador; pero en su actual disposición de ánimo,
labras dichas por Mirabeau en tan gloriosa y crítica
conservó la gravedad de que se había revestido.
ocasión. Como no había taquígrafos, imposible cosa
jALELUYA!
Viendo que sus consideraciones no alteraban la
fijar con exactitud el fulminante período, dificilísicorrecta inmovilidad de la señorita de Avilés, y tema. Unos dicen que si dijo á Brezé: «Marchaos y
La Iglesia unía en matrimonio al promigénito de miendo la humillación de una retirada bochornosa,
decid á vuestro amo nuestra respuesta;» y otros di- un título de Castilla con la única hija de un opulen- Juan pasó audazmente de la observación á la precen que si Mirabeau le hubiera dicho que tenía un to banquero, y se celebraba misa de esponsales en gunta:
amo al noble francés, lo hubiera éste desafiado. De una aristocrática capilla.
- ¿No es verdad que, observada desde aquí, la
todas suertes, la escena tuvo una importancia tal,
María de Avilés, acompañada de una prima suya, nave de este templo parece hoy un teatro en día de
que todavía dura en la historia contemporánea El viuda y joven, llegó al templo momentos antes de gran turno?
rey quería dar en aquella ocasión una carta otorgada. principiar la ceremonia.
María hubiera preferido no contestar; pero cono•
Mirabeau comprendió que si al rey se le dejaba la
Hallando la nave atestada de convidados y curio- ciendo la pertinacia de su antiguo novio, pensó abrefacultad exclusiva de hacer bien, el rey aparecía co- sos, y no queriendo quedarse á la puerta ni llamar viar aquella apurada situación doblegándose en vez
mo el patriarca antiguo, como el padre de la familia la atención atravesando el apiñado gentío, las dos de resistir.
francesa, como la Providencia divina, como el dis- primas abrieron una puerta que daba cerca del vestí- Semejante observación es muy propia de usted,
pensador de la justicia y de la gracia, volviendo la bulo, subieron una escalera. enfilaron un largo corre- contestóle secam~nte sin volverse. Sólo á un desnación á su minoridad y la asamblea del pueblo á dor, débilmente iluminado por un alto tragaluz, y se creído se le ocurre comparar el santo sacramento del
su antiguo carácter de cortesana en los palacios. Así, metieron en una tribuna situada á un lado del altar matrimonio con un espectáculo teatral.
con aquella rápida inspiración propia del orador, mayor.
- No dé usted una torcida interpretación á mis
con aquel don de la oportunidad propio del estadisA juzgar por el aire resuelto de las dos mujeres, palabras. Comprendo que además de una ceremonia
ta, en la fórmula breve, correspondiente al minuto aquellos parajes debían serles familiares.
más ó menos espléndida, el matrimonio puede ser
supremo y crítico, declaró que lo dicho por el rey
Deslumbradas por la luz exterior nó vieron de fuente de ventura.
podía ser la salud de la patria si no fueran siempre pronto dos personas que se bailaban en aquel disY añadió Leine después de una pau~a:
dañosos los presentes del despotismo. El lujo de la creto recinto. Cuando sus ojos se hubieron acomo- Al menos creo yo que lo hubiera sido para nosmonarquía, el aparato de las armas, la violación del dado á la escasa claridad que penetraba por la celo- otros, si usted ...
templo nacional, el mandatario de todos erigido en sía, percibieron en un ángulo de la tribuna una
- ¿A qué abrir las heridas del pasado?, dijo Maprovidencia para todos, el que debía recibir leyes señora arrodillada y un caballero apoyado de codos ría interrumpiéndole. Y abismó sus ojos en la lectudándolas, el que debía oir los debates pervirtiéndo- en el antepecho.
ra de un rico devocionario que llevaba en la mano.
los, todas estas consideraciones surgían á su mente
Después de haber orado un momento de hinojos,
- Es que sólo vivo del pasado, replicó el joven, y
y le hablaban con tal fuerza que le imponían una la señorita de Avilés y su compañera ocuparon las ya no gozo sino en el recuerdo de las heridas que
frase, la cual brotaba por sí misma de sus labios dos únicas sillas que parecían vacantes
recibió mi corazón.
como si fuera la palabra suprema del espíritu humaEn seguida sentóse también el caballero, de mane- Pues yo soy tan desgraciada, que sólo vivo de
no, á saber: la invocación á la propia dignidad para ra ~ue su silla quedó casi pegada á la de María.
lo futuro y únicamente confío en Dios.
que, guardando todo el culto debido á la santidad
Él y ella hicieron un movimiento de sorpresa.
Y la hermosa joven murmuró leyendo:
del juramento, decidieran no separarse hasta haber Acababan de reconocerse y daban señales manifies«Salva á t.u alma, que fué creada para gozar de
dado á Francia una constitución. En esto el maestro tas de encontrarse en una situación embarazosa.
una dicha infinita, Ama á Dios y desprecia los bienes
de ceremonias le interrumpe en nombre del rey.
Pocos meses antes habían sido los protagonistas pasajeros, que engendran vicios y dolores.»
¡Momento supremo! La monarquía ha dejado el sa- de una historia de amores, muy comentada entre sus
En aquel momento, el sacer-dote cuya voz potenlón después de sus vanas orientales ceremonias, con- conocidos, y se veían ahora por primera vez, después te resonaba en la bóveda ojival de la capilla, dejó
juros de lo pasado, y lo ha henchido la palabra de de un ruidoso rompimiento.
oir claramente estas palabras:
Mirabeau, cargada con el espíritu moderno. A esta
Ambos eran jóvenes, tan ricos en bienes de fortuBeati omnes quz· timen! Domznum: qui ambulan! in
tempestad donde fulguran tantas ideas, en cuyas rá- na como en dotes personales.
viz's ejus.
fagas la conciencia humana se fecunda, opone la
Hubo entre ellos palabra de casamiento: pero, con
- Escuche usted la voz del ministro del Señor,
corte, no otra palabra, no el arma de sus ejércitos, gran ·sorpresa de todo el mundo, el diablo echólo dijo María á su ex prometido que se inclinaba como
la vara mágica de su maestro de ceremonias. Imagi- todo á rodar cuando ya se hadan los preparativos de para hablarle de nW!vo.
naos al marqués de Brezé con sus zapatos de raso .boda.
- Me impresiona más la lectura de estas eternas
blanco, sus medias de seda, su justillo recamado de
Cada cual explicó á su modo el fracaso de aquel verdades en ese libro, replicó él, y leyó señalando el
oro, su capeta de terciopelo al hombro forrada de magnífico proyecto; porque el verdadero motivo no salmo con el índice del devocionario:
marta cebollina, sus collares y cruces al cuello, su go- lo supo nadie más que los novios y una' tercera en
«Bienaventurados los que viven en el santo temor
rra con un bosque de plumas en la cabeza, y en lama- discordia.
de Dios y no se apartan de la senda por Él trazada.»
no vara de marfil con que dirige las bizantinas ceremoNoble, altiva, algo romántica, de elevadas ideas y
- ¿Esta usted seguro de haberla seguido alguna
nias, frente á frente de aquel coloso, de aquel mons- delicados pensamientos, devota sin fanatismo, aun- vez?
truo, de aquel atleta, de aquel Mirabeau, vestido de que algo supersticiosa en materias del corazón, Ma- ¿Cree usted que no comprendo la sublime poenegro como un misterio, en la fuerza de su genio, ría de Avilés encerraba un alma hermosa en un cuer- sía de la Jglesia?
.
en la creación de sus discursos, poseído de sus ins· po estatuario. Era la Venus de Milo - antes de romLectio Epistolre beati Pault' Apostolz ad Ephesz'os,
piraciones, la cabellera agitada por los estremeci- perse los brazos - con el esp_íritu de Minerva.
dijo el sacerdote en el altar.
mientos de la idea en el cerebro y del cerebro en el
Juan de Leine, que así se llamaba el gallardo jo- ¿Quién negará que la misa de boda es el cántico
cráneo, los ojos centelleando esos relámpagos del ven de la tribuna. hubiera podido pasar por descen- de los cánticos?, observó Leine.
sentimiento humano tan sublimes como los relám- diente en línea recta de su tocayo el seductor de Doña
Y señaló este versículo en el libro de rezo:
pagos del alto Sinaí, las manos crispadas por la Inés, pues había empleado lo mejor de sus rentas y
«Tu mujer será como abundante vid en el sagrado
emoción y la frente fruncida por el trabajo creador de sus años en continuar dignamente las aventuras de tu hogar. Vuestros hijos serán en torno vuestro
de numerosas producciones, y decidme si de aque- del legendario burlador de Sevilla.
como un plantel de olivos. ¡Aleluya!»
llos dos mundos en presencia no representaba el
Acostumbrado á ablandar corazones con el fuego
- ¡Ay! ¡No todos pueden cantar Aleluya!
uno la vana liturgia de lo pasado y el otro la vtvida de sus ojos y de su diabólica elocuencia, vió estreMult'eres viriis suis subdz'tre sint, sicut Domino ...
llama que renovó el mundo. Así no es maravilla que llada su voluntad en el vano empeño de dar por ta- continuaba leyendo el cura.
el marqués de Brezé hablase muy bajo y el presiden· les procedimientos amorosa vida á una estatua.
Y Juan traducía:

III

te y los diputados no oyesen lo que hablaba. «¡Más
alto, más alto!,» claman de todas partes. «Señores,
habéis oído las órdenes del rey,» gritó entonces el
cortesano. «Sí, las hemos oído, respondió Mirabeau;
hemos oído los propósitos sugeridos al monarca; y
vos, que no podéis ser su órgano en los Estados
Generales, vos que no tenéis aquí asiento, lugar ni
palabra, vos no debéis ser quien nos recuerde su
discurso. Sin embargo, para evitar todo equívoco y
todo aplazamiento, os declaro que si os han encargado de expulsarnos, deis orden para emplear la fuer.za,
porque reunidos por la voluntad de la nación, sólo
salqremos por la fuerza de las bayonetas.» A este rasgo sublime de elocuencia, que tenía la concisión. la
oportunidad, la fuerza requeridas ·por la situación,
se junta el universal voto de los diputados con una
fervorosísima aclamación llena de entusiasmo, en la
cual iban como encerrados todos los derechos de los
pueblos estallando frente á frente de todas las excepciones del privilegio. «¿Puedo llevar al rey esa
respuesta?.» preguntó el noble cortesano aterrado por
aquella manifestación y deseoso de abandonar aquel
sitio donde le faltaba la respiración. «Llevádsela en
buen hora,» respondió el presidente. En efecto, su
propio maestro de ceremonias le llevaba la sentencia de muerte al antiguo absolutismo.

RETRATO DE JUAN MONFORT, obra de Van Dyck. (Existente en la Galería de los Uffizi de Florencia.)

�LA

ILUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

514

saliendo apuestos jinetes que nos acompañaron has«Que las mujeres estén sumisas á sus maridos tiempo he buscado. Sea usted tan piadosa como bella.
ta la ciudad, y desde aquel momento hasta catorce
Perdóneme,
ya
que
estamos
en
el
templo
de
un
Dios
como al Señor, porque el marido es el jefe de la fa.
de misericordia. Déjeme esperar que aún será otra días después que regresábamos al cerro de Paseo ya
milia, como Jesucristo el cabeza de la Iglesia.»
no pudimos descansar ni dos horas seguidas.
vez
unido lo que en mal hora fué separado.
- La Iglesia es una, observó María, y usted falta
Huanuco es una población encantadora; el plano,
Las
almas
más
altivas
se
humillan
ante
el
altar;
y
á sus preceptos queriendo más de una mujer.
bellísimo
y muy extendido á causa de las huertas de
- Cuando amaba yo á varias, me hallaba fuera de es que en la iglesia comprenden cuán grande es Dios
limoneros y naranjales que rodean las casas.
y
cuán
pequeñas
son
las
cosas
de
este
mundo.
la Iglesia.
Su clima es cálido y sus frutas exquisitas, desde
En un -salón, María hubiera sin duda mirado á
- ¿Y ha entrado usted ya en su seno?
las
más sabrosas, europeas, hasta las perfumadas de
- Sí, porque comprendo lo que dice ahora el mi- Juan desde lo alto de su desdén; pero allí, en el temlos
trópicos. Las haciendas de caña y café encuénplo,
tan
cerca
de
una
amiga
á
quien
el
acto
imponistro de Dios:
nente del matrimonio rodeaba de una santa aureola, transe· diseminadas por las afueras, y en ellas viven
«El que ama á·su mujer se ama á sí propio ... »
«Quia membra sumus corporis ejus, de carne eius et sintió derretirse el hielo de su orgullo. Su mirada se sus dueños, ocupando pa)acios los más de ellos, con
encontró con la mirada del joven, y viendo reflejarse todas las comodidades que pudiera tener un sibade ossibus ejus ... »
- Eso ya lo dijo Dios á Adán al presentarle á la en sus ojos la sinceridad de sus palabras y la rectitud rita.
¡Qué días más agradables!
primera mujer: «Es carne de tu carne y huesos de de sus propósitos, le contestó con toda la sencillez
¿Quién ha dicho que se vive con los recuerdos?
que
puede
brotar
de
unos
labios
ingenuos:
tus huesos.» Lo cual no impidió que Eva le faltase á
¡Teníamos que multiplicarnos; imposible dar gusto
- Hace tiempo que mi madre espera la vuelta del
la primera'ocasión.
á
todo
el mundo; nos disputaban, nos volvían locos
- ¡Oh! Para usted siempre es la mujer la que falta. hijo pródigo.
en
fue~za
de agasajarnos!
Digna
madre
de
un
ángel
como
usted.
Vamos
Escuche usted la continuación de la Epístola:
¡Y qué hermosas mujeres había en Huanuco! Mis
«Por esto el hombre abandona á su ·padre y á su á suplicarle que fije el día de nuestra boda. Ha llecompañeros de viaje me hicieron algunas confidengado nuestro turno de cantar ¡Aleluya!
madre para unirse con su mujer.»
cias que probaban lo que digo.
- Y yo, comentó Juan, abandonaría familia, forA pesar del mareo que yo traía con fiestas, ban·
J UAN B. ENSEÑAT
tuna y patria para ir á vivir con una mujer en el dequetes,
correteos á caballo y demás, quise ver el
sierto; porque entonces me llevaría el paraíso en el . ~ ~ . . . . , . . . , . . , . ~ ~
Beaterio;
me había hecho invitar la superiora y no
corazón.
podía
dejar
de cumplimentar la invitación.
- Son muy propias de usted esas estudiadas frases
SECCIÓN AMERICANA
Fuí
una
mañana con otras dos amjgas, promede efecto:
tiendo salir al poco tiempo; los caballeros no podían
EL nEATERIO DE II UA N UCO
«Benedicat 7/obis D ominus ex Sion, qui fecit ca:lum
entrar, nos aguardarían fuera; pero eran las cinco de
et terram. Aleluya ... »dijo el sacerdote, y el auditorio
( Conc/usión )
la tarde cuando salimos de aquella mansión de repo·
se puso de pie para escuchar el Evangelio.
Miguel se durmió seguidamente, y me disponía á so, en donde pasé horas deliciosas.
(In ttlo tempore: Accesserunt adfemm Phariscei ... »
Sesenta y dos años hacía que allí estaba encerraJuan siguió leyendo en el devocionario por enci- imitarle cuando sentí un grito que lanzaba D. José,
da
la superiora y contaba sesenta y cuatro de edad;
á
tiempo
que
saltaba
de
la
cama.
ma del hombro de María:
- ¿Qué es eso?, dije revolviéndome asustada y casi era una mujer pequeña, gruesa, de fisonomía franca
«... Los fariseos se acercaron á Jesús para probary expresiva: en el mundo hubiera pasado por señora
lo; y le dijeron: ¿Es lícito al esposo abandonar á su dando vuelta á la cama.
de
carácter alegre; allí me pareció el mejor anzuelo
Que
aquí
hay
algo.
consorte? Y les contestó: ¿No habéis leído que el
Como me habían dicho que los bichos andaban para la clausura: ¿quién, tratándola, podía tener mieCreador del hombre, en un principio, formólos varón
y mujer para que fuesen dos en una sola carne? .. . por allí á la orden del día, me figuré que alguna ser- do á la celda?
Había en el Beaterio, como pensionista, una seQue el hombre no separe lo que ha unido Dios ... » piente ó algún oso... , qué sé yo lo que pudo ocurrírñora de las que nosotros llamamos de piso; era rica,
- Tampoco hizo usted caso de las palabras del seme. Pero ¡quiá!
D. José encendió un fósforo y vimos correr por vivía con lujo, sostenía pleitos en el mundo, contaEvangelio, pues separó lo que Dios había unido.
acá
y por acullá una manada de myes (conejitos-de ba en su historia algunas amorosas, salía á la calle
- El es testigo de que, desde que la perdí á usted,
Indias), chillando como diablejos y ocultándose de cuando se le antojaba y tenía un perrito de lanas,
la he buscado sin cesar.
Aromito, al que enseñaba mil monerías para matar
- Por el camino que usted seguía, no era fácil que la luz.
sus ratos de ocio que debían ser muchos.
Los
cholos
seguían
cantando
y
bailando,
que
se
las
me encontrara.
Esta señora gastaba miriñaque el año 1881: me
- En vano traté de orientarme en el piélago de pelaban; puse cuidado si cantaba la chola; hasta mi
parece
que ya está hecho con esto su retrato.
oído
no
llegó
su
voz,
si
es
que
volvió
á
cantar.
ideas y pasiones que agitaban mi vida.
.
Ni
la
señora pensionista ni las monjas nos dejaLa
luna
entraba
por
un
montante
de
cristales
iluTerminado el Evangelio, los fieles se habían sentado otra vez. Ambos jóvenes permanecieron un rato minando la pieza en donde estábamos; era ésta gran- ron salir á la hora de comer: fué necesario acompaabismados en profundas reflexiones. Luego siguió el de, más bien larga que cuadrada, y tenía todo el cor- ñarlas todo el día, oir cantar á las niñas, probar los
dulces especiales que cada una hacía, para que comte de Ull comedor de mesón español.
rezo del ministro del altar:
Sería la una de la madrugada cuando se abrió la prásemos muchos, muchísimos (contribución indi&lt;&lt;Deus, qui potes/ate virtutis tutE de nihilo cuneta
puerta que daba al corral, y entraron tres ó cuatro recta); pasear por la puerta, refrescará la sombra de
fecisti ...»
María elevó al Señor una ferviente plegaria para personas que con mucho sigilo pasaron por delante los naranjos, comer del sabroso fruto ... en fin, que
que iluminase el espíritu de aquel pecador cuya sal- de mi cama, metiéndose en un cuarto cuya entrada me seducía el programa. ¡Pasar un día dentro de un
convento! Aquel era mi sueño dorado.
quedaba á mi cabecera.
vación le interesaba casi tanto como la propia.
No me parecía suficiente, sin embargo: yo hubieAl poco rato entraron otros, luego otros, conté
11.. ... Deus, qui tam excellentt' mysferio conjugalem cohasta veintisiete entre hombres y mujeres. Todos de- ra querido que cada monja me contase su historia,
pulam ,onsecrasti... »
Y el escéptico que de todo se había burlado hasta bían dormir revueltos aquella noche; la principal ha- que me refiriese hasta el último secreto de su peentonces, se sintió dominado por la majestad del sa- bitación la teníamos nosótros y no podían extender- cho ... y nada, allí todo el mundo revelaba una felicidad insultante, una alegría franca, una expansión
cramento del matrimonio. Siguió con tiernos ojos la se más.
envidiable;
nadie se enojaba: las unas mandaban y
La
última
que
entró
fué
la
cholita
cantora;
Miguel
mística mirada de María, y los fijó en estas palabras
dormía y la luna daba de lleno en su rostro, que la las otras obedecían sin replicar, reían, subían á los
del devocionario, que traducían las del sacerdote:
«Haced que el yugo del esposo sea un yugo de muchacha había de ver forzosamente al pasar por su árboles para coger la fruta, se sentaban como yo soamor y de paz. Haced que, pura, se case la esposa lado. Tenía el joven Gallo el vicio de quejarse dor- bre la hierba y no se acordaban de rezar entretanto
en Jesús. Que sea amable con su marido, como Ra- mido, y precisamente en el instante que la chola se nosotras estábamos presentes.
Reían á carcajadas con los recados que enviaban
quel; prudente como Rebeca; longeva y fiel como acercaba lanzó un lastimero quejido; ella se paró sorSara ... Que unida á su consorte, no manche el tála- prendida. Dormía yo como duermo en este momen- los caballeros para que saliésemos, y contestaban con
mo nupcial con ningún amor ilegítimo .. . Que ambos to, pero no dije una palabra; quise observar sin es- agudezas á las súplicas de que les dejasen entrar.
¡Y qué café tan exquisito nos hizo saborear la seesposos vean á los hijos de sus hijos, hasta la tercera pantará la joven.
Escuchó; pronunció unas palabra~ en quichua, ba- ñora del miriñaque!
y cuarta generación.»
Era de sus huertas, y el café de las huertas de
- ¿Empieza usted á comprender, le dijo María, las jito, muy bajito, y se inclinó para darle un beso, al
Huanuco
tiene merecida fama entre los aficionados
mismo
tiempo
que
decía
más
alto
y
con
acento
trissacrosantas doctrinas de la Iglesia?
peruanos.
- No sé; pero se me figura que hoy recobro la per- tísimo: «¡aygualá/))
Cuando más alegres, contentas y gritonas saltábaAygualá quiere decir adiós al amado, afán de voldida luz y la fuerza de obrar bien. ¡Oh! ¡Cuántas veces
mos
por el huerto de los naranjos, divisé en una reja
ver
á
verle,
pena
por
dejarle,
mil
y
mil
cosas
que
he tomado el fuego de las pasiones por la luz de
amor ideal que atraía mi alma hacia lo ignoto! Mis nosotros decimos con muchísimas palabras y los qui- alta una joven religiosa, pálida, demacrada: parecía
un espectro.
ilusiones han naufragado una tras otra en el mar de chuas expresan con estas siete letras.
- Madre, ¿qué tiene aquella hermanita?, pregunté
¿Besó la chola á Miguel? No lo sé; ella se inclinó
los desengaños. Pero zozobras y reveses, naufragios
y amarguras, todo lo bendigo si me conduce al fin á sobre su rostro y él dió media vuelta para el otro con mucho interés.
La superiora levantó la cabeza y dirigió una mirala tierra soñada. He buscado con ansia loca esa mu- lado.
Desapareció la cholita tras aquella puerta que tan- da durísima á la ventana.
jer de que hablan las Sagradas Escrituras; pero en vez
- Nada, me dijo; está enferma ... y como no debía
de encontrar doncellas virginales, nacidas para ser ta gente ·tragaba y no he vuelto á verla; quizás allí,
esposas fieles y madres resignadas, la fatalidad ha en k&gt;s brazos repulsivos de uq cholo, amante ó mari- asomarse á la ventana...
- Mentir es pecado, madre, y usted me está en·
puesto en mi camino hijas rebeldes, esposas adúlte• do, soñó con los del caballero rubio que había baigañando.
ras, mujeres infecl.!ndas ó madres fallidas, locas cria- lado con ella.
- No, no, respondió sonriendo dulcemente.
turas que pasan por · el mal para llegar al bien ó
- Sí, sí. Vamos á ver: ¿por qué está castigada
para morir impenitentes. Desorientado y aturdido,
***
aquella monja?
pasé yo por el lado de la felicidad sin conocerla. CoNos levantamos al rayar el alba, y después de ha- ¿Pues quién le ha dicho á usted que está castimo mariposa á quien sólo atraen las flores de vistosas
galas, desprecié la humilde violeta, que guarda sua- cer nuestras abluciones en el río (no había mejor jo- gada?
- ¡Hola! ¿Conque he adivinado?
ves perfumes para el alma y balsámica esencia para faina) y de peinarnos convenientemente, montamos
- Sí, está castigada.
el pecho. Dios se ha dignado nuevamente enderezar de nuevo, y á las cuatro de la tarde hacíamos nues- ¿Cuánto tiempo hace?
mis pasos por el buen camino, y reconozco al fin en tra entrada en Huanuco, sorprendiendo á los que no
- Un año ... Está demente.
usted · la mujer nacida para la virtud, para el matri- nos aguardaban hasta el día siguiente.
- ¡Jesús! ¡Un año! ¿Pues qué ha hecho?
monio, para la familia; la compañera ideal que tanto · · De las preciosas quintas del camino habían ido

NóMERO

LA ILUSTRACI ÓN

514

695

ARTÍSTICA

- Niña, niña, la curiosidad también
la comida el baile, el canto; yo sabía ales pecado.
••■■•■■ ■111111!1111!1
gunas Tristes que me habían enseñado
- Madre, yo quiero saberlo, necesito
aquí, y tocaba un poco el piano; él me
saberlo, no podría descansar si no Jo sudijo que mi voz y mi dulzura le habían
piera.
vuelto loco. Bailamos juntos toda la no- Pues está castigada ·por haberse esche. Yo no había visto hombres jamás...
capado.
á mis hermanitos, á mis tíos, á mis pri- ¿Con quién?
mos; pero ninguno era como aquél. Me
- Sola.
sentía mareada: olía á rosas, á jazmines,
- ¿Y dónde la encontraron?
á piña, á naranjas, á todo; no pude sa- En el camino del Cerro de Paseo,
ber á qué me olía, pero me mareaba,
á pie...
....-.,·=--·
me mareaba, y dos ó tres veces estuve
- ¡Pobre mujer! ¿Y para dónde iba?
~ID-.'-'rl.:31~-~
á punto de caer; él me sostenía, me sos- No quiso decirlo ni ha podido satenía en sus brazos y yo sentía un placer
cársele una palabra.
tan grande que me apoyaba como si me
- Madre, yo necesito hablarle á solas.
apoyase en mi madreó en la Virgen. Yo
- ¡Imposible! Está prohibido.
no sabía bailar; aquí bailábamos sola- Para mí no
~.i'lW~
mente cachuas por broma, pero tenía buen
- Para todo el mundo.
oído para la música y lo seguía sin perLa madre negando y yo insistiendo
der el compás: él decía que yo lo hacía
me salí con la mía, después de haber
, ..,T..,,..-.
muy bien. Era forastero, limeño, estaba
prometido cincuenta duros para la fiesta
aquí de paso; le pregunté cómo se llade San José, que aquel año se hizo por
maba, no me habían dicho sino el apemi cuenta.
'lill'.::,r.a.alll'II
llido cuando me lo habían presentado...
Subí á la celda en donde estaba ence111-ii"'"\:.IQJo~
el Dr... ¡casi lo digo! y no quiero, es
rrada la monja, y como el trato era que
pronto Sus amigos le obligaron á cantar,
yo le hahía de hablar á solas, salió ta
y cantó; cantó, señora. Jamás ha bía oído
superiora, que me acompañaba. después
yo voz semejante ni aquellas canciones:
de haberle dicho algunas frases en quitodo era de amores, de amores. ¡Qué
chua.
feas me pareclan las plegarias que había
El cuadro que se presentó á mi vista
yo cantado en el convento! También
fué tristísimo. Era una celda casi cuadracantó en otro idioma: «Stella de nostro
da, de paredes sucias, en las cuales apeamor,» decía, no se me ha olvidado, no se
nas se conocía la tosca brocha del alhame olvidará. Tengo aquí la voz (señañil, y la única cosa agradable que tenía
lando á los oídos) y aquí la música, y
era la.ventana de fuertes barrotes, por la
aquí su retrato, golpeándose la frente.
cual entraban la luz y el sol á torrentes,
- Cálmese usted
mezclados con el penetrante aroma de
Mr~~:s,
- Si no me hace daño; me parece que
los azahares
revivo: poder hablar de esto, poder con·
Al quedarse sola conmigo elevó al
tarlo, creer que usted se lo dirá, porque
cielo los ojos y ca) ó de rodilla,,, balbuse lo dirá usted en cuanto llegue á Lima,
ciendo frases en idioma indio.
¿verdad?
Procuré levantarla y vi con espanto
EN EL CORRAL, cuadro de D. José Arpa
- Sí, se lo diré todo.
que tenía grillos.
- Bueno; pues acabaré. Habíamos
- ¿Para qué?¡ Dios mfo!, me pregunté.
bebido mucho y hablado sin cesar y
¡Si esta infeliz ni tiene fuerzas ni puede escapar por luego: ptimerb gepa usted mis desgracias Me llamo bailado y.. . yo estaba sufocadísima y me saltaba
ningún sitio!
Domitila, aquí soy sor Angelina, pero yo no voy á el corazón. Después que hubo cantado quedé miLa obligué á sentarse en la paja que se veía ex· referir nada de aquí; estoy en el mundo en el mun- rándolo extasiada, no sabía lo que pasaba por mí,
tendida sobre un tablado de pino, y también yo me do, sí, señora porque usted me trae los ecos del pero pasaba algo muy grave; me habían dicho
senté á su lado
[ mundo ... el mundo ... el mundo, decía como si des- que había que temer á los homhres. y yo le temía;
- Cuénteme usted, hermanita, cuénteme usted variase.. Pues yo me eduqué en esta casa, mi ma· 1 lo mira ha con ganas de besarlo, de ahrazarlo, de
sus penas, le dije. ¿Porqué hu}Ó usted de esta casa? dre me puso aquí para que recibiese educación reli acariciarlo mucho... y no me daba miedo ¡Si me
¿Adónde iba usted?
giosa; tenía miedo á la sociedad, tenía miedo á los parecía cosa propia! ¡Si creía que había vivido siemLa desgraciada dudaba de mí; era la primera per- hombres; mi madre era una chola rica con ribetes pre á su lado! Me sacó al patio y me hizo sentar
sona que la visitaba, y cr~yó que me habían enviado de señora y quería que yo saliese una señorita, para en la hamaca; se sentó á mi lado. rodeó mi cintura
para arrancarle una confesión que se negaba á hacer. que no me casase con ninguno de su clase Tenía con su brazo y me estrechó muy fuerte; yo también
Cuando se convenció de mis intenciones, cuando le diez y ocho años cuandó salí del convento; en mi lo estreché; era lo que deseaba; él había adivinado

~:==~:;:;!~;::.:~~~~l@~~!il!éaii!~

INTERIOR DE MI EST UDIO,

dije quién era y por qué estaba en Huanuco, me echó
los brazos al cuello diciendo:
- ¡Ah! ¡Usted viene de Lima! Usted le conocerá.
- ¿A quién?
- A él; luego diré su nombre; ahora no, luego,

cuadro de D. José Arpa. (Premiado en la Exposición ele Bellas Artes de' Berlín, 1891.)

casa se celebró con una gran fiesta el acontecimiento; hubo muchos convidados, muchos caballeros que
hicieron á mi madre la honra de asistir muchos ..
no ... no había más que uno, yo no vi más .. ¡Qué
hermoso era! ... Usted debe conocerlo. Después de

sin duda mis deseos. Me dió muchos besos, que yo
le devolvía como si besase á un niño Jesús ... ¡Qué
palabras tan bonitas me decía!; como se las decíamos
nosotros á la Virgen Me rogó que le dejase entrar en
mi cuarto; precisamente comunicaba con un huerto

�OATEDRAL DE LEÓN.-SILLERfA DEL CORO

�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

514

La noche, escultura de Miguel Angel. (Existen•
de limoneros; era una celda preciosa adornada por
te en la capilla de los Médicis, en Florencia.) - La iglesia de
NUESTROS GRABADOS
mi madre con tanto gusto... Me dijo que en el patio
San Lorenzo, emplazada en el mismo sitio que ocupó la consagrada por San Ambrosio en 393, es uno de los monumentos
entraba y salía la gente, que no podía decirme todo
interesantes de la antigua capital de Toscana y en el que
lo que deseaba, que le dejase verme cuando se marCatedral de León. Pinturas murales del ábsi- más
tal vez descuella en toda su grandeza el genio y magnificencia
ae.-Catedral
de
León.
Sillería
del
coro.
«Al
chasen todos, que me retirase pronto para que se
desembocar por la angosta calle del Cristo de la Victoria en la de los Médicis. Bajo la dirección del célebre Brunelleschi prodeshiciese el baile, que él saltaría la tapia... Accedí vasta plaza de la catedral, ofrécese á los ojos el más gentil es• cedióse á la reconstrucción del templo en 1425, y en su sagraá todo y lo hice como me había rogado, pero se lo pectáculo que pudo combinar el arte y crear la fantasía, Des• do recinto existen obras de todos aquellos grandes artistas que
comuniqué á una criada destinada por mi madre cubierto por el frtnte y por el flanco, dominado por las agujas como Donatello, Bronzino, Brunelleschi, Verrochio, Rosso,
de cresteria de &lt;los altas y robustas torres, erizado de pináculos Miguel Angel, etc., merecieron la decidida protección de
para servicio mío.
y botareles de varias formas, reforzado por contrafuertes y ar• aquella ilustre familia á quien tanto debe el arte italiano Eri- Eso es pecado, niña, me dijo.
botantes, ceñido de andenes y calados antepechos, perforados gida ó reconstruida la iglesia gracias á la munificencia de Juan
- ¿Pecado?, no lo creas.
de arriba abajo sus muros por dos órdenes de ventanas ojiva- y de su hijo Cosme de Médicis, compréndese cuán justificado
les, presentando triple portada al Occidente y triple portada al había de ser el interés que mereció á sus sucesores y que en
- Sí, un pecado, muy pecado y muy grande,
capillas escogieran la mayor parte de ellos sitio ó lugar de
- Bien; pues mañana iré á confesar y ya está listo. Mediodía cuajadas de primorosas esculturas, tiéndese cuan sus
eterno reposo. La magnifica escultura que reproducimos, obra
largo
es
y
elévase
á
su
mayor
altura
el
grandioso
monumento,
Se hizo todo como él deseaba: la criada nos ayudó permitiendo abarcar en una sola mirada su incomparable ar- de aquel gigante del arte, Miguel Angel, ÍGrma parte del mosin escrúpulo en vista de que al día siguiente pensa- monia.&gt; Asi describe á la catedral de León, á aquel templo que numento de Julio II de Médicis, tercerh,jode Lorenzo el Magba confesarlo, y él Pí1SÓ la noche conmigo. Cuando tanto ofrece que estudiar para la historia del arte y cuyos de· nifico y tío Lorenzo II, cuyl) monumento se halla frontero, Debajo de la estatua existen las dos figuras alegóricas del Dla y
por la mañana me levanté, se me acababa la vida, talles reunidos f,,rmar!an por si solos un museo, D. José María la
Noche que se supone concibió Miguel Angel para expresar
quería volver á verle, no podía vivir sin él, ni pensa- Quadrado.
Dificil empresa seria la de enumerar las bellezas que encie- la idea abstracta de la vida activa y de la vida con,emplativa.
ba en la confesión; pensaba en mi amor, en mi rra la que fué basilica de 0rdoño II, la P11lc/1ra Leonina, con- Sea cual fuere su propósito, el resultado es que ambas obras son,
amor... él me había dicho que aquello era amor. La forme se la distinguió. Nos limitaremos, pues, tomando como como todas las del gran maestro, dignas de admirarse, ya que
ellas se halla impreso ese algo sublime que acusa el genio.
criada me recordó que debía ir á lavar el pecado co- base los detalles que damos á conocer á nuestros lectores, á enAdemás
de las citadas estatuas existe en la capilla de~tinada
significar
que
varias
cuanto
antiguas
y
notables
pinturas
conmetido, y fui con ella misma Cuando me levanté de
sérvanse en aquel templo, entre ellas, aparte de las del ábside, á enterramiento de los Médicis el notabillsimo grupo no terlos pies del confesor estaba medio loca: me había ne· la llamada del Ecce Homo y la del entierro de Jesús, curiosisi• minado de la Virgen y el Niño, obra de ½iguel Angel, admigado la absolución; me dijo que estaba condenada, mas por los trajes de las figuras y por sus pormenores Median rable creación en que se hallan reunidos el sentimiento del ary la fe del creyente.
que mi alma ardía ya en los infiernos y que necesi- entre la sepultura del rey 0rdoño y las de San Pelayo y San tista
Dignas de mencionarse también son la estatua de San CosAlvito,
colocadas
á
un
lado
y
otro
del
trasaltar
y
expuestas
taba profesar en el Beaterio para que Dios me perme, ejecutada por fray Juan Angel Montoreoli, y la de San
sobre dos lujosos arcos á la veneración de los fieles.
donase, si no quería: perder la gloria y abrasarme en
No menor interés ofrece el coro, cuya silleria, obra de fines Damián, de Rafael de Montelupo.
No menor interés despierta la capilla llamada de los Médilas llamas del fuego eterno. H orrorizada me encami del siglo xv, ostenta bustos de personajes del antiguo testa·
né al convento sin volver á casa y no quise recibir á mento y efigies enteras de apóstoles y santos encerradas den- cis ó de los Principes, construida en la época de Fernando I,
bajo la dirección de Juan de Médicis y Mateo Nigetti Destimi madre cuando pretendió verme; el confesor por tro de arquitos con arabescos y cobijadas por calados guarda- nada en 16o4 en que empezaron los trabajos á recibir el santo
polvos.
De
mayor
mérito
son
las
tablas
contiguas
á
la
entrada,
UR lado, y la criada, á quien yo veía, por otro, manteen que aparecen la generación temporal de Jesucristo, la visi- sepulcro que había ofrecido á los duques el emir Facanlin, connían constante mi terror al infierno; la sirvienta llo- tación, la calda de los ángeles y el descenso del Redentor á sagróla Cosme II á sepultura ó panteón de la familia ducal.
Los muros hállanse revestidos de preciosos miÍrmoles y la magraba creyéndose condenada conmigo por haber sido los limbos.
nificencia de los Médicis obsérvase en la profusión y riqueza
cómplice. Mis sufrimientos eran horribles; en mis
modelo, cuadro de Andrés Petroni. - Digno de los adornos que la embellecen Alli los grandes maestros
oraciones mezclaba las frases que yo había oído aque- deMi
estudio y detenida observación es el tipo del modelo. En dejaron también muestras de su ingenio, y así como sorprenden
lla noche y me exaltaba hasta volverme loca. Profe- todos los paises ofrece en el fondo los mismos caracteres, más las magníficas estatuas de bronce dorado de Cosme I I y de
sé, sin saber nada de él; no sé si me buscó; nadie ó menos salientes, según sea la clase á que pertenezca, ya que Fernando I, obras respectivamente de Juan de Bolonia y de
maravillan lns suntuosos mausoleos de Cosme I, de
más que la criada me hablaba de aquel hermoso de en las modelos existen jerarquias La holganu, el lujo ó la mi- Tacca,
Francisco I y de Cosme III y los preciosos frescos que decoran
seria
son
las
causas
á
que
debe
la
mujer
que
se
dedica
á
servir
monio, y ésta me dijo que había marchado. Al poco de modelo el origen de su profesión, y excusado nos parece la cúpula, obra de Benvenutti.
Junto á la capilla levántase la famosa biblioteca Laurencia•
tiempo de pronunciar los votos eran mayores mis consignar las diferencias que en ellas determinan la violencia
torturas; cuanto más imploraba á la Virgen que apar- ó la vocación. Las más de ellas son dignas de compasión, ya na, fundación asimismo de los Médicis. El ~alón y el vestibulo
en 1524 en presencia de los dibujos ejecutados
tase su imagen de mi pensamiento, más me la pre- que tras de su sonrisa, de su aparente facilidad en poner al construyéronse
por Miguel Angel, siendo terminados por Vasari
desr.ubierto
lo
que
las
demás
encubren,
existen
pesares,
privasentaba .. Todos me abandonaban, hasta la Virgen ... ciones y seres desvalidos á quienes la labor de la modelo pro·
Esta biblioteca, que fué la primera que con carácter público
Mi pecado, tenía razón el confesor, era monstruoso. porciona hogar y sustento.
establecióse en Italia, formóse con las colecciones reunidas que
¡Dios estaba enojado! ... ¡Su madre no quería escu- Distinguense, sin embargo, algunas que constituyen un ver- poseyeron Cosme y Lorenzo de Médicis. La entra&lt;la en Florencia de los franceses acaudillados por Carlos V111 determinó
charme! Cuando me convencí, porque de él no po- dadero arcano, y á este propósito consignaremos un caso tan su
casi destrucción, puesto que se enajenaron la mayor parte de
como curioso. No ha mucho tiempo contrajo matrimonio
día olvidarme, de que no había salvación para mi ·eraro
n esta ciudad un sencillo menestral con una joven de buena los volúmenes que conten!a, y fueron adquiridos casi tocios
alma, ya no pensé sino en huir. en llegar á Lima presencia, que por tenerla servía de modelo para el desnudo por el convento de San Marcos en 4.000 ducados A esta feliz
como fuese, pidiendo limosna, y acechando la oca- en el Circulo Artistico El marido, que sólo tuvo noticia del circunstancia se debe la conservación de las obras importantes
sión llegó por fin. Escapé; me persiguieron y me en- oficio de su esposa á consecuencia de sus diarias ausencias del que aún existen, puesto que recogidas y conservadas por los
monjes, fueron vendidos todos los libros en I 5o8 en la suma
contraron á los dos días, muerta de cansancio, de hogar doméstico, dirigió una carta al presidente del Circulo, de 2.652 ducados al cardenal de Médicis, que _después subió al
manifestando que si su esposa seguia exhibiéndose en la clase
hambre y de fatiga; me volvieron aquí. .. Aquí estoy... de desnudo, as{ fuera para inspirar Venus Citérea ó Diana Ca solio pontificio con el nombre de León X, quien trasladó á
condenada todavía, ¿verdad?, condenada, eterna- zadora, se suicidaria. Poco afectó la amenaza á la modelo, que Roma su adquisición.
Clemente VIII restituyó á Florencia esta parte genima del
continuó ejerciendo su oficio, por cuyo motivo el desesperado
mente condenada.
patriG&gt;tismo de sus antepasados, encargando á Miguel Angel la
marido
em
barcóse
para
el
Nuevo
~fondo,
dejando
abandonada
- No. Dios perdona á los inocentes, á los desgraá su consorte que neutraliza su amor conyugal por el. amor construcción de un edificio apropiado para biblioteca junto á
ciados. ¿Qué culpa tiene el niño á quien dejan dor- al arte.
la basilica de San Lorenzo. Cosme I procedió á la colocación
mido al pie de una fogat:i, si dando la vuelta cae en
Tal vez el tipo representado por el pintor napolitano Petro- de los volúmenes y sus sucesores procuraron todos enriquecer
las llamas y se abrasa? Usted es inocente y Dios lo ni debe pertenecer también á la clase ó categor!a de la modelo con valiosos donativos tan importante fundación, ejemplo que
imitaron también los particulares, entre ellos la duquesa de
ve todo, lo oye todo y todo lo perdona á las criatu- catalana á que nos referimos.
Albany, que cedió la que fué biblioteca de Alfieri.
ras desgraciadas como lo es usted. Vamos, dígame
Actualmente cuenta con una notabilísima colección de nueve
Retrato de Juan de Monfort, obra de Van
ese nombre que no quería pronunciar, yo le hablaré Dyck, existente en la Galeria de los Uffizi de Florencia.- mil manuscritos y libros tan raros como curiosos, tales como
de él si lo conozco: ¿quién es?
Esta obra de Antonio Van Dyck, rival, en el retrato, del Ticia- ejemplares de las primeras ediciones impresas de la Biblia.
~ntre los manuscritos que atesora merecen citarse un Virgilio,
La monja, con las pupilas dilatadas, la cabeza no, consérvase en la galeria de los Uffizi de Florencia. En del
siglo 1v; las Pa11dectas, del siglo v11; dos manuscritos de
temblona y las manos perláticas, pronunció un nom- aquella pinacoteca, única por la numerosa colección de retra- Tácito, del siglo x; copia de otro del 395, procedente de un
tos que atesora, existen algunas obras del célebre maestro,
bre y un apellido que me eran muy conocidos.
distinguiéndose entre ellas la que recuerda al descendiente de convento de Westfalia, descubierto por Arcimboldi durante el
• U na idea rápida como el rayo hirió mi pensamiento. aquel Simón de Monfort, azote de la desgraciada Provenza, pontificado de León X; El Decamerón de Bocaccio, de 1384;
que en justo castigo á su crueldad pereció ante los muros de un Quinto Cttrcio, del siglo x; cartas familiares de Cicerón, co- ¡Pobrecito!, dije.
Tolosa, la ciudad do se hallaban condensadas las aspiraciones piadas por Petrarca; un ejemplar de las obras de Horacio,
- Pobrecito, dice usted, ¿por qué?
y libertades de la tierra lemosina. Los episodios de aquella procedente de la biblioteca de Petrarca, que contiene asimis- Porque ha muerto en la defensa de Arica.
luctuosa epopeya han inspirado recientemente al eximio vate mo algunas cartas de este último; el famoso manuscrito lle LmSor Angelina sonrió con placidez, me estrechó las catalán D. Victor Balaguer su trilogía Los Pirineos, obra que gm; varios escritos inéditos de Ticino; un evangelio a~i,io del
manos, levantó los ojos al cielo, y al bajar los párpa- aparte de su indiscutible mérito literario, tiene para nosotras año 583; una Biblia in folio, del siglo v1; un Canzionero, del
el inapreciable de evocar el recuerdo de épocas que, si bien siglo v 1 v, en el que figuran los retratos de Laura y el Petrarea,
dos rodaron dos lágrimas por sus mejillas.
pasaron para no volver, despiertan el entusiasmo patrio y avi- y por último una carta de Dante, escrita después de su destie- ¿Verdad que vale más morir heroicamente en de· van
el sentimiento que debemos albergar en el corazón por la rro, rehusando el permiso que se le otorgaba para volver á
Florencia, por no querer someterse á la condici6n que se le
fensa de la patria, que vivirsufriendo como usted sufre? tierra que nos vió nacer.
- Sí, pero ya no sufro; él' está en el cielo, él ha
La historia consigna en sus páginas los nombres de Amaury, imponia de impetrar el perdón.
rogado á Dios por mí y Dios me perdona; usted me hijo de· Simón, muerto durante las cruzadas en el sitio de
El guitarrista, abanico pintado por D. Marialos de Guido, Felipe y Juan de Monfort, duque de
ha traído el indulto. Ya estoy tranquila. ¡Ha muerto! 0tranto,
Bretaña, chambelán, á juzgar por la llave· que sujeta en el cin- no F_ortuny. - Al igual de Rubens, Bouchery y Wat,eau,
Allá nos veremos. ¿Cuándo será? Pronto. Ahora sí to, que es el personaje representado en el lienzo de Van Dyck. el artista reusense, gloria del arte patrio contemporáneo, fijó
que tengo esperanzas de verle.
notable no sólo por el dibujo, si que también, como todos los en 1~ tela del abanico la gama de su brillante paleta para conretratos de aquel pintor, por su colorido é inimitable expre- vertirlo de objeto frivolo y trivial en manifestación artística.
Me despedí: - ¡Adiós, Domitila!, le dije.
El guitarrista, que oculto entre los pliegues que determina el
sión.
- Sor Angelina, señora, Sor Angelina.
varillaje, cobra vida y se transforma en cuadro al abrirlo, preSalí del Beaterio muy impresionada y diciéndole
Interior de mi estudio, cuadro premiado en gonando las cualidades de colorista que tanto enaltecieron al
á la superiora:
la Exposición de Bellas Arte8 de Berlin.-En que en su rápida cuanto corta carrera artistica logró elevarse
- Ya pueden ustedes soltarla, está curada y será el corral, cuadro de D. José Arpa y Parea. Si á una altura que por desgracia no han podido alcanzar sus
logra el autor de los cuadros que reproducimos, mere- sucesores.
mientras viva, poco tiempo acaso, una religiosa ejem• triunfos
El abanico pintado por Fortuny, convertido hoy en joya
cida recompensa son á sus afanes y laboriosidad. Discipulo de
plarisima.
D. Eduar&lt;lo Car:io y de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, artistica, fué dedicado al Sr. Gargollo, el que levantó el tea·
Yo había mentido á la enamorada monja. ¡Si le debe á su aplicación y cualidades la plaza de pensionado que tr.o de Apolo en Ma?rid, por el pintor reusense como testimo·
hubiese dicho la verdad!... Su amante de una noche justamente le otorg6 la Diputación de su pais natal, Las Ex- mo de afecto y consideración.
no había muerto ni se había batido en parte alguna: posiciones nacional de Madrid, la general de Bellas Artes de
Barcelona y la de Berlín, en que acaba de ser nuevamente
era un libertino sin conciencia, y cuando estuviera en distinguido, demuestran y justifican la distinción que se le
RANDES ALMACENES DEL PRINTEMPS,
Huanuco hada un año que contrajera matrimonio concedió al comienzo de su carrera art(stica Joven, emprende
DE PARÍS.• Véase el anuncio en la sección correspondiente.
con seguro paso el difícil y es~abroso sendero que ha de recoCOA una millonaria de edad madura.
Un mes después lo vi; le conté el caso, y no con- rrer el artista, Hoy constituye una esperanza, quizás lo porvenir reserva al pintor sevillano nuevos laureles si persiste en sus
JABON REAL
JABON
servaba más que un vago recuerdo de la inreliz re- nobles propósitos &lt;le lograr, por medio de la labor y del estu•
DE
T
H
R
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DAC
E
29,i:~:.1~;~:~Paru
V
E
LOU
TI NE
clusa del Beaterio.
dio, unir su nombre al de sus compañeros y paisanos que tan·
&amp;..co11eadaio1 por autor1i1Cea mUitts par&amp; ll li¡lm 41 ta rtll r lellua ••t Col01
to honran á España y á la morisca Sevilla,
EVA CANEL

G

\v:roLETI

NúMERO

5r4

LA ILUSTRACIÓN ARTlSTICA

POR M. J ULIO CLARETIE (DE I.A ACADEMIA FRANCESA). - ILUSTRACIONES DE JUAN BERAUD

(CONCLUSIÓN)

¿De amor? ¿Era esto posible? ¿Podía ser amado todavía M. Thomassiére, después de tantos años ... de tantos años de pesada soledad en Saint-Alvere? ... ¡Oh!
A este pensamiento, las rosas de Jericó, marchitas y empolvadas, volvían á florecer con las gotas de agua de las ilusiones. ¿Y por ventura no podía abrirse de

Interesado de repente en !a lectura los hojeó todos

nuevo el corazón seco y cerrado del antiguo notario? Las francas sonrisas de
las jóvenes bonitas están destinadas á obrar semejantes milagros.
Lo cierto es que M. Thomassiére se levantó muy turbado y se vistió calenturiento. Mientras lo hacía, procuró recordar su programa, el objeto de su viaje de
moralista y justiciero. ¡Ah! ¡Había olvidado este programa como se olvidan los
programas políticos!
«Veamos, veamos ... No he terminado mi tarea ... Esta tarea sólo está principiada ... Se trata de saber si Teodoro cometerá la necedad ... la locura ... la ...
¡Oh! ¡Cuando se ama es cualquiera capaz de cometer muchas necedades! ... Es
preciso que vea á Teodoro ... y que también conozca á Gabrí... No la conozco
todavía ... No he visto más que á la señorita Copín ... Margarita ~opín ... »
Y se interrumpió, complaciéndose en recordar este nombre: Margarita.
«No conozco más que á ~argarita ... la otra Educación laica, la verdadera ...
la verdadera, puesto que ha creado el papel... La señorita Vernier no será ya
más que una suplente suya ... ¡Es tan bella!»
Y la volvía á ver constantemente, á través de la sonrosada luz de las lámparas del teatro, con su traje negro que hacía resaltar la blancura de las carnes ...
Y después frente á frente de él, en la inquietante cena del café Inglés.
En seguida, tratando de desechar la visión y procurando volverá ser el Mentor de virtud, como lo era cuando salió de Saint-Alvere, seguía pensando:
«Dejemos á Margarita, dejémosla ... La que me preocupa es la señorita Vernier: se trata de arrancar á Teodoro de las garras de Gabrí... Pero esto no será
fácil, nada fácil, por poco que se parezca á Margarita, aunque sea la mitad menos linda que ésta.»
Razón de más para obrar con premura. Después de almorzar iría inmediata.
mente á la calle de la Fuente de San Jorge para sorprender á Teodoro. Almorzó, pues, por costumbre, porque se sentía con el estómago y la cabeza pesados.
¡Y eso que no había probado la cena de la noche antes! Mojó un poco de pan
en un huevo pasado por agtia y comió algunos racimos de uvas, El mozo del
hotel al servirle el café le trajo los periódicos de la mañana, que M. Thomassiére desdobló maquinalmente. Después, interesado de repente en la lectura
los hojeó todos para enterarse de la crítica de la obra estrenada la noche ante-

rior, de la revista ¡Quilate, que yo me ponga/ En todos los artículos de crítica
te~tr~l había alg,unas fr~ses ama~les para la señorita Copín: uno decía que el•
pu?hco no hab1a ~erd1do nada con ver representar por la señorita Copín, á
qmen se había mettdo para ello en fuga, el papel destinado á una actriz que se
había fugado. (¡Anda, para que aprendas, Gabrí!) Otro comparaba á Margarita
Copín con una figura de Rubens, con una hermosa creación de Rubens: todos
los cronistas estaban á cual más galantes.
- Se calumnia á los críticos, pensó Thomassiérre; entre ellos hay muchos
que hacen !er?adera justicia, y que tienen gusto, muy buen gusto.
Otro penód1co, en una sección titulada Unrt Soirée Parisiense relataba humorísticamente la historia de la cuerda, la ruptura de la contrat~ de la señorita Gabrí; pero con menos gracia y verbosidad que la había contado Margarita
Copín en el gabinete del restaurant, según opinión de Thomassiére.
_ «.¿Qué im.porta á los afortunados empresarios, añadía el periódico, que la senonta Verm~r haya me~tado la cuerda, si la señorita Copín ha traído buena
sombra al teatro, cual s1 llevase consigo cuerda de ahorcado?»
- Decididamente, pensó M. Thomassiére, estos críticos tienen talento.
_Continuó leyendo cada vez más febril y ansioso, porque la Soirée Parisiense
anadía:
«En cuanto á la señorita Vernier, se dice que abandonada repentinamente
por un hijo de familia, el conde Teodoro de T ... , que debía casarse con ella
ha roto v~olentamente su contrata teatral parisiense para irse desesperada .{
Buenos Aues, formando parte de la compañía de Silbermann, que debe embarcarse dentro de cuatro días. Por lo visto abandona nuestra república por otra
república más argentina.»
El an~iguo notario sintió un vértigo.
¡Gabnela_abandonaba París! Y le abandonaba, según decía el periódico porque había sido abandonada por un hijo de familia!
'
El conde Teodoro de T .. . En esto se equivocaba el periodista Teodoro no
era conde. Este Teodoro de T ... sería Todoro, el Teodoro que h~bía dejado á
la Gabrí,_por lo cual ésta, desesperada, había mandado á los demonios al director, á los autores y al papel de la Edu;ación laica.
¿Qué tenía, pues, que hacer en París Gastón Thomassiére supuesto que
Teodoro ídem había roto violentamente con la señorita Gabrí? '
«¡Vaya si tiene carácter Teodoro!,» pensaba su padre.
Sm embarg?, M. Thomassiére se disponía á ir á la calle de la Fuente de San
Jorge. No reñiría, felicitaría á su hijo, y punto concluido. Tomó las señas de la
calle, que no recordaba, Y. durante el trayecto pensó en Rubens, Rubens indudablemente era un gran pintor... En el Museo de Perigueux había un Rubens ...
Era verdad, ~uc?a verdad que Margarita Copín se parecía á un Rubens.
«Estos penodistas encuentran siempre la palabra adecuada: lo conocen
todo.»
Llegado á la calle de la Fuente, M. Thomassiére detúvose frente á la alta
casa en donde habitaba su hijo.
.
· Entró y pregun.tó por 1:eodoro á un ho~bre de honrado aspecto, cuya boca
ocultaban unos bigotes gnses que denunciaban al antiguo soldado: era el portero, que frotaba con un pedazo de paño la bola de cobre que había en la escalera.
- ¿M. Teodoro Thomassiére?, dijo el interpelado, no está ya en París.
- ¡Vaya! ¿Pues dónde está?
En Saint-Alvere.
¿En casa de su padre?
Justamente. ¿Por lo visto, sabe usted que en Saint-Alvere? ...
- Yo soy su.padre, interrumpió el anciano notario, y me choca que Teodoro
no me haya avisado.
- ¡Ah, señor, eso no tiene nada de particular! ... Ha sido de pronto muy de
pronto... Por la mañana, lo mismo pensaba M. Teodoro en volver al Perigueux
que en irá las Grandes Indias, con perdón sea dicho, y por la tarde de pronto ¡c~taplum/ hacía. cargar su equipaje en un coche y... ¡arrea! ¡á estación!
Ha stdo una gran dicha.
- ¿Por qué?, preguntó Thomassiére.
El portero tomó un aspecto malicioso.
- ¿Por qué? ¡Caramba, señor, por causa de la señorita!
- ¿La señorita Gabrí? Está bien; ya lo sé.
- L~ cosa es qu~ ya estaba cansado de la tal señorita Gabrí; no sabía cómo
conclmr; había medido la profundidad del abismo...
- ¡Cómo!, interrumpió estupefacto el notario. ¿Qué decís?
El portero repitió con militar gravedad:
- Digo que ?abía medido la profundidad del abismo en que iba á hundirse.
M. Thomassiére se apoyó involuntariamente en el pasamano de la escalera
para no caer al suelo.
'
J?e modo q_ue había él abandonado á Saint·Alvere, atravesado la Francia y
vemdo á París para preguntar á Teodoro, con el acento severo de un padre

¡¡

�LA

700

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

corneliano si había medido la profundidad del abismo... y en este mismo ~o•
mento Teodoro la media, sondaba la profundidad y retrocedía delante del ab1s·
mo, partiendo para Saint-Alvere.
Allí en su casa 1 debería haber un pedazo de papel azul, procedente del telé·
grafo, ~nunciando al notario la llegada del parisie~se. ~Quién le habría recibido?
Evidentemente la vieja María toda temblorosa é mqmeta por la salud de su se·
ñor, y puede ser que le hubiese llevado al jue_z de paz moussu Langlade.
El antiguo notario se sentía algo desvanecido, y para comprender esto tenía
necesidad de todo su raciocinio.
- ¿De modo que Teodoro no está en París?, volvió á preguntar al portero.
-No, señor.
- ¿Y la señorita Vernier?
.
- ¡Oh! En cuanto á esa, ayer se despidió furiosa de esta casa, en plena escalera diciendo que iría más bien al Congo, sí al Congo, que volver á ver á
M. Thomassiére; aunque á decir verdad, esto no supone nada, porque no es
la vez primera que ha amenazado con no volver y ha vuelto siempre... Por lo
tanto, M. Teodoro ha hecho muy bien en pillar la ocasión al vuelo y correr al
camino de hierro... Sea dicho entre nosotros, caballero, M. Teodoro estaba ya
más que harto de ella.
- Sí, sí, afirmó Thomassiére, por fin ha medido la profundidad del. .
- Y tomar el tren, que es lo más seguro.
.
¡Tomar el tren! El notario se preguntó si no iba él á tomarle también, supuesto que su hijo no estaba en París.
¿Y qué tenía ya que hacer? Nada. Regresará Saint-Alvere, abrazará Teodoro y decirle:
.
.
.
«¡Muchacho qué bien has hecho en medir aun sm mí la profundidad del!..
«Sí, voy á largarme, seguía pensando Thomassiére. ¿Por qué no he de largarme? ... ¿Qué puede detenerme en París?... Teodoro está en salvo... ha me·
dido...»
~
Y después de dar las gracias y despedirse_ de aquel buen ho~bre de porter_o,
el notario echó á andar por la calle; pero sm duda por casualidad eqmvocó el
camino y hallóse inconscientemente delante de una puertecita, en cuyo um_bral,
algunas horas antes, habíase despedido de una joven alta y hermo~a,_espec1e de
aparición mágica, de rubios cabellos, sobre cuya frente nac~~ada ~ab1a impreso un
óbsculo suave y paternal; sí, sobre la frente de la Educacion laica, .e?trechando
al mismo tiempo su blanca manecita. E l notario sentía aún la canc1a de aquel
beso en sus labios.
Allí era sí· allí en la calle Pigalle, habitaba Margarita Copín... La Rubens, la
verdadera' R~be~s de la que hablaba la prensa... ¡Ah! ¡Qué hermósa criatura!
¡Qué bonachona y qué picaresca! ¡Con cuánta verbosidad había contado la
historia de la cuerda!
No había querido que subiese á su casa aquella noche, pero le había dado
permiso para visitarla, y aquella puerta ta? b_rutalmen:e c~rrada pocas horas
antes estaba ahora abierta para él, no hostil, smo hosp1talana.
«¿Si subiese á verla, pensó Thomassiére, ó más bien á despedirme de ella?...
Porque si me voy... y -sí que me voy... es preciso que vuelva á verla, aunque no
sea más que por cortesía.
.
.
«Sí, sí, un adiós, un adiós solamente, pensaba el nota.n o subiendo lent~m~n!e
la escalera de la casa, y me marcho en seguida, llevando al fondo de mi v1e30
Perigueux el recuerdo de esta juguetona visión de una parisiense.. , Sí, haré provisión de esta rubia aparición para el resto d~ mis días.»
.
Cuando tocó la campanilla estaba conmovido P-1 buen~ ~el notan~, muy con·
movido, tanto como cuando efectuó su duelo con el ofic1ahllo del 3. de ligeros
por causa de la librera del gabinete de lectura...
Resonó la campanilla... Salió á abrir una linda muchacha morena, respinga· ,
da, risueña, coqueta ...
- ¿Se puede ver á la señorita Copín?
- ¿A quién anuncio?, preguntó la morenita.
- A M. Thomassiére.
- ¡Ah! ¿Es usted, dijo la linda muchacha sonriendo, M. Gastón Thomassiére? La señorita os esperaba.

•

VI

«Mi querido y antiguo amigo: Hace tiempo que no te he escrito porque no
sabía cómo expresarte lo que ha pasado en mí y en derredor mío desde las
doce semanas que hace que estoy en París. ¡Qué aventura, mi buen Langlade,
y con cuánta razón s'e dice que sucede todo, hasta lo imposible!
»Bien sabe Dios que suponía terminada mi vida de acción y limitada á nuestros agradables coloquios de Saint-Alvere, cuando bebíamos el vinillo de CostoRasto, en recuerdo del pasado. Tú me hablabas de tu sobrino Gustavo y yo
de mi hijo Teodoro, haciendo proyectos un tanto ambiciosos respecto al porvenir de esos dos muchachos. No nos ocupábamos nunca de nosotros, viejos

NúMERO

514

inválidos de la vida, porque creíamos que ésta se acaba al pasar de los sesenta
años.
» De todas veras. Yo no pensaba más que en preparar la maleta para hacer
un día ú otro el gran viaje. Esto es lo cierto, Langlade, y no me preocupl!ba de

NúMERO

514

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Rubens, y los periódicos podían haber añadido: «como un Rubens que tuviese
alma»).
·
» Después, esta ternura paternal que se despertó en mí tomó otro aspecto,
otro nombre, á medida que las confidencias de la artista me la mostraban elevándose poco á poco, por medio de un trabajo encarnizado, desde el Café-con·

701

familia á que pertenecía! Al revés, la señorita Copín no tien~ la insolente vanidad de artista. ¡Se ha hablado tanto del orgullo de los cómicos! ¿Sabes cómo
llama ella á su teatro? La Caja, ni más ni menos.
.
» Porque Margarita es la más familiar, la más llana, la más sencilla de las
mujeres,

•

Chevandier, fijaos bien en el señor: es mi marido

otra cosa... Me equivocaba: uno no acasa nunca, mi querido camarada, míen·
tras conserve el pie firme, la dentadura sana y el estómago sólido.
»Me he persuadido de ello desde que he vuelto á este París, tan peligroso
para los jóvenes, y que como un vino nuevo se le subía á la cabeza á mi pobre
Teodoro... Mira, querido... es una diablura, pero me ha parecido al llegar aquí
que volvía á mi elemento.
»No ignoras que hay árboles á los que se cree muertos que de repente se
llenan de savia y echan hojas: á mí me ha sucedido una cosa semejante. Siento
verdaderamente una inundación de savia, y tú, Langlade, habrías experimentado
la misma inflamada inundación, si como yo hubieses encontrado, tratado y
apreciado á la que pienso hacer mi esposa...
» Porque esta es la gran noticia que tengo que comunicarte, y que en adelante, no ahora, te pediré que transmitas á Teodoro, suavemente, con habilidad...
pues seguramente le admirará. Sí, mi buen Langlade, me caso; me uno á una
mujer cuya hermosura y talento son incontestables... (te enviaré un paquete de
periódicos qlfe hablan de ella); mujer fénix y que á despecho de una existencia al parecer independiente, ha practicado fielmente las más raras virtudes del
corazón y de la abnegación.
»Es una actriz. ¿A qué ocultártelo por más tiempo? Pero una actriz de mérito sorprendente, á la que sólo las circunstancias han impedido llegar al primer
puesto en su arte; pues en todas las cosas no basta con ser laborioso é inteligente y se necesita ser ayudado por la fortuna ó casualidad.
»La señorita Copín (éste es su nombre) ha sido inteligente y laboriosa, y la
casualidad se la ha mostrado adversa ó sólo la ha ayudado á medias.
«Hija de padres pobres, pero honrados, debió haber entrado en el conservatorio si su familia hubiera podido proporcionarla medios para seguir su carrera.
No teniendo, pues, fortuna, la señorita Copín prefirió valientemente lanzarse al
teatro práctico, y con un aliento admirable se presentó por vez primera en la
Scala (no de Milán, de París). Cantó, ¡pobre muchacha!, cantó coplas y música
de excesiva fantasía, que repugnaban á su gusto, instintivamente puro... Pero,
como yo digo, también Rache!, la gran Rache! comenzó por cantar en los patios y en las calles.
»¿Por qué la señorita Copín ha tenido que empezar por las cancioncillas? ¡Ah!
Si tú la hubieras oído como yo contar las tristezas de esos años de pruebas, la
simpatía se te hubiera entrado por el corazón, como el amor se entró por el
mío por medio de la compasión; amor paternal, después de todo, no obstante la
belleza de la señorita Copín (ya verás por los periódicos que es bella como un

Salió á abrir una linda muchacha morena

cierto hasta la escena de Las locuras dramáticas y luego á la de Montansier, el
famoso teatro de Montansier, en donde yo debía verla por vez primera. ¡Ah,
Langlade! Yo hubiera deseado que hubieses podido ver la turbación, el azoramiento, la timidez que se apoderó de esta joven aguerrida á todo lo imprevisto
de París, cuando declaré á Margarita (se llama Margarita) los sentimientos que
me había inspirado.
»Primeramente me prohibió que la viera, luego quiso huir, hasta que por último consintió en escucharme por bondad, comprendiendo cuánto disgustaba á
un hombre decidido á consagrarla su existencia, sí, su resto de existencia, como
yo la decía con falsa modestia, cuando por fin tuvo á bien oírme.
»Conforme la trataba descubría en ella una nueva gracia, un talento, una
seducción, un hechizo inesperados, sintiéndome, no rejuvenecer, mi buen Langlade, sino vivir, y vivir por vez primera.
·»No digas esto á Todoro. No le digas que sólo vivo desde hace algunos meses; quiero que siempre venere á su madre, por más que Estefanía, á mi juicio,
haya sido seca y dura conmigo. ¡Cuántas veces me recordó orgullosamente la

» Yo la aconsejo que. c?ntinúe en el teatro, aunque ella quisiera dejarle; por·
que me parece que s1 tiene, como debe tener, grandes éxitos, no me asiste el
derecho de malograr su carrera. Además, me agrada que conserve ante mis
ojos la aureola que proporcionan las luces de la escena. Si por mí abandonase
el teatro, me parecería decapitar una gloria y marchitar en flor una esperanza
artística. ¡Si supieras! ¡Hay tan pocos talentos en París!
»Decididamente, mi viejo amigo, me caso con ella. Ella ha dudado, retrocedido y hasta reído en los primeros momentos, lo cual, según me ha dicho constituye en ella un modo de llorar de alegría; mas por fin ha consentido.
»Me siento en el colmo de la alegría.
»¡F igúrate, voy á ser el marido de una artista, de una artista admirada, lisonjeada, adora.da! ¡Casarse con un Rubens, un R ubens delicado, p0rque sólo así
puedo defimrte á Margarita!
» ~-ubiera tenido .una satisfacción en pedirte que me sirvieras de testigo; pero
el v1a3e es largo, fatigoso. Me contentaré con algunos amigos de fecha más reciente: un joven reporler de finos modales, muy instruido, q ue me ha pre~enta.

�LA

NúMERO 514

lLUSTKACl ÓN A RTÍSTICA

do Margarita, y uno de los asiduos aficionados al teatro, el barón Debielle, an· estación elegante, puede ser que vayamos á pasar algunos días á Saint-Alvere,
al dirigirnos á Trouville, y me verás llegar á tu casa, mi buen Langlade, con
tiguo prefecto.
»Te confieso que lo que me preocupa en este negocio es Teodoro; quizá mi Rubens del brazo.
» Pero reserva todo esto; sobre todo no se lo digas á Teodoro .
crea que me he rejuvecido un poco demasiado, y me sería desagradable que vi·
»Nos casamos dentro de tres días ... Ya están publicadas las amonestaciones;
niera á París á hacerme algunas reflexiones. Supuesto que ha tenido el buen
lo que falta es arreglar el hotel de la calle Viéte, que va despacio. Margarita
tiene razón. ¡Qué tortugas, qué tortugas son estos tapiceros!.. »

núm. 61. París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina de publicidad de los Sres. Oalvet y O.•, Diputa.oión, 358, Barcelona.

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--

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sentido de dejar esta ciudad donde resbalaba por una pendiente, para irse al
Perigueux á descansar, que continúe en el hogar de la familia. Trata de retener·
le a~í, dile lo que es v~rdad, que la agricu_ltura es una cosa muy buena y pro·
porc10na noble ocupación á un hombre Joven verdaderamente unido al suelo
natal.
»Le vería con gusto hacerse agrónomo, porque el campo no sólo se resiente
de la falta de brazos, sino que también de cabezas. Supongo que no pensará
más en la señorita Gabrí, en lo que tendrá razón. La señorita Gabrí está en
Am~rica, en ?onde cant~ la o~ereta. Margarita_ me ha confirmado su viaje, ase·
gurandome sm segunda intención que la señonta Vernier no había gustado en
Buenos Aires. Parece ser que la han chicheado.
»Teodoro ~o tie?e ninguna razón para inquietarse por sus intereses particu·
lares, que seran cmdadosamente respetados; la señorita Copín ha simplificado
la cuestión desd_e un p_rincipio. Margarita no quiere de mí (debo decírtelo, pues
ha~to sabes,, mi quendo ~a~glade, que no p~co por exceso de fatuidad), no
qmere de m1 más que á m1 mismo; me lo ha dicho en un tono en que se revela la verdad: la querida niña no hace un n·egocio, sino uno novela de dos personajes: ella y yo.
»Sí, te contaré la historia de la cuerda, pero con una condición, Langlade,
» En suma, mi viejo amigo, soy el hombre más feliz del mundo.
» Recorro los almacenes con mi futura, sí, con mi futura; este nombre me en- y es: que no se la cuentes jamás, ¿lo oyes?, jamás á Teodoro.
ternece hastaJlorar. Estamos amueblando un hotelito en la calle Viéte1 avení·
»¡Pobre Teodoro! -Tu antiguo amigo, Gastón Thomassiére.».
da de Villiers, un nuevo barrio, un lindo París que no conoces. Perma necereTRADUCIDO POR F. M. GODINO
mos aquí el invierno, y pasada la pri~avera, cuando llegue la clausura de la

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Margarita Copín es mi mujer... ¡Y qué mujer!
»Tomo posesión de la casa alegremente. Su director había concedido á Margarita una licencia, y cumplida ésta, !a primera vez que la acompañé al teatro,
en donde debía volver á encargarse de su papel en la pieza nueva, me presentó
gravemente al portero diciendo:
- »Chevandier, fijaos bien en el señor: es mi marido. Pues bien: si _alguna
vez viene no le dejéis subir á mi cuarto.
»¡Deliciosa chanza, hay para morirse de risa!
»Tiene el don de las frases atractivas, de una sencillez. picante, que sería
agresiva si no fuese acariciadora.
»Aye;, cuando me arreglaba graciosamente el nudoTde la corbata, me miró
de un modo adorable con sus lindos ojos azules y profundos como el Vézere,
y me recordó la casualidad que hizo que una feliz noche reemplazara 'á la
señorita Vernier en un papel que ésta debía representar (pronto te haré conocer esta historia) y luego repuso: «¡Oh! La cuerda, la famosa cuerda!, que ha sido
causa de que se multara á Gabrí y que á mí se me pusiese en el cartel!»
»Y luego, apretándome el cuello con la corbata, ar.adió todavía: «Pues bueno:
la cuerda, la verdadera cuerda es ésta, mi viejo Gastón &gt;&gt;
»Estuvo adorable, adorable... Un Rubens maligno... Yo la dí un abrazo ...

,.

LA

NúMERO 514

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NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

514

EL GUITARRISTA, abanico pintado por Fortuny

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
ARTISTAS Y CRÍTICOS ESPAÑOLES,jor Rafael Balsa de la
Vega. - Nuestro estimado amigo y colaborador Rafael Balsa
de la Vega acaba de publicar, reunidas en un elegante volumen, las Siluetas de pintores, esmltores y crlticos que escribió
para El Liberal, precedidas de un notable prólogo, con atinadas observaciones acerca del arte español y completadas con

otras más que ha escrito expresamente. Diez y ocho pintores,
cinco escultores y seis críticos pasan por el tamiz del crítico
madrileño, que aparte de algunas observaciones particulares,
acusa en este verdadero estudio de la personalidad de algunos
artistas gran espíritu de observación.
Editado el libro por la tipografia de Arles y Letras, véndese en las principales librerfas al precio de una peseta.

•••

ESTUDIO CRÍTICO-BIOGRÁFICO DE VICENTE RODES, por
D. Carlos Pirozzini y Martl. - Con motivo de la inauguración
de la Galerla de alicantinos i/11stres, y por encargo del Ayuntamiento de Alicante, escribió el erudito y distinguido Sr. Pirezzini este discurso nutrido de doctrina artística, en el que
aparece en todo su relieve la hermosa figura del pintQr Rodes,
que floreció á mediados de este siglo y que fué director de la
Escuela de Nobles Artl!s de Barcelona desde 1840 á 1858,
época de su fallecimiento•

CARNE HIERRO y QUINA

ENFERMEDADES

ll ~mto maa ~ llllido a lol 'r6D.iooa mu 11,arador-.

ESTOMAGO
P!STILW J POLVOS

VINO
FERRUGINOSO ARDUO
.J..Am,

PATERSON
• BISJIUTBO 7 ll!GNISIA

~ eaawa tu .i-1onn del Elt6·
mago, Falta de Apetito, Dlgeatlon• )aborto.u, Aoadiaa, V6mitoa, Eruotoa, y C6l1oN;
regularisaJI lu Funolon• llal Eat6ma¡o 7
de loa ID&amp;Ntllloa.
\ Erlllr • ti rotulo e ,,., dt I, FAYA ,ro,
Adla. DJi!TIUM, r - U o o • P.Allla

.

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nncc:moa JnJnlTITOI DB u CABBB
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~ &amp; 1 Dtes aflOI de ano conUDll.ldo y JU a11.rmaclow de
JU em1nen0111 m
preubaD que ea&amp;&amp; UOCIICion de la tlanae, el Biern y la
T COK TODOS tol

9{.laa oonaUtuye el re~or mu eueni!CO que ee oonooe ~ curar : la Clordní, la
.AM111'4S, la8 l l e , u t ~ 4DlOr0141, el Jffll,Clweafllftltlo y la .i1terac1Mt di 111 &amp;Mllr,,
el
lal -'/lffl(IMI ,sc,o/V#141 J lltOl"blltfc41, etc. &amp;l ..,••• •efflls(aeN dé
&amp;na• ea, en erecto, el úDioo que reune todo lo- que en&amp;ona y Comlece loe orpno■,
~ ooordena y aumenta conalderablemen&amp;e lu tuerzu o lnflmde a la an¡re
empol&gt;reclda 1 descolorida : el Ylqor, la Color"'°" 1 la 6,urgw, tn't/ll,

Raqu"''"'°•

Por111ror,•Paril, enwade J. RW,Farmauntico, tot,nae Ricbelieu. Sausar4e ABOUD,
.

p VDDS SN TODAS U..S P.lUIClPALU IIOTlQAB

EXIJASE e1i:'= 1 ARDUO
~,-tl\ADES ••,EBro.,
--¼-~llo

\'f.1

Pepsina Boudault
!prehada por la !UDHI! DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858

~~JAR41ltf!!f!~l~!JJ.i,.!tl8.1Jll~
Bl JARABB DB BRIAN2'recomenO.ado

~1111•0, Tllénard,

d11d1 1u omctplo~ por 101 proteaorea

Guenaat, etc.; ha recll&gt;ldo la conu¡raclull del uempo: en el

ano i8!9 ob&amp;UT0 el prl'f1le¡to de tavuct6n. VUIADEH CDIFlff PUTHALL~n bue
de goma J dJ lbabotea, con'flene 1obrt loél.o a 1u peraonu -dellcadu como
mUJerea J ntños. su ru■to excelente no perJuc11ca en modo airuno 6. au bcacla
~ contra 101 USFIU.DOS J todu lu lllLWeIOIES del PICIO J de 101 ll'RfflllS. ....i

Parttel11&amp;ndo de lu propiedades del Iodo
se emplean
elU)eclalmente contra las ••entulu, la
"l'liit■ 111 •••Dt4a4 4• wmpenmeaw~
ul como en todos los casos(Piitdo■ 001en1,
Ameaerrea, ••&gt;, en los cuales es neceAl'lo
obrar aol&gt;re la aanrre, ya sea para deTolTerl&amp;
au riqueza y abundancia nonnales, ó 1apara
proTocar -o recularlzar su curso periódico.

1 del Blerro, estas l'fldoraa

ll•dallu •• 1&amp;1 llxpo■loloo11 lot.ernaolonal11 ••

PWS • LTOI • TIEIU • PIIL!DELPII! • HRIS
11117

1871

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18711

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1171

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'I ft&amp;OI DUOI.DIUI I)• U. Dle&amp;HI-

BAIO U FORIU DE

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VINO • • de PEPSll.l BÓUDAULT
POLVOS, de PEPSINl BOUDAULT
Pil!S, Pbnnarit COLLAS, 1, ne Dup'111
~ f .,. 141 prlne(oel,1 fa,_,...,,.

JARABE v PASTA
de H. AUBERQIER

lona,artt, U

Otl ~ (J111 l1ob111 d1 Leobuga)
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Aprobado, por la Academia de JlelUobaa de Paru 4 wenadoe en la Coleoci6n
ono1a1 de r6rmala■ Legal.N por decreto .m1m■c.,1a1. de 10 de Muso de 1854,
e Una completa tnnocllidld, una encacla ~rroctaaumle comprobada en el cat/Jl'f'O
"'6tmtco, las Bro11qum,. catarro,, .Bnl!ICII, f'o,, C111111 6 W'Mtatfofl de la rarpnta han
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Quedan reservados lo, derechos de propiedad artistica y literaria

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>itrtélC10t)

Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 9 DE NOVIEMBRE DE 189~

NúM. 515

ADVERTENCIA. - El deseo de repartir cuanto antes á nuestr0s suscriptores «LA GUERRA FRANCO-ALEMANA DE 187071, )) del general Moltke, ha sido
causa de que suspendiéramos la entrega del tomo de la Biblioteca Universal que correspondía al presente número. Con el próximo ó á más tardar con
el 517 recibirán nuestros suscriptores la citada obra de Moltke, siendo esta edición la primera que se habrá publicado ilustrada profusamente.

