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aitrté!C10t)

11tí~t1e21.
A&amp;o X

- - - - - -,~ BARCELONA 14 DE DICIEMBRE DE 1891

NÚM. 520

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRIT ORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

JACOBO MEYERBEEit, copia de un retrato pintado en 1857 por E. Desmaisons

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 520

de un jardín, estudia las leyes de la selección natuMILAGROS
ral; con lo que se regocijan con regocijo satánico los
( CRÓNICA CONTEMPORÁNEA)
Texto. -La belleza del cuerpo lmmano en el porvem'r, por Jo• enemigos de las Musas.
se Ecbegaray. - .Milagros (Cróniea conlempordnea), por ~le·
Y así, y en este compás y con estos fúnebres tonos,
jandro Larrubiera. -El fantasma, por F. Moreno Godmo. conti □úan los positivistas de la cie□cia y los profetas
A D. fosé Femándei Bremón
-Llamamiento á los artistas catalanes, por Juan Fastenrath.
- La Jiermosa Nalalia (conclusi6~), por Carlos Iriarte,. con de la ruina y destrucción de la Jerusalén del arte:
I
ilustraciones de Marold, traducido por E. L. Verneu1I. - los poemas mueren, las lenguas se transforman per•
Nuestros grahados. - Libros enviados á esta redacción por diendo pompas vanas y co□ virtiéndose en cronoméautores 6 editores: Memoria sobre puertos ostreros, por don trica maquinaria del pensamie□ to: los cuadros de los
Con cómico furor, Alejo, el hombrecito de catorCándido Hidalgo Bermúdez; Torqu,!tuida , drama de ~ktor
ce años, estrujaba entre sus manos la deshilachada
grandes
pintores
se
gastan,
la
polilla
está
al
acecho:
Hugo, vertido al español por ~ranc1sc&lt;? Calcagno; D_iswr·
gorra cuyas entrañas de algodón asomaban á la suso leido en la Sociedad filantn$pua artlstua de Val/adobd, por Rafael dentro de pocos siglos no será ni un nombre;
D, Luis Zapatero y González; Tratado del culfivo de la re• estatuas y monumentos caen en polvo y sólo la idea perficie como nubecillas en un cielo negruzco.
- Que yo, ·decía el pillete paseaado una mirada de
1110 /ad,a azucarera, por Jorge Dureau, traduculo por Wl~- cientifica dura.
dimir Guerrero¡ Atan·do y 11mj~r, por el conde León Tols~01;
desesperación sobre el corro de granujas que le es¿Qué
más?
Hasta
el
cuerpo
humano
es
cada
día
Esti,dios j urldic~s, P?r l{obushano Vera¡ Zarag-oz~artlstua ,
cuchaba, el primerito en las pedreas, el que por un
mom111ie,ual ! liistórua, por A. y P. Gascón de Gotor; UJ• más feo, y en cambio el cráneo es cada día más potima jornada sobre la dictadura , por Ismael Valdés Vergara. tente. Los contornos se encogen, los músculos · se trampantojo se lía á puñetazos con toas los del barrio,
Grabados. - /acabo Afeyerbeer, copia de un retrato pintado achican, las curvas redondeadas graciosamente se me eche á temblar ante esa mocosuela ... ¡Vamos! ...
en 1857 por E. D~smaisons. - Plaza dt las frutas en Trieste ,
Y aquí el señorito Alejo hacia de la tagarnina que
cuadro de Ernesto Croci. - E1: buenas manos está el pandero, convierten en ángulos vigorosos, toda la plástica por resquemaba sus labios blanco de su coraje, mejor didecirlo
así
se
reseca,
y
poco
á
poco
el
hombre
se
cuadro de D. Enrique Luque Rose lió. - Afaniobras ,de arti•
1/erla 1 cuadro del pintor militar D. Román Navarro. - Mau· convierte er. un manojo de nervios que van bajo la cho, de sus dientes, parecidos al marfil antiguo.
-¿Y qué será esto? ... Yo no la conocía á eya, eso
soleo que ha de erig.irse en. la Hab~na en honor de l~s vein· piel hacia el cerebro por el camino más corto.
tiocho víctimas del incendio ocurndo en aquella ciudad el
en primer lugar sea dicho; eya no sabía quién soy
Dentro
de
poco
¿dónde
encontrarán
modelos
los
17 de mayo de 1890, obra de los ? res. D. Agustín Quero) ,
yo ... y aún no lo sabe ... ¡Pa el caso que me hace!
escultor, y D Julio Zapata, ar'J.ultecto, que obtuvo el pn- escultores y los pintores para sus estudios al desUn día entro yo ea ca del Sr. Lucas el buñolero.
mer premio en el reñido cencurso verificado en dicha capi• nudo?
.
tal - .Retrato, por Alma Tadema. - Safo , estudio al óleo de
El desnudo, según la Estadistica y la Fisiología, «Adiós, chico, ¿qué traes?» me pregunta. cNaa, le
Carlos Gehrts. -Lavaiero en Alcalá de Guadaira, cuadro es cada vez más imperfecto y más vergonzoso.
respondo, lo de toas los días: ¡más hambre que Made D. Juan García Ramos. - Descamo durante la /Uffa á
tusalem!.
» Se ríe el hombre, me siento yo en una
Si no es bello es rid!culo y es inmoral; y la belleEgipto cuadro de ~urillo,existente ene! Ermitage Imperial
banqueta más arrugaa y pringosa que mi agüela, ¡Plas!
de San' Petcrsburgo. -D. Evaris~o Armls, estatua en. bron· za va aniquilándose en la carne.
ce de O. Pedro Carbonell, Tundida en los tallere.; de los
Pasaron los tiempos de la estatuaria griega, voci- ¡Plas!, llamo con la mano. Acude el esmirriao del
Sres. Cabot, de Barcelona.
feran los enemigos encarnizados del arte y de la mozo: &lt;,Qué va á ser?,» dice. cLo de siempre; un
vaso de á diez céntimos y media ocena de churros.&gt;
poesía.
Los griegos, dice Mr. Taine, tenían por la pureza ¡Me trato yo mu bien!,que es lo que dice tío Redoble:
LA BELLEZA DEL CUERPO HUMANO
de la forma, por la proporción armónica de los miem- cPa lo que uno desfruta en el mundo, güeno es aleEN EL PORVENIR
bros, por todas las bellezas desnudas un amor que grar la andorga»... Pus señor, me traen el café y los
liegaba hasta la misma adoració□: la belleza para el churros ... ¡Me río yo de los servicios de Fornas! ... Eshubo
pueblo helénico era sagrada. Sófocles antes de can- taba en mis glorias y el vaho del enjuague me ponía la
En toda, partes hay y en todos los tiempos
tar en público un himno á los dioses de la Grecia finosomía mesmamente que paecía que había llorao, y
profetas de desdichas.
Los hay que anuncian el fin del mundo: los hay por la victoria de Salamina se despojó de sus vesti- ¿á que no sabis lo que ocurre?.. . Pus na: entra en el caque profetizan el fin del arte y de la poesía. U nos dos, se quedó en puras carnes y aun se cree que dió fetín una chicuela de mi igual, mu arreglaíta y emven ya en las más remotas regiones del firmamento algunas piruetas y saltos más ó menos artísticos á butía en un mantón color rata ... Me queo mirándola
el espantoso cometa que ha de trituramos con su manera de danza; de todas maneras es hecho positi- con el churro en la mano, asina, como estáutico ...
masa ó que ha de coosumirnos en su fuego; que de vo y averiguado que para mayor decoro del himno ¡Qué ojos se traía y se trae (que á Dios gracias, eya
todas maneras, dado el choque, el fuego es inevitable. y para mayor inspiración echó fuera con desembara• vive pa darme la desazón); negros como dos borroOtros saben á punto fijo que el anticristo está para zo túnicas y lienzos, mostrando al concurso su bello nes de tinta china que acaban de caer en un papel,
el pelo mu peinaíto; la boca así, más chiquitina que
nacer de un instante á otro, según telegrama que cuerpo de estatua marmórea
¡Oh tiempos felices y prodigiosos de la antigüedad una monea de á céntimo; luego me fijo en el vest!o
han recibido de las caóticas esferas de la nada. Para
los últimos, en fio, el anticristo del arte y de la clásica, en que los hombres célebres podían presen- azul y en los zapatines, y me digo: ¿Dónde he visto
poesía ya nació hace mucho y se llama la ciencia: tarse en traje de baño y aun algo menos á las entu- yo una cosa así? ... ¡Ah! Ya caigo: en un altar de San
Francisco hay un ángel vest!o de chiquilla probe que
siastas y archiartísticas muchedumbres!
con la ciencia ni hay poesía ni arte posible.
acompaña
á un vejete con muchas barbas y que paece
¡Tiempos felices en que poetas, trágicos, filósofos,
Refiere Mr. Guyán, en un libro del cual ya hemos
too
un
santo
... Güeno; la chica se ~ueda en medio
sabios
y
guerreros
estaban
modelados
como
hoy
Jo
hablado en estas crónicas, que hace unos cuarenta
años y al fin de un banquete en casa del pintor están las estatuas de los museos, y as{ pod!an, sia de la buñolería y mira aquí y mira allá. ¡Había paHaydon, el poeta Keats levantó solemne y trági- temor al ridículo y aun sin temor á las pulmonías, rroquia de largo! .. , Sr. Lucas va y la dice: (¡ Ponte
camente su copa, proponiendo este brindis: &lt;¡Maldi- dado lo robusto de su naturaleza, mostrar su torso, ahí, muchacha!&gt; Y la señala mi mesa. Eya se sient~
sus pectorales y sus músculos todos de brazos y de frente á este cura, y con una voz mu dulce y poh·
ción á la memoria de Newton!»
¡Asombro general, que interpretó Wordsworth, piernas á la multitud en todas las ocasiones solem- da pide un vaso de á cinco céntimos y media ocena
pidiendo una explicación antes de que el brindis se nes ó en todas aquellas en que la seriedad del acto de buñuelos ... Yo seguía estáutico mirándola, y con
el aquel del embobamiento se me va á pique en el
consumase! Explicación que el poeta Keats dió en exigiese traje de etiqueta!
¡Ya seda fácil que en estos tiempos nuestros de vaso medio churro ... Y pa que eya echase de ver
~stos términos:
«Pido que brindemos execrando la memoria de decadencia y mezquindad se presentasen en la plaza que era yo finústico pedí cucharilla pa sacarlo. DimNewton, porque él... él fué quien destruyó para pública nuestros grandes oradores, nuestros' grandes pués, como toa una presona1 hice un pitiyo, y ¡hop! 1
siempre la poesía d,l arco iris, convirtiéndolo en un artistas, nuestros sabios, nuestros generales vencedo · ¡hop!, fumé tragándome el humo y haciendo la mar
res en aquel primitivo traje en que Sófocles entona· de monerías; pero eya como si no, chicos. Me mira·
prisma.»
y todos, convencidos, bebieron á la eterna confit · ba himnos en honor de los dioses griegos vencedores ba con aire de desconfianza. ¿Qué se figuraría de
mf?... ¡No, lo que es pa otra vez que me ocurra
sibil de Newton, que osó explicar el admirable arco en Salamina!
de colores por reflexiones y refracciones de los rayos
¡Un gran orador parlamentario después de pro- me traigo futraque y la torre Infiel de chistera que
de sol en las gotas de lluvia, convirtiendo en mise• nunciar un discurso de tres horas, aparecer en el tie en el tenderete del Rastro mi señor papá!; porrabies prismas de cristal á las poéticas perlas del pórtico del templo de las leyes, mostrando al público que si le ven á uno vestía de lana le llaman borrego,
asina sea hombre de cercunstancias .. . Terminó la
espacio, y al sublime fantasma en la prosaica conse- arrebatado su estatuaria íntíma!
¡Un general vencedor, despojándose de espuelas, moza su desayuno, pagó, y terciándose con mucha
cuencia de una ley físic_a.
y la maldición contra la ciencia en nombre de la tricornio, faja y botas, elástica y calzoncillos para gracia el mantón se largó á la calle (¡Vaya usté con
poesía continúa; y en cambio continúan los desde· entonar ante el' altar de la patria el cántico del Dios, cachito é rosa doble!, » la digo poco menos
que tartamudeando ... Ni se rió ni naa; pasó por denes de sabios y filósofos contra poetas, idealistas y triunfo!
Moltke pudo vencer á los franceses, pero no hu- lante como una reina ofendía. cNo, pues tú no te
soñadores.
marchas de vado,» me digo, y salgo tras eya ... Y anPasea\ dice que no hay gran diferencia entre el biese resistido esta prueba.
oficio de bordadora y el de poeta.
Y todo ¿por qué? ¿Por ser otras las costumbres? da que te andarás hecho yo un mudo, la sigo por la
otra acera, y dimpués de atravesar el viaduto, calle
y Montesquieu supone que los poetas no son más ¿Por decoro? ¿Por honestidad? Nada de eso.
que fabricantes de adornos, gue abruman la natura·
El hombre no se muestra hoy desnudo al público Bailén y bajar la cuesta de San Vicente, embocamos
leza y la razón con oropeles y lentejuelas como una en los grandes actos, y en cambio se cuelga el frac en el níar, es dicir, en el río Manzanares ... Allí,
modista disfraza grotescamente á las mujeres hermo- y se aprieta la corbata blanca, no por pudor, sino por cerca de un lavaero, topo con el Pamplingao (ya sab!s,
sas con los ridículos perifollos de la moda.
miedo al ridículo; porqué ya el hombre no tiene en ese méndigo que tie en la cara una ventana de meSpencer compara la ciencia á la humilde y modes- nuestro siglo ,las proporciones de los Hércules ó de nos). cTú, ¿ónde vas?,» me dice. «A un asunto,»
tísima Ceniei,11/a que se pasa la vida junto al fuego los Apolos, sino ridículos contornos encanijados ó digo. «,Cuálo?» «;Ese!» Y le señalo á la chicuela
del ·hogar doméstico, mientras sus orgullosas herma- gorduras fofas, aguachonas y linfáticas. Y algo pare· que iba á meterse en el lavaero de la Fiada. Pamplinnas lucen trajes de relumbrón en fiestas y saraos tan cido sucede con la mujer, aunque como ésta no ha gao se rie, y echando una bocanada de humo que ni
inútiles como inmorales. Pero al fin, agrega, la pobre decaído tanto, algunas bellezas conserva y puede la máquina del ferrocarril, va y pregunta: «,Es tu
Cenicienta muestra que es la mejor de la familia, y mostrar todavía con cierto orgullo artístico; y esas novia?» &lt;;Qué ha de ser!&gt; «Entonces, ¿por qué la
asi vendrá un dia en que la Ciencia reine como so- las muestra 1 ¡ya lo creo que las muestra!, siempre que sigues?» (Pus ... por eso ... ¡porque me gusta, homllega una ocasión pública y solemne, como por ejem- bre!» «;Y á mí!,» dice de ,formaliá el mu desaugao.
berana.
Vendrá un tiempo, dice á su vez Mr. Renan, en plo, en bailes y teatros, aunque no tenga que can- Y sigue: «,Conoces tú á Milagros?» «,Qué Milagros?»
que el ¡gran artista! sea algo viejo, gastado é inútil, tar los himnos de Sófocles á los dioses de Grecia.
«Pus. esa chica, grandísimo topo.» «No» «Paece
y en cambio la ciencia valdrá más y más de dia
cuento; pus eya habita en la calle de la Ruda, dos
casas más arriba que tú.» «¿De veras?» «;Como hay
José EcHEGARAY
en día.
Si el abuelo de Darwin consagró su vida á compoDios! ... Su madre, la señá Quica, es la que lava los
ner malos poemas, su descendiente Carlos Darwin,
trapos á lo mijor de Madrid, y vive en un prencipal.»
~n vez de escribir insulsos versos sobre las bellezas
Y Pamplingao me contó otras hestorias de la chica,
SUMARIO

NÚMERO 520

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

que_si era mu formalita y tal y cual, con lo que me
II
metió á mí en deseos de hacerla mi novia: en risumen,
que ya eran las once de la mañana cuando aparecí
- Pus señor, que dende tal día tengo yo algo
en el Rastro con el bote de las coliyas más vado que abarquillao el sentía, porque, como cuentan los

PLAZA DE LAS FRUTAS EN TRIESTE,

estógamo de cisante ... ¡En un tris, mi padre me tira
á la cabeza un chirimbolo!
Aquí hizo alto el caballero granuja en su larga
historia; el pelotón de truchimanes que la ola pidió
en medio de una gran zalagarda la continuación: accedió Alejo, diciéndoles:
- ¡Ahí va la segunda parte, pa que sus enteréis!

cuadro de.Ernesto Croci

romances que canta tío Aleluya por las calles, me he
enamoricao de Milagros, mesmamente como aquel
señor de Roger de la hermosa Blancaflor .. . La chica
vale mucho, ¡vaya!; pero á mí me da mala espina eso
de que eya Runca se dé por aludía de mis osequios
y destinciones: ¡como si no! Mus vemos taos los días
en la bufiolería; entra, se sienta, llama al mozo y pi-

EN BUENAS MANOS ESTÁ EL PANDERO,

de el desayuno; yo la miro hecho un bobo; tomamos
el café como dos estautas. Ni siquiera me atrevo á
decirla: «;Por abí te pudras, pimpollo!,» porque aun,
que soy mu hombre me queo debajo de la mesa

delante de eya. Hay veces que al verla me dan intinciones de cogerla, asina entre mis brazos, y besuquearla, y decirla (¡no sus riáis, que lo digo como lo
siento!): «Milagros, drento de pocos años, si tú
quieres, mus echarán los latines y demás requilorios
del casorio. Tú en el río, yo en el tenderete y Dios
por medio; verás qué bien lo vamos á pasar. Quié-

cuadro de D. Enrique Luque Roselló

�LA 1LUSTRACIÓN
eme asina, como novia; y por ti, ¡vamos!, ... que ende mañana me güelvo una presona más formal que
D. Jeremías, el cura que vive en el seg~ndo d_e mi
casa ... y no voy más á las pedreas m me aJunto
con granujas. (¡No sus creáis que lo digo por vosotros; que aunque yo le dijer~ eso á Milagro~, siempre quearía un rato pa divertume_ con los amigos!.._.)
Otras veces me pongo más mumo que u1:_ peón sm
punta ... Si yo fuera como M;an~lo, el h1JO del ~eñor Pablito, que gana sus seis nales t?os los d1a_s
en la emprenta, iría á ver á señá Qmca y la diría: «Señá Quica ... » pues ... eso ... es decir: «Señá
Quica, gano tanto más cuanto y:" acétera ... ¿i:ne
quiere usté dejar que hable con Milagros como Dios
manda?» Y eya me contestaría: «Güeno.» Y enton-

y así las banquetas estaban desvenciJadas, prin~osas,
las mesas cojitrancas, caído el barmz y recubnendo
la madera una capa sucia de mugre: los vasos, platos
y demás del menaje, desportillado y roñoso: el as.pecto total de la buñolería repugnaba: sus paredes
ahumadas y grasientas y su techo barnizado por el ho·
llín la acercaban á vetusta cocina de pueblo no enjalbegada en muchos años más que á público establecimiento en la corte. «i Pa los duques y condesas
que aquí vienen! ... » replicó Sr. Lucas en cierta oca·
sión á un parroquiano que le echó en cara aquel descuido censurable.
En verdad que la concurrencia mediocre que
allí acudía no era cosa mayor para gastarse unos
cuantos duros en ofrecerla comodidad y aseo. Y si

MANIOBRAS OE ARTILLERÍA,

III
Como siempre acontecía en las primeras horas de
la mañana, el cafetín del Sr. Lucas encontrábase
en todo su apogeo. Poblaba el estrecho recinto una
nube humosa, pesada, asfixiante, en cuya formación
tenían parte las bocanadas de humo_ de tagarninas y
tabaco malo que consumían los parroquianos y aquellas espirales de vaho grasiento que se escapaban del
fondo de la caldera en donde se freía la masa; amén
de esto, que á los profanos causaría extraña picazón
de ojos y garganta, el hálito de las respiraciones y el
olorcillo nada grato que exhalaban los cuerpos y
vestimentas de los allí congregados, gente pobretona,
enrarecían el poquísimo aire respirable en tal sitio.
A intervalos colábase por la entornada puerta de
cristales una ráfaga de viento procedente de la calle.
Oscilaban las luces del gas y bamboleábanse caprichosamente las nubes humosas replegándose al interior de la tienda. El cafetín del Sr. Lucas tenía
luenga fama, y á él acudían como moscas los vecinos
del barrio de los Estudios: el mobiliario del establecimiento acusaba en su dueño una gran indolencia,

que llena el cafetín del Sr. Lucas; la otra, la de
paso, compuesta en su mayoría de criadas de servir,
horteras artesanos, mendigos y gente de poco más
ó meno;, arma un baturrillo grande en el tinglado
.
que se levanta en la puerta de entrada. L~ mu1er
del Sr. Lucas, una jamona fresca, con camilos que
parecen tiznados de bermellón, no se da punto de
reposo en el trajín de servir_ á tantos co~o de continuo la asedian con sus pedidos de «medias copas,»
vasos de café1 churros, tortas y buñuelos. Unid al
ruido que se produce en la avanzadilla del es~abl~cimiento, aquel otro, estruendoso, que en el mtenor
del mismo forman las conversaciones en voz alta, la
interjección brusca, el palmoteo de los impacientes,
el sonar de las monedas en el mármol del mostrador,

cuadro del pintor militar D. Román Navarro

(Véase lo que dijimos acerca de este artista en el n~tm, 513 de

ces- sí que no me cambiaba por el i;nesmísimo Papa
Santo ... ¿Estamos? ... ¡Pus no, señor, no estamos!;
porque yo, salvo el tenducho de mi padre, no tengo
sobre qué caerme muerto, ni sé pizca de letra, ni
jota de arizmética ... ¡y eso que cuento too por los
deos! Cualsiquiera va con tales cantinelas á señá
Quica ni dice palotada á la mocosa! ... ¡No serían calabazas, que digamos! ¡Que no digo naa, ¡ea! Y el caso
es que los días caen como agua y Milagros va aupa
y está guapa de suyo, que es un gozo. Ya lo veréis:
el día menos pensao, cualsiquier señorito le hace el
amor por too lo fino, y... ¡adiós, Alejo! ¡Que sí, hombres, como lo cuento! Y lo pior no será pa eya,
¡quia!, que al fin es muchacha que por sus hechuras
pue ser algo, sino que ... yo ... (pero no se lo digáis
á naide) la quiero ... tanto como á mi madre, ¡y eso
que ésta es pa mí la primer mujer del mundo!. ..

NúMERO 520

ARTÍSTICA

LA IL USTRACIÓN ARTÍSJICA)

alguien dudase del aserto del 'sr. Lucas, no tenía
más que asistir á la tienda cuando comienza á clarear el alba: vería una porción de mujeres sucias y
desgreñadas, lavanderas de oficio, tomando la «mañana,» mejor dicho, una copa de triple ó «tiple»
anís, que dicen ellas; un pelotón ñe muchachas alegres, que sazonan su charla con dichos y desver·
güenzas aprendidas en el corredor ó en el arroyo;
todas llevan cruzado al pecho el mantón color ceniza, y sirven de marco á sus rostros, paliduchos los
más, los pañuelos de seda regalados por «ese»; ese
es el novio, el amante ó el ,marido; son cigarreras
que antes de ir á la fábrica se desayunan con un
vaso de la achicoria dulce, disfrazada con el agua
blanca ó leche mentida de oveja: en tal mesa, cuatro
albañiles; en cual otra, dos viejas que tienen á sus
lados sendas cestas de «escarolita la nieve,» «coliflor
pa el huevo» y «pimientos riojanos;» allí en un rincón, una maritornes y un hijo de Marte: es el dúo
militar que se interrumpe á veces por el prosaico
ruido que producen los buñuelos al ser triturados
por los dientes; formando rancho á parte, unos chicuelos de desarrapado empaque, que parlan á un
mismo tiempo y ríen de corazón las simplezas que
se les ocurren; en un velador, un sereno, chuzo entre
piernas, y un municipal, éste echando pestes de la
«cosa pública» y aquél ejerciendo de gacetilla escandalosa del barrio; solo en una mesa, un mozo de
cordel con El Imparcial á dos dedos de los ojos deletrea que deletrearás con voz velada y trapajosa los
sucesos del día; allí, en comandita, unos individuos,
grandes súbditos de la Corte de los Milagros, que lo
mismo sirven para pintarse llagas y fístulas en los
remos, que para mancárselos... de mentirijillas; y
por último, entre la gente del bronce, la libélula del
vicio, la última y más triste nota que surge del concierto social... ¡Pobre mujer! Abandona el burdel
con el último amante de una noche y va á refocilarse á su costa con el humeante líquido que despachan
en la buñolería.
&lt;;::on 111uy. pocas variantes, tal es la parroqqia fija

el eterno «¡Va en seguida» de los mozos, y por último, el chirriar del aceite que se requema en la caldera, y semejante á tenue silbido, el hervor del café
metido en una zafra de hoja de lata con espita y hor·
nillo debajo, y tendréis una idea del cafetín de los
barrios bajos, que al romper el alba se ve lleno de
gente que en sí representa la última estofa que pulula en las grandes capitales.

***
Alejo penetró en la buñolería, y después de pasear una mirada inquisitorial sobre el heterogéneo
concurso, fué á sentarse en una banqueta y apoyó
los codos en la mesa aquella que por espacio de
muchos dí;,.s sirvió de testigo paciente en el idilio
de amor más puro y hermoso que pueda registrarse
en las crónicas truhanescas de la hampa madrileña.
Surcaba la frente del héroe una profunda arruga, y
en su rostro, tostado por el sol y ennegrecido por la
intemperie, había en aquella mañana un no sé qué
de contrariedad é inmensa amargura. «No ha venido aún Milagros... Y con este ya son tres los dfas que
no la veo,» masc12llaba el chicuelo consigo mismo.
Y sus ojos clavábanse con insistencia en la puerta
de entrada é iban á fisgar el trozo de calle desde tal
punto visible ... ¡Por Dios, y cuánta melancolía se
apoderó del espíritu del mozo ante esta negativa de
la suerte!.;. Y Alejo, el granujilla riente y chistoso,
el inventor de maulerías, frases y diabluras, halló el
cafetín en semejante día apestoso é infernal. De un
solo trago tomó el contenido de su vaso, sacó del
fondo de la faltriquera una porción de tabaco que
lió en un papelillo de fumar, encendiólo y quedóse
pensativo, la cabeza apoyada en la palma de la dies•
tra mano, mirando absorto el vagar del humo de su ci•
garro que iba á estrellarse blandamente en el techo.
«¡Val No viene, no viene,)) repetía con amarga con•
vicción. «¿Estará enferma?» Y al hacerse esta pregunta, sintió tristeza y juraría que sus ojos se le entur•
biaron por las lágrimas.

. • en la Habana en honor de las veintiocho víctimas del incendio ocurrido en aquella ciudad el 17 de mayo de 1890
Mausoleo que ha d e engirse
I escultor' y D. Tulio Zapata, arquitecto, que obtuvo el primer premio en el reñido concurso verificado en dicha en pita!
Obra de los Sres, D. Agustin Quero,

�LA

790
Pag6 el gasto hecho, y en vez. de dirigirse al centro de la corte, su campo de operaciones, se intern6
en la calle de la Ruda y estuvo, como amante en
acecho rondando la casuc:t en que habitaba la seño. ra de s~s pensamientos. Pugnaban en Alejo la ansiedad de inquirir noticias de Milagros y el reparo
de que al verle de tal traza y catadura se riesen de

to por señá Quica, porque mi madre me ha mandao
á recoger la ropa que eya tiene pa lavar.
- Pues hijo, añadi6 la viejecilla más afable~ente,
tan cierto como ahora hay luz, que señá Qu1ca se
murió de dolor de costao, mismamente hoy hace tres
días.
Alejo á tal noticia sinti6 un estremecimiento y
balbuci6:
- ¿Y su hija Milagros?
- ¡Qué sé yo! Vinieron unos parientes y se la llevaron.
- ¿V no sabe usté d6nde vive?
- No, no me han dicho ni palabra.
- ¡Está güeno!, murmuró Alejo con voz en que
había muchas lágrimas.
Sombrío, triste y desesperado, giró sobre sus talones, y sin decir palabra ~alió del portal y fuése á su
casa. Se encerró en el zaquizamí que le servía de alcoba, tendióse en el catre y sollozó.
¡Acababa el pobre mozo de ver rasgarse la nebulosa de su grande amor hacia Milagros!

IV

RETRATO,

por Alma Tadema

él y no le dieran raz6n de lo que tanto le interesa•
ba ... Perplejo y vacilante, opt6 por ir al río: «Acaso
haya madrugao estos días más que yo,» se dijo. Y
enfil6 camino del lavadero. No vi6 en las bancas á
señá Quica, y apesadumbrado, volvi6 de nuevo á la
calle de la Ruda. «Vamos á ver, ¿y qué digo yo á la
portera?,» se preguntaba todo medrosico. Y como si
hallase soluci6n al aprieto, sonri6se y penetr6 resuel ·
taménte en el portal. Par6se ante la Argos, una viejecita enclenque y feúcha, que entretenía sus ocios
en hacer calceta.
- ¿Qué quieres aquí, muchacho?, pregunt6 con
voz de enfado.
- ¿Está señá Quica?
·
- ¡Sí, en el otro mundo!, replic6 con sorna brutal
la portera.
- Señora, no vengo pa guasas, ¿está usté? Pregun-

NúMERO 520

ILUSTRACION ARTISTICA

Entre los feligreses de la parroqui~ de San Ca~etano tiene el padre Gómez gran predicamento: dicen
de él que, á pesar de ser tan joven, es un santo y un
sabio, y á él acuden de bonísima gana cuantos han
menester, ya de los socorros de la flaca na~uraleza,
ya de fos auxilios del espíritu. El tal padre vive modestísimamente en un piso principal de la calle del
Amparo· y si á su ama, una señora viuda con más
edad de 'la que los cánones marca á las mujeres para
servir á sacerdotes, preguntáis por la vida y milagros del cura, después de deciros ~asta la saciedad
que dicho señor es un modelo de virtudes y que nada
de lo que tiene es suyo por ser todo de los pobres
mendicantes que de continuo llaman á su puerta;
después de ensalzaros el clarísimo talento y gran
ciencia que el padre Gómez atesora; hecho el enco•
mio de sus sermones, que tan grande como justa fama
le han conquistado, os dirá que todo ello resulta un
grano de anís ante la fuerza de voluntad que el sa•
cerdote ha desplegado para llegar á tal punto, dado
que todo lo que es lo debe á sí propio, sin que jamás
el favor de nadie le haya servido de escalón para alcanzar sus miras é ideales.
Y si intimáis con el ama, señora de suyo comunicativa y parlanchina, os relatará en medio de una admiración perpetua la odisea del padre Gómez, el
sacerdote más querido que paseó manteos por la calle de Embajadores. «Padre Gómez fué en sus mocedades colillero, dirá misteriosamente. Se enamoró de
una chicuela del barrio que hacía de él tanto caso
como yo del moro Muza. Un día no la vió más, y en
tróle al pobre chico tal morriña, que anduvo alicaído
una porción de tiempo pensando en la mocosa que
tal le había puesto la mollera U na tarde vagaba el
mozo por los alrededores de un convento de jesuítas;
salió de tal sitio un fraile con tan mala fortuna, que
al ir á bajar una de las gradas del pórtico resbaló y
cayó cuan largo era. Alejo, es decir, el hoy padre
G6mez, acudió en su auxilio, metiéndose con él en el
convento. Gustó á la comunidad el acto caritativo
del granujilla, y después de obsequiarle largamente,
uno de los jesuitas le dijo: «Muchacho, el día que
quieras hacerte hombre de provecho ven por aquí.»
No ech6 en saco roto la advertencia. Alejo, que, como
va dicho, había perdido su natural alegre y expansivo, tornó al convento á los dos meses y dijo al jesuita que sali6 á recibirle: «Vengo á que me hagan
ustedes hombre, porque ya estoy harto de ser un vago y no servir para nada.» Pues hijo, con tan buen
pie entr6, que los jesuitas le dieron los estudios necesarios, inclinando su voluntad á que se ordenase de
sacerdote, y ahí le tienen ustedes hecho un santo
que no hay más que ver.»
Si tal relato aguijonease vuestra curiosidad y trataseis de ahondar en el alma del padre Gómez, el ama,
siempre complaciente, os manifestaría que D. Alejo
nunca trae á colación aquellos sus amores que le han
transformado de vagabundo en dignísimo sacerdote:
únicamente recordando esto, atrae á cuantos granujas halla al paso y los exhorta á que abandonen la
senda viciosa que ningún beneficio ha de traerles y
sí el desprecio y odio de la sociedad.
Conque ya sabéis quién es el celebérrimo padre
Gómez.

V
El rayo de sol que atravesaba los cristales de colores de la ventana del coro caía de lleno á.Ios pies
del altar mayor, y con sus tonos violáceos y azules
arrancaba antes plácidos reflejos á la corona y lentejuelas de oro de la Virgen del Amor Hermoso, co-

locada cerca de la barandilla en un artístico templete; el humo embalsamado del incienso subía tenue,
esparcíase por las naves é iba á envolver en nubes
blanquecinas al Cristo emplazado á la cabecera del
altar. Las luces de los cirios y las velas contrastaban
grandemente con la vaga claridad que poblaba el sagrado recinto ... Temblequeaban sus pábil&lt;í&gt;s y las lucecillas de las lámparas oscilaban ...
Salió de la sacristía el padre Gómez recubierto con
las vestiduras sacerdotales; detrás marchaba un monaguillo conduciendo el misal y fas vinajeras.
En la grada del altar veíanse arrodilladas cuatro
personas: eran unos novios. y sus padrinos. Resultaba una nota alegre el pañolón de Manila rameado
sobre fondo blanco que se ceñía al arrogante torso
de la novia, .. Comenzó la representación del santo
sacrificio de la misa. Era domingo y el templo se
veía lleno de fieles; el pueblo arrodillado semejaba
una masa negra y compacta á cuyo frente aparecía
padre Gómez envuelto en nubes de incienso; oíanse
claramente las frases latinas que llenas de unción
pronunciaban sus labios y á intervalos el monótono
silabear del monaguillo, y como rumor de colmena
el mascullar de rezos, las conversaciones á media voz
que entre sí traían las beatas, y aquí y acullá las toses, ya débiles, ya roncas, de los fieles y algún que
otro lloriquear de los niños de pecho; dominándolo
todo y con desesperante monotonía la voz aguda del
sacristán, que abriéndose paso por entre las filas de
concurrentes, llevando en ristre el cepillo, murmuraba: «¡Para las benditas ánimas del purgatorio!» Y
oíase el caer de las monedas en el fondo de la caja,
arrancando de ella una nota metálica que llc!naba de
rumoroso eco las naves.
Fué cosa extraordinaria y de la que nadie pudo
sospechar el cambio brusco que se operó en el plácido rostro del padre Gómez cuando hubo de volverse hacia los de la boda: sus ojos tuvieron una
llamarada de anhelo y sorpresa indescriptibles: sus
labios temblaron perceptiblemente, palideció su rostro, y como presa de extraña temulencia manifestóse
torpe al cubrir con el yugo á los contrayentes ... Al
preguntarles las frases de ritual, sus palabras parecían
salir atropelladas por una emoción inusitada... Los
novios y padrinos, hondamente preocupados por lo
solemne de la ceremonia, apenas si pararon mientes
en la agitación cada vez mayor del pobre cura.

Terminado el acto nupcial, padre Gómez internóse apresuradamente en la sacristía, corrió hacia el libro de «Matrimonios» y hojeóle con febril impaciencia.
Un monago que allí andaba colocando en su sitio
los ornamentos sagrados le oyó decir estas palabras,
que eran la expresi6n fiel de un afecto grande que
revivía al cabo de muchos años:
- ¡Sí, es ella!... Milagros ... la hija de «señá Quica.»

NúMERO 520

LA

nidad. Las conciencias y las costumbres tenían misterios y los
masones servían por lo menos
para espantar á las gentes timoratas.
Hoy todo se va perdiendo en
una nivelación universal, que al
cabo de algunos siglos degenerará en monotonía desesperadora.
Madrid, sobre todo, se va civilizando estúpidamente,
¿Qué se ha hecho de aquel
Madrid lleno de iglesias, conventos, alcantarillas, manolas, chulos, guardias de Corps y otras
zarandajas? ¿Dónde están las
peinet.~s, mantillas de encaje,
basqumas, capas mujeriles b_ordadas de colores, medias caladas
y zapatos de tabinete de cruzadas
cintas? ¿Dónde están aquellos
soldados que como el titán llevaban un mundo sobre sus
hombros, al llevar morrión con
plumero, corbatín, charreteras
mochila, sable, cartuchera y ba'.
yoneta? ¿Qué se ha hecho de
aquellos frailes, abates, petimetres, toreros con chupa y chivata, consejeros de Castilla con
guirindola de encaje y covachuelistas cargados de oro y pedrería?
Pero en fin, la parte exterior
es lo de menos. Ahora tenemos
otras cosas tan ridículas, pero
más variadas: por cada petimetre
hay cien gomosos, por cada manola mil cocottes, por cada consejero de Castilla diez diputados
que rajan de lo lindo, y por
cada iglesia derribada veinte cafés, colmados y cervecerías.;
Hemos ganado en extensión
del planeta, pero hemos perdido
el cielo, que cuanto más le aproximamos por medio de nuestros
telescopios, más se va alejando
de nosotros,
Hemos perfeccionado la almilla, pero nos vamos quedando
sin alma Y ya sin alma, nos hallamos reducidos á
átomos, con el solo privilegio sobre los demás animales de poder pensar que más ó menos pronto
caeremos en la nada del pensamiento.
Esta digresión casi filosófica no ha sido inútil

lLUS'fl&lt; AC IÓN ARTISTICA

791

r

SAFO,

estudio al óleo de Carlos Gebrts

para que el lector pille al vuelo la parte psicológica
de este verídico relato, cuyo protagonista, anticipándose cincuenta años por lo menos á su época, hallábase en ese estado de átomo de que acabo de
hablar.

En efecto, Juan de Arévalo (se
apellidaba así, no porque fuese
natural de esta población, sino
porque tal era su apellido) era un
joven de veinticuatro años de
edad, que se creía librepensador
consumado. Tenía un buen patrimonio para aquel tiempo en
que aún no se había subido el
precio de las localidades Je las
plazas de toros, ni se conocían
calcetines á veinticinco pesetas
el par; y desde que murió su padre, como hijo de viuda camp6
por su respeto, haciendo un viaje
desde Arévalo á París, lo cual
entonces era casi tan trabajoso
como el ir hoy día desde Cuenca á la China. En París aprendió
bastante mal el francés, pero lo
bastante para leer á los enciclopedistas, que por segunda vez
hacían furor, y á los que no había podido leer en España, en
donde sus obras estaban prohibidas. Cansóse de Francia, volvi6 á España, pues era español
neto, y cansóse, no porque París
no le gustara más que Arévalo,
sino porque allí no hacía ningún papel y en Arévalo era una
notabilidad. Desde su viaje al
';!Xtranjero, no fué ya sólo notabilidad, sino oráculo. Sus paisanos decían que tenía pico de oro.
Sin embargo, muchos de ellos .
esquivaban su trato, porque les
asustaban ciertas ideas de Juan.
Había sido éste religiosamente educado por sus padres, que
fueron chapados á la antigua española, y desde la edad de nueve años su mayor placer era
ayudar á misa, con conatos quizá
de - poder celebrarla algún día;
pero ¡vean ustedes lo que labra
el tiempo, la edad y los viajes al
cerebro de Europa! Juan de acólito habíase transformado, como
queda dicho, en librepensador.
El joven volteriano (Voltaire era su autor predilecto) era juicioso, y como su manía era brillar y ser
escuchado, nunca había estado en Madrid, en donde
presentía que, como en París, no haría papel. No seguía ninguna carrera ni se dedicaba á nada, como

., ..

,.;"

..

J

Es fama que desde aquel día padre Gómez se
muestra más taciturno y sombrío. A veces el recuerdo de Milagros y sus ilusiones de niño, que han venido á trocarse en las frialdades del sacerdocio, le
arrancan un estremecimiento de ansia amorosa que el
pobre cura ahoga con un poderoso esfuerzo de voluntad inquebrantable ...
La gente del barrio, siempre que del padre Gómez
se habla, dice respetuosamente:
- ¡Es un santo! ¡Cuando muera irá derechito á la
gloria! .. ."
ALEJANDRO LARRUBIERA

EL FANTASMA

I
¡Qué época la _del año de 183 ... ! Fué la última
de tranquilidad que hubo en España. Los negros, es
decir, los liberales, decían que aquello era la paz 'de
Varsovia; pero lo cierto es que desde la feliz restauración del trono del señor rey D. Fernando VII, ya
en sus postrimerías, el país estaba como una balsa
de aceite. Entonces todavía había creencias arraigadas, no convencionales como ahora, y por conse·
cuencia el carácter nacional tenía colores tan pro·
nunciados que parecían esculturales. E;ntonces todavía se creía en Dios, en el rey, en los endemoniados,
íncubos y súcubos; y chicos y grandes sabían á qué
.atenerse y esperaban con paciencia su parte de eterLAVADERO EN ALCALÁ DE GUADAIRA,

cuadro de D. Juan García Ramos

�DESCANSO DURANTE LA FUGA A EGIPTO, CUADRO DE MVRILLO, EXISTENTE EN EL ERMITAGE IMPERIA L

DE SAN PETERs.BUR GO

�794
hubiera deseado su madre, no porque lo necesitase,
sino porque ella creía que el notable . talento de su
hijo debía ser aprovechado. He aquí los inconvenientes de las épocas de atraso: en la actualidad,
Juan hubiera podido pronunciar magníficos discursos en el Congreso, pidiendo la separación de la
Iglesia y del Estado.
II

•

Juan se trasladó á la corte de España por el si·
guiente motivo.
Un hermano menor de su madre emigró á América casi niño, inducido por no sé quién, y hacía treinta años que ni en Valladolid ni en Arévalo, en cuyas
dos poblaciones tenía familia, nadie sabía de él. Los
indianos de aquellos tiempos eran así, misteriosos, y
gustábales regresar á su patria por sorpresa, abrumados de dinero; y esto sucedió con D. Pedro de Henestrosa, indiano perulero, puesto que había hecho
su fortuna en el Perú explotando una empresa de
guano; y por esto la madre de Juan recibió una carta
inesperada en la que aquél noticiaba á su hermana
que había llegado á Madrid, donde pensaba establecerse y en donde les invitaba á pasar una temporada
en su compañía. Bien hubiera querido Doña Casilda
(este era el nombre de la buena señora) complacerá
su hermano, á quien hacía tantos años que no veía y
que era tan rico, como él mismo confesaba en su carta;
pero sus achaques de reuma perpetuo hiciéronla aplazar el viaje para cuando pasase el invierno, que entonces comenzaba. Para Juan, joven y robusto, no existía este inconveniente, y su madre le rogó fuese á
Madrid á saludar y conocer á su tío y prima; pues se
me ha olvidado decir que el indiano era viudo y tenía una hija de diez y siete años de edad. Tal vez
Doña Casilda pensó en que los primos podían agradarse y en la boda consiguiente.
Juan, complaciendo á su madre casi de mala gana,
se trasladó como he dicho á la corte, y á fe que no
le pesó, no bien hubo llegado; pues hallóse en su tío
un hombre simpático y campechano, y en su prima, la
joven Inés, una indianita que habíase traído en sus
ojos toda la luz del sol americano.
D. Pedro Henestrosa había comprado y se había
establecido en una casa, hermosa para aquel tiempo,
situada en la calle del Nuncio ...
El lector no comprenderá que un hombre rico y
acostumbrado á las claridades americanas hubiera
podido meterse en tan sombría callejuela; pero el
lector debe tener en cuenta que el Madrid de entonces no era el Madrid actual, y además que aquella
barriada de San Pedro era en aquel tiempo una especie de arrabal de San Germán de Madrid. En
aquel recinto, que comenzando en Puerta Cerráda
terminaba en las afueras de la población, agrupában •
se entonces grandes casas solariegas y aristocráticas,
entre las que pueden citarse las de Bélgida, Maceda,
Revillagijedo, J avalquinto, Villafranca é Infantado.
Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que D. Pedro
el indiano vivía en la calle del Nuncio con su hija,
dos criados peruanos, un ayuda de cámara alcarreño afinado, una doncella madrileña, una cocinera
vizcaína, un cochero asturiano y un lacayito gallego.
Porque D. Pedro, á fuer de indiano respetable, apenas llegado á Madrid se echó un coche de aquella época, tirado por mulas, en una de las que iba montado
el cochero, calzado con botas de montar, con trasera
para el lacayo, que se colocaba en ella de pie, y con
una banquetita que se zangoloteaba colgando en la
parte posterior del vehículo y que servía para subir y
bajar de éste. Además de los seres racionales que he
mencionad0, D. Pedro tenía en su casa algunos animales: conejos en un patio jardín, un mono muy travieso cautivo en el zaguán, un galguito inglés de su
hija y en el estrado un papagayo muy dicharachero.
El buen señor ofreció á su sobrino hospedaje en su
casa, aunque no con insistencia, por no considerar
enteramente correcto el que un joven guapo y despabilado viviera bajo el mismo techo que su hija; pero
el joven de Arévalo no aceptó la oferta, aun cuando
le hubiese agradado habitar cerca de su prima, y
fuése á vivir al fin de la calle de las Tabernillas en
compañía de un primo suyo de Arévalo, estudiante
en Madrid.
Aparte de sus ideas volterianas, Juan era un muchacho expansivo y se enamoró muy pronto de su
prima Inés, por la que fué correspondido; y D. Pedro, aunque observó en seguida este amorío, hizo la
vista gorda, por no parecerle inconveniente; lo cual
fué una fortuna para el joven librepensador que, entretenido con aquél, libróse de ingresar en la masonería, cual era su proyecto.
Aunque D. Pedro hubiese echado coche por como·
didad, era un hombre llanote y poco amigo de lucir
y sí mucho de descansar de las fatigas que le había
costado su fortuna. No pretendió adquirir relaciones

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 520

NúMERO 520

LA 1LUSTl&lt;./\CJON

AKTlSTlCA

795

y se limitaba al trato de algunos amigos de la infancia, valisoletanos como él, establecidos modestamente en Madrid, entre los cuales eran los más íntimos
un tal D. Lesmes, que tenía una botica al final de la
calle de la Concepción Jerónima, y otro tal D. Jerónimo, dueño de una tienda de paños situada en los
portales de la de Toledo, anexos á la plaza Mayor,
que aún no ostentaba la lápida constitucional. Después de haber visto en compañía de su hija lo mejorcito que había entonces en la villa y corte y de
haber asistido una tarde á la salve de Atocha con
objeto de Gonocer á la familia real, estableció el
buen indiano una vida muy retirada y metódica, permaneciendo casi siempre en su casa, excepto las tardes que hacía buenas, que solía pasear, á pie ó en
coche, con la joven Inés por la Ronda ú otras afueras y pocas veces por el Prado ó Recoletos. Al anochecer tomaba chocolate con roscón y bollos de la
tahona de Jesús, á cuyo refrigerio solía convidar á
sus habituales tertulianos, que eran el boticario y el
pañero susodichos.
Debo advertir á los lectores jóvenes que, según
co.stumbre de aquel tiempo, D. Pedro comía' á las
dos de la tarde, y que por consiguiente el chocolate
crepuscular era un piscolabis intermedio entre la CO·
mida y la cena.
La tertulia del bueno del indiano era bastante sabrosa. Allí, al amor de la lumbre de una chimenea
francesa (¡cosa rara en áquel tiempo!), los antiguos
amigos valisoletanos recordaban las traves1:1ras de
so juventud y los trabajos que habían pasado para
asegurarse el bienestar en la vejez. D. Pedro, con
sus narraciones de América, pintorescamente exageradas, por supuesto, y D. Lesines, que era muy ha•
blador y bromista, que había hecho su carrera far.
macéutica como estudiante de la tuna, llevaban el
peso de la conversación. Sin embargo, tampoco el
pañero de la plaza Mayor se quedaba atrás, poniendo á la reunión al corriente de los sucesos del día.
Tenía un primo ujier de la Casa Real, y por él estaba enterado de las intrigas palaciegas. El infante
D. Carlos habíase ya declarado en rebeldía, y el regí.o alcázar era un hervidero de camorras por la debilidad de carácter del rey, que fluctuaba entre los
amigos del antiguo régimen, partidarios de la ley sálica (recientemente abolida) y la imposición de la
reina Cristina y de la impetuosa infanta Doña Lui•
sa Carlota. Además D. Jerónimo, ósea el pañero,
era devoto y miembro de varias cofradías y estaba
enterado de los acontecimientos de conventos y sacristías.

ventando contra las afecciones del hígado, basado
en las propiedades del O/eum serpmtorum, ó sea
aceite de alacranes. Algunas veres cuando salían de
la tertulia, el joven de Arévalo, dando un rodeo para
irá su casa, acompañaba hasta la puerta de la suya
al boticario, y en aquel trayecto se desahogaba algún
tanto de la bilis que habíanle hecho tragar, sobre
todo el místico pañero D. Jerónimo, que como ya
se ha dicho, estaba saturado de milagros y cofradías. Una noche, poco después de reunida la tertulia, dijo D. Pedro:
- ¿Saben ustedes la gran novedad del barrio?
- Me l.a figuro, Sr. D. Pedro, contestó el comerciante en paños. ¿Alude usted al fantasma?
- Precisamente.
- ¿Qué fantasma?, preguntaron á dúo Juan é Inés,
que se incorporó en su mercedora.
- Un fantasma estupendo, prosiguió diciendo el
indiano, que según noticias ha hecho su aparición
en estos barrios hace dos ó tres noches.
- Bien le ha calificado usted de estupendo, señor
D. Pedro, dijo entonces el boticario; pues por lo que
me ha contado mi dependiente, ::io se ha conocido otro igual en Madrid, con haber habido tantos.
- ¿Pues qué tiene de particular?, preguntó don
Jerónimo. ¿Será más temeroso que el que se presentó hace años en la calle Ancha de San Bernardo,
que llegaba con la cabeza á los tejados?
- Morrocotudo fué aquél, observó D. Lesmes, y
no menos notable el que apareció posteriormente en
el Barranco de Embajadores, que se disolvió en las
nubes á fuerza de exorcismos; pero el actual es de
un tipo nuevo y extraordinario.
- ¿Pues qué tiene?, preguntó la americanita abriendo desmesuradamente sus grandes ojos,
- Tiene una particularidad que no se ha observado en fantasma alguno. Generalmente esta clase de
aparecidos no promueven ruido, y sólo alguna que
otra alma en pena ha solido proferir gritos y exclamaciones ininteligibles ...
- Y bien: ¿qué hace éste? ¿Habla? ¿En qué se diferencia?
- Repito que todos los fantasmas han sido silen:
ciosos, como verdaderos espectros que son; pero el
actual ...
- Bueno: ¿qué?
- El actual, según informes de mi dependiente,
unas veces se desliza sin ruido y otras arrastra una
cadena.
- ¡Ah!, exclamó Inés asustada.
- Anteanoche viósele vagar por el friso de la capilla de San Isidro anexa á la iglesia de San Andrés,
III
y posarse sobre el nido de la cigüeña, que l;myó esComo los librepensadores suelen ser, cuando jó· pantada con todos los cigüeñitos. No hacía ruido y
venes, algo libres y desordenados en sus costum- afectaba la forma blanca desvanecida de todos los
bres, es indudable que Juan de Arévalo se hubiera fantasmas ...
descarriado en Madrid, á no encontrar una familia
F. MORENO GODINO
tan simpática y una primita tan agradable. Embe(
Concluirá)
becido en sus amores, fué juicioso á carta cabal, resistiendo á las seducciones galantes y político-filosófico-sociales que entonces 0frecía la corte de Espa·
LLAMAMIENTO
ña, agitada ya por las ocultas convulsiones de la
próxima revolución; así es que los echadizos agenÁ LOS ARTI S TAS CATALANES
tes masónicos que vinieron á solicitarle perdieron el
tiempo, y eso que le ofrecieron el ingreso en la orEl regionalismo catalán, que acaba de celebrar
den á mitad de precio de entrada. Estaba verdade· un triunfo brillante si los hubo en el Teatro Espa1iol
ramente enamorado de su prima, la cual, como toda con la admirable tragedia de Guimerá Mar y cielo,
americana que sale fina, tenía mucho gancho, y casi ha alcanzado también calurosos aplausos en Alemano se acordaba de Voltaire. Pasábase en casa de su nia con las hermosas concepciones de los atistas Cutío todo el más tiempo que podía, y excusado será sachs, Fabrés, Galofre, Roig, Tusquets y otros.
decir que era el más asiduo tertuliano de la casa de
El campo más á propósito para lucir sus facultades
la calle del Nuncio. Bien hubiera querido el amoro- y lograr fama universal ha de ser para los artistas
so joven constituir él solo la tertulia de su tío; pero catalanes, los dignos sucesores de Fortuny, la ciudad
tenía que resignarse á los demás comensales, no sin del arte por excelencia, Munich, donde el año que
sufrir algunos 'berrinches interiores por lo mucho viene habrá un gran certamen internacional de Be•
que érale forzoso reprimirse. Tenían todas aquellas llas Artes.
personas chapadas á la antigua ideas tan opuestas á
No se trata de una de esas Exposiciones anuales,
las suyas, que le atacaban los nervios. Costábale sino de un certamen de más importancia que ha
trabajo el no saltar de la silla cuando oía decir á tomado bajo su protección el príncipe regente de
D. Jerónimo que la Compañía de Jesús era el miste- Baviera, que cifra su orgullo en ser patrono del arte
rioso faro que guiaba á la humanidad á la felicidad y de los artistas, y la infanta Doña Paz, que lleva
celeste y terrena; pero Juan era discreto y procuraba recuerdos gratísimos de Barcelona y es tan aficionano asomar la oreja de librepensador, aunque hacién- da á las artes como á las letras catalanas, se ha comdose mucha violencia. Comprendía que se hallaba prometido á impulsar á los artistas de su patria (Essobre un volcán religioso y realista, que la menor paña) á concurrir al certamen de Munich.
imprudencia suya podía poner en combustión. TeYo que he visto este año con qué satisfacción sepanía dulces compensaciones que hacíanle sobrellevar seaba la princesa con Moreno Carbonero por el Pasus contrariedades, viendo á su prima mecerse en su lacio de Cristal que se encuentra en la capital de
silla á la americana, enseñando sus piececitos y abra• Baviera, entusiasmándose ante las obras de arte que
sándole de vez en cuando con sus negros ojos de pregonaban el nombre español, me complazco en
matadora.
ser el heraldo de Doña Paz alentando á los artistas
Con quien más simpatizaba de sus tertulios era catalanes á acudir al certamen de Munich. Allí tencon el farmacéutico, por el carácter de éste, amable y drán un mercado para sus obras y han de ganar
franco, y por cierta gracia pintoresca que tenía, aun nuevos laureles para la idolatrada Cataluña.
hablando de asuntos serios y científicos; como por
ejemplo, al ocuparse de un específico que estaba inJUAN FASTENRATH

Natalia habíase levantado al oir el crujido de la arena bajo mis pies é inclinábase sobre el antepecho de la terraza

LA HERMOSA NATALIA
POR CARLOS IRIA RTE. -ILUSTRACIONES DE MAROLD
(CONCL US IÓN)

No se había vuelto á decir nada sobre aquel doloroso episodio de mi vida, cuando tres meses :aespués
del día en que asistí al templo evangélico, un desconocido dejó en mi casa un paquete con mis señas
exactas, pero sin ninguna indicación respecto á su
procedencia,
Era un libro, El Paraíso perdido, de Milton, edición inglesa moderna, con el Ensayo del Dr. Channing y la Crítica de Addison: en la primera página
estaba escrito el nombre de mi amigo con las siguientes palabras: «Christ's Church, 1854, Oxford.» Abrí
el libro con profunda emoción; en las más de las
hojas vi anotados con lápiz al margen de mano de
Sir W... los pensamientos que le había sugerido la
lectura de su poema favorito, y deduje que aquello
era un recuerdo de su juventud, del tiempo en que
asistía á la Universidad, cuando su corazón comenzaba á sentir profundas sensaciones y el joven iba á
disfrutar de ]a vida. Mientras hojeaba el ejemplar,
cayeron algunas hojas escritas, y parecióme que habían sido arrancadas de uno de esos libros de uso
particular donde se apuntan los. incidentes de ca?a
día para recordarlos. En una .de ellas, fechada en JU·
nio de i86¡, en el mismo día que nos vimos por
primera vez, Sir w... había anotado nuestra c~nversación, indicando con dos palabras muy expresivas y
cariñosas el vivo recuerdo que de ella conservaba.
En cada una de las demás hojas, '?i _nombre se
repetía á menudo, mezclado con los incidentes _del
día, como si aquel hombre tímido y benévolo hubiera
querido, en la soledad y secreto de sus desahogos,
resarcirse de la reserva de su carácter, y babíalo hecho
con un entusiasmo amistoso cuya expresión póstuma

reavivaba más aún el recuerdo que de él había con- Londres y reanudar en el Museo Británico, en la
servado.
G1lería Nacional y en la sociedad inglesa mis antiMas /por qué se me bacía semejante envío tan guas relaciones, interrumpidas por largos viajes. Una.
misteriosamente? ¿Por qué la reticencia respecto de vez ~l!í, tomé parte en los pasatiempos de aquella
aquel á quien estas páginas revelaron que yo existía vert1gmosa Seasón durante la cual los insulares disy cuál era el lugar de mi domicilio, así como también frutan en un día más placeres que nosotros en una
la intimidad de los lazos creados entre el difunto y semana en nuestro febril París; pero muy pronto,
yo? Los que tenían derecho á leerlas sabían que yo saturado de reuniones, de partidas de campo, de
había tomado gran parte en la vida parisiense de match, y de otros recreos, alegres, sí, pero triviales y
Sir W... ; que hasta el fin le fuí fiel; y pensé que el buenos tan sólo para hombres muy jóvenes, contesté
paquete no podía proceder sino de una persona de al fin con una excusa á las diez invitaciones recibitierno corazón, de una mano compasiva, que con das por la mañana, que me ligaban para ocho días
aquel recuerdo quería dar una prueba de su gratitud. más. Arreglé mi maleta y fuí en busca del tren que
Sin duda esto era algo, pero no suficiente para mí. presta el servicio de Londres á Portsmouth. Pocas
Hubiera querido oir un grito del corazón, sentir un horas después embarcábame para las islas del grupo
impulso, alguna cosa más espontánea, el llamamiento de Wight y llegaba á Cowes, donde me detuve en una
de un padre, de una madreó de una hermana, que deliciosa posada, cuya muestra me pareció extrava•
fueran los confidentes de nuestra común amistad por gante por su título: El cangrejo y la lango.sta.
la lectura de aquellas páginas de ultratumba. ParecíaEs la tal posada una de esas pintorescas hosterías de
me que allende el estrecho, sumidos en la incerti- la época de Jorge IV, tal como las vemos representa&lt;lumbre y la ignora_ncia respecto á la muerte del hijo das en las bonitas estampas iluminadas del siglo
y el hermano, precisamente en el momento en que pasado que representan á una criada en el umbral
le espera~an á cada instante, lle_no de vida y de es- de la puerta, á los tres J o/y Pc1st Boy de la canción
per~nza, Joven, alegre ~ fortalecido con una nueva ; popular á punto de vaciar sus vasos, y en el lugar
~m1s~ad, sus _P~dres hu~i~ran peseado desvanecer su I del relevo la pesada silla de posta de caja amarilla
10qL:1etud, d1S1par la_s t1meblas Y recoge! todos los I c_on un postillón de peluca rizada y dispuesto á mordetalles sobre los últimos momentos de Su W... Pero hficar á la hostelera. Un escritor inglés muy refinacomo siemp;e, debía encontrar ent_re mí y aquellos ª.º. y sin preocupaciones, me había indicado aquel
que yo quena conocer esa barrera 1~fra~queable le- sit10 com? ~na compensación de los grandes hoteles
vantada por el ca!ác~er y las conv7menc1as.
.
~~tropolztams y Terminus, donde se oprime á los
En el verano s1?mente, perseg~ido por el mismo viaJeros, se les cataloga y cotiza al tipo de su gasto per•
recuer~o, persuadime de la necesidad de r7conocer sonal. En la posada de que hablo, por lo menos no
por mi mismo los progresos de las colecciones de había camareros vestidos de negro, rígidos y graves,

1

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ni corredores inmensos, silenciosos y solitarios donde el viajero extraviado vuelve siempre al mismo
sitio, ni ascensor imponente que os conduce á vertiginosas alturas, á la celda numerada, única á que
os hacen merecedor vuestro reducido equipaje,
vuestro tranquilo continente y vuestros modestos
modales. En aquel nido de verdura todo era limpio,
pulcro, alegre, simpático é inesperado; desde mi ventana disfrutábase de una vista deliciosa, y como el
techo era bajo, parecía que me hallaba en un bonito
camarote sobre el puente de un buque, pero desde
allí divisaba el Pier con todos los yachts anclados
y la gran escollera que enlaza las islas, Lo peor que
podía sucederme era que las criadas se rieran de mi
acento y pronunciación y que se me dispensara un
trato demasiado nacional, ó bien que algunos amigos
ingleses, á quienes tal vez encontrara en la isla, renegaran de mí por haberme hospedado en un lugar tan
poco distinguido. En cuanto á mi acento, iba á Londres decidido á ser ridículo unos días, á fin de serlo
menos más tarde, perfeccionándome en la lengua inglesa. El alimento nacional de un país es el que
siempre merece mis . preferencias, pareciéndome lógico aceptarle; y en fin, por Jo que hace á cierta cla·
se de: personas que hubieran podido criticarme, poco
me importaba su opinión y aun hoy me complazco
en arrostrarla.
Ese grupo de las islas de Wight, Cowes, Byde,
Shanklin, Nidles y Ventnor, constiLUye para los ingleses una encantadora residencia de verano, y hacia
fines de julio y durante todo el mes de agosto es de
buen tono ir allí á descansar de las fatigas del invierno. El vigor de la vegetación es tan exuberante,
que se creería estar en un país meridional; las plan
tas exóticas prosperan naturalmente; las lianas y los
árboles de follaje de color alcanzan proporciones
enormes, y desbordándose de los jardines proyectan
su sombra sobre la cabeza de los transeuntes hasta
en los caminos más hondos. que parecen frescos y
verdes túneles Todos los de la isla están enarenados lo mismo que las avenidas de un parque; y así
como esa naturaleza se ofrece á la vista engalanada,
pulcra y coqueta, de igual modo los paseantes parecen corresponder por su elegancia á la belleza del
paisaje. Las pintorescas casitas, de plano irregular,
que ocultan bajo un aspecto rústico el refinamiento
de las comodidades, no se revelan entre las espesuras sino por las espigas y las veletas de los tejados,
que atraviesan las cúpulas sombrías, ó bien por las
elegantes celosías que protegen las ventanas en forma de arco. Acá y allá algunas barreras campestres,
en armonía con aquella naturaleza un poco artificial,
dejan entrever frescos prados donde la luz se refleja
en un lago de reducidas dimensiones, poblado de
cisnes, y por doquiera. según la estación, vense grandes arboledas y arbustos cuajados de fucsias, mientras que el rododendrón mezcla su matiz rojo con el
rojo sombrío. Los muros son desconocidos, las cercas floridas sirven de límites divisorios, y á veces el
mar baña las terrazas de las quintas; de modo que
cuando sobre Londres pesa una atmósfera de plomo,
la brisa de alta mar refresca toda la isla, haciendo
muy agradable aquella residencia.
Yo había sabido en Londres que el padre de
Sir W , después de largos servicios en el mar, se
había retirado á Cowes para terminar allí el resto de
sus días; y allí también reposaban sin duda los restos
de mi amigo. No se debía á la casualidad la elección
del anciano almirante. sino á que Cowes es la isla
más marítima del grupo y sirve de cuartel general á
los yachts de casi toda Inglaterra. Allí se ha formado
un elegante casino, especie de oficina Ven'tas, donde
los aficionados de ambos mundos obtienen todos los
informes relativos á la navegación, el rumbo que ca·
da barco toma, su itinerario, sus escalas, la fecha
segura de la salida y la del regreso probable. Ports·
mouth, el gran puerto militar, está enfrente de la
isla; y he aquí por qué Cowes era el refugio más
á propósito para un viejo marino acostumbrado á
vivir á bordo de su buque y que hasta el último instante de su vida quería oir el rumor de las olas y ·ver
flotar los pabellones en la punta de los mástiles.
Al llegar á la posada de El cangrejo y la langosta,
lo primero que hice fué pedir flores para llevarlas á
la tumba de Sir W... La sirvienta de la posada no
pudo reprimir una sonrisa al verme formar un magnífico ramo, creyendo sin duda que yo me proponía
hacer un regalo galante; pero quedó algo confusa
cuando la pregunté sencillamente qué camino conducía al cementerio.
Agrupados alrededor de las iglesias, los cementerios de los evangelistas tienen un aspecto de gravedad que no se observa en los nuestros, donde arrojamos las flores á manos llenas y las renovamos sin
cesar. cual si quisiéramos oponer la vida á la muerte.
En Cowes, la suavidad de la temperatura, el sitio

elegido para camposanto, siempre al abrigo del viento, y la rica vegetación peculiar de esas islas han
convertido el cementerio en un fresco jardín sembrado de cruces que desaparecen bajo la hiedra. Un viejo
sepulturero, el mismo que había abierto la fosa de
Sir W... supo indicármela sin vacilar; la tumba estaba cubierta de flores frescas, depositadas allí recientemente; y sohre la piedra, aún blanca bajo el
nombre de mi amigo, reservábase un espacio para
los que fueran á reposar después de él.
Al salir del sagrado recinto dí la vuelta á la isla,
bien resuelto á no dar paso alguno para ver á la (a
milia de Sir W... , ni á revelar tampoco mi presencia;
pero no quería marcharme sin ver antes la morada
del anciano marino, aquella casita de Beldorny, conocida de todos y cuyo nombre se repetía sin cesar
en los relatos de Sir W...
Beldorny se eleva en el fondo de un jardín lleno
de sombra, discretamente oculto á las miradas y
abierto tan sólo por el lado del mar, del que no le
separa sino una terraza, que parece como suspendida
sobre el camino que conduce al muelle ó desembar·
cadero. La casa desaparecía casi bajo el follaje; dí
la vuelta á su alrededor y por entre los claros de la
cerca observé que todo estaba silencioso, como si
nadie viviera allí. Al llegará la suave pendiente que
conducía al mar, iba á retirarme, costeando la tercaza para volver al puerto, cuando un rumor de voces
sobre mi cabeza me hizo levantar la vista. A la entrada de un pequeño pabel16n de rastrojo, destinado
á resguardar del viento del mar, tres personas, con la
mirada fija en el horizonte, parecían observar el fin
del día. contemplando la puesta del sol. Un gran telescopio en su trípode, junto á una mesa cubierta de
diarios y libros, constituía el primer plano de aquel
cuadro en cuyo centro estaba un anciano de barba
blanca, cubiertos los hombros con el plaza escocés;
junto á él, silenciosa y grave, vi sentada una mujer
pálida y triste, de cabello blanco y austeramente vestida de negro. La tercera persona era una hermosa
joven alta, casi una mujer, vestida también de luto;
habíase levantado al oir el crujido de la arena bajo
mis pies, é inclinábase ligeramente sobre el antepecho de la terraza, con los brazos fuera, dejándome
ver su esbelto talle y graciosa silueta, que se destacaban sobre el fondo de verdura.
Eran los dueños de Beldorny; á no dudarlo, hallábame frente al anciano almirante \V ... y su esposa;
y en cuanto á la hermosa joven, no podía ser otra
sino Natalia, la hermana de mi difunto amigo, de
quien éste me hablaba tan á menudo en nuestras
largas conversaciones con una ternura mezclada de
entusiasmo.
Estábamos tan cerca uno de otro. que hubiera podido alargar la mano y decir á la hermana de Sir W...
que e1 extranjero en quien fijaba la vista por casualien aquel instante, había llegado de Francia para depositar flores en la tumba de su hermano; que le
contristaba el silencio de aquellos que debían llorarle aún, y que les traía con ti recuerdo más vivo y más
puro el eco de la última palabra de Sir W...
Pero el movimiento había sido rápido como el
relámpago; la hermosa Natalia se echó con viveza
hacia atrás apenas se encontraron nuestros ojos; el
almirante se levantaba lentamente de su asiento de
mimbre para mirar sobre el ramaje que me ocultaba;
y en cuanto á la pobre madre, sin fijarse en aquel
trivial incidente, dejaba pasar al extranjero sin dirigirle siquiera la mirada.
La tarde que pasé en mi alojamiento me pareció
interminable y la noche fué penosa; era preciso pensar en la marcha y traté de engañar el tiempo desde
que amaneci6; pero el barco no saHa hasta las tres,
y apenas era la una. Tenía mi maleta preparada,
había pagado mi cuenta y acababa de despedirme
de los posaderos de El cangrejo y la langosta.
Sin explicarme la inquietud.que me hacía adelantar
así la hora, comencé á recorrer el muelle sin hacer
aprecio del pintoresco espectáculo que ofrecen los
viajeros que desembarcan de los yachts y los que
pasan á bordo; y sin echarlo de ver apenas, seguí la
playa y halléme de nuevo frente al terrado de Beldorny. Bien hubiera podido avanzar en Hnea recta ó
retroceder; mas impelido por no sé qué necesidad de
emoción, introdújeme en el camino hondo que contornea la casa y fuí á parar á la entrada de ésta, La
pequeña puerta de madera con su ancho alero que
desaparecía bajo la hiedra hallábase entornada, y
el cartero acababa de entregar la correspondencia.
Sin darme cuenta de lo que hacía, acerquéme y alargué mi tarjeta al criado, que mirándome con asombro invitóme á entrar. Le seguí al jardín y esperé
allf largo tiempo paseando por delante de la ventana
del piso bajo.
Los visitantes debían ser muy raros, pues veía sombtas pasar y repasar por detrás de los vidrios y com.

NúMERO 520

prendí que mi presencia causaba cierta agitación. Ya
me disponía á retroceder; pero de pie en el umbral
de la puerta, el que me había introducido invitábame
á entrar y se retiraba dejándome solo á la entrada de
un vasto salón cuya puerta estaba abierta de par en
par. En el fondo de la estancia, el anciano que a~tes
hahía visto con las dos señoras vestidas de luto mstaba á éstas á retirarse é impelíalas suavemente hacia
la salida, como si ellas hubieran insistido en quedarse; hablábalas en voz baja, temiendo sin duda que le
escucharan, y le oí repetir vivamente las mismas palabras: «¡No hagáis ruido ... no hagáis ruido 1»
Retrocedí vivamente hasta el jardín; pero el an·
ciano, con los brazos abiertos y el semblante risueño,
fué á buscarme allí y con hospitalario ademán 'invitóme á entrar. Al principio se excusó de recibirme
so1o, y díjome que su hija ·Natalia, que hablaba admirablemente el francés, le hubiera servido en aquel
instante de mucho. Yo iba á exponerle el objeto de
mi visita· pero como si desease evitar toda alusión
penosa, :Ue cort6 la palabra é hízome comprender
que mi nombre solo era suficiente para ser introducido, pues sabía de mí todo cuanto pudiera desear
por las cartas de su hijo. Resuelto al parecer á no
enternecerse1 apenas el criado dejó sobre un velador
una bandeja con una botella y dos vasos, dirigióse á
la mesita, escanció el vino, y como hombre que no
oye bien y que habla alto á fin de que se le conteste
en el mismo tono, cuadróse delante de mí ofreciéndome un vaso y me preguntó:
- tAreyon good sailorf (¿ Es usted buen marino?)
Contesté que no lo era cuando sopla la tempestad;
pero que habiendo sido la travesía favorable, pude
soportarla bien; y con este motivo referíle que en
cierta ocasión, obligado á permanecer cinco días en
el puerto de Ceuta, á causa de no ser posible des·embarcar por el mal tiempo, padecí mucho de mareo,
por lo cual no pude comer sino naranjas y beber un
poco de ron.
Al oir esto el buen anciano comenz6 á reir á carcajadas, tal vez con alguna exageración; y chocando
su vaso con el mío á la francesa, díjome que para él1
en todo tiempo, y aun entonces si la edad no le hubiese cerrado la carrera, no existía en todo el globo,
al que había dado la vuelta tres veces, ningún punto
en que pudiera estar tan á su gusto como en el pu~nte de un buque, balanceado por las olas en el centro
mismo del Atlántico. Cowes le agradaba porque desde su terrado, cuando la atmósfera estaba clara y sin
bruma, podía pasar revista á la flota inglesa; y cierto
día, su corazón de marino latió con fuerza al ver pasar su propio buque almirante, aquel en que había
enarbolado por última vez su· pabellón.
Con este motivo fué preciso brindar por Francia
é Inglaterra, que, según dijo el anciano, hubieran
bastado por sí solas para dominar el mundo «si hubiesen sabido entenderse.»
Todo esto era muy cordial, pero el tiempo pasaba
y hasta entonces no habíamos pronunciado el nombre
de Wiliam sino para evitar toda alusión á tan triste
asunto. De pie hacía un instante ante el anciano,
que estaba vuelto de espaldas á un pequeño inver·
nadero contiguo al salón, yo podía sin ser visto seguir tras el follaje el movimiento de dos siluetas
sombrías y distinguir á la hermosa Natalia, que creyéndose oculta trataba de escuchar la conversación.
Al alejar á su esposa y su hija, el almirante había
querido evidentemente evitar una escena dolorosa; y
aquí chocaba otra vez con ese respeto humano que
retrae de dar á conocer á los demás su emoción.
El reloj marcaba las dos; el barco no esperaba á
nadie; había resuelto no alejarme sin aliviar mi remordimiento, y por una suprema explicaci6n que yo
debía á la familia, disipar la ignorancia en que debió quedar al recibir la funesta noticia. Así, pues,
sin preparativo ni transición y colocándome de modo
que la madre y la hermana de William no pudieran
perder ni una sola palabra de lo que iba á decir,
pronuncié simultáneamente el nombre de mi amigo
y expliquélo todo con tono bre,·e, justificando mi silencio y el suyo Hablé de lo repentino del ataque,
de mi sorpresa, de mis esfuerzos inútiles y por último
de mis te ntat~vas siguientes, que no merecieron sino
frialdad é indiferencia Ni aun quise eludir el relato
sobre la lúgubre ceremonia á que asistió lord H ... ,
y en la que, convencido de mi deber, me contuvo no
sé qué pudor inhumano y la inexorable ley de las
conveniencias. No siéndome ya posible hacer más,
quis.e por lo menos olvidar, cuando de repente aquel
envío de una mano misteriosa, el Mi/ton y las hojas
desprendidas del librito de memorias, al que mi
amigo había confiado el secreto de nuestra rápida
simpatía (envío que hizo evidentemente alguien de
la familia), reavivó mi recuerdo. Entonces, poseído
de una idea fija, resolví marcharme á Cowes para
arrodillarme en la tumba de William, desvanecer las

NúMERO 520

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

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banme con su ramaje cargado jardi~ero; mi presencia imponía á la familia, deseosa
de flores blantas.
de dispensarme sus atenciones, un cambio en su
U na vaga inquietud que no género de vida metódico.
carecía de encanto me impedía
En cualquiera otra circunstancia habría disfrutado
acostarme, y lleno de no sé qué mucho de aquella pintoresca excursión: dominándolo
ilusiones y con la vista fija en todo desde mi asiento, conducido por un elegante
aquellos horizontes tranquilos gentlemán, que había solicitado el favor de reemque yo miraba sin ver, el cuadro plazar ~¡ c~chero, iba rodeado de risueñas jóvenes
de mi vida se desarrolló de repen- muy d1vert1das, con sus frescos trajes de verano
te ante mí y parecióme que mi ~uy propios para la circunstancia, acompañada;
existencia se desvanecía poco á hb~emente de hermanos y amigos, alegres como copoco llena de mil incidentes y legiales.
sin embargo vacía, con muchas
A nuestros ojos deslizábanse como en un panorarelaciones pasajeras que sólo me ma_ dos magníficos paisajes llenos de encantadoras
proporcionaban algún placer casitas, sep~radas por cercas en flor, y de vez en
cuando yo aspiraba á la felicidad. cuando d1V1sábase entre dos pendientes de terreno
,,,,
Y me pregunté si no sería ya que formaba~ un estrecho valle, la verde superfici~
tiempo de fijarme en algo, si no del Océano nzada por una ligera brisa ó los rayos
habría en alguna parte un ser del sol reflejándose en la punta de cada 'ola.
que pudiese amarme, vivir con
A_l regresa_r, mis ojos habían visto muchas cosas,
mi vida, disfrutar de mis placeres Y. m1 ~emona conservaba un recuerdo bastante prey compartir mis dólores. Llegaba ciso pa_r~ contestar á las preguntas del almirante y
ya la hora en que esa embriaguez su familia, q_ue estaban muy orgullosos de sus islas;
constante que acompaña á la ju- pero ~n rea(idad había estado distraído, acosado por
ventud iba á desvanecerse, de· una idea fiJa, y durante la comida, cuando mis ojos
jándome ver el porvenir en toda se encontrab~n con _los de Natalia, apenas podía
su realidad; y me dije que no es sostener su mirada. Sm embargo, era llegada Ja hora;
bueno vivir solo, que era preciso yo de?ía s_aber _qué suerte me esperaba, y sin debilibuscar una compañera, y sobre dad m reticencias llevar á cabo mi proyecto.
todo conocerla bien, pues temía
Después de levantarnos de la mesa fuimos primeuna alianza desigual, no por la
dudas de l_os que le lloraban, y abriendo por última clase y la raza, sino por el carácter y el corazón. ¡Qué ro á dar u_na vuelta por el jardín y después á Ja tevez su henda, tratar de cicatrizarla. En adelante su destierro y qué dura esclavitud no sería para mí rraza; y mientras el almirante y su señora descansatristez~ profunda, inconsolable, reavivada sierr:pre verme unido para siempre á una mujer dulce y en- ban á la sot?bra del pabellón, un poco lejos de nospor la idea de aquel fin misterioso dejaría de ser cantadora que solamente viese tinieblas allf donde otros, Nat~ha y yo ~os_ sentamos. Desde allí podíatan angustiosa, convirtiéndose en u~a melancolia no yo veía luz, que no comprendiendo el sentido de mi mos seg~1r el movimiento del puerto, donde Jas
exent~ de dulzura. Con esto tranquilizaba mi corazón; vida no participara de mis éxtasis ni de mis des- ~mbarcac1ones de blancas velas y los ligeros esquifes
también_ el suyo debía calmarse, y por Jo menos po- alientos, y que cuando creyera haber llenado mi co- iban y venían en torno del vapor que iba á salir de
día asociar al recuerdo de William el recuerdo de razón y cumplido sus deberes, me hiciera volver á un momento á otro, y á veces el viento llevaba en
aquellos que le habían amado conservando sus fac- cada momento duramente á la tierra ó me dejara solo sus alas hasta donde nos hallábamos los acordes de
una b~nda_ de música militar instalada en el puente
ciones en mi memoria.
'
en las alturas adonde mi espíritu se remontaba!
del Vtctorta.
Mientras así hablaba, la puerta del invernadero se
~n el momento de cerrar los ojos, una i?lagen,
Muy pronto vimos cómo el barco desviándose
°"abía abierto, y sin que lo echara de ver el anciano pálida aún, que apenas reconocía, aparec1óseme
que me escuchaba con la cabeza baja hundido e~ para desvanecerse después en los vapores del sueño, lentamente de la orilla, se abría pas~ entre los desu sill6n, Natalia se adelantó lenta~ente con la volver con persistencia durante éste y dejarme por más; dentro de un instante iba á pasar por delante
frente alta, la mirada fija, bebiendo mis p~labras y la mañana su vivo recuerdo. Esa imagen era la de de nos?tros, y en el momento mismo de cruzar y
dando el _brazo á ~u _pobre madre, pálida, vacilante y Natalia, tan dulce y altiva á la vez, fuerte y cariñosa c?mo s1 nos saludase soltó su andanada, cuyo estrécon los OJOS enro¡ecidos por las lágrimas como una grave y ligera, á quien apenas conocía, pero cuy~ pito, aunque fuer~ esperado, nos hizo estremecer.
Entonces .t:lataha, extendiendo la mano, me señaVirgen de los Dolores.
'
mano estrechó la mía sinceramente y de cuyo cora- ló con expres16n bur_lona _el vapor en que debí haber
. Cuando hube aca?ado de hablar, con una espe- zón estaba ya seguro como si le hubiese conocido
marchado, y yo le hice fiJar la vista en el sitio donde
c!e de _alegre exaltaci~n, que me probaba que al ali- hacía largo tiempo.
me de~uve al pie del tenado y desde el cual la vi
viar mi pena proporcionaba también á la familia un
Sí, Natalia sería á la vez esposa y hermana, firme por pn_mera vez.. En tal momento no pude menos
consuelo supremo, Natalia me ofreció su mano y es- en el dolor, dispuesta á tomar parte en la lucha de
d; decirle que si había pasado tan lentamente Ja
trechó la mía con efusión, diciendo:
la vida, como si la comprendiese ya; y así debía ser, vispera por allí, fué porque mis ojos encontraron los
- «¡Gracias ... gracias!&gt;
puesto que su hermano, que se exaltaba ante mí soAl oír la voz de su hija, el anciano se había levan- lamente con nombrarla, habíame respondido de ella. suyos; que en adelante no dependía ya de mí quetado; la pobre madre se dirigía hacia mf, y allí está- Aquella era la mujer que yo buscaba; veíala pasar darme ó marcha~; que una palabra de sus labios, un
ademán, una ~1rada, bastaría para alejarme ó retebamos todos, casi confundidos en un abrazo cuando delante de mí, y era preciso que fuese mía.
nerme toda la vida, y que esperaba el ademán ó la
de repente el estampido de un cañonazo ~e estre·
Sin esperar más, en el instante mismo, al revolver palabra como un fallo supremo.
meció.
de un sendero de aquel jardín que se extendía á mis
Al hab(ar así, arranqué una rosa de la planta que
- ¡Ya es demasiado tarde!, exclamó el almirante pies, á dos pasos de sus padres, que me habían tenía á m1 lado y se la presenté.
con expresión casi alegre.
dicho la víspera, al darme las buenas noches, que
Natalia fijó en l?Í una de esas miradas que van á
El vapor de Portsmouth pasaba por delante de nos- veían en mí un reflejo del hijo perdido, debía ir á buscar el más íntimo pensamiento hasta el fondo
otros y ya no me quedaba más remedio que volverá buscarla, arrodillarme á sus pies y pedirla permiso
la posada de El cangre.fo y la langosta para esperar para amarla toda la vida. Pero de pronto, un dolola misma hora del día siguiente, 6 aceptar la oferta roso pensamiento cruz6 por mi mente. ¡Y si no estudel anciano, que habiendo recobrado toda su sangre viera libre su corazón! En la soledad en que vivía,
fría y sin esperar siquiera mi contestación, daba or- tal vez se reservaba para otro que debiera presentarden de ir á recoger mi equipaje al despacho del va se á ocupar su puesto en el hogar doméstico y á repor. Al mismo tiempo su esposa y su hija, después clamar la fe prometida.
de enjugar sus lágrimas y volviendo á ser mujeres
No era ya Natalia la joven indiferente que no se
prácticas y dueñas de la casa, iban presurosas á pre- cuida del porvenir y que no se conoce aún, sino una
parar la habitación.
joven de tranquila reflexión, que sabiendo lo que
No intenté siquiera resistirme, pues todo aquello quiere, impone sus voluntades y apenas tolera las
me seducía; y tal vez mi presencia era un beneficio de los otros, sin fijarse jamás sino en aquello que
para todos, puesto que conservaba el recuerdo de un llena su coraz6n y su pensamiento. ¡Y si hubiera
ser amado. Mientras las señoras se ocupaban de mí, dispuesto ya de su mano y estuviese ya prometida á
el almirante, más atento de lo que yo hubiera podido otro!. .. Era preciso averiguarlo cuanto antes, en el
esperar, quiso enseñarme toda su posesión de Bel: acto, y si ya no era libre, alejarme con el corazón
dorny, el jardín, la cuadra y los invernaderos, y des- apenado para no volver jamás.
.
.
pués fuimos á sentarnos' bajo el pabellón donde se . . . .
Aquella misma mañana se convino en que. yo no
reunieron con nosotros madre é hija para tomar el
te. El resto del día se pas6 en agradable coloquio, debía abandonar las islas sin verlas todas, á lo que
sin emociones ni tristezas; y á decir verdad, aliviado me guardé muy bien de oponer: la menor 0bjeción
ya de un gran peso, comprendí que mi presencia era El retraimiento en que por raz6n del luto vivía
aquella familia no la permitía acompañarme; pero
saludable para mis nuevos amigos.
La noche, corta y tranquila, se anim6 por ~l buen como entre la hora del almuerzo y el mediodía quehumor del anciano marino, evidentemente satisfecho daba tiempo suficiente, habíase pedido para mí un
de mi compañía, y poco á poco experimenté un bien- asiento en el .Drag, coche que sale diariamente, y
recorriendo todas las islas permite visitarlas sin moestar que no había conocido hacía largo tiempo.
La habitación que se me había señalado estaba lestia y hacer una ex~ursión m~y agradable.
y 0 hubiera preferido no sahr de Beldorny, pero del corazón, y después, como si hubiese leído la sinen el segundo piso, sobre la gran ventana de la fadurante
las horas matinales todos sus habitantes ceridad en mis ojos, alarg6 lentamente la mano
chada; desde allí divisaba el Océano, y apoyado en
estaban
muy
ocupados: el buen anciano no podía cogió la flor y desapareció detrás del follaje ... N~
el balc6n podía seguir la estela de los barcos que
salirse
de
sus
costumbres; agradábale dar su paseo volví á verla hasta la noche,
entraban en el puerto; mientras que los _grandes ro•
muy
temprano,
leer el Times, conferenciar con el
La velada fué corta¡ estábamos unos junto á otros,
sales, sobresaliendo por encima del teJado, rodeá·

�LA
sin romper apenas el silencio, como si, un.idos ya
por el corazón, estuviéramos todos confundido~ en
un mismo pensamiento. Llegada la hora de retirarnos, y en el momento en que buscaba con la vi~ta
el libro que yo solfa leer en cama_ y que había dejado sobre la mesita de noche, v, en su lugar una
pequeña agenda muy deteriorada que una mano
desconocida había depositado allf: era la misma en
gue mi amigo Sir W ... tenla costumbre de anotar
sus impresiones. Abríla al punto, y me entretuve
en recorrer sus páginas hasta las altas h?ras de la
noche: en el sitio donde faltaban las hoias que me
fueron enviadas en otro tiempo con el Mi/1011 vi una
página doblada', cual si yo no debiese leerla, ó por
el contrario, como si se quisiera llamarme sobre ella
la atención.
Con emoción profunda rrtis ojos se fijaron en un
pasaje en que Sir W... confundía mi nombre con el
de Natalia, deseando á ésta que encontrase un ho'?·
bre que respondiera á su corazón como yo respond,a
al suyo, y expresaba el deseo d~ ver realizarse algú~
día la esperanza que su pensamiento habla concebido rápidamente.
.
Natalia debía haber leído aquel pasaie, puesto
que estaba señalado; sin duda conocla el deseo del
difunto, y de consiguiente su corazón había habla·
do. ¡Estaba libre!
Por la mañana, mucho antes de la hora en que
acostumbraban á levantarse todos, ya estaba ~o de
pie, agitado entre el temor y la esperanza y baJo la
impresión de la fiebre que prod~ce una noche sm
sueño. Temiendo despertar á mis amigos, abrí suavemente la ventana á fin de respirar et aire puro, y
después de colocar en su sitio en la agenda de
Sir W ... las páginas que faltaban y que siempre llevaba en mi cartera, esperé la hora de reumrme con
mis amigos, contemplando el paisaj_e. Muy poco
después vi el vestido bla~co de Nata_lia que desaparecla en un sendero del ¡ardfn, y ba¡ando con precaución lancéme en s:: seguirrtiento.
La encontré en el mismo sitio que la víspera, con
la mirada fija en el horizonte; y resuelto á saber m1
suerte de una vez y á sofocar en mi alma la ¡,asión
que sentía nacer é in~adirme ó á entregar _m1 extstencia entera, devolví a Nataha la agenda de su hermano, preguntándole con gravedad si er~ eHa quten
había rasgado las páginas escritas PD! Wilham para
enviármelas, si había señalado la s1gu1ente, Y por
último si la había leido toda.
.
A cada una de mis preguntas contestó sencilla·
mente, sin rodeos y mirándome con fijeza, sin falso
pudor ni turbación, y después tomó la mano que yo
la presentaba.
Jfotonces ante aquellas olas tranquilas y aquellos
magníficos horizontes en el silencio de la naturaleza!
á la hora e'n que tod¿ se despertaba á la vida á m1
alrededor, doblé la rodilla ante la hermana de aquel
á quien tanto había querido, y p~fle permiso para
amarla mientras viviera.
TRADUCIDO POR

E. L.

VERNl!UlL

NUESTROS GRABADOS

Jacobo Meyerbeer, copia de ~ re~rato de
E. Desma.isons. - Cien aíios han cumplido rec1ente~ente

desde que vino al mundo el gran compositor cuyas vida y
obras son universalmente conocidas. .
.
Meyerbeer fué un gran revolucionano_en el arte musical, y
viene á ser el punto de unión-entre la antigua escuela que todo
lo sacrificaba á la melodía y para la cual los cant~ntes era~
el elemento principal, y en sentir de algunos composttor~ casa
único en una ópera, y la escuela moderna que profun~1zando
en el estudio psicológico y buscando ~entro d_e la ficción del
drama lírico la mayor suma de realidad posible, no ve en la
voz humana sino un instrumento más, uno de tantos detalles
que coadyuvan al conjunto armónico.
. .
.
Las obras de Meyerbeer tienen una grand1os1dad que admira y un sentimiento que encanta; hay en ellas aún ciert~ convencionalismo que plenamente justifican las circunstancias del
tiempo en que fueron escrita;;; pero son tan~as las ~llezas que
contienen, revelan tal esfuerzo por sacudir la rutma en qu,e
basta entonces se habían encerrado la mayoría de los compos1•
lores, por romper los antiguos moldes de la música italiana en
aquella época en boga, que el paso por Meyerbeer dado constituye uno de los más inmensos progresos en el divino arte.
Hace pocos días el teatro de la Gran Op~ra de París_ c_onsagró una función á conmemorar el centenario del natahc10 del
maestro que, si de origen alemán, fué francés de corazón, y en
Fram:ia desenvolvió su actividad y obtuvo sus más grandes
triunfos. El homenaje resultó hermoso, tanto más, cuanto que
con él no se trataba de desenterrar una glo ria olvidada, sino de
solemnizar una fecha excepcionalmente memorable en los anales del arte de la mí1sica, la del nacimiento de un compositOr
cuyas óperas, á pesar de las nuevas corrientes artlsticas, se representan y se aplauden de continuo en todos los teatr'os del
mundo.

Plaza de la.a frutas en Triaste, cuadro de Er-

nesto Oroci.- En la Exposición general de Bellas Artes
de Barcelona el imperio austriaco tuvo digna rcpresentaci6n,
y Trieste fué la ciudad de aquel estado que rrayor nítmero de

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 520

obras rem iti6. Entre ellas figuró un bonito lienzo de Ernesto
Croci que ya dimos á conocer á nuestros lectores, no sólo por
ser una de las más notables producciones de este discreto ar·
tista, sino tnmbién por haber 11::imado justamente la atenci6n
del público. l loy que reproducimos la Pla:.a de la1 frutas! que
es uao de sus últimos cuadros1 nos complacemos en consignar
que C:-oci, dentro del género q~e cultiv~, es uno de los pinto•
res austriacos que más honran a su patria, no s61o por el asunto de sus obras, de cadcter puramente nacional, sino por sus
cualidades y por la valía de sus producciones.
Laborioso y amante de su país, fija su empeño en el deseo
de dar á conocer cuanto le rodea, cuanto evoca en él agradables recuerdos de sus primeros años ó representa lo que le
rodea y constituye la vida, las costumbres y el modo de ser de
su ciudad querida .

trasladó á Bruselas y en 1869 estableció definitivamente su residencia en Londres.
Su especialidad son los cuad ros que reproducen escenas. de
las antigüedades griega y romana, y de tal modo ha sabido
apoderarse del sabor loc~l de las épocas ~u~ pint~, que sus
lienzos más que reproducciones parecen revmscenc1as de las
costumbres y de !Qs personajes de aquellas hermosas civilizaciones.
Mas no se crea que enamorado de lo antiguo descuida ó desdeña lo nuevo; también de cuando en cuando deja de mano
los asuntos de Grecia y de Roma, y demuestra que para un
temperamento y una educación verdaderamente artísticos todos los género:; son unos y que el pincel que tan admirablemente pinta los personajes, trajes y objetos de las remotas edades puede con igual maestrla trasladar al liento la figura de
una miss de nuestros dlas como la que reproduce nuestro graEn buenas tn.anos está el pandero, cuadro de bado, obra maestra d"entro de las tendencias más modernistas.
D. Enriqu e Luque Roselló.-No es mala loterla laque
le ha ca ido al in fe lit borrico: harto de' trabajar, que no de coSe.fo estudio al óleo de Carlos Oehrts. -Cuanmer, pues la pitanza no está en proporción con la faena, y
cuando sus extenuados miembros y su exhausto estómago re- do se tr~ta de la reproducción de una figura histórica ó legenclaman imperiosamente el pesebre donde reparar sus fuerzas, daria cuya personalidad flsica no conocemos, importa ante
apodérase de él una turba de desarrapados chiquillos que tra- todo ver si la obra del artista responde al modo dt: se r moral
tan de encaramarse sobre sus flacos lomos, y aunque algunos que la ' caracterizaLa y que puede deducirse, dentro de cie1to
patr,1n su atrevimiento con tumbos y costaladas, no cejan en su cálculo de probabilidades, de los hechos que la historia ó la
empeño de cabalgar en el desdichado animal que con pacien- tra'1ición le atribuyan ó de las obras que su ingenio legó á. la
posteridad y basta nosotros han llegado.
cia sufre tales improperios.
La célebre poetisa de Mitilene, aun despojándola de las exaEste cuadro del Sr. Luque Roselló es un bellísimo est~dio
de la naturalezn, lleno de vida, de movimiento y de expres1!.n : geraciones que la fábula ha acumulado sobre ella, se nos revehay verdad en el paisaje, en las figuras y en los m:l.s nimios la en sus composiciones poéticas como dotada de un alma
detalles, demostrando todo ello un gran espíritu de observación ardiente, apasionada, soñadora. Así se nos presenta en su
Himno á Vt11us y en su Oda á tma 11111/er querida, asf nos la
y un conocimiento notable de los recursos del arte. .
Y ya que de este artista hablamos, hemos de consignar que retrata el inspirado vate D. Víctor Balaguer en su hermosa
su Salve Rerina, que publicó LA [LUSTRACIÓN ARTÍSTICA tragedia y en el erudito trabajo que á. modo de prefacio la
en su ní1mero 475, ha sido premiada con medalla de oro de acompaña.
Esto sentado, el busto del pintor alemán Carlos Gehrts ¿se
segunda clase en la última Exposici6n [nterna~io11al de ~el)as
Artes de Berlín. Felicitamos á nuestro compatriota por d1stm- ajusta á la relación que la fantasía se complace en establecer
entre los rasgos éticos y los físicos de una personalidad deterción tan honrosa como merecida,
minada? ¿Existe armonla entre el rost ro de su Safo y la fisonoMausoleo que ha d e erigirse en la. Habana en mfa moral que má.s generalmente se atribuye á la desdeñada
honor de Jas víctimas deJ incendio ocurrido en amante de Faón? En nuest ro concepto, esa relación y esa araquella ciudad en 17 de mayo de 1890. Obra monla existen de una manera perfecta en la obra que nos ocude D . Agus tín. Querol, escultor, y D . Julio pa y con decir esto creemos haber hecho su mejor elogio.
Zapa.te., arquitecto. - Recordarán nuestros lectores el ~oUn detalle para terminar: para_este estudio si rvióle de morrible siniestro ocurrido hace año y medio en la capital de la isla delo á Gehrts una artista alemana residente en Roma, la repu•
de Cuba: fué un desast re horroroso que conmovió profunda- tadagrabadora Cornelia Wagner, cuyas obras tan conocidu y
mente á la población de la Habana, no ya por sus pérdidas admiradas son en el mundo dd arte .
materiales, á pesar de ser muy considerables, sino por el nú•
mero y calidad de los que en tan triste jornada fue ron m.Írtires
Lavade ro en Alcalá de Guadalra, cuadro de
de un deber, tanto más meritorio, cuanto más voluntario. La D . Juan García Ramos.-Cacta uno de los lienzos que
brigada de bomberos de la Habana compónese en su mayor produce Juan Carda Ramos es una nota más que agrega al
parte de los jóvenes más distinguidos de la sociedad habanera: extenso catálogo de sus bellas composiciones y una nueva mamuchos de ellos perecieron en el incendio del vasto estableci- nifestación de la brillante escuela sevillana. El Lavaátro en
miento de los Sres. Isasi, y aún no se ha borrado de nu~tra Akalá de G11adaira ofrece especial atractivo por la riqueza del
men1oria lo que leimos acerca de la imponente manifestación color y por los derroches de luz que repr&amp;ducen con fidelidad
de duelo que hizo la capital entera con motivo del entierro de los bellisimos contrastes y los varios tonos que produce la tieaquellas veintiocho victimas.
rra andaluza cuando la ilumina y esmalta su llermoso sol mePara perpetuar su recuerdo promovióse, simultáneamente por ridional. Los encamos de la naturaleza, que tan pródiga, bella
el ayuntamiento y el .Dian·o de la .Afarina, una suscripción y fecunda se presenta en aquel rincón de la patria española,
pública, que llegó ;{ reunir unos cuarenta mil duros en oro, con los tipos, los cuadros de costumbres cobran nueva vida cuando
el objeto de erigir un mausoleo en el grandioso cementerio de los transporta al lienzo este pintor sevillano, ya que brotan de
Cristobal Colón, que guardase los restos de aquellos héroes. su paleta esas combinaciones de color&lt;Jue sólo puede concebir
Reunida la suma que se consideró necesaria para dar forma á quien como él cultiva el arte con entusiasmo y conoce y siente
tan levantado pensamiento, procedió la comisión ejecutiva ;{ el pafs en donde halla asuntos que trasladar al liento.
circular una amplísima convocatoria á los artistas de todos los
Juan Garcla Ramos es, no sólo uno de los dignos represenpaíses para que enviasen sus modelos al concu rso. Veintidós tantes de la escuela sevillana móderna, sino también uno de
escultores de Europa y América han enviado igual nú~ero de Jos más discretos pintores de género y costumbres,
modelos, algunos de ellos notables, que demuestran, no sólo el
mérito y las aptitudes de sus autores, sino también cuánto se
Descanso durante la fuga á Egipto, cuadro
han iden1ificado los artistas con el pensamiento de la comisión
de ?durillo, exiwmte en el Ermitage Imperial de San Peorganizadora.
tersburgo. - Catalina U, Alejandro [ y Nicolás I, he aquf los
Tres modelos llamaron desde el primer momento la atención tres Sl'lberanos rusos á. quienes se debe la existencia del actual
del público y de los inteligentes, siendo premiado el que re• Museo de Bellas Artes de San Petersburgo: la primera mand6
sultó ser obra del escultor D. Agustín Querol y del arquitecto
construir para su uso particular el antiguo Ermitage; el segunO. Julio Zapata. Bello y original es el momumento, hallándose
do hizo de él un museo público, y el tercero, en vista de la inen él armonizndos el esfuerzo de la escultura y la arquitectura,
que determinan en el conjunto de la obra cierto carácter d,e suficiencia del edificio, le agreg6 el nuevo Ermitage, confiando
la construcción de éste á Klenze, el célebre autor de la Pinagrandiosidad que cautiva é impone. Constitúyelo un z6ca.lo coteca
de Munich.
perforado en sus cuatro frentes por igual número de graderias,soLas riquezas artisticas que el Ermitage contiene son innubre el que se elevan dieciséis pilares sosteniendo ocho tímpanos
de verja y cadena que limitan el contorno. Dichos pilares sin- merables y de incomparable belleza, dignas, en una palabra,
tetizan la idea del misticismo del mausoleo, puesto que sus de la capital de un gran imperio y de un gran pueblo.
Entre sus más preciadas joyas figura el magnifico lienzo de
cuatro caras y la planta forman el símbolo del cristianismo,
asl como recuerdan los colgantes que penden de las cadenas Murillo que reproducin1os y acerca de cuyas bellezas nada polas lágrimas que el dolor arranca, y los murciélagos que rema• drlamos tlecir que no fuese repetición de lo que tantas veces
tan la verja simbolizan la muerte. Veintiocho nichos, empla• hemos consignado hablando de las obras del que con raz6n ha
zados en el cuerpo del monumento, cobijados por arquerfas, sido llamado príncipe de los pintores españoles y las cuales se
destinanse á encerrar los restos de las victimas de la catástrofe estiman como tesoros de excepcional valor.
cuyo retrato se destacará en su respectivo medallón. Una cor•
Estatua en bronce de D. Evaristo Amús,
nisa, en cuyos cuatro extremos se apoyan las estatuas de la Abnegación, el Dolor, el Herolsmo y el Marti rio, terminan este obra de D . Pedro Carbonell , fundida en los talleres
segundo cuerpo,que remata en una soberbia columna en laque de los ~rell. Caix&gt;t, de Barcelona. - Un año ha transcurrido
se hallan artlsticamente colocados varios trofeos fo rmados con desde la fecha en que dejó de existir el Excmo. Sr. D. Eva·
los útiles y herramientas de los bomberos, destacándose en la risto Arn(1s, y justo es consignar que á pesa r de las condiciones
cara principal una gran rodela que contiene la inscripción de la especiales de la vida moderna en las grandes capitales, Barcelona
fecha conmemorativa del suceso. En el capitel figu ran los es- guarda vivo y respetuoso recuerdo á aquel distinguido prócer,
cudos de España, Cuba, la -Habana y de los bomberos, y como que después de haber amasado con su trabajo una cuantiosa
feliz remate un grandioso grupo que representa el Angel de la tortuna, sirvióse de ella para fundar benéficas instituciones,
Fe sosteniendo en sus brazos el cadáver de un bombero y con- fomentar las artes y la industria y socorrerá los desgraciados.
Todos recordamos la simpática figu ra de aquel anciano, tan
duciendo su alma á la gloria al amparo de la cruz.
Tal es la obra de Querol y Zapata y tal esel triunfo alcaaza • afable como sencillo, al que jamás envanecieron los honores
do en este q"ue pudiéramos titular Universal palenque. Reciban ni la fortuna . Justo y merecido tributo es el que le rinde su
uno y otro nues tros sinceros pl.ícemes, extensivos á la ciudad familia erigiéndole una estatua en uno de los salones de la
de la Habana, por haber sabido honrar de manera·tan comple- casa de banca que fundó y dirigió, pero no dejarla de serlo
ta y sentida la memoria de aquellos veintiocho héroes que también que esta manifestaci6n intima la acogiera Barcelona,
puesto que D. Evaristo Arnús figura rá siempre y con justicia
merecen figurar en el número de sus preclaros hijos.
en el número de los más preclaros hijos de la ciudad de los
Retrato, por Alma Tadema. • Este pintor, holan• condes,
El escultor D. Pedro Carbonell, que acaba de obtener un
dés de nacimiento, pero naturalizado desde hace cerca de cualro lustros en lnglaterra, cuya soberana le entregó con sus triunfo en el concurso recientemente celebrado en Madrid por
propias manos la carta de ciudadanla, pertenece al ní1mero de su estatua de Vives, ha sido el que ha modelado la del Sr. Araquellos escogidos cuya fama se ha extendido por todo el orbe nÚ¡:1 que es quizás un tanto realis1a, pero bien ejecutada como
y cuyos cuadros se pagan á precios fabulosos. A los quince todas las producciones de este discreto artista catalán, al que
años de edad pintaba, sin haber recibido lecciones de nadie, felicitamos, puesto que ha sabido imprimir carácter y distintiva
su retrato y el de su hermana, que fueron expuestos en 11na ga- expresión á su obra.
lería holandesa: después de uaa gravísima enfermedad, ingresó
en l_n Academia de _Artes de Amberes, desde donde pasó al esJABON REAL
JABON
tudio del célebre pintor belga Leys; en 1861, es decir, cuando
contaba veintitrés años terminó La educodún de los hijos de oETHRIDAC l
VELOUTINE
Clodovto, lienzo que cimentó su sólida reputación; en 1863 se latoa,..Cdo1 ,or ltt(.rif&amp;b1 aN!ru flll la lif{llt 41 la Pill J klll'JI úl Callr

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NúMEKO 520

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

799

Las ca.saa e~lljeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ART1STI0A dlrfje.nee para Informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumart!D,

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y Conoalecenctaa1.contra las J&gt;iamiu y las Ateccwnu del B1tomaoo y los tntesttnoi.

en el momento

deiaMenstruacionyde

EPILEPSIA

Cua.ndo se trata de despertar el apcUto, asegurar las dJgesttones, reparar las tuerzas.
enrtquecer la sangre. enionar el organismo y precaver la anemia y las epldemtas pro,oCld.as por los calores, no se conoce nada superior al "••• de 9ui.aa de .t.rou.d.

LA

Ro, fflO_.,or. en Pario, en casa do 1. FERRÉ, Farmaceirtio,, 102, me Richelieo, Sucesor dtAIIOOD.
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GBLINEAU
toda,
la, Fnrmacla,

En

EXIJASE "i!ºt': ARDUO

J.IDUSIIER1C",oleuu1,o,ea&lt;,1ar11

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plrdur..s se empican
espcclalmentc contra las E1croru1as, la
Ti:sh y la Debnt4ad de temperamento,
asl como en todos los casos( PáUdos colores,
Amenorrea,&amp;.•), en los cuales es ncccsarto
obrar sobre la sangre, ya sea para ctcvolverla
sn riqueza y abundancia normales, ó ya nara
provocar 6 regularizar su curso pcrJói!iCo.

Lu
Pe110Du tU COlltUI lH

PILDORASt!DEHAUT
•

110

OE PAAI S

t1_tubean en purgarse, cuando Jo

Dece11tan. No temen el asco ni el esa ..

;anclo, porque, contra lo que sucede con
~s demaa purgante,, este no obra bien
sino ~uando se toma con bueno, alimentos
;y beb1daslortJ.ticsntes, cual el vino elcaf;j
el U. Cada cual escoge, para purgárse, Js'
hora Y la corzuda gue mas Je convienen,
seyua 1us ocupac,onea. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda com ..
pletamenteanuladoporelefectodela
buena alimeneacioa empleada uno
,. decide l4eümente 4 volvér

• empenrcuantar veces
101

necesario,

~ ~ rarmacenuw, eo Parl!,
Ru• Bonaparte, 40

NB

El Joduro de h1crro Impuro O;lJterado
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las verdaderas Plltlorrrtt ~ :nauco-rd,
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Querido enfermo. -Ff&amp;t Vd . .t mi lart• experiencia, los Fabr icantes para lareprcstón de la íals1•
Q
1 hat• uao dt nutttro1 BRANOSdt $AWO,pue, t i/os Ocación.

le curarán de ,u con1t1pacion1 ft darán 1petHo le
derof,erjn el ,ueño 1 la 1/etm. - A11 r,r/r.t Vd.

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.Ap_r'!bados ~or /a Acndsmia de Medicinn de Paria~ inaertadoa en 11\ t...oJeco,ón
Oficial de Formulas Lagalea por decreto mfo,a,erJal de 10 de 111Jar.zo de 185-f,
e Una com pleta lnnoculd&amp;d, un4 eficacia ¡,c1rcctamontc comprobada en el Catarro

eptdemtco, las BronqutU1. Catarros, Reumas. Tos, asma e trrttucton do la gargauta han
grangeado al

JARA13E

Y ~ASTA

lit: AOBERGIER

una htn1cu~a fama,»

'

(B~ 1racto del Formulano JUdaco del 5" Boudardat talectrdtieo d, la Fi1eullad de Mtdicina (!6, ,dittdtt)
'
Vcu~a por mayo~: COMAR y e•. !S. Calle de Sl~Claude, PARJS
•
•

•

•

•

•

•

•

•

DEPOSITO EN -~LAS Plll:,iCJPAu:s
BOTICAS
,.~ ' , i . \ l . ;

�LA

800

NúMERO 520

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

vida austera y laboriosa, es prenda segura de la
bondad de las obras que de su pluma salen. Marido y mttjer es una novela interesant!sima, sencilla, admirablemente concebida y desarrollada y
que entraila un pensamiento profundo y una lección elocuente de las causas que insensiblemente
pueden convertir en una afección poco distante de
la frialdad el más apasionado cariño de los esposos.
El libro\elegantemente editado por los señores
Sáenz de Jubera hermanos, de Madrid, forma
parte de la Colección de libros escogidos y se
vende en las principales librerias al precio de 3
pesetas.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
MEMORIA SOBRE PUERTOS OSTRER0S, por don
Cándido Hidal¡o y Bm111Jdez. 7 L~s condiciones
de esta sección y de nuestro periódico no nos per•
miten analizar el problema que plantea el autor
del folleto y c.iya solución considera factible .. Di·
remos ímicamente que el asunto nos parece digno
de estudio y que su importancia, caso d7 ser fac•
tibie la idea, puede com¡irenderse temendo ~n
cuenta que el Sr. Hidalgo se pro~one con su sis•
tema sustituir con grandes ventaJaS las obras de
escollerado por construcciones ostrícolas natu•
rales.

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ESTUDIOS JURÍDICOS, por Robustia110 Vera •
- El ilustre jurisconsulto chilenti Sr. Vera ha emprendido desde hace algunos años la noble tarea
de difundir en el extranjero el conocimiento de
la legislación de su patria, y para ello no ha cesado de publicar en revistas españolas, francesas,
italianas, austriacas y americanas interesanúsimos estudios sobre importantes temas jurfdicos,
que le han valido generales elogios. Algunos de
ellos han sido coleccionados recientemente en
Chile y el tomo en que aparecen reuniaos ofrece
no poco interés para todos los que á la ciencia del
derecho se dedican.
El Sr. Vera es autor de infinidad de obras de
derecho, de cuya enumeración prescindimos porque nos ol;iligar!a á traspasar los limites d: esta
sección,

TORQUEMADA, drama de Vlctor Ht,¡o,_ v~rti~o
al espaflol por Francisco Calcag110. - El distt~gu1•
do poeta americar\0 Sr. Calcagno ha publicado
una esmerada traducción en verso de este drama,
conservando en ella las bellezas que á manos llenas derramó sobre su hermosa ~oncepción el más
grande de los poetas de nuestro siglo.

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DISCURSO LEIDO EN LA SOCIEDAD FILANTRÓ·
PICA ARTÍSTICA DE VALLADOLID, por D. L1tis
Zapatero y Gom:ález. - En el ~olenine acto de la
inauguración del curso académico de 1891 á 1892,
el Sr. Zapatero, secretario de la Sociedad, pro•
nunció este discurso en que se demuestra con
buenos argumentos, exp~es!os en correcto es.tilo,
la importancia de la asociación para conseguir la
instrucción de! individuo.

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ZARAGOZA ARTÍSTICA, MONUMENTAL É JIIS·
TÓRICA, por A. y P . Gascón &lt;Ú Gotor. - Hemos
rebibido los cuadernos 46 y 47 de e.ta interesante
obra, que contienen, además del notable texto,
cuatro excelentes fototipias que representan: arcos
árabes del palacio de la Aljafer!a; la cúpula de la
iglesia de San Miguel, parroquieta de la Seo; tres
capiteles árabes de la Aljaíer!a, existentes en el
Muse• Provincial de Zaragoza, y un fragmento
árabe de un ancho friso superior del castillo de la
Aljaferfa, que se conserva también en el referido
Museo.
Suscr{bese á esta obra, digna de figurar en las
mejores 'llibliotecas, en casa de les autores, Contamina, 25, 3.•, Zaragoza, y en Barcelona en
la librería de D. Arturo Sim6n, Rambla de Canaletas, 5.
El precio de cada cuaderno (ocho páginas de
texto y aes láminas sueltas en impresión fototlpica) es de una peseta.

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T RATADO DEL CULTIVO DE LA REMOLACHA
AZUCARERA, por /orge Dl'rtatt, lradttcido por
Wladi1111r Gl'errero. - El interés que en todo
tiempo ha tenido cuanto con la ~gricultura se re•
laciona aumenta por modo considerable en mo•
mentos como los actuales en que las naciones eu·
ropeas y americanas, llevadas de un egoismo ~al
entendido, se aperciben á una lucha econ6m1ca
cuyos funestos resultados se tocan ya y se dejar~n
sentir más intensamente cada dla En estas cu•
cunstancias, todo lo que tienda á ensancha~ la.es•
fera de producción de un pais ofrec~ especial 1~portancia y merece atento y med11ado estudio.
El cultivo de la remolacha azucarera ofrece por
(&amp;'.a razón anchos horizontes á la iniustria agri•
cola de nuestra patria, y el Sr. Guerrero, disti_n·
guido ingeniero agr_ónomo! ha prestado á _misma un buen servicio vertiendo á nuestro 1d1oma
la excelente obra de M. Jorge Dureau y anotándola considerablemente.
El libro, que lleva ocho hermosas fototipias,
se vende al precio de 8 pesetas en Granada, en la
librerla de los Sres. Viuda é Hijos de P. V. Sabatel ¡Mesones, 52¡ y al de 9 en las demás principales de España.

!ª

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ULTIMA JORNADA CONTRA LA DICTADURA,
por Ismael Va/dls Vergara, Secretario general de
la escuadra co~gresista chilena. - Constituye este.
libro una carta dirigida á D. Diego Barros Arana,
en la que se hace una relación sumaria de las
operaciones de la guerra civil en Chile desde 3
de julio á 28 de agosto de 1891, 6 sea desde el
levantamiento de la escuadra basta la batalla de
Placilla, que dió el triunfo definitivo á la causa
constitucional.
Es una obra digna de ser leida por cuantos se
han interesado en los últimos sucesos de la Repú ·
blica chilena, pues en ella está tratado en vigOl'o•
so y sobrio estilo cuanto á los mismos se refiere.

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MARIDO y MUJER, por el co11de leó,i To/stoi.
- La justa y universal nombradía conquistada en
el mundo literario por el noble ruso que despreciando los lujos y costumbres mundanos, causa
según él de la casi totalidad de los males que afligen á la humanidad, se ha retirado al campo á
predicar con el ejemplo las excelencias de una

· , y.,&amp;f.lADE8••1E1ro,.
\iJ~
a
..,,,,

DON EVARl~T0 ARNÓs, eslalua en bronce, obra de D. Pedro µrbonell,
fundida en los talleres de los Sres. Cabot, de Barcelona

ª AlimEt~~,~~~~ 16!!1!!.~pandor-.

Enfermedadesd,,Pecho

VINO
FERRUGINOSO AROUD
Pepsina Boudault
T

cox TODOS LOS nuccmos tnJnlTIVOI »• u

CABHB

e.a.an. mll!!IIII• .,_ ellD&amp;t Dtes m01 de mio conUna&amp;do 1

!prüaia por la AC&amp;DEIU H mico,

PREIIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
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.u.•• ea, en etec&amp;o, el único que reune lodo lo que en&amp;ona y Corlalece loe orpnoa,
reguJ~ coordena y aumen~ oonalclerablemcn&amp;e lu tuersu ó tnflul&lt;le a 1&amp; MIIINI
empobl'Ul:lda y c1el00lor1&lt;1a : 81 '"""· la C04orllCWII 1 I&amp; lttergfa ottiu.

"""'l'IIIICWflU

.Por. .,.,..• laril, ea wa de J. F!RÚ, fU"1111U111it.o, tOt, nae Richelieu, Sa.cetor a, ilOUD.

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4e ¡oma J dJ aba.1&gt;01e1, convtene 101&gt;r1 -,oao i tu peraonu -deucac1ü como
mQJere1 J lllnos. su &amp;111to e:r.cetente no perJucltca en modo l.l¡uno , 1u incacta
l. contra 101 USRl!DOS 'f toclu lU IIPUJUCJOIIS del PECIO J de 101 DTESffllS. .J

, ... 14,

DE

DIIIIT. . .

BAJO Ll FORll.l DI

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Jarabe Pectoral

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&amp;rrou. i10,

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8• rende en todu /u bu111u farmacia,.

.W'•rt11cae. . .

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~eo.._n•JUU'd, Gueraant, eLc. ; ha recl.l&gt;tdo la COAl&amp;~actcSa 481 \lempo: en el

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~PITE EPILATOIRE DUSSER
..

:f:tnir
h~ta lu RAICES el Yl!LLO del rostro de lu damu (Barba, Blrcte, etc.). IID
de :ia
para el cutiJ. SO Año1 de Íldto, y millam de tesllmonlos prantuan la eftcada
pellg!O

1 111, ~ la barba. y en 1/2 01111 pan el bigote ligero), Para
los bru:e':;;:.:e(:
j:}11º.,ºU.U.B,
•
D"O'SSER, t ,rue J .. J.•Rouaaeau.Paria.

Quedan reservados los derechos de propiedad :irt!s1ic:1 y literaria
btr.

DF.

MONTANER Y SIM ÓN

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•
Aflo X

- - - - - - -.- BARCELONA

21

DE DICIEMBRE DE

1891

EPILOGO, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de la Excma. Diputación provincial de Barcelona

NÚM.

521

�LA

802

SUMARIO

•

1

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 521

y el ya citado de Pradilla, recuerdo además E l te, con sinceridad y aplomo, franca y simplemente

, • R I'bera, por J . y xar.
t - El 1r.ant asma, por entierro
de San Sebastián, lde Ferrán;
de' preocupada
de ·la verdad, que no excluía,
T ext o. - R 0111"n
·
, ¡·
• ¡ Los
Ed orígenes
·t d l
·
' sin embarF M. Godino.-La duda/atal, por E. G. Ladevese. - Cró- la repub tea romana, de P asenc1a; a
ucactun e go, la viveza, m tampoco cierta otra elegancia pecunica de arte, por R. Bals:1 de la Vega. - La tela del padre, por príncipe D . fuan, de Martínez Cu be lis ... O el dile- liarísima que luego había de acentuarse en las ulteA.

González Ruano. - Noticias - Libros recibidos.

tantismo de los coloristas ó la declamación de los riores obras del ()intor. E l cafl cantante y El cofl ambu-

Grabad?8·
-Epílogo; Tam/,or flamenco; Descanso de_l mude- pensionados. Alguien llamó á F'ortuny el «Marivaux /ante se han reproducido mucho en grabado, yen ellos
lo; ilfilszca clásica¡ La vispera de la fiesta; Una pa,-tzda com.
.
,

prometida; Coup d' a:il; Percances del carnaval; La visita; de la pintura.)) Pues bien: allí no hab1a más que puede verse con su excelente dibujo, la naturalidad y
Demanda de hoJpitalidad; Sa!tda de tm baile, cuadros de don Marivaux ... y Echegaray.
expresión de las figuras y el carácter del conjunto;

Román Ribera_.-Sietedibujos d;l álbum d_e d(choartista. En el.reducido entrepaño que dejaban vacío uno pero lo que en los grabados no se ve es la propia
D .. Román Rzbe,-~ (d~ lotografia). - Meditación, apunte a.J y otro figuraba una nota nueva original. Allí había manera de pintar del autor, su maestría, su vigor y el
lápiz por D. Roman Ribera.
.
.
'
,
colocado Ribera sus tres cuadros, El caft a111bu- equilibrio y reposo de su pintura. Se revelaba perfeclante, El café cantante y La vendedora de gallinas. No ta menté• allí todo un artista sincero y convencido,
ROMÁN RIBERA
eran los primeros que pintaba en París (donde se de robusto temperamento y du~ño por completo
había establecido pocos meses antes, recién llegado de su arte.
Conocí á Ribera en París, durante la Exposición de Roma); pero fueron sí los que atrajeron definitiHe dicho que á Ribera no le era necesaria aquella
del 78. ¡Cuánto ha cambiado el criterio artístico vamente los elogios y la atención de la crítica sobre ' exhibición para darse á conocer entre los más famodesde entonces! Con esto no disos amateurs. Ya en Roma, Gougo que no existieran, ya en gerpil menudeaba los encargos: en
men, ya en estado de madurez,
cuanto tuvo el pintor en París,
todas y cada una de las escuelas
acaparó cuanto producía. Alejaque hoy privan, el japonismo ó el
do el artista del tumulto y los
paroxismo inclusive; pero ni toreclamos ruidosos, su vida era la
das habían obtenido sanción ofide tantos pintores parisienses,
cial ni el- público· les concedía
consagrados á un incesante y
igual atención. No era todavía el
regular trabajo de benedictinos,
público quien admirase en el Sapara quienes la fascinadora ciulón del mismo año á Bastien Ledad de los bulevares no es sino
page, ni en las secciones de pinun vastísimo convento, y el taller
tura de la Exposición Universal
de antaño con sus orgías, masá Israels, á Menzel, á los paisacaradas y guitarreo, una celda
jistas y pintores de escenas íntiapaci.ble, cerrada á los importumas, de Holanda, Inglaterra y
nos á piedra y lodo. Ni ruido,
Suecia. Entre los de Francia estani interrupciones, ni asalto de
ban en los mejores días de su reamigos intrusos que traen al esputación Laurent, Bretón y Bontudio el desorden y las tumulnat, que exhibía su célebre Cristuosas preocupaciones de fuera,
to; de los belgas eran los más fa.
y arrebatan á los artistas á su
mosos Wauters, Stevens y Deobra. La calle, el barrio entero
Vriendt; de los ingleses, Millais
son pacíficos, solitarios, melany Alma Tadema con sus arqueocólicos; largos muros de jardines
logías. La mayoría de los especparticulares ó de vastos edificios
tadores acudía á contemplar cuaextienden su dormida sombra
tro grandes cuadros: Las antorsobre la acera limpia, lustrosa,
chas vivas, de Seymiradsky; La
poco transitada. La casa es tranentrada de Carlos V, de Makart;
quila; los vecinos apenas se coel Mlíton, de Munkacsy, y .fuana
nocen ni se ven; el artista puede
la loca, de Pradilla. Este último
trabajar horas, días enteros, segucuadro triunfaba en la sección esro de sí mismo: dejar á la puerta
pañola á competencia con la intodas
sus preocupaciones, sus
completa colección de Fortuny,
amores, sus reyertas, sus diversioque ocupaba el testero. Tras el
nes, sus contratiempos; abrir en
deslumbramiento produci~o por
ellas
un paréntesis, levantar ó
el sol de Fortuny, polarizado y
cerrar
la exclusa de la corriente
derramado sobre la tela, subvirde
la
vida;
en una palabra, puetiendo - decían - todo principio
de
dejarse
llevar
por ella cuando
de unidad, la primera obra de Prale
acomoda
y
detenerla
cuando
dilla fomentó la esperanza de una
le
conviene.
Cuanto
le
atrae
está
reacción hacia la gran pintura,
lejos,
muy
lejos
de
allí;
en
otro
como resultado de la fundación
mundo ... ó al menos á la otra
de nuestra Academia en Roma.
parte del río. Sólo esta distancia
Apenas figuraban en la sala otros
es bastante para cambiar la exiscuadros que los de las dos opuestencia del artista, y no sólo favotas tendencias, pues el maestro
rece su trabajo, sino que le obliga
catalán no había perdido su presá
él. Su pereza, sus desmayos
tigio, ni se había apagado el rastro
carecen
de adulaciones y tentade luz chispeante y rutilante que
ciones. Para hacer una visita hay
brotó de sus pinceles. Particuque perderá veces un día entero:
larmente la crítica francesa se veía
trasladarse
á otro barrio, comer
obligada á combatir y admirar á
en otro restaurant, hacer cola
un tiempo á toda una pléyade de
aguardando un tranvía. Para
pintores españoles é italianos,
asistirá
una recepción ó á un esembriagados de colores y fascitreno, disponerse con horas de
nados por aquella luz cruda y
anticipación: gestionar los bille•
difusa. Todo se volvía entonces
tes unos días antes, revocar la
reprocharles que en sus obras preD, ROMÁN RIBERA (de fotografía de D. Juan Martí)
cita al modelo, introducir en la
dominaba el procedimiento sobre
labor el desorden .. . Lentamente,
la idea, y que derrochaban ·su
tales
acostumbran ·á la
energía creadora en la investigación microscópica de su autor. Recuerdo perfectamente la viva impresión soledad y fomentan con elobstáculos
cariño al estudio la tenacilos efectos lumínicos y luciendo una habilidad manual que causaban á todos, y por supuesto, más y mejor la dad de las vocaciones verdaderas. Hacen más: alejan
refinadísima y prodigiosa en la reproducción del que me causaron á mí. No podía darse mayor con- al artista de la perturbación maléfica de las disputas
matiz y del detalle. Su visión del color era una traste con el resco de las obras expuestas, ni el efecto de camarilla, y le sustraen á la d~letérea influencia
sobrexcitación enfermiza de la sensibilidad óptica; de una obra más propia y singular Ribera era 'allí el
del parecer ajeno, frívolo ó alevoso. Si este aislalocura, empeñarse en pintar al aire lihre el sol de único que echaba por su camino, reposada y serena- miento puede serle á la larga perjudicial, para obviar
verdad «sin escamotear un solo rayo;» borrachera, mente, sin preocuparse de nada ni de nadie El ineste inconveniente se .establecieron las reuniones
aquella exuberancia &lt;ie primores y matices. Aunque terior de un café cantante del día ó el espectáculo periódicas de literatos y artistas en día fijo, bolsa ó
no todos los émulos y amigos de Fortuny podían de una calle parisiense á las primeras horas de la
llamarse con justicia sus imitadores, los mismos tér- mañana, habían de resaltar forzosamente entre la mercado de ideas y de impresiones, donde hallar la
minos se aplicaban, con más ó ¡nenos restricciones muerte de un Pizarro ó la elegante silueta de una c?ti~ación del día y una acogida retenida y culta que,
· y;variantes, á las marinas venecianas de Rico, á la Pierre/te. Era aquel el realismo urbano de la vida s1 disfraza las mismas flaquezas y rencores de todas
Salida del baile, de Madrazo; al Taller, de Casanova; contemporánea, pero de la vida contemporánea y partes, las templa y suaviza con la forma exterior
á Jiménez Aranda, y hasta á la Aventura del Quijote, parisiense entr~ burgueses y obreros. El mismo que acaba siempre por modificar el fondo. La caren'.
de Moreno Carbonero. Lo repito: no había más que contraste que en el asunto existía en la pintura, equi- cia del roce continuo y vulgar en la misma carne
frescos y brillantes fragmentos de colorista en pleno distante de los tonos agrios y severos de la triste y viva - grave molestia de los círculos pequeños - hace
menos acre y envenenada la lucha, y por tanto suele
sol, orgías de blanco y rosa, son'oridades inusitadas sangrienta historia y los matices tornasolados de un ser
más digna y soportable.
.
hasta entonces, ó trágicos y sombríos cuadros de I forro de seda. Ni sobrexcitaciones de la visión, ni
Estas
condiciones
de
vida,
no
sólo eran las más
historia,' legado de Rosales, Con la Lucrecia de éste tumulto de tonos: una pintura construída sólidamen·
convenientes á un pintor como Ribera, sino las más

NúMERO 52 I

LA I LUSTRACIÓN

adecuadas y conformes con su carácter y sus aficiones, con sus gustos
selectos en toda suerte de artes,
además de la pintura. En tal aislamiento se afirmaron sus convicciones, se depuró su criterio artístico;
á él debió sus rápidos progresos. Su
laboriosidad era la de cuantos han
sobresalido; su trabajo, incesante.
Todavía buscaba sus asuntos en los
cuadros de la vida actual: los grupos de obreros parisienses, el tipo
del égoutier, reproducido en tablitas
primorosas con extraordinario carácter, ó los accidentes y episodios de
la calle: el pierrot beodo, tendido
en la acera, rodeado del guardia y
el cochero, y -alguna de esas figurillas de niña adolescente, espigada
y agraciada, que suele colocar el
autor como una nota tierna y simpática junto á los hombronazos, groseros del pueblo de París. Pero sus
fruiciones de colorista le fueron atrayendo día tras día hacia otros asuntos menos triviales y que le ofrecieran ocasión de ejercitar los tonos
más exquisitos de su paleta. A la
vida y á la verdad se añadía otro
atractivo; la seducción y la exquisita
elegancia de la mujer parisiense y
de la misma modelo, con su peculiar
desenfado y aptitud para comunicar
á la moda del día una inexplica0le
gracia artística. La Salida del baile
es la obra maestra de Ribera, que
resume estas cualidades: distinción
singular aliada á una animación y
verdad superiores. Sus modelos,• sus
testas femeninas, de expresión tan
delicada y de facciones tan bellas,
tienen los mismos atractivos. En la
interpretación de la mujer contemporánea parisiense, Ribera tiene su
tipo peculiar que le distingue de todos los que forman la infinita serie

que va modernamente de Stevens á
los últimos caricaturistas. Los estudios femeninos de Ribera animan
con una gracia propiamente moderna, verdaderamente indefinible é indescriptible, porque no está en las
líneas, sino en el juego de la fisonomía, y no está sólo en éste en absoluto, sino en sus más pasajeras modificaciones, mezcla de picaresca ironía y de nativa bondad.
Tras estos tipos, ó alternando con
ellos, vinieron los bebedores, músic?s, soldados y palaciegos; los setecientos con sus golas de encaje, sus
anchos calzones, mangas acuchilladas y sombrero de fieltro. Esa indumentaria pintoresca y de tan varia
ca!idad, raso ó terciopelo, níveos enca3es y ante flexible; el mobiliario
de ~iglo xvn, los instrumentos músicos de maderas preciosas, los ja•
rros _esmaltados, las irisadas y quebradizas copas de Venecia, bañándose en la luz tamizada de los vidrios
de las ventanas; los cuerpos sanos y
robusto:, las cabezas enérgicas y características, eran los materiales más
propios para satisfacer las crecientes fruiciones de un diletante del
color, de un enamorado de una
pintura primorosa sin ser detallista
y sólida y brillante al propio tiempo'.

J.

YXART

~~

EL FANTASMA
( Co11clt1sió11)

TAMBOR FLAMENCO,

DESCANSO DEt MODELO,

".

ARTISTICA

cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Jorge de Maldá

cuadro de D. Román Ribera (de fotograrla de D. Juan Martí)

- ¿Pues entonces? ... interrumI&gt;_ió
D. Pedro.
- Es que eso fué anteanoche.
Pero anoche la gente que salía del
rosario de Nuestra Señora de Gracia
y todos los vendedores del mercado

�LA
de la Cebada vieron, ó mejor dicho, sintieron al
fantasma, porque no se hizo visible.
- ¿Pues entonces, repitió el indiano, cómo notaron su presencia?
- Por el ruido de una cadena que sonaba tan
pronto en el suelo, como en los balcones ó en los
aleros de los tejados. La gente estaba despavorida,
los cazadores de á caballo de la plaza cerraron su
cuartel, hasta que habiendo salido el cura párroco de

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

regalo algo extemporáneo estando en enero, Quizá
el joven supuso que su adorada hallábase tan sofocada como él, y con pretexto de la solemnidad del día
se le pasó casi todo en casa de su tío. Llegó la hora
de la comida, que fué alegre y sabrosa, especialmente para el joven de Arévalo; pues notoria es la satisfacción que produce el comer bien, sentado cabe la
novia. El párroco de San Pedro era un sacerdote
amable, que se expresaba muy bien, y el boticario
derrochó aquella noche un caudal de chistes y dicharachos. Con tales alicientes y con sentir tan próxima á su prima, Juan estaba encantado, y él y todos
los demás hicieron (con mod~ración) honor á los
buenos vinos con que les obsequió el indiano, así
como también á las clásicas natillas con bizcochos.¡
La hora del café no fué tan agradable para el joven
librepensador, porque se suscitó la eterna. cocversación del fantasma que la noche anterior había traído
alborotado el barrio. Algunos supusieron que el tal
aparecido era el alma de Godoy, príncipe de la Paz,
fallecido en Roma; suposición errónea á todas luces,
puesto que dicho personaje ha muerto hace unos
cuarenta años pobre y olvidado en París. Después de
comentar este rumor, los tertulianos de D. Pedro
comenzaron á hacer disquisiciones respecto á aparecidos y fantasmas, y muy especialmente el cura de San
1 Pedro, que era un pozo de ciencia en esta materia.
Según él, el flamante fantasma debía pertenecer
á la clase de mixtos, es decir, á los que aunque
espectros tienen algo de corpóreos, pues de no
haber sido así, no podría soportar el peso de la
cadena que llevaba. Juan, á pesar suyo y no
obstante la proximidad de su prima, iba prestando atención á estas disertaciones fantásticas.
Parecíale imposible que el buen sacerdote, que
demostraba tener muy buen juicio, y los demás,
que no le tenían huero, desbarrasen hasta el
punto de irse á las Batuecas. La creencia, como
la locura, son contagiosas, y había momentos
,') en que el joven librepensador pensaba en que
Voltaire y él podían estar equivocados. Tal vez

)

\:~

¿-- ,

~-;&gt;6Y~~-~
'
.

San Millán, hisopo en mano, cesó
~l rumor de la cadena y restable·
cióse la tranquilidad.
Juan, el librepensador de Arévalo, oía todas estas cosas silencioso de estupefacción,
hasta que porf1n, no pudiendo contenerse, se
permitió un ligero desahogo y dijo de pronto,
porque no se atrevió á protestar por completo, metiéndose en cosas más hondas:
- Vamos á ver, ¿hablan ustedes formal ·
mente ó se chancean?
- ¿Chanceamos de qué?, preguntó don
Jerónimo.
- Respecto al fantasma. ¿Creen ustedes
todas esas majaderías?
- ¿Cómo no creer, lo que se ve ó lo que
.se oye?, observó el indiano.
- La historia sagrada está llena de apa- 1
riciones, dijo el místico D. Jerónimo.
- Y además, reforió el boticario con leve
•acento socarrón, si no hubiera aparecidos, · ·
almas en pena, espectros y visiones, ¿de qué L, __ _
servirían los exorcismos que la iglesia recomienda en tales casos?
IIojas del álbum de D. Román Ribera
Juan iba á desbordarse, pero por un supremo esfuerzo de voluntad se contuvo, y
para mejor tragar la bilis fijóse mucho en los pie- los horrores de la digesti6n hacíanle vacilar en sus
cecitos de Inés, que pasado el susto del relato del convicciones.
fantasma seguía meciéndose.
Pero al salir á las once de la noche de casa de su
tío, el fresco nocturno devolvióle su fuerza de racioIV
cinio, y se dijo que sólo existía un fantasma muy
lindo, cuyas suaves manitas no arrastraban más caLlegó el día 2 r de enero y con él la fiesta onomásti- denas que las del amor. «¡Ah, Voltaire, !» pensaba el
ca de Inés, la bella americanita. Su padre, como es na- joven de .Arévalo, subiendo lentamente por el hoy
tura!, quiso celebrarla, invitando á comer á Juan y derripado pretil de Santisteban. «¡Hace más de cuademás amigos íntimos y contertulios, á los que agre- renta años que tú naciste, y aún se reproducen los
gó al cura párroco de la contigua iglesia de San Pe- fantasmas que barriste á escobazos!»
dro, el cual por la mañana había enviado á su joven
Pensando en su prima y en el filósofo francés
feligresa una preciosa medalla de la santa y un rosa- desembocó Juan en la calle del Almendro, que estario de filigrana. Aunque D. Pedro acostumbraba á ba obscura como boca de lobo, cuando sintió un leve
comer á las dos de la tarde, convínose en que el ruido que p~recfa provenir del pretil. Supuso que
banquete de aquel día se celebrara á las seis de la sería producido por algún transeunte, y siguió annoche, á fin de no perturbar en sus diurnas ocupa- dando.
ciones á los comensales. Juan regaló á su amada
Al torcer el recoveco que hace la susodicha calÍe
prima un abanico chinesco con varillaje de concha creyó oir una especie de alarido y detuvo el paso. '
y clavillos .de oro; lo cual á mi modo de ver fué un
Luego oyó como el ruido de una cadena que arras-

j

NúMERO 52 I

trase por el suelo, y retrocedió hacia el pretil para ver
si era seguido por alguien.
·
·
Miró y no vió nada ni 'Oyó ruido alguno.
Entonces prosiguió el camino que seguía, pensando en si aquellos rumores eran sólo imaginarios, ó
en si la excitación y los vinos
de la comida habíanle hecho
efecto.
La noche estaba obscurísima
y el cielo muy nublado. Juan, casi palpando las tinieblas, llegó á
la plaza de San Andrés, encáminándose hacia la de Puerta de
Moros.
No h:i.bía vuelto á oir nada,
,
y estaba tranquilo, aunque algo
nervioso; pero al pasar por frente á un a tienda de pastelería
(entonces cerrada por supuesto)
oyó en lo alto el ruido metálico que antes el había sorpren' dido, y que parecía sonar en la
muestra muy saliente de la pastelería.
Detúvose sobresaltado. La
cosa iba siendo grave: no había
medio de creer que aquel ruido era ilusorio.
Al fin era hombre, y un junio
temblaron los nervios del hombre,
v un punto temió, como ha di •
cho Espronceda.
Encendió un fósforo de cristal, que fueron los primitivos que se conocieron en este siglo de las luces, y
miró hacia lo alto, tratando de examinar la muestra;
pero desistió de su propósito porque una ráfaga de
aire apagó aquella imp·erfecta luminaria, y además
porque el ruido del hierro arrastrando sonaba hacia
la esquina de Puerta de Moros.
Ibansele poniendo á Juan los pelos de punta, y
comenzaba á sentir escalofríos.
Prosiguió andando, no me atreveré á asegurar que
con tambaleos.
Mientras desembocaba en la plaza de Puerta de
Moros, receloso y mirando hacia todas partes, ocurriósele una idea: él, á solas con D. Lesmes el boticario, había asomado la oreja de librepensador;
¿no podía ser aquello una chanza del farmacéutico,
que era muy bromista?
Al atravesar la plaza, dióse á sí propio la contestación, pues al entrarse pensativo en la calle del Humilladero, en vez de por la de las Tabernillas, que
era la suya, volvió á oir el ruido metálico sobre
una arca de agua monumental que hay á la entrada de la antedicha calle.
¿Cómo, pues, suponer, que un boticario viejo, de
ocho arroba~ de peso, podía encaramarse á aquellas
alturas?
No cabía duda: aquel incidente -era sobrenatural.
Admitido esto, era forzoso admitir por engranaje filosófico todo lo que negaba y escarnecían Voltaire y sus
s~cuaces.
Entonces bulló en la mente del joven de Arévalo la
levadura de su educación cristiana, y recordó con
respetuosa fruición los tiempos en que ayudaba á dos
ó tres misas diarias... ·
Continuó andando, y como no volviera á sentir rumor alguno, íbase reponiendo de su susto, pero al
llegar al fin de la calle de Luciente, por la que se
había metido para tomar la
de las Tabernillas, volvió á
oír el temeroso rumor sobre
la cornisa de la tapia de la
Escuela de los doctrinos.
Desde entonces el paso
de Juan fué casi de fuga.
Llegó á su casa, abrió la
puerta de la calle y luego
la de su cuarto; azarado y
trémulo encendió luz y dejóse caer en una silla.
Después que húbose serenado un tanto, se acostó,
y el calor y reposo de la
cama apaciguaron un tanto ·
la tensión de sus nervios.
Sin embargo, no podía dormirse, y su imaginación
combatida por mil ideas
opuestas era una jaula de
grillos. Por fin, el dios
Morfeo, 6 el dios de Voltaire, que venía en su
ayuda, comenzaba á cerrar sus ojos, cuando súbito
oyó ruido en su balcón, cuyas maderas estaban· entornadas. Parecía como que una mano impaciente
golpeaba los vidrios.

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NúMEKO 521

LA ILUSTKACJON ARTISTICA

61

fué aleándose en direccióa á la plaza de la ConcorLevantóse Juan despavorido y despeluzn~do, tom dí B~scaba un sitio solitario donde con~um~r el
una pistola que tenía sobre su cómoda, hizo un es- suª·remo sacrificio. Después de dejar á su izquierda
fuerzo supremo y abnó el balcón.
l fi d la calle el ppuente Real y antes de acercar~e á la Gran ~•za¡
En el balcón no había nadie, pero a n ': d d . se detuvo junto al parapeto, volviendo la espa a a
sonaba el ruido del p~voroso metal, acompana o e
un grito agudo, estndente, que de_ seguro
00 pertenecía a criatu-

f

ra humana ...
A la mañana siguiente levantóse el joven
de Arévalo más pálido
que un vampiro. N_o
quiso hablar con nadie
ni tomar chocolate. Se
vistió apresuradamente, fué á la iglesia de
San Pedro, buscó al
cura párroco, que aca·
baba de celebrar la misa, y pidióle ~ue le
oyera en confesión ...
Más tranquilo ya
con estos auxilios espirituales se trasladó á
casa de' su tío el indiano, en donde estaba
convidado á almorzar.
Halló abierta la
puerta de la calle, que
daba á una especie de
vestíbulo ó zaguán, entró en éste, y la primera persona con quie~
tropezó fué con su pnma Inés, en bata chinesca y zapatillas de
tafilete encarnado, que
le dijo:
_ ¿Sabes que se ha
escapado Míster Górriz?
-¿El mono?
_ Si, ha roto ,la argolla de la cadena. Esta mañana le hemos
echado de menos.
F. M.

apóstrof~, dirigido á Estela en voz alta para que lo
oy~i°puente de la Concordia _estaba desierto. Estela
penetró por él. Sólo á larga d1stanc1a, al pie del palacio Borbón, movíanse dos -ne~ras soámbras. Mduó
la Joven
su a1re edor: no había nadie.
Después miró al cielo,
bañado ya en la naciente luz del día. Luego se
llevó la mano á la fren te como para detener
en 'su fuga á la razón,
que se le escapaba. Por
fin . se subió sobre la
balaustrada de piedra,
y con la mirad~ de~••·
necida en el infinito,
mientras se marcaba
en su pálido rostro una
expresión de angustia
sublime, se arrojó al
Sena, que re apresuró
á recoger en sus turbias
aguas á aquella arrogante hermosura, cuya
codiciada posesión tantos galanes hubieran
envidiado al caudaloso rio. Avaro éste de
su tesoro1 ó temiendo
quizás que alguno se
lo disputara, lo ocultó
en su seno instantáneamente, haciéndolo des•.
. aparecer bajo sus heladas caricias.
En aquel momento
asomó su proa por en• . tre los pilares del puente un vapor que salía
para el mar. Junto al

vapor, que aún avan_zaba con lentitud, iba
una chalupa ayudando
á la maniobra. El hombre que dentro de la
chalupa seguía al barco sintió caer algo en
el Sena; fijó su aten·
ción en el sitio donde
la caída se produjo,
guiado por los clrculos
que formaba en la superficie el agua removida, y no tardó en
ver flotar á pocas brazas de la chalupa un
vestido de mujer.
Los marineros del
Sena son diestros como
nadie en esta clase de
salvamentos, y Estela
fué extraída del rfo con
prontitud en cuanto
volvió á flor de agua.
una vez á bordo del
vapor, observóse que
aún vivía y se la instaló en el camarote del
capitán.
Tornó el capitán á
su tarea y confiósele el
cuidado de la joven á
un pasajero que viajaba gratis por especial
favor, un hombre onginal y extraño, medio

GODINO

LA DUDA FATAL
SEGU NDA PARTE

ºª

LA CADENA INYlSlBLE (1)

Apenas la infeliz E_stela se vió sola, ba¡o
el peso cruel _d_e la
ignominia, martm~da
el alma por la verguenza y el dolor, llena de
espanto y pers_eguida
por las 111 ás trá~cas VI·
siones, convertidos todos sus sueños de amor
y de ventura en ~na
especie de pesadilla
horrorosa, de cuya realidad no cabía duda de
ningún género, decidió
poner fin á aquel tormento superior á sus
fuerzas poniendo fin á
.
su vida, y huyó dejand O de o Román Ribera 1 grabado por Sadurni
LA v(SPERA DE LA FIESTA, coa ,
.
do á su espalda la algazara y el ruido á la
. .
ó
ebria muchedumbre. En carrera verttgmosa cruz_ .ardín de las Tullerías para observar si era vista por sabio y medio poeta, y en su doble ca_lidad dos veces
~l uien. Al volverse, vió á su l~do á un hombre que pobre que no habiendo logrado descifrar el problecalles y plazas, atravesó los bulevares /sfué
mándose rápidamente á los mue)les de henb~- rr:1ar- h;bía ido siguiéndola y en quien ella, en su locura, ma d~ la vida iba á encerrarse en la soledad, entre
no había reparado. Era un hombre ~legantemente las olas, en u~o de esos faros aislados que se alzan
una vez en su hermano, cuya ex1stenc1a a ia a
pu- sobre una peña.
t1'do que, al mirarla de cerca condmflamadas
r·
ves
..
gad• para siempre con la relajón
t~n;~: .; :~~
1
pilas
y
cogiéndola
de
un
brazo,
e
,¡o
con
voz
ar1
Llamál,ase J enaro; tenía treinta añ?s ya _cump i;
tremendos infortunios, y se figur vo ver
dos: En sus ojos había cierta fiereza mdórruta m_ezlos brazos abiertos al ir en ellos á estrecharla; pero diente:
.
· 1
_ ·Hermosa mujer! ¡Vas á venirte conmigo.
clada á una inocencia infantil. Era morena su tez y
esta visión fugitiva pasó como un rel~m¡agop:~;:~
~ joven lanzó un gtito, se des~sió de las manos su barba negra é inculta.
el huracán que sacudía sus atrope a os
ue la sujetaban y corrió despavorida.
.
Desde que Estela fué recogida á bordo, J en aro,
mientas...
ó
1 puente q Cuando llegaba Estela á 1~ plaza de la Concordia
que parecía babor hecho estudios especiales ~obre el
Llegó al maelle del Louvre, acere se a í
ba por allf un carro que iba á los mercados Cen- caso de que se trataba, dirigió todas las ~ed1d~s qt~
Nuevo Por el muelle y por el puente haba tra~ptrasla
de la deses- se tomaron para devolver á la joven la ex1stenc1a.
seunte; que pasaban y guardias vigilantes e~ ~d~r~ a es. El carretero distinguió ellrostro
óh'd
perada
á
la
_
luz
de
un
farol,
y
exc
am
'
ac1en
o res- mismo la colocó en la postura que más convenía; enla del río. Clareaba ya la luz de la a_u:ora a
tallar
su
látigo:
.
.
.
1
del
Sena
un
leve
reflejo
cemc1ento.
Estela
cendió un fuego muy vivo junto al cuerpo de 1~ aholas aguas
_ iHe ahí una que se ha divertido demasiado ~ gada y aplicó todo el procedimiento que la c1enc1a
que vuelve tarlle á su _casa! ¡Para ellas es el mundo. prescribe.
·
.
Véase LA ILUSTRACIÓN ARTlSTICA _n~ms. 501 y 502,
y el carretero añadió á estas palabras un obsceno
Al pasar el vapor por Mantes, al pie de la gran,
(11
d'enles
á los días 3 y 10 de agosto ultimo.
correspon
1

ªt:º:~

te

NúMERO 52 I

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

diosa alameda, Estela abrió sus ojos en soñadora
actitud sin fijarse en Jenaro. Aunque fué aquella
una mirada vaga é indecisa, J enaro quedó en ella
absorto contemplando la hermosura de aquellos
grandes' ojos negros. Lanzó Estela un suspiro, cerró
de nuevo sus párpado~, y J en aro, viendo que nadie
más estaba en el camarote, besó aquellos ojos, apretando bien las frías manos de Estela para provocar
una reacción salvadora.
Antes de que el vapor llegase á Rouen los ojos

de la triste realidad. J enaro se esforzó de tal manera por ir borrando todas las huellas del pasado en
su mente, que al dejar atrás el rfo iba ya Estela creyendo en una vida nueva y en la vanidad de aquella
siniestra fantasmagoría de la que aún se figuraba
sentir en su espíritu la carga abrumadora.
Deseando el capitán del vapor instalarse á sus
anchas en el camarote, y hallándose ya Estela fuera
de cuidado disponíase á hacerla desembarcar en el
primer pue;to por donde pasase; mas J enaró supli-

UNA PARTIDA COMPROMETIDA,

807
estos cuadros grandiosos de la Naturaleza regocijada
y radiante de hermosura, las miserias de nuestr_a
vida se achican de tal manera que apenas las percibimos.
·
- Pero ¿qué es esto?, exclamó Estela con asombro, mirando extasiada en torno suyo. ¡Estoy en
medio del mar!
Luego clavando en Jenaro sus ojos, le interrogó:
- ¿Y ~os quién sois? ¡Por qué estoy aquí? ¿Por
qué os halláis á mi lado? ¡Explicádmelo todo!

cuadro de 0. Román Ribera, propiedad de D. Manuel de Camps

de Estela volvieron á abrirse y de sus labios salieron có al capitán que le dejara llevarse consigo á Esdébilmente estas palabras:
tela para tenerla en su compañía en el islote deEstela estaba bellísima en su marmórea palidez.
- ¿Es un sueño?
sierto.
Jenaro, esclavo ya de los encantos de la joven y
_ ¡Sí!, contestó Jenaro con ansiedad. ¡ Es un
Estuvo tan persuasivo, hfzole con tanta elocuencia embriagado por el deleite que la contemplación de
sueño!
, ver cuán conveniente sería un .cambio completo de aquella belleza peregrina vertía en su alma, dijo á su
Entonces la joven miró á su compañero y su fiso- vida para aquella desesperada, le convenció hasta hermosa y ya amada compañera:
J1omía ·comenzó á animarse.
tal punto de la neéesidad de seguir con ella un tra- · - Esto que veis es la dicha. Un rayo de sol, la
- Pero ¿es un sueño que estoy viva ó ha sido un !amiento especial que nadie mejor que él podría libertad, el amor y un horizonte inmenso ... De eso
sueño cuanto por mi ha pasado?
aplicarle, que el capitán cedió al fin. Además, el vie- se compone la dicha humana. ¡Mirad! El sol derra- Todo cuanto creéis haber sufrido ha sido un jo lobo marino temía las enojosas y múltiples forma- ma torrentes de luz sobre nuestras cabezas; aquf sosueño únicamente, murmuró Jenaro al oído de Es- lidades á que tan aficionados son los hombres de mos libres, tan libres que jamás sobre esta isla se
tela, comprendiendo cuán delica_d~ y crítica era la . tierra; y como, por no detener su marcha al salir de proyectó la sombra de un rey, de un juez ni de un
situación. Ahora es cuando no sonáis; todo lo demás París, había infringido los reglamentos continuando verdugo; es tan poro nuestro amor que nunca podrá
fué sólo una pesadilla de la que no hay que volverá á bordo con la joven extraída del rfo, quiso evitar empañarlo ni la más ligera -nube; ni el vil interés ni
. acordarse ya nunca.
declaraciones y trámites y accedió á la pretensión los celos llegan hasta aquf; sólo el cielo y el mar son
-¿Es verdad lo que me decís?
de Jenaro.
testigos de nuestra ventura; volved en torno la vista:
- ¡Cuanto os digo es verdad! Ahora ~s cuando
Al ir el vapor aproximándose á la aislada roca de nuestro horizonte ·no tiene límites; la creación preempieza vuestra vida. Hasta ahora habéis sido es- cuyo faro iba, el extraño pasajero á ser el guardián, senta á nuestros ojos sus mayores magnificencias y
clava de un prolongadísimo letargo.
compuso éste á la joven una bebida que la sumió en el infinito nos descubte sus más indescifrables mis- ¿Y dónde estoy?, exclamó Estela incorporán- profundo sueño, y dormida desembarcaron á Estela terios.
d
Al escuchar maravillada este lenguaje, Estela miró
enb el solitario islote,
desded el cual la costa
se diviose.
. '
f
1·
Su fatiga era extrema, y la joven volvió á desplo- sa a como una ranja ver e, á la que os arenales á Jenaro con viva atención, observando los rasgos
marse rendida sobre.ti lecho en que reposaba.
formaban un festón de oro sobre la nfvea espuma de su fisonomía expresiva y original. Comprendió la
- ¡Vamos! No os agitéis. Procurad ahora 'dormir de las olas.
sínceridad profunda con que aquel hombre babia
algunos momentos. Os conviene descansar. ¡Sobre
Estela se despertó sobre el faro blanquísimo. El hablado. Sus teorías sobre la dicha humana hallaron
todo, que vuestra imaginación no trabaje!
mar estaba en calma y brillaba el sol entre las dos eco en. su corazón. Se dió cuenta del sentimiento
y al decirle -esto Jenaro colocó á Estela en una azules inmensidades, la inm~nsidad oceánica y la in- que en el alma de Jenaro habla hecho y, al cabo,
posición que le impidiese _ver el río.
mensidad celeste. El vapor que iba alejándose deja- .pudo éste un día proclamarse dichoso, viendo á EsLa joven volvió á dormirse.
ba á ~u popa un prolongado su¡co que poco á poco tela suya y feliz, subyugada por el encanto que para
Pasaron muchas horas. Cada vez que Este!• se se borraba en la líquida superficie. Una bandada de ella tenía aquella vida nueva.
despertaba Jenaro prodigábale cuantas atenciones gaviotas cerniase alrededor del faro, lanzando esos
Pas3ron las horas, los días, las semanas y los mesu estado ~xigfa. Aunque ignoraba por completo las alegres chillidos con que las palomas del marcele- ses en verdadera fascinación. Cuando llegó el buen
causas que la impulsaron á tomar la resolución fatal bran sus fiestas, Diríase que, contentas, saludaban tiempo, una golondrina fué á colgar su nido en le
más alto de la torre.
del suicidio, era evidente que ~quella _desgracia~• á Estela por su venida.
habla sido azote de extraordinarias desdichas. Vema
Jenaro había querido que ,il abrir Estela sus ojos
Ni una sola vez Jenaro quiso preg•ntar á Estela
á ser un acto humanitario apartar su pensan¡1ento viese aquel admirable espectáculo. En medio de !e que la indujo á suicidarse. Ni una sola.vez se atrevió á hablarle de las causas que la decidieron á Jan-

�COUP D.' CEIL, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Isidoro Llovet
(De fotografia de Juan Marti.)

PERCANCES DEL CARNAVAL, cuadro de D, Román Ribera, propiedad ele D. Adolfo $014

�8JO

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 521

LA

NúMEkO 521

zarse al río ni de nada siquiera que pudiera evocar
Dos ó tres veces Jenaro evitó, invocando diver- doselos oir á su amada, ¿no la sacaría del sueño en
el pasado en su memoria.
sas razones, que visitasen el faro algunos bañistas que se deslizaba su existencia y la haría sentir la
Sin embargo, una tarde, mientras Estela al pie del que paseando en sus botes llegaban del puerto vecifaro regaba unas flores y él en la altura miraba ha- no. Varios de entre ellos hablan insistido con singu ·
cia la costa, pensó que en aquella tierra que estaba lar tenacidad en que se les permitiera la visita. Mas
viendo, Estela había vivido, y había sido hermosa, y Jenaro se mantuvo inflexible.
había sido amada, y .. . ¡quién sabe! ¡qu izás había
U na tarde creyó sentir voces del lado (je tierra. Vió
amado!... ¡Oh! ¿Existiría sobre el mundo algún hombre
que hubiera poseldo el amor
de Estela?.. . Jen aro al pensar

en ello se estremecía. Siendo
tantos los que en el mundo

corren tras de 1a dicha, era
diíícil que alguno de ellos no
hubiera pasado junto á Estela
y difícil también que deje á la
dicha huir el que logra encontrarla en su camino ... Y si
existía sobre la tierra alguno
á quien Estela había enrique-

cido con su amor ... ¿quién era
aquel hombre? ¿Cómo se llamaba? ¿Dónde vivfa? eLe había
amado Estela más de lo que le
amaba á él? ¿Cuál era el pa·
sado de aquella mujer encantadora que á sus brazos llevó
un simple capricho del azar?
¿Cuál era el secreto que se
ocultaba en aquella ignorada

existencia?
J en aro, que con un afán tan

constante se esforzaba por impedir que Estela volviera al
pasado la vista, empezaba él
mismo á sentir la atracción
del insondable misterio. Era
su dicha tan grande, que comenzó á dudar de ella.
- ¿Seré realmente tan feliz
como me creo?, se preguntaba.
¿Quién es esta mujer? ¿De
dónde viene?
En aquel instante miró bacía abajo y la vió en gallarda

apostura, siguiendo con sus
ojos el vuelo de las gaviotas y
recibiendo el beso de las olas,
que en rizos de espuma que-

rían cercarla.
Entonces Jénaro dióse prisa á alejar de su mente las ne ·
gras ideas que lo asaltaban;
descendió del faro, corrió don·
de Estela y, cautivo de sus
seductores encantos, sintióse
en plena felicidad.
Era ya la época del estío y
aquellos dorados arenales que
en la costa se distinguían pob!ábanse de parisienses y de
forasteros llegados de las grandes ciudades más próximas.
Algunos botecillos de recreo
iban hasta el faro en las tardes

serenas, lo que animaba un
poco la vida ordinaria del islote, pues hasta que principió el
verano sólo se acercaba .á
aquella roca un pequeño batel
que cada dos ó tres días llevaba á J enaro y á Estela sus

iLUSTkACIÓN ART!STICA

periódico El Liberal, siguió el concurso último, de cuyo resultado hemos dado cuenta á los lectores de
LA ILUSTRACtÓN ARTÍSTICA. Cuan·
do todo parecfa normalizado, un
incidente viene á poner de relieve la
necesidad de rehacer por completo
el reglamento de la Academia, para

realidad de un pasado lleno de tormentos crueles?
¿No serla peligroso hasta para la vida misma de la
joven un despertar brusco que disipase el encanto
de la ilusión que la hada dichosa?
Mas ¿cómo aquellos jóvenes que iban en el bote
la conocían? ¿Y quién era Gaultjer, por quien le preguntaban?

anverso y reverso. Se compone de dos episodios medianlsimamente ejecutados del viaje primero de Co•
Ión á América, y que lo mismo servirían para bajos
relieves -cuadrados y aislados, que para otra cosa
cualquiera.
· Como se ve, estos son defectos de fu □ d!mento.
La medalla debía sintetizar una idea, y esta idea no
existe; la medalla debía tener reverso y anverso y no
ción ordinaria y por un solo voto, los tiene. Es decir, que no tendremos medalla, tal y
el Sr. Suñol logró que se le adjudi- como se entiende la medalla de este género.
casen los dos esfinges, habiendo decidido dich_o acuerdo los votos de
el de que voy á ocuparme.
El Jurado, nombrado del seno .de
la corporación consultiva á que vengo refiriéndome, propuso al escultor
académico Suñol para que ejecutase
un esfinge y al Sr. Moratilla para
el otro, con arreglo á las observado,
nes del dictamen técnico. En vota-

el hombre á quien Estela habla
hecho feliz con su amor! Aquellos jóvenes, quizás, eran pari·
sienses que habían con Estela
reído y gozado y sahlan de ella
lo que Jenaro ignoraba.
A la tarde siguiente otro bo. teci!lo fué aproximándose, y al
pasar junto á la peña de la
ligera embarcación sa_lieron

los mismos gritos: ¡Resigna•
ciónl t Y Gaullie,1 Las impre•

"El gran acontecimiento de estos días, y el cual obscureció el éxito de Concha Castañeda, fué el articulo de mi compañero Mariano de Cavia, llamando_ la
atención de los poderes públicos respecto de la m-

siones dé la noche pasada sacudiéronle á Jenaro con mayor fuerza, y una terrible sospecha surgió en su espíritu:

minencia de un incendio que destruyese nuestro Mu•

¿sería Estela una de esas mu-

seo de pinturas. La emoción producida en Madrid
aquella mañana y después en toda España y Europa,
aún hoy la reflejan periódicoscomoI/ Seco/o, L, Temps,
The Daily Chronic/e, etc. En esta corte no se habló
de polftica, del nuevo ministerio, de nada absolutamente más que del famoso articulo. En el salón de

jeres de desastrosa vida que

en París tanto abundan, sumidas en el fango de los place res y hábiles en engañar y en
fingir, y reducirfase aquel sueño de felicidad en que parecía
encantada á una simple fic-

conferencias la nota saliente era el incendio supues•
to, su trascendencia y las medidas que _debla tomar
el ministro de Fomento. Yo, que he tenido el honor
de hablar varias veces aquellos días con el Sr. Linares Rivas, á propósito de la cuestión palpitante, puedo
afirmar que el nuevo ministro agradeció en lo que
valfa el aviso, llegando su galanterfa conmigo hasta

ción, á una vana mentira? Je ·
naro, no pudiendo resistir al

man á alguno!
J enaro guardó silencio; Estela puso grande atención,
queriendo oir lo que gritaban ...
Pero llevábase el viento las
voces que del botecillo sa-lfan .. . Por fin, una ráfaga las ·
hizo llegar á los oldos de Estela y ésta oyó claramente:
-¡Rmgnación! t Y Gau,hú1
La pobre estela, al oir aquello, se figuró que soñaba. Luego, convulsa, apretándose los

ojos con las manos, cerrándolos y abriéndolos con agitación febril, como quien despierta de un penoso y largo
sueño y aún no está seguro
· de haber salido de él completamente, llevó á cabo un

esfuerzo decisivo, dió un grito
desgarrador y, rompiendo á

reir en ruidosas carcajadas,
exclamó de una manera inco·

herente, dándose golpes contra las paredes del cuarto:
provisiones.
- ¡Pobre loca! ... ¿Y tú creías
Creyó Jenaro advertir que
que lo pasado era un sueño? .. .
muchos de los jóvenes alegres
LA VISITA, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Federico Marcet
¡Ja! ¡ja! ¡ja!. .. ¡Qué ha de ser
que, remando y cantando, sosueño! ¡Pues no eras poco amHan pasar junto á la peña, mibiciosa! ¡Ser feliz!. .. ¡Gaultier!
raban á Estela con esp_ecial curiosidad siempre que á pocas brazas del islote un botecillo que pasaba. ¡Samsón! ¡Los reyes de Etruria! ¡La guillotina! ¡Mi
al pie del faro la velan, ó buscábanla dirigiendo Patecióle á Jenaro que los que iban en él llamaban hermano! ¡El Sena! ¡Jenaro!... ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¿Todo versus anteojos de mar hacia la venfana de la joven á alguno y escuchó atento. No tardó en· percibir este dad ó todo mentira? ¿Estoy viva 6 muerta? ¡Ja! ¡ja! ¡ja!
cuando se hallaba ésta dentro del faro. Con un grito que del bote salfa: ¡Resignación/ Después oyó
Jenaro, lleno de terror, corrió hacia Estela, gripretexto fútil cambió la habitación de Estela, que gritar: t Y Gaullier1
tando:
. se abría hacia la costa, por otra que miraba al ili·
¿Qué quería decir aquello? Jenaro se perdla en
- ¿Qué es lo que he hecho?
mitado horizonte. Además el faro, que era de có- las más hondas confusiones. Como Estela se hallaba
Fué á abrazarla, mas ella lo rechazó enérgicamenmodo acceso por el lado ·que hacia la costa caía, ha- en aquel momento en su habitación, del lado que te, diciéndole:
llábase defendido mirando á alta mar por una larga cae á alta mar, no llegaron á su oído las voces. E l
- ¡No os conozco! ¿Quién sois?
y complicada serie de escollos que hacfanlo inacce- bote pasó; hundióse el ,o! tras del horizonte lejano, , - ¡Estela, yo te adoro!, exclamó él, queriendo essible.
y en medio de las tinieblas J enaro creía seguir oyen- trecharla en sus brazos.
A Estela no le contrarió aquella mudanza que au- do los dos misteriosos gritos ¡Resignación/ t YGaul- ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡Abrazará una muerta!, respondió
mentaba su aislamiento. El torrero á quien reempla- tierl Se despertó durante la noche ·sobresaltado; las Estela, y lanzando estridentes carcajadas volvió á
zó J en aro había.se dejado ali{ varios libros, inspira- dos voces resonaban en sus oídos con persistencia golpearse contra las paredes.
·
dos todos ellos en la salvaje poesía del mar, y la lec- invencible. J en aro tenía un vago presentimiento de
- ¡Oh! ¿Qué es lo que he hecho?, gritó Jenaro
tura de aquellos libros completaba el poético ensue- que en aquellos dos gritos encerrábase la clave del con indecible desesperación. ¡Eramos dichosos y la
ño en que la joven vivla.
secreto que ocultaba el pasado de Estela. Hacién- he V{\elto loca! ¡Estela! ¡Estela mía!

la opinión de los artistas y de la crítica otorgando
la ejecución de la medalla al que se le otorgó. Cuando se supo el acuerdo, la prensa toda disparó con
bala rasa sobre el artista y sus protectores, llegando
algún periódico al extremo de pedir que de ahora en
adelante □ o se someta á las decisiones de la Academia de San Fernando ningún asunto de arte.

La medalla en cuestión tiene, entre varios, un de•
evitar que se repitan hechos como fecto capital: el de no ser medalla por carecer de

¡Ah! ¡Gaultier era, sin duda,

impulso de aquella sospecha,
corrió donde Estela, que notó
en él cierto temblor; la cogió
de la mano, y llevándola á su
antigua habitación la hizo asomarse á la ventana desde donde se distingue la costa.
-¿Ves aquel bote?, le dijo.
¿Qué es lo que gritan los que
van dentro? ¡Dirfase que lla-

811

-¡Ja! ¡ja! ¡ja!, continuaba Estela, riendo

sin cesar.
Cuanto más grande era el dolor de Jenaro, más fuertes y más seguidas eran las
carcajadas de Estela.
Penetraba en la habitación el último rayo
del sol poniente. Jenaro cayó de rodillas y
dijo á la desdichada:
- ¡Perdóname!
Pero la joven al mirarlo prorrump10 en

nuevas carcajadas estrepitosas.
Entonces J en aro leva~tóse, extraviado el
juicio, y llevándose las manos á la cabeza
se dirigió rápidamente á la ventana, se arrojó por ella y cayó sobre las peñas, donde
Ilojas del álbum de D. Román Ribera
quedó hecho pedazos su cuerpo.
Como habla cerrado la noche y la luz del
faro no brillaba, acudieron del puerto vecino á saber la numerosa sección de música, que entenderá mulo que ocurrfa. Las carcajadas de Estela guiaron á los cho de fusas y semifusas, pero de artes plásticas ni
marineros enviados con dicha misión. Las frases una sola palabra.
ininteligibles de aquella desgraciada y los restos del
El escultor Moratilla, aconsejado, según dicen, por
cuerpo de J en aro fueron los únicos datos obtenidos varios individuos académicos, presentó una protesta
,obre aquella doble catástrofe que quedó para siem- para ante el Consejo de Estado pidiendo la anulapre envuelta en el misterio más profundo.
ción del acuerdo definitivo, fundándose para esto en
Fué así, con la razón perdida, como el conde_ de que el Sr. Suñol, faltando á la• bases de la convoqEtruria volvió á hallar á su hermana, de cuya última toria, que exige un modelo para cada estatua ó esfindesdicha había llegado hasta él el rumor. Solía con ge, no presentó más qde uno, y llamando la atención
frecuencia ir á vi¡itarla al establecimiento donde la del Consejo acerca del hecho de que se retirasen del
tenía y, en sus arrebatos de locura, la infeliz Estela salón en el acto de procederse á la emisión de los
creía siempre ver brillar u □ faro cuya luz la hacia votos gran parte de los individuos del Jurado.
sonreír, calmaba su fiebre y acababa por adormecerSea lo que quiera, lo cierto es que todavía no se
la en un sueño reparador, durante el cual mostraba comunicó oficialmente á los escultores premiados la
en su rostro una expresión de dicha inefable y de orden de dar comienzo á los modelos definitivos;
que en el seno de la Academia d~ San Fernando
sup¡ema ventura.
existe un desacuerdo latente, y que este desacuerdo
ERNESTO GARCÍA LADEVESE
hubo de alcanzar su período álgido con motivo del
concurso de proyectos para una medalla conmemo·
rativa del centenario del descubrimiento de América;
CRONICA DE ARTE
desacuerdo tal, que ocasionº6 sesiones muy agitadas
allf donde hasta hace poco todo era tan sereno como
Un incidente. - La Academia de San Fer~ando. -Las ~~da- la superficie de un lago.
llas conmemorativas del cuarto :enten~no del descubnm1enVerdaderamente las secciones técnicas de esculto de América y la critica. - El mcen_d10 del Museo del Prado._ El fantasma de fuego. - Carolina Méndez en el papel tura, pintura y arquitectura tienen razón para sentir•
de· Marquesi/o.

La odisea de la decoración escultórica del nuevo
d"fi • •destinado á Biblioteca y Museos de esta
e i t c,oO ha terminado todavla. A, la desaprobación
c~r ~ tn •a¡ que del reparto de obras habla hecho en
mmis en
· d e Ia A cad em1a
.. d e
• · -0 la sección técmca
~
n=i
.
..
B II p A ies haciéndose eco el mimstro de Fornentoe d:\0 ~icho e□ contra del reparto aludido por el

se molestadas con la ingerencia de la musical, que
viene decidiendo, hace algún tiempo, de la marcha
ele nues!ro arte P?r la fuerza del nú~ero. La medalla premiada es sm duda de las primeras entre las
medianas. Disputábanse el premio un proyecto de
un artista catalán, otro de un vienés, otro de un beld ·¡ . N d "
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ga y otro d.e un ma
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las fuertes influencias del autor que resultó premiado, que llegase el cuerpo académico hasta desafiar

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DEMANDA DE HOSPITALIDAD, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Man uel de Camps
(De fotografía de D Juan M.irtí.)

�LA i LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

reseñarme de antemano las medidas que inmediatamente pensaba tomar, alguna de las cuales se está
llevando á cabo.
El mismo día que el Sr. Linares visitaba el edificio
del Museo, cumpliendo la orden recibida por el
director de Et Liberal visitaba yo también sótanos
y buhardillas de dicho Museo, y pude observar como
el peligro de incendio era una verdad. Lo mismo
creyó el ministro de Fomento al decirme que había
visto horrores, y que nuestra Pinacoteca tenía dos
enemigos, uno en los 'pies y otro ea la cabeza, es
decir, dos bosques de madera seca en los sótan~s y
en el tejado. La campaña comenzada por Cavia y
seguida por mi desde las columnas de El Liberal,
fué secundada por toda la prensa sin di stinción de
matices políticos. La unanimidad de pareceres dió el
resultado apetecido, puesto que al desaloje de los
sótanos se seguirá inmediatamente Ja construcción
de dos pabellones para. los empleados del Museo y
la instalación de los calorlferos de vapor.

Debiendo ... ¡Eso de que todos los oficios han de por terminada. Acompañamos al padre á su domiciempezar con gerundio tiene mucha droga!
lio, y allí, bajo el dintel de su puerta, nos dió á todos
¿Pero qué póstula es esa, ni qué tela, ni qué pa- las gracias y se disolvió la reunión.
dre, ni qué falta hago yo para todo eso?
Mohíno por demás regresaba yo á mi casa, dicién•
En fin: vamo¡ á obedecerá la autoridad local, no dome: &lt;¿Qué será lo que el padre hará con eso? ¿Se
vaya á hacer conmigo una alcaldada, Quizá en el lo irá .á comer? Entonces revienta,» cuando, corno si
Ayuntamiento habrá quien me explique el enigma.
hubiera adivinado mi curiosidad, se me acercó el alSeguía yo á la sazón tendido en una c/1aise lo11g,1e guacil á hablarme.
junto á un balcón de mi casa en Montemayor, desde
- ¡Qué buena ha estado la póstula, me dijo; ya
donde se dominaba toda la campiña que se extiende tiene el padre tela larga!
entre este pueblo, los de Espejo, Montilla y Castro
- ¡Ya lo creo, si se lo come todo!.. , le contesté.
del Río, ócupando gran parte del término de Córdo- ¡Ca, no, señor! Es para la tela.
ba A Levante y sobre la línea del horizonte se des- Per.o, homcre, ¿qué tela es esa?.
tacaba en la sierra el célebre santuario de la Virgen
- Una tela que se compra con el dine ro que den
de Cabra; á Poniente las grandes masas de olivar de mañana en subasta por cada cosa separada para ha•
la Rambla, de Aguilar y del mismo pueblo de Mon- cerle al padre calzoncillos y camisas,
temayor, corriéndose hacia el Sur y ocultando á
- Pero diga usted, ¿se ha venido el padre al puemedias entre los pliegues del terreno el lindo pueblo blo si,1 calzoncillos?
de Feman- :rúñez, con sus famosas estacadas, tam·
- Yo no sé; pero es costumbre que lo que se re·
bién de olivar, y el monte de la Mota al final del cua• coge de la póstula se venca, como le he dicho á usted,
dro. Al N arte, la negra barra de Sierramorena, á cuyo para comprar al padre cuantas varas de lienzo quepie está Córdoba, la sultana, la odalisca, ó lo que se pan en el dinero que produzca la venta de lo que
quiera, de las regiones del Occidente.
hemos postulado, el cual lienzo ha sido hilado y teLa pintura escenográfica está mirada en España
Por entonces los habares en flor enviaban al aura jido por las mujeres de este pueblo con algunos mepor la crítica con total indiferencia. No as( en el ex- sus perfumes; los olivares vestían su trama blanca,
ses de anticipación.
tranjero, especialmente en Francia y Alemania, don'de esmaltando las verdes copas de los árboles; las arna,
- ¡Gracias á Dios que ya lo he comprendido todo!
este género pictórico se aquilata como todos_ los de- polas abrían entre los trigos su espléndido manto de
Hemos
ido nosotros con el padre cuaresmal para
más, discutiéndose la mayor ó menor propiedad y grana, y el aire tibio de la primavera saturaba de ox{.
estimular
la piedad del vecindario en su favor; y el
justeza del asunto desarrollado en los telones, en geno vivificadQr los pulmones. Más cerca de la torre
padre
va
á
quedar de esta hecha bien surtido de
dibujo y factura, etc., etc.
ó mirador estaba, en el pueblo mismo, el castillo
Digo esto á propósito del melodrama ó lo que sea de los duques de Frias, con sus tres tprres per- ropa blanca al menos, si es que no saca otra cosa de
sus sermones .
estrenado en el teatro Circo de Parish de esta corte, fectamente conservadas: la de la Paloma, a•alaya al- ¡Que si quieres! Eso no es más que una friolera.
hace escasamente tres semanas, y que se titula El tlsima que se descubre á gran distancia; la de las
En buenos pesos duros le pagan al padre lo que
fantasma de fuego.
Armas, ósea la del Homenaje, y la torre Af0t:ha, llaLa escena tiene lugar en las profundidades de una mada así porque carece de almenas y matacanes: es- predica; y además comido y bebido toda la Cuaresabandonada mina de carbón de piedra. Las mutacio- pecie de bloque enorme que parece con su pesadum• ma y la Semana Santa. Lo de la tela es un plus de
nes son muchas y los telones están, como pintura, bre amenazará los barrios del pueblo que en decli- campaña, como el que me dieron á mi muchas veces
en el servicio del rey.
·
bien ejecutados, pero la verdad brilla por su ausencia. ve se extienden á sus pies.
-¿Y
todos
los
años
es
lo
mismo?
Figúrense mis lectores las negruras de una mina
Abandonar aquel magnífico panorama para ir á ver
-Lo mismo.
de hulla; supónganse el aspecto dramático de esas al alcalde y en busca de lo desconocido era toda una
Pero, hombre, ¿no sería más decoroso hacer la
galerlas subterráneas, donde brillan, al reflejo de la decepción; pero como de decepciones está llena la
póstula
en dinero, dárselo al padre y que éste se
linterna del minero¡ las cristalizaciones de la madera vida, no hubo más remedio que resignarse, vestirse
comprase lo que más falta le hiciera?
petrificada en miles de años, dé existir falta de todo y acudir á la cita.
· - No, señor; porque en dinero no se juntaría en
contacto con el aire y la luz solar en las entrañas de
Cruzando las calles de la población, cubiertas por el pueblo ni cien reales. La mayor parte de las mula tierra, y supondrán algo parecido á la verdad, tan un pavimento completamente primitivo que precisabien descrita por Zola en Germinal. Pero no se íma· mente se sostiene por indicación y á instancia de ca• jeres que dan una libra de tocino, que vale dos peginarán - seguro-que el pintor escenógrafo enten· llistas y pedicuros, llegué sano y salvo á la casa mu• setas, ó un celemín de trigo, que vale una, si tuvieran
que dar d inero no pasarlan de cuatro ó seis cuartos.
diese que esas negruras dramáticas debla desterrarlas nicipal.
-Me quedé convencido, aunque por afán de replide su paleta, sustituyéndolas con los brillantes maNo eran las tres de la tarde todavla, y ya la sala car, le dije:
tices de las rocas que existir puedan en las caverna,s capitillir contenía todo lo más granado del sexo
- Pues si el padre viene por aquf muchos años,
á flor de la tierra ó en la superficie de los montes. masculino del pueblo con el vicario eclesiástico, el
en muy pocos junta una tienda.
Resulta de esta manera singular de interpretar la alcalde, el regidor sindico y otros tres ó cuatro conce- Es que á éste no le volvemos á llamar hasta que
verdad y el efecto escénico,que desaparece la ilusión jales. Abajo y á la puerta de la entrada principal del
se
calcula
que la tela se ha roto. Llamamos.á otro y
que en el espectador debiera producir la mayor apro• edificio se hallaba el alguacil tenienao del ronzal una
vao alternando.
ximación al natural, quedando tan sólo en la me- burra aparejada y sobre el aparejo un gran serón vaA semejante abrumadora lógica nada tuve que
moria y en la retina el recuerdo y la imagen de colo- cío, y con el alguacil estaba el pregonero con otra
contestar;
pero el alg uacil, que tenla gana de converres, luces y formas completamente distintas á lo que burra y otro serón semejante. .
sación, me dijo:
realmente deblan ser.
Al cabo de poco tiempo se presentó en el salón el
- La póstula de este año ha sido buena porque el
Nada digo de la decoración en que se representa el padre cuaresmal que habla predicado en la parroquia,
campo
se presenta bien; porque anteanoche se le díó
fondo de la mina teñida de azul y de aquellos volan- no sólo todos los domingos de la última Cuaresma,
tes, ruedas, transmisores y otros artefactos; segura· sino también el septenario de Dolores, a¡( como los una paliza al comisionado de apremio que vino de
mente obedece á exigencias del libreto tan extraña sermones de Pasión en la iglesia y el llamado del Córdoba y se volvió más que de prisa, y porque el
padre ha dado gusto.
como inaudita ignorancia de lo que una mina de car- Paso en la plaza pública.
- ¿Cómo gusto?
bón es. Julio Veme lo perdone á sus glosadores.
Ya encontré descifrada la personalidad, det padre,
- Porque ha hecho llorar á todas las mujeres y á
Respecto de las decoraciones de paisaje, de case- pero aún no sabia yo una jota ni de la póstula ni de
muchlsimos hombres.
río y de marina, tan sólo elogios merece el pintor.
la tela.
- ¡Vaya un gus to!
Cambiados los saludos de rúbrica con la mayor
- Sf, señor; y ha arreglado dos docenas de matri·
cordialidad, salimos todos del ay untamiento proce- monios mal avenidos, convenciendo á los maridos
R. BALSA DE LA VEGA.
sionalmente. Primero iban las dos burras con el al• de que no deben reparar en pequeñeces.
guacil y el pregonero. Después los ya dichos señores
- ¡Ah! SI, como en la corte, donde ha tiempo que
del pueblo, presididos por el alcalde, el vicario y el no se repara en esas pequeñeces.
padre cuaresmal.
LA TELA DEL PADRE
- Y las mujeres ...
Pronto averigüé lo que significaba la póstula. Los
-¿También convence á las mujeres?
ARTÍCULO DE RARAS COSTUMBRES
postulantes éramos nosotros; el objeto de la póstula,
- De que cuanto más tiempo están les hombres
el padre y su tela. Esto último es lo que me faltaba en la taberna, más libres están ellas en su casa para
- ¡Señorito!
entender. Llegam©s á todas las casas: á las de los hácer su santísima voluntad. Y luego ... ¡vaya un pico
-¿Qué hay?
medianamente acomodados y á las de los pobres; y de oro! ¡Cómo relata aquello de la Magdalena cuan- Este oficio han tra(do para usted ,
el pregonero y el alguacil, ambos de buenas pulmo- do limpió el sudor y la sangre del rostro del Señor,
-¿Un oficio? ... ¡Pues está bien! ¡Yo que he venido nes, se entraban por los patios adentro gritando desá pasar una temporada en este pueblo, que es,.si bien aforadamente: «;Para la tela ·del padre!» volviendo y de la Verónica, que derramó sobre los píes de
peqi1eño, uno de los más pintorescos de Andalucla, fuera con Jas manos ocupadas, ya c.on una sarta de J esucristo ungüento de nardo, que dicen que huele
huyendo de informes, oficios y expedientes ... ¿Quién chorizos, ya con un pedazo de jamón, ya con un trozo muy bien, y se los secó con los cabellos!
- ¡Hombre, eso no lo pudo decir el padre! Pasó
lo trae?
de tocino rancio, un celemín de trigo, de garbanzos
todo lo con trario. La Verónica fué la que en un lien·
- El alguacil.
ó de habas secas, algunas gallinas, huevos á veces,
-¡Cáscaras! ¡Esta es más negra! Yo respeto mu- medio queso ó algunos cuartos. En ciertas casas nos zo sacó estampada la cara del, Señor, al querer secar
ch(simo á la autoridad; pero la verdad es que siempre daban, no jamón, sino huesos de jamón, lo cual no el sudor y la sangre que brotaba de su divina faz, y
he procurado, y Dios me conserve en mi propósito, es lo mismo; un puchero c,on miel, tres panes muy la Magdalena la que se presentó en el cenáculo y
no tener relaciones de ninguna clase con ella. En fin, morenos ó un puñado de alpiste ó de lentejas. En ungió los pies de Jesús.
-Tiene usted razón : eso fué lo que dijo, sino que
veamos. Justo: un oficio del alcalde, que á la letra las tabernas, ya se sabe, un frasco de aguardiente ó
siempre
que se habla del cenáculo me trabuco y no
dice asl:
una mediana cantimplora de vino malo.
pienso
más
que en Ju das. Si está usted aqul para
&lt;Debiendo verificarse en la tarde del dla de· hoy
Pronto se llenó el seno de ambos serones y tuvila póstula para la lela del p adre, espero que se sirva mos que hacer alto en medio de la calle hasta que otro Sábado Santo, verá usted cómo fusilamos áaquel
usted concurrir á las casas capitulares á la tres en volvieran con las burras el alguacil y el pregonero, perro traidor.
- Pero hombre, ¡si J udas se hizo justicia á sf propunto. Dios, etc.&gt;
que hablan ido á descargar en casa del padre toda
·
Si el oficio hubiera estado escrito en chino, creo aquella vitualla. De este modo se hicieron cuatro ó pio ahorcándose de un árbol!
No
importa.
Para
Judas
no
hay
cuartel.
Ahor•
que lo entendería mejor.
cinco viajes, y allá á las oraciones se dió la póstula cado y todo lo fusilamos.

LA

N ú MER0 521

NúMERO 521

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- ¡Muy bien hecho!
Le recomendé encarecidamente que siguiera arre• el principal testero, se veían tres ó cuatro rollos de
Llegamos á casa y me despedí del alguacil.
glando muchos matrimonios q ue aún estaban en pe- lienzo blanco y prensado.
A los pocos días tuve que hace r mis visitas para cado mortal, ya por las pequeñeces de ellas, ya por
Aquello era la tela del Padre.
despedirme de las personas notables del pueblo. Una el extravío de ellos, y me lo ofreció evangélicamente.
de las de rigor era la del padre cuaresmal.
Sobre un an tiguo sofá que en la estancia ocupaba
A GUSTÍN GONZ ÁLEZ R UANO

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MONTANER Y SIMÓN, EDITORES ♦

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Véndese formando un precioso álbum, encuadernado en tela, al precio de • S ptas. ejemplar

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(Gaceta de los Hoaplt1le1)

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JA.RABE

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PASTA
de H. AUBERGIER

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Dude hace mu de años, el l arall• Laro-■ •• prescribe con ~xito par
lodos los médicos para la curacion de las gutrltla, gut.raljlu, 4elo,_
J ntortiJonu de eatómago, ntreilim.lento• nbeldN, para facililar
l&amp;
re¡ulamar
las
loa41gutlon
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._ _ _IOdu
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_funciones
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w!Blone■ y to■ de los nil!os
lu afeccione ■ nervio■aa.

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e Una completa tnnocutdad, una encacla petfect.amenie comprobada en el Catarro
tr,'4t mtco, las Bro11qut1,i, Catarro,, .Reuma,, 1'ot, a,ma e ,rn,acwn de la gar¡ auta ban
iran geado al JAR.A.BE!h P .lSTA de AOBEBGIER u na tnmenlll rama •
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Eztracto ú l Fomulario U ito 4'l S-• BOll(hrú l nUdr4tt, o 4, ta Fa:IUtU" lft4ie,111 (te- , dicWJIJ
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venta Por mayo~ : COlll.&amp;.R Y e-. 18, Calle de Sl·Cl&amp;ul.le, PARlS
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DEPOSITO I N' LAS P II JNCJPALES BOTIC.U

-

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-

-

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-

APJ:OL

LA SAGRADA BIBLIA

de 101

lDICIÓN ILUITltA.DA.

o·•· JORET &amp; HOMOLLE

El APIOl. cura los dolore,, retra,o, , u,,;..
•fonn .,, ,., Zpooa■, ast como las P4rt11d

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Uo caa.ado •• &amp;omaco.a bae.ao, alimeneo.
1bebldufortilit:11ace,, caalelríao elcat,
el U. Cada caaJ acoge para p.ar,áne la'
libra 111 oomid1 ga, 'ma, le coarleaÍ.a
re,a11 n.r ocapac1oau. Como eJ caa,u'
cio fDt la PWV• oca,toaa queda comle •n ulado por o/ oleclo do ¡1
a1111 •Umen&amp;acioa empJ,ada,aao
H ,ec1do t•e11.mea1o • ro/r,r
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DaPdltTO GtlfllU.L: 45. Rue Y1UY1lllers. PARIS. lt,isltou toilu Ju r..,..¡u.

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El ~ABB' DB' BRlANT recomen dallo d eade au Pr1 Dc1PIQ por loa proreaorea
~ennec, Tlulnard, Oueraani. etc. ; 111 rec ibido la consagracfón del tiem po· en 1

con n.:e

ano 18211 obtuvo et vrt,lleglo de Invención. VUDADERD CDl flTI PICTDUL
de goma Y df J.l&gt; U&gt;ol.81, conviene. aobro todo , 1aa personu l1iJ.1caaü como
mUj erea T nlnos. Su gu sto e1.ce1ente no perJ ud lca en modo alguno á su 8n 1
contra los H!FRI4.DOS y todas 188 IIFLiU CIGll'ES del PECIO y de 108 IITESrrn1~c a

~
Las caaas ex tra.i,Jeras que deseen anunciarse. en LA ILUSTRACIÓN ART!STICA: diríjanse para Informes á los Sres. A . Lorette, Rue Chaumartfn,

núm. 16, París. - Las casas españolea pueden hacerlo en la librería de D. Arturo Simón, Rambla de c analeta.e, núm. , Barcelona
6

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 5 2 1

NOTICIAS VARIAS

Cannes. - Exposición industrial y artlstica durante los meses de enero, febrero,
marzo y abril.
Evreux. - Concurso de grabados, du·
rante el mes de enero.
Glasgow. - Instituto de Bellas Artes.
Exposición desde el 2 de febrero al 2 de
mayo.
Lisboa. - Desde el 10 de marzo al 10
de abril.
Lyón. - Desde el 28 de febrero.
Madrid. - Exposición histórica europea de arte retrospectivo, desde el 12 de
septiembre al 31 de diciembre.
~unich. - VI Exposición internacional de Bellas Artes, desde el 1. º de julio
hasta fin de octubre.
•
Nantes. - Desde I.0 al 30 rle marzo.
París. - Salón de la Rosn Cruz, desde
el 10 de marzo al 10 de abril.
Pau·. - En el Museo. Exposición desde
el , 5 de enero al 15 de mayo.
Rom:,.. - Palacio de Bellas Artes. A
partir del 31 de enero.
Tolosa. - Exposiciones y Concurso~,
desde el 15 de mayo.

El ingeniero M. Alphand, á quien
París debe su embellecimiento y las
transformaciones que se han realizado
en el periodo de estos cuarenta últimos
años, falleció el 6 del actual, á consecuencia de una congestión cerebral. A su
actividad y á su poderosa iniciativa debe
la capital de la vecina República sus
más importantes mejoras, entre ellas su
saneamiento, por medio de su gran red
de alcantarillado, y la desaparición del
dédalo de callejuelas de la ciudad anti·
¡:ua, que constitulan verdaderos focos de
infección.
Nacido en Grenoble en 1R17, cursó la
carrera de ingeniero en la Escuela poli·
técnica, de la que salió en 1837 para diri•
gir algunas obras en Burdeos, tales como
puentes, caminos y canales en los aire·
dedores de la capital de la Gironda. En
1853, llamado por el barón de I lausmann,
traslad6se á París, en donde empezó á
dar las señaladas muestras de su carácter
emprendedor y clara inteligencia, á cuyas
cualidades ha debido la justlsima consideración que ha merecido del municipio
de Parls. La transformación en Parque
de los bosques de Boulogne y de Vincen•
ne~, la construcción de los inmensos
parques de Chaumout, de Vinceánes1
de los jardines que existen dentro de
la ciudad, la apertura de grandes vlas y
otras obras de gran importancia fueron
concebidas y ejecutadas por este inteligente ingeniero, que también tomó acti•
va parte en la organiuición de las Expo•
siciones Universales de 1867 y 1878, no
habiéndole servido de obstáculo su avan•
zada edad ni sus achaques para prestar
su valioso concurso al Certamen de 1889.
La ciudad de Parls ha perdido uno de
sus más celosos funcionarios y el arte
uno de sus más entusiastas admiradores.

.•.
LIBROS
ENVIAOOS Á F.STA RRl)ACClf'&gt; N
por autores ó editores
TRATAOO l)E QUÍMICA BIOLÓGICA,
por Ad. l1'urt=, lracluaión y aái&lt;io11es
de D. Virmte l'eset )' Cervera. - Se ha
publicado el cuaderno 8. 0 de esta obra, reconocida como una de las más importantes en su género.
Suscrlbese al precio de una peseta el
cuaderno en la casa del editor D. Pascual Aguilar, calle de Caballeros, número 1, Valencia, mandando el importe de
cinco cuadernos, y en las principales (i.
brerías; en Barcelona en la de D. Arturo
Simón, Rambla de Canaletas, 5.

•••
En la creencia de que ha de tener interés para nuestros artistas, consignare•
remos á continuación el nombre de las
localidades y las fechas en que se cele•
brarán Exposiciones y Concursos duran·
te el próximo año de 1892.
Amiens. - Desde el 5 de junio al 14
de julio.
Bruselas. - Febrero á marzo.
Budapest. - Exposición de invierno de
la Sociedad húngara de Bellas Artes,
desde t. 0 de enero al 25.

•••
EL SACI\IIE'iT0 DEL N1&lt;;0 Oros LA AD0RACIÓ;&gt;; nE 1.0S SANTOS RF.\'ES
12.• parte de El 11ari111it11to dtl Ni,,o
Dios). Zarzuelas en cuatro y un actos respectivamente, por el P. José Felis, de las
E. P ., músici. de D. Jos.é Silvestre.
Véndense al precio de una peseta cada
una en la librerla de D. PnscJal Agui •
lar, calle de Caballeros, nt'1m. 1, \'a•
lencia.

'JEl)JTACIÓN, apunte al lápiz por D Román Ribera

CARNE , QUINA

~,t1t.DADESd,1Esro41.

D ~ t o IWrtpndar, aido al 'HDlco • - -

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VINO ARDUO CON QUINA Pepsina
Boudault
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T COR TODOS LOI nmamos lnJTUrlTol
•"'11 • 1 10D 101 elemen&amp;oe que entran
Pei&gt;vador de lu tuerus '11&amp;1es, de ee&amp;e lortlha■1e
RwntD&amp;e ..,-ad.al,le, es 101&gt;erano conLra la Anemca 1

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en la com~on de eae JIOler!te
por - • í.-ae-.., De un l\ll&amp;O air
el AJ)Oeamlfflto, en Ju CalfttllNI
, COflMl«fficuu, contra Ju Ih4N't/U J IU A l ~ del IIIIDIMQO 1 loe
Clllll)do ae l rata ae desperl,ar el apeUlo, uee,uv las di;lelUunee, reparu Ju t'tMra■•
IL"l1queoer ta l&amp;!l¡TI, entonar el orputamo 1 precanr ta anemia 1 lu epldemtu lllOY9Cadaé por loa o.Jorea, no ao conoce nada lllperlor 11 .... de . . . de .,_.._
#ur ~or. u Parta, 11 wa 41 l . FERll,r&amp;nD&amp;Ceotlcit, tOI, l'le Ridlelial. ..._ • üOOa.

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Jprc~tda pcr 11 JCADEIJJ DE ltDICl!IJ

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EN 1856
M~ allu

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PJIIS - LTOII - YIEIIJ • P!IUDELPIJJ - P!RIS
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DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
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Y REUMATISMOS
• por LICOR
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Pantctmndo de Ju propiedades del Iodo
1 del Hierro, estu Plldoru se emplean
eu&gt;ectalmente contra las ••croflllu, la
Tute y la DebUt4a4 de temperamento,
ut como en todos los casos(Piltdoa oolorea,
Amenorrea, ••), en los cuales es necesarto
obrar sobre la sangre, ya sea para deYolverla 1
■u riqueza 1 abundancia normales, oya para
proyocar O re,ulartzar su curso pertO&lt;ltco.

el

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,., ••,.,: F. COlfAR, 21, ru Smt-Clau,, PARIS

las Y-erdaderae ~ldoru de 1Uane1u•cl,
exlrtr nuestro HIio de plata r11ct1va,
eueatra firma puesta al pié de una eUqueta
,,arde 1 el Sello de raranua de la Unl6n de
loe Flllrlo■ntH para luepreslOn de Jatalat-

acae1on. "

e s• IU.LI.41( lllf TOD.lS LAS PA.RIUOl.ll

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PllIS, Pbumaaie COLLAS, 1, rae Daap&amp;me
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P11OFEaOftEII F CANTO...,. para faealllar la
omioloA do la •oa.-P••• : 12 la-.
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C¿uedan reservados los derechos de propiedad artística y li1ernria
h1r. nr. MONTA'IRR Y SI\IÓN

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Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 28 DE DICIEMBRE DE 1891

LA NINFA HERIDA, grupo en mármol de Gustavo Eberlein. (Exposición de Bellas Artes de Berlín,)

NÚM. 522

�. LA
SUMARIO
Texto. -ftfur11mracio1tes europeas, por Emilio Castelar. -No

/a,i/o pensarlo, por Antonio de Valbuena. - SECCIÓN AM K·
RICANA : El ratltro, por Manuel ~·ernández Juncos. -Boceto.
Las pompas de jabóJt, por Juan O-Neille. -Nuestros Gra•
liados. - /ifarcela, por Pedro Valdagne, con ilustraciones de
V, Corcas, traducción de E. L. Verneuil-S&amp;cc16N CIEN·
TÍFICA: Conservación de ejemplares de Historia Natu ral,
por Ju les Rise6n. - Física recreativa. Nai~s mecdn[c~s. La /otografla de los colores, por G. T. - Libros rec1b1dos.
Grabados. - La nú:(a herida, grupo en márm ol &lt;le Gustavo
Ebtrldn t ti:xpo3ici6n de Bellas Artes de Berlín !. - U/timos
rayos, cuadro de D. Dionisia Baixeras. -El comprom;so de
Caspe , cuadro de A. Parladé (premiado en la Exposición de
Bellas Artes de BerHn¡ . - U,i voto, cuadro de D. José Maria
Tamburini (Exposición general de Bellas Artes de Barcelo•
na •. -En el harén, copia de la notable acuarela &lt;le G. Si•
moni. - Cn'stJbal Colón, busto en bronce de D. Félix P. de
Tavera (propiedad del señor marqués de Comillas). - La ca·
rrttilla, grupo escult6rico de D. Féhx P. de Tavera 1Sal6n
&lt;le los Campos Elíseos de Paris1. - Grupo de cigarreras en
la fábrica dt tabaco! de StVifla, cuadro de Th. von der Beck
1 l'.:xposición de Bellas Artes de Berlín) - ¡Horrible halla:•
gol, cuadro de Adolfo Hering {Exposición· de Bellas Arres
de Berlío). -Fig. I. Na ipes preparados para juegos de ma·
nos: t, ocho de espadas que tiene un punto movible; 2 1 sota
de oros con una punta cortada que se puede reponer. - fj .
gura 2. Naipe que se cambia tres veces; 1, naipe triple; 2 1
parte posterior del naipe triple. - Entrada de ttna /merla m
Sroilla, cuadro de D. Manuel Garda Rodríguez (Exposi·
ci6n general de Bellas Artes de Barcelona) .

MURMURACIONES EURü.PEAS

NúMERO 5+2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 522

LA I LUSTKACICiN

AKTISTICA

do todos los labios prontos á engañarnos, menos sa, el aire purísimo de las regiones, inaccesibles; _los
aquellos labios suyos que han fluido en el espíritu ' pies, calzados por la media luna de argénteos refle¡os,

nuestro divinas e □ señanzas; la culpa, el error, el pecado, las consecuencias de la primer humana caída,
él vínculo de males mayorazgado en la humana estirpe, no hemos creído nunca que pudieran llegar
hasta nuestras madres, ni entrarse por los hogares
que santifican ellas como verdaderos templos. Si á
esto se hari unido ensueños é imaginaciones de la
primera juventud, aíectos puros en los cuales no ha
penetrado nunca la menor sensualidad, apariciones
de musas divinas que os traían ,\ una idea ó un cincel ó un arpa, el culto á la mujer, el culto sobre todo
á la Madre Santísima, el culto al numen verdadera·
mente creador, el culto' al ideal femenino se os impone con soberana imposición y os lleva como llevó
al poeta por excelencia católico en pos de idolatrada
Beatrice, sobre la cual veis levantarse una idt:alidad
femenil más alta, flores místicas, increadas melodías
religiosas incomunicables de infinita dulzura, lumínico éter semefante al espíritu del espíritu, almas de
ángeles en coro ideas divinas en arquetipo, la virginidad inmaculada que ha mantenido con su atracción magnética la pureza del ser entre las tentaciones y los combates propios de nuestra tumultuosa
combatiente adolescencia, la maternidad que después de daros el aliento "de la vida y el calor de la
sangre os )la dado también la inspiración que forma
como la esencia del espíritu; en fin , un culto íntimo
á la Inmaculada. Marfa.
1

POR OON ltMILIO CASTELAR

11
El día de la Concepción. - Recuerdos. - La Yirgen Madre Proclamación del dogma de la Purísima en los concilios lyo•
nesc:&gt;. -Consideraciones. - La Concepción en el arte pictÓ·
rico. - .\turi!lo. - Ideas acerca de la reconstitución del pueblo
de Israel. - Galilea. - El tetrilorio de Judá. -Conclusión .

despréndense por siempre de las fatahdades reman.
tes sobre nuestro bajp suelo; ángeles representantes
de una nueva efloresceacia de la vida, en que la
niñez recobra sus antiguos paradisíacos bienes, la
sigue y acompaña; crúzanse las mano? como agitadas
por los sacudimientos del amGr místico; y allá, en la
mirada sobrenatural de sus ojos extáticos, alzados á
las alturas vese resplandecer en una revelación in ·
creíble y ~isteriosa el espíritu de Dios. i Bendito dogma, que ha dado al mundo la Concepción de Murillo!

111
Todas estas exaltaciones del tipo de María me
traen á la memoria los espacios consagrados por el

recuerdo místico de su natividad. Ahora que, tras
los malos tratamientos dados á los jqdíos en Rusia,
piensan muchos príncipes de la raza per¡eguida en
reconstituir el pueblo de Israel sobre su viejo territorio, y se tropieza con las dificultades ofreddas por
la desolación del suelo y por la durez~ del chma, parece bien recordar que Galilea, donde naciera la
Virgen, se diferencia mucho de la Judea propiamente dicha, donde muriera Jesús. Sobre todo la villa
de Nazareth es hermosísima. La desolación de Palestina no alcanza, no, á este sitio de habitantes felicísimos y de huertos verdes. La fuente aquella reunió en tiempo de María todas las muchachas de la
población, que iban allí á escanciar el agua. Antonio
Mártir, citado por el mismo Renán refiérenos cómo
los tipos de sus mujeres, todas ellas medio sirias,
tenían una belleza tal, que de común acuerdo las
gentes piadosas en el siglo vi la imputaban al nacimiento y presencia en aquel sitio de María, quien
legó, como vínculo hereditario, gracia y belleza de
consuno á sus amadas convecinas hasta la consuma·
ción de los siglos. Dice también el gran escritor
francés que desde la hoya donde Nazareth está, el
cielo es muy esttecho; mas así que subís á cualquiera de las vecinas alturas y miráis por todas partes,
entrevéis los valles del Jordán, las altas llanuras de
la Perea esmaltadas por las reverberaciones de un
cielo candente, las tierras de Siquem realzadas por
las sacras figuras patriarcales; á un lado aquel Thabor, comparable á blando hermosísimo seno y que
muchas veces semeja rotonda esférica de lapislázuli;
á otro lado el Carmelo, despidiendo incienso de poesía y reverberando el sol en su seno abrupto que
toma tintes de ópalo, esmeralda, zafiro y rubí, según
las reíracciones de los rayos solares en sus aristas; y
allá, tras las cordilleras de Safed, el golfo de Raifa,
cuyas aguas confundidas á la simple vista con el
aire, presentan una línea imperceptible azul, tan
celeste como todas las que dibuja y colora el Medi·
terráneo en sus espléndidos horizontes, dignos por
cierto de aquellas almas que volaban a) impulso de
sus brisas y se sumergían en los resplandores de
su éter.
·

Estas ideas religiosas han animado mucho el arte
cristiano y han tenido su encarnación ideal en obras
de primer orden Lits tradiciones respecto de la serpiente bíblica, tentadora de nuestra madre común
Eva, y respecto del quebrantamiento de su cabeza
por los pies de María, se han revelado en esas maraEl mes de diciembre se distingue y se caracteriza villosas creaciones del humano espíritu, resplandepor su fiesta de la Concepción. En mi casa y en mi cientes con el resplandor de lo ideal. Aunque la
familia fué siempre un día de regocijo, y es hoy un Iglesia católica, desde los más apartados siglos, bien
día de duelo. Recuerdos piadosos y tradiciones sacras al revés de la Iglesia bizantina y de las Iglesias
han surgido este día en términos que aparece su fies- orientales, se ha guardado mucho de regir coa códita como capitalísima entre las fi,estas del año. Nom- gos rr,ás ó menos rigurosos las artes plásticas, puesbre poco usado en otras naciones católicas, úsalo tas al servicio suyo, ciertos atributos y símbolos comucho la nación española. Caprichos del común rresponden á un convenio tácito, pero universal, y
lenguaje han convertido el nombre de Concepción por voluntario de suyo, rigurosamente obedecido.
en Concha, muy prodigado á la verdad y por ende El primer carácter de una Concepción es el acto
festejadísimo entre todas las clases de nuestra socie- de quebrar la cabeza con su pie al reptil maléfico.
dad, que han convertido un asul) tO propio de piado· Entre las nubes, ora perladas por los albores, ora
sas devociones en asunto de visitas y de recreos. purpúreas y enrojecidas por arreboles; entre los iris
Pasa con el nombre de Concha entre las mujeres lo que componen como un himno de matices en el
mismo que pasa con el de José entre los hombres: inmenso·espacio azul; por los coros ,de querubes, de
los celebran á porfía y con preferencia las gentes. No ángeles y de astros deslizaráse forzosamente, cuando
hace muchos años este concepto de la Concepción se trace la lnmaculada Concepción, el reptil, simbo·
dió materia inacaba.ble á disertaciones literarias y re• lo de la culpa original, vencida por el advenimiento
ligiosas, que llegatoa al apasionamiento y á la dis de María sobre la tierra. El cielo debe aparecer como
cordia. Hoy todo se ha tranquilizado, y nadie recuer· un santuario para su figura; la modestia y humildad
da el dogma de la Concepción en España sino para deben brillar en todas sus actitudes; el globo terráfestejarlo. En el siglo xu comenzó á fijarse creencia queo y la luna creciente servirle de pedestal; la pu·
tan piadosa como esta creencia de la Virgen Madre reza inmaculada envolverla por completo; las alas de
concebida sin mácula ni sombra de pecado. Entre los ángeles al empíreo subirla en vuelo raudo; la
las ciudades europeas Lyón ha brillado siempre, no increada luz coronarla y la Trinidad Santísima recisólo á causa de hallarse sobre la confluencia de dos birla en lo infinito. El dogma de la Concepción emríos tan caudalosos como los que besan sus plantas y bargó en términos á los piadosos artistas de la Edad
llevan sus ideas y sus productos al comunicativo media . que nos presentaron en sus cuadros María
Mediterráneo, no sólo á causa de esto, á causa de sin mancha en el vientre mismo, de su madre Ana.
hallarse en las encrucijadas donde se verifica la in- Girolamo de Mazzuola, Dosso Dossl, Carlos Marata
tersección de tantos caminos como desde allí condu- y otros muchos nos han ofrecido la Virgen Inmacucen á Suiza y á Italia. Ora fuese por su posición lada en composiciones complicadísirnas, donde se
geográfica, tan excelente; ora fuese por sus tradicio - descubren desde la escena de la expulsión de nues
nes históricas de colonia romana; ora fuesé porque tras primeros padres al salir de su Paraíso, hasta las
su colocación entre Italia, Suiza y Provenza le daban meditaciones que poseen y embargan á los más esexcepcional influjo, es lo cierto que dentro de sus clarecidos filósofos de la Iglesia, cuando comentan
muros hanse concilios ecuménicos reunicJo, y que ó predican ó defienden el tierno dogma de la divitales reuniones han gozado de una excepcional in- na Inmaculada. Mas realmente quien ha logrado
fluencia en el :desarrollo de las ideas cristianas y en entre todos los pintores expresar1a Concepción es
el esplendor ,d e la Iglesia ~atólica. Quizá por con· nuestro inmortal Murillo, que parece haber tenido
gregarse allí n\uchos fieles, quizá por tener éstos un en su paleta el medio de retrotraer nuestra humani·
fondo y acervo colectivo de ideas propias, brotó en dad á sus tiempos edénicos y restituirle toda la inoLyóa el culto primero á la Inmaculada Concepción cencia perdida en su primera culpa. No busquéis
de María Desengañémonos: cuanto más fuertes re allí, no, la perfección clásica y griega que ostenta
sultan las generaciones1 y lo eran mucho aquellas Rafael, en quien resucita la destreza de Fidias para
que iniciaron las cruzadas; cuanto más valerosos y el dibujo No hay, no, las exactísimas proporciones,
más arriesgados los pueblos, han de sentir por fuerza las acabadas armonías, la correspondencia entre los
mayor ternura en su corazón y en sus entrañas hacia miembros, la matemática exactitud que disti □ guen y
todos los dogmas que divinizan á la mujer y la en- enaltecen al pintor entre los pintores clásicos. Mas
grandecen . Los corazones más abiertos al odio, por aquellas figuras incorrectas parecen la forma de una
razón de sus combates y de sus porfías, ven con ma• oración mística subiendo á lo infinito. Viento espi yor facilidad la mujer colocada ea una especie de ritual, como de una inspiración profética, la impulsa;
atmósfera inaccesible á las debilidades humanas. luminoso éter increado, que semeja como una ,diíuTodos hemos nacido de mujer y todos adorado á sión de la idea del Verbo, la circunda; concierto
nuestras madres como á la imagen más perfecta del celestial, cuyas cadencias adivináis sin comprenderCreador sobre la tierra. Hemos creído á todos los las, absorben aquellos oídos abiertos á todas las diviseres capaces de 'faltarnos menos á ellas; hemos creí- nas armonías; recoge su pecho, en respiración inten •
1

ÚLTIMOS RAYOS,

cuadro de 0. Dionisio Baixeras

y hemos bebido . todos algunas gotas del torrente su Miserere arrasan nuestros ojos y los trenos de sus
Cedrón· todos hemos prestado alguna vez nuestra lamentacioaes arrancan gfmidos de dolor á nuestra
voz al ~oro de sus sacerdotes, y alguna vez hemos garganta; á los trances amargos de la vida llamámosrepetido con las manos plegadas y las rodillas en les calles de amargura; al dolor eterno, á que nues tierra el eco de sus salmos. Todavía los acentos de tra contingencia y nuestra debilidad nos condenan,

¡

llamámosle crucifixión 6 _calvario; y cuando queremas pensar en la mmortahdad, recordamos que sólo
en su valle de J osafat podrer_nos reveshr n~est".' carne regenerad~; y cuando s?namos con lo invisible y
con lo eterno, ¡ah! nos fingimos una Jerusalén mísh-

IV
¡Ah! No hay tierra tan fecunda en ideas como la
Tierra Santa. Estos tres desierto, de. Arabia, de
Egipto, de Judea, puede decirse que han dado las
tres religiones fundamentales á los pueblos cultos de
la moderna historia. El Sinaí de Moisés tiene á un
lado la Meca del Islam y á otro lado la Jerusalén
del Evangelio. Así como Grecia es la patria de la
libertad y del arte, Judea es la patria de la religión
y del dogma. Espectáculo maravilloso para un alma
que sepa levantarse á las alturas de la historia y
evocar el pensamiento de los siglos. Aquella Je.rusa·
lén, asentada en el desierto, adonde han bajado
tantas veces los ángeles del cielo y adonde lantas
veces han subido los pensamientos y las oraciones

del hombre; circuída por sus vastos mares de arena,
en que los rayos del sol rebotan; bajo Jas reverberaciones de un horizonte asiático, enrojecido por el sol
como la bóveda de un horno de cal ardiente· entre
sus guirnaldas de nopales, ·semejantes á una ~orona
de espinas; ostentando los muros fortísimos bruñidos
por aquella luz, las rotondas de sus iglesias y de sus
mezquitas, los minaretes de sus alcázares, el seCo lecho
de sus torrentes, cuyas aguas se han mezclado con
las lágrimas de los Profetas, la suave línea de sus
colinas sembradas por olivos tan seculares como si
fueran fósiles de la historia, Jerusalén es todavía en
su viudez y en su servidumbre, tendida sobre su estercolero, con su esqueleto fuera de su piel y profanado por las hienas de Tartaria, la ciudad del mundo que más holocaustos ha merecido al género humano y más confidencias á la divina verdad. Todos
hemos llorado en las amargas aguas del mar Muerto

.L

&amp;L COMPROMISO DE CASPE cuadro de A. Parlaclé, {Premiado en la Exposición de Bellas Artes de Berlin.)

�8fo

LA

lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

gundas nupcias y tiene ya d?s niños pequeños... Mañana puede mom su padre,
y ¿cómo abandono yo esos niños?
- Pues no los abandones.
~ Y ¿cómo los sostengo?...
- Pues no los sostengas... ¡ Chico,
chico, si lo piensas tanto y reparas en
todo no te casas nunca!
- ¡Ah, si, sí, ahora sí me caso! Ya lo
verás. Estoy ya en relaciones con otra.
¡Si vieras qué buena y qt·é hermosa es!
¡Tiene unos ojos negros!. .. El otro día
la hice unos versos á los ojos, que la gustaron mucho.
- ¡Malo, malo! Eso de andar con
versos viene á ser lo mismo que andarse
por las ramas... ¡Cuando yo digo que no
te casas nunca!
- No lo creas: eso de los versos fué
así medio en broma, ¿sabes?... Empezaba
diciéndola:

ca, poblada_de_ángeleu bendecida_por
profetas en los celajes y en los arreboles de lo infinito. Ocasos.enrojecidos en
cuyos vapores ardientes las nubes de
fuego toman formas apocalítipcas y fingen las legiones de ángeles que han de
esparcir á los cuatro puntos del horizonte los planetas, en cenizas disipados y
desvanecidos por los espacios en duelo;
desiertos interminables por cuyas arenas los solitarios han vivido, los penitentes han llorado, los redentores han
muerto, y que convidan con sus yermos
al silencio y al retiro, como cementerios que se hubieran tragado, no sola•'
mente los cadáveres, sino también sus
sepulturas; ruinas calcinadas por el incendio de los pensamientos religiosos y
ungidas por las oraciones y por las lágrimas de innumerables sectas, hijas
todas á una de la exaltada fe; monumentos contradictorios como la rotonda
del Santo Sepulcro y los minaretes de
la mezquita de Ornar, en cuyas piedras
ciclópeas se cuajaban religiones opuestas acercadas allí por las circunstancias
históricas como para que se viera su
contradicción eterna; las colinas de la
muerte, las grutas de los profetas, las
calles de amargura, los sitios de la
expiación universal, la cumbre del Gólgota, las honduras del Josafat: he ahí
cuanto despide á una en corto espacio
grandísima tormenta de ideas. Pero
¿serán habitables tales regiones por los
mismos que nacieran en ellas después
de haberse transformado al helor de
Rusia? El tiempo lo dirá. Unicamente
nos toca hoy meditar sobre los cambios del Hombre y la perennidad del
Eterno.

«Iba sin rumbo cruzando
Verdes y amenas campiñas
Un día de junio, cuando
Vi que me estaban mirando
Dos hermoslsimas niñas &gt;

- Bueno, bueno; pero no te molestes
en recitárr:1elos, porque ya sabes que no
me gustan los versos.
- Es que no te los voy á recitar todos,
sino que mira, después de decirla que
aquellas dos niñas me gustaron mucho
y que me enamoré de ellas, y que siempre quisiera estar mirándolas y que hasta
las veo en sueños, concluyo:
«Y... pero, bien mío, siento
Que con celos te atormento...
Aparta fieros enojos;
Que las 11illas de mi cuento
Son las ,iiflas de tus ojos ...

Madri'..113 de diciembre de 1891

NO TANTO PENSARLO
La última vez que le he visto, hará .
poco más de do,5 años estaba el pobre
.Eugenio paseándose , en· la galería del
Hotel Iberia una tarde de febrero.
Allí, entre cristales,_como una planta
tropical, él que había nacido entre la
nieve, al pie de los picos de Europa, tosía de cuando en cuando, hablaba por
entregas y tomaba el sol muy arrebuja·
do en la capa.
- He cogido un catarro terrible, me
decía, y no sé cómo, porque... me cuido
mucho; pero lo peor es que... por más
que hago no puedo deshacerme de él...
Ya ves, no salgo de casa ... me paseo
aquí que ...-hay muy buena temperatura ... y nada ... siempre lo mismo.
Después de un rato de conversaoión
le dije:
- Pero ¿no te fastidia ya la vida de '
fonda? ¿Por qué no te casas? ...
- Sí, sí, pienso hacerlo, me contestó.
Me fastidia mucho esta vida, y eso que
aquí se está muy bien; pero de todas maneras, pienso
casarme: no sé si podré hacerlo este año... Ya ves
que es cosa seria y hay que pensarlo mucho.
- Me parece que lo piensas demasiado y no lo
vas á hacer nunca. Ya oo eres niño, y si lo dejas un
poco más ...
- ¡Qué he de dejarlo, hombre! Si tengo novia y
todo ... ·una andaluza monísiina ... y nos vamos á
casar muy pronto. He cumplido cuarenta y tres
años... y reconozco que no tengo tiempo que perder.
Por eso te aseguro que si no puede ser este año, lo
que es del que viene no pasa.
Así lo dijo; pero no lo crean ustedes, porque está
diciendo lo mismo hace veinte años.
Eramos todavía estudiantes cuando le conocí ya
una novia morena, que sin ser lo que se llama una
hermosura, tenía mucho atractivo y mucha gracia.
Hubiéranle ustedes aicho que había de pasar un
año redondo sin que estuviera casado con ella, y no
se hubiera contentado con menos que con rechazar
tan absurda afirmación á bofetones.
Y efectivamente, antes de que acabara de pasar el
año ... ya tenía otra novia.
Porque dió en pensar que aquella morena tan
graciosa y que á él le gustaba tanto no iba á ser del
agrado de su familia, por razones que él sabía ó se

NóMERO 522

UN vo-ro, cuadro de D. José M. Tambnrioi.
(Eicpoii~ión eeneral de Bellas Arte, de Barcelonn.)

figuraba saber; y éó~o dió la casualidad de .que p~r .
entonces tuvo ocasión de volver á verá una rubia
muy espiritual que había conocido de niña, olvidó á
Isabel, que así se llamaba la morena, y se enamoró
de Emilia, que éste era el nombre de la rubia.
Por supuesto, con el firme propósito de casarse
con ella antes de un año. Ya había _él cumplido veinti?ós y no estaba por gas_tar má.s tiempo en amoríos
m en tonterías. Aquello iba á ir formalmente y por
la posta. Al siguiente mes hablaría al padre de la
chic:\, y si éste no se oponía, que por qué se había
de oponer, á los dos meses después la boda.
Dos años habían pasado ya cuando volví á encontrarme con Eugenio en Madrid en la caye del Hor·
no de la Mata, cerca de )a del Desenga~o, y apenas
nos saludamos me faltó tiempo para decirle:
- Ya te hab~ás casado, por supuesto.
- No, todav1a no; pe~o ahor~ an~o tratando de
eso, me contestó con evidente smcendad.
- Pues ¿cómo _has tardado tanto?
.
- Porque te dué... ya no me voy á casar con Em1lia ¿sabes?... Aunque estaba muy enamorado de ella,
y ella lo merecía, eso sí, porque es una criatura ideal;
pero pensándolo todo bien, pues estas cosas hay que
pens~rlas _mucho, he cr.eído que no me convenía ese
matnmomo, porque, mira, su padre se casó en se-

¿No te parece un pensamiento muy
delicado?
- Bagatelas, Eugenio, bagatelas, y bo' bada~. Déjate de esas cosas y al gráno,
t al grano. No te andes en romanticismos,
~ ronte en lo práctico y á casarte pronto
con esa ó con otra, pero pronto.
- Con esa, con esa precisamente será y
será pronto; no lo dudes. Ycuenta que voy
á hacer una gran boda, porque Matilde,
que así se llama mi novia, además de ser
muy guapa y muy buena es muy rica.
- ¡Bien, hombre, bien! Miel sobre
hojuelas. Adelante, y que sea pronto.
Nos despedimos y no volví á verá
Eugenio en muchos años. Creo que habrían pasado ya onceó doce cuando nos
volvimos á encontrar en San Juan de
Lin una tarde en el camino de la plaza.
- Yo iba y él venfa: le detuve, le di
un abrazo, y tratando él de desasirse,
me dijo:
.
- Déjame; ya te veré á la noche: voy
siguiendo á mi novia. ¿No has encontrado á un caballero alto y cano con una
señorita vestida de luto?,..
'
- ¡Pero, hombre!, le dije reteniéndole. ¿En esas me andas todavía? Me
figuraba yo que tendrías ya hijas casaderas, y resulta
que todavía andas tratando de buscar mujer con
quien casarte .. Francamente, yo te creía casado con
aquella Matilde de los ojos negros.. Como me Jo
ponías todo tan llano y tan plano...
- Y así estaba, no creas que no· pero después lo
pensé mejor y me conrencí de qu~ tampoco me con.
venía aquel matrimonio tan ventajoso en apariencia.
¡Ay, amigo mío! Es necesario mirar mucho esas cosas, porque ya comprendes que una boda no se hace
para un día ni para un año, sino para veinte ó treinta ó cuarenta si á mano viene...
- Lo que es tú no creo que la harás para muchos
s~ la haces. Al paso que llevas, se te va á pasar 1~
vida pensándolo y te vas morir soltero.
- No lo creas, como no me muera este año.
- Dios quiera que no; pero, en fin, .. ¿Por qué no
te casaste con Matilde, si se puede saber?
- Sf, hombre: tú lo puedes saber todo. Pues mira:
recordarás que te babia dicho que Matilde, además
de ser muy guapa...
,
- Es verdad, recuerdo que me dijiste que tenía
muy hermosos ojos.
- No solamente tenía bonitos ojos, sino que era
muy g~apa y muy buena, y además era rica.
- Cierto. Recuerdo que también eso me dijiste.

�822

NúMERO 522

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Vamos, ¿y qué? ¿Resultó que no había tal riqueza y aquel convencimiento, se fija en una, en la que más
le gusta, y la pide en seguida. Pero á Eugenio le papor eso lo dejaste? No te creía yo tan positivista...
- Ni lo soy; pero no adelantes el discurso: no es reció que la cosa merecía pensarse, y que lo primeeso. Realmente era rica, es decir, lo era su padre y ro era estudiar á las hijas del conde y conocerlas.
Del estudio resultó que las chicas parecía que se
lo habría de ser ella con el tiempo; pero casi todo lo
que su padre tenía eran bienes nacionales, ó mejor afligían poco por las dolencias de su padre, que adedicho, bienes eclesiásticos, comprados por un zoque- más le decían alguna mentira por disculparse en cote allá al principio de la desamortización, cuando, sas de poca importancia, que leían novelas á esconpor temor á las censuras de la Iglesia, apenas se pre- didas, y en fin, que á Eugenio ninguna de las dos le
sentaban compradores y se daban las fincas al pri- pareció bastante buena, y á pesar de que el conde
siguió mucho tiempo echándole indirectas, no dió
mero que ofrecía algo por ellas.
lumbres.
-Pero tú...
Y eso que ya entonces estaba, por s·upuesto, deci- Sí, ya sé lo que vas á decir, yo no lo había comprado, ni siquiera iba á ser su dueño, pero lo serían dido á casarse, y casarse pronto. Como seguía estánmañana mis hijos, y yo mismo iba á aprovecharme dolo unos años después, cuando le vi paseándose en
la galería de cristales, según referí al prin6pio de
de aquel caudal maf adquirido; y... ¿qué quieres?...
- Nada, yo no quiero nada. Por• no querer, ni esta historia,
Mas con toda su decisión, yo sigo creyendo que
quiero ya verte casado. Es decir, querer bien lo quino se casa nunca.
·
siera, pero no te veré de seguro.
Lo piensa mucho.
- Pero, hombre, ¿y qué culpa tengo yo de?...
- Culpa tienes. No me refiero al caso que me esPOSDATA. - En este momento, apenas había acatás contando. Mira, yo respeto tu manera de ver esa
cuestión, y á mí tampoco me gustaría casarme con bado de escribir lo que antecede, llega el cartero y
una mujer que tuviera un caudal mal adquirido, por- entre otras cosas me trae una esquela ... ¿A ver?...
que casi viene á ser lo mismo que entrar en un~
DON E UGENIO V!LLAMOROS...
compañía de ladrones. Bueno, no tendrás culpa s1
quieres en este caso particular; pero ~n gener~l sí
Ustedes creerán que me da cuenta de su casatienes culpa, porque en todo encuentras mcon_veme~tes. ¿No tiene ninguno esa muchacha que ibas si- miento con aquella novia andaluza de que me habló
la última vez. Ustedes creerán que la esquela, desguiendo?
- El caso es que ya me quitaste de seguirla hasta pués del nombre de mi amigo, sigue diciendo:. óarel Hotel de Francia, que es donde vive; y como todas ticipa á usted su efectuado enlace, etc.
Pues se equivocan·ustedes.
las tardes la pago este tributo, puede ser que se enLa esquela dice sencillamente:
fade al ver que hoy ,me he quedado por el camino.
- Vamo~ á ver, y ¿quién es?
HA FALLECIDO
- Es hija de un brigadier; del brigadier Abril, que
es ese señor que iba con ella: no tiene madre, ni más
¡Pobre Eugenio!... Toda la vida pensando en cahermanos que uno que está. en la Aca?~mia de_ in•
genieros en Guadalajara; es bastante bien parecida, sarse y se ha muerto soltero, como yo le pronosticomo habrás notado, si la reparaste, y se llama Flora. caba.
¡Bueno es pensarlo, pero no tanto!
- Flora ... Abril... No puede darse otra novia más
primaveral. Es un amor que parece que se le está
ANTONIO DE VALBUENA
viendo florecer, y sin embargo, se me figura que no
grana ... Pero te estoy entreteniendo: anda, vete tras
de ella.
- No: ya ¿para qué? Ya están en casa. Me vuelvo
SECCIÓN AMERICANA
á la plaza contigo,
Nos fuimos efectivamente hacia los baños y me
EL GALLERO
fui contando Eugenio con mucho lujo de detalles el
estado de sus relaciones con la hija del brigadier,
I
No me acuerdo ya de muchos pormenores; pero bien
sé que desde luego me formé idea de que aquel proCon harta razón ha dicho un ingenioso escritor
yecto de matrimonio tampoco prosperaría, porque portorriqueño q?e un p~eblo de esta provincia puedespués que el novio diera en pensarlo había de en- de pasar largo tiempo sm espectáculos públicos sin
contrar alguna dificultad insuperable.
festividades _religiosas y hasta sin alcalde que le ~priTres semanas estuve yo en San Juan de Luz, y ma ó le gobierne, pero que no podía pasar sin una
todavía cuando me vine para Madrid dejé allí á Eu gallera.
genio tan entusiasmado con su brigadiercita; como . En efec~o, no hay una sola población de alguna
que no pensaba salir de allí mientras ella no se mar· 1mp0rtanc1a donde no se encuentre un edificio octácbara, ni podía sufrir que yo pusiera en duda que se gono cuyo techo, en forma de paraguas, se eleva á
habían de casar al año siguiente en la primavera, veces por encima de las casas particulares, con ese
aspecto de superioridad que distingue generalmente
pero muy temprano.
Y ... ¡qué se había de casar!... Tres. a~os desp~és á los edificios públicos.
me escribió diciéndome que había desistido también
Es la casa que más conocen y visitan nuestros ;1ba•
de aquella boda por motivos graves que él refería á ros; es el lugar donde periódicamente se reunen y se
su modo, y que yo no recuerdo cuáles eran ni lo copfunden todas las clases sociales, atraídas por una
afición común.
puedo averiguar porque no co?serv? la carta...
Algún tiempo después, por 1dent1dad de opm1ones
!)eja_ndo pa~a otra ocasión el trabajo de averiguar
políticas llegó Eugenio á trabar conocimiento con un qmén rntroduJo y fomentó en este país el juego de
conde acaudalado y achacoso que tenía dos hijas gallos, y desde cuándo data la notable afición que
muy lindas. Aflig(ale al padre la suerte de éstas, pen- hacia él sienten nuestros campesinos y una parte no
sando que el día en que él muriera, d(a que, á juzgar escasa de la que allí llamamos alta sociedad sólo
por lo averiado que se encontraba, no podía estar diré, pór hoy, que el gobierno ha cpntribuído e~ gran
lejos, quedaban solas en el mundo. Le atormentaba parte al desarrollo de aquel juego, reglamentándolo
la idea de que, mal guiadas por su candor é inexpe- y cuidando de que no faltaran galleras en los pueblos
riencia, pudieran ser presa de algún par de perdidos, para que no disminuyesen las rentas que sobre ellas
de esos que no llevan al matrimonio ffi:ás q_ue. los cobrab~ el Esta~º•. rentas 9~e pasaron después á la
restos de una juventud gastada en el hbertmaJe y categoria de arb1tnos mumc1pales. Hoy mismo los
en la crápula, y que al'año de casados abandonan á A:yunta~ieritos anuncian con insistencia en el periósu mujer y á lo mejor la pasan por delante de la dico ofictal. lo~ remates de sus respectivas galleras,
vista el lujoso tren de una m·anceba costeado con su como cosa indispensable para el bien común y necepropia dote. Y como conociera la honradez, el ta- saria para el fomento de los fondos públicos.
lento, la formalidad y demás excelentes cualidades . Sea, pue~, por estas ~ por otras causas, que conde Eugenio, creyó que podía ser para él una adqui- Viene d1luc1dar en tra~aJos de distinto género al que
sición, y empezó á intimar con él y á hablarle de lo ahora me ocupa, lo cierto es que la afición á los gamalo que estaba el mundo y de lo que sentiría morirse llos se mantiene tan viva como cuando la describiesin dejar colocadas á sus hijas, y de que él no querí~ ron nuestros antiguos historiadores.
para ellas novios ricos, ni sietemesinos de.esos que no
D~ aquí el gran aprecio en que se suelen tener los
saben una palabra de nada, sino nombres honrados y gallos de pelea llamados ingleses, y el exquisito cuiformales y de talento, porque para él la honradez y el dado que se emplea en la propagación y cultivo de
talento valían más que todos los títulos nobiliarios ... su raza.
En fin, que se lo puso tan claro á .Eugenio, que . Para un jugador entus~asta u~ gallo no tiene preéste, á pesar de su modestia y timidei, se convenció cio. P_or eso no n?s e~trana verá unjíbaro, lleno de
completamente de que no tenía más que pedirle al neces1da.des y m1senas, despreciar crecidas sumas
que_se le ofrecen en cambio de uno de aquellos aniconde una de sus hijas y casarse.
Otro cualquiera en su lugar, una vez adqufrido malitos.

Pero entre el jugador y el gallo existe un mediador inteligente y activo, que representa un papel de
suma importancia.
Este mediador es el gallero, cuyo tipo me propongo bosquejar á grandes golpes de brocha.

LA 1l.OSTRACION

NCM~RO 522

A1&lt;.T1STICA

.

La palabra gallero no se encuentra en él Diccionario de la· Academia Española.
Esto me hace creer que jamás gallero alguno ha
tenido la honra de formar parte de aquel conclave
docto que fija, limpia y da esplendor á la lengua
castellana.
Difícil sería, por lo tanto, dar aquí una definición
autorizada de la palabra consabida.
En su etimología encuentro también algunas dudas
que no me atrevo á resolver.
Gallero se deriva de gallo, y éste viene de la palabra latina gallus, que lo mismo significa rallo que
francés.
Ahora pónganse ustedes á averiguar si los gallos
dieron nombre á los franceses, ó viceversa.
Uno de esos investigadores incansables que todo lo
averiguan, lo examinan y lo comparan, tal vez encontraría entre unos y otros, además del nombre latino,
cierta analogía ó afinidad de caracteres, cierta tendencia á cacarear y alzar el gallo, que pudiera justificar basta cierto punto la homonimia de la palabra
en cuestión.
Por mi parte renuncio de buena gana á meterme
en tales honduras, aun á trueque de que se me tenga
por un escritor superficial.

progenitores de cada uno, cuyas noticias le
comunica el criador con escrupulosa exac•
titud.
Sigue después el examen y filiación de
cada gallo, para saher si es papelón, giro,
blanco, negro, pinto, canagiiey, cenizo, guinea
ó ala de mosca; si es bolo, gallina,pava, rosón ó cinqzmio; si tiene las espuelas largas
ó cortas, altas ó bajas, derechas ó encorvadas, etc., etc.
Hecho esto, abre el gallero sus cátedras
y da principio á la instrucción de los gallos
neófitos, sometiéndolos á infinidad de prueb!J.S y ejercicios repetidos, con objeto de observar sus disposiciones para la pelea, y
sacar de ellas el mejor partido posible.
·
Desde este día hasta aquel en que los
gallos quedan muertos ó victoriosos en el
campo del honor (vulgo gallera), nuestro
tipo no se separa de ellos un solo instante:
con ellos vive, con ellos duerme, y á ellos
consagra - por decirlo así - todos sus pensamientos.
De día pone todo su cuidado en regular
con granos de mafa y tragos de agua el alimento que debe suministrarles, para que
no suba ni baje el peso en que conviene
mantenerlos, según el resultado de las botas
y coleos á que han sido sometidos oportunamente; de noche se complace oyéndolos cantar y distinguiendo la voz de cada
uno entre las de todos sus compañeros.

el encontrar á cada paso, ya en las plazas
públicas, ya alrededor de las iglesias ó al
revolver de cadá esquina, un respetable
escuadrón de belicosos gallos, simétricamente ordenados en diversas filas y atados
uno á uno á distancia conveniente á fin
de evitar entre ellos toda clase de duelos
y escaramuzas.
No lejos de aquel lugar, y á guisa de
general en jefe de aquella alada y bulliciosa
división, se destaca la interesante figura del
gallero que, siguiendo con la vista el más
leve movimiento de sus subordinados, pa•
rece dispuesto á mantener á todo trance entre ellos el orden y la paz establecidos.
Acérquense ustedes á él y pídanle informes de cualquiera de sus pupilos, y al
punto les contestará- por ejemplo - que el
tal gallo es giro patinegro, tataranieto del
famoso Picaflores de Utuado, biznieto del
Culebrina de Humacao, nieto del Conde de
R eus, hijo de Cofresí, sobrino por entrambas vías de Verdugo, hermano legítimo de
liierabrás y del Cólera, y padre de Maceta,
juancaliente, Trabuco, R ewlón, Avispa, Garibaldi, Lanza, Bismarck, Peladilla, Cánovas y el Cura Santa Cruz.
Y en seguida les referirá á ustei:les, punto
por punto, todas las circunstancias y peripecias de las peleas que lleva hechas, con qué
gallos peleó y cuáles eran las cualidades y
defectos de sus contrarios,

III

VI

VII

Tampoco _es menester. que me remonte á edades
anteriores para buscar el origen de este tipo.
Baste decir que el primergallerofué aquel á quien
primero se le ocurrió poner un gallo enfrente de
otro con el fin nada caritativo de verlos matarse mutuamente. Luego se ha ido propagando y perfeccionando la especie hasta llegar á la categoría IJ.e tipo,
merced á los grandes adelantos que se han hecho en
el arte de gallear.
Bien es verdad que la profesión de gallero es bastante lucrativa.
· Un buen gallero gana por lo regular algo más que
un maestro de escuela. No es extraño, pues, que algu~o de éstos cambie á veces su palmeta y demás
atributos de la instrucción primaria por la cuchilla y
las tijeretas del gallero.
Al fin y al cabo todo es enseñar, y tan maestro es
el uno como el otro.
Ambos tienen la delicada misión de instruir y cortar la pluma á sus alumnos respectivos.

Durante el tiempo que media desde el
día de Todos los Santos hasta el de San
Fernando Rey de España - y perdonen ustedes el modo de señalar, - nada hay más
frecuente en las poblaciones de la isla que

Cuando los gallos se encuentran en condición y el dueño de ellos está también en
condiciones de poderlos jugar, los llevan á
la gallera, metido cada gallo en su correspondiente saco, y allí nuestro tipo se con.

II

CRISTOBAL COLÓN,

busto en bronce de D. Félix P. de Tavera

IV
El gallero es ~n ciudadano pacífico y honrado
~asta do~de permite serlo esta profesión, y está casi
s1~mpre en. el pleno goce de sus derechos imprescr_1ptibles é 1~ah_enable!t, incluso el derecho de subsidio Y gasto pubhco, que es el más imprescriptible de
todos.
Su edad varía desde treinta á ~incuenta años y su
color de negro á blanco inclusive, aunque este t1'itimo
es más d~ ley, como se verá más adelante.
El ~ra¡e es ~umamente sencillo y adecuado á la
profesión: consiste en un pantalón de dril obscuro y
~na ~amisa de arabia ó cosa así, en regular estado de
hmp1eza. L_o~ domingos ó días de gran festividad
suele permitirse el lujo de usar chaqueta, y se dan
casos en qu~ llega á encarcelar sus pies en un par de
z~patos de l:iadana.
Cu_ando está en ejercicio activo lleva unas tijeras
pendientes de un cordón rtegro amarrado á la garganta, y su ropa está sembrada de plumas de diferentes colores, lo que indica bien á las claras que
e) desplu11tar es una de sus más frecuentes ocuha.
c10nes.
t'

V
. Par~ ser buen gal,ero es indispensable tener voc·a•
~1ón; s~n ell~ no podría sufrir por mucho tiempo las
impertm~nc1as y contrariedades del oficio.
Neces1ta además estar dotado de un gran instinto
observador' mucha paciencia
·
· Y una memoria
. capaz
,
de retener la genealogía y hoja de servicios de cada
un~&lt; del los ~allos que le confíen, cuyo número varía
seguná as c1rcunstanetas,
· pero que no pocas veces
11 ega C?ntarse por centenares.
· del gallero al hacerse cargo
1 igencia
d La
¡ prtmera dT
_e os gallos que ha de tener por discípulos es averiguar el color, nombre, historia y cualidades de los

LA CARRETILLA,

grupo escult6rico de D. Félix P. de Tavera, (Sal6n de los Campos Elíseos de París,)

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�LA 1LUSTRACION

826
vierte en heraldo de sus plumados campeones, anunciándolos en alta voz, poco· más ó menos del modo
siguiente:
- ¡Tengo un tres y dos de á pulgada, con veinte
pesos!
Que es como si dijera:
A qui estd D. fuan Tenorio,
Y rto hay GALLO para I!.

No tarda mucho tiempo en presentarse un compe
tidor, que acepta con arrogancia el reto, y entonces
dan principio los preparativos del combate.
Aquí el gallero se reviste de nuevos y distintos caracteres.
De maestro pasa á ser padrino de desafío: el gallero se convierte en coleador.
Esta variedad de nuestro tipo exige un artículo por
separado.

VIII
El gallero se identifica, hasta ciert9 punto, con sus
gallos.
Cuando ganan se llena de regocijo: cuando pierden
se entristece y se avergüenza.
La muerte de un buen gaHo suele ocasionarle lágrimas de dolor y otros excesos.
Si fuera posible la metempsicosis de Pitágoras,
tengo para mí que los galleros, al morir, habían de
convertirse en gallos.
Tal es el cariño paternal que profesan á estos animales.
Por su parte los gallos corresponden á tan entrañable afecto, y (después de las gallinas) suele ser
nuestro tipo el objeto de su mayor predilección.

Bien mirado, para lo que valen tantas balumbas
de oropel y relumbrón, tantas glorias de talco y tanto grajo cubierto con las doradas plumas del pavo
real, verdaderamente puede decirse que la humanidad, fautora, actora y espectadora de tanta fars~,
está en lo justo jugando con su obra, como los m·
ños con las pompas de jabón.
J UAN O-NEILLE

NUESTROS GRABADOS

LAS POMPAS DE JABÓN

Todos corrían y se agrupaban con infantil alegría,
levantando sus mahecitas para cogerlas.
Con una explosión de chillidos y gritería se saludaba la aparición de cada una de ellas.
¡Eran tan bonitas!
Ostentaban al brillo de la luz del sol los más
vivos y puros colores del prisma, la combinación de
todas sus tintas, la armonía de todos sus contrastes,
con la dulzura y la suavidad, firmeza y valentía del
más armonioso acorde ... desesperación de los más
hábiles y consumados coloristas.
.
Aquellos brillantes colores, formando manchas
como el conglomerado y las vetas de un jaspe, se
movían y removían al contacto del aire, corriendo
como el agua por los brazos de un río por esmaltada
pradera, tomando tornasolados cambiantes.
¡Eran tan hermosas como las ilusiones!
¡Tan hermosas como la infantil alegría de los
niños y el inocente alborozo con que corrían tras
ellas para asirlas!
La suavísima brisa las levantaba, sostenía, dejaba
caer y remontaba. de nue!o, .abandonán'dolas al fin
á su destructor alcance.
Con una explosión de chillidos y gritería se celebraba la d«:strucción de cada una de ellas.
¡He ahí la ley del movimiento en manos de la
humanidad!
Hacer ó deshacer, crear ó destruir, levantar ó derribar. Jamás permanecer inactiva, saludando con
alegría la aparición de una cosa nueva, celebrando
con alborozo la destrucción de una cosa vieja, mirando poco sea lo que fuere; lo importante es hacer,
hacer algo; destr~r, destruir algo.
¡¡Las pompas de jabón!!
Todos ... ¡y cuántas veces! hemos formado de nuestro cerebro como una pompa de jabón.
¡Con pompas de jabón juega la humanidad!
Estudios, desvelos, afanes, sacrificios, abnegaciones ... proyectos ilusorios; y aparecía la pompa brillante, reluciente, y al tender la mano para asirla,
como el feliz resultado del cálculo, como el premio
de las penalidades, la pompa desapareció, dejando
por rastro el triste desencanto de la ilusión desvanecida y la amargura del desengaño.
Creación de familia, bienes de fortuna, importancia social, posición, poder y mando; talento, genio
y sabiduría, arra~tradora voluntad... ¡pompas de
jabón! ¡Efímeras pompas de jabón arrebatadas y estrelladas por el aire que las acariciaba, ó secadas por
el rayo del sol que les prestaba un momento de
brillo, ó destruidas por las manos de la turba que las
contemplaba y admiraba!

522

LA

NúME}{O 522

ILUSTRACION ARTISTICA

La· separación, la muerte, arrebata uno á uno á sentidas composiciones. Un voto sintetiza la conjunción de sentimientos y creencias, de cariño y fe religiosa que se anida en
los individuos que fermaban la familia, que se des· el corazón de la madre cristiana, que reconocida á las bonrlatruye y desaparece y se forman otras, ¡y todas desapa- des de la Providencia, p6strase humilde y reverente murmurando una plegaria por haberse salvado su hijo querido de la
recen del mismo modo!
Los bienes de fortuna se acumulan con la misma dolencia que le aquejaba, en tanto que su esposo, destacándo·
de la penumbra de la nave del templo, lleva en sus brazos
facilidad que las pompas de jabón, y por descalabros, se
al ser querido.
por torpezas, por descuidos y por infamias se evapoAqui demuéstrase el artista tal cual es, pintor por la forma,
ran¡ y pasan de una mano á otra para desaparecer poeta por el sentimiento.
del mismo modo
el harén, acuarela de G . Simoni. - Bella es
La importancia social, graduada por -la opinión la En
acuarela de Simoni titulada En ti ha,·b,, que cual todas las
pública, por esa cosa que está en todas partes y en SU)'as y especialmente las qu~ representan asuntos de carácter
ninguna se encuentra, se ve ponderada con igual oriental, revelan, no s6lo el dominioen el género de pintura en
que sobresale, sino también su profundo estudio tle las coslumligereza, lo mismo en pro que en contra.
bres, &lt;le la caprichosa arquitectura y de la indumentaria de
¡Todo lo mismo! Mando, talento, sabiduría, genio, esos
pueblos en que la mujer no ha llegado todavía á conver•
fuerza de voluntad, impotencia y poder, riquezas y tirse en compañera del hombre.
,
La nueva producci6n de este distinguido acuarelista, que ha
miserias ... ¡pompas de jabón!
Aplausos y gritería del vulgo inconsciente; niños logrado igualarse á su compatriota el romano Corelli, á pesar
su falta de novedad, es una obra muy recomendable por los
y nada más que niños crecidos, y como tales más de
bellísimos contrastes que ofrece.
destructores, entusiasmados en el momento de su
Cristóbal Colón, busto en bronce.-La carretiaparición por la viveza y el brillo de sus colores.
grupo escultórico de D. Félix P.de Ta vera. Gritería y aplausos al verlas desaparecer rompién- lla,
Nuestros lectores recordarán agradablemente la reproducción de
dose al choque con ºotro cuerpo, y frenético delirio la bella estatua titulada ¡Soy yo! que publicamos, por haber sido
al poder destrozarlas con sus propias manos.
tal vez la que más interés despertó entre las esculturas que fiY chillidos y exigencias para ver aparecer otras guraron en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.
De Tavera es asimismo el bonito grupo La carretilla, que
prontamente y verlas desaparecer del mismo modo ha
figurado en el Salón de los Campos Eliseos. En ésta como
y alcanzarlas para destruirlas.
en el malicioso tipo del rapazuelo ha dejado impreso el artisla
¡La humanidad juega con pompas de jabón!
filipino el sello de su genialidad. De dos asuntos al parecer

MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS

BOCETO

NO MERO

ART1STICA

triviales, ha sabido ejecutar dos obras de verdadera importancia, ya se las considere psíquicamente 6 como manifestaciones
de la nueva escuela escult6rica. Realistas son ambas, pero
dentro del limite marcado por la razón y el buen gusto. De ahí
que resulten simpálicas y agradables y que se descubra en ellas,
no sólo al escultor, sino también al artista, ya que Tavera, si
bien modela, piensa, discurre y siente.
El busto de Cristóbal Coló11 fué ejecutado por este excelente
escultor por encargo especial de la Comisión que se constituy6
en la capital de la República Argentina para festejar al gene·
ral Mitre y ofrecido al Sr. Marqués de Comillas por las atenciones que la Compañia Transatlántica española guard6 con
aquel ilustre hombre público durante el viaje que llev6 á cabo
en uno de sus vapores. Aunque esta obra se separe por completo ·de las anteriores, no por eso es menos digna de elogios.

Andaba á la ventura, sin hacer caso de los faisanes qu~ se levantaban á su paso...

MARCELA

La ninfa herida, grupo en mármol de Gustavo
Grupo de cigarreras en la fábrica de tabacos
Eberlein 1Exposición de Bellas Artes de Berlin). - Las de Sevilla, cuadro de Th. von der Beck (Exro,ición
de Bellas Artes de Berlín). - Cierto es que en los vastos talleres
de la fábrica de tabacos de Sevilla hallan el sustento algunos
millares de cigarieras y que en su conjunto descúbrense reunidos todos los tipos de la mujer andaluza, ya la de ovalado rostro, rasgados y soñadores ojos y delicadas formas, ya la de
pronunciados rasgos y duras líneas; pero al examinar el lienzo
del pintor alemán no es posible descubrir á las hijas de la ciudad del Guadalquivir. El Sr. von der Beck, artista de mérito,
que cultiva con éxito la pintura de género y costumbres, incurre en los mismos errores que los artistas y lileratos extranjeros
cuando tratan de dar á conocerá España. Su obra, como ma·
nifestación pictórica, es bella y altamente recomendable, ya
por su entonación, como por sus líneas y bien dispuestas agrupaciones, mas corno antecedente resulta falso. El Sr; von der
Beck ha pintado su cuadro en Alemania, y sus sevillanas podrán
Ultimas rayos, cuadro de D. Dionisia Baixe- record;ir quizás las que embelesaron á nuestros abuelos, pero
ras.-La vida artlstica de Baixeras data casi desde su infan· no á los bellisimos y airosos tipos de hoy, que no usan más arcia, pues no había cumplido aún los diez y seis años y su nom- mas que el abanico. Esto no obstante, el Crupo de cigarreras
bre ocu¡)aba ya uno de los primeros puestos entre la aléyad~ de von der Beck ha sido de los que más han llamado la atencion.
de pintores que honran á Cataluña. Si bien antes cultiv6 con
provecho el género hist6rico, hoy apenas exislen en su paleta
¡B.orrible hallazgo!, cuadro de Adolfo Hering.
otros tonos que los pardos del tejido burdo que visten los hom- (Exposición de Bellas Artes de Berlin). - Los ar1is1as de todos
bres de mar y el obrero, avalorados y enriquecidos siempre los países abandonan paulatinamente la representación de
asuntos y hechos de otras épocas, difíciles de interpretar, inspor sus aptitudes artísticas.
·
U/timos rayos titúlase el gran lienzo que reproducimos, en pirándose en todo cuanto les rodea, vive y se agita. Los nueel que se representan á varias campesinas horquillando la paja, vos conceptos del arte exigen del pintor profundo estudio psides pué~ de la trilla, para finalizar la jornada; y aunque la com- cológico de la sociedad moderna, para poder representarla en
posici6n parezca trivial, es tal el relieve y la tenue gradación el lienzo y facilitar interesantes antecedentes para la historia
de la luz en el ocaso del d!a, que bien puede decirse que el de nuestra época, puesto que hoy como ayer persigue la humaarlista ha reproducido la Naturaleza.
nidad dP.termínados ideales y las pasiones y las virtudes agítanse violentas en el magín del hombre. Por eso los pintores
El compromiso de Caspa, cuadro de.A. Parla- de la escuela moderna buscan las fuentes de su inspiraci6n en
dé (premiado con medalla de oro en la Exposición de Bellas e~os ~ramas latimos que de continuo nos conmueven y que
Artes de Berlinl. -Con buen acuerdo troc6 el Sr. Parladé su smtet1zan nuestro modo de ser.
bufete de abogado por el estudio del artista y los alegatos I
Adolfo Hering figura entre ellos, y su notable cuanto sentida
informes -por sus composiciones pict6ricas~ ya los triunfos que composici6n reproduce un · accidente real y tristísimo, que si
ha logrado en un breve período de tiempo demuestran incon- por fortuna no es frecuente, prodúcese en las grandes capitales.
testablemente sus excepcionales aptitudes para el cultivo de la Una amorosa madre, después de infructuosas pesquisas en bus•
profesi6n que tan resueltamente ha emprendido. Joven, pue9 ca de su hija, que era el encanto de su vida, acude al depósito
cuenta apenas treinta y tres años, y ostentando un titulo nobi- judicial con el ánimo acongojado por cruel incertidumbre.
liario, tráslad6se á Roma apenas terminada su carrera de leyes, Allí, sobre una mesa, halla tendido el inanimado cuerpo de su
adonde le atra!an sus entusiasmos artísticos, para dedicarse al hija, extraída pocas horas antes de las cenagosas aguas del rio
estudio bajo la experta direcci6n de D. José Moreno Carbone- e_n el que se arrojó para ahogar las torturas de su corazón, víc'.
ro. Rápidos fueron los progresos que realiz6, pues á los dos tima de cruel desengaño.
años alcanzó un premio en la Exposici6n internacional de
Tal es el hermoso cuadro del pintor alemán, premiado en la
Madrid de 1884 por su notable cuadro titulado Gladiadores Ex posici6n her linesa.
victoriosos ofreciendo sus armas d Hlrcieles. En la Nacional de
1887 logr6 nueva recompensa por otro lienzo representando
Entrada de una huerta en Sevilla, cuadro de
la Entrega del trofeo en ta bata!!a del Salado al Papa Bmedic· D, Manuel García Rodríguez (Exposición general de
to XII en AviiJón, que fué después premiado en la de Londres, Bellas Artes de ~arcelona): - Mu'y joven emprendi6 Garda
en donde fué adquirido por el coronel Worth. Et-compromiso Rodrlguez, con éxito y entusiasmo, sus primeros estudios bajo
de Caspe, inspirado en un hecho hist6rico de gran interés para la dir~cción de D. José de la Vega, abandonando presto el ·
nuestra patria y especialmente para Cataluña, cual fué la elec- estudio de l~s )etras por el de las-Bellas Artes. Sus progresos
ci6n de monarca para Arag6n que recay6, gracias á los 'esfuer- fue.ron tan ~ap_1_dos como notables, distinguiéndose como inzos de Vicente Ferrer, en Fernando de Antequera, el vencedor tehgente pa1saJ1sta en todas c~antas Exposiciones y Concursos se
del desgraciado conde de U rgel, es un cuadro de suma impor- ha presentado. Sus c~adros titulados On"llas del Guadalquivir,
tancia, perfectamente estudiado y dispuesto, que revela en el Í:ª. tarde y s_an Benito de Calatt"ava, premiados en las Expoautor profundij estudio y perfecto conocimiento de la época y s1c1on,es ~ac1onales ?e 1888 y 1890, asi como el adquirido por
de la situaci6n de los personajes representados, como también ·,los p~nc1pes ~e Bav1era1 patentizan las cualidades y aptitudes
cualidades artisticas muy recomendables.
~el •p!ntor sevillano, que aunque novel artista, ha logrado &lt;lisJusto ha sido el acuerdo del Jurado calificador de la Expo- tmgu1~se hasta el punto de haber sido nombrado recientemensici6n de Berlín al conceder al Sr. Parladé medalla de oro á te socio corresponsal de la Academia de San Fernando.
su último cuadro.

obras de Eberlein distíoguense todas ellas por el sentimiento
que revelan y por su notable ejecuci6n. De ahí que gocé en
Alemania de justo y merecido renombre, figurando á la cabeza de los escultores que más honran á su patria.
Lá ninfa herida, precioso grupo que tanto ha llamado la
atenci6n en la Exposici6n de Bellas Artes de Berlín, es la última obra que ha producido este distinguido artista, en la que
son de admirar los opuestos sentimientos que ha sabido imprimir en las dos figuras y su notable ejecuci6n. El rostro de la
ninfa expresa perfectamente la dolorosa impresi6n que le produce la extracci6n de la espina que ha herido uno de sus pies,
en tanto que el del joven parece se halla extasiado en admirar
su belleza, olvidándose, quizás, de la causa que produce la
molestia que experimenta su amada.

Un voto, cuadro de D. José María Tamburini
(Exposici6n general de Bellas Artes dé Barcelona!. -·Nueva
ocasi6n nos ofrece Tamburini para poner de manifiesto sus
cualidades por medio de la reproducción de una de sus más

JABON REAL

IVJ:OLETI

JABON

DE T HRI Ditc E 29,~d';1~;ñ;t,uu VEL ouTI NE
&amp;teo■at1Jo1

,er autorifúu ■ülcu para ta li(lm 41 11 Plll y 8111•.n hl Cole.,

POR PEDRO VALDAGNE.-ILUSTRACIONES DE V. CORC0S

.\ B Lo

Trenier,
aquel buen
muchacho,
por lo regular
tan alegre, estaba muy triste en la mañana del día
en que le pre·
sentamos eA
escena; con
su chaquet6n
de terciopelo, su gorra de
guardabosque y sus
grandes botas amarillas, andaba á la ventura, sin
hacer caso de los faisanes que se levantaban á su
paso, aleteando ruidosamente, ni tampoco de las liebres que de un salto cruzaban el sendero, mostrando la mota blanca de su cola levantada,
Marcela estaba á punto de marcharse: debía seguir
como camarera á la condesa de Vertval, su madrina,
que regresaba á París mu, tarde aquel año, es decir,
en los últimos días de diciembre, pues la estación
había sido magnífica, y el conde de Vert~al, gran
cazador resistiéndose hasta entonces á privarse de
su div;rsión favorita, había multiplicado las invitaciones.
Marcela se iba, y Trenier adoraba á Marcela.
Ciertamente estaba tranquilo, porque volvería en la
próxima estación, tan linda, tan graciosa, con la mis•
ma mirada serena y dulce, y con su largo cabello
negro, que era su orgullo; también volv~ría fiel al
amor que poco tiempo antes la declarara sinceramente de la manera más sencilla y sin frases pomposas,
que era una simple aldeana; pero en fin, iba á
partir, y aquella separación de al&amp;unos meses parecía muy dura al bue~ Pablo Tremer..
Los dos se habían criado en el castillo de Vertval,
en el centro del Perigord, sin separarse nunca. Marcela era bija de uno de les colonos de 1~ condesa,
quien había consentido en ser su madrina en las
fuentes bautismales, dándole el nombre de Marcela,
nombre que los campesinos alat_garon muy pronto,
según su costumbre, sin duda para que fuese más
sonoro. Después, muerta su madre, Marce.lota, se-

y;

gún dieron en llamarla, fué recogida en el castillo,
donde creció junto al pequeño Pablo Trenie'r, hijo
del guardabosque del conde.
La condesa de Vertval, por lo demás, no había
vuelto á ocuparse de su ahijada, pues al consentir en
ser madrina de Marcela no pensó jamás en comproter en lo más mínimo su responsabilidad; y hasta
ignoró largo tiempo que la niña habitaba en su castillo, donde ella no pasaba más que algunos meses
del año.
·
Pablo Trenier fué quien condujo allí á la huérfana, y muy pronto llegó ésta á ser la alegría de algunos viejos criados que habitaban el castillo todo el
año, después de haber servido largo tiempo á los
condes de Vertval, que por una antigua y respetable
costumbre tenían en aquella morada sus inválidos.
Marcela cautivó muy pronto á toda aquella buena
gente, que la mimaba y admiraba. Un viejo servidor
que había vigto morir al padre del conde actual, enseñóle á leer y dió principio á su educación rudi•
mentaria, al mismo tiempo que á la de Pablo, huérfano á su vez, pues el guardabosque había sido
muerto por la bala de un cazador furtivo á quien
nunca pudo descubrirse. Marcela aprenqió poco á
poco á prestar servicios; más tarde, cuando ya era
grandecita, eligiósela para ayudar en sus trabajos á
la costurera, pobre anciana cuya vista comenzaba á
debilitarse, y todas las atenciones que se dispensaban á Marcela pagábalas ésta con su cariño, su solicitud r sus gracias.
Pablo Trenier, robusto y fuerte, aprendía el rudo
oficio de su padre. Los años pasaron así, y Pablo
cumplió veinte la víspera del día en que Marcela
llegó á los diez y ocho.
Y era agradable durante las veladas de invierno
ver alrededor de la colosal chimenea de la cocina
al joven guarda sentado junto á Marcela, mirándola
tímidamente con una admiración de que apenas comenzaba á darse cuenta; mientras la niña, con su
ai~e picaresco y adivinando sin dud_a alguna cosa,
mJTaba á Pablo sonriente.
Marcela era para Pablo un ídolo; una palabra suya
habría sido suficiente para inducirle á prender fuego
á los bosques del conde, á pesar del inmenso cariño
que les profesaba, porque allí podía pensar en ella
en medio de un silencio profundo y durante horas
enteras. No se creía feliz sino cuando ella le prometía aceptar su auxilio en cualquier trabajo demasiado
fatigoso para sus fuerzas, y entonces entregábase á

su tarea con tanta alegría, que á pesar"suyo entonaba alguna ruidosa canción.
Y era porque en aquella joven tan fina y delicada
parecíale observar un marcado sello de distinción
cuando cruzaba las salas del castillo. Muy pronto
Trenier comprendió que era un inmenso amor lo
que llenaba su corazón, y entonces tuvo miedo.
En cuanto á él, bien sabía que era tosco y nada
simpático ni elegante, como ella, y á menudo renegaba de su rudo aspecto, que le hacía parecer muy
vulgar, y sobre todo de su limitada inteligencia, falta
que él mismo reconocía con pesar al cometer alguna
torpeza delante de Marcela, 6 cuando la esperanza
de ser amado de ella colmábale de alegría, manifestándose ésta por una ruidosa carcajada ó las JnáS
toscas frases. Marcela le miraba entonces con el aire
de una gran señora y Pablo quedaba confuso, desesperando de refinar nunca sus modales, ni reducir
aquella exuberancia de vida, por la cual debía pa·
recer demasi'ado ordinario á los ojos de la joven,
¡Cuánto hubiera dado por poder imitar los graciosos
modales de los señores del castillo! Pero cuanto más
los observaba, menos podía aprender; no, jamás llegaría á tener su desenvoltura, ni le sería daao hablar
como ellos. ¿Cómo lo hacían para encontrar tantas y
tan agradables frases, mientras él permanecía silencioso cuando estaba solo con la mujer adorada, do·
minado por una timidez _que le paralizaba la lengua?
Muchas veces quiso declarar su amor; muchas veces
parecióle que Marcela estaba dispuesta á escucharle;
mas no podía decidirse, temeroso de oir su propia
voz al declarar su pasión en medio del largo silencio
de sus entrevistas, y poseído de angustia al pensar
que tal vez la joven le contestaría con una cruel carcajada.
Marcela había adivinado esta adoración; su instinto de mujer le advirtió que existía algo más que
buen compañerismo en las atenciones que Trenier
la prodigaba, y agradecí:1selo mucho en el fondo. En
su inmaculado corazón de joven, el amor se formula·
ba independiente de todo atractivo físico¡ comprendía la vida de ºlos dos como una asociación de esfuerzos y de buenas voluntades, y veía, sin tratar de
explicarse por efecto de qué misterio, la prole que
podrían tener y de la cual cuidarían ambos. No se
le ocultaba á Marcela que entre maridt') y mujer debe
reinar la mayor confianza, y en este punto era para
ella una garantía el carácter franco y leal de Pablo.
También estaba segura de que la respetaría y protegería; pero no sospechaba que p1;1diera producirse_

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 522

Apenas llegada, encontróse muy á su gusto en la secretario, Renato Berard, es un hombre inteligente
una embriaguez loca en el amor, y di6 su corazón al
hombre cuyos menores ademanes y más insignifican- ciudad monstruo, sin que la perturbase su continuo y digno, por lo cual me propongo hacerle progresar.
tes palabras revelaban su adoración.
estrépito; pero como el conde de Vertval habitaba en
Pero como á pesar de su ingenuidad y candor era la plaza de Malesherbes, en un barrio muy rico y
III
muy maliciosa y traviesa, divertíanle las vacilaciones aristocrático, la joven no conocía las míseras calles y
El conde de Vertval distraía sus ocios escribiendo
del enamorado mancebo,. quien no osaba hacer la de- los centros cuajados de populacho, que sin duda la
una obra sobre cinegética, bastante voluminosa, para
claración que ella veía próxima; y sin echarlo de ver, hubieran infundido temor.
El palacio del conde fué para ella una maravilla: la cual necesitaba nmrierosos documentos; y por lo
mostrábase coqueta con su adorador.
Cierto día Marcela cayó enfermaj poca cosa ... , el gusto exquisito de la condesa y los caprichos de su tanto había buscado un secretario: todas las mañacasi nada, una ligera fiebre que se cortó muy" pronto; esposo, sumamente aficionado á las artes, habían nas Renato Berard trabajaba con él, y el señor de
pero Pablo, sombrío é inquieto, fruncía el ceño y contribuido poderosamente á convertir cada habita- Vertval estaba muy satisfecho· de su colaboración,
porque el joven era inteligente, sumamente instruí·
murmuraba imprecaciones que se perdían en su espe- ción en una obra maestra.
El gabinete de la condesa, tapizado de seda al es• do y con muy buen criterio. Hombre de veinticinco
..so bigote rojo; mostrábase muy reservado y apenas
contestaba á los que arrostrando su aspecto hostil le tilo de Luis XV, con sus elegantes sillones dorados años, de aspecto varonil, era muy pobre y vivía solo
dirigían alguna pregunta. Más de cien veces al día y todos sus adornos á la Pompadour, era una precio- con su madre, á quien un cataclismo financiero
s~ acerca~a á la puerta del aposento de la joven, sidad; en el monumental comedor, algo sombrío por privó á la vez de fortuna y de esposo. Renato, edudispuesto a entrar y sin atreverse á ello, temeroso de eíecto de la altura del techo y las tapicerías de una cado para más brillante porvenir, llevaba clentro de
ver s~ rostro pálido, antes tan sonrosado, y temeroso sola pieza, en las cuales brillaban dieciséis aplicacio• si con resignación una profunda melancolía; era de
también de que su voz bronca resonase demasiado nes de plata maciza, veíase en el fondo, por un lado carácter ardiente, fácil de entusiasmarse y soñaba en
~n la habitación de la enferma. Después, cuando me- ,la gran chimenea y por el o~ro un enorme aparador grandes cosas. Ahora bien: la casualidad quiso que·
Jor6 el estado de la joven, su inmensa alegría se cargado de lujosa vajilla; el gran salón, del todo mo- se enamorase de Marcela, sin tratar de ocultárselo, y
d~sbordó; y el día en que entró por fin á verla, tí- derno, estaba cuajado de ricos muebles, estatuas, desde aquel instante la pobre joven se creyó permido y torpe como siempre, y Marcela le dijo «Va- adornos raros y plantas; y por último, la habitación dida.
•
mos, Pablo, ya v~s que estoy bien, aunque algo débil,» de la condesa, tapizada de seda de China de color de
Hacía algún tiempo espantábase ella misma de
dos gruesas lágrimas cayeron de los ojos del buen rosa con blondas, las arañas de Venecia y los cuadros los enormes progresos de su imaginación y veíase
Pablo é hizo una mueca, porque sentía al mismo de celebrados maestros, completaba el magnífico en un todo diferente de lo que antes era. En vano
tiempo deseos de reir y de llorar.
conjunto.
trataba de luchar contra aquella inc1inación, cada
Y _aquel mismo día fué cuando Marcela, muy conMarcela se juzgaba muy feliz en medio de aquellas vez más fuerte, á todas esas cosas finas y elegantes
movida á su vez, cogi6le de las manos y Je dijo:
elegancias, porque satisfacían dulcemente muchas que constituyen el cqdigo mundano; pero sus aficio-.
- Escuch~, Pablo, no se me oculta que me amas inclinaciones mal definidas que en ella se desperta- nes se imponían cada vez más. Comprendía cuán
hace largo tiempo; tú no te atreves á decir nada bao. Hubiérase dic~o que en la joven se producía peligroso era hacer~e muy superior á Paj:)lo Trenier,
pero lo adivino... ¿No es así? Pues bien: yo te am~ una nueva naturaleza, al parecer muy refinada y co- aquel hombre sencillo que nada de esto comprendía,
igualmente, me casaré contigo y seré buena y fiel; nocedora de las bellezas del arte. A veces permanecía y hubiera querido evitarlo.
ya lo verás.
largo rato ante el lienzo ahumado de un maestro ht&gt;·
Per.o he·aquí que de pronto se produjo una metaDe este modo, sin muchas frases ni rodéos se landés, que representaba con viva expresión existen- morfosis en su corazón; poco á poco, el amor tomacomprometió con Pablo para toda su vida.
.'
cias adivinadas"por el artista, admirando las raras fi. ha cuerpo en el alma de Marcela en forma muy dis
Hacia_ la misma época, la condesa de Vertval fijó nezas de un clarobscuro prodigiosamente hibil. Y tinta que hasta entonces, y con sus ideas sobre el
su atenc19n en Marcela, á quien había olvidado casi. esto era tante más singular, cuanto que personas más matrimonio mezclábanse a:hora consideraciones de
Er~ ya una joven a.Ita, de talle muy esbelto, seno ilustradas, más conocedoras de las manifestaciones elección y deseos de mejorar. Era menos sano, tal
promm~nte, cuyos l~tid?s, marcándose con regulari- del arte, solamente habrían visto allí una pintura vez, pero seguramente menos rudo que la concepdad b~Jo el corsé, rnd1caban vigor y salud; manos tosca, una iluminación ennegrecida por el tiempo.
ci6n brutal del amor en la gente del campo; era una
pequenas y brazos redondos bien modelados; pero
En el medio ambiente donde entonces vivía sen- cosa delicada, con dulces ensueños, graciosos mocfalo que más llamó la atención de la Sra. de Vertval tfase Marcela también más en contacto (aunque in- les, palabras armoniosas y elegantes costumbres.
fué la expresión inteligente de Marcela, sus ojos ne- directo todavía) con el mundo exterior, con la sacie-· Y precisamente Renato Berard llegó en el roogros, q_u~ revelaban la actividad del espíritu, el deseo dad elegante, agitada de esa fiebre parisiense que mento más oportuno para dar cuerpo á todas estas
de ant1c1parse á todo y también la graciosa sonrisa multiplica las facetas de la impresionabilidad, que meditaciones peligrosas. Marcela resistía, protestaba
q_ue entreabría sus labios, comunicando al rostro complica las sensaciones centuplicándolas y hace con todas sus fuerzas; mas á pesar suyo, un amor
srngular dulzura, la más propia para atenuar la mali- vivir á varias existencias en una.
nuevo, mucho más conforme con sus íntimas aspiracia de su mirada. En todo el conjunto notábase un
En el castillo de Vertval, Marcela había manifesta• ciones, posesionábase de ella, haciéndola pasar por
marcado sello de distinción, y á pesar de su natural do ya inclinación á retraerse de quehaceres puramen- crueles alternativas.
desenvoltura. sabía mostrarse reservada y digna.
te materiales; pero esto no la condujo sino á una
La pasión que á Renato había inspirado Marcela
- Pero, Marcela, ¿estoy soñando?, dfjole un día la vana medítación mal definida y sin objeto: ahora era sincera; en primer lugar, la belleza de la joven le
condesa. ¿Eres tú la misma que yo tuve en brazos el veía claramente seres que tan sólo se alimentaban de habla impresionado vivamente; admiraba su gracia
día de tu bautizo? ¡Pues ya eres toda una mujer! las cosas de espíritu; adivinaba una actividad del ·su esbeltez, sus finos modales, y además (pues y~
¿Sabes que esto me envejece mucho?
pensamiento en aquellas cabezas de la gente de mun- habían hablado con frecuencia) había entre ellos
- He crecido bastante, en efecto, señora con- do, y comprendía que era una existencia muy &lt;lis- mucha afinidad de inclinaciones y marcada prevendesa ...
tinta de la que ella_ había conocido ~asta entonces, ción contra todo lo que era vulgar. for otra parte,
- Y eres muy linda ... Ya debes saberlo. ¿Qué ha- pero mucho más mteresante y apasmnada. Hasta como Renato era pobre y demasiado orgulloso para
ces tú aquí?
Marcela llegaban ecos de refinamiento de las co·stum- buscar en el matrimonio una situadón que no hu~arce!~ ~anifestó cuál era su ocupación en el bres ~ue la se?ucfan.
..
.
.
biera debido á su valer, la pobreza de Marcela era
castillo, d1c1endo que entonces tenía á su cargo toda
~~JO el _traJe
campesina de la JOvén, ba¡o su una causa más para que desease tomarla por esposa.
la ropa blanca, y además llevaba el libro de cuentas se~c~llez é mgenu_1dad, 1~ condesa de _Yertval había
En es~e sentido habló con franqueza al conde,
de la cocina, porque escríbía y contaba bien.
ad~vmado la mu1er curiosa, que ans~aba sabe~ y á como úmca persona de quien la joven dependía; el
- ¿Quién t~ ha hecho ese vestido?, preguntó la quien halagaba todo cuanto era bomto y gr~c10so. Sr.. de Vertval se lo comunicó á su esposa, y aquella
condesa, admirada al observar el corte sencillo, pero Interesábase mucho en aquella brusca revelación, y umón·pareció á los dos muy razonable. En cuanto
en extremo correcto, del traje.
·
ayudó á que se desarrollara la inteligencia de su á Marcela, muy pronto tuvo conocimiento de la de- Pues yo misma, señora condesa.
nueva camarera. Complacíala mucho hablar con la manda oficial hecha por Renato.
- Te sienta perfectamente.
jove?, y div_e~tíanle e~ extremo sus- co_ntestaciones
Ape?as la condesa pronunció las primera~ pala- Le he copiado, añadió Marcela, ruborizándose, y ch1st~s ?rigmales. Cierto día sorprend~ó á Marcela bras, srntió latir su corazón apresuradamente; estaba
de un grabado del Diario de la Moda de la señora en la bibhoteca del conde leyendo un libro de que persuadida de que amaba "á Renato y de que á na·
c?ndesa ... ; tal vez haya hecho mal, porque es dema- se hab!a apoderado y que tenía por título La muier die amaría sino á él, y también comprendía, con el
siado elegante y se ciñe mucho.
en el siglo _xvm.
..
espanto que inspiran las cosas irreparables, que su
- Nada de eso; estás encantadora así.
- ¿Te mteresa eso, h1Ja mía?, preguntó la señora compromiso con Pablo Trenier había sido temeraDe repente ocurrióle una.idea á la condesa.
Vertval un poco admirada.
río; que su cor-az6n fué sorprendido en el aislamien- Escuc~a, Marcela, dijo, ya debes saber que mi
¡Oh! Sí, señora, mucho.
.
to en que vivía; que no le amaba ni había experi•
cam~rera Lrna cesa en el servicio, porque se casa.
Desd~ enton:es Marcela fué _d1scfpula de la con- mentado nunca por él más que una sincera afección
¿Quieres ocupar su puesto? Vendrás á París conmi- d';!sa, quie~ se mter~só en desp~Jar de su ruda ~?rte• fraternal y una inconsciente piedad ante su muda é
go, yo te enseñaré pronto, y serás muy feliz.
za á la muJer superior que adivmaba en su ahiJada; inmensa adoración.
Marcela vacilaba. .
~escu~rfa en ella un nuevo ser,_ c~n el cual. encariLa condesa de Vertval gued6 sorprendida al eir
.- ¡ifola!1 exclamó la señora de Vertval, ¿es que no ~óse smceramente. No le fué difícil co~seg~1r qµe la á Marcela pedir un plazo de tres días para contestar
quieres saltr del castillo? ¿Tienes algún amorío por Joven confesas~ ctnt? sentía en su mfitendor, Y. así definitivamente. ¡Ah! Hubiera podido dar una resaquí?
supo q~e sus ~n: mac10_nes eran muy re_ na as; ms- puesta inmediata, porque ya estaba resuelta sobre Jo
- ¡Oh! No, señora.
trur6Ia con s?l~c1tud, de¡ándole todo el tiempo nece- que d.ebía hacer; habfa prometido su mano al pobre
Marcela no osaba confesar el amor de Pablo sano, y_ perm1t1ó que lle~asen hasta Marcela los ecos mozo que la esperaba en el -castillo, y no se creía
Trenier.
de 1~ vida de la alta socie~ad.
con derecho para rechazar ahora á un hombre que
La proposición fué admitida, y la condesa se ale·
Cierto día que hablaba con su esposo de esta es- se le había ofrecido y á quien aceptó s·
b
. d d .6 ' .1 d l
ó
. d
. m em argo,
gró muchísimo, porque estaba segura de convertir pec1eE
opc1b?• e hcon ~ e contest_ s?nn~n o: deseaba tres días para ponerse sobre sí, para que su
muy pronto á la joven en una camarera elegante y
- Is muy iei:i:h__ !gíamllos udnal senont~ó e esa voz nq . t~mblara al pronunciar la negativa, rehusande buen tono.
Marce a, que ya me au a ama o a atenci n cuan- do la felicidad con que le b~indaban
t b'1é0
do estábamos
en
V
ertval...
Noté
que
tenía
cierto
para
retardar
el
momento
en
que
serí
·
·
·
y
ª1!1 re. · '6 · ·
¡
¡
•
a necesano
II
se 11 o de distmc1 n, y siempre ere que a mu~er del nunciar para siempre á esa dicha y exclamar: «Todo
colono, ~uy her!llosa según re&lt;:uerdo, de~16 ser ha concluido.» ¡Qué pronto pasaron aquellos tres
Mientras Pablo permanecía en el castillo, frío y sorprendida algún día por cualquier gran senor, de días! Y cuando llegó Ja hora de la d 1
1
· M' ¡
h"
d d
p
.
.
o orosa reso u•
solitario para él desde que la joven no le animaba quien
arce a _es 1Ja ver a era... or o!rª. parte, c16n, Marcela pronunció enérgicamente el no, auncon sus idas y venidas, ~arcela por su parte tomaba no eres tú la úmca en hacer tales descubrimientos, que con una fuerza algo ficti·c·
I
t b'é
·
ád
b·
..
ia, con a que apenas
posesión de París.
· . .
pues yo am I n com1enz0' escu nr que mi Joven pudo reprimir un sollozo, al ver detrás de una corti-

1e

~t

NúMERO 522

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

nilla á Renato Berard, que se retiraba tristemente, tenecientes á un mundo distinto, que él no podría
llevándose consigo, sin saberlo, el corazón de la nunca comprender. ¡Cómo aquella delicada y elejoven.
gante joven había de ser esposa de un pobre y obscuro guardabosque, de un palurdo desgraciado!
IV
¡Alto aquí, Trenier! ... ¡Has sido un Joco!
Pablo pensó que esto serla una humillación para
El conde de Vertval había ido á inspeccionar ella, y quiso evitarla.
algunas cortas en sus bosques en los primeros días
Y mientras la contemplaba, observando su delicade marzo.
do rostro, muy pálido, y su expresión dolorosa, rasAcompañábale su guarda Trenier.
g6se el velo que aún cubría sus ojos, y ºadivinó que
Hacía ya algunos días que Pablo esperaba aque- Marcela amaba á Renato Barard y que se sacrificalla oportunidad, y arregl6se muy pronto para que la ba en aras de su promesa.
conversación recayese sobre Marcela,
¡Pues no, de ningún modo consentirla esto! Su
- ¿Sabes ttí, díjole el conde, que la niña ha rehu- deber estaba bien marcado esta vez ... y era angussado un buen partido en París?
tioso, pero debía cumplirle, y lo haría sin desfaUna viva alegría iluminó el rostro de Trenier.
llecer.
- Marcela, continuó el Sr. de Vertval, ha llegaComprendió además que Marcela, por su parte no
do á ser demasiado ambiciosa; se formó muy pronto, confesaría nada, y adoptando su resolución bruscay ahora tiene aspiraciones que no guardan relación mente, disimuló sus impresiones. Aquel hombre
con su estado. ¿No recuerdas sus aires de gran seño- franco y leal.Jas encubrió bajo una máscara; él, que
ra? Pues bien: su estancia en París ha desarrollado jamás había faltado á la verdad, inventó una mentisus tendencias aristocráticas ... Y hétela aquí en un ra, y con falsa timidez se excusó ... «Ignoraba lo que
callejón sin s~lida. Mi secretario la pidió por esposa, había pasado en él, y por criminal que fuese, había
y el pobre chico está desconsolado.
olvidado á Marcela, amando á otra, con quien debía
- Si Marcela no le ama ... , se aventuró á decir casarse ... Era preciso... Estaba completamente obliTrenier.
gado á ello.»
- A decir verdad, es difícil en su elección, tal vez
- ¡Mientes!, exclamó Marcela; á mí es á quien tú
demasiado. Berard es un partido muy ventajoso para amas.
ella, porque está muy bien educado, es inteligente
Ni un instante se dejó engañar por a.que! heé instruido, y yo me intereso mucho por él, lo cual roísmo.
ya es algo. Si el ministerio se sostiene algunos meses
- ¿No habré podido disimular lo bastante para
más, haré que le nombren subprefecto. ¿Qué más consumar hasta el fin mi sacrificio?, preguntábase
podría pretender ella?
Marcela.
Pablo Trenier se había mostrado muy alegre al
Pero dispuesta á pesar de todo á llevarlo á cabo,
principio, no viendo en la negativa de Marcela sino mostr6se dulce, buena, seductora. Pablo Tre.nier, sin
una prueba de su fidelidad á su palabra; pero de re- embargo, no cedió.
pente se entristeció. En cambio de aquel porvenir
- Vamos, dijo, lo que me dices no es cierto ... Yo
brillante que la joven rehusaba, ¿qué podría él ofre- sé que me amas ... y también te amo yo ... Te he
cerle? Su negativa era una prueba de amor de aque- dado toda mi vida ... ¿No es verdad que me engañas?
lla á quien tanto adoraba; ¿pero Je bastaría á Marce-No.
la el suyo? Según acababa de oir, era completamen- He vuelto para casarme contigo; quiero que me
te una señorita, y ahora le parecería el guardabos· tomes por esposa, y tú no puedes rechazarme.
que más tosco y rudo que antes. Había hecho tllal
¡Ah! Si ella hubiese podido arrancarle una confeen dejarla marchar... Le habían transformado su sión, Pablo se habría visto obligado á ceder, aceptan·
Marcela. «Ya no me amará,» pensaba el infeliz.
do la felicidad ... porque Marcela le hubiera hecho
Pero el alma de Pablo se sublevaba y sentía na- dichoso.
cer la cólera contra aquel Berard que había osado
Sí, la joven procedía de buena fe; deseaba ser esamar también á Marcela. Por otra parte, ¿debía ella posa de Pablo Trenier, y comprendía, por más ·que
preferirle á él, ignorante y tor¡.,e, al joven superior él dijese lo contrario, que ella lo era todo para él,
de quien el conde le hablaba? ¿Estaría Marcela se- que Pablo había contado con su palabra; estaba adegura de amarle lo suficiente? .¿Y era justo que él, más segura de que le amaría... Poco á poco olvidaTrenier, aceptara aquel amor si la joven había de ser ría sus ilusiones, para adaptarse al carácter rudo,
menos feliz?
pero leal, de aquel hombre; pero Pablo se mantuvo
Con estas reflexiones despert6se en Pablo un sen- inflexible.
timiento de angustia dolorosa; era preciso cumplir
Entonces Marcela experimentó dolorosa angustia
un deber, averiguar con certeza dónde estaba la di· ante aquel sacrificio sublime cuya grandeza comprencha de Marcela, y obligarla á que la aceptase, aun· día y que le parecía más hermoso que el suyo proque con ello sufriera su corazón. Sin embargo, ¡qué pio ... y aquel hombre le pareció entonces superior.
penoso fué para él jugarse la felicidad de toda su
·- No quiero ... ¡Se ha concluido!, había dicho
vida! Durante las largas semanas que precedieron al Trenier, pronunciando estas palabras con voz dura
regreso de la joven, aquella incertidumbre del por- y baja la cabeza, como fiera acorralada por el cazavenir le martirizó cruelmente, y cuando llegado el dor. El guardabosque se mostró más rudo, más
verano Márcela volvió al castillo con la condesa de grosero de lo que era en realidad y consiguió repreVertval, Pablo no tuvo valor para ir á verla; tanto sentar su papel. .. pero no engañar á Marcela.
temía reconocer que la joven se había transformado,
Pablo Trenier encontró alguna campesina, con la
en efecto, lo bastante para que le fuese forzoso re- cual se casó . muy pronto ... y aquel día vagó en sus
labios la sonrisa del mártir que se sacrifica, feliz en
nunciar á ella.
medio del suplicio, adorando como antes á la mujer
Sin embargo, era preciso ir.
•- Pablo, díjole Marcela, he vuelto tuya, cot¡10 te que amaba y perdiéndose para ella para toda la
lo había prometido. Casémonos, pero que sea cuan- vida.
to antes.
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
· - Pero ¿á qué viene ahora esa prisa, y cuál es la
causa de la tristeza que se indica en tu voz?
- La señora condesa, añadió Marcela, lo sabe y
consiente en ello ... ¿No estás contento?
La señora de Vertval estaba prevenida, efectivamente, porque Marcela, apurada por sus preguntas,
confi61e que había dado su palabra á Trenier, lo
cual produjo en la condesa el mayor asombro. ¡Cómo
podía creer que rehusase la mano de Renato Berard,
joven instruido que conocía el mundo y podía, gracias al apoyo del conde, hacer una brillante carrera,
para unirse con Pablo Trenier, hombre honrado,
ciertamente, pero simple guardabosque, tosco y sin
educación, que comprendiendo las aspiraciones de
la joven no podía hacerla feliz!
·
Pero Marcela se mantuvo inexorable, limitándose
á contestar con lágrimas en los ojos: «Lo he pro·
metido.»
Sin embargo, Trenier la miraba, y veía que todo
era verdad. Había cambiado más aún de lo que él
suponía; su andar era gracioso, sus ª?emanes revelaban desenvoltura, su sonrisa, sus miradas y sus fra·
ses eran propias de una mujer de buen tonb, una
de aquellas que Pablo veía en el castil_lo entre los
convidados de la condesa, y que él consideraba per-

8:29
SECCIÓN CIENTiFICA
C_ON S ERV ACI Ó N DE EJEMPLARE S
DE HISTORIA NATURAL

La conservación de objetos ó ejemplares de estudio reviste para los naturalistas gran importancia.
Los zoólogos y los botánicos precisan ya piezas anat6m~cas·, ó he_rbarios, flores y frutos conservados en
alcohol, para practicar determinados experimentos
cuando no es posible realizarlos en la época ó estación verdaderamente indicada.
Cierto es que los botánicos tienen el recurso de
obtener por medio de conocidos procedimientos la
reconstitución de las plantas secas y practicar su
correspondiente análisis, contando asimismo en sus
colecciones con semillas y frutos que son á modo de
complemento del herbario; pero como quiera que su
consistencia es variable, presentan cuando están secos sus verdaderos caracteres, mas no así cuando
son carnosos, en cuyo caso para sostener su real in·
terés es preciso conservarlos en alcohol. Las mismas
flores, conservadas en este líquido, son más fáciles
de estudiar, y los organogenistas aprecian entonces
su valor. Por último, hasta los anatómicos procúranse con frecuencia ejemplares conservados por este
medio para estudiar los tejidos.
Recomiéndase invariablemente á los exploradores
á quienes se conífa el encargo de formar colecciones
de histo:ia natural obtener el mayor número posible de e¡emplares en tal estado de conservación, y
hasta el presente es el alcohol el agente por excelencia y al que se recurre eficazmente.
Numero~os ensayos se han practicado con el agua
salada, femcada ó conteniendo pequeñas dosis de
bicloruro de mercurio, pero en ninguno de los casos
en que se ha empleado ha podido asegurarse la
conservación de un modo satisfactorio y sobre todo
duradero.
Desde larga fecha busco el medio de suprimir el
empleo del alcohol, siempre caro y no siempre fácil
de obtener en los viajes, sustituyéndolo por un antiséptico disuelto en '!I agua, sin olor, á ser posible,
y que pueda transportarse con facilidad.
He. recurrido, al efecto, á tod?s los a_ntisépticos
conocidos para hacer un estudio comparativo de
cada uno de ellos. El agua fenicada obscurece seguramente los objetos que en ella se sumergen. El
bicloruro de mercurio en presencia de las materias
vegetales se descompone y las muestras se deterioran al .cabo de algunas semanas. Igual resultado ob·
tuve con cuatro ó diez gramos de sulfato de cinc y
con diez gramos de alumbre por cada litro de ?igua.
No recurrí á los Hquidos compuestos, tales como
el licor de Awen y licor de Barrols y el ácido arsenioso, de que se sirven los zoólogos. No sin desconfianza me atreví en ~ 877 á colocar una orobancha
fresca en un cubo de agua en la que había disuelto
una pequeña cantidad de ácido salicílico. Con gran
sorpresa pude notar al cabo de dos ó tres años que
la conservación de la orobancha no dejaba nada
que desear.
Reanudé los ensayos con dos ó tres plantas ente·
ras, que se conservan en buen estado desde el año
1883 1 en que las sumergí en la disolución. Una de
ellas, Saxífraga cranifolia, con rizoma, hojas y flo·
res, conservó durante dos años el color rosado de
sus pétalos. Entonces coloqué el cubo á la acción
del sol durante un mes, cubriéndolo simplemente
con un papel, decolorándose algunas partes de la
planta, sin que perdiera respecto de su buen estado
de conservación.
Este año he• comenzado los ensayos con igual
éxito, sometiendo al experimento una Lagenaria, con
sus hojas y flores. En otro cubo coloqué una Hippophrerhamnoides, conservándose desde el mes de
agosto en buen estado de coloración y conserva·
ci6n .
Las dosis que me han dado mejores resultados
son de dos gramos de ácido salicílico por cada litro
de agua dulce ordinaria. Intenté disolver tres gramos
de ácido, pero prodújose saturación, y una parte po·
sóse en el fondo del recipiente. Con un gramo por
litro he obtenido algunas veces resultados, mas no
debe considerarse como regla. Cuando se mezcla
una pequeña cantidad de alcohol, la disolución se
efectúa rápidamente y se puede entonces por este ·
medio aumentar la dosis del ácido. La disolución de
los dos gramos, que fué suficiente, no se efectúa
inmediatamente en el agua pura; es preciso agitar
durante algún tiempo la botella 6 la garrafa, completándose la disolución al cabo de cinco 6 diez mi·
nutos.
Desde el punto de vista económico y además por
la facilidad del empleo de este antiséptico, creo que

�830

LA

LA 1LUSTRACIÓN

NúMERO 522
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 52.2

Otro curioso naipe preparado es el que se apeda• dos, agitándola violentamente. Preténdese que por
za (fig. 1, núm. 2) El operador toma uno cualquiera este procedimiento de introducción, la evaporación
al que le falta una punta, y al pasar la mano por de- es mucho más rápida y por consiguiente la potencia
lante resulta completo. Para conseguirlo se hace uso relativa del _aparato por la cantidad de vapor em·de un naipe compuesto, como el anterior, de dos pleado es más considerable que en los demás. Para
pegados por los bordes y rotos en seguida por una la misma cantidad de agua destilada son mucho
de las puntas. Entre estos dos naipes hay un pe- menores las dimensiones y el peso del aparato
queño vástago de metal K, montado sobre un eje y Yarian. Además en los grandes modelos de este
puesto de manera que sobresalga un poco de los dos tipo no existe constantemente más que una pequenaipes por abajo. Por arriba este vástago lleva la ña cantidad de agua en reposo, lo que produce una
JULES RISEON
gran economía de peso con relación á los demás
Ayudante naturalista del Museo punta que falta á la carta de encima. Conviene aña
aparatos
de otros sistemas; así, por ejemplo, un apadir
que
el
eje
está
fijo
en
una
plaquita
de
metal
pede Historia Natural
rato Yarian puede producir cincuenta toneladas de
gada á la carta de debajo.
Aplicando un dedo á la parte del vástago que so- agua destilada por día con un cilindro de 2• 1 128 de
bresale de las cartas, se le hace girar sobre el eje, y longitud por 1•,604 de diámetro En resumen, por
entonces toma la posición indicada por la línea de efecto de la agitación constante del agua, las mate·
FÍSICA RECREATIVA, - NAIPES MECÁNICOS
puntos, volviendo á poner en su sitio la punta des- rias depositadas son poco adherentes y desaparecen
Los juegos de manos hechos con naipes (prescin- prendida, punta que, vista á corta distancia, parece con facilidad.
diendo de los que ofrecen poco interés y están basa- formar parte de la carta misma.
El tercer juego consiste en presentar un naipe que
dos en combinaciones que sólo requieren alguna
cambie
tres veces de palo, y que en segtfida se agranmemoria) exigen mucha destreza, la cual se adquiere
de. Este naipe está compuesto de
LA FOTOGRAFÍA DE LOS COLORES
otros tres diferentes que suponemos
son el caballo de espadas, el as de
Grethe, en su teoría de los colores, nos dice que
copas ( ca:ur) y el siete de oros (ca·
rreau). En la fig. 2 1 núm 1, se ven es- el cloruro de plata expuesto á los rayos solares toma
tas dos últimas cartas. Colócanse las del espectro las mismas tonalidades En 1~50, Nietres 1,ma encima de otra por el lado, y pee de Saint·Víctor obtuvo fotografías coloridas que
están unidas entre si, como con una se sostuvieron durante algunas horas,
Después de Nieppe, Poitevin en Francia _Ze~cker
charnela, por medio de una tira de
caucho que, al doblarlas, deja ver su· en Alemania y Simpron en Inglaterra pers1gu1eron
cesivamente una de las tres cartas, la resolución del mismo problema. Por último, rey al volverlas desplegadas por com cientemente M. Lippmann presentó á la Academia
pleto, que se presenten por la parte de Ciencias una fotografía del espectro, en la que
posterior, en la cual hay pintada una todos los colores se hallan reproducidos de modo
sola carta tan grande como las tres estable y duradero, sin que á pesar de ello pueda
(fig. 2, núm, 2). En el grabado esta afirmarse que sus repetidos ensayos hayan obtenido
carta es un siete de bastos ( trcjle de una solución práctica.
Justo es asimismo mencionar los experimentos
la baraja francesa)
. Para que el cambio de doblez sea llevados á cabo por algunos prácticos con idéntico fin,
invisible se requiere alguna destreza: esforzándose en obtener pruebas en color obtenidas
se hace teniendo el naipe en la mano por medios ó procedimientos indirectos. En 1865, el
izquierda, y mientras se finge frotarla barón Ransonnet, en Austria, propúsose alcanzar
con la derecha, se cambia el naipe los mismos resultados, utilizando al efecto tres obje·
Fig 1. - Naipes preparado_s para jueg~s de mano~. - 1. Ocho &lt;le ~spadas
primeramente presentado. Cuando se tivos del mismo objeto colorido, ó sea á través de
que tiene un punto movible por medio de una cnn y puede cambiarse de
han enseñado las tres cartas se da cristales rojos, azules y amarillos, transportándolos
lugar para transformar el naipe en un siete -2. Sota de oros con una pun·
vuelta
á todo, siempre en la mano, después sobre la piedra por medio de la fotografía.
ta cortada que se puede reponer.
sujetando con la punta de los deEl año de 1869 determina una fecha que debe
dos la carta de en medio y se suel• consignarse especialmente en la historia de la fotocon ensayos continuos y esfuerzos constantes. Hay, tan las otras dos; entonces las tiras de caucho se es- grafía. Dos hombres eminentes, M. Cros y M. Dusin embargo, algunos experimentos de este género tiran y los tres naipes no forman más que una sola cos de Hauron, aportaron una nueva solución á tan
bastante curiosos, hechos con cartas preparadas de superficie en la cual está pintado el siete de bastos. interesante problema. ::M. Ducos de H.auron, gracias
un modo más ó menos mecánico y que cualquieAsí pues, este aparato, construido como queda á su extraordinaria perseverancia, llegó á alcanzar
ra puede practicar con buen éxito. Tres de estos me- dicho, da cuatro transformaciones.
resultados prácticos, tomando tres clisés de colores
canismos interesantes, combinados en un simple pe·
Antes de conocer los varios mecanismos que aca- primitivos, rojo, amarillo y azul, interponiéndolos
&lt;lazo de cartulina, son los que vamos á describir á bamos de explicar, hemos visto presentar estas car· entre las placas sensibles dotadas de propiedades
tas en familia, y supusimos que los experimentado- órtocromáticas y el original. El análisis de los tres
continuación.
Hablaremos ante todo de una carta preparada, res tenían una destreza sorprendente que estaban colores, rojo, amarillo y azul, habíase realizado, es
que se cambia con facilidad de ocho de un palo en muy lejos de poseer'.
decir, obtuviéronse los negativos monocromos, losiete y recíprocamente (fig. 1, núm. 1, A y B). El
grándose la síntesis de los tres colores positivos, rojo,·
•
palo escogido para la fabricación de este naipe es el
amarillo
y azul, cuya superposición produce la ilu••
de espadas (pique en la baraja francesa). El punto '
sión de los colores.
que forma el ocho es movible, como se ve en, la figu- NUEVO APARATO DESTILADOR PARA EL AGUA DE MAR
Posteriormente, en 1875, M. León Vida!, recibió
ra D (fig. 1, núm. 1 ); basta empujar con el d~do ~n
el encargo de instalar algunos talleres en el muelle
pequeño vástago D, que asoma por _la parte 1~fer:or
Varios buques de la marina de guerra inglesa aca- Voltaire, para obtener pruebas en colores por medio
del naipe, para transportar por medio de un hilo in- ban de recibir á modo de ensayo un nuevo aparato de un procedimiento de fotocromía simple. Empleávisible, un cabello ó una crin, uno de los puntos destilador, que lleva el nombre de Yarian Distín- ronse tantas piedras litográficas como colores debían
sobre otro punto angular, con el cual se confunde
reproducirse. Las tintas imprimiéronse sucesivamencuando le está sobrepuesto.
te sobre el papel, colocándose después sobre las tin·
Esta maniobra se hace procurando que el naipe
tas p(anas ó modeladas una prueba positiva fotográesté boca abajo, y los espectadores no la ven, por
fica pelicular. La prueba produjo entonces todas las
consiguiente, sino por el revés. El punto movible
medias tintas y las ºsombras que no se habían 'todaestá montado sobre dos crines blancas que, por mevía ohtenido, lográndose, en suma, un lisonjero redio de una palanca interior, lo con,focen con toda
sultado. Los objetos metálicos reprodujéronse admiexactitud hasta dejarlo colocado sobre el otro punto,
rablemente y de una manera completa. Sin embargo
ósea sobre el palo (copas ú oros) fijo. El mecanis · ·
y por causas independientes del procedimiento, no
mo va metido entre dos naipes pegados uno á otro,
se prosiguieron los ensayos con tanto éxito co·
pero de modo que no formen al parecer sino uno
menzados. M. Albert, de Munich, y Bierstad, de
solo. Este mecanismo está representado en C (fig. 1 ).
Nueva York, aportaron una piedra más al edificio.
El punto movible, siguiendo el camino trazado por
La casa Orell Tussli, de Zurich, Eckstein de La
las crines y arrastrado por ellas, cambia de lugar
Haya y otros establecimientos importantes dedicáhasta sobreponerse al punto del lado de arriba para
ronse _á la impresión de fotografías en color.
formar un siete. Si se mueve en seguida la palanca
Gracias al descubrimiento de placas sensibles orhacia el otro lado. el punto cambia otra vez de lugar
tocromáticas con la gama de los colores verdaderos,
y recobra su posición primitiva para formar un ocho.
la aplicación de los colores en la fotografía ha reaEl extremo de la palanca, que se debe empujar á la
lizado un progreso considerable. Preparáronse priderecha ó á la izquierda para obtener la transformamero coti el colodión, y después, en 18831 Clayton y
ción, aparece en la parte inferior del naipe Además,
Attout Tailfer prepararon las primeras placas isocrola figura C, en la que se ve el interior de ~s_te, mue~
máticas con la gelatina. El profesor W. Vogel y
Fig. 2. • Naipe que se cambia. tres veces. - 1. Naipe tri•
tra el punto movible separándose de su s1t10 para 1r
MM. Lobse, Eder y León Vida! han hecho dar un
ple. -2. Parte posterior del naipe triple, figurando uno
á ponerse sobre el punto de un lado y formar el siete
gran paso al ortocromatismo, de manera que puede
tres veces mayor que un naipe común.
del palo.
obtenerse con fidelidad la gama de las tintas, pro•
'La carta así construída es una maravilla de pacien. greso que abre un vasto campo de acción á nuevos
cia y de ingenio, teniendo también la ventaja de po· guese este aparato de los conocidbs hasta hoy en ensayos.
derla presentar de cerca sin que sea posible ver la que el agua de mar en vez de hallarse en con~tante
G. T.
reposo introdúcese por medio de movimientos rápi(De La Nature)
treta.

es conveniente emplear este sistema, tanto para las
colecciones de los museos como para los envíos que
efectúan los viajeros naturalistas.
No he terminado todavía los ensayos que he practicado con los hongos y las materias animales, pero
confío poder dar á conocer prqnto los resultados. Si
á ellos me refiero es porque espero que mis tenta·
tiYa~ no han de ser infructuosas.

ARTÍSTICA

CIFRAS 1DECORATIVAS·- PARA -AR·TES E INDUSTRIAS

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __ _ _ _ _....;._ _ _ _ _ _ _ __.~

POR

J. MASRIERA Y MANOVENS

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Querido enfermo. -F/ese Vd. á mi /arta experiencia,
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11 Alimento mu reparador, 1111ido al Tónico mas ener¡ico.

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS PRINCIPIOS NUTBITIVOS SOLUBLES DB U CARNE

y 01111u I son los elementos que entran en la composiclon de este potente
reparador de las fuerzas vltalcs, de este ror&amp;idcun&amp;e por e■celcoeia, De un gusto sumamente agradat,le, es ijOberano contra la .Anemta y el A.pocamte11to, en las Calentur~
y conva~ce11c1as1 contra las Diarreas y las .Afeccwnes del Estomaoo y los rntattMS.
Cuando se tm.a de despertar el apeUto, asegurar las dh(CSt!ones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,ocaw por los calores, no se conoce nada superior al l'in• de Vuioa de ~•·oud.

PARlS • LTON • VIENA • PHlUDELPHU '. P.ll\lS
I8t,'7

.Por ma]IOf'. en Paria, en casa de J. FERRt, Farmacculicij, 1M, rue Richelieu, SUtC.IQt d1AR0UD.
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S&amp; Vll:ND&amp;

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81 rae Sainl-Claade, PARIS
-b■ilese gr1U1 u lolleto eipli11U1 ~ - ~~~~;ia~,

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11 l■.Pt.&amp;4 C02' IL

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.,,oa ,11,0 ..!f U.

11i8

DISPEPSIAS
O4STR1TIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1' OT&amp;OI DIIOI.Dlftll D■ U

C)AD'.IE

.GOT

DE PARIS

no t1_tubean en purgarse, cuando lo
nec~s1tan. No temen el asco ni el,causanc10, porque, contra lo que sucede con
l(!s demas purgantes, este no obra bien
smo c_uando se toma con buenos alimentos
Y bebidas fortificantes, cual el vino, el caf6,
o/ '6. Cada cua~ escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas Je convienen
•egun sus ocupaciones. Como el causSJJ'
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alimen&amp;acion empleada uno
,e decide fllcilmente II volv~r
4 empeHr cuantas veces
,ea aecesuio.

t&gt;IOIITlOII

BASO LA FOR'IU. DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
P&amp;RIS, Phar:mie COLLAS, 8, nie Daapfüe
, '"" 'ª' pr1..cfnn~,

1.:1

ANÉMIA.

'ª"""na,.

LINFATISMO

Et Proto-I'?duro de Hierr_o es et_r~parador de la :,angre,
el t ort,flcante y el m1crob1c1da por excelencia.
BJJarabey Ju Grajeas con proto ioduro delierrod6F. Gille,

:iJ::if!~b~Úd::;~~~ ~~~bi~~f:J':c,:a':,:!~,~ de 1u pure;a qi.fmíca,a,:
111actta de lo~ Ho1pitalt1),

•·

nEróSITO (lF,NERAL: 45, Rue Vauvllllers:!ARIS. 01rnsil(l en iodU las hrmAdas.