, EL BRINDIS, copia. de una. fotografía. de D. Rafael Areñas

�706

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

515

es malo, junto á lo bueno resulta peor y le perjudica todas las impresionabilidades, pasiones, encariñamientos, y miserias y debilidades y pequeñeces (que
SUMARIO
como las malas compañías.
aquí encaja bíen el vocablo de moda) y cuanto
Texto. - Éxposicio11es tú Bellas Artes ( caplttilo de 1m libro),
más puede caber en la fragilidad humana... la cuespor Juan O-Neille. - La vida parisiense. La llegada del
tión resulta doblemente complicada y el acierto muinvierno y la caridad. Diversos sistemas de distribución de
cho más difícil.
La
concurrencia
de
firmas
acr.editadas
puede
dar
socorros, por Ernesto García Ladevese. - La litería, por
realce
al
concurso:
el
público
ligero
lo
toma
como
F. Moreno GGdino. - Nuestros Grabados. - Cardi11eta, por
Antonio Albalat, con ilustraciones de M0ntenard, traducción base para el aprecio: es innegable que se lo dan si las
de E. L. Verneuil. -SECCIÓN CIENTÍFICA: El A11ditorium obras corresponden á las firmas; pero si sólo hay las
Se ha de convenir en un punto fundamental,
de Ckicago. - El dromógrafo de Jl,J. de la 1?011/le. - Libros en- firmas en las obras, el realce puede dejar algo que
y
en
esta base es en la que no se quiere 6 no _se
viados á esta Redacción por autores ó editores.
desear.
No sin fundado temor y justificados reparos algu- puede fácilmente cónvenir, y de ahí resulta la dificulGrabados. - El brindis, copia de una fotografla de D. Ra·
nos artistas de valía evadieron la exhibición de sus tad en las apreciaciones y el error en. los fallos; se
fo.el Areñas. - Mme. Bomiemain, cópia de la fotografla en·
obras en las Exposiciones; y otros, alcanzados los ha de estar acordes, no sólo en las condicíones de
contrada sobre el cadáver del general Boulanger. - La tumba
la bondad del Arte, sino en sus efectos trascendentade !,/me. Bonnemain, donde se suicidió el g~neral Boulan- primeros premios y logrado el crédito de su firma,
les· no en una bondad circunscrita y limitada, sino
ger. -Los primerosfríos, dibujo de Davidson Knowles. - Ex· permanecen retirados, prefiriendo que se busquen
en
'una esfera muy amplia, lo que cabe y puede caber
posición Universal de Cliict&lt;go: Rotonda central del pabellón sus obras en sus estudios. No conviene entrar en esa
de Horticultura; Pabellón de la sección de pesquerías; Pala- cuestión que reviste el carácter de interés particular, dentro de lo Bello, lo que ha sido y lo conveniente
cio de máquinas; Pabellón de la sección de minas. - Des· por más que pueda afectar al general: ellos se sabrán que sea: se ha de saber prescindir de los extravíos,
puls del baile, cuadro de Conrado Kiesel. - Trabajos en el bien el porqué de su conducta, que debe respetarse. de las exigencias y de todo cuanto pueda inducir á
falsas apreciaciones y á desvirtuar su acción social;
Tiher, cuadro de Enrique Sena (expuesto en la Exposición
de Berlln del presente año, y adquirido por S. M.el empelejos de eso, se ha de procurar esforzarse en que por
rador de Alemania. - El A11ditorium de Chicago: Fig. 1.
su condición de imperecedera vitalídad cautive y se
Vista del edificio en conjunto: - Fig. 2. Sección vertical del
Aparte de todo eso y de cuanto más en el tintero se apodere del sentimiento de la humanidad hacia lo
edificio. - Fig. I. El dromégrafo de M. dl' la Roulle - Fig. 2. queda, ¿son convenientes las Exposiciones de Bellas bello, lo verdadero y lo bueno. Esa es la noble, libre
Facsímile del trazado obtenido con el dromógrafo de M. de
Artes?, 6 dicho de otro modo: ¿se puede por ellas, y á y elevada misión de las Bellas Artes.
la Roulle. - Fig. I. El japonés Morimoto, famoso por sus expesar de los defectos y deficiencias de que adolecen,
Lo que dificulta en la apreciación práctica de esas
traordinarias muecas. - Figs. 2 y 3. El dies' de la Riqueza,
alegre y desconfento. -Fig. 4. El dios Daruma (de fotogra- conocer ó calcular con aproximada exactitud el verda- cualidades es la especie de misterio de poder ser á la
dero estado del Arte?, y si se quiere con mayor clari- vez bueno y distinto, bello y diferente y siempre vafías obtenidas en Kioto, Japón).
dad: ¿es hoy tal medio, propio de nuestro tiempo, ~l riado de la unidad de su esencia; la cual no puede
único posible, el más seguro y menos expuesto á eqm- de~ar de ser siemprt la misma, sea cual fuere el invocación para conocerlo? Claro es que entre los mu- dividua] modo de ver, de sentir, de exteriorizar; el
EXPOSICIONES DE BELLAS ARTES
chos que acometen esa lucha titánica y entran en el temperamento, la enseñanza, la educación; la escuepalenque, unos con los bríos necesarios y otros á ten- la, la época, el período; los modos, los estilos_ y ca(CAPÍTULO DE UN LIBRO)
tar fortuna, sin faltar quien confíe más que en sus racteres, y basta las negaciones y las afirmaciones,
«11 est toujours dificile de definir fuerzas propias en el valímiento de las ajenas, entre las dudas y tentativas, los descalabros y victorias ...
la valeur d' une exposition d' art ese núméro puede haber, y ciertamente los hay, de pues no puede negarse que por los medios más di•
aprés une premiere visite;&gt; - &lt;tout se
un gran valor intrínseco, y cuyas obras son indiscu- versos todo puede ser útil y servible para convergir
confond dans l' esprit &gt;
tiblemente merecedoras de premio, de recompensa y al esplendor de lo bello, si ese fin se anhela; á eso
ALBERT WOLFF
de justísimo elogio; porque no se empieza jamás con se puede llegar por todos los trazados caminos: por
Salón de I 891.
Ja aureola del triunfo y con nombre acreditado, que la corrección depurada, por la dulzura del clarobscu¿Es acaso fácil cosa poder apreciar su valor, su en Arte no se vinculan herencias. Por esto, negar ro, por la armonía del colorido, por el esfuerzo del
grado de progreso ó de retroceso después de varias la conveniencia, la necesidad de las Exposiciones estudio, como por el rasgo del genio; por todas las
y detenídas visitas? ¿Pueden fácilmente la imagina- equivaldría á ponerse en contradicción con el mundo convicciones y creencias... en unos por la idea del
ción, el temperamento, el modo de sentir las vibra• del Arte, con la corriente social; pues su fuerza no sentimiento místico, en otros por el idealismo eclécciones de la impresión atrincherarse en los reductos debe contrarrestarse, sino encauzarse; que riegue y tico en estos por el naturalismo hasta exagerado ...
siea'ipre y cuando no se traspase la debida linea que
del frío examen, y desprendiéndose de preocupacio- fertilíce, que no inunde y arrastre.
Afirmar que tal como se procede sea en bien del separará siempre lo bello ideal de lo bello real, seco
nes, bellezas ó defectos, vicios ó estilos de escuel:;t ...
puédese fácilmente ver lo bueno, fijanlio una segura Arte, atreveríame á decir que puede ser en su per- como la imagen obtenida por la máquina fotográfica,
juicio, En esa especie de deficiencia, en-esa falta que · pasando de repente á lo falto de belleza sentida y
mirada sobre lo superior y excelente?
En esas salas inmensas abiertas de continuo y se siente, jurados, expositores, críticos y público... to- consiguientemente al hastío que causa lo que de ella
hasta con simultaneidad, atestadas de obras de arte dos «pusimos en ello nuestras _manos;» y somos, carece, y al menosprecio con que se mira lo que á
correcto ó extraviado, en incoherente y abigarrada quieras ó no quieras, como los que clamaban contra cosa alguna responde ni á ningún fin corresponde.
mezcolanza, la cabeza se pierde y se aturde, la retina la adúltera, ninguno libre de pecado pudo tirar la ¡Cómo no andar á tientas y con inseguro pasó en tal
obscuridad y en tan enmarañado laberinto!
se impregna de colores chillones, lo tranquilo y justo primera piedra contra ella.
Un amigo mío, conspicuo historia~or y publicista,
¡Cómo dejar de extraviarse... cómo no verse arroparece incoloro, la línea firme parece seca, el contraste semeja duro... El pecho se oprime, se busca me decía que «los Museos le parecían los cemente- liados por semejante vertiginoso huracán!
sín saberse lo qué y se cae como desvanecido sobre ríos del Arte,&gt;&gt; y me inclino á creer que tiene razón.
el primer diván que se encuentra á mano.
Pero hay que convenir también en que los sucesos
Después de algunas veces de semejante sufrimien· son hijos de los tiempos, y qu_e por complicadas cauNo se entienda por esto indicada una remota into, que sélo comprende el artista, al saber respirar sas las Exposiciones han llegado á convertirse en
tención en contra de esos certámenes, sino muy al
en aquella atmósfera, y apartando la vista de lo que pugilatos artísticos.
no merezca mirarse y descon(iando siempre de las
Esta es la fuente del más lamentable de los erro- contrario; que al fin obedecen á las cendiciones de
impresiones clel momento, entonces puede empezar- res y el error de peores y más trascendentales conse- nuestra época, son fruto del tiempo presente, y como
se el examen y el estudio.
cuencias. Hoy el artista no expone lo bueno que ha en este orden de cosas lo que da de sí no se discute,
Por punto general, casi está por demás decirlo, producido, sino que produce para exponer; y como por esto, siendo una forma de manifestación artístipuede partirse de una base bastante exacta y aplica- sabe, por triste experiencia, salvas rarísimas y lauda- ca, deben ser consideradas esas Exposiciones, no
ble á todas las Exposiciones de Bellas Artes cnyos bles excepciones, que para llamar la atención ha de sólo necesarias, sino como los medios casi posibles
resultados los Jurados más rígidos difícilmente po- impresionar, como ignora á qué luz y altura se colo- hoy, para que el genio, el estudio y la educación ardrán evitar. U na tercera parte de las obras admitidas cará su obra, y sin espacio de marco á marco con qué tística de expositores y público se complete y se per·
son siempre rematadamente malas y de todo punto clase de vecino habrá d e codearse... todos aprietan feccione, y sean el fundamento, el punto sólido para
inadmisibles: otra tercera parte simplemente tolera- euanto pueden en color y contrastes, falsos y duros, que las Bellas Artes en este período de febril probles, equivalente á dar lo mismo expuestas ó retira- con tal que brillen, por temor á ser obscurecidos y ducción sigan un bien trazado derrotero que pueda
das; y otra tercera parte dentro del orden de lo bue- apagados ... como en medio de una gran reunión en conducirlas al seguro y deseado puerto. Pero... no es
no, de lo más correcto ó menos defectuoso. Porque la que todos gritan, necesariamente ha de chillar fuer- menos cierto que para llegar á él sin peligro de nau•
fragio deben marcarse bien los escollos.
en Arte, en las Exposiciones no se ha de aprecíar lo te quien quiera que se le oiga.
relativo, no ha de entrar por nada la conmiseración,
Hallar lo justo, como se dice en lenguaje artístico,
y mucho menos otras cosas más lamentables; eso lo tranquilo, lo acordado, lo natural revestído con el
puede agitarse y revolverse en otras esferas, nunca idealismo del Arte, verlo bien y apreciarlo mejor, eso
Aparte contadas excepciones, prosiguiendo todos
en tales certámenes, á menos de desvirtuarlos y con- es lo raro, lo extraño y lo sorprendente. Por lo deducir á un efecto contraproducente. En Arte no exis- más, no debe espantarnos todo lo _monstruoso de de consuno del modo como se procede, ¿adónde se
te el término medio; se ha de inclinar á uno ó á otro nuestra obra.
·
lleg~rá?, ¿en dónde nos encontramos ya tal vez?
de los dos extremos, ó bueno 6 malo; lo que del uno
No podemos ser jueces en causa propia: los tíemse separa se ha de acercar al otro; y en tanto es así,
pos se juzgan por los sucesivos: no sabremos el juique en todos tiempos y hasta por los mismos maescio que de nosotros formulen las épocas venideras.
tros se han producido obras más ó menos superiores.
Si los artistas inci¡rren en la inconveniencia del Sólo sí sabemos que cada período de la historia del
Tenemos, pues, que en toda Exposición de Bellas Ar- desqu'iciamiento separándose de las verdaderas con- Arte se ha sellado con su timbre especial y que todo
tes puede reducirse á una sola tercera parte el número diciones del Arte, aunque no debieran así hacerlo, se correspondíó á sus necesidades ofreciendo un conde las obras dignas de figurar en ella; y si dentro de comprende que les obliga á ello el extravío que casi junto armónico; que esa es la más fiel y poderosa
ese reducido número se ofrece otra tercera parte de predomina en tales certámenes, porque todas las co- fuerza de las Bellas Artes, la de reflejar su tiempo,
mérito indiscutíble y un corto número de obras no- sas son por su causa y razón de ser. Y si á eso se sus creencias, su civilizacíón y su cultura.
toriamente excelentes, la Expvsición puede conside- añade la conducta casi constante de los jurados...
¿Se ve, se descubre, existe en nuestra manifestararse como de notable resultado.
(¡Dios me libre de serlo!) sea cual fuere el modo de ción artística el reflejo exacto de nuestra condición
Se incurre en un grave error creyendo que lo malo fomnarse dichos tribunales, por más que animados de social?
hace valer lo bueno; esto siem¡ne vale por sí, no le los mejores deseos y propósitos, como al fin no pue¿Tiene el Arte indeleblemente impresa la marca
son neeesarias las comparaciones: lo malo siempre den dejar de ser hombres y, como tales, sujetos á de nuestro tiempo?

NúMERO

515

¡Yo díría que parece como que nos avergoncem0s
de dársela! Yo díría que quizá en una sola de sus manifestaciones, en la arquitectónica, y aun desde el
punto de _vista de la construcción utilitaria, y debido
esto á la aplicación de los materiales hoy abundan-

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sentimiento de la humanidad, y su poder es tan grande en este orden de creación, que al expresarlo y exteriorizarlo comunicándolo á sus semejantes les arrebata y subyuga.
El arte de lo bello podrá sufrir modificaciones de
forma, nunca de esencia; podrá tener, como ha tenido, sus períodos de apogeo y perigeo; podrá llegará
un lamentable grado de decadencia, pero nunca perderá el verdadero arte su intrínseca condición; no
puede dejar de ser; en sus extravíos será lo que se
quiera, pero no arte de lo bello; y siempre que aparezca, aun cuando con perfección relatíva, como reflejo de lo bello absoluto, brillando con todo su esplendor, se le admirará, se comprenderá y llenará
por completo el vacío que se desea y se anhela ver
llenado. .
Esto supuesto, de exactitud fundamental, no podrá
considerarse como idea aventurada la indicación siguiente: que el sentimiento mismo de la humanidad,
por medio de la manifestación del arte de lo bello,
puede muy bien ser quien acuda al remedio y salve
del peligro.
Jt;AN

Ü·NEILLE

LA VIDA PARISIENSE
LA LLEGADA DEL INVTERNO Y LA CARIDAD

DIVERSOS SISTEMAS DE DISTRIBUCIÓN DE SOCORROS
Mme. de Bonnemain, copia de la otografla encontrada
sobre el cadáver del general Boulanger

tes y fácilmente elaborados; pero no podría, sin muchas salvedades, concederla á las demás y menos en
absoluto. ¿Por qué existe esa duda, esa vaguedad en
el arte moderno? Porque no hay firmeza, ni en las
creencias, ni en la vocación, ni en el estudio; porque
se persigue la idea del éxito, tomando por brillo de
estrella fija el fuga~ resplandor de un meteoro; no se
va por la solidez al éxíto, como hicieron los que lo
alcanzaron, sino imitando y plagiando, y así se evapora y se pierde el individual carácter y estilo propio con el cual podría lograrse lo nuevo y lo bueno:
en Arte no puede nunca prescindirse de hacer bien
ó como mejor se pueda, acomodándolo á las condiciones de los tiempos y á la caracterización de las
épocas; que en esto está la nobleza, la libertad y belleza del Arte, la inagotable mina de los estilos, la
expresión del sentimiento siempre correcta y siempre
elevando. Volverá lo que fué y dejó de ser por las
mudanzas de la vida social, empeñarse en resucitar
un arte... mejor dicho, un estilo, un carácter ó un
gusto que estuvo en armonía con las creencias y necesidades de una época desaparecida, resultará híbrido, anacrónico, inservible. Sirva aquello enhorabuena de estudio, de ejemplo; pero sabiendo como
la abeja extraer cle las dulces y amargas flores la sa·
brosa miel, aprópiense sus buenas condiciones al
lenguaje inteligible y á las necesidades actuales; 9ue
en todas y siempre puede campear lo bello, haciendo vibrar en la humanidad la delicada pureza del
sentimiento... ¡no se le ahogue en pútrido y repugnante lodo!

Las preecupaciones del tradicionalismo de escuela pueden causar tan grave daño como los empujts desenfrenados de los impresionistas innovadores.
Siguiendo inconscientemente lo que deslun_ibra como
el relucir del oropel, se llega pronto al tedio ~ ~e experimenta cansancio de aquello falto d~ cond1c1ones
sólidas y se anhela una cosa nueva, sm saber qué
cosa sea ... y de uno en otro desvarío no se atina con
lo que por completo satisf~ga, respondiendo á lo que
debe responderse; y por esto se siente _su falta, y ~or
eso se siente lograrlo, y por ello la socie?ad lo exige
y los artístas mismos se esfuerzan en satisfacerlo.
Empeñarse en que las cosas no sean como son, es
utópico y de todo punto imposible.
Esas verdades, no se negará, se agitan en lo más
recóndito de la conciencia de los artistas y de los
conocedores inteligentes; las siente también, aunque
más confusamente, el público, que forma el mu~do
del Arte. Ninguno sabrá positivamente lo que exige;
pero todos secretamente exclaman: «¡ No es eso!»
Hay necesidad de ponerle fas,abel al gt1to.
¿Quíén y cómo se lo pondrá?

París en estos momentos cambia de fisonomía; la
gran capital se transforma y se nos aparece bajo un
aspecto muy distinto al que ofrecía estos meses últimos. En los paseos, en las avenidas, en los jardines,
Ja espesa cortina de follaje se descorre desgarrada
por el viento de otoño. Las hojas secas son barrídas
por las frías ráfagas de octubre. Mientras el sol nos

los privilegiados de la fortuna que adopten medidas
preventivas para que el terrible azote del frío y de
la miseria que siempre al frío acompaña no nos coja
desprevenidos y para que se haga frente al mal desde los primeros instantes.
Para c5mbatirlo surgen por todos lados humanitarias ideas. Proponen unos la creación de una especie de presupuesto que podría llamarse presupuesto
del invierno. Un consejero municipal ha presentado
el proyecto de la fundación de una caja especial destinada á socorrer á los obreros sin trabajo. Los proyectos análogos abundan, sin que ninguno haya tomado formas de realídad.
Existe, ciertamente, una administración de soco·
rros á los pobres, con carácter oficial, denominada
Dirección de la asistencia pública. Para que dicha dirección pueda prestar algún auxilio á un menestero·
so es indispensable que éste se haya hecho inscribir
en las listas de la asistencia pública como pobre ofi·
cial. El sistema de distribución de socorros es por
tanto bastante defectuoso. Suponed que en un barrio
cualquiera hay diez mil familias pobres en las que
el hambre, la miseria y el frío hacen sus estragos.
De las diez mil familias puede ser que no llegue á
quinientas el núu:ero de las que oficialmente se hallan inscritas en las listas de la asistencia pública.
Los que se inscriben suelen ser, por lo general, los
eternos desesperados, aquellos cuya situación es terrible siempre, lo mismo en invierno que en verano,
lo mismo en prímavera que en otoño, y que no vislumbran más salvación que la de la carida~. Ninguna clase de pobres puede haber, en efecto, más digna de interés que ésta. Pero debemos observar que,
por consecuencia de la inscripción, todos cuantos
donativos se reciben para obras de caridad y todos
los fondos que el Estado y las corporaciones dedican á ese fin son siempre repartidos entre las familias que acudieron previamente á inscribirse. Hay,
sin embargo, entre las nueve mil quinientas familias
r tstantes muchas que debieran participar de esos auxi-

La tumba de Mme. de Bonnemain, donde se suicid6 el general Boulanger

deja y se obscurece el cielo, recupera la gran ciudad \ líos, familias de tr~bajadores sin joma~, familias.de
su movimiento y su vida, paralizados durante las va· empleados de cortísimo sueldo, para qmenes la VIda
caciones veraniegas, y entramos en un período de \ es siempre estrecha y difícil, ~am~lias 9ue, por rev~animación. En octubre París vuelve á ser París. Su ses de fortuna, caen ya en la md1genc1a, ya en la m1·
torbellino vertiginoso nos arrastra sin que de ello j seria más honda. Es incalculable el número de gennos demos cuenta. Esta es la época de los grandes tes, aun sin contar aque\llas á quienes la vergüenza
placeres de las brillantes soirées, de los más ruidosos les impide inscribirse en las listas de la caridad, que
estrenos' escénicos y de las más notables solemnida- no hacen la declaración de pobreza porque aguardan
des artísticas; pero también llegan los días de las que el trabajo las salve, ó que un pariente ó un amitristes miserias y de los sufrimientos crueles para esa go ó un bienhechor privado las saque adelante en
enorme masa de indigentes y de desvalidos que estas su tremenda crisis. En muchas ocasiones el que más
ciudades inmensas ocultan en su seno.
pide no es el que más necesita, y en vano se estudian
Como de algún tiempo acá los inviernos son tan un día y otro todos los sistemas posibles de distriburudos la preocupación dominante es si el que se ción de socorros á los desgraciados.
aveci~a traerá consigo los rigores de los inviernos
Los asilos nocturnos constituyen un sistema que
precedentes. E l último fué horrible, y la ~re_nsa parí· ha prestado mu~ bueno_s servicios, á fal~a de ~lgo
siense da la voz de alarma ante la proximidad del más completo. D1chqs asilos en París son msuficien•
Por fortuna el sentimiento de lo bello reside en el que se acerca, pidiendo á los poderes públicos y á tes; resultan demasiado pequeños para recogerá to•

�LA
das las víctimas de los días crueles. También son
innumerables los desdichados que tienen horror á
esos refugios y que sólo á ellos acuden en último extremo, pues les repugnan las formalidades que para
ser admitidos se necesitan. Un sistema que hasta
ahora va produciendo resultados excelentes es el de
los bonos de pan y de carne que son repartidos por
distintas sociedades benéficas. Inspirándose en él, el
sindicato de fondistas de París acaba de hacer una
proposición que va á ser sometida por la Prefectura
del Sena y por el Consejo municipal á detenido examen. Así como se distribuyen bonos de carne y de
pan, el sindicato propone la distribución de bonos
de hospedaje. Estos bonos serán de cincuenta céntimos por día y por persona, de ochenta céntimos por
dos personas y de un franco por una familia. Repartiríanse en las alcaldías de distrito ó en las comisarías de barrio. Podría haber bonos, no sólo para un
día de hospedaje, sino, según los casos, para una semana ó para un mes. El número de hoteles y de casas amuebladas de París que representa el sindicato
es de diez mil. Casi todos ellos, especialmente en los
barrios excéntricos, aceptan ese sistema de hospitalización.
Un periódico pide que se instituya un ministerio
de la caridad, cuya principal misión consistiría en
adelantarse siempre á las catástrofes previstas para
conjurarlas de antemano y no estar como hasta aquí
esperando cinco ó seis semanas, después que los pobres han empezado á morirse de frío y de hambre,
para encender hogueras, abrir asilos y repartir alimentos. Dicho ministerio estudiaría la manera de
concluir con la mendicidad, suprimir los falsos pobres y socorrer eficazmente todos los infortunios.
¡Ay! A las noches todavía claras y tibias sucederán muy pronto las frías y negras noches invernales.
La vida va á ser dura para los que están sin casa ni
abrigo. Sólo se puede vivir de ese modo cuando la
temperatura es suave y el firmamento aparece sembrado de estrellas. ¡Cuántos de esos infelices, echados sobre un banco del bulevar, con el brazo por
almohada, duermen mejor que los que pasan la noche dentro de suntuosos palacios sobre mullidas
plumas! Mas en invierno esa existencia no es posible.
¡Cuántas bajas hizo el invierno último en el formidable ejército de la miseria!
Parece cosa probada que la recrudescencia del frío,
de algún tiempo á esta parte, se debe al influjo que
otros planetas ejercen sobre el nuestro, Hay astrónomos y astrólogos, de esos que se complacen en augurar males y desdichas, que empiezan á anunciarnos la posibilidad de que la tierra se hiele. La fatídica profecía no debe cumplirse basta dentro de unos
cuantos siglos. Lo que por ahora nos interesa más es
la predicción de que los inviernos serán más fríos
cada año. Iremos, por lo visto, acercándonos lenta y
gradualmente á la catástrofe definitiva.
Sin admitir como artículo de fe tan siniestro augurio, París, la ciudad que ríe y se divierte y que
muchos califican de vana y superficial, es quizás la
que más se ocupa en el mundo de enjugar lágrimas
y mitigar desventuras, la que más piensa hoy en poner á cubierto á sus pobres del azote fatal que los
amenaza.
ERNESTO GARCÍA LADEVESE

LA LOTERÍA

I
Tengo yo dos amigos que respecto á lotería son
dos polos opuestos, dos antinomias, dos antípodas: el
Arimanes y Omazor de la lotería; y por supuesto,
todo sin razón de ser, como sucede con frecuencia
en la humanidad. Parece que han venido al mundo
para desmentir el conocido axioma del justo medio,
que aplicado á la lotería dice que el que nada juega es un tonto y el que juega mucho un loco. Joaquín, jugador encarnizado de toda clase de juegos
de azar, _que ha pasado y pasa su vida acechando
los azares de la suerte, experimentando por causa
de ésta peripecias indecibles; Joaquín, que ha llegado á tener cuatro millones ganados y ahora tiene
más de cuatro millones perdidos, supuesto que está
plagado de deudas; Joaquín, que sólo puede vivir
balanceado por los vaivenes de la fortuna se pone
furioso cuando oye hablar de lotería y ape~as puede
tratar á los que contribuyen á esta fascinadora contribución del Estado, con la particularidad de que á
Joaquín en siete únicas veces que ha jugado á la
timba nacional le han raído tres premios, y por irradiación por añadidura. En cambio, ¡qué contraste!
Manuel, mi otro amigo, que jamás ha puesto ni u~
duro á una carta é ignora lo que es color y contracolor, que tiene una fortunita sólida, juiciosamente

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTíSTICA

adquirida con su talento y laboriosidad, es encarnizado jugador de lotería, á pesar de no haberle tocado más que un reintegro en treinta años. En honor de la verdad, esta perseverancia no es hija de la
fe, sino que obedece á otro móvil quizá. Si un huésped enreda el deber dos meses á su patrona, ya tiene hospedaje para toda la vida, pues aquélla, con la
esperanza de cobrar, no se resuelve á deshacerse de
él. Por parecida causa tal vez, mi amigo Manolo no
se resigna á perder la esperanza de resarcirse del capital empleado en la lotería, y aur,que escarnado,
arremete á ella, bien así (y perdóneseme el símil)
corno algunos toros en plaza, que embisten con todo
á fuerza de estar huidos.
En otra ocasión acaso me ocuparé de las razones
en que Manuel funda su obstinado optimismo en lo
que atañe á lotería; ahora voy á referir una historia
ó verídico sucedido que suele contar mi amigo Joaquín para probar que es un idiotismo jugar á la lotería, puesto que no se necesita de este requisito
para que caiga al que está predestinado á ella.

II
Hace cuarenta años proximarneJ\te había en Cádiz, en la plaza de Las Barquillas de Lope, una tienda en cuya muestra se leía el siguiente rótulo:

Librería de Basilio .,lfochales
lo cual era una notoria exageración, atenuada un
tanto con este segundo letrero:

Compra y venta de libros de ,anee
v colecciones de romances antiguos y modernos
En efecto, aquel chiribitil reducido y bajo de techo, en el que sólo había un par de estantes no enteramente llenos de volúmenes primitivos y aperga•
minados, no merecía el nombrt! de librería aun cuando fuese de baratillo. En la parte exterior de la tien
da colgaban de la pared, enganchados en largos alfileres de carpintero, unas dos docenas de romances, trovas y cantares de los de más boga, cuyos
amarillentos papelotes se tambaleaban en perpetua
alferecía á impulsos del viento del próximo mar. El
comercio de libros del Sr. Basilio Mochales no
prospe¡:aba y hubiera tronado á no haber ido soste•
niéndole la venta de los susodichos romances y otros
impresos ligeros, especialmente el relato poético de
La fiera malvada y el de La chinche monstruosa, calificada así porque devoró á una patrona de huéspedes. Los libreros, pues, porque eran dos, puesto que
el Sr. Basilio estaba casado con la señora Jesusa,
mujer fenomenal por lo que diré inmediatamente,
vivían con poca holgura, pero iban tirando y criando
á un nene de cinco años de edad llamado J uanito,
habido cuando ya no esperaban tener sucesión. He
dicho que la librera era fenomenal, porque siendo
mujer de muchas libras de peso y dando.las carnes
color y frescura, ella estaba amarilla y apergaminada como los libros que había en los estantes, y con
todo y con eso apenas cabía en la exigua tienda del
baratillo, en donde se revolvía con dificultad, bien
así como una perdiz muy grande en una jaula muy
chica. Afortunadamente su cónyuge el Sr. Basilio
era diminuto y chupado; y váyase la una por el otro.
Los libreros eran buenos cristianos y observaban
el precepto del descanso dominical. Los días festivos
cerraban á las diez de la mañana el chiribitil, y por
la tarde, si el tiempo no lo impedía, se daban un
largo paseo, bien por el puerto, por la caleta, por la
alameda ó por. algún descampado en donde sc,lían
remontar el barrilete (cometa) de su vástago J uanito.
Sucedió, pues, que la tarde de un domingo .. y
aquí empieza lo milagroso, el matrimonio Mochales
con su niño salieron á dar el acostumbrado paseo,
pero determinaron no prolongarle hasta la hora de
costumbre, temerosos de un nubarrón que se cernía
hacia la zona del Sur y de un viento huracanado
que se levantó de repente.
Así está constituido el universo: todo está en él
concatenado: á veces los elementos más molestos y
perjudiciales influyen favorablemente en la suerte de
generaciones enteras.
Sugiéreme este pensamiento, que no es nuevo ni
mucho menos, la casualidad de haber desembocado
la familia del librero en la plaza de Las Barquillas
de Lope, de regreso á su casa, en el preciso momento en que atravesaba por aquélla un ciego nombrado
Tanasio vendiendo billetes de lotería. Era este expendedor de la fortuna conocido de todo Cádiz.
Guapo, joven todavía, viudo y padre de una niña de
ocho años de edad, había ejercido en Sevilla el oficio
de albañil, y allí quedóse ciego á consecuencia de

515

enjalbegar constantemente fachadas blancas, y vol·
vió en tal estado á Cádiz, su ciudad natal, en donde
se dedicó á la industria de la lotería, contando con
las simpatías de sus paisanos. El ciego Atanasio, ó
Tanasio, como le llamaban para ahorrarse una letra,
al ejercer su industria de vendedor hacíase acompañar á veces por su hija Rafaela, más bien por gusto
ó por distracción que por necesidad; pues el ciego
andaba tan desahogadamente por todo Cádiz (que
no tiene mucho que andar) como Pedro por su casa. La
tarde á que me refiero iba solo, llevando en la mano
derecha el clásico palo de ciego y en la izquierda un
manojo de décimos de lotería que pregotiaba con los
incitantes aditamentos de costumbre. Pero en aquel
entonces se desgañitaba en vano, pues como día festivo, la poco poblada plaza de Las Barquillas de
Lope estaba desierta, hasta que, como ya se ha dicho,
desembocó en ella el librero Mochales con su familia. Este y el ciego venían por distinto ladG, por la
fachada en donde estaba situada la librería-chiribitil,
y al llegar Tanasio frente á la puerta de éste, acaeció el caso que motiva esta narración. Sucedió, pues,
que una violenta ráfaga de aire llevóse de entre los
dedos del ciego, sin que éste lo sintiera, uno de los
décimos de lotería. El papelito se cernió graciosamente en el aire, cayó al suelo, describió un semicírculo como una hoja de otoño arremolinada y luego entróse rápidamente por debajo de la puerta de
la librería, que estaba cerrada, pero cuyos tableros
no llegaban al umbral. Los esposos Mochales, que
se aproximaban 'á su casa, vieron todo esto, observaron que el décimo se entraba por la rendija de su
puerta como un ratón en su agujero, y la señora Jesusa, impulsada de un movimiento inconsciente, iba
á advertir á Tanasio, pero su marido la contuvo dándole un codazo. ¡Quién sabe lo que pasaría entonces.
en el ánimo del librero! Era honrado, pero era español, y sabido es que á la mayor parte de los españoles se les va el santo al cielo en materia de lotería.
Si el Sr. Basilio se hubiese encontrado un billete de
banco quizá le devolvería á su dueño, sabiendo
quién era éste, ¡pero un billete de lotería! ¿No podía
ser aquello providencial?
Lo cierto es que los esposos libreros dejaron alejarse al ciego sin decirle nada, entraron en su casa,
recogieron del suelo el descarriado décimo y le examinaron con emoción. Un movimiento interior revelaba al Sr. Basilio la importancia de aquel papelito.
Número 14.879, premio mayor 80.000 pesetas; era
de los más reducidos, pero al que le tocara siquiera
un décimo podía darse una vueltecita.
He dicho que el librero era honrado y buen cristiano y temeroso de Dios. Por lo tanto, en médio del
devaneo de aquella suerte probable sentía escarabajeos de conciencia. En primer lugar se apropiaba una
cosa que no era suya y que podía valer mucho, y
además exponía al pobre ciego á un conflicto al dar
cuenta de su venta en la administración de lotería~.
Fluctuaba, pues, entre mil ideas opuestas: pensaba
en devolver el décimo á Tanasio, en abonarle las
tres pesetas que valía aquél; pero reflexionó que esto
sería destruir el encantamiento de la fortuna que parecía entrársele por su casa de un modo providencial.
Por fin, para tranquilizar su conciencia se hizo un
voto á sf propio, y fué el de dar á Ta11asio la sexta
parte del premio que le tocara en suerte. Así como
así el ciego y la niña le eran muy simpáticos, y muchas veces cuando éstos se sentaban á descansar en
unos guardacantones bajos que había cerca de la librería trababa conversación con ellos.

III
A los pocos días verificóse la extracción de la lotería y el número 14.879 fué premiado con el gordo.
Cuando lo supo el Sr. Basilio estuvo aturrlido durante algunas horas y sin saber lo que se hacía; tanto
que al pedirle un comprador el romance de Palmerin de Inga/aterra, le alargó el de Sebastiana del Castillo.
¡Sí, para romances estaba él!
En cuanto á la señora Jesusa no sabía más que
exclamar: «¡Jesús, Jesús, Jes~s!Y&gt;
Ya más repuestos de su emoción, ambos c6nyuges reflexionaron, y he aquí el resultado:
El bueno del librero, por no excitar sospechas, no .
había hablado á nadie, ni mucho menos á Tanasio,
á quien con frecuencia veía, de la pérdida y del encuentro del décimo premiado; pero receló que por el
hilo se sacara el ovillo, y que como en las poblaciones de provincia todo se sabe, se supiera que á él
habíale tocado el premio mayor en el décimo perdido por el ciego. Creyó, pues, lo más conveniente poner tierra por medio para evitar explicaciones. Hizo
apresuradamente las maletas ayudado de su esposa
hora y media antes de salir el tren de Sevilla, cobró ·

LOS PRIMEROS FRIOS, dibujo de Davidson Knowles

�LA }LUSTRACIÓN

710

AKTISTICA

cantones de la susodicha plaza,
echaba de menos á J uanito, el
., :
vástago del librero, con el cual
.J
jugaba algunos ratos. Pero un
I/• /IJ
1/,
,_/4,/"
día, el zapatero á quien el se·
f '
ñor Basilio había dejado en·
..
;,'.' .,.
".
cargado de la librería al mar·
.
/,'
gharse de Cádiz precipitada•
mente, buscó al ciego y le dijo
estas ó parecidas cosas:
- Oye, Tanasio, tengo un
recado para ti de parte del señor Basilio.
-¿Del Sr. Basilio el librero?
-Sí.
- Pues qué, ¿está en Cádiz?
- No, hombre, en Sevilla;
por eso tengo yo el encargo de
hablarte.
- ¿De parte del Sr. Basilio?
- SI, hombre, si.
- Pues diga usted, aunque
no caigo qué podrá ser, ni qué
tendrá conmigo el Sr: Basilio.
- Una cosa muy sencilla.
Exposici6n Universal de Chicago. - Rotonda Mi antiguo vecino está muy
central del pabell6n de Horticultura
bien establecido en Sevilla ...
- Sea enhorabuena.
las ocho mi 1 pe- Y sigue siendo tan bonazo y caritativo como
setas que al dé- enantes.
- Eso sí que lo era, al menos conmigo y mi chi•
cimo correspondían, hizo llevar ca, y muchas veces nos daba cuzcurros de pan y toá la estación los baulitos, cerró la librería, entregó rrijas, que hacía muy superferolíticamente la señora
la llave á un vecino zapatero, diciéndole que por Jesusa.
- Pues bien: ahora se trata de darte otra cosa
carta le indicaría lo que tenía que hacer, é instalándose en un coche de segunda con su cónyuge y el mejor.
chiquitín, alejóse de Cádiz casi tan conmovido como
-¿Cuála1
- La vista.
un cajero que se alza con los fondos de la caja.
- ¿La vista?, exclamó el ciego dando un respingo.
Parecíale que todo el mundo se fijaba en él. De
- Oye y no me interrumpas. El Sr. Basilio sabe,
vez en cuando se palpaba el bolsillo izquierdo del
levisá, en donde en una cartera nuevecita llevaba las porque á ti te lo han dicho los médicos y tú se lo
ocho mil pesetas en billetes de Banco.
has dicho á él, la causa de tu ceguera.
No hablaba más que monosílabos y pensaba mu-Es verdad.
- Pues bueno; sabrás que ha llegado á Sevilla un
cho. Empezaba á sentir las preocupaciones de los
capitalistas. Estaba algo inquieto con su nuevo esta- médico inglés que cura las cegueras más rebeldes y
do porque temía los problemas del porv.enir. Había para quien la tuya será un juego de niños.
pensado establecer en Sevilla una librería tan de- No digo que no, esos extranjeros saben mucho;
cente como su peculio le permitiera, pero... ¿cómo pero ...
le iría? Aun recurriendo á la venta de romances
- Cómete ese pero, pues ya sé lo que ibas á decir.
recelaba, porque sabía que los sevillanos no son El Sr. Basilio se encarga de todo.
romanceros. Pens~ba en otro extremo que le azoraba
- ¡De todo! ¿Y de qué se encarga?
un tanto: había hecho una promesa de conciencia,
- De tu traslación á Sevilla, de tu manutención
la cual era la de dar al ciego Tanasio la sexta parte mientras dure la cura y de pagar al facultativo, si no
de lo que le tocara en la lotería, y ahora tenía cona- la hace gratis. ¡Vaya! ¿Qué dices, te conviene? ¿Te
tos de creer que se había comprometido con alguna has quedado mudo?
ligereza. ¡Desmembrar cinco mil y pico de reales de
- ¿Que he de decir, Sr. Simón? Que Dios les paun premio que no era una gran cosa!; y luego, ¿qué
había hecho el ciego para encontrarse de bobilis,bobilis
con semejante fortuna, pues éralo en efecto para un
menesteroso que reunía trabajosamente dos ó tres
reales diarios? ¿Por ventura habíale Tanasio regalado ni siquiera fiado el décimo? Con unos cien duros
á lo más estaba ~ien recompensado el expendedor
de billetes. Respecto á este particular se libraba dura
batalla en el ánimo del Sr. Basilio entre su temerosa
conciencia y su interés. Pero en honor á la verdad,
venció aquélla y reiteró la promesa que había hecho.
Daría al ciego lo prometido, junto ó por plazos, según conviniera mejor, y ya buscaría el medio de hacerlo sin excitar sospechas. Era forzozo: la Providencia no podía tolerar dos faltas simultáneas, como
eran: apropiarse un dinero que no le correspondía y
faltar á lo que había prometido.
¡Y luego sostienen los librepensadores que no
sirve de nada el freno religioso!
Me consta positivamente que el librero hizo su
viaje agitado por los antedichos pensamientos; mas
respecto á la señora J esusa sólo puedo decir que en
la primera estación compró á un vendedor ambulante un capacho de bocas de la Isla y que se le comió
todo entero antes de llegará Sevilla. Un mes después
el Sr. Basilio tomó en traspaso en esta ciudad, y en '
su calle de Génova, una librería bastante decorosa,
en donde, y sea dicho de paso, el autor de estas
líneas tuvo_ el gusto de conocer á la insigne escritora conocida por el seudónimo de Fernán Caballero.

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.

NúMERO

NúMERO

515

LA

lLOSTRAClON ARTÍSTICA

gue á ustedes la caridad. ¡Recobrar la vista! Ver á las
gentes, el sol, los barcos! Sería un bien tan grande
que no podrá ser.
- ¿Por qué no?
- ¡Cuánto me alegraría por mi niña! ¡Pobrecita!
¡Trabajarla para ella: aún soy joven y robusto.
- Pues todo eso será. ¿Quedamos en que vas á
Sevilla?
- ¿Con la chiquitina?
- Por supuesto. ¿Tienes algún preparativo de viaje que hacer?
- Poca cosa, señor. Tenemos un cofre pequeño.
- ¿Debes algo en tu casa ó en alguna ~arte?
- ¡Nada, á Dios gracias!
- ¿Necesitáis alguna prenda tú ó tu hija?
- No tenemos más que lo puesto, pero creo que
no estamos indecentes. La chiquitina es la que anda
mal de calzado.
- Toma para que se le compre, dijo el bueno del
zapatero dando á Tanasio cinco duros. Mañana á
las cuatro de la tarde avisas en la administración
del ferrocarril para que te lleven el baúl. A las cuatro y media estás aquí con tu hija. De lo demás yo
me encargo.
- ¡Oh, Sr. Simón! ¿Cómo agradecer á usted? ...
- A mí nada: al Sr. Basilio, por cuya cuenta obro.
¡Conque al avío! Mañana aquí á las cuatro y media
en punto.
V

El librero cumplió todas sus promesas.
Alojó al ciego y á su hija en una posada de las
Siete ~ev~eltas, á razón Ele seis real~s por persona; y
el médico mglés colmó esta o&amp;ra caritativa devolviendo la vista á Tanasio en el corto espacio de dos
m,eses.
Durante los primeros días el ciego estuvo casi
loco de alegría, y no se saciaba de andar de Ceca en
Meca, viendo y admirándolo todo. Cuando se hubo
sosegado, _como era hon_rado y act_ivo pensó en ganarse la vida, y c_o_nsulto con ~l librero (á quien ya
llamaban D. Basilio) su propósito de dedicarse á su
antiguo oficio de albañil, único que sabía.
- No, le dijo éste: las mismas causas producen
siempre los mismos efectos, y volveríamos á las andadas, esto es, á tu ceguera. He pensado para ti en
una ocupación más sosegada y lucrativa.
- ¿Ha pensado usted? ... exclam6 el ciego, que no
acertaba á darse cuenta de los repetidos favores del
librero. Pero Sr. D. Basilio, ¿qué he hecho yo para
merecerle tantas atenciones?
- Ser paisano mío y honrado y bueno y trabájador.
Pero vamos á lo que importa. ¿Conoces un puesto de
agua que hay en la plaza del Triunfo?
- ¿El que está pegado al alcázar?
- Sí, no hay otro.

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•

'

Exposici6n Universal de Chicago. - Pabell6n de la secci6n de pesquerías

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J

IV
La librería-chiribitil de la plaza de Las Barquillas
de Lope habíase transformado en frutería. Nadie se
acordaba ya en Cádiz del Sr. Basilio y familia., si se
exceptúa Rafaelita, la hija del ciego Tanasio, que algunas veces al sentarse con su padre en los guarda-

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Exposici6n Universal de Chicago. - Palacio de máquinas

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- ¡Vaya si le conozco! Anteanoche estuve allí con
mi niña, que la gustan mucho los higos chumbos.
Por cierto que ol decir que traspasaban el aguaducho.
- Así es: Pardo el dueño del puesto va á Améri;.
ca. Ya he hablado con él, y si tú quieres se le tomo
para ti. El traspaso es algo caro: cien duros; pero los
vale: me he enterado bien.
El ciego no acertaba á hablar de sorpresa y de
agradecimiento.
- ¡Vaya! ¿Te conviene el oficio?, preguntó el librero.
Inútil será decir que Tanasio aceptó el ofrecimiento deshaciéndose en prote~tas de gratitud. D. Basilio,
después de pagado el traspaso, que era con enseres
y todo, &lt;lió á aquél quince duros para la instalación, y
hecho esto exhaló un suspiro de satisfacción. Estaba
contento de sí propio. En el viaje del ciego y su hija
á Sevilla, en el pago de hospedaje de éstos, en las
medicinas necesarias para la curación de Ta11asio,
en dos cajones de cigarros habanos que regaló al
oculista inglés, que había hecho gratis la cura, y en
el traspaso y toma de posesión del aguaducho, el
honrado de D. Basilio había empleado íntegros los
cinco mil y pico de reales, que según promesa mental correspondían al ciego del premio de la lotería
Por eso estaba contento de sí mismo, y el primer día
de fiesta que fué á oir misa á la catedral, se encaró
con la Virgen de la Concepción de Montañés, de la
que era especial devoto, como diciéndola:
- ¿Qué tal, gran señora?
D. Basilio daba á la Virgen el mismo tratamiento
que el catecismo de Ripalda. Y parecióle que la santa imagen, mirándole cariñosamente le contestaba:
&lt;Muy bien, Basilito: eres un hombre de palabra,
estoy satisfecha de ti.Y&gt;
Porque los buenos cristianos somos así; creemos
que Dios y toda la Corte celestial se ocupan de nuestras menudencias.
En cuanto á Doña Jesusa, la señora del librero,
era una buena mujer que dejaba hacer á su marido
y no se metía en nada. Con comer bien (como co·
mía) y con poder revolverse á sus anchas en la amplia tienda y trastienda de la librería estaba satisfecha.
Engolosinado con el premio de lotería que había
cobrado de bobilis, bobilis, D. Basilio jugaba á aquélla
frecuentemente, pero jamás volvió á tocarle ni un
mínimo premio de treinta pesetas, En la librería le
iba mediar;iamenre, es decir, que le preducía para
vivir con holgura, pero no para ahorrar ni un céntimo. Durante algún tiempo creyóse desgraciado;
pero luego, renunciando á sus sueños de fortuna, se
resignó, dándose por satisfecho con poder sacar
adelante á su único hijo Juan y hacerle hom0re.
En cuanto al ex ciego Tanasio (ahora Sr. Atanasio), parecía que una hada benéfica hab,íale. tocado
con su varita encantada. Todo le salta bien. El
aguaducho de la plaza del Triunfo era una mina y
el sitio predilecto de la marinería del río y de las

simpáticas cigarreras
que iban ó venían de la
fábrica. Atanasio era el
genio de los confites y
el rey de los higos chum·
bos (en su tiempo).
Hallábase en su esta·
blecimiento como el pez f'n el agua, y si él tenla
fama de limpio y obsequioso, su niña Rafaela era
una maravilla de gracia y donosura. Ella atendía á
todo como una mujercita, aun(iue algunas veces se
distraía jugando (como en Cádiz en la plaza de Las
Barquillas de Lope) con J uanito, el vástago del librero, que iba con frecuencia al aguaducho á hartarse de
panales y golosinas.

o---·- .....,

ba algo más fresco de sus ardores políticos y ambiciosos, ocupábase someramente del ramo de mujeres.
D. Basilio también había vuelto á hacerse ambicioso por causa de su hijo, y juiaba con encarnizamiento á la lotería, pero en balde: la fortuna le volvía la espalda, y veíase precisado á vegetar en la mo•
desta holgura de su librería.
Son mucho cuento los caprichos de la fortuna simbolizados en la lotería. A D. Basilio no le tocaba ésVI
ta nunca y al ex ciego Tanasio le tocaron catorce
premios en los catorce años que he indicado. PrimeTranscurrieron catorce años.
ramente fueron premios de escasa cuantía, hasta que
Debo dejar este párrafo aparte como en las nove- en una de las extracciones de desagravio de Navidad
las por entregas.
pescó uno de ciento cincueRta mil pesetas. Y con esto,
Cuando se lleva una vida tranquila, sin grand1ts caten ustedes á don Atanasio hecho un hombre. Convaivenes de fortuna y con las sosegadas pasiones que servó por agradecimiento el aguaducho de la plaza del
prescriben la moral y la higiene, el tiempo pasa con
rapidez, y cuando los que nos hallamos en este estado de sosiego recordamos algún incidente lejano, solemos decirnos: «Me parece que fué ayer. Y&gt;
En-este caso se hallaban D. Basilio el librero de
la calle de Génova y s11 digna esposa Doña J esusa.
En la parte física habían cambiado algo, como es natural, y algo más en la moral, no por causa de ellos,
sin@ por la de su hijo Juanito. En otros tiempos,
éste hubiérase dedicado tranquilamente á la ocupación de su padre, la cual sin quebraderos de cabeza
le aseguraba el pan nuestro de cada día; pero ¡vayan
ustedes á sujetar la imaginación de la juventud del
segundo período del siglo x1x! Desde que empezó á
piñonear el muchacho salió ambiciosillo y travieso,
no se avenía al limbo de la librería de su padre, no
quiso seguir carrera alguna bajo el pretexto de que
no podía sujetar su imaginación al estudio rutinario,
y se dedicó á periodista y político con ribetes de
literato.
Su bello ideal era presidir el Congreso de los diputados en una situación avanzada, y á fuerza de
machacar convenció á sus padres de que para obtener este resultado érale preciso residir en Madrid. Exposici6n Universal de Cbicago. - Pabellón de In secci6n
de minas
D. Basilio en su fuero interno estaba orgulloso de
las levantadas ideas de su hijo, y consintió pasarle
en la corte una modesta mensualidad. Con esta base Triunfo, poniendo al frente á una persona de conJuanito hizo en Madrid lo que todos los jóvenes fianza; pero él dedicóse á negocios y su preciosa hija
despabilados. Colaboró en periódicos, &lt;lió conferen- Rafaela á )tacerse unll perfecta señorita.
cias en el Ateneo é hlzose amigo del jefe de un par·
Los negocios de don Atanasio (todos limpios, por
tido político importante.
supuesto) prosperaron, y en cuatro ó cinco años lleCuando vuelvo á presentarle al lector, á los diez gó á la envidiable categoría de millonario. Compró
y nueve años de edad, esperaba no sin cierta impa- entre otras cosas una gran casa en la calle de Triana
ciencia á que los suyos·subieran al poder. Iba á Se- y un cortijo y h_uerta en el pueblo de Brenes, que le
villa un par de veces al año, en el tiempo de la feria producían un dmeral de renta, y sin embargo Rafaey al principio de otoño, antes de que se abrieran las lita, la mimada hija del ex ciego, que era u~a muCortes, y entonces y sólo entonces, cuando se halla- cbacha con toda la gracia gaditana, que ponía el

�TRABAJOS EN EL TÍBER, cuadro de Enrique Serra. (Expuesto en la Exposición de Berlín del presente año y adquirido por S. M. el Emperador ~ AlcJ'.lania.)

�LA

lLUSTKAClON ARTlSTlCA

mingo en Sevilla en cuant0 á vestir, que tenía un sa, que es una de las estrellas de los salones de
coche de ciudad y otro de colleras y que. se veía Madrid.
oseada por jóvenes guapos y finos, estaba tnste, penEl verídico, aunque desaliñado relato que acabo
sativa y como desmadejada.
de hacer, contiene una máxima y una moraleja.
¿Por qué?
La máxima es esta:
Lo diré en párrafo aparte, que bien se lo merece.

VII
Son sensibibidades casi exclusivas de mnas y
muchachas provincianas, casi desconocidas en Ma·
drid, desde que se lee á Zola y á otros descreídos de corazón. Desde que Rafaela, c_uando servía de lazarillo á su padre, jugaba algunos ratos
con el niño Juanito á la puerta de la librería-chiribitil de la plaza de Las Barquillas de Lope, concibió infantil inclinación hacia aquél, que fué en el
transcurso de los años convirtiéndose en pasión
profunda y arraigada. Ni de niño ni de joven lo
merecía el hijo del librero: de niño por lloran y
díscolo, y de joven por fatuo, pretencioso y no bien
encarado.
Pero las mujeres son como las gallinas, que pican...
lo que no debían picar, y Rafaelita, que desde po·
Huela fué un modelo de gentileza y no se daba mano
á contestar á piropos y pretensiones, sólo pensaba
en Juanito, el contrahecho y gomoso periodista, que
sólo se dignaba verla de vez en cuando y que apenas
si se fijaba en ella.
Rafaela, que era celebrada en Sevilla por su hermosura y elegancia, le comía con los ojos, que eran
dos luceros, y no obstante él cuando oía hablar de
ella hacía una mueca desdeñosa.
¿Qué querría aquel mamarracho? Pues nada: ~encillamente la presidencia del Congreso de diputados.
He aquí las consecuencias de la civilización: los
jóvenes de veinte años escasos, como era Juanito,
que sólo debían pensar en tejer danzas con las muchachas, como los pastores de Florián, ahora sólo
piensan en gobernar el país como si fuese la cosa
más sencilla del mundo.
Lo cierto es que Rafaelita, la perla de Sevilla, íba·
se quedando flacucha, desmejorada y desanimada.
Sentía por el hijo del librero pasión de áni~110 afección tan rara en estos tiempos como la antigua elejantlziosis de los árabes. Afortunadam~?te sucedió
que Dios iluminó el cerebro de D. Bas1ho, cosa que
no acostumbraba á hacer, para aprovechar una ocasión.
Fué esta la venida á Sevilla de su pretencioso vástago Juanito un mes de junio, poco después de ce·
rrarse los parlamentos. Había escrito en El .i'1finistril un violento artículo de oposición titulado Faenas
inútiles, y volvía á la librería paterna con un humor
de todos los diablos. Aspiraba á la presidencia del
Congreso y no había conseguido ni siquiera ser diputado.
- Es imposible, padre, dijo al autor de ·sus dfas,
por más cualidades que se ter-1gan, es imposible llegar á nada faltando la posición ó fortuna.
- Eso me lo tengo yo calado hace tiempo, observó el librero; pero no be querido decirte nada por no
contrariarte. Has equivocado el camino.
-¿Por qué?
- Porque antes de la posición debías haber buscado la fortuna.
-¿Cómo?
- Sencillamente; casándote con una mujer rica.
- ¡Ay, padre! Ese género anda por las nubes...
- Con tu ligereza, con tus cualidades...
J uanito no era pretencioso en lo tocante al físico,
así es que contestó al chocho del librero:
- Ya no existen mujeres ricas que se enamoren de
esas cosas; si siquiera hubiera llegado á ser un diputado...
- ¿Cómo que no existen?, replicó D. Basilio. Por
lo menos sé de una que sólo está esperando á que la
hagas la seña del tres.
El librero, inspirado por el cariño paternal, había
visto más claro que su obtuso hijo. Este, que no lo
fué tanto en aquella ocasión, comenzó á pensar en
lo que le convenía y reparó en ,los buenos ojos y
blancas manos gaditanas de Rafaela, la enamorada
hija del millonario D. Atanasio.

fuega á la lotería nacional,
A1111q11e esto salga casi sit111pre 111al.

La moraleja es la siguiente:
Cumple siempre las promesas que te hagas á ti
mismo ó á los demás, y te verás recompensado en
tus hijos y tal vez en tus nietos.

F.

MORENO G ODINO

NUESTROS GRABADOS
El brindis, copia de una fotografía de dc;m
Rafael Arañas. - No se trata de una belleza concebida
por la imaginación del artista n~ de un~ de esos tipos qu_e más
que copia de un modelo determrnado vienen á compendiar en
uno solo los rasgos salientes de varios individuos aisladamente
estudíades; trátase, por el contrarío, de una reproducción fotográfica es decir, de la expresión de la verdad directamente
obteni&lt;la, con lo que si la obra desmerece un tanto desde el
punto de vista de los altos finesartlsticos, en cambio gana no poco la persona que sin necesidad de embellecimientos artificiales
ha podido, tal cual es, ofrecer al objetivo del aparato fotográfico materia para un verdadero cuadro, como el que la fotografía tan hábilmente hecha por el señor Areñas por si sola cons·
tituye. La belleza y la gracia de las muchachas andaluzas que
tantas veces hemos celebrado reproducidas en obras pictóricas se nos presenta aquí llena de vida, con lodo el colorido
de Ía realidad, y á su vista preciso es confesar que en éste,
como en otros muchos puntos, da la naturaleza quince y raya
á los artistas, y que al lado de sus obras palidecen, en cierto
ruodo, las creaciones del hombre, dignas de elogio cuando á lo
natural se acercan, pero nunca tan perfectas y tan acabadas
como las que de aquélla salen.

• ••
Retrato de Madama Bonnemain y tumba en
donde ésta enterrada en el cementerio de
Bruselas y donde se suicidió el general Boulanger. - El hombre que en un momento dado llegó á ser la
personalidad más popular de Francia, el que pudo ser considerado como una esperanza positiva para el dia de la revancha,
el que pareció un tiempo ser árbitro de los destinos de su pa·
tria, puso fin á su vida ni más ni menos que hubiera podido
hacerlo el protagonista de una de esas novelas románticas que
tan de moda estuvieron á mediados de este siglo. No hemos
de entrar en detalles acerca de este suicidio, porque harto los
han reproducido todos los periódicos del mundo: sabido es que
desde la muerte de ~me. Bonnemain, el general se sintió invadido de profunda melancolía que nada bastaba á disipar, é
int:ntó varias veces darse muerte, cosa que oportunamente
pudieron ev\ta~ sus allegados. En la mañana del día 3? de
septiembre ultimo fué, como de costumbre, al cementerio de
Ixelles á depositar un ramo de llores sobre el sepulcro de la
mujer á quien tanto amara y cuyo recuerdo no podía apartar
de su pensamiento, y después de contemplar largo rato la losa
que cubría el sepulcro, sentóse en el suelo, recostóse en el pedestal del monumento y disparó sobre su sien derecha el revólver cuya bala salió por la izquierda produciéndole instantánea muerte.
En la cara posterior de la tumba de Mme. Bonnemain babia hecho poner el general una inscripción donde se consignaban la fecha del nacimiento y la de la muerte de aquélla; en la
principal mandó grabar estas dos palabras: ¡Hasta pronto!
Boulanger cump_Jió la promesa que _esto sig?ificab!: Margarita
Bonnemain munó á la edad de tremta y crnco anos, el 15 de
julio y á los dos meses y medio se suicidaba junto á su sepulcro ~1 que por ella habla sacrificado su porvenir militar y su
popularidad polltica,

***
Los primeros fríos, cu~dro de Davidson
Knowles.-¡Cuán distintas impresiones los primeros frios
producen! «¡Benditos sean!,&gt; dicen aquellos que á su solo
anuncio ven desarrollarse ante sus ojos un panorama de notas
alegres donde se confunden los trajes lujosos, las habitaciones
confortables, los trenes espléndidos, los teatros deslumbradores y las recepciones brillantes. C! Malditos!&gt; si es que fuerza
para maldecir tienen, ex~laman l~s desdichad¡¡s para _qui~nes
la primera helada es tétrica menSaJera de horrores y m1senas y
en cuya imaginación surgen anticipados, pero con todo el relieve de la realidad recordada ó presentida, los cuadros sombríos de una vivienda destartalada, de un hogar sin lumbre y
de unos seres queridos que perecen de frio y de hambre sin que
basten á resguardarles del uno ni á aplacar el otro los harapos
y el mendrugo de pan que pueda proporcionarles el trabajo y
á falta de éste la caridad.
¡Qué alegre es el invierno para los primeros; para los otros
cuán desesperante!
La dama tan admirablemente pintada por el reputado artista inglés Davidson Knowles, cuéntase en el número de los
privilegiados; envuelta en ricas pieles y elegantes vestiduras
que no ofrecen intersticio algüno por donde el aire helado lleConsecuencias:
' gue al cuerpo, espérala sin duda el_ abrigado coche que ha de
En la actualidad, Juanito es el Exmo. Sr. D. Juan conducirla á su morada, fortaleza mexpugnable donde.el f,ío
·
é é
h del exterior no penetra, ¡Feliz ella que no conoce del invierno
Alberto Mochales; que tiene no s qu gran cruz, ª sino las alegrías! ¡Más feliz aún si conociendo sus tristezas su
sido padre de la patria dos veces y el mejor día será corazón la mueve á remediarlas!
abuelo, ingresando en el Senado. Su esposa Doña
Rafaela Pérez de Mochales con el matrimonio se
* •
ha curado de su pasión de ánimo. Ignoro si es feliz,
Exposición Universal de Chicago.-En el númeá pesar de los ataques de reuma que suelen aque- ro 410 de LA ILUSTRACH3N ARrfsncAnos ocupamos extensa•
jarla; pero me consta, porque se dice en la pren- mente de esta fiesta colosal que en conmemoración del cuarto

NúMERO

515

NúMERO

LA

515

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

centenario del descubrimiento de América prepara la capital
norte-americana. Hoy nuestra tarea se reduce á describir someramente algunos edificios que han de formar parte de la
misma, junto con los que ya entonces describimos y con los
que iremos publicando en otros números.
El edificio de la sección de minería tendrá 700 píes de largo
por 350 de ancho y 65 de alto; tendrá una entrada á cada lado
además, de las principales, abiertas en las fachadas Norte y
Sur. Esta última será de colosales dimensiones (I 10 pies de
alto por 32 de ancho) y dará acceso á un vestíbulo de 88 pies
de altura. En cada ángulo del edificio habrá un pabellón coronado por una cúpula rodeada por un balcón circular.
El pabellón de la Pesca y pesquerías es de estilo hispanoromano y formará agradable contraste con el estilo en cierto
modo clásico de los otros edificios: su longitud máxima es de
I. 100 pies y su anchura de 200. Dividido en tres secciones, en
la central se expondrán todo Jo relativo á la pesca.en general
y las otras dos serán destinadas á la pesca con caña y al aquarium. Este pabellón será de fijo uno de los que más interés
despertarán en los visitantes de la Exposición por la variedad
de curiosas instalaciones que en él se proyectan.
Del paballón de Horticultura, cuya entrada principal reproducimos, ya hablamos detalladamente en el citado ní1mero,
cuando publicamos la vista general del edificio.
La galería de máquinas tendrá 850 pies de largo por 500 de
ancho y en su interior presentará el aspecto de tres grandes estaciones de ferrocarril, una al lado de otra: en cada una de
ellas habrá una grúa colosal movible colocada en Jo alto para
mover las máquinas y las plataformas en donde se colocarán
los visitantes que quieran ver esta sección lo más cómodamente
'posible. Todo funcionará alli por medio del vapor. Una columnata pondrá en comunicación esta galería con el palacio
de la Agricultura. Dados los adelantos que cada día registran
los anales de la ciencia del ingeniero, no es aventurado asegurar que en esta sección podrán admirar verdaderas maravillas
y contemplar sorprendentes aparatos los que tengan oídos á
prueba de estrépitos; pero de fijo que no todos los que alli acudan podrán resistir el espantoso ruido que han de producir
tantas máquinas funcionando á la vez dentro de aquel recinto.

** •
Después del baile, cuadro de Conrado Kiesel.
- Este pintor goza de especial renombre en el mundo del arte
y de que tal fama no es injustificada habrán podido convencerse
nuestros lectores por las obras de su pincel salidas, Yttm• Y1111t
y Elena, que ha reproducido LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA en
sus números 389 y 46o.
La hermosa figura que hoy publicamos es por su expresión,
por su dibujo correcto y por su bien entendido clarobscuro
una nueva demostración de que en su género pocos aventajan
al artista alemán, y viene á aumentar con un ejemplar de gran
valla la colección de bellezas femeninas que éste se ha propuesto formar, dando con ello pruebas de exquisito gusto.

.
••

Trabajos en el Tíber, cuadro de Enrique Serra, adquirido por el emperador de Alemania. - Pocos números hace, u12 distinguido critico trazaba en las columnas de LA
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA un juicio tan justo como favorable
de la personalidad de nuestro cfütinguido paisano, considerándola desde el punto de vista artístico. Ni á Jo que entonces
dijo Federico Rahola, ni á lo que en repetidas ocasiones he·
mos apuntado acerca de las obras de Serra en este periódico
publicadas, hemos de añadir nada con motivo del cuadro que
hoy reproducimos. Cuantos elogios pudiéramos hacer del aútor
hechos están en nuestras páginas; cuantas alabanzas nos fuera
dable prodigar á Trabajos en el T{be1·, huelgan teniendo el
cuadro á la vista; éste se alaba por sí solo, no es 111mesler a/aballo.

Esta obra, modelo de naturalidad y prodigio de ejecución,
fué extraordinariamente admirada en la última Exposición Internacional Artística de Berlín, y adquirida por el soberano alemán, que si atiende con especial cariño á las cosas de la guerra, no por eso descuida el fomento ele las bellas artes, cuyo
florecimiento es uno de los más preciados beneficios de la paz.
*
••

El japonés Morimoto, célebre por sus muecas extra.ordinarias. - Los japoneses muestran afición
extremada á las muecas y deformaciones del rostro, siendo este
gusto extrañ11 un indicio del amor á lo grotesco, de que dan
muestras en todas las manifestaciones de su arte.
Existe en la ciudad de Kioto una calle entera consagrada á
teatros, cafés cantantes y barracones de saltimbanquis de todo
género. En uno de estos últimos luda, no hace mucho, sus habilidades un tal Morimoto, cuya especialidad consisúa en hacer muecas verdaderamente sorprendentes; este sujeto disloca•
ba los nervios de su cara de una manera espantosa, haciendo
subir sus labios inferiores y su barba de tal modo que cubría
con ellos la punta de su nariz, ocultando su boca entre los pliegues de las mejillas, ejecutando, en suma, los visajes más inverosímiles.
Entre los ejercicios más aplaudidos por el público que asis·
tia á sus representaciones figuraba el de representar, envuelto
en un gran paño encarnado y agachándose hasta esconder sus
piernas, al dios Daruma, el más popular del Japón, de quien
dice la leyenda que vivía entre montañas en la mayor austeridad y andaba siempre hasta el punto de que se le gastaron
poco á poco las piernas por el uso continuo que de ellas hada.
Otro de sus grandes éxitos lo conseguía presentando la cara
del dios de la Riqueza, alegre, cuando cree encontrar un tesoro
y descontento cuando su ilusión se trueca·en desencanto.
La figura l. ª de nuestro grabado representa á Morimc,to
con su cara natural, la 2. ª y la 3.ª al dios de la Riqueza en sus
dos distintos ·estados y la 4.• al dios Daru111a. Tod~s están
tomadas de fotografías, que costó no poco trabajo obtener, no
porque el célebre japonés no se prestara á retratarse, sino
porque su afición al·licor llamado saké le ponía en tal estado
que era imposible llevarlGá casa del fotógrafo.

.

JABON REAL ,

¡v:roLETI

JABON

DET HRIOAC E 29_;:;:1~ü::~,w VELOU T I_N E
wm11daio1 per ntonhtr.1 attli:u gua la itrtm de II Pill 1 &amp;111111 tll Cola,

El cadáver fué colocado en unas angarillas

GARDINETA
POR ANTONIO ALBALAT.-ILUSTRACIONES DE MONTENARD

Hacía ya una semana que Simón había desaparecido, sin que se pudiera saber si estaba vivo ó muerto· inútil fué recorrer los bosques, explorar las montafias y tallares, pues en ninguna parte se le encontró. En todas las granjas del caserío de Ingardín
este incidente contristaba á las buenas campesinas,
que se comunicaban sus impresiones por la noche
al débil resplandor de las estrellas, cuando salían á
tomar el fresco á las puertas de sus casas. ¡Qué gallardo mancebo era el tal Simón! ¡Este sí que tenía
talla para defenderse! Amado por su buen carácter,
muy conocido en el país, vencedor en todas las ~estas y festejado por las muchachas, habíase!e visto
salir cierta mañana para ir á vender sus carneros á
la feria de Barjols; volvió por la noche con su dinero,
y al día siguiente ya no se le vió más. ¿Fué víctima
de algún ladrón, ó habría huído después de hacer
una calaverada? Sin embargo, un mozo de su temple
se hubiera defendido, y sabíase que era incapaz de
robar á nadie,
En esas hermosas noches de Provenza. á la luz de
la luna, cuyos rayos melancólicos ilu~inaban la cam•
piña azul las mujeres se referían, mientras sacaban
agua de Íos pozos, los amores de Simón con Gardineta, hija del anciano Tomá~. Ta~to y tanto_ hab~a
hecho este viejo avaro para 1mpedtr el matnmomo
que le desagradaba en extremo, que cierto día. su
hija rompió con Simón, después de haber descub1~rto que tenía relaciones con una cabrera de la granJa.
Sin perder tiempo, el padre prometió ceder la mano de
Gardineta á un mancebo rico de la vecindad llamado
Juan, que la joven adoró muy pronto con una de
esas ternuras que nacen del despecho y que tanto se
parecen al verdadero amor. Este Juan tenía un padrastro rico, el cual debía dejarle toda su fortuna.
Ahora bien: precisamente en el momento en que d~bía quedar concertado el enlace, he~e aquí que Simón, el primer enamorado de Gardmeta, abandonó
el país. ¿Sería una casualidad, 6 m~rchó para no presenciar el matrimonio? Los campesmos no lo creían;
pero las mujeres se encogían de hombros, mientras
retiraban las sillas para entrar en sus casas y acostarse, después de sus largas conversaciones nocturnas en las cuales no se hablaba de otra cosa .. .
Cierta mañana el pequeño Chois, que guardaba
los pavos á la entrada del caserío, lleg_ó corriendo
como un loco, seguido ole sus aves y gntando á voz
en cuello:
- ¡He visto á Sim6n ... allá abajo, en el pantano! ...

Las mujeres salían de sus casas uniendo las manos en ademán de súplica; los hombres abandonaron
el campo, y buscando cuerdas y horquillas, acudieron todos tumultuosamente al pantano, que era una
especie de pudridero donde se arrojaba el estiércol;
apartaron el ramaje que cubría la superficie, y en el
mismo instante resonó un grito de horror al ver dos
grandes zapatos y una blusa azul flotando en el agua,
¡Pobre Simón! Buscábanle muy lejos, y todos los
días al volver del trabajo pasaban junto á él sin verle.
Horrible fué la operación de extraer el cadáver del
pantano en aquel día de calor sofocante: la mandíbula inferior estaba rota, la boca desfigurada, la piel
tenía un color violáceo y en medio de la frente veíase un orificio; los brazos, extendidos del todo, parecían los de un maniquí; una nube de moscas zumbaba alrededor de la cabeza, y los ojos, abiertos, estaban blancos como los de un ciego.
No fué cosa fácil sacar el cuerpo de allí; y las mujeres retrocedieron, poseídas de espanto, mirando
desde lejos la horrible operación; el cadáver fué colocado en unas angarillas, lúgubres por demás en
aquel brillante día de verano, cuyo calor hacía sudar
á los portadores. El sol iluminaba de lleno las facciones desfiguradas del asesinado, que tenía la cabeza
echada hacia atrás, los brazos rígidos y el cabello
impregnado de sangre; el agua y el cieno goteaban
de sus ropas; el vientre se había hinchado, y el cuerpo exhalaba un hedor insoportable que el viento de
las montañas mezclaba con el perfume de la retama
y'de los trigos maduros.
Este drama áterrorizó á las doce familias que constituían la escasa población de Ingardín, donde jamás
se había cometido ningún crimen. El cadáver se
dej6 durante la noche en un cobertizo, donde le velaban solamente las langostas y los grillos, sirviendo
de oració11 fúnebre el grito &lt;ile los mochuelos ocultos
en las encinas. Aquella noche no hablaron las mujeres debajo de los árboles; trastornadas por la presensencia del muerto, las campesinas se acostaron muy
temprano, sin que nadie osase abrir la puerta de su
casa; las ventanas permanecieron cerradas, y hasta
que rayó la aurora las jóvenes se estremecieron en
su lecho al oir á los perros ladrar delante del cobertizo. Gardineta, que á pesar de la prohibición de su
padre fué á ver el cadáver durante el dia, volvió
anegada en llanto, y cuando entró en su aposento y
pensó que había amado con todo corazón al difunto,
no J?Udo contener sus lágrimas en largo rato. Juan,

su novio, fué el único que se mostró insensible; comió con la mejor gana, según costumbre; y Gavot,
su mozo de labranza, dijo que se había alegrado al
parecer cuando se le anunció la muerte de Simón,
cual si hubiese tenido á dicha verse libre de un rival
por el que atormentaba de continuo á Gardineta. Su
frialdad indignó á todo el mundo.
A la mañana siguiente, á eso de las cinco, la justicia llegó á Ingardín: de un carre con toldo, tirado
por dos caballos, apeáronse delante del cobertizo, en
medio de las mujeres y de los aldeanos reunidos, el
juez instructor, señorón que vestía levita larga; el
fiscal, miope y con patillas rubias; el médico, oficial
de la Legión de honor, y por último un esc;ribano,
hombre pequeño con su correspondiente bastón y
con los lentes ahumados. Cuatro gendarmes á caballo
servían de escolta.
Acto continuo procedióse á las primeras averiguaciones con una calma que sorprendió á los buenos
campesinos, y registrado el cadáver, encontróse sujeto con un alfiler en la camisa de la víctima un billete
de cien pesetas, tan empapado en agua, que apenas
se reconocía ya. Instruido el proceso verbal, se colocó el cadáver en una carreta para transportarlo á la
ciudad vecina, y dióse principio á la información sin
salir del cobertizo, pues el calor era insoportable en
aquellas montañas. Los aldeanos permanecieron fuera, mudos y pensativos como siempre, con su pipa en
la boca y esperando á que se les interrngase; las
mujeres hablaban en voz baja, y todos parecían impresionados por aquella escena, sin comprender
bien lo que de ellos se quería.
Algunos, cansados de fumar y escupir, volvieron á
su trabajo. Cuando los gendarmes abrían la puerta
para llamar á los testigos, 0íase el cant0 monótono
de las cigarras y se veían enfrente los pinares inundados de luz. Mientras el escribano hacía correr la
pluma sobre el papel, el juez, con IGs codos apoya•
dos en la mesa, interrogaba á los campesinos, confundiéndolos con tantas preguntas que ya no sabían
qué contestar.
La vida de Simón, sus relaciones, su v.iaje, tedo
fué referido, comentado y consignado por escrito.
El juez se rascaba la barba y tosía á cada instante
con aire discreto; y al preguntar «¿de quién sospechan ustedes que haya podido venir el golpe?,) los
aldeanos contestaron, encogiéndose de hombres
•
l
«seguramente no es mnguno del país, señor juez.»
Uno de ellos se aventuró á decir: «Alguien habrá

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

515

- He podido decir eso, sí, replicó; pero sin maliseguido á Sim6n al volver de la feria, de donde traía te la muerte una indiferencia celosa, como si la
dinero, y es muy posible que le hayan matado para muerte no desarmara todos los odios. A causa de cia, sin pensar en mal.
Y blandiendo su kepis con ademán de cólera,
robarle.» Pero el juez extrañaba que el asesino no este rencor, su cariño á Juan disminuía, aumentan~
hubiese encontrado el billete de Banco al registrar do el que antes le inspirara el difunto, su primer añadió:
- Ese canalla de Gavot es quien ha chismeado;
á su víctima; y por otra parte, ¿c6mo podía creer el amor; y trataba de comprender la tranquilidad de la
pero
ya me la pagará.
tumba
ante
el
silencio
profundo
que
reinaba
en
las
asesino que Sim6n, después de dormir en la aldea,
- Id á buscar á Gavot, dijo el juez, haciendo una
en la noche de su vuelta, llevase aún el dinero con· altas regiones y en las colinas iluminadas en aquel
momento por los argentados rayos del astro de la señal á los gendarmes.
sigo al día siguiente?
Durante la ausencia de éstos, Juan acabó de en•
:... ¿No tenía ningún enemigo en el país?, pregunt6 noche.
El viento agitaba á intervalos ligeramente las ho- redarse cuando tuvo que detallar el empleo de sus
el juez.
Los campesinos se miraron sin responder, y al fin jas de los árboles, que producían entonces suave horas, minuto por minuto, sus actos y sus idas y verumor; oíase por todas partes el grito monótono de nidas, lo cual no era fácil, por repetirse á cada mouno de ellos contest6:
- No, señor juez, pues no podría decirse que los mochuelos; los murciélagos volaban por delante mento la misma frase:
- ¿Tiene usted testigos?
Juan fuera su enemigo porque estuviese celoso de él de la ventana; en el jardín maullaba un gato; y pen- ¿Testigos?
sando
que
todo
pasa,
que
todo
se
va,
el
amor,
la
viá causa de Gardineta.
-Sf.
- ¿Quién es ese Juan?, pregunt6 el magistrado. da, los dolores y las alegrías, la joven se arrodilló, y
-¿Para qué?
allí, ante el puro cielo, ese hermoso cielo de Dios,
¡Que vayan á busqtrle!
Juan no los tenfa, ni se acordaba de cosa alguna;
El juez daba sus 6rdenes tranquilamente, como si oró por el difunto.
«¡Dios mío!, murmuró. ¡Tened compasión de él! y aturdido al fin por aquel angustioso interrogatorio
se tratara de una mala inteligencia que se aclararía
y la acumulación de pruebas, tropezaba á cada paso.
¡Recibidlo en vuestro santo Paraíso!. .. »
mur pronto.
Entonces pensó en huir; mas la puerta estaba guar- ¡Ah!, añadió, que venga también Gardineta ...
' ...
A la mañana siguiente, á eso de las cinco, el juez dada por los gendarmes, que recibieron orden de
¡Traedmela cuanto antes! ...
Al entrar b joven, el escribano levant6 la cabeza, volvió para continuar la instrucción, Su primera di- conducir al acusado al corral contigu0 apenas llegael doctor se atus6 el bigote, el fiscal guiñ6 los ojos ligencia fué enviar en busca de Juan, que se diponía se Gavot. El juez y sus acólitos se hablaban al oído,
y el juez tosi6 con interés; tanto les impresionó la á marchar al campo sin haber visto á Gardineta, cuyo enjugándose de continuo la frente; tan sofocante era
maravillosa belleza de la joven: era una robusta pesar le irritaba. Como los labradores habían vuelto el calor en aquel cobertizo. Fuera de éste, un sol
campesina, cuyo corsé redondo apenas podía conte- á su trabajo, no quedaban en el caserío más que las deslumbrador abrasaba la meseta de Ingardfn, donde
ner el seno; sus mejillas frescas y sonrosadas como mujeres y algunos hombres, los cuales discutían de- se oía resonar en un espacio inmenso el canto de
las de una niña, rebosaban juventud; sus ojos eran lante del cobertizo donde se hallaban el juez y sus las cigarras.
Gavot confirmó cuanto había dicho á los vecinos,
grandes y negros, y sus pestañas largas y sedosas co- acompañantes.
Juan llegó con su azadón al hombro, y calado hasta asegurando que Juan repetía hacía un mes al hablar
municaban la más dulce expresi6n á su mirada Un
pañuelo pequeño, cruzado sobre el seno, permitía las orejas su kepis militar (recuerdo del regimiento), de Simón: «¡Es un canalla! Algún día le romperé la
ver la parte superior de los hombros, y el sudor dispuesto á esquivarse apenas terminara el enojoso cabeza.» Justificada así la sospecha y demostrado
inundaba su frente, como el rocío un fruto ma- interrogatorio. A las primeras palabras comprendió que aquel inocente era culpable, el juez, deseoso de
que no le sería posible conservar su serenidad; y del concluir cuanto antes, envió á buscar á Gardineta,
duro.
Con voz dulce y tímida, que contrastaba con su todo inocente, no había previsto la extraña compli- muy inquieta ya por los rumores que circulaban.
-¿Es usted la novia de Juan?, preguntóla.
robustez, referió lo que todo el mundo sabía, sus cación, las estrechas mallas de la red en que se ha-Sf, señor.
llaba
cogido.
primeros amores con Sim6n, la oposición del padre,
- Pues bien: nos le llevamos preso,
Después de oirle declarar que no sabía nada acerel rompimiento con aquél y sus desposorios con
-¿A Juan?
ca del hecho, el juez, con su palabra benévola y su
Juan, cuyos celos confes6.
- Sf; él es quien ha dado muerte á Simón, con·
rigurosa
tenacidad,
dió
principio
al
terrible
interro·
- ¿Conque estaba celoso?, pregunto el juez.
testó el juez. Vamos á dejar á ustedes solos un ins- Sf, señor; pero es un buen muchacho, incapaz gatorio.
- ¿Dónde estaba usted en la mañana del crimen? tante; procure hacerle declarar la verdad, y le hará
de hacer daño á nadie.
un señalado favor, pues no hay otro medio de sal- ¿En la mañana del crimen? ...
Gardineta extrañó que le hiciesen tantas pre·
varle.
-Sí.
guntas.
Se hizo entrará Juan y dejáro.nle solo con la cam- flabía ido á trabajar, contestó Juan, después de
-¿Se encontró Juan alguna vez con Sim6n? ¿No
pesina
en el cobertizo, cuya puerta vigüaba un genpensar
un
momento.
hubo nunca ningún altercado entre ellos? ¿No habl6
darme, mientras el juez y su gente iban en busca de
- ¿A qué hora?
jamás contra él? ¿Qué decía esta mañana?
El interrogado calculó, dando vueltas á su kepis un coche para trasladar al preso.
Confundida por aquel tenaz interrogatorio, GardiLa joven se colgó de su cuello sollozando.
entre
las manos,
neta se embroll6, contradíjose, y acabó por confesar
- ¡Juan, se trata de perderte! ... comenzó á decir.
- A las cinco, contestó al fin.
que Juan tenía mala voluntad á Sim6n, pero que
Natural parecía este arranque, pues aquel hombre
- ¿De dónde toma usted hora?
jamás le había buscado disputas, sabiendo muy bien
era su novio, su futuro, y amábale perdidamente
- De mi reloj.
que ella era una joven honrada.
desde que le acusaban de semejante crimen.
- ¿Con cuál le regula usted?
Los gendarmes llegaron en aquel momento para
- ¡Dímelo todo, Juan, añadió; conmigo puedes ser
- ¿Con cuál le regulo?
decir que Juan había marchado á La Roque y no
franco
... ¿Ne será eso verdad, eh? ¿No será verdad?.. ,
Sí.
volvería hasta la noche.
Y estrechábale entre sus brazos con toda ,su fuer- Con el sol.
El juez se mordi6 los labios, reflexionó, y resuelto
- El sol varía diariamente ... ¿A qué hora regresó za, loca, suplicante, empinándose cuanto podía y fi.
á interrogar á Juan al día siguiente, dijo con indifeusted
del campo? ¿Qué camino tomó? ¿Qué vió? ¿Iba jando en él una mirada ansiosa.
rencia:
- Pero ¿qué estás diciendo?, preguntó Juan, des,
- Está bien; hubiera podido facilitar datos, mas solo? ¿Tiene usted testigos?
prendiéndose
de los brazos de la joven.
Juan
se
embrolló,
resultando
al
fin
de
sus
con
tes·
prescindiremos de ellos.
- ¡Júrame que no eres tú quien ha matado á
Cuando aquellos señores volvieron á su coche, y taciones que nadie le había visto trabajar.
- ¿Por qué se ocultó usted ayer y anteayer?, pre- Simón!
mientras se alejaban seguidos de los gendarmes, que
- No, no he sido yo. contestó Juan, jurando como
habían puesto sus caballos al galope, los campesinos guntó el juez.
un carretero; yo no be dado muerte á nadie...
- Tenía que hacer en La Roque.
con sus sombreros en la mano en actitud respetuosa
- Pero ¿qué les has dicho para que crean que tú
- ¿Sobre qué asunto?
contemplaron á los representantes de la ley hasta que
eres
el asesino?
Fuí
á
comprar
una
horquilla.
se hubieron perdido de vista.
- ¡No lo sé ... me han embrolladó... son unos
- ¿A casa de quién? ¡Que vayan á buscar la hor¡Qué día! Gardineta no durmi6 en toda la noch~;
canallas!
en vez de acostarse, apoy6se de brazos en la venta- quilla!
Y alargó el brazo hacia la puerta con ademán ame·
La contestación de Juan impidió la salida de los
na y observó las estrellas, buscando en la tranqumnazador.
dad del cielo un poco de calma para su coraz6n per- gendarmes.
- ¡Oh! Juan, continuó la joven, sería espantoso si
- ¡Pues bien, no! dijo, no es verdad ... no be com•
turbado. Parecíale estar viendo aún las facciones
hubieras
hecho eso...
prado
nada.
Me
marché
por
no
estar
aquí,
porque
desfiguradas del muerto, su mandíbula rota, sus ojos
Juan la miró fruciendo las cejas, y otra vez se desen blanco y sus largos brazos rígidos. ¡Pobre Simón! no me hallaba á gusto, porque no vivía en buena intepertaron sus celos.
La vida no había tenido nada bueno para él; era ligencia con Simón.
- Parece, dijo, que te contrista mucho que haya
¿Era
usted
su
enemigo,
su
rival?
¿Se
alegró
pobre, no le quisieron por esposo, y para colmo de
muerto, ¿eh? No soy yo quien ha dado el golpe; pero
desgracias le mataron. Sin embargo, no era perverso usted de su muerte?
Las preguntas se multiplicaban, rodeando á Juan me alegro de esa muerte, puesto que á ti te contrista ...
ni odiaba á nadie; rehuía siempre las pendencias, y
Sin escuchar más, la joven abrió la puerta, y desescomo
un círculo de hierro.
como todos los hombres fuertes y valerosos, no haDesconcertado, inundada la frente de sudor y pen- perada y llorosa, con sus manos en ademán de súcía aprecio ni trataba de vengarse de los que le molestaban. La joven recordaba la dulzura de su sonri- dientes los brazos, contemplaba con expresión de plica y acercándolas al rostro del magistrado, ex·
sa cuando pasaba por delante de su puerta al volver extravío aquellos señores vestidos de levita y tranqui- clamó:
- ¡No es él, señor juez!. .. No le prenda usted... Yo
de los prados, y ahora que Simón había muerto, lamente sentados; el temor á la justicia, tan arraigaimaginábase que su amor resucitaba. Perdonábale el do en el campesino, le anud6 la garganta, perturbóle le juro que no es él... ·
El juez y los suyos rechazaron con suavidad á
haberla engañado; sentía haberse mostrado tan dura el cerebro y ahogó sus frases. Pudo reconocer que
con él, y solalllente pensaba en sus promesas, en sus se le creía culpable, y torpemente exasperado, per- Gardineta, y dirigiéronse á su co'che; Juan, con su
juramentos, en aquel beso que se dieron detrás de la diendo el tono de la inocencia en fuerza de su in- kepis encasquetado y completamente aturdido, dejóse conducir por los gendarmes. mientras las mujeres
granja, cuando se hacía la recolección del heno, una dignación, balbució con furor:
- No soy yo, ¿lo entiende usted? ... ¡No soy yo rodeaban á su novia, que sollozaba amargamente,
tarde en que los rebaños salían para ir á pastar á la
sentada en una piedra.
montaña.
quien le ha matado!
En la vida de Juan nada autorizaba á sospechar
El juez prosiguió sin mirar al acusado y tosiendo
Y todas estas reflexiones sobre cosas lejanas, prode él, y al principio nadie le creyó culpable. Todos
du jéronle una tristeza profunda, una angustia irrepa· discretamente:
- Usted ha dicho que se daba por muy contento decían: «Le será fácil probar que no ha sido él!;» pero
rabie que la oprimió el corazón, llenando poco á
cuando se le vió volver, cuando se supo que aún espoco sus ojos de lágrimas. En aquel instante sintióse de verse libre de él. ¿Es verdad?
Esto era una artimaña del juez, y Juan no vió el taba en la cárcel y que sería juzgado dentro de tres
poseída de resentimiento contra Juan por no habermeses, después de las vacaciones judiciales, prodúse mostrado más compasivo, por haber afectado an· lazo que se le tendía.

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

515

fin, cuando el cartero hizo su distribución, anunció humo de la casa de Gardineta, así como los árboles
que Juan había sido absuelto y dió los detalles pu• de su patio, y se dice:
«¡Allí está, pero me ha olvidado; todo concluyó!...1&gt;
blicados la víspera en los diarios. Nadie se extrañó;
Cierta
mañana, oculto entre los matorrales, obsermas por la noche, cuando las familias entablaron
sus conversaciones al dulce calor del primer fuego vó que por el camino que conduce á la ciudad pasade noviembre, todos se dijeron: «No se le ha podido ban á la carrera varios vehículos llenos de gente que
probar; á esto se reduce todo... Tiene suerte.» Y reía y gritaba; en uno de ellos iba una joven vestida de blanco y cubierta con un largo velo que flopersistió la misma convicción de antes.
Juan llegó una mañana al rayar el alba, flaco, pá- taba sobre sus hombros; y ante aquel espectáculo, el
lido, sonriendo con expresi6n estúpida, atontado por pastor comenzó á llorar. Después fué en busca de su
su larga prisión preventiva y los prolongados debates rebaño, con el cual se internó en la montaña; y nadel tribunal. Los campesinos le dirigieron la palabra die supo nunca que había ido á ver pasar la comiticomo si le hubiesen visto la víspera, y sin hablarle va de boda de Gardineta
de su absolución, limitáronse á decir: (¡Hola! ¿Ya
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
estás de vuelta?» Tampoco él habló nada, y al entrar en su casa supo que Gardineta estaba prometida
á otro y que nadie creía en su inocencia. Sin em•
SECCIÓN CIENTÍFICA
bargo, no era él quien diera muerte á Simón; pero
el verdadero asesino se había arreglado sin duda de
EL AUDITORIUM DE CHICAGO
modo que todas las pruebas recayeran en Juan.
Al presentarse á su padrastro, éste le acogió bien,
Una de las cosas que indudablemente más llamapero le dijo que en vista del mal estado de las cosechas debería buscar trabajo en la ciu- rán la atención en la próxima Exposición de Cbicadad, advirtiéndole además que no de- go será el Auditorium, monumento destinado á mubía contar ya con los bienes que le chos usos, pero que debe ser considerado como
teatro y, en su clase, uno de los más grandes del
destinaba.
Juan no replicó y aceptólo todo mundo. Los arquitectos americanos que le han conssin murmurar. Hubiérase dicho que truido no han perdido de vista la necesidad de consu carácter había cambiado y que una seguir un conjunto que tenga todas las condiciones
especie de fatalismo quebrantaba su exigibles en una explotación de primer orden, es deresistencia y su energía, Careciendo cir, el lujo, la comodidad, la seguridad, la potencia
de suficiente fortuna personal para vi- de los efectos, el número de asientos puestos á la
vir sin hacer nada, pidió trabajo, pero disposición del público y la relativa baratura de la
pasó largo tiempo sin que lo encon- ejecución.
La construcción del Auditorium se comenzó en
trara. No trató de luchar contra el
desprecio, ni tenía fuerzas siquiera 1885, y treinta y cinco meses después de empezada
para justificarse¡ comprendía que se la obra quedaba concluida sin exceder los gastos á
le rechazaba y condenaba y que esta- los desde un principio presupuestos. Aparte del preba perdido para siempre. La imposi- cio de la adquisición del terreno, que ignoramos, no
bilidad de disculparse comunicóle al pasaron aquéllos de 15 millones de pesetas, hafin el aspecto de un criminal; avergon· biendo podido la Compañía del Auditorium organizóse de su desgracia como de un de- zar con esta . suma, relativamente moderada, dos
lito, é hízose salvaje y haragán. Pasa- explotaciones que rara vez van juntas. Su inmenso
ba horas enteras echado al pie de un inmueble es la combinación de un gran hotel y de
árbol, sin hablar á nael.ie, con las ma- un teatro que recíprocamente se penetran.
El Auditorium, que forma un rectángulo de 120
nos debajo de la nuca y el sombrero
por 60 metros, consta de diez pisos, á los cuales se
sobre la cara.
Y era que, perdida para él Gardineta, sube por medio de tre~e ascensores: los tres inferionada le importaban ya las demás cosas res son de piedra de paramento rústico con rebordes
de este mundo; había amado profun- en las junturas verticales y horizontales y pilastras ó
damente á la joven, aunque siempre columnas de mármol en diversos sitios; los cuatro
celoso, con una adoración l;&gt;rutal y siguientes son de arco de medio punto y con cuatro
sincera, y cada vez que la encontraba vanos, y en cada uno de los tramos en ellos practica·
ahora, veíasele temblar como una mu- dos hay otros dos arcos de medio punto que comjer y bajar la vista como un niño. Gar· prenden los pisos octavo y noveno: el piso décimo
dineta, sin embargo, no le tenía mala está formado por una columnata.
Posee, además, el edificio una torre cuadrada,
voluntad, porque no odiaba á nadie, y
aquello le parecía un justo castigo. Ha- casi de la misma altura que el cuerpo principal que,
biendo deseado la muerte de Simón, aunque parece un capricho del arquitecto, está des¿no era tan culpable como si le hubie- tinada á la seguridad y á los órganos mecánicos de
las dos explotaciones, pues contiene á la altura de
se asesinado?
60 metros un gran depósito alimentado por dos bomTodos
pensaban
que
Juan
abando·
!:
naría el país; mas no tuvo valor pa· bas de vapor que arroja cada una más de un hecra ello: el campesino muere donde ha tolitro de agua por minuto. Esta agua, con una pre·/ .J~j
vivido. Alguno se compadeció al fin sión de tres atmósferas por lo menos, hace funcionar
de él y confióle la custodia de sus re- la maquinaria de la escena, toda de hierro, y los treSolo, en medio de aquellas soledades, piensa en la mujer á quien ama
baños, lo cual aceptó con regocijo, ce ascensores que conducen á los pisos, y está disporque esta ocupación le permitía vivir tribulda con tal profusión, que ni los habitantes del
y que ahora despertaba de nuevo su cariño desde el solo, que eran sus deseos, y en su consecuencia, se hotel, ni los espectadores del teatro, ni el numeroso
personal del escenario han de temer un incendio. El
fondo de la tumba. El asesinato cometido la privaba hizo pastor y siguió siéndolo ...
desarrollo
de la tubería general es de 40 kilómetros.
del placer de la venganza que hubiera tomado al
De estos tubos sólo una parte insignificante son para
*
casarse, y así es que su pasión por Juan apenas le
**
el gas, que se utiliza únicamente en algunos alumparecía ya amor en comparación con el que experibrados accesorios y para algunos motores. En lo alto
Todos
los
días
se
le
encuentra
conduciendo
los
mentaba por el difunto. Cuando la decían algo sobre
su novio, contestaba: «¡Infeliz, sus celos le han per- rebaños á las montañas de Ingardín; él es quien de la torre hay una torrecilla en donde se ha insta·
á la hora del crepúsculo, de pie en una roca, azuza á lado el observatorio meteorológico del Signa/ O/fice,
dido!»
Y he aquí por qué de noche, aspirando el puro los perros para que ladren y arroja piedras á los car- cuyos avisos se consideran como los mejores en punambiente de los campos, Gardineta, que no medita- neros que se desvían demasiado. De noche duerme á to á previsión del tiempo.
El alumbrado del Auditortum se compone de
ba nunca, prefiriendo el reposo después de las sanas la claridad de las estrellas, al son errante de las cam10,000
lámparas eléctricas de incandescencia de 16
panillas,
eu
los
prados
donde
se
filtran
las
corrientes
fatigas del día, pensaba con tristeza en su mala suerte. Una fatalidad aniquilaba sus afecciones, hacía cuando llueve. Bástale mirar la Osa Mayor para bujías cada una, alimentadas por 10 dinamos movidesgraciados á los que ella amaba, y jamás ser~a saber qué hora es; tiende lazos á la zorra, cobra pri- dos por 10 máquinas de vapor. La importancia de
feliz. A fin de disipar su tristeza, el padre resolvió mas cuando mata algunos lobos, conoce el grito los servicios eléctricos es tan grande, que la longitud
casarla cuanto antes, y como era muy linda y tenía de todos los animales y percibe los más leves rumo- de hilos ó cables con que cuenta el edificio es de
dinero, no le faltaron partidos. Al cabo de un mes res á través del viento; agrádanle los desfiladeros 400 kilómetros: de ellos, unos sirven para la transobscuros, la humedad del bosque y la claridad de misión á distancia de la energía luminosa ó calorffi.
estaba prometida á otro.
las mesetas desiertas cuando la aurora despunta y ca, otros para señales eléctricas, otros para telégrafos
los mochuelos ya no gritan. Su gran silueta negra se y teléfonos .
.. *
En la construcción del Auditorium han entrado
destaca como una aparición, iluminada por la suave
Los campesinos esperaban la condena de Juan claridad de la luna. Solo, en medio de aquellas soleda- 17 millones de ladrillos y 6.000 toneladas de hierro
sin curiosidad sin la menor impaciencia, con una des, piensa en la mujer á quien ama, perdida ya para y de acero: la superficie de los pavimentos de madeseguridad abs¿luta, y á ninguno se 1~ ocurrió que él, y aun le parece verla junto á sí con otro rebaño. ra es de 1 00.000 metros cuadrados. El edificio tiene
pudieran .absolverle. Todos los_ días mterrogaban á ¡Era tan linda, con sus hoyuelos en las mejillas; tenía 1.500 ventanas y 2.000 puertas.
El hotel, que comparte con el teatro la fachada
las personas que iban á la cmdad, y cuanto más tan negro el cabello, tan diminutos los pies y tan
principal
y ocupa toda la de la avenida de la izquierhermosos
los
hombros
y
el
seno!
...
tiempo transcurría sin recibir n_oticias, fortalecfase
Mientras vaga por las alturas, Juan reconoce el da, tiene 400 habitaciones, algunas con salones, y
más la persuasión de los campesmos. Una tarde, al

jose una reacci6n en aquellos pesados cerebros de
montañeses. Si la justicia no le dejaba en libertad,
sus razones tendría para ello, y tal vez hubiera confesado su crimen. Sin embargo, averigu6se que persistió en su negativa; pero sin manifestar indignación; con una tenacidad serena; actitud que en concepto de todos le condenaba más, pues un inocente
se rebela, grita y protesta.
«¡Pardiez!, exclamaban, él es quien cometió el
crimen. ¿Quién ha de ser sino Juan? Entonces se recordaron hechos y súpose que se había batido con
Simón. A medida que el tiempo pasaba hacíase más
evidente para todo el mundo que Juan había matado
á su rival por celos; y la misma Gardineta acabó por
creerlo, al recordar cuánto la mortificaba por causa
de Simón. Además de esto, no le perdonaba que se
hubiera alegrado de la muerte de aquél, pues en su
concepto, quien se regocijaba de un crimen es muy
capaz de cometerle. En un principio compadeció á
Juan, y después, al observar el desprecio que inspir:iba, desprecióle también, fijándose otra vez su pen•
samiento en aquel á quien había rechazado en vida

t:

..

�NúMERO

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ducir el movimiento del horizonte, del telón ordinario
y del telón de hierro para los casos de incendio, hay
diez y nueve piezas movidas por palancas colocadas
todas á un mismo lado de la escena y á la disposición del jefe de la maquinaria. Estas piezas, que se
manejan por medio de un juego de llave, comunican
el movimiento á los puentes y á los escotillones del
suelo del escenario y á las diversas partes del aparato general.
Las piezas movibles son muy numerosas: citaremos entre ellas cuatro grandes puentes, seis puentes pequeños y
seis escotillones susceptibles de moverse verticalmente en un espacio de diez
metros, cinco debajo y cinco encima de
la escena. Gracias á esto se obtienen
~ curiosos efectos cuando se quiere imitar las suaves ondulaciones de las olas
en los hermosos días de primavera ó
el desencadenamiento de una terrible
tempestad de equinoccio.
Para los efectos fantasmagóricos se
emplea la electricidad por medio de potentes combinaciones cuya descripción
nos llevaría demasiado lejos: sirve también para la maniobra de los órganos
que, en número de siete, toca un solo
artista á pesar de estar situados en distintos puntos del edificio. El organista
tiene además á su cuidado dos juegos
de campanas. A la electricidad se ha
recurrido asimismo para simplificar el
teclad0 y poner en movimiento los tres
fuelles necesarios para el funcionamiento de los cañones de los órganos.
Cualesquiera que sean los esfuerzos
que hagan los organizadores de la Exposición de 1893, el Auditorium constiEl A11ditori1mi de Chicago. - Fig. 1. Vista del edificio en conjunto
tuirá, como hemos dicho, una de las
principales curiosidades de Chicago, y
ce al deseo de dedicar el Audilorium especialmente será un monumento característico de una ciudad
á representaciones populares . Por esto hay además que hace cincuenta años apenas tenía más que un
tres anchas galerías, una con 1.432 asientos, otra con tabernero establecido en un barracón de madera, en
4g7 y otra con 526. De suerte que pueden caber las cercanías del fuerte Dearborn, adonde los solda4.037 personas en la sala. Esta está alumbrada por dos de la guarnición iban á beber whisky y á. frater3' 500 lámparas incandescentes. El escenario, ilumi- nizar con los salvajes.
nado por 1.500, es inmenso: la distancia entre sus
Las personas de gusto refinado que experimenmuros laterales es de 33 metros y su profundidad de . ten una mala impresión en presencia de un edificio
27: su altura total es de 26, de ellos 6 de foso. Cables compacto con una fachada de 120 metros sobre la
de cáñamo solo se emplean para sostener los contra- calle del Congreso y otras dos fachadas más de 60
pesos 'destinados á facilitar la maniobra de levantar metros cada una sobre dos avenidas, puede decirse
que no serán accionistas de la empresa
que lo ha construido.
Hay que tener en cuenta que el Audt'·
toríum se ha levantado en un país en
donde es desconocido el sistema de las
subvenciones y en donde los directores
del teatro quieren, sin verse precisados
á declararse luego en quiebra, hacer oir
en el teatro á la Patti y á,cuantas estrellas brillan en el cielo del arte lírico, para
lo cual necesitan poco menos que cubrir·
las de oro.

t iene, además del restaurant del piso bajo, varios
comedores para los viajeros en el piso décimo, en
donde hay el gran salón de la mesa redonda cuyo
largo es de 60 metros. Hay también una sala de banquetes capaz para 500 cubiertos.
El teatro tiene 40 palcos, con sitio sólo para 200
personas y 1.442 butacas: esta desprnporción obede•

515

en AB, el estilete S será atraído vivamente por el
muelle r -trazando una caída según un radio hasta el
círculo de origen, á partir del cual comenzará á describir una nueva curva. El número de caídas, en un
período dado, indicará desde luego la marcha del

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN

515

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART1STIOA dirfje.nee para. informes á los Sres A. Lorette, Rue Caume.rtin,
núm. 6 1. París. -Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina. de publicidad de loe Bree. Calvet y O,•, Diputación, 358, Barcelona

.

m~~

El diente está unido á éste por medio de una biela con trinquete en comunicación con el árbol de la
máquina ó con el eje de una rueda de un coche, si
de máquina ó coche se trata, y recibe movimiento
de un balancín oscilante, si el aparato aa de funcionar como podómetro; siendo de advertir que el dromógrafo puede ser empleado en esta última forma,
no sólo á pie, sino también á caballo, en coche, en
ferrocarril, colocándolo en el bolsillo del viajero ó en
el cellar del caballo 6 en la portezuela del vagón.
La solución dada por M. de la Roulle á un problema que á todo el mundo interesa es, pues, tan gene·
ral como elegante y sencilla. Cualquier reloj ó despertador puede de esta suerte ser transformado en
dromógrafo.
Debemos añadir que el ~lromógrafo la Rulle ha
sido ensayado en una locomotora delferrocarril de

CIF RAS DECORATIVAS -PARA ARTES E INDUSTRIAS
POR

♦

J. MA SRIERA Y MA NOVENS

........._
-

L.UT ANTÉPPl!LIQIII -

LA LECHE ANTEFÉL
,,n 1

■mJda

c.. 1111, 1111,a

t~r~o~R~u~aa~T~s~Cr!ga~;rvfa~~~-~

ECA8, LENTEJAS, TEZ A8OLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS

ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJ ECES

2.

Sección vertical del edificio

el telón, que pesa 16.000 kilogramos. Para todos los
demás servicios se utilizan cables flexibles de acero,
cuya longitud total es de 20 kilómetros.
Las piezas principales de la maquinaria son un
puente estrecho de acero de 3.500 kilogramos de peso que cruza el escenario cerca del telón y un marco
de hierro para las decoraciones del fondo que pesa
6.000 kilogramos y está dividido en dos partes susceptibles de moverse separadamente. Sobre este marco hay un gran puente movible sobre las galerías laterales de la cimbra y un horizonte panorámico de
16 metros de altura por 100 de longitud, inmensa
tela que se arrolla á un tambor y en la cual hay ex•
celentes pinturas ·que representan al cielo en las di·
versas estaciones y en todas las condiciones atmosféricas. Añadiendo á esto el peso de todas las piezas
que penden del telar, se llega á un peso de 1 oo ooo
kilogramos, que se maneja con sorprendente facili •
dad, gracias á la fuerza hidráulica que proporciona
el depósito de la torre.
·
Además d e algunos pistones horizontales para pro·

PILDORAS~~DEHAUT

JARABE

rncio, porque, contra lo que .acede coa
~ demupurg8J1Ces, este ao obra bien
1µ10 cuando H toma coa bueaosalimeatos

7/'tliJufortilicsates, cual el vi.oo, el.e•"•
1wada cual escoge, para p.urgane la
ora 7 la CfNIJida que mas le coavieaea
sevua 1u, ocupacfoae,. Como el causo'
c,o que la purga ocuioaa queda compJetamealuaulado porel efectode la
l&gt;ue.ua alimeatacioa empleada, uno
,. decide ticilmeate i vol',er

i •

las minas de Roche-la-Moliere y que ha señalado
con tanta claridad como precisión todas las variaciones de la marcha, los cambios de velocidad, la
duración de los períodos de marcha y de las paradas; en una palabra, todas las circunstancias del
movimiento saltaban á la vista en el diagrama.
Un dromógrafo colocado en el ventilador del pozo
de Bardot, en Saint-Etienne, funciona de una manera completamente satisfactl3ria desde hace muchos meses. El gráfico reproducido en la fig. 2 fué
obtenido en los días 18 y 19 de marzo último:
entonces el diente tenía un pequeño defecto que
luego se ha salvado posteriormente.
La velocidad regular de la máquina, 94 golpes

GRANOOELINOJ ARINF~R~lMJ~~s
ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. -

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2.

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El drom6grafo de M. de la Rou\le

EL DROMÓGRAFO DE M. DE LA ROULLE

Fig.

PtnouJ ... CGDtCft lu
DE l"ARIS

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1 hita uao de 1u11tro, U ANOS d1 SALIIO, puN t l/ol
11 ourarb 11, eu conlf,pac/on, /t darb9,petlto 1 1t
lltrolrtrh ti eu,ño 1 11, altt ria. - A11 ririr, Vd. •
etuchu ailoa, d11frutando 111mpre de una buena 1a1v-.

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todos los médicos para la curacion de las gastritis, g astral jias, dolores
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la digestion y para regularizar todas las funciones del esíómago y de
loa intestinos.

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1

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Fig.

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Vén dese formando un precioso álbum, encuadernado en tela, al precio de '.l.. S ptas. ejemplar

Jl~r m II rotulo • /lf'ffl(S

Este aparato tiene por objeto reproducir gráficamente en un cuadrante de pa·
pel, debidamente graduado, todas las circunstancias del movimiento de una máquina cualquiera, locomotora, coche,
velocípedo, etc.
Un movimiento de relojería pone en
rotación uniforme al cuadrante; un estilete guiado por una corredera inmóvil se
mueve á Jo largo de un radio determ•nado gracias á
un diente accionado directamente por el motor que
se ha de estudiar. Si el motor está en reposo el estilete permanece inmóvil y traza en el cuadrante un
arco de círculo: si el motor anda, el diente gira con
una velocidad proporcional á la del motor, empuja
el estilete y la curva se aleja del círculo tanto más
rápidamente cuanto mayor es la velocidad. De este
modo se obtiene un gráfico en coordinadas polares
cuyas diferentes partes c0mprendidas en los sectores
horarios sucesivos dan á conocer inmediatamente
todas las fases del movimiento, indicando la inclinación de un elemento de la curva la velocidad en
el instante correspondiente.
La fig. 1 representa el aparato. Un reloj dispuesto
de modo que el movimiento arrastre la esfera, lleva
débajo de ésta el diente CDE y el estilete S retenido por una corredera y apoyado en el diente por el
muelle r.
1
Cuando e~ diente 'habrá· andadó de suerte que la
línea AE venga á colocarse debajo de la corredera

ARTÍSTICA

Se ea.to pn,opectot A1alcn 10 1 aoUatc
.irigin ~o,e Aloa Sm. Moataaor y Suah, e&lt;lltor•

MEDALLAS Ex11" Unir'• LDN DRES1862-PA R/S 1889

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CARNE , OUINA

v1NOARoffo;;;ou1N1
T COIC TODOS tOI nmamos

tn:rnrnvos SOLUILBS DB 1.4 CAl\NE

e aa.u 1 91111u I aon loe elementos que entran en 1a

por mit)uto, corresponde á una recta inclinada de
23º sobre el radio. El papel trazado para doce
horas podría servir también para veinticuatro y aun

más.
El dromógrafo de _M. de la Roulle es un aparato
interesante y sumamente práctico.
La N.it11re)

Npe.rador de las tuerzas vitales, de este feniaeaa..

P•• :!~re:~10Dnede este potente

lllamente aaTadalile, es 110berano contra la .Anemta y el ,
a.
un lr\!Sto su7 Conoa1'cencuu1 .contra las IJl4rrell,$ y las .Afeccto11e1 del ir,f~~to,1en
J.as Calffllw111
08
1
Cuando se &amp;ma el.e despertar el apetito, aseeurar las dtgest1orfe/
'" utfno,,

:r.recer
por

entonar el orgauismo y precaver la anemia y í'aarepa~emtl.as fUerzu.
calorea, Do ae conoce Dada superior al l'i•• de V•i■a deeÍ.-.1111,u Pl'OYOl t11' tMJJW. tA Paril, ea waul.FEW,Farmaceutici,~ tOI, 1'1111 Rickellea.Sal:elar .. ••"
la sangre,

101

sa V&amp;MD&amp; u

~-=' lROUD

TODAS LU PillftCIP.U.U

EXIJlSE e1

BoTlaAI.

....,m,,

�LA

720

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NóMERO

principios de este siglo: el sitio de Cuantla, donde se cubri6
de gloria el caudillo que dió su nombre al estado de Morelos.
El libro, editado en México, forma un tomo de más de 500
páginas y contiene algunas láminas, entre ellas un plano de
la ciudad y alrededores de la que en 1812 era Cuan tia Amilpas
y hoy es Cuantla Morelos, 1:n donde están señalados los puntos que ocuparon las tropas españolas durante el asedio de la
plaza.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
SALPICÓN, por Mariano de Cavia. - LA VIO,\ CURSI, por
L11is Taóoada. - Estos son los dos últimos volúmenes de la colecci6n que con tanto éxito y aplauso de la gente de buen gus•
to edita en Madrid D. Fernando fe. ¿Qué decir de estas nuevas obras? Sólo con enunciar sus t!tulos y los nombres de sus
autores está hecho su elogio. Pudiendo d:sponer 4e mayor espacio, justo nos parecerla emitir juicio detallado y prcidigar á
sus autores las alabanzas que se merecen; pero dentro de los
limites de esta sección, ¿cómo ensalzar bastante á quien como
Cavia ha sabido encontrar un género, si no en el fondo, en su
prcicedimiento, completamente nuevo, que en un estilo siempre
elegante, siempre culto y siempre castizo nos presenta las cues·
tiones más trascendentales tratadas con un donaire, una gracia
y un caudal de erudici6n verdad que para s! quisieran muchos
que pasan como maestros en la especialidad allende el Pirineo? Y de Taooada, ¿á qué hablar, si á su solo nombre asoma
una sonrisa en los labios de cuantos se han regocijado con sus
\nimitables artículos, sonrisa que se convierte en alegre carcaJada á pocp que se recuerden sus incomparables incongruen·
cias, sus chistes á granel prodigados y hasta los nombres de
sus héroes y hero!oas? La vida cursi descrita por Taboada resulta un ,apo lavoro de gracia y esp!ritu de observación, como
el Salpi&amp;4n servido por Mariano de Cavia sabe á exquisito
manjar, substancioso como pocos y sazonado como ninguno.
Y por si algo pudieran echar
de menos los más exigentes,
llevan ambos libros unas ilustraciones de Angel Pons que
son como suyas y corresponden
con el mérito del texto.
Estas obras se venden en las
principales librerias al precio
de 3'50 pesetas cada una, y
todo el que quiera pasar más
de un buen rato debe adquirirlas, en la seguridad de que valen más de lo que cuestan.

•
••
TRATADO DE QufMICA BIOLÓGICA, po1 Ad. Wttrtz, versi4n espaflola ,on adicione, de D . Viten/e Peut y Cervera. Se ha publicado el cuaderno 6.º de esta important!sima obra
del ilustre profesor de las facultades de Ciencias y de Medici'na de Par!s, que con tanto éxito edita en Valencia D. Pascual
Aguilar.
•

•••
BAJO LA PARRA, por D. Salvador Rtteda. -El tomo 53 de
la Biblioteca selecta que con tanta y tao justa aceptación publica en V?.lencia D. Pascual Aguilar contiene una colección de
narraciones hermosas, como todo lo que sale de la pluma del
brillante colorista D. Salvador Rueda, este castizo escritor,
que siente y escribe con todo el fuego de un alma meridional,
dando vida coa su potente faotasla á los encantadores cuadro¡¡
de costumbres andaluzas, bien
emplee para ello la más amena prosa, bien se valga de
sentida y deliciosa poesla.
Véndese en las principales
librerias, y en Barcelona en la
de D. Arturo Simón, Rambla
de Canaletas, 5, al precio de
2 reales.

•••
TRATADO DE QUÍMICA BIO·
LÓGICA, por Ad. W11rtz, versi4n espa,10/a co,i adicioms de
D. Vicente Peset y Cervera. Se ha publicado el cuaderno
7.• de esta obra que con ex•
traordinario éxito publica en
Valencia D Pascual Aguilar y
de cuya impor1ancia nada hemos de decir porque es universalmente conocida.
Suscrlbese al precio de una
peseta e 1 cuaderno en casa
del editor, calle de Caballeros, número 1, Valencia, y en
las principales librerfas, y en
Barcelona en la de D. Arturo
Simón, Rambla de Canaletas, 5.

•
••
ENTl!.E EL DEBER Y LA PA·
TRIA, NOVELA HISTÓRICA
MEXICANA, por 1). Demelrio
.!ffejla. - En agradable é interesante narración y enlazándolo con el episodio de unos
desgraciados amores, describe
el autor uno de los periodos de
la lucha que la hoy Confederación mexicana sostuvo contra la dominación española á

Figs.

2

515

Fig. l. El Japonés Morimoto, famoso por sus extraordinarias muecas.
y 3. El dios de la Riqueza, alegre y descontento. - Fig. 4. El dios Danima.
(De fotografías obtenidas en Kioto, Japón. )

CARNE, HIERRO y QUINA

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El Alimento mas Conúicute unido a los T6n.ico11 mu reparadores.

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PATERSON
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CGI

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C,Aain:, mF.aao y_ 911111• 1 Diez años de extto continuado y las a1lrmaetonea de
todas las eminencia.a médicas preuban que esta asociacion de la Carne, el Hlern y la
Quiaa couaUtuye el rePar&amp;l!or mas en.:rKico que se c.imoce para curar : la Clordsü, la
lnemta, las Jlenst~ 6olorosal, el Jlmpollrectmtnito y la ..1.lteracwn de la Sangre,
el .RaQultUma, 1..a ..l.feccJ(Jfltl e.cro(Wola, Y ucor&amp;utleal, etc. El I In• Ferrua;laeN de
&amp;reud es en erecto, el único que reune t,odo lo que entona y !ortalece los organos,
regulariza' coordena y aumenta conslderablemcnl.e las tuerzas 6 1n!unde a la aan¡re
empobrecida y descolorida : el Y,Uor, la Cowracwn:, la Bner11w. f/ftal•
Por mvor1 e11 Paril, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu. Suusor de AROUI).

=·AROUD

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F a t•maola, VA.LLB DE .BIYOLJ. J60, PABJ/J1 11 ell toau11 la11.11armaofci•
El JARABE DE BRLANTrecomendat10 des&lt;le su ;,rlnclplo, por 10s profesores

Laennec, Thénard, Ouersant, etc.¡ lla recibido la cc&gt;nsal!'r11clou &lt;lel tiempo: en el
año 18:!9 obtuvo el privilegio &lt;le Invención. VERDADERO CONFITE PECTOR ALLcon base
de goma y t)e ababoles, conviene sobre tollo a 11u Plll'Sonas dellc11das, como
muJeres y nliio~. su gusto excelente no perjudica en modo alguno Asu etlcacla
L_ con1ra los RESFRI IDOS y todas las l!IFLUIACIONES del PECDO Y ele lo~ nmsmos . ..,,j

1-artlclpando de las propiedades del Iodo

r del Hierro, estas PU&lt;loras se emplean

SOCIEDAD

especialmente contra las Escrofulas, la
rieh y la Debilidad de temperamento,
is! como en todos los casos( Pálidos colorea,
amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
)brar sobre la sangre, ya sea para devolverla
m riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar o reguldrizar su curso perlól!lco.

PREMIO

~ R u e Bonaparte, 40

11.,allM •• laa Bxpo1lolon01 lnternaolonal•• ••

PWS - LTGI - nm - PIIIJDELPIU - P!RIS
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1171

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U ........_ Otll IL ■4TOR tSJt'O D LM

DISPIPSIAI
OUTRIT18 - OAITRALOIAI
DIOHTION LIIITA8 Y PENOSAS
PALTA DI APETITO
u. 1t1111,. . .
8.UO U l'ORIU DI

T 9Taol D1aoa.anw1 01

ELIXIR. · de PEPSIN! BOUDAULT
VINO · · de PEPSIII&amp; BOUDAULT
POLVOS, •e PEPSIN1 IOUDAULT
PWS, Pwmacit COLLAS, 1, nt laa,U.
,

de Fomento
§1dal/o
dt ito.
d• 2000 ,..

. ~/'A.1?25

c:on :t.A.0':"0'0.AlUVK (Jugo lechoso de Lechuga)

.Ap, c,bados por la Academia de Medicina de Paris é insertados en la &lt;,o1ecc1611
O.ficial de Fórmulas Legales por decreto minlsrerial de 1 O de Marzo de 1854.
,
« Una completa lnnoculdad, una encacla perfectamente comprobada en el catarro
eptatmíco, las Bronqums. catarros, Reumas, Tos, asma e trrltucion &lt;le la gargauta han ,
grangeado al JARA13E y PASTA lle AUBERGIER una Inmensa rama. »
'
(E:i:tracto del Formulario MUico del S" Bouchardal cat,arttlico ú la Facultad ú Medicina (!G- ,dict6n).

,

Venta por mayo~: COMAR Y e•, 28, Calle de St-Claude, PARIS
DEPOSITO EN LAS PIUNCIPALES BOTICAS

ffl , . , ' """'""''" ,,.,_....,_

rarmar.tuuco, en Paru,

El loduro de hierro Impuro 6 alterado
, B, es un medicamento Infiel é Irritan te.
N
Jamo prueba de pnreza y de autenllcldad de

las verdaderas PUdoras de niancarcl,
axlgtr nuestro serlo de plata reactiva,
nu1Jstra firma puesta al pié de una etiqueta
•erde y el Sello de garanlla de la Unión de
los Fatlrlcantea para la reprcsl0n de la falsificación.
SE HALLAN KN TODAS LAS PARMACIAS

PATE EPILATOIRE DUSSER
~

~Mita Ju IIAICl!:9 el VELLO •e1 Nin .. lu uau CkM. llrote. ett.), ea
..,.. Jelirro 11111 el calla. se Aio■ de hto,JlllllarN dt 1a11■c111rarulbu 11 etum
.ca ~ I S . _.. a Mj■e, ,a,.. la !lvM, J o 1/2 taJu ,.,. el lllpt, llrn). t'an

w III brult, • . . - 11 .l"JI.J t'OM&amp; DV■■ma, l, ruJ...J,•lleUN&amp;u. Parta.

Quedan reservados l01 derechos de propiedad artística y literaria
1,1(1. OJ MONT411JJ Y

Sn1611

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                    <text>a~trtélC10() _

11tí~t1e21.
A~o X

BARCELONA 16 DE NOVIEMBRE DE 1891

LOS JUGADORES, cuadro de Fortuny

NÚM. 516

�LA

722

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 516

haz que el sacristán, ó algún devoto á diario, te diga
dónde se encuentra la Virgen de la Leche.
La luz que penetra en el templo, aun cuando no
Texto. -El dios «Exito,&gt; por José Echegaray. -La Virgen
mucha,
es suficiente para que se pueda admirar
de la Leche. Tradición artística, por A. Danvila Jaldero.SECCIÓN AMERICANA: El rey Midas, por N. Hawthorne,
aquella prodigiosa creación. Las figuras son de metraducido por M. Juderías Bénder. -Nuestro.&lt; grabados. dio cuerpo. María da el pecho á su Divino Hijó, San
Abnegación por amor, por A. Hunt, con ilustraciones de H.
Juan y San Jerónimo presencian la íntima y cariñosa
Margetson, traducido por E. L. Verneuil.-SECCIÓN CIEN·
escena. Inspirada composición, correcto dibujo y
TÍFICA: Ftsica sin aparatos. Experimentos de f11erza centrifuga. N11evo aparato para volar de Gustavo Troiwé.
limpio, vigoroso colorido avaloran y enriquecen
aquella inapreciable joya de la escuela valenciana.
Grabados. - Los j11gadores, cuadro de Fortuny. -Enme·
No cabe más púdica belleza ni mayor ternura en el
110, escultura de Mad. E lisa Bloch (Exposición genera\ de
semblante de la Virgen, más gracia angélica en JeBellas Artes de Barcelona, 1891). -Arquilla de oro y plata
cincelada, construida por los Sres, Masriera Hermanos, de
sµs ni más respetuosa complacencia en los santos
Barcelona. -La Porci1fomla, pintura de Ferrant y Dominespectadores. Bien ha dicho· un escritor regional
guez. en la capilla mayor de San Francisco el Grande de
hablando de esta admirable obra: que «Rafael y LeoMadrid. - La Porci,lnwla, otra pintura de Dominguez., en
nardo de Vinci, uniendo en un solo cuadro sus cuadicho templo de Madrid. La familia real de Espaila, bajo
relieve en mármol, de Mariano Benlliure. - Las hilanderas,
lidades predominantes, no hubieran hecho cosa mecuadro de D. Maximino Peña (Exposición bienal del Círcu·
jor;» bien ha dicho, y sin embargo, ¿qué hay en este
lo de Bellas Afies de Madrid). -La feria , cuadro de don
cuadro ajeno, al parecer, del pincel del gran maesJoaquln Agrassot. - Pasatiempos de Oriente, cuadro de Ch.
tro, del espiritualista pintor de las Concepciones y de
Daux, grabado por Baude (Salón de Par!s de 1891), - Figura I. Experimento de fuerza centrifuga ejecutado con un
los Salvadores, del piadoso y místico J ohán de Joplat() y un aro de servilleta.-Fig, 2. Cadena que forma un'
hanes? ¿Por qué al contemplar aquella dulcísima cacírculo horizontal al extremo de un bramante. - Nuevo apa·
beza que se inclina buscando la mirada de su hijo,
rato para volar de Gustavo Trouvé - La gigánta Rosita (de
nuestro espíritu no se sublima en éxtasis religioso en
fotografía), joven vienesa que actualmente se exhibe en
vez de conmoverse suavemente al reflejo de la belleBerilo.
·
Exito.
¿De qué color es? De ninguno: no tiene color: ni za y de la ternura de.María?
No.es difícil comNenderlo.
siquiera conoce el sonrosado de la vergüenza, porque
La Virgen de la LechtJ es el tipo completo, acabaEL DIOS ÉXITO
no la tiene.
¿Cuál es su forma? ¡Forma! ¿Para qué la necesita? do de la pureza, de la gracia y del amor, tal como
¿Hay algún dios en el Olimpo pagano que sella- Esto de que las cosas han de tener forma son anti- puede encontrarse en la tierra, pero no ofrece el
guallas aristotélicas. Es decir, ¿que cuanto existe ha ideal místico que Johanes ha sabido imprimir á
me el dios E xito7
todas sus obras. Esta rafaelea, y perdone la Acade·
Yo creo que no, y fué soberana injusticia no reco- de existir con materia y forma?
¡Tiranía insoportable! En último resultado la for- mia el verbo, pero le falta el sello sobrenatural que
nocer su existencia y darle el puesto que en buena
ley le corresponde. Mancha y olvido que pesarán ma no sirve sino para ofrecer un vocablo más á los caracteriza la personalidad del pintor valenciano. La
puristas y para que todos los que alardean de ma- Virgen de la Leche es una mujer pura, inmaculada,
eternamente sobre toda aquella civilización.
Luego, los clásicos nos ponen en las nubes el espí- nejar bien el castellano nos estén á cada paso infor- pero mujer; su hermosura es la hermosura hu·
mana.
ritu artístico, filosófico, simbólico, poético, humano y m(lndo.
Si esto es exacto, y vaya si lo es, ¿qué significa
No,
el
dios
E
xito
no
tiene
forma:
tenerla
le
rebadivino de la raza helénica, y nos abruman con la suesta visible inconsecuencia del gran artista? ¿Será
perioridad de aquellas edades en que sobre el fondo jaría.
Es incoloro y es informe; y careciendo de forma tal vez que el honrado, el piadoso J ohán de Johanes,
azul del cielo se destacan el triángulo del frontón, la
carece
de cuerpo; y si no tiene cuerpo, claro es que siguiendo el indecoroso ejemplo de Urbino, de
estatua de mármol y el poeta ocupado en empalmar
Andrea del Sarta y de tantos otros, ha querido impono
tiene
ni pies ni cabeza.
·
hexámetros.
Tener cabeza es una ruindad de la raza humana, ner á la pública adoración el objeto de un criminal
Sí: la imaginación de aquellos pobladores de la
que
no pudiendo conseguir perfecciones mayores se ó misterioso afecto? ¿Se compagina esta aventurada
península helénica é islas adyacentes no fué mala, y
aun en ocasiones demostró ser bastante buena. No procura una última vértebra, como cualquier otro ver- suposición con la virginal inocencia de la Virgen?
lo niego: Homero, Hesiodo, Píndaro, Esquilo, Sófo- tebrado; y es además un gran peligro, porque el que ¿Ha existido el original de aquella pudorosa perfeccles, Eurfpides, Pitágoras, Platón y Aristóteles no tiene cabeza puede perderla, y el que no la tiene está ción? Nadie lo sabe, nadie comprende el caso; pero
hacen mal papel cada uno en su clase. Y de sus ar- siempre firme. Y es que el hombre para hacer las co• existe entre pintores y aficionados una sencilla traquitectos, pintores, escultores y músicos puede de- sas siquiera medianamente necesita discurrir mucho, dición que pretende explicar el hecho. Alguna vez,
y en cambio el dios de nuestra adoración no descien- al nombrar á J ohanes, la hemos oído referir como
cirse que hicieron cosas muy aceptables.
Pero con todo esto, no inventaron lo que nosotros, de á esas mezquindades del pensamiento y no discu- uno de tantos chismes con que en los estudios se
aligeran las horas de.trabajo, y vamos á transcribirla,
los de la decadencia, los incorrectos, los de mal gus- rre jamás.
si bien pulida y aderezada, como es de razón en seLe
basta
decir
yo
soy
quien
soy:
yo
soy
el
Exz'lo,
y
to, los ramplones, hemos inventado: el dios E xito,
·
Y si no, veamos: que busquen por todos los rinco- ya está todo el mundo vencido, humillado, la faz mejantes casos.
nes, escondrijos y empolvadas buhardillas del Olim- contra el suelo y los cuatro remos en competencia
po, á ver si encuentran entre las viejas y mutiladas con los de cualquier cuadrúpedo. ¿Quién contó nunestatuas de sus dioses, siquiera una extremidad, una ca con más cortesanos que este supremo árbitro de
Érase una mañana de mayo de 1570, antevíspera
desconchada cadera, un pedazo de cráneo al menos toda realidad?
de
la fiesta de Nuestra Señora de los Desamparados,
¡Y
luego,
qué
imparcialidad
la
suya!
Nunca
se
ocudel dios Exito.
pa de lo que ha de ser: ni se inclina á nadie ni tiene y Valencia se preparaba á celebrar con bullicioso re·
No lo encontrarán: este dios nos pertenece.
Es decir, existir, existió siempre; pero los griegos favoritos: toma las cosas como resultan ¿Triunfó us- gocijo la próxima solemnidad de su santa patrona.
y los latinos fueron tan cándidos, tan inocentones, ted? Pues no me meto en más averiguaciones: soy el Todo era, pues, alborozo en la ciudad, excepto en
tan ciegos, tan pobres gentes que no dieron con él. dios E xito y es usted uno de los míos. ¿Le aplasta- una antigua casa de la calle Baja del Alfondech, donCon El hemos dado nosotros: la raza prosaica y ma- ron á usted? Pues paciencia: tengo que separarme de de vivía maese J ohán de J abanes.
En el anchuroso estudio del pintor reinaban exterialista, la escarnecida y malamente escarnecida por su lado: la sombra me hace daño, y usted tiene mala
traña soledad é inusitado silencio. Espesos y anchos
·
cualquier pobre diablo que sepa &lt;ll alfabeto griego y sombra.
En todo caso le mandaré á usted para que le con- cortinajes impedían que la luz y la brisa del mar, im•
pueda traducir la primera égloga de Virgilio con trasuelen
dos hermanitas gemelas muy simpáticas aun- pregnada con el aroma de los claveles y los jazmines
ducción interlineal en francés.
Los griegos inventaron un dios para el cielo azul, que muy desacreditadas: la resignación y la espe- del cercano huerto, penetrasen por las anchas ventanas ojivales y mantenían el aposento en una semiobsla nube tempestuosa y el anguloso rayo. ¡Vaya una ranza.
curidad
que convidaba á la meditación ó al sueño.
Hemos
dicho
que
en
los
tiempos
gentílicos
el
dios
gracia! Eso cualquiera lo inventa.
Inventaron otro con su ridículo tridente á manera Exito no tuvo templos, al menos templos visibles; en Lejos de éste y entregado profundamente á aquélla
de épico tenedor para el mar anchuroso y salobre y cambio hoy los tiene en todas partes, con su culto, se hallaba el gran maestro, tendido m~s que sentado
para sus olas risueñas ó tempestuosas; invento que su dogma, sus símbolos profundamente filosóficos, su en su ancho sitial de cuero. Con la frente pálida y la
hoy no obtendría privilegio en ninguna nación, ni minuciosa liturgia, sus altares, lámparas é incensarios. cabeza caída sobre el pecho, hubiera parecido indife·
Pero materia es esta muy extensa y muy honda: ha- rente á todo si de tanto en tanto al rumor de pasos
siquiera en la Gran Bretaña.
en la calle ó del mover de algún mueble en el vecino
Forjaron en los talleres de su fantasía otro dios gamos punto.
aposento no abriera los ojos, murmurando incom•
más para los vientos de todos los cuadrantes, enceprensibles palabras. Por fin alguien penetró en el zaJosÉ ECHEGARAY
rrándolos en pellejos, ni mas ni menos que hoy se
guán, subió la escalera y cruzó la antesala. No esperó
encierra el aceite ó el vino peleón; invención que por
Johanes que se presentara el desconocido, y abriendo
más que me esiuerzo por encontrarla grandiosa, pulla
puerta del estudio le preguntó con impaciencia:
LA
VIRGEN
DE
LA
LECHE
cra, clásica y respetable, me parece soberanamente
- ¿Le has visto?
ramplona y mezquina cuando no ridícula.
Era el recién llegado un hombre, como se suele
TRADICIÓN ARTÍSTICA
No hubo fuente, río, riachuelo, bosque, gruta, árdecir, en la madurez de la edad, alto, lleno y de rebol, flor ó pedrusco al cual no ai)licasen un dios de
Carísimo lec~or: Si eres artista, ó simple amateur posada fisonomía. Algunas indiscretas canas plateamayor ó menor cuantía, ó un ser más ó menos divino, gracias á estar próxima ó remotamente emparen- en busca.de gratas emociones, y tu amiga estrella te ban entre sus obscuros cabellos. Vestía ·modestamenconduce á gozar el límpido cielo y el aromoso am- te y con holgura, pero sin que aquellas condiciones
tado con las deidades superiores.
Náyades, sátiros y ninfas andaban por bosques, biente de Valencia, no te empereces oyendo el blan- de su jubón y de su ferreruelo ocultasen las buenas
selvas, márgenes de ríos y recodos,de arroyuelos dan- co arrullo del Guadalaviar á la sombra de sus flori- proporciones de sus vigorosos miembros: Llamábase
do tales escándalos, que ninguna doncella honesta ni dos naranjales, penetra en la morisca ciudad y dirí- Nicolás Borrás; era el mejor, ~l más querido discípupersona alguna de respeto·podía dar un paseo por las gete como puedas á la iglesia de San Andrés. Ya en lo de J abanes, y aun se murmuraba que, á pesar de
verdes enramadas 6 los alegres sotos sin grave daño ella no trates de investigar si bajo aquellas profana- sus cuarenta y cinco años, no tardaría en llamarse
ciones artísticas del siglo x v11 existe aún algún ves- hijo suyo.
de su honestidad ó de su decoro.
- Le he visto, contestó Borrás sin apresuramiento,
Muchas diosas, muchos dioses, mucha corte celes- tigio de la antigua mezquita que, por orden del rey
y
con
hartas dificultades por vida mía.
conquistador,
bendijo
el
arzobispo
de
Narbona,
y
tial y ni el más modesto rinconcillo para el dios más
SUMARIO

poderoso, el sublime, inmenso, potente entre los potentes, y sobre todos, Júpiter inclusive, vencedor y
dueño absoluto: el dios Exito.
¡Ni un altar, ni un templo, ni una piedra votiva!
¡Ni un himno, ni una estrofa, ni tres notas siquiera
en una flauta de caña! ¡Como si no existiese!
Y eso que hasta el mismo Destino le acataba en
secreto y solía someter á él previamente sus fallos
inapelables.
Ha sido preciso que se apolillase el paganismo;
que el cristianismo triunfara; que los bárbaroS'hicieran de las suyas desde el mar Báltico al Meditarráneo;
que los árabes vinieran y que se fuesen los árabes
con sus alquiceles y su música á otra parte; que la
Europa en masa se dedicara todos los siglos de la
Edad media á machacarse los huesos de día y á rezar
de noche; que el renacimiento en honor de tan alegre renacer bebiese en todas las copas, acariciase
todas las carnes y todos los desnudos; que la reforma
y la filosofía y la ciencia y la revolución se desataran
por el mundo; ha sido necesario todo esto para que
de entre los nubarrones del nuevo caos y de entre
los resplandores de la .nueva civilización brotase majestuoso el nuevo dios del siglo diez y nueve, el dios

NúMERO 516

LA

- ¿Y qué?, volvió á preguntar con alguna viveza el artista.
- Cáh_nes~ vuesa mercé, que en Dios
y .e~ m1 á?ima no semeja resignación
cnst1ana la impaciencia con que me interroga. Su Ilustrísima, consérvele Dios
muchos años, me. oyó bondadosamente, y
con aquella plácida serenidad que le es
tan propia me dijo: «Tu maestro me ofrec~ó dar por acabada la imagen para la
vispera de Nuestra Señora de los Desamparados y yo no entiendo ni quiero librarle d~l com~romiso, pues de harto tiempo
ha dispuesto para cumplirle. Mañana, tal
como se halle la pintura será entregada á
las buenas madres Claras de Jerusalén á
fe. de este indigno arzobispo J ohán de
Ribera,» y dándome á besar su anillo
p~storal ~e indicó leyantándose que hab1a termmado su audiencia.
- ¡Virgen Santísima!, exclamó Jobanes
con abatimiento.
- ¡Ba~, bah!, le dijo Nicolás, no hay
que abatirse; tome su mercé los pinceles,
y puesto que sólo falta la cabeza de la
Virgen, ánimo, y cumpla lo ofrecido.
. J ohanes bu~có en el pecho, bajo el
Jubón, su rosario de ámbar, que siempre
le acompañaba, y besando afectuosamente la cruz contestó á Nicolás con acento
tembloroso:
· - ¡Imposible! Desde que en menguada
hora y ... ¡descuido y arrogancia imperdonables! sin prepararme espiritualmente
según mi. costumbre, empecé esa desdi-'
chada tabla, que no acierto á fijar el divino rostro de María. Esperando vencer lo
que yo llamaba mi torpeza, lo he pintado
todo, excepto ese semblante, pero inútilmente. Cuando quiero intentarlo mis ojos
se obscurecen, los colores se confunden
en mi paleta y mis vacilantes manos apenas pueden sostener los pinceles. Estoy
perdido, ya no siento la intuición de la
mística idealidad. ¡Miserable de mí!
En este momento, sin la profunda
emoción que embargaba á J ohanes y á
su discípulo, hubieran éstos podido advertir las sua·
ves ondulaciones que estremecían los paños de la
antepuerta de la cámara vecina, denunciando tras
ellos la presencia de alguien á quien sin duda i!lteresaba conocer las circunstancias de aquella escena.
- Perdonad, maestro, se atrevió á decir Nicolás
después de algunos instantes de silencio, pero esa
pasajera perturbación del espíritu...
-Calla, le interrumpió Johanes, lo que tú llamas
perturbación es un castigo del cielo, quizás muy merecido. ¿Sabes tú, prosiguió con profunda y exaltada
humildad, si el constante elogio de mis obras no me
ha infundido la inconsciente soberbia de creer que

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

, .ENsutÑ0, @scullllrd ele Macl. !Wsa 13loéh
( Expos1c1ón general de Bellas Artes de Bat6elolla., 1891.)
de mí solo se dignaba la divinidad dejarse penetrar
y reproducir? ¿Puedo yo jurar que nunca ha relampagueado en mí la impía idea de que Dios se complacía en la perfección de mis obras? !te pecado. ¡Madre mía, misericordia!
. Y J ohanes cruzando las manos alzó los ojos á una
imagen .de Nuestra Señora de los Desamparados
suspendida entre los dos ventanales. Nicolás, para
sustraerse algún tanto á la preocupación que contra
su voluntad empezaba á dominarle también descorrió ~no de los cortinajes dejando penetr~r la luz
qu~ mundó á raudales el estudio. A su claridad pareció destacarse del fondo del aposento la composi-

ción luminosa de la Virgen de la Leche.
La obra se hallaba casi concluida, excep·
to el rostro de María, en vez del cual aparecía un óvalo rojizo. Nicolás contempló
algunos momentos el inspirado y primo·
roso trabajo del maestro. Sus ojos corrieron de los risueños semblantes de San
Juan y San Jerónimo al angelical del Niño-Dios y murmuró:
- ¡Divino, divino! ¡Dios de bondad!
¿Y no ha de terminarse este prodigio?
Y luego dirigiéndose á J abanes 1e
dijo:
- Es preciso terminar esa obra.
-Termínela quien guste, respondió
J ohanes con sombría resolución, yo renuncio á ello. Es mi castigo y lo acepto.
Me es además imposible.
- Pero, insistió Borrás, tenéis hijos ...
discípulos ... algunas veces os han ayuda·
do en vuestras obras ...
- Ayudado sí, pero nunca les he cedido el corazón de mis cuadros. Por otra
parte Juan, Vicente y Margarita se hallan
bien lejos con mi buena Jerónima, y
Dorotea. sólo sueña con sus sayas y sus
lechugmllas. Allí está, añadió J ohanes
moviendo tristemente la cabeza y seña·
landa la antepuerta que en aquel momento parecía inmóvil; allí está, tendida por
la fiebre en su lec~o, y sin e~bargo, estoy seguro que mnguna idea razonable
cruza por aquella fantástica cabeza. ¡Si
ella quisiera!. .. Tú no la conoces.
- ¿No la conozco?, replicó Nicolás
con marcada expresión de ironía. ¡Que
no conozco esa cabecita de pájaro en
cuerpo de mujer? ¡Desdichado el hombre
que la lleve al altar si no le es en todo
superior!
La ~ntepuerta onduló como si se estremeciera nerviosamente. Nicolás sin adver·
tirio continuó diciendo:
- Pero si vuestros hijos no os pueden
salvar, tenéis discípulos ...
- ¡Discípulos!, exclamó Johanes con
desaliento. Tú, que eres el primero1 el
más antiguo y,el mejor, ¿te atreverías á concluir esa
tabla?
Ni~olás vacilaba en responder, suspenso entre la
magnitud de la empresa y el deseo de medir su valer.
- Nicolás, hijo mio, prosiguió el maestro acentuando esta última frase, si lo consigues sin desdoro mío
¡perdona mi simpleza, Dios de bondad!; si lo consi'.
gues, pídeme cuanto desees, que· tuyo será por la
eterna salud de mi alma,
- Maestro, respondió Nicolás aturdido por la alegría y halagado en su amor propio, la recompensa
que su mercé me ofrece es capaz de hacerme subir
al séptimo cielo. Voy á intentarlo.

ARQUJLLA DE ORO V PLATA CINCELADA, construida por los Sres. Masriera Hermanos, de Barcelona

�..
NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

516

preocupaciones de los
hombres? ¡ Pero basta,
voy á ser libre!
- ¿Tú, Dorotea?, se
atrevió á decir Nicolás
como compadeciendo su
extravío.
- Sí, yo, que con el
El buen Nicolás, á
lento pero inquebrantaquien un poco de va~e:s~
ble afán del avaro he
nidad y algunas lisonje·
recogido
átomo por áto·
1
ras esperanzas habían
ctr•D
mo el oro del arte que
arrastrado á aquel tre·
~~=~~
mi padre, creyéndome
mendo compromiso,
incapaz de estimarle,
apenas se halló solo
derramaba á manos lleante la obra inr.ompletll
nas sobre mis afortunadel maestro de la escuedos hermanos y sobre
la valenciana y contemvosotros sus dicípulos.
piando de nuevo sus be-,.•r~- "'-.....,..~':-"'
Yo, que sintiéndome ya
llezas una por una, sin·
. ,__,_.,.,..•...,
rica y fuerte te digo á ti,
tió desvanecerse toda su
Nicolás, á ti, el primero
audacia. Frío sudor
entre los primeros:
inundó su rostro y temió
¡Atrás, paso, voy á terque el vértigo invadiera
minar la obra de mi
su cerebro. Con desmapadre!
yada mano empuñó los
- ¡Tú, Dorotea!, repinceles y embrazó la
pitió Nicolás con reconpaleta acercándose á la
r.,...,,.,,.,""-"'';;.- ~·~~~
centrado enojo.
tabla; pero apenas hubo
- ¡Sí, yo, Dorotea!,
fijado el tiento, el óvalo
-·., _ _
,..,..._.,,,~
afirmó la joven con imrojo que aún sustituía
_,., ~.,.:.,,..,..
periosa altivez; yo, á
al futuro rostro de Maquien tú has desprería pareció agrandarse,
ciado sin piedad ante
agrandarse, agitándose
su padre; yo, que duen oleadas de sangre,
rante largos años, sábe·
y el pobre artista, espan'..&amp;~~.il:t'tllllfl
lo ya, he pagado tus
tado y desvanecido, relecciones y tus consejos
11
trocedió hasta caer en
·.....asL",~
con la esperanza de un
el sitial que había ocuimposible amor; yo, que
pado su maestro.
amo sólo y para siemPoco á poco fué calpre al hijo de Dios, al
mándose aquella infunarte.
dada agitación. Brotó
Nicolás palideció, dos
de nuevo la risueña eslágrimas de despecho
p~ranza que antes le
temblaron en el borde
había alentado, y d:L"l.::9·•• -~111,..:
de sus párpados. DorÓciéndose en voz baja:
tea, apoderándose de los
«¡Valor, Nicolás, ahí te
~ .._,,..,,.._.
pinceles y la paleta, se
espera la fama y la diacercó con resolución á
cha!,» se lanzó pincel en
la tabla.
mano á la tabla con el
- ¡Infeliz!, la gritó el
empuje ciego con que
pintor con verdadera
se hubiera arrojado al
indignación. ¡Detente!
asalto de una fortalez:t.
- No; siento en mí el
Levantó el pincel.. .·
genio de Johán de JoUna mano ligera y
hanes y basta con su
nerviosa le detuvo por
genio para pintar la beel brazo, mientras una
lleza humana, el amor
voz de mujer, entre desde la madre, la primera,
&lt;leñosa é irritada, le
la más grande de las bedecía:·:
llezas de nuestra alma.
- Espera. ¿Estás
Dorotea se envolvió
loco?
púdicamente en el rico
Y Dorotea, la hija
y amplio tejido que la
mayor de J ohán de Jo·
cubría, se colocó frente
hanes, apenas arrebuja~--il!!!!!!~jili,,
á la imagen, y después
da en las ricas cobertu•
...,~l'I.,~
de implqrar con una miras de su lecho, descolorada· el auxilio de Nuesrida, pero singularmen·
tra Señora de los Des·
te hermosa, encendidos
amparados, comenzó
los labios, resplande•._e, ....: _ _
con fácil y delicado pincientes los ojos, revuelcel á llenar el rojizo
tas las doradas trenzas y
óvalo que había aterralevantadas al cielo sus
do á Nicolás. Un intenblancas manos parecía
so carmín, el carmín de
imprecar el castigo del
la fiebre, había sustituítemerario. Nicolás, condo la palidez mate de
fuso, temeroso, retrocelas mejillas de la joven,
día lentamente mientras
,.....,&lt;.1,•.,.y á medida que su tola joven proseguía con
...,.,ií'.1111'"'"'
que seguro y correcto
la exaltación de la caiba engendrando la delentura:
liciosa cabeza de la Vir- ¿Qué te va en nues- ,
gen de la Leche, su rostro honor, en el honor
tro se iluminaba con
de los Johanes? Si mis
una claridad misteriosa
hermanos están lejos,
y sobrehumana. Nicolás
¿qué importa? Aquí esseguía con espantados
toy yo con mi cabeza de
ojos aquella incomprenpájaro y mi aliento de
sible creación que poco
gigante. ¿Te sonríes?
á poco iba surgiendo
¡Pobre Nicolás! ¿Es que
LA PORCIÚNCULA, pintura de F'errant y i&gt;omíoguez, en Ía capiíia mayór Je San Franclsco el Grande de Madrid.
como milagrosamente á
aún no has comprendido
través de la tabla y se
que la rapidez de mis
sentía anonadado.
impresiones, \a loca actividad de mi fan+asía, la in-\ fuego que mi padre me dió al darme la vida? ¿No
¿Cuánto tiempo transcurrió así? ¿Quién lo sabe? •
quietud que me devora, la aspiración incomprensible adivinas que la ~ehre que me consume e~ la fiebre
Por fin Dorotea dió un tfüimo golpe, se levantó, y
que me enloquece, no son más que los signos del de un alma á quien encadenan la vulgaridad y las abrazando con una mirada su trabajo, exclamó:

- Sea. Que Dios te
ayude. Iré á pedírselo
en mi oratorio.
Y Johanes salió len·
tamente del estudio.

1••~iili

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NúMERO 516

LA ILUSTRACIÓN ARTISTlCA

ba todo el tiempo que le dejaban libres las obligaciones de su ministerio; y lle·
gaba á tal punto su avaricia, que si, al tender la vista al horizonte, veía ponerse el sol entre celajes de
oro, exclamaba:
- ¡Quién pudiera cogeros, y convertidos en barras
guardaros en el sótano de
palacio!
Y si la niña le salía al encuentro con un ramito de
manzanillas, al punto la
decía:
- Quita allá; si fueran de
oro, así como tienen su color, ya valdría la pena de
cogerlas; pero siendo de lo
que son ... ¡quién les hace
caso!
Pues este mismo rey,
cuando muchacho, antes de
estar poseído del demonio
de la codicia, era un hombre franco y apasionado de
las flores, tanto, que. gastó
un caudal en sembrar su
jardín de las más bonitas,
raras y fragantes, y en él se
pasaba las horas enteras aspirando su aroma delicio •
so. Después, por el conSea de esto lo quiera, el
trario, si las miraba, era
cuadro en cuestión pintado
sólo para calcular cuánto
para las religiosas de Jepodrían valer sus pétalos si
rusalén, y que Pons se la·
fueran de oro. También
mentaba de no haber po·
cuando joven fué muy dadido admirar, se vendió
do á la música (mal que le
después de la guerra de la
pese al autor de cierta his•
Independencia, para hacer
toria, en la cual se pretenalgunas reparaciones, á don
de probar que tenía orejas
Jayme Roig, el cual, tras
de borrico); pero á la sade haberle hecho restaurar
zón _sólo le deleitaba el soná D. Vicente López y á
sonete de las monedas de
ruegos de su esposa, lo
oro.
cedió á San Andrés, coloEn fin, Midas, y en esto
cándole en una de las case parecía á muchos hompillas del lado del Evangebres que cuantos más años
cuentan más brutos son, á
lio en 1844.
Y con esto, vale , lector
medida que fué entrando
amigo.
en años, fué perdiendo el
sentido común, hasta el
A. DANVILA J ALDERO
extremo de no poder soportar la vista ni el contacto de cosa que no fuese de
oro. Por cuya razón había
SECCIÓN AMERICANA
tomado la costumbre de
pasar la mayor parte del
EL REY MIDAS
día en un sótano donde
POR N , IIAWTHORNE
guardaba sus riquezas, y
Allá, en la más remota
cuando que~ía distraerse,
afü se encerraba con la llaantigüedad, hubo un señor
inmensamente rico, rey
ve por dentro, y ya cogía
un lingote, ya un talego y
por añadidura, llamado Mi-.
ya una lata llena de polvo
das, y padre de la niña más
de oro, y lo ponía á la luz
preciosa de su siglo. Por
del único rayo de sol que
una casualidad he sido la
á fuerza de mucho traúnica persona que haya tebajo penetraba en aquella
nido noticia de tan hechicera criatura; pero no es
mazmorra, ¿Y saben uste·
des por qué buscaba aquel
menos cierto también que
rayo de sol? Porque daba
su lindísimo nombre se ha
á su tesoro reflejos más
borrado de mi memoria, No
puros y brillantes, y porque
obstante, como quiera que
así le parecía de más precio.
me hacen mucha gracia los
Luego vaciaba los escudos
nombres bonitos en las jó·
venes que lo son, la llamafn el suelo y los contaba
uno por uno; abría los cofres
remos desde ahora indisdonde guardaba las pepitas
tintamente Mariquita ó la
y el polvo de oro, y metía los
Niña de Oro.
brazos hasta el codo, y los
Pues, como decía, su
sacaba , y los volvía á mepadre era riquísimo, y
ter con el mismo gozo
tan codicioso además, que
que un pato zambulle su
adoraba al dinero sobre todas las cosas, y á su corona
cuello en el agua, y exclamaba:
·
como á sí mismo, sólo por
¡Oh, Midas, qué feliz
ser de oro. Pero si algo haLA PORCIÚNCULA, pintura de Domínguez, ,'en la capilla· mayor de San Franc1sco
· e1 Grande de Madrid
eres!
bía en el mundo que conNo obstante creerse tan
trabalancease en su alma
la pasión al oro, era, sin
más sa e d
d
d
.
feliz, Midas sentía un vaduda, el cariño que tenía á la graciosa niña que ju- una gra: ~a:t~u~~ue/ 1ega~;n pa _re¡ ~?ns1ste en cío en su corazón, porque mientras todo el universo
1 a
, .
e mero. 1 orno si e mero fuese no se convirtiera en almacén de sus riquezas no e
gaba en las gradas del trono. ¡Y cuanto más la quería,
lo umco de que han menester las criaturas! Así lo 1 taría satisfecha su insaciable codicia
'
smás sed se le despertaba de riquezas!
Me parece inútil recordar á usted~s antes de pro¡Insensato! Era de los que creen que la herencia pensaba él al menos, puesto que á este fin consagra- Esto es. Victoria. ¡Gracias, madre mía!
Nicolás cayó á sus pies
murmurando:
-¡El idealismo de la
realidad! Perdóname, Dorotea, perdóname.
En este momento se
abrió la puerta. J ohán de
Johanes se precipitó hacia
la tabla, miró y con un grito
arrancado del fondo del alma abrió los brazos á Dorotea, que desvanecida se
dejó caer en ellos.
El cuadro llegó á su destino en el plazo concertado
con el inflexible arzobispo.
Un año después Nicolás
profesaba en el convento de
San · Jerónimo de Cotalva,
en Gandía, donde, bajo el
nombre bien conocido de
P. Borrás, asombró á sus
contemporáneos con la fe
cundidad artística que de·
mostró hasta los ochenta
años de su edad. Sin em •
bargo, sus obras no pueden
compararse con las de los
Johanes.

~

I

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

seo-uir, que en los remotos tiempos del rey Midas pa- mano, impaciente por saber si en efecto tenía ya el alargó su brazo, y enseñó una de las rosas transfor.
saban muchos sucesos que _nos p,arecerían increíbles don de hacer oro. Pero ¡cuál no fué su sorpresa y madas por Midas.
- ¡Qué bonita!, ¿no es verdad?, exclamó Midas.
si los viésemos; así como también es cierto que gran pesadumbre al reparar que todo permanecía en su
número de cosas de las que vemos y con las cuales primero y natural estado! Y como la imaginación no ¿Y qué te ha hecho esa rosa para que llores tanto,
estamos familiarizados, no las hubieran creído ni á puede nunca estarse quieta, le asaltó entonces el te- hija mía?
- ¿No lo ves, papá?, que todas las flores del jarmor de que tal vez aquel radiante personaje le había
tres tirones en la época del rey Midas.
Ahora bien: entregábase un día nuestro héroe á la jugado una mala pasada. De ser así, ¡qué desengaño dín se han secado y ya no huelen!
- ¡Bah! No llores por tan poco, le contestó Midas,
contemplación de sus riquezas, cuando vió elevarse tan cruel después de haberse mecido en la dulce esavergonzado
de ser la causa del apuro de su hija.
peranza
de
realizar
por
fin
sus
ambiciones!
¡Tener
una sombra sobre la tapa de un cofre, y á medida
que la fué bañando la luz, distinguió en ella las fac- que contentarse con el oro que buenamente pudiese Siéntate. y almuerza, que de sobra encontrarás quien
ciones de un joven desconocido, de noble aspecto y adquirir por los medios ordinarios, en vez de hacer- te cambie esa rosa tan amarilla y tan brillante, y que
durará mucpos años así como la ves, por otra de las
color rubio. Sería ilusión óptica, mas es lo cierto que lo á medida de su deseo, con sólo querer y tocar!
Bien hubiera podido el rey Midas ahorrarse tantas que huelen y se marchitan en un día.
Midas entrevió no sé qué de metálico en la sonrisa
La princesita iba á contradecir al rey, pero era una
del extranjero; que á pesar de la interposición d~ su cavilaciones si se hubiese dado cuenta de que la ducuerpo entre la luz y los tesoros, éstos brillaron de dosa luz que tímidamente penetraba por la rendija niña muy bien criada y calló. Sentóse á la mesa sin
hacer alto en la maravillosa transformación de la poruna manera extraordinaria, iluminándose el sótano de su aposento era, no del sol, sino de
celana,
y casi fué mejor, porque siempre se divertía
como por encanto, y que la causa de tan rara revoluen
ver
los chinos y las pagodas y los puentes y los
La
aljofarada
aurora
ción eran los ojos del recién venido, que alumbraban
pájaros de forma extraña que campeaban en sus flanQue el cielo de oro y bermellón colora.
como luceros,
cos y que habían desaparecido completamente, y de
Seguro el rey de haber cerrado con llave la puerta,
y convencido de la imposibilidad de que nadie puDejó, pues, caer la cabeza, desalentado, sobre la seguro, al echarlos de menos, hubiera vuelto á su
diera entrar en el sótano s~no por la fuerza y haciendo almohada, y se quedó abstraído, dándole vueltas en llanto, predispuesta como estaba con el chascc de
ruido, dedujo necesariamente que su visita era la de su imaginación á la mala pasada que, á su entender, las flores.
Sirvióse S, M. el café, y figúrense ustedes cuán
un ser sobrenatural. Nada importa que yo calle el le había jugado el misterioso personaje, cuando de
nombre de tan extraño personaje; baste saber que repente se entró por la ventana un rayo de sol. Pa- grande no sería su sorpresa al tomar la primera cuen aquellos tiempos primitivos se pensaba y se creía recióle al rey entonces que aquella luz producía en charada y sentir que el líquido se le coagulaba entre
á puño cerrado que seres dotados de poder divino las blancás ropas de su cama extraños reflejos; y así el paladar y la lengua. Tanto es así, que no pudo
venían á la tierra de vez en cuando y pasabah en ella era, en efecto, pues al mirarlas con más atención, contener una exclamación de terror.
- ¿Qué tienes, papá?, le preguntó la niña, miránsus temporadas, mezclándose en los asuntos de los ¡cuán grandes no fueron su sorpresa y su felicidad,
mortales y tomando una parte no pequeña en sus viendo las sábanas de lienzo transformadas en paños dolo fijamente medio llorosa todavía.
- ¡Nada, hija, nada!, dijo Midas. Mira, no dejes
penas y alegrías. Así, pues, como un encuentro de de oro de singular hermosura!
enfriar la leche.
esta naturaleza no era nuevo para el rey Midas, exEl aparecido había cumplido su palabra.
Se acercó entonces el plato del pescado frito y
perimentó cierta satisfacción en hallarse á solas y
Midas, loco de contento, saltó de la cama Yfué de
cara á cara con un sujeto.cuyos semejantes no le eran un lado á otro, manoseándolo todo y, como era na tocó la colita de un dentoncillo con el dedo. ¡Nueva
desconocidos.
tural, convirtiéndolo en metal precioso, sin que por sorpresa! El pescado se transformó á su contacto en
Además, el joven en cuestión tenía un rostro tan eso perdiese la forma primitiva que tenía: las corti- una obra maestra de platería.
Midas se quedó absorto sin saber qué hacerse,
franco y risueño, que hubiera sido de la mayor gro· nas de damasco y las sábanas de lienzo, si bien se
sería tratarlo de malos modos; tanto más, cuanto que transformaban en cuanto á la calidad, quedaban tan porque verdaderamente el trance no era para menos.
- ¿Cómo voy á alimentarme?, dijo para sus adennada tenía de particular viniese para facilitarle algu- flexibles y sutiles como habían sido siempre. Sí, acuna receta por cuyo medio pudiera convertir el barro, rrió una cosa extraña, y fué que, al poner las manos tros.
Nuevo ensayo. Tomó un pastelillo, y no bien le
por ejemplo, en oro de buena ley.
en un libro, sus hojas perdieron el texto impreso tan
Examinó el extranjero de una mirada el aposento, luego como se trocaron en láminas de oro, de lo hubo partido con los dedos, empezó á amarillear, y
y después, fijándose en Midas, le dijo con la sonrisa cual infiero que este metal está reñido con las dicho se está que se puso como el café y el pescado.
¿Saben ustedes que estaría divertido el buen señor
en los labios:
letras.
- Eres rico, en verdad, y dudo mucho que haya
Otro percance le pasó también con los anteojos, con todo su poder y su riqueza, con la mesa cubierta
otro rey más poderoso que tú.
que si cabe, para un hombre como el rey Midas, era de manjares sabrosísimos é imposibilitado de gustar- No me ha ido mal, respondió el avaro, e~co· de peores q:msect:encias, pues se le volvieron de oro los siquiera?
giéndose de hombros; pero, al fin y al cabo, esto es el los cristales, dejándolo reducido de consiguiente á · Confundido, aterrado, el pobre rey dejóse caer soproducto de cuarenta años de trabajos y afanes. ¡Ah!, la situación más lastimosa en que puede verse un bre el respaldo de su asiento, cruzados los brazos é
inclinada la frente.
exclamó dando un suspiro: si me fuera posible vivir corto de vista.
Su hija, que era muy cariñosa, al reparar en la ac•
diez veces más, ¡entonces sí que llegaría á ser rico!
Pero Midas se consoló al momento, diciendo para
- ¡Cómo! ¿No estás satisfecho todavía?
su capote: una majadería es no poder usar gafas titud del rey Midas, dejó las sopás, se quitó la serviMidas movió tristemente la cabeza.
cuando tanta falta me hacen; pero ¡qué diantre! para lleta, y fué á él con los bracitos extendidos, pregun- ¿Qué necesitas, pues, para contentarte?
comer no las necesito, y luego para las demás cosas tándole con mucho interés si estaba malo.
- No, hija mía, respondió S. M. dando un suspiro;
- Midas guardó silencio. Un vago presentimiento pronto será grande la niña y por sus ojos veré.
le decía que aquel extranjero de tan noble presencia,
Ya ven ustedes cómo el que quiere consolarse se pero no sé lo que va á ser de tu .padre.
Y en verdad, señores, que difícilmente habréis
tan fino y tan amable, había venido á visitarlo. con consuela, por grandes que sean sus aflicciones.
propósito deliberado de satisfacer sus deseos. Era,
Pues, como iba diciendo, el rey Midas se había oído hablar de una persona colocada en situación
pues, la ocasión 'd e pedir lo que tanto deseaba, fuese puesto tan contento que, no ~hiendo de gozo en sus más crítica que la del rey Midas.
- ¡Cuánto más feliz que él no era el pobre trabaó no posible. Con los ojos fijos en el suelo y un dedo habitaciones, bajó en dos brincos al jardín, no sin
puesto delante de la boca, en actitud pensativa, es- convertir antes en oro de muy buena ley el pasama- jador, alimentándose de frutas y legumbres! ¡Qué setaba S. M. amontonando de memoria quintales de no de la escalera, ítem más el pestillo de la puerta ría de él si continuaba sin poder atravesar bocado!
metal precioso, cuando de repente se desarrugó su por donde salió. Cuajado de rosas estaba todo, y su ¡Cuántos días resistiría su estómago á tan riguroso
entrecejo, sonrieron sus fruncidos labios-y brillaron delicioso aroma embriagaba los sentidos; pero Mi· ayuno!
Turbaron de tal manera estas tristes reflexiones al
sus ojos llenos de entusiasmo. Alzando antonces la das, que ya maldito lo que entendía de ambiente
frente miró á su interlocutor.
perfumado ni de flores, les fué pasando á todas la rey Midas, que llegó á preguntarse si después de todo
- Vamos, di lo que deseas.
mano y poniéndolas tan tiesas y relucientes como si la opulencia es el único bien apetecido en este mun- Sí, por cierto: estoy ya tan cansado de trabajar fueran de talco. Mientras se divertía en esta opera- ao, ó el apetecible siquiera. Pero esta idea se le borró
para reunir cantidades que después de todo no me ción lo llamaron para desayunarse, y acudió al co- bien pronto de la memoria, porque fascinado como
satisfacen, que quisiera, para salir del paso, tener el medor con las mejores disposiciones, reservando estaba por el brillo del metal precioso, se hubiera
don de hacer oro.
·
para luego el proseguir la comenzada tarea.
negado redondamente todavía á renunciará su pri- El extranjero sonrió con alegría.
No sé de una·manera positiva en qué consistía en- vilegio por cosa tan mezquina y de tan poco momen- ¡Gloria á ti, rey Midas, por haber concebido un tonces el almuerzo de los grandes de la tierra, ni to como es un almuerzo. Y cuenta, señores, que esa
pensamiento tan admirable! Pero ¿estás cierto de tampoco tengo ahora mucho tiempo disponible para cosa tan trivial, pero comible para él, no habría poque sólo este poder te hará feliz?
profundiiar esta materia; sin embargo, todo me in- dido encontrarla en el caso presente, ni aun dando
- ¿Quién lo duda?
duce á creer que la mesa de S M. estaría provista por ella más millones de monedas de oro que granos
- ¿No te pesará nunca tenerlo?
de buenas tortas, pescado frito, patatas asadas, hue- de arena tiene el mar.
- ¿Cómo es posible, si no pido más para conside· vos pasados agua y café con leche, lo cual me pare·
Sin embargo, tal era su hambre y tan grande su
rarme el hombre más feliz de la tierra?
ce muy bastante y muy bueno para un monarca de inquietud que se echó á llorar de la manera n::ás las- Pues bien: hágase tu voluntad, le respondió el siglos tan remotos.
timosa. Lo cual visto por la niña, ya no pudo contedesconocido, saludándolo; mañana, al salir el sol, se
Como la Niña no había ido todavía y Midas ja- nerse, y lo abrazó cariñosamente par¡t consolarlo.
te concederá la' gracia que deseas.
más comía sin ella, la hizo llamar al punto, y entre- Midas, al recibir las caricias de su hija, comprendió
Dicho lo cual desapareció, iluminando el sótano tanto tocó algunos platos, el mantel y las servilletas cuánto más valía 'aquel amor que todas las riquezas
de tan vivos resplandores, que el rey tuvo que cerrar para sorprenderla con sus metamorfosis.
del mundo por él adquiridas, merced á la facultad
los ojos para no quedarse ciego. Al abrirlos de nue- . En esto la oyó venir llorando por los corredores, sobrenatural que poseía.
vo, sólo vió el rayo de sol que alumbraba los tesoros cosa que le sorprendió en extremo, porque su hija
- ¡Hija de mi alma!, exclamó estrechándola en
acumulados á costa de tantos afanes durante el cur· era una de esas criaturas que en todo el año no vier- sus brazos.
so de su existencia.
ten lágrimas bastantes para llenar un dedal. Así fué
Pero Mariquita ya no pudo contestar á esta caricia
¿Durmió el rey Midas aquella noche con la tran· que, al oirla, para hacerla callar con una wrpresa, paternal, porque al contacto del rey Midas, quedó
quilidad de costumbre? La historia lo' calla; pero ten- puso las manos sobre el jarro de la leche, y trocó la sin vida, transformada en una estatua de oro, y como
go para mí que, despierto ó dormido, pasó la noche porcelana e!} oro finísimo.
al verificarse en ella esta revolución no perdió un
con la impaciencia y la inquietud de un chiquillo á
Abrió entonces la Niña dulcemente la puerta y. átomo de su belleza encantadora, conservando su
quien se ha prometido regalar un juguete magnífico entró en la habitación enjugándose los ojos con el rostro la misma dulzura y sus ropas los mismos plieal día siguiente.
delantal.
gues y suaves ondulaciones que antes tenían, puede
La hora del alba sería cuando despertó Midas y
- ¿Qué llanto es ese, hija mía?
bien decirse que la niña, gracias á su papá, era una
empezó á tocar todo lo que estaba al alcance de su
La princesita, sin quitarse el delantal de los ojos, obra digna del cincel de Fidias y que valía lo que

LA

NúMERO 516

NúMERO 516

ILUSTRACIÓN ARTI8TICA

pesaba y mucho
di, ¿qué prefieres, ese
más.
don ó un vaso de
Inútil es decir á
agua fresca y cristaustedes cómo se quelina?
daría S. M. ante
-¡Elagua,elagua
aquel horrible espec.
es una bendición del
táculo. Se retorcía
cielo!, exclamó Mi·
las manos, daba
das; pero yo no puegritos descompasado beberla.
dos, se arrancaba
- ¿El don de halos cabellos, corría
cer oro, continuó el
por las habitaciones
genio, ó un pedazo
de palacio como un
de pan?
loco, y llamaba al
- ¡Un pedazo de
genio con toda la
pan vale más que
fuerza de su voz. El
todo el oro del
pobre hombre no po•
mundo!
día soportar la vista
- ¿El don de hade su hija ni tampocer oro ó Mariquita
co dejar de mirarla.
como estaba hace una
Estando así se
hora?
apareció el genio.
._
- ¡Mi hija, mi hiMidas, sin proferir
ja!, gritó el infeliz.
palabra, bajó la ca-Así me gusta,
beza y cayó de rodi--•
dijo el extranjero.
llas en actitud supliVamos, añadió, ¿escante. Había reconotás perfectamente
cido al mismo persoarrepentido de tus
naje misterioso de
locas ambiciones y
quien recibió en la
de tu avaricia desencueva el funesto don
frenada?
de hacer oro,
En aquel momento
_ Ya estarás satisvino á posarse una
fecho, Midas, le dijo
moscá en la punta de
el genio sonríen4 ~ =..._
......
la nariz de S. M. y
do maliciosamente.
á su contacto cayó
¿Qué tal?
muerta al suelo, comMidas movió la capletamente metalizabeza.
da. Midas se estre- Soy el más mimeció.
serable y desventu•
- Sí, sí, arrepentirado de los nacidos
.
.
.
.
do de todo corazón
,
,,
LA l'A~IILIA REAL DE ESPAÑA, baJo relieve en m:lrmol, &lt;le D. Manano Benlhure
l
d'ó ll
d'
exclamó el rey.
·
e respon I eno e
- ¡Desventurado!
fervor.
¡Miserable! N~ te comprendo. ¿N_o te he concedido Mira lo que he ~erdid?, le dijo, señalando á su hija 1· Pues ~ntonces, ve al jardín y báñate en _el río que
cuanto apetec1as para llamarte fehz?
y llorando á lágrima viva.
lo atraviesa; luego, tráete una copa _de la misma agua,
- ¡Ay! El oro por sí solo no constituye la felicidad.
- Veo que hoy estás más cuerdo que ayer. Vamos, y con ella roda to?os aquellos obJetos á los cuales

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LAS HILANDERAS,

cuadro de D. Maximino Peña. (Exposición bienal del Circulo de Bellas Artes &lt;le Madrid.)

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PASATIEMPOS DE ORIENTE, cuadro de Ch. Daux, grabado por Baude. (Salón de París de 1891.)

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730

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

quieras restituir su primitivo ser; pero te advierto buen artífice; precisa del auxilio de la estética y poseer los vasque si no lo haces lleno de confianza y de fe, todo tos conocimientos del arte, ya que la moderna construcción
utiliza la combinación de los ricos metales con las piedras preserá inútil.
ciosas, sujetándose en su forma á un estilo, ú obedeciendo á
El monarca 'bajó la frente en señal de asentimien· una escuela determinada, que produzca armonía por los tonos
to y cuando la levantó ya no estaba allí el aparecido. quimicamente obtenidos, los esmaltes y el pulimento, De no
Midas corrió al jardín en seguida, entró de cabeza ~scasa importancia son las dificultades que ofrece el arte de l,a
aumentadas si cabe por la contin~a necesidad de ofreen el río, se zambulló más que un ganso, volvió á sa• ¡oyeria,
cer modelos que obtengan el privilegio de atraer á los numelir inmediatamente con un jarro lleno de agua en rosos partidarios de la fastuosidad y la ostentación.
cada mano y no paró hasta llegar al pi~ de la estatua . Todas las naciones han realizado grandes progresos en la
Joyería, y plácenos consignar que España no ha descendido
de su hija.
nivel en que se hallaba colocada por sus tradiciones, sienS. M. no se anduvo con melindres para adminis- del
do Barcelona, en cierto modo, el centro que informa el movitrarle la medicina, sino que, no bien hubo dejado miento peninsular, ya que en ella existen los más importantes
uno de los jarros en el suelo, levantó el otro sobre talleres y los más hábiles plateros. Distinguense entre todos
la cabeza de la princesa, y así como quien bautiza, ellos los hermanos Masriera, tan excelentes artistas como inte•
vertió su contenido hasta la última gota. La niña ligentes artífices, ya que han demostrado por medio de sus
obras cuán justificada es la fama de que gozan y cuánto puede
abrió al punto los ojos y comenzó á estornudar. El esperarse de sus aptitudes artísticas. Todas las alhajas y piezas
extranjero había cumplido su palabra, ó mejor dicho tienen, á modo de marca de fábrica, el sello caracterlstico que
el arrepentimiento de Midas había sido sincero y las distingue por su riqueza, elegancia y sencillez. En todas
ellas se denuncia el gusto y el CQmpleto dominio de una indusmuy grande su fe en las palabras de la visión.
tria, hoy no exenta de dificultades. Los Sres. Masriera, antes
Pasados los primeros transportes de alegría, S. M. que
joyeros, son distinguidos artistas, por cuyo motivo sus pro ·
tomó á Mariquita de la mano y se fué con ella al ducciones se distinguen siempre por la belleza de sus líneas,
jardín donde, merced á algunos asperjes, hizo recu• por su forma y por las admirables combinaciones que saben
perar á las flores su aroma.y sus matices, y así de lo obtener de los efectos de la tonalidad por medio del contraste
que producen los relieves con el mate y el pulimento.
demás.
La arquilla que reproducimos es una de las obras más im•
Dos cosas, sin embargo, recordaron á Midas, mien- portantes que han construido los Sres. Masriera, tanto por su
tras vivió, aquel don que tan funestas consecuencias riqueza como por su carácter esencialmente artistico. Ejecutapudo traerle: las arenas del río donde se bañó, que da con sujeción al diseño de D. José Masriera es una brillanmanifestación del arte nacional, puesto que si por su estilo
desde aquel día' brillaron como polvo de oro, r los ca- te
recuerda las bellisimas obras del Renacimiento, lo es tambellos rubios de su hija, en cuyo color antes nunca bién en el concepto moderno del renacin,iento artístico de
había reparado.
nuestra patria, Sobre una base de mármol cuatro leones de
Midas llegó á ser muy viejo, y cuando allá en los plata maciza sustentan la arquilla de plata y oro cincelada, cu•
m_otivos de decoración se avaloran por la inteligente com·
últimos años de su larga carrera lo sacaban á tomar Y?S
bmac1ón de los metales. Dos preciosos medallones de esmalte,
el sol las mañanas de invierno, decía á sus nietecitas imitación de Limoges, rodeados de un marco de perlas, repre·
pasándoles las manos temblorosas por la cabellera: st:ntando las cuatro virtudes, ejec:itados por D. Luis Masrie ·
- Esta es la única cosa de color de oro que ven ra, decoran los dos lados de la arquilla, destacándose entre ellos
las cifras, en brillantes, zafiros y rubíes, del Excmo. i;eñor
con gusto mis ojos.
D. Manuel Planas y Casals, tan ·distinguido jurisconsulto
TRADUCIDO POR

M.

JUDERIAS BÉNDER

NUESTROS GRABADOS
Los jugadores, cuadro de Fortuny. - Aunque
poco partidarios de la indiscutibilidad que algunos pretenden
para ciertas firmas en materia de arte, hemos de convenir en
que la de Fortuny es de las pocas que si no justifican atenúan
por lo menos la exageración de los que tal teoria sustentan.
Ni de su escuela, que tantos queriéndola imitar han parodiad.o,
ni de su genio artistico que le elevó al pináculo de la gloria,
hemos de hablar en esta ocasión, pues en otras muchas nos
hemos ocupado del malogrado pintor y de sus principales
obras. La que hoy reproducimos, aunque no tan conocida como otras de Fortuny, merece un puesto de honor al lado de las
más ensalzadas; la figu ra del jugador perdidoso contemplando
con cierta mezcla de rabia y de envidia á sus dos compañeros
entregadas todavía al vicio que tanto le atrae, las de éstos que
abocetadas y entre sombras se divisan en el fondo y el tono ge•
neral del cuadro descubren, aun en el grabado, el espíritu de
observación, el profundo estudio y la maestría del nunca has•
tante llorado artista catalán.