- - - - -~===========~~~::::::=~Las C&amp;Sal!I extra?lj e

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ILUSTRACIÓN

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NóMERO 521

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cia y d¡
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treta.

famosos escritores. Dlns hace'que
algunos literatos tratan de des•
cubrir quién es el verdadero au,or de ese mirlo blanco, pero hasta hoy nada se sabe.
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RECUERDOS DE MI VIDA, po~
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tro refiere en este libro multitud
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referentes á sus óperas y á los
grandes músicos, actores y empresarios de su tiempo. Cuenta
en estas Memorias suyas multitud
de detalles de su vida Intima, y
de cómo poco á poco fué venciendo dificultades basta imponer al
mundo su sistema musical.
La relación de cómo fué repre·
sentado Ta1111ahusser en Paris es
un capitulo bermoslsimo: el entierro de Weber es una joya lite•
raria por el sentimiento y corrección con que ha sido descrito.
Otro encanto tiene el libro:
las ilustraciones, entre las que fi.
guran cincuenta caricaturas gracioslsimas de l· ilustre maestro,
hechas por los más afamados ar•
tistas y publicadas en la prensa
de todo el mundo.
F.ste volumen, de 350 páginas
y" correctamente traducido· del
alemán y profusamente ilustrado,
se vende á 3 pesetas en las principales librerfas.

Dos HISTORIAS \"ULGARES,
por D. fosé Castro y Serrano, de
la l{eal Academia Española. Dice el ilustre autor de Las cartas trasce11denta/es y de La novela del Egipto que en los banque•
tes modernos se sirven dos clases
de sopa: una picante y otra dul•
ce, al igual de lo que sucede con
las lecturas contemporáneas, re•
firiéndose á las dos novelas cortas que contiene este libro. Picante podrá ser á su juicio La
serpie11te mroscada, pero lo es de
buena ley, saturada del delicado
aroma del tomillo y la retama
que se aspira sin molestia, revestida, como El reloj de arma, con
las hellezas de nuestro lenguaje,
y extiuestos los cuadros, perso •
najes y situaciones con natural
senc:llez y claridad.
,
El libro del Sr. Castro Serrano
podrá contener dos historias vul•
gares; pero como todas sus prpducciones, no pueden caer jamás
en la vulgaridad ..
Editado por D. Fernando Fe,
de Madrid, y profusamente ilustrado por Angel Pons, forma un
honito vofu_men, que se vende á
3'50 pesetas en las principales
librerlas.
,

Dos GENERACIONES. Nueva
novela del Conde Ltón Tolstoy,
en la que se refiere cómo dos militares aristócratas, padre é bijo,
juegan, se baten y se enamoran,
La narración es sencilla y delicada, pero tienen los personajes
ese relieve que sólo sabe dar á
sus protagonistas el famoso autor
de La sonata de Kreutzer. El
episodio del oficia l prisionero
que se escapa y logra llegar perseguido de cerca al campamento
de los suyos es en extremo interernnte.
El libro está muy bien traduci •
do é impreso, y se vende á 3 pesetas en las principales librerías.
¿ACADÉMIC:AS?- Es un folleto
anónimo que unos atribuyen á
D. Juan Valera y otros á la señora Pardo Bazán. Sea quien fue•
re el autor, es indudable que por
el estilo, la gracia y la picardfa
de cuanto allí se dice es uno de
los más preciosos libros escritos
hace muchos años y que podrfa
firmar cualquiera de nuestros más

TROZO; ESCOGIDOS DE l.lTF.·
RATURA FRANCESA, en prosa y
verso, por /J. Cayel&lt;pro Castdlón
y Pinto. - Obra de suma utilidad
para cuantos se dedican al esturlio del idioma francés es la "que •
bajo el titulo que antecede acahn
de publicar nuestro distinguido
amigo Sr. Castdlón y Pinto, cateórálico del Instituto provincial
de Jerez de la Frontera. Aparte
de las utilísimas reglas que con•
tiene, figuran recopilados en el
lil,ro trozos escogidos de literatura francesa, en prosa y verso, •
desde el siglo xv11 hasta nuestros
días, inteligentemente coleccio·
nados, clasificados y anotados
para servir de ejercicios de traducción á los alumnos de Institu•
tos y Escuelas especiales, as i
como un vocabulario al final del
texto.
Bien impreso, forma un volumen en 4. 0 , perfectamente encuadernado. Vénd~se al precio de 7
pesetas cada ejemplar.

El(TRADA DE UNA HUERTA EN SEVILLA, cundro ue D. Manuel Garda Rodriguez
(Exposición general de Ilellas Artes de Bnrcelona.)

-MI-

LAIT A~,-, PffllLIQUE -

LECHE ANTEFÉL
pin • ••mala m agaa, •i~p¡
S, LENTEJAS, TEZ ABOLE
ARPULLmos, TEZ BARROS

~.~Jl41t4,!!f!~i~IJl~9.!tl8.1Jll~

A~g~s~::~s
ROJECES

au 1&gt;rtactpto por 101 proreaorea
ano t8!9 obtuvo el pr1Ttle~o ele tnnDctón. VHIADEH CHFm PEITDIALL~on bue
4e ¡oma 'J df l.blbolea, eonTtene 101&gt;r1 ioao a 1u peraonu 4ellcadu como
ma,Jerea 'J Dinos. su rueio e1.ce1ente no perJud.1ca t.n modo ala,mo i 1u incacta
1&gt;.
eonira los IDFIUIOI y toda■ la■ lllLUl.lCIOIES del PECIO y ele I Oll IITESTll8S. ...i
B1 .TA.R.AB.Jr D.Jr BHIANTrecomend.ad.o 41141

~ e o , TUJIU'd, Guernnt, etc.: ha recibido 11 con■a(!'actóa 4el tiempo: en el

Enfermedadesd., Pee/lo

Jarabe Pectoral
DE

I

GRANO DE LINO TARIN
Farmacéutico, place de.s Petits-Peres, 9, PARIS
PREPARACION
ESPECIAL

para combatir
con txito

.

ESTRENIMIENl'OS

• • ••

'

•

Erijarse liu

•

C4Í04 de ho¡a delata
Una cucharada

por la manana

COLICOS
., yotraporlatarde
IRRITACI
•
~..
•'(I' en la cuarta parte
ONI .S
.,; •
de un vaso
ENFERMEDADES En tod,u de agua 6 de.leche
DEL HIG~D&lt;;&gt;
/a,
Y DE LA. VEJIGA farm,ci••
LACAJA: 1n.30

.P. LAMOUROUX
Antt11 F1rm1°'uti0{)

••• oau,i vaanlllera, l'al'le.

El Jarabe de Pierre Lamouroin

e,

el Pectoral por excelencia
como edulcorantd de la, tisanas, cí

la, cual11 comunica ,u gusto agradabl, y 11,11 propiedade, calmante,.
(8aceta de 111 HOlpltalea)

hphilo Cneral: ¿5, caJle Ymllllm, '5,!WS
Be rende tn tod11 /1t buena, farmao/11,

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,___

Quedan reservados los derechos de propiedal n ~1iteraria

r,., "Momsn

x s,

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>~I==

ILUSTRACIÓN ARTlSTICA
PERIÓDICO SEMANAL DE LITERATURA, ARTES Y CIENCIAS

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REDACTADO POR LOS MÁS NOTABLES ESCRITORES NACIONALES

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ias

PROFUSAMENTE ADORNADO CON UNA

rta-

MAGNÍFICA COLECCIÓN DE GRABADOS

~n-

lisa
an-

!ne~e,

DEBIDOS A

LOS

PRIMEROS ARTISTAS

NACIONALES Y

toesse
as
el
~
1º

EXTRANJEROS

fO-

~CÍ-

en

i

TOMO XII. - AÑO 1893

•

BARCELONA

MONTANER Y SIMÓN, EDITORES
CALLE DE ARAGÓN, NÚMEROS 309 Y 3n
-1 893

�ÍNDICE
DE LOS ARTÍCULOS CONTENI DOS EN EL TOMO XII DE

LA IL UST RAC IÓN ART ÍSTI CA

Secci6n cientí,t'lca. - .El viaducto de Pecos en los Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 458.
Cargo de conciencia (continuaci6n), 147.
Estados Unidos, por X, ingeniero. La danza Los editicios de la Ei::posición Universal de CbiSecci6n cientijica. - La cronofotografia (continua cago. 111 1 por M. A., 460.
serpentina por miss Fuller, 310.
La mu~1.::a y sus representantes, por AntonioRu•
ci6n), 150.
Recuerdos del Ceuttmario Rojo. Luis XVIT. - V.
Murmurac1oue!i europeas, por E. Castelar, 314.
binstc:o, 4,
Verdi y su ópera Falstafj, 154.
La obra sin nombre, por Emilia Pardo Bazán,
Exposición ll istórico-europeade Madrid, por Juan
Los críticos &lt;\el personaje de Sbakespeare, 154,
Vidas paralelas, por José de Roure, 6.
462.
B. Enseiiat, 316.
La guitarra, por Jos'é Maria Sbarbi, 10.
La cuno. y la tumba de Shaki:!!.peare, 155.
Pobres y mendigos, por C. y R. Ilustraciones de La cruz de hierro, por M. Amor Meilán, 463.
Los Rl!yes Magos, por Manuel At11or Meilán, 14. Verci tm su casa de campo, 156.
Nuestros grabarlos, 466.
Grauer, 818.
El nuevo Politearna c:Verdi&gt; de Carrara, 156.
Miscelanea, 16.
Anie (continuaci6n), 467,
Nuestros grabados, 324.
Nu~stros grabados, 16.
El aparato escénico de Falstaff, 156.
&amp;cct.6n cienty'ica. La impresión de restos huma•
Anie (continuaci6n), 325.
Cargo deco.uciencia, novela de Juana:Mairet, ilus- Cómo escribe y cómo ensaya Verdi, 156.
nos en Scblest!l.dt, por Clemente Dreyfus. EsEl Lbreto, los intérpretes y la música de Fals- Secci6n cient1/ica. - Máquina para horadar. Apa"trada por A. Moreau, 17,
tatua de Arago en el Observatorio de París,
rato cortaviento para los velocipedistas. El enSd.ci6n citntyíca. -En el fondo del golfo de Guitaff, 158.
por Gastón Tissandier. Cuidados que deben
cendedor eléctrico1 326 y 327.
nea, La misión del capitán Binger, por L. G. Bin- Cargo rltl conciencia (conclusi6n), 163.
prestarse á los le.~ionados por las descargas
ger. Quimica sin labo:·atono. Experimento de Secci6n cientijk,a, - La cronofotografia (continua- Crónica de arte, por R. .Balsa de la Vega, 330.
eléctricas,
4i0 y 471,
Una entrevista con mi:;s Maud Gooue, 331.
ci6n), 165,
florescencia, por J. G. La prestidigitación descubierta. Oochura de una torta \,n un sombreio, Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega1 En colaboración . La Academia Espr.ñola y el Mtt· Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 4i4,
nicipio madrileño, por A. Sánchez Pérez, 332, Los edificios de la Exposición Universal de Chipor Magus. Las Casas Consistoriales de Fila169.
cago. lV, por M. A., 475.
La iglesia de San Ignacio de Loyola, en Manila, El sueño de una madre, por José de Roure, 334.
delfia y su cúpula de aluminio, 21 y 22.
Recuerdos riel Centenario Rojo. Luis XVII. - VI.
Miscelánea, 338.
por X, 170.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de lo. Vega,
Emparerlado. VII. Termidor, por Emilia ParNuestros grabados, 338.
El ve-ciuo, por Luis Taboada, 172.
26.
do Bazáu, 478 y 479.
Ar,ie (wntinuación), 339.
&amp;posición nacional de Industrias Artísticas é in• D¡ºº Pedro el Cruel, por Luis de Llanos1 174:.
Secci6n cientí.fica. -Aducción de las aguas del N uestro11 grabados, 482,
ternacional de reproducciones, por J. L. P., :ri 1scelánea, 178.
Avre á París, por Gastó u Tissandier. Asilo pa- Ame (conUnuaci6n), 483,
Nuestros grabados, 178.
26.
Sllci6n citntifi.ca. - Un motor sencillo. Aparato
ra perros, en Garcbes, 342.
Los escandalas del Panamá en París, por X, 28. ¡Si fnera verdad! .. , por Enriqueta Lozano de Vil.
rle salvamento y de extinción de incendios.
ches, con ilustraciones de Apeles :Mestres 1 Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 345.
El ciego de la flauta (cuento de Reyes)1 por M.
Nuevo buque insumergible. Recolección de la
Exposición Histórico-europea de Madrid, por Juan
179.
Martioez Barrionuevo, 30.
canela en Thanh-hoa (Tonkín). El vegetal más
B. Enseñat, 348.
Secci6n cientijica. -La cronofotografío (continWl·
La dama negra, por F. Moreno Godino, 30,
grande del globo, 487.
Manifestación Artística en el Ateneo Barcelonés,
ci6n), 182.
Miscelánea, 34.
(La loca de la ca1:1a,&gt; drama de D. Benito Pérez
por A., 349.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 186.
Nuestro~ grabados, 34.
Galdós, por J. Yxart, 490.
Don Pedro el Cruel (continuaci61t), por Luis de Nullstros grabados, 354.
Cargo de conciencia (continuaci6n), 35.
Los edificios lle la Exposición Universal de ChicaMiscelánea, 354.
Llanos, 188.
Sección cienfü'ica. -Tranvía elécLrico quitanieves,
go. V, por M. A•. 492.
por X. Las palomas eolias de Pequin, por el Las islas de TenerifeyGran Canaria, por X, 191. Anie (co-ntinuaci6n), 3fi5.
&amp;cci6n cientilica. - !..os teatros de autómatas· en Recuerdos del ~ntenario Rojo. Luis XVIT . Dr. E. Martin. Estudio de 1118 corrientes teltiri- Miscelánea, 194.
VIII. El tránsito. IX. Post mortem, por EmiGrecia eu el siglo rr antes de nuestra era, por
ricas. ~:liminación mecánica de los microbios, Nuestros grabados, 194.
Ha Pardo Baziio, 494 y 495.
E. H. El titán eléctrico del puerto de Bilbao,
La victoria de Cesar, por O&gt;rdelia, traducido por
S8 y 39.
Miscel8.uea, 498.
358.
M. Aranda: con ilustraciones, 195.
Murmuraciones europeas, por E. Castel ar, 42.
Nuestros grabados, 498.
Secci6n citntyica. -La temperatura de la lava. L:i. ciudad de Chicago, wr M. A. S., 361.
Galileo Galilei, ~or M. A. 1 44.
Anie (continuacuín), 499.
El regalo, por Luis 'faboada, 364.
Experimentos de electrocultura, 198.
La dama negra (aonclu.si.6n), por F. Moreno GoMeditaciones cristianas, por Emilio Castelar, 201. Las máquinas que no comen, por M. Rubió y &amp;ccif&gt;n cient1/ica. - Las boyas eléctricas riel puerdino, 46.
to de Nueva York, por Daniel Bellet. E! dnqni:
Bellver, 365.
La Virgen Marlre al pie de la Cruz, por Almona·
Lo. broma, por J. F. Amador de los Ríos, 47.
de Uzés. Zoo cauti::rio para la cirngia v1:terinn •
Bocetos. La gota de agua, por Juan 0-Neille, 366.
cid, nro., 204.
Miscelánea, 50.
ria . Importancia de la fnclustria rledicadn á la
El nacimiento de Judas, por J. Miró Folguera, Miscelánea, 370.
Cargo de couciencia (continuaci6n.), 51.
con!ltrucción de ve\ocipedos. Triciclo acuáticv
N; uestros grabados, 370.
204.
Secci.6n cienti.fa::a. - Werner de Siemens, por E.
y terre!ltre, 502 y 503.
Anie (continuación), 371.
Hospitalier. Cerraduras de alarma, por X. El Cró,1ica de arte, por R. Balsa de la Vega, 207.
Secci6n cient[lica.-Los progresos de la piscicul- Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 506.
trabajo de los músculo~. El ferMcarril de Beira Nuestros grabados. 210.
tura. El sábalo y su propogo.ción art1ticial. Un La Exposición Univer~al de Cbicago, por ?t.!. A. ,
El Cristo de las lágrimas, leyenda por Cayetano
(Africa Austral), 54 y 55.
507,
micrómetro barato por C. I&lt;;, G., 374 y 375.
del Ca.stillo Tejada, ilustrada por J. L. PelliCrónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 58.
Lo que vi en la Comuna de París, por Archibaldo
Murmuraciones europeas, por E. Ca► ttllar, 378.
cer, 211.
Una hora en casa &lt;le Victoriano Sardou, por EuForbes, 510.
Secci6n cient¡fica. -La cronofotografía (continua- La ciudad de Chicago, por M. A. S., 3i9.
genio Tardieu, 59.
Miscelánea, ~14.
Temor póstumo, por S. López Guijarro, 380.
ci-On), 213.
Palacio para Biblioteca y Museos levantado en el
Los nuevos sellos de correos de los Estados Uni- El pozo de la Verdad, por Luis M. de Larra, 382, Nuestros grabados, 514.
paseo de Recoletos, eu Madrid, por X, 62.
Auie (continuaci ..n) 1 515.
Miscelánea, 386.
dos, 216.
Diálogos matritenses. cEl Trabuco,&gt; periódico de
Secci6n cientl/ka. - i1 nuevo puerto ñe Ttinez,
Nuestros gra hados, 386.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 218.
oposición, por A. Danvila Jaldero, 62.
por Daniel Bella. El buque submarino de la
Anie (con t11mación), 387,
La Exposición Meissonier, por X, 219.
Miscelánea, 66.
marina italiana. Monedas de hierro, 518 y 519.
Don Pedro el Cruel (continuaci6n), por Luis de Secci6n cientvica. - Los dabomeyanos en el CamNut:.,;tros grabados, 66.
Verdades y mentiras1 por R. Balsa de la Vega,
po de Marte de Paris1 390.
Llanos, 222.
Cargo de conciencia (continuacWn), 67.
622.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
Sección citntijica. -Proyecto de un nuevo trans- Doña Concepción Arenal, por X, 223.
La Exposición Universal de Cbicago, por A., 522.
394.
atlántico d.pido para pasajeros. Los halcones Miscelánea, 226.
Exposi ción de Chicago . Ceremonia de la inangu· Lo que vi en la Comuna de París, por Arcbibaldo
mensajeros. Nueva indu~tria. El papel de ba· Nuestros grabados, 226.
Forbes, 526.
ración, por A., 395.
gazo de caña. Divisor instantáneo, por X. La Anie, novela por Héctor Malot. Ilustraciones de
.Recuerdos del Centenario Rojo. Luis XVII. -1. Mi11celirne11. 530.
Emilio Bayard, 2'2'/.
filo1era y el ramio, 70 y 71.
Nue11tros gfabados. 630.
Preludios, por Emilia Pardo Baza.u, 396.
Seccwn cWlt't.fica. -La cronofotografia (continuaMurmuraciones europeas, por E. Castelar, 74. .
El pozo de la Verdad (conclusi6n) 1 por Luis M. Anie (conclusián), 531.
ci6n), 230.
Don José Zorrilla, por la .Redacción, H.
de Larra, 399,
.Secci6n cte11tVica. - La electricidad en Alemania,
A la muy noble y muy mas leal ciudad de Bur• Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
por J. Latargue~534.
Miscelánea, 402.
2:34.
gos, por J osé Zorrilla, 76.
Murmuracioues europeas, por E. Ca.stelar, 537.
Nuestros grabarlos, 402.
La morada de Alfonso Daudet, por X. 235.
Autógrafo de Zorrilla, 77.
La Exposición rle Chicago, por Eva Canel, 540.
De telón adentro, por Manuel Amor Meilán, 79. Don Perlro el Cruel (conclusi6n), por Luis de Lla- Anie (continuaci6n), 403.
SeccWn cientVú;a. - Monumentos budistas en el Lo que vi en !A C..:omuoa de París, por Arcbibaldo
nos, 236.
Miscelánea, 82.
Forbes (continuación), 542.
extremo Oriente. Las estatuas yacentes de BuMair¡uez y Pedro Romero, por Angel R. Chaves,
Nuestros grabados, 82.
da, por Alberto T1ssandier. Corona 1:1olar, por Miscelánea, 546.
238.
Cargo de conciencia (cont inuaci6n), 83.
Nnt:Stros grabados, 546.
J. Vinot, 406 y 407.
.
Secci6n cientijica. - Proyecto de utilización del Rio abajo, por ManuAl Amor Mei18.u, 239.
Una franci::sa en el Polo Norte, novela por Pedro
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 410.
subsuelo de la plaza de la Constitución de Bar- Miscelánea, 242.
Mael. 11 u~traciones de Alfredo Paris, 547.
Los
vicios
de
Nicanor
por
A.
Sánchez
Pérez,
Nuestros grabados, 242.
1
celona, por Salvador Vigo. 86.
Secci6n cientyíca. La estatua de Claudia Cbap·m.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega, Anie (aontinuaci6n), 243.
pe, inventor del tl:!légrafo aéreo, por X. Pasa•
Secci6n cirntijica. - La cronofotografía (continua- Ornamentación, por Edt1fLrdo de Palacio, 412.
89.
tiempos científicos. Cañón improvisado, por
Recuerdos del Centenario Rojo. Luis XVII. - JI.
ci6n), 246.
Exposición americana en Madrid . Las salns de
Arturo Good, 550 y 551.
De la fuga al cautiverio, por Emilia Pardo BaUnas cualltas honras animalescas, por José Ma·
M,ixico, por Eduardo Toda, 90.
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 554.
zán1 414.
ria Sbarbi, 250.
El tío .Roi'l.as (episodio del aao 9), por Angel R.
.\alonumento al padre Las Casas. Proyecto de La Exposición Univi::rsal de Chicago, por A., 554.
Amores sentim -ntales, por Luis Taboada, 251.
Cbaves, 92.
Lo que vi en la Comuna de París, por Arcbibaldo
Agustín Querol, por Luis Pardo, 418.
Salón Paré.~. Decimn exposición, por A. García La moda, por A. García Llausó, 252.
Forbes (conclusi6n), 558.
Diálogos matritenses. El cafe de la Uuiversidali , Nuestros grabados, 418.
Llan!IÓ, 94.
Miscelilnea, 562.
.\liscelánea, 418.
por A. Danvila Jaldero, 254.
.
Misceló.nea. 98.
Nuestros
grabados, 562.
.
-\nie
(continuaci6n),
419.
.
Bocdos. Microbios, por Juan O-Neille, 255.
Nuestros grabados, 98.
'iección citnlíjica. - Aprovechamiento de la cata- Una francesa el i::n Pulo Narte (continuaci6n), 663.
Miscelánea, 258.
Cargo de conciencia (coi..i1waci6n), 99.
rata del Niágara como fuerza motriz. Una re- Secci6n científica. -El puente Palacio en la ría
Stcc'Wn cicntVi;a, - El vtoloncelo-piaoo, por C. Anie (continuaci6n), 259.
de Bilbao, 566.
forma en el sistema telefóuico, por Conrado
Crepeaux. Kxploración de las regiones atmosfé, Secci6n científica. - La cronofotografia (continua
Ennlio Sala, por A. Fi:rn3.ndez Merino, 570.
Moro. Fabricación del hielo, 422 y 423.
ci6n), 262.
ricas, 102.
La Expoxición de Ch,icago. Los mejores tabacos
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 266.
\lurmuraciones europea;;, por E. Ca~tdar, 425.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 106.
del mundo por Eva Canel, 5i4,.
Recuerdo1:1 del Centenario Rojo. Luis X Vll. - III.
El compositor Massenet, por X, 267.
Don José Zorrilla, 107.
},'ederico Medümo, por A. Sáuchez Pérez, 575.
Subida al trono, por Emilia Pardo Bazáu,
Exposición Histórico-europea de Madrid, por El cementerio de D. Santos, por Carlos l!~rontan
Los edilicios de la Exposición Universal de Chi- Miscelánea, 5i8.
ra, 268.
Juan. B. Enseñat, 108.
Un ~ francesa en el Polo Norte (continuaci6n),
cago. l. por M. A., 430,
Othón Gildemei!'.ter, burgomaestre y traductoi
Miscelánea, 114.
,
Kt!ct1ficación. 434.
579.
. alemán, por Juan Fastenrath, 268.
Nuestros grabados, 114.
Miscelánea, 434,
Secc,6n cie-nttfica. - El Canal de Corinto, por X.
El ttsoro, por Manuel Amor Meiláu, 270.
Cargo de conciencia (continuaci6n), 115.
Fotografia de lo invisible. 532 y 583.
~ uestros grahados, 434.
Secci6ncient\fica, -La preiit1digitacióu descubier- Miscelinea, 274.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
Anie (continuaciún), 438.
ta. Una ilumiMcióo en un sombrero. La edad Nuestros grabados, 274.
686 .
ii.:~piritismo recreativo, por M. Otero Acevedo,
de cobre. Variedad de la latitud geográfica. Fi- Anie (continuac16n). -?15.
El pillin, por Luis Taboada, 586.
438.
sicarecreativa. La prestidigitación de IÍl.onedas, &amp;ccwn cientyka. -La cronofotografia (continua
Seccción cienty'ica. -Aprovechamiento de la cata- La Exposición Universal de Chicago nor X.,
ci6n), 278.
118.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 281.
rata del Niágara como fnerza motriz. El primer
688.
Crónica de arte, f&gt;0r R. Balsa de la Vega, 122.
tranvia eléctrico en Asia. La cocina eléctrica, Kl trofeo, por S. López Guijarro. f.R9,
Exposición americana en Madrid. La expedición La muerte rlel tío, por Luis Taboada, 284.
Mh,celauea, 594.
488 y 439.
l:!.i:ruouway en las salas de los Estados Unidos, Tren de estudiantes, por José de Roure, 284.
Nuestros gra hados, 286.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega, Nuestros grabados, 6M.
por Eduardo Toda, 123.
Uua francesa en el Po;t. Norte (cc,;.tinuaci6n),
442.
Miscelil.nea, 290.
Suei1os que matan, por José de Roure, 124.
Recuerdos del Centenario Rojo. Luis XVII. -IV.
595.
·
Eu las mejillas, por J. F. Amador de los Ríos, 127. Anie (continuación), 291.
Secci6n científica. - La cronofotograíía (con.cluLa consigna de la Revolución, por Emilia Par• Secci6n científica. ••El doctor Charco!, por GasNuestros grabados, 130.
tón Tis~andier. Sierra circular para aserrar piedo Bazá.n, 443.
si6n). por E. J. Marey, 294.
Cargo de conciencia (conlinuaci6n), 131.
dras. Nuevo alumbrado de la estatua de la Li•
Secciiín cientiJ'ica. - La cronofotografia : nuevo Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega, Los edificios de la Exposición Universal de Cbibertad tlel puerto de Nueva York, 598 y 599.
cago. II, por M. A., 445.
298.
mótodo para analizar el movimiento en las
ciencias fisicas y naturales, por E. l'ilarey, 134. Pobres y mendigos, por C. y R. Ilustraciones de Diálogos matritenses, En la portería de la Direc· Los dioeroH del sacristin... , por Lnis .M. de Lación general, por A. Danvila Jaldero, 446.
rra, 602.
Graner, 299.
Murmuraciones europeas, por E. Castelii.r, 138.
La Exposición de Ch1cago. Palacio del Brasil . La
El caso del conde de los Laureles1 por Carlos Fron• Exposición Histórico-europea de Madrid, por Miscelánea, 450.
calle del C..'liro. El grau Zeibeck, por Eva Ca.·
Nuestros grabados, 450.
Juan B. Euseiíat, 300.
taura, 139.
Auie (continuaci6n) 451.
nel, 603 y 604.
.
Los uii).os mú~icos, por Luis Pardo, 302.
Don Rafael, por S. López Guijnrro, 140.
Controversias
artisticas, por Juan O-Neille, 604.
Secci6n
cientijica.
L;s
igorrotes.
La
distancia
de
Miscelánea, 306.
Bocetos. Una fiera, por Juan O-Neille, 143.
La
sombra,
por
José
de
Roure,
606.
las
Pléyades.
Desecación
del
pantano
de
Kan
Nuestros
grabados,
306.
Miscelánea, 146,
Miscelánea, 609.
Anie (continuaci6n), 307.
kakee en los Es~ados Unido1:11 454 y 455 •
.Nuestros grabados, 148.

Murmur:iciones europeas, por Emilio Castelar,
pi ~ILI:~ 2,

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s,
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INDI CE

2

~~==========================~~ =======
Nnestros grabados, 609.
U11n francesa en el Polo Norte (contintui:ci6n.),
610.
Stcci6n cimtífi,ca. - El ingeniero bilbaíno D. M.
Alberto Ue Palacios. 614.
Crónica de arte, por ·ti. Balsa de la Vega, 618.
Los janiines ile la info.ncia, porTalcott Wiliiams,
618.
La sombra (concl11si6n), por José de Ro11re, 622.
Nuestros grabadvs, 626.
Una francesa en el Polo Norte (continuaci6n),
621.
Stct:a6n cie-ntífica. -Los pai-pi•bris en el J arcHn
de Aclimatación de Pariii, por P. Raymond, 630.

Jos6 Garnelo, por A. Gai'cia Llansó, 634.
La señora de Lanntlo, por Carlos Frontaura. 685.
Dos oradores (Brod1azns), por E. Funes, 638.
A la prensa, por Ednardo de Palacio, 638.
Miscelánea, 642.
Nuestros grabados, 642.
Una franceiia en el Polo Norte (continuaci6n),
613.
Secci6n cientifica. - El «Campania) y el cL11cania,&gt; 646 .
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 650.
La vida en la penínsllla de Malacca, por Johu
Fairlie, 651.
1
La profesión, por A. Jerez Percbet, 654.
}Iii;celánea, 658.
Nuestros grabados, 658.
Una francesa en el Polo Norte (conti-nuaci6n),
659.
Sr.cci6n citttU.iYca. - Un buque de guerra americano con e.11polón. La termogéuesis de los animales invernantes, por A. Menegaux. El teleautógrafo, 662.
El monumento de ln Victori8, 664.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega .

666.

Jaula de oro, por Alejandro Larrnbiera, 667.
El artti en Turquia 1 por Jobo P. Peters, 668.
Milicelánea. 674.
Nuestros grabados, 674 .
Una frances8 en el Polo Norte (conti?maci6n),
615.
Secci6n cient{Jfoi. -Los faros flotantes. La combustión sin humo, 678 y 679.
·
11Jurmmaciones europeas, por E. Ca~telar, 682.
La Exposición de Chicago. El Uruguay en Cbi-

cago, por Eva Canal El! teatro chino, por A.,
684.
Crónica de arte, por R. BnJ.qa de la Vega. 684.
La madre del teniente, por M. Martinez Bnrrionuevo, 687.
Nuestros grabados, 690.
Una francesa en el Polo Norte (continuaci6n),
691.
Stcci6n cientifica. -Máquinn.s para volar, por
Otón Lilienthal, 694.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar1 698.
Las islas Salomón, por X, 700.
Co.~to Plasencin, por R. Balsa de ln Vega, 701.
Diálogoi. matritenses. Jardines del Uuen Retiro.
Gran concierto, por A. Danvila Jaklero, 702.
'Miscelñnea. 706.
Nuestros grabados, 706.
Una francesa en el Polo Norte (continuación),
701.
Seccivn científica. - Máquinas para volar, por
Oton Lilienthal (conclu.si6n). Islas que desapa•
recen . El gigante del Océano, 710 y 711.
Comnnicado de D. Juan Espina, 712.
Verrlades y meutiras, por R. Balso. de la Vega,
114.
El convite de D. Celestino, por L. Taboadn, 714.
fra11ei1'CO Schnbert, por Ju an Fastenrnth, 716.
La thirra de los gitanos, por Isabel Robius Pennell , 718.
Miscelánea, 722.
Nuestros grnbados, 723.
Una francesa en el Polo Norte (conclusión), 723. ·
Seccitín ÓC11t;_¡im.-:• Nuevo sistema pnra prevenir
las col i-iot;r.~ de trcne~. Si..;tcma Pdlat, por
, L. Dnfo1;r. Eu11gr.1cioue~ 1le pccts, 7~0 y 727.
Mnrn111l'ad,.,Ut-~ f'1t1opra~, por~:. Ca .~tclar, 730.
Orillns dl'I D, ,·a. Cartm1 n la ~d,oritri Uol1a Em·
me. de :M:ult·a1.o, por Victoi· Ual:i.gucr, 732.
La tierra de los gitanos (conclusi~n), por Isabel
Robius Pennell, 782.
:M i!-!celanea, 738.
Nuestros grabados, 738.
La Pola, no,·ela original por Eva Canel. Ilnstran.!.~ de J. Cabrinety, 739.
Sección cit11t;.fica. -Máquina de vapor doméstica, de petróleo, por J. Lnfargue. Ele\•ación de
unn cilimenea sin apa¡?ar los fuegos y sin previo andaminje, por A. Bergeret. Cultivo de la
coca, por E. André, 742 y 743.

Crónica de 'arte, por R. Balsa de la Vegn,

746.

Orillas del Deva. Cartas á la sel\orita do?la Em ma ele Madrav (conclusión), por D. Victor Balaguer, 746.
Los suceso~ de Melilla. Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barriouuevo, 748.
Lo eterno, por José Juan Cadenas, 754,
Ln Pola (c011tin11aci61t), 755.
Nuestros grabados, 758.
Los sucesos tle Melilla . Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barrionuevo, 762.
La catástrofe de Santantler, por X., 763.
La mujer del Sr. López. Anécd_ota coutemporá.·
nea, por A. Sánchez Pérez, 76a.
El cigarro habano, por Juan Buscón, 7~5 .
El general de brigada D. Biginio de Ribera, por
X., 166.
.
¡Tilín ... Tolón!, por P. Gómez Candela, 767.
Mi,;celánea, 770.
La Pola (continuación), 771.
Seceiún CUntifica. -Orquesta eléctrica.. El queso
monstruoso de la Exposición de Chicago, p~r
1,fax de Nansouty. Un cañón torpedo submarino, 77 4 y 775.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
718.
Al borde de la tnmbn, por M. Ossorio y Bernad,
779.
Los sucesos de Melilla. Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barrionuevo, 780.
Tánger por X., 783.
Nuestro¡; grabados, 786 . .
La Pola (conlinuaci6n.), 787.
Sección citntijica. - Los baños del PeMn en.México, por Quevedo. 1!:I jnriioerrante eu la Sal pe•
triere, por Enrique Coupin. Fotografía en colores, 790 y 791.
Loi1 suce!IOS de M:elilla. Crónica de la guerra, por
i\l. Martinez Barrionucvo, 794.
Gibraltar, por X., 796.
D. Gil Escardillo, diputado á Cortes por Cabez3.
bajn, por C. Frontaurn, 798.
N nestros grabo.dos, 799.
Ln Pola (concl11,s16n), S0:3.
El J;ervicio de correos de China, 807.
La Natividad del Señor, por E. Castelar, 810.
La Nochebuena en Madrid, por Carlos Frontaura, 812.

Ln Nocheb11ena en Mnllorca. El ángel yel diablo,
por Juan B. Enseñat, 814.
La Nochebuena en Andalucía. El baile de los
abuelos. Zambombeo, La cena aristocrática,
En la misa del Gallo. Mltsica..~ lejan3s 1 por Sal•
vatlor Ruerla, 816.
La Nochebuena á borcto (boceto marítimo), por
l'ellerico Montaldo, 819.
La Nochebue11a en el mar, por A., 820.
La Nochebue11a en Gahcia, por Emilin Pardo Ba.•
zán, 822.
El mes de diciembre en la antigua Lima, por Ricardo Palma., 824.
Las Pascuas de Navidad en Cataluña, por J. Co roleu, 825.
Posadas y Navidad (costnmbres de la ciudad de
Mb:ico), por Alberto Leducb, 827.
Nochebuena baturra, por Luis Royo y illano•
va, 829.
La Nochebuena en Chile . Ayer y hoy, por Na•
die, 830.
La N'ochebuena en el campamento, por Francisco Bnrado, 831.
•
La Nochebuena en Cuba, por Felipe López· de
Briil.as, 833.
La Nochebuena en Pnerto Rico, por Manuel Feruández Juncos, 836.
La Nochebuena en Valencia, por Luis de Val,
836.
Lo. Nochebnena en Guatemala, por X. , 888.
La Nocl1ebuena en Buenos Aires, por Enrique

Coll, 889.
La Nochebuena en Guipúzcoa, por Antonio Pei"l:1
y Golli, 839.
Crónica de la campaila, por José Ibáñez Mario,
841.
Los sucesos de Melilla. Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barrionuevo, 841.
Nuestros grabados, 844.
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 846.
El maestro lle escuela (crónica del ai'.lo 9), por
Angel R. Cha ves, 846.
El tío Zampoña, por Juan B. Enseüat, 848.
Nuestros grabados, 851.
La calumnia, por Enriquet::i Lozano do VilclH!:-l,
llustraciones de J. Cabrinety, 855.
Stcci6n. cienttJlca. - Proyecto de Palar.io aérc-,
3ra la Exposición Univers3l de Amberes 1lt
891 , 854.

r

ÍNDICE
DE LOS GRABADOS CONTENIDOS EN EL TOMO XII DE
Gitano de pura raza, dibujo de J. García Ramos, pl\gma. l.
Labor dificil, cuadro de B. W. Sr.hmidt, 3.
$¡111 Juan tlll Arena \Asturias), cuadro lle C. Pl:l,3.
Antonio Rubinstein, retrato, 4.
Uu discipulo aprovechado, cuadro de M1rnuel
Kamírez, 5.
Estaci,)n en Filadelfia del camino de hierro de
Pensylvauia, 7.
Cn.~tillo 1\e Sotom11yor (Pontevedra), de fotografía dtl J. Prieto, 7.
Las dos htirman3s, cuadro de E. Vanntelli, 8.
El tiantizo, cuadro de José Gallegos, 9.
13ayar,lo en el momento de recibir 11\l primera espada, estatua en bronce de P . R:unbaud, 11.
La nodriza y la infanta, cuadro de Francisco
Hals, existl!nte en el.museo de Berlin, 12.
Un concierto1 cuadro de Ro , án Ribera, 13.
El gran festival mahometano de la Buckra.Ede ó
Hacqr-i-ill (fiesta de la vaca}'en el Naini Tal,
en las provincias tlel Noroeste de la ludia. Grupo de mahom etanos, ló.
El gran festival mahometano de la Buckra·Ede.
-Grupo de mahometanos haciendo 01·3ción, 15.
Secetán cient¡fica. -:Misión del capitán Binger,
dos grabados. Experimento de florescencia. Cochura de una torta en un sombrero. Cúpula
de la Casa dt. la Ciudad de },1ladelfia y estatua
rle G1iillermo Penn, 21 y 22.
Proyecto de C,asa. de Gobier~o de la provincia de
Salta (Repubhca Argenttna), del arquitecto
M. Foutanarossa. 24.
Un secreto, cuadro'.de Juan 13\um, 25.
Conft:renc1as ell el Palacio de Bellas Artes dibujo del natural de J osé L. Pelhcer, 27 . '
Los escándalos del Pauamá en París. - Retratos
de Coruelio Hertz, Delahaye, Clemenceau Rihot1 L_oubet, Bourgeois, C. Floquet, Bri;~on,
Jolibo1s, Barthou, C. Pe!let:m, Rouvier, De·
ves, A. Grevy, J. Roche, bf. Arene, Beral, y
A, Proust, 28 y 29.
Rcus. Monumento al general Prim. - La hatalla
de los Castillejos, La conferencia de México nl•
tos relieves de D. Luis Pnigjener; Escnd¿ de
la ciudad de Rens, Estatua ecuestre que corona el monumento, E.seudo del general Prim
esculturas de D. Luis Puigjener, 30 y 31.
'
Uu concierto de Bulow, cuadro de L. Delirmann, 32.
La fie~ta ,le la Virgen, cu3dro de José Benlliure
y Gil, 33.
Sección ~t'y'ica. -'J'.ranvía eléctrico quitanieves
que fuu c10na en Mmuesota (Estados Unidos),
Silbatos eolios para las palomas (dos grabados), 38 y 39.
Abanico que perteneció á la reina Maria Antoni.eta, propiedad de D. Antonio Lamben 40.
Galileo Ga\ilei, retrato pintado por G. Sub;termans, ex1~tente en la galería de gli Uffici, 41.
La célebre lampara de Galileo en la catedral de
Pi sa, obra de Vincenzo Pos;enti, 42.
Fachada di:\ Bo en tiempo de Galileo, 43,
Gasa en que vivió Galileo en Padua, 43.
Un antógmfo de Galileo, 44.
J\lonumento á Galileo en Santa Croce de Florencia, 45 . .
)lonumento de Galileo en la plaza Prato della
Valle de Padna, 47.
&lt;"nrt.a de.J !nquisidor de Florencia al arzobispo
N1ccolm1 sobre la sentencia de Galileo, 47.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Secci6n cientfji.ca. - Violoncelo piano y violn-piaQuinta vértebra lumbar del esqueleto de Galileo
no. -Fig. L 'l'ermógrafo ligero tlesti nado á me·
conservatia eu el Instituto de l&lt;'ísica de la Uni~
dir la temperatura en las altas regiones tle la
vers.idad de Padua, 47.
atmósfera. Fig. 2. Disposición del barógrafo
Casa donde nació Galileo cerca de la Porta Florentina, propiedarl del conde P::olo Galletti. 48.
en su jaula de junco y de bambú para evitar
los choques, 102.
Patio de la torre del Gallo, cerca de Florencia,
en donde habitó Galileo, hoy Villa Oalletti, 49. Vista general de Pontevedra (de íotogrofin), 104.
El Museo gali~eiano, en la torre del Gallo, hoy Antes del baile, cuadro dti F. Masriera, 105.
Villa Galletti, 49.
·
El despacho de D. J osé Zorrilla, apunte á In pin•
Sección científica.-Werner de Siemens. Cerrama, por Vicente Cutanda, 107.
Don José Zorrilla en su lecho de muerte apunte
duras de al3rma, 54.
a la pluma por Vicente Cutanda, 107. '
Busto de Galileo, obra del siglo XVII, conserl'ado en Villa G3lletti, Florencia, 56.
Sepultura de D. José Zorrilla en el cementerio
Estatua del Excmo. Sr. D. Jose Posada Herrera,
de San Justo, de Madrid, apunte á la pluma
obra de José Grajera, 57,
por Vicente Cutanda, 108.
El em1neote dramaturgo francés Sardou, 59.
Exposición histórica. Sección de Portugal. Sala
La quinta de Marly, propiedad de Sardou, 59.
l.• fostalacioues de etnografía americana {de
1 De vuelta del trabajo, cuadro de Ch. Coessin de
fotografia¡, 109.
¡'
la Fosse, 61.
Exposición llstórica. Sección de Portugal. Sala
Don Juan Pruneda, contratista de las obras del
2.• lnstabciones europeas. Vista tomada elesPalacio para Biblioteca y Museos nacionales,
de 1~ puert~ d~ ~ntratla (de fotografía), 109.
de Medrid, 62.
Exposición h1stonca. Secci~n de Portugal. Sa!a
D. A. R. Salces y D. A. Querol, 63.
l.• In stalaciones de etnografia americana (de
Palacio para Biblioteca y Museos levantado en
fotografía), 110.
el paseo de Recoletos, en ~ladrirl. 63.
Exposición histórica. Sección de Portugal. Sala
El almuerzo del pobre, cuadro de F .. Miralles, 64.
2.• Instalaciones ew.ropeas {de fotografía), 111.
El almuerzo del rico, cuadro de F. Miralles 65. El pan bendito, cuadro de Dagnan Bouveret
Secciún cientt/ica. - Proyecto de un nuevo t;an8 gr~bado_ por Baude, 112 y 113.
'
antlántico rápido de James Graliam. El dh·i· SeccWn citnttfica. -La iluminaci ón en un somiior instantáneo, 70.
brero. Multiplicación de monedas, 118.
Una pitouisa moderna , cuadro de A. Coll, 72.
Me,lalla conmemorativa dtil cuarto centenario
Retrato de D. J osé Zorrilla, 73.
del descubrimiento de América, acuñada en
Corona labrada con oro del río D:trro y medalla
Buenos Aires por los Sres. Gottuzzo y Terrai vconmemoratirn, ofrecidas al poeta Zorrilla con
sa, 120.
motivo de su coronación en Granada en 22 de La. Vi~g~n negra,_euadro de Pablo Q11insac, 121.
junio de 1889, 75.
Expo~1c1ón americana. Sección de los Estn&lt;los
El acto de la coron:1ción de Zorrilla celebrada en
l!111do!'I. Expedición Hemenway (de fotogrn•
el palacio de Carlos V de Granada en 22 de
f1a), 123.
junio de 1889 (tle fotografía), 75.
San Se~astián, copia del celebrado c113dro de G.
Autógrafo de Zorrilla: alegoría de Alejandro Ri_Bam, llamado «el Sodoma,) 125.
quer, 77.
D1plomn conc~&lt;~ido á los expositores premi:idos
La canción de Nochebuena, dibujo de R. Storch
~n ln Exposición ~e In dustrias artísticas, dibu79.
'
JO de J . L. Pellicer, 126.
Civitavecchin (Italia). -Pruebas del barco sub- Med_alla de oro conc~d!tla_ á los expositores premarino para pe~car y recuperar valores, dibu.
miados ~on esta d1stmc1ón en la Exposición de
.jo de Paolicci. Aspecto e.x:terior del barco 79.
Ind_ustr1:1s 1trtís1 icas &lt;le Barcelona, aenñncln. y
El desafio, cuadro de G. Simoni, 80.
' ·
v3c_1adn por los Sres. Castells y Beristain, 126.
Una proctsión en Gastein, cuadro de Adolfo Se¡~ho ele Mr..Jnmes G. Bl:i.ine, en el cemente•
Menzel, 81.
1·10 de Oak Htll, Wásh ingtou, 127.
Sccci6n científica. -Cuatro grabados relativo.~ al Mr. J_ames G. Blaine, secretario de los &amp;stados
proyecto de' utilización del subsuelo de la PinUuidos, en su lecho de mnerte 127.
za de la Constitución de Barcelona, tle D. Sal• ;Otra ~fargnrita!, cuadro de J o~qnín Sorolln,
\'ador Vigo, 86 y 87.
prenuad? con medalla &lt;le oro eu la Exposición
Misa celebrada en la Plaza de la Independencia
111ternac1onal ele Bellas Artes de 1892, 128.
en Montevideo, el tlín 11 de octl1bre de 1892' E~voto, cu.adro de Jonquín Soro\la. Exposición
en conmemoración del cuarto centenario del
,mter_nncmnal de Bellas Arte" de 1892, 128,
descubrimiento de América, 88.
D1_ fehz, c_uadro de Joaquín Sorrolla. li:xpo.•ici ón
Snn Francisco de Asís, escultma de M. Fnxi 89.
111ternac1onal de Bel\as Artes de 1892 129
Exposición Histórico-americana. Sección me~ica· El sombrero de .t~es _picos, cuadro dt: j osé
Carna, El dios Tzoutemoc (de fotografía), 91.
bonero. Exposi ción mternacional de Bellas A .
Mat{'ppa, cnndro de Isidro Gil Gavilondo, 91.
tes de 1892, 129.
r
Exposición Histórico- americana. Sección mexica- Secci6n ?ientifica. -Tres grabados corre.~pondicnna. La diosa Coatligue (de fotografía) , 92.
_al arttcnlo (La cronofotografia ,&amp; 134,
La comedia de magia , dibujo de Ford, 93.
Vista general de Vigo (de foLografia) 136
El armero, escnltnra de Emilio Dittler, 95.
Uu:1 elegante en 1889 cuadro de va'• d · B
137.
'
en os,
El sueño de la inocencia, cuadro de L. Rosen•
berg, 95.
Grana1l~ por los ,Reye.~ Católicos, boceto al óleo
La silla de Felipe II en el Escorial cuadro d2
?e Isidoro Murm, 139.
Luis Alvarez, 96.
'
Tmt.: recuerllo, cuadro de A. Coll y Pi 139
Eu el salón, cnadro de P. Salinas 1 97.
Noble y plebeyo, acuarela de W. StrnÚ, Úl.

¡

¡

Felícidad, cuadro ,~e ramón Pnlido ! Fcrdcdez, 143.
El entierro del piloto, cuadro de ,Juan ]\fortín
Abades, 143.
La cRrta del novio, cnadro cfo F. B. Don bek
144.
'
Ln. prueba de una tiple, cuadro ii11 F. li, Don•
bek, 145.
&amp;cci6n cient!}ica. -Cinco gr:i.h:'1110~ correspo:1•
dientes al artículo rJ.n ,~rono!otograffa,) 151).
En el vestibnlo, cuadro de R. Rcinick&gt;'.15~.
El eminente compositor ,J o.,ó Verdi, lú3.
Eduardo Mascheroni, tlir..:i:.-tor llo orquc.~ta á
quien Verdi ha confiado la dirccciJn de Fals-

t,,/1, 154.
Arrigo Boito 1 autor del libreto de J:i. ópera Fal!taff, 155.
·
·
El nuevo Politeama (Verdi&gt; de c~rr:.ra in1rng11rado en 12 de noviembre de is,:! con J.¡ &lt;iuer::i
RigoleUo (de una fotografia), l!i:,.
•
Falstaff en el primer acto. - Falstaff cu el scrrim do acto. - Falst3ff en el tercer neto. J!íO. º
Fac.'l'imile de una de las firmas hccÍ1ns con un
cortaplumas en el órgano del tem11lo 1le r.011cole por Verdi cuando era orgaui~t!\ tle esa
iglesia, 156.
A1lolfo Hohenstein , 3utor de los bocetos ele fas
decoraciones y trnjes de Falsta//, 157.
Final de la primera. parte del neto primero de
Fa4taff, 157.
Cn~a natal de Shnkespeare antes c1e su rep:tra•
ción. -Iglesia parroquial de Stratford. - Casa
natal de Sl1akespeare después de repnrnda,
158.
.
Habitación donde naci6 Sh3kespeare, 160.
Habitación que ocupa Verdi en el palacio Dorin.,
en Génovn, 159.
lutérpretes de In ópera Falst.Jff(de fotografías):
Emma Zilli ( Alicia), Virgini3 Guerrini ( JJlt!J),
Adelina Sthe\e ( .Nannetta), Josefina Pasqn:t
(Q1&lt;icklyJ, 160.
Intérpretes de la ópera Falstajf(de fotograrfas):
Victor Maure! ( Falstafj), Antonio Piui Corsi
( Ford ), P. Pelngal\i Rosetti ( Bardoljo ) 1
Etluardo Gnrbin ( Fenton), G. P3roli (Cayo),
V. Arimoudi ( Pistola), 161.
Boceto de una decoración del segundo acto de
Falstaff, 162.
Jardín de la villa Verdi en Santa Agneda, 162.
I.A1 villa Verdi en Santa Agueda, 162.
Seccitin científica. -CillcO grabados correspo11 dientes al artículo «La cronofotografia,¡. 1G5 y
166.
Pistola y Bardolfo, personajes de la ópern. Fu.lstaff, 168.
Vbta interior del templo de San Ignacio !1e Loyola, en Ma11ila, 169.
Imágenes del Sagrado Uornzón de Je~\1s y de l:i
Puri!ima Concepción, existentes en el templo
de San Ignacio de Loyola , en M:rnil:l, Obr3S
de Manuel Flores y Crispulo Hogson, 171.
Vista exterior del templo de Sau Ignacio de Lo·
yola, en Mauila , 172.
Imagen de San Ignacio de Loyoln, fnndaclor rle
la Compañia rle J estis, existente en el templo
de Snn Jguncio, en :Manila, obra de Manuel
Flores, 173.
Púlpito del templo de San Ignacio tle Loyola, en
Mauilll, primorosa obra de tnlla, ejecutada por
Críspulo Hog~on y Manuel Flores, 1/J,

3

se abolieron los titulas nobiliarios y las conde•
Jorge R. Da.vis, Director general de la Exposi~ La cas_a de Masseuet. El come&lt;lor, 267.
-' Estudio, de A, Más y For.td8'•iln, 351.
coraciones, 428.
cióu Universal de Clucago, li6.
Un adivino eu Marruecos, dibujo de Ca ton Wood· La carreta. -Olot. Dibujo de J. Pinós, 351.
1793. - La fiesta de la diosn Rnzón en París, cuaLas sardineras, cuadro de l. Ugarte. Exposición
w lle, 269,
· La morra, apuntes de 'l'. Moragas, 351.
dro de Coessin de la F'osse, 429.
internacional de Bellas Arte:t de 1892, 176.
Pergamino ofrecido al maestro Verdi con moti• Estudio de R. Marti y Alsiua, 352.
Triste:1 recuerdos, cuadro de R. Poetzelbtirger,
vo de la inagurnción del teatro de Sll nombre Sol de invitirno, cmulro de Dionisio Baixeras, 352. Los edificios de In EXposición dP. Chicngo. - Vista
general de la grau pinza ó patio de honor qne
en Garrara, 2i0.
Plegaria, cuadro de J . M. Tamburiui, 362.
176.
da. frente al lago Michigan. Palacio tle la Ad¡Tierra 1, cuadro de F. Cabrera. Exposición inter- Esperando la procesión, dibnjo de Andrés Par- E! testamento de un brujo, decoración de F. Sommistracióu. Fachada del Norte del Palacio
nacional de Bellas Arttis de 189"2, 177.
lade, 271.
ler y Rovirosa, 352.
de Agricultura. Galería de Máquina,~. Futute
Episodio de la Guerra de la ln'depen1le11cia, cua- Atelaje búlgaro, dibujo de Alberto Richter 271. La jota, acuarela de 'l'. Moragas, 352.
simbólica del Progreso triunfante de América.
dro tle c.:es:ir Alvnrez Dumont. Exposición in- Ln p_laza Clicliy, cuadro de F. Mirail e!:I, 272.
Portal de Centellas, cuadro de L. Labarta, 353.
Pórtico entre la Gn1ería de Máquinas y el Paternacional de Mellas Artes de 189-l, li7 .
La cigarra y la hormiga, cuadro de Enl'ique Se- Aficionada, dibujo de .R. Ribera, 353.
lacio de Agricultllra, 430 y 431.
Seccirm científica. - Un grabado corre!ipondiente
rra, 273.
,
En Bélgi~a, cuadro de J. M.1'~:lJ'9!1és, 353.
Leyenda
del desierto, cuadr9 de M. Du Mond,
o.l articulo cLa cronofotogr3fia,, 182.
Sec~6n cimt\fi~- -Cuatro grabados corre.~pon - Coqnetena, cuadro de M. Cus1, 3{i3.
432.
Erase que se era ... , cuadro de Peuunsilico, 184.
d1entes al articulo cLa cronofotografia ) 2i8 ¡· El rey Alejandro de Siirvia, 354.
.
El memorialista, cuadro de S. Viniegra, 185.
279.
'
.8ecci6n cient¡fica, -'!'res grabados que ilustran ~1 La adivina, cuadro de F. Vinea, 433.
artículo «Los teatros de autómatas eu Grecm Cuatro grabados que ilustran el articulo «Espiri
El emiuentll poeta italiano Carlos Goldini, copia L' hereu y la pubilleta, esculturas de Celestino
tismo recreativo,» 438.
en el siglo II antes de nuestra era.) El tltáu
de un retrato de Alejandro Longhi, existente
Devesa, 270.
.
eléctrico empleado en los trabajos del nuevo Secci6,~ científica. -Aprovecbamiento de la catn•
en el Museo Carrer, de Venecia, 187.
Baco, dibujo de R. Armenise. 281.
rata del Niágara como fuerza motrii. InstalaUn asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de Ri• El g3lliuero. -Los palcos por asientos. - El 3nfiPuerto de Bilbao, 368 y 359.
ción de la orilla cnlltlciiiiuse, 439.
La cartománt.ica, cuadro de Simón Gómez, 360.
miro Lorenzale, 187.
teatro. Dibujos de 'Renato Reinicke 283.
Roma. Jubileo episcopal de S. S. León XIII. Vislas de los principales sitios, edifici~s y monu- Exposición Uuiversal de Cliicago, Mr. Jorge F,dad dichosa, cuadro de O. Beggrov Hartmaun,
440.
Davis, director de la Exposición, en el acto de
La bendición papal en la basílica de San Pe·
mentos dti M3drid (de fotografias),i. _285.
¡De élt .. , cuadro de W. Amberg, 441.
pronunciar el di¡;curso inauguml, 361.
Ln discreción, alegoria de C. Marr, :as6.
dro, 189.
Guillotin preHenta {i. la Couvendón el moclelo de
Calle del Estado en Chicago, 362.
Isla de 'l'euerife. Campesinos de la Laguna (de El príncipe.Fernando de Bulgaria, 287.
la ~uillotina, cuadro J. C. Hertel'icb, 4.43.
Lo$ edificios más altos de Cbicago. Templo m:1só·
La p~iucesa de Parma (de fotograba), 287.
una fotografía), 190.
nico lle veintidós pisos. Interior de la Cámarn Facsuuile de non cédula persoual 443 .
Plaza de la Constitución en Santa Cruz de Tene- Concierto al aire libre, cuadro de H. Havenith,
Marat,
copia de un retrato original lle Boza, 444.
ele Comercio. Teatro Schiller ó de la ópera ale287.
n fe, 190.
mana. Cas3 Owing. Casas de Manhattan, diez y Muerte de Marat, nsesi11ado 1111entrns estaba en
Federico el Grandejunto al cadáver de Schwerin,
L.la de 'l'enerife. El pico de Teide, 191.
el bario por Carlota Corduy en 13 de julio tle
ocho pisos. Gran hotel del Norte. Cnsa de la
copia del celebrado cuadro de R. Wanhrnu!sin tle la Gran Car.aria. Procesión del Viernes
1793, 444.
SocieUad de Templanza. de mujeres cristian:1s,
1\er, 288 y 289.
Santo en la plaza de la Constitución de Las
Carloth Corday, asesina de Marat, 444.
El rey Humberto I de Italia (de foto11rafía), 290.
363.
Pahnas, 191.
Isla de 'l'enerife. Pauorama del pnerto de la Oro- Ln r~ina Margarita de Italia {de fotogl'llfia), 29J. Estudio al óleo. Paisaje. E-,tudio al carbóu, por Los edificios de lo. Exposición de Cllicngo. - Palacio de la Electricidad. Gr311 pórtico ceµtral
&amp;cci,ún citnt'i.jka. -Ci11co grabados corre:&lt;ponJ osé López Tomás, 364.
tava, 191.
del Palacio de Agricultura. Grupo alegórico
dientes al artículo «La crooofotografia,) 29¼ y Patio tle In iglesia del Salvador en Sevilla. Patio
A orillas del mar, dibujo de E. Patry, 192.
del Palacio de Agricultura. Una de las doce
del Oenllralire de Granada. Entrada á la Fábri•
295.
Valentina, cuadro de Guillermo Wolft, 1!:.13.
estatuas que representan los siguos del Zodia·
ca de tabacos de $!.! villa, cuadros de hlauuel
Juegos infantiles, dibujo de D. Pauluzzi, 296.
M. Julio }~erry, 19~ .
co, en el Palacio de Agricultura. Parte del gru•
Garcia Rodrignez, 365.
Acto de descubrir el busto de Tomás Carlyle Juana de Arco cuando niña, cuadro de Mme. De•
po escultórico colocado sobre la entrada prin•
Pauneau decorativo, de Alejandro Riquer, 366.
mont Brt:tón, 297 .
en la Biblioteca pública de Chelsea, en Loncipal del Palacio de las Artes liberales y Ma.•
Proyecto de monumento :í. Legazpi y Urdaneta, Una división de caballenn pasando un vado,
dres, 200.
nufacturas. Detalle de la fuente del Progl'eso
cuadro de Jose Cusdchs, 367.
enviado al concurso por los Sres. Campeny
Ave Maria, cuadro de Héctor Cercone, 201.
tri unfante de América. Vista general del PalaLas Palmas. - Entr3da del vapor (Reina Regen(escultor) é Irnnzo {arquitecto), 301.
]'J1;1vit super illam, cuadro de Enrique Simonet
cio de Artes liberales y Mdnufacturns. Estatua
te en el puerto del Refugio conduciendo á los
{premiado con medalla de oro en la Exposición Rlltrato de Cristóbal Colón, propietlad del duque
de la Abundanci3, 444, 446 y 447.
infantes D. Autonio y D.• Eulalia . -Salida. de
de 'l'alleyrand, 303.
imern3cional de Bellas Artes dii 189"2), 203.
la catedral de los infantes. - Llegada de los Exposicióu Universal de Chicago. -Instalación
La traslación del cuerpo de la Virgen, cuadro de Relieves del monumento erigido al poeta alemiu
de le. Real Fábrica de porcelana de Snjollia.
in fantes á la calle Mayor, Sti7.
Scheffel en Knrlsrnhe, obra de H. Volz, 303.
C. Macari, 203.
Sección alemana en el Palacio de In Indm, Poucio Pilatos lavándose las manos, cuadro de La oración, grupo escultórico de Maximilio.uo Patricia, cuadro de G. .E. Moira, 368.
tria, dibujos de .E. Limmer, 448 y 449.
L'l convaleciente, cuadro de V. Corl!OS, 3G9.
Banmbach, 30-t.
.Rembrandt, grabado por Baude, 20:'1.
J esús en el lago de Geuesnreth, cuadro tle Euri• Después de la primera comunión, cuadro de Secci6n cm1tl.fica. -Dos grabados que ilustran el Secci611, cienti.fica. - El i~orrote Tayabó.u, de la
raacheria de Bucquia\'an dos grabados, 464.
articulo ( Los progresos de la piscicaltura. l!:I
Fl'ithjof Smith, 305.
qne Serra, grabado por S11durni, 206.
sábalo y su propagación artificial.) Micróme• El monaguillo, estatun de Miguel Fnla. 456.
Ln Virgen Maria Al pie de la Cruz, cuadro de Jo• Secci61t citnt¡_jica. - El viaducto sobre el rio PeNoble:t.a,
escultura &lt;le Eusebio Arnau, 457,
tro de M. Poyuting y esquema explicativo del
cos en los &amp;tados Unidos: ferrocarril del Sou·
sé Uria, 207.
Los edificios de la Exposición de Chicago. -Palamismo, 375.
thern Pacijic. La danza serpentina por miss
D&lt;!scendimiento de la Cruz, cuadro de Rubens,
cio de Mineria. &amp;;tatua de B. 1,1,rnuklin en el
El león de Lucerma, obra de Thorwaldsen, 376.
Fuller, 310 y 311 .
grabado por .Baude, 209.
Palacio de Electricidad. &amp;:·t3tua de u11 guarda·
Crnto llorado por la Virgen y por los l\ngele.~, Mr. Tommy Burn tirándose desde una altura de ¡Si no vendrá!, dil.iujo de J . García Ramos, 377.
agujas en el Palacio de Transportes. l!~rontón
~xposición de Chicago . -Operarios regresando
83 pies en el R. Aqllarium de Londres, 312.
cuadro de Antonio Van Dyck, existente en el
central del Palacio de Agricultura.. Estatua de
d1:: las obras de la Exposición. Japoneses cons•
Granadin3, dibujo al carbón de B. Galofre, 313.
Mu:it:o de Louvre, 210.
la diosa de la Fortuna, 459 }' 460.
truyendo su instalación. Alemanes desemba ,
Sece1611 CUnt1/ica. -Dos grabaclos corresponditin• P¡¡uneau decorativo en madera piro.esculpida, de
lando los envíos. Un recipiente para echar pa- El deustre del cVictorio..)- El acorazado (Vic:t-'. P. de Tavera, 315.
te.'i al artículo ( La crouofotografia,) 214.
toria., El acomzaUo CC3mperdown.&gt; Retrato
peles iuútiles. Egipcios trabajando en el decoLos nut:vos sellos de correos de los Estados Uni • El ~erecho de asilo, cuadro de FrnnciscoJ. Amé ,
del vicealmimnte Jorge Tyrou, 461.
rado di! su instalación, 379.
rigo, 315.
dos, 216.
Gcut1lltombre de la época de Luis XHI, estudio Ma,frid. Exposición histórico europea. Candela- l,:teconocimiento de un vado. ¡Alto!. . Paso de un El de\fiu Luis Carlos Capeto, 462.
racsimile de la firma de Luis XVII y de la del
río, cnadros de J. Cusachs, 380.
bro de bronce plateado de la catedral de To·
pintado por Meissouier, 217.
za.patero Simón, 462.
ledo (siglo xv1). - Báculo episcopal de Mondo- ¡Adiós!, cuadro de Ernesto W. Appleby, 381.
Solda,lo lle la República, estudio de Meissonier
El
zapatero Simón, guardil\O del delfín, 462.
¡Abandonada!, cuarlro de G. Tyrahn, 383.
ñedo ele! obispo D. Pelayo U {siglo xm). para el cuadro cLos ordenanzas,) 219.
Maria
Antonieta ante el tribunal, 463.
Candelero de pl3ta de la catedrnl de S,:\·illn Los defensores de Zaragozo. (1809), cuadro de
El caté, estudio pintado por Meissonier, 219.
Encierro de la reina Maria Autonieta en la ConM3uricio Orange, 383.
(siglo XVI). - Baudeja repujada llamada de
Miiissouier en su taller, pintado por él mismo,
serjería, 463.
.
La fiesta en casa de los abuelos, cuallro de Hngo
Pa1bas de la catedral de Sevilla. -R;¡\·erso. 220.
Flores de invierno, dibujo tle F. Maura, 464.
Salmson, 384.
San Juan Bautista, est3tnn de plata dorada y
E.mulio de gnía pintado por Meissouier para el
esmaltada siglo xv). - Portapaz compostelano, La calle de Alcalá después de nna corrida de to• La carrera a pie, bajo relieve de Mariano Beulliu•
cua1lro cl807 ,&gt; 220.
re, 465.
ros, cuadro de Fmncisco Maura, 385.
de azabache (siglo xv). - Cáliz de plata de LuGe11t1lhombrt1 de la época de Luis XIII, dibujo
Stcci6n cie11tVica. -Cuatro grabados que ilnstrau Antonio Vico, 466.
go, del obispo Bahamonde (siglo xv), 317.
de i\tdssonier, 220.
el articulo «Los dahonrnyanos en el Campo de Sección citnty'ica. - Dos grabados que ilustran el
La vida en Egipto. - Vistas del Cairo, dibujos La florista, cuadro de Felix Mestres, 319.
artículo «La impresión de restos humanos en_
Marte de Paris,) 390.
del natural dii Bollaud 'l'rincham. - Botes en Primeros homenajes en el nuevo mundo á Colón,
Schlestadt.) La estatua del célebre astrónomo
Una máquina de pintar en la Exposición de Cliicuadro de J osé Garnelo, 319.
Bulak. - Un rincón de calle. -Eu el camino de
Ara~{). inaugurada en Paris en 11 de junio de
cago, 392.
El ~obre ciego qué bien canta, dibujo de J. Gar•
Heluán, 2"21.
1893, 410,
El artist3 enfermo, cuadre tle E. Ravel, 393.
c1a ft3mos, ~20.
Doi:ia Concepción Arenal, 228.
El mejor de la fería, dibujo de J. García R:imos, Después del baile, cuadro de Román Ribera, Distracción, escbltura de V. Vallmitjana, 472.
Nube de verano, cuadro de G. Taldi, 2-23.
Flores campestres, cua1lro de Bellei, 473.
395.
321.
E.,:,ptirantlo al marino, cuadro de J. Bartels, 22~.
Los edificios de la Expo¡¡icióu de Chicago. - Vist:1
F..:tlerico el Grande y el suei'\o del general Ze1- Italia . Estatua de plata modelada por el escul- El rey LnisXrI, la reina ye! delfín, 396.
general del Palacio de Transportes. Vista gencrroma de la Bastilla en 14 de julio de 1789, de
tor berlinés Begas, 322.
ten, cuadro de Arturo Kampf, 225.
'ral del Palacio de Horticultura. Puert3 de Oro
un grabado de D11plessis-Berta11x, 396.
_
Roma. -La iglesia de San J oaquín, ofrecida á Secei6n cientlfica. -Nueva máquina para hora·
en el Palacio de Trausportes. Grupo eSCl1ltóridar. Muestr3s de los agujeros practicados. Hunos cargando contr3 el e11emigo, cuadro de U.
S. S. León XIII con motivo de sujubileo episco del Palacio de Horticultura qne representa
Checa, 397.
Ap:1rnto cortaviento para los velocipedistas.
copal, 2-26.
el sueño de las flores. Palacio ele las Artes de
Aparato cortaviento en marcha. El encendedor La familia real regresando á París, copia de un
Medalla coumemorativa del jubileo episcopal de
la Mujer. Cúpul3 central y pórtico del Palacio
dibujo de la época, 398.
eléctrico de M. Delostal, 326 y 327.
S. S. León XIII y de la iglesia dtl San Jo3de Horticultura, 476.
Apu utes de viaje. Recuerdo de San Fdiu de Gui· Las mujeres de París encaminándose á Versalles
quin, 226.
San L'ristóbal, cuadro de Pedro Stackiewicz, 477.
el 5 de octubre de 1739, 398.
xol11, dibujo de Baldomero Galofre, 328.
Hipólito 'faine, eroiner.te historiador y critico
El
delfín en su encierro en el Temple, 478.
Precioso hallazgo, cuadro de W. Cl3udius, 399.
Mesalina, estatua de Vicente Alfano, 329.
fraucés, 226.
los infantes doña Eulalia y D. An - '1'1po de un j3cobino (dibujo de la. época), 478.
Secd61t c1enl1/ica, -Seis grabados corre.~pondien- Misil Maud Goune, famosa defeusora de la caUS3 Diisembarcode
Facsímile de un grabado de la epoca de 13 Re,·otonio en San Juan de Puerlo Rico, 399.
de los oprimidos irlandeses, 331.
tes al articulo «La cronofotografía,&gt; 230.
lución que repre.~enta á 1m fr,,ncé&amp; buscando la
L:i policía ejerciendo sus funciones en Irlanda, Ceremonia de }3 in::iugnr:i.ción de In ExposiciJu
Ricardo Palma, 232.
libertad, la igualdad y la fraternidad que se
Universal de Ubicago verificada el dia l.º de
Incendio de la casa de nn arrendntario, por
Jarrón decorativo, obra del escultor José Reyburlan de él, 479.
mayo. Aspecto de la plata de la Exposición,
orden Je! propietario. Casa derruida a golpes
nés, 233.
Facsímile de un grabado de la ápoca que repredib11jo de E. Limmer, 400 y 401.
de ariete por falta de pago del a1Tendatario.
Al fonso Daudet y su esposa, 235.
senta á Rubespierre ejecutando por su pr(1pin.
De$pu~s del despojo. La familia del arrendata- Secci6n cient-¡fica. -Estatuas colosales yacentes
El !awn-tenis en la quinta de 9bampros3y. - I!aumano al verdugo después de hsber bt:..:ho guide Buda en Birm3nia y Ceyl:in, 406.
rio )anta.da de su hogar, 331 y 332.
det, su hijo Luciano y su bija Edmée, 23:&gt;.
llotinará todos los fraucese.q, 479.
f
iCnál es la más bonita1, fotografia de O. Scharf,
La quinta de Cbamprosay, resideucia de Alfonso Salón Parés. - Exposición Casns y Rusiñol. ReVictims
inocente, cuadro de D. Can·, '180.
trato del pintor Arcañio Mas, Retrato del gra408.
Daullet , 235.
En
el
baño,
cnndro
de
~'red
.Morgan,
481.
bador Ramón Cauudas, cuadroM de Santiago Un momento de descanso, cuadro de Adolfo
Washington. -Toma de posesión del nuevo pre•
Secci6n citnt-ttlca. -Termomotor Iske. Termomo•
Menzel, 409.
.Rusiliol. luterior al aire libre. Celos. Retrato
sideute de la República de los Estados Unidos
tor Mitchel, Aparato de salvamento y e,:ünción
de la niiía Snrdá. Retrato del Sr. Codina, cua- Monumento que en honor del padre Las Casas lia
Mr. Grover Cleveland, 237.
de erigirse en México, obra de A. Qt1;.irol , 411.
de incendios, 486.
dros de Rnmón Casas, 333.
La moda fin de siglo. 1793. Dibujo de G. A. Sto•
Los restos de D. Ramón Eerenguer 111 el Gran- A la salud de la novia, cuadro de J. Agn.sot, 488.
A:1gel, estatua de Enrique Clarassó, 335.
rey, 238.
de en la capH\a ardiente instalada en e! Salón Después del baile, cuadro de Holewiu ski, 489.
La moda fin de siglo. 1892. Dibujo de G. A. Sto· San Juan rle Puerto Rito~- Misa de Campaña
de Ciento de las Casas Consistoriales de esta ciu • Maria Guerrero en el papel de Victori:,. en La
celebrada en la plaza &lt;le Alfonso XII con morey, 239.
loca de la casa, 490.
dad, 412.
tivo de 13 reciente llegada á aqttel puerto de
La cencerrada al viudo, dibnjo origiunl deJ. GarFurgón destinado {i. conducir á. Ripoll los restos Los edificios de la Exposición de Chicago. r~la nao «Santa Maria,) 335.
' cia Ramos, 240.
lacio de Bellas Al'tes. Palacio del Gobierno de
de .Ramón Berenguer el Grande, 412.
Rt:cuerdos de Navidad. Los paveros. La matan- Desacuerdo y armonía, cuadro de A. Corelli, 336. Vendedora de tlores en Florencia, cuadro de F.
los Estados Unidos. Palacio de las Pesrpw1fa.s.
za. Dibujos de Daniel Urrabicta Vierge, 241. El primogénito, cuadro de E. Lancerotto, 337.
Capiteles en el Palacio de las Pesqnerías. InteAndreotti, 413.
En
peligro
inrñinente,
cuadro
de
V.
Cu
tanda,
338.
Sccci61t cienttfica. - Cua!.ro gra hados C!)rresvonrior de la Rotonda del Palacio de Bellas Artes,
Placa conmemorativa colocada por los estudian. Dantón, de un dibujo de Santiago David, 414.
dieutes al articulo «La cronofotogrnfm, 246.
491 y 492.
tes españoles en el monasterio de la Rábida El célebre tribuno Mirabea 11, 414.
Cuadros madrileil.os. El caf~ de los cuatro vieniQué me querrá!, cuadro de E. de Bln:i.s, .J.93.
en las fiestas del IV centenario del descubri· Guadet, uno tle los jefes girondinos, 414.
tos, dibujo de Carlos Arrtigui, 248 .
miento de ~América, proyectada por Ricardo El Temple en el último tercio del siglo xvm, co- Facsímile de un cartel que los ciudaJano~ fr:..nEl beso, cuadro de Joi,é Maria T11mburiui, 24.9.
ceses fijaron al exterior de sus casas pa:-a liar
pia de un dil:ujo tle F. Rolfbaner, 415.
V:i.zquez y ejecutada por !francisco Nicoli, 338,
J oven de la Selva Negra, cu3dro de C. B3utzer,
testimonio de su republicani.!!mO y librarse de
Secci61i científica. -Tres grabados que ilustran Luis XVI en el Temple, dibujo de Carueray, 4.15.
251.
persecncioues, 494.
el articulo (Atlucción de las aguas del Avru á. Eu la espesura del bosqae, cuadro de Ii,. AuEl nido abnudonado, cuadro de W. ScberesFacsimile de una carta de Robespierre dirigida
dreotti, 416 y 417.
París,» 342 y 343.
cl1ewski, 251.
~
en nombre de la Comisión de Salvación públi•
Asilo para perros eu Garches (Sena y Oise), 344. M. F. Roybet, piutor francés premiado con la
¡No está mal!, dibujo de A. Jo1inson, 2::i3.
ca al ejército en 26 de octubre de 1793, 495.
medall3 de honor en el Salón de París, 418.
Bnf&gt;to en bronce recientemente d'escubierto en Al Pardo. estatua en barro cocido, de Jose Alco- Sccciún cimli.fica. -Tres grabados que ilustran Uu guardia nacional dirigiéndose al cuerpo de
verro, 345.
Ampurlas, dibujo Je J. Fer¡er y Carreras {visguardia. Copiado del Diario r.te la taina de
el 3rticulo «Aprovech3mieuto de la catarata
Dáune, cuadro de J. D. Batten, 347.
to de frente y de perfil), 254 y 255.
del Niágua como fuerza motriz,» 42'2.
Francjort (1793), 495.
Riberas
del
Manz3nares,
cuadro
de
J.
Nicolau,
Jt;n el teatro, cuadro de P. Naumauu, 256.
.
Estudio, cu:1dro de Manuel Feliu D'Lenrns, 424 . Emigrantes dirigiéndose al embarcadero, cuadro
349.
.Estudio, grupo en yeso de Miguel Bl~y_. PT"~m1a•
de Luis dt&gt;. Engelen , 496.
L:i. trapera, cuadro de Consuelo Fould, 425.
do con medalla de oro en la li:xpos1c1ón mter- Tipo hebreo, dibujo de José M. Marqués, 349.
Secciúii científica. - Fig. l. Boyas eléctricas del
Robespierre, 427.
Fasduacion, escultura de Campeny, 349.
nacionnl de Bellas Artes de 1892, 257.
,
puerto de Nueva York (dos grabados). Nuevo
Sello de la República francesa, 427.
Secci6ncientífica. -Tres grab3dos correi,pondien- Antiguo molino, cuadro de '1'. Moragas, 350.
zoo cauterio de M. Brenot. Triciclo acuiltico y
Facsímili:: dd decreto de J3 Asamblea Nacional
Estudio ele R. Marti y Alsina, 350.
tes al articulo «La cronofotografia,&gt; 262.
terrestre, 502 y 503.
de 10 de agosto de 1792, 427 .
Mi:1:-. Jalia Neilson célebre actriz iugle~a, 264. Labores de invierno, cuadro de J . Piuós, 350.
La~ Santas Mujeres, bajo relieve de Rafat!l Be•
El príucipe Tzerteleff, apunte de J. L. Ptlllicer Lm s XVI en la linteru:1, 428.
En el baile, cuadro 'de Román Ribera, 265.
llinzzi, 504,
Grabado de una hoja volnute de la época tn que
350.
E! emine11te compositor francés Masseuet, 267,

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�I ND ICE

4
Paseo matutino, dibujo de A. Marold, 505.
Guido de Maupassant, 506.
La catástrofe de Auzuola (dos grabados), 507.
Exposición Universal de Úhicago. -Caballo normando y torc. colosales, esculturas situad.as ~elante del Palacio de Agricultura. La sec?1ón
austriaca en el Palacio de Manufacturas, dibu-

jo de E. Lirnmer, 508 y 509.
Fusilamiento de los generales Clemente Tbomas

y J ulio Lecomte, en Montmartre, el 18 de mar•
zo de 1871, 510.
Acbibaldo Forbes, 511.
Efectos de una bomba, 511.
Una historia de amor, 512.

Aquel que no haya pecado que arroje fa primera
piedra, cuadro de Rembrandt, 51J.

,.

,

StcCWn cient1/ica. -- El nuevo puerto de Tunez;
(dos grabados), 518 y 519.
Hermanas de la caridad, cuadrode J. Agrasot, 520.
Monumento erigido en Budapest en honor de los
chonved» húngaros, obra de Jorge Zal~t 5_21.
Ei: posición Unh•ersal de Cbicago. - &amp;.htic10 del
Estado de San Francisco. Trozo de calle con
los edificio.~ de varios Estados. Edificios rle los
.&amp;tados de Míchigan y de Indiana. El edificio
de I nglaterra. Reproducción del buque_d~ gue•
rra norteamericano [llinois (dibujos origmales
de E. Limmer). lnteriorde la rotonda di:l Pal!•
cio de Horticultura, La calle del Cairo, 523 y 525.
U na sesión secreta de la Comuna, 526.
Aspecto de la calle de Rívoli en tiempo de la Co•
muna, 526.
Lucha en la barricada del bnlevard Haussmann,

637,
Los caflones en Montmartre en la víspera del 18
de marzo de 1871, 5Z,.
Abandonada, cuadro de Mateo Balasch, 528.
Un deseugaño, cuadro de Héctor Tito, 529.
A puntes, dibujos de Mateo Balasch, 530.
Secci6n citntyíca. -Fig. l. Vista de un taller. d.e
Berlín que funciona por medio de la electr1c1dad. Fig. 2. Grúa eléctrica del puerto d_e Ham burgo, 534 y 535.
Chulalongkorn l, rey de Siam . Sa.vangwadana,
reina de Siam, 536.
T-n intruso, cuadro de Paris, 537.
Ei:posición Uuiversal de Chicago. -El edificio ~e
Francia, Los edificios de Suecia y de la India
(dibujos de E. Limmer). Parte del pórtico que
une el Palacio de Máquinas y el de Agricultura. Tia cf,'ems-Weeb (Rueda de Ferris), dibu·
jo de E. Limmer, 539, 540 y 541.
F usilamiento de comunistas, 542.
El pabellón de Flora, en el Louvre, después del
incendio, 542.
Las t ropas de Versalles agasajadas por los babi•
tantes del bulevard Haus.::imann, 543.
Aspecto del Hotel de Ville después del incendio,
visto desde el Sena, 543.
Los sucesos de Siarn. - Vista de la ciudad real de
Bang-Kok. El buque Juan Bautista Say. Los
buques de guerra franceses delante del consulado de ll'rnncia en Bang-Kok, 544.
Tarde de estío, cuadro de H. Caífieri, 545.
&amp;ccilín cienty'ica. -Estatua erigida en París en
honor de Claudio Chappe, inventor del telé·
grafo aéreo. Un cailón improvisado, 550 y 551.
Contravapor, cuadro de F . Sallé, 552.
Exposición Universal de Chicago. - Incendio del
almacén de hielo artificial. La sección de los
Estados Unirlos en el Palacio de la Iudustria,
La secc;ón francesa en el Palacio de la lndus•
tria. ~(J. sección Ítaliana en el Palacio de la In•
d•¡stria, 553, 555 y 556.
Retrato del conde de Arundel, pintado por Van
Dyck, 557.
F usilamiento por los comunistas de los rehenes
que tenían en la cárcel de la Roquet.te, 558.
Conducción de prisioneros comunistas, 559.
F usilamiento de rehenes por los comt1nistas en
la calle de Haxo (26 de mayo de 1871 ), 559.
En el templo de Baco, cuadro de J. Muzzioli, 560.
Un desafío en Albania, cuadro de Pablo Ivanovitcb, 561.
&amp;cci6n cientifica.-E1 puente Palacio en la ria
de Bilbao (tres grabados), 566 y 567.
Buenos camaradas, dibujo de P. Golleron, 568.
Coloqnio amoroso, cuadro de Emilio Sala, 569.
Una bella de antai'.l.o, cuadro de Emilio Sala. 571.
Compás de espera, cuadro de Emiho Sala, 571.
El columpio1 cuadró de Emilio Sala, 572.
La expulsión de los judíos, cuatlro de Emilio
Sala 1 573.
Ei:posición Universal de Chicago. - Kiosco de la
Real fábrica de tabacos La flor de Cuba, de
D. Manuel dt:l Valle. Vista de la sección espa•
15.ola en el Palacio de Agricultura. Kiosco de la
fábrica de tabacos de D. Calixto López, antes
Bances y López. Don Rosendo Fern!lndez, de
la Cámara de Comercio de la Habana, Comisa•
rio especial. representai1te de Cuba y Puerto
Rico en la Exposición. Vista de la exhibición
de tabacos cubanos en el Palacio de Agricultura, 574 y 575.
Modernista de antaño, cuadro de E. Sala, 5i6.
Un concierto en el bosque, cuadro de E.Sala, 577.
Secci6n cient\fica. - El Canal de Corinto (cuatro
grabados), 582 y 583.
Retrato y estudio del ·pintor Emilio Sala, en Pa-·
rís, 584,
Quien espera ... , cuadro de L. Blume Siebert, 585.
Proyecto de monumento que se ha de erigir en
Manila á la memoria de M. López Legazpi y
Fray Andrés de Urdaoeta. Premiado en el concurso celebrado en aquella capital el 19 de junio de 1893. Autores: D. Agutitíu Querol, escultor; D. Luis M.a Cabello y Lapiedra, arquitecto, 587.
Exposición Universal de Chicago. - Un concierto
en la aldea alemana. Molinos y turbinas dt
viento, dibnjos de E. Limmer, 588.
Feria en un pueblo de la alta montaña romana,
cuadro de Mariano Earba!;án, 589.
Los hunos en la Galia, copia del cuadro de G,
, I'..ochegrossc por el mismo autor1 590.

¡Qué tal est oyf1 cuadro de F . Dvorak, 590.
El herrero, dibujo de León Lhermitte, 591,
Los juegos tlorales, cuadro de Luis Jiménez Aranda, 592,
Santas J usta y Rufina, cuadro de Domingo Fer•
nández y González, 593.
El celebrado pintor francés Augusto Glaize, 594.
Sección cienttfica. -El doctor Charcot. Sierracir•
cular para aserrar piedras. Nuevo alumbrado
de la estatua,de la Libertad del puerto de Nueva York, 598 y 599.
La primera riña, cuadro de A. Corelli, 600.
Mignon, estatua de Venaucio Vallmitjana, 601.
La hora del baño en Veuecia, cuadro de Ricardo
Madraza, 603.
Fiesta de la Asociación de Artistas de Baviera.
El Waldmeister y su séquito, 603.
Nuestra corresponsal en Chicago, Eva Canel, y
su hijo en el Niagara1 604.
Ei:posición Universal de Cbicago. - El Palacio del
lira.~il. La calle del Cairo, 604 y 605,
Turno impar, cuadro de Francisco Masriera, 606.
Un lance de honor, cuallro de T. Munich, 607,
Un discipulo de Sau Francisco, dibujo de José
M.• Marques, 608.
El general Prim en la batalla de los Castillejos,
cuadro de José M.• MarquP.s, 609.
Secc~n cumtyica. D. M. Alberto de Palacio.
Puente colosal sobre el Nervión (Bilbao), pro•
yecto de D. M. Alberto de Palacio. Vista del
pasaje interior del puente colosal sobre el Nervión. Puente rodado sobre el Nervión, proyec·
to de D. M. Alberto de Pa1acio, 614 y 615.
Recuerdos del país del hierro, cuadro de Vicente
Cutauda, 616.
En t:il bosqne de Bologne. La batalla de flores,
cuadro de Harri Fiuuey, 617.
Los jardines de la infancia {once grabados), 619,
620 y 622.
Visia~ de Costa Rica, 621.
Bellezas costarriqueñas, retratos pintados por
D. Francisco Valiente, 623.
Francisco Valiente, pintor costarriqueño, 623.
La despedida, cuadro de D. Laugée, 624.
El príncipe Guillermo II de Orange y su prome•
tida la princesa Maria Enriqneta Stuartlo, cuadro de Van Dyck, 625.
El célebre ei:ploradorafricanista Emin Bajá, 625.
El general Mir1bel, jefe del Estado Mayor gene•
ral del ejército francés, 626.
Secci6n científica. - Los pai-pi•bris en el Jardín
de Aclimatación de Paris {tres grabados), 630
y 6Jl.
D. José Joaquiu Rodríguez, actual Presidente de
la repllblica d~ Costa Rica, 6~2.
Iván el Terrible, estatua tie M. Autokolskij, 633.
José Garnelo y Alela, 634.
Hojas del álbum de José Garnelo, 634.
La marquesa de N ... , cuadro de J. Garnelo, 635.
Suicida por amor, cuadro de José Garnelo, 635.

~~~~~j1~~j~~:d;td~ 1~~º(la?;:i~~\f:J7~36.

Ei:posición U niversal de Chicago. -Aldea de los
indios de Vancouver. El teatro chino, dibujo
de Limmer. Instalación de la República Oriental del Uruguay en el Palacio de Agricultura,
683 y 685.
IJn telegrama, cuadro de L. Max Ehrler, 686.
Alicia, cuadro de Guillermo M. Chas¡,., 687.
DespuéS de la orgía, cuadro de Swedomsky, 689
y 690.
Suci6n cien.t.\fica. Maquinas para volar (cuatro
grabados), 694 y 695.
Carlos Mana Ocantos1 novelista bonaerense, 696.
La paz es la fuerza de una nación, grupo escultórico de Gustavo Eberleiu. 697.
Triste regreso, cuadro de M. Carbonen, 699.
Ei:posicióu Universal de Chicago. - Paseo á orillas del lago, dibujo de E. Limmer, 699.
Habitantes de San Cristóbal (Islas Salomón),
700.
Almacenes de comercio en Aotab (Islas Salomón),
700.
La aldea de Ugi en las islas Salomón 1 700,
lndigenas de las isla.::i Salomón, 701.
Mujeres de Ugi (Islas Salomón )1 701.
Una muchacha de las islas Salomón, 701.
La alegria, techo pintado por Plasencia, 702.
El juego de billar, pintura decorativa de Casto
Plasencia. 703.
Cur1osidadi nfautil,cuadro de F. Kallmorgen, 704.
Alegoría de la nocbe1 pintura decorativa de Casto
Plasencia, 705.
El ilustre co1~ositor Carlos Gounod, 706,
Sección cientl ca. - Máquiua.s para volar (cinco
grabados), 10 y 711.
La cita, cuadro de Horacio Lengo, 712.
Los uovios por la gatera, dibujo de J. García Ra•
mos, 713.
Alonso Berrugnete, estatua de J. Alcoverro1 715.
Cristóbal Cllón, estatua de Justo de Gandarias ll), 715.
Exposición Uuiversal de Chicago. -Insta.la.ción de
juguetes de la ciudad de Souneberg. La daDza
argelina. Dibujos de E. Lirnmer1 717,
Una visita a los gitanos, 718 .
'J'ipo de gitano mendigo, 718.
Gitano de pura raza, 718.
Gitanos al través de los campos, 719,
Una familia de gitanos, 719.
Tipo de gitano, 719.
Gitana r_-auadma1 dibujo de Isidoro Marín, 720.
Un novulero desdichado, dibujo de Cario, Arre•
gui, 721.
D. Juan García Margallo, 722.
Secci6n citntl,ftca. Nuevo si;;tema para prevenir
las colisiones de trenes. Sistema Pellat (tres
grabados). 726.
Granada. - \. endedores de carbón, dibujo de Isidoro Marin, 728.
Puerta en el patio de los Naranjos ele la catedral
de Sevilla, dibujo de M. Garcia Rodrigo, 729.
Gr~~t de guerra, dibujo de R. Catón Woodville,

Tiempos duros, cuadro de H. Herkommer, 639.
Gitanos de regreso de la feria, 733.
~remiado!, cuadro de José Joaqnln Te,jada, 639. La feria de los ¡'itanos, 733.
JJ. Quijote pronunciando el discurso sobre las ar· Mujer y niño gitanos, 733.
1
mas y las letras, cuadro de J . Gilber t,640y 641 . Pareja de novios gitanos, 733.
El:posición de Chicago. - La justicia, estatua de Gitanos dirigiéndose el mercado, 734,
plata maciza de tamaño natural, expuesta por Una visita á los gitanos, 734.
el Estado de Montana en el Palacio de Mine- Labradores gitanos e~perando contrata. 73-!.

~.-

--~-~~-

' El Excmo. é Ilmo. Sr. D. Juan B. Gran, obispo Labriegos gitanos, 735.
de Astorga, 642.
·
Gnía de Deés, 735.
Secci6n cUntí.fica. - El «.Campania&gt; y el tLuca• Una familia de gitanos en marclia, 736.
nia&gt; (tres grabados), 646 y 647.
.Marcha al través del desierto, dibujo de R. CaVendimiadoras moutillnnas, cuadro de Eloisa
ton Woodville, 737 y 738.
Garnelo, 648.
Modelo del monumento ~rigidoen Trenton en meEl eminente novefüta Emilio Zola 1 649.
moria de la batalla ele 1776, 789.
Palacio del )Jaharajab de Johore, 649.
Secci6n científica. -Máquina de vapor doméstiEl fruto del árbol durián, 651.
tica, de petróleo (dos grabados) . Trabajos de
Bungalow(vivienda europea) en el camino de Joelevación de una chimenea de fli.brica, 742.
bore, 651.
Un recluta por fuerza, dibujo de J. H. Roberts,
El ..:amino de Jobore, 652.
Suplem,ento. - Mapa de las posesiones españolas
Vestíbulo de mármol del palacio del Maharajah
del Norte de Africa. Croquis del campo de
de Johore, 652.
Melilla .
Parte de la aldea de Johore: á la izquierda del Moros de rey, dibujo de E. H., 745,
grabado un teatro al aire libre, 652.
Vista ei:terior del Frontón Barcelonés, proyecta•
Mujer indígena de Jobore, 653.
do y construido por el arquitecto D. Enrique
Bosque entre Singapoore y Johore, 653.
Sagnier y Villavechh, 747.
Mujeres malaya:;; recogiendo te, 654.
En el Frontón Barcelonés, dibujo de J . CabrineTipos de visitantes de la Expo~ición de Chicago.
ty, 747.
E! papanatas. Rllcién llegado de la aldea. Iudi• Marruecos . - Captura de un criminal, dibujo de
ferente . Dificil de contentar. El que todo lo
Ralpb Peacock, 749.
·
admira, 655 y 656.
Melilla. - La Alcazaba . Puerta de entrada. Mer·
La lección interrumpida, cuadro de L. Alvarez,
cado exterior conocido por las «Barracas,) 750,
657.
D. Manuel Ortega Sánchez Mnlrnz. 751.
El znrzidor de alfombras, pastel de Gilbert, gra• Vista de Melilla desde el fuerte de Sau Lorenzo
hado por H. Rabeuf, 658,
y del fuerte de Victoria Grande, 751.
Sección cient,.fica. - Un buque de gllerra ameri- La danza del otoño, cuadro deG. Max, 752 y 753.
cano con espolón (tres grabados), 662.
Melilla. -Mari Guari, espín moro hecho prisionti•
Ba,io relieve del monumento de la Victoria, de
ro. A bordo del Conde Venadito. Abjamien Lormier, 663.
to de tropas. El Mantelete, 754, 758 y 760.
Monumento de la Victoria, obra de Lormier, Santauder. -Plaza de Velarde, calle de la Ribe•
664.
ra y muelle de Calderón, 761.
El gran duque Alejo Alejandrovitcb El al miran• Santa.nder. -El vapor Cabo Machichaco, quince
te Avelane. Et capitfo de navío Tchoukbniae,
minutos antes de la explosión. Casas de la ca665.
lle de Méndez Nó.ñez por la farte que da al
La carta, cuadro de Jan van Beers, 667.
muelle de Maliai10. Iuterior di: depósito de la
Retrato ~e ,In reina María Autonieta, por la se•
Compañia de Tabacos. Calle de Méodez Núñez
15.~ra V1gee -Lebrun, 669.
por la parte que da al muelle de Maliaño. En El pmtor y arqueólogo tnrco Hamdy Bey, 670,
trada de la calle de Méndez Núñez . A111\iencia
El kiosco Chinili en Constantinopla, 670.
y casas coutiguas. J!:l vapor Cabo iJfachichaco,
Sarcófago griego, existente en el Museo imperial
vista tomada por la popa después de la explo de Constantinopla, 670.
sión. El vapor Cabo Machichaco, vista tomada
Sarcófago sirio-griego, existente en el Museo im•
por la proa después de la explosión. Calle de
perial de Constantinopla, 671.
Méndez Núñez. Calle de Méndez Núi'.l.ez. Calle
El s~rcofago de Alejandro! descubierto en Sidón,
de Calderón de la Barca: edificio de la Compaex1stente en el Museo imperial de Constanti•
Yiia Sing2r y Audiencia. Depósito de la Companopla, 671 .
ñia Arrendataria de Tabacos, 763, 76.J., 765,
Las dos novias, cuadro de José Weíser, 672.
768, 769 y '/76.
La b_oda ~el torero, cuadro de S. Viniegra, 6?3.
El general de brigada D. Higinio de Ribera, 767.
Secciún cr.enttfica. -Los faros flotantes {dosgra· Barcelona . -Embarque de tropas para Melilla
hados), 678.
(dti fotografia de Xatart), 767,
Teresa de Jesús, cuadro de E. Gimeno Regnier1
680.
(1) Por equivocación se puso en el epfgrafede
La sopa 1 cuadro de D:wid Nillet 1 681.
esta estatua que era de José Alcoverro,

aitrtac100

Secci6n cientiftca. - Orqnesta eléct rica de J. B.
Scbalkenbach . ~l queso monstruoso del Cana·
dé. en la Ei:posición de Chicago (dos grabados), 1
774 y 775.
Muerte del beduino, cuadro de C. R. B uber, 777 ,
Tipo á.rabe, dibujo de José Benlliure, 779.
,
En el ePare Manceau,) cuadro de Ramiro Loren zale, 779.
Interior del nuevo puente sobre el Vlstnla, en
F ordou, dibujo de Passos, 781.
Nuevo puente sobre el Vistula, eu Fordon 781.
Tipo árabe, dibujo de José Benlliure, 782.'
Tipo &amp;rabe, dibujo de José Benlliure, 783 .
Tipo moro, dibujo de G. Moutbard, 783.
Mezquita en Uazáu, dibujo de G. Montbard, 783 .
Mús1coárabe1 dibujo de G. Montbard, 783.
Mártires cristianos en el Circo1 cuadro de J. Man•
tegazza, 784.
Desterrados á Siberia, cuadro de W. Scheres•
chewski, 785 .
Mezquita de T&amp;nger, 786.
Bailarina berberisca en un campamento de ask:i.ris, 786.
El capitáu D. Francisco Ariza, 786.
Bateria de la ciudadela de Tánger, 786 .
Secci6n, cUnttfica. - E.::itablecimientode agntt.S minerales del Peñón, en Méi:ico . El judío errante
en la Salpetriere (dos grabados), 790,
La escnadra en el Mediterráneo, 792.
Excmo. Sr. D. Arseuio Martínez Campos í03.
D. Mí:guel Martínez Campos, 793.
'
O. Rafael Moreno, 793.
D. Laureano del Busto, 793 .
La gue:-ra de Africa. - Fuerte de Rostrogordo.
Kabilas del Rif, 795.
Gibraltar.-EI Peñón visto desde la frontera española. La ciudad desde el muelle. Los di,]tle9
sumergidos delante de las baterías rasantes,
Baterías denominadas Los dientes de la Vieja,
Paseo y batería de la Alameda. Las baterías
subterráneas, 796 y 797.
.
La guerra de A frica. -Jefes de la ambulancia enviada á Me\i,la por la Cruz Roja de Madrid,

806.

ARO XII

- -

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BARCELONA

2

DE

ENERO

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N ÚM. 575

DE 1893

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820.
La Nochebnena en el mar, cuadro de Eliseo Meifrén, 821.
La Nochebuena en Galicia, copia de una pintura.
de Cecilio Pla, grabada por Sadurni1 823.
La Nochebuena en Lima, dibujo de J . Cabrinety,
segnn croquis remitido por D. Ricardo Palma,
de Lima, 824 .
La fiesta de Navidad en Catalaña, dibujos de J.
L. Pellicer, 825 y 826.
La ~laza de Armas en la ciudad de Méxicoer. los
d1as que precedeu á la Navidad, dibujo de L.
Izaguirre, 827.
La Nochebuena en Aragón, dibujo de Vicente
Cutanda, 829.
La zamacueca (de una fotografía), 830.
La Nochebuena en el campamento, dibujos de
Julio Gros, 831 y 832.
La Nochebuena en Cuba, dibujos de J . L. Pellicer, 833 y 834.
La Nochebuena en Puerto Rico, dibujos de Cu~
chy, 835 y 836.
La Nochebuena en Valencia, dibujos de Germán
Gómez, 837.
La Nochebuena en Guatemala, dibujo de Manuel
Rivi:ra Cabezas, 838.
La Nochebmma en Buenos Aires, dibuj_o de Vaamonde, 839.
Muley' Hassán, emperador de Marruecos, 841.
Tipo de un berberisco, cabeza de estudio de W.
Genz, 842.
Kabilas tlel interior acudientlo en auxilio de los
rifeños, 842.
Un jefe de tribu irabe, 844.
Situación apurada, grupo escultórico de Eusebio
Aman, 845.
Esperando que pase, fotografía de Mr. Lee 'La
Trabe Batemnu, 847.
Los pañales de Jeslls, cuadro de Paupión, 8!7.
Vistas de Santantler, de fotografías , 849.
El último grito del Redentor, ~uadro de Juan
Bru1tet, 851.
Leones en acecho, grupo escultórico de Jorge
Vastagh, 851.
Un trovador valenciano, c .. adro de Joaqniu
Agrasot, 852.
Aldeana leonesa, cuadro de Joaquín Agrasot,

853.

e

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITO RES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

El niño Raul Fausto Capablanca, notable ajedrecista, 808.
La Adoración de los Reyes Magos, copia del celebrado cuadro de Alberto Durero, 809.
Alegoría de Nochebuena, dibujada por Apele1
Me!'.ltres, 811 .
La Nochebuena en Madrid, dibujo de Manuel
.Domínguez, grabado por Sadurní, 813 .
La Nochebuena en Mallorca). cuadro pintado por
Juan Banzó,, grabado por :::;adurní, 815.
La Nochebuena eu 11.ndalucía. El baile de los
abuelos. Fiesta de familia . La misa del Gallo
en Sevilla. Dibujos de J . Garcia Ramos, 818.
Le Nochebuena á bordo1 dibujo á la pluma de
Nicauor Vázquez, 819.
La Nochebuena en el mar, dibujo de Lindner,

'Com~ colosal que se está comtruyendo en Londre::1 compararla con la toJTe Eiffol, 854.
Secci6n cientifica. - Proyecto di: palacio aéreo
para la Ex:posicióu Universal de Amberes de

iI'o1

Ftí~t1ea

799.

Un día de audiencia, cuadro de J. Jiménez Aran.
da, 800 y 801.
El teniente general Ei:cmo. Sr. D. F. Primo de
Rivera, 802.
El teniente general Ei:cmo. Sr. D. José Chinchilla y Oñate, 802.
El general de división Ei:cmo . Sr. D. Manuel
Macias, 802.
Sres. Jefes y oficiales del regimiento de infante•
ría de Toledo uúm. 35 á su salida de Granada.

f[.

·--

-- . ---=-=- -~--·==:~--- .

1894, 858.
Un paso difícil, dibujo de Carlos Arregui 1 860,

/

/ ,/

.,.: .· 7 T

G 4TANO DE PU RA RAZA, dibujo de J. García Ramos

'

~~

�NúMERO

LA !LUSTRACIÓN ArzrJsrrCA

2

ADVERTENCIA

Tenemos el gusto de anunciar á nuestros
suscriptores que hemos adquirido el derecho
exclusivo de p ublicación en España de la preciosa novela de Héctor MaJot ANITA, con
magníficas ilustracioÍles de Emilio Bayard, traducida a l castelÍano por el rep utado escritor
D. Antonio Sán chez Pérez, que publicaremos

en breve en la sección correspandiente.

.................. ./ ........
SUMARIO

Texto. -

Afurmttraciones europeas, por Emilio C:1.stelar. - La

1/UÍ!;ica y sus representantes1por Antonio Rubinstein. - Vidas
fJara/e/as, por José de Rourc. -La guitarra, por José María
Sb:trhi. -Los Rqes Afagos.Jncokerencias, por Manuel Amor
l\Iei lán. -Afiscelrinea con~oticias de Bellas Artes, Teatros y
Necrologla. - Nuestros K'f'&lt;l/Jados. - Cargo de c(Jllcíe,uia, novela original de Juana l\fairet, con ilustraciones de A. l\forenu.
-SECCIÓN CIKNTIFTCA:

En elfondodt/.fO[(o dt Guinea. La

misión francesa del capitán Bingtr1 por L. G. Bingcr. - Química sin laboratorio. Expedmento de: j111oresce1tcia, por J. G.

- La prestüligitación déscubierta. Cochura de u11a torta en 1tn.
sombrero1 por Magus. -Las casas comistoriales de Filadelfia
y su ctlpula cubierta de aluminio.

Grab ados. - Cita110 de jnrra raza, dibujo de J. Carda Ramos. -Labor dijfd!, cuadro de H. W. Schmidt. -San JtHm
de Arena (Asturias), cua&lt;,lro de Cecilio Plá. - "A11to11io .Rubimtein. - Un discljmlo aprovechado, cuadro de Manuel Ramfrez. - Estación m Flladtl..fia del camino de ltierro de Pensylvania. - Castillo de Sotomll.yor ( Pontevedra J, propiedad

del señor marqués de la Vega de Armijo (de fotografía de J.
Prieto). -La,s dos hermanas, cuadro de Escipi6n Vanutelli.
-El bautizo, cuadro de José Gallegos. -Ba;,ardo en el mo11u11IO'de recibt'r su pn·mera espada, estatua en bronce de Pedro Rambaud. -La nodris:a y la i1lja11ta, copia del célebre
cu:ulro &lt;le Francisco Hals, existente en el musco de Berlín.
- U11 co,uierto, cuadro de Román Ribera. -Elgra11festival

mahometano de fa Bucl.-ra-Ede ó Baqr-i-id (.fiesta de la vaca)
en el Naini-Tal, en las provincias del Noroeste de la India,
dos grabados que representan otros tantos grupos de mahometanos. - Figs. 1 y 2. Misión del capitán Bingcr en b. costa del Marfil en el país de Kong. Una calle y una mezquita
en Kong, dos grabados. - Experimento de fluorescencia. Figs. 11 2 y 3- Cochura de una torta en un sombrero. -Cúpula de la Casa de la Ciutlad en Filadelfia y estatua de Gui·
llermo Penn. - Pro;1ecto de Ca.sa de Gobierno de la pnr,1i,1da
dt: Salta ( Rep,lhli.ca Argentilla), del arquitecto M. Font:i.na-

rossa.

............,............,,..... ,,...... ,............. ,., ....,...... ,............. ,.. ,...... ,., ............. .,..... .
MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EM í LIO CASTKLAR

La Nochebuena en Europa. - Celebración universal. - Los dos
solsticios de invierno y verano. - Sus consagraciones religiosas. - Institución de la Nochebuena . - Los pueblos meridionales en tal noche. - Recuerdos levantinos. - El Belén. - Conexiones entre los bueyes de nuestros belencitos y los bueyes
de las mitologías orientales. - Jesús recién nacido. - Consideraciones. - Conclusión.

E n todo el mundo cristiano celebran los fieles reunidos esta sacra noche. Yo recuerdo haberla pasado
en París y en Ginebra, donde, á su manera y guisa,
la celebraban todos con extraordinario regocijo, así
bajo el ala de nuestras iglesias católicas como bajo
el ala de las iglesias protestantes. Más severos en sus
costumbres y en sus ideas éstos no dejan por esa severidad, congruente con su doctrina y con su liturgia,
de tener fiestas y mover algazaras muy parecidas á
nuestras algazaras y á nuestras fiestas. El árbol de Navidad1 con sus ramas verdes y sus farolillos multicolores, en el cual se ostentan juguetes bellísimos destinados á los chicuelos impacientes, proviene del Norte y está circundado de poesía por los enjambres de
canciones aladas que han puesto en torno suyo la
poesía y la música germanas. Pues no hay necesidad
de irá Londres para enterarse del fervor y entusiasmo
con que celebran los ingleses las fiestas de Navidad:
basta pasarse por cualquier librería nuestra de las internacionales, y sobre sus mesas encontraréis á porrillo periódicos ilustrados y libros de aguinaldo, diciéndoos lo universal del culto prestado á esta noche santa por todos los pueblos cristianos sin ninguna excepcion. La virtud capital del Cristianismo ha estribado en esto, en divinizar desde la maternidad hasta
la muerte dentro de sus dogmas y de sus ritos aro·
mados por una eterna poesía.

•••
¡Bendita sea la Natividad sacra del Señor! ¡Cuán
graves y solemnes pensamientos inspira la noche dedicada por nuestra liturgia tradicional á conmemorar
el nacimiento de Cristo! La religión cristiana, como
las religiones de Grecia y Roma, santifica los dos
solsticios, el de verano y el de invierno. En el solsticio de verano, en el más largo de todos los días, b

Iglesia celebra la Natividad del Bautista; y en el s?lsticio de invierno, en el más corto de todos. los. d1as1
la Iglesia celebra la venida del Redentor, escogiendo
el mes de los esplendores para las esperanzas, el mes
de los hielos para la realización
es~~ esperan~as,
como si toda realidad 1' aun la mas rehg1osa, hubiera
de traer forzosamente consigo, al cumplirse1 dentro de
los límites y relaciones de este mundo, inevitables
amarguras y tristezas. La noche de San Juan puede
llamarse la noche del amor, de la serenata, de la guitarra, de la magia; la N o~hebue1~a puede ~l~marse
la noche del hogar, de la mocencia, de la mnez, de
la zambomba y el zorcico1 diferenciándose entre sí
estas dos noches como puede diferenciarse la ena·
morada canción del sencillo cuento. Camino de las
almas1¡cuán desconocido eres de los míseros mortale~!
Sabemós el origen de las lluvias y no sabemos el ongen de las ideas, aunque las lluvias pasan en el seno. de
los airés y las ideas en lo interior de !1ues~ro espír1~u.
Sabemos la órbita de un astro en lo mfimto matenal
y no sabemos la órbita de un pensamiento en lo i~finito moral. Cuando San Lucas narra con la sencillez propia de la narración evangélica, su?lime .sencillez, la fuga de José y María escapados a los ngores
del censo romano, la venida de la noche al establo
de Belén, el nacimiento de Cristo en las paps de los
pesebres, el ·cantico ·de los ángeles en las alturas de
los cielos, la reunión de los pastores cargados de rústicas ofrendas y traídos por los coros celestes y por
las estrellas errantes, no podía de ningún modo adivinar, sino por una intuición sobrenatural, cómo ~stas
páginas transformaban los espíritus para desas1rlos
del sensualismo antiguo, y movía las piedras para levantarlas en triángulos místicos por las hermosas ca•
tedrales, y elevaba las imaginaciones con alas nuevas
á las cumbres de lo ideal, y producía otros Estados
en la sociedad, modificando desde las instituciones
hasta las costumbres en renovación lenta y profundísima y universal, consecuencia indeclinable d~ ~na
compenetración mayor entre el h.urnano y el. d1v1110
espíritu. Pero dejemos estas reflexiones, que m c~ben
ya ni pueden caber en este nuestro tema. Examm~n
otros si la Nochebuena se instituyó por la IgleSia
helénica ó por la Iglesia romana; si designó San Agustín el 24 de Diciembre para la Natividad, San Epifanio el 6 de enero, y otros padres, en sentir de San
Clemente Alejandrino, fines de abril y mayo; si en su
homilía trigésimaprima el Crisóstomo dice que diez
años antes de pronunciada tal arenga desconocía tamaña festividad : dejemos á los que de sabios y eruditos suelen preciarse dilucidar tales cuestiones, y vamos á recordar cómo la Natividad santísima del Salvador, este acto supremo en la vida sublime de María, suele comprenderse y festejarse por los pueblos
criMianos, á que nosotros pertenecemos por virtud y
obra de nuestra raza y de nuestra sangre. La vida entre los pueblos marítimos, sobre todo por las orillas
mediterráneas, donde tiene tanta hermosura el suelo
y el aire tanta luz; la vida en tierra embalsamada
por el azahar, bajo un cielo embellecido por el arrebol, junto á unos mares plateados de espumas que
resaltan sobre aquella superficie de cristal azul; la
vida guarda indecible poesía en tan deslumbradores
sitios. Para gustarla precisa ir, no á la ciudad, al campo, á las aldeas; no al puerto mercantil, obscurecido
por los vapores de la hulla y cubierto por los productos del comercio, sino á la playa casi desierta, donde
so las aguas, tan transparentes como cristalinos rna·
nantiales, juegan y chispean, quebrando el resplandor
de la luz en sus escamas, los multicolores pececillos.
El día se dobla en la celeste superficie; el aire se carga de unas exhalaciones que facifüan la respiración y
enardecen la sangre; las casas y chozas de los pescadores se amontonan á la orilla corno aguardando al
oleaje á guisa de la Galatea del idilio; la barca yace inmóvil sobre las arenas esmaltadas de conchas, entre
las cuales brilla como gigantesco trozo de azabache
la brea luciente; aquí saltan los chiquillos, corriendo
á la desbandada con sus trajes de dril azul y sus gorros · de lana carmesí; allí mécese la red tendida de
higuera en higuera y el cenacho cubierto de algas y
aparejado para contener las marinas cosechas; allá
cantan los calafateadores que componen las naves
apercibidas á desafiar las tempestades; acullá claman
las pescadoras, semejantes con sus pies desnudos y
sus cabezas coronadas por la circular cesta á las estatuas conocidas entre los griegos con el nombre de
canéforas; acullá se dilatan los grandes copos recién
extraídos1 entre cuyas mallas, prendidas al término
de largas maromas, centellean1 mezcladas con el moho verde obscuro1 cristalizadas partículas, semejantes
á pedrería, y salta la pesca brillantísima coleteando,
mientras por los límites del horizonte pasan latinas
velas hinchadas de soplos favorables y seguidas por
las gaviotas ó por las golondrinas que vuelan en torno, acompaíiadas de los delfines que parecen volar

1e

575

entre las espumas batidas por sus lustrosos cuerpos,
rompiendo con la quilla y con la proa el agua para
dejar tras de sí fugaces pero luminosas estelas.

•
••
En estos grandiosos espectáculos1 nuevos á la continua, necesariamente las almas de los pueblos, como las almas de los individuos1 toman brillantísimos
esmaltes. Sus fiestas han de resultar por necesidad
poéticas y alegres. Yo recuerdo aún la poesía que todos los años me reservaba en el santo seno de la familia esta festividad incomparable de Nochebuena.
Por la tarde amontonábanse las castañas y las bellotas que se cocían á una en descomunales ollones, los
recentales y las gallinas y los pavos que se aderezaban para el día siguiente, la dulce peladilla 1:le Alcoy,
los turrones hechos con azucaradas almendras de Jijona ó de Alicante, los frescos cardos aporcados en
los hermosos bancales, tantas gollerías propias de las
Navidades. Los muchachos agujereaban los pucheros
que les caían en las rr.anos, y tapándoles la boca con
pieles de conejo secadas al fuego, en cuyo centro ponían unas cañitas, arreglaban las ruidosas zambombas.
Industrias no menos primitivas procurábannos todos
los demás instrumentos. El pandero con sus ruidosísirnas sonajas, las castañuelas con sus lazos de seda,
habían menester más aparato; pero los rabeles, apa. rejados con una guita untosa1 y los caramillos de cañas que podría envidiar el dios Pan, improvisábanse
allí en,el patio y en el corral de nuestra casa. Cuando venía la noche, noche de invierno, generalmente
fría y lluviosa, mientras el viento aullaba en los ramajes, ó caían,· ya el agua, si nublado, ya el hielo, si
sereno, bajo las anchurosas campanas de las chirne·
neas chisporroteaban los sarmientos, tan fáciles al
fuego, produciendo llamaradas, sobre cuyas rojas luces brillaban á guisa de meteoros entre las columnas
de humo centellas rm\ltiples, y en la roja ceniza deslumbraba nuestros ojos el noc/1ebue110, el inmenso
tronco de oliva ó encina, reservado de antiguo para
este momento y parecido á una inmensa gigante brasa. ¿Y el nacimiento de Cristo? Las estatuas y los cuadros que luego he visto en mi~ correrías por el mundo no han conseguido sumergir mi ánimo en el éxta$iS sugerido por aquellas toscas figuras de barro cubiertas por colorines chillones. Sobre una mesa de
pino echábamos un tapete de muselina ó de indiana
con varios ramajes y flecos. En torno dela mesa nosotros mismos amontonábamos el espliego1 la salvia,
el tomillo, recién cortados del monte, que formaban
como alfombra mullida, la cual á nuestras pisadas
despedía fortificadoras esencias. Una peña de cartón
polvoreada de vidrio, á cuyas facetillas denominábamos vidrio volador en jerga provincial, representaba
el Belén, tomando á los reflejos de las velas contenidas en candelerillos de plomo y en las araña~ de latón visos de un rocío luminoso. Por las quebradas,
entre hojas de lentisco, descendían reproducidos en
barro los borregos de blancos vellones y las ovejas
regidas por un pastor, quien llevaba para el niño Dios,
colgado al cuello, un recental. Aquí un viejo con pellica y zurrón aderezaba las migas puestas en perol
anchísimo á la lumbre; allí una fuerte labriega, con
su azul zagalejo y su negro corpiño, sobre cuyos pliegues blanqueaba un paíiuelo de hilo, dirigía los potros al abrevadero; más lejos retozona muchacha parecía cacarear, según lo hinchado de sus mofletes,
como las gallinas que comían trigo y arroz á sus pies;
acullá un campesino empinaba la bota de rodillas,
mientras otro cofrade suyo, asentado sobre un saco
de avena, encentaba el pan ó el queso; en las alturas
veíase brillantísima constelación de talco, que guiaba
á los reyes magos, caballeros en sus hacaneas y envueltos en sus mantos de púrpura y armiño, con sus
coronas áureas á las sienes y sus vasos de mirra en el
puño, mientras abajo, sostenido por un ángel de túnica celeste y blanca, el Gloria in excelsis Deo en letras de oropel, y bajo tanta enseña el pesebre ccn la
mula en un lado y el buey en otro por el término
primero; por el segundo la Virgen y San José, ambos
poseídos de una contemplación extática, y sobre las
pajillas el recién nacido, á quien besábamos como á
un pequeñuelo de veras y adorábamos como al Dios
de la verdad. Entonces, aunque supiérµmos el musa,
muste, no sabíamos gran cosa de trad iciones mitológicas, y por consiguiente no llegábamos á comprender
toda la importancia conseguida por los bueyes en la
religión de los pueblos. No hubiéramos vuelto con
poco desprecio el rostro, bostezando y soíiolientos, á
quien viniera diciéndonos cómo el buey con la vaca
representan la fecundidad de la vida en los himnos
vedas; cómo la luna creciente que se alza por los cielos enrojecidos inspira la idea de que el toro, compañero de su dios Mitra, debe ser el primer animal
criado sobre la tierra; cómo la vaca rubia simboliza

N(rMERO

575

de suyo la
riente aurora.
y augura e l
buen tiempo.,
al par que la
vaca negra
simboliza la
noche.y augura la tempestad entre los
supersticiosos
eslavos; cómo1 según los
antiguos alemanes , los
cuat r o bueyes, hijos de
Gefión, surcan y remueven la tierra
patria con sus
arados, y se. gún los ant iguos fra nceses1 un torode
piel atigrada
engendra la
raza de los merovingios al
borde mismo
de los mares;
cómo J úpiter
viene, según
los metamorfoseas h elenos, sobre las
ondas jonias
á las poéticas
orillas donde
naciera Europa; en nuestras creencias
de aquel entonces era el buey, cuya piel, cuyos huesos, cuya carne1 cuyos trabajos aprovechan á todos,
e l más útil entre los animales, á causa de haber calentado con su al ien to al Nillo Dios, aterido en la terri ble noche de diciembre, y la mula estéril por haberse tragado la paja del sacratísimo pesebre. ¡Con
qué gravedad predicaban los muchachos mayores sobre tal tema delante del Belén iluminado, mientras
los pequeñuelos oían á una con verdadera pasión, ta n
prontos para dar un bollo al pacífico buey como

L A I LUSTRACIÓN ARTisTICA

LABOR DIFÍC IL, cuadro de H.

W. Schmidt

para romper un hueso á la mula espantadiza y estéril!
¡Qué noche! Los oídos más acostumbrados al estruendo no podían sufrir las castañuelas repiqueteadas, el gárrulo pandero, la ri mbombante zambomba,
los caramillos con sus flauteos, los rabeles con sus
chirridos, las sonajas llenas de perdigones, el campaneo de los almireces, el rasguear de Jas guitarras y
los innumerables cantares á cuyas cadencias danzaban todos en tropel delante del Niño Dios con la
más desenfrenada alegría y promoviendo las más re-

SAN JUAN DE AR!N A (Asturias)i cuadro de Cecilio P lá

3
gocijadas algazaras. Sin
embargo, el
movimiento
continuo de
aquella tarde,
las idas y venidas desde
las cocinas al
nacimiento,
los arreglos
del Belén, el
cántico ye!
baile acababan por del
todo rendirnos y prestarnos un sueño
más pronto y
más profundo
que nuestro
sueño corriente, quedándonos medio
dormidos sobre las sillas
y los bancos,
hasta que las
campanas de
las parroquias
nos despertaban llamándonos á misa
del gallo, cantada en la media noche,
donde á todos los estruendos se
reunían las
trompetas del
órgano. ¿No
os ha pasado muchas veces, viendo moverse un corro de niños en Nochebuena alrededor de un nacimiento, apoteosis de la niñez, deteneros á pensar en
las amarguras y en las tristezas que le reserva la vida?
Aquel mis!Ilo infante divino, que nace entre los coros de los ángeles, bendecido por los pastores, adorado por los reyes, sudará sangre copiosa en el Olivete, recibirá hiel y vinagre en ~os labios, oirá injurias
en su agonía y morirá como el último de los criminales en el más ignominioso de los patíbulos.

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LA MÚSICA Y SUS REPRESENTANTES
El trabajo crítico que, en extracto, presentamos á
nuestros lectores es de indudable importancia. Para
formar cabal juicio acerca de él, no se olvide que
quien lo ha escrito es músico y ejecutante á su vez y
que, por lo mismo, su criterio puede adolecer de lastimosos prejuicios. Téngase también presente al leer
lo que de Wagner dice, que perteneció éste á la raza
germánica y que él desciende de eslavos. La antipatía entre las dos razas es demasiado profunda para
que, siquiera á guisa de duda, no nos sea permitido
pensar que en algo puede haber influido el antagonismo étnico en el juicio emitido sobre el maestro
alemán.
Aparte de esto, el nombre de Rubinstein, conocido de todos, y sus dotes, avaloradas por muchos, son
garantía de acierto y del interés con que ha de leerse
su Historia crítica de la 111tísica. Léanla en extracto
nuestros lectores y vuelvan á leerla íntegra aquellos
á quienes los asuntos musicales apasionan, que obra
es de un maestro y fruto al mismo tiempo de profundos estudios. - C. " R.

Empieza el autor su notable trabajo, escrito en forma de diálogo, haciendo constar que la ópera, para
él, es, dentro de la música, un género secundario. H e
aquí cómo explica su opinión:
«1.º La voz humana limita la melodía, cosa que
no sucede con los instrumentos y que resulta una traba para la libre expansión del alma, ya se trate de
expresar alegría ó dolor. 2.0 Las palabras, por muy
hermosas que sean, no cabe que expresen todos los
sentimientos que llenan el alma, eso que con gran
exactitud se llama i·nexpresable. 3. 0 Así en la alegría
más viva como en el dolor más profundo, el hombre
siente surgir en su interior una melodía á la cual no
podría ni querría adaptar palabras. 4.0 Jamás, en ninguna ópera, se ha oído ni se oirá la expresión trágica
que encontramos, por ejemplo, en la segunda parte
del trío en re mayor de Beethoven ó en las sonatas,
op. 106, parte segunda, y op. no, tercera parte, etc.»
Opina que si la ópera es el género á que se dedican con predilección los grandes compositores, se debe á que casi todos ellos esperan de aquella manera
ser antes y mejor comprendidos por el público, y
añade:
«Para saborear por completo una sinfonía es preciso poseer una verdadera iniciación musical, y sólo

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

una parte ínfima del público tiene esa comprensión. La música instrumental es el alma de la
Música; pero precisa saber penetrar, presentir y
escudriñar esta alma,
trabajo psicológico de
que el público, por regla
general, no es capaz. Las
bellezas de las obras clásicas le han sido reveladas desde la infancia por
la admiración de sus padres y por las explicaciones de sus profesores,
y por esto, sin duda, d~
muestra por ellas un entusiasmo convencional;
pero imagino que si hoy
debía descubrir por su
cuenta las bellezas que
atesoran, las obras de los
clásicos correrían el riesgo de quedar olvidadas.»
Después de hacer notar que hasta la segunda
mitad del siglo actual la
música ha florecido solamente en Italia, Alemania y Francia, y que puede dividirse la historia de
la Música en tres grandes épocas, describe de
esta manera esa división:
&lt;Tengo para mí que
el arte musical empieza
con Palestrina, yde él hago arrancar la primera
época de nuestro arte,
aquella que á un tiempo
llamaré época del órgano
y época vocal; los más
eximios representantes
de ella han sido Bach y
Hrendel, que dignamente la coronan. A la segunda
época la llamaré instrumental, es decir, la época del
desarrollo del piano y de la orquesta; época que empieza con Felipe-Manuel Bach y termina en Beethoven, que es la más alta encarnación de ella, comprendiendo en ese ciclo á Haydn y Mozart. Llámase á la
tercera lírico-romántica; empieza con Schubert y tiene
por representantes á Weber, Mendelssohn, Schumann y Chopin, que la cierra.&gt;
Viene por último el juicio que le merecen las distintas personalidades que en esas diversas épocas sobresalieron en el campo de la Música. Esta es, indudablemente, la parte más importante y curiosa de la
obra; pues los juicios emitidos por el ilustre músico
distan mucho de estar conformes con los que generalmente han merecido los grandes maestros. En primer lugar, bastará la enumeración de los bustos que
Rubinstein tiene en su despacho, como en sitio de
honor, para que se comprenda la disparidad de juicio
que señalamos. Esos retratos son los de Bach, Beethoven, Schubert, Chopin y Glinka, de quienes dice
que son los maestros por los que siente admiración
mayor. A Hrendel, Haydn y Mozart los considera inferiores á éstos: ¿es que el virtuose se sobrepone al compositor? En segundo lugar, algunos párrafos entresacados de los juicios que emite sobre los compositores acabarán de patentizar que el eminente pianista
no sigue las trochas conocidas, sino que, á hachazo
limpio, se abre nuevo sendero.
Para él la música empieza con Palestrina y los dos
ó tres maestros italianos Catolli, Scarlatti, Couperin
y Rameau, que son los iniciadores de la música religiosa que precede inmediatamente á la instrumental,
de que Juan Sebastián Bach y Jorge Federico H ífndel son los representantes que con más relieve se destacan. Con ellos «la música llega á tal perfección, alcanza sublimidad y brillantez tan grandes, que parece
que la humanidad escuche por segunda vez el fíat

lux.»
De Bach dice Rubinstein lo siguiente:
«Conocéis, sin duda, aquella anécdota de la vida de
Benvenuto Cellini, según la cual el artista estaba falto
de metal para un trabajo que le había encargado el
rey de Francia. Para evitar dificultades tomó el partido de fundir todos sus modelos; pero de repente, al
coger una copa de labor admirable, se detuvo y no
pudo resolverse á echarla al fuego. El clavicordio bien
templado es esa joya de la música; si, por desgracia,
todos los motetes, las cantatas, las misas de Bach y
hasta la música de La Pasión se perdían, y únicamente quedaba El clavic1Jrdi1J bien templado, no ha-

NúMERO

575

bría motivo para desesperarse, pues la música no se
habría perdido.
»Sus preludios son de un esplendor, de una per·
fección y de una diversidad tan grandes, que parece
incomprensible que el mismo hombre que ha escrito
para ~l órgano obras tan majestuosas, haya podido
componer gavotas, zarabandas y otros trozos para
piano tan encantadores por su sencillez. Dejo de hablar de sus obras instrumentales; pero si añado á esta lista sus gigantescas obras vocales, me parece que
llegará un tiempo en que se dirá de él lo que de Homero: «Un hombre solo no es posible que ha~•a escrito todo esto.»
De Hrendel dice así:
«Quedan para este maestro la majestad, la brillantez, los efectos de masas y el prestigio sobre la multitud por la sencillez del dibujo, por la diatónica (contraste admirable con el cromatismo de Bach), por la
nobleza en el realismo, por el genio, en una palabra.
Creo definir bien á los dos maestros por medio de
este aforismo: «Bach, la catedral; Hrendel, el palacio.» En la catedral se oye el murmullo respetuoso y
recogido de los fieles, bajo la impresión de la grandeza del edificio y de la elevación del pensamiento
que encarna; en cambio, las gentes que visitan un palacio expresan ruidosamente su viva admiración y el
sentimiento de sumisión que despiertan en ellas la
majestad, el lujo y el brillo de lo que les rodea.»
De Haydn dice que es un músico «cordial, alegre,
ingenuo, sin pretensiones; que es un amable anciano
que trae siempre repletos los bolsillos de golosinas
musicales para los niños, es decir, para el público;
pero que está presto siempre á administrar una mercurial á la gente demasiado turbulenta; que es un
profesor afable, pero severo, que viste un frac monumental adornado con puntiJlas y que lleva puños de
encaje y zapatos con hebillas. Habla, no el alemán
castizo y literario, sino la jerga vienesa. Todo eso lo
oigo yo cantar en las notas de su música.
»La música instrumental le debe mucho; ha desarrollado la orquesta sinfónica y la ha elevado casi
á la altura de Beethoven; el cuarteto para instrumentos de cuerda le debe toda su amplitud y nobleza.»
Mozart no es, para el pianista eslavo, el genio universal y sin segundo que para otros; pero no por ello
deja de prodigarle grandes elogios.
«En Mozart - dice - como en Haydn oigo siempre
la jerga vienesa, pero no vacilo en proclamarle el sol
(Elios) de la música. Todos los géneros los ha iluminado con sus rayos, y ha puesto sobre cuanto ha tocado el sello de la divinidad. No se sabe qué admirar
más, si su melodía ó su forma, si su limpidez de cri-stal ó su riqueza de invención. Al lado de su sinfonía
en sol menor (esta maravilla única en el lirismo), ha
puesto la última parte de la sinfonía Júpiter (esta otra
maravilla de la técnica sinfónica); al lado de las oberturas de La .flauta mágica y de Las bodas de Ftgaro
(esas maravillas de alegría y frescura), ha hecho el
Réquiem (esa maravilla de armonioso dolor), y después de la Fantasía para piano ha creado el quinteto
en sol menor. Aun cuando Gluck haya creado antes
que él grandes cosas para el teatro y quizá haya trazado nuevas vías, parece, al comparársele con Mozart, un compositor de piedra. Cuando recuerdo á
este maestro no puedo menos de exclamar: ¡claridad
eterna, en música te llamas Mozart!»
Hablando de Beethoven formula así su juicio:
«Su grandeza en el adagio es admirable; pasa en él
del lirismo más exagerado á la metafísica pura y aun
al misticismo; pero en el sclzerzo es donde verdaderamente se sobrepuja á sí mismo: allí hay la sonrisa, la
risa, la carcajada; á veces la amargura, la ironía, la
cólera, todo un mundo de expresiones psíquicas que
parece que no pertenezcan á un mortal, sino á un titán invisible que tan pronto admira á la humanidad
como la escarnece, que tan pronto se indigna contra
ella como se apiada de su suerte. En sus sclzerzos
Beethoven es inconmensurable.»
Después dice del sordo sublime Schuber:
«Considero á Beethoven como la cumbre de la segunda época del arte musical, y á Schubert como el
generador de la tercera. Es, en verdad, una persona·
lidad notable la de este maestro. A los demás, aun á
los más grandes, se les conoce predecesores; él solo
surge espontáneamente, así en la musica vocal como
en la instrumental; si ha tenido predecesores nadie
los conoce. Es indudablemente quien ha creado el
romanticismo lírico en la música.»
Después de hablar rápidamente de los grandes
compositores de óperas, á los que por el escaso crédito que le merece el género, no trata por cierto con
mucha consideración, ya tenga que juzgar á Rossini,
Y.ª á Meyerbeer, bien á Weber ó á Bellini, pasa á
examinar las obras y aquilatar el mérito de la música
de Ricardo Wagner.
El juicio de Rubinstein sobre el gran maestro ale-

UN DISCÍPULO APROVECHADO, cuadro de Manuel Ramírez

�6

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mán es uno de los más completos y originales que remediar las exigencias escénicas de un teatro, pues
hemos leído, y es, sin duda alguna, lo que da carác- las decoraciones sólo pueden cambiarse cambiándose.
ter especialísimo á la obra que extractamos por estar Que bajen al foso ó suban á las bambalinas, que se
en contradicción con lo que generalmente se ha di- tire el telón ó surjan vapores, la ilusión resulta de
cho del gran reformador de la música.
todos modos truncada. Pero los antiguos procedi«En 1846 me encontraba un día en Berlín en casa mientos son preferibles á la sinfonía silbante de vapode Mendelssohn, donde encontré á Taubert, quien res que se esparcen por dondequiera.
al advertir sobre el piano la partitura de Tannhauser'.
La obscuridad de la sala de espectáculo, en tanto
preguntó á Mendelssohn su opinión sobre el compo- que se representa, es mejor que una necesidad estésitor. Aquél contestó: «El hombre que escribe á un tica una fantasía del autor; la cantidad de luz que
tiempo las palabras y la. música de sus óperas, por ganan la escena y los personajes es demasiado míniesto solo se le puede considerar como un ser extraor- ma para contrarrestar las molestias de los espectadodinario.» Sí, Ricardo Wagner es un hombre extraordi- res, y únicamente se comprende que esta innovanario¡ pero esto no cambia en lo más mínimo mi jui- ción agrade á los empresarios porque disminuye los
cio sobre los compositores modernos. Wagner es, se- gastos.
guramente, un artista interesante y notable; pero desLa orquesta invisible, que puede producir cierto
de el punto especial de la música•no encuentro en efecto en la primera escena de El oro del Rhin, es
él, por más que le examino, ni grandeza, ni elevación una pretensión ultra-ideal y superflua en toda ópera,
ni profundidad.
' sin exceptuar la de Wagner. La sonoridad de la or- Quizá le negaréis también el mérito de ser un questa, amenguada por esta innovación, basta para
innovador.
descartarla. La música invisible no se comprende si- Wagner es tan vario que es difícil formular so- no en las iglesias, donde nada debe turbar la devobre él un juicio general. Además sus ideas funda- ción y recogimiento de los fieles. Hay, en verdad,
mentales acerca del arte me son por tal manera an- cierto número de obras de Beethoven y de Chopin
tipáticas, que mis apreciaciones no podrían por me- que ganarían mucho ejecutándose por medio de una
nos de molestaros.
orquesta invisible; pero la obertura de Tannhauser
- Puesto que he tenido la paciencia de escucharos perdería mucho si no se viera mover los brazos de los
hasta aquí, bien puedo oir igualmente lo que que- músicos en el trozo de los violines, al final de la pieráis decirme de \Vagner.
za. El hecho de ver en una ópera cómo el director
- Et maestro alemán cree que la música vocal es de orquesta esgrime su batuta ó cómo los músicos
la más alta expresión del arte musical¡ tengo para mí mueven los brazos, no es tan desagradable que valga
que, exceptuando la canción y la plegaria la música la pena de sacrificarle los efectos musicales.
empieza únicamente allí donde la pal;bra acaba.
- Hasta aquí habéis discutido los procedimientos
Wagner proclama un solo arte universal ó la unión y los principios de Wagner; nada habéis hablado de su
de todas las artes en una sola, por lo que hace al tea- música propiamente dicha.
tro¡ y me parece á mí que por medio de esta unión
- La declaración del dogma de la infalibilidad del
no puede satisfacer plenamente ninguna. \\'agner es Papa ha hecho quizá daño á la religión católica. Si
partidario de la leyenda, es decir, de lo sohrenatural Wagner se hubiese limitado á componer, ejecutar ó
en los asuntos de ópera; y entiendo yo que lo so- publicar sus obras, sin comentarlas en opúsculos librenatural no es más que una expresión fría del terarios, las habría visto alabadas ó deprimidas, quearle. Lo sobrenatural puede ofrecer un espectámlo in- ridas ó detestadas, como sucede á todos los compoteresante, quizá poético¡ pero jamás nos dará un dra- sitores; pero cuando un hombre tiene la pretensión
ma, ya que no es posible que nos identifiquemos con de ser el único poseedor de la verdad, eso necesariaseres sobrenaturales. Cuando un tirano da á un pa· mente ha de atraerle protestas y resistencias. Verdad
dre la orden de derribar por medio de una flecha es que ha escrito muchas cosas notables; admiro, souna manza~a pue~ta sobre la cabeza de su hijo; cuan- bre todo, Lohengrín, Los maestros cantores y la oberdo una mu1er se mterpone entre el hierro homicida tura del Faust; pero su manía de establecer princiy el_pecho de su esposo; cuando un hijo, para salvar pios y de filosofar disminuye para mí en gran parte
la vida de su madre, se ve obligado á renegar de ella el mérito de sus creaciones. La falta de sencillez y de
y hacerla pasar plaza de loca, nos sentimos conmovi- naturalidad que se nota en sus obras me las hace
dos
. hasta. lo más
. profundo de nuestro corazón' tanto poco simpáticas. Todos sus personajes calzan coturs1 estas s1tuac1ones se nos explican por medio del no; declaman siempre, no hablan jamás. Son siempre
canto, de la palabra ó de la música. Pero cuando un dioses ó semidioses cuando menos; nunca simples
héroe se convierte en invencible, merced á un talis- mortales. Mucho sentimentalismo, nada de la batalla
mán; cuando un amor sin límites nace de un filtro ó de la vida. Es el triunfo del alejandrino, hinchado y
cuando aparece un caballero montado sobre un cis~e culterano. En su melodía hay lirismo, sin duda, pero
que al cabo se transforma en un príncipe, esas situa- nada más. Amplia siempre y noble, no sabe cambiar
ciones pueden ser muy bellas y poéticas, pueden ha- su paso: el encanto que dimana del ritmo y la diverlagar nuestros ojos y oídos, pero nunca alcanzarán á sidad nunca la animan, así como tampoco la 'varieconmover nuestra alma.
dad de la característica musical. Wagner no hubiera
~l leitmott:v es~ogido para caracterizar un perso- podido crear Zer/ina ó Leonora. De su E vclien (penaJe ó 1;111ª s1tuac1ón,, es un procedÍI~iento ingenuo, queña Eva) de los Maestros cantores, sólo el diminuqu~ meJor se presta a la burla que a una discusión tivo es tierno, la música carece de ternura. La melosena. El rappel (procedimiento musical asaz anti- día, el pensamiento musical, no dibujan nunca en sus
cuado) es á veces más afortunado, pero no cabe abu- obras un personaje; ese cuidado lo deja á las palasar de él, ya que la repetición de un mismo motivo bras. El leitmotiv caracteriza únicamente lo exterior
al aparecer un mismo personaje ó simplemente cuan- de un personaje, pero nunca describe su estado de
do se ha~la _de él, resulta una característica que tras· ánimo. Y he aquí por qué, salvo algunas excepciones,
pasa los hm1tes y cae de lleno en la caricatura.
sus obras tocadas en el piano y sin palabras no po, L~ ~xc_l~sión de arias y de conjuntos en la ópera es, drían comprenderse, en tanto que Don Juan, Fidelio,
a m1 JUICIO, un error psicológico. El «aria)) en la y Freischutz, tocadas en iguales condiciones, dan una
ópera corresponde al monólogo en el drama; explica idea casi completa de los caracteres y casi de la marel estad? ~e alma del héroe antes ó después de un cha de la obra. Su orquesta es una innovación; impoacontec1m1ento, así como el «conjunto» representa ne, pero á veces resulta monótona por los medios
el est~do de alma de muchos personajes. ¿Cómo, pues, empleados. La medida y la diversidad de matices
exclmrlos? Personajes que de continuo hablan entre faltan en él - como en los demás compositores moellos y jamás aparte, al fin y al cabo resultan indife- dernos, - porque escribe, desde el principio hasta el
:ente_s, porque no se sabe nunca lo que pasa en su fin, con todos los colores reunidos de la paleta musimtenor. Un dúo de amor en el cual no suene nunca cal. Resumiendo: Wagner es un fenómeno interesanun canto de conjunto, jamás puede ser del todo ver· te; pero considerado en su aspecto puramente musi&lt;ladero; faltará siempre el grito simultáneo: «¡Yo te cal y comparándolo á los grandes maestros antiguos,
amo!,» el dúo de los ojos y de los corazones.
resulta para mí muy discutible.
La orqz~est~ domin~ demasiado en las óperas de
- La voz del pueblo, sin embargo, le ha aclamado
1
'' agner; d1smmuye el mterés de la parte vocal, y aun como un genio.
cuando á él le atañe el cuidado de expresar lo que
- Es que el público ha oído decir tantas veces que
pasa. en el aln?a de los personajes, es precisamente era incapaz de conocer un genio en vida, que ahora
esta 11nportanc1a de la orquesta lo que le daña, por- se apresura á proclamar genial á todo el mundo, á fin
que ,entonces el canto resulta superfluo en la escena. de que no se le pueda hacer en lo sucesivo el mismo
¡Cuantas veces se rogaría de buena gana á la orques- reproche.
.
ta que callara para que pudiera oirse lo que cantan
- Siendo así, ¿no debéis considerar que Wagner halos actores! ¿Hay acaso una orquesta más interesante ya dado nueva vida á la ópera?
que la ~e Fidelio7 '(, sin embargo, nadie siente de·
- Cada arte tiene condiciones de existencia partiseos de imponerle silencio.
culares, exigencias y límites especiales; lo mismo suEl procedimiento por medio del cual se disimulan cede en cada rama de un mismo arte. Querer hacer
!os cambios de decoracz?nes, gracias i los vapores que de una ópera otra cosa distinta de una ópera, puede
mvaden la escena, es msoportable. Resulta imposible ser una tentativa curiosa, pero destruye necesaria-

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575

Nú~IERO

LA

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7

lLUSTlUCIÚN ARTÍSTICA

mente el fin principal que persigue. Esta tentativa
corresponde, en mi sentir, á la manía que tienen los
pianistas «fin de sigJog de querer introducir á toda
costa en el piano efectos de instrumentos de cuerda
ó cobre con achaque de prolongar el sonido. Un adagio de Beethoven ó un nocturno de Chopin están escritos para piano, conforme al carácter y sonido del
instrumento; querer transportar á esas obras otras
sonoridades, es como si se policromaran estatuas de
mármol blanco. Así, Wagner ha creado un nuevo género: el «drama musical;~ pero ¿era esto una i1ecesidad artística, y ha nacido viable su drama? Sólo el
tiempo puede resolver la duda.»
ANTONIO RUBINSTEIN

_,,.,

......,......,......, ....,.,................,.............,......,.............,................,......,...., ........,......,~
VIDAS PARALELAS

I
¡Ya no hay quien baile!, decía el Dr. Antúnez en
su pe,ia del casino; el baile como espectáculo, el
baile como arte ha muerto. La última bailarina que
hubo en Madrid fué la Corsini. ¡Qué mujer aquélla,
cuánta gracia en sus movimientos, qué cuerpo tan
primorosamente formado para las gallardías de la
danza! Esbelto, finísimo de líneas, vibrátil y escultural á un mismo tiempo, con ligereza de ave y plasticidad de estatua... ¡un portento, un prodigio, qué
mujer aquélla!
Y el Dr. Antúnez, célebre especialista en enfermedades del corazón, víscera cuyas dolencias conocía
perfectamente desde su borrascosa juventud, quedóse como en éxtasis contemplando entre las espirales
de humo de su cigarro el aéreo cuerpo de la Corsini
que ascendía por el aire con la tenue y azulada encarnación del recuerdo.
- ¡El baile ha muerto efectivamente!, exclamó con
voz sonora el conoc;ido sportman Julio Broca, porque
su último representante, el último artista coreográfico
que ha habido en Madrid, fué ...
- ¡Un caballo!, interrumpió ácoro toda la pe,ia
conocedora de las manías hípicas de Broca.
- Un caballo, ustedes lo han dicho, prosiguió éste
sin desconcertarse; el caballo anglo-árabe Dantzer,
cuyas maravillosas habilidades aplaudí hace ya largos
años en el circo. Sus finísimos remos se estremecían
con la sensación de la música, y apenas la orquesta
del circo saludaba preludiando un vals su aparición
en la pista, aquel gallardo animalito, erguida la cabeza, brillantes los ojos, suelta y airosa la apostura, se
transfiguraba, se convertía en la encarnación alegre y
juvenil de la danza. ¡Qué gracia en sus movimientos,
qué gentileza en sus actitudes, qué admirable instinto
de las armonías y de las elegancias del baile!
- ¿Y qué ha sido de la Corsini?, interrogó al doctor uno de los de la pe,ia.
- ¡Dios lo sabe!, respondió Antúnez. Se casaría,
llenándose de hijos, esos eternos enemigos de las líneas escultóricas y de los airosos batimanes.
- ¿Y del célebre Dantzer7, le preguntaron burlonamente á Broca.
· - También he perdido su pista, respondió concisamente éste.
Y alguno arguyó que la historia de Dantzer podía Broca compendiada en los dos malos versos siguientes:

,

~

-

-~

;.....;-------~ . ~:~~~~~~~ -

=.¡==~-

~~~~

,

ESTACIÓN EN FILADELFIA DEL CA~IINO DE HIERRO DE l'EJ\'SYLVANIA

con vestidos muy sutiles y alegres, no aquellos negros
y modestos que en realidad llevaba; mas como ya le
había sucedido diversas veces imaginársele conocer
personas á las cuales jamás había visto, juzgó que era
una nueva jugarreta de su fantasía, y entornando los
ojos dijo:
- ¿Sería usted tan amable que me refiriese los principales síntomas de su enfermedad, lo que usted haya
observado, sus padecimientos en suma?

-¡Soy yo'.
·
Y cerrando por completo los ojos, se dispuso á es- ¡La Corsini!, exclamó emocionado Antúnez.
cuchar la respuesta.
Y respondió la infeliz:
.
Pero pasó un instante, y la espera se prolongó y la
- ¡Cuánto he llorado desde entonces, Antomo!
respuesta no llegaba; abrió por fin los párpados y noEl doctor acercóse á la enferma y preguntóle caritó que su muda cliente contemplaba con ~r~ de
asombro un retrato de mujer colocado en la bibliote- ñosamente:
- ¿Conque eres tú, hija mía? ¡Y yo sin conocerte!
ca sobre un montón de libros.
Asió las dos manos que la enferma le abandonaba,
- ¿Señora?, murmuró el doctor.
Y ella, señalando el retrato, dijo con trémula rnz: y ésta exclamó:

Te vi bailar en la arenosa pista

y te perdí con ella, ilustre arlista.

- ¡Búrlense ustedes cuanto quieran, exclamó Broca; pero ninguno de ustedes siente el vals como lo
sentía aquel animalito, y por algo se empieza!

II
Pocos días después de esta conversación, el doctor
Antúnez, fatigado de las diarias tareas de la consulta,
disponíase ya á abandonar su despacho, cuando le
anunciaron la visita de una nueva cliente.
Avanzó con cierta timidez la enferma hacia la mesa
dél famoso médico, y el doctor, señalándole un sillón,
dejóse caer en el suyo, articulando en seguida las siguientes preguntas:
- Palpitaciones, ahogos, ¿no es eso? ¿Su edad de
usted, señora?
La enferma, después de un instante de vacilación,
respondió con marcado acento extranjero:
- Cuarenta y dos años, señor; ¡pero he sufrido
tanto! ..
Y efectivamente, en su rostro expresirn, de mujer
bonita ajada por las tormentas de la vida, notábanse
hondas huellas de continuos dolores y sobresaltos.
Contemplóla el doctor un instante y le pareció que
la figura de la enferma renacía en su memoria, pero

~

CASTILLO DE SOTOMAYOR

(Ponlevedra), propiedad del señor marqués de la Vega &lt;le Armijo (de fotografla de

J.

Prieto)

�LAS DOS HERMANAS, cuadro de Escipión Vanutelli

EL BAUTIZO cuadro de Jose Gallegos

�IO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

575

Tan extraordinario suceso no puede menos de
- Yo tampoco te había reconocido. ¡Eramos tan cesó la música y se paró sudoroso y jadeante el cafelices ... , soy tan desgraciada!, y copiosas lágrimas ballo. Montó en el coche la Corsini, y el simón, des- traernos á la memoria aquel cantar que dice:
cargando una lluvia de palos sobre su bailarín jamelresbalaron por sus mejillas.
Un lucero en la frente
go, hizo tomar á éste un vergonzante trote.
- Cuéntame ... , cuéntame ...
tiene mi burra:
- ¡Es Dantzer, es Dantzerl, dijo al oído del asomLa Corsini contuvo al fin su llanto y dijo:
¡ hasta los animales
tienen fortuna!
..:.. Me abandonaste en medio de mis triunfos: tus brado doctor la voz de Broca; y Antúnez, refiriéndose
celos, las sonrisas que me era preciso distribuir entre á la Corsini, respondió:
Porque la verdad es, que eso de realzar el canto
- ¡Es ella! ¡Es ella!
mis adoradores, en fin, tú lo sabes, ¡fué un hermoso
Y mientras ambos amigos decían esto, se perdía á de la cigarra, se me antoja un escarnio parecido al
suefi.o! Recorrí después las principales ciudades en
Europa, siendo en todas ellas codicia de los hombres lo largo de la calle aquel archivo de pasados triunfos, del canto del cisne á la hora de su muerte; á no ser
y envidia de las mujeres; mi camerino estaba siem- aquel desvencijado si111ó11, en el cual el último y afa- que las cigarras y los cisnes de antaño fueran de dispre atestado de flores, mi presencia en escena produ- mado bailarín arrastraba lastimosamente á la última tinta naturaleza que los de hogaño, de lo cual no nos
han dado hasta ahora cuenta los naturalistas, que yo
cía murmullos de admiración, y los periódicos me y célebre bailarina.
sepa, tratándose de esos y otros avechuchos. Lo que
llamaban el hada del baile, el encanto de los sentidos,
yo creo es, y á eso me atengo, que encierra una gran
III
la cifra de la armonía, el asombro de los ojos. Desverdad el epifonema de la copla enunciada, á saber:
pués fuí á Venecia y me casé. Mi marido también
- ¿Está usted triste, doctor?, preguntaron cierta que, habiendo sido uno el mundo toda la vida de
pertenecía al arte, no al mío, sino al del canto; era
Dios, en que la suerte prevaleciera las más de las vebarftono, buen mozo, voz pastosa, un calavera com- tarde á Antúnez en su pe,7a del casino.
- Sí, no puedo negarlo, y aun contaré el porqué. ces sobre los verdaderos merecimientos, muchos anipleto. Tuvimos varios hijos, yo seguía bailando, él
por .su parte no buscaba contratas; mi cuerpo empe- Hace dos meses estuvo en mi casa á consultarme males, siquiera bípedos é implumes, siquiera pertezó á deformarse y mis ojos á obscurecerse de tanto una mujer que yo había querido mucho y admirado necientes á la Entomología, ó ya á la Ornitología,
llorar. .. Fuimos á América, perdí dos hijos ... El pú- más, la Corsini. Padecía del corazón, y hallábase sin han venido á hacer bueno el refrán que dice:
blico no gustaba de mí..., los empresarios regateaban duda muy mal de intereses. Prometió volver por mi
:Fortuna te dé Dios, hijo;
mis sueldos... , mi marido me abandonó. Vine á Espa- casa y no me dejó las señas de la suya; no volvió ..., la
que el saber, poco te basta.....
ña contratada y en compañía de mi último hijo; he busqué inútilmente. Ayer me dijo el Dr. Suárez que
Pero volvamos á nuestro asunto, haciendo notar
bailado, muerta ya, en todos los teatros de provincia, hoy tenían una buena autopsia en su clínica: una
falleció también mi más querido hijo; caí en Madrid mujer que había fallecido en el hospital víctima de desde luego que tal vez no hay:i. existido instrumento
no sé cómo... , mis padecimientos del corazón se me una extraña afección cardíaca. Prometí asistir á la músico alguno que ostente más diferencia de nomagravaron y me dijeron que había en Madrid un doc- autopsia, he ido, y sobre el fino mármol de la mesa bres y de hechuras que el que ahora ocupa nuestra
tor que los curaba, el Dr. Antúnez, no recordé tu de disección he visto, desnudo, pálido, agarrotado atención.
En efecto, sáltanos éste á la vista con las denomiapellido, tú acostumbras á llamarte sencillamente An- por la muerte aquel cuerpo lleno de gracia, de belletonio, y en un mísero simón que á la puerta me ~s- za vibrátil y escultural á un tiempo, con ligereza de naciones de laúd, bandolín, tzorba, bandurria, vihueperá, sin alma, sin vida, sin esperanza... aquí me tie- ave y plasticidad de estatua, que admiré, que adoré... la, etc., derivaciones todas ellas de la primitiva lira,
¡Es horrible, es horrible! Los instrumentos de la disec- y para eso, haciendo ahora caso omiso de los nomnes; dime si puede haber desgracia más grande!
..:.. ¡Pobrecilla! ¡Pobrecilla!, murmuraba realmente ción se cebaron en él. .. ¡Repito que es horrible y es- bres impuestos por otros países, tales como el chelys
de los griegos, calast1one de los napolitanos, la guzla
emocionado el Dr. Antúnez, acariciando aquellas afi- pantoso!
- ¡Infame! ¡Infame!, exclamó en esto Broca, en- de los morlacos, etc., y desentendiéndonos también
ladas manos que fueron ¡ay! tan bellas; y después,
procurando apartar la imaginación de la enferma de trando en la sala del casino. ¡Sostengo que las corri- de que se tañesen inmediatamente con la mand, ó
tan dolorosas realidades, le preguntó con las ansio- das de toros son una fiesta infame! El tercer toro ... mediante algún cuerpo extraño, como plectro, arco,
sas alegrías del pasado en los ojos: ¿Te acuerdas, te no he visto más; el tercer toro... sale, mira, acomete, etcétera, y por último, dejando á un lado el mayor ó
huyen los peones, encuentra un mísero caballo en su menor número de cuerdas de que constara cada una
acuerdas?
Sí, la Corsini se acordaba de todo, de todas las lo- camino, se ceba en él. El cobarde picador se lo aban- de dichas especies.
Pero no podemos seguir adelante sin consignar
curas, de todas las dulces intimidades, de todos los dona. Cae el caballo infeliz arrojando caños de sanesplendores de su vida, de todo su cariño, de tod.os gre por una espantosa herida. Era Dantzer, el célebre aquí una sospecha que hace tiempo nos viene haciensus triunfos, de todo, de todo... y por obra de la vanta Da11tzer, uno de los brutos más hermosos, más ági- do reconcomio, y es: que llamándose en la antigua
mágica de sus recuerdos, su decadente cuerpo reco- les, más artistas que han nacido. Manotea, se desplo- lengua de los francos citre ó ristre á este instrumento,
y existiendo aún en su lengua actual la voz citronille
braba la gallardía de antaño, brillo sus ojos, su sem- ma ... ¡Es infame, verdaderamente infame!
La Corsini sobre una mesa de disección; Dantzer (czdra ó calabaza), y teniendo tanto el latíd antiguo
blante color, su voz entonaciones juveniles. Las evocadas memorias le desceñían el modesto traje negro revolcándose en la ensangrentada arena de la plaza como la guitarra moderna una forma bastante asimipara rodearle de aéreas gasas y vestirle crujiente cor- de toros... ¡Esos dos grandes triunfadores de la vida! lada á esa fruta rastrera de la familia de las cucurbitáceas, y escribié~dose en griego r.L0ci?« y no r.i,iip-«, y
piño de blanca seda; entre sus grises cabellos salta- ¡Gloria, no eres más que un nombre!
en latín citltara y no citara, y en castellano antiguo
ban esplendores de brillantes, y un aroma de flores le
Jos(,: DE RouRE
citltara, de igual manera que en términos de Hortisubía desde el pecho á los avivados sentidos. ¡Era
cultura conservamos cidra y citrón, ¿sería violento ó
aquello una embriaguez, un delirio, la resurrección
aventurado el defender que citara ó guitarra proviede toda una vida!
ne de la palabra adra ó calabaza, máyormente si se
LA GUITARRA
Y sucedió que mientras la célebre bailarina y el
tiene en cuenta que nuestra casta,iuela debe su nomafamado doctor recordaban de esta suerte encantos y
Al encargarnos la redacción científica del artícu- bre á la castalia, el calamillo (por corrupción caramz~
triunfos de la juventud, rompió un organillo callejero,
situado frente á la casa, en un diluvio de vivas y bu- lo Guitarra con destino al Diccionario Enciclopédico /lo) al calamus ó caña de los latinos, y así de otros,
lliciosas notas, las cuales formaban el preludio de un Hispano-Americano, hubimos de allegar tal cúmulo todos ellos oriundos del reino vegetal?.. Decida el
vals, esa marcha real de todas nuestras alegrías, y con de materiales, que su total inserción se hacía de todo más juicioso lector.
Sea como quiera, lo cierto es que en lo antiguo' el
el ritmo de aquella música el decadente cuerpo de la punto imposible en las columnas de aquella obra,
Corsini sentía el dulce hormigueo de las antiguas ar- dado su índole esencial y característica; así es que, laúd, de igual modo que sus demás congéneres, osmonías, de los graciosos movimientos, de las artísti- desde luego, nos propusimos no dar cabida allí sino tentaba la caja armónica á semejanza de una cidra
á lo que más directamente se relacionara con la his- partida de arriba á abajo por la mitad, ó poco menos,
cas actitudes.
Púsose de pie, y emocionada y temblorosa díjole toria, estructura, práctica y tecnicismo de semejante presentando mucha may~r comba_en_ la parte inf~ri?r
instrumento, reservando para mejor ocasión el des- del instrumento que hacia el nac1m1ento del mastil,
al doctor:
- ¡Antonio, por Dios te lo pido, acompáñame al cender á otro orden de consideraciones, como lo ha- á diferencia de lo que se verifica hoy, á saber: que el
coche! Vendré otro día y hablaremos de mis males; cemos ahora mediante el presente artículo, calcado mismo hueco tiene dicha caja en sus dimensiones de
sobre aquél y profusa y convenientemente ampliado. longitud y latitud, uniéndose su fondo, ó séase la tahoy me es imposible, imposible.
pa inferior ó trasera, á la superior ó delantera _POr
Dióle el brazo Antúnez, llegaron á la escalera, el
L'l cuna de la guitarra se remonta á los tiempos medio de dos tiras delgadas de madera (convenienvals seguía sonando en la calle. Descendieron lentamente los peldaños, y una vez en el portal, no pu- primitirns; pues, concedido que es ella una deriva- temente arqueadas para semejar una calabaza de las
diendo contener por más tiempo su ansia de plástica ción de la cítara, con cuyo nombre tanto parecido de forma de pera), á las cuales unidas se da el nombelleza ni sofocar el recuerdo embriagador de sus guarda, basta recordar, como ya en el génesis se con- bre de aro. Así modelada la caja sonora, en cuya
triu"nfos, avivados por el encuentro del doctor y el signa (cap. IV), que Tubal fué padre de los que ta- tapa superior ó tabla armónica se abre un agujero de
sonido de la música callejera, dijo: «¿Te acuerdas?,l&gt; ñen cítara y órgano; esto es, de los que tocan instru- grandes proporciones para mejor efecto de la_ resoé hizo una de sus piruetas más graciosas, más difíci- mentos de cuerda y de viento; lo que hizo decir al nancia ( 1) (y la cual tapa suele ser hecha de pinabeP. Kircher que éste es el primero &lt;le los instrumentos te) enhiéstase por la parte semicircular más pequeles y más aplaudidas.
Después salió huyendo hacia el coche, pero ella y músicos conocidos. Los antiguos, que también le ña'un mango ó mástil afianzado á dicha caja por meel tloctor que la seguía hubieron de detenerse ante asignaron la denominación de sistro, lo usaban con dio de una especie de tarugo en forma de caballete,
un grupo que les interceptaba el paso y del cual par- frecuencia en las solemnidades de sus banquetes, se- que se conoce con el nombre de zoque, y el cual regún testimonio de Plutarco, Ateneo y los poetas de mata en una pieza de figura de ataúd, algo inclinada
tían estentóreas carcajadas.
El muchacho del organillo se reía también como su tiempo; y, para que nada falte, la Fábula, que á hacia atrás, llamada cabeza ó clavijero por colocarse
un loco, apresurando el ritmo de su música. La caja todo le ha comunicado su soplo letal, refiere por plu- allí las clavijas que ponen en mayor ó menor tensión
del coche que había traído á la Corsini sufría brus- ma de Estrabón (libro VI) cómo existía en Jeracio las cuerdas, las cuales, á fin de no correrse de uno
cas-, oscilaciones. El simón juraba como un condena- (ciudad de Calabria) una estatua que representaba á á otro lado y para poder mantenerse al aire, pasan
do,'. la gente se reía á mandíbula batiente. ¿Qué cierto famoso citarista, llamado Eunomio, con una ci- por unas canalitas practicadas en la ceja, que es una
garra sobre su cabeza, en memoria de que hallándo- tira de marfil ú otra materia, fija horizontalmente
ocurría?
se éste tañendo un día con el músico Aristón, como entre la inflexión que hace la cabeza con el mástil, y
¡Estaba bailando el caballo!
$í: flaco, desmedrado, sucio, viejo, bailaba con la viniera á romperse una cuerda á la lira de aquél, apa- terminan fuertemente asidas á otro listón mayor, cofe y el entusiasmo de un artista, haciendo crujir to- reció de improviso á su lado una cigarra supliendo locado en la parte baja de la tapa, al que se da el
dos aquellos humildes y recompuestos arneses que con su canto el sonido de la cuerda que había salta- nombre de puente. Si á esto se agrega el que los so_
nunca habían pensado que pudiera ser su ancianidad do. Otra estatua á ésta semejante se levantó en el
( 1) Algunos suelen llamar rosa á esta perforación circular,
templo de Delfos, con una inscripción que se puede por los adornos, pinturas ó incrustaciones que suele ostentar su
traqueteada de aquel modo.
Por fin soltó el manubrio el chico del organillo, ver en el libro IV de los Epigramas griegos.
circunferencia.

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575

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

II

nidos de cada cuerda van subiendo por semitonos á rra de su modesta posición de instrumento de mero ciaban femeniles blancas manos, para volverá ser trasmedida que van bajando los dedos de la mano izquier- acompañamiento, para elevarla al rango de instru- teada, ya por los mozos del pueblo en sus bailes,
da por el mango, de casilla en casilla ó de grado en mento de concierto; pero de una parte esos son as- francachelas ó serenatas, ora por los rapistas, ó bien
grado, científicamente divididos éstos é incrustados tros que brillan un día para no volverá aparecer en el por los pordioseros lisiados de uno ú otro miembro
en el mástil por medio de unos filetes, comúnmente horizonte del arte, y de otra á la bondad de sus respec- corporal; en una palabra, como quiera que c1ta11to
de latón ó de marfil, llamados trastes,· que para re- tivos instrumentos se debe no pequeña porción de las 111aJ1or es la subida, tanto 11/a)'Or es la descendida, de
fuerzo de la tapa se atraviesa en ésta por la parte de maravillas con que entusiasmaran al auditorio y de los ahí que después de haberse emancipado de la clase
adentro un listón de mavulgar la gútarra para eledera, á que se da el nombre
varse á la aristocrática1 trode barra armónica; que de
cando su naturaleza suballas seis merdas hoy en
terna de mero acompañanuso, tres, las más delgadas,
te por la sublime esfera de
son de tripa, y de entorconcertista, vuelve de nuechado las restantes, por
rn á su primitivo ser y estaotro nombre bordones; y úldo, para hacer bueno el ditimamente, que con el obcho deCovarrubias Orozco,
jeto de hacer subir por igual
cuando prorrumpía en las
la entonación de toda la
siguientes sentidas quejas,
encordadura, se apela á una
á principios del siglo xv11,
pieza suelta ó independienpor medio de las páginas de
te, llamada en italiano casu Tesoro de la lmgua castepotasto, y por nosotros cejillana ó espmiola, artículo
lla ó cejuela, tendremos ya
vihuela: «Este instrumento
la descripción exacta, siha sido hasta nuestros tiemquiera algo larga, de lo que
pos muy estimado, y ha haconstituye la estructura de
bido excelentísimos músila guitarra.
cos; pero después que s~ inEl número de cuerdas
ventaron las guitarras, son
que tuvo ésta en un princimuy pocos los que se dan al
pio fué el de cuatro, habiénestudio de la vihuela. Ha
dole agregado la 5." el célesido una gran pérdida, porbre rondeño Vicente Espique en ella se ponía todo
nel á fines del siglo xv1,
género de música punteada,
sin que sepamos á punto
y ahora la guitarra no es
fijo quién le añadió la 6.a,
más que un cencerro tan fáni cuándo ni dónde; lo que
cil de tañer, especialmente
sí podemos asegurar es que
en lo rasgado, que no hay
al terminar el siglo xvm,
mozo de caballos que no
sólo se usaba en Italia la
sea músico de guitarra.»
de cinco cuerdas, como de
Y si esto ocurre actualello certifica Moretti en el
mente en España, país cláprólogo de sus Principios
sico, por no decir originapara tocar la guitarra de
rio, de la guitarra tal cual
seis órdenes (Madrid, imp.
hoy se usa, con mucho made Sancha, 1799), y que
yor motivo en las demás
muchos años antes el célenaciones adonde fué imporbre religioso cisterciense,
tada desde nuestro suelo.
organista en su convento de
En efecto, la escuela de guiMadrid, fray Miguel Gartarra llegó á alcanzar sucía, comúnmente conocido
bidísimo punto de perfeccon el nombre de Padre
ción, hasta hace pocos años,
Basilio, le añadió la 7."
en Italia, Francia, Inglatecuerda á este instrumento,
rra y Alemania, merced á
que pulsaba primorosala buena semilla que allí
mente, habiendo introduciesparcieran los Carulli, Cardo en él el punteado, puescassi, y nuestros distinguito que antes sólo se tañía
dos profesores ya citados,
rasgueándolo, y tenido la
en unión de varios otros
honra de ser maestro de la
que no es posible reducirá
reina María Luisa, esposa
guarismo. ¿Qué más? No
de Carlos IV, y la de hahace mucho se daba al orber contado entre sus inbe entero un espectáculo
numerables y distinguidos
sin precedente en los anadiscípulos á todo un Dioles músicos, con ocasión
nisio Aguado.
de abrirse un concurso en
Hubo un tiempo en que
Bruselas ( 1856) · por Mr.
era práctica casi general
Makaroff, destinado á preentre nosotros el emplear
miar, mediante la galantelas cuerdas dobles unísoría de aquel notable guitanas en cada orden; hoy se
rrista ruso, las dos mejores
ha hecho bastante raro seguitarras y las dos mejomejante uso, habiendo que
res composiciones musicadado reducida á seis cuerles para este instrumento
das sencillas la armadura
que se presentasen á dide la guitarra, para mayor
cho acto. Mas como quiera
comodidad del ejecutante,
que no basta el buen deseo
y en vista de que de algusi no va acompañado del
nos años á esta parte se ha
acierto, habiendo faltado
dado en reducir algo las
BAYARDO EN EL MOMENTO DE RECIBIR su PRIMERA ESPADA, estatua en bronce de Pedro Rambaud
éste en cuanto á los térmitres dimensiones de la caja
nos concretos en la redacsonora. A nuestro juicio,
ción para la composición
pase semejante reducción, mientras no sea exagerada, lauros que éste les prodigara. Prívese, si no, al uno de las piezas, así como tocante al corto plazo para
en cuanto á la longitud y latitud; pero no podemos del empleo enérgico de los armónicos; retírese al otro la construcción de los instrumentos, de ahí que nuesestar conformes con la escasa profundidad ó notable el uso del tripódison (1); en suma, póngase en manos tro nombre no pudo por menos de quedar postergaachatamiento que se presta hoy por hoy á la guitarra de todos ó de cualquiera de esos genios un guitarri- do en tan solemne como nunca vista ocasión, cuanllamadaflamenca, pues si bien comprendemos la di- llo común y vulgar, y dígasenos después los milagros do debiera haber figurado al frente de las naciones
ferencia que va de un guitarrón á un guitarro ó tiple, que han hecho, en medio de toda su destreza, habili- todas, tratándose de la guitarra y de sus tocadores.
tampoco se nos oculta cuánto pierde en sonoridad dad y fuerza de sentimiento... Hoy puede decirse Sea de ello lo que quiera, la verdad es que merece
una guitarra á la que por medio de tal procedimien- que, así como al cabo de los mios mil torna el agua á loa la conducta observada por el Sr. de Makaroff, ~ito, se llega á privarla de los escasos recursos ó ele- su cubil, de igual manera la guitarra va quedando quiera por haber ideado y llevado á cabo, siendo exmentos sonoros con que naturalmente cuenta.
poco á poco desterrada de las salas donde la acari. tranjero, un tributo de galante desprendimiento hacia
Y no hay que hacerse ilusiones: escasos son ellos
un instrumento esencialmente español, lo cual á niná la verdad, para que todavía se venga á amenguar( 1) Mecanismo inventado por D. Dionisio Aguado en el
gún español, en corporación ni en particular, se le
año
de
1826.
Viene
á
ser
una
especie
ele
trípode
apto
para
soslos. Notorio es á todo el mundo que genios tan prihabía ocurrido jamás.
vilegiados como Sors, Aguado, Huerta, Arcas, Cano, tener y fijar la guitarra con el objeto de comunicar mayor SO·
Insistiendo aquí más y más sobre el apogeo á que
noridad al instrumento y dejar al propio tiempo más libertad ele
y unos cuantos m~s han conseguido sacar á la guita- acción al guitarrista.
se elevó la guitarra á fines del siglo pasado y la ma-

�LA NODRIZA Y LA INFANTA, copia del célebre cuadro de Francisco Hals, existente en el museo de Berlín

�LA VIRGEN Y EL NIÑO,

COPIA DEL FAi\1OSO CUADRO DE MURIJ.LO EXISTENTE EN LA GALERÍA DE DRES DJ,

�UN CONCIERTO, cuadro de Román Ribera

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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NúMERO

yor parte del nuestro, aseguramos que se haría repe- se ha perdido, y probablemente sobrevivirá sin altera- se suele afinar de la forma siguiente, no sin hacer
tidas cruces el ya citado Covarrabias si hubiera resu- ción á tantos instrumentos modernos como se han constar antes que los sonidos así escritos
citado pocos años ha, ó _c~ando menos leído pági- inventado.»
na siguiente, que transcnb1mos con toda fidelidad de
El tiempo se encargará de resolver este problema.
un autor moderno:
A la circunstancia de haber tornado este instru«Este instrumento, tan despreciado de los mtísi- mento carta de naturaleza en varios países, se debe
cos, es una orquesta en miniatura. Verdad es _que sus el que ostente diversas denominaciones y hechuras,
débiles sonidos, la poca energía que la caracterizan, no según hemos indicado anteriormente; en su conse- representan _una octava abajo de como se figuran, ó
son de calidad que puedan producir sensaciones muy cuencia, daremos aquí una relación de las mas rnrnu- sea:
vivas, en especial en una época _en que los composi- nes y conocidas.
tores introducirían, si fuese posible, el trueno, la exUna de las especies más notables es, pues, la liroá
plosión del cañón y todo lo más r,uido_~o de la ?atu- guitarra, imitación hecha en Francia, á fines del siglo
11 ·
1
raleza. La &lt;ruitarra, madre del vt0lm, h1p del laud de pasado de la lira de los griegos, muy apreciada por su
nuestros abuelos y de la lira griega, es fácil de mon- :orma elegante y poética, pero que no tardó en ser
tar y de construir. Todo hombre dotado de una orga- abandonada por causa de lo sordo y débil de su reso- Su extensión abraza tres y media octavas, si bien los
nización musical puede sacar de ella acordes y ser- nancia, como si no lo fuera ya en extremo la de la últimos sonidos sólo puede producirlos una mano hábil y diestra.
virse de sus sonidos sin que maestro alguno se lo in- guitarra ordinaria.
El acabar de decir que se suele afinar en los térdique. Si aspiráis á los aplausos de numerosos oyenLa guitarra de amor fué inventada en Viena por,
tes necesitáis de un instrumento mas sonoro, de una el fabricante Staufer en el año de 1823. Es de tama- minos allí indicados, presupone que se puede temextensión más vasta, pero para el solitario tiene la ño algo mayor que el común, con la tapa del fondo plar de otra manera. Así es, en efecto; pues hay ocaguitarra un encanto indefinible. Ella vibra en el pe- bastante combada, y está armada de siete cuerdas. siones en que, á fin de ensanchar los límites del inscho del hombre; toda entera le pertenece; l9s dedos Sus sonidos agudos recuerdan en cierto modo los del trumento, ó ya para producir ciertos efectos de nodel músico pulsan las cuerdas sin la interve~ción ~e oboe, y los graves, los del clarinete bajo ó corno di ba- vedad facilitando al propio tiempo los medios al ejeun cuerpo extraño. En general, cuanto más inmedia- ssetto; por manera que, al oirse tocar este instrumen- cutante, se apela al recurso de alterar semejante comto es el contacto del instrumento con el que lo toca, to sin verlo, cualquiera que no lo conociera creería binación de intervalos, á la cual operación, que se
más sensibilidad y poder tienen los acentos que ema- que se estaba tocando un armonio. La escala cromá- manifiesta al principio de la pieza escrita, se da el
nan de él. La gaita ó cornamusa entre los instrumen- tica de igual modo que las escalas dobles en terceras nombre italiano de scordatura. Ya se deja entender
tos de viento y el bandolín entre los intrumentos de se prestan á ser ejecutadas en este suave instrumento que para el ejecutante de mera afición que pulsa este
instrumento sin poseer la teoría musical, y que cuancuerda no tienen ninguna expresión; en la primera, con toda facilidad y precisión.
el viento que sale de la boca recorre un espacio mas
L, antigua guitarra alemana ó tudesca, por otro do más, toca por cifra, todo cuanto aquí va dicho es
largo y dilatado, y en el segundo se oye un desagra- nombre sistro, constaba primitivamente de sólo cuatro como si se hubiera escrito en luenga chinesca.
No diremos nada tampoco acerca del continente y
dable pizzirato y un timbre chillón y desapacible, por- cuerdas, y su cuerpo ó caja era de forma oval. Con el
que no son los dedos los que hacen vibrar las cuer- tiempo llegó á contener hasta ocho, y hoy viene á ser posición de las manos por parte del ejecutante, pues
no escribimos aquí un método de guitarra; pero sí hadas, sino un pedazo de pluma ó de ballena que las muy parecida á la nuestra.
hiere. Por el contrario, el arpa, el violín, la.flauta y
Poseen los indios desde tiempo inmemorial un ins- remos constar, por fin y remate de este nuestro traotros instrumentos de viento cuyos sonidos se en- trumento al que dan el nombre de tambura ó tampu- bajo, que como el instrumento que promueve el precuentran en los dedos, corresponden á las sensacio- ra, y equirnle á la guitarra ó bandurria en su forma sente artículo tiene sus arpegios particulares, y por
nes del alma é inspiran conmociones que se identifi- más natural y simplificada, á saber: una caja sonora lo tanto, en nada á ninguno otro parecidos y que su
can con el hombre que las produce.
formada de la corteza de una cidra hueca y bien dese- digitación es en ocasiones bastante complicada, se
»La guitarra, expresiva como aquellos instrumen- cada, con una sección hecha de alto á abajo en las necesita que el que componga para este instrumento
tos y colocada como ellos bajo la inmediata inspira- dos terceras partes de su grosor, y sustituída la otra lo sepa tocar juntamente, pues de lo contrario se exción del hombre, tiene suspiros, lamentos, acentos de tercera parte eliminada por una tabla armónica, suma- pondría á escribir en el papel lo que el instrumento
alegría, de triunfo, de amor, de orgullo, de tod~ lo mente delgada, hecha de madera muy lisa. El mango á que nos referimos se negaría a reflejar por inejecucual está privado el piano. Estos acentos son débiles es bastante más largo que los nuestros y carece de table, dadas las condiciones esenciales de su mecasin duda; fáltales la fuerza y el ruido, y por lo mismo trastes. Hállase montado de cuatro cuerdas, y á ve- riisrno.
J OSÉ MARÍA SBARBI
no será en un vasto teatro donde conoceréis el precio ces de tres, siendo la más grave de todas ellas de coy el mérito de sus sonidos y la dulzura de sus arpe- bre y las resta~tes de acero, y dando aquélla la tóm~
gios y de sus acordes. Semejante á las miniaturas, se ca, y éstas la cuarta, la octava y la 011cena. Cuando
han de conocer de cerca los encantos del arte.
solamente consta de tres cuerdas, la prima es la suLOS REYES MAGOS
»Para que los sonidos de una guitarra produzcan primida.
un buen efecto es menester una cierta elección decirMucho parecido guarda con el instrumento acabaINCOHERENCIAS
cunstancias y ciertas localidades escogidas. Una ve- do de citar, si ya no es que sea el mismo, uno que inlada de otoño, una obscura gruta de un jardín, un serta Bonanni en su Descrizione degl'Istromenti arI
aposento poco alumbrado y un silencio profundo, son monici d'ogni genere (2.ª edición, Roma, 1776, págiescenas propias para que los sonidos de una guitarra na 120, ntím. 57) bajo la denominación de dambura
produzcan en los oyentes una dulce melancolía. En- entre los turcos, y de calascione entre los italianos, y
Luce en el cielo la brillante estrella parpadeando
tonces, acompañando á una hermosa voz, fina y ajus- del cual dice que está montado de dos ó tres cuerdas, como un ojo que tuviera por pupila una pepita de
tada con las delicadas cuerdas medias, con el bajo las cuales, como son extremadamente largas y muy re- oro. Tres reyes de Oriente, á cual más poderoso,
de los sonoros bordones, con su casi imperceptible ducida la caja del instrumento, producen un soni~o guiados por su luz deslumbrante atraviesan en sen~
dulzura, os conmueve, os alegra, os entristece, os arre- harto ronco y desagradable. Pero lo chistoso del caso dos camellos caminos y montañas, cañadas y valles;
bata y os penetra hasta el alma. Entonces, de esta es que en la lámina alusiva á la susodicha explicación aquella estrella les ha de guiar al establo de Belén
máquina sencilla, de este instrumento mal apreciado (lámina que se dice allí ser copiada de un libro im- en donde vino al mundo el Hijo de Dios, según el
salen, no tan sólo sonidos melodiosos, sino también preso en París y dibujada en Constantinopla por or- relato de hurnildísimos pastores. Fuerza, pues, es honacentos heroicos, marchas guerreras, himnos religio- den de un tal M. Ferrajol, embajador de Francia en rar al prometido Mesías, al pronosticado por el glosos, tristes endechas, rondós rústicos y alegres, en fin, la Puerta otomana) se le pintan cinco cuerdas al ins- rioso evangelista. Oro, mirra é incienso llévanle corno
toda una música y una completa armonía, aunque en trumento cuestionado, con sus correspondientes cin- presentes. Es lo más rico y lo más hermoso que puuna escala diminuta. No olvidaremos nunca una es- co clavijas, por si quedaba alguna duda respecto del do en sus dominios encontrarse. El oro, que deslumcena que presenciamos en medio del mar. Era una particular, con lo cual dicho se está que se destruyen bra con sus amarillos fulgores; la mirra y el incienso,
noche del mes de junio. Brillaba la luna con todo es- mutuamente la práctica y la teoría. Corno de éstos no que esparcen en torno penetrantes y ricos perfumes...
plendor, reflejando su luz sobre las ondas en calma faltan por desgracia ejemplos en los anales de la His- Llegan al santo portal, echan pie á tierra é hincan en
de este elemento, y todo convidaba á un religioso re- toria musical de las naciones todas, antiguas cuanto el suelo sus rodillas en señal de adoración al Rey de
cogimiento. En esta situación, sentado un marinero modernas, en que la diversidad de nombres, hechu- los reyes.
con la guitarra en la mano al pie del palo mayor, ras, naturalezas y maneras de ser tocados y los dis¡Hermoso espectáculo! Tres poderosos de la tierra
nos dejó oir unas modulaciones tan agradables que tintos juicios de los escritores arrojan de sí tal obs- doblando la cerviz y rindiendo acatamiento á un ponos embelesó; pero subió de punto nuestro embeleso curidad y confusión, que basta y sobra para sacar de bre niño que tirita de frío, desnudo sobre un montón
cuando, después de un agradable preludio, cantó con sus casillas al hombre más cachazudo ó volver loco de paja, arrullado por los vientos y por las tempesuna afinada voz de barítono unas canciones maríti- al más cuerdo. Por eso, lo que le cumple al historia- tades que rugen allá afuera.
mas tan lastimeras que nos hizo casi llorar, y luego dor músico es irse con pies de plomo en eso de acepotras andaluzas que. inspiraban contento. L, g111tarra tar como bueno el relato de cualquiera otro historiase prestó á estos géneros con una propiedad tal, que dor extraño á la ciencia que tiene por objeto escuII
demostró bien que sus sonidos se adherían á todas driñar las causas que contribuyen á conmover por
las modificaciones de la expresión.
medio de los sonidos diversamente combinados entre
Diez y nueve siglos más tarde, en la villa que es á
»El poder de la guitarra se demuestra también en sí, ó el de aquel que, aun cuando práctico en el arte, la vez ·corte de las Españas, nótase e'n callejuelas y
varios lances históricos. Durante la guerra con Por- no conozca debidamente aquella parte de la arqueo- plazas extraordinario movimiento. El pueblo corre
tugal, un soldado de á caballo, enviado á un recono- logía que le ayude á reconstituir el gran edificio de la afanoso á esperar .á los Santos Reyes. Próxima está la
cimiento, sorprendió al centinela enemigo en el mo- Historia musical, mediante los elementos dispersos media noche, y fuerza es ir á aguardarlos á las afuemento que, fastidiado sin duda, templaba una guita- que saltan por doquiera en torno suyo; y, por supues- ras, á las tristes llanuras que riega con su escaso caurra. El soldado de á caballo que vió que el centinela to, que quien dice historiador, dice igualmente pintor dal el Manzanares ...
no podía salir con ello, se la pidió, la afinó y se la de- ó estatuario, muchos de los cuales han incurrido en
Corren atropellados hombres y mujeres á la escasa
volvió, diciendo: «Ahora ya está templada.» Cierta- anacronismos que, tan lejos de ser uh salvoconducto luz de los faroles del alumbrado público. Parecen
mente que un instrumento tan pequeño, que tiene para esclarecer la Historia, sólo sirven para ernbro- más que seres humanos furias escapadas de algún antal poder sobre las almas, debe tener algún secreto llarla: no en balde reza un refrán que el papel todo lo tro, según lo obscuro de sus contornos, lo atropellado
encanto. También nos hablan los historiadores de un aguanta.
de su carrerra y el ruido ensordecedor que alzan, baejército portugués que, obligado á batirse en retiraViniendo ya á la manera de ejecutarse la mtísica tiendo con desmesurada fuerza y á guisa de parche
da, dejó sobre el campo de batalla once mil guitarras. escrita con destino á la g1útarra actualmente usada maltrechas y sucias latas de petróleo. Aguadores, co»El culto de la guitarra desde su invención nunca por la generalidad de los países cultos, diremos que cheros, mozos de cordel, lavanderas, maritornes, hem-

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575

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

bras del partido, todo revuelto, todo confundido, todo amalgamado en una negra y monstruosa ola humana. Vense en lo alto destacarse las siluetas de escaleras de mano con sus atravesados peldaños. Llegados que son á las afueras los alborotadores, hacen

pañado de hasta media docena de mozos; apenas llega la noche y en amigable comitiva recorren las casas de la aldea cantando que se las pelan éstos y
aquél arrancando al fuelle de la gaita sus monótonas
y dulces armonías.

vase quedando dormida con la más inefable de las
sonrisas en sus labios y en el pensamiento la mañana
del nuevo y anhelado día.
Entre los hierros del saliente balcón ó en la repisa
de la ventana ha dejado su zapato diminuto, micros-

rf

. . . . . . . ., . . . . . . # • • •, . • • • • • • • • • • • •, . . . . , . , • • • • • • , • • , . . . . . . . . . . . . . . . . ., , . , . . . . , . , • • • • • • • • • •• •• • • • • • • •, • • , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ., • • • • • •, • •,

..

RL GRAN FESTIVAL MAHOMETANO DE LA BUCKRA·EDE Ó BAQR·l·ID (FIESTA DE LA VACA) RN EL NA!Nl·TAL, EN LAS PROVINCIAS D&amp;L NORO&amp;SrE DE LA INDIA

Grupo de mahometanos

subir al más alto peldaño al mas bobo ó al más simplón de los que en la comitiva forman, á fin de qu~
desde allí, y á la luz de una antorcha de embetunado
cáñamo, aceche la llegada de los Reyes. Cae en la
burda estratagema el rival del de Coria, y cuando está en lo más alto de la escalera, dejan caer ésta al
suelo en medio de infernal estrépito y espantosa gritería que hacen insoportable las carcajadas estridentes y los porrazos en las latas de petróleo, carcajadas
y porrazos cuyos ecos lleva el viento helado de las
noches madrileñas hasta los agudos picos del Guadarrarna coronados de nieve.

La mano detrás de la oreja, como para mejor llevar
el compás de la canción, lanzan los mozos delante de
las puertas de las más garridas aldeanas canciones no
exentas de picardía y de malicia, en las cuales es cosa
frecuentemente acostumbrada mezclará los Reyes Magos. Suele suceder que sean invitados por el petrucio
de la casa á remojar el gaznate con sendos tragos del
vinillo de la tierra, que deja en el paladar un saborcete entre dulzón y amargo. Pero también es frecuente
que termine la fiesta con 1mha de przus y corra la sangre á raudales, terminando en drama lo que comenzó
en picaresca y regocijada comedia.

cópico, para que aquella noche los Magos, cuando
montados en sus camellos de larguiruchas patas y arqueado lomo penetren en la. ciudad, depositen en él
el consabido regalito que, por ftítil é inocente que él
sea, es para la chiquilla de valor inapreciable por ser
presente nada menos que de tan empingorotados
reyes.
Durante la noche parece la sonrisa como estereotipada en sus labios; sus sueños son de rosa y nácar;
en ellos figuran en no pequeña porción ángeles, nubes, rayos de sol y mtísicas del cielo.
Cuando la mañana asoma, muy lejos atín, ya la diligente pequeñuela está en pie, y sigilosamente, sin

EL GRAN FESTIVAL MAHOMETANO DE I.A BUCKRA·EDE Ó 8AQR·l·ID (Fl&amp;STA DE LI\ VACA) EN El. NA INl·TAI., RN L~S l'R'lVINCIAS DB:L NOROESTE DE !.A I NDIA

Grupo de mahometanos haciendo oraci6n

III

IV

despertar á sus padres, apretando contra el pecho
con sus manecitas la blanca camisilla, marcha al balEntretanto, en los campos gallegos celébrase la
Y en el tranquilo hogar, la madre amorosa arrebu- cón ó á la ventana, quedo, muy quedo, y descalza,
fiesta anual, la fiesta de los reises, en algo semejante á ja confortablemente entre las sábanas del lecho á la sin sentir el frío que baña sus carnes de amoratado
los villancicos de ~ochebuena. El gaitero sale acorn- hija de su amor, y ésta, de manera insensible y lenta, color, recoge el zapato donde la vigilancia del padre

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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Nú~IERO

ó el amor de la madre depositaron en la noche anterior cualquier fruslería, y ante la sorpresa, la niña corre á despertar á sus padres para mostrarles el presente que ella encuentra verdaderamente regio y digno de tan ilustres y egregios transeuntes.
·
Y corriendo de este modo, menuda y ligera, por la
casa, con saltos de golondrina más bien que con pasos humanos, abrigada sólo por la blanca y casi transparente camisa que el aire de la mañana hace flotar
alrededor de su cuerpo, parécese á un ángel escapado
de una tabla de Rubens ó de un fresco de Sanzic,.
MANUEL AMOR MEILÁN
.,.,.,,,.,.,,,,.,.,,., .... ,.,,,,.,,,.,,.,,, ....... ,, •...•....••, .... ,.,,.,.,,,, ........ , .... ,,,. .,. , ........, ..r,.••·•·•·••.1•,,•,

MISCELANEA
Bellas Artes. - L::i Galerfa de Pinturas de BerHn ha adquirido una 11/atÍQnua de Alberto Ourero, que pintó éste durante su permanencia en Venecia, 15o6, y que actualmente poseía
un aficionado escocés.
- L::i Asociación de Canto de Breslau, que dirige el maestro
Bohn, ha dado un concierto histórico que ha sido una especie
,te revista del desenvolvimiento de la música vocal l¡umorística
de tos cuatro últimos siglos.
.Rarcelo11a. - L::i sección de Bellas Artes del Ateneo Bar·
celonés nomh;ó en su última junta una comisión de nueve individuos de su ,cno para que, en unión del presidente y secretario, estudien y propongan á ta aprobación de la junta directiva et rroyecto de una manifestación que se acordó previamente
celebrar á fin de contribuir á ta vida activa de la asociación,
cumpliendo así con tos propósitos consignados en sus estatutos.
Es cuasi S&lt;.&gt;guro, pues, que en la próxima prima,·era se organi1~~rá por los socios una Exposición de carácter artistico general,
verificándose simultáneamente conferencias adecuadas é este
objeto y conciertos en tos que se den á conocer piezas escogidas
de nuestros maestros del Renacimiento. Trálase de decorar et
local convenientemente á fin ele que el conjunto contribuya á
prestar mayor~-,; atractivos á tal manifestación que de lijo resultara digna de nuestro Ateneo.
- Es probable que antes de verificarse la clausura de ta Exposición de Industrias Artísticas pm.&gt;Clan en ella admirarse unas
puertas de metal repujado que con destino á la iglesia de Co·
millas y por encargo del marqués de este nombre ha proyectado y dirigido su ejecución et distinguido arquitecto Luis Do·
méncch. Es óbra nótahillsima que, al honrará su autor, honra
también á los artífices que la han rcatiiado, contribuyendo con
una soberbia muestra al renacimiento de nuestras arles aplicaetas al metal.
cSalón l'arés. &gt; - Not:ible · por varios conceptos es un cuadro
cxpue ·to c.ta semana por et joven artista Sr. Coll, representando
á una sci'íora enlutada que, acompai'íada ele su hija, contempla
et retrato etc su difunto esposo en el estudio de un pintor, et
cual cuadro podrán apreciar los lectores ele LA I LUlflRACIÓ:-.
en uno de los próximos números.
Bien concebida la escena y de ejecución sobria y jugosa la pintura, tal vez ganara algo ese cuadro sacrificando un tanto la figura del pintor. Así y todo, es una obra que impresiona profundamente por el sentimiento de que se halla impregnada, cualidad no muy común en nuestros artistas, preocupados en general por las habilidades ele ejecución y )as minucias y triquiñue·
tas del oficio. Reciba, pues, un sincero y caluroso aplauso el
autor, de quien son también otras telas expuestas, que reunen
excelentes cualidades.
Constituyen la novedad de esta semana, con la obra citada, unos paisajes de Julio Borrell, un pastel de Carlos Pellicer y un cuadro con que un autor anónimo contesta al que se
expusiera semanas atrás y que era una sátira pictórica contra
los cuadros de historia. Ese último intenta ridiculizar el realismo con la pintura artificiosamente infantil de un Belén con todos sus accesorios. Idealistas ó realistas, ninguno se exime de
pagar su tributo á la verdad, sin ta qu~ el arte no se produce.
El 15 del mes actual se inaugurará ta Exposición extraordinaria que todos tos ai'íos se celebra en ese local y que promete esta \'ez, por las noticias adquiridas, revestir \'Crdadera
importancia.
Tea.tros,-En el Liceo ele Nueva York se ha estrenado con
éxito extraordinario ta obra ele Sarclou A111erica1ws en Europa,
que et famoso dramaturgo francés escribió expresamente para
que se estrenase en América.
París. - Se han estrenado con buen éxito: en Varietés una
comedia en tres actos, de Brisson y Carré, La Soun"ciere, que ha
hecho las delicias del público por ta gracia con que está escrita
y ta abundancia de chistes y situaciones cómicas que contiene,
y en Folies Dramatiques una opereta en tres actos, letra de Ferrier y música de Varney, llfiss Robinson, puesta con tal lujo que
tos periódicos parisienses dicen ser el espectáculo más grandioso y con más propiedad puesto en escena en París hasta el pre·
scntc. Et Cerclc des Ecolicrs ha dado una representación (mica
clet hermoso drama de lbsen La dama del mar.
llladrid. - En el Real, la representación ele Lohe11gri11 ha valido una ovación al maestro Mancinelli: en et propio coliseo
han comenzado los preparativos para poner en escena Los maestros cautores, ele Wagner, que:se estrenará á principios de febrero, estando encargados de los principales papeles las señoras
Telrazzini y Pagnoni y los Sres. De l\farchi, Giannini, Menotti, Batdelli y Rapp. En la Comedia ha logrado gran aplauso et
juguete cómico en tres actos de tos Sres. Pina y Domínguez y
(;ranés El boticario de Nava/ramero. En Lara ha siclo muy
aplaudido el juguete cómico en dos actos La ministra, ele don
Constantino Gil.
Barce/011a. - En et Liceo la representación de Otello, de Vercli, ha tenido gran éxito, habiendo \'alido un nuevo triunfo al
m1estro Mugnone y entusiastas aplausos á la señora Bendazzi y
á los Sres. Cardinali y Btanchart; ta Linda de Chamozmix ha
Ynlido aplausos al maestro Mugnone, á la señora Boronat y al
Sr. Cotogni. En el Principal se ha estrenado con aplauso El dfa
111c111orable, drama de espectáculo en cinco actos de los sei'íore;
Sales y Gonr,átcz Llanas, adaptación á la escena española de la
obra de Sarclou Patrie:' ta acción es interesante y constituye
una durisima censura de la invasión francesa ele 18o8, tos per·
sonajes están bien definidos y la obra está muy bien escrita y
ha sido presentada con mucha propiedad y representada con
gran acierto por la compafüa que dirigen los Sres. Calvo y Jiménez. En el El dorado ha sido aplaudida ta zarzuela en un ac-

575

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

17

yor, propiedad hoy del señor marqués de la Vega de Armijo, es
una magnífica y suntuosa residencia señorial, inteligentemente
restaurado y conservado por su ilustrado Rropietario, quien ha
logrado acomodar, sin menoscabo ele ta fabric.~, exigencias del
confort moderno.
El castitto de 1\1 os es un perfecto y acabado tipo que de las
construcciones del feudalismo consérvanse en Espai'ía, y célebre
en los fastos de nuestra historia, no sólo por los hechos de sus
señores, sino también por los acontecimientos que en él tuvieragas Lo baró de Carcassoua ó las amias del amor.
ron lugar, especialmente en ta época en que rigió el seíiorio el
célebre D. Pedro Alvarez, tan conocido por et sobrenombre de
Necrología.-Han fallecido recientemente:
E t Excmo. Sr. D. Luis Prendergast y Gordon, marqués de Pedro 11-l~drugn, partidario decidido de la causa de la Beltraneja.
ta Victoria de las Tunas, teniente general del ejército espai'íot,
Las dos hermanas, cuadro de Escipió rr Vapresidente del Consejo Supremo de Guerra y l\larina, ex gobernutelli, - Vanutelli, el célebre pintor italiano autor del inspinador y capitán general de la isla ele Cuba.
rado cuadro La pri111ei-a comunión que publicamos en el núme·
José Dclin, notable pintor retratista belga.
A. Ft!l, cuyo verdadero nombre era Afanass y Afanasje- ro 440 de LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA, nos ofrece en el que
witsch Schenschin, famo o poeta lírico ruso que también se ha hoy reproducimos un hermoso idilio lleno ele dulce encanto:
Las dos lur111a11as es de aquellos lienzos cuyo asunto más que
distinguido por sus traducciones ele Iloracio y Juvenal.
Jorge Ilachelle, uno de los jefes de la conocida cam edito- para explicado es para sentido; es de aquellas obras que aunque
por sus bellezas técnicas recrean los ojos, donde más directarial de Paris.
Juan Emilio Lemoine, uno de los más famosos publicistas mente impresionan es en el corazón, Los recursos de que para
franceses contemporáneos, antiguo redactor ele ú jMtmal des elto echa mano el artista no pueden ser más sencillos, y sin emDtbats, miembro de ta Academia Francesa y senador vitalicio. bargo, et efecto con ellos conseguido llega al alma. ¡Cuán cierSimeón Luce, distinguido historiador francés, autor de una to es que en tas bellas arles el saber sentir es quizá et principal
Histona de Juana de Arco, en la que se consignan muchos da- elemento para saber exprcs.~r !
tos nuevos é interesantes sobre la doncella de Domremy.
El bautizo, cuadro de José Galleg os.-En disEugenio Wiitmeyer, escritor y periodista alemán, antiguo
tintas ocasiones nos hemos ocupado con el elogio que se merecolaborador ele la /llustril-te Zeitu11g, de Leipzig.
Nowossilski, almirante ruso y ayudante del emperador, uno ce de este insigne pintor que tan eminente lugar ocupa entre
de los más antiguos y famosos oficiales de la marina rusa: se los artistas españoles, y recientemente en el número 555 ele LA
distinguió en la guerra contra Turquía ( 1829) y en la de Crimca. ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA apuntamos en articulo especial las
Bogdan Glascnapp, almirante ruso y ayudante del tsar, ex cualidades salientes que distinguen al autor de El bautizo. No
gobernador de Arc.íngcl y hasta 1871 comandante en jefe de hemos, pues, de repetir lo que otras veces dijimos ni tampoco
de señalar las bellezas del cuadro que hoy reproducimos, belletodos los puertos y de la marina del mar Negro.
Enrique tllosler, pintor retratista y de historia de Dusscldorf, zas que á la vista s.'lltan y que prueban una vez más cuánto es
que fué durante atgun tiempo profesor ele la Ac.~clemia de Bellas et talento de Gallegos para resucitar en cuadros llenos de vida
y de color local y de época las escenas de costumbres de nues·
Artes y ele la Escuela de Industrias arlisticas de Lcipzig.
...._..................., .............,......,.....................................,.....................................~-·-·····•·""' tros antepasados.

to La sala111a11q11ina, tetra de tos Sres. Perrín y l'alacios y música del maestro Marqués. En el Circo Barcelonés actÍla con
buen éxito ta compai'ífa infantil que dirige D. Juan Bosch, poniendo en escena las más aplaudidas zarzuelas del moderno repertorio. Con motivo ele las funciones del día de Inocentes se
estrenaron con muy buen éxito en Romea y Novedades rc.,pcclivamente una pieza de D. Emilio Vilano\&gt;a, Orieutal ó los moros co11trap1mtats y la leyenda dramática (?) de D. Enrique Mo-

NUESTROS GRABADOS
Un g itano d e pur~ raza, dibujo de J. G !3-r:cí~
Ramos. - El git~o podra ser de buena ~aza, pero el ~ab1l d1·
bujante que ha sabido representarlo ha tiempo que viene de·
mostrando que es también un verdadero artista, genuinamente
meridional, feliz é inteligente intérprete ele los tipos, cuadros y
costumbres de ta región anclntuza. García Ramos es, quita,
entre los artistas andaluces, quien ha logrado reproducir con mayor acierto todo cuanto le rodea, cuanto bulle y se agita en la
región en que vive, á cuya ci~cunstancia debe, sin d~da alguna,
que se te considere como artista obse~vador, &lt;!etcrmmada!n_enlc
regional. Nuestros lectores han pochdo adnmar tos belhs1mos
cuadros que hemos publicado, todos ellos recuerdo brillante de
aquel privilegiado pais en donde todo sonríe, en donde la n!lluralcza rebosa vida, produciendo flores y frutos, y los hombres la
vh·e.za de su fogosa y fantástica imaginación.

Bayardo en el momento d e rec ibir su primer a espada, estatua de Pedro Ra.mbaud. - Esta
obra escultóric.~, que llamó con justicia la atención en el Salón
de l'aris de 1890, nos da una perfecta idea del caballero sin
miedo y sin tacha en aquel período de su vida en que la posesión de las armas necesarias para el torneo constituía la ambi·
ción suprema del que más larde habfa de asombrar al mundo
con sus hazañas. La figura de l\f. Rambaud revela nobleza,
alientos, aspiraciones elerndas, y desde el punto de ,'ista plásti·
co es elegante y vigoro:,.~ de lineas y de bien entendidas pro·
porciones.

La nodrfaa. y la. infanta, cuadro de. Francisco Ha.Is. - En et número 556 de este periódico dimos algu·
nas noticias acerca del ilu,tre pintor holandés del ~igto XVI con
justicia llamado el Velázqucz flamenco: el cuadro que en el presente reproducimos y que se cuenta entre las joyas "del museo
de Berhn no necesita ser alabado, pues por si solo se alaba, y
bm,ta contemplar esas dos admirables fi!,ruras p.1ra comprender
que ni es posible mayor verdad en pintura ni dentro de la ver·
Labor difícil, cuadro d e H. W. Schmidt. -Tra- dad mayor riqueza de detalles arlisticos.
tándose ele asuntos rurales, la sencillez no sólo es plausible sino
que en nuestro sentir, es uno de los elementos que mejor cuaUn concierto, cuadro de Román Ribera. - Un
dra~ á tas obras artisticas. Expresar la naturaleza tal cual es, nuevo cuadro acaba de producir Román Ribera, et portaestan·
sin postizos que ta desfiguren,, ser~ si.empre un n:iérito no peque· darte de la pintura de género en nuestra región, adquirido por·
ño en el artista, ya que to mas d1fíc1l en matena de arte es la un inteligente coleccionista y destinado, como todos los suyos,
perfecta reprocluccíón del natural. _Por esto encontr~os pode- á llamar la atención y despertar et interés de los aficionados.
rosos atractivos en el cuadro del pmlor alemán Schm1clt: en él
En un ángulo de una suntuosa estancia flamenca, en ta que
no nos asombran esos grandes efectos de composición ó de ento- brillan y re,altan los esculturales muebles, tapices y crista·
·nación que de momento s\ibyugan, pero tampoco vem_os. esos les, clestácanse las figuras de cinco músicós, éuyos trajes deterartificios con los cuales suelen la fantasía falsear el sentimiento minan delicados y bien entendidos contrastes por los suaves toy tos recursos vulgares suplir los verdaderos conocimientos téc- nos de las telas, cuya calidad ha sabido interpretar el artista con
su reconocida maestría. En et centro del grupo y recibiendo tos
nicos.
amortiguados rayos de luz que penetran á través de una vidriera
San Juan de Arena. (Asturias}, cuadro de Ce- de múltiples y variados colores, hállase una hermosa cantora,
cilio Plá , - Ya hemos tenido el gusto de dar á conocer á en cuyo rostro de simpática expresión se refleja la blancura del
nuestros lectores algunas notables obras de este discreto artista, papel de música que en sus manos sostiene y los dorado, tonos
aprovechado disdpulo de ~milio Sata_y del ma]ogrado Plasen- de su amarillo corpiño de raso. Tal es et cuadro y tal el r.sunlo;
cia, por cual motivo consideramos ocioso repet_ir lo que ya_ h~- y si bien es verdad que aco~tumbrados nos t~nfa Ribera á admos dicho al ocuparnos de otras de sus producciones. Nos lmu- mirar sus empci'íos de colonst_a, confesamos sm rebozo que su
taremos, pues, á consignar que el bonito cuadro que publicamos Concierto nos embelesa y cautiva.
reproduce una escen_a de pcs&lt;?l en San J ~ande Arena, _r~cuerdo
de su última excursión artist1ca á Astunas que, adqumdo por
El gran festival mahometano de la Buckrael señor conde de Valcletagrana, forma hoy parte ele la valiosa Ede en Na.ini-Tal, - Nuestros dos grabados representan
colección que en su palacio de Madrid posee este prócer y afi- otra~ tantas escenas del gran festival mahometano conocido en
las Indias occidentales con los nombres de Buckra-Ede ó Baqr-i·
cionado.
id (fiesta de la vaca), que es idéntica que la Id-ul-Azha que tos
Un discípulo aprovechado, cuadro de Ma- árabes celebran el décimo dfa del Zut llijja, y que constituye la
nuel Ra.mirez, - Este grupo tan bellamente representado última ceremonia de las peregrinaciones á la Meca. E l origen
por el Sr. Ramfrez y al que sirve de fondo una decoración her• de esta fiesta arranca, según tos mahometanos, del sacrificio de
mosa y hábilmente ejecutada, es en extremo interesante: esa Abraham, á quienes algunos comentaristas musulmanes consijoven dando lección de lectura á un faldero constituye un rasgo deran como fundador de ta religión de Mahoma, y para la cehumorístico que el artista ha sabido exteriorizar con notable lebración de ta misma et pueblo se' reune á orar en la Idgah,
acierto, añadiendo á las excelencias plásticas de la figura un so· regresando luego c.~da uno á su casa, en donde el padre d~ faplo de vida que no á todos es dado infundir en sus obras; y en milia pronunciando las palabras e En et nombre del gran dios,&gt;
cuanto al disclpulo apro-11cchatfQ, no cabe mayor expresión que s.~crifica un carnero, una vaca ó un camello, de cuya carne se
la que su semblante revela; hay tanta inteligencia en su mira- hacen tres partes, dos para la familia y una para los pobres.
da, tanta gravedad en su actitud, que á pocos como á ese perro
podría aplicarse lo del gitano del cuento que ponderando lo que
Proyecto de casa d e gobierno de la provinvalía et asno que tenia á la venta deda al comprador: cComo cia de Salta (República Argentina). - Este edificio, pro·
yectado por el arquitecto Sr. Fontanarossa estará situado en el
leer. ., ¡vaya si lee! Lo que es que nopremmcia.&gt;
gran Boulevard de Salla con frente á la plaza P rincipal y con·
Estación e n Filadelfia. d e l camino de hierro tendrá las oficinas del gobierno local, de la Cámara de diputade Pensylvania. - A pesar de ser proverbial la grandiosi- dos, de la policía, los juzgados de paz, la arc.~ldía y el cuartel
dad de las construcciones norteamericanas, no deja ele asom- de bomberos; ocupará un área de 5.000 metros cuadrados y
brarnos cada nueva muestra que contemplamos ele tan atrevida tendrá en su fachada principal 6o metros de largo, siendo su
arquitectura. Tal sucede con la estación que reproducimos y altura ele 33- En la cúpula se halla dispuesta la barra del salón
acerca de ta cual son ociosas las explicaciones, pues á la vista de sesiones de la Cámara, que será de 12 metros de ancho por
está lo que aquella fábrica colosal debe ser: únicamente dire· 20 de largo. El coste total del edificio será de 435.000 pesos.
mosque la parte alta de la estación (que sólo es para pasajeros)
contendrá 200 oficinas, que la galería cubierta es de 307 pies
La Virgen y el Niño, cuadro d e Murillo. - El
de largo y tendrá en su centro una elevación de 140; que el ar- inmortal pintor sevillano supo como ning{m otro dar forma á
co principal tiene 294 pies de expansión y llega á una altura de tas divinas figuras de ta Virgen y de su Hijo; hay en todas sus
104 y medio; que entran en su construcción 3.000 toneladas de Madonas y en todos sus Nii'íos algo tan ideal, tan exlraterreno,
,hierro y una cantidad proporcional de ladrillos y cristales, y que que nadie al contemplarlos puede sustraerse á esa impresión
la galeria cubierta será la más grande del mundo, con lo cual honda, especial, que producen en el creyente los misterios relicreemos que está dicho todo.
giosos y sobre todo aquel por el cual la Virgen María fué ma·
dre del Redentor. Si necesitara confirmación lo que decimos,
Castillo de Sotoma.yor (Pontevedra}, propiedad tendriala plena en el cuadro que como suplemento artistico re·
del señor marqués de ta Vega de Arm~o (de fotografia de F. producimos y cuyas excepcionales bellezas no es preciso enea·
Prieto). - Et antiguo castillo del marques de Mos, en Sotoma- recer porque se sienten más que se explican.

L::i barones:,. de Anee! tom6 la mano de la joven

CARGO DE CONCIENCIA
POR JUAN.\ 1\1.\IRET,

co~ PRECIOS .\S JLUSTRACIO~ES DE A. MOREAU

I
Tres mujeres, ele pie en la gradería del castillo, cruzaban palabras de despedicta, la cual se prolongaba más de lo regular porque :í. cada una de ellas le quedaba siempre por decir t:i última palabra.
- Puesto que ha venido usted á pie, querida señora, la acompañaré hasta la
extremidad del parque. ¿Vienes tú también,. tía?
.
- ¡Caracoles!.. Recorrer kilómetro y medt0 con este calor. .. Muchas gracias.
Bien se ve que solamente pesas unos sesenta kilograml,s y que conservas tus
piernas de los diez y seis aiios.
.
- Sí, con algunos más encima, dijo la jov~n sonn~ndo.
- Predíquela usted moral, baronesa, y sera obra p1a. Tal vez la escu~he; pero
yo he agotado mis argumentos; y por otra ¡.;arte, nunca toma por lo seno lo que
yo digo. ¿Por qué será?

- Porque eres más joven que yo, tía Aurelia, y porque ya desde pequeña tomaste la costumbre de reirte de todo.
- Por temor de tener que llorar de todo, como dijo el otro.
- ¿Sobre qué debo predicarla, señora Despois?, preguntó la baronesa sonricndo, mientras daba la mano por última vez á la mujercita regordeta y vivaracha
que respondía al nombre de Aurelia Despois.
- ¡Pues sobre el matrimonio! No tiene sentido comLín que una hermosa y
amable joven como esa se burle del matrimonio. ¡Ah! No se casa una siempre
por su gusto ... Ya sé yo algo de esto ... y ha hecho bien en prolongar el estado
de soltera un poco más allá ?e _los lími_tes ordinarios; pero en ,fin, es preciso 11:gar ~ ello; es un_ deber patnót1co, cív1co_y qué sé yo qué ma~ ... Esto debena
e!1s~~arsc en los hb~o~ sobre n~oral rcpubh~ana para uso de las Jóvenes; es como
s1 d1Jéramos el serv1ct0 femen_mo obhgatono.
- Eso es lo que yo le predicaré; y aunque no lo haga tal vez desde el punto

I

�18

L\

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nú}.11mo 575

de vista cívico y republicano, no por eso dejará de ser mejor y más atendible el des de mi vecinita; á los dos les agradan el campo, los largos días de estudio,
las veladas de familia; ella se apasionará por sus libros, y él la ayudará; será una
sermón.
El alegre sol de junio, algo ardiente aquel día, prestaba animación al antiguo unión de las inteligencias y de los corazones: son dignos uno de otro. Todo
castillo, imponente mole de piedra gris, flanqueado por dos enormes torres con conspira á unirlos, todas las conveniencias de edad, fortuna y familia: nada falta.
- Y precisamente porque todas las conveniencias se reunen es probable que
estrechas y largas troneras. Aquel castillo, asentado en lo alto de la colina, tomaba con frecuencia un aspecto severo, con su fachada desnuda y sus ventanas ese matrimonio no se verifique. Hemos crecido juntos, y Roberto no vió nunca
irregulares de pequeños vidrios; pero nada resiste á la marcha del sol, y la baro- en mí más que una compañera, una especie de hermana.
- Y sin embargo, según esas cartas, parecíame que este invierno, durante el
nesa, dirigiendo una última mirada que abarcó la habitación, el jardín escasacual
se han visto ustedes tanto, la mutua simpatía tomaba un carácter más tiermente provisto de flores, la inmensa extensión del bosque alrededor y por últino y que la idea de ese matrimonio tan deseado ya no la intimidaba á usted.
mo la vista maravillosa del mar en lontananza, exclamó:
Ahora veo que Roberto, lo mismo que su madre, se ha forjado ilusiones:
- ¡Cuánto amo esa soledad, querida Marta!
Marta permaneció algunos instantes silenciosa, muy absorta y conmovida;
Marta Levasseur sonrió y repuso tranquilamente:
- Sólo aquí soy feliz, y se me podría tomar por una salvaje. Adoro mis bos- mas al fin miró á su anciana amiga, y á ésta le sorprendió la expresión dolorosa
ques, el aroma del tallar, el rumor de las hojas secas que crujen bajo mis pies... ; de los ojos sombríos de la joven.
- Escúcheme usted y compréndame, dijo Marta; hablaré claramente, dejántodo esto me persigue en mi vida de sociedad. Los tres meses de París, que de
una manera tan ridícula parecen insuficientes á mi tía, son para mí un período dole leer hasta el fondo de mi corazón. Mi sueño dorado, aquel que en secreto
de destierro. La pobre mujer no comprende nada; no sabe que, cuando paso las acaricié desde la infancia, sería tener por esposo á Roberto y ser hija de usted;
horas en medio de mis árboles, no estoy sola nunca; que las ramas me conocen pero él no me ama; y no equivoque usted el sentido de mis palabras. Algunas
ya; que las avecillas trinan para mí; que el cielo, visto á través del follaje, es más veces cree amarme, pues me profesa un afecto profundo y también un verdadehermoso que la bóveda libre por muy radiante que se muestre. He aquí lo que ro cariño; él quisiera unirse conmigo, y cree de buena fe que sería feliz por este
yo soy para la vida ordinaria de las mujeres, y vea usted ahora cómo estaré dis- matrimonio; pero se engaña; segura estoy de ello. Si yo me caso, quiero ser adorada de mi esposo, y sin esto no quiero matrimonio, porque me inspiraría hopuesta á escuchar los consejos de la tía Aurelia ...
rror y moriría. Ahora bien: soy incapaz de infundir la pasión que ¡ay de mí!
- Y sin embargo, hija mía ...
- Sí, es verdad, interrumpió Marta sonriendo. Usted ha prometido hacerme me siento dispuesta á sentir. ¿Por qué? Me falta algo, un encanto, un atractivo,
un no sé qué, suficiente en muchas mujeres más feas que yo para hacerse
un sermón en tres puntos.
.
La baronesa de Anee! se detuvo un instante en medio de la avenida por don- amar; y crea usted que esto me hace sufrir mucho. No quiero decir, sin embarde avanzaban; su rostro, un poco flaco y huesoso, se iluminó con una adorable go, que no me hayan hecho la corte, porque soy bastante rica é inteligente y
sonrisa de bondad, que le devolvió un instante su belleza, y bajo el cabello gris estoy bien educada para que más de uno haya pensado en mí; pero las madres
son las que principalmente me han cortejado.
sus ojos brillaron.
-Como yo ...
- ¡Ah!, repuso, no es un sermón lo que trato de hacer á usted, Marta; yo no
- ¡Ah, ustecl!.. ¡Si supiera cuánto desearía decir desde luego que sí y arrosé decir sino aquello que sube del corazón á los labios, y bien sabe usted que la
jarme en sus brazos llorando de alegría!
quiero para hija y que la amaré mucho, casi tanto como á mi único hijo ...
- ¿Quiere decir que le ama usted?
La joven, muy conmovida, abrazó á la anciana, pero sin contestar.
- Tal vez ... ; pero me inrerrogo, y paréceme que cuando se ama de veras no
Muy pronto, á través de los árboles que cubrían toda la colina divisóse el
mar; el castillo quedaba oculto ahora en su nido de follaje; el sendero torcía se ha de preguntar, porque se sabe. ¿Quiere usted que hagamos un pacto? Robruscamente á la derecha y después seguía á. lo lejos la costa, que á veces, sin berto vendrá á pasar el verano en su casa; somos vecinos y amigos íntimos desde hace largo tiempo; yo comunicaré un poco más de animación á nuestra vida
embargo, gracias á un súbito recodo, desaparecía para aparecer de nuevo.
En todo ese maravilloso país normando, en los alrededores de Honfleur, no y hasta pienso convidar á varios amigos, y con esto habrá ocasiones naturales
hay tal vez paseo comparable con aquella avenida: los pies de las dos mujeres de encontrarnos sin que á. nadie pueda extrañar. Antes del otoño Roberto y yo
hollaban un musgo espeso y elástico; el bosque se extendía á derecha é izquier- sabremos á. qué atenernos.
- ¿Podré decírselo?
da, inculto y salvaje, sembrado aquí y allá por espinos blancos y agavanzos en
- Si usted lo desea puede hacerlo; pero ha de entenderse bien que los dos
flor, y á la izquierda el espacio inmenso del mar, brillando bajo los rayos del
seremos libres, completamente libres para decirnos á la primera duda, con toda
sol, presentaba todos los tintes, desde el blanco gris hasta el azul casi negro.
Después divisaron la desembocadura del Sena, tan vasta é imponente, que el lealtad y franqueza: «No te amo como se debe amar., Conozco á Roberto, y sé
Havre parecía una ligera línea negra dominada por sus dos faros. Algunas ban- que es digno de la confianza que en él tengo. Lo mismo que yo, dirá: «Cualdadas de gaviotas y la humareda que despedía la chimenea de un vapor eran las quier cosa menos un casamiento que no haya de ser una unión absoluta y perúnicas cosas que animaban aquella inmensidad. Este espectáculo producía en fecta.» Y sobre todo, advierta usted que el secreto ha de quedar entre nosel ánimo una impresión casi solemne de lo infinito, del silencio, del horizonte otros tres. Usted no dirá nada á mi tía, porque se juzgaría tan dichosa, tan inmensamente feliz, que me trastornaría; y como me conozco muy bien, sé que
perdido en lontananza y confundiéndose con el cielo.
acabaría por echarlo todo á perder.
.
- Sentémonos aquí un momento, si usted gusta, dijo Marta.
- Entonces, hija mía, seré discreta como la tumba; mas espero ... espero ...
En aquel sitio, el talud tenía la altura apetecible para sentarse; los grandes
Las dos mujeres habían continuado su marcha, y al dar la vuelta á un recoárboles que poblaban la parte alta de la colina habían sido reemplazados en
aquel rincón de la finca por una plantación de pinos, que despedían un fuerte y do de la misma avenida encontraron al cartero.
- ¿Tiene usted algo para mí, Sr. Duval?
agradable aroma resinoso bajo la influencia de los ardientes rayos del sol, y á
- Sí, señorita, y ya que la encuentro voy á dar á usted sus cartas; así podré
través de un boquete veíase admirablemente el mar, que muy azulado aquel día,
bajar por la granja, acortando mucho el camino.
prolongábase por la caprichosa línea de las largas playas de dorada arena.
- Eso es, y diga usted á Fernanda que le dé un buen vaso de sidra.
El silencio absoluto de aquella agradable soledad no era interrumpido más
- Gracias, gracias, señorita. Servidor de usted.
que por el zumbido de los insectos ó el rápido vuelo de una bandada de pajariAsí diciendo, Duval descendió ligeramente por un angosto sendero que conllos que habían cesado en sus cantos; solamente dos mirlos se contestaban á lo
ducía á una de las granjas de la finca.
lejos.
Marta miró las cartas y guardólas en su bolsillo.
La baronesa de Anee! tomó la mano de la joven y conservóla entre las suyas;
- ¿No las lee usted?, preguntó la baronesa.
y como Marta levantase los ojos, vió en ellos lágrimas.
- ¡Oh! Sobrado tiempo tengo. Son cartas de amigas del colegio. Es singular
- No era mi ánimo contristará usted, querida Marta, le dijo.
- ¡Ah, señora, usted no me contrista!. .. Es que en este sitio mismo, hace más que las muchachas y las mujeres jóvenes tengan poco más ó menos el mismo
de veinte años, vi llorar á mi madre; yo era muy pequeña entonces, y no podía carácter de letra, inclinada, regular y sin expresión, por decirlo así. Aquí tengo
comprender, pero sollocé en sus brazos al verla tan triste. Más tarde supe la tres cartas, y á menos de examinarlas de cerca, no me será posible decir cuál es
causa de ello. Nunca percibo este olor de los pinos cuando el sol brilla, ni veo de Lucía, de María ó de Julia. ¡Calla! Si las invitase á las tres, con los padres
la curva de la playa sin recordar la escena de aquel día y sin decirme que el de las unas y el esposo de la otra... Así tendríamos una sociedad joven y alematrimonio, cuando la mujer es la única que ama, es lo más triste y angustioso gre: Roberto se encargaría de buscar los caballeros.
La baronesa y Marta llegaban ya á la gran barrera blanca que separa en
que darse pueda ...
- Pues qué, ¿no hay acaso más que malos matrimonios? ¿Tan pronto pierde aquel punto el parque de una senda que conduce al camino real desde Honfleur á Trouville. La baronesa estaba allí casi en su casa, y abrazó á Marta más
usted las ilusiones?
- ¡Oh, hay tantos! ... Yo tengo veintiséis años, y he conocido ya más de una tiernamente aún que de costumbre, pareciéndole que esto era casi una especie
de toma de posesión de sus funciones de suegra. Involuntariamente Marta se
amiga desgraciada que, sin embargo, pensaba ser dichosa.
- Pues yo cuento sesenta, querida Marta, y tengo más fe que usted en este irguió un poco, cual si recobrara de improviso su carácter indómito.
Para entrar en el castillo Marta tomó otro camino más agreste y pedregoso, no
punto; he conocido la dicha completa y la he visto á mi alrededor. Además he
observado otra cosa, y es que con frecuencia la mujer rige su propio destino, y tan agradable como la musgosa avenida; era muy empinado y conducía á la
que la felicidad, comprometida un instante, se puede recobrar y conservar. No cumbre de la colina: á los tallares. de pequeños árboles, llenos de arbustos, y las
digo esto por su pobre madre, á quien mucho quise, pues para ella se produjo rocas caldeadas por el sol, donde las mariposas revoloteaban, sucedió muy pronuna de esas fatalidades terribles que rara vez ocurren. Su esposo estuvo como to el bosque con sus árboles magníficos, cuyas ramas se entrelazaban, produciendo una densa sombra. El camino, convirtiéndose en seodero, debía conduhechizado.
- Sí, abandonó á mamá y ésta murió de pesadumbre, mientras él vivió feliz cir á la joven castellana al punto más alto de la propiedad, dominado por una
uniéndose después con la mujer que adoraba; fué marido y padre ... y me olvi- gran cruz de piedra. En aquel sitio habían cortado los árboles para que se pudó á mí.
diese disfrutar súbitamente de una vista más admirable, no solamente del mar,
- Quiso que fuera usted á vivir en su compañía; pero respetó las últimas vo- sino de todo el país que se extendía alrededor. En aquel magnífico día el panoluntades de su esposa, que deseó confiar á usted á su hermana, y sin embargo rama era sublime.
le profesaba á usted mucho cariño.
Marta fué á sentarse en una especie de escalón que había al pie de la cruz;
- Sí, pero desde lejos. No crea usted, señora, que soy dura de corazón, pues echóse el sombrero hacia atrás, y aspirando con fuerza el aire embalsamado, cohace largo tiempo perdoné un abandono que por lo menos me preservó de un menzó á meditar, contemplando á lo lejos el mar estriado ahora por grandes racontacto odioso; pero hubiera querido abrazar á mi pobre padre antes de su yas sombrías.
muerte. Ahora todo eso está muy lejos y casi borrado de la memoria; soy libre
¿Se lo había dicho todo, absolutamente todo á su anciana amiga? No sin cierde gobernarme á mi antojo y de ser feliz á mi manera, lo cual ya es mucho.
ta inquietud sondeó la profundidad de su corazón, y después, poco á poco, sin
- Pues entonces ... ¿deberé renunciará mis esperanzas? No soy más que una que tratara de explicarse por qué, una inmensa alegría, una dulzura inefable,
vieja soñadora ... ¡Si usted supiese cuántos castillos en el aire he levantado para una sensación casi de triunfo llenó todo su ser, y exclamó en alta voz: «¡Amo,
alojar en ellos á mis dos hijos! ... Yo me decía: Roberto es un muchacho muy Dios mío, qué felicidad! ¡Amo con todo mi corazón y con todas mis fuerzas! ..»
formal, muy trabajador, un corazón de oro que sabrá apreciar las raras cualidaMarta no pensaba en volver á su casa, ni echó de ver que el aire había refres-

NúllfERO 57 5

L\

19

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

c_ado ~n poco: Los dí~s de junio son deliciosamente largos, y la comida del castillo bien hubiera podido llamarse ce1:a, La _joven, que gustaba de permanecer
largas horas en el ca~po, se estr;mec1ó al 01r á lo lejos el sonido de la primera
campanada. ¿Tanto tiempo habia soñado? Levantóse al punto y acordándose
entonces de las cartas de París volvió á sentarse para leerlas, pensando que de
todos i:nodos llegaría antes de tocarse la segunda campanada.
, Cogió sus dos cartas, y desde luego le llamó la atención una de ellas. El cara~~er de letra, bastante parecido al de las otras, inglés ordinario, no le era fam1!1ar; Y buscando en sus recuerdos, ~orno cuando nos habla una persona á
qmen no reconocemos al pronto, miró de nuevo aquella escritura, el sello de
París, la_ f?rma del sobre, y después su vacilación pueril la hizo sonreir, y abriendo la m1s1va leyó:
«~ermana mía: Puedo llamarle así porque es usted mi hermana. Sabrá que al
monr ?uestro padre encontré una _f~tografía de la que no se desprendía nunca;
la_cog~ Y le he cobrado mucho -~armo: representa una niña con grandes ojos de
expresión grave; u1:a de esas mnas q~e no rompen sus muñecas, y que cuando
e_ncuentran un gomón que_ cayó del. m?o le recogen, le guardan y le domestican
tiernamente: Yo soy también un paJanllo que cayó del nido antes de que las
a)as le crecieran; e~toy completamente sola en el mundo, y en mi triste situación me vuelvo hacia usted para decirle: admítame á su lado hermana mía·
ámeme, que yo también la quiero mucho, á. pesar de que ja~ás la he visto
usted.
»Hace má~ de un año que mi madre murió. Tengo un tutor á quien aborrezco Y p~ra qmen soy un estorbo. Aún es~oy en el colegio; pero cuento diez y
ocho anos, y me aburro lo que no es decible ... La familia de mi madre se daría por_ i:nuy contenta con admitirme; pero si mi madre era digna de adoración,
su familia ... no sé cómo decírselo ... , su familia está relacionada muy de cerca
con el teatro, y éste no se ha hecho para la señorita Levasseur. Mi tutor desearía casa~me con un hombre á quien no conozco, y que se casaría conmigo
sólo por m1 dot~, á lo que parece; pero yo no quiero ...
»Uste? es m1 ~mada hermana, y debe ser buena, porque estos ojos que veo
no podnan mentir. .. Abrame los brazos para que yo me refugie en ellos muy
pronto. La querré tanto y la abrazaré con tal fuerza, que acabará por alegrarse
de haberme encontrado.
·
»Su hermanita Ed111u11da Levasseur.»

i

Después se produjo un poco de confusión; era preciso ocuparse de la dama
que había acompañado á Edmunda y que deseaba volver á París en el primer
tren. Roberto desplegó una actividad tal vez exagerada, y al fin tomó asiento en
el landó, frente á las dos jóvenes. Solamente entonces fijó la atención en su
amigo, á quien había olvidado completamente y en el que sorprendió una mirada de enojo y envidia. En el momento de pasar junto al coche, Roberto llamó á su compañero con la mano.
- Marta, dijo, ¿me permitirá usted presentarle á un camarada de colegio, que
ha obtenido licencia para acabar de restablecerse en Trouville? Es el capitán
Bertrand, á quien he prometido presentar á mis amigos, y que será un compañero precioso para las fiestas que usted prepara, según me ha dicho mi madre ...
Bertrand, tengo el honor de presentar á usted á las señoritas de Levasseur.
El landó se puso en movimiento, y el capitán permaneció un momento inmóvil, contemplando á los tres jóvenes, á quienes oía reir; estaba descontento
sin saber por qué, pa:eciéndole que no se había hecho aprecio de él, por más
que Roberto le hubiese presentado. No obstante, al devolverle Edmunda su
saludo, habíale mirado con alguna detención, y otra vez pensó que aquella mirada no estaba en armonía con la educación conventual, aunque también podía
ser que no se hubiese educado en un convento; pero después de todo, era la joven más hermosa que jamás había visto, con sus grandes ojos negros - los mÍs·
mos de su hermana, - pero con el cabello rubio. Esto constituía un contraste
maravillosamente curioso. Marta, por el contrario, marcadamente morena, tenía
color mate y el cabello casi negro, y era más agraciada que otra cosa; pero con

II
El tren de París á Hon~e~r entraba en la estación; dos jóvenes saltaron li~eram~nte de un compart11:11ento, pero como de común acuerdo permanecieron
Jun~o a la portezuela. U na Joven, tan hermosa que hasta los viajeros que corrían
hacia la puerta volvían la cabeza para mirarla, disponíase á bajará su vez. Su
fald~ ~e enganchó, y estuvo á punto de caer al saltar, pero los dos jóvenes se
prec1p1taron para ayudarla.
- Gracias, caballeros, dijo.
. Y su_s ~ermosos ojos repitieron las gracias, distribuyendo sus miradas con una
1mparciahdad conmovedora.
- ¿Qué ha sido eso, Edmunda?, dijo una señora de edad respetable que
acompañaba á la joven.
- Nada, señora, que estuve á punto de caer, y...
No dij? más, y con un movimiento de impaciencia dirigióse hacia la salida.
.,.. ¿Qmén es? ¿Dónde va?, preguntó uno de los jóvenes á su compañero. Conozco Honfleur y sus alrededores tan bien como mi bolsillo, y jamás había visto esa maravilla ...
- Sigámosla, dijo el otro, y así nos informaremos. Seguramente es una joven
de la alta sociedad, y sin embargo ... sin embargo ... hay en ella un no sé qué
que no huele á convento.
El que hablaba así era un gallardo mancebo, que á pesar de su traje de paisano revelaba el militar á la legua: la mirada dura, el bigote provocativo y los
ade~anes un poco bruscos parecían indicar que aquel joven oficial no era muy
bemgn_o en el mando. Su compañero, mucho menos favorecido por sus cualidades físicas, tenía ojos azules de expresión meditabunda y acaso del hombre que
se dedica al estudio.
Edmunda apresuraba el paso: con el cuello tendido y la mirada ardiente,
tra~ba de re~onocer entre las ~ersonas que esperaban á los viajeros aquella que
debia haber ido á buscarla, sabiendo que de aquel primer encuentro dependían
rnu~has cosas. Olvidó así del todo á los dos jóvenes, con cuya evidente admiración se había divertido durante el viaje; sin embargo, la admiración era para
ella cosa tan indispensable como el aire que respiraba.
Apenas ~arta Levasseur vió el rostro de aquella joven, que expresaba profunda emoción, no dudó un momento; adelantóse resueltamente un poco pálida, y limitóse á decir:
- ¿Se llama usted Edmunda Levasseur?
.
Edm~n~a, muy turbada, conmovida hasta el punto de llorar, refugióse por
un mov1m1ento de infinita gracia en los brazos de la joven.
- ¡Hermana mía!, murmuró.
Marta abrazó á. la joven de la manera más cordial. Aquel beso sellaba un pacto, en el que Marta no había consentido sin vacilar antes mucho, sosteniendo
una verdadera lucha en su interior.
- ¿Sabes, dijo, que me pareces una hermana verdaderamente seductora?
- ¡Oh! Si yo pudiese agradará usted ...
- Pues comienza por tutearme, querida Edmunda, puesto que somos hermanas, repuso Marta.
Los dos jóvenes habían sido testigos de aquella escena; Marta los divisó al
fin, pues hasta entonces no había visto más que á. la hermosa viajera, y su pálido rostro se coloreó súbitamente.
- ¡Es usted, Roberto!, exclamó. Su madre no le esperaba hasta la semana
próxima.
- Es que trato de darle una sorpresa.
- Pues entonces le conduciré á usted, porque no encontraría coche y nosotras
pasaremos por delante de su casa. ·
D~spués, como Marta notase que miraba á Edmunda con curiosidad, añadió,
no sm esforzarse:
- Mi hermana, la señorita Edmunda Levasseur. .. El señor barón de Anee!.
El joven saludó profundamente.

Eclmuncla comenzó á sollozar.. .

su eleva?ª estatura_ y su aspecto grave, ¿quién hubiera pensado en mirarla dos
veces mientras tuviese á su lado á la pequeña maravilla?
.
Cuando Roberto se hubo separado de las dos jóvenes, Edmunda tomó la
mano de su hermana.
- ¡Qué contenta estoy!, exclamó ... Si supiera usted ... Si tú supieras ...
. fWarta sonrió; habíale conquistado el encanto de aquella niña que parecía solicitar su afecto, reclamar su protección, que se hacía pequeña á su lado y que
era verdaderamente conmovedora en su candidez semiconsciente. Comprendió
d_e una ~anera vaga que aquella dulzura y encanto para pedir ayuda y protección deb1a tener para los hombres· un atractivo irresistible. La madre de Edmunda ~abía mir~do ta~ vez ,Í su padre como la joven la miraba á ella; mas este
p~nsam1ento n_o hizo mas que cruzar su mente, como un dolor punzante hace
vibrar un neTVJo ~nfermo. D;sp~és se entregó á la alegría de haber encontrado
un ser más débil que ella a qmen amar y mimar de todas maneras; y cuando
~arta__daba su corazón ya no volvía á tomarle. Su primer instinto fué rechazar
a la h1Ja de la extranjera; pero al fin la recogió, y ahora la adoptaba lealmente y
en absoluto.
- Escúchame, Edmu~da, ?ijo; en l~ carta que te escribí no me fué posible
ha~larte de todo. Conmigo vive una tia, hermana de mi madre, la señora Despois, qu~ me ha educado_ y á quien amo con todo mi corazón. Será preciso que
1~ ~onqmste~, pues ... meior es que lo sepas ... se opuso cuanto era posible á que
vmieses aqu1.
- Es muy natural, pu~s no ve en mí más que á la hija de mi pobre mamá;
mas yo haré todo lo posible para que muy pronto no vea en mí sino á tu hermana.
- ¡Qué razonable y sensata eres!, exclamó Marta con admiración.
Edmunda comenzó á reir con su infinita gracia.
- Esto es ~lemental, dijo; haciéndose amar se obtiene cuanto se quiere.
__Esta profesión de fe sorrrendió muc~o á la hermana mayor; pero Edmunda
d1Jo aquello con tanta sencillez como s1 la cosa no admitiese discusión y se
entregó después á una charla t~n seductora sobre la belleza del país y l~s recreos que se prometía en med10 del campo, ella que no había conocido más
verdor que el del bosque de Bolonia, que Marta olvidó muy pronto la impre-

�20

N Ú,\lERO 57 S

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sión que aquellas palabras le causaron. Cuando el coche penetró en la hermosa
alameda que conducía al castillo, el cual no se divisaba aún, Edmunda quedó
casi pensativa.
- ¿Y es tuyo todo esto, esos inmensos bosques/, preguntó.
- Sí, contestó Marta sonriendo. Se puede pasear durante algunas horas por
la finca; y para hacer ejercicio apenas sería necesario salir de aquí.
- ¿Entonces serás muy rica?
- No mucho: las propiedades como esta cuestan caras, aunque yo no me molesto mucho para su conservación, según puedes ver. Me agradan más los bosques que un parque ... , y no producen gran cosa; pero este es un lujo de mujer
salvaje, que á mí me agrada en extremo. La fortuna de mi ... , de nuestro padre,
se repartió en dos porciones. Esta finca me corresponde por mi madre, y según
he creído comprender, tú debes ser más rica que yo.
- Es posible. Papá especuló con el dinero de mamá y le ha decuplicado, según me dijo mi tutor. De todos modos, ni una ni otra nos moriremos de hambre. ¡Qué cosa tan horrible debe ser la pobreza!
- ¡Quién sabe! Yo no hubiera temido verme obligada á ganar la vida, ó por
lo menos lo creo así.
Edmunda se estremeció de horror. ¡ Ganarse la vida, trabajar como una segunda maestra del colegio de que acababa de salir! Ella, mujer de lujo, no hubiera sido capaz de hacerlo.
El coche penetró por la izquierda en una nueva avenida más ancha que la
primera, sombreada por grandes hayas, y de pronto divisóse la mole gris del
castillo con el bosque á la espalda, con su extenso prado cubierto de flores, desde donde la vista podía abarcar un inmenso espacio.
- Pero ... esto es muy importante, exclamó Edmunda; parece un castillo de
novela. ¿Habrá por casualidad aparecidos?
De repente Marta pensó con alguna tristeza que el ap:i.recido que iba á visitarle era el pasado, bajo la forma de Edmunda, fa hija de aquella mujer que tanto había hecho llorar á su madre. Y preguntóse si la difunta no la censuraría
por aquella entrada triunfante, aquella toma de posesión. Las palabras de su tía
resonaban en su oído. «¡Ya lo verás ... , la desgracia entrará aquí con la hija de
la actriz!&gt;&gt; Pero Marta, desechando resueltamente estos pensamientos, se inclinó
para besar de nuevo á su hermana.
- No, hija mía, dijo, no hay aparecidos en mi casa, y si los hubiera, la alegría de tus diez y ocho años los alejaría de aquí. Bienvenida seas; si yo puedo
proporcionarte la felicidad, serás dichosa; me comprometo á ello.
Edmunda, muy conmovida y un poco inquieta por las serias palabras de su
h~rmana, la miró un momento, y sus hermosos ojos de niña se llenaron de lágrimas.
- Te adivina, mi buena Marta, dijo con acento de verdadera sinceridad, y á
no ser así, jamás hubiera osado escribirte. Papá me lo había dicho: «Si alguna
vez necesitas ayuda y protección, Edmunda, dirígete á tu hermana; yo te aseguro que no será en vano ... » ¡Cuántas veces he pensado en esas palabras!.. Pero ... ¿cómo decírtelas? Te suplico que no me tomes muy por lo serio. No soy
nula, pero tampoco sé si soy buena, y me parece que viviendo contigo podré
llegará serlo ... En esto es principalmente en lo que hay que ayudarme ... Hasta ahora he pensado sobre todo en divertirme lo más posible con las cosas de la
vida; pero tal vez sea esto insuficiente como ideal... ¿Lo crees así?
Edmunda se reía, en parte con sinceridad, al hacer tal confesión, no queriendo que se tomasen sus palabras al pie de la letra y deseosa sobre todo de parecer bien á su hermana.
Marta sonrió.
- Me pareces bien tal como eres, repuso, con tal que seas siempre franca y
sincera; esto es todo lo que te pido.
Se acercaban al castillo: los criados, curiosos por ver á la nueva seiiorita, habíansc reunido á la entrada para recibirla; Edmunda contestó á sus saludos con
mucha gracia, y al punto se la proclamó como encantadora, lindísima y no or-

gullosa.
En cuanto á la señora Despois fué necesario ir á buscarla hasta el fondo de
un gabinete, donde bordaba en un enorme bastidor, ocultando en parte su pequeño cuerpo de formas redondeadas.
- Tía Aurelia, aquí está mi hermana Edmunda.
Marta pronunció estas palabras con una entonación algo particular; amaba
mucho á su tía; pero bien mirado, la joven era dueña del castillo, y en algunas
ocasiones no vacilaba en darlo á entender. La tía se vió súbitamente con las
manos tan llenas de sedas y lanas, que no pudo dar á la recién venida más que
un dedo, y después se ocultó en parte detrás de su bastidor, sin dignarse notar
la expresión algo turbada del lindo rostro de Edmunda.
- Buenos días, señorita, dijo. ¿Ha tenido usted buen viaje? Un poco de polvo, ¿no es verdad? En cuanto á mí, me causa horror el ferrocarril. ..
- T odo ha ido bien: gracias, señora; pero ... yo la suplico que me llame Edmunda á secas ... Marta tiene la bondad de tutearme.
- ¡Oh! Marta es muy dueña de hacer lo que guste; ella es quien invita á usted, pretendiendo que usted es su hermana. Yo no deseo otra cosa; pero si soy
tía de ella, no lo soy de usted. La madre de Marta era hermana mía, una hermana á quien adoraba ...
- Lo sé muy bien, señora; usted no desea mi presencia, y me parece muy natural; péro si usted quisiera fijarse bien en mí. .. ¡mire usted, así! .. . vería que no
soy ma)a, comprendiendo también cuán doloroso fuera para mí dar lugar á la
menor des~venencia entre mi hermana y usted. Y ... yo aseguro que haré cuanto
m~ sea posible para que algún día no lejano me perdone usted el ser. .. hija de
m1 madre.
·
. Ent~nces, vencida I?ºr todas las emociones del día y por aquella primera resistencia, ~unque prevista ya, Edmunda comenzó á sollozar con la violencia de
los niños que no saben reprimirse y que quieren que se l~s consuele. Muy molest~da por aquella escena, la señora Despois se retiró precipitadamente de su
bastidor.
- ¡Vamos, señorita, dijo, vamos .. . Edmunda!..
-. J?ispense usted, señora, balbuceó la joven entre dos sollozos, dejándose
acariciar por su hermana; no lo hago á propósito; es que no puedo remediarlo...
¡Ea! Ya se acabó...
- Entonce~ será prec!s? que la bese para hacer las paces, ¿no es verdad?
- ¡Ah !. .. ¡S1 usted qu1s1era no aborrecerme!
- Pero si yo no la aborrezco; lo que odio es el pasado. ¡Vamos, no se hable
más del asunto! Tome usted ... ¿Está contenta ahora?

Y tía Aurelia besó en la frente á la joven, no pudiendo resistir más á las miradas suplicantes de Marta.
La tempestad pasó tan pronto como había venido. Edmunda reía y lloraba
aún, dando gracias á la señora Despois con frases sueltas entrecortadas por sollozos.
Marta se apresuró á llevarse á Edmunda para instalarla en su habitación. Al
ver á las dos jóvenes, y sobre todo á' la mayor, rodeando con el brazo á la otra,
que parecía tan pequeña y graciosa junto ella, Aurelia murmuró: ~¡Si me hubiesen predicho que yo besaría á esa niña! ... Pero con sus ojos hará cuanto quiera de todos los que á ella se acerquen. En cuanto á Marta, ya se ve que está
hechizada. ¡Bah! Casaremos la pequeña cuanto antes, pues segura'mente no
será de las que hacen ascos al matrimonio... , y después volveremos á quedar
tranquilas. Esa muchacha es lindísima, no se puede negar...»
La habitación particular de Marta se componía de una espaciosa estancia con
vistas al jardín y de un gabinete dispuesto en la gran torre de la derecha; este
aposento circular era lindísimo, y tenía la pared tan gruesa que en su espesor
en cada estrecha ventana quedaba lugar para dos asientos, en los que se habían
puesto almohadones y desde los cuales se disfrutaba de una vista admirable.
Una escalerilla de caracol, practicada igualmente en el espesor del muro, cdnducía al jardín por una puertecita de la que apenas hacía uso nadie más que
Marta. Al piso superior subíase por la misma escalerilla, pero rara vez estaban
ocupadas sus habitaciones. Junto á la alcoba, y comunicándose con ella, había
otro aposento muy grande y alegre.
- He aquí tu habitación, Edmunda, si es que te agrada. Si la prefieres mandaré arreglar la de más arriba, que también tiene un saloncito en la torre; pero
me ha parecido que, sobre todo si tienes miedo á los duendes, te agradaría estar bajo mi égida. Mi gabinete será el tuyo; ya ves que hay piano, libros y escritorio, y adell\ás es bastante grande para que no nos molestemos mutuamente.
- Déjame permanecerá tu lado, Marta, siempre junto á ti. ¡Estoy tan bien!
¡Qué bonita habitación me has dado, y qué vistas tiene! ¡Ah! ¡Qué felices vamos
á ser las dos!
Algo sobrexcitada y febril, Edmunda no podía estarse quieta y quiso visitar
desde luego el castillo, mientras la doncella abría los cofres para poner en orden todos los efectos.
La parte posterior del castillo, muy irregular, cortada por torrecillas terminadas en cono, por varios cuerpos de edificio que tan pronto presentaban entrante como saliente, y algunos pequeños patios interiores con el pavimento de
grandes piedras, todo ello construído en diversas ocasiones, según las necesidades del momento, no estaba muy en armonía con la severa fachada desnuda.
~ás allá veíanse las cuadras, un corral, un extenso verjel y un huerto, y en último término extendíanse á lo lejos por todos lados los silenciosos bosques ...
Edmunda, pequeña parisiense escapada de colegio, al Yerse en plena campiña se embriagaba ante aquel paisaje lleno de vida, que tenía para ella el encanto
de lo imprevisto y de la novedad. Pensaba divertirse mucho y jugar al aire libre; mas en aquel pequeño cerebro las ideas se cruzaban y confundían desordenadamente.
- ¿Y vas á recibir visitas y dar fiestas? ¡Qué felicidad! ... Ese caballero... ¿có~o se llama?... que tú encontraste fué quien lo dijo. ¿Le conoces hace mucho
tl~mpo?.¡Qué extraño es que no haya pensado en casarse contigo, puesto que
sois vecmos! Yo creo que el campo debe invitar á casarse...
.
- Ya ves que no, puesto que para mí no ha llegado todavía la hora.
- Ya vendrá. Me agrada mucho ese caballero, aunque tiene los hombros algo
abultados; sin duda escribe mucho, inclinado sobre la mesa... También el otro,
ya s~b~s, el militar, es seductor. Esos dos caballeros ocuparon el mismo compart1m1ento que nosotras durante el viaje. ¿No te lo dije? Yo me divertí mucho.. . Los dos me miraban sin apartar de mí la vista un minuto, y yo dejaba
caer expresamente mi libro ó mi pañuelo para ver cómo se disputaban quién
lo cogería antes;, una vez tropezaron uno contra otro, y estuve á punto de soltar
la carcajada. Después, al apearme, faltóme poco para caer, y los dos corrieron
para ayudarme. Cada cual obtuvo una de mis mejores sonrisas, y así ninguno
podrá tener celos.
Este relato no complació del todo á Marta.
- Espero, sin embargo, hermanita mía, que no serás coqueta...
- No lo sé; mas creo que sí, y no habrás de extrañárlo, puesto que te he confesado que tenía muchos defectos...

NúMERO

575

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

idea de hacer desbrozar aquellas espesuras. En trechos muy largos el sendero que une dos aldeas no es
otra cosa que el lecho de un arroyo, lo cual, si bien
EN EL FONDO DEL GOLFO DE GUINEA
es
cómodo para los habitantes del país, pues les ahoLA MISIÓN FRANCESA DEI. CAPITÁN B I NGER
rra trabajo, resulta muy penoso para el europeo, que
Entre el cabo de las Palmas y el de las Tres Pun- no podría andar descalzo, como los indígenas, sin que
tas extiéndese una costa de cerca de 600 kilómetros sus pies quedaran destrozados á la primera etapa.
SECCIÓN CIENTÍFICA

a

a

III
Marta no había tenido nunca una amiga íntima á quien contar todas sus cosa~; sus compañeras no fueron para ella más que compañeras, y tal vez esto explicaba que desde su primera juventud hubiese tomado la costumbre de escrib!r u~ diari?. Muy reflexiva, amante hasta el punto de darse cuenta de sus propias 1~pres10nes y pensamientos, dejaba correr su pluma con cierto abandono,
y escnbía con la mayor sinceridad. Con frecuencia, cuando todos los de la casa
dormían profundamente, Marta sacaba de su pupitre un libro con cerradura,
qu~ solamente se abría para ella, y en el fondo de un mueble, bien guardados
baJo llave, tenía varios volúmenes semejantes, en cuyas páginas se expresaban
todos los incidentes ocurridos en sus juveniles años y todos sus pensamientos.
Algunas veces abría uno á la casualidad y encontraba allí. descritos los acontecimientos que al pronto habían parecido muy importantes y cuyo recuerdo se
habí~ borrado; ilusiones que no se realizaron, grandes pesares de niña que desde lejos hacían sonreír, bosquejós de pequeñas novelas, de las cuales solamente
se había escrito el primer capítulo, y juicios absolutos como lo son los que se
forman á los diez y ocho años y que ahora la hubieran hecho ruborizarse. Pero
Marta g~ardaba todos sus cuadernos, y aprendía á conocerse un poco, á tener indulgencia para aquellos que, á su vez, aleccionándose con mucha lentitud muéstra~se intolerantes, violentos ó inconscientes, así como los frutos son ás{)eros y
agnos antes de la madurez... También aprendía á ser paciente consigo misma,
y á no desesperarse cuando se sorprendía á sí propia en flagrante delito de orgullo é intolerancia.
Una noche, cuando su hermana dormía ya con la tranquilidad de un niflo,
cansada de correr, Marta cogió su diario.
(Co11ti1111ar,í)

Fig. r. :\lisión del capitán Binger en la costa del Marfil en el país de Kong. Una calle de Kong (de fot ografía)

de ex!en~ión, bañada por varias corrientes, de las que
las prmc1pales con el Lahú, el Comoé y el Tanoé.
Esta costa, que pertenece á Francia en virtud de tratados, cuyas fechas remontan, en algunos de ellos á
1850, no ha sido nuevamente ocupada hasta desp~és
que regresé de mi primer viaje, en 1889: actualmente forma parte del gobierno de la Guinea francesa,
con el nombre de costa del Marfil, y confina al Oeste,
por el rí? ~ayally, con la república de Liberia, y al
Este esta hm1tada por el territorio de los achantis, la
Gold-Coast (Costa de Oro) británica.
. La misi~n que me .había confiado el gobierno consistía en fiJar los límites de nuestras posesiones del
Este, d~ acuerdo con los agentes del gobierno inglés,
y e_n avistarme con los principales soberanos del intenor qu~ están sometidos á nuestro protectorado.
_La región que la misión ha recorrido es la parte
onental de nuestras posesiones de la costa del Marfil
que se extiende al Norte hasta las comarcas musui'.
manas de Bondukú y del país de Kong.
A.p,esar de las apariencias, esta región no se parece m a nuestras posesiones de los Ríos del Sur ni á
las del g?lfo. de Benin;_ tiene un carácter especial por
su const1tuc1ón geológica, y por consiguiente por su
v~getación y sobre todo por los pueblos que la habitan.
La forma general del litoral de la costa del Marfil
es notablemente recta, debido esto á una corriente
marina procedente del Este que ha hecho desaparecer las anfractuosidades de la misma y cerrado las
desembocaduras de casi todas las corrientes de agua
que van á parar al mar.
Las corrientes marinas han transformado las bahías en la~unas, separadas del agua salada por una
e~trecha faJ~ de arena que constituye el litoral propiamente dicho, en donde se han establecido las factorías. Las lagunas así formadas son verdaderos lagos navegables que á menudo se extienden 70 millas
paralelamente á la costa: tales son las de Ebrié. ó de
Gran Bassam, y la de Ahi y de Ehi ó de Assinia.
Muy cerca del mar estas lagunas están bordeadas
P?r una cortina de paletuvios, que oculta una vegetación exuberante que se adivina en las cimas cubiertas
de árboles gigantescos. El suelo se eleva á medida
que se _avanza tierra adentro: pronto aparecen algun~s colmas y algo más allá varios montículos volcám.cos, dispuestos paralelamente á la costa, que las corn~ntes de agua salvan formando rápidos. Toda esta
reg1ó1: está cubierta de un inmenso bosque que sin
solución de continuidad se extiende en un espacio
de, un centenar de leguas hasta los confines de los
paises musulmanes de Bondukú y de Kong. En este
océano, de yerdura,. que el viento y el sol son impotent~s a ammar, rema una atmósfera pesada, el aire
,resp1rable escasea, las etapas son con frecuencia muy
penosas y las raíces de las lianas constituyen obstáculos que es preciso vencer á sablazos. Por esta razón
cuando en las inmediaciones de las aldeas se encuent~a~ hermos~s senderos abiertos por los indígenas, el
ViaJero bendice á los caciques que han tenido la feliz

L

b

ª po !ación agm, la que habita el gran

bosque
ha llegado allí en una época relativamente cercan~
(5_00 ó 600 años) procedente de los confines septentnonales del actual Achanti, habiéndose establecido
en aquel territorio pacífica y cómodamente. En la
época de su llegada, sólo las corrientes de agua i·mporta,ntes estaban habit~das, com? lo están aún hoy
en
á d1a, por una población exclusivamente dedicada
1
taj:s.pesca,
que construía sus viviendas sobre piloLa Id
.d I b
s ª eas ~gm, e osquc tie~en muc?a analogía
con las achantls: a menudo no tienen mas que una
calle orientada de Norte á Sur en un claro rodeado
de grupos de bananos, de algunos limoneros
n~s. Las chozas son re~tangulares, en forma d~
d1llos, con paredes de tierra amasada y techos artísticamenl.te ~rabajados cdon ld)almas; por lo general son
muy 1mp1as y revoca as e ocre encarnado· no fenen de censurable más que el ser ridículam~nte lequeñas hasta el punto de no poder instalar en el1as
apenas un catre y una maleta. Naturalmente ricos
por los muchos productos que se encuentran en el

ven de joyas que los agni de los dos sexos llevan en
forma de brazaletes, ligas y collares. Los indígenas
explotan la caoba, el caucho, el aceite de palma y en
algunos distritos el palo campeche.
A unas cien leguas de la costa se empieza á encontrar algunos claros que se suceden cada vez con menor intervalo, hasta que se llega á una zona en donde el bosque constituye en cierto modo multitud de
oasis. Muy pronto se alcanzan las llanuras del Sudán
meridional, el país de los pastos, de las aldeas con
chozas redondas, de las grandes aglomeraciones· el
país en donde los pueblos fetichistas han sido re~mplazados por los mandés musulmanes. Vense allí
grandes centros de población, aldeas con muchos millares de habitantes, como Bondukú ( 7 á 8.000) y
Kong (ro á 15.000), que revelan un mayor bienestar
en aquellas regiones; compréndese que existe allí un
puebl_o más ávido de lujo, más ganoso de lucro, más
Jabonoso; en una palabra, más civilizado. Muchas de
aquellas .gentes .saben leer y escribir el árabe, y aun
algunas tienen cierto barniz de educación que en vano se buscaría en una población del bosque. En la
clase elevada de la sociedad mandé se encuentran
individuos dotados de cierta distinción, de una fisonomía fina, de ojos vivos é inteligentes y de maneras
que sorprenden tanto más cuanto menos se esperaba
encontrarlas. El anciano imán de Bondukú y Karamokho-ulé y el soberano de Kong se hallan en este
caso y se captaron en seguida las simpatías de mis
compañeros de viaje.
~sta población es á la qu·e debemos procurar atraer
hacia nuestras factorías: su actividad mercantil es
extraordinaria y se extiende por toda la desembocadura del Níger. De ella hemos de servirnos para hacer penetrar nuestros productos en todas partes, y á
eSte fin deben tender todos nuestros esfuerzos. Ya
cuando mi primer viaje pude observar entre los mandé d K
b
s e ong _nota les cualidades comerciales, y ahora he~os te~1do la suerte de confirmar nuestra primera impresión y de ver comprobadas estas cualidades por todos los individuos de la misión. Estas poblac10nes desean entrar en relaciones directas con
nosotros, comerciar directamente con nuestras facto' prescmdiendo
·
n~s
de intermediarios. En muchos distr1tos, en el_ Anno entre otros,. el soberano ha mandado ya abm nuevos caminos y rectificar los antiguos
de modo que hoy las distancias se salvan más cómo~
d
l
c:::~t\~ l~t ma~dés l~ga~é actualmente hasta el
1
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acn y en, ett1 y muy pronto podrán
~i:~:r
faetonas con gran beneficio para
La misión ha s'd b.
'd
los jefes con quien:s ~ra:::~~!~d~ :~t7otars8~a9r~~~
h f: T d 1
d:nm:~~~: o a tarea de ~oncertar nuevos arreglos,
m· .
que h~mo? P1fd1do ensanchar nuestros dori~n~~s ~~e~~;;~.
:i~~ó~ ~!a;m.~a ~ el t~?itr
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em o am 1 n a

~aj:: .

c~~~:~fi.

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ff ~;.~~f~fr:~&amp;fr~i;~,ii::~~;1~:if ~1~~¾1;~:;:~:,O
,~;i~d~~i~:~:,:1~:I;1:J:r::.:;r:
1

cas, de ñame ó de maíz, y los hombres no se dedican llas Artes

F'
•ig.

·
2. ·\f1s16n

e expuesta en la Escuela de Be-

del capitán Binger. Una mezquita en Kong (de fotografía)

á otro trabajo que á la caza. En ciertas épocas del
año una parte de los habitantes se ocupa en extraer
y lavar el oro, que abunda mucho en los terrenos de
cuarzo: el P?lvo de oro es, por lo demás, la única
moneda comente en todo el bosquej las pepitas sir-

Nuestros grabados son reproducción de dos de estas fotografías: la fig. r representa una calle de Kong·
l~s casas son de ladrillos secados al sol, el exterio;
tiene por o~na?lento anchos contrafuertes, y en la fachada los md1genas elevan una serie de pequeños

�LA

22

Experimento de fluorescencia

alminares que algunas veces revisten proporciones
monumentales, como lo den:iuestra la vista de la mezquita que reproduce h fig. 2. La ~uerta de entrada
de las casas da á un vestíbub que sirve de lugar de
de reunión y algunas veces de cuadra y desde el cual
se pasa á un patio inmen~o en el cual se abren las
puertas de las chozas.
L. G. BINGER

QUÍMICA SIN LABOR.\TORIO
EXPERIMENTO DE FLUORESCENCIA

. Los colores extraídos del alquitrán de hulla no sólo
tienen innumerables aplicaciones, especialmente en
tintura, sino que también se utilizan para experimentos tan interesantes como de fácil realización.
Basta para ello tomar un vaso, llenarlo de agua, esperará que el líquido esté completamente inmóvil y proyectar entonces en la superficie algunas partículas de
fluoresceína: los granitos de color descenderán lentamente hacia el fondo del vaso en estado de disolución, dejando en pos de sí unos surcos amarillos de
fluorescencia verde de hermoso aspecto.
La cantidad de materias colorantes que se emplea
para producir el fenómeno es insignificante, siendo
suficientes las partículas que quedan adheridas al papel en que se las ha colocado para verterlas luego en
sus recipientes.
Este experimento sale bien con todas las materias
colorantes artificiales que son más pesadas que el
agua, que ésta empapa fácilmente sin disolverlas demasiado de prisa, y resulta especialmente notable
con las materias colorantes de fluorescencia, tales
como la eosina, la erytrosina, etc. Las materias colorantes no fluorescentes producen surcos de un solo
color, tales como el verde malaquita, la coceína, el
rojo francés. Finalmente, mezclando varios de ellos se
obtendrá un verdadero ramillete de surcos de colores
variados.

J. G.
LA PRESTJDIGITACIÓN DESCUBIERTA
COCHURA DE UNA TORTA EN UN SO~IBRERO

Este antiguo juego de manos divierte siempre á
los espectadores.

ILUSTRACIÓN ARTÍST!CA

Nú~rnl?o 575

Se rompen dos huevos en un bote mental que disminuyendo de piso en piso llega á forde porcelana, se les echa harina y aun mar en su cima un octágono de r 5 metros de diámelas cáscaras de aquéllos y algunas go- tro y termina en una cúpula debajo de la cual habrá
tas de cera ó estearina de la bujía que un reloj cuya esfera tendrá 6 metros de diámetro y
alumbra la mesa (al fin y al cabo hay cuyas agujas estarán á 110 metros del suelo. El piso
muy poca diferencia entre esta substan- de la torre reservado á este reloj está coronado por
cia y la margarina que suele venderse una cúpula de hierro-acero cubierta de aluminio (véacomo manteca), y metido todo ello en se el grabado) que, merced al tono de este metal, proel sombrero (fig. 1) se pasa éste tres ducirá un efecto completamente nuevo é inesperado.
veces por encima de la llama de una Sobre esta cúpula se alzará una estatua colosal de bronbujía y se retira de esta cacerola de ce de Guillermo Penn, el célebre fundador de Pennuevo género una excelente torta co- sylvania, que ha sido fundida en cincuenta piezas, y
cida en su punto. En cuanto al propie- cuyos peso y altura son de 24 toneladas y r r metros
tario del sombrero, que ha pasado por respectivamente. El sombrero tiene 90 centímetros
toda clase de zozobras, una vez termi- de diámetro y el borde del ala 7 metros de circunfenado el experimento observa con visi- rencia: la nariz tiene 53 centímetros de longitud y 10
ble satisfacción, por lo menos en la de abertura, la boca 30, la cabeza, desde la barba al
mayoría de los casos, que en el fondo sombrero, r metro y los dedos 75 centímetros. Desde su chistera no queda huella alguna pués de la cúspide de la torre Eiffel, la cabeza de esde la salsa que en él se había vertido. ta estatua será el punto más elevado del mundo en
_g,,~.:r,41
La fig. 2 representa el aparato utili- un monumento. Para evitar la oxidación del hierro
zado por los prestidigitadores para co- de la cúpula ésta irá cubierta de una capa de aluminio
cer una torta en un sombrero. A es un encima del cobre previamente depositado sobre el hiebote de loza ó de porcelana (también rro por medio de la electrolisis: de estos trabajos elecpuede ser de metal), en el que se introduce un cilin- tro-metalúrgicos se ha encargado la Tacony Iron and
dro de metal B, cuyos bordes, en uno de sus extre- Metal C.0 , de Tacony (Pensylvania), habiendo tenimos, están doblados exteriormente en todo su rue- do que construir á este fin un edificio especial de 40
do y que está dividido por un tabique horizontal metros de largo por 20 de ancho. Las dimensiones
en dos compartimientos desiguales c y d; el interior de las tinas de electrolisis se han fijado naturalmente
de la parte d está pintado de blanco
brillante simulando el tono de la porcelana. Finalmente, cuando el cilindro
B está metido completamente en el
recipiente A, donde lo sujetan cuatro
resortes r r, colocados alrededor, nada denota, á cierta distancia, que A
no sea un solo objeto tal como ha sido
presentado al comenzar el experimento.
El prestidigitador ha introducido secretamente en el sombrero la torta y el
aparato B, haciéndolos caer en él al
pasar por detrás de una silla en cuyo
respaldo están colgados.
El bote A, que nada de particular
ofrece, ha sido naturalmente sometido
al examen de los espectadores: la harina que se echa á los huevos tiene por
objeto hacer la pasta menos fluida y
evitar así más seguramente las manchas.
Colocada la torta en el hueco d del
recipiente B, el contenido del bote A,
echado desde cierta altura, cae en la
parte c del aparato; luego se introduce
el bote poco á poco en el sombrero
para coger y retirar al mismo tiempo
el recipiente B y su contenido, no dejando en aquél más que la torta. La
fig. 3 representa esta última operación;
á propósito hemos dejado la parte B
medio fuera del bote A; pero ya se
comprenderá que debe penetrar enteramente en él cuando el bote, al ser
introducido en el sombrero, está oculCúpula de la Casa ele la Ciudad de Filadelfia y estatua
to á la vista de los espectadores.
de Guillermo l'enn
Este experimento puede complicarse encendiendo alcohol ó pedazos de
papel en el compartimiento c del aparato, pero pro- según las de las mayores piezas que han de cubrirse,
cúrese no hacer lo que aquel aficionado que para dar que son las pilastras y las columnas que rodean el pimayor brillantez al experimento puso en el recipien- so del reloj, y como estas columnas tienen 8 metros
te tal cantidad de pólvora que fué preciso arrojar de longitud y 90 centímetros de diámetro, aquellas
agua en el sombrero para extinguir tinas tienen 8 metros de largo, 1 '2 de ancho y 1'5 de
el incendio que empezaba á produ- profundidad y contienen unos 17 metros cúbicos de
cirse, con l o cual quedó aquella disolución. L-i tina en que se efectúa el depósito del
prenda como nuestros lectores pue- aluminio tiene 2'4 metros de profundidad por razón
den figurarse.
de los trabajos especiales que ha de ejecutar y conMAGUS
tiene unos 30 metros cúbicos de disolución.
Las tinas están dispuestas en dos hileras en fosos
cimentados: el hueco entre la tina propiamente dicha
y el foso está lleno de agua á fin de impedir los escaLAS CASAS CONSISTORIALES
pes de importancia y de equilibrar la presión ejercida
DE FILADELFIA
sobre las paredes de la tina por el líquido activo en
ella contenido. Dos largas vigas de hierro en forma
Y SU CÓPULA CUBIERTA DE ALUMINIO
de doble T, sobre las cuales ruedan dos carretillas,
Las casas consistoriales de Fila- permiten cambiar de sitio las piezas sometidas al tradelfia, cuya construcción está en vías tamiento y llevarlas sucesivamente sobre las distintas
de terminarse, será uno de los mo- tinas en las cuales deben ser sumergidas para asegunumentos más importantes del glo- rar un perfecto revestimiento electrolítico.
bo por su grandiosidad y originaliLas dinamos que para estas operaciones se emdad y sobre todo por la cúpula que plean son las más potentes hasta ahora construidas
corona el edificio. Es éste de forma en América para las operaciones electrolíticas, y encasi cuadrada: dos de sus lados tie- vían las corrientes que producen por medio de con·
' nen 142 metros de longitud y los ductores de cobre de r 5 centímetros de ancho por
otros dos 146. En la fachada cjue mi- 16 milímetros de grueso.
ra al Norte álzase una torre monu(De La Natttre)

NúMERO

575

111t.OADES deJ Esro,,,.

t~t

'4110

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Pepsina Boudault
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1867

lffi

18i3

23

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1876

1878

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'
e

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 575, Enero 2</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>i -trtél C10t)
, tí~t1ea
A&amp;o XII

BARCELONA 9 DE ENERO

DE 1893

UN SECRETO, cuadro de Juan Blum (Exposición internacional de Bellns Artes de Munich, 1892)

NÚM.

576

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

Texto.• Verda(Ús y mentiras, por R. B~lsa de_ la Ve~. Exposición nacional de industn'as artlstzcas é mternaczonal
de reproducciones, por J. L. P. - Los escándalos del Pana111á
en París, por X. - El ciego de la jia11ta ( cuento de Reyes),
por M. Martínez Barrionuevo. - La dama negra, por F. Moreno Godino. - Miscelánea. - N11estros grabados, - Cargo de
conciencia (continuación). 7 SECCIÓN ~IENTÍFICA: Tranvía
eféctn'co quitanieves. -1;as_ palomas_ eo(zas _de Pequ{n: Eshtdio de las corn'mtes te/untas. - Eltmmacwn mecdnua de los
microbios.
.
Grabados. - Un secreto, cuadro de Juan Blu~. :- Confemuzas
en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona, chbuJO de J. L. Pellicer. - Retratos de /;frs. Cornelio Ben:, Delahaye, Clemenceau, Pablo Deroulede, Ribot, Loubet, Bourgeois, Carlos F_loquet, Brisson, Jolibois, Bartho11, Camilo Pe/tetan, Rouvzer,
Deves, Alberto Grevy, i"~·o Roer.e, llfam,el Are11:, Beral y
Proust. - Mo1111111ento engzdo en Reus d la 111emona del general Prim, cinco grabados. • Un concierto de Bulow, cuadro
de L.'- Dehrmann. -La /esta de la vi~gill~, cuadro _de José
Benlliure y Gil. - Tram1a eléctrico q~1tameves. ~ Figura _1.
Chao-tse chino. - Fig. 2. Paloma provista de un si(bato eoho.
-Abanico que perteneció d la reina llfarfa Antometa.
•••,1•,,••,t•1,••, t•u••••••1•••••11•1,••,f'11•••"•l"l,"•l"•,T'•l••••••1•1,••••:•••••••.,••,t•,,•o,r•1,••,1•,,•,,r,1••,&lt;•,¡•1,••.,

VERDADES Y MENTIRAS
Mañana último día del año, se clausura la Exposición inte;nacional de Bellas Artes. Oficialmente esta todavía abierto al público este certamen, este malaventurado certamen, que tantas esperanzas sostuvo,
que tanta expectación logró despertar entre la gente
que compone el llamad~ m~ndo del rute_ en Esp~ña.
Pero si oficialmente esta abierto el palacio del Hipódromo al público, el público hace más de un mes que
adelantó su clausura, no visitando aquellos salones,
fríos, más que fríos helados, tristes, fún~b:es algunos,
á causa de las cortinas negras que los dividen.
Tengo por seguro que ninguna Exp?sición de Be·
Has Artes de las celebradas en Madnd tuvo menos
visitantes que la actual, y tengo por seguro tambi~n
que ninguna ofreció mayor interés, digan cuanto qm~ran en contra de esta verdad los encargados de notificar al mundo entero lo bueno y lo malo de todo
cuanto acontece en el vario orden de manifestaciones del humano saber. La Exposición de Bellas Artes de 1892 nos ofreció una enseñanza de gran alcance, de valor indiscutible; enseñanza que ningún crítico supo analizar, porque no se percataron de ella. La
enseñanza que yo he recibido examinando las dos
mil obras expuestas es de un valor, á mi entender,
suficiente para obligar al artista español á profunda
meditación.
La influencia de Francia en nuestro arte, en algu·
nas regiones ya decisiva, gana de día en día terreno.
Hasta ahora parecía disculpable el afán del pintor
que vi6 la luz en la _Patria de los ,c~ello y yelázquez
por emigrar á la capital de la repubhca vecina, adonde creía encontrar las fórmulas de un arte nuevo; pero al presente no tiene discul~a posible ~que! _afán.
Harto lo hemos visto en la última Exposición internacional celebrada en París, en las Exposiciones de
Barcelona de 1888 y 1890 y por último en esta que
mañana termina. Por otro lado, los estragamientos
de los paladares de los críticos de allá de los Pirineos revelándose á cada paso, ora en alabanzas del
imp;esionismo japonés, ora ensalzan~o la ca~mrie d~I
arte industrial del btbelot 6 del de la 1lustrac16n erótica ora los neurosismos de los neomísticos, ora las ex'
,
travagancias
de los 1lamados decadentes, prueb~n _cuan
distantes se encuentran del verdadero conoc1m1ento
de la belleza y de la verdad. Viviendo en un medio
donde la industria 11eg6 al barroquismo y al retorcimiento más refinados, por huir de las severas y nobles fórmulas que en variado conjunto ofrece la ~aturaleza, la cual sugirió y proporcionó la obra artística
de todas épocas, edades y civilizaciones; respirando
una atmósfera que han viciado alientos y emanaciones de cien generaciones heterogéneas; acostumbradas sus retinas á los deslumbramientos de la luz artificial; satisfechos con marchar por el camino de las
extravagancias en bus,ca siempre de cuanto s~a nuevo sin que obedezca a ley alguna de las que ngen el
cosmos, la gran parte de la crítica parisiens~ es ~ncapaz de poder aquilatar el valor ~e una obra inspirada
directamente por la verdad sencilla con que, ante los
ojos del pintor, se muestra la Naturaleza. No h~ce
mucho tiempo leía yo las alabanzas de un escntor
francés, dedicadas á varios colores en boga puestos
por un modisto; recuerdo que uno de aquellos colores se titulaba de elefante joven. Y no pasaría de ser
ridículo todo esto, si únicamente dicho escritor se ciñera á dar la noticia; pero el colega de los Mirbeau y
Wolf ofrecía tan estupendas invenciones coloristas á
la consideración de los pintores, haciéndoles ver cómo la paleta debe transformarse con arreglo á estos
exquisitismos de la moda, pues de otro modo sería
renunciar á toda evolución moderniste de l' art. ¡El
arte sujetándose á los caprichos de un tintorero en

NúMERO

576

combinación con un sastre de señoras, es lo que nos do en ese ambiente de escepticismo de viejo vicioso
quedaba por ver! Aquí de la tan conocida redondilla: en que vive la gran masa intelectual y artística de
Francia, imitó los místicos de los primeros albores
«No me ;aga osté reir
del Renacimiento, sin comprenderlos, y produce paroque tengo el labio partlo...»
dias como la descrita. De toda esta amalgama de esPues bien: algo y aun algos hay de este alto senti- cuelas, de ideas, de rapsodias, de sentimientos ajenos,
do estético en la sección francesa de la actual Expo- de originalismos exóticos, está compuesta la sección
sición de Bellas Artes, y que tan largamente re~om- francesa de nuestra Exposición; ni con la linterna de
pens6 el Jurado. Excepción hecha de cuatro _6 c1~co Diógenes se encuentra el más leve asomo de la intelas, las cuales no tenían de la escuela transp1rena1ca fluencia. de la Naturaleza. Solamente en cuatro 6 cinco
ni de la actual ni de ninguna época nada, absoluta- lienzos se admiran belleza y verdad. Quiero que consmente nada, el resto ha servido para demostrarnos te así. El retrato de la duquesa de O. por Hebert,
- y ya 11egamos á lo de la enseñanza á que m~ refie- hermosísimo de color, de dibujo y por la elegante
ro más arriba - cómo es menester volver los OJOS ha- sencillez con que está dispuesto. Esclava después del
cia la verdad del natural, sin dejar de mirar hacia las ba11o, bello de color y sólido de factura. San Vicente
obras de los grandes maestros de los siglos xv1 y xv11 de Paúl de Bonnat, inspirado en Ribera de tal modo
y aun á la de los Mantegnas y Chirlandajos: J:?e o~ro que parece obra de un discípulo del gran valenciano.
modo iremos á dar de bruces en aquellos pa1saJes pin- El szm1o de la Virgen, de Bramtot, delicadamente
tados con añil y laca violeta, que nos enviaron des?e sentido y colorido; el retrato de Renán, un tanto calas orillas del Sena Roll y compañeros de daltoms- lizo de color, pero construído magistralmente. He
mo, y en aquellas anémicas cuanto eróticas des~ude- aquí lo saliente, lo único bueno que Francia nos ha
ces tituladas Au bord de la mer y Dans le bam, et- enviado; y lo más estupendo del caso fué que ningucétera, etc., cuyos autores no quiero nombrar.
no de estos lienzos obtuvo medalla de oro.
Yo quisiera describir estos cuadros de tal modo
Pero si la sección francesa acusa un desfallecimienque pudiesen los lectores de LA !LUSTRACIÓN ARTÍS· to 6 agotamiento, no sé si momentaneo ó duradero
TICA formarse una idea aproximada de e11os; verían - si bien me inclino á creer esto último, - de las fa.
claramente entonces cuán grande es la decadencia~ cultades creadoras, no tan sólo de Francia, sino de
que ha 11egado el francés en lo que atañe _á las condi- una gran parte de la raza latina, entre las varias es
ciones fisiológicas necesarias para sentir la belleza cuelas que se anuncian pujantes en el Norte de
plástica. Aquí tenemos al gran Puvis ~e Chavannes Europa la de Munich merece ser tenida en gran escon una degollación (creo que del Bautista) verdade- tima, á juzgar por la muestra con que nos ha favorera caricatura de los cuadros místicos del siglo x1v. cido.
Fig:írense un hombre de frente, arrodillado de tal
Bien pudiera apuntar aquí como he observado ciermodo que no se le ven los pies, con la mi~úscula ca- ta acentuada tendencia en los Keller, Kauffmann
beza erguida, los pelos de barba y cabello tiesos como Kaulbach, etc., á la nota de Museo, tendencia que
cerdas, con los brazos extendidos á lo largo del cuer- les lleva á interpretar el natural tratando de no perpo y separados matemáticamente y con las manos der de vista á los grandes maestros venecianos, espatambién extendidas como si fuera á echarse á nadar; ñoles y holandeses de los siglos xvr y xv11; bien puesta figura representa á San Juan (~aso de gue sea diera también advertirse á esos ilustres pintores de
San Juan que todavía no lo he avenguado); a la de- Munich que con tal conducta sus personalidades se
recha del'santo, un hombre desnudo y cubierta la ca- anulan en parte, por exceso de una admiración que
beza con un casco romano, en disposición de dego- raya en fanatismo hacia aquellos maestros de que he
11ar al Precursor de un revés (el verdugo ocupa el hablado: algunos de los ilustres colegas de Lembach
mismo plano de su víctima);á la izquierda y á la misma 11egan hasta sorberle los sesos á Teniers; pero aquedistancia de la figura central que el verdugo, una da- 11os que van desligándose de esa atadura, mejor dima muy púdicamente envuelta en _grandes ma~tos - cho, de esa obsesión que ejercen siempre sobre los
recuerdos del palium y demás vestimentas c~ás1cas - temperamentos verdaderamente estéticos y reflexivos
con una gran bandeja de cobre 6 cosa parecida en la las obras de los maestros que han interpretado con
mano, en actitud de esperar á que ruede la cabeza mayor acierto la verdad, nos exhiben verdaderas madel mártir; y por último, en n:iedio y medio del cua- ravillas. Paisaje de Otoílo de Palmié, Margot de Max,
dro, detrás de la figura arrod1llada, el tr?nco grueso El Postillón de Kauffmann, Paisaje de la señorita
de un árbol; naturalmente, todo esto sm tener en von Geiger, Le11adom de Defregger, Borregos de
cuenta para nada la perspectiva ni cosa que lo valga. Bergmann, Aguardando de von Bartels, los retratos
Tal es la gran obra de Puvis de Chavannes, ante la de Kaulbach, especialmente el del padre del pintor, y
cual estuve más de una y dos horas, tratando de con- las maravillosas testas de Bismarck y Moltke,de Lemvencerme de que era buena. Del color... del color no bach, trazadas al correr del carbón y coloridas con
hablemos, gris de los pies á la cabeza, pero gris plo- unos cuantos toques al pastel, son obras dignas del
mizo.
.
encomio más sincero.
Dejémonos de descripciones; la verdad terrible que
Precisamente admirase en estos lienzos y cartones
resulta del examen de la escuela francesa es la pre- la solidez de criterio estético y de educación técnica
sentida hace tiempo por espíritus observadores yana- de artistas perfectamente libres de neurosismos y delíticos -de todos los países; el francés, espíritu asimi- gustamientos provenientes de la carencia total de
lista antes que nada, si produjo obras de arte ?ignas creencias. Si bien, como he indicado ya, una parte de
de eterna memoria, fué en virtud de la educación se- la escuela bávara no se ha sabido desligar, para interlecta adquirida en largos períodos históricos? cuando pretar el natural y dar forma plástica á sus ideas, del
Italia contaba por docenas los grandes artistas que camino trazado por los grandes maestros del llamado
tan directamente influyeron en el gusto del pueblo de siglo de oro de la pintura en Italia y España, como
Boileau y de Moliere, y últim~mente, _cuando el gran en Holanda y Flandes, ese mismo lazo que les amaesfuerzo intelectual de los enncloped1stas que, cam- rra indica lo grato que les es el comercio con los
biando la faz política y social de Europa, desparram? grandes intérpretes que la Naturaleza tuvo. Que por
sobre el viejo continente los rayos de oro de múlti- lo que atañe á los autores de los cuadros Paisaje de
ples ideas. Después, encauzado el nuevo orden de Oto11o, Borregos, Margot, Aguardando y demás q:ie
cosas el artista francés, viendo cómo el de las demás menciono en las anteriores líneas, esos bien pueden
nacio~es le sobrepujaba en concebir y desarrollar esas tener como cierta la admiración de cuantos amen la
ideas, especialmente el artis~ de los pueblo~ ?el verdad y la belleza, sin afeites ni menjurjes de ninNorte, y cómo le sobrepujaba a causa de la C?nd1ci6n guna especie.
suprema de la inspiración de que _ha carec!d? (con
Italia y Francia tienen que ceder, mal de su graexcepciones muy raras) el ~esc;nd1ent; art1st1co de do, el puesto de honor á Alemania y á Inglaterra.
los Pousin y Leaneur, no res1gnandose .ª pe:der 1~ supremacía alcanzada en. un ~omento ~1s_tón~o, aJeno
R. BALSA DE LA VEGA
por completo al arte, d1óse a buscar ?ngmahsmos; no .......,... ...... ...... ···· ··· ····· ·····"··· ·.··""•·.... •.• ·····•·1····· .. •·1•,,,.,... ,.,..•...•.,••
los encontró en Europa y fué al Asia; creyendo que
esto no era bastante, trató de levantar pedestales á
pintores medianos, los cuales no habían hecho más
:~~·.. ;·: \.~ i
que imitar las escuelas flamenca y holandesa unos, y
t·
'
'
,
otros las de Norwik y Norfolk, de donde Constable
había importado los primeros gustos por l_a pintura
.
.
\. ',{,. ..·\ ~'
rural· al propio tiempo y por cuenta propia creaba
otra ~oda, no escuela, la servilista, echándose en bra. "
zos de la fotografía, hasta que por último, cayendo en
la cuenta del vacío que se formaba en ?erre~or suyo,
II
de la equivocación lamentable en que incurn~ra, metiéndose por los trigos del frío concepto estéti_co con
El grupo internacional de Repro~ucciones contrique la ciencia estudia y siente el arte, pretendió ~ambiar de rumbo, y dirigiendo la mirada al campo idea- buye poderosamente á la importancia del actual cerlista, sin fuerzas propias para volar hasta él, bracean- tamen, no sólo por el mlmero de las obras que lo

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NúMERO

576

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

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CONFERENCIAS EN EL PALACIO DE BELLAS ARTES DONDE SE CELEBRA LA EXPOSICIÓN, dibujo del natural de"José L. Pellicer

constituyen, sino por su ejecución esmerada, el alto
valor en muchas de ellas del concepto artístico que
contienen y del interés que despiertan por ser rasgos
característicos de épocas diversas y por consiguiente de estilos, maneras y procedimientos variados; interés relativamente mayor para nosotros, ya que en
nuestra ciudad son verdaderos acontecimientos, novedades extraordinarias, la exposición al público de colecciones parecidas, privada como se halla de museos
artísticos é industriales.
De provechosa enseñanza serán, no lo dudamos,
muchas de las obras de ese grupo para artistas y para
industriales, y si ellas sirven para poner en evidencia
la inferioridad artística de nuestras industrias y la
impericia de muchos de nuestros artífices al lado de
la habilísima reproducción de las creaciones de otros
tiempos por las industrias extranjeras, sirven también
para poner de relieve, a valorándolas con su propio mérito, producciones nacionales que honran á sus autores y procedimientos que atestiguan brillantemente la
perfección á que alcanzara aquí en otros tiempos el
arte aplicado á la industria, perfección no del todo
desvanecida.
Véanse, si no, las instalaciones de cerámica de los
Sres. Ros y U rgell, de Valencia, con su selecta colección de platos de los museos de Kensington, de Cluny, de Madrid, de Sevres y de algunos pertenecientes
al conde de Valencia de Don Juan y á otros particulares, y los dos hermosos relieves del palacio del duque
de Uceda; la de Múnera (Manises), quien por herencia ha transmitido á nuestra generación el reflejo metálico de las mayólicas hispano-árabes, cuyos cente11eantes destellos ningún extranjero supera; la de Mora Gallego, también de Manises, cuya rara habilidad
asusta á los aficionados á cerámica antigua; la de
Mensaguer hermanos, Gestoso y Pérez y Jiínénez é
Izquierdo, de Sevilla, por la perfecta conservación de
los azulejos especialmente, mudéjares, hispano-árabes
y moriscos, platerescos y del Renacimiento, ejecutados á imitación de los llamados de cuerda seca y de
cuenca, policromados, esmaltados y enriquecidos con
reflejos metalicos dorados, etc; Sra. Viuda de Peris é
hijos de Onda con los platos, tinajas y azulejos artísticos y sencillos; la de Santigós y C.ª conteniendo
variedad de productos y entre ellos dos grandes tab)er?s d~ azulej~s con composiciones trazadas por el
d1stmgmdo arqmtecto Sr. Mélida; los rosetones de la
catedra\ de León, _reproducidos por A. Rigalt y C.ª;
la arqmlla con episodios del reinado de Carlos V
aplicados en marfil grabado, expuesta por su autor el
notabilísimo artista Sr. Rog, de Valencia; las dos cómodas expuestas por el Sr. O-Neille, hermosísima labor de taracea de los Sres. Isern y Bocana, de Palma
de Mallorca, y la cornucopia barroca dorada de M.

Sastre, de nuestra ciudad. Bajo concepto distinto re.
sultan también de honroso relieve para nosotros las
obras de hierro forjado y cincelado de González é
hijos, en metalistería; las alfombras y tapices que figuran en la soberbia instalación de los Sres. Sert hermanos y Solá, en la sección de tapicería; la rica variedad de los cristales y vidrio hueco que componen la
exposición de la fábrica de cristal de Badalona; -las
muestras de guadalmacilería de Gargaz y Vilaseca, y
las blondas y encajes de la Sra. Viuda é hijos de Jo·
sé Fiter, esas sutilísimas labores con las cuales la mujer de la costa de Levante y del bajo Llobregat constituye la más preciada de las industrias artísticas catalanas, y otras muchas muestras que atestiguan, á pesar de todo, nuestra aptitud y cultura artísticas.
Dejando aparte el contraste que puedan ofrecer las
manifestaciones de las artes aplicadas á la industria,
extranjeras con las nacionales, en nuestra presente
Exposición, debe consignarse en justicia que el grupo de reproducciones resulta interesantísimo en multitud de detalles, y principalmente por algunas instalaciones que contienen obras cuya importancia, mérito y positivo valor se enuncian con nombrará sus
autores, como la fábrica de cerámica de Pésaro; Mi11et, de París, el intachable reproductor de muebles y
bronces del siglo xvm; la manufactura Ginori de
Doccia (Florencia); Pellas, galvanista y fundidor de
Florencia también; Errico, broncista de Nápoles, etc.;
pero descollando por cima de todas las obras expuestas por esos industriales y artistas el hermoso mobiliario, obra de Andrés Onufrio, de Palermo, que aun
no conociendo los originales, conservados en el palacio y museo de esa ciudad, los tiene uno por fiel y
exacta reproducción. La habilidad, el arte y la constancia que ha exigido la ejecución de tal obra son
imponderables, su interés como documento artístico
industrial es extraordinario y tiene para nosotros un
valor que nadie podrá poner en duda, toda vez que
son esos muebles testimonios fehacientes de uno de
los períodos más gloriosos de nuestra antigua nacionalidad aragonesa. Como obra de arte, como recuerdo histórico, debiera la soberbia instalación de Onufrio pasar íntegra á nuestro Museo municipal de Reproducciones. ¡Ojalá se realicen nuestros deseos! Imposible es dar una ligerísima idea, ni con la más minuciosa descripción de ese suntuoso mobiliario, que
la voz popular dice haber pertenecido á Roger de
Lauria, tal vez por hallarse en parte instalado en una
sala que 11eva su nombre. Una gran mesa, un sillón,
dos taburetes de brazos con alto respaldo, una silla y
una cajita de simple construcción, pero enriquecida
por el cincel, el dorado y la pintura, constituyen esta
notabilísima reproducción. Es hueso el material labrado que reviste el armazón de los muebles, y su

conjunto hállase armónicamente completado con las
telas de los respaldos, cuero~ labrados y almohadones de los sitiales: la ornamentación es rica, exuberante, á la par que severamente dispuesta; su estilo
original y propio de una obra de fines del siglo x1v,
hecha en Sicilia; esto es, un cierto sabor gótico en
la estructura y un se11o oriental en la exornación.
Bástale á la sección internacional de reproducciones
de nuestro certamen la instalación de Onufrio para
resultar interesante, y para por sí sola haber colmado
los deseos que impulsaron á la comisión organizadora
á atraer la concurrencia de artífices extranjeros para
ejemplo y estímulo de los nacionales.
Veintiséis son los expositores italianos y todos merecen por sus obras especial encomio y caluroso
aplauso. La Sociedad cerámico-artística de Pésaro
presenta numerosos ejemplares que son otras tantas
fidelísimas reproducciones de las obras que tanto
acreditaron á esa ciudad y á las de Gubbio y Urbino
en el siglo xv1; reproducciones ejecutadas con la
maestría y galanura en el toque y con la coloración
viva y jugosa de los modelos originales. La manufactura del marqués Ginori, de Florencia, expone· en su
importante instalación más de un centenar de piezas
en mayólica y porcelana, reproducciones exactas algunas de ejemplares antiguos, reconstituciones otras,
imitaciones 6 aprovechando dibujos y pinturas del
Renacimiento para sus temas decorativos en muchas,
pero imprimiendo siempre un sello nacional á sus
productos al dar nueva vida en su patria á las mayólicas de Faenza 6 á las porcelanas de Capodimonte.
Toso Borelli, de Murano, ha remitido una escogida colección de vidrios esmaltados y esgrafiados en
oro, de épocas distintas, reproducción de ejemplares
existentes en varios museos de Europa y alguno de
los cuales figura en el nuestro de reproducciones, y
la Sociedad Musivo-Veneciana los retratos del emperador y de la emperatriz J ustiniano y Teodosia, célebres mosaicos de S. Vital, de Ravena, y copias de
pinturas, una de ellas la célebre Virgen de la Silla, de
Rafael.
Una buena muestra de talla ejecutada en Nápoles,
un grandioso armario esculpido, obra de Calabrese,
según el original que existe en el museo de esa ciudad, constituye otro de los trabajos con que los italianos han honrado á nuestra Exposición; al igual que
los dos sorprendentes tableros labrados por Monteneri, de Perugio, representando Moisés salvado de
las aguas y· la Anunciación de la Virgen, al reproducir la maravillosa obra de taracea ejecutada por fray
Damián de Bergamo para la iglesia de San Pedro de
aquella ciudad.
(Continuará)

J. L.

P.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

576

Cámara que decretase la exhumación de su cadáver. beza cana, pero aún conservaba el bigote negro, lo
M. Ricard, Ministro de Justicia, se opuso á la apro- cual dió margen á la sospecha de que se teñía éste y
bación de esta medida, y como la Cámara opinara de se empolvaba el cabello. «Aunque quisiera hacer seEN PARÍS
distinto modo, el ministerio presidido por M. Loubet mejante tontería, decía, no tendría tiempo para ello.))
En 1879, por honor de Francia y aun del mundo presentó su dimisión. El presidente de la República Esta era la mayor vanagloria para ese hombre tan
entero, M. de Lesseps aspiró á alcanzar un segundo llamó á M. Bourgeois y á M. Brisson, dándoles el en- atareado. «El trabajo, el ejercicio, el movimiento son
triunfo abriendo un canal, semejante al de Suez, al cargo de formar nuevo gabinete; pero ambos desistie- para mí lo que los ocios y pasatiempos para otros,&gt;)
través del istmo de Panamá; pero si tuvo que luchar ron de ello, y M. Ribot no tuvo inconveniente en acep- añadía; y lo cierto es que el trabajo ha sido su princon un gobierno menos contrario que el de Ismail, tar este encargo, logrando reunir el ministerio actual. cipal recreo. De baja estatura, enjuto de carnes, ha
El 30 de noviembre to- sido siempre un jinete excelente, y cortés y afectuoso
davía no se había adopta- con las mujeres, se ha mostrado mh de una vez sedo resolución alguna cuan- vero y enérgico con los hombres.
Nacido en Versailles en 1805, entró á los veinte
do el banquero M. Thierrée dió á la comisión -algu- años de edad en la carrera diplomática como empleanas noticias de sus relacio- do en el consulado de Lisboa, desde donde pasó á
nes con M. de Reinach, Túnez y en 1833 á Egipto en calidad de vicecónsul
quien había pagado por su primero y después como cónsul del Cairo. Desempemediación veinticinco che- ñó luego sucesivamente los consulados de Alejandría,
ques por valor de 3.300.000 Roterdam, Málaga y Barcelona, prestando en esta ciufrancos por cuenta de la dad tan importantes y humanitarios servicios cuando
Compañía del Panamá. Al el bombardeo por Espartero, que ¡mereció honores y
proporcionar á la comisión recompensas de los gobiernos y que la Cámara de
los números y el importe Comercio, además de darle públicamente las gracias,
de cada cheque, una cues- mandara esculpir su busto en mármol. Al estallar la
tión de competencia en- revolución francesa de 1848 fué llamado á París, retre aquélla y los tribuna- gresando á poco á Madrid como ministro de Francia:
les de justicia obligó á pasó después con igual cargo á Roma, y habiéndose
M. Thierrée á no revelar indispuesto con su gobierno por la manera como cor.•
los
nombres de las personas sideraba los asuntos de la república romana, fué llaM. ORLAHAYE
M. COR1'EL10 HERZ
que
habían percibido aque- mado á su patria, pidiendo inmediatamente su retiro
cuyas acusaciones é interpelación condujeron
Banquero á quien el barón de Reinach pagó
llas sumas. A solicitud de en 1849 y publicando su Memoria al Consejo de Esal descubrimiento tle los escándalos
dos millones de francos por una deuda
del Panamá
la comisión, el gobierno se tado y su Respuesta al examen de sus actos, que son
privada
ha hecho cargo de los documentos importantes para la historia de aquella
cheques en cuesión, y se época. ,
en cambio le oponían obstáculos un clima mortífero, han conocido casi todos estos nombres, habiendo reA partir de aquel día, y á consecuencia de un viaun río cuyas avenidas invadían anualmente la línea sultado que M. Cornelius Herz había recibido dos mi- je que hizo á Egipto invitado por Mohamed Saíd,
de las obras y cuyas corrientes subterráneas produ- llones de francos; M. Alberto Grevy, senador y her- consagróse por entero á la empresa del canal de Suez
cían en muchos sitios hoyos profundos de movediza mano menor del último presidente de la República, tan felizmente llevada á cabo, acerca de la cual nada
arena y con un proyecto de discutible plan.
20.000; M. Luis Renault, senador, 25.000; los demás hemos de decir, pues en distintas ocasiones hemos
La naturaleza, así como los entorpecimientos opues- cheques, hasta completar la suma, aparecen firmados hablado de ella así como de la menos afortunada del
tos por los hombres, pues el canal tenía y tiene mu- por criados y dependientes. Preguntado por las ma- Panamá.
chos enemigos, han sido causa de que los gastos pre- trices de los cheques, M. Thierrée contesta que las
Los retratos que acompañan á este artículo represupuestos aumentaran de año en año y de que no había inutilizado; pero lo cierto es que tenía fotogra- sentan los principales actores del drama que actualsea posible fijar la fecha exacta de su terminación. fías de ellas, y estas copias fotográficas obran en po- mente se desarrolla en París: no nos detendremos haYa en 1888, la Compañía, expuesta á una quiebra, der de la comisión.
blando de cada uno de estos personajes, porque ello
hubo de acudir á las Cámaras en solicitud de que se
Esto sucedía el 3 de diciembre. Las revelaciones nos obligaría á dar excesiva extensión á este artículo.
le permitiera contratar un empréstito de 600 millones de estas matrices acusadoras y el recelo de que se Además, la cuestión ha sido y sigue siendo tan amde francos; mas á pesar de este esfuerzo, necesitó li- fuesen haciendo otros descubrimientos no menos plia y apasionadamente debatida en los periódicos
quidar en 1890. Sesenta millones de libras esterlinas ignominiosos han producido en Francia una excita- políticos de todo el mundo, que no creemos necesario
se habían consumido en la empresa, siendo así que ción sólo comparable con la producida por las derro- detallar el papel que en ese asunto des~mpeñan los
el canal de Suez sólo había costado veinte millones. tas de 1870. Los nombres de varios diputados, sena- retratados y que sobradamente conocerán nuestros
Este triste resultado ha producido en Francia casi dores, ex ministros y hasta de un ex presidente apa- lectores.
una revolución. En octubre de 1892, el Ministerio, recen envueltos en negocios de un carácter tan desReputaciones que se creían sólidas son hoy blandesacreditado ya por sus contemplaciones con los honros~, que no es de extrañar que el público se pre- co de ataques furiosos; sobre hombres tenidos por
huelguistas de Carmaux, sufrió los ataques del dipu- gunte s1 queda hoy en París algún personaje político inmaculados pesan acusaciones gravísimas, corrobotado Delahaye, quien acusó á ciento veinte indivi- que no haya participado en ellos. Todo el mundo radas por pruebas al parecer irrefutables, y cada día
duos de la Cámara de haber sido sobornados por la t:me y sos~echa que hasta ahora sólo se ha presen- surgen nuevas revelaciones que empañan honras hasCompµñía en 1888. Al pronto se tuvo esta denuncia ciado el pnmer acto del drama, y que si el escánda- ta hoy consideradas sin mancilla y que hacen temer
por una infame calumnia, pero las pruebas que se lo presente es ya terrible, las ulteriores revelaciones que la cuestión no está ni con mucho agotada. ¿Hasadujeron parecieron confirmar su certeza. El periódi- lo harán de mayor trascendencia.
ta dónde alcanzarán las responsabilidades? Nadie lo
co boulangista La Libre parole, en especial, publicó
Entretanto, Fernando de Lesseps, con sus compa- sabe. ¿Saldrá la República francesa de la ruda prueminuciosos datos acusando á varios diputados de ha- ñeros de dirección, ha sido
ber recibido dinero del barón de Reinach, agente de sometido á un proceso por
la Compañía, y el antiguo prefecto de Policía M. An- defraudación de fondos ptídrieux asegura que los artículos de dicho periódico blicos, el cual empezará á
estaban inspirados por el barón mismo.
sustanciarse el 10 de eneLo más particular en este asunto es que las acusa- ro. Afortunadamente para
ciones proceden de los mismos que han tenido más M. Lesseps, ignora el esó menos participación en el cohecho. A las revelacio- cándalo que rodea á su
nes de La Libre parole han seguido las de la anti- gran empresa. La mayoría
boulangista Cocarde. Ignórase el motivo que indujo á del público manifiesta su
M. Reinach á remover el fango; pero lo cierto es que simpatía y su interés por el
la cuestión ha tomado un cariz más desagradable de digno anciano, el único que
lo que él sin duda se propuso; y según él mismo dijo, hasta ahora se ve libre de
las acusaciones de la Coca1·de causarían su ruina. En toda sospecha.
Los futuros historiadores
compañía de M. Rouvier, con quien había tenido relaciones en su calidad de ministro de Hacienda, y de del siglo XIX sólo verán en
M. Clemenceau, tuvo una entrevista con M. Cons- la vida de Fernando de
tans para rogarle que suspendiera los ataques del pe- Lesseps la realización de
riódico inspirado por él; pero M. Constans se negó á una gran obra, la apertura
la petición, y en la misma tarde del 19 de noviembre del canal de Suez. Las singuen que el gobierno resolvía proceder contra los dos lares aptitudes diplomáticas
M. CLE MENCEAU
M , PABLO DEROULEOE
Lesseps, Marines Fontane, el barón Cottu, el barón y administrativas del «gran
Diputado
Diputado
de Reinach y M. Eiffel, como directores de la Com- francés,» aptitudes que baspañía del Panamá, M. de Reinach fallecía en su casa tan por sí solas para asede campo á:consecuencia de una congestión cerebral, gurarle un lugar preeminente entre sus contemporá- ba á que está. sometida más fuerte ·que antes fy purneos, siempre se tendrán en cuenta para honra suya. gada de las culpas que sobre ella acumulan sus eneafección á la que, según parece, estaba sujeto.
El 21 de noviembre, la Cámara votó el nombraHasta hace poco tiempo, M. de Lesseps había migos, ó será arrastrada por esa ola de difamación y
miento de una comisión investigadora, presidida por conservado tan robusto el cuerpo como sana la ima- escándalo? Difícil es predecirlo. Muy grave es la heM. Brisson, y el editor de La Liore parole fué invita- ginación; lo mismo se le veía en una partida de caza rida; pero también es grande la vitalidad de Francia,
do á decir cuanto supiera. Este editor, M. Drumont, que en su despacho, y era capaz de recorrer los are- y mucha confianza puede tenerse en una nación que
se hallaba á la sazón detenido en la cárcel, y se negó nales del Sahara con el mismo vigor y agilidad que ha salido victoriosa de otras crisis algo más graves
á auxiliar á la comisión mientras no se le pusiera en las aceras del boulevard de los Italianos. Tres ó cua- que la presente y que posee en alto grado un sentilibertad. Entretanto atribuíase á suicidio la muerte tro años atrás y contando más de ochenta sufrió un miento que sabe sobreponer siempre á todos los dedel barón de Reinach, circulando el rumor de que ataque de reuma, pero se repuso de él y recobró tan- más y que es la mejor arma para vencer en los mo•
había fallecido envenenado, y la comisión pidió á la to vigor como un joven de treinta años. Tenía la ca- mentos de peligro: el patriotismo. - X.
·

LOS ESCÁNDALOS DEL PANAMÁ

M. RJBOT

M. LOUBET

M. BOURGEOIS

Presidente del Consejo de Ministros

Ministro del Interior

Ministro de Justicia

M. CARLOS FLOQUET

Presidente de la Cámara de diputados

M. BRISSON

M, JOLIBOIS

M. BARTHOU

M. CAMILO PRLLETAN

Presidente de la comisión

Vicepresidente ele la comisión

Secretario de la comisión

Diputado

INDIVIDUOS DEL GOBIERNO Y DE LA COMISIÓN INV ESTIGADORA

M. ROUVIER

M. ORVES

Ex ministro de Hacienda

M. ALBERTO GREVY

Diputado

M. JULIO ROCHE

Senador

M. MANUEL ARRNE

M. BRRAL

Diputado

Senador

Diputado

M. ANTONIO PROUST

Diputado

ALGUNOS DR LOS ACUSADOS

LA CUESTIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ

Retratos de varios individuos de la comisión parlamentaria investigadora y de algunos acusados

�30

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL CIEGO DE LA FLAUTA
( CUENTO DE REYES)

La nieve cae, el ciego toca la flauta sentadito en
la puerta de la iglesia. «¡Por ser el día de los Santos
Reyes, una limosna al pobre ciego!» Los transeuntes
pasan con indiferencia, cargados de juguetes para

pordioseros ni vendedores ambulantes, y sobre todo
entran pocas mujeres. Pues si bien las mujeres calientan el corazón y alegran la vista, también es verdad que excitan y soliviantan el ánimo, exceptuando
el de los oradores del Congreso, los cuales, aunque
esté llena la tribuna de señoras, prosiguen sus peroraciones como si tal cosa.
·

NúMERO

576

NúMERO

576

Galicia) y menos en Madrid una rubia ni para un
remedio. La tez blanca en las mujeres siempre ha
abundado en la villa y corte, pero siempre acompañada de ojos y pelo obscuros. Los ojos se sostienen
lo mismo, hay pocos azules; pero las cabelleras vanse
aclarando.
¿Será por lo que indica la siguiente copla, popular
en otro tiempo:

l

«Señoras hay morenas
Al amanecer,
Que por la tarde son rubias.
Con lo que yo sé?. l&gt;

alto relieve de Luis Puigjener
fundido en los talleres de Federico l\fasriera;y Compañia

REUS. - MONU~IENTO AL G&amp;NRRAL PRIM. - LA BATALLA DE LOS CASTILLEJOS.

sus hijos... El ciego tiene hijos también, hijos haraposos, que no comen; hijos que plañe~1 allá, en el
tabuco mugriento, arrojados por algún rmcón.
Pero el ciego es feliz; la tarde no ha sido mala, la
noche tampoco; de vez en cuando tantea con fruición el plato de metal que tiene á sus pies con algunas monedas de cobre ... Pronto vendrá por él su bija mayor, la de pelo rub_i~, la ,de mejillas bla~cas
como la cera... «¡Pobre mua m1a! Estad tranquilos;
su palidez no es de enfermedad que no se ~ure, e~_de
hambre y se curará esta noc~e.)) Ya ve~dra su _mna,
ya vendrá por él, adonde mismo le deJÓ, al atno de
la iglesia.
.
.
.
Los niños del ciego no t1en~n mad~e, munó; v!ven
solos, á merced de algún vecmo, mientras _el _ciego
pide limosna para que se mantengan al día s1gmente.
Pero aquella noche van á estar muy content_os; tendrán comida y abundante, tendrán algú~ Juguet~,
aunque se vuelvan locos por haberlos temdo la pnmera vez en su vida... Y después de haber cenado
jugarán junto al ~ra~ero vivifi,cá~dose de este m?do
una vez al año s1qmera... «St, sm duda: las ascmtas
rojas del brasero ,rarecerán á los niñ~s la coron~ de
diamantes que Dios puso á su ~ama en la glona.»
La flauta del ciego suena, la meve cae, el t;~nseunte pasa, allá en el fondo r~mpen la bruma, palidas luces, como lágrimas del cielo que se congelaron al
caer...
.
y el alma del ciego sigue hablando con sus mñ?s,
con sus juguetes, con la mamá, con su ~orona de diamantes... Y la flauta sigue sonando... sigue sonando
en la puerta de la iglesia.
.
¡Almas cristianas, una limosna al pobre ciego!
Y el ciego se dice:
,
._
«Pronto ve11drá, pronto vendra p~r mí la mna rubia ... Cuarenta céntimos de pan y vemte de leche sesenta, y diez de confit~s setenta; )~s confites s~n pa~a
ponerlos en los zapatitos del mno... ¡_Pobre angel...
·Los zapatitos están muy rotos!.. Y diez de carbón,
~chenta... El carbón para que se calienten. _¡Pobres!..
Y aunque se hunda el mundo, cuarenta cént_i~os p~ra
una muñeca que alegre el corazón de la m~a rubia.
¡Justo... justito y cabal! ¡Una peseta y vemte céntimos! .. »
Llega la niña rubia, sus cabello~ de oro caen lax_os
por la humedad de la nieve... Suena su voz apagadJta
y temblorosa por el frío:
- ¡Papá! ¡Papá!
El pobre va á levantarse, tantea el suelo... Lo tantea otra vez...
¡Le han robado!
Sus pupilas inmóviles se humedecen... Bro~a una
lágrima... No corre, hiélase allí... Parece un diamante de la corona de la muerta.
- ¡Anda, papá!
- Es pronto... Pedir_é todavía.
.
Y la nieve cae... Y sigue sonando... sigue sonando
la flauta en la puerta de la iglesia.
.