..•

Ensueño, escultura de Elisa Bloch l Exposición
general de Bellas Artes de Barcelona). - Si en todas las épo•
cas y en todos los tiempos ha dado muestra la mujer de sus
cualidades y aptitudes para cultivar todas las ramas del saber
humano, preciso es convenir que las corrientes de progreso
que informan nue~tro siglo han contr:buido poderosamente á
su desenvolvimiento. Todas las naciones cuentan ya con nÚ ·
mero considerable de mujeres ilustres, que dan muestras de
su ingenio, ya en las ciencias, las artes ó la literatura. Entre
aquellas que honran á la vecina: nación, distínguese Elisa
Bloch, que entre otros honrosos títulos ostenta el de Oficial de
la Academia Francesa. Nacida en Breslau (Silesia) pero residente en Paris desde temprana edad, recibió sólida y completa
instrucción, teniendo por preceptor al sabio orientalista doc•
tor Mu11ck, á quien. debió sus extensos conocimientos literarios
y filológicos. Dedicada después al estudio de la escultura, por
la que sentía verdadero entusiasmo, pronto dió muestras de
sus aptitudes y excelentes cualidades, bajo la dirécción del
gran maestro Enrique Chapu, En 1878 expuso su primera
~bra, figurando ya en el ~al?n de 188o una gran figura que
tituló Esperanza. A esta s1gu1ó en 1884 El frondista y en 1886
Virginius, notable grupo en bronce, inspirado en una de las
obras de Tito Livio, premiado en la Exposición Universal
de J 889. Dificil sería enumerar el considerable número de
obras que han modelado las delicadas manos de Elisa Bloch,
á las que ha impreso el sello de su inteligencia y de su sentimie~to Basta visitar su taller de la rue du Printerups, converhdo en verdadero museo, para comprender su laboriosidad.
Enszmio titúlase el precioso busto que remitió á nuestra,
Exposición de Bellas Artes. Inspirado en la novela de Zola
titulada Le Réve, sorprende por la delicadeza de su modelad¿
y por ese algo que en su obra ha sabido imprimir la artista
que justifica tan perfectamente su titulo.
'
Moisés y la estatua de Juana de Arco que ha de er¡girse en
Epernay son sus últimas producciones. Ellas significan un
nuevo triunfo, por el que felicitamos á la autora, rindiéndole
en estas lineas un justo tributo de consideración.

•
••
Arquilla ~e oro y plata cincelada, construída p01
los Sres. Ma~nera _Herma.nos, de Barc_elona. - Al igual de las
demás creaciones mdustnales, ha debido la joyeria seguir las
evoluciones que han determinado el gusto la época y las necesidades de la sociedad actual. No basta /a al platero ser un

NúMERO

516

cu tibies cualidades debe la justa y merecida fama de que goza,
Obligado en sus preciosos años á contribuir al sostenimiento
de su familia, sólo á costa de afanes y de continuo estudio logró Benlliure adelantar en la difícil profesión que emprendiera, siendo por lo tanto sus triunfos verdaderas victorias logradas por el genio. La cogida de 1m picador, que fué la primera
obra que figuró ea una Exposición, la Nacional de 1876, fué
ya una revelación. A esta siguieron las tituladas ¡Al agua!, la
estatua del pintor Ribera, la de Doña Bárbara de Braganza, el
picaresco Mo11ag11illo, que tanto llamó la atención en la Expo•
sición de 1884, y las soberbias figuras alegóricas la Marina y
el Ferrocarril, que en unión de la magnifica estatua de don
Diego López de Haro figuraron en la Exposición de 1890, y
que aparte de la recompensa otorgada por el Jurado, valieron
al· artista la honrosa distinción de la Gran Cruz de Isabel la
Católica.
•
Como demostración de reconocimiento á la Reina Regente,
que galardonaba al artista, ofreció Benlliure á la ilustre seño ra una obra magistral, en la que no sólo se bailen de manifiesto sus relevantes cualidades como escultor, si que también su
delicadeza de sentimientos: encerrado en un primoroso marco
de bronce, un bajo relieve en el que delicadamente se desta•
can con admirable parecido los bustos de la Reina, de su hijo
D. Alfonso XIII, de la princesita de Asturias y de la infanta
María Teresa. Pálido creemos que sería cuanto intent:íramos
consignar acerca de la ejecución de esta obra, en la que Ben•
lliure ha logrado dar muestra de á cuánto alcanza, por cuyo
motivo nos limitaremos á unir nuestro aplauso á los que ya se
le han tributado y á rendirle en estas lineas un testimonio de
nuestra consideración.

.

516

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

73 1

ABNEGACIÓN POR AMOR
POR A, HUNT, - ILU STR ACION E S DE H . MARGETSON

••

Las hilanderas, cuadro de D. Maximino Peña.
(Exposición bienal del Circulo de Bellas Artes de Madrid). Disclpulo del malogrado Plasencia, dióse pronto á conocer por
las cualidades que revelaban sus obras, obteniendo su primer
triunfo en la Exposición de Bellas Artes que celebró la Asociación de Escultores y Artistas. Pensionado después en Roma por la Diputación Provincial &lt;le Soria, su país natal, continuó produciendo obras de mayor importancia, que como el
lienzo titulado Carla del hijo ausente, obtuvo merecida re·
compensa en la Exposición general de Bellas Artes de 1887.
En la que en mayo último celebró el Circulo de Bellas Ar·
tes de Madrid presentó cuatro lienzos, Al amor de la l11111bre,
una Cabeza de niña, Con la exmsa del cigarro y Las l1ila11de•
como hombre público, á quien se ofreció tan valiosa joya por ras, que reproducimos, dando en ellos muestra, especialmente
varios de sus amigos y correligionarios, según indica la leyen- en el último, de sus recomendables cualidades, ya que en todos
se observa corrección en el trazo y sobriedad en el colorido.
da que ostenta la cinta que cubre la artlstica tapa.
Maximino Peíla es uno de los discípulos que más honran á
Plasencia
y uno de los artistas que pueden lograr envidiable
••
reputación , si continúa por la senda emprendida.

•

La Porciúncula, pintura de D. Manuel Domínguez y de D. Alejandro Ferrant. - La Porciúncula, pintura de D. Manuel Domínguez, en
la capilla mayor de San Francisco el Grande de Madrid. -A
Manuel Dominguez, el autor del cuadro titulado La muerte de
Séneca, y á Alejandro Ferrant, el autor del que reprenta El
entierro de San Sebasliá11, ambos artistas de valía que figuran
á la vanguardia de los que enaltecen con sus producciones el
arte patrio, confióse la ejecución de l as pinturas que en forma
de colosal triplico embellecen y decoran el fondo del ábside
de la capilla mayor de San Francisco el Grande de Madrid,
verdadero museo, ya que en aquel templo figuran obras de ar•
tistas de tal valia, (que como Plasencia, Contreras, Molinelli,
Jover, Rivera, Domlnguez, Martínez Cubells, Plaza, Améri·
go, Adeva, Vergaz, Ellas Martín, Vallmitiana, Bellver, Suñol,
Gandarias, Benlliure, Moltó, Muñoz Degrain, Moreno Carbo•
nero, etc., significan ó representan el arte contemporáneo es·
pañol.
Cuantiosas sumas de~lináronse al embellecimiento de la an•
ligua iglesia, que hoy es sin disputa la primera de las que
existen en la capital de la monarqula. Mármoles y bronces de·
coran la capilla mayor, y en el fondo destácanse las pinturas
de Ferrant y:Dominguez, que ocupan. un espacio de diez metros de altura por catorce de ancho, representando tres escenas de la vida de San Francisco, el humilde penitente de Asis,
que en todo tiempo ha servido de tema de inspiración. El cincel, la pluma y el pincel han trazado la leyenda en que la religión y la poesía se unen con igual belleza; faltaba en este con
junto la glorificación de la pintura moderna, y preciso es convenir que ¡iocos pudieran haberlo llevado á cabo tan cumplidamente como Ferrant y Dominguez.
El asunto general) representado en el grandioso tríptico es
La concesión del /11/iileo de la Porci1lnmla, en los tres momentos del anuncio, de la concesión y de la confirmación pontificia.
La pintura de la derecha es obra de Domínguez. En un lugar
abrupto y cubierto de maleza, el santo en oración recibe por un
ángel el aviso de que el Señor y su Divina Madre se hallan en
la próxima ermita de Nuestra Señora de los Angeles ó de la
Porciúncula. La figura del santo, medio postrado aún de hinojos, revela la confusión que la inesperada nueva le produce; en
el cielo, que cubren las sombras de la noche, angélica visión
de músicos teniendo instrumentos y agitando incensarios cele•
bra la fausta nueva. La hora y el sentimiento de la escena,
riqueza y elegancia de colorido, todo ello ha logrado reunir
Domlnguez en esta notable obra. Unido á Ferrant, han pinta•
do el cuadro del centro, á Jesucristo y la Virgen, apareciéndose al santo en el interior de aquella ermita. El pobre cenobio
inímdase de resplandores que envuelven la doble visión en luz
celestial, y San Francisco humilla la cabeza en las gradas del
altar al oír la voz del Señor, El contraste de la luz está perfectamente entendido, y la figura del santo, que se destaca por claro, es un alarde de dibujo De Ferrant es esta parte de la composición y la figura de Cristo, y obra de Dominguez la bellísima de la Virgen; siendo de admirar que la diferencia de estilo
contribuye al embellecimiento del cuadro, que á pesar de ser
una obra moderna, parece que se refleja en ella algo del fervor
mistico que distingue á las producciones de otras épocas yapa·
sadas.

NúMERO

•
••
La feria, cuadro de D. Joaquín Agra1:1sot. - Es
Agrassot uno de los pintores que honran á España y á Valencia, en donde reside desde hace algunos años, confundiendo
en una sola las simpatías que siente por la ciudad del Cid y
por· Alicante, su ciudad natal. Su nombre evoca el recuerdo
de alguno de su~ lienzos notables, que como el titulado Las
dos amigas figura entre los que encierra el Museo del Prado.
Al igual de otros pintores que tanto han enaltecido el arte español, ~anó fama y crédito durante el periodo de su pensiona•
do en Roma, y sus cuadros proporcionáronle la consideración
que merecla por su relevante mérito. A su-regreso de la ciudad
eterna dedicóse á la pintura mural, trocando, por último, sus
brillantes ensayos en este género por sus preciosos cuadros de
costumbres, justamente apreciados por su buen colorido, estilo
y precisión, trasunto fiel de ese conjunto de luz y de tonos,
que caracterizan los lienzos genuinamente españoles.
La feria es una de las más bellas producciones de Agrassot,
verdadero cuadro de costumbre.; valencianas, brillante por sus
derroches de luz y colorido, en el que se hallan admirablemen•
te trazados los tipos y bien combinados los tonos, trajes y pormenores, observándose luego la seguridad en la ejecución y la
maestría del artista,
Valencia puede envanecerse de contará Agrassot en el número de sus preclaros artistas.

•
••
Pasatiempos de Oriente, cuadro de Ch. Daux,

grabado por Baude. - Conocidos son los juegos, entre•
teni?OS µnos, peligrosos otros y pintorescos todos, á que se
dedican los juglares orientales para producir sorpresa y admiración en el público que en calles y plazas se deleita contem·
piando sus habilidades no pocas veces extravagantes. Uno de
estos juegos ó pasatiempos, la domesticación de pájaros, ha
servido de pretexto al notable pintor francés Ch. Daux, para
trazar en el lienzo una bellísima cuanto caprichosa figura de
muchacha de Oriente, en cuya ejecución se observan desde
luego notables bellezas de dibujo y se adivinan, gracias al pri•
moroso grabado de Baude, los hermosos efectos de color que
indudablemente constituyen la parte más saliente del cuadro.

•
••

~a g iganta Rosita, joven vienesa que actualmente se
exhibe en Berll~ (d~ una fotografía). - La ciencia ha pretendido_. ~ur~nte algun tiempo, que la estatura gigantesca era un
pnv1legio_ poco menos que exclusivo del sexo masculino, pero
algunos e¡emplares aparecidos hace algunos años demuestran
cuán errónea es esta opinión, Uno de ellos se exhibe actualmente en uno de los teatros de Berilo que se dedican especialmente á esta clase de espectáculos; la giganta Rosita mide 2
metros 46 cent!metros de alto y pesa 350 libras y es de fijo
un~ de las ~m¡eres más alta• y de más peso que hoy en día
ex1sten. _Nac1ó e_n marz? de 1865 en Viena; sus padres tienen
establec1d_a una 1~dustna en un arrabal de la capital austriaca.
donde residen, ?Jientras su hija se hace admirar por el público en su _excursión art!stica. En el caso de la giganta Rosita
•••
no cabe mvocar el principio de la herencia, puesto que la es•
La 'familia real de España, bajo relieve en !atura de JUS padres no excede de la media normal.
mármol de D. Mariano Benlliure.-En la persona·
lidad de Mariano 1lenlliure hállase representada la escuela
escultórica moderna de nuestra patria, pues á tan alto ha loJABON REAL
JABON
grado ascender el eximio escultor valenciano, quP. bien merece
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se le considere como el primer campeón, el portaestandante
del arte nacional. A su esfuerzo, á su constante labor é indis- ,~audtJOI ttr utor!tú~ ••t!Gu p&amp;ll 11 ií(tm ,, la Plll 1 hlllll t,1 COllll

DE

IVJ:OLETI
2s,t.":S1:;¡;;;~,aru

El día 4 de diciembre de 188 ... Roberto Fitzge- gerald reconoció la letra de Aretusa, y entonces abrió roa tarde el párrafo que usted acaba de ver, ofle
rald se paseaba inquieto de un lado á otro de su ha- la misiva con mano temblorosa: tal vez la joven le exclamar: «Craster se aventura demasiado al regresar
bitación, en la calle de Dover, en Londres, muy aconsejaba el olvido de su amor, rogándole que la á Inglaterra, y yo apostaría cualquier cosa á que no
preocupado al parecer, aunque la causa, según vere- dispensase de la entrevista del día siguiente, que de- llega vivo á Londres.» Yo estaba sentada en un sibía ser dolorosa para ambos. Pero en vez de esto, llón, donde no se me veía á causa de la obscuridad.
mos, no era ninguna cuestión de vida 6 muerte.
Mi padre continuó diciendo á mi madre que no du•
El día 5 del mismo mes del año anterior había leyó lo siguiente:'
«Acabo de saber una cosa que me aflige y disgus- daba que una hora después de haberse anunciado el
solicitado la mano de una joven llamada Aretusa, á
quien hada largo tiempo amaba apasionadamente; ta mucho, y á nadie puedo pedir auxilio más que á regreso de Craster, alguno iría á esperarle cerca del
pero ésta le contestó que no le correspondía lo bas- usted. Estoy esperando á la puerta de su casa, y sola. vapor para seguirle y buscar ocasión favorable de
darle muerte. «Lo creo muy posible,» contestó mi
tante para aceptarle por esposo, y que tal vez no se Necesito decirle dos palabras. -Aretusa.»
¡Cómo, la joven á la puerta de la casa, y sola! ¡Ella, madre con indiferencia, como si esto no la importa•
casaría nunca.
Instada por Roberto á dar una explicación, confe- que no había salido nunca sin ir bien acompaña- se nada. «Es casi seguro, repuso mi padre, y Craster
só que dos años antes ella también había amado da! Fitzgerald franqueó la escalera en dos saltos, y no debe ignorarlo, pues su posición oficial le permi•
mucho á un joven, pero que no se la permitió unirse aunque el agua caía á torrentes y era escasa la luz te estar al corrie~te de tales cosas; tal vez sospeche
con él, ni siquiera verle después; que quizás su padre en la calle por ser la hora de encender los faroles, también quién es el que tratará de dar el golpe.»
- Pero aunque esta horrible suposición sea fun•
había obrado con prudencia al oponerse; pero que, á al punto vió un coche parado y una cabeza que sopesar del tiempo transcurrido, no podía olvidarle, por bresalía de la ventanilla. En el momento de acercar- dada, repuso Fitzgerald, ¿qué puedo hacer yo, adora•
más que se esforzaba para ello, y que temía mucho se, la portezuela se abrió de pronto, y Aretusa le da Aretusa?
- Puede usted ir á Liverpool esta noche, y pasar
amarle tanto como antes si regresaba á Inglaterra, de dijo con voz breve:
- Entre usted un momento, pues me urge decirle mañana á primera hora á bordo del Platea, donde
donde se había ausentado hacía algrtn tiempo.
dos palabras; voy á casa, porque temo que se descu- manifestará á Craster lo que mi padre ha dicho, pa•
- ¿Volverá?, preguntó Fitzgerald.
- Espero que no, repuso la joven; tal vez fuera bra mi escapatoria, pero me bastan cinco minutos labra por palabra, rogándole que salga del país. Le
para mí una desgracia su regreso. Es posible que mi para manifestarle el objeto de mi venida. No le haré sería fácil hacerlo, pero rehusará, lo sé muy bien, y
en este caso será preciso que usted permanezca en
padre tuviese razón al decir que hubiéramos sido perder tiempo ...
- Poco importa mi tiempo; lo esencial es sáber en su compañía y vele sobre él durante el viaje en didesgraciados.
rección á la ciudad. Reconozco que le pido mucho,
- Pues entonces, replicó Fitzgerald, ¿por qué no qué puedo serla útil.
mas
espero que lo haga por amor á mí.
Pues
voy
á
decírselo.
¡Oh!
¡Soy
muy
desgraciada!,
me acepta usted, puesto que teme no ser feliz con su
- Lo haré, contestó Fitzgerald con expresión reexclamó la joven, que estaba pálida y temblorosa.
primer pretendiente? No es usted razonable.
- ¡Por Dios, dígame usted qué pasa; ya sabe que signada; haré eso y mucho más en favor de usted;
- Con frecuencia dejo de serlo y no reflexiono,
puede
contar conmigo, aunque se trate de exponer pero seguramente le desagradará á Craster que yo
dijo Aretusa. Estoy persuadida de que fuera mucho
intervenga en sus asuntos y espíe sus movimientos.
mejor para mí el aceptarle por esposo, tanto más, mi vida!
- Ya lo sé, contestó Aretusa; y por eso he venido. No dudo que se resentirá de ello.
cuanto que usted me inspira simpatías; pero también
- Pues sufra usted su resentimiento. ¿Me lo pro•
Al decir esto sacó un diario del bolsillo y entresé que si él volviera no podría menos de seguir amán·
dole, y no procedería con lealtad si no lo confesase. góseloá su interlocutor, señalándole el farol del coche, mete así?
- Se lo prometo; pero él no tolerará que yo siga
á la vez que le indicaba con el dedo un párrafo de la
- Tal vez acabaría usted por preferirme...
sus
pasos.
primera
columna.
- No digo lo contrario; es muy posible; pero ... ¿y
- Hágalo usted, quiera ó no quiera, y en último
- Lea usted, si puede, dijo; el diario es de esta
si no sucediera así?
extremo, si fuere necesario apelar á este recurso, dí- Si usted piensa en mí, ya tengo algo adelantado, tarde.
gale que yo le envío á usted; que he oído e~as palaA
la
escasa
luz
del
farol,
Fitzgerald
pudo
leer
á
y de todos modos, bastaría un poco de buena volunbras de boca de mi padre; y como ya conoce su ca•
duras penas lo que sigue:
tad para corresponderme.
«El señor Craster, que había emprendido la marcha rácter, comprenderá el peligrp que le amenaza.
- Muy bien; le autorizo para que de aquí á un
Fitzgerald iba á replicar que si decía que iba en
año; á contar desde hoy, me solicite de nuevo; pero después de terminar satisfactoriamente su misión
durante este tiempo, quisiera que no me hablase más oficial en Burmah, llegará mañana á Inglaterra por nombre de Aretusa, Craster sabría que era amado
sobre el particular, y yo por mi parte procuraré no la vía de América en el vapor Platea, y tal vez des- aún; pero se contuvo. ¿Por qué no había de revelárselo, y no prestaría su auxilio á la joven que amaba
ver á mi primer pretendiente, en el caso de que vol· embarque al mediodía »
Fitzgerald no pudo reprimir una exclamación de si de ello dependía su felicidad?
viera.
Este rasgo de abnegación sería una prueba más de
- Es decir, repuso Fitzgerald, que si no obtengo sorpresa, revelándose en su semblante la desagradasu
apasionado cariño.
ble
y
dolorosa
impresión
que
le
producía
esta
noticia.
la mano de usted será por culpa mía, ¿no es cierto?
- Saldré en el tren de las siete, dijo, y haré cuanto
- ¡Conque al fin vuelve!, murmuró en voz baja.
- Tal debe usted creer.
Transcurrió cerca de un año, y en este tiempo, No he olvidado, Aretusa, lo que usted me dijo que sea posible para atenerme á las instrucciones que
usted me da. Son ya más de las seis, y solamente me
Fitzgerald vió muy á menudo á la hermosa Aretusa, sucedería en el caso de que regresara.
- ¡Vamos!, replicó la joven, no pierda usted tiem- queda tiempo para recoger algunas cosas y marchar.
de quien estaba cada vez más enamorado. Era tan fe.
- ¿Me promete usted no arrepentirse de lo que me
liz, que casi sentía que estuviese tan próximo el día 5, po en hablar de cosas de que sería ocioso tratar
ahora.
Vengo
á
pedirle
un
favor,
á
rogarle
que
me
ha
ofrecido?
es decir, aquel en que la joven debía contestarle de·
- Doy mi palabra de caballero, contestó Fitzgerald
finitivamente pues su negativa le obligaría á renunciar preste un servicio que nq podría solicitar de ninguna
para siempre' á la esperanza en que cifraba su felici- otra persona. Espero que no se niegue á ello, sea lo con acento solemne; y aunque Craster trate de aledad. Entretanto, Fitzgerald había averiguado ya que que fuere, y que me prometa no hablar á nadie ni jarme, le seguiré.
- Le agradezco en el alma su bondad, dijo AretuAretusa amaba antes á un tal Craster, agente del go· una palabra sobre esta entrevista.
- Haré en obsequio de usted todo cuanto quiera, sa ofreciendo su mano á Fitzgerald, tanto más, cuanbierno en 'Irlanda, donde se distinguió en otro tiem·
y nadie sabrá jamás que se ha dirigido á mí para pe- to que creo que pocos hombres me hubieran prestapo por sus injusticias y arbitrariedades.
Ya sabemos ahora por qué Fit~gerald paseaba in- dirme favor alguno. Supongo, sin embargo, que no do semejante servicio hallándose en el caso de usted.
Con esto terminó el diálogo; Fitzgerald se despiquieto por su habitación. Luchando entre el temo'. y se tr,atará de un crimen.
Fitzgerald esperaba sin duda que la joven con- dió de Aretusa; tomó otro coche al paso para volver
la esperanza, unas veces contaba como segura la victoria, y otras imaginábase que la mujer á quien tanto testara con una sonrisa á estas últimas palabras; pero á su casa, arregló su maleta apenas llegó, y sin dete•
amaba le rechazaría de nuevo para siempre. Mientras Aretusa, sin hacer aprecio de ellas aparentemente, nerse en comer marchó á la estación. ¡De qué manera tan diferente había pensado pasar el día 5 de
se entregaba á sus reflexiones, un criado entró de im- prosiguió con gravedad:
- Necesito que avise usted á una persona; mas diciembre!
. proviso ypresentóleuna esquela, diciéndole que el porEl padre de Aretusa había dicho, según le mantador esperaba la respuesta á la puerta de la calle. El antes de indicarle quién, convendrá que conozca algunos
antecedentes.
Cuando
mi
padre
leyó
esta
misfestó
ésta, que probablemente algún mal hombre iría
sobre d_e la esquela estaba algo borroso; pero Fitz·

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también á Liverpool por el primer tren para acechar
la llegada de Craster; y en su consecuencia Fitzge·
raid resolvió examinar bien todos los pasajeros, para
ver si alguno le infundía sospechas. Sin embargo,
nadie le llamó la atención, y por otra parte, no podía
fiarse de las apariencias, muy á menudo engañosas;
pero la verdad es que no vió una sola persona á quien
juzgase capaz de cometer un crimen.
Apenas llegado á Liverpool, Fitzgerald se convenció más y más de que haría un papel ridículo; su misión era del todo absurda, pues si trataba de cumplir
su promesa, Craster se reiría de él, si no le increpa•
ba duramente por su oficiosidad.
Fitzgerald se persuadió de que cometía una locura
cuando se trasladó á bordo del vapor Platea, y llamóle
la atención que en el bote fueran los mismos cuatro
individuos que iban en el coche en que él se instaló
á su salida de Londres, uno de los cuales se distinguía por su elevada estatura y su cabello muy
rubio.
A petición de Fitzgerald, señaláronle en un grupo
de viajeros al Sr. Craster: era lo que l¡uele llamarse
en general un buen mozo,· de arrogante presencia y
facciones regulares, que hubieran sido simpáticas sin
la marcada expresión altanera que se revelaba en los
ojos. Por lo demás vestía con elegancia y tenía todo
el aspecto de un caballero.
En aquel instante no era fácil llegar hasta él, porque se hallaba rodeado de varias personas y había
mucho movimiento en la cubierta del vapor; mas al
fin quedó solo, y entonces Fitzgerald se acercó y díjole que deseaba hablarle dos palabras.
- ¿A mí?, preguntó Craster, fijando en su interlo·
cutor una mirada recelosa. No tengo el gusto de conocer á usted.
- Soy portador de un mensaje, añadió Fitzgerald.
- No espero mensaje alguno, repuso Craster, ha·
ciendo ademán de volver la espalda.
- Es de la señorita Folet, murmuró Fitzgerald,
comprendiendo que era preciso apelar al último recurso para ser escuchado.
Al oír esto Craster, hizo seña á su interlocutor
para que le siguiera, y detúvose junto á la banda del
buque.
- Veamos, dijo, qué mensaje trae usted de la señorita Folet.
Fitzgerald le habló entonces de los temores y de
la ansiedad de Aretusa y de la causa á que se debían;
pero muy pronto observó que sus palabras no produ·
cían otro efecto sino el de hacerse él mismo sospechoso á los ojos de su interlocutor.
- Veo que usted duda de mí, díjole; mas le aseguro bajo mi palabra de honor que se me ha reco·
mendado eficazmente darle á usted este aviso, advirtiéndo:e al mismo tiempo que esté alerta.
- ¿Tiene usted algo más que decirme?, preguntó
Craster con tono irónico.
- La señorita Folet me rogó que aconsejara á usted
salir de Inglaterra inmediatamente.
- ¿Y si rehusara?, preguntó Craster con burlona
sonrisa.
-Aretusa confiaba en que no se negaría usted á
ello.
- Pero ¿y si me negase?
- Accediendo á sus vivas instancias, la prometí
hacer cuanto estuviese en mi mano para velar por
usted.
- Le agradezco mucho su buena voluntad, replicó
Craster; mas no permitiré que pierda usted el tiempo
para preservar una vida que no tiene valor alguno.
- Esté usted alerta, repuso Fitzgerald, sin hacer
aprecio de la ironía con que le hablaba su interlocu·
tor; la señorita Folet me dijo que las palabras de su
padre eran muy significativas.
- ¡Oh! Ya lo sé, contestó Craster; pero si usted no
se opone á ello, pongamos término á este enojoso
diálogo.
Y encogiéndose de hombros, fué á confundirse entre los demás viajeros sin mirar siquiera á Fitzgerald,
que muy descontento de sí. atribuía á su propia torpeza el mal éxito de su misión.
Cuando Craster desembarcó, siguióle sin perderle
un momento de vista; y con extrañeza observó que
el hombre alto y rubio iba cerca de él cuando Craster asomó la cabeza por la ventanilla del coche para
decir al auriga que le condujese al hotel de la Emperatriz. El hombre alto tomó entonces al paso otro
vehículo y dió á su conductor igual orden, mirando
al mismo tiempo á su alrededor corno si buscara á
otra persona. A Fitzgerald le pareció esto muy singular, pues corno él, el desconocido había pasado la
n0che anterior en el hotel Alejandra; y entonces
comenzó á creer que los temores de Aretusa se justificaban.
Fitzgerald tomó á su vez un coche y ordenó que le
condujesen al hotel de la Emperatriz, donde, apenas

llegado, envió un hombre á buscar su maleta al de
Alejandra y á pagar la cuenta.
- Al mismo tiempo, dijo el camarero al hombre
que se iba, puede recoger la maleta del otro caballero.
Y como Fitzgerald había dado ya su nombre, el
camaréro añadió:
- Di que te den el equipaje de los Sres. Fitzgerald
y Lawson.
- ¿Es ese Sr. Lawson alto y rubio?, preguntó Fitzgerald.
- Sí, señor, contestó el camarero.
- ¿Y sabe usted cuánto tiempo permanecerá aquí
el Sr. Craster?
- Hasta la salida del cuarto tren.
Fitzgerald mandó que le sirvieran un abundante
almuerzo, y entretúvose en hojear la guía de los ferrocarriles. El cuarto tren era mixto; de modo que
Craster no debía ir á Londres. En su consecuencia
se fué á la estación muy temprano y observó á todos
los pasajeros que entraban, procurando disimularse
en lo posible. Cinco minutos antes de las cuatro llegó Craster, y á pocos pasos detrás iba Lawson.
- Déme usted un billete de tercera clase para Lar
tington, dijo Craster al encargado de la taquilla.
Lawson se acercó á su vez y pidió lo mismo. Fitzgerald no sabía dónde se hallaba dicho punto; pero
de todos modos, estaba resuelto á ir allí.
- ¡ Al tren, señores!, gritó un empleado en la sala
de espera.
Fitzgerald,sin hacer aprecio de la mirada de enojo
de Craster, entró en el mismo coche detrás de él, y
un momento después subió Lawson.
- ¿Adónde van ustedes, caballeros?,. preguntó el
conductor á la mitad del viaje.
- A Lartington, contestó Craster.
- A Lartington, dijeron los otros pasajeros que
iban en el mismo coche.
- Veo que usted se dirige á Londres, dijo el conductor, examinando el billete de Fitzgerald.
- Sí, contestó, pero debo detenerme también en
Lartington.
- Está bien, pero le advierto que debe cambiar el
billete.
- Puesto que usted conoce esa localidad, dijo
Lawson á Fitzgerald, le ruego que me indique el
mejor hotel.
- Yo no he estado allí nunca, y por lo tanto no
puedo hacerle la menor indicación, contestó Fitzgerald algo bruscamente.
- El de la Reina es el mejor, dijo un desconoci~o que acababa de entrar. Yo conozco muy bien Lartmgton.
- Pues entonces, dijo Craster, me tomaré la libertad de preguntarle si hay servicio de coches en la
estación para los viajeros. Voy á Mouncey sin dar
aviso, y por lo tanto nadie saldrá á esperarme.
- ¡Ah!,exclamó el desconocido; allí reside el coronel Baker. No, en Lartington no encontrará usted coches de alquiler; tal vez haya alguna tartana, pero es
dudoso.
.
Fitzgerald, que estaba verdaderamente inquieto por
la continua presencia de Lawson y que se proponía
buscar una oportunidad para hablar con Craster sobre aquel hombre, apeóse el primero apenas llegaron
á Lartin~ton, y alquiló el único vehículo que allí había, v?lv1endo después á recoger su equipaje. Al volver, v1ó lo que esperaba, es decir, á Craster buscando
otro vehículo; pero Lawson había desap;trecido.
- Me parece que he tomado el único carricoche
que aquí había, ~ijo Fitzgerald, y siendo así, ruégole
que acepte un asiento para ir á Mouncey.
- Gracias, contestó Craster con marcada frialdad
~á~

NúMERO 516

NúMERO 516

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1

- ¡Oh! No me desaire usted. Tal vez haya de andar
mucho y ?º sea bueno el camino, replicó Fitzgerald.
- Le digo á usted que prefiero ir á pie, replicó
~raster con tal acento de enojo, que llamó la atención de cuantos se hallaban allí.
- ¿Pero y el equipaje?, insistió Fitzgerald.
- Ya me lo enviarán, dijo Craster.
Y dando media vuelta, encaminóse rápidamente á
la estación.
Fitzgerald salió de su vehículo y siguióle; mas
apenas lo hubo observado Craster, detúvose de pronto con ademán resuelto.
- ¿Será forzoso, preguntó á Fitzgerald cuando estuvo cerca, decirle algo insultante para poner término
á su persecución?
- Si quisiera usted escuchar tan sólo ...
- ¡Pues no quiero!, repuso Craster; é insisto en po•
ner término á este espionaje. Usted sabrá qué motivo tiene para hablar así; pero yo no creo que sea el
que me indicó.
Al oir este altercado el jefe de la estación se acercó; pero en el mismo instante oyó que Fitzgerald decía
á su interlocutor:

- Sírvase leer esta esquela, y así se convencerá tal
yez de que le digo la verdad.
El temor de ver á Craster aventurarse por un camino solitario, donde seguramente Lawson le esperaba ya, indujo á Fitzgerald á servirse de la única
prueba que podía presentar, es decir, de la carta de
Aretusa.
Craster, acercándose á un farol, leyó la misiva, y
sin duda debió quedar conmovido, pues la expresión
de su fisonomía cambió.
- Veo, dijo, que esta esquela es efectivamente de
la señorita Folet y que me ha dicho 1,1sted la verdad.
- Pues entonces, repuso Fitzgerald, hágame el fa.
vor de aceptar el asiento que le ofrezco hasta Moun·
cey. Desconfío mucho de ese hombre alto que ha viajado conmigo desde Londres, siguiéndole á usted por
todas partes.
- No sé quién pueda ser, dijo Craster; pero de
todos modos, aceptaré el ofrecimiento que usted me
hace.
Estas últimas palabras fueron oídas por el jefe de
la estación, que vió á Craster subir con evidente re·
pugnancia al vehículo, y á Fitzgerald detenerse un
momento después para preguntar si no había otro
camino que condujese á Mouncey, sin duda porque
temía el encuentro con Lawson.
- El camino recto es el mejor, dijo el jefe de la
estación ... y por más de un concepto, añadió en voz
baja.
Mientras que Fitzgerald tomaba un billete para
Liverpool, la señora Folet hablaba animadamente con
su esposo.
- Algernon, le decía, tendremos algún disgusto
con Aretusa, pues hace poco la encontré en la escalera, al parecer muy meditabunda; y como la preguntase si pensaba en lo que debía decir al pobre Fitz·
gerald al día siguiente, me contestó que no le vería,
y dirigióse á su cuarto para evitar nuevas preguntas,
Yo la seguí, y quise que me explicase el sentido de
sus palabras; pero antes de que me contestara, ob,
servé que tenía sobre el lecho el sombrero y el
abrigo. «Tú has salido de casa, la dije. ¿Dime dónde
has estado?» «No me obligue á contestar, replicó,
pues no se lo diría á usted. No he hecho nada malo.»
Cumpliendo con mi deber, insistí en que Aretusa
me lo confesase todo, y ahora sé que salió de casa
sola al obscurecer, que tomó un coche y se detuvo
á la puerta de casa de Fitzgerald, enviándole recado
para que bajase.
- ¡Eso ha hecho!, exclamó el Sr. Folet.
- Sí, y una joven que se atreve á tanto es capaz
de cualquiera cosa. Yo me empeñé en saber lo que
le había dicho; pero en vez de contestarme comenzó
á llorar, y limitóse á decir que ya lo sabría más tarde,
«~ues bien, repuse, al menos dime una sola cosa, dime
si tu imperdonable visita á Fitzgerald tiene alguna re·
)ación con ese hombre odioso ... con ese Craster á
quien tanto abimecemos. Si no respondes, supondré
que no me engaño.» Aretusa permaneció silenciosa;
preguntéla si conocía ya su llegada, y confesó que sí,
mas no pude arrancarla una sola palabra más. Es evi·
dente que Aretusa, al tener noticia ·del regreso de ese
hombre, dejó de pensar en Fitzgerald, á quien ya comenzaba á querer un poco, y sin duda fué á verle para
suplicar que no se presentara mañana á pedir de nuevo su mano, á fin de no ponerla en el caso de repetir
su negativa, exponiéndola á nuestras recriminaciones.
- ¡Pobre Fitzgerald! Mucho temo que tengas razón en cuanto dices. Después de someterse á un año
de prueba, y cuando solamente faltaba un día para
que ese buen joven fuese feliz y se cumplieran nuestros deseos, hete aquí que el odioso Craster reaparece de nuevo.
- Ya lo sé, pero lo esencial ahora es pensar en
nosotros mismos y no en Fitzgerald. No podríamos
tolerar que un hombre tan aborrecido como Craster
entrase á formar parte de nuestra familia, y por lo
pronto urge alejar de aquí á nuestra hija, tanto más,
cuanto que ahora llega su atrevimiento hasta el punto de salir de casa á hurtadillas y no contestar á lo
que se la p~egunta.
- Será necesario hacer.Ja prometer bajo su palabra ...
- No me fío de promesas; he conocido muchas
jóvenes que después de hacerlas se perdieron, y en
mi opinión ...
La entrada de una tía de Aretusa interrumpió á la
señora Folet.
- Hermana mía, dijo después de haber saludado;
solamente permaneceré algunas horas en Londres,
y vengo á preguntarte si quieres que me lleve la niña
para tenerla un mes en el campo.
- La proposición no podía ser más oportuna, contestó el Sr. Folet.
- Sí, ha venido como de molde, añadió su mujer;

'

LA

733

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Aretusa vaciló en contestar, y miró alternativa·
siete millas de distancia no es nada mientras se pue- que el hombre á quien ama está herido, porque esto
mente
al ama de gobierno y á su padre.
sería para ella un golpe mortal.»
da disponer del telégrafo.
Pues
debía usted saber, dijo al fin, que le amo.
Fácil
era
evitar
que
Aretusa
se
enterase
de
nada,
- Pues aceptamos, dijeron á la vez los dos cón- ¡Pobre niña!, murmuró el Sr. Folet.
porque estaba enferma y no recibía diario alguno
yuges.
- ¡Oh! Es preciso. Usted permanecerá á mi lado
- Sí, pero ¿no se opondrá Aretusa?, observó el se· ni visita.
durante
la entrevista y oirá cuanto voy á decirle.
El
día
en
que
fué
á
buscará
Fitzgerald
cogió
un
nor Folet.
- ¡Nada tienes que decirle, absolutamente nada!
- Será preciso que nos obedezca, repuso su mujer. fuerte resfriado á consecuencia de la lluvia, des¿De qué le hablarías?
- No creo necesario que interven- Debo pedirle perdón por haberle
gan ustedes, replicó la tía, _pues Aretuocasionado esta desgracia ... Todo ha
sa desea también marchar.
sido por mi culpa.
- ¡Perfectamente!, exclamó el señor
- Mucho temo que esto último sea
Folet; más vale así.
verdad; pero ya no hay remedio, y tra- ¿Y por qué deseará irse?, replicó
tar ah0ra de consolarle sería inútil; lo
su mujer, á quien estas palabras infunúnico que conseguiríamos sería entrisdieron desconfianza. Me parece extecerle más.
traño.
- ¡Consolarle! Quiero hacer más aún
- Según parece, le complacería disque esto;debo relevarle de una promesa.
frutar un poco de la tranquilidad del
- Supongo que será para renunciará
campo, repuso la tía.
él,
repuso el padre con expresión inConvenido el viaje, los señores Foquieta.
Jet llamaron á su hija, hiciéronla pro- De ningún modo, después de lo
meter que no escribiría á Craster ni trasucedido,
si es que él me acepta.
taría de verle, en lo cual consintió la
- ¿Y me condenarías á la triste situajoven; y con esta condición se la perción de tener por yerno á un hombre
mitió marchar al día siguiente con su
que nos haría desgraciados á todos? Detía para pasar un mes en el campo.
berías leer lo que de él dicen los diarios.
Esto sucedió el día 5 de diciembre,
- Todo cuanto digan es injusto, y los
y el 6 los diarios publicaron numeque
tales cosas escriben ignoran ,la verrosos detalles sobre la tentativa de
dad de los hechos. Tan pronto como
asesinato contra el Sr. Craster, y la
yo le vea ...
detención de Fitzgerald, á quien se
- ¡Verle tú! No consentiré de ningún
acusaba de este delito.
modo que te pongas así en evidencia.
La señora Folet telegrafió al punto
- ¡Padre, por Dios! Advierta usted
á su hermana, diciéndole: «No dejes
que
apenas me queda fuerza para cumllegar niogún diario á manos de Areplir con mi deber.
tusa. Mañana recibirás carta.»
- Lo que tú debes hacer, repuso el
Al otro día, en efecto, escribió lo
Sr.
Folet, es venir conmigo á la sala de
siguiente:
espera para descansar un poco, y des«Querida hermana: E s preciso que
pués tomaremos el primer tren. Llega·
Aretusa no sepa nada acerca del cridos á casa, podrás hablar con tu madre.
men á que ha dado lugar por la im•
. - ¡Con mi madre! Bien sabe usted
prudente entrevista que solicitó de
que jamás podemos entendernos, por ·
Fitzgerald para decirle que debía re·
que no quiere escuchar explicaciones.
nunciar á su mano porque Graster
- Vamos, hija mía, vamos á casa, y
había vuelto. No debe saber tampoco
a\lí
hablaremos los tres. Ya hemos &lt;lis•
que éste se halla gravemente herido,
cutido aquí lo suficiente para que todos
pues tanto la ciega su pasión, que sería
los diarios hablen mañana de este encapaz de escapar para ir á cuidar á ese
cuentro.
hombre, ó cometer alguna otra locura.
- Padre, repuso Aretusa, tan pálida
¡Qué suerte ha sido para mi hija librar•
que
llamó la atención de los que se dese de Fitzgerald! Tenía éste tan butAretusa cogi6 un pedazo de papel para encender de nuevo el fuego
tenían
por curiosidad, y que ya comen
nas relaciones y envidiable posición y
zaban á formar grupos alrededor del
era tan bien recibido en todas partes,
que no creímos necesario tomar informes acerca de pués empeoró con el viaje y al día siguiente hubo de padre y de la hija; padre, es preciso que yo le vea.
El aspecto de Aretusa inquietaba á su padre, y por
él; mas veo que le hemos dispensado demasiada con- guardar cama.
He aquí por qué, á pesar de hallarse solamente á eso accedió á conducirla al hotel donde se hallaba
fianza, pues ahora resulta ser un asesino. ¡Quién lo
hubiera dicho! Tanto sentimiento me causa su ma'.- veinte millas de Stafford, donde Craster estaba he- Craster. Proponíase acompañarla hasta la casa con
dad como el haberme engañado respecto á su ca· rido y Fitzgerald en una prisión, seguía tan ignoran· el ama de gobierno, sin decir una palabra más; hacer
te del hecho como un habitante de los antípodas. entrar á su hija en una habitación, bajo el pretexto
rácter.
Sin embargo, llegó un día en que pudo sentarse de que debía esperar allí hasta que se diese aviso á
» Mi esposo y yo convenimos en que nunca se de•
mostró la culpabilidad de un hombre tan palpable- junto á la chimenea. Sus tíos, que la dejaban sola Craster de su llegada, y tratar entonces de persuamente como ahora en la persona de Fitzgerald. Enlc- algunas veces, habían ido á un pueblo distante doce dirla. Tomaron un coche en la misma estación, y el
quecido y furioso al ver defraudadas sus esperanzas millas para asistirá un bautizo; y Aretusa, distraída Sr. Folet &lt;lió las señas en voz muy baja al auriga, teal cabo de un año de espera, apenas Aterusa le dijo con la lectura de un libro, dejó apagar el fuego. Al meroso de que alguien le oyera.
- ¡Me ha engañado usted, padre mío!, exclamó con
que debía renunciar á su mano, corre á Liverpool para notarlo cogió un pedazo de papel para encenderlo
acento
de amargura Aretusa al llegar al hotel. ¡Esto
de
nuevo,
y
al
fijar
en
él
la
vista,
palideció:
acababa
tomar venganza. Aho~a se sabe muy bien todo 7uan.
to hizo durante las veinticuatro horas que mediaron de leer los nombres de Craster y Fitzgerald en letras no es una prisión!
- ¡Claro es que no! Pero ¿á quién deseas ver?
desde que se despidió de mi hija hasta que di_sparó mayúsculas y la fea palabra asesüzato.
- ¿A quién ha de ser sino á Fitzgerald?
.
el tiro contra Craster; y co.mo tú no lees ningún
- ¡Gran Dios! Yo creía que se trataba de Craster;
Tres horas después, Aretusa, debilitada aún, pero
diario de importancia, voy á referírtelo.
»Fitzgerald durmió aquella noche en el hotel de poseída de la mayor excitación, tropezó con un ca- y hubo un tiempo en que me hubiera agradado mucho
Alejandra, trasladóse á la mañana siguiente á bordo ballero al apearse del tren en Stafford, y al volver la oir lo que ahora dices.
- Seguramente le agradará también ahora.
del vapor, donde quiso trabar conocimiento con cabeza para decir que la dispensase, vió que era su
- ¡Oh!Ahora tiene las manos manchadas de sangre.
mismo
padre.
Craster; pero como éste le rechazara, siguióle al ho- ¡No es verdad! ·Dé usted al cochero orden de
- ¡Aretusa!, exclamó con el mayor asombro, auntel de la Emperatriz y luego á la estación. Una vez
conducirnos á la prisión, y se lo explicaré todo.
aquí, instalóse en el mismo coche, y aunque había que sin acento de enojo.
Aretusa refirió todos los detalles, demostrando.así
- ¡Padre! ¿Usted aquí?, dijo á su vez la joven retomado billete para Londres, al ver que aquél en
á su padre que Fitzgerald era inocente.
cuyo seguimiento iba dejaba en Lartington el tren, trocediendo un paso.
- Fué una estupidez dar semejante paso, dijo el
- Y tú, ¿qué haces en este sitio?
apeóse igualmente. El jefe de la estación oyó cómo
señor
Folet cuando se hubo enterado de todo .. Fitz.
¡Oh!
¡No
se
enfade
usted,
padre!
Sólo
desde
hace
Craster decía á Fitzgerald que estaba ya harto de su
espionage; pero en vez de irse, el segundo trató de un momento sé lo que ha ocurrido. Vengo á verle. gerald podía haber hecbo algo para proteger á CrasEl Sr. Folet se apresuró á conducir á su hija á un ter hasta Londres, pero aunque llegara en salvo hasta
persuadir al primero á tomar asiento en un vehfc~lo
sitio
más retirado, y su rostro expresó cierta satisfac- aquí, no por eso estaba fuera de peligro.
que acababa de alquilar. Craster rehusó con enoJo,
- Tal vez no; pero después de lo que le oí decir á
pero Fitzgerald le enseñó una carta que al parecer le ción al ver que la seguía una mujer de edad respehizo cambiar de idea· mas como si quisiera asegurar table, manteniéndose á cierta distancia como para usted, imaginé que si llegaba á la ciudad en salvo no
tendría ya nada que temer. De todos modos, yo promejor el golpe, retro~edió para preguntar si no. había no oir lo que se decía.
cedí así suponiendo que sus palabras se referían á un
- ¿Quién es esa mujer?, preguntó.
ningún camino menos frecuentado que conduJera á
informe secreto y no podías oportar la idea de que el
- Es el ama de gobierno de mi tía.
Mouncey. El jefe de la estación sospechó algo malo
hombre á quien una vez amé fuera sacrificado sin
¿Conque
no
has
venido
sola?
y no quiso informarle. No le faltaba razón para ello,
- No, señor, eso no; pero deseaba verle cuanto levantar yo un dedo para salvarle.
puesto que un cuarto de hora después Craster caía
- Como quiera que sea, insisto en que cometiste
antes, y el ama consintió en acompañarme.
herido de un balazo.
una
locura, y por mi parte ...
¿Pero
has
perdido
el
juicio?
»Fitzgerald, que confiaba en hacer re.caer las sos- Todos cometemos algún error en la vida, padre
- No intente usted detenerme, porque es forzoso
pechas en otro hombre, no trató de hmr, y fué dete·
mío; y yo no me arrepentiré nunca de este, pues por
nido: había arrojado su revólver después de h~~er que yo le vea.
él amo á Fitzgerald más que antes porque sin vacilar
Hija
mía,
comprendo
que
esto
es
un
golpe
te·
cometido el crimen, pero se encontró cerca del sitio,
accedió á mi deseo, prefiriendo mi felicidad á la suya.
Importa mucho, hermana mía, que Aretusa no sepa rrible para ti, pero seguramente no le amas.

... .. .. ..

.

�L A 1LUStRACIÓN ARTISTICA

734
- Ya hemos llegado, dijo el padre, al ver que el
coche se detenía; yo había venido á Stafford para
ver al preso, y tengo un pase que nos permitirá llegar hasta él.
El sei1or Folet y su hija entraron en la prisión, y
fuuon conducidos á la celda que el preso ocupaba.
Fitzgerald se levantó de su asiento al oír que abrían
la puerta y dejó escapar una exclamación de alegría
cuando vió á sus visitantes.
- Vengo con mi hija, como usted ve, dijo el señor
Folet al entrar, y por esto comprenderá...
- Sí, sí, interrumpió Fitzgerald; la presencia de
ustedes aquí me basta para demostrarme 51u7 reconocen mi inocencia ... y en cuanto á la senonta Folet, añadió, volviéndose hacia la ·joven, deb~ estar
persuadida de que hice cuanto estuvo en m1 mano
para cumplir con sus instrucciones. No se me puede
atribuir la culpa de que mis esfuerzos hayan resultado inútiles. Por fortuna, el herido se restablecerá muy
pronto, según dicen.
- Sé muy bien todo lo que usted ha hecho, contestó Aretusa, y me alegro que el herido se halle en
vías de curación; mas no porque me inspire el interés de otro tiempo, pues de hoy en adelante ...
- ¡Acabe usted!, exclamó Fitzgerald, fluctuando
entre la duda y la esperanza; de hoy en adelante ...
- Usted lo será todo para mí, añadió Aretusa,
fijando en Fitzgerald una mirada de cariño y otra
en su padre, como solicitando su aprobación.
El señor Folet estaba radiante de alegría; no esperaba un desenlace tan conforme con sus deseos.
Inútil parece añadir que la inocencia de Fitzgerald
quedó palpablemente demostrada con prue?as irrecusables que no dejaban lugar á la duda; y sincerado
del crimen que se le imputara, obtuvo la mano de
Aretusa en justa recompensa de su abnegación.
TRADUCIDO POR

E. L. V ERN J,:UIL.

SECCI ÓN CIENTÍF ICA
FÍSICA SIN APARATOS
EXPERIMENTOS DE FUE RZA CE NTRI F UGA

El .experimento que vamos á describir tiene la
ventaja de causar cierta emoción entre los especta·

Fig. r. Experimento de fuerza centrifuga ejecutado con un plato
y un aro de servilleta

dores y de ser al propio tiempo en extremo curioso
desde el punto de vista mecánico.
Tómese un plato ordinario y colóquese en el centro del mismo un anillo de servilleta liso; por ejemplo,
un anillo de marfil cortado en bocel ó de madera
barnizada con laca, de quince milímetros de altura.
Cójase el plato por los bordes en los extremos de un
diámetro y arrójese al aire á fin de hacerle dar de
esta manera una vuelta completa sobre sí mismo,
como lo indica la fig. 1: el plato entonces caerá en
las manos del que ejecute el experimento y el anillo
permanecerá inmóvil y como clavado en el fondo gel
utensilio culinario. La rotación del plato se ha efectuado alrededor de un eje que pasa por sus bordes,
siendo fácil comprender que en este movimiento el
anillo de servilleta ha sido aplicado por la fuerza
centrífuga contra el fondo del plato y le ha sido imposible escapar.

NúMERO 516

NúMERO 516

Una de las tases interesantes de este experimento pues es tan sencillo, entran en él tan pocos elees que se puede, á voluntad y avisando previamente mentos mecánicos, que de resultar práctico este moá los espectadores, hacer que el anillo quede adhe- tor se aproximaría mucho al bello ideal en mat'erido al plato ó lanzarlo á lo lejos. Para esto último ria de motores.
basta producir el movimiento de rotación del plato
Para dar á nuestros lectores una idea del principio
alrededor de un ~je que pase muy cerca del fondo ó en que el aparato se funda, partiremos de la base
que esté fuera de éste: en tal caso, se ve inmediata- del manómetro común : sabido es que éste consiste
mente quo la fuerza centrífuga arranca el objeto del en un tubo en forma de herradura de metal elástico,
plano en que está :Colocado y lo proyecta contra la cerrado en sus lados y de sección no horizontal, sin-,
cara del operador ó contra los inofen.
sivos espectadores del experimento.
Este sale muy bien con un plato
sopero. Es evidente que en el plato
puede ponerse un objeto cualquiera,
un tapón de corcho, un pedazo de pan
ó'.de cartón, un cuchillo, una llave, etc.:
algunas personas especialmente hábiles ejecutan también experimentos poniendo en el plato algunos alimentos;
basta para ello que el objeto colocado
no resulte demasiado alto.
A propósito de fuerza centrífuga merece citarse el experimento que el profesor Van der Mensbrugghe ejecuta
todos los años en su cátedra de física:
al extremo de un bramante de 30 ó 40
centímetros de largo ata una cadena
metálica de pequeños eslabones de una
longitud total de 2 5 á 35 centímetros
y cerrada en sí misma. Manteniendo
el bramante vertical, imprímele un
movimiento de rotación rápido y en el
mismo sentido como si quisiera retor- Fig. 2. Cadena que forma~un círculo horizontal al extremo de un bramante
cerlo entre sus dedos (fig. 2 ): la cadena, ·en un principio: se abre (fig. 2 A), y aumentando. elíptica, con el eje principal de la elipse perpendicuel movimiento de rotación de aquél la materia pesa- lar al plano de la herradura. El tubo arqueado tenda, ó sea la cadena, es rechazada cada vez más lejos drá una forma determinada cuando por el agujero
y acaba por formar un círculo en un plano horizon- comunique con el aire exterior, y si se introduce con
tal. En este movimiento el bramante describe una presión en él vapor, gas ó un líquido, la citada forma
especie de superficie conoide deformada por la fuer- de herradura se modifica en el sentido de alejarse
za centrífuga.
uno de otro los dos extremos del aparato, alejamienLa fig. 2 B da el aspecto exacto que el pequeño to que medido por una palanca denota la presión
aparato ofrece á la vista durante la rotación.
del vapor.
Del mismo modo un mango de pluma fijado á un
Trouvé utiliza este instrumento para elevar sumocordón por uno de sus extremos toma una posición tor: por medio del tubo arqueado en herradura une
casi horizontal.
directamente dos grandes alas A y B, como lo repre•
senta el grabado, y produce en el interior del mismo
(De La Nat11re)
diferencias de presión que varían rápidamente, con
lo cual las alas se ponen en movimiento con una
rapidez igual á la de aquellas diferencias. El mecanismo de las alas es de tal modo que éstas sólo enN UEVO APARATO PARA VOLAR D E GUSTAVO TROl"VÉ cuentran la resistencia del aire en su movimiento
descendente, con lo que se eleva el aparato al cual
l !La humanidad ha perseguido en todos tiempos la se imprime dirección por medio de una aleta caudal
solución de algunos problemas favoritos, varios de gobernada por una palanca C y de un timón situalos cuales han sido al fin abandonados por imposi- do en la parte de proa. Para obtener las diferencias
bles: de tales pueden calificarse los de la piedra filo- de presión necesarias para el movimiento del tubo,
sofal, de la cuadratura del círculo y del movimiento se producen en el interior de éste, á intervalos decontinuo que, sin embargo, han sido fuente de mu- terminados, explosiones de gas fulminante que en
chos y admirables adelantos y descu0rimientos en la cantidad suficiente se lleva comprimido en un cilinquímica, en la geometría y en la mecánica. La ciencia dro. En el modelo, esta instalación .está sustituida
tiene entre otras la inmensa ventaja de que aun per- por la cámara de revólver D que, movida por las
siguiendo fines absurd.os, los estudios y trabajos que mismas alas, hace explotar doce cartuchos de pólvopara lograrlos se venfican conducen indefectible· ra, cuyos gases penetran en el tubo del manómetro
mente á la conquista de nuevos progresos.
por el otro tubo que se ve en el aparato y cuyas
En nuestros días son todavía muchos los que se paredes son muy resistentes.
ocupan en un problema acerca de cuya posible soluEl modelo puede, con esta carga de doce cartución no se ha dicho aún la última palabra. Nos refe- chos, volar en sentido horizontal y con un peso de
rimos al del aparato para volar,
que hasta ahora
no se ha resuelto
práticamente, pero que quizá se
resuelva cuando
s·e disponga de
motores de muchísimo menos
peso que las máquinas actualmente conocidas,
La comparación que se ha
querido establecer entre los buques y los globo¡
aerostáticos es de
todo punto falsa,
pues en estos úlNuevo aparato para volar de Gustavo Trouvé
timos falta precisamente el punto
de apoyo que aquéllos tienen en la masa de agua tres y medio kilogramos en una extensión de 75 á
Inspirado en esta idea, el investigador M. Gustavo 80 metros, cayendo después al suelo lentamente graTrouvé ha construído un motor. originalísimo que cias á sus alas y á su aleta caudal.
aun cuando no resuelva el problema puede llégar
á desempeñar un papel importante en la técnica,
(Del I'ro111etheus)

735

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Las casas extranjera.e que deseen anuncia.rae en LA ILUBTRAOIÓN ARTtSTIOA diríjanse para in!ormes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.umartln;

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T COlC TOJ&gt;OS LOI nncamos fflJTJUTI\'O1 IOLtJILBI H U CAIUfB
e .&amp;a.u 1 g1111H I son 101 elementos que entran en Ja comtlOliclon de t!lte potente
19p1ndor de la.a tuerzas '11.ales, de eate fenl■eaa&amp;e per e■eeíeaela. De un ¡ruato m1111111ente a¡rad&amp;ble es 110berano contra la Anemill 1 el J.,ocaf!lúnlo, en la.a CIUlltlwU
., Coni,allcenetas¡ oo'nlra las
y las .AfeccwttU del llllOfflaQo ., loe
cuando ae lma de desper\a.r el apetito, asegurar Ju dlgeatlonea, reparar laa fnerlU,
enriquecer 1a angre, enl.Onar el organismo y precaver la anemia y laa epidemiu provoCldú por 101 et.lores, no ae conoce nada mpenor al Wia• de gaüaa de .&amp;reall.
IM e,qor• • Paria, ell
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En toda, la, Farmacia,

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Partlci]lllndo de laa propiedades del Iodo
'! del Blerro, estas Plldoras se emplean

Lu

eSJ)ecialmente conlra las ••crofulu, la

Ptnna ... ctDNftlu

Túl■

y la Debhldad de temperameuto,
as! como en todos los casos(PiUdo■ colore■,
.&amp;11aenerrea, ••&gt;
,en los cuales es necesario

PILDORAS~~DEHAUT

,obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
au riqueza y abundanclli. normales, Oya para
provocar O re¡ularizar su curso periódico,

Dlt ..Al'lla

•• titubeo 111 l'Dl'fll'II, ftllJldO lo
IIICflÍWI, No c.m,11 ,1 IICO .Di ,1 CIII•
~cio, ,O"fW, co11er1 lo que meede eoa
•~ omu parguc.,, 11te 110 obra Mea
G.DO caudo Htomkan buena.anm,nto,

1"ta?,~

·. A~/'A--?f)s rarmar.tuttco, o Pal'II,

r1)ebidulortllieuw, cual elnno, elutl,

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,..,., -·· ' N• 8•Elesioduro
de hterro tmpuro Oalterado
un medicamento llffiel é Irritan te.

e U. Cada eaal ~ • , para JYU'fll'tle, la
llora 7 la comida gue ma, le conYienen,

'"J'Ul 1111 ocapecioau, Come el caa,u
CJO tu• la IIDl'p oeufona queda completamateuulldoporeliftctodeIa
lua■ ••nlacfon e-,_Inda,uo
S! iec:1&lt;, Mcílmeate II rolnr

Como prueba de pureza y de autenticidad do

... .....,.,

Qutl'ld• enfermo. -FIi•• Yd. • 111/ /uta uperien,la,
1 Aa,a no duu11lro1 l/fAlt08d• SALIIQ, pue, 1//ol
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CLORÓSJS. -

ANÉMJA. -

ARGANTA

LINFATISMO

VOZ y BOCA

El Proto-IodlU'o de :IIierro e, ,1 reparador 11• la &amp;&amp;ZJ{1red rortiflcante y ,1 microbicida 1or e:a:::celen cla.
11Jarabe11u Grajea■ 1:01 pNlto-loduro •• l lem ••F. Gflle,

• Soberano remedio para ripida curaeion de 111 Afeocione■ del peoho,
Catarroa,Mal de gargaDta,Bron•
quitJ.a, RHfriadoa, Romadisoa,
de los Reumati1moa, DolorH,
Lumbago■, etc., SO año• del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derintivo recomendado por
101 primero• ~ de Paria.

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J'M"'"'

no potlrlat1 , .,. t1,1114114t1o r,com,,,tlatlo1 .,. ,...,.¡,. IÜ " '
g,,lml&lt;G, d•
" ' inalt&lt;rabilitlad II de ,,. 1olvlxlitlad comtonlu,
(Oa&lt;, to ti• to, B o1,«ol11).
011'daITO GllflftAL: 45, Rue Yauvllllers, PARIS. Deposito en todu lu hrmaclu .

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llleomedadu conIra 101 llal• de la Gugauta,
ZXtmolon• de la Vos, lllflamaolon• da la
- - , Eteoto■ pern.lolo■oe del Keroorlo, lrl•
taolon que produoe el Tabaoo, J 1pecial11&gt;11nle
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i loa Siin PREDICADORES, &amp;JIOG.&amp;.1&gt;08,
PROFESORES y caNTOREB para facililar la
emioiou de la TOS, - Puao : 1:¡ Rut.al,

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rotulo • /lrmtJ

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A.dh. l&gt;ETBA.H, Fanuoeutl.oo en PA.IUII

D1p611to ,n toda, ta, Farmacta,

ENFERMEDADES
t\

LA SAGRADA BIBLIA

Jarabe Laroze

EDICIÓN ILUSTRADA

'- 10 oéntii:no ■ de pes eta l a
e n trega de 18 página■

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Se ca.laa pNtspectoa i ~1lica loa ■oUatc
6iglbo4otc Aloa Sra. Moatuer y Suda, ..Utor•

Desde hace mas de 40 aflos, el J'arabe Larose se prescribe con é:r.ito por
todos los médicos para la curacíon de las gastritis, gastraljlaa, dol~~..
y retortijones de estómago, estreñimiento~ rebelde■, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las !U:11c1one1 del estómago 7 de
los intes tinos.

JARABE

a1BroD1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS
.

Füria, Espediciones: J.-P. LAROZE
Deposito en todas las

-

!, ,aedea Liom-Sl-PHI, l Para. ,,

princip&amp;Je■ Botica■

Y Droguerlu

, PIIEMJ O

PATERSON

eon BISMUTHO y MAGNESIA
Recomendados conlra las Afeccion es del E stó-

mago, Falta de Apetito, Diges tiones laborl011as, Aoedlas, Vómitos, Eructos, y Cólicos;
regularlzau las Funciones del Estóma go y
de los IJKeatmoa.
·
Er/f/ren e/rotulo a firma de J. FAYARD.
&amp;dh. DETBAN, Farmaoeutloo en PAlU8

JARABE Y PASTA .
de H. AUBERGIER

:iooo ,,.
con :t.A0'l'V0.AJUl7K (Jugo lechoso de Lechuga)
.Aprobados por la .Aca d emia de Medicina de Paria 6 insertad o&amp; en Ia Colección
O.ticlal de Fórmula&amp; Legalee por decre to minis terial de 1 O d e Marzo de 185 4.

de

Es·el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del ooruon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de .~•-Vito, insomnios, 0011'nllsiones y tos de ¡05 niños durante la denüc1on; en una palabra, todu
las afecciones nerviosas.

. SOCIEDAD
, de Fomento
, r!!{tdalla
· , d1 fro.

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

« una completa innoculdad, una encac!a per!eclamente comprobada en el catarro
' ept1Umtco, las Bronquttts, Catarros, Reumas, Tos, a3ma étmtacwn de la garganta, han
• grangeado al J ARAUE y PASTA de AUBERGIER una Inmensa fama. »

, (E:itracto del Formulario MUico del S" BoucAardat catedrdlico de 111 Facultad de Medicina (26' edicidn).

•

'

Venta por mayor: COMAR T e•, SS, Calle de St-Claude, PARlS
DEPÓSITO EN LAS PRINCIPALES BOTICAS

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

736

NúMERO

516

en la de D. Arturo Simón, Ram·
hla de Canaletas, 5.

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN
por a11tores ó ediloi-es

NIETOS DE APOLO, humorada representable, _por D . Luis
Cánovas. - Es un a ingeniosa
composición poética en alaban·
za del eminente poeta D. Ramón de Campoamor. Apolo,
acompañado de Cervantes, recorre la tierra española en busca de un poeta, y ya se dispone
á volver al Parnaso sin haber
logrado su objeto, 01ando se le
presentan personificadas en sus
protagonistas las principales
creaciones del autor de las Doloras: el dios reconoce á aquellos hijos de Campoamor como
sus nietos predilectos. Este es
el argumento de la humorada,
cuya versificación se ajusta en
los parlamentos :le los diversos
personajes al mismo metro y al
mismo estilo en que habla cada uno de ellos en las composiciones del poeta,
Niet~s de A polo constituye un
librito de interesante lectura
que se vende al precio de 1'50
pesetas en las principales librerlas,

ZARAGOZA ARTÍSTICA, MO·
NUMKNTAL É HISTÓRICA, por
A y P. Gascón de Gotor. - Los
cuadernG&gt;s 40 á 43, que son los
últimamente publicados de esta
interesantisima obra, contienen,
además del excelente texto,
ocho bellísimas fototipias que
reproducen: la cúpula de la
iglesia de San ~iguel; una Pj·
gina de un c6d1ce árabe (ano
806 de la hégira) de la notable
colección de D. Pablo Gil y Gil;
un Hércules de bronce, propiedad de la casa de Ran; un fragmento del artesonado de la sala
de Santa Isabel del castillo de la
Aljaferia, existente en el Museo
Provincial de Zaragoza; una
puerta de la Mezquita del palacio de la Aljaferia; un detalle
del templete de los baños árabes; un detalle de la Torre Nueva y el torreón de la casa Torten.
En la cubierta del cuaderno
43 aparece una sentiJa y patriótica protesta de los autores de
la obra ·contra el acuerdo, al parecer tomado, de demoler la
Torre Nueva, ese hermoso monumento, que es orgullo de españoles y admiración de extranjeros.
Suscríbese á la obra, que se
publica por cuadernos semanales al precio de una peseta uno,
en casa de los autores, Contamina, 25, 3. 0 , Zaragoza, y en Bar·
celom1 en la librer!a de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5.

LA ESTATUA Á D. EUSEBIO
DA Gu AR DA. - En este folleto
están reunidos todos los documentos referentes al monumen•
to que el pueblo de la Coruña
ha elevado á su preclaro hijo y
generoso bienhechor: contiene
también los discursos pronunciados en el acto de descubrirse
la estatua y una vista del monumeato.

• ••

•••

PERSONAJES ILU STRES. IlARTZENBUSCII, por A. Fernández-C11erra. - CÁNOVAS,
por D. Ramón de Ca111poamor,
- La colección de biografías
de personajes ilustres que pu·
blican los Sres. Sáenz de Jubera hermanos, de Madrid, aca•
ba de dará luz las de D. Juan
Eugenio Hartzenbusch y de_don
Antonio Cánovas del Castillo,
escritas por los Sres. Fernández-Guerra y Campoamor respectivamente. Los nombres ~e
los biografiados y de sus biógrafos es el mejor elogio de estos dos estudios que forman dos
elegantes tomitos ilustrados coe
retratos y autógrafos.
Véndense al precio de una
peseta cada tomo en las principales librerías, y en Barcelona

BREVES INDICACIONES SO·
BRE EL CULTIVO DE LA CEPA
AMERICANA, por D. Lttis M.
/ordi. - El autor de este folleto
consigue plena~ente llenar. el
objeto que, segun sus prop1~s
palabras, se propuso al escnb1rlo, puesto que sus indicaciones
son un gula de lo más necesa·
rio que deben tener en cue?ta
los viticultores que al cultivo
de la cepa americana se dedican, expuesto en lenguaje cla•
ro, sencillo y compendiatl~ y
con todos los datos necesarros,
así sobre las diferentes especies
de cepas como sobre las distintas clases de tierras en que dehen cultivarse.
Este folleto ha sido impreso
en la tipografía de D. Mariano Alegret Colom, de Figueras,

LA GIGANTA ROSITA. (De una fotografía.)
Joven vienesa que actualmente se exhibe en uno de los teatros de Berlín .
• 1

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

illt\l~DESdeIEBro~

t-+-"~

--+-

~flo

Pepsina Boudault

Enfermedodesd,1 Pecho

....,..,.,..,,.., VA.LDB D.B BlYOLl• J 60, P..a.Bl8, lf e10 tod ..• ta• Jr•..rtt•ae'4Ja

El JARABE DE B.R.lANTrecomendal.lo

desde su principio por los profesores
Laennec, Thénard, Ouer■an~ etc.; ba recibido 111 cooRagracfón del tiempo : en el
año 1829 obtuvo el privilegio de Invención. VCllDADEROCONFITE PlCTORAL, con base
de goma y de ababotes, convlene,.sobro tollo a las personas 118llca&lt;la.s como
mUJeres y niños. su gusto excelente no perJudlca en modo a.Jguno 11. su incacla
con Ira 108 RESFRHDOS y to&lt;las las IIIFL.UIACl8,ES del PECHO Y lle 108 llfTESTIIIOS.

Jaraba Pectoral
DE

P. LAMOUROUX

!probada por la .lCADEII! DE IEDlCIN!

PREMIO OELINSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
M•dallM en la■ Expo1lcione1 lnte.rnacloo&amp;IH de

PAlllS - LYO!f - VIEIIA • PHIL.lDILPBU • PARIS
1867

11m

1873

1876

l8i8

. . ·••L•A. COJf I L aA.TOl i llTO D r.aa

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;OI 1&gt;1101.DINII DI LA. DIOIITIOII

Ante,, F1rm10,utico

CARNE, HIERRO y QUINA

•s, Calle VauvtWera, Parl1.

El Alimento mas fortificante UDido a los 'l'ówcos maa reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD
T COK TODOS LOS PllINCIPIOS !CUTBITIVOS DB U CARNE

ELIXIR. · de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT

e.tn!Ol, BIEaao y_ 'fllllll.tl Diez años de extto continuado y las aflrmactones de
todas las eminencias médicas preuban que esta asociaclon de la Carne, el Hierro y la
Quiua consUtuyo el reparador maa en~mco que se conoce para curar : la Clordlfi, la
1lnemta, las Jlemt~ aoloros1U, el Jlmpo/Jreamtnito y la "-lteracúm ae la sangre
el Raqufttsmo, lds .Afeccúmu ~crofulos/U Y e.scor1'utú:al, etc. El l'ia• Perruclno■o dé
.&amp;roud es, en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos
reguJ~1 coordena y aumenta considerablemente las tuerzaa ó tnrwide a la aan¡re
empobrecida y descolorida : el Ytqor, la Coll&gt;racwn y la Bnerota tntal.

P.ll\lS, Pharmaoie COLLAS, 8, rue Daup6íne

SB VKNDB BN TODA.S U.S PB.INCIP.u.BS BOTl&lt;aS

BAJO LA FORl(.l DE

r

m las prí•clpalea faNMc'4t,

El Jarabe de Pierre Lamourow: e,
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de la, tisana,, á
la, ct1,ale1 comunica m gusto agradable y su, propiedade, calmante,.
(Gaceta dt loa HospHales)

Dtp6alto General: 45, Calle Tmllllera, 45, ?üU
Se rende 1n toda, /u buena, f1rm1ola,.

Por OUIVOr,en Paria, en casa de J. FERRE, Farmaceutico, 10!, rue Ricbelieu, Sucesor ae AROUD

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0
:

1

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'

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mogun peligro para el cutis. 50 Años de Éxito, y millares de testimonio, garantizan la eficacia
de esta preparacion. (Se vende en oaJ11, ~ la barba, y en 1/2 oaJu para el bigote ligero). Pa~
los brazos, empléese el PILI f' UJl.it: DUSSER, 1, rue J ,.J,•Rouaaeau, Parle.

Que.lan rc1crvados l01 derechos de propiedad artística T literaria

hn.

n• MONTANn Y Sn,ó•

�</text>
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A&amp;o X

BARCELONA 23 DE NOVIEMBRE DE 1891

NÚM.

517

1

ADVERTENCIA. - El trabajo extraordinario que exige la ilustración de la obra, no nos ha permitido repartir con el presente número á los suscriptores de
la Bibliflteca Universal «LA GUERRA FRANCO-ALEMANA,» del general Moltke, primera edición ilustrada de las publicadas en Europa. Creemos que con
el próximo podremos hacer el reparto de la misma.

CABEZA DE ESTUDIO, cuadro de b. Manuel Felíu

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

como la cohesi6n que mantiene unidos los corpuli- á hurtadillas. No, no son las Memorias verdaderas
llos ó átomos en cada cuerpo. La vida en éstas se esos renglones á lo Goncourt, donde se gasta papel,
tinta, espacio, tiempo, letras de imprenta, moldes y
Texto. - M11rmuraciones europeas, por Emilio Castelar. - mantiene, se difunde, se perpetúa y perdura merced máquina para decir: «Domingo, etc., he comido casa
Navegación airea, por Hiram S. Maxim, traducido por E. á los besos de fuego que les manda el solitario y soL. Verneuil. - Colonia, la del Rliin, por Juan Fastenratb. - berano sultán de los espacios. Nuestro planeta va se- de Petters; por cierto que ahumaron mi plato favoNuestros grabados. - La idea fija, por Pablo Bonnetain, con guido por la luna, pálida ciertamente de las tristezas rito, la ternera en salsa.» Las Memorias deben re·
ilustraciones de Jeanniot, traducido por F. Moreno Godino. que dan los celos. Cuando un sol ha dado alguna cordar, no lo meramente subjetivo y personalisimo,
- SKCCIÓN CIENTfFICA: Física sin aparatos. La dilatación
lo naturalmente objetivo y trascendental de nuestros
de los merpos malos conductores del calor. Los autómatas. La tierra de sf, no la despide y lanza irremisiblemente
ob,a de Roberto Hotidln, por el prestidigitador Alber. - Li- á los espacios inmensos para que se pierda en sus actos, que interesan á todo el mundo y elevan hebros enviados á esta Redacción por autores ó editores.
inmensos abismos; la llama y atrae á su centro, cons- chos individuales á la estirpe y categoría de lo unitriñéndola con su coerción para que amorosa en tor· versal y humano. Si queréis estudiar la digestión os
Grabados. - Cabeza de estudio, cuadro de D. Manuel Fellu. no suyo quede y lo rodee con los abrazos de sus ar• importa lo-mismo estudiarla en el estómago de New- Las bellas artes, techo pintado por Antonio Coll y PL moniosfsimas elipses. Todas las estrellas desean tener ton que en el estómago de cualquier campesino
Navegación airea: Fig. 1. Máquina para probar la eficiencia
sus
respectivos satélites y todos los satélites dan á las hallado por casualidad en la primer encrucijada de
del propulsor C:e hélice y la fuerza ascendente de los aeroplanos. Fig. 2. Manera de unir los aeroplanos y fijar las hélices. estrellas con sus concertados movimientos como una vuestra calle al paso. Pero si habéis de contemplar
Fig. 3 Sección longitudinal del cuerpo de lamáquina. Fig. 4. serenata sin fin movida por ardorosa pasión. Esas y conocer el pensamiento, ya varía el interés que
Sección horizontal de los miembros del brazo largo. Fig. 5.
tenéis por una ú otra cabeza. Enciso resucita con
Dinamómetro y tacómetro fijos en la barra principal. Fig. 6. gradaciones en que los planetas están colocados, vaEl experimentador y sus ayudantes probando el dir.amóme- récenme una especie de amoroso himno y de cromá- suma sencillez, pero con grande animación, todos
tro. -Abandonada, escultura de D. Rafael Atcbé. - Sueño tica escala, como los requiebros del poeta en aspira- aquellos actos de su héroe conducentes á explicarde amor, cuadro de D. José Maria Tamburini. - La ,(Jrima- ciones ardientes á su musa, ó como las elegías en nos cómo en la cantera pentélica de sus facultades
domia, cuadro de H. Temple. - El czar eligiendo esposa, copia
suaves notas del músico á su amada. ¡Oh! Asi que la naturales talló una voluntad firme, sirviendo á una
del celebrado cuadro de Makowski. - Experimento de dila•
tación de los cuerpos malos conductores del calórico - Fi- vida vegetal comienza, también comienza con ella el vocación soberana, la estatua de aquel Orfeo divino
guras I, 2 y 3: El pastelero, el gimnasta y el guardia francés, amor. Cuando los capullos en una yema se vuelven que se llamó Gayarre. Cuando uno ha ejercitado
tres grabados que representan otros tantos autómatas de Ro- hacia los cielos para romperse y abrirse, buscan un arte tan dificultoso como escribir con claridad y coberto Houdfn. - Idilio de amor, cuadro de Modesto Faustini. suspiro del aire y un ósculo del día. La palmera des- rrección la lengua castellana, maravillase de que
de lejos pide á su compañero el efluvio, diluido en haya podido un profano empezar y concluir en bue•
los aires, á cuyo contacto ha de producir los dátiles no y propio estilo regular volumen, sin tropiezo en
bajo las palmas, en guisa de un áureo chapitel coro- los énfasis y las adjetivaciones y las hipérboles y las
MURMURACIONES EUROPEAS
•
nando la esbelta y geométri~ columna de su tronco. cacofonías y las mil dificultades encontradas á cada
POR DON EMILIO CAST&amp;LAR
Subid en las escalas y veréis c6mo el amor se difunde linea, lo mismo en la idiosincracia nacional nuestra
que en la naturaleza propia de nuestro rico y altisoMi Biblioteca. - Regalo de libros con dedicatorias autógrafas por doquiera. Estremécese como en sacudimientos
por los primeros autGres contemperáneos. - La 111u/er del nerviosos el pistilo, arróbase como en éxtasis místicos nante idioma. Enciso ha navegado con suma facilisiglo XX, por Julio Simón. - Memorias de Gayarre por Ju- la retina. Desde los primeros insectillos hasta los dad y fortuna entre los dos escollos en que podía
lío Enciso. - Juicio de la obra. - Gayarre niño en el Roncal. grandes mamíferos, todos los seres animados se com• estrellarse la difícil obra suya: entre la sonoridad
- Gayarre mozo en Pamplona. - Gayarre como tenor inciépica del sermón panegírico adobado con los múlpiente. - Gayarre laureado en los teatros. - Muerte de Gaya- pletan á si mismos y perpetúan sus especies respecrre. - Definitivo juicio sobre su caráctor y su genio. - Con· tivas al fuego del amor. Desde las mariposas que tiples adjetivos idiomáticos nuestros, ó la picardía de
clusión.
vuelan en torno de la flor como las tierras en torno novela familiar y realista rayana con los asuntos pidel sol, hasta las carniceras águilas que tienden sus carescos de nuestros dos siglos clásicos. No ha voI
alas sobre las nubes, todos los seres, los delicados y lado á Jo sublime, ni aun escribiendo de música,
los fuertes, obedecen al amor, nacen del amor y en para caer en cualquier icarada frecuentísima tras el
Mi pobre librería resplandecerá siempre por las el amor se consumen y mueren. El ha puesto la se- quiero y no puedo de los tontos; pero tampoco ha
dedicatorias autógrafas con que todos los escritores dosa guedeja en el férreo cuello de los sanguinarios por los suelos arrastrado al héroe que conserva en
modernos de nota la honraron y enaltecieron á por- leones; ha pintado con matice~ tan atractivos y con los mayores apuros provenientes de su ,pobreza la
fia en los treinta últimos años, desde todas las regio- toques tan metálicos, de iris tan múltiples abrillanta- nativa honradez navarra. Con esto, y con la feliz
nes americanas y europeas, al publicar sus libros. das, las multicolores alas del ave; ha inspirado esa ins- ocurrencia de no subrayar demasiado los hechos y
Lamartine, Hugo, Thiers, Gambetta, Dilke, Lub- tintiva é inconsciente arquitectura en el castor para no ampliarlos fuera de toda medida como hinchanbosch, Mazzini, Garibaldi, Favre y cien más, apenas la fábrica de su casa y en la golondrina para el arre- do un perro, Enciso ha dado un libro, cuyas amepublicaron un volumen durante su gloriosa vida, glo de su nido; ha hecho que los astros se sigan, que nas páginas serán saboreadas hoy con gusto por la
cuando, todavía húmedo, me lo remitieron, estam- los gorjeos se sucedan, que los cánticos suban en feliz generación que oyó á Gayarre y consultadas
pando su firma con algún cariñoso cumplido en las sinfonías interminables á lo alto y que por doquier mañana con provecho por cuantos quieran historiar
primeras hojas, que me recordara con tan propicia se oigan arrullos y besos, se vean los pequeñuelos en lo sucesivo la vida de nuestras artes.
ocasión su inalterable amistad. A esta costumbre, no unidos á sus madres y los machos á sus hembras, que
correspondida por mí, pues desconfiado del valor de todo suspire y todo arda, que aspiraciones universaIII
cuanto escribo, pocas veces dedico mis obras ni en les á un ideal palpiten hasta en los seres más rudipúblico ni en privado; á esta costumbre no falta mentarios, que los aguijones del deseo muevan las
nunca el insigne repúblico Julio Simón, de quien partículas de polen áureo depositadas en los pétalos
En la primera parte de su obra Enciso nos refiere
guardo un afecto muy correspondido por mi, el cual de las azucenas y la roja sangre agolpándose á los la vocación del tenor: en la segunda parte, c6mo ha
afecto crece con los años en intensidad como tam- corazones, que un calor benéfico inunde los espacios seguido el tenor esta vocación. Aunque no haya en·
bién mi grande admiración hacia él, no solamente como verdadero espiritual éter, á cuyo empuje y á tre las bellas artes ninguna, ni aun la poesía, en que
por la copia y mérito de sus obras, por la virtud y el cuya lumbre sintamos todos por igual el, precio de la todos mojemos tanto como en la música, desde la niesplendor de su vida. Parece imposible que, trans- vida y pugnemos por extenderla y perpetuarla en ñez primera los designados á episcopar dentro de las
curridos setenta y cinco años, quepan en tal edad tiempos sin término á generaciones sin fin. ¡Benditos armonías y los cánticos revelan las nativas propentantas faenas por él emprendidas y acabadas, cuyo sean aquellos que purifican en obras inmortales y siones suyas y el fin primordial para que fueron crianúmero y cuya importancia de seguro marchitarían con pensamientos altísimos el fecundo amor!
dos. Así como la vista del pintor se distingu_e de la
la más florida juventud y agotarían las más ricas
vista vulgar, distfoguese de los oídos vulgares el oído
fuerzas, pues no parece sino que lleva este hombre
músico. Gayarre hame contado á mi que le absorbían
II
singular en sí varios oradores, varios escritores, varios
y extasiaban todos cuantos sonidos regalaron, á guisa
estadistas, varios académicos, presente á un mismo
de auras, en las cumbres de sus montañas, en las ho•
tiempo en todas partes, y consagrado con todos sus
Otro libro acaba de llegar á mis manos, el escri- ces de sus valles, en las frondas de sus bosques,
medios á prosperar el bien público y á servir los in- to con sobriedad y elegancia verdaderas por Enciso aquellas orejas, tendidas hacia todos los ¡umores por
tereses humanos. Sus discursos en los centros litera- acerca de un objeto curioso, la biografía de Gayarre. el modo indeliberado é inconsciente, congénito y
rios, sus presidencias de ~sociaciones benéficas, sus Hale prestado nombre de M emorias al precioso vo- connatural con las grandes porfiadas vocaciones.
necrologías de los companeros muertos en las tres lumen su autor; y realmente á la obrilla le cuadra, ¿Quién pudiera describir la primera sensación des•
academias á que pertenece de antiguo, sus predica- pues no habiendo sido por la palabra del protago- pertada en aquel cantante natural por los susurros de
ciones difusivas del principio libe_ral tan combatido nista dictada, lo ha sido por sus hechos; resultando, la linfa en el arroyo, y por los estruendos de las cas•
y menguado en estos tiempos, su cooperación á todo en la natural ausencia de todo artificio literario y de cadas en el peñasco, y por el vibrar de los pinos en
trabajo útil é interesante para los demás quedarán toda solemnidad histórica, tan ingenuo relato, si no las montañas, y por el gorjear de los ruiseñores en el
como prueba de cuánto puede la lumbre de una escrito, vivido por Gayarre. Lo malo de las Memo- verjel, y por el beso de las brisas tibias en el rostro,
inteligencia clara y el calor de un afecto humanita- morias, lo que repugna en ellas al cabo, es un em- y por el estallido de los rayos én el cielo, dada su inrio cuando esclarecen y prosperan los humanos pro- peño tan fútil como la presentación de los actos re- contrastable atención á todo aquello que cantaba en
gresos. Entre las obras publicadas en los últimos ferentes á la vida privada, en que todos nos confun• torno suyo, componiendo las sinfonías misteriosas é
tiempos, de las cuales me ha remitido siempre un dimos, y que suelen despertar, magüer su vulgari· inextinguibles del músico universo? Los oradores de
ejemplar, encuéntrase La mujer del siglo XX, escri- dad, insano interés entre los aficionados á cosa de nacimiento dicen, aunque nadie los escuche, monóta en la parte metafísica y moral por él, y por el hijo suyo tan poco interesante como las vidas ajenas. En logos tras monólogos hasta durmiendo; los dramátimayor suyo en la parte fisiol6gica. Imaginaos á Pla- la biografía dada con fortuna y acierto por Enciso cos fingen dramas y urden situaciones interesantes
tón completado por Hipócrates ó Séneca por Plinio, á luz, todo entra dentro del dominio natural de la ó escenas teatrales en las circunstancias más vulgares
y tendréis una idea de tan hermoso libro, pensado y historia y todo está pidiendo la pluma del historia- y con los diálogos más ordinarios de su vida; los pinproducido para engrandecer y purificar el amor. ¡Oh dor. Pervertidos muchos hacedores de Memorias tores ven paisajes y más paisajes en la sucesión pa·
fuerza universal, fuerza creadora! El poema de la por la vanidad característica de algunos hombres norámica del espacio delante de su vista y componen
Creación está inspirado por el amor. No deben co- muy célebres, creídos en lo pueril de su orgullo cuadros y más cuadros en la lectura de cµalquier
nocerse con otro·nombre que este santísimo de amor propio que les importaban á los demás las minucias historiador verdadero; los poetas extraen la poesía
las afinidades misteriosas, aglomerando unos átomos de su vida tanto en si cuanto les importaban á ellos, de los objetos á primera vista más prosaicos; modesobre otros átomos y componiendo por medio de la han atiborrado á los lectores con especies tan ba• lan los escultores nativos idealmente sobre los pe·
cohesión los cuerpos. Amor se debe llamar esa fuer- ladies como el recuento de la primera papilla que druscos hermosos bajos relieves, como los astróno·
za de gravedad que á distancias inmensas mantiene mascaron cuando lloraban por sopas ó del primer mos convierten al cielo material todos sus pensamienunidas las moles enormes en una gran familia solar, amor que sintieron cuando fumaban en la niñez tos: que la vocación amanece y alborea con las almas,

NúMERO

517

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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SUMARIO

LAS BELLAS ARTES,

revestidas de todas las cualidades y hasta de todos
los defectos aquejados que conducen á la realización
y cumplimiento de sus personales destinos. La estrella que nos guía desde nuestra natividad á nuestra
muerte, quiso evocará Gayarre con su magia en una
montaña, donde lejos de oir los rippers, y los tran·
vías y los simones que oyera de nacer en Madrid,
entrábansele ¡ior los órganos de su audición las me·
Jodías del universo, como por los poros de su cuerpo
las emanaciones del heno. Yo no caeré, no, en la retórica pastoril hasta creer más escuela música los
apriscos de Navarra que los conservatorios de Way·
mar, y superior la zampoña 6 rabel de cualquier idilio á un buen violín de Paganini y á un buen piano
de Rubistein; todo esto equivaldría de suyo á traeros
mi buen Gayarre abrigado con pellicos de seda
en rama ó algodón en pelo, vestido con calzas de
raso blanco y polainas de cuero ruso, cubierto con
sombrerete de terciopelo adornado de lazos multicolores, soplando en las flautas áureas de cualquier Fi·
tivo de Academia, sobre muelle cojín de pluma y pin·
tada alfombra de Persia, junto a cualquier Amarilis
adobada con más colores que tiene la cola del ave
de Juno y ceñida con más brillantes que los guardados en las alacenas de Marzo; ¡Dios me libre de dis-

techo pintado por D. Antonio Coll y Pf

frazar así un artista eximio, todo verdad y naturaleza!; pero sí digo que quien jamás oyera el arrullo
postrero de una tórtola y el canto matinal de un
gallo, la esquila del ganado en los rediles y el mugido de los bueyes sobre los surcos, la campana que
llama en el crepúsculo vespertino de lejos á la oración cuando vuelven los leñeros cargados de tomillo
con la primera estrella de la tarde que nada en los
últimos arreboles del día; ¡oh! quien jamás ha oído
todo esto con amor, no podrá, no, componer 6 cantar
la música con gloria. La gallegada de Sonánbula los
conciertos de labriegos en Guillermo, las melodía~ alpestres del organillo de Linda, el azahar sevillano á
que trascienden todas las serenatas audaluzas del
Barbero y del Don Juan, los coros de las selvas en
el Freichutz y el coro de los pájaros en la Africana
enseñan cuánto despertaría la vocación propia suya
en Gayarre la ópera compuesta por el violín de los
pinos, por el aria de las fuentes, por. el dúo de las
alondras, por la flauta del mirlo, por la escala cromática del ruiseñor, por las piezas concertantes cantadas entre las golondrinas y los verderones y los jilgueros_y las tórtolas y los gallos; en fin, por el cántico
armómco de la naturaleza y por el himno todo entero de la música universal.