¿Será que la mayor facilidad de comunicaciones
haya producido cruzamientos con las razas en que
abundan las crenchas doradas?
Si yo fuese palaciego de antaño, pues los de hogaño
no son tan galantes, supondría que la rubia reina regente ha influído en esta variación de pelos. O bien,
buscando un chiste de situación diría que en cambio del oro en la moneda, que es ya un mito, la providencia, corno compensación, nos le da en el color
del pelo.
Vuelvo á la dama negra, que es blanca, rubia, agraciada, con ojos azules, de buena estatura, de buen
aspecto, de formas esculturales, aunque el talle deja
algo que desear.
·
Sobre todo, es más que bonita, es simpática y limpia como los chorros del oro. Está en una edad indecisa, viste sencillamente de merino negro, con natural elegancia, y usa un sombrerito, negro también, en
el que descansa la vista de los sombrerazos al uso.
¡Si seremos bien educados, magüer españoles, los
parroquianos del Suizo!
¿Querrán ustedes creer que ninguno cometió la

En el café Suizo hay un departamento destinado
exclusivamente á las damas, y por esta razón en los
demás apenas se ve alguna que otra rezagada. Sobre
todo, desde poco antes de la media noche, los habituales concurrentes pertenecemos todos al sexo más
feo. En el fondo del café hay dos ó tres mesas ocupadas por ex diestros, ex ganaderos y aficionados á
toros, que recuerdan los recibimientos del Chiclanero
y los trasteos de Cayetano Sanz; en un rincón de la
primera pieza se reune un corro de republicanos de
levita, que son los únicos que van quedando, puesto
que los de chaqueta ó blusa van avanzando hacia el
anarquismo ó socialismo; y con esto y con alguno
que otro desperdigado y sin clasificación, que hace
poca parada, está desierta la concurrencia de las últimas horas del Suizo.
A propósito no he hablado de mí, que si soy consecuente liberal, como tantos otros, me precio de ser
asiduo parroquiano de veinticinco años, con opción
á cesantía por próxima defunción.
Con estos antecedentes se comprenderá con facilidad la sensación que produjo la aparición de la dama negra en el café Suizo una noche á las doce en
punto. La susodicha dama no es negra de raza, pero
la llamamos así entre nosotros porque va enteramente
vestida de negro.
Un chusco la clasificó de Catafalco ambulante, pero
el conato de chiste no ha hecho fortuna.
La dama negra entró sola en el café, se sento en
una mesa de rincón, pidió café y coñac, desplegó un
periódico que llevaba (El Fígaro francés, según posteriormente he sabido), y sin mirar á nadie pdsose á
leer atentamente.
Sin embargo, el chusco ya mencionado, que aunque joven es patriota al estilo de 1809, dijo:
KEUS. - MONUMENTO AL GtNEKAL l'RIM
- Esa franchuta viene engañada á este café: aquí
ESCUDO D&amp; LA CIUDAD D&amp; REUS, escultura de Luis Puigjener
no se pesca.
El chusco, como muchos que no lo son, se equivocaba en parte.
más mínima inconveniencia con la dama negra? Lanzáronla algunas miradas significativas, pero nada más,
II
viendo que no tomaba varas, como suele decirse.
En efecto, la dama negra, que siguió yendo al SuiLa dama negra es muy blanca de color y muy zo, se sentaba siempre en el sitio más retirado, tomarubia ...
ba su café, leía su periódico apurando á sorbitos su
Aquí me permito una digresión.
copita de coñac, y se marchaba sin fijar en nada su
Antes apenas se encontraba en España (excepto atención.

M . MARTÍNEZ BARRIONUEVO

..,..,.,,,,.,,,,.,,,.,.,,,,....1,,.,,,, •.••.., .... ,,,,,,,,,,••••••1•,,•1,1•,,•,.,,,r,.•••I'•••••''•••••''"''•''•"••''•'''•''•'''•'••

LA DAMA NEGRA

I
El café Suizo está á todas horas tranquilo y morigerado, y desde las once de la noche es una verdadera balsa de aceite. Allí no entran borrachos ni

alto relieve de Luis Puigjener
fundido en los talleres de Federiéo Masriera y Compañía

REUS, -MONUMENTO AL GENERAL PRIM. - LA CONFERENCIA DE MltXICO,

31

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

es raro encontrar mujeres francesas inteligentes, pues
la mayor parte de ellas son listas, quiero decir que
saben hacer resaltar lo poco ó mucho que saben; y
sabido es que para medrar vale más ser listo que sabio. La dama negra hablaba de todo con un buen
juicio extraño en una mujer. En literatura estaba muy
fuerte, y ¡cosa rara!, no era gabacha como la mayor
parte de sus compatriotas. Me chocó en ella una particularidad: detestaba á Zola y hablaba de él como de
un enemigo encarnizado.
- Tiene mucho talento, es un observador profundo, la dije yo.
- Cualidades que sólo sirven para extraviarle literariamente y para hacerle ganar dinero á costa de los
tontos, me replicó. Ha hecho de la literatura un basurero, y un estilo de la pornografía. Es difusamente
nimio. Describe cosas que no pueden interesar á nadie que tenga sentido común: como, por ejemplo, el
teatrucho de Variedades de París. Sus obras sólo
tienen por objetivo el remover el fango social: es el
alcantarillero de la literatura.
Oía yo á la dama negra cada vez más admirado de
la viveza de sus frases. A mis solas hacía comentarios respecto á ella. ¿Quién sería el J orge Manrique
del siglo xix por quien me había preguntado?
Tres días después de mi primer coloquio con la
dama negra, desapareció ésta del café Suizo: quiero
decir que no volvió á presentarse en él.
Los parroquianos de tíltima hora comentaron esta
ausencia. Casi todos la resumieron en la siguiente
frase: cHabrá encontrado acomodo.»

IV

REUS. -MONUMK:'.'ITO AL GENERAL PRIM -ESTATUA ECUESTRE QUE CORONA EL MONUMENTO,

obra de Luis Puigjener

fundida en los talleres de Federico Masriera y Compañía

Por el camarero que la servía supimos que era ex- Yo vengo á este café sin más intención que patranjera, aunque ya lo habíamos adivinado por su as- sar el tiempo. La familia en cuya compañía vivo se
pecto.
recoge temprano, y yo me aburro en mi casa. Me hallo ociosa, desgraciadamente. De día apenas salgo por
III
causa del mal tiempo y por temor de que al verme
sola me sigan y me importunen, lo cual observo que
Una noche, estando ocupada la mesa á que acos- aquí es frecuente...
tumbro á sentarme, lo hice á una al lado de la dama
- En efecto, señora, hay muchos piratas callejeros...
negra, en ocasión en que ésta pagaba al mozo y se
- Pues bueno: á mí no me gustan ni me convieapercibía á marcharse. El mozo dejó sobre la mesa la nen sus persecuciones. Estoy en Madrid contra mi
vuelta de un duro, y acudió apresuradamente á otra voluntad y por cumplir un deber. La ociosidad y la
donde le llamaban. La dama negra tomó una de las soledad me aburren.
monedas que habíanla devuelto, se volvió hacia mí, y
Yo, sin saber qué decir, dije:
con acento de extranjis me dijo:
- Deduzco, pues, que no la gusta á usted la capi- No conozco esta moneda. ¿Tiene usted la bon- tal de España.
dad de decirme lo que vale?
_
La dama negra hizo un mohín.
- Dos francos cincuenta, la contesté en francés.
- ¡Acostumbrada quizá á París! .. ¿Es usted pariAquí la llamamos medio duro.
siense?
- Muchas gracias, caballero, dijo, y haciéndome un
- No, pero he vivido muchos años en París. Soy
fino saludo se marchó.
de Angulema.
A la noche siguiente me senté también á la misma
- ¡Buen país!
mesa, al lado de la simpática extranjera, no con se- Todos son buenos cuando se tiene tranquilidad.
gunda intención, pues yo por causa de mi edad estoy
De repente, como en un paréntesis de la conversajubilado, sino por curiosidad y por matar el tiempo. ción, me preguntó:
La dama negra, que aún no había empezado á leer su
- ¿Conoce usted á M. Jorge Manrique, bolsista?
periódico, contestó amablemente á mi saludo. La
- Señora, la contesté algo sorprendido de la presupuse con deseos de hablar, y sin embargo pareció- gunta, conozco los versos de un poeta antiguo llamame un tanto cohibida. Posteriormente me he entera- do así, pero dudo que haya ningtín bolsista de ese
do del motivo. Disculpándome con su extranjerismo nombre.
la hice varias preguntas impertinentes. Ella dejó El
La dama negra varió de conversación.
Fígaro que había empezado á hojear, me miró con fiSupe de ella lo que quiso decirme. No tenía famijeza y me dijo con cierta intención:
lia. En París trabajaba de florista y encajera. Se lla- Sé, caballero, que á estas horas hay en algunos maba Genoveva. Hallábase en Madrid por causa de
cafés de Madrid extranjeras y compatriotas mías cuya un negocio importante y vivía en compañía de una
conducta no es muy ejemplar, pero yo le suplico á paisana suya, mujer de un maquinista del ferrocarril
usted que no me confunda con ellas.
del Norte. Todas estas cosas nada tenían de particu- De ningún modo, señora.
lar, pero sí otra particularidad que noté en ella. No

Eclipse total de la dama negra. No volví á vtrla en
ninguna parte, lo cual nada tiene de particular, porque yo hago vida retraída. Sin embargo, una noche
me dediqué á recorrer los cafés adonde concurren
extranjeras de vida poco ejemplar, pero sin resultado.
En el Suizo, después de los comentarios consiguientes, se olvidaron de la fugaz parroquiana francesa. Yo
la eché de menos durante algunos días, pues aunque
sin segunda intención, como ya he dicho, me gustaba su persona y sobre todo me interesaba su conversación. Pero concluí por sólo acordarme de ella
alguna vez cuando estaba en el café Suizo.
Supuse como lo más problable que la enemiga de
Zola se había ausentado de Madrid.
Una noche acudí á la cita de un amigo en el café
· de.... ; pero en vez de encontrarle me hallé con otro
á quien sólo puedo calificar de co11oc1do: una de esas
personas á quienes saludamos toda la vida y con las
cuales hablamos muy rara vez. Es un doctor en me•
dicina de bastante reputación, que ha hecho su carrera en París. Joven, inteligente, exaltado en política, excéntrico y modernizado, tiene cosas, y sabido es
que el que tiene cosas da que hablar y es conocido.
No quiero deta11ar más por recelo de que el lectorle
conozca, y supongo que se llama Almagro. El doctor
Almagro estaba cenando en el café de..... cuando yo
entré. No bien me vió, me llamó desde lejos, ¡cosa
rara!, pues generalmente sólo cambiamos el saludo.
Me aproximé á su mesa, hízome él sitio á su lado, y
con sorpresa mía me dijo:

REUS, - MONUMENTO AL GENERAL PRIM.
l!.SCUDO DEL GENERAL PRIM,

escultura de Luis Puigjener.

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34
- ¡Cuanto me alegro de ver á usted! Mañana pensaba buscarle en el Suizo.
- ¿Ocurre alguna novedad en que pueda servir á
usted?
- Sí y no.
- Pues usted dirá.
- L't otra noche, por entre los cristales de la cancela del Suizo, vi á usted hablar con una señora extranjera .. .

F.

MORENO GODINO

( ConcluirtÍ)
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MISCEL.-\NEA

Bellas Artes. - En Milán hay -abiertas actualmente tres
exposiciones, la de cuadros del pintor Segantini, la de la Sociedad Artf.tica y Patriótica y la de la Familia Artística. En la
primera se admiran varias obras del ilustre pintor italiano, que
después de haber alcanzado el gran premio en Mónaco ha me·
rccido la honra á pocos dispensada ele ser invitado á exponer en
las Grafton Galleries de Londres. En la segunda, la de los ar·
listas oficialmente reconocidos, por decirlo así, figuran lienzos
de Bazzaro, Carcano, Mariani, Giuliano, Ferrari, De Albertis
Fontana, Gignous, Formis, Mantegazza, Cagnoni, Gallotti ;
Grad! y esculturas de Alberti, Bririo, Cassi, Pirovano y Ripamont1. En la tercera, que puede llamarse de los innovadores,
hay notables obras de C&lt;\rozzi, Restcllini, Conconi Previati
:lllentessi, Troubetzkoy, Longoni y otros.
'
'
- Forain, el artista parisiense por excelencia, ha publicado
recientemente un álbum que contiene diversos cuadros arrancados de la verdad, como todo lo suyo, y en que á la nerviosa
ejecuci6n del dibujo ímense lacónicos epígrafes que en su bre·
vedad encierran un tratado ele Filosofia. Acompaiia á los dibujos un prólogo de A. Daudet.
- Los aficionados á estampas podrán adquirir déntro de poco u_na r~producci~n fidelísima, obra del joven y hábil grabador
J assmsk1, del precioso cuadro de S:mdro Botticelli que se halla
en Florencia, en cuya ejecución ha empleado más de dos años.
,\ juicio de inteligentes es un trahajo irreprochable y tanto más
digno de aplauso por cuanto ningún grabador hasta el presente
se ha_bía atrerido á realizar con el buril la entonación vaporosa
y delicada ele esa obra maestra que publicará un conocido edi·
tor de estampas parisiense.
- Próximamente en la Sala Petit se organizará una Exposición ,·enlacleramente interesante. La constituirán los estudios,
bocetos y croquis del insigne pintor 1feissonier, desconocidos
por completo del público, como lo son generalmente esas notas
Intimas del artista. Tales trabajo, serán una verdadera re,·elación para muchos, toda ,·ez que se achacaba al difunto -maes·
t~~ como un d~f~cto 1~ ejecución minuciosa ~asta la exagera·
~on, .s~brada s1 se_ quiere, y ellos demo:;tr~ran la amplitud y
s11npllc1clad de su pmcelacla, su firmeza de dibujo y una colora·
ción franca y esµontánea como pocas.
- Actualmente está expuesto en Berlín un cuadro de Suchorow:;ki. q~e ha p~oducido J!ran sensación en cuantas capitales se
ha exh1b1do. Titulase El botln del pirata, y representa una hermosa figura ele mujer desnuda que en una habitación árabe, ricament~ decorad~,.;spera llena de an_gustia al dueño á quien,
en su tnste concllc1on de esclava, ha sido destinada.
-A los frecuentes descubrimientos dé grandes falsificaciones
de cuadros que en poco tiempo se han realizado hay que agregar
una muy reciente. El proceso seguido en Amberes contra un
tal Juan Defordt, que había vendido obras con las firmas falsificadas de Rubens, Franz llals y otros, ha evidenciado la cxist~ncia en, aquella ciud~d de u~a porción de fá_bricas que se ded1ca?ª1:1 a esa pum_ble mdustna y _de ,una, porción de cómplices
de d1stmtas profesiones que contnbman a la expendición de las
pinturas falsificadas, entre las cuales las hay con firmas de ar·
listas modernos.
Barceloua. - En el despacho de nuestro amigo el artista se·
ñor Riquer hállase desde hace unos días expuesto un cuadro
notabilísimo, una verdadera obra maestra en toda la extensión
de la palabra, una de esas obras que, aun en los mejores )1useos
del ~unclo, son, por _las geniales cualidades que contienen, singulandades que caullvan y atraen con fuerza poderosa é irresistible las miradas del artista por envolver con su brillo esplendente en una vaga penumbra á todas las medianías que les rodean. Trá(a~e de una pintura del insigne Ribera, representando el martmo de San llartolomé, en la que predominan las más
relevantes de sus cualidades, hasta tal punto que puede decirse
no se aminoraría la impresión que produce al espectador colo·
cada junto_ á los mejores_ cuadros que de ese artista posee el
M~seo nacional ~e Madnd. No es, pues, de extrañar que los
art1stas de esta ciudad hayan suscrito una instancia dirigida á
nuestra corporación provincial solicitando adquiera obra de tal
valer, pues ocasión para adquirir otra parecida imposible es
puede afirmarse, que se presente ya jamás.
'
«Salón Parés. »-Un buen estudio de media figura fresco y pin·
lado con sinceridad, lumi_noso y acertado, salvo t;l vez alguna
dureza del fondo, ele Batxas, y tres cabe1Á-is en tierra cocida,
de Font, ocupan _esta semana el sitio preferen te; una de ellas,
la de un monagmllo chupando una colilla, es feliz de expresión
y está ejecutada con simple espontaneidad; bueno es el retrato
y aunque bien ejecutada no es tan feliz la ele mujer titulad~
U1t beso, pero no corresponde la impresión que causa á la idea
preconcebida del modelo exigido en una cara de mujer para ese
acto tan tierno y delicado de· un beso. Bien es verdad que no es
fácil la observación del artista en este caso, pues no se dan los
besos á presencia de tercero, y si se reciben no hay lugar para
estudiarlos.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- En el teatro Real ele la Opera, de Berlín, se ha celebrado,
con asi~tencia de los·emperaclores, de los individuos de la familia real y ele muchos príncipes, el , 50. 0 aniversario ele su creación. Las obras representadas con este motivo constituyeron
una especie de revista retrospectiva ele lo que se ha cantado en
aquel coliseo desde su fundación. El orden del espectáculo fué:
la marcha de Gluck, A/aste; un prólogo alusivo que terminó
con un homenaje á Federico el Grande, fundador de la Opera,
y otro al actual emperador, mientras la orquesta ejecutaba el
himno popular; la obertura de ljige11ia en Aulida, ele Gluck; el
segundo acto de Las bodas de fzgaro, de Mozart; la 3. ª sinfon(a
L eonor, de Beethoven; varias escenas ele D er F reischutz, ele
Weber, y de El Profeta, de Meyerbeer, y la escena final ele El
crep,fsculo de los dioses, de Wagner. - En el propio teatro se ha
estrenado con buen éxito la ópera ele Leoncavallo / Pagliacci.
- En el teatro Carlos, de Viena, se ha estrenado con buen
éxito la opereta en dos actos del meestro Komzack Edelweiss.
- En el teatro Real, ele Kassel, se- ha estrenado con mucho
aplauso una ópera titulada Bardhamana, de Bruno Oelsner,
músico de cámara del gran duque de Darmstadt.
-:- La nueva ópera de Rubinstein, Los hijos del brezal, ha obtemdo gran éxito en Bremen, donde se ha estrenado bajo la di·
rección del autor.
- En el teatro de la Moneda, de Bruselas, se ha verificado la
primera representación de una ópera titulada lllaese iUartín,
del maestro Tan Blocke, de Ambcres, discípulo de Pedro Be·
noit, que ha sido muy aplaudida.
- La ópera romántica La hija de Granada, del maestro
IIallstrom, ha sido estrenada con gran aplauso en el teatro
Real de la Opera, de Estockolmo.
- ~n el teatro Lessing, de Berlín, se representará en breve
la úl(nna obra de I bseo, titulada El arquitecto Sobress.
.- _En Leipzig se han representado tres cuadros de la ópera
religiosa de Rubinstein /1/oisés, bajo la dirección de Sll autor,
qu1; ha querido celebrar de este modo el quincuagésimo aniversano de su primera presentación en público en el mismo lo·
cal, la Gewa11dhaus, donde aquella representación se ha ejecutado. Aun cuando por tres cuadros no puede juzgarse de toda
la obra, esos fragmentos dan perfecta idea del genio y fecuncli·
dad extraordinarios del gran maestro y pianista ruso, quien ha
sabiclo imprimir en su obra el colorido oriental que correspon·
de al asunto: como piezas de mérito superior se citan los finales
de los cuadros sexto y séptimo. Inútil es decir que Rubinstein
obtuvo una ovación inmensa.
Parls. - Se han estrenado con éxito: en el Gran Teatro, Lysistrata, comedia en cuatro actos de M. Mauricio Donnay, con
algunos bonitos números de música de M. Dutaq; en el Vaucleville! un drama en tres :i.ctos de M. ~fauricio Denier, Les gens
d~ bien, ele argumento aunque no nuevo interesante y cuyo prin·
c1pal mérito es el espíritu ele observación, el conocimiento escénico que revela y la maestría con que están trazados los carac·
teres de los personajes; en la Comedia Francesa, L' ame de Racine, escena dramática de M. Pablo Demeny; y en el Odeón,
Une soirée de Raa"ne, apropósito ele los Sres. Fuste! y Bazán.
Estas dos últimas, que se han répresentado con motivo del 253. 0
anh·ersario uel nacimiento del gran poeta francés, están escri·
tas en hermosos versos é inspiradas en pensamientos levantados.
. Londres. - Con ocasión de la Nochebuena y siguiendo tradic10nal costumbre se han represi;ntado pantomimas en Drury
Lane, Nuevo Olimpo, Palacio ele Cristal y en olros teatros. La
de Drury Lane ha sido puesta en escena con un lujo y una pro·
pie~ad superiores á lo mucho bueno que se hn visto en la capi·
tal mglesa: hay, entre otros, un cuadro que representa el palacio
clel millón de espejos, cuyas magnificencias exceden de toda ponderación. Además se han estrenado con éxito: en el teatro de
la Princesa un drama de M. Enrique Herm¡mn, titulado Ea·
gleJ oe; en el Royalty una graciosa comedia, Charley 's Aunt, de
i11r. Brandon Thomas; en la Opera Cómica, la opereta francesa
Les vi11g el huit jorm de Clairetle, letra de Raymond y l\tars y
música de Roger, arreglada á la escena inglesa por Mr. Carlos
S. Fa wcett; y en la Alhambra, un baile de gran espectáculo en
cinco cuadros, mí1sica de Jacobi, titulado Aladino.
llfadrid. - En el teatro de la Zarzuela se ha estrenado con
gran éxito la zarzuela en tres actos La estudiantina, letra del
popular escritor y distinguido periodista D. Eusebio Sierra y
musica del maestro Mateos. Esta obra pertenece al antiguo gé·
nero, el género lírico-dramático genuinamente nacional: el argumento es sencillo, interesante y gracioso, y en su desenvolvimiento abundan los chistes y las escenas alegres, vestido todo
con una versificación correcta y brillante. La mí1sica es inspiradísima y está admirablemente instrumentada. En el Circo ele
Parish ha sido bien recibida por su agradable música la opereta
en tres actos El pr!11cipe A leja11dro, del maestro Czibulka.
Barcelo11a. - En el Principal se ha estrenado con buen éxito
la tragedia catalana de D. Angel Guimerá, vertida al castellano
por D. Enrique Gaspar,Judith de Welp: en el propio teatro se
ha verificado el beneficio de D. Ricardo Calvo, quien tuvo una
gran ovación en el desempeño de la obra del Sr. Echegaray
En el seno de la muerte. En Novedades ha sido recibido con
aplauso un melodrama en un prólogo y cuatro actos del señor
Moreno y Gil, titulado Luisa ( La Saeta)

NúMERO

576

LA

576

35

I LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

noticia comunicada es agradable, como evidentemente lo indica
la expresión de los rostros ele las dos jóvenes, ¡váyales usted á
d_ecir á éstas que sobre el horizonte de la política europea se
ciernen nubes tempestuosas, hágales descripciones siniestras de
las manifestaciones del problema social, y de fijo si no le mandan
enhoramala, por lo menos se quedarán tan tranquilas como si
de la luna se les hablase! ¡Dichosa edad en que las ilusiones to·
do lo absorben! ¡Dichoso también el artista que en efectos tan
inocentes se inspira y que con tanta maestría sabe reproducir en
el lienzo tan sentidas escenas!

Reus. Monumento al general Prim, obra de
Luis Puigjener (fundida en los talleres de Federico l\Iasriera y ~ompañ_ía, de Barcelona). - En la hermosa plaza de Prim
de la mdustn?sa y floreciente ciudad de Reús álzase ya completa!ll~nte terminado el monumento que sus conciudadanos han
en~1do en honor del ih1stre general, de esa figura quizá la más
saliente ?e la ~istoria contemporánea de nuestra patria. A poco
ele fallecido Pnm, los reusenses costearon en sufragio ele su al·
n!a pomposos funerales, y habiéndose luego obtenido del gob1er~o que abonase el importe de éstos, por iniciativa de don
i\Ianano Pons y Espinós destinóse esta suma á encabezar
una suscripción para erigir un monumento al inolvidable con·
de d_e Reus y marqués ele los Castillejos. Para realizar el pensamiento nombróse una comisión, cuya presidencia se con·
fió a( S r. Pons, persona de gran valía y muy querido ele sus
conciudadanos que, al morir en 1886, había sido alcalde de
Re~s, dipu_tad_o provincial, diputado á Cortes y gobernador de
vanas provmcias y estaba condecorado con la cruz de Isabel la
Católica. Llev~da la suscripción á toda España y á América, no
tardó en reu111rse la cantidad necesaria para el monumento, y
convocado el oportuno concurso fué premiado el proyecto del
reput_ado escultor barcelonés Luis Puigjener. Para terminar estos ligeros apuntes diremos que á la muerte de D. Mariano
Pons sustituyóle en la presidencia de la comisión D . Eusebio
~al~uera, alcalde 9ue ha sido dos veces de Reus y diputado pro·
vmcml, y que el d1a 1.0 de este año quedaron colocados en el
monu1~ento (a estatua del general, los escudos y los relieves,
operac1ó~ felizmente realizada por el entendido maestro carpintero de nbera D. Tomás Ribalta.
El monumento, cuyas distintas partes reproducen nuestros
grabados, lo constituye u·n pedestal rectangular de mármol: tiene l-ste en su cara anterior el escudo de la ciudad de Reus debajo del cual se lee la inscripción A l'RIM su PATRIA :n su
cara posterior el del general y en sus caras Íaterales dos hermosos altos relieves que representan los dos episodios más culmi·
nantes de la historia P?lítica y militar del general Prim, la gloriosa batalla de los Castillejos y la famosa conferencia de l\léxico,
en la que el _ilustre caudillo, al descubrir los planes del gobierno na_poleómco, propuso á los generales de las demás potencias
la retirada, que él realizó en seguida embarcándose con las hopas españolas: sobre el pedestal se alza la estatua ecuestre de
Prim, ?e~cub(erta la cabeza y con la espada en alto.
El d1:;tmgu1do escultor catalán, autor también del bellísimo
monumento que erigió Barcelona al insigne marqués ele los Cas~illej?s, ha logrado, como en éste, en el de Reus representar al
molv1dable general con el doble carácter con que lo conciben la
fantasía ¡iopular y la historia: como esforzado general y animac(o cauclillo, como defensor de la patria y mantenedor ele sus
libertades. La estatua de Prim, como pueden ver nuestros lect?res, tiene además del vigor y corrección de líneas una expresión que revelando claramente el alma del conde de Reus1 es un
ti_mbre el~ gloria para el artista que tan admirablemente ha sa·
!)Ido senhrla y darle forma plástica. Los dos relieves están tam·
bién hábilmente concebidos y ejecutados, y los escudos revelan
una mano experta en la escultura ornamental. En suma la obra
del S~. Puigjeher es una obra notable bajo todos con~eptos y
constituye una preciada joya art!stica para la ciudad que tiene
la suerte de poseerla.
Réstanos agregar que como obra de fundición de bronce es
una de las mejores salidas de los talleres de D. Federico l\fasriera y Compañia.

Un concierto de Bulow, cuadro de L. Dehr1'.l_la~n. - _De fama universal gozan los conciertos del célebre
p1amsta, director de orquesta y compositor alemán Juan Guido
Bulow, músico de cámara de varias cortes alemanas entre cuyos timbres de gloria se cuenta el de haberle sido /onfiada la
dirección de la Escuela de música de l\[unich creada por \Vagner. El cuadro de Dehrmann, que representa una ele estas fiestas, es una hermosa composición llena de dificultades técnicas
que el artista ha sabido vencer salvando con fortuna los peligros de una confusión ininteligible y de una minuciosidad im·
propia de lienzos de la (ndole del que nos ocupa.

.La fl.est?, de la Virgen, cuadro de José Ben-

ll~ure Y Gil. - S¡! trata de uno de nuestros más antiguos y

asiduos colaboradores, y como en repetidas ocasiones nos hemos
o~upado de ~o mucho que vale este artista, legítima g loria de la
~1~tura espanola_ contemporánea, no hemos ele incurrir en repeuc1ones de elogios que resultan además ociosos, tratándose de
un cuadro tan bien concebido y tan bellísimamente compuesto
como f;a fiesta de la Virgen, en el cual el Sr. Benlliure, con su
Necrología. - H an fallecido recientemente:
Angel Villa Pernice, notable economista italiano, autor de maestna acostumbrada, reproduce uno de esos interiores de
muc~as é importantes obras de Economía poHtica y bibliófilo t~mplo en días de gran ceremonia que ta nto se prestan á patentizar el talento de un pintor.
apasionado.
El conde Carlos Fecia di Cossato, mayor general de la reser·
A°!)anico q:ue perteneció á la reina Maria Anva italiana y uno de los pocos sobrevivientes de las primeras
tom~ta, propiedad de D. Antonio Lambea (de fotografía de
guerras de la independencia de Italia.
. Alejandro Talazac, célebre tenor francés que por espacio de J. Pneto). - El precioso abanico que reproducimos forma parte
diez años ha cantado en la Opera Cómica de París, estrenando, de_ la notable colección que posee D. Antonio Lambea, de Maentre otras obras, Í,Qs w e_ntos de Hofjma1111, Lakmé, Manón, El drid, compuesta de ejem plares de gran mérito correspondient~s á los ~iglos XVII y xv111, algunos de los cu;les ostentan de·
rey de Jsy Samón y Dalzla.
Sir Ricardo Owen, famoso naturalista inglés, profesor de hcadas pmturas de L ebrand, \Vergencle y otros no menos nom·
Anatomfa y Fisiología del Real Instituto de Londres, cuyo brados artistas. El abanico llamado de María Antonieta tiene
nombre se·ba hecho célebre por sus importantes investigaciones su. varillaje de marfil, con aplicaciones de oro y mosaicos de
paja; en l?s dos padrones figuran los retratos de aquella inforanatómicas y osteológicas de los vertebrados fósiles.
tunada ~eu~a.Y el de su esposo y en las demás varillas los de to·
Ernesto Cristián Richard, notable poeta dinamarqués.
Teat_ros. - En la Scala de Milán se ha representado con
gran éxito la ópera del maestro Franchetti Christophoro Co·
Teodoro IIentschel, director de la orquesta del teatro de la dos los_ mdmcluos de (a familia real. El pa(s, que es de seda,
lombo, en la cual ha obtenido muchos aplausos nuestra compa· Ciudad, de H amburgo, y autor de las óperas Lanze/Qt, La bella está pnmorosamente pmta~o por Le brand. En suma, es un ejemplar notable de gran ménto, ya que su valor artístico hállase
triota la señora Bonaplata.
llfelusina y La espada del rey .
- _En el último concierto de la Gewandhauns, ele Leipzig, se ...••.•••.•••,....••, ......,,,,.\ •..•.••,....,.,,.,.•.•,.,......................,•..•,......,.........1,,,,,.¡,,,.,.,......,••,•.., aumentado por el histórico.
ha eJecutado como ~ovedad una ?bra póstuma de Bizet, Roma,
Recomenaamos el verdade1~ Hierro Bravals aaopque fué muy aplaudida por su brillante inslrumentación.
NUESTROS GRABADOS
tado en los Hospitales de l' arls y que prescriben los
- En el teatro de María, de San Petersburgo se ha estrena·
me&lt;11cos, contra la Anemia, ClorosJs y Debll!dad; dando
d o con gran éxito una ópera en cuatro actos de!' maestro N. A.
Un secreto, cuadro de Juan Blum. - Bien claraa la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
Rit?skij-Kor_ssakoff, tit~lada JI.fiada, que un ilustre crítico ruso mente se advierte que no se trata ele un secreto de Estado pero
que tanto se desea. Es el mejor de todos los '.únicos
Y reconstituyentes. No produce estreñimiento 111 diarcahfi~a ele pmtura 1mm~al, ,Pºr ser lo pintoresco y la riqueza de ¿dejará por esto la confidencia de interesar menos á las do~ mu·
rea, teniendo además la superioridad sobre iodos los
colon do lo que caraclenza a esa obra.
chachas? Si se trata, como es de presumir, de algún amorío y la
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.
~

N úMERO

Antes de contestar me volví un poco para coger una ro;a

CARGO DE CONCIENCIA
POR

Ju ANA

MAIRET, CON PR ECIOSAS I LUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

Martes, 30 de junio
«Y_ la última fecha es del 16, el día en que, después de pasar la noche sin
dormir, después de haber vacilado y orado mucho, resolví acoger á Edmunda
y tratarla como hermana.
YIDespués, nada. No es la pereza ni el género de vida un poco desordenado
que observamos hace una semana lo que me ha impedido escribir es más bien
que no veía claro en mi interior ó que no tenía empeño en ver. '
»~n el momento en q.ue es~ niña intervino en mi vida, yo me proponía introdu~ir en ésta un camb10 radical, J:)Ues comenz~ba á decirme en voz baja, muy
b~Jª Y te_mblor?sa: «¡Amo!}&gt; La altivez que me imponía el silencio y un poco de
fnalda? Junto a Roberto, que me inducía á mostrarme severa y á ponerme á la
de~ensiva apenas su madre me hablaba de él, desvanecíase poco á poco y yo era
feliz. Temía no ser amada como yo quiero serlo, y casarme sobre todo por con-

venie?ci_a, I;&gt;Orque este matrimonio, á los ojos de toda la familia y del mundo
par~~1a md1cado ya. Desde hace algunos meses mi temor se desvanecía suave
dehc10samente. En París, Roberto y yo nos encontrábamos, no sé cómo, á cada
~omento; cuando entraba en nu~stro pequeño salón sus ojos brillaban sus labios sonreían, y al parecer considerábase feliz junto á mí. Ciertamente no se
I?resentaba como enamorado; los dos sabíamos que hacía años se nos destinaba
a ser _uno de otro;_ mas Roberto hablaba con toda sinceridad, como compañero
y amigo fiel y casi con ternura.
»Si yo admiraba ~na pi?tura, una comedia ó un libro, siempre era también de
su agrado. Su trabaJo me mteresa, y le he sido a lgo útil leyendo para él varias
?bras al~manas y tomando.notas. Ciert~ día exclamó: «¡Qué felicidad es trabaJar cont~go, Marta; veo meJO: con tus_ OJOS que con los míos!» y repentinamente .parec1óme ver en perspectiva la umón de los dos y una vida muy feliz algo
sena tal vez, pero llena de ternura y muy dulce. Aquel día conservó mi 'mano

y

�LA ILUSTRACIÓN A1nísTICA

NúMERO

576
NúMERO

entre las suyas algo más que de costumbre, y no pensé en retirarla. Es que somos muy antiguos amigos, casi hermanos. ¡Ah! Sí. .. el afecto fraternal es una
cosa muy dulce, pero no suficiente, ó por lo menos no me bastaría á mí.
»Y desde hace un instante siento que le amo, que Je amo con toda la fuerza
de mi corazón, hasta con arrebato. Yo me esfuerzo para que no lo comprenda,
y el temor de que se revele, y sobre todo de amar más de lo que soy amada, me
hace parecer fría, desagradable. Sin embargo ...
»Su madre ha debido referirle nuestra conversación. Ayer nos encontramos
solos un instante por primera vez. Después de almorzar tratábase de inspeccionar el jardín para ver dónde podríamos jugar á la raqueta, porque Edmunda lo
deseaba mucho. Aquel joven oficial, Jorge Bcrtrand, compañero de Roberto,
que no me agrada sino á medias, había atraído á mi hermana y los demás convidados á un lado, mientras que Roberto y yo examinábamos otro sitio, y stíbitamente me dijo con una especie de resolución y casi con dureza en la mirada y en el acento:
- »Marta, no es digno de ti ni de mí mantenernos en una situación falsa.
Nos vemos y obramos como si ... como si nada se hubiese convenido; y sin embargo, debemos casarnos un día ... ¿no es así?
»Esta pregunta me dejó helada ... ¿Por qué? ¿Qué demonio es el que me infiltra esta frialdad en el momento mismo en que mi corazón se desborda? Tal
vez será porque yo esperaba de él cierta vibración en la voz, alguna cosa que
me hubiera dicho mucho más que las palabras: «¿No ves cómo yo te amo?»
»Antes de contestar me volví un poco para coger una rosa, y sin_temblor en
la voz le dije al fin:
. - »Escúchame, Roberto, yo no quiero compromiso. Interrógate como yo me
mterrogo, y antes de terminarse el verano, ó se efectuará nuestro matrimonio
ó nos separaremos como buenos amigos. Hasta entonces permanezcamos libres,
completamente libres; y si uno de nosotros dice al otro: ,No te amo como quisiera amarte,» comprometámonos á no experimentar más que agradecimiento: la
peor deslealtad sería aceptar el matrimonio sin amor.
»Roberto me miró detenidamente, buscando al parecer en mi rostro alguna
cosa que no existía, así como yo escuchaba un momento antes el sonido de su
voz para distinguir un temblor que no reconocí. Tal era el esfuerzo para dominarme, que me parecía ser de mármol; y en aquel instante creí que sería casi
una deslealtad dejarle entrerer siquiera cuánto le amaba. Roberto dejó escapar
un suspiro no sé si de impaciencia ó de desanimación, y después repuso como
resentido:
- »Admiro tu calma y tu buen criterio ... Consérvate libre; pero en cuanto á
mí, me consideraré como tu prometido hasta el día en que me digas: «No te
amo.»
- »¡No, no; eso sería injusto!
¡, Yo temblaba de emoción, y mi acento resonaba singularmente en mis oídos.
Tal vez Roberto entrevió que mi calma no era más que aparente.
- ))Como tú quieras, Marta.
- »Y que nadie sospeche ...
- »Nadie. sospechará ... Por lo demás, añadió con amargura, sería difícil,
dada ·t~ actitud, creer que pensábamos en más intimidad que la de antiguos
companeros.
»¡Extraños desposorios! Diríase más bien que son una especie de lucha entre
dos voluntades conocidas; y á pesar de todo soy feliz, y hasta me ha parecido
que Roberto está más á su gusto desde nuestra última explicación. Ese hombre
que en su juventu~, absorto y grave, había carecido siempre de entusiasmo, parece querer desquitarse, aprovéchase de sus vacaciones completas, y disfruta
como un escolar. Su madre está radiante de alegría, y en cuanto á mí, sumament~ contenta con la atmósfera de placer que nos rodea, me rejuvenezco también.
Siento deseos de cantar, correr y hacer mil extravagancias; ya no me reconozco
y h~sta la tía Aurelia? viéndo~e tan alegre, perdona casi á Edmunda, atribuyen~
do a la llegada de 1111 hermamta este súbito cambio.
» á decir verdad, Edmun·da contribuye algo á ello; su juventud en flor llena
e_l a1re ~e alegría, y perturba la tranquilidad un poco soñolienta del antiguo castillo. Mi hermana necesita movimiento, ruido, algo inusitado; no es una muchacha contemplativa, pero su entusiasmo por la campiña se acabaría pronto si
esto no representase para ella más que los cuidados del corral, los trabajos ' en
e\ campo y hasta en el jardín. No tiene nada de campesina, pero en cambio la
vida de la castellana le conviene perfectamente, al menos por ahora. La señora
de Ancel ha manifestado desde luego mucho afecto á mi hermana - como todos
los demás - '! combi~~ con ella expediciones á Trouville, cabalgatas hasta el
bosque de 1 ouques, Jiras campestres, y qué sé yo cuantas cosas más. Roberto
c_onoce á varios jó~enes de los alrededores y de las diversas estaciones balnearias, y todos van siempre detrás de mi hermanita como las mariposas en pos de
la luz. Esa cosa que atrae, ese don misterioso que no consiste en la belleza ese
encanto particular de 1~ mujer continuamente adorada, ese no sé qué, en fi~, de
que carezco, ella lo tiene en un grado que casi atemoriza. Los campesinos,
después de saludarm_e respetuosamente, se vuelven para mirarla; los mismos animales parecen sometidos á ese ex_traño magnetismo que hay en ella; las avecillas
no _r~montan el vuelo cuando m1 hermana se acerca, y los perros solicitan sus
canc1as. En todas partes y para todos ella es la soberana el ser amado adorado; Y yo no sé si ella conoc_e su poder; pero seguramente ~e considera feÍiz, y se
aprovecha algo de él cual s1 fuese una verdadera niña. Si por casualidad siente
deseo _de abusar de esa fuerza misteriosa, siempre lo hace cuando está presente
el capitán_ Bertrand; y s_i fº. le predico un poco de moral, se arroja en mis brazos f me Jura que s~rá JU1c10sa en lo futuro. Es como aquellas penitentes que,
gracias á una c_on'.es1ón pasada y seguras de la absolución próxima, continúan
pecando con sm igual desenvoltura, creyéndose antorizadas para ello.
&gt;&gt;_¡Pero es tan niña mi pequeña Edmunda, tan afectuosa, y muéstrase tan agrad~_c1da por la ternura con que la trato! ¿Cómo no perdonarla? La tía Aurelia me
d_1Jo ,el ?tro día: «¿Cariñ~sa? Ciertamente; también mi gata lo es; pero se acaricia a m1 costa, lo cual difiere mucho. ¡Así es como Edmunda te acaricia á ti!&gt;
A pesar de esta sev~ridad en su juicio, mi tía se deja seducir igualmente por los
cncan~os ?e la hechicera. Yo no creo que Edmunda tenga una inteligencia extraor~mana, Y. dudo que los grandes problemas del bien y del mal en la tierra,
de, la mmor5ahdad -~el alma y h~sta de la cuestión social hayan perturbado jama~ su sueno de nma; pero t:atandose de las cosas de la vida, es muy avispada.
Qmere que todos _la amen siempre, y se vale de mil medios para conseguir sus
fines. Ha r~conoc1do muy pronto en mi tía Aurelia su afición de artista, que á
falta de lápices y de colores hace con su aguja verdaderas maravillas·,.v Edmun-

'!

11

da, que sabe tal vez hacer el dobladillo de un pañuelo, aunque no estoy segura
de ello, ha suplicado á mi tía con imperturbable seriedad que la inicie en los secretos de esos bordados tan finos y primorosos, con los que confecciona cortinajes, adorna muebles enteros y hace labores preciosas demasiado ricas para
que nos atrevamos á usarlas. Ha sido necesario enseñar á esa novicia entusiasta
las casullas y los ornamentos de iglesia recogidos con mucho trabajo en las
tiendas de los prenderos; mas mi tía le dijo: «Recomiendo á usted que no diga
nada al señor cura, que admira ingenuamente cuanto yo hago. ¡Si él sospechara
esto!&gt;&gt; Y Edmuncla contestó con mucha seriedad: «Eso sería vender el secreto
profesional, puesto que yo aspiro á ser discípula de usted.» Cuando la tía Aurelia duda de alguna cosa, acostumpra á refunfuñar, é hízolo así un poco ruidosamente, murmurando: «¡Esta muñeca se burla de mí!» Pero·la muñeca, gra1·c
como una imagen, empleó una hora para aprender un punto de bordado, diciendo cosas muy sensatas. Yo tenía mi libro en la mano durante la sesión, y no me
costó poco mantenerme seria. La severidad de mi tía desvanccíase por momentos; y aquella hora de paciencia favorecerá más á la causa de la «intrusa,» como
mi tía llamaba atín á mi hermana, que las más vivas demostraciones. Sin embargo, al cabo de una hora, Edmunda guardó su labor en un pequeño neceser de
lujo - naturalmente poco títil, -y después me dijo: «¿Vienes conmigo Marta?
Iremos á correr por el parque, porque mi sabiduría está todavía en la infancia,
y es preciso tenerle consideración ... » La tía Aurelia se encogió de hombros,
pero tuvo para su discípula una sonrisa llena de indulgencia maternal. Un esfuerzo más de Edmunda bastará para conquistarla del todo.»
IV
Según todas las previsiones, Roberto de Anee! estaba destinado á una vida
de ociosidad y de locuras. Hijo tínico de viuda, dueño de sí, disfrutando de la
más completa libertad, muy joven y poseedor de una bonita fortuna, nada le
impelía hacia los estudios serios ó las grandes ambiciones; pero felizmente para
él, en la edad de las pasiones sintióse atraído sobre todo hacia las cosas del espíritu. Alumno de la escuela des Charles, distinguióse muy pronto entre todos
sus condiscípulos, y además fué una especialidad, lo cual indica una verdadera
vocación; la historia le atraía en particular, y en ella se acantonó. :1\Iuy joven
aún, tuvo la idea de escribir una obra que debía titularse: Ifistoria de los duques
de Saboya en los siglos xvn J' xvm, y para la cual necesitaba hacer innumerables investigaciones y algunos años de trabajo. Entonces apreció mejor su posición desahogada, que le permitía dedicarse al estudio desinteresado, hacer viajes y buscar minuciosos datos, cosas de que deben abstenerse los pobres diablos
que están en la precisión de ganar el sustento.
Roberto contaba ya treinta años y no había escrito aú n el primer capítulo de
su libro; las notas se acumulaban, desarrollábanse los estudios á medida que
progresaba; quiso reducir su asunto, y con frecuencia se desanimó, diciéndose
que otros muchos antes de él habían ideado nobles trabajos y al fin no hicieron
más que entreverlos. Sin embargo, por vía de ensayo quiso escribir algunos artículos para la Revista histórica, artículos que gustaron bastante en el reducido
círculo de los sabios. Después, eligiendo en la colección de sus documentos un
asunto relacionado de cerca con el principal de su gran obra, lleno de ligeros
detalles divertidos y en que se hablaba de esa sociedad del siglo xvm que excita la curiosidad de la gente de mundo, así como también la de los eruditos,
le trató con la idea de hacer una gran revista. T emía haber perdido durante
aquellos años de preparación el estilo galano de su pluma, reconocido en él
cuando atín era muy joven. Roberto temía mucho pasar por un necio, y de
consiguiente fijó la mayor atención en el estudio para la gran revísta; escribióla
como hombre de mundo, con estilo alegre, disimulando lo mejor posible la erudición, que constituía su fondo. El artículo fué aceptado al punto, y publicóse
sin mucha tardanza, obteniendo un verdadero éxito. Roberto se consideró muy
feliz con este primer triunfo, pues había sabido dominar un pequeño asunto y
acabaría sin duda por vencer en otro de mayor importancia. No sería tan sólo
una rata de biblioteca, sino un historiador en la verdadera acepción de la palabra, un hombre que sabe comunicar movimiento, color y vida al pasado. En
adelante podría avanzar sin temor, pues por más que su vasto asunto se presentase ante él cada vez más formidable, le dominaría al fin. La victoria estaba lejos aún sin duda, pero llegaría, y hasta entonces tendría paciencia porque era
fuerte.
De esta lucha interior guardó siempre el mayor secreto; habíase apasionado
por ella hasta el punto de que le absorbiera completamente; hacíale estar siempre taciturno, y los años habían transcurrido así rápidos y silenciosos. Profesaba
á su madre el más tierno cariño, sabiendo que la pobre mujer no vivía más que
para él desde su viudez; mas no le era posible iniciarla en sus angustias íntimas
de trabajador y decir: «No estoy seguro de mí; tal vez no sea tu hijo más que un
rutinario como los muchos que hay.) La buena señora hubiera sufrido sin comprender lo que se le decía.
Lo que la viuda no se explicaba apenas era la vida retirada de aquel mancebo, lleno de salud, que en ciertas ocasiones sabía mostrarse alegre y hasta algo
loco de improviso. Cierto que pasaba gran parte de su tiempo en París, mientras que ella vivía todo el año en el campo; pero su hijo la visitaba con frecuencia, hasta en 'invierno, y consagrábale casi siempre todo el verano, aunque entonces se encerraba desde la mañana hasta la noche en su despacho. La madre
le veía á las horas de comer, y á veces inducíale á dar un paseo; pero á esto se
reducía todo. Este género de vida parecía convenirle muy bien, y hasta estaba
alegre y hablaba á su madre con toda sinceridad.
Naturalmente la señora de Anee! soñaba en casarle. Segtín ella, según la buena señora Despois y segtín otras muchas personas, su vecina Marta Levasseur
era la mu~r ideal que aquel joven tan serio necesitaba. Durante algunos años
Roberto no había querido oir hablar de matrimonio, pensando sin duda que sería
una triste cosa para una mujer tener un marido cubierto de polvo por el contacto
con los antiguos archivos y los papeles amarillentos; pero después, siempre que
volvía á ver á Marta un poco íntimamente, reconocía que ésta, en efecto, no se
asemejaba á las jóvenes vulgares, ávidas de placer y ansiosas de lujo y movimiento. La aversión de Marta al matrimonio por conveniencia, su obstinada
negativa cuando se la proponía el casamiento y por último su carácter montaraz acabaron por interesar á Roberto, y al fin, habiendo aumentado sensiblemente el atractivo verdadero que Marta tenía para él durante el invierno en que
los dos jóvenes se vieron con más frecuencia que de ordinario, Roberto creyó
muy sinceramente que estaba enamorado de su vecina, que sería feliz teniéndo-

756

37

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la por esposa y que la vida junto á una mujer inteligente y formal s~r(a_m_uy
dulce. He aquí por qué cuando su madre, temblando un poco ante la 1111ciat1va
que había tomado, le refirió su conversación con Marta, Roberto, despué~ de
guardar silencio algunos minutos, levantóse, se arrodilló ante la buena senora
como cuando era pequeño, y le dijo:
- ¿Conque te complacería tener también una hija?
- ¡Mucho, Roberto, mucho!
- Lo comprendo así, querida madre, pues te abandono demasiado á menudo
para empaparme en mis eternas notas.
- Pero yo no quiero que te cases precisamente por mí. Si amas á Marta, tómala por esposa; mas de lo contrario, casarte sería un error tan cruel para ella
como para ti.
- ¡Qué mamá tan sentimental tengo!.., exclamó el joven. ¡Amor!.. es una
gran palabra. Yo he creído algunas veces amar, como otros muchos, y en confianza te diré que me parece haberme engañado completamente. Nada de fuertes emociones, ni borrasca, ni gritos, ni desesperación, ni loca embriaguez; tan
sólo una ligera opresión de corazón cuando... , no sé cómo decírtelo... , cuando
me veía suplantado, y después un exceso de trabajo que me hacía perder la g~na de comer y de beber. Entonces sondeaba mi corazón, pero todo hab1a
concluído y no conservaba impresión alguna.
- Espero, hijo mío, que cuando pienses en Marta no hallarás la menor comparación con...
- Ninguna, madre mía, ninguna; tranquilízate. Amo mucho á Marta, y creo
que siempre la amé extremadamente. ¿Es pasión? No lo creo, pues en el '.ondo
soy tal vez incapaz de concebirla. Si Marta llegase á ser mi esposa... , 1:11ra, al
decirte esto siento una dulzura inefable en el corazón que bien pudiera ser
amor... , si llegase á ser mi esposa, te juro que la haré feliz y que yo quedaré
muy complacido. ¿Te basta esto?
.
.
- A mí sí; pero en cuanto á ella nada sé. Desde muy pequeiía ha visto sufnr
á su madre, y los niños inquieren, sin comprender, de una manera maravillosa. En fin, tenéis delante todo el verano para decidiros.
- Yo quisiera que se resolviese desde luego. Me conozco, y sé que una vez
empeñada mi palabra 110 miraré á derecha é izquierda; pero esos compromisos,
que no son verdaderamente tales...
- Te molestan para tu trabajo, ¿no es cierto?, preguntó la madre sonriendo.
- Eso mismo.
Así era, en efecto; pero había además otra cosa. Al evocar la imagen de Marta, Roberto la veía acompañada de otra; las dos hermanas, siempre juntas, formaban notable contraste: la una, alta, delgada, seria, con hermosos ojos de mirada profunda; la otra, pequeña, alegre, ostentando sus frescos colores, con la
mirada llena de atractivo, con sus sonrisas que enloquecían, aparecíansele unidas, y no estaba seguro de escuchar la voz de timbre grave más bien que la risa
argentina, ni de fijarse con preferencia en la mirada de la mayor que en la de
Edmunda. De aquí resultaba para él un malestar que no quería definir y casi
un remordimiento que rehusaba analizar. .
Y cada día sentía más no haberse comprometido por juramentos de amor con
la que deseaba tener por esposa.
No solamente no estaba comprometido por ningún juramento, sino que ninguna de las personas que le rodeaban parecía sospechar que hubiese entre ellos
más intimidad que la pasada, ni aun la tía Aurelia, que había renunciado á sus
sermones, al ver que durante tanto tiempo no produjeron resultado, y que se
familiarizaba casi con la idea de que Marta no se casaría nunca. Ciertamente
observaba que Roberto iba al castillo más á menudo que antes; pero la presencia de Edmunda, las frecuentes reuniones de amigos y vecinos y la alegría que
comunicaba á todo el mundo un poco de movimiento bastaban para explicar
aquellas visitas frecuentes. Además, el joven había declarado que hallándose verdaderamente un poco cansado á causa del incesante trabajo del invierno, quería
solazarse bien en el vérano, vivir al aire libre, nadar, montar á caballo, bailar y
hacer mil locuras. De una manera tí otra siempre encontraba el castillo en su
camino.
Con frecuencia iba acompañado de su antiguo compañero, el capitán Bertrand;
habían sido amigos bastante íntimos en el colegio, y aunque disputaban siempre mucho, por tener ideas diametralmente opuestas sobre todas las cosas, después de una discusión violenta los dos se buscaban. Hasta las diferencias de
sus temperamentos producían como un atractivo irritante, del cual apenas podían prescindir. En todo tiempo Jorge Bertrand había anunciado que entraría
en Saint-Gyr, y desde su cuarto año de academia manifestó un profundo desprecio á los hombres de estudio. Era naturalmente violento y un poco brutal;
adoraba la fuerza; el puñetazo le parecía el argumento supremo, y era muy temido de sus compañeros de carácter pacífico. Como Roberto le había probado varias veces que las razones morales no eran las tínicas en que se distinguía, Jorge
trató con cierto respeto al joven estudioso que no dejaba de tener buenos músculos y sabía servirse de ellos.
Después y durante algunos años los dos a!Jligos se perdieron de vista; encontráronse por casualidad en un banquete, se tutearon de nuevo, y el capitán
Bertrand tomó la costumbre de ir á fumar un cigarro de vez en cuando en casa
de su antiguo camarada y Uevársele á pasear al bosque. Al cabo de algún tiempo el capitán sufrió una grave enfermedad y obtuvo una larga licencia para ir á
restablecerse en Trouville.
Pero bajo aquella aparente intimidad, la irritación se mostraba en los dos jóve?es c?mo cuando estaban en el colegio, menos abiertamente sin duda, pero
mas sena, en el fondo. Los defectos de carácter del joven oficial se habían acentuado mas aún, contribuyendo á ello la vida de guarnición y el ejercicio del
mando. El mismo capitán complacíase en referir cómo se hacía temer de sus
soldados,_ y se lamentaba de que no fuese permitido tratarlos brutalmente como
en otro tiempo; «porque, decía, un ejército no es en realidad fuerte sino cuando
los soldados se ven reducidos al estado de máquinas.»
Cierto día refirió delante de las dos hermanas cómo consiguió domeñar á un
soldado reb~lde, no perdiéndole de vista y sorprendiendo siempre en él una falta para a~obiarle de injurias, de castigos, de humillaciones y de trabajos de toda especie, hasta que al fin le embruteció. Pero un día el hombre se rebeló de
nuevo, desapareció y fué cogido como desertor.
'
- J?e este modo nos ~irnos al fin libres de aquel soldado, añadió el oficial; su
mal eJemplo comezaba a influir en los demás.
- Y he ahí, ~ij_o Marta con indigna~i¿n, un hombre perdido por causa de
usted. No le felicito por esto, señor cap1tan.

- Es la cizaña arrancada del campo de trigo, señorita, repuso Bertrand. La
obediencia pasiva es necesaria en el soldado.
- Y me parece que en el oficial. debe haber algo más que dureza.
Edmunda había escuchado sin decir nada. El capitán Bertrand, gallardo
mancebo, de ojos azules y mirada dura y fría, atraíala singularmente. Juzgó que
Marta se mostraba muy severa en su apreciación, y agradeció al oficial que contestara en broma, como si de hecho no se pudiera tratar seriamente un juicio
femenino en semejante materia. No le desagradaba á Edmunda pensar que
aquel hombre inspiraba temor á los soldados, siendo capaz de cometer una violencia y hasta una injusticia, pues junto á ella mostrábase sumiso y afable, y
quedaba dominado á su vez. No podía dudarlo: el capitán Bertrand estaba á
sus pies; hacía de él lo que se le antojaba, y obligábale á sonrojarse ó á palidecer según que se mostrara para él amable ó fría, lo cual era sumamente divertido para la linda coqueta. Los sermones de la hermana mayor no servían de nada, y Marta comprendió por primera vez que los seres al parecer débiles y maleables oponen á veces una fuerza de resistencia y una obsti~ación elástica que
nada puede vencer, porque la razón no influye mucho en :"ellos. «¡Puesto que
eso me divierte!..,» decía Edmunda. Nadie la sacaba de aquí. En buena ley, el
mundo entero y todos sus habitantes no debían servir más que para recreo de
la señorita Edmunda Levasseur, porque ésta era muy linda, encantadora y, en
una palabra, deliciosa.
Los abrazos y caricias inducían á Marta á renunciar á su homilía. Bien mirado, el capitán sabría defenderse en caso de necesidad, y con tal que Edmunda
no se le diese por cuñado no exigiría más. ¿Casarse con el capitán? ¡Oh! ¡No,

•.. y por otra parte me ha dispuesto esa magnHica panoplia

exclamaba la niña, de 11ingún modo! ¡Set esposa de un oficial, dejarse conducir
de guarnición en guarnición, sin oir hablar nunca más que del escalafón y de
las promociones de compañeros injustamente favorecidos!. . ¡Jamás! Y después
llamarse señora Bertrand, ella á quien no gustaban más que nombres bonitos
con partícula... Y la loca niña se interrumpió algo confusa, sonrojándose vivamente.
- En cuanto á ti, te adoro, exclamó Edmunda impidiendo con un ademán
que el sermón continuara. Tú eres un cura con faldas que me conviene por
completo; pero advierte, hermana querida, que es preciso renunciar á corregirme. Yo no seré jamás una perfección ni una 111ujer notable, ni me será posible
leer nunca grandes libros serios. Veamos; no frunzas el ceño: todo el mundo
dice, y yo la primera, que tú eres una joven notable. La señora de Anee! no puede
pronunciar tu nombre sin proclamar tus méritos, y su docto hijo habla contigo
de sus ·trabajos. ¡Qué honor... y qué divertido debe ser esto! A mí no me hablan
más que de lecciones de natación, de saltos, de cosas alegres y bonitas. Yo no
soy más que una pobre chiquilla; pero tengo mi privilegio, créelo así, como sér
débil á quien se trata con dulce compasión, á quien se dan siempre caramelos
y á quien todos quieren ver engalanado, rozagante y risueño, teniendo por única
misión en este mundo ser bonito y dejarse proteger. Si tú crees que no veo ni
comprendo te engañas. En el fondo no soy tal vez tan muñeca como se me juzga; sé muy bien lo que quiero y adónde voy.
Poco á poco Edmunda se había exaltado; tenía las mejillas muy sonrosadas
y los ojos brillantes.
'
- ¿A qué viene todo eso, pequeña Edmunda? Tú eres lo que eres, es decir,
una niña adorable.
mucho las sensaciones, ni aun las más violentas·,
'En Edmunda no ,duraban
.
as, es que comenzó a reir, y deslizóse en los brazos de su hermana con un ademán tan picaresco que ésta se conmovió.
( Co11tim1ani)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
cuyos sonidos se acercan, se alejan y al fin se desvanecen hasta que su oído nada percibe y el aire recobra su serenidad y su calma acostumbradas. A los
TRANVÍA ELÉCTRICO QUITANIEVES
pocos instantes reprodúcese el mismo fenómeno, y si
Conocidas son las grandes perturbaciones que en entonces dirige sus ojos al cielo en el momento en
la vida de las ciudades producen las nevadas, tan que la orquesta aérea lanza sus notas más sonoras,
frecuentes en América y que se dejan sentir princi- podrá distinguir una ligera nube cuyo color destaca
SECCIÓN CIENTIFICA

NúMERO

576

M. Whyte dice que es la más sucia, pobre y mise·
rabie del mundo, y los que en ella hemos vivido durante algunos años asentimos por completo á esta
opinión.
E l servicio de vialidad es nulo en ella; pero al
igual que en las poblaciones, las aves de rapiña, en
defecto de la edilidad, se encargan de él, y como éstas abundan en los alrededores de Pequín, pronto hacen desaparecer de las calles los d etritus animales y
veget~les. Dichas aves son principalmente el halcón,
el gavilán de Stevenson, el águila "y el Buteo poliogetrys, perseguidor de las aves de corral y especialmente de las palomas.
¿Cómo sustraer á sus crueles garras á los elegantes
volátiles tan queridos por los chinos? ¿Matar las aves
de rapiña? Entonces ¿qué sería de las calles y del servicio de limpieza, que tan bien desempeñan los tales
an imales? ¿Secuestrar á las palomas? Esto sería convertirles en esclavos y aplicarles un suplicio.
L os propietarios de las palomas, teniendo todo esto en cuenta, han ideado los chao-tse que con su ruido espantan á los enemigos de las palomas y aseguran á éstas la libertad en sus paseos aéreos.
Los chinos, corno todos los pueblos, tienen sus
supersticiones, grotescas unas, inocentes otras: la del
chao-tse pertenece al m1mero de las agradables. Los
chinos son muy aficionados á los sonidos diseminados por el aire: las vibraciones de los gongs ó de las
campanas que se echan á vuelo en los días de ceremonias, que tanto abundan en su calendario, no son
para ellos otra cosa que las voces de sus antepasados; los sonidos de los instrumentos pegados á la
cola de las palomas traducen, según ellos, las palabras misteriosas que se escapan de la boca de los emperadores de las pasadas dinastías.
El chao-tse es una de las pocas poesías de la capital del Celeste Imperio.
DR.

E.

ELIMINACIÓN MECÁNICA DE LOS MICROBIOS

Ha sido presentada á la Academia de Ciencias de París una nota de M . Lezé, profesor
de la escuela de Grignon, en la cual su autor
da á conocer el resultado de numerosos experimentos, que demuestra _la posibilidad _de la
separación de los microb10s de los medios en
que viven.
.
Partiendo del principio de que los microbios que contienen materias celuló~icas ~lbuminoides ó minerales tienen una mtens1dad
superior á la unidad y sólo flotan en los líqui-

Fig.

2.

Paloma provista de un silbato eolio

Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afeccione■ del pecho,

ouJUJrl.nmecllatamente oomo ningún otro remecllo
empleado ha1tael ella, toda
ola■e de JNDJBPOBIOIO- ~~ll't9!''..!I
DldelTUBO DIOESTIVO
VÓIUTOS y DIABBEAB;
de lo■ TÍSIOOI de lo1ÓVIEJOB; de 1011111tOS, O LE,"'o"~
BA, TÍl'UB,DISBKBBBÍA;
~)
vómITOS c1e l&amp;I BIIBA~
BAZIDAJI y 4elo1llli'OS;
1
DE VENTA EN LAS PBINCJ.PALEH

MARTIN

(De La Nature)

sobre el azul del cielo; luego esa nube se acerca y diESTUDIO DE LAS CORRIENTES TELÚRICAS
buja claramente un vuelo de palomas que después
de describir algunos círculos se posa en el recinto
La relf!ción que existe entre las variaciones accide alguna vivienda de la cual son huéspedes que- dentales de los elementos magnéticos y las variacio- .
ridos.
nes de las corrientes telúricas ha sido evidenciada
La armonía eolia ha cesado y el viajero no duda desde hace tiempo: sabido es, en efecto, que las transde que esas palomas son los artistas de la aérea or- misiones telegráficas se encuentran siempre más ó
questa; pero ¿cuáles son sus instrumentos y cuál es menos perturbadas y á. menudo totalmente interrumel objeto de esa música, que si bien deja que desear pidas durante las fases principales de las grandes
desde el punto de vista de las leyes de la armonía, no perturbaciones magnéticas. M. Blavier investigó esta
por eso deja de tener un carácter poético que alegra relación en 1882, en la Escuela superior de telegraá los habitantes de la capital china?
fía de París: los resultados obtenidos, á pesar de no
El instrumento se denomina chao-tse; la palabra referirse más que á un año, han demostrado cuán inó el signo chao significa silbante y tse quiere decir teresante sería una comparación continuada de los
mecánica; de modo que aquel vocablo equivale á me- dos fenómenos, cuyo registro regular sólo se efectúa
cánica silbante.
en el observatorio de Greenwich. Gracias á la iniciatiLa forma del chao-tse es muy variable, según la va de M. Mascart y al benévolo concurso de la Addisposición que se dé á los elementos de que se com- ministración de telégrafos francesa, va á proseguirse
pone: estos elementos son pedazos de cañas yuxta- aquel estudio, que se continuará con regularidad en
puestos á modo de caramillo y algunos están hechos el observatorio del parque Saint Maur. Dos alambres
con una especie de calabazas. En el extremo de las especiales de 15 kilómetros de longitud rectilínea,
cañas y en uno ó varios puntos de la calabaza hay orientados exactamente de Norte á Sur (de Rosnyun silbato. El aparato ha de ser bastante ligero para sous-Bois á L imeil) y de Este á Oeste (de Groissy
que el animal no sienta incomodidad alguna por lle- al reducto d e la Faisanderie) y en comunicación con
var el instrumento q ue se fija en él del siguiente mo- la tierra por sus dos extremos han sido colocados
do: una pequeña paleta que se destaca de un punto para desempeñar exclusivamente este servicio: un
del chao-tse se coloca entre las dos
plumas caudales de la paloma, y por
medio de un palillo que se pasa por
una anilla de la paleta el instrumento se mantiene sólidamente: los silbatos están colocados en una dirección
tal que el aire penetre en ellos con
una fuerza proporcional á la rapidez
del vuelo. Los sonidos tienen tonalidades que varían según las dimensiones de las cañas y de las calabazas.
La fig. 1 reproduce algo reducidas
dos muestras de estos instrumentos
que no pesan más de 8 ó 10 gramos;
la fig. 2 representa un aparato silbante fijado en la cola de una paloma en
el acto de volar.
¿A qué objeto obedecen los chaotse? ¿Son simplemente instrumentos
caprichosos ó artísticos, ó tienen algún fin utilitario?
Fig. r. Chao·tse chlno. - Silbatos eolios para palomas
El chao-tse reune todas estas cualidades: en efecto, esa institución
aérea no data de muy lejana fecha, pues no existía tercer hilo destinado al estudio de la componente
*
**
en la época en que Pequín era una ciudad hermosa, vertical de las corrientes forma un circuito cerrado
LAS PALOMAS EOLIAS DE PEQUÍN
limpia, bien cuidada. Difícil es p recisar cuándo co- de igual longitud que las dos otras líneas. Estos tres
El viajero que por vez primera visita la ciudad de menzó á degenerar; lo cierto es que actualmente alambres pasan por el observatorio, en donde se inPequín queda sorprendido al oir una música extraña, la ciudad se encuentra en un estado deplorable: troducen en los circuitos algunos galvanómetros. Las

dos en fermentación, tales corno el vino, la sidra y la cerveza, merced á sus dimensiones extremadamente pequeñas ó á los gases que contienen, M. Lezé ha llenado algunos tubos con
estos líquidos, y luego, después de haber soldado éstos por medio de la lámpara, los ha sometido á la acción de la fuerza centrífuga, con
lo cual aumenta notablemente la tendencia á
la separación, arrancando, por decirlo así, á lo~
microbios de los medios en que pululan: casi
todos los organismos, sobre todo los más grandes, se depositan en el extremo del tubo. Esta
concentración de microbios puede ser utilizada
en las investigaciones bacteriológicas, p ues fa.
cilita el medio de reunir en un pequeño espa•
cío microbios que por su disposición ~n el líquido podrían escapar á. las investigaciones
más minuciosas.
El autor cree que este procedimiento puede
aplicarse á la purificación de las aguas contaminadas.
(De La Nature)

varia1,:iones de las corrientes serán registradas
por medio de un ~pa_rato idéntico_ al que se
emplea para las vanac1ones magnéticas. ,Monsieur Moureaux procede actualmente a esta
importante instalación.

Tranvía eléctrico quitanieves que funciona en Minnesota (Estados Unidos)

palmente en la explotación de los tranvías. Para los
de tracción animal, cada día más escasos, una capa
de nieve de algunos centímetros de espesor exige aumentar el tiro con u n refuerzo de uno ó dos animales, y cuando la nieve cae en abundancia se hace preciso limpiar la vía, y así no es extraño ver dedicados
á esta faena ocho ó diez pares de caballos. En estas
circunstancias, el tranvía eléctrico presenta evidentes
ventajas determinadas por el hecho de que la fuerza
motriz de q ue dispone para su propulsión y para el
barrido de la nieve es, por decirlo así, ilimitada.
A fin de utilizar estas ventajas, la Compañía gene•
ral eléctrica de Boston ha construído para las ciuda·
des de Duluth, Minnesota, Spokane Falls y West su•
perior un tranvía eléctrico quitanieves, que represen•
ta nuestro g rabado y que ha prestado grandes servicios en dichas poblaciones desde que se empezó á
utilizar en el pasado invierno. El aparato se compone
esencialmente de un sistema locomotor que permite
hacerlo circular á distintas velocidades y de una serie de escobas giratorias de hilos d e acero movidas
por un motor independiente colocado en la delantera
del vehículo.
El experimen to ejecutado durante el pasado invierno ha hecho que se introdujeran en el aparato
primitivo algunos perfeccionamientos que le han convertido en un limpiador casi perfecto. Estos perfeccionamientos de detalles consisten en el uso de escobas giratorias que sobresalen por encima de las monturas de acero que las sostienen, de modo que resulten más elásticos, y de una pieza que tiene por objeto
impedir la proyección de la nieve á demasiada altura.
El tranvía quitanieves va provisto de un doble aparato, uno á cada extremo, lo cual le permite funcionar en los dos sentidos, á la ida y á la vuelta, pues
los tranvías eléctricos no utilizan generalmente los
discos giratorios y marchan igualmente bien en uno
ó en otro sentido. La corriente es naturalmente suministrada por un solo trolley.
Este sistema ingenioso, accesorio indispensable á
las explotaciones de tranvías eléctricos en los países
donde nieva con frecuencia y en abundancia, hace
juego con el tranvía de riego: uno y otro demuestran
que el tranvía eléctrico está completamente identificado con las costumbres americanas y que sus servicios en las poblaciones no se limitan al transporte de
pasajeros, puesto que ya riegan las calles en épocas de
sequedad y las barren en tiempo de nieve. - X.

39

LA I LUSTRA'.CIÓN ARTÍSTICA

576

NúMERO

Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriado■ , Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor

CATABROI J ÚLCERAS
del EBTÓIU.OO;PIBOlCJI
oon EBUPTOI l'ÉTmO&amp;;
BEUJU.TJBmO "1 A.FEO01008 BÚIIEDAS de la
:PIEL. Jlingun remecllo alO&amp;DZÓ de 101 méclloo1 J del
públloo, tanto tavor por
1u1 bueno■ y brillante■
resultado, que son la admtraolón de 101 enfermo■.
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éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

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1::daCONVULSIONES,
del NERVOSISMO,
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delaMenstruacionyde

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7 MAGNESIA

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en el momento

LA

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EPILEPSIA

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macro, Falta de Apetito, Dlgeeilonea labo•
rt-, .A.oedtaa, Vómitos, Eruotoe, y Cóliooe;
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emiolon el.e la Tos.-PuGIO : 12 lbil&amp;I.

Bi,tqlr "' " rotulo a firma

1

T COK TODOS LOS PllIMCIPlOS lClJTal'rI'V08 DB U

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que sucede con
l'!s demas purgantes, este no obra bien
smo cuando re toma con buenos alimeat-Os
y bebidas fortilicaZJtes, cual el vilJo, el cal~,
el ti!. Cada cual escoge, para purgane, /a
bora y la comida gue mas le convienen,
seuua 1us ocupac1one1. Como el causu
c10 que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el electo de la
buena alimentacioa empleada,u:ao
se deci de fácilmente¡¡ volver
á empeur cuantas veces
sea necesario.

CAI\NB

••i-

todas las eminenClU médicas preuban que esta UOCilClon de I&amp; Clarae, el lliel'l'e 111
oonsUluye el reparador ma11 en~nrlco que se conoce para curar : la Clordní, la
1ttem'41, las .llmitruacw,w 4oll&gt;rolal, el Jlmpobi'«'mlfflto 11&amp; J.lteracwn ae la sangre,
el .Raq1dtUmo, ldB J.feccwAa ucro{lll()lal Y ucorbrltú:41, etc. g¡ Wiae l"errast■He dé
&amp;nu• ea, en erecto, el único que reune todo lo que entona y ro11a1ece loa organoe
regul&amp;r!J:a1 c.oordena y aumenta considerablemente lu tuerzas ó intunlle 11&amp; llllil'O
empobrecida y descolorida : el Ylqor, la Colorl1CWIJ y la BMrg'4, "''"'·

Por 1111vor,e11 Paria, en eua de J. FEW,F&amp;nDIUotico, tot, nie Richelieu, Suusar4dll0UD.

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.Ap, &lt;Jbado• por la Academia de Medicina de Parie é ineertadoe en la C,oieCcl6n
Oficial de Fórmulae Legales por decreto ministerial de 1 O de .Marao de 1854.
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Una completa lnnocuidad, una eficacia per!eclamente comprobada en el catarro
e,,,aemfco, las Bronquttu. Catarro,, .Reumas, To1, asma é ,mtaefOn de la garganta han
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�40

L A ILUSTRACl ÓN A RTISTtCA

ABA~ICO QUE PRRTENECIÓ Á LA REINA MARÍA ANTONll!.TA,

NúMERO

576

propiedad de D. Antonio Lambea, de Madrid (de fotOb'l'afia ele J. Prieto)

'
FAY
POL:!p!!.~ªPJ,.f~RA
VELO U TI NE
Ch. J'ay,
por

El mejor ;y mas célebre polvo de tocador

perfumista

9, Ruede la Paix, P ARIS

Jarabe Laroze

•

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Desde hace mas de ,o años, el l arabe Laroze se prescribe con éxtto 1)0l'
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlaa, dolores
y retortijones de e■tómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la dlgestion 1 para regularizar todas las funcione■ del estómago 1 de
loa intestinos, .

JA.:R.A.BB

a1Brornuro de Potasio
, .Querido enfermo. -Flese Vd. • mi larta uperltncla,
1 haga u10 de nuestro, 6RANOSde SALUO,pue, e/loa
/1 curarfa.J/e.Ju con1t1pac/on, le darin apetito 1 le
derolrerin el aueño y la alegria. - Aal ririrl t"d.
mucho, años, d11frut1ndo 11empr1 dt uu buena ,alud.

DE CORTEZAS DE IARAIJAS AIARGAS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, hia\6rla, migraña, baile de S•-Vito, Insomnios, COll•
.ulaiones y toa de los nilloe durante la denücion; en una palabra, todu
lu afecciones nerviosu.
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i1f.\lADES u1 E8To'1.

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Vivlenne

!probada por la !ClDEIU DE IEDICIU

PREMIO DELIHSTITUTO Al D' CORVISART, EH

mis
- LTOI
- TIEU •.PBJLlDELPBU • PlRIS
1867
lll7i
18711
1878
ir.a
u ••na&amp;, C0ft

IL · • TO&amp; tl.lt'O

n

Líe

DISPEPSIAS
QASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
F'A&amp;.TA DE APETITO

SIROP
fORGETRBUllIS,
· Dootr
crf!~º:e~!~e•
da

TOUX,

CARNE y QUINA

1856

M•d&amp;IIM en lu 1!1p01l0l0nH lnternaclonáleo do

. !, m des Liom-St-Panl, l PariL

Deposito en todas la1 prlDclpaJea Boticas y Drogueriu

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ELIXIR• · de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, do PEPSINA BOUDAULT

T CON TODOS LOS l'lllNOtPIOS fflmlITtVOS SOLtJBLBS DB U O.AME
01111u1 son los elementos que entran en la coml)Oslcton de este Potente
repam:tor de las !uersas lllales, de este tonlae.ace por e■eele■eia, De un _iUSW sumamente a¡radable, es 1101&gt;erano contra la ..tnem'4 1 el J.pocamúnto, en las calentura,
1 COnt1al4CencúU1 contra las .Dtarrea, y las .Áfece1onu del B1tomago y los 1nte1'1tw1.
Cuando se tma de despertar el apetito, ase¡urar las digestiones reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y ~ epldemlaa proToC&amp;du por los calores, no se conoce nada superior al l'la• de guiaa de 4roud,
.Pf)1' ma,vor. u Pari~ en casa de J. FERR:il, Farmaceutico, iOi, rue Richelieu, Sucesor deAl\OUt&gt;.

P.WS, Pbrmaoil COLLAS, 8, nie Daa,hlle
r "' laa principal., ' """"""''• "'

EXIJASE '1i!ºt1: ARO UD

'I OT&amp;OI DI IO&amp;J&gt;lftll Da U DlGIITIOII

BAIO U FORIIA. DE

APJ:OL

'ae los ore, JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los dolores , retraso,, aupreslone1 tJe las Epoca, , as! como las pdrdldaa.
Pero con rrecuencla es falslflcado.EJ APIOL
verdadero, único eficaz, es el de los inventores, los DN• JORE:t' y BOIIIOLLE.
MEDAL LAS Exp" Unlr111 LON DRES1882•PA Rl81889

rara BRUIT, 150, ratdtRlvoll, PWS

C!.IL'Ol 1

·

1:1B 'VBNDB BN TODAS LAS PI\INCIP.U.U lloTlQU,

Participando de las propiedades del Iodo
y del H..ierr o, estas Pildoras se emplean
especialmente contra las Eacrofnlaa, la
Tisis y la D ebilidad de temperamento,
as! como en Lodos los casos(Páli doa colorea,
Amenorrea, • •&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abu ndancla normales, ó ya para
provocar ó regularlzar su curso perlóc!lco.

. ~/';,--?f)s

Farmaceuuco, en Parls,

~ R u e Bonaparte, 40

El toduro de hierro Impuro 6 alterado
, , es un medicamento infiel é irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las v erdaderas P ildo~a 8 de R lancat•d,
exigir nuestro 1e110 de plata rea ctiva,
nuestra flrm a puesta al pié de una etiqueta
ver de y el Sello de garantta de la Un i6n de
los Fabricantes para la represión de la falsificación.

NB

8SE HALLAN EN TODAS LAS FARMAOlASr

1

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

LA SAGRADA BIBLIA

L~ennec, Thénard, Guersant, etc.; lla rectblCIO la consagración del tiempo: en el
ano 1829 obtuvo e1 privilegio (le Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma Y d~ ababoles, conviene sobre touo a las personas delicadas, como
mUjeres Y ntnos. su gusto excelente no perjudica en modo alguno é. su eficacia
contra los RESFRIADOS y todas las l!IFL!MACIONES del PECHOy de lOS l!ITESTl!IOS.

6 1.0 oéntuno• de peeeta la
e ntrega do 1.8 página■

ll'arm.acia, VALLE D E BIYOL L. 160, PA.B:18 1 f1 e n t od«B task'ar•nacia•
El JARABE D E BRLANTrecomendauo dl)sde su principio por 10s prorei¡ores

EDICIÓN ILUBTIIADA

Se ea,-lan pro■pectoa i 1nien lo, aolldte
41rigi~ndoae i 101
Mont&amp;ller y Sim6n, editores

5..,,.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP. DE MONTANRR Y SIMÓN

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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 576, Enero 9</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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A&amp;o XII

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BARCELONA 16 DE ENERO DE 1893

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•

GALILEO GALILEI, retrato pintado por G. Substermans, grabado por G. Cantagalli
· Existente en la ¡¡aleri¡i, de¡:li 1Jffizi1 de Floren~ia (fotogro.fia de C. Bro&amp;i, de Florencia)

NúM. 577

�42

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tener dentro de· ~í una lógica inconsciente que las
constituya en verdadero sistema, y unas proporciones
Texto. - llf11rmuracio11es europeas, por Emilio Castelar. - Ga- que· Jes presten la medida y la regularidad indelibelileo Galilei, por M. A. - La dama negra (conclusi6n), por radas de los grandes monumentos arquitectónicos. Y
F. Moreno Godino. - La broma, por J. F. Amador de los la escena, para la cual hay que pensar en el público
SUMARIO

Ríos. - Miscelánea. - Cargo de conciencia (continuación), por
Juana Mairet, con ilustraciones de A. Moreau. - SECCIÓN
CIENTÍFIC&lt;'\: Werner de Sie111em, eminente físico, por E.
Hospitalier. - Cerraduras de alanna. - El trabajo de los 1mís-

NúMERO

577

NúMERO

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L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

local y particularista como el go$1~no de los griegos, y nada tan humano y eterno como el arte de los
griegos. Sus dioses reinan todavía, no en los templos
y en los altares, pero sí desde los jardines hasta las
estrellas. No hay adornada floresta de pueblo ningu-

por Pericles al imperio terrible organizado por Filipo
y por Alejandro. Tal ministerio le toca representar
en el mundo á los que se ríen mucho. La carcajada
epiléptica de todos estos burlones resulta más triste,
mucho más triste que los lamentos de todos los poetas elegiacos. Cuando uno lee Jeremías ó Isaías, cree
oir en sus lamentaciones y en sus trenos el acento de
un mundo en plena conciencia de la suerte que le
aguarda y con la compostura y la tristeza dignas de
sus trágicas agonías. Pero cuando ve uno al buen
Aristófanes riéndose á todo reir, entristece, ya porque
no encuentra en él aquella penetración de su triste
suerte, ya porque agobia más el dolor cuando se burla y ríe que el dolor cuando se plañe y llora.

t11los. -El ferrocarril de Beira ( A/rica Austral J.
Grabados.-Galileo Galilei, retrato pintado por G. Substermans, grabado por G. Cantagalli (de foto~afla). - La célebre
lá111para de Galileo en la catedral de Pisa, obra de Vincenzo
Possenti. - F!1lhada del Bo en tiempo de Galileo. - Casa en
que vivió Galileo en Padua. - Un autógrafo de Galileo. - Mo1111 mento á Galileo e,i Santa Croce de Florencia. - Monumento á Galileo en la plaza Prato della Valle de Padua. - Carta
del inquisidor de Flormcia al arzobispo Ni.-colini sobre la
sentencia de Galileo. - Quinta v!rtebra lumbar del esquele·
to de Galileo. - La torre del Gallo cerca de Florencia, habitada por Galileo. - Casa &lt;Ílmde 11acw Galileo cerca de la pgrta
Florentina en Pisa. - Patio de la torre del Gallo. - El 111useo
galileiano. - Werner de Siemem. -Cerraduras de alarma por
medio de detonaciones y timbres. - Busto de Galileo.

III

,..,.,_,...,......,,._, . ., ......,,,r,.,..,, .. ,,,,,,.,,.,,,.,,,,.,.,,,,,._,,,,,,.,,,,,.,,,J,,.•,,1,.,•,,1•,,••·•• .. ·•·''•'''•"•I'•••

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTl!.LAR
Resumen. ~ Fin de un año y comienzo de otro. - Cuán funesto
el noventa y tres· para las repCiblicas. - Paralelo entre la
Convención del siglo pasado y la Convención de nuestro siglo. - Superioridad de la guilloúna sobre la deshonra. - Mo·
vimiento teatral en París. - U na novela de los Goncourts
convertida en comedia. - La Lysistrata, de Arist6fanes, trasladada del griego al francés. - Carácter de las obras helénicas. - Influjo de la mujer en política. - Manifestaciones cat6licas de nuestras damas. - Conclusión.
FACHADA Dl!L BO EN TIEMPO DE GALILEO (del Gymnasium Patavimmz del I. F. Tomasini)

I
¡Un año! Parécenos la eternidad cuando comienza; y al acabar, parécenos un soplo. Si convertimos
los ojos con impaciencias naturales á cualquier dicha
esperada en el transcurso de un año, creemos el tiempo muy tardo; y si los convertimos al recuerdo de
dichas concluidas y olvidadas en otros años, creemos
el tiempo muy rápido. Este noventa y tres que comienza debe dar mal de ojo á las repúblicas, porque pasa en el mundo como año clásico del terror.
Lo cierto es que al acercarse, al surgir de nuevo en
la escena del siglo XIX este año nefasto, como si fuera su antecesor del siglo xvm, las Cámaras francesas, erigidas á costa de tantos esfuerws, hanse trocado en una especie de Convención revolucionaria, y
los republicanos franceses en una especie de terroristas, entretenidos en mandarse mutuamente unos y
otros por medio de recíprocas delaciones, no á la
guillotina, donde tantos de ellos descabezara el verdugo sin arrancarles por eso la honra, entre aquellas
fulguraciones, tan terribles, pero tan luminosas, del
volcán revolucionario, á la picota del deshonor y de
la infamia, donde mueren las almas. No puedo figurarme lo que sucede hoy en Francia, sin verme
abrumado por el peso de una intensísima tristeza. El
espesísimo aire de calumnias en que respiran, aunque ahogándose, los republicanos del gobierno; los
terribles acusadores suscitados y las enormes acusaciones dirigidas contra la Cámara y puestas en circulación y selladas con señales de legitimidad por la
Cámara misma y sus increíbles comités; el desplome
de ministros honradísimos en procesos infamantes,
los cuales procesos en el solo propósito de procesar
no más, traen aparejadas la pena y el castigo, pues
para la sospecha y la maledicencia no hay sobreseimientos posibles; el ingreso en calabozos inmundos
de personajes designados á la vindicta pública por
LA CÉLEBRE LÁMPARA DE CALIL1!.0 EH LA CATEOII.At DE l'fSA, obta de Vincento Possent
disposiciones ministeriales más ó menos arbitrarias;
todo este conjunto de.incidencias trágicas han hecho
de la realidad un teatro más .vivo y más interesante ante todo, tiene un conjunto tal de reglas, no pro- no que destierre las simulacras ó estatuas de las diviy más embargador que todos los habituales teatros mulgadas por academia ni legislación alguna, pero nidades helénicas, ni aparece ninguna estrella en el
del arte. Así no puede maravillarme la poca fortuna sabidas por todos los genios dramáticos, que no po- cielo infinito sorprendida por los escudriñadores teobtenida por las nuevas representaciones en la co- drán sustraerse á ellas ni aquellos dramas de Shakes- lescopios modernos á la cual no le pongan sus descurriente parte del año, tan propicia de suyo á los re- peare y de Calderón, que parecen más personales y bridores los celestiales nombres mitológicos. Y esto
creos y á los espectáculos; pues en estos días las fies- más sujetivos y más desordenados. Pero la imagina- sucede más todavía que con su religión, de seguro
tas artísticas han de sucederse por ley natural, como ción de los hermanos Goncourts, tersa, clarís_ima, con su teatro. Prometeo anticipa la historia de todos
correspondencia debida con las festividades religio- diáfana, parece un cristal de Venecia que contra el los descubridores; Medea la historia de todos los cesas. Nueva tentativa de acomodar al género dramáti- suelo se ha estrellado en mil fragmentos, maculados losos. Orestes ha pasado á las literaturas íntegro; y el
co el novelesco acaba de frustrarse ahora mismo en todos ellos por la rotura, aunque algunos de un ex- símbolo eterno de todas las fatalidades mecánicas,
París. Autores muy acostumbrados al teje maneje de traordinario brillo y de un deslumbrante resplandor. fisiológicas, atavas que pesan sobre nosotros los morla escena se han decidido por arreglar al teatro uno Así Carlos Demazlly, que bajo tal título se nos pre- tales, representados eternamente por la figura casi
de los libros realistas hechos por los hermanos Gon- senta el drama de los Goncourts, no ha conseguido arquetípica del inmortal Edipo. Pues en el teatro cócourts en colaboración y bautizados por ellos con la el favor de la opinión y de la prensa, quedando entre mico hay personajes que aparecen como verdaderas
denominación extraña de psicológicos estudios. Y así las tentativas teatrales marradas por ignorancia ó por figuras típicas y que duran casi tanto como los persocomo para la psicología les falta sistema y lógica in- olvido de todo cuanto deba ser en el mundo un teatro. najes trágicos. No conozco ninguna obra cómica del
dudablemente á tales autores, para el arte les falta
mundo que haya en veinticinco siglos representado
proporción y armonía. Las ideas más puras toman
II
la oposición entre las creencias del sentido común y
en ellos el carácter de las sensaciones más fuertes. Y
las ideas del criterio filosófico cual Aristófanes la
segtín lo roto y lo fragmentario de sensaciones tales,
Más feliz hame parecido el acuerdo de un poeta representa en su comedia Las nubes, que tanto connadie diría que hubieran pasado de los nervios y su- dramático que priva en la Chat-Noir y que se llama tribuyó á la inmolación del divino Sócrates. Pues la
bido al centro de un común sensorio, coino llamaban M. Dounsaz. Este ha puesto en escena con una tra- Lysistrata, puesta en los teatros de París hoy, repreal cerebro nuestros padres. Y las obras de arte deben ducción feliz la Lysistrata, de Aristófanes. Nada tan senta como ninguna otra la oposición entre los ho-

43

gares y las plazas, entre la vida pública y la vida vida política también. Y su método peculiar de maprivada, entre los deberes del hombre para con su nifestar todas las verdades que cree y que siente por
familia y los dei,eres del hombre para con su Estado medio de la caricatura grotesca, de la ironía cruel,
y patria. Esta comedia política es la comedia por de los sarcasmos amarguísimos, presta un relieve inexcelencia de Aristófanes, el cual castigaba con furor dudable á todos sus pensamientos y les da un carácen ella todos los excesos de los dos grandes poaeres ter cómico muy asequible á todas las muchedumbres.
que fundó el genio incomparable de Peri eles, la ciencia Mucho ha reído la humanidad hasta verter lágrimas
y la democracia. Pero ¡ah! que le suL.ede al buen Aris- á fuerza de reirse. Y en todas las épocas que repretófanes en su papel histórico mucho de lo que al sentan las verdaderas transiciones históricas aparece
buen Horacio le sucede también; perteneciendo por un satírico encargado de poner en contraste la sociesu nacimiento, por su educación, por su altura inte- dad que se va con la sociedad que se acerca. La velectual, por su gusto depurado á una época de per- jez ríe tanto cuanto la juventud llora. El amor, que
fección clásica, les toca señalar el tristísimo período tiende á lo trágico en el púbero, tiende á lo cómico
de una incipiente decadencia. ¡Ay! Así como el arte en el anciano. Cuando una sociedad se ríe mucho,
simbólico, digámosle oriental, concluye, según las esta sociedad se halla en los umbrales de la muerte.
profundas observaciones de Hegel, cuando el símbo- Ved cómo los satíricos romanos, vedlos, Juvenal,
lo y lo por él significado se apartan, concluye á su Marcial, señalan el tránsito de las edades clásicas á
vez el arte clásico cuando se divorcian las serenas las edades cristianas. Ved los satíricos del siglo XIV
armonías, en él reinantes, entre la forma y el fondo, señalando otro grande tránsito, el de las edades teo•
entre la idea íntima y su expresión perfecra. La risa, cráticas al Renacimiento. Ved Erasmo, Hutten, Rala caricatura, lo grotesco, lo ridículo, caen abrumado- belais, Pulci, Ariosto, Cervantes, señalando la transiramente sobre la paz y serenidad antiguas. Descon- ción de los siglos medios al mundo moderno. Ved
ciértase la incomparable armonía que ha hecho com- Voltaire señalando la transición de los siglos mopenetrar la forma con el fondo en todo el teatro y en nárquicos á los siglos revolucionarios. Pues bien:
todo el arte clásico. Lejos de acercarse la realidad al Aristófanes con sus burlas y con sus carcajadas tamideal, se divorcia de él y presenta por lo mismo un bién señala el tránsito desde las edades áticas á las
~ esconcierto muy contrario á la plenitud de tranqui- edades macedónicas, desde la república organizada
lidad representada por aquellos bajos relieves armoniosísimos, por aquellas estatuas serenas que caracterizan con caracteres indelebles el clasicismo. La comedia griega, como la sátira latina, señala el comienzo
de un desconcierto entre la realidad y la idea, desconcierto que ha de concluir tarde ó temprano por
un irremediable decaimiento. Aristófanes, como los
primeros fundadores del teatro cómico, se nos ofrece
y presenta poseído por una borrachera, no de vino,
como ellos, de genio ciertamente. Pocos escritores
~uar?a la hist_oria dotados tan largamente de gracia
mfimta, tan dispuestos á la carcajada ruidosa continua, tan idóneos para descubrir el lado ridículo de_
todo individuo y objeto, tan ricos en verdaderas indignaciones é invectivas. Cierto que la desvergüenza
del cómico llega en su desenfreno adonde pueda llegar la br:utali~ad asquerosa del rústico peneque. Quiere con licencias de lenguaje corregir licencias de costumbres. Los actos más carnales y los vicios más inmundos allí aparecen todos á una en desnudez in.
'
comprensible
á nuestro gusto moderno.
Entablan
marido y mujer conversaciones sobre temas de alcoba que i:io ~odemos leer hoy sin asco y que no podría presenciar el público nuestro sin levantársele á
una la conFiencia y el estómago. Entre los estiércol~s y los detritus de tantas indecencias, no quiero decir~s cómo estarán de sucias y manchadas las pobres
mu3eres en su escena. Pero bajo la suciedad se descubre, muy principalmente aquí en el tipo de Lysistrata y en el argumento de la comedia que preside y
caracteriza el\a, tocio el importante papel representa~º en la~ sociedades helénicas por sus hermosas muJer~s. Anstófanes quiere mostrar á la sociedad cuán~º m~porta para _el concierto mejor de los negocios el
mf:lu30 de la mu3er, no sólo en la vida privada, en la

L1 índole capitalísima del genio aristofanesco hállase por consentimiento universal en su carácter político. Las caricaturas nuestras de los periódicos batalladores, las invectivas del artículo de oposición
diaria sugerido por sentimientos exaltadísimÓs, las
arengas vehementes dichas en las izquierdas y en las
montañas de todos los congresos, cualquier proclama
de las muchas vertidas por labios populares en los
clubs facciosos de nuestros días, os granjearán la noción precisa de la comedia verdaderamente aristofanesca, tan propia para provocar á un tiempo risas y
tempestades. Pero la política de Aristófanes ciertamente responde á ideas y afectos de conservación
más que á ideas y afectos de progreso. Grecia, organizada por Solón, había recibido profundas alteraciones en la guerra con los persas, cuando el enemigo
común que hollara el suelo helénico demostró cómo
necesitaba el territorio aquel de todos sus hijos, si
quería vencer. La severa lógica de los hechos dijo
que si valían todos los atenienses para el combate,
valían también todos los atenienses para el comicio.
Así es que la guerra de su independencia no solamente puso á la divina Hélade aparte y fuera del influjo extraño, sino que también la inspiró una idea
bien h1minosa, la idea de regirse á sí misma democ1aticamente. Arístides, el virtuosísimo Arístides, llamó todos los ciudadanos á las asambleas. Y cuando ya estaban todos en las asambleas, Pericles, el
gran Pericles, retribuyó el ejercicio de las funciones
políticas, lo cual abríales de par en par á las democracias las puertas del poder. Tal política no andaba
tan fuera de camino como pretendían los reaccionarios, cuando, merced á ella, gozó Atenas de una larga paz, y esta larga paz acertó á coronarse con la diadema de todas sus glorias. Mas á la vuelta de algu~os lu_stros se desnaturalizó, alterada por las grandes
mupc10nes demagógicas. Una democracia, siquier
tuviera esclavitud y esclavos, no podía vivir á sus
anchas ni desarrollarse con verdadera pujanza sino
en el trabajo y en la paz. Ya lo dijo Pericles en su
maravillosa oración á los difuntos. Empeñada una
guerra, las democracias tenían que divertirse de su
actividad trabajadora y hundirse por su mal en competencias, á cuyo fin y término sólo podía encontrar-

CASA l!N QUE VIVIÓ G&lt;'\L!LKO KN PADUA

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

44
se la muerte. Sacada de su quicio, metida en los
combates, desnaturalizada por el cambio de su finalidad propia en otra finalidad extraña, los hondos sacudimientos guerreros le generaron una demagogia
desconocedora del freno de las leyes, tentada por sus
malos hábitos de una irremisible holganza, con todos
los vicios del campamento y todos los extremos del
combate, falta poco á poco de aquellas nociones jurídicas y de aquella eficaz actividad que dan á las
repúblicas libres la necesaria complexión para gobernarse á sí mismas y todas las virtudes naturales en
una progresiva democracia.
IV

Madrid, 3 de enero de
,

1893

...........................,., ...........,.,..,.,............., ......,.........,....................,....,.,,,,...,.,,......,....•.
GALILEO GALILEI

Hace poco más de un mes, el 7 de diciembre último, la antigua y famosa universidad de Padua celebraba con gran solemnidad y aparato la fecha en que
trescientos años atrás había tomado Galileo posesión
de la cátedra de Física de aquel establecimiento docente.
Con este motivo se han evocado recuerdos y detalles de la vida de aquel grande hombre, que consideramos oportuno reproducir á nuestra vez, dispuestos,
como siempre tstamos, á tributar un homenaje de
consideración al genio, máxime cuando el genio es
tan útil á la humanidad como el docto italiano.
Nacido en Pisa en 1564 de una noble familia
oriunda de Florencia, sus padres le hicieron seguir
la carrera de Medicina y Filosofía en la Universidad
de su ciudad natal; mas las doctrinas peripatéticas
que á la sazón predominaban no lograron satisfacer
su penetrante inteligencia. Desde entonces dejó adivinar las luchas que había de sostener en su vida,

577

deciendo á las leyes deducidas experimentalmente
por Kepler.
Copérnico, Galileo, Kepler, Newton son otros tantos nombres indisolublemente unidos al descubrimiento de la gravitación universal y á las nuevas ideas
sobre el U ni verso.
Todo se mueve, decimos ahora generalizando el
e pur si muove atribuído á Galileo. La idea fecundísima del movimiento nació, á decir verdad, con el
sistema de Copérnico; pero el talento del físico italiano supo hacer de ella una nueva ciencia. En un
principio la reconoció y aplicó al gran sistema solar,
y en su desarrollo siguió una senda opuesta á la universalmente trillada; del sistema solar descendió á
los sistemas menores de todos los planetas, de éstos á
los planetas mismos, á cada cuerpo cósmico, á cada
cuerpo terrestre y hasta á cada molécula.
P ero estos importantísimos descubrimientos, estos
triunfos del talento y de la observación de Galileo,
no los alcanzó este grande hombre sin concitarse el
odio de los teólogos y peripatéticos que, rechazando
sus ideas, mostrábanse ardientes partidarios de la inmovilidad de la Tierra. Comenzóse á calumniarle
cerca de la corte pontificia, diciendo que sus opiniones astronómicas y sus descubrimientos estaban en
contradicción con varios pasajes de las Sagradas Escrituras.
Antes de atreverse á acusarle abiertamente se le tendió un lazo; denunciáronse á la
Santa Sede las doctrinas de Copérnico con
el objeto evidente de obligarle y comprometerle á salir á su defens_a, c9mo era fácil
suponer. En efecto, Galileo las defendió
porque sabía que eran la verdad, pero lo
hizo con una hábil ºprudencia. Dijo que los
pasajes de la Biblia que se oponían á la verdad · científica habían sido mal interpretados, y que además el fin de las Sagradas
Escrituras era la salvación de los hombres
y no la enseñanza de la Astronomía. Estas
declaraciones no dejaron satisfechos á los
jueces, que pronunciaron la sentencia siguiente: «Sostener que el Sol está colocado
inmóvil en el centro del mundo es una opinión absurda, falsa en Filosofía y formalmente lzerética, porque es expresamente contraria á las Escrituras. Sostener que la Tierra no está colocada en el centro del mundo, que no es un punto inmóvil y que tiene
un movimiento de rotación, es también una
proposición absurda, falsa en Filosofía y no
menos herética en la fe.»
Al comunicar esta sentencia á Galileo se
le
advirtió, por medio del cardenal Bellar'UN AUTÓGRAFO DE GAi 11 EO
mino, que se abstuviera de defender en el
porvenir las ideas condenadas. Prometió
pero no tuvieron intuición del verdadero y apelaron Galileo todo lo que se le exigió y se apresuró á volarbitrariamente al axioma geométrico de que en el uni- ver á Florencia. Una vez allí no se creyó obligado
verso todo debe explicarse por medio del movimien- á obedecer, y en lugar de cambiar de opinión sobre
to circular y uniforme. Así lo admitieron como base el movimiento de la Tierra y la rotación del Sol so·
de principios abstractos, sujetivos, ni demostrados bre su eje, sostuvo el nuevo sistema con más ardor
ni demostrables, á los cuales procuraron reducir el que nunca, y se dedicó á reunir las necesarias pruebas que debían darle el triunfo. Concibió la idea de
mundo, como en un lecho de Procusto.
Los antiguos desconocieron la ciencia del movi- escribir un libro que pusiera al alcance de todas las
miento, esto es, el conocimiento de las leyes que lo inteligencias las verdades que había descubierto, y lo
rigen y lo ligan indisolublemente á las fuerzas que lo publicó en 1632 con este título: Dialoghi quatro, soengendran; ignoraron, á la vez que dicha ciencia, la pra i due mas$_Í1lli sístemi del mondo, Ptolomaico et
ley física de la gravitación universal, ciencia y ley que Copernicanum. La obra fué entregada á la Inquisihan transformado el problema del U ni verso, y de geo- ción, y Galileo, á los setenta años, hubo de comparemétrico, como antes se consideraba, lo redujeron á cer ante aquel tribunal. Llegó á Roma el 10 de febrero y fué encerrado en el palacio de la Trinidad
ser pura y esencialmente mecánico.
Galileo fué el creador de la ciencia en cuestión; el del Monte, residencia del embajador de Toscana,
primero que analizó la aceleración que adquiere el siendo tratado materialmente con ciertas consideramovimiento por efecto de la acción de una fuerza ciones. Se le aconsejó en secreto que reparara el
constante, que fundó bajo los conceptos de inercia, enorme escándalo que había dado al mundo proclaaceleración y movimientos componentes y resultan- mando el movimiento de la Tierra, que es absurdo,
tes la teoría completa de los cuerpos graves que caen puesto que está escrito: Terra autem üi ceternum
con movimiento rectilíneo, y que analizó exactamen- stabit quia in ceternum stat. A todas las razones astrote el movimiento curvilíneo parabólico de los lanza· nómicas que daba el sabio oponíase la imposibilidad
dos oblicuamente. También fué quien abrió, quien de que Josué hubiera podido detener el Sol si este
despejó, según la expresión de Foscolo, las vías del astro estaba fijo, como Galileo sostenía. Las pruebas
firmamento á Newton, el sabio inglés que tan alto científicas eran acogidas con indiferencia.
El proceso duró veinte días; Galileo, intimidado
supo remontar su vuelo por ellas.
Copérnico devolvió á la Tierra la teoría de su mo- por el rigor de sus jueces y viendo que sus razona·
vimiento, columbrado, más bien que demostrado, por mientos no podían ser comprendidos por inteligencias
algunas escuelas antiguas; Galileo defendió con todas tan obtusas, abandonó, por decirlo así, su propia de•
sus fuerzas, difundió, emitió el atrevido concepto de fensa. El 30 de abril de 1637 declaráronse cerrados
que la Tierra se mueve, y nosotros con ella, por el los debates y se le ordenó que pronunciara solemne·
espacio interplanetario, y estudió el movimiento de mente la abjuración de su doctrina. De antemano se
los graves que en la superficie de la Tierra tienden á había establecido el ceremonial: el ilustre anciano se
su centro; Kepler descubrió las leyes experimentales arrodilló delante de sus jueces, y con la mano colo·
del movimiento central; Newton, reduciéndolo todo cada sobre el Evangelio y con la frente inclinada
á síntesis y coordinándolo, demostró que la causa en pronunció las siguientes frases: &lt;!Yo Galileo Galilei,
virtud de la cual caen todos los cuerpos en la super- florentino, de setenta años de edad, constituído perso·
ficie de la tierra es de la misma naturaleza que la que nalmente en juicio y arrodillado ante vosotros, emi·
obliga á los planetas á circular alrededor del sol, obe· nentísimos y reverendísimos cardenales de la Iglesia

oponiéndose á las doctrinas de Aristóteles, lo cual le
atrajo el antagonismo de sus profesores. Era aún
alumno de aquella Universidad cuando á la edad de
diez y nueve años hizo uno de sus más hermosos
descubrimientos. Hallábase un día en la catedral;
su mirada reflexiva fijóse en una lámpara suspendida
en la bóveda y á la cual acababa el sacristán de
comunicar un movimiento oscilatorio al ir á encenderla. Notó Galileo que las oscilaciones eran de la
misma duración por más que su amplitud disminuía
poco á poco, y esta observación le inspiró la idea de
aplicar el péndulo á la medida del tiempo, idea sobre la cual volvió á meditar más tarde y que no se
realizó sino después de su muerte.
Pero el descubrimiento que verdaderamente le ha
inmortalizado fué el de las leyes del movimiento de
los cuerpos sometidos á la acción de la gravedad.
Para comprender bien la gran parte que tuvo Galileo en los modernos descubrimientos cósmicos, basta abarcar con mirada sintética las ideas que acerca
del universo predominaban en las mentes de los hombres hasta él y aun después de él.
Los antiguos, para obtener una explicación racional de los movimientos de los astros, necesitaban un
principio, racional también, al que coordinarlos todos;

El buen Aristófanes sintió las desgracias de Atenas
y la decadencia que aquejara en la guerra del Peloponeso á la excelsa ciudad, atribuyéndolas sin fundamento, no á la degeneración y enfermedad agudísima
del gobierno democrático, al gobierno democrático en
esencia. Para él, Cleón, es decir, la demagogia, equivale á Pericles, ó sea en puridad á la democracia. De
aquí, de tal idea, parten sus invectivas terribles al
pueblo, sus movimientos desordenados contra toda la
igualdad democrática, sus acerbos discursos, sus sátiras lanzadas no sólo sobre todo cuanto
hay de perturbado y excesivo en los gobiernos democráticos cuando se pervierten,
sino sobre todo lo que hay de justo y recto
en esa plena vida de la libertad y del derecho. Confesemos, sin embargo, que hombres como Cleón, elevados á las alturas sin
méritos propios, tenían que halagar las malas pasiones del pueblo para sobreponerse
ú él, alzándose tristemente sobre sus de·
fectos y sobre sus vicios. ¿Quién podía reemplazar la elocuencia de Pericles? ¿Quién po•
día ejercer aquella fascinación ejercida por
su alma? ¿Quién podía dirigir una guerra
con su incomparable prudencia? Así cuando les abandonó el genio de Pericles cayeron en la guerra perpetua, y tal guerra perpetua con sumo empeño Aristófanes ridiculiza en su Lysístrata. Pocas veces hase
burlado satírico ninguno con tanta gracia
del excesivo influjo que pretenden alcanzar
las"•mujeres sobre las determinaciones políticas de los hombres. ¿Qué hubiera dicho
si viera nuestras más excelsas y hermosas
damas, tenidas en culto idolátrico por nosotros, yendo á las presidencias de nuestros
gobiernos en demanda y requerimiento de
clausura y prohibición del templo evangélico, que recordará una herejía y una separación lamentables, pero que también representa una iglesia del Espíritu, del Verbo,
del Dios cristiano? En esta edad materialista, cuando
á cada paso un abismo se abre, cuando hasta los ejercicios con la pelota y el recreo de los trinquetes provocan el juego de azar y las ruinosísimas apuestas,
cuando el desenfreno en los bailes llega, según dicen
las publicaciones diarias, hasta los últimos excesos,
un templo más nos recuerda en último término que
nuestro Dios está en el cielo y que á nuestra muerte
se le reserva una perdurable inmortalidad. Y contra
el ateísmo que devasta las conciencias, contra la moral utilitaria que rompe todos los grandes resortes de
nuestra voluntad, contra el arte realista que apaga el
ideal, no queda otro recurso más que una identificación de las almas creyentes y piadosas en el espiritualismo cristiano.

NúMERO

NúMERO

universal cristiana, inquisidores generales contra la
malicia herética, teniendo ante mis ojos los santos y
sagrados Evangelios, que _toco con mis propias manos, juro que he creído siempre y que cr~o ahora, y
que, Dios median~e, creeré _en el porvemr, !odo lo
que sostiene, practica y ensena la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana. He sido juzgado vehementemente sospechoso de
herejía por haber sostenido y creído que
el Sol era el centro del
mundo é inmóvil, y
que la Tierra no era
el centro y que se movía; por eso hoy, queriendo borrar de las
inteligencias de vuestras eminencias y de
las de todo cristiano
católico esta sospecha
vehemente concebida
contra mí con razón,
con sinceridad de corazón y una fe no fingida, abjuro, maldigo
y detesto los antedichos errores, y en general todo otro error,
etcétera.»
Según dice la tradición, al levantarse Galileo dió con el pie en
tierra y exclamó: E
pur si muove. Si pronunció esta frase, sin
duda fué mentalmente, puesto que se hallaba enfrente de enemigos demasiado feroces para perdonársela.
Mas no importa que
así fuera: la voz del género humano, al pronunciarla por él, le
vengará eternamente
de sus perseguidores.
Mostráronse satisfechos los jueces con
esta retractación, pero
aún quisieron continuar su venganza y
dictaron contra él la
sentencia siguiente:

45

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

577

censuras y penas conminadas por los Sagrados Cáno- nación los tomó como guía infalible de sus estudios.
De~ostró que los hechos recogidos en virtu~ de
nes, concluyendo así la sentencia:
una observación constante se pueden luego dommar
»Para que este grave y pernicioso errnr t11yo y irans~rei;ión con la labor de la mente; que si la imaginación no
no quede por completo i¡np1mti, y seíls más flªl!tQ en lo s¡¡cesl- precede la observación, sino que va en pos de ella,
vo, y sirvas de 11jtl111p\Q á \Q~ dtin~s para _qqe se ~bsitin!!:in d_ll siempre halla modo de ejercer en la naturaleza su
delitos i;emej;mt13s, ordpnamos que por edicto publtco Sil prohicombinado de la obba el f,i/¡1·q de las /iiá{pffgs ck Qi¡ljjQQ G:üilei¡ y te condenamos poder creador·1 que del trabajo servación
con el pensamiento surgen maravillosos edificios,
sencillos en sí mismos, complejos como
la propia naturaleza
en sus manifestaciones.
En los principios fecundos iniciados por
Galileo se inspiraron
los hombres de ciencia que le sucedieron,
y á esos principios se
debe el gran movimiento científico moderno que hace maravillar con los milagros
de sus descubrimientos, con el genio de
sus aplicaciones técnicas.
Galileo es así el verdadero iniciador de la
ciencia moderna: no
se presentó entre dos
siglos armados uno
contra otro para erigirse en árbitro de sus
discordias; sino que,
circundado de la aureola de gloria más envidiable, aparece entre dos eras científicas, la antigua y la
nueva.
Su figura descuella
entre los contemporáneos y ningún progreso de sus sucesores
puede disminuir su
esplendor. Es el primer hombre verdaderamente moderno.

«Siendo tú, Galileo, hijo &lt;le! difunto Vicente Galileo, florentino, de edad
á la presente de 70 años,
el que fuiste denunciado en
1615 á este Santo Oficio:
»Que tienes por verdadera la falsa doctrina enseñada por muchos de que
el Sol sea el centro del
mundo é inmóvil y que la
Tierra se mueva también
con movimiento diurno;
»Que tenías algunos discípulos á los cuales enseñabas la misma doctrina;
»Que sobre ella has tenido correspondencia con
algunos matemáticos de
Alemania;
»Que has hecho imprimir algunas cartas tituladas De las ma1tchas solares, en las cuales desarrollas igual doctrina como
verdadera;
»Y que á las objeciones que á las veces se te hacían tomadas
&lt;le la Sagrada Escritura, respondías comentando dicha Escritura
conforme ~ tu sentido; y sucesivamente se presentó copia de un
escrito en forma de -carta, que se decía escrita por ti á un diccípulo tuyo, en la cual siguiendo la proposición de Copérnico
se contienen varias proposiciones contra el verdadero sentido y
autoridad de la Sagrada Escritura;
)&gt;Queriendo este Santo Tribunal prevenir el desorden y el daño que de aqui puede seguirse y crecer con perjuicio de la San·
ta Fe; de orden de Nuestro Señor y de los Eminen1ísimos se·
ñores Cardenales de esta suprema y universal Inquisición fueron por los cali_ficarlores Teólogos calificadas las dos proposiciones de la estabilidad del Sol y del movimiento de la Tieua, es·
to es:
»Que el Sol sea centro del mundo é inmóvil de movimiento
local,_ e~ proposición absurda y falsa en Filosofía y formalmente
heréltca por ~er expresamente contraria á la Sagrada Escritura:
»Que la T1er_ra no sea el centro del mundo inmóvil, sino que
se ~~eva también con movimiento diurno, es igualmente proposición absurda y falsa en Filosofía y considerada en Teología
ad minus errónea en Fe.»

Después de estas premisas dignas en verdad de
gentes que tan gran prueba daban de su ignorancia,
se agregaba que Galileo había incurrido en todas las

a

Los grabados que, referentes á la existencia de
este grande hombre, incluímos en el presente nÚ·
mero, merecen explicación
aparte, aunque á continuación de las líneas que le
hemos dedicado.
Es el primero uno de los
mejores retratos ele Galileo, pintado por Julio Su bstermans, y que se conserva
en la Galería de los Oficios
de Florencia. En él está
Galileo presentado casi de
frente, descubierto, con los
ojos reflexivos, y la frente,
como diría un poeta, grávida de inmensas ideas.
Julio Substermans fué uno
de los pintores flamencos
enamorado del bello cielo
italiano: nacido en Ambe·
res en 1597, pasó, aún joven, á Florencia, donde
fué bien acogido por CosMONUMENTO Á GALILEO EN SANTA CROCE DE FLORENCIA
me II, logró adquirir re·
nombre y murió en 1681.
Entre las muchas me·
la cárcel formal de este Santo Oficio por el tiempo que nos morias del ilustre físico existentes en Pisa figura la casa en
plazca y á nuestro arbitrio; y para penitencia saludable te im- que nació el 18 de febrero de 1564, como se lee en la inscrip·
ponemos que durante tres años digas una vez por semana los ción fijada en ella en 1864. - Pendiente del centro de In cúpula
siete salmos penitenciarios, reservándonos la facultad de mode- de la catedral de la mismá. ciudad se conserva aún la lámpara á
rar, cambiar ó levantar toda ó parte de dicha pena y penitencia.» que antes nos hemos referido y que fué fabricada por Vicente
Possenti: conócese hoy con el nombre de lámpara de Galileo.
En Padua existe la casa habitada por él y en la que instruía
El papa Benedicto XIV anuló muchos años desá numerosos discípulos.
pués esta absurda sentencia: los partidarios de la veLa fachada del Bo, representada en otro grabado, no es otra
tusta idea de la inmovilidad y fijeza de la Tierra fue- sino la de la antigua Universidad paduann. Donde hoy está este
ron desapareciendo poco á poco, y hoy día la teoría edificio habla en el siglo XIII un palacio con dos torres de los
En 1364 este palacio fué convertido en posada, y en
del movimiento de nuestro globo se enseña en todas Carrara.
él se puso una muestra en que habla un buey ( bo en dialecto
partes, hasta en Roma_
veneciano); en 1492 fué adquirido por el gobierno de la RepÚ·
Galileo fué el vigoroso atleta que logró comunicar blica véneta para instalar en él las cátedras universitarias clise·
á las inteligencias nueva costumbre de pensar. Antes minadas á la sazón en varios puntos de la ciudad de Padua.
de él todo se basaba en el apriorismo y en el racio- Donde estaban las cuadras surgieron las aulas; al antiguo nombre de Hospitium Bovis su,tituyó el de Sapientia; pero todo el
cinio deductivo; considerábanse los hechos como mundo siguió llamando el Bo al edificio y Universidad, y aun
cosa secundaria, y dehían plegarse, retorcerse, hasta hoy los pacluanos viejos para decir U niversiclad dicen el Bo y
reducirse y adaptarse al cuadro para ellos concebido nada más.
En esta Universidad y precisamente en el gabinete ele Física
por el pensamiento. Galileo &lt;lió al traste con tan fu.
se conserva una reliquia de Galileo; es In quinta vértebra lum·
nesto y estéril orden de cosas; vió en los hechos los bar de este grande hombre. Encargado el célebre médico y ma·
verdaderos é insustituibles maestros del pensador, y temático Antonio Cocchi de trasladar los huesos de Galileo
en vez de reducir los hechos á esclavos de la imagi- desde el claustro á la iglesia de Santa Cruz, sustrajo esta vérte·

a

�LA
bra y se la lcg6 á su hijo Raimundo. La preciada reliquia pasó
luego de mano en mano hasta que el doctor Thienc la donó en
1823 al Ateneo de Padua. No cabe duda sobre su autenticidad,
probada con documentos.
En el Prado del Valle se elevó en el siglo pasado la est.a tua
del físico italiano representada en .nuestro grabado, obra del
escultor paduano P. Danicletti, el cu~! to· figuró en actitud ele
contemplar el sol, con la mano diestra levantada, mientras que
la siniestra empuña un telescopio.
Extramuros de Florencia subsiste aún la Torre del Gallo, célebre por haberla habitado Galileo. y sobre tocio porque le sirvió de obser\'atorio astronómico. Esta torre, propiedad hoy del
conde Paolo Galletti, ha sido restaurada en 1877.
El museo galileiano de dicha torre contiene manuscritos preciosos de Galileo ó referentes á él. Damos los facsímiles de dos
ele ellos: uno es la carla del inquisidor de Florencia al arzobispo Nicolini, en que trata de la sentencia dictada contra aquél;
otro el de un autógrafo de Galileo, que revela las miserias con
que debió turbar r.quel hombre eminente.
Finalmente, el monumento de Galileo, erigido en la iglesia
ele Santa Cruz, es obra del escultor José Signorini, muerto en
1821. - M. A.
,.,,.,,,........,,.,,,,,,.,, .. ,,., .•,,,.,,.,,,.,,.,.,........ , •.•.•. ,,., ... ,,.,,,.,,.,,.....,,• •.••••••••••••••••,1••••••1••••••r,,·,,,.

LA DAMA NEGRA
( Co11d11sziJ11)

Inmediatamente me vino á las mientes el recuerdo
de la dama negra.
- ¿Una francesa llamada Genoveva?, le pregunté.
- Justamente.
- ¿La conoce usted?
-Algo.
Entonces me asaltó otro recuerdo: una pregunta
que me había hecho la dama negra.
- ¿Sería usted Jorge Manrique?
- Quiz.'Í, me contestó sonriendo el doctor Almagro. Es un nombre de guerra como otro cualquiera;
pero ¿quién se lo ha dicho á usted?
- La dama negra.
-¿Cómo?
- Así la llamábamos en el Suizo.
- ¡.\h, ya!, ¿porque viste de negro?
-Sí.
- ¿Y le preguntó á usted por mí, es decir, por Jorge :\lanrique?
- Sí, en un revuelo de la conversación.
- ¿Y·qué opina usted de esa señora?, me preguntó
el doctor, mirándome con fijeza.
- Que es una persona muy simpática, muy discreta y algo misteriosa. Siento que haya desaparecido
del Suizo.
- Puede que el mejor día aparezca.
- ¿De modo que usted la conoce?
El doctor tardó en contestarme; parecía como que
titubeaba. Luego prosiguió diciendo:
- La historia de la dama negra, como usted la
llama, es una historia.
- Probablemente lastimosa como casi todas.
El doctor sacó el reloj y miró la hora. Luego dijo:
-Tengo que ver á un enfermo de cuidado. ¿Va
usted todas las noches al Suizo?
- Todas hace veinticinco años.
- ¿A qué hora?
- Desde las once y media hasta que se cierra.
- Pues mañana le buscaré á usted allí. Hablaremos
de la dama negra. Por causa suya me hallo en un
conflicto, y no me vendrá mal un buen consejo, aunque sé que los consejos se piden para no seguirlos.
V

A la noche siguiente, en el café Suizo supe in pártibus la historia de la dama negra.
-A últimos del pasado mes de junio, según costumbre anual, dijo el doctor Almagro, me hallaba en
París, en excursión veraniega. Vivía en la calle de
Castiglioni, y todas las noches, antes de entrar en el
hotel, me daba una vuelta por la plaza del Palais
Royal.
- Lo comprendo, le interrumpí. Allí van muchas
beldades acaloradas á tomar el fresco.
- Pues bueno: allí conocí Genoveva, ó sea la
dama negra.
Yo hice un gesto.
- Comprendo lo que significa esa mueca, prosiguió el doctor. Abordé á la susodicha, que desde un
principio me llenó el ojo. Estaba sentada en una silla
y sola. Fuí bien acogido y paréceme que conseguí
entretener á Genoveva, no sé si con mis chistes ó con
mis atropellos de gramática francesa. Usted sabe que
el que entretiene á una mujer la tiene medio vencida,
y con esto y con no creer yo en la virtud en el Palais Royal, comencé á permitirme ciertas libertades.
- Lo supongo.
- Pues amigo mío, desde un principio Genoveva
me paró los pies.
-¡Vaya!
- Como usted lo oye. Es honrada hasta la inverosimilitud: tengo motivos para asegurarlo. Hízome es-

a

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tar con juicio. Desde luego, como á usted, me atrajo
su conversación. Es sencilla y discreta. Me contó su
pequeña historia (galicismo). Encontrándose sola y
desamparada en Angulema, se vino á París á trabajar, y hacía siete años que estaba empleada en el bazar del Louvre ganando ciento cinco francos mensuales. Su vida era monótonamente triste: desde su cuartito de la calle de Rívoli se iba al bazar; almorzaba y
comía en un restaurant barato; por las noches paseaba ó se sentaba á tomar el fresco en el jardín de las
Tullerías ó en el del Palais Royal, hasta que se retiraba á su casa. ¿Comprende usted esta vida en París
á fin de siglo?
- En las mujeres lo comprendo todo.
- Entonces no hallará usted inverosímil el que Genoveva se me resistiese días y días.
-¡Pst!
- Desde un principio se me cuadró. (Es inútil, me
dijo, cuanto usted haga; yo... fuera del matrimonio no
tendré amores.» La propuse traérmela á España y asegurarla una posición desahogada. Todo fué en vano,
no quiso aceptar de mí ni una taza de café; pues, según
decía, la que toma se obliga á dar. Aburrido de aquellas relaciones menos que platónicas, dejaba de verla
durante dos ó tres días, pero volvía á buscarla, encontrándola siempre invariablemente sola en alguno de
los dos jardines ya mencionados. Me recibía con
amabilidad, no preguntándome nunca el motivo de
mis ausencias. Procuraba descartar las conversaciones amorosas. Hablábamos de Francia, de España,
de música, de los astros, ¡qué se yó!
El doctor hizo una pausa y prosiguió diciendo:
- Pues bien, amigo mío, ¿creerá usted que no podía pasarme muchas noches seguidas sin aquellas
pláticas abstractas?
- Lo que creo, amigo doctor, que estaba usted y
tal vez esté todavía abulelado por la francesa.
- Quizá sí, y me lo confirma el resto de esta historia, que no sé si hallará usted interesante.
- Mucho, porque conozco á la protagonista y admiro su virtud ó su habilidad.
- Pues bueno, continuó diciendo, que la resistencia de Genoveva me tenía en un constante estado de
excitación nerviosa, cuando la suerte, que á veces
ayuda á los pícaros, vino á calmarla.
- ¡Hola, hola!
- A fuerza de ruegos y de repetirla que sería por
última vez, conseguí que el día de mi cumpleaños
aceptase Genoveva una modesta comida en un modesto restaurant, en donde hay unos gabinetes muy
cucos.
-¡Ah! ¡Ya!
- No sé lo que allí pasó... os excedimos en la
bebida, sobre todo ella, que no estaba acostumbrada.
Hablamos de descubrimientos, y yo... la hipnoticé.
-¡Demonio!
- Desde entonces ignoro lo que sucedió. Creíme
metido en un lío y me azoré. Pagué al mozo la cuenta
de la comida. Con el gabán y el sombrero puestos la
desperté del sueño hipnótico, y antes de que ella pudiera darse cuenta, salí del restaurant y al día siguiente me fuí á Bruselas.
.
- ¿Despedida á la francesa?
- No, á la española, del peor género.
- Si yo no hubiese visto en Madrid á esa buena
demoiselle hipnotizada, supondría que aquí acababa la
historia; pero es de creer que tiene segunda parte.
- Y como todas, no buena. Oiga usted.
VI
- Estuve un mes en Bruselas y cerca de dos en
Londres. Volví á París á mediados de septiembre. Me
escarabajeaba el deseo de ver á Genoveva, con tanto
más motivo,cuanto que después de la sesión de hipnotismo del restaurant sentía escrúpulos de conciencia;
pero recelaba presentarme á ella. Vacilé durante dos
ó tres días, como estoy vacilando hace seis meses.
Me decidí por fin, y como hacía un calor rezagado, la
busqué á la hora de costumbre en Palais Royal. No
estaba, pero no tardé en verla venir por una galería.
Había engruesado.
- ¡Ya lo creo! Con los disgustos se echan carnes á
la entrada del otoño.
- Búrlese usted, pero le aseguro que me temblaban las mías al abordar á Genoveva. Apenas me vió
hizo una mueca indescriptible y quedóse parada. Yo
la saludé con un ademán y con el sombrero en la
mano. Ella entonces aproximóse á mí, me dijo en voz
muy baja: &lt;tEs usted un mal hombre,» y siguió andando sin volver á mirarme. La seguí; se sentó en una
silla del jardín, yo volví á acercarme á ella con aire
contrito, y algo aturdido la dije con humilde acento:
«Permítame usted dos palabras,)) como ella no contestó me senté á su lado, y no fueron dos sino muchas con las que yo traté de disculparme. Le pinté

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577

mi amor inmenso é indestructible, apelé á su bu
juicio respecto á los peligros de una comida en q
se hace algún exceso de bebida, le reiteré mis ofer
de traerla á España y atenderla siempre, lo cual, p
el extremo á que habían llegado las cosas, era un d
ber en mf. Estuve elocuente y caluroso, pues me h
liaba verdaderamente conmovido; pero ella me oy
impasible. Mientras yo hablaba me miraba con fije
como si quisiera escudriñar la verdad de mis pal
bras, y cuando concluí de hablar, dijo: «Las prueb
valen más que las palabras. - Yo probaré á usted
eterno cariño. - Ya conoce usted mis ideas: no co
cibo el amor fuera del matrimonio,»y al decir esto
puso la manteleta que se había quitado y se levant
en ademán de irse. La palabra matrimonio siemp
me ha sonado fatídicamente y mucho más pronuncia
da por una mujer á quien apenas conocía. Quedém
sin saber qué decir, hasta que al fin dije: ePero, G
noveva, ¿es posible que siendo usted tan discreta s
fije en i.tn¡t nimiedad?» Ella no contestó y echó á a
dar. La acompañé hablándole á mi parecer persuasi
vamente. Ella me oía en silencio y cada vez anda
más de prisa. &lt;tGenoveva, insistí yo, en el estado á qu
han llegado las cosas no tiene usted derecho á rehus
mis ofertas. - ¿No tengo derecho á no ser una 111a11te11i
da1 ¿Por qué?» Yo respondí titubeando: «Porque den
tro de poco su vida de usted va á ser... muy difícil.
- La sobrellevaré. No tenga usted cuidado de qu
falte á mis deberes. - ¡Pero Genoveva!.. - Buenas noches, caballero.&gt; Habíamos llegado á la puerta de su
casa de la calle de Rívoli. Yo no supe qué decir, ni
aun contestar á su despedida, y me quedé, como
quien dice, con un palmo de narices. Estuve dos ó
tres días sin procurar ver á Genoveva. Otras dos
tres noches seguidas la busqué en vano en los sitios
de costumbre: el calor continuaba, pero ella no tomaba el fresco ó le tomaba en otra parte. Ocurrióme la
idea de que pudiera estar enferma, pero la vi en el almacén del Louvre despachando, Cuando se quedó sola
me aproximé á ella y le dije en voz baja: «Tengo que
hablar con usted. ¿Irá usted esta noche al Palais Royal.
- No ando ya de noche, me contestó, me siento pesada... &gt; Dijo estas palabras en un tono tan seco y tan
frío, que me exasperó. Salí del Louvre resuelto áno volver á verla. Determiné anticipar mi regreso á España.
Después de todo, aquella aventura había sido como
otra cualquiera, pensaba yo; pero la voz de mi conciencia me desmentía... Porque yo, amigo mío, á pesar de mi despreocupación y de los juicios que de mí
se hacen, tengo conciencia...
- Lo creo, interrumpí al doctor. Tiene usted conciencia mezclada con cierta dosis de abulelamiento,
como ya he dicho otra vez. ¡Es tan bella la mujer que
se nos resiste!
- La dama negra, como usted la llama, me ha puesto á mí verde: Hámlet en el monólogo de la incertidumbre no es nada, comparado conmigo.
El doctor Almagro parecía sofocado c◊n el relato
de su aventura; así es que pidió la segunda botella de
cerveza, bebióse de un sorbo una copa, y siguió diciendo:

NúMERO

577

LA

47

_ Añadía algunas otras naba. A la baronesa le gustaban la jm·~ntud Y la alecosas en mi cart~, siguió gría, no tanto por ella c?mo p_?r sus metas, do_~ mudiciendo el doctor, pero jercitas de catorce y qumce anos que? como d1JO almostraban en esperanza fruto cterto.
las omito por poco impor- guno,
La noche aquella había bastante gente en la casa
tantes. Metí mi carta en de la calle de Atocha: allí estaban Mad. de Saxe,
un sobre y con ella seis billetes de cien francos; fuí extranjera que tant? llwnó la ~tención á ,su llegada ~
al almacén del Louvre, en Madrid por sus bnllantes traJes y magmficos trenes,
donde encontré á Geno- la joven condesa de Fuertes, la señ~ra ,de San or~e;
veva muy ocupada despa- una jamona que hace la competencia a cu~lq~1er JOchando, le entregué la car- ven, el académico Errando, Paredes el penod1sta ... ,
en fin una sinji11idad de gente, como afirma un seta y saH apresuradamen~e,
como dicen en las acotacio- ñor q~e yo conozco y tiene sus ribetes de 1?scalada
nes de las.comedias. Por la que debiera decirse para expresar una cosa sm fin.
Yo había llegado de los primeros .Y recue~do ~ue
tarde tomé el rápido y reme encontraba muy ocupado en expltcar á miss (,ay,
gresé á Madrid:
.
_ Por lo visto, amigo sobrina del embajador inglés de entonces, el :irgudoctor, esa carta fué un mento de un drama de ese pobre Barco que hace
tres noches se ha pegado un tiro, cuando sobre ~l
paliativo.
_ Sí, un modus vz·vendi, ruido de todas las conversaciones se oyó un campamhasta ver lo que resuelvo. llazo, y tras de breves momentos se presentó Elvirita
_ Debería usted haberla Travado en la habitación.
Pequeña, morenita, con dos ojazos_ ne~ros quepoescrito en verso.
nian
malo y movimientos de gato_ c~1qmto, l~ r~c1én
-¿Por qué?
_ Porque supongo que llegada, que representaba unos Yemt¡trés ó vem!1cua]a firmaría usted: «Jorge tro años, pertenecía al número de 1:1~j~res que tienen
el privilegio de hacer perder el JUtc10 á todos los
Manrique.&gt;
_ ¡Ay, amigo mío, con hombres.
Madrid entero la conocía, y algunos seguramente
qué chacota se ven los torecuerdan
todavía sus coqueterías, causa de un desaros desde la barrera!
- ¿Y ha visto usted á fío entre un conocido marqués y un joven artillero
Genoveva?
_ De Jejos,águisa_de espía.
_ Pero ¿qué ptensa usted hacer?, porque á ella
no la encuentro muy satisfecha en Madrid.
_ ¿Lo sé por ventura?
¿Qué me aconseja_ usted? ,
_ No le aconseJo, voy a
indicarle lo que probablemente haría yo en su caso.
¿Usted tiene una fortunita
independiente y una profesión lucrativa?
-Sí, señor.
_ Pues me casaría con
MONUMENTO DE GALILEO, en la plaza Prato della Valle de Padua
Genoveva.
-¡Casarme!
- A la corta ó á la larga casi tod~s hacen esa ~acuentra, y r no me haga usted el homLrc _más desdi- niobra. 'Csted tiene ya andada la mitad del cammo.
chado de la tierra. ¡Hasta Yernos en Espanal ¿Verdad
_ Pero es que tengo un lío anterior.
que sí?»
- ¡Ah! ¡Ya!
- Lío insoportable, que me pesa
mucho, pero del que no sé cóm_o
evadirme. ¡Ah! ¡Cuán caro pago mis
locuras· estas complicaciones van á
' la vida!
.
quitarme
- Al revés, si consigue usted sobrellevarlas.
- ¿Por qué?
- Por lo que dice Ayala en esta
redondilla:

J

VII
- Cansado de cavilar y de combatir psicológicamente, encomendé á la Providencia la resolución de
mi problema, lo cual no obsta para que todavía esté
por resolver. Yo no podía resignarme á abandonar
definitivamente á Genoveva, y como me urgía ya la
vuelta á España, hice lo que los irresolutos: me proporcioné una tregua. Escribí una carta que decía así,
poco más ó menos:
«Mi adorada Genoveva: deberes imprescindibles
me llaman á mi país, pero yo no puedo dejar á usted
para siempre. He aquí lo que la propongo. Venga.
ustedáMadrid, donde la espero. Mis negocios me obligan á recorrer algunas provincias, y por lo tanto no sé
si podré recibir á· usted allí. De todos modos sólo
será cuestión de semanas. Usted no tiene derecho á
rehusar mis ofertas, porque dentro de poco estaremos
unidos por un afecto común. Venga usted á Madrid,
allí resolveremos lo que hemos de hacer y usted descansará por lo menos una temporada de su vida de
trabajo. Con la cantidad adjunta puede usted hacer
viaje de ida y vuelta, si usted resuelve volver á París,
lo que Dios no quiera. Si por casualidad me retardo
en ver á usted, retenido por ocupaciones ineludibles
(que procuraré abreviar), no pase usted cuidado:
mientras permanezca en Madrid puede usted contar
con doscientos francos mensuales, que cobrará usted
de uno de los socios del café Suizo (calle de Alcalá)
cuya tarjeta le incluyo. La cantidad no es grande,
pero usted es tan virtuosa que se resigna á vivir con
menos. Nada pierde usted en este viaje, amada Genoveva, y ambos podemos ganar mucho. Piense usted
en los deberes que le impone el estado en que se en-

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

«Un amor puede importuno
Matar al hombre más grave:
Dos amores, no se sabe
Que hayan matado á ninguno.&gt;

que en él perdió l_a vi?ª• así como los co~~tos de suicidio de un estud1ant1llo que tuvo la deb1hdad de tomar en serio dos ó tres miradas que ella tuvo á bien
•••.•••••••••• , •••••.•• , •.• ••• , •••••., ......... ...... ,, ••••.••••••••, ••••••, .... ,.1• .. •··
concederle. Después se había casado y todo el mundo estaba conforme en que llevaba una vida ejemLA BROMA
plar. Como las priPcesas de los cuentos para niños,
¿Lo que hombre dice de burla había tenido muchos hijos, es decir, había tenido
cuatro, que en cinco años de matr\monio e~ una cos~
de veras vas á tomar?
muy regular, y vióse consagrada a ellos y a su man(Romancero )
do un hombre tan bondadoso, que según aseguraban
La baronesa recibía los jueves. algunos malévolos todas las noches le tenía Elvira
Era una señora que frisaba en los de Ceca para Meca, vigilando á las amas, cuidando
sesenta años: tez blanca, ojos azu- de que no se desarropasen los mayorcitos, dando
les, cabello de plata, dientes menu- agua á quien se la pedía, y á veces, para librar á la
dos y blanquísimos, claro talento, señora de los gritos más ó menos desaforados de algracia, educación distinguida..., una guno de sus retoños que se desvelaba y tenía miedo,
de esas mujeres, en fin, que en el contando en traje de franela las aventuras de Pulgarocaso de la vida subyugan con su cilio ó de Caperucita roja, hasta que conciliaba el
excelente trato, ya que no lo hagan sueño el mocosuelo.
Elvira se sentó y al poco rato la conversación se
como en otros tiempos por la fuerhacía general. Sin que recuerde cómo, púsose sobre
za de su excepcional hermosura.
A casa de la baronesa iba yo mu- el tapete la cuestión de los ca11ards periodísticos, y el
chas veces. Allí se hablaba de todo, bueno de Paredes tuvo que ponerse hilas en los oídos
se cantaba, se tocaba el piano, se para aguantar todo lo que aquellas señoras le dijeron.
jugaba al tresillo, y hasta algunas Con la mayor formalidad aseguraban que no se poveces había su poco de baile. Acu- día creer á un periodista, y como él se permitiese ha- 1
día mucha gente de distintas con- cer una débil defensa de la clase, por poco le exco•
diciones y diversas edades, pero el mulgan.
- Pero ¿qué cosas tan horribles escribimos nosotros
elemento joven era el que predomiF. MoRENO GoDINO

Carla del inquisidor de Florencia al arzobispo Niccolini
sobre la sentencia ele Galileo

Quinta vértebra lumbar del esqueleto de Galileo, conservada
en el Instituto de Física de la Universidad ele Padua.

�LA TORRE DEL GALLO CERCA DE FLORENCIA, HABITADA POR GALILEO,

CASA DONDE NACIÓ GALI LEO CERCA DE L A PORTA FLORENTINA EN PISA

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propiedad hoy del conde raolo Galletti

�50

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para que se nos haga tan cruda guerra?, decía el pobre buscando con la vista un auxiliar que le ayudara
á luchar con tanta improvisada amazona.
- Pues mentiras, bolas, embustes.
- ¡Señor! ¿Qué mentiras?
La de Travado tomó entonces la palabra y encarándose con él le preguntó cómo se atrevía á sostener lo contrario.
- Esta misma mañana, sin ir más lejos, dijo después,
he leído en un periódico una cosa capaz de matar de
risa á cualquiera. ¿No adivinan ustedes qué ha sido?
Pues voy á decirlo. Estos señores, y señalaba á Paredes con sus miradas, estos señores que nada creen, y
como él hiciese un ademán de protesta volvió á repetir que nada creen, se han empeñado en hacer
creer á los demás hasta que los burros vuelan; sí, sí,
que vuelan; y si no, dígame usted, hombre de Dios,
¿quién le ha dicho á ese señor que firma sus crónicas
en extranjero que ahora existen hechiceros capaces
de averiguar sólo por los signos de la mano, no lo pasado, sino lo que está por venir? ¿Quién le ha dicho
que seamos tan tontos los que ya lo somos bastante
para leerle que vayamos á darle crédito? ¿Quién? ..
- Perdone usted, Elvirita, dije yo en este punto
saliendo de mi silencio, ó más propiamente hablando,
de mi conversación con la inglesa; no defiendo á los
periodistas ni voy ~ romper lanzas con usted sobre
si dicen ó no verdad generalmente; pero en lo que
al caso presente se refiere, perdone usted que le diga
que no soy de la opinión de usted.
- ¡ Cómo! .. , exclamó ella algo desconcertada al
ver mi fingida seriedad. ¿Usted cree en semejantes
paparruchas?
- Sí creo, pero no en paparruchas, sino en verdades que quizá nuestros hijos han de considerar como
axiomáticas.
- ¿De manera que usted afirma que con un simple estudio de las líneas de la mano se puede?..
- Sí, señora.
Envolvióme en una mirada burlona, y exclamó:
- ¡Es lástima que no haya hecho usted esos estudios!
Resuelto á llevar la broma hasta el último extremo, conteniendo á duras penas la risa que me retozaba, le pregunté:
- ¿Y quién le ha dicho á usted que no los haya
hecho, Elvirita?
Miróme fijamente como para leer en mis ojos si
me estaba burlando, y después, como el que toma de
repente un partido, me alargó la diestra, diciendo:
- Vaya, señor brujo, señor adivino, aquí está mi
mano: dígame usted, explíqueme usted todos los males que me esperan, todas las venturas que tengo reservadas.
Tomé su mano, y durante algunos instantes me contenté con apretarla entre las mías, acariciando aquella
piel tan suave, sin saber qué decir; después, espoleado
por una de aquellas salidas que tanto le criticaban las
gentes, empecé á decir todos los desatinos que se
me vinieron á la boca con el aire más convencido
que pude.
Las conversaciones se habían interrumpido entonces, y todos contemplaban la escena con la misma
complacencia y curiosidad que si se tratase de la predicción de una gitana; yo noté que alguno reía disimuladamente y que la misma Elvira, sin decir palabra, se estaba burlando de mí con los ojos, y fuí
vengativo; quise, aun cuando sólo fuese por un instante, llevar el temor al alma de aquella burlona sempiterna, y por desgracia realicé mi pensamiento.
- Elvira, le dije con tono lo más profético que
p ude fingir, aquí hay una línea de funestos presagios:
esta línea..., yo no quisiera decirlo, quisiera equivocarme, pero está bien claro..., el día que cumpla usted
los treinta años, entre once y .doce de la noche, esto
es, á la misma hora en que estamos, le sucederá á
usted una terrible desgracia.
Sentí que la mano que tenía entre las mías se enfriaba, vi á Elvira palidecer horriblemente, y ya casi
arrepentido de mi broma iba á declarar que lo era,
cuando se oyó sonar la campanilla y un hombre serio
y empolvado se presentó en la puerta de la habitación.
- ¡Juan!, exclamó E lvira levantándose y dando un
grito que nos llenó de espanto. ¿Qué sucede?
- Señorita, no se asuste usted... ; ha habido fuego
en casa.
- ¿Y los niños?
- El más pequeño ...
No terminó; ella no rodó por el suelo porque hubo
quien se lanzó á socorrerla. Yo noté que alrededor
mío se formaba el vacío, y presa de un malestar que
disimular no podía, loco, desatentado, cogí mi sombrero y salí de la casa.

J. F.

AMADOR DE Los Ríos

MISCELANEA

Bellas Artes. - Han sido nombrados Miembros de Honor de la Sociedad de Artistas de Munich nuestros compatriotas Francisco Pradilla y José Benlliure, al mismo tiempo que lo
han sido Alma Tadema y Leighton, de Inglaterra, Menzel, de
Berlín, y algunos otros de los más célebres artistas contempo·
ráneos.
- El escultor berlinés Brunow ha terminado el segundo y último relieve que ha ele adornar el pedestal de la estatua ecuestre del gran duque Federico Francisco, erigida en Schwerin: es
una obra de complicada composición por las muchas figuras que
en ella entran, mide un metro y medio de ancho y representa la
entrada triunfal del gran duque en Schwerin en 1871. El otro
relieve reproduce la inauguración de la Universidad de Rostock.
- La Galería de Dresde ha adquirido el magnifico cuadro de
Federico Uhcle Noche Santa.
- En una asamblea recientemente celebrada en Berlín y á la
que asistieron 630 individuos acordóse la fundación de una nue·
va asociación artística que se propone proteger y estimulará los
artistas jóvenes berlineses, adquiriendo sus principales obras y
desenvolviéndose de esta suerte dentro de las mismas tendcn·
cías que tanta importancia han dado á las asociaciones análogas
de Munich, Dresde, Dusselclorf y Westfalia. A este efecto nombróse un comité de artistas y aficionados, cuya presidencia ha sido confiada al ilustre pintor Achernbach.
- En la Galería de Pinturas de La Haya está expuesto un
cuadro de Rembrandt adquirido de la colección del pintor parí·
siense Zorn: representa una figura de anciano cuyo rostro recibe intensa luz por el lado izquierdo y cuya cabeza calva cubre
·una gorrita de color obscuro y pertenece á los primeros tiempos del inmortal artista flamenco.
- En el j~rdín del Louvre, frente á la columnata y junto al pabellón Sud, va á colocarse la estatua ecuestre de Velázquez, obra
del escultor Frémiet, que debe formar parte del conjunto de
decoración monumental proyectado por Guillaume, que entre
otros trabajos contendrá )as estatuas de Meissonier y de Raffet.
- La «National Gallery,» ele Londres, ha recibido un interesante legado ele Sir \V. Gregory, conteniendo, entre otras obras
importantes, dos cuadros de \lelázquez representand.o á Cristo
en casa de JI/arta y U1t duelo en el Prado.
- Gustavo Geoffroy acaba de publicar en París con el nombre de Vida artística un libro de literatura y de crítica ele Arte,
presentado al público por un prefacio de E. de Goncourt. Ocúpase el libro preferentemente de las escuelas modernas, conteniendo interesantes estudios sobre Manet, Claudio Monet, Carriére, Rodin, Pissarro, Raffaelli, l\leissonier, Puvis de Cha·
vannes, Jonckrind, Whistler, etc. Contiene además un corto
trabajo literario El sarcófago, que unánimemente la critica califica de verdadera obra maestra.
- Los vaciadores de los Museos del Trocadero, de la Socie·
dad de las Artes decorativas y del Louvre han ejecutado por
encargo del Estado y de acuerdo con la comisión organizadora
de la Exposición de Chicago reproducciones cuyo coste asciende á unos·115.000 francos El embalaje, transporte y otros gastos corre á cargo de esa comisión, destinándose las obras reproducidas á constituir en•América un núcleo de museo de escultura comparada desde el siglo XII al XIX.
- Recientemente, bajo la presidencia de León Bonnat, acordó la junta directiva de la Asociación ele los Artistas franceses
la modificación del reglamento para el Salón rróximo venidero, en el sentido de que sólo sean electores del Jurado los artistas premiados ó que hayan sido por cinco veces expositores.
Reunida en asamblea general la Sociedad, á petición de más
de cien asociados, fué mantenida la decisión de la junta, después
de un animado debate, por 294 votos contra 194, quedando por
consiguiente abolído el sufragio universal.
- El eminente artista, el pintor ruso Vereschaguine, que ha
producido tantas obras maestras dando fama gráfica á las impresiones que recibiera en las campañas de Oriente y del Asia
central, al acompañar los ejércitos de su país, dió recientemente en l\foscou, donde reside y donde tiene, junto al Kremlin,
su monumental estudio, una conferencia sobre la guerra, que
ha suscitado animadas polémicas y por una parte de sus com·
patriotas violentas y acres censmas. Vereschaguine, que en su
obra de pintor expuesta en París años atrás y de la que ha reproducido alguna muestra LA I LUSTRACIÓN ARTfSTICA, puso
magistralmente de relieve, al lado del aspecto pintoresco, el
cúmulo de horrores y atropellos de que es causa la guerra, completó con su enérgica palabra el anatema que á toda conciencia
honrada inspira el batallar de unos hombres con otros.
Con este motivo algunos de sus compatriotas, excitados por
un falso patriotismo, le han combatido duramente por las tendencia,; manifestadas en su discurso; probablemente por deseo·
nocer la repugnante y odiosa realidad que en si entraña la ~uerra, símbolo de falsa gloria para el vencedor, y de desolación,
de barbarie y de ruina para vencedor y vencido.
- Un gran número de zodtchis, ó arquitectos, artistas de la Academia Imperial de Rusia, que son los que proyectan las construcciones, junto con los ingenieros civiles encargados de su realización, verdaderos constructores, reuniéronse en asamblea en
la residencia del gran duque Wladimiro para tratar de imprimir una nueva dirección á la arquitectura nacional, oponiéndose á la invasora monotonía europea con el renacimiento de su
estilo propio, amalgama de los estilos indio, mogol, bizantino
y eslavo. Buen ejemplo para nuestros arquitectos y maestros
de obras.
- Actualmente está expuesto en Berlín un gran cartón de
una pintura mural que Maximiliano Koch ha de pintar para las
Casas Consistoriales de Lubeck y que representa la institución
del primer burgomaestre de la ciudad por Enrique el León. Es
una composición grandiosa perfectamente calculada para las
condiciones del muro en que ha de colocarse, que está dividido
por tres altos arcos góticos. Del mismo artista son dos lienzos
destinados á un nuevo salón de dicho edificio, cuyos asuntos
son la cabalgata que lleva á la ciudad la carta de libertad otor·
gada por Barbarroja y la entrada de Carlos IV en Lubeck.
- Dícese que la humedad ha perjudicado grandemente al
rico museo de Lille, en donde se conservan preciosos lienzos
de los más grandes maestros antiguos y modernos de las escuelas flamenca, italiana y francesa.
- En el Salón artfstico de Schulte, de Berlín, se han expuesto últimamente tres magníficos cuadros de grandes dimensiones:
El emperador Guillermo I I pescando ballenas á bordo del «Du1tcan Grey,» de K. Salzrnann; Regata marítima celebrada por el
Club Imperial de Kiel en 29 de junio de 1892, de H. Bohrdt, y
Pesca de Polifemo, de M. Pietschmann.
- Se han inaugurado en la Real Colección de tejidos de ]&lt;.re-

NúMERO

577

N úMERO

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

757

feld (Prusia) las nuevas salas que contienen ricas telas y bordados de todas épocas.
- El pintor noruego Eduardo Munch, cuyas obras no fueron
admitidas en la última Exposición berlinesa, lo cual fué causa
de la escisión surgida entre los artistas de la capital de Prusia
ha expuesto en el edificio que en dicha ciudad tiene La Equi'.
tativa una porción ele obras suyas, algunas de ellas nuevas, que
han hecho renacer las discusiones que cuando su primera exposición se promovieron.
- En Burlington House, Londres, se ha inaugurado la trigésima cuarta exposición de obras de artistas difuntos, que ofrece
tanto interés, ó mayor si cabe, que las celebradas en años anteriores. Algunos de los cuadros expuestos se exhiben ahora por
vez primera, y tanto éstos como los ya conocidos son preciosos
ejemplares de las antiguas escuelas flame¡;¡ca, alemana, italiana
é inglesa.
- Llama actualmente la atención de artistas y cr!ticos londinenses la exposición de las obras del eminente pintor inglés
Mr. Burne Jone que se celebra en la New Gallery: l\1r. Burne
es de los artistas que poseen un estilo más individual y propio
y de los que menos se han dejado influir por los gustos, tendencias y j uicios contemporáneos; es al mismo tiempo uno de los
artistas más originales, de mayor imaginación y más fecundos.
Próximament~ daremos á conocer á nuestros lectores algunas
de sus más notables obras.
Bara lona. «Salón Parés. »- U na buena copia del hermoso
cuadro de Lhermitte que figuró en uno de los Sa/011es de París
pocos años ha, es la nota culminante de esta semana y al que
acompañan un cuadrito de Coll, figurando una señora en el
palco ele un teatro, y una marina de Sans, monótona y fría ele
entonación, que reproduce (al parecer) una localidad holandesa.
Por unos dias se halló expuesta una gran placa sepulcral de
bronce destinada al enterramiento del Cardenal Payá en la catedral de Toledo, proyecto de Paseó y primoro~amentc fundida en los talleres de Federico Masriera. Es una nueva obra que,
al honrar al artista y al fundidor, prueba el renacimienlo de las
artes del metal en nuestra ciudad.

Teatros. - En el teatro Federico Guillermo, de Berlín, se
ha estrenado con muy buen éxito una opereta titulada El tfo
de los millones, letra de Zell y Genée y música de Adolfo
)1uller.
- La ópera en un acto El juramento, letra de Maximiliano
Singer y música de Guillermo Reich, ha siclo recibida con aplauso en el teatro Kroll, de Berlín, en donde se ha estrenado recientemente.
- En Turín se ha verificado con éxito extraordinario la pri·
mera representación de Los maestros cantores, de \\'agner.
- En el teatro de la Opera nacional húngara, de lludapest,
en donde hace poco se representó con gran éxito la ópera de
Wagner El trep,isculo de los dioses, se pondrá en breve en escena
las cuatro partes de la tetralogía del gran maestro El anillo del
Nubebmgo.
En el teatro de la Moneda, de Bruselas, se ha estrenado
con éxito regular un drama musical titulado Yolanda, de Albe·
rico l\Iagnard, cuya música está inspirada en el procedimiento
wagneriano.
París. - Se han estrenado con buen éxito: en Menus Plaisirs
una revista en cuatro actos, Tararaboum-Revue, de los señores
Ferrier y Delila; en el teatro Moderno otra revista en cuatro
actos de Cottens y Gaveau, titulada Tout á la sa!11e, y en el
Nuevo Teatro una fantasla lírica de gran espectáculo, en cua·
tro actos, Bouton d' or, de Carré, con música de Pierné; las dos
primeras son el resumen de los principales acontecir;nientos
ocurridos en París durante el año 1892 y están escritas éon gracia y bien presentadas; la tercera es una obra entretenida, conjunto de cuadros pintorescos enlazados por la ligera trama de
una historia amorosa, y ha sido puesta en escena con gran lujo;
la música de los ,ouplets y bailables es ingeniosa y seductora.
Londres. - Ha sido un verdadero acontecimiento el estreno
en el teatro Haymarket de la tragedia Hypatia, de G. Stuart
Ogilvie, no sólo por la obra en sí, sino que también y muy principalmente por la magnificencia y propiedad con que ha sido
puesta en escena. La acción del argumento se basa en el conflicto religioso entre la población cristiana y la pagana de Alejandría en el período de la decadencia del Imperio romano; la
dirección artística de la obra estuvo á cargo del ilustre Alma
Tadema, que dibujó los trajes, decoraciones y accesorios, é inútil es decir cómo resultaría el espectáculo tratándose de artista
tan eminente y de una época y unas costumbres que tanto se
prestan á hacer alarde de pompas y esplendore~.
Jlfadrid. - En el teatro Lara ~e ha estrenado con gran éxito
una comedia en un acto, de D. Antonio Sánchez Pérez, titulada
El son q11e tocan: la idea de la oura es bellísima y está hábil·
mente desarrollada, los caracteres están perfectam~nte dibujados y el diálogo es fácil, naturalísimo y abundante en chistes.
Para el teatro de Apolo ha terminado D. Ricardo de la Vega
un sainete titulado Do1t Pa11li110 Caparró1t ó Vámonos á la ven-

ta del Grajo.
Barce/011a. - En el teatro Principal, terminadas ya las tareas de
la compañía que dirigian D. Ricardo Calvo y D. Donato Jiménez,
actúa la compañia infantil que dirige D. José Bosch y que había
trabajado recientemente en el Circo Barcelonés. En el Eldorado
se han estrenado con buen éxito las zarzuelas en un acto El organista, letra de Estremera y música de Chapí, y Guas/11, paro·
dia de Garln, de D. Salvador M. Granés, con música de varias
óperas, arreglada por el maestro Rubio.

¡Cuán seductora estaba Edmunda entregada á aquella ocupación!

CARGO DE CONCIENCIA

Negrologia. - Han fallecido recientemente:
Francisca Rheinberger, notable poetisa y prosista alemana.
Vicente Stoltenberg Lerche, pintor de género y arquitectura
de la escuela de Dusseldorf y uno de los más ilustres miembros
de la colonia de artistas noruegos de aquella ciudad.
Alberto Delpit, notable escritor francés, autor de varias novelas y dramas, entre las primeras Le 111ariage d' Odette y Com111e dans la vie y entre los segundos Le.fils de Coralie, y colaborador .en los principales periódicos y revistas franceses.
El Excmo. Sr. D. Ignacio M. del Castillo, conde de Bilbao,
grande de España, teniente general, ex ministro de la Guerra,
ex comandante general de alabarderos: entre sus muchos y notabilisimos hechos de armas es sin duda el más brillante la heroica defensa de Bilbao en 1874, pues gracias á su valor y ener·
gía no pudieron los carlistas penetrar en la plaza á pesar de los
125 días de sitio, 70 de ellos de terrible bombardeo, ~iendo esta
defensa tanto más meritoria cuanto que los sitiados carecían casi
de víveres y municiones. El general Castillo no se había suble·
vado nunca en sus 57 años de carrera militar y estaba condecorado con las principales cruces de las órdenes militares'y civiles

POR

Ju ANA MAIRET, CON PREéIOSAS ILUSTRACIONES DE A , MOR EA U
(CONTINUACIÓN)

- ¿Verdad que me amas, Marta?

Edmunda guardó silencio un instante, y después dijo con cierta expresión de

- Sí, con ternura y con abandono. Hasta ahora mi corazón estaba un poco gravedad:
cerrado, pero se ha abierto para ti, por más que al principio no te quisiera. Y te
aseguro que has entrado bien, pues te amo como hermana y casi como madre.
Quiero que seas feliz y buena, sobre todo esto último, y no perdonaré nada para
hacerte dichosa.
A lo cual replicó Edmunda:
-¿Nada?
-Nada.

- Escucha, Marta, me parece que te robo. Tú me crees mejor, más afectuosa
y más digna de ser amada que lo que realmente soy. Ya he tratado de hacerte
comprender cuantos defectos tengo y tú no das crédito á mis palabras; mas no
quisiera que te engañases respecto á mí, tú que vales diez mil veces más que yo
- Amame, Edmunda, y esto será suficiente.
- ¡Ah! ¡En cuanto á eso!..
Y un prolongado beso terminó la frase.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

577
NúMERO

b~n en el salón. La señora de ~ncel, tranquilizada por su última visita á la coV
cina y al comedor, est.aba ya dispuesta á recibir á sus convidados.
Desde la mu_erte de su esposo la señora de Anee!, que le había adorado, vivía . Se entendía muy bien con la señora Despois, y sin embargo difícil hubiera
su~amente retirada; por pnmera vez pensó ahora en abrir su casa para dar re- sido en~ontra: dos personas que menos se pareciesen. La baronesa, mujer conuniones. Todo aquel bonito país de los alrededores de Honfleur está muy po- te~platlva ~ Joven por el corazón, conservábase en cierto modo por el aislablado durant~ el verano; allí abundan los castillos, las quintas y las heredades, miento; hab,a parado su reloj en el mo~ento en que su esposo la dejó sola y no
palabra fav~nta de los normandos, y la señora de Anee! no tenía que hacer más pensa~a ya e!1 darle cuerda; t~n sólo ~,vía en el pasado, y su amor maternal,
n:iuy vivo Y tierno, no había sido suficiente para hacerle seguir la marcha del
q~e una sena! par~ verse rodeada al punto de gente amiga. En su consecuencia siglo.
d,ó ~n~ gran comida en honor de Edmunda Levasseur, cuya llegada al castillo
Su vecina, por el contrario, resignada muy pronto á no conocer felicidad perbabia s,d~ mur comentada en el país. En el campo todo se sabe: cada cual cofecta.,
habíase. crea~o una füoso~a que 1~ sirviese de apoyo, pretendiendo que
nocía la histona de la «pobre señora Levasseur,» como aún se decía muerta de
las
h~eras
sat1sfa&lt;;c!ones de la v1Ela, hábilmente ordenadas, proporcionan algo
pesar ó cuando menos por haber acelerado su fin el dolor y la adopción de
aquella ~ermanastra por la s~ñorita Levasseur, es decir, la ¡dmisión de la hija semeJ_ante á la fehc1dad, al fin y al cabo muy aceptable; que déspertar las penas
dormidas es una i:iecedad, y que siendo la risa propia del hombre, loco era quien
de la a~1ga en casa de la víctima, habíase juzgado muy diversamente.
se
abstenía de reir, tanto mas, c_uanto que la risa, según ella, suponía muchas
b' El seno: cura aprobaba con entusiasmo á su joven feligresa, diciendo que ha1ª cumphdo _con un deber, un deber difícil y hasta penoso; pero que aquí por cosas agradables, c?mo comer bien, rodearse de lujo, hablar con personas de
lo menos la V1:!ud había alcanzado su propia recompensa. Al arrancar aquella talento cuando se tiene la sue~te de encontrarlas, y á falta de éstas contentarse
encantadora ?111ª de un ~entro peligroso, donde su alma hubiera estado en peli- con las .que son agradables y tienen buena educación. Sin duda comprendía en
esta última clase á la señora de Anee!.
gro, Y de panentes relacwnados de cerca ó de lejos con el teatro Marta había
- ~e paree~ 9ue su hij~ de usted se humaniza, dijo á la baronesa. Hele ahí
e?contrado una compañera alegre y joven, una hermana muy cariflosa y agrade_ne ~orno s, Jamás hubiera asomado la nariz en los empolvados archivos del
f'da que _alegraba á cuantos la veían. El señor cura, hombre excelente en toda q~e
min,steno de Estado.
~ extensión de la palabra, al pronunciar su breve sermón del domingo compla- ¡A Dios &amp;racias! Y~ recordará ~sted,, querid~ amiga, que siempre dije que
ciase en ver el ?anco_d_el castill? tan bien ocupado; Edmunda asistía con perfecta gra~edad a los d1vmos oficios, y _hasta una vez hizo la cuestación; de modo Roberto se reJuvenecena con los anos; a los vemte era demasiado serio cosa
que no parecía natural, y después...
'
que el senor cura, _como todos sus feligreses, quedaron sometidos al encanto de
La señora de Anee] ardía en deseos de manifestará la tía Aurelia todas sus esaquella seductora Joven.
La morada de la señora de_ Anc~l ~o tenía nada de castillo: era una casa grande pe:anzas; mas_ no l? _haría, p~esto que prometió á Marta el silencio; pero... ¡si la
muy modern~, remedo de qumta 1t~hana, co~ e~ tejado muy plano y una serie sen.ora Despo1s qms1ese ad1vmar!.. A ella le parecía, sin embargo que la nueva
'
de balaustres, desde la parte supenor del ed1fic10 disfrutábase de una vista tan actitud de Roberto era bastante significativa.
además,_
i.nterrumpió
la
señora
Despois,
no
hay
nada
como
dos hermo:agnífica 9ue con, frecuencia se trasladaban allí todos los de la casa, y detrás
sos
OJOS
p~ra
d1s1par
las
brumas
del
estudio.
Veamos,
amiga
mía,
no
tome usted
sta
e é , asi C?mo a lo largo de la cuesta de la colina, extendfanse grandes bosesa
expresión
de
alarma;
ya
sabe
usted,
como
yo,
que
desde
la
llegada
de Edques. La afi~ión de la viuda á las flores tenía ancho campo en que desarrollarse
munda, Roberto se muestra más amable; si él no sabe aún que está enamorado
vasto Jard_fn que en pendient~ muy rápida descendía hasta la carretera, y yo
sí lo sé.
'
ie en la vecindad podía competu con la señora de Anee! por sus prados de
- ¡S~ engaña usted, se engaña usted!, exclamó la señora de Anee! sofocada.
~mertldas, de césp~d fin.o y compacto y particularmente sus rosas. Estas flores
- ¡1 a, ta, ta! Muy rara vez me equivoco yo en esas cosas. Desde que no soy
egra an los canastillos, invadían las paredes, presentando las más raras varie~ades, o~tentábanse lozanas en todos los rincones de la propiedad y embalsama- más que espectadora_ tengo mi anteojo bien limpio, miro, y me divierto en granan el aJ~e alrededor de ella. La única queja que la viuda tenía de Marta era d~. Bien .muado, amiga mía, usted deseaba que la señorita Levasseur fuese su
ut pr~finese sus bosque~ á su jardín, y se perdiera durante horas en las som- h1Ja política, y no puede quejarse. Edmunda es lindísima; á mí no me agrada
. r as a amedas, complac1éndose en meditar más bien que en ocuparse en su much~; pero en fin, debo reconocer que es muy linda .
- Si, repuso la baronesa, que comenzaba á reponerse de la sacudida y usted
Jardín, expurgar los rosales y persiguiendo sin tregua á los purgones que los
se
daría
por muy contenta si pudiera desembarazarse de ella casándol; cuanto
am{:1azaban. ¡Pero la perfección no es de este mundo!
antes.
d' d s
her!11anas, acompañadas de la tía Aurelia, llegaron muy temprano el
- ¡Ya lo creo que sf! Esa niña perturba mis costumbres; y aunque no la quieJarf e ª co_m_ida para ver el fin de una magnífica tarde de julio en medio del
ro,
temo mucho que al fin me seduzca su encanto. Me es preciso violentarme
u_:e bdebcioso de las rosas, que se ostentaban entonces en todo su esplen.,
'
or. m as vestí~n de blanco; pero el traje de Marta, de lana muy suave era y no hay nada tan fatigoso como esto.
Entonces,
replicó
la
señ~ra
de
Ai:ic~),
cuyo
egoísmo
maternal
se
despertaba
un poco severo, s~n el menor adorno, mientras que el de Edmunda, de m~selina de seda ~uy hgera, tenía lazos de color sonrosado muy pálido que hacían Y que en u~ momento entreVIó la pos1b1lidad de que su hijo prefiriese la hermare~1~r ~u delicada belleza de mujer rubia con ojos negros. La tía Au~elia aunque na menor a _la mayor, puesto que no había ningún compromiso formal, entonre un una!:do de una manera belicosa, debió confesarse que rara vez ;ra dado ces usted m1sma reconoce el encanto que esa niña ejerce ...
ver una mna de ' t tº
·
. . .
Ed
da
mas a rae ivo m tan encantadora. ¡Y 1u1c1osa como una imagen! , -: ¡Sí _que lo recon.ozco!, tanto que al estudiar á esa joven llego casi á excusar
brilru~ no s_e aparta_ba_ de su he~mana mayor, hacía lo posible por apagar el a m1 cunado. J.,a a~tlpua leyenda d~ las sirenas se continúa á través de los si0 ~ sus OJOS, repnm1r su sonnsa y no ser en nada coqueta á fin de mere glos Y se continua~ a través de los tiempos. Edmunda es la imagen de su macer elo~t0s Y evitar un sermón. De este modo su belleza era suficiente para con~ dre, except? los OJOS, que son de su padre. Yo iba ocultamente á ver trabajará la
!en~r u,n 1ª~t Cuando sus párpados bajados se elevaban de pronto los ojos mad_re, actnz co~o se ven pocas; todo lo tenía aquella mujer: naturalidad, encanto,
n n mas n o Y )os hoyuelos de las mejillas reaparecían de repent¿ más se- grac1~ en el decir... ; en fin, todo,_ menos c~razón. yuelvo á encontrar en la hija
d uctores y provocativos.
las mismas entonaciones de voz, 1~al sonnsa, que ilumina su rostro de repente,
Con:io ~dmunda no había visto aún más que el salón y el jardín Roberto c?mo el rayo de sol cuando pasa a través de una nube. Mírela usted cuando se
con~~JO a las dos h~rmanas para dar la inevitable vuelta del propi~tario. La sienta... Nosotras tomamos una sill~ para descansar buenamente, y nuestras falpen iente era tan rápida que la casa tenía casi un piso menos detrás que delan d~ se acomo~n como pueden, mientras que la de Edmunda se extiende en
Desde una avenida pasábase á una vasta habitación llena de estantes de Ji~ pliegues armonios?s; cuando habla, ·sus ademanes tienen una gracia tan infinita
os, un poco severamente amueblada, con una mesa de despacho cubierta de ~orno natural, y s1 u~ted la escucha observará que nunca tartajea; cada sflaba
~ap~dlesdy volúmenes bastante desordenados. Edmunda alargó el cuello con cu tiene su valor; el s~nido de ~u v?z se modula con un arte que ni ella misma coTIOSI a .
. noce, Y la el?cuencia le ha sido inculcada sin que lo echara de ver, pues bastóle escuchar a su madre.
-t¿Es ª.hí donde trabaja usted, Sr. Anee!, y donde escribe una obra terrible- Pero, observó la baronesa, usted ha dicho que su madre lo tenía todo exme~ ;rse~ia, según m: ~n dicho?, preguntó.
cepto corazón. ¿Se le parece también la hija en esto?
'
está ~i~mente, s~nonta, Y aquí estoy muy tranquilo; este rincón del jardín
Es
cosa
que
toqos
los
días
me
pregunto
y
nada
sé
aún;
pero
es
posible
que
clabsi siempre desierto, y como ve usted me bastan dos pasos para trasladarme a osque.
te?ga un_poc? _de corazón. AI_verla, con Marta, cualquiera lo creería así. No hay
- Codnfiese. usted, dijo Marta sonriendo, que para ir allí salta por la ventana mimos_ ni canc,as que no prodigue a su hermana; la sigue por todas partes como
una cnatura; trata de ayudarla en el arreglo de la casa, con lo cual, dicho sea
en vez e sa1u por la puerta.
ca - ~n efecto, es una costumbre de la infancia á que no pude renunciar nun- de paso, lo ~rastorn~ todo; corre á casa de nuestros dos colonos para darles órtr~tJ
me parece muy cómoda, y no se necesita ser buen gimnasta para en- denes, y olv1dand? a éstos, se entretiene en jugar con los perros y los pollos
t" d e mismo m~do. Ya ve u~ted que las casas edificadas, contra el buen sen- porq_ue sabe que a Marta le agradan también. Siempre alegre, todo le paree~
admirable: se _extasía an~e una bu_en~ vista, se chapuza en el agua alegremente,
1 en una pend1en_te muy empinada, tienen algo bueno.
cas- ¿Y no ha expenmen~ado usted nunca algún temor? Si entra usted en su ~nda, corre, siempre está. en mov1m1ento y arrastra en él á su hermana. Pero el
ª dehesa ~anera, también otros podrían hacerlo. Yo soñaría en ladrones todas Juguete es :~ora nuevo; en el mes de julio, el campo, con sus animados cami1
asdnoc es si ocupara semejante habitación... , exclamó Edmunda que no era nos, los bamstas en to~s partes y los castillos llenos de gente, está muy bien.
na a va1erosa.
'
Yo espero el mes de noVIembre, porque entonces la niña se verá obligada á concretarse á nuestra sociedad.
-d No hay pel'g
•
·t
d
,
1
. ro, senon a, Y a emas en ese mueble que ve usted ahí mi
- La juventud sabe alegratse en todas partes y siempre murmuró la señora de
ra Ja_e me obliga á guardar un magnífico revólver que hace años descansa e~ su
~ncel
de indulgencia; y en todo caso, como Marta ~ma á su hermana ha~~ d~
otra parte me ha dispuesto esa magnífica panoplia que hay enci- ra todollena
cuanto ésta quiera.
'
d
imenea, menos como adorno que para hacer creer que soy hombre
.
Si
se
la
lleva
á
París
un
mes
ó
dos
antes
que
de
costumbre,
yo
no
me
quee ~r~as tomar. Yo me fío más bien de la tranquilidad del país que de una recr n us urpada... Y ahora, señorita Edmunda, añadió Roberto si cree usted taré; pero Ma~ no es débil, y si cree de su deber oponerse á un capricho de nina, se opondra, esté usted segura de ello. Entonces veremos. Edmunda me hace
_ª e~ ~ne1uído con dirigir una mirada á través de la ventana abierta se enga p~nsar
en las bonitas sedas flexibles y suaves de mis bordados; se enhebran fáfoª us e h mu~fo. Aún le falta admirar nuestro corral, un verdadero cor;al mode:
, due umi a al del castillo, y además nuestras cuadras y campos nuestras cilmente, su ~ontacto es dulce para los dedos y se hace lo que se quiere; pero
phra, eras Y. bosques. ¡Venga usted! Aún tenemos para una hora larga 'y esto nos de rep~nte, sm que yo sepa cómo, se forma un pequeño nudo imperceptible, y en
ara apreciar meJ·o I
'd d
·
•
'
bonita seda suave_ se rompe la aguja en seco. En esa niña no se ha formado
á usted
r a com1 a e m1 madre. Dicho sea entre nosotros, advertiré la
nudo aún; mas no diré que no se produzca.
esté , es que hace una semana que no duerme por temor de que su comida no
El nud~ se formó antes de terminar la noche.
• ª la altur~ de la solemnidad. Años hace que apenas ha recibido más que al
La
co~md~ fué d~ las más alegr~s. l!n_a veintena de convidados, todos ansio!;~~i:o~ura Y a nuestras dos amigas del castillo. ¡Ea, vamos á buscar un buen
sos de d1vertuse y Jóvenes los mas, ~1c1eron honor á los numerosos platos; la
Mientras que los jóvenes se paseaban en el jardín, las dos matronas conversa- m~sa estaba adornada con las más lmdas rosas del jardín y por las ventanas
abiertas de par en par, penetraba la brisa suave de aquella hermosa tarde de ve~

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LA

577

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

rano. Edmunda olvidaba un poco sus buenas resoluciones; adivinaba que de
toda la juventud reunida alrededor de la mesa ella era la reina sin rival; sabía
que era mucho más bella, más admirada y obsequiada que las demás mujeres, y
la alegría de su triunfo se desbordaba un poco en el sonido de su risa y en el
brillo de sus ojos. Casualmente tenía por vecino al capitán Bertrand, y divertlase
en volverle completamente la espalda. Roberto, como dueño de la casa, hallábase colocado entre dos señoras de edad respetable y dirigía envidiosas miradas
al sitio donde Edmunda hacía gala de su locuacidad parisiense. La traviesa joven, fijándose muy pronto en aquellas miradas, redobló su coquetería. Marta,
colocada en la otra extremidad de la mesa, nada podía hacer para moderar un
poco el proceder de su hermana; pero bien mirado, como todos estaban alegres
aquella noche, se hallaban en el campo y eran vecinos, nadie podía formalizarse
demasiado por alguna carcajada más ó menos. Además, ¡era tan linda la pequeña Edmunda y se la admiraba tanto! La idea de que pudiera inspirarle un sentimiento de celos aquella recién venida que la eclipsaba tan completamente, no
cruzó por su espíritu ni una sola vez; muy por el contrario, enorgullecíase de la
belleza y del triunfo de su hermanita.
Después de comer tratóse de tomar el café en el jardín, cosa rara á orillas del
mar, y Marta enlazó con su brazo el talle de Edmunda. Los jóvenes de ambos
sexos formaban un grupo ruidoso y alegre; la luna tenía aquella noche un brillo
extraordinario, tanto que todos se veían casi como en pleno día, y la hermana
mayor notó que Edmunda tenía las mejillas muy encendidas y los ojos en extremo brillantes.
- Sin duda tienes mucho calor, le dijo. Ponte este céfiro alrededor del cuello. ¿Sabe usted, señorita, añadió Marta en tono de broma, que hacía usted mucho ruido en su rincón? ¿Qué hemos hecho de esa formalidad ejemplar?
- Te la he trasladado á ti, Marta, porque á ti no te molesta, y yo al cabo de
una hora no puedo conservarla ya. ¡Ah! Déjame ser un poco loca; es muy grato
loquear, y no se tienen diez y ocho años más que durante doce meses ... Si tú
supieras... Hemos formado mil proyectos, ¿no es verdad, capitán? ¡Ah! Vamos á
divertirnos mucho.
- Y ¿cuáles son esos proyectos?, preguntó Marta risueña é indulgente.
- ¿Tomaré yo parte en ellos?, preguntó Roberto á su vez, atraído por las dos
hermanas y no osando preguntarse si se declaraba más en favor de una que de
otra.
- Ya lo creo, contestó Edmunda, y el capitán y todos esos señores. Piensen
ustedes en que seremos ocho damas y que necesitamos caballeros. Por lo pronto, el lunes almorzaremos en la cFuente de Virginia... » ¿No es verdad, Marta?
- Con mucho gusto, hija mía.
- Después queremos representar alguna comedia; esto es muy divertido en
sociedad, y sobre todo en el campo, y ya sabes que el salón grande con el gabinetito en el fondo es lo más á propósito. El capitán repr~senta muy bien, y yo...
Edmunda se interrumpió¡ su hermana había retirado el brazo con que rodeaba su cintura, y parecía muy pálida á la luz del astro de la noche.
- Eso no, Edmunda, eso no, dijo, cambiando de tono.
- ¿Por qué?, preguntó la joven con cierto calor.
Era la primera vez que veía contrariado uno de sus caprichos, y su lindo rostro parecía descompuesto.
- La comedia de salón es sin duda cosa muy divertida para los actores improvisados, y sobre todo para las actrices; pero enojosa para los demás, yo te lo
aseguro.
- Puesto que todos seremos actores, cuando menos los jóvenes, los demás no
se cuentan.
- En mi casa, Edmunda, los demás, por el contrario, se han de tener en
cuenta, y de consiguiente no habrá comedia.
Esto fué di~ho con un tono que no admitía réplica. Todos adivinaron que
Marta no manifestaba la verdadera razón de su antipatía á las cosas de teatro;
y Edmunda, comprendiéndolo así también, irguió altiva su graciosa cabeza· su
rostr? tomó repentinamente cierta expresión de dureza, y repuso con indiferencia:
- ¡Cómo tú quieras, naturalmente! Sr. de Anee!, añadió, ¿quiere usted darme _el brazo? Deseo contemplar la vista del paisaje desde la altura. ¿Se puede
subir? Vengan ustedes, señoritas; me parece que el mar á la luz de esta luna
tan clara debe estar magnífico.
Marta no siguió á los demás convidados.
En la manera de tomar Edmunda el brazo de Roberto observó alguna cosa
que la sorprendió súbitamente.
Fué á sentarse junto á la señora de Anee!, que cogió cat'jñosamente su mano.
En el fondo pedíale que la dispensase, como de una infidelidad por su conversación con la tía Aurelia.
'
- ¿Está usted indispuesta, Marta? ¿Quiere usted que volvamos á casa?
- ¡Oh! No, se está bien aquí.
- ¿Pues entonces?
-~o es nada; estoy un poco triste, pero no haga usted caso. Es una rareza
de m, carácter que. me hace pen~ar en cosas no_muy alegres cuando á mi alrededor se rí_e demasiado. ¡Qué qmere usted! Yo paso ya de los diez y ocho años,
Y segtín dice Edmunda, no se tiene esta edad más que durante doce meses.
¿Los habré tenido yo alguna vez? Temo mucho que no.
- Los tendrá usted un poco más tarde, y á eso se reduce todo. Lo mismo
que le _sucede á Roberto, se rejuvenecerá usted á medida que vaya transcurriendo el tiempo.
- ¡Tal vez!, murmuró la joven. Efectivamente, Roberto es muy joven esta
noche ...
Y Marta comenzó á meditar algo tristemente.
VI
Para ir á la «Fuente de Virginia&gt; se deja la carretera de Villerville á fin de
franquear una cuesta bastante rápida entre muros de vastas propiedades. A través de las verjas se ven jardines bien cultivados, muy en oposición con el carácter salvaj~ de las s?ledades de los bosques que tanto agradaba á Marta Levasseur, castillos y quintas nuevas y flamantes y granjas de aspecto tranquilo y
próspero.
Después de franquear la cuesta es preciso tomar un atajo donde apenas se
aventuran los vehículos; aquí se ve á veces, por encima de los tejados de las

53

granjas ó de las praderas donde pacen los rebaños, la extensión del mar iluminada por el sol de verano y surcada por grandes sombras de color azul obscuro que algunas nubes vagabundas proyectan. Es un sendero muy solitario y silencioso, donde el ladrido de un perro de guarda toma sonoridades singulares;
á medida que se avanza, el bosque presenta un carácter más salvaje; el tallar es
intrincado, ya no se ve el mar y tampoco se oye rumor alguno, como no sea el
súbito vuelo de un ave espantada y el roce del follaje movido por la suave brisa del verano. Después el tallar cesa súbitamente, é inmensos árboles, hayas seculares, verdaderamente magníficas, elévanse por todas partes en libertad. Poco
después se atraviesa un puentecillo sobre el riachuelo formado por las aguas de
un manantial, y llégase á un claro sombreado por otros árboles de troncos enormes y circuido por el bosque. En el centro, casi al pie de la más venerable de
aquellas hayas, se ve un segundo manantial muy abundante, que antes de formar arroyo se extiende como una cristalina sábana, constituyendo un gracioso
estanque. No se podría encontrar un rincón de tierra más seductor para ser feliz
y vivir enamorado y algo loco también: es el dominio de la reina Mab, de Titania y de Oberón.
Para complacer á su hermanita, Marta había organizado en aquel delicioso
sitio una verdadera jira campestre. No se había hablado más de la comedia de
salón, y para que se olvidase esta ligera contrariedad, Marta redoblaba su ternura y sus bondades. Cierto que Edmunda no ponía mala cara; pero de vez en
cuando una ligera nube pasaba por su tersa frente, manteníase silenciosa, y un
suspiro apenas perceptible indicaba que aquella joven pensaba en cosas de que
no podía hablar. Por primera vez uno de sus caprichos no había sido satisfecho; estaba asombrada, resentida también; pero concedía su perdón. Marta era
muy buena; hacía cuanto le era posible, y no podía esperarse que se antepusiera del todo á las preocupaciones de su casta. Edmunda, por el contrario, educada en la sociedad de su madre, se había acostumbrado á mirar muy por encima todas esas preocupaciones del campesino; y como en su pequeña cabeza no
estaban at\n bien determinadas las ideas, comprendía en aquéllas tal vez más cosas de las que hubiera debido, permitiéndose para ciertas libertades excesivas
indulgencias, que á veces hacían abrir mucho los ojos á la tía Aurelia. Delante
de Marta, Edmunda dejaba ver poco su imperfecta ciencia del mundo, comprendiendo que su hermana mayor era realmente mucho más «niña&gt; que ella
en el verdadero sentido de la palabra.
'
La mayor parte de los convidados de la señora de Anee! tomaban parte en
la merienda. Varias jóvenes con sus madres, entre otras, dos americanas muy
alegres y algo locas, que habitaban en una antigua heredad situada casi al pie
de la colina y á quienes Edmunda quería mucho, y cierto número de jóvenes
que l? eran demasiado en su mayor parte, como sucede á menudo en el campo:
constituían un grupo muy agradable de ver. Los trajes claros de las mujeres se
destacaban como notas vivas y alegres sobre el fondo sombrío del follaje.
El alma de aquella sociedad era el capitán Bertrand, que había llegado á galope desde Trouville. Su caballo, cubierto de espuma y lanzado á escape, habíase espantado en el momento de atravesar el puentecillo; el capitán, viendo
que todos le miraban, damas y caballeros, había obligado al cuadrúpedo, que
se encabritaba, á retrocederá cierta distancia y atravesar una y otra vez el puen·
tecillo de madera, cuyo sonido intimidaba al animal; pero e~to á fuerza de latigazos administrados tan despiadadamente, que el caballo, con los ojos coloreados de sangre, temblaba de una manera visible.
- Capitán, exclamó al fin Marta indignada, suplico á usted que no maltrate
más á ese pobre animal; el espectáculo es poco agradable, y ya nos ha demostrado usted lo suficiente que es un jinete consumado.
- A la orden de usted, señorita; pero si la encargasen conducir un regimiento ó amaestrar un caballo, aseguro á usted que necesitaría endurecer un poco
su corazón demasiado bueno.
- Sin embargo, crea usted que también sé hacerme obedecer cuando conviene.
. - Yo s_oy la prueba de ello, repuso el galante capitán inclinándose y con irómca sonnsa.
Ac~o continuo ofreció sus sen-:icios, ayudó á los d_emás, se mostró muy alegre
y decidor y hasta un poco atrev1do. Edmunda le miraba con evidente satisfacción. Aquel día, el equilibrio que conservaba sabiamente entre sus diversos admiradores - á todos los jóvenes que veía considerábalos como tales- se desconcertó un poco en favor del capitán.
El oficial no trataba de ocultar en manera alguna su admiración; devoraba
con la vista á Edmunda de la manera más atrevida, casi brutal, admirando sin
duda ~u ligero traje de batista de color azul claro, muy sencillo, que le sentaba
maravillosamente y realzaba su belleza. Edmunda tomaba las más graciosas posturas de mujer casera, arremangándose hasta el codo y levantando su falda lo
bastante para que se vieran los más lindos pies del mundo. Mientras las demás
jóvenes abrían los enormes cestos que se habían llevado de antemano pues no
se querían criados para servir, Edmunda se encargaba de llenar las b~tellas en
el manantial y ~! capitán era quien debía llevarlas; pero la joven tenía empeño
en coger ella misma el agua, tan pura y fresca, que el cristal se empañaba al
punto. Algunas piedras colocadas en sitio conveniente permitían acercarse al
arroyuelo; mas después era preciso doblar el cuerpo y no mojarse demasiado el
borde de la bonita falda. ¿Cómo no aceptar la nervuda mano que Bertrand Je
ofrecía y no permitir que la sostuviera? En buena ley no había medio de evitar·
lo. ¡Cuán seductora estaba Edmunda entregada á aquella ocupación, arrodillada
en parte, con cierta seriedad y teniendo en la mano derecha una botella mientras ~ue daba la. ot,ra al capitán! Est: último ~e inclinó también, y en el agua
límpida las dos 1magenes se confundieron un instante. La voz del oficial fué
trémula al decir por lo bajo:
- Vea usted, señorita Edmunda, el manantial nos casa; es la divinidad de
este sitio, y la voluntad de los dioses es sagrada.
- Eso no es más que agua, contestó Edmunda riendo, sin escandalizarse en
lo más mínimo; y los poetas dicen que la onda es pérfida.
- Permftame usted decirle que la adoro; estoy loco por usted, y esto desde
el día en que la vi por vez primera ...
.- En «:' ferrocarril, interrumpió Edmunda, ya lo sabe usted, los silbidos, los
«cmco mm utos de parada,» el humo que ensucia y huele mal. .. Lodo esto no es
nada poético.
- ¡Burlona! Sin embargo, le diré y le repetiré tanto que la adoro, que al fin
acabará usted por creerlo.
( Co11tin11ará)

,

�54

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO

SECCIÓN CIENTIFICA

tánea. Sus tra~ajos en materia de electricidad índustrial son muchos y muy importantes: citaremos entre
WERNER DE SIEMENS
ellos la armadura en doble T de su máquina dinamo,
La ciencia y la industria eléctrica han tenido re- el principio de la auto-excitación presentado á la Acacientemente una pérdida sensible en la persona del demia de Ciencias de Berlín en 17 de enero de 1867,
algunos días antes de la comunicación
de Wheatstone sobre el mismo asunto, el
primer ferrocarril eléctrico establecido en
1879,,- el sistema de los despachos neumáticos que introdujo en Berlín desde
1865 y un gran número de otros inventos menos conocidos, pero no menos
útiles.
Este sabio eminente fué colmado en
vida de honores de toda clase. En 1860
la Universidad de Berlín le concedió el
título de doctor en filosofía honoris causa
y en 1874 la Academia de Ciencias de la
propia ciudad le llamó á su seno.
Su autoridad en los congresos científicos en que tomó parte era reconocida
por cuantos á ellos concurrían y sus consejos eran con frecuencia seguidos.
En 1888 contribuyó con 300.000 marcos (37 5.000 pesetas) á la creación de un
laboratorio nacional científico y técnico.
Por, la importancia de sus descubrimien~os y de sus trabajos; por su habilidad, en llevarlos á la práctica, á sacar de
ellos un provecho material para la industria y á obtener de ellos resultados útiles
para la ciencia, Werner Siemens deja en
pos
sí el recuerdo de un trabajador
mfatigable, de un sabio distinguido, de
u? inventor fecundo y de un hábil ingemero.
Bajo un aspecto algo rudo, Werner Siemens ocultaba un fondo de benevolencia
y de afabilidad que pudieron apreciar
cuantos con su trato se honraron.

?e

E.

HOSPITALIER

CERRADURAS DE ALARMA
WERNER DE SIEMENS,

eminente fisico recientemente fallecido

doct:&gt;r Werner de Siemens, fallecido en Berlín en 6
de diciembre último, á la edad de setenta y seis
años.
El doctor Siemens, nacido en Lenthe (ltannover)
en 1816, hizo sus primeros estudios en el gimnasio
de Lubeck y entró e n la artillería prusiana en 1834.
Su inteligencia llamó desde luego la ~tención de sus
jefes, y después de haber pasado algún tiempo en la
Escuela militar fué nombrado teniente en 1837, sirviendo hasta 1850. E l tiempo que le dejaba libre el
servicio dedicábalo al estudio de las ciencias físicas,
inv~ntando entonces el dorado eléctrico, un regulador diferencial y un telégrafo impresor eléctrico automático.
Siendo individuo de una comisión de estudios
nombrada para la sustitución del telégrafo óptico por
el eléctrico, propuso en 184 7 el empleo de conductores ó cables aislados por medio de gutapercha, y fué
el primero que consiguió cubrir el alambre de cobre
con este precioso aislador por medio de una prensa
de su invención que hoy emplean todas las fábricas
de cables. Estos alambres aislados sirvieron en r 848
para proteger el puente de Kiel contra los ataques
de la flota dinamarquesa, pues fueron utilizados para
préi;ider fuego á ias minas submarinas por medio de
la electricidad.
En aquel mismo año establecióse bajo su dirección la primera línea telegráfica aérea alemana entre
Berlín y F raqcfort en el Mein- y en 1849 la primera
línea telegráfica subterránea entre Berlín y Colonia.
Asociado con Halse fundó en 1847 los establecimientos de Charlottenburgo que muy pronto adquirieron una reputación universal, creando sucursales,
que luego fueron establecimientos independientes, en
Londres bajo la dirección de Guillermo Siemens, fallecido en 1884, y en ~an Petersburgo, bajo la de
Carlos Siemens, ambos hermanos de Werner.
Por espacio de cuarenta años Werner Siemens distribuyó sus trabajos entre la ciencia pura y la ciencia
aplicada: á él se debe el patrón de resistencia en
mercurio, adoptado hoy como prototipo internacional
que representa un valor fijo, invariable, de fácil reproducción en cualquier tiempo y lugar con sólo tomar por base su sencilla definición. Werner Siemens
ha creado una serie de métodos para medir los cables subterráneos y submarinos que todavía se siguen
actualmente. La telegrafía le debe el relevador polarizado de su nombre, la prensa de gutapercha y el
descubrimiento de un sistema de transmisión simul-

577

perfecta por su fuerza de resistencia: además, á la menor tentativa de los ladrones produce la alarma en toda la casa y en toda la vecindad. Cuando desde afuera se intenta abrir las hojas de las puertas, las cadenas representadas en nuestro grabado se estiran y solicitan un resorte colocado en el interior del cilindro
central, al cual van unidas, y hacen estallar un cartucho que produce una detonación. La fig. 2 representa la cadena para las puertas de las habitaciones; la
figura 3 el aparato para cercados, vedados de caza,
huertos, corrales, etc. Este aparato de detonación de
mucho calibre y de pequeñas dimensiones se deja oir
perfectamente á una distancia de 1.200 á 1.500 metros: tendido por medio de alambres, sea de árbol á
árbol, sea en lo alto de una pared de cerca ó de cualquier otro modo, puede disimularse fácilmente y permanecer indefil')idamente expuesto á la humedad, sin
que se altere el cartucho que contiene.
Las fi_gs. 4 y 6 representan un pequeño aparato móvil de detonación, que se coloca en el suelo detrás de
las hojas de la puerta: un clavo puesto en su extremo en-la madera del suelo ó entre dos ladrillos lo fija
suficientemente para que el menor choque en el gatillo,
que est;r:en el otro extremo, produzca la detonación.
La fig. .5 reproduce el aparato para las ventaI)as:
una pequeña escarpia colocada en cada hoja de la
ventana.permite colgar y quitar instantáneamente el
aparato, que,· en un modelo más pequeño, puede ponerse también en las arcas para guardar caudales,
en los muebles, cajones, baúles, maletas, etc., y los
protege contra los ladrones, á quienes denuncia.
Las figs. 7 y 8 representan una cerradura y un cerrojo con detonación, timbre y luz eléctrica: para mayor precaución cada cerradura tiene dos clases de
llaves: la de seguridad, que abre todas las partes de la
misma, y una para· los entrantes y salientes, la cual sólo puede abrir la puerta cuando ésta está simplemente
cerrada de golpe y no da idea de la llave de seguridad.
Finalmente, para _que nada falte á esta cerradura,
un contacto colocado en el interior y puesto en .movimiento por la doble vuelta alumbra, cuando se q uiere, una ó varias lámparas de incandescencia cuyo en- '
tretenimiento no exige más que unos momentos de
cuidado cada dos ó tres· meses y un gasto insignifi;cante. Este alumbrado, obtenido al abrir la cerrad ura, puede ser de gran' utilidad para el que entra de noche en su casa ó en una habitación obscura.
El pestillo de la fig. 8 está destinado á las puertas
interiores y á las escaleras de servicio y produce la
alarma sin necesidad d~ que lo abran, desde que se
intenta forzar la puerta. Inútil es decir que el mecanismo está dispuesto de tal suerte que la detonación
no puede producirse nunca en el uso ordinario del
pestillo.
X ..., inge11iero

Los periódicos publican continuamente noticias de robos con fractura, para
evitar los cuales se han inventado una porción de sistemas de cerraduras, de seguridad unas y avisadoras ó
de alarma otras. Uno de los inventos más interesantes en este último género es el de M. Pablo Blanchet:
con los aparatos que vamos á describir, apenas se in·
tenta forzar una cerradura ó introducir en ella llaves
falsas ó violentarla con una palanqueta para hacer
saltar la armella ó romper los goznes de una puerta ó
aserrar las hojas de ésta, se produce una fuerte detonación y suena un timbre continuo, lo cual basta y
***
sobra para poner en alarma á todos los habitantes de
la casa y aun de la vecindad, sin que el ladrón haya
EL TRABAJO DE LOS lfÚSCULOS
conseguido abrir, forzar, ni fracturar la puerta.
La detonación se produce por la explosión de un
Si se considera la máquina animal como una mácartucho inofensivo y el timbre funciona merced á un quina térmica, se encuentra uno con una dificultad
;_ _

- - --=i

1~ - ~

r

-

- - - - - -·
~

de r6o grados por lo menos,. aun suponiendo que no
hubiese ninguna nueva pérdida.
.
. .
Algunos pretenden eludir 1~ cuest1ó~ d1c1endo que
un músculo no es una máquma térmica, pero esta
explicación nada resuelve. M. T. E~gelma~n h~ presentado recientemente á la Acade~1a de Ciencias de
Amsterdam una impor tante memon~ _con la c~al este
problema delicado da un paso dec1s1vo. L~ 1_dea de
M. Engelmann es que, contra lo que )a opuuón generalmente admitida afirma, el orgamsmo prese?ta
enormes diferencias de temperatura. La co1:1bu~tlón
que se produce en los mtfaculos engendra mfimdad
de fuentes de calor de temperatura elevada? al paso
que la masa del músculo funciona como refng~rante.
Si un termómetro, por pequeño q ue sea, está siempre
sometido á la acción de un gran númer~ d~ focos ,Y
de una gran masa refriger~nte, no pu~de md1car mas
que una temperatura media. Ahora bien: está demostrado que por efecto de la temperatur~ los elementos birrefrigerantes del músculo expenmentan una
contracción, hecho que, además, prueba el autor con
un experimento curioso. En una probeta llena de

=-~

***
EL FERROCARRIL DE BEIRA (ÁFRICA AUSTRAL)

Esta vía férrea que los ingleses construye~ actualmente á lo largo del río Pungoné atravesara los te-

(De La Nature)

t.1.IT ! ~'TÉPBÍLIQIIII -

LECHE ANTEFÉL
,111 t ■amia Oll lfll; 1111,.
8, LEN;l'EJ.U, TEZ ASOL
SARPULLIDOS, TEZ BARROS

A~g~S~~~8

Las
Personas qae conocen las

GARGANTA

ROJECES

PILDORASi~DEHAUT

VOZ y BOCA

PASTILLAS

DE

DE PARI S

DETHAN

' flecom•O&lt;l•dU f.&lt;111tra lot Malea de la Garganta,
EsUnolonea de la Vo&amp;, l.nllamaolonea de la

Boca. Eleo~os pernloloeos del Mercurio, lrl•
taolon que prodnoe el Tabaco, y spec,almenle
l 101 Sñn PREDICADOR.ES ABOGADOS,
PROFESORES y eüTORES ~r• rac11tt&amp;t la
emtoion de la •oa.-Puoo, 1:¡ Rui.u.

BIIXQ,r m el rotulo a ttrma
Aclh. DETIIAN, Farmaoeutloo en PAIII8

no ti tubean en purgarse, cuando lo
necesi tan. No temen el asco ni el cau,ancio, porque, contra lo que ,ucede con
los demas purgantes, este no obra bien
eino cuando se toma con buenos alimen&amp;os
y bebidas fortificantes, cual el vino, el car,,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida que ma, le convienen,
sequn ,u, ocupacfone,, Como el causan
cio que la purga ocasiona queda com•
plelamenle anulado porel efecto dela

bue.na alimentacio.n empleada,uno
,e decide fácilmente II volver
11 empe.ar cuanta, veces
sea necesario.

GRANO DE LINO TARIN r':.R~1üs
n

IITIERIMIENTOI, CÓLICOI. - La oaja: lfr,

' Jara

HIERRO

ªº·

• •ta l de Afeccionesd1ICorazon,
contra las diversas
b 9 de:e191

BBlVAIS

representa w elamente el hierro
contenido en la economía. Experimentado por los principales médicos del
mundo, pua inmediatamente en la
uncre, no ocasiona estreliimienlO, no
íatira el utllmaro, no enne¡rece 101
dientea. t111m 11il1t eotu II cw et11'1.

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cion de las AfeooioDH del pecho,

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poderoso derivativo recomendado por
los primeros ~ de París.

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E

l~itdou~,i:t•U8)#J:i mcn

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• tO o6ntirno• de pe ■ eta la
entrega de 18 pé.gina■

- - ~ "'_

rritorios portugueses para ir á parar al Mash~aland
inglés. Este ferrocarri_l, q~e, t~ndrá una ivan 1~portancia para el comerc1? bntamco, quedara tern:mado
hasta Chimoio ( 75 millas) antes de que termme el
presente año. El pu~to tér~ino de 1~ vía, que es el fuerte Salisbury, esta situado a 250 millas de_ la costa.
La tonelada de mercancías cuyo prec10 de transporte es actualmente de 1. 125 francos desde el Cabo al fuerte Salisbury, no costará más ,que 3 75, Y, el
trayecto que hoy dura tres meses. sera de tres d1as
por Beira. Mientras no quede t~rmmada la vía férre~
hay entre Chimoio y fuerte Sahsbury un bue_n camino carretero, y desde el mes de febre~o próximo podrá expedirse desde Inglate:ra máqumas y_aparatos
para la explotación de las mmas que adqumra pronto un gran vuelo; pues hasta ahora lo que, ha_ retardado esta explotación ha sido la falta de maqumas, cuyo transporte por el Cabo era imposibl_e, ya que el
ferrocarril no llegaba más que hasta Unbury, punto
distante 1.000 millas del fuerte Salisbury.

agua se introduce una cuerda _d e tripa, provista de un
peso que la mantiene e1; tensión y _rodea_da á p~queña distancia de una espiral de platmo: s1 se calienta
la probeta por medio de una lámpara, la_ cuerda se
acorta lentamente; pero si, por el contrario, se hace
pasar una corriente por la espiral de mod~ que ésta
adquiera una elevada temperatura, la longitud de la
cuerda disminuye bruscament~ y se alar~a de nuevo
en cuanto la corriente q ueda mterrump1da; durante
este tiempo, la columna de un termómetro colo~ado
en la probeta no ha subido más q~e en una ~ant1dad
insignificante. Repitiendo el expen1!1ento vanas veces
se produce un trabajo muy apre~iable y,. lo que _es
muy digno de notarse, esta maquma térmica func!ona con excelente producción, algunas veces supenor
á la de un músculo.

I·

.....,.._
-

55

L A I LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

577

IDICl6N ILU8TIIADA

:~~------~~-~--·-~ ~ '
--

NóMERO

·---- ---- L - 4 -----■--1

~ª~~~m1:ay~

enL1~nj;~;;~:.
el labor del par to

Medalla de Oro de la S• de F • de Paria itettenen las perdtdO-$,

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y Conv~ enciaJ, contra las Diarrea&amp; y las .Afeccwnes del JJ1tomauo y los fnt est,no,.
Cuando so trata de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzaa,
enriquecer ta saugre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provo,.
cadas por los calores, no se conoce nada superior al Yiao de Qaiaa de .t.roud.
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· C7Aa~1: y 01111u, 1 son

· Cerra.duras de alarma por medio de detonaciones y timbres

circuito eléctrico que las tentativas del ladrón cierran.
N uestro grabado representa los principales aparatos
de M. Blanchet. La fig. 1 es la cadena de seguridad
con detonación para ventanas, miradores y postigos y
constituye un género de cerradura suplementaria y

casi insuperable desde que quiere explicarse su producción muy elevada, de 30 por 100 aproximadamente: sabido es, en efecto, que, según el principio
de Carnot, esta producción exigiría qu¡:; a lgunas
partes de la máquina estuviesen á una temperatura

.¡

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VIVAS PEREZ

�L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

NúMERO

portancia de la materia tratada en este libro
indica sobradamente su título, y en cuanto á
competencia de su autor, tiénela éste bien acre
clitada como profesor de Física general de la
Universidacl de Chile. Es una obra que merece
ser consultada por cuantos quieran estudiar el
importante problema que en ella se trata co11
gran caudal de conocimientos científicos: está
escrita, como pueden ver nuestros lectores por
el título, según las reglas de la ortografia castellana reformada, que cuenta con muchos parti•
darios en América, y ha sido impresa en Santiago de Chile, en la Imprenta de Barcelona, San.
to Domingo, 86.

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

POR AUTORES Ó 1!.DITORl!S
ALMANACH DE cLA CAMPANA DE GRACIA.)
- Se ha puesto á la venta este notable almanaque que en lo~ diez y siete años que lleva ele publicación ha merecido constantemente el favor
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•••

•••

LA REFORMA DE LA ORTOGRAFfA QASTP.•
LLANA, por/. Jimeno Ag-it1s. Se ha '¡lublicado
la se~nda edición de este folleto, en el cual están
reunidos los notables articulos que el Sr. Jimeno
Agius publicó en la Revista Contemporánea de
)1adrid, en defensa ele una reforma radical de la
ortografía castellana. El Sr. Jimeno Agius aduce
en defensa ele su sistema poderosas razones dignas de ser meditadas.

IvÁN EL I MBÉC IL, por el ,011de Leó11 Tolstoi.
- De un asunto sencillo ha hecho el eminente
novelista ruso un libro hermoso, como todos los
suyos, cuyo argumento tiende á demostrar que
la verdadera dicha no está en la gloria ni en la
satisfacción de los apetitos de las pasiones, sino
en la tranquilidad y placidez de un obscuro rin·
eón de una aldea. - Este libro forma parte de la
Colecció,i de libros escogidos y se v~nde á 3 pe·
setas en las principales librerías.

•••
Los APÍ:NDICRS AL Cónico CILIL, po, do11
Leó11 Bonel y Sá,uhez. - Interesante como todas
las anteriores es la entrega 6. • de esla importan•
te revista que con tanto éxito publica el digno é
ilustrado magistrado de esta Audiencia Sr. Bonel. Contiene la sección doctrinal con la sección
inaugural de la Academia de Derecho además de
la memoria del Secretario saliente y el discurso
del Presidente, Sr. Bonel, del que oportunamente
nos ocupamos, la legal, la de sentencias del Tribunal Supremo y decisiones ele la Dirección ge·
neral de Registros y la de Cuestionarios y Fue•
ros, en la que comienza la publicación de la legislación de Navarra. - Suscríbese en la calle de
Fontanella, 44, pral.

•••
INCOHERENCIAS POÉTICAS, por A Femá11dez Casado. - Es este libro un:t colección ele poe·
sías inspiradas y bien escritas en las que, como
el título indica, se tratan distintos asuntos y se
cultivan diversos géneros, notándose en su autor,
el distinguido poeta gijonés Sr. Fernández Ca·
sacio, la influencia del incomparable Campoa·
mor, influencia que aquél confiesa modestamen·
te en la prólogo con que comienza el libro. - Im·
preso en Gijón, en la imprenta del Muse! (Ras·
tro, 24), se vende al precio de una peseta.

•••

•••

MARTfN ALONSO P INZÓN, por D. Josl ¡)f.
Asemio. - Ha visto la luz este hermoso libro,
original del presidente ele la Academia de Buenas Letras de Sevilla, en el cual se hace la historia de la parte que los hermanos Pinzón,
principalmente Martín Alonso, tomaron en el
descubrimiento del Nuevo Mundo. - St: vende
á 3 pesetas en las principales librerias.

EL PESIMISMO EN EL SIGLO XIX, por D. E.
Caro, de la Academia Francesa. - En este volu·
men estudia el renombrado filósofo la influencia
que las ideas pesimistas de Leopardi, Schopen·
hauer y IIartmann han tenido en la vicia intelectual, moral, social y política del siglo. Obra
de tanto renombre en el extranjero, no necesita
por nuestra parte, después de las muchas edi·
ciones que en varios idiomas ha logrado en bre•
ve tiempo, recomendación ningun:t es 1Jecial. Se vende en las principales librerías al precio de
3 pesetas cada ejemplar.

•••
LA ENERJÍA MEQÁNIQA TRASPORTADA POR
LA ELEQTRIZIDAD,por L11is L. Zegers. - La im-

577

BUSTO DE GALILEO, obra del siglo XVII, conservado en Villa Galletti, Florencia

La.s ca.sa.s extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTB.ACIOÓN AI!.'11fSTlOA dirlja.nse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, Pa.ris.-La.s ca.sa.s españolas pueden hacerlo en la oftcina. de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

CARNE HIERRO y QUINA

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llla.\

ío~le wúdo a los 'l'ó111coa mu

116\DADES del E8

repuadoru.

~

t-+.\~

ro,,,,

r,fqo

VINO FERRUGINOSO ARDUO Pepsina Boudault
T COM TOJ&gt;OS LOS HDICIPIOS KlJTBITIVOS J&gt;B U CAllNE
Diez años de exJto oonUnuado y las aflrmactone1 de
todu las emlnenciu médlcu preub&amp;D que est.a UOC11C1on de la CJarae, t:l llle...,. y la
oouauiuye el repan4or mu en.:nrtco que ae conoce para curar : la Clordl1í, la
l11e111'4 las l l f f l l t ~ dolof'olal, el lmpobf'«'mtento y la: '-lttracton de la sangre,
el aaqÚm,mo 1~11 ' - / ~ e.cro{Wto,a, 1 ucorbutwu, etc. El l'lne l'err•ct■-■• de
&amp;.r•u•
ea en' erecto el li.nlco que reune todo lo que entona y !orl.alece loa orpnoa,

c,.a.m, •n•.a•• 1 •IJlll.11

••iaa

regulartza' coordena' y aumenta conslderableméll&amp;e las ruerzu ó tn!undti a la 8&amp;lliT'9
empobredda y descolorida : el YtQor, la coloracw,a 1 la 8nerQ'4 tnt4l.

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PREMIO DELIHSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856
Medalla• en la, Expo1lciont1 lnternaclonalea de

PUIS · LYOI - llEU - PilL!DEM'BU - PABIS
1867

lffi

1813

11 IMPLl.l COR' IL JU.TOI.

1876

tino

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.&amp;menorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario

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!, roe des Lions-S1-Paol, l Paris.

Deposito en todas las prlnéipaJe1 Boticas y Drogueriu

la:1 príttcipcdt1 fa1"'fflllcíaJ

ENFERMEDADES

JA.R.A.BE

Fí~rica, Espediciones : J.-P. LAROZE '

DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA .BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT

Jaraba Laroze
'l'úb y la Debilidad de temperamento,

J.U

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

BAJO LA FORIIA

Participando de Ju propiedades del Iodo
J del BJ.erro, estas Plldoras se emplean

18i8

D

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
ca BISIIUTBO 1 MAGNESIA

llecomendadoa conlra lu .Lleoolonn del Est6·
mago, Falta de Apetlt.o , Dlgoetlonea !abo•
rto,saa, A.oedlaa, V6mltoa, Eruotoa, y Cóllooa;
regulartsan laa Funolonea del Eat6mago y
de loa In&amp;eeUnoa.
Ex/tir en e/rotulo• firmad• J. FAYARO.
A.dh. DETB4N, Farmaoeatloo en P.UUS

. , ft lliLLil U TOJ&gt;.lS L.U P.UK.lQIUÍ

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
l MP, DE MONTANER Y SIMÓN

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>ARO XII

BARCELONA 23 DE ENERO DE 1893

NúM. 578

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

MONUMENTO EN LLANES

'

ESTATUA DEL EXCMO. SR. D. JOSÉ POSADA HERRERA
Obra de José Gragera, fundida en bronce en los talleres de Federico Masriera y Compañía, de Barcelona

�58

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nú11IERO

578

IIamas palacio; conténtate con saber que lo hemos cabar para Madrid y para algunas otras capitales interesantes de provincias una importancia grande, así
visto todo.
- ¿Y os ha parecido tan malo ese todo, como tú en lo que al arte se refiere como al mercado, si estas
exposiciones no fueran meriendas de negros y se sudices, que el recordarlo tan sólo os cause risa?
- ¡Cualquiera diría que á vosotros los críticos os primieran ciertas instituciones artísticas que no quieha parecido mejor!, exclamaron las dos hojas. Por de- ro nombrar. Lo malo aqui es que las cuatro quintas
bajo de nosotras habéis pasado veinte veces, ponien- partes de los que pintan ó esculpen en España, esTexto. - Crónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. - Una do de oro y azul las obras más aplaudidas. Tú mis- culpen ó pintan como podrían hacer zapatos ó cepihora e,, casa de Victoriano Sard01e, por E. Tardieu. - Palacio mo, siguió diciendo la mayor, discutías aquí, en este llar tablones ó dar paletadas de yeso; es decir, hacen
para Bibliotecay museos nacw11a/es m llfadrid, por X. - Diá- sitio, las bellezas de esas obras. Si después desde los del oficio un modus vivendi~ mucho más aristocrático
logos matritenses, por A. Danvila Jaldero. - Jlfiscelá11ea. Nuestros grabados. - Cargo de concimcia (continuación). - periódicos te viste obligado á decir que era blanco lo y más latino ...
- ¿Cómo es eso? ¿Por qué dices lati1Jo7, interrogué.
SrtCCIÓN C(ENTfFICA: Proyecto de un 1111(110 transatlántico que -tú creías negro... peor para ti y para los que te
- Porque es sinónimo de holgazán, y como _no
rápido pam pasajeros. - Los halcones 111msajeros. - El divisor creyesen.
i11stantá11eo. - /.,a filoxera y ti ramio.
- No, no es exacto eso de que yo lo creyese malo quería decirlo así tan crudamente ... Pues, como iba
Grabados. - ll/0111e111mto e11L/anes. Estatua del Excmo. se,1or
diciendo, mucho más latino y más aristocrático que
D.Jose Posada Herrera, obra de José Gragera. - El e111i11mte todo; defendí lo bueno...
- Y lo que no lo era también, me atajó la hoja machacar suela todo el día, que cuidar los campos,
dramatur,ro frands Victon·ano Sardou. - La quinta de JI/ar/y,
que dedicarse á cualquiera de las muchas industrias
propiedad de Victoriano Sardou. - De vuelta del trabajo, cua- pequeña.
dro de Ch. Coessin de la Fosse. -D. .f11a1i Pnmeda, contra•
- Bueno; no quiero.que os enfadéis conmigo, pues en embrión todavía en esta tierra, es eso de pintar ó
lista de las obras del Palacio para Biblioteca y ).foscos naciode esculpÍr. Porque habrás reparado cuántos paisanales de l\1adri&lt;I. -A. R. de Salces, arquitecto, y A. Querol, tengo grandes deseos de escuchar vuestras opiniones
jistas
y marinistas han surgido de pocos años á esta
respecto
de
la
Exposición.
escultor. - Palacio para Biblioteca y llfuseos nacionales. - El
almuer::o del pobre y El a/muer:;q del rico, cuadros de F. Mi-Nuestra opinión, es decir, la mía, repuso lama- parte; y si buscas la razón, te la dará ese deseo de no
ralles. - Proyecto de un transatlántic.o rápido. - El divisor yor, está formulada en pocas palabras. Los pintores, doblar el espinazo, y sobre todo la orgullosa condiinstantáneo. - Una pitonisa modema, cuadro de Antonio Coll
como los escultores españoles, piensan ahora tan ción de las gentes que se creen capaces de po~e~r un
(Salón Parés).
arte para el cual no sirven las generales cond1c10nes
poco como antes.
fisiológicas y psicológicas. Así que cuando se conven- Menos, interrumpió la otra hoja.
cen de lo imposible para ellos de realizar mediana- No; hay excepciones.
CRÓNICA DE ARTE
mente la figura, se agarran á la pintura de paisaje ó
- Siempre las hubo.
de
marina, como el náufrago á un clavo ardiendo.
Convengo
contigo
en
que
siempre
hubo
artistas
Envuelta en blanco sudario que las nubes le dispusieron allá en las alturas, sola, completamente ol- que pensaban los asuntos antes de plantearlos en la Por nada del mundo renunciarían esos ilusos al dictavidada de deudos y amigos, escuchando maldiciones tela y durante la ejecución también. Verdad es que do de artistas. Que así como de cada cien españoles
y reniegos de guardianes, que ateridos por el horrible en este certamen los asuntos bien pensados fueron setenta y cinco tienen gran facilidad para rimar, así
frío de aquella última jornada, de tal modo le conta- escasísimos, y los de verdadero valor estético ó filo- también la tienen para pintar. Pero á pesar de esta
ban los últimos minutos de su vida, murió el día 31 sófico fueron menos. La pintura llamada de historia condición, cuenta los poetas que tal nombre merecen,
del pasado diciembre de una consunción crónica, de no tuvo importancia mayor, considerada desde el y si no dos y medio, como dijo Clarín, lo que es de
una anemia espantosa, la Exposición internacional punto de vista genérico. Los hechos históricos que seis no pasan. Pues lo mismito sucede en las artes
han tratado de reproducir en el lienzo cuantos á la plásticas.
de Bellas Artes de 1892.
- Me parece que eres un poco pesimista, le dije.
Con la caída de las últimas hojas, arrancadas por pintura de ese género se dedican y expuestos este
- Nada de eso. Por cierto tengo que la única esla ventisca de las ramas de los árboles, en las cuales, año que finaliza hoy, tienen todos un valor muy secuela pictórica de la raza latina capaz de sostenerse
casi secas, todavía un resto de savia las retuviera has- cundario.
- No tienen valor histórico alguno, saltó la hoja dignamente frente á frente de las escuelas nuevas del
ta entonces, coincidió la muerte de cientos de ilusiones artísticas y el desengaño de otros centenares de del vestido remendado de verde. Y digo que no tie- Norte es la española, por miles de razones que serla
optimistas. Ese día, envuelto por la densa y fría ne- nen valor histórico alguno, porque aquellos héroes, largo enumerar y que por sabidas me callo. Pero
blina de la mañana, marchaba yo á buen paso por soldados y demás personajes están faltos de carácter. también te digo que mientras el Estado no ponga
- No me dejaste concluir de exponer mis razones. mano en la organización y régimen de las escuelas y
los andenes del barrio de Monasterio, en dirección
del Palacio de las Artes y de la Industria, adonde iba A eso precisamente quería yo ir á parar. Si nuestros de sus enseñanzas, y puedan ingresar cuantos quiecon el buen propósito de darles el postrer adiós á artistas meditaran detenidamente los asuntos, y sobre ran sin más cultura que la recibida en los colegios
aquellos lienzos y esculturas, dibujos, aguas fuertes y todo los de este género, tengo por cierto que muchos de primeras letras, y la crítica no zurre la badana á
proyectos arquitectónicos, que tantas veces contem- no sufrirían los desengaños que han sufrido, y la his0 todos los que no muestren en sus obras condiciones
plara durante los dos meses y pico que habían estado toria y sus hombres se lo agradecerían. Las dificulta- sólidas de artistas, créeme que será el arte español
expuestos á la pública considera~ión y examen, cuan- des se acumulan formando barreras insuperables en- un arte sujeto á fracasos, como, salvas bonrosísimas
do á la mitad de mi camino me sorprendieron los tre la verdad relatada y la realización del relato por excepciones, el que le proporcionaron en este certa·
primeros copos de nieve con que este invierno ha medio del pincel. Estereotipar en el lienzo el hom- men todos esos cientos de pintores, de los cuales no
querido obsequiarnos, por parecerle quizá que no de- bre moral, es el sum1mtm de las aspiraciones del ar- tenía nadie noticia. Ya has visto, prosiguió la hoja,
bía ser menos que los otros inviernos sus anteceso- tista, summum por muy pocos alcanzado. El retrato cómo á pesar de las bellas condiciones plásticas de
res. Dudé si despedirme allí mismo de las obras del nos prueba cuán exacta es esta afirmación mía. Tú algún cuadro del género histórico, sin embargo no
arte de estos últimos tiempos, ó cumplir mi primer habrás podido observar cómo un mismo pintor ó es- logró conmover á nadie; en cambio, ~q~ellos tres ó
propósito. En aquel instante de duda dos hojas secas cultor de veinte retratos que haya hecho, solamente cuatro lienzos que expresaban un sentimiento eterno
cayeron á mis pies, y arrastradas por el aire helado en uno ó dos logró fijar el retrato moral, el verdadero como el amor, ó un drama social que lo abarca todo,
del Guadarrama recorrieron gran trecho del enlosado retrato, el íntimo, el que se esconde tras del conjunto desde las instituciones políticas á las religiosas, ó un
idealismo como el de la admiración por la Naturaleandén, chascando palabras y exclamaciones. Declaro de líneas del rostro externo...
- Ahí tienes el busto de Domingo, modelado por za, esos fueron los preferidos ...
que me sorprendió tal prodigio (la cosa no era para
Una fuerte ráfaga de aire, acompañada de espesos
menos), y echando tras de las arrugadas hojas fuí si- Benlliure, interrumpió la hoja pequeña.
- Efectivamente, prosiguió la mayor, Benlliure copos de nieve, arrebató á mis dos interlocu~oras con
guiéndolas buena porción de camino, mircando los
ziszás que el importuno aire les obligaba á hacer. que ha modelado algunas docenas de testas, en nin- tal violencia, que haciéndolas pasar sobre m1 cabeza,
Por fin (como dijo en memorable ocasión La Corres- guna supo ahondar tanto con el palillo, que lograse las sepultó en el fondo de un barranco próximo á la
pondencia), al abrigo de un banco de piedra detuvie- lo que de un modo tan grande al copiar la apolina Híterta. Me levanté de mi asiento, y trataba de enron el incierto paso las dos compañeras y pude escu- cabeza del autor de Santa Clara. Pues bien: si la volverme de nuevo en mi capa, cuando en uno de
charlas. Hablaban de arte. Lo que dijeron helo aquí, imagen de un vivo ofrece tales dificultades, dime los pliegues de la esclavina sonaron las mismas voces
cuántas no ofrecerá la del que, muerto hace siglos, de las hojas, diciéndome:
sin quitar ni poner una tilde:
- ¡Por Dios, que nos espachurras!
- ¡Gracias á Dios que _logramos un poco de des- llega hasta nosotros su nombre, inscrito en las págiQuedé un rato suspenso, sin fuerzas para moverme,
canso al abrigo de estas piedras!, exclamó la más nas de la historia, por sus hechos, por su carácter,
grande de las hojas. Si dura un poco más esta corre- únicas líneas que el artista puede analizar para repre- y no saliera de mi asombro, si no es por la voz ?e la
mayor de las hojas que sonó de nuevo para decir:
ría morimos destrozadas contra los adoquines ó atro- sentárnoslo.
- Colócanos en un lugar abrigado, donde haya
- Creo como vosotras, observé, que no es cosa fápelladas por algún coche.
- Atropelladas no, contestó la otra, la cual mos- cil la pintura de historia; pero convendréis conmigo estiércol y tierra que nos dé el calor que necesitamos
traba todavía un trozo de su primitivo vestido verde, en que hemos tenido pintores que lograron vencer para esperar la llegada del mes de mayo; nosotras somos dos larvas de mariposas que tendrán las alas
porque los coches ya no llegan hasta aquí, pues hace tantas dificultades.
- ¡Pintores!, refunfuñaron las hojas. Querrás decir azules como el cielo, verdes como la hojas del limomás de mes y medio que se celebraron las últimas
nero, rojas como la flor del granado, que son los coun pintor, Rosales.
carreras de caballos.
-Algún otro más; pero en fin, si en ese género lores que simbolizan la pasión', la inteligencia serena
- Es verdad, replicó la mayor, pues á la Exposición de Bellas Artes no viene nadie ni á pie ni en no, del de asuntos del día hemos visto en esta Expo- y firme y la eterna aspiración de lo sublime é ideal.
Nosotras somos átomos que en la tierra y en su se~o
sición bastantes cuadros dignos de alabanza.
coche.
- ¡Valiente Exposición!
- ¿Cuántos merecieron· las tuyas?, me preguntó adquirimos forma; de la tierra surgimos al cabo, pin·
Y la del vestido á pedazos verde soltó una carca- burlonamente la hoja pequeña, al mismo tiempo que tadas de mil colores brillantes, y á los tibios rayos
una ráfaga de aire helado la lanzaba casi debajo de del sol de la primavera y á los cálidos del de estío
jada de vieja sin dientes.
extendemos las ligeras alas para ir á posarnos sobre
- Por ventura ¿la has visto tú?, exclamé yo moles- mis pies.
los pétalos de las más delicadas flores, cual nosotras
- Bastantes, afirmé.
tado por aquella risa.
- Pocos, muy pocos, replicó la intransigente inter- salidas del seno de la madre Tierra y abrigadas y feLas dialogantes enmudecieron un momento, al cacundadas por la fermentación de residuos vegetales
locutora; no llegan á media docena.
bo del cual la mayor me contestó:
y animales. Y con esto te doy la clave, siguió la voz
- Las dos la hemos visto.
- Pasan de diez y de doce también.
- Qué, ¿habéis dejado el árbol de donde estuvis- No dices la verdad; pero aun suponiendo que la que yo creía de la mayor de las hojas, del por qué no
teis colgadas desde que el sol de mayo os hizo bro- dijeras, ¿qué son diez cuadros para poder ufanaros causan emoción alguna esas telas pintadas que hay
en ese Palacio de las Artes y de la Industria.
tar para ir al palacio donde se celebra la Exposición? de que tenéis un arte serio y floreciente?
...: Pues te aseguro, larva parlanchina, que no en·
- ¡Alto ahí, compañera!, interrumpió la hoja gran- No te importe saber cómo ni de qué modo vimos los cuadros y las esculturas que encierra ese al- de. Si ufanarse, como tú dices, no; sin embargo, algo tiendo esa clave.
- Torpe eres, contestó. Si el arte, y el pictórico
macén de hierro y ladrillo, al que tan pomposamente más que Francia pueden hacerlo; y aun podrían re............. , .........,.... ,.1 •••••• , ...., ................. ,,., ................................, ••••••••••••••••., ••••••, ......, .... ,

NúMERO

LA

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ILU STRACIÓN ARTÍSTICA

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de he colocado un raba. Sin embargo, el país me había seducido ya, y
jarrón de piedra, res- tenía intención de orientar hacia él mis futuros pato de las Tullerías? seos; pero como no soy buen andarín ni tampoco
Cuando llegué no diestro jinete, busqué un asno para no fatigarme en
había ahí más que el camino, é indicáronme uno que era propiedad del
hojarasca; y ese te· tío Sylvain, un antiguo lechero: «Sabrá usted, díjome
rreno en pendiente, el buen hombre, que mi asno es muy dócil, pero con
donde está mi huer- la condición de que no le contraríen; acostumbra á
to, halla.base enton- detenerse á la puerta de todos los antiguos parroces lleno de escom- quianos el tiempo necesario para servirles la leche;
bros: e n tiempo de no le obligue usted á seguir adelante, y vaya sin cuiLuis XIV había sido dado, pues siempre le conducirá á buenos sitios.&gt;
verjel del castillo. Al día siguiente, héteme ya montado en mi asno. Yo
.Ahí encontré arbus- trabajaba entonces en mi obra Les Ganacltes; no tetos de boj plantados nía preferencia en cuanto al itinerario, y por lo tanto
doscientos años ha- me dejé conducir. Durante las paradas ocupábame
ce, y con los cuales en tomar notas para mi producción, y después de
formé la espesa cer- haber llenado con ellas varias páginas, nos detuvimos,
ca que circuye por y al levantar los ojos vi un magnífico paisaje: encima
esta parte el terrado. de mi cabeza se tocaban las copas de encinas seculaNo es muy grande res, y en el fondo de un claro divisé el terrado ruieste último; pero noso de una vasta morada, solitaria, triste, perdida
¡qué admirable pa- casi entre la invasión de los árboles y de la maleza.
norama se descubre El conjunto tenía un aspecto grandioso, pero abandesde él! ¡Ah! Más donado. Como acertase á pasar cerca de donde yo esbello era en otra taba una buena mujer, la llamé, y supe que aquello
época, porque se veía era el castillo de Marly y que estaba anunciado en
la verdadera campi- venta. Mi proyecto tenía algo de quimérico, pero tomó
ña y todo el bosque cuerpo muy pronto. Apenas hube regresado á Loude San Germán, don- veciennes, escribí á mi notario diciéndole que tenía
de el castillo se des- cincuenta mil francos ahorrados, y que necesitaba
tacaba casi aislado. comprar el castillo de Marly. Pedían por él ciento
¡Y el silencio profun- diez mil; pero se transigió, y héteme aquí propietario
do, la impresión de de esta morada, quedando á deber cincuenta mil franla soledad!.. Todo cos, que había que pagar dentro de un año: fué cueseso está hoy lleno de tión de una obra que tuvo buen éxito ... Desde enquintas; los cerros tonces he renunciado á todos los baños de mar y á
se cubren de blan- los viajes, pues no encontraría mejor residencia de
EL RMINRNTE DRA\IATURGO FRA!'(CÉS \'ICTORIANO SARDOU
cas casitas de mal verano que esta.
gusto y el panorama
Y con verdadero ademán de propietario, Sardou
e~pecialmente, ha de emocionar al espectador, nece- se ha desfigura~o un poco. Sin embargo, se puede me señalaba los cincuenta mil metros cuadrados de
sita que la Naturaleza le dé forma y colores, no los aba~car con la vista un extenso espacio, y cuando el su finca: los bosques, el parque, el verjel, los prados
colores y la forma que le ofrezca la moda ó la indus- sol munda, como esta tarde, toda esa parte del valle y la casa.
tria, ó el degustamiento del paladar vici~do. Necesi- del Sena, puede decirse que el panorama es magA mí me divertía mucho la satisfacción realmente
ta, como nosotras, mañana mariposas de delicados nífico.
envidiable que el feliz castellano manifestaba, y aquel
contornos y matices, vivir en constante contacto con
- La verdad es que desde aquí se domina todo el momento era propicio para retratarle. Vestido comla gran madre; como nosotras también la fecundante país ...
pletamente de negro, su americana contrastaba con
ferm_entación del vicio y de la virtud, analizados y . - ¡P_ardiezl Este es el castillo feudal, el antiguo pa- el antiguo panamá de anchas alas; su cutis bronceado,
s~ntidos ambos ... y de que el que comienza el estu- tnmomo de los segundones de l\fontmorency, Bou- su escasa estatura, la viveza en el ademán y las paladio del arte sea larva de artista y no de ciempiés.
chard el Barbudo, Saint Thibault, etc. ¡Oh! He en- bras, su continuo movimiento, su visible agitación,
Calló la voz.. Llegué aun jardín cercano y busqué contrad~ historias muy extrañas, y las tengo todas como si le acosaran varias preocupaciones á la vez, y
un lugar al abngo de todo peligro para depositar en entre mis papelotes, pues he reorganizado los archila expresión de su fisonomía de hombre letrado, ilusél los capullos de mariposas. En vano registré cuida- vos de mi propiedad.
tre
ahora, comunicaban el aspecto de un personaje
d_osamente t?dos los pliegues de mi capa; no pare- ¿Y quién le trajo á usted aquí?
notable
al dueño actual de la finca de los antiguos
cieron por mngún lado. Eché á andar, y ya cerca de
- ¡Un asno!. .. ¡Ah! Es toda una historia. Yo me duques y marqueses del siglo anterior.
la plaza de Colón, volví á oir la voz de la hoja mayor había . instalad_o en_ Louveciennes, por consejo de
En otro tiempo se hablaba de la semejanza de Vicó de la larva que estuviera adherida á ella que me i;:edenco Souhé, m1 suegro, para pasar allí la estatoriano Sardou con Bonaparte; pero ya no se encondecía:
'
ción calurosa; el sitio me pareció muy agradable, mas
-:- ¿No has en~endido lo que te dije? Te lo diré para comer era preciso ir á Marly. ¡Ah! ¡Qué vida traría en su persona vestigio alguno de tal parecido.
cla_nto ahora. Casi todo lo expuesto era mentira tran- campestre la de entonces! El día de mi llegada me No hay nada de imperial ni de consular en ese rostro
de líneas continuamente movibles y pequeño en su
qu1lla y baldío además.
'
moría d_e ha~bre; pregunto por el camino de Marly, conjunto, que más bien evocaría un vago recuerdo
y doy vista a la población en un momento en que el del Luis XI de Plessis-lez-Tours. La boca, fina hasta
*
agua
caía á torrentes; era preciso atravesar una extre- el punto de revelar astucia, ha tomado la costumbre
**
midad del antiguo parque, siguiendo el viejo sende- de sonreir, mientras que los ojos, de color gris y fríos
- ¿Pero vas hablando solo?
r~ flanqueado de ruinas, y el tiempo armonizaba muy
Esto me lo preguntaba un amigo que atravesaba bien con el carácter anticuado del paisaje: todo llo- al p_rincipio, proyectan su mirada penetrante en la
del interlocutor y en su espíritu. Después, apenas su
la plaza en busca del tranvía.
- ¿Yo? Ni una palabra.
- ¡Si hace un cuarto de hora que desde e_l otro lado del paseo te estoy viendo
gesticular!
,,.,,

R. BALSA DE LA VEGA
.....,..,,........., ....,........................., ..., .. ......, ........................, .. ,,
UN.\. HORA EN CASA
DE VICTORIANO SARDOU

. - Sí, veintinueve años hace ya que me
mstalé en Marly, y cada día me encuentro aquí más á gusto. Todo es admirable
todo es ª?ora bonito; debo confesar qu~
estoy satisfecho de mi obra ... porque
l\~arly es obra mía. ¡Si lo hubiese usted
visto cuando llegué, en i863!
. Hablando así, Victoriano Sardou, muy
vivaz Y, al~gre, acompañaba sus frases de
u_na m~mica algo picaresca, afable y jo\'lal; mientras ~on sus ademanes parecía
evocar el antiguo paisaje, como para
co~pararlo con el que él había consegutdo crear.
-_Paseemos por aquí, bajo los árboles,
continuó, para disfrutar de la sombra
porque los prados son verdaderament~
calurosos ... ¿Ve usted ese terradito don·

'

LA QUINTA DE MARLY, PROPIEDAD DE VICTORIANO SARDOU

�60

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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pensamiento se fija con alguna certeza, en lo cual no trocede un siglo, y en un instante resucita las existen- para Nueva York le cedo por cien mil francos
moneda contante y sonante... En cuanto á Franc·
tarda nunca, una viva y lúcida inteligencia comunica cias heroicas y sentimentales ...
- ¡Ah, sí!, exclamó M. Sardou, es muy interesante. hablando en general, la pieza que alcanza buen éxi
mayor expresión á las palabras y éstas se suceden
apresuradamente, tomando, al pasar por los labios, Se pasaría la vida en medio de esos papelotes ... ¡Y me produce 300.000 desde luego.
- ¿Y después?...
un poco del tono oficial de la benevolencia, sustituído qué buen asunto para trabajar! De todo eso salió
- Después, continúa; pero crea usted que no j
luego por una sonrisa ligeramente irónica, la cual se Tlurmidor...
- Creo, interrumpí, que falta mucho para que la go mis producciones por el valor pecuniario. Hay
explica y comenta por las mil arrugas de un rostro
gunas que no me produjeron casi nada, como
mina se agote ...
en que largos años han dejado sus huellas ...
- Seguramente; mas los proyectos, bien lo sabe us- ejemplo El odio, y yo la prefiero á lo que se lla
- ¿No le han retratado á usted nunca, mi querido
ted ... me hacen hablar demasiado á menudo. Venga un gran éxito. Por lo demás, es cosa singular que
maestro?, pregunté.
- No: algunos lo han intentado y han comenzado usted ahora á ver mi comedor. Napoleón I cruzó por buen xesultado moral esté á menudo en contrad'
á poner manos á la obra, especialmente Carrier-Be- él á caballo. ¡Sí! El emperador, que cazaba en el bos- ción con el material. Hay piezas que con poco rui
lleuse ... ; también han querido hacer mi busto; pero que de Marly, llegó ante el patio del castillo; el cier- dan muy buen provecho, y hay por el contra·
me falta paciencia y no sé tomar la posición. La cosa vo se había deslizado detrás de la casa por el bosque aplausos ruidosos, como dicen, que suenan hue
va bien una vez, dos, y á la tercera ya no hay mode- y hallábase acorralado en el parque. El anciano cam- en caja.
- ¿Qué piensa usted de las nuevas tentativas en
lo ... Pero venga usted á contemplar mi colección de pesino que me refirió la historia, entonces un chicuelo, corría detrás de los caballos, y el emperador le teatro?
grabados.
- La pregunta es muy complexa. Hay naturalis
Entramos en la casa: se pasa primero por una ante- dijo: «¿Por dónde se ha de pasar para ir al parque?»
cámara adornada de espejos encajados en tableros Era preciso dar un gran rodeo: Napoleón iba de pri- que, en mi concepto, siguen mal camino, y despu
pintados de blanco, cuyas molduras van á unirse en sa y mandó abrir las puertas-ventanas que ahí ve us- tenemos... los otros... ¿cómo los llamaré? Esos q
el techo con toda la majestad del gran siglo. En las ted, las cuales dan por aquí al patio y al jardín, y sin olvidan un poco las condiciones prácticas, material
ventanas de esta habitación hay cortinajes persas de apearse atravesó estas habitaciones, siguiéndole todos y necesarias del teatro, porque en fin, y nunca lo
petiremos bastante, en una pieza se necesita prin
color claro, que comunican al conjunto un aspecto los cazadores ...
más frío, y contra las paredes se apoyan dos antiguas
Escuchaba con el mayor gusto, en la profunda pio, medio y fin, así como en una columna base, cu
sillas de manos y un trineo Luis XIV. Delante de la calma de aquella tarde de verano, la palabra alegre, po y capitel. Todos los que quieren prescindir de es
chimenea veo un pequeño cañón antiguo, cuyo extra- aunque algo chillona del maestro. A cada paso que regla no harán nunca nada en el teatro.
- Dicen que solamente quisieran introducir en
ño aspecto en aquel sitio solemne, pero pacífico, es dábamos en aquella vasta mansión, referíame una
nueva anécdota, con su viveza natural, evocando una la literatura...
una deliciosa paradoja.
- ¿De veras? Y hasta que vinieron esos señor
Unas puertas vidrieras dan entrada al gran salón, serie de recuerdos suficientes para llenar volúmenes,
verdadera maravilla por su rico decorado, grandioso, componer dramas y comedias y escribir novelas; era ¿qué se ha hecho? ¡Pero ya sé que nosotros somos vi
pero demasiado fantástico en algunas partes. Las pare- una imaginación hirviente, una prodigiosa actividad jos, que se aprecian poco nuestros esfuerzos y nu
tra obra!
des están completamente cubiertas de tapices de Beau- de la memoria, un impulso infatigable.
vais, del último siglo, admirablemente conservados,
- Observo, dije, que entre toda la riqueza de us- Dispense usted. Al día siguiente de represen!
se E l odio, obra que no fué comprendida, ¿no di'
con toda la lozanía de sus pastoras mofletudas y el ted no hay un solo cuadro moderno.
alegre conjunto de sus canastillos adornados de cin-¿Dónde habría de cJlocarle? Eso no se aviene usted mismo que renunciaba á toda obra literaria
tas, de los cuales rebosan «los productos de Flora y con el carácter de Marly. Se necesitaría una galería el teatro? Podría añadir que los mismos escritores j
de Pomona.» Las ensambladuras de las puertas des- especial, y yo he puesto todo mi afán y gastado mi venes no han renunciado al sueño de una literatu
aparecen bajo un revestimiento arbitrario de tapices, dinero para adquirir grabados, buenos libros, mármo- dramática.
y- ¡reminiscencia teatral! - las jambas tienen por mar- les, autógrafos ... Sepa usted que Marly es más que
- Sea... Pero deberían recordar que el teatro y
co lambrequines y columnas recortadas en ese precio- un museo; es una pieza rara en el museo histórico de libro son dos cosas muy distintas. Macterlinck,
so tejido, que se aplican sobre planchas, siguiendo Francia, y por lo mismo se ha de conservar su ca- ejemplo, es el libro, no el teatro; y por lo que á
sus contorn0s como simples montantes de bastidores, rácter.
hace, permítame usted decirle que yo mismo he d
aunque demasiado ricos. Sin embargo, el conjunto
- Me dijo usted que había reconstituído los archi- sistido de mi antiguo desistimiento, que solamen
tíene el sello del siglo xvm, por el lujo suntuoso á la vos de Marly ...
fué un arranque de mal humor. Las produccion
par que sencillo, por el trabajo raro y lo costoso del
- Sí, y conozco la historia de todos mis predece- mías que siguieron á El odio, como Fedora, Dora
material.
sores, particularmente desde M. Blouin, primer ayu- La Tosca, tuvieron buen éxito sin descontentar
- He aquí el reloj de Luis XVI, me dijo M. Sar- da de cámara de Luis XIV y después de Luis XV, y desde el punto de vista literario... , pero nunca me
dou, mostrándl1me la chimenea; adornaba el gabine- que debió el castillo á la liberalidad del rey. Ese paré de este principio: que el teatro es un arte de h
te del rey en Fontainebleau.
Blouin, gran señor, recibía á los artistas y literatos, cho y de abultamiento, que exige cierta perspecti
Este reloj, verdadero monumento, con pilastras de y fué amante de Mme. de Feuquieres, hija de Mi- y debe hablar á los ojos y á los oídos. Si el terror
alabastro y adornos de bronce dorado, notable por gnarch. Después de él vino la condesa de Vassé, in- de ser el resorte de vuestro drama, se deberán mo
su fina cinceladura, ocupa majestuosamente toda la trépida cazadora, que murió de un cáncer en el pe- trar los motivos de ese terror. Aunque el espectro d
chimenea, también revestida de tapices: es una her- cho, ocasionado por el continuo manejo del arma de Banco no sea visible sino para Macbeth, Shakespea
mosa muestra de la relojería de los últimos años del fuego. En tiempo de Luis XVI un intendente gene- re no dejó de enseñarle á todo el público. Tal v
siglo pasado.
ral, M. de Vilmorien, vino á ocupar el castillo; pero una décima parte de los espectadores podría presci
- Ahora, continuó M. Sardou, es preciso que vea su viuda le vendió á María Trud¡iine, de la cual co- dir de esa expectación moral, pero no los demás;
usted lo que era· mi salón hace un siglo... Mire usted nozco anécdotas asombrosas, demasiado largas para por mucha claridad nadie perderá nada. En cuanto
ese grabado que se titula Baile de máscaras, lleva una referirlas ahora; son los resabios de la revolución los rumores misteriosos, á los silbidos al otro lado d
dedicatoria á M. de Vilmorien, castellano de Mar- hasta la confiscación de la finca y su venta como la puerta, cuando no se encuentra nadie detrás
ly; apenas es conocido y los aficionados le buscan bien nacional. Un príncipe de Luxemburgo le adqui- abrir... ¡no, no, no; eso no es teatro nuevo ni de ni
con afán. La escena representa esta misma estancia: rió después y alojó aquí á su hermana, la condesa de guna especie!.. Pero no nos perdamos en discusion
vea usted la ventana donde se instaló una tribuna pa- Bethune-Sully, que murió en 1862. Por tíltimo, al estéticas, continuó M. Sardou con gran anill)ación
ra los músicos, y fácilmente reconocerá usted la dis- hijo del conde de Bethune es á quien yo mismo com- motéjennos nuestros segundones tanto como quiera
posición de las puertas. ¿Grabados?.. ¡Lleno de ellos pré el dominio, según le dije antes... , y ahora un escri- pues no por eso dejamos de ser más fuertes que ello
está mi desván; es una verdadera locura! ¡Todo mi tor, un hombre de teatro, se ha constituído en guar- ¿No se disponen acaso á restablecer antiguas conve
dinero lo he empleado en eso! Podrá usted formar dían de todos esos recuerdos, y se dispone á enrique- ciones que habíamos abolido, como por ejemplo,
una idea de mis tesoros por lo que hay en las pa- cer la colección con los suyos ... Por lo demás, no es monólogo, los que desprecian tan de buena gana á s
redes.
la primera vez que la literatura se refugia en Marly; predecesores? Comprenderá que el objeto del arte
Estábamos en el despacho, habitación muy clara, Andrés Chenier pasó aquí más de una noche, y mi adelantar siempre en la representación sincera de
con ensambladuras de color verde pálido que des- hija duerme en el lecho en que durmió el poeta ... vida... y yo ya contribuí á esa obra... Recuerdo
aparecían bajo antiguos grabados con marcos muy ri- ¡Ah! No faltan aquí los recuerdos, continuó M. Sar- famosa escena de los Intimos, tan viva para su tiem
cos, muestras raras, estampas curiosas, iluminadas al dou; tengo por ahí, no sé dónde, el aldabón de la po y que obtuvo el mejor éxito. Pues bien: Scri
estilo de 1790, y retratos á la pluma y al pastel. So- puerta de Corneille, y también la puerta de Dantón se espantó al verla en otra pieza que yo escribí pri
bre un mueble adornado por un lado con un grupo y la de Marat; pero algún día se las daré al museo meramente. Usted conoce ya la escena, ¿no es verdadi
de armas y con la bandera tricolor y por el otro con Carnavalet... ¡Cuánto dinero he gastado para satisfa- Tratábase de una mujer perseguida muy de cerca po
flores de lis y un estandarte blanco, veíase un «tem- cer mis manías de coleccionista!
un enamorado; y á Scribe le pareció que esto no s
plo del amor» de alabastro, con seis columnas coro·
podía representar, que era escandaloso y por dem
-¿Pero habrá usted ganado más?
nadas de una diminuta cúpula.
arriesgado; pero hoy se encuentran cosas análogas e
- ¡Ya lo creo! ..
En medio del templo había una pequeña estatua
- ¿Qué producción le ha reportado á usted más todas las producciones...
de marfil que representaba á Voltaire, muy arropado beneficio.
Habíamos salido de la casa y avanzábamos poco á
en su bata, cubierta la cabeza con una peluca enorme
- ¡Entendámonos! No es tan fácil como usted poco por graciosas alamedas, iluminadas en aquel
y un gorro, y el rostro enjuto, risueño, de expresión cree evaluar con exactitud los resultados materiales momento por los rayos del sol poniente. Era la hora
sarcástica; en fin, un verdadero Voltaire poco menos en el teatro. ¿Hablamos de Francia solamente ó tam- de acudir á la estación, la hora del regreso, y me seque en carne y hueso.
bién de toda Europa y de América? Esto cambia paré con pesar del brillante hablista y de su elegant
- ¡Oh, mi Voltaire!, dijo M. Sardou. Estoy muy singularmente las cifras, y sin embargo, mil repre- morada. Llegábamos á la avenida de los diez esfinges,
orgulloso de tenerle porque es el único. Procede de sentaciones americanas distan mucho de tener el que conduce á la verja monumental.
Ferney.
Para concluir le dije:
mismo valor moral que cien parisienses. Ahora bien:
Detrás de la mesa del maestro vi un gran estante limitándome al simple resultado numérico, me sería
- La vocación de usted por el teatro le ha servido
embutido en la pared, cuajado de libros con magní- imposible contestar á usted, por no haber procedido maravillosamente, querido maestro.
ficas encuadernaciones. Allí había documentos rarí- siempre como hoy procedo. En otra época me deja- ¡Sf, contestó sonriendo; y cuando reflexiono qu
simos, cartas de Robespierre, de Dantón, de Camilo ba robar en América, porque tenia la candidez de mi padre no quería que escribiese, y me habla dedi
Desmoulins, de Lucila y manuscritos de artículos de imprimir mis producciones; de este modo si una de cado á la medicina!.. Aún me parece estarle viendo
puño y letra de Marat. Revisamos durante un mo- ellas cae allí en el dominio público, tienen derecho cuando me decía: «¡Déjate de comedias; jamás gana
mento aquellos antiguos papeles, cuidadosamente pre- á representarla sin pedir al autor su consentimiento, rías con ellas lo que ha ganado M. Scribe! .. ))
servados por grandes hojas de bristol azul y gruesos y por lo tanto ahora no imprimo ya n:ida; es forzoso
cartones. Ante aquella colección el pensamiento re- que vayan á pedirme la copia de mi manuscrito, y
EccE::-;10 TARDIEl.1

PE YUE~T,A P EL TRABAJO, cuadro de Ch. Coessin de 11;1, Fosse

�62

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

578

- No, si no es broma, si es que voy á romper esta
tula Los cándidos de ... , y aquí unos puntos suspensip ALACIO PARA BIBLIOTECA Y MUSEOS vos, puntos que llaman la atención del suscriptor, le tranca en sus costillas.
- Pero ¿por qué?
LEVANTADO EN EL PASEO DE Rll:COLETOS EN MADRID
obligan á d'escifrar el enigma leyendo el artículo, y
- Porque en e$te papelucho han puesto ustedes
con
esto
cae
en
la
cuenta
de
que
los
cándidos
son
...
Accidentada por demás es la historia de este ediun artículo diciendo que el guarda de consumos Pe¿Quiénes?
ficio que hoy constituye hermoso adorno del paseo
pe Rodríguez, alias Carabina, es un matutero, y ese
- Los ministros.
de Recoletos y es uno de los más preciados monuCarabina soy yo, señor director, yo, que vengo á sen¡
Qué
atrocidad!
mentos de la corte.
tarle
á usted las costuras.
- ¿Cómo atrocidad? ¿Qué es eso? ¿Es que tratas de
El primitivo proyecto se debe al arqui~ecto don
Hombre,
usted dispense, habrá sido una equivoFrancisco J areño de Alarcón: la colocación de la contemporizar con el enemigo? ¿Es que te has ven- cación.
dido al oro de la reacción?
- No hay equivocación que valga. Usted es un tu- ¡Qué oro ni qué basto! Si no hay quien me com•
pre á mí; lo que es, que ese artículo nos va á tra~r nante.
- ¡Caballero Carabina/ ¡Usted me está faltando y
una denuncia, un secuestro y todo lo demás propio
no consentiré!..
del caso.
- Ahora levanta usted la voz. Dé usted gracias á
- Eso me tiene a mí sin cuidado.
que le tengo lástima; si no, de un cachiporrazo le ha- Pues á mí no.
- ¿Quieres ser libre y tienes miedo? Eres un) lota, ría sal. Vamos al caso. Aquí traigo un artículo, ó lo
que sea, de doce renglones, que ha escrito el cabo
un paria.
- Déjate de aspavientos y majaderías, que no es- de la ronda en el que se aclara eso del matute. Como
tamos en un club. Si quieres que salga el artículo 'fír- no salga sin quitar ni poner letra, mañana vendremos
él y yo y le abriremos a usted en canal. Con que
malo.
- ¡Firmar! ¿Y para qué? Además, eso indicaría de- hasta mañana, y que usted se conserve bueno; y mubilidad en la redacción y yo no quiero que El Trabu- cho ojo, que la vista engaña, señor papelista.
co haga mal papel; no lo firmo.
- Pues no sale tu prosa, porque yo no cargo con
el mochuelo.
- ¡Gracias á Dios que le encuentro -á usted!
- ¿Y si te traigo el original firmado por un ciuda- ¿Y qué se le ofrece á usted?
dano de arraigo?
- Soy el dependiente de Manzanilla.
- Si es un ciudadano por el estilo del que firmó
- ¿Manzanilla? No recuerdo.
aquellos versos contra el gobernador, que luego re- Sí, señor, Manzanilla, el ultramarino de donde
sultó un pillastre que había puesto una firma falsa y
se surte la señora de usted.
por poco vamos todos á Ceuta ...
- ¡Horror! Un inglés. ¿Y qué le trae por aquí?
- No tengas cuidado; es un buen patriota que ha- Pues un asuntillo de letras.
rá ese sacrificio en aras de la buena causa.
- ¡Letras!.. No estoy en fondos.
- ¡Infeliz! En fin, eso no es cuenta mía, sino suya.
- No son de cambio.
Después de todo, estamos muy mal de suscripciones,
D. JUAN PRUNEDA, contratista de lns obras del Palacio
- ¿Pues de qué son?
y si Dios no lo remedia no sé lo que va á ser de
para Biblioteca y Museos nacionales, de Madrid
- Mire usted.
nuestro Trabuco.
- ¡Un tomo de poesías... , al parecer! ..
- ¡Eso no, truenos y rayos! ¿Y la libertad?
- Sí, señor, es una colección de versos hechos por
Al
del
papel
le
debemos
ocho
mil
reales,
y
ayer
primera piedra se verificó en 1866 por la reina doña
mí, y que mejorando lo presente son bastante buenos.
Isabel II. En 1881 quísose destinar el edificio, del le dijo á tu hermano que nos va á citar.
- ¡Ya! Basta que usted lo diga.
- ¡Y es capaz de hacerlo como dice!
cual sólo había construido el basamento y la verja, á
- Pues mi amo, el Sr. Manzanilla, que me quie- ¡Toma que no!
ministerio de Fomento; pero los proyectos que para
re mucho, me dijo hace unos días: &lt;ffomasito, ¿qué,
- Chico, ¿y con la imprenta cómo andamos?
ello c::jecutaron los Sres. Ortiz y Sánchez y D. Alva- Mira, ahí tienes la liquidación: total de débitos, esos versos no van á salir?&gt; Yo entonces le respondí:
ro Rosell fueron desechados; en 1884 volvióse á la
«No hay dinero,» y me contestó: «Mira, el vecino de
doce
mil y pico de reales.
primitiva idea y se encargó a~ notable arquitecto s~enfrente es periodista y además debe 60 reales de
- ¡Voto á Giacomo Garibaldi!
ñor Ruiz de Salces la formación del proyecto defini- El partido está ya frito con nuestras declamacio- garbanzos, 42 de chorizos, 30 de... ,
tivo, que fué aprobado en 1886, sacándose á subasta
- No siga usted, que ya sé que debo un pico ...
las obras, que fueron adjudicadas á D. Juan Pruneda. nes y no nos dará un cuarto más.
- De 603 reales 21 céntimos. Pues bien: mi amo
- ¿Y la causa? ¿Y la santa causa?
Ocupa el edificio una superficie de 27.250 metros
dice
que si usted me publica los versos en el folletín
- No hay causa que valga; lo que hay es que si no
cuadrados, y consta de planta baja y entresuelo (Bile perdonará la mitad de la suma.
blioteca, Museo Arqueológico y Museo de Escultura levantamos algunos fondos nos vamos á pique.
- Es el caso que yo no puedo disponer del perió- Oye. ¿Y no podríamos ver de hacer una evolucontemporánea) y piso principal (Museo de pintura
dico
sin ...
del siglo XIX): su fachada principal consta de tres ción hacia el ministerialismo?
- Entonces aquí tiene usted la factura de la deuda,
- ¡Ja, ja! Y ¿eres tú el puritano? ¡Je, je!
cuerpos; el central tiene amplia escalinata de 15 me- Tengo mujer, suegra, chiquillos y estoy cesante. que asciende á 603 reales...
tros de largo por 24 de ancho y una grandiosa co- Y 2 r céntimos, ya lo sé. Pero, hombre, estas co- Has hecho bien en recordármelo, porque eso te
lumnata, y está coronado por el magnífico frontón
de Querol que reprodujimos en el mímero 540 de absuelve de todo, incluso de los artículos que me sas de literatura y periodismo no se tratan así como
los chorizos y los garbanzos.
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA: las estatuas que ador- largas.
- Eso es según.
nan esta fachada son las de San Isidoro y Alfonso el
- ¡Cómo según!
Sabio (de Alcoverro), Luis Vives (de Carbonell), Lo- Sí, señor; el que tiene y paga es una cosa, y el
pe de Vega (de Fuxá), Nebrija (de Nogués García)
que
no tiene y no paga es otra.
y Cervantes (de J. Vancell), algunas de las cuales he- Ese tomo tiene muchas hojas.
- Hace falta un sueltecito de impresión, porque
mos reproducido hace poco tiempo. En los medallo- No, señor, no tiene más que mil páginas.
nes del entresuelo están los bustos de Calderón, Que- la primera plana está hoy muy floja.
- ¡Horror! ¡Si con eso hay para ahogar en versos á
- ¡Sí! Como no hay Congreso entra una barbarivedo, fray Luis de León y el padre Mariana, hechos
todos los suscriptores de El Trabuco/
por Muñoz los dos primeros, por Galán el tercero y dad de original y ponemos mil paparruchas.
- Pues nada, á elegir: la factura ó los versos.
- ¡Si escribiéramos a'lgo contra los curas ó los
por Vaneen el cuarto. En los medallones colocados en
- Eso es como en aquella ópera: «el puñal ó el veel fondo de la columnata hay los bustos de Garcilaso frailes!..
- Eso esta ya muy gastado. ¡Si pudiéramos decir neno.» En fin, vengan los versos.
y Hurtado de Mendoza (de M. González), Arias Mon- Corriente. El día que se concluyan tendra usted
alguna
cosa picante de cualquier personaje!.. Mira,
tano y Nicolás Antonio (de Vancell), Santa Teresa
y Tirso de Malina (de Alsina) y Antonio Agustín (de hombre, inventa algo, si no de aquí, de los Estados el recibito de la mitad de la deuda. A las órdenes de
Nogués). La fachada posterior ofrece también hermo- Unidos, que es donde ocurren todas las filfas que co- usted.
- ¡Vaya usted con Dios! ¡Qué vida, señor, qué viso aspecto: su cuerpo central se compone de una es- rren por la prensa.
- Me ocurre una idea feliz. Voy á relatar la trapi- da; hasta los ultramarinos se atreven con uno!
calinata á cuyos lados hay dos bonitos esfinges, obra
de Moratilla, y el muro del entresuelo tiene seis co- sonda que armó ayer el ajustador, atribuyéndola al
lumnas empotradas de orden dórico, y dos pilastras hambre y á la desesperación de las clases obreras.
- ¡Pero si fué una borrachera mayúscula!
sobre las cuales descansan las estatuas de Berrugue- ¡Albricias, albricias! Acabo de· celebrar una in- Eso no lo saben los lectores.
te (de García Alonso) y de Velázquez (de Alcoverro).
- Pero lo saben los municipales que le llevaron a tervie-dl con el jefe, nada menos que con el jefe.
El interior del edificio corresponde dignamente á
- ¿Y qué dice?
la magnificencia del exterior, y las salas de los Mu- la prevención.
- Aquí tengo una porción de apuntes interesantes.
- Si acaso ya rectificaremos; pero por de pronto
seos reunen las cualidades propias', es decir, abunpodremos hablar de la avaricia de los burgueses, la Le he preguntado qué tal el viaje de propaganda por
dante luz, amplitud y sencillez.
El coste total del palacio, inclusas las obras de inmorali~ad administrativa y los terribles resultados la Alcarria y me ha dicho que le ha probado mucho
y que le ha entusiasmado el jamón de aquellos pueornamentación escultórica, se aproxima á 20 millones que ocas10na ...
blos. Esto quiere decir que la cosa está al pelo y que
- ¿El emborracharse?
de pesetas. - X.
- ¡Chico, si todos fuésemos como tú no habría de un momento á otro llega la nuestra.
...,.,.,......, • .,.,,,,.,.,, .. ,1.,,,,,, .••.••, .••.••,.,,.,., .• , ...• ,,,.,.,.,,.,.,,,,...,.,r,,",''••'•,1•,,•,,,,,,.,,,,,,.,.,,,,.•
- Yo creo que usted exagera el alcance de la conquien escribiera más que hornillas!
ferencia.
DIÁLOGOS MATRITENSES
- No se perdería nada.
- ¡Ca, hombre! Si usted hubiera visto con qué
({EL TRABUCO,)) PERIÓDICO DE OPOSICIÓN
complacencia decía lo del jamón, habría comprendido lo significativo de la frase. Le he interrogado lue- Amigo director: Salud y fraternidad.
go acerca de su conducta futura en la corte, y me ha
- ¿Es usted el director de El Trabuco?
-.Igualmente, ciudadano Perico. ¿Qué traes de
cqnfesado que piensa observar buena conducta. Fíje-Sí, señor
nuevo?
se usted bien, buena conducta.
- Y á usted ¿no le han rcito nunca un alón?
- Casi nada: un articulito que va á hacer más efec- Hombre, ¿pues quería usted que se metiera á
- ¡Caballero ... , esa broma me parece poco culta!
to que los petardos de Ravachol. Figúrate que se ti'-

PALACIO PARA BIBLIOTECA Y MUSEOS UVANTADO EN EL p
,
ASEO DE RECOLETOS, EN MADRID

(ele fo1ografía de

J.

Prieto)

�EL ALMUERZO DEL POBRE, cuadro de F. Miralles, prop:eúad del Sr. E~trada

EL ALMUERZO DEL RICO, cuadro de F. Miralles, propiedad del Sr. E strada

�LA

66
armar bronca en los garitos y anduviese de juerga en
los Viveros.
- No, señor; buena conducta quiere decir que se

propone echar el resto para ser poder y repartir muchas credenciales á los amigos. Eso quiere decir buena conducta. ¿Se va usted enterando?
- Sí, ya voy viendo que es usted muy lince.
- Y después, al hablarle de sus proyectos para
cuando tenga la cartera, me ha declarado que piensa
hacerse un gabán de pieles.
- Y eso ¿qué significa? Porque usted, según se ve,
tiene la clave de todos esos enigmas.
- Pues quiere decir que estaremos mucho tiempo
en el poder; que piensa invernar en el ministerio y

no dejarlo por frío que haga. En fin, ya verá usted
con todos esos datos qué artículo voy á hacer; se va

usted á quedar bizco.
- Luego vendrá una rectificación y el jefe le echará á usted todas esas farándulas por el suelo, poniéndole de paso de embustero que no habrá por dónde
cogerle.
-¿Y eso qué importa, señor redactor en jefe? Nada, lo importante es hacer ruido, mucho ruido. ¿No
se llama nuestro periódico El Trab11col Pues ... trabucazo y tente tieso.

A.

DANVI LA

JALDERO

Bellas Artes. - La colección de esculturas plásticas del

NúMERO

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

578

de marfiles y lápidas: tenía la medalla de oro de la Royal Society
y otras distinciones inglesas y extranjeras.
Excmo. Sr. D. Cristino Martas, ex presidente de la Diput~ci6n pro\'incial de Madrid, de la Asamblea constituyente reumda al proclamarse la república y del Congreso en las primeras
Cortes de la Regencia, ex. minislro de Estado y de G.racia y
Justicia, uno de nuestros primeros oradores parlamentarios, cu•
ya influencia en la politica española fué siempre grande y algu•
Teatros. - En el teatro de la Corte ducal, de Brunswick, nas veces decisiva, pudiendo decirse que él ha sido de los q~c
se ha e~trenado con buen éxito una ópera cómica titulada Las más principalmente han contribuído al triunfo de la democracia
aventuras de una noche de al1o nuevo, del maestro vienés Ricar- en España.
do Henberger, cuya música contiene melodías bellísimas.
- En el teatro Nuevo, de Leipzig, se ha estrenado con gran
éxito la ópera de Leoncavallo J Pagliaai, á la que dedica grandes elogios la prensa de aquella ciudad.
La ópera en un acto de Bizet, Djamileli, ha sido recientemente cantada con gran aplauso en Colonia y en Munich.
- Se ha estrenado en el teatro ele la Corte, de Viena, la 6pe·
pera de Mascagni J Ra11l::a1~: el primer acto fué acogido fríamente, el segundo gustó bastante y el tercero produjo verdade•
ro entusiasmo.
-En el teatro María, de San Petcrsburgo, se han estrenado
dos nuevas obras de Pedro Tschaikowski: una en un acto, Yolauda, que tuvo poco éx ito, y un baile en dos actos, El caua·
Estatua del Excmo. Sr. D José Posada Henueces, que lo tuvo extraordinario, así por las bellezas de la ml1- rrera, obra de_ José Grageffi. - El pueblo de Llanes
sica, que son muchas, como por la idea coreográficn que cons· (Astunas) ..ha quendo honrar la memoria de su ilustre hijo el
tituye el argumento de la obra.
Sr. Posada Herrera, elev~ndo un monumento al hombre que
-Adelina Patti ha cantado en Niza JI barbitre di Siviglia, por su saber y por su~ vutudes llegó á ocupar los más altos
y de alli ha pasado á Milán, en donde ha de dar tres represen· puestos en la gobernación del Estado y tan importante papel
taciones que habrán comenzado el día 19 con La Traviala yen dese~peñó ~asta su muerte, hace pocos años acaecida, en la
donde es probable que permanezca hasta el estreno de Tahlafj, Vo~lt1ca 1.-spanola. La estatua de este repllblico, destinada al re·
de Verdi, que se anuncia para la segunda semana de febrero.
f~ndo pueblo, es obra ele) reputado escultor Sr. Gragera, sub·
-En el teatro Manhatan, de Nueva York, se ha estrenado d~rector que fué durante muchos años del museo nacional de
una ópera cómica, titulada La isla de Champag,ze: la letra, de pmturn Y escultura, y representa á Posada Herrera en actitud
MM. Harrison y Byrne, es graciosa y se nmolda períectaroente oratoria: lleva la toga v~s~ida sobre el uniforme de ministro y
al género ligero; la música, de Mr. Furst, es en extremo agra· ostenta el co!lar del ToISon de Oro. La cabeza, de expresión
dable, y la mise m sceue nada deja que desear en punto á mag- noble y reflexiva, reproduce con tanta exactitud la del eminennificencia.
te político en sus l1lt_imos años, qu_e bien puede decirse que es la
.Loudres. - En Saint James's Hall ha comenzado la segunda naturaleza sorprendida, y el ropaje que cubre la figura está tra•
serie de conciertos el eminente violinista Sarasa.te con el mismo tado con amplitud y extraordinaria \"erdad. La estatua, que es
éxilo extraordina'rio de !:.iemprc, habiendo obtenido una gran una o~ra digna del autor de los bustos colosales de Velázquez
ovación, especialmente en el concierto número 3 en re menor de y Munllo que se conservan en el Museo de Madrid y de una
Brnch y en su característica 111m1eira. En Garrick se ha estre· p~rción d7 estatu3:5 y monumentos que adornan la coronada
nado con mediano éx ito un drama en tres actos, Robin. Good- villa, ha sido fundida con gran pericia en los talleres de Fede/ellow, de l\fr. Cortan, obra de corte francés y que peca un tan• rico Masriera y Compañía de esta ciudad.
to de convencional. En el Lyric se habrá estrenado ya una ópe·
ra cómica titulada El ópalo nufgt"to, cuya música es del reputaDe vuelta del trabajo, cuadro de Cb. Coessin
do pianista e.;;pañol Isaac Albéniz.
~e la Fosse. - Terminada la faena del día, vuelven los dos
illaddd. - En la Comedia, donde con motivo del beneficio JÓ\"ene~ aldeanos al ~odesto hogar, y si en él no les esperan
de D. José de Echegaray se ha dado la 40. ª representación de comochdades y magnificencias, no por eso han de hallarlo me·
Alaria,ia y se ha hecho una entusiasta ovación al dramaturgo, nos .herm?so y agradable, ya que en si mismos llevan la más
ha tenido lugar el estreno de LA loca de la &lt;ma, drama en cua• P.rec1ada nquez.1., el cari~o mutuo, que es base de la mejor felitro actos del ilustre no\•elista Sr. Pérez. Galdós. Los dos prime- C1Clad, Yel ªl!'ºr al tra~Jo, que les proporciona cuanto sus moros actos g¡1staron extraordinariamente, pues en ellos el argu• d~st~s neces1dad_es exigen. ¿Qué más quieren? ¿Quién no envimento reviste gran interés y los personajes ofrecen novedad y chara á esa pare1a en cuyos semblantes irradia la \·erdadera di·
están admirablemente dibujados y sostenidos; pero en los dos cha, más amiga de las exislencias humildes que de los ruidos
últimos el entusiasmo del público se enfrió porque en ellos de- del mundo, más fácil de hallar en la sencillez de la aldea que
caen, así la acción como los caracteres. En resumen, el éxito fué en los dorados salones de la ciudad? El autor de este cuadro ha
no más que mediano, no habiendo conseguido el Sr. Pérez Gal- estado f~licísimo en la elección de asunto y no menos afortuna·
dós ponerse en el teatro, ni con mucho, á la altura que ha lo- do ha sido en la manera, simpática sobre toda ponderación
'
grado en la novela. Se han estrenado además con buen éxito: con que le ha dado forma.
en el Español y con motivo del aniversario del natalicio de Calderón, una loa, Para vettceramor, querer vencerle, bonito cuadro
El almuerzo del pobre.-EI almuerzo del rico
del siglo xv11, escrito en magnificas versos, debido á la pluma cuadros de F. Miralles. - Hermoso contraste ofrecen 1~
del Sr. Blanco Asenjo; en Lara, una graciosa pieza en un acto, asunto_s de estos dos,cuadros de nuest ro distinguido paisano el
del Sr. Pina y Domingnez, titulada Cqrreosy teltgrafos; en Fe- Sr. M1ralles. Igual numero de figuras \"emos en primer término
lipe, un chistoso juguete cómico, Contra avaricia.. . /arguesa, de en uno Y otro, y todas entregadas á la misma ocupación y sin
los Sres. Angel Munilla y Jesús Vilanova, y en Eslava, El /uf· embargo, ¡cuánta diíerencia entre ambos grupos! En el ~no, el
sar, zarzuela en dos actos, arreglo que de la opereta francesa almue':o es una pausa que por cc_&gt;rto rato inrerrumpe una labor
.ús 28 joun de C/airette han hecho el Sr. Pina y Domínguez penosa, en el otro es la sahsf~cc1ón de !m capricho, el eslabón
de la letra y el Sr. Vida! de la música. En el teatro de la de un~ cadena de placeres no m~errump1dos de la vida elegan·
Princesa ha comenzado sus representaciones Mme. J udic 1,o- gante . pobre es en. aquél el alimento destinado á reparar las
niendo en escena algunas obras del moderno repertorio del vau- f~erzas que el trabaJ~ agota ; costosos y variados los manjares y
devillc francés que han sido poco del gusto del público, el cual vmos que en éste satisfacen las e~igencias de estómagos quizás
ha colmado, sin embargo, de aplausos á la célebre y graciosa es~rag~dos, no ta~to por las penalidades del trabajo como por la
divelle.
~g:itac1ón de la vida de~ gran mundo; en el primero rústicostra·
Barcelo11a. - En el Liceo se ha reproducido la hermosa parti- JCS toscamente confec~1onados y_un campo que recuerda la ta·
tura ele Bretón, Garln, con el mismo éxito extraordinario que rea hace un momento mtern1mp1da y que deberá proseguirse al
obtuvo cuando se estrenó en la temporada anterior: el maestro cab_o de otro momento; en el segundo vestidos \"a porosos en cu •
l\lugnone, que la ha estudiado con verdadero cariño, la dirige yo u_reprochable corte se adivina la mano de la modista ó del
con gran acierto, habiéndole valido esta obra una nueva ova· mod1st~ en .~ga, y un paisaje que invita al descanso ó á Jo suci6n: la señora Othón, á pesar de tener que luchar con el recuer• mo al e1erc1c10 de un sfart agradable. Tales son los elementos
do de la Tetrazzini y no obstante ser para ella nuevos el público de las dos escenas tan admirablemente pintadas por el Sr. Miy la ópera, que ha aprendido en poco tiempo, fué muy aplaudi- ralles, que ha dad~ en ellos nueva muestra de su talento y de
da, lo propio qut el tenor Sr. Cardinali, que di6 gran relie\'e al 1~ finura y e)eganc1a con que_ maneja el pincel: su contemplapapel de protagonista. Además se han estrenado con buen éxito ción nos sug1~r7 muchas cons1derac10nes que omitimos porque
en el Tívoli una graciosa revista en tres actos y siete cuadros ~egu_ramente mamos a parar á una repetición de Jo que nos ha
del popular escritor Sr. Coll y Britapaja, titulada ¡La, marl, mspuaclo el grabado anterior.
que ha 5ido puesta en escena con decorado y vestuario magnífiUna pitonisa moderna., cuadro de Antonio
cos, y en Romea un drama en tres actos, de argumento interesante y bien desarrollado y muy bien escrito, titularlo En Pere Co!l Y Pi (Salón Parés). - Cataluña es una de las regiones
peninsu lares en q~!e con más felic~s resultados se cultiva la pinTorrens, de D. José Trias y Mir.
turn de ~~nero. ~1_n duda los artistas catalanes tienen en cuen·
!ª la opinión emitida por uno de los más distinguidos críticos
Necrología. - Han fallecido recientemente:
El doctor Carlos Eichstedt, profesor extraordinario de medi- mgleses: que el artista que pinta su época suministra materiacina en 1~ úniv~rsi~ad de Greifswald, que ha hecho muchas y les pa_ra la historia de los pueblos. El Sr.' CoU y Pí ha tiempo
notables mvestig:ac1ones acerca de las enfermedades epidémicas que. viene d~ndo muestras de su espiritu observador yde susespecia(es aptitudes para los cuadros de género y costumbres, ya
y de la dermatología .
que su~en de asunto para sus lienzos sentidos cuadros ó draFanidjil, gran rabino de Jerusalén .
El doctor L. Holstcin, uno de los primeros médicos berline· ma~ íntimos que caracterizan la "ida de la sociedad moderna
ó bien esc_enas y tipos q~e se distinguen en los grandes centr~
ses, autor de un excelente A/anual de A11atom/a.
El doctor Francisco Roberto Steche, profesor extraordinario de población. A este ulumo grupo pertenece la adivina, la atil de Historia de las a rtes técnicas en la Escuela superior técnica dada emb~ucadora que pretende leer en un naipe el arcano de
de Dresde, á quien la Asociación Arqueológica de Sajonia con- lo porv~mr. E~ las grandes capitales, en donde es mayor la su·
fió el trabajo de inventariar todas las antigüedades de aquel ma de 1lustrac1ón, pululan, viven y ejercen su punible oficio
esa cohorte de. adivinas, sonámbulas y charlatanes para ofrecer
reino.
El doctor José Stefan, profesor de Física y director del Insti- con su presencia un verdadero contraste en nuestra época. El
representar una sesión ele cartomancia se ha pro·
tuto .físico d~ la .universidad de Viena, vicepresidente de la Aca- Sr. Col!
demia de C1enc1as y presidente de la sección ele Ciencias mate· pu~sto, ~m duda, poner ele manifiesto un cuadro que revela la
e~1stenc1a de una de tantas llagas como corroen á nuestra somático·naturales de la misma.
ciedad.
J-lawley Smart, notable novelista inglés, cuyos libros respi1
ran juv~nlud &gt;: bo~dad y son muy leídos en Inglaterra.
TomasDav1es, Jefe del departamento de mineralogía del BriRecomendamos el verdaae1-_-, Hierro Bravats, adop,,
tish Museum.
tado en los HospHales ae Paris y que prescrlben tos
medicas, contra Ja Anemia. Clorosis y Debllldad; dando
Juan Obadiah. Westwood, famoso entomólogo y arqueólogo ina la piel del llello sexo el sonrosado y aterclopelado
glés, el más antiguo de los profe~ores de la universidad de Oxque tanto se desea. Es el mejor ae todos 101 ~ntcos
ford, autor de Pala:ographia Sacra Piclon·a Facslmilu de las

NúMERO

578

67

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ya más de cien cuadros, recostados oblicuamente en los muros
del Sa16n y ocultando con modestia sus semblantes, la visita
del Jurado de recepci6n para ocupar sus respectivos sitios,
mientras en el centro del local , más ó menos velados, surgen
algunos bultos que constituyen los envíos de nuestros escullo•
res. De esta Exposición daremos más detalladas noticias en el
número venidero.

Museo ducal de Brunswick se ha enriquecido recientemente
con los modelos originales de cuatro monumentales obras fun.
didas en bronce en la fundición de Howaldt, y son: la Germa·
nia del monumento de la Victoria, de Siemering, levantado en
Leipzig, la eslatua de Mendelssohn-Bartholdi modelada por
Stein y existente en Leipzig, la Nicé esculpida por Henze para
el edificio de la Academia de Dresde y el grupo de niílos cantores de Echtermeyer que figura en un monumento de Brunswick.
- La Asociación libre de Artistas constituída por los disiden·
tes de la Asociación Artística de Berlín ha publicado su progra•
ma, que tiende á mantener y robustecer las relaciones con las
asociaciones alemanas y extranjeras y á estimular los esfuerzos
individuales de los artistas.
- Las más contradictorias noticias circulan acerca de la venta de la famosa galer!a de cuadros del difunto ministro belga
van Praet, que contiene dos obras maestras de Millet, varias
de la escuela de Darbison y muchas de Meissonier, Stevens,
David, Ingres, Prudhon, Gainsborough, etc. Según la versión
más verídica, tocia la colección ha sido vendida por 3-437.500
pesetas á un sindicato francés que se propone negociar con esos
cuadros. Otros dicen que Chauchard, el antiguo. dueño de los
alm.acen~s del Louvre, ha adquirido el Hombre de la espada, de
Meissomer, y la Pastora, de Milletj una de las joyas mejores de
la colección, pagando por esta última 875.000 pesetas seg{m
unos y 1.500.000 según otros. No falta, sin embargo, quien su·
P?ne que todas eslas noticias no son más que uno de tantos ardides de que se vale el mercndo artístico de París para promo•
ver un alza en el precio de los cuadros.
- En el Museo de Industrias artísticas, de Berlín, se ha inau·
gurado una Exposición de las nuevas adquisiciones, en la cual
hay hermosos .ejemplares de muebles, grabados, bronces del siglo pasad?, _fa1ences y porcelanas, entre ellas bellísimas piezas
del A.orec1.m1e~to de la manufactura berlinesa en 1770, pruebas
de la fabncac1ón de Sevres y Chelsea, modernos trabajos japoneses de Kozan Miyaka.ma y tejidos de seda, indianas y papeles
pa~a paredes, de la industria inglesa moderna, con preciosos di·
bUJOS.
- La Asociaci6n artistica alemana de Roma ha inaugurado
en una sala del palacio Serluppi la primera de las exposiciones
que se propone celebrar peri6dicamente. Figuran en ella cuadrGs de Knupfer, Brandt, Guillery, Rauch, Herminia Preus•
chen y otros y esculturas de Caner, Katsch, Fuchs, Seebock,
Hecht, Tuaillon y Volkmann, llamando especialmente la aten•
ción una escultura polícroma de Max Klinger, que ha dejado la
pin~ura por la plástica, y un fantástico dibujo á la pluma de
Stem, que representa un Juicio de Parú. ~
- Después de haber introducido algunas modificaciones en el
proyecto que presentó al concurso, le ha sido confiada al escultor Rein~l?o Begas la ejecución del monumento nacional que
ha de eng¡rse en BerHn al emperador Guillermo.
. - En~re las obras que al morir ha dejado el compositor Ennq~e L1ttolf figura una gran ópera, El rey Lear, que se publi•
cara en breve.
Barcelotta. -. Con el titulo de Fanny hállase expuesto en la
calle de ~scmhllers y e~ un local habilitado para el objeto un
cuadro pmtado por Ag¡ular, probablemente allá por los años 6o,
y cuyo asunto es el re.trato de una señora muy agraciada, retra•
to de c~rácter tan intimo que recuerda alguno de Ticiano, que
es una Joya del ~1useo nacional de Madrid, como puede com•
para~se ~ la map de Goya ó á una célebre pintura icónica de
David, s1no por sus cualidades pictóricas, por la sincera desnudez qu~ le c.aracte~iza. Si brilla, por la ausencia de toda indumentaria, la plástica en su esplendor de 1:1. Sra. Fanny, destá.
case en cambio en una de sus muñecas un historiado brazalete
donde campea la vera efigie de un caballero parlicular y con•
decorado.
Es la tal obra de ejecución minuciosa y hábil si se quiei;e·
llega á fijar la atenci6n del e~pectador, y sobre todo á preocu~
parle para preguntarse: «¿Quién sería elhi y quién seria él, sobre tocio, para exponerse ante la observación sagaz y paciente
del arti~ta desconocido?»
«.Salón Pa~és.&gt;-Preparativos para la Exposición extraordi- 111iuialura~ y a_dornos de. los manuscritos anilo-mjonu é irlatt•
narin. S61o diremos que cuando escribimos estás lineas esperan deses, Lap,darmm PVallui:, y dueño de interesantes col~cciones

1

Mar111-, 1onriendo bondadosamente despidió á Edmunda recomendándole que no coquetease con el ca1litáu

CARGÓ DÉ cóNciENéíA
POR J UANA MAIRET, CON PRECIOSAS I LUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

1

.ª'

Y reconstltuyontes. No produce estreñimiento ñt diarrea, teniendo además la superioridad sobre lodos loa
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

- Pero ... ¡si ya lo creo!
- ¡Ah! ¿Y esto la enoja?
- De ningún modo; me divierte.
El capitán hizo un brusco movimiento, que estuvo á punto de comprometer
el equilibrio de la joven, equilibrio del cuerpo que Edmunda tenía mucho más
empeño en conservar que el del espíritu.
- ¡Ah, exclamó, tenga usted cuidado! .. Tenía la botella casi llena, y ahora será preciso volver á buscar más agua.
- Tanto mejor .. .
- ¡Edmunda!, gritó Marta, ten cuidado; porque si no, vas á tomar un baño que
no será nada agradable, yo te lo aseguro, y además, ya sabes que te esperamos
para comenzar.
- ¡Ya voy! Acabo de llenar mi última botella.

- Después de almorzar, murmuró el enamorado capittl.n, me permitirá usted
hablar!e un momento á solas, donde nadie nos interrumpa.
. L'l J?ven no contestó, pero u~a vaga sonrisa y una mirada oblicua que se deslizó baJo sus largas pestanas, mirada que no revelaba enojo satisficieron al galante capitán.
'
Esta breve escena, que apenas habría durado unos cinco minutos fué observada por ojos tan vigilantes por lo menos como los de la hermana ~ayor. Aunque ayudando á la señorita Jessie Bobinsón á desempaquetar el pastel monstruo Y el ¡amón, Roberto de Ancel había sorprendido la actitud del capitán y
las coqueterías de Edmtinda.
- ¿Sabe usted, Sr. de Ancel, que me está contestando á todo al revés? dijo
la joven americana. Le pregunto á usted dónde hemos de colocar el pa¡tel, y
usted me dice que «en el agua ... »

�68

LA lLUSTRAClÓN ARTÍSTICA

NúMERO

578
NúMERO

- Creía que me hablaba usted del champaña, señorita, y que se trataba de
- Y también Bertrand ha desaparecido... Debí sospecharlo.
refrescarla.
- Pero ¿qué ha sucedido?
- Ya lo ve usted ...
- Marta, yo tengo la culpa. Te presenté á Bertrand porque no podía disper1·
- Es que tal vez habrá usted vuelto la cabeza ...
sarme de ello; es un camarada y se reunió conmigo durante sus días de ocio en
- ¿Yo? De ningún modo; no he sido yo.
Trouville; pero debí preveniros que es un joven violento, poco escrupuloso y
Y una mirada de la maliciosa americana señaló á Edmunda, que en aquel que de ningún modo convendría como marido á tu hermana.
momento volvía del manantial con su botella en la mano. Roberto sintió que
- No temas nada; Edmunda no piensa en ser su esposa; á pesar de sus nise sonrojaba; y furioso por esta femenil debilidad sonrojóse más, hasta perder ñadas y de su aturdimiento, tiene un sentido práctico de la vida singularmente
su acostumbrado aplomo. ¿Creería acaso que estaba enamorado de Edmunda?.. desarrollado. No se casará sin su cuenta y razón. El capitán es militar, no tiene
¿Pero cómo, siendo el prometido de Marta, ó poco menos? Otra vez se arrepin- mucha fortuna, y en cuanto á su nombre... un nombre cualquiera ... no seduce á
tió el joven de que tan bien se hubiese guardado el secreto de aquel compromi- mi hermana tampoco.
so. Estaba á punto de darlo á conocer, con la seguridad de que en el acto la
- ¡Pero podría dejarse comprometer por él!, exclamó Alberto. Apostaría á que
noticia se comunicaría de unos á otros; pero no se atrevió, porque no era él la en este momento sus amiguitas hablan de ella y saben muy bien que ha conceúnica persona interesada. Marta quería la libertad para ambos; y esta joven tran- dido una entrevista á Bertrand.
quila no parecía en lo más mfnimo enamorada ó celosa. Sin duda Marta le diMarta se levantó.
ría muy pronto con su voz dulce y fria que le dejaba libre y que no sería jamás
- Vamos juntos á dar una vuelta, dijo; esto parecerá más natural que si fuesu esposa. Al pensar esto, el joven experimentó una violenta emoción, que se ras solo á interrumpirlos. No pueden estar muy lejos.
asemejaba terriblemente á la alegría, y sin embargo había deseado aquel matriMarta, reflexionando en su interior que Roberto había tomado la cosa muy á
monio y, sin que la amiga de su infancia le inspirase una verdadera pasión, se pechos, y que estaba muy nervioso é irritado, le siguió en silencio.
había sentido atraído hacia ella, reconociendo sus cualidades intelectuales y su
Jorge Bertrand, en efecto, ofreciendo sus servicios á las jóvenes, al paso que cobondad de corazón. ¿Pues entonces?..
gía ramas de clemátide y de hiedra para dárselas, había alejado insensiblemente
Roberto no se quería interrogar; solamente deseaba ser feliz durante algunas á Edmunda bajo el pretexto de buscar unas violetas tardías que aseguraba haber
horas, si era posible.
visto antes. El tallar era muy espeso en aquel sitio Y. el arroyo mantenía allí una
Un gran mantel extendido al pie del árbol monstruo que dominaba todo el frescura deliciosa.
claro, y cuyas raíces enormes formaban un asiento natural, desaparecía ahora
- Y ¿dónde están esas violetas?, preguntó Edmunda.
bajo una mezcla extraña de platos diversos, desde el pollo fiambre hasta el pos- Más lejos, contestó el oficial; allí donde solamente las flores nos miran.
tre, botellas, cubiertos colocados desordenadamente por los aficionados, y flo- Entonces, repuso la joven sonriendo, muy dueña de sí, esto parece que es
res que, recogidas en el · bosque, habían sido tiradas allí revueltas. Cuanto ma- tenderme un lazo...
yor era el desorden de la improvisada mesa, más seductora parecía ésta á toda
- No; es la cita que usted me ha concedido.
aquella gente de mundo, que ciertamente no hubiese permitido á un criado ser- ¡Pero si yo no le he concedido á usted nada absolutamente, Sr. Bertrand!
virles tan mal como ellos lo hacían. Cada cual se colocó á su antojo donde me- ¿Lo cree usted así?.. Entonces, sus ojos han mentido.
jor pudo; se estaba muy mal sentado sobre la hierba, y para coger una botella
- Pues ¿qué le han dicho mis ojos?
ó un pedazo de pan en medio del mantel, era preciso arrodillarse; pero la mo- Que tenía usted á bien escucharme; que sabía que estoy loco por usted, y
lestia era deliciosa. El sol filtrándose apenas á través del follaje, parecía sem- que estaba dispuesta á participar de esta locura...
brar el césped de manchas de oro tremolantes, iluminaba el agua de la corrien- Entonces, en efecto, han mentido. Sepa usted, mi capitán, que jamás haré
te, ó reflejábase tan pronto en el cabello de una mujer como en el pliegue de una locura y que soy una personita muy razonable...
una falda.
- Pues si es usted una personita muy razonable, sabrá que lo mejor que
El capitán había hallado un sitio para Edmunda frente á su hermana, pero puede hacer es casarse en seguida.
Roberto vigilaba.
Una ligera nube obscureció la frente de Edmunda.
- Señorita Edmunda, dijo, Marta ha reservado para usted un asiento en su
- ¿Por qué?, replicó. No tengo más que diez y ocho años.
trono; así formarán ustedes un grupo adorable, teniéndonos á todos por súb- ¿Por qué? Voy á decírselo. Porque no sería usted largo tiempo feliz con su
ditos.
hermana. Por el pronto se entretiene representando con usted el papel de maEdmunda no se hizo rogar; un trono, bien fuese de una raíz de árbol ó de ma- má, y usted es para ella una muñeca nueva que la enloquece; pero esto no dudera dorada y de terciopelo, pertenecíale por derecho; alegre y risueña deslizóse rará mucho, P,ues salen ustedes de dos mundos, no solamente distintos, sino
entre los grupos, saltó por encima de un cesto de provisiones, fué á sentarse hostiles. Bien lo vió usted cuando propuso hacer una comedia; la señorita Lejunto á su hermana, rodeó el talle de ésta con el brazo y se acurrucó apoyándose vasseur teme que la represente usted demasiado bien, como digna hija de su
en ella. Un instinto le decía que nunca se mostraba tan seductora como cuando madre.
su lindo rostro, de expresión maliciosa y risueña, se oprimía contra el semblanEdmunda desgajó con violencia una rama, y poseída de cólera y de enojo
te de facciones regulares, pero un poco pálido y algo grave, de Marta. Edmunda arrancó las hojas, pero nada dijo.
era siempre muy cariñosa y zalamera, pero nunca tanto como cuando sus caricias
- Ese es un ligero indicio, prosiguió el capitán, pero muy suficiente. Su herse prodigaban delante de testigos. Junto á ella, Marta parecía casi fría; siempre mana acostumbra á pasar ocho 6 nueve meses en el campo. ¿Cree usted que parese·rvaba sus caricias para la intimidad.
ra complacerla cambiaría su género de vida, presentándose en una sociedad
El capitán Bartrand aprovechó un momento en que Roberto iba á buscar el donde usted sería aclamada reina sin que nadie se fijara en ella?
champaña para decirle con acento de enojo:
- Usted aboga por su causa, dijo Edmunda con una ligera expresión burlona.
- ¿Le has ofrecido la mitad del sitio de su hermana para separarme de ella?
- Es verdad, porque amo á usted, porque quiero que sea mi esposa, mía para
- Es posible, contestó Roberto con mucha calma. Mira... toma esta botella siempre. No hay nada que yo no intente para obtener su mano, para arrancarla,
y yo me encargaré de las otras.
por fuerza si es preciso, de esta sociedad que tan poco le conviene...
- Tú te encargas de muchas cosas, hasta de aquellas que no te importan.
- Y del Sr. de Anee!, ¿no es verdad?, dijo Edmunda riéndose.
¿Quieres que te diga la verdad? Estás celoso, furiosamente celoso.
- ¡Ah! Sabe usted que se ha enamorado de usted, y esto la dhtierte, como la
- ¡Ah, amigo mío! Este no es el momento más oportuno para provocar aquí está divirtiendo mi amor también? Pues tenga usted cuidado, porque la juro
una cuestión, tanto más, cuanto que ya nos miran. Yo soy quien te ha presenta- que hay momentos en que la mataría antes.de verla esposa de otro hombre.
do á esas jóvenes, y hasta cierto punto me considero responsable de tu conduc- ¡Vamos!, repuso Edmunda, reflexione usted que el drama no está ya de
ta; diríase que olvidas más de lo regular que no estás aquí de guarnición, y que moda...
en nuestra sociedad no se hace el amor á tambor batiente.
- En el teatro, no; pero sí en la vida. Jamás se vieron tantos crímenes como
- ¿Qué importa si elita manera de hacerlo agrada, mientras que tu aire de en nuestros días por efecto de la pasión, y yo soy capaz de cometer un crimen...
enamorado tímido no gusta?... Además, ¿acaso eres padre ó hermano de EdEdmunda había conservado hasta entonces Su calma burlona de niña parimunda?
siense poco sentimental y muy valerosa también; pero aquel enamorado co- Acabemos, Bertrand. La señorita de Levasseur es casi una niña y no sabe menzaba á ser para ella un poco molesto, y preguntábase si las numerosas cohasta qué punto eres comprometedor...
pas de champaña del almuerzo no contribuían por algo á su exaltación. Con los
- Y ¿te encargarás tú de decírselo?
ojos ensangrentados, la respiración precipitada y el rostro enrojecido parecíale
- Sí, á ella ó á su hermana; no lo oculto.
ahora espantoso, y ya no reconocía en él á su apuesto capitán.
- ¡Ya lo veremos!
- Sr. Bertrand, dijo con cierta dignidad, sería usted muy amable si me conNo pudo decir más porque aquella discusión rápida, casi en voz baja, era en dujera hasta donde están mis amigas; ha hecho usted mal en alejarme tanto, y
efecto observada por todos los convidados.
también yo en seguirle; pero no he dudado un instante que iba con un caba- ¿Se prepara un duelo?, preguntó la señorita Robinsón sonriéndose, sin sa- llero.
ber hasta qué punto se acercaba á la verdad.
- Déme usted alguna esperanza, Edmunda... Tenga usted compasión de mí.
- En efecto, señorita, contestó Jorge Bertrand, un duelo en que las armas serán ¡Le juro que es preciso que sea mi esposa!..
los vasos y las botellas de champaña. Roberto pretende que tiene la cabeza más
Y fuera de sí, el capitán cogió las manos de Edmunda y cubriólas de besos.
fuerte que yo, y ya están cruzadas las apuestas.
Entonces la joven tuvo miedo y gritó:
A partir de aquel momento, hubiérase dicho que el champaña producía de
- ¡Marta, Marta!..
antemano su efecto en el joven oficial, y su alegría un poco febril acabó por co-Aquí estoy, querida hermana, contestó una voz; hace ya un cuarto de hora
municarse á todo el mundo, excepto· á Marta, á quien el tono de la conversación que te busco.
.
pareció un poco demasiado subido.
Edmunda recobró al punto su presencia de ánimo.
Después del almuerzo, que se prolongó todo lo posible, las americanas siem- Es que el capitán, dijo, pretendía haber visto un banco de violetas, y tanto
pre infati~ables, propusiero~ varios juegos; mas el calo; era tan excesivo, que to- hemos buscado y rebuscado en este laberinto, que ya no sabíamos cómo salir.
dos prefineron permanecer a la sombra de los grandes arboles debajo de los cua- Y ahora, Sr. Bertrand, añadió, mi hermana es la que se encargará de mostrarles entablóse animada conversación, esperando la hora del regreso. Algunas jó- me el buen camino... Ella le conoce mejor que usted...
venes, entre ellas Edmunda, habíanse diseminado para coger flores. Roberto á
Las dos jóvenes se alejaron tranquilamente, y apenas se hubieron perdido de
quien remordía la conciencia, no se apartaba de su prometida, hablábale cariiio- vista, Jorge Bertrand, temblando de cólera, acercóse á su antiguo compañero,
samente, y la pobre Marta creyó un momento que volvía á ella, que Edmunda que le miraba silencioso, resuelto á explicarse de una vez con él.
le había deslumbrado a~ pronto, pero que ya no pensaba en esto. De improviso
- Sin duda debo á ti esto también, ¿no es verdad?, preguntó el capitán con.
vió al joven estremecerse.
acento de enojo.
- ¿Qué ocurre, Roberto?
- Precisamente.
- ¿Está tu hermana entre aquellas jóvenes de allá abajo?, preguntó Anee!. Tus
- ¡Pues ya estoy cansado de tu vigilancia!
ojos ven mejor que los míos.
- Sin' embargo, será preciso que la toleres, i menos que, lo cual sería mejor,
- No, seguramente no está.
te abstengas de salir de Trouville.

578

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Comprendo esto en ti. No te desagradaría librarte de un rival peligroso.
- Te engañas, Bertrand, contestó Roberto con mucha calma; yo no pretendo
de ningún modo la mano de la señorita Edmunda Levasseur.
- El capitán soltó una carcajada; pero su risa era muy falsa y también burlona.
- Y yo te digo, repuso, que estás locamente enamorado. ¡Si creerás tú que
yo no conozco los síntomas de esa enfermedad!.. Pues bien: no, amigo mío, no
llevaré mi complacencia hasta el punto de dejarte el campo libre. Mañana iré al
castillo y pasado mañana y todos los días si me conviene.
- Yo sabré impedirlo, replicó Roberto, que comenzaba á perder su sangre fría.
- Y ¿de qué modo?
- Haciendo que la señorita Levasseur te prohiba la entrada en su casa.
- No harás eso.
-Lo haré...
Los dos jóvenes se miraron á un tiempo fijamente; su antigua antipatía natural
se convertía en odio, y en el capitán Bertrand el odio llegaba á ser una locura
furiosa. Quiso precipitarse sobre Roberto, y si hubiera podido le habría dado
muerte; mas el joven vigilaba, y rechazó con violencia al oficial, que no sin dificultad conservó el equilibrio. La escena amenazaba terminar en pugilato; mas
Roberto, muy vigoroso á pesar de su vida sedentaria, cogió las manos de su adversario.
- Escucha, si a1ín te queda un poco de razón, le dijo. Estamos aquí á pocos
pasos de todas esas señoras, que sin duda han oído ya tu destemplada voz, y yo
no quiero mezclarlas en nuestra disputa ni que se pronuncie en la cuestión el
nombre de una joven. Cierto que, atendido el punto á que hemos llegado, esto
no puede quedar así. ¿Quieres batirte, un duelo? Confesaré que la cosa no me
disgustaría; pero necesitamos un pretexto plausible. Tú eres jugador, y por cierto mal jugador; yo iré muy pronto á Trouville, no en seguida, pero sí al fin de
la semana; jugaremos una partida después de aparentar que somos tan buenos
compañeros como antes y de habernos presentado juntos en la plaza á la hora
del paseo; la cuestión se promoverá fácilmente y nos batiremos con toda formalidad. Si me matas, esto será una solución como cualquiera otra; pero no te
guardaré consideración si llego á terier ventaja, te lo prevengo, y te mataré sin
piedad, porque te odio muy de veras.
- ¡Pues y yo! Pero estoy tranquilo en cuanto al resultado, porque conozco el
manejo de las armas como el primero, y tú apenas sabes empuñar una espada.
En cuanto á la pistola, de cada seis veces doy cinco en el blanco.
Roberto se encogió de hombros, porque en aquel momento no hacía aprecio
de su vida; acababa de ver claro en su interior y de reconocer á la luz de su
odio que amaba á la hermana de aquella á quien había dado su fe, que la amaba locamente y que era así traidor á su palabra. Marta le había querido libre, y
él rehusó considerarse como tal; de modo que era verdaderamente perjuro.
El capitán fué á desatar su caballo y partió al galope sin despedirse de las
damas reunidas ahora alrededor de la fuente. Muy admiradas y algo inquietas por
la cuestión que presentían, comentaron aquella precipitada marcha; mas Roberto
excusó á su campañero, alegando que se había sentido súbitamente indispuesto.
Nadie creyó, sin embargo, en esta indisposición, sobrevenida después de un altercado cuyo eco llegó á oídos de todos; y el fin del día, comenzado tan alegremente, fué un poco lánguido y triste.
Todos se dirigieron juntos hasta el camino donde los coches esperaban á sus
dueños. Marta, que en un momento dado se encontró junto á Roberto un poco lejos de los demás, díjole rápidamente:
- ¿Qué ha pasado?
- Nada, querida Marta. Yo creo que Bertrand había mantenido demasiado
bien su apuesta sobre el champaña; y como le he reprendido por ello, al pronto
se ha resentido; pero en el fondo es muchacho bastante razonable cuando se le
sabe llevar; ha comprendido que lo mejor que podía hacer era marcharse, y se
ha ido. Esto es todo.
Marta, muy absorta y no queriendo aparentar que ponía en duda esta versión,
e~ la cual no creía, sin embargo, no contestó al pronto. Había visto y comprendido muchas cosas durante aquel largo día; estaba sufriendo; esforzábase para
que no se trasluciese nada en ella, y sobre todo hallábase muy fatigada.
- Escucha, Roberto, dijo al fin, necesito hablar contigo largamente y con toda franqueza. El jueves próximo hay reunión en casa de las americanas; yo me
arreglaré para que Edmunda vaya con mi tía, y nosotros nos veremos á las tres
Y media en la encrucijada de la cruz, donde nadie nos molestará.
- Allí me encontrarás, Marta.
También Roberto estaba horriblemente triste. La perspectiva que había entre~isto de una existencia tan dulce y agradable .alejábase de él de una manera
lastimosa.

VII

Jueves, 29 julio
«Aún no son más que las dos y media, y tengo tiempo de pensar é interrogarme.
»¿Qué pasa en mí? ¿Por qué estoy enferma y triste... mortalmente triste?
»Sin embargo, es cosa muy sencilla. Cuando la señora de Ancel me rogó que
fuese su hija, puse por primera condición, y condición expresa, que Roberto y
yo fuéramos libres. Ahora le diré que no nos casaremos. Si yo le amo, él no me
corresponde, y yo no quiero sufrir lo que sufrió mi pobre madre. Es preferible
padecer ahora, aunque sea tan cruelmente...
))Veo nuestro caso tan claramente como si de otros se tratara; este matrimonio tan deseado, tan juicioso y en el cual se reunían todas las conveniencias,
acabó por parecerle aceptable; pero después, en un momento, todo el edificio tan
penosamente levantado se ha hundido como se viene abajo un castillo de naipes al soplo de un niño. La pasión que yo no supe jamás inspirarle ¡ay de mí!
hase apoderado de él; no quiere creerlo y lucha contra ella como hombre honrado que, á pesar de todo, se considera comprometido; pero se esfuerza inútilmente. Es preciso que sea yo quien le devuelva su libertad; y de mis manos recibirá la dicha; esto es muy cruel; mas Roberto no me amará nunca. L't mujer
que él adora, sin querer convenir en ello, es Edmunda, es mi hermana,
»Le ha robado el corazón como jugando, y del mismo modo ha vuelto loco
al capitán Bertrand. ¿Sabe ella por lo menos lo que vale este corazón? ¿Me sacrifico así por la dicha de él, ó por la de ella? ¡Ah, qué difícil es todo en la vida
y qué penosamente se tantea para buscar el deber!
»Bien mirado, ¿no tengo yo también derecho para aspirar la felicidad? ¿Por
qué no he de luchar? ¿Por qué sacrificarme? ¡Si no fuese más que humo de paja

a

¡Déme usted alguna esperanza, Edrnunda!..

todo lo que hoy siente Roberto! .. Tal vez me tenga mala voluntad algún día
P?r haber cedido mi ~uesto, yo, _que soy tan capaz de comprenderle, de apre~1~rle, de amarle ~an tierna y canñosamente... por haberle unido á una niña de)1c10sa y loca, amiga de los placeres, á él, que es un sabio y hombre de grandes
ideas.
&gt;¡Querida E~munda, amada niña, si tú supieras, si tú pudieses sospechar todos losyensam1entos que ahora fermentan en mí!.. ¿Quién eres tú en el fondo?
¿Son h1ias del c?r~zón tod~s tus ~aricias y todas tus gracias? ¿Eres tú, como lo
fué tu madre, ha_bll comedianta, ~ te haces amar á fin de acaparar mejor todos
los goces de la vida? ¡Bah!.. ¿Qué importa, puesto que tienes todo el poderoso encanto, puesto q~e te basta mostra~te para que te adoren... , puesto que yo, aunque d,ud~ndo é m~err~gando te quiero entrañablemente, puesto que por evitarte
una lagnma llorana d1a y noche, y que para darte la felicidad aceptaría la tristeza perpetua, el pesar y la desesperación?..
»Ya e~ hora; voy á bajar, y nadie me verá, porque la puerta de mi torrecilla
s~ halla a do~ pasos_del ?osque._Mi corazón late de un modo extraordinario: en
n~or acudo a una cita, a una cita con mi prometido con aquel que debía ser
m1 esposo.
'
»¡Qué triste estoy... Dios mío, aytídame!