Pero así como en la infancia todo auxiliaba con
auxilio ~ficaz y consta_nte la vocación suya, todo la
contrariaba en los diversos oficios que siguieran á
las faenas del campo y al pastoreo en el monte. Den·
tro de una tienda prosaica en Pamplona, ó sobre un
yunque atronador en la herrería, seguramente la educación música, por la vida en el Roncal aquistada
sufrió un triste retrnceso. La venta y el regateo, 1~
vara y el peso, los mostradores y los escaparates no
cuadraban á quien debía soñar con empresas de ma·
yor cuantía intelectual y con ocupaciones muy contrarias de las útiles, á cuyos esfuerzos lo condenaban
la miseria del propio hogar y la imposibilidad en que
s~s padre~ se hal_laro,n de granjearle ninguna profesión artística ó c1enllfica. Libreme Dios del error que
supondría no considerar como indispensables á la sociedad faenas tan útiles cual aquellas cooperadoras
en pequeño y con humildad á los movimientos del
cambio, los cuales renuevan y purifican los átomos
sociales, de igual modo que nuestro comercio continuo con el medio ambiente por la respiración y la
nutrición renueva las moléculas corporales; pero Ga·

�LA

ÍLUSTRACióN ARt1st1cA

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517

yarre no había nacido para este ministerio provecho• hermoso canto. Nunca pensó en cautivar su público haber hecho derramar otras lágrimas que las arransísimo y honroso, había nacido para otros quizás de me· p0r el gesto, ni por el traje, ni por el teatral arte, á cadas á nuestras nostalgias celestes por los ecos sunos utilidad pública, pero de mayor empeño personal. la manera de tantos otros; todo á su garganta y á su blimes de su divina voz.
¡Oh, el arte, cómo desasosiega el arte á sus predilectos! fraseo lo fiaba en las obras de mayor empeño y en
Madrid, 14 de noviembre de 1891
¡Cuál funesto don para la salud, para los nervios, los instantes de más dificultad. Una verdadera nitipara el hígado una fantasía creadora y un sentimien· dez en la pronunciación italiana, unas modulaciones
to estético! Tras las tribulaciones traídas por una pa- magistrales en el recitado, una emisión de voz in•
NAVEGACIÓN AÉREA (1)
labra escuchada, por un pincel feliz, por una voz creíble, unas transiciones en que superaba dificultaPOR HIRAM S. MAXIM
armoniosa, por una superioridad cualquiera en las des insuperables bastábanle para el extraordinario
brillo
de
aquel
inspirado
cántico,
en
que,
por
un
verciencias ó en las artes, sentiría el pensador y el arHace algunos años vió la luz pública un artículo
tista vagar por sus labios la maldición de Job al día dadero milagro de la naturaleza, uníanse con portende su nacimiento, si no viniese á extinguirla un rayo tos~ unió~ la dulcedumbre femenina y el vigor va: titulado Navegación aérea. ( a priori), suscrito por
luminoso de la conciencia serena y una incontrasta- roml. Enciso ha mostrado en su Historia el afecto Edmundo Clai:ence Stedman, en el que se hacían
ble confianza en el juicio de la posteridad. ¿Quién más hondo en el corazón
podrá decir cuántos géneros de contrariedades com- y más enseñoreado en la
baten al artista y lo afligen, cuán agudos los dolores, vida de su amigo, el amor
así en la generación como en el parto de su idea, al suelo natal. Sin que sucuán penosos los trabajos y hasta cuán caros los piésemos una palabra de
triunfos, á veces en tristeza y desabrimiento superio- sus pretensiones, las coli·
res á las mismas derrotas? Y sin embargo, así como giéramos de los gritos lanel ave poeta, en la primavera, cuando el celo enar- zados al ver la nueva tiedece la sangre y la garganta en su cuerpo, se suspen- rra en su Africana, y de la
de ¡ah! de una rama florida, con amor, y se consagra ternura con que plañía las
con empeño á llenar de melodías el aire para que su fuentes y las arboledas
compañera empolle los pajarillos que luego han de patrias al regreso de la
cantar y volar desde su nido hasta la muerte, pues excursión caballeresca en
no empollaría sin aquella fascinación del cantar me- sus Puritanos. Amén del
lodioso, el arte se suspende á su vez del árbol de suelo, del hogar, del valle,
nuestra vida, pues ¡ay! sin él esta humanidad nuestra del monte, del amor á los
mil veces abandonaría, en el suicidio á que las penas suyos, de todo cuanto Je
y los trabajos la impelen, el mundo y la continuación traía el Roncal á la memoen el mundo de su triste atormentada especie. Ima· ria, y .con el Roncal sus
ginaos qué fuera del pobre Gayarre, despedido de su padres, Gayarre amaba las
tienda por haberla dejado en triste soledad para co- bellas artes; y á este amor
rrer tras una música militar, por primera vez á su se absorbía, se anegaba,
oído llegada; que fuera después de la tienda, dentro como los pensamientos
del infierno de una fragua, la cual tanto debía con del místico en las divinas Fig. 1. Máquina para probar la eficiencia del propulsor de hélice y la fuerza ascendente
de los aeroplanos. - En esta máquina la fuerza se transmite desde la barra horizontal,
sus resuellos y sus golpes inarmónicos atormentarle, contemplaciones, en el culhacia arriba por el aparato vertical de acero y á través de los miembros del brazo
si en tan grande contrariedad no le hubiera sosteni- to al cántico. Pero este
largo. A, es una escala que ha de señalar las millas por hora, y B, otra dividida en pies
do la certeza profética del cumplimiento de una vo- culto jamás obstó en él á
por minutos; C, es el dinamómetro para indicar el impulso de la hélice, y D, otro que
cación puesta por Dios en él para encantar con los un gusto por las letras, á
marca el ascenso del aeroplano,
astros luminosos de sus notas las noches morales de un sentimiento de las me•
nuestro espíritu. El Orfeón, en que halla los rudi- les arquitectónicas, á unas
mentos primeros de los tecnicismos difíciles del arte; preferencias de los paisajes hermosos, á una exalta- ciertas indicaciones respecto á la posibilidad de navela escena de su presentación al gran maestro Eslava, ción por las ideas liberales y á un entusiasmo por gar por el aire con globos en forma de pez ó de cigaquien severa y duramente con él procede á sabiendas los hombres superiores que le honraban mucho y rro, empujados por medio de hélices movidas por
en la increíble audición primera de aquella voz divi- hacían de su conversación, llena de conocimientos y una especie de motor. Mr. Clarence, sin preciarse
na; el curso lentísimo en las cátedras de nuestro Con- salpimentada de muy aguda crítica, un sabroso re· de ser ingeniero, solamente se proponía indicar á
servatorio, merced á una pensión suspendida por los creo. El talento resplandecía entre todas las faculta- los de la profesión un perfeccionamiento que en su
revolucionarios de septiembre, que le dejan al infeliz des intelectuales suyas y la sencillez campesina en opinión podía aplicarse. Desde entonces, sin embaren la calle; sus prósperas aventuras en Tudela con sus costumbres. Le divertía mucho, como á mí, el go, se han hecho repetidas experiencias con un apala compañía de canto y sus tristes desventuras en diálogo á la mesa, y le transportaba lejos de todas las rato idéntico al que él indicó, experiencias debidas
Zaragoza por haber querido levantarse á mayores y cavilaciones humanas el disertar ligero y cortado, al gobierno francés, y cuyo resultado fué la cons·
complacer á un público de ciudad grande con los que se dilata desde la sopa caliente al café y que no trucción del globo en forma de pez titulado Francia,
músicos y los recursos empleados en una ciudad pe- excluye, no, la elocuencia en medio de la familia- con propulsor á hélice y motor eléctrico, alimentado
queña; la personal abnegación del cacharrero, fiando ridad. Su oficio le había
con su modesta tienda las primeras empresas de un permitido pespuntear la
tenor incipiente sin empresario; sus peregrinaciones guzla nazarita en los cárme·
para llegar desde los despegos zaragozanos á los triun- nes granadinos y entonar el
fos esplendorosos en los primeros teatros del mundo; Miserere de Viernes Santo ·
tal número de incidencias y de incidentes dramáti- en la catedral sevillana;
cos, dignos de la tragedia, la novela, el drama y el deslizarse al amor de las
sainete, constituyen una moral epopeya, donde la canciones voluptuosas en
juventud que aparenta crecer desesperada y sin los las venecianas góndolas, y
entusiasmos prnpios de las regocijadas mocedades, al revuelo de las plegarias
vea cuánto vale y cuánto puede una firme porfiada místicas arrodillarse en
las gradas rotas del Circo
voluntad.
Máximo erigido sobre las
catacumbas de los mártiV
res cristianos; oiJ: la platóDe triunfo en triunto' anduvo Gayarre hasta el día nita voz del Renacimiento
nefasto en que la muerte le hiriera de súbito y nos entre las colinas y los camio arrebatara por siempre. Amigo mío muy amado, · paniles de Florencia con
así que presintió la proximidad cercana de su fin, el reclamo de la sirena hevino á verme aquí eh mi casa, donde me tenía en- Jénica entre los volcanes y
tonces recluido el triste luto que guardé á mi her- los intercolumnios de Pamana dos consecutivos años. Era el día siguiente á lermo y de Parthenope; re·
la noche nefasta en que la primera sombra del veci- cibir como una difusión di·
no sepulcro subió á su frente luminosa cuando can- vina en sus venas las evataba El pescador de perlas. Podría, si pintara yo, re· poraciones desprendidas
tratar la tristeza de su rosto, y si ampliase las memo- de una odisea continua, Fig. 2. Manera de unir los aeroplanos y fijar las hélices. - A, tubo de madera y de cobre
rias estas, repetir de coro aquella conversación. en la cual dejaba él una
con espiga de acero horizontal; B, propulsor á hélice; C, aeroplano; D, D, dos barras
Acompañábale su hermano del alma, Elorrio, quien, estela de notas y recibía
de acero que funcionan libremente en dirección vertical, sostenidas por otras cuatro horizontales sujetas en G, G; H, H, indices que señalan el ángulo de los planos; E y F,
. reflexivo, grave, leal, honrado, como cumple al que na• otra estela de ideas. Tras
planchas de acero en que se fijan los aeroplanos; L, barra larga horizontal de acero y madecido en solar vasco, siente las amistades con exalta- una vida en que la juvenra, en cuyas extremidades se sujetan alambres de acero para impedir que la máquina se re·
ciones y ama las artes con vehemencias del Medio- tud suya se desquitaba
tuerza cuando está en movimiento; I, cadena que une el aeroplano con el dinamómetro;
día. Versó nuestro coloquio sobre la muerte, y sin con triunfos personales inK, K, alambres para preservar las partes de los esfuerzos de la acción centrifuga.
decir que la temiera, mostró Gayarre que la presen- creíbles del combate sostía en más de un rasgo y más de un concepto, inde- tenido en la infancia, juvenliberado é inconsciente, como aquellos que suelen tud consagrada por completo al arte y al ·culto y al por una batería. Con este globo se efectuaron varias
patentizar con claridad tan grande lo interior más cultivo de las maravillosas facultades recibidas del ascensiones, volviendo al sitio donde se elevó; pero
recóndito del ser. A la semana siguiente de tal con- cielo, que le granjearon fortuna y gloria, sin que ni aun cuando las pruebas se hicieron en día de coroversación lo enterramos. ¡Caso bien digno de medi- una ni otra Je tentaran y le condujeran á la molicie
(1) Tal vez el término «navegación&gt; no sea el m:ls exacto
tarse ahora el caso de tan extraordinario cantante! y menos al vicio, durmióse muy sereno, cuando las que puede aplicarse á la máquina para viajar por el aire. Creo
Gayarre perteneció, como Rubini, á los artistas líri- coronas de sus admiradores le habían caído á los pies que los franceses han convenido en usar la palabra &lt;aeración,&gt;
cos, que todo lo libraron sobre la buena voz y el y los aplausos le resonaban todavía en los oídos, sin en el caso de que consigan alguna vez volar.

NúMERO 517
pleta c~lma, raras veces fué posible regresar al punto
de partida.
Los globos deben tener menos densidad considerados en su conjunt?,. que el a~re en que' flotan, y
por lo tanto ~u condición esencial consiste en ser á
la vez volummosos y de poco peso.
Todas las tentativas hechas recientemente para
navega~ P?r el aire, y de las que tanto han hablado
l~s penódic~s, se han reducido simplemente á imitac10nes, por cierto muy deficientes, del globo Francia.
En la naturaleza no encontramos ave ni insecto
que cruce los_a~es á la manera de un globo.
Todo ser ylVlente, ave ó insecto capaz de elevarse sobre la tierra para surcar el aire tiene el cuerpo
muchos centenares de veces más pesado que el mismo volumen del elemento en que flota ( 1) y Je es
dado d~sarrollar una fuerza mecánica muy grande en
proporció~ á su peso. El empleo de esa fuerza física. e~ el aire q~e le rodea es lo que le permite volar.
D1stmtos experimentos se han hecho sobre la cantidad de fuerza que para vola~ desarrollan las aves, y
las fórmulas. de ellos deducidas arrojan diferencias
tales,_ que mientras unas la fijan, en Jo que al pato,
por e1emplo, se refi:re, en 200 caballos de vapor, otras
la reducen á la décima parte de uno, y Jo cierto es
que hasta el pr~sente nada ha podido demostrarse
con toda segundad respecto á este particular.
J?e todas suertes y estudiando atentamente el mecamsmo del v_uel~ de las aves, la mayoría de Jos
hombres de c1enc1a ha convenido en que si alguna
v:z llegamos á navegar por el aire, ha de ser bajo el
sis,te~a del aer~plano, es decir, ·que el peso de la
maquma y pasaJero ó pasajeros sea conducido por

Fig. 5, D.inamómetro y tacómetro fijos en la barra principal.
- A, dmamórpetro que. señala en décimos el grado de fuer·
za gastada, a la_ ce.lendad de 6oo vueltas por minuto; B,
tacómetro pa~a md.1car e~ número de vueltas por minuto;
C, aparato hidráulico umdo con el dinamómetro; D, con·
trap~so . Con este aparato fué posible determinar al punto
el numero exacto de vueltas y la fuerza empleada.

u? an~ho plano impulsado á gran velocidad por el
arre. Sm embargo, hay alguna divergencia de pareceres respecto á la manera más propia de impeler esos
P.lanos; pues mientras unos creen que sería necesario hacer algo semejante á las alas del ave, otros
proponen el uso de una hélice análoga á las de los
barcos de vapor, pero mucho más ligera, por supuesto, en proporción· á su tamaño. Yo opto por el
propulsor á hélice, porque es en alto grado eficiente
y susceptible de aplicar mucha fuerza de una manera continua sin ninguna remisión en su funcionamiento.
A fin de averiguar el grado de energía que se requiere para el vuelo y también qué influencia ejerce
en aquélla la dimensión como factor, si es que influye en algo, construí una máquina sumamente
complicada y con ella pude probar la eficiencia de
los propulsores á hélice de varias clases y de distin·
tas formas.
Mi aparato consiste en una barra 6 btazo de 31
pies 9'9 pulgadas de longitud, montado en un solo
tubo vertical de acero, provisto de soportes redondeados, forma adoptada para eliminar en cuanto sea
posible el roce. El brazo, según se puede ver en los
grabados que ilustran este artículo, es doble, con los
bordes ·afilados, para que oponga al aire la menor
resistencia posible, y en su extremidad va sujeto un
pequeño aparato volador con un árbol cuyo centro
mide exactamente 31 pies 9'9 pulgadas desde el
(I) El cuerpo de un ave sin plumas es de 6oo á 700 veces
más pesado que el aire; estas plumas, que aumentan el aparente volumen, no deben considerarse como un factor, porque.
no comunican impulso ni son origen de energía.

741

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

centro del tubo de acero en que gira el largo brazo;
de modo que describiría una circunferencia de 200
pies. La fuerza para hacer que funcione el árbol de
dicho aparato se transmite por medio de un sistema
de tirantes á través del tubo central y los dos miembros del brazo largo, quedando el árbol libre para
moverse en dirección longitudinal, movimiento re-

,,
.

gada, colocado según un ángulo de 1 á 13 y con una
velocidad de 3.500 pies por minuto, elevó un peso
de 53 libras, siendo el empuje de la hélice de 8 libras.
Al retirar el plano y hacer girar la máquina exactamente con la misma celeridad, el empuje se reducía
á 4 ½ libras; de m·odo que la diferencia entre esta
cifra y 8 era la suma de energía gastada en arrastrar

.'

Fig. 3. Sección longitudinal del cuerpo de la máquina. - A, po·
lea asegurad~ en la barra; B, sumergidor de acero; C, propulsor de héhce; D, muelle en espiral· E cuerda· F enlace eléctrico; G, hélice; H, marco de ¿obr~. En este aparato
al. empuje d~ la hélice se opone el muelle D. El enlace eléctnco está u?1do de mGJdo que toque una campanilla cada vez
que la. espiga da 200 vueltas, y asi se puede reconocer si G
se desliza sobre la polea,

Fig. 4, Sección horizontal de los dos miembros
del brazo largo. -A, alambre que relaciona el
aeroplano con el ascenso del dinamómetro; B,
alambre que se corre al dinamómetro· C
alambres eléctricos.
' '

guiado por un muelle en espiral. Al fijar una hélice el plano, la cual energía debía ser de 3 s¡~. La ener·
en el árbol y darle vueltas aceleradamente, el apara- gía en la diferencia del empuje era 13'125 Jibrasto de vuelo puede moverse describiendo una circun- pies, empuje proporcional á 133'2 del de un caballo
ferencia ~e 20? pies; y cualquiera que sea el impulso de vapor. El mismo aeroplano, dispuesto en ángulo
de la hélice, dicho muelle se comprime según el gra· de 1 en 1 2 y movido con la celeridad de 4,400 pies
do de fu~rza, f~erza que marca un manómetro gradua• por minuto, llevaba un peso de 100 libras, y cuando
do en hbras wglesas y colocado en el bastidor que traté de aumentar la celeridad, los alambres que mansostiene el brazo. Sujeta al aparato de vuelo va una tenían las extremidades hacia abajo se rompieron al
serie de palancas dispuestas á la manera de escalas punto. El plano se retorció mucho mientras prode plataforma y á las que se puede sujetar el aero- gresaba con esta rapidez, y por lo tanto no füé posipla_no según el ángulo apetecible. Una pequeña má- ble determinar entonces definitivamente el ángulo.
quma de vapor, que se puede hacer funcionar con
Con un aeroplano de 6 pies de longitud por 12 de
la celeridad que se quiera, comunica la fuerza. Un anchura, dispuesto en ángulo muy aplanado y con
tacómetro indica el número de revoluciones hechas una marcha muy rápida, se pudieron llevar hasta 250
y un dinamómetro el grado de energía que se em- lib!as; pero este ángulo era tan achatado, que fué diplea. A fin de observar la velocidad ó de obtener al fícil mantenerle, pues el plano retemblaba y á veces
punto la que se desea, la máquina va provista de un se retorcía mucho por la presión del aire. Todos los
ancho tubo de cristal adaptado de tal modo que á experimentos vinieron á probar que se obtenían los
medida que la celeridad aumenta elévase e~ él un más favorables resultados cuando el ángulo era plano
líquido rojo. En un lado de este tubo hay una escala y mucha la celeridad.
.
dividida en millas por hora y en el otro una que seRespecto al funcionamiento de las hélices, resultó
ñala los pies por minuto.
que .una de madera de dos ramas, de 25'4 pulgadas
Cuando se adapta la hélice y la máquina funciona, de diámetro, con un grado de elevación ligeramente
el brazo comienza desde luego á pasar alrededor del aumentado y siendo la celeridad de 2.333 revolucírculo, y manipulando la válvula de la máquina se ciones por minuto, impelía 11 libras á una distancia
puede obtener una velocidad hasta. de 90 millas por de 5. 700 pies por minuto. Todas las hélices bien
hora. A fin de averiguar la fuerza elevadora de un construidas resultaban ser útiles; la que dió peores
aeroplano, fíjase éste según el ángulo elegido, apli· resultados se había hecho exactamente como las que
cándose unos-alambres á las esquinas para evitar la el gobierno francés usa en sus experimentos.
f~actura. No se suj~ta p_or el centro á la máquina,
Al practicar mis pruebas observé que si multipli·
smo que la extremidad wterior es más larga que la caba el grado de elevación de la hélice en pies por
exterior, lo suficiente para que ambas se eleven por el número de vueltas dadas en un minuto y por el
igual. _Las palancas. á que se sujeta el plano están en empuje en libras, y dividía el producto por 33.000,
conexión con un dmamómetro, dispuesto de tal mo- el. re~ultado correspondía exactamente con Jo que
do que merced á él se puede observar la subida m1 dm~mó~etro señalaba en el brazo principal. Esmientras el aparato funciona. A fin de obtener el to me wduJo á creer que había poco 6 ningún rozagrado de fuerza requerida
para impulsar el plano, se
hacen observaciones correctas antes de sujetarse
aquél. De este modo pude
averiguar el grado exacto
de energía necesaria para
conducir el brazo con todos sus accesorios á través
del·aire; y después, sujetando el plano y haciendo
girar la máquina hasta alcanzar exactamente la misma celeridad, la diferencia
en las señales marcadas indicaba el grado exacto de
energía requerida para
arrastrar el plano. Las hélices que usé eran de madera
y de diverso diámetro, desde 17'5 pulgadas á 25'4, é
hice experimentos con cincuenta formas distintas,
unas de cuatro ramas ó paletas, otras de dos, ora plaFig. 6. El experimentador y sus ayudantes probando el dinamómetro
nas 6 bien de tamaño va.
riable. Todo el aparato, al
que iba sujeta la máquina de vuelo, incluso el lar· miento, y en su consecuencia fabriqué una hélice de
go brazo, su contrapeso, tirantes, dinamómetro, pa- paletas cuya forma, dimensión y grueso fueron exaclancas, etc., pesaba unas 800 libras y opooía consi- tamente los de aquellas que yo había probado ya;
derable resistencia al aire.
pero en vez de ser las paletas ó ramas torneadas y de
Un aeroplano de madera delgada, de 1 2 pies 1 o ponerlas en ángulo, eran planas, formando cada cual
pulgadas de longitud por 26 de ancho, impelido la- el sector de un disco, con ambos bordes muy afila
teralmente, con el lado inferior encorvado ¼ de pul- dos. Al probarlas resultó que mi aparato era tan deli-

�74 2

LA

..

cado, que el contacto de la punta del dedo
con el cilindro movía marcadamente el indicador del dinamómetro, y eso que la fuerza
requerida era tan mínima, que aquél ni siquiera la marcaba. Parecería, por lo tanto,
que el rozamiento entre el aire y la superficie
pulimentada es tan poco, que no se debe tener en cuenta, al contrario de lo que sucede
con las hélices que funcionan en el agua.
Este líquido, á mi modo de ver, humedece
la hélice y se adhiere á la superficie, por muy
pulimentada que sea; mientras que el aire,
no adhiriéndose, no ofrece prácticamente resistencia. Al comprobar mis experimentos y
á pesar de que la circunferencia alrededor de
la cual se movían los planos era de 200 pies,
resultó, después de haber corrido los aeroplanos algunos minutos, que el aire debajo
de ellos se movía perceptiblemente hacia abajo en torno de todo el círculo, sobre todo
cuando los planos grandes se corrían con
mucha celeridad. Opino, pues, que si mi apa·
rato hubiese progr~sado en línea recta, de
modo que el ángulo no se alterase en lo más
mínimo, éste hubiera podido ser mucho menor, disminuyendo proporcionalmente la fuer·
za empleada. Los experimentos prai;ticados
cuando el viento soplaba vinieron á demostrar la exactitud de esta teoría: entonces, la
subida de los planos era con frecuencia suficiente para romper los tirantes que los sujetaban á la máquina, y esto á pesar de ser el
ángulo muy plano.
'
El profesor Longley, al debatir la cuestión
del vuelo, dijo, según parece, que con una
máquina voladora cuant~ mayor fuera la celt•
ridad menos fuerza se necesitaría; pero algu-

nos ingenieros le han atacado sobre este pun·
to. Los que están familiarizados con la cien·
cia de navegar con fuerza de vapor por el
agua podrían suponer que las mismas leyes
rigen para navegar por el aire, pero esto no
es exacto. Tratándose de esto último, podremos razonar como sigue: si no se tiene en
euenta el rozamiento, la resistencia de los
alambres y del marco al cruzar el aire, porque
estos factores son casi insignificantes á velocidades moderadas en comparación con la
resistencia que opone el aeroplano, podemos
suponer que con un plano dispuesto en ángulo de 1 en IO, y pesando todo el aparato
4 ooo libras, el empuje de la hélice tendría que
ser de 400. Imaginemos ahora que la' velocidad fuese de 30 millas por hora: la energía
requerida de la máquina en efecto útil sería
de 32 caballos de vapor (30 millas= 2.640 pies
.

6•4ox 400

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-- _.....,,t

..

NúMERO

517

ner buen, resultado á juzgar por mis experiencias y por los conocimientos obtenidos
de otras fuentes, tanto que estoy casi seguro
de conseguir el objeto, aunque pudiera equivocarme, Sin embargo, se ha de tener en
cuenta que durante muchos años los ingenieros y los hombres científicos admitieron
que la navegación .por el aire se conseguirá
apenas descubramos un motor que tenga suficiente energía en proporción á su peso. Este
motor se ha encontrado, su fuerza esta probada, su peso es conocido, y por lo tanto Píl·
rece que estamos ya próximos á obtener una
máquina perfecta para navegar por el aire; y
aunque yo no consiga mi objeto, paréceme
que á la vuelta de diez años alguno lo alcanzará.
En cuanto á la utilidad de este aparato,
puede afirmarse que si no para el transporte
de pasajeros podrá servir como poderosa máquina de guerra ante la cual quedarán inúti•
les todos los medios defensivos modernos,
así por mar como por tierra, que han costado
incalculables. millones.
TRADUCIDO POR

E. L.

VERNEUIL

COLONIA, LA DEL RHIN
¡Salve, Colonial Estás poblada para mí de
las blancas visiones y de los sueños de mi
juventud, recordándome el tiempo feliz en
que, delante de mis veinte años, un ejército
de ilusiones desplegaba las alas de oro, y
esperanzas que florecían en mi alma tenían la
blancura de la nieve; conservas todavía frescas las huellas de los seres más queridos que
ya partieron á los lugares misteriosos en donde todo acaba, y en tu cementerio hay sepulcros que guardan los inanimados restos de
los que me impulsaron á rendir culto á los
ideales, á realizar el sueño de una vida consagrada al cultivo de las bellas letras y á poner en mis estrofas mi sangre y mi carne.
¡Salve Colonia, en que los poetas Wolfgang
Müller de Konigswinter, Gustavo Pfarrius,
Armando Grie~en y Nicolás Nocker, cuyos
versos no necesitan la firma de sus autores
para ser conocidos, reflejándose en ellos con
toda fidelidad los sentimientos de su pueblo,
hallaban el color y la nota que conviene á
esa grata reaparici6n de otros tiempos y de
otros hombres! ¡Salve, Colonia, cuya aurom
rompía y centelleaba ya en tiempo de los antiguos romanos! Los blasones de tu historia
que te conquistaron el título honorífico de
)a ciudad santa, de la Roma alemana, de la
Joya más preciosa de la corona de· Prusia· tu
grandiosa catedral que guarda las cabeza; de
los Reyes Magos cuyas tres coronas ostentas
para siempre en tu glorioso escudo; tus magníficas, tus incomparables iglesias (la iglesia
grande de San Martín, los Santos Apóstoles,
Santa María en el Capitolio y Santa María
ABANDONADA, escultura de D. Rafael Atcbé
en Lyseirchen, perteneciendo todas al estilo
gótico; San Gereón, que conserva la cripta de
gada cuadrada. Ultii:namente he ~onstruído dos apa- los tiempos carolingios, representando en su cúpula
ratos de esta especie que pesaban 300 cada uno. la transición del estilo románico al gótico y en su
Cuando estas máquinas trabajan bajo la presión de sacristía el estilo gótico; San Severino y santa Ursu200 libras por pulgada cuadrada, y con una celeridad la) son más que iglesias catedrales; el portentoso arte
de pistón de s6lo 400 pies por minuto, desarrollan de tus artistas revelándose en tu famoso Dombild,
con útil efecto en la propulsión de las hélices más ese lienzo admirado por Alberto Durero, y en el rede 100 caballos de vapor, siendo dicha propulsión licário de los Reyes Magos; tus mujeres celebradas
colectivamente de más de 1.000 libras. Aumentando en 1333 por el amante inmortal del.aura, que en la
el número de vueltas, y también la presi6n de vapor, víspera de San Juan vió una multitud de bellas jócreo que será posible obtener .fuerza de 200 á 300 venes, encanto de los ojos y tormento del corazón,
caballos de las mismas máquinas, con una celeridad lavar sus blancos brazos y sus·pies en el río, impulde pistón que no exceda de 850 pies por minuto (1). sadas por la creencia popular, según la cual toda la
E sos aparatos se construyen con acero templado; son miseria que las amenazara en el año' venidero se la
de mucha pótencia y muy ligeros; pero el nuevo ca• llevaría aquella ablución; tus glorias enaltecidas por
rácter de mis motores consiste en la manera de pro- Eneas Silvio, que llevaba la tiara como Pío II; tu río,
&lt;lucirse el vapor. El generador propiamente dicho nuest~o Rhin adorado, que parece.asombrará la misno pesa más de 350 libras; la máquina 1.800 y el res- • ma naturaleza; tu alegría perenne, los genios festivos
to del aparato otro tanto. Con el cqml;mstible nece• de carnaval, que de un cielo todo sonrisa, de las lagusario, el agua y tres hombres, el peso se acercaría nas de Venecia y de las orillas del amarillo Tíber volamucho ~ 5.000 libras.
.
ron hacia las risueñas riberas del verde Rhin; el rico
Seg11n los resultados obtenidos de mis experimen- dialecto coloñés, que conserva todavía en algunas palatos, parecería que esa maquina puede conducir un bras (1) un ~co de E:spaña y que contin11an _usando
peso, incluso el suyo propio, de 14.000 libras, con tus poetas, a cuyos OJOS todo toma un tinte local y
tal que la presi6n de '.vapor se mantenga á 200 por exclusivo y que parecen decir á una todos: .Nuestro
pulgada cuadrada.
,
carnaval y Colonia; el canto de tus numerosas asociaRéstame añadir que espero confiadamente obte- ciories corales, entre las cuales ocupa el primer pees·

por mmuto 33000
=- 32); y agregando
20 por 100 por deslizamiento de la hélice,
sería 38 4 caballos de vapor. Sup6ngase ahora
que aumentáramos la velocidad de la máquina hasta 60 millas por hora; entonces podríamos reducir el ángulo del plano de I en IO,
porque la fuerza elevadora de un plano, según se ha visto, es proporcional al cuadrado
de su velocidad. El plano que viaja por el
aire á razón de 60 millas por hora, colocado
en ángulo de I en 40, elevará lo mismo que cuando
se halle á I en I o y viaje con la mitad de esta velocidad. El empuje de la hélice debería ser por lo tanto
solamente de 100 libras, requiriendo 16 caballos de
vapor, en efecto útil para arrastrar el plano. Añádase
10 por 100 por el deslizamiento de la hélice, en vez
de 20, puesto que para la rapidez menor aumentaría
la fuerza de la máquina requerida á 17 '6 caballos de
vapor. En estas cifras, por supuesto, no se tiene en
cuenta cualquiera pérdida debida al rozamiento atmosférico. Sup6ngase que se gasta 10 por 100 en
resistencia atmosférica cuando toda la máquina se
mueve á razón de 30 millas por hora: así se necesitarían 42'2 caballos de vapor para arrastrarla. En su
consecuencia, á 30 millas por hora, solamente se
emplearía 3'84 caballos por el rozamiento atmosférico; mientras que con la celeridad de 60 millas
por hora, la fuerza de máquina para vencer esa resistencia aumentaría ocho -veces, ó sea 30'7 caballos
de vapor, que con 17 '6 daría 48 11 de dicha' fuerza
para recorrer 60 millas por hora.
.
De mis pruebas y estudios sobre la materia vengo
á deducir: que si se pudiera suprimir el roce, cuanta
más velocidad menos fuerza se necesitaría; que con
1.1n caballo de vapor se podría conducir un peso de
133 y en ciertas condiciones de 2 50 libras, y que el
mayor grado de fuerza con el mínimo de peso podría
( 1) Por ejemplo, el coloñés Base/emanes corresponde al
obtenerse de una máquina de vapor de alta presi6n,
í 1) La celeridad de pist6n de una locomotora del tren ex- 'Besamanos español, y la palabra melocotón existe, ni! en el diadebiendo ser esta 11ltima de 200 á 350 libras por pul- prls viene á ser de 1.000 pies por minuto,
\ecto de Colonia como en la lengua de Cervantes,
1

NúMERO

517

LA

ILUSTRACIÓN AKTÍSTlCA

to el Mtinnergesangverein, que tuvo los mismos éxitos en Italia
que en Inglaterra, valen bien el amor que
les profesan tus hijos.
Quizá la única cualidad
apreciable que poseía
la que fué esposa del
emperador Claudio y
madre de Nerón es 'el
amor de Julia Agri pina
á su ciudad natal, que
le debe su nombre de
Colonia Agripina. Te
amaba también el emperador Trajano: lo
tenías todo, un Capi·
tolio soberbio, suntuo•
sos palacios, baños
públicos, un grandioso
acueducto, un anfiteatro y casas de campo
adornadas de mármol
y mosaicos; como el
emperador romano te
amaba también la madre del emperador
Constantino, la emperatriz Elena que, según
dice la tradición, mandó erigir tu iglesia de
San Gereón, y te quería el emperador Barbarroja, que te dió los
cuerpos sagrados de
los Reyes Magos. Viviste la vida de la inte·
ligencia bajo los auspicios de tu primer arzobispo, el capellán imperial
Hildebold, el ilustre fundador de tu famoso colegio y de la Biblioteca de la catedral; tenías la corte más espléndida cuando ocupaba la silla arzobispal
el hermano del emperador Oth6n I, el insigne Bruno, y ofreciste un asilo á la viuda de Pepino de

SUEÑO_DE AMOR,

cuadro de D. José Maria Tamburini

Heristal, Plectrudis, que construyó la iglesia de
Santa María en el Capitolio, así como más tarde
fuiste el refugio de la desventurada reina de Francia
María de Médicis. Te precias de tener por patrona
á la hermosa princesa Santa Ursula y sus santas
compañeras las once mil Vírgenes. Tu iglesia de San

LA PRIMADONNA,

cuadro de H. Temple

743
Pantale6n guarda las
cenizas de la griega
Reofano, esposa del
emperador Oth6n II,
por cuya herencia
itálica había de derramarse en balde tanta
sangre alemana. Alberto Magno dió timbres
imperecederos á tu
Universidad, que tenía
por discípulo al Docto,
ang¿¡ico Tomás de
Aquino; i:u bandera
ondeábase en todos los
mares conocidos; los
trescientos buques que
armaste en 1218 salieron para expulsar los
moros del suelo de
Portugal; los reyes y
emperadores buscaban
el favor de tus mercaderes; tu Gürzenich,
ese castillo de la Edad
media que contiene la
más magnífica sala de
conciertos del mundo,
adornada de preciosos
cuadros, vió las fiestas
brillantísimas con que
en 1235 fué obsequiada la princesa inglesa
Isabel, la novia del
emperador Federico,
y aquellos banquetes celebrados en
hon'Or del emperador Maximiliano,
aquellas comidas de Lúculo en que se comía en
platos de oro y de plata. En ti pasó su infancia tu
gran amigo el mago del colorido, el ornamento y orgullo de Flandes, Pedro Pablo Rubens; en ti naci6
el más renombrado poeta neerlandés Justo Van den
Vondel, y en tus cercanías vió la luz primera el héroe

�EL CZAR ELIGI~NDO ESPOSA,

COPIA DEL CELEBRADO CUADRO DE MAKOWSKI

�LA
popular Juan de Werth, eternizado por la canción de
Carlos Cramer y por la fuente que se erigió en el
Mercado Viejo.
Engendraste varones amantísimos de las artes como
los hermanos Boisserée, sabios como el catedrático
Fernando Francisco Wallrag, protectores del arte co·
mo el generoso comerciante Juan Enrique Richartz, el
fundador de tu Museo de pinturas en que se admiran
muchos lienzos de la famosa Escuela de Colonia, teniendo carácter propio y marcadísimo, y el retrato
verdaderamente ideal de la hermosa teina de Prusia,
la angelical Luisa, debido á los pinceles del malogrado Gustavo Richter. Tú meciste la cuna del conocedor más profundo de la vida y de las obras de Goethe,
Enrique Düntzer, y la de mi consecuente amigo el
distinguido arqueólogo Juan Jacobo Merlo, nombrado doctor á los ochenta años de edad por la Universidad de Bono. •Aún resuenan en tus oídos y en tu
corazón los ecos de la gloria tributada por Barcelona
á tu maestro Fernando de Hiller, que compartía sus
horas entre la pluma y la música, pero que ya des•
cansa sobre sus laureles en tu cementerio de Melaten. Lo que para las Provincias Vascongadas fué
Antonio de Trueba y para: Valencia los cronistas Vi•
cente Boix, Félix Pizcueta y Teodoro Llorente, era
para ti mi malogrado amigo el historiador Leonardo
Ennen, y en tus murallas escribió en casa de mi querido · abuelo el bibliófilo Carlos Hürxthal nuestro
Bretón de los Herreros, Rodrigo Benedix, c;ue más
aplaudidas comedias, que en unión de la de Eduardo
de Bauernfeld, ese patriarca de la escena que acaba
de fallecer, son las mejores del teatro alemán, revelando las piezas de ambos autores una personalidad
poética. Tus glorias todas las reunirá en un friso tu
distinguido artista Avenarius.
Tu pasado, Colonia feliz, noble ciudad de los patricios Overstolz y de Weise, está encarnado por el
gran arquitecto Gerardo de Riele, que te hizo la ca·
pita! de Alemania en la que en el siglo xv brillaban
los reputados pintores maestro Guillermo y Esteban
Lochner, el pintor del D ombild; tu esplendor actual
lo representa Stübben.
Hoy marcha todo aprisa, como los muertos de la
balada. Como por encanto el Sr. Stübben ha creado
la Colonia moderna. Ya pasó para siempre la época
de los caballerescos torneos, de las justas, de las Cruzadas y de los cerrados claustros; hoy es la edad del
vapor, de los tranvías, de las fiibricas y de los caño·
nes. Ningdn enemigo ha logrado romper tus muros
y tus puertas construidas de 1180 á 121 o La edad
presente en que hasta la Roma eterna arrojaba su
manto regio para vestir el traje de la ciudad moderna, ha respetado tu Puerta del galo, que rodeada de
un jardín pdblico es con su colosal basamento negro
de basalto, con sus ventanas cimbradas en la pared
blanca, una perla de la Colonia del día. Han respe·
tado también tu histórica Puerta de Ulrique (Ulrepforte), donde tus ciudadanos fueron atacados en
1268 por los partidarios del a rzobispo, el duque de
Limburgo y el conde Dieterick de Faltenburgo. Aquella torre que se había convertido en un molino de
viento, forma hoy parte de un elegante restaurant,
siendo único por su mezr.la de lo venerable y de lo
profano; allí d onde tuvo lugar la batalla sangrienta
que costó la vida á los valientes Matías Overstolz,
Pedro de J udden, Juan de Frechem y al Sr. Armando Von der Ahren, se bebe la cerveza, y los inocentes niños juegan en la parte del antiguo foso, que se
ha conservado' por encontrarse en ella el llamado monumento de Ulrique en recuerdo de la invasión hecha en la noche del 14 al 15 de octubre de 1268.
Otra torre antigua, la Botlmiihle, se ha convertido en
un castillo romántico con un precioso jardín á lo
Semíramis. Nada desperdiciaron, así como 4e un
tonel de vino añejo se recoge hasta la última gota.
Sin embargo, la edad moderna ha destruído por la
mayor parte el idilio agreste de tus campos verdes, de
tus muros cubiertos de hiedra, de tu foso que se parecía
á una frondosa selva, pero después de haber llevado á
· feliz término la empresa más atrevida y más grandiosa
de la Edad media, la construcción de tu catedral, á
que el profesor Kreuser dedicó sus ingeniosas Cartas y
Augusto Reichensperger su vida, y cuya mole gigante debe sus piedras á las cumbres de traquita de los
Siete Mqntes y que los alemanes amamos con delirio,
c~mo el espato! idolatra á la Alhambra y el catalán rinde el culto más férvido al Montserrat; la edad
actual te ha dotado de un Ensanche que rivaliza con
el de Barcelona, ostentando en sus suntuorns palacios toda suerte de balcones, agimeces, nichos y torrecillas. Eres la colonia moderna en tus bulevares,
en tus Ringstrasen, siendo la Viena rhiniana, así por
tu alegría como por tu magnificencia; pero la Colonia antigua, la de las hermosas iglesias, la de las
Casas consistoriales, la de la incomparable Catedral,
presenta los gigantes de su magnífica silueta á orillas

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

del Rhin desde tu atalaya Bayenthurm hasta la iglesia de San Cuniberto. Y continúan sonando en tu
recinto las campanas de tus cien iglesias, de las cuales diré con Rosalía Castro de Murguía:
Si por siempre enmudecieran,
¡ Qué tristeza en aire y cielo 1

¡Qué silencio en las iglesias!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

¡Salve, Co,onia!, que honrando á los finados, erigien•
do estatuas al rey Federico GuillermolIII de Prusia, no
te olvidaste de los vivos, dando ejemplo á Alemania,
pues fuiste la primera ciudad que rindió culto á los
que cubrieron de gloria á la patria, Moltke y Bismarck.
¡Salve, sin par Colonial Yo siempre te amaré.
Tus puertas antiguas se hicieron ó museos históricos ó palacios encantados; tienes todavía casas en
que penetrp un soplo de poesía, como la morada bellísima de tu vate Wolfgang Müller encontrándose á
la sombra de la hermosa iglesia de los Santos Apóstoles y hablándonos de un campeón del arte, de un
gayo trovador, cuyo numen fecundo inspiraste con
el fuego del sagrado patriotismo, y en tu envidiable
Flora, que como reina tienes por alfombra, hay palmeras que leve viento mece, como en el paseo de
Colón de que se precia Barcelona, y oigo el murmullo de la fuente como en la Alhambra, y con sus dulces trinos me recrean los pardos ruiseñores.
J UAN FASTENRATH

NúMERO

poesla y el sentimiento. Por eso la preciosa rima de Vlctor
Ilugo: &lt;Comm~ au bout d' une bran~he ou voit étinceler,&gt;
inspiróle el lienzo que tan admirado fué en una de las últimas
"Exposiciones; la sentida dolora de Campoamor: «¡Quién supiera escribir!,» el precioso grupo del bondadoso párroco y la
enamorada doncella, ó bien el que tituló Esperando, perteneciente al género en que tanto se distinguen Coomans y Alma
Tadema, que demuestra su aliento y brillante ejecución.
En el lienzo que reproducimos, Sttello de amor, una sola fig.ira, ó más bien dicho, una preciosa cabeza y un delicado busto
bastan al pintor para significar su pensamiento y dará conocer su valla. La actitud, el colorido, el dibujo, la luz hábilmente combinada, y sus tonos claros resaltando inteligentemente
sobre un fondo claro también, contribuyen á hacer agradable
y simpática la composición. En los ojos medio entornados de
la'joven, puesto que tal representa, .y en su inclinada cabeza,
adivinase que se halla entregada al recuerdo y al sueño de sus
amores que la absorben por completo.

•••
Las bellas artes, techo pintado por D. Antonio Coll y Pí. (Expesición general de Bellas Artes de lfarcelona). -Tan discreto como modesto es Antonio Coll, un inteligente artista en el que se hallan armónicamente enlazadas
la habilidad y las cualidades del pintor con el sentimiento y la
fantasía del poeta, No se limita, cual otros, á reproducir ó copiar la naturaleza tal como á su vista se presenta ó los cuadros
vivos que á su alrededor observa; lleva más allá su empeño:
siente y discurre, y con el esfuerzo de su imaginación anima lo
que resulta frlo y presta interés á los cuadros que no ofrecerían
más que el de fidelid!d de la reproducción.
La sentida composición que con el titulo i Vi11do! dimos ya
á conocer á nuestros lectores, es una prueba de cuanto indicamos y de que Coll se inspira en esos grandes dolores, en
esos dramas íntimos, que si bien pasan inadvertidos, se «les•
arrollan qe continuo, conmoviendo profundamente el ánimo.
La alegoría de Las bellas artes que figuró en la Exposición
general de.Bellas Artes de Barcelona, destinada á embellecer
el techo de suntuosa mansión, es una de las obras que más
enaltecen á Coll, puesto que aparte del estudio que revela, obsérvanse en ella dificultades vencidas y admirables escorzos
que sólo á costa de labor y perseverancia pueden realizarse.

•
••
Abandonada, escultura de D. Rafael Atché,
- Rafael Atché es uno de los escultores que figuran en prime•
ra línea entre aquellos que á tanta altura han elevado una ¡le
las ramas de las bellas artes, que hace algunos años yada en
lamentable abandono. De hermosa fantasía y verdaderamente
genial, sorprenden sus obras por el sello especial que en ellas
imprime, por un algo bello y grande que revela su alma de artista y su imaginación de poeta. Cultiva el arte con entusiasmo;
y como siente y se identifica con sus creaciones, modela con
soltura, con valentía, con la grandiosidad del verdadero a rte,
del que lo es por excelencia y á todos supera. Prueba de ello
son sus obras, algunas premiadas en las Exposiciones, 0 bien
sirviendo de digno remate de artísticos monumentos.
De género completamente distinto es la nueva obra que reproducimos. Elegante en sus lineas, delicada y correcta en el
modelado, manifiesta esa fantasía distintiva en Atché, tan propia y exclusiva, que ella basta para que no se confundan sus
producciones. A la,zdonada es una preciosa escultura digna de
figurar como preciado adorno en aristocráticos y suntuosos
salones.

•••
Sueño de amor, cuadro de D. José María Tamburini. -Cor.vencido Tamburini de que el arte no tiene límites trazados y que no se halla circunscrito sólo en la buena ejecución, ha empapado su inteligencia en las fuentes inagotables
de los humanos conocimientos é impregnado su corazón en la

NúMERO

517

LA

747

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

•

•••
La primadonna, cuadro de H. Temple. - ¿Se trata de la que tacude á casa del empresario para obtener una
contrata ventajosa?¿ Es por el contrario la tiple que se presenta en el cuarto de estudio del autor para exponerle quejas por
la poca importancia de la particella á ella destinada? ¿Sería
acaso:la mujer que atropellando por todo va en busca del hombre
amado para echarle en cara no merecidos desvíos ó para desvanecer celos ó sospechas injustificados? Todo esto puede ser,
en nuestro sentir, el cuadro de Temple.
Quizás algún critico exigente calificará de defecto la especie de vaguedad que el tema ofrece; nosotros, que no pretendemos actuar de tales, haremos caso omiso de esta insignificante falta, y sólo llamaremos la atención sobre las bellezas del lienzo, que no son pocas ni pequeñas. Elegante en
su composición, bien entendido en la disposición artística «le
los personajes, muebles y demás objetos, de ejecución intachable, el cuadro de Temple ofrece un conjunto encantador que
recrea la vista, como halagan el oldo esas melodías que, sin
laberínticas filosofias, llegan muchas veces al alma, produciendo
un bienestar dulce é inefable.

••
•

NUESTROS GRABADOS
Cabeza de estudio, cuadro de D. Manuel
Felíu. - Felíu forma parte de esa pléyade de jóvenes artistas
que tanto honran con sus obras á España y especialmente á la
escuela catalana, que en el último tercio de este siglo preséntase potente y vigorosa, cual decidido campeón del renacimiento artístico español. Artista de temperamento, emprendió
el cultivo de la pintura con verdadero entusiasmo, que avalo·
rado por sus aptitudes ha podido dar ya excelentes resultados,
puesto que como tales han de considerarse las bellas é importantes obras que ha producido. En las páginas de LA !LUSTRA·
CIÓN ARTÍSTICA, hemos reproducido varios notables dibujos y
el cuadro titulado El escallo de la parroquia, que tan justamente llamó la atención de los inteligentes en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
Hoy reproducimos otro de sus bellos estudios, en el que se
manifiestan sus cualidades de buen colorista y dibujante, ya
que si los tonos sobrios á la par que vigorosos son de buena casta española, la corrección de los trazos avaloran la producción.

517

El czar eligiendo esposa, copia del célebre
cuadro de Makowski. - Las dificultades políticas y diplomáticas que actualmente traen consigo los matrimonios de
los soberanos, en los que el corazón es nada y la razón de Estado lo es todo, no existían en Rusia en la época á que nos
transporta el cuadro que publicamos. El czar, en aquellos tiempos, convocaba á los magnates de su vasto imperio para que,
acompañados de sus familias, se presentaran en palacio; y una
vez alll reun iclos pasaba revista d., las h ijas casaderas y escogía
por esposa á la que más le agradaba y cuya mano, como es de
suponer, no le era negada, aunque lo mismo hubiera sido si
rehusado se la hubiesen, porque no ha de creerse que aquel
autócrata, señor de las vidas y haciendas de todos sus súbditos,
altos y bajos, se parara en consentimiento más ó menos cuando de satisfacer un deseo 6 capricho suyo se trataba, Es de
presumir, no obstante, que el boyardo, conde 6 barón ante la
perspectiva de tener por yerno á su soberano no habla de oponer reparo alguno, y antes bien deb!a darse por más que satisfecho de que la elección hubiese recaído en su hija. ¿Sucedería
lo mismo con ésta? Mucho puede en el alma de una joven el
esplendor de un trbno, más aún si el trono se halla tan alto y envuelto en tal aureola de privilegios y poderlo como el moscovita
y si la joven ha aprendido desde su más tierna infancia á no pensar, sentir ni querer más que á la medida de los deseos de un padre que á su vez no quiere, siente ni piensa sino al compás de la
voluntad de su rey y señor, como sucedía entonces en aquel
imperio. Y sin embargo, quizá alguna de las esposas elegidas
por los czares de aquellas edades hubiera trocado el regio solio
por el humilde retiro del dueño de sus amorosos afectos.
Sugiérenos estas consideraciones la hermosa composición de
Makowski. Una de las doncellas que se disponen á desfilar
por delante del czar, más que á las gradas del trono parece acercarse al camino del suplicio; desfallecida, entornados los ojos en
fuerza de sufrir y de llorar, pálido el bellísimo rostro, caídos los
brazos y casi exánime el cuerpo, que sobre el pecho de su anciana madre se apoya, revela á las claras que la gloria por más
de una de sus compañeras ambicionada serla para ella cruento
martirio. Y si, como creemos por !oque la historia de Rusia nos
describe, el czar representado en el Lienzo de Makowski es
I ván IV el Terrible, razón no le falta á la infeliz para presen •
tir desdichas y tormentos en lo que su alma, de otro enamorada, babia soñado como fuente de goces y venturas.
Este magnifico lienzo de Makowski, de quien reprodujimos
en el número 410 de LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA el no menos
hermoso La muerte de Jván el Terrible, es una nueva prueba
del talento con que el célebre pintor ruso domina las masas
y atrae la atención sobre los principales personajes; de la maestría con que concibe, dibuja y pinta; de la verdad histórica con
que reproduce él indumento, y del genio con que imprime la·
expresió_n justa en cada una de las figuras de sus grandiosas
co'ncepc10nes.

*••

Idilio de amor, cuadro de Modesto Faustini.
- El más pequeño, el al parecer más inofensivo de los dioses
del antiguo Olimpo, ha sido, es y probablemente seguirá sien·
do el soberano que mayor imperio ha ejercido en el mundo.
En lo antiguo como en los modernos tiempos, sus flechas se
han clavado siempre en los corazones produciendo esas heridas
cuyos dolores bastan á calmar una palabra, una mirada, un
beso. ¡Un beso! Mágico talismán que enardece la sangre y de·
rnima en el corazón los más dulces bálsamos.
El ceÍebrado pintor italiano Modesto Faustini ha sintetizado en un beso todo el idilio que compendia sudelicioso·cuadro,
Y basta ver la expreci6n de los dos jóvenes amantes para comprender cuán acertadamente ha escogido el autor este tema
para presentarnos una historia amorosa de aquel pueblo todo
sentimiento, todo arte, cuyas ruinas son el encanto y el asomde cuantos las visitan.
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LA IDEA FIJA
POR PABLO BONNETAIN.-ILUSTRACIONES DE JEANNIOT

I
El comandante retirado Le Sarroix profesaba un
absoluto respeto á las leyes de la higiene¡ Jo cual, por
otra parte, no era más que simple gratitud, según él
mismo decía: «puesto que debía á la estricta observancia de las susodichas leyes el haber resistido victoriosámente treinta y cinco años de servicio, de ellos
quince en campaña.»
«Y sin embargo, añadía el antiguo militar, encogiéndose de hombros para abultar su amplio abdomen, yo he debido ser un mal quinto, lleno de alifafes por parte de mi padre. En lo que atañe á mi
madre, murió paralítica. No obstante, siempre be
tenido costumbres arregladas, y aun siendo joven me
he cuidado lo mejor que he sabido. ¡La higiene!. ..
Es preciso, sépalo usted, tener tanto orden para el
cuerpo como para los negocios. La limpieza, la regularidad en las comidas, en el trabajo y en el sueño
constituyen la higiene. Cuando se cuida del estómago,
se cuida la ropa y se llega con exactitud á la oficina,
la higiene va en línea recta. Todo consiste en esto:
no abandonar la línea recta.»
El comandante seguía rigurosamente esta líneá
recta, así en lo real como en lo figurado. A las nueve
en invierno, á. las ocho durante el buen tiempo,
nunca más tarde ni más temprano, salía de su casa,
dtuada á la entrada de la calle de Bolonia, y después
de enterarse del tiempo que hacía, echaba á andar
con el pie izquierdo, todo derecho, sin siquiera
pensar en variar de acera. Llegado al fin de la calle,
una súbita conversión hacia el ángulo izquierdo y
un giro seco de tahimes le lanzaban á la plaza de Cli•
chy, en una segunda dirección perpendicular á la
primera, que tomaba al pie de la estatua del general
Moncey. Mediante un brusco «á la izquierda» enfilaba el bulevar exterior y le seguía hasta el parque
de Monceau. Allí, desdeñando los senderos que serpentean, nunca abandonaba las grandes avenidas
centrales y se sentaba en los días de buen tiempo,
para leer los periódicos, que volvía á doblar metódica
y geométricamente en severos rectángulos; ó bien distribuía migajas de pan á los gorriones, ó se entretenía
en paternal coloquio con los guardas, deferentes con
la roseta que llevaba en el ojal. A las once dejaba el
parque á paso más l~nto, con objeto de no sobrexcitar el apetito y llegar á su aposento á las once y
media en punto; pero su cuarto de conversión en
la plaza y su media vuelta en la esquina de las calles
de Clichy y Bolonia se efectuaban como á la ida.
- Victorina, ¿está ·aviado el·almuerzo?
Tales eran las primeras palabras q11e pronunciaba

en el recibimiento, mientras restregaba las suelas de f Encaramado en una silla, el comandante se apu
su calzado en la esterilla que había delante de la raba, respiraba con fatiga_y se bajaba al suelo para
puerta. Apresurada y gruñona al mismo tiempo, Vic- juzgar desde lejos del paralelismo de las armas, cotorina había preparado las zapatillas, dejándolas al rriéndole el sudor por la frente, marcando la exage•
lado del arca de madera en un rincón, bien juntas rada prominencia de una especie de berruga produen un sitio inmutabie, sin trocar nunca la del pie de- cida por el roce del chacó y que no había conseguirecho con la del pie izquierdo, en dirección normal- do reducir en el espacio de treinta años.
mente lógica con respecto á la silla en que, siempre
En fin, sea como sea, podía contemplar sus tesoros
de lado, se sentaba su amo.
apoyado de codos en su pupitre.
Y el comandante Le Sarroix, después de haber
Averiado, mazizo, sin elegancia, este pupitre estainspeccio~ado con un~ mirada de ayudante de órde- ba al lado de un estante lle~o de cartones y papeles,
nes la cocma entreabierta, entraba en el comedor y que hacíanle parecerse al anaquel de una oficina.
se sentaba á la mesa.
Sobre el pupitre veíanse plumero, raspador, ovillo de
Dichosa entonces Victorina, si el viejo retirado cordel encarnado, tintero inderramable, arenilla, caencontraba el cubierto colocado á su gusto, el salero lendario, agenda, pedazos de pan para borrar, alfileentre la chofeta y la botella, el mostacero sistemáti- res, reglas, escuadras, limpiaplumas, todo esparcido
camente de frente, cerca de ésta; porque entonces la á intervalos regulares, que indudablemente recordachuleta_ desaparecí~ pronto sin que aquél criticase ban al antiguo militar toda su carrera. De seguro, en
1~ cocción ~e- la misma, y _luego los huevos y las. sar• aquel "!aremágnum veíase simple cabo agregado al
dmas; perm1tiend? á la cnada, después de servir el vestuario, sargento segundo del habilitado, ayuques? y traer la pipa y bols~ del tabaco, largarse en dante de Caja, oficial, subteniente portabandera,
segmda. Porque ya no volvia hasta la tarde para pre- encargado del acuartelamiento y finalmente mayor
parar el cubierto, fregar la vajilla, barrer el comedor y comanda"nte. A pesar de todo, allí no sé veían pay desdoblar el ~anteJ. .
.
pelotes; la papelera estaba casi vacía y vacías veíanse
Solo Le Sarro1x, respiraba á su gusto,
también las carpetas.
¡Oh! ¡Qué alegría verse tranquilo, en la seguridad
En un cajón de la mesa que sostenía el pupitre
de encontrar en torno suyo arregladas las cosas hasta guardaba las órdenes que había recibido, con su anel día 5iguie~te!. .. ¡Le molestaba tanto el aire que tigua hoja, sus títulos de pensionista, su última drahacía el vestido de la sirvienta y sus continuos vai- gona, sus primeras charreteras, sus espuelas casi nuevenes sacudiendo los muebles, dejando abiertas las vas por causa de sólo montar á caballo en dos revispuert~s, apagando ó encendiendo la lumbre y bacien- tas de inspección y no usarlas nunca.
do ruido con los fósforos!
A decir verdad, el comandante nunca escribía.
Un~ vez encendi?a la pipa, saboreaba una copita Siempre limpia, su pluma sólo servía para tomar la
de conac, cuyas últimas gotas desaparecían á tiempo cuenta á Victorina todos los sábados sirviéndose
que ca~an las primeras sombras de la tarde. ~ntonces para las demás cosas de un lápiz rojd que afilaba
se dedicaba á la lectura, á no ser que tuviera que todas las mañanas durante un cuarto de hora. Pero
arreglar sus panoplias.
amaba su pupitre, su cartera y sus apuntes como
Porqu: tenía una hermosa colección de sables, es- partícipes de su vida; cuando es probable que en otro
pa~a_s, pistolas y mosquetes que contemplaba con tiempo, en el regimiento los hubiera detestado. Limf~mc1~n, aunque aq~:llas armas dos ~ec~s centena- pios y relucientes todos los objetos que Je rodeaban,
nas, sm la más mm1ma raspadura m picadura de nunca para él demasiado relucientes ni bastante limmobo, por el contrario, relucientes, evocaban sobre píos ni suficientemente fijos en su sitio se destacael andrinópolis encarnado de las. paredes y entre fo- ban sobre la baqueta verde de la mesa del pupitre.
tografías. de Mac-M~hón y d~ Conrobert la idea de
Además, este pupitre Je servía para sus lecturas.
un baratlll? d~l b~rno Louvo1s.
Excepto treinta y nueve Anuarios de su carrera miLe ~arro1x hmp1aba am~roramente el pol~o de sus litar,, clasific~do_s en orden riguroso, y de algunas
pauophas y frotaba su puhdo acero. También á ve- Teorzas, su btbhoteca sólo contenía una serie de Ences, colocado fre~te al espe~o, blandí~ aquellas ar- ciclopedias en abultados volúmenes poco manejamas, tomando_actitu~es ?:ro1cas1 marciales, ó recor- b_l~s. El gran Diccionario de Larousse ocupaba el
daba su maneJo de eJerc1c10; pero pronto se desva- s1t10 de honor. Cuando dejaba sus armas Le Sarroix
~ecí~ su alegría infantil : con. la pre_ocupa~ión de t?maba un, volumen, el primero, y res~eltamente,
ltmp1arlas y colocarlas en mvanable ahneam1ento.
sm saltar m una línea, leía una ó dos páginas.

y

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

- Pues es preciso saberlo.
Una vez en el parque de Monceau, leyó los perióLa criada bajó á informarse y volvió diciendo:
dicos. Después se encaminó á su casa con su aspecto
- Es un pintor, M. Venot, que ahora viaja por
acostumbrado; mas he aquí que al llegar á la calle
de Bolonia, frente á la verja de la casa aquélla, un Italia y no volverá lo menos en seis meses.
- ¡Ah!, murmuró el comandante, y no dijo más.
impulso desconocido hízole volver la cabeza, obli ·
Y continuaron sus paseos y aumentóse la manía
gándole á detenerse y á echar una mirada al interior.
Cuando volvió á su casa cinco minutos después, que le obligaba á detenerse todas las mañanas deLe Sarroix estaba de pésimo humor. Encontró que· lante de la ventana de aquella casa.
Cada día deteníase más tiempo. Primero un mimada la chuleta, el huevo poco cocido, y con manos
temblonas varió la colocación de los diferentes ob• nuto, luego dos, luego cinco, después diez. Por últijetos que cubrían la mesa. En seguida fué á inspec- mo, el portero se fijó en él, lo cual no.tó Le Sarroix,
cionar sus panoplias y permaneció más tiempo que y en vez de disgustarle le sirvió de satisfacción.
- ¡Bonito jardín, buen hbmbre, para jardín de
de costumbre arreglándolas, descontento de su colocación en la pared. A las cuatro menos cinco toda- París!
El portero, halagado, sonrió, bien predispuesto por
vía estaba ocupado con sus armas; luego se encaró
con las fotografías de Canrobert y de Mac•Mahón, la roseta encarnada del comandante, y se llevó la
cuyos cuadros no le parecieron estar exactamente mano á la gorra.
- ¡Vaya un cigarro!
perpendiculares, y cuando el reloj dió la hora se so·
Las relaciones estaban ya entabladas.
bresaltó. Este retraso, el primero desde que se halla- Desde entonces, olvidándose del parque de
ba instalado en aquella casa, pareció espantarle.
Trató de asearse: no encontraba la ropa que bus• Monceau, el retirado pasaba y repasaba por delante
caba ni los cepillos en su cuarto de vestir. Prorrum- de la verja, acechando al portero para hacerle hablar.
pió en interjecciones, y sencillamente se persuadió de Fruslerías: el tiempo, el jardín, la duración probable
que su vida acababa de experimentar un desarreglo de la ausencia de M. Venot; pero sobre todo el jardín. La oferta de un cigarro terminaba casi todos
molesto.
A la mañana siguiente1 cuando salió á dar su «pa- los días la conversación. El portero, agradecido á
seo aperitivo&gt;&gt; sintió una vacilación de dos segundos estas finezas, dijo un día al comandante, que hacía
al transponer la puerta de su casa. Sin embargo, el elogios de las lilas del jardín cultivado por él, pues
tenía también el oficio de jardinero:
tiempo estaba soberbio.
- Puesto que el señor se interesa por mi trabajo,
«¿Tomaré por la izquierda para no ver esa casa,
puede juzgar por sí mismo, si le parece ...
esa persiana abierta? Sí, pero á la izquierda ... »
Y abrió la verja, por donde entró Le Sarroix, enLa costumbre pudo más en él y le impulsó hacia
carnado de felicidad y quizá también de vergüenza,
la decrecha, haciéndole seguir su acera habitual.
Sin escuchar al potero, contemplaba su ventana y
Cuando llegó delante de la verja, volvió vivamente la cabeza á otro lado y fijó la vista en el suelo, con se encaminaba hacia ella. La prudencia hízole disitanta atención, que no reparó en una lavandera y mular su interés y le inspiró una estratagema de que
se sintió orgulloso.
tropezó con el talego que llevaba.
- ¡Qué precioso hotelito!. .. Estilo,Luis XIII, ¿no
- Perdone usted, señora.
es así? Dígame usted: ¿querría alquilármele su amo
- No hay de qué.
Y vencida su voluntad por la casualidad, cómpli· de usted? ¿Cuánto renta? ... ¡Oh! ¡Qué linda marqueces de sus deseos las circunstancias, Le Sarroix, sina ... y esas glicinas alrededor de las ventanas! ...
El comandante tocaba una de éstas, la que le pre·
algo avergonzado de sí mismo, lanzó á la casa del jar·
ocupaba y que estaba abierta; y crispadas las manos
din una furtiva mirada.
La ventana estaba abierta todavía, era muy baja y sobre la barra de apoyo, devoraba con la mirada el
interior ... Entonces· un proveedor, cansado de llaenteramente bañada de sol.
El viejo retirado veía todo el fondo de la habita• mar con la campanilla, lo hizo á voces. El portero
ción, la chimenea llena de chucherías, el espejo en acudió, y al antiguo militar no le pareció convenien·
el cual, alzándose un poco, hubiera podido hacer re- te excitar sospechas en aquél y salió en su compaflejar su semblante, un cuadro que había en la pared; ñía. Fuéle preciso arrancarse á su encanto, y preocuy todas estas cosas penetraron en él, se fotografiaron pado, casi sin oír lo que le decía el portero, se plantó
en
su cráneo, mientras se alejaba de allí apresurada- en la calle, llevando en sí la obsesión más fuerte,
II
más exacta de aquella pieza vacía_cuyas paredes.acamente y con aspecto furioso.
baba de tocar.
Aquel
día
el
comandante
no
volvió
á
su
casa
por
Una mañana, el retirado, que no se fijaba nunca
Vuelto á su casa, el retirado no pudo comer, ni
en los incidentes de la calle, vióse obligado á detener la calle de Bolonia. Al pie de la estatua del general
su paso en la calle de Bolonia al salir de su casa. Moncey su bastón describió un vigoroso molinete. leer, ni ocuparse de sus armas. Por la noche durmió
«Sería muy animal, pensó, si me expusiera á vol- mal, y á la mañana siguiente á las nueve estaba frenUn camión se esforzaba para entrar por una puerta
te á la verja.
cochera, sin duda demasiado estrecha, y el caballo ver á ver aquello.»
- ¡Ah! Caballero, no hay necesidad de insistir, le
Y como aliviado de un peso, habiendo tomado
interceptaba la acera.
dijo
el portero. M. Venot no quiere alquilar su hotel. ..
una
resolución,
orgulloso
de
su
fuerza
de
voluntad,
Bajar por el arroyo no era del agrado del pasean- ¿Lo cree usted así?, balbució el comanElante
te. Esperó, pues, á que el vehículo pasara, y luego continuó andando por el bulevar exterior hasta que
desazonado. ¡Ah! ¡Dios mío!, repuso, tomando una
echó á andar. Pero su paso no era el mismo, le vaci- llegó á la calle Blanca y entróse por ella.
resolución repentina. Voy, amigo mío, á decir á usted
Almorzó
tranquilamente.
Hasta
no
reparó
en
la
laban las piernas, y su bastón, que unas veces blandía y con el que otras golpeaba las puertas, denun- oblicua posición de uno de los rabaneros; pero se le- lo que me ha impresionado, lo que me ha obligado
ciaba una preocupáción casi inquieta. De repente, el vantó dos veces para rectificar la horizontalidad de á fijarme en esta casa y por consiguiente á desearla.
Y luego, señalando con la mano, prosiguió:
antiguo oficial hizo una cosa insólita: una media un paisaje que estaba clavado en la pared frente por
- Es esto, vea usted ...
vuelta, una media vuelta completa, para desandar el frente de su asiento y que le pareció algo ladeado.
Y al mostrar la ventana, hizo al portero ·que le siYa en el salón, su primera mirada fué para los recamino.
Victorina le observaba desde la carbonería, y por tratos de Canrober y Mac-Mahón, que no habían guiera y le habló por lo bajo. Sus dedos, metidos en
poco en su asombro deja caer su cesta. ¿Sería que perdido el paralelismo de sus cuatro costados con el el bolsillo, acariciaban una moneda de veinte francos,
el señor, contra su costumbre, volvería de improviso de las panoplias, el techo, el pavimento y ventanas. que no sabía cómo ofrecer á aquél. Estaba de color
Inmediatamente después leyó, ó por lo menos se de escarlata, y el sudor inundaba su frente.
á sfi casa? Pero no. Se detuvo junto á la puerta coMas el portero no le dejó acabar.
chera, quedóse plantado delante de una verja, mi· esforzó en leer, pues á cada instante una idea hacíale
- En cuanto á eso, ¡nunca, nunca! La madre de
rando la casa que en el fondo de un jardincito por levantar los ojos.
Los días siguientes transcurrieron del mismo mo- M. Venot ha muerto ahí el invierno pasado, y ~u
aquélla cerrado se levantaba. Luego, haciendo otro
cuarto de conversión, continuaba su paseo de prisa, do, Tanto á la ida como á la vuelta, el comandante hijo me ha prohibido dejar entrar á nadie, excepto á.
no pasaba por delante de la verja y cada tarde se mi mujer, que fué doncella de la difunta. Ella tiene
como para ganar el tiempo perdido.
Al echar á andar á su vez·Victorina, pre0cupada, prometía hacer siempre lo mismo; pues una vez fren- la llave y sólo entra para airear la habitación, en donse detuvo también delante de la verja. ¿Sería alguna te á la casa, hiciese lo que hiciera, sentía un impulso de nada se ha variado, absolutamente nada. Si resumujer lo que había llamado la atención de su amo? que le obligaba á fijarse en una ventana del piso ba- citase la anciana señora, aún encontraría su tapicería
intacta, así como también el braserillo en el mismo
¿Sería algún anuncio de alquiler? ... Pero la fachada jo: siempre la misma.
Si estaba cerrada, el antiguo militar exhalaba un sitio ... No, no, no quiero exponerme á perder micode la casa estaba virgen de anuncios, desierto el jardincito y en la única pieza cuya ventana abierta suspiro de desahogo'entrecortado en seguida por una locación.
- Pero usted qlismo, tartamudeó Le Sarroix, uspermitía ver el interior no había nadie. El cuarto inquietud. Entonces volvía la cabeza y alguna vez
ted mismo podría ...
bajo estaba solitario. Además, demasiado sabía Vic• retrocedía, diciéndose:
El portero movió la cabeza, y cómo si le hubieran
- ¿Si habrán abierto la ventana?
torina que hacía meses que el único habitante de la
Por el contrario, si la hallaba abierta acometíale asustado las miradas que el retirado lanzaba al intecasa era el portero. «¡Bah!» dijo encogiéndose de
hombros. «Será alguna chifladura del amo.)&gt; Y se un estremecimiento. Su boca se crispaba y salían de rior de la pieza, cerró bruscamente las persianas.
El antiguo mayor se fué, siempre con el luis entre
sus labios palabras incoherentes é interjecciones de
alejó, no sin volver varias veces la cabeza.
El comandante, entretanto, se dirigía hacia el bu- impaciencia que silbaban á través de sus viejos bigo· los dedos, sin decir una palabra y con la cabeza
levar exterior. También él habíase encogido de hom- tes, sin que no obstante consiguiera separar sus mi- baja.
Cuando entró en su casa, Victorina en tono iróbros, con ese ademán que se hace para desechar radas de aquella fascinadora habitación.
Después se separaba de allí, mediante un gran nico le preguntó si estaba enfermo: su amo no se
una preocupación que se supone inútil; su bastón,
había quitado la levita ni tomado sus zapatillas. Le
girando en un molinete, traducía el pensamiento del esfuerzo, casi corriendo y con aspecto colérico.
- ¿Quién es el paisano que vive ahí más arriba, en sirvió la comida, que el retirado no probó; y como
antiguo militar:
aquélla insistiese en su pregunta, vejada en su amor
el número 122?, preguntó un día á Victorina.
«Después de todo, ¿qué me importa?»
propio y orgullosa del rumpsteak que había confecEsta lo ignoraba.
Y apretaba el paso.

Sorprendíanle frecuentes modorras, sobre todo ei:i
verano, pero las resistía «por 41.igiene » A través
del texto impreso en caracteres demasiado menu·
dos confundía las ideas una con otra á cada cambio' de materia que leía. Los nombres, historias
y hechos le admiraban un instante; 6 bien, no com
prendiendo ciertas cosas, se limitaba pacientemente
á releerlas, no encontrando el principio del pasaje
difícil, perdida la mirada entre el fárrago de letras,
buscando al azar un nombre ó una fecha que le interesaban, hipnotizándole al propio tiempo.
A las cuatro menos diez cerraba el libro, le colocaba en su sitio y contemplaba con una especie de
melancólico azoramiento la línea de volúmenes.
«¡No, no viviría el tiempo necesario para leerlos
todos!»
Inmediatamente después se entregaba á una minuciosa limpieza, se aseguraba con una mirada de
que dejaba la casa en orden, y puesto de veinticinco
alfileres, como suele decirse, salía para dirigirse hacia
París, invariablemente por la calle Blanca.
¿Adónde iba?
Victorina lo ignoraba, y de aquí provenían sus comentarios con la portera: «Seguramente el viejo verde debía tener algún trapicheo en la ciudad.))
Un vecino que le encontró en el bulevar le había
visto entrar en el café del Helder y sentarse con
otros ar.tiguos ·militares. Pero ¿era esta su costumbre
cotidiana? En todo caso, desde las siete podía recons·
tituirse su vida, pues Victorina había recibido la orden. una vez para siempre, de llevarle su correspondencia á casa de su hermana, rentista y viuda, que habitaba en la plaza de la Trinidad. Desgraciadapiente,
esta correspondencia se limitaba á algunas esquelas
de convocatoria de la Sociedad fraternal de jefes y
oficiales retirados, y la sirvienta no había podido penetrar más allá de tres veces en un año en la casa de
la hermana de su amo.
«En casa de la viuda se vive en grande. La criada gana cincuenta francos de salario. El señor se
disponía á jugará cartas ... »
A las once en punto, Le Sarroix volvió á la calle
de Bolonia. Todas las mañanas Victorina encontraba sobre la mesa de noche una ó dos monedas de
cincuenta céntimos, procedentes de la ganancia del
whist de la víspera. «La parte de los pobres&gt;&gt; que el
comandante le dejaba para que la distribuyera con
inteligencia, pues él nunca daba por su propia mano
limosna, temeroso de ser víctima de algún farsante.

NúMERO

517

cionado, Le Sarroix se encolerizó, siendo grosero por
la primera vez en su vida
•
La sirvienta, admirada y ofendida, no se mordió la
lengua y acabó por poner sobre la mesa el libro de
sus cuentas, diciendo á su amo que la arreglara la
suya, pues no quería servir en casas de locos.
Le Sarroix se levantó furioso, pero vió su imagen
en el espejo: sus ojos extraviados, su aspecto amenazador, y volvió á sentarse ó más bien á dejarse caer
en la silla.
Durante un minuto permaneció con la cabeza entre las manos; después dijo sin levantar los ojos:
- Perdón, Victorina, he faltado ... dispens... (la
palabra no quería salir); dispénseme usted, exclamó
al cabo, con el semblante apoplético, y mientras la
criada recogía lo que por sus salarios le correspondía,
corrió á encerrarse en su habitación.
Apoyada la cabeza en el diván, despechugado, con
la boca seca, murmuraba palabras inconexas.
No, no estaba loco ... esa mujer no podrá saber ...
Un loco no podría discurrir como él discurría, no
tendría como él la conciencia del estado en que se
hallaba: la conciencia de su impotencia. Porque él
luchaba y un loco no lo hace ... Verdaderamente,
sería mejor que estuviese loco: no sentiría aquella
angustia, aquel sufrimiento moral que desde algunos
días le sumía á cada momento en la desesperación.
En aquel mismo instante, ¿no se avergonzaba de
la idea que le atormentaba?
¿Por qué ahora su fuerza de voluntad hacíale trai·
ción todas las mañanas? ¿Para qué delante de sus
ojos se presentaba siempre aquella ventana, aquella
pieza desocupada y casi constantemente abierta?
Era oficial de la Legión de honor, jefe del ejército
francés, oficial superior, toda su vida había sido rectilínea ... ¡Oh, sí, rectilínea ... rectilínea ... la línea derecha, derecha, ab-so-lu-ta-mente derecha!... y he aquí
que ahora soñaba con cometer una acción vergonzosa: ¡él, Juan Le Sarroix; él, mayor del ejército!
El infeliz sentía su voluntad desfallecida y su inteligencia desequilibrada... ¿Y las consecuencias?
Después de haberse llegado á tan bajo como á humillarse ante su criada, el portero y la criada parecía
como que le abofeteaban con la idea de un crimen.
¡Un crimen!
¡Ah! ¡Sí, sería un crimen!
El comandante, muy pálido, se levantó violentamente del diván.
«¡ Nunca!», exclamó.
¡No, jamás! Iba á huir, á distraerse, á permanecer
al lado de su hermana, á mudarse de casa si era preciso.
- Victorina, me voy.
No volvió á parecer por su casa hasta pasados tres
días. Parlt quedarse en la de su hermana había
fingido una enfermedad; pero no se había atrevido á
pedirle continuar en su compañía. El cobro de su
pensión se aproximaba ... Entonces podría mudar de
casa, y después... Enfurecido, se resistía á confesárselo á sí propio. Desde la primera tarde de su descubrimiento atraíale invenciblemente la calle de Bolonia. ¡Ver aquella casa, la ventanal. .. Pasaría de
prisa.
Victorina le encontró más delgado, más viejo:
había sufrido.
Sin embargo, no dió aviso de que dejaba la ha·
hitación, y descuidó ocuparse de su futuro alojamiento. Habíale vuelto su fascinación por la maldita
casa, la ventana y la pieza deshabitada. Luchó aún
algunos días: no salía ó salía en coche, expiando sus
momentáneas victorias con una angustia más cruel
al siguiente día:
Diseñábase en él una cosa que no acertaba á explicarse, según se decía hablando solo; una cosa que
exigía una pronta expansión: era un deseo intenso,
apasionado, una titilación de su voluntad vacilante,
una irresistible necesidad que satisfacer. ¡Oh! ¡Sí!
Atravesar la verja, correr, llegar á aquella ventana,
saltar á ella, encontrarse en aquella pieza...
Le Sarroix no terminaba sus reflexiones. Metía la
cabeza en su jofaina llena de agua ó pedía un baño
de pies muy caliente. Sentía su idea hervir en su cabeza. A haber sido posible hubiera salido inmediatamente para ponerla en ejecución. ¡Cuán dichoso
sería después! ¡Con qué placer respiraría!
Mientras tanto, pasaba ocho ó diez veces al día
por la calle, con aspecto indiferente, pero acechando
constantemente la casa que se veía en el fondo del
jardín.
Un domingo por la mañana, á tiempo de almor·
zar, se levantó de la mesa impulsado por una fuerza
desconocida: era preciso que viera inmediatamente
la ventana. Llovía á cántaros y esperó un momento,
Por fin se Jamó á la calle, que estaba desierta y como
barrida por el temporal y además por ser la hora del
almuerzo. Como dudara todavía en seguir adelante,

LA

ILUSTRACIÓK ARTISTICA

749

En seguida, una vez lanzada la píedra, lo dijo
todo, su obsesión, sus luchas y de qué modo había
cometido el... delito.
- Ahora, dijo cuando hubo concluido de hablar,
y más bajo todavía, que hagan de mí lo que quieran.
¿No es hoy día de Santa Ana?
- Calle usted, comandanté, replicó el doctor, que
desde hacía un rato estaba escribiendo. Dentro de
cinco minutos estará usted en libertad; el tiempo
preciso para poner cuatro letras.
Las cuatro letras fueron algunas más.
La pluma corría, y el doctor, mascullando las palabras inconscientemente, leía alto á tiempo que escribía, á fin de concluir más pronto:
«Locura degenerada, forma maníaca sencilla...
Herencia marcada; abuelo alcohólico, muerto en los
Inválidos; padre anémico, espíritu débil; madre
muerta de parálisis; hermanos más ó menos de·
mentes...»
Cuando hubo acabado, exclamó agitando el papel:
- Ya está. Pronto le pondrán en libertad.
El comandante Le Sarroix estaba radiante de ale·
gría.
Aproximóse á la mesa de despacho, tendió la mano al doctor, dejó escapar un «¡gracias!» lleno de
efusión, y luego repuso en su tono habitual:
- Hay que echarle polvos para que se seque.
Y tomando tranquilamente la salbadera, alargóse·
la á su salvador.
El médico echó polvos al escrito, fresco todavía,
sonriendo de un modo particular.
Una hora después, habiéndose recibido la orden
de libertad, el alienista acompañó hasta la puerta al
comandante.
- A propósito, le dijo cuando le dejó instalado
en un coche de plaza, conviene que se cuide usted
se distraiga y se mude de barrio.
'
III
- Voy á vivir á casa de mi hermana, mientras
- Robo presunto; información sobre el estado trasladan mis muebles.
mental... ¿Persiste usted en no querer responder?,
dijo el juez, tirando sobre la mesa el proceso verbal
que le había remitido el comisario de policía.
El comandante L~ Sarroix quiso hablar, aunque
tartamudeando, pero sólo consjguió proferir palabras
incoherentes. Inundados los ojos de lagrimones, miraba incesantemente á la solapa sin su roseta.
En el depósito, encerrado en su celda, había encontrado su perdida condecoración. La oprimía en su
mano, que tenía metida en el bolsillo, hasta el punto
de incrustarse en la palma el botón; pues en medio
del naufragio de sus ideas, sobrenadaba la de querer
ocultar aquel distintivo á toda costa, y á veces la
tentación de ponérselo, de rehabilitarse, de lavar su
pecho y levantar erguida la frente; pero resistía humillado é indignado al mismo tiempo.
Le obligarían á identificar su persona, tomarían
declaración á sus camaradas de ejército, á su hermana... Esta vendría á visitarle al depósito... Le verían en poder de la policía... ¡Oh! ¡Jamás!
Y cada vez más exaltado contemplaba su traje su,cio, sus puños arrugados y el barro que le salpicaba,
mientras el magistrado escribía. ¡Verse él así; él, tan
correcto, tan respetuoso de todas las higienes!
Lo que más le desesperaba era el verse con la cabeza descubierta; su sombrero se había quedado en
la funesta casa, al otro lado de la ventana, caído en
el suelo... ¡Oh! ¡Qué limpios son estos guardias de
orden público; qué bien cepillados y apuestos!
Desgraciadamente un municipal insensible á esta
admiración se le llevó, y Le Sarroix se vió pocos
momentos después dentro de ia enfermería del
•
depósito. Pero en fin, allí pudo lavarse, cepillarse y
- Está bien; pero es preciso no recaer. Yo en luvolver á ser hombre. Sus ojos volvieron á adquirir gar de usted viajaría, para evitar el volver á pasar
claridad. Contuvo sus sollozos, enderezó el cuerpo, por la calle de Bolonia; porque en fin, querido amiy con la razón rec@brada surgió en su mente una go, si el caso de usted ha presentado todos los sínesperanza; y cuando salió del Water- Closet, se atre· dromas clásicos, como son: obsesión, impulso é irrevió á ponerse por segunda vez su roseta.
sistibilidad, conciencia completa de su estado y an- ¡Cómo es esto!, exclamó una hora después el gustia concomiten te, falta ... falta el sexto carácter;
médico alienista, encargado de reconocerle. ¡Es us- indispensable á la historia de la ... de la... leve monoted, mi comandante!
manía de usted; esto es, la satisfacción consecutiva.
El retirado sollozaba.
Y diciendo así, examinaba con fijeza los ojos Elel
¡Todo había ya concluido! La fatalidad hacía pre- enfermo, esperando un arranque por parte de éste;
sa en él; aquel médico solía ser todas las tardes pero Le Sarroix sólo manifestó una sonrisa placencompañero suyo en la partida de whist. Sólo faltaba tera, que salía del fondo de su corazón dilatado por la
hacer avisar á su hermana y convocar á sus amigos felicidad.
del café del Helder, al comité de la Sodedad de an- No, querido doctor, no tema usted nada, dijo,
tiguos oficiales y á toda la calle de Bolonia.
esto se ha acabado. No volveré á pasar por la calle
¡Haber sido reconocido!
de Bolonia, pero sólo por amor propio, pues no te- ¡Dios mío! ¡Dios mío!, exclamó dejándose caer mo una recaída. La he tenido pasajera, muy pasajeen un sillón.
ra; mas he conseguido esa satisfacción consecutiva.
- ¡Vamos, Sr. Le Sarroix, tenga usted ánimo! Cuando han acudido los agentes, el golpe estaba daEl médico se apresuró á tomarle el pulso y á ha- do: había ya puesto el cuadro derecho al lado del escerle oler un frasco de sales.
pejo. Derecho, ¿comprende-usted?; ¡ri-gu-ro-sa-men- ¡Vaya!, esto va mejor. Ahora cuénteme usted... te, geo-mé-tri-ca-mente derecho!
¡Oh, sí, lo contará, es preciso que cuente su historia. Esto le servirá de desahogo; y luego podrá morir.
TRADUCIDO POR F. MORENO GODINO
por lo correcto que era y cuidadoso de la higiene,
mucho más habiendo olvidado su impermeable, detúvose un momento, durante el cual vió pasar al portero de M. Venot dando el brazo á su mujer, vestidos ambos de veinticinco alfileres y con aspecto de
ir á alguna fiesta. El comandante viólos atravesar el
arroyo, cobijados bajo el paraguas, entrarse por la
calle Blanca y perderse de vista. Sintió latirle violentamente el corazón y extraviársele el pensamiento.
«¿Quién había quedado al cuidado de la casa?»
Con un movimiento maquinal quitóse su roseta, y
luego de un brinco se echó á la calle á pesar del
chaparrón que caía. Encontró la verja entreabierta;
entró, corrió, hallóse delante de la ventana; tiró de
las cuerdas de las persianas, que se levantaron en seguida; encaramóse sobre el alféizar, y por último,
con la cabeza descubierta y chorreando agua, se dejó caer dentro de la habitación ...
Al levantarse oyó voces de «i Ladrones! ¡Ladrones!»
No oyó más, nada más que el ruido de la verja
que se cerraba violenta y estrepitosamente; y el flujo
y reflujo de su sangre golpeándole las sienes y haciéndole zumbar los oídos.
Guarecidos del chaparrón en el portal frontero,
había dos individuos de orden público, que atraídos
por las voces, penetraron inmediatamente en la casa,
y cogieron al comandante por el cuello.
Intentó hablar, defenderse; pero sus ojos se fijaron
en su solapa, de donde faltaba la roseta.
· Su roseta, ¿quién se la había quitado?... ¡Basta,
Dios mío, basta!,.. Y no acordándose de nada, enloquecido, con la vista extraviada, perdido de barro y
en esta,do lamentable, dejóse conducir á la Prevención. Afortunadamente la calle estaba desierta y sólo
le siguió un pilluelo.

�LA

75°
SECCIÓN CIENTÍFICA
FÍSICA SIN APARATOS
LA DILATACI ÓN

DE LOS CUERPOS

MALOS CONDUCTORES

DEL CALOR

Vamos á explicar un experimento de física sin aparatos verdaderamente original, pero más original aún

Dilatación de los cuerpos malos conductores
del calórico
es la descripción que de él hace el Scientifi, American, de donde lo tomamos.
&lt;Ctesibius dice á su discípulo:
- Herón, ¿quiere usted un vaso de soda? (agua de
Seltz).
- Como usted quiera, contesta Herón.
En vista de esta respuesta, Ctesibius saca una bote11a de vidrio de extraña forma, con un fondo cónico grueso y que contiene un líquido que se dice ser
agua de Seltz.
-Aquí está la soda, Herón; ahora es preciso beberla sin quitar ni agujerear el tapón y sin romper el
cuello de la botella.
Herón rascóse la cabeza, y dando vueltas entre sus
manos á la botella, respondió:
- Ya sabe usted que soy fuerte en matemáticas,
en mecánica, en pneumática y en hidráulica; mas á
pesar de todo esto, no encuentro solución al problema.
- Calor, dilatación desigual,exclamó Ctesibius con
impaciencia.
Herón,·que era un alumno inteligente, no necesitó
más explicaciones, y encendiendo una bujía aproximóla al extremo cónico de la botella, cuyo fondo en
menos de un minuto cedió, rompiéndose en forma
circular, y empujada por la presión interior desprendióse, dando paso á un chorro del agua de Seltz que
contenía.»
El grabado que publicamos indica el modo de
efectuar el experimento.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

Houdín para la construcción de esta pieza. El autó- to. Roberto Houdín, cuya imaginación era inagotamata representa á un marquesito vestido á la Luis XV ble, eonstruyó además para sus experimentos de presy sentado delante de una mesa del mismo estilo tidigitación un autómata que representaba á un solcon un tintero, sostenido todo por un delgado pe- dado francés (fig. 3) que apuntaba su fusil y á la voz
destal.
de mando lo disparaba; el pájaro cantor, que tanto
El escribiente dibujante respondía por escrito á se ha reproducido después, etc., etc.
cierto número de preguntas inscritas en unas pequeEs conveniente hacer constar que ninguna de esñas tablas: bastaba introducir la pregunta en un cajón . tas piezas mide más de 30 ó 40 centímetros de altuy colocar una hoja de papel sobre la mesita; en se- ra, lo que aumenta la dificultad de unos mecanismos
guida el personaje mojaba la pluma en el tintero y que comunican á las figuras, no sacudidas, sino
escribía 6 dibujaba. Si se le preguntaba quién era su movimientos que les dan la apariencia de la vida
creador, contestaba: «Roberto Houclín,», y á las pre- real.
guntas de cuáles era!1 el más veleidoso y el más . Roberto Houdín inventó .también una porción
fiel, respondía dibujando una mariposa y una perra de ingeniosas combinaciones que no son autómatas
lebrela. Por este autómata extraordinario M. Giroux, propiamente dichos, y entre las cuales citaremos: un
en 1840, pagó anticipadamente y sólo ateniéndose á reloj misterioso cuyas agujas marcaban en un disco
la descripción 5.000 pesetas; ignoramos lo que ha de cristal la hora que quería el espectador; otro reloj
sido de él. Roberto Houdfn refiere que se vió obliga- análogo al anterior, compuesto de una esfera y un
do á aislarse por espacio de un año para construir pie de cristal, que anda perfectamente sin causa apaesta obra maestra y que hubo de esculpir él mismo rente, y el eslabón despertador que ha dado postela cabeza, pues el escultor no acertó á dar á ésta la riormente origen á una porción de objetos destinaexpresión que él había imaginado. Para ello, y como dos al mismo uso. Asimismo hizo numerosas aplicano sabía modelar ni esculpir, tuvo la paciencia de ciones de la electricidad, en su tiempo poco conocida;
colocarse delante de un espejo y de ir copiando y pero ocuparnos de esto nos alejaría de nuestro promodelando los rasgos de su propia fisonomía, de tal pósito. .
suerte que cuando la obra estuvo terminada resultó
Cuando abandonó su teatro dejó comenzados una
ser el retrato del autor,
porción de autómatas, de los que algunos, entre ellos
Otro autómata muy curioso es el pastelero del Pa- otro escribiente dibujante, han quedado sin terminar,
lais Royal (fig. 1) que salía de su tienda trayendo lo y otros han sido terminados por su primogénito, que
que se le pedía, volvía á entrar en ella y volvía á sa- ha logrado merecida reputación como relojero.
lir trayendo la vuelta de la moneda que se le había
Hemos llamado nuevamente la atención sobre el
confiado. Esta obra mecánica, como otras muchas de maestro en mecánica recreativa porque nos ha pareRoberto Houdín, era automática y además rec;ibía se- cido interesante recordar su obra extraordinaria á los
cretamente ciertos impulsos del prestidigitador.
que sólo de oídas la conocen.
Construyó también algunos autómatas acróbatas,
El silencio en que durante algunos años han perentre los cuales citaremos los dos autómatas Auriol manecido envueltos los autómatas se debe, no á que
y Debureau que ejecutaban juntos varios ejercicios, el público haya mostrado desvío hacia este género de
terminados los cuales, el primero fumaba y el segun- curiosidades, sino á que no había surgido ningún indo tocaba el flageolé; otro que bailaba
sobre una cuerda, y otro (fig. 2) que lucía
sus habilidades en el trapecio, saltando
luego al suelo para demostrar que se movía por sí solo, puesto que estaba completamente aislado del aparato.
Algunas piezas mecánicas, entre ellas
el pastelero antes citado, fueron concebidas y ejecutadas para ser presentadas
en el ,teatro y como complemento de
experimentos de prestidigitación: uno de
estos autómatas destinados especialmente á la escena representaba á un hombrecito que salía de un huevo y adivinaba
los naipes escogidos; otro construfdo
para el mismo destino consistía en un naranjo florido que se cubría de hojas y frutos, los cuales se abrían mostrando en
su interior los objetos que el hábil prestidigitador había pedido prestados á
los espectadores.
Merece también citarse el escamoteador chino, cuyo dibujo original de Roberto Houdín hemos tenido ocasión de ver.
Fig. I. El pastelero, autómata de Roberto Houdín
Figuraba este autómata un chino de
fantasía, como los que en el siglo xvm dibujaba ventor que en él pn:iduzca obras nuevas y originales.
Pillernent, colocado detrás de una mesa cubierta
Ya veremos, cuando estudiemos los autómatas
con un gran tapete y encima de la cual se veían va- modernos, que el número de estos inventores es

I

NúMERO

517

LA

1 CIFRAS DECORATIVAS -P~~A ARTES E l'~DUSTRIAS

. ♦ J. MAS RIERA Y MANOVENS ♦ MONTANER Y SIMON, EDITORES ♦
Véndese formando un precioso álbum, encuadernado en tela, al precio de• S ptas. ejemplar
1
.........
-

L.llT AIITtPRliLIQUI -

LECHE A.NTEFÉL
tan t ■eldala eoa IIU, IIJl,a
S, LENTEJAS, TEZ ABOL

JARABE
DEL
DR.nerno•••
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ARPULLIDOB, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES.
EFLORESCENCIAS , '
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y .PASTA, ~fil~~
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IIoaor.

orla Academia de Medicina de Paria é insertados en la C;olección
de Wrmulas Legales por decreto miniaserial do 1 O de .Marso do 1864,

' ot~1ai
'

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LA

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GHAJBASº·
GBLINBAU
En toda, la, Farmacia,
ti..

Quel'fdo ur.r1110. -F/e11 Yd. I mi /1rf111p1r/eno/1,
1 hlll uo dt HHlrot 9/tA#Otdt 8ALIIO,puN t l/o1
11 ovr1rln ,, tu con1t,p1olon, /t d1rln•,petito 1 1t
,,ro/r■rh ti tueño 1 /1 1/tfr/1. - At1 ririrl Yd.
■uoht1 añ01. ,11rrut1ndt t/tlll/lrt da una butn1 ttlv,

LA SAGRADA BIBLIA

cura los do/ore,, ret,1101, 1upre1/one, tfe /u Epoca,, as! como las p~rdldu,
Pero con frecuencia es falslflcado.EJ APIOL
verdadero, único eflcaz,es el de los inventores. los o.., JORET y HOM0LLE.

• 10 oéntirnos de peseta la
entrega de 18 página■

EDICIÓN ILUSTRADA

El APIOL

CLOROSIS. -

,.IDUIIIElhC",11lcao,11r11llhrl1 ~

Lu

APJ:OL
de los ore, JORET &amp; HOMOLLE

Far'• BRU.1", 150, rudeRtvoU, PWS

Se cama prorpectoa 4 1-..lca IN ■oUcitc
~n4ooe Aloo Srt1. Xoatucr y Siaóa, e&lt;lltor•

ANÉMJA, -

LINFATISMO

El Proto-:Joduzoo de Hierro ., ,1 reparador de la sangreel forfillcanto y et microbicida por excele.licia,

LOS AU TÓMATAS ( 1)

Jarabe Laroze

é

nloa.-El JARABE FORGET es '111 calmante célebre,
conocido desde so aftos.-En lu farmacias y 28, ruo Bel'gere, Parle (antiguamente 38, rue Vltlenne).

MEDALLAS Expu Unir1•LON DRES188Z· PA RIS 1889

***

75 1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

P,nna ... ctltlftw

PILDORAS~~DEHAUT
DIE "Al'lla

tltuJ&gt;eu 111 IJDl'fane, cuando lo
aece.ieu. No temea el aaco ni el cau,or.que, coaara lo que mcede eoa
o, •mu PDl'flllfea, .,,. no obra bien
cqendo 1110macon bueno, alimento.
11.!bklulorU/icete,, cual el vilJo, 11call,
• .... Cada eaal eacoge, para P!U'flarse la
llora 7 Ia comida que mas le ·toavi111Í11
11p11 ,a, oeupecfone,, Come el carua'
cio que la ,ur,a oeulona ~Ida com,¡•tame11,.uuza11,o,orel efectode la
aMa ~•aucion empleada,uo
'! oelde lttcUmente II volr,r
110

IªZJ;to,

-':º

• ·11 emp,1arcu111rur.,.

....ecenno.

11Jarabe11uGraJeaBcupN1to-ioduo•e•tem4eF.Gille,

LA OBRA DE ROBERTO H OUDÍN

i,odrúJ9' ,,.. dtmu'4ci&lt;) r1com,,tdado1 ffl ra,Ó,, tú ... """""' !l"(mw, tú
'" iMll1rGbJlldad II ú ,v 1olubílidad coml4nlu.
1oac,1a d• to, Bo1J111Al11).
11()

El inventor más fecundo en punto á autómatas es
indudablemente Roberto Houdín, todas cuyas creaciones llevan un sello de originalidad indiscutible, y
han sido en su mayoría copiadas una y cien veces, lo
cual es la mejor prueba del éxito y de la justa nombradía que alcanzaron. Esta popularidad adquirida
por el hábil mecánico y la importancia de su obra
bien merecen que se le dedique un capítulo espe·
cial.
En nuestro anterior artículo dijimos que había reparado la mayor parte de los autómatas conocidos;
dejando, pues, á un lado estas piezas, vamos á describrir sus principales creaciones personales.
Una· de las más notables y menos conocidas es el
escribiente dibujante. Hemos tenido la suerte .de
examinar un dibujo ejecutado por el mismo Roberto
(1)

Véase el número 505 rle LA ILUSTR ACI ÓN ARTÍSTICA.

D11'&lt;la1TO GEIIIIIAL: 411, llue Vauvllllen, PARIS. Depósilo en todu las Jarmaelu.

~PEL WL

CARNE yOUINA

.

DAllmlnto aasrepnler, uido al T6Dioo . .. . . ~i
&lt;

~· ;!~lt
Fig. 2 . El gimnasta, autómata de Roberto Houdln

• Soberano remedio para rtpida cura-

VINO ARDUO CON QUINA

·}

. y C:01' TODOS LOS nmamo1 lnlftlTITOI sotmw 1&gt;a 1.4 CAMB
·c,.aa.u 1 • .,.11&amp;1 110D IOI llementol que ellll'an en la CODID081Clon de t111e potente

Fig. 3. El guardio. francés, aut6mata de Roberto IIoudín

rios cubiletes, idea que ha sido reproducida luego considerable y que nunca faltan compradores para
muchas veces con más ó menós éxito. Este escamo- objetos variados é interesantes.
·teador levantaba los cubiletes, y los objetos debajo de
E L PRESTIDIGITADOR ALOER
ellos colocados se convertían en dados, en bolas de
diferentes colores y luego desaparedan por comple(De La N ature)

t9parador de las ruerzu ntales, de este tertl■e••• per e■eele■ela. De un lrllllo sumamente a¡radal&gt;le, es aol&gt;erano contra la .tnem'4 Y el .t~1tnto, en 1u
7 COllr,allcencúU¡_COntra laS /)14,-re(II '1 Iu .tf«dMlel c1el lllt&lt;&gt;iiago Y loe tnt11ttno,.
Cuando ae iraia de despeliar el apeUto, aserurar lu d1geaUonea reparar laa tuena,,
ertquecer 1a aangre, enwnar el organismo Y precaver.la anemia 7 ÍÜ eDldenúu pro~
cadu por loa OlloN!I, no ae conoce nada superior al t'i■e de taüaa de .are-.
IM -.or. • Parit, ea wa •I.FERú, rarmaceat1co~10t, 1111 BicWlea. '-•AIIOUD.

ª'""'',,,..,

8a ffl(J)S U TODAS loü PIUll"OIP.U.U JIO'na4&amp;

EIIJASE 11.:-=' lROUD

don de 111 Afeocione■ del pecho,

Catarroa,llal de garganta, Bronquiti•• Resfriado■, Romadiso1,

de los Reumati■moa, DolorH,
Lumbago•, etc., SO año1 del mejor
61fto atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
101 primero, médico, de Paria.

-

D1p611to ,n toda, la, Farmacia,

Part1c1-pe.ndo de las propiedades del Iodo
del Blerro, estas Plldoras se emplean
es_peclalmente contra las •■crofulu la
'l'i•I• y la DebUldad de te1npenune~to,
asl como en todos los casos(Pálldo■ colorea,
AIDenorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario
ol&gt;rar sol&gt;re la sangre, ya sea para ttevolverl&amp;
su riqueza y abundancia normales, 6 y~ para
' provocar 6 re¡ulartzar su curso periódico.
y

~f'A~fJ5 Fmnacenneo, a Para,
~ 1tu1 lonaparte, 40

NB

El 10duro de hterro tmpuro 6 alterado
■ • ea un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las -rordadoras .PU:clorcu de Blaneard,
el1flr nuestro HIio de plata reaot1v1,
nueatn firma puesta al pié de una etiqueta
•er41• Y el Sello de fiFantla de la Unl 6n d•
l■e Flllrlc1nt11 para lareprestón de 11 Cal.al•
llcae.!611. , ,

e ss IULL.llf u

TOIUS L.lS P.llllü.Clil

�LA

75 2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N úMERO

517

prurito de echar abajo todo lo antiguo
sin tener en cuenta que &lt;no somos
más que un eslabón de una cadena
que no sabemos ni dónde empieza ni
dónde acaba. &gt; Nos extenderíamos demasiado si hubiésemos de señalar todas las excelencias del discurso, pero
no podemos resistir á la tentación ele
terminar reproduciendo algo de I o
que dice el Sr. Alas al hablar de la
enseñanza religiosa, que defiende con
la convicción de un verdad~ro creye~ ·
te: «quien na está con Dios esta sm
Dios; la enseñanza que no es deista
es atea;I&gt; &lt;los hijos.que se educan en
la duda de Dios se educan como si no
le hubiera; y más diré, que si no lo
hubiera, no está muy claro que fuera
muy perjudicial para la. buena ed_ucación portarse como s1 le hubiese;
mientras 11ue si hay Dios, el prescindir
de la Divinidad no puede menos de
ser funesto.&gt; Y en este punto el voto
del autor es de calidad, porque nadie
Jirá que el ilustre catedrático Sr. Alas
ni el celebrado escritor y profundo crít ico Clarfti pequen de fanáticos ni mucho menos.
Véndese el folleto en las principa·
les librerias al precio de una peseta.

LIBROS ENVIADOS A ESTA RED!CCION
POR AUTORES Ó EDITORES
¡MISERICORDIA! Novela espaflola
por M. Marlinez Barrio1111evo. - Este
conocido y fecundo escritor ha aumentado el ya largo catálogo :ie sus obras
con la novela cuyo título encabeza es·
tas lineas. Como todas las suyas, esta
novela es genuinamente española, !1º
sólo por el asunto, por los personaies
y por las circunstancias de lugar, sino
por su factura, apartada por completo
de las tendencias hacia un realismo
exagerado que de algún tiempo á esta
parte nos ha venido de allende el J'i.
rineo. Quizás alguien tache la nueva
producción de I Sr. Barrionuevo de
sobradamente idealista; pero esto, á
nuestro modo de ver, no e¡; ni mucho
menos un defecto, cuando el escritor
sabe, dentro de la escuela en que milita, responder á los altos fines de la literatura, ¡Misericordia! los llena perfectamente: su acción es interesante y
está bien conducida, pues la aparente
confusión que algunas veces se nota .
en su primera mitad, explícasela cumplidamente el lector á medida que se
aproxima el desenlace; sus personajes
están bien dibujados, sobresaliendo
entre ellos la protagonista y el criado
Pequillas, y nay en la no11ela capitulos que descubren la mano de un experto escritor, como sucede por ejemplo con la hermosa descripción de la
batalla de Alcolea.
¡ Misericordia! forma un tomo de
cerca de 400 páginas y lleva una bonita portada; ha sido editada por don
Inocente López y se vende en las
principales librerias al precio de 3' 50
pesetas.

.•.
NOVELAS CORTAS, por Luis Cánovas. - El tomo 54 de la Biblioteca Selecta que publica en Valencia el editor
D. Pascual Aguilar, es una colección
de novelitas interesantes debidas á la
ele!!ante y castiza pluma de D. Luis
Cá;ovas, á quien conocen ya los lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA
por haberse publicado no hace mu~ho
tiempo un primoroso artículo suyo titulado El do de pecho, que forma también
parte del tomo en que nos ecupamos.
Véndese éste al precio de dos rea·
les en las principales librerías y en
Barcelona en la de D. Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5.

***
UNDI SCU RSO,por(Clariti&gt;{Leopoldo Alas). - Formando parte de la c:o•
lección de Folletos literan'osde D. Leo-

•• •

poldo Alas, que publica el conocido
editor de Madrid D . Fernaedo Fe, se
ha puesto á la venta el por muchos
conceptos notabilísimo discurso que
con motivo de la apertura del curso
académico pronunció el sabio catedrático de la Universidad de Oviedo. Occúpase en él el Sr. Alas de la pedagogfa moderna, combatiendo con _poderosos argumentos y con una nqueza
de dates, que revela una vez más la
prodigiosa erudición de su autor, !os
sistemas exclusivistas, las exagerac10•
nes del utilitarismo, del nacionalismo
y del afán de ineovaciones por el solo

CAUSAS DE LA CEGUERA' Y MODO
EVITARLAS, por D. Atigel Fen11fodez Caro. - El actual vicepresidente
de la Sociedad Española de Higiene
pronunció hace dos a!5os ante es~a Sociedad la conferencia que reciente·
mente impresa ofrece al público. El
tema es interesante y está concienzudamente desarrollado, por lo que merece leerse el folleto, al que acompaña
un cuadro gráfico de causas de ceguera comprobadas por el D. Magnus
en 2. 528 casos.
DE

IDILIO DE AMOR, cuadro de Modesto Faustini

Las oa.sa.s extranjera.a que deseen anunciarse en LA IL USTRAOIÓN ARTÍSTICA dirije.nse

p&amp;ra.

informes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rttn,

núm. 61. Parfs.-La.e ca.ea.e e13pa.ñola.s pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Oa.lvet y O.•, Diputa.oión, 858, Barcelona

\

111t9ADESd•iEsr04t

. .,
.~

- . -

1

~,, 1

Pepsina Boudault
!probada por la !C&amp;DEIU DE IEDICINJ.

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

.,,....,..o,a, CA1-LB DB Brf"OL.C. 160. PABIB, 11 • • Codao l-.1'•-ae«.e

El ~ A B E DE BRlANTrecomendado desde su prtnclplQ por loa proreaorea
Laennec, Thénard, Oueraant, etc. : ha ¡eclbldo la conaagracrón del tiempo: en el
año i829 obtuvo el prtl1legio de Invención. VERDADEID CDIFITE PtCTOIIAL, con bue
de goma .., de ababol.ea, convtene,.sobre todo , las personu 'd8.llcadu como
muJeres T niños. su gusto excelente no perJudtca en modo alguno á su incacta
conlra 108 ll!SFlll!DOS T todas las IJ1'L11~Cl8!1ES del PECHO y de 108 mESTIIOS.

■' ----------------------­

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856

PUIS - LYOR • VIEU • PBIUDELPBI! • P!BIS
1867

~

lll3

1876

1878

11 s••L■A. COK IL .,-roa jlJTO llt ,.. .

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS ·
D10ESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I OT&amp;Ol l&gt;IIOaDIMII DI L~ DIGIITtc,a

BASO LA FORlll

DE

ELIXIR. . de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PUIS, Phmnacie COLLAS, 8, rae Daupfüue
r "" lna J&gt;l'incloal&lt;, fanMcía1,

tos PllJNCIPIOS NtmuTIVOS DB u

CARNE

c,.1an, IIIIEll&amp;o y_ flllll.&amp;1 Diez años de extto contlnuado y las anrmactones de
todas lilll emlnencia.s médicas preuban que esta ISOCJIClon de la Clarae, el Blern y la
Vai- constituye el reparador mas enerl!'lco que se conoce para curar : la Clardní 1
J.fltmúJ, las Jlfflltl'U4dona aowrosiu, el Jlmpobrec1mlfflto y la '..tlteracwn ae 14 Sangre1
el }l/lqllfttl1110, las . . t f ~ e:.cronuo,a, Y e,.scor&amp;wtktU, etc. El Ylae l"errast■-■• dé
..&amp;reu• ea, en erecto, el único que reune li:&gt;do lo que entona y fortalece 108 organos
regu1~~1 coordena y aumenta considerablemente 1as tuerza.s 6 tnrunde a 1&amp; san¡re
empobrtlCldl y descolorida : el Ytqor, la CO~acioff y la Bnergw. t1"4l.

Poru1or. e11 Paria, en casa de 1. FERRE, fanjiaceutico, 10!, rue Richelieu, Sucesor a, AROUD
_

SK VKNDB BN TOD.LS ~ PIUNCIP.lLBS BOTIC.LS

EXIJASE e1: ,.,_ARDUO
0

P. LAMOUROUX
Calle Vauvtllter■, J1art1.

El Jarabe tle Pierre Lamouroua:

VINO FERRUGINOSO AROUD
COK TODOS

DE

t.&amp;,

_, El Alimento ma,s fortificante unido a los 'l'ówcoa maa reparadores.

T

Jara be Pectoral
Ante,, Fli'm10,utlco

CARNE, HIERRO y QUINA

Medallu en laa E1po1lclonu lnternaclonalea do

Enfermedadesd,,Pecllo

• ,.

'

como edulcerante de la, tilanas, á
la, cuales comunica ,u guito agra,,
dable y rus propiedade, calmante,.
(GICtla dt loa Hospltalel)

Dtp61ito Cuera! : 4S, Calle Ymilllen, 45,,ws
Se rende en toda, /a, buenu f1rmaolt1.

GRANO DE LINO TAR1N·F~R~tc11
1s.

ESTREF41MtENTOS, CÓLICOS. -La

·PITE EPILATOIRE DUSSER
•

.

e,

el Pectoral por excelencia

caja: 1 fr.

30

d~struye hasta las RAl~ES el YELLO del rostro de lu damas (Barba, Bigote, etc.), sin
111ngun pebgro para el cut11. 50 Años de Éxito, y millms de testimonio, garantlJan ta eficacia
de esta preparacion, (Se vende en oaJa1, i¡,.ra la barba, J en t/2 oajaa para et bigote ligero). Para
los brazos, empléese el P.I.L.1. J'flllJJ;, DUSSER, 1, rue J .•J,•Rousseau, :Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DE MONTANER Y SIMÓN

�</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>. ,itrtélC10t)

Ftí~t1e-a
ARO X

BAReELONA 30 DE NOVIEMBRE DE 1891

NÚM. 518

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

LA GUERRA CIVIL EN CHILE
La importancia de los sucesos recientemente acaecidos en Chile nos ha movido á consagrarles el presente número, creyendo que habrá de ser grato é interesante para nuestros suscriptores conocer detalladamente el curso · y los
episodios de una lucha terminada con el triunfo de la causa de la libertad y de
la Constitución.
En nuestra tarea nos han auxiliado eficazmente el ilustre jurisconsulto chileno, promotor fiscal en la capital de aquella República, socio correspondiente de
la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, etc., etc., D. Robustiano

Vera, y los Sres. D. José Mariscal, de Santiago, y D. B. Bustos Sánchez, de
Chillán. Al primero debemos el notable trabajo en que con sobrio lenguaje é
imparcial juicio se describe el curso detallado del movimiento nacional contra
el dictador Balmaceda, y á los dos últimos interesantes fotografías que nos han
servido para ilustrar este número y que reproducen personajes, hechos, detalles
y episodios de aquella contienda.
A todos enviamos la expresi6n de nuestra gratitud más profunda por tan señalado servicio, que no dudamos será de gran estima para nuestros suscriptores.

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-·LA JUNTA DE GOBIERNO CONSTITUCIONAL
1.

, 1 d ¡ Canto comandante en jefe del ejército constitucional. -2. D. Joaquín Walker Martínez, minis~ro de Justicia y Hacienda. - J. D. Manuel J. Jrarrazabal,
Cerone I Estams
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ministro del Inlenor..- 4. D. 1s1 o~o Err zuriz, ministro e e ac1ones extenores
5 Genern1 D. Gregon·0 Urrutia, intendente y comandante general de armas de la provincia de Tarapacá. - 6. Coronel D. Adolfo Holley, minist~o de la Guerra
·
7. D. Ubaldo Silva, presidente de la Cámara de senadores
S. D, Jorge Montt, jefe de la escuadra y presidente de la Junta de Gobierno provisional. - 9. D, Ramón Barros Luco, presidente de la Cámara de diputados

�LA

754

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

518

septiembre, no pudiendo, fuera de este período, fun·
SUMARIO
cionar en sesión extraordinaria sin previa convocación del presidente de la República, el cual determina
Texto. - Chile. Causas y desarrollo de la revolución que estalló el 7 de enero de 1891, por Robustiano yera, Corre~pon- taxativamente las materias de que debe ocuparse.
Descubierto por los partidos el conato de Balmadiente de la Real Academia de Legislación. - Crómca de
arle, por R. Balsa de la Vega. -Bocetos. L&lt;: calavera, p~r ceda para dejar en la presidencia á un político de
Juan O-Neille. - Nurma/zal, cuento del Onente. por Luis obscuros antecedentes y de dudosa filiación política,
Gallet con ilustraciones de Rochegrosse, traducido por E.
L. Ve;neuil. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Coche movido por elpe- se unieron en estrecha coalición, y en los primeros
tróleo, por G. Tissandier. - Nuevas aplicaciones del P&lt;:Pel. - días de junio de 18901 ambas Cámaras, por abruma·
Nuestros grabados. - Libros enviados á esta Redacc16n por dora mayoría y tras ruidosos debates, censuraron al
autores 6 editores.
Gabinete que encarnaba la política de intervención,
Grabados. - Ilustraciones correspondientes al articulo tit~- declarándolo indigno de la confianza del Congreso.
lado Chile: La Junta de Gobiern~ co_nstituci~nal¡ Croquis
El Gabinete, rompiendo con todas la tradiciones par·
del desembarco y operaciones del eJérc1to const1tuc10nal hasta la ocupación de Valparaíso; Campo de batalla de Col~o; lamentarías del país, no pre~entó su renuncia, de·
Artillería del Gobierno dominando la llanura de Plac1lla; claró que mientras tuviera la confianza del presidenCabaña destruida por una bomba de la Esmeralda durante te de la República no abandonaría su puesto, y días
el bombardeo del fuerte de Viña del ~ar; Panorama del
después en una nota altanera manifestó su resoluci?n
campamento de bí!talla de Placilla; Campo de batalla de
Placilla; Después de la batalla de Placilla; El regimiento de de no presentarse al Gongreso á contestar una mPisagua en la plaza de Viña del Mar, después de las ~~llas terpelación pendiente S()bre inversión de fondos
de Colmo y de Placilla; Los horrores de la guerra ClVII en públicos.
Chile. Muertos en las trincheras después de la batalla de
Este reto audaz alarmó, no ya á los partidos únicaPlacilla; Galeria de San Carlos en Santiago de Chile, donde
se celebró el gran banquete de 3.000 cubiertos; Los héroes mente, sino al país entero, que vió la persistencia de
de la causa constitucional. - Fig. I. Coche movido á vapor un plan liberticida y de una política de coacción elecpor el petróleo. Invención de los Sres. Peuge@t; motor toral dirigida por un Gabinete
Daimler (de una fotografia). - Fig. 2. Sección y plano del
inescrupuloso, compuesto de adcoche movido por el petróleo. - La atleta miss Victori11a.
venedizos á cuya cabeza estaba
c.
el mismo candidato oficial.
El Congreso opuso á la petuCHILE
lancia del ministerio una resistencia tenaz y respetuoCAUSAS Y DESARROLLO DE LA REVOLUCIÓN
sa, en la cual lo acom·
o
pañaba el aplauso de
-....,____
QUE ESTALLÓ EL 7 DE ENERO DE 1891
toda la prensa y la opi,;,
nión del pueblo, que
I
(
día por día esperaba á
{
Tres son los poderes en que delega su soberanía los representantes á la
. \
el 'pueblo de Chile, poderes independientes y cada salida del Congreso
uno de los cuales obra dentro de una esfera propia para llevarlos en triunfo á sus habitaciones.
de acción.
Entretanto y como
El poder administrativo, delegado en el presidente
de la República, al cual auxilian los ministros del único medio de coacdespacho intendentes de provincia, gobernadores de ción que tenía en sus
manos para llamar al
departam~nto y demás agentes de su autoridad,
El poder legislativo, que reside en e~ Congreso n~- jefe del ~stado al ca·
...._... .,.,,.0 ,
cional compuesto de dos Cámaras, tituladas de d1- mino del deber, acordó
las Tablas
·--- Lu Pahnu7
putad~s una y de senadores otra. Los miembros del aplazar la discusión de
las
leyes
de
presupuesCongreso se eligen por el pueblo y representan por
tos, de contribuciones
consiguiente á sus electores.
El poder judicial, finalmente, es el encargado de y la que fija la fuerza
administrar justicia, y se elige en la forma que de· de mar y tierra.
CROQUIS DEL DESEMBARCO Y OPERACIONES DEL EJÉRCITO CONSTITUCIONAL
Venció primero la
termina la Constitución del Estado.
HASTA LA OCUPACIÓN DE VALPARAfso
ley de contribuciones,
A. Lugar del desembarco de las tropas constituc\onales.
. .
. . '
y no estando aprobado
II
___________ La linea de puntos indica el camino seguido por el eJérc1to conshtuc1onal
su cobro, el país estuvo
basta su llegada á Val para!so.
. .
. .
. .
Las lineas de cuadrados indican las pos1c1ones de los eJérc1tos conshtuc10nal y
Corresponde al Congreso la formación de ~as leyes durante quince días en
dictatorial en las batallas de Colmo y Placilla.
que rigen al Estado, y entre éstas la qu.e ~uto!1za cada un total desquiciaB y C. Linea férrea.
diez y ocho meses el cobro de las contnbuc1ones, el miento: paralizados los
presupuesto anual de los gastos de la nación y la qu~ servicios de correos y
Para acallar la voz del Congreso, que durante el
fija y autoriza el mantenimiento de la fuerza públi· telégrafos, entorpecida la administración de justicia,
Gabinete
anterior había sido convoca.do á sesiones
ca de mar y tierra. La facultad de censurar los. ª&lt;:tos cerradas las aduanas, todo parecía correr á una ráextraordinarias,
ese mismo día lo declaró clausurado
.
del ejecutivo y aprobar ó reprobar sus procedirmen- pida desorganización.
por medio de una nota tan altanera como lacónica,
Alarmado
Balmaceda,
cedió
por
un
instante
y
llatos, aunque no reconocida expresamente ~n la Constitución del Estado, se desprende de la misma natu- mó un ministerio parlamentario; mas apenas apro- no obstante de no haberse alcanzado á aprobar las
raleza de sus facultades y ha sido constantemente bada la ley que por un instante pareció entorpecer leyes de presupuestos y la que fija las fuerzas de mar
ejercitada durante más de medio siglo de vida parla- sus planes, sin causa alguna aparente arrojó al mi• y tierra.
Entretanto, el tiempo avanzaba y el Gabinete se
nisterio que había obtenido su aprobación y llamó
mentaria sin observación de ningún género.

r-·

~

_,,

NúMERO

LA

518

República á militares que se habían distinguípor sus atropellos y violencias; se coartaba el
derecho de reunión; los caudillos de la oposición eran acechados por asesinos que obraban en conivencia con la policía, y finalmente, al salir de una reunión que celebraba el
partido conservador, cae muerto en la calle
~íctima _de un pistoletazo disparado por lapo'.
licia, Isidro Ossa, casi un niño, que pertenecía á una de las familias más distinguidas del
país.
La indignación estalló intensa y sorda. Cuarenta mil ciudadanos, confundidos el senador
y el artesano, el banquero y .el plebeyo, llevaron al cementerio el cadáver del mártir con
religioso sentimiento y silencio imponente,
turbado únicamente por el aparato militar
desplegado ese día por Balmaceda.
La comisión conservadora que funciona en
receso del Congreso, pero cuyas facultades son
meramente inspectivas, creyó llegado el caso
de reunirse para advertir al presidente de la
República que no estando aprobadas las leyes de presupuestos y estando por caducar
las vigentes, era de imprescindible necesidad
conovocar al Congreso á sesiones extraordinarias. El presidente se limitó á acusar recibo
de la comunicación. Insistió en su petición la
comisión conservadora, y volvió el presidente
á contestar que había recibido la nota de tal
fecha. Era, pues, evidente su propósito de
resistir al Congreso aun cuando para ello fuera necesario violar la Constitución.
En esta situación llega el 1. de enero de 1891 y
por un simple decreto declara el presidente subsistentes el ejército y la armada y vigentes los presupuestos del año anterior. La dictadura quedaba declarada, el país en plena revolución y Balmaceda
fuera de la ley.
Se nota en el ejército algunos actos de insubordinación; se aprisiona á los supuestos sediciosos;
ocurren éstos pidiendo protección á la Corte Suprema de Justicia, y el más alto tribunal de la República,
de cuya integridad jamás se ha dudado, declara que
no existe delito alguno desde el momento que no
existe ejército. Al día siguiente al llegar los magistrados al tribunal son dispersados á viva fuerza y arrojados de la sala en que funcionan.
Ambas Cámaras en notable mayoría se reunen pri·
vadamente y acuerdan:
1.º Que el presidente de la República D, José
Manuel Balmaceda estaba absolutamente imposibilitado para continuar en· el ejercicio de su cargo, y
en consecuencia que cesaba en él desde ese día.
2.° Que estaban igualmente imposibilitados para
reemplazarlo en su cargo sus ministros del despacho y
los consejeros de Estado, que han sido sus cómplices
en los atentados contra el orden constitucional.
Y en consecuencia, que designaban á D. Jorge
Montt para que coadjuvase á la acción del Congreso
á fin de restablecer el imperio de la _Constitución.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Artillería del Gobierno dominando la llanura de P!acilla por donde avanzaban las tropas congresistas

0

del Senado D. Ubaldo Silva y el presidente de la Cámara de diputados D. Ramón Barros y varios otros
diputados, entre ellos el prestigioso chileno y gran
orador D. Isidoro Errázuriz, se fueron á la escuadra,
y en nombre del Congreso, que representa al pueblo
soberano, hicieron saber á D. Jorge Montt la resolución antes tomada.
Este aceptó la designación que se le hacía para la
organización de una división naval que quedaría bajo
sus órdenes para cumplir las disposiciones que se
adoptaron por los delegados del Congreso Nacional.
Esta resolución se dió en la orden del día para
que llegase á conocimiento de los señores jefes, oficiales y marinería de la división naval.
A las siete de la mañana del día siguiente se supo
en Valparaíso la sublevación de la escuadra bajo las
órdenes del capitán de navío D. Jorge Montt.
El presidente Balmaceda dictó el mismo día 7 un
decreto cuya parte dispositiva dice así:
&lt;He acordado y decreto:
»Desde esta fecha asumo el ejercicio de todo el
poder público necesario para la administración y
gobierno del Estado y el mantenimiento del orden
interior, y en consecuencia quedan suspendidas por
ahora las leyes que embaracen el uso de las facultades que fuesen menester para asegurar el orden y la
tranquilidad interna del Estado y su seguridad exterior.»
El Sr. Balmaceda por medio de este simple decreto se hizo dictador.
.
III
La Constitución del Estado no le daba esta facultad
En la madrugada del 7 de enero, el vicepresidente que se abrogó sin precedente alguno en la historla,

Campo de batalla de Colmo. - Vista tomada desde
las posiciones de las tropas _congresistas á orillas del río 1\.concagua

El gobierno del Excmo. Sr. D. José Manuel Ba!·
maceda entraba al quinto y postrer año de su administración en abierta pugna con el Cong!eso. .
El Congreso celebra cada año una sesión ordmaria, que se abre el 1. • de junio y se cierra el .30 de

nuevamente á sus amigos y á su círculo de políticos
complacientes.
Esta conducta artera é imprudente indignó á lo que
había de serio en el país y no hizo más que ahondar, si
era posible, el abismo que separaba á ambos poderes.

acercaba cada día más á la dictadura. Se removían
los empleados públicos más íntegros para colocar en
su lugar á obscuros aventureros · que no tenían más
mérito que su adhesión servil al gobierno; se nombraba intendentes de las principales provincias de la

durante el bombardeo del fuerte de Viña del Mar
·
,
ea bana destruida por una ·oomba de la Ermeralda
N

755

Suprimidas así todas las leyes, principió por aprisionará todos los ciudadanos que él creyó ó que se
le denunciaban como partidarios del Congreso. Otros
se escondieron y no pocos salieron fuera del país.
Los presos, entre los cuales había personas particulares ó que gozaban de fuero por sus cargos y aun
militares, acudieron á los tribunales de justicia. Estos
prestaron su protección y declararon que no existía
ejército. Balmaceda cerró los tribunales de justicia y
no dejó que funcionaran.
Por último, siendo el poder judicial inamovible,
él separó·á los que quiso y procedió á nombrar otros
de su agrado, faltando á las reglas establecidas para
sus nombramientos.
Una tiranía espantosa aterrorizó á toda la República.
•
El derroche de fo~dos fué sin límites, 'y en esto
procedió á su antojo, puesto que no podía gastar un
sólo céntimo porque no existía ley de presupuestos.
Formó un ejército de más de 40.000 soldados
obligando á los pobres á servir por la fuerza.
'
Dió grados á todo el mundo y fió su poder en la
tropa, pagando á los oficiales y jefes crecidos sueldos.
IV
La escuadra sublevada se dirigió entonces á Coquimbo para proveerse de víveres, carbón, etc., á fin
de poder trasladarse á !quique, una vez que comprendió que ni Santiago ni Valparaíso secundaban su
movimiento.
. Apoderados de la Serena sólo encuentran allí 2 50
nfles Gras, y con ellos formaron un cuerpo de igual
número de individuos que embarcaron á bordo del
Amazonas, y unidos á los 200 que había á bordo
del Cachapoal formaron una pequeña división de 500
soldados.
Mas en esta situación se supo que el coronel Robles, mandado por Balmaceda, había desembarcado
por Platillas, lo que hacía imposible todo ataque á
!quique, que contaba ya con 1.500 hombres.
Se atacó entonces á Pisagua, que tenía 340 hombres mandados por el coronel D. Marco A. Valenzuela, lo que se verificó á las cinco de la mañana del
día 6 de febrero, amaneciendo allí el Cochrane la
O'Higgnis, la Magallanes y el Cachapoal.
'
La victoria coronó los esfuerzos de la escuadra
quedando en poder de los sublevados 200 prisione'.
nos, incluso el comandante de la plaza coronel Valenzuela y toda su oficialidad.
La expedición se dirigió entonces por tierra á
!quique, pero ya la división contaba 1. 200 hombres
inclusos 200 que facilitó la escuadra.
'
El 15 de febrero salió la fuerza expedicionaria del
i Alto del Hospicio por la línea férrea que une á Pisagua con !quique; pero al frente de Dolores el coronel Robles jefe de las fuerzas de la dictad~ra, los
atacó en las altura_s del .cerro de San Francisco, y
después de tener cien baJas se pronunció la derrota
en el enemigo, pereciendo allí Villagrán y Riquelme,
logrando algunos pertrechos de guerra de que carecía la fuerza constitucional.
Pero pronto se encuentran con las fuerzas de Ro-

�LA

756
bles, que había recibido recursos de toda clase, y á
las tres y media de la tarde del día 17 de febrero se
trabó el combate en la oficina de Huaras; pero allí
la victoria se pronunció á favor de las fuerzas dictatoriales, que pasaron á cuchillo á los prisioneros y heridos, retirándose las fuerzas al Hospicio para no
ser cortadas por la división Gana.

chando contra Robles. En fin de febrero se habían
concentrado allí 1.000 hombres; pero ya Robles se
había reunido con la división Arrate y luego después
con la de Gana.
La oposición acamp6 en las alturas de !quique
para defenderse en la ciudad apoyados en la escuadra para el caso de una derrota.

PANORAMA DEL CAMPO DE BATALLA DE PLACILLA, -

Mas la escuadra, que supo el 16 de febrero que Robles se había dirigido á !quique, desembarcó su roa·
rinería. El intendente de !quique, Sr. Salinas, se dirigió á un buque inglés y el cuerpo consular entregó
la plaza al Sr Goñi, comandante del Blaf!CO.
Al día siguiente, el coronel dictatorial Soto con
400 hombres se presentó para atacar á la marinería
que guardaba la ciudad y que no pasaba de cuarenta
hombres. El jefe de ella, D. Vicente Merino Jaspa,
se encerró en el edificio de la aduana y se batió desde las doce hasta las seis de la tarde, hora en que
llegó refuerzo de la escuadra y obligó á capitular á
Soto, quedando las tropas constitucionales dueñas
del puerto y destruidas la mitad de las fuerzas de
Robles·.
Se hicieron venir las tropas que la oposición tenía
en Pisagua y se concentraron todas en !quique, mar-

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

518

unos 200 hombres equipados en la Esmeralda, dirigiéndose á !quique.
Entretanto, en Valparaíso se le escapó á la dictadura el Maipo, que llevó á los oposicionistas gente,
pertrechos de boca y de guerra.
La oposición había sido derrotada en !piza y Hospicio; pero Canto, que hasta de las derrotas sabía sa-

Posiciones defendidllS por el ejército dictatorial

Entretanto, el 2 de marzo el imperial había desembarcado en Antofagasta gruesas tropas dictatoriales que pretendían unirse á Robles por Cerro Gordo,
es decir, por tierra, lo que hacía necesario atacar á
Robles con 1.600 hombres que á duras penas habían
formado los constitucionales al mando del coronel
Canto.
El 3 de marzo se divisaron las avanzadas de Robles en la pampa denominada El Buitre.
El 7 se dió la orden de ataque contra las posiciones de Pozo Almonte, y de 3.000 hombres que combatieron quedaron x.ooo en el campo de batalla, pereciendo en ésta el coronel Robles. La dictadura perdió corno 400 hombres. Arrate huyó y la provincia
de Tarapacá quedó en poder de la oposición.
El 9 se sublevó la guarnición de Antofagasta, que
estaba ocupada por la dictadura, y se embarcaron

I

car ventajas, pudo hacerse pagar bien caros esos
desastres.
Todo el Norte pertenecía á la oposición, y ya Balrnaceda no pensó mandar más tropas para defender
á !quique.
V

Balrnaceda, merced á la traición de Amengua] y de
Salvá en Punta Arenas, que había sido amparada por
el general Valdivieso, gobernador de Magallanes, de
un mayor Moreno y de otros más, se había apoderado de las torpederas Lynsck y Conde/, que protegidas
por el Imperial formaban una flotilla que no carecía
de importancia.
Gracias á esto, á las cuatro y media de la mañana
del 23 de abril, por medio de torpedos lograron

GAMPO DE BATALLA DE PLACILLA

A. Sitio donde estuvo emplazada la artillería del ejército congresista. - B Población de p¡ ·¡¡

,

• • de los d1ctatonale1
.
.
ac1 a, - C, pos1C1ones

NúMERO

518

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

el hundimiento del
Blanco, que se encontraba en la bahía de
Caldera, pereciendo
allí cerca de cien tripulantes.
Este golpe parece
que reternpló los ánimos de los jefes de la
revolución, á pesar de
que carecían de tropa,
de armas y de toda clase de recursos.
La labor de los representantes del Congreso fué más notable
que nunca.
En pocos meses
aquellos hombres, que
no contaban más que
con el patriotismo y la
justicia de la causa
que defendían, tuvie·
ron de todo.
En !quique se formó entonces una junta de gobierno. compuesta del presidente
D. Jorge Montt, del
vicepresidente del Senado D. Ubaldo Silva
Despué, de la batalla de Placilla
y del presidente de
la Cámara de diputados don Ramón Barros Luco.
El derecho de reunión desapareció por completo.
Esta junta organizó tres ministerios, que fueron: el
Los fusilamientos nocturnos y después en público
del Interior, servido por el Senador D. Manuel José bajo pretextos frívolos se sucedieron en tanto núrneIrarrazaval, hombre prestigiosp y hábil, notable por ro que ya causaba horror.
su fortuna y por sus relaciones ,de familia y que contriPor fin vino la matanza de Lo Ca,1as que exaspebuyó á dar lustre á la causa constitucional; el de J us- ró á todo el país.
ticia y Relaciones exteriores, que desempeñaba el diEn esta matanza pereció una brillante juventud
putado D. Isidoro Errázuriz; el de Hacienda, el dipu· que no habrá lágrimas con que llorarla lo bastante.
tado D. Joaquín Walker Martínez, y el de la Guerra,
Rodeado de hombres de malos antecedentes, Balque le tocó desempeñar al coronel de ejército don maceda se hizo feroz, cruel, sanguinario.
Adolfo Holley.
Entretanto los del Sur esperaban que la escuadra
En Santiago quedó funcionando en reserva un viniera cuanto antes á librarles de esta horrible sicomité de caballeros entusiastas que secundaban al tuación.
'
gobierno de !quique.
El comercio, la agricultura y la minería estaban
Las imprentas se mandaron cerrar y no había más arruinados.
diarios que los del dictador.
Balmaceda había hecho lanzar millones de papel
Era un crimen hablar y escribir acerca de la revo- moneda, porque habiendo desaparecido el metálico
lución.
. existente y agotadas todas las riquezas, las entradas

757
de que disponía, no le
eran bastante para los
,.
gastos que hacía para
sostenerse.
Esta situación de.
bía resolverse en breve, porque este estado
de cosas era insoste·
nible por más tiempo.
El coronel D. Estanislao del Canto, que
en unión del general
D. Gregorio Urrutia
habían sido los prirneros en secundar el rnovirniento de la escuadra, comenzaron á formar las tropas que debían venir al Sur á
combatir al ejército
de la dictadura.
En esta situaci6n,
pudo unírseles el coronel D. Emilio Korner, capitán de artilleda del ejército prusiano y que vino á Chile
contratado por el go•
bierno para la enseñanza técnica del ra·
rno de artillería y con
facultad de usar las
insignias de teniente coronel de nuestro ejército.
Korner se fué á !quique, y desde que llegó se dedicó con todo entusiasmo á instruir á la tropa, prefiriendo el orden disperso que está en vía de ensayo
en Europa como el mejor sistema para el combate
de artillería.
Las armas para estas tropas no llegaron hasta
el 3 de julio, y desde esta fecha se puede decir que
principió á tener la causa constitucional un verdadero ejército. Mas era preciso acelerar el ataque porque ya se sabía que los blindados .Presidente Errázuriz y Pinto podían llegar de un momento á otrQ,
y que unidos al Aguila, que el gobierno de Balmaceda había comprado á una compañía italiana y que
iba á armar en transporte de guerra, podían formar
una flotilla bastante respetable, con que poder ir
á !quique y entorpecer las operaciones de la es·
cuadra.

El regimiento de Pisagua (3.º de línea de las fuerzas congresistas) en la plaza de Viñ1 del Mar, después de las batallas de Colmo y de Placilla
Todas las tropas congresistas llevaban en el brazo izquierdo una cinta_encarnada como distintivo, pues los uniformes no estaban cortados todos por el mismo modelo ni eran de igual color

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

y sin embargo los dictatoriales resistían en sus posiciones.
El Tarapacá 9.° de línea y el Taltal 4. 0 de línea
entraron al combate y con este refuerzo el ataque fué
entonces más vigoroso, logrando los constitucionales
romper el ala izquierda del ejército dictatorial y ocupar el elevado cerro después de haber dejado el
campo lleno de cadáveres.
El coronel Canto dirigía el ala izquierda, y ayuda
do del coronel D. Salvador Vergara sostenía el combate del ala derecha del enemigo.
Destrozado el ejército dictatorial en su ala izquierda, Canto atacó por el ala derer:ha y por el centro
con los regimientos Val paraíso núm. 2.°, Atacama 10.°,
BATALLA DE CONCON
Huasca u.º, Chañaral 5.°, Pisagua 3.0 y Esmeralda
7.° de línea, y no pudiendo resistir al empuje de esta
El 20 de agosto principió su desembarco en la tropa, comenzaron los dictatoriales á batirse en recaleta de Concon el ejército constitucional, compues- tirada.
Entró entonces en acción la caballería constitucioto de nueve mil hombres que habían sido traídos en
los transportes Aconcagua, Maipo, Cachapoal, A ma- nal: los escuadrones Libertad 1.°, y carabineros 3.° diezonas, Copiapó y Biobio, cuyo convoy era protegido ron conjuntamente varias cargas que produjeron compor el blindado Cochrane, la Esmeralda y las corbe- pleta dispersión en las filas dictatoriales.
Los lanceros, los granaderos y los guías perseguían
tas O'Higgnis y ,l1qgallanes y el transporte A btao.
La caleta de Concon tiene una playa llena de al enemigo, que huía con suma rapidez y en todas
rompimientos, y vencidos todos los inconvenientes, direcciones.
Los constitucionales vencedores tomaron al enela tropa á eso de las tres de la tarde comenzó á avanmigo una batería de campaña, otra de montaña, dos
zar hacia Concon bajo.
El 2 1 quedó concentrado el ejército siendo ya las ametralladoras, unos dos mil rifles y como 1.000 pridiez de la mañana, presentándosele un gran obstácu- sioneros entre jefes y oficiales.
Se calculan los muertos del enemigo en más de
lo, cual era el río de Aconcagua, invadeable en casi
1 .ooo y en 500 sus heridos.
todo su curso.
La oposición entre muertos y heridos tendría cerca
El ejército dictatorial ocupó las alturas de los cerros que allí existían. Una brigada de artillería nú- de 600 hombres.
El número de tropas dictatoriales no bajaba de
mero 2 1 al mando del comandante Silva Renard, se
situó en una loma de la ribera Norte del río Aconca- 12 .ooo hombres contra 9.ooo de los constitucionales.
Los batallones que por parte de la dictadura engua, frente al ala derecha del ejército dictatorial.
La otra brigada del mismo batallón, mandada por traron en acción fueron el Buin y 3 º, 7.°, 9.°, 10.º de
el sargento mayor D. Carlos Hurtado, se colocó en línea, el Taiguéo, El Temuco, el Victoria, el Mulsituación semejante, amagando al ala izquierda del chén, cazadores y la artillería.
A las cuatro y media de la tarde la derrota se haenemigo.
bía pronunciado por completo, quedando unos 2 .ooo
El resto de la artillería iba á atacar el centro.
A las once y veinte de la mañana se dió comienzo prisioneros, aparte del desbande de tropas, que siemá la batalla por el ala derecha constitucional con la pre es propio del vencido.
primera brigada, entrando en acción el ala izquierda
Esta batalla, que selló los primeros pasos del ejéruna hora después con las otras dos brigadas. Las cito constitucional y que fué bastante encarnizada y
fuerzas dictatoriales eran mandadas por el general sangrienta, era el principio del derrumbamiento de
de división D. Orozmibo Barbosa y por el de brigada la dictadura.
La prensa de Balmaceda guardó completo silenD. José Miguel Alcérreca.
Las fuerzas constitucionales eran mandadas por el cio; pero en Santiago circuló bien pronto la noticia
coronel Canto y por el jefe de estado mayor coro· de la victoria, la que se confirmaba en los aprestos
que hada Balmaceda para enviar más tropas al camnel D. Emilio Korner.
Barbosa era un jefe bastante odiado y el que había po enemigo.
lanzado á Balmaceda á cometer todos los crímenes
La división de Concepción principió á pasar para
que había realizado su dictadura. Alcérreca era un el Norte, y en pocos días ya Balmaceda pudo enviar
militar joven, valiente á toda prueba, de simpática nuevos batallones y reunir no menos de 19.000 homfigura, querido en general, y que si defendía tan re- bres, con los que creía poder vengar el desastre que
pugnante causa, se debía más bien á su carácter ca- habían sufrido sus armas en Concon.
balleresco que por gratitud se creía ligado al dictaNo Qbstante, no contaba con el pánico que se hador. Mas ninguno de los dos jefes eran tácticos ni bía apoderado de su ejército, ni con que Dios procapaces del puesto que ocupaban.
tegía la causa de la justicia y del derecho.
Balmaceda tenía su ejército dividido en cuatro
divisiones. Una estaba en la Serena, la otra en Con- BATALLA DE LA PLACILLA Ó DEL ALTO DEL PUERTO
cepción, la tercera en Valparaíso y la cuarta en la
capital.
La batalla de Con~on no era definitiva, porque el
Aparte de esto, tenía multitud de tropas en las pro· enemigo no había sido deshecho por completo y porvincias, y esto sin contar las policías y gendarmes que al dictador le quedaban numerosas tropas con
que existían en todos los pueblos de la República.
que reforzar los restos de las vencidas.
Balmaceda no sabía por qué punto iba á ser ataDebía librarse una segunda batalla, y para ello era
cado y por eso había dividido su ejército.
preciso practicar un reconcimiento en las alturas de
Al saber el desembarco en Concon, Alcérreca salió Viña del Mar, lo que en efecto se hizo.
de Valparaíso con su división de 7.000 hombres:
El ejército constitucional se dirigi6 entonces hacia
Barbosa marchó de Santiago cor. la suya; pero á decir la izquierda, recorriendo un inmenso trayecto, hasverdad, la tropa que peleó en Concon por parte de ta que por fin tomó posesi6n de la hacienda de
la dictadura no bajó de 8.000 hombres. La división Las Palmas, frente al Alto del Puerto, que distaba
de la tercera quedó completamente cortada, y para como tres leguas de Valparaíso.
moverla necesitaba por lo menos doce días.
En esta operación empleó hasta el día de la bataLa división de Concepción podía hacerla llegar lla, .qu~ fué el 28 de ese mismo mes de agosto, es
por trenes en dos ó tres días y estar á punto para la decir, siete días después del triunfo de Concon.
ba'talla.
El ejército de Balmaceda, además de ocupar siemEmpeñado, pues, el combate, como dejamos de- pre posiciones ventajosas, de ser numeroso de estar
tallado, principió el ejército constitucional por salvar bien alim:ntado y perfectamente equipad~, contaba
el río de Aconcagua con el objeto de estrechar las con 60 canones, al paso que el constitucional no tedistancias y evitar los fuegos de la ventajosa artille- nía sino 30, contando con los que había utilizado de
ría dictatorial, que se había desplegado en línea de la antigua victoria.
batalla.
Estas tropas carecían de todo recurso; pero les
El río fué pasado en esta forma: regimiento cons- sobraba e.l valor Y. tenían una fe ciega en el triunfo.
titucional número 1.º; regimiento Antofagasta 3.°; reA las siete f vemte de la ~añana de este día, que
gimiento !quique 6.°, que permaneció en la ribera s_e recorda_rá siempr~ en la historia de este pueblo
del río aguardando órdenes, yendo el regimiento libre y altivo, rompió el fuego la artillería dictatorial.
constitucional á la vanguardia desplegado en guerriA las diez y media, el ala izquierda del ejército de
lla y protegido por el Antofagasta.
Balmaceda era completamente arrollada habiendo
El bravo coronel Korner junto con el comandante además perdido su artillería.
'
Frías avanzaron á la cabeza de estas tropas, atacando
En esta situación el desaliento se apoderó de la
con un empuje formidable al enemigo, que estaba tropa y se pronunció una completa derrota.
atrincherado en un cerro muy escarpado.
Los granaderos de Balmaceda fueron los primeros
Avanzó entonces el !quique y los valientes del 6.º, en llegar á Valparaíso sin ocultar lo sucedido.

Esto, pues, apresuró los acontecimientos más de
lo que se pensába, ya que ~~ se quería ~mprender
la campaña sino con probabilidades de éxito.
La escuadra comenzó su movimiento el 20 de ju•
lio saliendo la tercera brigada en dirección á Cal' donde debía completarse, vestirse
. y eqmparse.
.
dera
~ primera brigada ocupaba ya la provincia de
Atacama.
La segunda salió de !quique y se dirigió á Valparaíso á sesenta millas de la costa, para reunirse con
las dos restantes el 19 de agosto, á fin de obrar directamente contra el enemigo.

NúMERO

51 8

La caballería constitucional principi6 á perseguir al
en.emigo, que huía en dispersi6n.
Los generales Barbosa y Alcérreca perecieron en
el campo de batalla.
En unas cuantas horas de combate, aquel numeroso ejército, con el que se creía invencible el dictador Balmaceda, huía en todas direcciones y cada
cual pensaba sólo en su salvaci6n.
Esta batalla, menos sangrienta que la de Concon
daba sin embargo un triunfo completo al Congreso'.
Ya nadie podía r~sistir. Balmaceda estaba, pues,
completamente perdido.
Los vencedores se dirigieron á Valparaíso en medio de los vh-as más atronadores de un pueblo que
entusiasta celebraba el triunfo.
El intendente Viel y los que le rodeaban se embarcaron en buques neutrales para poder huir al
extranjero.
A las tres y media de la tarde de ese memorable
día, el estado mayor constitucional tomaba la Intendencia y procuraba contener el orden. que había sido
perturbado por las tropas vencidas y vencedoras, las
cuales entraban todavía haciendo disparos.
Los prisioneros de Concon pidieron al coronel
Canto permiso para pelear en el Alto del Puerto
y se portaron valerosamente.
Esto probaba que aquella tropa vencida, peleando
por una causa santa y con jefes de prestigio, era tan
esforzada como la que había triunfado en dos combates.
Balmaceda estaba vencido de antemano. Tenía
en su contra el peso de la opinión pública y la sangre de sus víctimas exigía venganza.
Además él mismo había corrompido su ejército,
porque á los oficiales y jefes les prodigaba el oro y
los ascensos, y esto les había enervado por completo.
Entretanto, en Santiago se ignoraba el resultado
de la batalla.
Balmaceda,que lo sabía,guard6 completa re~erva.
A sus amigos y partidarios les hizo comprender que
la victoria era un hecho.
A las dos de la mañana del día 29 abandonó el
palacio de la Moneda con su familia. Esta se dirigi6
á la legación norte-americana y él se fué á ocultar á
la argentina.
Dejó un decreto por el cual entregaba el mando
de la plaza al general D Manuel Baquedano, mientras los vencedores disponían otra cosa.
A las ocho de la mañana se supo su fuga y 'su derrota.
El pueblo se levant6 en masa, y no habrendo sido
contenido, como era deber de la autoridad, comenz6
en la capital un saqueo espantoso, Nacionales y extranjeros fueron víctimas de estos desmanes, súfriendo pérdidas considerables.
La tranquilidad volvió poco á poco. La junta de
gobierno hizo su entrada triunfal al día siguiente de
estos sucesos que desdicen de un pueblo culto.
Apareci6 entonces la prensa independiente. Nació
el júbilo en todos los corazones: los encarcelados fueron puestos en libertad y se unieron al contento de
sus hermanos.
Así concluy6 la dictadura y con ella la tiranía.
Balmaceda, que no se hizo matar en el campo de
batalla porque prefirió permanecer en el palacio de
la Moneda, no pudo huir.
El 19 de septiembre, á las ocho de la mañana, se
disparó un tiro de rev6lver en la pieza que ocupaba
en la legaci6n argentina para librarse de la persecución y de las consecuencias del proceso á que debía
ser sometido. Antes que morir en una obscura prisión, á manos del pueblo, 6 en un patíbulo, prefiri6
él mismo poner fin á sus días.
¡Ojalá que los vencedores, colocándose á la altura
de sus nobles antecedentes, hagan la felicidad de
Chile, para que este país recobre sus perdidas fuerzas y renazca la confianza, progrese la agricultura, el
comercio y la minería, que son sus únicas fuentes de
riqueza!
Nosotros pedimos piedad para los vencidos. La
benignidad enaltece más un triunfo. Las crueldades
y venganzas lo enlodan.
El corazón chileno olvida y es generoso.
R OBUSTIANO V E RA

C. de la Real Academia de Legislación

Para completar el notable trabajo del Sr. Vera,
creemos que ha de ofrecer interés á nuestros lectores
conocer la carta que Balmaceda, antes de suicidarse,
dirigió á su amigo D. José Uriburu y cuya autenticidad fué atestiguada por D. José Uriburu, D. J. Arrieta, barón Gutschmid, D. Enrique de Barros Cavalcanti de Lacerda, D. José M. Barceló, D. Carlos Lira, D. Melchor Concha y Toro, D. J oaqufn
Aguirre y D. C. Walker Martlnez,

NúMERO

518

LA

lLOSTRACIÓN ARTÍSTICA

Dice así:
.
.
l »Por eso había decidido espontáneamente poner&lt;Sr. D. Jos~ de U~iburu.~..t Santia&amp;o, septiembre 19 me á disp~sición de la junta de gobierno, esperando
de 1891. - M1 quendo senor y amigo: Como lo he- que al fin imperasen en amparo de todos la Consti;os ~abla~o Y usted lo sabe, necesito dar desenlace tución y las leyes.
la situaci6n en que me encuentro,
&gt;Acusados y procesados, presos ó fugitivos todos
"· •

, Jt,:

.

,,,~-,..,

·

.

. ''C.

759
hecha gobierno, no queda más camino que prolongar
el asilo, lo cual no debo ni puedo hacer, ó el sacrificio. ¡Ojalá éste alivie á mis amigos de las persecuciones que se les hace, creyendo así abatirme y ofenderme más vivamente á mí!

....,... "'¿ . •

....

Los horrores de la guerra civil en Chile. - Muertos en las trio:heras después de la batalla de P laci!la. (De una fotografía tomada inmediatamente después del combate.)

»No debo prolongar por más tiempo el generoso
asilo que me ha prestado en momentos que !e.comiendo á los míos como aquellos en que he rec1b1do
el mayor servicio en la vi&lt;!-3,
.
.
»La exacerbación de mis enemigos es capaz, ~1 se
descubre mi residencia. de extremidades que evitaré
aun con el mayor sacrificio que puede hacer un hombre de ánimo entero.
.
»Sabe usted que he desechadol el cammo de la
evasión vulgar, porque lo estimo !ndigno del hombre
que ha regido los destinos de Chile, sobre todo para
excusar la mano de la revolución triunfante.

los jefes y oficiales del ejército, todos los senadores
y diputados, los municipios, el poder judicial, los
funcionarios públicos de todos los órdenes de servicios, y arrastrado yo, que s61o soy justiciable ante el
Congreso, á la justicia representada por jueces especiales y partidarios de la revol~ci6n, para responder
con nuestras personas y nuestros bienes de cuanto
hemos hecho en el gobierno, como si no hubiéramos
sido gobierno, se ha implantado la arbitrariedad en
forma que he perdido toda esperanza de que se
obrase con justicia.
»Visto el espíritu y tendencia de la revolución

»Sea piadoso con el hombre que cae á los golpes
del infortunio. Como bendigo yo á usted y á su santa señora, espero que mis hijos los bendigan también
y siempre.
»Pida á Arrieta, que es bueno y está cerca de los
míos, que cumpla con las obras de misericordia sin
ceremonia ni acompañamiento alguno.
»Que usted, su esposa y mis hijos sean siempre fe.
!ices. Suyo - J. M. Balmaceda.
&gt;&gt;P. S. - Cuento en todo caso con que usted cumpla
el encargo íntimo y de honra que le hice anoche
para las personas que usted sabe. - Vale.)

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LA GUERRA CIVIL DE CHILE.-LOS HÉROES DE LA CAUSA CONSTITUCIONAL
LA GUERRA CIVIL EN CHILE, - Galería de San Carlos en Santiago de Chile, en donde se celebró el gran banquete de 3.000 cubiertos ofrecido por la sociedad de Santiago

á la Junta de Gobierno constitucional y á la oficialidad ele los cuerpos del ejército triuníante

D ~ J
Ross sostenedora de hospitales, iglesias Y casas de huérfanos, etc. etc., en Chile, desterrada al Perú por el dictador Balmaceda y vuella á Valparafso después del triunfo de la
1
1
ona uana
t'~uc·onal
_ 1 D. Alejo Barrios, alcalde municipal de Valparaiso, preso y desterrado á Europa. - 2. D. Joaquín Muñoz Hurtado, comandante del crucero Magallanes. - 3 Co•
caust ~on: ·¡¡ Ko;ner 'jefe del Estado Mayor del ejército constitucional. -4 D. Lindor Pérez Gazitúa, comandante de la O'Ht°fgins, - 5 D. Pedro Nolasco Martinez, comandante del
•
rone · E mi ~Ida _ 6' D Javier Melinas Gazitúa, mayor de órdenes de la escuadra. - 7. D. Cornelio Saavedra, secretario general del ejército. - 8. D. Enrique Valdés Vergara, secrec1ru.cero
m1iedr:e,Ma.ri'na·, m~erto en el hundimiento
ano genera
·
1 B'del blindado
E l .,Blanco Encalada, volado en el puerto de Caldera. -9. D. Antonio Gazitúa, en cuya casa se acordó el plan de la sublevac1'6n d e 1a escuadra. - 10, Comandante Goñi, de ,aneo nea ª"ª•

�LA

762

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

518

dificando la frase y diciendo mal de todos ... ó de
¡casi todos!, según contestó aquél chambelán á
Luis XIV á fin de halagarle y no amostazarlo más.
Profeso' un profundo respeto á los cadáveres: quiEl drama romántico en la realidad. - A propósito del nuevo
Director general de Bellas Artes de ~rancia. -. L~ que se
siera que todos pudiesen conservarse como estuches
pinta y Jo que se esculpe. - La decorac16n del ed1fic10 de la
en los cuales se guardaron preciosas alhajas. Al decir
nueva Biblioteca.
esto huelga manifestar de qué modo y hasta qué
El romanticismo, como agente dramático, como
punto aborreceré la cremación de ~llos: no puedo
motivo estético, no puede desaparecer de la obra de
resistir en un cementerio católico cosa alguna que
arte como no desaparece ni desaparecerá jamás de
lleve en su fondo carácter ó resabio de paganismo;
la r~alidad. En vano son cuantos ergotismos y disademás de profano lo conceptúo anacrónico y ridícutingos la nueva escolástica científica haga en nombre
lo; en el primer caso una _intención de mala índode las ciencias fisiológica y psicológica. Ambas rebale, en el segundo una estupidez. No faltan tampoco,
ten de un modo terminante, con ejemplos prácticos,
aunque con inofensiva intención, otra clase de_ton·
con hechos de trascendencia indiscutible, las afirterías movidas por el orgullo de los que sobreviven,
Lo que se pinta como lo que se esculpe en Espa- empeñados en hacer duradera la soñada grandeza de
maciones que la exaltación naturalista - y conste que
el naturalismo le tengo en tanto como cualquiera ña hoy con destino á los edificios públicos, así c~mo algunos que no valieron ni la mitad de lo gastado en
otra escuela - oponen al romanticismo, desdeñándole lo que se pinta y se esculpe también para la próxi~a sus panteones... Como aquello es el sagrado recinto
Exposición internacional que se celebrará en Madnd, de la miseria, pueden pasar como tales semejantes
como base firme y real de la obra de arte.
Sujetar la producción artística á determinadas le- alcanza proporciones desusadas. Mélida hace mode- miserias.
yes á determinados puntos de vista, así plástica como lar las figuras del sepulcro de Colón; Su~illo modela
¡Cuántas ideas en abigarrado desorden se suscitan
filo~óficamente, paréceme tanto como negar la exis- febrilmente el monumento conmemorativo del des- en aquella soledad y á la lectura de cada lápida en
tencia de la virtud fuera de las religiones positivas. cubrimiento de América; Gandarias termina el _bo que se fija la vista! En una, el ampuloso latinazo para
Paréceme que así pu,eden ser rechazadas las afirma- ceto para la estatua de González Bra_b~; Benllture un prebendado de gracia, por supuesto, y que él
ciones del idealismo romántico como las del natura- trabaja activamente en la de María ~nsuna da por probablemente no hubiera sabido escribir. En otra,
lismo, puesto que entre luz y sombras caminan terminada la del general Cassola. Villodas pinta un los encomios de un comerciante cuya fortuna em·
cuantos apoyándose en silogismos deducidos de hi- gran cuadro episódico, la insurrección que Colón pezó vendiendo negros, aumentándola comprando
pótesis más ó menos fundadas. pero sin que tengan hubo de dominar á bordo de su carabela cuando se blancos y redondeándola chupando gotas de sudor
el valor de verdades incontestables, pretenden trazar hallaban ya al término del viaje. Garnelo: como Mu- y sangre del pobre, quien llegando á viejo le entró
una senda á la entidad arte, resultado abstracto de ñoz Degrain, como otros pintores de mérito, preten · miedo, y no sabiendo ser caritativo se satisfizo con
cien causas, ya psíquicas, ya físicas, sin análisis posi- den conmovernos también con asuntos de esa índo- ser filantrópico. Una alegórica paleta y pinceles, palle; y según nos cuentan los periódicos ofi~iosos, Pra- ma y ramo de laurel, recordando el nombre de un
ble casi todas.
dilla,
Villegas, Domingo, Lytton, L'Hermitte, Alma- pintor, para cuyo recuerdo eran de sobra suficientes
Digo esto recordando la muerte de Boulanger, la
del heredero de Austria, la del ilustre Gambetta, las Tadema, etc., asistirán á nuestro primer certamen sus desgraciados lienzos. Entre la de una gazmoña
escenas acontecidas en Rumanía y de que fueron internacional.
de mal género, enredadora y vengativa, bachillera
actores una reina, una joven enamorada y un príndel infierno y de aquellas á las que Satanás confía el
Ya se ha cerrado la exposición de los bocetos para embrollo de los mis peliagudos líos, y el de una
cipe. Zola hubiera trazado la odisea del brav' general
haciéndole morir aniquilado por los deseos de glo- las estatuas y medallones que han de decorar el ~ue desgraciada meretriz, cuya descocada vida disipó
ria, por las esperanzas desvanecidas, consumido por vo edificio destinado á Biblioteca y Museos. Treinta brevemente ... veíase el modesto nombre de una poy tres modelos para las estatuas y esfinges y nueve dre madre de familia, cuya vida pasó en penalidad
la enfermedad del día, la neurosis.
He aqu( el escolasticismo. El autor de L'(l!uvre, en para los medallones fueron exhibidos en los s_alones continua y con jamás agotada santa resignación ...
su estudio «Los Goncourt,» al hablar del draµia de de la Academia de San Fernando. Los persona1es que Aquella mezcolanza parecía un sarcasmo: ¡completa
los célebres hermanos, Madame Gervaisais, dice que pretendían representar aquellos modelos, _son:. San mezcla de pasada grandeza y terminada miseria! ¡Rela muerte de la protagonista es una debilidad de los Isidoro, Alfonso el Sabio, Berruguete, Luis Vives, cuerdes de abnegación y de concupiscencia, de virautores. Afirma que aquella poseída del histerismo Cervantes, Nebrija, Lope de Vega y Velázquez; los tudes y de infamias, de goces y placeres, lágrimas y
católico, aquella enferma del espíritu· y más enferma de los medallones, Fray Luis de León, Hurtado de privaciones, candidez y perversidad! ¡AIH el falso
todavía de cuerpo, no debía morir en el mismo ins- Mendoza, Nicolás Antonio, Santa Teresa de Jesús Y amigo, el abusador de la confianza, el envenenador
tante en que el Santo Padre se aparece á sus ojos, otros escritores del Siglo de Oro que no recuerdo en de toda dulzura!.. . ¡Allá el hombre de talento, activo,
como efectivamente muere, cual si la vista del Papa este momento.
laborioso, desgraciado hasta el extremo de verse esDesd~ luego afirmo que el acontecimiento de la
fuera el golpe de gracia dado á un organisino cuya
carnecido de los ignorantes!... ¡Un puñado de polvo
existencia dependía tan sólo de la más leve de las exposición fué el modelo para Berruguete, debido al el cerebro del sabio gastado en profundas especulaemociones nerviosas Cree Zola que este final, si es Sr. Alcoverro, que ha sabido destacar la personalidad ciones filosóficas; el del mecánico sorprendiendo los
bello, no es verdad; y sostiene que la muerte de la del célebre discípulo de Miguel Angel, así en la parte secretos de la naturaleza y sujetando y regularizan·
fanática debía ocurrir en su cama tranquilamente, psíquica como en la física. El Sr. Nogués está muy do los inventos más extraordinarios; el del político
devota, rígida, apergaminada, pues ganaba la obra en feliz en su Nebrija y el Sr. Carbonen en el Luis Vi- temible á cuya indicación se conmovían las naciones;
realidad. ¿Porqué? Patológicamente tiene explicación ves. Atché, inspiradísimo en su San Isidoro, verdade- el del guerrero formidable cuya espada vertía ríos
terminante el final del drama, tal y como los Gon- ra figura llena de unción, casi de exaltación mística; de sangre; el del artista transmitiendo raudales de
court lo trazaron; estéticamente es superior, puesto pero en esta figura como en la del Rey Sabio, Atché sensaciones ... el del hombre cualquiera de la más cono se ha tomado el trabajo de pensar un poco más
que Zola mismo lo confiesa.
mún vulgaridad, sin haberlo empleado nunca en
Tengo como error grave el estudio del documento y de dibujar; y es lástima ciertamente que escultor una sola idea propia ni haber comprendido las ajetan
genial
no
haya
alcanzado
de
Job
un
poquito
de
humano simplemente, para sobre esta base hacer una
nas!. .. ¡Todos sin distinción alguna, restos no más ...
obra de arte trascendental. Tan grave es este error, lo que al varón bíblico le sobraba.
Los nombres de los escultores premiados ya son todos iguales!
como el de empeñarse en buscar dos cerebros igualdel
dominio público. Alcoverro obtuvo por unanimi- .... .. ..
mente formados, igualmente desarrollados, que pro·
Llamó mi atención la abierta fosa común, y aquel
duzcan las mismísimas obras y tengan las mismas dad las estatuas de Berruguete y del Rey Sabio; No- profundo y triste surco me pareció como la boca de
sensaciones é igualmente nos las transmitan por me- gués la de Nebrija, Carbonell la de Vives, Alonso la la tierra, ávida de tragar con esa continua voracidad
dio de la plástica, de la gráfica, de la palabra. El es- de Velázquez, Fuxá la de Lope de Vega y se decla- jamás saciada.
tudio psicológico y físico del individuo, como el estu- ran desiertas las de Cervantes y San Isidoro. De los
En uno de sus lados se veían colocadas algunas
dio de una individualidad literaria, artística ó cientí- esfinges, uno se le concedió á Suñol y otro á Mora- osamentas, cuya tendida posición daba idea de la
fica, sirve al que pretende recoger datos tan aislados tilla.
De las medallas conmemorativas, la lucha está tranquilidad, y como entregadas á un sueño reparacomo ciertos é imprescindibles para que en unión del
dor de su cansancio. Del otro lado, el azadón del
concepto filosófico de la humanidad y del estético entre el modelo de un escultor catalán, de un belga sepulturero había con poco miramiento removido un
que del arte tenemos contribuya á dar valor obje- y de dos madrileños.
esqueleto, que por combinación extraña había quetivo á la obra. Es muy difícil poder obligar al público
&lt;A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del dado como incorporándose en su angosta cavidad,
que lee una novela como al que mira un cuadro á
César.»
La Academia ha juzgado con verdadera im- y su cráneo, vuelto hacia su compañero de enfrente,
que exclame: «¡como ese hombre conozco muchos!»
parcialidad,
á pesar de los grandes compromisos que parecía fijar en él los vados huecos de sus órbitas,
ó bien: «¡así debió ser tal rey ó tal verdugo!» .
sobre algunos académicos pesaban, En esta vez crf• y casi desprendida su mandíbula, semejaba producir
una sarcástica carcajada.
Con motivo del cambio de director general de tica y jueces han estado acordes.
¿Quiénes serían aquellos dos cadáveres? ¿El espoAsí
sea
siempre.
Bellas Artes en Francia, un crítico francés trata de
so
y la esposa, un padre y un hijo, dos amigos
R. BALSA DE LA VEGA.
definir lo que significa ese cargo de director. «Teóó
dos
irreconciliables enemigos, una víctima y un
Noviembrede 1891,
ricamente, dice, el Estado se abroga una pretensión
asesino.,. colocados para mayor irrisión uno al la·
abusiva, echándose sobre los hombros la terrible resdo del otro? ¡Quién sabe! ¡Cuánta expresión en
ponsabilidad de dirigir lo que no puede ser dirigido,
aquella fría y seca risa de la calavera! ¡Parecía oir el
BOCETOS
puesto que solamente á la libertad y á la espontaneicrujido de sus huesos!. .. ¡Aquel reir, como la risa
dad debe el arte su florecimiento. Esto así comprenLA CALAVERA
histérica, daba pena y entristecía! Era indudable,
dido, obliga al Estado á trocar las funciones directiaquella calavera reía,
No
puedo
explicarme
bien
si
los
cementerios
me
vas por las de protección.
¿De quién, de qué, por qué reiría?
»El director de Bellas Artes es el representante atraen acercándome á lo que fué, ó si es un presen·
¿De ellos al verse de aquel modo .. de nosotros
que cerca de la república del arte y de las letras timiento de que pronto habré dejado de ser. Ese
quizá?
pronto
no
puede
retardarse
mucho,
tal
vez
no
esté
tiene el Estado.Necesita, pues, quien ocupe ese puesJ UAN O-NEILLE
to de un espíritu muy amplio de concepto, de una lejano, porque mirando hacia atrás se me escaparon
actividad grande, investigar continuamente las tenta- una porción de años ... un verdadero escamoteo.
tivas diarias que el artista haga para realizar la belle• Perdiéndole la repugnancia, ó sea no rechazando
JA!ON REAL
JABON
za, puesto que no es necesario citar obras y artistas el mas sincero lenguaje de la verdad, puede hallarse DETHRIDACE
VELOUTIN E
dignos de aplauso para demostrar cuán difícilmente en tales sitios cierta inexplicable clase de consuelo, ........... 111 W.riuAM al4kr flll II llctar- Al II Piel 1 kl!III W c.111
entran en el gusto público ciertas teorías y ciertos si bien algo parecido á lo de mal de muchos... moCRONICA DE ARTE

originalismos. El Estado en este caso j~stifica s?
intrusión - ó su intervención - en los negocios artísticos por la importancia material con que cuenta para
contrarrestar las preocupaciones comerciales.
»He aquí Jo espinoso, lo difícil del cargo de dir~ctor. Debe saber distinguir entre la multitud anodina
aquellos que se destaquen por algún concepto;_ y en
vez de anular ideas y personas, hacer que su~Jan Y
se discutan, teniendo en cuenta que los mediocres
liberalmente recompensados estragan el gusto Y retardan la floración de los distinguidos.»
.
Traslado estas reflexiones á cuantos en España dirigen el movimiento artístico.