- Mira, Marta, si me dejaras que me quedará contigo, no harías más que darme gusto ... Ya verías qué bien te cuidaría.
. ~ Gracias, hermanita; pero la jaqueca exige principalmente soledad y silencio.
D1v1értete mucho y excúsame con la señora Robinsón.
Edmunda contemplaba el rostro muy blanco de su hermana con una especie
de sentimiento compasivo y no sin cierto asombro, porque nunca había estado
~nferma; y los párpados inclinados de Marta hacían que pudieran apreciarse meJOr sus sonrosadas mejillas y sus labios rojos. Edmunda corrió las cortinillas de
las_ ventanas, y después fijó al paso una mirada de satisfacción en un gran espejo, pues jamás había estado tan linda.
- Si yo pudiera hacerte á mi vez algún bien, dijo la joven, volviendo para
besar á su hermana, á ti, que eres siempre tan buena ...
Marta, sonriendo con bondad, despidió á Edmunda, recomendándole que no
coquetease con el capitán.
Las cuatro y cuarto
con el Sr. de Anee!, ¿eh?, preguntó la joven sonriendo.
»iodo ha concluído; Rob~rto es libre y yo también.
- N1 con el Sr. de Anee!, repitió Marta con expresión grave.
Apenas hubo partido el coche que se llevaba á su tía y á Edmunda, Marta se tar! , todo ha_ pasado t~anq_u~lamente, como si con estas pocas palabras no ma} O para siempre m1 felicidad. Los rompimientos ruidosos y las grandes frale~antó de su otomana, bañóse el rostro con agua fresca, y comenzó á pasear febnlm~nte d~ u? lado á o~ro de su habitación; después se trasladó á su gabinete ses no_ tienen nada que ver con las verdaderas crisis de la vida.
. »Mi P?bre cabeza me duele mucho, pero no podría descansar. Casi es un aliY cogió su diano. En realidad sufría mucho, pues no había dormido en toda la
noche, pero necesitaba ocuparse en algo, hacer cualquier cosa hasta que llegase v10 repeti r nuestra conversación ...
la hora de bajar al parque, donde Roberto la esperaría.

- N!

( Co11ti1111ará)

�70

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

con que hoy se cuenta, pues la enorme cantidad de
carbón que para ello se necesitaría ocuparía todo el
buque y no dejaría sitio para los pasajeros.

NúMERO

578

NUEVA INDUSTRIA. - EL PAPEL DE BAGAZO DE CAÑA

Es cosa sabida hace mucho tiempo que los desperdicios de la caña de azúcar pueden servir para_ la
{Del Prometheus)
fabricación de un excelente papel, y es de extranar
que en algunos de los países donde con tan grande
ventaja y tan poco coste podría establecerse .esta fa.
bricación no se haya planteado dicha mdustna, cuyo
LOS HALCONES MENSAJEROS
consumo es tan considerable en el mercado, y cuyo
PROYECTO DE UN NUEVO TRAN SATLÁNTlCO RÁPIDO
Un teniente ruso, M. Smoiloff, ha conseguido adies- establecimiento permitiría á los propietarios de los
trar
halcones para llevar despachos de un punto á ingenios obtener mayor resultado de ,s_us cosech~s,
PARA PASAJEROS
otro. Comparados con las palomas presentan aqué- puesto que el bagazo les sería pagado a buen_ prec10.
El bagazo, ó sea la parte fibro~a de la cana, proLos americanos poseen magníficos barcos para la llos las siguientes ventajas: la paloma puede recorrer duce, en efecto, un papel de calidad supenor, y el
fácilmente
roo
leguas
con
una
velocidad
media
de
8
navegación fluvial, rápidos buques de vela y una es·
trabajo mecánico y químico que para obte_nerlo _se
cuadra que puede ponerse al lado de las flotas euro- á 10 leguas por hora, recorriendo un kilómetro por
requiere es ms1gnificante con relación al
producto que de él puede lograrse.
En Nueva Orleans
la Sociedad Nacional
ha presentado muestras de papel de bagazo de una belleza notable. En la isla Mauricio existe igualmente
una fábrica que transforma el bagazo en papel y cartones que gozan de gran aceptación
en el mercado.
El bagazo se emplea
también como combustible, pero resultaría
mayor ventaja para los
que á tal uso lo destinan si en vez de él emplearan leña y vendieran el residuo de la
caña para la fabricación del papel.
Con esto se abriría
una nueva fuente de riqueza muy digna de ser
tenida en cuenta y que
contribuiría no poco á
aumentar el bienestar
de los países que, como
nuestras Antillas, se deProyecto de un nuevo transatlántico rápido de James Graham
dican en grande escala
al cultivo de la caña.
Las ventajas de esta industria pueden calcularse
peas de segunda categoría. En cambio hasta ahora minuto; el máximo de velocidad que en ellas se ha
no han tomado parte importante en el tráfico entre observado es de 15 leguas por hora durante quince sabiendo que setecientos kilogramos de bagazo proEuropa y el Nuevo Mundo, y ninguno de los hermo- horas, pero esta velocidad puede ser considerada co- ducen cien kilogramos de papel.
sos buques que cruzan el Atlántico con velocidad mo una excepción rara. En cambio en los halcones
casi igual á la de los ferrocarriles ha salido de los as- esta velocidad es la media, y de ella cita varios ejemtilleros americanos. Cierto que no faltan proyectos de plos M. d' Aubussón en su interesante libro La halEL DIVI SOR INSTAN1'Á~EO
Hnea.s de vapores americanos para traficar con Euro- conería en la Edad media y en los tiempos modernos,
pa; pero nunca han pasado del papel y han caído entre ellos el de un halcón que enviado de Canarias
Este útil instrumento, inventado por M. Robert
pronto en el océano del olvido.
al duque de Lerma, volvió desde Andalucía á TeneDe suponer es que igual destino esté reservado al rife en 16 horas, habiendo recorrido z50 leguas, ósea Personne de Sennevoy, consta de un paralelogramo
articulado, en cuyo interior y paralelamente á uno
proyecto que nuestro grabado reproduce y que es de- más de r 5 leguas por hora.
bido a James Graham; sin embargo, creemos que ha
Además la colombofilia se sirve de películas foto- de sus lados hay dispuestas pequeñas reglas igualde interesará nuestros lectores conocer -algunos· deta- gráficas microscópicas que contienen millares de des- mente espaciadas entre sí y articuladas en sus extrelles del mismo.
pachos y que apenas pesan medio gramo: esas pelí- mos: cada' regla está atravesada siguiendo su eje lonEl buque en cuestión se compone, como puede culas pueden aplicarse también á los halcones, cuya gitudinal y una de las diagonales del paralelogramo
verse, de nueve cascos de barco, uno mu y largo en resistencia es mayor que la de las palomas, pudiendo por una pequeña abertura numerada, destinada al
paso de una punta de lápiz ó de punzón para marcar
el centro, dos de longitud media, uno á cada lado, y por ende llevar mayor carga que éstas.
Los halcones son superiores á la paloma mensajera las divisiones.
finalmente de tres cuerpos cilíndricos delante y dePara dividir una línea cualquiera en 1 7 partes
trás del cuerpo central, que sirven · de flotadores. La desde otros muchos puntos de vista: en primer lugar
longitud total del buque así compuesto es de 43z encuentran menos peligros durante su viaje y raras ve- iguales, por ejemplo, basta colocar el cero del instrumetros, la anchura máxima de 54 y el calado máxi• ces son víctimas de otras aves de rapiña más fuertes mento en uno de los extremos de la línea y poner en
mo de 5'40; el desplazamiento total es de z6.ooo to que ellos, y en segundo lugar resisten
neladas de agua. En cuanto á los medios de impul- mejor los accidentes atmosféricos.
sión, Graham los hace consistir en -siete máquinas,
Con los halcones se evitan las grantres de 10.000 caballos en el cuerpo central, dos de des dificultades que ofrecen en el mis4.000 en la parte de proa y otras dos de 6.000 en la mo empleo las golondrinas, de las cua•
de popa, en junto una fuerza de 50.000 caballos que, les se ha querido también hacer aves
separándose de la práctica hasta ahora constante, han mensajeras: en efecto, la delicadL·za
de hacer mover siete pares de ruedas de palas de de la golondrina, las complicaciones
16180 metros de diámet1ro.
que ofrece su amaestramiento, y sobre
Este buque habría de ser exclusivamente para pa- todo la circunstancia de· que su servisajeros, de los cuales podría transportar 4-000.
cio está necesariamente limitado á las
El punto más difícil en un buque compuesto como regiones cuya temperatura sea cons•
éste de varios cascos está en la unión de los mismos. tantemente templada no permiten esEstas junturas en el buque de Graham consisten, perar que su uso llegue á ser general.
como indica el detalle del grabado, en soportes elásEn cuanto al adiestramiento de las
ticos con articulaciones movibles y muelles que con- abejas no se ha demostrado la.utilidad
trarrestan el movimiento de éstas: unas y otros están general de estos insectos.
Los antiguos amaestraron también
asegurados por medio de un sistema de cables de
acero. De este metal son también, como se compren- otra ave, el cuervo: stgtín Eliano, Maderá, los cascos de los barcos.
rrés, rey de Egipto, poseía una corne-'
Con este buque espera el autor del proyecto al- jri. que llevaba rápidamente las cartas
canzar una velocidad de 35 nudos, ó sean 64'8 kiló- á los puntos que se le indicaban. Cuanmetros por hora. Inútil nos parece decir que tal velo- do murió, Marrés hizo erigir una tumcidad es imposible, dados los medios de combustión ba á su memoria.
El divisor instantáneo. 1. Vista del aparato. 2. Modo de usarlo

NúMERO

578

LA ILU STJ:AC!ÓN A1n-í:;-r1CA

el otro extremo el orificio que lleva el número 17 y
luego pinchar en todos los orificios de o á 17 . Es
claro que en los casos en que no sea posible llevar
al extremo de la línea que se ha de dividir la abertura que lleva el n!\mero elegido, bastará sustituir éste
por uno de sus múltiplos; así para dividir una línea
de 20 centí~etros en 3 partes, se podrá pinchar en
5, ro, 15 ó bien en 4, 8, iz, etc. La figura principal
del grabado indica e1 modo de operar.
El divisor instantáneo es también muy útil para
trazar rápidamente una serie de líneas paralelas.

X... , ingeniero
(De La Natiire)

LA FILOXERA Y EL RAMIO

El eminente viticultor M. Granguard ha emitido
una idea que parece se ha puesto en práctica con felices resultados en Alsacia para contrarrestar los efectos de la filoxera, y que consiste en la plantación de
un ramio en medio de las cepas.
Esta planta textil se desarrolla vigorosamente en
todos los terrenos propios para la viila sin esquilmar
el terreno, y tiene, segtln parece, la propiedad de hacer desaparecer del suelo todos los insectos del reino
parásito inferior, por ser excesivamente rica en tanino y ser el tanino un antipútrido poderoso.
Ya en 1878 se habló mucho de la acción favorable que el ramio podía ejercer por haberse comprobado que al año de haber sido plantado al lado de

una viña filoxerada recobró esta última su vigor y
produjo abundantísimo fruto.
En una plantación hecha en Alsacia, el ramio ha
adquirido una altura media de 80 centúnetros y el
propietario del terreno se muestra muy satisfecho de
sus resultados, puesto que no sólo ha desaparecido
por completo de las cepas la filoxera, sino que los
grupos de ramio, dispuestos de z 5 en z 5 metros,
protegen sus viñedos contra los vientos del Norte,
contra los fríos y las heladas con gran ventaja sobre
las nubes artificiales, que además de ser caras son
poco prác ticas.
Es tan sencillo el medio y tan poco costoso, que
creemos merece la pena de probarse, hoy que ta ntos
viñedos se hallan atacados ó amenazados por el temible parásito.

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin ,
núm. 61, París.- Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo de Gracia, núm. 21

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loa demu purgantu, Hte no obra bien
lino cuando ,e toma con buenoa ali.meneo,
1 bsbidu lortiliCSlltsa, cual el vino, el call
el U. Cada cual~•, para porgan,, ,.,
llora 111 comida que ma, le coavten,a,
•e,aa ,u ocapacfone,. Como el c1aa1.11
c10 que la purga oculona queda com-

toiiiía, Farmacta,

pfolamsnloanaJado poro! efecto do la

bueaa alimentacioa empleada ano
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apanc, que rtfroducen ~ diferentes espec1ca de los reinos IDlmal v~etal y mineral· los i.nstrumenro.
Y !paratas ªLlicados rcc.i~n1eme? te i las ciencias, agriculto ra, art~ ~ industrias; ret;atoa de ¡ peno01
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replarlun 1u Fanoion• del Elt6ma110 y
. . .loe l--■\ba09,
'
E,lllr• ell'lltM/e 11,-1 de l . FAYA/10.
Adh. DJ:'l'II.A.lf, l'--Uioo • P.A.1118

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t-+-1

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Aprobada por la !C!DEIIA DE IEDICIU

CARNE HIERRO y QUINA
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el
!al .., ~ e.scrotwo,a, '1 acorlllltleal, etc. El 'l'IH lrernst■•M dé
.a.r.11• ea, en erecio, el único que reune todo lo que entona y torta.Ieee 1011 organoe
regularua coordena y aumenta colll1derablemente lu tuerzu ó tntunde a 1&amp; IID&amp;ré
empobredd&amp; y desoolorld&amp; : el Ylqor, I&amp; ColoraCWff y la 6Mrgla "'''"·

Ra4"""'"°'

Prw M)'Or,e11 Paria, en casa de J. FBW, Farmat.entico, tO!, rae Richeliea, Sucesor 4e llOUD.
SJI VPDI: 11:N TODU U.S PlllCCIP~ BOTl&lt;U.S

EXIJASE .i:::, ARDUO

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EH 1856
Mtdallu en laa B1po1lolontt loltrnaclonalu de

PUIS - LYOII - VIENA • PBIUDELPBI! • P.lRIS
1867

l87i

fl

1873

1878

18i8

lll1U.&amp;. 0011 IL • 4TO&amp; il.lTO ltf LAI

DISPEPSIAS
0ASTRITIS - 0ASTRAL01AS
DIQESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'1 OT&amp;OI DHO.IJ&gt;IJCII DI

U. Dt O&amp;ITIOW

IIAIO L1 FORll4 DE

ELIXIR, • de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, do PEPSINA BOUDAULT

•~s. Pharmule COLLAS, 8, ne Dnphiae
t'

ffl 14, priKc(114l,1 f4.....,.c(,11,

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
eiweclalmente contra las Escrofulas, ta
Tisis y la Debilidad de temperamento,
as! como e¡:¡ todos los casos( Pá.Jido■ colore1,
Amenorrea, • •), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 l'egularlzar su curso perlóctco.

.~/';,--?25

Farmacéntlco, en Parts,

~Rue Bonaparte, 40

El loduro de hierro Impuro 6 alterado
, • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
1as verdaderas PLltloras ae nianca'l'd,
exigir nuestro se110 de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unión de
los Fabricantes para la represión de la falsi•
1lcaclón.

NB

OSE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS(

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
lMP, D&amp; MONTAN&amp;ll Y SIMÓN

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 578, Enero 23</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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. ,~,11tí~t1ea
A o XII

- - - - - - -~

BARCELONA 30 DE ENERO DE 1893

~ -------

NúM. 579

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRIT O RES DE LA BIBL IOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

=~=============-=====--================

:DON JOSÉ ZORRILLA. Naci6 en Valladolid en 21 de febrero de 1817¡ falleci6 en Madrid en la madrugada del 23 del actual

�74

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

579
NúMERO

Texto. - Murmuracioru:s europeas, por Emilio Castelar. D . José Zorrilla, por la Redacci6n. - A la muy noble y muy
más leal ciudad de Burgos. Introducción de La Leyenda del
Cid, de D. José Zorrilla. -De telón adentro, por Manuel
Amor Meilán. . Miscelánea. - Nuestros grabados. - Cargo de
conciencia (continuación), por Juana Mairet, con ilustrado•
nes de A. Moreau. - Proyecto de utilización del subsuelo de la
plaza de la Constitución de Barcelona, original de D. Salvador Vigo, por X.

Grabados. - D. José Zorrilla. - Corona labrada con oro 11ati1w del rlo Darro y Medalla conmemorativa, ofrecidas alpoeta
Zorrilla con motivo de su coronación en Granada en 22 de junio de 1889. - El acto de la coronación de Zorrilla en el pala·
cio de Carlos V de Granada (de fotografia). -Autógrafo de
Zorrilla. - La canción de Nochebuena, dibujo de R. Storch.
- Civitavecchia ( Italia). Pruebas del barco sub111ari1w para
pescar y recuperar valores, dibujo del natural de Dante Paolicci. - Et desafio, cuadro de G. Simoni. - Una procesión en
Gastein, cuadro de Adolfo Menzel (Exposición internacional
de Bellas Artes de Munich, 1892). - Proyecto ele utilización
del subsuelo de la plaza de la Constitución de Barcel?na para
dependencias municipales, original de D. Salvador Vigo, cuatro grabados. - Misa de ca111pa,1a celebrada en la plaza de la
/ndepeudencia, en Montevideo, et dla 1 l de octubre de 1892,
en co11111e111oración del cuarto centenario del descubrimiento de
Améni:a.
.,,..,,.,,.,,,.,,.,.,,,,.,,,.,,.,,,,,r,,..,1.,,,.,,•••.•. 1, .,•,,,.,,.,,..,1., ..........., •••••• 1,,,.. ,,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,,.

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTRLAR

Zorrilla. - Su genio. - Indiferencia p{1blica. - Necesidad de avivar el sentimiento nacional. - Modo que tienen los ingleses
de honrar á sus grandes hombres. - Modo que tienen los franceses. - Funerales de Vlctor Rugo. - Extraordinarios homenajes á Lamartine. :-- Juicio universal acerca de Zorr!lla. - R~acciones frecuentls1mas en contra de su obra. - Su mmortah·
dad segura. - Conclusión.

I
Imposible hablar de otra cosa que del tránsito de
Zorrilla, nuestro poeta nacional, á otro mundo mejor.
Aunque nos empeñáramos en divirtir voluntad y pensamiento de su túmulo, parecido á esos discos magnéticos que atraen y fijan los ojos, no podríamos,
pues el Tabor donde acabamos de ver su transfiguración milagrosa llena todo el horizonte con su grandeza y arraiga en lo más hondo é íntimo de nuestra
tierra patria por sus inconmovibles fundamentos. Yo
no conozco átomo de ceniza en los caminos nuestros
que no haya transformado él en átomo de verdadero
éter. Dondequiera que ha entrado se ha convertido
á su presencia el medio ambiente que le circuía en
una especie de mágico escenario, al cual iba lanzando en tropel los coros de las ideas, para obligarlas al
cántico incesante, cigarras muertas en los excesos y
en los entusiasmos y en las intensidades de su propia
música. Surco y arruga del valle donde los cuervos
mondaran el esqueleto de los héroes inmolados á la
patria; ermita humilde sobre cuyas torres llegan al
toque de ánima los muertos; abandonada sepultura
que ha bebido y evaporado tantos lloros; ermita llena
d e oraciones, como del suelo arrancada y puesta en
lo alto, cual lámpara misteriosa; castillo en que a nidan las aves nocturnas y aullan las bestias feroces;
rosetones góticos y ramas floridas; desde los nidos
llenos de pájaros hasta los soles henchidos del espíritu; cuanto se descubre aquí en el suelo de la patria,
otro tanto ha sido cantado por este ser sobrenatural,
nacido para escuchar el callacjo aleteo de las ideas
allí donde las almas vulgares sólo descubren soledad
y sólo sienten un profundísimo silencio.
II
Las gentes vulgares, cuando veían á Zorrilla nervioso, pequeño, diminuto, no lo creían un dios, como
le creíamos cuantos en presencia de las mayores niñerías y de los caprichos de su voluntad lo considerábamos en su obra y lo teníamos p or un ser sobrenatural, inconsciente de su propia grandeza. No hubiera sido un humano si no tocara por las raíces del
organismo en la materia como el último de los vegetales, y por las ideas infinitas en el empíreo como el
primero de los arquetipos. El hombre nace de la
Naturaleza, entre lágrimas y sangre, como el más humilde mamífero que haya nuestros apriscos habitado, y va camino de la eternidad como el más hermoso de los ángeles que haya podido recoger en sus
labios el verbo creador ó infundir el aliento divino á
los mundos fatigados en sus eternales elipses. Esclavos de la muerte, la celeste increada luz que sobre

nosotros cae al nacer, nos aviva para la inmortalidad.
El mal brota de la limitación y el bien de la infinidad de nuestro contradictorio ser, pareciéndonos á
las plantas, que en las tinieblas despiden el gas de- la
muerte, y en cuanto las besan los primeros rayos de
la luz el oxígeno de la vida. Lloramos lágrimas amargas como las aguas .d el Océano, pero que, como las
aguas del Océano también, se dulcifican al evaporarse por los cielos para luego caer como rocío sobre
nuestra frente abrasada. Síntesis de todo esto el genio de Zorrilla, tenía, como cuantos predilectos del
cielo he conocido en esta vida, enormes contradicciones bajo las sendas alas de su genio. Así penetraba
con la intuición allí donde no pueden penetrar los
sabios con el raciocinio; esparcía inspiraciones que
contenían la eterna revelación de la hermosura, y no
se daba cuenta de su trabajo; creaba con espontaneidad obras varias en guisa de esas fuerzas naturales
que coronan las montañas con brillante nieve y esmaltan de morados lirios los valles; obedecía como á
un mandato divino á la sugestión interior de su propio genio, y luego se creía en absoluto libre; daba leyes y no conocía ninguna; reunía en sí á la interior
actividad dirigida por la conciencia otra actividad
ciega y sin conciencia, en cuyos misterios se veía, ya
un ge1úo angelical, ó ya un genio diabólico; extraía
de todas las cosas su esencia, y experimentaba en sus
nervios, agitados como un arpa eólica, la chispa eléctrica antes que hubiera estallado por los aires, y en
su corazón, abierto á todos los afectos, el choque de
los dolores sociales antes que los hubiera sufrido la
misma humanidad, y en su mente, ocupada en una
creación continua, ideas todavía no nacidas en la
mente universal, y en su cráneo el peso de la nube
todavía no condensada en el aire; consumiéndose en
sus propias llamas, destrozándose en el parto de sus
criaturas, muriendo de su inmortalidad, henchido de
adivinaciones y de presentimientos que lo martirizaban, como destinado á levantar el Universo moral,
muy superior al Universo material, por obra del espíritu; pues ninguna mariposa ha tenido en sus alas
y ninguna flor en sus corolas paletas como la paleta
de donde surgiera la Transfiguración ó el Pasmo; ningún ruiseñor en su garganta y ningún arroyo en sus
susurros melodías como las melodías escapadas de
las liras del músico y de las arpas del Profeta; nmgún
mar en sus fosforescencias y ningún cielo en sus
constelaciones y en sus estrellas resplandores como
el resplandor de la humana conciencia cargada de luminosas y eternales ideas.
III
Lo más particular que Zorrilla tenía era la ignorancia de su propio genio. En vano le coronaba la
gloria; él se revolvía contra sí mismo con saña muchas veces, y decía de sus obras más sublimes lo que
no digan dueñas. Pero nadie dudara de su grandeza.
Por esta razón hame causado tanta pena la indiferencia pública; y al ver que los periódicos traían la noticia de su muerte y continuaban todos los teatros
abiertos y concurridas todas las fiestas, entróme un
rato de malhumor contra nuestras costumbres nacionales que nos prestan cierta indiferencia incomprensible ante la muerte de nuestros grandes hombres. Y
es necesario conjurar un afecto tan triste, porque indica una tibieza extraordinaria del sentimiento nacional. En Francia no ha pasado esto nunca. Cuando
Beranger murió, Beranger que no podía ser comparado con Zorrilla, Napoleón III hizo fo_rmar la guarnición de París para que cubriese la carrera, como si
pasara un rey vivo, no un poeta muerto. La República no ha dejado nunca de convertir en apoteosis la
muerte de todos sus grandes hombres. A Víctor
H ugo, á un poeta de la estirpe de Zorrilla, le alzaron
un túmulo ciclópeo so el Arco de la Estrella 'Y le ofrecieron el desfile de todo París en una procesión gigantesca, donde los admiradores suyos llevaban como
religiosas ofrendas montones de flores y de coronas.
A Lamartine le votaron las Cámaras imperiales una
pensión anual de cien mil pesetas, es decir, el sueldo
de un Ministro en activo servicio. Algo parecido hace
Inglaterra, no obstante la individualidad inglesa,
opuesta de suyo á estos homenajes colectivos. Cuando Tennyson ha muerto, Je han llevado á la misma
iglesia donde se hallan enterrados sus reyes, como á
Newton y como á Chatam. Pues no cabe dudar de
que jamás tuvimos, desde los tiempos del gran Calderón, en los cielos del arte nacional una fantasía tan
luminosa como la fantasía de Zorrilla. El sentimiento
público lo considera la personificación más alta de
nuestra epopeya histórica. Sin embargo, esos espíritus de vista poco resistente, á quienes les molesta la
demasiada luz del genio y les abrasa, sintiéndose incómodos entre tanto calor y tantos colores, comenzaron á tacharle de gongorino é incorrecto é insubstan-

cial en términos de hacerle creer á él mismo que no
valía cosa y que no dejaba sino vistmas espumas, ya
desvanecidas, en su carrera, semejante á la carrera de
un sol que despidiese ideas é inspiraciones en lugar
de luminosos rayos. Cuando, entre los aplausos del
concurso, yo evoqué su nombre y su genio inmortal
el día de mi conocido ingreso en la Academia Española, decíame, abrazándome con toda la efusión de
su alma: «Usted me ha resucitado.» ¡Oh! E l nos había.esclarecido á todos y animado en el foco luminosísimo•de su genio.
Madrid,

24

de enero de 1893

,.,,,,,,. ,,.,.,..•.•., •••.•., .•, .. .. •,,.,,. ,.,...... ,.• ,.,,,,,,.,.1• ,,·,.,....,.,,,,.•. , •• , ... ,.,,., .. ,., .• .••., .• ,.•,,., •.,,,.,,. •.

DON JOSÉ ZORRILLA
¡Ha muerto Zorrilla! ¡Ha muerto el poeta que desde el segundo tercio de esta centuria ha labrado las
más preciadas joyas de la literatura genuinamente española, continuando por modo admirable la obra de
nuestros clásicos de la edad de oro!
La prensa diaria de España y del extranjero ha
publicado extensas necrologías del ilustre vate cuya
muerte lloramos. ¿A qué, pues, repetir y detallar lo
que tantos han dicho ya antes que nosotros?
¿Quién no sabe dónde y cuándo nació Zorrilla;
cómo su padre quiso hacerle estudiar Leyes, y cómo
él desoyendo los consejos paternales y rompiendo la
paterna autoridad fugóse á Madrid que tan ancho
campo ofrecía á sus juveniles y levantadas ambiciones?
¿Quién ignora las penalidades por que en la corte
hubo de pasar antes y aun después de que su nombre fuese conocido y celebrado en ocasión tan triste
como la del entierro del ilustre Larra, junto á cuya
tumba nació, por decirlo así, el poeta?¡
¿Quién no recuerda los triunfos que desde aquella
fecha le valieron en la escena sus producciones El
zapatero y el rey, Traidor, inconfeso y mártir, Sancho
García, Don Juan Tenorio y tantas más, y fuera de
ella sus composiciones poéticas de los más variados
géneros, y muy especialmente sus leyendas y sus
poemas?
¿Quién no conoce aquella expatriación voluntaria
que Je llevó, allá por los años de 1855, á ser el trovador de la corte del infortunado Maximiliano y testigo de la desdicha por el poeta anónimo profetizada
cuando con acentos de vidente exclamaba: Maximiliano, 111,n ti jidare - torna al castel/o de Miramare, en aquella sentida poesía que termina diciendo:
Sota la clamide trova la corda?
¿Quién ha olvidado los festejos con que fué saludado en 1866 su regreso á España, los aplausos frenéticos con que fueron acogidas sus lecturas, el afán
con que se solicitaron sus originales?
¿Y quién, por último, no tiene aún vivo en su memoria el recuerdo de la brillante apoteosis de su coronación, celebrada con inusitada magnificencia en
1889 en la hermosa ciudad del Darro, que entre sus
muchas glorias cuenta la de haber inspirado á Zorrilla el incomparable poema Granada?
De cómo sentía y pensaba el poeta darán idea
mejor que cuanto decir pudiéramos los versos que á
continuación publicamos y que figuran como introducción en la magnífica Leyenda del Cid: en ellos se
retrata á sí propio Zorrilla con toda la sinceridad del
que habla al ser querido, que muy querida era para
él la ciudad de Burgos, á la que va dedicada la referida obra.
Zorrilla ha sido el poeta español por excelencia:
las literaturas extranjeras pudieron ser por él admiradas, pero no influyeron para nada en su idiosincracia
literaria, como las exigencias que podemos llamar dP.
la moda no torcieron en Jo más mínimo el vuelo de
su inspiración; españoles son los asuntos de sus obras
y castiza y genuinamente española la forma en que
supo darles vida; en sus héroes alienta esa mezcla de
impulsos generosos y de vicios que son, en el fondo,
la característica del temperamento de nuestra raza obran por impresión no por cálculo, lo mismo al mal
que al bien siempre la pasión los mueve, haciéndolos
aparecer grandes en sus mismos crímenes, - y pone
finalmente el sello á su españolismo la perfección
con que cultivó el metro genuinamente español, el
romance. e.Todas las obras líricas y dramáticas de
Zorrilla, ha dicho el ilustre biógrafo del gran poeta D. Isidoro Fernández Flórez, - podrán ser olvidadas
con el tiempo; pero sus romances serán eternas páginas de nuestra Biblia poética, el Romancero.»
Fué maestro en el arte del bien escribir, y dominaba de tal suerte nuestra rica y hermosa lengua y de
tal suerte conocía los más recónditos secretos de la
métrica, que para cada concepto, aun los más sutiles,
daba en seguida con la frase exacta, y para las más
intrincadas construcciones encontraba metro apro-

579

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

75

piado que le hacía verter los rauanciano vate, como en otro tiemdales de su fogosa inspiración en
po escuchó el primer latido del
armoniosos y esculturales versos.
genio del trovador adolescente ha
En este punto realizó verdaderos
tributado á su cadáver hon~res
alardes de habilidad y de atrevimás valiosos que cuantas honras
miento, reuniendo en alguna de
sus composiciones, y en espacio
oficiales pudieran haberle sido
relativamente corto, todas las vaotorgadas, ofreciendo con ocasión
riedades de la métrica castellana,
de su entierro, una d~ esas maniy aun algunas que eran creación
festaciones imponentes, espontáde su propia fantasía.
neas, que no se borran nunca de
La rapidez con que concebía y
1~ memoria de los pueblos. El gotrazaba las líneas principales de /
bierno Y las corporaciones cuidasus proyectos era extraordinaria·
ron de organizar la ceremonia.
en cambio era más tardo en da:
mas todo el fausto y suntuosidad
forma al potente rayo de luz que
por uno Y otras desplegados haen un instante surgía en su pensabría ~esultado pálido si no hubiese
miento, y los que vieron aquellas
acudido á prestarles color y vida
páginas de hermosa y clara letra
el pueblo, esa entidad, entusiasta
redondilla en que vertía aquellas
Y noble, que sólo se mueve á imideas, aún más claras y más hermopulsos de sinceros, vehementes y
sas, no pudierori imaginar cuántas
grandes afectos.
cuartillas había borroneado, cuánLA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA cu. .
'
tos versos enmendado antes de
yo~ prop1etanos se han honrado
que sus composiciones adquirieeditando algunas de las más celeran el carácter de definitivas.
bradas producciones .del altísimo
Como lector, los que no hayan
yate, Y 9ue estiman cómo joya de
tenido la dicha de escuchar cómo
inapreciable valor la obra inédita
recitaba sus composiciones no
que de él poseen, La leyenda de
pueden formarse idea del encanto
los Ten°:1º!, comparte el hondísique producían sus lecturas, que
mo sentimiento de todo un pue(Reverso)
sonaban al oído como incomparablo, ~ al rendir un tributo de vebles melodías.
nerac1_ón á la memoria de Zorilla
CORONA labrada con oro na~ivo del río Darro y MlmALLA conmemorativa, ofrecidas al poeta ZORRILLA
Hoy aquella hermosa voz se ha
deposita sobre la tumba, donde
con motivo de su coronación en Granada en 22 de junio de 1889
apagado, pero los destellos del getan h~rmosas flores han colocado
ma de Zorrilla brillarán eternalos pnmeros escritores nacionales
mente: el cuerpo ha permanecido en'tre nosotros se• sentimiento ~e lo bello: la patria llora además al hijo al calor d I
. una mo~esta siempreviva que brotó
te~ta y seis años; su espíritu inmortal vivirá siempre que tan adm1:ablemente cantó sus glorias.
'ó h e_ a ª1m1stad hacia el hombre y de la admi·unido al nombre de España.
rac1 n ac1a .e poeta, Y que ha sido
. regada con las
Toda Espana ha prorrumpido en gritos de aflicción 1, •
El duelo que su muerte ha producido ha sido uni- al enter~rse de la muerte de Zorril!a, y Madrid ente- agn mas vertidas ante el inmenso infortunio de su
muerte.
versal: el mundo llora al poeta en quien encarnó el
ro, la cmdad que ha recogido el último aliento del
LA REDACCIÓN

'

.,
K

'¡,

. .
EL ACTO DE LA CORONACIÓN DE ZORRl LLA CELEBRADA EN EL PAL
D
ACIO DE CARLOS V DE

( e fotografía sacada durante aquel sole

, .• •·
"'~
GRANADA EN 22 DE JUN IO DB

mne acto por el Sr. García Ayola)

1889

-

)¡,/El
~

1

.

\~'

�LA
ALA MUY NOBLE Y MUY MAS LEAi,
CIUDAD DE BURGOS

I
Corona condal de España
floronada de castillos,
empenachada de torres
hechas de encaje finísimo;
ciudad labrada con piedras,
cuyo alto valor artístico
en cada muro te ofrece
de diamantes un cintillo;
reina cuya cabellera
da al viento, en lugar de rizos,
dos trenzas de hebras de roca
de sutileza prodigios,
con vistosísimas plumas
trabajadas en granito,
dos cinceladas agujas
primores del arte ojiva,
asorn bro de las naciones,
mofa del viento y los siglos,
de su blasón lambrequines
y de su gloria obeliscos;
ciudad madre de los reyes
y los hidalgos invictos
que dieron en tus solares
al reino español principio:
muy noble ciudad de Burgos,
sultana de los castillos,
oye lo que con el alma
en estas hojas te digo,
y haz cuenta que respetuoso
ante tus puertas me hinco,
para ofrecerte de hinojos
un ejemplar de este libro.
Nobilísima ciudad,
aunque no nací tu hijo,
por ser madre de mi madre
te tengo filial cariño.
De los campos que á tu asiento
sirven de alfombra en un pico,
del viejo Muñó á la falda
y á la sombra de un sotillo,
hay un rincón de tu tierra
que fué de mi madre y mio,
donde ésta con su memoria
me ha dejado un paraíso.
Ya ves que son burgaleses,
aunque tu hijo no he nacido,
la sangre que en mí circula
y el aire con que suspiro.
Por eso te he amado siempre,
y mientras ciego y perdido
erré por mar y por tierra
del mundo en el laberinto,
en medio de sus escollos,
á través de sus peligros,
por encima de sus glorias
y á despecho de su olvido,
tu recuerdo siempre fresco,
como laurel inmarchito,

arraigado en mi memoria
sombreando mi alma ha ido.
Fotografiado he llevado
en mis pupilas el sitio
donde á orillas del Arlanza
elevas tus edificios;
y el susurro de tus olmos,
y el murmullo de tu río,
y el timbre de tus campanas
he llerndo en mis oídos.
De ti jamás un recuerdo
me dió al corazón martirio,
de ti jamás una espina
se me enconó en el espíritu.
Tus memorias, juguetonas
cual tus corderos merinos,
sabrosas como tu leche,
doradas como tus trigos,
por doquier para mi fueron
de mis penas lenitivo,
de mis esperanzas faro,
de mis dolores alivio.
Tu Espolón entre dos puentes,
el torreado frontispicio
del arco imagineriado
que restauró Carlos quinto,
tus desmantelados cubos,
tus arabescos postigos,
tus agudos campanarios,
tus cruceros cupulinos,
tus filigranadas torres,
tus nobles templos tan ricos

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

en cresterías y mármoles,
en verjerías y vidrios,
en sus naves prodigados,
en sepulturas y nichos,
bóvedas y botareles,
ajimeces, balconcillos,
pórticos, escalinatas,
pasamanos, fustes, plintos,
por camarines y claustros
de detalles tan prolijos,
de labor tan minuciosa,
de tan diferente estilo
crestonado, alicatado,
losangeado, laberíntico,
fenicio, celta, romano,
godo, árabe, bizantino ...
esas mil partes, en fin,
que forman el nunca visto
conjunto del noble todo,
que hace del Burgos antiguo
por el nuevo abigarrado
un cuadro característico,
original, pintoresco,
sin par y palpable y vivo,
se conservó en mi memoria
perennemente esculpido.
Por eso te he amado, Burgos,
y al volver de un ostracismo,
que no por ser voluntano
menos amargo me ha sido,
corrí anheloso á tu seno
como á su oasis nativo
vuelve á través del desierto
el árabe peregrino.
Tt1, ciudad leal y noble,
con espontáneo cariño
reconociste al poeta
vagabundo y fugitivo;
abrazaste al hijo pródigo,
le diste en tu hogar asilo,
le diste asiento en tu mesa.
convocaste á los amigos, ·
y celebraste su vuelta
cual la de tu hijo legítimc,
con saraos, serenatas,
convites y regocijos.
Por eso te adoro, Burgos:
porque la primera has sido
que de mi niñez quisiste
volverá escuchar los himnos;
y aunque echaste en ellos menos
cuando volviste á oírlos
los juveniles arranques
de su vigor primitivo,
no me los desestimaste;
pues sabes que si es preciso
morir ó llegar á viejo,
envejecer no es delito.
Por eso he determi nado.
más que audaz, agradedóo,
dedicarte este volumen,
tan sin valor por ser mio.
Porque ¡ay de mi!, noble Burgos,
no tengo para ello títulos:
pues nada soy en el mundo,
ni nada jamás he sido.
Yo que marché por la tierra
sólo, independiente, altivo,
dejando entre sus zarzales
fui pedazos de mi mismo.
Nacido en una centuria
de la luz, llamada el siglo,
en que la fe se alza armada
insultando á J esucristo,
la libertad habla al pueblo
con un revólver al cinto,
la política tan sólo
ve la patria en los destinos,
y el telégrafo, el vapor
y la prensa son abismos
de mentiras, ser debiendo
de luz y verdad caminos:
en una edad siñ vergüenza
en la cual el empirismo,
la hipoc resía y la audacia
quitan al mérito el sitio;
en la cual no hay bandería
que no se haya alzado al grito
de «fe, libertad, justicia
y moral&gt; contra lo antiguo,
mas que al llegar al poder
con descarado cinismo
tras de saquear el erano
no lo haya todo vendido.
Yo no he creído jamás
en la fe de los políticos,

.

y nunca viento á mis versos
ha dado ningún partido.
Yo que luz, ni poesía,
ni fe en mis tiempos he visto,
poeta ignaro y excéntrico
extraño á los tiempos míos,
evocando los recuerdos
de las centurias que han sido
he vivido entre las ruinas
cual solitario pelicano;
• razas y revoluciones
han girado en torno mío
sin poder arrebatarme
ni un solo instante en su giro.
Y á fuerza de ocupar siempre
el centro del remolino
social, que todo lo mueve
arrastrándolo consigo,
he llegado á estacionarme;
y anonadado y perdido,
á fuerza de no ser nada
no doy razón de mí mismo.
Así que no me preguntes,
Burgos, quién soy ni qué he sido,
dó voy, ni de dónde vengo,
porque no sabré decírtelo.
Soy un átomo amante,
que voy sonoro
por la atmósfera errante,
do canto y lloro;
pero mi canto
no se sabe si es nunca
cantar ó llanto.
Yo mismo tal vez ignoro
quién soy y de dónde vengo,
dónde voy y por qué tengo
triste ogayo el corazón.
Tal vez de alegría lloro,
tal vez de tristeza canto.
mas de mi himno y de mi llanto
no sé acaso la razón.
Burgos, siento que es mi alma
de tinieblas un abismo,
y yo dentro de mi mismo
no osé nunca penetrar.
¿Quién soy, dó voy, de dó vengo,
por qué canto, por qué lloro/
Pregunta al viento sonoro
dónde va sobre la mar.
Pregunta á sus verdes ondas
de dónde vienen; pregunta
al agua por qué se junta
para hacer un nubarrón;
pregunta quién es el astro
que radia en el firmamento;
pregúntale al sentimiento
por qué hiere al corazón.
Mal quién soy,quien me pregunte
su curiosidad emplea:
¿qué os importa quién yo sea,
de dó vengo y dónde voy?
Yo soy un ave de paso
á quien Dios dió una voz suaYe:
¿os gusta el canto del ave?
Oídme, cantando estoy.
Mas ¿quién es os dice el ave
á quien tenéis enjaulada?
No; pero si preguntada
os pudiera responder,
os diría: ¿qué os importa
mi plumaje ni mi acento?
Yo soy una hija del viento,
dejadme al viento volver.
Ave de paso, quién sea
que no me pregunte nadie:
dejad al astro que radie,
dejad al viento vagar,
dejad que el mar en la playa
rompiendo sus ondas siga,
sin que sus ondas os diga
de dónde vienen el mar.
Dejad cuajarse á la niebla
que por la atmósfera sube,
sin preguntar á la nube
por qué revienta en turbión;
y dejad libres que canten
el pájaro y el poeta,
¿quién mide ni quién su jeta ·
su vuelo y su inspiración?
Dejadme: ave de paso
que nunca anida
y que vuela al acaso
sola y perdida,
yo siempre he ido
por el aire del mundo
¡solo y perdido!

579

JIUTOGRJlFO DE ZORRILY4
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�78

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

II
¿Quién soy?-No sé.-Voz suelta sin pecho que la exhavoz que ella misma ignora su germen productor, [le,
que busca sólo acaso que el aire la propale,
yo soy tal vez un eco de incógnito rumor;
mas eco procedente de mal sondado abismo,
que vive por sí mismo, de sí germinador,
yo soy la voz perdida que va todos los ecos
buscando que del mundo se esconden en los huecos,
para corear con ellos un himno al Criador.
Yo soy la voz que agita perdida en las tinieblas
la gasa transparente del aire sin color,
que sobre el tul ondula de las flotantes nieblas,
que del dormido lago se mece en el vapor.
Voz de hálito amoroso que con afán aspira
los cálidos efluvios de inextinguible amor;
y cuando entre las nieblas y los vapores gira
los himnos exhalando con que de amor delira,
se embriagan con el ámbar de amor con que respira,
suspiran con el hálito de amor con que suspira
el pájaro, el insecto, y el árbol, y la flor.
Tal vez soy ese incógnito
vago lamento
que en los vacíos ámbitos
se oye del viento.
Su son perdido
¿quién sondará si es nunca
canto ó gemido?
¿Quién soy? - Lo ignoro. - Tengo en mi ser
tinieblas tales, tal confusión,
que á un tiempo siente pena y placer,
ansia y hastío mi corazón.
Hoy desdichado, feliz ayer,
jamás descifro mi condición,
y mi voz nunca puedo saber
si es un lamento ó una canción.
Misterios deben del alma ser;
pero yo de ellos en conclusión
sólo averiguo que por doquier
pedazos dejo del corazón.
Yo soy como el arroyo:
desde que brota,
por do va en cada hoyo
deja una gota;
que es mi destino
dejar gotas del alma
por mi camino.

III
¿Quién soy?- ¡QQién sabe! - Mi ser ignoro:
mas de armonía guardo un tesoro;
y siendo armónica mi condición,
átomo suelto, libre, sonoro,
donde hallo un eco produzco un son.
Y ya se exhale de un arpa de oro,
ya de una ermita del esquilón,
ya del aullido de un muezzín moro,
ya de las turbas en rebelión,
ya de un insecto que errante zumbe,
ya de una gruta que honda retumbe,
ya de un torrente que se derrumbe...
,'
ya del bramido del aquilón
que el roble añoso crujiendo abata,
que atorbelline la catarata,
que los peñascos de la mar bata,
ó los cimientos de un torreón,
cuanto á mi paso despierta un eco
sordo, estridente, trémulo, hueco,
cóncavo, agudo, vibrante ó seco,
en mí una fibra tocando armónica
encuentra unísona repetición;
y el son más débil, más fugitivo,
me presta el tema, me da el motivo
de una plegaria ó una canción.
Y en una peña desencajada,
en la cruz puesta sobre un camino,
en una torre desvencijada,
en el murmullo del mar vecino,
en los escombros de un monasterio,
en la flor única de un cementerio,
en el arranque de un puente hundido,
en el fragmento de una inscr,pción;
en algo móvil que no haga ruido,
en algo oculto que dé un sonido,
en algo ha mucho puesto en olvido,
fundo una historia, sondo un misterio .
de que dar cuenta ó explicación.
Con una brisa que el aire pliega
de una neblina que el aura azula,
hago un relato que se despliega
de todo un libro p,or la extensión,
como un arroyo que de una vega
por entre el césped corriendo juega,
y ya se avanza, ya se recula,
ya sobre él pasa, ya no le llega,

ya se derrama, ya se acumula,
ya se desborda y el llano anega,
ya en un remanso creciendo ondula,
ya sobre el musgo de un coto salta,
ya de menudas gotas le esmalta
y huye brincando por la pradera,
desparramando su agua parlera
por la vertiente de la ladera
hasta que, escaso de agua y de son,
de su postrera lágrima rota
la última gota se hunde y agota
de arena seca por la absorción.
Así de un fútil recuerdo vago,
de la más nimia suposición,
campo y escena de cuentos hago
do mis delirios pongo en acción.
Yo soy como la hormiga:
doquier recoge
el granillo y la espiga
para su troje;
y á su hormiguero
marcado con su huella
deja el sendero.
IV
¿Quién soy? - ¿Cuál es mi sino?
¿Quién sabe? Peregrino
que gira sin camino
del mundo en rededor,
lo mismo en los sillares
do apoyan sus pilares
los domos seculares
del templo del Señor,
que al pie de los lentiscos
de los agrestes riscos,
donde hace sus apriscos
el mísero pastor,
recojo los cantares
y cuentos populares
que narra en sus hogares
el vulgo, de sus lares
ignaro historiador.
Yo hago una historia de una patraña
que oigo á la ciega superstición
con?r al fuego de una cabaña,
de un aguacero de invierno al son.
Convierto en tiernos cuentos sencillos
de los pastores la relación,
y á los palacios y á los castillos
voy á hacer luego su narración.
Mas por doquiera voy anudando
con almas tiernas honda afección;
y por doquiera que voy pasando,
pedazos dejo del corazón.
Yo soy como la abeja,
que en los rosales
toma la miel que deja
luego en panales,
y á su colmena
del dulce de las flores
va siempre llena.

Núl\IERO

579

la hiel de sus penas las vuelvo en cantares
y mi alma las mando bajo una canción.
Yo soy como las nubes,
que los vapores
derraman hechos lluvia
sobre las flores;
mi alma es un vaso
que miel vierte en las almas
que encuentra al paso.
¿Quién soy? - Tú no lo ignoras, ¡oh patria á quien
tú, cuyas tradiciones son mi único tesorG, [adoro!:
cuya futura gloria mi solo sueño de oro,
cuya afición y estima son mi tínico laurel:
tú, que eres sola el germen de mi cantar sonoro,
que para ti acompañan el pastoril rabel,
el caracol marino y el tarabuk del moro,
la lira de la Grecia y el arpa de Israel.
Yo soy átomo frágil á quien el viento mueve,
insecto susurrante que zumba sin cesar,
el trovador errante del siglo diez y nueve
que cruza mar y tierras en brazos del azar,
y voy, de mi fe mártir, mas fiel á mi destino,
á España por doquiera cantando sin cesar;
y por doquiera francos encuentro en mi camino
amigos que me esperan y ,hospitalario hogar.
Como una ave de paso
que nunca anida
y que vuela al acaso
sola y perdida,
yo siempre he ido
por el aire del mundo
solo y perdido.
Pero ave como el águila
de noble vuelo,
la voz para mis cánticos
busco en el cielo;
y donde alcanza
mi voz va derramando
fe y esperanza.

¿Comprendes, noble .Burgos, de crónicas archivo,
de tradición venero, de inspiración tesoro,
por qué como poeta con tus recuerdos vivo,
por qué como á la madre que :me engendró te adoro?
¿Comprendes por qué el es_tro que en mí atesoro
no puede decir nunca si canto· ó lloro,
y que por eso incierto siempre mi canto
unas veces es himno y otras es llanto?
¿Comprendes que al poeta .libre.y amante
da Dios la voz y el alma ·para que cante,
y que por eso en hojas doy á los vientos
pedazos de mi alma, cantos y cuentos?
Ya de la mía, Burgos, tienes las llaves:
de mi llanto y mis himnos !a_causa sabes.
Ya de hoy no me preguntes quién soy, qué tengo
dónde voy, ni de dónde cantando vengo.
Vengo del Occidente
do muere el día,
á volver al Oriente
mi poesía,
y en tus hogares
V
á volver á mis cuentos
¿Quién soy?-¿Quién lo sabe?-Yo mismo lo ignoro.
y á mis cantares.
Creyente sincero del Dios en quien fío,
á él solo me humillo, y á él solo le imploro,
Y como de el primer día
doquier le he hallado velando en bien mío;
en que pude oir y hablar,
doquier le bendigo, le canto y le adoro;
mi madre me entretenía, ·
doquier sus creencias evoco con brío;
con los cuentos que sabía
cantar mi fe firme no tengo á desdoro:
de Ruy Díaz de Vivar,
no tengo del pobre •vergüenza ó desvío,
cifra primera de gloria
mi' pan con él parto, su mal con él lloro:
de la castellana historia
y no me dan nunca recelo ni hastío
y del burgalés solar,
su sórdido traje, su obscura mansión.
de Ruy Díaz la memoria
Los más escondidos rincones exploro,
voy la primera á evocar.
y en todos á todos mi: fe les confío,
Mas no esperes que con pompa
contando á los unos un cuento sombrío
de homérica entonación
y haciendo con otros ferviente oración.
emboque la épica trompa,
Tal es mi destino: sin oro ni hogares,
y al romper mi canto, rompa
excéntrico, erranté, locuaz, vagabundo,
en épica invocación.
mi herencia son sólo mi fe y mis cantares
No: va á acompañar mi acento
doquier que·Il!-e lleva mi'fe por el munqo,
un viejo y tosco rabel:
y allí do.nde un día mi espíritu mora,
con él canto; y me contento
yo soy el consuelo del alma que llora:
con que oiga mi pueblo atento
yo cierro las [lagas que el tiempo no cura
lo que le cante al son de él.
con bálsamo suave de amor y ternura:
A que mi patria me entienda,
yo .riego la herida que encona la ausencia
no aspira á más mi ambición:
de dulces recuerdos de amor con la esencia;
otro, prez y honras pretenda:
y á mí me confían su afán y sus cuitas
mi atmósfera es la leyenda,
las almas que abrigan pasiones secretas
mi campo la tradición.
á eterno silencio y misterio sujetas,
Si en tal aire cojo viento
y cuyas historias conservo yo escritas.
y en tal campo hacino mies ...
Yo vivo con esas: yo sé sus azares:
Burgos, no llevo otro intento
yo lloro con ellas su afán y pesares,
sino que en tu hogar asiento
yo parto con ellas su oculta aflicción;
entre tus hijos me dés
y cuando abandono por fin sus hogares,
JOSÉ ZORRILLA

N úMERO

579

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

79

EL TELON ADENTRO

graves del miserere
cantado por los monjes, al par que el tañido de las campanas y la sonora voz
del encarcelado
Manrique, que da
su eterno adiós á la
mujer amada, es
una de las joyas de
Verdi, y más sublime nos pareciera si
no la hubieran vulgarizado los pianos
caseros y los callejeros organillos, que
sin piedad la maltratan y destrozan.
Casi todas las óperas tienen un nümero musical de efecto
siempre en el püblico. El Fausto, la serenata de Mefistófeles; Los Hugonotes,
el düo fina l de
Raoul y Valentina;
La Favorita, el sublime spirto gentil...
El Trovador tiene
el miserere, que basta á inmortalizar á
un maestro.

I
Radiante de luz
y de hermosura os-

tentábase aquella
noche el teatro. En
los palcos y sobre
su rojo fondo destacábanse las blancas toilettes y las peregrinas bellezas de
las másencopetadas
y aristocráticas damas. U na oleada de
perfumes esparcíase por la sala. Los
hombres, enfundados en irreprochables levitas, asestaban sus gemelos
para admirar más á
su sabor tan pereg rinas beldades.
Aquella noche éralo
de gala para el teatro de C ...
Cantábase El
Trovador y estrenábase la compañía.
Aquella ópera, una
de las más inspirad as del inmo,tal
Verdi, que de memoria se saben todos los buenos dilettanlt~ había sido elegida por la compañía siguiendo una
inveterada costumbre. Durante los primeros actos, el püblico había escuc~ado las arrobadoras armonías de la ópera en
~ed10 de un religioso silencio, solamente interrumpido por alguna salva estrepitosa de aplausos que estallaba de repente al ser filada alguna nota difícil y

II

LA CANCIÓN DE NOCHEBUl!NA,· dibujo

de R. Storch

de prueba. El cuadro grandioso de la ópera, el tmserer~ del ültimo acto, era aguardado con verdadera
ansiedad por parte del público.
Aquel cuadro de indescriptible y siempre seguro
efecto, aquel cuadro en que se escuchan las notas

CIVITAVECCHIA (ITALIA), - PRUEBAS DEL BARCO SUB

El tenor venía
precedido de gran
renombre yfama;no
había cantado en el
Real, eso no; pero
entre los que vagan por provincias era de los de pn:
1110 car/ello. De simpática presencia y gallarda apostura, era á la par que un verdadero artista dramático
u_n buen cantante; fraseaba bien, cantaba con exquisito gusto, poseía una voz fresca y bien timbrada. En

MARINO PARA PESCAR y R

Dibujo del natural de Dante Paolicci -Aspecto e t . d 1 ba ECUPERAR
•
x enor e
reo

VALORES

�EL DESAFÍO, cuadro de G . Simoni

UNA PROCESIÓN EN GASTEIN cuadro de Adolfo M e n zel (Exposició n internacional de Bellas Arles de Munich, 1892}

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

579
NúMERO

la se;enata del primer acto había sido saludado con para mí sola todo tu amor, como será todo el mío
una salva de aplausos.
1 para ti solo.
De los demás artistas no hemos de ocuparnos por- . . . .
que no juegan papel alguno en esta historia. Sólo diA los pocos días la compañía estaba de fiesta. En
remos de la prima donna, que llevaba un apellido es- una de las iglesias de C ... celebráronse los desposopañol, que empezaba su carrera desplegando asom- rios de Manrique y Leonora.
brosas facultades, que había nacido en una provincia
MANUEL AMOR MEILÁN
de Andalucía, que era hermosísima con esa hermos(ra avasalladora é irresistible de las andaluzas ...
herm·osas, y por último, que en el cartel se le llamaba
signorina, ó lo que es lo mismo, que era soltera.
Soltero era también y como ella español el tenor.
Desde que Carmen -,-- que éste era el nombre de la tiple - se había lanzado á la carrera lírica, formaba
parte de la misma compañía; en casi todas las obras
Bellas Artes. - La exposición de Bellas Artes celebrada
cantaban juntos, y siempre los ojos negros y abrasa- en Berlín durante el pasado año ha dado los resultados siguiendores de Carmen aparecfanse ante los de Camilo, el tes: durante los setenta y ocho días que ha permanecido abierta
tenor, en los ensayos, en la escena, entre bastidores, la han visitado, pagando entrada, 316.oSo personas además de
en la fonda - pues con frecuencia ambos iban á parar los 6.000 abonados; se han vendido ciento cuarenta y seis obras,
las dos mil doscientas cuarenta y siete expuestas, por la suma
á.la misma, -y de tal asedio llegó á nacer en el alma de
total de 212.500 pesetas ; los gastos se han elevado á 192 500
del tenor una especie de fascinación, que terminó en pesetas y los ingresos á 2o6. 250, resultando un excedente de
amor irresistible, amor inmenso que embargaba todo 13,750 pesetas. En cambio la de Munich ha dejado un déficit
sú ser, amor que desde entonces ·echábase de ver en de 28.750 pesetas, que se cubrirá con el suplemento de 10.000
por el Estado y 18. 750 que facilitará el municipio.
los actos todos del cantante. Hablábala con profun- concedirlo
- El gobierno belga ha adquirido con destino al Jardin .Bodísimo respeto y dominado por dulce emoción; en las tánico de Bruselas, que se propone adornar con estatuas, la
conversaciones con sus camaradas, veíanle éstos de hermosa figura El segador, de Meunier.
- En la Galería de Pinturas de Berlín está expuesta la Virpronto distraído y ace~hando con sus miradas las de
del canario, cuadro pintado por Durero en Venecia en 15o6,
Carmen; y en la escena, ¡oh, en la escena!, en los dúos gen
que aquel museo ha adquirido recientemente por 100.000 pesetas
de amor, sobre todo, aparecíase sublime. ¡Qué temu- y que es una de las mejores obras del gran maestro alemán.
d. en sus frases! ¡Qué inflexiones en su voz! ¡Qué apa- - Dícese que M. Chaucharcl, el comprador ele la Pastora ele
sionamiento en el decir! Las notas que el maestro l\Iillet y de El !tombre de la espada ele Meissonier procedentes
trasladara al pentagrama, al pasar por la garganta de de la galería del ministro belga Praet, ele cuya adquisición nos
ocupamos en nuestra anterior Miscelánea, lega en su testamento
Camilo transfigurábanse, adquirían relieve, calor y al Museo del Louvre su magnifica colecci6n, en la que figuran
vida ... Abrillantábanse con la luz sublime del amor ... cuatro cuadros ele Millet , entre ellos el famoso A ngelus, y va¡Cuántos triunfos debió Camilo á aquella pasión en rios de Meissonier, Corot, Troy6n, Díaz, Daubigny y otros.
su carrera teatral!

III
Pero Carmen no prestaba oído á las amorosas insinuaciones; aplazaba siempre el acceder á las súplicas apasionadas del tenor. Dijérase que gozaba en su
martirio; parecía como que más que sus triunfos escénicos, ambicionaba los de la femenil coquetería.
Tener aquel hombre á sus pies; verle languidecer y
morir de amor, con el nombre de Carmen en los labjos y besanéio la tierra que ella pisaba; ser la reina
despótica y tirana en aquel corazón, ser siempre la
señora y nunca la esclava... ese era su bello ideal y
esa la causa de los aplazamientos que daba á las súplicas del apasionado artista.
Aquella noche estuvo Camilo como nunca. Carmen
estaba oyéndolo allí en escena, enlutada, realzando
así más y más su peregrina belleza. Dentro, en la prisión del de Luna, Manrique el trovador enamorado,
Camilo. La muerte allí, á dos pasos, en la plaza; el
tajo y el hacha del verdugo esperaban. La orquesta
preludió el miserere, y el coro de bajos con sus voces
profundas, graves, severas, prorrumpió en fúnebre
salmodia, pidiendo á Dios misericordia por el alma
del reo infeliz. Entonces fué cuando con voz clara,
bien timbrada y sublime, con una voz que empezó
repleta de amargura, para concluir casi ahogada en
lágrimas y sollozos, cantó Manrique la conocida frase
musical, desesperación de malos tenores:
Ah! Che la morte ognora
é tarda nel venire
á chi desia morire...
¡Adío, Leonora.. !

Frío glacial corrió por las venas de los espectadores. La música sublime y su interpretación inmejorable les dominó por completo. Aquello era real, nadie
como Camilo sentía el arte; así deben despedirse del
mundo los que mueren amando; así deben mirar á la
muerte frente á frente, no con gritos de desesperación, sino con amargos sollozos. Contra la costumbre,
en medio del miserere rompió el público en una estrepitosa salva de aplausos; la orquesta tuvo que hacer alto, y el aclamado tenor se vió obligado á presentarse en escena á recoger uno de sus mayores
triunfos hasta tres veces consecutivas. En una de
ellas observó con el alma transportada de emoción
que en las pupilas de Carmen brillaban dos transparentes lágrimas.

IV
Cuando se terminó la ópera, una de las primeras
felicitaciones fué la de Carmen:
- H as estado sublime, Camilo. Pero desde hoy te
prohibo que invoques más á la muerte con tan apasionado acento
-¿Por qué?
- Porque soy, como andaluza, muy celosa, y quiero

Teatros. - Las principales compañías dramáticas ele Italia
han conmemorado el centenario de la muerte ele Goldoni representando algunas ele las mejores obras del con raz6n llamado
el Moliere italiano: la J\farini, en Turín, La serva amorosa; la
Vitaliani, en la misma ciudad, Jl teatro comico; la Marchi, en
M6clena, La locandiera, y Salvini, en Florencia, Pa111ela nubile.
- En el teatro de la Ciudad, ele Maguncia, se ha cantado
con mucho aplauso la 6pera Cid, ele Peclro Cornelius,
- La nueva 6pera cómica Truffaldine, del maestro alemán
John, ha sido muy aplaudida en el teatro de la Ciudad, ele
Koenigsberg.
- Se ha estrenado con éxito extraordinario en el teatro ele
Viena la nueva opereta de Juan Strauss La princesa Ninetta:
el emperador, que asisti6 al estreno, felicit6 al celebrado compositor.
- En el último concierto verificado en la Gewandhaus ele
Leipzig se toc6 una nueva sinfonla en do 111enor del príncipe
Enrique XXIV de Reuss, que fué dirigida por su ilustre autor.
Es una obra que cautiva en alto grado y demuestra las excepcionales dotes y los sólidos estudios del compositor y ha sido
calificada de una ele las mejores piezas sinfónicas producidas en
estos últimos años.
Parls. En la Comedia Francesa se ha reproducido Un pere
prodigue, una de las mejores obras de Alejandro Dumas no representada en Parls desde hace muchos años y que ha obtenido
un éxito completo: en el propio teatro ha alcanzado muchos
aplausos Coquelin, el menor, en el papel de Harpagnón de El
avaro, ele Moliere. En el teatro Libre se han estrenado Le menage de Bresile, ele Romain Coolus; Abas le prol["ess, de Edmunclo Goncourt, y Mademoiselle Julie, del sueco Arturo Strinclberg, todas en un acto y en prosa: á excepci6n ele la segunda,
que cuando menos tiene cierta originalidad, las otras dos pertenecen á un género tan libre que casi raya en pornográfico. En
el Gimnasio ha tenido poco éxito un drama en cuatro actos de
M . Hugues Le Roux, titulado Tout po1t1 l'honneur. En la
Opera Cómica, el estreno de Werther, ópera de Massenet, ha
sido un verdadero acontecimiento: es una partitura en la que
campean la unidad y la sinceridad, una obra llena ele inspiraci6n y admirablemente instrumentada; las piezas más aplaudidas
han sido la invocación de Werther y el dúo de éste y Carlota
en el primer acto, la escena de Alberto y Werther y una romanza en el segundo y la lectura de las cartas y la vuelta ele Werther en el tercero.
Londres. - Se han estrenado: en el teatro Lírico, con gran
éxito, la 6pera El ópalo mdl[ico, ele Isaac Albéniz; en Shaftesbury, una 6pera c6mica, La Rosiere, letra de Harry Monkhouse
y música de Jakobowski, y en la Comedia, The sports111an,
arreglo ele la comedia francesa ele Feycleau Monsieur cllasse,
hecho por Mr. Lestocq.
./Jfadrid. - En el Pr!ncipe Alfonso han comenzado las funciones de la Sociedad ele Conciertos de Madrid bajo la direc·
ci6n del maestro Mancinelli, habiendo sido un triunfo más para
éste y para los profesores de dicha Sociedad la ejecuci6n de la sinfonía ele Le Cid (Marsenet), de varios trozos ele Tristdn é !solda
(Wagner), de la Séptima sinfonía de Beethoven y de L' Arlesienne (Bizet). En el Español Vico ha tenido una de las más
graneles ovaciones en Don A !varo ó la fuerza del sino. Se han
estrenado con buen éxito: en Lara La partida... serrana, juguete c6mico en un acto ele D. Domingo Santoval, y en Romea
Madrid al vuelo, revista en un acto ele los Sres. Sánchez y
López.
Barcelona. - En el Liceo se ha verificado el beneficio del
maestro Mugnone, habiéndose estrenado con tal motivo una
6pera suya en un acto, Jl Biricllino, obra en que campean la
inspiración y el sentimiento y que está magistralmente instrumentada. La ovación que se tribut6 al beneficiado, bajo cuya
clirecci6n tocó la orquesta ele un modo maravilloso la sinfonía
de llfig11on y L' Arlesiemze, &lt;le Bizet, fué inmensa, digna ele su
talento y clemostr6 una vez más la simpatía y la admiración que
por él siente el público barcelonés.

579

LA ILUSTRACIÓN

ART-ÍSTICA

Nicolás I vanowitch Kokscharoff, consejero imperial ruso, individuo ele la Academia imperial de Ciencias ele San Petersburgo, célebre mineralogista y autor de una gran obra sobre ./Jfi11e-

ralogla de Rusia.
Alamanno Morelli, fam oso actor italiano, el primero que en
Italia interpret6 las obras de Shakespeare, maestro de la Marini, de la Tessero, de la Marchi, de Emmanuel y ele Monti.
Carlos Morgenstern, notable paisajista alemán, conocido especialmente por sus cuadros ele asuntos italianos.
Daniel Spitzer, escritor austriaco, redactor del diario vienés

Neue Freie Presse.
Juan Servain, poeta inglés, cuyas principales composiciones
son Cottage Carols y The Harp uf the Bilis.
D. Emilio Bravo, presidente del Tribunal Supremo de Justicia, senador vitalicio, caballero del collar de Carlos III y condecorado con las grandes cruces ele Carlos III é Isabel la Católica.

La canción de Nochebuena, dibujo de K.
Storch. - Congregada la familia delante del árbol de Navid:1d? entonan los niños la canción en que se conmemora el nac1m1ento del Mes!as, mientras el mayor de los hermanos acompaña en el violín las sencillas y sentidas estrofas. Tal es el
as~nto del dibujo de Storch, en el cual se desborda el sentin!1en\o. del artista reproduciendo en forma irreprochable esa
sm1 pat1ca escena.

Ci~tavecchia (Italia). - Pruebas del barco submB.!~no para pescar y recuperar valores. - Ante
com1S1ones del gobierno y del parlamento italianos y numeroso
concurso ele notabilidades técnicas y cientificas verificáronse el
18 de diciembre último, en aguas de Civitavecchia, pruebas ele
un ~uevo barco submarino construído según los planos del ing~mero Pedro Degli Abati y de sus hijos Camilo é Ignacio.
Tiene el barco 8'70 metros de largo, 3'50 de alto y 2'16 de ancho máximo, y su forma es muy parecida á la de un cetáceo
es decir, que sus secciones transversales son ovoides, más an'.
c?as por abajo á fin de que la emersi6n sea rápida y la inmers16n lenta, y lleva en su interior los mecanismos eléctricos necesarios_ para 1~ propulsi6~ ele la hélice, para la iluminación y
para la mmers16n y emersión. El resultado de las pruebas verificadas ha sido sumamente satisfactorio, pues el barco practic6
fácilmente todas las operaciones propias del objeto á que está
destinado. Nuestro grabado reproduce el submarino y la escena
de hundirse éste en el mar.

El desafío, cuadro de G. Simoni. - Encendidos los
rostros, respirando odio las miradas y en la mano la innoble
navaj~, a~rcibense lo~ dos ciocciaros rival_es,á_ ventilará puñalada hmp1a sus agravios. El desafío, antlpat1co casi siempre
conviértese en repugnante cuancl?, como en el de nuestro gra'.
b~do, el lugar de la escena, los tipos de los contendientes y las
m1Smas armas empleadas son de tal naturaleza que despojan á
ese acto de toda la nobleza que pueda tener en aquellos casos,
si es que alguno hay, en que una razón poderosa pone á dos
hombres frente á frente para lavar en sangre una afrenta que
no de otro modo pueda repararse. El cuadro ele Simoni es una
obra de toques ené.rgicos, llena de pasión, salvaje si se quiere
como el asunto e:dge, ·y el local armoniza perfectamente con ei
drama que en él se desarrolla. Muy bien entendidos están también los rostros y las actitudes de los do, contendientes y demás personajes que en la escena entran, y en unos y otros está
expresado con gran relieve el sentimiento que á cada cual domina.
Una procesión en Gastein, cuadro de Adolfo
Menzel. - Entre las primeras figuras art!sticas de Alemania
destaca la del ilustre anciano á quien con razón ha llamado uno
de sus biógrafos el más universal de los pintores alemanes contemporáneos. Se ha dedicado á todos los géneros y cultivado
todos los procedimientos, y en todos ha sobresalido y aun hoy
día, á pesar de contar setenta y seis años, conserva la misma
frescura de concepci6n y ejecuta con la misma firmeza con que
concebía y ejecutaba en su juventud esos dibujos q•e ilustran
la vida de Federico el Grande y que son considerados como joyas del arte moderno. El cuadro que reproducimos revela una
vez más el genio del gran maestro. Como obra descriptiva, esa
hermosa escena que se representa en humilde aldea teniendo
por fondo toda la poesía de los Alpes y por personajes la multitud de campesinos que llenos ele recogimiento asisten á la ce•
remonia religiosa y los huéspedes del vecino balneario que la
contemplan; esa escena en que tan admirablemente se retratan
tipos y C!)Stumbres del campo, sencillos, mas no por eso menos
simpáticos y encantadores, está tratada con tanta verdad y con
pinceladas tan vigorosas y espontáneas que sus innumerables
bellezas saltan á la vista aun del más profano en materia ele be·
llas artes. Hay además en esta obra una nota que la hace to·
clavia más interesante, y es el contraste que ofrecen el fervor de
los aldeanos y la indiferencia y aun despreocupaci6n de que
parecen hacer alarde los forasteros: en el grupo de éstos y con·
trastanclo con el esprit fort que está á su lado y que ni siquiera
se quita ante el Santísimo el riclkulo gorro que no dejaría de
quitarse si por delante de él pasara el Kaiser ó cualquier otro
soberano de la tierra, se ve á un anciano con la cabeza descu•
bierta y en actitud recogida; es el mismo Menzel, el autor de

Una procesión en Gastein.

Misa de campaña celebrada el día 11 de oc·
tubre de 1892 en Montevideo. - La República Orien·

tal del Uruguay, á pesar ele la gran crisis económica que está
atravesando, quiso celebrar dignamente el cuarto centenario del
clescu brimiento ele América, y al efecto organizó graneles festejos que duraron tres ellas, en los cuales tomaron parte naciona·
les y extranjeros, unidos todos en el mismo entusiasmo por hon·
rar la memoria del descubridor del Nuevo Mundo. Entre ellos
figuró la misa de campaña que se celebró en la plaza de la In·
Necrologia. - Han fallecido recientemente:
Benjamln Franklin Butler, general norte-americano que se dependencia el dla 11 ele octubre y á la que asistieron toda la
distingui6 en la guerra separatista, en la cual defendió la causa guarnición, compuesta ele las tres armas, los tres poderes del Es·
taclo y una numerosa concurrencia.
de los Estados del Norte.

Tome usted, añadió, llenando de ramas los brazos del joven

CARGO DE CONCIENCIA
POR

Ju ANA

MAIRET, CON

PRECIOSAS ILUSTRACI ONES DE

'
A. MOREA U

(CONTINUACIÓN)

&gt;Algunas veces, al leer de nuevo
d I
.
sonrío cuando recuerdo grandes d uno e _os ant1~u,os cuadernos de mi diario,
un_ año, pero amado hasta el un:sesperac10nes r~d1cul~s. He, amado durante
baile y cuyo nombre no su
p o de llorar, á cierto Joven a quien vi en un
ví á ver algunas veces en
nunca, pues jamás hablé con ese hombre. Le volba persuadida de que la Provi~~qu~ y en ~ te~tro, y esto me bastó, porque estapor una circuns.tancia cual uiera~ia nos estma?a el uno para'el otro, y de que
casaríamos. Durante algun¿s meses\:al~~~ía la vida, me _adoraría de~pués y nos
memente que los caballos iban á d b ia en coche nmguna vez sm creer fir.
ría J?ªr~ detenerlos á riesgo de su vi~:. o~arse y que ~l apuesto joven se arrojase sigme~on sin que volviese á ver al ob ·et5 dno s~ced1ó n,:tda de esto, y los años
ocho 6 diez años vuelva á leer las , } o e mis ensuenos. Cuando dentro de
pagmas que ahora escribo, ¿me parecerá mi

efi

pesar de hoy tan infantil como mi deses eración d
ya no tengo diez y siete años soy m . p
e entonces? No lo creo; pues
»E?contré á R oberto en ¡~ Cruz;
ta~... ,
.
también, y me salió al encuentro tendiéndo
I tado a m1, nerv10so y agitado
-»Me h h h
•
me as manos
. as ec o vemr aquí para decirme
h
.
.
tro matrimonio, Marta, ¿no es verdad?
que emos de fiJar el día de nues»y _seguramente que si yo le hubiera dich ,
él casi un alivio. Durante un momento tuv o st, esta palabra hubiera sido para
después Roberto añadió mirándome más aet lat tentación de pronunciarla; pero
- »No tá b'
'
en amente·
es s ten, pobre amiga mía• te
ál' d ·
- »He dormido mal y nada , '
veo P I a Y descompuesta.
hablar, y aquí podremo~ hacerlo
sentémon_os, R~berto: tenemos que
e que nadie nos mterrumpa.

~:~ífst:~:l~~mo

~::~fo~r~

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

579
N úMERO

»La atmósfera era pesada y sofocante; el cielo estaba cubierto de nubes muy

11

bajas y de triste aspecto; de vez en cuando, á pesar del calor, soplaba un ligero
viento frío, y parecía inminente la tempestad; el mar tenía un color gris negruzco.
))En vez de hablar miraba á lo lejos varios puntos blancos, evidente indicio
de un mar borrascoso, y entre mí pensaba que cuando estos puntos se acercasen á la costa y las olas llegaran precipitadas é irresistibles á batir la arena de
la playa, le diría: «Todo ha concluído.» Esto era efecto de mi cobardía, y también un gran cansancio... No podía más. Roberto me cogió la mano con dulzura, cariñosamente, y comprendí que me miraba, procurando llamar mi atención;
pero yo seguía siempre la línea blanca de las olas espumosas que se aproximaban rápidas. Las ligeras ráfagas de aire frío eran cada vez más frecuentes.
- »Tienes fiebre, Marta, díjome Roberto.
»En estas palabras había tanta ternura y piedad, que las lágrimas se agolparo11 á mis ojos, pero no quise llorar delante de él. .. Retiré mi mano de la suya,
y díjele tranquilamente:
- »¡Oh! No es nada; la fiebre acompaña siempre á la jaqueca... Por lo demás,
no es de mi salud de lo que deseo hablarte.
- »¿De qué querías hablarme, Marta, sino de nuestro próximo matrimonio?
»Parecíame que no tendría nunca valor para decir lo que me había propuesto, si no lo hacía bruscamente de una vez; y con un acento que resonaba de un
modo singular á mis propios oídos, contestéle apresurada:
- »Ese matrimonio no se efectuará nunca, Roberto; yo no puedo ser tu esposa.
»Siguióse una pausa, durante la cual pude oir la respiración acelerada de Roberto.
- »¿Por qué?, preguntó al fin casi con dureza.
- »¡Porque yo no soy propia para el matrimonio, y no lo quiero; porque soy
una salvaje que solamente ama su libertad, y porque no sabría renunciará ésta
en tu favor, á pesar del afecto que me inspiras!..
- »No es eso, Marta; mírame bien de frente, tú que jamás supistes mentir ...
Hay otra cosa. ¿Cuál es?..
»Entonces, sin saber qué decía, exclamé:
- »¡Ten compasión de mí, Roberto! .. Sufro por ti ... por mí misma y por el
pesar que ocasionaré á tu madre. Debes comprender que si yo pudiese en conciencia ser tu esposa te diría: «Aquí me tienes; soy tuya para toda la vida;» mas
yo no puedo hacerlo, te aseguro que no puedo ...
- »Has debido pensar en todo esto antes de que fuéramos prometidos, pues
persisto en que lo somos; si ahora has cambiado de idea, es porque hay alguna
razón para ello, y yo quiero saber cuál es esa razón.
))Parecíame á mí - no sé si me engaño - que si Roberto insistía de aquel modo era para.descargar su conciencia y porque estaba casi seguro de que yo no
cedería. ¿Qué hubiera pasado si yo hubiese cedido? Esta idea me devoh'ió mi
sangre fría.
•
- »Recuerda nuestros convenios, le dije. Este matrimonio no se efectuaría
sino en el caso de que, á medida que el tiempo transcurriera, llegara á ser más
íntima la unión entre los dos. No ha sucedido así; y ahora estamos más lejos
uno de otro que hace seis semanas. Me parece que esto basta. Cierto que nos
amamos, pero como buenos compañeros y hasta como hermanos: á ti te parece
esto suficiente; mas para mí no lo es; de modo que yo sería desgraciada, y no
sabrí~ hacerte feliz. Más vale sufrir un poco ahora que vivir un año y otro juntos sm estar por eso verdaderamente unidos; y advierte, Roberto, que no doy
este paso sin haber luchado mucho antes. No hemos podido vernos íntimamente sin que nuestro afecto disminuyera en vez de aumentar. ¿Qué sería si nos hubiésemos unido para siempre? Créeme, Roberto, separémonos como buenos amigos, sin amargura y lealmente. Más tarde dirás: «Bien mirado, tenía razón.»
»He aquí cómo yo abogaba contra mí misma; y poco á poco Roberto se dejó convencer. ¡En el fondo no deseaba otra cosa! Muy pronto esa emoción se
calmó; yo había descargado su corazón y sobre todo su conciencia de un peso
enorme, y él estaba infinitamente agradecido. Ya no protestaba sino por pura
forma; lo adiviné y él comprendió que lo adivinaba, á pesar de lo cual nunca
me preguntó de qué provenía mi tibieza; la verdad es que yo había empleado
expresamente fó.rmulas vagas. Esto era suficiente para él. Pero debo decir que
Roberto es un )Oven verdaderamente honrado y de carácter cariñoso. Debió
comprender que á pesar de mi impasibilidad yo sufría, y supo consolarme un
poco en mi padecimiento.
- »Hablas de compañerismo, Marta, repuso; mas yo no encuentro palabras
p~ra expresa'. to1o cuanto en él hay, por parte mía, de ternura, de afecto y también de admiración. Te conozco desde la infancia, y siempre te vi sincera y val~ros_a, dotada de una bondad casi demasiado perfecta, olvidándote siempre de
ti misma para no ocuparte más que de los otros; á pesar de tu calma, sé que
eres capaz de profundos entusiasmos y de heroísmo, y no obstante conservas
una ingenuidad y una sencillez adorables, á la vez que un tanto novelescas... ¡Ay
de mí! Todo eso se vuelve en contra mía, ó contra los dos, en este momento. Tú
quieres lo ideal, deseas lo imposible; pero en la vida es preciso saber contentarse con sentimientos mezclados, dichas incompletas, y sin embargo muy aceptables... Créeme, hay muchos hombres y mujeres en el mundo que se contentarían
con un matrimonio como podría ser el nuestro...
. _»La voz ~~ Roberto, áspera antes, habíase dulcificado mucho y era muy cannosa; la cns1s había pasado; ya no experimentaba más que el bienestar que
después de la crisis se sien te...
)¿Y yo?:. Pues yo seguía mirando siempre los puntos blancos amenazadores,
muy pr.óx1mos ya, Y. vagamente compadecíame de la arena dorada que muy
pr?nt? iba á ser batida por el furioso oleaje, y me parecía así compadecerme á
m1 misma. 1:,as nubes corrían amenazadoras y negras en un cielo muy bajo; de
repente un mmenso relámpago iluminó el cielo sombrío, y el trueno retumbó
como un cañonazo; atín no llovía, y los dos nos levantamos de un salto.
- »Vu~lve á casa pronto, Marta; apenas te queda tiempo.
- »¡Ad1os, Roberto!..
»Observé que estaba muy conmovido, y en cuanto á mí, creí que me hallaba
á punto de perder el conocimiento. Solamente pensaba en una cosa, en conservar ~astante _imperio sobre mí misma para no gritarle: «¡No es verdad lo que te
he dicho... ciego que no quieres ver... yo te amo, te amo como jamás mujer alguna podría amarte!.. » Pero me callé, y entonces, inclinándose hacia mí, díjome
con voz temblorosa:
- »Puesto que es un verdadero adiós, permíteme besarte, querida Marta,
querida hermana...

»Le presenté mis mejillas pálidas y estremecí me de pies á cabeza al sentir
aquel beso; mas Roberto creyó que temblaba de frío y díjome con expresión inquieta.
- »Ahora, apresúrate, porque la tempestad está á punto de estallar...
»:Mientras escribo estas líneas, el trueno retumba con estrépito y la lluvia cae
á torrentes. Este furor de los elementos me complace, sobre todo porque podré
estar largo tiempo sola. La tía Aurelia teme la tempestad, la conozco bien, y no
se pondrá en camino hasta que haya pasado.
»¡Dios mío, Dios mío, cuánto sufro, qué desgraciada soy y qué bien venida
sería la muerte! Me ha llamado l1er111a11a. ¿Será simplemente una palabra trivial
de afecto? ¿No la pronunció con una intención más particular? ¿No estoy yo destinada á ser más tarde su hermana? ¡Ay de mí!..
»... Hace ya cerca de una hora que estoy atontada, mirando cómo giran las
agujas de mi pequeño reloj. Ya cesó la tempestad y voy á sentarme en mi otomana para que Edmunda me encuentre como me dejó; me haré la ilusión de
que ,he dormido, de que he soñado... ¡Qué triste ensueño... , qué lúgubre despertar! ..»
Edmumda entró de puntillas, temiendo despertar á su hermana, que no se
movió; pero cuando la joven se disponía á salir de la habitación, Marta se
volvió.
- ¿Eres tú, querida hermana?
- ¡Ah! Yo te he despertado; jamás hago cosa buena. Mis mejores intenciones
tienen siempre las más deplorables consecuencias.
- No me has despertado, pues apenas dormitaba. ¿Te has divertido mucho?
- ¡Hum! Así, así. Por lo pronto, esa tempestad que nos amenazaba hacía cris• par los nervios; y por otra pa rte, algunos han faltado á su palabra dejando de
presentarse, sobre todo los hombres; de modo que tus juiciosas advertencias
han sido superfluas. El capitán ha tenido miedo sin duda de algunas gotas de
agua, aunque al paso que lleva su caballo le habrían bastado tres cuartos de hora para ir desde Trouville á la heredad... Sin embargo, me había prometido...
¡Ya verás con qué frialdad le recibiré! Esto te divertirá. En cuanto al Sr. de Anee!, no tiene excusa alguna porque es vecino... La señorita de Robinsón aseguraba que vendría; mas no compareció.
- De modo que tu precioso traje ha sido inútil, pobre Edmunda, dijo Marta.
- ¡Sí, búrlate bien de tu hermanita! Esto prueba por lo menos que te has aliviado un poco de esa pícara jaqueca; pero yo no diré que no haya producido
efecto mi traje, pues todos los hombres más granados que había allí han quedado seducidos; de suerte que en resumen no he dejado de tener algunos adoradores.
- ¡Edmunda, Edmunda!.. ¿Cuándo aprenderás á reconocer que la vida no es
una inmensa partida de recreo?
- Pues... uno de estos días; pero no en seguida... Cuando me haya casado.
- Y ¿dejarás de ser coqueta cuando contraigas matrimonio?
Edmunda tenía la virtud de ser muy franca; pensó un poco antes de contestar, y después arrodillóse junto á la otomana.
- Escucha, dijo, hay coquetería y coquetería. Yo creo que siempre procuraré
parecer linda, porque esto no está prohibido, ¿no es verdad? Pero participo un
poco del parecer de la señorita Robinsón, la cual piensa que es bueno divertirse mientras una es joven, y por divertirse entendemos dejarse hacer la corte.
Después, una vez casada, se ha de tener formalidad.
- ¿Es decir, repuso Marta, no pensar más que en el esposo, no tener más objeto en la vida, labrar su felicidad y ser toda de él?
- Sí..., eso es, poco más ó menos. Ya sabes, hermana mía, que tlÍ eres romántica exaltada; y yo, á pesar de mi aire de.traviesa, tengo mucha más calma y
soy más práctica también. Cuando me case -y ahora te hablo con mucha formalidad - lo haré en conciencia, y estoy segura de ser una mujer muy honrada.
¿Te basta esto como profesión de fe?
- ¡Querida Edmunda, querida hermanita, si tú supieras cuánto te amo!
- ¡Toma! ¿Y por eso lloras? ¿Qué motivo tienes?.. Será la jaqueca ó la tempestad. Duerme un poco; ya no charlaré más.

VIII
Durante toda la noche y una gran parte del día siguiente no dejó de llover.
Los senderos se habían convertido en torrentes, los caminos estaban inundados,
y no se oía más que el rumor producido por las ráfagas de viento y las trombas
de agua que batiendo las ventanas doblegaban los árboles. El verano, excepcionalmente hermoso, transformábase súbitamente, volviendo á reinar el frío y la
tristeza.
Edmunda no había visto atín el campo más que con sus ·galas, pues prescindiendo de algunas tormentas, siempre fué el tiempo magnífico desde su llegada,
y todo parecía festejarla á la vez, no comprendiendo nada de aquel cambio.
Recorría una y otra vez las salas del castila, donde penetraba poca luz por las
estrechas ventanas; irritábala no poder salir, y se decía que en el mal tiempo, no
siendo ya posible las excursiones á caballo, ni los ejercicios de natación, ni las
reuniones en el jardín para jugará la roqueta ó al volante, el campo no era propio para ella. Ayudó á la tía Aurelia á poner en buen orden las sedas de colores
claros, hablando de continuo sin esperar contestación; después tomó un libro,
del que se cansó pronto, y al fin acogió con entusiasmo el anuncio de que se iba
á servir el almuerzo.
Marta, aunque sufriendo mucho aún, decidióse á levantarse para ocupar su
asiento en la mesa, y se dejó mimar por su hermana, que jugaba á la enfermera,
como jugaba á todo lo que hacía.
Pero una vez terminado el almuerzo, cuando la tía hubo vuelto á sentarse ante su eterno bastidor junto á la ventana, mientras Marta se hundía en un gran
sillón, silenciosa y triste, la ociosidad fué para Edmunda del todo insoportable.
Aunque tratando de leer, miraba al reloj de continuo; nunca le habían parecido
las horas tan largas, y bostezaba á cada momento. Al fin la tía Aurelia, siempre
burlona, dijo con tono irónico:
- Y ha de saber usted, señorita Edmunda, que esto no es nada aún; ya vera
usted en el otoño y á principios del invierno, cuando no se puedan asomar fuera
las narices, cuando el cartero llega á duras penas, cuando se corre peligro de
que falten los víveres y cuando nos helamos casi en esta hermosa mansión ...
- Vamos, tía, no calumnie usted á nuestro castillo, dijo Marta, interrumpiendo
la dolorosa meditación en que se había sumido; podemos calentarnos bien, y no

579

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nos faltan muchos libros, revistas y diarios para ocupar las largas noches del
otoño. ¿Tienes frío, Edmunda?
L-i friolenta niña, abrigada con un chal de lana blanca hizo una señal afirmativa, en vista de lo cual Marta dió al punto orden de e~cender un buen fuego. El criado amontonó astillas y hacecillos de leña en la chimenea monumen!ª1, ~astante grande para asar un buey entero, y de repente el antiguo salón se
iluminó con los resplandores de las llamas, que parecían brillar en las paredes.
A pesar de la hora, era tal la obscuridad, que la señora Despois dejó su trabajo
y acercóse al hogar.
Edmunda, otra vez risueña, instalóse sobre unos cojinetes á los pies de su
hermana, y alargó las manos sobre el fuego.
'
- Esto es muy agradable!, dij~. El fuego da ganas de hablar; yo soy muy
charlatana; pero .vosotras dos estáis tan graves y silenciosas que da miedo...
Marta se sonnó.
- Pues habla cuanto quieras, Edmunda, dijo, puesto que tantas ganas tienes.
No deseamos más que escucharte. ¿No es verdad tía?
- Sí, con la condición de que diga muchos disparates pues nada divierte tanto como las tonterías de los demás.
'
-: ~u~s entonces, ·señora, replicó alegremente Edmunda, ·va usted á quedar
servida a su gusto.
·
·
. - Por lo menos, Edmunda, repuso la tía, preciso es hacerle la justicia de que
tiene usted muy buen carácter.
. - Ese agrada}&gt;le fuego contribuye á que sea amable; hace un momento, al
mirar cóm~ \lov1a, _co~en~ba á ,estar taciturna; pero las llamas me han hecho
recordar m1 m'.ancia; a mi mama le agradaban mucho hasta en verano, y me parece estarme viendo atín, muy pequeña, en un rincón, mientras que ella se ves-.
tía. ¡Parecíame tan hermosa mi mamá!..
Era raro, que ~dm~nda h!ci~se la menor alusión á su pasado y con frecuencia
~far~ hab1a, temdo viva cunos1dad respecto á la infancia de aquella hermanita,
a quien habia encontrado grande ya. No quería interrogarla y contentábase con
algunas breves fra~es que Edmunda dejaba escapar, las cuales arrojaban á veces
una luz algo extrana ~obre los años pasados. La tía Aurelia esperaba, por lo tanto, que e~ta v~z, lo ~1smo que las otras, Marta cambiase de conversación; pero
no fué as1. Mientras Jugaba con el cabello dorado de su hermanita díjole dulcemente:
'
- No sería tan linda como tú, hija mía, segura estoy de ello.
. -No,
hermosa d~ otro ~odo: r~ubia también, pero con grandes ojos azules,
?JOS de n~no. A los n:emta y cmco anos desempeñaba aún los papeles de dama
Joven meJor _que n.ad1e, y tenía una manera de decir las más sencillas palabras,
~on _tal can?1dez, sm elevar la voz, que hacía llorar á todo el mundo. Yo adoraba
a 1111 mama Y_el\a me correspondía algunas veces, cuando le quedaba tiempo;
pero otras, olv1dabame del todo.
- ¿Cómo que te olvidaba? ¿Qué quieres decir con esto?
- ¡Oh! No era por maldad, ya lo comprenderás; pero ¡tenía tantos amigos y
yo oc~paba en la casa tan poco lugar!.. Cuando iba á comer fuera de casa olvid~ba a men~do encarga_r que me sirviesen la comida, y como se cambiaba de
criados contmuamente, !ncluso de n;ii aya, nadie se ocupaba de mí, confiando
cad3; cual e;1 que I? hanan los de~as. Entonces, al ver yo que decididamente
no me servian, registraba _los armar~os, bu~cando bizcochos y confituras, y á ve~es encontraba, ~ero n~ siempre. Cierto d1a, mi papá, que había estado de viaJe - c~n frecuencia h~c1a algunos para sus negocios - volvió cuando no lo esperaban. yo ;staba empmada sobre un taburete que había puesto en una silla, y con
gra~ alegria aca~aba de encontrar un pastel apenas comenzado. Al oir la voz de
~a~a, me atemon~é, Y habría caído, sin soltar mi pastel, si él no hubiese llegado
ª tlemp~ para e.v1t~rl~. Lloré tanto de miedo como de hambre, y no le costó
poco ,enJugar mis lagrimas. «¡Vé á ponerte el sombrero, me dijo, y los dos iremos a comer ~ la fonda!» Yo no sabía á punto fijo qué me quería decir con esto·
pero no ~e h~ce de rogar. Papá me dió una comida extraordinaria, é hízome be'.
ber un vm_o p1,cante q~e_yo no conocía aún, pero que me pareció muy bueno.
Cre? que Jamas en 1111 v!da había sido tan feliz como aquella noche. Papá me
dec,ia cos~s raras, muy_ tiernas también, y una vez que me miraba observé que
tema lágrimas en los OJOS. Esto me produjo un efecto singular, y le dije: «Pero
los caballer?s no lloran .._.»_ Creo que entonces fué cuando me habló por
P mera ve~ de m1 ~ermana, d_1c1éndom.e que sería para mí, en caso necesario,
~~a
pequena 1?ª11:1ª· (Yo, hu1?1era querido verla en seguida!.. Después de esro,
1
ronme una mst1tutnz a quien yo no quería mucho· pero al menos vigiló para
que no me faltara nunca la comida á la hora.
'
- De todo~. modos, murmuró la tía Aurelia, es una manera muy extraña de
educar á su hiJa ...

- Nada de eso, porque se reproduciría la jaqueca, y yo quiero que estés fuerte, buena y animosa.
- ¿Animosa por dos?, preguntó la señora Despois, procurando tomar una expresión de burla, por temor de enternecerse á su vez, y pensando que aquella
niña sabía ganar admirablemente el corazón de los demás.
- Sí, señora, contestó Edmunda. ¡Ah! Sepa usted que yo no me dejo engañar
y que soy muy susceptible de progresar. Marta podrá hacer de mí cuanto quiera, y espero que procurará aleccionarme para ser útil y animosa como ella. Por
lo mismo, no vaya usted á creer que me intimida con la lúgubre pintura que me
hace del mes de noviembre en medio del campo.
Un criado entró en aquel momento para decir que el señor cura deseaba ver
un instante á la señorita.
- ¡Que pase adelante!, contestó Marta.
El cura era el mejor amigo de Marta; habíala bautizado y dádole la primera
comunión y aspiraba á casarla. Parecíale que su joven feligresa era un poco independiente, aunque muy buena y caritativa. La señora Despois, católica con
muchas intermitencias, libre en sus propósitos y no poco burlona intimidábale
m'.15, pues n~ representaba de ningún modo el tipo eclesiástico d~ la mujer humilde y sum1s~. -".lquel cura d~ pueblo, cuya pequeña iglesia cubierta de hiedra,
. una de las cunos1dades del p~1s, se hallaba en el fondo del valle, lejos de las playas mundanas, sabía, por decirlo así, á terruño como verdadero hijo de campesino; pero era el hombre más excelente del mundo.
- Apenas me atrevo á entrar, Marta, dijo, porque estoy lleno de barro y mo-

~:a

P:fá,

d - ¡Ah, querida señora, temo producir en usted una falsa impresión al hablarle
e estas cosas! Yo era muy querida, todo el mundo me mjmaba sobre todo
cua~do ~omencé ~ ser mayorcita. Llegaba ya á los quince años, ~uando cierta
noc ~' sm preverurme de antemano ni darme aviso alguno una prima de mi
que _me ad~raba, llevó~e ~onsigo al teatro. Desempefiaba allí papeles cóy excitaba siempre la h1Iandad con su risa extravagante, sus ojos saltoies Y sus bruscos ademanes; esto era muy cómico, pero siempre la misma cosa
din~~fondo ~e parec(a una buena mujer, pero algo loca; fuí con ella al cuart~
ue d sf vestia y se pm~aba. la cara, y muy pronto entraron varios caballeros
q
.ec an cosas ~uy divertidas y que eran los primeros en reírse. Yo me reí
~a~~~~~' au?que sm co_mpren~er siempre lo que se hablaba, y entonces uno de
pq , y s~nores, un v1eJo, dfJome que cuando yo debutara enloquecería todo
. ar~s. 0 esea?a mucho ser actriz como mi mamá. «¡Vamos!, di·o la rima
c~~iere ust;d deJ.ar en paz á esa niña? Es la señorita Levasseur, y 0 deb~tará'
P que esta destmada a ser una heredera muy solicitada... » Pues entonces re~
1
ca~a~;ro, ¿po'. qué la trae usted aquí? La verdad es que la prima d~ mi
,
no
a 1a reflexrnnado sobre esto; hizo uno de aquellos ademanes ue le
1
~~ia~ tantos aplausos ;n las tablas, todos soltaron la carcajada, y ya nad~ volt t
ocupars,e ~e m1. ~ero entre aquellos señores hallábase un ami O de mi
s~ ~~c¿fe~i~ib}~t~º so¡10
pap~; refirióle el incidente, y cuando aqu[i lo supo
sión en
'1 . a
m1 ~ª1!1ª, gue ya estaba enferma, y me pusieron á penhe si un C? eg10. '.sta es m1 h~stona. Ya ves, Marta, que antes de conocerte
do qu_enda Y olvidada sucesivamente; tal vez se me ha educado de u
nera extrana com d' 1
D
.
na mahe conocido' la t o ice a senora espo1s; pero solamente aquí, en tus brazos
estaré agradecid:rnyu:f ioontestnadnta;' la b~ndadh y la abnegación. ¡Juzga ahora si
·Q .
•
r s en m1 una ermana que te adora!
- 1 uenda Edmunda, ttí quieres hacerme llorar!
..

;fe~:,

J

~~!:
ª

it

?e

¡Cómo! ¿No saben ustedes?

jado de pies á cabeza... 1·Fuego en el 1nes d ' 1'
é b · 'd
ustedes!
e JU 10... qu uena I ea han tenido
- Aquí ~~drá usted calen~a_rse y estar con toda comodidad, se1ior cura, repuso Marta. c~ómo le ha p~rm1t1do á usted Francisca salir con este tiempo? Ya no
reconozco a la buena anciana.
-:_ He sal_i1° á pesar suyo Y también mío. ¿Por qué no he de confesar mis equenas debilidades? Nuestros caminos de travesera se convierten muy pronto~n
torrentes, Y para remontar desde mi agujero á estas alturas se necesita andar
~u&lt;;ho; pero es el caso que la mujer de Duval acaba de dar á luz un niño y
e~iase que eStaba ~uy enferma. Vengo ahora de su casa y he visto que e~tá•
mrdJor, pe.ro muy débil. En el camino pensé que mi buena Marta le enviaría
ca o y vmo ...
- Dentro de una hora lo tendrá.
La señora De:pois levan~? la cabeza con expresión burlona.
la V1ª11:~s, s~or cura, d1Jo, c~nfiéselo usted todo, y por mi parte le prometo
11
so u~i • ¿ 0 le ~a pas~do a usted un momento por el magín cuando ha~~ªn~e~ ro eo para vemr aqu1, la idea de un buen asado y un vaso' de vino ca-

b

,ª

cura se sonrió, pasando suavemente la lengua por sus gruesos labios antes
d e El
contestar.
- Esa e~ otra d~ mis ~ebilidades: soy un poquillo glotón, y Marta sabe repmaerahretlaanb b1len ehl vmo caliente con azúcar y especias... A decir verdad la llivia
a os uesos· y me d
..
'
,
a verguenza ver cómo humea mi sotana al calor
d eI fuego...
po!~:u

nd

a se levantó Y cogió el chal de lana blanca de que se había des-

mu~ También tiene us~ed mojada la espalda, dijo, señor cura ... La caridad es
jerr{e ~~:;;,h~ero t,am?1én es preciso evitar que produzca fluxiones de pecho. Décer a m1. ..
Así d_ici~ndo, cubrióle los hombros con el chal.
- Senonta Edmunda - é h
.
t d?
, es una prenda
' ' ,qu
ace
Y ad emas
de
· US e ..• Ese bomto chal de lana se mo1·ara' · · ·
alivia mucho.
muJer ... no tiene nada de sacerdotal... pero en fin,
( Co11ti1111ará)

�86

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N úMERO

579

Proyecto de utilizaci6n del subsuelo de la plua de la Constitución de Barcelona para dependencias municipales1 original de D. Salvador Vigo

PROYECTO DE UTILIZACIÓN
DEL SUBSUELO DE LA PLAZA DE LA CONSTITUClÓN
DE BARCELONA

Los grabados de la presente sección representan
las plantas y secciones del proyecto trazado por el
ingeniero maestro de obras D. Salvador Vigo y Soler,
ex concejal del municipio de nuestra ciudad, corporación á la cual lo ha dedicado el autor.
Acompaña al proyecto una memoria en la que se
demuestra con gran acopio de detalles las condiciodes especiales y favorables que reune el inmenso espacio de 2.8r 4 metros cuadrados que forma la plaza
de la Constitución para ser aprovechado su subsuelo
para oficinas municipales, y la necesidad que de ello
tiene la ciudad desde el punto de vista económico,
citando entre otros los interesantes datos que extractamos á continuación.
La plaza de la Constitución está situada á tme metros sobre el nivel del mar, y por ser la cúspide de
una colina no hay en la actualidad cloaca alguna colectora construída ni proyectada. Si el ayuntamiento
hubiese de adquirir un solar de igual espacio junto á
la casa capitular, le costaría tres millones de pesetas,
resultando por el proyecto presentado casi de balde,
pues siendo indiscutiblemente propiedad del municipio sólo le costaría los gastos de habilitación semejantes á los de la construcci5n de un edificio.
Rebajada aquella gran superficie 7'70 metros se
obtiene un emplazamiento á 5'30 metros de cota so-

,

IJ

C.• •1 C1l

bre el nivel del mar, y su desagüe y ventilación están
perfectamente garantidos á favor de las pendientes
de las calles de Fernando VII y Jaime I. En el hueco se construirían pilastras y arcos de ladrillo que sostendrían la bóveda del local obtenido y suelo enton-

579

s¿

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de la que representan los alquileres de los pisos y edificios que hoy por falta de local
se ve obligado á tener, y se
consigue reunir en un ·solo
punto las oficinas municipales,
mejorando la buena administración y beneficiando al público en general.
El Sr. Vigo se ha sujetado
estrictamente á las fórmulas
científicas para calcular los
espesores y estribos de las bóvedas y el grueso de las pi lastras que han de sostenerlas, y
de sus cálculos resulta que el
proyecto es perfectamente
factible, y resulta también
probado que responde al objeto para que ha sido estudiado, que es el más económico
que en igualdad de capacidad
de local se puede presentar
y que reune las condiciones
de belleza y solidez apetecibles.
La necesidad de proporcionarse un gran local aumentará, y será indispensable satisfacerla de un modo ó de
otro el día no lejano en que
se efectúe la agregación de
los pueblos del contorno de
la ciudad, con lo que se triplicará el personal de sus dependencias por el crecido

'j'

•

Plano del subsuelo de la plaza de la Constituci6r., según el .proyecto del Sr. Vigo

aumento que experimentarán
los servicios.
Si realmente, como sostiene
el autor, resulta el local con
todas las buenas condiciones
higiénicas de luz y ventilación,
el Sr. Vigo ha prestado con
su proyecto un servicio digno
de aplauso .
De todas suertes, bien merece que fijen en él su atención aquellas personas que
por sus conocimientos ó por
su práctica pueden contribuir
á su mejoramiento, si es que
de mejora necesita, y de las
que por su posición ó por los
cargos que desempeñan pueden influir para que sea llevado á la práctica el día en que,
después de bien estudiado,
hagan patentes su convenien•
cia y su factibilidad, que, en
nuestro concepto, quedan
probadas en la memoria que
acompaña al proyecto del señor Vigo.
Y también merece sincero
aplauso el autor que ha consagrado su tiempo y su trabajo al estudio de una obra que
ha de constituir, si algún día
se realiza, una indudable mejora, de positivos y beneficiosos resultados para la ciudad
de Barcelona. - X.

----

- urr arbdL1QU1 -

LECHE ANTEFÍ:L

APEL WL

ces de la plaza á la misma cota que tiene hoy aproximadamente. El pavimento debe estar construído
en los arroyos, con arena y tarugos de madera para
apagar el ruido de carruajes, y en las aceras y burladeros, modificados según el proyecto, se colocan cris.

•i.

•
~

~

~
~

&lt;;&gt;i

•• i
!

·v

a

combinados con los de desagüe llegan unos pozos
ó registros situados en los extremos de las calles bajadas que antes se mencionan hasta encontrar una
cota más baja que la del local, quedando el tubo de
ventilación libre en un pequeño pozo á propósito y
el de desagüe corriéndose hasta la cloaca.
Por medio de unas andronas coronadas con ricas
verjas de hierro situadas al fuente de los edificios de
las Casas Consistoriales y Diputación Provincial, al
estilo del flote! de Ville en París y de muchos edificios públicos de Inglaterra y Alemania, se proporciona un cl,umento de luz y ventilación extraordinaria.
Se da acceso al local por medio de dos grandes
escalinatas, situadas dentro y á cada lado de los pórticos en la Casa de la Ciudad, quedando cerrado todo
el edificio y su adición por la misma puerta ó verja .
El proyecto total de la obra es en resumen el si•
guiente:
Ptas. Cénts.

_flP·

Por las obras de excavación, alh:i.ñilería1 carpin.
terfa, cerrajería, lampisterfa, pintura y vidrios
del subsuelo. • . . . . . . . . . .
14 °/ode imprevistos, beneficio industrial y direc·
ci6n práctica de las obras. . . . . . . .
Por las obras de urbanización de la plaza, albañales, en galerfa, bordillos, burladeros, entarugados, verjas y candelabros y demás obras
anexas. . , . . . • . . . . . . .
14 °/o de imerevistos, beneficio industrial y direc•
ción prácuca de las obras. . . . . . . ,

C.t, t: ftn:a11 11

USAS tONSlSTORIAL(S • .

Plano de la plaza de la Constitución tal como ha de quedar scg{m el proyecto del Sr. Vigo

Lu

Penow ,u

•Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afeccione■ del pecho,
Catarro■,Mal de irarvanta, Bronqult11 , Resfriado■ , Romadizo■ ,
de los Reumatl■moa , Dolore ■ ,
Lumbagos, etc., 30 aiios del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

Sección del subsuelo de la plaza de la Constituci6n, segun el proyecto del Sr. Vigo

••
• • .¡
"

tales resistentes para la iluminación diurna y grandes candelabros construídos de forma que sirvan para ventilación.
Prodúcense las corrientes de aire por medio de tubos colocados en el subsuelo del local, que juntos y

NúMERO

230.9()6, 10

-

D1p6stto ,n toaas tas Farmacias

CODtCel

PILDORAS~~DEHAUT
DE PAAIS

necesitan. No temen el asco al el cau1aneio, porque, contra lo que sucede coa
los demas po.rgantss, este no obra bien
lino cuando se toma con bueno, alimento,
;y bebida,fortilicantes, cual slvino, el catl,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora ;y la comida gue ma, Je convienen,
segun sus ocupacionea. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenteaauladoporeletectodela
buena alimenta.cion empleada,uno
•e decide t4cilmente 4 volver
4 empezar cuanta• veces
sea necesario,

JIW:l;i(eJ~rii
G

contra las diversas
Afecciones NI Corazon,

Hydropealaa,
--- - - - --- __
Toaee nervloaaa;
Empleado con el mejor e:rito Bronqultla, Aama, etc.

Anemia, Cloroala,

Ell"11ncl■lllll N la lutrw.

Debilidad, etc.

""""«ef c,11.'9 \\e,:
.

n

,

~·

HIERRO

BBlVAIS

repre1mta euctamente el hluro
CODteDldo en b. ec.onom.ia. Esperimto.•
tado por Jo, principales mtdioos del
mundo, pu, inmediatamen&amp;e en b.
N.Dlff, DO OC.Uiona uttt:&amp;imlenio, no
tat111 el utómqo, no ennerrece 191
dielltei. n,,111 ,,111, ¡,ta, ...:.,, c.lUL
hlJ... 1t ltr4utra l&amp;N.
O. v,nt, '" toda, la,Firm,01.,
Ptr a.,,r: 40 742,r.lt~aN¡ Paria,

:rageasalLacfatode HºIBmlde

GELIS&amp;CONTÉ
J.probidu por 11 J.a1d1mJ, d• JledJclu d• Piri,.

rgotiDQ J 8r&amp;g888 de

E

S, LENTEJAS, TEZ ASO L
ARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENClAS
ROJECES
~O