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NúMERO

518

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

A los pocos momentos, libre de aquella sangre que la sofocaba, la mujer
dejó escapar un débil gemido, dilatóse
su pecho, y un estremecimiento recorrió su cuerpo. ¡Respiraba, vivía!
Sus ojos se abrieron lentamente, animados de lánguida expresión, y fijáronse en su salvador; sin duda iba á decir algo; pero Djami, arrojando sobre
ella un manto de lana, hizo un ademán
para imponerla silencio.
- ¡No hables ... dijo, nada tienes
que temer; ya estás salvada!
La mujer cerró los ojos, confiada,
tranquila, y un suave suspiro se escapó
de sus labios.
Djami no era solamente poeta y
observador de las -estrellas, sino que
también conocía los secretos de la naturaleza ... Con mano delicada, con minuciosas precauciones, curó la herida;
abrigó á la mujer envolviéndola en
finas telas, ligeras como el plumón del
ave, y cuando la contempló dormida y
recobrado el color, pudo observar cuán
hermosa era ...
Y extasiado en aquella adoración de
la belleza, permaneció inmóvil hasta
que los primeros albores de la aurora
tiñeron el cielo sobre la línea sombría
de los bosques.
Transcurrieron varios días sin que
la desconocida hablase y sin que Djami osase interrogarla. Iba y venía de un
lado á otro, casi restablecida, aunque
débil todavía, con su sonrisa melancÓ•
CUENTO DEL ORIENTE POR LUIS GALLET, - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE
lica y su dulce mirar; servía al poeta,
preparaba sus comidas; y cuando Djami se entretenía demasiado á la orilla
del agua para observar la gravitación
Tendido en su barca de corteza, de la~ estrellas nacientes, iba á busc~rle, tocábale con un dedo en el hombro,
que abandonaba al capricho de las y cogiéndole de_ la mano le conducía a su vivienda.
aguas, sueltos los remos, Djami
Al cabo de di~z días, Y. durante uno de esos ratos de aislamiento en que el
contemplaba perezosamente las es- poeta leía en el hbro del cielo ó en el de su pensamiento la joven Uegó según
trellas.
su costumbre, y Djami sintió que su mano tocaba la suya'· mas en vez d~ levan'
El cielo parecía un pabellón de tarse dócilmente y seguirla, díjole:
- ¡Quédate!
seda de color azul obscuro sembrado de diamantes, y la luz funY como ella le ~irase con as_ombro, hízole sentar á su lado, y después de
dida de todos esos astros comuni· contemplarla detenidamente, mientras alrededor de e11os se extendían las somcaba suave transparencia á aquella bras, comenzó á decirle cosas que durante aquellos diez días se habían ido acunoche sin luna. A la orilla del río, mulando en el secreto de su alma.
sereno y apacible, elevábase la gran
- Escucha, _dijo, yo no quería revelarte desde luego que te amo, y precisatorre del palacio de Abi1 Saíd; á mente es la pnm_era cosa q~e te confieso. El amor nos encadena de pies y masu alrededor se alzaban las casas nos, sella los )abios y los OJOS, hace que dejemos de ser lo que somos, y siemde la ciudad, en donde reinaba pre le he _temido c?mo á un ladrón que viene á robarnos, no solamente nuestros
prof~ndo silencio, y así éstas como la torre, sonrosadas y alegres cuando las teso~os, smo también la voluntad, la independencia, la razón y la alegría, proilummaba la luz del sol, destacaban en las tinieblas de la noche su formidable porc1oná~d?nos tan sólo en cambio un ligero goce. Yo había jurado sustraerme
mole obscura, semejante al cuerpo de un monstruo oculto en las altas hierbas, á su _domm10 f no _amar más que la poesía, la ciencia de los astros, la contemcon su maciza cabeza erguida y vagamente amenazadora, con su cara enorme plación de lo mfi_mto y el placer de saborear el vino de Schiraz, que vale tanto
perforada por dos puntos luminosos que parecían sangrientas pupilas.
como _to~as las nque_zas y todas las glorias; pero el amor se ha presentado en
Djami acababa de pasar por delante de aquella torre, cuando le interrumpió la ra~1aci?n de tus OJOS, y 1e pronto he comprendido que resistencia y razón
de pronto en su contemplación un rumor que oyó á corta distancia detrás de eran mútiles, Y que n~ habia embriaguez más dulce que la de estar poseído de
sí, semejante al que producen las aguas cuando se entreabren por la caída de él. Los. versos me enoJan, los astros son opacos, lo infinito es lúgubre y el vino
algún cuerpo. Incorporóse con rápido movimiento, empuñó los remos, hizo vi- de Schuaz no_es más que agua insípida si no tengo amor. He pensado, pues,
rar bruscamente la barca, y dirigióse al sitio donde acababan de romperse los que debía decirte que te amaba, á fin de que devuelvas el brillo, la luz, el perfume y ~l sabor á todo cuanto me hacía feliz, diciéndome que me correspondes.
círculos del agua, por un momento revuelta.
Inmóvil, con la mano en los remos y el cuello tendido, Djami interrogaba la . ~ .Joven había ~scuchado atenta, y por un instante guardó silencio, como
obscura superficie de la corriente, que tranquila otra vez se deslizaba entre sus mqmeta _de lo que iba á contestar; pero al fin hllbló, cediendo á la muda súplica
.
islotes de hierbas y de arena y bajo las copas de los grandes árboles de la orilla. de las miradas de su amigo.
- Yo te amo, Djami, dijo, mas no como tú quisieras ser amado. Si algún herSu vista, acostumbrada á las tinieblas, distinguía la redondez de las hojas que
reposaban sobre el agua muerta, las ramas secas retenidas en las márgenes y mano °!e fuese querido, si yo pudie?e veperar y honrar á un amo, seguramente
s~rías tu. Yo seré tu hermana, tu cnada, tu esclava, si así Jo quieres; pero no me
acá y allá las manchas pálidas de los grandes nelumbos.
•
Muy pronto vió lo que buscaba; entre las cañas que rozaban su barquilla, la pidas nada más.
proa de ésta chocaba contra una forma confusa, sumergida en parte; alargó la . - ¿Quién e~es tú, pues; tú que te entregas así, sin entregarte; tú• que renunmano, tocó y cogió un espeso tejido que atrajo hacia sí con fuerza: era un tapiz, cias al amor sm conocerle? ...
- ¿Sin conocerle? ... ¡Ah!, ex\:lamó la joven, como poseída de un sentimiento
arrollado al parecer precipitadamente alrededor del cuerpo de una mujer.
•
El barquero, pálido y tembloroso, prestó atento oído, mirando á todas partes, doloroso.
Dja~i la miró esper~ndo sin duda una confidencia, puesto que era necesario
pues tal vez algunos ojos le espiaban en la obscuridad. ¿De qué casa, de qué
terrado había caído aquel envoltorio? ¿Qué crimen se acababa de cometer? ¿Qué renunciar á una confesión amorosa; pero cerrando sus labios volvió á su impevenganza se había satisfecho? Todas estas preguntas cruzaron en un segundo netrable mutismo.
Djami_vacilaba, temblaba; pero procurando dominarse Je preguntó:
por la mente de Djami, y muy pronto adoptó una resolución: saltó al agua, le- ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? Ni siquiera te he preguntado cuál es tu
vantó en sus brazos á la mujer, envuelta en los pliegues del tejido empapado
nombre.
en agua, y la echó en el fondo de su embarcación.
- Dame ~l que qu!erat yo no tengo ninguno propio.
Después comenzó á remar vigorosamente, y muy pronto su barca penetró rá. - ¿No quieres de~irme por lo menos de qué venganza has sido objeto ó qué
pida como una flecha en el grupo de árboles donde tenía Djam! su cabaña:
Una vez allí cogió de nuevo á la que acababa de salvar, abnó con el pi~ la cnmen se ha cometido contigo?
- Sé bien~ec_hor como u~ Dios, contestó la joven, uniendo sus manos en
puerta, y depositó sobre la esterilla aquel ~uerpo chorrea~do ,agua. Encendida
a_l punto la luz, vió que tenía ante sí una Joven de maravillosa belleza; sus pá- ademán de suplica;_respeta mi secreto; y si hay alguno á quien debo maldecir,
lidas facciones, en parte ocultas por el oro de su cabello, conservaban _una e~- no me preguntes su nombre.
Y andando lentamente, volvi6 á la cabaña de Djami.
presión de súplica y de espanto, y debajo del seno derecho veíase una ligera hDesde aquel día no se cruzó entre ellos una sola palabra que recordase lo
nea circu{da de un poco de espuma sonrosada. ¿Estaría muerta? Tal vez ~o,
porque un rayo de vida parecía emanar aún de aquellas formas puras, y hubié- que acababan de hablar.
Djami volyió á observar su género de vida ordinaria, procurando curarse de
rase dicho que un soplo de ella reanimaba aquello~ párpados cerrados, aquella
su amor, y v1ósel: de nuevo don~equiera 9ue había vino de Schiraz que beber
boca entreabierta como una pálida flor de la eglantma..
.
.
Djami se inclinó, aplicó sus labios á la estrecha henda, hizo una lenta aspira- en buena companía, y dondequiera que Jóvenes de expresivos ojos bailaban
ción, incorporóse luego, y vió con alegría que la sangre comenzaba á correr. para entretener las horas. Compuso versos que se cantaron en las plazas públi-

NURMAHAL

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cas; descubrió en el cielo una nueva estrella, cuyo curso pu?o observar; Y con·
tinuó vagando de noche- por el río en su barca de corteza, sm pensar en nada,
lo cual es la perfección de la filosofía.
.
En cuanto á la joven, seguía viviendo e1.1 la cabaña del_ poe~a, en ~edio de
su retiro de verdura; preparaba el arroz, y como buena y silenciosa cnad~, des
empeñaba su humilde y
pesada tarea cotidiana. Algunas veces, llegada la no·
che, y cuando estaba sola,
iba á sentarse en el umbral
de la puerta, y desde allí
dirigía su mirada á la alta
torre de Abú Safd, cuya negra sombra destacaba sobre las purpúreas tintas del
sol poniente.
Y bajo las sedas de sus
largas pestañas, sus párpados se enrojecían á veces
como si quisieran saltársele
las lágrimas.
En una de las salas de la
alta torre, cuyas bóvedas
se componían de millares
de celdillas de oro, de azur
y de cinabrio, semejantes á
nidos de abejas, el muy
glorioso Abú-Saíd reposa·
ba perezosamente, entre cojines. ricamente bordados,
sobre alfombras persas de
preciosos colores. El inten·
dente de palacio, con sulegión de servidores y de
esclavos, daba órdenes para
que se le sirvieran en platos de fina porcelana - pues
el Profeta condena el uso
de las bandejas de plata
Mira bien mis ojos y en ellos verás mi resolución
y oro - los más delicados
manjares contenidos en cofrecillos de cedro sellado con el sello del intendente, y cubiertos de un fino paño de casimir; en el acto de presentárselos, el mayordomo rompía el sello y
ofrecía á su señor el manjar descubierto.
.
.
Pero algunas veces Abú-Saíd rechazaba con expresión de hastío, y en ocasiones brutalmente al cortesano que se arrodillaba para servirle, y sólo de cuando
en cuando refre;caba sus labios en el hielo de un sorbete de frutas que le presentaban en una copa de cristal. Los familiares _que le rodeaban rnirában~e
consternados porque hacía algunos días que sus OJOS revelaban una melancoha
profunda, cu~ndo no tenían una expresión feroz, _cu~l si el sobera~o. quisiera
vengarse en todos los hombres de un secreto sufrimiento; en este ultimo caso
subía á la plataforma de la torre, mandaba que le llevasen su arco y sus largas
flechas y durante todo el día las disparaba contra los transeuntes.
Muchos hombres habían caído ya heridos ó muertos; de modo que los habitantes dejaron de pasar por las calles inmediatas al pala~io, ó bien lo hacían
arrimados á los muros y agachándose como fieras á la vista del cazador. La
ciudad parecía muerta en las cercanías de la negra torre.
Aquella mañana, la luz de un sol magnífico reflejábase en la blancura de las
casas y sus rayos comunicaban un brillo deslumbrador á las porcelanas esmaltadas' de vivos colores. Abú-Saíd salió de la sala del festín y subió al terrado,
donde como en la víspera y los días anteriores, sentóse sobre unas esterillas
delant~ de la ventana, con el arco sobre las rodillas y una flecha en la cuerda,
como cazador al acecho. Los que le habían seguido cont:!mplábanle con espanto, dirigiéndose mutuamente mi~adas de t~rror.
Abú-Saíd, con la mirada perdida en el mmutable azur, esperaba.
Así transcurrió una hora en lúgubre silencio: al pie de la torre no se ~ovía
nada· en el desihto silencioso de las angostas calles veíase tan sólo á veces á lo
largo' algún perro flaco como un chacal, que parecía ir en busca de su presa.
Al fin apareció un hombre en la esquina de la calle; mas en vez de o~ultarse
avanzaba con paso indolente, en plena luz y al parecer muy contento: sm duda
ignoraba que allí llovían las flechas mortales de su seño~.
Abú Saíd tendió lentamente la cuerda de su arco y disparó.
La multitud de cortesanos dejó escapar un grito de admiración, exclamando:
- ¡El hombre ha caído!
A una señal de Abú-Saíd, la turba de los familiares bajó precipitadamente.
El hombre había caído, en efecto, junto al umbral de una puerta, con la cabeza suavemente apoyada sobre la piedra; encima de él, en e1 marco de madera,
vibraba aún la flecha del taciturno soberano. Empujaron al hombre, que no perdía sangre alguna, y que, si bien aletargado, sonreía con dulzura.
Evidentemente no estaba muerto y acaso no sospechaba nada. ¿Cómo confesar al terrible Abú-Saíd que su flecha no había dado en el blanco? Mientras que
poseídos de la mayor inquietud los cortesanos celebraban consejo, Abú-Saíd,
que los miraba desde lo alto de la torre, adivinando su vacilación; envió un esclavo para ordenarles que volvieran con su presa.
Acto continuo pusieron al homhire en pie; mas como pareciese andar difícilmente, aunque no estaba herido, dos servidores le cogieron en hombros y condujéronle á presencia de Abú-Saíd.
- ¿Quién eres?, preguntó el real arquero.
- ¿Y tú, quién eres, contestó el hombre, sonriendo familiarmente.
Los cortesanos se estremecieron, pareciéndoles ver ya la cabeza del atrevido
rodar por el suelo; pero Abú-Saíd estaba cansado tal vez de su largo silencio y
quizás le sorprendió también la actitud del hombre que tenía delante en una
postura indolente, balanceando el cuerpo á compás, con los ojos brillantes como
estrellas, revelando un éxtasis que le pareció muy singular,
- ¿I~noras tú, le dijo, quien és Abú-Saíd?

NúMERO

518

- Nuestro señor, contestó el hombre, el más glorioso, el más rico soberano
de todos aquellos que ensalzan el nombre de Alá y observan la ley de su Profeta. En este momento no conozco más que un hombre superior á él.
-¿Quién es?
-¡Yo!
Entre los cortesanos circuló un murmullo de terror.
- ¡Dime tu nombre!
- Djami, el que cuenta las estrellas. ,
.
.
.
Por primera vez, desde hacía muchos d1as, una hgera sonrisa ammó el ~ostr?
hasta entonces impenetrable de Abú-Saíd Aquel loco, aquel transeunte iluminaba evidentemente su alma obscura con una luz que no había_n po~ido proporcionarle las chocarrerías de sus bufones ni los relatos de sus historiógrafos.
- Tú tienes un palacio, continuó tranquilamente Djami, y ro n_o poseo más
que una cabaña· pero en ésta hay una puerta que conduce á Jardmes magníficos, donde respÍandecen todos los tesoros imaginables, donde las mujer~s rr_iás
hermosas se postran á mis pies y donde un pueblo de esclavos se mclma
ante mí.
- ¿Dónde está ese reino?
- Ven y lo sabrás.
- ¿Adónde quieres que vaya?
. _
- A la cabaña de Djami; todo el mundo la conoce; pero_si qmeres entrar en
el maravilloso jardín, has de ir solo.
Abú-Saíd sonrió de nuevo, calmándoles con un ademán.
- Iré, dijo simplemente.
.
.
y Djami se retiró, conducido hasta las pu~rtas del p~lacio con las consideraciones debidas á un mágico que ha convertido repentmamente en dulzura de
cordero el furor sanguinario de un tigre.
El poeta andaba con el mismo paso acompasado, y si _Ahú Saíd no hubiera
sido tan severo observador de la ley del profeta, ó tan afic10nado á los sorbetes
y al agua helada, habría podido recono:er que Djami ~staba ebrio; pero poseído de esa dulce embriaguez que comunica alas al espíritu, y que se encuentra
en el fondo de las copas donde chispea el vino Schiraz, tan armoniosamente
cantado por el poeta Hafiz.
_
Y mientras Djami andaba á través de la hgera nube que producían á su alrededor los vapores del precioso vino, pensaba sin embargo que acababa de hacer
al rey de los reyes una promesa muy imprudente. Pero era joven, y jugaba su
vida por una bravata, sin pensar en lo demás.
Al pasar por el mercado, D~ami compró_ varios fruto?, _un trozo de co~der~ y
algunos pajarillos de carne delicada; y volviendo á su vlVlenda alegre y nsueno,
dijo simplemente á su esclava voluntaria, á quien llamaba Durgha:
- Toma, hermana, ahí tienes con qué preparar sabrosa cena para un convi•
tlado á quien espero.
Djami se había serenado ya del todo, y con ánimo firme reflexionaba sobre
las consecuencias de su audacia. Sin dirigirle la menor pregunta, Durgha puso
manos á la obra con él: coció el cordero bajo unas piedras entre dos fuegos;
puso los pajarillos ligeramente envueltos en hojas de vid en el asador, colocado
sobre un lecho de hierbas odoríferas, y con los frutos formó pirámides en fuentes
de cobre adornadas de finos arabescos.
Djarni colocó después so·
bre la mesa,
con religioso
respeto, varias
botellas de
cristal, de cue11 o largo, en
las cuales bri ·
liaba un vino
de c;olor de to·
pacio, que fué
á buscar á su
pequeña bodega. Hecho esto, dijo á la
joven:
-Ahora puedes retirarte,
no te necesitaré.
_
-¿A quién
esperas?
-Aun hombre á quien me
alegraría mucho no conocer; al sultán
.abú-Saíd.
Durgha palideció, y sin
pronunciar pa1abra alejóse
lentamente.
Un instante
después, AbúSaíd apareció
en la puerta de
la cabaña.
Al verle·,
Acababa de distinguir una blanca forma de mujer
Djarni se inclinó, pero sin
humildad; con la cortesía propia de un rey que recibe á uno de sus semejantes.
- ¡Que la bendición de Alá sea contigo!, dijo Abú-Saíd.
- Señor, yo te saludo, contestó simplemente el p()eta.
Y los dos entraron en la reducida sala donde estaba puesta la mesa.
_
- Antes de sentarte, dijo Djami á su huésped, júrame que no me harás nin-

NÚMERO

518

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

gun~ pregunta, y que no rechazarás cualquier manjar ó bebida que te presente. las obscuras profundidades; palacios aéreos y ligeros como una telaraña; jardi•
A mi vez te juro que quiero proporcionarte bienestar y placer. Si conoces á los nes sombríos llenos de fuentes cristalinas; y entre aquellas arquitecturas mara·
hombres, mira bien mis ojos y leerás en ellos mi sinceridad.
villosas, entre aquellas frondosidades gigantescas y por senderos cubiertos de
- Te juro que haré cuanto quieras para entrar en los jardines encantados que musgo, donde el rocío sembraba perlas y donde los escarabajos encendían sus
te jactas de poseer; pero también juro que si me has engañado con vanas pro- esmeraldas vivientes, vió pasar muchas mujeres, semejantes todas á Nurmahal.
mesas mandaré que te corten la cabeza ó te entierren hasta los hombros, para
Contemplábala bajo estas mil for_mas, y ella, siempre risueña, tambié? 1~ miq~e las_m~scas se introduzcan en tu boca y devoren tu lengua mentirosa. Mira raba. Abú-Saíd no recordaba ya el asesinato consumado; un desfallec1m1ento
bien mis OJOS y leerás en ellos mi resolución.
agradable manteníale cautivo ante aquella mujer.
- ¡Cenemos) pues!, repuso temblando el poeta, pero con tono indiferente.
Con sus manos pálidas y finas, verdaderas manos de mujer, el sultán desgaAl ver al sultán dormido, Djami salió corriendo de la cabaña.
rraba_ la carne asada y sabrosa del cordero, hincando en ella sus agudos y blanDurgha parecía esperarle, turbada y atenta.
cos dientes: hacía crujir los pajarillos perfumados, y de vez en cuando, sin decir
- ¡Imprudente!, la dijo. ¿Por qué me has ocultado tu nombre? ¿Por qué no
nada, alargaba su copa, que Djami, risueño, llenaba al punto de vino de Schiraz. me has dicho nada para que pudiera evitarte este terrible encuentro; pr.ro ya te
Abú Safd no bebía nunca vino; pero como había jurado á Djami no pregun- ha visto, reconocido y nombrado. ¡Eres Nurmahal!
tarle ?ada y aceptar dócilmente cuanto le presentase, bebía sin tasa, aunque
Durgha lloraba.
conociendo_ que hada una cosa prohibida por el santo Profeta.
- Comprendo que su presencia te espante, continuó Djami; pero en v~z de
Y á med1d_a que seguía bebiendo, sentía en todo su ser un bienestar que no llorar, aléjate. ¿Qué creerá y qué hará si te encuentra aquí? ¡Huye del peligro!
había conoc1?0 nunca, y con el contenido de su copa un dulce calor circulaba
- ¡No!, contestó Nurmahal resueltamente.
desde sus labios al cor~zón y desde éste á las entrañas, elevándose hasta su ce- Pues entonces voy á matarle. ¿No es eso lo que tú quieres?
rebro los vapores embriagadores que partían de aquel foco interior; sus ojos se
Nurmahal se precipitó sobre Djami y arrancóle de la mano el cuchillo.
cerra_ban dulce~ente, sus ademanes languidecían, y cuando Djami le presentó
- ¡Déjame, exclamó, y vete! ¡No vuelvas ha~ta el amanecer!
.
el pnme_r ca_nastil\o llen~ de frutas y bizcochos, apenas podía ya sostener la
Jamás había hablado la joven con tono tan imperioso, ni mirado á Djami con
copa. D1am1 segma sonnend~ y su corazón se tranquilizaba, pareciéndole que una expresión tan exaltada y altiva.
.
no le cortarían ya la cabeza 01 las moscas devorarían su lengua.
El poeta, pensativo, ~e dirigió lentamente hacia los árboles, m1entras NurDe pronto levantóse para ir á descorrer la esterilla que hacía las veces de mahal, con el seno palpitante, penetró en la cabaña donde el sultán reposaba ...
puerta de la cabaña, y dijo atrevidamente al sultán:
Cuando el sultán Abú-Saíd despertó, vió i,asar ante él una sombra; una mano
- ¡Mira! Ahí tienes la entrada de mis jardines.
ligera dejó sobre la mesa una bandeja de metal, de la que se exhalaba el vapor
Lo que entonces vió Abú-Saíd parecióle el más deslumbrador espectáculo.
odorífero del café, y al volver la cabeza, vió el rostro radiante de Nurmahal.
En todo el espacio que la vista podía alcanzar veíanse grandes árboles cargaDe un salto se puso en pie, dispuesto á lanzarse sobre ella; mas de pronto,
?ºs de flores y de frutas, balanceándose á impulsos de una ligera brisa, seme- tembloroso ante aquella_mujer que sin turbación le miraba, exclamó:
Jantes á frescos ramos que exhalaran un suave y embriagador perfume; entre
-¿Tú, Nurmahal? ...
ellos deslizábanse aguas cristalinas que comunicaban frescura al ambiente· en
- Señor, á vuestras órdenes, como mi hermano Djami.
los aires oíanse las notas melódicas del canto de las avecillas· un camino il~mi- ¡Djami no es tu hermano!
nado por la luz_ de la luna conducía desde la cabaña á la orilla del río, y más
- ¿Por qué había yo de engañarte?... ¡Por ventura no me conoces!
allá se veían millares de lucecitas temblorosas sobre la superficie del agua ...
- ¡Que no te conozco, Nurmahal!
.
- ¡Cuán hermoso espectáculo!, murmuró el sultán con acento conmovido.
- ¿Por qué repites ese nombre, extraño para mí? ¿Por qué me miras con
- Sí, contestó el poeta, y sin embargo no es nada, porque todo eso cambiará cólera?
en un instante, los fulgores se apagarán, la sombra será más misteriosa, y enton- ¡Tú amas á Djami!
ces comprenderás mejor el encanto de esta hora.
- Con decirte que es mi hermano, ya comprenderás qué amor hay entre am- ¿Dónde estoy?, preguntó Abú-Saíd con voz temblorosa.
bos. Soberano señor, ¿á qué interrogarme tanto?
- Estás en la vivienda de Djami, el que cuenta las estrellas, y cuanto ves no
Abú Saíd contempló largo rato á Nurmahal, que se sintió_ desfallecer baj_o
es sino la realidad, que tú mismo revistes con todos los colores del sueño, pues aquella mirada que la envolvía en ardiente caricia. ·m sultá? d1ó un pa~o h~c1~
lo que yo he querido probarte ¡oh rey! es que ninguno iguala en riqueza ni en ella y extendió la mano como para cogerla; pero una especie de temor mstmtlpoderío al que puede, como tú en este momento, con el espíritu tranquilo y el vo le retuvo, y con voz turbada dijo:
corazón libre, contemplar la tierra cubierta de verdura y el agua que brilla á la
-- ¡Tú eres Nurmahal, la que me amaba, áquien yo correspondía, la que maté!
mágica claridad de la luna, mientras saboreas el verdadero vino de Schiraz.
Y como dudando aún, ansioso de saber la verdad, arrebatado y fogoso, pre- ¡Vino!, exclamó débilmente Abú-Saíd, cuya conciencia obs&lt;;ura pareció des- cipitóse hácia ella, y mientras que con su poderoso brazo la tenía sujeta, casi
pertar y rebelarse de pronto.
desmayada, desgarró el fino tejido que cubría su seno, y en la carne desnuda bus- Ciertamente, contestó Djami. Si quieres que pague con la vida la falta que có ávidamente la cicatriz de la herida que su mano infiriera en aquel cuerpo.
te hice cometer, ¿cómo me pagarás tú la dulzura de que te hago disfrutar?
- ¡Ah!, exclamó con loca alegría, ¡tú eres, tú eres!
Y como el sultán no contestase nada, Djami se levantó otra vez y dijo:
Nurmahal se arrodilló á sus pies, y presentóle humildemente el cuchillo que
- ¡Espera! Sólo has visto la tierra y voy á buscar con qué abrirte el cielo.
había arrancado de manos de Djami.
Abú-Saíd quedó solo un instante, mientras Djami revolvía la arena de su
- ¡Sí, dijo, yo soy, Abú-Saíd! ¡Toma esta arma y hiere mejor ahora!
bodega para buscar una nueva botella que cuidadosamente reservaba.
Al pronunciar estas palabras presentó el seno.
De pronto, y como siguiese mirando á través del cuadro luminoso de la puerPero en su mirada revelábase todo el amor que en su corazón se conservaba
ta, percibió junto á él un roce entre las cañas, y al volver la vista hacia el sitio aún, todo el pesar acumulado en su alma desde la noche en que el sultán dudó
de donde provenía el rumor, lanzó un grito terrible y quiso levantarse; pero sus de ella. Abú-Saíd la sostenía en sus brazos, estrechándola contra su pecho, como
piernas entorpecidas se negaron á sostenerle. Ante él, en el marco de la puerta, una madre á su hijo cuando teme que se le arrebaten; y murmuraba extasiado:
junto al camino lumh.1oso, acababa de distinguir una blanca forma de mujer;
- ¡No me has maldecido! ¡Me amas, á pesar de todo, lo mismo que antes!
dos ojos de mirada profunda y triste se habían encontrado con los suyos, des- ¡Oh, mi señor, más aún!
vaneciéndose después la visión como nube vaporosa. ·
Como poseído de loco frenesí, el sultán la arrebató en sus brazos, y apenas
Djami acudió presuroso por haber oído el grito de Abú-Saíd.
cubierta con sus ropas rasgadas condújola á su barquilla
.
- ¿Qué ocurre, soberano señor?, preguntóle.
Y entretanto, sentado bajo los árboles de la orilla del río, que la luna ilu- ¡Allí, allí... esa mujer! ¿No la has visto tú?
minaba con sus melancólicos rayos, Djau1i, el que contaba las estrellas, el be- Seguramente; es Durgha, mi hermana.
bedor de vino de Schiraz, cantaba distraídamente una de sus composiciones ...
- ¡No ... no es Durgha! ¡Es la que yo maté!
Aquel mismo día supo el desenlace de la aventura.
_
Un estremecimiento nervioso agitaba todo el cuerpo de Abú Saíd, sus dientes
Abú Saíd, que reinaba en Herat, le llamó y quiso retenerle en ~u corte, d~nde
castañeteaban, y parecía que de sus labios brotaba sangre.
aquel que contaba las estrellas, aquel impertérrito bebedor de vmo -de Schuaz,
- ¡Durgha!, murmuró ... ¡No, no; es Nurrnahal. .. Sí, Nurmahal!
Y algunas lágrimas ardientes deslizáronse por sus pálidas mejillas.
- Escucha, Djami: tú eres el único que ha podido arrancarme del estado en
que me hallaba, y sólo á ti descubriré mi secreto. No quiero saber yor qué misterio me revelas lo invisible, y si la que acabo de ver ahí está viva, por qué
extraño poder ha revestido de pronto las facciones de aquella que yo maté ...
¡Yo amaba, adoraba á esa Nurmahal ! Su rostro tenía la belleza pura de un cielo
de primavera; sus labios suaves eran la copa en que lo_s míos apuraban el vino
celestial del amor; en sus ojos veía los colores cambiantes del ma_r profund?
y en su cabello dorado parecía que brillaban estrellas cuando con ligero movimiento dejaba caer sobre sus blancos hombros las espesas_ trenzas. Ahora la
busco en palacio; todos se preguntan sobre su suert~, y !ladie osa so_spechar la
verdadera causa de mi amargo dolor ... ¿Sabes tú, DJam1, por qué odio al mundo entero, por qué hiero con mis flecha? á cuantos pas_an por la calle y por qué
quisiera que se hundieran el cielo y la tierra y sucumbiesen todos los hombres,
incluso yo, á una señal mía? Porque en un momento de feroces celos, ~reyendo
leer en los ojos de Nurmahal una mirada de ternura para uno . de mis nobles
servidores, la conduje á lo más alto de la torre dur~nte la noche, y una vez
allí, hallándonos solos, la acusé, la juzgué y la 'herí sm qu_ere~ escucharla. Cubierta de sangre, arrodillada en el tapiz en qu~ la veía á mis pies, alarga?do su_s
hermosos brazos para implorar mi gracia, arroJéla en el ~gua profunda sm vacilar, sin compasión, porque estaba ciego y loco. ¡Ah! ¡M1ra ... ya la veo!
- No, ali( no hay nadie, te lo aseguro.
- ¡Entonces era un espectro!
.
perdió su l~cur_a con su juve~tud y lleg~ á ser el muy juicioso, el muy sabio y
- ¡Pues bien: bebe un poco más de ~se v:no y verás cómo se desvanecen los venerado DJami, aquel de qmen los antiguos cronistas dicen que, cuando mu•
espectros, reapareciendo las imágenes nsuenas!
rió, cargado de años, «la tierra cubierta de flores se abrió como perfumada
Abú-Saíd obedeció, y de nuevo sonrosadas nu~es ele~áronse á su alrededor. concha para recibir tan rica perla.»
Y con los ojos cerrados, en delicioso éxtasis, v1ó surgir un mundo nuevo de
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL

�LA

766
SECCIÓN CIENTiFICA
COCHE MOVIDO POR EL PETRÓLEO

Desde larga fecha vienen haciéndose los mayores
esfuerzos para resolver de .una manera completa el
problema de la tracción mecánica de los vehículos.
El modelo que vamos á describir funciona perfectamente y se basa en muy distinto principio que el de
M. Serpollet de que nos ocupamos no hace mucho ( 1 ).

NÚMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

sobre el pedal interruptor y se oprime al mismo tiempo con la mano derecha la palanca de cambio de
marcha, siendo indispensable que los dos movimientos se ejecuten simultáneamente. De este modo se
puede reducir la velocidad á 15'800, 10'500 y 5'300
kilómetros, y disminuyendo así la rapidez del movimiento pueden vencerse pendientes de 8 y 10 centímetros por metro.
Para poner en movimiento el motor, se empieza
por encender los mecheros, y á los dos minutos, cuan•
do los dedos de platino han llegado á la temperatura

518

Para obtener la marcha atrás basta levantar con la
mano derecha una empuñadura que atraviesa el
asiento.
A fin de dar una idea de lo que puede hacer el coche movido por petróleo que damos á conocer, bastará resumir la historia del viaje realizado recientemente por él desde Valentigny á Brest.
El vehículo completamente dispuesto para la marcha pesa 530 kilogramos, y en el viaje á que nos
referimos contenía 42 kilogramos de objetos diversos,
útiles y equipajes. La provisión de gasolina (esencia
de petróleo muy volátil} necesaria para recorrer 300
kilómetros es de 2 8 litros.
Estimando la velocidad media efectiva, es decir,
sin contar las paradas, en 15 kilómetros por hora,
puede andarse, con la provisión indicada, durante
20 horas de marcha efectiva, y como la gasolina cuesta 50 céntimos de peseta el litro, resulta un gasto de
0,046 pesetas por kilómetro. La densidad de la gasolina empleada debe ser de 670 á 680 ó 690.
El coche que hemos ensayado en París e! día 21
de septiembre último, que reproduce la fig. 1, es el
mismo que sin avería importante hizo el viaje de Valentigny á Brets, ida y vuelta, en 139 horas de marcha efectiva: siendo el trayecto de 2.047 kilómetros,
resulta que la velocidad media fué de 15 kilómetros
por hora. Después de su regreso, el coche siguió funcionando perfectamente y hace poco ha sido vendido en París á un industrial alsaciano que lo utilizó
para regresar á Mulhouse, habiendo efectuado el
viaje con toda felicidad.
Estas pruebas son suficientes para demostrar que
el nuevo coche movido por el petróleo funciona bien
y es realmente de utilidad práctica.

G.

NúMERC 518

Coche movido por el petróleo. Invención de los Sres. Peugeot; motor Daimler. (De una fotografía.)

J. MASRIERA Y MANOVENS

♦

MONTANER Y SIMÓN, EDITORES ♦ ·

Véndese formando un precioso lllbum, encuadernado en tela, al precio de ._aptas. ejemplar

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TISSANDIER

a1Bro111uro
de Potasio
DE CORTEZAS DE NlRlNJlS lllRGlS

El papel, que ya se empleaba antes para la edificación, utilízase ahora para la confección de cristales, macetas, rieles, ruedas, herraduras, poleas de
transmisión, utensilios de laboratorio, toneles, etc.
Los cristales de papel tienen t0da la apariencia de
vidrios blanquecinos con la propiedad de interceptar los rayos luminosos dejando pasar los caloríficos. Las poleas de transmisión concebidas por
M. Burot tienen un cubo de hierro fundido y brazos
también de hierro que contienen un armazón sobre
el cual descansa la pina de papel. Este armazón
mantiene la pina durante la fabricación y le da mayor solidez. El papel de una calidad especial está
colado, arrollado y comprimido ·en el armazón en
una operación sola; luego debe secarse la corona y
se moja en una mezcla de aceite de lin? y de resina.
Las macetas de papel, cuya invención se debe á
M. Mauricio Pqmmarede, tienen sobre las de barro la
ventaja de ser mucho más ligeras y no frágiles. Si el
precio resulta notablemente inferior al de éstas, po•
drían reemplazarlas los horticultores en el consumo
considerable que de ellas hacen. Esas macetas de
papel son imputrefactibles, impermeables é hidrófugas, y como sus similares de barro cocido se prestan
á la ornamentación: cubiertas de una capa de barniz
ó pintadas, tienen sobre las macetas de lujo de tierra la ventaja de adaptarse mejor á todas las formas
que á la fantasía del fabricante le place darles. También en la fabricación de ciertos muebles se ha tra-

Trátase del cuadriciclo á gasolina, construido por los del rojo, se da con una mano dos ó tres vueltas al
señores Peugeot, y el motor en él empleado es del 'manubrio de atrás y con la otra se regula la espita de
sistema Daimler; ha sido fabricado por los Sres. Pan- admisión del gas, con lo que la máquina echa al mo.hard y Levassor y funciona por medio de la esencia mento á andar.
de petróleo volatilizada en una corriente de aire.
Las explosiones del gas desarrollan en el interior
La fig. 1 representa el nuevo coche movido por el de los cilindros un calor que no tardaría en dificulpetróleo y la fig. 2 reproduce el plano y la sección del tar por completo el movimiento de los pistones, si
mismo con una leyenda explicativa.
la caja en que éstos van encerrados no se enfriara
El coche se compone de un armazón de tubos de continuamente. A fin de lograr este resultado, una
acero batidos y sin soldadura y reunidos por medio bomba centrífuga movida por el mismo motor hace
de piezas de varias formas, también de acero fundi- circular alrededor de los cilindros una corriente de
do ó estampado: este armazón, en donde están colo- agua que pasa luego á los tubos del armazón de la
cados el motor, el mecanismo y los asientos, va sus• máquina. El coche lleva un freno de bastante potenpendido sobre muelles fijos en el coche. Las ruedas cia para pararlo casi instantáneamente, cualquiera
motrices giran alrededor de dos pezones de eje y sus que sea la velocidad con que corra: la palanca correscubos tienen dos engranajes de cadena que reciben su pondiente á este freno hace funcionar al propio tiemmovimiento de dos ruedas correspondientes ajusta~ po un cono interruptor, de suerte que es imposible
das á un árbol de transmisión. Este lleva un moví· engalgar sin haber hecho antes el motor independien• miento diferencial destinado como en los triciclos te de la transmisión del movimiento.
ordinarios á hacer independientes las dos ruedas
En cuanto el motor ha adquirido su velocidad
motrices. Las dos ruedas directoras están colocadas puede emprenderse la marcha: el conductor coge con
en la parte anterior del vehículo. El coche puede la mano derecha el puño de la palanca del freno, que
evolucionar sobre sí mismo describiendo una curva es al propio tiempo la palanca que establece é intede tres metros de radio. Las llantas de las cuatro
ruedas de acero están provistas d e una guarnición
de caucho.
Cuatro personas pueden ir sentadas en el coche:
la que hace las veces de cochero se sienta á la derecha, teniendo al alcance de su mano el guión director, la palanca del freno, la del cambio de marcha,
la manivela de la espita de admisión del gas, la em•
puñadura que gobierna la marcha hacia atrás y, d ebajo del pie, el pedal con que se interrumpe la comunicación entre las piezas de la máquina que se
comunican el movimiento entre sí.
El motor, cuya fuerza es de dos caballos de vapor,
.
~k
está alimentado por gasolina ó esencia de petróleo,
Fig. 2. Secci6n y plano del coche movido por el petróleo. - A. Motor de gasolina, de dos cilindros, con fuerza de dos cacontenida en un recipiente llamado carburador, donballos de vapor. ~ B. Car~urador. - C. Dep6sito_ ~e gasolina que alime~ta los mecheros. - D. Mecheros que calientan
de se volatiliza para penetrar luego en forma de gas
los tubos de platm~ que mflaman el gas. - E. C1hndro de escape que mve para amortiguar el ruido. - F. Dep6sito de
petr6Ieo. - G. Bastidor de tubos de acero por el cual circula e l agua que enfría los cilindros. - H. Dep6sito de agua.
en los cilindros de la máquina, produciéndose las
- I. Bomba centrifuga . para la ~irculaci6n d&lt;;I agua. - J. Disco de fricci6n para hacer independiente la máquina. explusiones por medio de dos mecheros con dedos
K. Palanca para_ hacer independiente la máquma y para el fr~no . - L. ~reno de collar. - M. Pedal de interrupci6n.
de platino encerrados en una caja de hierro á mane- N. Juego de piñones que ccrre sobre el árbol para el cambio de velocidad. - O. P11Ianca para el cambio de veloci•
ra de linterna.
dad. - P. Juego de ruedas que transmiten el movimiento al piñ6n de cadena por intermediación de ruedas de ángulo.
- Q. Movimiento diferencial, - R. Direcci6n. - S. Cambio de marcha,
La velocidad invariable del motor es de unas 550
vueltas por minuto; su potencia, también invariable,
de dos caballos de vapor basta para lograr en un ca- rrumpe la comunicación, le imprime un ligero mo- tado de sustituir ' el papel á la madera, y aunque
mino liso y sin pendientes una velocidad de 18 kiló- vimiento hacia atrás y el coche echa á andar.
hasta ahora no se ha pasado de la vía de ensayos,
metros por hora. Para subir las cuestas es preciso
Es conveniente iniciar el movimiento con precau- n0 tardaremos en ver salones Luis XVI, tocadoresdisminuir la marcha, para lo cuál se apoya el talón ción marchando á pequeña velocidad para evitar un Luis XV y comedores de estilo gótico, todo construí-·
choque violento en el momento de partir, pudiendo do con papel.
(I) Véase el ní1m. 476 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
acelerarse la marcha inmediatamente después.
(De La Nattm)

♦

LECHE ANTEFÍ:L

NUEVAS APLICACIONES DEL PAPEL

1.

POR

, _......,_

***

Fig.

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

CIFRAS DECORATIVAS'·; PARA ARTES E INDUSTRIAS

1
1

LA

entrega de

~PEL WL

Se u.to prespo&lt;tot , ~u!.. lea aoUcn,
41rigiu4oae f i., Sru, Moataoet y Sia••. e4ltor•

Soberano remedio para rtplda cura-

cioa de lu Afeoolon•• del peoho,

Catarro■,Kal de garganta, Bronquitia, Re■biado■ , Romadiu■,
de 101 Reumatiamo■ , DolorH,
Lumbago■, eto., SO aiio1 del mejor
6xJto at.estl¡uan la eficacia de e1te
poderoso derinUYo recomendado por
101 primero■ m6dlco1 de Paria.

D1p61tto ,n toda, ta, Farmacia,

l&gt;epo■lto

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para com~alir

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4'Aa.u 11m11a1 eon loe elementol que entran en 1a comDOllcloll de elle
r.
l'IIPUador c1e laa fllerzu niales, c1e este feni■•-.. par -•le■eia. De un ~salD&amp;menle a,rad&amp;ble, es 10berano contra la J.flellHIJ -, el Afl«4f!ltfflto en 1u Ciufftl
1~oo4ntra
Y
4 las J&gt;'4rr11111 Ju J.fl«1l&gt;'MI c1e1 J11tOÍMQo -,'108

g~~,

-"'-· o ~- raia •

'"'"""°' '"'

espenar el apetito, aserurar lu d1gesUoD61, reparar 1u ~ ·--

.¿ er=_u Jll'0'9-

-......ecer .. IID&amp;ft. entonar el organismo y precuer la anemia y 1u
Cldli por 101 caloree, DO 1e oonoce nada superior al w1■e de
48
#o,-o,-.• •~-• waal.FEW,rarmaeeatiti, tOI, rae
DA fflU&gt;I 11' TODAS LAa P.IJKCllPAJ.1111 JIOnaA&amp;

mcw.. ._..AIODI.

_EllJlSE 11.:e=' ARDUO

UHIIIEI 1C'',11IClm.11Nl1 hr!t

EnfermedadeSdelPecho
La,

Pfflftll ... NINft 1u

PILDORAS~DEHAUT

P. LAMOUROUX

~clo, ,OJlfflt, oo.a&amp;ra lo que ncfd, eoa

•s, Calle Vauvtlllen, Parf■,

llora 1 la comida qa. mu 1, coa,-J,111.a,

El Jarabe de Pierre Lamouroux es
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de las tisanas, á
las cuales comunica su gusto agra•
dable y sus propiedades calm1Jntes.

•~cu. No lfm,.a ,1 a,co m,1 ou-

- a.aiu ,azvue,,, ,.,. 110 obra JJf,a
úo eaa.ado 11fomaoo11.1Ja,no1aUm,ato.
1.llfllklu lortlltouc,,, call ,1 YiJJo, elwl,
,111. Cada nll e,coge, para P.Dl'fll'II, la
'"'"' IIU OCD1McfOD81,

Como ,1 caan.a

cio qa1 i. l'Dl'fa oc.aloa, queda com-

~

~

.

pletam1nteaaalado,orel efec&amp;od1 la
JJaaa ana,,naacion ea,1,ada,a.ao
,. fllCld, Ucílmente 4 ,-01,-.,.
4. .

,.,.,.cau&amp;u ,.,.,..
IH ■ICMalW,

Antes, Farmao,utico

(Gaceta de los Hospitales)

Dep6sito General: 45, Calle Vmillien, 45, PillS
Se rende en todas fa, buena, farmacia,.

-~ -!l}·~ -~ -~
~~~

GOTA y REUMATISMOS

eorac1on'

DE

•• lltabtu u J'Dl'fll'H, n111dt i.

DI". ..Aflla

(lutrlte utw111,. -Fle11 Yd. • 111/ l•rt• 11pe,/tntl1,
1 h1,. MH lunttm IU#OU1 IALU, pu• e/IN
le nrarh ,, 1u oontt.,ao/tn, /e darb•411ttlto 1 N
lero/mb el 1nño 1 la 1/tfr/1. - A1I rwlrt YI.
•uhu 1ñ41, l11frutanl• 111111,,. di una •uua •al•'-

Jarabe Pectoral

por el L.10011 7 1u PILDOIIA8 del :c,r L avil.1e :

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1:r.100&amp;111111p/H H tintado a,udo¡ lat •D,:DOa&amp;a,M ti NfldO or611/oo,

Per llpr: F. COIIAR, 21, ne Sabt·Cl&amp;••• PARIS

1.ia • Wu III fl!IMW 7 llt,-w.-lllHIM ll'lh ■ hlWt .,Uaalllt.
UUW 1L lllll 111 IIIIWI flAllll f lSTA fllll !

p i ; •y

. .•½,, . •

CLORÓSIS. -

ANÉMIA. ...:. LINFATISMO

El Proto-IodUJ'o de merro u ,1 reparador ,, 11 1&amp;ZJgre,1

lortiflcante y ,1 microbicida 1•r ezcele.ocia.

11Jarabe7 lu G~ajeaa coi prolo-lodaro fe llem teF. Gille

no podrla11 , ,,. ~ ,..,......,dado, .,. nuó,, tú
¡ ¡.,.. '
"' iMlt....,11tlldad II tú "' 1olu6illclo4 C0111la11la,
"',,.,...., ¡u m '11,
(Gc,11&lt;1 d1 lo1 Jl'o,Jl{lale,).
1l1Pde1,o GINIIIAL: 45, Rue Vauvllllert, PARIS. Dep6sfto ID todu Ju Jarmufu .

Las OB.88lJ extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUBTRAOIÓN ART1STIOA diríjanse pa.ra informes á los ~res A. Lorette, Rue Oaumartin,
núm. 61. París.-Las casas espa.iíolas pueden hacerlo en la ofloina.. de publlolda.d de los Sres. Oalvet Y O.•, Diputación, 858, Barcelona.

�LA

768

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

51 8

drid, se reparte por cuadernos semanales de 32 páginas al
precio de dos reales uno y formar~ 3 to~os de unas 4?&lt;'
páginas. Suscrlbese en casa del editor, Fucar, 3, Madnd,
y en las principales librerlas de provincias.

NUESTOS GRABADOS
La at let a miss Viot or ina. - Entre las curiosida·
des que se exhiben en el teatro de Variedades del Palacio
de Cristal de Leipzig, figura la atleta miss Victorina, que es
sin disputa una de las mejores en su género, pues á su fuer·
za extraordinaria une una corrección de formas irreprocha·
ble y una gracia especial en la manera de hacer sus ejerci•
cios. De sus varias habilidades, tales como levantar pesos
enormes, romper gruesas cadenas, etc., la más prodigiosa
es la que consiste en detener un proyectil de doce libras
disparado por un cañón á diez pasos de la boca de éste:
otra no menos notable es la que representa nuestro grabado,
ó sea la de romper á fuerza de la distensión de los músculos una cadena atada al brazo.

•
••
ZARAGOZA ARTÍSTICA, llfONUMENTAL É HISTÓRICA,
por A. y P. Gascón de Color. - Los cuadernos 44 y 45 de

esta importante obra, además del excelente texto contienen
cuatro hermosas fototipias que representan: una Venus, es•
tatua romana de mármol de Carrara, tablero y ménsulas
árabes del castillo de la Aljaferla, un detalle del interior
de la mezquita del palacio de la Aljaferfa y un facsímile de
una página de un códice aljamiado. Llevan además tres
bonitos fotograbados que reproducen el alfar del oratorio
del arzobispo Mur, el interior del cimborrio de la Seo y un
retablo del altar mayor del templo de Santa Engracia.
Suscrlbese al precio de una peseta el cuaderno en casa
de los autores, Contamina, 25, 3. º, Zaragoza, y en las principales librerías, y en Barcelona en la de D. Arturo Sim6n,
Rambla de Canaletas, 5.

~~

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
ENSAYO SOBRE EL ARTE DE NAVEGAR POR DEBAJO DEL
AGUA escrito por et inventor del «lctlneo&gt; ó barco-pez, Narciso Mo~tttn·ot. - Algunos amigos y admiradores del inventor
del Ictlneo han publicado lujosamente impresa la luminosa
memoria descriptiva del barco ~ubmarino y una interesante
introducción en que se describen las vicisitudes por que pasó
el invento: ambos documentos fueron escritos por el mismo
Monturiol, y en la edición que ahora de ellos se ha hecho
precédeles un prólogo de D. Juan Mañé y Flaquer, en el
que se hace una semblanza tan sentida como justa del eminente hombre de ciencia que indudablemente dió un paso
gigantesco en la resolución del trascendental problema de
la navegación submarina, y que por causas que no hembs
de señalar ha116 sinsabores y no pocas pérdidas materiales
alll donde hubiera debido encontrar sólo dichas y gloria.
Lleva el libro el retrato del Sr. Monturiol, una fototipia
reproducción. del /et/neo y dos láminas con las seccio~es
vertical y honzontal del barco y las transversales de vanos
detalles del mismo.

•
••
DR. ANDRÉS LAMAS, bosquejo crítico literario. A HIS·
TÓRICO PASADO, RISUEÑO PORVENIR, poema argentino,
por D. R. Monner Sans. - De estos dos folletos, el primero es un estudio concienzudo de una de las personalidades
más salientes del Rlo de la Plata, y el segundo un canto en•
tonado en armoniosos versos en loor de las glorias de la
República Argentina. U no y otro revelan las notables dotes de critico justo, escritor castizo é iespirado poeta que
adornan al Sr. Monner Saos.

.

••

JUSTICIA Y POLÍTICA, por D. Antonio Agui/ar. - Con el
titulo de Actt,alidades ( Cartas á mi padnºno) viene dando
á luz el S,r, Aguilar una serie de notables estudios sobre
cuestiones de innegable trascendencia relacionadas con la
•••
administración de la justicia. En el último publicado ocÚ•
pase con imparcialidad y elevación de miras del interesan•
PROSODIA CASTELLAN,\ y VERSIFICACIÓN ' por don
te problema de la influencia de la polltica sobre los tribuEduardo Benot. - Que esta obra es interesante y de indisnales, y al exponer con irrebatibles argumentos los gravisipensable estudio pruébalo la sola enunciación de su titulo;
mos males que este estado de hecho acarrea á la sociedad,
que las importantes materias en ella co~tenidas est~n ?ª º
ocúpase de una manera concienzuda en los dos mportanbiamente tratadas, demuéstrase con la simple enunc1ac1ón
tes principios de la independencia y de la responsabilidad
del nombre de su autor, quizás el primer gramático de nues•
judiciales y censura con rasgos felices la conducta que una
tra patria, Por lo que vemos en el primer cuaderno, único
parte de la prensa sigue al tratar de lo que á la justicia se
hasta ahora publicado, el Sr. Benot se muestra verdadera·
refiere.
mente revolucionario en materias de acentuación; y la ver·
Es este un folleto que se lee con sumo gusto, pues además
dad es que leyendo las razones en que apoya sus teorlas, la
lógica de las mismas se impone, aunque su novedad cause LA ATLETA MISS VICTORINA que actualmente se exhibe en el teatro de ser interesante está muy bien escrito. Ha sido editado
por D. Fernando Fe, de Madrid, y se vende en las princide pronto cierta extrañeza,
pales librer!as al precio de una peseta cincuenta céntimos .
de Variedades del Palacio de Cristal de Leipzig
La obra, editada por D. Juan Muñoz Sánchez, de Ma-

-

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS J POLVOS
PATERSON
• BISIIUTBO J IIAGNISU

'--dadoe CODtra lu .&amp;J-1011• clel Eat6·
mago, Falta de .l.petito, DlgeatlonN labo•
rto.u, .l.oedlu, VOmttoe, Erv.otoe, y COll-,
Ngular!An lu Funolon• del Ellt6mago y

de loa IDINtinoa.

flillr III el rotulo I lfllll dt l. ,AYAltO.

a.a. DETB.I.N, FannaoeuUoo en P.l.lla

CARNE, HIERRO y QUINA

11 .Alimento mas Corlilicanle unido a los Tónicos mu reparadores.

lr1NO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS PI.INCIPIOS NOTB.ITIVOS DB U CARNE
c,.1.an. IIJEll&amp;O y_ 91JIJU I Diez años de exlto continuado y las llflrmactones de
todas las emtnenC1.aa médicas preuban que esta ISOCl&amp;eion de la ~ame • el llierro y la

911¡- consu tuye el reparador mas enerltlco que se oonoce para curar : la Clordns, la

.AMmfa, las J f f f l l t ~ ,t.olorosiu, el J/mpol1rec1míento y la Alteracton de la Sangre,
el Ra4u"umo, las AfecclMla e.scro(Uwsiu Y e.scorbutfcas, etc. E.l Yino IFerrucino■o de
.1.rea• es en erecto, el ÜillCO que reune todo lo que entona y fortalece los organos,

regu1ar1.za; coordena y aumenta oonsiderablemenle las tuerzas ó tn!unde a la san¡re
empobrecula y descolorida : el YtQor, la Coloracíolt y la BMr!lfa fltt al.
~ .a.1,1or, m Paria, en casa de J. FERRE, Farmu.eulico, 10!, rue Richelieu, Sucesor d~AROUD.
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SIi VBNDB KN TOD..S L.lS PIUNCIP.il.ES BOTl&lt;a.S
0
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EXIJASE

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ARO UD

i11f.9ADES••1E1ro,a.
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Pepsina Boudault
Apnhada por la AUDElll DE IEDICIH

PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858
lltd&amp;llu ta 1&amp;1 lhpo1lolont1 tni.l'Daolonalt1 dt

PUIS - LTOI - mu • PIIUDELPKI! IM'r

18'11

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UN.al COR IJ. ■4TO&amp;

,. JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ~
Far1naci a , VALLE D E BTVOL.C. lóO, i&gt;AB.CS, JI en toaus 1,u.A&gt;'a r ...u cia•

El ,!.ARABE DE BRLANTrecomendauo desde su ;&gt;rlnctpio por 10s profesores
L._!lennec, Thénard, Guersant, etc.; ha recibido la consagración del tiempo: en el
ano 1829obtuvo el prtvlleglo de Invención . VERDADERO CONFITE PECTORAL con base
de goma Y J~ ababoles, conviene sobre tooo a 1a.s personas ctellcactas como
mQJeres y ntnos. su gusto excelente no perJu&lt;llca en mocto alguno a su incacta
._ contra 10S RESFRHDOS y todas las IIIFLAMACIOUS &lt;lel PECHO y ae IOS IIITESTDIOS. ..,

mis

OA8TRIT18 - OA8TRALOIAS

DIQHTION LINTAS Y PEN08AI
PALTA DE APETITO
'I ff&amp;OI DIIO&amp;D. . .I DI U. DltllT. . .

B,UO Ll FORIIA. DII

ELIXIR• • ie PEPSIIU IOUDAULT
VINO • · de PEPSIKA IOUDAULT
POLVOS, ie PEPSINA IOUDAULT

1,.,._
, ... "" """"'...... 111-•··

P~, "8rmatit COLLAS, 1, ne

e~pcclalmen te contra las Eacrofulaa , la
l'íals y la De bilidad de t empe rame nto,
- - -- - lSi como en todos los casos(Pálldoa colorea,
B.m enorrea, • •&gt;, en los cuales es necesario
ol&gt;rar s.obre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar 6 regularizar su curso periódico.

l

lffl
1171
Wro .. LM

D18PEP8IA8

1:-artlclpando de las propiedades del Iodo

r del Hierro, estas Plldoras se emplean

SOCIEDAD

Y PASTA
,,,n. JARABE·
de H. AUBERGIER

•• Fe■ 11to

•§1,1111

·••1110

•• iooo 11-.
001 %.4.0TV0.Alt.mK (Jug, l1ob111 de Leobuga)
,, ,,.,,.
.Aprokdoa por la Aoadem1a de llfedlohla de Parta é biaer tado. on Ia Colocoión
0/1o1al d• lr6rmaJae Legal•• por decreto m1n.úcerial de 10 de .Marao do 1854.
e Una completa 1Dnocutdad, una encacta perrecwnen&amp;e comprobada en el catarro
qfdtmfeo, Ju BrOflqu"''· Catarro,, .ieVIIIOI, ro,, a , - 6
de la ¡ ar¡anta han
l!&amp;Ilieado al JA.R.l.8E Y P.1.8T.I. de .I.UBERGIEJlouna Inmensa fama ,.
'
(.htrull ul Fornuilarif 1114"• ul S-• Bovi;larur 111ttlrl&amp;liu u la r,nttc,I ~ .11,,~iu (Ho , 4ici611J
venta por mayo~ : COII.I.R T e-, •· ca.ue de St,.Claude, PA.RIS
•

'""'CJCW!t

DEPOSITO l!I LAS PIIINCIP.u.111 BOTICAS

PATE EPll.ATOIRE DUSSER
,

¡·~
/./v?JJ5 rarmacenuco, en Parls,
~Rue Bonaparte, 40
El ioduro de hierro Impuro ó alterado
N
• B, es un medicamento infiel é Irritan te.
Como prueba de pnreza y de autenticidad de

las verdaderas P íldo-ra s de :n anca-rd,
exigir nuestro ae1 10 de plata r eactiva,
nuestra firm a puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unión de
los Fa llr lcant es para la represión de la falslllcación.
SE HA.LLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

==-~

lu lllAIC ES II yl!L LO del 1111re •• tu 4aau {bk, llrote, etc.1,_11a
...... lllrl el calla. se .&amp;iioe 4• áaso,1.W- u 1alilla1Nprut1zu la eauda
~ IN ~ ~(S. -'e• •Ju,~ la baña, 1 n 1/2 11J11 pan el Mptt lifm). 1'ln
_,, - -. •.--11 l"ll.J FCIMM. »v••• • •, ,.... ,1...i.-a......11. p ~

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
IMP, DE MONTANER Y SIMÓN

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                    <text>I

U~1rté!C10t)

Ftí~t1ea
ARO X

BARCELONA 7 DE DICIEMBRE DE 1891

..,.,_ _ _ _ _ __

NúM. 519

Con el presente número se reparte LA HISTORIA DE LA GUERRA FRANCO-ALEMANA DE 1870-71, escrita por el conde de Moltke
Primera. edición ilustrada. que se publica. en Europa., acompañada. de un mapa. para. seguir la. marcha. de la11 operaciones
El suscriptor á cuyas manos no llegase deberá reclamarla. al respectivo corresponsal ó repartidor

ESTATUA ECUESTRE DEL GENERAL GATTAMELATA, en Padua, obra. de Dona.tallo

�La

770

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 519

y de las guzlas, al olor de los pebeteros y de los ro- daban destellos de lapislázuli á la sierra Elvira, brusales Ninguno, entre tales infelices, ninguno se daba ñidos de cristal veneciano á las cumbres nevadas,
cuenta de lo que le sucedía; pero á todos les pasaba arreboles rosáceos á los cármenes bordados de noTexto.-Murmuraciones europeas, 'pOr Emi!io Castelar, pales á las torres ceñidas de cresterías, á las mezquiEl Papa en el Vaticano, por Eduardo Toda. -Bonn, por lo que á la flor desgajada del tallo, lo que al tallo
tas
c~ronadas con rotondas de porcelanas, á los kiosJuan Fastematb. -Ntustros grabados. -La hermosaNata/ia, desgajado del tronco, lo que el tronco desarraigado
por Carlos Iriarte, con ilustraciones de Marold. - S&amp;CCIÓN del suelo. Imaginaos los judíos arrancados á J erusa- cos del Generalife medio escondidos entre los bosCIENTÍFICA: Sopltte de esencia mineral y ten110-cauterio. lén;y conducidos al cautiverio de Babilonia; los he- ques de mirtos, adelfas y cipreses. El cielo espléndiTramportt de fJaljtlt les á domicilí~ 'º': m_edio de la_ electricido, el sol fulgurante, las montañas encendidas como
dad. - Flu"ca recreativa. La presltdigrtació,i desmburta. Las lenos expulsos por los tártaros de la península y de
las islas que á una esmaltaran todos ellos con los volcanes, la Vega inmensa dilatándose hasta donde
pizarras espiritistas .
cinceles de sus artes y poblaran también con las ma- la vista se dilata, las colinas pobladas por torreones
Grabados. -Estatua ecuestre del general Gal/amela/a, en riposas de sus inspiraciones y de sus ideas; imagi- parecidos á corales gigantescos, la ciudad atravesada
Padua, obrn de Donatello. - La sobrina y' el ama de D. Quipor el Darro y lamida por el Genil, entreabierta y
;ofe de la Ata,u l:a, cuadro de D. Juan Gilbert (Exposición naos los pueblos todos á quienes un destino adverde la Real Academia de Londres, 189n. -¡C/1isl!, estatua so condena en sus decretos á dejar el suelo donde hermosísima como la fruta de su nombre; los arrebode D. Juan Vancell {Exposición general de Bellas Artes de se quedan los sepulcros de sus padres y donde se les de aquella tarde, las púrpuras de aqdel ocaso, las
Barcelona!. -Las primeras lecciones, cuadro de C. van Stet- han mecido las cunas de sus hijos; pues ni los tre- armonías compuestas por la mezcla del susurro de
ten, grabado por Baude. -El acaparador de periJdicos, dilas arboledas con el rumor de las brisas, los aromas
bujo de F. Coradam. - Campesina de la Umbría, cuadro de nos de Jeremías llorando la ciudad viuda y solitari,a,
embriagadores,
las perspectivas ina~abables embeni
los
elegíacos
lamentos
del
clepta
viendo
su
tierra
D. Joaquín Sorolla. -Portada de San ,M artín en Salamat1·
ca . - Un nido de miseria, cuadro de D. Leopoldo Roma· en los lejos del horizonte desde las extranjeras mon- llecíanse como á porfía para despedirse y separarse
ñacb. -Dortor D. Andrls Lamas, ilustre historiógrafo, lite• tañas, ni el plañido de los abdibitas sevillanos com- de aquellos sus reyes y señores, los cuales habían
rato y político americano. Nació en Montevideo en 30 de
completado las grandezas del universo con las insnoviembre de 1817; falleció en Buenos Aires en 23 de sep· parando su do aromado de azahares con las arenas
tiembre de 1891. -Estat11a de D. Eusebio da Guarda, erigi• del desierto y sus palacios encantados con las tien- piraciones del arte. Boabdil al volverse instintivada en la Coruña, obra del escultor D. Ellas ~artín, fundida das del aduar y sus jardines inacabables con el oasis mente para despedirse de aquel suelo, vió de un
en los talleres de D. Federico Masriera y C. ª, de Barcelona. estrecho y pobre, pueden compararse al llanto y al lado el pico de Muley-Hacem, donde reposaba su
- Fig, t. Soplete de esencia mineral de M. Paquelin. - Fi•
padre; de otro lado el hijo de sus entrañas engendrag.ira 2. Termo -cauterio', nuevo modelo de M. PaqueUn. - sollozo de los granadinos, abandonando aquella tieFigs. I y 2. Las pi:tarras espiritistas. - c~a de patos, cuadro rra de fuego templada por las nieves, aquellos jardi- do para tanto paraíso, pero sin poder poseerlo; y
de D. José M. Marqués, adquirido por la Diputación pro- nes de Asia regados por manantiales y fuentes y uniendo á los recuerdos profanados las esperanzas
vincial de Barcelona.
arroyos clarísimos, aquella puerta del Edén tras la desvanecidas que cubrían como de duelo aquella
cual columbrábanse las prometidas huríes y ante la tierra milagrosísima, dijo adiós á Granada y lanzó un
cual se anticipaba el ánimo los goces prometidos en amargo sollozo que hubiera partido las pied;as. Pero
el Paraíso por su religión. Así los unos iban á dar el no partió el corazón de su madre A1xa, qmen gu~rMURMURACIONES EUROPEAS
adiós último á tal ajimez, que les recordaba un sue- dando su indómita naturaleza y su complexión mPOR OON EMILIO CASTELAR
ño de amor; los otros á tal mezquita, bajo cuyas bó contrastable hasta el fin de aquella tragedia, díjole:
vedas
habían creído recibir revelaciones del cielo; &lt;Llora como mujer lo que no has sabido guardar y
El Centenario de Colón y Granada. -Grandes recuerdos bis•
tóricos asociados al descubrimiento de América. -La rota casi todos á los patios voluptuosos, á las albercas defender como hombre.&gt; Pues aún debian los lade tos moros y ta expulsión de los judlos. -Pueblos viejos y cristalinas, á las celosías recatadas, á los alham!es mentos de Boabdil perdurar en su recientísimo despueblo~ nuevos: - ~a China y_ sus conmociones. -An!iguas multicolores, donde naturalmente dejaban arreboles tierro cuando Colón se partió regocijado á Huelva
industrias ecles1áshcas encammadas á penetrar en Cbma de su alma y de su vida. El viejo santón, reflexivo y y Palos con la orden de reunir para su disputada
Los primeros exploradores. - El patriarcado griego en Conssolemne, aún podía recatar sus grandes dolores y expedición levas marinas y armar investigadoras catantinopla, -El nuevo patriarca.-Conclusión.
ver aquella catástrofe con ojos enjutos y parecidos á rabelas. Y en efecto, así como coincidía con la paresas nubes del estío, las cuales relampaguean y no tida de Colón desde Granada á Palos el definitivo
I
llueven. Pero los jóvenes de condición guerrera, ore- triunfo de nuestra España sobre los árabes, coinciPor mucho tiempo, durante todo el próximo ar.o, yendo que aún alcanzarían vencer al destino, lanza- día con la partida desde Palos á su primer viaje la
hablaráse del Centenario de Colón entre los pueblos ban toda suerte de maldiciones por aquellas sus bo- expulsión de los últimos judíos restantes en España.
cultos, con especialidad entre los españoles de todos cas cubiertas con espull)a de hiel, y las pobres muje- Junto á las carabelas que al amanecer llenaban del
matices y los americanos de todas procedencias. Así res, incapaces de callar sus sentimientos, proferían clamoreo de sus tripulaciones regocijadas, en una
no puede maravillarse la solicitud con que acuden en alaridos tales, que poblaban como una tempestad mañana del mes de agosto de 1492, el cielo y el mar
mur.has municipios en demanda y petición de un aquellos aires cargados con las evaporaciones de de Huelva con esperanzas generadoras de un munreconocimiento público del derecho suyo á la con- tantas lágrimas no disipadas por los clarines y por do nuevo, pasaban los últimos judíos, cual sombras
memoración gloriosa de antiguas esceoas históricas, el Tedéum de la victoria. Al fin, precedidos todos y espectros de un templo caído y de un mundo
enlazadas con suceso tan humano y universal como aquellos infelices de largas recuas, sobre las cuales muerto, los cuales todavía no han purgado el haber
la invención del Nuevo Mundo. En estos mismos iban sus tesoros más ricos y sus muebles más ama- desconocido una revelación del progreso. ¡Ah! Sunt
días varios comisionados, por todo extremo ilustres, dos, emprendieron el camino desde Santafé á la la~imfZ rent111.
del puebl6 granadino han puesto porfiado empeño Taa de Orgiva, donde iban por el pronto, dando á la
III
en la recordación del papel representado por su bella ciudad las espaldas. El paso era lento, como de
ciudad dentro de tal épico poema viviente, y beles quien huye al objeto amado. Un silencio profundísiY puesto que hablamos de naciones viejas y naasegurado yo mi pobre concurso en la consecución mo siguió naturalmente á las primeras explosiones y
y logro de su legítimo deseo. Aparte Barcelona, pri- estallidos del dolor amargo. La comitiva, con haber- ciones nuevas, no faltaré al ministerio mío de cronis•
mer glorificadora de Colón, tienen derecho á con- se depurado y reducido todo lo posible, formaba por ta departiendo con mis lectores un poco acerca del
memorar el Centenario Sevilla, donde halló Colón su número y por su importancia como un pueblo Celeste Imperio, cuyos alardeas de intolerancia '
poderosísimos y desinteresados valedores; el Puerto, Y este pueblo se unía indisolublemente, por la inte- traen á mal traer las cancillerías europeas, ocupadas
en cuyas playas vivió largo tiempo junto á sus ami- ligencia y por el corazón, á·la tierra que iba dejan- en defender sus respectivos naturales y súbditos al
gos los Medinacelis; Córdoba, que presenció sus do atrás mal de su grado. El hombre, como compen- incendio y al degüello en que han entrado con furor
afanes y auxilió con recursos de ilustres familias cor- dio de todos los seres, pertenece también á los mi- los chinos. ¡ Pueblo incomprensible! Habiéndose
dobesas á los vast!simos proyectos y á las audaces nerales y á las plantas, y necesita, como éstas, respi- adelantado á todos en descubrimientos, dióse tal
investigaciones del descubridor; Málaga y Baza, las rar el aire y absorber el jugo de la natal atmósfera y traza que, inventor de la imprenta, de la pólvora, de
cuale~ en sus asedios le vieron pelear como un sol- de la tierra natal. Y los fugitivos se creían unos con la brújula mucho antes que los demás pueblos, hase
dado; Huelva, de antiguas experiencias marítimas, aquel suelo predilecto; por eso todos los ojos se quedado como inmóvil y rígido en sus invenciones.
puestas en la suma de datos reunida por aquella atristaban como las luces al extinguirse y todas las Y sin embargo, nosotros, los europeos, á pesar de no
mente creadora para la solución de su problema; La frentes se caían hacia abajo como las flores al secar- querer nada con sus personas, resucitamos su filosoRábida, primera y principal en darle dos capitales se. El paladar no queda otros frutos que los frutos fía. Sabido es lo que priva Scbopenhaüer hace mucho
protectores, el guardián de aquel monasterio y el de aquellos huertos, ni las fauces otras aguas que las tiempo en la ciencia germánica, y sabido es que
cosmógrafo y médico Garci-Fernández; el Palos, de aguas de aquellos manantiales. El pensamiento se Scbopenbaüer extrae su filosofía de una religión chilos Pinzones y del primer vi~je; la Vega edénica y la fijaba por modo intuitivo en que hasia el polvo de na, la religión Buda y los budistas. Esta religión prociudad oriental, testigos tanto de las capitulaciones las vías recorridas se formaba con átomos despren- venía de los indios. Pero se diferenciaba tanto del
entre los inmortales monarcas y el ignorado adivino didos de las generaciones muslímicas ali( enterradas. brahmanismo politeísta como pudiera diferenciarse
como del costoso y &lt;)efinitivo triunfo alcanzado so- Cada cual pensaba en el sitio consagrado por algún un judío monoteo del persa ó iranio pagano. El b11bre la superstición por el saber y por el genio. Así bendito recuerdo, por alguna escena familiar, por la dismo no era tanto la religión de Dios como la relicomo la fe busca las huellas de los reveladores divi- sombra de un ser querido, por la reminiscencia de gión del alma Su dogma capita\ísimo y primero estanos en todas partes, en Jerusalén y en el desierto, la vida pasada, por un sollozo. por una oración, por ba reducido á la espiritualidad é inmortalidad del ser
debe la ciencia buscar y consagrar los lugares testi- una lágrima. Imposible saber todo cuanto nos une invisible que nos anima. Y después de haber proclagos de las glorias allegadas por sus reveladores y por con el terruño á que nos hallamos adheridos hasta mado estas dos ideas, tan acordes con todo cuanto
sus mártires. Además los pueblos necesitan saber después de abandonarlo y de perderlo. Boabdil iba nosotros creemos, proclamaba la transmigración de
su historia. Y ninguna ocasión de suyo tan propicia pensando en todas estas cosas conforme se iba diri- las almas, ó séase una especie de sucesivo paso despara enseñar á los españoles el conjunto de sus re- giendo á su triste destierro. Caballero en el corcel de uno á otros cuerpos en .progresión ó retrogradacuerdos como este aniversario, el cual tanto evoca árabe que montó para salir de Granada, precedién- ción perpetua, según el mérito ó demérito de sus acnuestros aciertos como nuestros yerros,
dole su primogénito, á caballo también, á sus dos ciones y de sus obras. Mas ¿para qué proclamaba el
lados se veían su madre y su mujer, igualmente silen- budismo esta esencialidad y esta superior fuerza del
II
ciosas y entristecidas. Quizás por la vez primera de alma humana? Para luego murmurar en sus oídos el
s~ existencia Moraima no ponía los ojos en Boabdil, suicidio. La suprema felicidad para Buda está en la
En tanto que del torreón de la Vela subían Ten- smo en todos los objetos de que la separaba su mar- nirvana que quiere decir á la postre tanto como la
dilla y Mendoza, conseguida ya la rendición, aquella cha Por fin, al caer la tarde solemne de aquel día nada. Huyendo los hombres del dolor siempre, han
su escalera inolvidable, Aixá, Moráima, las mujeres terribl: llegó la corte granadina, como en tropel y de tener por fuerza una seguridad, la de que únicadel harén, los príncipes de la sangre, los santones y confuStón, al célebre boquete conocido con el nom- mente hay dolor en la existencia y en la vida. El que
faquíes del palacio árabe dejaban las estancias don· bre de Padul y que separa los valles alpujarreños del no vive no padece. De aquí la fuga inconsciente que
de tantas veces vieran la palabra felicidad grabada v~lle regado por Darro y por Genil El sol se iba po- todos los seres toman desde las cumbres del ser y de
en las estalactitas de sus t~chos 1 ªl §Oll ge las brisas mendo tras los montes de Loja, Sus últimos rayos la vida por necesidad hacia los abismos de la muerSUMARIO

1

LA ILUSTRACIÓN ARtlST1CA

te. Extinguirse por
completo, suicidarse, buscar la no exis
tencia, dormir en la
nada, por el aniqui
}amiento despeñarse
hasta el no ser, lle gar á un abismo y á
un silencio mayores
que todos los contenidos en el sepulcro: he aquí la verdadera religión; he
ah( la verdadera mo ral. Creedlo: una
doctrina de tal suerte contraria con el
ser, una doctrina
propagadora del suicidio, no podía, no,
dar ni al hombre r
menos á la mujer
aquella dignidad indispensable para
que sea el alma humana un resumen
del alma universal y
para que la dignidad
humana se alce á sus
esenciales derechos.
Libros que se llaman
á sí mismos vehícu•
los para con más ó
menos precipitación
ir al no ser, no podían dar leyes de
vida muy aceptables
y sabias. Buda sólo
piensa en transportar los seres del
océano de dolores
donde han caído á
la nirvana, ó sea,
desde la vida con
todas sus manifestaciones á la muerte,
y á la muerte completa y eterna. Subir,
pensar, extasiarse
por medio de la idea
en los arquetipos
eternos; conocer la
santa verdad y de la
santa verdad virgen
y madre sacar el bien
para esparcirlo en
todos los mundos y
en todos los seres:
be aquí la ley moral
verdadera, por I o
mismo que se halla
tan apartada y distan te del suicidio
prescrito en las reljgiones chinas como
supremo fin de nuestra existencia. El
pueblo chino, entregado á la teo\ía del
LA SOBRINA
aniquilamiento, ya
que no ha podido
suicidarse todo él
en masa, por impedírselo propensiones tan poderosas ~n todas las especies como el instinto de conservación Y de_ reproducción, se quedó en algo á la muerte par:c1do, en
la inmovilidad Y de aquí su odio al extran¡ero Y su
aislamiento del mundo. Para conocerlo hay que engañarlo identificándose no ya con su modo de pen·
sar con su modo de ~er. Así nadie ha penetrado
ta;to en China y hala conocido tan bien como los
jesuitas.

77 l

Francisco Javier,
cinco años en que
no descansó una
hora su febril inquietud. Ya le sirvieron
de apoyo las armas
de las milicias portuguesas, ya el poder de las autoridades políticas y civiles de aquella monarquía; pero muchas otras veces fiólo todo al milagroso
efecto de su palabra
y á la virtud creadora de su ejemplo.
Y fuesen sus motivos y sus actos los
que quiera,no puede
dudarse, no, de SI.!
aptitud, sobrenatural cuasi, para iniciar
esas peregrinaciones
religiosas y evangé·
licas, las cuales pasmaban más que convencían á los pueblos, y por cierto
tiempo los inclina·
ban á una doctrina
con propensiones invencibles, aunque
pasajeras; pues al fin
y al cabo reinaban
con su imperio natural sobreaquellas tri·
bus el temperamento propio, la religión
recibida, la naturaleza externa y Ias
supersticiones bi,tóricas. Hasta en las
obras y empeños del
apostolado asiático
· se muestra la índole
de los jesuitas mundana y ascética, vehemente y hábil,
con presentimientos
proféticos y cálculos
matemáticos, mezcla informe de abnegación individual y
de tristísimo egoísmo. Nada tan curioso en la historia del
mundo como el método empleado por
el jesuita Ricci para
influir en costumbres tan arraigadas
como las costu robres chinas r en
Imperio tan misterioso como el Celeste Imperio. Grande
tentación para estos
apóstoles con mezcla de aventureros
y EL AMA JJE DON QU JJ OTE DE LA MANCHA, cuadro de D. Juan Gilbert
el
saltar la muralla
(Exposki6n &lt;le la Real Academia de Londres, 1891)
ideada por seculares
y antiguos recelos
ni siquiera imaginarse por la fantasía más exaltada. para sorprender los misterios de una religión cercaLa vehemencia de los supersticiosos mézclase ¡.,or na de suyo al seno de la naturaleza y cristianizar
verdadero milagro en ellos con la perfidia de los es- unas castas en las cuales dominaba el antiguo esp(tadistas. Ningún mártir capaz de llegará tanta exal - rítu asiático y las ideas teológicas engendradas en las
tación y ningún político, ninguno, capaz de tantas entrañas mismas de aquella vieja tierra ó bajadas
previsiones y cálculos. Las contradicciones más dis• como gotas de lluvia del seno de su atmósfera. Ricci
pares mézclanse con asombro del mundo en la obra es el tipo acabado, más aún que San Francisco Jamaravillosa de estos apóstoles. Jamás estuvieron tan vier, de la propaganda jesuítica. Deseoso naturalcerca la abnegación y la habilidad. Es cierto que mente de sorprender y sojuzgar aquella sociedad con
algunas veces apelaron á la jurisdicción política de delicadezas de cultura y achaques de barbarie, deslos gobernadores y á la fuerza incontrastable de las ciñóse la vestimenta de jesuíta y ciñóse la vestimenIV
armas, cual hizo en Goa San Francisco Javier; pero ta de mandarín . El austero hijo de Loyola, envuelto
Las dos misiones características de la Sociedad también es cierto que otras muchas veces sólo tu- como un cadáver en su negra sotana, mortaja más
de Jesús ¡ah! son las dos en la China y el Paraguay vieron para defensa y para su propaganda la palabra que vestidura, ciñóse los multicolores trajes y las
respectivamente. Ninguna obra que tanto muestre ~u y la idea, como para premio de sus obras y para vistosas insignias del mandarín chino. Y conociendo
grande actividad mezclada con su tenaz constanc1a1 lustre de sus nombres el sacrificio y el martirio. cómo las ciencias privaban all( entre aquellas gen·
b
El Afri·ca yerma y estéril, como el Cierto también que muchas veces atendían estos tes1 comenzó por propinarles enseñanzas matemáti,
mnguna o ra.
. d e m1s10neros
··
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Asia henchida de recuerdos y la joven Am énea
r:natena
1stas _an~es á un bauhzo
externo cas para concluir por propinarles enseñanzas religio•
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henchida
fueron
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conV1cc1ón.
Bastábales
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que sas. El cielo era el libro de tales razas y al cielo misgran dwsas esperanza
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malla espesa del complicado y difícil orgamsmoáJ:·
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a r111;osa eá 1 va~ge- mo les convirtió sus ojos, á fin de que allí estudiasuítico envueltas. Sus misiones pasman por lo r ~1- dio, aunquedta ec ardar.1 n ¡am sd egase os ?n• sen como un proemio de las revelaciones evangéli1
d
t - ¡ d O haber sido en su mayona os senos e1 ama,
onde verda eramente arraiga cas. Convencido profundamente de que necesitaba
as,fy sus nun os edn!an hoy no ya creerse, pero . toda idea religiosa. Cinco años duraron los viajes de muchas trazas antes que muchas ideas para persua,
t an ugaces apenas po r

t

r~ra~

".r

�NúMERO 519

LA lLUSTRACION ARTISTlCA

772
dir á los pueblos que viven allá en los albores de la
historia y en los confines del Oriente, dijo como su
Evangelio no era u? origina~ y singular libro! sino la
renovación de los libros antiguos de Confuc10. Moral sencilla, teología positiva, espíritu práctico; he
ahí las grandes cualidades reconocidas por la historia en el revelador asiático. Y los jesuitas idearon
un sistema en consonancia completa y en relación
estrechísima con todos estos caracteres históricos de
una obra verdaderamente secular. Los ritos antiguos
mezclábanse á los ritos cristianos; la idea de un
Dios sin el complemento de la Trinidad ni las jerarquías de los ángeles brotaba del seno de todas aquellas sus afirmaciones como qogma común á todos los
cultos; buscábase más la virtud 1;11oral que la verdad
dogmática; y se concluía, sin decirlo,
en que una vida de pureza y un hábito continuo de practicar el bien
concluyen por allegar tanto la salud
eterna como la salud temporal á los
hombres verdaderamente religiosos.
Así es que la escuela jesuítica no tenía escrúpulo, cuando se lo aconsejaba la necesidad de su propaganda
y se lo imponía el deber de su apostolado, en buscar un fondo común
de doctrina que conviniese á todas
las religiones y que preparase á todos
los religiosos para la profesión de las
ideas y para la práctica del bien. Lo
cierto es que llegaron á la corte misma del emperador y tuvieron con él
una gran privanza. Los calendarios
chinos para el palacio imperial fueron redactados por los misioneros,
quienes predicaban libre~~nte, á
cambio de tan claros serv1c1os, la
verdad evangélica. Chunt·Chi fué por
entonces el verdadero protector de
los jesuítas, quienes le amaestraron,
así en la astronomía como en la óptica europea; le proveyeron de cañones fabricados á nuestra usanza, y le
dejaron más de cien to cincuenta
obras para su biblioteca, escritas to·
das ellas en chino corriente. Necesitóse la febril actividad, la constante
perseverancia, la increíble destreza
y hasta la perfidia misma de los jesuítas para entrar y residir allí, donde
se consideraba crimen la extranjería
y criminales á los extranjeros. Bien
es verdad que aquellos hombres tan
desasidos del mundo en general se
asían á las prácticas de la región que
habitaban con una grande y extrema
flexibilidad. ¿No podrían los colonizadores modernos copiar un poco de
tal destreza?

Ite~as
con que_ la Iglesia condena siemp~e á los here1es y á los s1monía_cos y los manda al mfierno en

un sistema viejo mío, consistente de suyo en unir los
hechos diarios con los hechos pasados, para que se
vea cómo duran las ideas y las instituciones en el
seno de la humanidad, y cómo lo presente de lo pasado en esta vida proviene. Corría el año 10541 y
desempeñaba el patriarcado de Constantinopla Miguel Cerulario, arzobispo inquieto y ambicioso. No
bien exaltado á la sede patriarcal, publicó devoto
escrito contra )a sede pontificia. El papa León IX
contestó á esto con los reproches siguientes: «que
el patriarca de Constantinopla osaba tomar el título
de ecuménico en abierto desacato á la sede apostó·
lica; 'que permitía á casados abrazar el sacerdocio
conservando )a mujer; que borraba del símbolo de
Nicea la palabra jiliot¡ue1 en el símbolo de Nicea

compañía del demonio y de los ángeles protervos,
Y_ no s~ conte~taron los_ l~~ados con esta excom~món_ ruidosa, smo que d1~1gLéndose al em~erador bi zanti_no! le amen~zaron a su vez con calificarlo de
procit;ti~a, es de~1r, mezclador d~ la levadura ~I pan
eucanst1co_, herejía muy aborrec1~a de la Iglesia romana. Existen contra la narración_ q~e acabamos
de apuntar grandes y vale~eras_ obiec10nes pre~en•
ta~as por parte de los h1stonadores eclesiásticos
gnegos. Según éstos, los legados no excomulgaron
al patriarca e~ su presencia, ni dijeron 111 emperador las anteriores amenazas. Informados de to??
cuanto pasaba, ~uardaron profunda reserva,_ y dmg1eron sus exaltadas excomuniones á
la salida de Constantinopla. Acciden ·
tal todo esto, lo esencialísimo es que
las dos Iglesias se dividieron en tiempo del papa León IX y del patriarca
Miguel Cerulario para no volver jamás á reunirse, por lo menos hasta
nuestros mismos días. Pocos papas
ofrece la historia de Roma y pocos
patriarcas la historia de Constantinopla que deban calificarse de tan baladíes é insignificantes como los dos
célebres á cuyos nombres va unido
el terrible cisma de Oriente. León IX
aparece á los ojos de la posteridad
como un caballero feudal sin entrañas, y Miguel Cerulario como un
cortesano bizantino sin conciencia.
Instrumento del emperador Enrique III aquél, sólo se curaba de sus
placeres, teniendo olvidados por
completo el catolicismo y la alta dignidad del catolicismo proveniente y
por su persona representada; y este
patriarca oriental pasaba su vida en
conspirar con los pretendientes y en
oprimirlos cuando salían victoriosas
las conspiraciones, vestido de púrpura y calzado de perlas, como un profano césar, representando así ambos
á dos la vileza de la decadencia y la
corrupción de grandes y veneradas
tradiciones. Lo cierto es que el cisma se consumó y que, á consecuencia del cjsma, los griegos ortodoxos
pudieron huirse de los papas romanos en el siglo undécimo para caer
cuatro siglos más tarde bajo la férula
de los sultanes, terrible servidumbre,
la cual dura todavía, pues la sublime
puerta nombra hoy los patriarcas de
Constantinopla. Sic fata voluere.

NúMERO 519

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para conseguirlo fuí al Vaticano con el vestido de
g_ala de mi oficio, el respeto en la conciencia, la seriedad en la frente, decidido á ver en León XIII á
la Santidad exaltada y á la Soberanía caída, al augus-

773

que se hundió en el polvo de la capilla Sixtina ante
el a~gusto símbolo de universal creen~ia, no ha de
ergume aquí cobarde para menospreciarle ó comba
tirle. Quizás aún, registrando los pliegues más ínti-

la biblioteca, centros de información y depósitos de

rciencia que no tienen igual en el mundo: bajemos á

San Pedro, para ver sus naves y su cúpula sus espléndidos altares y sus magníficos mausol~os. Sólo

Madrid 27 de noviembre de 1891.
~

V

~~

EL PAPA EN EL VATICANO
Vamos á otro negocio de impor·
Líbreme Dios de jamás dedicar
tancia europea, con carácter eclesiásmi tiempo á inoportunas cuestiones
tico también: al recientísimo nombrade religión ó dogma. Aparte de que
miento de patriarca ecuménico en
las polémicas de este género á nadie
Constantinopla. Parece imposible y
es verdad: el califa de los musulmaconvencen, harto se ha evidenciado
nes proclama en la ciudad inmortal
en nuestros días cómo las ideas rede Constantino al jefe supremo de
ligiosas que descienden en campo
los cristianos orientales. El santo Síabierto se trocan con frecuencia en
nodo propone; pero nombra el sulbanderas de partido, provocando con
tán. Aquella corporación eclesiástica
su
lucha activa todas las divisiones
¡CHIST!, estatua de D. Juan Vanee!!. (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.)
tiene un derecho análogo al de nuesy todas las intransigencias. La fe set.ros gobiernos en la provisión de
rena y tranquila, que se alberga en
obispados, la presentación; este . sumo imperante, contenida; que observaba las purificaciones judaicas el interior de la conciencia ó en el fondo del corazón,
aunque infiel, un derecho análogo al de nuestros negando la comunión á las recién paridas; que des- huye el debate y guarda celoso retiro donde ni la
pontífices, el nombramiento. Los candidatos eran conocía la virtud del bautismo latino y lo completa- miren ni la empañen. Dejémosla, pues, en el casto y
un obispo de la famosa Heraclea, muy batallador, y ba con el bautismo griego; que vendía y compraba virginal reposo que nunca debiera turbarse ni ofenotro de la silla de Derkon, más transigente. Las dos los dones de Dios como los más terribles simonía- derse.
propuestas ha borrado el Gran Señor en prueba de cos; que admitía los eunucos al sacerdocio; que emPorque á nadie quiero ofender yo, pobre viajero
su autoridad eminente sobre la Iglesia griega. Y él pleaba pan con levadura en la hostia; que borraba que en largas expediciones á todos los países del glomismo ha elegido su candidato, designándolo al de los dípticos orientales los nombres de los papas bo, he sacado como primero y más importante fruto
voto y elección de los eclesiásticos helenos. Ha sido romanos; que decía terminantemente á la Iglesia de mis correrías la tolerancia á todos los principios,
éste monseñor Neophitos, obispo de Nicópolys, griega la única Iglesia católica; que cerraba los tem- por extraños ó singulares que en mi fuero interno me
aoepto al jefe de los creyentes musulmanes por sus plos latinos en Constantinopla; que sentía una ene• parezcan. Pisé los umbrales de las mezquitas africacomplacencias con él en la dirección de una iglesia miga implacable á la jurisdicción y á la soberanía de nas, dejando reverentemente mis zapatos al guardián
metropolitana de Bulgaria durante la guerra con los pontífices. Así, pues, el papa León IX envió de- de la puerta: compré tres bastones de incienso para
Rusia. Los griegos le quieren por su ortodoxia, y los legados á Constantinopla con expreso encargo de perfumar la pagoda del dios budista en el extremo
búlgaros, correligionarios y enemigos á un tiempo excomulgar al patriarca Miguel Cerulario. En efecto, Oriente: adoré el tabernáculo en la sinagoga judía,
de los griegos, le quieren también por compatriota presentáronse en la ciudad griega y dijeron el terri- I y tuve en la mano, durante dos horas, el libro de
suyo y por no haber hablado nunca su madre la ble anatema. El falso patriarca Miguel, admitido en salmos que se cantaban en el templo protestante, y
hermosísima lengua del Peloponeso. Estos hechos la Iglesia por la prevaricación, según el sentir y el el cirio rojo en el templo ortodoxo al celebrarse el
hanme recordado las tristes causas que trajeron el hablar de los pontífices, y conservado por la simo- , banquete eucarístico de pan y vino. Al llegar á Roma
cisma de Oriente y separaron á Roma de Constan- nía, indigno n~ófito y eterno prevericador, mancha- quise visitar al Papa, conocer su morada, admirar los
tinopla, causas que apuntaré aquí en observancia de do con gran numero de crímenes, caía bajo los ana- esplendores de su corte y el fausto de su culto, y

I

10 prisionero cuyas manos besé y á cllybs pies caí
humillado.
Al consignar mis impresiones en el papel que
ahora tengo delante, no he de hac~r traición ~ estos
sentimientos de respeto que domman ~ gobiernan
mi carácter. Jamás olvidaré á aquel anciano de venerable figura, volviendo hacia mí ~u mano para atraer
las bendiciones del cielo sobre m1 cabeza; Y la frente

mos del altna, bailara en su tondo amarga pena al
ver que en las horas borrascosas de agitada juventud
pude desertar esa bandera.
Vayamos al Vaticano para ver al Papa en sus fiestas y ceremonias: recorramos las extensas galerías y
los anchos salones convertidos en museos donde se
conservan los tesoros más preciados de la antigüedad y del arte: entremos luego en los archivos y en

nos move~án el interés del viajero que contempla obras
d~ otros tiempos y el sentimiento del artista que admira monumentos de otras épocas.
El Vaticano está abierto á todo el mundo. En su
¡,:m_erta ext~rior descan~au perezosamente algunos
su~os, vestidos con el pmtoresco traje que dibujara
Miguel Angel. Cuando se les dirige alguna pregunta
s.uelen contestar con urbanidad, y aun se prestan

�774

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

519

á acompañar al visitante que busca alguno de los animada por celeste inspiración, con sincera fe im- sus detalles para mejor apreciar el fondo de su cainnumerables monseñores alojados en el palacio. plora la protección de la Beata. A los gritos de las rácter. Y á decir verdad, no me causó la impresión
Las galerías que sirven de paso para sus habitacio- mujeres acuden los vecinos, y un joven, Ramón Pas- que esperaba. Es aquella una fiesta de beatificación,
nes, las de las oficinas, la biblioteca y los archivos tor, desciende al pozo atado con una cuerda, pero es decir, destinada á ceñir la corona de la inmortaen el momento de pescar á Martínez recibe una ava- lidad en la gloria á quien padeció muchos dolores
son accesibles á todos los visitantes del Vaticano.
No lo es tanto la augusta persona que reina como lancha de piedras desprendidas de los muros y debe en obscura vida pasada en la tierra: ábrense los risoberano en los estrechos límites de su palacio y sus soltar su presa; mas de nuevo se zambulle en el agua tuales para incluir en sus listas á un elegido más, y
jardines. Vive el Papa retirado en modestfsimas ha- y esta vez saca á la víctima, que aparece alegre, ri- desde entonces la Iglesia deberá dedicar solemnidabitaciones donde nadie entra: en su cuarto de dor- sueña y con los colores naturales en las mejillas. des, y el sacerdote elevar incienso, y el creyente remir, forrado de amarilla seda, se oculta detrás de Esta contó luego que una hermosa joven, vestida de citar preces al Beato en el seno del Señor. Pues todas
una cortina el blanco lecho y un reclinatorio: al lado negro y con blanco velo en la cabeza, le sostuvo so- estas ceremonias tienen gran importancia cuando el
hay una pequeña capilla donde el pontífice suele bre las aguas: era la monja Inés. Esto ocurría en Es- Papa se I!resenta en la capilla: la pjerden cuando se
decir misa á las siete de la mañana sin más compa- paña en 187 5 y se ha declarado como probado por retira de ella. Y las masas que van á hincar la rodilla en las losas del templo, están tormadas en gran
ñía que la de su camarero. La reclusión de aquel la Sacra Congregación de los Ritos de Roma.
mayoría por simples curiosos.
Decía
antes
que
en
el
Vaticano
se
efectuó
la
cererecinto es completa y absoluta,
Curiosos, para no calificarlos con más acerba framonia
de
la
beatificación.
Ocupó
dos
sesiones.
A
las
Sin embargo, con alguna frecuencia el Papa suele
cambiar su modesta capilla privada por el oratorio nueve de la mañana empezó la primera, abriéndose se. Basta ver, y os convenceréis de ello, á aquellos
contiguo al salón de guardias nobles, donde previa las puertas de la moderna capilla construida por or- individuos quitándose los guantes para mejor mane·
invitación particular son recibidas algunas personas. den de León XII[ detrás de la galería principal de jar los anteojos de teatro que todos llevan. Van allí,
Allí celebra el santo sacrificio, ante el hermoso cua- la fachada de San Pedro. Hallábase la iglesia ador- como irán luego á la Argentina para oir la tiple del
dro de la Natividad que pintara Romanelü, y se le ve nada con sus mejores galas: arañas de tres cuerpos día, ó á Metastasio á contemplar las torneadas forsubh y bajar penosamente las gradas del altar, sos- cubiertas de cirios pendían del techo, y numerosos mas de las primeras bailarinas. No faltan creyentes,
tenido por dos camareros secretos, recitando las pre- hachones ardían en fila á lo largo de las cornisas del pero están en minoría: son esos escuálidos frailes con
ces canónicas con voz clara y breve que desmintiera templo. Ocupaba el altar mayor una gloria resplan- la cruz roja y azul en el brazo ó las barras catalanas
sus muchos años, si al propio tiempo no se contem- deciente de oro y luz, destacándose.en su centro la e~ el pecho, por nosotros mejor que por nadie conoimagen de Inés de Beniganim, vestida con la blanca cidos como trinitarios ó mercenarios: son esas Herplara su vacilante cuerpo y su demacrado rostro.
León XIII apenas recibe visitas. Fatíganle las toca y el hábito negro de las religiosas agustinas, manas de la Caridad que al salir del Vaticano creen
exigencias de la vida cortesana, y no gusta de ofre- teniendo un Cristo delante y una doctrina en la bajar del cielo: son los infelices sacerdotes del últicerse en espectáculo al crecido número de curiosos mano, abierta en el capítulo de la Penitencia. Se mo estado, sencillos y exaltados, que se precipitan
y viajeros que todos los años visitan la capital del aprovecharon los intercolumnios de la nave para le- á besar el polvo de la huella que dejó el Papa. Pero
orbe católico. Enciérrase pronto en sus habitaciones: vantar tribunas reservadas á los personajes más dis- todos estos son los menos: el público está compuesto
vive frugalmente, pasea un poco por las tardes en los tinguidos que debían concurrirá la fiesta, es decir, á de curiosos. ¡Si muchos de ellos hasta han pagado la
reservados del jardín, y dedica el resto del tiempo á los Príncipes romanos, á los Superiores de las religio- entrada al portero de su fonda ó á algún cicerone en
las gradas de San Pedro!
la lectura de su correspondencia, al despacho de los nes y al cuerpo diplomático.
Teatral, más que imponente, es el espectáculo que
La entrada era por medio de papeletas, que se reasuntos urgentes y personales y á la concepción y
ali(
se presencia, desde el cortejo de magnates eclepartieron
con
la
advertencia
impresa
de
que
los
homelaboración de esas encíclicas que de vez en cuando
aparecen ofreciéndose como empírico remedio para bres debían presentarse de frac y corbata blanca, y siásticos que acompaña al Pontífice, hasta los genresolver los modernos problemas políticos y sociales. las mujeres de negro, con velo. La turba suelta de darmes con lucientes cascos y largas espadas que le
Pero diríase que el Papa siente de vez en cuando convidados hubo de situarse de pie en la mitad infe- rodean y los suizos de abigarrado traje que contiela nostalgia de las grandes ceremonias, y las ofrece rior del templo, siendo contenida por doble fila de nen la multitud con sus lanzas ó con sus puños.
al público siempre que tiene para ello ocasión pro- alabarderos suizos que dejaban expedita la comuni- Guardias nobles con golilla y capa negra, ujieres
picia. Los procesos de canonización ó de beatifica- cación del pasillo central. En la parte superior había vestidos de encarnado, zuavos en dobles filas con el
ción y las peregrinaciones de fieles que en invierno dos bancos para los cardenales, los canónigos de San ·remington al brazo, granaderos de peluda gorra que
acuden á su palacio, son con frecuencia verdaderos Pedro y los de San Juan de Letrán, y en su centro parecen haber resucitado de los campos de Waterdías de fiesta para el Vaticano, que se adorna con sus se destacaba un rico reclinatorio de raso blanco bor- loo, todos son actores ó partes decorativas en la funmejores galas y abre de par en par las puertas de sus dado en oro, destinado al Pontífice. Este sin embar- ción que agrada y entretiene. Pero no elevéis la visgo no concurrió á la fiesta de la mañana, que fué ta al cielo, ni queráis allí entregaros á la meditación
grandiosos salones y artísticas capillas.
sencilla,
aunque larga, pues sólo consistió en la lec- y á la plegaria, porque vendría á distraeros aquel
Por vez primera hace tres años asistí á una solemnidad de este género, y he de conservar toda mi vida tura del Breve de beatificación Virgt'nem il/ud agmen, hermoso y variado consorcio de sacerdotes y solda•
el recuerdo de la ostentosa ceremonia. Se efectuaba firmado el 21 de febrero de 1888, y en la celebración dos, y turbaría el silencio de vuestras oraciones el
ruido de los aplausos y los vítores con que se saluda
la beatificación de una re:igiosa española, natural de de una misa solemne en honor de la nueva Beata.
·
A las cuatro de la tarde prosiguió la ceremonia, al Papa.
Beniganim en la provincia de Valencia. Vivió en el
Mas, en la ocasión que he descrito, salí ·contento
siglo xvu, y pasó la mayor parte de sus días al abri- en esta ocasión con asistencia de León XIII. No cago del claustro en el convento de monjas agustinas bía una persona más en la ancha nave, y eran mu- del Vaticano. Habíalo visto engalanado en honor de
de su aldea natal, cobrando merecida fama por su chísimas las que se agolpaban en los corredores y una paisana, y esto satisfizo mi amor propio naciopiedad y devoción, al par que extenso crédito por las salas por donde debía pasar el Papa, cuando éste se nal, pues se quiere más á la patria cuando se vive
virtudes sobrenaturales que las gentes concedieron á presentó custodiado entre dos filas de soldados de lejos de ella.
EDUARDO TODA
sus plegarias y oraciones. Se llamaba Teresa Albi- su guardia. Larga procesión formaba su cortejo, preñana y Gomar; profesó en 1645, tornando el nombre cedido por la cruz y acompañado de cardenales, cade Josefa María de Santa Inés, y murió en 1696, nónigos, abades, camareros, frailes y sµizos. El PonBONN
mejor conocida por el nombre con que pasó á la pos- tífice iba en su silla gestatoria, entre abanicos de
orientales plumas, rodeado por gendarmes con la esteridad y ha sido beatificada: Inés de Beniganim.
Siempre el estudiante hará votos para que la UniSu historia es la eterna de esas mujeres que han pada en la mano. León XIII se adelantó resuelto
huido el fragor de la vida para librarse á las torturas hacia el reclinatorio, y hundiendo la frente en las ma- versidad á que pertenece viva, florezca y crezca, y el
del cuerpo y á los sufrimientos del alma en la sole· nos, empezó á recitar sentidas oraciones que habrían amor que profesa á la que llama alma mater se exdad de la clausura. La madre Inés se entregó entera sido interminables si uno de los mayordomos no dis- tienda también sobre la ciudad, sobre todo cuando
á la mortificación y á la penitencia. Monja de pueblo trajese su atención recordándole la presencia del ésta es hija del mágico Rhin, á cuyas orillas perfuera y se mantuvo siempre, y ello bastóle para que el pueblo que esperaba ser bendecido. En tanto tres madas y llenas de sol se desliza la vida tan dulce,
eco de su virtud llegara á los más apartados rincones frailes agustinos repartían entre los cardenales y altos resonando las campanas y las canciones, encantánde la comarca valenciana, y su carácter se viera dignatarios de la Iglesia láminas con el retrato de la donos los añejos castillos, reflejándose en las ondas
pronto adornado con la aureola de santidad que dos Beata y la biografía de su vida, escrita en italiano por capillas y catedrales, perfumando el ambiente y dilael Protonotario apostólico.
tando el alma el aroma de las rosas y de las vides.
siglos más tarde le ha reconocido Roma.
Levantóse el Papa. La venerable figura de aquel «Quisiera estar perpetuamente en Bonn,» dice con
Inés de Beniganim es una Beata y pronto será una
Santa. Su imagen se halla en el altar, á sus pies arde anciano se destacaba en el animado cuadro, con su sobrada razón la copla estudiantil. Como alumno de
el incienso, y confµndida entre ángeles y serafines solideo blanco, la larga túnica del mismo color y la la Universidad de Bonn en 1856 y 57, saludo reveescucha las oraciones que sacerdotes y fieles le diri- muceta de rojo armiño, en medio de los burdos há- rente y cariñosamente al ilustre Claustro y á la hergen en demanda de su gracia. No cabe ya dudar de bitos pardos ó negros de los frailes que le rodeaban. mosa ciudad de Bonn, que cuenta entre los estudianque el alma de la bienaventurada está en el cielo al Los más inmecJ.iatos se abalanzaron á él para recibir tes de su Universidad dos emperadores, FedericoIII
lado del Señor: la sentencia de un proceso canónico su bendición y besar su mano, y tres agustinos le y Guillermo II. Bonn, cuyos habitantes tienen ese
abierto hace ocho años, así lo ha declarado por sen- pidieron de rodillas que santificara un hueso de carácter espontáneo de tendencia abierta y alegre
tencia definitiva y ejecutoria.
la Beata, encerrado en rico relicario de plata que te- que se encuentra por doquier en la comarca rhiniana,
En autos se ha probado que el poder divino de nían en la mano. León XICI se detuvo unos minutos es el idolatrado Santiago de Compostela de los alehacer milagros residió en la monja durante su vida, ante aquel grupo, habló á los religiosos de la gracia manes; pues alH vivió y mur.ió el más germano de los
y que merced á sus oraciones sanaron los enfermos, de Inés, ·exhortóles á qu.e imitaran sus virtudes, y germanos, Ernesto Mauricio Arndt, que escribió
se libraron de la esclavitud los cautivos, multiplicá- acabó llevando á. sus labios la hermosa reliquia, de nuestros más inspirados cantos bélicos; allí nacieron
ronse los alimentos en época de carestía, hallaron su tal manera consagrada por el sucesor de Cristo en las poesías del cantador de la vida rhiniana, Carlos
camino los extraviados por el monte, y hasta se do- la tierra.
José Simrock, que resucitó nuestras epopeyas; allí
mesticaron los animales y se ablandó la piedra, V . A )as cinco se retiró el Papa r-eparliendo bendi- residieron y exhalaron su alma los prohombres del
Dios le dispensó sus favores, lo mismo durante su cio~es á los asistentes, que doblaban la frente y la arte alemán, los hermanos Melchor y Sulpicio Boisseexistencia en esta terrena vida, que al recordar su rodilla á su paso. De pronto oyóse una nutrida salva rée. Y sobre Bonn flota también el genio de la múmemoria después de su muerte, porque hasta en nues- de-aplausos, sostenida hasta la salida fuera del tem- sica, pues aquel severo paraje meció la cuna del
tros días ha bastado algunas veces la sola invocación plo de toda la comitiva pontifical. La fiesta no había maestro sublime, el sin par Beethoven, cuyos padres
de su nombre para hacer un milagro. Un día, Miguel aún concluido, pues empezóse un oficio nocturno de origen holandés trasladaron su residencia á Bonn
Mart(nez cae en un pozo en Beniganim: su tía Vi- pero la iglesia quedó en poco tiempo desierta.
' en el siglo xvm en que los holandeses enterraban
,centa presenci~ la desgracia y corre á avisar á la ma_He indicado que era aquella la vez primera que la ciudad, y en el camposanto viejo de Bono descandre de la víctima, Josefa María Cu querella, la cual asistía á tal~s ceremonias, y fijé mi atención en todos sa Roberto Schumann, que antes de bajar al sepulcro

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se sumergió en las sombras de la locura.
El espa~ol _pronunciará siempre con gratitud y adm1rac1ón el nombre de Federico Diez
Yde Augusto Guillermo Schlegel, que ilustraron las aulas de la Universidad rhiniana.
El arqueólogo y el poeta pueden llenar su
álbum de ,apuntes y su alma de estéticos placeres al vmtar á Bonn la vetusta ciudad de
los sabios, que ofrece 1~ vista más bella sobre
1~ corona_del Rhin; los Siete Montes que parec1e~do ~1ete castillos naturales guardan al
BaJo Rhm y nos hablan de Siegfried el héroe
de la Feria de Dragón, mientras los hermosos
escombros del castillo de Godesberg recuerdan á Wotán y las pintorescas ruinas del Arco de Roldán traen á la memoria al paladín
de Carlomagno.
·
¡Cu~ntas lindísimas casas de campo, qué
de qumtas tan frescas hay en Bonn y en sus
hermosas .cer~anías, formando una florida guirnalda d_e Jardines en que se deslíen en primorosos tmtes todos los matices y tonos más
s~aves del iris! Dicen que Trajano tenía una
villa en el pueblecito llamado Dransdorf, que
se encuentra en el Vorgebirge. La empeatriz
Helena, la madre de Constantino, vivió en
Bonn y construyó, según la tradición, la catedral, y cuando Carlomagno emprendió su
campaña contra los sajones pasaba por Bonn.
Esta fué la madrina de la primera fundación
del imperio alemán, invitando Enrique I en
921 al rey de los francos, Carlos el Cándido,
á Bonn para que en territorio neutral en un
buque en medio del Rhin, se deterdiinasen
las fronteras de ambos reinos. Dos veces vió
Bonn las galas de una coronación, siendo
coronado en sus muros el 25 de noviembre
de 13 r4 Federico el Hermoso de Austria y en
1346 el emperador Carlos IV. Desde 1267 en
que ocupaba la silla arzobispal Engelberto II,
conde de Falkenburg, á 1794 tuvieron su corte
espléndida en esta ciudad los arzobispos de
C?lonia. Al Elector Clemente Augusto, cuyo
remado duró de 1723 á 1761,le debeBonnsu
palacio co~ el_precioso y extenso jardín, sus
casas cons1stonales, el palacio de Poppelsdort

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

EJ. ACAPARADOR DE Pl':RJÓDicos,

dibujo de F, Coradam

775
con su hermoso jardín y su sin igual alameda,
y la alameda denominada Baumschule, y el
templo del Elector alentaba á los ciudadanos
á imitarle. El último Elector, el archiduque
de Austria, Maximiliano Francisco, hermano
del emperador José II y protector de las ciencias y de las artes, inauguró en 1786 la U niversidad en el espacioso palacio de Bono.
Antes de emprender su campaña de Rusia
tenía Napoleón en 18u una revista en la ala~
meda de Poppelsdorf. Detrás del palacio del
mismo nombre se levanta el Krenzberg con
s? capilla y su precioso panorama que se extiende hasta la catedral de Colonia. Pero la
plataforma llamada Alter Zo/1 (Aduana Vieja) presenta la vista más magnífica: vense la
~!~meda del Rhin, los Siete Montes, la encomienda de Ramersdorf, la abadía de Siegburgo, la colina de Godesberg, las cumbres de
Rolandseck y del Vorgebirge.
Cerca del Alter Zo/1 se encuentra la calle
más bella de Bonn, la de Coblenza, donde
está la casa de Arndt. En la calle de Bono
núm. 25, vió la luz primera el inmortal Bee~
thoven. En 1889 se estableció una asociación
de apasionados del gran músico que compró
aquella memorable casa para consagrarla á la
memoria del divino maestro.
Cerca de las casas consistoriales, enfrente
de la pirámide del Mercado, en torno de la
cual los estudiantes suelen hacer sus ruidosas
manifestaciones y enionar su Gaudeamus igz·.
tur, se encuentra la renombrada fonda La estrella de oro. En la mesa redonda de aquella
casa se pudo ver, pocos años hace, al catedrático Delins, el conocedor más profundo de
Shakespeare, que vivía E'n Bonn tan solitario
como Schopenhaüer en Frlncfort.
El gobierno de Prusia tuvo el mérito de re
sucitar en 1818 la Universidad.
Bonn es un verjel que con su!t dulces trinos _recrean los pájaros cantores, y para mí es
la cmdad de los recuerdos, la cuna de mis ensueños, el foco en que se encendió mi amor
inextinguible á Calderón.
JUAN FASTENRATH

CAMPESINA DE LA UMBRÍA,

cuadro de J' Sorolla

�UN NIDO DE MISERIA, cuadro de D. Leopoldo Romañach
SALAMANCA.-PORTADA DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN

•

�LA

¡Chist! estatua de D . Juan Vaneen (Exposicióngeneral de'Bellas Artes de Barcelo?a).-La expre~iva fison_omía y actitud del chicuelo es un feliz hallazgo del JOVen y disDr. D. Andrés Lamas.-El doctor Lama~ ~~ció _en creto escultor catalán Juan Vancell, qui"en en el resto de la
Montevineo en 30 de noviembre de 18 I 7 y á los vemt!un a~os bien modelada figura da á conocer sus aptitudes para el dificil
desempeñaba ya el dificil cargo de jefe de policía de dicha ciu- arte que cultiva.
Otras obras de mayor importancia ha producido, mereciendo
dad. Mezclado en los asuntos políticos de su patria. desde la
edad de quince años, sirvió en el estado mayor de Ribera, en citarse entre ellas las estatuas de Goya y de Tirso de Molina,
premiadas en la Exposición nacional, y el modelo del monumento que ha. de erigir~e en A~cal_á de Henares al cardenal
Cisneros premiado también en publico concurso. A estos méritos debe el que le reconoció la Academia de San Fernando y
la plaza de pensionado en Roma que le concedió aquella docta corporación,

NUESTROS GRABADOS

*
••

Las primeras lecciones, cuadro de C . von
Stetten. - Esta composición, de un género inti~o y de extremada sencillez, está avalorada por la nota de sentimiento y por
cualidades de ejecución sumamente notables. El autor, tomando el asunto de la vida ordinaria y desdeñando todo otro
efecto que no fuese la verdad, nos presenta un grupo muy_ bien
dispuesto, formado por dos niñas que aprovechan las lecciones
de su hermana mayor, la cual se complace en enseñarles labores propias de su tierna edad.
La expresión de las fisonomías de las tres figuras es acertadísima y en todo el cuadro se descubre una observación con:_
cienzuda de la naturaleza y una hermosa armonía en la composición .

Estatua. de D . Eusebio da Guarda, er~gida en la
Coruña obra de D. Elias Martín, fundida en los talleres de U. Federico Masriera y C.ª - Los rasgos de generoso
desprendimiento por parte de los poderosos en favor de los
pueblos han sido siempre debidamente apr~ciados; pero en la
época positivista que atravesamos, en que el mterés personal se
sobrepone á todo y predomina el afán de atesorar, estos rasgos
son por lo raros más dignos de prorundo recon?cimiento y de
ser divulgados para que puedan serv1r de emulación y estimulo.
Pocos casos habrá superiores en este sentido al que se está
dando en la Coruña, ciudad verdaderamente afortunada, ya
que cuenta con la respetabilísima personalidad de D. Eusebio
da Guarda, quien prodiga los dones de su fortuna sobre su ciudad natal, dedicando á la construcción de edificios destinados
á la religión y á la enseñanza el resultado de su trabajo y de
los afanes de una vida ejemplarisima de labor y de honradez.
Dió comienzo á su laudable empresa reconstruyendo la antigua é histórica capilla de San Andrés para erigir después un
soberbio edificio destinado á Instituto de segunda enseñanza y
escuela de Bellas Artes, invirtiendo en la realización de tan
importante obra, que diri~ó el distinguido arquitecto _D. Faus•
tino Dominguez, la cantidad de I. 500.000 pesetas, sm contar
las sumas importantes que ha debido salisfacer por el decorado
que han dirigido el pintor D. Román Navarro y el escultor don
Isidoro Brocos. Actualmente prop6nese comenzar en breve la
construcción de un nuevo edificio destinado á tres escuelas de
niños y niñas pobres.
. ,
.
. .
En justa correspondencia a tan grandes beneficios ha rec1b1do el Sr. Guarda señaladas pruebas de gratitud del pueblo de
la Coruña, que acaban de traducirse e~ 1~ erecció?,. por. suscripción popular, de una estatua cie tan ms1gne patnc10, e1ecutada por el notable escultor D. Ellas Martin, de la Real Academia de San Fernando, y fundida en los talleres de D. Federico Masriera y C.•, de Barcelona.
LA !LUSTRACIÓN ARTISTICA, que se asocia siempre á todo

El acaparador de periódicos, dibujo de F. Coradam. - ¿Quién no ha tenido ocasión de ver en al~ún Ateneo, casino, café ó fonda á uno de esos lectores tembles que
apenas llegan los periódicos del día se apoderan de cua?tos les
vienen á las ruanos y de muchos de los cuales no han oe enterarse por falta de tiempo ó sobra de cansancio? Porque el rasgo
caracterlstico del acaparador de periódicos, no tanto es el afán
de leer mucho, como el deseo de dejar á muchos sin leer: ¡des•
graciado del que pretenda disputarle la presa que él mismo no
ha de devorar! Y lo peor del caso es que nuestro hombre cuan•
do com:enza su diaria tarea se figura de buena fe que ha de
leer todos los papeles que coge, y se le antoja además que su
ansia no podrla quedar satisfecha si los deja sobre la mesa y á
la disposición de los otros concurrentes.
Todos le conocéis, todos sabéis de memoria su tipo, sus
DR. D . ANDRÉS LA~lAS
prácticas y sus costumbres; pues bien: fijaos en el dibujo de
Coradam y habréis de convenir en que el artista alemán estuvo
Ilustre historiógrafo, literato y político americano
Nació en Montevideo en 30 de noviembre de 1817; falleció verdaderamente acertado en la reproducción del uno y en la
exacta pintura,de las otras.
en Buenos Aires en 23 de septiembre de 1891

Dr.

• •*
Estatua ecuestre del general Erasmo Gattamelata, en Padua, obra de Donatello. - En Padua,
patria de Tito Livio y de Mantegna, levántase la estatua ecuestre del general Erasmo Gattamelata, caudillo ilustre que entre
sus gloriosos hechos de armas cuenta el de haber defendido á
Venecia contra las huestes de Sforza-en 1438. Modelada por
Donatello, ofrece la particularidad de haber sido la primera
estatua de bronce que se fundió en Italia, revelándose en ella
el vigoroso estilo y la genial concepción de aquel célebre
maestro.

..

**
La sobrina y el ama de D. Quijote de la
Mancha, cuadro de D . Juan Gilbert. - Figuras secundarias en la imperecedera obra de nuestro inmortal Cervantes, no parecen á primera vista muy á. propósito para inspirar un cuadro el ama y la sobrina del ingenioso hidalgo;
pero es tan maravillosa la composición de aquel libro, hállase
el genio del incomparable autor de tal manera reflejado en los
personajes menos importantes y en los incidentes más nimios,
que nada de extraño tiene que después de bien estudiados los
tipos hayan podido servir de tema para una obra maestra
aquellas dos buenas mujeres á quienes tan á mal traer tra!an
las chifladuras del manchego Quijano.
El hermoso grabado que del lienzo de Gilbert publicamos
justifica el calificativo que le hemos aplicado y da perfecta
idea de sus bellezas, pues en él se reproducen fielmente la corrección del dibujo, la severidad de la composición y soore
todo los efectos admirablemente entendidos de clarobscuro,
cualidades que en tan poco suelen tener algunos modernistas y
que revelan las excelencias de aquella buena escuela á que pertenece el autor del cuadro, que es uno de los más antiguos
miembros de la Real Academia de Londres, en cuya última
Exposición fué el suyo uno de los cuadros más elogiados.

NúMERO

519

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

779

Caza de patos, cuadro de D. José M. Marqués.
- La naturaleza en sus múltiples manifestaciones, he aqui la
fuente lldonde acude casi siempre Marqués en busca de inspiración y de modelo para sus _cuadros; y á_ f~erza de admirarla y
estudiarla ha logrado adqu1rir tal d~mm10 sobre ella, que en
todas sus composiciones flota ese ambiente de poesía que constituye el mayor encanto de los ~aisajes_y qu: sólo puede ser
trasladado al lienzo cuando el artista lo siente mtensamente en
el fondo de su alma. Bajo este concepto, Caza de patos es un
cuadro bellisimo, y en punto á ejecución lo estimam?s digno
de figurar al lado de los mejores de s_u_ autor, merecu:ndo la
Diputación provincial que lo ha adqum?o plácemes smceros
de los que por el fomento de las artes se mteresan.

•••

*••

los ministerios, en la Cámara, en los Consejos del gobierno, en
los clubs y en la diplomacia.
Imposible es encerrar en los estrechos límites de esta sección
los hechos culminantes de este ilustre americano que sobresalió
como militar, polltico, estadista, diplomático, escritor, jurisconsulto, bibliófilo, munismático, anticuario y por encima de
todo como pensador profundo y observador sagaz.
Ha muerto á los setenta y cuatro años, dejando una biblio•
teca americana de incuestionable valor, quizás la más nutrida
y mejor organizada de la América lalina, y una verdadera riqueza en pergaminos, autógra_fos, monedas y m~dallas_.
Entre las muchas y valios!s1mas obras que deJa escritas pueden citarse como las principales:
Noticia /iistórica sobre la Rep1lblica Oriental del Un,guay:
Escena de la peste dt 1871 en Buenos Aires: lnstroccio,!es p~ra
la adquisición en los arckivos wropeos de documentos inéditos:
Prólogo á la Historia de la Conquista del Paraguay (este prólogo de 98 páginas en 4.• mayor, es una de las mejores obras
del
Lamas; merece ser conocido y estudiado): Estudio sobre la fabricación de tejidos di lana, en el R{o de la Plata:
Apuntes kistóricos sobre las agregaciones del dictador argentino
D. /uan Manuel Rosas: La legislación agraria de Rióadavia:
Estudios sobre la leg islación agraria de Ribadavia: Estudio
/iistórico y cientljico del Banco de la provincia de Bueno~ Aires:
/oar¡uln Suárez: La patria de Solis: Las lenguas americanas y
Catalina JI de Rusia, y el primer libro del Génesis de la Revolttción .
Con ser algo lo apuntado, mucho más es lo que deja inédito,
figurando entre estos trabajos Ribifdavia y si, tiempo, una de
las obras que con más cariño escribió el Sr. Lamas.

NúMERO 519

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

• *
Campesina de la Umbría, cuadro de J. Sorolla. - En un periodo de tiempo relativamente breve ha recorrido J oaquin Sorolla el camino en que otros invierten algunos
años. Apenas terminados sus estudios especiale~ en la Escuela
de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, dióse ya á conocer
como pintor de grandes alientos por medio de un cuadro de
tantas dimensiones como interesante asunto, titulado Dos de
Mayo de 18o8, que mereció una primera recompensa en la Exposición nacional de Bellas Artes. A e~te triunfo. siguió el d_e
su pensión en Roma y el de otro prem_10 en la ulu_~a Exposición nacional por su bella cuanto sentida compos1c1ón El en•
tierro de Cristo, en la que el pintor valenciano pudo dar completa muestra de sus cualidades de buen dibujante y excelente
colorista.
La Campesina de la Umbría es un bonito estudio, recue_rdo
de sus viajes artísticos, altamente recomendablt: por su delicada tonalidad.

LA HERMOSA NATALIA
P O R CARLOS IRIARTE. - I LUSTRACIONES DE MAROLD

•

**
Salamanca. - Portada de la iglesia de S . Martín. - Es la iglesia de San Martín uno d~ los templos más
interesantes y frecuentados de la histórica ciudad de Salamanca. Fundado en 1103 por los naturales de Toro, fué presa de
un voraz incendio en 1854, que produjo el hundimiento de la
nave mayor y la destrucción de un magnifico retablo, obra de
Gregorio Hernández, verdadera joya por su arquitectura y estatuas y relieves que lo decoraban y embellecían. Aún pueden
admirarse, sin embargo, los pilares bizantinos que sostenían la
antigua nave, los arcos de comunicación apuntados, los de las
bóvedas laterales, y en las capillas del ábside los suntuosos sepulcros de la familia Santisteban.
U no de sus más bellos detalles es la puerta que reproducimos que da frente á la gran plaza, apoyada sobre seis columnas~ exornada su triple archivolta por florones, roscas y trepados círculos.

• •*
Un nido de miseria, cuadro de D . Leopoldo
Romañach. - Este pintor cubano, pensionado en Roma
por la Diputación provincial de Santa Clara, está por decirlo
asi en los comienzos de su carrera artlstica, que sigue en aquella ciudad bajo la dirección de nuestro ilustre paisano Enrique
Serra. Las lecciones del maestro bien se adivinan en la obra
del discípulo; pero es preciso confesar que éste ha sabido aprovecharlas, pues siendo el cuadro que nos ocupa el segundo envio destinado á la corporación que le pensiona, y no conociendo el· Sr. Romañach, hace dos años, ni siquiera las más elementales nociones del dibujo, fuerza es que en él aliente el
genio artistico para en tan poco tiempo haber producido una
obra como Un nido de miseria, que no vacilarían en firmar pintores de nota. En ella se revela el joven pintor como adepto á
la escuela naturalista de buena ley, es decir, de aquella que
reproduce lo que se ve cuando lo que se ve dice algo, que se
vale de la copia del natural como medio para conseguir el elevado fin del arte; en suma, de aquella escuela que siendo reali~ta en el procedimiento es esencialmehte idealista en el fondo.
El Sr. Romañach en la carta con que acompaña la reproducción de su cuadro nos dice que LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA despertó ea su alma tal entusiasmo por el arte, que desde
entonces hizo propósito de Jedicarse á él por completo.
Agradecemos esta manifestación que nos halaga, porque demuestra propósitos qu~producen los resultados que tanto de•
seamos,

ESTATUA DE D. EUSEBIO DA GUARDA, erigida en la Coruña,
obra del escultor D. EHas Martín
Fundida en los talleres de D. Federico Masriera y C. ª
cuanto sea noble y digno, no titubea en unir su aplauso al del
pueblo coruñés, rindiendo un tributo de c0nsideración á uno
de sus más ilustres hijos.

¡v:roLETl
n,;';:~';;Jaru VELOU

JABON RE.AL
DET HR IOAC E

..,_J.11

11t ulmü&amp;u aMlr pn la ll¡lw

JABON

TI NE

u la hll J kú... 111 Cllll

Una tarde del invierno último, hallándonos en el
club, y apoyado tú en la chimenea, me preguntaste
bruscamente, querido Máximo, con ese tono sarcástico que tu noble corazón, tu rectitud y tu alma sensible desmienten, «cómo me habían pescado ... » y
por qué, verdadero parisiense de nacimiento y de ra·
za como lo era también por mis relaciones y costu~bres, había trasladado mis lares hacía veinte años
allende el estrecho, cazaba el zorro en los condados
en vez de hacerlo con vosotros, y no me presentaba
en París sino en raras ocasiones y siempre de paso.
Por reducido y simpático que fuese el círculo. de
amigos reunidos aquel día en nuestro salón, m el
lugar ni la naturaleza del relato que deseabas m_e
permitían contestar; pero prom~tí hacerte un día mis
confidencias, y ahora cumplo m1 palabr~. Será un relato en tono menor una de esas confesiones que se
hacen en voz baja 'á un amigo del corazón á quien
no se teme dejar ver el fondo ?el alma, habl~rle de
tristezas profundas, de la emb~1ague~ de un Ó1a Y de
los goces tranquilos de una ex1stenc1a que es~ará en
adelante al abrigo de las tempestade_s _de la VI?ª·
Era el año 1867, el de la Ex~os1c1ón U~1versal;
en París reinaba el bullicio y la vida era febnl; entre
nosotros se albergaban lo~ más de los príncipes de
Europa, emperadores, reyes, el sultán; y desde el
czar y el jefe de los creyentes hasta el orgull?so montenegrino, todos habían aband~nado su remo para
asistir á una especie de apoteosis de las artes Y de la
industria del mundo entero. Menudeaban las gala~,
las revistas y manifestaciones sin fin, y cada pansiense (me refiero á aquellos ~ue son algo _c?smop?·
litas por sus viajes y sus relaciones de fam~ha~ tem~
sus huéspedes, de los cuales habías~ constituid~ cicerone, y á quienes hacía, como meJor le era posible,
los honores de ese hermoso París, que tres anos más
tarde ... Pero no se trata ahora de est?:
.
Cierta mañana anunciáronme la v!Slta de un m·
glés, Sir w. w... , que llegaba directamente de las
Indias y presentábase provistp de una carta de _re•
comendación firmada con el nombre de un am~go
cuyo incógnito es difícil de respetar, porque s_u nomb're se ha hecho célebre en ambos hemisfenos Se-

cretario de lord Elgín á ios veinte años, ó... hab{a
recorrido ya todo el imperio de las Indias, franqueado el Himalaya y dado caza al tigre y al elerante con
los más poderosos rajaes; á los treinta años, cuando
ocurrió la sublevación en Yedo, crucificáronle á la
puerta de la legación inglesa, y cruelmente martirizado escapó por milagro de la suerte de nuestro compatriota Escayrac de Lauture; á los treinta y cinco,
individuo del Parlamento inglés, escritor de mucho
valer por el relato de sus viajes y sus novelas de
costumbres, después de sufrir peripecias que tenían
más de fantástico que de real, había renunciado á
todos los bienes de este mundo, rechazando los honores, la fortnna, la gloria, el prestigio adquirido por
una existencia borrascosa, un hermoso nombre escrito con la punta de la espada y un desinterés raro,
unido á las más preciosas cualidades de seducción
personal. Desengañado de muchas cosas, había ido
á establecerse en las orillas del lago Erié, sometiéndose á privaciones voluntarias, al trabajo manual, á
vivir en el seno de la naturaleza, buscando la verdad
en una tranquila exaltación. :Más tarde, elevándose
siempre y desprendiéndose más de todo lazo terrestre, espiritualizado hasta el punto de no interesarse
ya en los grandes acontecimientos que agitan el universo, mi amigo, que había llegado á ser jefe de una
secta y de una religión, vivía en Haffa, á dos días de
Jerusalén, y desde allí lanzó aquellos escritos singulares y apocalípticos en que anunciaba al mundo la
buena nueva.
Sir W. W... fué muy bien recibido: hijo de un almirante. inglés, perteneciente á una de esas nobles
familias sin título, designadas en Inglaterra con el
nombre de Good Family, la reina acababa de reconocer sus servicios nombrándole baronet. Agregado
muy pronto al ministerio de Estado, llegó á ser presidente en uno de los distritos del gobierno de las
Indias, y aunque contaba poco más de cuarenta años
adquirió ~l derecho de volver á la metrópoli despué~
de una brillante carerra. Su salud, por otra parte, se
hallaba algo quebrantada, pues no escapó de las
fiebres, esa terrible caiamidad de las Indias, de la
que estuvo á punto de ser víctima, Seguro de ser

admitido en el Parlamento por sus relaciones de fa.
~ilia y el aprecio del jefe de su partido político,
Sir W. volvía á sostener su candidatura en un condado en que acababa de ocurrir una vacante. Antes de
volver á Inglaterra, quería aprovechar aquella ocas(ón única ?e ver París, la ciudad del prestigio, en
cucunstanc1as que no se reproducirían jamás.
. Se habla mucho de lo repentino del amor; pero la
simpatía y !a amistad se inspiran aún más súbitamente, y sin menospreciar el atractivo divino, los
lazos que crean son más duraderos. A los ocho días
Sir W... y yo éramos amigos; me había referid~
todos los detalles de su vida, y ya la conocía bien.
Parecfame conocer á su padre, viejo marino que le
adoraba; y hasta leía á veces las cartas de su madre
y las de su única hermana, Natalia, mucho más joven que él, y á la cual profesaba el más acendrado
cariño. Como yo era entonces soltero y estaba del
todo li~re, vivíamos _cual ?ºs hermanos, sin separarnos casi nunca; y m,s amigos, no viendo en él sino
la s~perficie, es ~ec_ir, un hombre discreto, muy silenc10so,--de una t1m1dez y reserva increíbles no comprendía~ bien qué género de interés me inspiraba
tan súbitamente aquel recién venido, á quien cono•
cía desde hacía pocos días y que, en el orden pro·
bable de las cosas no volvería á ver, ó por lo menos
á tratar nunca. Por eso cuando iban á invitarme
p~ra alguna partida y yo tenía ya compromiso con
Sir W..., solían decir siempre: «Villemer está con su
inglés,» y nosotros nos reíamos de esto.
La chispa había brotado: Sir W... que leía en ipi
alma _co~o yo en la suya, renunciaba conmigo á
~oda timidez, comprendía perfectamente mi lenguaje
mcorr~c~o, así como yo todas sus frases, expresadas
en un 1d1oma que no poseía bien; y mientras irritado
al ver que los demás manifestaban extrañeza por su
manera de pronunciar, permanecía mudo ante ellos,
en nuestras conversaciones privadas sus palabras no
produc~an ~unca en mí duda alguna; mi amigo hablaba sm dificultad, y hasta con cierto calor que le
permitía extenderse en el asunto de que tratara. Esto
era sin duda el privilegio de una simpatía instintiva,
pues no se me ocultaba que s~ hubiera podido en-

�780
contrar á Sir W ... en un círculo francés sin comprender á primera vista su carácter elevado, ni hasta qué
punto su energía latente y su verdadera superioridad
le convertían en un hombre excepcional.
Gracias á las· relaciones personales de William y á
su categoría, fué admitido desde luego en todas
nuestras fiestas oficiales, á las cuales yo le acompañaba; la simpatía recíproca bastó además para
que mi círculo privado de amigos fuera el suyo propio; la afición y curiosidad que manifestaba por
aquellas pompas y espectáculos, así como el agradecimiento que mostró por el menor servicio prestado,
interesáronme mucho, y á pesar mío me lancé en la
corriente mundana más de lo que hubiera deseado.
Hasta me complacía en hacerle ver lo más inferior
de París, revelándole los secretos que allí se ocultaban; asistimos también á las grandes recepciones
notables, entre otras al famoso baile de la embajada
de Rusia, donde, la misma noche del pistoletazo de
Berezowski y algunas horas después del atentado,
veíamos reunidos en el salón del conde de Budberg
al emperador Napoleón III, al czar, á los dos czarewichs, al que debía ser primer emperador de Alemania y al conde de Bismarck, que no era aún príncipe ni árbitro de Europa. Fuera de esta región esen •
cialmente oficial y de aquella fiesta de aparato, como
Sir W... se mostraba muy curioso respecto á las
personalidades de todo género, hícele conocer á
nuestros escritores y artistas ilustres; le presenté en
los teatros y en los palcos de las divas y de las estrellas del baile; y, Dios me perdone, tomó parte
conmigo en algunas cenas de las que no debía hablar á su familia.
La permanencia de mi amigo en París no debía
prolongarse más de ocho días; pero al cabo de un
mes aún no hablaba de emprender el viaje, apurábamos la copa de los placeres, y gracias á él, yo
descubría París con sus monumentos, sus curiosidades y atractivos. El método de vida, no obstante,
estaba bien ordenado, y mis estudios no se resentían
de ella, pues Sir W .. . como todos los hombres que
han vivido en la soledad, era aficionado á concentrarse en sí mismo; escribía mucho, leía más, y de
este modo respetaba mis horas de retiro. Cuando
entraba en mi gabinete á la hora convenida, si me
veía ocupado tomaba un libro y disimulábase de
tal modo, que podía oh&gt;idar su presencia.
Cierto día, después de una separación forzosa de
veinticuatro horas, le esperaba en casa y no se presentó; y como siempre era muy puntual, sin dejar
transcurrir apenas el cuarto de hora de gracia corrí
á su hotel. No había elegido uno de esos modernos
establecimientos en que el viajero se convierte en
un número y no deja huella de su paso, sino en un
antiguo hotel parisiense, sin etiqueta, sin lujo exterior, sin vastos salones ni comedores magníficos; era
una casa reducida por su dimensión, cómoda, discreta, de buen tono, ocupada siempre casi toda ella
por extranjeros distinguidos, llegados como mi amigo
para pasar una temporada en París y que poco á
poco se aficionan al nuevo género de vida. Así, pues,
allí no existía lo casual, y el Sr. Pablo, hombre importante que administraba aquél hotel de familia,
hubiera exigido probabl_e mente buenos informes al
que se hubiese presentado á pedir alojamiento después de apearse del tren. Uno de los tíos de Sir W.
que iba á menudo á París en tiempo de los Pembroke, de los Hamilton y de los Hertford, había' vivido
en casa del Sr. Pablo durante largos años; el sobrino
llevaba el mismo nombre por una tradición de familia, y Sir W... fué al hotel directamente.
Como yo conocía á todos los de la casa, introdujéronme en los corredores sin encontrar á nadie, y llamé á la puerta de la habitación ocupada por mi
amigo; no obtuve respuesta, y por lo tanto abrí la
puerta sin vacilar, pero en el umb.ral detúvome ese
olor acre que ofende la garganta cuando se entra en
la estancia de un enfermo. La mesa estaba cubierta
de frascos con marbetes y medicamentos; en la alcoba, con la cara vuelta á la pared y casi oculta por la
colcha, Sir W ... yacía en su lecho tiritando de fiebre,
con el cabello adherido á la frente; el cuerpo temblaba á intervalos y agitábale un estremecimiento convulsivo. Interrogué con dulzura al enfermo, que se
esforzó para volverse hacia mí, y hasta pudo sonreir
con expresión benévola. Su voz no era ya la misma
y en sus miradas había vaguedad; y á juzgar por lo
repentino del mal, no se podía dudar que Sir W ...
era presa de un ataque de la fiebre palúdica, de ese
mal terrible de que había escapado ya y que importaba
conjnrar en el acto, so pena de ver al paciente calcinado por el fuego interno. Y mi amigo estaba allí,
solo, abandonado en aquella gran casa, donde se
agitaba, no obstante, todo un pueblo de servidores.
Al punto adopté mi resolución; dentro de una hora
trasladaría á Sir W... á mi domicilio, y allí, con ayuda

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de médicos enérgicos y amigos seguros, le cuidaría y
triunfaría del mal. Llamé, pues, al dueño de la casa,
y con ese aire de autoridad que impone, interroguéle
sobre las circunstancias del hecho. ¿Cuándo había
sufrido el ataque Sir W ... ? ¿Qué se hizo para conjurar la enfermedad y qué se pensaba hacer? ¿Por qué,
en fin, se dejaba al enfermo solo y como abandonado en semejante crisis?
El Sr. Pablo, al reconocer el carácter grave de la
crisis, no tuvo más que una idea fija, no pensó sino
en desembarazarse del enfermo para no espantar á
sus demás huéspedes; así es que, al manifestarle mi
resolución, sintióse aliviado de un gran peso, tanto
más, cuanto que en una reducida habitación contigua
á la de mi amigo alojábase hacía más de diez años
una anciana señora rusa, su mejor parroquiana, á
quien la muerte infundía un miedo terrible.
«Reflexione usted, díjome el dueño, qué desastrosa sería para mí una desgracia en la casa en lo mejor
de la temporada. ¡Tendríamos aquí colgaduras negras .
y un entierro! .. .»
Y según el Sr. Pablo, yo sería un bienhechor y
modelo de los amigos. Añadió que no se debía acusarle de indiferencia; que su establecimiento era una
verdadera casa de confianza donde se dipensaban al
viajero todos los cuidados de la vida en familia, y
que en aquella ocasión no había faltado á su deber.
El médico inglés visitaba al enfermo dos veces diarías, y habíase remitido un telegrama al cuñado de
Sir W ... , con quien el dueño mantenía relaciones
directas y cuya contestación se esperaba. Por último, apenas observó el primer síntoma del mal, como
ignoraba mi domicilio, el Sr. Pablo avisó á dos jóvenes compatriotas de Sir W ... cuyos nombres y
señas me &lt;lió.
Entonces recordé, en efecto, que William me había presentado á sus jóvenes amigos en una comida
con que nos obsequió en el café Voisin. En su consecuencia, antes de poner mi proyecto en ejecución,
juzgué oportuno consultar á dichos señores y ver
después al médico, exigiendo por el pronto al dueño
del hotel que enviara á buscar una enfermera para
mi amigo.
Al doctor no se le encontraba en ninguna parte;
y en cuanto á los dos jóvenes ingleses, cuando me
presenté en su casa hallábanse en el terrado de las
Tullerías jugando á la pelota. Dirigfme allí muy ex•
citado é inquieto, sin conservar tal vez toda la calma
necesaria para dar cuenta del incidente. Esperé algún tiempo en el terrado, y después me introdujeron
en una especie de palco cerrado, desde donde veía á
dos jugadores, vestidos de franela blanca y cubierta
la cabeza de un casquete con galón de oro, devolverse la pelota hábilmente, muy atentos y sobrexcitados.
La voz del mozo encargado de señalar los tantos re·
sonaba sola en aquel vasto espacio vacío, é impacientábame ya, aunque comprendía que aquel momento
no era el más oportuno para desempeñar mi cometido.
Terminada la partida, los jugadores vinieron al fin,
sin detenerse apenas para enjugarse el sudor que
inundaba sus frentes, sin despojarse de sus chaquetones de lana y muy preocupados del objeto de mi
visita. Les expuse con mucha vehemencia el asunto
que allí me llevaba, procurando hacerles comprender la responsabilidad en que todos nosotros íbamos
á incurrir si un hombre como Sir W ... , un amigo tan
leal, una persona tan distinguida, una inteligencia
tan superior, sucumbía en la triste habitación de una
posada. Pinté con vivos colores el dolor del almirante, el de la madre y el de la hermana, que todos los
días esperaban sin duda ver desembarcar al que
aguardaban y á quien creían sano y salvo á poca distancia de ellas, y que solamente habia retardado su
regreso para disfrutar de los grandes espectáculos de
París. ¡Qué decepción! ¡Qué dolor para ellos y qué
responsabilidad para nosotros!
Hablando así con animación en aquel gran espacio vacío y sonoro, mi propia voz hería mis oídos y
el eco me devolvía mis palabras; y parecióme que
mis dos interlocutores, perfectos caballeros, pero muy
tímidos, como lo son á menudo los ingleses, juzgaban
mi exaltación exagerada y mi proceder algo inconveniente. Más sorprendidos que impresionados por
mis palabras, escucháronme sonrojándose, visiblemente co11fusos, y solamente obtuve, no sin gran esfuerzo, del que tenía m~s edad algunas. palabras llenas de reserva pronunc1~d~s en voz baJa, como para
hacer contraste con m1 viveza. Golpeando con la
pal~ que_ aún ll~vaba en la ~ano la punta de su sandaha, el JO~en ms~lar me d1JO con cierta firmeza que
nuestro amigo Gmller~o no estaba solo en el mundo;
que además de sus ancianos ~adres, cuya residencia
no conocían exactamente meJor que yo y á quienes
no se debía alar~nar prematura~ente, tenía un tío,
lord H .... conocido de todos, ciertamente de avan-

NúMERO 519
zada edad, pero bastante vigoroso aún para trasladarse á París, taqto más, cuanto que era viudo y sin hi·
jos y el más próximo pariente de Sir \V ..., á quien
designaba como heredero de una fortuna comiderable y del más noble título. Por último, con una ligera animación y al parecer esforzán_dose mucho, mi
interlocutor me hizo comprender que aquella manera de intervenir en los asuntos ajenos sin ser invitado á ello era un proceder puramente francés nada
conforme con sus costumbres y conveniencias, y que
tal vez yo me extralimitaba en mis derechos. Como
hombre prudente, hasta me aconsejó que lo pensase
bien antes de incurrir en la responsabilidad de trasladar á Sir W ... á mi casa.
Más sereno ya cuando estuve al aire libre, y al mirar la brillante multitud que bajaba por la gran avenida, de regreso del bosque, experimenté cierta turbación al pensar en los razonamientos de los jóvenes
amigos de Sir W... y aunque firme en mis propósitos,
dudaba ya del derecho de la amistad y del deber que
ésta me imponía. Pero ¿cómo olvidar el rostro pálido
y las facciones descompuestas de aquel enfermo rodeado de personas indiferentes? Si se hallara en peligro, si llegase á morir solo, lejos de los suyos ...
¡Qué remordimiento no sería para mí! Antes de entrar en mi casa volví al hotel. El Sr. Pablo había
buscado ya una enfermera, y encontré al médico de
la embajada á la cabecera del lecho de mi amigo.
Como me lamentase de aquel singular estado del
enférmo, que ni siquiera echaba de ver nuestra presencia, según me pareció, y permanecía inerte con la
cara vuelta hacia la pared, el doctor, muy entendido
en aquellas fiebres perniciosas, asegur6 que aquella
postración era común en semejante enfermedad y
que no debía espantarme. Un poco tranquilizado con
la suerte de mi amigo, salí para volver de nuevo al
poco rato, y ya no me separé de él hasta el amanecer. Seguía entregado á un sueño febril, el sudor
inundaba su frente, y cuando por casualidad abría
los ojos, sus miradas eran vagas; de modo que no
tave la satisfacción de hacerle comprender que ya
no estaba solo y que yo velaba.
Era ya muy de día cuando entré en mi casa, con
el propósito de no dormir sino algunas horas y volver cuanto antes á cuidar de mi amigo. Al principio
no podía conciliar el sueño, mas al fin sucumbí á la
fatiga, y los criados, que conocían la causa de mi inquietud, guardáronse bien de interrumpir mi reposo.
Yo había dado órdenes formales para que me llama·
ran en el caso de recibirse algún recado del hotel, y
al despertar, avergonzado de haber dormido tanto,
tuve en cambio la satisfacción de saber que no me
habían enviado recado alguno. Vestíme presuroso, y
sin detenerme apenas para tomar algún alimento, á
pesar de las observaciones de mi anciano criado,
corrí á los Campos Elíseos; en la portería del hotel
y en el pequeño patio no encontré á nadie; era la
hora de comer y todo el personal de la casa estaba
ocupado en el servicio de la mesa redonda. Poseído
de esperanza y de temor, y esforzándome para ocultar mi emoción, habíame detenido en el umbral del
aposento de Sir W ... cuando de pronto abrióse la
puerta, precipitándose al punto un vivo resplandor
en el obscuro pasillo, y hube de apartarme para dejar
paso á un eclesiástico joven, de larga barba rubia,
cuya gravedad y acento solemnes me hicieron sentir
frío en el corazón.
La estancia estaba iluminada como un altar; la
enfermera arreglaba algunos objetos; y de pie ante
una mesa de despacho, cuyos cajones se hallaban
abiertos, un personaje desconocido parecía tomar
nota de los papeles de Sir W... Quedé inmóvil, como
si mis pies hubiesen echado allí raíces; los grandes
cortinajes me ocultaban aún la vista del enfermo;
mas al dar un paso, le vi ligeramente incorporado
sobre su almohada, con los brazos fuera del lecho,
desencajado ya por la muerte y como sumido aún
en profundo sueño.
Sir W ... había exhalado el postrer aliento hada
algunas horas á causa de la violencia de una fiebre
perniciosa que no cedió ni un instante á las medidas
más enérgicas, presa de un constante delirio, sin re•
conocer á nadie y sin tener por desgracia persona
alguna á quien reconocer, puesto que todo cuanto
le rodeaba era extraño para él. Por la solicitud del
doctor, que conociendo mi quebranto y mi fatiga no
quiso avisarme, un delegado del cónsul, autorizado
por la embajada, asumía, haciendo las veces de la
familia, la responsabilidad de todo. El tío de Sir W ...
debía llegar de un momento á otro, y entretanto el
agente ministerial desempeñaba su misión con esa
reserva especial de los ingleses y de las personas que
ejercen tales cargos. El empleado no parecía notar
mi presencia, y mostrábase tan frío, tan ajeno á mí
que ni siquiera osé interrogarle.
Mientras trataba de dominar mi profunda emo

LA

NúMERO 519

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

·. /

Les expuse con mucha vehemencia el objeto que alli me llevaba

ción, arrodillado al pie del lecho, aquel hombre preguntó á la enfermera qué grado de parentesco me
unía con el difunto, y al saber que yo era un amigo
de poco tiempo, continuó flemáticamente su inventario como si yo no tuviera derecho ni deber alguno
ante aquel lecho mortuorio. Por mi parte, esforcéme
para reprimir los sollozos, persuadido de que mi dolor debía parecer excesivo y singular.

plena mar, bajo el cielo azulado del Atlántico, y la
inmersión sublime en las misteriosas profundidades
en medio del estrépito de las salvas del buque, mezclado con el murmullo de las olas y los cantos fúne·
bres de los ancianos marinos de la orgullosa Albión!
Sin embargo. yo debía cumplir una misión sagrada para mí. Sir W ... me había confiado, desde el
momento en que intimamos, varios objetos que él
creyó más seguros en mi poder que en una casa de
En la tarde del día siguiente estábamos todos en huéspedes, figurando entre ellos en particular una
el templo de la calle Roquepine, adonde se había caja que contenía documentos y numerosos presenllevado el cadáver la víspera cuando cerró la noche. tes destinados á varias personas de su familia, tales
El Sr. Pablo había conseguido á fuerza de pasos como armas de gran valor, muestras de las maravipor aquí y por allá que no se cubriera de luto la llosas industrias de la India, y telas brillantes, que
puerta del hotel, pues la condesa rusa no se habría en nuestras casas europeas conservan un reflejo del
repuesto del susto: ya sabemos que todo cuanto re· sol de Oriente. Ahora bien: á pesar de nuestras larcuerda la muerte es un espectáculo cruel para toda gas confidencias, yo no sabía nada exacto sobre la
esa alegre sociedad que sin fijarse en parte alguna familia de William; recordaba, á decir verdad, el
recorre todas las capitales en busca de los placeres y nombre de Beldorny, donde estaban fechadas las
diversiones. La nave estaba desierta; cinco personas cartas de su madre y de su hermana, y también sasolamente asistían al oficio de difuntos, sin que hu- bía que así se llamaba la quinta &lt;'.fue habitaban en
hiera un curioso ni un transeunte; y al entrar en el una de las islas del grupo de Wight; pero á esto se
templo, entristecido por aquel abandono, aparenté ser reducía todo. Sin embargo, como el jefe de la fami.
indiferente y me senté en el tercer banco. En el lia estaba allí, propúseme rogarle que se encargara
primero vi de pie un anciano de aspecto majestuo- del depósito y dijera á los ancianos padres de Wiso, con corbata blanca, muy pulcro en su traje, fres- lliam, para quienes la noticia de su muerte sería un
co y sonrosado, con el cabello blanco como la nieve, golpe mortal, que en París quedaba un amigo de su
y con uno de esos perfiles á lo Wéllington que hacen hijo, que compartía su dolor y conservaría piados;.pensar en los hermosos retratos de Sir Thomas mente su recuerdo.
Lawrence.
Con la última oración todo terminó; el cadáver
Aquel hombre no podía ser más que lord H... debía ser expedido aquella misma noche á Inglateindividuo del consejo privado de la reina; y junto á rra, acompañándole lord H ... y por lo tanto no haél estaba el secretario particular del embajador de bía que vacilar. Cuando vi que aquellos señores se
S. M. Británica, S ... , siempre inmutable y con el despedían, cambiando un ceremonioso saludo sin
lente calado. Aquel era el banco de la familia; detrás mirarse siquiera, adelantéme hacia el mayor de los
vi á los dos jóvenes ingleses de la antevíspera, muy dos ingleses y le rogué que me presentara al tío
concentrados en sí y vestidos con propiedad para tal de William antes de salir del templo. Ninguno de
ceremonia· detrás de ellos, en fin, hallábame yo solo ellos le conocía; su amigo S... , el secretario de emy triste, si~ más vecino que el camarero que sirvió á bajada, le veía también por primera vez, y aun esto
Sir w ... durante su enfermedad, y que representaba oficialmente y obedeciendo á la orden de su jefe· de
oficialmente al Sr. Pablo, conocido en toda Europa modo que ninguno de ellos se creía con dere~ho,
por su solicitud para con sus parroquianos.
sobre todo en aquel lugar y en tales circunstancias
Conocida es la impresión que en nosotro~ produ- á dirigir la palabra á lord H ... y menos aún á pre'.
cen las grandes ceremonias del culto evangélico, esas sentarle un_extranjero.
paredes frías, esa falta de pompa, la palabra grave
Volvía á tropezar otra vez con ese odioso respeto
del Reverendo, familiarizado con la muerte, q~e humano, esa fría reserva, puramente convencional
pronuncia siempre con el mismo acento las orac10 - que es una manifestación de nuestro orgullo y qu~
nes dispensadas por igual á todos aquellos cuyos la sencillez y la buena fe, dictadas por la nat~raleza
despojos devuelve á la tierra; agréguese, á esto la so- y la verdad, tendrían derecho á rechazar.
ledad y el abandono alrededor del ataud, y se comAsí, pues, aquel anciano y yo, que habíamos coprenderá mi tristeza.
.
n?cido Y am~do al que reposaba en el ataúd, no po¡Qué funerales para aquel sincer~ amigo, para d~a.~os cambiar algunas palabras de mutua simpatía,
aquella alma pura y a~uel buen _servidor de su pa· d_mg1rnos una frase de consuelo y unir nuestras oratrial ¡Cuánto más hubiera prefendo la muerte en , c1ones dándonos el pésame. Hubiera sido una incon-

veniencia de parte mía irá inclinarme ante
aquel octogenario y rogarle que llevase á
los ancianos padres, que esperaban aún al
que no debían ver más, una palabra de
sentimiento del amigo que recibió sus últimas confidencias. Apenas tenía derecho,
como hombre de mundo, para inclinarme
ligeramente con los ojos secos y el cora•
zón tranquilo al pasar por delante de
lord H ...
Y esta vez también, apenas, estuve en
la calle, más sereno, díjeme para explicar ,
esta monstruosa reticencia que yo era víctima de una situación fatal y de las convenciones mundanas que están en uso en
una sociedad extranjera no bien conocida
por mí. Ni el lugar ni la hora autorizaban
á un desconocido á presentarse al anciano; y en cuanto á los jóvenes cuya frialdad
yo censuraba, ¿qué eran después de todo
para aquel á quien yo lloraba? Amigos de
sociedad que se encuentran en el club y
, que, presentados por pura formalidad, podrían vivir veinte años junto á otro hombre sin haber oído jamás latir su corazón
ni sorprender el secreto de un pensamien •
to íntimo. ¿Quién osaría decir, por lo demás, que bajo esa reserva y esa glacial actitud el corazón de un insular late menos
acelerado qua el nuestro, que sienten menos que nosotros?
En fin, y preciso es reconocerlo, nada
autoriza á un inglés de cierta sociedad á
dirigir la palabra á otro sin haber sido
presentado. Decíame todo esto, repetíame·
lo y reconocía una vez más que si estaba
condepado al silencio y al aislamiento
ante aquel ataúd era porque debía ser víctima de las circunstancias.
En su consecuencia, no quise insistir, y
sin más vacilaciones dirigfme á mi domicilio para recoger la caja que se me había
confiado y que entregué con las formalidades legales al oficial consular que entendía en los asuntos de
mi difunto amigo.
Así quedaba roto hasta el último lazo; aquella
dulce amistad en la ·que cada hora equivalía á un
año para afirmarla y acrecentarla; aquella comunidad
de n_iiras, de ideas, de sentimientos y de filosofía,
gracias á lo cual Sir W ... y yo. podíamos considerarnos como dos seres que se habían reconocido por
h~r1;0a~os; todo es,to no era ya sino un recuerdo que
m s1qmera me sena dado compartir con aquellos que
habían amado al difunto Sir W ...
Era forzoso, pues, sepultarle en el fondo de mi

Aquel hombre no podía ser más que lord II ..

c_orazón para conser~arlo como un tesoro, sin permitir que por causa nmguna se borrase jamás de mi
memoria aquel placentero recuerdo de· tan preciada
amistad.
( Continuar!l)

�LA

NúMEl&lt;O 519

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Entonces la central lo expedirá al des tinatario, y al
fusión del platino. Colocando una espita de estrucllegar el carrito á casa de éste tocará un timbre y se
SECCIÓN CIENTÍFICA
tura ordinaria entre el fuelle y la espita dosificadora,
descargará por sí mismo, regresando luego al centro.
se gradda á voluntad la altura de la llama del sopleUna ingeniosa combinación de agujas eléctricas perSOPLETE DE ESENCIA MINERAL Y TERMO·CAUTERIO te, pudiendo de este modo graduarse su_s dimenst0·
mitirá que los carritos tomen la dirección que se
nes diametrales, á cual efecto basta modificar las re·
El doctor Paquelfn ha p,resentado recientemente ladones entre la sección del pico del tubo y la de sus desee.
·
El sistema de transportes á domicilio de Bennet
á la Academia de Ciencias de París dos comunica- agu jeras laterales de alimentación. Así se obtiene una
ciones sucesivas referentes á dos nuevos aparatos
serie de llamas que miden desde uno á será indudablemente de ut ilidad suma, pero nos patres, cuatro ó más milfmetros en su rece que la canalización de las calles para instalar
los tubos ha de ofrecer grandes dificultades.
base.
El soplete que acabarnos de descri·
bir podrá servir en los talleres y laboFÍS!CA RECREATIVA
ratorios y á les artistas pirograbadores
La prestidi'gil?ción duwbierta. - Las pi:.arras upin'Jútas
para esfumar sus maderas.
La fig. 2 representa el tan conocido
Se toman dos pizarras con marco de madera y
termo-cauterio de M. Paquelin. El car·
después
de haberlas hecho examinará los espectabusador es de metal como el anterior,
pero de sección rectangular y puede dores se coloca entre ellas un pedazo de tiza y se
adaptarse á la cintura por medio de un atan con una tirilla de caucho: á poco se oye el ruido
garfio, cuyos anillos sirven de pinzas de la tiza que escribe entre las dos pizarras la conpara dividir el cauterio en caso de ro· testaci.ón á una pregunta, el nombre de una carta
zadura. E n este aparato no hay tubo pensada, etc., y al separar aquéllas se ve que una de
sumergido; la esencia mineral va apri· ellas está escrita,
He aquí la explicación de este prodigio. La escri·
sionada en esponjas, lo que imposibi·
tura
estaba ya en la pizarra A, pero sobre la misma
lita todo derramamiento del lfquido.
habíase
puesto un cartón negro delgado, que oculLa carga del c~rburador basta para
Fig. 1.-Soplete de esencia mineral de ~1. Paq11elín
alimentar el cauterio durante diez ho· taba los caracteres escritos. Al espectador se le da á
examinar la pizarra B, y luego por medio de un escasobre los cual'es creemos conveniente llamar la aten· ras por lo menos.
moteo se le entrega la misma que ya ha visto en vez
Los productos de la combustión son arrojados fueción de nuestros lettores.
de
darle la A que tiene el cartón: para ello se cogen
Comencemos por el so~fete de esencia mineral ra de las manos del operador. Uno de éstos, el vapor las pizarras del modo que indica la figura I y se
(fig. 1): consta el aparato de una doble pera de cau- de agua, que nace á cerca de 1.800 grados, es utili- cambian de mano, lo cual no ofrece dificultades á
cho formando fuelle á doble viento que se hace zado en los grandes cauterios para refrigerar el punto un prestidigitador. Mientras el espectador examina
funcionar con el pie ó con la mano, de un recipien· de partida y los canales que le siguen : el mango es por segunda vez la pizarra B, el operador coloca la
te metálico que fo rma carbu rador y del soplete pro- barrido en su interior de arriba abajo por un chorro otra sobre una mesa con la cara escrita hacia arriba,
piamente dicho. El aire expulsado de la doble pera de aire tomado di rectamente del fuelle que choca en y cuando le devuelven aquélla pónela sobre la priatraviesa el carburador en donde,'pasando al través la parte inferior del mismo formando alrededor del mera y las ata con la tira de caucho.
de un tubo sumergido, se carga de una esencia mi- portacauterio tres zonas de aire aisladoras.
Entonces el prestidigitador levanta las pizarras
Estas diferentes condiciones permiten reducir el
neral de verita corriente, la benzolina. Esta substancon
la mano izquierda, de la que sólo se ve el pulgar
cia es el comQustible de la lámpara Mille y pesa de mango del instrumento á tales dimensiones que mientras con el dedo medio rasca la cara posterio;
puede ser utilizado como un lápiz, y la IDano se en700 á 710 gramos el lit ro. M. Paquelín emplea tamcuentra
muy cerca del campo operatorio; su diáme· de la segunda pizarra, produciendo un ruido muy
bién como saturador un pulverizador llamado sisteparecido al que origina la tiza al escribir. Cuando
ma Giffard, por medio del cual el aire expulsado por tro no excede de r 2 milímetros.
el
operador juzga que esta farsa ha dorado bastante
Los antiguos cauterios ensanchiban•
coloca
las pizarras horizontalmente sobre la mesa'
se de la punta á la base; los de M. Pa ·
quelín se ensanchan, por el contrario, cuidando de que quede debajo la no preparada (figu'.
de la base á la punta: únicamente la ra 2), sobre la cual permanece entonces el cartón, al
parte penetrante ha conservado sus paso que la otra deja ver los caracteres que lleva
primitivas dimensiones. De este modo escritos y que se dice trazados por un,espíritu inviel instrumento posee, con gran econo- sible.
No creernos necesario explicar minuciosamente
mía de platino, todas sus antiguas ven·
tajas, convirtiéndose en un cauterio á de qué medios se vale el prestidigitador para conomanera de llave maestra, por decirlo cer de antemano lo que ha de escribir en la pizarra.
Sabido es que en la prestidigitación las supercherías
así.
Los cauterios grandes no se diferen· constituyen uno de los principales elemento, pata
cian, en punto á dimensiones, de los operar. Asi, por ejemplo, los dados cargados dan
demás sino por el diámetro de la parte siempre los mismos números y en cuanto á saber
qué carta escogerá un espectador, nada hay más fácil
de platino.
Todos los cauterios están monta- sabiendo obligar el naipe, ó valiéndose, si la ciencia
dos en una pieza de menos de seis
milímetros de diámetro y todos se atornillan_ á un mismo mango; el autor ha
reducido la variedad de las fo rmas del
cauterio á dos tipos principales y ha
dispuesto su carburador de modo que
los antiguos cauterios puedan ser utili·
Fig. 2. -Termo-cauterio, nuevo modelo de M Paquelin.-C. Detalle de
la punta del termo-cauterio.-A. Tubo que proyecta el aire carburado.
zados.
-BB Tubo para restituir los productos de la combustión. -TT. Cana·
La lámpara de alcohol del termo•
les condensadores del vapor de agua .
cauterio primitivo queda suprimida: el
.
único combustible que en la nueva se
usa
es
la
esencia
mineral. El cauterio se ceba en una
el fuelle, después de haber pulverizado el líquido
llama
cualquiera
ó
con auxilio del soplete antes descombustible se impregna de sus vapores.
Lo que caracteriza al carburador es su espita crito, que también sirve en caso necesario para des.
dosífico-mezcladora y cuyos llave y tubo presentan grasarlo .
Las aplicaciones del termo-cauterio de M. Paqueuna estructura especial: en efecto, la llave, que gira
en un espacio de una semicircu nfere ncia, tiene en lfn son muchísimas, y el instrumento responde á
su superficie una ranura inclinada sobre su eje: el todas las necesidades de la cirugía.
tubo está canaliculado de tal manera que una parte
del aire del fuelle va directamente al carburador.
Asi lo indica el aspecto mismo de la liama del soTRANSPORTE DE PAQUETES Á DO?&gt;IICILIO
plete, que ora ampliamente teñida de blanco y fuliPOR MEDIO DE LA ELECTRICIDAD
ginosa en un principio, ora insuficientemente alimen•
tada de vapores hidrocarbonatados, va puri ficán dose
En la última sesión de la British association Jor
cada vez más hasta tomar un color azul violáceo muy
puro y en extremo límpido. Cuando llega á este pun- advanement o/ Stience, Mr. A. R . Bennet ha presento es señal de que ha alcanzado su máximo de inten- tado una memoria describiendo un si.stema para el
sidad calorifica, y su color tiene el brillo aterciopela- repa:to de paquetes_ á_ domicilio en las ciudades por
do de una pintura á la aguada. De este modo se medw de la electricidad. Aunque el sistema tiene
utiliza el combustible en el máximo de su intensidad. alguna analogía con el de Siemen, su autor le ha
Figs. I y 2. - Las pizarras espiriti stas
El soplete está formado por un solo tuho, como amp\iado inspirandose en el ¡necanismo de los teléel que usan los joyeros; su originalidad está en la fonos . La instalación consiste en dos tubos sobredisposición de _su pico, que emite dos clases de lla- puestos, de 60 centímetros de ancho por 90 de alto del operador no llega á tanto, de una baraja en la
mas: una central, de punta muy afilada y pequeñas dentro de los cuales circulan unos carritos movido~ que todas las cartas sean iguales.
La prestid_igitación, por otra parte, es un arte ri,o
llamas laterales, en forma de pétalos ó de corona se- por la electricidad. Cada abonado tendrá en su casa
g~n la dirección de sus canales, los cuales sirven 1Para un par de .esos r~males, y cu.ando querrá enviar un en proced1m1entos que permiten simular la previsión .
ahmen¡ar aqué~a y mantenerla en actividad. Con la paquete á otro pedirá á la central un carri.to, lo car- del porvenir.
llama así obtemda puede lograrse un principio de gará y avisará al centro el destino que deba dársele.
(De La Nat11re)

NúMER0 519

LA ILU ST RACIÓN A RTI STICA

CIFRAS DECORATIVAS ,. PARA ARTES · E IN DUSTRIA.S
POR

♦

J. MASRIERA Y MANOVENS

MONTANER Y SIMÓN EDITORES ♦

ptas. ejemplar
Véndese formando u_n precioso álbum, encuadernado en tela, al prec1·0 de '.l.:.;
'

•••

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♦

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CA.8, LENTEJA&amp;, TEZ ASOL
8ARPULLIDOi, TEZ llARROS

JARABE DEL DR. FORGET

ARRUGAS PRECOcE&amp;

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,a.ru.11. 1atat.-n.s.

- un .lffTIHiLIQtll LECHE ANTEFÉL

contra los Reumas, To • , Crf•i• nervio••• 4 In ■om­
nio■ .-EI JARABE FORGET es- U calmante célebre,
conocido desde 90 aftos.- Bn las farmacia! y 28, ruo Ber-

EFLORESCENCIAB
ROIECES
1:
~o
...... el ri,\\a \\~

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g ~re,

Paria (antiguamente 36, rue v1,1enue).

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ara"cede:Cigita l de

J,,~,,•- •"~ "G

co ntrolas diversas
■l'l!IY'I......... .~::.;,..,;;,;;;.., Afeccion es del Corazon,

l!il=l~!•]~fi:ÍI

Hydropes~as,
Toses nerviosas¡

F. mpleado co n el m~jor e,ito

Bronqu itis , As ma , (\te-

rageasal Lootatod, u·fflrrldi

El mas ellcaz de los

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El API0L cura I

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PASTILLAS DE DETHlN
aooa. Eteo\ol pernlolOM&gt;a del Karoarlo, Irtlaoion que produoe el Tabaoo. y tptei.al mnla
' loa Sñ.rt PI\EDlCADOREB, dOOA.DOa

Far'- BBmT, 15D, mla lJ,oU,Pilll

PI\OFE801\E8 7 UJ(TOI\U para fati h\U
de la •os.-P••• ; 12 8.a.u.aa.
.811fl"r M -' rotulo • ~NIUI

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Aprol,tdu p11r 11 ,1,.,1d•m11 d,. Med icina da far·,.

rgotina y Grageas de

ftto0meadadu coa\ra lot llalN 4t la Gargan&amp;a,
ktlnolonN •• la Voa, IDflamaotonN ele la

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yBOMOLLE
MEDALLAS E,p.. Unir* LON ORES1862 - PA ~IS 1&amp;89

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mnB1ii11,;1:t11~~l#Aa

H:~OSIAIICOel mas PGDEROSJ
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Las Gr.Jgeas !tacen ma ...
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imna..,....,.. 111

DE

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N la Aaltadll 11m111 i1o 1u lq1111
en el momento

DIE ~Al'Ua

•• titabtu u l'Drftne, caaodo lo

de

:.•o,.Jt.JJ, No t.m,a el a,co a1 el ca.u-

Antss, Farmac~utlco
•s, Calle Vauvtlllers, Parla.

1-":'º'
JtOJ!fDe, contri lo que ,ac,de eo11
• e.mu parr,aaee,, ••te no obra bien

.aao cau 40 •• íom1coa bueao, alimeato,
~/'(/~-; fortilicuta, cual el rillo, el e•"•
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ora 711 oomida gae ma, le co11Yienia
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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