no tilubean en purgarse, cuando lo

arabede:Cigitalde•

El ma, eficaz d1 /01
F1rru,tno,o, contra la

,an I lleld.lh CII IJU, lbl,a

Ju

IEIOITUICO 1l ■u PODEIDIO
que se conoce, en poc!on o

·1M;íB1iiGt¡1:nUftlt¡,a• íl!.ctl
~~~nJ:el : ~~! ~.~!~m~~~y
labor del parto

■edalla de OrodelaS••deF'-dePari, detten•n la$ perdida,,
LABELONYE y C'•, 99, Callo d, Aboukir, F1ri1,y en todas las farm,wias.

32.326,85

122.46g,42
17.145,71

Valor total para la suOO.sta de dichas obras. . .
Por los planos de proyecto, presupuesto y direc•
ción de las obras. . . . . . . . . . .

402.&amp;¡8,oS

ImtxJrte total de las obras. • •

443. 132,88

40.284,So

Con el proyecto del Sr. Vigo se logra aprovechar
un subsuelo que hoy no se utiliza para nada; ensan·
char la Casa de la Ciudad dotándola de un grandioso local como no tiene igual en el mundo destinado
á este objeto, gastando para ello una cantidad menor

rn p,ctta,a.o por otrdadera$ !mintlnciaa, no tiene riw:11 y ~sel remedio más
• c1o~a, aeguro J de 1nmed·ato
I d
y de la medioaoión tóni •o eco n I t • resu ta oa de todos lva ferruginosos

dos, Empobrecimiento a: ,~r reºª 1 u~~n e par~ la :J.ne"!ia, Raql4itismo, Colores p,m.
Tenemos numerosos oertitic'::'a.o; iel~l,da:d.~
1napete,ac,a Y ,menstruaciones difíciles.
8
mirables resaltados -Cuidado O 1 .,..mls:~cos _que Jo recomiendan y recétnfl con ad.
uir la firma y mar;a de garan:(a~ a, Ja ,,.cac,onea, porque no darán resu'ltado. F.xi-

PRECJO DE CADA BOTELLA,+ PTAS.--!IEDIA IlOlEl,LA. 2,50 EN TODA ESPAÑA
De venta en todas las farmacia, da las provincia, y pue blo, de Espafia
Ultramar y Amirica del Sur.
'

Depósito general:

ALMERIA,

Farmacia

VIVAS PEREZ

�88

LA

I LUST RACIÓN ARTÍST!CA

MISA DE CAMPAÑA CELEBRADA EN L A PLA ZA DE LA INDEPENDENCIA,

NúMERO

EN MONTEVIDEO, EL DÍA II DE OCTUBRE DE

579

1892

EN CONMEMORACIÓN DKL CUAR TO CENTENARIO DEL DESCUBRJMl lN ro DE 'AMÉRICA

tas casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ART1BTIOA dirijanse para. informes á los Sres. A, ~orette, Rue Caumartín¡
núm. 61, Pa.rís.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina. de publicidad de los Sres. Calvet y Ria.lp, Paseo de Gracia, núm. 21 '

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ESTOMAGO
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rtosaa, Acedias, Vómitos, Erootoe, y Cólicos;
regolarlzan las Funolones del Estómago y
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:••: o..;¡••e•-¡¡
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~'fj\.l GOTA :
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>A~o XII

BARCELONA 6 DE FEBRERO DE 1893

SUMARIO
Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. Exposición americana en 11/adrt'd. Las salas de ll1éxico, por
Eduardo Toda. -El tío .Rollas (episodio del año 9), por Angel R. Chaves. -Salón Parés. Décima Exposición, por A.
Carda Llansó - llfiscelá11ea con varias noticias de Bellas
A rl6S, Teatros y Necrología. - Nuestros grabados. - Cargo de
cou(ie,uia (continuación), por Juana Mairet, con ilustraciones de A. llforeau. - SECCIÓN c1 ._NTfFJCA: Elviolonce/o-pia·
110, por C. Crepeaux. - Exploración de las alias regiones de la
atmósfera.

Grabad os. - San Fra,uisco de Asís, escultura de Manuel
Fuxá (premiada en la Exposición internacional de Bellas Ar·
tes de I 892). - Exposición /1istórito·amerfra11a de llfadrid
Semifn mexicana. El dios Tzo11/e111oc (de fotografía de J.
Prieto). 11/azeppa, cuadro de Isidoro Gil Gavilondo (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). -Exposición
histórico-amencana de llfadrid. Seaión mexicana. La diosa
Coa/ligue (de fotografia de J. Prietol. - La comedia de mag·ia,
dibujo de Ford. - El armero, escultura de Emilio Dittler.E/ sue,10 de la inocencia, cuadro de L. Rosenberg. -La silla
de Felipe JI en el Escorial, cuadro de Luis Alvarez (Exposición nacional de Bellas Artes de 1890). - En el salón, cuadro
de P. Salinas. - Violoncelo·piano y viola-piano. - Fig. I .
Termógrafo ligero destinado á medir la temperatura en las
altas regiones de la atmósfera. - Fi¡;. 2. Disposición del ba·
r6gmfo en Sll jaula de junco y bambu para evitar los choques.
- f'istageneral de Poulevedra (de fotografia de J. Prieto) .
.....••••••••••••••''"''"''•'• .. ••o,1••••••••••'••1•v•••••••••••••••i.•1,,•,.•,,,, .., ••••••••••••• ,,., •• ,,,.,,.,.,,,,.,.,... ,,.,.,, ..

VERDADES Y MENTIRAS
Las altas corporaciones oficiales, como el gobierno
mismo, acaban de demostrar de un modo inequívoco
cuan distantes están de rendir parias al arte. Verdaderamente desconsoladora es la preterición que del
arte hacen las supremas colectividades, á cuyo cargo
corre la cura de aquella entidad, la más sublime de
todas cuantas manifestaciones de la humana inteligencia palpitan en el complejo organismo cósmico.
El pueblo madrileño ha presenciado cómo el gobierno a las Academias de la Lengua y de San Fernando
desdicen con hechos lo que con palabras - aun cuando éstas sean escritas - afirman. Nada más ramplón,
nada más cursi, nada más denigrante para la tierra
donde las artes literaria y plásticas tuvieron en todos
tiempos excelsos cultivadores como el entierro del
poeta que llenó un siglo con la armonía de sus rimas,
con los colores de su paleta, con las descripciones de
tipos y hechos genuinamente españoles, con la magia
de su fantasía.
La tradición académica con sus orgullosas mezquindades y absorbente dictadura, la estéril política
con sus desdenes y egoísmos letales se dan las manos para anular todo sentimiento estético que pueda
arrancar del escepticismo adonde le llevan las negativas soluciones que, ya en el orden moral, ora en el
material, vienen ofreciendo á la nueva generación.
Nunca como en la ocasión presente se advirtió el
divorcio que existe entre la entidad oficial Estado español y el Arte. Nunca como ahora pudo echarse de
ver cuán indiferente es para todo organismo é individualidad que tengan carácter democrático el artista. La Academia de la Lengua no puede alegar el sentimiento que á algunos - ó á todos sus individuos, es
lo mismo - ha podido producirles la muerte del primero de nuestros poetas, como demostración del culto que les merecía. Zorrilla no fué, para el efecto exterior del duelo nacional, para la imperiosa necesidad
espiritual que sentía el pueblo de dar expansión á su
gratitud, haciendo del entierro de su poeta favorito
una apoteosis, más que un académico, uno de tantos
académicos que van á la casa de la calle de Valverde á calentar el sillón rojo unas cuantas veces al mes.
Allí estuvo expuesto, en el mezquino salón de actos, donde se reunen seis ó siete notabilidades y treinta ó treinta y cinco que no lo son, para limpiar, fijar
y ~a~ esplendor á la lengua castellar.a, el cuerpo del
ex1m10 poeta. Allí estuvo, tendido sobre un lecho

SAN FRANCISCO DE ASÍS, e3cultura de Manuel Fuxá,
(Premiada en la Exposición internacional de Bellas Artes de 1892)

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�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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mortuorio, pomposamente adjetivado de imperial, insigne que acaba de franquear las puertas de la in- 1 cabo sin que sus costados hayan recibido la embesque ha servido para soportar los cadáveres de cien- mortalidad. Ahí está el magnífico y rico templo de tida de un enemigo de la patria.
Vean esas gentes á quienes aludo cuántos héroes
tos de ricachos perfectamente ignora.dos del mundo San Francisco el Grande, cuajado de pinturas de los
donde vivieron. Allí estuvo, rodeado 'de bayetas ne- más ilustres pintores españoles contemporáneos, de- fueron ensalzados y admirados por todas las generagras, llenas de girones por todas pa.ites, salpicadas corado con colosales estatuas debidas al cincel de ciones como lo fueron Cervantes y Calderón, Lope y
por la cera de cirios y velas que habían ardido para distinguidos escultores patrios; enriquecido con mo- Quevedo, Goya y Velázquez. Señalen un solo geneotros, el genio que no tuvo igual en nuestra patria saicos y vidrieras historiadas, de mármoles y jaspe ral, no quitando de la cuenta al mismo D. Juan de
hace un siglo. El arte salió despedido á puro trom- revestido. Allí, bajo la colosal cúpula, en alto catafal- Austria, que como Velázquez tenga un lugar en Ropicón académico. Verdad es que no cabía en aquel co de terciopelo y oro, rodeado de gruesos cirios y ma y en París en las plazas públicas, y no como el
lugar estrecho, que huele á burguesía oficial á cien de ánforas conteniendo esencias olorosas que al que- insigne Churruca sirviendo de motivo de gloria á
marse perfumaran el ambiente, dándole guardia de Nelsson .en Trafalgar square.
leguas.
Verdad es que con y sin exequias Zorrilla será ZoY si de la docta casa el arte salió huído, en la ce- honor soldados de todas armas, podía y debió ser exrrilla hasta la consumación de los siglos.
remonia fúnebre del entierro no apareció por ningu- puesto al pueblo el cadáver del genio.
Pero no podía ser. Las descargas de fusilería y arna parte. En un coche-estufa, que está á disposición
R. BALSA DE LA VEGA
del que deja á sus herederos dinero suficiente para tillería, el honor de tener por capilla ardiente la iglepagarse ese gustazo póstumo, seguido por dos ó tres sia más rica y artística de España, etc., etc., son holandeaus atestados de coronas y precedido de unos nores que tan sólo deben reservarse para reyes ó prín- .................................................................................................................,.,. ..............
cuantos guardias civiles, fué transportado al cemen- cipes de la milicia. ¡Claro! Zorrilla no había conquis- EXPOSI CIÓN AMERICANA EN MADRID
terio de la sacramental de San Justo el cantor de tado laureles á la patria en los campos de batalla.
LAS SALAS DE MÉXICO•
¡Ay! Si algún laurel conserva en su mural corona
Granada. Al cementerio llegó acompañado de los ateneístas y del pueblo de Madrid casi en masa. El la nación española, si algún prestigio le resta todavía,
La República mexicana ha respondido noblemenduelo oficial se despidió en la Cuesta de la Vega; no si con algún respeto es saludado nuestro pabellón, no
pudieron pasar de allí el dolor y la admiración de á los príncipes, ni reales, ni de la milicia, ni á los po- te al llamamiento que dirigiéramos á toda la Amérirúbrica. En vano esperé que, en nombre de la Aca- líticos, ni á nuesttos Metternichs se deben; tan sólo á ca para reunir la importante Exposición que estamos
estudiando. Envió desde luego al personal más escodemia, del gobierno, del arte, alguna de nuestras lum- nuestros grandes artistas de la pluma y del pincel.
gido é idóneo entre los cultivadores de las ciencias
breras hiciera saber al pueblo, aglomerado en ,el patio
históricas, que en México forman legión: nombró pade la sacramental, la magnitud del vacío que en el
¿Qué se hizo el rey Don Juan?
Los infames de Arag6n
ra presidirlo al director de su Museo nacional Sr. don
arte poético dejaba Zorrilla. Vana esperanza. El acto
¿Qué se hicieron?
F. del Paso y Tronc:iso, y agregó á la comisión un
se convirtió en merienda de negros. Trompicones,
presbítero, tan modesto como sabio, el Sr. D. Franvoces descompasadas, interjecciones de todos cali¿Dónde están esas tierras conquistadas por los cisco Plancarte, que ha sido uno de los más activos
bres: he aquí lo que presencié.
Cuando Larra bajó á la tumba, sobre aquella tie- O'Donnell, Prim, Serrano, Narváez, Concha? ¿Qué coleccionistas de antigüedades de su país. Con el serra removida se alzó un gigante. Las letras hispanas se hicieron de Flandes, de Italia, de Portugal, de esa ñor Plancarte debían naturalmente venir á España
perdían un talento y la plétora artística del movi- gran parte de América sometida por los Pizarros y sus colecciones: accedió desde luego á ello su promiento romántico ofreció, á cambio, un genio. En- Hernán Cortés? ¿Qué fué de aquellos prestigios san- pietario, y digamos de una vez que constituyen la
gran masa de la Exposición mexicana, siendo su más
tonces batallábase por las ideas; hoy batállase..., digo grientos junto al Atlas alcanzados?
mal, hoy nos reímos de entonces. El arte de aquellos
Nuestros novelistas atravesando el Océano llevan importante contingente.
Tan valiosos elementos debían figurar en modo
días con sus candorosos entusiasmos divinos ofreció al seno mismo de la gran república norte-americana
incondicional apoyo á las doctrinas políticas que más la influencia de nuestro carácter, pesando en el ánimo conspicuo en el palacio del paseo de Recoletos, y en
ancho campo ofrecían á la inteligencia para su expan- del yankee tan hondamente, que logran ser tenidos en efecto, México ocupa cinco de los vastos salones del
sión. Y vino ofreciéndoles su apoyo, el más fuerte, el la estimación de los mejores novelistas nacionales, edificio: en extensión no le aventaja ninguna otra
más hondo, porque habla al corazón y á la carne de sin descontar al tradicional Walter Scott. Nuestros República, y sólo le iguala la de los Estados Unilas sociedades, hasta que los ideales políticos vencie- poetas son saludados en las repúblicas del nuevo dos: en importancia no me atreveré á afirmar que
ron. Combatir con Goya, con Martínez de la Rosa, continente como lo son en el viejo, rindiéndose á la ocurra lo propio. Porque si bien es muy interesante
con Alenza, con Larra, con Villaamil, con Espronce- evidencia de un originalismo artístico y nacional in- la exhibición de objetos hecha por el pueblo norteda, con Zorrilla, con Gisbert, con Bretón de los He- discutible. Esos pedazos de tierra española al otro americano, sin embargo, como luego hemos de ver,
rreros, con Hartzenbusch, con Rosales... y ahora, lado de los mares asentados sienten la necesidad de fáltale la unidad en las series, la continuidad en los
alcanzada la victoria, el más grande de los campeo- elevarse hasta aquellas regiones donde solamente re- objetos y el sistema en la muestra, condiciones todas
nes artísticos desciende al sepulcro entre el regateo side el alto concepto de la vida psíquica de un pue- reunidas con notable acierto en las salas mexicanas.
Las incomprensibles dilaciones administrativas de
que las conveniencias oficiales de un estado demo- blo culto, y sangre de nuestra sangre, carne de nuescrático hacen de los honores que de derecho le co- tra carne, buscan en la tradición y en la historia de la Exposición americana han hecho que á la hora
rresponden; desciende al sepulcro entre los bostezos su raza aquellos elementos necesarios para dar carác- presente carezcamos aún del catálogo de los objetos
de la inteligencia que á las gentes políticas les pro- ter á sus nacionalidades y prestigios á sus sociedades. que encierra. Tampoco están indicados por explicaduce el arte; desciende al sepulcro sin que la misma Y he ahí las letras y las artes españolas prestando su tivos rótulos la inmensa mayoría, mejor diré, la casi
gente que rima, pinta y esculpe le dedique un re- savia civilizadora, formándoles caracteres á la imagen totalidad de estos objetos, co11 lo cual se ha conseguiy semejanza de la madre patria, á esos pueblos ado- do que el público que los visita salga del local sin
cuerdo.
Magnífica y grande es la manera que tienen las lescentes, que si viriles supieron emanciparse del yu- conocer sus nombres ni aprender su uso ó su signipersonalidades á cuyo cargo está la tarea de impulsar go doméstico, no por eso han renegado de su abo- ficado. Y ello amenaza durar hasta que se cierren los
salones, si la actividad empleada en actos de menor
el movimiento de avance de los intereses morales del lengo ni desligado de sus vínculos morales.
¡Valientes laureles y valientes prestigios los que cuantía no se dedica á apresurar esta publicación,
país. En verdad que es co~solador el cuadro que
ofrecen nuestra instrucción pública, las artes y las nos recabaron las armas y la diplomacia y las escue- que todos reclaman y que sólo ha satisfecho en míniciencias. Ponen todo su empeño en que se agosten las políticas en todo lo que va del siglo XIX! El pue- ma parte la impresión de algunos sumarios y listas
esas grandes flores, esencias psíquicas que brotan es- blo tuvo que rechazar las huestes napoleónicas; los parciales, hecha por los comisionados extranjeros.
Así tenemos que ir á través de México sin guía
pontáneas en la patria de Calderón y de Velázquez. brillantes hechos de armas en la campaña de Africa
Las manifestaciones del espíritu nacional, debiendo realizados sirvieron para que hoy Inglaterra imponga alguna, excepto el catálogo de la colección del señor
tener en las artes, como la han tenido, forma concre- sus caprichos y Francia nos detente posesiones. Los Plancarte, ·que acaba de publicarse en la capital de
ta, vense reducidas hoy á no salir á la luz, á rriorir heroísmos del Callao fueron estériles. Por su parte esa República. Tal catálogo, hecho sin duda con gran
sin dar frutos, porque altas razones de conveniencia los políticos que nos han cantado las delicias de Ca- precipitación, cuida poco de reseñar los 2 . 802 objepolítica así lo exigen. La sal esterilizadora de ciertas pua, no miran ya sino los intereses de los poderosos, tos que co·ntiene, limitándose á dar de los mismos
ideas y escuelas es arrojada por arrobas, en estos úl- y no atienden sino á su propia conservación, dándo- una sumaria explicación de su forma, materia, proce·
timos días del siglo, sobre las ruinas del templo del seles un ardite de los intereses morales del país. dencia y dimensiones, sin detenerse á definir los nom·
arte.
Mientras nuestras escuelas de Bellas Artes, la Cen- bres propios, las especiales significaciones ni los sim·
Mientras el decadente pueblo francés, despertando tral por ejemplo, no cuenta ni con lo preciso para la bolismos á ellos inherentes.
La instalación· de México se halla situada en la
de su sueño de valetudinario se yergue con entusias- enseñanza, y á pesar de no contar con lo más perenmo respetuoso al tronar del cañón que le anuncia la torio aún se ve obligada á suprimir la calefacción; planta baja del·edificio de Recoletos, á la derecha de
muerte del gran Rugo, y en aras de su cariño acude mientras nue¡stros artistas emigran á otros países en la puerta de la calle de Serrano. Comprende, como
ansioso al arte en busca de sus poetas, escultores, busca de lo que aquí el gobierno les niega en nom- he dicho antes, cinco salones. El primero está ocu·
pintores y músicos que hagan la apoteosis del autor bre ó á pretexto de las economías; mientras se supri- pado por reproducciones en yeso de colosales ídolos
de Notre Dame, y logran, en efecto, responder á ese men en Fomento los créditos para material de biblio- de piedra que posee el Museo nacional de la Repúblimovimiento íntimo, sublime, que tan sólo por medio tecas populares, para sostenimiento de revistas y pe- ca. Allí se ve la piedra circular que representa á Tzonde aquella entidad puede ser manifestado, aquí, en riódicos técnicos, de necesidad reconocida por todos témoc, el dios de las tinieblas, con la alta y trenzada
España, en Madrid, centro de las energías psíquicas los pueblos cultos; mientras se les hace imposible á diadema que tiene el sabor de un peinado asirio, y
de la nación entera, se pesan con una y otra mano los maestros de primeras letras cobrar sus sueldos, los complicados adornos en torno que combinan los
los inconvenientes que ofrecer pueda una manifesta- algunos de ochenta céntimos de peseta diarios; mien- sim bolismos de plumas y caracteres: allí hay la diosa
ción de duelo que rebase el carácter de lo vulgar. Y tras se suprimen las pensiones para el estudio en el Coatligue, oculta la cabeza en ancha toca, con manos
el pueblo, atento tan sólo á lo que de un modo per- extranjero del arte, precisamente cuando elevan el perfectamente humanas y pies de fiera, que bien pue·
ceptible, de un modo plástico, haga vibrar su sensi- número de sus pensionados los demás pueblos de den ser las garras de alguna alimaña andina; la vesta
bilidad, respondiendo así á su sentir, al ver que le Europa y América; mientras se escatima la subven- formada por un trenzado de serpientes, el cinto defalta turquesa donde vaciar ese algo íntimo que en lo ción al hombre de ciencias, al de letras ó al artista corado con la cabeza de un felino y desnudo el pecho,
hondo de su alma se agita sin forma, mira con indi- para que nos devuelva con creces ese insignificante cuya forma debe significar el sexo: vese también al
ferencia, si no con asombro escéptico, al que se en- sacrificio pecuniario con el producto de su inteligen- dios Tezcalzontalt de las razas nahuas, colosal en
corva y encanece empeñado en crear con el pincel ó _cia, se sostiene en cambio un ejército enorme; se sus proporciones, tendido más que sentado para sos·
con la pluma tipos y paisajes, escenas ó ~istorias que gasta un dineral en ensayos de armamentos y mate- tener con las dos manos sobre el vientre el vaso don·
contarle.
rial de guerra, que se oxida sin haber servido para de recibía las ofrendas de los fieles, llevando por úniNo, no faltaban medios para llevar á efecto una nada; se levantan reductos y fortificaciones, se alzan ca vestidura la orlada diadema de caracteres mayas,
verdadera manifestación gloriosa en honor del poeta cuarteles, se construyen barcos que se desguazan al anchos brazaletes de hierba en los brazos, aros de
0

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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alto relieve, que debieron
á. un sacerdote hallado en
ser de oro, bajo la rodilla
el estado de Chiapa: lleva
y en los tobillos, yla abieren la cabeza monumental
ta sandalia de gruesa suediadema con elaborado
la que recuerda algo la gueadorno; los brazos unidos
ta de los japoneses."
sobre el pecho, y en la maInteresaríte y curiosa es
no un o de los infinitos
la vista de estas divinidaado:nos del culto maya; en
des, que sin embargo no
su cmtura una como estola
alcanzan á dar idea del panque le pende de la siniesteón de los antiguos dioses
tra y otros varios adornos
que un día fueron objeto
en su cu~rpo: son los sigde veneración y culto por
nos extenores de las funciolos indios del Centro Aménes que ejercía en los rerica. . Mientras que entre
cintos de su templo.
las razas del Norte sólo pudo desarrollarse una senciDe estos templos mexilla y primitivá idea religiocanos hay algunas reconssa, que correspondía á la
trucciones en la actual Exextremada simplicidad de
posición. Pero más interesus representaciones y fórsantes que ellas son, á mi
mulas externas, entre los
juicio, las representaciones
pueblos centrales, desde las
que en su interior ostentanaciones mayas que vivían
ban, los adornos que luen .Tabasco, Yucatán y
cían, porque ellos descuGuatemala, hasta las razas
b:en muchas páginas de la
pobladoras del Ecuador y
historia é infinitos detalles
del Perú, desarrolláronse
de la vida de aquellos crecomplejas mitologías con
yentes que se postraban al
su.s correspondientesycompie de sus altares. Así he
phcados cultos. La religión
~isto con mejores ojos la
mexicana consistió en un
mteresante lápida maya,
exagerado politeísmo, con
procedente también del escentenares de divinidades
tado de Chiapa, que reprede .divers~s funciones y de
senta á un cautivo de guevanos atn butos, que nos
rra agarrotado al pie de simson conocidas por las imb.ólica columna. Su expreperfectas relaciones de los
sión es feroz á pesar de la
antiguos viajeros y por el
especial rudeza de la escu1carácter peculiar de sus tot~ra que, sin embargo, sacados y sus trajes, que vati_sface las mayores exigenrían hasta lo infinito. Por
cias del canon artístico.
la cabeza conocían los meEXPOSICIÓN HISTÓRICO·AME'.RICANA. - SECCIÓN MEXICANA. _ EL DIOS TZ
É
Lleva
en sus carnes los caONT MOC (de fotografia de J. Prieto)
xicanos á sus dioses como
racteres que el día en que
de igual manera l~s clase lean nos dirán á qué puesificaban los egipcios; coincidencias de la historia que
'
.
blo
ó á qué raza perteneen suma, ~ada prueban á favor de la comunidad d~ dotes. Estos era.n en México así los ministros del cia el vencido, como aquellos famosos relieves de los
altar
y
los
maestros
de
su
ciencia
como
los
adivinaprocedencia ó de origen de los pueblos.
templo~ de Medinet Abú, que nos han permitido
Al lado de los.dioses nos es dable contemplar en dores de un fut~ro estado y los médicos omniscien- construir. con las representaciones de los cautivos la
tes d~ los remed10s para las enfermedades materiales
la sala que estudiamos la representación de los sacer- Una
1magen de mita
· d del tamaño natural representa· larga sene y los brillantes hechos de las conquistas
de Sesostris en el Asia Menor. La posición de la ima-

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gen mexicana no puede ser más expresiva; pero acer- dudosa, que se supone habitaban distintas comarcas pintados de varias formas, pies y tapas para los misca de su significado sólo cabrían hipótesis más ó me- y se hallaban divididos en varias tribus ó fracciones. mos y dos pequeños incensarios de barro. Los objenos aventuradas, y siempre inciertas mientras no se Esta serie comprende 108 objetos, subdivididos en tos de culto son figurillas humanas, ídolos y amuleresuelva el problema de la interpretación de la escri- utensilios domésticos, utensilios de transición entre tos de distintas clases y materias. Entre los instruel hogar y el templo, objetos de culto, instrumentos mentos músicos se ven pitos, sonajas, flautas y un
tura maya.
caracol grande. Finalmente, entre las armas de esta
Y vamos á describir muy sumariamente la gran para las artes, adornos é insignias y armas.
El tercer grupo contiene los objetos de los taras- sección vense puntas de lanza de cobre, púas del
colección del Sr. Plancarte, que se compone de la
friolera de 2.802 objetos, todos de suma importancia. cos, poderosa nación que habitaba la mayor parte del mismo metal, lanzas de pedernal, cuchillos y flechas.
E l cuarto grupo comprende los objetos de los inDiremos en primer termino que no cabe dudar de la estado de Michoacan, y extendía sus dominios hasta
autenticidad de ninguno de ellos, pues todos ó su los vecinos estados de Querétaro, Guanaja to y J alis- dios matlatzincas, en número de 174, también clasiinmensa mayoría proceden ele excavaciones y buscas co. Esta serie, la más importante de la colección, ficados. en utensilios domésticos, instrumentos para
las artes, Adornos é insighechas por el propio colecnias, objetos de transición
cionista. Empezó el Sr. Planentre el hogar y el templo y
carte por recoger varios huelos destinados al culto.
sos, un idolillo de barro, pun·
tas de flechas, navajones .Y
Siguen en el quinto grupo
otros objetos, descubiertos
los objetos otomites, en núen los trabajos del ferrocamero de r 48.
rril que atraviesa el río de
El sexto grupo comprenJ acona para ir á la vecina
de los tepanecas (nahuas), en
ciudad de Zamora. Su segunnúmero de 728 objetos.
da expedición se dirigió á
Séptimo grupo. Acolhúas
un lugar cercano á las fuen(nahuas), con 29 objetos.
tes del mismo río J acona,
Octavo grupo. Mexicanos
donde sólo halló algunas
(nahuas), con 6 objetos.
puntas de flechas y varios
Noveno grupo. Chalcas
tiestos de poca importancia.
(nahuas) con 2 r objetos.
Más feliz fué su tercera
Los demás grupos de la
expedición, hecha en una
colección abrazan los objepequeña altura en extremo
tos de los tlaxcaltecas, huexotmeridional del valle de Zazincas, cuetlaxtecas, mixtecas,
mora, llamada Los G{Jtos,
zapotecas y mayas, y sólo tres
donde descubrió una extencon toda evidencia pertenesa necrópolis india y en ella
cientes á las razas protohis48 esqueletos, tendidos algutóricas que poblaron aquella
nos y los más sentados en
parte del continente americano.
cuclillas. Entre las tumbas
aisladas pudo r eco nocer
No he podido ser más conunos muros de piedras de
ciso; pero á menos de dar á
torrente sobrepuestas, sin arestas reseñas límites imposigamasa ni cal alguna, forbles para el carácter de la
mando un cuadrado cuya
I LUST~AClÓN, no me sería
parte interior estaba llena
fácil_explicar toda la importambién de esqueletos hutancia de estos frágiles objemanos, acompañados con vatos expuestos en las vitrinas
sijas de barro, instrumentos
d_e las salas mexicanas, que
y armas de piedra y de cosm embargo nos revelan puebre y adornos de diversas
blos y gentes sin páginas en
materias. En uno de los ánla historia de las grandes ragulos del recinto había una
zas americanas.
construcción de adobes casi
calcinados, conteniendo vaEDUARDO TODA
rios restos carbonizados de
......,......,.........,......,.............. ,.,....... ..,,.....,,.,.
huesos humanos entre utensilios de concha, laminitas
EL TÍO ROÑ"AS
de oro, fragmentos de discos
(EP I SOD IO DEL AÑO
dorados y pedazos de tela
que probablemente vestirían
I
los cadáveres al ser reducidos á cenizas en aquel que¡Por Dios, que era lástima
madero.
que aquel retoño hubiera
A tres leguas de este lugar,
brotado de tal cepa, y que
donde además hizo otros
no se comprendía que un
descubrimientos, halló el sepaloma tan sin hiel como
ñor Plancarte el sitio donde
era el bendito de J enaro, hu•
estuvo la antigua ciudad de
biese sido engendrada por
Jacona, cuyas ruinas son aún
un perro de entrañas más ne:
visibles, distinguiéndose engras que las de Judas,
tre todas las del templo macomo el tío Roñas!
yor, cuya curiosa construcA este último sí que 1
ción hizo reproducir en mateníamos todos mala volun
dera. Las excavaciones practad, y mala voluntad me
ticadas en el sitio le produjecida.
Aún le hubiéramos p
ron varios cráneos y objetos
EXPOSICIÓN HISTÓRICO•AMl!RICANA. - ~ltCCIÓN M2x!CANA. - LA !')¡OSA CÓA'l'LIGUE (&lt;le folograf'ía de J. Prieto)
donado el haber reunido 1
muy curiosos de barro y
peluconas que, según se d
cobre.
Finalmente, el Sr. Plancarte puso á contribución cuenta con 1.~98 nt'trnetos, debidamente clasificados. cía, guardaba en no sé qué rincón de su miserabl
los buenos oficios de sus amigos, enriqueciendo sus Abundan en ella los utensilios domésticos, que con- guarida, sacando hasta la última gota de sangre á 1
colecciones con objetos que le fueron remitidos de sisten en jícaras, platos, vasos, cazuelas, ollas, cánta- que tenían que dejarse esquilmar por el ruin usu.
Pajacuarán, J acona, Santiago Tangamandapfo, ran• ros, tapaderas y demás útiles que prueban un avanza- ro; pero lo que no podíamos perdonarle era el 1
cho de Miraflores, Tarímbaro, Purépero, Tangantzf- do estado de civilización doméstica. Numerosos son digno tráfico á que se dedicaba desde que había
cuaro, Copándaro, Tenancingo, Coatepec Harinas, también los utensilios para las artes, consistentes en tallado la guerra.
Como nuestro pueblo tan pronto caía en poder d
valle de Toluca, valle de San Martín y Teotihuacán. aplanadores, cuñas de piedra, bruñidores, cinceles,
La colección Plancarte está clasificada en quipce navajas de piedra obsidiana y agujas de cobre y de los franceses como era rescatado heroicamente
grupos y un apéndice. El primer grupo comprende hueso. La sección de adornos é insignias es tan va- alguna de las ·muchas partidas que vagab~n por.
los objetos de los tecoxines, nación indígena de Ta- riada como curiosa, pues comprende, entre muchas contorno, el tío Roñas, que se arrastraba a los pi
lisco, de filiación dudosa, que vivía al Noroeste del otras cosas, orejeras de piedra y hueso, anillos para el del vencedor, fuera quien fuera, sin dejar de mant
actual estado en lo que hoy es territorio de Tepic, labio, conchas perforadas, bastones, anillos de cobre, ner por eso relaciones con el vencido, había enco
extendiéndose por el Poniente hasta el mar y por espejos, cuentas de collares, cascabeles, pomos de trado medio de hacerse pagar un espionaje que
Oriente hasta la población de Ameca en Jalisco. En vidrio y un vestido hallado en las excavaciones de nía indistintamente al servicio de la causa nacio
él figura un solo objeto; un ídolo de barro gris ro- Jaéona, cuya forma no puede precisarse por la ex- ó de las armas del rey intruso.
Talento, ó si se quiere mejor, gramática parda,
jizo con restos de pintura roja, y representa un hom- trema fragilidad de las telas de algodón que lo combre con rostro de animal, por la superposición proba- ponen. Entre los objetos que el Sr. Plancarte ha cla- le faltaba, y esto hacía que aunque se sospecha~a
ble de una careta.
sificado, no muy acertadamente á mi juicio, como de juego, no dejara nunca las cartas tan al descubt~~
El segundo grupo abraza los objetos de los leeos, transición entre el hogar y el templo, figuran pipas para que gabachos ó españoles pudieran con justt
indios del estado de Michoacán, también de filiación de barro de diversos colores, fichas de juego vasos imponerle el castigo que merecía,

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,

LA COMEDIA DE MAGIA,

d E~toy por decir que si alguien sabía lo que había
e cierto ~n la c?sa era el infeliz Jenaro, que á fuerza de suf~1r desv10s de todos los que barruntábamos
los mapejos que se traía su padre, acabó por quedarse _seco como un espárrago y taciturno como un cartujo.
Cuando alguno cruzaba la palabra con él y esto
era muy pocas veces, teníamos buen cuidad~ de hacerle notar ~o desmedrado que andaba, y acabábamos,_ no sé s1 con buen deseo ó con algo de mala int~nc1ón, _por aconsejarle corno ,remedio á sus dolencia;_t aire puro que se respiraba en las partidas.
. .fimovía la cabeza tristemente, como si quisiera
~~gm car co~ ello qu_e buenas ganas tenía de irse con
sdqu:, no sm trabajo, mantenían enhiesta la bandera e o que los franceses llamaban la rebelión· pero
no/or ,eso se iba, ni hacía nada por desvane!er las
an~pat1as que le íbamos cobrando.
ara esto había una razón poderosa. El tío Roñas,

dibujo de Forcl

q~e parecía incapaz de dar abrigo á ningún sentimiento humano en su corazón de piedra berroqueña
tenía, sin_ em ba~~o, en el fondo de él tal tesoro d~
~m_or hacia su hijo, que por él hubiera dado hasta el
ultim? ochavo de su tan negado como abundante
pe,culio, y antes se hubiera dejado ·cortar en tajaditas
as1 como e_l blanco de la uña, que dejará Jenaro exponer s_u vida por una cosa de tan poca monta como
saber s1 nuestro rey se había de llamar José 6 F nando.
er

. El _resultado de tal~s funciones de guerra era casi
mvanablemente el mismo. Los guerrilleros hostilizaban du,rante unas cuantas horas, y al cabo de ellas,
cuando el esfuerzo de los enemigos redoblaba, dejaban_ m~destamente que los oficiales superiores de Su
Majestad botellesca redactaran sus partes dando
c_uenta de una nueva victoria para las armas impenales.
La única contra estaba en que si el triunfo no les
había hecho g~nar más q_ue algunas pulgadas de terreno, en cambio las pérdidas eran tan considerables
11
qu~ unas cuantas victorias de aquellas bastaban para
~as cosas de la guerra parece que no andaban mu dejar en cuadro los batallones espanto del mundo y
al!a para los fran;eses en nuestca comarca. Los uf- Sojuzgadores de media E uropa.
El general francés que operaba en nuestra comarrnlleros, 9ue crec1an y se multiplicaban á más y m!·or
ca,
Y cuyo enrevesado nombre no puedo recordar
no l~s dejaba1'. hora de vagar, y ni un solo día se pisa~
ba sm que tuvieran que empeñarse en un encuentro ó por ~ás que hago, de9ió comprender que por aquel
~ammo no se acabaría nunca la jornada, y resolvió
en alguna escaramuza.
mtentar, costara lo que costara, un golpe de mano

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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NúMERO

580
NúMERO

que diera al traste por lo menos con una de las más
temibles partidas.
Era ésta la que mandaba el Chantre, hombre de
singulares recursos estratégicos y mano de hierro·para
mantener la disciplina entre los suyos; pero por lo
mismo que tales condiciones tenía el jefe, y además
por estar aquélla apoyada por lo más florido del país,
era difícil, ya que no imposible, copar á la temible
partida.
Sólo la delación y las noticias suministradas por
un hombre conocedor de los accidentes del país podían ayudar á la empresa, y como, á lo que es de suponer, ya el general había tenido tratos con el tío Roñas, por más que las cajas de la división francesa anduvieran algo mermadas, decidió tener una entrevista
con el malhadado usurero.
Este no tardó en comprender que se presentaba
un buen negocio, y valiéndose de cuantas precauciones le sugi~ió su astucia, ausentóse del pueblo por un
par de días, tomando por pretexto la compra de unas
reses para abastecer al pueblo en el caso de que los
gabachos interceptaran las comunicaciones por donde se recibían las vituallas.
La entrevista fué larga, porque el tío Roñas era
hombre que sabía hacerse pagar su trabajo, y en estas cosas regateaba hasta el último maravedí; pero
no debió quedar completamente descontento de ella
el general francés, puesto que por térmiho y remate,
animándosele los ojillos grises, casi ocultos bajo las
blancas cejas, lanzó un sacre nomme que hirió un poco los sentimientos religiosos del usurero, y dirigiéndose á éste, dijo en mal castellano:
- Si es verdad todo eso, la partida del Chantre
está en mis manos y usted tendrá las cinco onzas que
pide. Pero le advierto que entretanto se queda en
rehenes, y que si las cosas no salen como me promete, en vez de cinco onzas lo que obtendrá como recompensa serán cinco tiros.
Dicho esto, el galoneado militar volvió la espalda
al usurero, después de haberle dejado encomendado
á la custodia de cuatro m\meros, y se fué sin duda á
prevenir el plan del próximo ataque.
El tío Roñas palideció un poco; pero debía tener
gran confianza en sus revelaciones, puesto que frotándose las manos, exclamó con codicia:
- ¡Cayeron cinco peluconas más!

Algo le sorprendió que el enemigo no se lanzara á
la persecución con los arrestos que él esperaba; pero
gruñó para su coleto: «Mejor: así entrarán de golpe
y se perderán menos balas.»
Y siguió apoyando el movimiento de retirada hasta
situarse toda su gente en lo más espeso del Carrascal.
Allí estaba hacía algunos minutos, más que otra
cosa aguardando á que el grueso del enemigo se metiera en aquel callejón sin salida, cuando de repente
notó entre las gentes más próximas un extraño movimiento de concentración, y no tardó en oir repetir
más lejos las pavorosas voces de: «¡Traición! ¡Traición!»
¿Qué ocurría? La cosa no podía ser más sencilla
ni más trágica. Aquel paso desconocido había sido
revelado por alguien á los franceses, que prudentemente divididos avanzaban al propio tiempo por la
vanguardia y la retaguardia de los guerrilleros. Estos
estaban, pues, cogidos entre dos fuegos por fuerzas
muy superiores á las suyas.
El problema no tenía más que dos términos, que
después de todo podían reducirse á uno solo: ó había que morir en el acto luchando, ó rendirse para
morir después. Por entonces ni franceses ni españoles daban cuartel á nadie.
En el momento de mayor an-gustia, un hombre,
gallardo mozo por cierto, pero pálido y demacrado
como un difunto, se acercó al C!tantre y murmuró
con acento breve, echándose al suelo del poderoso
caballo que montaba:
- Por ese claro y picando espuelas de veras puede salvar un hombre solo la vida. No hay que perder
tiempo, yo protejo la retirada.
El Chantre le miró con aire de inteligencia y estrechó con fuerza su mano.
- El único favor que le pido, añadió el mozo, es
que si algún día encuentra medio de vengar la traición de hoy, no olvide que me debe la vida.
Un momento después el ruido de la fusilería se
había hecho insoportable.
De la partida del Cliantre no se salvó ni una rata.
La mayor parte de aquellos héroes prefirieron morir
peleando.
El bravo mozo que tan generosamente había salvado la vida á su jefe no fué por cierto de los que
menos bajas causaron en las filas francesas, pero tampoco fué de los últimos en caer.

III

IV
El encuentro de aquel día iba á ser más terrible
que todos los habidos hasta allí. Los franceses habían concentrado sus fuerzas y parecían dispuestos á
caer sobre la partida del Chantre, que á su vez había
reunido con las suyas algunas otras de menor importancia, que aunque de ordinario se las arreglaban por
su cuenta y riesgo, en las ocasiones solemnes se supeditaban á la autoridad del más afamado de los guerrilleros del contorno.
Para que todo contribuyera á dar mayor lustre al
nuevo hecho de armas, en él iban á hacer las suyas
por vez primera algunos paisanos que, un poco rehacios hasta allí, habíanse al cabo decidido á dejar la
esteva por el fusil, acudiendo al socorro de nuestra
amenazada independencia.
Como siempre, el Chantre no contaba con la victoria; pero estaba seguro de hacer caer á los franceses en una emboscada que había de costarles algunos centenares de bajas. Además, para los suyos había menos peligro que nunca. Todo lo que tenían
que hacer en el momento de la retirada era internarse en el Carrascal, y como la espalda la tenían guardada porque había pocos en el país mismo que conocieran el único acceso que por el lado de Oriente
tenía la maleza, todo sería cuestión de irse con la
mayor tranquilidad al monte cuando les viniera en
mientes, que siempre sería cuando se hubieran cansado de matar perros gabachos.
E sto era lo que decía el Chantre con su robusta
voz de barítono á su estado mayor, mientras sentado
ante una desvencijada mesilla de pino mermaba el
contenido de su zaque bastante regular de lo añejo,
esperando á que con los primeros rayos del sol se
rompieran las hostilidades. Y la verdad es que debía
estar muy seguro de ello, puesto que, hombre ordinariamente de pocas palabras, andaba dicharachero
y expansivo como nunca aquella mañana.
Los primeros disparos se dejaron oir á cosa de las
seis. Los franceses cargaron duro y parecían poner
todo su empeño en hacer huir á los guerrilleros por
la parte del Carrascal, lo cual hacía sonreír al Chantre, que decía de cuando en cuando: «¡Buena os espera!»
Pero como si quisiera retardar el resultado de su
plan, aquel Viriato de canana y sable de tirantes, hasta más de las nueve no mandó á su corneta de órdenes que tocara retirada.

El tío Roñas recibió aquella misma noche el precio de su hazaña.
Después de todo, á los franceses no les salió caro.
Con gran desahogo pudieron pagarle, empleando en
ello sólo una pequeña parte del botín cogido á los
guerrilleros.
Las cinco onzas estipuladas, y que por cierto eran
brillantes y nuevecitas que daba gozo verlas, estaban
encerradas en un bolsillo de torzal verde, manchado
de sangre fresca todavía.
Tal y como se le presentaban al tío Roñas acababa de encontrarse sobre el mutilado cadáver del infeliz J enaro.
ANGEL

R.

CHA VES

.,.,,,,,,.,,.,,,,,,..,,,.,,,,.,.,.,,,,.,,,,,,.,,,,,,.,,.,......,......,......, ...,,,.,,.,,,,,,,,,,.,,.,,,,,,.,,.,,,,,,.,..,,,,v•••''•''

SALON PARÉS
DtCIMA EXPOSICIÓN

La décima Exposición anual del Salón Parés, á
pesar de su indiscutible inferioridad, comparada con
las anteriores, dadas la cantidad y calidad de las obras
expuestas, ofrece al visitante vasto campo de estudio
y de observación. No figura en ella una producción,
una nota saliente, una obra que revele genio, que manifieste la valía y la personalidad de un artista; pero en
cambio denuncia un -movimiento de vacilación, . da
muestras de debilidad, de incertidumbre, y hace conocer de modo indudable que algunos de nuestros
artistas no tienen en cuenta las tradiciones artísticas
de nuestra patria, dejándose seducir por el aplauso
tributado á los que, aparte de otros títulos, tienen
arraigadas convicciones.
Casas y Rusiñol, los decididos y consecuentes
campeones del modernismo, los importadores de una
de las escuelas transpirenaicas, no han remitido á
esta exposición un solo lienzo, y sin embargo tienen
en ella aprovechados imitadores, tan hábiles como el
pintor suburense Sr. Almirall, cuyo Cementerio de
Sitjes podría firmarlo Ramón Casas. A éste sigue en
la escala aproximativa Mas y Fontdevila, que presenta tres pinturas al pastel que atestiguan su nueva
fase, inspiradas ó sugestionadas por el ambiente de
Sitjes y hermanas del gran lienzo que figura en la
Exposición de Bellas Artes de Madrid, y un interior

de ermita ó iglesia de villorrio, ejecutada con la
maestría que se observaba en todas las obrll¡s que antes producía este artista, que cuenta con sobrados
méritos y recomendables aptitudes para tener carácter propio, personalidad artística.
Juan Llimona hase presentado ahora como siempre, esto es, como pintor y como artista. Tal vez,
plásticamente considerado su Dios es caridad, resulta inferior á La viuda ó al Párroco; pero aun en este
supuesto y en el de que haya podido ejercer también
en él influjo la nueva corriente, está delicadamente sentido, cristianamente inspirado. Completan el
grupo de los regionalistas, de los discipulos de la escuela iniciada por Joaquín Vayreda, El pastor del
Pirineo, de Dionisio Baixeras, que al escoger otra
senda no ha parado mientes en que no podía caminar por ella con igual seguridad; dos bellos paisajes
de Galvey; otras .fierbaxadoras, de Pinós; dos estudios ó recuerdos de Sitjes, de Modesto Texidor, uno
de los cuales aseméjase á una bella nota de Rusiñol,
que figuró en otra Exposición: un .Jímio, de Mariano
Vayreda, que revela en el artista el cansancio producido por la estación estival y que nada tiene de común con sus bellísimos cuadros de la comarca olotense; seis cuadros de Brull, un tanto faltos de luz,
entre los que descuella El combregá, que por su defectuosa perspectiva pier~e gran parte del efecto que
produciría y resulta un tanto inarmónico, no pocos
cuadros de inferior mérito, obra de artistas noveles que
en esta Exposición vienen á representar el personal
que constituyen los coros en las producciones líricas.
Párrafo aparte merece también Roig Soler, ya que
parece abandonar su mefter. Ya no se distingue en La
playa de Levante aquella factura peculiar y distintiva,
aquellos efectos producidos por el amasijo del color,
por los toques de tonos vivos, que sólo él sabía aplicar; pero aun así, bella es también su última obra.
En igual caso hállase Manuel Cusí, por más que
sus últimas producciones patenfüan la evolución que
francamente ha realizado. La bonita cabeza de estudio, iluminada por la luz artificial, es superior á algunas de las que antes brotaban de su paleta, que en
el empeño de interpretar la belleza resultaban un tanto aporcelanadas.
Román Ribera, el correcto y elegante pintor, el fe.
liz intérprete de la pintura de género, nos ha reservado una verdadera sorpresa en esta Exposición con
sus dos lienzos titulados En el baile y La cita. El bello
tipo de la dama representada en este segundo cuadro en nada se asemeja á la dama de Le coup d' (}Jt/,
que tantos aplausos mereció; pero, como en aquélla,
obsérvase la misma distinción. La tonalidad de ésta
no es tan vagarosa, tan delicada como la de aquélla;
pero sí es igual la calidad, idéntica la exactitud y semejante la corrección. Ribera ha querido sin duda
demostrar su dominio de la paleta, su pericia en el
empleo del color, y si es así, justo es confesar que ha
conseguido su propósito. La cita es una preciosa producción, ajustada psíquica y plásticamente á los modernos conceptos, á las nuevas corrientes; pero á pesar de ello, no puede confundirse, tiene el carácter,
nótase el sello de la personalidad artística de un verdadero pintor.
José Masriera, á quien no en balde se considera
como uno de nuestros más notables paisajistas, ha
aportado á esta Exposición un bellísimo paisaje acuático - como diría nuestro querido y malogrado amigo
Luis Alfonso, - recuerdo de su última excursión veraniega, que revela al artista, al infatigable admirador de la naturaleza en todas sus brillantes manifestaciones, al distinguido artista que procura imprimir
en todas sus obras el sello de nacionalidad, de regionalismo, trasladando al lienzo la tierra catalana en
toda su grandiosidad y belleza. Modesto U rgell, el
siempre aplaudido autor de El toque de oración, el
que ocupa preferente lugar entre los artistas con que
se envanece nuestra patria, ha presentado dos lienzos, Ma11ana de invierno y Anocheciendo, que justifican una vez más su maestría y el sentimiento que
rebosa en el corazón de este cantor de la naturaleza,
de este artista-poeta. Acreditan la discreción del
autor los dos lienzos de Aurelio Tolosa, así como los
que ha presentado Junyet, Sans, Joaquín Vancell,
recientemente premiado en la Exposición de Bellas
Artes de la coronada villa, cerrando el grupo Armet
y Marqués con sus jugosos paisajes de las regiones pirenaica y cantábrica.
Tamburini no abdica y continúa alimentando idénticos ideales, convencido que para el artista existe algo
más importante que la exactitud material, y que aun·
que ésta se realice, es precisa la expresión íntima del
asunto. De ahí que las producciones de Tamburini, ya
se titulen La gota de agua, Ensue17o ó El beso, no sig·
nifiquen un pretexto pictórico, sino la labor de aquel
que siente y discurre. El beso es una delicada nota que
embelesa por su elegante tonalidad y por su belleza.

580

L A I LUSTRACIÓN ARTÍST!CA

95

Luis Graner ha redel lienzo. U na escecobrado la castiza pana de Carnaval, desleta que momentáarrollada en el zaneamente perdió, y
guán de una vivienda
sus Juga'tiores, agruseñorial de esta ciupados alrededor de
dad, una de las pomugrienta mesa, afacas joyas del Renacinosamente interesamiento que por fordos en los azares del
tuna ha respetado la
juego, tienen algo
piqueta, ha servido
que revela la buena
de tema á Ramiro
escuela, que da á coLorenzale para pronocer las obras en
ducir un cuadro que
que hubo de inspiatrae desde luego por
rarse este artista, que
su armonía, por su
por la índole y asunacertada tonalidad;
. to de sus producciotres cuadros, uno de
nes, genuinamente
ellos de costumbres,
españolas, ha podido
ha remitido Félix
lograr que su nombre
Mestres, que patensea ventajosamente
tiza sus notables proconocido en el ex- ·
gresos; cuatro de
tranjero. Su alegoría
asuntos militares J odel nacimiento del
sé Cusachs, en cuyo
Niño Dios debe congénero ha tiempo se
siderarse como una
distingue; una marimuestra del ingenio,
na, que recuerda la
de la fantasía del arque obtuvo premio
tista.
en la Exposición de
Extremadamente
Bellas Artes de Barbello, muy distinguicelona, ha expuesto
do es el Turno imJuan Baixas, y cuapar, de Francisco
tro lienzos, entre los
Masriera; pero estas
que merece especiason siempre las notas
lísima mención La
características de las
plaza
de la Concorobras de este artista,
dia,
por
la exactitud
que en su anhelo de
de
su
entonación,
el
embellecer, rebasa allaborioso Elíseo Meigunas veces el límite
frén, hoy residente en
que existe entre la
la capital de la veciEL
ARMERO,
escultura
de
Emilio
Ditller
verdad y el ideal arna república.
tístico. Esto no obsCensurable omitante, todos los detalles, los más nimios pormenores, Miralles Darmanin: con decir que se asemeja al que
sión sería la nuestra si no mencionáramos la preciod~~ues~ran el _buen gusto y la rara habilidad de este adquirió el Municipio barcelonés para el Museo de
s~ cabeza-retrato del hoy doliente doctor Letamendi,
d1stmgmdo artista. Otro Taller de tapices ha remitido Bellas Artes, basta para comprender la importancia
pmtada con notable maestría por Galofre Oller, el

EL SUEÑO DE LA INOCENCIA,

cuadro de L.-Rosenberg

�LA SILLA DE FELIPE II EN EL E S CORIAL, cuadro de Luis Á lvarez (Exposición nacional de Bellas Arles de 1890)

EN EL SALON, cuadro de P. Salinas

�98

L A ILUSTRACIÓN ART ÍSTICA

NúMERO

580
'.NúMERO

·laureado autor de Pena de azotes, y el retrato del señor Zulueta, obra de nuestro paisano Carbonell Selvas.
En resumen: la exposición de que nos ocupamos
no reviste, por más que sea duro consignarlo, el interés que despertaron algunas de las anteriormente
celebradas. En esta la nota dominante es la vacilación. No combatimos en absoluto á los luminosos ni
á los fotofóbicos, puesto que abrigando el convencimiento de la ilimitación del arte, aceptamos siempre las producciones que se ajusten á sus ideales.
Duélenos únicamente ver muestras de la imitación.
Casas y Rusiñol ha tiempo sentaron plaza en el modernismo; sus producciones han sido siempre resultado de sus convicciones, de su modo de ser, de la
savia artista que en ellos se filtró en otro país, en
otra región que no es la nuestra; pero quien se ha
iniciado en otro dogma, podrá corregir errores, aquilatar conceptos, mas debe continuar comulgando en
la misma parroquia y disponiéndose para realizar una
evolución justa, razonable, ajustada á los ideales del
país en que nació y á las corrientes de la época.
Los lienzos de Meifrén, pintados en París y reproduciendo París, se hallan dentro de los términos de
lo justo, como discretas son las obras de los artistas
que mencionamos, que reproducen fielmente las tonalidades de nuestra región, más brillantes que las de
, allende los Pirineos y de inferior potencia lumínica
que las de la región andaluza.
Cuanto al concepto artístico, transcribiremos, para
terminar, un párrafo del artículo recientemente publicado por el peritísimo crítico de arte D. Federico
Balart, que puede apl icarse á buen número de las
obras que figuran en la Exposición Parés:
«En arte hay algo más importante que la exactitud
material; y ese algo es el sentimiento íntimo del asunto; es decir, la e&gt;.-presión de lo que en concepto del
artista constituye la esencia del objeto representado.
Conforme á ese principio fundamental, el pintor ha
de elegir un tema cuya expresión cabal y completa
quepa en los recursos propios de la pintura; y después lo ha de presentar de modo que el espectador
lo comprenda intuitivamente sin necesidad de analizarlo. Por ambos extremos suelen flaquear las obras
de nuestros artistas contemporáneos; sus asuntos, más
que motivos pictóricos, son pretextos para pintar.
Muchos de ellos están elegidos sin más propósito que
lucir un traje, un mueble ó un utensilio, tratado sin
esmero y á veces sin conocimiento del natural.»
A. GARCÍA LLANSÓ

B e llas Arte s . -Al escultor Moest, de Karlsruhe, le ha
sido confiada la ejecución de la estatua sedente y coronada con
diadema de la emperatriz Augusta que ha de figurar en el monumento que se erigirá en Coblenza á la memoria de tan ilustre
soberana. Para el proyecto del monumento se ha anunciado un
concurso que se cerrará en J. 0 de abril, y para la ejecución del
mismo se dispone, por ahora, de la cantidad de 81.250 pesetas.
Barcelona. - «Salón Parés. » Exposición extraordinaria. Continúan instaladas en el local predilecto del ·público barcelonés
aficionado á las artes bellas las obras que constituyen la Exposición extraordinaria de este año, que son noventa y siete cuadros y nueve esculturas. Como en las anteriores, figuran en esta
los nombres de nuestrns primeros artistas: Ribera, Más y Fontdevila, Llimona (Juan), Urgell, Baixeras, Graner, Meifrén, Pinós, Masriera, Tamburini, Baixas, Texidor, Llimona (José),
Atché, etc.
Si pudiera el público contemplar junto á las obras expuestas
este año las que figuraron en la primera con que se inauguró
el Salón Parés podría convencerse el más indiferente de que la
producción artistica en nuestra ciudad, dentro de los modestos
límites en que se desarrolla, ha seguido y sigue progresivamente su camino adelante, ganando cada dfa más en sinceridad, en
observación y en esa luz que colora la evolución moderna, y que
tan lúgubre y sombría hace aparecer la pintura de generaciones
anteriores.
- El número extraordinario con que la revista Blanco y Negro que con tanto éxito se publica en Madrid ha querido honrar la memoria de Zorrilla, es notable bajo todos conceptos:
consta de veinte páginas y contiene fragmentos de las principales obras de Zorrilla, ilustradas por varios artistas, una alegoría
de Gros, apuntes y fotografías de la capilla ardiente y del entierro, pensamientos y poesias de los más distinguidos escritores, el último trabajo de Zorrilla, sus Declaraciones íntimas, y
otros muchos trabajos literarios y dibujos en extremo interesantes.
T e a tros. - En el teatro Lessing, de Berlín, se ha verificado
la primera representación del nuevo drama de Ibsen El arquitecto Solness. Al terminar el primer acto, los admiradores del
escritor noruego aplaudieron ruidosamente, pero la mayoria
del público protestó de estas demostraciones, aumentando el
escándalo durante los actos sucesivos. La obra fracasó, y al decir de los periódicos alemanes el fracaso fué debido á la pobreza de la acción y á lo enigmático del diálogo.
- En el teatro de la Corte, de Munich, se ha estrenado con
gran éxito una comedia en cinco actos de Carlos Bleibtreu, titulada Bo11aparte, en la cual se trazan los episodios más culmi-

nantes del gran emperador hasta su entrada triunfal en Paris
después de la campaña de Italia.
- En el teatro Kroll, de Berlín, ha sido muy aplaudida una
ópera cómica en un acto, El coronel L11111p11s, cuyo interesante
libreto y agradable m{1sica son de T eobaldo Rehbaum,
París. - Se han estrenado con buen éxito: en los Bufos Parisienses, La Cadeau de noces, ópera cómica en cuatro actos, letra
de Liorat, Stop y Hue, música de Lacome; en la Gaité, Le talirman, ópera cómica de gran espectáculo en tres actos y cinco
cuadros, letra de A. Dennery y P. Burani y música de Planquette; en Vaucleville, L' invitte, comedia en tres actos, de
Francisco Cure!, interesantísima, de gran originalidad y admirablemente escrita, que ha hecho verdadera sensación en el público parisiem-e; y en el Odeon, La filie IÍ Blanchard, drama en
cinco actos, dt: Humblot y Darmont, que Sarah Bernhardt, para
quien fué expresamente escrito, ha representado mucho en el
extranjero.
Londres. - Los periódicos londinenses hacen grandes elogios
de la ópera cómica de I saac Albéniz, Et ópalo mdgüo, de cuyo
estreno dimos cuenta en la anterior l\liscelánea. Thc Craphic
hablando de ella se expresa en los siguientes términos: «La música es mucho más importante que el libreto: su autor, el señor
Albéniz, habíase hasta ahora dado á conocer ventajosamente en
algunas piezas para piano. En El ópalo mágico no se ha ceñido
exclusivamente al estilo nacional español, aunque este es el carácter que predomina en buen número de piezas; en otras, en
cambio, ha seguirlo la escuela melódica de Súllivan y los aires
brillantes de Offenbach. Dos de los mejores números de la obra,
una deliciosa serenata de barítono en el primer acto y un baile
en el segundo, son genuinamente españoles. Sobresalen entre
las demás piezas varias romanzas de bellisima melodía, un preludio y entreacto musical, una hermosa pieza descriptiva de la
salida de la aurora, un magnífico sexteto final del segundo acto
y un gracioso dúo de amor.» El Black and White, á su vez, califica la música del Sr. Albéniz de deliciosa, fresca, ingeniosa y original, y dice que seguramente El ópalo mifgico se' representará
largo tiempo y que á cada nueva audición se apreciarán más y
más sus muchas bellezas.
llfadrid. - Se han dado funciones en honor de Zorrilla en el
Español y en la Comedia. En Lara se ha estrenado con buen
éxito un gracioso juguete cómico en un acto, El hijo del casero,
de D. Mariano Muzas. El segundo de los conciertos que bajo
la dirección de Mancinelli se dan en el Príncipe Alfonso fué
brillante, como todos los de la Sociedad ele Conciertos de l\1adrid, habiéndose aplaudido muy especialmente Los 1111mmdlos
de la selva y La muerte de /solda, de Wagner, la sinfonia fantástica de Berlioz y una gavota de Echevarría.
Barcelona. Se han estrenado con excelente éxito: en Romea
La mort de Zorrilla, inspirada loa escrita por D. Federico Soler para la función organizada á la memoria del gran poeta; en
Novedades Here,uia de sang, drama en tres actos y en prosa
de D. Felipe Dalmases Gil y D. Arturo Guasch, de argumento
original é interesante, ~obrio de efectos y muy bien escrito; en
el Eldorado La ce11cerrada, zarzuela en un acto, letra de los señores Perrin y Palacios, música del maestro J iménez, y en el
Tívoli El gorro de Fer111!11, zarzuela en un acto, letra de don
José M.• Pons y música de D. Francisco Pérez Cabrero. En el
Circo Barcelonés ha debutado la compañia italiana de opereta
Tani, que hasta ahora ha representado con aplauso Le Ca1:1argo
y Flick e Flock. En el Liceo se ha verificado el ben~fic1~ del
aplaudido barítono Sr. Blanchart, que obtuvo una entusiasta
ovación en Il vasccllo fantasma y en el primer cuadro del acto
cuarto de Un bailo iu 111asdiera.

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99

LA ILUSTRACI ÓN A RTÍSTICA

asunto para sus producciones de mayor mérito y de verdadero
interés, según la valía del pintor. No debe, pues, sorprender
que el laborioso y discreto artista guipuzcoano Gil Gavilondo
se haya inspirado en un episodio eminentemente dramático
cual es aquel en que por milagro salvó la vida l\lazeppa el het'.
man de los cosacos, que después de haber sen·ido como paje
del rey Juan Casimiro de Polonia, intantó sacudir el yugo del
czar de Rusia, aliándose con Carlos XII, que á excitación suya
libró la batalla de Pultava.
E l gran lienzo que reproducimos revela estudio y da á conocer los alientos ele su autor, siendo uno de los cuadros que niás
llamaban la atención de los visitantes en la Exposición interna,
cionel de Bellas Artes.
La comedia de magia, dibujo de Ford. - Es este
un trabajo de impresión y tan lleno de naiuralidad que parece
obra de fotografía por la verdad con que el artista ha sorpren.
&lt;licio la expresión y las actitudes de esos cuatro personajes que
compendian lo que, al presenciar una comedia de espectáculo
en que el argumento entra por poco y el decorado, atrezzo y de,
más por mucho, sienten los distintos elementos que componen
el público de esta clase de funciones: la alegría del niño por las
bufonadas del gracioso, el interés de la ni11a por la fábula en
que sin duda hay esos amores contrariados que son la base de
todas las comedias de magia, el aburrimiento del abuelo para
quien nada hay ya nuevo, y la curiosidad del elegante que ases,
ta sus anteojos para mejor contemplar las gracias de la actriz ó
las formas más ó menos esculturales ele la bailarina.
El armero, escultura de Emilio Dittler. - Aun
cuando la escultura no ha podido sustraerse á la revolución que
el modernismo ha producido en todas las artes bellas, no faltan
artistas de valía que aún no han olvidado por completo la escue,
la clásica y tienden en punto á idea, si no en los procedimientos, á inspirarse en los grandes modelo5 de la an tigi.iedad. Ejem,
plo de ello es El armero del escultor alemán Dittler, obra en la
cual aparecen armónicamente combinados fa sobriedad y pureza de líneas con cierto carácter modernista que se evidencia en
la ejecución.
El sueño de la inocencia, cuadro de L. Rosenberg. -No hay que analizar mucho este cuadro para com,
prender cuán admirablemente ha expresado el artista la idea en
que se inspirara: basta contemplar esa hermosa cabeza de niño pa·
ra sentir la impresión del plácido descanso que sólo disfruta el infante y que no tarnan en turbar en la vida del hombre los cuida•
dos de la adolescencia primero, los afanes y los pesares de la
edad viril más tarde y el agotamiento de las fuerzas fisicas y de
la energía moral eo la vejez.

La silla de F elipe II en el Escorial, cuadro de
Luis Alvarez ( Exposición nacional de Bellas Artes de 18go~
- Compañero Luis Alvarez de Rosales y Palmaroli, con ellai
partió para Roma á fines de 1857, y desde entonces sólo en determinadas ocasiones y siempre temporalmente ha venido á España. Sus triunfos pueden casi contarse por el número de sus
obras, ya que ha llegado á imponerse por la fuerza en sus crea•
ciones. El s1wJo de Caljmmia, premiado en 1861, La boda di
Paulina Borghese, El sarao, La re.-epción de un cardenal, ú'11
besamanos en 18o4, Stella matutina, indecisión, El se11or ft'tt•
da/ y otras más han obtenirlo señaladas recompensas y figuran
en varios museos ó en las principales colecciones de Europa 1
América.
En La silla de Felipe II &lt;lió á conocer Luis Alvarez sus prodigiosas facultades, puesto que en tal lienzo logró simbolizar la
Necrología. - Han fallecido recientemente:
última época de Felipe II, el difícil período de su reinado
Enrique Chabrillat, libretista y novelista francés.
Luis Goldhann, celebrado dramaturgo alemán, presidente de que la pérdida de la armada invencible inició la serie de los q
la Asociación de escritores y periodistas alemanes de Moravia. después se sucedieron. El artista representó al taciturno monar
Rutherford Ricardo Hayes, presidente que fué de la repúbli- ca sentado en la granitica roca que escogiera para descansar, '1,
desde ella, con el auxilio de un anteojo, examinar, cual si fuera
ca ele los Estados Unidos de 1877 á 1881.
Ana Kemble, famosa actriz inglesa y poetisa que se distinguía desde una atalaya, las obras y el acarreo de materiales para
especialmente en la interpretación de las obras de Shakespeare. construcción del monasterio fundado para conmemorar la vict
l\fr. Blaine, leader del partido republicano en el Senado fe- ría de San Quintin.
Tal es el cuadro de este distinguido pintor, cuyo nombre, por:
deral de los Estados Unidos, campeón intransigente del proteccionismo, secretario de Estado desde 188o basta la última elec- la valía de sus obras, merece respetuosa CO!]sideración.
ción presidencial.
En el salón, cuadro de P. Salinas. - Pertenece esDoña Margarita de Borb6n, hija de los grandes duques ele
Parma, Carlos III y Luisa M. • T eresa de Borb6n, y esposa de te cuadro á un género completamente distinto al del mis
autor, titulado Primavera, que publicamos en el número 544
D. Carlos de Borb6n, pretendiente á la corona de España.
LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA: el de entonces es un himno en,
tonado á la naturaleza; el de ahora es un tributo rendido á 1
refinamientos de la civilización, que no dejan de tener tambi
sus bellezas para el artista. En la obra de Salinas que hoy
..~ . producimos, manifiéstanse éstas en las figuras elegantemente ata
viadas, en los muebles, en los adornos, en todos los detalles,
suma, que actualmente constituyen el encanto de los salon
aristocráticos. T odo lo ha tratado el distinguido pintor españ
con mano maestra, demostrando que si sabe sentir el campo
sus galas, conoce y expresa con igual acierto los atractivos d
gran mundo.

-~.

U,Í!

S an F ran cisco d e Asís, escultura de Manuel

Vista general de Pontevedra, tomada desde San
Margarita, Noroeste de la capital (de fotografia de J. Pri

Fuxá (premiada en la Exposición internacional de Bellas Ar- to). - Cuenta González Zúñiga, en su Historia de Pontevedra
tes de 1892). - Si bien Manuel Fuxá había demostrado, por que cuando el mariscal Ney se dirigía hacia ella con sus tro
medio de sus obras, que es un escultor de grandes alientos, pre- con ánimo de arrasarla por su rebelión, no pudo menos de ex•

ciso es confesar que su última producción supera á cuantas ha
dado forma. El gran apóstol del ascetismo, el ferviente predicador del dominio del espiritu sobre la materia, Francisco ele Asís,
ha cobrado nueva vida, y del informe barro ha podido el artista,
por el esfuerzo de su genialidad, representar la gran figura del
santo, que rebosando su alma de abnegación y misticismo levantó su potente voz en favor del desvalido, atreviéndose á combatir las crueldades del poderoso á la vez que aconsejaba la humildad y la cristiana resignación al desvalido.
La sencilla actitud del apóstol, la inefable expresión de su
rostro demacrado por la predicación y el ascetismo, sus ojos casi
cerrados cual si buscaran la divina luz, su boca entreabierta
dando paso á su arrobadora palabra y sus manos afinnándola
con la acción revelan, además de un gran estudio y de grandes
aptitudes para el cultivo del arte, un caudal de sentimiento, de
mística im:piración.
Justificado es á todas luces el premio concedido por el Jurado de la Exposición de Bellas Artes á la que consideramos como la mejor de las obras producidas por nuestro amigo el distinguido escultor catalán Manuel Fuxa.

M azeppa, cuadro de I sidro G il G avilondo (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). -En leyendas,
tradiciones y hechos históricos han buscado siempre los artistas

clamar al divisarla: «¡Tu belleza me desarma!» Y preciso
confesar que razón sobrada tenla el caudillo francés, ya que
cualquiera de los caminos que á ella conducen no podrá el vía·
jero menos de sorprenderse ante el bello espectáculo que á
vi~~ se presenta. Cobijada por un cielo claro y transparente,
cemda por un cmturón de agua, rodeada de colinas siem
verdes y teniendo por fondo el mar, tal es Pontevedra, la ciu
dad fundada por Tenero, el hijo de Telanión, el griego. Difl
seria relatar en breve espacio las bellezas de la ciudad galle
bastará consignar que cuenta edificios y monumentos de re
nocido mérito artistico y arqueológico, tales como las igles'
de Santa María, San Francisco, Santo Domingo, etc., y que
la belleza de su suelo reune el atractivo del bondadoso caráct
de sus habitantes, laboriosos, sobrios y hospitalarios como t
el pueblo gallego.
................, ...••..,......, .•, .••, ••, ••.••., ......,.......................,... ,•.¡,,,,,.,,.•••. ,.••.,.,,,,..., ••,.•.,..,•••• ,.,

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais, adoptado en los Hospilales de Paris y que prescriben los
medicos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad; dando
á la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el mejor de todos los tón icos
y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni &lt;11ar•
rea, teniendo además la superioridad sobre todos Jos
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

Si, hu hiera usted ido á introducir la perturbación en medio de la alegría!

CARGO DE CONCIENCIA
POR J UANA M AI RET, CON PRECIOSAS ILUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

- J?éjele .usted estar,, ~eñor cura, dijo la tía Aurelia; le sienta muy bien y
ademas es ligero y portátil como el pecado veriial.
'
-: Pues bien, señor cura; yo tengo una amiga, no muy devota se ún creo
- ¡~um, pecado venial, pecado venial!.. Cuidado, señora Despois no olvide se Sirve de las casullas viejas y de los venerables ornamentos de iglesia d~ 1ue
que q~ien no tem~ el pecado venial incurre fácilmente en el mortaÍ. Con fre- cu~le,s :crt~ las magníficas flores y arabescos para aplicarlos sobr/seda 'ó felp~s
cuencia no hay mas que un paso desde una parroquia á otra.
ro edan, 0 os espués de ~ordados fantásticos algo semejantes á los míos ¿Llam'
uste
a esto pecado vemal?
.. ·
a
fi .- Puesto que hablamos de asuntos tan graves, repuso la tía, me alegraría inmtdo que me aclarase usted una duda. Usted tiene la bondad de admirar mis d t- ¡S~crileto, ;verdade~o sacrilegio, mi buena señora Despois! En cuanto á
b or ados...
e ermmar esde luego s1 tenemos aquí un pecado mortal 6 venial ne ·t ,
. - E~ cua~to á eso, señora, sus manos son de hada. Me ha dado usted ara p~ral.ebsto cdonsult~r,. meditar, pues no recuerdo haber hallado est; e1•e:ps;oª:~
mi reclmatono un almohadón que es una maravilla, pero demasiado hemfoso mis 1 ros e casu1st1ca.
para que yo ose apoyar en él mis viejas rodillas.
- Pues bien, señor cura; yo me inclino al pecado venial, ligero y portátil.

�100

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMElW

580
N úMERO

nunc:t asaz frecuentes ni prolongadas para que su hermana viese en él un pretendiente á su mano.
Roberto de Ancel, por su parte, no pudo facilitar ningún dato de interés para
la instrucción del sumario; y cada vez que se le interrogaba sobre el asunto parecía irritado é inquieto, enojándole sobre todo, á causa de su antigua intimidad
con la víctima, verse mezclado en aquella lúgubre historia. Un sirviente de la
señora Robinsón declaró que en el momento de ir á buscar los restos del almuerzo en la «Fuente de Virginia» había oído voces como de un altercado entre
el barón de Anee) y el capitán: interrogado Roberto sobre este punto, confesó
que, en efecto, había habido un principio de discusión; pero tan poco formal
que dió cita al capitán para el viernes ó el sábado siguiente en Trouville. Esto fué
conftrmado por un conocido de Bertrand á quien éste había dicho algo sobre
el particular. Por otra parte, en el joven oficial, de carácter basfante violento y
quisquilloso, era tal la costumbre de dar voces y hablar alto, que se acabó por no
dar importancia á sus disputas ni á los conatos de tales.
Después la información languideció. El hermano del capitán se había presentado á reclamar el cuerpo, y heredó la parte de fortuna de su hermano, muy
modesta. Los diarios dejaron de hablar muy pronto del asunto, y á todos pareció evidente que algún merodeador se había aprovechado de la completa soledad del sitio para asesinar y robar al oficial, quedándole luego tiempo suficiente para desaparecer. El asunto pareció destinado á caer en el olvido más absoluto; y por lo demás, pocas víctimas fueron menos lloradas que J orge Bertrand,
huérfano desde su infancia é indispuesto con los pocos parientes que le quedaban.
La señora de Anee! hizo una visita al castillo, y excusó á su hijo por no haber
ido ni una sola vez, diciendo que parecía haberse entregado de nuevo al trabajo
con mucho afán y que solía estar retraído y muy sombrío. Marta no contestó
nada; pero Edmunda, muy resentida, y extrañando sobre todo que le fuese posible vivir sin verla, tomó cierto aire digno que llamó mucho la atención á la señora de Anee!. Hubiérase dicho que Edmunda era la prometida y la que tenía
derecho de incomodarse con su hijo ...
Al fin volvió súuitamente el buen tiempo, más radiante que nunca, con el sol
abrasador del mes de agosto, cuyos ardientes rayos se reflejaban en el verde
sombrío del bosque, madurando los albérchigos á la simple vista y creciendo
las uvas, verdes aún.
Cierta mañar.:t, Edmunda, que había tomado á empeño alegrar el antiguo
salón, un poco austero, con grandes ramos de flores, fué á buscar algunas ramas
de serbal cargadas de baps de color rojo vivo, atocha de la que cubría entonces
los declives·, helechos y digitales. Las rosas del jardín apenas bastaban para adornar los enormes ramos que EJmunda se complacía en poner muy á menudo en
los vasos.
Aquel día estaba muy contenta sin saber por qué; tal vez porque era agradable vivir bajo aquel hermoso cielo, de un azul algo obscuro, y aspirar las fuc:tes
emanaciones de las plantas humedecidas aún por las lluvias de los tíltimos días
y brillantes ahora bajo los ardores del sol. Con la falda recogida y el gran sombrero de paja caído sobre las espaldas, Edmunda se aventuraba atrevidamente
por_el tallar, con su hoz en la mano, en busca de alguna rama de serbal que estuviese muy cargada de bayas de vivos colores, y mientras hacía su cosecha,
cantaba á voz en cuello, con su fresca y bien modulada voz. Marta carecía de
ella, y la música alemana, á que se había dedicado con preferencia, molestab:t mucho la pequeña parisiense. La hermana mayor, por el contrario, hacía can tar
á Edmunda y escuchábala con deleite aunque la elección de sus piezas musicales
le pareciera algo ortodoxa. Edmunda recordaba ciertas canciones que había
aprendido de su prima, la cómica, y á veces las entonaba con mucha gracia,
tanto que la tía Aurelia se desternillaba de risa al oirla, al paso que Marta, muy
escandalizada, ponía una mano sobre la boca de la cantante.
Pero aquella hermosa mañana, con aquel sol tan hermoso, no era una copla
de café-concierto lo que se oía en el aire puro, sino una romanza de .Afireille,
que era muy en particular del gusto de Edmunda. De pronto detúvose la joven
comprendiendo que la miraban; volvióse con viveza, y vió en el camino, junto á
ella, á Roberto que la escuchaba y miraba, sin saher cuál de estas dos cosas le
gustaba más. Edmunda se ruborizó hasta los ojos, enojada de que la viesen así
en traje matinal, con la falda recogida y el cabello enredado. Tenía mucho gusto
para el tocador, y parecíale que cuanto más se engalanaba más linda era. A decir verdad, jamás había estado tan adorable como en aquel momento, ruborizada, con los brazos cargados de su cosecha de ramos y con el cabello formando una aureola, iluminada en parte por un rayo de sol.
- Eso es sorprender á las personas á traición, dijo Edmunda haciendo un liIX
gero mohín, borrado muy pronto por una sonrisa.
- ¿Por qué?, preguntó R oberto. ¿Porque no es la hora reglamentaria de las
El mal tiel"!1Pº duró cerca de dos semanas, con raras intermitencias, y Ed- visitas? Aquí no estamos en París, sino en el campo, y mi vecina Marta no se
munda persistió e n sus bu~nas relaciones de una manera admirable, aplicándose enojó nunca cuando la sorprendí en traje de mañana, si bien es verdad que
~n el b_ordado como una mña muy juiciosa. La señora Despois le enseñó á jugar Marta no tiene nada de coqueta.
- Lo cual la perjudica, repuso Edmunda con gravedad mientras seguía cora los cientos, revelan~o en esto instintos de juventud, y hasta la entretuvo un
po~o _co~ la lectura; pero los lil;&gt;ros no eran muy de su agrado. Su buen humor tando ramas á derecha é izquierda.
- Creo, á fe mía, que usted tiene razón, señorita Edmunda, y que las mujeres
res1st1ó a la lluvia y á los días largos y fríos; mas por la noche le sobrecogía muy
pronto el sueño y acostábase temprano.
sencillas y sinceras rara vez son apreciadas como deberían serlo.
Estas palabras fueron dichas con una especie de amargura y de arrebato que
~n Marta influyó más_ la lluvia; no _p~día estar quieta en ninguna parte; trabapba_ mucho como muJer casera, fatigabase cuanto era posible y después per- extrañó mucho á Edmunda, y como Roberto lo observase, añadió:
- ¿Me permitirá usted ayudarla, señorita? Diríase que se ha propuesto des·
mancc_ia horas enteras aparentando leer y sin dar vuelta á una sola hoja del libro. Sm embarg_o, I_a t~rnura que manifestaba á su hermana parecía más bien montar todo el bosque, y el trabajo es tal vez un poco duro para tan pequeñas
aumentar que d1sm111uir, y tomaba un carácter apasionado que extrañó mucho manos.
á la tía Aurelia.
'
- Hace ya algunos minutos que espero sus ofrecimientos, dijo Edmunda.
. Los rumores del exterior llegaban hasta las castellanas en medio de su reclu- Tome usted, añad ió, llenando de ramas los brazos del joven.
~1ón forz?sa. E n t?do el país no se hablaba más que del misterioso crimen, y la
- ¿No hay bastante aún?
- Sí tal; ya me disponía á regresará casa. En el camino encontraremos aún
111for11_1ac1ón practicada no produjo ningún resultado; algunos vagabundos fueron
?etemdos, n~as fué necesario ponerlos en libertad por falta de pruebas. Después digitales y algunos claveles silvestres para variar los tonos de mis ramos. Me pa·
mterrogóse a todas las personas que habían conocido algo íntimamente al capi- rece que todavía no está usted bastante cargado.
tán, Y hasta la~ señoritas de Levasseur hubieron de sufrir un interrogatorio.
-¡Muchas gracias! ¿Me condena usted á tan duros trabajos como expiación
Pretendíase abiertamente que el malogrado joven estaba locamente enamorado ele alguna falta? ¿Qué crimen he cometido?
de la menor y que decía á cuan tos querían escucharle que se casaría con ella á
Las movibles facciones de Edmunda cambiaron otra vez de expresión, y fijó
pesar d~ to~as las resistencias. Marta contestó por Edmunda, muy intimidada en su compañero una mirada de enojo, exclamando:
~l ver disc~t1das así públicamente sus coqueterías, que el capitán Bertrand había
- ¡Bien lo sabe usted!
ido_ al castillo c~n el ~ismo título que otros muchos convidados; que si había
- No, señorita, le aseguro á usted que no.
temdo algunas 1~tenc10nes para el porvenir, no hahía hecho por lo menos de- ¿No es un cri men faltará la palabra dada? ¿No es un crimen hacerse espc·
manda alguna 111 la menor declaración, y que sus visitas al castillo no fueron rar inútilmente? ¿No es un crimen no venir al punto á pedir humildemente per•

-· En suma, señora, ¿dónde encuentra usted esas antiguallas que introduce en
sus magníficos corti najes y colgaduras?
- ¡Hum!.. Rebusco en París las tiendas de los prenderos, donde á veces se
encuentran los magníficos brocados que nuestras abuelas llevaban á los bailes
de la corte, y también otras telas...
- ¡Ese París ... , exclamó el cura, allí se encuentra todo, absolutamente todo!
- Como quiera que sea, murmuró la tía, siento que no se arrodille usted en
mi almohadón, pues seguramente le santificaría, con lo cual volvería á su primer
destino...
El cura no oyó estas últimas palabras, porque Marta entraba, llevando el vino
caliente que ella misma había preparado y que humeaba de una manera muy
apetitosa.
.
- Permítame usted enviar á decir á Francisca, señor cura, que hoy comerá
usted con nosotras; ya no llueve, pero los caminos estan muy malos.
- ¡Oh, querida hija, esto sí que fuera exponerme á una reprensión! Los años
no hacen mella en la viveza de esa excelente mujer; muy por el contrario, tiene
una facilidad en el decir que muy á menudo la envidio cuando se trata de pro·
nunciar un buen sermón; y me censuraría por preferir la comida de vigilia del
castillo á la sopa de col que tiene preparada para mí. Además de esto, Francisca es muy curiosa, y le he prometido todos los detalles que yo recogiera respecto
al asesinato de ese desgraciado joven.
- ¿Qué asesinato?, preguntaron á la vez las tres mujeres.
- ¡Cómo! ¿No saben ustedes?.,
- No, nada sabemos.
- ¡Toma, toma!.. Esta mañana, á primera hora, se ha encontrado en el bosq~e, e n la bifurcación del sendero que baja por un lado á la (Fuente de Virgima,» desembocando por el otro á la carretera de Pennedepie, el cadáver de un
joven oficial, un tal Bertón ó Bertrand, muerto de un tiro de revólver. El crimen
se cometió ayer por la tarde, pues el caballo fué hallado por unos campesinos
que,le reconocieron y llevaron á Trouville, de donde, según parece, el joven sahó a eso d~ las dos ... ¿Le conocían ustedes?, preguntó el cura, al observar la
consternación de sus amigas.
- Sí, murmuró Marta, sí, había venido á vernos con bastante frecuencia, y
nos fué presentado por Roberto de Ancel.
- Eso es. Apenas se hubo probado la muerte, el juzgado se presentó en casa
del Sr. de Anee!, que había salido á pesar del mal tiempo; pero volvió antes
de marcharse aquellos señores. El joven Roberto estaba muy conmovido, y parece que tenía una cita con su amigo en Trouville para hoy ó mañana; pero la
te~pestad le r_etrajo de asistir. Dió las señas de un hermano del capitán, t\nico
pariente del difunto que él conoce y que hace años estaba indispuesto con él.
Edmunda, que se había dejado caer en una silla, pálida y temblorosa, murmuró:
- ¡Y yo que le esperaba y estaba resentida porque había faltado á su promes:i! ..
- ¿De quién se sospecha?, preguntó Marta.
- ¡Diantre! T odos se pierden en conjeturas, pero tal vez el sumario arrojará
alguna luz sobre el asunto. El sitio estaba muy solitario y el cadáver ha quedado
durante toda la tarde y la noche en el sendero donde cayó; de modo que el
n:iaihechor habrá tenido tiempo de huir después de robar á su víctima; los bols1}los estaban vacíos, reconociéndose que habían sido registrados para sacar el
dme_ro; pero ~1asesino dejó el reloj y también una sortija, porque estos objetos
l;ub1eran po?1do denunciarle. Estén seguras de que ahora se halla muy lejos.
i fa~ tranqm!o 9ue era nuestro país!.. Ahora tendrá mala reputación y los extranJeros v_acilaran antes de alqu ilar una qu inta ... ¿Por qué no se ha de ir por la
carretera siendo tan sencillo? En los caminos, por lo menos se tiene la segurid~d de no morir asesinado y de no ocasionar molestias á muchas personas pacificas.
Marta no pudo menos de sonreir, á pesar de la impresión que en ella producía este lúgubre accidente.
- El ca~itán, dijo, despreciaba altamente los caminos y siempre iba por las
alturas cubiertas de bosque; algunas veces se perdía; pero gracias á su instinto
topográfi~o, acababa por encontrar el camino. Era un hombre violento y ha
muerto v10lentamente ... ¡Desgraciado joven!
- if\Y de mí!, exclamó el buen sacerdote. ¡Una muerte repentim, sin prepararse piadosamente, es cosa muy triste! Dícese que la muerte debió ser instantánea, y que el miserable, sea quien fuere, había apuntado bien.

a

580

LA

IOI

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dón?.. En tal caso no entiendo una palabra. ¿Sabe usted que hace muy cerca de
dos semanas que no nos ha hecho ninguna visita?..
Luis XIV no hubiera dicho de otro modo la famosa frase «He pensado esperar. .. » Pero Roberto no sonrió, y súbitamente pareció triste y preocupado.
- No me fué posible, repuso al fin, haciendo un esfuerzo, ir á casa de la señorita Robinsón, y después me impidió pensar en nada el doloroso accidente
que usted conoce. Además, añadió en voz más baja, yo creía que la muerte súbita de Bertrand sería para usted motivo de profunda tristeza· mas hace · poco,
al oírla cantar, me tranquilicé sobre este punto.
'
Edmunda reconoció en la voz de Roberto una extrañeza que parecía indicar
una censura; ruborizóse, y se detuvo bruscamente.
- Expliquémonos ahora mismo, Sr. de Anee!, dijo. Si no entiendo mal, usted
me vitupera por haberme mostrado algo indiferente ante ese de5graciado suceso,
que en su opinión de usted debía interesarme de cerca ...
- Dispense usted, señorita. Bertrand estaba locamente enamorado de usted;
y á mi me había parecido ... creí ver ... que ese amor no era para usted indiferente ...
- O de otro modo, repuso Edmunda, que yo estaba enamorada del galante capitán y que pensaba casarme con él.
- Así lo temía.
- Nada de eso. ¡Ah! Bien veo que usted me vitupera. Su frase sobre las mujeres que no son coquetas se dirigía contra mí, y no se necesitaba mucha malicia
para adivinarlo. Ahora consentiré en disculparme una vez para siempre. Es muy
cierto que.necesito admiración: cuando el mozo del jardinero se vuelve para mirarme, olvidando su azada ó su rastrillo, me siento complacida, y convengo en
que los elogios del capitán Bertrand no me eran en modo alguno desagradables;
mas no creía en esa gran pasión de que usted habla. Le agradé y pudo entrever
un casamiento g.ue hubiera sido más ventajoso para él que para mí; mas apenas
hube comprendido que la cosa iba demasiado lejos y que el capricho del señor
Bertrand tomaba un carácter de violencia, adopté al punto mi partido. Pensaba
rogar á ~i hermana que no le recibiese más; pero no ha sido necesario apelar á
esta medida, como usted sabe. La muerte de ese desgraciado joven ha producido
en mí, como en los demás, una conmoción nerviosa y una compasión mezclada
de horror, pero no otra cosa.
Sigui~se u~a pausa: Roberto respiró con fuerza y andaba con la cabeza más
alta, casi radiante de alegría. Edmunda, admirada de este cambio, exclamó á pesar suyo:
- Usted... ¿estaba usted acaso celoso?
Y como confusa por lo que había dicho, la joven prosiguió su marcha, mirando las puntas de sus zapatitos.
- Sí, murmuró Roberto, sí, estaba celoso. Era un absurdo, ¿no es verdad?
¿Con qué derecho podía estarlo?.. ¿Lo sé yo acaso, ni me atrevo siquiera á preguntármelo? Lo que puedo asegurar es que sufría, es que acabo de atravesar por
un pe~í?do muy triste, durante el cual todo el mundo me era indiferente, excepto
una v1s1ón que yo trataba de alejar y que sin cesar volvía.
. ~ vo~ de Roberto temblaba. Durante su reclusión voluntaria parecióle haber
VIVldo anos enteros; acusándose de locura y casi de deslealtad, habíase esforzado
para olv~dar á la joven que le encantaba; pero no le fué posible. Conocía mejor
que nadie todas las razones que se oponían á un matrimonio semejante: si Marta
parecía haber nacido para ser la mujer de un trabajador, de un hombre formal,
a~ante ?e la so)edad y del aislamiento, Edmunda, por el contrario, parecía exigir el luJo, el rmdo, la sociedad, todas las cosas, en fin, que él odiaba. Y todo
esto no tenía ahora importancia alguna para él, ni existía siquiera; estaba domi•
n~do por aquella locura que de vez en cuando se apodera de los hombres estudiosos que pasaron su juventud con los libros más bien que con las mujeres.
No sabía más que una cosa, esto es, que aquella joven era adorable, que estaba
locam~nte enamorado de ella... Y en el torbellino de esta insensata pasión, la
? ulce imagen de Marta no era ya sino una visión lejana, apenas visible y hasta
1m~ortuna. Durante aquellos días solitarios en que luchaba contra sí mismo, su
pas1? n había progresado probablemente mucho más que si hubiera proseguido
su vida normal.
~~munda, avanzando siempre á paso muy corto, parecía escuchar todavía con
delicia aquellas palabras que acababa de pronunciar Roberto, y al fin murmuró
dulcemente como en un suspiro:
- ¡Qué felicidad!
Roberto dejó ~aer las fl~res q~e llevaba, y temblando de emoción y cogiendo
las manos de la Joven, obhgóla a mirarle.
- ¿Es cierto, es cierto?.. ¿Ha dicho usted qué felicidad?
- Sí.
-¿Y no_ la ofende á ust~d que yo la ame? ¿Y no la amedrento yo, que soy tan
P?COprop10 para agradar a una mujer como usted, para quien la alegría y la
dicha perpetuas ~on tan necesarias como para las flores el sol?.. Usted no sabe,
Edmunda,. cuán imperfecto soy y cuán soñador... Al ver á usted renació en mí
por vez pnmera _la alegría y el amor á la vida... Comprendo que digo cosas incoherentes... y sm duda le parezco á usted un amante triste... Pero no es posib,le_ que usted me ame. ¡Tengo tan poco que ofrecer á usted, á quien sería tan
fac!l ser duquesa ó princesa si lo quisiese! Por dondequiera que vaya será adorada, porque ha nacido soberana de la hermosura. Déjeme usted oir su voz...
P ?rque no estoy seguro de que esto no sea un sueño. Hable usted, yo se lo sup1ICO...
- Amo á usted...
- ¿Es posible? ¡Ah, qué dicha!..
. -:- De~de la primera hora me agradó usted, y algunos días después resolví en
1111 mtenor s~r su esposa. ¿Cómo no lo adivinó usted al instante? Al parecer no
l? comprend1~ usted, pues hablaba con Marta más que conmigo, aunque al mismo
~emp~ me miraba. Si yo he sido algo más coqueta de lo necesario con ese pore seno'. Bertrand, es porque le quería á usted celoso... Ya ve usted que no me
h ago meior de lo que soy...
·
- Usted es usted, y esto basta. ¿Quién podría ser tan insensato que exigiese
otra cosa?
d El pasa~o. no existía ya para Roberto. Olvidaba que poco antes había esperao una felicidad tranquila junto á la hermana mayor; pero después de todo
¿~or q?é hab~a de tener remordimientos? Si era libre de unirse con aquella deli:
f-~sa Joven, a Marta lo debía, pues ella lo había querido así, devolviéndole su
i ertad de tal modo que no tuvo más remedio que inclinarse ante su voluntad
¿Debía llevar siempre luto por no haberse efectuado un enlace que él aceptab¡

por razón y aun por deber? ¡Vamos, nada de eso! Tenía derecho á la felicidad,
á la vida, y Marta era quien le había dado este derecho.
Desde la ventana de su gabinete, Marta vió de pronto aparecer á Roberto
cargado de ramas y de flores, inclinado hacia su hermana y hablándole con
animación, mientras Edmunda, siempre tan habladora, guardaba silencio entonces y alldaba despacio, mirando al suelo. Una vez levantó su lindo rostro para
sonreír al joven, y Marta observó en él una expresión que antes nunca había
notado.
La desgraciada no pudo reprimir un grito sordo, inclinóse para ver mejor y
después murmuró:
- ¡Ya!.. ¡Ah, no hubiera creído sufrir tan cruelmente!
X

Marta dió pruebas de valor; mostróse estoica y hasta risueña, si bien es verdad que en la ruidosa alegría ocasionada por aquellos desposorios, que fueron el
acontecimiento de aquella estación veraniega, la hermana mayor quedó algo
eclipsada. Aunque hubiese dejado ver parte de la profunda tristeza que la dominaba, nadie lo habría notado.
La hermana mayor esperaba una explosión de quejas por parte de su antigua
amiga la señora de Anee!, y creía sobre todo que Roberto se vería muy apurado
en su situación; pero nada de esto sucedió. El amor es un sentimiento tan violentamente egoísta, que no ve ni quiere ver nada que no sea él mismo. Parecía
que aquel desenlace estaba previsto hacía largo tiempo, que era inevitable; todo
el pasado caía en el olvido, era relegado á la categoría de hechos consumados,
era una cosa muerta, que no se quería recordar.
En cuanto á la señora de Anee!, aunque amaba mucho á su joven vecina, no
había pensado, naturalmente, más que en la felicidad de su hijo, y para obtenerla necesitábase ahora un matrimonio que no era el que ella había deseado: suspiró al ver desvanecidas sus ilusiones, sonrió ante las nacientes, y á esto se redujo todo. Desde su primera juventud Marta había manifestado repugnancia al
matrimonio; y si un momento pensó en vencerla, este momento había pasado
ya. Decididamente, su vocación al celibato se anteponía á todo, y nada se podía
hacer. Roberto no era hombre para querer una mujer que se sustraía á todo intento amoroso.
Por otra parte, ya era tiempo de que se casara. Edmunda, lo mismo que su
hermana, sería un excelente partido; era un poco joven y algo loca, y su origen
daba qué pensar; pero después de todo, se había separado completamente de la
familia de su madre. Con los años y la maternidad se calmaría al fin, sin que de
su exuberancia quedase más que la viveza y de su coquetería el deseo natural
de agradar. La vida de su hijo sería más alegre, gracias á la hermosa niña, y
Edmunda, orgullosa de su esposo, se guardaría bien de entorpecerle mucho en
su carrera. Muy lejos de esto, sabría ayudarle, mostrándose ambiciosa por los
dos. Roberto_ no era más que un soñador; trabajaba por la alegría de trabajar;
pero una muJer encantadora, obsequiada, que sabe recibir bien y que tiepe á la
vista un objeto determinado, puede mucho para favorecer á su esposo ... Y la
b~ena ~eñora de Anee! entrevió vagamente la cúpula del Instituto... Además,
bien Il!rrado, el hombre no busca en su mujer un compañero de trabajo; ella le
da su Juventud, su belleza, su encanto, y llena así sus funciones de esposa. La
gravedad natural de Roberto parecía reclamar la alegría, la frescura, la juventud
exuberante de Edmunda; Marta sabía sonreír, y muy dulcemente, pero no tenía
costumbre ~e hacerlo. Y de este ~od_o, el e~oísmo maternal después del egoísmo
del amor cmdábase poco del sacnfic10 realizado sin frases y silenciosamente.
~in embarg?., cu~~1do la baronesa volvió á ver á Marta, después de los desposorios de su hiJo, diJole con un tono de dulce reprensión:
- ¡Ah, Marta, Yº, esperaba, sin embar~o, otra cosa, y no me explico que no
haya usted amado a R oberto! En fin, bien ve que no todas las jóvenes hacen
ascos al matrimonio como usted.. .
Marta no contestó y su antigua amiga le habló acto contiruJo con efusión dü
su «encanta~ora ~ermanita.» Estaba en la luna de miel de las suegras, la que precede al matnmomo.
La señora Despois no se sorprendió lo más mínimo cuando recibió la noticia
y en cambio quedó muy satisfecha de aquel arreglo, que volvía á dejar las cosa~
tal como estaban antes de la llegada de la «intrusa.» La alegría de verse libre de
Edmunda bastó para que se mostrara excesivamente amable y se dispuso á
ofre~er sus más hermosos bordados como regalo de boda. Cuando consultó á la
novia sobre el color de la seda que prefería para el cortinaje de su gabinete
Edmunda la miró con malicia.
'
- ¿~e muestra usted tan generosa para recompensarme por mi marcha, tía
Aureha?, preguntó. Note usted que desde mi desposorio me permite llamarla así·
un poco más y te?drá u?ted ~n mí una verdadera sobrina. Esto será para el dí¡
después del de 1111 matnmomo. ¿No es cierto?
Y como _Edmunda soltase la carcajada, la señora Despois tomó el partido de
hacer lo mismo.
Edmunda trataba de mostrarse para con su hermana más cariñosa y zalamera
que _antes,_per? notábase en ella u~a ligera diferencia; ya no se hacía tan peq~ena y_mna a su l~do, y pensaba sm duda que su dignidad de novia la enaltec1a, pomén_dola al mvel ?e ~arta. H ~blaba sosegadamente, casi como mujer casada que tiene _alguna c1e~cia de la vida y que ve el lado práctico de las cosas.
Despu~s del pnmer entusiasmo, cuando se hubo acostum brado un poco á la
adoración ~e Roberto y á sus mur.mullos de_ amor, se ~epuso muy pronto y ocupóse de mil cosas que Marta hubiera descmdado en situación análoga.
- Ya comprenderás, Marta, dijo un día, que hace dos años he debido informarme del_ estado d: mi fortun~; y mi tutor, hombre desagradable, pero honrad_o, ha _temdo empeno en explicármelo todo. Mi esposo y yo tendremos unos
cien !1111 francos al año: lo cual es una bonita renta. Roberto me agradó desde
la primera vez que le v1; después, aparentando indiferencia, hice hablar de él á
los que le conocían, y por este medio he sabido que es hombre de costumbres
muy ordenadas Y que me:ece el aprecio de todos. Por lo demás, el afecto que le
profesas e:a ~ara mí sufic1e:1te garantía. Me ha sido preciso arreglar mis asunto~ P?r _m1 ~usma... ,T ú conoces el_ mundo mu_c ho menos que yo, á pesar de tus
vemtiséis a_nos, Y asi he comprendido en segmda que necesitaría casarme lo más
pronto po~1ble y es_tablecerme. Sé que eres una hermana como hay pocas; pero
al fin hubieras podido cansarte de mí. .. ¿no es cierto?
- ¡Jamás, Edmunda, jamás!
(Continuará)

�LA ILUSTl{ACIÓN ARTÍSTICA

100

N úMEH0 580

nunca asaz frecuentes ni prolongadas para que su hermana viese en él un pretendiente á su mano.
~oberto_ de Anee!,
su parte, no pudo facilitar ningún dato de interés para
la ms!ru.cción d~l su_mano; y cada vez que se le interrogaba sobre el asunto parecía 1rnta?o é mquieto, enojándole sobre todo, á causa de su antigua intimidad
con la víctima, verse mezclado en aquella ]úaubre historia. Un sirviente de la
señora Robinsón declaró que en el momeito de ir á buscar los restos del almuerzo en la «Fuente de Virginia)) había oído voces como de un altercado entre
el barón de Anee! y el capitán: interrogado Roberto sobre este punto, confesó
que, ~n e~ecto, ha~ía habido un principio de discusión; pero tan poco formal,
que dió cita al capitán para el viernes ó el sábado siguiente en Trouville. Esto fué
conrm:1ado por un conocido de Bertrand á quien éste había dicho algo sobre
el part~cular. Por otra parte, en el joven oficial, de carácter bastante violento y
qmsquilloso, era tal la costumbre de dar voces y hablar alto que se acabó por no
dar importancia á sus disputas ni á los conatos de tales. '
Después la información languideció. El hermano del capitán se había presentado á reclamar el cuerpo, y heredó la parte de fortuna de su hermano, muy
n~ode~ta. Los diarios dejaron de hablar muy pronto del asunto, y á todos pareció evidente que algún merodeador se había aprovechado de la completa soledad del sitio para asesinar y robar al oficial, quedándole luego tiempo suficiente para desaparecer. El asunto pareció destinado á caer en el olvido más absoluto; y por lo demás, pocas víctimas fueron menos lloradas que Jorge Bertrand,
huérfano desde su infancia é indispuesto con los pocos parientes que le quedaban.
. La _señora de Anee!_ hizo una visita al castillo, y excusó á su hijo por no haber
ido m una sola vez, diciendo que parecía haberse entregado de nuevo al trabajo
con mucho afán y que solía estar retraído y muy sombrío. Marta no contestó
nada¡ per~ Edmunda, muy resentida, y extrañando sobre todo que le fuese posible vivtr sm verla, tomó cierto aire digno que llamó mucho la atención á la señora de Anee!. Hubiérase dicho que Edmunda era la prometida y la que tenía
derecho de incomodarse con su hijo ...
Al fin volvió súuitamente el buen tiempo, más radiante que nunca, con el sol
abrasador del mes de agosto, cuyos ardientes rayos se reflejaban en el verde
sombrío del bosque, madurando los albérchigos á la simple vista y creciendo
las uvas, verdes aún.
Cierta mañar.a, Edmunda, que había tomado á empeño alegrar el antiguo
salón, un poco austero, con grandes ramos de flores, fué á buscar algunas ramas
de serbal cargadas de bayas de color rojo vivo, atocha de la que cubría entonces
los declives, helechos y digit:i.les. Las rosas del jardín apenas bastaban para adornar los enormes ramos que E&lt;lmunda se complacía en poner muy á menudo en
los vasos.
Aqu~l dí~ estaba muy contei_1ta sin saber por qué; tal vez porque era agradable viv1~ baJO aquel hermoso cielo, de un azul algo obscuro, y aspirar las fuertes
emanac10nes de las plantas humedecidas aún por las lluvias de los últimos &lt;lías
y brillantes ahora bajo los ardores del sol. Con la falda recogida y el gran sombrero de paja caído sobre las espaldas, Edmunda se aventuraba atrevidamente
por_ el tallar, con su hoz en la mano, en busca de alguna rama de serbal que estuviese muy cargada de bayas de vivos colores, y mientras hacía su cosecha,
cantaba á voz en cuello, con su fresca y bien modulada voz. Marta carecía de
ella, y la música alemana, á que se había dedicado con preferencia, molestaba mucho á la pequeña parisiense. La hermana mayor, por el contrario, hacía cantar
á Edmunda y escuchábala con deleite aunque la elección de sus piezas musicales
le pareciera algo ortodoxa. Edmunda recordaba ciertas canciones que había
aprendido de su prima, la cómica, y á veces las entonaba con mucha gracia,
tanto qu~ la tía Aurelia se desternillaba de risa al oirla, al paso que Marta, muy
escandalizada, ponía una mano sobre la boca de la cantante.
Pero aquella hermosa mañana, con aquel sol tan hermoso, no era una copla
de café-concierto lo que se oía en el aire puro, sino una romanza de .Afireille,
que era muy en particular del gusto de Edmunda. De pronto detúvose la joven
comprendiendo que la miraban; volvióse con viveza, y vió en el camino, junto á
ella, á Roberto que la escuchaba y miraba, sin saber cuál de estas dos cosas le
gustaba más. Edmunda se ruborizó hasta los ojos, enojada de que la viesen así
en traje matinal, con la falda recogida y el cabello enredado. Tenía mucho gusto
para el tocador, y parecíale que cuanto más se engalanaba más linda era. A decir verdad, jamás había estado tan adorable como en aquel momento, ruborizada, con los brazos cargados de su cosecha de ramos y con el cabello formando una aureola, iluminada en parte por un rayo de sol.
- Eso es sorprender á las personas á traición, dijo Edmunda haciendo un liIX
gero mohín, borrado muy pronto por una sonrisa.
- ¿Por qué?, preguntó Roberto. ¿Porque no es la hora reglamentaria de las
El mal t!ei:npo duró cerca de dos semanas, con raras intermitencias, y Ed- visitas? Aquí no estamos en París, sino en el campo, y mi vecina Marta no se
mun da persistió en sus buenas relaciones de una manera admi rable, aplicándose enojó nunca cuando la sorprendí en traje de mañana, si bien es verdad que
en el b_ordado como una niña muy juiciosa. La señora Despois le enseñó á jugar Marta no tiene nada de coqueta.
- Lo cual la perjudica, repuso Edmunda con gravedad mientras seguía corá los cientos, revelando en esto instintos de juventud, y hasta la entretuvo un
po~o _co~ la lect~ra; péro los libros no eran · muy de su agrado. Su buen humor tando ramas á derecha é izquierda.
- Creo, á fe mía, que usted tiene razón, señorita Edmunda, y que las mujeres
resistió a la lluvia y á los días largos y fríos; mas por la noche le sobrecogía muy
sencillas y sinceras rara vez son apreciadas como deberían serlo.
pronto el sueño y acostábase temprano.
Estas palabras fueron dichas con una especie de amargura y de arrebato que
~n Marta influyó más la lluvia; no podía estar quieta en ninguna parte· traba¡aba, mucho como mujer casera, fatigábase cuanto era posible y después' per- extrañó mucho á Edmunda, y como Roberto lo observase, añadió:
- ¿Me permitirá usted ayudarla, señorita? Diríase que se ha propuesto desmanec_ia horas enteras aparentando leer y sin dar vuelta á una sola hoja del Ji.
bro. Sm embargo, la ternura que manifestaba á su hermana parecía más bien montar todo el bosque, y el trabajo es tal vez un poco duro para tan pequeñas
aumentar que disminuir, y tomaba un carácter apasionado que extrañó mucho manos.
á la tía Aurelia.
'
- Hace ya algunos minutos que espero sus ofrecimientos, dijo Edmunda.
. Los rumores del exterior llegaban hasta las castellanas en medio de su reclu- Tome usted, añadió, llenando de ramas los brazos del joven.
- ¿No hay bastante aún?
~1ón forz?sa. En t?do el país no se hablaba más que del misterioso crimen, y la
- Sí tal; ya me disponía á regresar á casa. En el camino encontraremos aún
mforn:iac1ón practicada no produjo ningún resultado; algunos vagabundos fueron
~etemdos, ~as fué necesario ponerlos en libertad por falta de pruebas. Después digitales y algunos claveles silvestres para variar los tonos de mis ramos. Me pamrerrogóse a todas las personas que habían conocido algo íntimamente al capi- rece que todavía no está usted bastante cargado.
- ¡Muchas gracias! ¿Me condena usted á tan duros trabajos como expiación
tán, Y hasta las señoritas de Levasseur hubieron de sufrir un interroaatorio.
Pretendíase abiertamente que el malogrado joven estaba locamente ena~orado &lt;le alguna falta? ¿Qué crimen he cometido?
Las movibles facciones de Edmunda cambiaron otra vez de expresión y fijó
de la menor y que decía á cuantos querían escucharle que se casaría con ella á
'
pesar d~ tod_as las resistencias. Marta contestó por Edmunda, muy intimidada en su compañero una mirada de enojo, exclamando:
- ¡Bien lo sabe usted!
~l ver disc~tidas así públicamente sus coqueterías, que el capitán Bertrand había
- No, señorita, le aseguro á usted que no.
ido_ a l castillo c~n el mismo título que otros muchos convidados; que si había
temdo algunas mtenciones para el porvenir, no hahía hecho por lo menos de-:-¿~? es u1\crimen faltar~ la palabra ?ada? ¿No e_s un ~rimen hacerse espemanda alguna ni la menor declaración, y que sus visitas al castillo no fueron rar mut1lmente. ¿No es un cnmen no vemr al punto a pedir humildemente per-

-- En suma, señora, ¿dónde encuentra usted esas antiguallas que introduce en
sus magníficos cortinajes y colgaduras?
- ¡Hum!.. Rebusco en París las tiendas de los prenderos, donde á veces se
encuentran los magníficos brocados que nuestras abuelas llevaban á los bailes
de la corte, y también otras telas...
- ¡Ese París..., exclamó el cura, allí se encuentra todo, absolutamente todo!
. - Como quiera que sea, murmuró la tía, siento que no se arrodille usted en
mi almohadón, pues seguramente le santificaría, con lo cual volvería á su primer
destino...
El cura no oyó estas últimas palabras, porque Marta entraba, llevando el vino
calie_nte que ella misma había preparado y que humeaba de una manera muy
apetitosa.
.
- Permítame usted enviar á decir á Francisca, señor cura, que hoy comerá
usted con nosotras; ya no llueve, pero los caminos están muy malos.
- ¡Oh, querida hija, esto sí que fuera exponerme á una reprensión! Los aiios
no hacen mella en la viveza de esa excelente mujer; muy por el contrario, tiene
una f~cilidad en el decir que muy á menudo la envidio cuando se trata de pro·
nun?iar ,un buen sermón; y me censuraría por preferi r la comida de vigilia del
castillo a la sopa de col que tiene preparada para mí. Además de esto, Francisca es muy curiosa, y le he prometido todos los detalles que yo recogiera respecto
al asesinato de ese desgraciado joven.
-¿Qué asesinato?, preguntaron á la vez l&lt;,ts tres mujeres.
- ¡Cómo! ¿No saben ustedes? ..
- No, nada sabemos.
- ¡Toma, toma!.. Esta mañana, á primera hora, se ha encontrado en el bosq~e, en la bifurcación del sendero que baja por un lado á la «Fuente de Virgi!11a,» des~mbocando por el otro á la carretera de Pennedepie, el cadáver de un
J0ven oficial, un tal Bertón ó Bertrand, muerto de un tiro de revólver. El crimen
se cometió aye: por la tarde, pu.e~ el ca_ballo fué hallado por unos campesinos
que.le reconocieron y llevaron a frouv1lle, de donde, según parece, el joven saltó a eso de las dos ... ¿Le conocían ustedes?, preguntó el cura, al observar la
consternación de sus amigas.
- Sí, murmuró Marta, sí, había venido á vernos con bastante frecuencia, y
nos fué presentado por Roberto de Anee!.
- Eso es. Apenas se hubo probado la muerte, el juzgado se presentó en casa
del Sr. de Anee!, que había salido á pesar del mal tiempo; pero volvió antes
de marcharse aquellos señores. El joven Roberto estaba muy conmovido, y parece que tenía una cita con su amigo en Trouville para hoy ó mañana; pero ta
te~pestad le r_etrajo de asistir. Dió las señas de un hermano del capitán, único
panente del difunto que él conoce y que hace años estaba indispuesto con él.
Edmunda, que se había dejado caer en una silla, pálida y temblorosa, murmuró:
- ¡Y yo que le esperaba y estaba resentida porque había faltado á su promesa!..
- ¿De quién se sospecha?, preguntó Marta.
- ¡Diantre! Todos se pierden en conjeturas, pero tal vez el sumario arrojará
alguna luz sobre el asunto. El sitio estaba muy solitario y el cadáver ha quedado
durante toda la ,tard~ y l~ noche en el sendero donde cayó; de modo que el
n:iathechor habra temdo tiempo de huir después de robar á su víctima; los bols1_llos estaban vacíos, reconociéndose que habían sido registrados para sacar el
dme_ro; pero ~I asesino dejó el reloj y también una sortija, porque estos objetos
hubieran po?ido denunciarle. Estén seguras de que ahora se halla muy lejos.
¡Ta~ tranqm_lo que era nuestro país!.. Ahora tendrá mala reputación y los extranJeros v_acilaran antes
alqmlar una q_uinta ... ¿Por qué no se ha de ir por la
carretera s1end? tan sencillo? En los cammos, por lo menos se tiene la segurid~d de no monr asesinado y de no ocasionar molestias á muchas personas pacificas.
Marta no pudo menos de sonreír, á pesar de la impresión que en ella producía este lúgubre accidente.
- El ca~itán, dijo, despreciaba altamente los caminos y siempre iba por las
alturas.cubiertas de bosque; algunas veces se perdía; pero gracias á su instinto
topografi~o, acababa por encontrar el camino. Era un hombre violento y ha
muerto v10lentamente ... ¡Desgraciado joven!
- i'\Y de mí!, exclamó el buen sacerdote. ¡Una muerte repentina, sin prepar~rse p1adosamen~e, es cosa muy triste! Dícese que la muerte debió ser instantanea, y que el miserable, sea quien fuere, había apuntado bien.

?e

Pº:

NúMERO

580

LA

dón?.. En tal caso no entiendo una palabra. ¿Sabe usted que hace muy cerca de
dos semanas que no nos ha hecho ninguna visita?..
Luis XIV no hubiera dicho_ de otro _modo la famosa frase «He pensado esperar ... » Pero Robert? no sonnó, y súbitam~nte pareció triste y preocupado.
- No me fué posible, repuso al fin, haciendo un esfuerzo irá casa de ta señorita Robinsón, y después me impidió pensar en nada el doloroso accidente
q~e usted conoce. A?emás, añadió en_ voz más baja, yo creía que ta muerte súbita_ de Bertrand sena para usted motivo de profunda tristeza· mas hace · poco
a l 01rla cantar, me tranquilicé sobre este punto.
'
'
Edmunda recon?ció en la voz de Roberto una extrañeza que parecía indicar
una censura; rubonzóse, y se detuvo bruscamente.
- ~xpliquémonos ahora mismo, Sr. de Anee!, dijo. Si no entiendo mal, usted
me vitupera
haberme mostrado algo indiferente ante ese desgraciado suceso,
que en su opmión de usted debía interesarme de cerca ...
- Dispense usted, señorita. Bertrand estaba locamente enamorado de usted·
Y á mi me había parecido ... creí ver... que ese amor no era para usted indife~
rente...
. -; O de otro modo, repuso Edmunda, que yo estaba enamorada del galante capitan y que pensaba casarme con él.
- Así lo tem ía.
. - Nada de eso. ¡Ah! Bien veo que usted me vitupera. Su frase sobre las muJeres que no son coquetas se dirigía contra mí, y no se necesitaba mucha malicia
i:ara adivinarlo. _Ahora ~on~entiré en disculparme una vez para siempre. Es muy
cierto que_ necesito admiración: cuando el mozo del jardinero se vuelve para mirarme, olvidando su azada ó su rastrillo, me siento complacida y convengo en
que los elo ios del capitán B~rtrand no me eran en modo algun¿ desagradables;
mas no c~eia en esa gran pasión de que usted habla. Le agradé y pudo entrever
un casamiento que hubiera sido_ más ventajoso para él que para mí; mas apenas
hube comprendido que la cosa iba demasiado lejos y que el capricho del señor
Bertrand ~ornaba un carácter de violencia, adopté al punto mi partido. Pensaba
rogar á ~1 hermana que no le recibiese más; pero no ha sido necesario apelar á
esta medida, como usted sabe. La muerte de ese desgraciado joven ha producido
en mí, como en los demás, una conmoción nerviosa y una compasión mezclada
de horror, pero no otra cosa.
Sigui~se u~a pausa: Roberto respiró con fuerza y andaba con la cabeza más
alta, casi radiante de alegría. Edmunda, admirada de este cambio, exclamó á pesar suyo:
- Usted... ¿estaba usted acaso celoso?
Y como confusa por lo que había dicho, la joven prosiguió su marcha, mirando las puntas de sus zapatitos.
- Sí, murmuró R oberto, sí, estaba celoso. Era un absurdo, ¿no es verdad?
¿Con qué derecho podía estarlo?.. ¿Lo sé yo acaso, ni me atrevo siquiera á preguntármelo? Lo que puedo asegurar es que sufría, es que acabo de atravesar por
un pe:í?do muy triste, durante el cual todo el mundo me era indiferente, excepto
una v1s1ón que yo trataba de alejar y que sin cesar volvía.
La voz de Roberto temblaba. Durante su reclusión voluntaria parecióle haber
vivido años enteros; acusándose de locura y casi de deslealtad, habíase esforzado
para olv!dar á la joven que le encantaba; pero no le fué posible. Conocía mejor
que nadie ~odas las razones que se oponían á un matrimonio semejante: si Marta
parecía haber nacido para ser la mujer de un trabajador, de un hombre formal,
amante de la soledad y del aislamiento, Edmunda, por el contrario, parecía exigir el lujo, el ruido, la sociedad, todas las cosas, en fin, que él odiaba. Y todo
esto no tenía ahora importancia alguna para él, ni existía siquiera; estaba dominado por aquella locura que de vez en cuando se apodera de los hombres estudiosos que pasaron su juventud con los libros más bien que con las mujeres.
No sabía más que una cosa, esto es, que aquella joven era adorable, que estaba
locamente enamorado de ella... Y en el torbellino de esta insensata pasión, la
~ulce imagen de Marta no era ya sino una visión lejana, apenas visible y hasta
importuna. Durante aquellos días solitarios en que luchaba contra sí mismo, su
pasión había progresado probablemente mucho más que si hubiera proseguido
su vida normal.
Edmunda, avanzando siempre á paso muy corto, parecía escuchar todavía con
delicia aquellas palabras que acababa de pronunciar Roberto, y al fin murmuró
dulcemente como en un suspiro:
- ¡Qué felicidad!
Roberto dejó caer las flores que llevaba, y temblando de emoción y cogiendo
las manos de la joven, obligóla á mirarle.
- ¿Es cierto, es cierto?.. ¿Ha dicho usted qué felicidad?
- Sí.
- ¿Y no la ofende á usted que yo la ame?¿Y no la amedrento yo, que soy tan
poco propio para agradar á una mujer como usted, para quien la alegría y la
dicha perpetuas son tan necesarias como para las flores el sol?.. Usted no sabe,
Edmunda, cuán imperfecto soy y cuán soñador... Al ver á usted renació en mí
por vez primera la alegría y el amor á la vida... Comprendo que digo cosas incoherentes... y sin duda le parezco á usted un amante triste... P ero no es posible que usted me ame. ¡Tengo tan poco que ofrecer á usted, á quien sería tan
fácil ser duquesa ó princesa si lo quisiese! Por dondequiera que vaya será adorada, porque ha nacido soberana de la hermosura. Déjeme usted oir su voz...
Porque no estoy seguro de que esto no sea un sueño. H able usted, yo se lo suplico...
- Amo á usted...
- ¿Es posible? ¡Ah, qué dicha!..
- D esde la primera hora me agradó usted, y algunos días después resolví en
mi interior ser su esposa. ¿Cómo no lo adivinó usted al ins!ante? Al parec~r no
lo comprendía usted, pues hablaba con Marta más que conmigo, au?que al mismo
tiempo me miraba. Si yo he sido algo más coqueta de lo necesano con ese pobre señor Bertrand, es porque le quería á usted celoso... Ya ve usted que no me
hago mejor de lo que soy...
·
- Usted es usted, y esto basta. ¿Quién podría ser tan insensato que exigiese
otra cosa?
El pasado no existía ya para Roberto. Olvidaba que poco antes había esperado una felicidad tranquila junto á la hermana mayor; p~ro después de tod~,
¿por qué había de tener remordimientos? Si era libre de umrse con aquella deliciosa joven, á Marta lo debía, pues ella lo había querido así, devolviéndole su
libertad de tal modo que no tuvo más remedio que inclinarse ante su voluntad.
¿Debía llevar siempre luto por no haberse efectuado un enlace que él aceptaba

Pº:

9

IOI

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por razón y aun por deber? ¡Vamos, nada de eso! Tenía derecho á la felicidad,
á la vida, y Marta era quien le había dado este derecho.
Desde la ventana de su gabinete, Marta vió de pronto aparecer á Roberto
cargado de ramas y de flores, inclinado hacia su hermana y hablándole con
animación, mientras Edmunda, siempre tan habladora, guardaba silencio entonces y a cidaba despacio, mirando al suelo. Una vez levantó su lindo rostro para
sonreír al joven, y Marta observó en él una expresión que antes nunca había
notado.
La desgraciada no pudo reprimir un grito sordo, inclinóse para ver mejor y
después murmuró:
- ¡Ya!.. ¡Ah, no hubiera creído sufrir tan cruelmente!

X
Marta dió pruebas de valor; mostróse estoica y hasta risueña, si bien es verdad que en la ruidosa alegría ocasionada por aq uellos desposorios, que fueron el
acontecimiento de aquella estación veraniega, la hermana mayor quedó algo
eclipsada. Aunque hubiese dejado ver parte de la profunda tristeza que la dominaba, nadie lo habría notado.
La hermana mayor esperaba una explosión de quejas por parte de su antigua
amiga la señora de Anee!, y creía sobre todo que Roberto se vería muy apurado
en su situación; pero nada de esto sucedió. Et amor es un sentimiento tan violentamente egoísta, que no ve ni quiere ver nada que no sea él mismo. Parecía
que aquel desenlace estaba previsto hacía largo tiempo, que era inevitable; todo
el pasado caía en el olvido, era relegado á la categoría de hechos consumados,
era una cosa muerta, que no se quería recordar.
En cuanto á la señora de Anee!, aunque amaba mucho á su joven vecina, no
había pensado, naturalmente, más que en la felicidad de su hijo, y para obtenerla necesitábase ahora un matrimonio que no era el que ella había deseado: suspiró al ver desvanecidas sus ilusiones, sonrió ante las nacientes, y á esto se redujo todo. Desde su primera juventud Marta había manifestado repugnancia al
matrimonio; y si un momento pensó en vencerla, este momento había pasado
ya. Decididamente, su vocación al celibato se anteponía á todo, y nada se podía
hacer_ Roberto no era hombre para querer una mujer que se sustraía á todo intento amoroso.
Por otra parte, ya era tiempo de que se casara. Edmunda, lo mismo que su
hermana, sería un excelente partido; era un poco joven y algo loca, y su origen
dab~_qué pensar; pero después de todo, se había separado completamente dela
familia de su madre. Con los años y la maternidad se calmaría al fin, sin que de
su exuberancia quedase más que la viveza y de su coquetería el deseo natural
de agradar. La vida de su hijo sería más alegre, gracias á la hermosa niña, y
Edmunda, orgullosa de su esposo, se guardaría bien de entorpecerle mucho en
su carrera. Muy lejos de esto, sabría ayudarle, mostrándose ambiciosa por los
dos. Roberto no era más que un soñador; trabajaba por la alegría de trabajar;
pero una mujer encantadora, obsequiada, que sabe recibir bien y que tiene á la
vista un objeto determinado, puede mucho para favorecer á su esposo... Y la
buena señora de Anee! entrevió vagamente la cúpula del Instituto... Además
bien ~ irado, el hombre no busca en su mujer un compañero de trabajo; ella 1~
da su Juventud, su belleza, su encanto, y llena así sus funciones de esposa. La
gravedad natural de Roberto parecía reclamar la alegría, la frescura, la juventud
exuberante de Edmunda; Marta sabía sonreir, y muy dulcemente, pero no tenía
costumbre de hacerlo. Y de este modo, el egoísmo maternal después del egoísmo
del amor cuidábase poco del sacrificio realizado sin frases y silenciosamente.
Sin embargo, cuando la baronesa volvió á ver á Marta, después de los desposorios de su hijo, díjole con un tono de dulce reprensión:
- ¡Ah, Marta, Yº, esperaba, sin embar~o, otra cosa, y no me explico que no
haya usted amado a Roberto! En fin, bien ve que no todas las jóvenes hacen
ascos al matrimonio como usted...
Marta no contestó y su antigua amiga le habló acto continuo con efusión de
su ((encanta~ora ~ermanita.}) Estaba en la luna de miel de las suegras, la que precede al matnmomo.
La señora Despois no se sorprendió lo más mínimo cuando recibió la noticia
y en cambio quedó muy satisfecha de aquel arreglo, que volvía á dejar las cosa~
tal como estaban antes de la llegada de la «intrusa.» La alegría de verse libre de
Edmunda bastó para que se mostrara excesivamente amable y se dispuso
ofre~er sus más hermosos bordados como regalo de boda. Cuando consultó á la
novia sobre el color de la seda que prefería para el cortinaje de su gabinete
Edmunda la miró con malicia.
'
- ¿?e muestra usted tan generosa para recompensarme por mi marcha, tía
Aureha?, preguntó. Note usted que desde mi desposorio me permite llamarla así·
un poco más y te?drá u~ted ~n mí una verdadera sobrina. Esto será para el dí~
después del de m1 matnmomo. ¿No es cierto?
Y como Edmunda soltase la carcajada, la señora Despois tomó el partido de
hacer lo mismo.
Edmunda trataba de mostrarse para con su hermana más cariñosa y zalamera
que _antes,__per? notábase en ella una ligera diferencia; ya no se hacía tan peq~ena y_nma a su !~do, y pensaba sin duda que su dignidad de novia la enaltecia, pomén_dola al mvel ~e ~farta. H~blaba sosegadamente, casi como mujer casada que tiene alguna c1enc1a de la vida y que ve el lado práctico de las cosas.
Después del primer entusiasmo, cuando se hubo acostumbrado un poco á la
adoración ~e Roberto y á sus murmullos de amor, se repuso muy pronto y ocupóse de mil cosas que Marta hubiera descuidado en situación análoga.
- Ya comprenderás, Marta, dijo un día, que hace dos años he debido informarme del_ estado de mi fortuna; y mi tutor, hombre desagradable, pero honrad_o, ha _temdo empeño en explicármelo todo. Mi esposo y yo tendremos unos
cien ;11!1 francos al año,. lo cual es una bonita renta. Roberto me agradó desde
la pnmera vez que le vi; después, aparentando indiferencia, hice hablar de él á
los que le conocían, y por este medio he sabido que es hombre de costumbres
muy ordenadas y que merece el aprecio de todos. Por to demás el afecto que te
profesas e:a ~ara mí suficiente garantía. Me ha sido preciso a:reglar mis asunto~ P?r _m1 ~usma... Tú conoces el mundo mucho menos que yo, á pesar de tus
vemt1sé1s anos, y así he comprendido en seguida que necesitaría casarme lo más
pronto po~ible y es_tablecerme. Sé que eres una hermana como hay pocas; pero
al fin hubieras podido cansarte de mí. .. ¿no es cierto?
- ¡Jamás, Edmunda, jamás!

a

(Continuará)

�102

L A I LUSTRACI ÓN ART ÍSTICA

por medio del arco pueden conseguirse todos los
efectos del instrumento cual si se tocara naturalmente (sonidos filados, ligados, sueltos, picados, etc., staccatos, pizzicatos),· merced al teclado la precisión es
forzosa, puesto que es independiente del artista y reS1ilta de un mecanismo invariable. Las teclas están
unidas de una manera tan perfecta con los martillitos
que oprimen la cuerda, que puede obtener hasta ese
EL VIOLONCRLO-PIANO
temblor llamado expresión.
Los instrumentos músicos más bellos, los que por
El sistema de M. Vlaminck permite ejecutar la masu parecido con la voz humana hablan más al alma yor parte de combinaciones á doble cuerda, y á fuerson indudablemente los de cuerda: el violín, la vio- za de práctica se llega á obtener los sonidos armónicos. Lo único imposible son las notas

IT:-~r'q:::;:;::::::;;¡:;::;;:;;;;::;;;¡¡;::;;:;;;;;;¡:¡.=====-:::;;;-:;:;c===ir.~
- :.:.:.;¡.-:¡,+;---_--!
7,::1 arrastradas y las diferencias de coma
"
·' (por ejemplo, del do sostenido al re
bemol).
M. de Vlaminck ha estudiado dos
tipos, el violoncelo-piano y la viola-piano, que nuestro grabado representa. El
primero es bastante incómodo: su teclado tiene tres octavas de extensión, y por
el cambio del la en una cuerda que tocada en vacío da el re permite que el
instrumento tenga una extensión de
cinco octavas á partir del do ·grave del
violoncelo. Por esta razón el violoncelopiano podría ser también denominado
melotetráfono, puesto que en él pueden
tocarse todas las piezas escritas para
cualquier instrumento del cuarteto.
La viola-piano es más pequeña, más
elegante y será sin duda preferida al
violoncelo-piano; puede ir encerrada en
una caja de 25 x 28 x 80 centímetros y
en ella puede tocarse música escrita
para viola ó para violín.
El violoncelo-piano y la viola-piano
son instrumentos verdaderamente serios y se prestan perfectamente á la
música de conjunto: mis lectores darán
crédito á lo que digo cuando sepan que
escribo esta nota después de haber toVioloncelo-piano y viola-piano
cado en aquéllos sonatas de Beethoven
y de Haydn y la obertura de 'Poeta y
la, el violoncelo y el contrabajo. Superiores al piano, Aldeano, de Suppé, que tiene movimientos bastante
puesto que permiten al artista prolongar la misma nota acelerados.
haciendo á la vez variar su intensidad, están también
Creo que el invento de M. Vlaminck tendrá gran
por encima del armonio por la calidad del sonido y éxito, pues muchas señoritas e~pecialmente se tendrán
no ofrecen los inconvenientes de los instrumentos por dichosas pudiendo, gracias á la viola-piano,'dejar
de viento, como la flauta, el clarinete, etc., cuyo dia- un poco el piano para tocar á dúo, casi sin necesidad
pasón es casi siempre fijo, de suerte que es imposi- de nuevos estudios, algunas de las admirables roble acordarlos con el piano cuando éste no está exac- manzas sin palabras de Mendelssohn ó algunas metamente al diapasón normal, cosa muy frecuente.
lodías de Schubert arregladas para piano y violín.
Desgraciadamente, sabido es cuán difíciles de toc. CREPEAUX
car son tales instrumentos, dificultad que para algunas personas llega á ser verdadera imposibilidad: en
efecto, la precisión de los sonidos es una facultad
con la cual se nace y que el trabajo puede sólo per- EXPLORACIÓN DE LAS ALTAS REGIONES ATMOSFÉRICAS
feccionar. En el violín, en el violoncelo y demás instrumentos análogos esta precisión depende de la posiMucho se ha hablado del proyecto de M. Capazza
ción de los dedos, que coincide mejor ó peor con la de explorar las regiones superiores de la atmósfera
distancia matemática necesaria para que la cuerda elevando lo más alto posible un pequeño globo pro•
produzca el número de vibraciones. correspondientes visto de instrumentos registradores. La comunicación
á una nota determinada. Esta longitud, que varía de M. Capazza á la Academia de Ciencias de París
con cada nota, disminuye á medida qué el sonido se ha hecho que se publicara un proyecto análogo muy
hace más agudo: así, por ejemplo, en la prima el primer
tono grave de la á sise midé por una distancia•de siete
centímetros, .al paso que, á dos octavas más altas, el
mismo interva1o tónico se consigue.con una de·dos
solamente. De aquí que muchos toquen con afinación las notas graves y sean menos afortunados en
las agudas, y de aqu( también que el niímero de violoncelistas sea tan reducido en comparación con el
de los _pianistas. Y sin embargo, ¡cuán hartos estamos
y~ d.~ J?ia_no y cuá~to talento se necesita_yara que ~n
p1a111sta'se haga 01r con gusto! En camb10 la más 111significante pieza para instrumento de cuerda deleita,
con tal de que su ejecución sea perfectamente afinada.
Partiendo de este orden de ideas, un distinguido
profesor de música, M. de Vlaminck ha ideado una
manera de combinar la sonoridad y expresión de los
instrumentos de cuerda con la precisión matemática
de los de teclado, como el piano y el armonio.
Después de muchas probaturas y de tanteos impuestos por la necesidad de aislar de un modo absoFig. r. Termógrafo ligero destinado á medir la temperatura
luto la cuerda para que emita sonidos perfectamente
en las altas regiones de la atmósfera
puros, M. de Vlaminck ha logrado al fin lo que se
proponía y obtenido patente de invención por un
aparato que se aplica á los instrumentos de cuerda estudiado y desde hace mucho preparado por el coque forman cuarteto, y que permite sustituir la ma- mandante Renard, director del establecimiento de
no izquierda del artista por un mecanismo que fun- aerostación militar de Chalais-Meudon, el cual lo ha
ciona por medio de las teclas de un teclado de comunicado á la Academia y á la Sociedad francesa
de Física, no para reivindicar la prioridad de una idea,
piano.
De esta suerte se toca el piano con la mwo iz- que naturalmente se habrá ocurrido á todos los mequierda y el violín ó el violoncelo con la derecha: teorólogos y á muchos aeronautas, sino para exponer

' NúMERO

580

las dificultades del problema y hacer participar á
hombres competentes de las esperanzas que despiertan los cálculos fundados en un profundo conocimiento del asunto. A primera vista no parece más difícil elevar un globo á 15 kilómetros que á 20 ó á 2 S,
y sin embargo esto último es casi imposible ámenos
de un gasto enorme.
. El aeronauta no puede elevarse más allá de 8. 500
metros; pero este inconveniente no existe para los
instrumentos registradores; y así como cuando se trata de la vida de un hombre hay que busctir el mayor
coeficiente de seguridad, tratándose de algunos aparatos puede arriesgarse mucho más ante la idea de
ganar algunos kilómetros de altura.
El programa trazado por el comandante Renard
consiste en elevar á 20 kilómetros de altura un conjunto de aparatos como el termógrafo, el barógrafo,
el actinógrafo y otros destinados á registrar los fenómenos eléctricos ó á recoger aire de las regiones superiores, todos los cuales pueden ser subidos sucesivamente, debiendo el barógrafo formar parte de todas
las expediciones.
Los dos primeros registradores no ofrecían dificultades, pues éstas habían sido vencidas por M. Richard por medio de ingeniosos instrumentos; el actinógrafo es más delicado; pero gracias al interés con
que M. J. Violle ha estudiado el proyecto, es de esperar que también se resolverán las que á él se refieren. M. Leduc, que se ha dedicado á investigar la
composición del aire, ha preparado globos que se abrirán automáticamente y se cerrarán en seguida. El
volumen del globo no había de exceder de rno metros cúbicos á fin de reducirá un mínimo los gastos
de henchimiento y ,de aument;u en igualdad de gasto
el número de excursiones. Dada la fuerza ascensional del hidrógeno, el peso de los instrumentos con
sus parachoques y la red no podía ser mayor de 5 kilogramos. Para conseguir esta condición se ha reducido el peso de los aparatos mediante un empleo racional del aluminio y un aligeramiento prudencial de
las piezas de los mismos: en cuanto á los parachoques, destinados á evitar que se estropeen los instrumentos al llegar á tierra, están formados por una especie de jaula de junco y de bambú en la que el instrumento va suspendido por cauchos fijados en los
ocho ángulos. La fig. 1 representa el conocido termógrafo de M. Richard: la espiral destinada á tomar la
temperatura del aire va encerrada en un cilindro perforado que se ve en la parte posterior del grabado y
contiene alcohol en una cavidad interior de 2 milímetros de espesor. La fig. 2 representa el barógrafo
en su jaula: ésta lo protege tan bien, que arrojado el
instrumento con violencia al suelo no ha dejado de
funcionar el movimiento de relojería.
El punto capital del proyecto consiste en la adopción de una envoltura ligera. Un cálculo muy sencillo demuestra que, en igualdad de circunstancias, el
volumen del globo destinado á ascender, sin exceso
de carga, á una altura dada, aumenta en proporción
del peso del metro cuadrado de la envoltura; este
peso es de 300 gramos en las envolturas ordinarias,
y teniendo en cuenta el peso de los instrumentos,
considerable para un pequeño globo aunque insignificante para un globo grande, se llega para éste en las
condiciones ordinarias á la cifra de 4. 200 metros cú-

580

NúMERO

103

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos y sus
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dima~ado aplicaci~nes lan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas m·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña d~I contenido del MU:~DO FÍ·
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad ele
esta obra.

NUEVA PUBLICACI ÓN

EL MUND O FÍ SICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D . MANUl!t. ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN , SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

La presente obra formará 3 tomos de rC1,TUlares dimensio•
Edici6n ilustrada con grabados intercalados y láminll$
cro11wlitografiadas
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la física del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente popular. Siguiendo en él el
plan admit_ido po~ cuanto~ de la ciencia física han escrito, lo di·
vide en vanas secciones prmc1pales, en cada una de ellas se enunr ia la ley que p reside á los fenómenos de que trata, el descu•
brimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
Así, después de tratar ele los fenómenos y leyes de la Graverfad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

Muestra de los grabados de la obra - Audiciones
telefónicas teatrales
esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Sonido agrega una enume·
ración de todas las aplicaciones de la A ctfstica y de los instrumentos musicales. La L11z da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, microscop•o, etc. El l',fagnetismo y la Electricidad proporcion:in ancho

nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~'\SO de qu~ lo ?esea·
ran los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en el;texto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la Física, asl como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas Ú otras
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo con
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á .}os Sres. Montaner y Simón, calle de Aragón, núms. 309 Y 311, Barcelona
Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ¡LUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin.
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficin a de publicida d de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo de Gracia, núm. 21

..........
-

LllT !NTÍ PdLIQUI -

LECHE ANTEF1:L

1t1t9lDES del E8 ro.i-+-\i
--n~,,

Pepsina Boudault
!prohada por la motil! DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
lfodallM en 1&amp;1 Jhpo1loloo11 lotunaclonaloo do

PWS - LTOR - nm
18117

lffi

lSl3

- PIIIUDELPIU
- P!RIS
1878
1118

U DfLI.&amp;. COR I L ■,nea j 11TO D LAa

DISPEPSIAS
0 A8TRITIS - OA8TRALOIA8
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
l'ALTA DE APETITO
~ OT&amp;OI DIIOUIRII DI L4 DltllTlOII

ELIXIR, · de PEPSIN.l BOUDAULT
VINO · , de PEPSINA BOUDAULT
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. ltntW M II rot#II • /ll'1IUI

i

AA. DETIU.1', l'armaon\loo n P.uul'

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
P!BTILU8 J POLVOS

LA SAGRADA BIBI.JA

IDICIÓN ILUITIIADA
• tO o6ntimo• de pe■eta la

entrega de ti

J•l!l=J~!• ~ni

contra las diversas
Afeoolones llel Corazon,
Hydropeelae, 1
Tose• nervloue¡
Bronqultle, Aema, etc.

Medalla de Oro de la S•4 de F1• de Paria dettetun l as perdútas.

B.UO 1.4 FORIU DE

..

arabedeD~ftalde

,m • ■ne1aca ... 1,u, fillJa
OAS, LENTEIAS, TEii ASO
SARPULLIDOS, TEZ BARRO

p ágina■

~

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41rigiiodoac i loa Src■• Moouaer y Simbo, editorn

PATERSON
• JISIIUTBO ll18NISIA
J

~ 0 1 eo11tra lu ~loDN del Est6·
aac,o, Falta de Apetito, Dlge■Uonea lallo,
rt- , Aoedtu, V6m1to■, Eruoto■, y C61t-;
nplu:lull ... l'lmoloDN del ER6mago .,
a loe IDle■Ulloa,
blllrtulr■tvlo 11,-1 dt l . FAYAIID.
DZTBAlf, F--utloo t111 P.IBJII

CARNE HIERRO y QUINA

ll .lllmuto maa ~~ Wlido a loa 'r6Dicoa maa reparado.._

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS

,aneemos ironrrrvos DB u

CARNE

.

e , ~ mm• .,_ ••111u 1 Dles añoe de extto continuado y 118 a11rmac1011e1 ele
todu las eminenelll mMicaa preub&amp;D que esta uoclacion de la Clarae, el Biern 7 la

._ oonaUtuye el repan4or maa enel'1!1co que ae conoce para curar í la Clorólfí, la
!n,;m_,
..,_,~ las Jlemt ~ fe«UWIUdolM'Olal,
el lm110wectmlfflto 7 J.a Álteraclon de la Sangf'~
ucro{WOlal y ua,rwt1&lt;:M, etc. El Yi ae Pe11T11ct■eH dé
el único que reune lodo lo que entona 1 rorlaleee loa organoe,
coordena•y aumenta considerablemente lu tuerzas ó tnrunc1e a la 111111'9
'empobrOOÍda 7 descolorida : el f flor, la Color-acwtt_ J la .8Mr~ "'~"'·

t!"?.":f.
reaui'ar1za'"':'!1~

Fig.

2.

Disposición del barógrafo en su jaula de junco
y de bambú para evitar los choques

bicos; de modo que intentar en estas condiciones un
experimento sería costosísimo.
Todo el valor del proyecto que acabamos de exponer no está tanto en la idea primera, sino más bien
en el estudio profundo de la cuestión, que ha conducido á una situación muy económica.
(De La Nat11re)

PorM"Or e11 Paria encuade J. FERU,Fannu.entico, 10!, rae Richelieu. Sawar41 ilOUD,
"

'

'p VJll(DJI BM T OD~ LA.S PJU?CCIP.ilJIS BOTIQ1S

EXIJASE e1:=' ARDUO

pecetarlo por verdaderat !minenc~as, no tiene rival y es el remedio más
racional,_se.~uro .Y de 1n~ed1atos resultados de todos los ferruginosos
y de la med1ca_01~n tómco- reconstituyente para la Ánemia, Raquitismo, Colores pálidos, Empobrec11111ento de _sang,·e, Debilidad ¿ inapetencia y menstruaciones difíciles.
T~nemos numerosos certificados de los médicos que lo r ecomiendan y recetan con adm~rables resul tados.-Cuidndo con las falsificaciones, po1·que no darán resultado. Exi•
!J ,r la firma y marca de garantía.

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Da venta en todas las farmacias de las provincias y pu?blos da España,
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VIVAS PEREZ

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por Ch. l'ay, pertum1sta
9, Rue de la Paix, F ARIS

�104

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VISTA GEN ERAL D E PONTRVEDRA

APEL WL

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Catarroa,llal de garganta,BronquiU., Resfriado•, Romadizo•,
de los Reumatismo•, Dolorea,

Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito J&gt;Ol'
todos los méclicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómego, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

Lumbago■,

etc., 30 años del mejor
bito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo r.ecomendado por
101 primero• médicos de Paris.

J.AR..ABE

-

a1Bromuro de Potasio

D1p61tto ,n toda, tal Farmacia,

Lu

J. Prieto)

Jarabe Laroze

•Soberano remedio para rápida cu•r••
cion de las Afecciones del pecho,

Pll'IOIIU ... CHOCH

(de fotografía de

580

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es f'!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coraz9p,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niftos durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.
Fábrir.a, Espediciones : J.-P. LAROZE
!, rae des Lions-Sl-Panl, i Paris.
Deposito en todas las princi11ales Boticas y Drogueriaa

!u

PILDORAS~~DEHAUT
DS PARIB

GRANO DE LINO TARIN r':.&amp;t;á"c1üs

ao titubean en purgarse, cuando lo
aecesitan. No temen el asco ni el ca11ra11c/o, porque, con&amp;ra lo que sucede con
Jos demas purgantes, este no obra bien
SÚlo cuando se toma con buenos alimento,
1 bebidas fortificantes, cual el vino, el ca",
el U. Cada cual NCOge, para porgarse, l•
bora , 1, comida que mas le conrtenen,
•evun ,u, ocupacfone,. Como el caosu
CJo que la porga ocufona queda completamenfunulado porel electo de la
buena alimentacion empleada,uno
,e decide fácilmente II volver
11 empeur cuantas veces
sea aecesario.

IIT1tERIMIENT08, CÓLIC08.

Part!Ci'l)9.lldo de las propiedades del Iodo
f del Hierro, estas Plldoras se emplean

-La caja: lfr, IO,

es_peclalmente contra las

APJ:O L IIIIIIEillrl 1,-..,,...;,.J.1
de los D'e. JORET &amp; HOMOLLE

~,A~J}s Farmartntlca, en Parl.s,
~Rue lonaparte, 40
de hierro Impuro 6 alterado
N, B, Elesioduro
un medicamento Infiel é Irritan te.
somo prueba de pureza y de autenticidad de

MEDA L1.AS Eip'" Unir''" LOH DRE8188Z•PA RIB 1889

Far" BRI.l!IT, 150, m4elll,oll, PillS

CARNE y QUINA

VINO ARDUO CON QUINA

T COM TODOS LOS l'IINOIPIOS ffl!TB.ITIVOS SOLUBLBS J&gt;B U CAl\NB
C,Aan y 01111u1110n los elementos que entran en la comool!iclon de este potente
teparador de las tuerzas vitales, de este foniSea■&amp;e por -efe■eia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la Ántmfa y el Á1)0Camifflto, en las CillfflturtU
1 Conoalecmcúu1 contra las I&gt;'4N'eas y las Á(eCCúYIIU del B1tOfMQo y los ,ntut,no,.
Cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzu,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epldemiu ~TOcadai por los calores, no se conoce nada superior al l'iae de 1tlli■• de Aroa41.
.P(ll' fM.Vor. eA Paria,., en casa de J. FERRt, Farmauutico, 10!, rue Ricllelien. Sucaor de'1lOUD.
11&amp; VBMDB KM TODAS L.\.~ PRIMCllPA.Llli IIOTIQA&amp;

EXIJASE i: t:' ARDUO
11

0

la

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 re¡ulartzar su curso perlc)dlco,

El APIOL cura los do/orea, retruo,, 1upre·
s/one1 '1e tas Epoou, as! como las p4rdldu.
Pero con frecuencia 68 falsificado.El APIOL
verdadero. único eficaz, 68 el de los inventores, los Drt• JORE~ y BOIIOLLE.

ll .t.llmuato DW reparador, 1111ido al Tbioo 11111 ener¡ir.c&gt;.

E■crotuJaa,

Tiids y la Debilidad de temperamento
as! como en todos los casos(Pálldo■ colorea:
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

las verdaderas Pl.ldoraa de Blaneard,
englr nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
,Querido infirmo. -Flese Vd.• mi l•rt• uperleno/1, vorde y el Sello de garantla de la Uni6n do
1 hq1 u10 denuestroe 6RAN0Sde8ALUO,puea ello, loa
Fabricantes para larepreslón de lafllat•
le ourarAfl.de~u con1t1p1olon, /e d1rAn apetito 1 le lcaclóu. •
·

derolrer•n e/ ,ueño 1 la aletrla. - A1/ r1rir• Vd,
'"uoho1 1ño1, d11frut1ndo 111mpr1 de u11 buena 1a/ucl.

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMl', PR MONTANU y S1M6~

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 580, Febrero 6</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>AKO XI I

BARCELONA 13 DE FEBRERO DE 1893

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA
--== = - = = = - - -

--~==========;;.....;=====~===========

,ANTES DEL BAILE, cuadro de Franoisoo Masriera,

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
'"iól\.-siira'7ÍX

......................
Texto. - /lf1irmm·ariimes europeas, por Emilio Castelar. D. José Zorrilla. - Exposición histórico-europea, por Juan B.
Enseñat. - /lfiscelánea. - Nuestros grabados. - Cargo de con·
ciencia {continuación), por Juana Mairet, con ilustraciones
de A. Moreau. - SECC)ÓN CIENTÍFICA: La prestidigitación
· descubierta. Una ilumina.:ión en w¡ sombrero. - La edad de
cobre. - Variedad de la latitud geográfica. - Flsica recreativa.
Laprestidigitación explicada. Multiplfración de monedas. - Li•
bros enviados á esta Redacción por autores 6 editores.
Grabados. -Antes del baile, cuadro de Francisco llfasriera.
- El despacito de D. fosé Zorrilla; D. José Zorrilla en m le·
cho de muerte; Sepultura de D. José Zorn"lla en el cementerio
de San Justo, de llfadrid, tres apuntes á la pluma por Vicente Cutanda. - Exposición liistón·ca. Sección ,de Portugal. Sala
l.• Instalaciones de etnografía americana. Sala 2 . ª Instalaciones europeas. Dos vistas tomadas desde la puerta de entra·
da y otras dos desde el fondo, cuatro grabados (de fotog~afía
del Sr. Compañy, de Madrid). -MusCQ del Luxemburgo. El
pan beudito, cuadro de Dagnan Bouveret ( París), grabado
por Baude. - La iluminación en un sombrero. - Multiplicación de monedas. - Medalla conmemorativa del cuarto centenario del descubrimiento de América, acuñada en Buenos
Aires por los Sres. Gottuzzo y Terrarossa.
, .•.••, ••, ... ,..............................., .............., ..... '4, .•••••••., ............................., ••, .••,•.¡ ,,,. ,., ..•..., . ..~

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR

Zante. - Su hermosura. - Horrores y destrozos en la isla. - El
Oriente. - Los problemas orientales y lps intereses de sus respectivas dinaslias. - Dramas de familia públicos. - La reina
y el rey de Servia. - La reina y el rey de Rumania. - Matrimonio del heredero de la corona rumana. - Carmen Sylva
como escritora y como soberana.

I
Quien allá encerrado en las nieblas ó en las nieves
del Norte no haya podido respirar nunca el aire de
una isla mediterránea y recoger su luz en los ojos y
su calor en las venas, francamente no puede gloriarse de haber vivido. Ver un mediodía ó una media
noche primaverales, cuando el sol ó la luna están en
su cenit y cabrillean en lacas de colores mil sobre
las aguas azules¡ percibir la mezcla de varias esencias,
despedidas por el azahar de los jardines y el espliego de los secanos; gustar la naranja, que sabe y huele á gloria, ó el azucarado melón, fresco cual una
horchata heladísima; bañarse con todo el cuerpo en
los efluvios de un éter, á cuyo fuego la sangre acelera sus movimientos en el corazón exaltado y enrojece sus partículas incendiadas por emanaciones de oxígeno¡ escuchar el coro de los ruiseñores ocultos entre rosas y mirtos, bajo sombras de palmas que susurran melodías, y toldos de parrales en flor, cuyo polen se mezcla con los gorjeos y con los arrullos en el
dúo formado entre las auras del monte y las brisas
del mar ¡oh! resulta siempre la sobreexcitación extraordinaria de todos los sentidos, remontados á los
excitantes prestados de consuno á la sensibilidad y
á la fantasía por los ígneos esplendores de tal exuberante vida. Y de las islas mediterráneas ninguna superior en colores y aromas á la isla Zante, llamada
desde los antiguos tiempos en todos los idiomas levantinos la flor oriental y digna de las náyades y de
las nereidas y de las ninfas del archipiélago jónico.
Grupo maravilloso este grupo: allí la blanca Leucades, por cuyos promontorios aparece vestida de lino
sacerdotal, coronada de adelfa sacra, la canción sáfica en los labios, la cítara de oro en las manos, aquella
musa del amor, cuyos plañidos, por no escucharlos
el sereno cielo se apagan en la muerte, pedida, tras
los desengaños de una pasión infeliz, á los abismos
de un mar sonriente. Allí también ltliaca, es decir,
el poema de la navegación antigua, cantado por Homero; las dobleces y astucias congénitas al mareante
de abolengo en Ulises; la fidelidad conyugal, más
necesaria que á la vida corriente á la vida marina,
por las largas separaciones de los esposos, en Penélope; la fortuna y la casualidad, socorriendo al náufrago (Y muchas veces salvándolo, en Ino; las playas
amigas y hospitalarias en Nausica; las playas bravías
é inhospitalarias en Politemo; los innumerables lazos
tendidos por las olas al navegante en las hermosas sirenas, coronadas de corales y espumas; los escollos
de aspecto hermoso y de abismos traidores en Circe,
y todos los accidentes y todas las circunstancias del
trabajo y del esfuerzo marino en aquella inmortal
Odisea, repetida hor mismo y recantada por los isleños sobre los sitios donde viera el primero y mayor
de los poetas humanos tan admirables y admiradas
escenas, tan mtíltiples y perfectos personajes. Hoy

mismo atrae Zante por su hermosura sin igual á los
viajeros; hoy mismo, entre la montaña y el mar, se
coge aceite tan diáfano como el consumido en los
Propileos ante Minerva y uva como la cantada por
Teócrito en sus idilios; hoy mismo huelen sus mirtos
cual olieran al coronarse con ellos los dioses paganos,
y destilan los troncos aquellas mieles, comparables
á las olientes del Ilibea, gustadas por los poetas clásicos. Pero ¡ah! que hay por Zante solfataras donde
brota el azufre infernal, charcos hirvientes que hieden á petróleo, hendiduras parecidas á bostezos del
suelo, lavas petrificadísimas como los fósiles prehistóricos que revelan volcánicas erupciones verdaderamente asoladoras, cuyo estallido ha hecho estremecerse y bambolear á la isla como si ésta fuese árbol
desgajado de sus profundas y naturales raíces. Así no
debe maravillarnos, aunque sí dolernos, el terremoto
último. Ninguna calamidad tan aterradora. Cuando la
tierra os falta bajo los pies parece que os falta el universo entero. Aquella solidez nativa, sobre la cual todo
el peso de vuestro cuerpo se libra, cambiada en horribles y encrespados mares, os da vértigos, á cuyos mareos creéis perder primero la razón y luego la vida. Las
espesas masas de tinieblas, formadas por las trombas
del viento y henchidas de polvo; el trueno subterráneo
más fragoroso y más siniestro que cuantos retumban
en las nubes; los abismos abiertos al paso que os devoran de súbito; las ruinas y los escombros pendientes sobre vuestras cabezas estremecidas, componen
algo así;como la realidad viva de aquellos apocalípticos ensueños en que los espacios se arrollan como un
pergamino puesto al fuego y las estrellas se desvanecen como las cenizas móviles de un rescoldo disipado al soplo de huracanes terribles. Imaginaos lo que
habrá pasado en Zante cuando el aire se haya entenebrado por los átomos removidos del suelo y se haya
puesto como sólido, y la tierra sólida levantádose
como al ciclón el mar y abiértose en cráteres donde
reventaban gases asfixiantes entre humaredas, tan terribles á la vida como el vacío mismo, y los montes
estremecídose y dobládose como los árboles al viento,
y tornádose contrarios los hogares, que lejos de abrigar aplastan, y aquel campo patrio, á cuya seguridad
fiabais el propio ser, abiértose á vuestras plantas en
profundísimo insondable sepulcro. No quiero pensarlo. Nuestra divina madre, la hermosa Grecia, probada por tantos dolores en la última semana de años,
convierte los ojos al mundo civilizado y le pide
auxilios. ¿Quién podría negárselos? Cuando tantas
veces al recuerdo de los servicios prestados por el
pueblo heleno diera Europa torrentes. de sangre en
aras de su libertad, ¿no daría hoy algún socorro mate·
ria! á sus enormes sufrimientos? Grecia lo espera. Tenemos obligaciones unos pueblos con otros, como las
tienen unos hombres con otros; pero hay grados en
la obligación, pues así corno los hijos están más obligados con los padres y los padres con los hijos que
con el resto de los humanos, está el mundo culto más
obligado con Grecia que con ninguna! otra nación,
por no hallar en la lengua filosófica palabra, en las
artes plásticas modelo, en las ciencias signo, en el
progreso humano institución, en el sistema y enlace
de las ideas término que no esté muy estrechamente
relacionado con Grecia, esa musa de la humanidad
y de la historia. Una limosna por Dios á la mendiga
Zante, me parece, no algo que se da por sentimientos caritativos de grado, algo que se restituye y devuelve.

11
No salgamos por modo alguno del Oriente, ya que
nuestro ministerio de cronistas nos condujo á Grecia.
Junto á estas catástrofes del universo, desarróllanse
por allí dramas domésticos, y sin embargo trascendentes desde su relativa modestia y pequeñez á toda
la humanidad. Hace poco se hablaba mucho de las
aventuras del rey Milano y del dolor de la reina Natalia, reinantes uno y otro sobre la vieja Servia. Desde· los tiempos de Catalina y Enrique VIII, jamás habíase vuelto á ver entre monarcas un matrimonio tan
mal avenido y un divorcio tan escandaloso. Algo repulsivo el rey, mientras la reina muy atractiva, todos
los buenos corazones habíanse inclinado á ésta y sentido grande indignación á las complacencias serviles
de un clero que autorizaba conyugal separación, por
ningún motivo civil ó canónico autorizada, y á las brutalidades de una policía que separaba violentamente
la madre del hijo y perseguía como un grave crimen
la primera entre todas las virtudes, el amor maternal.
Llegados los dos al destierro, mientras el marido se
holgaba en fiestas y recreos, malgastando su vida, la
mujer se reducía en solitario retiro á devorar sus lágrimas. Contaban y no acababan de la hermosura que
distingue á la reina, como contaban y no acababan
de su caridad, reluciendo así más sus buenas obras

58r

que los destellos de sus ojos y los brillantes de sus
diademas. Y aun, aparte los motivos de orden privado, generadores del mutuo desvío y del oficial apartamiento entre los esposos, contábase que había Natalia sentido grave menosprecio por Milano, cuando
le vió volver de su guerra con Bulgaria roto, y que
nunca pudo transigir con sus inclinaciones austriacas,
cuando ella es por la sangre de sus venas y por los compromisos naturales de sus gentes perfecta y acabada
moscovita. Pero el tiempo lo crea y lo destruye todo,
así como lo cambia y lo transforma, cooperador mudo
y perdurable á la obra divina del Eterno. Y ha debido cambiar la voluntad de los dos esposos, cuando él
abandona sus recreos parisienses y corre presuroso al
retiro vasco en que vive tristísima ella para invitarla
con palabras y juramentos de toda clase á una reconciliación indispensable. No sabemos á cuál género
de móviles obedece la determinación tomada, ni con
cuál género de condiciones se ha hecho la reconciliación; lo que sabemos es su efectividad certificada por
telegráficas comunicaciones del padre al hijo, y recicibidas por éste con el júbilo consiguiente, deseoso de
vivir en paz y en compañía de los apartados y contra rios seres, á los cuales debe primero la vida y luego
la corona.
III
Otro drama en Rumanía. Esta tierra, donde latinos
orientales acampan desde los tiempos de Trajano
para libertarse de sus dos plagas, el yugo musulmán
de un lado y la preponderancia moscovita de otro,
magüer muy republicana se constituyó en monarquía,
y magüer muy de romano abolengo escogió monarca
en ese vivero de dinastías extrañas que se llama Germanía. Cinco familias alemanas proveen de reyes padres á todos los tronos desde Bucarest hasta Lisboa,
y desde Atenas hasta Sofía: la familia de los Daneses,
la familia de los Coburgos, la familia de los Batembergs, la familia de los Hohenzollerns, posesoras de
Bulgaria, de Grecia, de Rumanía, de Bélgica, de Portugal y hasta de Inglaterra. Un Hohenzollern es el
monarca rumano, un Hohenzollern. Y á pesar de
haber entrado en pueblo tan latino, el viejo latinismo no ha entrado en él, y entre gentes de sangre
hispánica y romana su flema de alemán prevalece,
rubio, colorado, de mirar vaguísimo, de silencio profundo, como aquellos emperadores últimos, que llegados á la cabeza de tribus irruptoras, cogían la
púrpura y el cetro de los césares, pero no su color, no
su temperamento, no su espíritu. Con poca vocación
para el matrimonio, este príncipe necesitó casarse á
causa de su oficio, el cual pide mujer é hijos por fuerza, bien al revés del sacerdocio católico, que pide la
castidad perpetua por voto irrevocable y el celibato.
No buscó en la compañera de su vida y de su trono
el rey ni la hermosura, ni la riqueza, ni el abolengo;
buscó un corazón &lt;ie verdadera ternura y un genio de
dulce poesía, como si fuese aquel un matrimonio de
las almas. Carmen Sylva se trasladó desde un castillo
del Rhin, pobre y antiguo, á una corte oriental de
boyardos ricos, armados á guisa de albeneses y envanecidísimos de su histórica ralea. Poetisa, literata, historiadora, la reina en los primeros días reconoció que
las emociones causadas por la novedad mantendrían
bien templados sus nervios y la satisfacción de reinar
contentísima su alma. Pero bien pronto hubo un des·
equilibrio entre los ambientes 'de antaño y los ambientes nuevos, entre la vulgaridad irremediable del marido muy linfático y el genio de la mujer muy exaltada.
Susceptible Carmen y el esposo indiferentísimo, ner·
viosa ella y linfático él, ella muy afluente y él muy
callado, pagada ella del ideal y pagadísimo él de las
realidades, la desavenencia llegó bien pronto, aunque
acallada por el interés mutuo de conservar la común
corona y envolverse á una en el manto real como los
bombyses en sus telarañas de seda. Pero así como
entre la reina y el rey de Servia hubo una separación
de cuerpos, entre la reina y el rey de Rumanía hubo
una separación de almas.Necesitada Carmen de amor,
el cielo vino á verla, enviándole, bajo la forma de
una hija, verdadero ángel que la sostuviera c·on sus
alas, y en joven é inteligente amiga, también devota
de las letras, una compañía de la vida. Mas esta joven
fué tentada por el demonio de las ambiciones, que le
mostró desde la montaña mágica de los ensueños
febriles el sitio mismo por Carmen ocupado en la
tierra, el trono de Rumanía. Con efecto, no habiendo
tenido sucesión varonil el regio matrimonio rumano
y perdida toda esperanza de tenerla, llamóse al príncipe Hohenzollern, que sobrepuja en edad á su hermano monarca, y se le declaró con toda solemnidad
sucesor, conjurándole á que buscase mujer de sus condiciones para cumplir el ministerio de prolongar y
perpetuar la dinastía. Ya en esta obligación se •puso
á buscar novia; y el ascendiente de la reina Carmen

N ú MERO

58 1

LA

sobre su ánimo y el carácter de la joven amiga de Carmen, inteligentísima
y hermosa, hiciéronle fijarse con amor
en ésta y preferirla entre todas las mujeres. Mas no contaba con la huéspeda. F uélo en este caso la nobleza territorial, convenida en que nunca designaron reyes y reinas de las familias nacionales, evitando así oligarquías conducentes al retroceso y feudos conducentes á la ruina. Y así, mientras Carmen á su predilecta ofrecía su corona
de laurel con su corona de oro, y mientras el príncipe le daba su joven enamorado corazón, llegó la política en
forma de protesta y turbó tal gozo~ interponiendo entre los seducidos y alucinados por tantas ilusiones infranqueables vetos, contrarios á sus respectivas venturas. El tremendo trance
tomó proporciones épicas. La novia estuvo casi loca en Milán, y la reina casi
moribunda en Venecia. El príncipe se
conformó con el destino adverso, penetrado por las dolorosas enseñanzas
aprendidas en sus afines y congéneres,
de que un mortal destinado á reinar
debe sacrificarse hasta posponer al cetro el corazón, y unirse, no con la mujer d e su preferencia, con la razón de
Estado. Pero estos dramas no se desarrollan en toda su magnitud sin pro·
mover muchos escándalos; y estos escándalos no se promueven sin que los
escandalizadores caigan en ruinas y
escombros al golpe de los escandalizados. La joven amiga de Carmen, ésta
y su esposo, el príncipe de la corona,
salieron maltrechos de tantas murmuraciones como suscitaron y de tantas
calumnias como cayeron sobre sus heridas frentes. No había más remedio
que proveer pronto el matrimonio y cerrar así el curso de los múltiples cuentos, cuyos rumores despedazaban el
respectivo renombre de los enredados
en tales incidencias, enmarañadísimas,
como verdaderas mallas, donde iban
quedándose todos presos y malheridos. Y con efecto,
el matrimonio, impuesto por la razón de Estado, acaba hoy de celebrarse con pompa y aparato dentro del
Palacio-Castillo, en que los Brandeburgos, alzados al

107

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

mentadas para la guerra y la conquista. El príncipe, que debe heredar la
corona de Rumanía, se ha casado con
una hija de los duques de Edimburgo
pertenecientes á la familia real de Inglaterra y á la familia cesárea de Rusia. La boda en realidad ha sido espléndida; pero los novios, al dirigirse á la
capilla imperial, han debido sentir que
pisaban tiernos corazones y ver alrededor suyo los fantasmas de bien horribles y sombríos remordimientos.
Madrid, 6 de febrero de 1893

. .......,......,,.,.............,......,......,......,..., ..,..,,,....,....,.,......,......

~

DON JOSE ZORRILLA

EL DESPACHO DE D. JOSÉ ZORRILLA

Apunte á la pluma por Vicente Cutanda

imper_io de Alemania, tienen uno de sus viejos hogares en feudal y sombría mansión, la cual ostenta salones parecidos á rellanos de fortaleza, y calabozos de
prisión y garitas de centinela, y nido de águilas ali-

DON JOSÉ ZORRILLA RN

su

LECHO DE MUERTE,

En el número 5 79 de la ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA insertamos un artículo de D. Emilio Castelar, así como otro
de la Redacción, dedicados ambos á
tributar un homenaje de admiración y
de cariñoso respeto á la memoria del
insigne vate cuya pérdida llora hoy España entera. Como complemento de
aquellos artículos publicamos hoy los
grabados que representan el busto del
poeta fotografiado en su lecho de muerte, una vista de su despacho en la modesta casa de la calle de Santa Teresa
en Madrid, donde últimamente habitaba, y la de su tumba en el cementerio
de San Justo.
Por la contemplación de dicho busto se podrá venir en conocimiento de
cuánto había desfigurado la enfermedad aquellas características facciones á
las que la expresión de la innata bondad del poeta, la de la mirada destellante de genio y la del afán de su labor
constante tanto atractivo y tanta simpatía comunicaron en vida.
Al contrario de otros escritores célebres, el despacho de Zorrilla no canta~
ba más que con una mesa «ministra »
una sencilla librería, un armario de
uso doméstico, una pequeña otomana
y por fin una mesilla supletoria sobre
la cual había un Cristo pintado al óleo.
¡Cuán diferente este despacho de los lujosos de Víctor Rugo, Zola, Daudet, y aun de otros escritores españoles!

apunte por Vicente Cutanda

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 581

Los lazos de cable, armados con boyas de corcho
que ornamentan la escocia del techo, en la sala segunda, son un tema frecuentemente repetido en las
construcciones de los siglos xv y xv 1. La decoración
de la puerta de esta misma s-ala reproduce el portal
de la iglesia de la Madre de Dios, de Lisboa, que atí.n
existe y figura en un cuadro expuesto, representando la
entrada procesional de las reliquias de Santa Auta
en el monasterio de la reina doña Leonor. Los adornos de las demás puertas y ventanas están inspirados en la arquitectura de otros monumentos portugueses de la misma época, y á igual principio obedece la ornamentación de los escaparates y de las
instalaciones murales.
La franja, hecha con redes de pesca, se convirtió

das por D. Manuel, en el monasterio de Batalha. Del
infante D. Enrique no hay más retrato auténtico que
DE MADRID
el que acompaña la crónica de Ruy de Pina, existente
en la Biblioteca Nacional de París. Este retrato en
Al emprender aquí el estudio del acontecimiento
miniatura, á la acuarela, se atribuye á una sobrina
más notable con que la civilización moderna ha hondel infante, discípula de Van Dick.
rado á la cultura antigua en celebración del cuarto
La sala primera se halla casi enteramente ocupada
centenario del descubrimiento de América, es natupor la sección de Etnografía americana, que comral y justo que empecemos por la parte que corresprende una importante colección de artefactos inponde á la nación heroica que comparte con España
dígenas, traídos principalmente del Bra~il por los mila gloria de haber realizado la revolución más fecunsioneros portugueses durante el régimen colonial anda que registran los anales &lt;le la humanidad.
terior á la independencia de la nación brasileña. Esta
Portugueses fueron los que, compitiendo valerosasección consta de armas, instrumentos de música, hemente con sus hermanos del extremo occidental de
rramientas, prendas de adorno, utensilios domésticos,
Europa, contribuyeron á conquistar para el viejo
tejidos, máscaras, capacetes de parada y de guerra
mundo otros mundos desconocidos,
y otros diversos objetos de cerámica.
cuya figuración ocupa más de las tres
Es rara y de considerable valor la
cuartas partes del mapamundi. Portucolección de máscaras, tejidas de cipós
gueses fueron Vasco de Gama y Magaó armadas en esqueletos de aves y pinllanes, que al par de Colón y Pizarro
tadas en varios colores. Entre los tejieclipsaron con sus magnas empresa'S la
dos merecen especial mención dos cagloria de los Alejandros y los Césares.
pacetes de forma griega y un rico manEn un mismo sentimiento de admito de plumas de Oceanía.
ración y orgullo confundimos á los dos
En cerámica brasileña hay curiosos
/_.,!fl¡
pueblos de la península.ibérica al evo/."J',;; •·1·"'
artefactos de épocas distintas; algunas
I ..
car aquella época de semidioses que se
piezas de los barros prehistóricos halla•
I
/
aventuraban en mares jamás surcados
dos en recientes excavaciones hechas
' \....- ~
por nave alguna, para realizar el viejo
en la isla de Marajó, y muchos barros
mito de la Grecia, libertando audazmás modernos de la provincia del Amamente á Prometeo, encadenado á la
zonas, en que se ven los mismos temas
negra roca del Misterio.
decorativos que en las piezas de aqueY,si á Portugal rendimos preferente
lla isla.
hon9r en el est!ldio de la Exposición
Llaman la atención algunos ejemplaHistórica, es porque en ella figura con
res de calabazas primorosamente pintaiguales títulos que la nación hispana,
das en estilo italiano y ornamentadas
ya que la gloria de los héroes lusitanos
en las oficinas que fundaron en el Gran
se confunde con la gloria de los héroes
Pará los misioneros portugueses.
españoles en la admirable ep.opeya que
Por lo apuntado habrán comprendise conmemora.
do nuestros lectores que la sección porPor real decreto de 28 de enero de
tuguesa se distingue de las demás expoeste-año se encargó á la Real Acadesiciones instalaladas en el palacio de
mia de Ciencias de Lisboa la misión
Recoletos en que reune el doble carácde concentrar, dirigir y preparar los
ter de histórico-americana é históricodocumentos y objetos nacionales que
europea. Por esto, antes de emprender
hubiesen de figurar en la Exposición.
el estudio de la parte que á Europa coFormulóse el correspondiente prograrresponde y que entra de lleno en el
ma y se nombraron comisiones y subcuadro de este artículo, cuyo epígrafe
comisiones para la más fácil y pronta
excluye en rigor toda materia ajena á
realización de cada una de sus partes.
esta parte del viejo mundo, nos hemos
Aprobadas por el Gobierno las propovisto precisados á hacer en favor de
siciones de la Academia, se vió ésta efiPortugal u na excepción, incluyendo
cazmente secundada por todas las autoaquí la reseña de los objetos de arte é
ridades y fuerzas vivas del país.
industria de los naturales de América,
Dirigió_estos trabajos una comisión,
que la Real Academia de Ciencias de
compuesta de personas versadas en los
Lisboa ha presentado en la exposición
diversos ramos de las ciencias, las letras
de Madrid.
y las artes, y presidida por el conde de
Aunque en escaso número, compaFicalho, siendo secretarios Manuel Pirados con las asombrosas colecciones
nheiro Chagas y Joaquín Araujo; tesoexpuestas por las naciones americanas,
Sepultura de D. José Zorrilla en el cementerio de Sln J uslo, ele ~Tadrid
rero Augusto Carlos Teixeira de Araestos objetos bastan para un estudio
gao, y vocales Arturo Baldaque de SilApunte á la pluma por Vicente Cuuinda
comparativo entre la antigua civilizava, José Duarte Ramalcho Ortigao, Ención indígena y la que floreció en el
rique Lopes de Mendoza, Teófi].I) BraNuevo Mundo durante su colonización
ga, José Ramos Coelho, Próspero Peragallo, Juan en un atributo heráldico y en un ornato arquitectó- por lusitanos y españoles. La civilización antigua haBraz de Oliveira, Javier de Cunha, Tomás Lirio de nico, desde que la reina doña Leo.nor, después de la bía desaparecido de América cuando los europeos lleAssumjo~ao, Alvaro Rodrigues de Azevedo, Rafael muerte de su hijo, víctima de una caída de caballo, varon allí el imperio de sus armas, de su religión y de
Basto, Vizconde de Condeixa, Gabriel Víctor de tomó por emblema de sus armas la red en que fué sus costumbres.
Monte Pereira, Agustín de Ornellas Vasconcellos, llevado por algunos pescadores del Ribatejo el cadáLos siglos habían ido cubriendo gradualmente las
Tomás de Carvalho, Francisco Marqués Sousa Vi- ver del príncipe.
preciosas ruinas de un pasado esplendoroso con la
terbo.
Los azulejos y grandes piezas de loza que adornan exuberante vegetación tropical. Las exploraciones,
Aceptaron el cargo de delegados de la comisión estas salas son de la Fábrica Nacional, establecida hechas en Méjico, en el Perú y el Yucatán, han desen Oporto el gobernador civil, Juan Antonio Brissac en Caldas da Rainha, bajo la dirección artística del enterrado del olvido y del misterio aquella perdida
das Neves Ferreira; en Coimbra, el Reverendísimo Sr. Bordallo Pinheiro. Todos los azulejos son repro- civilización que tanta semejanza ofrece con la del
Obisp6 Conde de Argánil; en Guimaraes, Francisco ducción de tipos del siglo xv,, existentes en edificios extremo oriental del Asia.
Matías Sarmento, y en las Azores, Ernesto do Canto. portugueses. Los que se ven en los trenzados de
Todos estos objetos, pertenecientes al Museo de
Nombróse, por último, una delegación, compuesta cuerdas, reproducidos de la iglesia de la Madre de la Academia Real de Ciencias de Lisboa, fueron en
de los Sres. D. Manuel Pinheiro Chagas, D. José Dios, pertenecen á la época de D. Juan III. Los que su mayor parte encontrados en las márgenes del
Duarte Ramalho Ortigas y D. Rafael Bordallo Pi- adornan la parte inferior del escaparate hexágono, en Amazonas, en la mendonada isla de Marajó, en las
nheiro, quienes aunando los trabajos propios de sus el centro de la primera sala, son copia de los que grutas de Maraca y en otros puntos del Brasil, Méjirespectivas funciones de presidente, delegado y deco- existen en la casa llamada da Baca/hoa, mandada co y el Pení.. Entre ellos hay ejemplares que en vano
rador han realizado de un modo artístico y brillante edificar por el rey D. Manuel para el hijo de Alfonso se buscarían fuera de los Museos especiales de Leylas instalaciones de la sección portuguesa.
de Alburquerque. Los de estilo mozárabe proceden de, Copenhague y Londres. Sin embargo, la Acade•
Los grabados que acompañan este artículo, saca- de los que se encuentran en el real palacio de Cin- mía lisbonense no ha expuesto en el palacio de Redos de excelentes fotografías de ComF&gt;añy, dan exacta tra y en la iglesia de la Sé Ve/ha, en Coimbra.
coletos más que una pequeñísima parte de sus teidea de la disposición de dichas instalaciones.
Los remos armados en baldaquino en los dos án- soros etnográficos, que la envidiarían París, Berlín
A la izquierda del ancho vestíbulo que da acceso gulos de la sala grande, forman parte de la orginal y Roma, y que atestiguan el papel que los portugueá la doble escalera monumental del palacio, se en- palamenta de los bergantines reales, así como los ses desempeñaron en los descubrimientos y en las
cuentran, en primero y segundo término, las dos sa- faroles que adornan entre banderas la puerta de en- conquistas del Nuevo Mundo.
las de la sección portuguesa.
trada de la sección portuguesa.
Si importante es la sección de Etnografía america·
La decoración de estas salas, ajustada á los dibuLa estatuita del infante D. Enrique, colocada á la na, á que acabamos de referirnos, no lo es menos la
jos del Sr. Bordallo Pinheiro, es un trasunto de los izquierda de la entrada, en la sala segunda, está he- sección Documentaria y Bibliográfica que ha expuesto
motivos y emblemas arquitectónicos nacionales de la cha también de barro no esmaltado, en Caldas da Portugal en el Palacio de Recoletos.
época del Renacimiento, y ofrece la originalidad de Rainha, siendo la escultura original del Sr. Bordallo
Investigando con celosa inteligencia cuanto pare·
que en su ejecución, llevada á efecto por marineros Rubeiro. La ménsula y el doselete en esta obra son da digno de superior estudio; reuniendo elementos
de la Real Armada de Portugal, se ha empleado la de estilo del Renacimiento portugués, inspirado en con que enriquecer las colecciones nacionales; inren·
cuerda por todo elemento.
la arquitectura de las Cape/las Imperfeitas, construí- tariando objetos que revelan un movimiento cual·
EXPOSICION HISTORICO-EUROPEA

..

EXl'OSJCJÓN lilSTÓRICA, -SECCIÓN DE PORTUGAL, -SALA 1. • - INSTALACIONES DE ETNOGRAFÍA AMERICANA, - VISTA TOMADA DESDE LA PUERTA DE ENTRADA

(De fotografía del Sr. Compañy, de Madrid)

EXPOSICIÓN HISTÓRICA. - SECCIÓN DE:PORTUGAL. -SALA 2 ·ª - INSTALACIONES EUROPEAS. -VISTA TOMADA DESDE LA PUERTA DE ENTRADA

(De fotografía del Sr. Compañy, de Madrid)

�110

LA

quiera en la evolución artística de Portugal durante
los siglos xv y xv1; recabando para la gloria de su
país documentos tan curiosos é importantes como la
carta geográfica de Cantino; redactando monografías

que honran singularmente á sus autores; rebuscando
en los archivos documentos que pudiesen contribuir
á la historia de los navegantes; coleccionando memorias relativas á descubrimientos y descubridores; ave-

1

riguando el paradero de preciadas joyas y veneradas
reliquias que son timbres de gloria en los fastos del
arte, la comisión portuguesa ha conseguido documentar ese admirable período de la civilización portugue-

ILUSTRACIÓN A1nisncA

NúMERO 581

Duarte, infantes D. Pedro, D. Enrique y D. Juan;
D. Alfonso V, D. Juan II y D. Manuel; la página fi.
na! del tratado de pesca entre los Reyes Católicos y
D. Juan II; carta del rey D. Manuel á Alfonso de
Alburquerque; carta de éste á D. Manuel; carta de
Carlos V á D. Juan III; tratado sobre la posesión, comercio y navegación de las Molucas entre D. Juan U I
y el emperador Carlos V.
La edición del Esmera/do De Situ-Orbis, con arreglo al manuscrito de Duarte Pacheco Pereira ( 1505),
puede competir en anotaciones y documentación con
lo mejor que en este género de trabajos se ha dado á

de Madera, discutiendo la tradición de la caso que
se supone habitó el gran navegante. Juan Braz de
O!iveira ha hecho con gran tino y vigorosa crítica un
curioso trabajo sobre las naves de Vasco de Gama.
El Sr. Baldaque da Silva demuestra que el descubrimiento del Brasil, generalmente atribuído á casualidades de una navegación azaroso, obedeció á un plan
determinado y á un estudio científico tan riguroso
corno permitían los conocimientos de la época. Próspero Peragallo, americanista insigne, elucida y comenta, con el amplio caudal de su v:rlioso erudición,
la carta del rey D. Manuel al Rey Católico, refirién-

NÚMERO 581

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

pleta pueden adquirir el Elenco, publicado en Lisboa por los portugueses, corno tambié~ el estudio_ relativo
por Joaquín de Araujo, en virtud de un oportuno á los métodos de navegación y a los conoc1m1entos
acuerdo de la comisión portuguesa, la cual determi- geográficos que alcanzó Portugal en los Siglos xv
nó, con sus trabajos relativos al Centenario, esa ad- y XVI,
.
,
/
mirable corriente de investigaciones, que ha hecho
En esta colección hallamos: El libro de ilfarmer a,
revivir entre españoles y portugueses el sentimiento manuscrito expuesto por el duque de Palme)la; el ltde fraternal solidaridad que en los siglos xv y xv1, bro de las ]\Taus, manuscrito perteneciente a ~a Real
unió a la península Ibérica, del uno al otro confín, Academia de Ciencias; los mapas demostrativos de
en una misma comun\ón de ideas, creencias y aspira- las principales navegaciones P?rtuguesas; Elpromonciones.
torio de Sagres, donde estuvo mstalado el observato-

JJI

L, sección de arte europeo es la menos importante por el número, aunque no por la calidad de los
objetos expuestos en las salas de Portugal.
..
Llaman la atención algunos espec,111e11s de mob1hario é indumentaria de los siglos xv, xv1 y primera
mitad del xvIJ, entre los cuales señalaremos: el Estante-Pelícano, reproducción del atril de oro que
existe en ' el coro de la catedral de Vizen (1); las alfombras de Arroyolos, en lana portuguesa teñida por
larga infusión de tintes vegetales, fabricación relacio-

EXPOSlCIÓN HISTÓRICA, - SECCIÓN DE PORTUGAL, - SALA J.ª- INSTALACIO)l'RS DE ETNOGRAFÍA AMERICANA. -VISTA TOIIADA DESDE EL FONDO

(De folografia del Sr. Compañy, de Madrid)

EXPOSICIÓN HISTÓRICA. -SECCIÓN DE PORTUGAL. -SALA 2 .ª -IN STALACIONES EUROPEAS. -VISTA TOIIADA DESDE EL FONDO

(De fotografía del Sr. Compañy, de Madrid)

saque abarca desde el ~!timo tercio del siglo xv hasta mediados del siglo xv1.
Basta fijarse en la vitrina ndmero ¡, situada á la
izquierda del atril monumental que se destaca en el
fondo de la sala segunda, para comprender la importancia que reviste la colección de trabajos de interés

histórico, reafüada por la comisión.
El volumen titulado Algunos doa,me11tos del Archivo nacional de la Torre del Tombo acerca de las nave-

gacitmes y conquistas portuguesas, que comprende
más de 300 documentos íntegros ó extractados y
abarca la época de 1415 á 1528, ó sea desde la toma
de Ceuta hasta el tratado de las Molucas, recuerda
los gloriosos tiempos de Ribeiro de los Santos, de
Amara! y de Juan Pedro Ribeiro. Es obra que honra
grandemente á sus colaboradores los arqueólogos José Ramos Coelho, Rafael Basto, Javier de Cunha y
Próspero Peragallo. El índice de los facsímiles que
contiene es bastante para dar una idea de su importancia. Entre otros figuran los de D. Juan I, don

la estampa en los países donde semejantes tareas son
comunes.
La obra del Sr. Pinheiro Chagas, Los descubninientos de los portugueses y los de Colón, es un tomo de
buena crítica ql.l\:! se presta á la controversia.
De monumental puede ·calificarse el volumen en
que, bajo el título de Centenario del descubri111ie11/o de

América, la comisión portuguesa ha presentado una
colección de estudios que atestiguan la vasta erudición y elevado criterio de sus autores. El descubrimiento del Nuevo Mundo y su influencia en la civilización europea se hallan firmemente caracterizados
en la monografía de Teófilo Braga. A continuación,
el Sr. Teixeira da Aragao hace la historia de los preparativos y de la realización de esta grande empresa
con sólido conocimiento del asunto. Lopes de Men'.
do,a reune materiales para el estudio de las naves
portuguesas de los siglos xv y xv1, con lucidfsimos
resultados. Agustín de Ornellas ocdpase con sano criterio de la residencia de Cristóbal Colón en la isla

dole los viajes realizados por los portugueses á la In•
dia desde el año 1500 al 1505.

Merecen especial mención la sucinta pero interesante disertación de Gabriel de Almeida sobre las

Pesquerías en las Azores; la edición del capítulo de
Gaspar Fructuoso, extraído de las Saudades da Terra
por Ernesto do Canto; la colección de textos de Ruy
de Pina, García de Rezende y Juan de Barros, referentes á la estancia de Colón en Lisboa; la conferencia sobre las Navegaciones de los portugueses, pronuncidada por Oliveira Martins en el Ateneo de Madrid;
el curioso opdsculo genealógico de Antonio María de
Freitas sobre la Mujer de Colón, · y la noticia en que
el Sr. Baldaque da Silva, antes citado, expone su razonado plan de reconstitución de la nave San Gabriel, en que Vasco de Gama efectuó su primer viaje
á la India.
Larga es la lista de las obras expuestas y corto el
espacio que les podemos dedicar en este esbozo. Los
bibliófilos que quieran obtener su enumeración corn·

Es notabilísima la colección de cartas marítimas, rio del infante D. Enrique; los Descubrimientos de las
islas de Afadera, Azores, Guinea y Cabo Verde, del
Golfo de Guinea y el Congo, del Cabo de Buena Esperanza, del Ca111ino de la India, _de la Przinera circ1mnavegación de la tierra y de la A111érica Septelltrional y Austral,

mapas y portulanos referentes á Portugal_ y sus colonias, expuestos en la segunda sala y especialmente en
la séptima vitrina de la sección portuguesa..
El precioso mapa titulado Parles de A/nea, _de la
propiedad del rey y presentado ahora ~or pnmera
vez en pdblico, es obra de uno de los Reme!, p1lot?s
portugueses de mucha fama, segdn afirma el htStonador castellano Herrera; famosos cartógrafos y geógraÍos que en el siglo xv1 residieron largo tiempo en España, y cuya historia ha investigado de un modo mteresante el profesor Hamy.
.
.

Pertenecen igualmente al rey la copia manuscrita

nada con la antigua industria congé nere de Sevilla, é
iniciada tal vez en Portugal por tapiceros árabes; un
monumental armario de roble esculpido, trabajo portugués del siglo xv1, en cuya talla figuran las cuatro

estaciones y máscaras de guerreros con trazos que
revelan una inspiración oriental; varias arcas de ma-

Junto á los trabajos de geografía antigua ' figura
dera esculpida; ricos bordados, entre ellos las coluna rica colección de cartas modernas de Portugal y
chas del siglo xv11, que decoran las paredes de la sesus colonias; y entre las Memorias, monografías y pugunda sala; un dosel en terciopelo carmesí, bordado
blicaciones diversas que dan re~lce á la sección biá matiz, relieve y oro, de fines del siglo xv, pertenebliográfica de la Exposición portuguesa, únicamente
ciente á la catedral óe Evora; la casulla de D. Teocitaremos El libro del Preste Juan de las Indias, el de
dosio de Braganza, con relieves de terciopelo sobre
García da Orta sobre los Simples y drogas de la Iudúz
blanca lana, y bordados y pinturas sobre el tejido,
y las viejas ediciones de las Lusiadas, pues la sola perteneciente ala misma catedral.
enumeración de las que son dignas de atención preEn orfebrería portuguesa no podemos menos de
ferente por lo raras y curiosas, llevaría mayor espacio
citar la colección enviada por el rey y compuesta de
del que podemos disponer en las columnas de esta

y el original de la famosa colección de mapas. d_e V az
Dourado, expuestos al lado de los rn~pas ongmales
de Lázaro Luis Libro de todo ho 111uverso, pertenecientes á la Re~! Academia de Ciencias de Lisboa.
Son dignos de particular mención los Mapas.Y"!ª· revista.
dros demostrativos de los descubrimientos reahzaoos

(1) El pelicano era la divisa de D. Juan II. En la Vita
Christi, impresa en Lisboa en 1495, y en k.s fichas ele la época,

esta divisa tiene la expresada forma.

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�114

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO 581

dos jarrones con sus bandejas, dos platos y ocho fruq ue se levant:u á el telón de la Scala para la primera representeros, piezas de plata repujada y dorada que caractetación de Falslafj.
D espués de escri tas las anteriores líneas se ha s.1.Udo telegrárizan perfectamente el arte de la platería portuguesa
ficame nte que esta ópera ha obtenido todo el brillante éxito
del siglo xv,. La decoración, espesamente agrupada,
que se esperaba.
que difiere de la orfebrería espafiola y de la ornamenParls. - En el teatro de la Renaissance, que ha cambiado su
tación italiana de la misma época, representa varias
título por el de teatro Llrico, se ha estrenado la obra más caescenas bíblicas, episodios de caza, de navegación y
pi tal de la semana, la ópe ra cómica A/adame Chrys~11thé1~1.e,
S.'lcada ele la novela del mismo títu lo de Pedro Lott (Juhan
de guerra.
Bellas Artes. - El museo Goethe, de W eimar, se ha en- Viand) y puesta en música por Andrés Messager. El libreto es
En los platos se leen palabras portuguesas y se
riquecido
con gran número ele valiosísimas adquisiciones; consis- sumamente senci llo y la musica no menos agradable, en espeven blasones nacionales.
ten éstas principalmente en multitud de acuarelns y d ibujos de cial un dí10 del cua rto acto.
Merecen también citarse dos fruteros sin pie, de la Goethe, procedentes de las herencias de la señora Stein y del
Afadritl. - Sólo u,n estreno de algu na im portancia, pero por
misma colección real, con adornos de inspiración consejero áulico Rochl itz. H ay además un dibujo q ue represen- desgracia acompañado de un fracaso, ha habido en la ce rte. Nos
mos al del d rama Gerona, original del Sr. Pércz Galdbs,
africana, representando palmeras, elefantes y negros ta al gran poeta vestido de fr:ic, una miniatura con su retrato, referi
puesto en escena con gran aparato en el teatro Español. La
del pintor Bosse, siluetas de Goethe, H erder y \Vieland, etc.
indígenas y los preciosos objetos enviados por el mu- El biógrafo de Leonardo de Vmci, Dr. Mull er-Walde, ha obra1 en cuanto episodio histórico, ha parecido pesada, falta de
seo nacional, entre los cuales descuellan un portapaz descubierto en el refectorio de Santa María delle Grazie, en interés, y sin más incidentes dramáticos que el fina l, el cual re representando Nuestra Señora del Espinheiro de Evo- Milán , las primitivas ventanas á cuya luz ajustó el gran artista presenta la entrega de Gerona á los franceses, de suert~ q.ue aun
el mismo desenlace, en lugar de halagar la fibra pa tnót1ca 1 ha
ra, joya de importancia capital para la historia de la la fa mosa Ceua que en aquel local se conserva . Tapiadas esas cont
ribuido, por un resultado contrario, al ma logro del drama,
y practicadas otras casi al ni\·el de la bóveda del Le•
platería portuguesa del Renacimiento; un cáliz góti- aberturas
cho, aquella célebre pintura producía mucho menos efecto del circunstancia que sentimos por el créd ito del. autor y por los
co-bizantino; un relicario portátil, ejemplar raro, per- que debla causar y caus::ará de nue\'0 cuando hapn vueho las intereses de la empresa, seriamente comprometidos.
Barcelona. - H a tenido lugar la clausura del gran teat ro del
teneciente al convento de la Concepción de Deja; cosas á su ant iguo estado, como se ha dispuesto.
- Reproducido en ocho hojas acaba de publicar la casa Liceo, cuya compañía lírica se ha despedido del pú)llico con el
una custodia de estilo gótico con elementos del ReOuga.nia, de Venecia, 1an conocida de eruditos y artistas por O/tilo, ele Verdi· habiendo obtenido en su ejecución grandes
nacimiento; dos cofres de concha con .adornos en sus
excelentes tral&gt;a.jos, un facsimi l del Planisferio del mundo aplausos todos l~s art istas y muy especia lmente ~l tenor S r. Car·
plata labrada; una imagen de San Antonio, colocada conocido, en lengua catalana, obra del siglo xv, ilustrada por dinali, que según es sabido canta á la perfección esta ópera.
sobre una esfera armilar con ornatos de filigrana; una T eobaldo Fischer, que se conserva en la Biblioteca Real de De la función de desped ida fo rmó parte la tercera representa·
de // birichi110, á cuyo autor, el maestro Mug~one, deampolleta que perteneció al rey D. Manuel y tiene Florencia. Un ejemplar de esta curiosa edición existe en la li- ción
brería del Museo municipal de Reproducciones artísticas de mostró el público todas las simpatías que le ha merecido por su
las armas reales en la tapa superior; un toco para agua, esta
acertadísi ma y laboriosa d irección du rante la tem¡&gt;&lt;?rada. - L1.
ciudad .
con pedestal, ornatos y tapa de plata labrada, perte- Una nueYa asociación acaba de reYelarse en París organi- compañía lírica italiana que actúa en el teatro de_l Ci rco Barceneciente al duque de Palrnella; el misal de Esteban zando en la Galerfa Petit de la calle ele Séze la Exposición de lonés no consif::ue, á pesar de sus esfuer1.os., ¡;!mnJcars~ el favor
Gonzaloes, que contiene uno de los más bellos y las cmujeres artistas,) que contiene unas dosciemas cuarenta de los aficionados. Verdad es que las conchc1ones de dicha com·
pañía no son de las más á propósito p:ara satisfacerles, y á excuriosísimos manuscritos portugueses, con preciosas obras, la mayor parte de pintura, algu nas en min iatu ra y pocas cepción
de la sei\orita Tan i, los demás artistas apenas se hallan
escult uras. Domina en ese concurso la más grande variedad en
figuras de estilo rafaelesco, á la acuarela sobre perga- ideas, tendencias y procedimientos, desde el más franco impre• á la altura de su cometido.
mino.
sionismo á la numera más opuesta, en pintu ra al óleo, en pasteNecrologia.. - 1lan fallecido recientemente:
La sección de pintura se reduce á seis lienzos y les y en aguadas. Sobres.1len en esta manifestaciAn del arte fe.
Justo Manuel Garelli della Ma rea, presidente de la facultad
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-Bretón,
algunos
dos tablas al óleo; pero estas obras revelan la perfecellos, como el Baflo, ya conocidos y elogiados por el público de derecho de Turín, catedrático de derecho adm inist rativo y
ción á que llegó en Portugal el divino arte en el pe- de
de derecho constitucional, autor de El dtrtd10 admh1istralit'O
inteligente.
ríodo del Renacimiento, bajo la influencia marcadfsi- El célebre pintor alemán Frank Kfrchb:ich ha expuesto en italiano, Lecciones de dtruho comliturioual, l'n·udpios de ecoma de la escuela flamenca La escuela italiana, de la Francfort tres hermosos cuad ros decorati,·os que representan fa nomía política, Ciá1ria d¿ la Hadmda y otras.
El general de br1ga.cla D. Rafael López Domínguez.
cual fué jefe el artista portugués Francisco de Ho- fun dación de aquella ciudad, una a legorfa de su fl orecimiento
El teniente genernl D. José Chacón.
histórico )' otra de su edad de oro literaria: todos constituyen
landa, no llegó á predominar en el arte de la pintura ad mirables composiciones ; pero el más sentido y el que mñs
El Excmo. S r. Conde de Guaqui, grande de Esp.1.iía y scnaportuguesa.
impresiona es el último, que representa á Goethe en sus jU\"C• dc..r del reino.
La Excma. Sra. Condes:t de Cas.1-Sedano.
Entre los citados lienzos llaman particularmente niles años recitando ante un concurso de admiradores,
El escritor d ramát ico D. F ernnndo i\laniano.
la atención un retrato contemporáneo y auténtico de
Teatros. - A medida que se acerca el día del 'estreno de•
Vasco de Gama, y una Epifanía, cuadro en que se Falstaff
es mayor, más in tensa la impaciencia por oir esta nue·
\'en monedas portuguesas de la época de D. Manuel, \ '3 ópera de Verdi; la \'igésimasexta de las escritas por el famo ·
puestas en una taza y como ofrenda á los pies de la so compositor italiano. Se hacen con tocia acti"idacl en Milán
Virgen, y una de cuyas principales figuras es el re- los preparat ivos para su estreno, que tiene todas las trazas ele
acon1ecimiento, á juzgar por los artícu los que de antemano
tra to del mismo rey, así corno lo es del cronista Da- un
le dedican los periódicos de aq uel país, dando noticias detallamián de Goes uno de los personajes del segundo das de la obra. y del lujo y propiedad con que se pondrá en estérmino.
cena.
Como es sabido, Arrigo Boito ha sido el encargado de escriLas dos tablas á que hemos hecho referencia se
bir el libreto, basándose en el a rgumento de lasalt~res romadres
hallan pintadas por ambos lados y constituyen dos de
Wbuisor, y decimos basándose porque en realidad no Jo ha
documentos preciosos para la historia del arte portu- traducido, sino modificado conforme ha juzg.ido oportuno ¡xir:i
Antes del baile, cuadro de Francisco Masgués en el siglo xv1.
amoldarlo al gusto moderno y á las e:~igencias musicales. El
riera. - Arte y belleza son sinóni mos para Francisco · Masriehér~
de
la
comedia
_de
S~akespeare
es
sin
duda
ingen
ioso,
y
Estos dos cuadros, exhibidos ahora por primera
ra. J?e ahí que todas sus producciones se d istingan, en primer
s.1.m~nte por su mgemo se hace perdonar muchas picardías,
vez al pt1blico, representan el casamiento del monar- prec1
térm1no por ser muestra del deseo q ue an ima a l a rtista del
pero en ciertos casos es repugnante. Boito ha prescindMo del
ca D. Juan III con la reina doña Leonor, la ben- lado perverso de Falstaff, y lo presenta bajo un aspecto menos ideal que persigue, y que por fortuna puede expre.sa.r pe~ sus
especialísimas dotes .
anti
pático y mñs rid ículo.
dición nupcial de aquel consorcio, el desembarque
Todos sus cuad ros, aun aquellos q ue por la trivialidad del
Las ~urlas que en la obra del poet:t inglés hacen al gordo
de las reliquias de Santa Auta en Lisboa y la solemasunto pudieran servir de obstáculo, distínguense por ser man ipersonaJc
!ns
alegres
comadres
son
tres:
en
el
libreto
de
Uoito
ne entrada de las mismas reliquias en la iglesia de la s6lo figuran dos: la pri mera cuando lo esconden en el cesto Je la festaciones de lo bello, cautivan por la elegancia de sus líneas
Madre de Dios.
y sorprenden por su encantadora plasticidad. Prueba de ello
ropa Llanca y lo arrojan al foso; la segunda cuando dan una cison sus preciosas odaliscas, una de las cuales figura en el real
La sección marítima comprende una curiosa repro-- ta al viejo galan teador en el parqt\e de Wíndsor, á la que debe alcázar
de Madrid.
ducción de la nao San Gabriel, que mandaba Vasco acudir disfrazado y con astas de cien ·o.
El
cuadro
que reproducimos, inspi rado en una escena de Ca rLa música, alegre1 ligera y segú n parece digna ele la fam a del
de Gama cuando por primera vez aportó en la India;
naval, re\,ela, lo mismo en las fi guras de las jóvenes, que en el
maestro, contiene trozos que seguramente se harán populares;
un gran ndmero de cuadros pintados al óleo y repre- entre ellos una escena de besos tras un biombo entre Nannetta todo que las atavía y completa, un especial conocimiento de la
técn ica del arte, exquisito gusto y profund o senti miento de lo
sentando en tamaño natural las principales varieda- y F enon, escena de gran vis c6mic..1. intercalada por Boito, y el bello.
des de peces, moluscos y crustáceos que se crían en fina l, en el que atonnentan a l obeso protagonista sus burladolas aguas portuguesas; unos cincuenta modelos de ras, poco más 6 menos como á Orfeo los demon ios en la ópera
El pan bendito, cuadro de Dagnan Bouveret .
Gluck ; sólo que no es un desen lace trágico, sino alegre, c6·
- La costumbre que se observa, no tamo en las iglesias de las
barcos de pesca y cabotaje; cinco modelos de los di- de
mico, con su moral en el fo ndo y su conclusi6n fi losófi ca:
grandes poblaciones cu1nto en las rurales de algunas comarcas,
timos buques de alto bordo, construídos por la indussin exceptuar á las de nuestra Esp:iña, de ofrecer á los fides
T utto nel mondo Cbu rla:
tria particular de Portugal, obra de Joaquín Vareta,
trozos de p.1.n bendito d urante la celebración de la misa mayor
L'uom
6
nato
burlona
...
1
constructor de la ciudad de Oporto; una colección
ha inspirado al pintor Dagnan este bello cuad ro, que ha mereT utti r:b.\ti... Irride
completa de todos los trabajos hechos á bordo de los
cido
los
honores
de
figurar
entre
los
que
se
conservan
en
la
GaL'un I alt ro ogni mortal¡
leria del Luxembu rgo en París. Los tipos, q ue no pueden ser
buques de la real armada por los marineros portuMa riele ben chi ride
más franceses1 presentan tanta ,·erdad , que más bien parecen
La
risa.ta
fina
l!
gueses, y otros objetos que se detallan en el catálogo
fotografiados¡ el recogimiento y la devoción nparecen retrataespecial de esta sección, formado por el oficial de
en efecto, no sólo el fina l, sino toda la ópera es unarisata, dos en todos los semblantes, en todas las actitudes, y aunque
marina Sr. Baldaque de Silva, autor de la luminosa unaYcarcajada
no se Ye se adil'ina q ue el sacerdote celebra el s.1nto sacrificio,
continua.
a l q ue asisten los concurrentes con religioso unción. El experto
memoria que corresponde á la reproducción de la
Verdi, á pesar de _sus ochenta años, dirige con vigor incansa nao San Gabriel.
ble los ensayos de Falslaff, y a l ver á ese anciano robusto, de buril de Ba.ude no ha privado de ninguno de sus hermosos detalles á esta bella composición antes bien ha competido con el
De lo dicho se desprende que la Exposición por- paso firm e, de ademán resuelto, de voz penet rante, nadie su - pintor en dar al asunto todo su1 agradable y animado colorido.
pondría q ue es el mismo que en noviembre de 1839es1 renabaen
tuguesa de Madrid llena cumplidamente su objeto de el mismo teatro de la Scala su primera ópera aplaudida Ober·
contribuir al estudio de la etnografía americana por lo co,uie de Sa1t B011ijado. A los ensayos acude con más exac- Medalla conmemorativa del cuarto centenario del descubrimiento de América, acuñada en
l)ledio de una colección de artefactos indígenas; dar titud que nadie, y es quien más res iste el C..'l nsancio. D espués Buenos
Aire~. - La,República Argentina, al igual ele la maa (conocer el papel que los portugueses desempeña- de largas horas de ensayo, du rante las cuales el maest ro repasa yoría de las de ongen español, quiso honrar á su vez la memoria
con calma nota por nota, todo cuanto ha escri to, y enseiia él
ron en el desenvolvimiento de las ideas geográficas, mismo, con la palabra, con el solfeo , con el piano, una, dos y de Colón , con mot ivo del cuarto centenario del descubrimiento
en la navegación, en los descubrimientos y en las tres veces lo que conviene, noda muest ras de fa tiga, ni siquiera del N uevo Mundo, d isponiendo entre otras cos.i.s la acuñación
conquistas del Nuevo Mundo; definir, por medio de toma un \'aso de agua, y volvería á empezar si los artistas no ele la medalla que nos ocupa, como recuerdo del Almirante y de
tan gran acontecimiento. A este fi n sacóse á concu rso esta
algunos documentos y objetos de arte, el grado de estuviesen cansados.
acuiíacíón , y entre las cuarenta y ci nco medallas que se preE
l
respeto
y
veneración
que
todos
éstos
le
demuestran
cuan·
cultura 9ue alcanzó Portugal en los siglos xv y xv1; do ensaya, puede decirse que son profundos, religiosos. Contra se ntaron ~l certamen resultó la mejor la de los grabadores de
ev1denc1ar que la índole de este pueblo es adn esen- lo que se suele afirmar, Verdino es áspero ni desabrido con Buenos Aires Sres. Gotuuo y Terrarossa, cuya reproducción es
cialmente aventurera y marina, y estrechar, en fin, los ellos, y aun muchas veceri bromea. Por ejemplo1 cuando llegan la que ofrecemos en nuest ro grabndo. Como se ve, el an verso
representa á la República Argentina corcmando de laurel el
lazos que unen de antiguo á los dos pueblos herma- los cantantes del Falstajfsuele exclamar: c¡Ya están aquí mis busto
del g ran navegante, á cuyos pies hay varios at ributos ele
comadrecitas.'»
de la península, cuyos ideales se funden en una co- No hay detalle escénico ó indumentario que escape á su exa- In navegación, y en segundo término nparece la c..1.rabela que le
rndn aspiración de libertad, independencia y pro- men; en ello es sumamente inteligente, conocedor perfecto de condujo á aquellas apartadas regiones. En el reverso, bajo el
greso.
las diversas épocas de la historia; posee gran discernimiento y águila americnna que sostiene en su pico una palma, se "e una
J UA N

B.

E NSEÑAT

un golpe de vista segurísimo sobre los efectos de conjunto.
Todo ell o hace que los afi cionados italianos y extranjeros
aguarden afanosos, puede decirse que reloj en mano, la hora en

cartela con la leyenda conmemorativa , y b.1jo ella una rama de
roble. Esta medalla, por su composición y sus condiciones a rtísticas, es indudablemente d ign a de la preferencia que se le ha
concedido.

N úMERO 581

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

115

CARGO DE CONCIENCIA
POR J UANA MAIRET, CON PREC I OSAS I LUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

- ¡Qué buena eres para mí, Marta! ¡Mira, algunas veces estoy casi confusa!..
En todo cas?, la tía Aurelia no piensa corno td.. .
-;- ¿Es decir, repuso Marta, siempre admirada al reconocer el fondo de aquel
caracter, tan sólo frívolo en apa riencia; es decir, que tú Jo habías arreglado y
combrnado todo ya en tu pequeña cabeza? ¿Por qué no dijiste nada?
- Es que .· · no sé porqué... creía vagamente que este casamiento no sería de tu
agrado; y sobre todo, no estaba segura de Roberto, que atraído primero irresis-

cosa tan bonita la ceremonia del matrimonio en una iglesia de pueblo, con los
regocijos que se ofrecen a los aldeanos! ¡Es mucho más íntima, mas poética que
esos ostentosos matrimonios de París, todos parecidos!
Las jóvenes elegidas para ser doncellas de honor de la novia rebosaban de
contento, y con la excusa de consultará Edr~rnnda sobre sus trajes iba~ continuamente al castillo que es1aba lleno de ruido y de voces, oyéndose sm cesar
el roce de las faldas de las mujeres y el rumor de las carcajadas. A Roberto le
parecía muy difícil hablar tranquilamente con Edmunda, que se prestaba quizás
demasiado á todo aquel bullicio.
Las dos americanas figuraban entre las doncellas de honor, é iban al castillo
más á menudo que sus compañeras.
En medio de aquel rmdo, la señora Despois continuaba su bonito trabajo.
Cierto día, Josefina Robinsón, instalándose junto al bastidor bajo pretexto de
admirar el bordado, dijo rápidamente á la tía Aurelia:
- Quisiera hablar con usted, señora, y aquí hay demasiada gente. Propóngame usted dar una vuelta por el jardín.
La señora Despois había notado cierto aire de preocupación inusitada en
aquella joven, y pudo ver que esta preocupación arrugaba su frente, comunicando cierta expresión de marcada seriedad al rostro de J osefina, tan risueña de
ordinario. Muy pensativa levantóse al punto y dijo:
- Sf, señorita, á mí me agrada mucho imitará la naturaleza en mis bordados:
venga usted conmigo y le enseñaré el rosal que me ha dado la idea para el trabajo en que me ocupo.
Las dos mujeres salieron del salón, y un momento después paseábanse lentamente P.Or el jardín.
- Y bien, ¿qué ocurre?, preguntó la señora Despois.
- Cosas mu y extrañas, señora, que ustedes serán las t1ltimas en saber aquí en
el castillo, He creído de mi deber advertir á usted y, francamente, no sé cómo
hacerlo.
- En este caso, lo mejor es ir derecho al asunto.
- Pues oiga usted. Mi madre, muy disgustada por la actitud de nuestro criado Isidoro en la información que usted sabe, y observando también que descuidaba el servicio, le despidió, esperando que saldría del país; pero no fµé así. El
hombre encontró colocación en un hotel de Villerville, y a!lf repite á toe.jo el que
quiere escucharle que el asesino del capitán Bertrand no es otro sino I señor
de Anee!...
- ¡Eso es una insensatez!
- Sí, pero ¿qué hacer para poner término á una acusación que no se fo¡mula
claramente, que se comunica en voz baja de unos á otros? Si se tratase d~ intimidará ese hombre, se haría el inocente. Se ha limitado á referir una hi,toria
Edn1unda, prep:trada ya p:tra el viaje y luciendo un gracioso vestido azul obscuro,
dramática, en la cual se halló mezclado él mismo como testigo; pero lo q~p no
entró en la habitación
hizo más que indicar en la información, lo precisa en sus conversacion~; no
habfa sólo de las voces que todas nosotras hemos oído, sino de amenazas; pronuncia á cada momento las palabras (matar,&gt; csin compasión;) y con poco más
tiblernente, retrocedía después y alejábase de mí sin que yo comprendiese por dirá que ha oído al Sr. de Anee! jurar que tiraría sobre su antiguo compañero
qué. Sin duda temía que yo fuera demasiado atolondrada para tornarme por es- corno si fuera un perro rabioso. En todo el país no se habla más que de esto; y
los proveedores que van á las casas á llevar víveres detiénense en la cocina para
posa... ¿No te parece que sería esto?
recoger detalles á fin de publicarlos en otros puntos. El Sr. de Ancel vive aquí
- Tal vez, articuló Marta, no sin hacer un esfuerzo.
desde su infancia; es muy conocido y no ha practicado más que el bien; pero
- Pues bien: en el fondo soy muy formal.
nada de esto se tiene en cuenta. Diríase que en la humanidad predomina ti ins- Comienzo á creerlo.
tinto de dar caza al hombre, y que una vez lanzada la jauría ya no es posible
- ¡Cómo dices eso Marta! ¿Me amarías si fu ese ,·erdaderamente frívola?
detenerla.
- No sé muy bien lo que yo quisiera, pero me parece que en la multiplicidad
-: ¡Bah, hija mía, no es cosa de atormentarse por semejante locura! Roberto
de tus cálculos no queda suficienle luga r para el amor absoluto, el amor tiránico.
En cuanto á mí, y recuerda que tú me lo has cciticado_ más de una vez, soy en fu é rnt~rrogad.o en el momen~o del crimen, contestó, y sus respuestas parecieron
ser sat1sfactonas. En cuanto a ese pícaro criado despedido, cuando los papanaextremo romántica ... flaqueza Pe antaño ... lo que tú quieras...
tas del país se cansen de oirle perorar durante algunas semanas, acabarán por
Edmunda miró á su hermana con asombro.
burlarse de él, y se buscará algdn nuevo pretexto de escándalo. Todo eso se des- Te engafias ' Marta ' repuso·, mis cálculos no ocupan
. ... de ningdn modo el !u- vanecerá en el aire como un vapor infecto.
gar del amor. Amo
mucho á Roberto, pero muchísimo
. - Sí, pero entretanto sucede todo lo contrario. 1Ah! Si el Sr. de Anee! hu- Mejor sería amarle sin calificativo.
.
.
biera
correspondido á nuestra invitacíón aquel famoso jueves .. .
- ¡Qué extraña eres! No tengas cuidaao, m, esposo será muy feltz.
.
- ¿Se excusó?
Edrnunda tenía otras preocupaciones además de sus planes sobr~ la vida_ fu tura. Su canastilla era para la joven asunto de graves reflex10nes; hizo un VJaJe . - No; Y como nos burlábamos en broma de Edmunda por no haber asistido
rápido á París, llevando consigo á la que debía ser su suegra, asombrada de ceder mnguno de sus dos enamorados, la ausencia de Roberto fué asunto de nuestras
tan fácilmente á los caprichos de Edmunda; v1ó á su rn od1_sta,, y encargó t_res conver5:iciones. En aquel momento Isidoro servía el te en el jardín.
- ¡D1a~tre! .. , ex.clamó la tía Aurelia, será preciso que, como quien no hace
trajes diferentes. Esta visita la interesó más atl n que la que hizo a su t~tor, qmen
por la primera vez de su vida mostróse amable y so!fc1to, muy satisfecho de na~a, obhgue_mo~ a Roberto á confes~r cómo empleó aquel día; pero se lo repitransferir á manos de un esposo responsabilidades que le pesaban. Manifestó ~u to a usted, senonta, no se mqmete mas sobre el proceder de ese bribón. Por lo
sentimiento por no poder asistir á la. boda y s~s e~cusas fueron aceptadas sm pronto le aseguro que ninguno de esos viles rumores ha llegado hasta nosotras.
-Naturalm~nte; pero no sucede lo mismo en los demás castillos. Algunos de
dificultad. Todo cuanto se Je pedía era su autor1 zac1ón y las cuentas de la tutenuestros conocidos, aunque tratando con desprecio esos rumores, han observa.do
la, y todo lo dió en el plazo mas breve que le fué pos1~le.
.
Entonces Edmunda quiso ver habitaciones, _peque?os palacios, aunque no 9ue entre ~os campesinos muchos creen en esa abs urda especie; y sin ir más le01 casualmente algunas palabras que resumen toda la situación.
debía determinar nada desde Juego, puesto que 111rned1atarne~te _después de ca- JOS,- ayer
¿Cómo, qué palabras?
sarse proponfase ir con su esposo á pasar un~ gran parte del mv1erno en Italia,
- Recordará us~ed, señora, que la tarde en que dimos un paseo á caballo,
donde Roberto tenía que trabajar; pero la ioven deseaba ver para trazar sus
Edrnunda y su novio se adelantaron á nosotras, pues el Sr. de Anee! está locaplanes más tarde.
..
La señora de Ancel volvió de aquella exped1c16n _completam~nte quebranta- mente enamorado y no lo oculta en modo alguno. Esta explosión de alegría conda, siempre muy contenta de su futura nuera, y tam~ién conv~nc1da de q~e esta trasta un poco rudamente con la expresión inquieta y sombría que hemos obsertlltima, á pesa r de su aparente candidez, era una muJer enérg1~a, que sabia muy vado en él cuando el capitán hacía también la corte á la señorita de Levasseur.
bien lo que quería y empleaba todas sus fuerzas para consegmrlo. Roberto esta- ~ abíamo_s Uegado á ViUerville, y un grupo de pescadores se detuvo para mirar
a lo~ novws; observé que todos ellos se tocaban con el codo1 sonriendo con exría en manos seguras.
.
,
.
Para los habitantes de los cas tillos y de las qu1nlas del pats, aquel matrimo- presión sarcástica, y halli ndome en aquel momento sola oí distintamente estas
nio que debía efectuarse hacia fines de septiembre era asunto de mternunables palabras : &lt;&lt;¡Bah! Si uno de nosotros hubiese dado el golpe, seguramente le haconversaciones, pues en el campo no faltan ratos de oc10; y por otra p~rte, ¡es brían e_ncerrado en .la c~rcel, y e~ cambio, ahí tienes al caballerito que hace la
corte sm la menor mqu1etud y sm pensar en aquel a quien ha enviado al otro

�II6

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

58r
NúMERO

mundo más que nosotros en el pescado malo que arrojamos al mar ... ¡A eso se soledad que me esperan en lo futuro, pues ahora no me casaré nunca. Sería dellama justicia, y dícese que estamos en tiempo de república! .. ¡Oh desgracia!» masiado triste, porque no sabría amar ya, porque he amado, porque ¡ay de mí!..
Otro pescador hizo un ademán de amenaza; mas interrumpióse al verme á mí. bien puedo decirlo ahora puesto que nadie verá mi confesión, aún amo, y más
He aquí por qué he resuelto hablar á usted sobre el particular, señora, y pre- apasionadamente que antes ... ¡Todo cuanto pido es que jamás, jamás pueda nadie sospechar la verdad! ..
guntarle si no se podrá hacer algo para imponer silencio á esa gente.
))Noto en Roberto, á pesar en su locura de amor, un estado raro, de marcada
- Nada se puede hacer, querida señorita; si nos dirigimos al señor alcalde,
esto enconará la cuestión; y por otra parte, ¿cómo hemos de obligar á toda una inquietud; diríase que le acosa el temor de que la felicidad se le escape; él quipoblación á guardar silencio? ¿A quién perseguir?.. ¡Vamos, vamos, un poco de siera apresurar los preparativos, señalar un día más próximo; y veo en esto algo
filosofía y de paciencia! Dentro de pocas semanas los novios estarán lejos, y en- más que la impaciencia natural del novio. Más de una vez ha hablado de la estonces esas calumnias se desvanecerán naturalmente ... En el otoño se cierran pecie de curiosidad malévola que inspira y que no puede comprender. Tal vez
los hoteles; el tal Isidoro se irá con sus chismes á otra parte, y todo habra con- sea la envidia de los pobres y de los campesibos, exitada por el lujo de ese enlace, que es el acontecimiento del día ... Lo cierto es que yo también, aunque muy
cluído.
- Esperemos que así sea, apreciable señora; pero cuando veo tan dichosa á amada en el país, me resiento un poco de ese malestar de que Roberto habla; es
mi amiguita Edmunda y pienso en las cosas que se dicen sin rebozo, paréceme una cosa que no se define, pero que se siente muy bien.
))Roberto tiene otra razón para desear la marcha lo más pronto posible, y es
oir aún nuestras carcajadas durante la excursión campestre, mezclándose con el
la necesidad de alejar á su esposa de los indiscretos. Durante años se le consifragor lejano del trueno.
- Es usted una niña encantadora, querida Josefina, dijo la señora Despois; deró como mi futuro marido y se ha tardado mucho tiempo en comprender que mi
pero no hubiera cre(do que las jóvenes de su país tuviesen tanta imaginación y aversión al matrimonio no era fingida. Roberto teme que un débil eco de la verdad llegue á oídos de Edmunda; sabe muy bien que ni su madre ni yo la revelarese hallaran tan bien provistas de nervios ...
mos; pero teme que se nos escape no sé cómo. Esto degenera en él en manía,
La señorita Robinsón sonrió.
complicada
con un sentimiento extraño, que no es vergüenza, porque siempre
- He ahí otra de sus preocupaciones francesas, señora, repuso la americana.
Usted no ve en nosotros más que una nación de traficantes en cerdos, sin reco- obró con lealtad, pero que se le parece bastante. Y lo raro es que esa semivernocer que somos, por el contrario, una raza casi demasiado refinada y demasia- güenza no se produzca por el hecho de haberse alejado de mí, sino que se deba
do nen-iosa, susceptible de amar, no solamente el lujo, sino también el arte y la más bien á la circunstancia de que haya podido pensar en casarse con otra mujer que con su radiante Edmunda ...
poesía.
))Porque mi hermanita se la echa un poco de celosa, lo cual encanta á RoLa señora Despois hizo una mueca que indicaba que no creía de ningún
berto.
La otra tarde, después de comer, estábamos sentados junto á la chimenea
modo en las aspiraciones poéticas de los yankees.
Edmunda, que al fin había echado de ver la prolongada conversación en el y ·yo había encendido uno de esos grandes fuegos que tanto alegran á Edmunda,
cuando ésta me dijo á quemarropa:
jardín, llegó corriendo.
- ))Marta, tú que conoces á Roberto desde su infancia, me dirás la verdad
- ¿De qué asunto tratan ustedes hoy?, preguntó.
- La señora Despois, dijo la americana, no quiere creer en la capacidad ar- sobre lo que voy á preguntarte.
- &gt;&gt;¿No te la dice él?
tística de mis compatriotas ni en sus nervios, y yo me indigno.
- »El hombre se cree con derecho á mentir en ciertos casos. Ya comprendl- Sí, y demasiado, mi querida señorita, pues tiene usted lágrimas en los ojos
rás; yo no he amado á nadie sino á él; todavía no he cumplido diez y nueve años,
y parece estar muy conmovida.
Roberto es el primero que encontré en mi camino, y en él he pensado al punto;
- ¡Oh! Cuando se toca a América ... salto al punto ...
mas Roberto .. . tiene treinta y ha visto muchas mujeres antes de encontrarme
á mí...
•
XI
- »Es probable, contesté yo sonriendo; en París se codea uno mucho con
El castillo comenzaba á ser inhabitable, pues todo lo llenaban las costureras ellas, y basta es posible que Roberto haya hablado con señoras en algún salón
llegadas de París, cuyos graciosos trabajos ocupaban por completo los salones; de vez en cuando y también con señoritas.
- )) Ya sabes que no es eso lo que quiero decir. Puede haber tenido aventudiariamente recibíanse paquetes, y los criados no hacían más que ir y venir de
ras... Vamos, no frunzas el ceño... Bien sabido es que los hombres han corrido
Honfleur para recogerlos, y Roberto exclamaba:
- Pero ¿qué necesidad hay de tanto lujo para casarse? ¿Qué haremos en el todos lo que ellos llaman aventuras y alcanzado triunfos. Esto me sería igual,
puesto que él jura que jamás amó verdaderamente á ninguna otra más que á mí;
viaje con treinta y seis cofres?..
- Este es mi departamento, señor novio, contestaba Edmunda. Los hombres pero sí me desagradaría mucho, por ejemplo, que hubiese pensado en casarse
no entienden nada en telas, y no les queda más remedio que reconocer su abso- con otra. ¿Ha sido novio alguna vez, di?
»Yo comprendía que al resplandor de la 1lama mi rostro debía expresar lamaluta incapacidad y callarse humildemente, quejándose en secreto si con esto enyor angustia.
cuentran alivio.
)) Y también adivinaba que los ojos de Roberto fijaban en mí una mirada su- Ya me quejo, ya me quejo, contestó Roberto dolorosamente.
plicante.
Hice un esfuerzo y conseguí sonreir de nuevo.
- He dicho «en secreto,» replicó severamente la novia.
- »Dudo mucho, repuse, que Roberto haya sido nunca prometido. Sé que
Parecía que ya no quedaba allí lugar para la dueña del castillo; los enamorado~ lo invadían todo, y seguramente no necesitaban la pr~sencia de Marta. Esta desde que fué mayor de edad, su madre soñaba en buscar para él una mujer
última se concentraba en sí misma, y nadie lo echaba de ver, excepto su tía, que ideal; y una vez encontrada ésta, como siempre hemos sido muy buenas amigas,
desde su rincón miraba con frecuencia á la pobre joven atentamente, tratando es más que probable que yo lo hubiera sabido la primera.
- ))Pero seguramente debió pensar en ti entonces...
de adivinar _qué era lo que la entristecía en medio del contento general y por qué
))¡Ah!
¡Qué cruel... qué cruel! .. ¿Cómo he tenido valor para contestarle tranquiguardaba silencio cuando todos hablaban por los codos. Edmunda se contentaba con la sonrisa de su hermana mayor, sin \·er que esta sonrisa era de tristeza. lamente? ¿Cómo no he perdido el conocimiento bajo las miradas de los dos?
»Parecíame oir una voz que llegaba desde lejos, muy lejos, y sin embargo,
Muchas veces Marta se deslizaba ligeramente fuera del salón, sin que nadie noobligué
á mis labios á que sonrieran.
tase su ausencia; entonces iba á recorrer, febril y agitada, las alamedas del par- »Es muy probable, contesté; pero los niños que se crían juntos, en cierto
que ó bien retirábase á su gabinete.
Hizo pocos asientos en su diario, pues agradábale poco analizar el estado de modo como hermano y hermana, rara vez llegan á casarse...
»Satisfecha Edmunda, habíase levantado para volver al fuego un leño caído,
su pobre corazón enfermo; pero un día sentóse á escribir.
y al acercarse para ayudarla, Roberto me estrechó la mano furtivamente con
mucha emoción y muy agradecido, y me aparté en seguida del círculo de luz.
10 septiembre
Iban á servirnos el te.
»Roberto cambió bruscamente de conversación.
«Dentro de diez días se habrán casado, se marcharan y todo habrá concluído ...
- ))¿Saben ustedes, dijo, que somos en el país asunto de interminables chisQuis_iera que fuese mañana mismo. ¿Tendré valor para llegar hasta el fin sin descubrirme, ó acabarán por leer en mi rostro pálido y contraído todo lo que sufro? mes? No puedo irá ninguna parte sin que todo el mundo se vuelva para mirar:tl:1e he mirado al espejo, y veo que estoy muy cambiada, singularmente enveje- me, y las mujeres salen á las puertas de las casas para seguirme con los ojos.
- »A nosotras también, dijo Edmunda; no creía que los normandos fueran
cida; yo, á quien siempre se suponía más joven de lo que soy, parezco tener
ahora más de treinta años. ¿Y quién lo echa de ver?.. La buena tía se atormenta tan curiosos.
- »A mí me irrita eso, continuó Roberto, tanto que el otro día me volví para
y es la única que se aflige? «¿Qué tienes, mi pequeña Marta? (para ella soy siempr~ «pequeña Marta))). - Nada, querida tía Aurelia, un poco de fatiga y nada decir á un campesino: «¿Por qué me mira usted de ese modo? - ¡Diantre!, cabamas. No estoy acostumbrada al ruido, á esas continuas visitas, porque soy con- llero, porque usted se casa y está loco de alegría, según dicen. - Y cuando os
te~plativa; pero cuando volvamos á estar solas tú y yo, ya verás cómo recobro casáis vosotros, ¿lleváis por ventura luto en el corazón?- ¡Oh! Nosotros no hace1~1 buen aspecto.)) Mi tía murmuró: «El hecho es que esa niña lo llena todo; mos tanto ruido como los ricos cuando tomamos mujer. Por otra parte, ha tenidiríase que la encantadora Edmunda es la que nos recibe, permitiéndonos que do usted la gran suerte de que el capitán fuese asesinado tan á punto para dejar
nos sentemos á su mesa. ¿Y sigues queriendo con tanta locura á tu hermana? el campo libre. - Esa muerte, por el contrario, repuse yo, me ha causado el ma- Creo que la amo más que nunca, porque la veo feliz. Sus defectos no son más yor pesar ... )) El hombre se volvió sonriendo con expresión de sarcasmo. A fe
que exteriores. ¡Si supieras que zalamera es por la noche cuando estamos solas mía, pensé un momento, que estaba á punto de acusarme de asesino ...
))Juan entraba con la bandeja en las manos; ha tropezado ó bien estaba muy
en nuestro gabinete! - ¡Sí, cuando no tiene otra cosa mejor que hacer!..
»Mi_ tía ha sido siempre injusta para con Edmunda, y nada la reconcilia con conmovido, no sé cual de las dos cosas, porque las tazas se han tambaleado, y
ella, 111 aun ahora, cuando es objeto de la adoración de todos y de la mía en pri- no sin gran esfuerzo ha conseguido colocar la bandeja sobre la mesa. Cuando le
pregunté qué tenía, me contestó: «Nada, señorita, nada; un ligero desvanecimienmer lugar.
»Cierto es, sin embargo, que tiene algo de invasora. Cuando le dije, apenas to que me da muy á menudo.)) Estaba muy pálido y salió cogiéndose á los muell~gó, que pensaba invitar á varios amigos para que estuviese más distraída, frun- bles. Los otros, que no habían observado nada, continuaban la conversación alció el ceño y díjome con un tono tan singular: «¡Me basto sola,» que no pude rededor del fuego, y oí á la tía Aurelia decir mientras dejaba su labor á un lado
m~nos de reirme y acabé por no hacer las invitaciones. En efecto, ella sería su- para tomar una taza de te:
- )) Dígame usted, Roberto, ¿por qué no fué usted aquel famoso jueves á casa
fic1ent~ por sí sola para llenar el país de ruido, de locuras y de alegría ...
»M1~ntras escribo tristemente, el murmullo de sus dos voces llega hasta mí. de la señora Robinsón?
- »¡Sí!, exclamó Edmunda, yo también quisiera saber por qué.
S_on fe_lices, deliciosamente felices; Roberto olvida sus trabajos, sus ambiciones,
- »Estaba indispuesto, celoso, de mal humor.
sm cmdarse de su porvenir; ama, y este amor llena su vida. ¡Y él había creído
- &gt;&gt;¿Y qué hizo usted aquel día para distraerse?
amarme ... él tomaba por amor un tranquilo é incoloro sentimiento!.. Aún tiem»Roberto, visiblemente inquieto, me dirigió una mirada suplicante, mas yo no
blo al pensar que este otro amor, el verdadero, hubiera podido extinguirle, anon~darle después de nuestro matrimonio. Al hacer esta reflexión todo me parece podía prestarle ningún auxilio.
- »Ha pasado ya mucho tiempo desde entonces, replicó Roberto. ¿Cómo quiebien, no me quejo ya, y pienso sin terror en la melancolía de los largos años de

58Í

LA ILUSTRACIÓN

ren uste~es que lo recuerde?.. Creo que fuí á pasear al bosque, como ¡0 ha O con
frecuencia, sobre todo cuando estoy de mal humor...
g
- »Saltando por la ventana del gabinete ¿no es verd d? - d'ó Ed
d
sonriendo.
'
a ., ana I ª mun a
- »Es probable; no recuerdo ya .. .
se
á mí junto á la
, »Roberto
¡
- acercó
¡
. mesa
· ', y observé que su mano tem bla ba;
hice· e duna sena para que
tomara
asiento
· ba a¡
·
' y dí el te ,a' m·1 t'ia, ¡a cua1 mira
noVIo e una manera smgular.
- »¿Qué haY., tía Aurelia?, pregunté.
- ))Nada, h1ia mía. Solamente siento que Roberto tenga tan poca memoria.
Esta ,faltat debe entorpecerle
mucho en sus trabai·os de b'sto
· d
t
Id
I
rJa or...
,·
·
· )) S1, en' reb'nues ros a •eanos
. la curiosidad excitada por el próx1mo
mat mno1110 es mas b'1en una cunos1dad malévola... ·1Dios sabe por qu él.. . Nues t ros veCI-·
nos, ~n cam 10, parece que tratan de redoblar sus atenciones con nosotras y nos
agobb~an con fiestas. Esta es una nueva fase de la guerra de los castillos y de las
ca anas.
»Hemos aceptado ~omidas Y reuniones de_ toda especie á unas dos leguas á
la redonda, y no ha sido e_st_e el menor de mis fastidios: he debido poner buena
cara, ap~rentar que _me fel~c1taba del casa!11iento de Edmunda, soportar por parte de mas d~ uno cierto aire d~ compasión, horriblemente penoso para mí; y
cr~o haber s1d~ valerosa; mas s1 el esfuerzo se prolongase demasiado, temo que
m1 valor cedena, ~orque las_fuerzas humanas tienen sus límites.
&gt;&gt; o tenemos mngún pariente próximo que pueda acompañar á Edmunda
basta el ~ltar; su tutor elude esta_ honra; y como entre él y su pupila no hubo
nunca mas que un_a marc~~a ,antipatía, hace bien en sustraerse al compromiso.
En su consecuencia me dmg1 á nuestro vecino y antiguo amigo el marqués de
San Pedro, que al punto se prestó á represen_tar ese papel de padre; pero como
es ~e edad avan~da, no 1~ agrada mucho sahr de su rincón. Ayer convidó á los
novio~ á una com1?a de _etl~ueta, á la que habían sido invitados todos los nobles
que viven ,en las mmediac1ones. Nuestro nombre plebeyo sonaba mal entre
aquellos titulos pomposos; pero_ en cambio la belleza de Edmunda eclipsó á todas aquellas dama~, po_co agraciadas en general, y fué la primera entre todas, no
sólo por ser la novia, smo por derecho de conquista, gracias á su hermosura. ¡Y
qué orgulloso de ella parecía estar Roberto!..
))El marq~és ha sido siempre muy bueno para mí, tratándome con una mezcla de cort~s1a que revela todavía los usos·del antiguo régimen y con paternal
benevolencia, pues recu~rda _que sirvió de testigo en el casamiento de mi madre. Después de la com~da vmo á sentarse junto á mí.
- »¿Sabe usted, q~~n?a Mar~a, díjome, que me ha complacido particularmente que se haya dmg1do á m1 en esta ocasión?
·
-:- &gt;&gt;Siempr~ ha sido usted la bo~dad personificada, señor marqués, y jamás
vacilé en pedule un favor, aun á nesgo de ocasionarle una molestia.
.- »D~r el brazo á una joven muy linda no puede ser molestia... Hubiera pref~ndo, sm embar_go, conducir á usted ante el altar, Marta; y por momentos imagmome que su difunta madre conden~ desde su tu,mba mi proceder... En fin, 110
hablemos má~ de es~o. Usted ha querido adoptar a esa joven como hermana, y
solame_nte ba30 tal t1!11lo está aquí; ~ero de otra cosa me proponía hablar á usted. _Mi nombre, antiguo y por &lt;lemas conocido nombre en el país, impondrá silencio á los malévolos ...
- »¿Qué malévolos? ¿Qué hay contra nosotros?..
»Me ha p~recido que el marqués se embrollaba un poco al hablarme del ru~or ~romovido sobre este matrimonio; el lujo ostentado ha merecido severa crítl_ca sm duda; Y como yo m_irase al marqués, buscando la verdadera significación de_!us palabr~s, cambió bruscamente de conversación y tomó mi mano
con carmoso ademan.
:-- »Y ahora, querida niña, díjome, permítame usted hablarle como antiguo
ami~o, como padre. No le ocultaré que muchas veces la señora de Anee! y yo
h~b1amos hablado de su esperanza, largo tiempo acariciada, de llamar á usted
h13a. Pero usted se ha opuesto, ha temido el matrimonio .. . ó qué sé yo. En fin,
la cosa no se ha hecho, y por el pronto la señora de Anee! parece muy resicr0
nada...
- »Más que resignada, marqués, pue~to que aprueba el matrimonio de su hijo
con Edmunda, y me conserva como amiga. Soy una vecina muy conveniente en
el campo para los días de lluvia.
»A pesar mío, lo que yo quise decir como una broma, encerraba cierta amargura. Me costó un_ gran esfuerzo ahogar un sollozo, mi antiguo amigo movió la
cabeza con expresión de descontento y me pareció desorientado.
- Esas palabras me sue_nan en falso, Marta, repuso. ¡Ah! ¡Cuánto me alegraría
que fuera usted franca y smcera como en el pasado! Escúcheme usted; es preciso que se case.
-»¡Jamás!
- »Sin embargo, la mujer debe casarse .. .
:-- »Así lo dice mi tí~; es un deber social y republicano; pero yo no veo la necesidad de ello, pues siempre habrá bastantes que cumplan con esa obligación.
- »Tengo para usted un partido excelente.
- »Querido_ marq~és, comprenderá usted que, no queriendo yo esposo, no
aceptar~ «part!do)) nmguno. ¡Si usted supiera qué horror me inspira esa palabra!
Es preciso resignarse; yo no me casaré, no me casaré nunca. Será falta de valor, p~simismo, todo lo que usted quiera, pero es una repugnancia invencible
en m1.
- »¡No puede ser, no puede ser!.. Usted ha amado ya y sufrido .. .
- »¡Ah! Le suplico á usted que no propague esta especie, pues bastantes circulan ya. Si yo quiero ser soltera, á nadie perjudico con esto.
- »En mi tiempo, cuando una joven no quería casarse era porque deseaba
entrar en el convento.
-:- »Le aseguro á usted, repuse, que si tuviera vocación religiosa no vacilaría
un mstante. Por desgracia carezco de ella ...
»¡A~! Qué indecibles tormentos son para mí todas esas conversaciones, todas
esas miradas de personas que adivinan á medias la verdad!..
»¡Cuánto daría porque se hubiese consumado ya el sacrificio! Cuando Roberto sea esposo de Edmunda y por Jo tanto mi verdadero hermano, toda esa tem~estad se calmará seguramente. Me conozco muy bien; hasta entonces, cada latido ~e. este pobre corazón martirizado será un impulso de amor ... ¡Si él pudiese ad1vmar que en este momento le aman dos mujeres!.. ¡Si le fuese dado saber
que ~a que le ama profunda, tierna y dolorosamente no es aquella á quien dentro
de diez días dará el nombre de esposa! .. ))

117

ARTÍSTICA

XII
La pequeña iglesia de Valfleuri, donde Roberto y Edmunda debían casarse
hallábase en una profunda hondonada, por donde cruzaba un arroyo con preten'.
sion,es de ~orr_ente; el pueblo, d~ gracioso aspecto y revelando prosperidad, compomase pnnc1palmente de granps, y protegíale la sombra del castillo del marqués de San Pedro, mole imponente, de color gris y un poco sombría situada en
medio de magníficos jardines.
La ~glesia, aunque minú_scula y muy sencilla, era sin embargo pura de for'n1as
Y. graciosa por su~ proporciones, y hasta su pórtico parecía tener alguna pretensión de estilo gótico¡ mas Jo que le daba principalmente renombre era su adorno, ó mejor dicho, su revestimiento de hiedra, cuyos retoños fuertes y muy numerosos, habían invadido casi todo el edificio. En este país' abunda mucho la
hie_dra; trepa por las ramas más altas de las ?i;'ªs y de las encinas, enlazándose
tra1dorame~te en sus troncos; se arrastra por tierra formando espesa y magnífica
alfombra, siendo~ la vez que ~domo un perjuicio; pero la iglesia de Valfleuri
es un centro predilecto, y en nmguna parte se muestra tan tenaz ni florece con
tanta insol~ncia. Mil~s de ~ves viven entre aquella verdura, y la misma iglesia
parece un mmenso mdo, bien cerrado y abrigado.
. El cura no_h~bría tocado aquella hiedra por nada en el mundo; inspirábale
cierta superst1c1ón y _esta?ª o'.gulloso de ella. El Señor se había encargado de
a~ornar ~quel_Ia humilde iglesia de pueblo, y Dios sabía muy bien lo que hacía.
Nmguna 1gles1a de los alrededores podía envanecersedetenersemejante decorado.
~n la mañ~na, del gran día, el cura, muy afanoso, dirigió por sí mismo los trabaJOS de! sacn~tan. Un matrimonio como aquel no era cosa de todos los días,
y se hacia preciso honra!le. Del castillo ,llevaron plantas verdes y cestos de flores para el altar; y el senor cura, levantándose la sotana y descontento del mal
gusto de su ayudante, arregló por sí los grandes ramos y las masas de verdudura
que tenía á su disposición.
-:- ¡Qu~ lás!ima que Marta no haya podido adornar ella misma el altar! Las
mu3eres, mfenores desde tantos puntos de vista, tienen genio para los ramos y
las flores ...
E_stas pala~ras, de una galantería completamente eclesiástica, no se dirigían á
nadie e~ P?rticular y expresa_ban más ~ien los apuros del sacerdote, que no se
reconoc1a a la altura de las c1rcunstanc1as; pero fueron recogidas por Francisca
e) ama del ~ura, n:iujer algo tiránica y que miraba á su amo, durante su ocupa'.
c10n, con cierto aire desdeñoso.
- ¡Bah, señor cura, dijo, las ~obres mujeres á quienes tanto Je agrada usted
pone~ en su lu~ar, c?mo us~ed d1ce1 ~~ vengan bien! ¡Quisiera saber qué haría
el senor cura s1 ~ub1e?e quien le dmg1era un poquito!
- No he quendo otender á uste_d, mi buena Francisca; hablaba conmigo mismo. Esos ramos no me parecen dispuestos con mucha regularidad. ¿Qué opina
usted?
- Para lo q~e han d~ mir~rlos, creo que ya están bien. Tengo una vaaa
idea
0
de que ese lucido matnmomo no se efectuará.
El cura, sobre?_ogido_ de un temblor nervioso, bajó tropezando los dos escalones del altar, .Y d1JO casi en voz baja:
- ¿Ha sab1d? usted al_go, Francisca? ¿Hay algo nuevo?..
- Yo _no sé a punto fiJo lo que hay; pero seguramente hay algo. El tahonero
me ha dicho, al vol~er de Villerville, que todo el pueblo está agitado, y que en la
playa no se hac~ mas que hablar otra vez de .. . Jo que usted sabe.
~ Yo creía, s1~ embargo, que d~sde hace algunas semanas se habían desrnnec1do por sí mismas esas abommables calumnias. ¡Pensar que no se puede
nada co_ntra rumores que están como en el aire, así como no es posible contener al viento en su carrera!
- De todos modos, es muy extraño, murmuró Francisca, que en el castillo no
sospec~en n~da. Yo, en lugar de usted, señor cura ...
- Si, hubiera usted ido á introducir la perturbación en medio de la alegría
No; yo estoy pe~su~dido de que ese rumor se desvanecerá como ha venido
caus_a; Y de cons1gu1ente, ¿por qué he de ocasionar una pena profunda á p~rsonas m_o~entes? Todos comprenden que les rodea una sorda malevolencia mas
no adi vman la causa. Solamen!e la señora Despois me parece estar al cor;iente·
per~ e11a ca1la, y yo hago lo mismo.
'
'b Sm em?arg~, aunque se callase, el buen cura experimentaba cierto malestar·
i ~ Y v~ma, mu~ndo al ciel~, que aunque nublado entonces, dejaba yer acá ;
a1a a1gun espacio azul, un, cielo s~reno de una mañana de septiembre; contemplaba ªal pueblo, que parec1a dormido, pues casi toda la gente estaba en los campos: na a se veta aún, nada absolutamente.
E~tinc~s el cura trató de c~ncentrarse. El discurso que había preparado no le
agra, ª ª el todo; Y ~l tamb~én se decía, como Marta en el castillo mientras
vest1a clon sus manos a la novia: «¡Con tal que todo vaya bien! .. ¡Cuánto daría
por ver o ya todo concluído!»
. L~s once daban ~n el an~iguo reloj¡ el sol, atravesando la bruma de otoño
~umi~ata e~ corteJo nupcial, que llegaba con rara puntualidad. El pueblo n~
ormita a.': ora: hasta !os trabajadores habían vuelto de los campos; las mu ·er~s Yl~s n~1 os se empu3aban, Y los ancianos, en el umbral de las puertas ~on anse a~ u~sosa~ manos sobre los ojos para ver mejor.
'
En la iglesia m1_sma h~bíale costado al sacristán no pocos esfuerzós ardar
el mímero necesano de sillas para las personas que acompañaban á los ~ovios
De los alrededores, así de lejos como de cerca, había llegado mucha ente e~
~~b!ª~edrnas dedlos pueblo~ y en los patios de las granjas oíase la mYsma 'r1~se
1
o os mo os, es preciso que veamos eso!»
·
Desde el fondo_ del coche Marta había notado ya en las inmediaciones del
iueblo ~ pr_1senc1a de aquella multitud inesperada, llamándole la atención cierp:~~~'t qi:t~iv~nh~~:m:ill~nm~l ahogado Y mirad~s bur~onas. Al dol?roso estumezclóse ento
g t_1e~po y _que la obligaba a obrar maqmnalmente,
más b'
nctsóuna angustia mdec1ble, y en aquel instante comprendió ó
. ien sospec ' que toda aquella gente acusaba á Roberto de un criU:en
abo:ndmable, por el cual había conquistado á Edmunda librándose del · 1 b
rdrecl1 o qu~ ~e la disputó ... Marta vió esto en las mirad~s burlonas
n~~ .ª oe os env1d10sos campesinos.
Y ma 1c10sas

;¡'~

aq~e~l~u;~~i~~~~ra de Anee!, poco observadora por naturaleza, exclamó al ver
(Co11/i1111ará)

�118

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

LA EDAD DE COBRE

,,1

NúMERO

581

119

LA IL USTRACIÓN ARTISTICA

I

Este hecho está, pues, comprobado, pero no podrá
conocerse exactamente la duración del período de
variación hasta que se habrán hecho observaciones
I en un lapso de tiempo mayor y superior á la dura1
ción de las observaciones exactas no comenzadas
1 hasta 1889.

M. Berthelot ha aplicado el análisis químico á la
solución de un problema de arqueología: habiendo
recibido de M. Heuzey un fragmento de cobre hallado por M. de Sarzec en unas excavaciones practicadas en Mesopotamia, ha determinado exactamente
LA PRESTIDIGITACIÓN DE CUBIERTA
la composición de ese metal. Hay una circunstancia
UNA ILUMINACIÓN EN UN SOMBRERO
que hace que su trabajo sea muy interesante desde
el punto de vista arqueológico; á saber: que puede
FÍSICA RECREATIVA
Hacer salir de un sombrero seis faroles de papel afirmarse, teniendo en cuenta el lugar en donde se
LA
PRESTIDIGITACIÓN
EXPLICADA
encendidos, luego otro farol, de papel también, de encuentran las sustracciones de donde se ha sacado
un metro de largo y por último seis faroles de cristal este fragmento, que éste es antiquísimo, más que BaMULT I PLICACIÓN DE MONEDAS
con sus bujías encendidas, tal es el experimento que bilonia y que la famosa estela de los buitres de Caldea.
Se hacen con frecuencia en prestidigitación juegos
representa nuestro grabado.
Esto sentado, este análisis puede servir para aclarar
Los faroles A (fig. 1) se componen de un áisco su- un punto importante de la historia de la humanidad-. sencillísimos y que parecen pueriles tan luego como
se sabe en qué consisten, pero que al ejecutarlos proy es el siguiente: ¿Existió en los tiem- ducen mucho efecto y causan á los espectadores más
•
pos prehistóricos una edad de cobre sorpresa que otros juegos ingeniosos y complicados.
anterior á la de bronce que subsistía Así sucede con el de cla multiplicación de monedas.&gt;
aún en los tiempos de los héroes de
En una bandeja rectangular de latón ó hierro briHomero? El mineral de cobre se re- llante, de aspecto parecido i las que se venden á peduce fácilmente por el carbón, de mo- seta en los bazares y tiendas de quincalla, se ponen
e
do que es muy natural que haya sido siete monedas (fig. 1). Se ruega á un espectador que
conocido mucho tiempo antes que el reciba en sus manos juntas este dinero, y que vuelrn
hierro. Pero en el bronce entra estaño i poner las monedas en la bandeja, una á una y con•
y éste se halla casi exclusivamente lo- tándolas en alta voz; entonces se ve que su m1mero
calizado en la península de Malacca, ha duplicado y que hay catorce en vez de siete; si se
en las islas de la Sonda yen Cornuailles; repite la operación, da por resultado veintiuna mo.
de manera que el empleo de este me- nedas.
tal por los griegos demuestra que éstos
Expliquemos en qué consiste esto.
hubieron de emprender largas navegaDebajo de la bandeja, que se representa cortada
ciones ó larguísimos viajes por tierra, longitudinalmente en la fig. 3, hay un doble fondo
manifestacioo.es irrefutables de u na que forma un espacio vacío un poco más alto que el
1
actividad comercial que no se sospe- grueso de una moneda y dividido
en dos partes iguachaba en aquel pueblo.
les por un travesaño B; las dos divisiones ó comparLa muestra analizada por M. Ber- timientos están cerrados alrededor, quedando sin
thelot no contenía estaño ni cinc y embargo una pequeña abertura ó rendija igual al doapenas algunos residuos de plomo y ble del diámetro de las monedas, y que se ha practide arsénico: el aire y el agua habían cado en A y en B, en medio de los lados más cortos
Ll iluminaci6n en un sombrero
oxidado toda la masa y se presentaba de la bandeja. En el doble fondo hay catorce monecomo un subóxido ó una mezcla de das, siete á cada lado.
protóxido y de cobre metálico. MonCuando se echa en manos de un espectador el
perior R recortado en una hoja delgada de metal, del sieur Berthelot recuerda en esta ocasión que se dedicili~dro de papel de color que todo el mundo cono- có á investigaciones del mismo género sobre un frag- contenido de la bandeja, las monedas ocultas en uno
ce y de un fondo F de cinc con seis pequeños aguje- mento de cetro· de un Faraón, que reinó en Egipto de los compartimientos caen al mismo tiempo (fig. 2).
ros dispuestos circularmente á igual distancia unos unos 3.500 años antes de Jesucristo y que en él no El prestidigitador se pasa en seguida la bandeja de una
mano á otra,cogiéndola naturalmente así por el lado en
de otros, A uno de estos agujeros va soldado un tu- encontró estaño.
que
ahora se encuentra el compartimiento vacío, con
bo metálico de diámetro un poco más estrecho, desEn suma, habría que practicar un gran número de
tinado á sostener la bujía, que no es otra cosa que una análisis de este género para sacar de ellos una de- lo cual se consigue que las siete monedas que quedacerilla Q á la que se aplica, después de haberla ablan- ducción exacta, pero desde ahora puede decirse que ban encerradas en el doble fondo vayan á reunirse
con las primeras, cuando éstas se echan rápidamen•
dado con el calor de la mano, un fósforo de cera. Los es probable que la edad de cobre haya existido.
te por segunda vez en manos del espectador.
faroles de papel están colocados unos encima de otros,
Con una bandeja cuadrada cuyo doble fondo esde manera que las pequeñas bujías y los tubos metátuviera dividido en cuatro compartimientos median•
licos encajen en los agujeros de los que están puesVARIEDAD DE LA LATITUD GEOGRÁFICA
te travesaños puestos en línea diagonal de un ángulo
tos encima, formando en conjunto un paquete P que
á otro, se podría aumentar otras tantas veces el nú•
el prestidigitador introduce en el sombrero por uno
Esta cuestión que hace muchos años se viene agi• mero de monedas.
de los varios medios para ello conocidos.
tando ha sido reproducida recientemente en varios obDigamos, sin embargo, que los prestidigitadores
Prestidigitadores hay que para ahorrarse esta pe- servatorios por excitación de la Asociación geodésihábiles prescinden del doble fondo; tienen las monequeña dificultad persiguen con un pretexto cualquie- ca internacional.
das, ora debajo de la bandeja con los dedos extendira, y llevando el sombrero en la mano, á su ayudanObservaciones comparativas hechas desde , 889
te ó secretario hasta dentro de los bastidores, y una con el mayor cuid~do y por los más diversos proce- dos, ora sobre ella sujetándolas con el pulgar, y revez allí, libres de las indiscretas miradas del público, dimientos en los observatorios de Berlín, Potsdam,
llenan el sombrero con toda comodidad. Estas astu- l'oulkoya, Praga y Estrassburgo, han demostrado en
cias demasiado burdas sólo pueden emplearse cuan- todas partes la existencia de una variación en la lati•
do se trabaja delante de gente estúpida ó poco menos. tud, en un período algo mayor que el período anual,
Después de haber sacado del sombrero varios ob- variación cuya amplitud total es aproximadamente de
jetos, el p~estidigitador dice de repente que hay fue- medio segundo de arco.
go en él; quiere introducir en él la mano, pero no se
La distancia en longitud entre estos diferentes obatreve por miedo de quemarse y pide un ganchito con servatorios impedía atribuir estas variaciones á cau.
el cual va sacando uno tras otro los faroles (fig. 2) sas puramente locales y parecía demostrar la existenque luego coloca en un colgador (fig. 3).
cia de una oscilación periódica del eje de rotación de
El extremo del ganchito habia sido previamente la tierra, pero faltaba hacer la prueba de ello. A este
calentado, de modo que á su contacto se han infla- efecto la Asociación geodésica internacional, de acuermado los fósforos de los dos faroles superiores; antes do con el Coo,t and Geodetic Survey, de los Estados
de retirar el segundo de éstos se inclina la bujía ha- Unidos, ha organizado una expedición astronómica á
cia el tercero para que á su vez se encienda, y así su- las islas Sandwich para estudiar el fenómeno en una
cesivamente.
longitud que difiere aproximadamente doce horas de
En los faroles de cristal B (fig. , ) la disposición las de las estaciones europeas del mismo hemisferio,
del fondo es la misma que en los de papel, pero pero en una latitud y en unas condiciones climatolóaquéllos se introducen uno dentro de otro, y á fin de gicas completamente distintas de las que se presenque los espectadores no vean que son de distinto ta· tan en Europa. Los resultados obtenidos en Honolumaño, lo que sucedería si los veían juntos, son reti- lu por M. Marcuse, de Berlín, jefe de esta expedición,
rados de la escena á medida que se les saca del som- han sido comunicadas durante el pasado otoño en
brero, en-el cual han sido introducidos del modo si- Bruselas con ocasión de la reunión de la Conferenguiente: colocados uno dentro de otro é inclinados cia de la Asociación geodésica internacional.
oblicuamente en la mesita auxiliar que hay detrás de
Las observaciones comenzaron en mayo de 1891 y
la mesa, el prestidigitador los ha cogido introducien- han durado hasta mayo de 1892: las variaciones de
do en ellos el dedo medio, mientras el sombrero, que latitud de Honolulu se ha visto que concordaban perA
ll
e
aguantan el pulgar y el índice teniéndolo apoyado fectamente con las que se han observado durante el
sobre la mesa, ha ocultado la operación. Este proce- mismo período en Europa, pero en sentido contrario,
:Multiplicación de monedas
dimiento es el mismo que se emplea para el experi- según se había creído poder presumir. La amplitud
mento del nacimiento de las flores que explicamos durante este último período ha sido un poco mayor
nuevan muchas veces la provisión sacándolas alternaen el número 568.
del medio segundo y la duración del período es algo
El experimento de la iluminación en un sombrero mayor de un año. De ello resulta que los polos, du- tivamente de alguno de los bolsillos secretos dispueses muy entretenido, y cuando se ejecuta bien produce rante este tiempo, se mueven unos 20 metros en la tos con arte en varios sitios de su levita donde los
espectadores no puedan sospechar siquiera que hay
gran efecto en los espectadores.
superficie de la tierra.
tales bolsillos.

•••

581

NúMERO

NUEVA PUBLICACIÓN

campo al autor para describir sus asombrosos fen 6menos y sus

causas. En el Calor nos dn. á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dima~ado aplicaci~nes t_an
útiles como los fe rrocarriles, la navegac16n 1 las máquinas m·
dustriales y otras . Por último, en In Aftltorologla se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracnnes,
erupciones volcánicas, etc.
,
Por esta rapidísima rescila_d~l contenido del M~~DO 1-·1•
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran utihdad ele
esta obra.

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN Dlt D. MANUIL ARANDA Y SANJ UÁN

GRAVEDAD. GRAVITACION, SONIDO , LUZ , CALOR , MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, IETEOROLOGIA, FISICA IOLECULAR

Edici6n ilwtrada con grabad-O, inürcala&lt;.w, f ldmina,
cromolitografiada,

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionao con la fisicn del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente ~pul.ar. ~iguiendo en_él el
plan admitido po~ cuant~ d~ la ciencia física han escmo, Jo d i·
vide en varias secc10nes pnnc1pales, en cada una de ellas se enuncia la ley que preside á los fenó~en&lt;:&gt;5 de que tratll, el descu brimiento de estas leyes y las aphcac1ones de cada una de las
fuenas flSÍcas descubiertas y conocidas.
As!, después de tratar de los fenómenos y leyes de la Gravedad explic:i de un modo comprensible c6mo esos fenómenos y

COND ICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

La p resente obra formará 3 tomos de regularesdimensio·
nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de pesetll; pero en e l ~ de qu~ lo ~ese:i.~~il,;,~!!!!!!!~
ran los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
Muestra de los grab:idos de la obra. - Audiciones
So páginas, á peseta cada uno.
telefónicas teatrales
Además de los grabados intercaladqf en eljtexto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, repre5entando
esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanz.'l, la pre~sa. algunos de los fenómenos más notables de la Física, así como
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas ú otras
aérea, etc. A la teoría completa del Sonido agrega una enume· que afectan á la constitución del globo.
.
ración de todas las aplicaciones de laAcústicay de los instrumenCada una de estas láminas 6 mapas equivaldrá á 8 páginas.
tos musicales. La Lt,z da la descripción detallada de todos los
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á. la fotografía, microsco- nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo con
p10, etc. El /¡fagnetismo y la Electricidad proporcionan ancho que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á los Sres. Montaner y Simón, oalle de Aragón, núms. 309 Y 311, Barcelona

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itltl&gt;ADES d1J Es ro..,,

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'410

Pepsina Boudault
!probada por la füDEII! DE IEDICIR!

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CDRVISART. EN 1856
M-1all•• en lu '.BJpo1leloa11 lnte;naclona l11 d•

PillS - LTOI - llm • PBIL!DELPIU - P!RIS
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1873

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U IMPLIJ. 001' IL IUTOll iJJTO llX LU

BAJO LA FORII.\ DE

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&amp;dh. DETIUH,FarmaoaaUooen PAlllll

Lu pri,,c(PAU, (1u•1t111da1.

ir-. DEL
-

llecomeodad0t contra lu Afeoatonee del Eató•
mago, Falta de A.peUto, DlgeeUonN la.boriOIIU, .A.oediu, V6mJtoa, Entotoe, y C61Jooe;
regulartun lu Funoionee del Eat6mago 7

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B1Jlglr e,i 11.rolvl&lt;J " /1,.,,,..
,.
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. ' ,¡~

contra las diversas
Afeoolon•• ~ CoNzon,
Hydl'Opeal■a, •
ToHe nel'Vloa■ e;
■l'Onqultla, Aam■, eta,

00

GrageuaILactatodeHiarrode
GELIS&amp;CONTÉ
r ot1·....a YBrageaa de queNE111m1111
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se conoce, en poclon o

F•~";!.'! !o~t!'1a
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191)arador de las fuerzas vita.tes de este tor&amp;i8ea■&amp;e per e■eere■eia. De un rusto sulDlmente agradable es soberan'o coo\ra la Anemta y el AJX&gt;CiJmlento, en laa Calentura,
1 Com,alectnc1a1 co'otra las DUJN'ttll y las Afeet:1(»&amp;U del llll(&gt;tnlJOO Y 108 tntuttno,.
Cuando se lra!á de despertar el apeUlo, ase¡uiar las dl¡¡esUones, reparar Jaa tuerzas,
~ecer la S&amp;Dgre, entonar el organismo y precaver la anemJa_y las epidemia, provo,.
Cldai por los calores, no se conoce nada supertor al Wt•• de O•&amp;aa de &amp;re11cL
l'or ffl4J/or.en Paril en eau do J. FERllt, Farmaceulico, 10!, ""Riellelieu, 5-dtAROUD.
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rnc1ona1,. ae_g uro _J de 1nmed1atoa re■ultados de todos los ferru gino1011

"! de la med1oa_m6n tómoo-reconstituyente para la .Anemia Raquitismo Colorea pdli-

dos, Empobreconiento d1_1angre, Debilidad , inapete11cia Y menstruacÍonu difkiU,.
T! oemoa numerosos oerti.fi.oadoa de los médicos que lo recomiendan y recetan con ad ..
m~ralables reaultados.-Cuidado con las falsificacione1, porqi,e no dardn reaultado. Fai•
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VIVAS PEREZ

�LA

12Ó

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

581

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓt&lt;
por autores ó editores
CORAZÓN {Diario de un niño).
por Edmundo de Amicis, traducido por D. H. Giner de los Ríos.
- Nada hemos de dc!cir de esa
hermosa obra del famoso escritor
italiano: se han hecho de ella
centenares de ediciones en los
principales idiomas. De la edición española que acaba de pu·
blicar el conocido editor de ~ladrid D. Manuel Fernández La·
santa queda hecho el mejor elo·
gio, respecto del texto, consignando que la traducción es del
reputado literato D. Hermenegildo Giner de los Rios, y en
cuanto á las condiciones materiales, diciendo que lleva lindísimas
ilustraciones de los primeros di·
bujantes italianos y que el libro
es, en suma, digno de la colección que publica el Sr. Fernández Lasanta. Corazón se vende
en las principales librerías al precio de 4 pesetas.

..

l l.:Hl.Ufl.l)C!.&gt;llU!n

lrullKlliU,(I)

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~ UJ lfW

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NOVÍSIMO ARTE PRÁCTICO llE
COCINA PERFl!CCIONADA, CÓNFITRRÍA, REPOSTl!RIA, ETC., por
D. Jost A. Ji111b1e; y Fomesa. Este libro además de las materias
indicadas contiene un tratado ele
la fabricación de licores, multitud de secretos de diferentes ofi::lledalla conmemoratim del cuarto centenario del descubrimiento de América, acuñada en Buenos Aires por los Sres. Gottuzzo y Terrarossa
cios, reglas para el lavado y planchado de ropas y eneajes, recetas
contra varias enfermedades muy
EL MARQUÉS DE GIRASOL, por Flli.x Puig JI Ctlnúnas. - tas interesantísimas y muy bien escritas cuya lectura cauth·a y
comunes en las familia.;, avisos sobre el cultivo y propiedades
de mrias flores y hierbas medicinales, secretos para la cría de Constituye esta novela el tercer episodio de Los amores en la Ha- entretiene. El libro se ha impreso en Montevideo, imprenta ele
aves de corral y reglas para conocer los fenómenos atmosféri- bana, interesante y bien escrita como los dos anteriores de que la Nación, calle 25 de mayo, 146 á 150.
cos: este ligero sumario demuestra la utilidad de la obra que oportunamente nos ocupamos. lla sido editada por D. l\lanuel
formando un tomito de 370 páginas ha sido publicada en Va- de Armas y Sánchez, Calzada del Monte, 366, Habana.
Li\ ESPAÑA ~IODERNA. - El último ní1mero de esta impor·
tante revista que publica en Madrid D. José Lázaro contiene
lencia por D. Pascual Aguilar y se vende en las principales librerías al precio de una peseta.
Los NATURALISTAS ESPAflOLES RN AMÉRICA, por D. Sal· interesantes artículos ele Balzac, l\lerimée, Shakespeare, Mouvador Calderón. - Tal fué el tema del discurso pronunciado en ton, Loti, Richepin, Tolstoy, Coppée, Daudet, Caro, AltamiE~TUDIOS CRITICO~, por Emilio Zola. - Interesante libro, el Ateneo y Sociedad de Excursiones de Sevilla al inaugurarse ra, Campoamor, Fernández Duro, Barrantes, Castelar y Yillemuy bien impreso y correctamente traducido, en el cual se es- el curso de 1892 á 1893 por el presidente del mismo y catedrá· gas. Suscríbese en la Cuesta de Santo Domingo, 16, Madrid, y
tudian con todo detenimiento el estado actual de la crítica, de tico de Historia natural Sr. Calderón, quien h:i dado pruebas la Administración envía un tomo de muestra gratis á quien lo
la poesía y del arte contemporáneos. Los artículos dedicados á en su desarrollo de profundos conocimientos, de gran erudición pida por escrito.
Dumas y Taine son de primer orden, y el libro todo, digno del y de ser al propio tiempo un escritor castizo y elegante.
ilustre novelista francés. \'éodese al precio de 3 pesetas en las
LA NnEVA CIENCIA JuRIDICA. -Contiene en su último ní1principales librerías.
ARARRSCOS (CONATOS LITERARIOS), por Arturo A. ji111l· mero La libertad del querer, por Carnavale; Los delitos de saunez. - Nuestros lectores recordarán sin duela un bonito articulo gre JI los delitos contra ta propiedad, por César Silió; El 1elito
Do:-. QlllJOTE DE LA MANCHA. - Ilemos recibido los cua- titulado Blanco J' rojo que hace alg{m tiempo publicamos: su tolecti'l'o, por Concepción Arenal; Los regicidas espa,10/es, por
dernos 21 á 38 de la edición de la imperecedera obra de Cer- autor, el distinguido escritor uruguayo D. Arturo A. Jiménez, R. Salillas; Causas J' remedios dtl duelo, por G. Tarde. • Los
vantes que publica D. Ceferino Gorchs.
ha reunido recientemente en un tomo una colección de noveli- pedidos á la Admón., Cuesta de Santo Domii1'go, 16, Madrid.

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden h acerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vi.Do, el calá,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
se17un ,us ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el electo de la
buena alimentacion empleada,uno
,e decide fácilmente d volver
ll empeirar cuantas veces
sea necesario.

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todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlu, dolore■
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y haga uso de nuestros ORA NOS de SALUD, puea ellos
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derol'8rAn e/ sueño y la alegria - As, r1r1ra Vd.
muchos años, d11frutando s1emore de una buena ,alud

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todu Ju emlnen01u médlcu preuban que est&amp; UOCJlcioo de la Clarue, el Hierro y la
ea1- oouaULuye el reparador mu enunrtco que se conoce para curar : la Cwrdm , la
A11t111fa, las Jlemt~ d4lM'oltu, el Jlmpo/Jt'ectmlfflto 11&amp; ..&amp;lteracton ae la Sangre,
el Raqum.1mo, Id .d/eccw'IIU ~cro(Ulola, 1 ucorbut~, ele. El 't'iaa rerrusJao■o de
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EXIJASE •:~ ARDUO

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plldoras se emplean
e~pcclalmente contra las E11crofu1as , la
Tí11b y la Debilldad de temperamento,
as! como en todos los casos{PáUdo11 colorea,
Amenorrea, 6.•), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, Oya para
provocar O regularizar su curso per!Oc!Jco.

rarmacenuco, en Parls,

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Bonaparte, 40

El loduro de hierro Impuro Oalteratlo
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exigir nuestro serlo de plata r eactiva,
nutlslra firm a puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unión de
loa Fabricantes para la represión de la falsificación.
SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

NB

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DK MONTANKR Y SIMÓN

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                    <text>AílO

XII

- - - - - -•

BARCELONA

20

DE FEBRERO DE 1893 ,.__ _ _ __ _

NÚM. 582

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

..

LA VIRGEN NEGRA, cuadro de Pablo Quinsac

�LA

122

Texto. - Ci·ónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. - E xposi·
ción amerii-ana en Madrid. La expedición Hcmeuway en las
salas de los Estados Unidos, por Eduardo Toda. - Suenos que
matan, por José de Roure. -En las mejillas, por J osé Fer•
nándei. Amador de los Ríos. - Nuestros grabados. - Cargo de
co11eie,uia(continuación), por JuanaMairet.-SECCIÓN CIEN·
TfFICA: La C/'011ofotografla. N111r,10 método para anali~ar el
movimiento en las ciencias físicas y naturales.
Grabados. - La Virgen negra, cuadro ele Pablo Quinsac. -

E_xf!osición americana. Sección de los Estados U11idos. Expe·
dzrzón Hemenway (de fotografía del Sr. Compañy). - Sa11 Se·
bastián, copia del celebrado cuadro ele G. Bazzi, llamado «el
Sodoma.» - Diploma concedido á los expositores premiados
e~ la Exposición ele Industrias artísticas, dibujo de J. L. Pe·
lhcer. - Medalla de oro concedida á dichos expositores que
han sido premiados con esta distinción, acuñada y vaciada por
los Sres. Castells y Beristain. -Sepelió de Mr. james G.
Blai11e en el ce111euterio de Oak Hill ( Wdslti11gto11 J. - .Míster
/ames G. Blai11e en su lecho de muerte. - ¡ Otra Afarga1·iJa!;
,!ixvoto; D!a feliz, cuadros de Joaquín Sorolla. Exposición
internacional de Bellas Artes de 1892 (de fotografia de Nico·
lás Capdevilla). - El sombrero de tres picos, cuadro de José
Carbonero. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892
(de fotografia de Nicolás Capdcvilla). - Tres grabados refc.
rentes á la cro11ofotografía. - Vista ge11eral de Vil[o.

..............,......,......,......,......, ....................................................... ·, ..........., ......,......,..,...,
CRÓNICA DE ARTE
Silencio profundo, marasmo inmenso, algo como
somnolencia de un organismo debilitado por escenas
de actividad ó por luchas intelectuales gigantescas,
superiores á su potencia psico-física, tal es el est'.tdo
del arte español en estos días.
A las batallas de todo género libradas en el año
de 1892, sucedió mortal quietud. Maltrechas las hues•
tes tradicionalistas, rendidas las que combatieron en•
frente de la tradición, casi fracasado el esfuerzo he•
cho para romper lanzas en el palenque del último
cert'.tmen internacional de Bellas Artes, las gentes ar•
tísticas miran recelosas las probabilidades de una Ju.
cha nueva. Los vencidos temen á otra derrota, los
vencedores no cuentan con alientos suficientes para
tentar de nuevo la victoria, desamparados como hoy
se encuentran de poderosas fuerzas que lidiaron por
ellos con denuedo. Tal, repito, es en la apariencia el
estado del arte español. Pero en el fondo, allá en la intimidad de las colectividades y personalidades belige·
rantes, es otra cosa. Las luchas son más encarnizadas
que nunca. No se trata tan sólo de defender lo que
cada cual tiene ó pretende tener entre las uñas; se
trata de acaparar prestigios á costa de prestigios, de
imponer criterios á roso y belloso, de rematarse en
fin, no apoyándose ¡ay! en ideas y obras, sino en razones de disputa y en orgullos de particulares, no de
artistas.
Cuando todavía resuenan los chasquidos del látigo
con que la opinión pública y la crítica les fustigó;
cuando el imperio de una decadencia cuyo fin no se
adivina, les anula; cuando amenazan los bárbaros ci•
vilizados arrollar por entero el arte latino, disputándole el puesto que por tantos y tantos siglos ocupó
en el alto concepto de la vida espiritual; cuando se
litiga en las naciones cultas en favor de la indepen•
dencia de las manifestaciones artísticas oponiendo el
individualismo á las metafísicas doctrinales de todo
género de escuelas, aquí disputan esos artistas empe·
catados que tan mal lo hicieron en el reciente tor•
neo las escasas y últimas prerrogativas que todavía
prestan galvánica vida á corporaciones muertas ya,
ante la cultura y los ideales nuevo5i tratando de al•
zarse ellos con otro poder y con otra autoridad, imponiéndose por la audacia, no por el valer propio.
Pero no es la culpa toda de esas gentes, es ... ¡cuán
terrible y cansado repetirlo! de nuestros gobernantes,
de nuestros ministros de Fomento, los cuales, distan•
ciados por completo del medio artístico, sin criterio
alguno, obran empíricamente y caen al cabo en lo
absurdo. Tal fué la Real orden dictada para elegir
tribunal que excogitase las obras que de pintura y escultura habrán de figurar en la Exposición colombi•
na de Chicago.
En honor de la verdad, debo decir que gran número, la mayor parte de los artistas que figuran como
socios del círculo de Bellas Artes, tuvieron la honra,
con tan mal acuerdo dispensada á aquella sociedad por
el Sr. Moret, encargándole del espinoso cometido de
admitir ó rechazar cuadros y estatuas, como· honor
perfectamente perjudicial y además ajeno al espíritu
de una asociación cuyo fin es el de aunar voluntades
y atraer artistas, único medio de hacer mercado en
Madrid. Sin embargo, prevaleció el criterio de unos
cuantos deslumbrados por el honor recibido y... se
rechazaron obras de Muñoz Degrain, del maestro que

NúMERO

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cuenta medallas de oro en mayor número que de
bro!'lce todos los individuos del tribunal artístico; del
paisista recientemente laureado con primer premio
Morera, de ¡qué sé yo cuántos otros! El descontento
se acentuó; hubo una reunión magna y allí estallaron
como bombas los improperios... La academia de San
Fernando por su parte, según me manifestaron varios
académicos, dirigió un oficio al ministro de Fomento, pues el jurado libre eligió ó pretendió elegir - que
esto todavía no está en claro - las obras del Museo
Nacional que debían remitirse á los Estados Unidos,
y i estas alturas no sabe nadie, excepción hecha de
ciertas personas, si se anula lo hecho ó si al cabo pre•
valece. ·
Otra lucha sorda es la que, á propósito de ciertos
tiquismiquis oficinescos, se le está haciendo al escul•
tor Querol, con motivo del dictamen emitido por la
Academia respecto del modelo definitivo del frontón
de la nueva Biblioteca. Yo, que he leído dicho docu•
mento, puedo afirmar que á vuelta de censuras, los
inmortales del arte reconocen grandes méritos en la
obra del escultor tortosino y concluyen diciendo:
«Con las reformas que crea convenientes el autor, la
obra puede reproducirse en el mármol.» En vano he
tratado de explicarme las detenciones que está sufriendo el expediente en Fomento y el insistente ru•
mor de un absurdo que no me atrevo á estampar.
Quizá en el próximo artículo dé noticias interesantísi•
mas respecto de esto y del final que haya tenido para
entonces la batalla primera. Será otra Crónica. Me
figuro, por los barruntos, algo estupendo, algo que
serán platos rotos pagados por el arte y el buen sentido. ¡Ojalá me equivoque!
Y á todo esto, los modelos en yeso de las estatuas
decorativas de la Biblioteca alH están, sufriendo á la
intemperie los desgastes y roturas naturales de la li•
viana materia de que están hechas; y los artistas es·
perando pacientemente á que se resuelva el Estado
á cumplir el compromiso con ellos contraído, devolviéndoles esos modelos para reproducirlos en mármol
y cobrar sus estipendios. ¿Cuándo será eso? Por las
trazas me figuro que aún tardari el día.

***

Querol, á pesar de los contratiempos que le pro·
porciona el frontón, trabaja - valga el vulgarismo como un descosido. Además del infinito mímero de
bustos-retratos que hizo y hace, prepárase á reprodu·
cir en mármol el relieve titulado: (San Francisco de
Asís curando á los leprosos;» está dando los últimos
toques de palillo al modelo á todo el tamaño del mo•
numento que en la Habana habrá. de erigirse á los
bomberos muertos en memorable incendio; terminó
otro grupo que le encargó la R':!pública mexicana, en
el cual representa al P. Las Casas amparando á unos
indios, y en estos días se ocupaba también en el bo•
ceto de una estatua de Colón para la República de
Santo Domingo, si no recuerdo mal. Estos dos trabajos que cito últimamente no pasan de la categoría de
bocetos, aun cuando bastante detallados.
Al hablar de Querol viénese á la memoria el nombre de mi querido amigo el insigne escultor Mariano
Benlliure. De este artista contará pronto la villa y
corte una nueva estatua; la de María Cristina, cuyo
pedestal está casi terminado. Alzase frente al nuevo
edificio de la Academia de la Lengua, al museo y
parque de artillería y al restaurado Casón hoy museo
de reproducciones. Si viviera la última mujer de Fer•
nando VII no se quejaría de la compañía ni del ar•
tista que le cupo en suerte eternizarla en el mármol.
No fueron tan felices el gran Cervantes ni el inmortal
Velázquez.
Otra estatua se erigirá pronto en Santiago de Galicia á un prelado, al cual hizo célebre la fundación
que en favor de sus innumerables parientes instituyó
al morir. Me refiero al prelado Figueroa. Por si algunos de mis lectores ignoran los fines de la menciona•
da fundación, dire: Inmensamente rico el arzobispo
Figueroa (gallego) dispuso que las rentas de su capital se empleasen en dotar á las jóvenes de su parentela y en costear carreras á los hombres. La adminis•
tración de los caudales corre á cargo de un consejo
- .también de individuos de la familia. - Esta fundación cuenta, si no estoy equivocado, cerca de un
siglo de existencia.
Los ftgueristas agradecidos tratan de erigirle una
estatua, y el escultor que realiza la obra es también
figuerista y no desconocido ciertamente de los lecto•
res de LA ILUSTRACIÓN. Llámase Vida!. y Castro: la
capital aragonesa ostenta una escultura de este artista,
la estatua de Lanuza.
Hace pocos días vi el modelo de la de que vengo
ocupándome. Sobre un pedestal del Renacimiento, sumamente sencfüo, yérguese la figura del purpurado,
vistiendo el amplio traje litúrgico de seda y en actitud
de entregar los documentos de la fundación, los cua-

582

les tiene en la mano 'derecha; en la izquierda llevará
un libro. El principal escollo, á mi entender, con que
tiene que luchar el artista es puramente psíquico. En
la parte plástica la abundancia y ampulosidad de los
paños, en el modelo discretamente ( 1) interpretados,
simplifica las dificultades, que ante las otras son de
menor cuantía. Corre el riesgo el Sr. Vida!, si no estudia con amor el personaje, de que éste resulte por lo
menos frío y sin carácter.
Pronto tendrá España - si como espCiro no se en·
fría el entusiasmo - la gloria de elevar una estatua á
una escritora ilustre, poco conocida de su patria, pero
admirada y acatada como autoridad indiscutible en
materias penales en toda Europa. Me refiero á mi
ilustre paisana Concepción Arenal. Será, pues, la primera efigie que contemos de una mujer que alcanza
la perdurable gloria sin haber sido reina ni estar ca•
nonizada y tan sólo por los méritos de su genio.
Si de algo vale mi opinión, la estatua debe ser se•
dente. Hay dos razones para sostener este parecer
mío: la primera, puramente estética; la segunda, de
carácter simbólico. Estética porque vistiendo como
Yistió siempre la ilustre autora de Cartas á un m1or
modestísimamente, no podrá el escultor ofrecer una
silueta artística, elegante, ni caracterizar como debe
ser caracterizada la eximia escritora. Dada la indumentaria femenina de la clase media, en su aspecto
vulgar, esto es, una falda lisa y un jubón ó cuerpo,
aun cuando éste sea ancho, ofrecería la estatua la silueta de un cono mal trazado, y vestir la efigie con
traje de gran cola y abrigo ampuloso, además de quitarle carácter á la figura, trasunto fiel de la pensadora
ilustre, pronto las variantes de la indumentaria femenina harían ridícula la estatua. Porque en esto del
vestido mujeril, solamente ciertas y determinadas
épocas históricas lograron el triunfo del arte amalgamándole con el carácter de las soc;iedades; resultando
que, para rehuir el escollo dicho del ridículo, el ar•
tista - ejemplo, Benlliure en la estatua mencionada de
María Cristina - recurrió al histórico manto, el cual
envuelve en sus grandes pliegues la figura. La razón
segunda, ó sea la que yo digo simbólica, es también
importantísima á mi juicio. Representando sentada á
la gran publicista, además de quedar á salvo la esté·
tica, da idea del reposo necesario al pensador, rodeándole de un ambiente de quietud aparente, plás•
tica, y ofrece medios al artista para determinar la ca·
racterística de la estatuada por medio de la expresión
del rostro y de algún objeto apropiado que componga,
y perdónenme el uso de este barbarismo técnico.

***

Mi querido amigo el antiguo escritor y periodista,
Director general de Administración de Filipinas y
discípulo que fué del maestro Casado, Angel Avilés,
ingresó el domingo 6 del actual en la Academia de
San Fernando como individuo de número de aquel
cuerpo consultivo. Su discurso de recepción, que versa (puesto que está impreso) acerca de la acuarela,
es modelo de oraciones por la galanura del lenguaje
y por la frescura y espontaneidad de su estructura;
parece una «acuarela,» así como su hermosa obra El
Retrato es un cuadro al óleo, castizo y serio. Al recabar para el procedimiento que ensalza la gloria de
haber aportado la luz á la pintura moderna, dice así:
«La acuarela ante todo y sobre todo es luz. Y ¿será
preciso, señores académicos, hablar aquí de la supre·
ma importancia que en las artes del diseño, en la
pintura especialmente, tiene la luz? Mejor que yo lo
sabéis vosotros, y admirablemente lo ha dicho un le•
gislador de la estética, el profundo Hegel. En la escultura y la arquitectura - escribe - hácense visibles
las formas mediante la luz externa; en la pintura, por
el contrario, la materia, obscura por sí misma, tiene
en su seno el elemento interno, su ideal: la luz.
»Los divinos resplandores que en las &lt;1rtes plásticas y gráficas constituyen el alma y la vida, influyen
también, aunque por concepto más sujetivo, en la
poesía misma. Recordad, si no la invocación grandilocuente con que Milton abre el libro III de su incomparable poema ¡Salve, sagrada luz, hija primogénita

del cielo, destello inmortal del eterno Ser!
»Pues bien, señores: yo entiendo y creo firmemente que, por su historia y sus condiciones, la acuarela
ha sido para la pintura un esplendoroso fíat lux/&gt;

***

Mañana, 14 de febrero, tendré la satisfacción de
e~trechar la mano del infortunado autor del Expolia-

rmm.
R. BALSA DE LA VEGA
Madrid, 13 de febrero de 1893.
Perdóneme el eminente crítico Clarhz si á pesar de la
filípica que indirectamente me endilgó con motivo del número
extraordinario de El Liberal dedicado á la Exposición de Be·
\las Artes, sigo creyendo que hay obras discretas.
(1)

NúMERO

581

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

123

EXPOSlCIÓN AMERICANA. - SECCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS. - EXPEDICIÓN Hl!.MENWAY (de fotografía del Sr. Compañy)

EXPOSICIÓN AMERICANA EN MADRID
LA EXPEDICIÓN HEMENWAY
EN LAS SALAS DE LOS ESTADOS UNIDOS

tres y cuatro pisos, que se comunican por medio de los objetos que llenan su sala. Ascienden éstos á 46P
escaleras de mano.
~demás de algunos sueltos y de las 57 fotografía~
Esta raza india conserva s·u antigua religión, forma• mstaladas en la vitrina central.
~a por un. extens~ panteón de dioses y héroes, pero
.E! número r es un triste recuerdo de las misiones
La última de las salas de la Exposición norte-ame- s1_n _t~ner nmgtín d10s su~erior á sus compañeros. Sus
ricana ha sido dedicada exclusivamente á los objetos d1vm1dad~s perte_necen ,ª ó_rdenes distintos aunque cnst1anas de Tusayán: consiste en un fragmento de
procedentes de las investigaciones hechas entre los tengan uniforme ¡erarqma, siendo las más considera• la campana de la iglesia de A-wa-to-bi incendiada en
pueblos Ho-pi, merced al generoso desprendimiento das la !1ube de agu_a, el sol, las estrellas, la superficie el año r 700 y reducida hoy á informe 'masa de ruiPas
~a ind_ustria d~ los Ho-pi está representada po~
de una ilustre dama de Boston, la señora Mary He- d~ la tierra y el d10s germen. La gran serpiente cuvanos
ob¡etos. Ba¡o el nlÍmero 3 figura una colección
menway, que hace años dedica su capital y sus es· buta de plumas es entre aquellos indios un ser de
de leznas de_ hueso, cuchillos y agujas, que datan de
fuerzas al estudio de aquella casi extinguida raza occi- gran importancia, como veremos luego.
dos ó tres siglos y debían servir para hacer tejidos.
dental del Arizona.
A aquellos altos riscos llegaron también las creen~s la última de las salas, por su situación en el pa• cias cristianas, importadas por nuestros misioneros En el número 6 se ven unos palos encorvados talla)ac10 de ~ecoletos; pero no lo es ciertamente por la desde la_ ~poca de los al~ores de la conquista. Y la dos en án~ulo muy abierto, que arrojados con'cierto
1m~ortanc1a de los objetos que contiene, pues en ella lucha rehg1osa se ~ncend1ó en la comarca y ha deja• art_e adqu_1eren gran velocidad: sirven para cazar come¡or que en otra alguna pueden estudiarse en su do ésta llena de ru_mas. U~o de los pueblos antiguos, ne¡os, y bien dem~estran su objeto las pinturas necompleta plenitud los caracteres arqueológicos y etno- llamado A-wa-to-b1, es dec1r, sitio alto de la multitud gr_as que algunos tienen, rep~esentando á conejos cográfico_s de los H o-pi, los indios más primitivos y se• recibí?. en su se~o á !os apóstoles de J esús y vió á. m~n~o. Instrumentos parecidos tenían los antiguos
dentanos que actualmente habitan la parte meridio: sus h1¡os convertirse a la nueva fe. La ciu.dad era eg1pc1os par~ ~azar las gacelas, chacales y otros anina! de _los Estados Unidos, limítrofe á la Rep11bli- rica, fl_oreciente y p~derosa, tanto que en época de la males que v1v1an en los confines del desierto. Las ca•
cerías de c~nejos se organizan entre los Ho-pi con
ca mexicana.
conqmsta, el cap1tan Vargas hubo de enviar á ella
La Comisaría americana, única que hasta la fecha fuerzas muy numerosas para combatirla. Sin embar- gran s?l~mmdad, y aún parecen revestir cierto carácha completado y dado á luz los catálogos parciales de go, en los decadentes días del siglo XVII los indios de ter rehg10so, pues al regresar los expedicionarios á
todas sus instalaciones, ha dedicado un extenso cua• las demás poblaciones se sublevaron contra los rene- sus hoga_res con el producto de la caza, adornan á
derno á la expedición Hemenway, explicando prime- gados de su fe, despeñaron á los misioneros cristia- los cone¡os, y después de salpicarlos con harina les
ro las ~azas que investiga y los territorios en que tie- nos desde lo alto de las mesetas á los abismos sin cortan una parte del cu~rpo para echarla al fuego. En
ne1: asiento.
patria de estos indios Ho-pi es casi el fondo de sus precipicios y atacaron, rindieron y des- el número 9 hay también una colección de flechas
empleadas para la caza.
desierto. Habitan la provincia de Tusayán, situada en truyeron por completo á la ciudad apóstata.
Aqu! fi&amp;uran todos los objetos necesarios á la vida
!a parte Nordeste del moderno territorio del Arizona,
Des?e ent?nc~s_nadie ha molestado á los Ho-pi en
Junto al gran cañón del Colorado. Descubrieron esta el pacifico e¡erc1c10 de su culto. Sencillos y sobrios de los md1os. Vese la manta de las ceremonias, tejida
región los primitivos conquistadores de México, y de no aceptan ni practican la poligamia y tienen por l¡ con algodón y adornada con figuras, que nunca falta
ella te~emos algunas descripciones en los relatos de mujer el respeto que infunde la igualdad de clase. A entre los regalos de boda que el marido hace á la
las antiguas crónicas españolas. La provincia forma las mujeres, que no se venden y que son las compa• despo~ada; las cestas embreadas que sirven para lleuna exten~a llanura, elevada cerca de siete mil pies ñeras del hombre, pertenece la propiedad de las casas var ah~entos ó agua de un punto á otro; los zapatos
sobre el nivel del mar, de terreno árido y estéril, sur- y de los muebles y utensilios que encierran: ellas fa- de va~1as clases, entre los cuales se ve un par hecho
cada por cañones y cubierta de mesetas que cortan brican los objetos de barro, tejen los cestos y toman con piel de gato multicolor (fe/is concolor); las cuchaprofundos precipicios. Los ríos de la comarca mues• parte en las faenas del campo. Los hombres se distin- r~s de cuerno de cabra montesa, y cien otros utensitran ~n verano sus secos cauces, pero en invierno se g~en por su ~arácter industrioso, inteligente y reli- lios que llenan las sencillas necesidades del indio y
convierten en impetuosos torrentes merced á las g10so. Todos e¡ercen algún sacerdocio, están afiliados de su hogar.
fuertes lluvias de la estación. La veg~tación es pobre, á _algu_na cofradía ó t!e!len la ,iniciación en algún . Más importante es la colección de objetos religio•
Y escasa es, por lo tanto, la vida en la región que no m1ster!o sant_o. Su religión est~ constituída por un g10s_os, d~ útiles destinados al culto ó empleados en
recorren los bisontes y que sólo sustenta á algunos c?mpl1~ado sistema de cerem~mas y ritos que se re- las mfant1les ceremonias s~gradas del pueblo Ro-pi.
lobos, zorras y conejos.
piten sm parecerse, ya que vanan en cada uno de los Los productos del suelo tienen gran representación
Estas condiciones de existencia han limitado el meses del año. Nueve días al mes se consagran á e~ es~s ce:emonias: así el tabaco, que se fuma en
desarrollo de la raza Ro-pi; pues sólo cuenta ahora estas prácticas religiosas, iniciadas en el secreto de los pipa, simboliza ~on las _nubes de humo que despide la
unos dos mil individuos, distribuídos en siete pueblos santuarios Kib-vas donde los mortales no penetran ofrend~ hecha a )os d1!ses de la lluvia, siempre que
que edificaron en las cumbres de las mesas. Son cu• y concluídas en los bailes ptíblicos á que todos s~ haya s1d~ encendido en la lumbre del altar ó en la
mecha P1·l~1~-ko-ku cuando se celebra la fiesta de la
iosos sus _no~?res: ~e lla_man Wa!-pi, ~i-tcum•~•vi, entregan con singular regocijo.
luna
de d1c1embre. Las tablillas de sauce llamadas
e-~va, M1-con-m-o-v1, C1-mo-pa-v1, C1-pau-lo-v1 y
Sumariamente descrita la raza india revelada en
Orai-bé. Sus edificios son de piedra, y algunos tienen esta parte de la Exposición, vamos á ocuparnos de pah~ Y p~lvoreadas con harina forman la ofrenda
dedicada a todos los dioses de los cuatro puntos car-

1:ª

�LA
dinales, que se deposita en los altares al marcharse
los dioses después de las fiestas de la luna de agosto;
y si el paho es encorvado, se ofrece al rayo, que en
opinión de aquellos indios fertiliza la tierra y engendra la vida. La mazorca es considerada como hembra
de la serpiente y atrae las nubes á la tierra para fertilizarla con la lluvia. La harina, consagrada por medio
de ciertas fórmulas, es eficaz preservativo contra las
mordeduras de las serpientes venenosas y culebras
que los sacerdotes van á buscar para sus ritos. La
flor del girasol adorna la cabeza de las vírgenes en el
katcinrz ó baile del maíz, simbólico del crecimiento
de las cosechas.
Los animales desempeñan también funciones muy
trascendentales en aquellos ritos. A la gran serpiente
se consagra un baile en el cnal aparece el reptil cubierto de plumas y dibujos simbólicos de patas de
ganso y de rana, y en torno suyo danzan los sacerdotes, envueltos en mística manta de algodón, adornados los brazos con aros de metal, cubierta de plumas
la cabeza, en la cintura una piel ~e mamífero y en
bandolera otra tira de piel de gamo con el antídoto
que preserva de mordeduras venenosas. Esta gran
serpiente simboliza un antiguo héroe que, guiado por
el sol, visitó el interior de la tierra, y en su honor se
celebra cada dos años ·el baile antes mencionado,
llamado Manazanti, que dura nueve días y nueve
noches, tomando parte en él dos hermandades de sacerdotes, la de la serpiente y la del antílope. Durante
siete días las ceremonias de la danza se celebran secretamente en uno de los subterráneos de los templos llamados Kib-vas, y en ella los indios se dedican
á coger culebras venenosas, que bañan luego, y á preparar el antídoto contra sus mordeduras. En el noveno día los celebrantes aparecen en público, llevando dentro de la boca culebras vivas, que luego sueltan
en los campos. Todas estas ceremonias se celebran
en nuestros días con el mismo fausto y aun añadiré
con idéntica fe que en los días anteriores al descubrimiento colombino.
La zorra presta su piel á cuantos toman parte en
los bailes religiosos. Otro de estos bailes se celebra
en honor de la mariposa, símbolo también del sol,
de las nubes y de la cosecha del maíz. Las conchas
de las tortugas, las pezuñas de las ovejas y los colmillos de varias fieras tienen entre los indios Ho-pi casi
i1énüco significado que en los pueblos asiáticós de
credo budístico, es decir, sirven de adorno y de amuleto preservativo de muchas enfermedades.
Desde el número 63 hasta el 102 de esta curiosa
colección se exhiben una serie de muñecos, adornados con simbólicos trajes y peinados, que permiten en
muchos de ellos reconocer á los dioses del panteón
Ho-pi, y en otros ver á los personajes que concurren á las ceremonias religiosas. Estos muñecos, hechos con raíces de algodonero, son regalados á las
niñas en la fiesta de la Nimán ó despedida. Cúbrenlos á veces pieles de zorra, y están pintados con los
colores representativos de los cuatro puntos cardinales, ó sean el ocre amarillo, el rojo, el verde y el
blanco. Describiré los que creo más importantes.
La Salikoma es el ser que proporciona las semillas
á los indios. Se la suponé mujer de Saliko, el que
inicia á los jóvenes en las prácticas del sacerdocio, y
tiene en la cabeza un peinado en forma de escalera
para significar las nubes, y alrededor de la boca varias líneas curvas que representan el arco iris.
Saliko es también el dios del maíz, y está representado por un gigante, adornándose con el manto
de boda recamado de mariposas, dos cuernos en la
cab~za y una corona de plumas de águila.
El Talaviqpiki es el dios del rayo, bien comprensible con el haz de relámpagos que lleva en cada mano.
El Sió Hitmis es otro dios del maíz verde, cuya fiesta
se celebra en los meses de julio y agosto. Esta divinidad no es propia de los indios Ho-pi, habiendo sido
introducida en su panteón por los de Tusayán, quienes á su vez la tomaron de Zuñi.
Varios muñecos representan á los llamados sacerdotes glotones, ministros de carácter indefinido que
cuentan larga existencia en aquel rito y que parecen
consagrados exclusivamente al culto de los vicios.
Ejercen en secreto prácticas inmorales, y en las fiestas públicas se presentan ebrios, comiendo con exceso
y divirtiendo al pueblo, que los desprecia é insulta.
Finalmente, la expedición Hemenway de que nos
estamos ocupando exhibe en varias vitrinas los productos de la cerámica de los indios Ho-pi y de Tusa yán. En sus muestras se ven productos antiguos y
modernos: todos están fabricados á mano y revelan
escaso arte, que aún va en decadencia en nuestros
días. Comprenden, como puede suponerse, los utensilios diversos que el uso doméstico requiere, y sólo
se ven algunas formas de vasos y jarros para el ser•
vicio de los altares.
EDUARDO TODA

ILUSTRACIÓN ART1STICA

SUE~OS QUE MATAN
Los marqueses de Valleflorido son felices; todo lo
felices que se puede ser en esta vida misérrima. Y no
es caso raro ni extraño el de su felicidad, sino natural
y lógico.
Pertenecientes á una de las estirpes más linajudas
de la aristocracia española, unidos ya por vínculos de
parentesco y profesándose afecto mutuo, quisieron,
cuando estaban en las lindes de la edad madura, unirse también por el lazo del matrimonio, y la bendición
de un sacerdote ató aquellas dos voluntades y fundió
en una sola aquellas dos almas.
La juventud con sus explosiones de entusiasmo,
con sus arrebatos y sus perspectivas risueñas, con su
actividad de fiebre, su mariposeo incesante y sus anhelos insaciables, había pasado para ellos rápida y
dichosa, como pasa la brillante aurora de un día sereno, dejando primero en el horizonte ráfagas de fuego,
y más tarde en el alma un recuerdo lleno de poesía y
encanto que va borrándose, borrándose y se desvanece al fin en una noche preñada de misterios y lobregueces.
Desde el comienzo de su vida marital vivieron en
paz y en sosiego perpetuos, siendo su hogar honrado
templo de todas las virtudes.
Conservaban ambos la fe tradicional de sus abuelos,
y eran dichosos en aquel paraíso sin serpiente de la
calle Mayor, donde tenían su palacio.
A veces, horas y horas permanecían el uno al lado
del otro; las pequeñas manos de la marquesa, suaves
como la seda, entre las de su marido; ambos callados
y mirándose, mirándose con afán, con codicia, como
si en aquella mirada larga, insistente, pusieran toda
su alma y concentraran toda su vida.
Pasaron algunos años sin que nada alterara la existencia dulce y tranquila de estos esposos, que se adoraban y que veían transcurrir el tiempo como si un
sueño de color de rosa les embargara el espíritu. Pero
llegó un día en que el vetusto palacio de Valleflorido
apareció transformado, rota la normalidad de su existencia monótona y pacífica.
Allá, en el interior del edificio, se oía el ir y venir
apresurado de la servidumbre, un abrir y cerrar de
puertas extraño.
El bullicio, el cuchichear por los rincones ó tras las
ricas colgaduras de terciopelo de Utrech crecía de
modo notorio al aproximarse á las habitaciones de la
marquesa; y allí, el asombro de quien no estuviera en
el secreto subía de punto al escuchar el llanto estridente y desgarrador de un niño recién nacido. Y este
era el origen único de todo aquel trastorno, de la alteración de costumbres en la suntuosa vivienda.
La señora marquesa de Valleflorido á los cuarenta
y tres años había dado á luz una niña de carnecitas
rosadas y suaves; y ¡oh misterios de la Naturaleza!,
aquel ser, apenas nacido, ejercía ya una influencia decisiva en cuanto le rodeaba, y parecía que su advenimiento al mundo, su llegada á la vida, había traído
para aquellos sombríos salones de techos altísimos y
de paredes cubiertas de cuadros y de tapices antiguos
un hálito de juventud, y que todo se remozaba como
en una primavera espléndida, llena de flores y de
gorjeos _d_e pájaros. :. · · .
Pálida con una palidez mate, presa de dulces languideces el cuerpo y el espíritu de visiones rientes,
cerrándole los ojos invencible somnolencia, la feliz
marquesa reposaba en el lujosísimo lecho de la conyugal alcoba.
El marqués, que bañaba sus sonrisas en llanto, gozoso y henchida de placer el alma, iba sin tino de un
sitio á otro, ora balbuceando solícitas frases de cariño al oído de su adorada mujer, ora mirando como
en éxtasis, arrobado y venturoso, á la niña cuyo cuerpecito parecía forma.do con rosas y azucenas, al fruto
to de sus tardíos pero fecundos amores, que á veces
rompía en lloriqueo ruidosísimo y á veces sonreía
como los ángeles en el cielo.
Aquel vástago de aristocrática estirpe vino á hacer
completa la felicidad del ya dichoso matrimonio;
aquella'flor nacida en un otoño plácido, aquel capullo de rosa brotando cuando ya los cierzos anuncian
la proximidad del invierno, era un milagro de amor:
¡que el amor todo lo rejuvenece y hermosea!

El tiempo, cuando transcurre feliz pasa con rapidez grandísima, y cada año le parece al dichoso breve
como una hora.
Los marqueses de Valleflorido no se dieron cuenta
de que el tiempo pasaba, hasta que el primer disgusto les despertó de aquel sueño venturoso en que vivían sumidos, volviéndoles á la realidad.
Lolita, su hija adorada, la niña hermosa que era

NúMERO

582

todo su encanto y constituía todo su orgullo, estaba
triste. ¡Horrible desgracia! Estando ella triste, ¿quién
en aquella casa podía dejar de estarlo? Todos los habitantes del palacio no hacían más que reflejar en
sus almas el estado de la de Lolita y en sus rostros
la expresión del de la niña: no se ha visto jamás tiranía como la ejercida, sin quererlo y sin saberlo, por
aquel ángel. Allí todos más que stíbditos eran esclavos suyos; sus menores caprichos tenían la fuerza
de un mandato imperioso; por el leve movimiento de
sus labios ó la dirección de su mirada se hallaban
acostumbrados á adivinar sus pensamientos y á anticiparse á sus deseos. Pero ahora estaba triste y todos
se afanaban por saber la causa, el origen de aquella
melancolía que nublaba el rostro bellísimo de Lolita,
y ninguno lo conseguía; y, ¡cosa más rara!, su tristeza
era interrumpida á veces por una alegría súbita que
se desbordaba en carcajadas frescas y sonoras, como
el agua de cristalina fuente al caer á borbotones en
la taza de mármol: ¡y es que la naturaleza juvenil,
que reclama las expansiones del entusiasmo y del
placer, reprimida por la voluntad de la niña antojadiza, rompía al fin aquellos lutos que la envolvían y
se presentaba deslumbradora, seguida de toda su brillante cohorte de risas, brincos y locuras, que son las
flores lozanas y aromosas de esa bella primavera que,
una vez pasada, no vuelve!
Los marqueses, atolondrados, no sabían qué hacer
para distraer y divertir á Lolita; pero los esfuerzos del
amor se estrellaban en la desdeñosa melancolía de la
niña, á quien todo desagradaba. Sólo la complacía
una cosa, la iglesia, y sólo volvían á su rostro la placidez y la alegría naturales á ~ años las funciones
religiosas.
Educada por aquella piadosa familia en el santo
temor de Dios y sujeta á las prácticas cristianas, el
templo había sido el sitio más frecuentado por Lolita,
y al templo tenía afición incontrastable, al principio
por un movimiento natural de su espíritu impresionable y de su temperamento nervioso hacia todo lo
poético, después mediante lectura de libros sacros,
guiada por la fe que henchía su corazón é iluminaba
su alma. Esta predilección que fué creciendo llegó á
constituir para la encantadora adolescente una verdadera necesidad, y no pasaba día sin que se la viera
entrar muy de mañanita, acompañada del aya, en la
iglesia de San Ginés y arrodillarse devotamente y oir
misa con el mayor recogimiento. A la tenue claridad
del templo, bajo las altas bóvedas, postrada junto á
un obscuro pilar parecía una angélica figura arranca·
da á los lienzos de Murillo ó desprendida de uno de
los retablos de nuestras catedrales. La luz escasa que
penetraba por los vidrios de colores de las altas ojivas la bañaba en una claridad fantástica: su cabello
de un dorado pálido, como el de las espigas de trigo
en el mes de junio, le caía sobre la espalda en larguísimas trenzas: su rostro hermoso, con una hermosu·
ra dulce y cándida, presentaba la expresión del éxta·
sis: sus manos estaban cruzadas y las tenía junto al
pecho, como si quisiera con aquel signo redentor
cerrar las puertas de su corazón á todo lo malo y pecaminoso: sus labios, frescos y puros, se movían murmurando fervientes oraciones. ¡Admirable y piadosa
niña!
El dormitorio de Lolita y su boudoir exhalaban ese
perfume de castidad y de inocencia que es el mayor
atractivo de la niñez; todo en aquellas dos habitaciones respiraba alegría y juventud. Gran número de
flores naturales en búcaros de porcelana aromaban
el ambiente: el decorado, elegantísimo, era blanco,
como símbolo de puzeza: nada faltaba allí de lo que
el lujo y la moda imponen; pero había algo que, si
bien pudiera creerse un adorno más, se hallaba colo·
cado con tanto esmero, se notaba en la niña predilección tan grande hacia ello, que parecía ser el signo
revelador de las propensiones incontrastables del espíritu de Lolita, la nota característica de sus gustos.
Junto á la cama, sobre las mesas, en todas partes,
con profusión extraña, se veían imágenes de J estís
crucificado ó de la Virgen, imágenes talladas primo·
rosamente en madera ó mármol y que á la vez que
objetos sagrados eran verdaderas joyas artísticas.
A pesar de advertir que la melancólica niña dese·
chaba su tristeza al entrar en la iglesia, y que al salir,
como si la hubiera dejado en la puerta, volvía á cubrir su faz divina con ella; á pesar de que no podía
pasar inadvertida para nadie la piedad extremada
de Lolita, que se pasaba las horas rezando al pie de
un crucifijo de roble que junto á su lecho en la pa·
red había, ni la servidumbre solícita ni los padres
amantísimos lograban averiguar el origen de aquella
sombra de dolor que velaba los claros ojos de la niña.
Una mañana muy tempranito, cuando todos dor·
mían aún en la casa, la marquesa, que había pasado
la noche en vela pensando en su hija, entró de pun-

SAN SEBASTIAN, copia del celebrado cuadro de G. Bazzi llamado «el Sodoma.»
Se conserva en la Galería degli Uffizi ele Florencia

�126

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

582

tillas, procurando no hacer ni el menor
convento; y ¡oh misterios del corazón!,
:uid~, en el dormitorio de Lolita, que
el amor que antes les había impulsado
1lummado por las primeras luces rosaá oponerse, les impulsaba ahora á condas del amanecer parecía fantástico casentir.
marín de hadas ó nido de celestiales
amores. Se aproximó al lecho: dormía.
***
La madre inclinó la cabeza y besó la
serena frente de la niña; al leve roce de
La celda se hallaba alumbra&lt;la por
aquellos labios amorosos, Lolita entrela luz amarilla de cuatro blandones, cuabrió los soñolientos ojos, echó los
yas llamas, agitadas por el vientecillo
blanquísimos y bien modelados brazos
que entraba por la ventana, se movían
fuera de las sábanas y, después de desen inciertas oscilaciones, aumentando
perezarse, sonrió á su madre. La marunas veces la sombra y otras ahuyenquesa volvió á besarla, desenredó con
tándola y desvaneciéndola con una fusus dedos el suelto cabello de la niña,
gacidad tal, que parecía algo así á moque como cascada de oro caía sobre
do de juego fantástico que fatigaba la
sus hombros de alabastro, y la dijo con
vista y poblaba el espíritu de seres disvoz que parecía una caricia:
formes.
sientes bien? ¿Te duele algo?
En el suelo, en medio de aquellos
¿E~tas contenta? ¡ Dímelo, hija mía!
cirios, en un ataúd blanco, vestida con
¿Tienes alguna pena, algún disgusto? A
el hábito de la Orden, yacía inerte, mulas mad~es se les debe decir todo, porda y rígida una joven hermosa: palidez
que nadie como ellas saben sacrificarse
violácea cubría su faz, que revelaba con
por el bienestar de sus hijos y nadie
elocuencia llena de horror las angustias
como ellas pueden consolarlos si supostreras. Sus labios entreabiertos, sefren.
cos y descoloridos, parecía que exhala- No tengo nada, ma~á, nada: si esban una queja ó murmuraban una 0ratoy triste no puedo remediarlo.
ción.
Y los ojos de la niña se humedecieJunto al féretro rezaban, llorando á
ron y en sus pestañas titilaron algunas
la vez, una señora anciana y una religotas de llanto.
giosa.
- ¿Lloras? ¡Tonta! ¡Si es que te quie¡Cuadro tristísimo aquel cuadro! ¡Esro mucho, y te veo triste y me aflige!
pantosa realidad la realidad de la
Dime por qué, y verás cómo yo lo arremuerte!
glo todo. Dios te manda no tener se¡Desdichada Lolita: desdichada niña
cretos para mí; y ttí, que eres buena,
caída en los brazos de la muerte despiano querrás que Dios te castigue.
dada y cruel, cuyas caricias espantables
Y cogiendo entre sus manos la rubia
y cuyos besos fríos habían helado la
cabecita de su hija, la acarició besándosangre en sus venas y apagado de un
la con transportes de amor infinito.
soplo la llama de su existencia!
Lolita se quedó pensativa: su pecho
Un año antes se la veía pasear por
virginal, cubierto por la fina camisa de
las solitarias galerías del convento, oculbatista, se alzaba en suaves ondulatando bajo la estameña del hábito las
ciones.
líneas armónicas de su cuerpo, las reDespués de un silencio embarazoso.
dondeces voluptuosas de su seno y de
miró á su madre de una manera fija y
sus hombros. La blanca toca formaba
resuelta y le dijo:
un marco de espuma inmaculada á su
- ¿Promete~ no enfadarte y hacer lo
rostro hermosísimo, y sus ojos, azules
que yo quiera?
como el cielo y como él profundos, te- Sí; pero explícate.
nían una expresión de vaguedad infini- Pues ... ¡que deseo ser monja!
ta, que podía ser lo mismo reveladora
Ante una manifestación de esta esde místicas abstracciones que de ensuepecie, la marquesa, aturdida y llena de
ños de virgen.
verdadero estupor, exclamó:
Ya no era la nifia: ya el botón de
- ¿Estás loca? ¡Monja! Nada, decirosa había abierto y mostraba su corola
didamente ttí has perdido la cabeza y
espléndida y aromaba el ambiente con
no sabes lo que te dices.
sus esencias: ya la Naturaleza, rotas las
- Sí, lo sé muy bien; deseo ser monligaduras con que la adolescencia la
Diploma
concedido
á
los
expositores
"premiados
en
la
Exposición
de
Industrias
artísticas,
ja, consagrarme á Dios.
sujetaba,
aparecía lozana, exuberante,
dibujo de J. L. Pellicer
- Pero, muchacha, ¿ignoras lo que
llena de atractivos y de gracias, con esa
eso significa? Encerrarse en un convenaureola luminosa y magnética que desto entre las cuatro paredes de una celda estrecha, re- ba en su tristeza sin que nadie consiguiera sacarla lumbra los ojos y arrastra los corazones. Tras las nanunciar al mundo ...
de ella.
turales metamorfosis había aparecido la mariposa con
- Lo sé todo, lo sé todo y lo deseo: conozco que
Las rosas de sus frescas mejillas iban desapare- sus alas de oro. .
la voluntad del Señor me lleva al claustro, y que ten- ciendo y su rostro poniéndose pálido como la cera.
Hermosa, con hermosura de ángel, era Lolita allá
go verdadera vocación. Antes de decidirme lo he
Los marqueses, alarmados, llamaron al médico, en los días de su niñez, esbozadas apenas sus perfecpensado mucho, mucho.
quien dijo que á todo trance era necesario que la en- ciones y apenas diseñadas sus bellezas; pero más her- Tú eres una niña alucinada, y no permitiremos fermita se fortaleciese, pues estaba muy débil, suma- mosa, con hermosura de diosa griega, era ahora, en
ese sacrificio del que quizás te arrepintieras después. mente débil; mas ella, antojadiza y terca, se resistió toda la fuerza de la juventud.
Cuando 11a comunidad se recogía, dichos los últimos rezos, ella, encerrada en su celda, después de
orar con fervorosa devoción arrodillada ante un crucifijo de talla, se despojaba del burdo sayal y se me·
tía entre las sábanas blanquísimas del lecho. Parecía
la púdica Venus saliendo de las espumas del mar.
Una noche hacía muchísimo frío: el viento azotaba los cristales de la ventana y la nieve blanqueba
los desnudos árboles del huerto. Lolita se acostó tiritando y se arropó bien: el helor de las sábanas Je
hizo estremecerse al sentir su contacto; pero el cuerpo juvenil templó pronto el lecho, y la hermosa monja comenzó á sentir un calorcillo suave y grato. Estaba sin moverse, quietecita; y así, dulcemente, en
aquella inmovilidad impuesta por el frío, empezó á
dormirse: sus párpados fueron entornándose, entornándose, hasta quedar por completo cerra.dos. Ese
crepúsculo espiritual que precede al sueño alumbró
con tenues resplandores por breves instantes su ser, y
Medalla de oro concedida á los expositores premiados con esta distinción en la Exposición de Industrias artísticas
quedó dormida.
de Barcelona, acuñada y vaciada por los Sres. Castells y Beristain
¡Cuántos misterios ocultan y guardan en sus senos
obscuros la noche y el silencio! ¿Por qué Lolita, ape- ¡Pero, mamá!..
á tomar los medicamentos y casi dejó de comer, pre- nas transcurrida una hora, principió á estremecerse
- Nada, nada: ¡no ha de ser!
textando desgana.
y á suspirar? ¿Por qué unas veces gemía, y otras, á
Y la marquesa salió del dormitorio dejando á la
Los padres ya no podían equivocarse; sabían la través de la sombra que envolvía la celda, se adivinaniña confusa y acongojada.
causa de todo. Una noche, después de discutir mu- ba una placentera. sonrisa en sus labios de grana?
Pasaron días y pasaron meses, y Lolita se abisma- cho, decidieron permitir á Lolita que entrara en un ¡Soñaba!.. ¿Y quién sabe lo que soñaba? ¿Quién des·

-p'e

NúMERO

LA

582

cifra un ensueño, que á. veces no es
más que un girón de niebla, á veces
el fugiti vo desfile de la linterna mágica, y á veces... á veces ¡tantas otras
cosas llenas de dicha ó de tristeza!
¡Arrullos de palomas, besos de ángeles, estremecimientos de placer, suspiros y quejas, soledad y frío!.. El
misterio es impenetrable: los ensueíios son las evaporaciones del espíritu, las ansias no cumplidas, las esperanzas deshechas, los amores sin
obieto. Los ensueños lo son todo y
no· son nada. ¡Infeliz del que sueña!
El desdichado en la realidad de la
vida, encuentra los goces y la. felicidad cuando duerme.
Al desp!'!rtar Lolita sintió su cuerpo desfallecido: un enervam iento
lánguido lo invadía; la cabeza le pesaba y le dolían las sienes: sus ojos
tenían expresión extraña de. melancolía asombradiza. Se salió del lecho
y abrió la ventana; el sol inundó la
celda; la nieve se había derretido á
los besos amorosos del padre del
día. La monja, medio desnuda, quedó junto á los cristales largo rato,
pensativa, mirando al huerto; después se vistió apresuradamente y fué
á reunirse con las otras religiosas
que ya en el coro entonaban cánticos al Señor.
Desde aquel día, triste siempre,
siempre con la hermosa. cabeza caída
sobre el pecho turgente como flor
marchita que se inclina sobre su tallo, parecía un alma desterrada de su
patria y que, en tierra extraña, no
encuentra la alegría y la felicidad.
En el oratorio, al pie de una imagen
de la Virgen, con frecuencia se la
veía rezando y gimiendo: sus labios
SEPELIO DE
murmuraban oraciones, las lágrimas
corrían por su mustia y dolorida faz,
y su pecho se alzaba henchido de sollozos que esta•
liaban en su garganta produciendo un sonido ltlgubre,
como de música funeral. 1
Triste y enferma, abrasada por la fiebre, poblada
el alma de vagos terrores, rebosando amargura su corazón, pasó aquellos meses eternos con la eternidad
del dolor, hasta que una mañana de mayo, cuando

1 27

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nía, y sus ojos ya sin luz, vidriados
por la muerte, se cerraban para siempre, y su cuerpo, después de estremecerse por última vez, se quedaba
inmóvil y yerto.
¡Contrastes de la Naturaleza, que
en el alma dejáis regueros de sombra y en el rostro surcos de llanto,
cuán hondos abismos encerráis en
vuestros senos obscuros! ¡Sencilla y
triste historia de la infeliz Lolita,
cuán amarga enseñanza guardas!
¡Sueños que matan, sí: de esos fué
aquel sueño de la pobre monja; y
noche de horrores aquella noche siniestra en que el viento azotaba con
furia los cristales de la ventana de la
estrecha celda y la nieve cubría de
blanco sudario los desnudos árboles
del huerto!
JosÉ DE Rou1rn
.........,......., ....,....•......, ...........,.,....................,.........,......,.....
EN LAS MEJILLAS
La verdad, que algunas Yeccs parece que el mesmo deseo de uno
arregla las cosas.
Aún no hace media hora hallábame yo en el cuartel sentao á la puerta del cuarto de banderas pensando
en aquella gracia y aquella sandunga
que por todos lados tiene el cachillo de cielo, que porque las cosas andan del revés está sirviendo al teniente Pando y á la remilgaa de su
esposa, cuando he aquí que en el
propio momento en que yo pensaba
de qué manera podría lograr el placer de volverla á ver y de quedarme
extático oyendo la música de sus palabras, asoma. los bigotes el mesmísimo señor coroné, y con aquella voz
MR. JAMES G. llLAlNE EN EL CEMENTERIO UE OAK l·IILL (\\'1\SIIINGTON)
qur. parece la de un hombre que está metía en una tenaja me dice:
la aurora brillaba en el cielo y las flores entreabrían
- ¡Oiga usted, Requena!..
sus cálices perfumados, y la vida latía en todas par- A la orden de V. S., mi coroné, le digo yo levantes, y el aire cargado de aromas penetraba por la tando la mano hasta la altura de la frente.
abierta ventana, y todo renacía y todo se mostraba
- ¿Ha visto usted al cabo Sarmiento?
alegre y risueño, como si la Naturaleza hubiera sido
- Sí que le he visto, mi coroné; por cierto que al
siempre joven y bella, Lolita, presa de crueles ansias probe le han salío tres flemones que le tienen un
y ele angustias tremendas, luchaba en una larga ago- lado de la cara de la mesma figura y tamaño de una

'

MR. JAMl!S G. llLAINE, SECRETARIO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, EN SU LECHO DE MUERTE

�¡orRA MARGARITA!,

cuadro de Joaquín Sorolla, premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

EXVOTO,

cuadro de Joaquín Sorolla. Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

1892

1892

ofA FELIZ,

cuadro de Joaquín Sorolla. Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

EL SOMBRERO DE TRES PICOS,

18g2

cuadro de José Carbonero. Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

1892

�130

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

582
N úMERO

.,,

sandía regular, y se ha ido á que le vea el faculta·
tivo.
- Siendo así, usted se encargará de hacer lo que
iba á mandarle.
- Sí, señor, mi coroné.
- ¿Sabe usted dónde vive el teniente Pando?
- ¡Y cómo si lo sé, mi coroné!, dije yo con tanta
alegría como aquel á quien le entregan la absoluta;
Huertas, no sé qué número, pero conozgo prefetamente la casa. Es una asina de pequeñuela, con sólo
dos barcones y un hojalatero al lado y una verdulera
enfrente y una confituría mas arriba y un zapatero remendón á. la puerta...
- Bueno, me atajó el coroné: va á llegarse usted
en seguida y á decir al teniente que tengo que hablarle.
- Está muy bien, mi coroné.
- Qué es un asunto del servicio.
- Está muy retebién, mi coroné.
- Que venga al instante.
- Está prefetísimamente bien, mi coroné.
Y caléme la gorra, enciendo un cigarrillo de los de
á veinte la cajilla y me pongo en camino de la casa
del teniente Pando.
Y ahora digo yo: vamos á ver, Francisco Requena,
soldao de la cuarta del primero y ordenanza de banderas por enfermedad de Juanillo Moro, ya que se
han cumplido tus deseos, ¿qué vas á decir á esa güena moza, cuando después de haber llamao á su puerta te la abre de par en par como si fueses cualsiquier
presonaje?
Pues ahí tienes una cosa de que yo no sé ni pizca.
Quizá me quedaré alelao mirando aquella gloria de
cuerpo; quizá me dejarán mudo aquellos ojos grandones, luceros del cielo de su cara; quizá se me irá
el santo arriba y me pondré arrodillao delante de
ella de igualita manera que si fuese una virgen colocada en su altar...
¿Y estará esto bien, soldao Requena, de la cuarta
del primero? ¡Qué ha de estar, hombre, qué ha de
estar!
Se reirá de ti y con sobrada razón; que no son del
gusto de las mujeres los hombres miedosos que se
quedan callaos y como acobardaos delante de ellas,
sino aquellos otros que, cual convencidos de su propio valer, se les acercan, como verbo y gracias se
acercarían á Mariquilla el cabo Sarmiento ó el sargento ~arquez, si la suerte habría querido que fuese
cualsiquiera de ellos y no tú quien de la moza se
enamorara.
Y ¿cómo harían ellos, voto al chápiro verde, soldao Requena? ¡Pues mira que si han hecho cuanto
ellos cuentan, poco tiene que adivinar! Súpitamente y á seguida que la puerta les fuese abierta echarían con la valentía del mundo los brazos al cuello
de la muchacha; daríanle dos ó tres besos, y de esa
manera tendrían explicao si no todo la mitad de lo
que por ella sentían; porque verdaderamente, ¿qué
mejor manera de manifestar el querer que tiene uno
que un buen abrazo, fuerte hasta hacer P,erder el respiro, y dos ó tres besos que parezca que se quieren
meter dentro de los carrillos de puro apretaos?
Paréceme á mí que naide que odiase á otro sería
capaz de besarlo y estrecharlo de tal manera si no es
ya que era otro Ju das como aquel que le salió á
Nuestro Señor; y siendo asina y siendo los besos y
abrazos cosas tan buenas como que los padres se los
dan á sus hijos y los hijos á sus padres, ¿qué mejor
explicación, repito, de un cariño grande, grande como
es el mío, que dos besos muy apretaos y dos abrazos
más apretaos entavía?
Verdaderamente que ninguna, y tonto seras soldao
Requena, de la cuarta del primero, si no obrases como en tu lugar obrarían ellos. ¿Por ventura no eres
tú de la mesma madera que el cabo Sarmiento y el
sargento Márquez? ¿Es que te falta el valor necesario?
De verdad que no, y aunque te faltase podrías remediarlo tomando un par de copas de lo fuerte que,
al par que te entonasen el estógamo, te diesen fuerzas
para llevar á feliz término tu empresa .. .
Y así pensando Francisco Requena, soldado de la
cuarta del primero y ordenanza de banderas por enfermedad de Juanete Moro, siguió el camino hasta
llegar á casa del teniente Pando.
Forzosamente y á pesar del valor que tan sin modestia en su monólogo se concedía (¡y quién sabe si
sólo para entonar el estógamo!), hubo el soldado de
hacer parada ó estación en una ó mas tabernas donde á trueque de los cuarenta céntimos que por lamañana tenía, según me aseguró un compañero, le dieran algunas copas de ese Ucor infame que por aguardiente se expende; pues es lo cierto que cuando
Francisco Requena, subidas las escaleras de aquella
casa de la calle de las Huertas, cuyo número ignoraba, pero cuya topografía conocfa"tan bien, sonada !:J.
camp:rnilla y abierta la puerta, haciendo lo que en su

caso se figuraba habrían hecho el sargento Márquez
y el cabo Sarmiento, se precipitó sobre quien le abría
y le plantó dos besos, no conoció que era el mismísimo teniente quien los recibía.
Si no, ni se habría llevado las dos fenomenales bofetadas que con mano callosa y dura (que así las tenía Pando) le aplicaron en premio de sus caricias, ni
habría tenido que pasar cerca de dos meses en el calabozo llorando su atrevimiento, ni finalmente hubiese gastado tanta saliva en vano, repitiendo para disminuir su falta que «los besos y los abrazos no son
cosas tan malas cuando los padres se los dan á sus
hijos y los hijos á sus padres como prueba del amor
verdadero que se tienen. »
J osÉ FERNÁNDEZ AMADOR DE LOS Ríos

La Virgen negra, cuadro de Pablo Quinsac. Hay ciertos asuntos, tanto más dif1cilcs de tratar hoy, cuanto
que casi todos los pintores los han representado conformándose
á la misma tradición; verdad es que muchos, contentándose con
esta tradición, nos han legado obras maestras. Sin embargo,
no puede censurarse que un artista rompa con ella ó ensanche
por lo menos el reducido circulo de las interpretaciones y reproduzca con talento un tipo que habla mejor á su imaginación
que todos los admitidos por sus predecesores. Basándose en un
texto evidentemente simbólico del Cantar de los Cantares: Negra mm, sed formosa, Quinsac comprende á la Virgen María
tostada por el sol ele Palestina y vestida como todavía se visten las mujeres de aquel pafs legendario. En este cuadro, expuesto en el Salón del año pasado, el pintor ha roto con la tra·
nición, y aunque no se participe en absoluto de su opinión,
fuerza es convenir en que su obra demuestra profundos conoci·
mientas en el dibujo y en el colorido.

•

* *
San Sebastián, cuadro de J. A. Razzi, llamado «el Sodoma». - El renombrado autor de este busto que
se conserva en la interesantfsima Galerfa degli Uffizi de Florencia, ha representadó al santo mártir cual verdadero tipo
ele la florida juventud, con mórbida y lozana encarnación, ondulante y larga cabellera y magnificas lineamientos. Traspasa
su cuello una flecha, cuya herida le produce los espasmos de la
agonfa; de los abiertos ojos del mártir brotan ardientes lágrimas· la boca aparece abierta como si lanzara un ¡ay! causado
por ~l dolor fisico; pe!~ una fe inmensa l? reprime y exalta al
santo joven, el cual clmge su nmada al cielo, donde espera la
palma del martirio. Es una cabeza sublime.
«El Sodoma,» que nació en Vercelli en 1479 y murió en 1554,
hizo algunas pinturas en el Vaticano en tiempo de Julio II,
pinturas que se borraron por no haber satisfecho á este pontHice,
lo cual no obstó para que en su tiempo adquiriese bastante
renombre como pintor religioso, renombre merecido en verdad,
como lo prueba la cabeza que reproducimos en nuestro grabado, una flagelación ele Cristo, que algunos prefieren á las figuras
ele Miguel Angel, y otras varias obras.

• •*
Diploma concedido á los expositores premiados en la Exposición de Industrias artísticas
de Barcelona,· dibujo de J . L. Pellicer. -Tratándo-

Hasta ahora las medallas otorgadas como prenuo en las exposiciones y certámenes distinguíanse t'mica y exclusivamente por
la belleza de su alegórica composición ó por la habilidad del
artffice que había g rabado los troqueles; pero nadie había parado mientes que podía ser al propio tiempo, en lo que respecta
á nuestra patria, una manifestación genuina de la industria española. Esta que pudiéramos titular omisión la ha subsanado
con laudable acierto la Junta organizadora de la Exposición de
Industrias artísticas, acordando que las medallas concedidas á
los expositores premiados ostenten sobre el ·am·erso un precioso
nielado, ejecutado por el Sr. Beristain sobre el bronce, ya en
oro ó plata, según haya siclo la recompensa otorgada.
La que reproducimos representa la medalla ele oro, ósea la
de primera clase, c?ncecli?a á los editores Sres. Montaner y
Simón por la bella 1mpres1ón ele las numerosas obras q ue ex·
pusieron, que constituyen el extenso catálogo ele la casa editorial.

** •
Sepelio de Mr. Blaine en el cementerio de
Oak Hill (Wáshington).-Mr. James Blaine en el
lecho de muerte. - Oportunamente dimos cuenta en una
de nuestras anteriores Miscelá11eas del fallecimiento de Mr. Blai •
ne, secretario de Estado de los Estados U nidos de América y

131

L A I LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

*
* *
¡Otra Margarita!. - Exvoto. - Día feliz, cua dros de Joaquín Sorolla. Exposición internacional de
Bella;; Artes de 1892 (de fotografías de Nicolás Capdevilla).
- Sorolla pertenece al número de artistas que deben cuanto son á sus propios méritos. Huérfano en edad temprana, no
pudo contar con el apoyo de su padre y con los alientos que
pudiera prestarle el maternal cariño. Sólo á costa ele abnegación, laboriosidad y firmeza ha podido Sorolla avanzar en la
dificil y espinosa senda que emprendiera, logrando por fin \'er
paulatinamente recompensados sus afanes. Su primer triunfo
obtúvolo en Valencia, cuando apenas contaba diez y seis años,
por las tres marinas que presentó en la Exposición celebrada el
año 1881. A éste siguió el obtenido en la Exposición de 1884
por su gran lienzo inspirado en la jornada del dos ele mayo, titulado Defensa 'del Parque, y el que alcanzó seguidamente en
b de 1887 por su Entierro de Cristo. En la de 1892 ha merecido la primera medalla de oro, por voto unánime del Jurado,
por su cuadro ¡ Otra llfargarita!, que representa una escena
conmovedora y admirablemente sentida. Ex-voto, inspirado en
un acto ele fe, delicadamente expresado, y Día feliz, que representa una de las más puras afecciones de la familia, desarrollada en el modt:sto hogar, en la modesta cabaña del abuel0, po•
nen de manifiesto en el artista valenciano las notables cualicla·
des y delicadisimos sentimientos que enaltecen al artista que tal
clase ele obras produce y revelan al hombre que busca su inspiración en Jo más grande, en lo más intimo que nos rodea, el
hogar y los dulces goces ele la familia.

*
* *
El sombrero de tres ~icos, cuadro de José
Moreno Carbonero. Exposición internacional de Bellas

Artes ele 1892 (de fotografía de Nicolás Capclevilla). - El nom•
bre ele Moreno Carbonero significa una de las personalidades
artisticas más completas de nuestra época y una de las más
justificadas glorias del arte español contemporáneo.
Como pintor de historia pregonan su indiscutible valía: El
se de una Exposición ele Industrias artísticas, lógico era que el
diploma que se concediera á los expositores premiados fuese Príncipe de Via11a, La co11versió11 del duque df. Caudla, La m·
una gallarda manifestación artístico·inclustrial. Y preciso es con· frada de Roger de Flor m Co11sta11ti11opla, los cuales cuadros han
fesar que á nadie podfa confiarse su proyecto mejor que á nues· sido premiados todos en diversas exposiciones, figurando el se•
tro querido amigo el eximio artista D. J. L. Pellicer, quien ha gundo en el Museo nacional de Pinturas y el último en el salón
logrado dar á esa obra un carácter especialísimo que se ajusta de conferencias del Senado.
En la pintura de genio ha logrado también singularizarse
por completo á la índole de la Exposición, cabiendo aplauso á
los Sres. Sucesores de Narciso Ramírez por su inteligente inter- creando verdaderas maravillas, como lo son indiscutiblemente
pretación, ya que resulta una bella fototipia que nada tiene que los varios cuadros de caballete inspirados en escenas del Qui¡ir
envidiará los grabados de este género ejecutados en el extran· te y del Gil Bias de Sa11tilla11a, La z1enta del sevillano, y el
sombrero de tres picos, obra primorosa y magistralmente concejero.
bida y ejecutada, motivada por la lectura de la novela que lleva
el mismo título, original del insigne Alarcón.
*
* •
Moreno Carbonero figura dignamente en la primera fila de
Medalla de oro concedida á los expositores los artistas españoles, y como maestro en el arte que cultiva,
premiados con esta distinción en la l!lxposición merece respeto y consideración.

de I ndustrias artísticas de Barcelona, acuñada
y nielada por los Sres. Castells y. Beristain. -

582

uno ele los hombres que más han influído en la política ele la
gran República norteamericana en los últimos quince años. Como todos los graneles hombres que defienden ideas extremas,
contaba con partidarios entusiastas y adversarios decididos; pe•
ro el número de aquéllos era infinitamente superior al de éstos,
y aun los que combatían al hombre público admiraban su talento, respetaban sus convicciones y se sentían atrafclos por las relevantes cualidades del carácter de aquel político que tantos
servicios prestó á su patria y cuyo nombre ocupará un puesto
glorioso en la historia del pueblo americano.
Las simpatlas de que gozaba Mr. Blaine se demostraron elocuentemente con motivo de su entierro, al cual concurrieron el
presidente de la República, tocio el gabinete, los magistrados
del Tribunal Supremo, los altos empleados del Congreso y todo el cuerpo diplomático y que presenció una muititud inmensa, representación de todas las clases !sociales, que se agolpaba
en las calles ele Wáshington para contemplar el paso de la fúnebre comitiva.
F ormaban parte ele ésta los individuos de la familia ele míster Blaine, excepción hecha ele su viuda, que abatida por el
terrible golpe sufrido con la pérdida del esposo, no pudo abandonar su casa. Las coronas y ramos de flores enviadas por los
amigos y admiradores del difunto fueron tantas que hubo necesidad ele colocarlas en cinco carruajes.
Llegada la comitiva al cementerio de Oak Hill, el ataúd fué
conducido hasta la sepultura en donde el Dr. Hamilton, rodeado de los individuos de la familia y ele las personas más notables que formaban el duelo, pronunció las preces mortuorias,
terminadas las cuales se retiraron todos los circunstantes, excepto el hijo mayor ele Blaine, que permaneció junto á la fosa
hasta que la t'iltima paletada de tierra hubo caído sobre el ataúd
que encerraba los restos de su padre.
Mientras se verificaba el entierro se suspendió todo trabajo
en las oficinas públicas de la capital y simultáneamente con la
ceremonia ele Wáshington celebráronse solemnes funerales en
Angusta (estado de lllaine), ciudad en dando comenzó lllaine su
carrera política.

** •
'7:ista general de Vigo (ele fotografía de J. Prieto.
- Ciudad ele fortuna, como dice un ilustre escritor, heredera
de la vetusta Bayona, ni tiene historia ni puede evocar recuer•
dos ele prosperidad ó desgracia. Asentada en empinada loma al
pie &lt;le la cual rompen suavemente las olas, rodeada de fluidos
jardines, hállase orgullosa con su situación y su riqueza, entre•
gándose afanosa al tráfico que la engranclect:. Vigo ofrece el
aspecto de esas nuevas poblaciones, surgidas por ensalmo, sin
?arse _ele ello cuenta, cuya vida, cuya existencia cuesta á otra
mmediata la muerte. No cuenta monumentos, no tiene todavfa
historia, hállase en el floreciente período de su formación; pero
a~m ~sí, es ya una ele las poblaciones más importantes ele G~lic1a, Justamente cm:anecida, pues debe su grandeza á la !abono·
siclad ele sus hijos.

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais, adoptado en los Hospllalcs de Paris y que prescriben los
mcdlcos, contra la Anemia, Clorosis y Dabilidad; dando
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se des(a. Es el mejor de todos los tón'cos
y reconstituyentes. No produce estreiiimienlo, ni diarrea, teniendo ademas la superioridad sobre todos los
ferruginosos de no fatigar nunca el cstómai:o.

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- Señorita, elijo, me contrista mucho turbar tan hermosa fiesta

CARGO DE CONCIENCIA.
POR JUANA MAIRET, CON PRECIOSAS ILUSTRACIONES DE A. MORE.\U
(CONTINUACIÓN)

- ¡Mire usted, Marta, cómo nos quieren en el país! Lo cierto es que pueden
hacernos esta justicia, pues nuestras dos familias han aliviado muchas miserias...
Esta nueva inquietud tuvo al menos un lado bueno: desde algunas semanas,
Marta se preguntaba cómo podría dominarse en el momento supremo, pues á
la luz de su pasión había descubierto en lo mas recóndito de su alma impul,os
violentos, propensión á los celos feroces y casi un sentimiento de odio, cosas
que la infundían miedo al par que vergüenza. Parecíale ser una abominable hipócrita cuando se elogiaba ante ella su abnegación y su bon~ad, su olvido absoluto de sí misma. Su cariño á Edmunda, que aún predommaba á pesar de
todo, cedía en momentos dados bajo el impulso de un espíritu de rebelión, de
un sentimiento casi de odio, así como en aquel famoso jueves, mientras la tempestad se preparaba, el aire abrasador agitábase de repe~te bajo el soplo de una
ráfaga de viento helado. Y también algunas veces su pasión por Roberto asemejábase mucho á la aversión; pero había conseguido ocultar todo esto bajo una
especie de indiferencia apática. ¿Le sería posible h~cerlo hasta ~l fm?..,
Y ahora pensaba en aquella singular malevolencia de la multitud mas que en
sus propias angustias, pareciéndole qué aún_debería proteger, dar P:uebas de
valor y de firmeza. A esta especie de llamamiento hab1a contestado siempre, y
contestó de nuevo· lo que en ella había de verdaderamente noble se anteponía
,
'
a todo, y lo conservó en adelante.
E l cortejo se formó á la puerta de la pequeñ~ iglesia. Ed~unda no era un~
casada pálida, temblorosa y confusa; estaba radiante de alegna, y ésta com~ntcaba á su belleza un encanto extraordinario. E l marqués, con la cabeza erguida,
se adelantó para ofrecerle el brazo, y antes de entrar ~n la iglesia volvióse y
dirigió una mirada á la multitud que se agolpaba en actitud, al parecer, mucho

menos hostil. La belleza es una soberanía ante la cual todos se inclinan como
por in~tinto, y jamas ninguno de aquellos campesinos había visto una joven tan
mara~1llosamente hermosa como aquel!~ casada rubia, de ojos casi negros, con
su traJe_ blanco de seda, su gran velo diafano cubriéndola en parte y los labios
entreabiertos por una sonrisa. Aquella visión influyó mas que la mirada altiva
del marqués.
Marta, q_ue habí~ querido servir de madrina á. su hermana, estaba envejecida,
p_ero la palidez de su rostro le sentaba bien; las damas de honor de la novia, luciendo todas ellas vestidos de color de rosa claro, formaban un pequeño batallón encantador, que se agrupó en la iglesia alrededor de la casada.
Fué la ceremonia tan breve como sencilla, y las pocas palabras pronunciadas
por el cura, que estaba muy conmovido, salieron del corazón y al corazón fueron.
Todos los _que habían conseg~id? entrar en la iglesia quedaron conquistados;
Mart~ lo v1ó, y sobre todo lo smttó, ella, que no se había tranquilizado ni un
solo mstante, que hasta el fin de la misa temió, sin saber por qué, algo amenazador y vag_o que esta~a en el aire hacía largo tiempo y que había entrevisto
aquella manana por pnmera vez.
_Algunas h?ras mas y Roberto se habría marchado ya con su esposa; estaría
leJos de las ~Iles habladurías y de las acusaciones infames, que cesarían al fin,
para ser olvidadas del modo como se olvida, es decir, muy pronto y completamente.
Y este deseo de ver á ~obert? en seguridad, fuera de alcance, era tan po·
deroso en Ma~ta, gue olvidó casi su dolor, sin fijarse en que aquel casamiento se había ven_fi ado ante ella, y e~ que Roberto y Edmunda cambiaban palabras que los unman para toda la vida, hasta la muerte. Sufrió menos aún de Jo

7

�132

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

582
NúMERO

que había sufrido muchas veces al ver cruzarse entre los dos una mirada, ó notar la presión demasiado prolongada de una mano en otra ..
Edmunda salió de la iglesia cogida del brazo de su esposo, radiante como la
alegría misma, sonriendo á todos, saludando á derecha é izquierda como una
pequeña reina; y los semblantes de las personas que la miraban no tenían ya
su expresión burlona y maligna. Una madre que llevaba un hermoso nii10 en
brazos rozó la falda de seda de la recién casada; y al volverse Edmunda, la criatura alargó hacia ella sus bracitos.
- ¡A ti te quiero dar un beso, dijo la joven; tú me traerás buena suerte!
Un ligero murmullo acogió aquella graciosa caricia, y en aquel momento Edmunda tuvo á su favor todas las madres. El regreso al castillo se efectuó sin el
menor incidente y en medio de las risas y conversaciones de toda la juventud,
que estaba de fiesta.
Marta respiró, pareciéndole que la batalla estaba ganada.
En el campo, la gente no se contenta con un simple refresco y una recepción,
en que las personas pasan dejándose ver y se van. Muchos invitados habían venido desde lejos, y no se podía despedirles sin satisfacer su apetito, bastante
bueno, gracias al aire del mar. El comedor monumental, la sala de guardias de
los antiguos castellanos, que rara vez servía á. los propietarios actuales, habíase
abierto y adornado para el, objeto, y en ella veíase una enorme mesa con cincuenta cubiertos, resplandeciente de vajilla antigua, de cristales y de flores. Sin
embargo, ni aquella mesa tan bien serv.ida, ni las mujeres engalanadas, ni aun
el gran fuego de leña que ardía en dos vastas chimeneas en las extremidades de
la habitación, bastaron para alegrarla. Un poco de esa humedad propia de los
aposentos deshabitados y la falta de buena luz producían una impresión de
vaga tristeza. Hasta las risas de las jóvenes tenían como una nota falsa en la
inmensidad de aquel lúgubre salón.
Sin embargo, la comida se prolongaba... y Marta, en su calidad de ama de
casa, veíase obligada á sonreir y hacer lo mejor posible los honores de su mesa;
mas á. medida que el tiempo pasaba era más angustioso su pesar. Los recién casados, uno junto á otro, hablaban casi siempre á media voz; Edmunda, un poco
más pálida que de costumbre, sonreía no obstante y parecía feliz; y en cuanto
á Roberto, no veía ni oía más que á ella...
Los convidados se marcharon al fin; los coches llegaban uno tras otro hasta
la gradería; las palabras de despedida y las felicitaciones producían un rumor
menos ruidoso á cada momento; Edmunda se había escapado para ponerse un
vestido de viaje, y dentro de un cuarto de hora todo habría concluído...
Marta acababa de despedirse del marqués, dándole de nuevo gracias con la
mayor efusión. El noble caballero la miró antes de subir al coche, y díjole:
- Prométame usted, hija mía, que se cuidará y descansará, pues le aseguro
que bien lo necesita.
- Sí.. , ahora podré ya descansar...
Y su sonrisa era tan triste, que el buen anciano la atrajo bruscamente á sí y
besó sus mejillas.
- Ya sabe usted, amiguita mía, añadió, que si alguna vez me necesita estoy
y estaré siempre á su disposición.
'
Marta dió gracias con un movimiento de cabeza y sin atreverse á decir una
palabra por temor de descubrirse. Nadie quedaba ya en el salón más que la señora de Anee! y la tía Aurelia, y por lo tanto podría ausentarse un momento
para reponerse un poco antes de la marcha de los recién casados; pero en aquel
instante detúvola un criado.
- Señorita, dijo, un caballero desea ver al señor barón de Anee!, y no sé dónde encontrarle.
- Debe haber subido al cuarto azul, donde he mandado que dejaran su ma!eta. Avísele usted.
Después, pensando que quizás un amigo de Roberto que había lleaado tarde
para asistirá la boda venía á felicitarle, dirigióse al pequeño salón donde acababan de introducirle.
En aquel instante Roberto apareció en lo alto de la escalera.
- Mi cuñado baja ahora mismo, caballero, dijo 11arta al recién venido.
Desde luego le llamó la atención cierta rigidez en la actitud del joven que tenía ante sí y que se inclinaba respetuosamente, y sin saber por qué, tuvo miedo.
Roberto entró en aquel instante, precipitadamente, como deseoso de concluir
pronto, y creyendo, ~n ~fecto, que el visitante era algún conocido suyo; mas al
ver un extraño, sonnó ligeramente.
- Dispense usted, caballero, dijo; tal vez no sepa que acabo de casarme y
que dentro de pocos minutos debo partir con mi esposa...
Roberto había dicho «mi esposa» con cierta alegre petulancia; l\farta se estremeció involuntariamente, y el extranjero tomó una actitud severa.
- Dispense usted, caballero, repuso; ya lo sé, y he venido yo mismo p:na...
para hacerle algunas preguntas... á fin de evitar un escándalo.
- ¿Cómo un escándalo?
Marta se había acercado pálida y ansiosa; todo lo comprendió al punto; la
tempestad estallaba al fin.
Por toda contestación, el joven sacó de su bolsillo un objeto cuidadosamente
envuelto en un papel, y retirando éste, enseñó un pequeño revólver, una verda&lt;lera alhaja, pero enmohecido ya y estropeado.
-¿Reconoce usted esto?, preguntó.
. Roberto tomó el arma, examinóla, y contestó después con la mayor naturalidad:
- ¡Y~ 1~ ~r~o! Es un revólver que mi madre me regaló, y hasta hizo grabar
en él mis 1111c1ales, según puede usted ver. ¿Cómo es que se halla en sus manos,
caballero, y en tan lastimoso estado?
- Este ~evólver fué encontrado en un bosque cerca de la «Fuente de Virgnia,»
Y me h~ sido presentado por un. tal Isidoro Benoist, á quien se lo entregó un
campesmo, y se halla en este lastimoso estado porque desde el 20 de julio últi11:1~ estuvo oculto en una espesura entre la hiedra que cubre el terreno en aquel
s1t10. &lt;;:orno los ~rbustos estaban medio despojados de hoja, el aldeano Yió por
casualidad relucir el metal. El sitio de que hablo está. cerca de la bifurcación de
los dos senderos donde se encontró al capitán Bertrand.
- He aquí una cosa singular. ¿Quién ha podido robarme mi revólver? No
comprendo nada.
Roberto estaba tan_ sincer~ment: perplejo y tan distante de sospechar la verdad, que el desconoc1do se 1m~ac1entó un poco.
- En efecto, caballer~, replicó, al parecer no comprende usted que soy el
procurador de la República, y que vengo á. prenderle como acusado de asesinato.

Roberto miró á. su interlocutor, mudo de asombro.
- ¡Pero eso que dice usted es una insensatez!, exclamó.
- ¿Conque no sabe usted que hace más de un mes, desde que se desposó con
la señorita Levasseur, se le acusa en todo el país de haberse desembarazado de
un rival peligroso?
- ¡Ah!.. ¿Conque era eso?.. ¡Veamos, caballero, usted que es de nuestra sociedad y hombre de buena educación, debe comprender que esto es imposible, que
eso no se sostiene, que no hay en el mundo jurado bastante estúpido para creer
que yo, Roberto de Anee!, haya ido á ocultarme en un bosque con el objeto de
disparar traidoramente un tiro á un jo\'en á quien podía provocar lealmente en
duelo!
.
- El jurado podría contestar que el capitán era un antagonista temible; que
sus duelos tenían fama de ser muy desgraciados para los demás; que usted estaba loco de amor, y que los locos no saben bien lo que se hacen.
- Sí; pero usted que es hombre de honor, contestaría que no es posible. No
negaré, sin embargo, que tuve una discusión con Bertrand.
- Sí, en la cual le amenazó usted; desgraciadamente, el diálogo fué oído.
- Provoqué al capitán y quedamos en que yo iría• á fines de la semana á
TrouYille, donde encontraríamos un pretexto cualquiera para batirnos, á fin de
no mezclar el nombre de la señorita Levasseur en todo este asunto. Esta es la
verdad.
- A fe mía, caballero, que mi único deseo es outener una prueba de su inocencia, en la cual estoy dispuesto á. creer desde ahora, á fin de permitirle que se
vaya. ¿Dónde estuvo usted el jueYes, día en que la señorita de Lernsseur, según
parece, le esperaba en casa de unas amigas?
-¿Dónde estaba?, replicó Roberto visiblemente turbado. No puedo decírselo.
- Es muy sensible, replicó el procurador con sequedad.
Marta se adelantó entonces y puso la mano sobre el brazo de Roberto. Este
ligero ademán, dulce aunque poderoso, era el ademán de una mujer que amaba, y al procurador le llamó mucho la atención.
- Lo que mi cuñado no puede decir á usted, caballero, yo se lo din:. En el
momento mismo en que el capitán Bertrand debió ser asesinado, Roberto y yo
hablábamos en el fondo del parque. Yo le había dado una cita, porque necesitaba decirle cosas graves.
Mientras decía esto, Marta miraba al procurador, y conYencióse de que no la
creía.
Sin embargo, con el tono m,Ís respetuoso preguntó:
- ¿No la vió á. usted nadie, señorita, en el fondo del parque?
- Nadie, al menos que yo sepa. En la torre que habito hay una puertecilla
que da al campo, y de la cual me sirvo yo sola, pues los criados tienen pocas
ocasiones de pasar por allí.
- Dispénseme usted, señorita, si la ofendo... ; pero debo advertir que el señor
de Anee! es amigo de usted desde la infancia, y hasta se dice en el país que se
trataba de casar á ustedes. Hoy es su cuñado, y bien conocida es la ternura con
que ama usted á su hermana. Por lo mismo debe comprender que en tales circunstancias el testimonio de usted necesita confirmación; y he aquí por qué me
veo precisado á pedir una prueba, por ligera que sea...
En aquel momento oyóse la voz vibrante y alegre de Edmunda que gritaba:
«¡Roberto, Roberto!»
Los tres se miraron consternados al pemar que aquella alegría iba á. con\'crtirse en desesperación. Edmunda, preparada ya para el viaje y luciendo un gracioso vestido azul obscuro, entró en l:t habitación precipitadamente, aboton:índose los guantes.
- Vamos, señor esposo, exclamó. ¿Está bien que sea yo quien te busque?
Diríase que soy yo quien se te lleva de aquí. ¿Te parece que tengo bastante aspecto de señora con esta pequeña capota?
Pero de repente, en aquel salón obscuro Edmunda divisó al procurador.
- Ya me han dicho, añadió, que había llegado un amigo tuyo cuando estaba
conclufda la fiesta; pero las felicitaciones son siempre oportunas.
Edmunda se interrumpió súbitamente en su rápida charla, algo nerviosa, y
por instinto refugióse junto á. su esposo, que la rodeó con sus brazos. Ya no
buscaba protección junto á su hermana.
- Aquí ha pasado algo, dijo entonces. ¿Qué ha sido? Tengo derecho de saberlo, pues ya no soy una niña...
El procurador se adelantó de modo que ocultaba en parte á la hermana
mayor.
- Señorita, dijo, me contrista mucho turbar así tan hermosa fiesta; pero ha
sido indispensable hacer algunas preguntas al Sr. de .\ncel con motivo del
asesinato cometido en el mes de julio último.
- ¡Ah! ¡No es más que eso!.. , exclamó Edmunda, reponiéndose de un vago
terror. ¿Se ha encontrado al asesino? ¡Qué felicidad!.. Me inspiran horror esos
crímenes misteriosos en que no se conoce al culpable. Pues bien: supongo que
Roberto ha contestado. ¡Vámonos; el coche nos espera, y no es cosa de que perdamos el tren!
- ¿Quiere usted permitirme interrogarla un momento á su vez?, preguntó el
procurador.
- Ciertamente, pero le prevengo á usted que no tengo gran cosa que decir.
- ¿Esperaba usted al Sr. de Anee! aquel día en casa de sus amigas las señoritas de Robinsón?
- Sí, y por cierto que nos dejó plantadas.
- ¿Y no acompañó á usted su hermana?
- No; la pobre Marta tenía una jaqueca atroz, y yo la dejé en su otomana,
bien abrigada. Al regresar la encontré en el mismo sitio y díjome que había
dormido.
-¿No cree usted que haya salido durante aquel tiempo?
- ¡Seguramente que no! Apenas podía levantar la cabeza, y cuando padece
alguna de esas jaquecas no se mueve nunca.
- Sin embargo, dijo Marta con voz débil, bajé al parque.
- ¡Toma! ¿Y por qué no me lo dijiste?
- No pensé en ello, balbuceó la infeliz.
De nuern Edmunda miró á unos y á otros, y sobrecogida nuevament&lt;.: de
terror, comenzó á. temblar. Después casi en voz baja dijo á su esposo:
- Dime, Roberto ... ¿qué sucede aquí? ¿Por qué no nos vamos? Estamos casados ya, hemos de hacer el \'iaje de boda, é iremos al país donde el sol calienta
todavía. Aquí tengo frío .. , mira cómo tiemblo.
1
Roberto trató de sonreir no veía en el mundo nada más que aquel lindo ros-

582

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1 33

ver á un abogado, el que me aconseje un antiguo amigo mío muy entendido en
la materia, y después obtendré, de los magistrados el permiso para que la señora
de Anee! y Edmunda puedan visitar al preso... ¿Quedaría usted satisfecha de mí
con esto?
- Sí; y gracias, mil gracias; pero sobre todo, que se hagan todas las pesquisas posibles para descubrir al culpable. Imítil me parece añadir que no habrá sacrificio alguno que no hagamos ...
- Esto, querida Marta, es asunto del tribunal; mas no la ocultaré que no
tengo gran esperanza de que la información conduzca á este resultado. La primera vez se hicieron pesquisas que fueron inútiles, largo tiempo ha; entre el mo·
mento del crimen y aquel en que se descubrió transcurrieron diez y seis ó diez y
ocho horas; y como del Havre, muy próximo, salen muchos carros, y el asesino
tenla dinero, puesto que lo robó á su víctima, pudo escapar fácilmente. Esto es
lo mismo que buscar una aguja en un pajar. No; debemos cifrar nuestra esperanza en una hábil defensa y en los antecedentes sin tacha de Roberto de Anee!.
El marqués despidió con esto á Marta, pues apenas le quedaba tiempo si
quería tomar el tren de la mañana. La señorita de Levasseur había hecho todo
cuanto dependía de ella, y ahora debía limitarse á esperar, comunicando á. los
otros un poco de su propio valor. ¡Ah! ¡Cuánto hubiera dado por obrar de por sí,
verse en la precisión de ir y venir, y olvidar de este modo, aunque sólo fuese por
un instante, aquella idea que no la abandonaba, la del sacrificio posible y hasta
probable que la esperaba!
No se atrevía á mirar su diario, ni osaba recordar cuanto en él había escrito;
mas no ignoraba que en el abandono de su absoluta seguridad había patentizado en él sus luchas, sus más secretos pensamientos, su triste amor, que con tanto
cuidado ocultó siempre y que en las páginas de su libro revelábase palpitante
entre sollozos. ¡Ella, que hacía meses no había tenido má.s afán ni otro propósito que ocultar su secreto! Y este triste secreto llegaría á ser presa de un público
ávido de nuevas sensaciones, se revelaría á la curiosidad de todos, y de esta manera Edmunda conocería la verdad, mientras que Roberto sabría que ella le había amado y le amaba siempre .. . ¡Esto no era posible! Jamás podría consentir
en ello, jamás intentaría descubrirse, ni aun para salvar á un ser querido! ¡También el alma tiene su pudor!
Pero Marta no quería pensar en esto. Seguramente se encontraría al culpable;
érale dado enviar agentes en su persecución; el tribunal haría sus averiguaciones
y ella también las suyas. Con dinero, mucho dinero, obtiénense resultados admirables algunas veces. El marqués por su parte había prometido al despedirse
ver si se podía intentar algo de esto ...
Aquel asunto tuvo gran resonancia, pues no tan sólo se trataba de un acusado perteneciente á muy buena familia, de un hombre ventajosamente conocido ya por sus trabajos, sino que las circunstancias de su detención comunicaban
un interés más picante á la historia.
Los gacetilleros de la prensa dieron cuenta del hecho á su modo: súpose
que la joven casada era hija de una actriz que durante largo tiempo había sido
la delicia de la sociedad elegante de París; en los artículos de sensación intercaláronse muchas anécdotas más ó menos verdaderas; los diarios, faltos de material hasta que se abrieron las Cámaras, entretuviéronse en comentar el tema á
su antojo, y el hermano de la víctima llegó á ser de pronto un personaje de importancia. Se hizo su retrato, poco parecido, pero muy patético, llorando aún la
muerte del hermano menor, ansioso de venganza y pidiendo justicia á gritos. El
Sr. Bertrand acabó así por aceptar el papel que se le prestaba, persuadiéndose de
que su apatía no fué nunca en realidad má.s que aparente, y que desde el primer
careo con Roberto de Anee! éste le inspiró sospechas.
En el castillo se recibían pocos diarios, y Marta hubiera querido suprimirlos
todos; pero Edmunda los reclamaba, pedía otros muchos y los leía todos, entregándose después á un acceso de indescriptible y furiosa rabia.
. D~spués, c~ando ya no se habló del asunto, esperándose el proceso, aquel
s1lenc,10 fué casi más penoso para ella; quejábase de no saber lo que pasaba, y
parec_1ale que el marqués, á. pesar de todo su celo, no procedía con el acierto necesario.
Y e~ el reducido círculo de las cuatro mujeres, pues la señora de Anee!, aunque
anunciaba cada día su marcha, permanecía aún en el castillo, no se hablaba más
que del desastre. Todos los amigos se habían apresurado á presentarse para ofrecer
sus servicios, ó por lo menos su buena voluntad; y á. fuerza de hablar una y
XIII
otra vez del asunto, revolviendo en todos sentidos esta triste historia se acabó
por ac?stum brarse a' el\a, por no temer ya como en los primeros días' encontrar
A la alegría sucedía la desesperación; al ruido, el lúgubre silencio.
un~ mtrada de desprecio tí oir una palabra malsonante de curiosidad ó de comEdmunda, casi enferma, permaneció en cama, rehusando hablar, comer y mo- pasión. A to~o se acostumbra uno en este mundo, y poco á poco la vida sigue
verse; en su dolor había una mezcla singular de irritación nerviosa y de sorda su curso habitual. Por lo pronto esperábase un permiso, prometido desde luego
cólera. La señora de Anee!, que se había quedado en el castillo, sobrecogida de pero que no llegaba nunca, para visitar al preso.
'
miedo ante la idea de encontrarse sola en su casa, parecía incapaz de dar paso
Los vecinos del campo se fueron marchando unos tras otros· el otoño se
alguno, y no hacía más que orar, derramando copioso llanto.
pres~ntaba frío y triste, y muy pronto se dejó sentir el aislamiento.'
Lo primero que hizo Marta fué ir á ver á su antiguo amigo el marqués, que
Cierto d1a, no mucho tiempo después de la detención de Roberto Edmunda
salió á recibirla ofreciéndola sus dos manos.
que había permanecido silenciosa largo rato con un bordado en la' mano dij~
- Sí, señor marqués, le dijo, ya sé que nos compadece usted mucho; pero de pronto á su hermana:
'
ahora necesito algo más que piedad. Usted me ha dicho que podía contar con
. - Jamás he comprendido, Marta, por qué dijiste al procurador que el día del
su ayuda, y con ella cuento ahora. En el castillo no tengo á mi lado más que mu- crimen, aquel en que_ te dejé tan enfer~a, habías bajado al parque ...
jeres, y ninguna de nosotras entiende la menor cosa en esos asuntos; encárguese
Marta se estremeció; hacía ~uc~o tiempo que esperaba estas palabras; pero
usted de nuestra causa, obre como si fuera un pariente de mi familia y defienda después pe_ns~ que en la emoción v10lenta que había sufrido, Edmunda olvidaría
el honor de ese infeliz Roberto, tan abominablemente acusado. ¡Es necesario tal vez un ~nc1dente del gue nada debía comprender. Sin embargo, la hermana
que le salvemos, es preciso!
mayor habia resuelto decir la ver?ad en caso necesario, ó por lo menos parte de
- Tranquilícese usted, hija mía, contestó el marqués; ningún juzgado le con- ella, puesto que al fin sería preciso revelarla; pero dejó transcurrir un instante
denará por simples habladurías de pueblo y por haber encontrado un arma. Si antes de contestar con grave expresión:
hubiese cometido el crimen, lo primero que habría hecho hubiera sido colocar
- Lo dije por1u~ en efecto, había bajado al parque.
de nue\'O el revólver en el sitio donde estaba antes, después de limpiarlo cuida- ¿Y qué P,od1a ~mp~rtarle al procurador que te hubieses paseado ó no?
dosamente...
~arta habia palidecido de tal manera, que las tres mujeres la· miraron con
-Admito que se le devuelva su libertad; pero si no se encontrase á tiempo creciente asombro.
el verdadero criminal, ó si, añadió Marta cambiando de tono ... , ó si no se pro- . - Escuch~, Edmunda, repuso, yo no hubiera querido hablarte de esta... sadujese alguna prueba irrecusable de su inocencia, siempre pesará sobre él en ltda ... pues ~•empre temo que en las cosas más sencillas veas algo que te alarnuestro país esa monstruosa acusación. Muchas personas dirán: «¡Quién sabe! .. » me. Yo hab1a ob~erv~do, como todo el mundo, las atenciones muy significativas
Y es preciso que no suceda así. Roberto debe salir de esa prueba con la cabeza de ~Roberto, y qmse mterrogarle. Yo tenía un cargo de conciencia; quise desembien alta; tiene ante sí un hermoso porvenir; puede hacer un trabajo. útil y ser penar _el papel d~ madre, del que me encargué desde tu llegada, y en su consefeliz, y esta perspectiva desaparecería para Roberto. ¡Esto no es posible, esto cuencia ~{ una ~•ta á. Roberto en, el fondo del parque. En el momento en que
no será!
se cometió el cnmen, los dos estabamos sentados al pie de la cruz de piedra
Edmunda se había levantado.
·
El marqués reflexionaba, y de pronto sacó su reloj.
- Tengo tiempo de sobra, elijo. Dentro de una hora marcharé á París; iré á
( Co11li1111ará)

tro de mujer, y sólo tenía un objeto: calmar sus angustias, tranquilizarla sobre
lo que había pasado y lo que debía pasar.
- No te espantes, amada mía, contestó; aquí hay una mala inteligencia que
no durará. mucho ni puede durar, y ahora me es forzoso acompañar á este caballero para explicar algunos hechos relativos al asesinato.
- ¡Pero no piensas lo que dices; eso es imposible; eso sería el colmo del ridículo! Ya contestarás á la vuelta ...
Sin hacer aprecio de los dos testigos de aquella escena, Edmunda rodeó con
sus brazos el cuello de Roberto, tomando así posesión de su bien; mas el procurador, muy disgustado, apresuró el desenlace.
- Señora, dijo, siento mucho todo esto, pero el tiempo urge. Desgraciadamente se ha encontrado cerca del sitio donde el capitán Bertrand cayó un revólver que el señor barón de Anee! acaba de reconocer como suyo, y que por
lo demás lleva sus iniciales.
Edmunda tembló más aún que antes, pero no desenlazó sus brazos.
- ¿Qué prueba eso?, dijo al fin valerosamente. Hemos visto muy bien Marta
y yo cuán fácil es saltar desde el jardín al despacho de Roberto. Un malhechor
habrá cogido el reYólver; ya ve usted si esto es sencillo. Supongo que no es á
Roberto á. quien se acusa de semejante crimen...
Y como nadie contestase, Edmunda dejó escapar un grito terrible: había
comprendido. Se llevaban á Roberto preso; y este era el viaje de boda tan soi1ado que debían hacer juntos á Italia, el país de los enamorados.
Roberto se desprendió suavemente de los brazos de su esposa y volvióse hacia
la hermana mayor.
- Tómala, Marta, dijo, y cuida bien á mi pequeña esposa...
Para ella, para Marta, cuyo semblante descompuesto tenía una expresión cien
Yeces más trágica que la del lindo rostro de Edmunda, no tuvo una palabra de
compasión, y solamente añadió:
- Ya explicarás todo lo que ocurre á mi madre y la consolarás. No será cuestión más que de algunos días. Caballero, estoy á las órdenes de usted.
- ¡Pero yo no quiero, yo no quiero!.. exclamó Edmunda, dejando escapar un
sollozo y forcejeando en los brazos de su hermana.
Los dos hombres salieron rápidamente.
Marta debió cuidar á Edmunda presa de un ataque de nervios, y consolar
después á. la madre de Roberto, que estaba medio loca y no podía comprender
lo que había ocurrido.
Ocupada en estos dos deberes, Marta no tuvo tiempo de pensar en sí.
Hasta mucho después, cuando al fin se halló sola en su habitación, mientras
Edmunda, agotadas sus fuerzas, dormía con el sueño de un niño, no trató Marta
de darse cuenta de lo que había pasado.
Para sa!Yar á. Roberto había confesado su entrevista con éste, que él, má.s que
ella, tenía empeño en ocultar, y no había sido creída; su palabra, á la cual no
faltó jamás, no era suficiente... ¡Se la exigían pruebas!..
¿Dónde encontrarlas? Bien sabía que nadie la vió; que el sitio en que diera la
cita á Roberto estaba aquel día completamente solitario, como de costumbre.
¡Ah! ¡Cuántas torpezas más temibles que crímenes se cometen á menudo cuando
sólo se trata de hacer bien!.. Si Roberto hubiese ido aquel día, como Edmunda
lo deseaba, á la reunión de las americanas, ni siquiera se hubiese pensado en molestarle.
Marta paseaba de un lado á. otro en su gabinete, sin poder estar quieta en un
sitio y sin hacer un esfuerzo para conciliar el sueño, que seguramente se alejaría de sus párpados. Sus miradas vagas fijáronse por casualidad en el pequeño
escritorio, y recordó que el día en que no pudo entregarse al reposo, como la sucedía entonces, había escrito...
Después permaneció de pronto inmóvil, cual si estuviese petrificada; sentíase
enferma y temía caer. Las palabras del procurador resonaban en su oído aún:
«Una prueba, por ligera que sea... »
Y esta prueba estaba allí encerrada en aquel gracioso mueble.
Marta cayó de rodillas, prosternada, y repitió como poseída de un acceso de
locura:
- ¡No, no; eso nunca: bien sabéis, Dios mío, que no puedo hacerlo... que no
podré jamás!..

�134

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

582

y estampar del mismo modo los caracteres del movi- brillante iluminada por el sol, de tal suerte que la
miento? ¿Pueden relacionarse de algún modo los apa- imagen de esta bola impresione sucesivamente varios
ratos fotográficos á la serie de aparatos inscriptores puntos de la placa sensible. En esta placa resultará
que marcan los fenómenos de la Naturaleza en los una línea continua (fig. 1) trazada por la curva supeque las fuerzas están siempre en acción, la materia rior que representará exactamente la trayectoria sesiempre en movimiento?
guida por el cuerpo brillante. Si repetimos el experiHoy podemos responder afirmativamente á esta mento dando entrada á la luz en la cámara obscura
pregunta, y esperamos demostrar que la fotografía, de un modo intermitente y á intervalos de tiempo
LA CRONOFOTOGRAFÍ.\
aplicada de cierta manera, da nociones del modo más iguales, obtendremos una trayectoria discontinua
NUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR RL MOVIMIENTO EN
exacto acerca de los movimientos que nuestra vista (curva inferior de la misma figura), en la que estarán
LAS CIE!'&lt;CIAS FÍSICAS Y NATURALES
no puede percibir por ser demasiado lentos, sobrado representadas las posiciones sucesivas efe! móvil en
Las ciencias progresan en razón de la precisión de rápidos ó muy complicados. Este método que vamos los instantes en que se han efectuado las entradas de
sus métodos y de sus instrumentos de medición. La á describir es la Cronofotografia, nombre adoptado la luz: es la curva cronofotográfica.
balanza, el termómetro, el manómetro han proporcio- por el Congreso internacional de fotografía reunido
Este método supone que el espacio de tiempo que
separa dos imágenes sucesivas ha de ser siempre el
nado á la Física y á la Química la precisión que hoy en París en 1889.
Si se considera la propiedad fisiológica del ojo hu- mismo y conocerse exactamente su valor. Para obteadmiramos en ellas. Estos diferentes instrumentos
mano, se ve que este órgano representa, desde el ner las mejores imágenes posibles es menester que el
punto de vista dióptrico, un aparato fotográfico con objeto esté vivamente iluminado y el fondo sobre el
su objetivo y su cámara obscura; los párpados forman cual se destaque perfectamente obscuro; además la
el obturador, mientras que la retina, en la cual se im- duración de las admisiones de luz debe ser muy corprimen las imágenes reales de los objetos exteriores, ta y los intervalos entre dos iluminaciones sucesivas
co.1stituye la placa sensible.
enteramente iguales.
1
Esta retina goza hasta cierto punto de las propieLa fig. 2 representa la disposición sucesiva que
dades de la placa fotográfica; Boll ha demostrado que habíamos dado al aparato cronofotográfico. Se hace
en su superficie se forman imágenes que á veces per- girar por medio de un manubrio un disco con ranusisten algunos instantes en la retina de un animal re- ras D, cuya rotación estaba regulada y perfectamente
Fig. I. Trayectorias sencilla y cronofotográfica de una bola
cién muerto, de suerte que la visión consistirá en la uniformada con un regulador. La placa sensible se
brillante que se mueve sobre un fondo obscuro
percepción que tenemos de imágenes fotografiadas en introducía con su marco ó chasis e en el foco del
nuestro ojo. Estas imágenes, lejos de ser permanen- objetivo O. A cada paso de una ranura (/), esta plaexpresan el valor estático de las fuerzas que están lla- tes como las de los aparatos fotográficos, son fugiti- ca recibía una imagen que representaba el objeto ilumados á medir; la balanza indica el peso actual de vas; sin embargo, persisten algunos momentos, pro- minado, con su forma y posición actuales. Pero como
un cuerpo equilibrándolo con pesos conocidos; el longando así la duración aparente del fenómeno que este objeto modificaba su posición entre dos imágemanómetro equilibra á su vez la presión del gas por las ha dado origen. Esta propiedad de la retina nos nes sucesivas, resultaba una serie de imágenes á las
la de una columna de mercurio.
permitirá estudiar cómo una
Pero estos instrumentos serían incapaces, en su imagen fotográfica puede reforma primitiva, de marcar las variaciones que ocu- presentar un movimiento.
rren á cada instante en el peso de un líquido que se
Si estarnos en un recinto
evapora y en la presión de un gas cuya temperatura obscuro, de suerte que no hase cambia. Así por ejemplo, para medir las variacio- ya nada que ponga en acción
nes que sobrevienen en la intensidad de las fuerzas la sensibilidad de nuestro ojo,
físicas, ha sido preciso crear nuevos instrumentos lla- salvo un punto luminoso ó un
mados inscriptores ó anotadores, merced á los cuales objeto vivamente iluminado,
se obtienen, en forma de curvas más ó menos sinuo- la imagen de este punto ó de
sas, la expresión de los cambios de peso, de presión, este objeto se retratará en
de temperatura, de tensión eléctrica, etc. Con ellos nuestra retina y conservareestudian los meteorologistas en cada punto del globo mos aún su impresión algún
las variaciones del estado de la atmósfera, los fisiolo- tiempo después de haber desgistas anotan )os cambios más delicados de la presión aparecido el foco de luz. Se
de la sangre, de la fuerza de los músculos, de la tem- ha estampado en nuestro ojo
peratura de los órganos.
la imag~n de un objeto en
Pues bien: todos los cuerpos de la Naturaleza pre- estado estático, esto es, de insentan caracteres exteriores acerca de los cuales nos movilidad. Esta operación es
informa nuestra vista, con tal que estos caracteres no idéntica á la que efectuamos
varíen de modo que hagan la observación imposible. sacando, por medio de nuesFig. 3. Hombre que corre. Cronofotografia sobre fondo obscuro
Se puede apreciar exactamente en su estado estático tros a para tos, la fotografía
la forma de los cuerpos, sus dimensiones, su posición de un objeto inmóvil. Pero
en el espacio, y aun sabemos desde tiempo inmemo- si el punto luminoso cambia rápidamente de lugar á de la bola ( fig. 1 ), que indicaban las actitudes y las
rial representar por el dibujo estos caracteres exterio- nuestra vista, conservaremos algunos segundos una posiciones sucesivas del objeto en movimiento. El
res. Pero tan laboriosa representación de los objetos impresión más compleja, la del trayecto seguido por intervalo entre las imágenes estaba perfectamente rees á menudo insuficiente, porque no es posible mos- el objeto en el espacio. Cuando un niño agita una gulado á 1/ 10 de segundo; la duración de las iluminatrar sino en estado de reposo muchos de los que va- varilla cuya punta está incandescente y se entretiene ciones era &lt;.Je 1/ '°º de segundo, y por último, habla
rían de forma ó cambian de lugar constantemente. en Yer la cinta de fuego que parece ondular en el una regla métrica con su graduación colocada delanLa fotografía ha venido á perfeccionar la represen- aire, lo que hace es fotografiar en realidad en su re- te del campo obscuro, en el mismo plano que el obtación de los objetos inmóviles; nos da sus imágenes tina la trayectoria de un punto luminoso; esta trayec- jeto fotografiado. La imagen de esta regla, reprodutoria no es muy larga, porque la retina no conserva cida en la placa sensible, servía de escala para medir
mucho tiempo las impresiones recibidas. En seme- el tamaño real del objeto y los espacios que habla
jante caso, una placa fotográfica daría la imagen en- recorrido en cada décimo de segundo.
tera y permanente del camino recorrido por el punto
La imagen as{ obtenida daba con toda la precisión
luminoso; sin embargo, todavía no es la expresión de un plano geométrico las dos nociones de espacio
completa del movimiento, puesto que esta imagen no y de tiempo que caracterizan todo movimiento. Sin
representa más que las posiciones sucesivas ocupa- embargo, estas dos nociones que se trataba de condas por el punto luminoso, abstracción hecha de la ciliar en la cronofotografía son en cierto modo induración de su recorrido.
compatibles entre sí, y para obtener las dos hay que
Para patentizar completamente los caracteres del recurrirá ciertos artificios, como vamos á ver.
movimiento, sería menester introducir en la imagen la
Para una misma velocidad de traslación, si el obnoción de tiempo; lo cual se consigue haciendo obrar jeto estudiado ocupa poca superficie en el sentido
la luz de un modo intermitente y á intervalos de del movimiento, se puede recoger gran número de
tiempo conocidos.
imágenes de él sin que se confundan sobreponiénAsí por ejemplo, si parpadeamos de un modo in- dose. En este caso s~halla el proyectil de que antes
terminente, verbigracia, dos veces por segundo, mien- hablábamos. La noción de tiempo es, pues, muy comFig. 2. Disposición del aparato para la cronofotografia sobre tras recibimos la impresión retiniana, la imagen de la pleta cuando la del espacio está restringida.
placa fija y fondo obscuro
cinta de fuego que se pintase en nuestro ojo presenPero si tomamos las imágenes sucesivas de un
taría interrupciones, y el número de las contenidas hombre que anda, la noción de espacio es más comcon los detalles más delicados; sabe reducir ó agran- en cierta longitud de la trayectoria luminosa expre- pleta¡ cada imagen ocupa una extensa superficie, é
dar su dimensión á una escala determinada y con una sar(a en medios segundos el tiempo que el móvil ha informa acerca de las posiciones que adquieren el
precisión á la que no podría llegar otro método. Por invertido en efectuar este trayecto. Tales son precisa- cuerpo, los brazos y las piernas. Pero por lo mismo
esto es el auxiliar más poderoso para ciertas ciencias, mente las condiciones de la cronofotografía.
que cada imagen ocupa más espacio, el número de
y las naturales, por ejemplo, no pueden prescindir de
Vamos á explicar de un modo sucinto sus métodos ellas que se puede tomar es menor, de lo contrario
su concurso; tanto es así, que el eminente astrónomo y sus principales aplicaciones.
habría confusión por superposición de estas imáJanssen ha calificado con mucho acierto las propiegenes.
dades de la placa fotográfica dándole el nombre de
Mfaooos
Fotografiado un animal grande, un caballo por
retina del hombre de ciencia.
ejemplo, el mimero de imágenes deberá ser muy li1.- CRONOFOTOGRAFfA SOBRE PLACA FIJA
Pues bien: esta retina maravillosa que percibe en
mitado, porque la longitu&lt;l de cada una de ellas, merapidísimo instante el aspecto de los cuerpos en su
Supongamos que se enfoca un aparato fotográfico dida en el sentido del movimiento, es muy grande y
estado estático ó de inmovilidad, y que estampa estos sobre un fondo ó campo obscuro, y que destapado el habría superposición.
caracteres de un modo inmutable, ¿puede sorprender objetivo, se lanza delante de este campo una bola
( Co11ti111111rá)

NúMERO

LA I LUSTRACIÓN

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135

ARTÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos y sus
causas. En el Calor nos da á con0&lt;;er los grand.es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcaci~nes l_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquina~ m·
dustrialcs y otras. Por último, en la Meteorología se exphcan
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapidisima reseña. d~I contenido del M~~oo ~•f.
s1co podrá venirse en conoc1m1cnto de la gran ullhdad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACIÓN

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILL EMIN
T RADUCCIÓN DE D. MA NUltL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRIC IDAD, METEOROLOGI A, FISICA MOLECULAR

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

La presente obra formará 3 tomos de re¡,1'\llares dimensio-

Edicwn iliutrada con gral!ados intercalados y lámina.,
cro11wlitogrqfiadas •
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, traz6 en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacio•
nao con la fisica del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?Pu(ar. ~iguiendo en_ él el
· 'd
uantos de la c1enc1a fis1ca han escnto ¡ a·
. .
, o 1·
Plan a dmili· o por. e es pr1nc1pales
en cada una de ellas se
vide en vanas seccion
•
enuncia la ley que preside a los fenómenos de que trata, el descu· ·
d
tas leyes y las aplicac1'ones de cada una d 1
bnm1ento e es
e as
· d
b' ta
onoc'das
1
fuerzas fi1S1cas escu ier s Y c
·
Asi, después de tratar de los fenómenos y leyes de la Graveaad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

===
Muestra de los grabados de la obra -Audiciones
telefónicas teatrales

b

esas leyes han tra!do consigo el péndulo, la alanza, 1a pren_sa
ó
hidráulica los pozos artesianos, las bombas, la navegaci n
'
aér~, etc. A la teorl~ coi:npleta del So~~ agrega u_na enume·
rac16n de todas las apbcac1ones de la Awstua y de los mstrumenI
tos mus1'cales. La Luz da la descripción detallada de todos os
.
. .
á i
fi
·
aparatos 6pllcos y d~ sus aplicac1one~ . 1a otogra ~• microscop10, etc. El Magnetismo y la Electncidad proporcionan ancho

nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~o de qu~ lo ?esearan los suscriptores 6 de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
.
.
Además de los grabados intercalados en el.texto, ilustrarán
la obra magn!licas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la F!sica, asl como
,, .
,
mapas en que se expongan las variaciones atmos,cncas u o1ras
que afectan á la constitución del globo. .
, .
Cada una de estas láminas ó mapas eqmvaldrá á 8 paginas.
d
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa e
tros corresponsales se podrá juzgar del inusitado lujo con
nues fr
al úbtido esta nueva obra.
que o ccemos P

Se enviarán prospectos á. quien los reclame á. los Sres. Montaner Y Simón, calle de Ara.gón, núms. 30 9 Y 31l, Barcelona

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El m~s eficaz de los
Ferruginosos contra. la.
Anemia, Clorosis,
Empabrtelmianto da la Sangre,
Debilidad, etc.

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8AIIPt7LLO&gt;ol, TEZ BAR.ROi
AJUltlGAI l'IIECO&lt;IEI
EFLOIIEICERCIAIJ
IIOJECEI

contra. las diversas

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GrageasalLactatodeHierrode

GELIS&amp;CONTÉ
Aprobadas por 11 AcIdemJI de MedicJnI de Parls.

• y Grageas de queHEIOSTATICO
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ME DALLASExp• Un/,._ LOND/IES f I BZ • PA R/8 f 119

Flr"BBIUT, 15D,ruhllnll,PWS

CARNE t QUINA

no titubean en porgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cau•
sancio, porque, contra lo que mcede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con bueno, alimento,
y bebidas fortificantes, cual elvino, el cal6,
el t6. Cada cual escoge, para J)fJJ'gane, la
bora y la comida que mas le convienen,
se,un ,u, ocupacfonea. Como el caasu
c10 que la pfJJ'ga ocasiona queda completamenteanuladoporelefectode la
buena alimentacion empleada,ano
se deci de facümente a volver
4 empeirar cuantas veces
sea necesario, '

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Participando de las :r,rop1edades del IodD
y del Hle:r:ro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las • • oroflllu, la
Tisis y la Debutdad de tempeJ'IPlleDto,
as! como en todos los casos(Pálldoll4lolol'fl,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales ea necesario
ollrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y allundancla normales, 6 ya para
provocar 6 regularizar su curso pertódlc:o.

~;-A.,?f}s

rarmmtlr.a, en Pam.

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El loduro de hierro Impuro 6 alterado
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7 Co110~1 contra las
7 las J.ftcCWMI del lllt"'fl4QO 1 loe fntutwi,
Cuando ae tma de despenar el apeUlo, aserurar lu cligesUonee reparar las tnerzu.
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ecer la sangre. entónar el organismo y precaTer la anemia 1 lu eDi&lt;temtu provoCldli por loa calores, no se conoce nada supenor al .,... de . . _ . de &amp;rea
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niogan peligro para el ~ulil. SO Años de Ílz.tto, 1millares de tesUmonlo, garantlw 11 eftcadl
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DK MONTANKR Y S1MÓN

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                    <text>a~t.rtélC101J
Ftí~t1ea
A~o XII

BARCELONA 27 DE FEBRERO DE 1893

NÚM. 583

Con el próximo número repartiremos á nuestros suscriptores el primer tomo de la interesantísima obra del notable y castizo escritor
D. Antonio Flores, titulada AYER, HOY Y MAÑANA,
ilustrado con numerosos grabados por D. Nicanor Vázquez y elegantemente encuadernado

UNA ELEGANTE EN 1889, cuadro de Van den Boa

�138

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

583
N úMERO

,1

"

Texto. -.Afurmuracion~s europtas, por Emilio Castelar. - El
caso del conde de los ÍAurek s, por Carios Frontaura. - Bocetos.
Una fiera, por Juan Ü•Neille. -Afisceldnea. · Nuestros gra•
bados. - Cargo deco,,de,u ia (continuación), por Juana l\fairet,
con ilustraciones ele A. Moren.u. - SECCIÓN CIENTÍFICA: La

del remordimiento natural. Pero surgió Verdi tras
tantos milagrosos cantores de la resignación, y con él
surgió un comienzo de formidable protesta. Italia
dejó de reírse como se había reído en la Italiana en
Argel, en el Barbero de Sevilla; dejó de quejarse como se había quejado en la Beatrice y en la Linda,
para mostrar en el romántico Heniani el noble de

truos artísticos todas las :rntiguas costumbres, como
que \Vagner se presentaba poeta y compositor al
mismo tiempo, escribiendo los libretos y las partitu-

ras en inconmensurable suma de facultades extrañas.
Los franceses, enamorados de la claridad y de la
proporción y de la lógica y de la tersura, no podían

las comunidades insurrectas desafiando á. todo un echar su ingenio ateniense de matemática regularidad

Carlos V, de quien eran criados los papas y cómpli- bajo el carro chillón á sus oídos en que iba un dios, cu-

ces los cielos. Desde tal aparición el ritmo vigoroso, yos cantares le SOAaban á címbalos inacordes y co nfuparecido á una espada centelleante, resonó en el sos de una sinfonía mágica y endiablada, en la cual
soplasen los fuelles de un órgano tañido por brujas,
produciendo notas que daban acedias y denteras al

ao,wfotograf/a. Nutvo mttodo para a,uiii:ar el movimiento
Atila y en el Afacbetl,, indicando un desarrollo de
m las ciencias /fsicas y 11at11ra/es (continuación). - Libros en·
fuerzas hercúleas, una crispación de músculos férreos,
viados á esta Redacci6n por autores 6 editores.

Grabados. - Una elegante m t88g, cuadro de Van den Bos.
- Granada por los Reyes Católicos, boceto al 61eo de Isidoro
Marln (de fotografía de J. García Ayoln). - Tnsle recuerdo,
cuadro de Amonio Coll y Pí (Sal6n Parés). -Noble y p!ebe;•o1
acuarela ele W. Strutt (Exposición ele acuarelas celebrada en
el «Royal lnstitute) de Londres, 18g2). -Felicidad, cuadro
ele Ram6n Pulido y Fernández (Exposición internacional de
Bellas Artes de 18g2). -El entierro del piloto, cuadro de Juan
Martlnez Abades (premiado en la Exposici6n internacional
de Bellas Artes ele t8g2. -La &lt;ar/ti d4/ 11ovio1 cuadro de 1'.
B. Doubek. -1.A pruel&gt;a de ima tiple, cuadro de F. B. Doubek 1Exposici6n internacional de Bellas Artes de Munich,
18g2). - La cronofotograffa, cinco grabados. -En e/vestíbulo,
cuadro ele Renato Reinicke.
•
~

..,........,..........."••·•·"••·••"•,.···•,,·········•"'•'·•········... ,.·,···--············"·•·•·"·'······"•·"'•'·"····.

con otra fil osofía menos positivista que la filosofía de
los tiempos últimos, para que las óperas de Wagner

tomaran vuelo y transpusiesen las fronteras, entrando
vencedoras en los escenarios de Occidente. Así á la
malquerencia de los decenios anteriores contra \Vag•
ner, ha sucedido un culto confinante con la supersti•
ción; pues todas las reacciones resultaron por igual
fanáticas en la historia siempre,._y todas propendieron al desquite sugerido por la exaltación del apasio-

versal, asiática en su oriente, africana en su medio• namiento. Mas sea de esto lo que quiera, ocupa un
día, griega en su norte, hispana en su ocaso, trocóse, trono enla poesía dramática tan sublimado Shakespea-

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON KMILIO CASTKLAR
Rea¡xi.rici6n de Verdi. -Carácter de su música. - Diferencia entre él y Bellini. - Verdi en el esfuerzo y en el comba.te ¡&gt;ar la
independencia italiana. -Fragor y estruendo de sus óperas. Carácter que han tomado éstas después de las victorias italianas. - lníluencia ele Wagner en Eu ropa. - Extrañeza de los
franceses á su música. - l lipnotizaci6n de Verdi por Wagner.
-Argumentos extraídos de los dramas shakesperianos por el
compositor lombardo. - El O/ello. - Recuerdos ele Rossini. L.-i ópera c6mica en Verdi. - Consideraciones sobre FalslalJ.
- Conclusi6n.

I

.

una voluntad de combates ciclópeos, como si los es• cuerpo, neurosis y enloquecimientos al espíritu. Hase
clavos se hubieran trocado en titanes y erguídose :i necesitado una generación joven, sucediendo rl. las
recoger el rayo de Prometeo al firmamento para lan- generaciones antiguas, con gusto novísimo, con con0zarlo sobre la cabeza de los déspotas. No significa- cimiento mayor del arte y del mundo, con una conban menos aquellas indignadísimas estrofas en que ciencia viva de la historia, con otra religión estética,

un pueblo esclavo, como el pueblo de Dios, con salmos tan fuertes que sus gritos de águila hendían el
cerrado cielo y hacían bajar la frente de Jehová, en
otros tiempos impasible, á los calabozos babilónicos,
anatematizaba enfurecido al Nabucodonosor de sus
enemigos y le derretía en las sienes al fuego de los
cielos el oro de su corona. La música del treno lloroso y del trágico lamento, compuesta por Bellini, el
dulce Jeremías de Sicilia, tierra cosmopolita y uni-

¿No creéis oir hablar de un resucitado si de Verdi
oís hablar/ Su fuerte ritmo que al combate moviera
y empujara con belicosos acentos, inspirábase de
suyo en el esfuerzo empleado por Italia para sacudir
sus cadenas, trocando el hierro de aquellos pesadísimos eslabones en espadas apercibidas á vibrar y centellear y fulminar contra las irrupciones y los irruptores históricos. De aquí, del afecto bélico, sus obras,
enérgicas como la voluntad de un general victorioso
y resonantes como la carrera de un ejército heroico.
Ningún arte se ha inspirado tanto en la libertad como el arte músico. El Guillermo, de Rossini; la
Mutta, de Auber; el Rúmzi, de \Vagner; los Foscaris,
de Verdi; los Puritanos, de Bellini, están ahí para
decirlo y demostrarlo del modo más concluyente.
Pero si escucháis la melopea beliniana, veréis que
dentro de su cadencia heleno-semita, propia del nido
de corales y flores donde naciera el melodioso músico de la melancolía dulce y del amor profundo, se
halla una désesperación rítmica y compasada, como
la famosa de Leopardi, junta con una resignación

al advenimiento de Verdi, en una especie de clarín re y Wagner en la música dramática otro tan elevado
entre apocalíptico y guerrero, que conjuraba vivos y y singular, que no podlan dejar de imponerse á un
muertos al combate, como cumplía perfectamente á genio como el genio de Verdi, abierto á todos los
quien representaba con Garibaldi de Niza, con Mazzi- vientos.
ni de Génova, con Cavour y Víctor Manuel de Saboya, con Azeglio, con todos los piamonteses y lomIII
bardos, el esfuerzo de un pueblo esclavizado :i favor
de su independencia, para cuya reivindicación se neLa influencia de \Vagner en Verdi se muestra por
cesita desde los atrevimientos de Mina y el Empeci- las dos grandes óperas dadas á la escena durante el
nado hasta la elocuencia de Argüelles y la poesía de primero de los cuatro lustros últimos, por Don CarQuintana, cual sucedió en el pueblo que supo ense- los y A1da, como la influencia de Shakespeare á su
ñar á todos los demás pueblos cómo se pelea y cómo vez por las dos grandes óperas dadas á la escena duse muere por la libertad y por la patria.
rante los años del lustro que corre ahora, por Otello y
II

583

LA !LUSTRACIÓN

A RTÍSTICA

se presta mucho; porque
habíala ya ungido la sobre-

y queriendo que los goces
le penetren por todos los
poros del cuerpo, abierto
á la visita de sensaciones

natural mano de Rossini.
Coloso, verdadero coloso
Verdi, al conseguir que no

innúmeras, me da más que
risa; me da, no diré horror,

pidamos en el acto último de sus óperas lo que
oíamos en la ópera de Ros-

pero sí diré asco, y faltándole por necesidad en el
drama lírico los profundos

sini, la canción del sauce
llorada por Desdémona ó
el arribo de Otelo por las

pensamientos con que Shakespeare lo atem\a todo y

lagunas venecianas al palacio de su esposa entonan-

desnudo en las naturales
vagas ondas de la mtlsica
¡oh! debe resultar una gran-

do los tercetos de Dante

como un miserere del amor

de indecencia.

desesperado que pide refugio y piedad á la muerte
implacable. Pero todavía

,·,,,.,,.,,, •.,.,.,.,,.,,.,,,.,, .. ,,.,, ••• r ,,••,n,•••••••••••••

EL CASO
DEL CONDE DE LOS LAURELES

se conoce más la influencia shakesperiana en Verdi
que por el atrevimiento de
tocar al Ole/lo, por el atrevimiento de haber puesto
en ópera el Falstaff, y en
ópera cómica . Dada su
grandeza le sucede á Verdi
algo de aquello que le sucede á Víctor Rugo; está
privado del chiste y no po-

- ¿Vienes al teatro Real
esta noche?..
- ¿Al baile? No, querido
tío; el año pasado fuí por úl-

tima vez, no pienso volver.
- Pues yo, aunque he
GRANADA POR LOS REVES CATÓLICOS, boceto al óleo ele Isidoro Marfn
(de fotografía de J. García Ayola)

drá nunca promoverá risa.

Falstalf. No puede, no, explicarse la extrañeza pro-

recortan las arias de sus alegros y los dúos de sus
conjunciones, reduciéndolo todo á los recitados y á
los monólogos y á los diálogos, más bien dramáticos

que lfricos, fuera de convenciones antiguas, cuya virtud y eficacia por tal modo en nosotros obraban que
nos ingenian una indeleble naturaleza estética y un

alma y un sentimiento á la verdad inextinguibles, con
un gusto instintivo tan duradero cual el propio é íntimo
ser nuestro. Confieso que no entendí el Don Carlos
wagneriano de Verdi la noche que lo llegué á oir, la

noche de su estreno en París, el año setenta y siete.
Lo contrario me sucedió con el A1da. Tan soberanamente influida por \Vagner como el Don Carlos mismo, la melopea suya tiene tanto de gitana y andalu-

za, que me recuerda el arte cuya magia más priva en
mi ánimo; la serenata de nuestras noches en que las
notas parecen estrellas y las estrellas notas; la elegía

de nuestras saetas, que os clavan sus espinas invisi•
bles en el corazón y os beben la sangre del senti-

miento; las playeras y las malagueñas, que os mecen
que sólo se ablandan con sangre. Rossini, tan ena- quienes ha coronado ya la humanidad; con uno muer- á una con sus cadencias, sugeriéndoos sueños entre
morado de la libertad como el cantor de la poética
Elvida y del dúo de los republicanos, buscaba la libertad victoriosa dentro de la historia en aquel Fígaro que trajo la revolución á Europa y en aquel

to hace tres centurias, con otro muerto hace algunos
años: con Sbakespeare y con \Vagner. La estética moderna en su natural universalidad ha divinizado todos aquellos ingenios eximios, distinguidos, que se ca-

Guillermo que puso á la república en sus sandalias, racterizan por su temperamento humano, como el
como zafiros, el azul de los lagos helvecios, y en sus genio de Shakespeare, y ha hecho del noble afecto de
coronas, como diamantes, las nieves de los Alp~s admiración á este desordenado y sublime pensador
eternos. Bellini con Donizetti, pertenecientes al pe- poeta una especie de dogma literario. l.&gt;ero no fué

rfodo de la conformidad y de la paciencia, se plañían siempre así, no; dos espíritus de tan conspicuo y proen elegiacos cantares, exhalados del alma, por la es- fundo criterio, como Voltaire y Moratín, tacharon de
clavitud irremediable de su patria, pero á la manera brutal á tan eximio poeta y le pusieron en largo eny guisa del esclavo heleno en la decadencia, quien tredicho, excomulgándolo á nombre del buen gusto

marcado con el sello de la servidumbre, ornaba de y cayendo en el extremo de arrastrarlo como un esbellísimas estatuas los palacios y henchía de arengas clavo ebrio al pie de las tres unidades aristotélicas y

voluptuosos y místicos cual aquellos prestados por
el hatchis de los harenes musulmanes, unido al picante aroma de las algas y de las brisas mediterráneas.
Y si \Vagner ha influido en el método y en el gusto
postreros de Verdi, ha influido Shakespeare en el genio. Digan lo que quieran, el gran poeta inglés tiene
pocos argumentos apropiables á la mtlsica. En cosa
ninguna se conoce la superioridad increíble de \Vagner como en lo !frico de sus libretos, donde todo
canta, y la mediocridad de Thomas como en haber
musiqueado las tartamudas perplejidades é incertidumbres de Ifdmlet. J11lietta y Romeo es el drama
por excelencia músico que tiene Shakespeare; porque
las noches embalsamadas de Verona, los diálogos
amantes en el balcón al brillo de los astros, el dilo

el oído de sus infames tiranos. ¡Qué aire tan delicio- de la poética horaciana observadas por los prosaicos
so de respirar aquel aire de Italia, esmaltado por los maestros de la última centuria. Y algo así ha sucedi- de las alondras matinales y de los nocturnos ruiseñoiris de innumerables paletas y por las chispas de in- do con \Vagner. Durante mucho tiempo su género res en las rayas perladísimas del alba despiden notas

numerables mosaicos, así como saturado con los aro- músico y sus obras maestras han aparecido como de cristal y componen escalas cromáticas. Así me
mas de mirtos y azahares al par que con las notas de asunto de chacota y burla, tenidos por cuentos de mu- contaba una vez Azevedo, ilustre crítico de música,

Lucia y de S011dmb1tla/ Los autores de óperas tan chachos, á los cuales ponía un maestro de pega con-

que habiéndole llevado á componer el Afacbeth al

encantadoras como estas dos perfectísimas, aurnen- fusos acompañamientos propios tan sólo para pegar ingenioso y talentudo Rossini, exclamó, después de
taban á una con tales cadencias dulces y tales mela- al más pintado espantosa jaqueca. En verdad al carác- leer y meditar tal argumento: «Mucha y muy grande
dfas por todo extremo angélicas el hechizo de su pa- ter humano de la ópera transalpina y de la ópera trans- ambición, mucha y muy audaz política, nada de
tria, y como que retenían á los conquistadores en pirenaica y al argumento de tragedias ó dramas co- amores, nada de religión, nada de libertad: esto no
aquel templo aromado por una sobrenatural inspira- nacidos y vulgarizados ¡oh! sucedía bruscamente una canta.» Para conocer lo que ha fascinado á Verdi
ción, promovedora de la felicidad material y destinada con una finalidad inconsciente á ir amortiguando
en las sie11es del déspota cruel hasta los martilleos

letra medio in fantil y medio teológica, tomada de na- Shakespeare, basta con recordar lo que ha hecho la

1rraciones germánicas semi rrea)istas y semi fantásticas, musa del gran compositor, osada de suyo á poner
1

entre fábulas y leyendas. Para mayor aturdimiento mano sobre figura tan colosal como la figura de Ote·
lo. Y no porque deje de prestarse Otelo á la música;

pasado ya con bastante exceso del medio siglo, no he
perdido la afición á los
bailes de máscaras. En los
del teatro Real he logrado

Pasma y maravilla la copia de notas guardada por maravillas literarias que se llama Teatro Español.
siempre mis mejores conquistas. Esta bulliciosa fiesnuestros grandes autores dramáticos españoles, quie- Cuando Víctor Rugo quiso hacer un gracioso á la
ta ha perdido mucho, sobre todo en la concurrencia
nes llegan desde los más altos conceptos teológicos española, hizo el bufón Triboulet, quien resulta el
femenina;
en mis buenos tiempos encontrábase allí
hasta los más humildes dichos populares, uniendo en más triste personaje de toda la literatura francesa;
lo mejorcito de Madrid ... Ahora ya sabes tú qué
incomparable consorcio lo sublime con lo ridículo y pues lejos de haceros reirá mandíbulas batientes, os
clase de bello sexo se encuentra en esos bailes. Por
lo elevado con lo grotesco á cada instante, como los hace llorar á moco tendido toda la noche. ¡Habrá
esto yo, más que á conquistar busconas, voy á sabo·
reunen la realidad y la vida. Para com·encerse de lo Verdi en Falstaff dado con la gracia que desplegaexacto de mi observación, basta con recordar el Prín- ron Rossini en el Papatache y en el Don Bario/o, rear bajo aquella legendaria lucerna central el recuercipe Constante y Clarín en Calderón, ó saber que es Donizetti en Don Pascua/e y el Elixir tI' Amorel Lo do de tantas agradables aventuras del tiempo dichoso
uno mismo quien creó la Villana de Va/tecas y el dudo muchísimo: aquel D. Juan Británico, todo pan- en que, sin fantasía, podía competir con los mejores
mozos de la corte, y desconocía en absoluto los pa·
Condenado por desconfiado en esta maravilla de las za, llevando como los pulpos un estómago por cabeza
vorosos dolores reumáticos, el terrible lumbago y

ducida en espíritu latino, como el mío, á las innova•
ciones
que someten esta humana voz, con la divina
En cuanto cambió la suerte de Italia, y no se neconsonante,
á orquesta sin verbo y sin alma; ó que
cesitaban ya el clarín y la espada, Verdi se volvió ha-

cia la contemplación del ideal puro, y cantó por la
necesidad exclusiva de cantar, embebido en oirse á
sí mismo y en atender al coro de ideas y al concierto
de notas encerradas dentro de su espíritu y que habían surgido en grandes erupciones volcánicas, todas
ellas tonantes como himnos de un sublime fragor. Ya
no necesitaba evocar Atila para infundir en los suyos
el horror á la irrupción; destronará salmos apocalfpticos los déspotas del Eufrates; mostrar en Rigo/e/to
las maldades que traen aparejados los regios devaneos: redimida Italia de un extremo á otro extremo,
podía dejarse de fines políticos abrumadores por su
natural pesadumbre y contemplar los ideales puros en
la insondable inmensidad. Por una tendencia del genio y espíritu heleno romano al culto y cultura de lo
plástico, Verdi buscó más los tipos hechos hombres
por la encarnación de su verbo en la forma humana
casi oriental á los mandatos de la Providencia, como que los tipos abstractos y lucientes como un radioso
aquella de Silvio Pellico, que se recluía en los cala- éter en el espacio invisible de las ideas puras. ¿Y con
bozos, creyendo ablandar con lágrimas las cadenas quién se halló? Pues con dos hombres del Norte, á

1 39

derogábanse á la increíble aparición de tales mons-

TRISTE 11.ECUKRDO, cuadro de Antonio Coll y Pí (S1tl6n Pnrés)

�LA ILUSTRACtÓN ARTÍSTICA

1111

NúMERO

583

- Pues yo, admirando tu virtud y deseando que
todos los alifafes con que ha empezado ya á favore- su lenguaje, todo en ella me denunciaba una mujer
de superior sentimiento y de singular travesura. ¿Có- Dios te haga un santo, me voy ahora, que ya son las
cerme la próvida naturaleza.
- Usted es un solterón empedernido y no pierde mo podía yo sospechar que la dama que se apoyaba doce y media, á dar unas vueltas por el salón del
temblando en mi brazo temblaría de rabia al con- teatro Real, dispuesto á convidar á un par de maslas malas costumbres. Yo estoy casado...
- ¡Gran tunante, casado estabas estos últimos años, Yencerse de qué casta de pájaro era su maridito? caritas y á gastarme con ellas en el buffet hasta un
y todo el mundo te veía en el baile, y bien recuerdo ¿Cómo había de creer que era la jovencita tímida, billete de los que tienen el retrato de Mendizábal soque el año pasado se apoyaba en tu brazo la masca- medrosa y doliente que necesitaba visita diaria de bre fondo verde. Siquiera durante un par de horas
ra más gallarda de cuantas allí había, una máscara médico y vino de Peptona á todo pasto?.. Por for- olvidaré los años que tengo y los males que me aqueque á legua se conocía que era dama principal! .. Yo tuna no me habló de mi mujer. .. Esto prueba su can- jan. ¿Quién sabe si el año que viene llevarás luto por
tengo para esto un olfato superior. ¿Quién era aque- dorosa inexperiencia. Me espanta pensar lo que yo tu tío?..
hubiera podido decirle de mi mu ier...
lla mujer?.. Nunca me lo has querido decir.
CARLOS FRO:-JTAURA
.., ..,.,.... ,.,,....., .., ............., .................................., ...., ......................................................
- Y vamos, ¿qué pasó?.. ¿La llevaste al nido?..
- Fué la aventura más extraña.
- Sí, tío, sí, la llevé al nido... La hice salir del bai- ¿Me la cuentas? Me perezco por estas historias,
DON RAFAEL
y me parece que no temerás que sea indiscreto y la le y entrar en un coche...
Y
en
derechura
al
nido.
¡Hombre!,
me
alegro
de
divulgue.
- ¡Esto no dice nada: esto es explotar al público!
- ¡Oh! No, señor. Voy a contar á usted el extraor- que tu mujer te diera tu merecido ...
- Llegamos; eran las tres de la madrugada. Abrí ¡Ni siquiera un muerto conocido!, dijo Luis Barzo,
dinario lance, si no nos interrumpen.
la puerta de la calle, subimos los pocos escalones arrojando con desdén el número de La Correspon- No, nadie entrará. Cerraré la puerta.
Así hablaban una de estas noches en un gabinete hasta el entresuelo, apoyándose ella convulsivamente dencia sobre la mesa del Suizo, á cuyo alrededor nos
senfábamos todas las noches, á última hora, media
del casino de Madrid el marqués del Viento, el ca- en mi brazo ...
- Ahora sí que creo que temblaría la pobre Pe- docena de amigos para gobernar el mundo, en prinlavera más osado y más temido en la corte hace
cipio.
veinte años, y su sobrino el conde de los Laureles, pita.
Barza tenía su modo propio de leer el diario noti- Entramos; la solté un momento para hacer luz...
tan conocido y estimado en la buena sociedad matritense y cuyo enlace con la hija única de los duques Iluminé el salón, encendiendo l.ts bujías de los can- ciero, que consistía en limitarse siempre á la lectura
de la Tenaza, celebrado el año 1888, le ha proporcio- delabros, y luego... vi con la estupefacción que puede de la cuarta plana. El resto del periódico capitalista
nado una brillantísima posición en el gran mundo. usted suponer á mi mujer que acababa de arrojar al no le inspiraba el menor interés. En cambio la cuarta
plana le atraía, segtín su frase, con la eterna atracción
- Efectivamente, empezó el conde, confieso mi suelo la careta y me miraba con ojos de hiena...
- ¡Bonita escena y bonito símil! ¡Llamar hiena á de la verdad. «Porque observad, añadía, que desde el
culpa, después de mi casamiento con Pepita debí renunciar á las aventuras galantes; pero la costumbre, la dulce Pepita! ¡Una mujer que no te la mereces!.. boletín religioso, incuestionable, hasta las señas in- No es posible que yo repita, porque es imposi- equívocas de las nodrizas; desde el cartel auténtico de
el ejemplo, las malas compañías, la pícara vanidad...
Y luego, que en este Madrid un hombre de nuestra ble que las recuerde, las frases llenas de ira, de ren- los teatros, hasta los anuncios mortuorios, que nadie
clase encuentra tantas ocasiones de pecar... y aunque cor y de odio que me dirigió Pepita. Yo estaba ano- ha desmentido nunca, todo en ella es positivo, seguro é interesante. '1
nadado...
quiera evitarlas no hay manera...
Pero lo más interesante para Luis, que era un pe- ¡Justo castigo á tu perversidad!
- ¡Ya lo creo! El hombre es débil... observó riendo
simista
acérrimo, un pesimista en razón directa de su
Aquel
aluvión
de
reconvenciones
y
de
insultos
el marqués.
-Además, el carácter retraído, melancólico de mi sólo cesó cuando Pepita cayó ccn terrible convulsión penuria sistemática, era la que él llamaba lista fúnemujer, la anemia que padecía, su absoluta confianza en una chaisse-longue. ¿Qué hacer?.. En aquel estado bre de fallecidos desde cinco duros en adelante; pano era posible bajarla en brazos al coche que espera- tente de las generaciones difuntas, acomodadas y suen su marido...
- ¡Pobrecilla! ¡No sabía qué alhaja le había toc-ado ba á la puerta. Pepita castañeteaba los dientes y se periores al anónimo, con quienes nos hemos codeado;
retorcía como una poseída. La toqué y sentí el frío despedida cortés, aunque indirecta, de los que se nos
en suerte!
- En suma, la impunidad me alentaba. Tenía com- de la muerte. Dudé un momento y luego la cogí en anticipan en el Yiaje final. Y corno conocía á todo el
Madrid capaz de figurar en esa lista, y como además
pleta seguridad de no ser sorprendido en mis aven- brazos y la acosté en el lecho...
- Comprendo que en aquel momento, ante el pe- teníp. un carácter quisquilloso, el carácter corresponturillas... El año pasado, pocos días antes de Carnadiente á su eterna escasez de valores metálicos y fi.
ligro que corrías de quedarte viudo...
val, me proporcioné un cuartito de soltero...
- ¡Oh! Por suerte, era la primera vez que entraba duciarios, resultaba que, sin poderlo remediar, la
- ¡Ah, bribón!
- Un preciosísimo nido que me costó un dineral, una mujer en aquel nido, y siendo esta mujer la mía... noche que no encontraba un difunto conocido en le- Era ya casa honrada la que tú habías preparado tras de molde, se sentía hondamente contrariado.
en un entresuelo en la plaza de Afligidos.
Gracias á que La Correspondencia que leía no era japara mujeres perdidas.
- Al otro extremo de Madrid.
más suya; que de haberlo sido, hubiera reclamado en
Abrigué
á
Pepita,
murmuré
á
su
oído
palabras
- Una plaza que mi mujer, seguramente, no sabía
de arrepentimiento y de amor, la acaricié con toda el entonces palacio de Santana la devolución de los
que existiera en el mundo.
cinco céntimos. Pero él nunca había comprado nada.
- No estaba mal elegido el sitio. ¡Y qué callado la efusión de mi alma...
Consolamos á Luis con la reflexión de que en el
-¡Ah,
tuno!..
me lo tuviste, grandísimo libertino!.. ¿Lo tienes to- Cayó luego en una gran postración, lk,ró mucho... número próximo sería sin duda otra cosa, dados los
davía?
quinientos mil condenados á muerte que en Madrid
- No era para menos.
- No. ¡Dios me libre!
y sus afueras se guarecen. Y otro de los circunstanY
ya
había
amanecido
cuando
la
pude
bajar
al
- Yo te lo hubiera tomado en subarriendo.
tes, Pepe Costa, un estudiante de derecho, rico (dos
- Y ahora vamos á mi aventura del año pasado en coche y llevarla á casa.
mil reales mensuales por su casa) y liberal hasta el
- ¿Y después?..
el baile de Escritores y Artistas. Desde el casino me
punto
de que pagaba el café de todos siete días á la
Después
...
llegarnos
á
casa,
y
en
la
puerta
de
su
fuí al baile ...
gabinete se detuvo y con acento de profundo enojo semana, por término medio, tomó, por hacer algo, el
- Con la llave del nido en el bolsillo... ¿eh?
- Naturalmente. A poco de ocupar el sitio que me dijo: «De hoy más no pasará usted de esta puer- diario que Barza había arrojado, y se puso á leerlo
me correspondía bajo la lucerna del teatro, llegóse á ta. Viviremos bajo el mismo techo, pero sin vernos maquinalmente. El contagioso espíritu de imitación
le hizo también recorrer con sus ojos la susodicha
mí aquella máscara y me dijo unas cuantas frases de hasta que yo haya conseguido el divorcio.»
cuarta plana, y de pronto vimos resplandecer en ellos
- ¡Miren la tímida!..
esas con que se comienza una conversación entre
- «Hoy diré, añadió, á mis padres lo que ha su- la emoción ó la sorpresa de una inesperada noticia.
una mujer elegante con antifaz...
- ¡Estás en Babia, Luis!, exclamó; ya no te enteras
- Y un marido sin careta y sin vergüenza como td. cedido, y ellos me aconsejarán ...»
- No sospechaba yo semejante resolución en mi de Jo que lees, ó calumnias por costumbre á la com- Le ofrecí mi brazo; dijo unas palabras al oído á
mujer. Quedé aterrado ante la amenaza de un escán- petente. ¿Sabéis, señores, quién ha muerto? Oíd; y leyó:
otra máscara que la acompañaba ...
dalo, y porque conociendo el carácter inflexible y se- «El Ilmo. Sr. D. Rafael Martínez Villalba, jefe supe- La mamá ó la tía, la tía probablemente.
rior honorario de administración, ha fallecido. Sus
-Aceptó mi brazo temblando ... No, no se ría us- vero del duque, no podía esperar misericordia.
- ¿Y en qué fundaría la demanda de divorcio?.. albaceas testamentarios ruegan á sus amigos, etc.»
ted, temblando. Yo sentía, bajo la presión de mi bra- Y bien, ¿y qué?, preguntó Luis agriamente. ¿Qué
zo, cómo temblaba todo el cuerpo de aquella másca- ¿De qué te acusaría?
significa ese Martínez menos, ni quién Je conocía?
- De adulterio frustrado.
ra encantadora.
- Le conocíamos todos, y tú el primero.
- ¿De adulterio con tu mujer?.. Caso nuevo y no
- ¡Pobrecilla!.. Probablemente sería la primera
- Martínez Villalba... , repitió Barza, que me emvez que se veía en semejantes trabajos, dijo el mar- previsto en el Código.
plumen
si hago memoria...
Pues
mire
usted,
dos
meses
viví
sin
obtener
inqués irónicamente.
- Yo tampoco.
- Me confesó su amor de la manera más ingenua, dulgencia de mi mujer ni de mis suegros. Y el duque
- Ni yo. Ni yo, afirmarnos los demás.
consultó con algún eminente abogado para saber códelicada y pudorosa que pueda usted imaginar...
- ¡Oh mezquina especie de Adán, inventora del
mo
podría
presentar
su
hija
la
demanda
...
Pero
á
los
- '?ero aunque pudorosa, no era corta de genio.
dos meses, el médico declaró que mi anémica, inape- olvido, añadió Costa. ¿Conque no conocíais á ese
¿Cuánto te costó la cena?..
tente y dolorida esposa estaba en estado interesante. Martínez? ¿Conque no conocíais á Martínez II?
- No quiso cenar.
- ¡Martínez II! ¿Es ese el muerto?
- Vamos, ahora creo que te amaba. Pero ya adi- Mis suegros, que hacía cuatro años deseaban un nie- Ese es.
vino el fin de tu aventura. Tu máscara misteriosa era to y ya desesperaban de que Dios les concediera esta
- Yo le creía hace mucho tiempo en la eternidad.
una vieja verde... ¿La marquesa del Traspaso?.. ¿La gracia, recibieron la noticia con extraordinario jtíbilo.
- Pues ya lo ves, está ahora atravesando sus umviuda de Solomillo?.. Son las dos viejas más enamo- Mi mujer empezó á mejorar de salud y de humor,
radizas de los tiempos presentes. A mí las dos me tuvo apetito, vió con alegría, mirándose al espejo, brales, después de haber pasado solitariamente la
eternidad preparatoria de tres años de extenuación.
han declarado su atrevido pensamiento, y soy más color natural y sano en sus mejillas ...
¡Pobre Martinez II! Era verdad: todos le habíamos
- Y es claro, los presuntcs abuelos y la madre del
viejo que ellas.
niño que había de nacer á los nueve meses llamaron conocido. ¿Quién no conocía en Madrid aquel mode- No era vieja ni verde aquella máscara; era...
lo de caballeros, de amigos, de hombres cultos y
- ¿El hijo de los condes del Repesó, que parece al autor y le perdonaron.
- En efecto, y hace hoy noventa días que posee- bondadosos? ¿Quién no recordaba su simpática y oriuna dama?..
mos Pepita y yo un ángel encantador que nos sonríe ginal figura?
- No, por Dios. ¡Era mi mujer!..
y nos tiende sus bracitos nacarados, y por él me ha
- ¡Caracoles!
JI
- Sí, querido tío, mi mujer. Y yo, hecho un ju- perdonado mi dulce compañera y por él he renunciamento, no la conocí. Me pareció más alta y esbelta do yo á otros placeres que á los puros incomparables
Era alto, delgado, fibroso, con grandes ojos expreque mi mujer, y ni por un instante sospeché que pu- placeres del hogar. Ya sabe usted por qué no voy este
sivos y espaciosa frente, presidida por el tupé de sus
diera ser ella. Su actitud, su elegancia, su locuacidad, año ni volveré nunca al baile de máscaras.

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

.,,

cabellos grises, á la usanza de los elegantes de su ju- se enorgullece el rey famoso del mundo físico. Ya no de doce años vió á Martfnez volver del entierro de
ventud: el tupé de Larra, de Espronceda y de Mar- podemos viajar sin el vapor, ni alumbrarnos sin el su padre, y le preguntó llorando si la iba á llernr al
tínez de la Rosa. Se parecía á éste extraordinaria- hidrógeno, ni comunicarnos sin la electricidad; y sin Hospicio, Martfnez le contestó que la iba á llevar á
mente, y á ello debió el título de Martínez II que le embargo, sostenemos que todos esos elementos son su casa. Tres años después habían sucedido muchas
nuestros criados, cuando no hacemos otra cosa que cosas en ese cuarto segundo de la calle de la Cruz
inventamos.
Era distinguido por instinto, y pulcro por respeto pedirles con la inteligencia favor y ayuda. En resu- que acabarnos de visitar. Alguna de ellas, como por
propio. Tenía el temperamento de todos los aseos, la men: la criatura pensadora, que no puede hacer lo ejemplo, el cambio radical de vida y costumbres en
honradez inclusive. Sus largas levitas de Caracuel, que hace el último irracional, que no puede salir im- D. Rafael, la supimos y la comentamos todos á tiemsus amplios chalecos blancos de gran solapa, sus es- punemente de su casa sin vestirse, que no puede ali- po. El amigo de medio Madrid se había dedicado por
trechos pantalones de trabillas, sus abultadas corba- mentarse sin comprar y guisar su comida, que no completo á las funciones de padre adoptivo. Ya no
tas de raso, cuyo nudo sujetaba grueso alfiler artísti- puede dormir tres noches seguidas al sereno sin coger existían para él más ocupaciones ni más. placeres ni
co, sus sombreros de anchas alas, sus guantes empu- un reumatismo, me parece, como rey de lo creado, más espectáculos que los que podía compartir con
su hija de adopción. Apenas obtuvo ser jubilado diñados siempre en la mano izquierda, mientras. la de- un rey de Offenbach, un rey bufo.
»En el orden social, añadía, ¿qué cosa hay tam- rigió por sí mismo, con ayuda de su experiencia y
recha aplicaba á sus ojos el doble lente con asidero
de carey ó de oro, su andar pausado y majestuoso, poco más pequeña, baladí é impotente que el hombre de sus varios conocimientos, la educación de la huérsus saludos de gran señor afable, su amena conversa- entre los hombres, ni menos independiente ni con fana; cuidaba por sí mismo hasta los trajes que la nición instrucfo·:1 y sobre todo su indesmentida galan- menos derecho al orgullo? El poderoso vive á expen- ña usaba; y así le veíamos rebosando de orgulloso
tería para el bello sexo completaban la semejanza con sas de los que sufren su poder; el rico á expensas de contento cuando la paseaba ó la llevaba al teatro,
los que le facilitan la aplicación y el goce de su ri- hecha un primor de elegancia y reflejando el buen
el ilustre autor del Estatuto.
La buena sociedad madrileña le distinguía y le queza; el genio y el talento funcionan para los que no gusto externo de su director. En una palabra, la mumimaba.
lo tienen; el sibarita depende de los placeres que otros chacha, que se llamaba Inés, había venido á ser el
Había sido el coco de las beldad~s de cocas y mi- le proporcionan; el rey, de los súbditos; el general, de centro moral de la vida del buen Martínez. Aquel co-.
riñaques. Había reinado como un príncipe verdade- los soldados; el comerciante, de los trabajadores; el razón afectuoso, que á fuerza de querer á todo el
ro, él, modesto hijo de la clase media, en el Prado, gobernante, de los gobernados. La vida del individuo mundo y de practicar su filosofía propicia, no sintió
en Vista-Hermosa, en los Basilios, en los mentideros es la demanda incesante del socorro colectivo. Vivi- nunca un cariño concreto, decisivo y trascendental,
de la calle de la Montera y del atrio de San Ginés. mos por la familia, por los amigos, por los enemigos, había concentrado en aquella criatura todas las terHabía alternado y brillado en los espectáculos y pla- por los protectores, por los servidores, por los demás. nezas y todas las bondades genéricas de su corazón.
ceres de los ricos, él, modesto heredero de dos mil ¿Qué monarquía le queda al rey de la sociedad el día Inés, como también sabéis, era guapísima: blanca,
duros de renta, jefe de Administración de tercera en que se encierra solo en su domicilio? ¿Qué poderío con la mejor de las blancuras, que es la pálida mate
clase, jubilado después de treinta años de servicio é es ese que hasta para dar un paseo tiene que contar y ajazrninada; con dos ojos negros como la endrina,
hijo único de un quincallero de Sevilla.
con el zapatero? ¿Concíbese nada de tan mínimo llenos de luz acariciadora y festoneados por magnífiHabía sido camarada mundano de todos los nota- valor absoluto como el vecino aislado, nadie que cas pestañas; con dos cerezas garrafales por labios,
bles de su tiempo; había tuteado al duque de Rivas; tenga deberes y necesidades más generales que el dos azucenas por manos y dos pequeños dijes artísticos
por pies. De su talle y sus contornos poco ó nada se
había figurado como tertuliano asiduo de Salamanca caballero particular?
&gt;Pero en ningún orden de ideas resalta tanto la ne- supo al principio de la adopción; pero un par de años
y de la Avellaneda; había sido el D. Rafael, por antonomasia, de Montes y el Chiclanero. Y cuando la cia vanidad masculina como en el amoroso, en el de después vinieron en tropel las mejores y más gustotriste eliminación natural de hombres y cosas le ha- sus relaciones con la mujer. Nos pasamos la vida de sas noticias. La virgen andaluza se desarrolló de un
babía traído hasta nosotros; cuando había forzosa y rodillas ante ella como niños, como galanes, como golpe, con la precocidad que su tierra impone, y yo
paulatinamente aparecido en el seno de las personas maridos, como amantes y como viejos, y decimos, sin recuerdo que, al verla de lejos, algunos de vosotros
y costumbres sucesoras de las de su tiempo; sin dejar embargo, que la mujer es nuestra esclava, ó nuestro os quedabais con la boca abierta, y otros, los más
de ser fiel, de fondo y de forma, á sus recuerdos, á pasatiempo, ó nuestro juguete. No poseemos ni la creyentes, bendecíais á la divinidad, fuente y origen
sus hábitos; sin dejar de ser figura obligada de tea- décima parte de su finura intelectual, de su astucia, de las bellas formas .. .
tros, paseos y convites; sin acortar un centímetro el de su energía moral, de su valor, de su humanitaris- Es verdad, dijimos todos, pagando tributo al refaldón de sus levitas; sin alterar un ápice la forma mo, de su ternura, y sin embargo, la tenemos por un cuerdo exacto.
- Pues bien, siguió el orador: ¿necesito aseguraros
del cuello de sus camisas, y sin dejar de actuar como ser inferior. Hacemos girar la máquina social sobre
el más fino, servicial y discreto servidor de damas, el anhelo de su posesión, y nos creemos sus dueños. que la boca más abierta y la gratitud más religiosa
en presencia de aquel precioso ejemplar femenino,
había hecho reinar también en sus nuevos círculos la Nos enseña á creer, á sentir, á gozar, á padecer,
afectuosa atracción congénita y biográfica de su per- vivir, y nos damos aires de ser sus maestros. No hay eran las de D. Rafael, las del gran perito en el ramo?
sona.
felicidad de hombre que no cuente en ella su parte Aquella belleza le sorbió el sexo, hasta el punto de
Una noche nos explicó en el antiguo casino el se- integrante; ella labra con una mirada nuestra desdi- que vivía por ella y ante ella en éxtasis. Su ama de
creto permanente de sus éxitos, la causa de haber cha, y nos creemos los dispensadores de su ventura llaves, la setentona doña Jacinta, llegó á sospechar
agradado durante más de medio siglo á todo el mun- y los árbitros de su destino. Hemos cargado en su que aquel cariño y aquel entusiasmo pasaban de casdo, el motivo esencial de haber tenido tantos amigos obsequio con todo el trabajo intelectual y material de taño obscuro é implicaban un enamoramiento inmeny ni un solo enemigo.
la existencia; fundamos imperios, inventamos institu- so. Y un día se atrevió, con la audacia orgánica de
Martínez II era un filósofo. Aún nos parece estar ciones, ciencias, grandezas, placeres, para ofrecer á las de su especie, á preguntar á su amo por qué no se
oyendo, sentados de vuelta del Real, junto á una de sus pies el resultado, y luego convenimos seriamente casaba con la se,iorita. Y su amo le contestó que ya
las chimeneas del salón grande del casino, la exposi- en no darla otra importancia que la de un pretexto había pensado en ello, y que era una de las cosas que
ción de su filosofía. Nos la hizo en defensa propia. Le de nuestra actividad. ¡No somos, en suma, desde la pensaba hacer in articulo mortis, si antes Inés no lo
habíamos visto en el palco de una de las bellezas de cuna al sepulcro, más que unos mendicantes de sus había hecho por su cuenta y con otro. Y cuando doña
moda, que no tuvo durante su visita ojos ni oídos, caricias, y decimos que vive de la limosna de nuestro Jacinta le preguntó también por qué lo dejaba para
al parecer, sino para el visitante. Uno de nosotros, corazón y de nuestra fuerza!
tan tarde, D. Rafael le contestó también que las
que estaba hacía un año bebiendo los vientos por
&gt;Para concluir: el hombre no vale un comino, desde viudedades no se cobran hasta que los maridos mueaquel astro moreno, cuyo escote era una verdadera ningún punto de vista. Los hombres son, como con- ren, y que_él quería dejar á Inés la viudedad corresapoteosis escultural, exhaló,aunque cariñosamente, su junto, lo único que vale algo; pero una sola mujer pondiente á su jubilación de veinticuatro mil reales.
mortificación. «¿Pero cómo diablos hace usted, don vale más que todos ellos. Y como no soy más que Inés no llegó á gozar, sin embargo, de la proyectaRafael, dijo, para gustar tanto á las mujeres?» Y uno, ciño mi conducta á la conciencia de mi nuli- da pensión civil, porque una tarde se asomó al bal
D. Rafael, ajustando el lazo de su corbata blanca, dad. Sirvo á los demás con interesada buena fe, en eón y vió á un joven de buena figura que la miraba
acercándose de espaldas á la chimenea y dirigiéndo- lo poco que puedo, para que ellos me sirvan en lo mucho desde el suyo, y que ya no cesó de mirarla
nos, como preámbulo, una complaciente sonrisa, nos mucho que les es dable. Y para gustar á las mujeres, con igual intensidad todas las tardes á la propia hora.
reveló su sistema.
lo único que hago es demostrar que ellas me gustan Total, que en aquel joven había el germen de un
á mí mucho más, infinitamente más de lo que yo novio y que este novio se apareció un día en la casa
III
puedo gustarlas.
.
de D. Rafael acompañado de su padre, tendero acre»Cuyos mandamientos se encierran en dos, á sa- ditado de ropas hechas y en corte, el cual padre piEl buen Martínez II profesaba el principio funda- ber: ser bueno con los hombres, y mejor con las mu- dió á Martínez la mano de su pupila para el hijo.
mental de la insignificancia del hombre. «No hay error, jeres. No hay otro medio para pasarlo medianamente Martínez llamó á Inés, que nada le había dicho del
decía, más craso y lastimoso que el de llamar rey de en este planeta.»
noviazgo, la cual se lo dijo todo en presencia del inla creación á ese ser mísero, que sólo ocupa en ella
teresado. La mano, pues, fué acordada y la boda se
un lugar secundario. De este error principal nacen y
IV
efectuó á los quince días, yéndose inmediatamente
se derivan los infinitos que sirven de causa á las deslos recién casados á establecer en Barcelona, que es
dichas y á las necesidades humanas. El hombre cree,
Martínez II murió en carácter: murió de bondado- gran país para el comercio, un comercio idéntico al
por ejemplo, en el orden físico, que la Naturaleza so á los sesenta años. Yendo con el cortejo fúnebre del suegro de Madrid. D. Rafael hizo donación á
está hecha para él; siendo así que, por el contrario, la desde la casa mortuoria, calle de la Cruz, á la patriar- Inés de todo su patrimonio y se quedó otra vez solo
Naturaleza le tiene despótica y absolutamente á su cal de San Martín, Costa nos refirió en el landó de con doña Jacinta y con su haber pasivo. A la vuelta
servicio, y le impone sus leyes inmodificables, sus alquiler cómo había muerto.
de la estación del Mediodía, donde despidió á los
intemperies, sus apetitos, sus dolencias, sus rigores y
- ¿Recordáis, dijo, que hace algunos años, á raíz del jóvenes, se sintió un poco malo; le parecía ver todos
malos tratos, más que á ningún otro animal, puesto cólera, apareció Martínez acompañado siempre de los objetos de un color obscuro. Era una ictericia
que es el más naturalmente indefenso.
una linda niüa enlutada, cuya paternidad ilegal le negra que le entraba y que ya no debía salirle del co·
»Cuando yo me veo acatarrado en invierno, sin res- atribuyó al momento la -maledicencia? Pues la male- razón sino con la vida. Su tristeza se desarrolló y dupiración en verano, débil el día que almuerzo tarde, y dicencia se equivocó, contra su costumbre, entonces. ró tres años. El pobre Martínez sólo tenía un día
rendido de cansancio si trasnocho; cuando considero El verdadero padre de aquella niña, empleado de de alivio en la semana, el día en que recibía carta de
que sin el gabán, y los baños de mar, y la cocinera, Hacienda con 3.000 pesetas anuales, acababa de I nés: los demás los pasaba esperando la carta siguieny la buena cama, mis manos no podrían sostener el morir en su respectivo sotabanco. Había sido con- te. Doña Jacinta le instaba para que volviese á su
cetro de la Tierra, que dicen que constitutivamente temporáneo, paisano, subalterno y protegido de don antiguo vivir agasajado y divertido. D. Rafael se netengo en ellas, no puedo menos de reírme de mi or- Rafael; y cuando pidió á éste en su agonía amparo gaba bajo el pretexto de que, según decía, no estaba
ganización regia. Y nada digamos de lo que signifi- para su hija, que no tenía madre ni parientes, don ya para jolgorios, pero en realidad porque seguía
can, en puridad, los progresos material~s de que tanto Rafael se lo prometió; y cuando la linda adolescente viendo negro, muy negro, el mundo. Al principio sa-

a

•f-'

583

NúMERO

LA

583

lió á paseo todas las tardes, después alguna que otra, l~~go ninguna. Empezó
á sentir gran deb1hdad, que en breve no
le permitió moverse de u~a butaca. J?oña Jacinta llamó al médico: el médico
fué, observó y dijo que aqu~ll? no tenía
remedio que era una anemia incurable,
una luz'que se apaga. Doña Jacint,a 11?·
raba á hurtadillas. D. Rafael sonreia sm
cesar á doña Jacinta, y se pasaba las mañanas contemplando la gran fotografía
iluminada de J nés, que presidía su cuarto y las tardes mirando á través del cristai del balcón la tienda del suegro. Una
noche se acostó con gran fiebre y el ama
de llaves le oyó delirar y decir: «¿Por qué
no me llamas á tu lado? ¿Qué hago yo
aquí yo que te quiero tanto, yo que sin ti
me :i.mero?» Y doña Jacinta lloró doblemente al considerar la ingratitud de la se17orita. Por la mañana llegó el correo con
carta de Barcelona, y tuvo que leérsela
al señor, que ya no podía leer. Era del
marido de Inés participando el segundo
feliz alumbramiento de su mujer. Cuando acabó la lectura, doña Jacinta alargó
el papel á su amo; pero éste no pudo tomarlo porque, aunque seguía so_nriendo,
estaba muerto. Aquella era la última sonrisa del buen Martínez.
¡Pobre D. Rafael!

s. LÓPEZ

GUIJARRO

................,.............,....... ,....................,..,..~·····••'••········•,.•··••J'••"·•·..

BOCETOS
UNA

F IERA

Aterrorizan los relatos de esas fieras
que silenciosas y traidoramente, ó rugientes y amenazadoras, se abalanzan sobre
los confiados viajeros al pasar por la estrecha garganta de un precipicio, al cruzar una estrecha llanura del desierto, atravesando un enmarañado bosque, al vadear un río ó flotando sobre un resto de
buque en la inmensidad del Atlántlco.
Si el relato y la sola idea de eso pone los
pelos de punta, calcúlese el espanto que
ha de causar la realidad al encontrarse
con el tremendo y poderoso león de las
vertientes del Atlas, el astuto tigre de
Bengala, la cautelosa pantera del Ganges,
el repugnante cocodrillo del Nilo, el as-

143

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

FELICIDAD, cuadro:de Ramón Pulido y Femández
( Exposición internacional de Bellas Arles de 1892

queroso hipopótamo de la Abisinia, el
estúpido y feroz oso blanc? de la Laponía el fétido candor del H1malaya, la retor~ida serpiente de las Pa?1pas, e) voraz
tiburón del Océ~no, la hed1?nda hiena... ,
figúrese cualqmera la real_1dad de tales
encuentros, sin amparo y sm defensa.
y sin embargo, ¡lo que es la cost~mbre!, vivimos tan confiada y tranquilamente como si tal cosa, rodeados de fieras semejantes, apenas sin reparar en
ellas aun sabiendo los estragos y destrozos que causan, no sólo á diario, sino á
cada momento.
La cuestión es sencilla, se reduce á
cambio de nombre y variación de escena.
Pongamos por caso.
El tremendo y poderoso león aparece
revestido con la prepotencia de alto funcionario ocupando un s_illón de..., primera categoría; el astuto t1gr~, &lt;letras de la
mesa del estrado de un tribunal; la cautelosa pantera, el que dirige el t~je ma_neje de un banco de crédito; el mmóVJl y
repugnante cocodrilo, el ca~ita)ista que
absorbió el dinero de los candidos que
se lo entregaron; el asqueroso hipopótamo esos ricachones ó herederos de gran
fortuna que se pasan la vida sin idea de
algo superior á ella; el torpe y feroz oso
blanco esos brutales asesinos de encrucijada,' buhardilla ó chiribitil, que como
valen poco con poco se contentan, y suelen ser, quizá precisamente por eso, los
únicos que dan trabajo al verdugo; ~l
candor y demás géneFO de pluma y rapiña la gente de ídem; la retorcida serpiente' desde la boa Constrictor á la venenos; víbora, la chusma que invad~ y llena
las curias) el elefante, esos caciques de
localidad dispuestos siempre á tumbar
de un trompazo á quienes les estorben
en sus trapisondas; el voraz tiburón de
encajados dientP.s, esos letrados de ancha tragadera, á quienes, con tal que dé,
lo mismo da sostener blanco que negro
y contrariar hoy lo que ayer defendieron;
la asquerosa hiena, esos usureros en pequeño para realizar en grande mayores
saqueos... , los cuales sobrepujan en nauseabunda asquerosidad á toda la repugnancia junta de los demás, ¡y eso que cada cual presenta un buen contingente!
Esas fieras, que lo son y de veras, no

EL ENTIERRO DEL PILOTO, cuadro de Juan Martlnez Abades (premiado en la Exposición internacional de Bellas Arles de 1892)

�~

.a.

LA CARTA DEL NOVIO, cuadro de F. B. Doubek

LA PRUEBA DE UNA TIPLE, cua dro d e F. B. Doube k (Exposición internacional de Bellas Artes de M unic h, 1892)

�LA

11111

nos espantan ni nos horrorizan, porque estamos familiarizados con ellas: nos acechan, nos preparan emboscadas y sorpresas, y cándidamente sin escarmiento caemos en ellas; y nos aprietan, estrangulan y
destrozan, y nos quedamos tan amigos, viviendo en
santa pa_z ~ compa?a: apen~s ~ensamos en vengarnos; m s1qmera movidos por msunto de conservación
intentamos unirnos para la común defensa.
Pudiendo añadir aún que cuanto más dañina y
mala sea esa fiera social, tanto más motivo de respeto y deferencia impone; y llevándolo al extremado
límite, parece como que nos envanezcamos de frecuentar su guarida con aspecto de suntuoso palacio,
y hasta sus zarpazos nos parecen graciosas caricias,
sus groserías lindezas y sus bramidos chistes, y...

¡Cosi va il mondo bimba mia!
. La pintura no es subida de color, es más bien pálida: seguramente la mayor parte de los lectores dis~ondrán de propia paleta para recargarla, dejándola
a su gusto y en su punto.
Pero al fin, aquellas fieras de por allá, sencillament~ entrega~~s á sus instintos, entre sus géneros, especies y fam1has, no se dañan, ni se destrozan , ni se
matan unas á otras: satisfechas sus funciones naturales y llenadas sus
. .necesidades, nada extreman·, como
no conocen el v1c10, no se abandonan á ningú n exceso. En cierto modo pueden considerarse como brutos
racionales.
Pero entre los hombres, parece que el espíritu de
conservación individual estriba en destruir, y sus
funciones naturales han de ir más allá de su línea, y
sus goces y necesidades han de hallarse dentro de los
excesos del vicio: su concupiscencia no conoce valla
ni freno, y para satisfacerla cualquier medio le parece
aceptable y lo estima como excelente, y sobre todos
el mejor y de resultado seguro la destrucción de sus
semejantes. Diríase que para él lo más sabroso son
las lágrimas y el sudor y la sangre de otro hombre
de su semejante, de su hermano. Y así los tales,
sean las fieras de por acá, en cierto modo invirtiendo la idea pueden ser considerados como racionales
brutos ... ó embrutecidos, que es peor. ¿No es verdad
que el hombre inocente y cándido es lo más cándido
y má_s inocente que puede darse? ¿No es verdad, que
la Fiera Homb1'e es una gran fiera?

6

J UAN Ü-NEILLE

Bellas Artes. - La Galeria Nacional de Berlín envía á la
Exposición universal de Chicago ocho esculturas y veinte cuadros que firi1:1an, entre otros, los escultores Begas, Eberlein y
Brutt y los pintores Keller, Schuch, Liebermann y Knaus.
S~!ón Parls. - Como todos los años, los pintores Casas y
Rusin_ol_ en compañía del escultor Clarasó han organizado una
expos1c1ón con varios de los trabajos realizados desde la anterior, en )a que tomó parte el desgraciado Canuda, muerto el verano últuno _en la villa ele Sitjes, donde todo el sol esplendente
de, f!uestro_ htoral, re fl~jaclo por la~ azules ondas mediterráneas,
fue msufic1ente remedio á la dolencia contraída allá en las cimas
ele Montmartre junto á las aspas del molino ele la Galette, cuando. en compañia ele los expositores que nos ocupan luchaba
vah1;ntemente para resolver el dificilísímo problema ele ganar
su. vida y pracllcar el arte, sueño y aspiración de toda su misera
ex1stenc1a. Descanse en paz el buen amigo, el hombre honrado
y el ferviente artista.
Como en sus anteriores manifestaciones, preséntanse Rusiñol
y Casas consecuentes y fieles á su manera de sentir, aunque esta
vez sea~ _sus estudios, á la par que en número más reducido,
algo mas interesantes en su concepto y ejecución que otras veces:
muchas de las notas, impresiones y verdaderos cuadros expuestos no son parisienses, son impresiones recibidas, sentidas entre
nosotros y entre nosotros reproducidas; diferencia digna de tener en c~enta, dada la filiación con que se ha caracterizado á
estos artistas, y que explica la mayor benevolencia con que el
público las ha recibido.
Curioso es en verdad, y prueba una vez más la insignificanc!a de nuestro movimiento artístico, el anatema que han merecido generalmente del público y de la crítica Casas y Rusiñol
por ~l solo hecho de presentarse sinceros y espontáneos, en
trabaJOS que más que resultados son medios para producirlos
algún día, estudios y observaciones de temperamento verdaderamente de artista, revelaciones que en otras partes se miden por
el valor que manifiestan, no por la novedad de procedimientos
que supongan, al propio tiempo que entre éstos presentan obras
que reunen condiciones suficientes para ser apreciadas seriamente, sean unas ú otras las tendencias que signifiquen. Y afirma_ nuestr~s palabras el hecho de que se m9teje á esos artistas
de 1mpres1omstas, cuando tanto distan en su pintura de las cualidades típicas que caracterizan á los representantes genuinos
de esa escuela.
Sea como fuere, Rusiñol y Casas exponen en su variada labor
muestras de valer suficiente para que se les aplauda, aplauso
que debe hacerse extensivo á Clarasó por la gallarda muestra
que de su talento presenta con el modelo monumental que
expone.
Teatros. - En el teatro de la Residencia, de Berl!n, se han
eslren~do en un mismo &lt;lía tres obras en un acto del poeta sue·
co Stnncl?erg, ~e las cuales la tragicomedia El acreedo1 causó
profun?a 1mpres1ón, al paso que la comedia Signos de oto11o y la
tragedia Antes de la muerte apenas gustaron. Según los perió-

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

dicos alemanes, este notable representante de la escuela natu·
ralista del Norte también escudriña con preferencia los aspectos malos del alma humana, asl es que los personajes de las tres
obras citadas acusan ímicamenne sentimientos é ideas de debilidad, bajeza y brutalidad.
Parls. - La pantomima en todas sus aplicaciones teatrales ha
prevalecido en la última quincena en París, en donde se han estrenado: en el Nuevo Circo París Clown, revista pantomima de
Sartac y Alevy; en el teatro de Aplicación, Une soirée ehez 1)1.
le sous-prefect, monomima de Galipaux con bellísima música de
Thomé, y en el Circo de Invierno, Les Fra11,ais au Daho111ey,
mimodrama militar. En los Bufos Parisienses se ha reproducido
L' E11/a11t prodigue, pantomima de Carré con deliciosa música
ele Wormser. Se han estrenado además con buen éxito: en Variedades Le premier 111ari de France, vaucleville en tres actos de
Albin Valabregue; en Cluny, Les Ca111bn'olesde l' a1111le, ~evistr,
en tres actos de .Milher y Numés; en el Palais Royal Le Vcglione, graciosa comedia en tres actos de A. Bisson y Carré;
en el Gimnasio, Les amants legitimes, co"1cdia en tres actos de
A. Janvier y M. Ballot; en el Circo Fernando, A bride abattue,
revista ecuestre, e¡1 la que los clowns, amazonas, gimnastas, etcétera, etc., con gran aparato de caballos, coches y velocípe·
dos, representan los principales acontecimientos ocurridos dur~nte ~I año en París; y en el Chateau d' Eau, Le cri111e d' Orczval, interesante drama en cinco actos y ocho cuadros, de E.
Mendel y E. Pourcelle, tomado de la novela del mismo titulo
de Emilio Gaboriau.
A-ladrid. - En el Real el tenor Tamagno ha cantado con gran
apla~so Guillermo Tell y Otello, ópera esta última en que comparttó_con él la ovación la Sra. Tetrazzini: en ambas logró nue·
vos triunfos el Sr. Mancinelli: para debut ele la Sra. Fabri, que
fué muy bien recibida, se ha puesto en escena Orfto. En el Español se ha verificado el beneficio de la señc,rita Conlreras con la
represent~ción de Un dra111a n11e1.'o, en la que obtuvo, junto con
el Sr. Vico, muchos aplausos. En el Príncipe Alfonso sigue
contando por conciertos el número de triunfos la Sociedad de
Concierto_s de Madrid dirigida por Mancinelli: en el quinto fueron espec_ialmenle aplaudidas la marcha fúnebre de Siegfried,
el preludio ele Tristán l l solda y la cabalgata de Las Walkirias,
de Wagner, y la quinta sinfonía de Beethoven. Se han estrenado
con _buen éxito: en la Comedia, Abogar contra si mis1110, comedia en tres actos de D. Miguel Echegaray, ele interesante argumento, muy bien estrita y abundante en chistes cultos, y en
Lara, El moclmelo, juguete en un acto de los Sres. Limendoux
Y Rojas. En este último teatro se ha verificado el beneficio de
la Sra. Valverde, una de las artistas predilectas, y con razón,
de) público madrileño. En la Zanuela han comenzado con gran
éxito las representaciones de Miss Hclyet, cosechando en ellas
muchos aplausos la señorita Pretel y el Sr. Banquells.
Barcelona. - Se han estrenado con aplauso: en Romea, La
111os~a al nas, comedia en un acto ele D. Federico Soler, bien
esenia y abundante en chistes; Nit d' aygua, graciosa pieza en
un acto del Sr. Ferrer y Codina, y Lada111a de Reits, interesan·
le drama en tres actos, de D. Manuel Rocamora; en Novedades, El marqués de Carqui11yoli, chistoso juguete en un acto,
de G. Gumá; en el Eldorado, Las fiestas de Villaca,1as, graciosa zarzuela en un acto, de D. Bernardo de Pablo, con agrada·
ble música del maestro Estellés, y La boda de Sera/In (a) el
Zapater/11, letra de D. Constantino Gil y música del Sr. Val·
verde (hijo). En el Circo Barcelonés, la compañia Tani ha pues1? ~n escena Don Pedro dei A-fedina, opereta del maestro Lanzm11 Y Ka~atoa, opereta en tres actos, de Offenbach y Ricci,
habiendo sido aplaudidos el director de la compañia, Sr. Tani,
las _señoritas Tani y los Sres. Delecesse y Navarrini. Mme.
Juchc ha dacio cuatro representaciones en el Principal y una extraordinaria en el L!rico, ésta con el solo objeto de poner en esc~na Le pa,fum. En el Tívoli ha comenzado sus representa·
c1ones u~a compañía ele ópera italiana. La Sociedad Catalana
ele Com:1erlos ha ciado los dos primeros de esta temporada, que
~an v~hdo entusiastas ovaciones á la misma y á su director senor_ ~1colau por_ lo selecto de los programas y la excelente ejecuc10n de los IIl!Smos: en el segundo se estrenó la introducción
al poema sinfónico L' Atlántida, del joven compositor Sr. More~a, que se ha revelado en e lla como lltaestro inspirado y peritís1m? en materia ele instrumentación y que fué aclamado con
entusiasmo.

A.

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Doña Concepción Arenal, renombrada escritora, admirada
p~r los más eminentes publicistas por sus profundos conocin11entos en las ciencias jurídica y sociológica, autora ele multitud de obras universalmente celebradas, entre ellas llfa1111al del
pobre, Derecho de gentes, Cartas á w¡ sel1or, Cartas á un obrero,
Cuadros de la guerra, La esclavitud, La be11ejice11cia la filantropía y la caridad? llfa1111al _del preso y otras mucha~, algunas
de las cuales han SICio traducidas al polaco, al inglés, al italiano, al francés y al alemán.
J osé Alfredo Foutón, cardenal arzobispo de Lyón y primado
de las Galias.

583

miado en el concurso celebrado en Granada con motivo de la
coronación del hoy llorado poeta D. J osé Zorrilla, y el no menos interesan re que reproducimos, titulado Granada por los Reyes CatJlicos, premiado también por la Municipalidad granadina en el concurso celebrado para conmemorar el cuarto cente·
nario de la Reconquista. La producción del Sr. Marín repre·
senta con notable originalidad y completa exactitud histórica la
toma de posesión de la capital ele Boabdil, ocurrida el día 2 de
enero de 1492, en el que, como saben nuestros lectores, Colón
descubrió un nuevo mundo y realizóse la unidad nacional.

N úMER O

583

147

L A ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

CARGO DE CONCIENCIA
POR J u ANA MAIRET, CON PRECIOSAS ILUSTRAC I ONES DE

A.

MOR EA U

(CONTINUACIÓN)

Triste recuerdo, cuadro de Antonio Coll y Pí
(Salón Parés). - Innegable es que el cariño de nuestros padres,
hermanos ó deudos nos sostiene y anima, ~ienclo el alimento
moral de nuestras almas. Nacidos para amar, nuestra existencia pierde sus atractivos al desaparecer los seres que desintere·
saclamente nos prodigaron inequívocas y señaladas muestras de
verdadero afecto. Y si en la criatura humana no existiera el instintivo convencimiento de su conservación, sucumbiríamos anegados por la fuerza del dolor que nos domina.
Tales son las consideraciones que han inspirado al joven
cuanto inteligente pintor Antonio Coll el sentido cuadro que reproducimos, digno compañero del que ha tiempo dimos á conocer á nuestros lectores, titulado Viudo, que al igual de éste lla•
mó Justamente la atención de los inteligentes. En una y otra
composición revélase el a rtista que siente y discurre y que, convencido de su misión, pinta cuadros ele la vida real, escenas que
se desenvuelven á nuestro alrededor, episodios sentidos que interesan por su delicada intención. Además es recomendable el
cuadro del Sr. Coll por la.. discreta disposición de las figuras y
por la sobriedad del colorido, que se armoniza perfectamente
con la índole de la escena representada.

Noble y plebeyo, acuarela de W. Strutt. - El
contr3:5te que á nuestros ojos ofrece no puede ser más completo,
y el pmtor al reproducir en el lienzo esos dos tipos nos ha presentado el modo ele ser de una época en que entre las distintas
clases sociales existía una barrera infranqueable, época afortunadamente destruida por las leyes y las costumbres que cada
día tienden más á apreciar al hombre por sus propios méritos y
á facilitar aun al más humilde los medios para encumbrarse por
su propio esfuerzo.
Felicidad, cuadro de Ramón Pulido y F ernán-

dez (Exposición internacional ele Bellas Artes de 1892). - El

Sr. Pulido forma parte de ese grupo de jóvenes artistas que por
sus especiales aptitudes representan ya la venidera generación
artística. De ahí que al examinar sus obras lo hagamos siempre
tratando de adivinar en ellas algún rasgo de genialidad, algo
que revele una personalidad, un pintor que llegue á honrar con
s~s producciones el arte patrio. Si el pensionado por la Diputac1~n de Madrid llegará á _la meta, imposible es adivinarlo, por
mas que sus obras patentizan ya las recomendables cualidades
que posee y un temperamento de artista. Preciso es, pues, limi·
tarnos_á_consignar que los cuatro lienzos que han figurado en la
Expos1c1ón ele Bellas Artes, entre ellos el que reproducimos, son
tan bellos por el concepto como por su factura, no titubeando
en afirl?ar que si por tal senda sigue el Sr. Pulido, logrará alcanzar JUSta recompensa á sus afanes.

- Pues entonces ... murmuró, ¿por qué razón han detenido á Roberto, si tú
La señorita de Levasseur se había levantado á su vez, con dignidad, pero
dijiste?..
horriblemente pálida, si n poder ocultar todo cuanto sufría, y Edmunda se sintió
- El procurador no ha creído en mi palabra, y tú misma inocentemente le al fin un poco avergonzada.
has confirmado en la convicción de que yo había mentido para salvará Ro~erto.
- Te pido perdón, Marta, dijo; pero... ¡si supieras cuán desgraciada soy!
- Y en efecto, ¿has mentido?..
-¡Ay de mí, pobre niña!, replicó Marta, abrazando á su hermana tiernamente,
- He dicho la verdad.
á mí me COQtrista tu pesar tanto como mis angustias.
Edmunda hablaba con trabajo, sofocada y con el rostro enrojecido.
Y después de aquella explosión de violencia y de injustas recriminaciones, siEntonc_es, in~apaz de dominarse é indiferente á los golpes que dirigía, excla- guióse una pausa y se trató de hablar de otras cosas, pero sin conseguirlo. Al
mó con v10lenc1a:
cabo de otra pausa, la señora de Anee! dijo al fin:
- ¡Pues entonces... tú eres la causa de todas estas miserias! ¡Ah! ¡Malhaya
- Voy á proponer una cosa. Yo vuelvo á casa, donde mi presencia es necede las personas que toman los asuntos de los demás con más interés que uno saria; pero la soledad me atemoriza. Si Edmunda quisiese acompañarme, podría
mismo! Yo no tenía ninguna necesidad de tu ayuda, pues siempre supe condu- tomar posesión de las habitaciones preparadas para ella, y estaría allí como en
su pequeño reino, en casa de su esposo. Y cuidaré, querida niña, añadió con
triste sonrisa, de que no se la llame nunca «señorita,» y Marta no quedará sola
puesto que su tía le ha servido de madre hace muchos años. Es tan buena y ge'.
nerosa, que me cederá durante algún tiempo á su hermanita ...
Así se hizo, y esta solución produjo una agradable expansión en los ánimos.
Edmunda, niña mimada y voluntariosa, una vez disipada su cólera y no comprendiendo bien su violencia, trataba de hacerla olvidar, mostrándose como
antes zalamera y seductora; pero la complació mucho marcharse con su suegra.
Cuando se atestiguó en lontananza el ruido del coche que conducía á las dos
m~jeres, Marta fué á sentarse en un taburete, como cuando era niña, y muy
fatigada apoy~ 1~ ~beza sobre las rodillas de su _tía. E l silencio de aquel gran
salón le parecia mvttar al reposo, y las dulces caricias de la mano regordeta de
la señora Despois le hicieron mucho bien; ahora podía callarse ó hablar según
se le antojara, y no debía esforzarse para disimular.
Al cabo de un rato de silenciq, la tía Aurelia se inclinó y le dijo en voz muy
baja con la mayor dulzura:
- ¡Pobre Marta!.. Yo no había comprendido al pronto. Tú le amabas y Je
has cedido á tu hermana.. .
Marta n_o tuvo f~erza para protestar... ni sus labios pronunciaron la palabra
«no;» hubiera quendo desahogarse llorando; pero hacía ya largo tiempo que se
habían secado las lágrimas en sus ojos.
. Las caricias, ~atern~l~s y las palabr~s dulces acabaron por calmarla, pruduc1éndola much1sm_1_0 alivio, y al fin la tia exclamó como á pesar suyo:
- ¡Cuando te dije que la desgracia entraría aquí con la hija de la actriz!..

El entierro del piloto, cuadro de Juan Martínez Abades (premiado en la Exposición internacional de
Bellas Artes de 1892). - España, que cuenta con dilatacllsimas
costas bañadas por dos mares, ofrece al observador la anomalía
de ser ~l pals en donde sus artistas han rehuíclo por largo tiempo dedicarse al e~tuclio de la marina. Hace pocos años que contamos entre los I?mtor;s un grupo de marinistas, si bien éstos,
aunque en reducido numero, han logrado justa y merecida nombradía. Juste, Monleón, Meifrén y Martinez Abades son nombres ya conocidos y sus obras apreciadas en todos los centros de
arte.
. El Sr.. l\Iartínez Abades, que ya se distinguió en la Exposi·
c1ón nacional de 1890 por su notable lienzo titulado El Viático
á bordo, ha logrado en el certamen de 1892 otra nueva recompensa por su gran cuadro El entierro del piloto, tan sentido como el_ anterior y tan bellamente pintado que revela el profundo
estud1? del artista asturiano y sus cualidades excepcionales para
el cultivo del género especial á que se dedica con singular éxito.
El asunto desarrollado por el Sr. Martínez Abades interesa
extraor?inariam~nte. En un buque anclado en el puerto acaba
de monr un marmo, el piloto, cuyo cadáver transportado en una
lancha recíbenlo en el muelle sus deudos y amigos para que des·
cansen sus restos en la tierra que le vió nacer. La muerte le respe·
tó cuando el buque por él gobernado era juguete de las olas, y
cuando podía hallar en el seno del hogar calma y reposo, encontró la muerte al di,~sar las casas blancas de su pueblo.
Tal es el asunto del lienzo, y á la vez que aplaudimos al artis·
ta, bueno es consignar que como suponemos el cuadro inspirado
en un hecho ele la vicia real, debemos al pensar en él acatar los
fallos de la Providencia.

La carta del novio. -La prueba de una t iple,
cuadros de F. B. Doubek. - El autor de estas dos obras
p~rte~ece á la tan celebrada escuela de Munich, cuyas excelencias bien se advierten en estos cuadros. Hállase en ambos tratada,con especial cuidado l.~ parte plástica; pero Jo que en ellos
mas atrae es la reproducc1on del elemento psíquico, sin el cual no
puede haber verdadera obra de arte. En efecto, examínense una
P?r una las figuras. q~e en las dos composiciones entran, y en
ninguna de el_las deJara de encontrarse la expresión propia, perUna elegante en 1889, cuadro de Van den fectamente aJustac)a, al estado ele ánimo en que el autor quiso
Bos. - Los que visitaron nuestra Exposición internacional de r~presentarl~s; y s1 a es~o se añade la corrección del dibujo, la
1891 recordarán sin duda el magnífico cuadro de Van den Bos,
b_1en entendida agr!1pac1ón de las personas, la acertada disposi·
El heredero, que en ella figuraba y que reprodujimos en el núc1ón de los accesorios y la irreprochable distribución de luz se
mero 497 de LA ILUSTRACIÓN ARTIST!CA. Todas las cualidacomprenderá ,el :1plauso con que han sido recibidas por la c;ítides notabillsimas que en aquella obra resplandecían a parecen
ca Y por el pubhco estas dos obras del pintor alemán.
con m~yor realce, si cabe, en esa figura que hoy publicamos,
concebida dentro de las leyes del gusto más exquisito y ejecuta·
E n el v~stí~ulo, cuadro de Renato Reinicke.
da con todos los primores que la perfección artística exige.
- Pocos artistas igualan á Reinicke en la pintura de tipos y
del gran mundo, como son los del cuadro En el vestíGranada por los Reyes Católicos, boceto al asuntos
bulo: la finura de su lápiz, la delicadeza de su pincel y la suavi·
óleo de Is_idoro Marín (de fotografía ele J. García Ayola). dad
c)e su colorido hacen de sus obras modelos acabados de co·
- . Cua~do I sidoro Maria expuso su cuadro representando la Purrecc1ón
y de buen gusto. Todo en sus cuadros es elegante, torijicacúfo_ de los moriscos por el arzobispo Fr. Ilemando de Talavera, h1c1o:ios observar las relevantes condiciones que reconocía- do se presenta en ellos saturado por una atmósfera aristocrática,
mos en el Joven artista granadino para la composición de asun- de buen to~o_, que cautiva; lodo en ellos, además, es natural:
porque Reuucke busca y reproduce la verdad pero la busca
tos &lt;le car~cter histórico, augurándole, á seguir por tal camino,
allí donde hay belleza y sentimiento y color y 1~ reproduce con
seguros triunfos. Y que no nos equivocamos en nuestras apresin !g:iml cariño, dando á cada uno de los eiementos ele su com·
ciaci~nes, han v~~ido á demostrarlo después su magnifico cuapos1c1ón todo el valor que ha de tener á fin de que ésta sea com·
dro titulado Prmon de Boabdil en la batalla de Lucena) prepleta en su conjunto y en sus detalles.

XIV

Marta se arrodilló é hizo un esfuerzo para orar

Acercábase el día del proceso, señalado para principios de diciembre, y el
verdadero asesino no se encontraba.
La señora de Anee! f _Edmunda habían conseguido al fin que se les permitiera ver al preso, ,Y sus v1s1tas les proporcionaron un poco de calma y esperanza.
~o?erto p~rec1~ tan seguro del resultado y hablaba tan tranquilamente del
viaje á Italia_, fij~ndo la fecha después de terminarse el asunto, que su confianza se comunicó a las dos mujeres. Había tenido una larga entrevista con su
abogado, ~o~bre, célebre de arrebatadora elocuencia, que el marqués de San
Pedro hab1a ido a ~uscar á París; y este abogado, llamado Bourdoin, no parecía
dudar de la absolución. Entretanto Roberto trabajaba con afán en su Histo ·
de
duq~es de Saboya, y había casi co!1cluíd_o _el primer capítulo, capítulo rJ:
cons~der~c10nes generales, cuya redacción ex1g1ó un trabajo muy prolongado
y mmuc10so.
Estas n?~icias llegaba~ al castillo á intervalos. El tiempo era espantoso y
hasta las v1s1tas entre vecmos se hicieron difíciles. Con frecuencia algunas b:e.
ves cartas consolaban á las dos reclusas.
·
Entre las h~rman;s,_ cuando se veían manteníase una tensión visible. Las Jarg~s conversac!ones 1~ttmas que tanto les complacían y en que las dos se comunicaban sus 1mpres10nes eran ya imposibles; pero mostrábanse muy cariñosas
una con ot~a. Ed~rnnda coqueteaba casi para reconquistar el terreno perdido
pues neces1ta~a siempre ser adorada de aquellos y aquellas que la rodeasen. Po;
lo demás ha?1a recob~a~o en. gra~ parte su alegría y buen humor, y era tal en
ella, la necesidad de !1v1r ~ d1vert1rse, que la tristeza y la desesperación no Je
hacian gran_ mella. Bi~n m1rado, la alegría es más bien cuestión de temperament~ que de c1rcunsta~c1as. La p_rimera vez que Marta oyó la franca carcajada de
~ódmudndRa ebstremec1óse, pareciéndole que el eco debía resonar hasta en la pris1 n e o erto...

'º!

~ir mi barca yo sola. Si no te hubieras mezclado en nada, Roberto habría ido
a casa de la señora Robinsón; allí habría sido visto de todos, y nadie hubiera
pensado en acusarle de ese estúpido crimen ... y yo no me vería en la situación
equívoca y ridícula de mujer casada, sin esposo...
- ¡Edmunda!, exclamó Marta dolorosamente.
- Sin embargo, todo cuanto te digo es verdad...
Cuando yo era niña me llevaron á un teatrito, y recuerdo que allí había una
casada cuy~ m~trimonio se declaró irregular á causa de no sé qué... ; se la veía
en el acto s1gmente vestida siempre de blanco, pero entre las flores de su corona llevaba naranjitas verdes y otras casi maduras, lo cual hacía reir mucho.
- ¡La llevaban á usted á ver cosas bonitas!, murmuró la tía Aurelia.
- P ues bien, continuó Edmunda hablando más precipitadamente, yo miraba todas las mañanas mi corona de flores de azahar, buscando las naranjitas
verdes._.. Y esto me producía tales accesos de furor, que ayer mismo la quemé.
Los c: 1ados me llamaron aquí casi siempre señorita Edmunda; los campesinos
~ e, miran ~on sorna cuando pasan cerca de mí, y yo os digo que mi situación es
nd1cula é intolerable.
.
En el silencio de asombro que siguió á estas palabras, oyóse á la tía Aurelia
murmurar:
- Esta ~ez, el nudo ha roto la aguja... en seco...
·
- Quenda Edmunda, dijo Marta dulcemente, cuando recobres la calma te
arrepentirás de tu violencia, pensando que es horriblemente cruel haber sido
~on las . mejores intenciones del mundo la causa involuntaria de una sensible
esgrac1~... que esto hace pasar días penosos y noches terribles...
La senara de Anee!, pensando sólo en su hijo, exclamó:
- ¡Ah, Marta! ¿Por qué haber callado en el momento mismo? ¿Por qué ocultarse para que ahora no baste su palabra de usted para salvar á mi hijo? ...
~ ¿Por qu.é, por qué?, repitió Edmunda. ¿Quién sabe si todo este misterio no
encierra·un sentimiento oculto? En el país, según me han dado á entender últimamente, se cree que cuando Marta era más joven se trataba de casarla con
R oberto.
- No he merecido tus duras palabras, Edmunda, dijo Marta, y por esto mismo no las toleraré.

La señora_ D~spois ?ejá~dose llevar otra vez completamente de la antipatía
~~ 11 un J?nnc1p10 le msp1rara Edmunda, decíase para sí: «i Diantre, ha sido ama61 1s1 mientras se trató de aprovechar del afecto que tan bien sabía granjearse!·
mas a ora, ¿?e que le serviría? Nos ha robado el marido que deseaba y ahor¡
1
no nos necesit~ ya por el pronto; pero quiere dejar una puerta abierta. En tanto
0
qu~ C?m vecmas del .:ampo, y al fin parientes, no pongamd.; mala cara, todo
t
eS a _bt~• P,ues no ~e nne en tales condiciones; pero la intimidad, la verdadera... 1a l .... esta munó de ve:as. ¡Y_ pensar que Marta sufre, que le ama... con ese
af~cto e_xagerado que e_n. la mfa~c1a manifestó á sus muñecas hasta las más feas
Yª¡ s~s jug~etes más viejos! ... S1 aún se debiera hacer el sacrificio lo haría y si
se. a 1mp~s1ese otro más doloroso, lo aceptaría también ... »
'
'
bl~~o ¡reta s~g~ramente la tía Aurelia que pronosticaba tan bien! No había haá 11º su sf nna más d~l secreto adivinado, y Marta no la excitaba tampoco
e 0, pues a menor alusión bastaba para que sufriese.
A p~sar ~e. todo, la señorita de Levasseur esperaba: sin duda se descubriría
ª1as_esmo a tt:mpo, y,no sería ya necesario su doloroso sacrificio. En diversas
ocas10nes hab1ase cre1do estar sobre la pista del culpable y todo el mundo .
cluso aquellos qu_e al _principio se mostraron más hostiles'á Roberto acabó' mcreer en aquel m1stenoso malhechor desaparecido y en que bastaría 'una cas~~~

~
n;t

�LA I LUSTRACIÓN

..

ARTÍSTICA

NúMERO

583

lida_d ~ualquiera para e~contr~rle. El criminal, estimulado por!ª impunidad, no I encontró_palabras; p~r? representóse el horror del sacrificio con una claridad que
se hm1ta comúnmente a su primer atentado, y un segundo delito conduce con estremec1óla, comumcandole como una idea de las angustias de la muerte.
frecuencia á descubrir el primero...
Marta comprendió que hasta entonces no había creído realmente que se exiGracias á su amigo el marqués de San Pedro, Marta pudo seguir estas peri pe- giría de ella aquel sacrificio en el último instante; esperaba que sucediera oporcias; cada vez creía más en el triunfo, sin duda !Jorque necesitaba mucho creer en I tunamente alguna cosa - no sabía cuál - que la dispensaría de hacerlo; y de este
él, y á cada nueva decepción recaía en su pesar. Su salud comenzó á resentirse modo, su desgraciado amor, exhalado en quejas dolorosas, no llegaría á ser asunmuy de veras de aquellas terribles agitaciones, y nada era más curioso que ver to de conversación para todos; su conducta, su sacrificio, el afecto á su hermael contraste entre sus facciones pálidas y enflaquecidas y el fresco y tranquilo na y su modo de pensar sobre ella no serían conocidos y criticados, y sobre
rostro de Edmunda, que después de las primeras semanas había recobrado su todo, no llegarían á conocimiento de Roberto...
buen apetito, y persuadida de que todo marcharía bien, hacía sus preparativos
Más de una vez, presa de un acceso febril habíase levantado de noche para
para una prolongada permanencia eri el extranjero.
irá coger su diario y arrojarlo al fuego, pues destruída esta prueba: le bastaría
Al fin se llegó á la víspera del día en que iba á verse el proceso; no se había guardar silencio. Nadie sospechaba la existencia de aquel escrito; ella afirmaría
descubierto nada; y la impresión general, tan voluble y traidora, volvía á ser hos- la verdad, es decir, que había dado cita á Roberto en el parque y que estaba
ti! para aquel acusado que llevaba un nombre distinguido.
allí en el momento del crimen, y aunque no se la creyera en absoluto, este tesUn gran diario de París, célebre por su violencia para todo acusado, fuera timonio tendría sin embargo algún peso. Al proceder así, seguramente se hablaquien fuese, publicó un artículo, á la verdad muy notable, sobre la cuestión ría de ella, y su reputación podría resentirse. No pocas personas dirían, como la
Bertrand-Ancel, que era una verdadera requisitoria, y contundente.. El redactor misma Edmunda dijo: «¿Por qué tanto misterio? ¿Qué se oculta bajo todo eso?&gt;&gt;
judicial daba muchos detalles sobre la juventud de los dos condiscípulos, sus
A pesar de todo, Marta no había arrojado el libro al fuego; lo conservaba y hadisputas de colegiales y su antipatía natural, insistiendo mucho sobre la rivalidad ría uso de él; pero la lucha interior era terrible.
de los dos jóvenes enamorados de la misma mujer, rivalidad que desde los priLa señorita de Levasseur había olvidado dónde estaba, sin recordar tampoco,
meros días tomó un carácter inusitado de violencia y de pasión. Dos palabras entregada á su lucha, como Jacob con el ángel, para qué había entrado; pero
dichas al paso respecto á la destreza muy conocida del capitán como duelista una mano se apoyó suavemente sobre su hombro: era el cura, que hacía algunos
y á la vida estudiosa y sedentaria de Roberto de Anee!, que por tal concepto minutos observaba á la joven.
era incontestablemente inferior á su adversario, terminaban el artículo con pér- Es usted muy desgraciada, mi pobre Marta, le dijo.
fida intención.
- Sí, señor cura, muy desgraciada.
Después de leer aquello, todo jurado debía decirse que el hombre á quien
El sacerdote quedó asombrado ante la expresión trágica de la joven.
iba á juzgar no podía menos de ser el asesino de Jorge Bertrand, un asesino á
- Confíe usted en mí, le dijo, ya verá cómo se alivia. No es solamente la anquien se trataría de reconocer inocente á causa de la respetabilidad de su fami- gustia de ese desgraciado proceso lo que así la martiriza; estoy seguro que hay
ha y de su fortuna.
otra cosa. Yo soy eclesiástico, y mi más grato privilegio es consolar á los que
Marta no leyó aquel diario hasta la víspera del proceso, y creyó volverse loca. sufren.
Al día siguiente debía marchará Caen á primera hora, pues había sido citada
Marta movió la cabeza negativamente.
como testigo, dispensándose de la comparecencia á la madre y á la joven espo- El sacerdote, dijo, no puede hacer nada por mí, porque no me es dado basa del a~usado, pues nada tenían que decir que no fuese conocido ya.
blar. Tengo un deber que cumplir, y aún no sé si le cumpliré.
Lo primero que hizo fué correr á casa de su amigo y consejero él marqués de
- Cualquiera que sea, usted hará lo que debe, pues la conozco.
San Pedro: aquel día el frío era muy seco y riguroso.
- No sé si usted me conoce, ni aun si me conozco á mí propia. Me siento ca. Al entrar en la habitación del marqués, que no podía salir por hallarse aque- paz de cosas malas, y lo que es peor, de cobardías.
pdo de un ataque de gota, apenas pudo Marta balbucear algunas palabras.
- Pues yo no temo nada sobre ese punto; y ya no es el sacerdote quien le habla
- Ya ~o sé, hija mía, dijo el anciano; he leído el artículo...
á usted, sino el antiguo amigo. Llega un momeuto en que todos, lo mismo el
- Y bien, ¿qué hacer?...
anciano débil, como yo, que una hermosa joven, pura y noble como usted, nos
- Nada tenemos que hacer. El Sr. Bertrand remueve cielo y tierra para ob- vemos en la precisión de llevar á cabo un acto heroico: bien esté el heroísmo
tene_r lo q~e él llam~ justicia y tiene muchos amigos periodistas. Roberto co- oculto en el corazón, ó ya se revele á los ojos de todos, siempre será heroísmo;
metió_ una 1mp_rudenc1a al tratarle con cierta ligereza en el momento de la pri- y en la hora en que nos sentimos desfallecer, siempre hay algún auxilio próximo:
mera mformac1ón; y ahora ese hombre está persuadido de que su misión es sa- no dude usted, Marta; yo no he dudado jamás...
grada, Y de q~e debe hacer condenar á su cuñado de usted; de modo que
Y como la joven no contestase, el anciano se alejó lentamente. Un momento
como adversario el tal Bertrand es muy temible. Nosotros hemos estado en de- después, al levantar la cabeza, Marta vió en la penumbra, á la vacilante claridad
masía seguros de _nuestr? buen derecho, y convencidos de que las pruebas con- de la pequeña lámpara, la cabeza blanca del sacerdote, que estaba arrodillado
tra Roberto eran insuficientes; después la opinión se modificó en nuestro favor, en un reclinatorio.
Y esto nos .t:anquil_izó, pareciéndonos que, así de lejos como de cerca, se reco•
Tal vez no era el cura del pueblo un «gran talento,» sino simplemente un
no~ería la mocenc1a del acusado. No ha sido así; sucede todo lo contrario; pero ,buen hombre,» como él mismo había dicho, que solamente deseaba seguir su
felizmente, tengo 1~ mayor confianza en el abogado de usted, y estoy seguro de camino en paz consigo y con los otros; pero tenía un alma cándida y creyente,
que su defensa sera una obra maestra...
y oraba por Marta con todo el fervor posible.
- ¿Y no se ha descubierto nada?
Entonces parecióle á la joven que todo cuanto se había acumulado en ella de
- Absolutamente nada; ust~d se aferra á esta esperanza, pobre Marta; pero pasiones arrebatadas y de dureza se desvanecía poco á poco, y que su corazón
Y~ lo ve uste~, estamos en ,la ~1~ta del proceso y no se ha hecho ninguna detcn- se dulcificaba; sufría menos, y en medio de sus angustias experimentó una espec1ón que pudiera e)evarse ~ prisión.
cie de tranquilidad; después lloró dulcemente, ella, que no encontraba lágrimas
- Pero se han visto delmcuentes que se denunciaron en el último instante hacía tanto tiempo.
antes que permitir que se condenara á un inocente...
Cuando se levantó, ya no temblaba, y cuando salió de la capilla, arrostrando
- Sí, en las novel~s de Víctor Rugo; pero no en la vida real... ¡Vamos, no el frío glacial de aquel día, sintióse fortalecida, casi serena. El sol, semejante á
crea ~sted que un m1setable, capaz de asesinar á un hombre disparando sobre una inmensa bola de fuego, desapareció en el horizonte, y á Marta le pareció
él á ~iro seguro desde la espesur~ de un bosque, sea capaz de una abnegac_ión que sus últimos rayos eran para ella y que le comunicaban nuevo valor.
heroica!. .. Pero yo estoy tranquilo sobre el resultado. Después de una habil
defensa, no se podrá sostener una acusación apoyada en pruebas tan poco
XV
concluyentes y el jurado absl1iverá. Tranquilícese, y sobre todo cálmese, querida Marta, pues ya está usted medio enferma y el día de mañana será terrible.
La «sociedad? de Caen estaba casi orgullosa de la «hermosa causal que de- Sí, verdaderamente terrible, murmuró la pobre jow~n.
bía verse muy pronto. Los forasteros, sobre todo durante la temporada de ba- Y yo no puedo acompañar á. usted, porque esta maldita gota me tiene cla- ños, iban de vez en cuando á visitar las antiguas iglesias, la Abadía de hombres
vado en el sillón.
y la Abadía de mujeres; mas por lo regular la ciudad dormitaba con sueño proMarta contestó solamente con un ademán; prefería estar sola, y por eso había vincial. Las mujeres no variaban mucho sus conversaciones cuando estaban de
resistido á las instancias de su tía, que deseaba acompañarla en su viaje.
visita; pero desde hacía tres meses no sucedía así. Hablábase en pro ó en con-Absuelto ó no, repuso, fija en su idea, sobre Roberto pesará siempre esa tra de Roberto de Ancel.con verdadera pasión; las jóvenes solteras y casadas se
monstruosa acusación, á menos que...
interesaban sobre todo por la pobre esposa del preso, herida por la desgracia en
- ¡Diantre!.. exclamó el marqués algo confuso; Roberto viajará y en este medio de su felicidad y en el momento en que iba á emprender su viaje de boda.
país se olvida todo tan pronto...
Comentábanse de antemano las peripecias del proceso, los magníficos debates
Marta se levantó para marcharse:
que se esperaban; se sabía que Roberto había trabajado en su prisión con tanta
- Ha sido usted muy bueno para mí, dijo al marqués, y no lo olvidaré nunca. calma como si se hallase en sn propio gabinete; y si los unos veían en esto la
El anciano conservó un instante la mano de la joven entre las suyas.
tranquilidad de la inocencia, otros lo consideraban como una afectación, ya que
- ¡Valor, Marta, dijo, valor! Al menos no estará usted sometida á la curio- no como el cinismo de un hombre seguro de antemano de que no era uno de
s!dad de los otros ~estigos, _pues_ ha inspirado usted tanto respeto como compa- aquellos á quienes un jurado condena.
sión, y he consegmdo, no sm dificultad, que le permitan esperar su turno en un
Así se explica que, llegado al fin el día, se llenase de bote en bote la sala del
saloncito contiguo á la sala de audiencia.
tribunal; las damas elegantes se habían dado cita allí como si se tratase de ver
Marta dió las gracias maquinalmente, pues todo le era igual. En la obsesión un drama de sensación; los magistrados, los abogados con su toga, los doce jude su idea fija, miraba con indiferencia las molestias y las contrariedades.
rados, y en fin, todo el imponente aparato de la justicia, apenas bastaban para
Cuando estuvo fuera, sobrecogióla el frío y comenzó á temblar.
reprimir el rumor vago de una multitud que se divierte.
Entonces sintió haber ido allí; mas érale preciso no estar enferma.
Roberto de Anee], aunque muy sereno, estaba bastante pálido; había enflaqueA pesar de su pena y de su indisposición, admiróla el espectáculo que en cido, y un círculo rojizo rodeaba sus ojos. Contestó á todas las preguntas que
aquel momento presentaba la campiña. El sol de invierno se había salido súbita- se le dirigieron con voz clara y firme; mas por aquel interrogatorio no se supo
mente de entre las nubes, y próximo ya al horizonte, enviaba sus rayos deslum- nada nuevo: repitió la declaración que había hecho al día siguiente del crimen,
br~dores á través del ramaje cargado de escarcha: el pueblo parecía aletargado, y nada más; pero cuando el presidente le preguntó qué había hecho en la tarde
remando en él un silencio de muerte; por encima de la tierra helada y triste, el del jueves, 27 de julio, hubo en su respuesta cierta vacilación que no pasó inadsol parecía hablar de alegría y de esperanza: era un cuadro encantador.
vertida para nadie.
puerta de la pequeña iglesia estaba abierta, y Marta, aunque temerosa de
- Estaba de mal humor, y salí á pasear.
subir la cuesta en aquel instante, porque apenas podía tenerse en pie, llegó
. - ¿Por dónde fué usted?
hasta ella y entró.
- En dirección á la costa.
La paz profunda de aquel campo, silencioso por el rigor del frío, era más
- ¿Nadie le vió á usted salir?
tranqmla aún en la sombría capilla, donde brillaba como una estrella la peque- Supongo que no, señor presidente. La disposición de la casa es bien conoci1ia lámpara del santuario. Marta se arrodilló, hizo un esfuerzo para orar, y no da, toda vez que en el momento de procederse á mi detención fué examinada de-

1:ª

NúMERO

583

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tallada mente. La ventana de mi despacho se halla á tan corta distancia del suelo,
que por una costumbre adquirida y~ en la infancia, yo saltaba siempre al jardín
e~ vez de ,atravesar la casa para salir por la P,uerta. Rara vez los criados ó el jar- 1
dinero estan en aque~ lado, donde no ~ay mas que una pendiente cubierta de
césped con algunos arboles. Desde alli se puede pasar al bosque en pocos minutos.
- Según el sistema de defensa empleado por usted, por esa ventana es por
donde el supuesto malhechor puede haberse introducido para robarle el revólver. ¿No es así?
- Esto es lo que me parece probable.
- ¿Y habrá usted dejado pasar cerca de dos meses sin pensar en abrir la caja
donde guardaba usted el arma, ni en levantarla siquiera, echando de ver así que
se la habían robado?
- No pensé en ello, señor presidente. Mi madre es quien había colocado ese
revólver á mi alcance, y á mí me parecía la precaución imítil, porque nuestro
país es muy pacífico.
-¿Nos~ le esperaba á usted en casa de uno5 amigos el día en que secometió el cnmen? .
- Sí, señor presidente.
- Sin embargo, aunq~e la señorita Levasseur, en quien ya pensaba usted, debía estar allí con sus amigas, usted no compareció. ¿Por qué?
- Ya s_e lo he dicho, señor presidente; aquel día no estaba de muy buen humor Y.qmse busc~r la so(edad.
.
El mterrogatorio contmuó, contestando siempre el acusado, como al principio,_con mucha ;~lma. El pr_ólo~o y la exposición de los hechos carecían un poco
de 1~terés dramattco; _el_ aud1to:10 esperaba alguna cosa mejor.
Sm embargo, la op1món vacilaba; las mujeres en general mostrábanse favorables al joven acusado, de expresión inteligente y dulce; los hombres, sobre todo
los que afectaban exageradas pretensiones de igualdad, censuran su título, y eso
que apenas hacía uso de él, sus modales sencillos y su aire de distinción. Evidentemente hacía poco aprecio de pruebas que hubieran agobiado á un mísero
culpable.
.
.
C_uand~ el pre~tdente le mterrogó sobre sus relaciones con la víctima, contestó sm vacilar un mstante:
..
.
- Jorge Bertrand y yo contra11mos amistad, como sucede á menudo, por la
circunstancia casual de nuestra igualdad de rango y por nuestra emulación al
disputarnos l~s puestos; No existía e~tre nosotros una verdadera si~patía,_pero
nuestra~ relaciones teman ese _atra:llvo que resulta con frecuencia de ciertas
desen;ieJanza?. ~os agradaba d1?cut1r, seguros de antemano que cada cual sostendria, por mstmto, lo contrano de lo que el otro afirmase; pero rara vez las
discusiones llegaban á su fin, porque Bertrand no podía sufrir contradicciones
y yo no quería disputas. Sin embargo, él era quien trataba siempre de hacer las
paces.
,
.
,
.
- De esto resultana, observó el presidente, que usted tema más atractivo
para el capi~án que éste para usted.
.
.
.
- ~~ posible, sobre todo en n~estra pnme:a JUv~ntud; pero ese atractivo se
conv1rt1ó,en ~¡ muy pron~o en_ odio apenas fuimos nvales.
- Segun dicen, ese cdio e~istía por ambas partes.
.
.
. ,
- No del todo; tal vez yo_1uzgaba severamente al capitán; pero m1 ant1patia
no lle&amp;ó nunca al aborrec1m1~nto.
.
- Sm embargo, usted ha dicho que buscaba ocasión de provocarle.
- E~ efecto, señor presidente, estábamos en esa ~ituación en que yo no v_eía
otra salida; pero buscaba un pretexto, pues no quena mezclar en esta cuestión
el nombre ~e la joven que ?espués_ fué mi esposa.
- El cap!tán era u~ due!tst~ ternble.
. .
-. No )o 1,gnoro, s~nor presidente, y se ha msmuado que el te~or fué lo que
me mduJo a ser asesmo; en una p~labra, se me ac~sa de C?bard1a;_pero yo ape1~ á to~os los hom~res de honor, a todos cuantos tienen m1educación, para que
d1gan s~ esto es posible.
. .
.
.
Hab1a en la voz de Ro~ert? tal acento de verdad y una md1~nac1ón tan v1bran_te,_que en todo el a~d1tono resonó un murmullo de a~robac1ón, muy pronto
repn m1do, pues el presidente recordó al acusado con cierta sequedad que estaba allí para contestar á las preguntas que se le hiciesen y no para defender
su causa.
.
Después comenzó el desfile de lo~ t~st1gos.
.
.
El Sr. Bertran~, hermano de ,I~ v1ct1m~, cura ~e~larac1ón ~ra con~c1da de ~nten:an?, no contnbuyó mucho a ilustrar a la JUst1c1a, pero s1 produjo u~a viva
cuno~1da~: er~ hom br~ de ~nos cuarenta ~~os, muy. flaco, d~ tez amanllenta,
de mirar mqmeto y OJOS bnllantes; muy b1hoso y v10lento sm duda, como su
hermano. Su declaración, muy moderada en la forma, era abrumadora; era evidente que para él no admitía ~uda que Robert? fu~se el autor del crime?} y
cuando s~ le recordó que el capitán y él no hab1an s1?0 hermanos muy cannosos, abstuvose de protestar. Pero los dos eran de la misma sangre, y después de
to?o, esta sangre_ ~edía_ve~g~nza. El testigo aseg~ró gue jamás recobraría la paz
m1entr~s. no se h1c1es~ JUStlc1a. Después ~abló m1?uc_1~samente de su llegada al
país, d1c1e_ndo por últ:mo que no había visto al princ1p10 en el Sr. de Anee! más
que el antiguo compane_i:o de su h_erm~no.
.
.,
. - El Sr. de Anee], d1Jo, fué ,qmen d1ó orden ~e env1_a~~e el telegi:ama, y a dec1,r verd_ad, s?la~ente él conoc1a las señas ~e m1 dom1c1lio. En su JU;entud ,hab1a vemdo a m_1 c~s~ ~lgu~as veces _con m1 hermano para pasar el d1a; y as1 es
que apenas le v1, dmg1me a él ofreciéndole la ma~o; mas aparentó no vei:la y
saludóme_como si yo fuera un desconocido. Parec1a ~uy preocupado y tac1turn?, y eno¡ado sobre todo por las preguntas que se le h1c1eron. Es_to me sorprend1? mucho, pues habíanme dicho ya que el barón de Anee! y m1 hermano corteJaban á la mism~ joven_y que las probabilidadesya~ecían estar más en favor ~e
Jorge que de su nval. M1 hermano, por lo &lt;lemas, a pesar de su rudeza, hab1a
t .d .
.
.
b'
b" d 1 "fi
e111 o siempre mucho partido, entre las mu1eres; sa ia muy 1end u c1 caúrb_su
1
voz y sus miradas cuando hac:a el amor, y e contraste entre esta u1zura s ita
Y su acostumbrada dureza tema algo de seductor. Cua,ndo el Sr. de Anee! me
n~gó su mano, asaltóme la idea de que no era extraño a la muerte del desgraciado Jorge.
..
- Sm embargo, nada d1Jo usted entonces.
.
.
- ¿Podía hacerlo, señor presiden~e~ El :3r. de Anee!, conoc~do y apre~1ado en
todo el país, parecía tener una pos1c1ón ~natacable; y ademas no P?d1a alegar
prueba alguna contra él absolutamente mnguna, y en su consecuencia me callé;
pero cuanto más reflexi~naba en aquel triste asunto, más me convencía de que

149

mi primera impresión no me engañó. Jorge, extraño en este país, no podía te•
ner enemigos; si promovió .discusiones, como le ?ucedía c~si en todas partes, ~o
debe admitirse que estos ligeros ~ltercados pudieran excitar contra él ~n odio
implacable. Todo el mundo conviene en que el Sr. de Anee! estab~ apas10nadamente enamorado y de que su amor era el de un hombre de estudio, que no ha
conocido verdadera juventud, en el que se produjo una explosión súbita con una
violencia que rayaba en locura. Cuando se vió solo para hacer la corte á la señorita Levasseur, libre de un rival peligroso y temido, su humor sombrío cambió súbitamente; no ocultaba ni podía ocultar su alegría, y era tal su aire de
triunfo, que el contraste con su estado de ánimo anterior llamó la atención de
todo el mundo. Cuando recibí la noticia de que se le había reducido á prisión,
no me extrañó, porque la esperaba desde el día en que le vi de pie junto al cadáver de mi hermano.
A la declaración de Bertrand siguió la del criado Isidoro Benoist. Decididamente el público comenzaba á divertirse. El aspecto del testigo no le recomendaba por cierto; tenía la frente deprimida, boca bestial, y hubiérase dicho que
estaba muy orgulloso de la importancia que le daba aquel asunto. Habíase acicalado cuanto era posible; llevaba el cabello muy lleno de pomada y la camisa
sumamente blanca. Parecía como si midiese sus palabras, buscando frases escogidas, sobre todo al principio del interrogatorio; pero después no se esmeró
tanto, sin duda por estar seguro de que toda aquella brillante asamblea le escucharía con recogimiento. Al tratarse de la jira campestre, el presidente le dijo:
-¿Usted pretende haber oído una discusión violenta entre el acusado y la
víctima?
- Sí, señor presidente. Yo iba r,on algunos compañeros á buscar las cestas que
contenían el almuerzo; pero en aquel instante me hallé solo, y como no oía bien,
me acerqué.
- ¿Tiene usted la costumbre de escuchará las puertas?
- A las puertas no, porque es fácil ser sorprendido; pero confieso que soy curioso; y por 0tra parte, deseaba informarme bien.
- ¿Por qué?
- ¡Diantre! Señor presidente, en el campo hay poca distracción y en las cocinas se hablaba mucho de las ocurrencias del país. Cada cual tenía su candidato, y el mío era el capitán. Al principio, la señorita de Levasseur le animaba
mucho; después ...
- ¿Qué más, qué más?
- Después, señor presidente, las personas bien informadas del país decían que
la hermana mayor era la que debía casarse con el Sr. de Anee!, y no la menor.
En fin, todo ese asunto me divertía, y por eso tuve empeño en informarme bien.
No llegué hasta el fin de la disputa pero afirmo que oí amenazas de muerte.
- ¿De parte del Sr. de Anee!? '
- Aquellos dos señores estaban muy encolerizados, y hablaban á la vez sin
e_scucharse apenas; pero al fin el capitán marchó corriendo, y apenas tuve el
tiempo suficiente para ocultarme detrás de un árbol. ..
- A causa de esas habladurías después del crimen se le despidió de la casa
donde estaba; y entonces decía usted, sin prueba alguna, á quien quería escucharle, que el culpable no era otro más que el Sr. de Ancel.
- Yo estaba seguro ... En cuanto á mi despedida, la señora era una extranjera, y yo no estaba contento en una casa donde al servirá la mesa no comprendí~ una palabra_ d~ lo que decían. Ya estaba yo dispuesto á dejarla cuando ]a
senora me desp1d1ó pero muy pronto encontré colocación. Antes de transcurrir
una semana, todo el país estaba tan seguro como yo de que el barón era quien
había dado el golpe.
- ¿Y le fué entregado á usted el revólver por el campesino que le encontró?
- Sí, señor p~esidente, y no quiso entregármelo sin que Je diera dos duros;
pero no me dolió desprenderme de ese dinero. Acto continuo, frotando bien
el arma, d~scubrí las iniciales R. A .. . y llevé el revólver al señor procurador de
1~ República. En un principio tuve la idea de hacer que dos gendarmes detuv1era:1 al acusado antes de la ceremonia; pero hubo dilaciones; y por otra parte,
el s~nor procurador, que cono~ía de nombre las dos familias y deseaba evitar el
esca1:dalo en cuanto fuese posible, fué en persona al castillo donde, según se me
ha dicho, le tomaron por un convidado ...
I?espués de la declaración del testigo Benoist, el interés languideció, pues los
testigos no era~ num;rosos y nada nuevo tenían que decir.
Muy pront~ iban a s~r llamados los testigos de descargo, que eran principalment~ los vec1?os y amigos de campo, personas de buena educación, que desde
los pnmeros d1as se habían pronunciado en favor de Roberto.
_Hubo c?mo un estremecimiento seguido de un silencio de muerte cuando el
senor presidente dijo:
- Que entre la señorita Levasseur.
. ~sto era en r~alidad interesante; se penetraba en el corazón del asunto; y 0¡.
v!dando~e la fatiga, no se pensó más que en mirar y escuchar con toda la atenc1ón posible para no perder ni una palabra.
Hací~ ya dos h?ra,s que Marta esperaba: al llegar al Palacio de Justicia, donde
la multitud se opnm1a, pudo apreciar lo que su amigo el marqués había obtenido p_ara ella, pues en el estado de enervamiento en que se hallaba le habría sido
h?rnblemente doloroso verse o~jeto d~ _la curiosidad y hasta de la compasión.
Sm embargo, ~quella noche hab1a dormido un poco, agotadas sus fuerzas y casi
contenta tamb1é,n de acabar de una vez y quedar libre de la pesadilla que la
atormentaba, as1 como _el herido llega á desear la presencia del cirujano, diciéndose que una vez practicada la operación se le dejará en paz ...
. No obstante, ~ pesar de todo, Marta creía en el milagro esperado hacía tanto
tiempo, persuadiéndose de que en el último instante el mismo culpable se
_
sentaría á decir. «¡Ese hombre es inocente!» ¡Cuántas veces su imaginació1 p~e?í,a evocado ya la escena!.. Después veía á Roberto libre, orgulloso y feliz; ; etfa
ma á encerrarse en su soledad llevando consigo su secreto Todo 1· , b.
,_
R b
.
,
'
.
na ien a.si,
. o ,erto ¡amhás ,sa?ria que ella le había amado apasionadamente, y Edmunda
Jamas sospec ana a qué precio compraba su felicidad. El pudor de su alma, ese
santo pudor, sería respetado y no se le exigiría el horrible sacrificio.
Y ei: la p~queña habitación solitaria donde estaba, Marta retenía el aliento
para 01r me)or. ~lgun~s veces l)egaba á sus oídos un murmullo confuso desde la
sala de aud1enc1a; sabia muy bien que si la escena evocada por su cerebro fatig~do se ~roducfa en ~fecto, aquel murmullo suave se transformaría en aclamac1ones rmdosas que nmgún reglamento podría impedir. ¡Qué alegría ara su tierno corazón!..
P
( Co11ti1111ará)

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

condiciones especiales, delante de un fondo enteramente obscuro, pues se escapa gran número de fenómenos, los movimientos de las nubes, los del mar, la
marcha de los barcos, la de los animales silvestres, etc.
Para obtener una serie de imágenes en estos disLA CRONOFOTOGRAFÍA
C'IUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO
EN LAS CIENCIAS FÍSICAS Y NATURALES

( Couti1111arió11)

Para velocidades de traslación diferentes, el número de imágenes que se pueden sacar en un tiel11po
dado sin que haya confusión es tanto mayor cuanto
más rápida la traslación, de lo cual es fácil convencerse comparando las imágenes sucesivas de un hombre que corre (fig. 3) ( r) con las de un hombre que
anda; las del primero están más desviadas entre sí,
aunque la frecuencia de las iluminaciones haya sido
la misma en uno y otro caso.
Así pues, la confusión de las imágenes por _sup~r- Fig. 5. Nueva disposici6n del aparato que se presta á todas las
aplicaciones de la cronofotogrnfía (escala de I por IO)
posición es el límite que se impone á las aplicaciones de la cronofotografía sobre placa fija. Sin embargo, en muchos casos se obvia este inconveniente por
tintos casos es preciso recogerlas en una placa senmedio de ciertos artificios.
sible
que se mueve y presenta sucesivamente puntos
El medio más natural consistía en reducir artifidiferentes de su superficie al foco del objetivo fotogra.fico: el revólver astronómico con que M. Janssen
recogió un1 serie de imágenes del planeta Venus al
pasar sobre el disco luminoso del sol, esta basado en
el principio de este procedimiento; pero las imágenes
de los astros estaban tomadas á intervalos bastante
largos; de suerte que para sorprender los movimientos tan ra.pidos que ejecutan los animales, era preciso
encontrar un procedimiento también muy rápido. A
este efecto construímos hace algunos años una especie de fusil cuyo cañón contenía un objetivo y en
cuya culata había un cristal fotográfico circular: apuntábase con este aparato al objeto en movimiento, y
oprimiendo el gatillo poníase en movimiento el mecanismo, el cristal sensible giraba sobre sí mismo y
se paraba doce veces por segundo para recibir las
imágenes del objeto, siendo el tiempo de exposición
de 1/720 de segundo aproximadamente.
A pesar de las dificultades mecánicas que habían
tenido que vencerse para obtener tal frecuencia de
imágenes, el resultado conseguido no era absolutamente satisfactorio, pues las imágenes eran demasiado pequeñas y al ser ampliadas no daban sino detalles insuficientes.
Si hemos eliminado sistemáticamente los aparatos
de objetivos, como el de Muybridge, que ha dado sin
embargo tan admirables resultados, ha sido porque
en estos aparatos los diversos objetivos ven, si así
puede decirse, el objeto fotografiado en incidencias
diferentes. Ahora bien: esos cambios de perspectiva,
que no ofrecen inconvenientes cuando se opera sobre objetos apartados y de grandes dimensiones, no
permitirían estudiar los objetos de pequeño tamaño
-que deben ser observados muy de cerca y con mayor
razón los seres microscópicos: por esta razón nos
1, ¡¡,
hemos decidido á emplear un objetivo único por cuFig. 4. H ombre \·estido ele negro y por consiguiente invisible
yo
foco pasa una película sensible que se detiene
cuando pasará por delante del campo obscuro y no quedarán
marcadas en la imagen cronofotográfica más que las líneas para recibir cada imagen, vuelve á pasar y de nuevo

..

blancas que lleva en los brazos y las piernas.

cialmente la superficie del cuerpo estudiado. Ennegreciendo las partes que no es indispensable representar en la imagen se las hace invisibles, y por el
contrario, se iluminan aquellas cuyo movimiento se
desea conocer. Así por ejemplo, un hombre vestido
de terciopelo negro (fig. 4), y que lleve en los miembros galones y puntos brillantes, no_da en su imagen
sino líneas geométricas, en las cuales se reconocen
sin embargo las actitudes de los diferentes segmentos de los miembros.
En el plano ó dibujo que así se obtiene, el número de imágenes puede ser considerable y la noción de
tiempo completa, puesto que el espacio ha sido voluntariamente reducido á lo estrictamente necesario.
II. -

p

CRONOFOTOC.RAFÍ A SOBRE PELÍCULA MOVIBLE

Los resultados dados por la cronofotografía para
el análisis de los movimientos son, pues, muy suficientes cuando sólo se quiere conocer sus caracteres meca.nicos; más adelante los examinaremos. Pero
este método no puede satisfacer al fisiólogo que desea analizar los movimientos de conjunto de·un órgano, como tampoco satisfaría al artista que, en un
grupo de personajes, quisiera seguir las actitudes y
expresiones de cada uno de ellos. Además la cronofotografía sobre placa fija no puede realizarse sino en
(1 ) Véase el núm. 582.

NúMERO

583

tentativas que han sido precisas para realizar este
programa, y nos limitaremos á dar la ~escripció~ _del
aparato único, en el que se han reumdo defimt1vamente todas las disposiciones necesarias para la cronofotografía, sea sobre placa fija, sea sobre película
móvil. Este aparato recoge igualmente bien las imágenes reducidas de los objetos situados á larga distancia, que las imágenes en su verdadero tamaño de
los pequeños objetos cercanos, que las imágenes muy
ampliadas de los seres que se mueven en el campo
del microscopio.
•
Añadamos que la dificultad de recoger un movimiento no depende siempre de su excesiva velocidad,
puesto que los hay que se nos escapan también por
su gran lentitud; así por ejemplo, nos parece inmóvil
la aguja del reloj. Y sin embargo otros son más lentos que éste é importa hacerlos perceptibles, y lacronofotografía se presta también perfectamente al análisis de esos movimientos.
III. -

DESCRIPCIÓN DEL CRONOFOTÓGRAFO COM PLETO

El cronofotógrafo completo (fig. 5) contiene, como
hemos dicho, todo lo necesario para recibir imágenes,
bien sobre una placa fija, bien sobre una tira pelicular móvil: su tirado variable y la posibilidad de cambiar el objetivo que se utiliza permiten obtener, se-

NúMERO

583

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA
campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos Ysu~
causas. En el Calor nos da á cono7er los grand.es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcac1~nes t_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquma~ industriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña. d~l contemdo del M~~oo FÍ•
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran utilidad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACIÓN

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO G UILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D. MANUIIL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ,

CALOR, MAGNETISMO,

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procur;remos repartir semanalmente.
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de
de peseta;
peropor
enacllvar
el ~aso ladetermmac1ón
qu~ lo ?esea•
ran50
loscéntimos
suscriptores
ó de que
de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o paginas, á peseta cada uno.
.
.
Ademas de los grabados intercalados en el,texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notabl_es de la F!sic~, asl, como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféncas u otras
que afectan á la constitución de g¡obo. .
, .
1
Cada una de estas láminas ó mapas
eqmvaldrá á 8 paginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
. • d
•
nues~os corres~n~~~¿os:srai~!J:l~:del musita o 1UJO c01
que o recemos a pu 1
·

Edic-i(m, ilustrada con grabados intercalados ¡¡ lámina.,
CT()ITWlitografia.dai
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza ~ue se relac!onao con Ja física del globo, pero con tal senc11lez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?PU!ar. ~iguiendo en. él el
Plan admitido po~ cuanto~ de_: la c1enc1a física han esenio, Jo di· secciones prmci pales, en cada una de ellas se enunvide en vanas
cia la ley que preside á los fenó~en?s de que trata, el descubrimiento de estas le_yes y las apli~c1ones de cada una de las
d
b ta
d
fu~~ ::!~és
~!1~~nf~6:nos y leyes de la Graveáad e;plica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

~~~;~:r

Muestra de los grabados de la obra, -Audiciones
telefónicas teatrales

ª

esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, I pre~sa
h1'dráu11·ca, los pozos artesianos, las bo_mbas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Soni'do agrega u_na enumeración de todas las aplicaciones de la Acú5hi:a Y de los IDSt rumentos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografía, microscopio, etc. El Magnetismo y la Electricidad proporcionan ancho

Se enviarán prospectos á. quien los reclame á. los Sres. Mont aner Y S-1m6 n, c alle de .A:ragón , núms· 309 y 311, Barcelona
lf"'\ • • t ld
contra las diversas
arab 9 de_,191
a e Afecoionesd1ICorazon,

J

Hydropeslas,
Toaea nerviosa•;
Bronqultla, Aama, etc,

Empleado con el mejor e:rito

El ma, ,ttcazcontra
di [o, la
F1rruz{noso,
Anemia, Cloroela,
E■,1bracl1llltt ~• la llllrt,
Debilidad, etc.

GrageasalLactatodeHierrode

GELIS&amp;CONTE
J.probadu por la Academia d• Jltdlclaa d• Par/, .

. t1Jia
. J 8ragaas d8 queNElosm,co
., ... ,aoEROIO
rgo
se conoce, en poclon O
.;..:=r.-...........~•iiPll"'W•"' en tnjeccton tpodermtca.

Fig. 7. Marco ele cristal opaco V parn la postura á foco en la
cronofotografía sobre placa fija

Recetado por verdaderas emin,mciM, no tiene rival y es el remedio'_más
rncional seguro y de inmediatos resultados de todos los ferrugmoso.s
y •de la meJicación t6nico-reconstituf~nte par~ la Áne"!ia, Raquíti~mo,. Colore~ p_,füdos, Empobrecimie11to de sangre, Deb1l1dad é inapetencia y _me11st1 uaciones dific,les.

E

l~·I~•~11:·••:11u~J:f1l~I..

Las Gragea, hacen mas

•~ 1 ~ ! .. H•J - ..--A

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ENFERMEDADES

,~'-"''ºEFUta148
~

...

~
~~

CARNE y QUINA

~ii
~1

Bl Allmento mu reparador, IIDido al 1'6Dioo mu ener¡ico.
Fig. 8. Marco en donde se coloca el cristal sensible en la cronofotografía sobre placa fija; el postigo que cierra el marco
está levantado.

gún las necesidades, imágenes reducidas 6 ampliadas; la frecuencia y la extensión de estas imágenes,
la duración del tiempo de exposición y la intensidad
de los alumbrados pueden ser regulados á voluntad.
Comenzaremos por describir las piezas necesarias
para la cronofotografía sobre placa fija, es decir, para
el caso más sencillo.
A. Piezas que sirven para la cronojotografla sobre
placa fija. - Ya hemos visto que para aplicar este método basta un aparato fotográfico muy sencillo al
cual llegue la luz de una manera intermitente. Estas
piezas son fáciles de reconocer en la figura 5 donde
se ven los dos cuerpos del aparato reunidos por medio de un fuelle: la parte trasera se desliza sobre un
riel por medio de un botón de cremallera según las
necesidades de la postura ó foco. El objetivo que se
utiliza debe ir siempre encerrado en una caja hendida por debajo (fig. 6) y que penetra en una corredera del cuerpo delantero del aparato, al que se ajusta
perfectamente. La hendidura de la parte inferior de la
caja corta en dos el objetivo en sentido perpendicular á su eje óptico principal y deja pasar los discos
con orificios, que al girar producirán intermitencias
en la admisión de la luz.
El fuelle se adapta por uno de sus extremos á la
caja del objetivo, al paso que el otro, pegado al cuer:F'ig. 6. Objcti,·o en parte encerrado en su caja. La planchita po posterior, se encuentra por su ancha abertura en
colocada en la parte anterior penetra en una corredera de la
parte saliente del aparato. La ranura que hay debajo de la relación, sea con el marco de vidrio opaco (fig. 7), sea
con el marco fotogra.fico (fig. 8).
caja deja pasar los discos obturadores (escala de I por 3)
Las únicas piezas que merecen descripción especial son los dz'scos obturadores y el arbol que sirve
se para con tal velocidad, que pueden obtenerse hasta para transmitirle el movimiento.
60 imágenes por segundo, cada una de las cuales emLos discos obturadores giran en sentido contrario
plea para formarse un tiempo de exposición cortísimo uno de otro y el encuentro de las aberturas de que
que varía entre 1/r.000 y 1/25.000 de segundo.
van provistos produce los alumbramientos.
No nos detendremos en describir las numerosas
( Co11ti1111ará)

~

~

VINO ARDUO CON QUINA
,nm""°'·

SB VBNDB BN TODAS LAS PRIMQIPALKS BoTIQA&amp;

BBAVAIS

representa exactamente el hierro
contenido en la economía. Experimentado por Jo1 principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
sangre, no ocasiona estreftimiento, no
fatiga el estómago, no enne¡reee 101
dientes. Tó11111 m1te ~ta, u cua eniáL
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GARGANTA

PILDORASi~DEHAUT
DE: PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
VOZ y BOCA
necesitan. No temen el asco ni el csu•
1
rancio, porque, contra lo que sucede C!)D
DE
los demas purgantes, este no obra bien
Recomendadas contra los Malee de la Garganta,
sino cuando se toma con buenos alimentos
Extlnolonea de la Voz, lnfiamaolonea de la
Booa, Eleotoa pernlolo■oe del Merc~o, Irl•
y bebidasfortifican tes, cual el vino, el caftJ,
taolon !Jlle produo■ el Tabaoo, y 1pee1almente
el té. Cada cual escoge, para purga,:se, la
6
los Son PREDICADORES, ABOGADOS,
hora y la comida 9ue mas le convienen,
PROFESORES y CANTORES para facili\ar la
segun sus ocupaciones, Como el causan
em101on de la voz.- PnClo, 12 Ra.u.a,.
c10 que la purga ocasiona queda com•
aaxg,r en el.rotulo a ttrma
pletamente anulado por el efecto de la
Adh. DETIIAN, Farmaoeutloo en PAJU'.8
buena alimentscion empleada, uno
se decide fácilmente ll volver
ll empezar cuantas veces
sea necesario.

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entrega de te pii.gina■
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Se ea-riaa proapectoa , 1'llea i. aollcl1e
6t¡lfadoac l loe Sra. Mo,uanu 7 Sla6a, eolltora

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mago, Falta de Apetito , Dlgeatlonee labo•
rlOll&amp;II, Ao■dlaa, V6mlto■, Eruoto■ , y Cólloo■;

regularlzul laa Funolonee del Eatómago y
de lo■ lnte■tlno■ ,
E1t11, 111 el rotulo a firma d• l . FAYARD.
Adh. DETIUN,Farmao■utlooen P ~

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c,.1a.u y 91111u1 son los elementos que entran en la COmllOs1c1on de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este for11■eaace por eHele■ela. De un rusto sumamente agradable, es 110berano contra la .tnemta 1 el .41'0Cllmtfflto, en las Caüntura,
1 ConvalecentuU contra las Diarrea, y las .tfeccwnu del Bato,naqo y los
Cuando se traía de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerza.a,
enriquecer la sangre, entonar el orgánismo y precaver la anemla_y las epldemlaa provocadai por los calores, no se conoce nada 1111penor al l'lao de O•... de .&amp;rolld,
.Por ma.11or. en Paria, en casa del . FEW, Farmacentico, 10!, rne Richelieu, Sacaor dtABOUD.

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POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PARIS, Pharmaoie COLLAS, 8, rus Daupbine
V ,,. la, princlpaZ,r farmacia, .

�LA

I LUSTRACIÓN ARTISTtCA
aquel padre sublime muere
en el mayor nbandono des·
pués de haber presenciado
la desgracia y penlici6n de
sus hijas
Estos cuatro libros forman
parte ele la Colecció11 de li·
bros est"Ogidos que con tanto
éxito se publica en )ladrid y
se venden en las princip:iles
librcrfas á 3 pesetas tomo.

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓl'I

tJor autores ó editores

EL NATURALISMO EN RL
Los EJ KM l'LOS, por
Emilio Zola. - En esta obra
estudia el ilustre novelista
francés la relación que con
la escena tienen la tragedia,
el drama, la comedia, la pantomima, el vaudeville, la
obra ele magia, la opereta,
etcétera, constituyendo un
trabajo de muy interesante
lectura.
RAMILLETE DI! CUI'::-TOS.
- llermosa colección de los
mejores cuentos publicados
en todas las naciones, que
firman Tolstoy, Copée, Ver•
ga, Balz:ic, l\louton, Loti,
Richepin, l\lerimée, Dauclet,
Pontmartin, Feval, Dosto·
yeusky, Bam·ille y Bourget:
este es el mejor tlogio que
puede hacerse de la obra.
) [EMORIAS INTIMAS, por
Ernesto Rmáu. - Resplan·
dece en esta obra tanto la
inteligencia como el corn16n
del ilustre filósofo que la ha
escrito, y contiene páginas
delicadísimas, como cuando
describe las postrimerfas ele
Nocmi, la novia famosa del
autor, y de sin igual ternura,
como las cledicatbs á Berte•
lot, Víctor llugo, Cousin y
Jorge Sancl.
PArÁ GoRIOT, por Bal·
::ac. - El protagonista de es•
ta novela es el símbolo del
amor paterno: trabaja para
ciar millones á sus dos hijas,
á las que casa con un ban·
quero y con un aristócrata, y
al verlas brillar en los más
altos circulos de París se con•
siclera dichoso; pero llegan
luego los días malos, la rui·
na, la lucha con los yernos,
que resultan dos bribones, y

TEATRO.

Los Ar(,:NDICES AL C,íCtVIL", por D. León
Bouel y Sduchez. · Se ha pu·
blicado la entrega 7.• ele esta
importantísima revista, indispensable á cuantos por su
profesión 6 por sus inclina·
cioncs necesitan conocer las
cli,·ersas manifestaciones de
la ciencia jurídica. Contiene
intere&lt;antes trabajos en sus
cuatro secciones ( &lt;loctrinal,
legal, jurisprudencia, cues·
tionarius y fueros). - Suscrí·
hese en la calle de Fontane·
lla, 44, pral., al precio de 9
pesetas en Barcelona, 10 en
provincias y 15 en Ultramar
las 12 entregas, "endiéndose
las entregas sueltas á una pe·
seta cada una.
nJG()

ANUA R 10 ESTAOÍSTCO
LA REPÚBLICA ÜRIF.N·
TAL IIEL UR UC.UAV. - La
Dirección de Estadística ge·
neral de aquella república ha
publicado el anuario de 1891
que en un voluminoso tomo
contiene intercs:rntí. irnos da·
tos referente, á territorio, po·
blaci6n, comercio, na,·cgación, hacienda, riqueza pÚ·
hlica, instrucción, heneficen·
cia, ferrocarriles, legislación,
administración, etc., etc.,
por los qut: se ,·iene en conocimiento del graclo de acle·
lanto á que allí han llegado
los distintos elementos que
constituyen el bienestar y el
progreso de un pals.
OE

EN

EL VKSTIRULO, cuadro de Renato Reinicke

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartín
núm. 61, París.- Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publioidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace ~as de ,o años, el ~arabe Laroze -~~ prescribe con éxito por

..

todos los médicos para la curac1on de las qastnt1s, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos r ebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los int.estinos.

J.A.R..A.BE

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

,. Soberano remedio para rápida cúra•
cion de las Afecciones del pecho,

Catarros,Mal de garganta,Bronquitis. Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos . Dolores ,
Lumbagos, etc. , 30 años del mejor
éxito atesti guan la eficacia de este
poderoso denvativo recomendado por
los primeros médicos de Par1s,

Oepdslto en toaas lar Farmacias

Es f!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los niños durante la denticion ; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones: 1.-P. LAROZE

!, ruedes Lions-St-Panl, AParis.

Participando de las propiedades de! Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
e!j.pcclalmente contra las E scrofuJas, la
Tísb y la D ebilidad de temperamento,
as! como en lodos los casos(Pálldos colorH,
Amenorrea, 4 •&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya oara
provocar ó l'egulurlzar su curso perióélco.

Deposito en todu las principales Boticas y Drogueriaa

CARNE HIERRO y QUINA

ll .U-u&amp;o 11111 l ~ llllido a los '16Dico1 mu npandOIII.

VINO FERRUGINOSO AROUD

,

T 001' TODOS LOS UDICIPIOI tnJftlTIVOS DII U CARBB
C,&amp;an, mr.aa• 1 flllll&amp;I Dles afl01 de ano continuado 1 lu &amp;1lrmactonet de
todu w emlnenCIII médicaa pNN.b&amp;D que esta uoellclon de la Clanae, el alern 7 I&amp;
e■1- oonaUtuye el repan4or mu en~l'ldco que ee conoce para curar: la Ck&gt;rdlú, I&amp;
llltfflla, 1U .llt111t~ dolOt'Olal, el lmpobr«lmlfflto 11&amp; ÁlttrllCúHl 14 14 sa11gr1,
el R/JQ141t"1M, i..1 Á { ~ ucro/'lllolal 1 acorlnltCc41, etc. &amp;I Wlae FerrastaeH de
&amp;nu~ ea, en erec&amp;o, el único que reune lodo lo que entona 1 tol1alece loa organ01,
regularlsa coordena 1 aumenta conalderablemedte lu tuerzu ó tntunde a la l&amp;llll'9
empobiécíd&amp; 1 descolorid&amp; : el YIQor, I&amp; Color/lCIOft 11&amp; 6Mrpúl "''"'·

IM' uvor, 111 P&amp;ril, en eua de J. FBW, rarmauntico, tO!, nie Richeliea. &amp;lceNr 4e ülOtJD.
p VUDS SM TODU LU nIMCIP.U.U IOTICU.S

EXIJASE .a:=' AROUD

~//1,.?JJ-5

Farmacenuco, en Par!!,

I ~Rue Bonaparte, 40
El 1odurode hierro Impuro óalterado
, , es un medicamento infiel é Irritan te.
Corno prueba de pureza y de aulenlleldad de
las verdaderas Piltloras tle ntancard,
exi gir nuestro se llo de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garanlla de la Unión de
los Fabricantes para la represión de la falsiUcaclón.

NB

Querido enfermo. - Flese Vd. 4 mi /arta experiencia,
y haga uao de nue,tro, ORANOS de SALUO, puea e//01
le curarán de au const1paclon, le darán apetito y le
derolrerAn el sueño y la alegria. - A11 r1rir4 Vd.
mucho, año,, d11frutando s11mpre de una buena ,alud.

PATE EPILATOIRE DUSSER

'SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

destruye basla las RAICES el YELLO del rostro de las damas (Barba, Bl,:nte, etc.), llu
nlDgun peligro ~ra el cuus. SO Anos de Éi:lto, l millartt de te1Umonio1 garaoU&amp;ao la e6cada
de esla preparac1on•. (S, vende en oaJu, para la barba, y en 1/2 oajaa para el blgott. llgrro). Para
101 bruos, empléW !!ll,l tfl.U.IJJ• .DVSSER, i , rue J .•J ,-Roueaeau, Paria.

e,

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
JMl', PIS MONTANBR Y SlM~1'

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>· ,trtélC10t)

Ftí~t1ea
Aílo XII

- - - . . - - - - -+

BARCELONA 6 DE

MARZO DE 1893

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores el primer tomo de la interesantísima obra del notable y castizo escritor
D. Antonio Flores, titulada AYER, HOY Y MAÑANA

EL EMINENTE COMPOSITOR JOSÉ VERDI
autor de la ópera cFalstaff,&gt; estrenada en la Scala de Milán

�154

LA ILUSTRACIÓN ART1STICA

NúMERO

584
NúMERO

VERD I Y SU ÓPE RA iFA LSTAFF ➔
ESERVADO está
á los verdade-

ros genios el
hacer vibrar to-

das las fibras
del corazón human o, ya ha-

ciendo verter
lágrimas de dolor y conmiseración, ya produciendo sensaciones de horror ó bien
arrancandoale-

gres carcajadas, sin que los
medios de que
para ello se valen mengüenel
méritodelosdiversos procedimientos. Rossini, Donizetti,
esas lumbreras
del arte musical italiano, lo
habían conseguido en sus diferentes óperas; faltaba á la gloria de su
insigne compatriota Verdi el
lauro que se alcanza con la
risa discreta, y su Falsl,iff
se lo ha proporcionado cumplidamente.
Verdi nos había hecho llo-

minación de esta ópera, de la que hasta entonces nadie sabía nada. Hallándose
en Milán en 1890 conl'idó á almorzará los esposos Ricordi y á otros amigos
íntimos. A los postres se levantó Arrigo Boito, uno de los comensales, y levantando la copa llena de espumoso Champagne, exclamó: «Bebo, . á la panza.)
Los convidados se miraron unos á otros sin comprender lo que significaba
aquel brindis. Entonces el poeta añadió: &lt;Bebo á la salud del Falsla/f, -¿Es
una nueva ópera?,&gt; preguntaron todos. Y Verdi dió al editor Ricordi la primera
noticia del nuevo sparlilo cuya labor, que duraba ya un año, había sido cuidadosamente ocultada á todo el mundo.
Esta noticia circuló rápidamente, y á cada momento se difundían detalles
inexactos. Por fin Verdi, que volvió el año pasado á Milán con objeto de dirigi r
en la Scala el Stabat-Afater de Rossini y honrar así la memoria del Cisne de
Pésaro en su primer centenario, contestó resueltamente á un grupo de admiradores que le pedían noticias de su nue1•a ópera. «Pues bien; no sé mentir: Falstaff está acabado!»
LOS CRITICOS DEL PERSONAJE DE SHAKESPEARE

Varios son los autores que han emitido juicios críticos, más ó menos detenidos, acerca del protagonista de Las alegres comadres de TVíndsor, comedia en
la que está inspirada la nuern ópera de Verdi.
Entre estos juicios merecen especial mención los de tres celebres escritores,
alemán el. uno, inglés el otro y francés el tercero: Schlegel, Taine y Víctor Hugo.
Falstaff, dice el primero en su Curso de literatura dramdtica, es el carácter
más cómico de cuantos ha creado la fértil imaginación de Shakespeare: nadie
aminora lo que tiene de despreciable; es viejo, pero no por eso menos dado á la
voluptuosidad y á los placeres de los sentidos; de desmesurada corpulencia, plagado de deudas y poco escrupuloso en los medios de proporcionarse dinero; cobarde, charlatán y embustero, pronto á imitará los presentes y á burlarse de los
ausentes, á pesar de todo lo cual no se hace nunca odioso. Se ve que los cuidados egoístas que á sí mismo se dedica, no van nunca mezclados con perversa
malevolencia hacia los demás. Lo que desea es que no le molesten en sus apetitos materiales y defiende su reposo con todas las armas de la inteligencia; siempre alegre y solícito, siempre dispuesto á burlarse de todo el mundo, se jacta con
razón de su carácter comunicativo, y sabe salir de apuros á maravilla cuando sus
bromas empiez.an á cansar: bajo ruda apariencia, tiene buen discernimiento; no
rar con su Trovador, su Tra- confunde las personas á quienes debe obsequiar con aquellas junto á las cuales
vi&lt;1/&lt;1, y aun con suRigolello, por más que el protagonista sea un bufón; estreme- puede darse cierto aire de superioridad.
cer de espanto y horror con su Ole/o; ahora excita la hilaridad á la par que la
Taine dice en su Historia de la literatura inglesa, hablando de este personaje,
admiración con su última obra.
que tiene los instintos de las bestias y la imaginación de las personas de talento.
Muchos años hacía que el maestro deseaba componer una ópera cómica, ga: En concepto del crítico inglés, no hay carácter que mejor muestre el estro y la
noso de probar que su genio era también capaz de triunfar en este género, y s, inmoralidad de Shakespeare. Falstaff es la columna de las casas infames, blasbien es cierto que se había ensayado ya en su Gion10 di regno, las circunstan- femo, jugador, vagabundo, odre lleno de vino, incapaz de hacer un obsequio.
cias en que escribió esta ópera bufa no fueron las más á propósito para su meTiene el vientre enorme, los ojos enrojecidos, la cara colorada, las piernas vacijor resultado. El tipo eminentemente bufo de Falstaíf no se apartaba hacía larlantes. Pasa la vida apoyado de codos entre los vasos de la taberna, ó durmiengo tiempo de la imaginación del compositor, y tanto es así que ya en 184 7 había
do en el suelo; no se despierta sino para blasfemar, mentir y robar. Tan taimahablado de él en una carta á una distinguida dama que le quiso como una herdo como Panurgo, tiene sesenta y tres modos de apropiarse cou engaño el dimano· en dicha carta trataba de los personajes principales de los dramas de
nero ajeno, y por fin es viejo, petimetre, cortesano, y sin embargo ha recibido
Shak;speare, y más principalmente de Falstaíf. Con Julio Carca no discutía tam- buena educación.
bién acerca del gran dramaturgo inglés mientras aquel escritor lombardo se ocuParece que un personaje asf deba ser odioso y repugnante, pero no es así; se
paba en la traducción de sus dramas, y con frecuencia aparecía el obeso fantas- hace querer. No hay
ma de Falstaff en las conversaciones de ambos. En una palabra, éste había de malignidad en su moser un día ú otro un personaje de Verdi.
do de proceder; su
Y en efecto, algunas noches después del brillante éxito de Otello en la Scala, único objeto es reir y
el maestro, discurriendo con algunos amigos acerca de los tipos cómicos de la divertirse. Cuando los
literatura y del teatro italiano y extranjero, no ocultaba su descontento por la demás le injurian, él
dificultad de elegir entre ellos, cuando Arrigo Boito le preguntó: «Maestro, ¿y grita más y les paga
Falstaff?-¡Oh, sí, Falstaff!, contestó Verdi con vi,·eza. Ese sí, pero es muy difí- con usura, con frases
cil escribir un libreto. ¿Quién me proporcionaría un buen libreto?&gt; Y ocho días groseras y con insuldespués Boito entregaba á Verdi un bosquejo de las principales escenas del tos, pero no por eso
Falstaff, y el maestro las lefa, se enamoraba de ellas, se sentía inclinado á es- les quiere mal, y un
cribir la música de aquel asunto, y ponla manos á la obra, pero recomendando momento después coel mayor secreto, pues siempre se estaría á tiempo de anunciarlo.
me con ellos en un
Pero Verdi no era capaz de imitar á los otros compositores; se consideraba figón como buen caen el deber de crear un género nuevo, un género de ópera cómica original, que marada. Si tiene viseñalase un rumbo seguro á los jóvenes tan perplejos por lo común entre sus cios, los expone á la
propias inspiraciones y las teorías admitidas, á los jóvenes que en los últimos luz del día tan ingeaños no han dado á la escena ninguna ópera bufa, como si desdeñaran la nsa, nuamente que se le
esa facultad que distingue al hombre del irracional; y se consideraba asimismo debe perdonar. Es tan
en el deber de imprimir al desarrollo de su nueva creación la frescura y la ele- francamente inmoral
gancia de una composición juvenil.
que ya deja de serlo.
Falslaf/es la vigésimasexta ópera escrita por Verdi, y la tercera en que se En ciertos momentos,
inspira en obras de Shakespeare. La nueva ópera ha sido engendrada en el silen- acaba la conciencia;
\
cio de la quinta de Génova y de Santa Agueda, en esas horas matinales en. que el instinto ocupa su
el anciano octogenario deja el lecho tan ágil y dispuesto como u~ mancebo ena- lugar, y el hombre
morado. Verdi decía que se divertía mucho componiendo la múSica de Falsla/j. corre en pos del pla_,-/
Y sin embargo, una grave preocupación, inspirada P?r la m,ás grande filantropía, cer sin pensar ya en
acompañaba á aquel alegre desarrollo de aventuras; ¡unto a la ocupación art1st1- lo justo ni en lo inca un anhelo caritativo surgía en el ánimo del hombre que no sólo es un justo. Jamás carece
grande artista admirado en todo el mundo, sino un bienhechor modesto, un con- de expedientes; los
solador de las miserias humanas. Mientras creaba su ópera pensaba en los deta- improvisa á cada pa.
Edunrdo 1\faschcroni, director de orquestn á quien Verdi ha
lles del grande asilo que por su cuenta se inaugurará en Milán después de su so; las mentiras gerconfiado la direcci6n de Falstaf/
muerte y en el que encontrarán un refugio todos los náufragos del arte, todos minan en él, toman
los artistas ancianos y sin medios de fortuna, todos los pobres maestros y can- cuerpo, y unas engentantes que en su vejez necesiten albergue, alimento y haga! d_onde calentarse. dran otras. Cuando se le coge en alguna, no pierde su aplomo ni su buen hu¡Contraste admirable! Verdi, al par que levantaba un ed1fic10 ideal, fest_,vo, JU· mor y es el primero en reírse de sus embustes. Este hombrón panzudo, cotarbiloso con su Falsla/f, elevaba en su mente y en su corazón otro ed1fic10 todo de, cómico, borracho, disoluto, poetastro de figones, es uno de los favoritos &lt;le
caridad, que será pronto un hecho, el refugio de los artistas ancianos.
Shakespeare.
El maestro aprorechó una oportunidad para anunciar por vez primera la terVíctor Hugo, en su obra W: Shakes¡,care, traza en muy pocas palabras el re-

584

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

155

trato de Falstaff. «Es glotón, dice, cobarde feroz, inmundo; cara y vientre
huma~os terminados en bestia; anda
sobre las cuatro patas de la lascivia: es
el centauro del cerdo.»

En otras habitaciones hay, entre objetos de discutible autenticidad, otros
de valor evidente: el cajón de una mesa contiene algunos ejemplares de mérito de las obras del poeta, en otra parte hay una escritura firmada ya con el
LA CUNA Y LA TUMBA
sello de Shakespeare, un anillo de oro
DE SHAKESPEARE
con las iniciales \V. S. del que se: asegura que íué su sortija nupcial, una jarra
La pequeña ciudad de Stratford, sique era con seguridad suya, la silla en
tuada junto al río Avon, en el condaque se sentaba en su club en Falcoh
do inglés de_ aquel mismo nombre, es
lnn y un pupitre muy deteriorado de
como una ciudad santa para cuantos
la escuela, sobre el cual escribía sus
sienten la religión de las grandes crealecciones.
ciones del genio; es, si así puede decirEsta casa, que había pertenecido á
se un relicario de Shakespeare, y todos
'
.
varios dueños, fué adquirida en 1854
los años son muchos los cunosos que
por el Estado, y costó .,.820 libras esall í acuden en peregrinación.
terlinas,
reunidas en pública suscripción.
En esa ciudad, y en una modesta
Entonces
se emprendieron inteligentes
casa de la calle de Henley, nació el
reparaciones
con objeto de atender á
gran poeta el 23 de abri l de 1564. No
su conservación, y hoy se halla en el
responde ya á la descripción que de
estado que se ve en nuestro grabado.
ella hizo Wáshington Irving cuando
A pocos pasos de la casa en que naescribió: «Es una mezquina y pequeña
ció Shakespeare se encuentra su sepulconstrucción de madera, verdadero nicro en el presbiterio de la iglesia parrodo de un genio.» Este edificio, en mal
quial, edificio antiguo y de monumental
estado ya y mutilado por imperfectas
apariencia. En la pared, dentro de un
reparaciones, se ha restaurado después
nicho, se ve un busto colocado poco
cuidadosamente, dejándolo poco más
después de su muerte y tenido desde
ó menos como estaba en un principio.
entonces por de gran semejanza. En
Por eso se ve hoy muy semejante á lo
una lápida puesta debajo de este busto
que era cuando Shakespeare jugaba á
se leen cuatro versos que, según tradisu puerta, aunque es indudable que se
ción, fueron escritos por el mismo poehan cambiado muchos de sus menores
ta y cuya traducción es la siguiente:
detalles. Esa casa parece ahora lo que
cBuen amigo, por amor de Jesús,
sería en el siglo XVI la morada de un
preserva del lodo el polvo aquí enceciudadano acomodado.
rrado; bendito sea quien respete esta
En una red ucida habitación de su
losa y malhaya del que remueva mis
piso principal nació el gran dramaturhuesos.&gt;
go inglés. Las paredes, en parte de maEsta inscripción ha producido su
dera, están llenas de nombres de los viARRICV DOlTO, autor del libreto Je Fa/staff
efecto; puesto que ha impedido que.los
sitantes. El mueblaje se reduce á dos sirestos del autor de Las alegres comallas de respaldo alto, una mesita con un
dres de IVíndsor y de tantas obras mabonito pupitre, y un velador sobre el cual hay un busto del poeta; pero estos
objetos no fo rm an parte del primitivo mueblaje de la casa, ni menos pertene- gistrales hayan sido sacados de su ciudad natal y trasladados á la abadía de
\Vestminster, panteón de los hombres ilustres de la Gran Bretaña, junto á los
cieron á Shakespeare. El pupitre y las sillas proceden de un antiguo colegio.
cuales se querían conservar sus ceniz.as.

EL NUEVO POLITEAMA (VERDf¡) DE CARRARA, INAUGURADO EN 12 DE NOVIEMBRE DE 1892, CON LA ÓPERA (RIGOLETTO)

(de una fotografia)

�LA

..

NúMERO
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La casa Ricordi confió el encargo de preparar los croquis de decoraciones y
VERDI EN SU CASA DE CAMPO
trajes á un artista tan inteligente cuanto modesto, á Adolfo Hohenstein, el cual
se dedicó á su tarea con el anhelo que le imponía el doble objeto de hacer una
Suele el maestro pasar cinco ó seis meses al año en una deliciosa casa de cosa históricamente exacta y artísticamente bella. No se limitó á consultar bicampo que pose:e en Sant'Agata, cerca de Busseto. El edificio, rodeado de bliotecas y museos de Milán, sino que marchó á Londres, donde creía encon.
grandes arboledas, fué ideado y construido bajo la dirección de Verdi: constaba trar datos más auténticos; mas al pronto creyó haber hecho un viaje casi infrucen un principio de cuatro ó cinco habitaciones; pero á medida que creció la tuoso. Wíndsor, donde se desarrolla la acción del libreto de Boito y de la comeprosperidad de su dueño fueron agre- dia de Shakespeare, es hoy una ciudad moderna con elegantes casas de tejados
gándose á éste otros cuerpos, hasta lle- de pizarra y anchas calles. Allí nada recuerda la Hostería de la Jarretiera, dongar al estado en que hoy se encuentra de dominaba monumentalmente la panza de sir John; nada recuerda el am.
la villa. Aunque amueblada y decora- biente íntimo y burgués donde se movían las alegres comadres y las personali•
da con riqueza, es tal el gusto que en dades cómicas de la obra shakesperiana; pero en la gran metrópoli y en Oxford
todo ha presidido, que las preciosida- street dió el artista con un grupo de casas de aquel tiempo que le sirvieron de
des artísticas allí acumuladas se ofre- punto de partida para sus bocetos, los cuales completó con los datos que pudo
cen á los ojos del visitante sin fatigar adquirir en el Museo Británico y en otras fuentes.
su vista y sin que se note superabunLas decoraciones de Falstajf son cinco; las cuales representan la cocina de
dancia ni afán de ostentación.
una hostería, el interior de una casa pobre, el jardín de la casa de Ford, una
Verdi es para sus huéspedes el hom- calle y el parque de Wíndsor. Esta última es la que menos trabajo Je ha costa.
bre amable por excelencia, y posee un do al artista, pues los robles y encinas de aquel parque no son muy diferentes
talento especial para
de los de las campiñas vecinas, y el gusto artístico de su
desvanecer el temor
arquitecto no ha cambiado con el transcurso de los siglos.
que de ser importunos
La más notable de estas decoraciones es la que representa
ó indiscretos pudieel jardín de Ford, en que el escenario está dividido en d
ran abrigar los que le
partes, como en el segundo y el cuarto actos del Rigolet/4.
acompañan algunos
Hohenstein ha combinado esta decoración con mucha nadías en su retiro. Tieturalidad: á la derecha una calle de altos álamos escondi
ne entre cierta gente
do la base de sus troncos entre matas floridas, que lleg
fama de adusto y descasi hasta la concha del apuntador; á la izquierda el jard
deñoso: los que tal le
que llega con sus arriates llenos de flores hasta encon
consideran no toman
las plantas de la alameda. De este modo queda dividido
en cuenta que si el
escenario sin necesidad de ninguna pared de cerca, ·y
maestro hubiese de
personajes pasan de la alameda al jardín atravesando 1
recibir y escuchar á
verdes 'grupos de plantas.
todos los que solicitan
Todos los accesorios, como un alto aparador en la c
verle, oirle, aconsejarna de una hostería, la
le, consultarle ó pemesa del hostelero, la
dirle, apenas tendría
silla de brazos en la
tiempo para trabajar,
que debe sentarse e1
Falstaff en el primer acto
y el trabajo es para él
obeso protagonista, la
no sólo un. placer sino
cómoda c·uyos cajouna obligación: cuantos á él acuden con uno ú otro pretexto
nes registrará Ford
no solicitan, es cierto, más que diez minutos de audiencia; pelleno de rabiosos cero son tantos en número, que de recibirlos á todos tendría que
los, todo ha sido codedicar á esta faena casi el día entero.
·
·
piado del natural ó de
Sin ser glotón, gústale á Verdi comer bien; pero sobre todo
estampas y documenle gusta ver satisfechos y alegres á los que en torno de su mesa
tos de la época y rese congregan. La cocina de Sant'Agata merecería por lo pintoproducido con la maresca y monumental los honores de la escena, y no se corre allí •
yor exactitud. Hasta
el peligro de que por indisposición del cocinero se queden los --.,,,.,,u......_
los jarros y cuhiletes
convidados sin comer, pues además del maestro de cocina hay
de la Hostería de la
en aquella casa dos ó tres individuos de la servidumbre que en
J arretiera, acariciados
un momento dado pueden ceñir el blanco mandil y el gorro y
amigos del ventrúdo
Falstaff en el segundo acto
manejar los cocineriles utensilios con la misma destreza con
héroe, han sido fabrique de ordinario empuñan el rastrillo, el látigo ó la escoba.
cados ex profeso en
Las noches se pasan en Sant'Agata jugando al billar ó á cartas, ó platicando vista de modelos antiguos.
en el patio á la luz de la luna, y escuchando al maestro, cuya larga vida artística
Los trajes se han hecho con presencia
le ha proporcionado un tesoro de anécdotas, siempre interesantes, que Verdi de retratos y dibujos de la época y adaptarefiere con sin igual donaire.
dos con justo criterio á las condiciones y
á la edad de los personajes. Hasta para la
EL NUEVO POLITEAMA «VERDI» DE CARRARA
mascarada de espíritus,. hadas y sátiros del
El teatro recientemente inaugurado en Carrara, que lleva el nombre del gran último acto, el artista no quiso fiarse en su
maestro, es un edificio grandioso levantado en un lugar espléndido que tiene por propio capricho, sino que se inspiró en esfondo á un lado la montaña y á otro el azulado mar.
tampas de antiguas mascaradas inglesas,
La fachada principal del Politeama álzase en una extensa playa que circuye haciendo naturalmente las oportunas adapuna alameda de naranjos y laureles y en cuyo centro hay una pista circular para taciones á las necesidades estéticas de la
los carruajes. Dos patios interiores dividen el edificio; en el centro está el teatro escena. Para los trajes 'del protagonista,
Falstaff en el tercer acto
y á los dos lados hermosas casas: tiene aquél amplio vestíbulo, vasta sala y gran- Hohenstein ha hecho muchas indagaciodioso escenario, y su decorado consiste en estucados y pinturas de bellísimo nes, no sólo en las obras especiales y en las
efecto; en punto á decoraciones puede afirmarse que posee verdadera profusión. ediciones ilustradas de Shakespeare, sino consultando á los actores principal
La construcción del Politeama «Verdi&gt; ha sido proyectada y dirigida por de Inglaterra.
Leandro Caseli, autor de los principales monumentos y edificios de Carrara.
Sus croq~is y bocetos han servido al pintor escenógrafo Zuccarelli para pin
las
decoraciones y al sastre de la Scala Zamperoni para construir los trajes.
EL APARATO ESCENICO DE «FALSTAFF»
Este aparato es sencillo en cierto modo, pues Verdi ha querido escribir una
ópera que brillase más bien por sus cualidades intrínsecas de melodía, vis cómica y elegancia, y en gran parte por esto ha habido que reducir con bastido-

LA

584

autor siente por intuición todo el efecto de la misma y sabe cuáles han de ser sus intérpretes mejores ó que á ella
mejor se adapten.
La facilidad con que Verdi concibe y escribe es verdaderamente fenomenal: desde 1849 á 1855 escribió Luisa
Mtller, Stiffelio, Rigoletto, Il Trovatore, La Traviatrz é J
Vespri Siciliani. Y no se crea que para sus composiciones
acuda á memorias music~les trazadas á retazos y bosquejadas en un trozo cualqmera de papel pautado para utilizarlas cuando la ocasión se presente; nada de esto: la situación dramática, las palabras son las que despiertan y
excitan la fantasía creadora. Para el Falstajf ha tomado
poquísimos apuntes, tan pocos que sólo ocupan dos páginas, y las partes vocales aparecen escritas en la partitura
autógrafa con una seguridad maravillosa que demuestra la
facilidad en concebir íntegra la labor vocal é instrumental.
¿Qué más?.. He aquí algunos datos exactos y quizás no
conocidos hasta ahora.
Para 1853 habíase comprometido Verdi á escribir dos
óperas: una para el Apolo, de Roma, y otra para la Fenice, de Venecia. La composición del libreto había sido muy
larga, de suerte que el otoñºo avanzaba y el maestro aún
no había escrito una sola nota; además, molestábale un
reuma en el brazo derecho que Verdi confiaba en que desaparecería de un momento á otro. Pero el reuma persistía
y... de música nada.
En r. 0 de noviembre de 1852 comienza Verdi á idear y

157

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ADOLFO

JIOHENSTEIN

ª"t&lt;lr de los Jx¡cetos ele las clecoraciones
y trajes ele Falsf(1fj

componer Il Trovatore; el 29 dd propio mes la óp~ra no
sólo está compuesta sino que también enteramente mstru•
mentada, y el 30 la partitura es enviada de Sant'Agata á
Cremona al editor Juan Ricordi para que saque los papeles necesarios para la ejecución. Verdi debía estar en Roma
á principios de la estación de Carnaval de 1852 á 1853, y
como el viaje por mar era más cómodo, encaminóse á Génova para embarcarse y por Civitavecchia dirigirse á Roma: llega á Génova en la semana de Navidad, y allí le
anuncian que los vapores no salen hasta pasadas las fiestas, lo que le obliga á esperar tres días. ¿Qué hacer? Recordando el compromiso con Venecia se propone utilizar
aquel tiempo y en tres días escribe el primer acto de La
Traviata. Parte para Roma, pone allí en escena Il Trovatore, cuya primera representación se verificó el 19 de enero de 1853, marcha en seguida á Sant'Agata y en trece
días escribe y compone los demás actos de La Traviata,
esa ópera apasionada, ardiente, toda sentimiento, cuyo estreno en la Fenice (6 de marzo de 1853) fué ... un solem•
ne fiasco.
La claridad de concepción que caracteriza al maestro la
vemos también en el período de los ensayos que se verifican exactamente según el programa por él de antemano trazado, pudiendo la ópera ser puesta en escena el día con
gran anticipación señalado. No es cierto que Verdi sea hosco y excesivamente severo como generalmente se cree;
precisamente es todo lo contrario. Con exactitud militar

CÓMO ESCRIBE Y CÓMO ENSAYA VERDI

Confrontando una de las primeras partituras autógrafas, como las de 1
bardi y Macbeth, con otras más recientes, como las de Aida, Otello y Falsta
no se nota alteración alguna en la escritura: en todas se revela la misma segu ·
d~d, la misma claridad. La pluma que tantas obras maestras ha producido
cnbe las notas en el pentagrama con rapidez y firmeza, ora la haya guiado u
mano juvenil, ora la guíe la mano del anciano que cuenta cerca de ochen
años. Las partituras autógrafas de Verdi admiran por su precisión· la veloci
con que Verdi escribe no produce en el maestro ni confusión ni i~certidumb
la fanta_sí~ ~abe, mientras crea, cómo se habrá de ampliar la nueva creación
la mult1phc1dad de voces y en la sonoridad de la orquesta; la ópera surge espa
~ánea, ente_ra, plasmada, por decirlo así, en todas sus partes, líneas y detalles.
mstrumentJsta no se preocupa de buscar los efectos orquestales, sino que ést
nacen naturalmente unidos á la melodía, y de aquí la perfecta fusión del can
con l_os instrumento_s, de la ~scena con la o;questa; de aquí la completa hom
gene1dad de los vanos coeficientes que van a fundirse en el producto final.
Facsímile de una &lt;le las firmas hechas con un cortaplumas en el órgano del templo
En el período de la composición, Verdi traza muy pocos bosquejos, y los q
de Roncole por Verdi cuando era organista de esa iglesia
traza son sencillas memorias, ligeras indicaciones; leyendo el libreto concibe
ópera, declamando estudia las inflexiones de la voz, el colorido de las palabras
res y bamba\iJ:iones el vastísimo proscenio del teatro de la Scala. Sin embargo, expresar los sentimientos de ira, de piedad, de amor.
no se ha omitido nada para que todo se presentase con el cuidado y exactitud
Gracias á esta manera de crear, Verdi procede con seguridad tanta, va tan d
que el público exige hoy mucho más que en los tiempos de Shakespeare.
rechamente á su objeto, que cuando la ópera está compuesta ó instrumentada

FINAL DE LA PRIMERA PARTE DEL ACTO PRIMERO DK «FALS:AFF.»-Falstaff arroja de la hostería &lt;le la Jarretiera á Bardolfo y Pistola
Ma, per tomare á voi, furfanti, ho atieso tropo
E vi discaccio!..

�L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA
11 I''

llega á la sala de ensayos á la hora fijada y quiere, con razón, que todos los artistas sean tan puntuales como él á fin de no perder tiempo; inmediatamente
después de los saludos de cortesía, empieza el ensayo. Verdi tiene mucha pa- EL LIBRETO, LOB INTERPRETES Y LA MUSICA DE «FALSTAF})
ciencia, conoce hasta qué punto se aunan en cada artista los recursos vocales y
Sabido es que la comedia lírica que Arrigo :Soito ha bautizado con el nombre
la inteligencia, y sabe sacar de ello el mayor fruto posible. Exige ante todo en
los cantantes una pronunciación clara y exacta; «porque, dice, es necesario que de Falstafj está tomada de Las alégres comadres de TVindsor, de Shakespeare:
el público entienda y se interese en lo que quieren expresar los personajes,» y en pero el protagonista no es en ella la figura envejecida é incierta de la anti~
los versos señala la
comedia, sino que aparece en toda su perfección artística, tal como el gran poepalabra que debe llata inglés la ha crea,.
mar la atención de
do
en Enrique Ir,
los oyentes y hasta
Su
personalida~
la sílaba que mas
aunque fund ida y
marcadamente ha de
entonada con el res.
pronunciarse. No
to
de la obra, predoquiere que se altere
mina
sobre todas Lu
la frase ó el ritmo
demás,
y ,su baja y
con inútiles floreos;
vulgar
sensualidad
atiende á cada comtiene
realce
y vig~
pás, á cada nota, y
y
contrasta
con
el
para conseguir una
amor puro y elevado
dicción elegante hade Fenton que ence repetir un compás
vuelve
todo el cuaro, 20 y 30 veces, y
dro en una atmósfeel mismo procedira de suave poesía.
miento sigue para la
He aquí un resuexacta pronunciamen del argumento
ción de una vocal,
de esta divertida cono pocas veces altemedia:
rada por los métodos
de canto que se rePersonajes: Sir
putan más famosos.
John
Fa/stafj; Ba,.
Cuando los artisdolfo y Pistola, sus
tas saben perfecta;,_- :.) secuaces; Ford, rico
--':~
mente la parte musi-·ciudadano de Wíndcal, Verdi empieza á
-✓
sord; A licia, su esdar color á los varios
posa; Na1111etta, su
personajes, indica á
hija; Meg Page, la
cada uno cuál es el
Quickly, .Fento11, catipo que quiere que
ballero
joven, y el
represente y cuál ha
doctor Ca;•o. Total,
de ser la expresión
diez personajes y
vocal y fisonómica.
además
un hosteleTodos los cantantes,
ro, un pajecito de
agrupados alrededor
Falstaff y uno de
del piano, siguen
Ford. El coro no inmuy atentamente
terviene más que en
las indicaciones del
el
último acto. Epomaestro y procuran
ca,
principios del siinterpretarlas mienglo xv.
tras él entona á media voz las inflexioAcro I. PARTE l.
nes del canto. Este
- Interior de la lwses el verdadero punlerfa de laJarretiera,
to de partida de la
- Falstaff, sentado
llamada mise en sceen su ámplio si11611
ne: los artistas más
junto á una mesa en
seguros de sus pardonde hay un jarro
tes se animan y los
de vino, está sellanmás inteligentes endo
dos cartas: entra
sayan algún gesto;
Cayo, personaje riVerdi les observa
dículo, é increpa a
atentamente, les haFalstaff porque ha
ce advertencias, los
pegado á sus criados;
anima, los alaba; las
Falstaff se burla de
particellas que sirven
él.
Llegan Bardolfo
para el est.udio son
y Pistola, á quienes
poco á poco y casi
Cayo acusa de hainconscientemente
berle
robado y que
abandonadas sobre
le arrojan violentael piano, el artista
mente de la hostería.
se aparta de ellas,
Falstaff participa á
comienza á vestir,
sus secuaces que su
como dice el maesbolsa está vacía y
tro, el traje del perque por lo mismo.es
sonaje. La mirada de
preciso aguzar el 111·
Verdi centellea y no
genio
para que siga
se separa del artista;
aumentando la pan•
luego se agrupan
za, «que es su reino.»
dos, tres, y el maesRefiéreles,
además,
tro dirige sus pasos,
le 011•
que creer
tieneque
motiv~s
sus movimitntos,sus ._.,______________--'=-- - - - -- -- - -- - - - - - - - - - -- - - - _¡ para
actitudes; apunta, I. Casa natal de Shakespeare antes de su reparación. - 2. Iglesia parroquial de Stratford. - 3. Casa natal de ShakesFeare clc.;pués ele reparada
ran con simpatía dos
corrige, y si un gesseñoras de la ciudad,
to, un ademán no ·le satisfacen se pone en el lugar del personaje, y declamando
Alicia Ford y Meg
ó cantando indica con vigor cómo debe interpretarse.
Page, las dos ricas, y que les ha escrito dos cartas, las cuales entrega á sus se;
Del salón de ensayos se pasa al escenario, y entonces se desarrolla por com- cuaces para que las hagan llegar á su destino. Bardolfo y Pistola se niegan a
pleto el primer esbozo de la mise m scene; á las voces se unen los instrumentos, ello porque su honor se lo impide. Entonces Falstaff les explica sus teorías soy nada escapa á Verdi de cuanto pasa en el palco escénico y en la orquesta. El bre el honor y luego los arroja de su lado.
mismo cuidado minucioso que ha puesto en la instrucción de los cantantes lo
puso ya en la escena y en los trajes, que examina y estudia en todos sus detalles,
PARTE II. - El jardín que precede á la casa de Ford dividido por mitad por
haciendo cuantas modificaciones cree necesarias para que todo resulte claro y altos árboles. -Alicia, Meg, la Quickly y Nannetta (las cuatro comadres) están
evidente. Verdi es el verdadero creador de su ópera, en la que imprime su po- á la izquierda de la escena: Alicia y Meg tienen cada cual una carta, la de Falstente vitalidad, y así en un tiempo relativamente brevísimo, dado el estudio mi- taff;-las dos cartas son idénticas. Alicia comienza á leer una frase de la suya Y
nucioso de todos los detalles, la nueva obra queda dispuesta para su primera re- Meg continda leyendo en la á ella dirigida hasta que acaban por leer al unísono
presentación. Verdi ha cumplido 79 años en octubre último, y conserva intactas las mismas palabras. Al otro lado de la escena aparecen, sin ser vistos por las
una fantasía juvenil, extraordinaria memoria y energía milagrosa.
comadres, Bardolfo, Pistola, Cayo y Fenton, que rodean á Ford, hablándole todos á la vez y revelándole los dos primeros los proyectos de falstaff. Quedan

--

..

N ú MERO

584

159

L A ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

mientras Falstaffsepaal fin solos Fenton y
vonea
pensando en sus
Nannetta, los dos enaconquistas, entra F ?rd,
morados que pueden
disfrazado y haciénexpresarse su amor en
dose
pasar por un seddo lleno de poesía y
ñor Fontana, que con
acaban dándose un
ayuda de un jarro de
beso. Vuelven las covino se capta la conmadres y cuchichean
fianza del panzudo
hablando de la burla
sir John, á quien ofreque preparan á Falsce dinero para que
taff, pero se van al nopueda seducir á Alitar que un hombre las
cia, de quien, á su vez,
espía: este hombre es
se dice enamorado Y
Fenton. Otra escena
á la que espera poder
de amor y otro beso.
conseguir si le prue?a
Vuelven los hombres
la falsedad de la v1rpor la derecha y Ford
tud de que ella se jacexplica su proyecto de
ta. El dinero de Ford
presentarse á Falstaff
convence á Falstaff,
con el falso nombre de
el cual confía á su
Fonfana, para llegar á
nuevo amigo lo de la
ser su confidente y encita de Alicia; Ford,
terarse de todos sus
al quedarse solo, da
planes; á su vez las
suelta á su rabia; entra
mujeres vuelven por
Falstaff y vanse los dos
la izquierda, y unos Y
de bracero.
otras traman sus respectivos complots, terPARTE II. - Una
minando el a..:to con
la repetición en tono
sala en casa de Ford. de burla de los dos
La Quickly cuenta ~
las comadres la acogiversos finales de la
da que le ha dispensacarta de Falstaff, que
Habitación don:le nació Shakespeare
do Falstaff. Nannetta
entonan las comadres
confía á su madre su
y · son los siguientes:
,.
'tá
¡ adre que quiere casarla con Cayo. En«Ma il mio viso su lui risplenderá - Co111e una ste/la ne// m111ens1 .»
amor por .FJnton, al 1ue ~~aº~~~: ~e ~~pa 'sucia y Alicia les dice que vuelvan
1 ~to por la ventana. La hora de la cita se acerACTO II. PARTE I. - Falstaff está, como de costumb'.e, en la hoster!a, siempdre tran los cna os trayen
cuando los lla~e p::~e~ro:r in ~!do y Nannetta por otro, y á poco entra FalsP.
1
fi
'é
d
arrepentidos
vuelven
a
su
1
a
0
,
en su puesto: Bardolfo y isto a, n~1 n ose
. ' Q . kl ue le lle- ea; Meg Y. QmcklyAl' . pla escena de seducción más cómica que darse pueda;
h bl d d í
anunciándole el primero que una md UJ~r dAels_e~ h~bl~~~: ~eja\~:.~cfre, siente taff que tiene con icia
va la respuesta de las dos coma res. « 1c1a, e
h
'b'd
estra carta f~l~taff, _en almibar~do estilo! ed~Yi~u~~:sd;~~:~sfo7:~mir:s;J es~el~~, ~ra eu~
d
1
os
a reci
·
hallaba e; la edad de mi lozano
apasiona o amor por vos, y me encarga
'd
, .diga quefuera
de dos0á vu
tres.» Conve-' mismo dice: «Cu~n era p_a¡e
que os da las gracias y que su man o esta siempre .
d
nida la cita para esta hora, la Quickly añade: «También lat be!~o~!gi:ij::,1~E~ !t~~~¡~~~n~~g-~e1~:1~~bd:~~1\~ e~~rll~o~'~ef~e~=J· :ª[~tr:rQ:;k:~~t~,n~~~\~~ed~
.
- •
.
muy amorosamente y dice que su esposo rara vebz s~. ~~s~n ;~~e la mensaje~a y flaco que hubiera pasa o por un am ,,,
que se acerca Ford, ra bl·oso de celos y segmdo de un gran acompanam1ento,
una azucem de candor y de fe! ¡A todas las em ruiais...
'

° .·

f:

°

Habitación que ocupa Verdi en e1 palacio Dori~, en Génova

�--VÍCTOR MAUREL ( FALSTAff)

EDU.\RDO GARBIN (FENTON)

·......._::·
· t_·-:·._ ·:·: .

ANTONIO P IN! CORSI (FORO)

P, PELAGALLI ROSETTI (BARDOLFO)

INTÉRPRETES DE LA ÓPERA «FALSTAFF&gt; (de fotografías)

INTERPRETES DE LA ÓPERA cFALSTAFFl&gt; (de fotografías)

�162

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Boceto de una clccoraci6n del segundo acto de Fafslalf

Falstaff se esconde detrás de un biombo y Meg entra confirmando la llegada de
Ford, el cual aparece en seguida acompañado de Fenton, Cayo, etc., y de gentes del pueblo; se avanza furioso, lo registra todo, incluso el cesto de la ropa, y
seguido de sus acompañantes abandona la escena para proseguir sus pesquisas
en las otras habitaciones, y mientras las comadres sacan á Falstaff de detrás
del biombo y lo meten en el cesto, tapándolo con ropa sucia. Fenton y Nannetta se
aprovechan de la ocasión para enamorarse
detrás del biombo, y habiendo salido Alicia
para llamar á los criados vuelve á entrar
F ord, que corriendo de un lado á otro y continuando su registro oye un beso detrás del
biombo; dirígese alü, creyendo que se trata
de Falstaff y de Alicia, y se encuentra con
los dos enamorados. Falstaff, en tanto, se
ahoga dentro del cesto; Alicia ordena á sus
criados que arrojen al foso lo que éste contiene, y sir Jobn es lanzado al espacio, acto
que presencia Ford, á quien Alicia hace asomar á la ventana.

NÚMERO

584

LA

163

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de Yago en el Otello, y sabido es el triunfo que al_canzó en e~te papel,
para cuya representación ha escrito u~ opt~scul_o mt~resantíst_mo, fruto
de sus estudios, que demuestra con cuanta mtehgencm ha sabido llevar
á la perfección el arte lírico dramático.
. .
Las cuatro comadres son las señoras Emma Zilh, Josefina Pasqua,
Adelina Stehle y señorita Virginia Guerrini.
La señora Zilli debutó en 1887 y ha cantado desde entonces en los
principales teatros de Europa, haciéndose aplaudir ya en 1888 en la
Scala en la ópera Zampa, de Herold. En Falstaff ha creado el papel
alegre y movido de Alicia.
La señora Pasqua á quien el público de la Scala saludaba con grandes aplausos en 18/2 en la ópera de Weber Der Freichuz, y volvía á
aplaudir en 1878 en el papel de Amneris de aquella Ai~a cuya protagonista fué la Patti, se presenta en la nueva obra de Verd1 en el papel de
la astuta y complaciente Quickly.
La parte de Meg Page ha sido confiada á una joven artista que hace
cuatro años salió del Conservatorio de Milán y que después de un excelente debut en el teatro Dal Verme, de esa ciudad, con la Gioconda representó en la Scala con gran acierto los principales papeles de óperas
recientes: la señorita Guerrini.
La señora Stehle, que se reveló hábil intérprete del Condor, de Gómez, ha tenido á su cargo la parte elegantísima y dulce de Nannetta.
Fenton, el amante de ésta, es el joven tenor Garbín, que sólo lleva
dos años de carrera artística y que con tanto talento interpretó el personaje Guevara del Colombo, del maestro Franchetti.
El barítono Antonio Pini Corsi, sobrino y discípulo del célebre Juan
Corsi, desempeña el papel del celoso y furioso Ford. El doctor ~ayo es
el tenor Paroli, excelente primer intérprete del papel de Cass10 en el
O/ello, de Verdi. Los dos secuaces de Falstaff, Pistola y Bardolfo, son
el bajo Arimondi y el tenor Pelagalli-Rosetti, que han cantado con acierto sus
respectivos papeles.
Ha dirigido la ópera el maestro Mascheroni, á quien llaman los i~,tlianos príncipe de la batuta, hombre enérgico y de temperamento muy nerv10so. Al des:
aparecer Faccio de la Scala el público milanés fijó sus miradas en_Mascheroni como digno sucesor de aquel mfortunado
maestro. No contaba más que veinticinco
años cuando dirigía ya la orquesta de los
teatros Argentina y Apolo de Roma: en la
Scala correspondió á las esperanzas que en
él se cifraban, y logró, graci~s á sus excepcionales dotes, desarmar á sus enemigos. Verdi
le ha otorgado el alto honor de ser el primer
director de Falstafj.
El comendador Eduardo Mascheroni nació en 1856 en Milán, en cuyo Conservatorio hizo sus estudios.

***

Acro III. PARTE I. - Plaza: á un lado, la
fachada de la hostería. - Falstaff, sentado en

El libreto de Falstaff tiene catorce versos
menos que el Otello y la duración de la par·
un banco, está pensativo por su última aventitura es de dos horas menos tres minutos;
tura, y para distraer sus penas llama al hoscalculando los entreactos, podría representartelero y le pide vino para «verterlo en el
se la ópera en dos horas y media.
agua del Támesis.» Mientras ensalza las bonTambién en Falstaff ha sido Verdi fiel á
dades del vino, llega la Quickly y presenta á
su sistema, ha seguido en su inspiración paFalstaff las disculpas de Alicia, que está proso á paso la poesía, ha vestido de notas la
fundamente apenada por lo sucedido y le enpalabra, el pensamiento, las situaciones: la
vía una carta en la cual le dice: «Te esperaré
El jardín de la villa Verdi en Santa Aguecla
música es alternativamente viva ó sentimená media noche en el Parque real: acude vestal, pero principalmente cómica, alegre. En
tido de cazador, con traje negro, á la encina de Heme.» Falstaff quiere una exlos concertantes revela de una manera parplicación; pero á fin de que nadie les estorbe invita á la Quickly á entrar en su ticular la facultad maravillosa de su genio, que incesantemente se renueva y pacasa, yéndose Falstaff y la comadre, que entona el primer verso de la leyenda rece como que se rejuvenece.
Una vez más ha sido aclamado y vitoreado el venerable maestro: Fa!staffha
del cazador negro. Alicia, que llega acompañada de Meg, Nannetta, Cayo y
Ford, continúa la canción, y luego todos juntos convienen en simular con una ceñido una nueva coroná de laurel en la frente del ilustre anciano, que tantas y
mascarada la aparición de las hadas de que habla la leyenda, y asustar á Falstaff tan bien merecidas ha conquistado durante sus cincuenta y cuatro años de caque, citado por Alicia, acudirá al parque vestido de cazador negro y con cuer- rrera artística.
¡Honor á Verdi!
nos. Nannetta será la reina de las hadas.
PARTE II. - El parque de TVíndsor junto á la encina de Herne. - Es de
noclze. - Brilla la luna. - Oyense á lo lejos voces de guardabosques: llegan

Nannetta vestida de hada y Alicia que hace que Fenton se envuelva en una
capa. Fenton será el frailecillo que se casará con Nannetta, mientras Cayo
se las haurá con Bardolfo disfrazado de hada; todos abandonan la escena
para prepararse. Da la media noche: entra Falstaff y Alicia sale á su encuentro; pero á las primeras palabras de amor las hadas y su acompañamiento
invaden la escena, con gran espanto del ridículo seductor, que se esconde;
treta que no le vale, pues las hadas y los gnomos después de cantar y bailar
en giros vertiginosos lo descubren, lo derriban al suelo, le pegan, le insultan con los más groseros epítetos y le obligan á arrodillarse y á repetir una
especie de Co11jiteor cómico. Falstaff conoce á Bardolfo, á quien se le cae
la capa, y recobrando su antigua astucia tiene la satisfacción de ver burlado
á Ford, que bendice, á la vez, sin imaginarlo, los esponsales de Fenton y
Nannetta y los de Cayo con .. . Bardolfo. Una carcajada general saluda el
descubrimiento de la burla. Ford se resigna á hacer feliz á su hija, y cae el
telón.

Al pedirle el presidente su diario, retuvo el libro un instante

CARGO DE CONCIENCIA
POR JUANA MAIRET, CON PRECIOSAS ILUSTRACIONES DE

A.

l\IOREAU

(CONCLUSIÓN)

* **
Los intérpretes de Falstaff han sido escogidos por el mismo Verdi y
constituyen un conjunto homogéneo, del cual se ha declarado el maestro
durante los ensayos bastante satisfecho.
Falstajf es Víctor Maure!, el reputado artista francés que cuenta veinticinco años de carrera, y se ha conquistado la celebridad con la belleza de
su canto y con el talento de sus interpretaciones. El fué quien creó la parte
La villa Verdi en Santa Agucda

Pero el tiem O ~~aba y su loca esperanza se desvanecía; ahora s_ufría mucho celestial al pensar que por su mano, la mano que Roberto no había querido, iba
d d b
p pf
' bastarían para sostenerla hasta el fin. S111 embargo, á recibir la libertad, la dicha de toda su vida.
yera upreciso
a a que
sus solamente
uerzas
. , salvar
1
porque
ella pod1a
a, R Oberfo, Y le salvaría
d para que
Cuando el ujier entró á buscarla, estaba ya en pie y dispuest~.
.•
· · en qu_e s~hallaba
como
un
saliese con' la cabeza alta del s1ho
t entonces senta
entoode
alegría
Sin embargo, al ver confusamente á los jueces y aquella multit~d. apmada, recriminal vulgar. En medio de su angustia, arta uvo un mOm
'
trocedió instintivamente. Así era sin duda cómo las vírgenes cnst1anas en los

�LA ILUSTRACIÓN · ARTÍSTICA

,,

tiempos de la persecución, viéndose súbitamente en la arena objeto de la curiosidad de millares de espectadores ansiosos de ver el suplicio á que las sometían,
debieron desfallecer un instante, pero tan sólo un instante. Casi al punto, Marta
miró á Roberto, y al ,·erle tan cambiado, flaco y pálido, sintió una profunda
compasión que casi la transfiguró: había sufrido, pero gracias á ella, ya no sufriría más.
Maquinalmente contestó á las preguntas de costumbre; pero como adivinase
infinito respeto y compasión en la voz y los ademanes del presidente, recobró
valor, y muy pronto contestó con más claridad y franqueza.
- Esté usted segura, señorita, dijo el presidente, que esta prueba, de la cual
no ha sido posible sustraer á usted, durará poco.
- Estoy á las órdenes de usted.
Uno de los grandes encantos de Marta era su voz, singularmente pura y dulce; y hasta cuando hablaba en voz baja oíasela muy bien, reconociéndose al
mismo tiempo que cada palabra pronunciada por ella era una verdad. Por otra
parte, su extremada palidez y su expresión de sufrimiento excitaban la piedad de

todos. Contestaba muy sencillamente, sin hacer ningdn ademán, con las manos

NÚMERO

584

las tres; al llegar :i la cruz de piedra estaba allí ya, aunque no era todavía la
- Me parece que recuerda usted muy bien todos los detalles.
- En efecto, los tengo muy presentes.
-¿Y no la vió nadie en el momento de su salida ó de su entrada en la casa?
-Nadie.

- Es una lástima, señorita 1 una gran lástima. No tengo necesidad de manifestarle hasta qué punto es respetada personalmente y honrada por todos aquellos
que la conocen, y sin duda los señores jurados tendrán en cuenta su declaración;
pero si en apoyo de lo que usted dice se tuviera la menor prueba, por ligera que
fuese ...

-¿Entonces, exclamó Marta con voz vibrante, entonces la acusación quedaría

de hecho disipada?
- Sin la menor duda; mas esa prueba ...

•

- Esta prueba existe, sellor presidente.

remonta á cerca de dos años.

Durante toda la lectura, Marta permaneció inmóvil como una estatua de mármol
y casi tan blanca como si en efecto lo fuese. Parecíale que su vida se extinno que la amistad hubiera podido, y nadie lo habría extrañado, inducir á usted
á una mentira heroica. Con frecuencia se ha visto que la mujer que ama sacrifi- guía poco :i poco, dejándola á cada instante más fría y con la sangre helada ya.
Sin embargo, el tono sin expresión del escribano, leyendo lo que ella había esca todo, hasta su reputación, por tener la dicha de salvar al hombre amado.
crito
para sí sola, en voz muy alta á fin de que todos se enterasen bien de aque- No he mentido, señor presidente. Cuando á pesar de poderosas razones de
familia consentí en recibir á Edmunda como hermana, me impuse respecto á llas confesiones desesperadas, de aquellos gritos de la pasión, resonaba en sus
ella solemnes compromisos; tiene ocho años menos que yo; la consideraba hasta oídos; y si algunas veces no comprendía bien, otras, por el cOntrario, imaginábacierto punto como mi hija, y he creído cumplir con mi deber aquel día, ocupán- se que las palabras se repetían en ella con acentos desgarradores ...
dome de su porvenir.
«...¡Querida Edmunda, si tú supieras, si pudieras sospechar todos los pensamientos
que bullen en mi mente! .. ¿Qué eres tú en el fondo? ¡Bah! ¿Qué impor- ¿Entonces sería cuando comprendió usted lo que los demás habían visto
un encanto poderoso, puesto que yo, aunque dudando y
mucho antes, es decir, que el Sr. de Anee) estaba enamorado de la seliorita Ed- ta, puesto que
preguntando, te quiero tanto que para evitarte una lágrima lloraría día y noche,
munda Levasseur y deseaba tomarla por esposa?
y para darte la felicidad aceptaría la tristeza perpetua, el pesar y la desespe- Sí, señor presidente.
ración?..))
- ¿No habría sido más sencillo, en este caso, explicarse claramente con la seY en otro lugar:
ñora de Anee)? ¿No ha temido usted que al dar una cita misteriosa á un joven
«¡Dios mío, Dics mío, cu.into sufro! ¡Quisiera morir? Me ha llamado l1erma11a.
de quien se la consideraba novia, perjudicaba singularmente su reputación?
Lástima daba ver á Marta, que necesitó hacer gran esfuerzo para contestar ¿Será simplemente una palabra trivial de afecto? ¿No tendrá una intención más
después de una pausa.
particular? ¿No estoy yo destinada á ser más tarde su hermana? ¡Ay de mí!.. ))
Y ahora, su secreto pertenecería á todo el mundo, y correría de boca en boca,
- Para obrar como lo hice tenía razones particulares muy poderosas. Ya ve
usted, señor presidente, que al declarar así que había dado una cita secreta, sa- no pudiendo ya presentarse en ninguna parte sin que el recuerdo de aqu el día
biendo la interpretación que á esto podría atribuirse, no hago una cosa indife- cruel se interpusiese entre ella y los que la miraran. Pero aun esto no significarente, y que sufro .. . Me parece que bien se me podría creer, señor presidente. ría nada; Roberto sabía ahora cuánto le amaba, y también Edmunda; y nada,
Por primera vez se turbó la calma que Marta se había impuesto; en su voz nada podría hacer olvidar aquel triste amor.
A pesar de todo, á pesar de su padecimiento, aquel sacrificio infundía en su
hubo un temblor, como una queja mal reprimida, arrancada por el padecimienalma
una dulzura infinita: Roberto estaba sah·ado, y salvado por ella.
to y la angustia, y entre el auditorio prodtíjose un estremecimiento1 un murmullo apenas perceptible.
Cuando la lectura terminó, Marta quiso levantarse, pero en el mismo instan-¿No ve usted, señorita, que esa semiconfesión comunic1 una terrible verosi- te, sin proferir un solo grito, cayó desplomada y como muerta.
militud á la hipotesis sentada hace un momento? Para muchas ,mujeres, lamen-

posees

r

tira en un caso semejante puede será sus ojos, no solamente dispensable, sino

hasta heroica.
- Y sin embargo, exclamó la joven, no he mentido.
El presidente se compadecía de ella de una manera muy visible.
-Admitamos, continuó, que usted haya dicho la verdad. ¿Conque usted bajó
al pa.rque apenas se hubo marchado su hermana?

LA

584

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tedes ¡0 que repite ahora de coniinuo? tTía mía, dice! ¿por qué me has sal.¡~s, ·Deseaba tanto morirl Estoy muy cansada de la vida, y l'ª he consumi O

t:da~ mis fuerzas .. .&gt; Yo casi preferiría que delirase á. onle decir esto.
_ •Si usted supiera cuánto he llorad?!.. murmuró Edmunda.

¡,d señora Despois, volviéndose hacia ella, contestóle secamente.
Para usted es muy fácil llorar.

Marta Levasseur estuvo muy enferma; pero sobrevivió, gracias á la solicitud

de su tía que la cuidaba día y noche. Huraña é inquieta, á nadie permitía acer-

carse al lecho donde su sobrina, presa de una fiebre ardiente, hablaba sin cesar,
siempre con la cabeza en movimiento, la mirada hosca, y como si estuviese poseída de un terror sin nombre.
Roberto y su joven esposa no pensaban ya en el viaje, y todos los días iban

- Sí, señor presidente. ,

al castillo, donde por lo regular no veían más que á los criados. Por fin, una ma-

- ¿Qué hora sería, poco más ó menos?
- Yo había citado á Roberto para las tres y media, y bajé un .poco antes de

ñana supieron que la enferma estaba fuera de peligro y que no deliraba ya; mas no
quisieron marcharse sin ver :i la tía Aurelia, que manifestando mucha frialdad,
apenas contestó á las preguntas.
- El doctor tiene buenas esperanzas, dijo, pues el delirio ha cesado. ¿Saben

- Roberto me prometió pasar por lo menos una parte del verano conmigo.
Marta sonrió afablemente.
d
d" algo en su última carta, y también
Ya lo sé, repuso, pues Edmun a me IJ~.jo· pero es sobria en sus detalles.
sé que estará orgullosa de presentarme su 1 '

No sirve para corresponsal.. .
,

=Ya sé que usted no me perdonará nunca. Lo que ha pasado no es culpa mia,

2:a~J~

~:rt;~:edó sola, sentóse á la orilla del camino, as~i~óá ~~~/~:.rza
el saludable aroma de los pinabetes recalentados por el sol, y mir
J

sin embargo sin mí no hubiera sucedido.
. . _
y La señora Despois se mantuvo inflexible y no c_ontestó. Roberto rodeó instin
Sí, volvería á ver :i Edmunt ~aá ~~~~;;:· tempestad pasada? Ni Roberto ni
tivamente con su brazo el talle de Edmunda, y d1io: .•
d
sted
¿Qué había quedado de~?
1 'dar· pero poco á poco, suavemente, de una
_ Estoy muy seguro de que Marta es para esta nina menos ura que_ u Ro: Edmunda nidia rntSma po ian o v1 e hacía menos penoso y después cambiaba
_ No lo dudo. A usted no le ha nombrado una sola vez_ en su dehno, ve- manera casi insensible, el rect!erdo .s l o de agradecimiento apasionado, Ed·
berto; pero llamaba á Edmunda sin cesar, como si en la cns1s que había atra
casi de carácter. Pasado su prter ~mpu seta y aunque no se atrevía á decir cosa

Aquí fué preciso intervenir, pues todos los espectadores dejaron escapar un
grito ahogado; y entre aquel murmullo, Marta oyó un sollozo de mujer. Entonces parecióle que iba á morir, pues había reconocido á Edmunda en aquella mujer que lloraba. Evidentemente, ella y su suegra, á quienes se había querido evi-

en su manguito y la mirada fija en el presidente.
- ¿Creo, dijo éste, que usted conoce al acusado hace largos años?
- Desde nuestra infancia. Su madre y la mía se querían mucho.
tar aquel mal rato, no pudieron contenerse y asistían confundidas entre la multi- ¿Era en su juventud violento ó rencoroso?
- De ningún modo, señor presidente. El niño prometía lo que el hombre gra- tud á la audiencia en que se iba á decidir de la suerte de Roberto. Así, pues, el
cáliz estaba lleno, y era preciso apurarle hasta las heces.
ve y estudioso llegó á ser.
Restablecida la calma, el presidente se volvió hacia Marta.
-¿No le había oído usted hablar nunca de su compañero Jorge Bertrand?
- ¿De qué prueba habla usted, señorita?
- Jamás. Roberto estaba de interno en el Liceo, y á medida que crecía nos
Otra
vez Marta debió hacer algunos esfuerzos antes de contes!ar; pero al fin
encontrábamos con menos frecuencia. Yo vi al capitán Bertrand el día que fué
dijo
con
voz monótona y fatigada, como si repitiese una lección que hubiera
á buscar á mi hermana á la estación de Honfleur; el Sr. de Ancel me le presentó
aprendido trabajosamente de memoria:
entonces, y por primera vez oí su nombre.
- Tengo entendido que se adm iten como pruebas en justicia los libros de los
-¿Se le admitió muy pronto en la intimidad de la familia de usted?
negociantes,
los registros bien regularizados y hasta las cuentas de la casa.
- Como iba muy á menudo con Roberto, y éste merecía casi la consideración
- Eso es verdad.
de pariente, las visitas del capitán no dejaban de ser frecuentes; pero en aque- La prueba que yo traigo es mi diario, es decir, el registro de mis pensallos días recibíamos muchas. Yo procuraba que la permanencia de mi hermana
mientos más secretos y de mis sentimientos más ocultos. El relato del 29 de juen el campo fuese lo más agradable posible.
lio está muy detallado allí, y después de leerle, nadie podrá dudar de mi vera- ¿No echó usted de ver muy pronto que el capitán hacía la corte á la seño- cidad.
rita Edrnunda Levasseur, y que el Sr. de Ancel estaba muy celoso?
Al decir esto, Marta volvió instintivamente la cabez.1, como magnetizada por la
Marta vaciló un instante, y después contestó:
- Apenas comprendí que el Sr. Bertrand pensaba en mi hermana, previne :i mirada ardiente de Roberto. Ya no se podía ocultar nada, porque aun antes de
la lectura de aquellas hojas tan secretamente guardadas, Roberto comprendía la
ésta contra él, pues no creía al capitán hombre capaz de hacerla feliz.
extensión
del sacrificio sabiendo que había sido amado, adorado de aquella
- ¿Y pensaba usted ya en casarla con su vecino?
pobre joven que él no comprendió. Marta leyó todo esto en la expresión de su
Marta vaciló de nuevo.
- No, señor presidente, en aquel momento no pensaba en tal cosa. Hasta más rostro, y en aquella detenida mirada con que penetró hasta el fondo del alma de
Roberto pudo comprender que él lo sabía, que se prosternaba ante ella mentaltarde, cuando comprendí... que se amaban, no se resolvió ese casamiento.
- Dispense usted, señorita, si la interrogo así acerca de sus sentimientos ín- mente y que la bendecía. También comprendió que en aquel instante supremo
timos, pero me veo precisado á ello. En el instante de ser detenido, usted quiso no era en Edmunda en quien pensaba, por más que el sollozo oído igualmente
sincerar al acusado, declarando que en el día del crimen hablaba con usted en por él un momento antes hubiese revelado su presencia, sino en ella y solamensu parque. La declaración de su hermana, á quien no había usted revelado el te en ella. Aquel instante la recompensó de todo.
Sin embargo, en el momento en que el presidente le pidió su diario, retu,·o
secreto, invalidó este testimonio; pues según ella, era casi imposible que hallánel libro un instante más.
dose usted enferma hubiera salido. La encontró exactamente como la había de- ¿Me será permitido, señor presidente, dijo, que no haga leer de este libro
jado, y sufriendo de tal modo que apenas podía usted levantar la cabeza ...
En este punto el auditorio concentró su atención de tal modo que el ligero más que los párrafos absolutamente necesarios? Sufro mucho ...
No pudo concluir la frase; mas no importaba, porque todos la comprendían.
murmullo que se ele,·a de una multitud, aunque esté silenciosa, cesó de repente,
- Doy á usted mi palabra, señorita; mas para demostrar bien á los señores
y en medio del profundo silencio elevóse la dulce voz de Marta.
jurados
que este no es un documento escrito en vista de las necesidades de la
- Señor presidente, contestó, jamás he mentido, y no mentiría ni aun para
salvar á mi cuñado.
causa, me ser.i necesario leer algunos párrafos tomados al azar, correspondien-A su cuñado, es posible... Repito que me dispense usted,. señorita, pues lo tes á los meses que precedieron al día del crimen. Por lo demás, añadió, hojeanque debo decirle es muy delicado. En el país se la creía :i usted, hace años, no- do el diario, el color mismo de la tinta, más pálido aquí, más negro allá, es una
prueba material de que este diario se ha escrito en épocas distintas. Veo que se
via del barón de Ancel. ¿No es así?

- Se engañaban, señor presidente; jamás hemos tenido relaciones amorosas.
- Sin que mediase compromiso entre ustedes, un sentimiento algo más tier-

NúMERO

hora.

munda se mostr6 de nu.e~o ce osa

i~q~.1

;o des ués, comprendiendo que era

alguna, su esposo lo ad1vmabad=~r~l~;e~ntame~te el excelente fondo que

siempre adorada con ternura,

. bl

;~:'~e::

En una de sus cartas, por lo regular

había en aquella ~a.t~rfl~zadij;
«Creo que comienzo á ser mejor y más
cortas y bastan_te nvta e ,
Mari ~orno te debo mi felicidad ... &gt;
seria ... , y también te debo es.to, . 1 a, t mientras contemplaba el mar azulado
En esto pensaba Marta prmc1pa men e
1 bos ue que ostentaba todas sus
y risueño; después se le¡an~ó y paset~e p~:d: suavi los miles de florecillas que
galas. El follaje renovóa iº' e 1un ~~o ~; las avecillas; todo esto parecía decir á
embalsamaban la atm s era, e ,gorJ
I esar no duran mucho· que todo vuelM t
el invierno cruel as1 como e P ,
.
'
,
ar a que
, . , 1 " r 'dad y que ésta rev1Ste muchas ,ormas ...
ve á comenzar, que to?o aspira a a e 1c1 , ués de sufrir mucho había aprenSu sacrifici? no serí~ infructuoso; poJq~e des¡ de los otros y por esto juraba
1
dido :i sendttr muy ; v•:~t\~º~o~e:'~r~e~ º~uerte como ~uando salió de la
que su vi a no se a in :
d
co de tristeza que no podía desehorrible cri sis; amaba la v\dªc;.f.'.~r h:bran imargura. Ahora Je parecía buena; y
char comp1etamente Y en ª
.. b
quedaba ya más que
de todos los sentimientos que antes_ la dma;m: f:~c:'y también dign¿s á los

una intensa dulzura y un deseo apas10na o e v

que tanto había amado.
d
y habiendo renacido así la calma, ya no lamentaba na a.
TRADUCCIÓN

DE

E. L.

VERKEUIL

•••••, •••••• ••••••••.. •••••••••••·•••••., ••••••••••••• ••• .. •.,•••••,. ••••• .. ••• .. ••••••• .. •w••••••••••••u••••• .. •• .. •,.•••••,.•••.. .,.-.•••••'•"'• '•.. •.. ••• .. ,...•r.,•••,..,...•"•r•."• .., ••"

SECCIÓN CIENTÍFICA
LA CRONOFOTOGRAFÍA
NUEVO MtTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO EN LAS CIENCIAS
FfS ICAS Y NATURAi.E S

(CottlitmacW,1.)

Esta dis osición permite emplear discos de pequeño diámetro y por consiguiente reducir considerablemente las dimensiones totales del aparato, el cual,
en efecto no excede del volumen ordinario de una cámara de 1_8 por 24.
. .pa 11nen te mientras contemplaba el mnr azulado y risueño
En esto pcnsab:i. Marta pnnc1
En cu;nto al árbol que hace girar los discos, toma su mov1m1ento d~ uno_s
·ue os de ruedas movidos á su vez por un manubno, que no hemos .de escn•
bir ~n este momento: este árbol se fija en e_l eje del obturador rotativo. Al
sado hubiera desaparecido todo, except? aquel instinto de maternidad, aquella ner la máquina :í foco, la longitud debe variar y los dos cuerpos ~el aparato ale
jarse más ó menos uno de otro, de modo que es prec1So que el arbol se adapnecesidad de amar lo que le ha Stdo mas caro... e había esca do y después te á esos cambios de long1•
Antes de que pudieran impedírselo, Edmund~t:ción de dond~an' severamen- tud, para lo cual está formado
de subir la escalera comendo, entraba e~ l~tªZ'á su vez azorada é inquieta se- por tubos cuadrados que se inte fué excluída. Cuando la señor\Despo,;sll ~~ junto allecho de Marta, que con troducen por roce uno dentro
gui~ de Roberto, Edmulnda es~:ió~
acariciaba á su hermanita con dé- de otro. Esta disposición se
los OJOS bnllantes y con a expr
presta á todas las aplicaciones
bil mano.
d h
balbuceó Edmunda, y toda mi vida trataré de de la cronofotografía sobre
- Lo comprendo to o a ora, b 1 felicidad .. . Dime que me perdonas, dime placa fija, como veremos más
recordar que hay alguna cosa so re a
ó
adelante.
qué podré hacer algún día para mer~cer t~ perder?da Edmunda· te he amado, y
B. - P iezas que sirven para

ro:

•;r~ue1ñ:

- ¡Pero si no tengo nada que per on~~ e, qu d · rá al und una niña rubia la cronojotograjía sobre placa
~~ visª q~e ;o d~bía haber sido móvtl. - Ya hemos visto que SI

nada más! Si algún día tienes, mduc hos hiiis,
como td; yo la educaré, aman o1a mue o.

madre,..
.
.
d
ue al fin marcharon á Italia, se prolonLa ausencia de los_JÓ~enes c~sa os,,¿ del médico, abandonó su querida salegó bastante. Marta, Stgu1endo el_conNseJ 'taba no ver más en algún tiempo el
dad para ir con su tía á la Arge ta. eceSt

"'19"

lana de admisión que sustituye al m:1.rco fotoel objeto que se ha de estudiar F.t~coV~~ando
se opera sobre una película que ~ desejecuta movimie~tos sm camlla La anchu ra de la venlana se regula comendo
biar de sitio, ó s1 presentando
r.::\i~s RR, según la dimensión que deba tener la
imagen .
·
una gran superfi~~e se mueve,

cambiando de s1t10, con poca

lugar donde había sufr/do.
á
ta ue la del cuerpo, pero al fin se con- velocidad, no puede recurrirse
La curación del espmtu fué m s Ien q - a Despoi·s amante de todo cam- á la cronofotografia sobre pla. .
fi . ó , 1 viai·es y 1a senor
'
.
s1gmó. Marta se a c10n .ª ~s . 'd
b ina Más de un año transcurn6 ca fija, porque las imágenes se
bio, estimuló mucho la mclmación e su so ~dacÍ casi el contento.
confundirían por supe r posiasí, y la señorita de Levasseur rec~bró la ~e;~:X,rt~ descubrióse al asesino del ción. En este caso, pues, es
Algunos meses después de abs? verse
!dado que no pudi ~ndo tolerar la preciso recibir las imágenes socapitán Bertrand: era un pobre diablo, unt s~ hambre introdújose en una casa bre una placa movible que
dureza de su jefe desertó al fin. Casi mue'¡ 0 : ocurrió '1a idea de matar al hom- cambie de sitio presentando su1
para robar, encontró un revólver, Y ~ pun ~ esgracias y á quién vió algunas ve- cesivamente al foco del obje51
bre que, según él, había do causa e sus obo se uido de asesinato, así como tivo las diversas partes de su
ces en el país. Condenado después ¡,~r ~
'se ;abía vengado de su capitán ... superficie. A este efecto nos
Fig. 1a. Dos carretes de metal destinados al :m oll_amien·
también por deserción, él mismo, refin ~- : º la primavera tocaba á su término. servimos de placas delgadas
to de la pelicula sensible: estos carretes están s1tua~os
1
Cuando Marta regresó al fin a su cas 1 'brazarla aunque al principio hubo ó películas cortadas en tiras
en sentido contrario uno de otro. Las let1:1s H y B !n·
La señora de Anee! acudió pre_suroi para. a habló O:ucho refiriendo los detalles largas y arrolladas en carretes:
dican en cada uno de ellos la parte supenor é mfenor
un momento de frialdad. La senora espo¿' n esto completamente la tibieza. esta tira pelicular debe des- respectivamente,
del gran viaje, y muy pronto desapare~~ra~º que el pasado Je parecía ya vago
á 'd
' fi d reMarta era tan cordialmente senct 11 a Y na
'
gran número de imágenes si n que las d/mension~s ~e
0 ªda~o
y lejano.
_
. en castellana acompañó á la señora de estas imá enes sean demasiado reducidas, y debe d~ten~rse en e ~ornen o , e
Otra vez, como dos anos antes, la JOV d uevo mientras andaban, contem- la pose si~ ¡0 cual las imágenes obtenidas no serían hmptas; es pr~c~o, ;d~fª.'•
Ancel hast~ la extrem_idad del parq~e;
~orad~, y á Jo lejos la fina silueta que es'ta tira sensible pued1 introducirse en el aparato ser rettr~ a e
piaron el mar, la graciosa cu':'a de a ie {ontentas de volver á verse y de que la estar ex uesta á la acción de la luz; es preciso, finalmente, para. la uena u ! 1 •
del H avre. Las dos parecían igu".1mend A cel no atreviéndose á dem todo lo ción de )a película, que no pase de ella, entre dos a_lumbram1_entos su~esivo; ,
antigua amistad renaciera. La senara ~ n 5 i,a.Iabras en sus menores adema• más que la cantidad estrictamente n_ecesaria para r~~b1r una 1~agen. eam s
que pensaba, hacía de modo que e;
as ~arta lo co:nprendía muy bien, Sin cuáles son las disposiciones que reahzan estas cond1c1on es múltiples,~
áfi
nes, se mamfestase una ~ernura 1 n 't!mbló un poco al decir:
Para
explicarlas
debemos
tomar
la
descripción
del
aparato
crono
otogr
co
embargo, la voz de la senora de nce 1

:¡~~r :i~:~:;;

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1

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�166
,11

LA 1LustRActóN

ARTiSTICA
NúMERO

Fig. II. Carrete dep.;sito carg,,do, i\1: se desarrolla la tira de
papel que lo cubre para arrollar-la en sentido contrario en el
carrete receptor R.

NúMERO

584

en el punto en que hace poco la dejamos. Del aparato debe quitarse desde luego el marco de la placa
fija, puesto que ya no es éste el que ha de recibir las
imágenes, y colocarse en su lugar una planchita con
una abertura, llamada ventana de admisión (fig. 9),
cuya anchura, que se arregla á voluntad, ha de ser
exactamente igual á la que debe presentar cada una
de las imágenes. Al través de esta ventana la luz penetrará en la cámara de las imágenes, en donde encontrará la película móvil que un juego de relojería
desarrolla con un movimiento intermitente, á sacudidas, haciéndola pasar de un carrete á otro.
De la disposición de .estos carretes nos ocupare-

cerio funcionar se oprime un gatillo que· hace caer
un cilindro compresor elástico análogo á los qt;ie ha- ro .C' (fig. 13) mantenido en posición vertical por dos
cen presión sobre los carretes, pero de mucha mayor planchas de muelle que lo aprietan suavemente confuerza. Mientras el compresor no cae y no aprieta la tra la cara posterior de la películap que de este modo
película, el laminador gira libremente deslizándose se· encuentra ligeramente apretada entre este órgano
detrás de la tira que la cubre; desde que el compre- y la platina del juego de ruedas. Esta ligera presión
no dificulta la marcha de la película, la cual, en camsor funciona la tira es arrastrada.
El objeto de esta disposición es poner desde luego bio, se detendrá de repente si el fijador se ve fuerteen marcha los juegos de ruedas antes de comenzar el mente apretado contra la platina: este efecto se obexperimento y llevarlos gradualmente á su velocidad tiene por medio de un trinquete cuya acción se produuniforme: á partir de aquel momento·el operador está ce durante un tiempo muy corto y precisamente en el
en disposición de recibir las imágenes, desde que el momento de la admisión de la luz en el instrumento.
objeto en movimiento se presentará en condiciones De este modo se logra una fijeza completa de la película en el momento de cada exposición.
favorables.
El fijador está construído del modo siguiente: es
El carrete receptor R está colocado, como hemos
dicho, en una varita vertical que gira sobre sí misma una porción de cilindro de acero hueco en un centro
y que deberá arrastrar en su movimiento al carrete para que pueda contener un tejo cilíndrico sobre el
en cuanto empiece á funcionar el laminador. De este cual pasará un trinquete en el momento de la iluminamodo la película se arrollará á medida que irá reci- ción: la presión de esta pieza sobre el cilindro hace
biendo las imágenes. Pero mientras el laminador no que éste se doble en su parte media, hueca y flexible,
funcione, el carrete R no debe girar, pues no habrá y aprieta por sus extremos fuertemente la tira pelicullegado aún el momento de arrollar la película; de lar contra la platina del aparato.
Esta presión puede ser graduada á voluntad, conmanera que la varita girará sola, produciendo, sin embargo, un roce que tiende á arrastrar al carrete, pero siderando como buena la que permita tirar, con un
no le arrastrará realmente hasta el momento en que esfuerzo de dos ó tres kilogramos, de una tira de papel apretada en el fijador sin que esta tira se desel laminador entrará en funciones. Este resultado se lice.
consigue por medio de un trinquete que mantiene el
La construcción de los trinquetes presenta tamcarrete inmóvil hasta el momento en que cae el compresor del laminador.
bién algunas particularidades: cada trinquete es de
Otra combinarión se impone, además, en el movi- acero, tiene forma de una coma y está ajustado por
miento del carrete R: este carrete es preciso que un tornillo que lo atraviesa, es móvil y puede ocularrolle la tira á medida que el laminador se la vaya tarse en el interior del disco que lo sostiene ó asomar fuera de éste de modo que roce con el tejo y
obligue al fijador á apretar la tira
de película.

mas en primer término, pues constituyen el órgano
esencial que permite cargar ó descargar el aparato en
plena luz.
Los carretes (r) (fig. IO) tienen nueve centímetros
de alto: en uno de ellos se arrolla una tira de papel
fuerte y opaco, de nueve centímetros de ancho por
varios metros de largo, y al mismo tiempo que esta
tira arróllase también la tira de película sensible que
Lámina elástica. - La tira peli- .
habrá de recibir las imágenes. He aquí cómo se vecu lar fuertemente arrastrada por el
rifica esta arrolladura. .
laminador y detenida, por otra
Si la tira de papel opaco es, por ejemplo, un meparte,
por el fijador debería necetro más larga que la de la película sensible, se arrolla
sariamente
romperse ó deslizarse
en el carrete 50 centímetros de papel solo y luego se
en el laminador; pero para evitar
aplica sobre éste la tira pelicular, poniendo la capa
estos accidentes se recurre á una
sensible en la parte de fuera y se arrollan ambas al
disposición cuyo efecto es hacer
disco apretándolas fuertemente: cuando se lleg4 al fin
variar la longitud del recorrido de
de la tira pelicular, se fija este extremo sobre la tira
la tira entre el laminador y el fijaopaca por medio de un papel engomado, á la manedor,
lo cual se obtiene por medio
ra de los sellos de correo, y luego se acaba de arrollar
de una lámina de muelle sobre la
los 50 centímetros de papel que sobran todavía. Forcual se refleja la película en su
mado así el rollo, se le sujeta con una cinta de cautrayecto.
Así, en el momento de
cho. Esta operación se ejecuta naturalmente en el lala fijación de la tira, el laminador
boratorio fotográfico y con luz encarnada.
Para indicar que un carrete está cargado, se desli- Fig. 12, Cámara de las imágenes con la tapa levantada. M carrete depósito y R carre- continúa su acción y arrastra la
te rt:ceptor colocarlos en sus ejes; r r r, pequeífos cilindros compresores que aprietan película, que cede, haciendo doblar
za debajo de la cinta de caucho un pedacito de pa- la
tira sobre los carretes. L, laminador con su cilindro compresor. F ventana de la lámina elástica: después, cuanpel blanco que sirve de señal y que cae por sí mismo
admisión. V cristal opaco que ~ira sobre una charnela. La linea de pÚntos indica el
cuando se utiliza el carrete, de modo que no se le ve
trayecto de la tira de papel y de la película. C, C', fijador y trinquete que produ- do ha terminado la fijación, el resorte de la lámina tira repentinacen
las paradas intermitentes de la tira de película.
en los carr-etes que han sido impresionados (2 ).
mente de la película, que continúa
Perfectamente protegida la superficie sensible consu
marcha con movimiento unitra la acción de la luz, gracias á este procedimiento,
forme.
entregando sin retardarse ni adelantarse: pues bien;
veamos cómo se introduce en el aparato.
Sin entr_ar en los detalles del juego de ruedas que
Tomemos un carrete cargado M (fig. 11 ), ó carre- el aumento continuo de diámetro del carrete á me- guía las piezas que acabamos de describir diremos
dida
que
recibe
un
mayor
número
de
vueltas
de
tira
te depósito; desarrollemos las primeras vueltas del pahubiera producido estas irregularidades en el arrolla- única~ente que el laminador, el trinquete del fijador
pel que lo cubre y arrollemos este extremo á un se- miento.
y los discos obturadores giran con la misma velocigundo carrete R en sentido inverso que lo estaba
dad y que se e~ta?lece la coincidencia de los pasos
·
La.uniformidad
de
éste
se
consigue
m:.turalmente
en M, de suerte que al pasar de un carrete á otro la
de luz c?n. las fipc10nes de la película de manera que
tira de papel afecte la forma de una S. Si.abrimos en- por la condición, ya indicada, de que la varita que estos d1stmtos actos sean coordinados de una matiende
á
arrastrar
al
carrete
gira
por
roce
en
su
intetonces la camara ·de las imágenes (fig. 12), encohti-anera automáremos en ella dos varitas verticales, de las que la una, rior, de lo cual resulta que la tira no es atraída con tica.
bastante fuerza para vencer la resistencia del lamila de la izquierda, recibe el carrete depósito, y la otra, nador.
la de la derecha, el carrete receptor R. Dos cilindros
N1t111ero, diEstamos, pues, ya en condiciones para producir las 111msirmes é intercompresores ejercen una presión elástica sobre los c'arretes para asegurar la regularidad del arrollamiento acciones siguientes: puestos en su lugar la película y valos de las imáó desarrollo de la tira; en cuanto á ésta, se introduce el papel que la aguanta, podemos imprimir á los jue- genes. - El juego
en un escote vertical (siguiendo la línea de puntos gos de ruedas del aparato una rotación rápida. Los de ruedas es model grabado), en donde quedará sometida á la acción discos alumbradores dan, por ejemplo, 10 vueltas por vido por un made ciertos órganos que vamos á describir: el lamina- segundo y-otro tanto hace el laminador. En un mo- nubrio cada una
mento dado, se oprime un botón que hay en la tapa- de cuyas vueltas
dor, el fijador y el muelle elástico.
dera de la caja de las imágenes y entonces cae el produce cinco
Laminador. - Está formado por un cilindro mo- compresor del laminador y queda libre el carrete re- del disco obturator L (fig. 12) de madera endurecida, cubierto de ceptor; inmediatamente el papel es atraído y la tira dor y del lamipasa de un carrete á otro en el tiempo de uno nador, y como
caucho y sobre el cual se reflejan las tiras de papel y entera
ó dos segundos.
de película en su trayecto de un carrete á otro: el lafácilmente pueminador es el órgano motor de la película, y para ha.
de la mano dar
Fijador. - Si se operase en la disposición que aca- dos vueltas al
(1) Los carretes son de metal: dos discos, uno delgado, el bamos de describir, las imágenes serían recibidas en manubrio por Fig. 13. Fijador C' de la ligura anterior
de la parle superior, y otro grueso, el de la inferior, van solda- una superficie en movimiento y ninguna resultaría
con sus trinquetes O; p, tira pelicular
que el fijador comprime contra la pnred
dos á los dos extremos de un tubo metálico ligero; un agujero limpia; de suerte que es preciso que en el momento segundo, se obtienen de esta
practicado en el centro de los dos discos permite el paso de un
de la cámara de las imágenes, cada vez
eje vertical lijado en el interior de la. cámara. Una corona de del pasó de la luz la tira pelicular c~se de moverse.
que un diente de un trinquete pasa sosuerte diez imáNo había que pensar en parar los juegos de ruedas genes.
bre el cilindro.
agujeritos practicados en la cara inferior del carrete sirve para
arrastrar á éste: cuando una cla\·ija implantada en un disco gi- animados de la gran velocidad de que hemos hablado,
Esta marcha
ratorio ¡ienetrará en uno de estos agujcritos, el disco arrastrará pero era posible parar la película sola. He aquí la
al carrete en su movimiento rotativo.
del
aparato produce imágenes de grandes dimensiodisposición que para ello hemos empleado:
(2) Cuando se opera sobre películas muy largas, como sería
nes,
cada una de las cuales corresponde al perímetro
En el momento en que la tira pelicular al salir del
muy engorroso tener que arrollar una longitud igual de papel,
entero
del cilindro laminador, es decir, á nueve cense reduce éste á dos tiras que se pegan en los dos extremos de carrete M pasa por el. estrecho espacio por donde se
la película; estas dos tiras están cortadas en punta en su extre- desliza para llegar al foco del objetivo y recibir allí tímetros, y' &lt;;:orno la altura de la tira es también de
midad libre que se introduce en el escote longitudinnl del eje
las imágenes, desfila por delante de un órgano llama- nueve centímetros, cada imagen tiene nueve centímedel carrete en el momento de arrollarlns.
do el fijador, formado por un semicilindro de ace- tros en cuadro ó sean 81 centímetros cuadrados.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NUEVA PUBLICACION

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D. MANU! L ARANDA Y SANJ UÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA IDLECULAR

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Pepsina Boudault

Empleado con el mejor e:rito

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PIIEIIO DEL INSTITUTO AL D'CORVISART, EN 1856
lledallu oa l&amp;a J!itpo1lclon11 lnltnaolon&amp;IH ••

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contra. las diversas
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Se ca.tu proapectoo l \ale■ IH oolici11
loo Sra. Montucr '1 Sim6■, editor•

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NUEVOS ESTUDIOS SOBRE VERSIFICACIÓN CASTKLLANA,far Eduardo dt La
Barra. - Lugar preferente merece ocupar
entre los primeros poetas del Nuevo Mundo D. Eduardo de la Barra, miembro de
la Real Academia Española, á quien con
razón se considera como el sabio maestro
de dos generaciones en la república ele
Chile, de la que hoy está desterrado por
razones políticas. Su libro sobre versifica~ión castellana es una obra didáctica de
alto vuelo que deberán leer cuantos quier:m cultivar la poesla: de su importancia
dará idea el siguiente sumario de las ma·
terias en que se ocupa: Mllnografia del
verso yámbico endecasllabo; De la rima,
silabas y acentos; De los ritmos castellanos; Excursión al pals de la annonla; Influencia del acento de la quinta silaba en
el endecasllabo; Del eje de simetría; Versos monosilábicos; De los ripios. El libro
ha sido impreso en Santiago de Chile, ii:nprenta de Cervantes, calle de la Bandera,
núm. 73.

•••
PROGRAMA DE DERECHO l'ENAL, fer
D. José Novo Carda. - Profundos conocimientos en tan importante materia revela el programa del Sr. Novo, doctor en
Derecho administrativo y civil y canónico y catedrático de la Universidad de la
Habana: el extenso y luminoso razonamiento que le precede demuestra la ilustración y conocimientos de su autor y el
programa está hecho con excelente método. El folleto ha sido impreso en ( L.1
Universal,) San Ignacio, 15, Habana.

•
••
COSAS DE LA VIEJA BuRcos,por Anselmo Salvd. - Por tocio extremo intere·
sante es el estudio que con el título de
apuntes históricos hace de la Yeneranda
ciudad castellana su cronista Sr. Salvá,
indi,·iduo correspondiente de la :Keal
Academia de la Historia; su obra contiene importantes datos, inéditos hasta ahora
y sacados del archivo municipal, acerca
del gobierno de la ciudad, de SU$ institu•
ciones, de sus fueros, leyes y costumbres;
en suma, de la historia interna de Burgos,
que es lo que á una población más interesa y lo que más la caracteriza. - Véndese
la obra á 3 pesetas en la imprenta de Sucesor de Arnaiz, pla.... Je Prim, núm. 17,
Burgos.

•••
LA ESPAÑA MODERNA. -Notable como todos es el último número de esta importante revista, que contiene: La vida de
Tolstoy, por el gran critico inglés Mateo
Arnold; El canto del cime, por Tolstoy;
Ammchka, por Turguenef; El mra de
Cuc1111dn, por Daudet; Las dos 111a1:gari·
tas, por Cátulo Méndez; La miniatura,
por Banville; El miedo, por Maupassant;
EducaciJ,i, am/Jimle y cri111i11alidad, por

PISTOLA y BARDOLFO, personajes de la ópera Falslaf/

Jarabe Laroze

•
• Soberano remedio para riplda cura•
cioa de 111 Afeocion•• del pecho,
Catarroa,llal de garganta, Bronquitis, Reafriadoa, Romadizoa,
de los Reumatiamo•, Dolor••,
Lumbago,, etc., 30 años del mejor
6xlto atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
loa primero• m6dico1 de Paria.

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Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Larose se prescribe con éxito 1)(1?
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Jürita, lspecliciones : J.-P. LAROZE

Depolito en todu la• pl'inclp&amp;lea Boticas 'J' Droguerlu

AP:IOL
de los o•-- JORET &amp; HOMOLLE

Participando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas PUdoras se emplean

especialmente contra las E■crofulu, la
Tis is y la Debilidad de t e mpe ramenW.
asl como en todos los casos(Páll do1 colorelt

El APIOL cura los do/ore,, ret,110,, ,upre1/one, de lu Epocu, ast oomo las P4rdldu.
Pero con!recuencta es talsUlcado. El APIOL

&amp;menorrea, &amp;.•), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya 'sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó yaJ)ll'I
provocar ó re¡ulartzar su curso perlódtCO.

verdadero, untco eficaz, es el de los inventores, los D"' JORE':t ., BOIIOLLE.

MEDALt.AS Erp•Unt,•• LON DRE8116Z·PAR/31ffl

-~/';,,,?25

rar- BI\U.IT, 150, ru•111nll, Pil!J

GRANO DE LINO TARIN

Querido enfermo.-Flese Vd. é mi larga_experlenoia,
1 haga uso de nueilros ORANOS de SALUD, pues ellos
le curarán de tu conat,paclon, le dar4n apetito 1 le
devoJ,erén el sueño y la alegria. - A11 ririrá Vd.
mucho, años, d,sfrutando stempre de una buena salud.

,•~~~CWlu
_,..,.

El toduro de hierro Impuro ó alterado
, , es un medicamento Infiel é Irritan te.
como prueba de pureza y de autenticidad 4-,
las verdaderas P ildoru d e B lancarl,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
~erde y el Sello de garantla de la Unión de
101 Fabrlcante i para larepreslón de lafa!Sillcaclón.

NB

IITIIERIMIENTOI, CÓLICOI. -La caja: lfr, 10.
1

CARNE y QUINA

ll A.J.imuto 1111 repnlor, uido al 'r6D1oo 11111 e11erp1.

VINO ARDUO CON OUINÍ

. T COM TODOI 1.01 nmamos fflJftlTIVOB IOL'OBLU Da u CARKB
4'.ILU 1 QllllH I eon 101 elementos que entran en la com'D081cton de este potenle
teparador de las tuenu 'ftlales, de este ••rti■e-ae per eeee(e■•ia. De un rusio ltlmamente a,radable, es eoberano contra la A.nem'4 y el A.l/OCM11únto, en Ju ClllffllllNI
1 C01111al8cenctiu1 contra las JJ'4N'ea, y \u A.feccwtta del llllOflllJI0 y loe ,nte6"no,.
Cuando ae t raia de despenar el apeUto, asegurar l&amp;a dlgest.tonea _reparar 1u flleral,
emtquecer la sangre, entonar el org&amp;I$mo y precaver la anemia 1 1iu eDtdemlu pro,oCldli Por loa calores, no se conoce nada 1111penor al w1■e de tt■iaa de ..,••._
la, fflCU/Dr.11 P~~ casa de 1. FEW, Farmauutico, 10!, ru, Ri~liea. 8QGIICI daAJlOO]).
Da VBNDB BM TODAll 1.411 Pllll(QU&gt;ÁLU BoTIQU.

. . EXIJASE

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Farmarentlto, en •

~ R u e Bonaparte, ••

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. Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
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BARCELONA 13 DE

NúM. 585

MARZO PE 1893

Próximamente comenzaremos la publicación de la interesante novela de Héctor Malot cANIE,~ traducida por Antonio Sánchez Pérez,
con preciosas ilustraciones del célebre dibujante Emilio Bayard

SUMARIO

VERDADES Y MENTIRAS

Texto. -

Verdades y me11tiras, por R. Balsa de la Vega. - La
iglesia de San lg11acio de Loyo/a, m Manila, por X. - EL vecino, por Luis Taboada. - D . Pedro el Cruel. Crónica relativamente antigua, por Luis de Llanos. - Miscelánea. - Nues•
tros grabados. - ¡ Si fuera verdad!, por Enriqueta Lozano de
Vilches. - SECCIÓN CIENTfFICA: La cronofotograffa (continuación).

Grabados. -

Vista interior del templo de San Ignacio de Loyola, en Manila; Imágenes del Sagrado Corazón dejes,ls y de
ta Purísima Concepción; Vista exterior del templo; Imagen de
Sa1t Ignacio de Lo;1ola; P11lpito del templo de San Ignacio de
Loyola, en Manila, seis grabados. - Jorge R. Davis, director
general de la Exposición universal de Chicago. - Las sardine·
ras, cuadro de Ignacio Ugarte (de fotografía de Nicolás Cap·
devilla). - Tristes remerdos, cuadro de R. Poetzelberg. i Tierra!, cuadro de Fernando Cabrera. - Episodio de la gue·
rra de la Independencia, cuadro de César Alvarez Dumont
(de fotografia de J. Prieto). - Figura 14, grabado correspondiente á la cronofotograf!a. - Erase que se era ... , cuadro de
Pennasilico.

guno que otro festivo merecen las distinciones del
ptíblico. Del arte dramático, ni hablemos; en los teatros de verso (alta comedia, drama, etc.), se recurre
á obras de nuestros clasicos antiguos y modernos y
á traducciones del francés; y sin embargo de representarse Traidor t'11confeso y mnrtir, El drama nuevo,
Don Alvaro, et sic de ctEteris, el Español se ve desierto,
no muy concurrida la Comedia, y es preciso que se estrene una obra de Echegaray ó de Galdós para que las
empresas de ambos coliseos cuenten un lleno. Eslava
y Apolo viven con más holgura, merced á los picarescos gestos de graciosas actrices que interpretan obras
donde hay chistes por el estilo de este:

Hablaba en mi última Crónica del marasmo en
que está sumido el arte, aquí, en este gran núcleo
vital de la nación; marasmo que comenzó á acentuarse
visiblemente en la época de la Exposición de 1890 y
que al presente alcanza un grado verdaderamente
alarmante.
La vida artística está en' Madrid supeditada por
entero á la protección oficial; así que, si no hay algún
edificio público que decorar, algún acontecimiento
del fuste delfalleczdo Centenario ó alguna exposición
donde vender al Estado la obra premiada, debe renunciarse á ver algo que salga de los estudios de los
porque el que más y el que menos
artistas digno de fijar nuestra atención durante cinco
cuando monta, monta bien.
minutos. Lo mismo acontece en literatura - me refiero á su calidad; - púdrense en las librerías los libros,
Estoy oyendo que algunos de mis lectores se prey tan sólo los de erótica lectura ó los de texto y al- gunta al leer lo dicho: ¿qué tiene que ver todo esto

VISTA INTERIOR DEL TEMPLO DE SAN IGNACIO DE LOYOLA, EN MANILA

�LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,11

•

NúMERO

585

con la protección del gobierno ni con nada que al
gobierno ataña? A demostrar voy cuántos y cuán graves son los perjuicios que la política - mejor dicho que las rutinas políticas por que,se rigen hace diez y
ocho ó diez y nueve años los hombres de "Estado que
nos mandan, vienen causando á la cultura en general
del país y en particular -á la de esta desdichada capital, donde todo idiptismo tiene cabida.
.
Cuantos intenten el desarrollo de la instrucción,
especialmente en España, no podrán relegar el conocimiento de nuestas revueltas políticas. Factor importantísimo la política de cuanto somos hoy en todo
orden de cosas, la instrucción pública sufrió y sigue
sufriendo cuantos vaivenes aquélla experimenta, ya
por los cambios doctrinales, bien tan sólo por el criterio de los ministros de }?omento ó de media docena
de personalidades, encargadas de cosa· tan baladí como es el cuidado de la cultura nacional.
Desgraciadamente como cosa de escasa importancia vino hasta ahora teniéndose - salvo en el .período
revolucionario - esto de los intereses intelectuales;
pero al presente llega esa indiferencia de nuestros políticos á tal grado, que causa espanto é ira. Y aquí
viene la política. Para nivelar presupuestos desnivelados por causas de todo el mundo conocidas y que
huelga enumerar ahora, no encontraron otro medio,
dentro de las estrechas doctrinas de escuela que

significa una estatua ó un cuadro, sin que se les
Erase un labrador rico, muy aficionado á cacerías
haya obligado durante su paso por institutos, escue- y jiras campestres y á tirar de la oreja á Jorge. Soslas normales y universidades á estudiar un compen- tenía por lujo una porción de criados; la mitad de
dio de historia del arte, ese ojo de Polift1110, que de- ellos inútiles y ociosos por lo mismo. Se echó una
cía Bacon, si n el cual la historia de la humanidad se- querida para no ser menos que otros dos vecinos suría' la estatua de un ciego. Y sobre todo esto, cerce- yos más ricos que él, y así vivió tres ó cuatro años;
nando al artista pensiones y á las escuelas de Bellas ix:ro un día, echando cuentas, vió con espanto que
Artes materiales, hasta el extremo de que en la Cen- sus rentas no alcanzaban para aquellos despilfarros y
tral de Madrid no haya calefacción en varias clases; que las deudas le comían la mitad de lo que las tiede que carezca la de Teoría é Historia de obras y rras le re ndían.
.
modelos gráficos y plásticos - pero as{, por completo;
«Vaya, Perico, se dijo, esto no puede seguir así;
- de que á los pintores y escultores que, tras años es menester que hagas economías ... No, en las cade labor asidua y de gastos enormes, no se les ad- cerías no puedo economizar, porque ... ¡qué dirían
quieran las obras premiadas, hechas ad hoc para el mis vecinos! Pues en criados ... Bueno, suprimiré de
certamen, y por consiguiente imposibles de ser ven- los cuarenta seis ... ; eso es ... , seis. Para el juego, en ludidas á un particular, por las cohdiciones del tamaño gar de cinco mil duros, cuatro mil quinientos. ¡Qué
y del asunto.
dirían mis vecinos si me viesen levantar el campo
¿Quién declama, quién pretende declamar contra cuando vienen las malas! .. Tocante á lo que le paso
la ignorancia en que se revuelca esta mísera nación, á Julia... ni pensarlo. ¡Ante todo, que vean que la
presa de caciques y casuismos políticos que parecen sostengo con tanto lujo como mis vecinos .. . ¡Perico,
empeñados en conservarla en santa perpetua ignoran- no sale la cuenta!..)
cia? No estampó, no, para nosotros el pensador GroEl labrador se quedó pensativo. De repente se da
tius aquel aforismo cien veces repetido: «No es bas- una palmada en la cholla: c¡Gracias á Dios! Encontré
tante que un pueblo tenga lo preciso pam su soste- el medio de equilibrar mis presupuestos. Media ranimiento y su vida, es menester que ésta le sea agra· ción á las mulas, y en lugar de gastar ochenta mil readable.&gt;
.
les en trigo para la siembra, con veinte mil que se
Decía yo en cierta ocasión: tSoy del número de los arreglen los mozos de labranza.»
actualmente nos rigen, que hacer economías á bulto. que creen que no debe exigirse á los gobiernos la tuBien venidas fuesen las tales economías si obedecie- tela de cuantos intereses morales y materiales son neR. BALSA DE LA VEGA
ran en primer término á un plan meditado y estudia- cesarios al desarrollo del Estado; por el contrario,
Madrid,
27
de
febrero
de 18g3
do durante largo tiempo, y en segundo, á conseguir mi ideal, como el de tantos que comulgan en la mis.........,,...... ,......... ,.. ,.. ,, ...... ,...............,, ...... ,....., ....... ,...........................,........ .,...... ,... .
la mayor facilidad en los trámites todos de la tutoría ma creencia, tiene por base que la intervención adque de los intreses complejos de la nación viene ejer- ministrativa, curadora de los poderes pL1blicos, sea
ciendo la centralizacion del régimen parlamentario. en cantidad mínima, no solamente porque significa LA IGLESIA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
EN MANILA
Bien venidas, repito, fueran las decantadas econo• tanto como destruir toda inmoralidad aneja á la cenmías siempre que se realizasen en favor de los bolsi- tralización en este sentido y lograr que desaparezcan
La nueva iglesia que los padres jesuitas tienen acllos de los contribuyentes y de su cultura. Pero cáta- gran parte de los apetitos que el poder despierta, site precisamente con todo lo contrario. No tan sólo no porque acusaría un estado de cultura y bienestar tualmente en Manila álzase en la calle del Arzobispo,
se aumentan los impuestos, sino que se disminuye, de por nosotros no alcanzado hasta el presente.&gt; Pero es- muy cerca del palacio del Excmo. é Ilmo. Metropoun modo que casi parece burla sangrienta, el caudal te ideal, como otros muchos que alientan en el es- litano de las Islas.
Con el año r878 comenzaron los trabajos preparanecesario para fomentar la riqueza pública en sus dos píritu humano, por más generosos y elevados que
torios
para la construcción del templo, cuyo proyecto
aspectos, material é intelectual.
sean, ó quizá por eso mismo, se estrellan contra la fué confiado al arquitecto de Manila D. Félix Roja~
Es mene~ter echar una ojeada sobre las memorias, realidad de las cosas, y esta realidad obliga á la razón
monografias, etc., que continuamente están publi- á encerrarlos en el lugar destinado á las utopías, á Tiene la planta del edificio la figura de una cruz lacando los centros y corporaciones de enseñanza, la- las locuras sublimes, hasta que les llegue su imperio tina, comprendida en un rectángulo de 42'40 metros
mentándose de la escasez de recursos con que cuen- - si es que les llega. - Mientras tanto, es menester de longitud por 20 de anchura, dividido en el sentitan para llenar la misión que les está encomendada. acudir á los tutores del eterno menor de edad, es pre- do de su longitud por dos filas de columnas intermeEs menester no perder de vista las deficiencias in- ciso hacerles entender á los que tienen á su cargo la dias que forman una nave central de 10,60 metros de
mensas que se notan en los desbarajustados planes dirección y administración de los complejos intereses anchura y dos laterales de 4'70, teniendo las tres una
de instrucción, en los cuales, si huelgan asignaturas del pueblo, que no pueden ni deben mirar lo de ca· longitud de 2 5 metros desde la puerta de entrada
faltan otras de imprescindible necesidad, si hemos rácter intelectual y moral como secundario; es me• hasta el crucero. Este es de planta rectangular, de
de ser los españoles algo más que toreros ó diputa- nester que se les advierta, mejor dicho, que se les 8'10 metros de lado, con dos capillas laterales que se
dos de la mayoría. Es menester no olvidar que en exija cuidado especialísimo por esos intereses, más extienden con el ancho correspondiente á las naves
laterales, y el presbiterio con la anchura de la nave
ninguna nación de Europa existe menor número de sagrados que los materiales.
central
tiene 9'30 metros de profundidad. La altu ra
publicaciones técnicas, asf científicas como industriaY las bellas artes son, dentro del campo moral,
á la parte más elevales y artísticas. Es menester, en fin, que no se nos del histórico y del social, inexcusables elementos. Da- total media desde el pavimento
1
da
del
crucero
es
de
17
20
metros,
reduciéndose en la
pase por alto cuán bajo es el nivel de la cultura en da la esfera de acción en que respiran, en que se des1
nave
central
á
16
80
metros,
y
en
las
naves laterales
España. Y con todo esto, cuando en la capital de la arrollan; dado el grado de expansión intelectual que
nación no puede sostenerse un mercado de arte, ni para su vida requieren; dada la influencia psicológica se divide por el piso de las galerías á contar desde la
grande ni pequeño; cuando la educación artística - que ejercieron y ejercerán siempre en la humanidad, cornisa que un e las columnas del cuerpo bajo, dejan·
hoy casi obligatoria en algunos pueblos del mundo no es posible negarles el altísimo lugar que la gran do 9'40 metros de altura á dichas naves laterales y
7'80 metros á las galerías superiores, lo mismo que al
civilizado, y sin casi en Alemania é Inglaterra- aquí maestra de la vida, la Historia, viene señalándoles.
coro,
situado á los pies de la iglesia con la anchura
se desconoce por completo, dándose el caso de que
Pero ya ven los que este desaliñado artículo lean del primer intercolumnio.
un médico, un abogado, un hombre de ciencias ig- cuán de distinto modo piensan por las alturas. Y no
La ceremonia de la colocación de la primera pienore lo que es un bajo relieve y lo que es un arqui- debiera extrañarme, porque adn recuerdo como si
dra
de este templo se verificó el día 9 de febrero de
trave y la diferencia que existe entre una acuarela y fuese ahora lo que decía cierto personaje político
un óleo; cuando aquí no hay quien lea una obra como (estoy tentado de escribir su nombre) en una reunión 1878 y en seguida comenzaron las obras bajo la di rec·
La historia de las ideas estéticas; cuando aquf es impo- de gentes de su prosapia, á propósito de las obras de- ción del expresado arquitecto Sr. Rojas, y á la muersible sostener una revista dedicada exclusivamente á corativas que por entonces se realizaban en San Fran- te de éste, bajo la del hermano de la Compañía de
la difusión del gusto por las artes plásticas y la litera- cisco el Grande de esta corte: «¡ Eso es inicuo;eso de- Jesús Francisco Riera, quien ha podido verlo termi•
tura; cuando todo esto sucede, del menguado presu- biera de tratarse en el Congreso y en la prensa! Cuan- nado con la cooperacióñ de los distinguidos artistas
puesto de Fomento se rebajan ¡catorce millones de pe- do la nación carece de barcos de guerra, de vías que le han acompañado en la ejecución del templo
dedicado al ilustre fundador y patriarca de la Orden.
setas/
férreas y de tantas otras cosas de utilidad, se están
La arquitectura general del templo es greco-roma¿Creerán mis lectores que es el ministerio que me- gastando millones y más millones en dar de comer á
na.
Majestuosa se presenta á la vista del espectador
nos economías hace, por lo mismo que es el de la cuatro santeros y otros tantos pintores, con el pretexhacienda del porvenir, como dijo un ilustre hombre to de ilustrar (palabra textual) esa iglesia.» Y como la nave central, formada por un intercolumnio de or·
público? ¡Buen desengaño si tal creen! Lean el si- le objetara alguien desde lo alto de su olímpica alti- den corintio, que terminando por una simple cornisa
sirve de base al cuerpo alto de dicha nave, forma ndo
guiente estado recogido por la prensa:
vez, replicó: «¿Le da usted algo al pueblo con esas las galerías de acceso al coro. Sobre las columnas de
cosas/ (las cosas debían ser cuadros y estatuas). No este templo alto descansan el entablamento y la esco•
Fomento. . . .
14.500.000 pesetas.
Guerra.. . . .
7.000.000
)
puedo comprender cómo se distrae el dinero del con- cia, que sostienen el techo plano ó artesonado, dividí·
Gracia y Justicia..
3-500.000 •
tribuyente
en adquirir pinturas y esculturas; eso es lo do en casetones, cuya ornamentación es rigurosamenllacienda. . . .
2.300.000 )
que
no
entiendo.&gt;
(Claro, ¡qué había de entender él te propia del orden indicado. En los tímpanos del
Gobernación. . . .
J. 500.000
)
y otros tan ... como él!)
Presidencia y Estado.
J.000.000
)
itercolumnio se ven preciosos medallones de relieve,
¿Queda indicada la causa de por qué se mira esa
De Marina no se sabe á estas horas, pero segura- atonía artística de que hablaba al comienzo de este orlados de palmas y hojas de roble representando va·
mente no llegará á un par de millones. Un dato im- artículo? ¿Puede esperarse que un pueblo exhausto rios santos de la Compañía de Jesús.
El techo de las naves laterales es abovedado para
portante: el presupuesto de Guerra es cuatro veces por completo de toda educación estética, vaya á
formar el pavimento de las galerías, y el de éstas es
mayor que el de Fomento.
aplaudir las obras de Tamayo ó de Zorrilla, en lugar
A todo es to, los gabinetes de Física de nuestros de rugir de puro gozo con las desvergüenzas y des- artesonado como el de la nave central, aunque de cainstitutos sin un aparato- salvo raras excepciones; - plantes de baja estofa que tan á menudo se ofrecen setones menores, pero del mismo orden arquitectó·
·
los edificios dedi cados á escuelas de instrucción pri- en varios teatros? Yo he visto rechazar chistes de co· nico.
A
ambos
lados
del
crucero
están situados dos alta·
maria, verdaderamente nocivos para la salud de los lor subido la noche del est reno, y ocho días después
res, el de la izquierda, dedicado al Sagrado Corazón
niños y ruinosos en su mayor parte. Sin un Museo reirlos.
de Jes,ls, y el de la derecha á la Inmaculada Con·
que valga tres pesetas, así de obras de arte, como
Para terminar voy á contar un cuento que he ol- cepción: los retablos, en cuyos nichos descuellan am·.
científicos, industriales, agrícolas, de Historia natural, vidado dónde lo leí, pero que viene ahora su recuerbas imágenes de escultura acabada, pertenecen al
etc., etc. Sin que nuestros estudiantes sepan lo que do como anillo al dedo.
mismo orden corintio. En el rectángulo central co·o

NúMERO

585

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

171

~

1

IMÁGENES DEL SAGRADO CORAZÓN

DB

JES ÚS y

Dlt

LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN,

existentes en el templo de San Ignacio de Loyola, en Manila

Obras de Manuel Flores y Crispulo Hogson, filipinos

rrespondiente al techo del crucero se destacan diez
medallones que contienen los bustos de los diez compañeros de San Ignacio al fundarse la Compañía.
Una escalinata de mármol blanco con balaustrada
de madera tallada da acceso al presbiterio, en cuyo
centro se levanta el retablo principal 6 altar mayor,
cuya base de mármol blanco primorosamente labrado ostenta al frontal en el que se ve esculpida en alto relieve La Cena, de Leonardo de Vinci. En el retablo está colocada la bellísima imagen de San Ignacio de Loyola, uno de los primeros ornamentos escultóricos de la iglesia que describimos, y el estar
aquél compuesto de dos cuerpos ha dado la elevación
n~c~saria al nicho en que está puesta la imagen, perm1t1endo desarrollar convenientemente la figura del
santo y colocar el Sagrario al pie de la base en que
éste descansa. Rico artesonado cobija el presbiterio
en medio del cual destácase la paloma, símbolo del
Espíritu Santo, orlada de rayos de gloria rodeados
de preciosa moldura filigranada.
Cerca de la Purísima y en el extremo derecho de la
nav~ central admírase o~ra joya artística de singular
ménto y belleza, el pólp1to, hermoso en su conjunto
y riquísimo en sus detalles, en el que descuella de
un modo particular el gusto predominante en el siglo xv1, que por ser en el que se fundó la Compañía
de Jesús prevalece en todo el templo. Formado por
un cuadrado con los ángulos achaflanados presenta
en. dos de las caras principales otros tantos elegantes
relieves que representan el descenso del Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico y la figura del Salvador en el momento de confiar á los apóstoles la mi-

sión de predicar el Evangelio; tres estatuas, la Fe, la
Esperanza y la Caridad, ocupan igual nómero de nichos colocados en los tres chaflanes. El tornavoz
afecta la misma forma del púlpito, y sus pequeñas pi•
lastras descansan sobre lindos querubines: el remate
inferior ó parte baja está compuesto por seis ángeles
rodeados de nubes. La baranda hállase sostenida
por seis hermosas columnas estriadas, y en los espacios intercolumnares vense esculpidos en medios relieves los cuatro Evangelistas, ocupando el último
lugar superior el Príncipe de los Apóstoles. El conjunto descansa sobre un granado torzal de roble que
parecen querer sujetar graciosas cintas entrelazadas,
y que, como el pasamanos, parte desde la primera
base de la columna inferior hasta arriba, dando la
vuelta al púlpito. Toda la ornamentación de esta preciosa pieza es de talla de ricas maderas en su color
natural, lo mismo que los altares y la balaustrada del
presbiterio.
La fachada del edificio está compuesta de dos
cuerpos. que guardan la severidad greco-romana; tiene el primero la elegante solidez del orden jónico y
ostenta el segundo la riqu eza que caracteriza al corintio. Las puertas que dan entrada á la iglesia, una
central y dos laterales, están divididas por casetones
de adorno tallado. Una elegante verja de hierro, labrada en Manila, cierra el atrio que media desde la
línea de la calle á la fachada.
Terminaremos este. trabajo dando alguna noticia
acerca de los artistas filipinos y españoles que han
contnbuído al embellecimiento del templo de San Ignacio de Loyola.

Son los primeros: Isabelo Tampingco, escultor tallista, de cuyos talleres han salido todas las obras propias de su arte que en esa iglesia existen y cuyos trabajos merecieron una de las principales recompensas
en la Exposición universal de Barcelona de r 888;
D. Manuel Flores, autor de las imágenes de San Ig·
nacio de Loyola y la del Sagrado Corazón de J esós
y del grupo de ángeles que hay en el púlpito; don
Crfspulo Hogson, autor de la escultura de la Purísima Concepción y del resto del púlpito, y D. Félix
Martínez, pintor, autor de los dos cuadros al óleo de
gran tamaño, el primero de los cuales representa la
apoteosis de los BB. MM. de Inglaterra P. Juan Nelson, P. Tomás Cóttam, P. Tomás Woodhouse, P. Edmundo Campcon y P. Alejandro Briant, de la Compañía de Jesús, y el otro la de los santos Confesores
P. Pedro Claver, H. Juan Berkmans y H. Alonso
Rodríguez. Del mismo pintor es el colorido de las
imágenes descritas.
Los artistas españoles son: D. Francisco Rodoreda, marmolista, á cuyo cincel se deben la mayor parte de las labores de los mármoles que adornan los
tres altares de la iglesia; D. José Fuentes, ayudante
de Obras póblicas, autor de la delineación y proyecto
de los altares y de dos elegantes torres destinadas
una á campanario y otra á torre del reloj, y D. Agustín Sáenz, director de la Academia de dibujo de Man_ila, profesor del Ateneo municipal, maestro que ha
sido de los más renombrados artistas filipinos y autor
de los dibujos segón los cuales han sido ejecutadas
las imágenes que hemos descrito.
X.

�NúMERO
NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

585

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

585

- Tú te debes al arte, dice la mamá.
Y la chica se pasa la existencia tocando todo lo
quP. sabe, que es bien poco, pero que ocasiona dolo·
res de cabeza á los vecinos.
Las criadas no pueden resistir en aquel domicilio
arriba de ocho días. Al noveno, todo lo más, cogen
el baúl, se embozan en el mantón y dicen á doña
Fulgencia:
- Señora, yo me voy.
- ¿Por qué?
.
- Porque la señorita es capaz de volver loca á la
estatua de la Cibeles.
- ¡Insolente! ¡Zafia! ¿Qué tienes tú que decir de
mi Amparito?
- ¿Qué tengo que decir? Pues que toca el piano
lo mismo que si estuviera sacando agua de un pozo.
¡Ande usted y que le den morcilla!
Nada de esto obliga á doña Fulgencia á variar de
conducta, y por el contrario, cada vez se persuade más
y más de que la niña se está labrando un porvenir
con sus propias uñas.
Doña Fulgencia confía todos sus proyectos á una
amiga de la niñez llamada doña Ramona. Viuda
también, pero sin hijos, suele pasar muchas horas en
casa de su antigua compañera, y las dos se ponen de
acuerdo acerca del modo de hermosear á Amparito.
- Lo que debes hacer, dice doña Ramona á su
amiga, es ponerle el colmillo cuanto antes. Ahora los
hay muy baratos: por siete pesetas le pusieron á una
vecina mía tres maxilares y dos incisivos.
- Lo que yo deseo, sobre todo, es teñirla de rubia.
- No te lo aconsejo. El tinte es muy perjudicial:
el año pasado se tiñó la de González y á los dos días
tenía el cutis cubierto con una capa como la de los
melocotones.
En estas y otras consultas invertía su tiempo doña
Fulgencia, y entretanto Amparito pulsaba con mano
firme las teclas del sonoro instrumento.

Antes se la oía _desde toda la casa; después se la
oyó desde la esquma de la calle, y por último desde
la plaza de Santa Ana.
Y Clarete cada vez la miraba con mas fijeza ora
en _el portal, ora en la calle, ora en la ventan¡ del
p:it10.
·
- P ero ¿quién es esa señorita?, preguntaba al por-

~m

.

173

Amparito rebosando alegría abrió el piano y se pus? á tocar un galop estrepitoso. Al hacer un fortissi11~0 en la octava baja, rompió una tecla, pero siguió
tocando con frenesí para
enloquecer á su adorador.
En aquel momento sonó
la campanilla de la escalera
y la criada del piso principal
entregó á doña Fulgencia
un billete perfumado. Era
del joven vecino y decía así:
tSeñora doña Fulgencia
Cascarín.
»Muy señora mía: A,ur.•
que tema abusar de ustedes,
les suplico que me permitan
subir : quiero hacerles un
ruego del que depende la
tran9uilidad de su seguro
servidor q. b. s. p. Demetrio

- Pues una señorita huérfan~ de padre, que es
una verd,adera profesora, según dice doña Fulgencia
su mama.
'
- ¿La madre se llama doña Fulgencia?
- Sí, señor; doña Fulgencia Cascarín.
-Bueno.
Clarete acariciaba algtí.n proyecto trascendental
puesto que había tomado nota del nombre de la in~
quilina del piso segundo.
El portero transmitió inmediatamente á doña Fulgencia lo que acababa de oir, y la pobre señora creyó fallecer de jtí.bilo.
- ¡Amparito, Amparito!, entró diciendo con la faz
alterada por la emoción. Ya no cabe duda: ese joven
aspira á tu mano.
- ¡Cómo!, exclamó la chica.
Clarelt.»
- Ha celeb~ado una conferencia con el portero;
Doña Fulgencia escribió
ha apuntado m1 nombre en la cartera. Querrá tomar con mano rápida las siguieninformes antes de decidir$e,
tes líneas:

II
Doña Fulgencia y su hija habitaban el cuarto segundo de una casa sita en la calle del Gato.
En el principal residía Demetrio Clarete, un joven
abogado, huérfano, con unas patillas preciosas y una
renta de cincuenta mil reales, producto del corcho
que poseía en Extremadura.
El comenzó á dirigir miradas insistentes á Amparito siempre que se la encontraba en la escalera y á
preguntar al portero:
- ¿Pero quién toca el piano encima de mi cabeza?
- La señorita del segundo, contestaba el susodicho
portero.
- ¡Ay!, exclamó Clarete.
Y nada más; pero todo esto lo supo doña Fulgencia con regocijo reconcentrado.
- Se conoce que es persona aficionada á la música y estima en lo que vale el mérito de mi niña,
pensó la mamá; y transmitió á Amparito su sospecha.
- Toca; hija mía, toca todo lo fuerte que puedas, '
VISTA EXTERIOR DEL TRMPLO DE SAN IGNACIO DE LOVOLA, EN MANILA
para que goce el vecino de abajo, decía cariñosamente
doña Fulgencia estrechando contra el seno al fruto
profesora y para que sepa ganarse un pedazo de pan, de su matrimonio. ¿Quién sabe si ese hombre llegará
EL VECINO
á ser algún día el marido que te conviene? Es rico,
caso de que no encuentre un esposo rico.
I
Pero lo encontrará. ¡Vaya si lo encontrará! Siempre es cariñoso, puesto que ama á los animales. Tiene un
que
Amparito sale á la calle, nota con júbilo que los gato con el cual duerme y á quien considera como
Doña Fulgencia, la mamá de Amparito, se ha quesi fuese una persona de su familia. Lo sé por el porhombres
la miran asombrados.
dado viuda «en edad temprana,» según dice ella; pero
- N'o es porque sea mi hija - dice la mamá á las tero.
la verdad es que frisaba en los cuarenta y cinco cuanClarete miraba cada vez con más insistencia á su
personas
de confianza; - pero habrá pocas jóvenes de
do su dulce esposo pa~ó á mejor vida.
joven
vecina. No sólo la seguía ávidamente con los
Doña Fulgencia disfruta una modestísima pensión sus años que tengan los atractivos de mi Amparito.
ojos
cuando
ésta entraba en su habitación, sino que
y además cuenta con el apoyo de un cuñado suyo, Lo único que la afea es la falta del colmillo superior
además se asomaba á la ventana del patio levantan•
de
la
derecha;
pero
se
lo
pienso
poner
en
cuanto
coque tiene fábrica de pastas alimenticias en la calle del
tando la cabeza todo lo posible, como si esperase que
Bonetillo y le manda todos los meses uno ó dos cu- bre los atrasos de mi difunto esposo.
se
presentara aquella pianista incansable.
La preocupación constante de doña Fulgencia
curuchos de tallarines. En cuanto se le rompen, ya los
- Ya está asomado el joven entusiasta, decía doña
consiste
en
adornar
á
la
niña,
y
en
cuanto
se
ponen
está mandando envolver y dice á uno de los depenFulgenéia
á su niña. Toca, toca á fin de embelesarlo.
de moda los boás de piel de conejo ó las capas con
dientes:
Y Amparito rompía á tocar las tan acreditadas
capucha
ó
las
chaquetillas
toreras,
ya
está
la
madre
- Esto para mi cuñada. De todas maneras los tecariñosa haciendo toda clase de sacrificios para vestir Campanas del monasterio ó la Stella con-fidente ú otra
níamos que tirar.
pieza así, de éxito_seguro.
De modo que doña Fulgencia y su hija están con- á la niña con arreglo al último figurín; y como sus
Después cerraba el piano; extendía por la faz los
recursos
son
escasos,
tiene
que
aprovechar
la
tela
de
denadas á tallarines rotos y perpetuos; pero en cambio
finísimos polvos de arroz y se asomaba á la ventana
no gastan un solo real en sopa. ¡Ay! ¡Ojalá pudieran de- otros vestidos anteriores y sale la chica á la calle hedel patio, por recomendación de doña Fulgencia, que
cir otro tanto respecto de los demás artículos comes- cha un adefesio.
le decía en voz baja:
En
la
actualidad
usa
una
capeta
con
embozos
de
tibles!
- No te quepa duda: ese chico está impresionado.
A doña Fulgencia lo que más le apura es el porve- seda, color tomate pasado, que más que capeta pareDebes
mirarle con cierta simpatía, pero con dignidad
ce una pantalla, y la mamá está tan satisfecha de su
nir de Amparito.
al
mismo
tiempo.
obra,
que
dice
á
todo
el
mundo:
¡Si Dios le deparase un 'buen esposo!
Entonces Clarete desaparecía de la ventana, no sin
-Vea usted lo que es la disposición de algunas
Pero la niña parece un besugo. Tiene la boca es•
dirigir sus ojos al piso superior con cierto interés mal
férica, los ojos escaldados y la barba en forma de ba- personas. Con un poco de lana dulce y media va·r a de
disimulado.
seda
le
he
hecho
á
mi
Amparito
una
capa
de
moda
bucha. Aparte de esto, cecea al hablar y toca el piano
- El pobre es tímido, murmuraba la mamá al ver•
que llama la atención en el Conservatorio y en todas
lo mismo que un conductor del tranvía.
le
desaparecer.
Se conoce que le da rubor tu pre•
La mamá cree todo lo contrario, y siempre que la partes.
Por supuesto, Amparito no hace absolutamente sencia.
chica se sienta ante el instrumento, exclama la pobre
nada dentro del hogar. Su madre quiere verla ante el
III
señora dirigiendo los ojos al espacio:
piano día y noche, porque allí está su porvenir; así
- ¡Qué manos! ¡Qué agilidad la de esta criatura!
Amparito adelantaba visiblemente en ejecución y
Guiada por su amor hacia Amparito, la lleva todas es que la muchacha no sabe coser, ni freir una chu•
en
ruido.
las mañanas al Conservatorio, para que se haga una leta, ni repasar unos calcetines.

PÓLPITO DEL TEMPLO DE SAN IGNACIO DE LOVOLA, EN MANILA

primorosa obra de talla, ejecutada por Críspulo Hogson y Manuel Flores

IMAGEN DE SAN I GNACIO DE LOVOLA, FUNDADOR DE LA COMPAÑfA DE JESÚS

existente en el templo de San Ignacio, en Manila, obra de Manuel Flores

«Joven estimadísimo: tuvo que beber agua, porque dijo que sentía así como
Puede usted subir cuan- una bola que le subía desde el estómago á causa de
do guste. Suya, Fulgencia la emoción, y cuando estaban en esto volvió á sonar
la campanilla de la escalera.
Cascarín.»
- Que pase á la sala ese caballero, dijo la mamá
Después corrió al lado
de su hija, y sin darla de Amparito á la doméstica.
Clarete entró en la sala y tomó asiento en una silla
tiempo á leer la carta de
Clarete, cogió la borla de inmediata á la puerta.
Cinco minutos después aparecían radiantes de felos polvos y cubrió con
ellos la fisonomía de Am- licidad doña Fulgencia y Amparito.
- Ustedes dispensarán mi atrevimiento, dijo Claparito; después la peinó
las cejas y los ricillos de rete.
- Todo lo contrario, contestó la mamá con sonrila frente, echóla sobre los
hombros una toquilla azul sa cariñosa.
pálido y dijo con voz alte- Yo vivo en el cuarto principal, añadió el joven.
- Ya lo sabemos, dijo la niña suspirando.
rada:
- Va á subir; va á pe- Pues bien, concluyó Clarete, vengo á decir á usdirme permiso para que tedes que esto no puede seguir así...
yo tolere vuestras relacioLa mamá y la niña se miraron en silencio: ambos
nes. ¡Ay, hija mía! De este corazones latían aceleradamente y la felicidad se les
, paso depende tu porvenir. escapaba por los ojos. .
Trátale con toda la ama- Hable usted con toda franqueza, exclamó la
bilidad posible; hazte que- mamá.
rer, hija de mi alma. Yo
Clarete entonces se puso de pie diciendo:
voy á ponerme la mantele- Ó esta señorita deja de tocar el piano, ó un día
ta. Estoy por mudarme el se me acaba la paciencia y pego fuego á la casa.
calzado, porque estas zapatillas me hacen el pie muy
Lu is TABOADA
grosero.
(Prohibida su reproducci6n.)
Amparito no cabía en sí
de gozo; doña Fulgencia

�N úMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1 74

llados, y pantalón gris con franja de terciopelo tallado esperaban, cátate que oyen la voz de D. Pedro que
que entonces se usaban. Chaleco lo traía rara vez; decía: «¿Conque novillos? ¿Conque novillitos á mí?,»
pero en cambio no se le caía de los hombros una ca- y diz que estaba en el propi?. f~ndo del río y que va
CRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA
pilla corta entre azul y ala de mosca, en la que se en- y coge por las patas á Mazmmno... , y hasta ahora...
PRÓLOGO
volvía con garbo, unas veces á. usanza de toga roma- n? se ha sabido más de Maisimino... , y á otros les coNo voy á hablar del desgraciado rey D. Pedro de na, y otras, más frecuentes, como torero en parada. rnó un día y una noche, agudo... agudo detrás ... les
Un bonetillo de catedrático, muy sucio, descansaba alcanzó en el bolo de la Antigua y zas... , de una punCastilla, por unos llamado el Cruel y por otros el
Justiciero - y que con más razón de biera llamarse sobre su cabeza, y digo descansaba, porque como la tera estrelló á un tal Paniagua, el hijo del cerero, con«D. Pedro el de la Familita,» á causa de aquella par- parte superior de ésta era una planicie y el bo~ete tra la pared ... arriba... arriba... y a(m se ven manchas
tida de hermanos tunantes· con que le dotó la Provi- pequeño, allí se quedaba como si lo colocasen enci- que dejó junto á la lápida de la crecida del año 23 ...,
•
dencia; - voy á hablar de otr.o D. Pedro, de apellido ma de una mesa. Esto los días bonancibles: en cuan- 1 y no sé cuántas cosazas más.
Varela, y por Dios que el tal nombre le cuadraba; to se levantaba marejada el bonete venía á parar al I E l tiempo que mediaba entre nuestro exceso de
de otro D. Pedro no menos famoso en las crónicas vértice derecho del cubo, si apretaba al izquierdo, y ¡ puntualidad y la hora de la clase se ocupaba, que al
castellanas de la barbarie, tan cruel como el que más, en los vértices posteriores, cuando había ciclón ... que fin éramos chicos y la juventud es de suyo descuidapero que no era rey, sino solamente dómine de latín eran momentos espantosos, como podrá ver el curio- 1 da, en jugarnos los cuartos al tango en el pasillo obsJ curo para que no nos vieran y teniendo cuidado de
y de los mejores. Y de sólo volver los ojos hacia ese so lector.
Una buena vara de fresno ·de metro y medio en la envolver los tostones (piezas gruesas de cobre que se
pasado ya lejano, que por mi cuenta son muy bien
transcurridos cerca de 40 años, yo, uno de sus discí- mano, una colilla de puro al lado izquierdo de su usan para este juego) en trapos para que no hiciesen
pulos predJ..:ctos... me echo á temblar... , siento que boca, que jamás le vi quitarse ni para dormir la síes- ¡ ruido. Por de contado que contábamos con un cuerse me auren las carnes de dolor... , se me figura que la ta, y al hombro su famosa correa ... , una correa ancha po de vigilancia montado al pelo. Desde el pie de la
inquisición existe todavía y que los verdugos me vis- de cuatro dedos, larga de cinco palmos, negruzca, escalera que debía bajar D. Pedro para llegar al patio
ten la hopa llameada y me cubren la cabeza con el grasienta, de aspecto de culebra, que en cuanto la hasta el lugar del suceso había media docena d e censoltaba sobre el pupitre se enrosca~a c(?m~ parador- tinelas con la consigna de toser. en cuanto hubiese
tremendo cucurucho.
Al tomar la pluma para ocuparme de mi D. Pedro, mir, conocida con el nombre olímpico de Minerva, moros en la costa. La tos del primero se transmitía
se me figura oir el campanillado del secretario del completaban el tipo de D. Pedro Varela, tal y como por medio de los otros cinco hasta nosotros, y con
Santo Tribunal mandando abrir las puertas de la cá- le vi el primer día que p.isé los desvencijados y P.Ol- más velocidad que se santigua un cura loco, cuartos,
mara del tormento, y hasta percibo el olor al sudor vorientos ladrillos de la clase, ya sobrecog~do y todo ! tang? y tostones d~s~parecían, pero en gener~l en los
frío de los ajusticiados, el de la sangre caliente... y temeroso á causa dé los tremendos sucesos que de bolsillos del más rap1do ó del más fuerte, casi nunca
con un poco más de imaginación creo que hasta dis- aquellos antros contaban los chicos por las plazuelas. en los de su dueño legítimo. Esto de las toses se empleó como timo muchas veces, con buen resultado, y
frutaría del olorcillo á carne chamuscada que tanto
otras por estar resfriado alguno de los espías se proapetito debe despertar á los señores antropófagos.
11
ducían tremendas falsas alarmas. Pero á las ocho menos cinco, sin que nos lo advirtiera ningún reloj, sino
I
ANTES DE CLASE
puramente por instinto, corríamos á la clase y nos
DON PEDRO
Habitaba un caserón de la calle de la Cárcaba ... , colocábamos en nuestros sitios respectivos, libros en
un caserón que remontaba muy bien al siglo xv1, á mano y con el ojo fijo en la pueha como si por ella
D. Pedro según unos era navarro, según otros vas- juzgar por su bello ático y por lo desvencijado y mal contáramos ver llegar la salvación.
D. Pedro se solía hacer esperar hasta media hora.
congado - yo creo que era vándalo; - el caso es que traído de su interior. D. Pedro entraba en su casa
vino de regiones del Norte á calentarnos las orejas á por la puerta principal; pero los chicos entrábamos ¿Qué hacer durante este tiempo?.. Pues empujarnos
los Valpalentinos.
por una puertecica que nos abría por el callejón de los unos á los otros, pellizcarnos y jugará las aleluyas
Su cabeza era cuadrada, á estilo de cubo matemá- la Sierpe uno de los internos, y que tenía abierta y á los botones y otras cosas del mismo jaez; pero
tico, con las aristas desgastadas, pero aún visibles.
hasta las ocho menos cinco minutos de la mañana. todo con el mayor silencio ... como si fuéramos mudos
En el lado anterior tenía, bajo una especie de baEl penitente que no estaba á esa hora dentro, ya ó pieles rojas... ; nadie decía esta boca es mía, ni producía el menor ruido aunque hiciera las mayores barrrote negro que le cogía de oreja á oreja, formado de tenía tela cortada para toda la temporada.
pelos como de bigote estilo cepillo de. dientes, dos
De un estrecho pasillo se pasaba á un patio que baridades. Nada... lo dicho... , ¡lo que es la dulzura y
ojos redondos, algo saltones, negrazos, pero que pare- fué jardín y del que como restos quedaban dos mag- las buenas maneras! De vez en cuando algún alfileracían ascuas en momentos dados... y se daban mu- níficos álamos de negro y rayado tronco. Otra puerte- zo ó algún pellizco de monja, aplicado en parte muy
chos momentos de esos; una nariz de apagador, gran- cita daba paso á una escalera medio desplomada, dolorosa y en momento muy inesperado, arrancaba á
de y gorda, con un moñito muy cuco de cerdas de de no más de una veintena de peldaños, que condu- un chiquillo un ¡"mecachis! ó un ¡córcholis!.. , porque
cochino hacia la punta, y dos matas de la misma cer- cía á las tres cámaras del piso bajo destinadas á eso sí, nosotros éramos muy bien hablados, seguido
da, pero magníficas, que le salían de dentro; una bo- clase de 1.0 , 2.0 y 3.0 de latín; pero en mis tiempos del movimiento rápido de taparse la boca con la mano
ca carnosa, con el labio inferior saliente y muy rojo, la primera estaba vacía, la 3-'' ocupada por los más para contener las palabras y lanzar aterrada mirada á
como el retrato de Felipe IV, joven, de Velázquez, pequeños bajo la vigilancia de D. Pablito, el sobrino la puerta, que nosotros celebrábamos con carcajadas
y dientes género rey Midas, todos de una pieza. En de D. Pedro y su víctima predilecta, y en la del cen- silenciosas... Era una cosa fatídica y horripilante ver
los lados laterales campeaban dos orejas enormes, tro, que era espaciosa, temblaba la turba multa bajo aquellas hileras de caras que reían con el mayor silencio.
con su feraz vegetación de cerda correspondiente, la feroz y férrea presidencia del terrible D. Pedro.
encerradas entre más pelazos negros, espesísimos por
¡Lo que es la dulzura y las buenas maneras! Al muIII
delante en forma de chuleta, y por detrás, por encima chacho que le pillaban las siete y media fuera de esta
y por debajo de cabellera y prólogos y epílogos de prisión... , no por miedo, ¿quién dijo miedo?.. sino por
LA CLASE
cabellera. El lado posterior y el superior del cubo consideración..., por el «qué dirán,» sin parar míenera de pelo, el mismo pelazo negro, espesísimo, cor- tes en lo que decir pudiera el público, se colgaba las
La mesa de D. Pedro ocupaba el centro de la clase
tado á punta de tijera por medio de unas de estas de piernas al pescuezo y salía disparado, como alma que
resorte, que llaman de jardín, porque se emplean para lleva el diablo, hacia la calle de la Cárcaba, pese á los y era muy pequeña... , lo suficiente para que cupiera
podar los arbustos.
perros que le salieran al paso y al mismísimo demo- un pupitre que frecuentemente se renovaba porque lo
Las aristas del lado anterior con el lado superior, nio que quisiera detenerle. ¡Era mucha la querencia hundía á puñadas. Daba espaldas á una gran ventana
con reja, ancha y baja, como era bajo el techo de la
más dos verticales al centro de las orejas en los la- que teníamos á aquellas cuatro paredes!
dos laterales, determinaban la separaci.ón de lo que
A las ocho menos cuarto, ya se sabía, no faltaba clase. De un lado y otro, pegados á la pared, había
unos bancos de á veinte centímetros de ancho, de
era cara y lo que era pelo. El lado inferior era 'el cue- ninguno.
llo, que tenía iguales dimensiones en latitud y profunHabía chico con los carrillos como naranjas de pura tabla, por medio metro de alto, destinados á los
didad que la cabeza.
resultas de las muelas; otros todos bizmados de cogí- que andaban en Ovidio y Virgilio, y á derecha y á
Menos la frente, un tanto rugosa, y parte de la na- das en,las corridas anteriores; otros con tantos saba- izquierda dos cuadros muy malos, que representaban
riz, el resto de D: Pedro era hirsuto; hirsuto al natural, ñones que parecían sus manos como guantes de tirar alegóricamente Roma y Cartago. Roma estaba figuhirsuto pelado é hirsuto afeitado: solamente que la par- al sable; hasta, con sarampión y con viruelas burlaban rada por un angelote con ' casco griego tocando la
te afeitada parecía sólo mal pelada á causa del vigor los chicos la vigilancia· paterna, para escapar de casa trompeta, y Cartago por una ciudad con torres góticas
fenomenal de su barba, que materialmente se veía á las siete, así cayeran chuzos ó no se viera uno, de ardiendo.
Los vencedores de la semana eran romanos y los
crecer y que á alguna distancia parecía una veladura niebla, los dedos de la mano, cosa que suele con frede azul mineral.
cuencia suceder en las heladas mañanas del invierno vencidos cartagineses, á los que se distinguía á primeEl cuerpo correspondía á la cabeza; como ésta, era en la invicta Valpalencia y su comarca ... L'.a cuestión ra vista sin necesidad de cuadro, por el mayor estacuadrado y fuerte... con piernas y brazos cortos, pero era no faltar ni un solo día á casa de D. Pedro, aun- do de molimiento y ruina en que se hallaban.
En el centro y frente al pupitre de D. Pedro estaatléticos... ¡Cuerno si eran atléticos! Las manos geo- que se reventara... por evitar que D. Pedro le revenba el burro, otro cuadrazo atroz, pintado en un camétrica~ también; articuladas como guanteletes de tara á uno.
.
arll)adura ... compuestas de dos cuadrados perfectos,
D e novillos no había ni que hablar. Así fuese el cho de tablón, de un peso enorme, que el más burro
uno la palma y otro dividido en cuatro partes igua- día de perlas y encajando entre dos fiestas, ni que de todos debía traer pendiente del cuello durante
les... los dedos; el dedo gordo se veía poco: vivía en por señales fijas el barómetro de la barbarie donpe- ocho horas al día. ¡Las bromas, ó pesadas ó no darlas!
intimidad con las interioridades de la manopla.
druna marcase recia tormenta... , novillos ni por píenFormando un abanico del que resultaba el clavillo
En mi vida, siempre observando, he descubierto so. Y cuando algún nuevo emitía ideas subversivas la mesa del dómine, había ocho bancos de diez centíotra mano que de una manera más brutal demostra- novillescas y para decidirnos nos soborneaba brindán- metros de ancho y bajísimos, en los que en posturas
se la entereza y la voluntad. Al que tiéne una mano ' donos con buñuelos, cohombros, ó barquillos ó caca- imposibles se sentaba la turba multa de chiquillos; adasí se le puede matar ... de un tiro, verbigracia .. . y de güés, qu~ así los llamábamos, ó almendrados hechos virtiendo que el primero de cada banco estaba á tan
lejos, pero ni Dios le convence.
con piñones, todas cosas. muy de nuestro gusto, nos corta distancia de la tarima de D. P edro, que le al¿Qué me falta? ¡Ah!.. Ahí es nada ... ¡Los pies!.. Dos echábamos á temblar, temerosos que el dómine, que canzaba con el pie, con la correa y mucho mejor
peanas ... , dos pezuñas de buey adosadas dan algo la tenía pacto con el demonio, se enterase por arte con la vara.
idea de aquella forma. .
de birlibirloque y nos desollase vivos. Y con granLos chicos más malos, traviesos é insoportables esVestía camiseta de franela muy sudada, y atado á des precauciones, para no ser 'oídos, contábamos en- taban á la cabeza de los bancos en orden de maldad
su cuello de toro un pañuelo de hierbas; levita de las tonces al neófito cosas espeluznantes... : que unos que de derecha á izquierda; y los que tenían fama de sanllamadas tubinas, de dos carreras de botones deso- se fueron á bañar á los Badillos, cuando menos se lo tos, en los dos que la mesa ocultaba y que por ésta
DON PEDRO EL CRUEL

¡

.,

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I

NúMERO

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LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1 75

porque aquello resumía el boletín sanitario
estaban algo ~ás protegidos: pero no había
probable del día.
que fiarse ni que dormirse en las pajas; á lo
A nuestra muda interrogación, con tenue
mejor un santo de aquellos se encontraba
y blanda voz contestaba:
con una estocada en los ijares, tirada trai- Ha tomado con tranquilidad el chodoramente con la vara por entre las patas
colate con dos docenas de buñuelos y no
de la mesa, con un soberbio garrotazo p.or
se ha quejado de nada. Sólo al beber el
todo lo alto ó con un tintero por montera,
primer sorbo de agua en la jícara ha enconque no se lo quitaba ya ni la paz ni la catrado una mosca y ha tirado el servicio á
ridad.
la cabeza de Celestina.
Los de tercero, que ocupaban las puntas
de los bancos, eran en cambio los números
O bien:
- Malo... malo. Pésima noche. Mucha
primeros y los mejores chicos; pero consisexpectoración. Se queja del hígado... Pidió
tía, y él lo decía y nosotros se lo oíamos repetir con cariñoso interés, en que «no podía
media docena de varas nuevas. ¡Dios nos
dar bien los voleos sin relajarse algo la
tenga de su mano!
D. Pablito era como quien dice el correo
muñeca.»
Discurrió, pues, que los malos de la terde aquel cortejo. Luego venían como heralcera ocuparan los bancos cercanos á la puerdos parte de los internos - ya diré luego
ta, donde podía atacarles en pie ó á puñetaquiénes eran y cómo estaban constituídos
zos, estilo box inglés, ó á correazos ó á palos,
estos seres poderosos que resistían noche y
día las atrocidades de D. Pedro, - y por sus
y si á mano venía, cocearles perfectamente...
y todo esto tranquilo y sin relajarse la mucaras, fachas y gestos deducíamos desde
ñeca.
luego el estado de ánimo del dómine y por
En los bancos largos pegados á la pared
lo general nos echábamos á temblar.
parecíamos repisas; y en los pequeñitos de
Un tal Cuervo, de la propia Cebolleta
á 10 centímetros no nos quedaba más remedel Cerro, notable por su mucha é incorredio que apoyar los codos en las rodillas y
gible barbarie, tenía á gala alarmarnos hapasarnos el día dando gracias á Dios, si aqueciendo al entrar esta feroz pantomima: Torllas costillas bombeadas que sacábamos no
cía los ojos, se aplicaba la mano izquierda
pescaban una ·mano de palos, ó la parte in11 pescuezo, figuraba con la derecha el moferior, que tanto sobresalía, algún buen punvimiento dado por el verdugo al torniquete
tapié de esos de doble muelle aplicado con
, y sacaba una lengua de á cuarta; todo heacierto.
cho con pasmosa velocidad. Pero un día
En tal actitud y con el corazón tamaño
D. Pedro, que sin él roaliciarlo, con paso
como un garbancito, pero sin cesar de retode lobo le venía pisando los zancajos, lo
zar silenciosameñte, esperábamos el fenoadvirtió, y de la puntera que le arrimó pasó
menal ruido, nuncio de la llegada del trevolando de un lado á otro de la clase por
JORGE R. DAVJS, Director general de la Exposición universal de Cbicago
mendo dómine: su tardo y pesado paso en
encima de cuatro hileras de bancos de los
la escalerita que de su casa bajaba á las
pequeños y vino á derrumbarse entre los
cátedras y que parecían derrumbarse con su tremen- briento, de aspecto fementido y enfermizo. Era más brazos de D. Pablito, arrastrándole en su caída.
da humanidad ... es un decir.
bueno que el pan, y por eso nosotros, que erámos más ¿Se figuran ustedes que ahí acabó la cosa? Nada de
malos que la peste, le teníamos tomada tema. Toda eso ... Empezó así..., siguió de esta manera: De un
la bondad, toda la atención y buenas maneras que em- segundo puntapié muy hábil le puso en pie; de un
IV
pleaba con nosotros eran tiempo perdido;cuantomás y puñetazo en las muelas le largó bailando como una
mejornosexplicaba las cosas, menos caso le hacíamos; peonza hasta la puerta de entrada y le remató con
ANTES DEL TORMENTO
en cambio la más mínima observación de D. Pedro una patada en la barriga que dió con él de espaldas
se nos grababa en la mollera con caracteres indele- escalera abajo.
Pero en general la llegada de D . Pedro venía pre- bles. ¡Qué jarabe tan rico el jarabe de palo!
Luego se volvió con pausa, nos miró con una
cedida, en buen rato de ventaja, por la llegada de
Sólo al entrar por la mañana D. Pablito en la cla- intensidad abrasadora y nos dijo con nunca vista
D. Pablito, el sobrino, pobre ser, escuálido y ham- se poníamos atención á lo que decía; pero era... era ironía:

LAS SARDINERAS,

cuadro de Ignacio Ugarte. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892 (de folografia de Nicolás Capdevilla)

�rr1ERRA!,

cuadro de F ernando C1brera (Exposición internacional de

EPISODIO DE LA GU E RRA DE LA INDEPENDE~CfA,

Bellas Arles de 189z)

cuadto de' ~ésar Alvarez Dumont. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892 (de fotografía de J. Prieto)

�LA I LUST RACI ÓN

178
- Ya veis que os engañaba ... Jamás me he sentido
de mejor humor... Ya veréis ... ya veréis.
Frase que heló la sangre de espanto en nuestras
venas.
L uis DE LLANOS

(Continuará)

B e llas Artes. - El pintor ruso Wereschaguin, cuyas exposiciones parciales han despenado tanto entusiasmo en el mundo
artístico y que produjo gran admiración con sus cuadros de las
luchas sostenidas en Plewna durante la última guerra turcorusa, está trabajando actualmente en una colección de lienzos que representarán los hechos &lt;le los franceses en Moscou
en 1812.
- El Club artístico de los Veinticuatro, de Munich, ha celebrado en el Salón Schulte una Exposición notabilísima por muchos conceptos, á pesar de ser no más que 6o las obras expuestas. De los artistas que han organizado este certamen, los secesionistas muniquenses, unos son los jefes de las escuelas que
representan las más modernas tendencias y otros son adeptos á
las mismas. Estaban representados en la E xposición los célebr_es
pintores Uhde, Piglhein, Keller, Habc,rmann, Truhnen, Schhttgen, Block, Vahle y el retratista Reinaldo Lepsius, y además
figuraban en ella Oppler con un interior y un cuadrito de género,
Vetter con dos escenas callejeras, Hoffmann-Saarlouis con un
campo de batalla, Niemeyer, Fehr, Corinth, Herrmann, Bauer,
Becker, Borschardt, Leonhard, Vogler y Schorn y los escultores Alejo Oppler y Rugo Kaufmann con bustos re tratos de vida y expresión extraordinarias.
- Proyéctase en Breslau la creación de un museo de industrias artísticas, para la que la Asociación Industrial Central de
Silesia facilita la suma de 100.000 pesetas.
- A principios de mayo se subastará en París la famosa colección de encajes que ocupa seis grandes salones y que hace
algunos años fué tasada en 12 millones de francos. Esta colección por la sin igual abundancia de las más escogidas labores de
esa industria artística puede ser considerada como única en el
mundo.
París. - En la galeria Petit, calle Godot de A:fauroi, se hallan
instaladas las obras de seis artistas (conocidos ya del público)
que constituyen la segunda Exposición de los Inqttiets y que
ascienden á un centenar: vense a!H acuarelas, pasteles y pinturas al óleo y al encáustico, según los procedimientos antiguos.
El conjunto de la Exposición es interesantlsimo, dominando
en todos los trabajos la espontaneidad y la sincera observación
de la naturaleza, sin prejuicios, maneras ni recetas. Un paso
más por el camino en que el arte puede producir algo duradero
é interesante.
En la misma galería expuso hace poco P. Vauthier una colección de vistas de París, colección que figurará en el Palacio
de las Bellas Artes de Chicago, donde de seguro merecerá los
aplausos que en París unánimemente le han ,concedido_ críticos
y artistas, por representar de una ~::mera grafica l~s d1f~rentes
y variados aspectos de la gran capital y con una eJecuc16n segura, sobria y franca.
Los escultores y pintores que se dedican con preferencia al
estudio de los caballos por constituir estos animales una parte
principal en sus creaciones artlsticas, han formado una as~ciación presidida por el marqués de Barbentane, con el propósito de organizar una exposid~n de sus ?bras en el próxi_mo concurso hípico que todos los anos s~ venfica en el Pa_lac10 de la
Industria. Cuentan entre los asociados á Gerome, Aimé Morot,
Detaille, Gavarní, Goubier Foment, Meurice, etc.
- La Real Academia escocesa ha inaugurado su exposición
del presente año, habiendo procedido con gran rigor en la admisión de cuadros, merced á lo cual las obras expuestas, aunque
pocas en número, son obras maestras. Muchos artistas, sin embargo, se lamentan de que hayan si~o excluíd~s del certamen
precisamente los que no son académicos ó asociados. Entre las
pinturas expuestas llaman la atención preferentemente las de
J. Reid, presidente de la Academia, M' Taggart, J. Smart, W.
Paton, B. Brown, J Guthrie, etc.
- El conocido millonario Vanderbilt ha cedido su galería de
cuadros, estimada en cuatro millones de dollars, y el edificio
construido ex profeso para la misma á la Sociedad Americana
de Bellas Artes.
- E t coleccionista neoyorkino Jaime E. Sutton ha comprado al conde de Caledonia por 500. ooo francos el retrato de la
marquesa de E spinola, de Van Dyck.
.
,
- La Sociedad promotora de las Bellas Artes de N apoles ha
inaugurado poco hace una expos!ción inter~santísim~, ~jo los
auspicios de los venerables y emmentes artistas Pahzz1 y Morelli. Entre los más significados que representan á la brillante
escuela napolitana, pintores y escultores, como Michetti, Mancini, Laurenti, Gemito, Rossana, etc., figuran en buena línea
nuestros compatriotas Villegas, Barbudo y Benlliure.
- En Venecia se ha celebrado el centenario deGolodni, con una
sesión académica en su honor, después de la cual, en procesión
clvica, los congregados pasaron á depositar una corona al pie
de su monumento, y por la noche una función de gala en el
teatro que lleva su nombre solemnizó en medio del entusiasmo
general la memoria que los venecianos todos guardan en sus
corazones del que fué inimitable pintor de las costumbres de su
patria en las postrimerías de la República de San Marcos.

ARTÍSTICA

embellecer el naturalismo hoy imperante, sobre todo en el Norte, con cierto sentimentalismo místico.
- En el teatro de la Opera, de Berlín, se estrenará en breve
una ópera en un prólogo y tres actos, titulada Cleopatra, cuyos
libreto y partitura son respectivamente de Einar Christiansen y
Augusto Enna, ambos dinamarqueses.
- La nueva obra de Pablo Lindau, El comediante, ha sido
estrenada con gran éxito en el teatro de Berlín.
- El estreno del cuento dramático de Luis Fulda, El talismán, que se ha verificado en el teatro Alemán, de Berlín, ha
producido grandísimo efecto, no sólo por lo que. en sí vale la
bellísima obra, sino por la riqueza con que ha sido puesta en
escena.
En el teatro Nuevo, de Leipzig, se ha estrenado la última
obra de lbsen, El arquitecto Solness, que fué acogida por la
gran mayoría del público con las mismas protestas ruidosas que
su representación produjo recientemente en Berlín.
- En el teatro Alemán de Praga se ha puesto en escena, en la
undécima noche del ciclo dedicado á Wagner, la ópera Las hadas, que el gran maestro compuso en su juventud, y cuya música, aplaudida con entusiasmo en aquellla representación, revela
ya las tendencias que más adelante desenvolvió y completó el
autor de Parsifal.
Parls. - Se han estrenado con éxito: en el T eatro Libre, Le
Devoir, drama en cuatro actos y en prosa de Luis Bruyerre, de
acción interesante y muy bien escrito; en el Gran Teatro, Pecheur d' Is/ande, drama en cuatro actos y nueve cuadros de Pedro Loti y Luis Tiercelin, tomado &lt;le la bellísima novela del
primero, que lleva el mismo título; en Vaudeville, una comedia
en tres actos de Julio Lemaitre, titulada Flipote, en la que con
gran conocimiento del asunto se pintan las gentes y las costumbres del teatro; en el teatro ele Aplicación, una comedia en tres
actos de E. Gugenheim y J. Le Faure, Les Tripoteurs, que
aunque bien escrita y de acción muy movida peca de grandes
inverosimilitudes de fondo; y en la Opera, un baile en dos actos y tres cuadros, La A:faladetta, cuyo argumento está basado
en una leyenda pirenaica y cuya música, de Pablo Vida!, es
muy inferior á otras producciones de este maestro.
Londres. En el Criterion se ha estrenado una comedia política de Enrique A . Jones, The ba11ble Shop, inferior á The
Crusaders, del mismo. En el Liceum se ha puesto en escena con
gran lujo la tragedia de T ennyson, Becket, en cuya representación ha obtenido uno de sus más grandes triunfos el famoso ac·
tor Irving. En Saint James H all ha dado Sarasate el último
concierto de la temporada, que ha sido, al decir de un periódico
inglés, «el triunfo final de una serie de audiciones dadas ¡ior e!
artista más grande de nuestra época.)) En Covent Garden han
comenzado las representaciones de óperas cantadas por artistas
vestidos en traje de sociedad y sin ningún aparato escénico:
hasta ahora se han representado El amigo Fritz y Cava/feria
rusticana, de Mascagni, y Faust, de Gounocl. Este espectáculo
ha deleitado á los inteligentes, pues les permite concentrar toda
su atención en la música; en cambio ha gustado poco á la masa
del público, pues las bellezas musicales no han sido bastantes á
hacerle perdonar los absurdos que de tales representaciones resultan, dada la relación íntima que en la ópera existe entre la
acción y la mise en sce11e.
En Trafalgar Square se ha estrenado el último drama de
Ibsen, El arq11itecto Solness, que la prensa inglesa por lo general califica de ininteligible y que fué acogido fríamente por el
público. En el Empire se ha puesto en escena con gran lujo un
baile en dos actos, Katrina, con música bellísima de Wenzel.
Madrid. - En el Real ha cantado el señor Tamagno la ópera
ele Verdi La/orza del destino y L' Africana, que se ha puesto
en escena para el beneficio de la señora Tetrazzini: en ambas
ha sido muy aplaudido el citado tenor y en la de Meyerbeer ha
tenido una verdadera ovación la mencionada tiple. En el Español se dió la función dedicada á Zorrilla, poniéndose en escena
Traidor, inconfeso y martir y leyéndose inspiradas poesías de
los Sres. Echegaray, Manuel del Palacio, Ferrari y Ricardo de
la Vega: en el propio coliseo se ha estrenado un drama en tres
actos, Despuls del combate, arreglo de la obra portuguesa Fray
Litis de Souza; pertenece al género romántico, está muy bien
versificado y tiene hermosos pensamientos y escenas interesantísimas que valieron muchos aplausos á sus autores, los señores
López Ballesteros y Paso En la Comedia se ha verificado el
beneficio del Sr. Mario, poniéndose en escena El amigo Fritz,
y se ha estrenado, para el beneficio de la señorita Guerrero, el
drama en tres actos de D. J osé Echegaray El poder de la impotmcia, inspirado en un hermoso pensamiento y magistralmente
escrito, aunque en conjunto resulta bast~nte inferior á otras
producciones del gran dramaturgo. En Lara se ha verificado el
beneficio del popular actor Sr Rosell, habiéndose puesto en escena un arreglo en dos actos de la _graciosísima comedia del señor Pina y Dominguez Behl ó el chiquitín de la casa.
Barcelona. - La Sociedad Catalana de Conciertos ha dado el
tercero de la presente serie, habiendo obtenido grandes aplausos
la crquesta y su director Sr. Nicolau en cuantas piezas constituían el programa y muy especialmente en el larghetto en la de
Mozart, en La gruta del Fingal, de Mendelssohn, y en la oda
sinfónica de David Le Desert. En el Liceo actúa una compañía
de zarzuela que ha puesto en escena las principales obras del
repertorio moderno y algunas del antiguo. En el Circo Barcelonés sigue siendo aplaudida la compañía Tani, que ha estrenado Le damigelle de Saint Cyr, Baccio prohibí/o y Un matrimonio fra due domre. En el Tívoli la compañia de ópera ha puesto en escena Africana y Faust. Se han estrenado con buen
éxito: en R omea una gracioslsima pieza en un acto, del Sr. Aulés, Sense sogra; y en Novedades, Los miserables, melodrama
basado en la novela de Víctor Hugo, y A casa l' ar,:alde, chistoso sainete del Sr. Brossa y Sangemar.

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LA I LUST RACIÓN

ARTÍSTICA

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Parlamento inglés del cual formaba parte sin interrupción desde 186o, y hombre' muy versado en asuntbs militar~s y agrícolas.
Monseñor Carlos Felipe Place, cardenal, arzobispo de Rennes, uno de los prelados más ilustres de Fran~ia y más respetuosos con las instituciones políticas de su patna.
Hipólito Adolfo Taine, célebre historiador, crítico y fil~sofo,
individuo de la Academia Francesa, profesor de H1stona del
arte y de estética en la Escuela de Bellas Artes de París, colaborador asiduo del journal des Debats y de la Revtte des deux
mondes y autor ele Los filósofos franceses del .siglo x1x, Ensayos

de crítica é historia, H iston·a de la literatura inglesa, La filosofía del arte, El idealismo inglés, El ideal en el arte, Los orígenes de la Francia coutempordnea y otras.

Jorge R. D avis, director general de l a E xposición u n iversal de Cbicago. - Es sin duda alguna actualmente el hombre más popular de América, y su importancia
casi iguala en estos momentos á la del presidente de la República, pues en él se personifican el espíritu emprendedor, el progreso en todos los ramos que caracterizan al pueblo norteamericano. Temprano comenzó para él la lucha por la existencia, y
paso á paso y teniendo que vencer grandes dificultades llegó
hasta uno de los más altos puestos de la administración pública, conquistándose un sitio preeminente en la historia de su patria. Cuenta en la actualidad unos 50 años: su rostro revela
energía é inteligencia; su aspecto y sus ademanes son los del
hombre acostumbrado á mandar, y sin embargo su amabilidad
es extrémada. Leal y constante en sus amistades, no hay sacrificio que no esté dispuesto á hacer si de favorecer á sus amigos
se trata, y siente gran predilección por la prensa, á la que prodiga toda suerte de atenciones.
Tal es el hombre que por sus méritos ha sido puesto al frente
de la gran manifestación de la humana actividad próxima á
inaugurarse en Chicago, y fuerza es confesar que cuanto hasta
ahora bajo su dirección se ha realizado justifica la elección que
de él han hecho_sus compatriotas.
L as sardineras, cuadro de I gnaci o .U garte(Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). - Discípulo el
Sr. Ugarte del distinguido pintor Alejandro Ferrant, ha sabido
hallar presto ocasión en que demostrar sus aptitudes-y las provechosas enseñanzas que ha podido recibir de tan ilustre maestro. Su cuadro titulado Las sardineras es un notable lienzo, ejecutado y concebido con arreglo al concepto moderno; es un bellísimo cuadro de costumbres que se recomienda por la verdad
del ambiente y el color local, que tan hábilmente ha logrado
interpretar. La producción del pintor guipuzcoano figura dignamente entre las de aquellos artistas que emplean su ingenio en
reproducir cuanto constituye el modo de ser del país que los vió
nacer, convencidos de que así prestan el más ferviente tributo
al arte patrio.
Tristes recu erd os, cuadro de R. Poetzelberger.
- Este notable pintor de la escuela de Munich hace en todas
sus obras verdadero derroche de sentimiento, sin por ello des•
cuidar la parte plástica, en la que se nos presenta siempre como
consumado maestro. Tristes recuerdos es una obra que habla
directamente al alma después de impresionar gratamente los
ojos: la figura, admirablemente sentida, y el paisaje que la rodea, todo respira melancolía, todo atrae, seduce y conmueve,
merced á la inspiración con que el cuadro ha sido concebido y
la delicadeza y naturalidad con que el artista ha dado forma á
su concepción bellísima.
¡Tierra!, cuadro de F ernando Cabrera (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). - No iguala el mérito de la última producción del pintor alcoyano á la titulada
Hulrfanos, premiada en la Exposición nacional de 1890, ni á
la que obtuvo idéntica recompensa en la general de Bellas Artes de Barcelona, sin que carezca de mérito el gran lienzo ¡ Tierra!, que damos á conocer á nuestros lectores. En éste como en
el primero que citamos hase inspirado el joven artista en dos
cuadros de la vida real, íntimos, vivos, que con frecuencia podemos observar, puesto que son páginas de la época en que vivimos. Fernando Cabrera. el laborioso y afortunado disclpulo
del malogrado Plasencia, ha podido en / Tierra! crear una sentida producción, muy recomendable por el color y la factura.

Episodio de la guerra de l a I ndependencia,
cuadro de César Alvarez D umont. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892 (de fotografía ele J. Prieto).
- Varios son los artistas que en todos los países dedican sus fa.
cultades á conmemorar Por medio de sus obras los hechos gloriosos de su patria, representando funciones de guerra ó episodios que registra la historia, como ejemplo de civismo dado
Por los que defendieron derramando su sangre la integridad de
la nación. César Alvarez Dumont pertenece al número de estos
distinguidos y patrióticos artistas, ya que así lo demuestran las
dos obras de más empeño que ha producido, Elgran d{a de Gerona, que figuró en la Exposición nacional de 18901 inspirado
en la heroica defensa de la inmortal Gerona, y el Episodio de la
guerra de la Independencia, que ha figurado en el concurso
de 1892, destinado á recordar uno de los acontecimientos que
Necrología. - Han fallecido recientemente:
se desarrollaron en aquella epopeya nacional, que produjo á la
Alfredo Hardy, profesor y ex presidente de la Academia de postre el eclipse total de aquel que se tituló el capitán &lt;le! siglo.
Medicina de París, famoso dermatólogo.
El lienzo del Sr. Alvarez es una obra de empeño y, como
T eatros. - E l maestro Mascagni ha diri~do en la Real
Marta J. Lamb, escritora norteamericana que conquistó gran todas las por él producidas, reune cualidades dignas de enOpera de Berlín la Cavalleria rttsticana; el publico le tributó nombradía, especialmente con su obra Historia de la ciudad de comio.
una ovación y el emperador, á quien fué presentado en el palco Nueva York.
regio, colmóle de elogios y de distinciones y condecoróle con la
Van Rysselberghe, notable electricista belga, inventor de un
Erase que se era... , cuadro de José Pennasilicruz de tercera clase de la orden de la Corona. A los pocos meteorógrafo y de un sistema para utilizar simultáneamente los co. - No es necesario describir el asunto de éste cuadro. ¿Quién
días verificóse en el propio coliseo el estreno de su {tltima ópe- alambres telegráficos para comunicaciones telefónicas.
no ha sido actor en su infancia ó testigo más tarde de una escera Los Rantzatt, que obtuvo gran éxito, por más que la criHermano Schaffhausen, profesor honorario de la facultad de na análoga? T ampoco nos parece preciso señalar las bellezas
tica berlinesa haya encontrado en esa obra algunos defectos.
Medicina en la Universidad de Bonn, uno de los más famosos que atesora, pues á nadie se escapará la verdad con que apare- La ópera de Leoncavallo I Pagliacci ha sido representada antropólogos contemporáneos y decidido partidario de la teoría cen trasladadas al lienzo la curiosidad, el interés de los infanticon gran éxito en Mesina, Dresde, Colonia y en Karlsruhe.
del desenvolvimiento progresivo de toda la naturaleza orgánica. les oyentes y la seriedad de la narradora: parecería esta obra re- En el teatro &lt;lel Casino, de Copenhague, se ha estrenado
Lord Brabourne, lord del Tesoro, durante algún tiempo producción fotográfica de un grupo sacado en un momento háun drama popular, titulado.lJ-Iagdalena, de Gustavo Esmann, que auxiliar poderoso de Mr. Gladstone, escritor elegante y algo bilmente escogido, si no hubiera en~todo él ese algo que la máha excitado gran entusiasmo en todos los círculos literarios y cáustico y autor de multitud de cuentos de hadas para la niñez. quina es impotente á asimilarse y á traducir y que sólo un arque es un síntoma de una nueva corriente literaria que tiende á
Sir Walter Barttelot, uno de los más antiguos miembros del tista de talento como Pennasilico logra sor prender y expresar.

- Pues mira: todavía no van á cerrar; ven, y puedes alli ante el altar ...

¡SI FUERA VERDAD! ..
POR ENRIQUETA LOZANO VILCHES, CON ILTSTRACIONES DE APELES MESTRES

I
Mediaba diciembre. Ese mes de las blancas nieves y de los vientos sutiles,
pero de las alegrías de los inocentes y de los regocijos y las fiestas del cielo.
Ese mes en que conmemora la Iglesia el dulce momento en que los ángeles ciñeron á la frente de una Virgen Inmaculada la corona de madre ... y ¡de Madre
de Dios!
La tarde iba.llegando á su fin, y las campanas del templo de Nuestra Señora
de La buena nueva volteaban rápidamente llamando á los fieles para los ejercicios con que debían prepararse á celebrar las glorias de María y el nacimiento
del Hijo de Dios.
Junto á la puerta del sagrado recinto se agolpaban multitud de personas, que
poco á poco iban penetrando en el interior, dejando en aquel dintel las pasiones, los anhelos y las vanidades de la vida para elevar el pensamiento á las regiones de la eternidad.
Ya casi no quedaba nadie en aquella entrada, desde .donde podían advertirse
sin embargo los perfumes de algunas tardías y pálidas flores de invierno, mezcladas en dulce confusión á los aromas del incienso y á los suaves ecos de una
vaga armonía que parecía decir con sus melodiosos sonidos:
«Venid aquí todos los que sufrís; venid aquí los que vaciláis en la tierra agoviados bajo el peso de nuestra cruz! ¡Que aquí están las fuentes de la esperanza
y el consuelo! ¡Aquí para sosteneros y alentaros os tiende su mano la Virgen sagrada que es madre de afligidos y refugio de los que lloran!»
¡Aquella voz era la del órgano sagrado, acompañando su himno en honor de
María y del divino Emmanuel!
Dos 6 tres niñas, atraídas por las luces y por la música, se habían detenido
á la puerta y parecían vacilar entre seguir su camino ó penetrar un instante en
la casa de Dios.
Todas acababan de salir de uno de esos asilos en que la caridad mancomunada con la religión ofrece enseñanza y amparo á la niñez des-valida, iluminando su alma con la luz de la fe y derramando en su corazón la semilla del bien.
Contaban muy pocos años y eran tan bellas como inocentes y como pobres
al par también.
Una entre todas llamaba la atención por su rostro inteligente y hermoso, pero
pálido y melancólico como las flores que adornaban el altar del Niño Dios.
Su trajecito de percal estaba usado y deslucido como el de sus compañeras,
pero había en su hechura algo que denotaba buen gusto_y eleganci_a, y sus pequeñas botas, rotas ya, tenían, sin embargo, otra forn:ia diferente al c~lzado de
las demás. Sus hermosos cabellos rubios estaban peinados con sencillez, pero

formando tan gracioso conjunto con el dulce semblante, que revelaban al primer
golpe de vista la mano de una mujer cuidadosa, inteligente y distinguida.
- ¿Vamos á entrar en la iglesia?, dijo la mayor de aquellas niñas. Oiremos la
música y veremos á la Virgen y al Niño Jesús, que acaso esté colocado en el
altar.
- Sí, respondi~ron vivamente las otras. Sí, vamos.
- ¡Oh! Yo no puedo, se apresuró á decir la preciosa rubia, que quizá no
contaría aún siete años y cuyo nombre era Paulina. Yo no.
- ¿Por qué?, preguntó la que hablara primero.
- Porque mi madre está enferma y sola, y me reñiría si tardase.
- ¿Está enferma? ¿Qué tiene?
- ¡No lo sé! Pero llora mucho, come muy poco y nunca sonríe, desde que ...
- ¡Sigue! ¿Desde cuándo?, insistió la amiguita con curiosidad.
- Perdóname, pero no puedo decirlo.
-¿Que no?
- Mi madre no quiere que hable de esto. Dice que es un secreto que debemos guardar.
- ¿Un secreto?
- Sí; por eso está triste y es desgraciada hace muchos años.
- ¿Muchos años?
- ¡Tantos, tantos, que yo no me acuerdo de haberla visto contenta!
La compañera de ];&gt;aulina pareció meditar un instante, y luego exclamó:
- Dicen que la Virgen es el consuelo de los afligidos. Ven y le pediremos
que enjugue las lágrimas; de tu madre.
La niña cedió, alentada por estas palabras, y ambas penetraron en el interior
del santuario.
Las demás habían desaparecido ya entre la apiñada multitud.
Al principio quedaron in móviles y sin poder avanzar.
E l brillo de cien y cien luces, las gasas, las flores, las nubes del blanco incienso, aquella muc~edumbre arrodillada, saludando con sus preces á la Madre
purísima y al Dios hecho hombre, todo aquel conjunto imponente y sublime las
dejó admiradas y emocionadas á la vez.
Luego fijaron sus ojos en el altar, y sus inocentes corazones palpitaron de
alegría.
¡Era tan amorosa aquella madre! ¡Era tan hermoso aquel niño!
¿Por qué había de inspirarles temor? ¿Cómo no había de escuchar sus ruegos?
¡La niñez se entiende muy fácilmente!
Paulina se arrodilló y permaneció así por algún tiempo, sin poder explicar lo
que sentía.

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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Después contuvo el aliento y escuchó con atención.
- Y antes de la clase iremos á ver á ese D. Máximo que sabe decir tantas
Un anciano sacerdote ocupaba la cátedra _del Espíritu Santo y dirigía la pa- cosas bonitas, y le rogaremos que escriba tu carta.
labra á los fieles allí reunidos.
- Pues adiós, J ulieta.
Pintaba las bondades de María, su piedad para con los hombres. La llamaba
- Paulina mía, hasta mañana.
«consuelo de los afligidos y auxilio de los cristianos.»
Y las dos niñas se separaron, dirigiéndose cada cual á su respectiva casa.
La niña retuvo aquellas frases en su memoria y procuró grabarlas en su corazón. De cuanto veía y escuchaba, nada como aquellas palabras conmovió y enII
sanchó su alma.
- ¡La Virgen oye nuestros ruegos y puede hacer cuanto Je pidamos!, repetía
Paulina, contra la costumbre de la infancia, durmió muy poco aquella noche.
para sí. ¡Oh! ¡Si yo lograse que me escuchara!
La desvelaba su proyecto, la idea de aquella carta en que cifraba todas sus esY la inocente criatura daba vueltas á este pensamiento que se mezclaba en peranzas: la desvelaban los sollozos de su madre, y ¡ay! la desvelaba también
su mente con e l pensamiento de su madre.
el hambre, porque como había dicho á su amiga, ¡no tuvo pan aquella noche!
Por la mañana muy temprano se levantó y se dispuso para ir al colegio.
Su madre quiso impedirlo. ¡Cómo dejar salir á aquella criatura, que desde la
mañana del día anterior no había tomado alimento alguno!
L~ oración_ sagrada terminó: las luces se fueron apagando poco á poco y la
Pero la niña insistió tanto; afirmó con acento tan dulce que no tenía ganas
multitud volvió otra vez á lanzarse al torbellino del mundo que había abando- de almorzar, que la infeliz mujer cedió á sus ruegos y la dejó partir.
nado un instante para pensar tan sólo en el cielo.
Cuando ya la perdió de vista, la pobre madre ocultó el rostro entre las manos
Paulina y su compañera se levantaron también, porque casi habían quedado y derramó un torrente de lágrimas.
solas.
- ¡Oh!, murmuró entre sus gemidos, ¡yo puedo sufrir el hambre y las privacio-¿Ves cómo yo tenía razón en obligarte á que entraras?, dijo á la niña su nes; pero ver que ella las sufre!.. ¡Esto es horroroso, esto es superior á mis fueramiguita.
·
zas, y conozco que ya me falta valor para tanto!
.- ¿Has oído bien lo que decía el señor cura?, preguntó Paulina sin percibir
Y doblando la frente con abatimiento, permaneció muda é inmóvil.
quizá las frases que ésta acababa de dirigirla.
¡Oh! ¿Quién podría comprender las ideas que rodaran por aquella cabeza
-¡Oh! ¡Sí!
abrumada bajo el peso del dolor? ¿Quién podría contar los negros fantasmas que
- Dímelas si te acuerdas.
cruzaran por aquella mente turbada por la fiebre y por el delirio? ¿Quién podía
- Que la Santísima Virgen nos escucha siempre y que debemos pedirla asegurar que entre ellas no apareció el pensamiento del suicidio, presentándole
mucho.
la muerte como el sereno puerto del borrascoso mar de la vida?
- ¡No me equivoqué! ¡Lo mismo he entendido yo!
¡Oh! Nadie. Porque aquella mujer pálida, enferma y moribunda, no pro- ¿No te lo dije antes?
nunció un:t palabra más, y sólo sus tristes suspiros probaban que existía, pero
- !::ií, pero ...
que vivía para sufrir.
- ¿Y eso es lo que te preocupa?
Paulina entretanto, cruzaba.con paso rápido algunas calles y se dirigía sin va- ¡Sí, mucho!
cilar á la puerta de su colegio.
- Pues yo lo sabía hace tiempo; mi madre me lo repite todos los días. Yo
Por largo tiempo esperó allí á Julieta. Esta, más dichosa sin duda, había gocreí que la tuya te lo habría enseñado también.
zado un sueño tranquilo, porque antes de dormirse había visto sonreír á su ma- No... ¡Quizá no lo sepa!
dre y había sentido sobre su frente el calor de los besos de su honrado padre.
- ¿Y cuando rezas no te dice?..
La impaciencia de Paulina era indecible.
- Ella reza llorando y no habla. Por eso quizá...
.Al fin divisó á su amiga y su corazón latió de alegría.
- Es que para que la Reina del cielo nos escuche se necesita ser muy buena.
- ¡Oh! ¿Ya has venido?, la dijo al verla. ¡Gracias á Dios! Yo creí que te habías
- ¡Mi madre lo es!
olvidado de lo que hablamos ayer.
- Yo hablo de las niñas, á quien la Virgen ama mucho.
- No, lo recordaba como tú; pero era demasiado temprano para que fuése- ¿De veras?, preguntó Paulina con un acento en que vibraba la esperanza. mos á buscar á ese caballero, que acaso no madrugará tanto como nosotras, por- Así me lo asegura mi madre, y siempre que quiere alcanzar de Dios alguna que como no tiene que ir á la clase ...
cosa me encarga que se lo pida yo todos los días.
- Pero va á la imprenta, según has dicho.
- Pues yo seré muy buena; yo lo seré desde hoy, y así...
- Es verdad: entonces vamos.
- ¿Tanto te interesa lo que tienes que pedir?
- ¡Oh, sí!
- ¡Oh, sí, mucho, mucho!
- ¿Has pensado lo que vas á decirle?
- Pues mira: todavía no van á cerrar; ven, y puedes allí, ante el altar ...
- Toda la noche.
-No, no; aún hay gente en la iglesia y podían verme. Ya te he dicho que es
-Ven.
un secreto, del que mi madre no quiere que hable á nadie.
- ¿Está muy lejos?
- Y entonces, ¿qué vas á hacer?
- Al final de la calle de Palma.
-:- ¡No sé! ¡Ay! ¿Por qué no soy más grande ó por qué no habré sido más
Las dos niñas tomaron resueltamente aquel camino.
aplicada?
Julieta se detuvo un momento y dijo á su compañera:
-¿Para qué?
- Ahora pienso una cosa.
- Porque sabría escribir y le pondría una carta á la Virgen diciéndoselo todo
-¿Cuál?
á ella sola.
- Que vas á tener que entrar tú sola.
- ¡Yo tampoco sé!
-¿Por qué?
- i Qué lástima!
- Porque ya te he dicho que mi padre trabaja en la imprenta, y si me viese
_Las dos niñ~s caminaron un momento silenciosas, pero preocupadas por el me reñiría mucho, y me preguntaría que por qué no había ido al colegio.
mismo pensamiento.
- ¡Tienes razón! ¡Pero ir yo sola!.. Me causa miedo; siento vergüe::iza.
De pronto Julieta se detuvo y dijo á su amiga:
- ¡Bah! No pienses en eso; ya eres casi una mujer. Vas á cumplir los siete años.
- Escucha: mi padre es cajista, trabaja en una imprenta y ahora gana su jor- Todavía no; me falta ...
nal ocupado en la confección de un periódico.
-¿Y eso qué importa?
-¿Y qué?
-Como yo no conozco al caballero ...
- Muchas veces lleva á casa cosas muy bonitas que lee á mi madre y á mis
- ¡No le hace! Preguntas por él: ya sabes que se llama el Sr. Máximo y que
hermanas, diciéndoles siempre: «¡Oh! ¡Este Sr. Máximo escribe como nadie! escribe muy bien. Todos le quieren y le celebran mucho, según cuenta mi paNinguno lo hace tan bien como él.»
dre, y el primero á quien preguntes te podrá decir quién es.
- ¿Y eso?.. , preguntó Paulina.
Paulina escuchó dócilmente las instrucciones de su compañera, y ambas ni- ¡Si ese caballero quisiera escribirte la carta! ..
ñas siguieron caminando algunos momentos.
- ¡Ah!
- ¡Allí es!, dijo Julieta deteniéndose y señalando con su pequeña mano la fa. - ¡El la haría muy bien! Mejor que nosotras: le pondría todo eso que dice chada de un magnífico establecimiento tipográfico: allí es, entra y no tengas
m1 padre, y así. ..
cuidado. Yo te esperaré junto á la esquina, y cuando salgas iremos juntas á po- Pues ¿por qué no ha de querer? ¿Le cuesta acaso algtín trabajo? ¡Lo malo ner la carta en el correo.
es ... , lo malo es que no le conozco ni sé dónde vive!
- ¡En el correo!
- En la imprenta está todos los días. Cuenta mi padre que es el más eficaz
- O en el cepillo de la iglesia para que llegue más pronto: eso ya lo pensarede todos y el que va más temprano.
mos después.
- ¡Entonces, llévame, llévame tú, por Dios!
Paulina dió algunos pasos y se adelantó hacia el hermoso edificio, vacilando
- Tenemos que esperar hasta mañana.
un poco primero y con más seguridad después.
-¿Por qué?
Entró al fin en él, y uno de los dependientes le preguntó al verla mirar á to- Porque es á esa hora cuando el Sr. Máximo está en la redacción.
das partes:
- ¡Esperar otro día!
- ¿Qué quieres, niña?, es algún abecedario; algún ...
- ¿Qué más da?
- No, no, señor. No vengo á buscar libro alguno; en el colegio nos los dan
- ¡~stá ~i _madre tan triste! Y luego... ¡quizá esta noche no tengam·o s pan!
todos.
Juheta smt1ó_~na opresión en el corazón que en su inocencia no sabía expli- ¿Entonces?..
car. ¡Aq~ella mna era tan buena y quería tanto á su amiga! Además, era casi
- Venía ... Venía ... , balbuceó Paulina casi temblando.
tan pobre como ella y conocía harto bien las angustias de la miseria.
-¿Para qué?
- ~L~oras?, preguntó Paulina sin sospechar que sus palabras pudieran arran- Para buscar ... al señor... al Sr. Máximo.
car lagnmas.
- ¿Al director de La voz pública?
¡Era aquello tan continuo, tan usual para ella!
- Yo no sé si será ese el que yo quisiera ver.
- ¡Me da tanta pena el pensar que no cenarás esta noche!
- ¿Que no lo sabes?
- ¡Eso nos sucede muchas veces, y mi madre también llora por mí! Por eso
- Julieta sólo me ha dicho su nombre y además que escribe mejor que ninquería... Pero, en fin, tendré que esperar!
guno ... y que siempre está aquí.
- ¡Qué hemos de hacer!
- ¡Ah! Sí; entonces ese debe ser. Pero ¿quién es Julieta y para qué quieres
- ¿Pero mañana?..
hablar al Sr. Máximo?
- Espérame en la puerta del colegio, y no entres hasta que yo vaya.
- Eso no puedo decirlo más que á él, respondió Paulina con voz dulce, pero
-Bueno.
firme á la par.

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Aquel hombre miró á la inocente criatura de un modo extraño. ¡Era su aspecto tan pobre, pero tan cándido y suplicante!..
Al fin, y después de aquel examen:
· - Lo siento, dijo, pero no debo dejarte pasar donde está.
La niña cruzó las manos con desaliento y de sus hermosos ojos se escaparon
algunas gotas de llanto.
¡Todas sus _esperanzas se desvanecían ante aquella negativa!
No respo~d1ó una palabra; eero inclinó su purísima frente y dió algunos pasos para sahr.
Ya estaba cerca de la puerta, cuando la voz del dependiente la detuvo.
- Espera, dijo, espera. ¿Por qué marchas tan pronto?
- Como usted ha dicho...
- Bien mirado, pensó aquel hombre compadecido de la aflicción de la niña;
bien mirado, ¿por qué la detengo? Tal vez la conozca el Sr. Máximo, tal vez
venga á pedirle... En fin, que entre la muchacha, y que él haga lo que quiera.
Si luego se enfada, con decirle que yo nada sé... y dirigiéndose á Paulina: ¡Ah!,
dijo: ¿Ves aquella puerta entornada que tiene encima un letrero?
- Sí, señor.
- Pues aquel es el despacho del que tú buscas, y allí debe estar. Entra y dile
lo que quieras, hija mía.
La niña le dió gracias con una mirada, y se encaminó resueltamente al sitio
que la había indicado.

Reflexionó algunos instantes y preguntó con acento menos duro del que había usado hasta allí:
- ¿Y con esa carta esperas?..
- Que se remedien todas nuestras desgracias y que mi madre sea feliz.
- Pues bien: en ese caso estoy dispuesto á escribírtela, niña. Dedicaré hoy
mi pluma é invertiré el tiempo en un trabajo útil, ya que muchas veces ocupo
ambas cosas en hacer el mal.
- Conque ¿va usted á hacer lo que le he dicho, á escribir mi carta?
- Sí. Dime á quién he de dirigirla. ¿Es á algún pariente rico quizá?
- No, señor.
- ¿A alguna persona que os debe algo?
-Tampoco.
- ¿Pues á quién es entonces?
- Al Niño Jesús.
- ¿Al Niño Jesús?
- O mejor ... mejor á la Virgen Santísima, porque el Niño Dios no sabrá leer
todavía.
La pluma se escapó de las manos del periodista.
Miró primero á Paulina con asombro profundo; pero después una expresión
de cínica burla se pintó en sus facciones, y soltó una sonora carcajada que dejó
sorprendida á la pobre niña.

III
La habitación en que penetró la amiga de Julieta era la redacción de un diario satírico.
La pobre criatura se detuvo indecisa. Por todas partes había papeles, pruebas,
libros, periódicos; todo en el más confuso desorden, todo en el más completo
desarreglo.
Cinco ó seis mesas con sus pupitres y llenas de cuartillas borradas ó á medio
escribir. Algu:1as butacas, un sofá, sobre el cual se ostentaba un magnífico reloj
de pared representando la figura del dios Apolo: algunos cuadros con mapas,
almanaques, retratos de hombres célebres, y en los ángulos cuatro ninfas medio
desnudas, representando las estaciones del año, componían el mueblaje de aquella habitación, caldeada notablemente por una magnífica estufa, y donde en aquel
momento se hallaba un hombre trasladando al papel las ideas que en rápido
torbellino acudían á su mente.
Aquel hombre era Máximo de Sandoval, uno de los escritores más mordaces
y satíricos de la época.
Paulina permaneció, como hemos dicho, inmóvil y muda algunos momentos,
en que sólo se oía el crujir de la pluma sobre el papel y los latidos del corazón
de la pobre niña que no sabía cómo formular su petición.
Al cabo fijó su mirada en el rostro del que escribía, y pareció tranquilizarse.
Aunque los azares de una vida desordenada y combatida por violentas pasiones habían impreso su huella en el semblante de aquel hombre, había algo en
él todavía que le hizo simpático á los ojos de la niña.
Vencido, pues, su primer temor, acercóse aunque pausadamente, y viendo que
Máximo no reparaba en ella, murmuró con voz suave, pero en extremo temblorosa:
- Caballero.
El periodista alzó la cabeza, y al ver á la niña frunció las cejas, exclamando:
- ¿Qué es esto? ¿Es posible que entren aquí hasta los mendigos para no dejarnos en paz?
Y llevando una mano al bolsillo sacó una moneda para arrojársela á Paulina.
La niña no se movió.
- Toma, le dijo el joven; toma y vete de aquí.
.
- Yo no vengo á pedir limosna, murmuró ella moviendo con dulzura su 1111da cabeza.
- ¡Que no! Pues entonces, ¿qué quiere.s?, preguntó él sin dejar de mirará
Paulina.
- Quería... quería pedir á usted un favor; pero... no me atrevo.
- ¡Un favor, ttí.!..
- Sí, señor.
- Explícate, muchacha; pero acaba pronto, porque estoy de prisa.
- Dicen que usted es un gran escritor, y... que sabe decir todas las cosas mejor que nadie.
- ¡Bah!, exclamó Máximo, sintiéndose halagado en su vanidad, á pe_sar de lo
humilde de los labios que le dirigían aquella lisonja. ¿Y quién te ha dicho eso?
- El padre de una amiga mía.
-¿Y el?..
-Trabaja en esta casa, y lee lo que usted escribe.
- ¿Alguno de los cajistas quizás?
- Sí, sí, y por eso ...
- ¿Qué?
- Yo quisiera ... yo quisiera ...
-¡Vamos!
- Yo quisiera escribir una carta, y como no sé, venía .. .
- ¿A que lo haga yo por ti?
- ¡Oh! Sí, señor.
. ,
.
- ¡Linda ocupación por cierto! Vamos, chica, vete de aquí, y dile a quien te
envía que nadie se ha burlado impunemente de mí. ¡Sal!
Y le señaló la puerta con ademán amenazador.
- ¡Oh, Dios mío!, exclamó Paulina con el bellísimo semblante anublado por
una aflicción infinita. ¿Qué va á ser de nosotras entonces?
- ¿Pero qué quiere decir esto?, exclamó el escritor menos enojado. Explícate.
iQuién te ha mandado aquí?
- Nadie; ni aun mi madre sabe que he venido; se lo juro á usted. Fuí yo, yo
sola la que pensé esto por ver si podía consolarla de algtín modo. Yo .. . que la
veo llorar continuamente porque no tiene p.1.11 que darme; porque me ve descalza; porque creo que se va á morir ... Lo dice y lo desea mu~has veces, y . .. ¡ay!,
¡yo no quiero que se muera mi madre, caballero!, ¡yo no quiero que se muera
mi madre!
Paulina prorrumpió en un mar de lágrimas, y las facciones_ de Máximo per&lt;lieron algo de la expresión desdeñosa y fría que ¡antes se refleJaba en ella.

- Entonces ... habla, murmuró el period;sta...

El ateo se mofab:i. de aquell:i. sencilla é inocente fe, que creía y esperaba con
tan entera seguridad.
Paulina, que en su candor no podía comprender la causa de la risa del impío,
le preguntó con voz angustiada:
- ¿No quiere usted escribir?
- ¡Tú estás local, respondió él sin dejar de reir. ¡Escribirá la Virgen! La idea
es peregrina. Y ¿qué pensabas decirle?
- Que consuele á mi madre, contestó la niña con una energía superior á sus
años; que consuele á mi madre, y que me devuelva á mi padre que hace seis
años nos abandonó á las dos; que ... pero esto es un secreto que la Virgen sólo
debe saber, y si usted no quiere escribir mi carta, yo tampoco le diré nada más.
La risa se apagó de improviso en los labios de Máximo; su frente palideció
densamente, y á la vez sintió que su voz temblaba al preguntará la hermosa niña:
- Y si yo escribo, ¿me confiarás ese secreto?
- Sí, señor, puesto que usted se lo dirá á la Virgen por mí.
- Entonces ... habla, murmuró el periodista, que quería saber aquella historia
de abandono y lágrimas que había despertado en él no sé si algo más que curiosidad. Habla, repitió cogiendo una pluma y extendiendo en la mesa un pliego
de papel para fingir que escribía, como el medio más seguro de que se explicase
la niña.
- Mi madre no quiere que cuente esto á nadie, porque dice que mi padre
perdería en su buen nombre si se supiese que estaba casado y que viviendo él
casi rico, nosotras estamos tan pobres. Por eso me manda que calle; pero á la
Santísima Virgen María se le puede decir la verdad. ¿Es cierto, caballero?
- Sí, sí; pero empieza.
- Verá usted lo que yo quiero decir al Niño Dios y á su Madre también.
Ponga usted: «¡Virgen mía, ttí. que oyes á las niñas desgraciadas, toca con tu
mano en el corazón de mi padre para recordarle que yo le quiero! Dile que su
esposa y su pobre hija se mueren de hambre. Dile que estoy casi descalza; que
tengo frío. Dile que mi madre ha dejado su tranquila aldea para venir á buscarle
y que no le sabemos encontrar. Dile que todas las noches rezamos por él. ¡Tú,
Virgen María, que eres madre de las pobres huerfanitas, devuélveme á mi padre
para que yo no lo sea!»
Máximo oprimió con entrambas manos sus sienes, sin poder contener su
emoción.
-Aún no he acabado, dijo Paulina, viendo que se detenía: aún no he aca?ªd~, caballero. Dígale usted también que ayer al salir del colegio entré en una
iglesia donde rezaban y pedían... que oí que la llamaban consuelo de los afligidos... que por eso la escribo. Porque también dijeron que escuchaba las súplicas de los inocentes, y á mí me oirá ... y le contaráá mi pa_d re todo esto. ¡Dígaselo usted; dígaselo usted, caballero, para que mi padre lo sepa pronto!

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

585

Máximo no podía contestarla. Presa de una pro- zá, han sido los encargados de referirle su contenido,
gundo, se registra el número de vueltas del disco por
funda emoción, ocultaba la frente entre sus dedos y y Ella te ha traído á mis brazos, de donde nunca te
los procedimientos ordinarios de la cronofotografía.
murmuraba con indiscreptible voz:
separarás.
En cuanto á la regularidad de la marcha del apa- ¡Si fuera verdad! ¡Si fuera verdad!
- Ni mi madre tampoco, ¿es verdad?
·rato, está asegurada por la masa de discos rotativos
- ¡Oh! Dígale usted también ...
- Tampoco. Llévame á su lado, tú que con tu ino- que, girando con gran velocidad, constituyen un ex- ¡Si fuera verdad que hay un Dios! ¡Si fuera ver- cencia me has enseñado á creer que hay una Provi- celente regulador.
dad que hay una Providencia!, repetía aquel hombre dencia, que hay un Dios que escucha la voz de la
con acento cada vez más agitado.
inocencia y que nos trae por medios extraños y desI V.-EXPERIMENTOS
- ¿No me éscucha usted? ¿No sigue ya?, murmu- conocidos al camino del bien.
raba también Paulina con voz más tierna y suplicante
Cuando se quiere tomar una serie de imágenes socada vez.
bre
una banda pelicu.Jar, se empieza por poner á foco
- ¡Si fuera verdad!.. Pero no ... no puede ser, añaen el cristal opaco situado en la caja de las imágenes,
día luego luchando entre su incredulidad y el rayo de
Máximo desde aquel día fué un buen esposo y un que.girando al modo de una hoja de puerta sobre sus
luz que pugnaba por penetrar en su alma. ¡No, no buen padre.
goznes viene á colocarse en el lugar mismo por donde
puede ser! ¡Yo no tengo nada que ver con esta niña!
Paulina tuvo aquel año un precioso nacimiento, y pasará la película sensible ( r ). Después de haber
¡La casualidad es quien hace todo esto! Porque de al ver al Dios Niño sonriendo entre los brazos de la
apartado el cristal opaco, se carga el aparato introduotro modo... , de otro modo sería cierto que hay Dios, Virgen Madre exclamaba:
c1en_do en él los dos carretes, como antes hemos dicho,
que hay Dios y que interviene en nuestras acciones,
- Mira, papá. Ella ha escuchado nuestros ruegos se cierra la caja y se da vueltas al manubrio. Cuany entonces. ., entonces sería forzoso creer y esperar. y te ha traído junto á nosotras. Las mádces y los nido el juego de ruedas ha adquirido la velocidad que
¡Oh! ¡Repito que no puede ser, que no puede ser ella! ñ?s se entienden fácilmente. Cuando alguna huerfase desea, si el objeto con el que se experimenta se
- Yo soy Paulina, Paulina Sandoval. Po~ga usted mta ó algún pobre vengan á que les escribas cartas
presenta en condiciones favorables, se oprime el bomi nombre en la carta, dijo la niña sin darse cuenta para Ellos, no dejes de hacerlo. Los mensajes que el
tón
que pone en movimiento al laminador é inmediade lo que oía.
alma envía á los cielos, siempre nos atraen el consue- tamente pasa la película y recibe las imágenes. Las
Máximo se levantó al escuchar aquellas inocentes lo ó la felicidad.
películas más grandes que actualmente proporciona
palabras.
·''•''•······························•.1•·················.. •···•..··•' '"''•''"º'J',¡'•·"·''•··•J ••···· el comercio y que tienen algo más de cuatro metros
Con el cabello erizado, con el rostro pálido, con
de largo no emplean para pasar totalmente más
las manos extendidas, sintió brotar en sus ojos, secos
que 4° ½. Una vez pasada la película se quita de la
SECCIÓN CIENTIFICA
por tanto tiempo, un raudal de abrasado llanto.
caja el carrete receptor y se guarda hasta el momento
·su corazón incrédulo, duro y frío hasta entonces,
en que habrá de ser revelada.
LA CRONOFOTOGRAFÍA
latió con violencia, y absorbió aquellas lágrimas, coAlgunos han creído que en la construcción bastanNUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMll!NTO
mo el yermo erial absorbe el bienhechor rocío que
te
complicada á que hemos recurrido para obtener
EN
LAS
CIENCIAS
FiSICAS
Y
NATURAi.ES
le ha de tornar en valle fecundo.
las paradas de la película ·nos habíamos tomado un
.Un grito angustioso, pero tierno y sublime, se es( Continuadón)
trabajo inútil, pues con alumbramiantos muy cortos
capó de sus labios.
podía
prescindirse de la traslación de la película
Grito que resumía las ternuras, las alegrías y las
Pero en muchos casos basta un campo menos ex- sensible.
esperanzas más santas del alma en una frase, en una tenso, y en este caso se obtienen dos, tres ó seis·imáFácil sería probar por medio del cálculo qu.e dusola.
genes á cada vuelta del laminador, lo cual hace que rante el alumbramiento la película progcesa en una
-¡Hija mía!
Y al pronunciar esta frase cubría de besos y de lágrimas la frente purísima de la niña pobre, hambrienta y helada.
De aquella niña que era su hija; la hija de un matrimonio secreto efectuado hacía nueve años en la
iglesia de una sencilla aldea. Cadena rota ó aflojada
cobardemente cuando el ángel que debía trocarla en
lazo de flores contaba algunos meses de edad; cadena
rota ó aflojada cobardemente por correr en busca de
la posición, del orgullo, del oro; cadena que aborrecía y que anhelaba ocultar porque le ligaba á una
mujer pobre y humilde, sin más patrimonio que su
virtud, su belleza y sus santas y puras creencias.
¡Oh! Máximo en la corte se había pervertido. El
soplo de la incredulidad había secado en su pecho
las flores de la piedad, de la fe y del amor, trocándose en un hombre sin corazón, en un alma sin Dios.
¡Qué extraño era que hubiese olvidado ó que renegado hubiera de los lazos que forjó, de los juramentos que hiciera, de la hija que le debía la existencia!
¡Ay! Esto era natural, era lógico, era preciso.
En cambio la madre de Paulina había sufrido sin
murmurar y sin revelar á nadie el secreto de aquella
unión que había jurado callar.
Y cuando sus penas eran mayores, cuando se sentía sin fuerzas para sufrir su desgracia, «El volverá
algún día, murmuraba, y verá que he cumplido fielmente su voluntad.»
Pero el esposo ingrato no volvía, y la infeliz olvidada se decidió al fin á ir á burcarle adonde suponía
que debía estar.
Sus esperanzas, sin embargo, quedaron burladas.
La corte es muy grande y una pobre joven ignorante
y tímida poco podía conseguir, mucho más cuando
se había propuesto callar el nombre de su esposo y
el motivo de su viaje.
Bien pronto sus recursos se acabaron, y á los seis
meses de estar en Madrid, no tuvo más remedio que
Fig. 14. Fases sucesivas del movimiento de una ola que se estrella en unas rocas, reducción á 2/5
trabajar para vivir.
Sola, débil, abandonada, lloró mucho y sufrió muchas miserias, y muchas humillaciones fambién, que el número de aquéllos llegue á veinte, treinta ó sesen- cantidad suficiente para quitar á las imágenes la limacaso hubieran tenido un término funesto si el amor ta por segundo. Para ello no hay más que cambiar pieza, que es lo que la hace apreciable; pero es más
y las caricias de su hija no le hubieran dado fuerza el número de los dientes del trinquete del fijador y sencillo y convincente, quizás, demostrar por medio
y consuelo.
cambiar simultáneamente el número de ventanas de de un experimento que sin las paradas no se obtie.
.
. .. . los discos obturadores: con dos dientes en el trinque- nen imágenes buenas. Para ello regulemos el aparato
Cuando Paulina se vió abrazada de aquel modo; te y dos alumbramientos se obtiene una imagen por de manera que obtengamos dos imágenes por cada
cuando oyó que el periodista la llamaba «hija mía,» cada media vuelta del laminador: tres paradas y tres vuelta del laminador; es decir, estrechemos la ventana
la hermosa niña cruzó sus manecitas y dijo con una alumbramientos por vuelta del laminador dan imáge- de admisión hasta darle las dimensiones que se quiera
voz en cuyo timbre resonaban á la vez el amor, la ale- nes de tres centímetros; seis paradas y seis alumbra- y produzcamos dos coincidencias en las ventanas del
gría y la sorpresa.
mientos reducen la imagen á un centímetro y medio. disco obturador; pero en vez de regular el fijador
- Pero ¿es usted mi padre? ¡Mi padre! ¡Y me qu_ieCon un poco de práctica se llega á regular perfec- para dos paradas por vuelta, no pongamos en juego
re, y escucha! ¡Ay, Dios mío! ¡Qué bien decía aquel tamente la marcha del manubrio, componiéndose de más que un trinquete. En este caso sucederá necesaviejecito, que la Virgen nos concede lo que le pedi- este modo un número de imágenes sensiblemente riamente que de estas dos imágenes sucesivas, una
mos con fe! Mas lo que me extraña ... , lo que me ex- constante por segundo; mas como esta aproximación quedará impresa en la película parada y otra en la
traña es que haya leído tan pronto mi carta! ¡Si ape- no bastaría para las medidas exactas que exige un ex( l) Para mayor precisión, la postura á foco debe hacerse en
nas estaba escrita! ¿La estaría viendo desde el cielo? perimento científico, si se quiere conocer de un modo
lente por el agujero situado en la parle posterior de la caja
- Sí, hija mía; el ángel de tu guarda .. ., el mío qui- rigurosamente preciso el número de imágenes por se- la
que se cierra con una cortina de metal.

N ÚMERO

585

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

película en movimiento. Ahora bien: después de reveladas estas imágenes se verá á primera vista que
sólo las imágenes que se han producido durante las
paradas tienen los contornos perfectamente limpios.

movimiento haciendo dar vueltas al disco delante de
un espejo, en el cual se veían las imágenes al través
de pequeñas aberturas practicadas en la circunferencia del cartón. Plateau dió el nombre de Phenakistt"copo á este instrumento, que fué durante mucho tiempo
un juguete científico.
.
. .
Hace algunos años fué modificado el phenakistJcopo dándole nuevas disposiciones que hacen más
cómodo el uso de este aparato: la conocida con el
nombre de zootropo se presta perfectamente al estudio
de los movimientos obtenidos sobre las tiras peliculares.
La tira de papel sensible que ha recibido las imágenes positivas se coloca en el interior de un cilindro
(1) En el pequeño número &lt;le fases representadas en la fi gu- hueco en cuya circunferennia hay las aberturas por
ra 14 sólo puede seguirse una pequeña parle del fenómeno. En las cuales el espectador ve sucederse las imágenes
sus dimensiones reales, es decir, en forma de cuadrados de 9 mientras el cilindro gira sobre su eje. .

las fases del movimiento de una ola que se estrella
contra unas rocas: la ola empieza por elevarse y cubrir
las rocas de espuma, luego se retira y la agitación del
mar cálmase poco á poco ( r ).
Para estudiar los fenómenos de este género, la meV. - J)IFERENTES OISPOSICIONES DEL APARATO
jor manera de hacer sensible el movimiento es reproducirlo sintéticamente por medio del aparato llamaSECÓN LA NATURALRZA DEL OBJETO QUE SE ESTUDIA
do zootropo.
Todo el mundo conoce el ingenioso invento de
Ya hemos visto la disposición del aparato para la
cronofotografía sobre una tira móvil; falta sólo indicar Plateau, quien colocando en la circunferencia de un
el modo de aplicar este método segün la naturaleza disco de cartón una serie de imágenes que representaban las fases sucesivas de un movimiento, reprodudel objeto que se estudia.
cía á los ojos del espectador la apari(';ncia de este
A. .Disposición que ha de darse á las imágenes sobre
tira pelimlar. - Cuando la cronotografía funciona en

su posición normal, es decir, descansa sobre su armatoste, produce imágenes que se suceden en serie ho- centlmetros de lado, estas imágenes eran de una pureza perfecrizontal de izquierda á derecha. La fig. 14 reproduce ta y aun podían ser aumentadas en cuatro diámetros sin perder
doce de estas imágenes en las cuales p uede seguirse nada de su limpieza.

( Co11ti1111ará )

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1878

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lall '-f«cú1fla acrotwo,a, 1 lflCOf'blllCCM, ele. El . . . . •el'l'llat■•ff de
.&amp;n11111 ea, en erecto, el único que reune todo lo que entona 1 rorlalece los orpnoe,
re¡ularlsa coordena 1 aumenta collB1d.eral&gt;lement.e lU tnerzu ó lnrunde a la l&amp;llcrt
empobredda y descolorida : el Ytqor, I&amp; COlorllC10ft 11&amp; 6,urgt4 ''""•

el

Raq"'''""°•

.Por11Gfor,111Paril,enwade 1. FBW,farmac.eutico, tOl,ne Rieheliea. Sucescl'a.uom,.
;¡

p ff!tl)S KM TODAS LAS PIUl(QIPALU IIOTIQ.U

EXIJASE ...::, aeouo

La oaja: lfr: 10.

i:on

• Querido enfermo.-Flese Vd. 4 mi larga experiencia,
y haga uro de nuestros GRANOS de SAWO,puea el/os
/e curarán de su const1pacton, le darán apetito y fe
derolrerAn el sueno r la alegria. - As, r,rirA Vd,
muchos años, disfrutando s1emore de una buana salud. ·

PATE EPILATOIRE DUSIER

Recomendado, eoatra las Ateoclonea del Est6•
mago, Falta de Apetito, Dig estiones labo•
rl0t1aa, Aoedlaa, Vómitos, Eructos, y Cólicos¡
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DE MONTANER Y S IMÓN

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~trt&amp;C101)

11tí~t1ea
A:Ro XII

- - - - - - -·+

BARCELONA

20

DE MARZO DE 1893

NúM. 586

Próximamente comenzaremos la publicación de la interesante novela de Héctor Malot &lt;ANIE,&gt; traducida por Antonio Sánchez Pérez,
con preciosas ilustraciones del célebre dibujante Emilio Bayard

EL MEMORIALISTA, cuadro de Salvador Viniegra

�186

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Texto. - llf11rnmracio11es europeas, por Emilio Castelar: - Don
Pedro el Cruel. Cró11ica relativamente antigua (continuación),
por Luis de Llanos. -Las islas d(Tenerife y Gran Canaria,
por X. - llfiscelá,tea. - Nuestros grabados. - La victoria de
César. Bocelo de verano, por Cordelia. - SECCIÓN CIENTf Fl·
CA: Temperatura de la la1.•a. Experi111mlo de eleclrowltura.
- Libros recibidos.
Grabados. - El memorialista, cuadro de Salvador Viniegra.
- El eminente poeta italiano Carlos Goldo11i, copia de un retrato de Alejandro Longhi, existente en el Museo Carrer, de
Venecia. - Un asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de Ramiro Lorenzale (Salón Parés). - Roma. Jubileo episcopal de
S. S. León XIII. La bendición papal en la óasllica de San
Pedro. - Isla de Tener((e: Campesinos de la Laguna(de una fotografía); Plaza de la Conslit11ció11 en Santa Cru:: de J'eneri·
fe¡ El pico de Teide; Procesión del Viernes Santo en la pla,;a
de la Comtitución de las Palmas; Panorama del puerto de la
Orotava, cinco grabados. - A orillas del mar, dibujo de
Eduardo Patry. - Valeutina, cuadro de Guillermo Wolff. llf. .Ju/iQ Ferry, presidente del Senado francés, fallecido repentinamente en Par!s en 17 del corriente. -Acto de desmbrir
el busto de Tomás Car/y/e m la Biblioteca pilblica de Londres.

...... ......... ......,......,......,....................,......,..............................,......,.........,......,......,.....
MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTl!LAR

Dificultad en la elección de asuntos por exceso de éstos. - Capitales de la quincena última. -El Jubileo Pontificio. - Reconciljaciones con Roma de los partidos liberales y de los
pueblos protestantes. - Reflexiones sobre las últimas fiestas
vaticanas. - Grandeza de León XIII y acierto de su elevada
política. -Crisis de Portugal. - Estado en que tal pueblo se
halla. - Imperiosa necesidad, dada su presente situación, de
anteponer á toda otra cuestión las cuestiones económicas. Ligeros recuerdos de otras cuestiones. - Conclusión.

Quien jamás pare su atentión en la grande abundancia de hechos ocurridos durante período tan breve como una cualquier quincena, costarále trabajo
comprender cómo en las Revistas quincenales, cual
esta redactada por mí bajo el título de «Murmuraciones Europeas,» la dificultad mayor está en la
selección de lo más histórico y trascendental, pues
sería el cuento ·de nunca acabar un propósito tan
desatinado como el propósito de referirlo todo. Hay
cuestiones graves que subsisten de pie y se desarrollan así con espacio, pero que no pertenecen al medio mes transcurrido, sino á los meses anteriores,
según la fecha de su origen, ó pertenecerán al mes
próximo por lo lentísimo de su desarrollo. La ley
militar de Prusia, hecha y deshecha en larga urdimbre de proyectos mil veces; los planes de Gladstone relativos á la organización que necesita revestir
en el imperio británico Irlanda, contrastados por invectivas como las de Balfour, aferradísimo á la idea
de un empeoramiento del pueblo irlandés desde que
han subido los liberales al gobierno, y por discursos
como el de Chamberlain acusando al primer ministro de trastrocar el imperio británico, tan caracterizado por su índole nativa y por su vieja historia en
una especie de república federal á usanza yankee ó
americana, y por palabrotas como las de Churchill,
parecidas á frases de club ó de melodrama, según lo
mucho que retumba en ellas el vulgar vocablo traición; las porfías entre Suecia y omega, por si esta
última debe tener, como tiene, constitución y cámaras y gobierno aparte de la otra, representación diplomática y consular en los gobiernos extraños también aparte; los matrimonios de Oriente, como el celebrado entre una princesa británica y el heredero de
Rumanía, como el reconstituído entre cónyuges antes divorciados cual Natalia y Milano en Servia, como el convenido entre Fernando de Bulgaria y una
infanta de Parma; todos estos asuntos pertenecen á
meses anteriores por su origen y pertenecerán á meses venideros por su desarrollo, cual hemos dicho ya;
pero están un poco separados del público interés hoy
por encubrirlos y asombrarlos estos que á la quincena corriente corresponden: jubileo pontificio y crisis
lusitana. Sobre todo y ante todo privan hoy el Vaticano y León XIII. Los esplendores de un escenario
tan sublime, los recuerdos despedidos allí por cada
piedra, la reunión de fieles idos á San Pedro desde los
cuatro puntos cardinales, el concurso y el homenaje
de las potencias herejes y cismáticas al centro del
catolicismo, la política de un Papa reconciliado con
la libertad y con la democracia generadas por el Evangelio en la sociedad antigua y mantenidas por el Pontificado en sus luchas con los Césares clásicos y con
las irrupciones bárbaras, conmueven por tal manera
nuestra sociedad positivista y materializada, que parecen una fulguración de idealismo, en la cual cobra
nueva luz el cielo y vida nueva el planeta. Por esta
causa me detengo ante un jubileo como el pontificio,
que tiene inmensa importancia y que llueve sobre

NúMERO

586

nuestros espíritus sedientos de fe Yiva muchas y muy á una fe de veinte siglos, los ánimos y los espíritus
consoladoras esperanzas. Miremos Roma primero, más rebeldes no dejan de reconocer que si alguien
puede gloriarse de reinar sobre la universalidad de
después el Para, y por último el j~bileo.
los espíritus es aquel cuyas bendiciones aguardan
innumerables fieles desde las nieves boreales del he!ado Báltico hasta las nieves australes del patagón
¡Cuán sublime y grandiosísima nuestra Roma! estrecho. Imaginaos qué grande confusión de lenguas
Pues á pesar de tales grandezas y sublimidades, mien- habrá y que mezcla de pueblos, cuando sesenta mil
tras una mitad del mundo cristiano, los católicos, ben- peregrinos llegados de las cuatro partes del horizondecían á Roma de continuo, maldeclala otra mitad, te se congregan, movidos por un comtfn afecto y una
los cismáticos y herejes, con maldiciones horribles. común idea, en la primera Basílica del planeta, con
Babilonia la llamaban de común acuerdo los sajones, propósito de festejar al primer jefe de la cristiandad
apodándola centro así de todas las infamias idolátri- católica. El Papa, llevado sobre la sede gestatoria,
cas. Bestia del Apocalipsis la creían los calvinistas. circuido del sacro colegio, abanicado por las blancas
Prostituta que mercadeaba sus favores con todos los plumas que agitan los acólitos; con su capa· pluvial
tiranos la proclamaban desde \Váshington á Esto- Teluciente de oro en los hombros, con su tiara ceñikolmo todos aquellos que disentían de la fe romana. da por tres coronas en la cabeza, con su báculo en
En Inglaterra un pelele servía de Pontífice anual- la mano; pálido y enjuto, nervioso y agitado, cual si
mente al pueblo para que cebase las viejas cóleras desde nuestro bajo mundo aspirase á otro mejor, sighistóricas en sus trapos, y lo despedazaba, mientras nifica y representa la condensación de un éter de
las demás comuniones luteranas solían celebrar como ideas, por el cual bien podemos llamará su palabra un
una fiesta de libertad é independencia su separación Verbo casi divino y á su persona un símbolo de lo sode la sede romana. ¿Por qué no decirlo? Nosotros, los brenatural y de lo revelado. Asf, en estas ceremonias
demócratas, en el combate titánico y antiguo con el resalta y sobresale á la continua el principio de uniabsolutismo, teníamos á la Iglesia por su madre legí- dad, que hace doblar la rodilla y la frente á católicos
tima, y la tratábamos con bien poco respeto. En el de diversos orígenes, impelidos por la misma emoviaje de Lutero mozo á la Roma del Renacimiento, ción, cuando se levanta la Hostia con el Cáliz en la
escrito por el reformador mismo en sus elocuentes misa; y mientras, abajo suenan las campanillas con el
memorias, hállanse todos estos lugares comunes con- salterio y arriba las campanas con aquellas argénteas
tra la Ciudad Eterna, renovados desde la revolución trompetas angélicas en la cúspide puestas y que paacá por los liberales y puestos en circulación y hasta recen tocadas, según lo melodioso de sus vibraciones
en boga por varias generaciones. ¡Qué diferencia en- y de sus acentos, por invisibles ángeles venidos, como
tre los odios con que Lutero entraba en Roma, cuan- en las pinturas religiosas, desde los cielos á exaltarlo
do todavía era católico, á maldecirla por modo inde- y á bendecirlo todo. ¿Por qué no decirlo? Siempre
liberado, y la tolerancia con que, tras cuatro centu- grandiosas estas festividades vaticanas, hoy reciben
rias de guerra, entran hoy los luteranos á celebrar el mayor grandeza del Papa que las celebra, cada día
aniversario de la exaltación de León XIII al Episcopa- más reverenciado y más querido por toda la cristiando, reconciliadísimos, en lo que puede caber entre dad. El dogma político suyo reconociendo en todos
aquellos imposibilitados de abandonar sus creencias, cuantos ejercen autoridad y poder legítimos igual
reconciliadísimos con la Iglesia romana. El ~mpera- origen divino y aconsejando á los católicos igual obedor Guillermo II, cabeza visible de la Iglesia evangé- diencia y sujeción á ellos, ora sean reyes hereditarios
lica y personificador del nuevo gobierno,que ha reem- é históricos, ora magistrados electivos ó presidentes
plazado al imperio austriaco en la dirección de Ale- de repúblicas; este dogma difunde un soplo tan bemania, envía un expreso y extraordinario mensajero á néfico de paz y amor sobre los espíritus, que no ha
felicitar al Papa. La reina Victoria le ofrece presentes podido menos de trascender á los pueblos y de inde primer orden y le saluda desde la sede altísima don- fluir con salvadora influencia sobre la vida y la natude puede con razón echárselas de representar y ejer- raleza de los Estados contemporáneos. Así, cuantos
cer otro pontificado. El mismo czar de Rusia, eleva- de veras aman la libertad y la democracia comprendo por los caprichos del nacimiento y de la herencia den que León XIII ha surgido para prestar á las faen el más vasto imperio de nuestro continente al milias de pueblos libres, pertenecientes á la pura vieja
ejercicio de un despotismo entre militar y eclesiás- sangre romana y á la tradicional Iglesia católica, lo
tico, no deja de reconocer la grandeza del Pontífice que les faltaba y tenían los pueblos sajones, aventalatino y de saludarlo con homenajes respetuosísimos jándonos en esto: una base moral y religiosa para soy casi religiosos desde la grande Iglesia que Focio bre sus sólidos cimientos asentar todas las reivindicaseparó de la Roma católica en la Bizancio fundada ciones del derecho. Y lo conveniente será que todo
por Constantino como rival de la Roma cesárea por esto dure y perdure.
los siglos primeros del cristianismo. Al hojear, así lo
dicho por la prensa protestante de Inglaterra como
***
lo dicho por la prensa protestante de Suiza, con moCuando quería continuar en estas reflexiones lletivo de las fiestas religiosas últimas, quédase uno atónito de ver cómo han ido creciendo las ideas de re- gan varias noticias á cual más importante y que
conciliación cristiana entre todas las sectas divididas deseo referir. Nuevo ministerio en Portugal, donde
y separadas del centro común por la herejía ó por el 11a caído un Ferreira para ser sustituido por un Ricisma. El Diario de Ginebra, sesuda representación beiro, y la noticia de orientaciones nuevas en la polídel calvinismo histórico reinante sobre aquella her- tica francesa con el nombramiento de Ferry para la
mosísima ciudad, que se llama todavía hoy la ciudad presidencia del Senado. ada enseña tanto el cambio
de Calvino por excelencia, proclama con verdadero de las ideas y de las cosas en este nuestro mundo
acatamiento á Roma la primera entre todas las ca- político cual esos ministerios, ya derruídos ó ya exalpitalidades cristianas por presidir la comunión más tados por los intereses, no como antes por las ideas.
numerosa é importante del mundo cristiano. Y con Así, divertidos los ánimos de la cuestión política, naefecto, no puede al catolicismo disputársele un carác- die piensa en mejorar ó empeorar los Estados; todos
ter cuya virtud lo eleva sobre todos los cultos naci- piensan en los presupuestos. Quédense, dicen á una
dos del Evangelio, no puede disputársele de modo los previsores, quédense las instituciones donde se
alguno por nadie la universalidad, que se adapta lo hallan, pues no hay otra cosa que hacer sino á la
mismo á las variedades múltiples del espacio que á economía ocurrir. Cuando, bajo la pesadumbre de los
las variedades mültiples del tiempo. Mientras el cul- cupones impagados, un gobierno desaparece y surgen
to griego no ha podido pasar jamás de Oriente y el los pretendientes con las insignias de los viejos particulto protestante se ha circunscrito á las zonas ger- dos en sus manos y los ideales de las viejas escuelas
mánicas del planeta, entra la religión católica en el en sus frentes, parécele á uno soñar, y soñar despiermundo esclavón por los polacos y por los cheques y to. ¿Qué piden tales importunos factores? El regenepor los croatas, en el mundo alemán por los bávaros rador Pimentel con sus procedimientos conservadoy por los austriacos, en el mundo griego por las colo- res, cuando no hay cosa ninguna que conservar; el
nias varias de origen italiano, en el joven mundo de progresista Castro con sus ideas de reforma, cuando
América y hasta en el viejo de Asia por tantos pue- no pide la opinión más que progresos económicos,
blos de nuestra raza hispánica como se dilatan des- parécennos almas en pena, venidas del otro mundo
de las orillas del Mississipí hasta el estrecho de Ma- á este. Un arreglo con los acreedores extranjeros pagallanes y por tantas iglesias como han fundado nues- ra no verse de modo alguno en esta vida con intertros misioneros desde la desembocadura del Nilo venciones y sindicatos abrumadores; un tiento de las
hasta Filipinas y Australia. Por eso cuando las cam- fuerzas contributivas del país para conocer qué puepanas de San Pedro repican en celebración de una den dar sin esquilmos y aniquilamientos suicidas;
festividad religiosa como la última de Roma, y el unas vigorosas economías yendo á la constitución de
Papa desciende, llevado en hombros, desde sus salo- presupuestos que afianzen los ingresos y disminuyan
nes vaticanos al grandioso altar mayor, una vez co- los gastos; un propósito consciente y deliberado de
locado de rodillas ó de pie en la rotonda parecida cambiar el régimen económico vigente por un régipor su magnitud á un arco del cielo y sobre la tum- men del trabajo y de la industria, se imponen bajo
ba de los Apóstoles alimentada de oraciones merced leyes á que nadie puede hoy por modo alguno eva-

N úMERO

586

dirse, dado el imperio de fatalidades que nos dominan y
nos abruman bajo su fuerza
incontrastable. Los excesos
del régimen feudal trajeron
el nuevo régimen político, en
que dominaba el derecho; los
excesos del régimen económico vigente traerán por fuerza
un régimen industrial, tan
distante del que ahora impera con la terrible paz armada,
como puede distar la fábrica
del castillo y una sociedad
cooperativa de una señorial
mesnada. Bueno que Heintze Ribeiro hable de amnistía
indispensable al apaciguamiento de los ánimos; bueno
que devuelva el derecho antiguo consuetudinario á una
prensa tan libre por tradición
como la prensa lusitana; bueno que trate de ir aumentando la facultad preciosa de gobernarse á sí mismas en las
regiones y en las municipalidades, todo esto excelente;
mas resultaría de seguro lo
mejor una concentración de
todas las potencias gubernamentales del pueblo y del Estado en aquello que más al
pueblo y al Estado importa,
en la formación de un buen
presupuesto. El escándalo de
las acusaciones infamantes á
los primeros y más conspicuos repúblicos, el derroche
- de todos los ingresos en la sustentación de organismos inútiles, el despilfarro sistemático que ha hecho quebrar á
factores del progreso püblico
tan importantes como las
compañías ferroviarias, el
fraude crónico en las percepciones y cobranzas de tributos piden á una remedios
enérgicos, sobre los cuales
hay que multiplicar todos los

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL EMl'.IIENTE POETA ITALIANO CARLOS GOLDONI, fallecido en París en 1793 Copia de un retrato
de Alejandro Longhi, existente en el Museo Carrer, de Venecia

UN ASALTO (RECUERDO DE CARNAVAL), cuadro de Ramiro Lorcnz:ile {Sal6n Parés)

esfuerzos, dividiéndolos y separándolos de las cuestiones
polfticas. Y precisa proceder
así con reflexión racional y
con voluntaria energía, porque no caigan en la neurosis
los pueblos de referir á la política y su influjo el mal económico y el malestar consiguiente á errores antiguos,
tan fáciles de cometer por un
partido reaccionario como
por un partido avanzado. Luego que, dentro de lo existente, haya Portugal ocurrido á
sus males, podrá verse con
espacio si el origen de todos
ellos está en la raíz de su
vida nacional, y si los remedios exigen resignaciones á
sacrificios de algo quizás mayor que la forma del Estado
vigente y que la existencia
del régimen reinante. Mas
ahora, hoy, en este minuto
psicológico, que di ría Bismarck, como donde no hay
harina todo es mohina, se nos
antoja lo más urgente y necesario acudir al presupuesto, y
así pedimos á pueblo tan
amado de nosotros como el
pueblo portugués que no se
descarríe de ningún modo
por las trochas de cuestiones
políticas baldías, y entre de
lleno en los problemas económicos, de cuya buena solución
hoy depende, no solamente
su libertad y su paz interior
y sus buenas relaciones con
las naciones extrañas, sino su
existencia en el mundo. Quizás incapacitado para comprender desde lejos los matices de la politica portuguesa,
no entiendo bien por cuál
causa ó motivo estaban los
republicanos, tan exaltados y
radicales de suyo, más complacientes con el gobierno an-

�188
terior que con este, quien acaba de darles á sus amigos descarriados amnistía; ni por cuál causa ó motivo, repúblico tan eminente de suyo como nuestro
antiguo amigo Casal Ribeiro, se indigna contra el
gobierno anterior y le promete su apoyo á este nuevo y reciente. Todo gobierno que logre un presupuesto nutrido de recursos buenos y limpio de gastos inútiles, el cual presupuesto le permita ocurrir al
pago de la deuda y fundar sobre sus bases un arreglo
conveniente con los acreedores todos y especialmente con los acreedores extraños, será un buen gobierno, venga de donde viniese y compóngalo quienquiera.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

discípulo... , ya recordará usted..., el del varazo... , solía
decir el padre de la criatura.
- Sí, ya recuerdo. ¡Era muy bruto el infeliz!
- Como que á los seis años ya descargó un tal varazo en la cabeza de la mula la Cascabelera... , que
era negra y sin cerrar y más rica que la canela ... , que
¡velai!.. la dejó séca. Por eso le decimos el del vanzo.
Pues aunque me esté mal en dicirlo... digo, yo no entiendo de letras, que es una mala vergüenza, y el
chico, digo, entiende poco... , vamos á un dicir, pero
•entiende algo. Y como, eso sí, ¡canastos!, él es cerril
y fantástico y no hay Dios que lo gobierne, cogí y dije: pues á Valpalencia con él, en ca D. Pedro que
tiene la mano pesá y está avezado á lidiar con burros.
Y aquí estamos y ahí se queda el chico pa que me lo
desuelle usted vivo, si á mano viene.
El haber comenzado nuestras Murmuraciones por
- No tenga usted cuidado, respondía D. Pedro con
la relación de todo aquello que se dice y susurra en modestia; se hará lo que se pueda.
Europa hoy, por espectáculo tan relacionado con la
- Pues firme en él. En cuanto á los 7 riales de la
política como el jubileo pontificio, transmutó mal de soldada, ¡canastos!, D. Pedro, como si fueran panconuestro grado esta crónica, usualmente literaria, en mido, ¡y así que tuviera usted tan segura la Hostia á la
una crónica de hechos verdaderamente políticos. Y hora de la muerte! Pero tenga ojo, mucho ojo, solía
diciendo verdad, en esta manifestación del espíritu añadir, que el chico es mañoso y está muy resabiado
social moderno hay tanto de artístico y de literario, y es más voluntarioso y avieso que la mi mula la
como que si volvemos los ojos, por ejemplo, á Oriente, Perra... , con perdón sea dicho. Conque D. Pedro,
parece con la reconciliación matrimonial de los mo- diquiá á otro ratico y lo dicho..., mucho palo y dé en
narcas servios Milano y Natalia, con la boda entre sin malicia,· que eso sf, ~l chico tiene naturaleza pa
una princesa de Parma y el príncipe reinante sobre todo y come más que los galgos de casa, y eso que
Bulgaria Fernando de Coburgo, con las fiestas nup- son cuatro y muy majos.
Y con este discurso se lanzaba el padre, tan conciales entre la hija mayor del duque de Edimburgo
y el inmediato heredero de la corona rumana, todo el solado el pobrecillo, y con razón, porque se quitaba de
Oriente un extraordinario epitalamio. Ya sabernos quebraderos de cabeza, y desde aquel momento se
que donde impera mucho la razón de Estado, impera abrían las puertas del palenque y la lucha comenzaba
poco el sentimiento de amor. Ya sabemos por ende entre la brutalidad del chico y la barbarie del dómicomo no se han reunido al mutuo amor entre sí los ne: lucha sangrienta, cruenta, sin cuartel, en la que ó
divorciados monarcas de Servia, sino al amor del entraban en la cabeza de la fiera adverbios y declinahijo, víctima primera y capital de sus discordias; ya ciones ó entraba él de patitas en el cementerio.
Si todas las súplicas y recomendaciones de nuessabemos como no se han casado los hoy príncipes de
Rumanía por preferencias sendas de sus corazones tros padres y de nuestras. madres, cuando éramos
enamorados, sino por arreglos diplomáticos que nada chicos finos y de buena casa, eran para D. Pedro casi
en cuenta tienen tal superior linaje de sublimes cari- letra muerta, y sin que lo remediara ni la paz ni la caños; ya sabernos que ha bebido los vientos para ca- ridad, palos se recibían, ó bien directos ó bien de resarse Fernando de Bulgaria con dama de sangre real, chazo, palos que nos callábamos en casa religiosapretendiendo prestar á un trono lanzado sobre revo- mente y que ni en el tormento confesáramos, ¡tal era
luciones como sobre tormentas y suspenso de la vo- el pavor que el dómine nos inspiraba!, ¿qué no haría
luntad nacional como de un cabello esas raíces di- D. Pedro autorizado á barbarizar y hasta suplicado
násticas, por las cuales hay monarcas muy capaces de para que barbarizase?
Y la verdad es que aquellos internos de los 7 riales
parecerse á las encinas en robustez y en duración y
en arraigo; pero con esto y con todo las bodas y sus eran de tal calibre como á juzgar por sus fachas los
fiestas y sus blancos velos y sus coronas de azahares amantes hermanitos Caracalla y Jeta; si Caracalla no
.y sus versos y sus himnos epitalámicos alegran un revienta á Jeta, Jeta reviente á Caracalla: así en casa
poco la vida y perlan y opalan sus horizontes con de D. Pedro, si él no se impone brutalmente á los
auroras de ilusiones y esperanzas. Nada tendríamos baturros, los baturros le devoran.
que decir de pesimista si al mismo tiempo no viéraEn mis tiempos, de los ocho internos, quitando
mos junto á esas auroras tan risueñas culebrear si- uno, sobrino también del dómine, que era listo y
niestros relámpagos de guerra. El emir de Bukhara aprovechado, los otros siete más parecían mulos de
en el Asia central se ha puesto bajo la soberanía y artillería. El Cuervo que antes cité, natural de Cebopatronato del czar, como en la Edad Media solían los lleta del Cerro, y otro chico, un tal Sinforoso, de Bacaballeros feudales ponerse á una so el patronato de rranco de los Pinares, hacían este singular juego: en
reyes y emperadores eminentes. Rusia, para des- el pasillo obscuro que comunicaba la calle con el palumbrarlo, y deslumbrándolo someterlo mejor, le tio, se volvían de espaldas, se apoyaban con las maha mostrado sus ferrocarriles que llegan al Báltico nos en unos maderos que de una parte y de la otra
desde la Mogolia; sus ciudades históricas coronadas había, y se coceaban, pero de tal modo, que hasta
por cúpulas de oro, cual Moscou, y sus ciudades mo- hubo piernas rotas en varias ocasiones, en vista de lo
dernas formadas por calles de palacios, cual Peters- cual aquel juego vino á ponerse muy de moda entre
burgo; los ejércitos en que hay desde alemanes y los internos; por de contado que cuando jugaban á
griegos hasta cosacos y armenios y persas; el poder pa?o metían los nudillos y daban espolique en pleno
de un hombre idolatrado corno si fuera un Dios en cráneo, y cuando á capazos, echaban piedras entre e!
la tierra. Pero todas estas ostentaciones tienen por embozo y la capa y los capazos se convertían en golobjeto espolearlo, para que le sirva corno de van- pes mortales.
Con respecto al trato de la casa, siempre guardaguardia en la irrupción del imperio moscovita, que
sigue los caminos de Alejandro hacia los senos de la ron la más absoluta reserva; y cuando un tal ManzaIndia, perteneciente hoy á Inglaterra, encendiendo y no, llamado de apodo «Tabardillo» por lo chinchoso
atizando así la guerra universal.
y preguntón, que todo lo husmeaba porque era la curiosidad misma, les preguntaba, por ejemplo: «Si coMadrid, 4 de marzo de 1893
mían pan repicoteado de los tres picos ó bollos de
leche,» ó no contestaban ó guiñaban el ojo diciendo:
«Buena magra y buen vino de Toro;» pero no debía
DON PEDRO EL CRUEL
ser verdad por la risa que les entraba á los ocho juCRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA
ramentados. Tampoco pudimos· saber nunca si comían en la mesa de D. Pedro ó en otra aparte, y
( Conti1111ación)
más nos inclinábamos á esta versión, porque caso de
comer juntos, de fijo D. Pedro gastaría más de los
V
7 ria/es de la soldada en vajilla rota en sus cabezas.
LOS INTERNOS
Barrían las clases y los pasillos, eso sí, todo lo peor
que podían; hadan recados, abrían la puerta y hasta
Eran los internos ocho robustos mozos, anchos de limpiaban las botas de D. Pedro. Pero cuando algupecho, enjutos de carnes y cerrados de mollera... , en no faltaba á las clases y preguntábamos por él, sus
general de una bestialidad poco común.
compañeros se callaban como muertos y no había
Cuando á un labrador ricacho de los pueblos ve- medio de sacarles nada. En estos casos suponíamos
cinos le salía un hijo cazurro é ingobernable, ya se que les estarían bizmando las costillas, ó cosa así,
sabía, lo traía á desasnar á casa de D. Pedro, cuya máxime cuando D. Pedro solía decir:
fama de domador de fieras era tanta que cundía, co«¡Voto á todos los demonios del infierno! Me pamo la grama en las viñas, por toda la comarca.
rece que te voy á dar otra paliza como la de anoche .. . ))
- Aquí le traigo á usted á Robustiano, que es priPrueba de que había palizas nocturnas.
mo carnal de Trifón, el hijo del tío Palominos... , su
Las consejas que entre nosotros corrían cuando
............. , ...... ......., ......... 1 ••••••, ............ ........, .... ,., ...... ........... ...... , •••• ,.,, ... , ... , 1., .... , •••••• , .... .

NúMERO

586

desaparecía algún interno, definitivamente no son
para contadas. Dáb¡imos el exequátur á las bolas más
garrafales... «Que D. Pedro le había reventado de una
patada... Que le había metido en el calabozo y no le
daba de comer... Que se oían gemidos en la bodega ... Que olía á muerto del lado de las tapias delcorral... Que le había emparedado...»Todo esto murmurando al oído, ya en la calle y muy lejos de la de
Cárcaba.
La verdad es que el mozo que resistí~ aquel régimen era mozo de chapa; porque con frecuencia sucedía que cuando D. Pedro se encolerizaba con los
se11oriti11gos, y los lapos que nos repartía no le satisfacían bastante, con el pretexto más fútil, si se rió, si
fué el autor de la mosca con cucuruchito, caía sobre
Cuervo ó sobre Sinforoso, y ahí que no peco, les hartaba de golpes sin atender á sus lamentos y protestas.
- ¡D. Pedro, por Dios!.. ¡Ay madre!.. ¡Que no fuí
yo, D. Pedro!.. ¡Madre!..
- Toma..., toma, cochino, indecente, le respondía
el dómine arreciando el nublado, y así irás aprendiendo algo.
¿Qué?.. Jamás lo pude saber.

VI
LA REVISTA

Lo primero que hacía D. Pedro al entrar en la clase era pasarnos revista. Con la capilla terciada, el
bonete sobre el vértice derecho anterior del cubo, la
colilla de puro en la boca y la vara en ristre, se ponía á pasear por delante de los bancos en actitud meditabunda y triste. Sus ojos, abotargados por el sueño
é imperfectamente lavados, tenían la frialdad de ojos
de cetáceo. Carraspeaba fuerte y esputaba á la casualidad.
El paseo, que solía durar mucho, daba el vértigo
por el cuidado con que estudiábamos sus movimientos, hasta que á lo mejor se plantaba y con voz de
mando decía:
- ¡Abajo esas patas, so brutos! ¿Os pensáis estar
en la coadra?
Un rápido movimiento automático, mili tar, desmontaba de golpe todas las piernas y quedábamos
mucho más incómodos que antes, pegados á la pared, en nuestros fementidos bancos.
El paseo seguía... seguía como el de una fiera enjaulada, hasta que plantándose de nuevo de golpe
delante de un chico le gritaba:
- ¡Las uñas!
El primer movimiento del chico, ¡lo que son las
conciencias sucias!, era el de esconder las manos en
lo más recóndito de sus bolsillos; pero á la segunda
intimación «¡¡las uñas!!,» dos manos mugrientas, temblorosas de miedo, con uñas de riguroso luto, se presentaban en forma de piña; y no sé qué era más
pronto, si aparecer las manos ó caer sobre ellas un
tremendo palmetazo, instrumento que para este género de ejecuciones se usaba. El chico lanzaba un
rugido de dolor y salía dando vueltas y soplando por
el cuarto. La ejecución era dolorosísima, pero expeditiva; y mientras aquel chico se chupaba los dedos
con toda su alma, ya estaba D. Pedro con igual intimación ante otro penitente, y los demás muchachos
de la clase buscando la solución á este complicado
problema: coger el libro con las dos manos, como era
de rito, sin que se vieran las uñas; cosa dificilísima
y que daba por resultado: r. 0 , libros por tierra; 2. 0 , estacazos á destajo.
Este suceso se registraba principalmente los sábados, pero también podía suceder otro día cualquiera.
No obstante, los chicos no se hacían por esto más
limpios; lo que hacían era mondarse las uñas en seco
con la navaja.
Terminada ó interrumpida por la distracción de
D. Pedro esta faena, seguía paseando y su faz se tornaba por momentos más torva y su tez más plomiza.
Se comprendían sus sufrimientos... , sus dolores insoportables de hígado enfermo ... , hígado enorme, inconmensurable, bajo cuyo peso abrumador nos sentíamos
asfixiar.
Y como el disimulo, por grande que sea, no alcanza á encubrir un canguelo de las dimensiones del
nuestro, no podíamos remediarlo... Según pasaba el
dómine por delante de nosotros, maquinalmente preparábamos el brazo derecho redondeándolo y metiendo el puño cerrado para adentro como si empuñáramos una rodela y levantándolo á la altura de las narices para proteger institivamente la cara. Este movimiento automático, repelido por todos los chicos del
banco sucesivamente, sacaba á D. Pedro de su meditación y aun diré de quicio, y tanto, que sin medir
las consecuencias, que podían ser fatales, nos soltaba
en los ijares puñetazos de calibre que resonaban en
los vacíos del busto como si pegase en un armario va-

ROMA. -JUBILEO EPISCOPAL DE S. S. LEON XIII.-LA BENDICIÓN PAPAL EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

�LA

lLUSTlv\CIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

586

iba marchando regularmente hasta el segundo
ejercicio, que ya comenzaba Cristo á padecer, y
que consistía en preguntar D. Pedro, por ejemplo, en la primera declinación:
- ¡Genitivo singular!,
señalando á un chico
con la vara.
- Ro~.c!
- ¡Dativo plural!, á
otro.
- ¡Rosis!
- ¡Acusativo singular!
-¡Rosarum!
- ¡Bruto, animal, zoquete!..; otro.
- ¡Rosas~
-¡Salvaje, zanganote!.. ; otro.
-¡Rosam!
- Eso es, adelante.
Y el chico adelantaba
VII
dos puestos en el banco.
Este ejercicio requería
profunda atención, porLA CLASE DE PRIMERO
que si bien perder puesUna vez acomodado D. Pedro en su poltrona, que
tos no divierte, era además peligrosísimo por
era de esas de cuero con clavos gordos, y después de
dar un par de palmetazos sobre el pupitre, so pretexl as consecuencias; ya
que, como dije, los últito de restablecer un orden que él solo alteraba, un
gran silencio envolvía la clase, rara vez turbado por
mos eran los primeros
los entrecortados jipidos de los últimos ajusticiados,
cerca de las botas y de
que sollan ser los nuevos; los avezados á la mazmola vara del dómine; aderra concentraban en cuatro gritos muy fuertes todo
más con frecuencia coincidían dos acontecimiensu dolor y se bebían las lágrimas.
Esta entereza gustaba mucho á D. Pedro.
tos: perder puesto y gaLa lección comenzaba por los de primero. El prinarse un estacazo.
mero del bando de Roma recitaba con voz nasal, chiTras de las declinaciollona é insoportable una declinación.
nes de nombres, venían
las de adjetivos y los
SINGULAR
pronombres personales,
posesivos y demostratiNominativo.
rosa, la rosa.
vos hasta los interrogatiGenitivo. .
rostZ, de la rosa.
Dativo. . .
rosa, para la rosa.
vos y relativos, y aquí geAcusativo. .
rosa111, á la rosa.
Isla de Tenerife. - Cam~inos de la Laguna (de una fotografía}
neralmente se armaba la
Y ablatirn .
rosa, en con por de la rosa.
gorda... en el famoso
en cañones, se arrancaba de nuevo con creciente ve- relativo conocido por el «puente de los asnos.»
- ¡Otro!, gritaba D. Pedro.
Después de largarnos de retahila las declinaciones,
Y otra voz aún más tiple, de un escarabajito que locidad:
empezaba el rompecabezas siguiente:
no levantaba ni tanto así, continuaba con extraordinaSINGULAR
- ¡Nominativo plural!
ria rapidez:
- Qui... qure... qure.
Nominati\'o. . . rosa, la rosa.
PLURAL
- ¡Acusativo singular!
Genitivo. . • . ros,e, de la rosa.
- Quem, quam, quid.
Dativo,
etc,
etc.,
etc.
Nominath o. . rostZ, las rosas.
- ¡Dativo singular!
Genitivo. . . rosar11111, de las rosas.
y así seguía la retahila hasta el último probablemente
- Cui.
Dativo, etc., etc., etc.
- ¡De plural!
sin ninguna equivocación y recitado á estilo de co- ¡Otro!, decía D. Pedro.
- Quorum, quarum, quorum.
torra. Y después de rosa se deslizaba dominus-doY el tercero, con voz acatarrada y bronca, de pollo mini y luego vir-viri y princeps-principis y... la cosa
- ¡Burro!, ¡acémila!, ¡maleta!
- ¡Ah!, sí, señor..., quos, quas, qu.e.
- ¡Cernícalo!, ¡cesto de vendimiar!..; otro.
- Caret.
- ¡Tú sí que careces de sentido común, incapaz de
sacramentos, ladrón, perro judío!.. ; otro.
- ¡Quibusl
- ¡Finalmente! Quisquam... Venga deahf.
Pero no venía nada. Al cabo de dos horas de este
ejercicio embrutecedor; sudábamos tinta... , estábamos
mareados... , con vértigo y entre quidlibet, quodlibet,
quidquam, quicquam, quidpiam, quodpian y otras
atrocidades de igual jaez, perdido el aplomo, contestábamos á la casualidad, sin ton, ni son, ni sentido,
ni nada: á unos el miedo les paralizaba la lengua, y se
quedaban tiesos y mudos como estatuas; á otros se la
desataba, y los desgraciados se lanzaban de cabeza en
declinaciones vertiginosas. Se perdían y se ganaban
puestos con tal rapidez, que se dió el caso de un chico ser en diez minut9s tres veces el primero y tres el
último de la clase y encontrarse al fin como al principio. No hay aquelarre que dé mejor idea del mismísimo infierno que aquel fuego graneado de vocablos latinos equivocados, lanzados con voces tímidas
unos, chillonas otros, desesperadas todas; era como
el paso de las merinas... , un balar incesante, entrecortado por las toscas injurias de D. Pedro, el perro mastín rabioso de aquel ganado.
Y poco á poco la atmósfera se cargaba y las blasfemias de D. Pedro comenzaban á tomar vuelo, á llegar al cielo y á tropezar en los santos hasta dar de
lleno en las cosas más sagradas; y entonces, ya loco
de cólera... , enronquecido y furibundo se levantaba,
se terciaba el manteo, empuñaba la vara, y á este
quiero, á este no quiero, nos llovía sobre las costillas
Plaza de la Constitución en Santa Cruz de Tenerife
tal granizada de palos y tan rápida que no se com-

N úMERO

LA 1LUSTRACIÓN

586

ARTÍSTICA

rectas y algunas plazas, como las de Weyler y
de la Libertad con hermos~s alamedas. Los
edificios particulares son de lindo aspect~ y entre los públicos descuellan los do~ hospitales,
el civil y el militar, e~ n~evo palacio
_la Capitanía general, el ed1fic10 de la Asoc1ac1ón_
Socorros mutuos, el casino de Santa Cecilia,
con un salón de conciertos capa~ para 700 personas, y la iglesia de la Concepción, templo de
cinco naves, ricamente adornado, en cuya sacristía consérvanse varias joyas de gran valor.
En la plaza de la Constituci~n, que reproduce
uno de nuestros grabados, existe un monumen·
to de mármol de Carrara, obra de Can_ova, que
representa á la Virgen de la Candelana apare·
ciéndose á los guanches: la imagen de la Virgen descansa sobre un obelisco que arranca ?e
un pedestal octágono, en cuatro de cuyos angulos se ven las estatuas ?e los cuat_ro reyes
guanches que se unieron a los conqmstadores
españoles.
.
La villa de Orotava extiéndese al fondo de
un valle de belleza superior á toda ponderación,
por donde serpentean multitud de arroyos que
fecundan con sus aguas una de las más feraces
comarcas de aquellas islas y una de la_s más encantadas regiones del mundo, que hizo exclamar á Humboldt: «Después de haber recorrido
el Orinoco, las cordilleras del Perú y los hermosos valles de México, confieso que no he
visto en ninguna parte un cuadro más atracti-

cío; y diz que de resultas de algunos de éstos, tuvo
serios disgustos con padres de se,ioritingos; que de
padres de internos y otros de igual jaez, más bien recibiera plácemes y enhorabuenas á hallarse allí presentes.
Estas escenas vandálicas eran como una especie de
prólogo ó prefacio de lo que iba á suceder después;
según el número de las ejecuciones y lo más ó menos encarnizadas de éstas, podíamos nosotros echar
nuestras cuentas y calcular, con dos ó tres garrotazos
de defecto, la ración diaria que nos tocarla á cada
uno.
En ocasiones aquellos escarceos desahogaban algo
los alterados nervios de D. Pedro, que tomaba posesión de su poltrona y con aire hasta jocoso nos decía:
- Conque ahora, amiguitos, vamos á ver quién es
el majo que se sabe la lección.
Pe ro en otras el golpear le excitaba como á los caballos el combate, cuando sin jinete ni guía se precipitan frenéticos sobre los cuadros de bayonetas, ciegos de cólera, enloquecidos con el olor de pólvora y
de la carnicería. Esos días eran verdaderas hecatombes... , aunque en ninguno faltase, á decir verdad, mucho que rascar.

?e

?e

Isla de T enerife. _ El pico de Teicle, cuya altura sobre el nivel del mar es de 3. 730 metros

nadas las llamaron por esta ra·
zón los antiguos, y en ellas se
supuso por autores de edad remota que estu\'ieron situados los
Campos Elíseos; y en Yerdad
que bien merecen el nombre de
paraíso esas islas donde se pro·
&lt;lucen casi todas las plantas intertropicales y adonde acuden
Luis DE LLANOS
millares de extranjeros, especial( Co11duirá)
mente ingleses, en busca de
,.,,,..,.,,..,,.,,..,.......,.............,....,..........,,.,...,,.............,.., ..,...,......,..,,................,......,.....
aires sanos que fortalezcan sus
cuerpos minados por crueles doLAS ISLAS DE TENERIFE
lencias y de hermosos paisajes
Y GRAN CANARIA
que distraigan sus espíritus gastaMucho podríamos decir acerca de estas dos i~las dos por e! trabajo ó estragado,5
que forman parte del archipiélago de _las ,Cananas; por los placeres.
En el fondo de extensa bahía
pero ni el espacio de que disponemos m la 1~dole ~el
periódico nos permiten extende:nos en con~1derac10- y mal resguardada por el castines históricas y geográficas, debiendo red~c1~se nues- llo de San Cristóbal, ante cuyos
tro trabajo á trazar algunos apuntes descnptivos ~ue fuegos retrocedió en otros tiemsirvan de explicación de los grabados que publica· pos el gran almirante Nelson,
surge ante el viaje:º que á T~mos en el presente número.
.
,
.
La principal belleza de Cananas esta, por decirlo nerife llega la capital del ar~h1así, en su clima, benigno hasta tal punto, en las r~- piélago, Santa Cruz de Tenenfe,
giones bajas, que ni en invierno la temperatura baJa ciudad de aspecto marcadamen·
de 17º ni en verano excede de 26 ó 27: las Afortu· te moderno con calles anchas y

prendía cómo un solo hombre y una so~a. vara _Pudiera levantar tanta ampolla en tan poqu1s1mo tiempo.
Y mientras nosotros mohínos y maltrechos ~o~ limpiábamos el polvo, la sangre, los mocos y l:ls lag:1mas,
él se arrojaba sobre su poltrona sofocado, ~ haciéndose viento con un paño de la cap:i. nos dec1a:
.
- ¡Pues ya veréis lo que es bueno en las conJugaciones! ¡María Santísima del Carmen!

Isla de Tcncrife. - Panorama del puerto de la Orotava

Isla de la Gran Canaria. - Procesión del Viernes Santo en la plaza de la
Constitución de Las Palmas

vo, más armónic~ por la distribución de las
masas de vegetación y de las rocas.)) Orotava la villa de las flores, como algunos la lla·
m;n por ser los jardines adorno casi indispensable en todas las casas y crecer en ellos
las flores con profusión asombrosa aun en
los meses de invierno, es población de sello
aristocrático, por ser residencia d~ l~s familias más nobles de la isla. Sus ed1fic1os son
poco notables, y como único monum_ento puede citarse la iglesia de la Concepción, en la
cual se admira un precioso tabernáculo de
mármol labrado en Génova. En sus alrededores e~iste un notable Jardín Botánico, fundado en 1788 por el marqués de Villanueva
del Prado, para la aclimatación de plantas
exóticas. Pero la mayor fama de la Orotava
dé't&gt;ese á sus excepcionales condiciones climatológicas, que hac~n ~e ella estación i_n·
vernal muy superior a N1za y aun á la mis·
ma vecina isla de Madera.
La Orotava es el punto de partida para
verificar la ascensión al pico de Teide, lla·
mado también de Echeide, ó del Infierno:
hállase éste situado en el centro de Tenerife
y rodeado de un inmenso círculo de montañas llamadas las Cañadas, cuyos altos cerros
se elevan á 2. 700 metros sobre el nivel del
mar, siendo de 3. 730 metros la altur~. del
pico, cuyo cráter tiene 553 metros de d1ametro. La ascención es difícil y para ella se emplean dos días desde la salida de la Orotova;

�A ORILLAS DEL MAR, dibujo de Eduardo Patry
VALENTINA, cuadro de Guillermo Wolft

�1 94

..

pero una vez llegado el excursionista á lo alto del
pico, el espectáculo que á su vista ofrecen aquellas
formaciones volcánicas y el hermoso panorama que
desde allí se descubre le compensan de todas las penalidades sufridas.
Siguiendo nuestra descripción de los grabados que
en este número figuran, dejaremos la isla de Tenerife para decir algo de Las Palmas, capital de la Gran
Canaria, asentada en medio de un extenso valle lleno de palmeras y bañada al Este por el Atlántico. Su
clima, de excepcional benignidad, y los infinitos encantos que en sus alrededores ha prodigado la naturaleza, justifican la predilección que por ella demuestran los que en invierno huyen de los fríos del Norte, ansiosos de temperaturas primaverales. La ciudad,
dividida por el riachuelo Guiniguada en dos barrios,
el de la Vegueta y el de Triana, tiene bonitas calles,
amplias plazas, bellísimos paseos y un magnífico teatro inaugurado no hace mucho tiempo. En la plaza
de Santa Ana ó de la Constitución se encuentran,
uno enfrente de otra, el Ayuntamiento y la Catedral,
que son los principales monumentos de Las Palmas;
soberbio edificio el primero, coronado por el escudo
de la ciudad, y hermosa fábrica la segunda, de estilo
gótico con rica fachada, concluida en nuestros días.
Digamos para terminar que los hijos de Canarias
son vivos, agudos y amant-es de la instrucción y del
trabajo; pronuncian el castellano con una dulzura especial, que parece reflejo de su bondadoso carácter.
En algunas islas los habitantes del campo llevan trajes sumamente típicos, aunque poco estéticos, como
por ejemplo, los campesinos de La Laguna (Tenerife), conocidos con el nombre de magos, que reproduce uno de nuestros grabados. - X.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
estrenado con excelente éxito una ópera titulada La fuente de
oro, original del difunto cvmpositor Goring Thomas: algunas
piezas que éste había dejado sin terminar han sido compuestas
por P. Waddington.
París. - En la Comedia Francesa se han estrenado: Saplw,
drama lírico en un acto y escrito en hermosos versos por Armando Silvestre, y La paix du 11wzage, comedia en dos actos de
Guy de Maupassant, muy bien escrita, pero de argumento ver·
dadcramente repulsivo.
Londres. - En el teatro de la Royalty se ha representado con
buen éxito una versión inglesa del interesante drama alemán
Alexandra, de Ricardo Voss, y en el teatro de la Court se ha
estrenado también con buen éxito una comedia de A. \V. Pine-

586

nos que artículo de lujo; no fallan, sin embargo, entre ciertas
clases del pueblo clientes, hembras en su mayoría, gracias á los
cuales aún se conserva ese tipo tradicional con más letra menuda que buena letra, ajustador de cuentas ad uswn famulan,111
que el Gran Capitán envidiaría y más conocedor de la gramática parda que de la académica, depositario de multitud de secretos, confidente de amores más 6 menos desinteresados y confeccionador de ciertas fórmulas de estilo con que embellece las
ideas que en forma rudimentaria le suministran sus parroquianos. Tal es el personaje que ha inspirado al ilustre pintor Viniegra el hermoso cuadro que reproducimos, cuadro tan bien
concebido que nos parece asistir á la escena real que representa,
y tan acabado en su conjunto y en sus menores detalles que cabe dudar si la bellísima decoración que le sirve de: fondo ha sido hecha para que sobre ella destaquen mejor los personajes ó
si éstos están puestos en el lienzo sin otro objeto que dar mayor vida á aquélla. Viniegra ,que prodiga un raudal de sentimiento y poesía en La bendició11 de los campos, que describe magistralmente las costumbres de nuestros antepasados en cuadros
como Un bautizo y La firma del contrato de matrimonio, que
hace asomar á nuestros ojos las lágrimas en La muerte del !ore·
ro y á nuestro labio la risa en Para dos perdices... 11110, obras
todas conocidas de nuestros lectores por haberlas reproducido
LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA, aborda en El 111e111orialista un
nuevo género para el que demuestra las mismas excepcionales
aptitudes que en todos los demás ha patentizado.
El eminente poeta italiano Carlos· Goldoni,
retrato de Alejandro Longhi. - Hace poco se ha con·
memorado en toda Italia el centenario de la muerte de Carlos
Goldoni, el famoso poeta veneciano nacido en 1707, el que á la
edad de ocho años componía una comedia, el que á poco de haber cumplido los veinticinco comenzaba por toda la península
italiana su vida errante y su gloriosa carrera de autor dramático,
el que después de triunfar en los teatros de su patria triunfaba
también en París, donde se estableciera en 1796, obteniendo
éxito con Le Bourm bienfaisa11t, comedia en tres actos representada en el Teatro Francés en 1771; el Moliere italiano, como
le llaman unos; el Terencio de las lagunas, como le denominan otros. El retrato de Goldoni que publicamos es del famoso
retratista y grabador, contemporáneo y compatriota suyo, Alejandro Longhi, y se conserva en el Museo Carrer, de Venecia.

M.

JULIO FERRY, presidente del Senado francés

fallecido repentinamente en París en la tarde del 17
del corriente

Bellas Artes. - En las cercanías de la tumba de Ti (Egipto) ~e han e~contrado dos hermosas estatuas de madera que por
el v1g?r realista de la e~presión superan á la famosa figura que
hace t_1empo se descubnó y merece por lo mismo ocupar uno de
los pnmeros puestos en la historia ele la plástica egipcia.
-'!arcelo11a. - De notables bajo todos conceptos merecen ser
calificadas las conferencias recientemente dadas en el Ateneo
Barcelonés por D. Felipe Pedrell y D Francisco Soler y Rovir?sa, maestro en ~l arte ele los sonidos el uno y maestro en la
pintura escenografica el otro. Tres han siclo las conferencias
del maestr? Sr. Pedrel,1:_ la primera, preparatoria, versó sobre
los dos pen~os de mus1ca homófona y polífona que precedieron al_ armómco mod~rno; fué objeto de la segunda Palestrina,
de quien expuso el disertante los hechos biográficos el carácter, esencia y sublimidad de su música y su influen~ia en los
compositores m?dernos; en la tercera, finalmente, ocup6se el
S~. Pedrell d~l 1l_ustre maestro español Tomás Victoria, descri·
b_iendo sus principales hechos biográficos, enumerando las edi·
c!ones ~onumentales de sus obras, definiendo el carácter y esencia y senalando la sublimidad exp~esiva de sus composiciones,
hac_1endo un paralelo entre Victoria y Palestrina, estudiando detemda,mente los Ca,z/os de la Pasión, de Victoria, probando que
el caracter de_ la antigua escuela música española es esencialmente expres1~0 y afirma_ndo que Victoria figura entre los primeros co~P?s1tores del siglo xv1 y que en él está la génesis de
n_uestr~ mus1ca y el fundamento psicológico que legitima su nac10nahdad. Cada una de estas conferencias, en las cuales ha
hech? _gala el Sr: Pedrell de sus conocimientos profundos, de su
eru?1c1ón va_stís1ma y de su corrección en el decir, ha siclo, por
decirlo así, J!ustracla con audiciones de los más selectos trozos
el~ los maestrosJ.de _quienes se ocupaba, trozos perfectamente
~Jecutados, en la primera por varios distinguidos profesores de
instrumentos de cuerda y viento, dos solistas y una pequeí1a masa coral, y en las otras dos por _una numerosa masa de voces, y
que causaron verdadero entusiasmo en el numeroso auditorio.
La conferencia del Sr. Soler y Rovirosa fué interesanlísima y
en. extremo amena: versó sobre el espectáculo teatral desde su
ongen, moderno, en Florencia hasta nuestros dfas con sus evoluciones y vicisit?des desde el punto de vista dec~rativo, tema
que e! conferenciante enriqueció con sinnúmero de anécdotas,
reflex10nes y rec~erclos sobre vario~hechos, ·artistas y costumbres, así de E~pana como del extran3ero. El Sr. Soler y Rovirosa, cuyas admirables o~ras han sido por doquier aplaudidas, demo_stró en la conferencia que conoce á fondo la técnica y la histona del arle qu~ ejerce y demostró también poseer no comunes d?tes de escntor y sobre todo de contezer, haciéndose notar
su e~l!lo por la sencillez, gracejo, sobriedad y naturalidad, que
cautivaron al numeroso y escogido auditorio hasta el punto de
hacerle p~recer breves los cinco cuartos ele hora que duró la
conferencia. A modo de_ ilustraciones de ésta había expuestos
e? el salón bocetos, láminas, apuntes, etc., de los principales
p_intores _escenógrafos antiguos y modernos, y en otro local vanos teatnnos representando las principales decoraciones pintadas por el Sr. Soler y Rovirosa.
. Ambos conferenciantes obtuvieron sendas ovaciones entusiastas: al enviarles nuestra más sincera felicitación, hacérnosla
extensiva á nuestro. querido amigo y distinguido colaborador
D. José '!~a.rt,. presidente del Ateneo Barcelonés, por sus inteligentes 1mc1al!~as, que buena falta hadan en el que tiene de·
r~cho á ser el pnmer centro de la vida artística, literaria y cienllfica de nuestra ciudad.

NúMERO

ro, The amazom, graciosa sátira contra las mujeres que sienten
inclinaciones y gustos varoniles En Covenl Garden se prepara
una temporada wagneriana que durará desde 7 de junio á 11 de
julio: se estrenarán Las Walkirias y Sieg:frido en alemán, para
lo cual se han contratado los principales artistas de Berlín, y
ús maestros cantores en italiano con Lassale y Rezké; con éstas alternarán otras obras del gran maestro ya conocidas .en
Londres.
Madrid. - Se han eslrenado con éxito satisfactorio: en Lara,
Carranza y compailla, graciosísimo sainete en un acto de don
Tomás Luceño; en Apolo, La 11111jer del molinero, zarzuela en
un acto de D. Fiacro Yrayzoz y D. Jerónimo Jiménez, de argumento interesante, desarrollado con habilidad y gracia y de música agradabilísima¡ y en Eslava, Triple alianza, zarzuela en un
acto, del Sr. Jackson Veyán, con m{1sicadel maestroCaballero.
En la Comedia se ha verificado el beneficio de doña Julia Martínez con la repn·se de la bellísima comedia en tres actos, &lt;le
Vital Aza, El sombrero de copa.
Barcelona. - En el Tívoli se ha puesto en escena, entre otras,
la ópera de Bretón ús amantes de Tem e/; en el Circo Barcelonés se ha estrenado una bellfsima opereta en tres actos del
maestro Carlini, / diavoli della corte, obra graciosa, con música
muy bonita y muy bien puesta en escena y representada por la
aplaudida compañía Tani; y en Novedades se ha verificado el
estreno de un drama en tres actos y un epílogo de D. Manuel
Rovira y Serra, L' hereu del mas, que el público ha recibido
con aplauso.

Necrología. -Han fallecido recientemente:
Guillermo Czerwinski, notable pianista y compositor polaco.
Luis Lindenschmitt, fundador y director del Museo central
Romano·Germár.ico de Maguncia, autor ele importantes obras
de arqueología, entre ellas Manual de la arqueología alemana
y Las autigiiedades de nuestro período pagano.

Femando Quinquerez, pintor ele historia, cuyos cuadros tie·
nen generalmente por asuntosepisodios de la historia de Croacia.
Víctor de Meyenburg, escultor suizo, notable por sus bustos,
retratos y también como coleccionista artístico.
Juan Pettie, ilustre pintor de historia y de género, inglés, individuo de la Academia de Londres y especialmente conocido
por sus cuadros militares y por sus retratos.
Enrique Schlessinger, pintor alemán que se dedicó con gran
éxito á la pintura histórica y de género.
Augusto Wittig, profesor de escultura en la Academia ele
Dusseldorf.
D. Eusebio Martínez &lt;le Velasco, distinguido escritor y re·
dactor en ;efe de La Ilustración Espaliola y Americana.
Julio Ferry, dos veces ministro de Instrucción pública, ministro ele Negocios Extranjeros, dos veces presidente del Con•
sejo de Ministros, candidato en las {1ltimas elecciones para la
presidencia de la República, recientemente elegido presidente
del Senado: fué uno de los hombres que mayor influencia han
ejercido en la política francesa contemporánea.

Teatros. - En el teatro de la Corte, de Cotha, ha obtenido
gran éxito un drama en tres actos, de Víctor Naumann El
El ·.memori~lista, G\ladro de Salvador Viniedereclw d la moralidad, que es una protesta contra la mocierna gra. - Desde que la instrucción se ha generalizado un tanto
escuela realista alemana.
~ás que a~les, ha p~rdido el memorialista buena parle de la
- En Liverpool los individuos de la sociedad Car! Rosa han 1mportanc1a que tuviera cuando el snber escribir era poco me-

Un asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de
Ramiro Lorenzale (Salón Parés). - Una escena de Carnaval, desarrollada en el zaguán de una vivienda señorial de
esta ciudad, una de las pocas joyas del Renacimiento que por
fortuna ha respetado la demoledora piqueta, ha sen,ido ele tema á Ramiro Lorenzale para producir un cuadro que atrae desde luego 1or su armonía y por su acertada tonalidad. El escenario escogido por el artista, rico en su ornamentación, avalora
el cuadro que en él se desarrolla, sin que la heterogénea diversidad de trajes y sus abigarrados matices produzcan mal efecto.
Ahí es donde el pintor ha podido dar muestras de sus aptitudes
y de su buen acierto y discreción en armonizar tonos y colores
vivos y brillantes. No en balde tuvo por maestro á su respetable padre Claudio Lorenzale, á quien tanto debe el arte de
nuestra región.
Jubileo episcopal de S. S. León XIII. La bendición papal en la basílica de S. Pedro. - Grandiosas han sido las fiestas celebradas en Roma con motivo del
· ubileo episcopal del Papa León XIII, habiendo sobresalido
por su magnificencia las que se verificaron en la hermosa basílica de San Pedro el día 19 de febrero último. El momento en
que el virtuosísimo y sabio Pontífice sentado en la silla gestatoria dió la bendición papal á la inmensa multitud que le rodeaba fué imponente é indescriptible: precedido por varios trompeteros y llevando á los lados cardenales, obis_P?S, guardias nobles, caballeros de honor con su clásico traje a la española, caballeros de capa y espada y demás dignatarios de la corte pontificia, Su Santidad recorri6 las amplias naves de San Pedro en
medio de las aclamaciones de los fieles, que sintetizaban en
aq~e! momento la satisfacción, el entusiamo inmenso con que la
Cnsllandad toda ha conmemorado el quincuagésimo aniversario
del episcopado de León XIII.
A ~rilla~ del mar, dibujo de Eduardo Patry. Bellísimo ba30 todos conceptos es el dibujo del artista inglés Patry: asi la figura, esbelta, natural, elegante en su conjunto y de
rostro v~rdaderamente hermoso, como el mar cuya superficie
apen~s nzada por tenue brisa materialmente se aleja hasta confundirse con el horizonte, todo en este dibujo denota un dominio complel~ _de la técnica artística, puesto al servicio ele un
asunto s1mpahco y encantador.
Valentina, cuadro d e Guillermo Wolff. -Mucho
han discutido y escrito los filósofos desde la más remota antigileda_cl hasta nuestros días sobre el concepto de la belleza sin
que nm¡runo ha~a logrado dar una dt!finición exacta y completa
ele la misma, ysm embargo, pocos hombres hay que no sientan
aunque_ no _se la expliquen, esa calidad de las cosas que produ'.
ce adm1rac1ón y delelle. Cualquiera que vea el hermoso busto
ele Val~ntina, ele Wolff, ¿no admirará en él la expresión ele lo
bello? ¿No se deleitará contemplando aquellas facciones correctas, aquel!as líneas puras, aquellas morbideces superiores á todo encomio? Obras como esta no es menester analizarlas deten!damente! seducen ~lesde luego, f el que las produce se acredita de arl!sta ele gemo y se conquista lugar preeminente en el
mundo del arte.
Acto d,e ~escubrir, el busto de Tomás Carlyle
en la Blbhoteca publica de Chelsea en Londres. - Hace poco se ha verificado en Chelsea, q~e hoy forma
parte de Londres, una intesesante ceremonia, la de descubrir el
b1~st_o del ilustre filósofo é historiador inglés Tomás Carlyle,
e~1g1~0 en una d~ las salas de la Bibloteca pública. El busto, copia de otro admirablemente modelado por sir Edgardo Boehm,
fué d~scubierto por el reverendo Geraldo Blunt, el cual, antes
de qmtar la tela q_ue cubría la escultura, pronunció un discurso
recordando la anustad que le unió con el autor de la Historia
rlr la Revolución francesa y de Los héroes.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravals, adoptado en los Hospitales de Paris y que prescriben los
mcdicos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad; dando
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el mejor de todos los tónicos
y reconstituyentes. No produce estreñimiento ni diarrea, teniendo además la superioridad sobre todos los
ferruginosos de no ratigar nunca el estóma¡¡o.

NúMER0

586

LA

1 95

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA VICTORIA DE CESAR
BOCETO DE VERANO
POR CORDKLIA

I
La campana había dado el primer toque para la comida, y los bañistas se
iban reuniendo poco á poco en el salón para esperar el segundo. Las señoras
entraban elegante y cuidadosamente vestidas, se cambiaban saludos ojeadas y
se detenían formando corrillos.
'
- ¡Qué bien le sienta á su cuñada de usted ese vestido azul!, dijo la condesa
Altobelli á Clelia Orlandi.
- Sí, el azul es el color predilecto de Paulina, contestó Clelia · pero dí&lt;Yame
0
usted, condesa, ¿cómo no ha bajado usted hoy á almorzar?
'
- He tenido jaqueca; ni siquiera las duchas sirven para mi mal; todas las curas son inútiles.
- Ponte derecha, María, dijo la señora Ferrini á su hija, jovencita alta, angulosa y desgarbada, que entraba en aquel momento.
- Por más que haga, dijo en voz baja Clelia Orlandi á la condesa, por más
que la traiga á los baños, temo que tampoco consiga nada este año; no se presenta un marido para un remedio.
- ¿Con semejante abundancia de jóvenes?
- Como no se la dé al Sr. Bianchelli.
- Creo que está tan desesperada que se la daría hasta á un viejo tan achaco·
so como él. Falta saber si Bianchelli la aceptaría.
- Pero ¿no toca nunca esa campana?, dijo el Sr. Franchi, dejando sobre la
mesa el periódico que estaba leyendo. El baño me abre un apetito ... ¿Quién es
ese majadero?, añadió fijando la vista en un desconocido que entraba por pri·
mera vez en aquel salón.
Todos se volvieron para observar al recién llegado, y Rita Alfieri, avispada
muchacha de quince años, no pudo contener una carcajada.
Era en verdad cosa de risa el ver aquel cuerpo largo, negro, con la barba
erizada, el cabello largo, la corbata puesta sin gracia y anteojos azules.
Entró tan distraído como si se estuviese paseando por el campo, y cuando le•
vantó la vista y se encontró entre tanta gente, se quedó cortado, descubrióse y
corrió en derechura al comedor, mientras resonaba el segundo toque de la campana que los bañistas reunidos en el salón acogieron con unánime exclamación
de contento.
Pero no se movieron, antes bien siguieron aguardando y charlando, porque
sabían que no se servía en seguida la comida. El capitán Baldi pasó en su cochecito de mano y todos acudieron presurosos á preguntarle por su salud.
Aquel arrogante joven, en la flor de su edad, condenado á ir en un coche de
manubrio porque estaba paralítico de las piernas, interesaba á todos. El capitán
meneó la cabeza, indicando que no encontraba alivio, y se dirigió al comedor.
Tenía que ocupar su puesto antes que los demás porque, estando la estancia
llena, no habría podido pasar.
- ¡Pobrecillo!, exclamó Clelia Orlandi siguiéndolo con la vista. ¡Tan joven y
condenado á la inmovilidad!
- Y solo, respondió la señora Ferrini; si al menos estuviese casado, tendría
compañía, consuelo; pero los hombres cuando están buenos no piensan en el
porvenir, y ese es un ejemplo.
- Ya salió la señora Ferrini con su preocupación sempiterna, dijo la señora
Alfieri al Sr. Franchi: ¡Cuántos despropósitos le obliga á decir esa hija que no
puede casar! Por verla colocada se la daría á cualquiera.
- Es que usted no sabe lo que significa buscar diez años infructuosamente. Su
hija de usted, Rita, es muy niña; es bonita y no estará soltera á los treinta años;
pero si acaso...
- Aseguro á usted que procuro educarla de modo que pueda pasar sin marido, y de todos modds no seré nunca tan ridícula como esa señor,a.
- ¿Quién es ese tipo raro que ha llegado hoy?, preguntó la Orlandi á un caballero que entraba en aquel momento, después de saludarle.
-Lo ignoro.
- ¿Lo ignora usted que siempre está tan bie? informado?
.
. - ¡Si viese usted qué facha!, dijo Rita Alfien. Yo no he podido contener la
nsa.
- Pero ¿quién será?, preguntó Paulina Orlandi.
- ¡Qué curiosa eres!, le dijo su cuñada.
, .
- Por lo que á mí toca, desearé que no lo hayanyuesto en la ~esa a m1 lado,
dijo la condesa Altobelli; esa cara bastaría para qu1_tarme el apettto.
- ¿Quién sabe de dónde ha salido?, añadió P~ulma_._
_
..
- Es un profesor, una persona muy distinguida, dtJO la senora Femm acercándose al corro.
-Apuesto algo á que está disponible, indicó el marqués Rinaldi ofreciendo
el brazo á la condesa y pasando con ella al co~edor. . .
.
Imitando su ejemplo, entraron todos en la m1sm~ hab1_~c1ón, donde re~nó un
momento de confusión, y cuando cada cual llegó a su s1t10 resonó un rU1do de
sillas, de roce de vestidos de seda y después choques d e platos y pasos, y finalmente voces, conversaciones y risas.
Se habló del recién llegado, y todas las mi~·adas lo bus~aban en . aquellas dos
largas mesas,. hasta que lo divisaron sentado Junto ~l capitán Bald1, con el cual
había entablado una conversación que parecía muy interesante.

_ ¡Pobre capitán!, exclamó la condesa. Está ,condenado _sin poder escapar
á oir todos los discursos de cuantos se acercan a él; yo hubiera _mandado que
me trasladasen el cubierto si me hubiese tocado ese ent~. por vecmo.
.
.
_ En estos sitios se ven tipos de todas las razas, d1Jo el marqués Rmald1;
¿quién sabe de dónde ha salido?
.
_ Parece que venga del mundo de la luna, exclamó la condesa néndose de
la ocurrencia.
,
El marqués, que no quería ser menos, dijo que le ~arecía e~ mago ~erl!n. .
- ¿Y por qué no puede se~_un sujeto excelente?, obJetó Cleha_Orland~.1ené1s
muy poca caridad con el prÓJlmO .. . Juzgar de la gente así, á pn~era vista ...
Clelia tenía algo de caballeresco en su na,turaleza, y cu~ndo ve1a que todos se
pronunciaban contra una sola persona quena -~ef~nd~rla a todo trance.
_ Pues guárdese usted para sí ese pollo, d1JO irónicamente la condesa; pero
no nos lo presente usted.
Clelia comprendió que había cometi?o una torpeza, Y. q,ue por romper una
lanza en favor de un individuo desconocido se exponía qU1zas á perder la popularidad alcanzada entre aquellas señoras por su aspecto simpático y por la elegancia de sus trajes.
- No hagas caso de esa gente, le dijo su hermana, sólo se pagan de las apariencias: son necios.
- Me callo porque no quiero enfadarme; mientras permanezca aquí deseo estar en paz con todos.
- ¿Hasta con el recién llegado?
.
- Hasta con él, y si se presenta la ocasión le ~aré ~uena cara; me conduele
que todos lo ridiculicen cuando tal vez sea muy s1mpát1co. Desde luego se echa
de ver que es un hombre estudioso.
.
- ¡Ya lo creo! Como que es profesor de ciencias naturales, hombre de er~d1ción que ha hecho mucho bien á la humanidad con las cosas que ha descubierto y sabe además muchas otras.
- Pero ¿quién te ha dicho todo eso?
.
- María Ferrini, que ha ido á preguntar por él al médico.
- Es muy curiosa esa muchacha.
Y volviéndose á su vecino de mesa añadió:
- ¿Sabe usted que el recién llegado es persona muy distinguida, hombre docto, un pozo de ciencia?
- Para mí será siempre un salvaje, dijo la condesa; ¿y se puede saber el nombre de ese gran personaje?
. .
- Lo ignoramos, contestaron las Orl~nd1.
,
.
. .
Pero el marqués, siempre galante y dispuesto a satisfacer la cunos1dad de una
dama hermosa, lo preguntó al camarero que le servía en aquel momento.
- Es el profesor César Uberti, dijo luego volviéndose á la condesa.
- ¡Cómo! ¿Ese tipo excéntrico es el hombre de quien tanto se ha hablado,
que ha ido á Asia á estudiar el cólera? Se comprende que no le haya atacado.
-¿Por qué?
- Porque el cólera habrá tenido miedo de su cara.

Oyó al doctor que hablaba con el protesor Uberti
Todos se creyeron obligados á reir este nuevo chiste de la condesa.
- Pues no es tan feo, dijo la señora Ferrini; me parece que si se quitase esos
horribles anteojos parecería otro hombre.
- Y sobre todo si tuviese una mujer que le cuidase la ropa y le hiciese el lazo
de la corbata, añadió sonriendo la señora Orlandi.
- Precisamente estaba pensando en ello.
La condesa sonrió, y volviéndose al comensal de al lado, le dijo:

�196

Nú.l\1ERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

586
NúMERO

,,

- Lo que es ahora se arregla la boda.
- Pues harán buena pareja, contestó éste. Pero me parece que en lugar de
mirar hacia aquí y ocuparse de la señorita Ferrini, escucha con interés lo que
le dice el capitán.
- ¡Pobrecillo! Le estará refiriendo sus males, esperando sin duda que haga
algún milagro con su ciencia.
- ¡Qué poca educación demuestra el estar hablando siempre en voz baja!,
dijo la señora Ferrini á su hija mirando a la condesa; luego echó una ojeada al
profesor, cada vez más animado en su conversación con el capitán, y añadió:
Apuesto á que bajo esos anteojos hay dos ojos hermosos é inteligentes.

II
Era una mañana fría y nebulosa, y Paulina Orlandi no tenía ganas de tomar
duchas.
La bañera había ido á llamarla hasta tres veces, pero ella se había vuelto del
otro lado y continuaba durmiendo.
Aún no estaba despierta del todo cuando oyó llamar por cuarta vez, y una
voz que le decía:
- Si no viene usted se lo diré al médico, que no quiere que dejen de cumplirse sus órdenes.
- Voy, voy, gritó Paulina.
Y casi sin pensarlo saltó de la cama, ·se puso una bata y bajó corriendo al
gabinete de duchas.
Era una verdadera tortura en aquella mañana húmeda y fría el tener que re·
cibir en la espalda aquella lluvia helada; sólo al pensar en ello temblaba con
todo su cuerpo y daba al diablo al inventor de semejante medio curativo.
Pero entretanto la lluvia helada interrumpió sus meditaciones cayéndole entre
cabeza y cuello, Paulina se puso á correr, á saltar, quería escaparse por cualquier lado; pero si huía de la ducha la perseguía una columna de agua; no había escapatoria; era forzoso someterse á la voluntad del médico y de la bañera.
Cuando se sintió envuelta en una sábana seca dió un suspiro de satisfacción,
y lista como un corzo se dejó enjugar y frotar hasta que se le puso colorada la
piel; luego se puso más que de prisa el vestido y salió corriendo al campo sin
hacer caso de la mañana fresca y de la liuda enojosa, menuda, que caía del
ciclo y le calaba los huesos.
- Debo moverme, dijo, pero por aquí no habrá nadie; sería una locura salir
con este tiempo. No encontraré un perro al que decir dos palabras, siquiera
para distraerme.
Aún no había acabado de hacer estas reflexiones cuando divisó á lo lejos a
las Fcrrini, madre é hija, que cogidas del brazo paseaban resguardándose de la
lluvia con un paraguas.
- ¡Cosa más rara!, pensó. No salen nunca cuando hace sol, y ahora...
Acordóse de que la señora Ferrini odiaba el sol y no se exponía á sus rayos
sino cubierta con un espeso velo, sin duda porque no se le estropeara el cutis,
6 quizás también porque no estaba ya tan fresca y lozana que pudiera presentarse
impunemente á una claridad intensa, y prefería salir con su hija á la dudosa de
un día nublado.
Paulina no podía detenerse, y siguiendo su camino, se encontró con las dos
mujeres; las saludó al paso mientras se encaminaban por un sendero al término
del cual se divisaba al médico del establecimiento, que iba hacia ellas dando el
brazo al profesor Uberti.
Paulina comprendió que la Ferrini daba caza al profesor, y curiosa por saber
cómo lo pararía, dió una carrera para llegará una senda paralela á aquella en la
que debían encontrarse y separada únicamente por un cercado que, mientras
permitía oir cuanto se decía, servía de escondite.
Oyó primero al médico que hablaba con el profesor Uberti de la enfermedad
del capitán Landi, y le confesaba que no la entendía y deseaba que lo visitase
y le pudiese dar algún consejo.
Las Ferrini llegaron cerca de ellos, y la madre pidió al medico un remedio
para ciertos dolores que la atormentaban, y luego le rogó que la presentase al
profesor. Hizo muchos elogios de él y le dijo que lo conocía de nombre, le habló de su viaje á Asia y de sus estudios sobre el cólera, y charlando de este modo se unió á ellos para volver juntos al establecimiento, mientras el tiempo era
cada vez más amenazador.
Paulina siguió paseando para entrar en calor, y pensado que también le hubiera gustado hablar con Uberti. Tenía una curiosidad irresistible por todas las
cosas nuevas, originales, desconocidas.
Aquel hombre, que repugnaba á todas las señoras delicadas y del que todos
decían que era un sabio, picaba su curiosidad, del mismo modo que su cuñada,
llevada de un sentimiento generoso, había salido en defensa de aquel hombre,
tratado injustamente y sólo por causa de su aspecto exterior.
Cuando entró en el salón lo encontró junto a la chimenea encendida, hablando todavía con el médico y acosado á preguntas por la señora Ferrini.
Acercóse al fuego, atraída por la llama que chisporroteaba alegremente.
El profesor suspendió la conversación y se puso á observarla al través de los
cristales de sus gafas con mirada fija, insistente, que la obligó á bajar los ojos.
- ¿Quién es esa señora?, preguntó en voz baja al médico.
- La señorita Orlandi.
Paulina se cansó de que la mirasen con tanta insistencia é hizo un movimiento para marcharse.
- Pl:!rdone usted, señorita, le dijo el profesor; ¿es usted acaso pariente de la
señorita F?..
- No la conozco; ¿por qué me lo pregunta usted?
- Se parece usted tanto á ella... Perdone usted mi indiscreción.
- ~e hay de qué.
El médico presentó el profesor á Paulina, y luego prosiguió su interrumpida
conversación. Explicaba á Uberti la enfermedad del capitán Baldi, y le decía
que éste había sido siempre un joven sano y robusto; pero que un año húmedo
y lluvioso, después de las grandes maniobras sintió un dolor agudísimo en todo
el nervio isquiático, dolor que aumentaba de continuo; de nada sirvieron cuantos remedios se prescriben en casos semejantes; sobrevino luego la atrofia muscular, y ahora estaba allí sin poder moverse, en la flor de su edad, y sin que los
baños le produjesen el menor alivio.
- ¿Ha ensayado usted la congelación de la parte enferma, como se ensaya
ahora con buen éxito?, preguntó Uberti.

- No administro más que curas hidroterápicas, ni hago nuevos experimentos;
si le parece, asuma usted la responsabilidad.
- Ese joven me interesa, repuso el doctor; acompáñeme usted á verlo.
Así diciendo, saludaron á las señoras y salieron.
La Ferrini continuó junto al fuego haciendo mil elogios del profesor. No le
parecía tan feo, sino un poco descuidado en el vestir; comprendíase que los estudios no le dejaban tiempo para ocuparse de otra cosa; en cuanto á ella, le
gustaba más hablar con él que estar en compañía de todos aquellos necios, todo
apariencia y llenos de viento; al menos con el profesor siempre se aprendía algo.
¡Cómo se había distraído oyéndole hablar por el camino de los recientes descubrimientos científicos, y cómo aprovechaba la ocasión al ver un insecto.que pasaba 6 al coger un plantita para explicar un tratado de historia natural! Por más
que todos lo llamaban oso mal criado, á ella le parecía muy amable; en su concepto, sólo le faltaba una mujer que cuidara de su ropa, pues en lo demás sería
perfecto.
Paulina, sin estar tan entusiasmada como la señora Ferrini, sentíase, sin embargo, llevada de la curiosidad y del deseo de aprender, que podía en ella mucho, á mostrarse amable con el profesor; pero temía ponerse mal con las demás
señoras y no sabía qué partido tomar.
Por más que decía á sus amigas que el hábito no hace el monje, la condesa
Altobelli sostenía que, lo primero que le saltaba á la vista era el hábito, y que
por su parte sentía cierta repugnancia en tratar á personas mal vestidas, por lo
cual no quería oir hablar más del profesor, del que se habían ocupado ya bastante.

III
Hacía dos días que el capitán Baldi no salía de su cuarto ni recibía á nadie.
Este retraimiento trastornaba algo las costumbres de los bañistas, pues por lo
general se aarupaban alrededor del capitán, que no podía moverse sin que le
ayudasen, y pasaban largos ratos con él en el ángulo más resguardado de la terraza, adonde hacía que le llevasen después de almorzar.
Todos se compadecían de aquel joven condenado á la inmovilidad, se acercaban á él por bondad y permanecían á su lado atraídos por su agradable conversación. En aquellos momentos el capitán olvidaba su mal, y estaba muy
agradecido á cuantos le demostraban cariño; pero cuando se encontraba solo
en su cuarto, le entraba tal desaliento que habría deseado morir antes que verse
allí inmóvil y necesitando el auxilio de todos; únicamente le sostenía la esperanza de su curación que le infundían los médicos para animarlo y en la cual
casi no creía al ver que en vez de mejorar empeoraba diariamente.
Estaba más desalentado y abatido que nunca cuando la llegada del profesor
Uberti vino á reanimar su casi perdida esperanza. Estaba cansado de aquella
vida y se hubiera sometido á cualquier cura con tal de restablecerse, aunque
esta cura pusiese en peligro su existencia.
El profesor Uberti se había consagrado por completo á la ciencia, y cuando
podía hacer algún experimento era hombre feliz. A fuerza de hacerlos. en sí
mismo había echado á perder tanto su físico, que para recobrar lo perdido se
veía obligado á sujetarse al régimen de aquel establecimiento balneario. Decía
que se había tragado varias especies de microbios para experimentar el efecto
en su propio cuerpo.
.
Por lo que respectaba á la enfermedad del capitán, le aseguraba su curación
si se sometía ciegamente á su plan.
Ocupado del enfermo, apenas se dejaba ver de los bañistas, que no cesaban
de hablar de él y calificaban de imprudente al capitán por confiar en un hombre que tenía todas las trazas de un charlatán.
.
El médico estaba asediado á preguntas por parte de todos. los ~unos.os que
deseaban noticias de aquella cura famosa; pero él guardaba s1lenc10, y a veces
prorrumpía en un «veremos» un tanto sibilítico.
Cuando el profesor estaba en la terraza 6 en el salón, Paulina Orlandi procuraba siempre acercarse á él; llevada de su curiosidad por la cien~ia, le hacía mil
preguntas sobre el estado del capitán. El profesor no quería decir nada, y cambiaba de conversación hablándole de sus descubrimientos científicos y de los
microbios, cosas por las cuales mostraba la joven gran interés.
- Si huhiera sido hombre habría estudiado medicina, decía siempre; tanto es
lo que me interesan todas esas cosas. ¿Me enseñará usted algún microbio?
- Con mucho gusto, contestaba el profesor; cuando la enfermedad del capitán no me tenga tan ocupado.
- ¿Y de dónde lo sacará usted?
- Es cosa fácil: en todas partes hay microbios: en el agua que bebemos, en
el pan que comemos, en el aire que respiramos; los hay inocuos, provechosos y
dañinos.
- Deseo ver los dañinos.
- Pues enseñaré á usted el bacillus virgula, el del cólera, si no tiene usted
miedo.
- Yo no tengo miedo de nada.
- En ese caso comprendo que hubiera usted podido dedicarse en efecto á la
ciencia.
Un día la señora Ferrini dijo á Clelia Orlandi que se murmuraba de su cuñada porque hablaba siempre y con mucho interés con un joven.
- ¿Con quién? ¿Con el profesor? ¿Y le llama usted joven? En todo caso no es
comprometedor.
- Yo se lo aviso á usted por su bien, replicó la Ferrini; lo cierto es que ella
le manifiesta preferencia y que hablan mucho. Ténganlo ustedes en cuenta.
Otro día Clelia preguntó al profesor por qué mostraba tanta simpatía á su
cuñada.
- En primer lugar porque es muy apreciable, y luego porque ... , si usted supiese, es toda una historia.
- Pues cuéntemela usted.
- Temo que se burle usted de mí.
- ¿Tan mala me cree usted?
- No quiero decir eso; pero la gente se ríe de los sentimientos que no experimenta 6 no comprende; sin embargo, usted debe ser buena y me tendrá lásti
ma cuando sepa lo mucho que he sufrido.
- Cuente usted, cuente usted, dijo Clelia, que esperaba oir una historia interesante.
- Es una cosa muy sencilla. Yo estaba solo en el mundo; no tenía más que

197

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

586

cuando la tenaz señora conseguía detenerle, ~l pretextaba siempre que tenía
~ue ir á ver al capitán, motivo plausible para deJarla plantada.

IV
Era una tarde pesada y calurosa de agosto: el sol, que de vez en cuando _se
ocultaba entre las nubes, enviaba un bochorno so_focante; era _uno de esos d1as
en que se necesita una gran distracción para olvidar la opresión de la temperatura.
A la sombra de los árboles y plantas del bosquec1·11o h ab'1a u? grupo de personas, en su mayoría señoritas, que rodeaban al pro~esor U~ert1, el cual les enseñaba mil mi1ravillas al través de las lentes de su m1croscop1~.
.
La más atenta era Paulina Orlandi, 1~ ~ual, desd~ que h~b1a descubierto bajo aquellas lentes muchas maravillas inv1S1bles, quena exammar todo cuanto tenía á mano.
.
En aquel momento estaba el profesor enseñando el mundo contenido en una
gota de agua.
,
.
,.
.
- Mire usted, decía a Paulina, una belhs1ma a1111b~.
.
.
- Se mueve, observaba Paulina, acercando el OJO al m1croscop10, ¿es un
animal?
_ No· es el principio de la vida animal; repare usted cómo_ se mueve y cambia de f~rma en su continua rotación; es un mundo ~n pequeno.
.
y empezó á contar el origen del universo y á .exph.car la teoría de Darwm.
- ¡Es cosa bellísima, maravillosa!, exclamaba Paulina.
Todas las demás quisieron verla.
_
. .
Rita Alfieri decía que el profesor les contaba patranas; María Fe~r1111 hací~
que le repitiese la explicación porque no .enten?ía una p~lab~a; Cleha Orland1
quería en aquel momento ponerse ~ estud_iar seriamente ciencias.
U nicamente la condesa Altobelh segma charlando con ~¡ .marqués, sentada
junto á una mesita, como si todas aquellas cosas _fuesen p_uenhdades. Pero cuando las jóvenes quisieron ver su sangre con el m1croscop10 para saber cuál contenía más glóbulos rojos y se _pincharon con alfile~es, h~ta la condesa se acercó
al grupo y deseó ver su propia sangre. Se le habm. met1~0 en 1~ cabeza que estaba anémica; la curiosidad de observar por sí misma s1 era cierto y su, amor
propio habían vencido la antipatía que tenía al profesor: ad~más, no quena co~fesarlo, pero empezaba á acostumbrarse á su aspecto rudo, a su modo de vestir
descuidado, y decía:
.
.
.
. , .
Se mueve, dijo Paulina acercando el ojo al microscopio
- Se comprende que es hombre de mgemo y persona muy estudiosa: ,lastima
que no se cuide de su apariencia exterior!
.
La condesa se había pinchado animosamente un dedo con una aguJa de oro,
dos afectos, pero ambos muy intensos: mi ciencia y _una joven_ á quien _conocía y el profesor extendió sobre un ped&lt;!ZO de cristal una gota de sangre.
desde Ja infancia y con la cual debía casarme. Estudiaba, quen~ conqmstar re- Será sangre azul, dijo en voz baja un caballero que quería echársebs de
nombre, ser algo solamente por ella; soportaba las luchas, los disgustos, los magracioso.
.
.
.
les, todo con gran paciencia, porque contemplaba su rostro 9ue me_ sonr~ía ~
- ¡Dios mío!, exclamó la condesa mirando con el m1croscop10; esa sangre es
me animaba. Tuve que pasar al extranjero para completar mis estudios, y a m1 verde, amarilla: ¿cree usted que sea causa de enfermedad?
regreso cuando adquiriera el título de profesor, debía obtener su mano. Puede
El profesor se echó á reir.
.
..
usted figurarse el afán con que yo esperaba aquel _día. ~artí, y al volver después
- Bajo la lente del microscopio. toda sangre adquiere ese color, d1JOj pero
de muchos meses de ausencia corrí á casa de m1 novia ... : ya ~o er~ la m1s~a tranquilícese usted; la suya, como nea en ~lóbulos, es muy buena.
.
que antes; me recibió con frialdad, y cuando le ha~lé de mat~1~omo me d1JO
Paulina había cogido una mosca y quena arrancarle un ala para exammarla,
que ¡0 lamentaba, que no se sentía nacida para la vida de fam1ha Y.que querí~ cuando todos volvieron la cabeza para mirará la entrada del bosquecillo y promorir soltera. No comprendí ya nada, creía perder la ~abeza; le ~e?1 una explirrumpieron en una exclamación de sorpresa.
cación, fuí insistente hasta el extremo de hacerme enoJoso Ypor ~ltimo_ me confesó que Je era antipático. Una tía suya, gazmoña y beata, le hab1a ~et1d_o en la
cabeza que yo estaba condenado, porque quería desentrañar los n:i.1stenos q_ue
la religión prohibe indagar. Traté de persuadida d~ su error; 1~ d1J~ que Dios
· e1 progreso de la human1'dad·, que debía averiguar
esos•m1stenos para
qmere
.
d ¡ el
alivio de la humanidad doliente: nada me vahó, y s,e puso a hablar~e. e os
· 1es que sacnºficaba • La tí'a la había llevado. un d1a•ocultamente a m1 laboamma
¡ d'
ratorio y enseñado perros descuartizados y coneJos. mut1l~dos, y desde aque . 1a
me tuvo por un verdugo. Yo Je hablé de nuestra_ mfanc1a, le rogué que deJara
asar al ún tiempo antes de tomar una resolución tan exa:em_a, pues con ~¡
iiempo
vez cambiase de parecer. Nada conseguí, al día. s1gu_1ente me escndec1a que iba. ~ encerrarse en
b1.6 una carta desPidiéndose de mí para siempre;
· 1 ·
h e era abandonar
un convento para rogar al Señor que me abriese os OJOS, me 1 1 .
·
·
¡
me
envi'aba
las
cartas
que
yo
le
había
escrito, y asegura1ª c1enc1a y me sa vara;
ba que todo había concluído entre nosotros.
- ¿Y qué hizo usted?
. .
• ·6
..
d
_ Caí enfermo y creí morir; pero m1 vigorosa constituc1 n y m1 .iuv~ntu m~
salvaron la vida; desde aquel día me entregué por completo á la c1enc1a y sent1
gran desconsuelo por los errare~ de_ los hombres.
- Pero ·qué tiene que ver m1 cunada con todo eso?
e e1 vivo
·
- Q ue es
re trato de mi· novia·· siempre que
. la. veo
. me da un vuelco
1 hel
corazón y me siento atraído á ella por una fuerza mes1st1ble; me c,o?sue ~ abiar con ella; tanto más, cuanto que si se parece á la otra, en loi~1co, ¡f1ensa
de mu distinto modo y esto me anima. Y ahora ¿no se ne uste e ~
_ T~do lo contrari~, respondió Cielia estrechándole la mano y alejándose
para no dar á conocer su emoción.
.
Había defendido al profesor porque los demás se burlaba~ de él sm conocerlo ahora empezaba á apreciarlo formalmente. Aquel sencillo relat? la había
e~t~rnecido· aquella vida consagrada enteramente_al.estudio la entus1~smab~, y
por otra pa;te lo que de él se refería, sus descubnm1entos, su. mod~stla Y~~m1dez, todo contribuía á que adquiriera en su mente las proporciones e un roe
y de un mártir.
• ·
h 'é d ¡
1 Clelia hablaba siempre de Uberti con adm1rac_1_6n, ac1 n o e eco a se~ora
Ferrini la cual aunque veía que hacía de su h1Ja tan poco caso como s1 ?º
existie;e no d~jaba de abrigar una secreta espera_nza de que acabaríf por fiJar
su atención en la muchacha, que tenía toda la senedad que ~e r;querd~ para ser
esposa de un hombre de ciencia y de un profesor; Yaun 1eg un. . a e_~ q~e
habló á Clelia de sus esperanzas; pero ésta le aconsejó que no se hiciera i us10nes y Je contó la historia del profesor.
¡ •
-Tanto mejor, dijo la señora Ferrini; un clavo saca otro clavo, y con e tiempo todo se olvida: ahora tengo más esperanza que antes.
y seguía acosando al profesor; inventaba males para que él se los curase Y
· '
h
¡
t de que había llegado á ser su espanpara hacerle ir a su cuarto, asta e p~n o
I
t . Uberti decía
tajo y huía de ella siempre que la ve1a asomar por a guna par e.
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¡Cuánto me gustarla tenerlo por maestro!
que aquello era una verdadera persecución, peor que la de una mosca ra 10sa,

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�LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

N ú MERO

586

campo, donde se trataría de la época del matrimonio tranquilamente y sin las
charlatanerías de las personas indiferentes.
E l capitán expresaba á Uberti toda su gratitud por su curación, asegurándole
que no lo olvidaría en toda su vida.
E l día de la partida del profesor todos rodeaban el carruaje para despedirse
de él y desearle buen viaje. Todos estaban disgustados por su marcha, pues
ausente él, les parecía que ya no estarían tan bien asistidos en caso de enfermedad, y se proponían marchar también de allí á pocos días.
La señora Ferrini y su hija estaban ya preparadas, vestidas de viaje, para subir á uno de los coches que aguardaban en el patio; la madre quería ir en el del
profesor, y al efecto fué á quitar una maleta que había en el asiento.
- Poco á poco, le dijo el profesor, esta maleta debo llevarla conmigo; no
puedo confiarla á nadie, porque contiene cosas demasiado preciosas.
- ¿Qué cosas son esas?, preguntó la señora Ferrini con su curiosidad habitual.
- Nada menos que bacilos del cólera que me han enviado de Nápoles, y que
me pondré á estudiar en cuanto llegue á mi casa.
- ¡Un cultivo de bacilos!, exclamó la señora Ferrini. Muchas gracias; ya no
voy con usted. Vamos, niña, añadió llevando á su hija á otro carruaje. No faltaría más sino que por ir con él me diese el cólera.
- ¡Bravfsimo!, dijo Paulina que presenciaba aquella escena. Pero si se difunde ese rumor se quedará usted solo.
- Mejor, así podré pensar en usted á mis anchas, contestó el profesor estrechándole la mano.
- ¡Cuidado, Paulina, que lleva microbios!, gritó la señora Ferrini.
- No me dan miedo.
- Es usted digna de ser esposa de un hombre de ciencia, le dijo el profesor.
- Silencio, replicó Paulina, no le qu itemos esta última ilusión.
- Buen viaje.
- Hasta muy pronto.
- Adiós, profesor, acuérdese usted de nosotros.
Los cocheros fustigaron á los caballos y los coches salieron á galope por la
carretera rodeados de una nube de polvo, mientras los bañistas ~eguían en medio del camino ag~tando los pañuelos y despidiéndose del profesor á gritos que
el viento se llevaba~ lo lejos por la dilatada campiña.

NúMERO

LA ILUSTRACI ÓN

5~6

campo al autor p~ra describir sus asombrosos fen6menos Ysuir
causas. En el Calor nos da á con&lt;&gt;&lt;;er los gran~es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcaci~nes t_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquma~ m·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorolog{a se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
M
f
Por esta rapidisima reseña. d~l contemdo del U:!'! ºº F •
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran ubhdad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACION

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DB: D. MANUIL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,

CONDICIONES DE LA SUSCRI PCIÓN

ELECTRICI DAD, METEDROLOGIA, FISICA MOL ECULAR

Edici6n ilustrada con grabado, inttrcalado, ¡¡ lamina,
cromolitografiada,
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la flsica del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?PU~ar. ~iguiendo en_ él el .
Plan admitido por cuantos de la ciencia física han escrito, lo di·
· secciones
·
· 1es, e n cada una de ellas se enunvide en vanas
pn·ncipa
cia la ley que preside á los fenómenos de que trata, el descubrimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
é d t t de los ren6menos y le
i d
de 1 G
Asexplica
, espudes une modo
ra ar comprensible
"
yes fenómenos
a raveáad
cómo esos
y

Muestra de los grabados de la obra. _ Audiciones
telefónicas teatrales

la
esas leyes han traldo consigo el péndulo, la balanza, pre~
bidrául1'ca, los pozos artesianos, las bo_mbas, la navegación
aérea, etc. A la teorfa completa del Sonz~ agrega u_na enume·
ración de todas las aplicaciones de laAcúSftca Y de los mStrumen·
tos musicales. La Luz da la descripción detallada de t&lt;?&lt;los los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, m1crosco.
•
p10, etc. El Magnetismo
y la E lectn'cúlad proporcionan
ancho

El capitán se acercaba andando naturalmente y apoyado tan sólo en un
bastón.
El profesor se levantó presuroso abandonando sus observaciones y acudió al
encuentro del capitán riñénd'ole como á un niño.
- ¿Por qué ha salido usted tan pronto? No era eso lo pactado. Esa prisa puede comprometer la curación.
El capitán ¡;e dis¡::ulpó; estaba cansado, aburrido de permanecer encerrado en
su cuarto; había oído las voces alegres de las jóvenes en el jardín y le dió la
tentación de echar á andar; no había cometido ningún exceso, pues su cuarto
estaba en la planta baja y. daba al jardín; sin embargo, por obediencia al profesor, que le había devuelto la vida, se acercó á una _silla y se sentó. Todos le rodearon felicitándole á porfía por la curación obtemda; el profesor era ya un héroe á los ojos de todos.
La señora Ferrini era la única que no quería convencerse de que fuese él quien
había curado al capitán; decía á todos que á ella se le debía, pues había regalado al enfermo una botellita de agua de Lourdes y que esta agua había hecho el
milagro, y aunque lo afirmaba, el capitán le aseguró que no había hecho uso alguno de la botella milagrosa, y que si la quería se la devolvería para que pudiese dársela á alguien que la necesitase más que él.
El médico del establecimiento hubo de convenir también en que la cura efectuada por el profesor Uberti había sido maravillosa, pero estaba malhumorado
al ver la popularidad que éste iba alcazando.
Todas las señoras le rodeaban y querían de~cribirle sus dolencias; hasta la
condesa se mostraba muy amable co~ él y le rogaba que le curase su jaqueca;
en una palabra, era ya un personaje de moda; todos le querían, todos le llamaban y nadie reparaba en el descuido de su tx:aje.
E l profesor estaba tranquilo, humilde en medio de su gloria, hablando con
preferencia con Paulina, la cual se mostraba cada vez más ganosa de ciencia.
- ¡Cómo me gustaría tenerlo por maestro!, decía á cada momento..
El á su vez habría querido decirle que se con¡;ideraría feliz teniéndola por
compañera toda la vida, pero no se atrevía; temía una negativa.
La misma Paulina debía al fin dárselo á entender. En un mes había pasado
su mente por muchas evoluciones; primero observó al profesor con curiosidad;
luego con admiración, y por último, conociendo que se tendría por dichosa
uniendo su suerte á la de Uberti, se lo dijo claramente.
En cambio él encontraba en Paulina toda la gracia de la joven que había sido
su primer amor, pero con la ventaja de que aquélla estaba dotada de una inteligencia superior y exenta de prejuicios, y le halagaba la idea de poder casarse
con ella.
.
Pero antes le exigió la promesa de que no se opondría á _sus estudios científicos, ni tendría excesiva compasión á los animales que sacnficaba en aras de la
ciencia.
- La ciencia es una divinidad á la cual debemos sacrificar hasta nuestra vida,
y yo estoy pronta á poner la mía á disposición de usted, dijo la joven.
Pero el asunto debía guardarse secreto para evitar las hablillas que en tales
casos suele haber en los establecimientos balnearios.
EntrP.tanto el profesor continuaba perseguido por la señ9ra Ferrini, que lo
quería absolutamente por yerno; así fué que cuando le oyó fijar el
de su
marcha, dijo que también ella partiría por tener el gusto de hacer el v1aJe en su
compañía.
.
- Ya encontraré yo el medio de alejará esa cócora, dijo el profesor á Paulina
cuando le daba el parabién por sus compañeras de viaje.
.
Esta debía marchar una semana después porque su cuñada necesitaba prolongar su cura, y luego el profesor debería ir i reunirse con ellas en su casa de

.........
-

?~ª

?.ª

(De La Nature)
(1) Por la mt1cha extensión clcl artículo ilustrado La victoria de C,Jsar, hemos suspendido
on el prc;entc número la continuación de La Cro11ofotografla, que publicaremos en el próximo.

,.,. • ■amta 011 •ru, e1s1,.
CAi , LENTE.1A8, TEI AIOL

LA SAGRADA BIBLIA

SARPULLIDOS, TEZ BARRO

I DIC IÓN ILUITIIADA

•

• tO o• ntlrno• de pe ■eta. l a
entr ega de ti p ágina■

~

-

ARRUGAS PRECOCEI
EFLORESCENCIAS
~
ROJECES

~

S. ca,rlu pro1pccto1 A ~• I•• IN aollc1t1
Mri«!ha4- AIOI Sm. Ko~iaaer y Simba, editora

SECC I ÓN C I ENTÍFI CA

EXPERIMENTO DE ELECTROCULTURA. -·Para comprobar las conclusiones de
M. Spechnew, director del jardín botánico de Kiu, que durante algunos años
ha verificado multitud de experimentos sobre la influencia que en la vegetación
ejerce la electricidad, M. E . Lagrange ha hecho duran te el año pasado algunos
ensayos muy interesantes de electrocultura. Al efecto ha cultivado patatas en un
campo dividido en tres partes cuyo suelo y cuya exposición eran idénticos. El
primer sector ha sido cultivado por el método dinámico de Spechnew, habiéndose colocado las patatas entre planchas de cinc y de cobre puestas en comunicación por encima del suelo por medio de un hilo conductor; el segundo ha sido
sometido al procedimiento ordinario, y al tercero se le ha provisto de una serie
de pararrayos hundidos en el suelo de manera que sus pies estuviesen situados
al nivel del plano de la sementera. La cosecha obtenida en este tercer sector ha
sido mucho más notable que en los otros y se ha podido recoger por lo menos
quince días antes. El primer sector ha producido 68 kilogramos, el segundo 80
y el tercero 103. H ay que notar que el primer sector ha dado plantas más precoces en cuanto á la aparición de las hojas y de las flores, y además el follaje
sido en ~l más alto y más espeso.

UJT .llfriPRIILIQUI -

LECHE .ANTEFi:L

.........,....,.,......,.........,........,....,....."'.'·''•'··········..·············•.••..•·········••..••...........,....,.........,.,,.,......,......,......,...... ,.......................,.....

TE~tPERATURA DE LA LAVA. - Hasta el presente no ha sido bien determinada
la temperatura de la lava en fusión. La primera dificultad con que se lucha
para determinarla es que no siempre se tiene á mano esta materia en tal estado;
y cuando uno se encuentra cerca de un volcán en erupción no deja de ofrecer
ciertos peligros aproximarse á la lava inflamada para hacer el experimento,
pues una corriente de lava incandescente produce una radiación que hace imposible acercarse á ella. Es difícil también introducir termómetros en la lava,
porque ésta aun en estado fluido presenta una resistencia tal, que los pedazos de
hierro que en ella se arrojan flotan á menudo como la madera en el agua.
La última erupción del Etna ha ofrecido, sin embargo, al profesor Bartoli un
campo de exploración más favorable, puesto que le ha permitido aproximarse á
dos metros de una corriente de lava en el sitio mismo en que ésta salía de una
galería subterránea, lo cual era una garantía contra el enfriamiento.
Apresuróse Bartoli á aprovecharse de esa ocasión é imaginó para sus experimentos un termómetro especial: al efecto, partió á lo largo y en dos pedazos
una pistola del cali bre 1 2, afiló uno de los extremos hasta formar en él una
punta aguda á fin de poderla introducir con más facilidad en la lava incandescente, y en la cavidad interna colocó una barra de platino que se ajustaba perfectamente á ella, fijando esta pistola de nuevo género á una barra de hierro
fijada á su vez al extremo de una larga pértiga de madera de.castaño.
M. Bartoli, aproximándose á la corriente de lava, arrojó en mitad de la misma su arpón, haciendo fuerza en la pértiga para hundir el cañón de la pistola
que contenía la barra de platino. Una inmersión de seis minutos bastaba para
obtener el equilibrio de temperatura; pero para mayor seguridad él la prolongó
hasta nueve, pasados los cuales extrajo rápidamente el aparato y colocó en la
boca de un calorímetro el cañón de la pistola, y como las dos partes de éste eran
móviles las separó, dejando caer el pedazo de platino en el agua del calorímetro, y midiendo la temperatura de ésta pudo averiguar la de la lava.
Al salir del canal subterráneo la lava presentaba á un metro de profundidad
las temperaturas siguientes: 1060, 990, 980 y 970 grados; y la misma corriente
después de un curso de dos kilómetros á la velocidad de 80 kilómetros por hora
perdía wo grados, dando como resultados 870, 800 y 750.

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimen,io•
nes divididos en unos 2 0 cuadernos cada uno, los que pro•
cur~remos repartir semanalmente.
•
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~o de qu~ lo ?esea•
ran los suscriptores ó de que por activar la termmaci6n de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
.
Además de los grabados intercalados en el!texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, r~presentando
algunos de los fenómenos más notabl_es de la Físi~, asl, como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas u otras
que afectan á la constituci'6 n de1g¡obo. .
.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 págmas.
Por el primer cuaderno, que se halla de n_iues~ra en ~sa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del musitado luJo col!.
, .
b
que ofrecemos al pub11co esta nueva o ra.
.

. 6 n , c alle d e Aragón , n úms· 309 y 311, Barcelona.
Se enviarán pr ospectos á. quien los reclame á. los Sres. Montaner Y Srm

TRADUCIDO POR M. ARANDA

Los bañistas agitaban los pañuelos
despidiéndose del profesor á gritos desde la campi11a

1 99

ARTÍSTICA

contra las diversas
arab 9 d8-,191ta l de Afeccionesd1ICorazon,
lllpl\ •

J

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Hydropeslas,
Toaee nerviosas;
Empleado con el mejor exito Bronquitla, Aama, etc.

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11 PODEIOU
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se conoce, en pocton o

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di lo, la
F1rrulfno,o,
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J.prohdu por 1, Academia de Jled/o/aa de Par/t.

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.-i¡lr,.11111. .•""••IPIIIIP"'l"'IIÍl'IP"ftPIII

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m ago, Falta de Apetito, Dlgeatlonea labo•
rloosaa, ACMd.iaa, Vomltoa, Eruotoa, y C611cos;
regularizan las Funolonea del Eat6mago 7
de loa IIKeatlnoa,
E1/flr III el rotulo a tfrma dt J. FAYARD.
A.db. DETIUN, Fann&amp;041utloo en PDJII'

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de g-arantia.

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0"J,·'
PARISt

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VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS HINCIPIOS NtrralTIVOS DB U CARNE
c,.a.an ..Eaao Y. ,,111u 1 Diez añoa de exlto continuado y las aflrm~ctonea de
todas las cininenclu médícaa preubaD que esta ISOciaclon de la «Janae, el Hierro y la
consUtuye el reparador mas enenrtco que se conoce para curar : la Clordm, la
J.ntmfa las .llm1t~
ao1oro1a1, el Jlmpobr«'mfento y la .Alteracwn ae la Sangre,

•u-

el .RaqÚmsmo las .Afeuwna ucro/lUOIIU y escor&amp;utú:as, etc. .El l'I•• FerrastaoH de
erecto el único que reune lodo lo que entona y !ortalece los organos,
regulariza' coordena' y aumenta considerablemente las tuerzas 6 tnCunde a la aan¡re
empobrOOÍda y descolorida : el Vigor, la COlorlJCWft_ y la Bnerg"! tn~IU.
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J:o:08(

='AROUD

VJOO&gt;B BN TODü U.S PB.ll'ICIP.lLBS BOTICAS

EXIJASE

11
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VELO U TI NE FAY
El mejor y mas cél ebre polvo de tocador

PDL?!pa!!do~,nR!?m!~TRA
por Ch. Fay,perfumista
9, Ruede la Paix, P ARIS

�LA

200

NúMERO

ILUSTRACIÓN Á RTÍSTICÁ

mo de los Reyes Católicos á favorecer la empresa
del navegante genovés.

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

por autores ó editores

...

Nu EVAS POESIAS, deJuan A lcover. - Colección
de bellísimas poesía~ del inspirado vate balear se·
ñor Alcover; forma el segundo tomo de 150 páginas de laBibliote,;a Literaria que publican en Pal·
ma de Mallorca los editores Sres. Amengua! y
Muntaner, y se vende al precio de 50 céntimos de
peseta y encuadernado en tela una peseta.

MEMORIAS ÍNTIMAS, por Ernesto Rend11. - Se
ha publicado el tomo segundo y (1ltimo de estas
famosas /J,femorias, que es tan ameno, instructivo
é interesante como el anterior. Los articulas sobre
El amor y la religión, La reina de Holanda y Federico A miel son insuperables, y el consagrado á
la muerte de Enriqueta Renán no tiene parecido
en la historia de la literatura ele su génerc..
UN DESESPERADO, por /vá11 'furguenif. Nueva novela del famoso publicista ruso. ¡Qué interesante es el tipo de este hombre, perdido si los
hay, que realiza hechos prodigiosos, que pasa de
la opulencia á la miseria, y á quien todos consi·
deran loco hasta que encuentra una mujer de la
cual se enamora! Es el eterno perdido á quien el
amor transforma de león en cordero.
LA FAUSTI N, por Go11court. - Pertenece este
libro al grupo de novelas en las cuales el autor
retrata la sociedad elegante de París. La Faustin
es la actriz de moda, la amada de un lord rico;
pero antes que enamorada, antes que mujer, an·
tes que todo, es artista. Por eso al agonizar el -lord
quiere dedicarle la última mirada, y al abrir con
dificultad los ojos ve que aquella mujer, en vez de
sentir el dolor natural por la muerte de él, se ocu¡m en estudiar detenidamente su agonía, la agonía
de un noble.
Estas tres obras forman parte· de la Colección de
libros escogidos y se venden al precio ele tres pese·
tas cada una en las principales librerias.

VIAJES ENOLÓGICOS , EXCURSIONES VINÍCO·
LAS, por E zequiel Cemuda. - Se han publicado
las series sexta, séptima y octava de esta obra, en
la que el Sr. Cernuda hace gala de sus conocimientos en la interesante materia de que trata;
comprenden Grecia, Tenerife, China, Turquía,
Champaña, la América meridional, Persia, Cana•
dá y Australia. - Véndense éstas series y las anteriores en las principales librerías.
TRATADO COMPLETO DEL NARANJO,por Bernardo G,'ner A li11ó. - Con los cuadernos 4 y 5 ha
quedado terminada esta importante obra que inte·
resa conocer á cuantos se dedican al cultivo del
naranjo, del limonero, del cidro, del bergamoto y
del limetero y que va ilustrada con profusión de
grabados y cromos. La obra completa véndese al
precio de 6 pesetas en casa del editor D. Pascual
Aguilar (Caballero, 1, Valencia).
ELEMENTOS DE GRAMÁTICA FRANCKSA EN
SUS RELACI0NKS CON LA DE LA LENGUA CAS·
TE LLANA (primer curso), por D . Cayetano Caste·
l.ón y Pinto. - Comprende esta obra la Prosodia
y Ortografia y dentro de un sistema rigurosamente
científico aparece la explicación tan clara y tan
metódica y al propio tiempo tan práctica que no
vacilamos en recomendar el libro d~l Sr. Caste·
llón, catedrático del Instituto de Jerez de la Fron·
tera. El tomo, elegantemente encuadernado, vén·
deseen las principales librerías á 7,50 pesetas.

PosRS(As, per Frederich Soler. -El nombre ele
Federico Soler, más conocido por el seudónimo
ele Sera/t Pitarra, hace ociosos cuantos elogios
pudiéramos dirigir á sus poesías, inspiradas todas,
todas llenas de ese sabor de la tierra catalana que
tan simpáticas las hace, con hermosos pensamien·
tos y bellísimas descripciones, re,·estidas de forma
intachable. Algunas de ellas han sido reunidas en
un volumen, que es el primero de la Biblioteca popular catalana, y se vende al precio de 50 céntimos de peseta en las principales librerías.
Los DOMINICOS Y COLÓN, por D. R. ll:lo1111er
y Sa11s. - Interesante folleto en el cual se estudia
con gran caudal de conocimientos y datos históri·
cos la grandísima influencia que en el descubrimiento de América tuvieron los dominicos, apo·
yando en Salamanca los proyectos de Colón por
boca del padre Deza, cuya opinión inclinó el !mi-

ACTO DE DESCUBRIR EL BUSTO DE TOMÁS CARLYLE EN LA BIBLIOTECA
PÚBLICA DE CHELSEA1 EN LONDRES

i"'tllDES del E8 ro.\...,i -u- ~,,

Pepsina Boudault
.&amp;prellda por la ,mm.&amp; DE IEDICIII.&amp;

PREMIO DELINSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
lilodallu tn laa Z.po1lclont1 lnteraaclonal11 dt

PUIS - LTOI • TIEI! • PIILiDELPBU - PARIS
1887

M!'ll

1873

,.

1878

1178

u llim.a.. COR

IL -~,ea tsira D LOS
O1seEP8IAI
CASTRIT18 - OASTRALOIAI
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
PALTA DE APETITO

t

OT&amp;Ot DUO&amp;DI•■■ DI Ll Dl.llTIGII

•·

P.&amp;111, Purmaait COLLAS, 1, ne Daaplae

, '" "" """",,.... "'"""""'· ..

PARA LA NOCHE, NOVELAS CORTAS, por Alfonso P,!rez Nieva. - ¿Quién no ha leído alguna de
esas bellísimas novelas cortas que constituyen la
especialidad de Pérez Nieva? ¿Quién no se ha deleitado saboreando esas narraciones llenas de sen·
timiento y escritas con admirable galanura de estilo y sencillez encantadora? Los que quieran pasar un rato agradable compren Para la noche, que
forma el tomo 6o de la Biblioteca selecta que pu•
blica en Valencia D. Pascual Aguilar y se vende
al precio ele 50 céntimos de peseta.

CARNE y QUINA

Lu

ll Alimento mas reparador, unido al 'l'6Dico mas enei¡ico.

PILDORAS~DEHIUT

VINO IROUD CON QUINA

............. w
011: PAAIS

.ao titubean en parganf, euaado lo
12ecNiwi. No temen el asco nf el c1n1Uclo, porque, contra lo que ncede coll
lo, demu pargantu, este no obra bien
t:iao cuando ,e toma con buenos alimento•
1 bebldu lortiliCaJJtu, caal el vino, el call,
el ti. Cada euaJ ucoge, para purgan,e, 11
llora 1 la comida que m11 le convienen,
•evrm 1111 ocupacione,. Como el CSDSIUI
cio que II parga oculona queda compfetamenteealadoporelelec&amp;odela
baea1 allmentacion emple1da,ano
,e decide licilmente a volver
.._ empenrcuantu vecsa
,a neceurio.

B.UO U FORll.l DI

ELIXIR- . de PEPSINA BOUDAULT
VINO · • de PEPSINA IOUDAULT
POLVOS, ie PEPSINA BOUDAULT

586

T CON TODOS LOS PlltNOIPIOS mrrarnvos SOLtlBLBS DB u CAl\NE
ci.1a.u y 91111u1 son los elementos que entran en Ja comoosicfon de este potente
lel)&amp;rador de las tuerzas vitales, de este fenllleaa&amp;e per eaee(eaela. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la .Anemia y el ..4,:,oca,ntmto, en las Clllffltura,
1 Cont,alecenctas1 contra las DfaN'eru y las ..4fecdUAel del B1tomago y los ,nteltttw1.
Cuando se t rata de despertar el apetito, asegurar las digestiones reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y í'ú epldemtaa provocadu por los calores, no se conoce nada superior al 'l'iae de ttma• de .t.read.

.P()'f' fflO,UOf'. en Paria, en can de J. FEBRt, Farmaceutico, tO!, rue Ricllelieu. Saceaor ddllOUl),
,
,
SB VBNDB BN T0D,\S LAS PRINCIP.U.U BoTICl1&amp;

EX(JASE •li:o=J ARDUO

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-La caja: 1 fr.

30.

DEL

DR. FORGET

0

APJ:OL

de los D'ª' JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/ores, ret,1101, 1upre1/one1 de 111 Zpocu, as1 como las plrdldu,
Pero con frecuencia es falsiflcado.El API oL

contra los R eumas, Tos, Crisis n ervi osas
é Insomnios. - El JARABE FORGET es
un calmante célebre, conocido desde 30 años. En las farmacias y 28, r ue Berger e, P a r í s
(antiguamente 36, rue Vivienne).

verdadero1..úntco eficaz, es el de los inventores, los u"' JORET 'Y BOIIOLLE.

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

iPEL WL

Desde hace mas de 60 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolor••
y retortijones de eatómago, estreñimientos rebelde■, para facilitar
la tµgea~on y para regularizar todas las funcione• del eatóma¡o 1 ele
loa mtesUnoa. .

• Soberano remedio para rápida cÜracion 4,e las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitjs, Resfriado■ , Romadizo■,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan la eficacia· de este
poderoso der,ivativo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

3A.RA.EIB

a1Bro1nuro de Potasio
OE CORTEZAS DE RARANJAS AIAR8AS

Es et remedio mas eneas para combatir lu enfermedades del coruon.
la epilepsia, hisHria, migraña, baile de S•·Vito, insomnios, coa•
"f'Ulalonea y toa de los ni.lioe durante la denücion; en una palabra, todu
1u afecciones nemoau.
·,1

' Füriu, lapediciones: J.-P. L!l\OZE

. t, l'lle•es Liom-SI-Paal, 1 Pula.

Deposito en toclaa la• pl'inclpaJea Botica• y Droguerfu

• .Querido enfermo. -Ffese Vd . é mi larga experiencia,
y haga uso de nuestros GRANOS de SALUD, puea ellos
le curarán. de su const,paoion, le darán apetito y le
derolverén el sueño y la alegria. - As, rIrirfl Vd,
muchos años. disfrutando siempre de una buRna salud.

D1p61lto ,n toda, las Farmacia,

destroye hasta las RAIOES el V ELLO del rostro de las damu (Barba, Btgote:\tc.), lla
Dingun peligro para el cutlJ. SO Año• de :í:nto, ymillares de testimonie&amp;garantlun la eficacia
ltde esta p~paracion. (Se ,ende en oaJu, ppa la barba, J en 1/2 oaJu para el bigote ligero). Para
loa brazos, empléese el P I.Ll JIUllE, D'C'SSER, t,rue J ••J,•Rou111eau, P arla,

PITE EPILATOIRE DUSSER

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
. IMP, DB M0NTANER Y SIMÓN

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 586, Marzo 20</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>A!\fO XII

___________..,..

BARCELONA 27 DE MARZO DE 1893

SUMARIO
Texto. - ll(editado,us cristianas, por Emilio C'lstebr. - la
Vuym Madre al fíe de la Cru=, ~r E: Almonacid, l'b_ro. El 11aci111imto de judas, por J. r.1 iró F olguern. - Crh1ua de
-lrk por R. Balsa de la \ 'ega. - .Nuestros grabados. -El
Crisio de las !tlgrimas, leyenda por Cayetano del Castillo Tejada ilustrada por J. L Pellicer. • SKCCIÓN CIENTIFICA:
La :ro110/otografía (continuación). - Los 1111tvos sellos de correos de los Estados Unidos.

Gra bados. - Ave .Maria, cuadro ele IIéctor Cercone. - «Flevit super illam,&gt; cuadro de Enrique Simonet !premiado con
medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). - La traslacióll dd werpo de la Virgen, cuadro
de C. Maccari. -Pondo Pilatos lavtfndose las manos, cuadro
de Rembranclt. • Jesils m el lago de Cmesaretlz, cuadro de
Enrique Serra. - La Virgm Maria al pie de la Cruz, cuadro
de José Uria. - Desa11di111ünto de la Cru:;, cuadro de Rubens. - Cristo llorado por la Virgen y por los ángeles, cuadro
de Antonio Van Dyck. - Figs. 15 y 16, dos grabados correspondientes á La cron~(otografía. - IAs nuevos u/los de correos
de los Estados Uni,Jos, quince grabados.

..... .................................................... ....., ............ '•' .....,........................, ..,.,......,......
MEDlTACIONES CRISTIANAS

I
El tiempo santo en que nos encontramos, oblfgame por esta sola vez á suspender mis volanderas narraciones habituales, y sustituirlas con esta evocación
al cristianismo, en cuya luz el espíritu nuestro se ha
esclarecido y vivificado siempre. ¡Cómo renovó esta
religión celeste la vida! Cuando parece que más se
conforman las sociedades con ciertas instituciones;
cuando parece que más los entendimientos con ciertas creencias se conforman; cuando parecen los cielos del humano espíritu más tranquilos ¡ah, centellea
una revolución, que ha venido sordamente preparándose por una serie de múltiples hechos, apenas perceptible, y sin embargo, sistemática, enlazada, vigorosa, como una serie de ideas científicas. Vista enseñanza tal, no podemos menos de decir que el movimiento es eterno, que es eterna la revolución, y que,
si las transformaciones cosmológicas no tienen número, tampoco lo tienen las transformaciones humanas, las cuales se dilatarán y extenderán hasta donde
se dilate y extienda nuestra misma naturaleza. Estos
planetas apagados, cuerpos opacos que reciben del sol
su lumbre, allá lucieron en otras edades geológicas,
cual brilla nuestro sol ahora con propios resplandores. Hoy mismo llevamos en las entrañas de esta tierra fría un océano incandescente, oculto por una
corteza helada, la cual, en comparación del diámetro
de la tierra, ni siquiera representa lo que representan
las películas en los frutos. Imaginaos cuántas revoluciones habrá exigido no más el paso de las rocas,
donde no se hallan organismos, ni vegetales ni animales, por lo que halas llamado la ciencia moderna
faltas de vida ó azodias, á las rocas llenas de fósiles,
petrificaciones innumerables de antiguas y vividoras
especies. El fuego destructor puede considerarse como
el arquitecto de nuestro templo, de la tierra; y el
agua, que ahonda los valles, que abre las estrías, que
dibuja las laderas, como el escultor. Mas, ¡qué serie
de movimientos, qué número de revoluciones, cuántas catástrofes para llegar á esta tierra habitable por
el humano espíritu! A los ojos del geólogo aparece
cada monte como un túmulo, cada planicie como un
cementerio, cada planeta como una grande aglomeración de sobrepuestos sepulcros; porque en la tierra
entera reina con una horrible tiranía la muerte, destructora y generadora también de la vida. Cuántas revoluciones para subir desde las criptógamas primi tivas á los cedros del Líbano y á las rosas de Jericó;
para subir desde los infusorios perdidos en las gotas
de agua á los ruiseñores que llevan ya el arpa del arte en su garganta y el presentimiento del espíritu en

AVE MARfA, cuadro de Héctor Cercone

NúM. 587

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

202

••

sus nervios; para subir desde el molusco, todo estómago, al humano cerebro, todo espíritu. La materia,
desde el átomo imperceptible hasta los huesos del
cráneo; desde la estela en las ondas hasta la masa
encefálica, ha necesitado pasar por innumerables revoluciones, que apenas puede medir el tiempo eterno
y apenas comprender el infinito pensamiento. Pues
si esto ha sucedido en la materia, imaginaos lo que
habrá sucedido en la sociedad. Los grandes hombres,
á los cuales prestan culto los siglos, resultan grandes
personificaciones, cada cual de su respectiva revolución. No hay creencia religiosa, ni teología preponderante, ni sistema alguno, que no cuente con su
respectiva revolución en su seno. Tendrán los unos á
Confucio y tendrán los otros á Buda; entrará en el
rudimentario mazdeísmo antiguo Zoroastro y en la
instintiva religión del patriarca nómada Moisés, con
sus sendas doctrinas más ó menos adelantadas y maduras; verá el politeísmo antiguo un Homero que representa, además de una revolucióo literaria, una revolución artística, y verá el politeísmo romano un
Virgilio, con tendencias á innovaciones religiosas
también; engendrará el judaísmo al Bautista y al Cristo; ¿por qué ha de extrañarnos, pues, que engendre el
cristianismo, tal como lo organizaran y sistematizaran
sus grandes pensadores, desde San Pablo hasta Gregario VII, sus innovaciones también, representadas
por Francisco de Asís, por Savonarola, por todos los
grandes oráculos de la democracia religiosa? Nadie
puede contrastar el empuje de las sociedades humanas hacia adelante; nadie impedir el progresivo crecimiento de la humanidad; nadie detener las fases
del espíritu; nadie ahogar las transformaciones sociales. Por consiguiente no se podía impedir que así
como el politeísmo engendrara en sus catacumbas la
idea católica, esta idea católica en su movimiento
progresivo engendrara paulatinamente, á su vez, una
nueva evolución de todo punto inevitable, dadas las
leyes que rigen así á los mundos como á las almas.
Las grandes instituciones se hallan condenadas á engendrar hijos á quienes aborrecen y maldicen. El
Egipto engendró la Sinagoga y la maldijo; la Sinagoga engendró á la Iglesia y la maldijo; la Iglesia engendró la democracia y la maldijo también. Pero el
historiador filósofo, elevándose con vuelo raudo so·
bre todas las pasiones, debe estudiar estos hechos
universales, que determinan cambios en la dirección
social, que generan nuevos pueblos, que inspiran nuevas artes, que fundan nuevas civilizaciones, como un
resultado de fuerzas muy superiores al radio que puede tener y á la virtud que puede alcanzar la voluntad
individual.

II
~ unca, en ningún tiempo, se mostró con tanta
claridad, como en este tiempo del advenimiento de
Cristo, las dobles fuerzas de descomposición y de recomposición que hay escondidas en el seno de las
sociedades humanas. Por la primera, por la fuerza de
descomposición, el paganismo se morfa; por la segunda, por la fuerza de recomposición, nuevas creencias se formaban para satisfacer la necesidad de sentir y de esperar que tiene el humano espíritu. Asómbrase el ánitno y queda como suspenso al ver qué
larga vida tienen las instituciones todas, cuando religión, á primera vista tan frágil y ligera, como el paganismo, sufre, para caer, todos los golpes que desde
Thales á Séneca le han asestado los primeros pensadores de la historia en tantos y tan fecundos siglos.
Así es que en el advenimiento de Cristo las almas
todas de primera magnitud habíanse apartado de los
altares paganos, y todos los dioses mayores y menores se morían al hielo de la duda, que se cuajaba
hasta en las cimas del Olimpo. Sí: la muerte de la
religión pagana fué obra de una descomposición interior del paganismo. Mal avenida el alma humana
con aquel reposo, que se hallaba en el seno de los
dioses antiguos; con el destino trágico, que destruía
la libertad; con la compenetración del fondo y de la
forma, que daba al arte una paz destinada á romperse
en los choques tremendos con el dolor, iba, muy
hastiada del sensualismo, en busca de una idea superior que apagase su sed de lo infinito. Y en este
momento supremo llega, para realizar la conjunción
divina del espíritu antiguo con el espíritu moderno,
el Salvador de los hombres, el prometido á las naciones, el Mesías de los judíos, el Dios único de los
filósofos, el Verbo de los alejandrinos, Jesucristo.
Nunca se verificó transformación tan maravillosa
como esta transformación de la Humanidad en el
momento de la aparición del Cristianismo. Si la Jerusalén semítica había realizado la síntesis teológica;
si la Atenas griega había realizado la síntesis filosófica; si la Alejandría egipcia había realizado la síntesis
religiosa; si la Roma política había realizado la sínte-

sis jurídica; la Roma conquistadora, la Roma guerrera había á su vez realizado la unidad posible del
mundo, la paz posible de la tierra. Quedaban fuera
del imperio regiones que, con excepción de la India,
apenas influyeran sobre la humanidad; y en cambio,
vivían á su sombra los eternos soldados que se llamaban iberos y celtíberos; los sacerdotales celtas que
presentían la inmortalidad; los helenos, grandes hasta
en su decadencia; la raza judía, que se levantaba del
montón de cenizas, donde yaciera tanto tiempo de
rodillas y se iba errante por la tierra, ora en virtud de
sus peregrinaciones, ora en virtud de sus cautiverios;
los persas que combatían, pero que combatían cediendo y retirándose; al extremo Occidente España,
la estrella de la tarde, civilizada y sometida, aunque
no en sus tribus del Norte; entre los Alpes y los Pirineos, los galos, que abrasaran el Capitolio, ya vencidos; desde los montes julianos á los montes tracios
las tribus, verdadera vanguardia de la barbarie; en el
Pindo, ese Apenino de Grecia, la fuerte Macedonia,
armada hasta los dientes, y á pesar de haber engendrado á Alejandro, sirviendo de centinela al Imperio;
en la hermosa península del Peloponeso, Grecia esclava, tiñendo con sus inspiraciones el palacio de los
dueños del mundo, convertido en su propio calabozo;
cerca de Grecia, Sicilia arruinada y desierta después
de tantos días, por los estragos de las guerras Ptfoicas, renovadas en las guerras serviles; Creta, donde
las larvas de las ideas orientales se convirtieran en
esas mariposas llamadas los dioses helénicos; entre el
Ponto-Euxino y el mar de Chipre, el Asia Menor,
cuyo Haliso separaba dos familias pertenecientes á
dos grandes razas; al Oeste los pueblos de raza indoeuropea, al Este los pueblos de raza siro-arábiga, y
entre ambos los frigios, esos divinos flautistas, que
habían sido los discípulos de Apolo y los maestros
de Safo, conquistados por un paseo militar y sometidos á un procónsul y á unos cuantos lictores; entre
el mar de Chipre y el Eufrates, en las grandes ramificaciones del Tauro y del Líbano, el imperio sirio,
para quien la esclavitud era un refugio; en el interior
del Asia, el pueblo escogido de Dios, rezando su oración sublime y leyendo sus libros revelados al pie de
su santuario, último refugio de su esperanza, y bajo
el látigo romano, que le amenazaba con un c1utiverio
más terrible aún que el cautiverio de Babilonia; á las
puertas del Africa y del Asia el Egipto, con sus dioses muertos, y sus oráculos suspensos; y sus esfinges
mudos, y el áspid venenoso en el corazón como la
reina Cleopatra; dentro del espacio que cierran el Atlas, el desierto y el Mediterráneo, arenales inmensos,
cementerios de pueblos, en los cuales erraba el kabila, envuelto en su manto del color de la tierra, y
surgían, como islas, Cirene, embriagada de placer, y
Cartago, muerta sin gloria; por todas las fronteras
pueblos, todavía no sometidos; al Norte britanos,
germánicos y dacios, al Sur árabes y nómadas africanos, al Oriente escitas, parthos y armenios; de suerte
que la tierra toda conocida, con raras excepciones,
sometíase tranquila al cetro de Roma y á su espada,
como si esta paz y este silencio y este recogimiento
del universo fuesen necesarios para escuchar la voz
divina que bajaba del cielo como llamada por esta
fija y absorta atención de la humanidad.

III
Escuchemos la bien apercibida palabra del Salvador. Según dice San Lucas en el capítulo X de
su Evangelio, al acercarse la Pascua, no contento
Jesús con los doce discípulos predilectos, escogió setenta y dos más, enviándolos á las poblaciones y diciéndoles, según San Marcos, estas sublimes palabras:
«Os envío como corderos entre lobos; sed cautos
cual serpientes y sencillos cual palomas.» Después
de esta misión, y al día siguiente de su triunfal entrada en Jerusalén, dirigióse al templo, donde penetró en medio de la emoción universal, tranquilo como si estuviese absorto en sobrenaturales contemplaciones; cruzados los brazos sobre el pecho como para
contener y ahogar los latidos de su corazón; radiosa
la frente con aquella mística aureola que irradiaba
resplandores en los cuales se han abrasado, como leves mariposas, tantas y tantas almas; y dirigióse á la
teba, ó mesa, donde se deponían los libros santos, y
comenzó á enseñar la palabra de Dios. Entonces los
fariseos, temerosos de que tan ardiente palabra encendiera los ánimos y suscitara perturbaciones, mucho más temibles que en ningún otro tiempo en los
días de Pascua, preguntáronle por sus títulos y sus
derechos para dirigirse al pueblo. Y Jesús les contestó que se los presentaría cuando ellos le dijesen si
el bautismo de Juan sucedió por divina ó por humana ordenación. Suspendiéronse á tan extraño problema los grandes sacrificadores, y recapacitaron, reconcentrando en lo interior el pensamiento, que si de-

NúMERO

587

cían por divina ordenación, argüiríales Jesús de inobedientes á Dios por no haberle seguido, y si por
humana, de contrarios al pueblo que aún creía y adoraba en su profeta. Y buscaron el expediente fácil de
burlar la cuestión diciendo que no podía tratarse entonces de Juan y su misión, sino de él, de Cristo y
sus predicaciones. Y les respondió el Salvador con
aquellos apólogos, los cuales contenían la esencia de
su doctrina como el cáliz contiene la miel de las
flores. Y habló de dos hijos que recibi~on de su padre orden de trabajar en las viñas, y entre los cuales,
el uno, después de haber rehusado largo tiempo ir,
fué, mientras el otro, después de haber convenido en
ir, no fué; alusión á quienes le imputaron un día tardanza por comenzar sus predicaciones y luego le
abandonaron y aun le persiguieron. Por todo lo cual,
J est1s da rienda suelta con serenidad al espíritu democrático que alienta á su persona y que vivifica su
doctrina, contando la parábola de aquel rey que convidara muchos poderosos á la boda de su hijo, y como no asistieran, envió á sus criados á que recogieran las gentes encontradas en las calles al acaso y las
condujeran en tropel, y sin preguntarles siquiera por
sus nombres, á la honra y al goce del festín. Oyendo
estos apólogos morales, tan contrarios al sentido estrecho con que el materialismo farisaico destruía la
ley; viendo estas tendencias republicanas de un joven
galileo no permitidas en Roma ni á los patricios romanos, debieron los sacerdotes temblar y estremecerse por sus privilegios teocráticos, y decidir la perdición del reformador que podía concitar contra
ellos las iras exterminadoras del César. Y Jesús redoblaba en su contra las invectivas, cuando decía que
gustaban del primer lugar en los festines, del primer
asiento en las sinagogas, del primer saludo en los
mercados, y les reconvenía por llamarse, á guisa de
reyes, señores, cuando sólo debe haber para los hombres, iguales en naturaleza, un Señor, nuestro Dios
que está en los cielos; y terminaba con estas elocuentísimas palabras: «Sois dignos descendientes de los
que inmolaron á los profetas; Jerusalén, Jerusalén,
que matas á los santos y apedreas á los enviados á
ti, ¡cuántas veces he intentado reunir tus hijos dispersos, como la gallina sus polluelos, y no lo has consentido!&gt; Indignados los judíos, cogieron piedras
para arrojárselas, y Jesús les dijo que habiendo hecho tantas buenas obras; en nombre de su padre celestial, ¿por qué le apedreaban? Y ellos le respondieron que no le apedreaban por sus obras, sino por sus
palabras; porque, siendo hombre mortal, se llamaba
á sí mismo Dios. Y Jesús, extrañado de estas reconvenciones, respondió con una pregunta en verdad
sencillisima: (¿Pues no dicen los salmos que somos
igualmente hijos de Dios?» Al considerarle tan sereno en medio del peligro, tan pronto á la respuesta,
tan sublime en sus sentencias, sonriente cuando todos se enfurecían, superior á las pasiones humanas
cuando todos á sus iras se entregaban, muchas gentes del pueblo se sintieron tocadas en el corazón por
aquella avasalladora dulzura y comenzaron á decir
que si el Mesías llegara de veras no hiciera tantos milagros ni tantas maravillas como aquel hombre. Y
hubo una gran diferencia. en el pueblo de Jerusalén
por su causa, pues mientras unos gritaban que le prendieran, otros se interponían entre su persona y los
que le amenazaban para guarecerle y para salvarle.
Y Jesús tuvo que salir del templo á causa de las divisiones y de las diferencias que suscitaba su palabra
en el pueblo. Y al salir, habló de su divino ministerio en estas sentencias llenas de compasión para sus
enemigos é inspiradas indudablemente por la fortaleza que da el socorro y el auxilio de una elevada
conciencia. «Vosotros sois de aquí abajo, y yo de lo
alto; vosotros de este mundo, y yo del otro. Y ninguno entre vosotros podría ir donde voy yo.» Estaba
de tal suerte pervertida la conciencia de los judíos,
ignoraban con tan profunda ignorancia el divino misterio de espiritualismo ante el cual se veían y encontraban, que creyeron á Jesús capaz de darse, como
cualquier estoico, la muerte. No sabían que en sus
palabras iba encerrada la vida. No sabían que en su
predicación iba contenida la conciencia universal. No
sabían que cada una de aquellas ideas era un mundo,
como la mayor parte de los puntos luminosos sembrados en las esferas son como otros tantos soles. No
sabían que la tierra se llenaba de nueva vida, los
hombres de nuevo espíritu y los cielos de nueva luz.
En estos días celebraban los judíos la Pascua, relacionada, como todas sus festividades, con el éxodo
de Egipto y el viaje á la tierra prometida. Los ritos
figuraban, por tanto, la hora solemne de un adiós
postrero, la comida apresurada de quien se apercibe
á una larga peregrinación y los preparativos propios
de tamañas empresas. En cuanto la media noche sonaba, reuníanse para tal cena pan sin levadura que
indicaba la precipitación y la prisa, hierbas amargas

N ÚMERO

587

(FLEVIT SUPER ILLAM, &gt;

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

203

cuadro de Enrique Simonet (premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de 1892)

reco~idas al bor~e del camino y el r,ordero Pascual,
man¡ar_e~ bendecidos todos por el patriarca ó jefe de
la familia, el cual explicaba sencillamente toda su
si_gnificación y describía los hechos históricos y religiosos que en todas aquellas ceremonias se conmem~raban y el s~ntido oculto de sus menores particuland~des y a~c1dentes. Al partir el pan ázimo y es~anc1~r las primeras copas de vino, levantábanse los
maehtas; mas se asentaban al comer las hierbas y el
cordero, con lo cual quedaba concluida la ceremonia
q~e se completaba con deliciosfsimo cantar en cor¿
d1gn_o de las aptitudes músicas de esa raza semítica,
sublime cantora del desierto, cuyas melodías tienen
la monótona pero sublime resonancia del viento en

las playas. En todo~ los siglos y en todas las religiones, sentarse~ la m1~ma ~es~, partirse el mismo pan,
~purar el mismo vmo s1gmfica una comunión de
ideas y de sentimientos que aliméntan y sostienen á
las ~lmas, ;orno l?s manjares comunes alimentan y
sostienen a los cuerpos. Así nada más social que un
~anqu~te, 9ue un~ co~ida ~n común, y nada más íntimo m mas cord1~l _m mas propio para despertar
toda suerte de sent1m1entos que la conversación amistos_a durante. una comida y en torno de una mesa.
Cristo, al s~hr_ del templo, sintió que sonaba la hora
de su ~ac~1fic10, _y al sentir que sonaba la hora de
~u sacnfic10 . aspiró á ~na ~ltima cena en companfa de sus discípulos, a quienes debía convertir en

LA TRASLACIÓN DEL CUERPO DE LA VIRGEN

, cuadro de C. u,.,accan·

apóstoles p~ra ª?octrinar á todos los hombres y esclarecer é _iluminará toda la tierra. Dos discípulos
fueron e!lv1~dos, Pe~o y.Juan, para que alquilaran
una hab1tac1ón y d1spus1eran todo lo necesario. y
allf, en aquella cena dejó instituída la comunión eterna de las almas entre sí por medio de la caridad y
del ~mor, y de las almas con Dios por medio de la
oración ~ de la fe. Y para que nada faltase á esta
obra sublime y redentora, le ofreció su preciosa vida
Y la consagró con su divina muerte. Y desde lo alto
de la Cruz, patíb~lo i~nominioso, quedó promulgada
en todas l~~ con~1~ncias y transmitida á todos los siglos la religión d1vma del espíritu.
EMILIO CASTELAR

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ta en ningún idioma, se encuentra en los diccionaLA VIRGEN MADRE AL PIE DE LA CRUZ rios de todos los pueblos civilizados. Antes de que el
himno, que con esa palabra empieza, fuese cantado
Stabat :uxta crucem [estt Mater ejus
por los más célebres músicos, Palestrina, Astorga, PerfJOAN., 19,)
golesse, Haydn, Bocherini, Rossini ... , el cristianismo,
Dios había ordenado en la antigua Ley que hu· que es la religión del sentimiento, porque es la religión
biese delante del tabernáculo en el templo de Jeru· de la verdad, la había impreso en todas las inteligensalén dos altares contiguos: el de los holocaustos y cias y grabado en todos los corazones. Palabra de preel de los perfumes. En el uno se ofrecía el sacrificio cisión sublime, recuerda á los afligidos sus lágrimas,
perpetuo, corría la sangre y se quemaba la carne de sus llagas y sus angustias; á los cristianos, los socolos animales sacrificados; en el otro ardía el incienso rros de la gracia, la ley del sacrificio, la unción de la
en honor al Altísimo. En el primero se oía el ruido piedad; á los fieles hijos de la Cruz, la resignación,
de los instrumentos del sacrificio, los gritos de las el recogimiento, la magnanimidad de la Madre santa
víctimas y la voz de los sacrificadores¡ en el segundo del Dolor.
¡Stabat! De pie estaba María junto á la Cruz; ¡esa
subía el humo de los perfumes aromáticos en el profundo recogimiento de un silencio religioso. ( E xod., 2 7 Cruz de madera que ha salvado al mundo! Por una iny 30.) Expresiva figura de la realidad que un día se versión del orden natural, cuando los hombres tiemvería en el Calvario, donde el Hombre del dolor, nues- blan, los apóstoles se alejan y los discípulos de Jesús se
tra Hostia y nuestro Pontífice, se ofrece en sangrien- ocultan temerosos y cobardes, unas cuantas mujeres
to sacrificio para la salvación del mundo y pronuncia no se asustan ni intimidan, y ellas solas, con el disaquellas Palabras que, dominando todos los clamo- cípulo amado, permanecen constantemente fieles á su
res y todas las imprecaciones y blasfemias de los ver- divino Redentor (1). No las acobarda el odio de los
dugos, repercutirán por doquiera al través de los fariseos, no las amedrenta el furor del populacho, ni
siglos, y donde la .Madre del dolor va á la hora santa el poder de los magistrados las detiene, ni la rabia de
del incienso, para ofrecer callada é interiormente el la Sinagoga las espanta, ni la licencia de la soldadesca las desalienta. Llenas de valor, parece que desasacrificio de su corazón.
Estos dos altares que Dios había hecho levantar fían el encono ciego y la cruel fiereza de los enemien el centro del antiguo santuario, no son ya sino gos de Jesucristo. Vertiendo lágrimas y manifestando
uno solo para nosotros. Conmovedor espectáculo se- abiertamente su dolor, públicamente condenan la inría asistir al santo sacrificio de la misa celebrado justicia y la barbarie con que es tratado su Salvador
sobre un Calvario, en un altar cuyos cuatro ángulos y su Maestro. Nada puede apartarlas de su lado, naestuviesen marcados por las estatuas alegóricas del die es capaz de hacer que le abandonen. Desde el
Dolor, de la R esignación, de la Fortaleza y de la Pretorio de Pilatos hasta la cima del Calvario no le
Bondad. Por encima de unas rocas, sembradas de perdieron de vista ni un solo instante; llorosas y deplantas funerarias, se levantaría la imagen del Salva- soladas le siguieron siempre. Deseosas de escuchar
dor Jesucristo crucificado, y otra imagen de María sus últimas palabras, de admirar sus últimos ejemplos,
Santísima de los Dolores, reflejando en su rostro, es- de recibir sus tfüimas lecciones, de meditar sus últipejo transparente de su alma grande, los sentimientos mos misterios y de recoger su último suspiro, quieren
expresados por aquellas estatuas, estaría de pie junto asistir á su muerte, prontas á sacrificar todo por El,
á la Cruz de Jesús, como estuvo en el Gólgota. Sta- y á morir, si es preciso, por El. ( Corn. á Lap.)
bat juxta crucem Jesu .Mater ejus.
Pero más cerca de la Cruz que aquellas mujeres
¡Stabat!Cerca de Jesús, María: junto al Hijo, la Ma- generosas y fieles estaba María, la Santísima Madre
dre: fiel siempre á su Hijo, hasta la muerte de Cruz, de Jesús. Al pie de la Cruz llegó, no llevada solaestaba junto á la Cruz. María con Jesús, al darle á mente por su amor de Madre, sino también por su
luz en el establo de Belén; María con Jesús, presen- celo de Corredentora; no sólo para ser testigo de los
tándole en el templo de Jerusalén; María con J esús, grandes misterios que va á consumar su Hijo, sino
junto á la Cruz, viéndole morir en el Calvario. No también para tomar parte en ellos, y cooperar, con
pueden separarse jamás los que están unidos por la su amor y su dolor, á la vida que Jesucristo nos va
caridad más perfecta. ¡Stabat! Estaba de pie la Ma- á dar con su sangre y con su muerte. En tan solemdre, estaba crucificado el Hijo: no apartando sus nes instantes tiene un ministerio personal y un cargo
ojos, como Agar para no ver morir á su hijo Ismael propio señalado por las disposiciones de la Divina
en el desierto, sino fijándolos en las llagas del Hom- Providencia. Por eso está junto á la Cruz, separada
bre Dios, como si las quisiera. imprimir en su cora- de las mujeres que piadosas y compasivas la habían
zón. ¡Stabat!, 110, como débil mujer, sollozando con fe- seguido, y más cerca del árbol misterioso, en que esmenil sentimiento, sino con toda la fuerza de $U vida, taba suspendido el Salvador de la humanidad, el
para apurar del todo el amargo cáliz de la aflicción y Hijo de su ternura, la causa de su profundo dolor.
del dolor. ¡Stabat!, no para consuelo de su Hijo, á ¡Stabat! María estaba de pie, según la hermosa frase
cuyos secos labios no podía acercar ni una gota de de San Ambrosio, absorta en un éxtasis de inmensa
agua que calmase la sed ardiente que los abrasaba, si- pena y de contemplación sublime. Su actitud firme é
no para mayor dolor suyo y del Hijo de sus entra- inmóvil expresa toda la intrepidez, toda la grandeza
ñas. / Stabat!
y todo el noble valor de su corazón. La compostura
El Hijo había llevado su Cruz desde el Pretorio y serenidad de su rostro revelan su absoluta resigna( Et bajulans sibi Crucem, J oan., 19, v. 17.) Si un ins- ción y su dolor intenso; sus ojos entristecidos recotante la dejó á Simón de Cyrene, obraba como un rren, una por una, en el cuerpo de su Hijo, las llagas
rey que ordena á sus siervos que lleven en pos de él sangrientas de donde mana la salvación de los homsu cetro, su manto, su corona y su trono, para sen- bres. Lejos de temer la rabia de los verdugos, cuantarse en él cuando sea preciso revestirse con todo el do su Hijo se ofrece á la justicia del Eterno, Ella se
brillo de su majestad, y Jesucristo al ser clavado en adelanta queriendo también ser inmolada. El amor
la Cruz se presentará revestido de la púrpura precio- tan puro y tan generoso, la constancia tan invencisa de su sangre y coronado con su diadema de espi- ble, el valor tan heroico que María manifiesta junto
nas. La Tierra Santa, la Grecia antigua, la poderosa á la Cruz de su Hijo, son los que convienen á la eleRoma, colocaron la inscripción rea/sobre su cabeza, vación de su rango. Todo lo que Jesucristo sufre en
y millones de súbditos, fieles adora.dores suyos, acu- su cuerpo, el amor maternal, más cruel entonces
dirán bien pronto á besar los lugares santos hollados que los mismos verdugos, dice San Bernardo, lo repor los pies de Jesús, su Redentor.
produce en el corazón de María. ¡Sólo un hombre
Si diez y ocho siglos después el desgraciado Rous- que es al mismo tiempo Dios, podía morir como
seau no podía, sin conmoverse profundamente, con- muere J esucristo! ¡Sólo una mujer que tiene á un
siderar moribundo al Cristo, de quien se había apar- Dios por Hijo, podía asistirá esa muerte como asiste
tado infiel; si la evidencia del relato evangélico arran- María!
caba á su corazón destrozado esta confesión solemne:
A la fuerza é intensidad de ese amor á su Hijo, que
La vida y la muerte de Sócrates son las de un sabio; es su Dios, siente la Virgen Santa oponerse en su cola vida y la muerte de J esucristo son las de un Dios, razón otro amor, no menos intenso y fuerte, hacia los
¿quién se extrañará de que los testigos de la Pasión, hombres, desgraciados descendientes de la Eva cullos mismos verdugos y los soldados, golpeándose el pable. Estos dos amores luchan en su corazón, como
pecho al descender del Calvario, se digan: Verdade- los gemelos Esaú y J acob en el seno de Rebeca luramente éste era el Hi:fo de Dios? (Math., 27, v. 54.) chaban al nacer. Lo que un amor busca, el otro lo
Habían visto á la n-aturaleza entera estremecerse do- huye; lo que un amor pide, el otro lo aborrece; lo que
liente en la muerte de su Creador, chocar y hendirse el uno desea, el otro lo rechaza. No puede satisfacer
las piedras, desgarrarse el velo del Templo, abrirse al uno sin sacrificar al otro. No puede pedir la salvalas tumbas, temblar la tierra, eclipsarse el sol, obscu- ción de la humanidad sin la muerte de Jesús, ni puerecerse el firmamento ... , y entre tanta desolación y de pedir la vida de su Hijo sin consentir en la peruniversal trastorno, lo que más debió excitar su aten- dición de los hombres. ¡Querer la salvación del munción fué la calma divina de Jesús y la inalterable se- do por la muerte de J est1s le es muy doloroso, y querer
renidad.de María, su Madre, que de pie estaba 11mto
á la Cruz. ¡Stabat!
(r) Vide ordinem conversum: discipuli siquidem fugerunt,
¡Stabat! Esta palabra, que no tiene traducción exac- discipulre assistcntcs rermancbunt rE11ti111io).

NúMERO

587

la vida de su Hijo con la perdición del mundo le es
muy cruel! ¡Qué lucha! ¡Qué combate el de esos dos
vehementísimos amores en un solo corazón! ¡Y en esa
lucha no desfallece, y en ese combate no desmaya!
¡Stabat!
¡Stabat.' Y la muerte de su Hijo no es instantánea.
Esa muerte dolorosa y cruel va precedida de una
agonía lenta, no menos cruel y dolorosa. En aquel
patíbulo, entonces inf~mante, de la Cruz, está Jesucristo clavado, sufriendo los más atroces tormentos
las angustias más amargas, y elevando al cielo la vo;
de su dolor y el grito de su aflicción, como pidiendo
un consuelo que la tierra le niega ingrata. El infierno
lan_za co~tra el Crucificado todo su furor; escribas y
fanseos, Judíos y romanos, jueces y pueblo, verdugos
y soldados, todos se recrean feroces en aquella esce?ª tremenda, y arrebatados de odio ciego y de goce
mhumano, prorrumpen en blasfemias afrentosas, en
provocaciones insolentes, en burlas amargas, despechados al ver que la mansedumbre de J esús es mayor
que la barbarie suya, y que El es más paciente para
sufrir que ellos crueles para atormentarle. María, que
~staba allí, oía aquellos sangrientos ultrajes y aquellos
msultos sacrílegos que se dirigían á un Dios que era
su Hijo y á un Hz/o que era szt Dios. ¡Stabat!
Esa Madre, más esforzada que la de los Macabeos,
no aparta su mirada de tan trágica escena. Superior
á sí misma, en actitud firme y majestuosa, en medio
de las angustias que oprimen su corazón, manifiesta
toda la elevación y nobleza de su alma, y se eleva al
más alto grado de la más heroica fortaleza. Colocada
entre la admiración y el dolor, entre la compasión y
e_l amor, contempla resignada y sufrida el gran misteno de la bondad de un Dios crucificado para la salvación del hombre, y causa el asombro de cuantos
la ven y saben que Ella es la Madre del Hombre
que muere clavado en la Cruz. ¡Stabat /uxta Crucem!..
¡Artistas sin nombre y sin fe, sin genio ni erudición!, ¿qué idea os habéis formado del Hijo de Dios,
al representárnoslo abatido en Gethsemaní, tembloroso ante Pilatos ó retorciéndose como desesperado
en la Cruz? ¿No sabéis que El era el que con una
mirada aterraba á los que iban á prenderle en el
Huerto, y se declaraba Rey, Mesías é Hijo de Dios
en el Pretorio? ¿Cómo os habéis atrevido á tocar, ¡sacrílegos!, la aureola de gloria de Jesucristo en la
Cruz, trono augusto de su dolor, en la que los sufrimientos humanos quedan transfigurados con el brillo
de su grandeza y el esplendor de su divinidad?
¿Quién os enseñó, ¡insensatos!, á presentarnos como acobardada y débil á la Mit:fer fuerte? ¿Qué idea
tenéis de la Madre de un Dios? ¿Pensáis, podéis pensar que María, junto á la Cruz, estaba postra.da y desfallecida? ¿Creéis, podéis creer, que estaba como abatida y trastornada.? ¿No oisteis nw1ca cantar, no leisteis jamás el Stabat? ¿No sabéis, no acertáis á comprender cómo la Hija de las promesas, la esperanza
de los Patriarcas, la descendiente de los Reyes, la
Reina de los Profetas, la Madre del Dios-Homure
estaba junio á la Cruz? ;Estaba junto á la Cruz concibiendo en su corazón, engendrando en su alma á los
hijos de la redención, por el fervor de su caridad,
por la intensidad de su dolor! - ¿No sabéis por qué
estaba? ¡Porque sufría su Hijo, agonizaba su Hijo,
moría su Hijo para redimirnos y salvarnos, y Ella
quería cooperará tan grandiosa empresa. - ¿No sabéis
para qué estaba? ¡Para, aun antes de morir su Hijo,
hacerse ya nuestra Madre!

E.

A LMONACID,

Pbro.

,.•.,......,......,.........,............,••.,.,,..,,.,...,,.•..•••.•..•••.,,.••,........,¡.,,,....,.,....,,,.,,.,,,.,,.....,1.,.....

EL NACIMIENTO DE JUDAS
Había en las afueras de Iscariot, hacia el ocaso,
una _choza cuya puerta se abría en el camino de Samaria.
Y aunque la puerta estaba siempre abierta de par
en par, jamás la traspasaba ninguno de los vecinos
de Iscariot, que á veces acudían á tirar, desde lejos,
algo que comer á los leprosos encerrados en un terreno cercado por tapias de adobes junto á la misma vía.
De la choza salía el día antes del sábado una mujer arrebujada en un mantón de lana griega, y se
aprovisionaba. en la villa; sus monedas eran de todas
las naciones, menos del pueblo de Dios. Y como wia
vez fuese á la compra el santo día del sábado, la
apedrearon en la puerta de la villa cuando regresaba
á su tugurio, y se disputaron luego el botín que había
soltado en su fuga la mujer.
Mas si los iscariotes no se acercaban á la choza
solitaria, casi todos los viandantes salvaban aquellos
dinteles, siempre francos; no había arriero, mercader

�206
ó legionario que no aceptara el hospedaje de la solitaria.
Y· sin embargo, más de
una doncella iscariote, de
acecho en su azotea, envidiaba á la apestada sus guedejas teñidas de rojo, sus
ojos relucientes dentro del
marco negro de alcohol, su
contoneo lascivo que hacía
saltar chispas de las miradas de los hombres.
'Contábanse de Gomer
cosas tremendas; un centurión que volvía á Samaria
para ganar la orilla del mar,
abandonó á los hombres
que mandaba hechizado
por ella; y postrado de rodillas como un esclavo,
adoró á aquella mujer que
le sonreía sacando dos dientes bruñidos, ceñido el casco de acero, resguardado
el pecho por la coraza de
cuero batido.
Cuando el centurión hubo dilapidado los caudales
que custodiaba y que no
eran suyos, dejó á Gomer
en la cama, se acostó en la
vía y se degolló.
Un mercader egipcio que
pernoctó en la choza &lt;lió un
veneno á su padre, que con
él iba, y le robó los zarcillos de oro, las cuentas cie
perlas, los camafeos, los
brazaletes labrados, los esmaltes de mil colores, para
alegrar á la meretriz.
Gomer lloró, 'pero muy
pronto se fatigaba. Así es
que no pasaba día en que
no se la oyese cantar melopeas áticas ó canciones
latinas llevadas hasta la tierra de J udá por los presidios que la subyugaban.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

587

llozos y congojas la desdichada, tendida en el suelo
regado con llanto; hágase
conforme tu palabra.
Sobrecogida por un desfallecimiento, recobró sus
sentidos al sentir magullados sus huesos y aterido su
pecho por el frío de la
tierra.
.
Se levantó y encendió
lumbre en un brasero trípode de plata, donde quemó incienso de Sebá; sacrificó en holocausto las tórtolas que en su huertecillo
se arrullaban incesantemente, y luego fué echando al
fuego los diamantes deOfir,
las telas transparentes, los
cintos de , lana, las alhajas
cinceladas.
Y luego incendió la morada del pecado; y vestida
de saco, se ungió la frente
con la ceniza, hija del fuego purificador.

III

Emprendió el camino de
Jerusalén, resuelta á rescatar su alma con el ayuno y
el arrepentimiento, esperanzada de que lograría apartar d e su cabeza el castigo
de Dio~.
Mendigando pasó por lugarejos y villas; mas sus
ojos la delataban y á menudo la llamaban desde los
patios las voces roncas de
los lujuriosos. Entonces se
le nublaba el entendimiento y se pervertía nuevamente, hasta que el remordimiento la despertaba y volvía á emprender el camino
interrumpido.
¡Qué desfallecimiento!
¡Qué espanto le corrió por
la sangre al sentir por vez
II
primera palpitar en su seno
la obra de la ira de Dios!
Como á pesar de los fre¡Cómo se afirmó en su procuentes dones que le hapósito de redimirse y redicían Gomer no atesOiaba,
mir
al fruto de su vientre!
sucedió que las tropas de
Pero los designios del
Roma que merodeaban por
Todopoderoso la necesitaaquellos contornos ahuyenban para la redención de
taron á los ordinarios vianla humanidad; el pobre gudantes, y al tercer día no
sano que hace á la tierra
tuvo ella qué comer.
fecunda, no ha de tener alas
Dormida estaba cuando
para surgir del fango.
oyó abrirse la puerta y lleAcercábase el día trenarse de claridad de luna.
mendo
cuando Gomer vió
Pero no era la luna, sino un
al caer de la tarde la ciudad
mozo con blancas é impalde Betlehem encaramada
pables vestiduras.
encima de una colina, coCreyó ella soñar ó tener
JESÚS EN l!:L LAGO DE GENESARETH, cuadro de Enrique Serra, grabado por Sadurní
ronada de murallas encenaún llenos los ojos de las
didas
por el sol-moribundo.
quimeras del sueño; mas
El frío era punzante; Gono se amedrentó su alma,
sino que, chorreando alborozo, -le puso en los labios gendrado de sangre, ni de carne, ni por obra de va- mer subía jadeante la cuesta, cuando entre los tronuna sonrisa y dictó á su lengua una cariñosa bien- rón, sino por voluntad de Dios, que en tus entrañas cos carbonizados de los olivos distinguió á un homquiere que lleves la encarnación de toda la maldad bre que sostenía á una mujer, andrajosos y polvovenida.
Levantóse para ceder su lecho al forastero y correr de los hombres. Sabe que una virgen galilea de Na- rientos como ella.
Cuando Gomer les alcanzó vió á la mujer reclinaen busca de agua fresca y ungüentos con que lavarle zaret lleva en su seno la encarnación del Espíritu
los pies. Mas he aquí que el mozo tendió el brazo, Santo, que ha de ser el Redentor del mundo, el hijo da la cabeza sobre el hombro de su acompañante, y
único del único Dios. Los hombres le harán burla, tan fatigada, que cada paso era un espasmo de dolor.
deteniéndola, y le dijo:
- Te engañas, Gomer. Yo soy Gabriel, que estoy le prenderán, le azotarán, le pasearán afrentado y do- Y como les saludara en el nombre del Señor y les
lorido por la ciudad de Jerusalén, y le matarán en el examinara con más pausa, conoció que la mujer iba
delante de Dios.
suplicio
que han traído los paganos de Roma. Y ha- á ser madre.
Estas palabras derribaron á Gomer, que arrastránLas tinieblas subían del valle, pero no tocaban á
dose fué para besar al enviado la orla del vestido, brá un hombre que entregará al Unigénito á los malque era impalpable, de manera que solamente sus vados, á fin de que le escarnezcan y le martiricen y la mujer desconocida, de cuyo semblante irradiaba
le crucifiquen; y este hombre brotará de tu carne un nimbo de luz, tan dulcísima como el rosicler de
dedos le pudo besar.
Y por instinto de mujer tentadora levantó la cabe- mancillada, y las generaciones le maldecirán y abo- la alborada.
Transportada Gomer, olvidaba su propio padecer;
za y miró al forastero con el blanco de los ojos, y rrecerán el pelo rojo, y la mirada falsa, y el cuerpo
con
un impulso que arrebataba todos sus sentidos
blanco
que
tú
le
vas
á
dar.
abrió sus brazos de alabastro, que parecían sucios y
- ¡Y desde ahora me dirán malaventurada todas preguntó á los pobres viajeros quiénes eran; y como
ásperos bajo aquella claridad purísima.
- Son vanos tus alardes, prosiguió el enviado de las generaciones! .. ¡Señor, Señor! ¿Por qué castigas le contestaran que eran nazarenos, Gomer se desploDios. Tu destino está escrito. Tus pecados serán re- tan horrorosamente mis culpas, de que nunca me dí mó en la gleba y gritó arrobada:
- ¡Oh, sí! ¡Tú eres la Virgen madre del Mesías,
dimidos por el castigo. Tus entrañas concebirán al cuenta?
que
no ha sido concebido por obra de varón, sino
Son
vanas
tus
lamentaciones,
Gomer.
Rasga
tus
peor de los hombres.
- El pecado me ha esterilizado, señor, replicó inmundas envolturas, desciñe los riñones, purifícate por obra del Espíritu Santo!
Y la adoró, y fué ella la primera criatura que ben·
y espera resignada que se cumpla tu destino.
Gomer.
dijo
la venida del Redentor.
Aquí
tienes
á
la
criada
del
Señor,
dijo
entre
so- ¿Qué importa, mujer sin fe? Tu hijo no será en-

N úMERO

587

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Oh, tú, quienquiera
que seas, que te has compadecido de mí, le contestó la
Virgen María, en verdad te
digo que todos tus pecados
te serán un día perdonados!
María y José se resguardaron en una covacha, donde los labradores solían dejar sus arados y sus yuntas.
Puesto el sol recostáronse encima del cielo verde y
translúcido, los murallones
negros y las torres de la ciudad; y surgió el primer lucero que prodigiosamente
cayó hasta posarse sobre la
cueva de la Virgen.
Gomer se tapó la cara de
vergüenza y huyó á la ciudad para no contaminar á
la madre sin mancilla.
En Betlehem fué recogida por un rico labrador que
la había conocido en I scariot, que la asistió en memoria de sus anteriores relaciones.
En el ambiente tibio de
una cámara cerrada vino al
mundo Judas, hijo de Gomer, mientras tiritaba en un:t
cueva Jesús, hijo de María.
Judas fué ladrón; se embriagó con vino y con cidra; creyó en la divinidad
de Jesús, de quien fué apóstol, á quien vendió por treinta dineros de plata, y se
mató corroído por el remordimiento.
Gomer fué quien descolgó el cadáver de su hijo,
lo enterró y lo consagró á
la mayor gloria de Dios.
Fué hasta más de cien
años predicando por las villas su misión divina, pues
comprendió que sin ella,
sin sus dolores y sus humillaciones no habría sido
redimido el mundo.
Gomer fué un cabeza de
la secta de los cainitas, que
ponían en los altares á
todos cuan tos han sido
malos en este mundo para
cumplirla voluntad de Dios.

J. M IRÓ FOLGUERA
~ ~

CRÓNICA DE ARTE
El Círculo de Bellas Artes repartió en el baile que,
como el año pasado, &lt;lió á
LA VIRGEN MARfA AL P IE DE LA CRUZ, cuadro de José Uria
su beneficio en el teatro
Real, gran número de países de abanico. Varios de
los que asistieron á la fiesta hacen subir á mil y pico por causa de la época· fría y lluviosa en que, defirienlas vitelas repartidas, algunas de las cuales se paga- do á los deseos del mismo Círculo de Bellas Artes
ron en el mismo teatro á ocho y diez duros; y... pa- se celebró, y por último, con sala para conciertos s~
sado este chispazo de vida artística, volvió á sumirse creía en un éxito financiero. Ahora si al cabd la
en el mayor silencio cuanto de cerca ó de lejos tiene sociedad artística se determina á lle~ar á efecto su
algo de común con las bellas artes. Y como si no fue- Ex~osición, será, como siempre, en la estufa del
se bastante grave la indiferencia que, por miles de Retiro.
causas (algunas capaces de levantarle el estómago á
Uno de los cuadros premiados con medalla de oro
u~ camello) se mira en e~ta villa y corte, centro sot' La cuna vacía, ha sido vendido á un rico amateur ga~
dzssant de las energías intelectuales del Estado, lo que llego, propietario en Ribadeo. El autor de la obra
al arte en todas sus manifestaciones se refiere hace Sr. Menéndez Pida!, debe pedirá Dios que haya mu~
,
'
poco mas de dos semanas apareció en las columnas chos Martí~ez Bengoechea; porque, aun en el caso de
de la Gaceta una real orden clausurando definitiva- que el gobierno adquiera (que no sé por qué se me
mente la Exposición de Bellas Artes, la cual se pre- figura _que no los :3-dquirirá) los cuadros premiados
tendía volverá abrir en el próximo mes de abril uni- c~n primeros premios, nunca lograría cobrar quince
da á la anual del Círculo de la calle de la Libertad. n;i1l pesetas el distinguido artista; cuando más, le da~ o me ha sorprendido la real orden de que hago na el Estado, por lo que representa un año de labor
ménto. En alguna de mis Crónicas he dicho que me y de gastos enormes, veinticuatro ó veintiséis mil
parecía perfectamente descabellada la idea de la re- reales.
apertura del certamen, y además de descabellada, irreEsto en _cuenta, me parece que hacen muy bien
glamentaria; pero con la citada orden, y según los los Sres: S1monet, y Cutanda, autores de los celerum_ores hasta mí llegados, se hizo casi imposible la brados henz~s Flevit super_ illam ,y Una huelga de
realización de la Exposición del Círculo, que contan- obreros en Vizcaya, en rem1tulos á Chicago donde
do .c~n los alicientes de un local á propósito para seguramen!e alcanzarán los mismos aplau~os que
exh1b1r cuadros y estatuas, con el de las obras del aquí obtuvieron.
certamen internacional, apenas conocidas del público

207
U na cuestión de gran
trascendencia para las artes industriales está en estos momentos esperando
pacienteinente á que, así
por parte del Gobierno y de
las Cortes (cuando se debata el presupuesto de Fomento) como por la de la
prensa, le presten la atención debida. No sé hasta
qué punto llegará á interesarnos la referida cuestión,
ó mejor dicho, problema,
aun cuando se me antoja
que por lo mismo que se
trata de algo tan grave y
digno de estudio como es la
nueva marcha que el señor
Moret pretende imprimir
á las escuelas de Artes y
Oficios, pasará la cosa casi
inadvertida, en medio de
la balumba política, de los
relatos que á porfía hacen
y seguirán haciendo los periódicos de cuanto acontece en los consejos de Ministros, de cuanto se disputa en el salón de Conferencias del Congreso, amenizando la novela política
con capítulos de crímenes
repugnantes, donde ni siquiera hay estímulo de analizarun algo de carácter distinto al efectivo de la brutalidad nauseabunda de los
hechos.
Doloroso es consignarlo;
pero ante la realidad, no hay
más remedio que inclinarse,
siquiera sea protestando de
que, á fines del siglo x1x,
los asquerosos detalles de
crímenes como el de El Escorial y de la calle de Carretas obliguen á los periódicos á aumentar el doble ó el
triple sus tiradas, para saciar la curiosidad de cientos
y cientos de personas que se
complacen en leer detalles
de un naturalismo espantoso, y que al mismo tiempo
abominan de las novelas de
Zola y de otros escritores
ilustres, y no permiten que
esas obras del ingenio traspongan los umbrales de sus
casas. La decantada Socie-

dad de padres de famt'lia,
fundada para combatir la
inmoralidad, enemiga acérrima (seguramente) de
Pot B out'lle, de la Béte H um a t' ne, de La sonata de
Kreutzer, de La Honrada,
de Bucólica, de tantas otras
obras de arte, no tiene una
censura para la bestialidad pública que saborea el relato de la vida de mujeres y hombres á quienes, bien
la fa!~ de t?da educación, bien la inopia moral en
que VIV~n, bien la necesidad ó el ejemplo, arrojaron
en medio de la cloaca, adonde van á unirse y á fomentar todas las podredumbres emanadas de los orgasmos de la animalidad humana.
Y mientras conmuevan tan hondamente á las gentes estos hechos y estas suciedades, no hay esperanza de que cuestiones de un orden tan elevado corno
el á que perte~ece la enseñanza pública, merezcan un
poco de atención por parte de nadie. Solamente así
se concibe que el actual ministro de Fomento, campand~ por sus resI_&gt;et?s, imbuído por ideas ajenas, y
es~as ideas extranJ,enzas, se proponga desorganizar
mas de lo que esta la enseñanza de las Escuelas de
Artes y Oficios. Nadie se preocupa de averiguar si
puede ó no causar males irreparables á cientos de
obreros la organización proyectada, de si se tirarán
por el balcón unos cuantos millones. Acostumbrado
el pueblo español á ~ue_ los gobie:nos piensen y dispongan según sus cntenos, no da importancia alguna
á los trascendental~s, á los vitalísimos problemas
que en favor de la vida y desarrollo de los intereses
morales y materiales se están ofreciendo para su solución continuamente.

�DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ, cuadro de Rubens, grabado por Baude, existente en el Museo de Amberes

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

210

,.

NúMERO

587
NúMERO

!las como ha trazado el gran pintor durante su larga nacional de Bellas Artes de 1892). - La última producción del
artista valenciano ofrece la particularidad de represen·
carrera artística. Les engañó su buen deseo y olvida- laureado
tar un asunto mlstico con los elementos que suministra el mo·
ron cómo se forjan las reputaciones en París y cómo dernismo. El cuadro del Sr. Simonet reproduce la grandeza de
se agigantan las que no son gigantescas. Les engañó una blblica escena, representa á Jesús en el solemne momento
su exagerado chauvint's111e y su desconocimiento de de profetizar la destrucción de Jerusalén y de la Sinagoga, la
ingrata ciudad y la enemiga de su salvadora doctrina; y sin ~mlos ideales estéticos del día, y sufrieron una decep- bargo,
el artista se ha ajustado al concepto moderno, obtemención, pues el primer día que se expuso al público la do tonalidades admirables con los sencillos pero seguros efecobra toda (ó casi toda, pues faltan algunos pamzeaux, tos que sólo se log:'1n del natural. El cuadro ~~tá admira~le·
cuadros y retratos) no acudieron más que ciento mente pintado, y s1 resulta acertada la compos1aón, recom1éndase también por la corrección del dibujo, pudiendo considerar·
ochenta y dos personas, contando al presidente de la se
este lienzo como la obra maestra del Sr. Simonet.
república M. Carnot y á su esposa. Verdad es que
Merecida ha sirio la primera recompensa otorgada por el Ju•
el precio de entrada era de cien francos; pero este rado de la Exposición internacional ele Bellas Artes al distindato mismo viene en apoyo de mis afirmaciones res- guido pensionado de la Academia y al ya laureado autor de La
pecto de la equivocación sufrida por los organizado- decapitación de San Pablo, premiado en la Exposición de 1887.
res de la Exposición citada. No pudieron suponer
La traslación del cuerpo de la Virgen, cuaque en París, donde tanta gente hay que tira el dine- dro de C. Maccari. - Al ocurrir el tránsito de la Virj!en
ro, y adonde afluyen los aficionados y artistas del María, dicen los autores eclesiásticos, los Apóstoles y disclpulos
Salvador, milagrosamente transportados al lugar en donde
mundo, un acontecimiento como el de que me ocu- del
Aquélla expirara, untaron su cuerpo con preciosos ungüentos,
po atrajera tan escasa concurrencia. Así lo hacen envolviéronlo en bella mortaja y sembraron el suelo de olorosas
constar varios periódicos parisienses, no atinando con flores, cuyo perfume, sin embargo, quedaba desvanecido por el
la causa de tamaña indiferencia, aun cuando, con el suavísimo aroma que de aquel cuerpo se exhalaba. En la ma·
del 15 de agosto los Apóstoles llevaron en hombros las
dicho Mirbeau, la indicaron hace algún tiempo otros ñana
parihuelas en donde descansaba el sagrado cadáver, cantando
críticos á quienes no ciega enteramente el amor á en unión de los fieles las alabanzas á la Santísima Virgen. En
cuanto de bueno produce la nación francesa, califi- este texto se ha inspirado para su bellísimo cuadro, el pintor Maccando lo de los demás países de secundario ó poco cari, celebrado artista sienés que comenzó su carrera dedicándose á la escultura, y que después, encantado ante los primores
menos. Cuantos hayan visto un cuadro de Meissonier de
la escuela veneciana, convirtióse en el pintor de asuntos bíno tienen necesidad de ver más que las reproducciones blicos, sagrados é históricos que hoy admira toda I talia.
fotográficas ó fototípicas de los restantes para juzgarPilatos lavándose las manos, cuadro de Remlos. Todo el mundo sabe que la paleta del autor de
brandt. - E l gran pintor flamenco del siglo XVII fué verdadeLa retirada de Rusia es «sorda,» dominando en ella ro
revolucionario en el arte: arremetiendo contra el clasicismo
la «siena.» Todo el mundo sabe que la cualidad italiano en su época imperante, busca en la naturalidad y en la
plástica saliente de este pintor es el dibujo; por lo pintura en plena luz y con tonos cálidos los elementos artísticos
tanto, para admirarle como intérprete de ciertos tem- para sus composiciones, revolviéndose contra la afectación y la
sobriedad de colores de que hacían gala los grandes maesperamentos, como «compositor» admirable, como fría
tros italianos. Y aún va más alllá, pues llega á desdeñar el color
psicólogo que realiza con minuciosidad y cariño su histórico hasta tal punto que en algunos de sus lienzos aparecen
tipo - y no le demos vueltas, pues desde el último con trajes de la época del pintor los personajes de la antigiiesoldado de sus cuadros napoleónicos hasta el mismo dad, como sucede en Pilatos lavándose las manos, en el que el
procónsul va vestido á la usanza de los burgomaestres
Napoleón son todos uno mismo, - no es necesario romano
holandeses del tiempo de Rembrandt. To ha faltado quien crigastarse cien francos que costaba la primer visita á la ticara ese procedimiento que alg(m pintor moderno ha querido
sala Petit.
resucitar;.pero aun sus mas severos censores no han podido mePor otra parte, los nuevos ideales van por derrote- nos de admirar su portentoso genio, la riqueza de su colorido,
incomparable maestría en el clarobscuro, la frescura y la viros distintos, así en lo que á la plástica corresponde su
da de sus carnaciones y la finura y armonía del conjunto.
como en lo que al concepto atañe. Los grandes hechos de armas, la vida ordinaria de las gentes de si- Jesús en el lago de Genesareth, cuadro de
glos como el xvm, la representación de una figura Enrique Serra. - Nuestro ilustre compatrioti., entre cuyas
dotes artísticas descuella la de identificarse con los asuntos por
de hombre que lee ó que examina una espada, no él
tratados, hallando para cada uno los toques más propios, ha
convence, no emociona, y ha menester de la paleta dado repetidas muestras de sus felices disposiciones para los
de Ticiano ó de Velázquez el pintor que tales figu- cuadros religiosos, algunos de los cuales conocen nuestros lecras pinte, para que se le perdone la insub¡;tancialidad tores, como el de Jes1ís y los 11i11os, que reprodujimos en el número 488 de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA y que valió á su
del motivo en gracia de las maravillas del color.
autor grandes plácemes cuando lo expuso en Roma primero y
Algo interesante hay en esta Exposición Meisso- luego en la primera Exposición de Bellas Artes celebrada en
nier; los croquis y estudios para sus cuadros más fa- esta ciudad en 1891. L-i obra que hoy publicamos no es menos
mosos. Vésele al celebrado artista, íntimamente, en digna de elogio. La figura del Salvador está perfectamente sen·
tida, y el fondo sobre el cual destaca su luminosa figura es de un
los dibujos, acuarelas, apuntes, etc., hechos todos efecto
hermoso, obtenido, no con recursos exagerados, sino mercon la espontaneidad de que tenía que privarse cuan- ced á una sobriedad admirable que se amolda por completo á
do ejecutaba la obra definitiva. Se ven, pues, como la escena representada, es decir, á la predicación de Jesucristo
dice Luis Cardou, las cartas ~on que jugaba Meisso- en aquel lago donde tantos milagros realizó nuestro Redentor.
*
nier, se le ve todo su juego: he aquí lo más digno de
La Virgen María al pie de la Cruz, cuadro de
**
Tocóle el turno de los fracasos pictóricos á Fran- examen y lo más importante de esta exhibición.
José Uria. - Mejor que pudiéramos hacerlo nosotros, descriEntre las obras notables que del maestro francés be en este mismo numero el asunto de este cuadro el elocuentísicia. Desde la 1.füima Exposición internacional de París la decadencia del arte de la pintura se acentúa en se exponen figuran: 1807-1814, Retour de Moscou, mo orador sagrado Rdo. P. Almonacid: en su hermoso trabajo
pinta con frase elegante y sublimes conceptos el dolor de la
la nación vecina de un modo grande. A remediar en L'Auberge, Les amateurs de peinture, Le lt'seur bla.nc, Divina Madre que estaba al pie de la Cruz, no «acobardada y
lo posible esto responde el reciente acuerdo tomado L'homne á l'epée, Joumrs de boules, A Antibes, Le Ha- débil, no postrada y desfallecida, no abatida y trastornada,&gt;
por la sociedad de artistas que preside Bonnat, de no llebardier, La barricade,Jena 1806, Le Voyageur, La sino «en actitud firme y majestuosa, manifestando en medio de
las angustias que oprimen su corazón toda la elevación y nobleadmitir en el salón sino las obras de los que hayan lecture chez Diderot, Le guide.
za de su alma y elevándose al más alto grado de la más heroica
expuesto, previo examen del jurado de admisión, cinfortaleza,¡¡ Parece cornil que en estas palabras se haya inspirado
*
co veces consecutivas por lo menos. Y á mi entenel distinguido pintor ovetense Sr. U ria para pintar el cuadro
**
Sorolla está terminando el cuadro que le encargó que reproducimos. ¿Qué mejor elogio cabe hacer de la pintura?
der hacen bien. Deben haberse convencido de que
la recla111e no hace arte. Hoy no se acuerda nadie de el Senado, que representa la jura de la reina regenEl descendimiento de la Cruz, cuadro deR uMillet, de Courbet, del mismo Corot, y la fama de te; Domínguez un techo del cual me ocuparé en otra bens.
- Fecundo como pocos ha sido el pintor de María de
los Puvis de Chavanne, de los Beraud y de tantos Crónica, y Cutanda ha comenzado á pintar un asun- Médicis, de Felipe IV y de Carlos I de Inglaterra; sus cuadros
forman una lista larguísima y en gran número figuran en los
otros descendió bastante. Ultimamente el gran Meis- to místico.
Los escultores se disponen á disputarse la ejecu- principales museos del mundo, constituyendo en ellos valiosas
sonier pudo hacerse algunas reflexiones, bastante
joyas. Rubens cultivó todos los géneros, el histórico, el mitolóamargas, cuando supo que en Nueva York sus oqras ción del grupo que en Manila se alzará á Legazpi y gico, el religioso, el de costumbres, el retrato, el paisaje, y en
no alcanzaban los precios de las de otros artistas. De al célebre fraile agustino que compartió con el pri- todos ellos sobresalió por su composición, por su dibujo, por su
tal suceso me ocupé en las páginas de LA ILUSTRA- mero el mando del archipiélago en tiempos de Feli- colorido, por su vigor, por el movimiento de sus figuras, por el
CIÓN ARTÍSTICA, y como corroboración de mis afir- pe II. He aquí á lo que se reduce cuanto sé del mo- sentimiento, por el carácter de vida y realidad que supo imprimir en todas las representaciones de la naturaleza humana y que
maciones, con las cuales trataba de rebajar un poco vimiento artístico de esta capital.
antes de él era desconocido en la pintura. Todas estas cualidade la cuenta el entusiasmo de los admiradores del
des aparecen en grado máximo en el Descmdimiento de la cmz,
R. BALSA DE LA VEGA
lienzo que se considera como la página más hermosa y más inautor de La retirada de Rusia, Mirbeau, con motivo ..,,., ..••,•••.•.,......, ................, ........,•.•••.••••.••
,, .• ,,.,,...... , ••••• .,...... 1., •••• , ••.•••, ...... , •• , ••. 1,,,-, ....,
mensa de Rubens, que lo pintó para regalarle, al gremio de arde las Exposiciones del Campo de Marte y del Palacabuceros de Amberes como transacción de un litigio que con
cio de la Industria, enderezó sus críticas más duras
NUESTROS GRABADOS
él tenía. Los arcabuceros quedaron tan satisfechos que gratifiá fustigar á cuantos seguían los procedimientos de
caron el trabajo entregando al pintor 2.400 florines y á su es·
Meissonier, el cual, según el crítico de El Fígaro,
Ave María, cuadro de Héctor Cercone. - La posa un par de ~antes. El cuadro, que estuvo en la catedral de
no tema inconveniente en falsear la verdad simulan- imagen de la Madre del Redentor constituye sin duda alguna la Amberes, figura hoy en el Museo de aquella ciudad.
de inspiración más inagotable para los artistas: conjunto
do con harina la nieve que cubre el paisaje donde se fuente
de todas las perfecciones, personificación de los más cruentos
Cristo llorado por la Virgen y por los ángedesarrolla la escena de su cuadro «1814.»
dolores, manantial de gracias y consuelos, elegida por Dios pa- les, cuadro de Van Dyck. - Discípulo predilecto de Ru•
Todo esto se me ocurre á propósito del fracaso de ra la más sublime y más santa de las misiones, presentida por bens, apóstol de las teorlas y procedimientos por éste creados,
la Exposición que de las obras del insigne pintor pa- los profetas, adorada por los santos y bendecida por los hom- Van Dyck super6 á su maestro en punto á nobleza de formas,
en Ella se suman todas las bellezas, Ella encarna todos á profundidad de expresión, á delicadeza de sentimiento y á
risiense se celebra en estos momentos en la capital bres,
los sentimientos que serán siempre el más hermoso fundamento corrección de dibujo: como retratista ha sido equiparado porun
de la república vecina.
del arte. El celebrado pintor italiano Cercone en su Ave lifarla ilustre crítico á Ticiano y á Velázquez; y hablando de sus cuaCreyeron sin duda los organizadores que el nom- ha sabido interpretar con notable acierto esa bellísima figura, dros religiosos, ha dicho otro que nadie pintó Cristos tan admibre de Meissonier, que la inmensa popularidad de dándole una expresión mlstica y presentándola en una actitud rables como los suyos. El cuadro que reproducimos puede ser
considerado como modelo de sentimiento y de ejecución acaba·
que parecían gozar sus cuadros atraería desde luego de arrobamiento que mueven á la piedad y á la oración.
da: el Cristo yacente es de una verdad asombrosa, y el dolor de
número infinito de admiradores, los cuales pagarían
«Flevit super illam,&gt; cuadro de Enrique Si- la Virgen se ajusta perfectamente á la concepción cristiana de
á buen precio el placer de contemplar tantas maravi- monet (premiado con medalla de oro en la Exposición inter- esa Madre que ve morir al amado Hijo para redimir al mundo.

El señor ministro de Fomento pretende establecer
cuatro grandes escuelas de Artes y Oficios donde se
les enseñen todos los oficios é industrias imaginables
á mil doscientos jóvenes que ingresarán como internos. Las enseñanzas durarán tres años. Excusado es
apuntar que la idea de esta organización está inspirada por las tres escuelas centrales que del mismo
carácter hay establecidas en la vecina república. Pero
el Sr. Moret se olvida de las que sostienen, además
de los distintos departamentos de Francia, el municipio de París y la fundación Diderot. Pero el señor
Moret se olvida de que además de estas otras escuelas, el E stado francés viene costeando hace siglos fábricas de artes suntuarias, como la de Gobelinos y la
de Sevres. Pero el Sr. Moret olvida que solamente el
ayuntamiento de la ciudad d el Sena destina millón y
medio de francos para ayudará subvenir á los gastos
que ocasionan las secciones elementales de la capital.
Pero podrían perdonársele al Sr. Moret todos estos
olvidos si al propio tiempo que estudió la organización de las tres centrales de Francia, hubiese meditado acerca de la mt:moria últimamente dirigida á su
colega de Comercio y Bellas Artes por una comisión
nombrada al efecto para que expusiera su criterio
respecto del estado de la industria francesa, pues se
necesitaba saber si tantos gastos eran reproductivos.
Y por seguro tengo que si nuestro ministro de Fomento hubiese leído la memoria á que me refiero,
no hubiera caído en la tentación de imitar ni á losfranceses (á éstos menos que á nadie) ni á ninguna
otra nación. ¿Las razones?, ya se las daré al Sr. Moret en otro lugar. Ahora bástele saber que montar
esas cuatro escuelas, si se han de montar medianamente, no bien, le cuesta al Estado doce millones de
pesetas, y todo este dinero para hacer de un centenar de obreros que saldrán de esos centros un centenar de infelices condenados á morirse de hambre.
Créame el Sr. Moret; no es imitando como hemos
de avanzar en el camino del progreso; es dedicando
profunda, tena'z é inteligente atención al estudio de
las necesidades y de los elementos característicos de
las distintas regiones de España. Suponer, por ejemplo, que por artes de encantadores hemos de lograr
que la cristalería española ha de llegará competir con
la de Clichy ó de Venecia, donde existe esta fabricación hace siglos, y sobre todo donde las primeras
materias son especialísirnas, es lo mismo que pedirle
al cocinero del mejor transatlántico que nos sirva en
pleno golfo cotufas frescas. ¡Ay! No es lo mismo hablar de elecciones ó á propósito de cualquier cuestión política, siquiera el que hable lo haga con tanta
elocuencia como el Sr. Moret, que legislar respecto
de estas otras cuestiones. Lo primero lo hace cualquier ateneísta, lo segundo ... lo segundo tan sólo pensadores de la talla de los más grandes sociólogos.
Y aquí hago por hoy punto final de esta cuestión.

~

LA

587

2II

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL CRISTO DE LAS LÁGRIMAS

LEYENDA POR CAYETANO DEL CASTILLO T EJADA. - ILUSTRADA POR J. L. PELLICER

I
A mediados del
siglo xvn vivía en
el Albaicín de
Granada una pobre familia de tejedores de cintas, cristiana de corazón y de abolengo, y tan sobrada .de necesidades como falta de otras rentas y adehalas que no fueran el
reducido jornal que á costa de mil trabajos ganábase
honradamente, y apenas si alcanzaba nunca á remediar los más apremiantes menesteres de la vida.
Componíase esta familia de Pedro Sánchez y Juana,
su mujer, y de una hija que Dios les había deparado
corno fruto de bendición y cuya belleza y arrogancia eran tales, que aunque llamábase María, nadie
conocíala en el barrio sino por Mari/inda.
Y á fe que estaba el nombre justificado, y nunca
con más razón pudo decirse que cuando Dios niega
los bienes de fortuna, otorga dones de más estima,
que no se mercan ni truecan con maravedises de oro:
pues allí donde puso pobreza y estrecheces, quiso
también poner aquel dechado de hermosura, alegría
de una casa y de un barrio, pulido cristal en que los
Sánchez se miraban y anhelo constante de enamorados galanes que tendían celadas al recato de la doncella, y más de una vez dieron con riñas y acuchillamientos bastante que indagar á la justicia y no poco
que correr á alguaciles y corchetes.
Andaba Mari/inda en los veinte años, y aunque tenía cristiana el alma, llevaba en todo su cuerpo el
sello típico de aquella voluptuosa raza árabe, que
mezclando su sangre con la de Castilla, dejó en nosotros rasgos fisonómicos y característicos que no han
podido borrar las herrumbres del tiempo y que aún
se muestran con todo su realce en las mujeres de
nuestras viejas ciudades musulmanas.
Mari/inda era elegante y esbelta como las palmas
valencianas; de talle un poco largo y tentadoramente
cimbrador; de nariz fina y rosada que contrastaba con
sus labios encendidos y un tanto abultados como fresas en madurez; de ojos grandes y negros, cuyos ardores velaban largas pestañas á modo de finas celosías, ·y de pelo negro también y abundante y espeso,
que recogido sobre la nuca realzaba la gallardía del

busto, exuberante de belleza, y suelto y desmadejado
hacíala parecer á María Magdalena antes de que el
arrepentimiento la llevara á arrojarse á los pies del
Salvador.
La hija de Pedro Sánchez, aunque nacida y criada
en las estrecheces de la miseria, no vivía resignada
con su suerte.
La vista y el contacto de aquellos capullos de finísima seda que su madre hilaba, tejía su padre y ella
acicalaba hasta dejarlos trocados en hermosas cintas
de brillantes colores, que adornarían más tarde guardapiés y faldellines de alguna dama de linajuda alcurnia, habían engendrado en la moza instintos de refinamiento y de lujo, que mal se avenían con la modesta urdimbre de las sayas de estameña y de los
jubones de pañete en que encerraba Marilüzda el
espléndido tesoro de sus paganas formas. Y así, más
de una vez sucedió que la muchacha mirara con
tristeza y envidia los ricos trajes de damas y caballeros que con frecuencia escalaban las alturas del Albaicín é iban á dar cumplimiento á algún voto ú ofrenda ante la imagen del viejo Cristo de piedra, que,
lleno de trágica majestad, se destacaba pendiente de
su cenicienta cruz de granito, en el centro de la destartalada plazoleta donde hallábase la casa de Ma-

ri/inda.
No una vez sola los mortecinos rayos del farolillo
que pendiente de una escarpia de hierro se balanceaba á impulsos del aire, animando con tristes destellos la dolorida faz del Cristo, habían alumbrado los
pasos de galanes apuestos que imploraban, rendidos,
los favores de Mari/inda. Pero todo era inútil. La gallarda doncella, insensible á las súplicas y sorda á las
ternezas, soñaba con algo más que con el modesto
porvenir que un menestral honrado pudiera brindarle, y aguardaba un día y otro á aquel galán de sus sueños, que sacándola de tan humilde condición le ofreciera lindas arracadas, gargantillas de piedras preciosas, trajes de brocado y cuanto para sí estaba pidiendo la soberana hermosura con que á Dios plugo
dotarla.
La vanidad habíase apoderado del corazón de
Mari/inda, y á medida que el tiempo pasaba, sin que
sus anhelos de lujos y riquezas se satisficiesen, aumentaban sus ansias y crecían sus odios á la pobreza,

que era para la hija de Pedro Sánchez cadena insoportable que la amarraba á todo género de privaciones.

II
Hablábase mucho por entonces en el barrio de
una viejecilla apergaminada y rugosa que habitaba
camino del monte Ilipulitano, en una cueva obscura
y hedionda, que el vulgo aseguraba ser antro de brujas y de demonios y lugar de cabrunos conciliábulos,
en que más de una vez había fijado su mirada escrutadora y vigilante el tribunal del Santo Oficio. Nada,
sin embargo, contrario á la fe ni á la religión habíase
logrado hallar en el inmundo cubil de la vieja, y la
tía E nsalmos, que así la llamaban, vivía en paz con
la justicia, y mendigando aquí y allí su sustento, recorría los barrios vecinos con torpe é inseguro paso,
apoyada en su nudosa muleta y llevando en los lívidos y grieteados labios una eterna y sarcástica sonrisilla que amortiguaba la punzante impresión de sus
ojos, hundidos en las huesosas cuencas y verdes y
redondos como los del buho ó la lechuza.
Entre el pueblo corrían, no obstante, mil historias
estupendas y medrosas acerca de aquel carcomido
engendro de Satanás. Contábase que la tía Ensalmos poseía el secreto de untos maravillosos para devolver la frescura y lozanía de la juventud aun en la
más provecta vejez, y de filtros que ligab¡m los -corazones de los amantes desdeñosos, tornándolos en
apasionados y rendidos; que una mirada suya y el
conjuro de algunas palabras cabalísticas bastaban á
hechizar á una persona; que guardaba escondidos tesoros de inmenso valor con los cuales compraba las
almas para ofrecérselas al demonio, de quien era ferviente devota é instrumento de perdición, y que más
de un sábado los mozos trasnochadores la habían visto salir por la chimenea de su cueva, á horcajadas en
una escoba de mugriento palo, remontarse volando
sobre las alturas del Cerro del Sol y desaparecer por
el horizonte corno negruzca nube empujada por el
soplo del huracán.
Mari/inda había oído todas estas cosas y las había
dado crédito, arrastrada por su imaginación soñadora, propensa siempre á dejarse seducir por lo mara-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

212

,.

villoso y lo fantástico. Por otra parte, ¿quifo podría
dudar un solo momento de la existencia de las brujas, cuando la Iglesia las condenaba, tostábalas el
Santo Oficio y no había comadre en el barrio que no
las hubiera visto volar en tales ó cuales noches con
dirección al aquelarre? Indudablemente la tía Ensalmos era bruja, y bruja de buena cepa, á la que como tal estaba reservado el privilegio de operar cosas
sobrenaturales. Aquella vejuca carcomida y verdinegra, que mendigaba de puerta en puerta y á quien se
le cerraban casi todas; que metía miedo aun á los zagalones del barrio y llevaba sobre sí más andrajos que
lustros y pecados y tantas necesidades como andrajos , era no obstante dueña de inmensos tesoros . .Afárilinda no lo ignoraba, y muchas noches había soñado con las riquezas de la bruja y se había visto poseedora de ellas, habitando un encantado palacio,
prendida con joyas de esmeraldas y diamantes y rodeada de numerosos y sumisos criados, que adivinaban sus deseos y satisfacían sus más raros caprichos.
Pero el alba llegaba y desaparecía la.ilusión al ruido del telar que Pedro Sánchez comenzaba :í. mover,
recordando á la muchacha la cotidiana faena de
aquellas cintas, que mil veces maldijera por ser, al
par que signos y testigos de su condición humilde,
estímulos y acicates de sus ambiciones locas.

do con lo que la doncella consideraba como la dicha más apetecible?.. Nada, menester era decidirse
y no dejar huir la loca suerte, que suele ser como aire
sutil que al menor descuido escápase aun por los más
ertrechos resquicios. Jlfarilinda iría :í. ver :i la tía

Nú.MERO

587

chuzas y un buho; una nube de murciélagos dormía
pegada á las húmedas paredes y algunos sapos se revolcaban en la ceniza del hogar, mientras de piedra
á piedra tendían sus viscosas redes varias gigantescas
y repugnantes arañas.
E11s11!111os.
Cuando entró la tía Ensalmos todos aquellos bichaAsí lo determinó tras de dos días de vacilaciones, rracos pusiéronse en movimiento. l\Jedia decena de
temores y dudas.
murciélagos posáronsele en la cabeza, ciñéndola con
negruzca diadema; la lechuza favorita subiósele al
IV
hombro y pareció que le hablaba al oído, y.dos 6 tres
sapos comenzaron á hacer monadas ante la bruja,
Rendidos los Sánchez del trabajo, recogiéronse lcvant:\ndose sobre las patitas y mo~trando al descucomo de costumbre en su lecho después de oracio- bierto sus hidrópicas y verdinegras panzas.
nes. .A-farilindti se entró en su desván, apagó el can- ¡Fuera arrumacos!, polilla, dijo la vieja, sacudil, y en la obscuridad aguardó, entre impaciente y diéndose los animaluchos.
temerosa, á que se durmieran sus padres.
Y libre ya de ellos encendió con el candil una linPasó una hora y luego otra. De pronto el aire se ternilla, sacóse del seno mohosa y torcida llave y
agitó con una vibración metálica, á la que siguió abrió una ferrada puerta, en que 1lfc1rili11dcz no había
otra ... y otra ... y después un eco, que poco :í. poco reparado hasta entonces.
fué dilatándose y muriendo, hasta confundirse con
- Sígueme, dijo la tía Ensalmos.
los misteriosos rumores de la noche. Habían dado
Y alumbradas de la linterna descendieron ambas
las ánimas.
por un estrecho caracol que se hundía en los abismos
Cobijóse Afari!i11d11 en su paiiolón de lana y sigi- lle la tierra.
losamente abandonó el desván. Puso oído atento,
- ¡Uno!.. ¡tres!.. ¡diez!.. ¡ciento!.. ¡mil!, iba dicienaguantando la respiración fatigosa: nada oyó. Sus pa- do la bruja; y bajaban... bajaban sin que el descenso
dres dormían. Bajó la dt:svencijada escalera, abrió á pareciera tener remate.
tientas la puerta de la casucha y se encontró en la
Por fin llegaron á su término. Un obscuro subteIII
calle.
rráneo se abría ante ellas. Entraron y siguieron caLa noche, aunque serena, era obscura, y sólo en d minando. A intervalos, la luz de la linterna hacía
Terminaba ya casi la cuaresma, cuando una tarde centro de la destartalada plazoteta se veía luchar con relucir en las paredes brillantes veteados.
1}farili11da, llevando al cuadril su cántara, dirigióse la sombra la tenue luz del mugriento farolillo del Cris- Eso que reluce, decía la vieja, son los filones
por agua al aljibe de donde acostumbraba á tomarla. to, que como una soñolienta pupila proyectaba tris- de metales preciosos. Las arterias de la madre tierra
Pegada al arco de herradura de aquél, como sala- tes destellos sobre el trágico rostro de la escultura.
cuya ~angre codician los hombres... ¿Oyes ese ruido
manquesa que en la humedad se esponja, estaba la
Jlfízrilinda miró al Nazareno y sintió que el rnlor que comienza á retumbar sobre nuestras cabezas con
tía E11sa/111os, -con su eterna sonrisilla en los repug- le faltaba. Hizo un supremo esfuerzo para serenarse, el estruendo de una avenida? Es el Dauro: por bajo
nantes labios, apoyada la diestra mano en su nudosa y con rápido andar cruzó la plazoleta, pasó por delan- de él pasamos.
muleta y teniendo en la otra una miserable escudilla te de la imagen apartando de ella la mirada, y se in1Jfarili11da miró hacia arriba, sintió caer sobre su
I
de colorado barro.
ternó en el confuso laberinto de medrosos y torcidos frente algunas gotas heladas y vió que de la bóveda
.A-farilinda reparó en la bruja y detúvose un tanto callejones que conducían al camino del monte llipu- salían finas agujas de piedra, que ornadas de diatemerosa de hallarse á solas con ella.
litano.
mantes, pareda11 temblar á los reflejos de la luz.
- No temas, pimpollo, díjole la abuela con casCuando llegó ante la cueva de la bruja estaba jaPronto cesó el ruido y comenzó á notar la doncella
cada voz, que aunque mal de ojo haga, nunca hícelo deante, pero ya no sentía miedo.
una claridad tenue al principio y que á medida que
:í. mozas como ttí, tan garridas. ¿Quisieras darme agua?
Ante? de que llamara, la puerta se abrió y la tía adelantaban iba creciendo y llenándolo todo. HalláEchó Manlind,i el acetre al aljibe, tomó agua y Ensalmos ofrecióse á su vista, apergaminada y rugo- ronse por fin ante una enorme puerta de bronce, que
llenó la escudilla de la vieja, que después de beber sa como siempre, pero erguida, derecha y sin la inse- abriéndose por sí sola, hizo lanzar á .lfarilinda un
añadió, clavando en la muchacha su mirada punzante: para ble muleta, que era apoyo de su vacilante andar. grito de espanto y de alegría. Tan maravilloso fué el
- ¡Lastima que tan gran hermosura ande tan mal
- Te aguardaba, niiiita, dijo la bruja. Entra y no espectáculo que miraron sus ojos.
cuidada! ¡Cuántas princesas envidiarían esos colores tengas cuidado por tus padres, que los he dormido
Lo que vió era una amplia cuadra, á modo de las
de arrebol y ese pelito de cuervo! .. ¡Ay, niña, qué bien y no despertaron hasta la aurora.
árabes, cuyo pavimento, muros, bóveda y encendinecia es la que pudiendo ser señora empéf1ase en moY alargando su huesuda diestra, cogió á Jlfari- das lámparas que de ella pendían estaban construirir villana!
linda de la mano y la hizo pasar, atrancando luego la dos de finísimo oro. J\I frente arrancaba una sober- ¡Qué dice usted, tía Ensalmos.', exclamó sobre- des,·encijada puerta.
bia escalera baldosada del mismo metal; todo lancogida la doncella.
Un humoso candil colgado de la saliente de un zanclo tales resplandores que cegaban la vi~ta.
- Digo, hijita, que si tú quieres, medios tengo yo guijarro iluminaba la covacha, en la cual nada veíaEl asombro paralizó á la hija de Pedro Sánchez:
para que en princesa te trueques y cuanto ambicio- se que revelara las malas artes que á la tía Ensalmos pe:ro la bruja la hizo volver en sí y la condujo por la
nas tengas.
se atribuían.
escalera al interior del encantado palacio, que tarda- Yo no ambiciono nada, replicóM.zrilinda, asusLa abuela hizo sentarse á .Mari/inda en una silla ron en recorrer largas horas.
tada de ver cómo aquel carcamal leía en sus pensa- de anea, y t0rnando ella otra, díjole después:
¡Oh y cuántas riquezas vió juntas la ambiciosa donmientos.
- Vamos, palomita, cuéntame tus penas y dime lo cella! Pavimentos, paredes, techos, todo de oro; y en
- Pues si nada quieres, ahí te quedas. Mas si por que quieres; que como fuere cosa á que mi poder al- muchas salas de esmaltados muros, montones de ceacaso soñaste con ser dama principal, dueña de te- canee y tú pusieras lo que de ti dependa, lograda la quíes, de doblas y de marevedises excitaban la codisoros que nunca se acabasen, vé cuando quieras, oído tienes de fijo.
cia y espléndidas joyas de primorosa orfebre halael toque de ánimas, á buscarme á mi cueva y á fe
Entonces .A-fárili11da expuso su deseo y pidió á la gaban la Yanidad más exigente ... ¡Oro por todas parque podré darte cuanto necesitares.
vieja parte de sus tesoros, de aquellos tesoros con tes!.. ¡Oh y cómo iba á ser dichosa Afarili11da si dejá
Y esto dicho, y acentuando su sonrisilla, alejóse la que tantas veces soñara y en que cifrábanse todas banla á ella henchir siquiera un halda!..
bruja del aljibe, dejando :í. la doncella sumida en un sus ambiciones.
Así pensó, y yéndosele el deseo tras el pensar, alargó
laberinto de negras confusiones.
- ¿Y qué me darás á cambio de lo que anhelas?
la mano á un arcón de oro,que repleto de rubias moPor la noche Mariltizda durmió inquieta y desaso- Le que queráis.
nedas encontrábase próximo. Pero antes de que tosegada, y se vió de nuevo poseedora de los tesoros
- ¿Lo que quiera?.. Veremos ... veremos después. cara el codiciado metal, hundióse el fondo del arcón
de la vieja... «Si por acaso soñaste con ser dama Por lo pronto voy á llevarte á un sitio donde jamás y rodó el tesoro al abismo, llenando el aire de agudas
principal. .. , yo podré darte cuanto necesitares.» Esto penetró nadie. Allí has de ver maravillas con que y cristalinas vibraciones.
había dicho la bruja, y sus palabras no se apartaban nunca soñaste. ¿Tendrás valor para seguirme?
.Afarili11da retrocedió espantada.
un momento de la imaginación de la muchacha. El
Jlfcmlinda vaciló; después dijo:
- Esas monedas, como todo lo que aquí ves, díjole
demonio de la vanidad había acabado de apoderarse
- Sí.
la bruja, no pueden tocarse sin haber antes prestado
de ella y concluyó por sugerirle un pensamiento de
- Pues ven.
acatamiento á su dueño.
perdición.
La doncella siguió á la tía Ensalmos, que llevando
- ¿Y á quién pertenecen?, preguntó la doncella.
Buscaría á la bruja; le pediría oro mucho oro, y en la mano el candilejo, 11egó á un rincón de la cue-Al Rey del Oro. Si juras prestarle adoración y
si la tía Ensalmos cumplía su promesa, abandona- va, apartó una gran maraña de zarzas que allí había obedecerle, tuyas serán y tú la envidia de los homrían sus padres el telar y otras manos hilarían y teje- y dejó al descubierto una negra abertura.
bres. Pero ve que has de cumplir sus mandatos, aun
rían la seda con que .Afarili11da se acicalase. Las moPor ella pasó seguida de la muchacha, y encontrá- antes que los del mismo Dios.
zas del barrio y las damas de la ciudad envidiarían ronse ambas en una segunda cueva, á cuyo lúgubre
- ¡Antes que los de Dios!.., murmuró vacilante la
su suerte; y la que antes con su hermosura puso con- aspecto volvió el temor á invadir el alma de Mari- muchacha.
gojas en el corazón de tanto villano y prendió yescas linda.
- Sí, repitió la bruja. ¿Juras?...
al deseo de tanto gran señor, sería solicitada por caErase aquel antro un reducido espacio de desiguaAfarilinda vaciló, miró en torno suyo... ¡oh! y cómo
balleros linajudos, que á dicha tendrían el entroncar les paredes, que se unían en forma de tosca bóveda. deslumbraba aquel oro.
con la familia de los Sánchez.
Sobre polvorientos vasares empotrados en los pedre- Juro, dijo al fin.
Para conseguir todo esto, ¿qué necesitaba la don- gosos muros veíase abundante porción de pucheretes,
- Pues óyeme, exclamó la tía E11sa/111os, cuyos
cella? Atreverse una noche á abandonar su casa y á cantarillas y redomas conteniendo menjurjes de dis- ojos brillaron como dos encendidos tizones. Dentro
buscar á la tía Ensalmos en su cueva, que Mari/in- tintos colores. En un rincón y sobre una hornilla de tres días es Viernes Santo. A las doce de su noche
da, como todos los vecinos del barrio, conocía. Pero de barro, cocíase á fuego lento en cobriza marmita los vasallos de nuestro rey, que lo son algunos villa¿cómo tener el valor suficiente para ir á aquel antro, un obscuro brebaje, del que se escapaban á interva- nos y muchos magnates y aun príncipes purpurados,
que el vulgo aseveraba ser nido de embrujamiento y los lívidas llamaradas. De las piedras salientes pen- le han de prestar adoración ante un helado trono,
maleficios? Aunque, por otra parte, ¿no era mucho &lt;lían ensartados en ramalillos de cáñamo, á guisa de que tiene asiento sobre las nieves eternas de la Sierra.
más horrible resignarse á pasar toda una vida de tra- cuentas en rosario, enrolladas nóminas y amuletos Al pie de la abrupta cumbre del Mulhacén, en el Cobajos por dejarse asaltar de pueriles temores? ¿Qué de extrañas formas; sobre una cañeja, á modo de ne- rral de Veleta, celebraráse el conciliábulo. Allí has de
daño podría hacerle la bruja, cuando habíale brinda- blíes emperchados, veíanse tres viejas y pelonas le- ir, y cuando hubieres adorado al gran señor, cabro-

I

NúMERO

587

213

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

neador de brujas y árbitro de los hombres, tuyas serán fuerza sobrenatural llegó ante la cruz y cayendo de I imagen cada minuto para seguir las fases del_ movirodillas golpeó con' la hermosa cabeza' el pedestal de miento. Finalmente1 la abert~ra d~ una flor? s1 tarda
sus riquezas.
. ¡aman d o..
10 horas en producirse, permite deJar 24 minutos de
- ¿Y cómo, dijo Mari/inda, podré trepará las ne- grant·to, exc
. ,
.
_
¡Perdón
Dios
mío!
..
¡Perdón!..
intervalos
entre dos 1magenes sucesivas.
.
vadas cumbres?
La mirada' de Cristo brilló con ¡05 esplendores de
El m~nub~io col~cado en la parte posterior d~l
- Por la fuerza de este amuleto de negras bayas
una aurora, y de sus marchitos labios salieron estas a~arato 1!11pnme al JUe~? .de ruedas ~otor un mm 1miento rap1do y sería d1f1c1l hacerlo girar con bastanconso1ad oras frases:
'
.
.
.
_ y 0 troqué en símbolo de salvación lo que era te lentitud para reducir la frecuencia de las imágenes
siano de tu eterna desdicha. Tú vuelves á mí y lloras á menos de una por segundo; por esto se proce?e de
tuº pecado. También yo ¡0 lloro. Abraza mi cruz, y mi J distinta manera cuando s~ ha de establ~cer un mterllanto y tu arrepentimiento te darán riquezas que para valo largo entre los sucesivos alumbramientos.
·
El eJ·e de los discos obturadores se prolonga delans1empre permanecen.
y alzó Mari/inda los ojos y á los últimos destellos te del aparato en _forma de un cuadrado al que se
de aquella claridad que envolvía Ja cruz, vió que por adapta el manubrio, el cual entonces no produc~ en
las mejillas de Cristo descendían dos purísimas lágri- c~da una de sus vueltas m~s que u~a vuelta del disco,
mas como tembladoras gotas de rocío.
s1end~ en tal ca~o !11uy fácil r_educ1r á voluntad la fr~Después todo quedó en la obscuridad; y cuando cuenc1a de las 1magenes haciendo que. el manubrio
despuntó el alba y el alegre voltear de cien campa- dé una vuelta cada segundo, cada mmuto ó rada
nas cantó el himno de la resurrección, Mari/inda ya- hora.
.
cía sin sentido al pie de la imagen de piedra, en cuya . En los casos en que las imágenes deban tomarse á
marmórea faz veíanse congeladas dos cristalinas gotas mtervalos muy largos, e~ vez de dar vueltas a~ m~nude llanto. Un año después, en un convento de Carmeli- ?rio con la mano e~ _meJor con~ar est~ trabaJO ª. ~n
tas descalzas tomaba Mari/inda el hábito de religiosa, Juego de ruedas auxiliar, que lo eJecuta a la perfecc1on.
cambiando su nombre por el de Sor María de la DoC. Duración de los alu111bram,;11tos - La duración
lorosa Pasión.
El pueblo conservó el relato del prodigio; la t_ía de los alumbramientos guarda una relación natural
Ensalmos desapareció para siempre, y la piedad cris- con la frecuencia de las imágenes, lo cual resulta de
tiana rindió culto fervoroso al Cristo de las lágrimas, la misma construcción del obturador. En efecto, si el
que todavía se eleva, lleno de trágica majestad, en la disco grande tiene un metro de circunferencia y las
que te doy. A la media noche, sal de tu cas:i, échatelo destartalada plazoleta del Albaicín, donde estuvo la ventanas alumbradoras un centímetro de diámetro,
la coincidencia de las ventanas producirá el alumbraal cuello y hallaráste en el acto en el conciliábulo. casa de Marilinda.
miento durante 1/200 de vuelta de disco aproxima¡Ay de ti si faltares á tu juramento!, porque nadie te
damente
(2). Ahora bien: ámedida que el disco giralibrará de las iras de nuestro rey... Ahora vuélvete á
rá más rápidamente, esta duración absoluta del alumtu casa, porque el alba se acerca.
bramiento será más corta: con una rnelta de disco
Y dicho esto, ciñó con el amuleto la garganta de
por segundo se obtendrá una imagen cuyo tiempo de
.Afarilinda que por ensalmo vió desvanecerse la encanexposición
será de 1/200 de segundo; con dos vueltada mansión y se encontró en su desván.
tas, dos imágenes con exposición de 1/400 de segunLa luz del día comenzaba á esclarecer el horizonte.
do, y con diez vueltas, diez imágenes con exposición
de 1/2.000 de segundo.
V
LA CRONOFOTOGRAFÍA
Esta relación natural entre la frecuencia de las
NUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIF.NTO
imágenes
y la duración del tiempo de exposición es
Era la noche del Viernes Santo, noche medrosa y
EN LAS CI ENCIAS FfSICAS Y NATURALRS
en
general
ventajosa, pero algunas veces es convelúgubre, en que aún parecían flotar en el ambiente
(Continuación)
niente cambiar esta relación en interés de las pruebas
los últimos ecos de la desenfrenada muchedumbre
Sabido es que bastan diez imágenes sucesivas por fotográficas, sin lo cual podrían éstas tener un tiempo
que escarnecía al mártir del Calvario y los doloridos
acentos de la víctima heroica demandando el perdón segundo para que los ojos experimenten la sensación de exposición demasiado corto ó demasiado largo (3).
de un movimiento continuo, y como la cronotografía Este resultado se consigue modificando la anchura
de sus verdugos.
Los fieles habían conmemorado con todo recogi- puede dar por segundo hasta 40 ó 60 imágenes, si se de las ventanas.
miento la solemnidad del día, y cuando las tinieblas hace girar una de estas tiras en el zootropo á razón
D. Elección de objetivos según la índole del objeto
envolvieron la ciudad, por las solitarias callejas no de diez imágenes por segundo se consigue la sensaque
se estudie. - En todo aparato fotográfico debe
ción
de
un
movimiento
cuatro
ó
seis
veces
más
lento
cruzó persona.
El templo, cubiertas sus hornacinas con morados que el natural, y por consiguiente mucho más fácil de cambiarse de objetivo según las dimensiones y la discrespones, desnudos sus altares y apagadas sus lám- seguir en todas sus fases. Este método nos sirvió hace tancia del objeto cuya imagen deba tomarse. Esta.
paras, como ojos que velaron largo tiempo y duermen algunos años para el análisis del movimiento del necesidad es aún mayor en el cronofotógrafo, porque
el sopor del cansancio, semejaba un sepulcro vacío, vuelo de los pájaros, cuyo resultado consignamos en este instrumento se aplica á los más diversos estudios. Todos los objetivos que se utilicen deben estar
por donde el aire se arrastraba quejumbroso, hacien- la obra Vol des Oiseaux.
Este método, sin embargo, no es suficiente para el montados en una caja análoga á la que representa la
do chirriar las vidrieras y crujir las celosías de los
análisis delicado de un movimiento, pues todavía figura 6 (4) y que permite cortarlos en su parte media
confesonarios.
Densos nubarrones presagiando tormenta cubrían adolece de las incertidumbres propias de las sensa- para dejar pasar los discos obturadores en el centro
el horizonte, y en la destartalada plazoleta en que ha- ciones sujetivas; de suerte que es muy inferior á la mismo del objetivo.
Sin embargo, cuando la cronofotografía se aplica
bitaba Marilinda todo era misterio, soledad y calma. cronofotografía sobre placa fija que reproduce direcEl mugriento farolillo pendía apagado ante la cruz, tamente el plano geométrico del movimiento estudia- al estudio de los movimientos en el campo del miy sobre la figura de Cristo expirando echaba la noche do (fig. 1) ( 1). Ahora bien: es posible llevar la segunda croscopio debe utilizarse una disposición especial.
forma de la cronofotografía á la primera, es decir,
En todas las circunstancias y cualquiera que sea el
el fúnebre sudario de sus sombras.
Dieron las doce. La puerta de la casa de Sánchez aplicar en una misma superficie las imágenes obteni- objetivo empleado, la cronofotografía puede practise abrió, y á la luz de un relámpago remoto se vió sa- das en superficies diferentes; este resultado se consi- carse en sus dos formas, es decir, sobre placa fija delir á Mari/inda, llevando en la mano el amuleto que gue, en algunos casos, por medio de la superposición lante de un campo obscuro y sobre la película móvil
de clisés transparentes; otras veces por una serie de si se trata de objetos que se destacan sobre un fondo
le diera la bruja.
La doncella anduvo algunos pasos, y preparándose calcos sucesivos, ó también por una serie de opera- luminoso.
á concluir la obra de perdición, ciñóse á la garganta ciones del género de las que F. Galton ha denomiAPLICACIONES
el collar por cuya virtud había de encontrarse de re- nado fotograflas compuestas.
En
un
gran
número
de
casos
basta
para
hacer
perpente en pleno conciliábulo.
.
Al definir la cronofotografía la hemos representado
Pero no ocurrió así; porque en aquel momento sm- fectamente inteligibles las fases del movimiento distió que sus plantas se aferraban á la tierra, mientr~s poner las imágenes en serie vertical: para obtener en como el desenvolvimiento más completo del método
sobre su cabeza rodó un trueno espantoso y ardió la tira pelicular esta disposición de imágenes en serie gráfico y como un medio precioso para estudiar los
cárdeno relámpago, que la hizo esconder la faz en el vertical, no hay más que cambiar la colocación del fenómenos de la naturaleza. Todo fenómeno, en efecseno y reparar en que el amuleto habíasele trocado aparato echándolo sobre uno de sus costados, con lo to, consiste en una serie de cambios de estado de un
que el desarrollo de la tira pelicular y su paso de un cuerpo bajo la influencia de determinadas condicioen un rosario.
Y cuando cesó el pavoroso ruido, del centro de la carrete á otro se hacen en sentido vertical.
(2) Estos cálculos son aproximados y ~ería muy dificil ha·
plazoleta de la cenicienta cruz de granito salió una
B. Frecuencia de las imágenes. - La frecuencia de cerios más exactos, como lo ha demostrado M. de la Baume·
voz suave, más dulce que el balido del tierno recenPluvinel.
tal, que exclamó con acento de dolorosa amargura: las imágenes debe variar según la velocidad del movi(3) Asl en los casos en que el intervalo de las imágenes
- ¡Mari/inda!.. ¡Mari/inda.'.. ¿Por qué me has aban- miento que se quiere analizar; generalmente se nece- fuese de 24 minutos, si los discos obturadores giraban unifor·
sitan diez durante la realización de un acto para que memente, la duración de la exposición sería de más de 7 sedonado?..
gundos : en este caso es preciso dejar el juego de ruedas paraY miró ella, aterrada, al sitio de donde la voz salie- puedan percibirse todas las fases del mismo. Así para do en el intervalo de las exposiciones y dar vueltas rápidamen·
ra, y vió la cruz envuelta en celestiales resplandores, analizar el aleteo de un pájaro, si este acto dura un le al manubrio cuando se quiere producir una imagen. A igual
y pendiente de ella, no la imagen de piedra, sino el quinto de segundo, los alumbramientos y por consi- velocidad de rotación del disco, la frecuencia de las imágenes
mismo Verbo hecho carne. Por las atarazadas manos guiente las imágenes deben sucederse á razón de aumenta 6 disminuye según que aumente ó disminuya el númede ventanas del obturador, y si estas ventanas conservan el
y el abierto costado derramábase su sangre preciosa; cuarenta por segundo. El paso de un hombre, que es ro
mismo diámetro, la duración del alumbramiento no varía. Fimucho
más
lento,
sólo
exige
diez
imágenes
por
seel cuerpo contraído acusaba las horribles !Orturas del
nalmente, á igual velocidarl de rotación y á frecuencia igual de
martirio; agudas espinas taladraban sus sienes; fl?ta- gundo, y para otros actos aún más lentos los interva- imágenes se varia la duración ele los alumbramientos haciendo
ba el viento la desgreñada guedeja, y en su dulcísima los han de ser más largos. Por ejemplo, una astería variar el diámetro de las ventanas. A~! para los movimientos
faz, acardenalada por los bárbaros sayones, pintábase puesta boca arriba en el fondo de un acuario emplea extremadamente rápidos como los ele las alas ele los insectos,
hay que transformar, por medio de una corti11a-venta11a, las
con lúgubres tintas el cruento padecer de la agonía. unos 10 minutos para volverse, bastando tomar una aberturas del disco en aberturas estrechas. De este modo hemos
La ambición villana sintió entonces en el alma las
podido reducir el tiempo de exposición á 1/25.000 de segundo,
(1) Véase el núm. 582.
(4) Véase el núm. 583sacudidas del arrepentimiento; y arrastrada por una

I

�L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

2 14

nes. Estudiar un fenómeno es observar sucesivamente la serie de estos cambios y compararlos entre sí.
¿Es necesario decir que la insuficiencia de nuestros
sentidos ó la imperfección de nuestra memoria hacen
á menudo defectuosas, si no imposibles, estas óbservaciones?
Los aparatos inscriptores han remediado en parte
las dificultades de la observación directa, pero sólo
son aplicables á casos relativamente sencillos, pues
los fenómenos que traducen deben haber sido previamente reducidos al caso uniforme del movimiento de
un punto sobre una línea recta.
De este modo las oscilaciones de la columna termométrica ó barométrica se inscriben bajo la forma
de una curva sinuosa que traza los cambios de altura
de esta columna, según el tiempo.
La cronofotografía abarca un campo- mucho más
extenso, pues no sólo reproduce los movimientos de
un punto sobre una línea recta, sino que también los

Fig.

VI. - LOCOMOCIÓN TERRES'l'RE,
MOVIMIENTOS DEL HOMBRE V DE LOS CUADRÓPEDOS
1. Movimientos del hombre. - En el siglo xvn Borelli demostró á los fisiólogos que las leyes de la mecánica poco antes descubierta por Galileo se aplicaban á los seres vivientes: el análisis que aquel sabio
hizo de los movimientos de los animales denota extraordinaria sagacidad; pero la carencia de medios
exactos para medir el tiempo, el espacio y las fuerzas
no permitió al sabio profesor de Nápoles resolver los
múltiples problemas de la mecánica animal. A principios de este siglo, los hermanos Weber, que dispo-·
nían de instrumentos menos imperfectos, han dado
algunas nociones más exactas acerca de la locomoción del hombre; pero si se tiene en cuenta la complejidad del asunto estudiado, se comprende la insuficiencia de los recursos hasta ahora empleados. La

15. Fases sucesivas de un salto á lo largo. Cronofotografia sobre placa fijaj'.

movimientos de todos los puntos de un objeto, ó por
lo menos de todos los que serían visibles desde un
mismo punto de vista: todos estos movimientos son
recogidos por ella, cualquiera que sea el sentido en
que se efectúen.
Como en otras formas del método gráfico, la cronofotografía sigue las fases de los fenómenos que escapan á la observación por su lentitud extrema, lo
propio que los actos muy rápidos; pero cuando se
manifiesta su superioridad es cuando se aplica á movimientos de extremada complejidad.
Cierto que nuestro método no reproduce la expresión continua de los cambios que traza; pero las imágenes que toma pueden estar tan aproximadas unas
de otras que, mediante una interpolación legítima, se
pueden concebir las fases intermediarias á las que
están representadas.
Lo que desde luego sorprende en las aplicaciones
de la cronofotografía es su potencia para el análisis
de los actos rápidos. Cuando se ve que las alas de un
insecto que vuela están tan claramente.representadas
como si estuviesen inmóviles, y cuando se sabe que
para.obtener esta limpieza es preciso reducir la duración de cada exposición á 1/25.000 de segundo, concíbese que entre los actos más rápidos haya bien pocos que no puedan ser sorprendidos por la cronofotograffa.
Menos bien se conciben las ventajas de este método para el análisis de los movimientos lentos, y sin
embargo, debe existir una infinidad de fenómenos que
escapan á nuestro examen por su lentitud. Es de esperar que algún día podremos seguir sobre imágenes
tomadas á intervalos muy largos los movimientos
lentos de los ventisqueros ó los cambios de la configuración geológica de un país, y con mayor razón las
fases mucho menos lentas del crecimiento de un animal 6 las del desarrollo de ciertos embriones observados al través de sus membranas transpare_ntes. Sobre esto ha trazado un curioso programa de experimentos el profesor March, el cual dice que si se han
recogido en intervalos iguales y durante un gran número de años los retratos de un individuo á partir de
su infancia hasta su vejez y se dispone la serie de
imágenes así obtenida en el phenakisticopo de Plateau,
esta serie de cambios que en realidad se habrán producido durante un largo transcurso de tiempo, pasará
en pocos segundos por la vista del espectador, y éste
verá, en forma de movimiento extraño y maravilloso,
desarrollarse ante sus ojos todas las fases de una
existencia humana.
.
Pero volvamos á las aplicaciones inmediatas de la
cronofotografía y veamos sus relaciones con los problemas usuales de las ciencias: ahí tendremos tan ancho campo de observación que apenas podremos hacer otra cosa que tratarlo someramente, comenzando
por los diferentes tipos de la locomoción animal.

cronofotografía traduce del modo más exacto en todos
sus detalles los movimientos del hombre que anda,
corre, salta ó se entrega á diversos ejercicios corporales.
A. Cinemática de la locomoción del hombre. - En

presencia de algunas fotografías que representen en
placas fijas las imágenes sucesivas de un hombre que
anda y de un hombre que corre, podemos seguir en
ellas las principales fases de los movimientos que,
mejor que las palabras, expresan los caracteres propios de cada marcha, de modo que guiándose por ta-1
les imágenes, es fácil imitar la manera de andar y de
correr del sujeto que ha servido de modelo y reproj
&lt;lucir su modo de extender ó doblar las piernas, de
balancear los brazos, de poner el pie en el suelo y de\

NúMERO

587

po se apoya se extiende·vigorosamente é imprime á
éste un impulso vertical; al mismo tiempo levántanse
los brazos, lo cual da un aumento de energía al esfuerzo impulsivo. Las imágenes sucesivas presentan
al saltador separado del suelo con los brazos primeramente levantados y las piernas separadas; luego los
brazos se bajan y las piernas se juntan, echándose
cada vez hacia más adelante, de modo que los pies
vuelven á tocar el suelo con los talones más lejos del
centro de gravedad, á fin de evitar una caída de cara,
y finalmente en el momento de la caída las 'piernas se
doblan para amortiguar la fuerza de que está animado el cuerpo.
Según que esta serie de actos sea más ó menos
bien ejecutada, el espacio recorrido es más ó menos
extenso, y el saltador cae mejor ó peor en el suelo: si
ha calculado mal su velocidad, si no ha adelantado
bastante los pies en el momento de la caída, no podrá
permanecer quieto en el sitio en donde cae, sino que
habrá de seguir corriendo algunos pasos hasta que
esta velocidad se extinga.
En cuanto al salto de la garrocha (fig. 16), sus fases sucesivas pueden seguirse en la fotografía con la
misma facilidad. El corredor clava en tierra el extremo de la pértiga al mismo tiempo que se levanta del
suelo extendiendo vigorosamente la pierna. La ac~ión
combinada de este impulso vertical y de la velocidad
horizontal hace que el cuerpo describa un arco de
círculo, cuyo radio es la pértiga: si el que salta siguiera siempre esta curva, su cuerpo caería más allá del
centro del movimiento á una distancia igual á la del
punto de partida; pero u:n buen saltador apela á un
artificio que le permite aumentar considerablemente
el espacio que franquea, y que consiste: primero, en
prolongar el radio del círculo recorrido subiendo á lo
alto de la pértiga en el momento en que ésta pasa
por la vertical, y luego en inclinar el cuerpo en una
dirección casi horizontal, es decir, normal al radio
del círculo recorrido. De este modo el saltador cae
naturalmente á una distancia mucho mayor de aquella de donde había partido.
De modo que en el salto de la garrocha el impulso inicial no es, como en el salto en longitud, la única fuerza de que la extensión del salto depende, sino
que esta distancia puede aumentar por los actos que
el saltador ejecuta apoyándose en la pértiga mientras
está en el aire.
Si queremos hacer un estudio más detallado de los
movimientos ejecutados en un ejercicio corporal, tendríamos que valernos de esas fotografías parciales de
que hemos presentado un ejemplo al hablar de la
marcha del hombre. Así un hombre vestido de terciopelo negro que lleve á lo largo de los brazos y de
las piernas líneas brillantes produce la fig. 17 en un
salto de altura precedido de una carrera: en este
ejemplo, todas las fases del movimiento se presentan

587

N Ú MERO

215

LA ILUST RACI ÓN A RT ÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fen6menos y sus
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplicaciones tan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas in·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña_d~l contemdo del Mu.~oo Ff·
stco podrá venirse en conoc1m1ento de la gran u!lhdad de
esta obra. ,

NUEVA PUBLICACIÓN

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN D lt D. MANUIL ARANDA Y SANJUÁN

UAVEOAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA , FISICA MOLECULAR

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

Edici6n ilwtrada con grabado8 intercalado8 y lámina.,
cro11wlitografiada8
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la física del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente popular. Siguiendo en él el
plan admit_ido por_cuanto~ d~ la ciencia física han escrito, lo di·
vide en vanas secciones prmc1pales, en cada una de ellas se enunria la ley que preside a los fenómenos de que trata, el descul,rimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
As!, después de tratar de los fen?menos y leyes de la Graveiad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

Muestra de los grahados de la obra - Audiciones
telefónicas teatrales
esas leyes han tra!do consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teorfa completa del Sonido agrega una enume·
ración de todas las aplicaciones de la Acústica y de los instrumen·
tos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, m1croscop,o, etc. El Alag-netismo y la Electricidad proporcionan ancho

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que pro•
curaremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el caso de que lo desea•
ran los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Adémás de los grabados intercalados en el:texto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la F!sica, asl como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas Ú otras
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas Ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo cor
que ofrecemos al público esta nueva obra.

· Se enviarán prospectos á. quien los reclame á. los Sres. Montaner y Simón, calle de Aragón, núms. 309 Y 311, Barcelona.

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escalonadas sin transición brusca á causa del gran
número de imágenes (veinticinco por segundo) tomadas mientras dura el salto.
A fin de hacer más instructivas las cronofotografías del movimiento sería preciso que los individuqs
que estas imágenes reprodÚjeran fuesen escogidos
entre los más fuertes y los más hábiles, que fuesen,
por ejemplo, los premiados en los concursos de gimnasia. Estos sujetos escogidos revelarían · de esta
suerte el secreto de su habilidad inconscientemente
adquirida y que ni ellos mismos podrían de fijo definir.
·
El mismo método se prestaría igualmente á la enseñanza de los movimientos que hay que ejecutar en
los diferentes trabajos profesionales y evidenciarían
en qué se diferencia el martillazo de un herrero hábil del de un aprendiv, lo propio sucedería con todos
los actos manuales y con todos los géneros del sport.
( Co,;ti1111rmf)

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PATERSON
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EDICIÓN ILUSTRADA

Fig. 16. Fases sucesivas de un salto con la garrocha. Cronofotografía sobre placa fija

. . . 1:Joe _,,. tu ~ D. . del .....
--.O, J'ala de ApeU\o, Dlfe■UODN lalton.M, .Aoediu,T6m1toe, Zrootoe, 7 C611-:
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el Jlaqutttlma, las J.fece1otla ~cro(Ulosa, Y escorbutlcal, etc. El l'in• Ferru,;lno■o de
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regular1~~1 coordcna y aumenta considerablemente l as tuerzas ó tn!unde a la san¡re
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Catarros,Mal de garganta, Bronquitis . Resfriado■• Romadizos,
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separarlo de él. Mucho más difícil sería imitar estos
mismos actos procurando copiarlos del modelo mismo, porque especialmente en las marchas aceleradas,
los movimientos son demasiado rápidos y escapan á
la observación.
Esta enseñanza por medio de las imágenes podría
aplicarse muy bien· á los diferentes ejercicios corporales, siendo desde este punto de vista de verdadera
utilidad.
La fig. 15 representa á un gimnasta que ejecuta un
salto á lo largo, y aunque el número de imágenes es
sólo de cinco por segundo, basta para definir la serie
de actos que en un salto de este género deben efectuarse.
Siguiendo las imágenes en su orden de sucesión se
ve que el saltador adquiere mediante una carrera previa la velocidad que le hará recorrer un largo espacio
durante su período de suspensión.
En el momento del salto, la piérna en que el cuer-

con!ra las diversas
Afecciones del Corazon,
Hydropesias,
Toses nerviosas;
Bronquitis, Asma, etc.

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~111.
. . . . . . . . . . . ..

�•
N úMERO 587

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

216

LOS NUEVOS SELLOS DE CORREOS DE LOS ESTADOS ,UNIDOS

En conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América ha puesto en circulación la gran república norte·
a,nericana una nueva serie de sellos de correos que únicamente
circularán durante el presente año de 1893. En estos sellos, que
se distinguen por su forma diferente de la que por lo general
tienen los de todas las naciones, ha hecho la American Bank
Note Company, encargada de su ejecución, ostentoso alarde de
la superioridad que en esta materia la coloca por encima de todas las demás de su clase: grabados al acero, son indiscutiblemente lo mejor y más artístico que en su género se ha producido. Todos llevan en la parte superior la inscripción [Jnited
States ofA merica con las fechas I 492 y 1892 á los lados y de·
bajo el valor del sello; en la parte inferior hay el titulo del
cuadro ó escena reproducidos.
He aquí ahora el valor, el color Y. el asunto que representan
los quince sellos que forman la colección y cuyas dimensiones
son 25 miHmetros de alto por 36 de largo:
5 dollars, negro; el busto de Cristóbal Colón y á amhos lados figuras simbólicas de América, repre~entada·por una india, á

la derecha, y de la Libertad, por una matrona, á la izquierda.
4 dollars, carmín; los retratos de Colón y ele Isabel en medallones separados.
3 dollars, verde-amarillo¡ Colón describiendo su viaje, copia
del cuadro de Francisco Jover.
2 dollars, encarnado¡ Colón encadenado, copia de un cu&lt;idro de Lenze.
1 dollar, color de salmón; Isabel empeñando sus joyas, copia
del cuarlro ele Muñoz Degrain.
5 0 centavos, azul obscuro; Colón llamado á España, copia
de un cuadro de A. G. Heaton, existente en la Casa Blanca de
Wáshington.
30 centavos, ocre claro; Colón en la Rábida, copia ele un
cuadro de Felipe Masó.
15 centavos, verde obscuro; Colón recib\do por los Reyes
Católicos al regreso de su primer viaje, copia del cuadro de Ricardo Balaca.
10 centavos, pardo; Colón presentando á los Reyes Católicos
tos indígenas ele los países nuevamente descubiertos, copia del

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WJue la f1ru4111 ltrea.

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!probada por la füDHU DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
Mé311ta1 en la■ Expo1leiooe1 inte?naclonalea de

CARNE y QUINA

P.lBIS - LYOI • VIENA - PBIUDELPBl! • P!RIS

11.&amp;llmento mu repnlor, anido al TóDioo mu enqico.

1867

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS PllJNCJPIOS fflJTlllTIVOS SOLUBLBS DB U CABNE

c,,1a.u y 91111u I son los elementos que entran en

la composiclon de este potente
reparador de las fuerzas vitales, de este fenl8ea■&amp;e per Neele■ela. De un gusto sulll&amp;mente agradable, es soberano contra la Anemia y el Apocatnúnto, en las Calentura,
'1' Con11alecencúU1contra las Dtarreas y las Afecctona del Bltomago y los ,ntutltm.
Cuando se trata de despertar el apetito, asegurar las digesUones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epldem1aa provoCldli por los calores, no se conoce nada supei'!or al l'i■• de gaiaa de A.reud.
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18i3

1876

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11 IWPL14. COK I L IUTOt ÍXITO 11' LJ.I

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E:rijarae /a,
caja, de hoja de/ala

. • ..

,

ESTRENIMIENTOS

los intestinos.

a1

I

cuadro ele Luigi Gregori, existente en la U niversicla~ de Notre
Dame de South- Bend (Indianópolis).
6 centavos. p{1rpura; entrada triunfal de Colón en Barcelo·
na, copia del cuadro de Randolfo Roger, existente en la Casa
Blanca; á un lado la figura de Fernando el Católico y á otro
la de Bobadilla.
5 centavos, chocolate¡ Colón pidiendo protección á Isabel,
copia de un cuaclro existente en el llfetropolitan Jl,f11se11111 ofArt,
ele Nueva York.
4 centavos, azul marino¡ las tres carabelas Santa llfarfa,
Nil1a y Pinta, copia de un grabado español.
3 centavos, verde; la Santa llJarla, buque almirante de Co·
Ión, en alta mar.
2 centavos, morado; desembarco ele Colón, copia deun cuadro de Vanderlyn, existente en la Casa Blanca.
1 centaVO¡ azul; Colón en el momento de divisar In tierra
nuevamente descubierta, copia de un cuadro de Guillermo II.
Powell; á la derecha un indio en traje guerre10 y á la izquierd&lt;i
una india con un niño.

Lu

Pet10w q1e conoc81 lu

PILDORAS~~DEHAUT
DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ni el cansancio, por que, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
si.uo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el cal6,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9'Ue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el causaZJ
c10 que la pur ga ocasiona queda completamente anulado porel efecto de la
buena alimentacion empleada, uno
se decide fácilmente á volver
á empe6ar cuantas veces

sea necesario.

destruye basta las RAICl!:9 el VE~LO del rostro de las damas (Barba, Blgole, etc.), slu
uingun peligro para el cutis. SO Años de É i:ito, 1millarts de testimonioagarantlzaD la eficacia
de esta preparacloD, (S, vende eo cajas, para la harha, T ec 1/2 oa)aa para el bl¡;olt. ligero). Para
los Lrazus, omrt~c'.• r• ,! !J l.,1.J'UU.l!l. DUSSER, 1, r ue J .•J .-Rouaaeau, Paria.

Quedan reservarlos los derechos de propiedad arl!stica y literaria
~MP, DR MONTANER Y SIMÓN

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>a~trtélC10t)

11tí~t1ea
Aílo XII

BARCELONA 3 DE ABRIL DE

1893

,.. _ _ _ _ _ __

NúM. 588

En el presente número comenzamos la publicación de la interesante novela de Héctor Malot &lt;ANIE,&gt; traducida por Antonio Sánchez Pérez,
con preciosas ilustraciones del célebre dibujante Emilio Bayard

EXPOSICIÓN MEISSONIER CELEBRADA EN PARIS

GENTILHOMBRE DE LA ÉPOCA DE LUIS XIII, estudio pintado por Meissonier

�218

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

588

Nosotros mismos por muy ufanados que nos mos- que mece la cuna de los pueblos nuevos. Lamartine

Texto. - Murmuraciones etiropeas, por Emilio Castelar. -: Ex· tremos con la ciencia nuestra y por mucho que ha- nunca se creyó poeta, nunca jamás, sino después de
posición Meissonier, por X. - D. Pedro el G_ruel (contmuación), por Luis de Llanos. - Do11a Concep_cuJn Arenal, p~r
X. -Miscelánea. -Nuestros grabados. -Ame, novela traducida por A. Sáncher. Pérez. - La cro11ofotografla (continuación).
Grabados. - Exposición Meissonier celebrada en Parls: Gentilhombre de la época de Luis XIII; Soldado de la Repdblica;
El café; Meisso11ier en S11 taller; Estudio de guía; Gentillw~11bre. - la vida en Egipto. Vistas del Cairo, dibujos de H. Trmcham. - Doíla Concepción Arma/. - Ni,be de verano, cuadro
de G. Taldi. - Esperando al 111ari110, cuadro de J. Bartels. Federico el Grande y el Stteílo del general Zieten, cuadro de
A. Karr¡pf. - la iglesia de San foaquín, ofrecida á S. S. León
XIII con motivo de m jubileo episcopal. - Afedalla ,'Olzmemorativa de dichos jubileo é iglesia. - Hipólito Adolfo Tawe. La cro11ofotograffa, seis grabados. - D. Ricardo Palma.
.. ,.,.1••••••,.,,.,,,••,••,,.,,.,,••,,.,,.,,,.,,..........,.. ,........................... ,..••.. ,•. ,•.,,•.•.•.,.•...••••.•.,....... ..

MURMURACIONES EUROPEAS
P1lR DON EMILIO CASTKLAR

Quien desconozca el influjo ejer~ido sobre los hechos contemporáneos por la serie y la genealogía natural de los hechos anteriores en el tiempo, como
quien desconozca el influjo ejercido sobre los hechos
nacionales nuestros por los hechos extraños y alejadísimos en el espacio; quien desconozca todas estas
correlaciones, debe consagrarse á cualquier oficio alejado de la gobernación de los pueblos y de la política
general. Aquellos emperrados por indiferencia ó por
pereza en ignorar cuanto dicen los periódicos, ó aquellos que suelen á la vista de cualquier político huir,
cual huye á la escopeta el gamo, siguieran otro proceder y observaran otra norma de vida, si entendiesen cómo puede un Stambuloff cualquiera, desde un
villorrio búlgaro por cualquiera capricho personal
arrojar una chispa sobre los montones de pólvora por
todas partes hacinados en el continente y hacer saltar
en pedazos el edificio en que vivimos con todos los
nuestros, la nación y patria propias, cual nos importa
como si saltara en pedazos la máquina celeste ó estallase como una bomba el planeta mismo. Un propietario debía saber cómo la propiedad querida y cultivada por él se estremece bajo sus plantas á terremotos políticos, peores que los terremotos naturales;
y una madre debía presentir cómo el hijo de sus
entrañas puede perecer en cualquier tromba guerrera
y no encontrar para sus carnes otra sepultura que
las entrañas de los buitres por causa de los fenómenos sociales, más interesantes y más trascendentes á toda su vida que los fenómenos de la Naturaleza. Así, los interesados en la suerte del mundo
convierten á todas partes los ojos en busca de la incipiente nubecilla, la cual amenaza traerle una tormenta que lo detenga en su carrera triunfal por los
espacios, ó que lo anegue, como buque desarbolado,
en mares de sangre. Y como le tiene uno á la guerra
horror tan grande, recela del Oriente, donde hay más
torpedos cargados, en la tierra y en el aire más tonantes chispas que aquí entre nosotros. Mientras por
Occidente sólo hay una cuestión, la de Alsacia y Lorena; en Oriente hay cien cuestiones contradictorias
y diversas á cual más peligrosa. Y por encima de todas ellas existe una trascendente á muchas otras por
su importancia y perdurable por muchísimo tiempo,
y es á saber, la competencia entre los Imperios austriaco y ruso por la tutela exclusiva que ambos quieren ejercitar sobre los pueblos cristianos del bajo Danubio y de la península balkánica. Así es que no hay
en Bulgaria, en Servia, en Rumanía misma tantos
partidos conservadores y radicales como partidos austriaco y moscovita. En Servia, por ejemplo, el partido liberal está con Austria y el partido radical está
con Rusia; así como el rey y su esposa, los monarcas
de aquella región, más que por otras causas, han reñido por la preferencia de cada cual á un Imperio,
al austriaco Milano, al ruso Natalia. Lo mismo pasa
en Bulgaria; el príncipe Fernando Coburgo se nos
aparece allí un pupilo del Austria, y tanto, que lo han
unido á la parte más reaccionaria de tamaña familia
imperial, enlazándola con una princesa destronada,
perteneciente á la dinastía de Parma. Y con este motivo se propuso en Sofía una reforma constitucional,
tendente nada menos que á consentir en los jefes d el
Estado la profesión de un culto contrario al culto nativo y oficial del Estado mismo; disposición de una
inmensa trascendencia, porque si en todas partes las
cuestiones religiosas alcanzan suma gravedad, esta
se recrudece y encona por modo muy extraordinario
cuando se complica, como sucede respecto de Bulgaría, con la índole casi asiática de aquel pueblo, con
lo reciente de su independencia muy frágil tras larguísima servidumbre, con el tránsito peligroso de un estado social á otro estado, con el prolongadísimo período constituyente, con lo indeterminado de sus pretensiones territoriales extensivas así sobre una parte
de Servia como sobre una parte de Macedonia, con
la triple natural tutela de Rusia y Austria y Turquía.

yamos puesto en olvido las viejas pasiones religiosas,
no podemos prescindir del clero y de la Iglesia, ni
tratar como cosa baladí el asunto de sus relaciones
con la política y con el Estado. ¿Qué le pasará en
este momento á un pueblo, todavía no criado, y en el
término de una serie social evolutiva muy separada
de la nuestra, consecuencia del movimiento de una
civilización muy duradera, la cual se ha desarrollado
en una vida muy culta y muy larga? Nadie puede,
por modo alguno, desconocer que en Oriente la religión predomina sobre las otras manifestaciones del
espíritu, como nos aconteció á nosotros durante la
Edad media. El Korán en los turcos, el Phanar en
los griegos, el Patriarcado en todos los esclavones ortodoxos ejercen una grande autoridad, aunque subordinadísima de suyo á los Estados y monarcas respectivos, incomprensible para los que hace tanto tiempo
hemos en las Iglesias occidentales apartado el poder
laico y temporal del poder espiritual y religioso. El
búlgaro influyó hasta en la crisis grave de nuestra
religión propia, cuando constituía un grande imperio, antes de caer sobre la cimitarra turca. Nadie
puede olvidar el influjo ejercido por los albigenses
en la cultura de Occidente y en Provenza y en Cataluña y en Francia toda; como nadie puede olvidar la
correlación de los albigenses con el dualismo persa,
bebido en Persia por los búlgaros al paso desde las
mesetas centrales del continente asiático al territorio
tracio y por los búlgaros imbuído en el espíritu religioso de Occidente, tan conmovido y agitado en el
período de la Edad media. Al fin, pareciéndose á las
tribus germánicas en esto, aceptaron casi todos la religión del imperio griego, á quien habían reemplazado, y más tarde una parte importantísima de ellos la
misma religión mahometana y las circuncisiones semíticas para congraciarse con los turcos. Pero así
que al calor del espíritu nuevo pugnaron por constituir nación aparte, y con la nación Estado, separáronse los cristianos del Patriarca bizantino, y constituyeron á una su Iglesia nacional junta con su Patriarcado independiente. No evoco esto, no, á humo
de paja, no lo evoco por mero alardeo de remembranzas históricas; lo evoco para probar la importancia
inmensa de los asuntos religiosos en Bulgaria con lo
trascendente de todos ellos á la política. Y sin embargo, el partido antirruso, allí comandado por hombre
tan diestro como Stambuloff, no solamente ha puesto un príncipe católico á la cabeza de un pueblo así;
pretende ahora estatuir la exención para la dinastía
del deber constitucional de profesar la religión del
Estado. Así que propósito tal se ha divulgado, dos
graves dificultades se han atravesado en las vías de
su resolución suprema y definitiva: una interior y otra
exterior, la protesta del Patriarca Clemente y la protesta del imperio ruso. Con el Patriarca se las ha tenido tiesas el buen Stambuloff, al extremo de cogerlo
como pudiera coger cualquier criminal y encerrarlo
en apartadísimo convento, como pudiera encerrarlo
en cualquier cárcel ó en cualquier manicomio. Pero
¿qué hará con Rusia el 'apremiado y atribuladísimo
primer ministro? ¿Cómo se podrá zafar de una reprimenda, en que le amenazan, niño malcriado, con unos
azotes? De someterse perderá toda su autoridad, y de
resistirse podría recoger el triste destino y ministerio
de suscitar una guerra europea que tanto puede sobrevenir un día por la rivalidad entre Prusia y Francia en el centro europeo como por la rivalidad entre
Austria_y Rusia en el Oriente. Lo cierto es que Bulgaria ppdría contraer con tantas temeridades una inmensa responsabilidad ante la conciencia universal,
si se suscitase la guerra.

*

**

La verdad es que todo el mundo ve una fragilidad
y una inconsistencia irremediables en la situación
política oriental. Hasta de la solidez del único factor
verdaderamente robusto que hay en el imperio austriaco, su emperador, hasta de tal solidez la gente
duda viéndolo partirse á un viaje misterioso por l¡¡.5
orillas del poético Lemán y volverse tan meditabundo como entristecido. Con efecto, el emperador se ha
partido de Viena y se ha entrado en Helvecia, sin
más objeto que verse con su mujer, aquejada de una
monomanía, la nómada y errante, como la que aquejó al Childe Harold de Byron y al René de Chateaubriand en los comienzos de nuestro siglo. ¿No habéis notado cuántas gentes superiores adolecieran del
mismo afán de la emperatriz por los viajes? No fuera
Byron el tínico desterrado, el único que pidió inspiraciones al mudéjar alcázar de Sevilla y al gigantesco
esqueleto del Coliseo y á las ruinas del Partenón;
como no fuera Chateaubriand el único en recorrer
desde los sepulcros de J erusalén, donde yacen las
sociedades antiguas, hasta la catarata del Niágara,

ir á consagrar su genio en Oriente; Goethe se apartó
de Alemania, no como L_utero, en son de guerra, no,
para besar como peregrino de\ arte los mármoles,·
griegos so los arcos triunfales y las rotondas católicas
de Roma; la guerra lanzó á ,Víctor Rugo en España,
y después de haber maldecido desde su islote los tiranos de su tiempo y ~e su pueblo, la guerra, únicamente la guerra le abnó el Panteón de"Francia tras
veinte años de ausencia en un destierro casi t~do él
voluntario, por lo cual tuvo su cuna ca~i en la patria
de Lope y su tumba casi en la patria de Shakespeare;
Fóscolo, con su sangre completamente griega y su arpa completamente itálica, fué á cantar entre las nieblas boreales; el Rhin acarició la infancia de R eine y
el Sena lloró sus agonías, como si fuera su genio el
ánfora única, donde pudiesen mezclarse ambas corrientes enrojecidas de sangre; Mazzini escribió sus
profecías sociales desde Londres y Quinet sus libros
desde las orillas mismas del lago Lemán frente á los
Alpes eternos, en ese átomo de tierra ll~mado Suiza
que ha convertido la libertad en átomo de sol espiritual; nuestro Espronceda trajo la enfermedad subli1:1e y divina ?e BJron á las letras españolas, adquin éndola en ?1ez ano_s de sombría expatriación, infligida P?r el mas repuls1v? de los déspotas á sus ideas, y
Zornlla, con parecer inadaptable á ningún otro suelo
q_ue el patrio te_rruño, respiró los jaramagos amarguísimos de las rumas romanas y las flores embriagadoras ?el Nuevo Mun~~ en esa inquietud nerviosa, producida por los martmos anejos al carácter y á la índole de cuantos llevan en sí la llama sobrenatural
d~l genio y reciben la visita en el alma estremecida
de sus divinas sugestiones. Pues análoga enfermedad
aqueja hoy á la emperatriz Isabel, enfermedad encerrada en aquel natural suyo, recrudecida desde los
primeros años y enconada por las desgracias que han
caído sobre su alma y tronchádola en su edad madura. Como la Pie~ de nuestra liturgia, se nos aparece con el amado h1Jo muerto en los brazos rígidos á
la intensidad del dolor más horroroso que hay entre
los humanos dolores. Y como no puede sufrirlo necesita con el movimiento cansarse hasta el ext;emo
de acallar la crispación de sus músculos electrizados
por las chispas de internas emociones, más devastadoras que los culebreos del rayo en cuerpo carbonizado por las devastadoras centellas de una terrible
tempestad. Así la Odisea de madre tan infeliz nos ha
interesado á todos por la desdicha que recuerda y nos
ha conmovido á todos por las agonías que significa.
Natural verla desesperada, vestida de negro, envuelta
en los !~tos de una pena eternal, huyendo de las gentes á quienes tan sólo puede comunicar expresiones
de un dolor sin alivio, entregada por completo á los
vientos y á las olas en una especie de navegación
que le recuerda la navegación de nuestra mísera vida
por un Océano que le recuerda en sus espacios sin
fin la eternidad sin término, pues no se comprende
pena semejante á la pena de una mujer que ve un
hijo suyo, criado para el bien y la dicha, morir como
ha muerto el archiduque Rodolfo.

NúMERO

588

duque recluido en una preciosa isla española comentando á la continua los arqueológicos trabajos de un ilustre pensador medioeval, y aquel otro archiduque desaparecido en los mares australes, del cual á lo
mejor hay noticias varias, como las recibidas por los portugueses del monarca enterrado en los líbicos desiertos. Leyendas tales parecen incompatibles con el carácter
prosaico de nuestra edad positivista. Y no
hay cosa tan grave como que tengan temperamento de poetas ó de artistas, no completados por la razón y la experiencia del político, los hombres puestos por su providencial nacimiento á la cabeza de los pueblos.
La eventualidad terrible de legar máquina
tan complicadísima como el imperio austriaco, en cuyo increíble organismo entran
tantos órganos diversos y aun opuestos, razas, religiones, historias en combate perdurable, á un romántico, enamorado de la
Edad media y del papel representado por
su divina familia en estas épocas de Pontificado é Imperiü, trae á mal traer muchas
gentes, amigas de la estabilidad y temerosas de cambios, en los cuales puede por
cualquier descuido estallar el torpedo de la
guerra. No debe, pues, extrañarnos que se
haya tomado por una consulta para cumplir
un propósito de abdicación el viaje último
de Francisco José al retiro de su esposa Isabel en las orillas del hermoso lago de Ginebra. Mas en cuanto el rumor se ha divulgado, la corte de Austria lo ha desmentido.
Y hace bien. El emperador, dotado de una
flema germánica, la cual no empece á la
nativa dignidad suya, como demostró el día
de su reprimenda terrible á Strossmayer,
que asociara su Iglesia por entusiasmo esclavón á una festividad cismática rusa, ejerce tan grande poder moral sobre sus pueblos, que á los políticos más superficiales é
inexpertos, no digo á los expertos y consumados, les parece de todo punto insustituíble. Ningún otro príncipe, n inguno podría
como él armonizar los contrarios allí enemistados en guerra perpetua, y como él sistematizar y ordenar aquel caos, donde pugnan mil elementos con estruendo parecido
al que describen y recuerdan los primeros
versículos del Génesis. Hoy mismo parece
desquiciarse Hungría bajo la pesadumbre
de un problema por nosotros resuelto hace
tiempo ya, bajo la pesadumbre del proble-

***

No debía, no, haber extrañado á la opinión europea
que, sintiéndose tan malherida en su preciosísima salud la emperatriz, fuera el emperador de Austria en
los días últimos á visitarla. Pero suscita recelos tales
y tantos la natural agrupación de esta familia cesárea
en la política, hoy que todo el mundo teme algo extraño de ella y en ella percibe algo misterioso. Numerosísimos los archiduques: divídense por una ley lógica,
tan implacable como las leyes mecánicas, en dos
agrupaciones, la transigente y la intransigente. Aquélla,' muy conciliadora, en política interior proclama la
necesidad imprescindible de sosténer el régimen parlamentario, como en la política exterior sostiene la
necesidad imprescindible de sostener el tratado de
alianza con Alemania. Repulsiva de suyo á todo lo
moderno la otra innegable agrupación, se adscribe al
culto de las instituciones muertas y detesta con odio
implacable á la Germanía, protestante, revolucionaria, socialista. Pues bien: así como el archiduque Rodolfo, el heredero malogrado, pertenecía, sobre todo
en política· interior, al grupo transigente, y en política
exterior si amaba más á Francia que á Germanía seguramente amábala por puro liberalismo, el heredero
vivo pertenece al grupo irreconciliable y presta fervorosa devoción á las instituciones muertas. Y hay que
cuidar mucho de cómo piensan y sienten los a rchiduques austriacos, pues todos ellos en razón de un
atavismo, demostrado por la historia, suelen poseer
una grande inteligencia, pero acompañada de una
exaltación muy nerviosa y de unas alucinaciones muy
extraordinarias. Por no recordar los muertos, veamos
vivos muy meritorios, pero muy singulares; el archi-

219

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL CAFÉ,

e,tudio pintado por Meissonier

ma ~elativo al matrimonio y al registro civil. Clero y
gobierno andan á la greña. Dentro del Parlamento
sobrexcitado hasta la demencia, obstrucciones si~
m11:1ero, d~bates sin medida, escándalos sin tregua,
pasiones sin fre_no, una guerra civil encrespada por
hur~cán encend1?0 en las pasiones religiosas. Todo á
la dia_bla P?r ali~. Fuera del Parlamento, agitaciones
parecidas ª. t~rnble~ asonadas. Y sin embargo, hay
u~yersonaJe !~móvil y sereno allí, transigente sin debilidad, co?c1l_1ador sin abdicaciones, pacientísimo
aunque_ no indiferente, harto dueño de sí mismo para dominar sus afectos religiosos sin caer en apostasías, observador con estudio y cuidadoso sin detrimento de su neutralidad constitucional, y es el emperador de Austria.
Madrid, 27 de marzo de 1893
I'.

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LA EXPOSICIÓN MEISSONIER

Soldado de la República, estudio de Meissonier
para el cuadro «Los Ordenanzas))

. Actualmente está abierta al público en el Salón Pet1t de la c_all~ de ~éze de París una exposición de
obras_ del insigne pmtor francés, que en realidad son
estud!os y apuntes d~ v~~ios de sus cuadros, pero que
constituyen una exh1b1c1ón de las más instructivas.
Muchas de esas obras yacían amontonadas en un
sótano dond_e Meissonier las había a rrinconado después de serv1_rle para completar los cuadros para que
e~taban d~stinadas, y que ahora se pueden apreciar
bien clasificadas y ostentando su mérito á la luz d'
las salas de exposición. Entre ellas figura el retrat~

d_el maestro tal como era en los últimos años de su
vida, con su mirada viva, su luenga y ondulante barba, el rebelde mechón de su cabellera corta y de pie
delante de su caballete.
M_e!ssonier, c:n cuanto artista, se distinguía por la
prec!s1ón en la energía, la elección en la verdad y la
sobnedad en la fuerza. F~ltanle la elegancia y la ligereza, pero ¿eran compatibles con sus demás cualidades? Pintaba co~ la vo~u?tad de escoger entre
todo cuanto determina la onginalidad de encerrar en
cada trozo un sent_ido, ~na aspiració~; no se preocupab~ de ~er moralista m filósofo, y teniendo horror
del_ enfas~s, d e la declamación y de la sensiblería,
aphcab~ a· la naturaleza y á la vida los únicos medios
de la pintura, los que la definen y sólo á ella pertenecen.
Empezó_ s~ carrera pictórica en 1834, ósea en pleno rom~ntJc1smo, época en que la historia de Thierry Y M1chelet, la poesía y la 1~ovela de Víctor Rugo,
e) dr~ma de Shakespeare, excitan y caldean las imag~nac1_on~s de los artistas; pero no le gustaban en la
~1stona sm_o las épocas inmediatas á la nuestra y cuya
1?terpretac1ón pudiera basarse en documentos auténticos~ por esto en sus cuadros no se remonta más allá
del siglo xvr.
~ase hablado mucho de los escnípulos de Meissomer Y de su resuelta voluntad á no dejar salir de
s~ tal_ler más que lienzos irreprochables ante su conciencia d~ artist_a. ~iel al asunto, quería rodearlo de
cuanto exigía, 111 mas ni menos.
Se le ha censurado también por las escasas dimen

�LA

220

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

plo en un tratado de equitación; otro tanto puede
decirse en cuanto á los detalles de los arneses, á la
actitud del jinete, á los grupos ecuestres, etc.
Y es que Meissonier veía en el caballo lo que es
en realidad, la más sorprendente combinación mecánica de que los animales puedan ofrecer ejemplo, y
habría creído hacer, como decía, ((un insulto á la naturaleza si lo hubiera representado de capricho.» No le
gustaba la fotografía instantánea aplicada á este estudio, y sin dejar de hacer justicia al talento de los
pintores que la practican, creía con razón que estos
movimientos no tienen interés sino desde el punto de
vista anatómico y fisiológico. Y en efecto, su vista le
bastaba: era quizás una de las mejores y más perspicaces de cuantas la naturaleza ha concedido á un pintor.
Por la combinación singular y tal vez única de dos
afecciones, la del miope que no ve bien sino de cerca. pero que aprecia el menor detalle, y la del présbite, que sólo Ye bien de lejos, pero que abarca los
conjuntos, poseía un instrumento de observación,

~{eissonier en su-taller, pintado por él mismo

siones de sus cuadros, á lo cual hubiera podido contestar que no le asustaba la pintura en
crrandes superficies: ejemplo, los «Coraceros de
~805» y ((1807-» Pero ¿quién ignora que la dimensión en arte y la extensión c:n literatura es
cuestión de preferencia y no de talento? La
medianía suele ostentarse en metros cuadrados de lienzo ó en muchos volúmenes, y hay
cuadrito ó novela que contienen considerable
suma de invención y de verdad. En Francia,
donde gustaban mucho los grandes lienzos y
se creía que para que un cuadro fuese digno
de exponerse al público había de tener un tamaño imponente, Meissonier fué de los primeros en comprender que la dimensión rara vez
es una necesidad del asunto, y que hay asuntos en que la extensión es un contrasentido.
Si se quiere pintar la consagración de Napoleón ó la batalla de los Cimbros, cabe el derecho de adaptar la tela al espacio que tales escenas ocuparían en la realidad; pero también
se podría concebir el asunto de modo que cupiera enteramente en un metro cuadrado. Pero ¿por qué dar á la reproducción artística más
importancia de la que los originales tienen en
realidad? Un jinete, un infante, un transeunte
cualquiera interesan por la impresión rápida
que producen en la vista y en la imaginación,
y si se trazan estos «muñecos&gt;&gt; con bastante
verdad y vigor para advertir en ellos los caracteres profundos de una acción, de una profesión, de una vida humana, puede calificarse el
autor de verdadero artista, y si á mayor abundamiento se revela en ellos un alma, si se crea
un ser viviente con los elemei1tos que proporciona la naturaleza, ese artista es grande.
En tal caso se halla Meissonier y tal es la impresión que producen esos pequeños seres llenos de vida
y de verdad que se ha calificado mucho tiempo de
«muñecos~ con cierto desdén, y que ahora son los
testimonios más expresivos de su tiempo, lectores,
jugadores, fumadores y bebedores y sobre todo jinenetes tal como al artista le gustaba representarlos,
como escuchas ó centinelas avanzadas. Curtidos por
el sol de España ó de Egipto, sólidos y ligeros, infantes y jinetes, Meissonier los pinta con especial predilección, predilección que hace extensiva á toda clase
de soldados y caballos. Toda su vida estuvo haciendo estudios de este noble animal, y ya es sabido que
era el pintor de caballos en toda la extensión de la
palabra, habiendo merecido justa fama sus monturas
y arreos. Muchos de esos animales, blancos como el
legendario caballo de Napoleón I, ó alazanes, han
tenido su celebridad: los montaba y los guiaba con
una energía y una fuerza de voluntad que su escasa
estatura hacía meritorias. En sus cuadros de batallas
cada uno de los jinetes podría figurar, por la verdad
particular con que están representados, como ejem-

NÚMERO

588

desde 1791 y habían llevado el uniforme blanco de
las tropas reales, el azul de las levas republicanas, y
los brillantes y pesados de la guardia imperial.
Y cosa digna de mención, este pintor de soldados
jamás ha representado batallas, porque era un realista muy respetuoso de la verdad, y para pintar verdaderas refriegas se necesita haberlas visto. Limitábase,
pues, á figurar soldados descansando, preparados al
combate ó emprendiendo el galope de carga, como
los «Coraceros de 1805» y los de ((I8b7.» Así ha representado todos los tipos militares del ejército imperial
desde Napoleón y el mariscal de Francia hasta el simple recluta, dándoles actitudes de estatuas ecuestres.
Meissonier era colorista, por más que se haya supuesto lo contrario con notoria injusticia. Cierto que
no era un Veronese, un Velázquez ni un Teniers: tiene el color de su género de observación; pero no por
ello deja de ser color, y tan justo, tan verdadero, tan
variado como el de los seres, hombres, países y luz
que pintaba. Otros pintores hacen resaltar los esplendores de España ó de Italia ó reunen cuanta variedad
pueda haber en un cielo de Flandes en un hermoso
día; él reproducía los cielos velados, los uniformes
ajados por la lluvia y el polvo, los adornos de oro sin
brillo, las botas polvorientas. No cabe negar que en
cuanto á dibujante sea mejor que colorista; pero ¿no
sería justo reconocer que tan perfecto dibujo exige
ese color, que es su consecuencia necesaria y forzosa;
que sus «muñecos» y sus escenas, examinados en
conjunto ó aparte, son tan verdaderos de color como
de estructura, y que es tan impecable para distribuirles la luz como para trazarlos? Hay que tomará Meissonier tal cual es, con su marca poderosa y sobria,
como un maestro que tiene sus más y sus menos, como todos los maestros.
No faltan críticos que deseen en él más gracia y
atractivo; es una injusticia decir que no sabía representar una mujer, pues en los muchos croquis femeninos que figuran en la Exposición actual, prueba
que no temía dedicarse á tales asuntos y que si hubiera querido habría sobresalido en ellos.
El encanto de los contornos, los cambiantes de luz
en la epidermis, la seducción de las carnes, los estremecimientos de la vida, todo esto le era indiferente;
prefería las armas, las ropas, los muebles, los caballos.
Habría sido de desear que lo hubiera preferido todo,
el hombre y la mujer y los animales y cuanto lleva
impreso el sello de los seres vivientes. Era posible,
porque otros lo han hecho; pero tal cual es, su ol,ra
es bastante hermosa y vasta, y Meissonier es una glo·
ria de la pintura francesa contemporánea.

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Estudio de guía, pintado por Meissonier,
para el cuadro «18o7»

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merced al cual abrazaba al mismo tiempo conjunto y detalles. De aquí ese género de pintura
sin par, minuciosa y amplia, precisa y compacta,
que se puede examinar lo mismo á la distancia de
una pulgada que á muchos pasos del lienzo.
Meissonier ha pintado muchos jinetes, caballeros ó soldados, trompetas ó portaestandartes,
generales ó simples soldados, desde el siglo xvr
hasta nuestros días. No se habrá olvidado el soberbio heraldo de Luis XIII, encargado de anunciar la fiesta de París-Murcia, ni los mosqueteros
de la misma época. Pero entre tantos jinetes, los
más numerosos son los de la época imperial, preferencia que se explica. Meissonier buscaba sobre todo el carácter, es decir, el sello especial,
expresivo, que la naturaleza, la profesión, el hábito, la acción prolongada de las mismas circunstancias y del mismo género de vida imprimen al
ser humano, y en ninguna época el soldado ha
sido más soldado que en tiempo del primer imperio, pues entre esos dragones y coraceros, granaderos y cazadores, los más veteranos servían

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Gentilhombre de la época de Luis XIII,
clibuio de Meissonier

LA VIDA EN Ji:GIPTO, - VISTAS DEL CAIRO,

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N DE CALLE , - EN EL CAMINO DE HELUÁN

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

222

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588

chas: hasta los más comedidos, á sus preguntas con- poder obrar con premeditación y alevosía. Y en efec·
to, uno de los momentos en que Mi/hombres, entusiastestaban con insolencias.
CRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA
- A ver, niño, ¿tiene usted la bondad de decirme mado con sus éxitos, ensayaba una de sus treinta y
( Co,ui1111ación)
cuatro caras feas, bizcando, sacando la lengua y moel genitivo de singular de dóminus?
viendo con extraordinaria vclocidad la oreja derecha,
Mecachis,
respondía
el
chico.
VIII
cosa que hacía desternillar de risa á la clase, D. PeRisotada general.
DON PABLITO
dro recogió la pierna como para rascársela, pero en
O bien:
realidad para tomar bien la puntería, y á un momento
- ¿Podría usted declinarme vulpes?
A las diez nos daba suelta al corral, y era cosa de
- Nominativo, vulpes; genitivo, borrico; dativo, dado ¡válgame Dios! descarga sobre el hombro, cara
ver cómo salíamos del tormento, los saltos que dá- avestruz; acusativo, cabrón con pintas; vocativo, el y cuerpo de Mi/hombres tan terrible patada, que él y
bamos y las barbaridades que en un santiamén llevá- ladrón de tu padre, etc., etc.
los otros siete chicos que ocupaban el banco salieron
bamos á cabo. El agua de un depósito, que rompe el
El pobre D. Pablito perdía los estribos, y cuando disparados por la otra punta como flechas por ballesdique que la contiene, y se arroja de golpe fuera, y nervioso y acongojado' se creía obligado á emplear ta. Mi/hombres quedó muy malparado en aquel caso,
tala campos, y desarraiga árboles, y anega casas, no la fuerza para restablecer el orden y empuñando la pero no se corrigió; en cambio los otros siete llevaron
era más terrible y rumorosa que nuestra bajada en palmeta hacía actitud dé levantarse, no podía ... por- tan grande susto al sentirse inesperadamente arrojavilo, sesenta chicos á una, salvando de un solo salto que le habían cosido los faldones de la levita á los dos al espacio, que uno de ellos de resultas contaban
una veintena de escaleras. ¡Así estaban ellas de des- brazos del sillón, ó porque los buenos, por debajo de que quedó bizco... , pero ¡vayan ustedes á creer dichos
vencijadas y r'1fermizas!
la mesa, le habían trabado las piernas como á un ca- de chicos!
Y una vez en el corral ó nos dábamos en el acto ballo; y mientras se desataba, descargaba sobre él un
Este ejemplar y otros que por igual sistema ó por
de sopapos, ó nos coceábamos como los internos, ó nublado de bolas de papel, de chinas y de mendru- otros sistemas se realizaron, ya nos daban que pensar
armábamos pedreas peligrosísimas para nuestras ca- gos de pan duro, y la desmoralización y la algarabía bastante; pero no por eso dejábamos de cazar mosbezas y para todos los cristales de la vecindad, que llegaban á su colmo.
cas y ponerlas cucuruchitos en el rabo, ni dejábamos
celebraba nuestra llegada cerrando á piedra y lodo
En estos momentos era cuando jugábamos con de pellizcarnos y pincharnos con alfileres y agujas,
mayor fruición á la (parida,&gt; que consistía en apretar ni de hacernos cosquillas en las orejas con pajitas y
todos sus huecos.
Si por rara casualidad sorprendíamos alglín gato, los chicos de la mitad de un banco contra los de la otros excesos: solamente que cada día eramos más hiya se sabe, no lo contaba. Cosas bárbaras, diversiones otra mitad, prensando á los del centro, que aullaban pócritas, silenciosos y reconcentrados en nuestras barpropias de salvajes, cnreldades indignas..., todo nos como lobos.
baries, hilaridades y farsas, caracterizadas cada día
parecía poco con tal de movernos, de gritar, de saltar,
- ¡Mecaaachis!.. ¡Que maogo.'.. ¡Madre!.. ¡Brutos, con peor intención.
de correr, de golpear, por sacudirnos del tremendo que me mancáis! ¡Córclzolis, que me revientan!, gritaban
Entretanto seguía la traducción de los Comentamiedo que durante dos horas nos había tenido para- unos, y otros: «¡Anda con él!, ¡más puede!, ¡más aguan- rios en esta ó parecida forma:
El número primero de la clase lee este parrafito:
lizados.
ta!;» y la fiesta, como todas, concluía á moquete limPara vigilar nuestros juegos y evitar grande$ estra- pio, sin que remediarlo pudiera el pobre D. Pablito,
«Gallia es! omnis divisa in partes tres, quarum imam
gos, D. Pedro nos destacaba á D. Pablito, al angeli- que de la contienda salía aporreado y maltrecho, con t'ncobmt Belgce, alliam Aquitani, tertiam, qui 1psoru111
cal D. Pablito, en el que cruelmente vengábamos los anteojos rotos y robada la merienda.
li11g11a Celta nostra Galli appellantur.»
nuestro odio reconcentrado contra el tío, haciénY cuando cansado de luchar inútilmente caía des- La Galia está... está. .. está... formada.
dole blanco de mil crueles mofas y dolorosas ase- plomado sobre la poltrona, lanzaba un quejido y se
- No tienes tú mala forma, zo... zoquete... ; ¡otro!
levantaba de un salto, indescriptibles explosiones de
- Está... está... dividida...
chanzas.
.
Unas veces eran éstas de palabra, otras más fre- alegría celebraban el triunfo de los malvados, que ha- Eso es, adelante.
cuentemente de hecho. Nos acercábamos á él con el bían colocado maliciosamente en el asiento de la pol- Dividida... dividida...
aire más bondadoso del mundo á preguntarle dudas trona agujas y alfileres punta arriba.
- ¡Si lo repites más te divido yo á ti, maleta!.. ¿No
de la traducción ó de la composición, que D. Pablito
Ni sus súplicas ni sus lágrimas nos conmovían. sabes más?
se apresuraba á resolvernos con su incansable longa- Más humildemente nos rogaba, más cruelmente le
- En tres partes...
nimidad, y tanta era nuestra mala fe que cuando maltratábamos, seguros de que se tendría que aguan- Y ¿por qué dices en tres partes?
luego se enfurecía D. Pedro al leer nuestras bárbaras tar y que de ningún modo iría á dar parte á D. Pedro
-No sé...
composiciones, todos á una exclamábamos: «¡Así nos de lo ocurrido. Y no sólo por bondad de alma... , que
- ¿Cómo que no sabes, gandul? ¡A ver... otro!
lo ha explicado D. Pablito!» Con lo cual la cólera. del era muy grande la suya..., sino porque D. Pedro con
- Porque... , porque... , porque.
dómine descargaba atronadora sobre el pobre ino- el ataque al hígado dicen que superaba su ferocidad
- Eso digo yo: ¿por qué?.. ¡Otro!
cente, que no por estas traiciones se curaba de sus á los mismos leones del Atlas cuando sufren la ca- Porque dice tres, y el significado de tres en castellano es tres.
sublimes virtudes.
calentura.
Huérfano de padre, su pobre madre enferma é im- ¡Por vida del Chápiro! Y ¿no se os había ocurriEl martirio duraba hasta que el desgraciado, no pupedida no contaba con más recursos que los merma- diendo resistir más, levantaba la sesión y nos echaba do antes ... cestos de vendimiar? Tú ... el primero... y
dísimos que D. Pablito la proporcionaba; así que á la calle, exponiéndose á que D. Pedro, sabedor del vosotros, mastuerzos, ¿por qué no habéis respondido?
para sufragar los gastos de médicos y botica, amén de suceso, le hiciera morcilla ó le arrojase de su casa, perUno. - Creí que ...
los corrientes, necesitaba ahorrar en la comida y en diendo así su único sostén y el sustento de su pobre
Otro. - Pensé que ...
el vestir, y tanto ahorraba que de la pitanza que en madre inválida.
- ¡Ah! ¿Conque creíque y penséque? ¿No os he recasa de D. Pedro le servían hacía dos partes: una
¡Ah, sí! Nuestra incalificable inquina y profunda petido mil veces que todo lo sufro menos esos dos esmuy pequeña, que era su manutención, y otra que maldad contra aquel santo varón, autorizaba y justi- túpidos vocablos? ¿No os he contado que Creíque y
cuidadosamente guardaba, para la enferma, envuelta ficaba los tremendos procedimientos de D. Pedro. A Penséque eran dos ladrones de caminos que acabaen papelotes con que llenaba de continuo sus bolsillos. fieras así hay que tratarlas á palo limpio..., jarabe de ron ajusticiados en las Moragas ... y que murieron sin
Nosotros, tan pronto como descubrimos este juego palo... , mucho jarabe de palo... , como decían los pa- descendencia?.. Pues para que no se os vuelva á oldimos en el cruel y bárbaro de extraerle cautelosa- dres de los internos.
vidar... , á ver... , la mano.
mente las viandas del bolsillo de su raída levita y
Los tres culpables, mejor dicho, las tres vktirnas
sustituirlas con papeles llenos de tierra, barro, cantos
de aquella pega traicionera de D. Pedro se alínean.
IX
y mil porquerías é inmundicias. Cosa cruel y brutal
Los tres traen las caras compungidas y se frotan las
que celebrábamos con risas silenciosas de pieles rojas
TRADUCCIÓN Y COMPOSICIÓN
palmas de las manos en las nalgas para mejor prepa•
ó caníbales.
rarlas al correazo.
Algunos chicos, y éstos eran de los m1oritingos,
- ¡La mano!.. ¡¡La mano!!.., grita el dómine.
Desde las diez y media, que acababa el recreo, hascuando estaban bien hartos y les sobraba algo de la ta las doce, tocaba el turno á los grandes, á los que
- Si D. Pedro... D. Pedro, por Dios... D. Pedro de
merienda se lo ponían sobre la mesa con letreros de andaban en los Comentarios y á los que andaban en mi alma ...
este jaez: «Para la vieja.» cPara la bruja.» «Para la tía Ovidio y Virgilio, que como más avezados á las bruta- Yo no soy D. Pedro de nadie... ¡La mano!
Marizápalos,» cuando no «para la tal de tu madre» ... Y lidades de D. Pedro, daban otra clase de juego y luEl muchacho ta adelanta tímidamente y tan poco
el angelical D. Pablito guardaba los desperdicios, sí, gar al empleo de nuevos y más refinados tormentos. que casi queda oculta por la chaqueta; pero la habipara darnos lección de humildad; pero se le caían las
Durante estas dos horas y otras dos por la tarde, los lidad de D. Pedro era tanta corno la flexibilidad de
lágrimas y nos miraba con ojos tan desolados, con tal pequeños eran público, como lo habían sido los gran- Minerva: el golpe alcanza de lleno... , el chico lanza
expresión de conmiseración y pena, como debió mirar des en la media corrida de la mañana y en otra me- un grito y se comprime la mano contra el muslo, bael Salvador á sus verdugos al exclamar: «Perdónales, dia idéntica que los esperaba de una á tres de la tar- lanceando con priesa el cuerpo de atrás adelante y
Padre mío; no saben lo que se hacen.&gt;
de; y como es natural, los menudos, sin dejar de tem- gritando á voz en cuello:
Y no paraban ahí las burlas. En cuanto se descui- blar, no cesaban de hacerse tretas los unos á los otros.
- ¡Madre! ¡Madre!
daba, los niños más tiernos de su clase, á los que más Milhombres, así llamado por su corta estatura y por
- ¡La mano!, insiste el dómine... Y viendo que en
mimaba, á los que más tormentas conjuraba declarán- su mucha maldad, ocupaba el primer sitio en el ban- vez de avanzarla sigue gimoteando: «¡D. Pedro, por
dose ante D. Pedro culpable de faltas que ellos co- co que correspondía á la pata derecha de D. Pedro, Dios!.. ¡D. Pedro, por Dios!,&gt; se carga y le cruza la
metían, le acusaban de mil mentiras, le llenaban el que sin cesar le vigilaba. No obstante, era tanta la cara de un correazo, de cuyas resultas salta el chico
tintero de borra, le robaban los libros, le emporcaban malicia y socarronería de aquella criaturita, que de- como un condenado y se frota desatentadamente las
la silla, le prendían de los faldones en la espalda car- jando inmóvil el perfil izquierdo de su cara de pito, orejas.
telones tan brutales y torpes que en ocasiones el que veía D. Pedro, con el ojo derecho y con toda la
- ¿Conque creíque y penséque?.. Ahora os expli·
mismo bruto de D. Pedro, al verlos, en vez de mon- media cara derecha hacía los más graciosos visajes que cará Minerva quiénes eran Creíque y Penséque... ¡La
tar en cólera se dignaba reírse y preguntaba el nom- imaginarse puedan, tan divertidos que en ocasiones mano!
bre del autor para premiarle. El nombre jamás se hasta arrancó explosiones ruidosas de risa á algunos
El segundo la adelanta con relativa tranquilidad Y
supo, pero la risita del ogro caía sobre nuestros mar- desgraciados y ¡ábates! de admiración, que con sangre recibe sin pestañear su ración correspondiente: sólo
chitos corazones como el rocío en los abrasados cam de sus venas - que por allí también debe haberlas - al último latigazo no se puede contener y exclama:
pos de Valpalencia.
pagaron su falta. En mucho tiempo D. Pedro no no- ¡1Concho!!.. Me tal en tal...
Aún me parece estar viendo al pobre D. Pablito tó nada; pero su fina nariz de pachón le hacía mali- ¡Ah! ¿Conque conchos también?.. La mano... Y
los días que por enfermedad de D. Pedro él daba la ciar algo, y en fuerza de estudiar las caras de los chi- la ejecución continúa.
clase.
cos y notando que todas las miradas convergían en
¡Qué desorden, qué desconcierto, qué serie no in- Mi/hombres, cayó en la cuenta del caso y tomó cauteLUIS DE LLANOS
terrumpida de salvajadas! Nadie éontestaba á dere- losamente sus medidas, como era de costumbre, para
(Continuará)
DON PEDRO EL CRUEL

N úMERO

588

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tre sus poesías sobresalen particularmente aquellas que escribió en su o~o
á las tiranías y en su amor á la patria
y á las conquistas del progreso humano.
La lista de sus obras ocuparía mayor
espacio que el de que podemos disponer: por esto nos limitaremos á añadir
á las que citamos en la sección necro:
lógica del número 583, Manual del ~zsitador del pobre, Cartas á los delin-

DONA CONCEPCIÓN ARENAL
Una inteligencia privilegiada para el
estudio de lo~ problemas más trascendentales un corazón abierto á todos
los afec;os nobles, una voluntad infati.
gable en el servicio de las causas J~Stas: esto fué la ilustre pensadora dona
Concepción Arenal..
. .
La cuestión pemtenc1ana, la cuestión social y la cuestión de las relaciones internacionales de los pueblos ofrecieron especialmente ancho cam~o á
su esclarecido talento, y al exammar
los males que á la humanidad afligen
en esos tres aspectos del desenvolvimiento de la vida del individuo y de
las sociedades, no sólo estudió con
elevación sublime las causas que los
originan, sino qu_e señaló con ~drnirable espíritu practico los remedios que
deben, si no curarlos del todo, por fo
menos mitigarlos en gran parte.
A la realización de su difícil cuanto
hermosa tarea llevó la señora Arenal
algo que vale y puede tanto como el
talento cuando con el talento se acompaña: el sentimiento. Así vemo~ j~ntarse en ella el filósofo que rac1ocma
y la mujer que compadece, el sociólogo que investiga y el ángel que consuela, el tratadista que diserta y la hermana de la Caridad que cura.
Para el logro de sus levantadas aspiraciol)es desarrolló una actividad
prodigiosa. Dondequiera que se ponÍan á discusión los temas á cuyo estudio se consagrara, alli acudía, y ora
alcanzaba en públicos concursos premios que los hombres más eminentes
le disputaran en noble lid, ora cautivaba con sus memorias á las más ilustres
personalidades de nuestra patria y del
extranjero, congregadas en científicas
asambleas.
Fué también inspirada poetisa: en-

223

cuentes, Estudios penitenciarios, El derecho de gracia ante la justicia, Elpueblo el reo y el verdugo, Estado de las
prisiones y de las t'?zstitucümes destt'nadas á la protección de los niños en los
países civilizados, Estado de las prisiones en Espa1ia, Las colonias penales de
la Australia y la pena de la deportación, Juicio crítico de las obras d~ Feijoo, La mujer de m casa, La mu;~r del
porvenir, Estado actual de la 1~1u;er en
Espa11a. Entre sus obras poéticas merecen citarse en primer término su oda

A la abolición de la esclavitud, sus cantos Espa11a en A/rica y Gerona, sus
Fábulas y sus Romances. Además fundó y dirigió el periódico La V~z de la
Caridad, revista de beneficencia y de

DOÑA CONCEPCIÓN ARENAL,

eminente pensadora y escritora.

Naci6 en el Ferro! en 30 de enero de 1820, falleci6 en Vigo en enero ele- 1893

NUBE DE VERANO,

cuadro de G. Taldi

cárceles, que sostuvo por espacio de catorce años.
Doña Concepción Arenal nació en
el Ferro! en 30 de enero de 1820;
huérfana á los ocho años de edad, vivió en La Liébana (valle de Potes) en
unión de dos hermanas menores al
lado de sus abuelos, hasta los catorce,
en que pasó á Madrid; casóse á los
veintisiete, y ocho años después enviudó, trasladándose entonces nuevamente al valle de Potes con sus dos hijos
hasta que la necesidad de dar educación á éstos sacóla otra vez de su apacible retiro y de nuevo llevóla á la
corte. En 18641 á los cuatro años de
haber sido premiada por la Academia
de Ciencias Morales y Políticas su obra

�ESPERANDO AL MARINO, cuadro de J. Bartels

FEDERICO EL GRANDE Y EL SUEÑO DEL GENERAL ZIETEN, cuadro de Arturo Kampt

~--------

�226

LA I LUSTRACIÓN

NúMERO

ARTÍSTICA

588
N úMERO

588

LA

ILUSTRACI ÓN A RTÍSTICA

227

F ederico el G rande y e l s u eño
d el general Z ieten, cuadro de Art u ro Kampf. - Cuenta la historia del
gran rey de•Prusia, entre otras anécdotas,
que cierto día en la mesa del monarca durmióse e l general Zieten, el reorganizador
de la caballería prusiana, el vencedor en
cien batallas, y como los otros comensales
quisieran despertarle, Federico les contuvo
diciéndoles: «Dejadle que descanse, que en
los días de peligro bien ha velado por to·
dos nosotros.» De Arturo Kampf también
publicamos en el número 513 de LA ! LUSTRACIÓN ARTfSTJCA otro episodio de la
vida de aquel soberano, «¡Se11ores, buenas
noches!» Lo que entonces dijimos del ilustre pintor alemán nos releva de ensalzar las
cualidades del cuadro que en el presente
número figura, pues habría ele ser una repetición rle los elogios en aquella ocasión consignados.
La iglesia de San Joaquín ofrecida á S. S. León XIII con motivo de su jubileo episcopa1 y medalla conmemorativa. - 1..,on ocasión del jubileo episcopal del Sumo Pontifice, el Vicario de Cristo ha recibido testimonios de afecto y veneración del orbe entero y valiosos regalos, no sólo de los prín·
cipes católicos, sino que también de aque·
llos soberanos que sin profesar la religión
verdadera han querido rendir un tributo de
admiración y respeto al sabio y respetuosísimo Papa que hoy es la cabeza visible de
la Iglesia. Los fieles de Roma han hecho
donación a S. S. de un hermoso templo
consagrado á San J oaquin, el Santo patrón
de León XIII, que como es sabido se llaROMA. - LA IGLESIA DE SAN JOAQUÍN, OFRECIDA Á S. S. LEÓN Xlll CON MOTIVO DE SU JUBILEO EPISCOPAL
ma J oaquín Pecci, y han acuñado una art!stica medalla conmemorativa en la que se
ve en el anverso el busto del Santo Padre
La beneficencia, la ji,antropía y la caridad, fué nom- blica. Mil plácemes á los iniciadores de este proyecto y felici- y en el reverso el templo regalado. Uno y otra reproducen los
tamos al artista.
dos primeros grabados de esta página.
brada por el Gobierno Inspectora gene ral de las cár- Se ha constituido la Comisión para la gran Exposición Ar·
celes de mujeres, cargo que d esempeñó poco m ás d e
tlstica de Berl!n del presente año, nombrando presidente y se·
El eminente historiador y crítico francés Hiun año, e n e l que fué repuesta á raíz de la revolu c ió n cretario respectivamente á los profesores Carlos Becker y Juan p ó~to ~dolfo T aine, recientemente fallecido. Nació Tame en 21 de abril de 1828 en Vauziers (Ardennes 1y
de 1868 y d e l que se vió d estituída d esen 1853 obtuvo el diploma de doctor en Letras. Fué profesor
pués de la proclamación de la RepLí.blien Navers, en Poitiers y Besanzón; pero pronto renunció á la
ca. Cuando estalló la última g uerra c ivil
carrera de la enseñanza y se estableció en Paris, en donde se
fué al Norte como Secretaria geneconquistó rápidamente una reputación envidiable que no tardó
en ser europea, escribiendo en los principales periódicos arral d e la Asociación inte rnac ional de la
ticulas de crítica, de filosofía y de historia. Publicó muchas é
Cruz Roja y dirigió el hos pital de Miimportantes obras, ele las que enumeramos las principales al
randa . Terminada la guerra, r etiróse á
consignar su fallecimiento en la sección correspondiente del núVigo, e n donde ha fallecido e n e nero del
mero 585 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA .
presente año.
D . Ricardo P alma, eminente literato, delegado
E l diario d e Orense El Derecho ha
del gobi~rno del Perú en los congresos celebrados en España
abierto una su scripción para e rigir una
con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de Améestatua á la ilustre escritora, objeto d e
ri&lt;;a, - No vamos á escribir ni someramente la biografia de don
Ricardo Palma, tarea que reservamos para cuando publiqueadmirac ión de propios y más aún de los
mos, que será en breve, sus hermosas Tradiciones peruanas:
extranjeros, y es d e esperar q ue el Gohoy nos limitaremos á dar la más cordial bienvenida al ilustre
Medalla conmemorativa del Jubileo episcopal de S. S. León XIII
bierno. las Sociedades, las Academias y
americano
que no ha querido regresar á su patria sir. honrar
y de la iglesia de San J oaquin
el pueblo esp~ñol_ e n general cont_ri~uicon su presencia nuestra ciudad, a l ·literato insigne cuya prosa
rá n á la reahzac1ó n d e tan patnótico
puede competir con la de nuestros más castizos hablistas del
p e nsamie nto y á que de esta sue rte se h~n~e y per- ?,,feyer. En este certamen, que se abrirá en 14 de mayo y se ce· siglo de oro y en cuyos versos admírase la inspiración de nuestros
mejores poetas, al político eminente que ha ocupado los más
petúe la m em o ria de la q ue pensó y escnb1ó como rrará en 30 de junio, se ha concedido á los secesionistas muniqueoses, gracias á las gestiones de los representantes de éstos, altos puestos en el gobierno y en el parlamento de su país, al
un sabio y sintió y vivió como una santa. - X.
Piglhein y Dill, un local y un jurado especiales, concesión que. valiente patriota que luchó denodadamente en el Callao prime·
••••• , ......, ••••••, ....,,,,,;•,, .. ,, •••.•., ••.••.••••••• , •. ,., •••• , ..... ,, ............ ,, ••••••, ...... , •• , ...1,..·,.1•,,•,., •••,.,.
ro y en los reductos de Miraflores después, al sabio bibliófilo á
se otorgará también á las demás corporaciones alemanas.
......,.............,......,.............,......,......,....,.,......,................, .,.............,.,........, ,......,......,.
MIS C ELÁNEA
NUES TROS GRABADOS
B e llas Artes. - La Asociación de los Once, que personifica la tendencia más moderna dentro de las artes plásticas, ha
Vistas del Cairo, dibujos del natural de Hoinaugurado en el Salón Schulte, de Berlin, una nueva Exposi· lland Trincham. - Es la capital de Egipto una de las ciución en la que figuran 8o obras, en su mayor!a cuadros al óleo y dades de Oriente que más interés ofrecen al viajero, contribu·
pasteles. Llaman en primer término la aten_ción las del presi- yendo á ello principalmente el extraño contraste entre la actual
dente Maximiliano Liebermann y en especial sus Huérfanas civilización y la forma más genuina de la antigua barbarie; as!,
/10/andesas. Juan H ermann presenta también algunas escenas de por ejemplo, al lado de barrios hermosos con magnificas edifi·
H olanda; Skarbina, siete cuadros al óleo y otros tantos pasteles, cios encuéntranse otros de estrechos y lóbregos callejones con
que son magn!ficos estudios de aire y de luz;. Hugo Vogel, un viejas casas, en las cuales son, sin embargo, de admirar belllretrato de señora y un niño que toca el orgamllo; Stahl, J. Al- simos detalles ele la arquitectura y deC0ración árabes. Un rinberts, Muller-Kurzwelly, Schars-Alqvist, Leistikow, Mosson y cón de una de estas calles representa el dibujo q ue reproduci·
H ofmann exponen también notables pinturas. .
. mos y en el que aparece reflejado con toda verdad el modo de
Barcelona. - SaMn Parés. - Interesante ha sido la exposi- ser de aquella ciudad y de sus pobladores indígenas. ,Los otros
ción de algunas obras del escultor Campeny, desde la estatua c1os detalles del dibujo son referentes á Bulak, barrio industrial
de carácter monumental, como La formiga, joven espigadora situado á la orilla derecha del Nilo y unido al Cairo por amplia
que se agacha para recoger entre el rastrojo la mies abandona· avenida, y el camino de Heluán, estación termal situada en los
da, hasta el boceto ligeramente ejecuta? º y aproxim~ndose á 1~ alrededores de la capital, adonde van las gentes acomodadas de
caricatura del Sacamuelas, forzudo é impetuoso, dispuesto a ésta y numerosos turistas á pasar una parte del invierno.
arrancarlo todo. En ella destacábanse un satirillo echado fasci·
nando una culebra, los bustos de D. Víctor Balaguer y del
Nube de verano, cuadro de G , Taldi. - Causa verDoctor Andreu, el grupo de los chicos jugando al salto, el del dadera pena contemplar á esa pobre joven que acaba de rom·
picador en la suerte de vara y el estudio de un oso, que merecen per con su novio; pero ya dice el título del cuadro Nube áe ve• 1
un aplauso, probando con los demás trabajos expuestos las rano, con lo cual quiso indicarnos el artista que la tormenta
~'
cualidades de su temperamento a~t!stico.
.
. será pasajera y que no tardará en lucir el iris, signo de bonanza
EL EMINÉNTE HISTORIADOR Y CRfTICO FRANCÉS
Con decir que se hallaba junto a esas obras un cuadnto de Ri· y, en el caso presente, de reconciliación. De la ejecución del
lllPÓLITO ADOLFO TAINE, RECIENTEMENTE FALLECIDO
bera, basta para indicar con qué placer los visitantes, en par· asunto poco cabe decir, pues basta fijarse en la expresión ele
ticular los inteligentes, contemplaban aquella figura elegante de las figuras y en las bellezas del paisaje para comprender que el quien el Perú debe su mejor joya, la Biblioteca de Lima, sa·
una señora, joven y bonita, sentada, abanicándose y pensando pintor italiano Talcli es de los que siguen con provecho las mo·
queada por los chilenos y que el Sr. Palma ha logrado reorga·
en lo que piensa una señora bonita, joven y elegante.
ciernas tendencias y emplean con acierto los procedimientos nizar, ó por mejor decir, crear con un entusiasmo, paciencia,
SaM11 de cLa Vanguardia.» - Durante la semana pasada se adecuados a las mismas.
constancia é inteligencia muy superiores á todo encomio. LA
ha expuesto una curiosisima colección de bocetos y re~roducILUSTRACIÓN ARTfSTICA envía el testimonio de su admiraci6n
ciones de pintura escenográfica junto con algunos figurines de
Esperando a l marino, cuadro de J. Bartels. - y la expresión del más sincero afecto al ilustre huésped que hoy
trajes correspondientes á espectaculos de los siglos último y ac· Siente el célebre pintor alemán , Bartels especial predilección alberga Barcelona, y se honra publicando el retrato del literato
tual, exposición que es una pequeña parte, si bien selecta, de por las playas, que constituyen el tema de la mayoria de sus
eminente, como se ha honrado en otras ocasiones con la inser·
la numerosa é interesante que sirvió de decoración cerrada á obras: dos de éstas hemos publicado en los números 453 y 46o ción de algunos" de sus más notables trabajos.
nuestro buen amigo Soler y Rovirosa al dar la conferencia en de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, Venta de pescado en las plael Ateneo Barcelonés. Entre a lgunas muestras de Bibiena y yas holandesas y En las dunas de Katwyk, y en ambos puede verRecomendamos el verdadero Hierro Dravals. adopotros italianos hay en grabados diversas reproducciones de fes- se con cuánto talento sabe desarrollar esta clase de asuntos. El
tado en los Hospitales de Parls y que prescriben los
tejos y escenarios franceses, alemanes é ingleses, como al~unos cuadro que reproducimos hoy contiene además otra nota hermedlcos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad ; dando
bocetos originales de Luccini, de los Planella, de Pablo Rtgall 1 mosa, y son las figuras de esa anciana, de esa joven y de esa nia la piel del bello seto el sonrrisado y aterciopelado
de Cambon, Thierry, de Plá, etc.
ña que esperan la llegada del hijo, esposo y padre para gozar
que tanto se dese a Es el melor de todo~ loll 1.. n ros
- El laureado escultor Blay ha recibido, al parecer, el en• juntos de los placeres del hogar que les compensen de los tray recoustlluyent.es. .No produce esLrt!ñlm1entu, n! d.larcargo de modelar la estatua del insigne olotense F ontanella, bajos y amarguras que son poco menos que el pan nuestro de
rea, teniendo además la superioridad sobre todos los
para erigirle un monumento que se costeará por suscripción pÚ· cada dia en la vida del marino y de su familia.
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

.

..

El Sr. Barincq lleva á su hija del brazo, procurando cobijarla con su para:;¡uas

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EM ILI O BAYARD

I
En el balcón d e u na casa d e la ronda de Bonne-Nouvelle puede leerse e n letras de grandes dimensiones Oficina cosmopolita de los inventores; y en dos planc has de cobre clavadas en la pue r~a que, en el primer piso de esta casa, da e ntrada á los despachos, h á llase repetida la misma muestra con el aditamento d e

un~ nota expresiva de los negocios que en el establecimiento se realizan: Concesz~nes Y venta de prz:vz!egz~s de invención en Francia y en el extranjero; impi,gnaáó~ c~ntra ie,~os _pn~;tlegzos_y defensa de otros en todos los países; investigaciones
d~pnorzdad; dz'bttJOS mdustnales; «El Cosmopolita,» periódico semanal ilustrado,
director M. Chabertó11.
Cuando se d a vuelta al p estillo d e esta mampara como lo indica una inscrip -

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

588
NúMERO

1

1

ción adherida á la misma, se encuentra uno en una pieza espaciosa, dividida en
varios despachos separados por rejillas y entre los cuales un pasillo central conduce al despacho del director; una alfombra de hule va desde uno hasta el otro
extremo de ese corredor, y por lo muy gastada que se encuentra dice elocuentemente, sin que sean menester otras indicaciones, cuán numerosos son los que
arrastrados por las ruedas dentadas del privilegio de invención, metidos en sus
laminadores, pasan y tornan á pasar por aquel camino de amarguras sin poder
nunca huir de él, y vuelven allí todos los días hasta que se ha sacado de ellos, por
procedimientos perfeccionados, todo lo que algo vale: dinero ó ideas. La víctima, mientras que le queda un soplo de vida, grita, lucha, procura defenderse, y
en las ventanillas de los enrejados, detrás de los que aquellos dependientes permanecen impasibles, sobrevienen explicaciones, se oyen súplicas y ruegos y
quejas, que es el cuento de nunca acabar; después llega el aniquilamiento; pero
la víctima que desaparece es en seguida reemplazada por otra que padece los
mismos tormentos con iguales quejas, idénticos dolores y análogo fin; esta víctima es sustituída por otra y así sucesivamente. En general los clientes de las
primeras horas de la mañana no son de la misma categoría de los que acuden
por la tarde.
A primera hora, casi siempre antes que Bernabé, el mozo de la oficina, haya
abierto la puerta y arreglado los despachos, llegan los impacientes, los inquietos, aquellos á quienes las ruedas dentadas han cogido ya y no dejarán nunca;
desde el período de las esperanzas grandes y risueñas han entrado en el de las
dificultades y los pleitos; llevan indicaciones decisivas para su negocio cuya duración es de muchos meses ó de muchos años y que en aquel mismo día va á
recibir un poderoso impulso, ó bien se trata de una nueva entrega de fondos en
la que se han retrasado y tjue por último han conseguido procurarse realizando
el último sacrificio; estos clientes, mientras esperan la llegada de los empleados
ó del director, refieren sus dolores y sus angustias á Bernabé, el cual los envuelve en nubes de polvo que levanta su escoba.
Inmediatamente después de éstos llegan los que por primera vez pisan los
umbrales de aquella casa; éstos saben, si bien con alguna vaguedad, que los privilegios de invención ó bien las marcas de fábrica deben proteger lo que ellos
han inventado ó garantir la propiedad de sus productos, y vienen por lo tanto á
desvanecer su i¡¡;norancia. ¿Qué es preciso hacer? Estos llegan con toda la confianza y todos los atrevimientos de los que van en alas de la fortuna ó de la gloria. ¿No están seguros de transformar el mundo con su invención que va á enriquecerlos y á enriquecer al propio tiempo á cuantos con ella se relacionen? Y
allá en su imaginación calenturienta los millones ruedan, se amontonan, formando masas deslumbradoras y elevadas cuya vista marea y desvanece.
- ¿Que si es necesario adquirir un privilegio de invención en Inglaterra?, dice
M. Chabertón, contestando á sus preguntas; no solamente en Inglaterra, sino
también en Italia, en España, en Alemania, en Europa, en Asia, en América,
dondequiera que la legislación protectora de los privilegios haya penetrado. Indudablemente el gasto puede ocasionar alguna extorsión, sobre todo ahora cuando con ensayos costosos se han agotado todos los recursos; pero sería una locura que dejásemos escapar tan excelente negocio cuando estamos tocando ya
sus resultados.
Y saliendo de su despacho M. Chabertón, lleva por sí mismo al nuevo cliente
á las oficinas y le confía al empleado que ha de guiarle en la senda que conduce al logro del privilegio y al buen éxito de la explotación.
- Oiga usted, Sr. Barincq; oiga usted, Sr. Spring; oiga usted, Sr. Jugu .. .
Y el cliente admitido en la jaula de aquel a quien se le confía, queda encantado cuando ve al Sr. Barincq, ei delineante de la oficina, trasladar al papel las
ideas que más ó menos vagamente expone el interesado, ó cuando contempla al
Sr. Spring preparando ante el inventor las importantísimas piezas de las patentes inglesas; porque en la oficina cosmopolita se trabaja á la vista del interesado; esta es justamente una de las especialidades de la casa, gracias al Sr. Spring
que escribe con la misma facilidad francés, inglés, alemán, italiano y español,
pues antes de caer en la ronda de Bonne-Nouvelle ha rodado por todos los países
en que se hablan esos idiomas, y gracias también al Sr. Barincq que tiene habilidad para dibujar con unas cuantas líneas un croquis improvisado.
Después de un día muy ocupado durante el cual no había sido posible a los
dependientes darse un punto de reposo, las oficinas empezaban á quedar desiertas; eran ya las seis y veinticinco minutos, y los clientes que tenían empeño en
hablar al Sr. Chabertón en persona sabían por experiencia que éste, cuando
diese la media, saldría de su despacho sin que pudiese detenerle consideración
alguna ni un minuto más, pues había de tomar al paso el ómnibus del ferrocarril
para trasladarse á Champigny, donde, lo mismo en invierno que en verano, habita una extensa propiedad que se traga la mayor parte de sus beneficios.
Cuando la campanada de la media sonó, el director abrió la puerta de su despacho y apareció con el sombrero puesto y en el brazo el abrigo, en uno de cuyos ojales mostraba una condecoración de varios colores; el director llevaba el
bastón en la mano. Un cliente miserablemente vestido le seguía y le rogaba.
- Bernabé, gritó el Sr. Chabertón, esté usted al cuidado para avisarme cuando venga el ómnibus.
Colocado el mozo en el hueco de la ventana no apartaba sus ojos de la calle,
en la cual podía ver a lo lejos hasta la bajada de la ronda de Montmartre, pues
su mirada penetraba libremente a través de las ramas de los castaños que apenas
empezaban á poblarse de hojas.
Sin embargo, el cliente sin soltar al Sr. Chabertón se arreglaba de manera que
le estorbase el paso.
- Trate usted, pues, decía, de obtener de los Sres. Strifler que me presten
cinco mil francos; están ganando más de quinientos mil francos anuales con mis
privilegios de invención; ya pueden hacer esto en favor del que se los ha vendido.
- A esto contestan que ya han hecho mas de lo que debían.
- A usted menos que á nadie pueden los Sres. Strifler decir eso; usted ha visto cómo han chupado mi sangre. Que me den esos cinco mil francos y por mi
parte renuncio á cualquiera otra reclamación; pasa de un millón lo que sacrifico.
- Sr. Barincq, interrumpió el director, ¿cómo esta ese grabado para el periódico?
- Muy adelantado.
- Es menester que esté concluído esta misma tarde.
- No saldré de aquí sin haberlo acabado.
- Con esos cinco mil francos, prosiguió el cliente, pongo acabamiento mi

a

aparato calorimétrico, que será seguramente la mas trascendental de m_is invenciones; su influencia en el progreso de nuestra artillería puede ser considerable.
No se trata, pues, únicamente de miras egoístas: mis intereses personales que,
como usted ha visto siempre, estoy dispuesto a sacrificar, son ahora los intereses
de la patria.
- Usted, Sr. Ruffín, acabará en una voladura con sus experiencias sobre la
presión de las materias explosivas en recintos cerrado,.
- Valiente cosa me importa eso.
- ¡El ómnibus!, gritó el mozo.
El Sr. Chabertón se dirigió precipitadamente hacia la puerta, acompañado
siempre por su cliente. Reinó en las oficinas profundo silencio, como·si los empleados temiesen una vuelta posible, aunque poco probable.
- ¡Embarcado el jefe!, gritó Bernabé que había permanecido asomado a la
ventana.
Pero de pronto lanzó una exclamación de sorpresa.
- ¿Qué sucede?, le preguntaron.
- Ese viejo, el Sr. Ruffin, ha subido con el jefe al coche para ir fastidiándolo
hasta la estación.
Entonces cambió de pronto el aspecto de la oficina; al silencio sucedió algarabía de voces y ruido de pasos, dominado todo por el cacareo que hasta desgañitarse empezó a imitar el encargado de la correspondencia.
- Cállese usted ya, Sr. Belmanieres, dijo el cajero asomandose á la puerta de
la habitación en que trabajaba solo; no podemos oírnos.
- Mejor para usted.
- ¿Por qué razón?, preguntó el cajero, que era un personaje muy serio, pero
bonachón y sencillote.
- Por una razón muy sencilla, Sr. Morisette de mi alma: porque si dice usted
majaderías, como ocurre á menudo, no se fijaran en ellas.
·
Morisette paró muy aturdido un momento, preguntándose indudablemente si
procedía incomodarse y buscando una contestación.
- ¡Ah! ¡Qué nombre tan mal aplicado tiene usted!, dijo por último el cajero
después de un largo rato de meditación.
En efecto, precisamente porque se llamaba Belmanieres el encargado de la
correspondencia alardeaba de insolente con sus compañeros, procurando en todas ocasiones y sin motivo alguno herirles, para que no tuviesen nunca motivo
de aludir a su nombre, cuya ridiculez no le dejaba un momento de tranquilidad:
otro cualquiera hubiese llegado tal vez al resultado mismo con habilidad y con
dulzura; pero éste, que por naturaleza era díscolo, malévolo y brutal, no había hallado otro medio de defensa que la grosería; la réplica del cajero lo exasperó extraordinariamente, sobre todo porque fué saludada por una carcajada general en
la que solamente Spring no tomó parte.
No fueron sin embargo ni la amistad ni la simpatía las c~usas de esta abst~1~ción; si Spring no se reía como sus camaradas, tanto de la respuesta de Monsette cuanto &lt;le! enfurecido semblante de Belmanieres, era porque estaba completamente abstraído en su trabajo, del cual nada podía distraerlo. No bien el
jefe se había embarcado en el ómnibus, como decía Bernabé, Spring abriendo
con viveza un cajón del pupitre había sacado de él una batería de cocina: una
lámpara de alcohol, un platito de hoja de lata, un frasco con aceite, sal, pimienta, una chuleta de cerdo envuelta en un papel y un trozo de pan; encendida la
lámpara, Spring había colocado encima su plato, no sin haber puesto antes en
él un poco de aceite, y ahora estaba esperando que se calentase para freír allí
su chuleta. ¿Qué le importaba lo que hiciesen ó lo que dijesen en rededor suyo?
Spring se consagraba por completo á disponerse su comida.
Sobre Spring fué sobre quien Belmanieres quiso desahogar su cólera.
.
- Vamos, dijo, apoyando la frente en el enverjado del despacho de Spnng;
vamos, ya empiezan estas porquerías inglesas.
- Esto no es una porquería, replicó Spring con marcado acento inglés.
- Para las narices de usted no, respondió Belmanieres remedando ese acento, pero para mis narices sí. Y aseguro á usted que es insoportable que todos
los martes nos fumigue usted con los vapores de su desaseada cocina.
- Ya sabe usted que los martes y los viernes no puedo irá cornera casa porque trabajo toda la noche en este barrio.
- ¿Y no puede usted comer como todo el mundo en una fonda?
- No.
La energía de esta réplica contrastaba con la insignificancia evidente d~ la
pregunta de Belmanieres y venía á explicar una parte de las costumbres misteriosas de Spring, que había dado en la manía de creer que la policía rusa quería
envenenarle. ¿Por qué? ¿Por qué la policía rusa perseguía a un súbdito inglés?
Nadie sabía de esto una palabra. Contadas eran las personas á quienes se había
dado explicaciones sobre este punto, y aun estas mismas nunca llegaron a saber
las causas de la persecución de que Spring era víctima; pero al cabo esta persecución, evidente de toda evidencia para el interesado, obliga.bale a tomar todo
linaje de precauciones. Para huir de ella se había visto precisado á dejar todos
los países en que sucesivamente fijara su residencia. Odessa, Génova, Málaga,
San Francisco, Rotterdam, Melbourne, el Cairo, etc., y continuaba en París
cambiando de domicilio todos los meses para despistar á los espías, saltando
desde Montrouge hasta Charonne y de las Ternes a la Maisonblanche. También
el sentirse rodeado por esta peligrosa vigilancia hacía que Spring no tomase más
alimentos que los preparados por él mismo, convencido como estaba de que al
penetrar él en un establecimiento de comidas un polizonte de los que encarnizadamente le perseguían hallaría el medio de echar en su plato ó en su copa
una gota de cualquiera de esos terribles venenos cuyo secreto solamente los
gobiernos poseen.
- ¿Sabe usted siquiera por qué no puede comer en una fonda?, preguntó Belmanieres con el firme propósito de exa'Sperar a Spring.
- Sé lo que sé.
- Entonces sabrá usted que está chiflado.
- Déjeme usted en paz; no hablo con usted.
Salió una voz entonces del despacho contiguo a la puerta, el del Sr. Baring,
que dijo:
- El Sr. Spring tiene razón, cada uno tiene sus ideas:
- No pierda usted su tiempo en darlas de O. Quijote de Gascuña; no le quedará a usted tiempo para concluir ese grabado y llegara usted tarde á su recepción de esta noche.
Belmanieres, dejando entonces el enrejado de Spring, se plantó en medio del
. pasillo.

588

LA

229

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Digan ustedes, caballeros, ¿saben ustedes que hoy da el Sr. Barincq un baile en sus salones de la calle del Abreuvoir? Un sarao en la calle del Abreuvoir,
en Montma:tre, en l_os salones del Sr. Barincq, de oficio inventor en otro tiempo,
en la actualtdad delmeante en el establecimiento de Chabertón· vean ustedes una
c?sa divertida: «Los Sres. Barincq y de Saint-Christeau suplic;n al Sr. de ... les
~1spense la honra ~e p~sar la velada en casa de los mismos el martes 4 de abril,
a las nueve; se b~tlarf.» La !erdad es que esto es gracioso por lo grotesco y
hace reventar de nsa a cualquiera.
- Pues reviente usted, dijo el cajero, nos divertirá mucho ver eso; no deje usted de hacerlo por nosotros. Bernabé, barre bien un gran trozo del pavimento
para que el Sr. Belmanieres pueda reventar á su gusto.
. - ¿Por qué no nos ha convidado usted?, preguntó Belmanieres sin responder
directamente.
-A usted no se le podía convidar, respondió el encargado de lo contencioso,
que hasta entonces no había pronunciado una palabra porque estaba entretenido en charolar sus zapatos.
- ¿Y por qué, Sr. Jugu?
- Porque para concurrir a los bailes de sociedad· es necesario tener ciertas
maneras.
Belmanieres exasperado manifestó visiblemente el propósito de anonadar á
J ugu, pero la contestación necesaria para esto no acudía á su imaginación; después de un mom~nto de espera dirigióse á la puerta con intención de salir, pero
según estaba de mcomodado no podía abandonar así la partida; se le motejaría
de ~-obarde; se burlarían de él no bien desapareciese de allí: retrocedió, pues,
y dlJO:

- ~s ciert? que yo no habría estado bien en los salones de los Sres. de Barincq
de Samt-Chnsteau, pero no habría sucedido lo mismo al Sr. J ugu, y es segurísimo que cuando Bernabé - el cual desempeñará esta noche funciones de introductor, de embajado:es - anunciase con su hermosa voz de bajo te! Sr. Jugu,)&gt;
causana gran sensación en los mencionados salones, como es natural á la entrada de un caballero
eso sin contar con que tan
, tan disparatadamente eleoante·
b
J
e1evado personaJe podía ser un buen marido para la señorita de Saint-Christeau.
- Caballero, dijo Barincq en son de mando, prohibo á usted que asocie el nombre de mi hija á sus necias bromas.
- Nada tiene usted que mandarme ni prohibirme y ese tono es impertinente.
Acaso podría haberse ~dmitido cuando era usted el Sr. de Saint-Christeau; pero
a~ora, cuando _ha perdido usted su nobleza y su fortuna para convertirse en un
s1_mpl,e S~. Barmcq, empleado en las oficinas del Sr. Chabertón, lo mismo que yo
111 mas m menos, es soberanamente ridículo con un camarada igual á usted. Por
lo que se refier~ á la señorita Saint-Christeau tengo derecho á juzgarla, á criticarla y hasta re1rme de ella ...
.__ ¡Caballero!
·
- Sí, ~eñor mío, á burlarme de ella, a ridiculizarla... toda vez que esa señorita es ~rt1sta. Cuando _á consecuencia de muchas desgracias (porque aquí son
conoc1.~as las desgracias de usted) deja un padre á su hija que concurra al taller
de J u)ian y que exponga en el salón obritas no del todo malas, para las cuales se
mendiga una recompensa en todas partes, no es posible manifestarse altanero.
- ¡Calle usted; le digo á usted que calle!
El a~ento con q~e fueron pronunciadas aquellas palabras debió advertir á
Belmam;res que sena prudente no continuar; pero dado el papel de provocador
que babia tomado, obedecer a estas indicaciones hubiese parecido huir y abdicar; además la idea de una disputa no le asustaba, al contrario.
- No callaré, dijo, no, mil veces no.
- ¡Está usted fastidiándonos!, gritó Morisette.
- Razón de más para que yo continúe: son las seis y cincuenta y dos minutos; t9davía tengo á mi disposición ocho, porque entre todos ustedes no hay uno
so!o bastante resuelto para abandonar su sitio antes que hayan dado las siete.
Diga usted, Sr. Barincq, ¿su hija de usted no se llama Anie?
Barincq no respondió.
- He ahí un nombre muy extraño. ¿No ha pensado usted cU1ndo se lo puso lo
extravagante que es un nombre que principia por Ani? ¿Ani qué? ¿Anisete?
Eso sería un calificativo de su carácter.
- Otra cosa hay que principia Ani, dijo un empleado que hasta entonces no
había dicho nada.
- ¿Cuál es?
- Ani-mal, que es el nombre de usted.
- Sr. Ladvenue, es usted un grosero.
-¿De veras?
- También hay, dijo Morisette, Ani-mosidad que es el calificativo del carácter de usted. ¿No podría usted dejar tranquilos a sus compañeros, sin provocarl?s de ese modo con el pretexto más fútil? Es en realidad insoportable la nece~1dad de soportar todas las tardes las insolencias de usted; insolencias que acaso
a usted parecerán ingeniosas, pero que para nosotros, se lo digo á usted en nombre de _todos, son estúpidas.
.
Precisamente porque todos estaban contra él quiso Belmanieres mantenerse
firme. ·
- También existe la palabra Ani-mación, continuó perseverando en su idea
con !ª tenacidad propia de quien no confiesa jamás que va por mal camino; y
frec1same~te por eso deploro no haber sido convidado á la recepción de los senor~s Banncq; habría yo celebrado cómo maniobraba esta noche para pescar
mando _una joven que para acudir al taller cubre su cabeza con una boina azul,
lo cual mdica á un mismo tiempo sencillez y buen gusto...
•
De pronto la puerta del despacho del Sr. Barincq se abrió bruscamente, y ant~s de que Belmanieres volviendo de su sorpresa hubiera podido tomar la defensiva, recibió en medio del rostro un monumental puñetazo que le hizo caer en la
mesa del Sr. J ugu.
- Le había dicho a usted que se callase, gritó Barincq.
T?dos los empleados salieron precipitadamente al pasillo, y antes de que Belmameres se levantase se colocaron entre el agresor y el agredido.
Esta intervención, sin embargo, no parecía del todo necesaria; veíase claramente que ni Belmanieres deseaba devolver la corrección recibida ni Barincq
se proponía continuar la lección comenzada.
- ¡Es una cobardía!, gritaba Belmanieres. ¡Entre compañeros!.. ¡Y sin avisar!..
Y agitando el brazo á distancia amenazaba á su compañero, irguiéndose y
ech~ndo hacia atrás la cabeza. Sin duda Belmanieres hubiera podido ser muy
temible para su adversario porque era vigoroso, ancho de espaldas, fuerte de

piernas y de unos treinta años solamente, circunstancias todas que le habrían
dado ventajas en un combate con un hombre de más edad y menos vigoroso;
pero era indudable que Belmanieres no quería comenzar esta lucha.
- No tiene usted sino lo que merece, dijo Morisette; el Sr. Barincq había
avisado a usted.
Solamente Spring había permanecido quieto; cuando hubo devorado la comida que estaba preparándose salió de su despacho, se acercó á Barincq y estrechando su mano y sacudiéndola con fuerza le dijo: Ali rigllt.
Inmediatamente los otros empleados siguieron el ejemplo y unos en pos de
otros se acercaron á estrechar la mano de Barincq.
- Si no respetase esas canas, gritó Belmanieres cada vez más exasperado, lo
trituraba á usted.
- No diga usted esas majaderías, respondió Morisette; de sobra sabemos que
no quiere usted triturará nadie.
- Insultar sí, dijo Ladvenue; triturar no.
- Son ustedes unos cobardes; todos se ponen contra mí.
- Diez villanos contra un caballero, dijo Jugu riéndose.
- ¡Ea, caballero, salga á relucir la vengadora espada!
Belmanieres movía con viveza sus ojos que lanzaban fuego y se fijaban ya en
uno ya en otro de los empleados; buscaba en su imaginación una injuria que
fuese su venganza; por último, como no la encontrase suficientemente enérgica,
abrió la puerta con estrépito, y amenazándolos á todos con el puño gritó:
- ¡Volveremos á vernos!
- Así lo esperamos, gracias á Dios.
- ¡Qué pena sería para todos nosotros perder un compañero tan amable como
usted!
- Acepte usted el homenaje de nuestro respeto, camarada.
Todas estas bromas cayeron como una granizada sobre Belmanieres antes de
que él cerrase la puerta.
- Señores, dijo Barincq luego que Belmanieres desapareció, pido a ustedes
que me perdonen.
- Nada de perdonar; lo que nosotros hacemos es felicitarle.
- Oyendo hablar así de mi hija no me ha sido posible dominarme; debía de
saber ese joven que hiriéndome en mi ternura paternal me mortificaba cruelmente.
- Y lo sabía, esté usted seguro, dijo J ugu.
- Supongo, sin embargo, replicó Spring con la boca llena, que él no creyó
nunca que usted llegase á golpearle.
- Y ahí tiene usted por qué aprobamos todos que lo haya usted hecho dijo
Morisette, á quienes las funciones de su cargo y lo avanzado de su edad daban
cierto prestigio; espero que esta lección le será provechosa.
- ¡Oh! Si cue?ta usted con eso es usted demasiado inocente, dijo Ladvenue; ese personat pertenece á ~na clase de la cual se encuentran ejemplares
en todas las oficmas y que no tienen más gusto que fastidiará sus camaradas·
éste nos ha fastidiad~ Y. nos fastidiará á todos mientras no empleemos, por rigu~
roso turno, el procedimiento empleado por el Sr. Barincq.
- Yo, dijo Jugu, no apruebo el puñetazo.
- Pues ha sido bueno.
- Hablo poniéndome en lugar del Sr. Barincq.
- Había yo creído que se colocaba usted en lugar de Belmanieres.
- Explíquese usted, señor filósofo.
- Eso excita los nervios, y la excitación nerviosa no puede ser conveniente
para que el Sr. Barincq termine su grabado.
La primera campanada de las siete interrumpió esta conversación· antes de
que se oyese la últ!ma todos los _empleados, incluso Spring, habían saÍido y sólo
quedaba en la º?cma el Sr. Banncq que ha?ía reanudado su trabajo mientras
Bernabé encen?1a un me~hero de gas y termmaba apresuradamente su limpieza
deseando tamb1_én conclmr pronto. Cuando estuvo listo preguntó:
- ¿Me necesita usted para algo, Sr. Barincq?
- N,o, váy:se usted y coma pro~to; si llega usted á casa antes que yo, entere
us:ed a la senora de la causa de m1 retraso y dígale que de todos modos estaré
all1 antes de las ocho y media.
- Por lo menos no vaya usted á retardarse.
- No tengas cuidado, no daré ese disgusto á mi hija.

II
Creía el Sr. ~arincq tener trabajo ~ara tres c~artos de hora; sin embargo, en
menos de med~a hora acabó su d1bu¡o y á las siete y media salía de la oficina.
Como co~ el vigor de sus piernas, que debía á su naturaleza vasca podía recorrer en vemte minutos la distancia que hay desde la ronda Bonne-Nouvelle hast~ lo más alto de Montmartre, no debía retrasarse mucho. Por la ronda Poissonmere y el arrabal M_ontmartre se deslizó con rapidez, no disminuyó la velocidad
de su paso P!l-ra subtr la calle de los Mártires y se encaramó como un muchacho
por las escalmatas que dan acceso á la cuesta. En lo más elevado de ella se hall~ la ca)le ~el Abreuvoir, que entre dos paredes que sostienen la tierra move~1za de ¡ardmes plantados de arbustos baja por un trazado sinuoso hasta las vertt_entes de San Di?nisio. El barrio es!á bastante desierto y su aspecto es Jo sufic1ente1:1ente salva¡e para que sus vecmos puedan creerse á cien leguas distantes
de Pans.
En uno de estos jardines elévase un gran edificio dividido en unos veinte departament_os, Y alr~dedor de sus quebradas pendientes se ven algunas casitas
cuya sencilla arqmtectura sólo puede compararse con la de las casas de madera
que suele hab~r en las cajas de juguetes_para niños: un cubo prolongado en el
que s.e han abierto tres ventanas en el piso bajo, el piso principal, una cubierta
de_ te¡as; esto es la casa. Bosque~illos de lilas sirven para separar a unas de otras
de¡and~ entre r.llas algunos macizos de flores y una senda cubierta de pámpanos
Y que s1&amp;ue las ondulaciones del terreno da acceso á cada una de las casas· cada ~na tiene su jardincito, y_desde todas puede gozarse .un prodigioso pa~orama, Pª?orama que es su umco encanto, el que determina á las personas de piernas sólidas Y de s~nos pulmones á subir diariamente esta montaña en cuya cima
se encuentran mas separados de París que si habitasen en Ruen ó en Orleans.
( Co11ti1111ard)

�LA ILUSTRACIÓN

230

ARTÍSTICA

Supongamos que deseamos conocer la fuerza con
que el pie aprieta en el suelo en los diversos instantes de su período de apoyo: ,para ello recogeremos al
mismo tiempo las fotografías parciales de la pierna
durante un semipaso (fig. 18) y el trazado del dinamómetro registrador de la presión del pie ( fig . .19).
Para resolver el problema que acabamos de plantear, hay que establecer las coincidencias entre cada
LA CRONOFOTOGRAFÍA
una de las imágenes cronofotográficas y la ordenada
)IUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOV I MIENTO
que
le correspondería en la curva del dinamógrafo: á
EN LAS CIENCIAS FfSICAS Y NAT URALES
este efecto contemos en la figura 18 cuántas imáge· ( Continu~ción)
nes corresponden al período de apoyo del pie y enEn varias series de figuras recogidas en tiras peli- contraremos que son doce. Es claro que el trazado
culares en movimiento puede de este modo seguir- dinamográfico tomado en toda su longitud corresse perfectamente la serie de los movimientos de un ponde á la duración de las doce actitudes de la pier-

NúMERO

588
NúMERO

Y sin embargo, quedan aún muchos puntos P?r dilucidar con relación al mecanismo de las acciones
del caballo y de las reacciones que imprimen en la
masa del cuerpo y en la del jinete, y con relación á
la medición de los esfuerzos ejercidos sobre el suelo

-

bio es muy posible, en _ciertos casos, obtener una determinación experimental de las fuerzas puestas en
juego, que se consigue combinando las indicaciones
de un dinamómetro inscriptor con las de la cronofotograffa. El siguiente ejempló dará á comprender esta combinación.

(2)

Edii:ión ilustrada con graJJados intercalados II lamina,

cromolitografiada,

(3)

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta .obra un , cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la física del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente JJ?PU(ar, ~iguiendo en. él el
plan admit_ido por. cuanto~ d 7la c1enc1a fis1ca han esenio, lo di·
vide en vanas secciones p rmc1pales, en cada una.de ellas se enuncia la ley que preside á los fenómenos de que trata, el descubrimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conqcidas.
Así, después de tratar de los fenómenos y leyes de la Grave&lt;iad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

Muestra de los grabados de la obra - Audiciones
telefónicas teatrales

e~s leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Sonido agrega una enumeración de todas las aplicaciones de la A cústica y de los instrumentos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, microscopio, etc. El Magmtismo y la Electn'cidad proporcionan ancho

Fig. 21. Movimiento del miembro posterior del elefante

miembros piezas homólogas, óseas ó musculares que
no difieren de una especie á otra más que por sus
proporciones relativas, por su desarrollo desigual,
por la fusión, atrofia ó deformación de algunas de
ellas.
Ahora bien: si la anatomía comparada señala en la
conformación· de las diversas especies de animales
esas analogías y diferencias de estructura, la tarea de
explicar unas y otras incumbe á la fisiología comparada.
La cronofotograffa muestra claramente cómo fun-

, -1}1HllE8PErar,""
, Faub. Baint-D
PARié

._, '°"4.

wFtJ

_...,_

.
-

UIT ! IITfPdLIQITI -

LECHE ANTEFl:L

LA SAGRADA BIBLlA ·

,m t ■awh 1M 1111, Clll)I
CAB , LENT&amp;IAI, TES A80
SARPULLIDOS, TEZ BARkOI
ARRUGAS PIIECOCEI
e
EFLOREIICENCU8
~
ROJECEI

IDIC16N ILUITIIADA

.. tO o6ntiJno• de P•••ta la
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Fig. 22. Movimiento del miembro posterior del caballo

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-•-•••• !Adl el labor del parto y
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j~=~\P\dla!~~~os • ESTOMAGO

♦ •Espect11co probado de la GOTA J IIIIUIIATl8■08, calma 101 dolora
• los mas fuertes. -Acclon.pronta,y .e¡ura en todo, 101 periodoa del acceso.

Hydropesias,
Toses nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc,

l'&amp;SJ eaS a!L8Ct8t0d6HI8fr0 d6

ENFERMEDADES

..............................

( Co11ti1111ará)

La p resente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el caso de que lo desearan los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en eljtexto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la Física, así como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas ú otras
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo cor
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á los Sre!", Montaner_y_ Simón, calle de Aragón,_núms. 309 y 311, Barcelona

gir la firma y marca de garantla.

cionan en la marcha los diferentes segmentos de los
miembos homólogos de diversos animales: las figuras 20, 21 y 22, cronofotografías parciales sobre placas fijas, representan, reducidos aproximadamente á
la misma escala, los cambios de lugar de los diversos
segmentos del miembro posterior durante un semipaso de la marcha del hombre, del elefante y del caballo. Demuéstrase en ellas que un mismo radio óseo
tiene movimientos distintos en dos especies diferentes, es decir, toma una parte desigual en las flexiones
y extensiones alternativas de los miembros. Así se
concibe por qué los músculos encargados de mover
estos radios óseos presentan en los diversos animales
Las man·has del caballo estudiadas por el método gráfico. diferencias de longitud y de volumen con relación á
ele la Academia de Ciencias, 4 de noviembre ele 1872.
los movimientos que producen.
A11álisis ci11e111ático de las marchas del caballo, Marey y

Pagés. C. R. 12 de septiembre ele 1885 y 27 ele septiembre de
1888.

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECUÜR

encuentra una gran pista circular perfectamente horizontal, de
500 metros de circunferencia, en la que pueden ser estudiados
el hombre y los animales en sus marchas normales; un campo
obscuro de II metros de ancho por 4 de alto permite aplicar la
cronofotografía sobre placa fija al análisis de los movimientos
muy extensos. Un campo uniformemente iluminado y de igual
superficie se presta á la cronofotografía sobre película móvil:
dinamómetros inscriptores, espirómetros, contadores de pasos,
aparatos diversos destinados á los sujetos sometidos al experi·
mento, están destinados á los estudios sobre la locomoción del
hombre. Por otra parte, varios pneumógrafos, esfigmógrafos y
cardiógrafos permiten estudiar los efectos de los ejercicios físicos en las funciones de la vida orgánica y seguir paso á paso
los progresos de la fuerza ele los sujetos. Finalmente, algunos
departamenlos especiales sirven para criar en libertad diferentes especies de animales cuya locomoción normal ó modificada
ha de estudiarse.
C. R.

EL MUNDO FÍSI~O
GRAVEDAD, GRAVITACION, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,

3. 0 Locomoción comparada en los diferentes mamíferos. - Sabido es que el hombre y los demás mamíFig. 17. Análisis de las fases de un salto en altura precedido de una carrera. Las imágenes paralelas, líneas brillantes
feros presentan entre sí manifiestas analogías desde
sobre un traje obscuro, son recogidas en placa (25 imágenes por segundo)
el punto de vista de su conformación general. Los
miembros inferiores del hombre corresponden á los
hombre que sube ó baja de su velocípedo; las imáge- na apoyada: si dividimos la abscisa de esta curva en miembros posteriores de los cuadrúpedos y en toda la
nes cronofotográficas en esta última forma obtenidas doce partes iguales y trazamos las ordenadas corres- serie de los mamíferos puede reconocerse en estos
pueden ser examinadas con el zootropo, con lo que pondientes á estas doce divisiones, cada una de ellas
el estudio de las mismas hácese más fácil y más expresará el esfuerzo vertical ejercido sobre el suelo
durante la actitud correspondiente de la pierna que
exacto.
B. Estudio dinámico de los movimientos del Jwmbre. en aquél se apoye. Los números de orden trazados en
- En la mayor parte de las figuras que acabamos de cada una de las dos figuras facilitan la comparación.
No entraremos en los detalles de los diferentes
estudiar, las variaciones de velocidad del cuerpo se
traducen en variaciones de espacio recorrido entre dos problemas de mecánica animal que de esta manera
imágenes consecutivas, es decir, en tiempos iguales, pueden resolverse: sobre este particular hemos hecho
de modo que puedan apreciarse las aceleracion~s y numerosos experimentos con el concurso de M. Delos retardos de la masa del cuerpo. Ahora bien: meny, nuestro preparador en la Estación fisiolócomo la balanza nos da á conocer esta masa, las ero- gica (1).

F ig. 19. Trazado del dinamógrafo que representa las fases
de la presión del pie sobre el suelo en la marcha

campo al autor para describir sus asombrpsos fenómenos y sus
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplicaciones tan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas in•
dustriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapidísima reseña del contenido del MUNDO Fl·
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACIÓN '·

POR AMADEO GUI LLEMIN

en los diferentes instantes. En esto intervendrá la
cronofotografía sobre placa fija, combinada con el
empleo de los dinamómetros inscriptores.
A propósito de la locomoción humana, acabamos
de ver en las figuras 18 y 19 los preciosos datos que
suministra la combinación de estos dos métodos para
estudiar esta función desde el punto de vista dinámico. Indudablemente se llegará á determinar lamanera cómo las fuerzas del caballo deban ser aplicadas
para producir el máximo de efecto útil, lo cual constituye el fin práctico de esta clase de estudios.

Locomoción de los cuadriípedos. - De todos los
animales cuadrúpedos el caballo es el mejor conocido desde el punto de vista de la· locomoción. Hace
mucho· tiempo que hombres especiales se han dedicado á estudiar sus marchas francas ó defectuosas y
á 'definir los caracteres de cada una de ellas, y de esta
suerte .han adquirido una habilidad sorprendente en
la: óbservación. Pero por muy preciso que sea su golpe de·vista, siempre resulta insuficiente, y de ello son
buena prueba las incertidumbres y las divergencias
de opinión de los diversos autores acerca de · 1os caracteres y del mecanismo de las marchas del caballo.
Bajo este concepto creemos haber prestado un buen
servicio aplicando al análisis de las marchas del caballo y al mecanismo de las transiciones de una marcha á otra la cronografía ( 2 ), que traduce con gran
Fig. 18. Cronoíotografía parcial de los movimientos del
precisión la sucesión de apoyos y levantamientos de
miembro inferior del hombre en la marcha
fos ·pies en toda marcha. Pero la que ha dado el conofotograíías sobre placa fija contienen los elementos nocimiento completo de las marchas del caballo,. ya
necesarios para apreciar las fuerzas puestas en juego explicadas perfectamente por los memorables experien la locomoción del hombre, puesto que estas fuer- mentos de M. Muybridge, es la cronofotografía (3).
zas son proporcionales á las masas en movimiento y
( 1) Este establecimiento, undado en el parque de los Priná las aceleraciones que en ellas imprimen. Pero en la
cipes, gracias al concurso del Estado y del Consejo Municipal
práctica es bastante delicado determinar la posición de Pans, se presta á esle género ele estudios, que no podrían
de la masa, es decir, del centro de gravedad del cuer- hacerse en los laboratorios ordinarios. Es un campo de experi·
po en las distintas fases de un movimiento; en cam- mentos como no le hay igual en ninguna otra parte: en él se

23 1

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA '

TRADUCCIÓN DE D, MANUJrL ARANDA Y SANJ UÁN

Fig. 20. Movimientos de los diversos radios del miembro
inferior del hombre en un paso de marcha

2.0

LA

588

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T CO!f TODOS LOS· PlllMCIPIOS mrramvos DB l i CARNE
ClAa!IIC, mEIUlo 1 •IJIJl.u Diez años de ento continuado y las afirmactonea de
todu laa eminenclu médicaa preubln que esta aaocilclon de la Clanae, el Hierro y la
conaUtuye el reparador mas enemco que se conoce para curar : la Cwrdlú la
J.fltmta, las J l e n , t ~ &lt;Solorolal, el llmpolw'ectmffflto y lá J.lteracwn ae la Sangre
el Raq1"tllnw, las .A.fecdoflU escrofUlola, 1 UCIJ1'1Jutk4s, etc. .El l'i•• Ferract•■■• dé
.t.reatl ea, en erecto, el único que reune lodo lo que entona y !ortalece los organoa
regulariza coordena y aumenta considerablemente las tuerzas 6 ln!und
la
'
empobrecida Y descolorida : el V(lor, la Cowracto1t y la Btierg'4 trltlll.
e
8&amp;lll1'e
Por 1141'101', t11 Paria, en wa de J. FEW, Farmauntico, tO!, rue Richelieu, Sncesor 4e .lROUD
8J: VDDB BN TODAS LAS PRINCIPALBS BOTIQ.lS
'

••la&amp;

ª

EXIJASE 11: &amp;: 1 ARDUO
0

VELOUTINE FAy
.

El meJo:r y mas célebre polvo de tocado:r

POL?!,!!.~•iJ~~RA
por Ch. J'ay, perfumista
9, Ruede la Pm, p ARIS

�23 2

L A I LUST RACI ÓN ART Í S T1CA

NúMERO

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

58~

Aires, el primero en la imprenta ele R. Puig, Mé•
jico, 382, y el segundo en la de Jacobo Peuser,
esquina San Martín y Cangallo.

por autores ó editores
MADRIO FIN DE SIGLO, por P. Safludo Ati·
Irán. - El distinguido periodista madrileño señor

EL BUENO DE PÉREZ, por Eugenio Seda110 y
Go11zález. - Novela de argumento interesante, es·

Sañudo Autrán ha publicado una colección de ar·
tkulos describiendo tipos y costumbres de Ma•
drid en estas postrimerías del siglo: escritos con
verdadera gracia, sin la menor chocarrería, y
dentro de los moldes del naturalismo fino, no del
grosero, resultan todos ellos cuadros animados,
reflejo fiel de la realidad y embellecidos por un
lenguaje castizo y elegante. E l libro, editado por
D. Fernando Fe, de Madrid, merece ser leído
por todos los amantes de la literatura buena y
amena, que pueden adquirirlo en todas las libre•
rías por sólo 2 pesetas.

crita con gran facilidad y gracia, en la que los
personajes están bien estudiados, la acción bien
desarrollada y las escenas descritas con naturalidad, cualidades que revelan excelentes elotes de
observador y escritor en el Sr. Serrano y Gonzá.
lez. Impresa en Sevilla, imprrnta de «El Universal,» véndese la novela a l precio de r peseta.
MAL DEL SIGLO, 11bVela de Ma:r Nordan, traducida al castellana por D. Nicolás Sa/111enfn y
García. - Con ser esta una novela en el fondo fi.

losófica, hay tanto interés en su argumento, tanta
verdad y vida en los tipos, tanta amenidad en su
argumento y en su forma, que el libro resulta ele
agradabillsima leccura, sin que lo de agradable
redunde en perjuicio ele lo provechoso ele las en·
señanzas que de él se desprenden. El contraste
entre el pesimismo y elevación de miras personificados en Eynhard y la estrechez ele ideas y sentido práctico encarnados en Haber está admirablemente tratado, sin que el autor, dejándose llevar de exclusivismos de escuela, se incline cleci·
diclamente de un lado ó ele otro. La traducción
hecha directamente del alemán es esmeradísima,
como del Sr. Salmerón y García, y la edición es·
pañola, elegante, como tocias las que salen de la
casa Fernánclez y Lasanta, ele Madrid. Véndese
ni precio de 3'50 pesetas.

ENSAYO DE NUEVAS TEORÍAS F ISIOLÓGICAS
[)E u FUNCIÓN AS I MILATRIZ, por el Dr. F.

Zenftram. - Creemos que ha prestado un verda·
clero servicio á la ciencia el doctor Zenítram con
el libro que modestamente titula Ensayo: en él
trata de demostrar, entre otros trascendentales
problemas fisiológicos, que ni la sangre encierra
en sí virtud alguna nutritiva, ni las substancias
que hace asimilables el tubo digestivo van al torrente sanguíneo, ni este Hquido influye directa•
mente para nada en el fenómeno reparador de los
organismos animados; y si esto es cierto, como pa•
rece cle,prenderse de los razonamientos y experi•
mentus que les sirven de b'ase del doctor Zení·
tram, es de creer que sus descubrimientos formarán época en la historia de la Medicina. Espera·
mos la nueva. obra que el doctor Zenítram anun•
cía publicar en breve, que no dudamos tendrá la
misma buena acogida que la que nos ocupa. El
libro, editado por D. Fernando Fe, de Madrid,
véndese á 3 pesetas en las principales libre rías.

L-' H ISTORI A DF:L MATRIMONIO, por D. A11·
fonio Flores. - L'l Bibliotera Seleda, que con tanto éxito publica en Valencia D. Pascual Aguilar,
acaba ele ciar al público, formando los tomos 61 y
62 de la misma, La historia del 111atri111011io, «gran

LIIVE NDAS DE LOS INDIOS QU1CHUAS. LR·
VKNDAS DE LOS INDIOS GUARAN(ES, por Fi/i·

colección de cuadros vivos matrimoniales pintados
por varios solteros malogrados en la flor de su
inocencia.» ¿Quién no conoce cuánto vale el auto,
ele esta obra, que lo es también de la joya de
nue~tra literatura titulada Ayer, ltoy y 111a,la11a,
cuyas bellezas han comenzado ya á saborear los
suscriptores de LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA?
Los cuadros pintados por D. Antonio Flores
abarcan, puede decirse, todo cuanto con el matrimonio se relaciona, y estan tratados con una
gracia y escritos con una elegancia ele estilo que
les hace por tocio extremo recomendables por lo
que deleita su lectura. Véndense los dos tomos al
precio de una peseta en casa del editor (Caballeros, 1, Valencia) y en las principales librerías.

berto de 0/iveira Cézar. - Las razas quichua y
guaranitica eran las principales que poblaban la
América del Sur en la época del descubrimiento,
habitando la primera las cordilleras y las costas
del Pacífico, desde Panamá á Chile, y la segunda
el gran triángulo oriental del continente que limi•
tan el Orinoco, el Plata y el Atlántico. Como en
todos los pueblos de aquellas regiones, consérvan·
se entre ellos multitud de leyendas llenas de poesía, interesantes, algunas de las cuales han sido
coleccionadas por el distinguido escritor bonaerense Sr. Olíveira de Cézar en dos elegantes tomos,
ilustrados por F . Fortuny é impresos en Buenos

o. RICARDO PALMA, eminente literato
delegado del gobierno del Perú en los Congresos celebrados en España
::or: motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América

/

~,11tDADES ••1E1ro,i
~,

-

JI

~,,

PILDORAS~DEHAUT

Pepsina Boudault

D11 ..AAla

ao titubean e.11 pDJ'gane, eaando lo
aecai&amp;a.11. /fo temen el 11co ni el c1aNllcio, porque, ooacr1 Jo que ncecle coa
Jo, dem11 purguc.., e,te no obra biea
IIÜloca1ndo1efom1conbaeno1llimento1
7 bebillu IOrt.tliCIJJC.., cual ehino, el CIII,
el U. C1d1 nll ,ecoge, para pDJ'garse, la
lora 7 11 oomid• que mu le ooa~enu,
Nf1UI IU OCIIJNICÍODN, como el OIIIIU
cio que 11 par,1 ocufon1 queda complela.me11te111al1doporel eleetadel1
bue.111 alimen&amp;lcion emplead1,uno
,. decide fllcilmente II volver
·~ empeHr cua.11&amp;11 vece,
_1e1 aecenrio. · •

Aprtu•• por 11 !UDEIU II mmu

PREIIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
lhdallu • • l&amp;t lbpo1lolonH latenaelonalH ·•

PUIS • LTOI • TIEU • PIIUDELPBU • P!RIS
llrr

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DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOHTIOII LENTAS Y PIN08A8

PALTA Da APITITO
Dqouuu D■ u •••ur1•

~ OT&amp;ol

BAIO Lt. l'ORJU 111

ELIXIR- • de PEPSllU IOUDAULT
VINO · · de PEPSINA IOUDAULT

11 ~ t o 1111 npndor, nido al T6Dloo maa eaer,1ct.

VINO ARDUO CON QUINA

T COK TODOS 1.01 nmamos lnJTUTITOS IOLlJBLBI J&gt;a u CAMB
C!.&amp;a.u 1 011n.u 1011 1011 elementos que entran en la com1)()8fclon de este potente
leplrador de las 11lerzu 'ftlales, de este f•nu1e-1e ... -•le■eia. De un ~ mmamenle agradable, es aoberano contra la .lne1111a y el ÁJK)C4m~to, en las CiuefiltlNI
1 C011t1/U4CfflCúU1 _contra las IH4f'f'llll 7 las .lfetX1Uifa del 111tom4qo 7 loe ,n1u"no,
Cuando ae traia de despenar el apetito, asegurar lu digesUonea reparar las
enriquecer la sangre, entonar el organtamo y precuer la anemia y lü eptdemtu l)rOTOCldu por loa calores, no ae conoce nada superior al Ylae de
do .u.ut1.
,P(l'I' mqor. • Paril, ea asa de J. FERU, Farmauutico, tO!, ra, Riekelleu. SilcelGr deAJIOtJD.
8a VKMDB BM TODAS LAB PBll(QlP.U.U BoTlaA&amp;

•lliiaa

tnenaa,

.EXIJASE •: t:' AROUD
0

JARABE

DEL

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FARMACIA8 con tra los Reumas, Tos, Crisis nerviosas
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CARNE , QUINA

Lu
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verdadero1...ún1co eficaz, es el de los inventores, los u"• JO1\ET y BOMOLLE•
E}

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS .
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todos los médicos para la curacion de Jas srutrttia, sra11traljiu, doloree
'1 retortljone■ de eat6mago, eatreiiimientoa rebeldea, para facilitar
la cµges~on y para regularizar todas laa funcione■ del Htóma¡o 1 ele
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éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
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laa afeccione■ 1iemo..._

' fflria, lapedicie11e1 : J.-P. LAROZE
·

t, ne w Uom-Sl-Pall, l Paria.

Depoaito e11 tod.u laa pl'lllcip&amp;Je■ Boüca• -, Dropertu

.Querido enfermo. -Fiase Vd.• mi /arta exper/eno/1,
y haga uao de nuestros &lt;JRANOSde SALUD,pue, ella,
le curarán de au con1t1pac/on, le darán apetito y le
derolrerán e/ sueño y la aletr11. - A,, ririrá Vd.
tnuoha, años, d11frut1ndo 111mpre deuna buena ,alud.

D1p61tto ,n t'"'iiiii'La1 Farmacia,

PITE EPILATOIRE DUSSER

d~ truye basta lu RAICE8 el YELLO del rostro de lu damu (Barba, Blgote!ate.), 111
~gun pebgro para el cutis. SO .&amp;ño• de É1:lto, ymillarea de te1Umonio1garautlun la eftcaclJ
de esta prepanclon. (Se ,ende en 11)11, ppa la barba, r en 1/2 oaJaa para el bigote tiren&gt;). Para
los bl'UOI, empl~ el PILl 'f'OH.E. D'IJ'&amp;S ER, l ,rue J .•J .•Rouaaeau,Parta.
Quedan reservados los derech os de p ropiedad artística y literaria
l MP, PB MONTANRR y SIMÓN

�</text>
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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 588, Abril 3</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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11tí~t1ea
A~o XII

- - - - - -~

BARCELONA

10

DE ABRIL DE 1893

__. _ _ _ _ __

PARQUE DE BARCELONA.-JARRÓN DECORATIVO, obra del escultor José Reynés

�LA

2 34

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

589
NúMERO

Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. - La
morada de Alfo11so Daudet, por X. - D. Pedro el Cruel (con•
clusión ), por Luis de Llanos. - Máiquez y Pedro Romero, por
Angel R. Chaves. - Rlo abajo, por Manuel Amor Meilán. Miscelánea. - Nuestros ~rabados., - AÚie (continuación). SHCCIÓN CIENTIF1c,: La cro11ofotogmfla (continuación).
Grabados. -Jarrón de,orativo e11 el Parque de Barcelona,
obra de José Reynés. -AIJ01tso Da11det y m esposa; La quin•
ta d_e Champrosay, residencia de Alfonso Daudet; El lawn·
tems en dicha q11i11ta. - Wáshi11gto11. Toma de posesión del
1111evo presidente de la Raptlblica de los Estados Unidos mlster
C~over Cleveland. - La moda en fin de siglo. 1793 J' 1892, dibujos ele G. A. Storey. - La cencerrada al viudo, dibujo de
J. García Ramos. - Rewerdo de Navidad: Los paveros; La
matanza, dibujos de Daniel Urrabieta Vierge. -La cro11ofoto•
grajla. cuatro grabados. -El ca/¡! de los watro vientos, dibu·
jo de Carlos Arregui.
..,.,,,.,,.,,..,,., ...,,.,....•.............•........, .. ,.,..,..., ..,......,.....,,.,,.,,,.,,.,........,.....,.,,.,,,.,,........... .

VERDADES Y MENTIRAS
Prodúcese en estos instantes un fenómeno para los
políticos, ó por lo me.nos para la mayor parte de los
políticos que vienen gozando del turno pacífico desde
la restauración, nunca soñado por ellos, y que les
pone en grave caso de hondas meditaciones, concluyendo al cabo por echar la culpa de lo que sucede,
unos á las pícaras libertades en que nadamos, otros á
cuatro imaginaciones violentas, á cuatro soñadores
galleguistas ó catalanistas, como dice mi querido amigo D. Luis Vidart, que pretenden desmembrar lapatria, desconociendo lo que deben dichas gentes regionalistas á la patria española, etc., etc.
Verdaderamente que, á propósito de las reformas
de Guerra, se ha puesto de relieve de un modo enérgico y poderoso el sentimiento regionalista que alienta en cuantas regiones puede alentar, pues si hay otras
en la península donde la autonomía tiene escasos prosélitos, esto se explica, bien porque la federación les
arrancaría la preponderancia adquirida, gracias á la
centralización y merced á la cual viven, bien porque
la escasísima variedad de sus producciones y la más
escasa todavía de aptitudes de sus hijos para la lucha
por la existencia, les imposibilita la vida fácil que les
proporciona el actual estado de cosas.
Y este movimiento poderoso que habrá de irse
acentuando á cada hora que transcurre, no deben
buscarle los asustados políticos que nos gobiernan .en
los casuismos políticos de ningún partido. Sí, este sentimiento regional no ha nacido ayer; es tan viejo como
la unidad de la península. Y á quien se debe que no
se haya extinguido ese sentimiento, el cual desde los
Reyes Católicos hasta el presente han tratado de extinguir todos los gobiernos, no reparando en los medios, puesto que á Galicia la anularon intelectual y
materialmente, anegándola en sangre además; á quien
se debe, repito, que hoy lata pujante el regionalismo y que se presente como nuevo problema á resolver, es al arte, así literario, como plástico y tónico.
Al arte.
Tiempo ha decía yo desde las columnas de El Lt:
beral: «La tendencia á reivindicar cada pueblo y
cada raza su hogar, sus leyes y su templo, como advierte Dumas en el prólogo de La Femme de Claude,
es un signo de vitalidad tan grande como lógico. El
arte cumpliendo la misión que en lo psíquico le está
encomendada, marcha al frente de las aspiraciones
más sublimes; y el amor á la tierra natal, la religiosa
aspiración del arte mismo á vivir y producirse dentro
de la adoración por la naturaleza, lleva al artista con
sin igual fuerza á encontrar ideas y motivos en su tierra y dentro del medio de su raza.»
Nada más anulador, nada más estéril en todo or·
den de las manifestaciones de la inteligencia y actividad humanas que la centralización; pero para el arte,
que ha menester en primer término que quien se dedique á ser su sacerdote esté desligado de todo preceptismo, desconozca toda traba que puede ser óbice
de la espontánea y personalísima manifestación de
su sentimiento; para el arte, digo, la centralización
equivale á someterle á un ambiente, á una temperatura estética dada, á que no pueda manifestarse sino
de un mismo moco, con una misma fisonomía, con
un mismo carácter. Y porque la belleza es· y será
siempre el ideal constantemente perseguido por el
artista, por eso es menester libertad amplia sin límite
alguno para producir esa belleza; y así como la orografía, las razas y las costumbres son distintas, así la
estética, así la apreciación y concepto de la entidad
arte se exteriorizan por modo distinto también; resultando que aun dentro de un Estado, donde, como
en España ó Italia, hay diversidad de gentes, de naturaleza, es una herejía la centralización artística.

Hoy, como hace años, al tratar esta cuestión, interesantísima desde cualquier punto de vista que se
la estudie, pero singularmente por lo que respecto al
valor inmenso, á la importancia que en el desenvolvimiento y desarrollo, así co'mo en su iniciación de los
grandes ideales que tienen· por base el sentimiento,
tuvo, tiene y seguirá teniendo el arte, repetiré lo dicho en otras ocasiones análogas. No es el movimiento regionalista uno de esos síntomas pasajeros, de
tantos como en este período· de gestación de una
evolución social se manifiestan, no; es la señal de que
llegamos al momento de las emancipaciones, así individuales como colectivas, pidiendo cada cual lo
suyo, lo que de derecho le corresponde. Y como en
España, el arte alentó en las demás naciones las
ideas de autonomía, llegando en algunas de aquellas
á imponerlas al poder central.
Inglaterra, la fuerte y temida nación inglesa contará muy pronto un Estado autónomo, Irlanda; y ve•
remos seguir á Escocia y al país de Gales el camino
del home rule, quizás antes de que termine este siglo.
Y el arte ha sido el que vino sosteniendo el espíritu
autonómico en estos pueblos, y al presente sigue en
su misión con más ahinco, misión perfectamente lógica desde el punto de vista de los originalismos. En
la Universidad de Dublín se enseñan literatura y arqueología kinra, y existen escuelas pictóricas, no solamente regionalistas, sino que dentro de la región se
dividen y forman núcleos distintos. En Edimlmrgo,
la Academia escocesa de Bellas Artes celebra sus exposiciones periódicas, y á ellas concurre número grande
de artistas, que miran de reojo la Royal Academy de
Londres. Las escuelas rurales pictóricas de Suffalk y
de Nowick, fundadas hace más de siglo y medio,
compiten con las ya dichas en hacer arte exclusivamente local y en alejarse por completo de la pintura
urbana y de la mortal monotonía del asunto burgués.
Macpherson resucitando ó contrahaciendo según
los sabios los poemas de Osián, pero de un modo ó
de otro, haciendo conocer la poesía gaelica; Jainsborough riéndose de los preceptismos del gran Reynolds, y Crome el Viejo, como más tarde Constable,
protestando rudamente contra las imposiciones del
arte centralista que rinde parias siempre al convencionalismo - siquiera sea el científico, - no hicieron
más que recabar la legitimidad de una manifestación
estética de la vida propia de un pueblo, ahogada por
la de la centralización igualitaria, que mide con la misma medida y del mismo modo el llano y la montaña.
Las escuelas regionalistas en el Reino Unido valen tanto en el orden artístico como las escuelas todas de la raza latina de hoy; y su influencia, la expansión dinámica de un sentimiento expresado por ese
arte es tal, que obliga á que el jefe de los demócratas
ingleses reconozca la autonomía de Irlanda, como
reconocerá la de Escocia.
Pero no es solamente Inglaterra la que se conmueve ante las reclamaciones de los detentados en su libertad, reclamaciones indicadas é iniciadas por el
arte. Ahí están Italia y Alemania aquejadas del mismo
mal. Ved la península italiana y reparad cómo la des•
aparición - momentánea indudablemente - de los
Estados de que se componía, trajo de la mano la
desaparición de los caracteres más originales de su
preponderancia civilizadora. Literatura, artes plásticas, ciencia militar, todo yace en decadencia sólo
comparable á la nuestra. Unicamente la escuela antropológica de los Mosso, Galofaro, Lombroso, etc.,
da fe de vida de un pueblo cuya historia es la de la
cultura europea. Cuando Florencia, Milán, Parrna,
Nápoles, Venecia, tenían por pintores y escultores á
Sanzio, al Sarto, Miguel Angel, Ticiano, Sansovi no, y poetas camo Tasso y Ariosto y Dante y Petrarca, es decir, cuando eran Estados independientes
aquellas ciudades, Europa miraba la península italiana como el lugar en donde vibraba más alta la
nota del concepto estético y de donde venía más pura la corriente de la sabiduría. Pero al presente la
centralización á que obligó la unidad dió importancia
enorme á la escuela llamada de Roma, la peor de
todas las de Italia, y á ella van los artistas en busca
de fórmulas definidas ya en todos los centros urbanos
del mundo; á sus aulas van á recoger los moldes de
hacer arte burgués, de una uniformidad estúpida,
somnolienta, desesperante. La centralización pretende hacer de la escuela pictórica de Roma una amalgama de todas las deficiencias de las antiguas escuelas, unificando aquellas opuestas tendencias que por
razones históricas y etnográficas distinguieron á unas
de otras; y lo que logró fué un verdadero desastre,
que si nos descuidamos nos envuelve á los españoles,
haciendo desaparecer nuestra paleta.
Sin embargo, al irredentismo italiano se le siente
agitarse, algunas veces violentamente, y Venecia y
Nápoles y aun Florencia luchan por conservar sus
escuelas frente á frente del poderío acumulado en

Roma per l' mzitá. Como en Inglaterra, la tierra, el
mar, el ~ipo, las costumbres populares son los asuntos
que oponen los artistas venecianos, florentinos y napolitanos á la pintura de patrón romana; y artes plásticas y literatura, las más· brillantes, las más originales residen fuera de la Ciudad Eterna y militan en el
campo del gli irredentisti.
Pasemos un vistazo á las letras y á las artes francesas. Desde Dumas hasta Thierry los ideales autonómicos fueron estudiados y cantados, repitiendo con
Villamarque cuando habla de los estados de Bretaña:
¡No; 110 ha muerto el rey Arthur/ Cientos de políticos,
poetas, novelistas, están aportando continuamente á
la contienda del autonomismo con el centralismo el
estudio de las originalidades, de las artes, de la poesía, de las razas de los distintos Estados de que se
compone Francia. Hoy las escuelas pictóricas auvernesa 'y bretona son las únicas que sostienen con sus
originalismos y la verdad de su plástica el arte decadente de la república vecina. Claro está que las obras
de esas escuelas que tienen á Bretón, á L'Hermitte y
hasta hace poco á Peloux entre sus eximios autores,
son regionalistas, puesto que reproducen tipos y cos•
tumbres que se convierten, en el campo de las ideas,
en otras tantas manifestaciones de aquel ideal.
Por su parte Alemania está probando de un modo
evidente cómo protestan los antiguos ducados de la
confederación de la unidad realizada por Bismarck y
el viejo Guillermo. Aparte de los continuos ataques
que la prensa de Prusia y de los ducados dichos se
dirigen continuamente, ya aprovechando los estudios
filológicos de la lengua germánica para demostrar la
escasa capacidad intelectual del prusiano, ya oponiéndose á la absorbente centralización de todos los
grandes centros de la administración pública en sus
diferentes ramos en favor de Berlín, la literatura y
las artes plásticas, como entidades que por su carácter eminentemente irreductible á todo casuismo político, científico ó de otra especie, son las que con
más energía sostienen la bandera del autonomismo de
las diferentes provincias germanas.
Las escuelas pictóricas de Munich, Dusseldorf, etc.,
cuya pujanza va rapidamente en aumento, mientras
la de Berlín apenas si cuenta con carácter propio, á
pesar de las personalidades· que procedentes de las
escuelas citadas le prestan su ayuda. Aquéllas siguiendo las novísimas corrientes estéticas, se inspiran
en el ambiente regional, y sus obras, como las de todas las demás escuelas que en las distintas naciones
de Europa existen alejadas de los grandes centros
burocráticos y políticos creados por la centralización,
responden á los ideales del autonomismo, poniendo
de relieve - sin que esto signifique que el arte pierda
de vista su misión, cual es la de conmover nuestro
corazón y nuestra alma - los originalismos de las costumbres y de las razas, el amor á la naturaleza, desconocido ú olvidado en las grandes capitales, las aspiraciones de los habitantes de cada región á conservar la forma que les es peculiar, de sus leyes y de su
vida social.
El arte, enemigo declarado de cuanto sea uniforme, de cuanto signifique una legalidad, sea en el orden que quiera - no se asombren los timoratos, - de
todo sistema, porque todo esto es la traducción de
ideas elaboradas según los distintos ambientes sociales y períodos históricos lo exigen; el arte no puede
supeditarse á ningún término escrito, y libre como
la imaginación, espontáneo como el sentimiento, busca siempre cuanto es susceptible de ser admirado y
sentido por su forma, por su color, por su concepto,
por su verdad, por la fuerza de un espiritualismo suficiente á impresionar y suspender nuestros sentidos;
y pomo quiera que marchamos en la actualidad equivocándonos continuamente, así en el orden político
especialmente, como en el filosófico y en el científico, por eso abandona el falso y monótono ambiente
artificial de los grandes centros y de las formas y repliegues sociales que la centralización formó en fuer~
za de acumular medios y modos y organismos que m
de hecho ni de derecho les corresponden, y va en busca de otros ambientes donde la verdad aparezca sencilla y grande, no contrahecha y artificiosamente implantada. Por eso, repito, el arte, presintiendo siempre las grandes evoluciones de las ideas, en busca del
ideal que eternamente el hombre persigue, abandona
lo exento de los tres elementos de que necesita para
sus obras, y va allí donde esos elementos existen.
Nos prueban los críticos franceses examinando la
obra pictórica de Meissonier, actualmente expuesta
en París, como es cierto que el arte ha menester otra
atmósfera más sana que la que respira en las grandes
capitales. Ya no estudian los motivos de los cuadros
del célebre pintor; reconocen, en vista de que todos
sus elogios se dirigen á ensalzar la paciencia de benedictino (frase textual) y á sus resortes de ejecución Y
de _savoir-fiiire, que sus caballeros rosa y blanco Y

LA

589

2

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

35

una gran idea; faltáb~le la fa~ultad de poder a~arcar con la imagi~ación ~na
composición vasta, sm recurm á completar la idea con accesonoi faltabale dominio de la forma y de la paleta, para, en el tamano en que pmtan los
genios, en el natural, en el gigantesco de la decorativa, desarrollar sus concepciones. El pintor·que pinta grande, pint'a pequeño; pero no así el que usa la
lente. Para concebir, como para el desarrollo de un asunto con el cual debe
cubrirse un espacio de algunos metros cuadrados, no sirven esas tranquillas y
atildamientos que se adquieren en el continuo trabajo del cuadro de caballete.
Por otro lado, Meissonier fué incapaz de abordar el estudio psico-físico de
la mujer. Reparad en las testas de sus soldados y generales, de sus caballeros, de todas sus figuras de hombre en fin, y veréis cómo todas son angulosas,
acusadas, duras; veréis asimismo cómo solamente supo expresar una fase de
la vida del espíritu, la clara y determinada del entusiasmo bélico; en las fisonomías de las demás figuras de sus cuadros no se advierte ni el menor síntoma de movimiento alguno pasional. Fríos, indiferentes aquellos soldados, como aquellos caballeros, sin descontar los que aparecen en su celebérrima obra
Lectura en casa de Diderot, no dicen ni expresan nada. Por eso la mujer era
para el artista de que me ocupo poco menos que imposible de reproducir. A
la delicadeza de los contornos, á la finura de su colorido, á la movilidad de
expresión, uníase la inmovilidad. Todos sabemos que Meissonier hacía estar
á sus modelos quietos como estatuas. La cámara obscura era un auxiliar del
cual el celebrado artista no prescindía; y aun cuando apuntaba del natural directamente los movimientos de los caballos, nunca logró hacer el apunte de
primera intención, obligando á los palafreneros á que sostuvieran en posición
aproximada á la que deseaba á cualquiera de los caballos que poseía.
Por lo demás, todos sabemos que á falta de nieve hizo cubrir de harina
una gran extensión de suelo, por donde pasó la artillería que figura en el lienzo citado de la R etirada; demostrando así cuán lejos estaba la retina de
Meissonier de ser la de un colorista mediano.

:1

R.

BALSA DE LA VEGA

Marzo 29 de 1893

ALFONSO DAUDET Y SU l!SPOSA

sus tipos de lectores y soldados, además de ser un tipo mismo, no ejercen impresión duradera en el ánimo del espectador. Y aun cuando esto último no lo digan
los citados críticos de Le Fzgaro, de L' E venement, de Le Temps y de otros diarios
importantes, se saca en consecuencia de sus escritos, puesto que todas sus admiraciones son para la habilidad mecánica de que hizo alarde en sus cuadros el autor
de La retiradn de Rusia.
Para mí Meissonier no fué más que un talento. Faltábale para ser un genio, como nos han venido diciendo durante cuarenta años desde las orillas del Sena, la
brillantez de imaginación que caracterizó siempre á los artistas quf! la posteridad
señala como tales genios; faltábale la energía que requiere el desarrollo plástico de

LA QUINTA DE CHAMPROSAY, RESrDKNCIA DE ALFONSO DAUDET

LA MORADA DE ALFONSO DAUDET

EL LAWN·TENIS EN LA QUINTA DE CHAMPROSAY, -ALFONSO DAUDET, SU l!IJO LUCJANO Y SU IITJA EDMtE

En otro tiempo, el conocido escritor francés
h_abitaba en un pequeño molino desmantelado,
situado en el fondo de Provenza en una loma
pedregosa y abrasada por el sol. Hoy su «molino» está á orillas del Sena, á la sombra de la
iglesia de Champrosay. En torno del «molino))
se extienden hasta perderse de vista prados,
cotos, huertas, alamedas majestuosas; y hasta
el «molino» mismo se ha convertido en una residencia suntuosa, que contiene objetos de arte, cuadros, muebles raros y cerámica histórica. Pero si el «molino» se ha transformado el
molinero ha conservado su buen humor y' la
vivacidad de su ingenio.
Su parque de Champrosay no se parece á
los demás parques; está salpicado de construcciones pintorescas y de casitas que le dan el
aspecto de un caserío escondido entre verdura.
Aquí está el naranjal; allí, el pabellón de M. Ebner, secretario de Daudet; más allá, el chalet
donde el escritor se refugia de los ardores de
la canícula y disfruta de las dulzuras de la siesta, pues todo en él convida al reposo.
La esposa de M. Daudet es también escritora
y su talento corre parejas con el de su marido:
todo el mundo conoce su precioso libro La infancia de una parisiense, en el que se admira el
arte de esos análisis minuciosos de esas acertadas observaciones, de esas evo~aciones del pasa~o. Durante la buena estación, Mad. Daudet
deJa á un lado la psicología para dedicarse al
c~ltivo de sus _plan~s; y como su esposo, encomia con toda smcendad las dulzuras de la vida
campestre y desea poder disfrutarlas todo el
año, lejos de las vanas agitaciones de París. - X.

�LA

236
DON PEDRO EL CRUEL
CRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA

(Conclusión)

Y aquellas manos, agrietadas por los sabañones,
sangran, y los chicos gritan y blasfeman ... , y la puerta
del foro se abre para dar paso á la acongojada cabeza de D. Pablito que, pálido de miedo, balbucea con
su vocecita blanda:
- iPor amor de Dios... , D. Pedro!..
- Métase usted en su camisa... so mandria... ó le
mando á usted de una patada en la barriga al infierno á interceder con Pedro Botero por los perros sin
amo. ¡Fuera de aquí!
¿Lo querrán ustedes creer? Los mismos ajusticiados celebraban con sonrisitas estas brutales salidas
de D. Pedro contra nuestro único defensor.
La ración de correazos variaba entre seis y doce en
cada mano y el dolor que se experimentaba era horrible. Para atenuarlo corrían entre nosotros cantidad
de recetas: untarse con ajo, ponerse aceite, estirar mucho, mucho, la mano, etc., etc., pero de resultados
anodinos.
Se podían calcular, uno con otro, á razón de dos
docenas de correazos semanales, menos los internos
y los malos de nota, que recibían el triple, amén de
las raciones de palo y sopapos correspondientes.
La traducción continuaba con esta pregunta á raja
tabla de D. Pedro, dirigiéndose al que menos lo esperaba:
- ¿En qué quedamos?
Profundo estupor del aludido.
- Digo que ¿en qué quedamos?
-Andábamos... , andábamos...
- ¡Estamos frescos!.. ¿Quién lo sabe?
- Yo, dice un cándido.
- ¿Tú?, pues dilo.
- En tres.
Otro imprudente. - En partes.
- Divinamente. Pues sigue traduciendo tú ..., el de
las partes...; pero cuenta con que te parto si te caes.
El chico, pálido de miedo, se arranca como una
carretilla:
- Tres partes, .. , tres partes... De las cuales... , de
las cuales una está habitada por bergas.. ,, digo... blegas ... , digo...
D. Pedro le mira con su ojo de cetáceo y comienza á sonreír con sonrisitas de ogro.
- ¿Conque bergas?.. No estás tú mal bergajo, ¡cochino!
- Belgas... , quería decir; otra... , otra..., otra por los
aquitanos y la tercera por... por. .. por:
- ¡Tú!.. ¿por quién?, dice D. Pedro señalando á un
chico distraído que apresuradamente mira al libro y
exclama:
- ¡Por los ipsorum!
- ¡De rodillas!.. Tú -á otro - ¿por quiénes?
- Por los tertulianos.
- ¡Bruto...,animal... , de rodillas! ¿Por quienes? Tú...
dilo (señalando á uno muy importuno).
- Por los gallegos.
- ¡Voto á Dios, que esto no lo suf,e ni Job!... De
rodillas..., y vosotros también ..., gansos... , que no con·
testáis ..., de rodillas.
El grupo de las víctimas se arrodilla lentamente
entre los huecos de los bancos de los pequeños.
Aquí D. Pedro echa un discurso entreverado de
blasfemias sobre lo estt1pido de los chicos, sobre su
falta de atención, su distracción continua, etc., etc., y
dice que se propone en adelante emplear·medios enérgicos ... , nada de paños calientes (¡á _aquello llamaba el
bueno del hombre paños calientes!..), palo y mucho
palo... hasta restablecer la disciplina, y concluye así:
- Y para empezar, señores de tercero, vamos á ver
quién es el torero que se sabe la composición. ¿Alguno se sabe la composición? ¿No hay por ahí algún
guapo que se sepa la composición?
Silencio absoluto. Los que mejor se la sab(an, al
oir lo de torero y lo de guapo se les olvida de golpe.
Sólo un infeliz, nuev.o, se levanta diciendo:
- D. Pedro, yo me la sé.
- ¡Ah! ¿Ustedddd se la sabe?.. Lo de usted pro·
nunciando mucho la d era siempre pésima señal.
- Pues venga de ahí, continuaba, y más pronto
que la vista... ; pero mucho ojo, hijito mío, porque yo
no estoy de humor de oir más disparates.
Con lo cual le fija la mirada tan intensamente que
el chico se sobrecoge, palidece ... , tartamudea ... y se
calla ... , las palabras se le hielan en los labios.
- Vamos anda..., pronto..., anda... ¿Pero no andas,
condenado?..
Y al ver su silencio le trinca de una oreja y le sacude como si fuera la rama de un árbol.
- ¿No la dices, ladrón? Pues entonces, granuja,

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

piojoso, desvergonzado, ¿quién te autoriza á decir que
la sabes?
- Creí que...
- ¡Ah! ¿Conque tú también me sacas á Creíque?..
¡La mano!.. ¡La manooooo!..
La ejecución resulta esta vez fenomenal. El chico
chilla como si le desollaran vivo, y algo de esto sucedía porque traía las manos hechas una lástima.
Y ahora, de rodillas y en cruz. Y vosotros... , á
ver... ¿Quién se sabe la composición?
Esto ya venía dicho con tal cólera, que sin el anterior tremendo escarmiento bastaba para quitar al más
templado las ganas de responder.
- ¿Nadie? ¿Nadie sabe la composición?.. ¿Conque
nadie sabe la composición?.. Pues todos en cruz.
Sesenta brazos y pico se alzaban en el mayor silencio. El aire comenzaba á hacerse denso y pesado ... ,
las rodillas dolían sobre los ladrillos rotos y desquiciados... ; decididamente... , malos vientos soplaban ...;
aquella postura traía trazas de durar un par de horas.. .
¿Podría empeorarse? No parecía ºprobable á primera
vista..., pero se empeoraba y mucho de esta manera:
- Poma dat autumnus, formosa est messibus testas,
decía D. Pedro con voz solemne; y luego, señalando
á un punto, decía:
- Continúe usted.
El aludido se calla. Designa á otro que se calla
también, como el tercero y el cuarto y todos los
demás.
- ¡Coronillas de canónigos!, exclama el dómine.
¿No sale?.. ¡¡¡No sale!!! ¡Paciencia! Vamos á ver: «Ut
capianl vüzimz, in moveantur aq11te.1&gt; Venga de ahí.
¿Igual silencio? ¿Tampoco sabéis esta? ¡Recoronillas
de canónigo!.. Y de un puñetazo hunde el pupitre y
grita más y más: ¡¡¡Recoronillas de canónigo!!! Esto
no puede seguir así. .. Yo hago un dos de mayo. Tú,
gandul, seiioritingo de la plaza ... , tt1, sobrino del ladrón del escribano, contesta ... más pronto que la
vista, gritaba levantando por los pelos al aludido, que
abría más boca que el buzón del correo, pero sólo
para lanzar gemidos. Tl1, hijo del archipreste... , contesta... ¡Ah! ¿No contestáis? ¿No contestáis?.. Os caliáis como tales que sois... Pues ahora veredes, dijo
Agrajes.
Y empuñando la vara se lanió sobre la masa y
emprendió tal vapuleo que aquello parecía el fin del
mundo.
Gritos, lamentos, imprecaciones, chicos rodando
por el suelo, otros volando por los aires ó volteados
de resultas de las punteras...; una confusión... , un tumulto atronador.
D. Pablifo, abriendo la puerta para interceder por
nosotros y contestado con un sopapo monstruoso que
dió con él por tierra, fué motivo de que arreciase la
tormenta, hasta que desarmado, con la vara hecha
astillas y rendido de pegar se desplomaba D. Pedro
sobre su silla, sudando la gota gorda y diciendo en
son de consuelo:
- Ya veréis mañana... , ya veréis mañana; y dar
gracias á Dios que hoy me siento algo flojo.

! -

X
jHECATO!IIBE!

Y ¿cómo es posible, preguntarán mis l!!ctores, que
escenas canibalescas como esta se verificasen en la
culta Valpalencia y á no más de cuarenta años de antigüedad? ¿Cómo había padres desnaturalizados que
allí enviasen sus hijos, y cómo había muchachos que
soportasen tal régimen? Pues ¡ve/ay!, como dicen por
allí; así era y así sucedía y fácil es comprenderlo to·
do con sólo ponerse dentro de la situatión.
Por de pronto D. Pedro el Cruel era el dómine menos malo de Valpalencia. U rquijoso y Zarrapieta eran
mucho peores; Urquijoso tenía 80 años el año 50 y
jamás llegó á cortarse la coleta ni á usar pantalones.
Su régimen era, pues, de ~oleta y calzón, con todas
las atrocidades de su época. Por de pronto, sólo tenía internos, y en su mucha avaricia, so pretexto de
castigos, les mataba de hambre. Era en esto el fiel
trasunto del licenciado Vidriera; y tales cosas hizo
que si no toma el buen acierto de morirse, acaba de
mala manera de resultas de un trancazo, arrimado
con el martillo de su muleta sobre el cráneo de un
chico con tan mala fortuna, que le dejó tieso. Zarrapieta no sabía latín y era un bufón de sus discípulos.
Quedaba el instituto; p~ro era tanta la pillería que
allí acudía y tan tierna nuestra edad, que las madres
no se decidían á mandarnos, y nuestros padres, educados aún más bárbaramente que nosotros por los
frailes benitos y los mostenses y gente toda de bronce, aún polvorientos de la última guerra, tenían entusiasmo por D. Pedro... , y entusiasmo justificado,
porque lo que es latín se aprendía ... y tres más nueve.
En cuanto á los padres de los internos.ya he pre-

NúMERO

589

sentado á ustedes un botón de muestra en el tío Zancajos. Nuestro heroísmo al soportar el régimen dompedruno también se explica. De una parte, porque
los padres de entonces no eran como los padres de
ahora; ese género de padre blanducho, mimón y dominable, ahora tan frecuente, era desconocido en
Valpalencia. Lo de tutear y pateará los papás vino
después; y de otra parte, era tal el terror que á don
Pedro teníamos, como poca la esperanza de encontrar defensa en casa. Si vamos con soplos y estos soplos no son suficientes para decidir á los padres á sacarnos del antro y D. Pedro se entera, ¿qué no hubiera hecho aquella fiera con nosotros?.. Algo que contaban de las hienas, que desentierran los cadáveres y
se los comen vivos.
No obstante, la cátedra: de D. Pedro concluyó de
mala manera, como quien dice, á capazos y por cosa
baladí. El que tantas atrocidades cometió en su vida, con la buena sombra de no matar de golpe á nadie en veinte años de dómine, tuvo la desgracia de
que una.vez el juego saliera mal..., y fué de esta manera:
Bromeando un día entre nosotros, Millzombres preguntó á Robustiano:
- ¿Cuántos señoritos sois en Cebolleta?
Y el hijo del tío Zancajos, que se la daba mucho de
plancheta porque su padre era concejal del ayuntamiento, le contestó:
- Pues quince con D. Yo.
La respuesta, que era espontánea muestra de su
vanidad, nos hizo la mar de gracia, y como cosa de
chicos... , tanto molimos á Robustiano llamándole:
«¡Oye tú!.. Donyó y Dontú,» que llegó á cargarse y á
responder á morradas á la pregunta cada vez que se
la hacían.
Cursábamos tercero y ya faltaba poco para concluir el curso y perder de vista al dómine, cuando vino á la clase un chico nuevo, hijo del Presidente de
Sala trasladado á la Audiencia de Valpalencia de la
vecina de Burgos, y que por cierto era muy inocentón
y muy buen muchacho.
Preguntó los nombres de todos, y como es natural,
le decíamos los motes, y de Robustiano le dijimos
que se llamaba Do11y6, esperando que del error resultase algo gracioso.
En efecto, un día, antes de la entrada en clase de
D. Pedro, al volver Robustiano de cerrar la puerta
de la calle, que él estaba de guardia, se dejó abierta
la de la cátedra, y Pepe Carrillo, el nuevo, le dijo con
la mayor naturalidad:
- Oye tú, Dony6, ya podías cerrar la puerta.
Robustiano que tal oye, arremete contra Carrillo, lo
pilla desprevenido, lo derriba y lo harta de coces.
Nosotros, aplaudiendo la peripecia de la lucha, palmoteando y aguzando á los combatientes, olvidamos
que era la hora de la aparición de D. Pedro.
Carrillo se alza frenético de cólera al verse víctima
de tan alevoso ataque, toma del suelo un ladrillo de
los que andaban sueltos, y con toda su alma y casi á
boca de jarro se lo dispara á la cabeza á Robustia_no,
y en el momento mismo que éste se baja para evitar
el certero golpe, la puerta se abre y D. Pedro, que en·
traba, recibe en plena boca el proyectil, llenándosela
de sangre y de dientes partidos.
El dómine ... tal se ve tratado, él, de suyo como
queda dicho, cae veloz sobre Carrillo, paralizado por
el susto, lo sujeta y levanta del cuello, y sin recordar
que él mismo mandó poner rejas para e'!'itarse el peligro de estropear á algún chico tirándolo al corral, le
estrella contra la ventana.
Al grito desgarrador de Carrillo acudió D. Pablito,
y levántale del suelo casi exánime y casi muerto, con
la cabeza abierta por dos partes y un brazo fracturado.
El terror de esta escena nos paralizó á todos. Sólo
Robustiano, sintiéndose culpable, salió escapado y
no paró hasta su pueblo.
D. Pedro estuvo á la muerte de resultas de un fenomenal ataque al hígado, y esto le libró de ir á la
cárcel, porque el padre del herido puso el grito en el
cielo, y aunque el chico sanó, logró que se le formara
causa y se cerrase la clase.
D. Pedro, emigrado en un pueblecito de Navarra,
duró poco. No pudiendo pegarla con los chicos, !ª
pegó consigo mismo, y la sangre se le pudrió. Munó
blasfemando, como pasara la vida; pero Dios le t~c6
en el corazón y á su última hora legó á su sobnno
cuanto tenía, que era bastante.
D. Pablito ya no es D. Pablito; es el Excmo. señor
D. Pablo Varela de los Nardos, y este dulce y oloroso segundo apellido Nardos borra al primero de
Varela el marcado sabor á paliza que tuvo mientras
con él se designaba al feroz D. Pedro. Es rector de
la Universidad de Valpalencia, el hombre más ilustrado y más virtuoso de la provincia y acaso de _España entera. Orador, literato, político y hasta vahen·
te, estimado de todos, cada vez que lo vemos es, pa-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
NúMERO

ra nosotros sus antiguos verdugos, motivo de sonrojo
y vergüenza.
- No podré olvidar nunca, le decía una vez que
comíamos juntos el año pasado, que yo fuí el que te
puso aquel pícaro alfiler en la silla, que tanto daño te
hizo.
- Más daño me haces ahora al recordármelo, querido Luis. Si algo soy
y algo valgo, lo debo á
vosotros, que tanto me
hicisteis sufrir en aquel
llos años; que el resto de los trabajos de
mi vida se me han figurado más que trabajos
placeres, y estudiar cómodamente sin las
molestias que me cau·
sabais, mi mayor di·
cha. Dios se conoce
que se dió por satisfecho con aquella prueba mía, y en su inmensa misericordia
me deja vivir feliz.
¡Bendito sea!
·

mundo profesión digna de respeto y consideración,
excepción hecha de la suya.
De aquí provenía el que más de una noche, Romero, algo amostazado por .las silbas y denuestos que
desde su barrera le había dirigido su gran amigo
aquella tarde, porque una estocada le salió atravesada, ó por haberse obstinado en matar en los medios

f

f

LUIS DE LLANOS

MAIQUEZ
Y PEDRO ROMERO

I
Todos saben que el
gran Isidoro Máiquez,
aquel cómico (todavía
no se les daba el nombre de actores) que sorprendió como ninguno
entre nosotros los airados acentos de la sombría Melpómene, era
asombro de sus contero·
poráneos, sobre todo
cuando in ter pre taba
caracteres de la trágica
magnitud del Otelo y
del Edipo. Pero lo que
no saben muchos, es
que su afición á los toros era tan grande que,
no una, sino varias veces, tuvo graves disgustos con el comisario
protector de teatros,
porque llevado del de·
seo de presenciar una
corrida entera, dejaba
los ensayos señalados
para el día, y retrasaba
con ello un estreno con
que tal vez contaban
los Hospitales, á los que
pertenecía en gran parte el producto de las
funciones que se daban
en el Príncipe, que era
donde con preferencia
á la Cruz trabajaba de
ordinario el ilustre comediante.
Y tanto era su amor
al animado espectáculo,
que él, que por aspereza de carácter y altivez
de cond\ción, huía del
trato de personajes de
alto valimiento, no desdeñaba la amistad de los diestros más famosos, entonces socialmente menos considerados que lo son
hoy.
A Pedro Romero manifestaba particular predilección, y hasta dícese que no era raro ver entrar juntos
y mano á mano, no pocas noches, al histrión y al lidiador de reses bravas, en cierta hostería de la esquina formada por la calle dé la Gorguera al desembocar en la plaza de Santa Ana, y en la que según
noticias se servía sobre no siempre limpios manteles
el más sabroso estofado de vaca y el más picajoso salpicón con que se regalaron nunca paladares madrileños.
Mas no era ho'mbre Isidoro que por _amistad que
le ligara con persona alguna, dejara pasar en silencio
sus defectos, ni su orgullo, que era el suyo más saliente, le permitiera comprender que hubiera en el

LA MODA FIN DE SIGLO. 1793.

Dibujo de G. A. Storey

un toro que tenía la muerte en las tablas, pidiera en
el tono más humilde y amistoso á Máiquez explicaciones de su intolerancia.
- Increíble parece, decía el famoso matador, que
vuesa merced que vive del favor del público, haga
blanco de su enojo á quien al ruedo sale á ganarse
unas cuantas peluconas para su vejez y un poco de
fama para que su humilde nombre no quede en el
olvido.
- Lo que encuentro yo, no sólo increíble, sino hasta insoportable, contestaba el pasmo de la escena
frunciendo el entrecejo, es que un hato de haraganes
y de gente perdida como sois vosotros, gane más dinero en una tarde que yo en media temporada.
- Cosas son, Sr. Isidoro (del don no se había
hecho merced todavía á los actores), replicaba el

émulo de Costillares y Pepe Hillo, que tienen su explicación, aunque no lo parezca. Vuesa merced ha
necesitado muchos estudios y muchos libros para
morirse de mentirijillas todas las noches, y nosotros
muchas veces, sin saber leer ni escribir, nos exponemos cada día á que nos agujeree la piel de veras un
toro de la tierra. Hay que desengañarse, todas las cosas tienen su porqué, y
cada cual hace lo que
sabe y nada más.
- Pero supongo que
,
no querrás equiparar tu
profesión con la mía.
- ¿Y por qué no había de hacerlo?
- Porque mientras
que lo que tú haces lo
puede hacer cualquiera
que tenga un poco de
arrojo y valentía, lo que
hace I sidoro Máiquez
no lo hace ni lo hará
nadie.
Pedro Romero que,
aunque sabía disimularlo mejor, no cedía
en orgullo á su ilustre
amigo, se mordió los
labios con despecho;
pero no contestó.
Máiquez, envalentonado por aquel silencio,
aunque con más benévolo tono, se contentó
con añadir:
- Las tres ó cuatro
onzas que te da el señor corregidor de Madrid, como representante de la Junta de
Hospitales, ó los caballeros maestrantes de
Sevilla ó Ronda, cada
tarde que toreas, cuesta
muy poco ganarlas.
- ¿Lo cree así vuesa
merced?, preguntó Romero con cierta sorna.
- Y ni frailes descalzos me harán pensar
otra cosa.
- Pues siento no poderle probar que se engaña, replicó el que
después había de ser
· profesor de la Escuela
de Tauromaquia de Sevilla.
Y como hubieran dado ya hacía rato fin á
la por cierto nada frugal cena, los dos interlocutores se pusieron
de pie, salieron de la
hostería y tomaron
rumbo hacia la calle
de las Huertas, donde
vivía el gran Isidoro.
Algo débían haber herido el amor propio del
matador las palabras del
comediante; pues a unque, como siempre, le
acompañó hasta la puerta de su casa, en el corto
trayecto, ni una sola vez
desplegó los labios.

II
La merienda había
sido espléndida, porque además de que Pedro Romero, que era el que la pagaba, fué siempre rumboso
y espléndido, no había de andarse con mezquindades
aquella tarde, cuando al que trataba de obsequiar
era hombre de tanta valía para todos y de tanto aprecio para él como Isidoro Máiquez.
El gran actor, de suyo taciturno y retraído, había
estado como nunca decidor y alegre, y la fiesta pro·
metió dejar gratfsimos recuerdos á la memoria de todos los comensales.
Próximos estaban ya á montar en las calesas y
en los caballos que á las frondosas alamedas de la
Muñoza les habían llevado, cuando la voz de los va·
queros, advirtiendo que una res brava se había salido de la piara, sembró el espanto en todos los cora·
zones.

589

LA

Sólo dos personas hubo allí que no hicieron la menor demostración de huir. Pedro R omero, que se
contentó con descolgar de la grupa de su caballo la
manta jerezana que le servía de adorno é I sidoro
Máiquez que, cruzado tranquilamente de brazos miraba al anfitrión, como diciéndole:
'
«Para que veas que no es el valor patrimonio tuyo exclusivo.))
La res escapada era,
por suerte, un becerro
eral, aunque bastante
granado; pero bravuconcillo y alegre que
era un primor.
Pedro Romero al verle se sonrió con desdén,
y volviéndose á Isidoro
le dijo con sorna:
- No es mala ocasión de demostrar lo
que me decía vuesa
merced la otra noche.
Máiquez, po r toda
contestación , l e miró
con altivez, y arrebatándole de las manos la
manta, la flameó.
E l becerro no se hizo esperar. Rápido como el rayo acudió al
engaño y se empapó
en él con gran bravura.
E l primer lance hubiera merecido justas
palmas si los espectadores hubieran pensado
en otra cosa que en salvar sus personas.
Pero el becerro se
revolvía tan rápidamente, que aunque Romero
quiso meter el castoreño para recortarle, ya
era tarde, y la corpulen ta figura del intérprete del Ores/es y del
García del Casta1iar
volaba por los aires.
Que la cosa no tuvo
consecuencias, no hay
para qué decirlo. R omero, convirtiendo en
manso borrego al denodado aprendiz de toro,
le llevó á la piara, y el
gran Isidoro no tuvo
que lamentar más que
algunas contusiones.
Sin embargo, como
éstas, una vez conducido á Madrid, le hicieron guardar dos ó tres
d!as de cama, hay quien
dice que, conversando
desde ella con Romero,
le decía la noche siguiente á la ocurrencia:
- Mira, mira, déjame en paz con· tus cuchufletas; pero ten por
seguro que ahora no me
parecen tan mal ganadas las onzas que te dan
por cada corrida.
A NGEL

R.

CHAVES

.....

,,,.,,.,,,.,,......,..,..,,.,...., ,,.,..,.,.,, .. ,,.,

RIO ABAJ O
Deslizábase el bajel,
rasgando con su aguda y cortante quilla el azulado
~anto de las olas; á uno y otro lado del misterioso
no alzábanse hermosas umbrías salpicadas de flores,
q_ue semejaban otras tantas pinceladas brillantes; el
c1elq m~straba la limpidez más pura y el ambiente
parecía impregnado de sutilísimos y embriagadores
perfumes.
Impuls~do el bajel por la ligera brisa que azotaba
s~ vela teJ1da con alas de mariposa, iba dejando tras
~1 un reguero de perlas que irradiaban alegremente
a la luz del sol, luz vivfsima que lo inundaba todo
con resplandores de oro. Sobre las bordas, corona? ªs de gu irnaldas, apoyábanse las almas con subli me
mdolencia. Arpas de oro tañían las unas, entonaban
las otras melodiosos cantares, oraban las demás en
éxtasis sublime, y n i en músicas ni en rezos ni en

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

plegarias advertfase nada que recordase lo deleznable, lo ruin, lo rastrero, lo terreno en suma. Era el
coro de las almas que empezaba á cruzar la corriente engañosa y traidora. de la vida.
Eran sombras más bien que cuerpos, eran algo intangible, hermoso y puro como el sueño de los ángeles; parecían formadas de girones de nubes y ani-

239
te entre una negra y asfixiante humareda. Las almas
seguían su expedición, sin embargo, á través de las
olas, y sus cantos, aunque más dé biles, percibíanse
no obstante entre aquel revuelto caos.
Rasgando oblicuamente el humo de la nube, desfiló un cortejo que por un momento fascinó todas las
miradas. Torrentes de oro¡ formábanle el camino,
olores de incienso le
aturdían, gentes de hinojos le adoraban; acordadas músicas poblaban los aires; pero eran
músicas solemnes,
triunfales , majestuosas ... Desfilaron púrpuras y armiños, oro y pedrerías, penachos y vistosos arreos ... Pasó como una exhalación. Era
el cortejo de la Sober-

bia ..
Las almas vieron con
hondísimo pesar cómo
una_de sus compañeras,
fasetnada por la brillantez del espectáculo, cegada por tanta y tan
viva luz, puestos en la
visión los ojos y los
sentidos todos, fué arrebatada por una negrísima oh que arrastró consigo una guirnalda
arrancada á la borda
del bajel...
¡Un alma perdida!

Cuando ecos y fulgores se extinguieron en
el espacio, nuevo y más
deslumbrante séquito
se apareció en la nube.
Formábanlo hasta
una docena de mujeres
de inenarrable hermosura y de contornos
ideale3, según lo que
dejaban transparentar
los flotantes y vaporosos ropajes de sutilfsima urdimbre. Sus mantos eran de rojos matices, sus coronas de rosas
encendidas, sus ojos
despedían relámpagos
de lumbre y sus mejillas ostentaban los más
hermosos colores. Ajorcas de oro cubrían sus
brazos y sus piernas·
en la diestra mano em~
puñaban cráteras y ánforas de precicsos metales rebosando preciosos vinos de Smirna
de Corinto y Chio. Su~
c~ntare? eran alegres,
vivos, p1cantes,sonoros,
voluptuosos...
Pasaron por sobre el
bajel, y todo el néctar
en las ánforas aprisionado vino á dar sobre
una de las almas que
embriagada por ¡l peLA MODA • 1N DE SIGLO. 1892. Dibujo de G. A. Storey
netrante y enervador
perfume que exhalaba
.
y no pudiendo resistir~adas por Utl. suspiro. Y sin embargo, nada más gent1_lmente he~moso bro~ó _nunca de los cinceles griegos lo, cayó desvanecida sobre la borba al tiempo mismo
m de los pmceles cnstianos. Se las puede imaginar que una ond~ la recogía entre las insolentes carcaja.
no describir. Figuraos los más hermosos ensueño~ das del corteJo de la Lujuria...
¡Otra alma perdida!
de vuestra primera juventud; figuraos cómo serán
esos seres que allá en las alturas caminan sobre tapices d~ es_trell~s y tienen por artesonados techos los
***
espacios mfimtos, y os habréis imaginado cómo eran
. Río abajo ... , río abajo seguía su marcha el bajel
las almas del bajel de mi cuento.
sm detenerse á recoger las almas que eran devoradas
por el negro monstruo del pecado.
***
¡Tercer cortejo ... , tercera pérdida!
Pasó
la Gula con todo su coro deslumbrador de
De pronto palpitó en la atmósfera una caliente
frutos
herm?sos
y fragantes recogidos en los más herbocanada de aire; nublóse el cielo, y densos nubarrones envolvieron la fantástica nave. Lo brillante lo mosos penstles del Asia, de vinos espumosos y alealegre, lo hermoso, lo sublime extinguióse de repen- g~es extraíd~s de los pámpanos que florecen bajo el
cielo de Italia y de España, de cristales que fulgura-

�RECUERDO DE NAVIDAD. LOS PAVEROS, dibujo d e Danie l Urrabie ta Vie r ge, propiedad de Santiago Rusiñol

RECUERDO DE NAVIDAD. LA MATANZA, dibujo de Danie l Urra bieta V ierge, p ropiedad de Santiago Rusiñol

~

�LA
ban, de músicas enervantes, de pebeteros que humeaban, de todo cuanto regala los sentidos y es aliciente
poderoso al apetito ... Una de las almas alzó sus brazos hasta ella. La Gula la recogió entre los suyos ...
Otra baja en la nave .. . ¡Adelante!..
De idéntico modo pasaron la Avaricia, la Ira, la
Pereza, la Envidia..., todo lo que de innoble y de horrible puede esconderse bajo apariencias deslumbradoras y alegres, todo cuanto oculta el áspid bajo la
flor, todo lo que enerva y fascina para matar á la postre; los Pecados Capitales coronados con las flores
que el mundo ciñó á sus sienes.
La Ira, avasalladora, sublime en su indignación
lanzando rayos como Júpiter; la Avaricia, abstraída,
silenciosa sobre su pedestal de oro y pedrería; la Pereza, indolente, muelle, sensual, regalada, colmada
de cuanto puede hacer grato el tránsito por la tierra;
la Envidia, por último, queriendo atesorar y recabar
para s( las deleznables y efímeras grandezas de sus
otras compañeras, disputándoselas con desapoderado
empeño...
·
U na tras otra, las almas fueron abandonando el
bajel; la nube las arrebató ó las arrastraron las olas,
¿qué importaba? El hecho fué que el bajel perdió sus
viajeras y sus flores.

Al final de la jornada, sólo un alma entre todas
pudo mostrarse ufana, radiante y pura á los rayos del
sol que volvió de nuevo á lucir en un cielo que tenía
toda la brillantez del más inmaculado zafiro, pregonando cuánto es difícil surcar la corriente del mundo
sin que en el infecto fango se enloden las sutiles y
blanquísimas alas de los espíritus...
MANUEL A MOR MEILÁN

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mos hace algún tiempo, se titula Crepúsculmn: constituye una
trilogia, cuya primera parte, Médicis, se representará en el teatro de la Opera, de Berlin. Las otras dos partes se titularán
Savonarola y Borgia. Cada uno de estos tres dramas musicales
formará una ópera completa.
- El tenor Cardinali, tan aplaudido por el publico de Barce·
lona, ha obtenido en el teatro de la Argentina, de Roma, un
gran triunfo cantando Lohengn·n.
Parls. - Se han estrenado con buen éxito: en el Odeón Une
page d' amour, excelente adaptación á la escena de la interesante novela de Zola del mismo titulo, hecha por M. Carlos Samson; en Chateau-d'-Eau La Mere la Victoire, drama en cinco
netos de G. Marot y L. Pericaud; en Chatelet La filie prodigue,
comedia de gran espectáculo de Mr. Harris y Pettitt, traducida
del inglés y adaptada á la escena francesa por Pablo Milliet;
en Dejazet La Vpyage des Berlttrom, graciosísimo vaudeville
en cuatro actos de Mauricio Ordonneau, Grenet-Dancourt y
Keroul; en el Vaudeville Les drames sacrés, en un prólogo y
diez cuadros, representación de los principales episodios de la
vida de J esí1s, escrita en hermosos versos por Armando Silves·
tre y Eugenio Morand y con deliciosa musica del maestro Gounod: esta obra ha sido puesta en escena con gran lujo y propiedad; en el Palais Royal una graciosa comedia en tres actos, de
Blum y Touché, La maison Tamponin; en el Ambigú, un dra·
ma histórico en cinco actos y nueve cuadros, Le capitaine Be·
1/e-Humeur, de Duchez y Bompar; y en el teatro Libre, Mirages, drama en cinco actos de Jorge Lecomte, obra de análisis
psicológico, pesimista y algo monótona.
Londres. - En Saint James's Hall y bajo la dirección de mis·
ter Daniel Mayer se ha dado un magnifico concierto wagneriano, en cuyo programa entraron los mejores fn,gmentos de las
principales obras del gran maestro, escogidas por orden crono·
lógico, desde Ta,mhauser, escrita en 1844, hasta Parsifal, compuesta en 1874.
Madrid. - El Real ha cerrado sus puertas después de haber
dado con gran éxito tres representaciones de Los ,11aestros can·
tores de Nuremberga, ele Wagner, en cuya ejecución fueron
muy aplaudidos la señora Tetrazzini y los Sres. De Marchi, Menotti y Baldelli y sobre todo el maestro Mancinelli. En el Español se ha estrenado con excelente éxito El castellallO del Duero, d.ama en tres actos de D. Agustin Fernández Laserna, de
interesante argumento y admirablemente versificado, y en la
Comedia ha obtenido un verdadero triunfo el Sr. Feliu y Co·
dina con su hermoso drama La Dolores, que se estrenó en el
pasado invierno en nuestro teatro de Novedades. Se han estre·
nado además con buen éxito: En Lara El distrito, juguete en
un acto de Limendoux y Rojas, y Pabellones militares, también
juguete cómico en un acto de D. Ricardo Monasterio; En Eslava Los invasores y Las varas de la justicia, zarzuelas en un
acto de Gullón y Larra la primera y de Perrin y Palacios la se·
gunda, con música del maestro Val verde (hijo) y Nieto respectivamente, y en Novedades El lego del parral y Tijerilla, zarzuelas en un acto, de Redondo de Menduiña y música de Taboada aquélla, y de Arpe y Escobar, con musica de Juarranz
ésta, y Alfomalab1111olera, gracioso sainete de Jackson Veyán.
Barcelona. - Después de los conciertos en que tantos apla~sos conquistó la Sociedad Catalana dirigida por el maestro N1·
colau, ha comenzado á actuar, en el Prmcipal la compañía de
ópera que debla funcionar en el Liceo, habiendo comenzado
sus funciones con la ópera Afejistofele1 en la que se ha hecho
aplaudir el tenor De Marchi. En el Circo, la aplaudida com 1Ja·
ñia Tani ha estrenado Ridzelieu, preciosa opereta en tres actos
del maestro Sauvage. En Novedades se ha estrenado con buen
éxito un melodrama en seis actos y siete cuadros del Sr. Moreno Gil, Los héroes del Bruch, para el cual ha pintado el señor Soler y Rovirosa una decoración final digna de la grande y
merecida fama de que 'goza tan renombrado artista. En Romea se ha estrenado con gran éxito L' ase del hortolá, sainete
del reputado y popular escritor D. Emilio Vilanova.

NÚMERO

589

lles. Artistas de gran mérito esculpieron fuentes monumenta
les y jarrones de extraordinario valor artistico, que aún hoy
constituyen el mayor encanto de aquella residencia de los monarcas españoles. No menor importancia reviste ya el parque
de Barcelona, embellecido y enriquecido con un crecido numero de obras escultóricas de nuestros mejores artistas. Entre ellas
figura el precioso jarrón decorativo, recientemente terminado,
obra del laureado escultor José Reynés, que al igual de lo que
acontece en Aranjuez y la Granja, es uno de los más artísticos
objetos que adornan los jardines. De elegante y caprichosa for•
ma, embellécenlo algunos niños en distintas actitudes, habiendo utilizado el Sr. Reynés iguales elemento~ que los escultores
franceses del pasado siglo en los jarrones que se conservan en
los museos, después de haber servido de medios de decoración
de los jardines que creó la poderosa voluntad de Luis XIV.
Toma de posesión del nuevo presidente de
la República de los Estados Unidos Mr. Grover Oleveland. - Oportunamente dimos cuenta de la elec·
ción de Mr. Cleveland que por segunda vez se encuentra al
frente de la gran república norteamericana y nos hicimos eco
de las esperanzas que en él funda aquel pueblo: hoy diremos
algo del acto de toma de posesión del nuevo presidente, Llegó
éste á Wáshington el día 1. 0 de marzo, y el d(a 4, á las doce de
la mañana y después de haber pronunciado el discurso reglamentario, tomóle juramento Mr. Fuller, juez del tribunal superior del Estado del Illinois, á la entrada del Capitolio y en pre·
sencia de centenares de miles de ciudadanos. Acto seguido desfilaron ante el presidente las comisiones, los delegados y representantes oficiales y gobernadores de los estados, autoridades,
corporaciones, etc., en número de más de 50.000 individuos.
La ciudad de Wáshington ha celebrado además con grandes
festejos la proclamación de Mr. Cleveland, cuya segunda presidencia marca una nueva era para la nación americana.

589

LA

2 43

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EMILIO BA VARD
(CONTIN UACIÓN)

Una de estas casitas era la de la familia Barincq, pero la hermosura de aquellas vistas no había influído para nada en la elecci6n impuesta por contrariedadades de la vida. Arruinados, desposeídos de su hacienda, encontrábanse sin
recursos cuando un a migo de los muy pocos á quienes su miseria no había alejado de ellos ofreció á Barincq la administración de aquella finca sin otro sa-

La moda fin de siglo. 1793 y 1892, dibujos de
G. A. Storey. - Parece como que la moda al acercarse al fin
del siglo pasado y al del presente ha tendirlo á la sencillez que,
dicho sea en honor de la verdad, es lo que mejor sienta á las
mujeres. Después de los recargados vestidos y complicarlísimos
tocados de la época de los ultimos Luises de Francia, vino el
traje Directorio, relativamente sencillo, á iniciar una nueva tendencia que desterró por completo las antiguas exageraciones; y
aun cuando en distintos periodos de este siglo ha habido algu·
nas tentativas para restablecerlas, bien que notablemente atenuadas, poniendo en uso el miriñaque, las faldas con colosales
volantes y el polissón, vuelven las damas al acercarse al fin de
la actual centuria al buen camino, del cual, si hubiesen ele seguir los consejos desinteresados de los que bien las quieren, no
se apartarian nunca. Estas reflexiones y muchas más nos sugieren los dos hermosos dibujos del célebre artista inglés Storey
que, aparte &lt;le su valor desde el punto de vista de la indumentaria, son dos bijoux considerados como obra de arte.

La cencerrada al viudo, dibujo de J. García
Ramos. - Cual si al contraer el viudo nuevos lazos significara
olvido completo de la que fué su primera compañera, el pueblo
muestra su desagrado, obsequiando al beneficiado por medio de
una serenata en la que se utilizan los más discordantes y estri·
dentes instrumentos. Esta costumbre, esta censura, aunque no
consignada en ningún código, tenia antes la misma fuerza que la
ley escrita, y raro era el reíncidente que podía rehuir la cence·
rra&lt;la que le dedicaban sus convecinos, ya cometiera el cielito
en ciudad, pueblo ó aldea. El modo de ser de la sociedad mo,
derna ha logrado desterrar esta costumbre en las grandes poblaciones, fubsistiendo unicamente en las de escaso vecindario.
Nuestro distinguido colaborador artistico Sr. Garcia Ramos ha
utilizado para una de sus más beUas composiciones el movimiento, el abigarrado conjunto que ofrece una cencerrada, en
la que se manifiestan de modo incontestable sus relevantes cualidades artisticas. Los tipos, las actitudes, las agrupaciones y
Necrología. - Han fallecido recientemente:
Alois Gabl, famoso pintor de historia alemán, antiguo pro· hasta los más nimios pormenores revelan perfecto movimiento,
fesor de la Academia de Bellas Artes de Munich, especialmente detenido estudio del natural. No en balde goza el Sr. Garcia
conocido por sus cuadros de escenas de la vida popular tirolesa. Ramos de justa fama como dibujante y como pintor genuinaBenjam(n Ball, célebre alienista francés, catedrático é indi- mente espai1ol.
viduo de la Academia de Medicina de Paris.
Recuerdos de Navidad. - Los paveros. - La
Sayid Ali ben Saíd, sultán de Zanzibar.
matanza., dibujos de Daniel Urrabieta Vierge.
Pablo Girardet, reputado grabador francés.
Antonio Caccia, artista, literato y filántropo italiano, autor - Ni los continuos aplausos ni la producción de obras en
de varias tragedias, comedias, poemas musicales, obras filosófi- un ambiente distinto del suyo han podido borrar en Urrabieta
cas y sociales y gran mecenas del arte: ha legado á las ciuda- Vierge ese algo que caracteriza nuestra raza y que se revela en
des de Trieste, Pirano y Udine sus palacios y propiedades y á todas las manifestaciones de la inteligencia Esforzado paladin
la ciudad de Lugnano la mayor parte de sus bienes y su mag- del arte moderno, h:i. logrado tener personalidad tan vigorosa
que se impone é infunde respeto. Sus figuras se distinguen por
nifico palacio para fundar un Museo tessinés de Bellas Artes,
El profesor W. llfinto, notable filósofo y literato inglés, cate• rasgos tan característicos cual se manifiestan las producciones
drático de Literatura inglesa y de Lógica en la Universidad de de Goya, ofreciendo sus manchas el vigor y la frescura de las
Aberdeen, autor de varias obras literarias y de crítica y colabo· aguas fuertes del autor de Los caprichos.
Urrabieta nos deslumbra en sus dibujos con los derroches de
rador de la Enciclopedia Británica.
luz, cual si fueran pintados al óleo, demostrando su temperaAngel Zanardini, conocido libretista italiano.
D. Constantino Llombart, distinguido escritor é inspirado mento de colorista español. Innumerables son sus producciopoeta valenciano, autor de un Diccio11ario valenciano caste· nes, reproducidas la mayor parte de ellas en las principales pu·
blicaciones ilustradas del extranjero, en las que se refleja ese
llano y de una Gramática valenciana, uno de los fundadores espiritu viril de españolismo característico del maestro.
de la Sociedad literaria Rat Penal y de otras sociedades, como
Nosotros, que tanto admiramos al Sr Urrabieta Vierge, nos
L' Oronella y La Cruz Blanca.
complacemos en publicar los dos preciosos dibujos que recuerdan escenas de nuestro pais, rindiéndole por este medio un tri·
bulo de consideración.
Teatros. - En el teatro Nuevo, de Leipzig, se ha estrenado
con gran éxito una ópera en un acto, El asceta, libro de GuiEl café de los cuatro vientos, cuadro de Carllermo Schriefer y música de Carlos Schroder. Con esta obra,
los Arregui. - Si cada país, cada pueblo tienen una fisono·
la ópera alemana contemporánea ha dado el primer paso afor,nia particular y exclusiva, preciso es confesar que la coronada
tunado hacia el género rtalista que tantos triunfos ha valido á
villa ofrece mayores caracteres distintivos. Mezcla de corte y
la escuela italiana de nuestros días. La música es verdaderavillorio, presenta la fastuosidad aristocrática y cuadros, escenas
mente dramática, pero el libreto resulta un tanto crudo.
y tipos genuinamente democráticos. En ellos es en donde se
- El Consejo de Administración de las representaciones de
conservan todavia los rasgos caracteristicos de aquel pueblo que
Baireuth ha resuelto que durante la temporada de 1894 se can·
tan admirablemente describieron Mesonero Romanos, Larra y
ten en aquel teatro Parsifal, Ta111zha11ser y Lohengrin, esta ulJarrón decorativo en el parque de Barcelo- Flores; y á pesar de la influencia que ejercen las modernas co·
tima no puesta todav(a en escena en dicho coliseo.
na., obra del escultor José Reynés. -Los romanos,
- En el teatro Libre, de Paris, se representará en breve una que supieron dará todas sus instituciones caracteres de grande- rrientes, adivinanse bajo el mantón de la chula y las alas del
traducción francesa del drama alemán W eber, de Gerardo za, embellecieron sus jardines con obras de arte que han pasado sombrero gacho, las agudezas y humorismo, verdaderamente
Hauptmann, cuya representación fué prohibida gubernativa- á la posteridad, cual acontece con algunas de las que figuraron local, de la manola y el chispero. La decoración y los trajes han
variado, los tipos son los mismos, y hoy como ayer ofrece el
mente en Berlín y en Breslau.
en los de Pompeyo, Lítculo, Mecenas, etc. En los tiempos me·
- La ópera de Leoncavallo / pagliacci se ha estrenado con dios decayó el buen gusto; pero en el glorioso periodo del pueblo madrileño campo de estudio y observación. Los artistas
hallan asunto para sus producciones, habiendo loj?fado celebri·
gran éxito en Munich.
Renacimiento y á la par que aumentaba la esplendidez de las
- La actriz francesa recientemente fallecida en París Alicia viviendas, manifestóse la afición de los jardines. Italia fué la dad algunos de ellos por la feliz interpretación de cuadros de
Ozy ha dejado su fortuna, consistente en tres millones de fran· primera en poner en sus principales ciudades esta clase de costumbres. Tal sucede con Carlos Arregui, discipulo discreto
cos, á la Asociación de Artistas dramáticos: además ha legado sitios de esparcimiento y recreo. En España Felipe II esta· del malogrado Plasencia, que profundo conocedor del modo de
50.000 francos á uno de sus ejecutores testamentarios para que bleció jardines en el Escorial y comenzó los de Aranjuez, ser del pueblo en que vive, pinta bonitos lienzos, como El café
con los intereses de esta cantidad auxilie á los escritores pobres, pero unos y otros no alcanzaron la importancia de los que creó de los cuatro vientos, que reproduce fielmente una escena mate·
- La ultima obra del maestro Leoncavallo, de la que habla- Felipe V deseando emular en la Granja las bellezas de Versa- rial, el modesto desayuno de los obreros en 110 improvisado
café emplazado en la confluencia de tres calles.
Bellas Artes. - El día 1. 0 de julio se inaugurará en Mu·
nich la E,eposición internacional de Bellas Artes que anualmente se celebra en la capital bávara.
- En Milán se celebrará desde el 15 de abril al 15 de mayo
una Exposición internacional de acuarelas cayo protectorado ha
sido ofrecido y aceptado por el príncipe de: Nápoles: se verificará en el Palacio de Bellas Artes, y en ella se concederán una
medalla de primera clase y dos de segunda que adjudicará una
comisión nombrada por los mismos expositores.
-En una subasta celebrada en Nevets ha sido vendido á un
arquitecto de la población por 50 francos un cuadro que los inteligentes atribuyen á Rubens y estiman en 300.000.
- El grupo colosal de la Germanía, de Reinaldo Begas, ha
sido fundido en bronce y será inmediatamente enviado á Chicago. Este grupo, de ocho metros y medio de altura, representa
la imponente figura de Germania, montada á caballo, cuyas ríen·
das sostienen el genio de la Fama y un guerrero que lleva en la
mano la espada y la palma, simbolo de la paz.
- La Asociación Artlstica de Munich conocida con la denominación de los &lt;Veinticuatro&gt; ha sido oficialmente invitada
por el profesor Schwarr-Allquist, en nombre de la comisión artistica del Comisariado del Imperio, para que envie á la Expo·
sición U ni versal de Chicago todas las obras que figuraban en
una exposición particular que recientemente ha celebrado en el
Salón Schulte, de Berlín.
Barcelona - Salón Parés, - Moragas ha expuesto un buen cuadro que próximamente reproduciremos.
Significa una evolución en el artista muy digna de aplauso.
Abandonando lo que para él constituía una cariñosa tradición,
moros, chupas y casacones, ha abordado en su reciente obra el
arte sincero y espontáneo, por más que en esa transpiren todavía resabios de su hechura anterior, dando predominio exagerado á la materialidad de la pincelada. Así y todo es una buena
obra, seria por su concepto é impregnada de luz y por consi·
guiente de vida, de verdad.
Salón de &lt;La Vanguardia.» - Coincidiendo con la santidad
de estos últimos días hanse expuesto buen número de pinturas
religiosas, propiedad del inteligente aficionado Sr. D. Eusebio
Gl\ell, antiguas las más, muy dignas de estudio. Como notas
modernas hay obras de Graner y de Clapés: éstas últimas singularísimas como todo Jo que produce su vigorosa paleta.

NúMERO

Un cliente miserablemente ,·estido le seguía y le rogaba

!ario que el alojamiento en una de aquellas casitas. Tan apurada era su situación, que aceptaron; por lo menos así podían vivir bajo techado. Con algunos
muebles salvados del naufragio habíanse instalado allí para esperar mejores
tiempos durante algunas semanas ó algunos meses. Las semanas y los meses se
habían convertido en años; más de quince hacía ya que habitaban en la calle
de Abreuvoir y aún no sabían si alguna vez podrían abandonarla.
Y sin embargo, cuanto más tiempo transcurría tanto más duramente se hacían sentir las desventajas de aquel aislamiento, si no para el padre, á 9-uien los
diarios y largos paseos no asustaban, para la hij,a. Cua~do. ésta e;a m~a ~oco
importaba que la casa estuviese alejada de Pan s; la cb1qmlla tema los Jardines
para correr y para jugar, labraba la tierra, cavaba, sembraba, ha~ía ejercicio al
aire libre, contemplando un horizonte sin límites que abr!a sus OJOS y ensanchaba su espíritu, mientras que su madre la seguía con su mirada, pensando en un
porvenir de justas compensaciones que la fortuna no podía menos de otorgarles. Por la noche el padre, al regresar de la oficina, hacíala trabajar; y co~o él
sabía de todo, letras, ciencias, dibujo, música, la muchacha no_~abía ne~es1tado
otros maestros; su educación se había conseguido sin que la nma conociese por
experiencia las amarguras y tristezas de la escuela ó del convento.
Pero había llegado un día en que las lecciones paternales no bas~aban; era
necesario prepararse para ganar la vida; lo que hasta entonces había sido entretenimiento había de convertirse en profesión. La jove_n había ~ntrado en ~n taller, y todos los días y con cualquier tiempo, con lluvia, con meve, con v1e_nto,
habíase visto obligada á bajar desde las alturas de Montmartre, por ~ammos
resbaladizos y llenos de lodo, hasta el pasaje de los Pa,noram~s. El cammo era
largo y más duro que largo. El Sr. Berincq llevaba a su htJ~ del brazo, procurando cobijarla con su paraguas ó sosteniéndola en las ~scalmatas; en la otra
mano llevaba una cestita que contenía el almuerzo de la Joven: dos huevos cocidos ó una loncha de carne fría y un trozo de queso. Pe:o por la_ tarde, como
muy frecuentemente el Sr. Barincq se detenía en la oficma, no siempre le era
posible ir en busca de su hija; entonces la joven volvía sola.
.
. ¡Qué intranquilidad y qué inquietud para unos padres educados e~ ciertas
ideas el saber que su hija recorre completamente sol~ las calles de Pans! ~obre
todo, tratándose como se trataba de una joven muy lmda que atraía las m1rada_s
de los transeuntes, tanto por los hechizos de los ,·einte años cuanto por la on-

ginalidad del traje que ella misma había ·adoptado sin que ni el padre ni la madre hubiesen tenido energía para prohibírselo: una falda algo corta sujeta por un
cinturón azul que formando lazo en la cintura caía después á lo largo de los
pliegues de la falda; un gabancito ~orto que se ab~ía dejan~o ~e_r un ~haleco, y
en la cabeza una boina, aquella boina que Belmameres hab1a nd1culanzado.
Este traje, que se apartaba mucho de las insubstancialidades de la moda, era
indudablemente demasiado original para la calle, sobre todo cuando la que lo
llevaba era tan bonita. Pero ¿cómo prohibírselo? La madre se enorgullecía viéndola vestida de aquel modo y aseguraba que ninguna hija podía compararse á
la suya; el padre á su vez se sentía conmovido. ¿No era efectivamente aquel traje, salvas algunas modificaciones encaminadas á darle rasgos femeninos, el mismo de sus paisanos? Cuando el Sr. Barincq contemplaba delante de él á su hija
esbelta y elegante andando con la firmeza y la rapidez características en su raza,
inundábase su corazón de alegría y no se sentía con fuerzas para reñida porque
fuese fiel á las tradiciones de su origen. Barincq había querido que su hija se
llamase Anie, que era desde tiempo inmemorial el nombre de las hijas mayores
de su familia materna, y en París el nombre de Anie era casi tan extravagante
como la boina azul.
No era solamente esta caminata de mañana y de tarde lo que hacía molesto
el vivir en la calle del Abreuvoir, también era incómodo el aislamiento en que
aquellas distancias tenían á la hija y á la madre para relaciones y convites. ¿Cómo volver ya adelantada la noche hasta aquellas alturas al pie de las cuales se
detienen los ómnibus? ¿Cómo exigir de los amigos ó conocidos que vayan hasta
allí para devolver las visitas que se les hacen?
En los años que siguieron inmediatamente á su ruina la señora de Barincq no
había pensado ni en relaciones ni en visitas; anonadada por aquella catástrofe
permanecía encerrada en su casita, desesperada y feroz, sin salir, sin querer nunca ver á nadie, hallando quizá algún lenitivo á su dolor en el aislamiento; ¿para
qué dejarse ver pobre y miserable si aquella situación sería pasajera? Pero aquella disposición de ánimo había cambiado en el tiempo; el aburrimiento había
influido en su ánimo, el rubor de la pobreza habíase alejado y po::o á poco se
desvanecía la esperanza de dias mejores. Además, Anie se desarrollaba y era necesario pensar en ella, en su porvenir, es decir, en su matrimonio.
El padre admitía que su hija trabajase para vivir y que en un oficio, si no Jo
alcanzaba por su talento, asegurase la independencia y la dignidad de la vida;
pero la madre no opinaba del mismo modo. Según ésta, quien debía trabajar
era el marido, no la mujer; solamente el marido debía sostener la familia. Era
menester, por lo tanto, encontrar un marido para su hija. Pero ¿cómo encontrar
un marido en la calle del Abreuvoir, donde estaban tan perdidos como si se hallasen en una isla desierta en medio del Océano? Anie era en verdad muy linda,
muy encantadora, muy inteligente; reunía, en fin, condiciones bastantes para llamar la atención dondequiera que se presentase; p ero así y todo, era necesario
que hubiese ocasiones de presentarla.
La cariñosa madre las había buscado, pero como al cabo de quince años de
interrumpidas era imposible reanudar sus relaciones antiguas con la sociedad á
la que había pertenecido la señora de Barincq, se había contentado con aquellas
que la casualtdad y sobre todo su voluntad firme aplicada con perseverancia al
logro de un objeto podían proporcionarla. Después de su prolongado aturdimiento, la madre de Anie había sacudido de la noche á la mañana su apatía, y
desde aquel momento sólo tuvo un propósito: abrirse casas, cualesquiera que
fuesen, en que su hija pudiera presentarse y llevar á la suya personas entre las
cuales hubiese probabilidades de encontrar un marido para Anie. Como la señora de Barincq no pedía á las personas cuya casa frecuentaba ni posición ni
I
fortuna, sino solamente un salón, espacioso ó reducido, en el cual se bailase logró fácilmente la realizac~ón de la primera parte de sus propósitos; pero
segunda parte, la que consistía en hacer que subiesen hasta las alturas de Montmartre personas que no tenían coche propio y que aun para usar los de alquiler
se reservaban mucho en la mayor parte de los casos había presentado más
dificultades.
'
Esto no obstante, la señora de Barincq había logrado sus fines contentándose
co~ dos re~~iones al año; reun!ones que se fijaban en una época en que había
mas probab1lt~ades de ~o expenmentar contratiempo en las pendientes de Montmartre, es de?ir, en abnl ó en mayo, cu~ndo las noches son más templadas, las
cuestas practicables y cuando lo floreciente del jardín de la casita daba á ésta
un encanto que compensaba su pobreza. En el año anterior, algunas personas de
esas que no reparan en obstáculos cuando en el término de ellos han de hallar
u~a distracción, habían arriesgado la subida; la señora Barincq esperaba también que en el presente año fuesen más numerosos todavía los concurrentes á
su reunión y que eritre ellos se encontrase un buen marido para Anie.

1a'

III
Bajo el cielo de un azul sombrío, las tres ventanas del entresuelo lanzabanresplandores viol~11tos que _iban á perderse en medio de los árboles y á lo largo
del pa~eo e_n el aire tr~nqml? de la noche; farolillos de papel pendientes de las
ramas tlummaban la d1stanc1a comprendida entre la habitación del portero y la
casa, _alumbrand~ con su luz anaranjada las flores de primavera que comenzaban
á abrirse en los tiestos de los arriates.
Dura~te. muchos años se_ ha?ía entrado directamente al comedor por una
p~erta v1dnera que daba al Jardm, pero cuando la señora Barincq había organizado su~ recepciones, como le fuese necesario un vestíbulo habíale hallado
en la cocma transformada para el caso. Para que esta transformación fuese
completa, el vestíbulo improvisado _se amuebló con chirimbolos más de ornato

�LA l LUSTRACIÓN
que de utilidad, pero que le daban cierto carácter; en la elevada chimenea, reemplazando á la campana antigua, un hornillo diminuto; en las paredes, panoplias con armas de teatro _6 con objetos extraños de esos que en los gr~ndes almacenes compran los aficionados tocados de la monomama de lo exótico.
Cuando Barincq entró en el vestíbulo improvisado, la puerta se hallaba abierta de par en par; en la chimenea ardían algunas astill_as, lo cual acaso no era
del todo indispensable según lo templado de la estación, pero de todos modos
resultaba grato.
.
.
..
Al ruido de los pasos del Sr. Banncq apareció su h1Ja.
- Cuánto has tardado, dijo acercándose á él. ¿Te ha ocurrido alguna desgracia?
- No, respondió Barincq besándola cariñosamente; es que el Sr. Chabertón
me ha entretenido.
- ¡Entretenido! ¡Y en un día como hoy!, exclamó la señora de Barincq apareciendo en aquel instante.
Entonces él explicó los motivos del entretenimiento, á lo cual le contestó su
esposa:
.
.
- No, si no te doy queJas; pero me parece que debías h~ber explicado _al
Sr. Chabertón que no podías hoy entretenerte; bastante ha sido que nos deJemos arruinar por él para que tú ahora, resignado como un cordero, permitas que
te explote miserablemente.
.
Realmente la señora de Barincq no daba quejas á su marido, pero hacía ya
veinte años que no le dirigía una sola observación sin comenzarla por la misma frase, la cual, aun siendo muy concisa, expresaba mucho, porque al fin y al
cabo ¡con cuántas quejas habría podido la señora de Barincq abrumará su esposo si no fuese un modelo de resignación!
- Ven á comer, dijo Anie.
Barincq se dirigía hacia el comedor, que venía á ser la continuación del vestíbulo; pero su mujer le detuvo diciéndole:
- ¿Crees que hemos podido dejar la mesa puesta? Es necesario que comas en
la cocina.
- Cerca del fuego, dijo Anie.
- Yo voy á vestirme, dijo la señora de Barincq que estaba todavía de bata; no
tengo más tiempo que el preciso antes de que lleguen los convidados.
El Sr. Barincq pasó á la cocina, que era un simple cobertizo agregado á la
casa después de construida; como en aquella dependencia doméstica jamás entraba nadie, el mobiliario era completamente primitivo: una _mesita, una silla,
una cocina económica cuyo tubo salía por un agujero practicado en el techo,
constituían el contenido de aquella cocina.
- ¿Quieres tomar tu cubierto en el hornillo?, dijo Anie; yo no puedo entrar
en la cocina.
-¿Por qué?
Entonces Barincq se volvió hacia su hija, porque aunque al llegar la había
besado tiernamente con los ojos y al mismo tiempo con los labios, no había
visto de Anie más que el rostro sin reparar en el traje que llevaba; mirándola
ahora halló contestación á la pregunta que le había dirigido.
Su vestido era de papel pintado con flores y sujeto á la cintura por una cinta
de moaré; era evidente que con aquel traje no podía penetrar en la reducida cocina sin temor de incendiarse al menor movimiento.
Esto fué lo primero que se presentó á la imaginación del padre.
- ¡Qué locura!, exclamó; si te acercas á una luz 6 al fuego te expondrás á la
más espantosa desgracia.
- No me acercaré.
- Pero no se puede pensar en todo.
- Cuando se quiere sí; ya ves que no te sirvo la comida. Puedes estar tranquilo y no preocuparte sino de una cosa: ¿me está bien esto? Mírame despacio.
Y al pronunciar estas palabras retrocedió hasta colocarse debajo de la luz de
una lamparita holandesa de cobre de autenticidad problemática.
- ¿No se ha convenido, preguntó la joven, que en esta velada buscamos trajes de capricho? ¿Podía yo inventar un traje más caprichoso y sobre todo más
barato, lo cual no deja de ser importante para nosotros?
Sin dejar de comer en un ángulo de la mesa el trozo de carne cocida que había tomado del hornillo, miraba Barincq á su hija colocada delante de él, y aunque sus temores no se habían desvanecido del todo, no podía menos de reconocer que aquel traje caprichoso sentaba maravillosamente á la hermosura de
Anie. No había esperado ciertamente el subalterno del Sr. Chabertón á este
momento para pensar que Anie era la muchacha más bonita que él había visto;
pero nunca le había impresionado tan vivamente como ahora la animación hechicera de su fisonomía, el brillo de su mirada, la dulzura de su sonrisa, las perfecciones de su nariz, la blancura fresca de su color, la flexibilidad de su talle, la
ligereza de su paso.
Como si Anie leyese lo que pasaba en el ánimo de su padre, comenzó á sonreir y le dijo:
- Tranquilízate y confiesa que hoy están en nuestro favor todas las probabilidades. ¿Podíamos desear noche más hermosa que la de hoy, cielo más despejado ni tiempo más seguro? Esta noche no faltará nadie.
- ¿Tanto te importa que nadie falte?
- ¡Si mi importa! ¿Pues no había de estar precisamente entre los que faltasen mi marido futuro?
- No sé cómo puedes reirte de una cosa tan seria como tu matrimonio.
Anie abandonó el sitio que ocupaba y vino á recostarse en la puerta de la
cocina como si quisiese estar más cerca de su padre, en comunicación íntima
con él.
- ¿Y no es mejor reir que llorar?, preguntó. Además yo no me río sino de
dientes para fuera, y te aseguro que no pienso en mi matrimonio sin que el pensarlo me conmueva. Durante mucho tiempo mamá, que tiene sin duda para mirarme ojos que los demás no tienen, se ha figurado que yo no tendría que hacer
sino presentarme para encontrar un marido, y tantas veces me lo ha dicho, que
he llegado á creerlo como ella; había en alguna parte multitud de príncipes hermosos y buenos que me esperaban. Lo malo es que ni ella ni yo hemos encontrado hasta ahora el florido sendero que lleva á ese país encantado, y que permanecemos en la calle del Abreuvoir y aquí esperamos á los pretendientes que,
si acaso vienen, de seguro no serán príncipes y probablemente no serán ni
siquiera hermosoe.
- Y si no son hermosos no los aceptas. ¿Quién te da prisa para casarte?

ARTÍSTICA

NúMERO

589

- Todo; mi edad y mi razón.
- ¡La edad! A los veintiún años n o es tarde todavía.
- Según para lo que sea: á los veinte años una muchacha sin dote es ya
una solterona; por el contrario, una soltera con dote es todavía muchacha á los
veinticuatro: pues bien; yo pertenezco á la clase de las que no tienen dote y aun
ála categoría de las que no poseen un céntimo.
- He ahí por qué deseo que no te apresures en escoger marido. Si hoy no
tienes dote, nuestra situación puede cambiar mañana, y quien dice mañana dice
dentro de poco. Tengo fuqdados motivos para creer que van á comprarme el
privilegio de invención de uno de mis descubrimientos, y si bi~n esta compra
no constituiría una fortuna, sería por lo menos lo suficiente para darnos algún
desahogo. Los experimentos realizados en la Hnea del Este para ensayar mi sistema de suspensión de vagones han tenido resultados inmejorables, como que
suprimen toda trepidación; los ingenieros han reconocido por unanimidad que
mi aparato constituye una de las más útiles invenciones del siglo. Por esta parte nos aproximamos también á un buen éxito; estas son las razones que me
mueven á suplicarte que tengas todavía un poco de paciencia.
- Te juro, papá, que no pongo en duda la excelencia de tus invenciones, pero
¿cuándo se convertirán en realidad? ¿Mañana? ¿Dentro de cinco 6 seis aiios? Sabes mejor que nadie que en cuanto se refiere á inventos todo es posible, hast~
lo inverosímil. Dentro de seis años tendría yo veintisiete: ¿qué marido había de
quererme entonces? Déjame, pues, tomar el que encuentre, aunque sea mañana
mismo cuando soy una pobre muchacha sin un céntimo que no tiene derecho á
mostrarse tan exigente como se mostraría la heredera de un inventor rico.
- ¿Tienes motivos para presumir que habrá entre vuestros convidados de
esta noche algunos pretendientes á tu mano?
- Basta que pueda haber uno solo para desear yo que nada impida venir á
ese uno esta noche. El año pasado las invitaciones se habían hecho de tal manera que los muchachos solamente querían bailar con las señoras casadas y los
casados bailaron únicamente con las chicas solteras; este año las señoras casadas
serán muy pocas, será necesario por consiguiente que los jóvenes bailen con nosotras y acaso entre ellos se encuentre alguno que no considere el matrimonio
como una carga superior á sus fuerzas. Te aseguro que no seré ni melindrosa ni
exigente; si él dice una palabra yo diré dos.
- Pues qué, pobre niña, ¿en eso estás?
- En eso; es decir, desengañada de las risueñas esperanzas de mamá; sí. Tal
vez es extraño que sea la hija en vez de ser la madre quien mire con frialdad la
existencia; sin embargo, así es. Desde el momento en que comprendí que debía
casarme me apresuré á despedirme de mis ideas y de mis ilusiones de muchacha, y solamente pensé en el matrimonio más que en el marido. Si yo te dijese
que había aceptado esto con alegría 6 con indiferencia no te diría la verdad; me
ha costado algo; más aún, mucho; pero no soy de las personas que se obstinan
en cerrar los ojos cuando lo que ven les disgusta, les hiere 6 les inquieta. También he recibido algunas lecciones. La más terrible de todas ha sido la muerte
del Sr. Touchard. Todo hacía creer que el Sr. Touchard llegaría á los noventa
años y casaría á sus hijas como él quisiera. Sin embargo, ha muerto á los cincuenta y cinco,y hoy Berta canta en un café de Tolón y Amelia en uno de Bur•
deos. ¿Qué sería de nosotras si te perdiésemos?; yo ni tendría siquiera el recurso
de Berta y de Amelía porque no sé cantar.
- No me hables de eso: es lo que constantemente me angustia.
- Es preciso que yo te explique el por qué deseo casarme para que no creas
que es por capricho 6 por separarme de ti. Si yo estuviese cierta de que habí~mos de vivir aún mucho tiempo reunidos, te aseguro que esperaría muy tranquilamente á que se me presentara un marido y no me quejaría nunca de nuestra
poco desahogada existencia. Pero ni yo puedo tener esa seguridad ni tú puedes
dármela. De las personas que conocemos el Sr. Touchard era el más sólidamente acomodado y el más robusto al parecer, lo cual no ha impedido que una enfermedad se lo llevase. ¿Qué sería de nosotras en un caso igual? Sin una peseta,
sin esperanza alguna de apoyo, toda vez que no tenemos más parientes que mi
tío Saint-Christeau, el cual nada haría por nosotras, ¿no es cierto?
- ¡Ah! Muy cierto.
- Entonces, ¿comprendes que la idea del matrimonio no se me quite de la
cabeza?
- A lo menos tú tienes un recurso en tus manos.
- No, papá, no lo tengo, porque no conozco el oficio. Tendré quizá talento,
poco talento, muy poquito, y aun eso no está probado todavía. Lo que sí está
probado es que yo hago con mucha dificultad cosas fáciles, cuando para ganar la
vida sería menester que hiciese precisamente lo contrario. Me hace falta por consiguiente un marido, y si puedo tener esperanzas de encontrar alguno no debo dejar que pasen los años en que poseo todavía frescura y juventud. Ya sabes por
qué tengo prisa; por lo que te he dicho, no por otra cosa; pues debes comprender
que no soy bastante loca para presumir que ese marido va á proporcionarme
una existencia desahogada, divertida, que realice los ensueños acariciados ~or
mí en otro tiempo, pero que ya se han desvanecido del todo. Yo solamente pediré
á mi marido que sea ese apoyo de que te hablaba hace poco y que me impida
caer en los abismos de la miseria, á la cual tengo un miedo horrible, 6 correr las
aventuras de Berta y de Amelía Touchard, que me asustan más todavía. La vida
que esto nos proporcione será la que fuere, de antemano me conformo con ella;
mi marido me ayudará y yo ayudaré á mi marido; él trabajará y trabajaré yo; Y
como descendiendo, desencantada ya de mis elevadas aspiraciones, tendré el
derecho de dejar las sublimidades del arte por las asperezas de un oficio, podré
ganar algún dinero que será muy útil en nuestro hogar. ¿Es imposible encontrar
un marido en estas condiciones? Me parece que no.
- ¿Tienes alguno en perspectiva?
- ¿Diez, veinte, todos los que conozco, y sobre todo los que no conozco; pero
por supuesto ninguno determinado y seguro. Julia traerá á los amigos de su
hermano y éstos nos presentarán á sus compañeros de oficina. Empleados en
hacienda, funcionarios del municipio, en ellos tengo esperanzas: muchos que
escriben en periódicos lograrán andando el tiempo una posición; por ahora sus
aspiraciones son modestas,•y entre ellos será posible hallar, no diré muchos, pe~o
á mí me basta con uno, que comprenda cómo una mujer inteligente, aun sm
tener un céntimo, es en algunas ocasiones menos costosa para su marido que
otra en la cual estén arraigados gustos y necesidades proporcionados á su dote.
Si encuentro á éste, si le gusto, si él no me desagrada demasiado, si él sabe estimar en lo que vale este vestido de papel ... sí... mi matrimonio es cosa hecha:
ya ves, sin embargo, que con todas esas condiciones no lo está todavía.

NúMERO

589

LA

245

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Todo esto había sido dicho con cierta fingida alegría que hubiera engañado ·
á un indiferente, pero que no engañó al padre; escuchaba éste Anie conmovido y an~ustiado, ~in que pensase en la com\da y sin apartar de su hija los ojos,
como si pretendiese leer en ellos y apreciar la gravedad de la situación que
aquellas palabras revelaban.
La señora de Barincq bajando de sus habitaciones interrumpió aquella conferencia.
- ¡Cómo!, g~itó al verá su marido sentado todavía á la mesa, ¿no has concluído
aún? ¡Y tú, Ame, te estás charlando con tu papá en vez de darle prisa!
- Voy á vestirme.
- Hace ya mucho tiempo que debías haberlo hecho, le dijo la señora de Barincq.

a

IV
En este momento se oyó el ruido de pisadas fuertes que hacían rechinar la
arena del camino, y en la puerta del vestíbulo apareció Bernabé, que llevaba un
papel azulado.
- El portero, dijo, me ha dado para usted, Sr. Barincq, un telegrama que acaba de llegar.
La señora de Barincq tomó el telegrama y lo abrió.
·
- Ha muerto tu hermano.
Al decirlo tendió el telegrama á su esposo.
- ¡Gastón!, exclamó Barincq con una voz que se ahogó en su garganta, y con
mano temblorosa tomó el telegrama, cuyo contenido era el siguiente:

- ¿Y cómo te propones partir? ¿Con qué dinero~ T e_n presente que sólo ~e
quedan quince francos, y son para Bernabé. Ademas, si te ausentas tú, ¿qmén
tocará para que nuestros convidados bailen?
- ¿Pero quieres que bailen?
- Pues qué, ¿podemos ya avisar á nuestros convidados? ¿Es posibl; cerrarle~ la
puerta? De todas maneras y aunque fuera posible esto, me guardana muy bien
de hacerlo; nos hemos impuesto demasiados sacrificios para,disp?ner es~ ~elada
y sería una estupidez no aprovecharlos. Por otra parte, ¿qmén tiene noticias de
este telegrama?
- Nosotros.
- Bueno, pues hacemos como si no lo hubiésemos recibido,. y lo mismo. da.
- Dará lo mismo para ti que no querías á Gastón y también para Ame que
no se acuerda ya de su tío; pero ...
- Antes de pensar en tu hermano espero que pienses en tu hija y que pongas
el semblante que debes mostrar en una función dada para ella¡ si es hermoso

«Triste noticia comunico; Gastón muerto repentinamente á las cuatro de una
congestión; funerales pasado mañana las once, salvo contraorden; hago invitaciones en tu nombre. - REVENACQ.))
.

a

- ¡Mi pobre Gastón!, dijo el Sr. Barincq dejándose caer como desvanecido
en una sil:a.
- Está bien que llores ahora por tu hermano, dijo la señora de Barinq, un egoísta con quien habías reñido hace más de diez y ocho años y del que seguramente
no heredarás un céntimo.
- No por eso deja de ser mi hermano; diez y ocho años de disgusto no pueden
borrar cuarenta de fraternal cariño.
- ¡Valiente cariño fraternal, que cuando necesitamos de él nos dejó en la estacada!
- Ya sabes que Gastón era de un carácter severo y que no perdonaba las
sinrazones que se le hacían.
- Y mucho menos las que él hacía los demás: tu hermano ha procedido indignamente con nosotros y sobre todo con Anie, la cual nada le había hecho.
¿No debía Gastón haberle dejado su fortuna?
- ¿Y sabes tú que no se la haya dejado?
- Pues qué, ¿si así fuese no te lo diría Revenacq? Notario de tu hermano, su
amigo íntimo, su consejero, R evenacq conocía perfectamente todos los asuntos
de Gastón; cuando nada te dice acerca de ellos es porque sólo podría darte malas noticias, 6 lo que es lo mismo, enterarte de la existencia de disposiciones testamentarias que nos desheredan.
- Sin embargo, Revenacq dice que se extienden las esquelas de defunción en
nombre mío.
- ¿Sería decoroso hacerlas en nombre del hijo natural de tu hermano? Aunque nosotros no seamos la familia en lo que se refiere á la herencia, nadie puede
impedir que lo seamos en lo que respecta al duelo, y por eso se.sirven de nosotros. ¡Bonito estaría que las esquelas de funeral estuvieran hechas de D. Valentín Sixto, capitán de dragones, hijo natural del difunto, y por añadidura hijo
natural no reconocido todavía! Si en tu cabeza, aficionada siempre á la esperanza y á las ilusiones, ha entrado la creencia de que podrías heredar á tu hermano
porque era tu hermano, te has equivocado una vez más; cuando rompisteis vuestras relaciones, bien claro te dijo que nada esperases de él: ten por seguro que
Gastón ha cumplido su palabra, y el notario Revenacq tiene en su poder un
testamento en que se instituye heredero universal al capitán Sixto.
- ¿Y por qué no había de decírmelo R evenacq?
- Para que no dejes de ir á presidir el duelo.
- Pues qué, ¿podría yo dejar de presidirle aunque tuviese la certeza de que
ese testamento existía?
- ¿Pero quieres ir al entierro?
- ¿Te parece posible que falte?
Después de haber entregado el telegrama que llevaba Be rnabé había pasado
á la cocina, y no sabiendo qué determinación tomar permanecía allí inmóvil escuchando lo que en el vestíbulo se decía, si bien aparentaba no oírlo. La señora
de Barincq en lugar de responderá la última pregunta de su marido, se aproximó
á la puerta de la cocina y dijo á Bernabé:
- Mientras llegan los convidados prepare usted las bandejas y las copas, no
deje usted que se apague la lumbre, ni ponga usted á calentar el chocolate hasta
las doce.
Tornando al vestíbulo hizo una seña á su marido para que la siguiese, pasó
en segu1da al comedor y después á la sala principal, desde d onde el ruido de las
voces no podía llegar á la cocina. U na vez allí la señora de Barincq preguntó á
su marido:
- ¿Qué significa esta locura?
- ¿No es la cosa más natural?
- ¿Natural acudir al entierro de una persona con la cual estaban rotas por
completo toda clase de relaciones? No. ¿Que durante diez y ocho años no nos
ha dado muestra alguna de que vivía, aunque nos haya visto en s_ituación muy
apurada, disfrutando él cincuenta mil francos de renta? No, no y mil veces no.
-Todo cuanto digas no podrá evita r que h~yamos sido hermanos; 9ue nos
hayamos querido entrañablemente en nuestra Juventud, y que en el d1a de su
muerte se desvanezcan los recuerdos de nuestros disgustos y no quede viva y
dolorosa más q ue la memoria de nuestro afecto de hermanos. Gastón no lo era
tuyo: comprendo que ha bles de él con esa indiferencia, pero lo era mío y debes
comprender que le llore.
- Llórale cuanto te acomode, siempre que lo llores para tí solo y no vayas i
entristecer nuestra recepción.
- Como voy á partir, no os entristecerá mi pena.

a

,

- Le había dicho á usted que callase, gritó Barincq

ser buen hermano, es más hermoso todavía ser buen padre; si está bien mostrar
ternura á los que han muerto, está mejor aún manifestarla á los que están vivos. Te ruego por lo tanto que reflexiones, 6 por mejor decir, que te apresures á
vestirte.
Dichas estas palabras la señora de Barincq volvió á la cocina para dar á Bernabé las últimas instrucciones.
Después de un rato de silencio Barincq tendió la mano á su hija y dijo en
tono melancólico:
- No quería entristecerte, pero este golpe es superior á mis fuerzas; no me es
posible pensar en esta muerte sin experimentar una especie de desaliento, como
no puedo verme obligado á permanecer aquí sin protestar; y sin embargo, ya
sabes que soy poco amigo de protestas. Hace ya veinte años que mi pobreza
me hace sufrir terriblemente, pero de seguro nunca tanto como esta noche oyéndote hablar de tu casamiento del modo que hablabas y ahora permaneciendo
aquí sin poder adoptar determinación alguna ... ¡Ah, querida hija! ¡Cuán desgraciado, qué huftüllado en su dignidad, qué herido en lo más profundo de su ternura se siente el que, como yo, nada puede hacer por los seres que ama! Esto
es lo que me sucede á mí: en un mismo momento te veo dispuesta á lanzarte
en el matrimonio como podrías lanzarte al suicidio, porque la miseria que nos
abruma te hace desconfiar del porvenir; y juntamente me encuentro imposibilitado de dar á mi hermano el último testimonio de afecto. ¡Ah, miseria, qué implacable eres con aquellos á quienes escoges por víctimas!
Barincq se d etuvo, y atrayendo hacia sí á su hija besó conmovido su frente
diciendo al propio tiempo con voz triste:
'
- ¿Con:iprendes ahora que nada hay que decirme y que si en mi rostro se retrata la tnsteza no tengo yo la culpa?
En este momento comenzó á oirse en la sala ruido de voces.
- Ve á recibirá los convidados, dijo Barincq; yo subo á vestirme.

V

El empleado e n las oficinas de inventores subió rápidamente los peldaños
desgastados de la escalera con el propósito de volver lo más pronto ¡Josible· pero
' 1 11 ó , .
,
su a tav~o .e t~ mas tiempo del que él presumía; cuando trató de abrocharse
la c~m1sa, el nacar gastado ya por los planchados se deshizo entre sus dedos y
é\ t?1smo ubo de ~egarse un botón, pues cuando su mujer y su hija estaban rec1b1endo a los convid~dos no era cosa de que llamase á cualquiera de ellas para
e_ste menester. Ademas como su ropa blanca era de respetable antigüedad, Ban ncq es_taba acostum brado á que le sucediese esto mismo con frecuencia, y en
el cuartito completamente lleno de maletas de caJ·as de cartones que le servía
de tocador, sab'ia dónde encontrar en caso 'necesario' el hil o y las 'agujas.

?

(Co11tim1ard)

�LA

LA CRONOFOTOGRAFÍA
NUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMll!NTO
EN LAS CIENCIAS FÍSICAS Y NATUKAI.RS

(Contiuuacióu)

Analizando de este modo los tipos de locomoción propios de un gran número de especies animales, se obtendrán los elementos necesarios para conocer las relaciones que existen entre la forma de
los órganos y los caracteres de la función que desempeñan (1).
Y si entonces volvemos á emprender el estudio del

Fig. 23. Ocidromos ó _corredores de v~locidad: decorado de un
¡arrón panatene1co

hombre, ¡cuánto más claramente no aparecerá la significación de las particularidades individuales en la
conformación del cuerpo!
Las variaciones en la longitud de los radios óseos
de los miembros ó en el desarrollo de ciertos músculos que tan fuertemente se acentúan cuando se ~omparan entre sí distintas razas de hombres, aproximan
cada tipo humano á alguna especie ani mal que presenta en alto grado caracteres análogos. Si, por ej~mplo, por el desarrollo de los músculos gastrogném1cos
ó por el de los músculos extensores del muslo se
aproxima un hombre á los animales saltadores, podrá
deducirse de ello con alguna verosimilitud que presenta aptitudes especiales para el salto, y así en otros
casos.
Abrese, pues, en este orden de consideraciones un
nuevo y vasto campo que explorar: á este estudio invitamos á los zoólogos que piensan que la comparación de los seres vivientes, desde el punto de vista
morfológico, debe ser aclarada y completada por la
de sus aptitudes funcionales.
VII, -

APLICACIÓN Á:LAS~DELLAS ARTRS

El documento fotográfico ha prestado ya verdaderos serricios en materia de bellas artes: algunos

Fig. 24. Fotografía in,tantánea ele un corredor: la posición de
_,_l¡1s· piernas es la mism¡1 que en la última imagen de la izquierda de la figura anterior.

maestros lo aceptan resueltamente y muchos artistas
lo utilizan, como de ello podemos convencernos comi 1) Véase Marey, l11vc.&lt;tigaciones experimentales sobre la
111or(olog!a de los 111zlsc11/os. C. R 12 de septiembre de 1887.

ILUST RACIÓN ARTÍSTICA

N ú MERO

589

parando las obras más recientes con las que tienen miento completo de los músculos flexores, los cuales,
algunos años de fecha. La fotografía instantánea es~ por el contrario, entran en juego durante la extensión
pecialmente ha ejercido en las artés una influencia misma si aquel movimiento debe ser limitado; por
sensible, permitiendo fijar en una imagen auténti- ejemplo, si el hombre que golpea quiere retener en
ca las actitudes del hombre ó de los animales en seguida el golpe que da actualmente.
sus movimientos más rápidos.
No hemos de hablar en el
presente trabajo de estética
ni de discutir si el arte tiene
derecho á representar las actitudes violentas ó debe, por
el contrario, limitarse á las
actitudes tranquilas cuyos caracteres yexpresiones son más
fáciles de percibir en el modelo vivo; pero si nos atenemos á los hechos, es incontestable que así en la antigüedad como en nuestros días
los artistas han representado
algunas veces el movimiento
y aun las acciones más rápidas, como la carrera y la lucha. Si se comparan las obras
más antiguas con las de époFig. 25. Ej~mplo del modelo obtenido en prueba cronofotográfica
cas más recientes, sorprende
la siguiente diferencia: que
en los modernos las actitudes son más tranquilas,
Si se toman desde un lugar elevado lns 1magenes
más equilibradas, por decirlo así, al paso que en el cronofotográficas de un hombre en movimiento (figuarte antiguo las figuras están á veces completamente ra 26) se consigue la proyección en un plano horizonfuera de aplomo. La fig. 23, tomada del arte griego, tal de todos los contornos de un cuerpo. Este documento, lo mismo que los que proporcionarían las
presenta claramente este carácter.
Todo el mundo conserva el recuerdo de alguna imágenes análogas tomadas en diferentes ángulos, seobra moderna que representa un asunto análogo. En ría indudablemente muy útil á tos estatuarios (3).
escultura sobre todo los corredores son representados
Finalmente, los movímientos dé la cara estudiados
de muy distinto modo, pues en las estatuas la pierna por la cronofotografía tienen gran interés, porque
que sostiene el cuerpo está por regla general vertical- pueden distinguirse, gracias á ella, las más delicadas
mente extendida debajo del centro de gravedad del expresiones de los mismos. En una serie de imágenes recogidas sobre una película móvil cabe seguir,
cuerpo.
Entre estas dos maneras de representar el mismo por ejemplo, todas las sucesivas gradaciones que esacto, la carrera, lo mejor que puede hacerse es tomar tablecen una transición entre una sonrisa apenas percomo árbitro á la misma naturaleza, pidiendo á la fo. ceptible y la más franca carcajada.
tografía instantánea que nos indique cuáles son las
Recientes experimentos de M. Demeny demuestran que los actos de la palabra son tan fielmente reverdaderas actitudes de un corredor.
La respuesta no es dudosa: la fig. 24, por ejemplo, producidos que algunos sordo-mudos, acostumbrados
demuestra que un hombre que corre ofrece en deter- por ejercicios especiales á leer en los labios las palaminados momentos el aspecto representado en las bras pronunciadas, han podido, siguiendo las imágemás antiguas pinturas (2 ) .
nes cronofotográficas, reconstituir las que el modeFácil sería demostrar que el corredor no se presen- lo había articulado mientras tales imágenes se sata nunca en \a posición adoptada por algunos artistas caban.
modernos, q~e parecen haber olvidado que el carácter de las carreras y aun el de la misma marcha al
Representación artística de, caballo. - Merced al espaso son una instabilidad perpetua.
tudio concienzudo de la naturaleza, los pintores y esNo nos detendremos en estas reflexiones, pues al
criticar estos puntos de detalle en obras que, por otro
lado, tienen un valor real temeríamos que pudiera
dedrsenos: Ne sutor ultra crepidom.
Hagamos únicamente constar que en la infinita variedad de las actitudes que presenta la cronofotografía al seguir las fases de un movimiento hay muchas
que los artistas podrían aceptar sin infringir las leyes
de la estética, lo cual daría á la representación de estos movimientos una variedad interesante (fig. 25).
cronofotografiado desde un punto elevado
Encontrarían también en estas imágenes la expresión Fig. 26. Corredor en
proyección horizontal
fiel de la acción de los músculos cuyas contracciones
y aflojami~tos reproducen los relieves variables,
visibles debajo de la piel. Ahora bien: estos dos esta- cultores han adquirido gran habilidad en la repredos opuestos de los músculos están enlazados por re- sentación del caballo. Meissonier, por ejemplo, no
laciones necesarias con cada fase del movimiento que había retrocedido ante los estudios más laboriosos:
sentado en el centro de un malacate al que daba
producen.
Esos relieves de los músculos en acción tienen, vueltas un caballo y teniendo de este modo siempre
por decirlo así, una fisonomía propia, una expresión delante de sí el animal, dibujaba en una fase conssemejante á la que podemos apreciar en los músculos tante de la marcha la posición de un miembro, desde un rostro. Y si los datos más sutiles de la fisiolo- pués la de otro y finalmente el conjunto. Gracias á
gía podían encontrar sus aplicaciones en el arte, po- este procedimiento había llegado á esa fidelidad perdría decirse que el modelado de un miembro no refleja fecta que se admira en sus representaciones del casolamente el acto que se ejecuta, sino que· permite, ballo al pa'So, al trote y en ciertas fases del galope.
Por esta razón acogió Meissonier con entusiasmo
hasta cierto punto, prever los actos sucesivos. Algunas interesantes observaciones de M. Demeny sobre las hermosas series de fotografías instantáneas de
las imágenes cronofotográficas demuestran que la ex- Muybridge, en las que desde entonces se han inspiratensión de un braw que da un golpe debe ir acom- do con frecuencia los pintores.
pañada, si ha de terminar completamente, del afloja( Co11ti11w1rá)
(2) El grupo representado en el jarrón griego presenta, sin
embargo, algo muy Eingular en las actitudes de los corredores.
Sabido es que en todas sus marchas el hombre mueve en sentido im·erso el brazo y la pierna del mismo lacio: los movimientos del brazo y de la pierna correspondientes están, como se
dice, diagonalmente asociados. l'ues bien: en las figuras del jarrón que reproducimos el brazo y la pierna del mismo lado se
mueven en el mismo sentido: esta marcha, que recuerda el am·
hle de los cuadrúpedo~, ¿era realmente la que se practicaba en
las carreras del estadio? ¿es quizás debida á un error del artista que )1a decorado el jarrón? Cuestión e, esta que no podemos
resolver. Este modo de correr se ap'.lrta por completo de nuestras costumbres modernas, aunque no parece imposible desde
el punto de vista fisiológico. El asunto, por otra parte, merece
ser estudiado.

(3) Desde hace mucho tiempo hase propuesto con el nombre ele f&lt;&gt;toesculturn un procedimiento para reproducir mecánicamente las formas generales del indivi&lt;luo. Se coloca al su·
jeto en el centro de un circulo en cuya circunferencia hay dispuestos varios aparatos fotográficos, cada uno de los cuales
toma en un mismo momento una imagen del individuo que de
esta suerte se encuentra representado en ángulos diferentes.
Cada una de estas imágenes agrandada á la escala con\'enicnte
y aplicada sobre una plancha de metal es luego transformada
en una especie de gálibo: haciendo pas.'lr la materia plástica sucesivamente por cada uno de esos gálibos presentado en el correspondiente ángulo, se obtiene un bosquejo sumamente exacto desde el punto de vista de la actitud y al cual la escultura
dará el modelado definitivo.

NúMERO

589

2

LA ILUSTRACIÓN A RT ÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos y sua
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplicaciones tan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas in•
dustriales y otras. Por último, en la Mefeorologla se explican
minuciosamente las causas de los ten emotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapidísima reseña del contenido del MUNDO Ff•
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACION

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TllADOCCIÓN Dlt D, MANUI L AllANDA Y SANJUÁN

UAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, IAGNETISIIIO,
ELECTRICIDAD, IETEOROLOGIA, FISICA IOLECULAR

Edici611 ÜU&amp;trada

47

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

grabado, intercalado, 'V llimi71111
'101TWlitogrqjiada,

C07I

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la fisica del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente popular. Siguiendo en él el
plan admi~ido po~ cuanto~ d7 la ciencia fisica han escrito, lo di·
vide en vanas secci~nes¡rmcipales, en cada una de ellas se enuncia la ley que preside los fenómenos de que uata, el descubrimiento de estas leyes Y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas Y conocidas.
Así, d~spués de u atar de los fen?menos Y leyes de la Graver/ad explica de un modo compreDSJble c6mo esos fenómenos y

.:!~~==
Muestra de los grabados de la obra. - Audicione,
telefónicas teatrales
esas leyes han traldo consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teór!a completa del Sonido agrega una enume·
ración de todas las aplicaciones de la .Acústica y de los instrumen·
tos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografla, microscopio, etc. El Mag,utismo y la E lectricidad proporcionan ancho

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes, divididos en unos 2 0 cuadernos cada uno, los que pro•
curaremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el caso de que lo desearan los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en el!texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la F!sica, asi como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas Ú ouas
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se baila de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo coc
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á los Sres. Monta.ner y Simón, ca.lle de Aragón, núms. 309 y 311, Barcelona

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l ~s decas purgantes, este no obra bien
BlllO cuando se toma con buenos alimentos
:r bebida.s fortificantes, cual el vino, el ca.!6,
1t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
ora ;y la comida iue mas le convienen,
sef1Un rus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena a.Iimentacion empleada,uno
1e decide fllcilmente á volver
11 empezar cuantas veces
sea necesario.

VOZ

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48

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

\. ,~

589

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Pepsina Boudault
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enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemJa y las epidemias provoC&amp;du por los calores, no se conoce nada superior al l'io• de Quia• de .t.roud.
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derofrerán el aueno y la alegr,a. - As, rtrirá Vd.
mucho, año,, d11frut1ndo siempre de una buena salud.

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destruye basta las RAICES el VELLO dcl ro¡tro de las damas (B3rba, e1,01t, ~2:.~
nillguo peligro para el tutis. 50 Aiioa de í:ztto, 1millares de te1Umonio1 garanUsan la.....de es\a preparacion, (S, ·vende en 0.)111 nara la barha, y en 1/2 01)11 para el blgot&amp; ligerot Pill
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
bdP, M MONTANBII. Y SlMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>~trtélC10t)

Ftí~t1ea
A:&amp;o XII

-

-

-

-

- -~

BARCELONA 17 DE ABRIL DE 1893 .,. _ _ _ _ __

NúM. 590

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA 'uNIVERSAL ILUSTRADA

EXPOSICIÓN PARÉS. - BARCELONA

EL BESO, cuadro de José Maria Tamburini

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 590
NúMÉRO

Texto. - Unar cuantas honras a11i111alescas,

por J osé María
Sbarbi. -Amores seutimentales, por Luis Taboada. - La 1110da, por A. García Llansó. - Diálogos matritenses. El café de
de la Universidad, por A. DanvilaJaldero. - Bocetos. llficro·
bios, por Juan O-Neille. -Misceldnea con noticias de Bellas
Artes, Teatros y Necrología . - Nuestros grabados. - Anic,
(continuación), novela original por Héctor Malo!, con ilustraciones de Emilio Bayarcl, traducción de Antonio Sánchez
Pérez. - La cronofotografla. Nuevo mét9do para analizar el
movimiento en las ciencias fisicas y naturales (continuación).
- Libros enviados á esta Redacción por .autores ó editores.

Grabados. - Exposición Parés. Barcelona. - El beso, cuadro
de José María Tamburini. - Joven de la Selva Negra, cuadro
de C. Bantzer. - El nido abandonado, cuadro de \V. Sche·
reschewsky. - ¡No está 111al!, dibujo de A. Johnson. -Busto
en bronce recientemente descubierto en Ampurias, visto de
frente y de perfil, dos dibujos de J. Ferrer y Carreras. -En
el teatro, cuadro de P. Naumann. - Estudio, grupo en yeso
de Miguel Blay, premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes rle 1892. -Figuras 27, 28
Y 29. Tres grabarlos correspondientes á La cro11ofotografla.
- Miss.f11/ia N eilson, célebre actriz inglesa, en el papel de
«Hypatia.)
,.,•••••..,•••..••'••••••••••••••••'•J•.,•o..,,.,,,,,,,.,,,,,.,,,,,,_,,,,,, .. •..•••••••••J'••'••l•u•••''•••-.••J•••'•J••••••••J'

UNAS CUANTAS HONRAS ANIMALESCAS
«Un lucero en la frente
tiene mi burra:
¡ hasta los animales
tienen fortuna!&gt;

( Cantar popular.)

No evocaremos ahora el recuerdo de los tiempos
míticos ó fabulosos, al empezar á tratar del asunto
que va á ocuparnos, porque siendo notorio á toda
persona medianamente instruída que la casi totalidad
de cada especie animal recibió culto particular en la
sociedad pagana ó gentil, nos contemplamos dispensados de tener que escribir muchos volúmenes en que
se hiciera constar las diversas circunstancias que concurrían en dichas apoteosis, á qué propósito se hacían
y por cuáles y cuántas naciones.
Sin remontar tan lejos nuestro recuerdo, podemos
fijar nuestra consideración en la época del establecimiento de la Ley de Gracia, y ver que el asno, con
sus no pequeñas orejas, y el buey, con sus retorcidos
cuernos, obtienen un puesto distinguido dentro del
portal de Belén.
No hablemos ahora de los camellos, que merecieron
ser portadores, en sus fuertes espinazos, de los magnates de la Arabia que ofrecieron respectivamente el
tesoro de incienso, oro y mirra al Rey de reyes y
Señor de los que dominan, recién nacido; ni del gallo
de la Pasión; ni de aquel otro gallo que dió su denominación a un Santo Cristo que se venera en la catedral de Osma; ni de la paloma, que mereció ser escogida por símbolo del Espíritu Santo; ni de las golondrinas, que, según creencia del vulgo, arrancaron al
Divino Salvador las espinas de la corona con que el
pueblo deicida taladró sus sienes; ni tampoco del papagayo ó cotorra, retrato de no pocos charlatanes ó
charlatanas; ni mucho menos del 1110110, personificación de más de cuatro individuos que por misericordia de Dios no andan en cuatro pies. No;nuestra consideración se fija ahora en dos animalitos solemnemente
venerados, merced á las extravagantes prácticas caballerescas de la Edad media, á saber: un carnero y
un faisán. Entremos ya en materia, mientras otros se
van entreteniendo en meterle el diente á ese par de
bocados apetitosos; pero aquí sí que necesitamos apelar antes al auxilio de la Mitología.
Cuenta la Fábula que hallándose Frixo con su hermana Hele en casa de su tío Creteo, rey de J oleos,
Demodice, su mujer, requirió de amores á Frixo; mas
no dando él oídos á las pretensiones lascivas de tan
infame y villana hembra, acusólo ésta de haber querido atentar á su honor. Como quiera sobrevino por
aquella época una peste horrorosa que asoló todo
aquel país, consultóse al oráculo, y éste respondió
que tan luego como se inmolase á los dioses las últimas personas de la Casa Real, quedarían aplacados
y cesaría la calamidad. No hay para qué decir cómo
este oráculo recaía muy especialmente sobre Frixo y
Hele, con cual motivo fueron sentenciados á muerte;
pero en el momento de ir á ser sacrificados, envolviólos una densa nube, de la cual salió un carnero que,
arrebatando á ambos hermanos, se los llevó por los
aires tomando la derrota del país de la Cólquida. Al
atravesar el mar, hubo de asustarse Hele con el estruendo que metían las agitadas olas, por cual causa
vino á caer, ahogándose en aquel paraje que fué conocido después con el nombre de el He!esponto; y

ilegado que hubo Frixo á la Cólquida, sacrificó aquel ciones y mascaradas que se habían de representar en
carnero á Júpiter, arrancóle el vellocino ó tusón, que el salón del festín, fuese una la de un gigantón que
era de oro, y colgólo de un árbol que estaba plantado entró vestido á la usanza turca, conductor de un eleen cierta selva consagrada al dios Marte, poniéndole fante que ostentaba en sus anchurosos lomos un caspor custodia un dragón que se tragaba á cu1ntos osa- tillo, dentro del cual iba encerrada una dama, modesban acercarse para descolgar y llevarse aquella rica tamente vestida, que representaba á la Iglesia; valiénpresea. Agradecido Marte á semejante sacrificio, de- dose de esta artificiosa apariencia para exhortar á los
terminó que las personas en cuyo poder obrase en lo magnates que concurrían al acto á que, compadecisucesivo aquel vellocino, viviesen en medio de la dos de la tirana opresión que padecía aquella dama,
abundancia mientras lo conservasen, y declaró que no tardasen en rescatarla. Llegado (}(le hubo ésta certodo el mundo tenía derecho á conquistar aquel te- ca de los convidados prorrumpió en una oración poésoro. Sabido es que Jasón, acompañado de los Argo- tica, en la cual puso de manifiesto las conquistas de
nautas y ayudado de la maga Medea, llevó á cabo se- los enemigos de la Fe y cuánto iban preponderando
mejante empresa, y que el animalito que tan rica. de día en día con los despojos que arrebataban á los
vestidura ostentaba fué puesto por presidente de los príncipes cristianos en menosprecio de la religión del
demás signos del Zodíaco, ó séase el denominado Crucificado, dando fin á su peroración con retraer á
Aries entre los astrónomos. Todo esto llegó á mere- la memoria del duque los gloriosos hechos de sus ancer en el ciclo mítico la lana de un carnero adheri- tepasados y muy especialmente contra la media luna.
da á su piel; pero no llegó á merecer menos del ciclo
Ya hemos visto lo honrado que estuvo el camello
caballeresco, como pasamos á demostrarlo, si bien al pisar las alfombas de un potentado tan egregio comanifestando antes cómo los escritores no andan mo el de que venimos tratando; pero esto es nada en
contestes acerca del origen de dicha fábula, pues comparación de lo que nos espera. En efecto, presénmientras creen unos que el objeto de los Argonautas tase de allí á poco en el salón el rey de armas de la
era extraer de la Cólquida los tesoros que Frixo lle- orden del Toisón, acompañado de muchos oficiales y
vara á aquella región, opinan otros que la idea del de dos damas, con unfaisán vivo y ricamente adorvellocino de oro surgió de la costumbre de recoger nado; y parándose ante el duque, le dice con toda soese precioso metal, que abundaba en algunos torren- lemnidad:
tes de aquel país, por medio de zaleas ó pellejas de
- Poderoso príncipe: pues es loable costumbre, y
carnero, ó ya pretenden algunos que el intento de los siempre lo fué, que en los grandes concursos y festidescubridores de aquella comarca fué doblemente nes se presente á los magnates y poderosos el pavo
militar y mercantil, mientras juzga Varrón que seme- real ó algún otro pájaro extraordinario, con el objeto
jante fábula debe su origen á un viaje que empren- de votar en presencia de él algún hecho heroico, yo
dieron unos cuantos griegos con el fin de pasar á re- · os muestro este faisán, no sin misterio, y os suplico
coger las preciosas lanas de la Cólquida y demás juntamente con estas dos damas que nos hagáis la
productos que llevaban á ella del interior del Asia, merced de no olvidaros de él.
de la Persia y también de la India, ora valiéndose de
A lo que respondió el duque:
caravanas, ora mediante una navegación interior tan
- Hago voto primeramente á Dios mi criador y á
beneficiosa á la sazón, como que aún no se había do- la gloriosa Virgen María, su santísima Madre, y desblado el Cabo de Buena Esperanza. Sea de ello lo pués doy palabra á las señoras y al faisán ( !), que si
que quiera, vengamos ya á ver el nuevo ensalzamien- el designio del cristianísimo y muy victorioso príncito del carnero, con motivo de la creación de la or- pe Monseñor el Rey es el de establecer una Cruzaden del Toisón de Oro.
da, exponer su vida por la defensa de la santa Fe y
En efecto, habiendo casado en terceras nupcias oponerse á la perjudicial empresa del Gran Turco y
Felipe II, cognominado el Bueno, duque de Borgo- de los infieles, hago pleito homenaje de sacrificar mi
ña y conde de Flandes, en la ciudad de Brujas á 10 vida, servirle con mi persona y asistirle con todo mi
de enero de 1429, con Isabel de Portugal, hija del poder en este santo viaje lo mejor que Dios me dé á
rey de esta nación, quiso solemnizar tan fausto acon- entender ayudándome con su divina gracia.
tecimiento instituyendo con la mayor pompa, solemSiguieron á estas protestaciones del duque otras
nidad y grandeza la susodicha insigne orden militar muchas por su parte, así como por la de los caballedel Toisón de Oro, adoptando esta denorrúnación en ros concurrentes y aun algunos ausentes, enderezarecuerdo de los heroicos conquistadores de la página das todas ellas al mismo fin; por lo que no podemos
mitológica referida, y como ejemplo vivo y eficaz del menos de admirar, como ya lo insinuamos arriba, el
denuedo de que debían hallarse poseídos los indivi- que un pajarraco (siquiera fuese el ave Fénix, no que
duos que en lo sucesivo pertenecieran á orden tan unfaisán) pudiera llegar á ser materia hábil para cedistinguida. No tardó en presentarse la ocasión en lebrar un contrato solemne, aunque verbal, no ya con
que así pudieran evidenciarlo, como lo patentizará el todo un duque de Borgoña, pero ni aun con la Gisuceso siguiente, en el que figura asimismo otro ani- ralda de Sevilla. ¡Bien es verdad que no faltan pajamalito grandemente ensalzado: pertenece al ramo or- rracos de otra especie en el mundo, que, ora como
nitológico, y se le conoce con el nombre de faisán.
agentes, ora como testigos, se olvidan muy fácilmenHabrá de recordar el lector cómo el 28 de mayo de te de cumplir un compromiso adquirido!
1453 fué un día tan fatal para la cristiandad, cuanto
Y ¿qué diremos ahora de los irracionales que se
que en él perdió el desgraciado Constantino Paleólo- ven condecorados con la honra de figurar en los esgo, tí.ltimo emperador cristiano del Oriente, la ciudad cudos de las principales poblaciones y familias?.. En
de Constantinopla, que tomó Mahomet II, estable- esta materia se puede asegurar que raro es el animaciéndola desde entonces por sede del imperio otoma- lucho que se sustrae á la pintura del blasón, sin ser
no y provocando desde allí á todas las naciones cris- excluídos de tamaña honra aun los más inmundos;
tianas de Europa. Recibió el duque por este tiempo así es que caballos, asnos, águilas, cerdos, lobos, zoun legado del papa Nicolao V, que deplorando las rras, ballenas, osos, conejos, liebres, elefantes, gallos,
hostilidades y victorias por parte del turco, le pedía ciervos, serpientes, gorriones, camellos, tábanos, cara·
socorro, como al más poderoso duque de la cristian- coles, sapos, etc., etc., etc., y en ocasiones, no así codad á la sazón, contra ese jurado enemigo de la Igle- mo quiera, sino hasta ciñendo corona. Pero ¿qué musia; á lo cual accedió inmediatamente, enviando cua- cho cuando algunos merecen subir á los alt~res, tales
tro galeras por principio de socorro, con promesa y como el perro de San Roque, el cerdo de San Antón,
deliberado ánimo de enviar mayor número á labre- el cuervo de San Pablo y varios otros? Convengamos,
vedad posible. Ocurrió que por aquellos días vino el pues, en que hay animales á quienes se ha tributado
duque de Cleves á visitar á su tío Felipe el Bueno; y y tributa aún en nuestros días crecido cúmulo de
con este motivo y ser tiempo de Carnaval, dispusie- honras y distinciones; pero convengamos también en
ron los príncipes y señores de la corte de Felipe que que ninguno ha llegado á alcanzar tantas como el
se hicieran por todos y cada uno de ellos varios feste- asno. No se nos oculta que muchos de aquéllos sirjos y convites, turnando según lo decidiera la suerte. vieron de tema á graves autores, tanto antiguos cuanto
Tocado que le hubo al duque la suya, aprestóse á modernos, para escribir sendos poemas, tales como la
desempeñar su compromiso de la manera siguiente: Batracomiomaquia, de Homero; la Elegí.a de la pulga,
Empezó por preparar un banquete digno de su de D. Diego Hurtado de Mendoza; la Mosquea, de
magnificencia, cuya dirección encargó á Messire J ean, Villaviciosa; la Gatomaquia, de Lope de Vega; el
señor de Lanoy y caballero del Toisón, muy práctico Murciélago alevoso, de Fr. Diego González, etc.; pero
en esta clase de invenciones.
también sabemos que ese «animal cuadrúpedo bien
Como el duque había tomado á per:hos la promesa conocido, (entre los cuales) los hay domésticos y saldada por él al Papa, calculando el número y calidad vajes,» como lo definió la Academia Española en las
de los personajes que habían de asistir á su festín, cuatro primeras ediciones de su Diccionario, mereció
juzgó no podía presentársele ocasión más propicia que le dedicaran multitud de escritos en todos tiem·
pa,a convocarlos y proponerles el acometimiento de pos, ya en prosa, ya en verso, y en distintas lenguas;
empresa tan gloriosa; pero con el fin de no entibiar siendo tan crecido el número de dichos tratados que,
el regocijo propio de un festejo profano, antici'panao empezando por el Asno de oro, de Apuleyo, contiun proyecto piadoso que, presentado áridamente y en nuando por la Alabanza del asno, de Pero Mejía, Y
toda su desnudez, podría ser tal vez calificado como siguiendo por la Apología del asno y el E logio del re·
fuera de sazón, dispuso que entre las diversas inven- buzno, de Pérez Ramajo, hasta nuestros días, ya se

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podría formar una biblioteca asnal capaz
de causar envidia á los animales más encopetados del mundo.
Y no es esto todo, porque, á la verdad,
no tenemos conocimiento de que ninguna
especie de animales hayan formado academia alguna, como no sea la asinina. En
efecto, hu bimos de deber semejante noticia á nuestro paisano el ilustre militar y
cél_ebre erudito D. José de Cadahalso,
quien, transformando su nombre, seguramente por modestia, enriqueció la literatura española con las .Memorias de la Insigne Academia Asnal, que publicó por segunda vez en Pamplona á fines del siglo
próximo pasado: ¡digna producción del
autor de Los eruditos á la violeta y de las
Cartas marruecas! Como el libro se ha
hecho sumamente raro, y tanto, que ni
aun figura en la rica y selecta librería que
fué de Salvá, y como, por otra parte, no
podríamos terminar de mejor manera este
.nuestro artículo que autorizándolo con el
respetable testimonio de tan chistoso como fecundo escritor, vamos á copiar aquí,
por conclusión y remate del presente trabajo, el siguiente retrato que obra en la
Memoria VII, pág. 54 de la citada edición. Dice así:
«El Doctor .Molienda. Gobiernan por
este académico sus obras y tareas los
chocolateros; pero no es por esta razón,
que nuestra Incansable Academia lo recibió por miembro de ella. Su mérito principal era el moler y machacar en una
misma cosa: dale que dale, siempre iba
á su tema. Molino de palabras, y siempre las mismas, agobiaba, molía y machacaba con la misma canción a los oyentes: eterno hablador, por quien dijo el
presidente de la Asamblea el día de su
admisión:

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
Es el Doctor Molienda ilustre socio
(cuya lengua jamás estuvo en ocio);
es muy franco en decir, es un continuo
movimiento de lengua; es un hombre
nombrado, por hablar, en tocio el mundo,
y lo que tiene de 110111i11ativo,
todito se lo debe al ablativo.
En la casa en que vive , vive solo,
por hablárselo todo, y aun no quiere
tener retratos de los parecidos,
de aquellos, cuyo extremo celebrando,
se les suele decir que están hablando.
Con su sombra platica muchas veces,
y es en el discurso tan prolijo,
que la sombra, de oírle ya cansada,
más que de ella, de él queda asombrada.
Está en sueños, mientras duerme habla11do;
y así el sueño más grande y más profundo,
si á esta operación suya se advierte,
pierde en él ser la imagen de la muerte;
pues la sombra mortal que en él recibe,
en la parte de hablar se ve que vive.

. . . . . . . . . . . .»
JosÉ

MARÍA SBAREI

'·''.•'•-1·•····••.,•···•·1•••'••···············•,.•·········••..·•·''••'••••.1••·····•..···•..•..•····

AMORES SENTIMENTALES

JOVEN DE LA SELVA NEGRA,

cuadro de

EL NIDO ABANDONADO, cuadro de

c. Bantzer

w. Schereschewski

La conocí en los baños de Caldelas
con su mamá, que era una señora regordeta, colorada y coja.
Su hija, la espiritual Gertrudis, se pasaba el. día encerrada en su habitación ' compo111endo versos incandescentes ó bien
tarareando romanzas húmedas.
La mamá me decía muchas veces:
- Mi niña es un manojo de nervios:
una criatura sensible, dotada de una imaginación calenturienta... Casi todos los
de la familia somos así. Mi esposo, que
e~ paz descanse, me hizo pasar grandes
disgustos con sus celos. U na noche, creyéndose engañado por mí, quiso arrojarse por una ventana y entre la doméstica
y yo tuvimos que echarle una enagua mía
por la cabeza para evitar su suicidio.

�L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nú.MERO 590

Gertrudis era, en efecto, un ser impresionable y
Entre todos cogimos a Gertrudis que, presa de la
- ¡Pillo! ¡Coqueto!
nervioso; una poetisa tierna que acababa de escribir convulsión, echaba espuma por la boca y trataba de
Dentro de la habitación de Gertrudis no se oía ruiunos versos y rompía á llorar, como si le doliese el morder á cuantos se le acercaban.
do alguno.
estómago, ó bien hundía la frente entre las manos y
Desde aquel día mi situación empeoró notablemen- ¿Habrá muerto ya?, pensaba yo. Habrá bebido
gemía silenciosamente. Yo la vi y la amé. ¿Para qué te. Gertrudis me hacía víctima á todas horas de sus el veneno. '
he de decir otra cosa?
recriminaciones, y sus lágrimas me humedecían el
Acerqué el ojo a la cerradura y retrocedí asustaUna noche, á orillas del caudaloso Miño, le pinté chaquet, porque tenía la costumbre de apoyarse en do. Gertrudis, sentada sobre el lecho, acercaba las
mi pasión volcánica, y ella, ¡oh dicha!, correspondió mi hombro para llorar más á sus anchas.
manos á la boca con frecuencia.
á mis impresiones jurándome que me amaba tam•
- Es inútil que trates de disculparte, me decía; esa
- Sí, pensé yo. Está bebiendo el líquido fatal.
bién.
mujer me ha robado tu amor. ¡Infame!
Y me acerqué de nuevo a la cer&lt;adura. Entonces
Doña Catana, la mamá, sorprendió nuestros amo•
- Pero Gertruditas ...
pude verá mi sabor lo que ocurría dentro de la alres y me dijo:
- Sí; yo debo morir; yo no puedo soportar esta coba.
- Joven, usted ha logrado poseer el corazón de existencia desesperada.
Gertrudis, la romantica Gertrudis, la que había remi Gertrudis; ámela usted mucho, que es digna de
Por de pronto me compuso unos versos llamándo- suelto morirse de inanición espontánea, estaba coser feliz.
me pérfido y aleve y
miéndose tranquilamente un trozo de carne asada y
Yo la amaba como un insensato, la verdad sea diun panecillo.
«monstruo infernal de aliento envenenado.»
cha; pero pronto comenzaron para mí las amarguras.
Luis TABOAOA
Gertrudis me obligaba á vivir en constante contem• Después me amenazó con contárselo todo al teniente
( Prohibida l:i. reproducción.)
plación de su belleza; yo no podía ·reir, ni fumar, ni de carabineros, y por último sacó del bolsillo un frasacercarme a ninguna mujer por fea que fuese. Si me co que había sido de goma líquida y que ella había ................,. •.. ••, ........ ,, ••.•••••••••.•. , ..•., ••.••••••.••••••.• ,J.,.•••
separaba de Gertrudis, aunque á ello me obligase una llenado de fósforos disueltos en aguardiente.
LA MODA
necesidad apremiantísima, ella lanzaba una carcajada
- ¿Lo ves?, me decía. ¿Ves este tóxico? Pues con
histérica y caía al suelo, víctima de una convulsión él he de quitarme la vida; pero antes morirá á mis
Ninguna de las deidades paganas turo el privilegio
nerviosa, murmurando: «¡No me ama, no me ama!» manos esa mujer.
Eran inútiles mis protestas. Gertrudis continuaba de ejercer en los griegos y romanos un dominio tan
Entonces yo tenía: que volar en su socorro, coger
entre las mías sus manos de nieve y deslizar en su prodigándome epítetos terribles, y todas las tardes, á tiranico y avasallador como la Moda, esa diosa eleoído estas ó parecidas frases:
eso de las cinco y media, le daba la convulsión, du- gante, coquetona, caprichosa y excéntrica. Nada res- Gertrudis mía; soy yo, soy tu amante que te rante la cual yo tenía que jurarle al oído, en voz ba- peta esa exigente deidad. Su poderío se extiende desadora.
ja, que mi corazón era suyo exclusivamente. Enton- de la ciudad á los más modestos villorrios, y ante sus
leyes inclínanse reverentemente la aristocrática dama
- Vuelve en sí, le decía su mamá.
ces volvía en sí mesandose los cabellos.
Por toda respuesta Gertrudis, abriendo los ojos,
La mama de Gertrudis se encaraba conmigo gri- y la humilde campesina.
Por miedo de caer en el ridículo y en el deseo de
paseaba su mirada insegura por los ámbitos de la tando como una desesperada:
habitación y preguntaba tristemente:
- ¡Usted tiene la culpa de todo!.. Sí, señor, usted, aparentar lo que deseamos ser, nos sometemos con
- ¿Dónde estoy?
que es un coqueto y un hombre sin corazón. Mi po- docilidad á los decretos que periódicamente promul¡Era mucha Gertrudis aquella! Puede decirse que bre hija no come, ni duerme, ni versifica. No hace ga, y aunque en son de débil protesta criticamos sus
se alimentaba con los efluvios amorosos de mi pasión; más que llorar y morderse los puños de la chambra. mandatos, no por eso dejamos de aceptar sus ridiculeces. Respecto de la Moda, sucede exactamente lo
porque comer, apenas com!a. La carne le inspiraba ¡En mal hora le hemos conocido á usted!
un odio profundo - decía ella, - la patata le producía
- Doña Catana; usted me acrimina sin motivo, de- que con la mujer coqueta: el hombre conoce su inconstancia y ligereza, y sin embargo prefiere, casi
vértigos horribles y el arroz excitaba su sistema ner- cía yo.
vioso. Con lo único que transigía era con el huevo
- Si mi hija se muere, usted será el único respon- siempre, la volubilidad que la caracteriza, su estudiado aturdimiento y los retoques de su belleza, á la
pasado por agua ó el nítido chantill)' ó b espiritual sable, añadía ella.
croqueta.
El caso fué que yo no podía dirigi r la palabra á la modesta actitud y el natural encanto de la mujer vir- Come, hija mía, murmuraba su mama cuando señora del teniente, ni me era permitido alejarme de tuosa; y es que la primera despierta sus pasiones,
estibamos en la mesa de la fonda.
la fonda más que el tiempo necesario para tomar las mientras la segunda le recuerda su dignidad y deberes.
Aseméjase también á la adulación en que cuanto
- Es inútil, respondía la niña, y clavaba sus ojos aguas, y aun así y todo, Gertrudis me seguía con los
en mí, como diciéndome:
ojos hasta el manantial. Cuando me retrasaba algunos más exagerada, más alcanza quien la prodiga.
Todos desean ganarse las simpatías de los demás,
- Teniendo tu amor, ¿qué falta me hacen los co· minutos, ya estaba ella con el frasco de los fósforos
y temerosos, sin duda, de que sus cualidades morales
mestibles?
en la mano, diciendo con voz tenebrosa:
no basten para despertarlas, recurren á la forma exNuestra tranquilidad amorosa duraba poco. A ca- ¿Lo ves? ¿Ves este veneno? Pues me lo tomo.
da caso surgía en el cielo de nuestra ventura alguna
- ¡No, no, por Dios; detente desgraciada!, le decía terna para hacer alarde estético de la humana crisálida, por más que en ocasiones encubra un recepnube negra y se desencadenaba la tempestad con to- sujetándole la mano.
dos sus horrores. Los celos se cebaban en aquella
U na noche, Gertrudis me cogió por la muñeca, y táculo de pasiones que el brillo de los metales ni la
naturaleza sensible. Tenía celos de todo el mundo: llevándome cerca de una ventana, bañada por la lu- belleza de los tejidos logran ocultar.
La industria, que fomenta el desenvolvimiento de
de las bañistas, de las criadas, de la sobrina del mé- na, me habló así:
dico, que parecía una perra de lanas, y de un tenien- Mi existencia es horrible. Yo no puedo seguir esa verdadera enfermedad moderna, en su afán espete de carabineros, que buscaba mi compañía para viviendo con un torcedor en el alma. Tú no me amas, culativo ha inventado el doublé, el similor, la plala
Ruolz y Meneses, laspiedrasfalsas, el níquel, los añahablarme de su postergación en la carrera y de un Avelino; lo leo en tus ojos.
didos y bisognés, el miri11aque y el polissón, los Ríf
bulto que le había salido en una pantorrilla.
- Gertrudis, desecha esas dudas horribles.
Yo trataba de tranquilizar aquel temperamento
- Pues bien, siguió ella diciendo, quiero sucum- peris y los coches de alquiler, las chaquetas .Figari, y
irritable, pero Gertrudis no me oía y las convulsiones bir lenta pero seguramente. Desde hoy renuncio á co• los vestidos princesa, los paraguas velox y los zapa/rls
doré; y todos, aunque les cueste arruinarse, desean
nerviosas menudeaban que era una bendición.
mer; voy á sucumbir por extenuación espontánea.
emanciparse de la clase á que pertenecen, por no
Cierta tarde de agosto hallábame yo en mi alcoba
- Pero...
conformarse con vivir en su propia esfera.
- ¡Todo es inútil!
entretenido en descifrar una charada. Gertrudis se
Antaño existían mujeres que decían la buenaventuhabía acostado, víctima de una horrible jaqueca, y yo
Y efectivamente, desde aquel día Gertrudis se senaprovechaba aquella ocasión para entregarme á mi taba á la mesa, como los demás huéspedes, pero sin ra, reverendos frailes, obligados mentores de las farecreo favorito. De pronto sonaron dos golpecitos en hacer uso de los manjares. Lo más que hacía era be- milias, miniaturistas, maestros de obra prima, barberos, botillerías y mesones, coches de colleras y calela puerta de mi cuarto.
ber agua ó aspirar el perfume del limón.
- Adelante, dije yo, sin moverme del asiento.
- ¡Esta criatura se me va á morir!, decía la mamá, sas. Hoy tenemos sonámbulas y espiritistas, fotógrafos
y peluqueros, Bancos y agentes de negocios, cafés y
- ¿Se puede?, preguntó una voz dulce.
enjugándose las lágrimas con una servilleta.
lwteles, berlinas y caballos ingleses, los perros chicos r
- Pase usted.
- Vidita, come algo, murmuraba yo á su oído.
las pesetas falsas.
La que así turbaba mi reposo era doña Aquilina,
- ¡Nunca!, contestaba ella agarrándose al limón.
Hasta en los negocios la Moda ha llegado á iñtro·
la esposa del teniente de carabineros, que me pregunLa señora del teniente, que era comunicativa como
tó con amabilidad exquisita:
una pupilera é inocente como un serafín, me ofreció &lt;lucirse. Los hombres de esta época positivista hanla
- ¿Tiene usted por casualidad un poco de cerato en la mesa una aceituna, sin comprender que aquel introducido en sus combinaciones y cálculos mercansimple?
delicado obsequio iba á abrir el sepulcro de Gertru- tiles. Prueba de ello son las últimas páginas de los
- No, señora, dije yo con extrañeza.
dis. Esta vió la aceituna y tornóse pálida; después periódicos, ocupadas completamente por los anun- Podía usted tenerlo, porque hay personas muy lanzó un grito agudo, y levantándose súbitamente de cios. La fiebre anunciadora ha hecho célebres á muprecavidas. El cerato nunca está de más en una casa. la mesa echó á correr hacia su habitación como una chos industriales cuyo nombre permanecía desconocido.
Es para mi esposo, que siente incomodidad en el loca.
En el matrimonio ha intervenido también la Moda.
bulto de la pantorrilla ...
- ¡Hija mía!, gritó la ¡nadre de Gertrudis corrienHasta hace poco habíamos creído que era una instiNo había acabado de pronunciar estas palabras, do tras ella.
cuando apareció en la puerta de la alcoba la figura
- ¡Dios mío! ¿Qué va á pasar aquí?, dije yo lanzán- tución basada exclusivamente en el cariño ó en el
amor; pero las célebres agencias matrimoniales nos
de Certrudis. Venía pálida, desgreñada, con los ojos dome detrás de Doña Catana.
fuera de las órbitas y el labio trémulo.
Gertrudis se había encerrado en su alcoba y fue- dan á sospechar que existen seres que se casan im- ¡Infames!, gritó fuera de sí. No negaréis ahora ron inútiles nuestras súplicas para que abriese la pulsados por un afán especulativo.
Asimismo tenemos en los teatros días de moda,
vuestro delito.
puerta.
artistas y autores de moda y mujeres é industriales á
- ¡Se va á matar!, gritaba la madre.
- Gertruditas, dije yo poniéndome en pie y acudiendo á sostenerla.
- Gertrudis, bien mío, abre, decía yo con acento la moda, cuya existencia es, á pesar de todo, efímera
- ¡Adúlteros!, rugió Gertrudis desplomándose so- cariñoso.
y transitoria.
El escultor modela hoy en el deleznable barro, el
- ¡Nunca, nunca!, contestaba la joven.
bre un cubo de agua mineral que había en el pasillo.
Doña Catana no hacía más que llorar y maldecir pintor entretiene sus ocios creando acuarelas, cuyo
Acudió la mamá de la joven lanzando ayes de dolor. Despertáronse dos ó tres bañistas que estaban su suerte; de cuando en cuando se dirigía á mí co- papel no puede resistir las injurias de los años, y el
durmiendo la siesta, y el teniente de carabineros, sin mo una fiera herida y me clavaba las uiÍas en el cogote. autor escribe sin otra base que un pedestal de move- ¡Por usted, por uste,d nos pasan estas cosas!
diza arena.
saber de lo que se trataba, presentóse ante nuestra
Existen también hombres y mujeres á quienes la
- ¡Por la Virgen Santísima! No me apure usted
vista con el pantalón remangado á consecuencia del
Moda ha hecho célebres. La historia ha conservado
bulto.
más de lo que estoy.
1 ••••••,,, •• ,., ••••••, ........ ....... ... ....., ....

¡NO ESTÁ MAL~ dibujo de A. Johnson

�2

54

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

590

los nombres de Walpose, Cüzq-Mars, Buckingham, esto es, con el intento de hacer resaltar ó aumentar I El sencillo á la par que cómico incidente que aca·
Essex, Lauzim, Ninón de L enclós, Lota Montes, etcé- la redondez de las caderas y la elegancia del talle. La I bamos de relatar bastó para desterrar por co_mpleto
introducción de tan ridículo adorno atribúyese á el polissón, pues ninguna de aquellas damas quiso asetera, etc.
Nuestra vanidad ha servido de asidero para las nuestras compatriotas, que ya en aquella época co- mejarse á la señorita de Lacépéde.
especulaciones de los comerciantes é industriales de metieron la ligereza de suponer que no bastaba el
En las elegantes de hoy no pr?duciría s~gur~mencalculo. Las Revistas, órganos oficiales de la coque- brillo de sus negros y rasgados ojos, la esbeltez de te el mismo efecto, ya que la ciega obed_1enc1a _con
tona diosa, recuérdannos que hemos tenido sombre- formas y ese conjunto de naturales atractivos que que acatan los decretos de la Moda es por cierto digna
ros Gibus y Gayarre, bastones Verdier,
de mejor causa.
En resumen, la Moda es una de las ri.igua de Colonia de Farina, polvos de
arroz Sarah Bernlzardt, camisas 'La/odiculeces que ha inventado la sociedad,
res/, guantes Dubost y esencia piel de
de la que todos participamos más ó meRusia y Mascota; y como si esto fuera
nos y de la que somos esclavos ó fervienpoco todavía, en vez de reuniones litetes adoradores para no singulariz:trnos en
rorias se dan tes dansants y lzmclts, reel modo de vestir ó con la adopción de
emplazándose el ingenio con las almiusos añejos.
baradas vulgaridades del buen tono.
Nosotros mismos, que aunque somera•
. La Moda ha inventado eljockey y las
mente hemos tratado de poner en relieve
c;arreras de caballos, el tanto por ciento,
sus extravagancias en este sencillo artículos casinos, las jugadas de Bolsa, los eslo, advertimos, al terminarlo, que tamtablecimientos termales, las tarjetas y los
bién sucumbimos arrastrados por la cocircos ecuestres con sus clowns y écuyéres,
rriente, ya que igualmente está de moda
así como las distintas metamorfosis que
hablar mal de ella.
ha experimentado el tipo del lechuguino
A. GARCÍA L LANSÓ
de la época de nuestros abuelos, que ha
pasado por los tamices del lz'ón, el dandy
'-''"'•.1•.,••.1•,.'•J•.,•••""''•''••' '•''v'••••v'••••••••••••••,.••,.1•.,•••''"''•'•,.1•,,•,.,1
yel gommeux, que ha formado parte, en
su deseo de presentarse siempre á la derDIÁLOGOS MATRITENSES
niére en la escogida sociedad de la créme,
EL CAFÉ DE LA UNIVERSIDAD
del pchut y de la hige-life.
Y téngase entendido que la Moda ha
- Vamos, Pepe, saque usted las bolas,
ejercido su dominio en todas las épocas
que el amigo Toni110 quiere lucirse hoy,
y en todos los pueblos. La historia regisporque en 'las carambolas es una lumine
tra en sus páginas verdaderas extravaganin celo.
cias ó caprichos, inconcebibles para la
- Sí, no estoy yo mala lumine, lo que
fría razón, en los que la crítica hallará
• soy es el pagamts üi terra.
siempre mucho campo para estudiar las
- ¡Anda, chambón, pues si te doy
condiciones especiales de la humanidad,
quince para treinta! No ganas porque
empeñada en constante lucha y animada
no quieres.
por el tenaz deseo de hacer desaparecer,
- ¡Pues si apenas sé coger el taco!
por medio de aditamentos, la belleza na- Tan poco como sabes, estoy seguro
tural, la perfección de la forma.
de que estás más fuerte que en derecho
Las matronas romanas, cuyo tocador
romano.
contaba con mayor número de afeites
- ¡Ay de m{! No me Jo nombres, que
que el de la más elegante dama de nuesestoy temiendo que de aquí á un rato
tros días, empleaba en su complicada
me han de cristalizar los señores de la
toilette más tiempo del que necesita una
casa de enfrente.
de nuestras divas para presentarse en la
- No pienses esas tonterías tan fúneescena.
bres, porque te vas á azorar y te cuesta
El peinado ha experimentado infinitas
pagar. Sal, anda.
modificaciones, hasta llegar á simplifi- ¡Una! Por casualidad.
carse de tal manera, que si comparamos
- Ves cómo van saliendo.
los que actualmente lucen las señoras
- Esta se pasó.
con el que usaron las damas del siglo
- Tira otra vez.
xvm, nos sorprenderemos ante los pro- No, déjalo.
digios complicados de aquellos artistas
- Ya has hecho una serie de una.
peluqueros, verdaderos titanes de la inPrincipio quieren las cosas. ¡Allá voy
llUSTO EN BRO:o-cr, RECfllNTEMENTF. OESCU Bll!RTO RN AMl'UR[AS
ventiva y de la paciencia.
yo!.. Una ... dos, tres ... , esta corridita ...
Dibujo de J. Fcrrer y Carreras. (Visto de frente.)
En la Edad media, las jóvenes usaban
cuatro, ahora dos tablitas y un recodo...
como adorno las flores, con las que for. ¡á la salud de nuestro amado profesor!,
maban caprichosas y emblemáticas combinaciones, tanto distingue á las españolas, para despertar la ad- cinco. Casi me la quita el retruque.
que expresaban la simpatía, la esperanza, el temor, la miración de aquellos famosos donceles que por una
- Chico, Donato, ¿te acuerdas de los modos de
aflicción, etc. Las cintas de seda y los tejidos de oro, de sus miradas se rajaban el pellejo á cuchilladas ó constituirse la hipoteca dotal?
plata y pedrería sucedieron á las flores.
mandobles en la arena de los torneos, ante aquellas
- Pues sí; eso de las hipotecas es de lo más senDurante el reinado de Luis XIV, el peinado alcan- beldades de dudosa é incomprensible sensibilidad. Las cillo .. ., seis ... ; verás qué retroceso ... , siete ... Pues si
zó extraordinarias proporciones: dábase á los cabellos francesas imitaron á sus vecinas, dándole el equívoco la mujer casada ... segtín el código Justinianeo, ¡carala forma de largos tubos, á semejanza de los órganos nombre de vertugadin, en contraposición al de ton- coles ... se escapó!.. Tú tiras.
de las antiguas catedrales. Las flores volvieron á figu- tillo con que era conocido en nuestra patria.
- No, no tiro, que Julián acaba de entrar y tenía
rar como bellísimo adorno de las elegantes damas de
Durante los reinados de Carlos X y Enrique III dos números antes que yo; voy á ver si me toca.
la corte de Luis XVI, diseminadas graciosamente en- de Francia generalizóse su uso de tal manera y ad- Bueno, anda, que yo seguiré con Julián, que por
tre los empolvados rizos, lo que producía un contras- quirió tan exageradas dimensiones, que el Parlamen- la cara que trae debe haber alcanzado el tercer suste sorprendente, ya que recordaba las exuberantes to se creyó en el deber de publicar severos edictos penso de la temporada. Pero eso no le quitará las
galas de la primavera surgiendo de una nevada base prohibiéndolos.
ganas de jugar. Es un barbián. ¡El será ministro, vaque a su vez coronaba la expresiva y graciosa cabeza
En las estanterías del archivo municipal de Aix ya si lo será; cómo que no es~udia ni una palabra!
de aquellas mujeres que lucieron sus encantos en los (Provenza) existe un proceso sumamente curioso,
salones de Versalles.
incoado por el Parlamento de aquella provincia por
Posteriormente usáronse los peinados de siete pun- un acto de desacato ó desobediencia á sus mandatos.
tas, incómodo y ridículo; los rizos, tirabuzones y el El bello sexo desprendióse del vertugadin, en vista
- ¡Cuenta, cuenta, que te escuchamos con fruimoño de distintas formas y dimensiones. En 1789 de la severidad de los edictos, ó disminuyó su volu- ción!
las mujeres dejaron de empolvarse los cabellos, para men notablemente; pero una dama, una sola, se puso
- Pues bien: como os iba diciendo, se empeñó
adoptar las famosas pelucas rubias, que á su vez des- en abierta rebelión. La señorita de Lacépéde, que así D. Vicente en que había de traducir el primer párraaparecieron para hacérselos recortar y peinárselos se llamaba la revoltosa, fué citada y debió compare- fo de una Bula que empieza diciendo: Qua7J:ta cura,
sencillamente á lo Tito; moda que imperó poco tiem- cer ante los severos jueces por el uso ilegal de seme- etc. Yo cuanto más miraba menos veía aquello; no
po, ya que al crecer los cabellos se los peinó á la jante aparato. Adelantóse la dama hasta el tribunal, me parecía latín, sino chino. Me volvía hacia vosotros
griega, á imitacion de las estatuas antiguas, y por úl- con el mismo cuerpo del delito, es decir, vistiendo á ver si me apuntabais algo, y... nada.
timo y en el corto espacio de algunos años hemos una falda de inconmensurables dimensiones, que le
- ¡Qué habíamos de apuntar si no sabíamos una
visto reproducirse los peinados desde el chino y el daba el aspecto de un hinchado globo, por más patata!
..
inglés al merovingio, que ridiculizamos al verlos ador- que los hermanos Montgolfier no lo hubiesen inven- Pues me entró así como un calambre y d1¡e:
nar las cabezas de los retratos de nuestras bisabuelas, tado todavía. En vista de tal desacato, los jueces iban «¡Apretado está el pobre grillo!»
para venir á parar en el sencillo y elegante que hoy á fulminar un terrible veredicto, cuando una sola
- ¿Y qué dijo el tribunal?
.
admiramos.
frase de la acusada apaciguó como por ensalmo la
- El tribunal no dijo nada, porque eso del gnllo
Hay que convenir, sin embargo, en que todas las cólera de aquellos graves magistrados. Declaró, por no pasó del fuero interno.
excentricidades de la caprichos~ deidad pueden ser su ~o~or, que la exageración de la falta de que se le
- ¿Pues qué dijiste? si es que has abierto la boc~m!Ís ó menos tolerables si se las compara con ese ri- acnm111aba y que se atribuía al uso del tonti//(1, no
- ¡Vaya si la abrí!;como que dije: &lt;.&lt; Traducción hdículo apéndice conocido vulgarmente con el nombre era más que un don de la naturaleza. «El cielo, dijo, bre: ¡Oh, cuántos curas hay en España!» Al oirrne
de-¡roiissón. Ese verdadero adefesio usáronlo las damas me ha dotado de un vertugadi11, contra el que nada D. Vicente dió un salto y exclamó: «¡Oh, cuántos sus•
del siglo xv1 con un propósito parecido á las de hoy, pueden los edictos y las sen_tencias de los t~ibu!1ales.» pensos va á haber hoy!» Y en efecto ...

NúMERO

590

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Sí, sí, ya hemos visto que te han momificado.
- Ya sé que eres muy listo.
- Lo que más siento es que eso me ha quitado
- No tanto como tú; pero, al fin, de ir en tu com ·
los ánimos para estudiar, y en derecho mercantil me pañía, algo se pega.
.
va á suceder otro percance.
- Algo y aun algos; y si no, dígalo mi reloj y n:11
- Chico, chico, no te apures; que «el ánimo esfor- sortija, que están empeñados desde que te l?s de¡é
zado y no abatido, más prefiere estar suspenso que para ir á ver al rector.
caído,» como dice no sé que poetastro, sobre poco
- ¡Yo qué culpa tengo si en vez de irá casa del
más ó menos.
- Tienes razón, y cuantos más años
esté aquí estudiando, todos esos me evito de estar en mi tierra que abomino.
En fin, tomad lo que queráis, que yo pago; es decir, paga mi padre, que para el
caso es lo mismo.

2

55

el chico ha salido en bien, hay que remojar el
paso.
- ¡Pues estás poco contento!
- La cosa no es para menos. Figúrate que allá en
el pueblo decía el Sr. Bonifacio que éste no sería
nunca abo(J"ao, y cátate ahí que acaba de aprobar el
preparatorio. Eso ~í, me cuesta ~n ojo de_la ca:a, y
he temdo que empenar unas t1errec1tas;
pero no se pescan truchas á bragas enjutas.
- ¡Hombre, no es que yo quiera desilusionarte!; pero... ¿no hubiera sido mejor que el chico hubiera estudiado agricultura?..
- ¡Ya la tenemos; las mismas majaderías de D. Bonifacio! Bastantes destripaterrones hay en la familia.
- Puede que le hubiera ido mejor
con los terrones que con las leyes. Hay
tantos...
- Pero si éste no ha de ejercer. Este
se dedicará á la política, y en cuatro
días le tenemos hecho ministro ó gobernador.
- Ó cesante, como yo, sin una peseta
y renegando de haber pisado la maldita
Universidad.

- Vamos, hijo, toma un refresquito,
que bien lo has de menester.
- Sí, lo tomaré, porque le subleva á
uno la sangre el ver las injusticias que
cometen los profesores. Después de tanto estudiar, un triste aprobado. (Y gracias,
que no debían habérmelo dado.)
- No hagas caso, eso son pequeñas
contrariedades de la vida que hay que
llevar con ánimo esforzado.
- Sí, ánimo tengo...; pero aquí no hay
A. DANVILA JALDERO
que hacerse ilusiones, el mérito no vale
•~•••••••'••'••••••''"''••••••'••••••''••'••''••'•-''••' •J•u'••••••,1•,,•,,,,.,.,,,••••••••••'"
nada; cuando un profesor le toma á uno
ojeriza... pues ya se ha caído.
BOCETO
- Si ya lo noté ayer yo, cuando fuí á
MICROBIOS
hablarle á tu catedrático y me dijo: «Su
hijo de usted es un vago, un pendencieLos bacteriólogos ó aficionados á las
ro que no viene á la Universidad más
investigaciones microbiológicas acabarán
que á mover trapisondas.))
por descubrir esa gente menuda hasta en
- ¿Eso dijo? ¡Pues mire usted, no dijo
ñuestra vecina la resplandeciente estremás que la verdad!
lla Sirio: uno de esos examinó nada me-¡Cómo!
nos que un rojo pimiento, una guindilla,
- He querido decir que faltó á la vercon un picante de primera fuerza. Y
dad. (Por poco lo estropeo todo.) ¡Yo
calculó bien, que si aquello picaba debía
pendenciero! ¡Pregúntele usted cuántas
haber una causa, y esa problamente sesemanas ha pasado conmigo en el Abarían microbios... , pero bichos de buenos
nico ese... farsante!
dientes ó de aguijón que dejaría chatos
- Lo creo, lo creo; pero aún me dijo
los de las avispas. Y á foco de poderoso
más.
aparato lenticular, colocó un milímetro
-¿Qué dijo?
cuadrado de la estimulante guindilla; y
- Pregúntele usted á su hijo si ha
efectivamente, descubrió, contados, ni
sido estudiando como ha adquirido ese
uno más ni uno menos, 500 microbios
chirlo que tiene en la frente.
rabiando por dejarse caer sobre la len- ¡Hombre, vaya un descaro!
gua de cualquiera. Si la cuenta no falla
- Sí; y la verdad, lo del chirlo me pason 50.000 por centímetro; y como el
ró, porque no sabía yo cómo te lo has
pimiento tendrá unos 25 centímetros suhecho.
perficiales, resultaría la suma de 1. 2 50. 000
- Pues mire usted: una noche, estumicrobios ... y contando el espesor pueBUSTO EN BRONClt RECfENTEMENTE DESCUBJERTO EN AMPURIAS
diando, como hacía tantas horas que no
de añadírsele otro puñado de miles ...
Dibujo de J. Ferrer y Carreras. (Visto de perfil.)
levantaba la cabeza, el tubo del quinqué
Lo curioso sería averiguar qué clase de
se calentó demasiado, reventó y un casenfermedad puede inocular esa gente
co del cristal me dió en la ceja y me hizo este corte. rector se fueron á casa de D. Canuto el prestamista! menuda guindillesca, y no sería aventurado suponer
- ¡Pobre hijo mío! ¡Cuánto cuesta el ser un sabio Fué una equivocación.
que inoculasen la picazón ó el escozor.
como tú!
- ¡Todo te lo perdono, porque ... tampoco puedo
Y luego habrá quien aún dude de los adelantos de
- Mucho, papá; usted no lo sabe, que si lo supie- hacer otra cosa! ¡Ay Dios, cuando una se chala por la ciencia investigadora, que en este punto puede de·
ra ... (¡me reventaba!)
un estudiante valía más que se muriera!
cirse que ha dicho ya casi la última palabra.
Los Sres. Acosta y Grandi encontraron ó descubrieron en un billete de Banco ¡19.000 microbios!
¿Quién se atreverá tranquilamente, después de tan
- Conque no te has atrevía á desaminarte.
- D. Sisenando, ¿usted por aqtií? ¿Qué vientos le feliz descubrimiento, á tomar un billete de Banco?
-: ¡Ca, chica, si no sé una letra!
traen por el distrito de la Universidad?
El químico Opermann y el veterinario Falk descu- Vengo de caza.
- Pues, hombre, ¿qué has hecho durante todo el
brieron un nuevo bacilo, que es el que da el color
curso?
- ¿De caza?
gris á los salchichones. El doctor Bouchard presentó
- ¡Toma! ¿Y tú me lo preguntas?
- Sí, señor, á cazar un catedrático.
á la Academia de Ciencias de París tubos contenien- Eres muy desaplicao.
- ¡Caracoles, eso es caza mayor! ¿Y cómo?
do, clasificados y calificados, microbios de tifoidea,
- No es verdad, Jo que es que me falta tiempo
- Pues hoy se examina mi hijo Tomasito; un buen cólera, escarlatina, crup, carbunclo, fiebre puerperal,
para todo.
chico que siempre me saca de notable para arriba, y etcétera, etc.
- ¡Si no fuera más que tiempo!..
estoy acechando el paso de su profesor para pescarle
Lo que falta por averiguar es el remedio al mal,
- Y dinero... Si no sabes otra te daré recibo.
antes de que se oonstituya el tribunal y largarle una los microbios antídotos de aquéllos, es decir, el contra- A este paso la vida es un soplo. Cuando tú lle- cartita, nada menos que del ministro del ramo. Fi- veneno, y eso se hallará. ¡Pues no se ha de hallar!
gues á médico, ya estaré yo para que me hagan la gúrese usted si con esto puede salir mal.
¡¡Nos quedaríamos frescos !! Porque en la escala dimiautosia.
- En efecto, buen sistema.
nutiva, ó á éstos se los han de comer otros ó han de exis- ~o hay otro mejor.
- Sabes lo que estoy pensando, que voy á dejar la
tir otras menudencias destinadas á servir de alimentacarrera.
- Pero he oído decir que hay una circular prohi- ción á esas que ya tenemos por cosa averiguada: de
- Sí, harás bien, porque ella ya te ha dejado á ti biendo las recomendaciones.
otro modo, no sería comprensible ni posible una vida,
hace tiempo. ¿Y qué vamos á hacer entonces?
- ¡Bah, bah! Ríase usted; la única vez que no utili- una existencia sin tragar, sin matar á otros seres.
cé mis relaciones me escabecharon al chico. Eso
- Pues pondremos una buñolería.
Pero todo eso poco significa comparado con otro
de estudiar ha quedado ya sólo para algún desdi- descubrimiento importantísimo.
- Pero si no tenemos luz.
chado.
- Nos la darán.
Lo grande, lo asombroso será el resultado de las
- La verdad es que maldita la falta que hace investigaciones microbiológicas que, costeadas por una
- Si no tenemos quien fíe.
cuando...
-: Ni falta que hace.
fuerte compañía de los Estados Unidos, se está reali- ¿Cuando qué?
-¿Que no? ¡Vaya una gracia!
zan?~ por a~revidos y bien pagados exploradores en
- Cuando se tiene al padre alcalde, como le pasa el v1e¡o contmente, que ya sabemos también que to--: No, porque escribiré á Toledo á mi tío el canómgo, diciéndole que me voy á licenciar, que me á su hijo de usted.
do lo estupendo viene de allá... Esos hombres sabios
falta metálico, y ya verás cómo envía para el título
dignos ~el mayor aplauso y encomio, transmitiero~
de ... buñolero.
como ~nmer resultado de su exploración, dejándose
- Entonces se salvó la patria.
en el tmtero el punto en que verificaron sus investi- A ver, cerveza y limón para todos; que ya que gaciones, que en cien kilómetros cuadrados, vistos
- Pues qué, ¿te figuras que yo me ahogo en seco?

�ESTUDIO, grupo en yeso de Miguel Blay
EN EL TEATRO, cuadro de P. Naumann

Premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de

s92

1

�LA

lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por sus propios ojos, encontraron ciento veintitrés inmensa mayoría de ningún valor artístico; unas pocas son realleones, seiscientos cuarenta y siete elefantes, sesenta mente notables y llevan las firmas de L. Barrau, Duval Goz·
Chevalier, Seynac, Rachon, d' Argence, Besset, Brandt,
y dos hipopótamos, noventa y seis rinocerontes, sete· lan,
Potter, Ronillé, Dulac, Chrelien, Correja y Osbert.
cientos noventa y nueve caimanes y cocodrilos, dos
Barce/011a. - Salón Parés. - Ha presentado Fuxá en el sitio
mil trescientas diez y ocho serpientes, catorce tapires, de preferencia de este lo~al su bella estatua de San Francisco,
ciento sesenta y tres tigres, setenta y dos panteras y no ha mucho expuesta en llfadricl, y que apareció reproducida
trescientas vientisiete hienas, no haciendo caso, por en una de las primeras páginas de LA I Ll STRACIÓN ARTÍSTICA.
A su vista no se comprende por qué obra tan sentida y tan
de pronto en la reseña, de otra infinidad de bichos bien ejecutada, cuya hechura satisface al más exigente y que por
de menor importancia.
su expresión y vida puede ponerse al lado de los mejores modelos de nuestros escultores del Renacimiento, no obtuviera
Esos ... ¿son ó no son microbios?
Bien dice D. Nemesio en El sombrero de copa: «.De una de las primeras recompensas.
Otra obra de menos vuelos por su concepto, un monaguillo
los animales grandes líbreme D ios, q1,e de los infinita- cargado
con el misal y los cirios, es nuevo testimonio de las sómente peqzmios me guardo yo.»
lidas y no comunes cualidades que distinguen á nuestro querido
El caso es que «no se puede con Mentor,» como amigo, á quien felicitamos y aplaudimos como se merece.
exclama el Joven Telémaco; y yo digo: ¡No se puede Junto á estas magistrales esculturas expuso Pinós dos buenos estudios, impregnados de verdad y observados con con·
con la ciencia! ¡Vengan investigaciones... y vengan ó ciencia;
dos escenas de nuestra vida rural fielmente reproduciváyanse microbios! ¡Da lástima contemplar el atraso das. Cusachs, dos cuadros: una carga de caballería y una cita
en que vivían nuestros antepasados! ¡Cuidado que se· en un bosque, motivo este último para pintar un vehículo, caría cosa triste eso de morirse·sin saber de qué... , eso ballos y lacayos, ambos con las cualidades que distinguen á
pintor militar.
de tener siempre el enemigo en casa sin sospecharlo! nuestro
Salón de la «/la11g11ardia.1&gt; - La última Exposición la com.
¡Vaya si sería desesperado para los médicos eso de ponen dos grandes lapices del siglo xv,, uno de ellos represenescapárseles de entre las manos los enfermos sin co- tando á Diógenes y Alejandro, varias prendas de indumentaria litúrgica, una antigua cruz parroquial, curiosa obra de menocer la causa!
talistería, y un fragmento de un hermoso tapiz de valiente coloAhora, desde la invención de los microbios, siem• 1ación
y correcto dibujo.
pre es más consolador. Y sobre todo, las invencioms
de las causas corren parejas con las modas de curación.
Teatros, - jaque a, rey se titula una nueva ópera de IgnaBrull que se estrenará en breve en el teatro de la Corte, de
Ahora microbios yfiltros... Otras veces se achacaba to- cio
Munich.
do á vicios en la sangre, y dale sangrías; después en el
- Se ha representado en el teatro Fenice, de Venecia, con
estómago, y dale purgantes; presentóse Raspail con el gran éxito la ópera de Gelio Cornaro, Festa marina, que oblu·
acíbar y el alcanfor como base de la salud; sucedió vo el p rimer premio en el último concurso de la casa editorial
una pelotera entre alópatas y homeópatas, y merced de musica Sonzogno.
- El doctor Edmundo de Freyhold ha publicado en Badená unos globulillos aplicables á toda dolencia, la cura· Baden
un drama musical en un acto, titulado Santuzza, que es
ción era segura; más tarde, la medula, el reuma y los la continuación de Cavalleria r11stica11a.
nervios; luego la tenia mortificó al género humano,
- En el teatro de la Residencia, de Munich, se ha estrenado
con gran aplauso un interesante drama de Pablo Heyse, La
y ¿qué persona medianamente vestida no la tenía?
Justina.
¡Hoy privan los microbios! «¡Y el globo en tanto sin criada
Parls. - En el Vaudeville, Sarah Bernhardt ha dado una recesar navega por el piélago inmenso del vacío!»
presentación extraordinaria y única de la hermosa tragedia de
Mañana inventaremos ... ¡sólo Dios sabe qué cosa!, Racine, Plzedra, á beneficio de una Asociación filantrópica, ha·
y la humanidad entera será víctima de la última mo· hiendo alcanzado un gran triunfo. Se han estrenado en los Bu·
da. Sin embargo, merecen bien de la patria esos sabios fos Parisienses Madame Suzette, opereta en tres actos de Sylva•
ne y Ordonneau, música de Audrán; en Folies dramatiques,
investigadores y dignas son de agradecimiento las Jean Raisin, opereta en tres actos de Pablo Burani, música de
descubiertas existencias de los microbios en todos sus Carman, y en Chatelet, La Passit&gt;n, misterio en verso de Ha·
géneros y familias ...; porque conociendo eso, se vive raucourt.
más tranquilo. Se trata, por ejemplo, de casos sospe- Londres. - Ha comenzado la temporada de primavera en
Lane, habiéndose puesto en escena Bohemian Cirl, ópechosos de cólera, por supuesto, cuando hace ya es- Drury
ra de Balfe, Cavalleria rmtica11a, Faust y Carmen. Se han estragos, en una población; pero, se entiende, no decla- trenado con buen éxito en Adelphi The Black DomitlQ, drama
rado oficialmente; porque ¿quién se apresura á ello? Se romántico en cinco actos de Sims y Buchanam; en Vaudeville,
manda allá una comisión facultativa, la cual visita á la comedia de Sims y Raleigh lhzcle John, y en Trafalgar
The Bable Slzop, graciosa parodia del drama del mismo
los que revientan microbio/izados: la comisión informa Square,
título de A. J one, hace poco estrenado en el Crilerion, escrita
que no hay cuidado, porque no descubrió ni rastro de por Mr. E. Rose.
Madrid. - En el Príncipe Alfonso y bajo la inteligente direc·
las vírgulas de tal cólera. ¡Ya no hay cuidado! La
ciencia tranquilizó los ánimos. Las gacetas, monito- ción del maestro Goula se han puesto en escena las óperas Cioy Aida, en las que han sido muy aplaudidas las señoras
res, boletines y demás órganos de los gobiernos y de co11da
Laborda, Franchini y Calegaris y los Sres. Lampedis, Labán,y
las Academias médicas transmiten á los pueblos asus- Galli y sobre todo el citado maestro. Se han estrenado con buen
tados la feliz y tranquilizadora noticia referente á sa- éxito: en Lara Las irresistibles, juguete en un acto del Sr. Torromé; en Apolo Candidita, zarzuela en un acto de Javier de
lus populi.
Burgos, música del maestro Jiménez, y en Eslava llfiss Erere,
¡¡No hay cuidado!!
parodia en un acto de .Miss Helyett, letra del Sr. Merinoym{11

J UAN O -NEILLE

Bellas Artes. - La Asociación internacional de Artistas,
u_na de las más notables y numerosas de Roma, ha elegido pre·
s1dente ~1 escultor y senador Monteverde y vicepresidente á
n?estro ilustre compatriota y querido colaborador D. J 03é Benlhure: además han sido nombrados individuos del comité don
Mariano Benlliure, Felipe Cisariello, Adolfo Rosler Franz y
el americano Coleman.
- Para la Exposición de Bellas Artes que este año se ha ele
celebrar en Berlín convocóse un concurso de carteles anunciad_ores del certamen, en el que han tomado pa_rte 23 artistas en~1a1_1do 26 bo~etos. El primer premio (1.250 pesetas) ha sidoadJUd1cado al pmtor Ernesto Hildebrandt y el segundo (250 pe·
setas) al pintor y dibujante Rodolfo Rother.
- En el H otel Westminster ele Berlín se han expuesto recientemente 30 cuadros y bocetos del famoso pintor Dvorak: once
cuadros al óleo pintarlos en gris y destinados á ser reproducidos en forma de ál~um representan una especie de danza macabra, la del amor; con este ciclo de pinturas hace juego una dan·
za macabra de los animales pintada en colores. El resto de la
exposición se compone en su mayoría de retratos.
- Ha recaído sentencia en la primera in~tancia del proceso
que el gobierno italiano sigue contra el príncipe Barberini Co·
lona por haber éste vendido á un extranjero, que los sacó de
Roma, v:eintiún cuadros y una estatua de la colección existente en
el palacio Sciarra y que es propiedad del referido príncipe. La
sentencia condena á éste á tres meses de arresto, al pago de una
multa de 5.000 pesetas y del precio en que han sido estimados
a9uell_os objetos de arte (1.266.000 pesetas), fundándose en la
~10\ac1ón de la lex que prohibe desmembrar las colecciones arhst1cas y exportar algo de ellas al extranjero. Lo singular del
caso es que habiendo el príncipe ofrecido esos cuadros y escultura al gobierno de Italia, éste sólo ofreció 50.000 pesetas por
lo ,qu~ ahora dice que vale 1.266.000. Inútil es decir que el
prmc1pe no se ha conformado con la sentencia y ha apelado de
ella.
- En el pabellón de la ciudad ele París, en los Can¡pos e¡¡.
seos, han celebrado una exposición los artistas que á sí mismo
se titulan Los independientes: figuran en ella 1. 324 obras en su

sica arreglada por el maestro Arnedo. En el Español se ha es·
trenado El celoso de m imagmó Hacermalporq11erer bim, dra·
ma en tres actos y un epilogo ele D . Eugenio Sellés, que aunque de poco interés y de escasa verdad en el fondo, fué aplaudido por la forma hermosa en que está escrito.
Barulo11a. - En el Principal, el famoso tenor Masini ha debutado con Lolwzgn·n, habiendo obtenido muchos aplausos que
compartieron con él las señoras Colonnese y Mas y el Sr. Tabuyo. En el Liceo ha dado cinco funciones la notable compañia
de opereta Tani: en este gran teatro debutará en breve una notable compañía c!e ópera bajo la dirección del maestro Mancinelli En Romea se ha celebrado el beneficio del popular autor
Sr. Vilanova, poniéndose en escena cinco obras suyas que, como de costumbre, fueron ruidosamente aplaudidas,
Necrología. - Han fallecido recientemente:
Nicolás Luis Cabat, paisajista francés, el primero entre los
iniciadores en Francia de las tendencias naturalistas en el paisaje.
Augusto Horn, m{1sico alemán, famoso especialmente por
sus canciones.
Julio Lunteschutz, notable pintor retratista alemán, entre cuyas principales obras merece citarse el retrato que hizo de Schopenhauer.

NúMERO

590

valía. La actitud, el colorido, el dibujo, la luz hábilmente com·
binada y sus tonos claros resaltando inteligentemente sobre un
fondo claro también, contribuyen á hacer agradable y simpáti•
ca la composición.
Joven de la Selva Negra, cuadro de C. Bant-

zer. - .Es este un bellísimo tipo á juzgar por el cual en la cordillera majestuosa que se alza en el Sudoeste de Alemania consérvase pura aquella zaza de las poéticas baladas y de las misteriosas leyendas, que en dulcísimos versos ó en sencillas narraciones han cantado los bardos y se han perpetuado al través
de innúmeras generaciones. Toda esa dulzura, toda esa sencillez, toda esa misteriosa poesía refléjanse en et lindo busto de
Bantzer, que al trasladar al lienzo su Joven de la Selva Negra ha
hecho más que pintar un retrato, ha dado cuerpo al alma de un
pueblo.
El nido abandonado, ouadro de Soheres-

ohewski. - De este cuadro bien puede decirse que el asunto

ha servido al autor de pretexto para presentarnos tres bustos
de innegable belleza, asi desde el punto de vista de las lineas,
como por la expresión que en cada uno de los rostros ha sabido
imprimir el autor, mezcla de curiosidad y de tristeza por el aban·
dono de aquel nido cuyos moradores han sido quizás devorados
por el gavilán ó tal vez destrozados por el plomo de algún ca•
zador.
¡No está mal!, dibujo de Naumann. - Es esta una
obra de las que acreditan á un artista: la composición bien en•
tendida, el clarobscuro perfectamente estudiado, el dibujo correcto y sólido y la expresión acertadísima ele la joven artista, á
quien, según parece, no disgusta el dibujo que está ejecutando,
son cualidades bastantes á satisfacer al más exigente en mate·
ria de arte.

Busto en bronce recientemente descubierto
en Ampurias, dibujos de J. Ferrer y Carreras.
- En unas excavaciones no ha mucho practicadas en la Escala
(provincia ele Gerona) se descubrió el busto que de frente y de
perfil reproducimos y en el cual llaman la atención los ojos formados por una pasta blanca con una piedra negra por pupila,
que falta en el ojo derecho, y sobre todo el peinado á modo de
diadema, que sigue en pequeñas trenzas hasta la nuca, en donde
se reunen en abultado moño. Varias hipótesis se han emitido
sobre el origen de este busto; han supuesto algunos que es de
una dama ó prin.:esa romana, otros que se trata de algún tipo
egipcio, indio ó etrurio, y otros, con bastante fundamento, que
representa á una dama ampurdanesa de les primeros años de
esta era. Resuelvan los arqueólogos esta cuestión; por nuestra
parte nos limitamos á reproducir la excelente copia del busto
que ha dibujado el artista catalán Sr. Ferrer y Carreras.
En e l teatro, cuadro de P. Naumann. -Asunto
es este que se ha tratado muc~o, pero del cual puede asegurarse
que no se ha agotado ni es fácil que se agote. La infinita varie·
dad de temperamentos, en cada uno de los cuales se producen
ele modo distinto los múltiples efectos de la contemplación de
un espectáculo teatral cualquiera, ofrece ilimitado campo al ar•
tista para presentar tipos siempre nuevos dentro de la misma
idea fundamental, y de su talento depende que estos tipos sean
algo más que figuras sin valor psicológico, es decir, que expre·
sen la impresión recibida, que sirvan, por decirlo así, de enlace
entre el que ve el cuadro y el escenario, que éste no puede reproducir. Esta cualidad la encontramos en alto grado en el lien•
zo de Naumann, cuya figura, con su plácida sonrisa, nos per·
mite c&lt;&gt;njeturar algo de la escena que con tanta atención mira
y escucha.
Estudio, grupo en yeso de Miguel Blay (premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de
Bellas Artes de 1892). -Al penetrar en el salón que constituía
la sección de escultura de la última Exposición de Bellas Artes
celebrada en Madrid, llamaron poderosamente nuestra atención
dos grupos atrevidamente concebidos y ejecutados por el ya
distinguido escultor olotense Sr. Blay. Representaba el primero
á un anciano y á un adolescente, casi un niño, sentados en el
banco de piedra de un paseo, un tanto encogidos por las prime·
ras crudezas invernales y cual si trataran de recoger el calor de
los rayos solares á falta del abrigo que no podían prestarles
sus ya destrozados vestidos. Primeros frlos, tituló el artista á
su genial producción. El segundo grupo, que reproducimos,
era el estudio al desnudo del primero, y con ser sencillamente
un estudio atraía la atención de los visitantes y especiahncnle
de los inteligentes.
En ese admirable estudio, ejecutado con gran valentía y vi·
rilidad, con pasmoso espíritu de observación y dentro por com ·
pleto de los modernos conceptos a rtísticos, revélase el excepcional temperamento de Blay y sus aptitudes para el cultivo del
gran arle. No debe, pues, sorprender que el que ya fué aventa•
jado discípulo de la escuela de Bellas Artes ele Olot y del maes•
tro Cha pu, alcance el voto unánime de un Jurado y obtenga la
primera recompensa.
Próximamente podrán nuestros lectores de Barcelona admirar la obra del joven escultor Sr. Blay en el Salón Parés. .

Miss Julia Neilson, célebre actriz inglesa en

el papel de &lt;Hypatia., - En nuestra sección de llfiscelá11ea dimos oportunamente cuenta del estreno en Londres de la
tragedia Hypatia, para la cual dibujó las decoraciones y los fi.
gurines de los trajes el eminentenle Alma Tadema. Hoy publi·
camos el retrato de la actriz inglesa Miss Julia Neilson, encarga·
da del papel de protagonista, y que siendo aún muy joven, pues
sólo cuenta vienticuatro años, ha logrado llegar á uno de los
primeros puestos en el arle escénico de su pais. A raiz del estreno de la obra, los periódicos londinenses dedicáronle grandes elogios por su maestría en representar, por su belleza y por
El beso, cuadro de José M.• Tamburini (Sal6n la propiedad con que supo caracterizar el personaje que le ha·
Parés). - Arte y sentimiento son sinónimos para este artista, bía sido encomendado: de estas dos últimas cualidades podrán
siempre discreto y delicado en sus producciones. No basta á convencerse nuestros lectores con sólo contemplar su retrato,
Tamburini, no llena sus aspiraciones, poseer la habilidad del en el cual también se descubre ese algo indefinible que revela
pintor, las cualidades de elegante colorista, puesto que á ellas á la actriz de alto vuelo.
une siempre la concepción del artista y la inspiración del poeta.
De 'ahí que todas sus obras cautiven por su plaslicismo y embeRecomendamos et verdad ero !Ilerro Bravats ncloplesen por el sentimiento que en ellas rebosa. iQttién supiera es·
tarto en los IIospllalcs de l'arls y que prescriben los
cribir!, El voto, Coloquio, Sueflo de amor, La gota de agua, El
mcdlcos. contra la Anemia, Clorosis y Deblltdad; dando
di11eret de la Santa Crm, etc., patentizan y evidencian la doble
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
cualidad de artista y poeta que posee Tamburini.
.
que tanto se desea. Es el me.lor de todos lof tónicos
En El beso, al igual qufl en Sue110 de amor, una so)a figura, ó
y reconstituyentes, No produce estreñimiento, ni diarmás bien dicho, una preciosa cabeza y un delicado bustó tlh.sfarea. teniendo ademas la superioridad sobro lodos los
ferruginosos de no ratigar nunca el estómago.
ron al pintor para significar su pensamiento y dar á conocer su

NúMERO

590

LA I LUSTRACIÓN

ART ÍSTICA

ANIE
NOVELA POR H ÉCTOR MAL0T. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD

(CONTINUACIÓN)

Al bajar, cuando pasaba delante de un rincón en el cual Anie había instalado raguas, un monólogo que, á juicio del mismo inte~esado, era e~traordinariamente
su taller adornándolo con algunas bandas de seda y de terciopelo, vió á su hija gracioso. 3. 0 Por último, un profesor de declamación, que hacia poner en sus tardelante del cuadro concluído últimamente y cerca de ella á un hombrecillo jo- jetas de visita
ven aún, pero calvo y con gafas, en quien reconoció á René Florent, redactor
principal de La Montmia. Quince días hacía que se hablaba en casa de esta visiFULANO DE TAL
ta del escritor. ¿Vendría, ó no vendría? Aunque su crítica fuera generalmente
Sobrino del Sr. Michalón, individuo de la Academia de Ciencias
altanera y desdeñosa, negativa de ordinario cuando no inspirada en la ruin parepresentaría con dos de sus discípulos la escena de La caverna perdida de los
Burgrabes, no porque esta escena fuese á propósito para una sala, sino porque
el sobrino del individuo de la Academia de Ciencias era aficionado á representar cosas grandes.
La señora de Barinq no bien advirtió la presencia de su marido acercóse á él
con viveza, y con algunas palabras rápidas le recomendó el cumplimiento de sus
deberes de amo de casa.
¿Qué había hecho en tanto tiempo? ¿En qué pensaba? ¿Se proponía dejar para
ella las cargas y los cuidados de todo? Barincq obedeció; fué de un grupo á otro
grupo repartiendo apretones de manos entre los recién llegados y dirigiéndoles
algunas palabras de agradecimiento. Como el padre de Anie se esforzaba en cubrir su rostto con una máscara de satisfacción y en mostrar solamente miradas
alegres, creyó notar que todos le contestaban con señales de simpatía, cuyo calor no pudo menos de sorprenderle.
La razón sin embargo era muy sencilla: reducíase todo á que la señora de Barincq había hablado ya del grave disgusto que amenazaba á la familia y que cada
uno repetía acomodándolo á las circunstancias: su cuñado había sido acometido
en su castillo de Ourteau en el Bearne por un ataque de apoplejía, y el telegrama que habían recibido pocos minutos antes los tenía angustiados por la incertidumbre y la zozobra, porque hasta el día siguiente no podían conocer las consecuencias del ataque; realmente Barincq era el único heredero legítimo de su
hermano, que no se había casado nunca; pero la esperanza de heredar cien mil
francos de renta no era bastante para mitigar su disgusto; sería menester por lo
tanto perdonarle si manifestaba en su fisonomía alguna inquietud ó preocupación triste y fingir que no se notaba; Barincq quería entrañablemente á su hermano mayor.
Estas pocas palabras habían corrido de boca en boca y nadie hablaba ya sino de la suerte de Anie.
- ¡Cien mil francos de renta!
- ¡En Gascuña!
.
Esto es muy bonito, pero es necesario algo más que esto para imponerse
- Supongamos que sean sólo cincuenta mil; dejémolos reducidos sólo á veinticinco mil: siempre es muy bonita fortuna para una muchacha que se veía obligada á inventar adornos de papel para sus trajes.
sión de la envidia; aunque La Montm1aa, periodiquito de localidad, no se leyese
- Si usted supiera ...
más que en Montmartre ó en Batignolles por sus personalidades y sus villanías,
Esta
que sabía habla prendido con alfileres aquella misma noche en la única
Anie deseaba que en el periódico se dijese algo de su cuadro. Aunque se hablafalda_ de seda blanca de su hija una sobrefalda de tul rosa para reemplazar el
se mal, siempre sería á modo de una consagración. Varias veces Anie le había tul violeta, azul, verde, amarillo, anaranjado y rojo que sucesivamente habían
invitado valiéndose de amigos comunes; René había prometido siempre ir, pero adornado aquella falda misma en el transcurso de dos años; durante tres horas
nunca había ido.
la paciente había permanecido de pie sin quejarse; por eso hablaba elocuenteAhora ¿cuáles serían su impresión y su juicio? El hombrecillo se irguió cuan- mente sobre los artificios y penalidades de tocador á que están condenadas las
to pudo, y retrocediendo dos pasos, como buscando mejor punto de vista, dijo madres pobres, que á pesar de serlo llevan á sus hijas á la sociedad y se empesin advertir que el padre de Anie escuchaba:
ñan en que hagan buen papel en ella. «A Dios gracias, decía esta buena señora
- Si usted cuenta con este trabajito para vencer la indiferencia del público y yo no e_stoy en esa situación; pero eso no quita para que conozca y compadezc~
producir algún ruido es necesario que renuncie usted á sus ilusiones. Esto es los terribles apuros de esta buena señora de Saint-Christeau.})
muy bonito, quizás demasiado bonito; pero es necesario algo más que esto para
Entretanto el prodigio en miniatura, á quien todo esto importaba muy poco
imponerse.
estaba ocupándose en hacer que colocaran encima de una silla almohadones ;
Como Anie al escuchar aquella opinión tan brutalmente manifestada no pu- más almohadone_s para colocarse á la altura del piano; cuando hubo bastantes
diese reprimir un movimiento, René la miró y dijo:
se la colocó encima y se vieron colgando sus piernecitas torcidas que por no
- ¿Lo que digo ha disgustado á usted? Se me ha traído aquí para que diga ejercitarlas habían quedado s_um~mente delgadas; una vez coloclda en aquel
mi opinión y la digo. Es mi profesión, mi razón de ser, la misión de que estoy monte de almohadones la ch1qmlla, paseó por la sala una mirada que venía á
encargado la de atajar las vocaciones que no me parecen bastante fuertes para ser como la orden de atenderla; después, y á una señal de su madre la niña cosalir de los moldes gastados y comenzar una marcha gloriosa por nuevos sende- menzó á tocar y Barincq se fué al vestíbulo para relevar á su muje~ y recibir á
ros. Faltaría yo á los deberes que para conmigo mismo tengo si no dijese á us- los rezagados.
ted lo que pienso. Trabaje usted, trabaje usted mucho si tiene usted ánimo duEntre ~stos, ¿no habría a~guno con el cual tuviese Barincq bastante confianza
rante muchos años.
para pedtrle prestados los c1~n francos necesarios si había de hacer aquel viaje?
Al decir esto estaba muy serio, figurándose de buena fe que todo el que tuvie- Tal f~é la pregunta que Barmcq, cada vez más angustiado, se dirigió á sí mismo
se en su mano un pincel ó una pluma era una especie de procesado sometido á repetidamente durante la hora larga en que permaneció recibiendo convidados.
él solamente por el hecho de haberle dado el capricho de fundar La Monta11a, y
Pero cuando ~l ~n ~ubo ?~ ~olver a~ ~alón para sentarse al piano, no había enque todos aquellos cuyas obras no le gustaban eran criminales á quienes René contrado nadie a qmen dmg1r su solicitud con probabilidades de buen resultatenía el derecho de aplicar todos los rigores de un código que él mismo había do: uno era tan pobre como él; otro, aunque tuviese repleta la bolsa era seguro
promulgado para su uso.
que no querría abrirla nunca.
'
En este momento vió Anie á su padre:
Co~ lo~ ojos clavados en su hija, que se apresuraba á proporcionar pareja á
- ¿Has oído?, le dijo acercándose á él.
lo~ b~il~rmes que n? la tenían, esperaba Barincq que Anie le hiciese la seña de
- Dispensen ustedes mi franqueza, dijo Florent algo contrariado; no me es pnnc1p1ar, y la sonns~ cariñosa que al _fin le dirigió su hija fué para el padre dulposible dejar de ser franco ni aun cuando hablo á una señora.
ce consuelo; la e~pres1ón de aquella mirada tenía tal ternura que el corazón del
- Esa franqueza, dijo Anie, no puede sorprenderá mi pad;e, porque hace diez pobre padre se dilató y Barincq dió principio con entusiasmo á los rigodones
minutos estaba yo diciéndole eso mismo que usted me ha dicho.
de la Mascotta.
Algunas personas se aproximaron en esto y Florent no tuvo tiempo para justiA los rigodones sigu_ió un vals, á ~ste una polca; y hubo después otras polcas
ficar su sentencia, lo cual habría hecho él seguramente, agravándola con resul- Y otros valse~ y otros rigodones. Barmcq, medio oculto en el hueco de una ventandos y considerandos.
tan~, ve_ía agitarse á los .?ailarin,es delante de él, y entre todo aquel torbellino sólo
. En la sala principal y en el comedor se oía ya un, murmullo de _voces ':lue in- t~ma miradas para su h1Ja. ¡Cuan hermosa le parecía sonriendo á todos con sus
dicaba cuán numerosos eran ya los llegados; todavia no se necesitaba sm em- OJazos expres~vos, su rostro animado y sus labios temblorososi'Era' v~rdaderabargo de que el padre se sentase al piano, porque al baile habían de preceder ~ente m~rav11losa la ~exibilidad de _su_ cintura y maravillosas le parecían tamalgunos trozos de música, un monólogo y un diálogo, con todo lo cual se forma- btén la viveza y la gracta de sus mov1m1entos. Encontraba, por el contrario feos
ba un programa completo. r.º Una niña de siete años, á la cual había empeño Y des!abazados, mal hechos ó torpes á los bailarines que la acompañaban, ~n alen acreditar de prodigio, ejecutaría el Adió_s de D_ussek. 2.º Un alu~no de u~ ~~no~ ~e los cu~les hallaba ~odas esos defectos juntos. ¡Y alguno de esos qui~lumno del conservatorio, en quien se hab1a :11amf~s,tado u.~~ vocac1ó? drama- z1s _sena e\ mando 9u~ Ame aceptase! No había en la amargura de estas ret1ca irresistible á la edad de cincuenta y tres an'.l,, dtna, cob11andose baJO un pa- flext0nes m sombra s1qu1era de celos paternales; nunca Barincq había experimen-

�LA

260

tado dolor al pensar que su hija le abandonaría para seguirá un marido y vivir
dichosa al lado de un hombre que tomaría el sitio que hasta entonces solamente
había ocupado el padre. Pero el marido soñado por Barincq para su hija no se
parecía en nada á los que desfilaban ahora ante él, porque el amoroso padre había visto aquel marido ideal á través de su hija y en relación con ella, es decir,
joven, elegante, robusto, de carácter entero y de naturaleza honrada y franca
como la de Anie.
¡Ay! ¡Qué poco se parecían á ese tipo los bailarines que estaba viendo!
Y sin embargo, sonreía á todos; les hablaba amable y graciosa; les escuchaba
como si le interesase lo que decían. Era, pues, evidente que Anie los aceptaba
lo mismo á unos que á otros con indiferencia absoluta, al de más acá lo mismo
que al de más allá; exigiendo de ellos una sola condición: la de marido. Y ese
marido la modeiaría á su imagen, le impondría sus gustos, sus ideas, su género
de vida.
Si solamente el ver á sus futuros yernos le hacía daño, las palabras de estos
presuntos aspirantes á la mano de Anie hubiesen indignado aún más hondamente al Sr. Barincq en el caso de que hubiera podido oírlas.
La historia del hermano próximo morir en Bearn había cundido y se aceptaba por todos, bien es verdad que casi nadie había dado crédito á la cifra de
los cien mil francos de renta; pero todos admitían la existencia de una fortuna
heredada que venía á cambiar de todo en todo la situación de Anie, situación
que ya no era la de una pobre muchacha sin dote, condenada á soportar escaseces toda su vida y á no casarse nunca. Peligrosa pocos momentos antes, peligrosa hasta el extremo de que no existiese un joven que no se manifestase con ella
reservado y la defensiva, habíase convertido repentinamente en una muchacha
apetecible, en un partido codiciable; su misma hermosura había cambiado de
carácter; nadie pensaba ya en discutirla ni en rebuscar sus defectos, era deslumbradora, irresistible; á todos parecía ya un milagro de belleza y un tesoro de
encantos.
René Florent, el severo crítico, había sido el primero en revelará la $eñorita
Barincq este cambio, cuando la niña prodigio acababa de tocar el piano. René
había aprovechado el tumulto producido por los aplausos p:ua aproximarse á
Anie y pedirle el primer rigodón. ¡El crítico acre y desdeñoso también bailaba!
Anie sorprendida le contestó que aquel rigodón ya estaba concedido á otro.
René insistió, manifestando que no podía permanecer allí mucho tiempo, porque
en aquella misma noche necesitaba presentarse todavía en dos 6 tres reuniones
á las cuales había prometido asistir, y que tenía verdadero empeño en bailar con
ella, porque este era un modo de demostrar el gran aprecio que el crítico hacía
del gran mérito de la artista, y nada debe desaprovecharse en los albores de una
carrera.
Aunque Florent no hubiese llegado todavía á esa edad en que ya no se baila,
aquella era la primera vez que Anie le veía buscando una pareja, lo cual no dejó
naturalmente de extrañarla en un hombre entonado y serio que, como se dice
vulgarmente, oficiaba siempre de pontifical. No bien se hubo separado de ella
el adusto crítico, apresuráronse á rodearla otros muchos bailarines; Anie jamás
había alcanzado éxito igual ni aun parecido. ¿Lo debería á la originalidad de su
traje?
Pero su conversación con Florent mientras bailaban el rigodón Je hizo comprender que su caprichoso y fantástico vestido ninguna relación tenía con la
repentina amabilidad del crítico.
- He debido parecerá usted excesivamente severo hace poco, dijo Florent
con un tono muy amaqle que Anie no le conocía.
- No, severo no; justo nada más.
- Me pregunto á mí mismo si esta necesidad de justicia que existe en mi alma
no me ha hecho caer precisamente en injusticia; no he hablado sino de lo que
tenía delante ¿e mis ojos, y es evidente que en usted hay algo más que eso; y
ese algo debena yo haberlo separado de Jo otro.
En este momento las exigencias de las figuras del baile alejaron á la joven de
su pareja; cuando René Florent volvió á encontrarse al lado de Anie continuó
diciendo:
- Lo que ha faltado á usted hasta ahora ha sido una dirección sólida y firme
que la libre de las ·contrariedades de sus diferentes maestros. Seguro estoy de
que con una dirección así no tardaría usted en abrirse camino y ocupar un puesto envidiable; tiene usted condiciones sobradas para ello.
- Sí, pero ¿cómo y dónde podré hallar esa dirección?, preguntó Anie.
- ¿Quién no se consideraría dichoso poniendo al servicio de una organización
ta~ privilegiada como la de usted todo lo que él supiese? Este sería un casamiento como cualquiera otro; pero ya reanudaremos esta conversación si no tiene usted inconveniente.
E l rigodón había concluído; R ené acompañó á su pareja hasta su asiento, y
una vez allí se despidió de ella saludándola con tal deferencia, que dejó estupefactos á cuantos le vieron.
¿Qué significaban aquel lenguaje ex~raordinario y esta inexplicable actitud en
un hombre como René? Anie no había conseguido aún encontrar para estas preguntas contestación satisfactoria, cuando otro caballero se acercó á sacarla para
la polca que seguía al rigodón.
Este pertenecía á un género diametralmente opuesto al de Florent; era tan
a~ able, tan dulce, tan risueño cuanto el crítico era adusto y .áspero. En la sociedad que Anie conocía, más de una muchacha se habría alegrado - y aun alguna lo habría pretendido - conquistarle para esposo, pero ninguna había perseverado en sus propósitos, porque todas reconocían muy pronto que si bien el
joven era de una elocuencia inagotable en el terreno de la galantería, se transformaba repentinamente en sordo-mudo cuando advertía peligro de resbalar
hacia el campo de las cosas serias; ofrecía su corazón fácilmente y con mucha
frecuencia; su mano, nunca; y cuando le acosaban demasiado declaraba con tod~ franqueza que no es posible razonablemente pensar en casarse á un emplead1llo del municipio.
Después de haber dado algunas vueltas bailando, el joven condujo á la señorita Barincq al vestíbulo, y deteniéndose allí le dijo en tono melifluo que revelaba cierta tristeza:
- Perdóneme usted si estoy un poco preocupado esta noche: he recibido malas noticias de mis padres.
Aquella era la primera vez que el joven hablaba de sus padres, y ademásAnie
no había echado de ver en el rostro de su pareja el menor indicio de preocupación: miró, pues, con asombro al joven, que continuó diciendo:
- Mi padre ha sufrido últimamente un segundo ataque, y mi madre ha caído

a

a

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

590
NúMERO

en una debilidad extremada. T emo perder á los dos de un momento á otro.
¿Quiere usted que demos otra vuelta?
Aquella vuelta duró poco y el diálogo se reanudó donde se había interrumpido.
- Esto ha de producir cambios muy radicales en mi existencia, porque si yo
he rehusado casarme hasta ahora, no es porque obedeciese á un sistemático aborrecimiento contra el matri monio; pero ¿cómo puede casarse el que no tiene una
posición digna que ofrecer á su esposa? Sin ser precisamente ricos mis padres
viven con desahogo, y si, como todo me Jo hace temer, llego á perderlos podré
realizar ensueños de bienandanza que desde hace mucho tiempo acartcio.
Y acompañando á su pareja hasta el salón dijo:
- Mis padres han disfrutado siempre de excelente salud, salud que me han
transmitido como herencia.
¿No era esto realmente un esbozo de solicitud matrimonial? ¡Pero entonces las
extrañas palabras de René Florent podían ser otra declaración en boceto!
El Sr. Barincq tocaba entonces e l preludio de un vals, y el joven á quién Anie
había prometido aquel vals se acercó á ella ofreciéndole el brazo.
Aquella era la primera vez que este joven asistía á una fiesta de la calle del
Abreuvoir, y había sido para la señora Barincq y hasta para Anie una preocupación grande la de saber si aceptaría 6 no aceptaría el convite; habíase hecho de
él un personaje porque figuraba como literato y con una multitud de títulos que
significaban su condición de oficial de instrucción pública y caballero de varias
órdenes extranjeras en ese Todo París de que hablan en los periódicos los revisteros de salones. En puridad aquel joven no había publicado nunca el libro
más insignificante y sus cruces habían sido ganadas, como confesaba él mismo
en sus horas de modestia, por relaciones, es decir, por haber acompañado á los
establecimientos de fotografía á personajes extranjeros de algtín viso que le recompensaban el trabajo de acompañarles con una condecoración de su país,
mientras que por su parte el fotógrafo le pagaba el corretaje con un luis 6 con
cien francos según la categoría del cliente 6 la importancia del encargo.
También este joven, después de haber dado en el salón algunas vueltas, salió con Anie al vestíbulo, que decididamente era el sitio de las declaraciones; y
allí, deteniéndose de pronto, sin preparación alguna y con una voz que á consecuencia de la agitación del vals parecía balbuciente, le dijo:
- Señorita, ¿es usted aficionada á la política? En las elecciones próximas tendré justamente la edad necesaria para ser diputado, y como el ministro de la
Gobernación, que es primo mío, me ha prometido el apoyo del gobierno, estoy
seguro de que seré elegido. Una vez diputado llegaré muy pronto á ministro. La
mujer de un ministro representa bastante, y cuando es hermosa, de talento, distinguida, ocupa jerarquía envidiable. ¿Quiere usted que sigamos bailando?
Y sin pronunciar otra palabra más, volvieron al salón valsando.
Lo que al principio era incomprensible y vago comenzaba ya á determinarse
con exactitud y se explicaba; creíasela heredera de su tío y buscaban vez para
casarse con aquella herencia.
Cuando fuese conocida la verdad,¿qué harían aquellos pretendientes tan afanosos ahora? E l matrimonio de Anie, ya difícil, se habría dificultado más aún,
porque nadie se consuela con facilidad de tan terrible desengaño.

VI
H asta las doce permaneció Barincq sentado al piano, y sin darse punto de reposo tocó con la energía y el entusiasmo de un músico de profesión que tratase
de merecer una gratificación sobre la paga estipulada; oyéndole podía creerse
que no pensaba en otra cosa que en dar gusto á sus convidados, y esto precisamente daba materia á mil comentarios, en los cuales escaseaba la simpatía.
- Bien nos hace bailar el Sr. Barincq.
- Y con un brío admirable.
- Más admirable aún si se tienen en cuenta las circunstancias.
- La señora de Barincq me ha dicho que su esposo quiere entrañablemente
al enfermo.
- El pensamiento de heredar desvanece el recuerdo de su hermano.
Sin embargo, en los breves momentos de reposo que mediaban entre un baile
y otro baile, alargábase el rostro del Sr. Barincq, se bajaban sus labios, y cuando Anie le miraba leía en sus ojos la preocupación sombría que en más de una
ocasión Je hubiera hecho olvidar lo que estaba haciendo, si su hija no se lo hubiese recordado con sólo colocar naturalmente la mano encima del atril del piano; entonces el Sr. Barincq ejecutaba más ruidosamente que nunca algunos compases, como si aquel sencillo movimiento de su hija le hubiera hecho despertar,
y continuaba tocando hasta que su nuevo descanso Je permitía tornará la preocupación que pesaba sobre su alma.
Su pensamiento era siempre el mismo: ¿no encontraría manera de ponerse en
marcha en el primer tren de la mañana? Entre esas personas á quienes estaba
divirtiendo, ¿no encontraría. una que le prestara el dinero necesario para el
viaje?
A cosa de las doce el prodigio en miniatura que no bailaba, pero que se d ivertía viendo bailar, se durmió, y entonces su madre la acostó en un diván que
había en el taller de Anie y quiso alternar con Barincq en la tarea de tocar el
piano: esto concedió al amo de la casa alguna libertad para acerca¡se á las personas cuya bolsa y cuya buena voluntad sólo había podido tentar desde lejos
hasta entonces.
Desgraciadamente Barincq había sido siempre de una timidez invencible cuando se trataba de pedir algo, y las condiciones en que había de aventurar su tentativa la hacían casi imposible para él: entre aquellas gentes no veía ni un solo amigo; personas había de las cuales hasta el nombre ignoraba. ¿Cómo dirigirse á
ellos, explicarles lo que deseaba y conmoverlos?
Por último se decidió á pedírselos á la esposa de un inventor de productos
farmacéuticos, con la cual creía Barincq hallarse en buen predicamento por haber prestado muchas veces algunos favores al marido en la Oficina Cosmopolita:
en la actualidad rica, aquella señora había conocido la pobreza en toda su desnudez hasta el extremo de que su hija se viese reducida durante diez años á presentarse para lucir su habilidad en los cafés cantantes de más ínfima categoría.
Barincq pensaba que estas circunstancias la harían más sensible á las desgracias
ajenas; además, ¿qué significaban para ella cien francos?
Decidido á intentar la aventura con aquella señora, la acompañó al vestíbulo,
y allí mientras ella saboreaba lentamente una jícara de chocolate que Bernabé

LA

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la había servido, el Sr. Barincq, con temores y vacilaciones que ahogaban la voz
en su garganta, manifestó lo que deseaba.
Pero justamente porque aquella señora había conocido de cerca la miseria tenía ya adq~irido un olf~to finísimo
adivinar desde las primeras palabr~s lo
q_ue se hab1a de convertir en una pet1c16n de d inero 6, como el vulgo suele dec~r, en un sablazo. ¡Cómo! ¿Aquel pre?u~to heredero se hallaba reducido á pedir préstamos con tanta duda y tanta t1m1dez cuando podía levantar tanto la voz?
Era indudable que existía en esto alguna cosa no muy clara. Se ve con frecuencia que enfr;nte del he'.ed~ro legítimo aparece el heredero elegido por el testador; convema por cons1gu1ente estar sobre aviso.
Ap~nas h~bía empezado á hablar el Sr. Barincq de su hermano, ya le interru~p16 su mterlocu_tora. Era ver_daderamente heroico aquel sacrificio de tocar
el piano para que bailasen l_os amigos en aquellos momentos. ¡Qué valor y cuánta
fu~r7:a de voluntad! E lla m1sm_a había estado mirándolo mientras tocaba, y al
adivinar_ los esfuerzos que Banncq hacía para dominarse, había sentido lágrimas
en los OJOS. No era ella seguramente la que, imitando á ciertas personas censurase aquella diversión en circunstancias tan crueles.
'
Barincq, animado por aquellas palabras, se fué sin grandes rodeos al asunto
del préstamo; pero entonces la señora había manifestado verdadera pena. ¡Qué
contrariedad no llevar más que algún dinero suelto en el portamonedas! Afortunadamente todo podía tener arreglo si él quería tomarse la molestia de visitarla
al día siguiente _hacia las doce de la mañana:_para esa hora habría ya hablado
ella co~ su man_do y ambos tendrían muchísimo gusto en poner á la disposición
de Banncq el dmero que le fuese necesario; advirtiendo que señalaba aquella
hora porque su marido, por hallarse algo quebrantado en su salud se levantaba
después de las once y media.
'
Como Barincq había empezado por decir que se pondría en camino á las
nueve de la ~añ_ana, la nega_tiv~ no podía ser más clara ni permitía volver sobre
el asunt~; se hm1tó por cons1g~1ente á dar las gracias por el ofrecimiento, y cuando la senora hubo tomado su Jícara de chocolate la acompañó al salón preguntándose con ansiedad á quién podría dirigirse.
_Barincq daba vueltas y revueltas en su imaginación á este asunto, lanzando
miradas vagas que se perdían en el espacio, cuando Bernabé, que iba de un
grupo á otro grupo con su bandeja en las manos, le suplicó por señas que fuese
con él á la cocina; Barincq le siguió en efecto.
El e_mbarazo de Bernabé fué entonces tan visible, que Barincq temió algún
contratiempo.
- ¿Qué le ocurre á usted? ¿Ha roto usted alguna cosa?
- Sí, una vasija, pero ahora no se trata de eso.
- ¿Pues de qué se trata?
. :-- Cá_talo a~uí: he oído, sin quer~r, que está usted algo ~purado para hacer su
v1aJe; s1 la dificultad es sólo de dmero, yo puedo darle a usted mañana por la
mañana doscientos francos y lo haré de muy buena gana, puede usted creérmelo; cuando todos hayan marchado iré á buscarlos y se los traeré á usted.
Al escuchar aquellas sencillas palabras sintió Berincq que se le humedecían
los ojos; antes de que hubiera podido sobreponerse á su emoción, ya Bernabé
había desaparecido con su bandeja.
Cuando volvió á ocupar su sitio al piano, los concurrentes que se habían asombrado de que el padre de Anie tuviese ánimos para hacerles bailar convinieron
en que realmente la alegría del heredero era escandalosa: ¡qué demonio, uno
debe ll~rar á su hermano! Por lo menos el bien parecer exige que no se alegre
en público de su muerte.
Entretanto Barincq sólo en una cosa pensaba; en arreglar su maleta con tiempo bastante para no perder el tren de las nueve de la mañana. Porque es claro
que para nada podía contar con su mujer, la cual rendida de cansancio cuando
los últimos convidados se marchasen ya bien entrado el día, sólo tendría fuerzas
para meterse en la cama.
A cosa de las tres de la madrugada alguien tuvo la amabilidad de reemplazarle, y entonces Barincq subió á su cuarto, y allí, después de haberse quitado el
frac y el chaleco, alcanzó una maleta de cuero muy vieja que no le había servido _hacía ya quince años. ¡En qué estado la encontraría! Cubierta de polvo y
agnetada, le faltaba una correa, no parecía la llave; pero de todos modos y bien
que mal podía servir todavía.
Como Barincq sólo había de permanecer en Ourteau el tiempo estrictamente
necesario para el sepelio de su hermano, necesitaba poca ropa blanca: una camisa, algunos pañuelos, la corbata; pero le fué muy difícil encontrar una camisa
medio pasadera y aun tuvo necesidad de afirmar todos los botones de la que
eligió después de examen detenido. Afortunadamente el frac, el chaleco y el
pantalón negro habían sido repasados para el baile de aquella noche y pedían
pasar perfectamente para presidir el duelo; Barincq, por consiguiente, no penetraría como un menesteroso en aquella iglesia antigua en que siendo niño ocupó
tantas veces cerca de su padre y de su hermano el puesto de preferencia, ni tendría que ruborizarse por su pobreza bajo las miradas curiosas de sus amigos de
la infancia.
Solamente en lo que llaman gran mundo, donde los bailes se verifican con
frecuencia y aun podría decirse que empalman unos con otros, ocurre que los
invitados entren tarde y se retiren pronto; en ese otro mundo en el cual las ocasiones de divertirse no se presentan todas las noches, se aprovechan con cierta
especie de avaricia las pocas de que puede disfrutarse; á éstas los convidados
llegan temprano siempre y no acaban de irse nunca. Esto sucedió á los convidados de la señora de Barincq: al salir el sol estaban bailando todavía; fué preciso
para despedirlos el frío y se-necesitó también la dura luz de la mañana que nada
respeta de lo que respetan y ocultan las luces artificiales; además los concurrentes empezaban á sentir el hambre más a ún que el cansancio, y ya hacía dos horas
que Bernabé, después de haber desocupado todas las botellas y todas las soperas, de haber limpiado completamente el hueso del jamón, de haber raspado la
cuchara de la ma nteca, sólo podía ofrecer jarabe de grosella muy cargado de
agua, lo cual era insuficiente.
Por último, á las seis el vestíbulo quedó desocupado; el padre, la madre y la
hija se encontraron solos mientras que Bernabé, en la cocina, estaba disponiéndose á marchar.
- Vamos á acostarnos, dijo la señora de Barincq; me parece que hemos ganado
muy bien algunas horas de sueño.
Entonces Bernabé se acercó discretamente al Sr. Barincq y le dijo en voz
baja:
- Estaré aquí dentro de un cuarto de hora; el tiempo necesario para ir y volver.

~ª:ª

Aunque, según se ha dicho, Bernabé habló al Sr. Barincq en voz baja, la señora le oyó.
- ¿Para qué asunto tiene que volver Bernabé?, preguntó á su marido.
Este hubiera preferido que su mujer no le hubiera dirigido esta pregunta,
pero no pudo dejar de contestarla: refirió, pues, lo que había sucedido: su petición, la negativa con que había sido acogida, el ofrecimiento de Bernabé.
La señora de Barincq terriblemente indignada levantaba al cielo sus manos
temblorosas.
- ¡Aceptar préstamos de un criado!, exclamó. ¡Ya no nos faltaba más que esto!
- Bernabé ha procedido en este caso como un buen amigo, dijo Anie procurando calmará su madre.
- ¿Vas á defender ahora á tu padre?, gritó la señora de Barincq; más juicioso
sería que le preguntases cómo piensa devolver ese dinero.
Sin esperará que este llamamiento á la intervención de su hija produjese sus
naturales efectos, la señora de Barincq se volvió hacia su marido y le preguntó:
- ¿Y cuándo te propones partir?
-A las nueve y media.
- ¿De esta mañana?
- No tengo sino el tiempo justo para llegar mañana la hora del entierro.
- ¡Y nos dejas en medio de este desorden y sin nadie que nos ayude! ¿Cómo
vamos salir de esto? Yo estoy muerta de cansancio y de sueño.
- Por eso no pases cuidado, mamá, dijo Anie; no iré hoy al taller y antes de
esta noche lo tendremos arreglado todo.
- Si tomas el partido de tu padre nada tengo que decir. Adiós.
Sin pronunciar una palabra más la señora de Barincq abandonó el vestíbulo y
subió al piso principal.
- ¿No llevas nada?, preguntó Anie cuando se q uedó sola con su padre.
. - He arreglado mi maleta y la he bajado; voy á poner en ella mi frac y estoy
dispuesto.
- ¿Sin almorzar?
- Me ha dicho Bernabé que no queda nada.
- Voy á hacerte café; entretanto vendrá la panadera.
- Cuando Anie se dirigía á la cocina, Barincq la detuvo diciéndole:
- ¿Vas á encender lumbre estando vestida de ese modo?
- Mi traje, cont~stó ella mirándose, tiene muy poco que perder.
En efecto, el traJe estaba completamente ajado y casi se caía á pedazos, sobre

a

a

Si la dificultad es sólo de dinero, yo puedo darle á us:ed mañana por la mañana
doscientos francos

t?do alrededor del talle, donde se veían marcados los toscos dedos de )os bailannes.
- Puede incendiársete, dijo el padre.
- Pues bien: voy á desnudarme y vuelvo en seguida.
- Mejor harías acostándote.
- ¿Crees que estoy cansada por una noche de baile? A mis años eso sería
vergonzoso.
Cuando, Anie, después de de~pojarse de sus galas de fiesta, bajó al vestíbulo,
en~ontró a su padre que se hab1a puesto también el traje de diario disponiéndose a cerrar su maleta. Entonc~s Anie puso fuego al carbón y colocó encima una
tartera con agua; después abnó la puerta del jardín.
- ¿Adónde vas?, preguntó el padre.
- Me ha ocurrido una idea.
Muy poco tiempo después volvió con aire de triunfo y muy alegre trayendo
un huevo en cada mano.
- Me parecía haber oído cantar á las gallinas, dijo; á lo menos no saldrás
ayuno de casa; do~ huevos frescos, una taza grande de café caliente te repondrán
un poco_ de las fatiga~ de esta noche, mucho más duras para ti porque estaban
acomp1111d~s de la tristeza. ¡Pobre papá! Te juro que he tenido compasión de ti
una compas1?n ~ue me lleg~ba_al alma y que en más de una ocasión me echab~
en_ ~ara a m1 misma el sacnfic10 que yo te imponía haciéndote tocar para que
bail~se_mos, esos valses y esas polcas que no podían menos de ac:ecentar tu
sentimiento.
(Continuará)

�N úMERO 590

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA CRONOFOTOGRAFÍA
:"IUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO
EN LAS CIENCIAS FfSICAS Y NATURALES

(Continuación)

En los álbumes de Muybridge el documento auténtico es entregado al artista con singular facilidad,
y las imágenes, aunque obtenidas con aparatos múl-

imágenes un modelado que hace resaltar mejor los
relieves de los músculos, de los tendones y aun de
las mismas venas.
Entre las actitudes representadas hay una, la inferior, que se encuentra con frecuencia en los frisos del
Partenón, pero se encuentran otras que el arte no
había representado todavía. ¿Serían estas últimas defectuosas desde el punto de vista artístico? Más bien
creemos que no habían sido aún advertidas por los
artistas, y que si á primera vista parecen algo extrañas
es porque aún no estamos acostumbrados á verlas representadas.
VIII. -

LO•:OMOCIÓN ACUÁTICA

Los animales terrestres encuentran en el suelo un
punto de apoyo sólido; en ellos, los diferentes tipos
de locomoción se relacionan siempre con el siguiente mecanismo: un esfuerzo más ó menos brusco de
los miembros tiende á rechazar el suelo en un sentido y el cuerpo del animal en el sentido inverso; pero
como el suelo presenta una resistencia casi absoluta,
todo el efecto de la acción muscular se produce sobre el cuerpo del animal.
Muy distinta es la locomoción de los animales
acuáticos: para ellos el punto de apoyo es un líquido
que se mueve y que consume inútilmente una parte
mayor ó menor del trabajo muscular ejercitado.
Todos los géneros de propulsores que el hombre
cree haber inventado para navegar, tales como velas,
remos, espadil1as, los encontramos en alto grado de
perfección en los órganos locomotores de los animales acuáticos; y si bien la hélice, como movimiento
rotatorio no se observa en la naturaleza orgánica, hay
por lo menos en ésta ciertos movimientos ondulatori_os del cuerpo ó de la cola de los peces, que tienen
cierta analogía con ella desde el punto de vista de
su función.
Además, los animales acuáticos presentan una

una habitación: un reflector de tela blanca, convenientemente inclinado y que recibe la luz solar, forma
un fondo luminoso sobre el cual destácanse en silueta los animales; se recoge una serie de imágenes sobre película móvil y se obtiene la sucesión de las actitudes que corresponden á las fases sucesivas del
movimiento que se quería conocer. La mayor dificultad consiste en obligar al animal á moverse en un espacio limitado á fin de que no salga del campo que
proyecta su imagen sobre la placa sensible.
Después de haber trazado sobre la pared del acuario cuatro líneas que limitan el espacio visible en las
imágenes, se acecha el instante en que el animal atraviesa ese campo. Con tal que este paso no dure menos de un segundo, es fácil recoger una serie de 20
ó 30 imágenes, lo que basta, por regla general, para
recoger las fases del movimiento ( r ).
La medusa (fig. 28) es de fácil estudio: la transparencia de sus órganos ha~e que la silueta muestre
algunos detalles de los órganos interiores.
Por medio de un palo introducido en el acuario se
lleva á la medusa al campo adonde está asestado el
objetivo, y entonces se ve cómo su cuerpo ejecuta
contracciones y aflojamientos alternativos: estos movimientos expelen cada vez cierto volumen de agua,
y por la reacción propulsan al animal en sentido inverso. Si la medusa está orientada verticalmente, la
propulsión se hace de abajo arriba y el animal se
eleva; si está inclinada horizontalmente, la propulsión
se efectúa en sentido horizontal, como sucede en la
fig. 28, en la cual la medusa nada alejándose del observador. Esta disposición permite ver cómo las franjas que bordean el cuerpo de la medusa se encogen
sucesivamente hacia adentro ó hacia afuera siguiendo
los movimientos del agua alternativamente aspirada y
expelida.
La comátula presenta un modo de locomoción
muy curioso. Fijada generalmente sobre algún apoyo
sólido, como una flor en la rama que la sostiene, eje-

N úMERO 590

LA

dirección contraria, es decir, que la onda va de la
cola á la cabeza; pero este movimiento es difícil de
provocar y todavía no hemos podido fijarlo por medio de la cronofotografia.
Las tortugas acuáticas ofrecen diferentes modos de
natación: unas veces es una especie de marcha cuadnípeda con asociación diagonal del movimiento de

I LUSTRACIÓN ARTÍSTl CA

los miembros, como el trote de un animal. Esta manera de moverse es la que representa la figura 29. En
las especies exclusivamente marinas, las patas afeetan la forma de aletas, ó mejor de alas rudimentarias,
y los movimientos de los miembros anteriores son algunas veces simétricos como los de las alas de un
pájaro, de lo cual resulta una especie de vuelo en el

agua análogo al de los pájaros bobos. Este género de
locomoción, que no hemos tenido todavía ocasión de
estudiar por medio de la cronofotografía, aproxima,
por las analogías funcionales, á los quelonios y á los
pájaros por sus caracteres morfológicos.
(Co11ti1111ará)

NUEVA PUBLI CACION

campo al autor para describir sus asombrosos fen6menos y sui
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes prógresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplica'Ciones tan
útiles como los ferroca.rriles, la navegación, las máquin1.s in•
d~stri~les y otras. Por último, en la Meteoroloj{a se explican
mmuc1osamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapid!sima reseña del contenido del MUNDO Ff•
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad de
esta obra.

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUI LLEMIN
TRADUCCIÓN Dlt D. MANUU ARANDA Y SANJUÁN

8RAVEDlD, GRAVITACIÓN, SONI DO, LUZ, CALOR, IAGNETISMO
ELECTRICIDAD, I ETEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR
•

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

Edici6n iliutrada con grabadoa intercaladoa v ldmina,
cromolitografiada,

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos l?s fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la fls1ca del globo, pero con. tal sencillez, en estilo
tan a~eno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabaJo df; ?bra verdaderamente popular, Siguiendo en él el
p~an adm1t_1do po~ cuanto~ de_ la ciencia fisica han escrito, lo di'_
':d e en vanas secc1~nes pnnc1paIes, en cad a una de ellas se enunr ó
c1~ 1~ 1ey que pres1d e á Ios ,en
menos de que trata, el descubn m1ento de estas leyes y las aplicaciones de cada una d las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
e
Asi, después de tratar de los fenómenos y leyes de G
I
explica de un modo comprensible cómo e~os fenóm/~:en Y

"°

Muestra de los grabados de la obra. -Audicionea
telefónicas teatrales
ha
n tra!do consigo el péndulo, la balanza, la prensa
11ca, 1os pozos artesianos, las bombas, la navegaci'6n
r
u
é
A
Iª teorí~ cm_npleta del SonÍIÍ! agrega una enume·
ª r~, etc.
ración d~ todas las aplicaciones de la .Acútlua Yde los instrumen~º:t~usióle_s. La L uz da la _d~ripción detallada de todos los
p1o : ~ Jt;;.s Y ~~ sus ª1;licaEc/ione~ ~ la fotografi~, microsco, 1
agm ismo Y a ectncidaá proporcionan ancho

1
e~s
bid á ey_es

Be enviarán prospectos á quien loe reclame á loe Bree. Montaner

nes, divididos en.unos 2 0 cuadernos cada uno, los que pro•
curaremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto al precio
de 50 céntim_os de peseta; pero en el caso de qu; lo desearan los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en el!texto ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores rep;esentando
lgunos
de Ios ,en
r ó
' notables d e la F!sica
'
a
menos mas
as! como
· ·
' ú otras
mapas en que se expongan 1as variaciones
atmosféricas
que afectan á la constitución del glolio.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa·de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo coo
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Simón, calle de Aragón, núms. 309

y

y

311, Barcelona

--...................
-

. ENFERl'f1~DADES .

GARGANTA
ESTOMAGO
VOZ y BOCA.
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON

eCII BISMUTHO 1 MAGNESIA
mRecomendados contra las Afecciones del Estórt ago, Falta de Apetito , Digestiones laboAcedias, Vómitos, Eructos, y Cóllcos·
rdeeg' arl n
l zan las Funciones del Estómago y'
,os testtnoa,

OS:•

Fig. 28. Medusa que anda horizontalmente apartándose del aparato (imagen negativa)

F ig.

27. Caballo ,al trote corto. La sucesión de las imágenes

multitud de medios de propulsión que el hombre no
ha empleado nunca y cuya imitación podrá intentarse
con ventaja.
Sin pretender enumerar todas los varios modos de
progresión que se observan en los seres acuáticos,
pueden citarse los siguientes:
Progresión por reacción cuando el animal proyecta un chorro de líquido: pulpo, medusa, larvas de ciertos insectos, moluscos bivalvos;
Proyección por medio de órganos que encuentran
una resistencia desigual en las dos fases de su movimiento: comátulas, crustáceos, etc.;
Progresión por efecto de una onda que se propaga
á lo largo del cuerpo en sentido inverso á la traslación del animal: anguila y peces prolongados;
Progresión por choques alternativos de una paleta
flexible: carinaria, aleta caudal de la mayor parte de
los peces.
La invención del acuario ha permitido estudiar los
diversos tipos de la locomoción acuática. Pero en estos, como en los demás movimientos de los animales,
el ojo humano es á menudo incapaz de seguir las fases de estos actos rápidos y complicados.

cuta con sus brazos movimientos obscuros y muy
lentos; pero si se la separa de dicho punto de apoyo
y si se la irrita con un bastón, se la ve, al cabo de
algún tiempo, agitar sus brazos con movimiento rápido, que tiene por efecto transportar al animal lejos de
los contactos importantes. Lo propio que en la medusa, la traslación se verifica en la comátula en el
sentido del eje del cuerpo: si la comátula inclina oblicuamente su cáliz, se transporta oblicuamente. El
mecanismo de la propulsión es el siguiente: de los diez
brazos de la comátula hay siempre cinco que se levantan y cinco que se bajan. Dos brazos consecutivos están animados de movimientos contrarios: los
que se levantan se acercan al eje del cuerpo y los que
se bajan se apartan de él. Finalmente, durante la fase
de elevación de cada miembro los cirros son invisibles, pues la resistencia del' agua los pega al brazo en
que están implantados; en la fase descendente, por el
contrario, se apartan y encuentran en el agua una
resistencia que sirve de punto de apoyo para la locomoción del animal.
La anguila y los peces que tienen análoga estructura progresan por efecto de un movimiento de on-

tiples, no estan sensiblemente afectadas por esta diferencia de perspectiva porque los aparatos pudieron ser colocados á una distancia suficiente para que
fuese poco sensible este defecto.
La cronofotografía sobre tira pelicular en movimiento produce imágenes más claras todavía á causa
de la brevedad del tiempo de exposición que sólo
pueden dar los obturadores rotativos.
La fig. 27, que representa un caballo corriendo al
trote corto, ha sido tomada sobre un campo obscuro y en un caballo blanco; y aunque estas condiciones no son indispensables, puesto que también se
puede operar sobre un campo luminoso, dan á las

PASTILLAS DE DETHIN

leeolllllldadu CIODlra IOI llal• dt la Garganta,
BsUnoton• de la Vos, IA11amllOlon• ele la

B-. E l - penúaiNN dal Meroarto Iri-

&amp;aolon que proclaoe al TaNoo y opeel&amp;l,;..141

'IOI Siin PREDJ~ORE8,

LA SAGRADA BIBLlA

• LElft'E.J.U, Ta .uo
üaPULLIDOI, TEii

IDICION ILUITIIADA

.lRRUOAI PRECOCEI

6 t.O o6ntbno• de P•••t• la
ent rega de ti p6.ginaa

EFLOREICElfClü
ROIBQEI

lo ....... ,.• .,..... i • .i.. 1....ua..
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PROFESORES 'J' &lt;a!CTOI\ES para fac&amp;t11&amp;1 la
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81J(Qfr • 11 rot11lo • /lrl'll4

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E1/f /r III e/ rotulo I frma de /. FAYARO
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Especifico )ll'obado de la GOTA y ll■U■ATl■■oa, calma 101 doloi.
los mas fuertes. Acclon pronta y 11egura en todo■ lo■ period01 del accelO.

•

V ENTA ..01'1 Mll:NOl'l,-11:N TODAa LAS P'Al'IMACI A8

Toses nerviosas;

El mas ,ttcaz d1 loa
F1rruglnoao, contra. la

.
rageasalLaetatodeHIBrrDde

Anemia, Clorosis,
de la Sangre,
Debilidad, etc.

Aprobadu por la ·AcadBmla de Medicina dB Par/,.

GELIS&amp;CONTÉ

rgotina y Grageas de

r . COlllil • IIJJO, H, Rae lalllt-Claue, Pilll

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1

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contra. las· diversas
Afecciones del Corazon,
Hydropeslas, ,

Empleado con el mejor exito ,Bronquitis, Asma, etc,

Empobncl■llllto

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'"' 1, . . ",.,,
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T COK TODOS LOS PIIMCIPJOS fflJTJUTIVOS DB U CARNE

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emtnenCIU médfcu preuban que esl&amp; aaoctaclon de la e,
1 •

l~C~

• • ' - oonstituye el reparador maa entirK!co que se conoce para•~~~
~~
..lfldmla, las JlemtruaCW!tU /Solorolal, el Jlmpobreelmetnto 1 1a J.11
•
' ..
':~aq.1dlúmo, laa J.ftcCW'J!U escro{luo1&lt;u Y escortn"1c41, eté. g¡ y1::." c::r ~:.!~':'Je'
---•• ea, en erecto, el lin1co que reune todo lo que entona r, rtaJ
1
regullrl.zab
-::::1 coordena y aumenl&amp; considerablemente l u tuerzaló ~n!un~ : i : ~os,
empo recida
y d~lorlda : el Yl(Jor, la Cowracwtt '1 la BMrqla tnl lll.
ffl
Por 11avor,en Pan,, en casa de J. FEW,Parmauntico, tos, nae Richelieu, Sucesor 4e AROUD
..,

SS ~ • BN TODAS L4S PIUMCIP.U.SS BOTIQA.8

EXIJASE .ii:~ ARDUO
1

Fig. 29. Marcha cuadrúpeda de una tortuga que nada hacia arriba

Veamos qué resultado nos han dado las primeras
tentativas de aplicación de la cro.nofotografía en esta
materia todavía poco conocida.
Los modos de operar varían mucho ~egtín las _circunstancias.
En los casos más sencillos se asesta el objetivo á
un acuario transparente incrustado en la pared de

dulación del cuerpo, propagándose esta onda desde
la cabeza hasta la cola. En nuestros experimentos
nos ha parecido que esos animales cuando quieren
an\ia~ hacia atrás dan á su movimiento onduloso una
( 1) Como las dimensiones de las páginas no nos consienten
representar series tan largas, sólo podemos reproducir algunas
muestras incompletas de estas imágenes.

'

CARNE, HIE_RRO y QUINA

~

se ha de mirar de abajo arriba

UIT .lRTiPBiLIQOI -

LECHE .A.NTEFtL

UTINE
VELO
..c.

•

,

FAYPOLVODEIRRQZEITRI
preparado co11 bismuto

. . BJ mejoJ' 7 mas C,r,lebre polvo de tocador

por Ch. l'ay' perfumista

e, au, de la Pm, p ARIS

�LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

N ú MERO

APUNTES. HISTORIA DE VARIAS CURACIO·
NES DK TU l!ERCULOSIS y DE CÁNCER, por el doc•

Á ESTA REDACCIÓN
por autores ó editores

LIBROS ENVIADOS

Los

APÉNDICES AL CÓDIGO CIVIL,

tor A . Romeo Mátaro. - Folleto en que el autor,
después de ocuparse detenidamente de la evolución que ha causado en el estudio de muchas enfermedades la aplicación del microscopio, á la que
en su sentir dan exagerada importancia ciertas es·
cuelas médicas, enumera varios casos prácticos de
curación de la tisis lograda por él con una linfa
extraida del carnero y preparada de un modo
sólo del autor conocido. Asimismo enumera algunas curaciones del cáncer obtenidas con un preparado arsenical de su invenció!I. . El intimo convencimiento que el Doctor Mátaro aóriga acerca
de la indudable eficacia de sus específicos se refleja en todas las páginas del opúsculo.

por don

León Bo11el y Sd11chez. - Hemos recibido la entre·
ga 8. • de esta importante publicación, que contiene
en su sección doctrinal El sistema Mpotecario Torrens, por D. Buenaventura Agulló; Del suplemen•
to de legitimas y una parte de la notable Memoria
leida por D. Carlos Soldevila en la Academia de
Derecho de esta ciudad acerca del libro IV del
Código,Civil, siendo también interesantes las ma•
terias que -comprenden las secciones legal{Regla·
mento para la ejecución de la Ley Hipotecaria),
jurisprudencia (Sentencias de la Audiencia de
Barcelona y decisiones de la Dirección de Regis·
tros), cuestiones forales (continuación del fuero de
Navarra) y adicional.
Suscribese en la Administración, Fontanella,
44, por 12 entregas, al precio de 9 pesetas en Barcelona, 10 en provincias y 15 en Ultramar. Entrega suelta, una peseta.

Los HÉROES,por Tomás Car/y/e, traducido por
D. /11/i(m G. Orbon: segundo tomo. - Nada he·

mos de decir en encomio de esta obra, pues además de ser de las que por si solas se alaban, dada
la justa fama del eminente pensador inglés Car·
lyle, algo nos ocupamos de ella al dar cuenta de
la aparición del primer tomo de la misma. En el
hermoso prólogo que encabeza este segundo tomo
dice el sabio escritor y profundo critico D. LeopoldoAlas (Clarín): «Con toda sinceridad declaro
que uno de los libros, de cuantos he leido en mi
vida, que más efecto han producido en mi ánimo
y en mi pensamiento, es éste de Los Héroes, de
Carlyle. » Después de esto, sólo diremos que la
traducción merece especial elogio. Constituye este
tomo el segundo volumen de la Biblioteca selecta
anglo-alemana que con tanto éxito publica en Ma·
drid D. Manuel Fernández Lasanta y se vende
en las principales librerias á 2 pesetas.

PÁGINAS INFANTILES, por 11iilos de 10 d 11
anos. - El ilustrado profesor madrileño D. Angel

Bueno continúa en este libro el sistema con tan·
to acierto y éxito iniciado en Escrituras libres
y Exmrsio11es escolares, que tan buen fruto da en
la pedagogía moderna, es decir, educar al niño
mediante su conocimiento y conocerle en virtud
de su propia obra. Pági11as infantiles es una co·
lección de narraciones interesantes escritas por
niños educandos del Sr. Bueno, que merecen ser
leídas: la obra ha sido editada en Plasencia por J.
IIontiveros y se vende al precio de una peseta.
CRÓNICAS DE ÜRTIGUEIRA, por D. Fedenºco
llfacifleira y Pardo. - En tiempos como los actua•

les, en que tan poco recompensados son por regla
general los hombres que se dedican á estudios ver·
daderamente serios, merece entusiasta aplauso el
distinguido escritor gallego Sr. Maciñeira, que ha
consagrado su talento y su actividad á la historia
de una región de Galicia, no por abandonada me·
nos importante, reuniendo en su Jjbro multitud de
datos curiosos y nuevos y documentos inéditos
copiados del Archivo general de Si mancas, del de
Galicia, del de la Delegación de Hacienda de la
Coruña y del Municipal de Ortigueira. Los seis
arliculos del libro que nos ocupa son á cual más
interesantes y constituyen otras tantas páginas memorables de la historia de España. Crónicas de
Ortigueiraforma un tomo de 332 páginas, impreso en la Coruña, tipografia de ÍA Voz de Galicia.

CoLECCIÓ DK CUADROS,

MISS JULIA NKILSON, CÉLERRE ACTRIZ INGLESA EN EL PAPEL DE (HYPATIA)

. ,11t\llDESdeJE8ro,,.

t-+-'~

~,o

-r-

PILDORAS~DEHAUT
DS P'AAla

•• titubea.a en plJl'tlane, cuando lo

•ocaiwr. lfo temen el a,co nl el cau-

UJJclo, porque, contra lo que ,ucede coa

Jo, demu plJl'tlanw,

em no obra bien
úo cundo•• tomacon bueno, alimento,
1 bobidu torlilicaziw, cualel nno, el utl,
el U. Cada eaaJ ,acoge, para plJl'tlano, l•
hr1 7 Ja oomlda que mu le connen,.,
IOflUI n., ocvpacfollff, Como el UIIIU
. do fD• la J)llrfa oca.dona qutda complelamenleaiíuladoporel efecto dela
buua alimentacion empleada,ano
ae decide tllcilments 41 rolver
•"11 empeHr cuanta, rece,
. ,ea necuario. ·

!p?Ohada por la !Cmll! DE IEDICIIU

PREMIO DELINSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
Meaat1a1 en lu Bxpo1lcione1 lnternaclonalu de

P!&amp;IS • LYOI • TIEN! • PBIUDELPBI! - P!RIS
1867

tffi

18i3

1876

18i8

corc 1 L 11.n o a tx1TÓ n t u
DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
•• lllPLl.l

1' OTtOI D!IOU,IN II DI LA DIOH TIOK

de Emili Vila11ova.

- Nadie como Vilanova ha acertado en pintar en
cuadritos ligeros, tipos, escenas y costumbres de
nuestras clases media y baja, y nadie le aventaja
en el uso de ese lenguaje peculiar de nuestro'pueblo, lleno de gracia y con sus toques de filosofia,
no por lo llana y sencilla menos digna de atención
y estudio. Sus cuadros de costumbres son verda·
deras joyas de nuestra literatura genuinamente
catalana, y si por su forma excitan la plácida son·
risa ó la franca carcajada, hay en su fondo algo y
aun algos que da qué pensar y hace sentir. La Biblioteca popular catala11a ha coleccionado alguno
de estos trabajos en el segundo de sus volúmenes,
que no dudamos tendrá completo éxito, dadas su
bondad y baratura, y que se vende en la dirección
y administración (Muntaner, 10, Barcelona) y en
las principales librerias á 50 céntimos de peseta.

CARNE y QUINA

l.u
Pmna .......... tu

Pepsina Boudault

590

ll .&amp;llmento mu repa)dor, llllido al TóDlco 11111 enqiCG.

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PllDIOIPlOS fflJTl\ITIVOS SOLUBLBS DB U CilNE
y 911111-1 son los elementos que entran en la coml)()sldon de este !)()tente
reparador de las tuerzas niales, de este fer,iaea■le per ~eele■ela. De un gusto sumamente agradable, es 110berano contra la Jnemta y el Áf)OCam~to, en las Calentura,
, Cot1oalecencúU1 contra las IJ14rreiu y las :arecctotta del a,toma(lo y los tntuttno,.
cuan&lt;lu se trata de despertar el apetito, asegurar las dlgesUones, reparar las tuerzas,
eruiquecer Ja sangre, entonar el orgaulsmo y precaver la anemia y las epidemias provocadaa por los calores, no se conoce nada superior al Yi■• de 911liaa de .t.reud.
.Por ,na,vor. e11 Paris en eua de J. FERRil, Farmaceutlco, 10!, rue Richelieu, Sacaor deAl\OUD.
4'A&amp;.ft

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1-

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APJ:OL
de los O'.. JORET 8 HOMOLLE
El APIOL cura los dolore,, retr1101, 1upretlo ne1 '1e 111 mpoca■, ast como las_p_lrdld11.
Pero con frecuencia es falsificado.El APIOL

verdadero, único eficaz, es el de los tnven•
tores, los D"' JORET y BOIIOLLE.
MEDALLAS Exp•Unlr1• LON DRES188Z•PA Rl81ffl

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Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,

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.
R
E
DUSSER
PITE EPILA,01
ff

Querido enfermo. - f fese Vd. 11. mi larga exper/encl1,
y hata uso de nuestros IJRANOSde SAWD ,pue, el/OI
le curarán de au const,paclon, le darán apetito
derolrerAn el sueno y la alegria. - Aa, r1r1r.! •
muoho, año,, d11frut1ndo siempre de una buAna salud-

Yv~•

Btr•"· *·'·,.

dfttnJIpelicN
m1a 1u
11 v•LLO
w""'" •• 1atde•••
(Barbe.
&amp;lapa
P11111a10••
el ailll. 10 Año■
de ÍbllO,Jmil!Mel
lellimoalolprullw
11 ..,_..,
4e w pn,andoD. (Se ft■de • RJH, pjll'I ta barba, 1 ea 1/2 11J11 pan el blple llrero). ~
lol liruN, •piNN II rlLl fUB.B. J:&gt;V■BER, l , rae J . ..J,•ROuHe&amp;u. P■•-

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

lMJ', PIS MONTANH Y l:lJMÓN

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>,~trtac100
11tí~t1ea
A:N"o XII

BARCELONA 24 DE ABRIL DE

1893 ~ - - - - - - -

NúM. 59r

Próximamente comenzaremos la publicación de una interesante novela de costumbres contemporáneas
de la distinguida escritora Eva Canel

•

EN EL BAILE, cuadro de Román Ribera (Exposici6n P:ués)

•

�266

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 591

tras no abarque los problemas morales en todos sus
aspectos y desde el punto de vista del sentimiento.
Desde luego la revolución social sería un hecho si,
como las revoluciones de esta índole de todos tiel)lpos, llevase por bandera una teoría ó una doctrina
ética que sirviera de contrapeso á las frías y egoístas
del materialismo científico y á las no menos egoístas
Texto. - Crónúa de Arte, por R. Balsa de la Vega.. -El compost'lor Afassmel, por X. -El remmterio de JJ. Santos, por de la lucha por la existencia. No resolvieron nada
Carlos Frontaum. - Otho,, Cildemeister, burgomaestre JI tra- nunca dentro del complejo orden cósmico las solucio-

la influencia de la obra pagana y del realismo moderno. Luce la estatua de la virtud cardinal desnudos
los brazos y los hombros, la garganta y los pies; la
cabeza también desnuda . parecería á la testa de una
deidad pagana, si no fuera por la fuerza de la unción

NúMERO 591

tán vivos en mi imaginación estoy dos años sin coger l~ pluma, espero a que la
inspiración venga sin forzarla y creo mentalmente la partitura, an.dando por la_ ca-

cristiana Que la anima y caracteriza.

lle, viajando, en el campo, en cualquier parte. Las melodías, la mstrumentac1ón!

el conjunto, todo se -va preparando lentamente por un. esfuerzo m1ster!oso de mt
pensamiento, y cuando la partitura está ya escrita en n:11 cabeza, ~s dectr,. al cabo
de unos dos años, la traslado al papel en menos de sets mese~, sm neces1t~r nunca el piano para comprobar lo que por sí solo se _canta en m1 mente. Y mientras
ejecuto este trabajo de copia no altero en nada mis costumbres: me levanto á las

vida cósmica á un sistema, anula así la infinita varie- Cóbrese el Dolor con un amplio manto de severos
dad de matices de las aspiraciones de las distintas pliegues, y la cabeza de la estatua desaparece en la
Grabados. -E,i elóaile, cuadro ele Román Ribera(Exposici6n colectividades sociales, y sobre todo amarra á un ca- penumbra que forman los bordes del ropaje. En camParés). -El emine,,te compositor fra,uis Julio llfaswut, y El suismo lo más libre, lo más independiente que exis- bio el Afarlirio es una estatua inspirada por el arte
comedor y {fUa del mismo. - Un adivino e,i Afarruuos, cuadro te, el sentimiento y su expresión artística.
pagano; vestida también con amplias ropas talares, rede Catón WoodwiUe. - Pergamino o/rtcido al matstro Vtrdi
Por eso el arte apenas si presta ayuda y atención parte palmas y coronas. Pagana es asimismo la figura
con motivo de la i,1auguració11 del lea/ro de m nombre ttt Garrara. - E sperando el rosan·o, dibujo ele Andrés Parladé. - á la idea nueva; tan sólo mirándola como aspiración del Heroísmo por su traza, cristiana por el movimienAtelaje bJJigaro, dibujo de Alberto Richter. - Parls. lA pla- justa de una colectividad desheredada y desde el to pasional de la cabeza y por su expresión.
:a Clicky, cuadro de F. Miralles. -ÍA cigarra y la hormiga, punto d~ vista del sentimiento, de cuando en cuando
Rodean la base del monumento diez y ocho medacuadro de Enrique Serra. - Figuras 30, 31 1 32 y 33, cuatro el artista le dedica sus pinceles y el literato su pluma;
llones orlados de palmas: representan otros tantos
grabados correspondientes á La cron(Jfatograf!a. -L' hereu y
La pubillela, escu lturas de Celestino Devesa (Exposición pero no más que de cuando en cuando, pues para el héroes de los que conmemora el monumento. Los
arte cuanto tienda á darle fórmulas de un género retratos de los otros diez que faltan para completar
ParésJ.
cualquiera que sea, y muy especialmente si este géne- el mlmero de los veintiocho mártires no pudieron ha............ ,.,,-.,,.,..,,..,,.,,..,,.,,..,..,,..,,.,,':-.._r,,-.,r,,•,,r.,-.!,..,,,,,,..,-.,r,,••,r.,-.,,.,, .. ,,.,r, ... ,,.,, ..
ro se refiere á la vida en su aspecto económico, es cerse por no haber sido posible encontrar sus fotosinónimo de muerte, y el arte como el espíritu es in- graílas.
CRÓNICA DE ARTE
mortal, como el ansia de la perfección que domina
Nuevo mllodo para a1uzlizar el movimiellto de lfU ciencias ffsicas y naturales (continuaci6n).

nido avanmndo y reaccionando por modo incónscien- hondas y delicadas fibras del corazón, despertando
te - con permiso de los que creen que hoy ya no suce- sensaciones y produciendo emociones puras, exentas

de así, - y este continuo flujo y reflujo muéstrase en
los últimos años del siglo actual con más fuerza que
nunca, y no porque hayamos alcanzado un grado de
cultura superior á aquel que habían alcanzado los pueblos de la antigüedad y de la Edad media son me-

nos de temer las consecuencias de estas convulsiones
del espíritu humano en busca del deseado equilibrio
de las fuerzas sociales, necesario para entrar en el
período primero de un estado de relativa perfección;
que si para el tránsito de la sociedad pagana á la
cristiana y de la de los siglos medios á la moderna y,
dentro de ésta, de la de los privilegios á la democrática, hubo de pasarse por el derrumbamiento de una
civilización, por los terrores del año mil, por las guerras religiosas y por la guillotina, hoy también estamos abocados á sufrir una transformación de los organismos sociales que, como todas, habrá de costar
luchas cruentas de toda especie; que no es la muerte
del hombre lo cruento en estos casos, sino la de las
ideas á cuyo calor se formaron y desarrollaron los intereses de los pueblos ..
Sobre la transformación social de que hablo tuvie-

ron una ventaja inmensa las acaecidas; y esta ventaja
consistía en que el ideal transformador, mejor dicho,
que obligaba é inspiraba la transformación, la metamorfosis, estaba claramente determinado, y el implantarlo no ofrecía las dificultades de todo aquello que
por su complejo organismo es imposible apreciar completamente. La revolución social que hoy nos amenaza, apenas si ha logrado resolver una parte del
problema tan grave como es el de ·formar ó estable-

cer un nuevo orden de cosas. Apenas si ahondaron
los iniciadores de las ideas nuevas más de la corteza; nada han dicho respecto de la forma en que se
han de resolver los problemas que afectan á la vida
espiritual' de la humanidad, pues soñar que por gracia de una solución de orden puramente material, y
aun ésta por lo que ataña á una colectividad, pueda

realizarse la transformación, es lo mismo que creer en

«el miticismo cristiano muere como informador de

á

y mi mayor placer lo experimento al volver cuando anochece á casa para disfrutar
de las dulces é íntimas satisfacciones del hogar, porque soy un artista ca~ero, que
sin odiar al mundo no encuentra nada comparable con el calor de l~ familia.
Massenet no asiste nunca á los estrenos de sus obras: él mismo dice que es demasiado nervioso y sentido para exponerse á las emociones de una prim~ra re•
presentación; as( es que se queda en su casa, al lado de su esposa ó trabaJando,
como sucedió cuando el estreno de Manon: aquella misma noche, 11 de octubre
de 1891, compuso algunos fragmentos del baile Car,Jlon, que actualmente se representa con gran aplauso en Viena.
El eminente compositor antes de lograr la posición que hoy ocupa hubo_ de su-

frir grandes amarguras y privaciones, viviendo casi pobremente de sus lecciones.y
de lo que le producían algunas romanzas que componía. Por fin, su tale_nto se abnó
paso y pudo realizar su sueño dorado de ver una de sus óperas, Le ro, de Lal,ore,
puesta en escena espléndidamente en la Gran Opera de París. «¡Ah, esta pnmera
representación en la Academia nacional de música!, exclama Massenet al pensar
en aquel acontecimiento. Cuando recuerdo aquella noche inolvidable, me parece

todavía un sueño.&gt;

Ya está colocada sobre su pedestal la estatua de
María Cristina, obra de Mariano Benlliure. Es esta
estatua una de las más ¡,legantes y bellas producciones del célebre escultoi valenciano; no as( el pedestal, de forma cilíndrica,~do, amazacotado, queparece una colosal linter~ d~ Diógenes ó por lo menos
como la que le pintan al cínico griego.
De la estatua haré la descripción detallada cuando se descubra al publico; por hoy sólo me basta con
añadir á lo dicho que es una gallarda muestra del
valer de Benlliure.

***

la obra artística.» ¡Oh, ciertamente que sí! El mistiHablemos algo del movimiento artístico en Francia.
cismo moderno es más grande, porque reside en la
Mlle. Luisa Abbema celebra este año, como viene
Naturaleza, que lo llena todo.
haciéndolo hace ya algunos y siempre en el mes de
abril, la exposición de sus obras. Es esta artista, cor¡
*
Rosa Bonheur y alguna otra, de las pocas mujeres
**
que tienen una reputación artísti ca de mayor ó mePensaba todo lo anterior viendo el modelo á todo nor importancia, pero justamente adquirida. No se
su tamaño que el escultor Querol ha remitido á Ca- limita á pintar flores y frutas, que parece ser el génerrarra para reproducirlo en mármol del monumento ro obligado de las damas que cultivan el arte de Apeque ha de conmemorar las veintiocho víctimas que en les, sino que también abarca el paisaje, el retrato y la
el cuerpo de bomberos de la Habanacausó el incen- pintura decorativa.
dio acaecido en esta ciudad el 17 de mayo de , 890.
Luis Cardou dice que entre las obras que este año
Cristianísimo es el grupo que va .en lo alto del ci- exhibe Mlle. Abbema hay algunos paisajes en los
tado monumento. La Fe, vendados los ojos, soste- cuales pretendió la artista reproducir las vibraciones
niendo con un brazo el cuerpo de uno de los márti- luminosas de los rayos solares en -los tonos verdes de
res, á pesar de estar de pie y casi en actitud de-empren- un país de primavera, habiendo logrado un éxito. Verder el vuelo en dirección del trono del Altísimo, re- daderamente es un triunfo si como Cardou afirma
cuerda.:; 90 porque se parezca, sino por la idea- el salió bien de su empeño esa señorita. El retrato
grupo que la, escultura cristiana ideó de la Virgen es otro de los géneros á que se dedica esta artista.
con su divino Hijo muerto en los brazos. Y préstale Por último, Mlle. Abbema presenta cuatro panneaux
mayor carácter y parecido el que la Fe, como la Ma- decorativos para el hall del palacio de las mujeres
dre de J esús, están ambas al pie de la cruz. Querol de la Exposición de Chicago. Representan estos pan·
trató de dar á su grupo unción religiosa, altamente 11eaux á A11iérica acogiendo ~á las 11ncio11es y la Vi//(1,
religiosa, y á fe que lo ha conseguido. Casi pudiera, de Paris llevando á Chicago el arte de la 111ujer.

la posibilidad de que pueda existir un pueblo de
autómatas.
con ligeras variantes de indumentaria, hacer una
He aquí cómo el criticismo moderno, hijo de una Pietá de este grupo, bellamente modelado.
cultura refinada, calculadora, al examinar el nuevo
Pero en vano Querol, como todos los que respiramovimiento social, no encontrando en él nada más mos la atmósfera en que se elaboran las ideas estétique soluciones puramente económicas, y éstas limita- cas modernas, ha podido prescindir de dará la simdas en los estrechos moldes de una escuela que tan bólica figura de la Fe un carácter eminentemente reasólo abarca el más pequeño y menos permanente de lista, por lo que á la plástica corresponde, como tamlos medios que para su existencia ha menester un bién á las otras cuatro figuras sedentes qu e sobre el
pueblo culto, lejos de apoyar eficazmente las solucio- pedestal del segundo cuerpo del monumento emplanes socialistas, las opone reparo, sugeridos por la du- zadas si mbolizan el Dolor, el Afarlirio, la Abnegación
da, cuando no por el convencimiento que tiene de y el H erblsmo. En la primera de estas figuras, la Fe,
que hasta ahora está en el período caótico, embrio· es sin embargo en la que más se determina la influennario, el ideal transformador, del cual no saldrá mien- cia de esas ideas estéticas en la escultura mezcla de

cinco en verano y á las seis en invierno me estoy en mi despacho hasta las doce;
almuerzo y salgo para ir al Instituto, ó visitará mis amigos ó á verá mi .editor,

•**

de todo egoísmo, de toda pasión mezquina.
***
Y el arte, convencido de que por el camino de la
Por fin, el ministro de Fomento ha dado la orden
razón fría se va derechamente al enfriamiento y muer- á los escultores de retirar las estatuas de la Bibliotete de todo, así en el orden material como en el ca para que puedan reproducirlas en el mármol. Ya
moral, reacciona y se lanza en busca de idealismos; era tiempo. Veremos si el alcalde sigue el ejemplo
y he aquí la confusión, la vacilación, pues reconoce del Sr. Moret y ordena á su vez la retirada de los moque esos idealismos necesarios han de s'er producto delos de las de Villanueva, Lope de Vega, Fernánde un medio de cultura, y como el actual no la ha dez de Oviedo y 111ando de la Laflita, como aquí se
determinado todavía claramente, búscalos e·n los me- le llama al pobre general de artillería de los Reyes
dios que fueron.
Católicos. Por muchas razones es menester retirar
· Pero no hay duda, el misticismo lleva por ahora dichos modelos, pero una de las principales por ver
la ventaja en esta lucha; el misticismo religioso, el si los alltores de ... esas estatuas vuelven por su buen
cristiano, parece vencer, y sin embargo, una voz des- nombre al labrarlas en el mármol.
conocida, aquella que gritaba junto al Capitolio «los
dioses se van, » se escucha ahora también diciendo:

***
En la Galería Petit están expuestos una porción de
objetos artísticos pertenecientes
la colección de
Mad. Denain, que acaba de ser vendida.
Entre los cuadros notables que posee esta señora
hay un retrato de Rembrandt, pintado por él mismo;
otro retrato de la hija de Velázquez, pintado por el
inmortal autor de la Hilandera, y el retrato de un
fraile, debido al pincel de Rubens. Hay además pinturas de Boucher, de Fragonard y de Oudry, y una
curiosísima de retratos de bailarinas célebres y de

a

A RTfs TICA

cómo compongo y cómo escribo? Comienzo por leer el libreto hasta aprendérmelo de memoria, empapándome bien en el asunto, y cuando todos los perso~a¡es es-

Más hieráticas son las otr¡¡s estatuas, excepción hecha de la que representa á la Abnegación, que es completamente modernísima: una hermana de la Cariductor alemdn, por Juan Fastenrath. - El Tesoro, por Manuel nes de un cani.cter limitado; y si esto se tiene t n
Amor Meilán. - Afisulá,zea. -N1'tsfros gral&gt;ados. - Am'e(con- cuenta hoy, veremos cu:in poco viable se presenta dad. L:r del Dolor es la estatua más genuinamente
cristiana, al modo que entendieron estos simbolistinuaci6n), novela por Héctor Malot, con ilustraciones ,de
Emilio Bayard. - SKCCIÓN CI ENTIFIC": ÍA &lt;ro11ofotograf!a. por ahora la solución socialista que sometiendo la mos litúrgicos los grandes artistas del Renacimiento.

al hombre es perdurable y no cabe por tanto en los
Cumple, antes de decir algo de lo que en el mun- estrechos moldes de una escuela.
do del arte acontece, exponer algunas consideracioExento, pues, el socialismo, como el materialismo
nes acerca de los rumbos que esta entidad en gene- científico, como la frivolidad, de una gran masa soral sigue en los momentos actuales; rumbos inciertos cial, como la política moderna de ese nervio espirique acusan más que nada un estado de carencia com- tual que necesitan las grandes ideas reformadoras
pleta de ideales y una vacilación inmensa, hija á mi para existir en condiciones de vida fuerte, una relientender de la falta de cerebros cuya fuerza imagi- gión con sus metafísicas abstracciones donde puede
nativa se imponga á los casuismos todos que en el mecerse el espíritu y respirar á sus anchas, el arte hoy
orden científico, como en el político-religioso, como vuelve los ojos, bien hacia .el viejo Cristianismo, bien
en el filosófico, invaden el mundo del pensamiento. hacia la Historia, bien hacia la Naturaleza, en busca
Por una ley ineludible, la del equilibrio, las socie- no de fórmulas plásticas, sino en busca de sentimiendades en todo tiempo, al través de los siglos, han ve- to, de idealismos, de algo con que hacer vibrar las

LA I LUSTRACIÓN

Hoy los principales teatros de Europa solicitan sus partituras, y el reciente éxito
de Werther, estrenada en Viena en la anterior temporada y que pronto_ se cantará
en París, es prueba elocuente de que el genio del que un día fué humilde timbalero en el teatro Lírico de la capital de Francia se ha impuesto á los_p_úbhcos más
mtehgentes y vuela resueltamente por las regiones en donde los_pnv1legiados alcanzan la gloria y la inmortalidad. - X.
- ,

EL &amp;M l N&amp;NTB COMPOSITOR FRANCÉS JUl,10 MASSENET

actrices del siglo pasado y del actual. Por último, Mad. Denain había logrado adquirir algunas de las mejores telas de Bonington, uno de
los primeros bucólicos ingleses del siglo xvm,
de Decamps y de Rousseau: de este último el
celebrado Arco Iris.
R. BALSA DE LA VEGA

Abril 14 de 1893-

EL COMPOSITOR MASSENET

.Cuenta actualmente Massenet cincuenta años,
pero conserva en su porte toda ]a viveza, en su
mirada todo el fuego y en sus inspiraciones toda
la frescura de su juventud: cabeza hermosa, ojos
alegres, bigote fino, labios sensuales, cabello
echado hacia atrás y frente espaciosa y admirablemente configurada, tales son los principales

rasgos que caracterizan su fisonomía.
Habita el gran compositor en París el cuarto
piso de una casa de la tranquila calle del General Foy, y su gusto artístico se revela en todos
los detalles del mueblaje y del decorado de las
habitaciones. De éstas sólo mencionaremos el
despacho, el cuarto de trabajo, mejor dicho, en
donde tantas bellezas ha creado la privilegiada
mente de Massenet: cerca de la pared, en plena

luz, la mesa; junto á ella varios estantes con libros de poesía, de historia y algunas novelas, y
en lugar preferente los dos autores predilectos
del maestro, Beaumarchais y Juan J acobo Rous-

seau. En un ángulo, cerca de la ventana, una
biblioteca con cristales, detrás de los que se ven
sólidamente encuadernadas y colocadas por orden cronológico todas las partituras del autor
de El Cid.
¿Y el piano?, se preguntarán nuestros lectores.
Este mueble es precisamente el que no se en-

cuentra en aquella casa, y si algún visitante al
notar esta falta demuestra su extrañeza, no tarda Massenet en decir:
- ¿Y para qué me había de servir un piano?
BastaQte¡ hay por desgracia en la casa: casi en
cada piso uno que no cesa de armar ruido de
dla ni de noche. En cuanto á mí, no le necesito para mis composiciones. ¿Quiere usted saber

LA CASA DB MASSKNBT, - llL COJUDOR

�268

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

591

- Precisamente ahora en todos los avisos de fallebrinos, lo que indica que los t'nconsolables se consolaron en 365 días. Y ya no han vuelto á acordarse del cimientos, insertos en los periódicos, se expresa que
- Calvario, 20, bajo, tiene usted su casa, me dijo muerto, porque en los ocho años siguientes no apare- «falleció después d~ recibir los Santos Sacramentos.»
- Es una excelente costumbre, un cristiano y saD. Santos, despidiéndose de mí en la calle de la ce aviso de funeral, misas ó exequias, etc., etc., por el
Cruz, donde le encontré h otra tarde. Vaya usted alma del riquísimo D. Tadeo, que tantos años estuvo ludable ejemplo y una lección oportuna para los que
amontonando riquezas y viviendo con una economía en vano pretenden descatolizar á la nación católica
por casa y le enseñaré mi cementerio.
por excelencia, que á la religión debe sus mayores
- ¿Qué dice usted?.. ¿Cementerio en un cuarto parecida á la miseria.
glorias.
- Ese es el mundo, amigo D. Santos.
bajo?
- No -crea usted, dijo por último ej amigo RisueAbrió D. Santos otro tomo, el de 1890, y leyó un
- Sí, señor, sí; vaya usted y lo verá.
Y siguió D. Santos su camino, dejándome con las aviso mortuorio en el mes de febrero, en que la afli- ño, que esta copiosa colección de avisos fúnebres es
ganas de saber qué cementerio era el de su casa, y gidísima i·nconsolable viuda del teniente coronel don sólo un entretenimiento... En esta multitud de recon la sospecha de que el hombre no tenía la cabeza José Cintarazo pedía para el alma del bizarro militar cuerdos de las personas que hemos visto entre noslas oraciones de los numerosos amigos y les invitaba otros, cuyas cualidades, buenas ó malas, hemos cosana.
nocido; cuyos triunfos y cuyas derrotas hemos preD. Santos Risueño es un filósofo de medio carác- al entierro.
- Pues en el torno de 1892, en febrero, vea usted senciado, encuentra el espíritu cristiano fortaleza y
ter, ó de medio pelo, solterón independiente, que
también hay solterones que viven en la más humillan- otro aviso en que la misma afligida señora Doña Ca- aliento para esperar con serenidad la hora de mote dependencia, hombre sin vicios ni virtudes, po- talina Ternezas y Pérez y su esposo el coronel don rir. Esta colección se cerrará con el aviso mortuorio
seedor de una modesta rentita segura, con la que Cándido de la Espuela comunican á sus numerosos que en mi testamento dispongo se inserte en La Coatiende á sus necesidades, que no son muchas, por- amigos que ha subido á la gloria su hijo Ricardito, á rrespondencia y que ya tengo redactado... bien que he
que ni viste con lujo, ni gasta una peseta ni media los tres meses de edad. ¿Qué le parece á usted de la dejado en blanco la fecha. Y cuidando mucho de mi
con mujer alguna, obrando en esto como sabio, sin aflicción de la viuda del teniente coronel?.. No tardó salud de alma y cuerpo, y pudiendo vencer las sugestiones de la envidia, no haciendo daño á nadie y llaserlo; ni emplea más de cien céntimos en ver la me- mucho en procurarse el ascenso.
- Esa es una aspiración legítima en lo militar y en mando poco al médico, creo que tardará todavía basjor comedia desde la entrada general, única localidad,
tante la hora de que mi testamentario llene el blanco
según dice, en que naqa distrae de la escena al espec- lo civil.
- Aquí tiene usted en el mismo número dos avi- de la fecha.
tador; ni compra libros, pues lo que quiere leer lo lee
Y con esto me despedí del bueno de Risueño, deen la Biblioteca Nacional; ni admite sablazos de nin- sos fúnebres, de gran tamaño los dos, anunciando fugún amigo; ni da más de catorce reales diarios á la pa- neral en diferentes iglesias por el alma de D. N. Fer- jándole con su ftínebre manía.
trona que, hace muchos años, por esa corta cantidad nández, el acaudalado propietario de cuarenta y tanCARLOS FRONTAURA
le mantiene, le asiste, le lava, le cose, le plancha, le tas casas en Madrid. En uno de estos avisos convida
á las exequias su viuda, con la que casó siendo viu- ,_,,,,,.,,,,.•,,¡o,.••J••••••l•,1•••••••'••"••••••••l'••••,1•••••••'••••••'••'••1•,,•,,1•.,•o,1•.,•1,1• ..••••••••••••••'••'•J'-.
zurce y en todo le sirve con la mayor solicitud.
Es la de D. Santos una de esas beneméritas patro- do; y en el otro, su hija, del primer matrimonio, su
nas - de que no queda en el mundo más que algún hijo político, sus nietos, etc., etc., todos afligidos y
OTHON GILDEMEISTER
rarísimo ejemplar - que disfrutamos en mejores tiem- desconsolados y disputándose la herencia del muerBURGOMAESTRE Y TRADUCTOR ALEMÁN
pos los que ya somos viejos, patronas propiamente to, de la que al fin y á la postre será la mejor parte
dignas de este nombre, que cuando un huésped les para los eminentes letrados y los diligentes curiales
España tiene sus senadores poetas, como el solitario
entraba por el ojo derecho, consagrábanle todos sus que entienden en los pleitos á que ha dado ocasión
de
la casa Santa Teresa en Villanueva y Geltrú, don
esta
embrollada
testamentaría.
En
cuanto
se
resuelva
desvelos, le daban todos los gustos, le perdonaban
todas las faltas, sobre todo la de dinero, y le hacían, definitivamente el litigio, que amenaza durar lo que Víctor Balaguer, cuya trilogía catalana Los Pirineos,
en fin, fácil y alegre la vida en medio de los afanes resta de siglo y el otro, se acabarán los avisos de vertida al alemán, hace hoy las delicias de los Países
Bajos, merced al íntimo comercio literario que existe
honras fúnebres por el rico difunto.
del estudio y la penuria de la bolsa.
- Supongo que se acabarán también los herederos. entre los pueblos germanos. Y en la laboriosa cuanto
No había entonces tantos suicidios como ahora,
- Vea usted este recuerdo piadoso que consagra docta Alemania hay en la persona del doctor Othon
y nadie me quita de la cabeza la idea de que la mutodos
los años el conde del Atomo á la memoria de Gildemeister un burgomaestre traductor de quien se ignificencia de las patronas evitaba que se malograsen en flor preciados ejemplares de la juventud es- su mujer. Todos los años paga los diez duros por el nora si es más alcalde que traductor; pues si Brema le
tudiantil de aquel tiempo venturoso... Pero en otra anuncio del aniversario. ¿Usted no conoció á aque- honra como á su primer ciudadano, á su intachable
burgomaestre, al hombre práctico, al financiero honraocasión dedicaré á las patronas que florecieron en lla mártir?..
- Sí, recuerdo que todo el mundo la compadecía. do que pudiera envidiarnos Madrid, y que parece que
aquella época el epitalamio que merecen.
- Como que el marido, que únicamente se casó se había sumergido sólo en el océano de los números,
D. Santos es un egoísta desocupado que se burla
con
ella por la considerable dote que le llevaba, la en la prosa de la Hacienda, pudiendo aplicarse á él
de todo lo humano, de lo social como de lo político,
de lo militar como de lo civil, y no lee más periódico mató á disgustos, y dicen que también á golpes... To- la oda del poeta de Lacio que dicejuteger vt'tae, sceque La CorreJpondencia de Espaiia, y no repasa este do lo soportó con una abnegación heroica aquella lerisque purus, pero que respetaba también la liberapreciable diario por saber noticias que no le impor- infeliz hasta que no pudo más, y abandonó este mun- tad religiosa y científica y que tenía la tolerancia que
tan un pito, ni por saborear los folletines; lo compra do en que tan dura suerte había sufrido. También desearíamos á los ministros de España, la abnegación
este marido que maltrató á su mujer y no tuvo pie- y la pureza de corazón con que nos entusiasmaba
por los avisos mortuorios.
Así me lo dijo él mismo el día siguiente al de nues- dad de ella invita afligido al entierro, y luego cada Moltke, y que conocía como el que más el arte de la
tro encuentro, que fuí á visitarle ansioso de ver lo año dedica á su víctima, en la cuarta plana del pe- vida, ciñendo su frente la corona de las virtudes cí·
que había prometido enseñarme ó de convencerme riódico popular, un recuerdo de 50 pesetas. ¿Es re- vicas, la modestia, Alemania entera le ama cual estadista y publicista nacional, y el mundo de las letras
mordimiento? ¿Es hipocresía?..
de que había perdido el juicio.
- Y sin embargo, ya sabe usted que el conde del le llama el discreto y genial intérprete de las obras
D. Santos es un coleccionista fúnebre. Así como
Atorno
es una persona muy considerada en Madrid, maestras de los poetas más eminentes, el maestro de
otros reunen sellos de correos, pipas, abanicos, cajas
de fósforos, etc., etc., D. Santos tiene· cortados y pe- aunque se conocen sus malas cualidades y su perver- los traductores que, llegando por virtud de sus excep·
cionales condiciones literarias á identificarse con los
gados avisos mortuorios en las hojas de un libro del sa historia...
autores
clásicos, descansaba en el país fabuloso de
-Así
hay
muchos
...
tamaño del Mayor de los comerciantes y al margen
- Este es el mundo... No todos los criminales Ariosto y en el ciclo del Dante para convertir el mede cada una escribe sus observaciones. Posee diez tomos, tantos como años hace que &lt;lió en tan rara afi- arrastran cadena; los hay sueltos y con muchos tal sólido de su saber en preciosísirnas obras artísticas, deleitándonos con las joyas brillantes de las occión, y verdaderamente, no deja de ser curioso este humos...
tavas reales del autor de Orlando Fztrioso y con los
- ¿Quiere usted ver más muertos?..
cementerio de D. Santos. Allí están todos los muertesoros
misteriosos de la poesía del vate florentino,
- Si he de hablar á usted con ,franqueza, no entos conocidos que en los últimos diez años han figumereciendo
unánime aplauso, por la suma de voluncuentro
demasiado
alegre
el
entretenimiento.
No
nierado en la cuarta plana del periódico noticiero. Allí
los hombres políticos de quienes nadie se acuerda; go, sin embargo, que es curioso este cementerio, y tad civilizadora que revela ofrecer al público aquellas
los invictos generales olvidados por sus enemigos y que la idea de formarlo es sumamente original. Difi- sublimes manifestaciones del genio en una época do·
por sus amigos; los nombres más linajudos; las hermo- culto que haya otro que se ocupe en semejante tra- minada por la prosa, y lograr por su dominio de las
. lenguas en que fueron escritas las hermosas campo·
sas más celebradas; los ricos más espléndidos y los ~~
- Corno no tengo nada que hacer... Y crea usted siciones, y del idioma alemán, verter con toda su puricos más pobres, por avaros; los grandes negociantes ... ; en fin, miles de personas que hemos visto des que me entretiene sobremanera formar mi colección reza, sin que pierda nada el concepto, sin que pierda
aparecer de entre nosotros, precediéndonos en la vi- y consultarla diariamente. Tengo hechas observacio- nada tampoco la frase, las mágicas estrofas de los
nes muy curiosas. Por ejemplo: en diciembre, enero poetas italianos al idioma que cuenta como preciadas
da eterna ...
- Vea usted, me dijo D. Santos abriendo el tomo y febrero es cuando mueren los personajes y los mé- manifestaciones de su valía el Fausto de Goethe, los
de 1883, el primero de su cementerio, y leyendo un dicos, aquellos por exceso de cuidado y éstos por ex- dramas de Schiller y los cantares de Reine.
Interpreta el Sr. Gildemeister tan acertadamente los
aviso mortuorio del tamaño de media plana de La ceso de trabajo. En los mismos meses se produce el
Correspondencia: «El Excmo. Sr. D. Tadeo Pérez y mayor número de vacantes en el Estado mayor del pensamientos y los viste de modo tan elegante y sen·
Pérez, banquero. Falleció el 1.º de enero de 1883. Sus ejército. En verano mueren más casados que en in- cilio, que muy pocas traducciones podrán comparardesconsolados sobrinos, etc.» Por el tamaño del avi- vierno. La clase que menos contingente da á mi ce- se á las suyas, y bien pudiera decirse, sin riesgo de
so puede usted calcular el desconsuelo de los so- menterio es la benemérita de prestamistas sobre alha- equivocación, que en ninguna lengua como en la ale·
jas y ropas en buen uso y sueldos del Estado. Por últi- mana, aparte la original, podrían leerse la Epopeya
brinos.
- En efecto, lo menos les costó mil pesetas el mo, en mi colección sólo se encuentran dos ó tres avi- del maestro Lut's y la Divina Comedia tal como la
sos mortuorios en que no se ha puesto el signo de la idearan y escribieran Ariosto y Dante. Ya cuando
anuncio.
cruz,
y se ha omitido la frase cristiana se sirvan enco- alumno del gimnasio de Brema empezó Gildemeister
- Pues vea usted ahora otro mayor á los ocho
mendarle
á Dios y se indica que el cadáver será con• á traducir la creación atrevida de lord Byron que se
días, anunciando el funeral por el alma de dicho sujeto. En esos ocho días, sabiendo ya probablemente &lt;lucido al cementerio civil, para demostrar que el di- titula Don Juan, y no titubearemos en denomin~rle
· el Sabatier alemán, pues en nuestro concepto es imcada sobrino lo que heredaba, se aumentó su descon- funto no tenía creencias religiosas...
posible llevar el arte de traducir poemas grandiosos
Eso
prueba
que
hay
en
nuestro
país
muy
pocos
suelo. Fíjese usted en que ya no dicen, como en la
primera, «sus desco11solt1dos sobrinos.» Ahora dicen «sus que tengan esa desgracia... y muy pocas familias que á más alto grado de perfección que aquel hijo de
.
inconsolables sobrinos.» ¿No conmueve esto?.. Veamos se atrevan á hacer público alarde de que el padre ó Montpellier en su versión francesa de Fausto.
Gildemeister,
á
quien
con
motivo
de
su
septuagésiel
hijo
ó
el
hermano
que
han
perdido
ha
muerto
impeahora el tomo de 1884. En el aniversario todavía se
mo cumpleaños saludaba Pablo Heyse corno al rey
acuerdan del tío, pero ya dicen únicamente: «Sus so- nitente.
EL CEMENTERIO DE D. SANTOS

UN ADIVINO EN MARRUECOS, dibujo de R. Catón Woodwille

�LA ILUSTRACIÓN

A RTÍSTICA

N úMERO

59 r
N úMERO

de los traductores, es un sucesor dignísimo de los
Schlegel y Gries, y así como el nombre inmortal de
Shakespeare y de Calderón está unido por siempre á
éstos, el del traductor congenia! de Brema vivirá con
Ariosto y con el Dante, con el cisne de Stratford y
con lord Byron, cuyas creaciones artísticas tienen el
mérito de ser siempre nuevas y de dejar percibir más
y variadas bellezas en cada lectura que de ellas se
hace.
Como alcalde de Brema fué Gi!demeister inflexible, al igual del de Zalamea, y como traductor ocupa

distintos como Lamartine, Renán y Zola, un canto de
la patria en el que se confunden. las lágrimas del pueblo, la lozanía de la juventud y el aroma de las flores,
y que tiene una copia verdaderamente dantesca.
Como alcalde brilla Gi!demeister sobre todo en
nuestros días en que los consejeros de Düsseldorf,
denegando una estatua al inimitable Reine, que no
necesita monumentos de cal y canto, siendo sus monumentos El libro de los cantares y otras tantas obras
que alcanzarán más duradera vida que los consejeros
de Düsseldorf, se parecieron á aquellos alcaldes de

.xn

EL T ESOR O
No era que Juan Luis fuese un ambicioso ni mucho menos; buena prueba de ello habíala dado al
pretender á Martina en casamiento. La muchacha no
poseía otros bienes que una honestidad á toda prueba y una belleza tan grande como su honestidad. Y
J uan Luis la amaba con un amor casi más propio
de héroe de novela que de zafio y rudo labriego como él era; amábala entrañablemente, y con todo, re-

Mocccxcu

.flel nome luo

I VS EPPE

E RDI

,n~efoeoo ~ttefice ~i armonie c&gt;ivin~

~i~nore &lt;&gt;el canto
reuei·enle
il

f&gt;UO

cf an·.a ra frf ~iaua

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

591

de grueso tronco y achaparrado ramaje. Aquel d~bía
ser el sitio con tanta ansia buscado por Juan Luis.
Allí, según la tradición y según el famoso Cipriam'/lo el libro de los tesoros, debía encontrarse uno
de é~tos enterrado desde luengos años atrás, desde
aquellos' tiempos en que por allí anduvieran los moros haciendo sus correrías y llevando á cabo sus rapiñas, cuyos detalles y pormenores conservábanse en
leyendas que se transmitían en toda su .candorosa
pureza de padres á hijos y de abuelos á metos.

Así amaba. Juan Luis .á l\1artina; por esto decía
con frecuencia y con acento de profunda tristeza:
«¡Si yo fuese rico! )) Por esto amando á la muchacha
entrañablemente iba dando largas al asunto del casorio, y por esto, sin ser lo que se llama un ambicioso,
deseaba poseer una fortuna. Todo por y para Martina.

***
Como nunca llueve á gusto de todos y el tiempo
pasa con igual rapidez para los felices que para los
que no lo son, Juan Luis vió un día con espanto llegar el de la boda, aquel día que él pensaba no había
de llegar jamás.
Fué un día triste para él. Encerróse en tan profundo mutismo, que todos, todos en el lugar echaron de
ver la profunda tribulación que lo embargaba. Poco
expansivo con su novia, indiferente á las felicitaciones y á las bromas de dudoso gusto con que convecinos y amigos le acribillaban, era Juan
Luis un ejemplar curiosísimo de la clase de novios en víspera de matrimonio.
Aquella noche no pudo dormir; el
sueño huía de sus párp¡idos con tenacidad más grande cuanto eran más
grandes los llamamientos que él le
hacía.
Cansado al fin de aquella lucha que
le aniquilaba, dominado por su pensa41'
miento eterno, el afán de una fortuna,
~ ,
abandonó las sábanas y con ceñudo
semblante encendió la candileja que
pendía próxima á la cabecera del lecho
y al alcance de su mano.
Vistióse con toda la rapidez que puu,.i'(\,\"~º
do y se lanzó á la calle, bien provisto
--.:,,...;\\,, Wl~de un pesado azadón bruñido por el
ESPERANDO EL ROSARIO, dibujo de Andrés Parladé
uso, dirigiéndose á un pinar que á la
salida del pueblo agitaba sus ramas con
canturías ltígubres é indescifrables, turbando el ma- con que sus ojos se fijaban en el más insignificante
accidente del terreno.
jestuoso y augusto silencio de la noche.
Por fin lanzó un suspiro de satisfacción; había enPrimero con segura planta, luego y á medida que
en el pinar íbase internando con más grande vacila- contrado lo que buscaba, había visto un matorral
ción cada vez, Juan Luis se perdió en aquel intrin- de espinosas zanas que crecían exuberantes y locado laberinto, buscando algo sin duda, según el afán zanas en una pequeña hondonada, al pie de un pino

.nuouo i ea lro

PERGAMINO OFRECIDO AL MAESTRO VltRDI CON MOTIVO DI!. LA I NAUGURACIÓN DEL TEATRO DE SU NOMBRE EN CARRARA

un lugar preferente en la pléyade de eminentes traductores alemanes, en la cual brillan también el doctor francfortés Luis Braumfels, el traductor del Cenijste, el suizo Edmundo Dorer, y el traductor de
Camoens, Guillermo Storck. Desde el tiempo de los
poetas románticos está floreciendo en Alemania el
arte de traducir, que tiene su iniciador en el intérprete de Homero, Juan Enrique Voss, y un maestro consumado en Herder, el traductor del Romancero del
Cid. ¡Qué de veces han sido vertidos al alemán el
padre Homero, los grandes trágicos griegos y Horacio! El rapsoda Guillermo J ordán tradujo no sólo
la Odisea, sino también las tragedias de Sófocles que
habían vertido Donner y Minkwitz y que consiguieron el aplauso de los contemporáneos y la admiración
de la humanidad por ser esencialmente humanos los
personajes de sus tragedias. Manuel Geibel publicó
su Libro de cantares clásicos, y junto con Pablo Reyse su Libro de cantares espmioles, mientras en unión
de Schacl&lt; dió á la estampa el Romancero de los espa1ioles y portugueses, y en compañía del suizo Leuthold
escribió Cinco libros de líricos franceses desde la Revolución hasta 1862. El Oriente tuvo sus traductores en
Federico Rückert, Schack, Daumer y Bodenstedt.
Fernando Freiligrath tradujo poemas americanos y
cantares escoceses; Pablo Heyse interpretaba acertada mente los pensamientos del italiano J osé Giusti, y
Augusto Be~tuch vistió á la alemana la simpática
epopeya del ilustre amigo de Balaguer, Federico Mistral, que se intitula Miréio; pudiéndose aquella creación del sabio de Maillane llamarse el cuadro más acabado de aquella Provenza que amaron ingenios tan

barrio cuya ineptitud ha dado origen al modismo español: «más torpe que un alcalde de barrio,» y como
traductor que sabía lo mismo entonar el lenguaje del
amor, de la pasión y de la hermosura, que manejar la
sátira é imitar los numerosos chistes de Shakespeare, vivirá Gildemeister eternamente en las letras patrias. T iembla su lenguaje cual arpa en manos del
artista.
·
pesde 1890 ,vive el gran alcal~e tradu~tor consagran~ose sól~ a las musas en su hnda casita rodeada
de hiedra y situada en un arrabal de Brema, después
de haber renunciado su cargo que desempeñó desde
el año de 1871. Beatus ille le llamaremos con Horacio.
En 1864 le agració la Universidad de Tubinga con
e! título de doctor honorario.
Nació Otlwn Gildemeister en Brema el 13 de marzo de 1823 como hijo de una antigua familia de patricios.bremenses. De 1842 ~ 45 se dedicó á estudios
filológ1cos en Bonn y Berlm, y en 1845 entró en la
redacción de La Gaceta de Weser, la más importante
de su ciudad natal.
Sus traducciones no son sino los frutos maduros
de su descanso, así c?mo su paisano el médico Qlb.ers aprovechó sus oc10s para hacerse un gran astrónomo, lo cual hizo exclamar al ilustre Bessel: «¡Ojalá
que tuviésemos muchos que trabajasen tanto como
Olbers mientras descansa!))
Los frutos del descanso de Gildemeister son una
cosecha de oro de una vida entera consagrada sólo
al arte.
J UAN FASTENRATH

sistíase á fijar el día de la boda, porque lo que él decía: «¡Si yo fuese rico!»
Y repetimos que no era un ambicioso ni mucho
menos. Juan Luis era uno de los hombres más frugales que se conocían en el pueblo, muy metido en
su casa y poco pagado de las vanidades mundanas;
pero ... ya salió el pero. El pobre muchacho estimaba en alto grado á su novia y parecíale mujer tan
. digna ~e ceñir corona como la ~ás encopetada princes~. S1 por un momento pudiera convertirse Juan
Luis en uno de aquellos héroes legendarios de que
hablaban los romances de los ciegos, en uno de aquellos Bernardos y Amadises que luchaban contra todo
lo posible y hasta con lo imposible por satisfacer el
más fútil é inocente antojo de las damas de sus pensamientos respectivos; á poder Juan Luis convertirse
en uno de aquellos seres privilegiados, embrazaría la
adarga, y lanza al brazo arremetería contra todos los
obstácu~o~ por insuperables que fuesen, para lograr
una pos1c1ón y una fortuna de que creía á Martina
merecedora.
No; él no quería que sµ mujer fuese una bestia de
carga. Para él los trabajos penosos, las rudas faenas,
las cargas insoportables, las labores del campo; para
ella el regalo, la molicie, el hogar, la fo rtuna, la comodidad. El no quería que las manos de su mujer se
encalleciesen con el azadón ó elfoucbio; él no quería
que el sol abrasador ni las crudas heladas desfigurasen aquel rostro de niña, más á propósito para ser
acariciado que para sufrir los rigores de la intemperíe; ni un disgusto, ni un cuidado, ni un afán, nada en
suma que á quebradero de cabeza tuviera semejanza.

AULAJE BÚLGARO, dibujo de Alberto Richter

***
Juan Luis trabajó con ahinco, casi con desesperación. Sudando la gota gorda, como por ahí se dice,
llegó á ahondar hasta una considerable profundidad.
Apartó raíces y guijarros que brillaban como estrellas de oro en medio de las densas negruras de la
noche al ser heridos por el agudo pico del azadón;
pero ¡nada!, ¡el tesoro no aparecía!
Juan Luis, sin embargo, no desesperaba. Larga era la noche y su constancia tan grande como su amor por Martina. Pues ó el tesoro no había de estar
allí, ó él había de encontrarlo.
Y en su tarea continuó cada vez con
más ahinco y cada vez con empeño
más grande, sin que la tierra ingrata
pusiera á sus ojos de relieve el montón
de riquezas con que el pobre enamorado soñara.
Una hora, dos, tres ... Para Juan
Luis pasáronse las de aquella noche
con una celeridad vertiginosa. Absorto
en su faena, no sentía el rodar del tiempo; dijérase que había detenido su aguja con vigorosa fuerza. Y cava que te
cava y ahonda que ahondarás, cuando
Juan Luis pudo pensar en otra cosa
que el tesoro ambicionado, fué cuando
allá á lo lejos vibraron lentas y sonoras las campanas
de la iglesia parroquial, lanzando á los aires sus tañidos que delataban la proximidad del día.
A Juan Luis oprimiósele el corazón. Parecía como que una mano nervuda y traidora se lo estrujaba.
Enjugóse con el dorso de la mano el sudor que co-

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PARÍS.-LA PLAZA CLICHY, cuadro de F. Miralles

LA CIGARRA Y LA HORMIGA, cuadro de Enrique Serra

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LA

74

rría porrsu frerüe y consultó el horizonte con ávi&lt;lamirada. .Nada pudo percibir. Ante sus ojos sólo se
presentó un azulado velo, tenue, muy tenue, algo así
semejante á una sutilísima humareda que llegase hasta él atravesando la espesa barrera que formaban
troncos y ramajes. Un aire frío y húmedo azotó su
frente ... El alba llegaba y con ella la hora de sus bod¡is,
el instante tanto tiempo temido y ambicionado á la par.
No hubo otro remedio que abdicar, transigir con
sus afanes, con sus ambiciones, con sus esperanzas.
El tesoro se le huía, dejándole entre los brazos otro
tesoro: el de una mujer amante y amada.
Pero esto no bastaba á Juan Luis. Casarse, .. sí...
bueno; pero detrás de ese casorio estaba el calvario
que se ven obligados á recorrer los desheredados de
la suerte. Y no debía ser él solo á cruzar aquella nueva calle de la Amargura. Su Martina también. El destino al unirlos con indisoluble lazo los condenaba á
los dos á un tiempo.
Juan Luis regresºó á su hogar, cariacontecido y
triste. Vistióse, como el caso exigía, sus mejores galas, que sobre él tenían aquel día aspecto de mortaja, y se encaminó á casa de la novia, donde parientes y amigos estaban citados.

Más que enamorado que debiera responder alta
la frente y henchido el pecho de satisfacción á los latinajos del cura, parecía el pob¡e novio un reo que
contestaba al interrogatorio de implacable y despiadado fiscal. Temblaba como un azogado, ibasele un
color y otro se le venía, no acertaba á responder con
oportunidad y como cumplía á las preguntas del carirredondo sacerdote, y cuando éste terminó su misión
haciendo sobre Juan Luis y Martina la señal de la
cruz y bendiciendo sus desposorios, el pobre muchacho sintió que una lágrima escaldaba su mejilla, una
lágrima pesada, tan pesada, que pensó el rapaz que
dejaría en su piel un surco negruzco, un violáceo verdugón.
Retiróse la comitiva y en casa de la novia celebróse con abundante comilona la fie•s ta en medio del
bullicio y algazara acostumbrada en casos tales. Mucho de tajadas de pantrigo rehogadas en dorada
manteca, abundancia de grasiento lomo de cerdo,
sabrosísimo cocido aderezado como á hacerse acostumbra. en los días en que repican gordo, buenos
tragos de vino del Ribero, anchas y redondas fuentes de arroz con leche que era cosa de chuparse los
dedos; 1~ comilona resultó espléndida, pues por lo
que hace al tío Sebastián, el padre de Martina, era
hombre que gozaba justa y merecida fama de hacer las cosas á punto de caramelo cuando á hacerlas
se comprometía ó á ello se encontraba obligado.
Pasó aquel día y o,tro después y después otros. Las
gentes observadoras echaron de ver que muy al contrario de lo que generalmente acontece, en el semblante de Juan Luis, á medida que el tiempo avanzaba, reflejábase una felicidad más intensa. El día de
las bodas fué triste, fuélo menos el siguiente y así los
demás. El hábito ó la costumbre, lejos de producirle
hastío parecía como que llevaba á su alma la ventura que en su rostro se reflejaba como en un espejo.
No parecía sino que veía en sus manos el codiciado tesoro; que aquello que tanto tiempo había apetecido y soñado, iba al fi n á convertirse en realidad.
A todo esto Martina, ni esclava ni señora, ni sierva ni princesa, compartía satisfecha y alegre la parte
que á ella tocaba en los afanes y cuidados del matrimonio. Aquella misma satisfacción y aquella misma
alegría dijérase que la transformaba á ojos vistas hermoseándola y prestándole mayores atractivos á los
de Juan Luis. Nunca con más propie~ad ·pudo hablarse de los nidos de amor. Martina parecía la hembra regocijada y feliz que exhala su ventura en gorjeos y trinos. Juan- Luis contemplábala extasiado, con
la sonrisa en los labios, en silencio, como si se sintiera receloso de romper el encanto de aquella existencia bienaventurada.
Un día pintóse con tan vivo colorido en su semblante aquella felicidad que hacía dos meses le embargaba y que iba siempre en ascendente progresión,
que llegó á ser notada hasta de los más miopes en
materia de amor. Preguntáronle 'algunos la causa que
motivaba aquella alegría en él inusitada, y no vista
desde que comenzó á hablarse de su matrimonio con
Martina.
Juan Luis les contestó:
- ¿No sabéis? He encontrado mi tesoro, y no en
el pinar, sino en mi casa. Se me ha entrado por ella
y tiene todos los rasgos y todos los encantos de Martina. Porque hay que desengañarse: no hay tesoro
más grande en el mundo que una mujer enamorada
. y buena como la mía.
MANUEL AMOR MEILÁN

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

MISCELÁNEA
Bellas Artes. - En el salón Wagner, de Berlín, se ha expuesto la obra que acaba de terminar el ilustre pintor alemán
Adolfo Menzel con destino á la Exposición de Chicago: es un
cuadro al guaclie que sólo mide pocas pulgadas y representa una
escena de la temporada de Baños en Kissingen. Esta diminuta
pintura, al decir de los periódicos artísticos alemanes, es de una
verdad y vida extraordinarias y demuestra que el gran artista, á
pesar de sus sesenta y siete años, conserva en toda su fuerza la
potencia visual, el vigor de concepción y la maestría de ejecución que le han conquistado uno de los primeros puestos en el
mundo del arte.
- La Rose-Croix, de París, ha celebrado su segunda exposición, en la cual al lado de todas las extravagancias de esa seudo
escuela ultra-modernista, hay algunas obras notables que firman
Moreau Neret, Lalire, Bourdelle, H. Delacroix, Cornillier, Rusiere, Bethune, Regamey, Desbontin, Ogier, Jaquin, Rosenkranzt, Chabás y algunos otros.
- En la Galería del Teatro de Aplicación, ele París, la Revtte
Jllustrée ha expuesto 300 originales ·que en sus páginas ha re·
producido y que son debidos á artistas como Marold, Vierge,
Raynouard, J eanniot, Rochegrosse, Myrbach, Besnach, Doucet,
Toudouze, Vogel, Duez, Van Beers, Caran d' Ache, Forain,
Aranda y otros no menos notables.
- No ha resultado cierta la noticia que dimos de que había
fracasado el plan de los secesionistas muniquenses de celebrar
una Exposición en la capital de Baviera. Al contrario de esto,
la Asociación de artistas ha firmado ya un contrato con el arquitecto consejero de la corte, Brand!, mediante el cual éste le
cede por cinco años el magnifico solar q ue posee en una de las
mejores calles de la ciudad y además muchos particulares se han
suscrito para formar el fondo de garantía. E l edificio para la Exposición se construirá según los planos del arquitecto Pfann,
tendrá la forma de un palacio monumental de estilo del Renacimiento y se inaugurará en el próximo junio.
Barcelona. - Hemos tenido el gusto de ver el boceto que los
distinguidos escultor y arquitecto de esta ciudad Sres. Cam·
peny é Iranzu han enviado al concurso abierto en Manila par_a
elevar un monumento á Legazpi. Como próximamente publicaremos una reproducción del mismo, omitimos hoy hacer de
él una descripción y nos limitamos á consignar que la obra de
los mencionados artistas, grandiosa, elegante, verdaderamente
monumental y arústica en su conjunto y en sus menores detalles, sintetiza por modo admirable, no sólo el hecho trascendentalisimo de nuestra historia de unir á la corona de España el
rico archipiélago filipino, sino el espíritu de la época en que
tal acontecimiento se realizara, representado por las figuras de
Legazpi y del padre Urdaneta que coronan el monumento llevando en la mano, el uno la espada y el otro la cruz. La obra
de los Sres. Campeny é Iranzu es merecedora de los mayores
elogios, y de que no exageramos al alabarla podrán convencerse
nuestros lectores cuando la reproduzcamos, que será en breve,
en LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA.

NúMERO

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LA I L USTRACIÓN ARTÍSTICA

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Guillermo Lu bke, célebre historiador a rtístico a lemán.
Jorge Petre, embajador de Inglaterra en Portugal, uno de
los más distinguidos diplomáticos ingleses.
............., .••••., .•...•, ................. .. ..............., ...... , .• , .... ........., .....,.J1,, •,, t,,1••··•·1••· .. ··········••''•' '

NUESTROS GRABADOS
En el baile, cuadro de Román Ribera (Exposi·
ción Parés). - Elegante y correcto en el trazo y excelente colo·
rista, figura dignamente Román Ribera á la cabeza de nue~t~os
pintores de género. Sea cual fuere el asunto de sus compos1c10nes ó el tipo que reproduce, descúbrese la obra del maestro, la
distinción del artista, adivinase al pintor concienzudo, p11lcro,
sí, porque Ribera sabe pintaradmirablemente borrachos que no
hieden á vino, demi-mondaines que no repugnan, á pesar de
que revelan profundo y fiel estudio del natural. Al dominio de
la linea y del color debe este artista sus legítimos triunfos. De
ah! que todas sus obras se sostienen, á pesar de los años transcurridos y de las corrientes que de continuo determinan nuevos
conceptos y modernas escuelas. De ellas acepta Ribera lo lógico, lo racional, pero sin abandonar el derrotero emprendido,
porque en él se halla sólidamente cimentada su indiscutible
reputación artística y la consideración que por ende merece de
todos los verdaderos amantes del arte.
Un adivino en Marruecos, dibujo de R. Catón
Woodwille. - Este artista inglés trata á maravilla los asuntos orientales; bien lo prueban En el desierto, cuadro que reprodujimos en el número 432 de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA, y
el precioso dibujo que hoy publicamos, composición sobria, vigorosa, llena de color local, en la que además de la verdad de
los tipos y de la:escena admíranse cualidades técnicas de primer
orden que sin gran esfuerzo se advierten en la perfección con
que están trazadas las figura.~ y dispuesto el fondo y en los
enérgicos toques de luz que producen efectos deslumbradores.
Pergamino ofrecido al maestro Verdi. - En el
número 584 dimos cuenta de la inauguración del politeama
Verdi, de Careara, efectuada en 12 de noviembre llltimo; en el
presente publicamos el pergamino que c9n tal motivo fué regalado al ilustre maestro; imitación de un códice de San Agustin
existente en la Malatestiana de Cesena, contiene el escudo de
Busseto en el florón de la derecha y el de Carrara en el de la
parte inferior; en la G. de Gi1meppe se veá Verdi componien·
do en el clavicor dio. Este pergamino ha sido decorado por G.
Galeati, artista de Mi.ssa, por encargo del propietario del teatro, el ingeniero Scatzella.

Esperando el rosario, dibujo de Andrés Parladé. - E l laureado artista sevillano Sr. Parladé reproduce en
el bonito dibujo que publicamos uno de esos tipos que han desaparecido y que recuerdan la España de nuestros abuelos, tan
magistralmente descrita e n los cuadros del Ayer, del Sr. Flo·
res, recientemente publicado por esta casa editorial. El señor
Parladé ha logrado ya distinguirse notablemente por sus cuadros históricos, conforme lo atestigua la alta recompensa alcanTeatros. - Un nuevo drama del ilustre dramaturgo alemán zada en la Exposición de Berlín por su lienzo titulado El
Ricardo Voss, titulado Jlfalaria, ha sido estrenado con éxito en parlamento de Caspe.
Gotha.
Atelaje búlgaro, dibujo de Alberto Richter. - En el próximo verano se verificarán en Gotha audiciones
Constituye este dibujo un excelente estudio del caballo en una
de cuatro óperas selectas: hasta ahora se han escogido Faust,
de sus marchas más dificiles y tomado de frente, posición que
de Spohr, y Lodoiska, de Cherubini. Además se cantará una
aumenta en alto grado las dificultades por el artista resueltaópera en un acto, para la que se ha abierto un concurso con un
mente afrontadas y hábilmente vencidas. E l lápiz que con tanpremio de 5.000 marcos (6,250 pesetas), instituídopor el duque
ta verdad ha dibujado el Atelaje btilgaro no puede haber sido
E rnesto. La cuarta ópera no ha sido todavía elegida. Cada una
manejado sino porun maestro, como en realidad lo es el artista
de éstas óperas, de las que se darán sólo dos representaciones,
a lemán autor de esta obra.
será dirigida por distinto maestro, siendo los designados para
ello los directores Levi, de Munich; Jahn, de Viena, y Schuch
París. - La plaza Clichy, cuadro de F. Miray Faltis, de Gotha.
·
lles. - Bien puede decirse que pintando escenas parisienses esParís. - Se han estrenado con éxito: en Menus Plaisirs, Le tá en su centro nuestro ilustre paisano y querido colaborador:
docteur Blanc, pantomima ó mimodrama fant~stico en doce París, el emporio de la elegancia, es el medio que como pocos
cuadros de Cátulo Mendes,, con bellisima música de G. Pierné, se presta á ser reproducido por el delicado pincel del que sienpuesto en escena con extraordinario lujo y gran riqueza de de- te en grado superlativo todo lo fino, lo atildado, lo verdaderacoraciones; en el Vaudeville, La Crise, comedia en tres actos mente psc!mt y lo traslada al lienzo con una pulcritud, una
de M. Boniface, escrita con mucha gracia, pero de argumento gracia y un cuidado exquisitos, sin incurrir jamás en nimiedabastante libre, y en el Odeón dos lindas comedias en un acto, des ni convencionalismos. Miralles es realista, rinde fervoroso
Glycere, en verso, de Eugenio Royer, y Le prt! Catelan, en pro- culto á la verdad, pero á la verdad bella; no poetiza los asunsa, de Juan Sigaux.
tos, pero busca los asuntos poéticos, y éstos abundan tanto en
Londres. - En Drury Lane se han cantado Maritana, la ópe- la naturaleza y en la sociedad, digan lo que quieran ciertas esra de Wallace siempre fresca á pesar de su antigüedad y que cuelas, que no se necesita gran esfuerzo para encontrarlos, y
tan popular se ha hecho en la capital inglesa, y L' Hebrea, de en las muchas obras que de él llevamos reproducidas ha deHalevy. En el Príncipe de Gales se ha reproducido, aunque mostrado plenamente que 1k puede ser modernista sin salirse
algo reformados el libreto y la música y con el título de El ani- de los preceptos que la estética impone cuando de obras de ar·
llo mágico, la ópera cómica de nuestro compatriota Albeniz, te se trata. La plaza Clichy ha sido adquirido por el Ayuntaque ha obtenido el mismo éxito que cuando se estrenó en la an- miento de Brest para el Museo Municipal de aquella ciudad.
terior temporada con el título de El ópalo mágico. Este cambio
de nombre obedece á la superstición muy generalizada de que el
La cigarra y la hormiga, cuadro de Enrique
ópalo es una piedra de mala suerte.
Berra. -¿Quién no conoce la fábula en ~ue está inspirado este
Madrid. - En el Principe Alfonso se ha cantado la ópera de cuadro? ¿Quién conociéndola no admirara con nosotros la bellíBellini I puritani, en la que obtuvo muchos aplausos.la seño- sima composición de E nrique Serra, de ese artista catalán de
ra Svicher, y se ha dado el primer concierto de la serie anun- fama europea, que trata todos los géneros con igual maestría y
ciada, habiéndose tributado una ovación al maestro Goula y á acomete con igual fortuna los temas más diversos? La previsola orquesta por él dirigida.
•
ra hormiga y la negligente cigarra están admirablemente reBarcelona. - En el Principal han obtenido muchos aplausos presentadas por la campesina que se apoya en la pala, símbolo
en Rigoletto el tenor Massini y la señora Boronat. Se han es· de su trabajo, y por la harapienta muchacha que aterida de frío
trenado: en Novedades, con gran éxito, Un enemigo del pueblo, y con el acordeón al lado sufre en los rigores del invierno las
drama en cinco actos de lbsen y uno de los mejores del gran consecuencias de su descuido durante el verano. A pesar de
dramaturgo dinamarqués, traducido por los Sres. J ordá y Cos- esto, nos parece notar en el espíritu de esta obra cierto sentita; en Romea, con éxito regular, un drama en tres ac~os, Or, miento de protesta contra el fondo prosaico y desconsolador
de D . Federico Soler, y en el E ldorado, con buen éxito, Las de la fábula, y á decir verdad, bien merece el arte que el famariposas, zarzuela en un acto de los Sres. Perrín y Palacios, bulista personificó en la cigarra alguna más recompensa que
música del maestro Marqués.
las humillantes burlas de la hormiga. E l conjunto del cuadro
es muy simpático y el paisaje de una belleza encantadora.
N serología. - Han fallecido recientemente:
L' hereu y la pubilleta, esculturas de C e les tiBerdan, general norteamericano, inventor del fusil de su
no Devesa (Salón Parés). - Blay, Berga, y Devesa. He aquí
nombre.
Francisco Edmundo Paris, almirante de la a rmada francesa, los nombres de tres jóvenes escultores que en un breve período
actualmente conservador del Museo de Marina, autor de nota· de tiempo han logrado singularizarse, alcanzando triunfos y rebles trabajos y obras que le abrieron las puertas de la Acade- cabando para su pueblo natal, Olot, el hermoso titulo de cenmia de Ciencias, director general del Depósito de mapas y pla- tro artístico de la región gerundense. Inspirándose en cuanto
les rodea, buscando en el estudio del natural las fuentes de su
nos y gran oficial de la Legión de Honor.
Aquiles Apoloni, individuo del Sacro Colegio de Cardenales. enseñanza, conviértense en verdaderos modernistas, ya que se
Alfonso De Candolle, eminente naturalista suizo, profesor que ajustan á la verdad de la forma, sin asimilarse lo que pueda sig.
·
fué de la Academia de Ginebra, con,t inuador de la importante nificar la negación del concepto a rtístico.
L' /zerm y La p11billeta son dos preciosos estudios del Sr, Deobra ele su padre Prodomus systematis natura/is regni vegetabilis y autor de la interesante H istoria de la cienciay de los sabios vesa, en los que se halla retratado fielmente el conocido tipo
del travieso chicuelo y de la niña destinados á heredar, según
de estos dos 1Utimos siglos.
Roberto Caner, famoso escultor alemán, director de los ar- costumbre catalana, las prerrogativas y derechos que han de
convertirlos en jefes de sus hermanos.
tistas alemanes en Roma.

Muy poco tiempo después volvió con aire de triunfo y muy alegre trayendo un huevo en cada mano

AN·I E
NOVE LA PO R H É C TOR MALOT . - ILUSTRACION ES DE EMILI O BAYARD

CONTINUACI ÓN)

- ¿Pero á lo menos te has divertido?
- Yo debería decirte que sí, pero si te lo dijese mentiría.
- ¿Has tenido algún desengaño?
La joven vac iló un momento; no vaciló porque dejase de comprender á qué
clase de ~esengaños aludía su padre, sino porque el contestar con franqueza le
causaba cierto rubor; por tíltimo, Anie sonriéndose á medias contestó:
- Más de diez veces durante la noche ha sido solicitada mi mano.
- P ues entonces ...
- P ues entonces, ¿sabes á quién se dirigían· esas solicitudes?
- P ues está claro, á ti.
- A mí como hij~ tuya, no; á mí como heredera de mi tío, sí. Algunas palabras ~e, mam~ n? bien oídas ó mal interpretadas hicieron creer que la fortuna
de m1 t10 vema a nosotros y cada cual ha querido entrar en turno.

- ¿Y_ si en efecto se ~ealizase eso que las gentes se han figurado?
- ¿Tienes algtín motivo para creerlo?
- Para cree~!? no, no tengo ninguno; para espera rlo sí hay algunos· porque
no/uedodadmitJr qu_e Gastón, á pesar de nuestras desavenencias y disco~dias pas~ as, na a ?ªYª deJado en su testamento para ti, su sobrina de la cual no tenía
mnguna queJa.
'
- ¿Y si no ha hecho testamento?
- ~ntonces no sería una parte de su fortuna la que te correspondiese la hereden amos toda.
,
- Si e~to o~urre yo te aseguro que no será ninguno de mis pretendientes de
t
eS a 1:oc tquien se case conmigo; me han parecido todos hipócritas miserables
Y nehcibosí. 1!1d las palabras pronunciadas esta noche 'p or mamá esto/ segura que
no a r a s1 o tan galanteada.
'

�276

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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existía sobre todo el investigador, el soñador: el di~ero ganado no satisfacía su
ambición necesitaba siempre algo más y algo supenor.
VII
Al mo;ir su padre los dos h~rmanos, fiel~s ~ la ~radición de su país! habí~n
arreglado sus asuntos de herencia, no con suiec1ón a la ley de Francia, sino SUJ~Al penetrar en la estación de Orleans, después de una cam\nata de hora Y tándose á los usos y costumbres vascos; es deci~, !espetando el de:echo de ~nmedia á pie y con la maleta en la mano, vió Barincq el tren rápido de Burdeos mogenitura que suprimía en absoluto toda part1c1ón de la ~eren_cia paterna. el
que partía delante de él.
.
,
,
l _ mayor había conservado el castillo con todas las tierras patn11;oma~es; el menor
En otro tiempo siempre que Banncq tornaba desde Pans á su pais nata, to hubo de contentarse con el metálico y los valores que hab1a exist~~t~s 7n la
maba ese tren rápido, esperábale un carruaje en la estación de, Puyoo ~esde la casa· el mayor heredó también el apellido Saint-Christeau, que transm1t_ma a sus
cual se trasladaba á Ourteau en muy poco tiempo Y llega?ª a su destmo C?? hijo~ de legítimo matrimonio; el menor se sati¡¡fizo con llevar el de Banncq,_ que
bastante oportunidad para pasar una noche excelente durmiendo con tranquili- él ilustraría si le era posible. Todo esto se había hecho de perfecta conform;dad
entre ellos, sin discutir un solo momento, como_ convem~ no sol_amente a _l_?S
dad en su cama.
• •
l
' ·d
Las cosas habfan cambiado mucho: ahora, en vez de v1aiar en e tren !ª~1
principios en los cuales habían sido educados, smo también al sincero carmo
viajaba en el mixto; al cómodo compartimiento de primera clase sustltma el ~ue entre ambos hermanos existía. Por lo que se refiere al mayor, ~nco~traba
asiento incómodo del vagón de tercera; en lugar de un coche al apearse en la éste muy natural aquel acomodamiento; en cuanto al menor, que te~1a millones
estación, las piernas.
.
d 1 de francos en la cabeza, claro es que unos cuantos centenares de miles de franSus tiempos felices habían sido los de 1~ juventud, el mal tiempo era el e a cos eran para él una cantidad despreciable.
.
.
vejez, la ruina era la causa de aquel cambio.
.
.
Pero estos imaginarios millones no se habían convertido en rea}es Yefectivos,
Barincq habría podido llevar la existe~cia tranquila del nc~cho de pueblo como Barincq esperaba, porque á medida que él se elevaba dabanle sus _alas
viviendo en su castillo completamente fehz, honrado por sus vccmos, cul~ivando nuevo impulso; sus aficiones científicas se hab~an desarrollado con el tra_ba~o, y
sus tierras, aumentando sus ganados, cosec~an~o sus vinos, po~que ~anncq te- las cosas pequeñas que en u~ principio lo a~as1onaban ~arecía,nle a~ora insigninía mucha afición á las faenas del campo, lo mismo que la habia tenido su her- ficantes ó despreciables. Banncq ID1raba mas alto y aspiraba a realizar m~yores
mano y aun quizá más que él, porque á esas aficion~s com_unes se agregaba en intentos, y en lugar de encerrarse en la reducida esfe:a en que su_ prud~ncia Ysu
el padre de Anie un afán de mejoras qu; nunca_ ~ab1a sentido ?u hermano ~a- ignorancia le habían mantenido durante algunos anos, pret~nd1ó sa)1r d~ ell_a.
yor, hombre más apegado á la rutina y a la trad1c1ón que entusiasta por la cien- Si hasta entonces había conseguido triunfar siendo joven, sin expenenc1a, sin
cia y por el adelantamiento.
·
,
.
más apoyo auxiliar que la osadía de su ignoran~ia, ¿por ~ué no había de loSi su origen hubiera sido distinto, probablement~ habn3: ocurrido esto, Ycom,o grar nuevos triunfos cuando su nombre e:a conocido Y.estimad? ~ cuando adeeran solamente dos hijos, la fortuna paterna repartida por igual entre ellos h~bna más de eso había adquirido él por medio de su trabaJO conocmuentos de que
dejado á los dos bastante ricos para que cada uno por su l~do lle~ase la m_1sma
antes carecía?
.
.
vida: el mayor en la tierra patrimonial; el ~tro e? cualqmer cast1}lo contiguo.
Con gran asombro suyo hubo de reconocer Banncq al poco tiempo lo engaPero aunque su familia había fijado su residencia en Bearn hacia ya muc~o
ñoso de estas ilusiones.
.
.
tiempo, era oriunda del país vasco, y como tal, fiel a las costumbres de aquel pa1s,
¿De dónde se había caído aquel hombre que no proc~d1endo de nmgun~ esdonde el derecho de primogenitura es bastante fuerte para _qu~ se vea con fr~- cuela se figuraba que habían de escucharle por defere~c1a ó porq~e presumi~se
cuencia que los menores no se casan á fin de que la rama principal se robustez- de decir algo interesante? ¿Era algo en el mundo oficial?, ¿De qmén había sid?
ca por la extinción de las otras.
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compañero? ¿Quién le recomendaba? Era ~erdad que hab1a ganado bastante diEducados los Barincq en estos pnnc1p1os hab1anse f~mili~nzado con la idea nero con fruslerías. ¡Valiente recomendación!
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de que el hermano mayor sería, por decirlo así, la contmuac1ón del pad~e: con
Justamente esas fruslerías le perjudicab~n? y cuanto mas le hab~an producido
la fortuna del padre y en el castillo del padre, y de que el menor se abrma ca- tanto más se volvían en contra de su amb1c1ón. ¿Por qué pret~ndia que se_ conmino en el mundo como Dios le diese á entender. Esto_ era ta~ n~tural, ~an le- tase con él para cosas serias si no ~resentaba _otra recomendación que el ?mero
gítimo para ambos hermanos, que ninguno de los dos, m el_periud1cado ~1 el fa- ganado con invenciones insubstan~1ales? Era 1?duda~le que aquel soberbio prevorecido, habían pensado nunca en sorprende~s~. Para decir_ verdad, sabian am- tendía salirse de su esfera; convema, pues, obhga~le ~ yolver á ella. .
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bos que existe una ley denominada Código CIVIi, que prohibe estos acomodaCuanto la subida había sido fácil y suave al pn?~1p10, cuando Barmcq camimientos; pero esta ley, buena para las gentes del Norte, no ~enía valor ª:guno en naba, por decirlo así, á la ventura, tanto fué ?1fic!hs1ma Y. ruda c~~ndo pretenel país vasco; y del país vasco eran ellos, no de la Normandia ó la Borgona, como dió ocupar un sitio entre los regulares de la c1enc1a, que s1 no le d1ieron brutaltampoco de Gascuña ó de Bearn.
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mente «usted no es de los nuestros,» diéronselo á ent~~der _de muchas maneras;
Además, en esta perspectiva de una e~1stenc1a !ab~nos~, nada había que asus¡Cuántos escaños y cuántos bancos de, ant~s~l~s de min!stenos ha_bía ~e~gas~do.
tase al menor de los hermanos ó contrariase las 111chnac10n;s q,ue en él se_ ha- •A cuántos ujieres importantes hab1a dmg1do sonnsas humildes. ¡Cua ntos
bían manifestado desde la infancia y que en nada se parecian a las del pnmo- ~ozos de oficina le habían despedido con malos modos! .Y cuan?~ despu~s de
génito. En tanto que para éste, fuera de los caball~s, _de la caza Y de 1~ pesca muchos meses de audiencias aplazadas conseguía al cabo ser rec1b1do, ¡cuan~s
nada existía, el menor tenía aptitudes para el tr_abaJO mtelectu~l Y er3: idóneo y cuántas veces un personaje en quien Ba_rincg fundaba sus _esperan~s le habm
también para las labores manuales; aunque no deJaba de ser aficionado a la caza escuchado medio distraído y ponía término a la conf~rencia encogiéndose de
y á la pesca, estas distracciones no 1~ ocupaban po_r completo; el menor ~e los hombros y despidiéndole con estas palabras de compasión: «;Pero, hombre, eso
Barincq leía, dibujaba, aprendía música; en _el ~oleg10 de Pau llenaba sus libros,
que usted propone es una locura!» .
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sus cuadernos y hasta las paredes_ con sus d1bu)OS, y en Ourteau ?urai:te las vaAl lado de esos indiferentes que m le escu~haban s1qu1~ra había ,también ~1caciones se entretenía en constrmr aparatos ó mstrumentos tan _ingeniosos que gunos más despiertos que le escuchaban con ~nterés excesivo y segu1an con ?lº
maravillaban á su padre y á su hermano, lo mismo que á los vecinos del pueblo avizor sus experimentos; éstos eran más tem1bl_e? que los _otro~, y se lo hab1~n
que los veían.
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demostrado muy claramente poniendo con habilidad en e1ecuc1ón aquello mis¿No era esto señal de una dec1d1~a vo~a_c1ón? ¿Por qué no ~ab1a de seguirla? mo que habían cali~cado de irr~~l~zable ó insen~ato.
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¿Por qué no aprovechar las felices d1spos1c1ones de que le hab1a dotado la natuCon las reclamacwnes y los ht1g1os puede decirse de Banncq que habia ba¡araleza?
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do á los infiernos, y desde entonces la existencia del _inventor se ha~ía pasado
A los quince años, durante las v~caci~nes ~el verano, Barincq comp_letamen- esperando en las agencias, visitando ~bogados y_ curiales, conferenc1a~do con
te solo, es decir, sin los consejos m la d1recc1ón de un hombr&lt;; e?tend1do en el procuradores, discutiendo con los pentos; padec1en~o, en fin, cont~an edades,
oficio, auxiliado únicamente por el herrador del pueblo, ~a?1a inventado ~na exasperaciones febriles y tristes_ desalient?s en los tnbunales de Pans y en los
maquinita de vapor que, si bien no valía par~ pres~ar serv1c10 alguno_ práctico, de provincias adonde sus negoc10s le hab1an llevado.
no dejaba de ser por eso extraordinariamente mgemosa Y, re~elaba aptitudes_ extraordinarias para la mecánica. Verdad e~ que aquella maql~ma resulta?ª ve~nte
ó treinta veces más cara que otra de la misma clase constrmda por un mgemero
VIII
mecánico de profesión; pero esto nada tenía de extraño cuando se trataba solamente de un aprendizaje.
. .
Muy raras veces acontece que el espíritu de invención ó de descubnm1ento
A su llegada á París, completamente preocupado po~ 1~ invención de una a,rse particularice: el que es inventor lo es para tod~, para las cosas gr~ndes como cilla luminosa, había ido á consultar con un célebre qmm1co, cuyas obras hab1~
para las pequeñas; lo es espontáneamente, y ~n cierto modo hasta s_m quererlo, estudiado mucho y le inspiraba gran éonfianza y cuyo nombre gozaba_ de prestihecho que se observa principalmente en el inve~tor que defde su JU!entud no gio y de autoridad en la ciencia, Fra~cisco ,Sauval¡ durante ~ucho tiempo ~aha querido ó no ha podido consagrarse exclusivamente a determinados es- rincq bajo la dirección de aquel sab10, habia segu1~0 una sene de expenencias
tudios.
sobr; las primeras materias utilizables para producir el alumbrado dentro del
Esto precisamente había ocurrido á Barincq: el padre en vez de encauzar Y agua· de esto habían nacido relaciones entre ellos, benévolas por parte d_el ~aesdirigir las aptitudes extraordinarias de su ~ijo, h~bíale_ ~ejado complet_amente tro ganoso siempre de se'ducir á la juventu?, respetuosas por parte del d1sc1pulo,
libre· siendo el muchacho como lo era, de igual d1spos1c1ón para el dibuJo, para y c~ando éste tenía algún consejo que pedir ó alguna duda que desvanecer con'
'
la mecánica,
para la música,
¿qué importaba que estud'1ase una c?sa u, o t ra.? sultaba siempre y exclusivamente con Sauval. , .
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Andando el tiempo ya elegiría él mismo la senda que le agradase mas, Y esta_b~
Este era químico porque su abuelo lo hab1a_ sido ~ s~ padre, también Y ª?efuera de toda duda que con sus felices disposiciones alcanzaría fortuna Yqmza más porque con profundo conocimiento de la vida practica hab1a comprendido
hasta gloria.
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desde muy joven las ventajas (que para él serían ~provechables) del n~mb;e )J
Sin estudios preliminares que le hubiesen gma~o, s_in relac10nes que le ha- de la autoridad que sus antecesores habían con~~1stado en_ el mundo c1ent1fico
brían sostenido y sin padrinazgo oficial gue le hubiera impulsado,_ el menor de y de colocarse en actitud para heredar la~ pos1c10nes o~c1ale~ que su ª?u~lo Y
los Barincq sólo había encontrado la ruma después_ de _muchos_ anos de lucha, su padre habían ocupado sucesivamente; sm emb~rgo_, aun mas que qmm1c? Y
de tristes desengaños, de sacrificios inútiles, de ag1tac1ón febnl y de costosos más que sabio era si bien él lo negaba con obstmac1ón, hombre de negocios
pleitos.
·
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incomparable, ant~ el cual el doctor más sabio y el abogado más enredador no
Sin embargo, el comenzar de su carrera había s\d~ feliz; durant~ los pnme_ros
eran más que colegiales.
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años de su permanencia en París todo lo que hab1a inte~tado _habia c?nsegmdo
Escuchando con benevolencia los proyectos y los sueños de B~n?cq, habíale
buen éxito; algunas de sus invenciones, pu~amente prácticas, sin rela~1ón alguna curado prudentemente, ~ero_ con ma?o fi~me y segura, de su amb1c1ón, y c?n 1~
con la ciencia, habían alcanzado aceptación y boga má~ que suficientes para autoridad que su expenenc1a y su s1tuac1?n le pres~aban había proba~o a ~a
que el inventor acariciase la esperanza de ~ue le propor~i?na~ían una renta no rincq que no debía salirse de la índole de mvest1gac10nes en que habia temdo
despreciable en tanto que subsistiese la validez ~e sus pr_1vileg1?S·
la fortuna de obtener buenos resultados.
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Barincq, por lo tanto, nada tenía que hacer smo continuar hbre~ente por el
«Concrétese usted á la industria, le repetía incesantemente; gane usted dicamino que ante él se abría; era induda~lemente el hombre anunciado ya por nero y ya que usted no tomó desde el principio el camino que_ conduce _al mael niño.
.
giste~io científico, deje usted la ciencia á los maestros. ¡Ah! ¡S1 yo estuviese en
Esto era lo que otro en su lugar hubiera hecho sin duda; pero en Barincq

°,

NÚMERO

591

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el lugar de usted, si yo tuviese para los negocios el golpe de vista que usted tie·
ne, qué fortunón haría!»
Hacer fortuna, ganar dinero; este era el estribillo constante de su conversación; y si es cierto que las palabras que más frecuentemente brotan en nuestros
labios son las que dan la clave de nuestra naturaleza, oyendo á este químico podía deducirse que era un hombre metalizado. El dinero sobre todo, ante todo y
para todo, con un fin generoso y tierno, cual era el de dar á cada una de sus cinco hijas un millón de dote. El tipo del sabio sencillo, torpe, tímido y un poco
hurón, que no sale de su laboratorio, que desconoce el mundo, que en la plata
ve solamente un metal dúctil y maleable que se funde á los 1.000 grados próximamente, no era en modo alguno el de Sauval que, por el contrario, representaba mejor que ningún otro al sabio amable, elegante, hombre de sociedad, casi
tanto como hombre de negocios, bastante prudente para no dejarse explotar por
los industriales y bastante hábil para explotarlos á ellos empleando procedimientos perfeccionados con que les exprimía hasta la líltima gota de substancia
utilizable.
Sauval había ocupado unas en pos de otras todas las posiciones que el gobierno podía dar: en el Instituto agronómico, en el Conservatorio, en los Gobelinos, en el Museo, en la Escuela central, en el Gobierno civil, en las oficinas
de policía; era además director facultativo de numerosas fábricas de productos
químicos y farmacéuticos, industrias que pagaban de este modo indirecto la influencia de Sauval; sin embargo, como todo esto, por importante que fuesen los
ingresos acumulados, no era lo suficiente para satisfacer su avaricia, ni podía proporcionarle los millones que deseaba, el sabio Sauval los solicitaba de la industria, adquiriendo privilegios de invención en todas las ramas de las ciencias químicas en que hay dinero que ganar, como sucede con la de los abonos y la de
las materias colorantes.
Por de contado que Sauval no explotaba por su cuenta estos privilegios, pues
su situación se lo impedía; pero los cedía á comerciantes, á especuladores á
quienes precisamente esa situación deslumbraba y que se dejaban arrastrar por
la esperanza engañosa de sacar de la nada alguna cosa de valor; bien así como
las víctimas de los alquimistas antiguos esperaban convertir en oro todos los metales. ¿Cómo no habían de sentir el prestigio de este hombre, si él mismo lo
propagaba con toda habilidad, dándose diariamente, según suele decir el vulgo,
bombo en los periódicos? No se trataba de un inventorcillo desdichado, sino de
un sabio cuyos títulos llenaban muchas líneas en los anuarios; no era en un desván donde habían de firmarse las escrituras, sino en un domicilio lujoso que el
Estado proporcionaba.
Aconsejando á Barincq constantemente que procurase ganar dinero, Sauval
no le había propuesto nunca que explotase ninguno de sus numerosos privilegios; pero lo que no decía con franqueza dábalo á entender con delicadas insinuaciones, á las cuales no había posibilidad de sustraerse. Esto no obstante, Barincq, que como verdadero inventor estaba preocupado con sus ideas propias,
ha bíase desentendido durante mucho tiempo de las indicaciones del químico.
¿Para qué comprar descubrimientos ajenos cuando se tiene para vender gran
número de invenciones propias? No era ciertamente de escasez de ideas de lo
que Barincq padecía, sino de impotencia para conseguir que se aceptasen las
suyas.
Sin embargo, á la larga, ya exasperado por la hostilidad que encontraba, ya
desalentado por la resistencia pasiva que los indiferentes le oponíanj ora fatigado en el combate, ora abrumado por la injusticia, Barincq había concluído por
preguntarse si aquellos pensamientos suyos, rechazados por todo el mundo, tenían realmente algún valor; si era posible que por medio de hábiles modificaciones los diese como suyos otro cualquiera, ¿no significaría eso que sus invenciones careciesen de carácter personal? Por último, si ya no obtenía buen resultado en nada, ¿no consistiría esto en que hubiese perdido por completo su fecundidad de inventor? En todo inventor hay un jugador siempre, ¿y qué jugador
no cree supersticiosamente en los caprichos de la fortuna?
Si la de Barincq declinaba, la de Sauval, por el contrario, se consolidaba de
día en día hasta el punto de que Sauval no ponía mano en un negocio que no
le saliese á pedir de boca. En tales condiciones, ¿no sería llevar hasta la ceguera obstinarse en proseguir en aquellas estériles luchas, en vez de aprovechar la
ocasión que se Je presentaba?
Sauval solía hablarle con mucha frecuencia de experimentos realizados hacía
bastante tiempo en su laboratorio, y que cuando diesen todo su resultado serían
para ciertas materias extraídas de la brea del cok lo mismo que el descubrimiento de Lightfott había sido para el negro de anilina. Cierto día en que Barincq
entró en casa de Sauval para consultarle sobre algunos de sus asuntos, se encontró con la novedad de que su maestro tenía expuestas con bastante habilidad
algunas franjas de lienzo teñidas de rojo, de amarillo, de azul y de violeta.
- Veo que estos ejemplares lla man la atención de usted, dijo Sauval, que había seguido las miradas de Barincq; pues todavía habrán de llamarla más cuando usted sepa que estos colores que ya han sufrido la operación de evaporizarse
son para·algunos tan indestructibles como el negro de anilina.
Barincq, sin ser químico de profesión y sin haber estudiado por consiguiente
la especialidad de las materias colorantes, sabía, sin embargo, que aún no se
había conseguido obtener más color indestructible que el negro de anilina y que
los demás colores que se trataba de extraer de las hullas eran de duración efímera. Al decir, pues, que la pintura de aquellas fraojas era tan indestructible
como el negro de anilina, anunciaba Sauval un descubrimiento muy importante,
que estaba llamado á producir una revolución en la industria de los tejidos y á
reportar para su inventor ganancias enormes.
- ¿No cree usted, a migo Barincq, Je dijo Sauval, que habría usted obrado
más cuerdamente siguiendo este sendero práctico que yo indico, con preferencia
á ese que ha conducido á usted á tal infierno de interminables luchas y de combates baldíos? ¡Ah! Si yo en vez de ser un sabio, hijo y nieto de sabio, hubiera
sido un industrial; si en lugar de hallarme atado por mi posición estuviese yo
completamente libre, ¡qué fortuna realizaría! En tanto que voy á dejar que me
ganen por la mano y concluyan por despojarme de lo que es mío algunos truhanes que se burlarán de mí. ¿Por qué no tendré un yerno industrial? Momentos
hay en los cuales, pensando en el porvenir de mis hijas, me pregunto si no falto
á mis deberes de padre no presentando inmediatamente la dimisión de todos
mis cargos para explotar por cuenta propia todos los privilegios de invención que
he obtenido.
Conversación principiada de esta manera había de llegar, y llegó efectivamente, á una proposición concreta y definida.

En lugar de presentar la dimisión de sus cargos, Sauval cedía sus privilegios
de invención á Barincq que, á los ojos del sabio, tenía el gran mérito de no ser
comerciante de profesión, ó lo que es lo mismo, un explotador de la ciencia, y
que por otra parte le inspiraba completa confianza; de esta manera lograba realizar el maestro dos fines muy interesantes: aseguraba la fortuna de sus hijas y
hacía la suerte de un hombre honrado hacia el cual experimentaba estimación y
simpatía. Sauval otorgaba esta cesión en condiciones muy aceptables; cuatrocientos mil francos como valor de los privilegios, y además mientras los privilegios durasen, una participación del diez por ciento en el producto total de las
ventas realizadas; como lo que se había de vender á ciento cincuenta ó á doscientos francos el kilogramo no costaría de f~bricación más que tres ó cuatro, era
fácil calcular desde luego los beneficios.
Barincq no podía menos de sentirse deslumbrado por el brillo de un negocio
que de aquel modo se le presentaba; al mismo tiempo experimentaba en el fondo de su corazón profunda gratitud por la gran prueba de amistad que su maestro le daba; por último, descorazonado por sus fracasos y contrariedades, no pudo
menos de reconocer que sería verdadera locura obstinarse en sus delirios en vez
de aceptar aquellas proposiciones generosas.
Es verdad que para aceptarlas era necesario cumplir las condiciones bajo las
cuales habían sido hechas, y Barincq no se encontraba en este caso; había recibido de su padre doscientos mil francos próximamente, y éste era todo su capital, porque los grandes ingresos que sus inventos anteriores le habían proporcionado hasta la fecha se habían consumido en ensayos de nuevas invenciones
ó habían sido devorados por la curia en numerosos pleitos: ¿cómo era posible
con esos doscientos mil francos solamente pagar los privilegios de invención y
reunir los fondos necesarios para fundar una fábrica y mantenerla funcionando?
Lo que era una dificultad insuperable para Barincq, nada significaba para
Sauval. Fácilmente fueron hallados especuladores, que Sauval buscó y encontró,
los cuales compraron á Barincq todos sus privilegios; muy baratos, eso sí, demasiado baratos, muy por bajo de su valor real y efectivo, el mismo Sauval
convenía en ello; pero era necesario considerar que los compradores pagarían
al contado, circunstancia muy para tenida en cuenta. Al mismo tiempo Sauval
casaría á Barincq con una huérfana cuya dote ascendía á cuatrocientos mil
francos en dinero. Además de esto, prometió conseguir que vendiesen á su protegido en las condiciones más favorables una fábrica de materias colorantes
establecida ya hacía muchos años; de suerte que al mismo tiempo que se establecía y organizaba la fabricación de productos nuevos, creados por los procedimientos de Sauval, podrían continuar la de los antiguos que no fuesen sustituídos por éstos; Sauval prestaría su concurso á esta fabricación, y para pagarle
este concurso se haría extensiva á todas las rentas de la fábrica, así de los
nuevos como de los antiguos productos, su participación de diez por ciento que
antes se ha mencionado. Por último, Sauval obtendría de una fábrica de productos químicos, en la cual estaba interesado, un contrato en virtud del cual el
fabricante se comprometería á entregar durante diez años y á precios más reducidos que los corrientes todas las materias necesarias para la producción de los
colores.
El mismo Sauval tomaba á su cargo la tarea de llevar á feliz término cuanto
emprendía; lo cual consistía, según él mismo aseguraba, en que no entendiendo
una palabra en achaque de negocios, no se ahogaba nunca en los pormenores.
En tres meses los privilegios de Barincq fueron vendidos, sus pleitos abandonados, celebrado su matrimonio y comprada la fábrica, y Barincq se halló en disposición de seguir adelante; la industria de los tintes, caldeada por artículos de
periódicos que Sauval inspiraba ó redactaba por sí mismo, esperaba para aprovecharse de ella la revolución anunciada.
Y efectivamente, Barincq prosiguió su camino; ·pero, ¡cosa extraña!, los experimentos tan concluyentes, tan admirables en el laboratorio de Sauval, no dieron
en la práctica los resultados apetecidos y esperados: si bien el color rojo presentaba cierta solidez, que no era ni con mucho indestructible, como el negro de
anilina, los otros colores eran de duración muy escasa.
Este desengaño terrible no había anonadado á Sauval, ni casi le había conmovido; á las lamentaciones de Barincq había respondido con mucha tranquilidad que era preciso tener calma, porque ya veía claro y aquella decepción no
tenía ninguna importancia. El mismo iba á poner manos á la obra, como debía,
toda vez que se había comprometido á que la fábrica utilizase todos los desarrollos y todos los mejoramientos que sus privilegios lograsen merced á sus investigaciones científicas, y antes de mucho aquel insignificante contratiempo quedaría
remediado; lo veía muy claro. Mientras eso llegaba no había más remedio que
continuar la fabricación de los productos antiguos. Esto salvaba la dificultad de
la situación y probaba lo cuerdamente que había:1 obrado comprando una fábrica antigua en lugar de establecer una nueva que no hubiese tenido parroquia.
Sauval había sido sobre todo previsor en lo que se refería á sus intereses, porque con arreglo.al contrato tenía también participación en el ingreso por ve nta
de productos obtenidos por los procedimientos antiguos. «Un poco dt: paciencia, todo era cuestión de tiempo, el buen éxito estaba asegurado; reducíase todo
á esperar algunos días más, tal vez uno solo.»
Sin embargo, había pasado mucho tiempo sin que aquellos colores llamados
á producir una revolución en la industria se hiciesen duraderos; en la fábrica se
vendía el rojo; nadie compraba el verde, azul ni amarillo; y en tanto que los
perfeccionamientos anunciados se hacían esperar indefinidamente, la fábrica de
productos químicos, cumpliendo su contrato, entregaba diariamente las materias
necesarias para la fabricación de los nuevos colon$ ... que no se fabricaban por
la sencilla razón de que no había quien los comprase.
La confianza que el maestro había inspirado á su discípulo estaba muy quebrantada; el pagar la participación del diez por ciento, el más saneado de los
productos obtenidos en la fábrica por los procedimientos antiguos pasaba á la
caja de Sauval, y el cargarse todos los días en cuenta el importe de diez mil kilogramos de productos químicos, que era necesario vender con pérdida ó bien
arrojar por el balcón á la calle si no se encontraba á quien venderlos, conducía
á una ruina tan cierta como precipitada.
Sin embargo, Sauval, que continuaba sereno en su estoicismo científico y que
seguía viéndolo todo muy claro, proseguía sus investigaciones, repitiendo siempre: «Paciencia, paciencia, esperemos un día mas,\) y transcurrido ese día pedía
otro y después otro y así sucesivamente.
(Continuará)

�NúMERO 59 1
L A ! LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA CRONOFOTOGRAFÍA
NUBVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO

EN LAS CI ENCIAS FfSJCAS Y NATURALES

( Co11ti1macüJ1i)

Los movimientos muy lentos de ciertos animales
acuáticos, fáciles de estudiar por medio de imágenes
sucesivas, presentan igualmente un gran interés. Na·
da más curioso que asistirá las evoluciones por medio
de las cuales una asleria vuelta de espalda trabaja
para volverá colocarse en su posición natural, lo que
consigue por medio de verdaderos prodigios de equi-

tos, de modo que para hacer perceptibles sus diversas fases es preciso dejar un intervalo de un minuto
entre dos imágenes sucesivas.
Para los movimientos muy pequeños que han de
ser estudiados de cerca se hace necesario apelar á
una disposición especial: con dos cristales embetunados con almáciga ,se forma un acuario de reducidas
dimensiones iguales á las del campo que habrá de cubrir la imagen
y se coloca el animal (un langostín,
por ejemplo) en esa cajita llena de
agua de mar. Si se recogen sobre
película móvil las imágenes sucesivas que se destacan en silueta sobre el fondo luminoso, se obtiene
la serie de los movimientos de los
miembros, como por ejemplo los
de las patas para secundar la respiración. Más adelante describiremos
una disposición análoga para el estudio del vuelo de los insectos.
IX. t. 0

Si se encontraba insuficiente el número de imáge·
nes que haya dado la cronofotografía sobre placa fija,
podría recurrirse al empleo de la película animada
de traslación, con lo cual podrían recogerse hasta se·
senta imágenes por segundo.
Estos estudios sobre el mecanismo del vuelo de
las aves, además del interés que ofrecen desde el pun-

LOCOMOCIÓN AfREA

Vudo de las aves. - El movi-

Fig. 31. Trayectoria del extremo del ala de una corneja. Una lentejuela brillante
pegadn en la segunda remera seguía el trayecto indicado por las pequeñas flechas
curvas. La flecha horitontal que se ve en la parle inferior indica la dirección del
vuelo.

miento de las alas del ave que vuela, mucho más rápido que el de
los miembros de los cuadrúpedos,
escapa casi por completo á la obto de vista fisiológico, conducirán á ciertas aplicacioservación, pudiendo apenas el ojo entrever ciertas
nes prácticas, pues enseñan cómo podrían construir·
actitudes que duran algo más que las otras: estas
se aparatos propios para moverse en el aire. Sabido
fases de los aletazos son las que reproducen los ares que en estos últimos años se ha logrado construir
tistas, los cuales en Eu1opa representan á las aves
pequeñas máquinas que mueven las alas y vuelan á
generalmente con las alas levantadas, al paso que en
la manera que las aves recorriendo un espacio de
el Japón, según una justa observación de M. Muydiez
á veinte metros.
bridge, representan con igual frecuencia la fase de las
Las aves, por otra parte, tienen otro modo de voalas bajas. Pero las actitudes intermedias han permalar llamado vuelo cernido, en el que se deslizan por el.
necido desconocidas hasta que el empleo de la croaire sin batir las alas: este movimiento lo imitan per•
nofotografía ha venido á tradµci r exactamente la sufectamente unos aparatos llamados aeroplanos; pero
cesión de todas ellas.
estas máquinas cuando se mueven en el aire son tan
En el análisis de los movimientos del vuelo es
difíciles de observar como las mismas aves, por lo
preciso, según el objeto que cada cual se proponga,
cual es muy útil recurrir á la cronofotografía para
recibir las imágenes, sea sobre placa fija, sea sobre
apreciar la manera cómo estos movimientos se ejecu•
una tira pelicular animada de traslación.
El primer método se presta á la inscripción de la tan, bien sea cuando el ave bate sus alas, bien sea
trayectoria de la punta del ala de un ave (fig. 31). cuando se cierne.
2.• Vuelo de los insectos. - El vuelo de los insecU na corneja volaba delante de un fondo obscuro lletos difiere esencialmente del de las aves desde el punvando una lentejuela metálica que brillaba á la luz del
to de vista de su mecanismo. Creemos haber demossol. La trayectoria singular descrita en el espacio re·
presenta el movimiento bastan·
te complicado que resulta de la
rotación del ala alrededor de la
articulación escápula-humeral
y de las flexiones y extensión de
los diferentes segmentos del
miembro.
Esta trayectoria ha sido obtenida teniendo abierto cons·
tantemente el objetivo fotográfico, por esto es continua: si se
hubiesen producido admisiones de luz intermitentes se ha·
bría obtenido la misma trayectoria en forma de puntos suce·
sivos, cuyas distancias interme·
Fig. 32. Palomo que vuela: las imágenes están tomadas desde un sitio elevado.
Cronofotografia sobre placa fija (25 imágenes por segundo)
días, variables á cada instante,
hubieran expresado las variaciones sucesivas de la velocidad
trado que este vuelo presenta grandes analogías con
del ala en los diferentes momentos de su recorrido. la función de un propulsor que algunos barqueros emEl mismo método se aplica también para tomar
y que se denomina espadilla.
una serie de imágenes completas de un pájaro blan- plean
El ala del insecto en su rápido aleteo describe, en
co que vuela delante de un campo obscuro, con tal efecto, en el aire la misma trayectoria que la espadi•
de que no haya necesidad de obtener un número !la en el agua. La acción propulsiva es en ambos camuy grande de imágenes en un tiempo determinado.
sos la misma, ó sea la de un plano inclinado que se
Con cinco imágenes por segundo se ha obtenido la mueve en un fluido y su efecto es comparable con el
fig. 33, que representa un airón cuyas alas se presenla hélice ( 2 ).
tan alternativamente en su posición de elevación y de Pero
si el mecanismo del vuelo de los insectos es
descenso.
hoy conocido en sus caracteres esenciales, faltaba ter
Para hacer más inteligibles los movimientos del davía conocer muchos de sus detalles que la obserala de un ave se hace preciso también poder tomar vación era impotente para percibir, pues la frecuen·
,___e---'·~
las imágenes desde un lugar elevado, como lo hemos cia de los movimientos de ala de los insectos es ex·
hecho respecto del hombre en la figura 26. Un palo- traordinaria: por la inscripción ,directa hemos podido
mo que ha sido cronofotografiado de este modo ha
Fig. 30. Fases del movimiento de una asteria para recobrar
comprobar que algunos de ellos llegan á dar hasta
su posici6n normal
dado la fig. 32, en la que, á pesar de la sobreposición
300 golpes de ala por segundo y aun esta cifra dista
parcial de las imágenes, pueden seguirse las fases del
mucho de ser el límite de frecuencia de estos movialetazo según las actitudes proyectadas sobre un plalibrio (fig. 30): observándola se ve cómo desliza poco no horizontal. Se comprende que la combinación de mientos.
A pesar de las dificultades del problema, podía esá poco uno de los radios de su cuerpo, mientras leimágenes de un mismo pájaro proyectadas sobre tres
vanta otros dos hasta que su centro de gravedad se planos perpendiculares entre sí dé datos suficientes perarse que la cronofotografía llegaría á tomar las fases del aleteo de un insecto; pero era posible que se
encuentra fuera de su base de sustentación. Enton•
para construir figuras en relieve de esa ave, las cuanecesitase aün disminuir el tiempo de exposición,
ces, de repente, pierde el equilibrio, cae sobre su ca·
les dan perfecta idea de las actitudes sucesivas en los
reducido ya á 1 /2.000 de segundo en los experimenra ventral y no tiene que hacer más que extender
distintos momentos del vuelo: esto es lo que hemos
tos sobre el vuelo de las aves. Ahora bien: como era
gradualmente sus radios para encontrarse en su p&lt;r
hecho y descrito en una obra especial sobre la fisiode temer que con tan corta exposición el alumbrado
sición normal y progresar en el fondo del acuario por
logía del vuelo de las aves ( 1 ).
el sistema de reptación que le es propio.
Este movimiento de voltereta tarda bastante en pro(:z) Véase Marcy, La máquina animal.
(1) .ú vol dts oiseaux. París. G. Masson. 1889.
ducirse y exige generalmente de diez á veinte minu-

•

LA I LUSTRACIÓN

2

ARTÍSTICA

NúMERO 591

79

fuese insuficiente, habría
que pone en marcha la
que dirigir sobre el inpelícula sensible. De esta
secto luz extremadamente
suerte se ha obtenido la
concentrada.
figura 35 .
La figura 34 representa
Necesitábase una gran
teóricamente la disposibrevedad en los tiempos
ción á que hemos recude exposición para con•
rrido: en ella se ve de deseguir imágenes limpias
recha á izquierda: prime•
de las alas del insecto á
ro el haz de luz paralelo
causa de la extraordinaq_ue. un heliostato dirige
ria rapidez de sus movis,gu1endo el óptico prinmientos.
cipal del fotocronógrafo.
Con ventanillas de dos
Este haz es concentrado
centímetros de anchura
por una lente C, cuya
cuyas coincidencias da·
longitud focal ha de ser
ban iluminaciones de
doble por lo menos de la
! /2;ººº de segundo, las
del objetivo y detrás de
1magenes no eran limpias,
la cual se ve al insecto
al menos por lo que res33- Vuelo de un airón.: una escala mélrica e~ 1~ parte inferior dd gral&gt;:ldo permite calcular \a velocit.lad
sujeto por unas pinzas.
pecta á las puntas de las
del ave (5 1magenes por segundo)
El haz concentrado atraalas.
viesa la primera lente del
Hemos reducido graobjetivo y sus radios convergen sobre los discos ob- diversos ~spectos, pero da lugar á movimientos de dualmente el diámetro de estas ventanas reemplat~radores, los atraviesan en el momento en que coin. una amplitud y de una rapidez exageradas.
zándolas c~~ _cortinas de metal con h~ndiduras
Para estudiar el vuelo normal se pone delante del estrechas dmg1das en el sentido de los radios del
c1den las ventanas y van á formar sobre la película
sensible un ~rnpo luminoso en el centro del cual se ob¡eti~o una caja de cartón cerrada por delante con dlSCO.
destaca en silueta la imagen del insecto.
un cristal en co~tacto con la lente-condensador. El
_La coincidenci~ de estas ventanas, que sólo tienen
_El vuelo cautivo que se consigue con este procedi- msecto, 1~troduc~do en esta caja, dirige al punto su milímetro ,Y m_ed10, de anchura, redujo la duración
miento ~ra suje~r el insecto no sale bien en todas vuelo hacia el cnstal que se ha puesto previamente de la 1lummac1ón a 1 ¡ 25 .000 de segundo.
las espec!es: es cierto que permite orientar á volun- á foco del objetivo. Vigílase el modo cómo se realiza
tad ti ammal y tomar las actitudes de sus alas bajo el vuelo, y en el instante preciso se aprieta el botón
( Cofllinuará)

Las oass.s
que deseen e.nunol-.ree en LA ILUSTRAO!ÓN ARTlSTIOA =..,e.nee
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éuto atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
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L' HEREU

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y 011111• 1 son los elementos que entran en la comDOS1c1on de este potente
reparador de las fuerzas Vitales, de este feni■ea■&amp;e per e■eele■ela. De un gusto suawnente agradatile, es 1101:&gt;erano contra la ,nemla y el Ápocamtento, en las Calentur111
1 C0111101ecencuu, contra las !Harreo, y las Á/tCCúmtl del a,tomago y los ,ntutt1W1.
Cuando se trat.a de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precuer la anemia y las epldemtaa pro,ocacwi por los caloros, no se conoce 1.i'"1a superior al l't■ • de 9•i■a de ,beud.
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IISPl!CL\L

Es el remedia mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, bistéria, migraña, baile de _S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niiios durante la denticion; en una palabra, todu
1aa afecciones nerviosas.

Füriea, lspediciones : J.-P. LAROZE

591

esculturas de Celestino Devesa (Exposici6n Parés)

CARNE y QUINA

- -_.-

N úMERO

•

. _,. . . .

lu

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan, No temen el asco ni el cau11ancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el café,
el U. Cada cual escoge, para purgane, /a
hora y la comida iue mas le convienen,
se,un ,us ocupac1one1. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el electo de la
buena alimentacion empleada,uno
se decide fácilmente á volver
á empesarcuantas veces
sea necesario. ·

IIAlo■• rl VIILLO ... """ •• ,u ••u (llarba, !llrfll, etc.), .

llllru pell,ro pan el CIIÜI. 10 Año■ de :i:dto,yml.L!tm de ltlU■ORiOI ptllltl&amp;u la tkadl
Ñ 111a p,e,aradoa. (8t ._. a 11)11,_i,t1 la barbe, 1 ea f/2 H)H pan el blpte liJert), Pin

ltl . _ , •plNN r1 l'I.Ll fOB&amp;. DV8BER, l , rue J ..J.-RoUHaa, Pana.

Quedan reservados los derechos de propiedad art!stica y literaria
I MP, l'K MONTANKR Y SIMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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